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Group Title: RubÉn Dario en Costa Rica : loanza
Title: Rubén Darío en Costa Rica
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Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00074062/00001
 Material Information
Title: Rubén Darío en Costa Rica loanza
Physical Description: 75 p. : ; 20 cm.
Language: Spanish
Creator: Jinesta, Carlos, 1900-
Publisher: s.n.
Place of Publication: México
Publication Date: 1944
 Subjects
Genre: non-fiction   ( marcgt )
 Record Information
Bibliographic ID: UF00074062
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000708047
oclc - 23349177
notis - ADP9935

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UBEN DARIO


EN


COSTA RICA


LOANZA


por


CARLOS


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RUBEN


DARIO


EN


COSTA RICA


LOANZA


por


CARLOS


JINESTA
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f'


MEXICO-1944














Ruben Dario permaneci6 en Costa Rica nueve meses. A su Ile-
gada un cielo internal le di6 la bienvenida: caia, pertinaz y punzante,
la llovizna: 24 de agosto de 1891. Vino en busca de trabajo. En nues-
tro terrufio encbntr6 cilida acogida entire el grupo pensante de aquella
6poca; frialdad, en el element gubernativo. Labor6 con brillo en el
periodismo costarricense, hizo amistad con la gente de pluma, frecuen-
t6 nuestra alta graderia social. Ya la cabeza de Ruben ostentaba luz
de gloria. Su nombre sonaba a muy fino oro -habia publicado Auul
en Valparaiso- y su pais natal veia alejarse a un su hijo destinado a
estamparle sentido artistic al mundo, en su hora. Despu6s de luchar
aqui a impulses de idea, a ondas de voluntad, de nuevo sacudi6 el
polvo de sus sandalias de peregrine y parti6 para Guatemala, por
Puntarenas, el martes 11 de mayo de 1892. Su estada, si breve, fu6
fructuosa. Ensefi6 la utilidad de la poesia: su misi6n de belleza, en
el orbe: cultivo de esperanza, de ensuefio; fe y entusiasmo much y
grande. El arte: La carga isaiitica del trueno es una necesidad de la
atm6sfera; la catarata, que es imposici6n de las leyes del agua, mueve
fibricas y brinda empuje a la industrial; un rosal es una fiesta para
los ojos; las pinceladas del sol pintor dejan en el iris tanta virginidad,
que se transfiguran de vuelo las almas que atesoran p6lenes de inmor-
talidad. Versos 6picos o estrofas liricas que condensan en hierro o
en seda estas maravillas de la naturaleza y el espiritu, son obras de
provecho: eternizan el pensamiento y la sensibilidad de las edades,
en giro infinite, hacia la vida infinita.
Cielo de acuarela. De los flancos del camino en done se ufana-
ban margaritas silvestres entire el tierno verdor, trajeron al poeta las
que el invierno ponia al alcance de la mano; y el las aspir6 para lle-
var una vez mis el aliento de esta patria cuyos escritores le rodearon
de cordialidad y carifio.







Investigaciones hist6ricas nos revelan que fueron muchas, en nues-
tros lares, las bregas de Dario y los suyos. Vivi6 en pobreza. Los dias
se le hicieron dificiles. Sin embargo, no escasearon los ratos afortuna-
dos; asi, el nacimiento de su primog6nito.
En este studio nos referimos de preferencia a Ruben, a su paso
por Costa Rica, a su obra forjada en el medio costarricense, al movi-
miento intellectual de'aquellas fechas; a su vida, a pesar de incertidum-
bres y tropiezos, iluminada por una gran aurora en la Misa del Arte.

Mi infancia fue de dolor, mi juventud, de melancolia. Su infan-
cia? Sus padres, primos a lo que parece, se enlazaron el 16 de abril
de 1866 en Le6n. Gobernaba la Rep6blica el general TomAs Mar-
tinez. Ella se ganaba el sustento de dependienta en la casa commercial
Maduro; 1l vendia telas. Manuel Garcia redondeaba los cuarenta y
seis afios; Rosa Sarmiento, los dieciocho. El matrimonio result ser
de conveniencia, dispuesto por la familiar. Por incompatibilidad de
carActer separAronse a los ocho meses de casados; ella estaba encinta.
Asi y todo, fueron los elegidos de un hecho c6smico que estamp6 to-
nalidad a la historic del arte. Rosa era delgada, blanca, de llameante
ojo negro; tupidos sus cabellos oscuros; bella, risuefia, inteligente.
En el retrato que tenemos al alcance de nuestras manos se la ve ves-
tida de luto, la pechera con adornos de hiladillo, peinada a dos tren-
zas y un prendedor esf6rico en el primer bot6n del cuello. Garcia era
median de talla, moreno claro de color, algo jovial; galanteador;
gustaba de los licores; afecto a la political; indiferente, y much, con
su primog6nito. Le engendr6, pero jams cuid6 de l1: baldia pater-
nidad. No be sabido, jay!, lo que son esas inelables delicias, bajo el
techo paternal, recordaba al escribir sobre su amigo Pedro Balmaceda
Toro. Ya muy crecido, vino Rub6n a saber que era su padre hombre
ducho en actividades bursAtiles: tratante en trapos al por menor.
La madre sali6 para Metapa a casa de Josefa Sarmiento y alli
su hijo abri6 los ojos a la luz del mundo el 18 de enero de 1867.
Asisti6 a Rosa en el parto, Cornelia Mendoza. Para Euripides el pri-
mer fundamento de la dicha es haber nacido en una ciudad cilebre;
por nuestra parte creemos con Plutarco que es absolutamente igual







tener una patria pobre y modest o una madre humilde y no muy
agraciada. Por esas fechas unos campesinos encontraron en un pefi6n
solitario de las montafias de Jinotega una Aguila real, recien nacida,
que trajeron viva, como un present raro, al Presidente de la Rep6i-
blica. (Fue acaso esa ave la encarnaci6n del simbolo del advenimien-
to del olimpico cisne? (Metapa denominAbase en lo antiguo Choco-
yos, a orillas del rio Viejo; aldea empenachada con prestigious de
leyenda, del departamento de Metagalpa, ahora Ciudad Dario. El
nombre Chocoyos, al decir de la tradici6n campesina, se debe a que
en una de las revoluciones una banda de malhechores incendi6 el
pueblo; los vecinos entonces construyeron unos ranchos de palma de
coco, verdes, dos veces verdes como bandada de chocoyos que se les
hubiese quebrado las alas. El poblado comprende reducida area y
apenas si excede de cuatro mil habitantes que se dedican a la agricul-
tura y crianza de ganado vacuno. Ostenta temple de factura colonial
y anchurosa plaza en que los moradores celebran sus fiestas patrona-
les con lidias de toros y juegos de p6lvora. De la plaza parten calls
abiertas en la roca caliza, todas empinadas. La casa native de Ruben,
siguiendo el cuadro al 6leo, copioso en detalles, del pintor Castillo,
ifino pufio el suyo!, esti-en abandon; es pequefia, primitive, enclen-
que, humilde; emblanquecida de cal, con ventanas azulencas; se
levanta en una esquina cuyo Angulo lo recorta una puerta. La vivienda
aparece colocada al poniente, con el frontis hacia el norte. La cubre
un entejado a una altura de cinco yards. Hay dos puertas a la dies-
tra, un ventanucho a la izquierda. El cuarto en que naci6 el bardo
no es espacioso, con paredes de bahareque y piso de tierra; tiene una
ventanita que da al patio. La duefia de la propiedad, sefiora Torres,
ha establecido una pulperia. De la pared pende una tabla en donde
se lee: "Cuna de Rub6n Dario. Matilde A. Torres". Esta casa acaba
de adquirirla el gobierno. Tanto mejor!)
A las pocas semanas del alumbramiento fu6 el coronel Felix Ra-
mirez Madregil, marido de dofia Bernarda Sarmiento, a trasladarles a
Le6n. Hombre alto, generoso, de barbas renegras. El niflo fue traido
a caballo, en una petaca de esterilla que era morir de gusto. De paso
se detuvieron en El Jicaral. En el bautismo le impusieron al chico el






nombre del coronel. Merecia Ramirez tal muestra de gratitud. Fu6
su padrino el mismo don Felix. Marzo 3 de 1867, capilla del Sagrario
de la Basilica de Santiago de Le6n de los Caballeros. Luego, madre. y
nifio vivieron por alg6n tiempo en San Marcos de Col6n, Honduras,
muy cerca de la frontera nicaragiiense. A menudol*levaba a su hijo
en los cuadriles a usanza criolla. Meses de soledad, de pobreza. El
pequeiiuelo se extravi6 una vez; le buscaron por doquier; y fu6 ha-
Ilado por el compare Guill6n en la esquividad de unos rastrojos,
debajo de las ubres de una adamada vaca, tal vez atraido por Silvano.
Le alzaron en vilo y le dieron unas cuAntas palmadas en el nalga-
torio. Rosa Sarmiento contrajo segundas nupcias con el doctor Juan
Benito Soriano. Habia sido su primer novio, y el afecto brot6 en las
tertulias celebradas en casa de dofia Bernarda. Benito era de abultada
cabeza y rostro redondo, ojos negros y rasgados, al decir de los cro-
nistas. Al chicuelo le tom6 bajo su amparo su tia abuela materna
Bernarda Sarmiento. Habia ido por l1, a tierra de MorazAn, su tio
abuelo politico el coronel Ramirez.
En Le6n se conserve la vivienda de dofia Bernarda en donde el
magno poeta pasara su nifiez y mocedad con su prima In6s. Esti si-
tuada cerca de la iglesia de San Francisco; casona de cuiio colonial;
con cuartos seguidos y largo corredor; en el patio en que currucuquean
las aves, hay un pozo; medran jicaros, granados de flores carmesies
y mazos de jazmines. Las lechuzas habitan en los aleros. Por aquel
tiempo el perro Laberinto se duerme hecho un ovillo, al lado del pAr-
vulo Ruben; y 6ste dormita en el suelo -cuando no le han acostado
en su cama de pabell6n- con la cabeza sobre la falda de la tia abuela
que reza los rosarios de la Santa Cruz y acaricia las cuentas de su ca-
mindula. No lejos se despereza el gato que menciona Dario en Pa-
lomas blancas y garras morenas. S6bese el infante a un tabanco que
hay en el zaguAn y se pone a revolver el bail en donde dofia Bernarda
conserve los recuerdos de su hija inica, fallecida; o se calza las botas
del coronel, que le Ilegan hasta los muslos, y se cifie la espada. Bri-
Ilan los tizones de la cocina en que se asan mazorcas de maiz. Los do-
mingos Ilegan a jugar al fusilico o al tresillo un cura, dos licenciados
y un platero. A las nueve de la noche se cierran las puertas de la casa.







Cerca se oyen serenatas a la manera espaiiola. Recuerdos: la adorable
dofia Bernarda con sus trajes a grandes flores y sus cabellos crespos
y recogidos, va los domingos a misa, muy de mariana, todavia las
calls alumbradas por los faroles de petr6leo; a distancia percibese
el frufr6 de las antiguas polleras de la anciana).
Anduvieron los afios y Rub6n no conocia a sus progenitores. Sin-
gular orfandad. Vivian sus padres. y era huerfano! Cosas del
mundo. Y esta referencia curiosa: primero se llam6 Felix Rub6n Gar-
cia Sarmiento, despues Ruben Trigueros, por iltimo Ruben Dario;
iy debi6 Ilamarse Fl6ix Rub6n Garcia Sarmiento! De d6nde en su
familiar el apellido Dario? Un su tatarabuelo, agricultor de no comu-
nes empresas, honrado y laborioso, tenia por nombre Dario Mayorga.
A sus hijos distinguianles por los Dario; insensiblemente desapareci6
el Mayorga. Convertido en patronimico adquiri6 valor legal: Manuel
Garcia, padre de Ruben como sabemos, a la postre cambi6 el apellido
y adopt el nombre de Manuel Dario. Todos sus negocios los realize
ya con tal firma. Los ascendientes de Dario por linea materna vivieron
siempre en Le6n. Los de la materna, se dispersaron: unos se estable-
cieron en Chinandega, otros en Corinto, los menos en Metapa. En
Chinandega residian los tres hermanos Antonio, Ignacio y Bernarda.
Antonio fu6 asesinado y arrastrado por las calls de Granada; Ig-
nacio fu6 acribillado a tiros en Chinandega, al salir de una casa de
juego; el crime se atribuy6 a un Medina, y desde entonces hubo
distanciamiento entire las families Dario y Medina. Se afirma no sin
fundamento, que Dario era descendiente en linea recta del Cid. Parece
que el capitin Antonio de Padilla, heroe nicaragiiense, en una decla-
raci6n jurada que di6 ante el Gobernador de Nicaragua, hizo el re-
cuento de su propia genealogia, remontando su origen al Cid, de quien
procedia su abuelo el capitin Francisco Diaz de Mayorga, que es as-
cendiente a su vez del capitin Lucas Diaz de Mayorga y 6ste de Dario
Mayorga, tercer abuelo por ambas lines de Rub6n Dario. Jamas sos-
pech6, quien creia tener en sus venas sangre africana o de indio cho-
rotega, tan gloriosa ascendencia.
Preguntado cierta vez Dario acerca de sus ascendientes, contest:
-Mi reino es inico y yo comienzo en mi mismo.







Continuamos. La imagen de la madrecita del poeta presto se es-
fum6 en su memorial. Torn6 a verla a los trece afios de edad. Vino a
visitarle desde lejos; icaricias!, ibesos!, el llanto corriale a hilos. Li-
grimas de las que miran al cielo y caen sobre el coraz6n, en el pen-
sar del ap6stol cubano. Al despedirse prodig6le palabras de ternura
aquella dama para 61 extrafia. Toda ella carifios y halagos. Le dej6
unos dulces. iOh, la madre! Y no volvi6 a abrazarla hasta veinte afios
pasados, enfermo en su tierra natal, de regreso de Europa, inconso-
lable por la muerte de su primera esposa Rafaelita Contreras: le visit
con una hermanita de Rub6n: hoy Lola Soriano de Turcios. Don Felix
le ensefiaba a talonear caballos y le mostraba libros de cuentos infan-
tiles. En un soneto recuerda en la casuca familiar dos enanos como
los velazquezcos que le inspiraban miedo: madre e hijo: el var6n
cojeaba, era bizco, fabricaba mufiecos y figures de cera. Llegaron
dias animados de rosa, de cuando en cuando, entire un coro de ami-
guitos, iba a respirar a pulm6n Ileno a la hacienda de su rica tia
Rita Dario -duefia de ingenios de cafia de azfcar- casada con el
C6nsul de Costa Rica, Pedro Alvarado. Marchaban en carretas entol-
dadas con cuero crudo, bafiindose en el rio de la heredad, cubiertos
con camisones. 0 a veces salian a la costa de Poneloya en donde la
salud brota a toda vida; almorzaban gallinas asadas, queso de 6gloga
y se batia el tiste en jicaras con molinillo de madera. Ambiente de
rabel y zampofia. Se rasgaban guitarras, se cantaba y bailaba con
brava chanza y bureo; las personas mayores disparaban tiros al aire y
daban a la loca primitivos gritos estent6reos. Y... Ji, ji, juiiiiii, ti
no alcanzas aquiiiii!
Cuando frisaba con los seis afios, su madre adoptive descubri6
los manuscritos en que el sobrino nieto hacia versos.
Sus primeros versos In Memoriam, dedicados a Victoriano Argiie-
Ilo, aparecieron en el cotidiano El Term6metro, de Rivas, no bien
cumplidas sus doce primaveras. El poeta nifio expresa musicalmente
su pensamiento para albumes y abanicos, mis joven a6n; las agra-
ciadas fueron Josefa Dub6n, Mercedes Manig, Sara Neuhaus y la sin
par Rosalpina... El Domingo de Ramos, en Le6n, en arcos de palmas
de cocotero, al pasar la procesi6n del Seiior del Triunfo abrianse gra-







nadas y caian versos, j versos de Ruben! Goethe y Byron, antes de
los tres lustros, sintieron el despertar apolineo. En casa del obispo
Ulloa, las hermanas de 6ste le dbsequiaban a Ruben con dulces a
cambio de algunas estrofas. Por encargo del anciano tip6grafo Justo
Hernando escribia novenarios dedicados a la vida de santos milagro-
sos. En los entierros repartianse epitafios en que los deudos, segtin
costumbre, lamentaban los fallecimientos. El pequefio aeda a veces
trazaba en estrofas la pena de los afligidos, a solicitud de 6stos. Nunca
aprendi6 a hacer versos: el don de Apolo fu6 en 6l orgAnico, conna-
tural, espontineo: regalo de Dios. Eros-Lumen-Numen. La precocidad
de su talent queda evidenciada si consideramos que leia a los tres
afios. Existe acaso la transmigraci6n de las almas? Se sabe que a los
diez Mozart compuso sonatas. A Ruben le ensefi6 el alfabeto Jacoba
Telleria, quien le estimulaba al studio dandole embustes: alfajores
y bizcotelas que ella misma confecciQnaba. Su maestro de instrucci6n
primaria Felipe Ibarra, comprob6 en la escuela de San Sebastiin
el prodigio mental de su gran discipulo; le ensefi6 el Cat6n Cristiano
y el Catecismo de Ripalda. Concurri6 a la escuela de Jer6nimo Ra-
mirez. Don Felix, su protector y valedor, muchas veces, con el nifio
en los brazos cruzaba la calle hacia la casa de enseiianza elemental.
En ocasiones, no sin destreza tocaba el acorde6n; poseia un gran oido
misico; sus piezas favorites eran: el Barbero de Sevilla y la Mar-
sellesa. En su pupitre tenia una esfera: hizo luengos viajes siguiendo
con el indice los lugares marcados en ella: un dia arranc6 la ciudad
de Paris con su navaja y se meti6 a la urbe en el bolsillo. Estudiaba
much. En un armario encontr6 los primeros libros, muy chico toda-
via: el Quijote, Las Mil y Una Noches -junto con el Cantar de los
Cantares fu6 para 1l fuente de inspiraci6n- y una apolillada Biblia
en cuya lectura se enfrascara en la sala de la vivienda alumbrada
por una limpara de petr6leo o bajo el ramaje de un jicaro. Los sir-
vientes la Serapia, el indio Goyo y la cigarrera Manuela le contaban
cuentos de Animas en pena: frailes descabezados, peludas manos per-
seguidoras, obispos difuntos que se aparecian a sus sucesores. Su mente
poblabase de sombras, sufriendo pesadillas inexpresables. Por las no-
ches despertaba sobresaltado al oir pasos en la calle empedrada de








puntiagudos cantos. Sufria hemorragias nasales. Se confesaba todos
los sAbados. De adolescent, en el diario el Ferrocarril de Managua
coloreaba a la diabla sus primeras promesas y rimas. EsforzAbase por
renovarse de continue. El nos cuenta c6mo se nutri6 en la Biblioteca
Nacional de Managua -habia conseguido en tal establecimiento un
destinejo- de casi todos los clAsicos de nuestra lengua. Fueron su
lectura predilecta las introducciones de la Biblioteca de Autores Espa-
fioles, de Rivadeira. Hizo buena amistad, en esos meses, con el Direc-
tor Antonio Arag6n, docto en humans y divinas letras. Su volume
inicial de versos -Primeras Notas- apareci6 en la capital nicara-
gilense. Cronol6gicamente correspondia el primer lugar al libro Poe-
sias y Articulos escrito en 1881 y publicado en 1923; los manuscritos
los conservaba la tia Bernarda, con sus hojas manchadas y rotas. En
Primeras Notas hay reflexiones becquerianas; uno que otro alejandri-
no zorrillesco; a veces se sospechan soplos esproncedianos; y place
decimas a lo Ninfiez de Arce. Producia con grande esmero. Fruto de
su pluma juvenil-fueron dos ensayos dramiticos: Manuel Acuia y
Cada Oveja, que se estren6 en el Teatro Blen, de Managua, y que
compuso a instancias de Jos6 Blen, director de la Compafiia. Su ima-
ginaci6n pict6rica revelibale future escritor de firmes tintas. De jo-
ven -su corbata volandera y flamante -fu6 de espiritu combative.
En Le6n -alcanzaba catorce afios- en el periodiquin politico La
Verdad public articulos de combat a la manera montalvina: pujanza
en el argumentar, energia en el arremeter. Piafaba el potro de su ju-
ventud en la pampa libre de la vida, al abrigo de las tierras pinicas
del tr6pico. Libertad, rebeldia, bravura. Periodista de arrojo, forja-
dor de programs periodisticos. Queria un camino alumbrado con sus
principios. Con el cincelador de El V&rtigo, clam6: iDespierta, hie-
rro! Y en el entretanto, por temperament, daba tregua a sus afanes
literarios, con vagares amatorios. La voluptuosidad fu6 su hermana
loca; los alcoholes, sus madrinas intrusas. En Cr6nica Politica lanz6
carbones encendidos contra Carlos Ezeta: pAgina valiente y honrada.
Combati6 la deslealtad, la traici6n. Rechaz6 al taimado, al p6rfido y
su cainismo. Vivia echando su cuarto a espadas en eso de los gobiernos
liberticidas. Predicaba paz a los pueblos. Y 61 era triste, meditabun-







do, aislado, solitario. Preferentemente cuando sentia mis cerca las
palpitaciones de la naturaleza; el silencio casto de la tierra; el aliento
virgen de la selva; la gran voz del oc6ano.
(Su juventud? iBah! jFui juventud la mia? Se pregunta el lirida
en Preludio. Penurias aqui, incomprensiones alli. Quisieron que apren-
diera a sastre, labor 6til, prActica; le inici6 en el oficio Lino Medrano;
despu6s, Trinidad M6ndez, quien le ataba el dedo mayor para que
manejara el dedal. Ribete6 ojales; cosi6 a journal, en vano. Empez6
a frecuentar la casa de los Padres Jesuitas en la iglesia de la Recolec-
ci6n y fueron contadas sus lecciones, porque marcharon expulsados
del territorio los religiosos. Falleci6 don F61ix. Con la viuda y el nieto
lleg6 a vivir la rubia In6s, de la que nos habla el poeta en sus apun-
tamientos autobiogrAficos. Sobrevino la escasez en el hogar de 'dofia
Bernarda. El Congreso de su pais le otorg6 una beca en Europa y
la perdi6 por sus pr6dicas radicales. El 30 de enero de 1882 la CAmara
de Diputados de Nicaragua emiti6 un decreto, que fu6 sancionado el
18 de febrero siguiente: "El Gobierno de Nicaragua hari colocar por
cuenta de la naci6n al inteligente joven pobre don Rubin Dario, en
el plantel de ensefianza que estime mas convenient para completar
su educaci6n". Algunos politicos le Ilevaron a Managua, en donde
Rub6n principiaba a disfrutar de los halagos oficiales, e incurri6 en
el error de recitar en presencia del Primer Magistrado de la Naci6n
varias estrofas llenas de fuego demag6gico.
Consigui6 estudiar, a la postre, como interno en un colegio y vi6-
se compelido a abandonarlo: su benefactor -por una reyerta con su
hijo y husmeos de un correveidile- se disgust con la familiar Sar-
miento; le ensefiaron un poco de castellano,. un algo de griego y la-
tin, un much de teologia y un nada de aritm6tica. Le traia encala-
brinado una funAmbula, alegre como la risa, y para ir al circo de
lona, a falta de blanca, ganibase la voluntad de los muisicos, ique
diablo!, y entraba pAlido de miedo con un gran rollo de papelejos
o con una caja de violin. Cuando escribi6 contra el gobierno proban-
do sus armas de combat, le acusaron como vago, le hartaron de in-
jurias -con sus escasos afios- y se libr6 de las represalias oficiales
por la oportuna intervenci6n de un doctor pedagogo. Ruben era pro-








fesor de gramitica en el colegio que aqu6l dirigia. Los administra-
dores de justicia envolviironse en sus orejas y durmieron como liro-
nes. &Para que verdugo no es un Rinconete el periodista que pone al
descubierto los desbarros del desgobiemo? Se enamor6 apasionada-
mente de Elena, nifia de labios cleopatrinos y de los mis lindos ojos
verdes, toda ella con la frescura-de una rosa reci6n abierta. El amar-
telado caballero quiso casarse. Sus protectores, alarmados, le obse-
quiaron con unos cuantos pesos, le arreglaron una valijita digna del
gnomo Puck, y facturaron a El Salvador al mozo de contextura ende-
ble, de luengos cabellos, de indumentaria harto curiosa: pantalones
estrechos y zapatos muy traidos. Dofia Bernarda le ech6 la bendici6n.
Desfilaron semanas, meses. Al comienzo de su Ilegada, holguras; muy
luego, miserias. Sin apoyo alguno demor6 en ocasiones en casa de ami-
gos; pues ya finaba de hambre. Vinieron aventuras ingenuas; di6
classes de lengua materna; por remate meti6se a hipnotizador; cierta
vez qued6sele dormido un discipulo y fu6 necesario despertarle a fuer-
za de aspergeos de agua fria en la cabeza. Es possible que alli desapa-
reciera un rayo de sol, tan juguet6n como del que nos habla Valle
InclAn, que al verse en el espejo se deshizo en carcajadas de oro...
Enferm6 de viruelas, gravemente, y se salv6 por milagro. Alli, con
Gavidia, ley6 y tradujo Los Cuatro Dias de Elciis, de Hugo, en una
casuca de la calle San Jos6; con todo, mis adelante afirm6 no ser
afecto a las traducciones en verso; el poeta extranjero es comprendido
s6lo por los que entienden su m6sica original. Gavidia y. Rub6n, ha-
biendo observado la contextura polifona y bicesurada del modern
alejandrino frances, adoptaron aquella forma a nuestro verso de ca-
torce silabas. Siguieron maluqueras, labores forzadas y premiosas,
peligros, privaciones del trovador. De nuevo en Nicaragua obtuvo un
empleo en la Secretaria del Presidente Zabala. Dias de arte; paseos a
la orilla del lago y sus islas, caceria de cocodrilos con winchester cerca
del muelle de madera, publicaci6n de versos y cuentos, y despertar
de un nuevo amor.
Resolvi6 ausentarse de su pais, a causa de una desilusi6n amoro-
sa. Un gran terremoto, por aquellos dias, sumi6 en angustia a Nicara-
gua. A poco, con ayuda de various compatriotas march a Chile en el







vapor alemin Uarda, de la Compaiiia Kosmos, a los diecinueve ca-
bales. Sali6 el 5 de julio de 1886 de Corinto; desembarc6 en Val-
paraiso el 24. Estaba muy sin dineros. Iba con cuatro soles peruanos
y cartas de recomendaci6n que le diera el general salvadoreiio Juan
Cafias. Escribi6 articulos en El Mercurio que le permitieron un no
estrecho pasar; durante ese tiempo vivia en casa de Eduardo Poirier.
Trasladado a Santiago, en agosto entr6 en la redacci6n de La Epoca.
Con sueldo escaso, pero con un cuarto en el propio edificio del diario
santiaguino y tres de sus mis cordiales queredores: Manuel Rodriguez
Mendoza, Pedro Le6n Medina y Pedrito Balmaceda: aureos espiri-
tus. Las reuniones en este cotidiano, entire prosadores, sofiadores y
critics, fueron para 61 horas amables, no obstante su natural retraido
y huraiio y a pesar de las no muy finas bromas de aquellos camara-
das. Sus amigos le recuerdan enfundado en su caracteristica levita
presbiteriana de una abrochadura, con las pecheras que usaba en vez
de camisa, sombrero de ocho luces y zapato de punta aguda. Concu-
rria de tarde en tarde al viejo restaurant de Gage. Apareci6 en marzo
de 1887 Abrojos, con el procedimiento t6cnico de Las Saetas de Leo-
poldo Cano y lejanas reminiscencias campoamorescas; libro amargo
y zumb6n, reluciente de imAgenes gemAticas, rimas ricas y raros ritmos.
Una d6cima, en certamen improvisado abierto por el director de
La Epoca para tributarle un homenaje a Campoamor, le brind6 a
Dario un premio de doscientos pesos.
En Chile vivi6 dos afios y siete meses sufriendo estrecheces eco-
n6micas, desdenes, agresividades. iDescuido de los poderosos de la
epoca, que no de Chile! En una carta dej6 Rub6n esta frase amarga:
"a veces me figure que -he tenido un mal suefio al pensar en mi per-
manencia en ese hermoso pais. Eso si que a Chile le agradezco una
inmensa cosa: la iniciaci6n en la lucha por la vida". En las primeras
semanas de su ingreso al suelo surefio la peste del c6lera hizo estragos.
A veces el joven esteta no percibia moneda ni para el sustento. Se
alimentaba con pan de ligrimas. Ganaban much los palafreneros;
poco los escritores. Para vestir al ritmo santiaguino recurria a aren-
ques y cerveza teut6nica, alimentos de precio m6dico. Cuando sali6
de La Epoca vivia en un cuartucho enladrillado -calle de Nataniel-








de patio con naranjo, poltrona y jaulas. Dos buenos periodistas le
consiguieron un empleo como guard inspector en la aduana de Val-
paraiso; en el muelle fiscal contaba barricas, fardos; revisaba p61izas
de embarque, alineaba n6meros en columns. Trabaj6 algunos dias en
El Heraldo y perdi6 su nueva posici6n modest en ese peri6dico co-
mercial y politico, para unos por escribir muy bien; para otros, por
no mandar sus colaboraciones con puntualidad. Gan6 trescientos pesos
chilenos con su poema Canto ipico a las glorias de Chile, en el certa-.
men Varela. Narra el combat de Iquique. En esa oportunidad com-
puso Otofiales, poesias subjetivas escritas en imitaci6n de las Rimas
de Gustavo Adolfo. Alia se abras6 de amor por una tal Domitila,
mujer cerrada de sienes, incomprensiva en gran manera. Aquejado
por una avariosis, manteniase poco menos que de lance, protegido a
las veces por el medico home6pata Francisco Galleguillos Lorca y.
Eduardo Poirier. Public A.ul... en Valparaiso -Julio de 1888-
con pr6logo de Eduardo de la Barra, y a quien se lo dedic6 --el adi-
nerado Federico Varela- de preocupaciones cosidas en extreme a la
tierra, tuvo la gentileza de no acusarle ni siquiera recibo del ejemplar
que le remiti6... Buen Mecenas, el sefior6n, ivive Dios! En el ofre-
cimiento, describe: "Sefior, permitid que junto a una de las encinas de
vuestro huerto, extienda mi enredadera de campAnulas". iHumo!,
nulas fueron las campanulas para quien daba Fe-De-Ri-Co. Por esos
dias don Juan Valera le consagraba en dos cartas publicadas en Los
Lunes de El Imparcial de Madrid: espaldarazo mAgico.
En febrero de 1889 parti6 en el vapor Cachapoal -el pasaje apron-
tado por sus amigos-. La Liga de Obreros de Valparaiso le despidi6
con una fiesta: local espacioso, mfsica, discursos sin pompa de hom-
bres de los talleres, mesa digna de LUculo. Parti6 en una tarde de opa-
cidades doradas. Dej6 un apret6n a cada mano amiga y un pensa-
miento a cada compafiero en las tareas de las letras. Vuelto al patrio
solar, el aedo qued6 inscrito en el escalaf6n military como coronel del
ejercito. Los historiadores comprobaron que goz6 por algfn tiempo
de la magra dotaci6n correspondiente al grado. De Nicaragua lleg6
por segunda vez a El Salvador a dirigir el cotidiano La Union, vocero







de los federalistas centroamericanos que se imprimia en la imprenta
national.
Este 6rgano -de cinco columns en pliego double y letra peque-
fia- sali6 en noviembre de 1889 y ces6 en junio del aiio siguiente.
Tranquilino Chac6n era su redactor politico. Colaboraba nuestro com-
patriota, Aquileo J. Echeverria, que muri6 de tristela y de miseria.
Chac6n, haciendo memorial se refiere a la juventud de Dario -juven-
tud sin freno-, era de buen parecer; trajeAbase bien. En las tiendas
Ruben escogiale corbatas y le hacia el lazo a su gusto y talante; asi-
mismo, Dario enfloraba su pecho con una de vivos colors. Cultivaba
amistades de calidad: el Presidente de la Reptblica, senior Menendez,
Francisco Gavidia, Vicente Acosta, muy metido en letras; el violinist
Adolfo Rivas y Alberto Masferrer: hombre llano, la conciencia a ojo,
el alma en la palma. A menudo Ruben se iba de picos pardos con sus
camaradas. Fu6 algo remiso a producer; en cambio, cuando se logra-
ba que escribiera, su potencialidad creadora no conocia respiro: corria
su lApiz en forma prodigiosa; Ilenaba las cuartillas con destreza. No
habia idea elevada ni noble principio que 61 no sustentara. Incorregi-
ble, tomaba con todas ganas aguardiente de mel6n con el doctor en
ciencias Santiago Barbarena. Gustaba del lujo, a lo principle. En
material econ6mica pecaba de desarreglado. Munifico a la continue.
Holgaba y gastaba como si hubiese sido millonario: a bolsillo abierto.
QuizA por eso a menudo sufria la supreme escasez. La Uni6n producia-
le quinientos pesos semanales. Dario lo despilfarraba todo... Yo no
aborro ni en seda, ni en champaila, ni en flores, afirma 61 en su Epis-
tola a la esposa de Leopoldo Lugones. El excelso artist empezaba a
padecer de neurastenia. Pas6 una temporada en la hacienda La For-
tuna de su paisano Victor Romero, situada en la costa del Bilsamo,
entire puertos de Acajutla y La Libertad. En tierra cuscatleca tuvo
una vision nocturna que le dej6 sobrecogido de espanto. Ruben y Cha-
c6n dormian en la misma estancia; sus catres, uno enfrente del otro;
en medio, pequefia mesa sobre la cual se rolocaba una limpara que
permanecia derramando luces opalinas toda la noche: a Ruben le
horrorizaban las tinieblas. El, sefialando a la puerta del fondo del
cuarto que daba a un comedor oscuro, express que veia un espiritut







maligno y horripilante. iY Chac6n no percibi6 nada! Dario hizo ves-
tirse a su compafiero y le llev6 al parque de la ciudad a esperar la
llegada del amanecer. En su autobiografia cuenta c6mo en la capital
de Guatemala tuvo el anuncio psicofisico del fallecimiento de su ami-
go costarricense Jorge Castro FernAndez en los mismos moments en
que 6ste, victim de fiebre amarilla, moria en Panama. El autor de
El Canto Errante y Castro FernAndez hicieron un convenio mientras
cenaban en el Hotel Ferrocarril en una sala de sillones desrifionados;
el primero que muriese debia manifestarse ante el otro. Y en la hora
y el dia del deceso de Castro Fernandez, quebrantAndose los sellos
humans, Rub6n oy6 su voz y columbr6 su area silueta... Por alli
nos cuenta el poeta que los medicos le prohibieron los studios de las
ciencias ocultas.
Ruben cas6 en San Salvador el sabado 21 de junio de 1890 con
Rafaelita Contreras; la ceremonia del enlace civil se celebr6 en casa
de la novia; fueron padrinos Francisco Gavidia y nuestro conterraneo
Tranquilino Chac6n; 6ste obsequi6 a la desposada con la pluma de
oro que sirviera para firmar el acta matrimonial. A las nueve de la
noche terminaba el acto que fue sencillo e intimo: parabienes, copas,
j6bilo. De, alli a poco, con premura marchaba a la tierra del quetzal;
y su mujer, siete meses despues. El general Carlos Ezeta habia arre-
batado con alevosia, por esas fechas, el poder al probo president de
la Repiblica Francisco Menendez y los nuevos esposos dispusieron au-
sentarse del pais. iEl! Secundar al usurpador? iNunca jamAs! Parti6,
pues, para Guatemala en donde se hizo cargo de El Correo de la Tar-
de, peri6dico ayudado por el gobernante Barillas. Alli se efectu6 su
matrimonio conforme a los ritos de la iglesia cat6lica, apadrinado por el
doctor Fernando Cruz. En tal ocasi6n, en casa de campo de los novios,
se verific6 una linda fiesta en la cual Cesar Conto improvis6 versos
alusivos a la boda. Como los romanos en lo antiguo, en aquella festi-
vidad se oy6 la expresi6n: iA Talasius!
Vivieron en la casita que Jos6 Joaquin Palma les cediera, situada
frente al costado sur de la Universidad. Con anterioridad residian en
el Hotel Universal; reza el comentario que un dia los amigos encon-
traron al eximio nicaragiiense acostado, como en extasis, y rodeado







de velas encendidas puestas en sendas botellas. En el terrufio hermano
dirigi6 el diario semioficial arriba mencionado, por poco tiempo; el
cotidiano suspendi6 sus tareas a causa de haber cesado las subvencio-
nes del gobierno.
La suegra de Rub6n, dofia Manuela Gana de Contreras -viuda
del potente orador hondureiio Alvaro Contreras- era de origen cos-
tarricense y tenia parientes en San Jos6; biznieta a lo que parece de
nuestro ltimo gobernador Juan Manuel de Cafias. Importa consignar
de paso que sobre la ascendencia costarricense de Ruben Dario se han
lucubrado novedosas notas geneal6gicas; en ellas se habla de Mariano
Jos6 Iglesias, quien de la ciudad de Cartago se traslad6 a Le6n de
Nicaragua, emparentado con la familiar del autor de Los Raros. Igle-
sias cas6 en la ciudad leonesa seg6n indagaciones realizadas.
En la maiiana del 24 de agosto de 1891 -en el mis profuso
invierno- el muy ilustre visitante desembarcaba en Puntarenas, en
compafiia de su esposa, Rafaelita Contreras Cafias, y de su madre
political. Los primeros llegaban de Guatemala, la iltima de tierra
salvadorefia. A las 8.30 a.m. fonde6 el vapor Colima, de ijares
anchos, consignado a la Compafiia de Agencias, procedente de San
Francisco y escalas, con un dia de mar de Corinto a nuestro puerto;
tripulantes, ochenta; capitin, Austin. Venian tambi6n, pero de Nica-
ragua, tres escritores: el malogrado Pedro Ortiz, que despu6s muri6
aqui, acribillado a balazos, en el Parque Central; el periodista Anselmo
H. Rivas; y Enrique Guzman, critic mordiente, si los hubo, que
dispar6 sus baterias contra Rub6n.
La mariana, se nos antoja, se desnud6 en las cumbres y viol6 su
pudor, como la bella-Ana de Barbusse. El mismo dia Ruben y sus
acompafiantes salieron rumbo a la capital. En ella, ya instalado provi-
sionalmente en el Hotel Internacional, comenz6 a colaborar en revistas
y peri6dicos josefinos: La Prensa Libre, Diario de Comercio, La Repi-
blica, El Heraldo, cuyas oficinas se hallaban instaladas cerca del Parque
Central, en el edificio en donde esta establecida la barberia de Abelardo
Antill6n; Revista de Costa Rica, de precarios alientos. Y 61 recuerda:
"pas6 una vida grata, aunque de lucha". Siguiendo su promesa, en
sus tareas le guiaron, ante todo y sobre todo, el amor a la verdad y a







Nuestra Sefiora la Belleza. "No me inmiscuir6 -anota el 4 de sep-
tiembre- en la political local. Poder servir al pais que hoy me acoge
y me hospeda es mi mayor deseo. Cada cual da lo que puede y lo que
tiene. No sera culpa mia -agrega- si cuando se aguarde que depo-
site en esta noble y fecunda tierra un pufiado de simiente productora,
yo no pueda dejar como ofrenda sino un pobre, pero fresco ramillete
de rosas". Una semana despu6s, Pio Viquez comentaba en su peri6dico:
"es cierto que Ruben, para evitar contrariedades, prometia no mezclarse
en los belenes de political interior, en beneficio de ninguin partido".
Liberales y cat6licos estaban en contienda eleccionaria y parece que
a determinado bando despertaba recelos el ingreso de Dario a nuestro
diarismo. iReparos de Animos quisquillosos!
La Prensa Libre, de 25 de agosto de 1891, en la column Casos y
Cosas, expresa: "Procedente de Guatemala ha llegado nuestro amigo
el ilustre poeta D. Ruben Dario, acompafiado de su distinguida esposa
dofia Rafaela Contreras, a los cuales presentamos nuestros respetos, sa-
ludAndoles afectuosamente. El poeta necesita especial bienvenida y
nosotros copiamos el pean de Scyclos, con que salud6 la Eubea la
llegada de Anacreonte... Despu6s de saludar al poeta, esperamos im-
pacientes para estrechar la mano del amigo". El dia siguiente, en
Heraldo de Costa Rica: "Con verdadero placer nos apresuramos a salu-
dar cordialmente al eximio y delicado poeta Ruben Dario, que acaba
de arribar a nuestras playas. Sea, pues, bienvenido a nuestro suelo, lo
mismo que su estimable esposa".
Dario vino a esta tierruca casi a la callada, sin previo aviso. Fu6
una sorpresa para los costarricenses. Ya habia conocido, como sabemos,
El Salvador -pais sugestivo, con la loci6n de sus bilsamos-; visitado
a Chile y Guatemala -ardiente, pintoresca, brava y generosa-. Los
adjetivos son de Dario. Se despertaba en 61 anhelos de conocer tierras
y cielos. Y, para expresarnos a la manera de Guiraldes, acariciaba una
indefinida voluntad de andar, que es como sed de camino y afan de
posesi6n de mundo. Posteriormente viaj6 por Espafia, Panami -en una
via de flagrantes adelantos-; Nueva York -la sanguinea ciudad de
Gulliver-; Francia -adorado vientre de la estirpe humana-; Ar-
gentina -su regazo de gloria-; Italia -tradicional pais del arte-;
18








Inglaterra -madre de Shakespeare-; Alemania, Bl6gica -de gran
movimiento industrial-; Austria Hungria; Portugal -tierra en que
florecen los naranjos-; Brasil -poderosa en diamantes- el gran M-
xico; Colombia -en la que solia dormir envuelto en su bandera en
Buenos Aires-; Cuba -admirable y rica-; y Palma de Mallorca
-isla vestida de bosques de pinos.
En Costa Rica comunic6 con contadas personas. Huia de la vida
rebafiega. Le desagradaba el contact popular. Tal, su idiosincrasia. No
gustaba de la bastedad ni de la poca higiene de la muchedumbre; tam-
poco, del vulgo municipal.
Escasamente mundane en esa 6poca; atento a faenas de future.
iEl Porvenir! Bien apersonado; la palabra, aunque a gotas, muy gus-
tosa. Cigarros?, no por sus labios: confesaba con encogimiento que
le era extraflo el tabaco. Atildadura, primor en todo. Cuidaba del
pulimento del alma. Grande alma de artist la suya, sofiadora, embru-
jada. Si en realidad era de constituci6n robusta, a menudo le vieron
enfermo, nervioso: quejibase de amagos hepaticos, de dolores reumi-
ticos. Fu6 esencialmente bueno. "Fallas de hombre tenia -asentaba
Valle InclAn, ya muy autorizado de canas- pero ninguno de los pe-
cados del angel: ni ira, ni soberbia, ni envidia". Bobalicones y simplo-
nes -61 siempre los llam6 sapos-, en veces se lanzaban por la calle del
medio e interceptaban su paso; sin embargo el maestro supo guardar
silencio ante los chatos de entendimiento y los corazones envueltos en
piedra, ecriptados para afanes de eternidad. Si el contendiente merecia
replica, por ser escritor de seso, le echaba de un bote; porque Dario,
como el otro, iba blandiendo el acero, cuAndo en la batalla, cuando
en la estacada.
Producia, ya en su cuarto de trabajo, bien en redacciones de
peri6dicos, ora sentado a la mesa de la cantina La Venus, que rebosaba
de clients, cien varas al sur de la Botica Oriental. Alli le servia
vasos del demoniaco ajenjo el cantinero Jos6 Aguilar; le acompafiaba
Emilio Navarro, apellidado Bast6n, rico sefiorete de buena vena. Llena
la copa, bebe y rie, bebe y canta, dice en las Rubaiyat el pers;a Omar
Khayyam. De tarde en tarde se jugaba a las cartas o a la loteria.
Tambi6n reuniase con escritores en el restaurant La Morena, de los







madrilefios Ortuiio. No huelga anotar que Manuel Dario, padre de
Rub6n -comerciante duefio de una tienda de ropa- era aficionado
a la cerveza negra de Inglaterra. Por determinaci6n de los hados el
inmenso cantor continental lucubraba sabrosas prosas y deleitosos ver-
sos, sugestivos de originalidad, en cualquier lugar, rodeado de silencio
o entire el vocerio y parloteo de los parroquianos del cantinero Jos6.
Con frecuencia, a prima noche se acercaban sus compafieros de faena
a solicitarle una cr6nica. Requeria papel y, humedeciendo la pluma en
un tintero de raiz de naranjo, a la luz de un vel6n escribia el articulo.
Su pluma era una caja de pinturas; bien surtida de matices, su paleta.
Este sistema en sus tareas intelectuales redundaba, es claro, en menos-
cabo de su salud. El recuerda que casi todas las composiciones de
Prosas Profanas fueron escritas aprisa, en las oficinas de La Naci6n,
o en mesas de cafetines o cervecerias. Parece que en su madurez Dario
escribia con gran cuidado, sin apresurarse, fanAtico de la correcci6n.
QuizAs en ese tiempo fij6 su semblante, en retrato al 6leo, el pintor
Juan T1llez. Tristezas, inquietudes de peregrine sin estimulo; desde-
nes, negaciones; inseguridades en el mafiana, penurias, fatigas, minaban
su organismo desde joven. Tal vez su espiritu se encontraba como ban-
dera caida y rota. En otras oportunidades cenaba en el fonducho de Hi-
lari6n, que servia exquisitos filetes; a eso de las dos de la mafiana
se retiraba, llevando un frasco de ginebra, que luego bebia a pequefios
tragos. Ev6canse las animadas tertulias periodisticas que se formaban a
su alrededor en la redacci6n de los diaries. Alli departian -charla
crepitante a veces- Facio; Aquileo, elevado en numen; Zambrana,
Manuel Argilello de Vars, Faustino Viquez, el Ministro espafiol Julio
de prellano -de cultural nobiliaria-; Pio Viquez, muy su amigo.
A Dario no le interesaban las cuestiones political ni los problems
comerciales: los miraba con indiferencia de nifio. El genio es de cuando
en cuando unidad simplisima, dijo quien mis bien dijo.
En regazo costarricense la maternidad pobl6 de sonrisas y cascabe-
lerias el hogar de Ruben: el nacimiento de su hijo fu6 cristalizaci6n
de sus quereres y sofiares: antigua casa de la familiar Montifar, nimero
265, octava calle norte, Paso de la Vaca. El niiio Ruben Dario Contre-
ras, por ser la naturaleza esquiva con la madre, se nutri6 a pechos de







una pr6diga dama del pais, de apellido Echeveria. Rastreando en
peri6dicos de la 6poca encontramos la fecha del nacimiento: 12 -de no-
viembre de 1891. En La Repiblica de 13 de noviembre: "Costa Rica
ha tenido la honra de ser cuna del primoginito del eximio poeta Rub6n
Dario. Felicitamos al amigo Dario y a su estimable sefiora esposa, y
hacemos votos porque el destiny y la fortune sonrian siempre a su hijo".
Margarita Foxa, esposa del Ministro espafiol, fu6 la madrina del niflo.
Mis adelante, en el Heraldo de Costa Rica, de 28 de agosto de 1892:
"Pesar: Desde hace dias esta enferma la consorte de nuestro estimado
compafiero Rub6n Dario. Deseamos que mejore pronto la delicada
costilla del amigo".
Rafaelita Contreras rendia culto a las bellas letras; suscribia sus
articulos con el pseud6nimo Stella: nombre poeniano. Para Dario
su alma era la suya. Adoraba en su mujer. Veiala con gran miramiento.
Meses transcurridos, cuando emprende ella el viaje sin retorno vencida
por una roedora enfermedad, la evoca el poeta: .. .Asi ti, para wni, en
medio de los martirios de la vida, me refrescas y alientas con el aire
de tus alas. Ruben llor6 la p6rdida de quien fu6 para 61 apoyo moral
y Angel consolador, presto ido para siempre. Al recibir la noticia de
su muerte, encerr6se en un cuarto y tres dias se estuvo tirado sobre su
lecho. Jos6 Joaquin Palma la llam6 palmera verde del suelo tropical".
Al marchar Dario de Costa Rica habia dejado a su c6nyuge y a su hijo
en San Jos6; despu6s partieron para El Salvador. El chico qued6 a la
sombra y tutela de su concufiado el banquero Ricardo Trigueros. Por
algfn tiempo llev6 el nombre de Rub6n Trigueros. Si tenemos present
que Dario demor6 en nuestra repiblica tal vez en el lapso del despliegue
de los arrests y desvios de la juventud, nos explicamos que le trabu-
cara el juicio una campesina ultraturbadora de las vecindades de la
ciudad y que sus amorios resultasen pintorescos. La vida le ofreci6
esa Dafnes en primavera, lucero de aventura, motivo de emociones
creadoras. Versos; besos. iBien haya la preciosa nifia! Y el portalira,
sobre las brasas de su pecado -al fin hermanado a telkricos talis-
manes- alz6 miradores de ternura, a impetus de amor e inspiraci6n.
Buenas espuelas de diamante. UC6mo era la tica? De referencias
recogidas adivinamosla de aventajada estatura, espigada; los cabellos







a dos trenzas; floreciente de salud, pomposo el busto, de un moreno
dorado el rostro; con ojuelos de 6bano. Bajo la corta falda dejaba ver
las mis robustas piernas. Antes Rub6n habia sentido nacer en 1e
amores romAnticos de adolescent en su prima In6s, en la saltimbanqui
norteamericana Hortensia Buislay y la dulcisima linda Refugio, son-
rosada como una fruta toda jugo. Horas de te adoro. Hablando 61 de
nuestra patria manifiesta que en su excursions pudo admirar hijas
de agricultores y carreteros, de pie descalzo y cabellera al aire, y para
galantear a las cuales hubiera solicitado a su amigo Aquileo Echeverria
algunas de sus concherias.
Los que blasonan de pacatos, dirAn: iah, con que sedantes primero
y mas tarde este fauno anda a caza de ninfas! Si, censores, ap6stoles,
santos. Bohemio no es el que tiene la cabeza en desequilibrio sino el
que vive su juventud con un exceso de entusiasmo, que se 1l des6orda
del alma por las cosas bellas, seg6n el pensar de Rod6. Y el que est6
libre de pecado que arroje la primera piedra. Ya Goethe decia para
el mundo, que debemos sorprendernos 6nicamente de las virtudes del
hombre, porque los defects se sobreentienden.
En Heredia, en casa del poeta Luis R. Flores, fu6 Ruben su hu6s-
ped durante tres dias. Al descender del coche ferroviario le estrech6 el
herediano y le cogi6 del brazo. La primera noche no quiso salir; tem-
prano cerr6 la ventana de su cuarto. Tarde de la noche -faltando diez
minutes para las doce- abri6 la puerta de la sala y salud6 a various
amigos:
-No puedo quedarme solo a esta hora. El diablo viene a asesinar
la noche.
Confesaba el vate nicaragiiense que nada habia amargado mas las
horas de su vida que la certeza tenebrosa del fin; muchas veces se refu-
giaba en alg6n paraiso artificial, poseido del horror fatidico de la Dama
de Luto. Casi nunca iba a entierros; desde su nifiez padecia de la fobia de
la muerte.
El siguiente dia de su Ilegada, a prima mafiana, Dario y Flores
recorrieron de bracero la ciudad envanecida de much Arbol, much
mujer bonita, much gente religiosa.







Se leian versos, conversaban de arte. Alli Dario escribi6 el Coloquio
de los Centauros, de clacisismo modernista. Corrido medio siglo Flores
conservaba la pequefia mesa en que sentado a ella compuso Rub6n
su magnifica pieza literaria. Parece que el mAximo vate continental
rehus6 aceptar el cuarto que se le brindara para dormir. Al indicirsele
el aposento destinado, express con visible nerviosidad:
-Yo no duermo solo. Me es impossible.
Entonces se le prepare un dormitorio aparente, con camas y mue-
bles para dos personas. Dario en toda la noche no pudo cobrar el suefio.
En la mariana le pregunt6 su amigo Flores:
-dQu6 ha sucedido, que mientras usted dormia ha estado moviendo
la cabeza minute a minute?
-Nada -repuso el interrogado, arqueando las cejas-. Esa es mi
costumbre: siempre muevo la cabeza, porque siempre suefio...
En su breve estada en Heredia, afanado por la cultural, en el Club
leia revistas francesas. Devoto del arte en todas sus multiformes mani-
festaciones, aprovechaba el tiempo en la observaci6n de unos angeles de
bronce que en la iglesia de El Carmen ofrecen agua bendita en la
beatitud de sus manos. En el atardecer visitaba el temple, semiilumi-
nado con velas; no tenia luz electrica la ciudad. Profes6 desde su infan-
cia la doctrine cat6lica, apost6lica, romana. De muchacho se confesaba
todos los sabados. Labor de su tia abuela Bernarda Sarmiento, que
cuid6 de su primera edad?
Tambi6n no dej6 de apreciar lo bastante un fortin, saturado de
antigiiedad, que se levanta todavia frente al parque central y que al
poeta se le antojaba torre6n arrancado de un castillo medioeval. Cru-
zado de brazos contemplaba el fortin; querian derribarle y tal tentative
le indignaba. Fu6 construido por Fradique Guti6rrez, hacia 1876, en la
administraci6n de Tomas Guardia.
Cu6ntase que la madre de Flores era poetisa, aunque ayuna de las
reglas de la poktica. Improvisaba versos de modo sorprendente. Al des-
pedirse Dario de esta dama, a quien profesaba much simpatia, la dijo:
-Luis me ha contado que usted hace versos y me voy con el sen-
timiento de no haberla oido recitar algunos.
Y dofia Victoria, tendi6ndole la mano:







"Usted se llama Ruben
Y yo me Ilamo Victoria:
iQue le vaya a usted muy bien
Con sus ensuefios de gloria!"

Al terminar el huesped la estrech6 efusivamente contra su pecho.
A mediados de 1940 fuimos a la ciudad de Heredia en compafiia
de Ruben Dario Sanchez y Mario Flores, brazo en brazo, deseosos de
conocer la casa de don Luis, en que se alojara antafio Dario. Es de fac-
tura antigua; de adobes y bahareque. Creimos oir la voz docta de Flores
y la voz sabia de Rub6n, al ver ambos a sus hijos reunidos cuarenta y
nueve afios despues venerando la memorial de sus progenitores des-
aparecidos.
Era supersticioso. Lo sobrenatural le inquietaba bastante. A menu-
do, en sus libros y cartas, refi6rese a fen6menos extraterrestres, que le
abismaban en muy hirsutas meditaciones. Las cosas de tejas arriba
le atrafan con su carga de irrealidades. Avido de signos, sospechaba la
presencia de fuerzas aladas en vigilancia de los destinos humans. Ex-
trafias visions y aun mis extrafios suefios cuyo desciframiento ator-
mentaba sus nervios, narr6 con plenitud. No conoci6 treguas su vaga-
bundaje religioso. El cuenta de sus pesadillas, de sus padecimientos
hipnol6gicos. Para explicarse various problems de esa indole acudi6 a
lectures teos6ficas. Ocultismo, astrologia, nigromancia, magia, fueron
studios de su predilecci6n. Las ciencias esot6ricas cobraban valer a sus
ojos. La simbologia de los nfimeros, de las fechas, fu6 magismo para
su vida. Abandon6 mas tarde tales cuestiones, a causa de sus nervios,
temeroso de alguna perturbaci6n cerebral. jTodo como consecuencia
de edenes espirituales o de bohemias peregrinaciones o de resabios here-
ditarios? Todo conspir6 a ello, probablemente.
Dario, frecuentador de tertulias, en cierta oportunidad asisti6, en
Cartago, a una reuni6n social de la vieja metr6poli. Se vivieron
horas hermosas: plAticas amenas; anhelos inflamados en briosa vo-
luntad; prop6sitos por realizar; finos vinos en copas leves; brindis,
votos cordiales. Al mediar la noche, ya raleada la reuni6n, Dario
enderez6 sus pasos hacia su hospedaje. Iba enfundado en su sobre-








todo, para resguardarse del frio proverbial de la hist6rica ciudad. Con
los nudillos llam6 a la puerta insistentemente, sin lograr que se le
abriese. Recurrir a una piedrezuela y redoblar sus golpes, todo fu6 uno.
No muy tardado a lo largo de la acera espolvoreada de niebla se
desliz6 un polizonte, se fu6 a 61 y le reproch6 su actitud refiida con
el silencio y sosiego de la metr6poli, y sin mayor miramiento le con-
dujo al cuartel de armas. Refiere la tradici6n que al romper el alba del
nuevo dia, Rubin, tras los bien trabajados barrotes de una cArcel,
con rostro sorprendido, mandaba al diablo su suerte y desventura...
Acaso rememorando este suceso, escribi6, pasados doce afios, que
vale mds servir a M. Lebaudy que correr aventuras costarricenses?
iQue diferencia, lustros adelante, cuando en las madrugadas, en com-
pafiia de Moreas, Charles Maurice y el arquitecto Tinchaut, iba al
barrio latino a comer almendras a los mercados, o salchichas en figones
cercanos! iO en el Cafe Col6n de Madrid, sentado enfrente de los
m6sicos, entire mesas de mirmol, espejos y divanes rojos!
En el pueblo de Desamparados se reunian con frecuencia el panida
de los lagos, Francisco Gavidia, Antonio Rosales y otros artists de
buena pasta. En la esquina sureste de la iglesia existe un establecimiento
commercial; al lado, camino al sur, se levanta un viejo port6n, en seguida
una casona de adobes. Esa fu6 la morada pueblerina de los bohemios
de antafio. Horas en flor. La vida se rompia en risas. Dos piezas de
paredes descascaradas forman ain tal vivienda con la vigueria descu-
bierta: la primera con una ventana que cae a la calle; en el centro
los tres escritores tenian su mesa de trabajo y de farra: mesa redonda,
de cedro, gruesa, fuerte. Alli habia copeo, no de whisky ni de cofiac,
sino de r6stico ron sacado en los trapiches aledafios. La pobreza era la
hermana de aquellos hombres de letras, de opulentas cabelleras y exhaus-
tos bolsillos. Por lo demas...
En la funci6n lirico-dramAtica que se verific6 en San Jose el jueves
27 de septiembre de 1891, a favor de los pobres y patrocinada por la
Sociedad de San Vicente de Paul, el cuarto nfimero correspondi6 al autor
de Canto Errante. 4: Poesia compuesta y leida por Rub6n Dario,
reza el program. En la cr6nica anotamos: "el bardo tambi6n con-
tribuy6 al buen 6xito del espectAculo. Su poesia, dulce, de fAcil versi-
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ficaci6n y de natural armonia, sali6 como salen las bellas producciones
del ingenio". Los versos fueron hechos una hora antes del comienzo de
la funci6n; el p6blico llam6 al autor a las tablas para aplaudirle. Y este
detalle: en un entreacto el vate salud6 al rey de Talamanca: monarca
descalzo, en camisa, moreno, p6mulos salientes, cabellos como agujas.
Rub6n, Gavidia y Emilio Pacheco integraron por buen tiempo el s6qui-
to del soberano.
En el program de la velada que se celebr6 en Cartago el 6 de di-
ciembre de 1891, a beneficio de las personas que sufrieron a causa de la
inundaci6n del rio Reventado, el 27 de octubre anterior, se lee: "Nd-
mero 5: Poesia por don Rub6n Dario". Y este comentario periodistico:
"colaboraci6n que agradecemos de verdad los cartagineses, pues sabiase
que era para 61, por temperament, un sacrificio presentarse en puiblico".
El eximio nicaragiiense fu6 a Alajuela por dos veces, a casa del
escritor politico Tranquilino Chac6n, su amigo y compafiero en El
Salvador. Dario conoci6 el bronce levantado a Juan Santamaria y
exalt6 su hazafia. Soldado -para l1- que muri6 valiente, en trance
raro y 6pico, digno del canto de un Homero indigena, con la antorcha
en la mano.
En el Diario del Comercio, de 4 de diciembre de 1891: "el n6mero
de noviembre de la Revista Ilustrada, de Nueva York, public la cr6-
nica de la inauguraci6n del monument al Soldado, escrita por nuestro
corrector Dario".
En efecto, con el titulo de Fiesta de la Patria, Ruben pergefi6 la
resefia de la festividad celebrada el 15 de septiembre.
El pedestal del monument, de piedra de granite, fu6 levantado
por el albafiil Jos6 Bulgarelli; el mecAnico Manuel Jirado arm6 los
bronces de la estatua. Seis meses de trabajo, en el montaje. Al festival
asistieron los miembros de los tres altos poderes de la Rep6blica; ade-
mis, el Obispo Thiel y su s6quito, los cuerpos diplomiticos y consular,
delegaciones municipales y los organismos cientificos y artisticos
del pais; las bandas militares de la capital, de Heredia y Cartago, un
nutrido n6mero del ej6rcito, con atavios de patio y abotonadura dorada,
polaina de lona y guante blanco. La ciudad fu6 embanderada. En calls
y jardines lucian farolillos chinescos de color vario. La vispera, con-
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ciertos en el Parque Santamaria, congestionado de p6blico. Alajuela
jugaba a la ruleta, libaba licor libremente. El amanecer del 15 fue
saludado con salvas de artilleria, dianas, tambores, bombetas. La plazo-
leta, de la estaci6n del ferrocarril al AtlAntico, a las ocho de la mariana,
hora de Ilegada de los trenes oficiales, con desusada concurrencia, dos
batallones de infanteria y bandas de m6sica. Los miembros de los tres
poderes descendieron de levita, pantal6n claro, zapatos de charol y
chistera. Vino el desfile. En el temple parroquial se cant6 un Te Deum.
De la iglesia se pas6 al Instituto. Al mediodia se ofreci6 un banquet a
ciento cincuenta invitados. En seguida se procedi6 a la inauguraci6n
de la estatua del Tambor, en el Parquecito. Alli estaban los invalidos de
la Guerra. El Jefe del Estado tir6 de una cinta y descubri6 al Heroe.
Oy6se un caricioso retumbo marcial: el himno patrio, soberbio y sonoro.
Las mujeres, de pie en el balconaje de las casas del contorno, agitaron
pafiuelos y arrojaron flores. MezclAronse los aplausos y vivas al clamor
de las cornetas. Los invAlidos y los soldados nuevos presentaron armas.
Hablaron el Ministro de la Guerra, el Presidente de la Corte Suprema
de Justicia; en nombre del Congreso ley6 una oda el diputado Chaverri.
En el palacio municipal fu6 servido un lunch con champafia, a los
oficiales y soldados de la 6pica jornada del 56. Por la noche, mfisica
popular, danzas, fuegos artificiales, elevaci6n de globos, luces de ben-
gala. A las nueve, gran baile en los salones del Instituto, con dos or-
questas: una bajo la batuta de Fournier; otra, de Chaves. Reina de la
fiesta result aclamada la sefiorita Elena Escalante GonzAlez, bella como
un sol.
En los afios de 1891 y siguiente, San Jos6 era una ciudad modest
pero con visible empujes de adelanto. La supreme direcci6n del pais
estaba confiada al licenciado Jos6 Rodriguez. La municipalidad capi-
talina impulsaba el saneamiento y ornato de la urbe en cierne; dotAbala
de buena agua; las calls, tiradas a cordel. A cada propietario se le
exigia pintar el exterior de las casas y desyerbar el frente de las mismas;
los interesados en la limpia de excusados debian cuidar de que tal
trabajo se hiciese de once de la noche a cinco de la mafiana; los contra-
ventores incurrian en multa de veinticinco pesos. Levantabase la cons-
trucci6n del Teatro Nacional gracias al impuesto que cubrian los cafe-







taleros exportadores. Carrier Bellense hacia el Monumento Nacional.
STeniamos una escuela de mfisica. De tanto en tanto se celebraban, con
escasa aunque escogida concurrencia, algunos conciertos: asi el de los
violinistas Mollenhauer y el de las pianist O'Leary, de catorce y
quince afios de edad. Estaba encendida la lucha eleccionaria entire
liberals y cat6licos: tal contienda apasionaba, no poco, los inimos.
Habia brotes de fiebre tifoidea en la capital; y no escaseaban esfuerzos
para conjurar la enfermedad; victim de la epidemia falleci6 Virginia
Facio. En meses de verano a diario se regaban las polvosas calls en que
rodaban coaches, volantas vejanconas, carretones de mal ver, y no
menudeaban los choques; el impuesto de ruedo era de cinco a dos pesos
por trimestre. Funcionaba el Club Internacional, para hora de esparci-
miento de sefiores de dinero y de political. Llevaba seis afios de estable-
cida la loteria, a beneficio de los enfermos hospitalizados. Perdia
Costa Rica tres varones: los expresidentes de la Rep6blica D. Bruno
Carranza, el doctor Jos6 Maria Castro y Ernesto Rohrmoser, acreditado
de rico, arbol del trabajo, de flor generosa. Para hombres de studio y
pensamiento, Antonio Zambrana daba conferencias en el sal6n de actos
de la Escuela de Derecho, sobre Plat6n y su filosofia. En tales fe-
chas, por simplezas, Francisco Badell deseaba batirse en duelo con
Zambrana. Nos visitaba la escritora espafiola, la Baronesa de Wilson.
Muchos emigrados politicos disfrutaban de nuestra traditional hospi-
talidad: Eloy Alfaro, ecuatoriano prestigioso; Tomas Regalado, sal-
vadorefio; el arrogante Antonio Maceo, amasado con levadura de
volcan, gloria de Cuba y del Continente.
A fin de afio las bulliciosas fiestas civicas: bailes de mascaras,
corridas de toros a las tres de la tarde, apretada concurrencia en las
primeras horas de la noche en el Parque Morazan, juegos de p6lvora y
ascensi6n de globos. De paso hagamos recuerdo de las disposiciones que
desde su origen brindaron legalidad y caracter a estos events civico-
religiosos. En abril de 1827 se instituyeron nuestras ya tradicionales
Fiestas, en memorial de los venturosos acontecimientos con que la
Providencia habia "enriquecido la historic de la Independencia de
America", como reza el decreto del gobernante Juan Mora Fernandez.
Celebrabanse anualmente en San Jos6, Cartago, Alajuela, Heredia -al-
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deas con prosopopeya de ciudades, en aquel entonces- y poblaciones
de Nicoya, Esparza y T6rraba. Al comienzo de tales festejos deciase
una misa solemne; a ella asistian el gobernador o jefe politico, el alcalde
y municipes; luego venia funci6n de plaza o teatro, costeada con fon-
dos comunales. En San Jos6 las festividades se verificaban el dia si-
guiente al del Patrocinio de este Santo; en Cartago el dia de Santa
Ana; el primero de diciembre, en Heredia; el mi6rcoles de pascua de
resurrecci6n, en Alajuela; a Esparza correspondia el primero de fe-
brero; el tres de mayo, a Terraba. El vecindario enjalbegaba de cal
el frente de las casas y procedia a aderezarlas: puertas, ventanas y bal-
cones, enguirnaldados de uruca; en los aleros que daban a la calle,
linternas de colors; y vistosas banderolas en el remate de caiias de
bambi. Sesenta aiios despues -1887- para grabarles mayor populari-
dad a estos regocijos p6blicos, fuerqn declarados para los servidores
dependientes del poder ejecutivo, tres dias de vacaciones. Recogidos estos
datos, continuemos.
De enero a marzo marchaban las families hacia el campo y am-
biente marino, en jiras recreativas. A puerto de Lim6n salia la gente
veraneadora; hacia excursions a la isla Uvita, cuyo faro, corno el brazo
del gigante Ticio, se alzaba con sefiorio. Los aficionados a lidias tau-
rinas iban al circo todo color y fanfarria en que maravillaba con su
arte el torero Mazzantini, pasmo de taur6filos; gran capeador este:
puesto en suerte mataba la fiera de una espadada. Misa de tropa -en
ella el devoto campesino dominguero- en la iglesia principal, por la
maiiana; en la tarde recreo a cargo de la m6sica military; a la noche,
serenatas de gran porte en la plaza de armas. El director de bandas de
San Jos6 era Mateo F. Fournier; entire las piezas que se tocaban apa-
recian en programs: El Coronel Jose Maria Cafias, paso double por
Rosa Alvarado; Marcha inaugural, de Campabadal; Cristina, valse
de Rafael Chaves; Himno de Juan Santamaria, tambi6n por Chaves.
Los pArrocos de la Merced y el Carmen organizaban turnos. En carre-
t6n tirado por un caballuco, un fon6grafo regalaba el oido de los ve-
cinos con alegres piezas, y el invento edisoniano era el prodigio
popular, en esquinas y cantinas. Seg6n notas periodisticas los relojes
piblicos caminaban a la diabla... El comercio prosperaba a ojos







vista: tiendas, almacenes, restaurants; platerias de Sienz; joyerias
de Siebe y de L6pez Garcia; para personas de dinero, fraques y ca-
misas pechera pique, donde Cardona y Hermano. Afamada la sombre-
reria de Camprubi; de moda, la barberia de los hermanos Antill6n;
para novios y diplomiticos, la fotografia de Paco Valiente. Libros
en la Casa de Montero. Funcionaban dos instituciones bancarias: la
de Costa Rica y la del Anglo Costarricense. Entre hotels de rumbo,
el de Benedicitis. En toda manzana, nuestras caracteristicas pulperias,
de esas que brindan sentido democratic a la rep6blica: lugares en que
se vende, se compra, platicase de political y se hartan de bofetones los
clients. Quiere Ud. lefia? Necesita una medicine? Anda en bus-
ca de medias? ,De aguardiente? ,De clavos, de una guitarra, de una
olTa del tiempo de maricastafia? Acuda a la pulperia en donde cabe
todo como en la caja de Pandora, en donde le atiende un pr6jimo en
mangas de camisa, que sabe de finanzas, de historic, de gramAtica, y
con noble humildad barre el establecimiento. Pero implacable con el
que hace fisga de su erudici6n; le suprime el cr6dito, le toma por la ore-
ja y le pone en la acera. Deciamos... San Jos6 urbanizaba sus calls,
perfeccionaba su alumbrado, levantaba edificios modernos y abria sus
puertas a los mensajeros del trabajo, a los representatives de la cien-
cia, a los movedores de cultural.
Frecuentaba Ruben la biblioteca p6blica. Esta habiase trasladado
a los altos de una casa situada frente a la esquina sureste del mercado.
Alli iba por las tardes a registrar libros muy sabios, en compaiiia de
Roberto Brenes Mesen. El autor de El Canto de las Horas hace esta
reminiscencia sobre la primera visit del citareda nicaragiiense a es-
te establecimiento: "Yo estaba en la biblioteca cuando se levant6 un
murmullo entire los empleados: 6se es Ruben Dario; en efecto entraba
el poeta; vestia un chaquet gris oscuro; tenia un rostro pilido, bigo-
tes breves y pera a la espafiola".
Cuando 6ramos liceistas de diario frecuentabamos por las noches
el sal6n de lectura de la Biblioteca Nacional. Inclinados sobre una lar-
ga mesa leiamos prosas castelarinas, ensortijadas de gracia, que alzaban
nuestro espiritu en grato columpiamiento. Castelar, que, como prosis-
ta, peca por excess de arcoirisada sensibilidad pero orador de gloria








y de genio, es para nosotros fen6meno de la naturaleza que suspended
el Animo. Un dia de principios de marzo en que volviamos la uiltima
pAgina de Discursos Parlamentarios, se acerc6 a nosotros el bibliote-
cario Lisimaco Chavarria, poeta de verdad al que en su epoca nadie
le puso el pie adelante, en Costa Rica. En su ojal ardia un clavel. Puso
en nuestras manos Ajul..., a tiempo que nos decia: lea, relea cosa
exquisite. En efecto, aquel present fu6 para nuestras siembras de arte,
gozosa luz virginal. Desde entonces ligamos amistad con Chavarria,
quien supo ensefiarnos a admirar a Ruben, que es a manera de la mon-
taiia de iman de las Mil y una Noches que atrae a si los herrajes de
todos los barcos en el mar del pensamiento.
En Diario de Costa Rica de 12 de diciembre de 1891, en la sec-
ci6n de noticias locales se inserta: "Don Ruben Dario ha sido nombrado
delegado del Gobierno en los examenes del Colegio de Si6n, que empe-
zarin el 15 y concluirin el 18 de este mes". Se combatia con violencia
por aquellos dias el sistema educativo que adoptaban las monjitas.
Da cuenta al Secretario de Educaci6n Piblica en 27 del mismo
mes, del resultado de los exAmenes en el Colegio de Nuestra Sefora
de Si6n. Alli se enseila much y se enseia bien, expresa el informant.
Celebra este el m6todo de ensefianza de las religiosas: fire moral y so-
lidez y variedad en conocimientos. El studio de gran parte de los
cursos se hace en francs; cultivan las alumnas este idioma sin des-
cuidar el propio; analizan fragments de Bossuet u odas de Hugo.
En La Prensa Libre de 6 de septiembre del mencionado afio: del
libro Azul... de nuestro corredactor Ruben Dario, quedan muy pocos
ejemplares en casa de Montero. Hay que aprovechar la ocasi6n, ami-
gos de la buena lectura. Y en marzo de 1892 en Diario de Comercio:
Azul... De este libro de nuestro querido amigo.Ruben Dario ha llega-
do una nueva remesa de Guatemala. Se vende en la libreria de Mon-
tero, en la oficina de este Diario y en la casa del autor. En las ventanas
de la cantina La Granja, por el Paso de la Vaca, estaban puestos a la
venta ejemplares de esta obra, con caratula del mismo color, la se-
gunda edici6n de prensas guatemaltecas.
Durante su estada en Costa Rica, a pesar del ambiente de aplasta-
miento que imperaba para holganzas espirituales, trabajaban macizas







alhambras de arte, diez o mis intelectuales de verdad. Zambrana
empuiiaba el cetro. Su escuela -ayer soberana, hoy discutida desde
el punto de vista de la poca sobriedad de su prosa- alzaba estatura
solar si no olvidamos las superioridades del vuelo mental del maestro.
Puede decirse sin hip6rbole que la Universidad era el 6nico refugio
para el comercio con las ideas y las letras. La prensa complacia al
lector, preferentemente, con columns informativas y noticiosas. Y esta
referencia sobre el format: aparecian los avisos en la primera pagina.
Y muy grato para nuestros afectos filiales, nos encontramos en La
Rep6blica de 4 de mayo de 1892. Aviso.- Durante mi ausencia del
pais, queda al frente de mis negocios con poder general, el senior D.
Manuel Soto Lara. Alajuela. Francisco Jinesta Soto.
EditorializAbase sobre cuestiones gubernamentales o acontecimien-
tos internacionales o geol6gicos. Se escribia, desde luego, sin mayores
formas ni formulas. La falta de profundidad de pensamiento y estu-
dio y el aguachirle de las motivaciones abordadas, pregonaban a las
claras que en los diaries for'jaban la ruta sefiores de pereza de bando
mayor. Del extranjero llegaban cablegramas. No se les daba impor-
tancia a las sesiones del Congreso. Es just reconocer que no se abu-
saba de gacetillas sociales ni se publicaban reportajes ni fotografias.
En sintesis, prosperaban estrecheces y angulosidades de miras y pen-
sares. Sin embargo, de tarde en tarde se engalanaban las hojas mati-
nales con articulos de Mauro Fernandez sobre cuestiones econ6micas y
educacionales, resefias hist6ricas de Montero Barrantes, escarceos de
Pio Viquez, risuefias lines de Aquileo Echeverria, y tambien con
prosas de Gagini; estrofas de Justo Facio, cultivador de mArmoles
po6ticos; y producciones de Alfaro Cooper, autor de La Epopeya de
la Cruz. Pero estos eran manjares aislados de intelectos que sentian
y pensaban con brillo aunque el medio fuese impropicio a la sensibi-
lidad que agranda, magnifica los impulses de la Vida.
Cierto es que compafiias de drama -la dirigida por Paulino Del-
gado y la espaiiola de Garcia Marin- no muy de tarde en. tarde anima-
ban el scenario de nuestros teatros -el de Variedades, ponemos por
caso-- con representaciones benaventinas y aun shakespereanas. Las
cr6nicas las hilvanaba Manuel Argilello de Vars en Revista de Costa








Rica. Mas venian artists de segundo orden, mal pagados y peor
estimulados. El vestuario era hilarante por lo inverosimil, a capricho
del empresario. El decorado de pobre gusto; anacr6nico. Sentaba sus
reales lo absurdo con detrimento de las magnificencias de la vida. A
falta de telones adecuados se representaba al mar con un simple barco
de cart6n clavado en un angulo de la concha del apuntador. Si era
precise figurar en escena un cuartel, bastaba con tres rifles puestos
en pabell6n -tres palos de escoba- y aparecer el protagonista con
quepis encasquetado hasta las orejas, ostentando al cinto una espada
de zinc. Los c6micos hacian esfuerzos por maravillar con sus carac-
terizaciones, sin buen resultado: el dislocamiento de las obras era cruda
realidad. Declamibase a la diabla y diablescamente se estropeaba el
arte en nombre de la rebusca de los garbanzos cotidianos. Las gentes
acudian, no a caza de cultural, sino a solazarse con puerilidades de
actors cuya fama continuaba siendo in6dita no obstante que progra-
mas o anuncios la proclamaban a dos tintas. Un palco ocupado, el
lunetario casi vacio, se lee en gacetillas. De modo que nuestro teatro
era tablado de monigotes que objetivaban emociones. frivolas. Sin
embargo, en honor a la verdad cabe anotar que el tiempo no podia
exigir mayores cosas, pues se pagaba una bicoca por luneta, y el pfi-
blico gustaba de piezas ligeras, preferentemente, de galanes j6venes
de melena ondeada y frases almibaradas al uso y en abuso.
Diversiones de otra indole si conquistaron gordas ganancias y po-
pularidad sin ocaso. A la voz de: iel circo!, iel circo!, se congregaban
en plazuelas y calls la juventud, el mujerio, la gente de resalte. Este
especticulo, si bien se mira, tiene la particularidad de adaptarse a los
mas de los temperamentos. Es fugitive estridencia, maridaje de son-
risa y mentira, grotesca parodia de la humanidad que avanza en mule-
tas hacia templos de divinidades que sollozan. GCuil es nuestro des-
tino? Acaso el que anuncia el payaso de labios repintados de achiote,
que tiene por sombrero una barrica? EEs la verdad la que concibe el
malabarista o el prestidigitador de frac a cuadros? Hay filosofia, de
fijo, en el niiio contorsionista que ofrece el cuerpo desconyuntado a
fuerza de una persistent trituraci6n dirigida por el verdugo explota-
dor. Se encuentra sabiduria en el barrista, en la juglaresa, en el duen-








de que vuela de trapecio en trapecio, en el enano que recibe una
ovaci6n por sus acrobacias, bajo las lonas, para dormir luego junto al
oso, entire montones de esti6rcol. En la pista circense se adquieren co-
nocimientos constructivos capaces de redimir almas sumidas en sober-
bia, en egoismo, en misantropia. Tal vez del circo ha nacido la duda
de la duda. Representa abolici6n del hogar, hermandad de los despo-
seidos, de los andariegos, que recogen el dolor de todos los caminos y
cantan ese dolor al s6n de murgas, visti6ndose de 6palo y de seda, para
esperar la muerte como supremo salto de hastio...
Pasan elefantes, gatos de ojo mAgico, caballos de donoso trote,
angulados de buen grufiir, leones,,tigres, monos, con la boca llena de
burla, perros, y el hombre a lo largo de su existencia es eso: un circo
con ratos de alegria, de amargura; triunfos logrados cuyo eco recoge
el viento de la noche; gemidos, carcajadas; correrias tras la libra
esterlina que brinda boato, lujo; y sobre todo, placer... jmientras
carpa y cielo se incendian de risa!
Dario emprendi6, solo, su retorno a Guatemala en el vapor in-
gles Barracauta, el martes 11 de mayo de 1892, despu6s de residir entire
nosotros nueve meses. -Como afirmamos antes, aqui quedaron su ma-
dre political, su mujer e hijo. Iba a la tierra de Milla en busca de
mejor fortune. El general Reina Barrios dirigia los destinos guate-
maltecos. De la capital chapina sali6 enseguida para Espafia, come
miembro de la delegaci6n que enviaba Nicaragua con motive de las
fiestas del centenario de Col6n. El Diario del Comercio le despidi6
con un articulo titulado Partida: Costa Rica tuvo en su seno al pri-
mero entire el cortisimo nimero de los poetas que han nacido en Centro-
am6rica; y como sucede con harta frecuencia, no supo apreciar de
cerca en cuanto significa y vale el espiritu que admiraba al traves de sus
lejanas irradiaciones. Y en otro pArrafo: Muchos fuimos arrebatados
por la magia de su inspiraci6n, copiosa y sostenida; muchos contem-
plamos a6n la linea de luz que deja en las columns de ia prensa na-
cional, y notamos el vacio de su ausencia en nuestras cotidianas la-
bores literarias. Por el temperament frio de quienes pudieron, a nom-
bre del pais, brindarle apoyo y hospitalidad cual lo reclamaban sus
m6ritos de artist eximio, no le permitieron constituir aqui su hogar







en esta patria que tambi6n es suya, y a la cual honra con la just
fama de que goza en el mundo.
El Heraldo de Costa Rica esmalt6 sus columns con unas lines
que ostentaban el nombre de "Adi6s, Rub6n". De ellas conozcamos
este fragmento: nos sentimos tristes por la patria; mengua nos pa-
rece para Costa Rica que no hayamos podido sujetar aqui con lazo
de oro las alas de ese pajaro' maravilloso; mengua nos parece que no
haya podido former aqui definitivamente su nido, cuando junto a 61
habrian de brotar tales raudales de armonia. Y el diario La Republi-
ca: el poeta niflo parti6 ayer para Guatemala. Deja en Costa Rica
muchos amigos que saben estimarle en lo que vale, muchas simpatias
que se ha conquistado con su conduct circunspecta, con si caricter
amable y sencillo, propio del verdadero m6rito. Que la fortune sonria,
allA en la hermana Repiblica, al protegido de las musas, es el deseo
ferviente de los amigos de Dario. Y en el mismo n6mero del 11 de
mayo de 1892: "El viaje de nuestro amigo Dario es por pocos dias.
Pronto, pues, le tendremos por acH". Esperanzas vanas. iNunca jams
torn6!
El cronista Fernandez G. compuso una pagina entusiastica: re-
proch6 nuestra atm6sfera de materialismo mercantil, nuestro modo tan
Aspero y simple, y la frialdad con que acogi6 al "escritor insigne, cuyo
nombre resuena con aplauso universal en toda la Am6rica espafiola
y en Europa". Tales referencias no son halagadoras, pero son hist6-
ricas: responded a la verdad. Los que le pudieron ayudar no se cuida-
ron sino de henchir su hucha. Zambrana que habia anclado su hogar
en este terrufio costarriquefio, en carta dirigida a Pio Viquez el 13
de mayo rindi6 este elogio a Rub6n: "Estemos contents de haberlo
amado y honrado, y de guardar con carifio su recuerdo; no nos aver-
goncemos de sentir el influjo de su magia; tiene l1, ademas del genio,
un alma angelica, noble y bondadosa, iqu6 double corona! y la aureola
de su nombre ha puesto un laurel fresco, frondoso, no marchitable, en
el escudo centroamericano".
Asi, va para cincuenta y cuatro afios, nuestra intelectualidad des-
pedia al bardo nicaragiiense. Se colige de las palabras trascritas que el
medio de esa 6poca no le tendi6 la mano, por incomprensi6n o calcu-







lado abandon; sin embargo un ripido studio del tiempo y los hom-
bres que presidian los ejercicios piblicos, Ileva a nuestro inimo el
convencimiento de que para ciertos cerebros de esos afios era lo mismo
un genio de las letras que un buen inspector de pesas y medidas.
En ese entonces -1892, la fecha- Rub6n Dario frisaba con los
veinticinco afios cabales. La talla ni procerosa ni baja. Delgado pero
firme su contextura y de facciones llenas. Bien proporcionado de miem-
bros. Erguida la cabeza; sin arrogancia. Alta y espaciosa frente en
cuyo remate, cabellos ondeados al desgaire recibian el 6sculo de las
musas. Rostro pAlido que denotaba una individualidad meditativa.
El ojo pardo, pequefio, vivo; ojo de trovador en que se asomaba su
alma rica en alondras y ensuefios. Nariz ancha, de alas sensualmente
abiertas; bigote breve de negra seda, levemente alzado de los extre-
mos; barba redondeada. Como de perla, sus dientes; gruesos los labios
de chorotega. La palabra, poca. Cuello robusto, fecundo en sangre
que comunicaba fuerza al cerebro que embelleci6 el mundo con su pen-
samiento. El pecho en relieve en que rebotaban los dardos de injusti-
cias, malquerencias y malignidades (hay murallas torixicas que nunca
logran expugnar con su piqueta el odio ni con su lefio la ignorancia).
Las manos finas y cuidadas. Al brazo, el bast6n: una aut6ntica cafia
china. De suaves maneras; porte distinguido. Suya la voz despaciosa;
suyo el sonreir un si es no es melanc6lico. Natural su continent;
timido el paso. Observaba much, el vigoroso: reflexionaba mAs, el
bizarre. Con 61, silencio, aislamiento: un retraido. iLos solos son
los fuertes! Solos para crear, para vencer. Fuertes en pugnas de la
belleza y la verdad, guias de la especie, en el sendero de Dios. Una
frase dariana proclama: juntos para el temple, solos para el culto;
juntos para edificar, solos para orar. Y estotro que pertenece a la
selva huguesca: El que no es libre, no es. Asi le vemos por referencias
de hombres de letras que le trataron en Costa Rica y de la fotografia
que conservamos: Pio Viquez, muy su amigo, estA de pie; Dario apa-
rece sentado a la izquierda, una pierna sobre la otra, en reposo las ma-
nos de marques, bajo Arboles pobres de hoja. Gasta un chaquet gris
oscuro, de intachable corte -a menudo abotonado-; en el chaleco lu-
ce leontina de oro; corbata grande, blanca con tildes negras y cuello







alto, de puntas dobladas. Ferv6rosas dariistas de hogar costarricense
guardian la l6tima corbata -es de raso- que us6 Dario en San
Jose. Un exquisite poeta nuestro compuso un soneto que terminal:

iSi pudiera, no mis, con mis empefios,
amarrdra el tesoro de mis suefios
con el nado gentil de esta corbata!

*

En ediciones Sarmiento fueron publicados dos cuadernos en que
se recogieron con el titulo de "Ruben Dario en Costa Rica", cuentos,
versos, cr6nicas, divagaciones y recreaciones del poeta, afios de 1891-
1892. La parte primera se public en septiembre de 1919: contiene
ciento cincuenta y dos pAginas; la segunda vi6 la luz en 1920. Son de
format pequefio. Esta muy loable compilaci6n de los trabajos ruben-
dariescos debi6se al empefio de un firme intelecto, espiritu de oro,
a quien tanto deben la historic y la cultural costarricenses -hemos nom-
brado a Teodoro Picado-, hoy Presidente de la Rep6blica. Estos
trabajos fueron insertados en Diario del Comercio, El Heraldo de Costa
Rica, La Prensa Libre y La Reptblica. Con Francisco Gavidia redact6
Dario La Prensa Libre, del 3 de septiembre de 1891 al 10 de noviembre
del mismo afio. Con Justo A. Facio redact6 Ruben los primeros setenta
y dos n6meros del. Diario del Comercio: oficina, calle 18, Norte, Nim.
241. El 10 de marzo se retir6 de la redacci6n pero sigui6 colaborando.
Su compafiero de tareas traz6 estas lines: "Dario deja la casa, pero
nos hace una visit cada semana. Este caprichoso sabe cuinto le que-
remos y no nos puede olvidar". Ruben, con Pio Viquez, fu6 director
y redactor de El Heraldo de Costa Rica, del 13 de marzo de 1892 hasta
el 11 de mayo del afio indicado, fecha de su partida de Costa Rica.
Con el pseud6nimo de Ar-Ma calz6 various articulos.
*

En marzo de 1892 dirige una carta al Presidente de la Rep6blica
D. Jos6 J. Rodriguez. Manifiesta al jefe de Estado que en political
los hijos politicos son funestos, aunque sean muy inteligentes y muy







bravos. Pruebas? Trae a colaci6n la historic. Recuerda lo que le
sucedi6 al emperador del Brasil D. Pedro con su yerno, el Conde de
Eu. Se llev6 el demonio a todo el gobierno. A monsieur Grevy le pas6
lo propio. El marido de su hija le hizo una trastada. Esta carta: Los
Yernos en Politica, la describe en casa del general Lesmes Jim6nez; alli
el poeta come en familiar y suele dormir con una vela encendida a la
orilla de la cama. El dia de su cumpleatios, de regalo, Jim6nez 1
cancela las cuentas en hotels, restaurants y sastrerias, que montan
a dos mil pesos.
Ve en lecho mortuorio al doctor Castro, ex jefe de nuestra repfi-
blica: los ojos cerrados al helado beso del ziltimo sueiio. Dario le co-
noci6 intimamente. A nuestros mandatarios brinda altas frases: a Jose
Rodriguez por su honradez le llama el casto Jose de la hacienda pui-
blica; al doctor Castro caballero -vencedor al s6n de las trompetas de
bronce, de los civicos triunfos.
Forja un bronce para Juan Santamaria, hermosa encarnaci6n del
heroismo, el salvador costarricense, en cierta hora hist6rica, de Centro-
america.
Escribe una pAgina brilladora: Juan Lanas, el que desea una tem-
pestad de sangre porque no tiene un centavo. Juan abomina de todo:
de los Bancos, de la sefiorita envuelta en seda; malquiere la democra-
cia, inculpa a la prensa de venal; los ricachones, los patrons son unos
bandidos. En busca de justicia para el desnutrido y abandonado, re-
clama el cataclismo. Y se descuaja de risa. Juan Bueno, muy manso
y muy zopenco, es hermano de Juan Lanas. Anarquismo, acratismo y
nihilismo buscan una rehabilitaci6n para estos desposeidos.
En alabanza de una amiga recurre a las exquisiteces de las frutas
de este terrufio. Sus cabellos tienen el perfume del carao; sus orejas
son aromiticas como manzanas-rosas; lo mismo que el algod6n de la
gilaba, su boca es suave y de miel; su cuello trasciende al azicar
de la pifiuela; y poseen relentes de granadilla, sus manos.
La Sabana, nuestro Hip6dromo, para el autor de Prosas Profa-
nas es "de esmeralda e inmensa -bien por la imagen- cual el pafio
de un billar digno de Goliath. La recorre en carruaje. Los caballos
marchan lenta, suavemente sobre el cesped, al ruido metAlico de arne-
38







ses y freno: tric, ris, ris, tric. Y el inimo del poeta se espacia a su
gusto.
Describe el Parque Central de San Jose. En el ramaje de los
higuerones duendean ardillas. Ve yemas que estallan, botones que se
abren. Cerca de la pila de piedra y bronce en donde caen serpentinas
de agua, en un laurel monosilabean guacamayos, de pico corvo y
pausado andar. El rey de zopilotes, prisionero en jaula de alambre,
mueve la cabeza con dignidad. En el quiosco desgarbado -el de
ayer- en que toca la m6sica military, se juega a la loteria. Pinta el des-
file de una retreta en la tarde risuefia; celebra atracciones y hermo-
suras de las josefinas de rumbo. Las mAs j6venes van mano con mano.
Amapolas, novias.
Traza un cuadro de nuestro Mercado, en esos afios administrado
por una sociedad an6nima. Le llama la atenci6n el movimiento de las
gentes que andan de compras, la profusi6n de voces, el gran nimero
de colors en trajes y sombreros. Pasa la vendedora de chayotes y
vainicas. Van, yienen, tornan nifos que ofrecen bizcochos, melcochas,
turrones. El negro que lleva al brazo una canasta con cacao mani,
circula. Muchachas descalzas venden natilla que resalta en ollas de
barro. Las truchas parecen bosques de zaraza, de cintas y encajes. En
ellas: pafioletas, ropa hecha, chucherias. El comerciante, con la cinta
metrica al cuello. Se ven grandes cueros llenos de frijoles y maiz. En las
carnicerias aglom6rase la clientele. Se oyen caer las hachas sobre el
picador. De los huesos saltan astillas entire la roja decoracidn de las
carnes delgadas. Mozas del campo, laboriosas del taller, la ministresa,
la dama cotorrona con cintajos y faralares, la sefiorita de ojos que
mandan, bien apersonada y peripuesta; pilluelos pedigiiefios y gomo-
sos, campesinos con alforjas al hombro, sencillos en el vestido como
en el animo, andan de aqui para alli. Aun en nuestra tierra no ha
surgido el pintor de aut6ntica fuerza y valia, que traslade a la tela
estas escenas criollas, por sencillas, no menos bellas.
De unas cuAntas pinceladas dibuja la estaci6n del Ferrocarril
al Atlantico. El tren con un largo pitazo anuncia su Ilegada. La lo-
comotora present el cuerpo descalabrado. La caldera apenas resisted;
la palanca apenas tiene fuego. Embolos y ruedas no son para tanto em-






puje. Pobre chimenea y pobre trompa, tan averiadas. La estaci6n
es de renegridas galeras, de corredores abiertos. Descienden los via-
jeros.
Cien muchachos saltando como jilgueros, alzan valijas y maleti-
nes. Hormiguean aqui, alli, obreros bronceados. Los carruajes lucen
sus charoles; los caballucos piafan, sacuden las crines. En manos de
los cocheros chasquea el latigo. El desfile de coaches de punto se inicia
en la ancha avenida de piedra. Se impone en estas lines, a nuestro
ver, un realismo zolaico.
Fiestas civicas. Al mediodia march la mascarada por las calls
empolvadas. Estallan bombas y petardos. Diciembre; regocijo, expan-
si6n popular. Y de no, ved presidiendo los disfraces a ese diablo que
persigue a los nifios golpeindoles con una vejiga inflada; van indias
del brazo de rastacueros; hombres en zancos, de rostro pintarrajeado;
una lechigada de petulantes en traje de mujer; la giganta que baila al
s6n de la charanga; mendigos lentejueleados; piruetea, muequea el
clown; el monstruo que Ileva en el nalgatorio el cerebre, lo mismo que
en algunas academias y ateneos, ciertas celebridades de pega.
A Tobias Zlfiiga Castro dedica Febea, un motivo de finalidad
constructive. A Alejandro Jimenez: regalo de bodas.
Desde la Republica nortefia el escritor Enrique Guzman (Juan de
las Vifias, Persius), ataca frecuentemente con bertoldadas a Dario. Los
arafiazos vienen --naturalmente!- de un compatriota. en vida, recibe laureles de sus connacionales? Cuindo la patrias han
honrado a tiempo a sus grandes hombres, ofreci6ndoles pan, afecto, ho-
nores? Un dia, cansado Dario de las acritudes y sofisterias del desgra-
cioso, describe esta frase lapidaria: "Guzman es critic de los que se
compran a cuatro por perro chico, en Madrid o Barcelona". A cada
paso defi6ndese con versos cultidiablescos. Y hay -en la Nicaragua
de 1891- personas que piensan que es Guzmin gran cosa. (Eironeia)
y se les cae la baba. Brutos, les llama a boca llena.
Por la primera vez, en la adolescencia, siente los encantos del
alegre mayo. Buen mes, 6ste, que le ofrenda una margarita a la nifia
de catorce afios -ojos negros, risa de miel-. Ella la deshoja; el







iltimo petalo dice que la nifia le quiere; el poeta es un principle dentro
de su coraz6n.
En Requiscat habla del costarricense Jorge Castro Fernindez,
un su amigo muy querido, inteligente, vivaz, a quien la muerte arre-
bata en lo primaveral de la vida. Era Castro afecto a especulaciones
teos6ficas y espiritistas. Consagra lines enlutadas y sentidas cuando
el alma de Enriqueta se embarca por siempre para el cielo. Ella,
alumna del Colegio de Si6n, tenia doce afios: la edad de Cefiro. Da-
rio, se desprende, participa de los gozos y triunfos del tico y le acom-
paiia en sus dolores y fatigas. Refiri6ndose a los historiadores de va-
ler de Centroamerica, expresa: D. Le6n Fernindez y Manuel Maria
Peralta ahondan la mina de los archives y ponen el tiempo viejo, con
manera correct y con observaci6n atinada, a la vista de las nuevas
generaciones.
Con ocasi6n de las exposiciones colombinas en Espafia, se refie-
re a nuestras antigiiedades indigenas, de cerimica y alfareria, que
enriquecen el Museo Nacional. Advierte que el indio que amasaba
el barro y labraba la piedra poseia preferentemente el sentimiento de
la armonia ornamental y el sentido de la caricature de lo monstruoso
y desfigurado. Observa con much tino que en la ornamentaci6n
no participan ni flores ni hojas ni elements vegetables. Todo se cir-
cunscribe a la fauna de esta tierra: jaguars, lagartos, serpientes, agui-
las. Encuentra semejanza entire las figures del Museo de Costa Rica
v las del arte caldeo, asirio y egipcio. Las joyas arqueol6gicas de
nuestra primitive civilizaci6n, para nuestro dafio, se van a menudo a
mercado extranjero. El gobierno de esta bella, trabajadora y adelanta-
da Repziblica debe dictar una ley que impida la exportaci6n de los
muy valiosos objetos de la prehistoria costarricense.
Comenta en Revista de Costa Rica La Mercurial de Montalvo.
Le consagra calurosas alabanzas. Admira, por lo gallarda y varo-
nil, la prosa montalvina. D. Juan vapulea al arzobispo Ord6fiez. El
escritor ecuatoriano desgarra la pastoral del mitrado. Es rabelesiana
la risa de Montalvo. El peri6dico La Uni6n Cat6lica impugna este
articulo; Dario en El Partido Constitucional responded con otro titu-
lado: Pro Domo Mea. Y le pone en calzas prietas. En cliusulas







metilicas; con arguments inconcusos combat el poeta a su conten-
diente quien vuelve a la carga con la replica "Bonun est nos hic esse".
La tolerancia andaba en cabestrillo; la comprensi6n, en parihue-
las; a piedra y barro estaba la casa de las ideas.
Da la bienvenida a Antonio Zambrana, maestro intellectual; salu-
da al comprensivo Julio de Arellano y Arr6spide, ministry de Espafia
en nuestro pais; prologa un libro del poeta Juan Diego Braun, juventud
deshecha en floor y cora6dn generoso y ardiente. En esta colecci6n no
estan incluidos Cuentos Nuevos. Rojo, publicado en Diario del Co-
mercio de 14 de febrero de 1892. No aparece otra pigina de Ruben
del 18 del mismo mes sobre la muerte de Virginia Facio. Tambien
echamos de menos la cr6nica sobre el descubrimiento de la figure de
bronce del tambor Juan Santamaria el 15 de septiembre de 1891: la
describe en La Prensa Libre de 22 de ese mes. En Heraldo de Costa
Rica de marzo de 1892 salen various trabajos que no se publican en la
colecci6n: Reina Barrios, Libros Recibidos; en abril del mismo afio,
Baiiados Espinosa, El Arte en Costa Rica, Ernesto Rohrmoser, y el
Concierto de Anak6; en mayo, La Matuschka. Y La Reptiblica de 22
marzo de 1892. La nueva obra de Richepin.
Desde Guatemala, en las postrimerias de 1892 describe Dario un
conceptuoso articulo sobre Costa Rica. Tierra noble, la llama. Da
oro, maiz y banano. Adora al buey. i Hiii! y iJesa! son las palabras
magicas de carreteros y montafieses. La primera para que camine el
rumiante sin que sea precise clavarle la aguijada que hiere, la otra
para que no advance. Revoluciones no prosperan; menos tiranos. El
tico pelea s6lo por causes justas. Sefiala el caso de nuestros soldados
del afio 56, en guerra con los yanquis. Hace el elogio de la mujer cos-
tarricense; posee gracia, es la suya belleza de dulzura y de misterio
que domina las almas. Menciona a algunas damas; pondera sus en-
cantos. Corronga es para 61 una preciosa josefina. Este vocablo pa-
rece un arrullo de paloma. Nuestro pais, en sentir del gran apolonida,
es el suelo que en el mundo tiene mis mujeres bellas, relativamente a
su poblaci6n. Costa Rica intellectual posee mds savia que flores. Es un
terreno en donde los poetas se dan mal. No obstante hace cuatro excep-
ciones; Pio Viquez, de numen brillante; Justo A. Facio, talent fecun-
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do; Luis R. Flores, de un lirismo pomposo, y Aquileo J. Echeverria,
la inteligencia mis flexible que ha encontrado en sus andanzas. Hace
consideraciones de viajero y huesped, grandemente acertadas: En
Costa Rica nota el observador la influencia potente, total del abogado;
luego la del comerciante y la del agricultor. El bufete, el mostrador y
el buey. A prop6sito de bufete, comentando el titulismo en Espafia,
expresa Dario que en el pais de su nacimiento hay quien puede decir
mis de una vez: licenciado, ilfistrame las botas!
Sangre pura, viva, la del costarricense. Coraz6n noble, el del cos-
tarricense. El que da la mano, la da de veras. Y la juventud Ileva en
su espiritu: progress, afecto, porvenir. Por acA encuentra uno que
otro topo; honrado, eso si. Perfectamente, agregamos nosotros; sin
embargo, no debemos olvidar que estos topos son necesarios por ley
universal: el mezquino, el bruto, el envidioso; de mas estA decir que
cumplen su misi6n. Sirven de abono en sociedades y pueblos para que
se levante a la gloria de los cielos la gloria del talent inmortal.
Encuentra encantadora la ciudad de San Jos6. Nuestra sociedad
es de las mis europeizadas y norteamericanizadas. Aqui pasa una vida
agradable; sin embargo, de lucha. Ve en la capital a Antonio Maceo,
el gran libertador cubano: de levita cruzada, pantal6n claro y sombrero
hongo. Trata a TomAs Regalado, manco, de andar leve y sonrisa fugaz,
mis tarde jefe de Estado de El Salvador. Intimida con el general Les-
mes Jim6nez. Conoce a Rafael Iglesias, a Ricardo Jim6nez y a Cleto
GonzAlez Viquez; doctors, disertos, caballerosos: al patinar de los afios
presidents de la Repiblica. Recuerda sus faenas periodisticas: colabo-
ra en diaries dirigidos por Pio Viquez, escritor de ingenio y chispa.
Al cabo parte solo en viaje a Guatemala. Sus obligaciones han aumen-
tado; necesita afirmar su situaci6n. Y siempre, siempre se muestra
queredor de Costa Rica.
En Prosa Politica -estudios someros sobre las naciones ameri-
,canas- consagra algunos apuntes a Costa Rica, uno de los paises mis
tranquilos y laboriosos del Continente, de gobierno mejor organizado.
Suministra datos geogrAficos de su suelo; de sus cultivos, de su co-
mercio, de su sistema monetario. Sus pobladores son de raza blanca, en
su totalidad. Encuentra al costarricense, etnogrificamente distinto de las
43








otras rep6blicas de este hemisferio. Sus hAbitos -dice el escritor-
son sencillos y su caricter pacifico, condiciones que explican su bien-
estar. Comenta encomiasticamente el establecimiento del servicio de
nuestra cultural popular y todo lo concerniente a sus organizaciones
de higiene y beneficencia. Termina recordando al erudito Brenes Me-
sen, a Lisimaco Chavarria y Ernesto Martin, al desventurado cartagin6s
Rafael Angel Troyo. A cambio de su afecto por nuestro pais y en
reconocimiento de la gloria del eximio nicaragiiense, la municipalidad
josefina bautiz6 con el nombre de Paseo Ruben Dario -19 de marzo
de 1941- una de las calls de mayor trAnsito de la capital. En nom-
bre del Congreso Constitucional pronunciamos algunas palabras.
A cada expresi6n le busca una forma muy suya, muy de su sello
personal. El es artifice de instruments propios; su pincel es finico, sus
colors s6lo 61 sabe producirlos; cuadros, motives, reciben el soplo crea-
dor de una voluntad independiente y predestinada. El genio, en la faena
lumbrosa de la producci6n, respeta los cAnones del idioma, sigue las le-
yes medulares de la lengua y le imprime mas flexibilidad y transparencia
novedosa. Ahora, los que gustan de las literaturas fAciles y simples, los
que trabajan al vuelo, sin concerto ni sintaxis, los que componen dos
novelas por semana, los multiparos que escriben para los ratones, afir-
man que no hay alma en los que trabajan preocupados de lenguaje y
estilo. iOh nunca!: el alma no queda presa en ning6n curio ni en nin-
gin troquel. Suscita la presencia de ella o despierta amor hacia ella; eso
si. La palabra es signo. Ciertamente vale por su profundo sentido, por
la fuerza que se le impone en el moment de la gestaci6n; pero buen
decir no es merma de espiritu ni mengua de belleza. Entonces estarian
de plAcemes todos los borroneadores de cuartillas, que escriben sin
sangre, sin inteligencia ni afecci6n, dando al trav6s con el idioma. Dario
di6 este consejo a su hijo: respect la gramitica. Hace perspicua e
inmortaliza toda obra la emoci6n y la altura aguilada del pensamiento
que le estampa la mentalidad superior, y si esta obra la traza Graciin,
adquiere double, noble m6rito, porque hermana a la hondura y terneza,
la maestria del habla de Cervantes y Quevedo.
En Navalzauz, pueblecito espafiol cercano a la ciudad de Santa
Teresa y colgado en la serrania de Avila, deja su archive el nicara-








giiense. De este lugar expresa, al visitarle una mariana: hoy he visto,
bajo el mis puro azul del cielo, pasar algo de la dicha que Dios ha
encerrado en el misterio de la naturaleza.
Entre cartapacios encuentra Alberto Guiraldo cuadernos y copia-
dores, en cuyas piginas Dario habia ordenado su correspondencia con
minuciosidad y reposo benedictinos. Amarillos por el tiempo aparecen
epistolas, mensajes. Alli, cartas al Conde de las Navas y al sapiente
Miguel de Unamuno; a Juan Richepin, quien escribi6 en Paris el
poema Grenipille, con motivo.de una frase rubendariana del libro
Los Raros; al novelist Alberto Insia, el que corrige las pruebas de
El Canto Errante, editado en Madrid; al escritor Manuel S. Pichardo,
su grande, dadivoso amigo. Algunas misivas se extraviaron en los
trastornos de las mudadas. Su firma, redonda y segura. Su letra, de
pulso firme: trazadas todas sus lines con tinta azul zafiro: por los
visos, un pendolista.
En el epistolario de Ruben se traslucen con toda la frescura de su
alma, sus prop6sitos artisticos; ansias de superaci6n spiritual; la
armonia internal de su vida, que revienta en claridades. Queda en esta
correspondencia delineada la personalidad del artist. Hombre sin odios,
desprendido con sus semejantes; a sabiendas de que se pierde da su
dinero al diablo del amigo; prologa la obra del novelador que luego
le desconoce y desprestigia; evita el trato con celebridades de la pluma,
temeroso de un nuevo desencanto, de una nueva falsia; se encierra en
su covacha, o en su carromato, como Ursus, para sofiar. iY enciende la
pipa de Kiff
Se cartea con el mexicano Federico Gamboa. A Luis Bello le dice:
"Pienso, cuando llegue a Madrid, dar una conferencia sobre la nueva
poesia. Quiere la gente enredar el asunto. Todo es cuesti6n de cultural. Ni
en Italia, ni en Francia, ni en Inglaterra, ni en Alemania -idesde
Goethe!- toman, como cosa rara, formas absolutamente 16gicas. Yo lo
que he hecho es aplicar a nuestro verso formas y maneras de politics
extranjeras y clisicas.
A Unamuno le advierte, refiri6ndose al pensamiento y a la litera-
tura hispanoamericana, que en America hay muy poco, pero lo poqui-
simo que hay merece respeto. En Espafia se conoce la balumba ridicule

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y fofa. iCuAn cierta es esta afirmaci6n! En mayo de 1899 es explicit y
celebra de todas veras el desd6n de Paris con los escritores amojamados
de Am6rica. El 21 del mismo mes y afio recuerda que 61 ha combatido el
parisianismo de importaci6n que ha tenido la mala suerte de causar
en buena parte de la juventud de este Continente; anota que en el
pr6logo de Prosas Profanas ha externado con claridad que no puede
tomarse como modelo y guia lo que en 1l es product de su indivi-
dualidad, de su educaci6n literaria. En estas cartas el gran lir6foro nos
atrae por la manera llana, sincera de decir las cosas. Sus confesiones
de arte, sus declaraciones sobre sus saberes y pensares; sus intimi-
dades de vida en las inquietudes y esperanzas, son reveladoras.
Unamuno afirma un dia que a Ruben Dario se le ven las plumas
de indio debajo del sombrero. Poco despues este le describe: "Mi querido
amigo: Ante todo, para una alusi6n. Es con una pluma que me quito
de debajo del sombrero con la que le escribo..." MAs tarde, refiriendose
a este hecho, Unamuno declara que ha conocido y descubierto al
hombre. Al indio, le dice, sin asomo de ironia --ms bien con pleno
acento de reverencia-, al indio que tiembla con todo su s6r, como el
follaje de un Arbol agitado por el cierzo, ante el misterio.
El 5 de de abril de 1909 avisa a Unamuno que el poeta de Costa
Rica, Aquileo J. Echeverria, ha muerto el mes anterior en el Hospital
de Barcelona. El c6nsul costarricense harA aparecer el libro que deja en
prensa el desventurado Echeverria. Y afiade: "a usted debe serle sim-
pAtico este apellido, porque, si no me equivoco, es vasco". Unamuno,
en carta fechada en Salamanca, en la misma fecha, escribe'unos versos
al acabar de leer un articulo de Rub6n, sobre el autor de Concherias.
"Tfi, la viajera de siempre; -la que vienes de las tierras infinitas;
-compafiera de mis viajes, --oh tristeza peregrina!, -d6nde se
acaba este viaje, -d6nde las horas terminan? -Ayer, ya contigo, cru-
zaba estos campos -al nacer la verdura florida, -y hoy de nuevo
los cruzo contigo -al caer de la hoja amarilla, -ioh tristeza peregrina!
-Ti, que coges a los hombres en la cuna -y los llevas en tus brazos
por la vida -y los dejas arropados en la tierra -cuando acaba la
partida.
Cultiva trato epistolar con Rod6. Le pide impresiones de Noel, para







la revista Mundial, con ocasi6n de prepararse el n6mero correspon-
diente a Navidad. A Manuel S. Pichardo le hace confidencias: los
premios de las patrias son los besos de las madres. Ellas hacen ver
desde muy alto, muchas injusticias y pesares. Una de las cosas que mas
aplaude en Pichardo es su fidelidad a la pureza del arte, en medio de
las falsedades de la vida. i Hay tantos sapos y tan pocos cisnes! En una
segunda misiva le dice que ha tenido que sostener asperas luchas con
enemigos viejos y nuevos. Por un lado estan los que no le perdonan
su nombre, y por otro, los hombres, no tanto malos cuanto viles, que
jams le pc-donan su puesto en la legaci6n de Nicaragua.
Desengafios, desilusiones, a cada paso en el autor de la Canci6n
del Oro.
Prosigue hablando de la intriga contumaz que en nuestras repu-
blicas americanas suele casi siempre triunfar; pero 1l no es hombre
de tales bregas.
Al comedi6grafo Martinez Sierra cu6ntale que la obra Cantos de
Vida y Esperanta, a pesar de su lujo y del precio de la impresi6n, le di6
los gastos y gan6 todavia algin pico, y le pide le busque un editor que
le quiera comprar el derecho de la primera edici6n de Canto Errante.
Comienzos de 1913. Escribe tendido a Julio Piquet. Le atormenta
una complicaci6n nefritico-nerviosa que alarma a los m6dicos. Le
conducen los suyos a casa del General Jos6 Santos Zelaya. Preoc6pale
la imposibilidad de vender en Barcelona alguno de sus libros, puesto
que sus obras se las dieron a otro bandido... Los editors son cuervos
blancos. Ofrecele narrarle en no lejano dia los curiosos, dolorosos sufri-
mientos nervo-mentales. En nuevos renglones se muestra desesperado:
siguen engafiindole comerciantes en libros, fenicios hasta la pared de
enfrente. Trabaja una novela para La Naci6n, de Buenos Aires (acaso
el Hombre de Oro?). El rifi6n ha mejorado; los intestines van mejor;
come, duerme bien; su vida, de paz y ejercicio; no prueba alcohol, que
le hace tanto mal para su salud. Horas de reposo en su ajetreada vida.
Cuando estA a sus fines el afio de 1913 habla a Piquet de su mujer
Francisca. "iSi pudiera cambiarse su carActer! Yo viviria, despubs,
cerca de ella, aunque no fuese juntos. Se cuidaria y educaria al chico".
Se ve en una soledad abrumadora sobre la tierra. Todo el mundo tiene







patria, familiar, un pariente, algo que le toque de cerca y le consuele.
El, nada. Le acompaia Francisca, y la vida -por culpa de ambos,
de la suerte- es un infierno. Pide el favor de entregar a Francisca,
para que se compare un abrigo y algunas menudencias, como aguinaldo
de diciembre, ciento cincuenta francos.
Francisca Sanchez es originaria de Villarejo del Valle. A esta buena
amiga Dario la conoce en Madrid. Humilde y sin letras, pero toda
ella docilidad, honest y abnegada. Por buena, Amado Nervo la llama
la Princesa Paca. La primera hija de ese amorio muere pronto. El
segundo hijo, que recibe el nombre literario de Phocas, Ilevado al cam-
po, al lado de una nodriza aldeana, terminal sus dias a causa de su
raquitismo. En la primavera de 1908 nace en Paris un nuevo retofio:
Ruben Dario Sanchez.
Y continia la correspondencia. Cartas cortas, que revelan su
temperament dolorido. "Si yo asegurara mi independencia modest
-apunta- y mis dias no fueran de inseguridad, no me enfermaria,
probablemente, nunca". Pero es precise trabajar, por reducido esti-
pendio. Su colaboraci6n se paga en diaries y revistas; sin embargo, la
recompensa no es halagadora y Ilega con sumo retraso.
En su cuento El Rey Burgues, el soberano, como una merced, da al
poeta trabajo en los jardines de su palacio, celados por cortesanos
de librea, cerca de los amenos y extensos estanques con cisnes de ala-
bastro, entire sus gorriones y canarios; se gana la comida con una caja
de musica, dando vueltas sin cesar al manubrio de un organillo que toca
galopas y cuadrillas. Es noche de crudo invierno y de fiesta. Cae en
copos la nieve. El desdichado artist tirita de frio, mientras el rey y sus
vasallos been el champafia que burbujea. Pieza de misica por pedazo
de pan, es la orden. Y al dia siguiente hallan muerto al pobre diablo de
poeta, encaperuzado de blanco... (El Rey Burgues: Eduardo Mac-
Clure, director de La Epoca.)
Alfonso Daudet, en un relate iluminado de sabiduria, esculpe la
tragedia de los mortales que brindan sus conocimientos para vivir.
Infortunado hombre que posee un cerebro de oro y que a cambio de
la pitanza cotidiana corresponde con parte del Aureo metal que guard
bajo la b6veda de su frente! iY a menudo esa labor terminal en la lo-
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cura de Maupassant o en la parAlisis de Heine o en el salto wertheriano
de Lugones!
Guyau -en parAbola que inmortaliza la potestad de la idea y
reclama los golpes del cincel-, refierese a un extraflognimal que se ve
arrastrarse-en las montafias de Tartaria; Ileva sobre la cabeza pren-
didas las alas que intentan levantarlo en el rocoso camino en donde van
quedando gotas de sangre... De improvise se desprende un Aguila que
con fuerza caupolicAnica ha desgarrado y devorado el cerebro de su
desdichada victim, y, mientras esta agoniza, aquella se remonta por
el raso incoeicible del 6ter.
Asi, los buitres humans que absorben la inteligencia de escritores
que viven del product de su entendimiento. Pero no importa, no, dar
el oro de la mente a cambio de un manjar para el fortalecimiento del
cuerpo, si ese oro cae despues, con el ritmo del verso, convertido en
bienestar y bondad fortificantes.
Septiembre de 1914. Francia esta en un moment apocaliptico.
Anuncia el poeta su viaje a America. Ileno del horror de la guerra
europea, a decir a much gente que la paz es la inica voluntad divina.
Su correspondencia con Guiraldo es de cosas intimas. Traza algu-
nos pirrafos a bordo. La navegaci6n es mon6tona, fastidiosa. En el
mar se siente nifio. Mirase chico, pobre. ante tanta grandeza y riqueza.
Piensa en lo que va a hacer y a ser, de nuevo en Europa. Para sus
verdaderos amigos envia sus recuerdos. A quienes le pongan distingos
y reparos, a sus espaldas, a esos no les ofrece nada, no les dice nada.
En su ajetreada existencia no cumple con sus amigos y estos no le vuel-
ven a escribir. Carta no contestada o libro sin los agradecimientos de
estilo, le trae rRalquerencias. Abundan planes de venta de libros, contra-
tos que fallan, cobros por su colaboraci6n en revistas, de conferencias
que darA en Buenos Aires y en Santiago de Chile. Aconseja amar la
belleza y la.libertad.
Las cartas a Adolfo Diaz y a Jose Santos Zelaya, presidents de
Nicaragua, son de poca monta, desde el punto de vista de la gloria
rubendariesca. Avisa su visit al Rey Alfonso XIII. Externa impre-
siones diplomaticas y political. Celebra entrevistas con personajes de
la corte espafiola, procurando sondear el parecer respect a la division








del Laudo, sobre el asunto de limits con Honduras. Consideraciones de
gobierno y solicitud de remesa de fondos, por sueldos como Ministro
de Nicaragua en Espafia. Vive en la caHe del Marques de Santa Ana, un
piso bajo con algo de claustro. Juan Ram6n Jim6nez recuerda que el
iba a casa de Rub6n -un departamento pequefio, alhajado muy a lo se-
fior y le encontraba casi siempre de pie, escribiendo con su levita
entallada y sombrero de copa.
El vocabulario rubeniano es select, decoroso. Nunca, expresiones
malsonantes en sus piginas. Honesticidad, y much, en su lenguaje.
Con 1e ni ruines ideas ni palabras de baja estofa. La cliusula esterco-
laria, el termino inculto, jamAs en sus escritos. Se prudent en el uso
de la palabra, dice Horacio en su Epistolario a los Pisones. Como el
escultor de conciencia, busca arcillas limpias para la faena. Vocablo
sano es reflejo de alma superada. Cultura es firme demand, idea
garrida, fraseologia pudorosa. En la historic del pensamiento en Am&
rica, Dario sobresale por las finuras de su pluma que no conoce decires
de guapet6n, o mal olientes. Ciertos escritores imaginan que expresarse
a la criolla o con sinceridad es perpetuar la vida de arrabal con todas
las interjecciones que ensefian los vicios y las s6rdidas violencias. El
americanismo entendido asi es descredito; tal vez, deshonra. La verdad
no ha menester cieno para revelar su impetu aquilino o la soberania de su
imperio. Algunos intelectuales de genio, es cierto, irritados ante la con-
-sumaci6n de alguna villania, olvidaron sus horas de temple y le dieron
suelta a palabras sin urbanidad; pero fueron necesarias, necesarisimas,
porque el pecho les reventaba en coraje. Indignado Cervantes del irres-
peto de un perillAn de esos que nacieron en las malvas, prorrumpe:
" hideperro!" Y cansado Montalvo de las desverguenzas de un tonto
de capirote, se tira un dia a la calle y le dice: "i Con used me limpio!"
Los griegos conocieron el sortilegio del esmerado hablar. Los dialogos
de fil6sofos y oradores, bajo plAtanos y sauzzatillos, en el aire joven de
la mafiana, dan fe de ello; vivian de acuerdo con el nimero y la armo-
nia. Y los latinos? En los exAmetros de Virgilio no se encuentran
impurezas. En busca de pulcritud emplea Dario a menudo es-
tas palabras: oro, miel, lira, azul. Existen varias maneras, se nos
antoja, para referirnos a funciones sucias de la existencia. Dario, en







sus studios fragmentarios, en sus lines poemales, trata todos los pro-
blemas en forma galana, con frases arcoirisadas, permeadas de atico,
sefioril aroma.
Hay un linaje de gloria vana, de la que en estos engallados tiempos
alardean los embusteros. Ella, de fama colma el mundo con nombres
que alcanzan resonancia volandera, y el prestigio de los consagrados
de esa guisa, se agiganta, jes claro!, sobre pompas de jab6n. El esce-
nario americano, en donde a menudo cobran celebridad mentalidades
que, como los dientes, no tienen apreciable talla, es campo propicio
en que hace sonar sus atambores esa gloria falaz, conquistada, no en
fuerza de muy legitimas ejecutorias, sino a fuerza de propaganda
pagadas a precio de oro. Asi la nombradia de muchos que much
aprovechan el clima psicol6gico de los pueblos, se desvanece al punto
cuando los representatives del intelecto examinan las obras de hombres
de m6rito infundado, quienes a impetu de clarin logran construir tro-
nos de paja que no resisten el mAs leve impulse. La experiencia a cada
rato da pruebas de ello. Al cabo la verdad irradia como la brasa, en el
instant en que un soplo de brisa sacude el encaje de ceniza deleznable.
Los que a campana herida pregonan sus credenciales literarias sin tener
enraizado dentro de si el Arbol paradisial de la ciencia y la sabiduria,
tarde o temprano caen de lo alto, al igual de Icaro que vol6 un dia con
alas de cera.
Urge desdefiar esa gloria que al modo de la hoja seca no se en-
cumbra mas alli de las agujas de los campanarios. Es menester, para
vivir en espiritu y verdad, expresAndonos en t6rminos de la Escritura,
abandonar las testas coronadas de corchos. Y para eso es precise no career
en la fama de mortales que se inflan a manera de botas de vino con
jactancias y clarinadas. iEs precaria la gloria que se levanta con alas
hechas de papel de globos festivos!
Un anilisis no somero, de la obra de Dario, despues de sorprender
sus confesiones artisticas a lo largo de su producci6n total, nos lleva
al convencimiento de que Rub6n estuvo desvinculado de toda escuela
literaria, que la libertad fu6 soplo de hada para levantar el, haz Ila-
meante de su inspiraci6n lozana. Frescura, sinceridad, en sus libros.
Lo esencial en 61 es la fuerza internal que en su pluma se transform







en ritmo, en matiz, en vuelo. Y se opera el milagro en las palabras
larvadas de alma. Tolerante, hasta donde alcanza lo noble del sentido.
"Mi literature es mia en mi", describe. La naturaleza cuando nos pre-
senta entire los temblores del ramaje pomas amacizadas de pulpa y abun-
dantes en jugos, pregona que las raices del arbol calan hondo y la savia
que lo redondea atesora el privilegio creador del frutal. En Rub6n Dario
los dioses acumularon en derroche facultad y dominio, y se desbordaba
frecuentemente en novedades y originalidades, estampindole al len-
guaje giros, tintas, aromas nuevos. Era sencilla su frase, no porque
careciese de lujo en ella, sino porque la gran sensibilidad de su orbe
interior dejaba en sus estrofas unos muy inefables signos. La idea
tiene forma y color; el coraz6n, fragancia. iCudntos pensamientos iu-
benianos son bosques teiiidos en rosa o altares blancos! iCuintas emo-
ciones suyas trascienden a floresta o a ese incienso que asciende al azul
aprisionando lo mds sutil y virginal de la pradera!
Todo tiene que morir antes para renacer convertido en metdfora
y en reverberaci6n sentimental. Esto vino a enseiarnos Rub6n Dario.
el indio divino, domesticador de palabras, conductor de los corceles
liricos. Tal piensa Ortega y Gasset.
De antafio se sabe que el verdadero poeta responded a incitaciones
rec6nditas. Recibe y transmite. Hay en 61 un surgimiento de melodies
interiores que acendra su lenguaje. Es el torrente que avanza, formando
a su paso cataratas, cascadas y cubriendo profundidades hasta encalmar
su impetuosidad en la plenitud del oc6ano. El poeta es un alma fuera de
si, para Plat6n. De aqui su profetismo y sabiduria. Por su medio se ma-
nifiestan mil antiguos conocimientos divinos. En 61 se encarnan voices
superiores que traen vibraciones desconocidas. Es micr6fono de Dios.
Pero necesita propicio instant: refugio de soledad, paz internal, para
recoger en el surco de la estrofa la simiente que canta al germinar.
El hombre es la mitad de si mismo, la otra mitad es su expresi6n, en el
pensar emersoniano. El poeta es el s6r complete. Por mandate ignorado
va por el mundo prodigando su ensefianza conmovida. Mis ideas -afir-
ma S6crates- son debidas a fuerzas extrafias. Cualquier versiculo
biblico, dictado por el cielo, aprisiona una verdad eterna, impregnada
de la experiencia de los siglos. Los pueblos en guerra, con todas sus








heroicidades y todas sus fierezas, en el verso de Homero dejan la lla-
marada-del proloquio o la gran claridad de la videncia, para gobierno
de la estirpe humana. Como palomas, las divinidades arrullaban el
pecho y la frente del ciego de Chio, para que sintiese y meditase con
tal vigor que en sus arrebatos espirituales recogiera, iguila o espejo, el
aliento y el vario matiz del Universo. "Los poetas no son muchos; los
que los comprenden y los aman son muy pocos. Rey del universe, el
gran poeta es a un mismo tiempo sacerdote, y con su autoridad y santi-
dad gobierna y bendice al genero humano. Estos concepts encomi-
Ilados los dej6 t-oquelados en El Espectador el perinclito ecuatoriano
Don Juan. "Escasos, como los montes, son los hombres que saben
mirar desde ellos, y sienten con entrafias de naci6n, o de humanidad".
De Marti, el pensamiento.
Esta posesi6n embruja al poeta de gozo. Este delirio es daci6n de
los dioses, (maniki le denominaban los griegos). Asi aparece animado
por el espiritu profetico. Del delirio inspirado por las Musas, expresa
S6crates en Febro o de la Belleza: Cuando se apodera de un alma inge-
nua y virgen, la transport y le inspire odas y poemas que sirven de
ensefianza a otras generaciones nuevas, celebrando las hazafias de anti-
guos heroes. Pero todo aquel que osara, sin estar agitado por ese inefa-
ble frenesi que viene de las Musas, aproximarse al santuario de la poe-
sia, quienquiera estuviere persuadido de que el arte le bastara para ser
poeta, quedaria siempre muy lejos de la perfecci6n, siempre sera eclip-
sada la poesia de los sabios por los cantos que respiran una divina
locura.
Poesia es obra superhumanizada. En ella se transparent el coro
de las gracias, que entretejen guirnaldas empapadas en infinite. Poeta es
Bolivar en su delirio sobre el Chimborazo, que hay que leer de pie:
acumula la meditaci6n de las edades, y se alza, hecha temblor y fuego,
ante la conciencia de los hombres; si el siglo es potro, le toma de la
brida y le marca el rumbo...; si aguilucho, le hace suyo y le da suelta
en tierras de independencia, en donde se describe historic a latigazos de
fusileria y a relAmpagos de espada. Todas las cosas profundas son
Canto. NNo es esta una sentencia carlyliana? Poeta es Marti, a carifio
predicando libertad, muriendo por ella y en brazos de ella. Poeta es







Dario en los desdoblamientos de su s6r, envuelto en tremores, cantor
de la belleza y la esperanza... El primero es 6pico, intr6pido; su al-
mohada es el Ande; su ej6rcito, los elements que ceden a su voluntad;
y cuando la naturaleza se le resisted, al brazo el manto de iris, llama a
las puertas de su destino y a su voz se franquean de par en par. El
segundo es ap6stol persuasive hablando a los corazones; nace para
ponerse de yerba de los que padecen y para ellos es sol y miel; en los
ojos tiene el talisman de todas las estrellas que en el pensar de 61 son
afectuosas a las tres de la madrugada; brinda patria a su pueblo, de-
coro a los empefios humans; y luego entra al gran suefio, pidiendo
para su tumba un ramo de rosas y una bandera. Rub6n, el iltimo, da al
mundo su mundo de armonia y a la vida su vida de ternura.
La declamadora Berta Singerman nos ha regalado el oido con tres
recitales. La Marcha Triunfal alcanza para nosotros todo el poder y
fuerza requeridos. Voz como no otra, mimica la que reclama la empresa
de espadas, clarines y paladines con el pecho todavia lleno de combat,
las onomatopeyas sorprendentes de realidad; en suma, altos los brios
o las auras de emoci6n. En nuestro tiempo hay sefialado desvio por la
poesia, con especialidad, por la clAsica. Preocupaciones prActicas, sefiue-
los del tanto por ciento restan devoci6n a altezas del espiritu. Interiori-
zado de tal verdad, el poeta cultiva sus rosas muy de tarde en tarde, a
impulses de coraz6n, como cosa prohibida, de remota resonancia. Sin
embargo, Berta Singerman da prestancia, garbo, frescor, plasticidad, a
la poesia. Tal vez para la obra cabal es menester uno o mAs detalles
complementarios. Sus aptitudes declamatorias fallan sin duda, en deter-
minadas composiciones y se malversan sus privilegiadas capacidades.
Esta actriz, en nuestro sentir, debe ser esquiva ante algunas solicita-
ciones; sellar su huerto de arte y ser remisa a complacencias. Todo
autor no es propicio para las facultades de interpretaci6n: todo poema
no es poema de calidad. La declamadora tiene que poner much em-
pefio en combatir a veces la laxitud de ciertos versos, para redimirles
de desmayo. Y despues, de preferencia, deben tener acentos la sensibi-
lidad 6 inspiraci6n de Am6rica: Dario, Marti, Chocano, Arciniegas,
Juana de Ibarborou, Valencia, GonzAlez Martinez, y por que no
Bolivar?, mAgico en Mi Delirio sobre el Chimborato. Que vaya







su nombre, Berta, vinculado a los grandes nombres. Las sensaciones de
nuestra selva bravia, la musicalidad primitive de los vientos andinos,
el fragor del trueno tropical, el alma de la raza y la efusi6n de su senti-
miento, prolongados, sutilizados, en la voz de usted, que puede ser el
verbo del Continente.

Tiene de Hamlet, tiene de Pierrot, tiene de Segismundo: lucha, su-
fre, iY suefia! Despues... Principian sus horas de guirnalda: de triunfo,
de gloria autenticamente universal. Gran verso, el suyo; gran prosa, la
suya. Singular escritor: pues sus obras, las de un maestro. Su eximia
inteligencia se impone; el primer poeta de nuestro idioma conquista
muy resonantes e imperecederas victorias literarias. Los moments son
de oro. Viaja en mejores condiciones econ6micas. Public en casa de
Jover su colecci6n de poesias Abrojos costeada por el gobierno chileno.
La tecnica de ellas nace de las Humoradas campoamorescas. Escritas
en el margen de un peri6dico o en cualquier trozo de papel, salen sin
m6todo; adolecen de algunos defects. Imprime Agul con ayuda de
Eduardo de la Barra y Eduardo Poirier; da a luz Los Raros, en el me-
dio bonaerense, acogiendo con aplauso los nicleos pensantes, el libro de
maciza sabiduria y opulencias verbales. La Nacidn, de Buenos Aires
n6mbrale su corresponsal y le trata a la continue con largueza. Crece
el quehacer; riega entusiasmo. Colabora en El Figaro, de La Habana;
en Caras y Caretas. Dirige Mundial, en compafiia de los capitalistas
uruguayos Guido. (En Paris se efectu6 una curiosa subasta. Los origi-
nales del poema Mensaje a la Seiiora de Lugones, de pufio y letra de
Dario, que quedaron en la imprenta en que se editaba la revista Mun-
dial, los recogi6 un tip6grafo y los puso en venta p6blica, adquirien-
dolos el Ministro de Nicaragua en Francia, por la suma de cuatrocientos
francos, despubs de una lucha con otros coleccionistas.) Recibe el
nombramiento de Miembro de la Legaci6n que envia Nicaragua a Es-
paiia, con motivo de las fiestas del cuarto centenario del Descubrimiento
de America; es C6nsul General de Colombia en Buenos Aires; su tierra
natal le nombra c6nsul en Paris; Nicaragua de nuevo le manda de
Ministro en Madrid -record6mosle con casaca, espadin y sombrero
emplumado-; va como Secretario de la Delegaci6n nicaragiiense a la







Conferencia Panamericana de Rio de Janeiro; el gobierno de su patria
le nombra Miembro de la Comisi6n de limits con Honduras; y luego
Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Nicaragua, en
Misi6n Especial, en M6xico, con motive de las fiestas del Centenario.
Su cultural alcanza sefiorios orbiculares. Posee el idioma de Milton; el
frances es de su dominio como su propia lengua; italiano y alemin -lee
aunque sin soltura; no le son extrafios el griego ni el latin; espiga sin
tropiezo, asimismo, en los trigales del catalan y el portugu6s y se enfrasca
en la lectura de libros de Guimeri, de Verdaguer, de E y Graca Aranha.
A su Ilegada a Buenos Aires, a La Habana, a Veracruz y Jalapa
-Mexico- le reciben con los paifuelos en alto. En su honor queman
lefios blancos: iblancos son la admiraci6n y el afecto!
Se relaciona con geniales testas: Castelar -la voz de la naturaleza,
en esa 6poca la mas alta figure de la peninsula ib6rica-; Valera -el
tesorero de la lengua castellana, al decir del Conde de las Navas; el
autor de las Doloras, poeta de humor y hondura; Gald6s -de talent
admirable-; Jose Zorrilla, Niifiez de Arce, el vasco Unamuno, Ecfega-
ray; el poliglota Marcelino Menendez Pelayo -el cerebro mas s6lido
de la Espafia de su siglo. Cultiva el trato del politico y estadista Cino-
vas del Castillo. En Paris rostro a rostro estA con Verlaine, ya minado
el organismo de este con malditos brebajes, arrastrando su pierna anqui-
16tica (su sobretodo de forro de lana a cuadros, comprado en un al-
mac6n de ropas, en Santiago, no vino a terminar en poder de Paul
Verlaine, en Lutecia?); conoce al griego Juan Moreas, de nombre
balzaciano; a Catulle Mendes, de muy dorados cabellos; y rodeado de
equivocos ac6litos, a Oscar Wilde, vigoroso y afeitado. En Nueva
York visit a Jos6 Marti, su maestro de estilo en prosa, y'el prodigioso
cubano le llama ihijo! Frecuenta en la Argentina al general Mitre y al
psiquiatra Ingenieros; a su paso por Lima, habla con el principle del
ingenio Ricardo Palma, cargado de afios y de fama. Hace conocimiento
con escultores de la talla de Rodin y pintores de fuste. Conversa con el
iltimo Rey de Espafia -valiente, caballero- y con su Santidad blanca
el Pontifice Le6n XIII, de manos casi fluidicas, quien le dice: "Saludo







en Ruben Dario al Principe de las letras castellanas". Y todas sus amis-
tades le merecen marcado, profundo respeto. No puede ser familiar con
el talent superior. El que admira a los raros, es un raro.


Corrieron catorce afios; vuelto a Nicaragua en 1907 fue recibido
entire una apoteosis de almas y palmas, de flores y honorees. La patria
se aderez6 y hermose6. AclamAronle como un profeta en su tierra de
Nicarao nielada de lagos y alumbrada por el volcan victorhuguesco.
Se mat6, en verdad, el mejor cordero en el retorno del poeta, segin
su decir. Al desembarcar en Corinto el coro del mar hizo su comentario.
En el muelle cantaron los niiios de las escuelas. Llegado a Chinandega,
cuya estaci6n estaba rebosando en gente, bandas de miisica rompieron
en entusiAsticas marchas. En caserios cercanos a la linea ferrea, grupos
de jinetes de sombrero arriscado por delante -en caballo que se bebia
el viento- galopaban a espuela batida al lado del tren vitoreando a
su compatriota que cefiia sus sienes con una corona de luz de gloria.
Le6n, risuefio con su abanderamiento, tron6 en aclamaciones; al des-
cender el poeta fu6 rodeado, abrazado, alzado en hombros por las calls
de la metr6poli. La ciudad era una oda. Despues de ser objeto de ma-
nifestaciones finicas, visit en la vetusta casona de su infancia a su
tia-abuela -su angel de la guarda-, ya avecindada al siglo. La familiar
Dario estaba casi concluida. Preguntaba por los amigos de juventud:
;y 6ste, y el otro, y el de mAs alIi?; y continue para la capital. Al
pasar por Mateare el pueblo todo, gozoso, lucido, decidor, le ovacion6.
Por filtimo, Managua tribut6le un recibimiento esplendoroso: repica-
ron las campanas de la iglesia, las sirenas de las fibricas lanzaron al
espacio sus roncas voces. Se oyeron clarines como en una proclama de
Bolivar. El desfile se efectu6 a son de tambor, a canto de victoria.
De ventanas, balcones y azoteas, las mujeres arrojaron rosas al paso
del panida. DedicAronle una retreta a la que concurri6, en el Parque
Central. Recepciones a el; banquetes, jiras a el. Los diaries nutrieron
sus columns de encomios. Le obsequiaron con una corona de laurel y
una medalla de oro -oro para su pecho de oro-, y en una velada
que se di6 en su honor, le condecor6 la esposa del Presidente de la







Rep6blica. A esta dama la elogi6 el agraciado por sencilla, por pura y
por blanca. Le trajo de Paris una pulsera de variadas piedras, cuyos
nombres formaban con sus iniciales el nombre de Jos6 Santos Zelaya.
Sus obras eran solicitadas a porfia en Europa y America... Tra-
ducianle al ingles, andaba en italiano, en lengua francesa; ponianle
en portugues. En el terrufio en que le toc6 nacer public su libro pri-
migenio Primeras Notas, a los diecisiete aiios -producto de su prima-
veras estetica, 1885-; en Santiago de Chile, Abrojos y Rimas, perlas
ormuzinas; y en Valparaiso, Emelina, novela de corto m6rito literario,
con la colaboraci6n de Eduardo Poirier, 1887, escrita aprisa, en diez
dias. Un afio transcurrido, tambien en Valparaiso, Las Rosas Andi-
nas, y luego Auul, en la Imprensa Excelsior, de magia y frescura ma-
tinal (cuentos y poesias parnasianas: hay en l1 influencias mende-
sianas, algo de Zola, un poco de Daudet, un much de Flaubert). En
1889 aparecia en El Salvador el op6sculo A. de Gilbert, ensayo biogri-
fico sobre Pedro Balmaceda. Di6 a la estampa en Buenos Aires Los
Raros, en borneado estilo, macizos studios fecundos en pensamiento,
Ilenos de fuerza, sobre escritores de calidad, y Prosas Profanas -rea-
lizaci6n de la obra de nuestra reform m6trica-, cuajadas de noveda-
des tecnicas, volume que fu6 recibido con un ihurra! (caprichos
siglodieciochescos, versallerias, galanterias madrigalizadas), por los afios
de 1896; Carlos Vega Belgrano sufrag6 los gastos para su publica-
ci6n. En tierra espafiola vi6 la luz Castelar, 1898. Dos afios andados.
en Paris publicaba Espaiia Contempordnea, prosa de nervio, hecha en
misculo, escrita a los treinta y dos afios cabales; y Peregrinaciones,
impresiones de viaje. Continuaron las producciones: La Caravana Pasa,
cr6nicas por todo extreme interesantes, ricas en gl6bulos rojos, visio-
nes trazadas con magnificencias en el torneo de la frase, 1904. Cantos
de Vida y Esperanla (savias de otofio, cantos con alardes de hispa-
nismo: Cyrano, Don Quijote, Goya), a golpes de idea surgeon las es-
trofas sesudas, 1905. Oda a Mitre, 1906. Y Opiniones, que instruye
tanto cuanto deleita y hace olvidar comida, suefio y barba. Parisiana
y El Canto Errante, versos soberbios, metAlicos, un aiio despues. Al-
fonso XIII y El Viaje a Nicaragua, en 1909, testimonio de su amor







a su pequefia patria. Canto a la Argentina y Poema al Otoio y Otros
Poemas, 1910, de brava ejecuci6n. Letras, 1911. Ademas salia de pren-
sas Todo al Vuelo. Por encargo de "La Naci6n" bonaerense, Autobiogra-
fia e Historia de mis libros, 1912. Muy Siglo XVIII, 1914. Muy Anti-
guo y Muy Moderno, 1915. Y obras p6stumas: Cabelas, Sol del Do-
mingo, Prosa Politica, de poco interns literario y documentario; La
Isla de Oro y El Hombre de Oro, novelina publicada en Buenos Aires
por la Revista de la Biblioteca: Judas, el protagonista, reaparece como
encarnado en la redoma de Wagner. Afirmaba Dario con acierto que
dos afios es el lapso mAs corto para realizar una labor de conciencia.
Por el contenido, en Rub6n casi todo es gigantesco, miguelangelesco
Los intelectuales todos se disputaban su trato. Rendianle vasallaje
escritores y politicos. El hist6rico banquet dado a Dario en el Caf6
Voltaire -plaza del Ode6n- fu6 una glorificaci6n. Su nombre se in-
mortalizaba: su fama reventaba en el mundo; pero... los portagui-
tarras que no conseguian un p6rtico, un pr6logo de 61 para sus obras
sin magia y sin jugo; pero... los que le enviaban un libro y no reci-
bian los parabienes de rigor, sefialaron en seguida los defects del
hombre. Como Rub6n dijera de otro, las unicas cosas que le faltaban
para la victoria eran: hostilidad y ataque. Sus malquerientes ofensas,
61 desprecio; sus detractors mentiras, 61 silencio; sus Zoilos burlas, 0l
sonrisa, 61 alzarse de hombros. Levantabase a cada trinquete la
griteria de las ocas. Los que caminaban sobre los cuatro pies de la en-
vidia encontraron un fil6n: apuraba copas en exceso; a veces estaba
irritado; era violent, agrio. Gustaba de las hetairas, trasnochaba;
vivia en un Ambito sensual y cantaridado. LlamAronle de borracho.
Pecados, pecados capitals para los impuros pecadores mediocres. Gas-
tr6nomo: le placian faisanes, trufas -ioh las gollerias luculescas!-
y otras exquisiteces culinarias. Por eso se sentaba a la mesa de Cas-
telar en su casa de la calle Serrano, por eso concurria a las recepcio-
nes ofrecidas por Valera en su mansi6n de la Cuesta de Santo Do-
mingo y por la Condesa de Pardo Bazin en su residencia de la calle
Ancha de San Bernardo, por eso... iOh, el exaltador del ron de Ja-
maica! Y proseguian. Era feo hasta para feo, medroso, dips6mano,
59







de movimientos tardos e indecisos. En Madrid vendi6 su piano y una
colecci6n de Pdginas Escogidas porque gastaba en demasia. Y esto lo
pregonaban como un bald6n, los muy bellacos. De cuando en cuando,
en la Argentina, con los gauchos de las Pampas, sentado en rueda y
a la turca, en la vecindad de un buen fuego en la cocina de la estancia,
tomaba mate y ginebra. Y mis. Al conversar incurria en caidas de elo-
cuci6n; tartajeaba a veces. Descubrimientos estupendos de los alzarre-
jones. Dentelladas del lobo racional. iQue importaba! Hombre soy,
dijo Dario. Asi y todo, el genio se ensefioreaba de la cariciosa inmor-
talidad. ;Acaso a Cicer6n detuvieron la maravilla de su oratoria
eterna, las verrugas que picarazaban su rostro? La fealdad de Mira-
beau y su vida voluptuosa, impidieron que se perpetuaran sus ideas
de-altivez v libertad? S6crates, garabateado de arrugas, no se im-
puso por su genio? La giba de Esopo, otro que tal, jfud 6bice para
entrar a la gloria como fil6sofo de resalte? A pesar de todo, por
nuestra parte, admiramos a Dario como unos brutos. jQu6 le hemos
de hacer!, exclama Hugo, iestamos entire salvajes!
Ademas, los detractors de Ruben se guardaban de decir que se
encontraba atravesando dias de enfermo y de pobre -ganaba el pan
a cr6nica y a libro-, que sufria, que le explotaban editors y amigos a
su gusto y sabor. Los m6dicos diagnosticaron: crisis nefritico-ner-
viosa. Olvidaban sus bregas por la existencia desde la iniciaci6n, sin
mano acogedora; surgiendo a golpes de su propio esfuerzo, sin fortune,
abri6ndose campo a puro pufio en un calvario ininterrumpido. Los
misterios de ultratumba le afligian; su vida intima habia sido amarga
desde chicuelo. Sus holganzas bAquicas se explicaban si consideramos
la necesidad psicofisiol6gica de los estimulantes. El no bebia por pla-
cer; reclamaba un excitante su cerebro, ifatalmente! Un humanista
dominicano decia que en Ruben, quiza como pudiera suponerse en el
caso de Edgar Poe, el alcohol influyera en dar ciertos matices intensos
y originales a su obra poktica. Como tentative psicoanalitica, nos pro-
metemos para mejor saz6n y coyuntura profundizar el origen de la afi-
ci6n de Dario a los excitantes. Habia algo oculto que le impulsaba a los
alcoholes; poseido de ellos, abriase en 61 una llave desconocida que le







Ilevaba a los arcanos de la naturaleza y le transportaba en la divina
esencia. Entonces cobraba a su invocaci6n alta simbologia los series
mitol6gicos, los acentos pitag6ricos de sentido trascendente, las fragan-
cias taumatirgicas, las tonalidades increadas dignas de Scherezada, las
fuerzas c6smicas. Pero este caso desde luego no comporta una regla. Se
explica el fen6meno, precisamente, por lo aislado, particular y ultra-
extraordinario. En la memorial del mundo suman a cuatro los espiritus
selectos a quienes la embriaguez les espoleara a la eclosi6n de sabiduria
y hermosuras de emotividad.
Tenia un gran coraz6n y era un gran sincere (si hay un alma sin-
cera, dsa es la mia) aquel gran nifio nervioso, de belleza hondamente
subjetiva y fAcil a las lagrimas. Y Iloro sin querer, dijo. Protegiase con
la angelica coraza de la plegaria, caparazonado contra el mal. Meses
de beatitud. Le vieron caer de rodillas en los templos; en Palma de
Mallorca descendi6 de su coche, de hinojos rez6 en el camino un padre-
nuestro; se confesaba de tarde en tarde; quiso hacerse cartujo. En
Guatemala a menudo tenia en sus manos, en su filtimo viaje -roto
el pecho en suspiros-, un libro de oraciones. Si no cay6 -en la propia
expresi6n del apolonida- fue porque Dios es bueno; e hizo much
bien, porque lo bueno estA contenido en lo bello.
America hispana resonaba al conjuro de su nombre: nombre-lau-
rel. Y en suma, ignoraban adrede los singulares meritos de Ruben, pen-
sando, baldiamente, mezquinamente, que sus denuestos apagarian la
alborada de la gloria rubeniana. En cambio, ni Marti, ni Rod6, ni
Lugones, garridos intelectos como 1l, luchadores como el, enormes como
1l, jamAs tomaron la pluma o hicieron uso de la tribune si no fuera
para loarle, exaltarle y admirarle.
La sentencia primitive se acufi6 para la eternidad: es menester
sufrir para producer. Traza con sangre y lagrimas sus estrofas. El cisne
es su ave herAldica: al igual del pAjaro de la fuente Castalia, debe
morir cantando. Interesa sefialar que palma era la palabra que con
mis frecuencia empleara Marti; Bamville, lira; Dario, cisne: propicio
a Lohengrin y Leda. Asi el ruisefior para Heine, el aguila para Hugo;
a la historic pas6 la mimada vibora de Goethe. El destiny a cada







paso se revela en el vocablo predilecto de los escogidos creadores. Y ya
veremos a la hora de la muerte de Ruben c6mo se disputan su cerebro
de vidente y su coraz6n franciscano sus hermanos los hombres.
El capricho y el triste error ajenos -son sus propias palabras-
le impidieron, despues de una crueldad de la muerte, la formaci6n de
un hogar. Apartado de todos y de todo, esquivo ante tanta ingratitud,
contrajo segundas nupcias con Rosario Murillo. iDesguisada aven-
tura! Padeci6 con su esposa como con esposas. Senadores y diputados
nicaragilenses reformaron el C6digo Civil, en lo atafiadero a divorcio,
con el 6nico objeto de favorecer al compatriota. Divorciado, se uni6
a Francisca Sanchez, naciendo su segundo hijo Guicho en Paris.
(En 1940 trabamos amistad en Costa Rica con Ruben Dario SAn-
chez; no goza de cabal salud; fisicamente se parece bastante a su
padre; cuenta treinta y siete afios, no muy crecido de cuerpo, ni del-
gado, ni grueso, la palabra escasa, de cabellos y ojos renegros; recon-
centrado, observador. Por insinuaci6n suya, cogidos del brazo, fuimos
a visitar a costarricenses de letras.)
En sus dias de bohemia -en la euforia de los alcoholes- Fran-
cisca cuidaba y protegia al poeta como a un adolescent, en Europa.
Tal vez por eso a ella la llam6 Ruben lazarillo de Dios en mi sendero.
i Francisca! Su buena amiga.


Tenia terror al instant en que cesa el sistole y diastole del cora-
z6n y la sangre en las venas deja de preguntar por el hombre. i Miste-
rioso trAnsito del alma! Dominaba en Rub6n profunda preocupaci6n
del fin de la existencia, el pavor de la tumba. HorrorizAbale la muerte
fisica y la muerte metafisica. Estremeciase ante lo Inevitable, segin
sus propias palabras. No habia leido, para gran paz de su sede inte-
rior, las meditaciones de S6neca a Sereno. Las transformaciones ma-
teriales de la muerte si estAn, a ojo desnudo, al alcance de la ciencia.
El hombre se deshace en polvo. En versiculo empurpurado Job dijo
a la huesa: mi padre eres ti. El cuerpo envainado en el nicho es past
de insects voraces, del pulular ininterrumpido de larvas. Es espantoso







su process quimico, debajo de los ladrillos, en la humedad 16gubre
del sepulcro. Los animaluchos comparecen a su punto y hora. Para
ellos es lo mismo un pecho en flor que una mano sarmentosa, o la
frente lamartiniana que las orejas de Tartarin. Irrumpen ocho inmi-
graciones sucesivas que sefialan otros tantos aspects de la desintegra-
ci6n del cuerpo -pequefio mundo inmundo-. Conozcamos el des-
empefio de los finebres visitantes que estudia Mignin. Las moscas
curtoneuras incursionan sobre el mortal que agoniza; 6stas, henchidas
de huevos, vuelan, revuelan y a porfia pretenden colocarlos en ojos,
o nariz, o labios del moribundo. Son a modo de avioncitos de Liliput
que, rematada su empresa de reconocimiento, descienden sobre los
objetivos de su presa. Opirase asi la siembra, la fecundaci6n de las
faunas? Desde luego. Ya el organismo exinime -cumplida la tarea
de Cloto y sus hermanas las Parcas-- legan moscardones de t6rax
a rayas blancas y endrinas, y otras nuevas moscas: glaucas, azules,
de alas de pedreria; medran, se acumulan, se multiplican en n6mero
astron6mico en el lapso de ciento ochenta dias. Esta podredumbre es
delicia de la hiena y el cuervo, heraldos del abismo.
Comienza la descomposici6n butirica: aparecen las mariposillas
aglosas y los dermestos, bichos que produce larvas armadas de pelu-
silla. Se presentan despues tropas de moscas piefilas y otros comensa-
les que nunca se hartan: los cole6pteros corinetos que ayudan a la
fermentaci6n caseica. Son unos a manera de batallones de no recorda-
mos qu6 pais de 1941 sobre la isla de Creta. Misi6n carnicera la de
estos hu6spedes horripilantes. Por ahi debe de andar Han de Islandia
con su hacha en la mano. Labran subterraneos, tineles. Posiblemente
abundan buscadores de minas que de tanto en tanto hallan una ufia;
marmol del mas fino pentilico, suficiente para construir una ciudad
tamafia cual un bot6n de rosa. Con la licuefacci6n sombria de la came
avanza una quinta invasion de moscas: surgeon en oleadas las loncheas.
Toca a su termino el agape dantesco. Y se inicia a la postre el period
de desecaci6n y momificaci6n del cadaver: los acarios, puntuales invi-
tados; son casi imperceptibles; se reproducen aceleradamente; se adue-
fian de todo; lo devoran todo; jabones amoniacales y pasta almido-







nada. Su destiny es comer a lo Caliban. En el sepulcro se ense-
fiorea la frialdad untosa del murcielago crispador y el sapo claudi-
cante. A los acarios sigue una peniltima horda integrada de nuevo
por las aglosas mineras que, apretadas de hambre, descantillan liga-
mentos, asierran a capricho tejidos apergaminados. Presumimos que
Hamlet, que veia a trav6s de la tierra al igual de Linceo, las desper-
taba a carcajadas. La envoltura corp6rea, con fuerte tufillo a cada-
verina, adquiere una tonalidad de oros bronceados. iOh, los cambios
de las formas humans, hacia su extinci6n, en la 16brega celda vestida de
yedra, en donde gotea el silencio. Madame la Mort! Transcurridos
tres largos afios concurre al festin un postrer enjambre de cole6pteros
negros, de peto dorado, que con grande apetito dan fin y remate a las
viandas mis afiejas. Se dirian fosforescencias del espectro hundido
en cenizas. Tel6n de fondo en el polvo del polvo. Todo, como se des-
prende, torna a. las bolsas matrices de nuestro planet. En la estrofa
shakespeariana morir es dormir; pero el cuerpo no duerme, no; nece-
sita devorarse a si mismo para volver al reino mineral. Cena luculeana,
cuyo anfitri6n es la Intrusa, o si quereis, la Desnarigada.
Enigmatica transformaci6n la de la c6lula bajo leyes sutiles y
profundas, y eternas, y misteriosas. Impregnado de sabiduria surge el
procedimiento de los helenos, al incinerar a los adolescents difuntos,
purificindoles entire el abejeo de las llamas. En homos de cremaci6n
era puesto el cadaver sobre un emparrillado en donde recibia la acci6n
calorifera para convertirse en humo. Primero se quemaba el coraz6n;
cincuenta minutes bastaban a la calcinaci6n del est6mago; luego lo
demAs, inclusive los huesos.
Si bien se mira, aun el fragil cuerpo en que habitat el alma esta
constituido de inmortalidad, porque si en el cielo hay atomos, cielo
es el polvo de nuestros restos. La verdadera arca es el Hombre y sus
dias pasan como el viento. iOh muerte! iOh vida! iVida en la muerte!
Fosas: no es possible que vosotras seAis refugio de la Nada ni principio
del Vacio, ni oquedad tragica en que se apaga el iltimo adi6s, sino,
por el contrario, nido del MAs Alli, cuna sorprendida por un reventar
de amaneceres: maternidad, libertad, eternidad. A la cumbre de los







siglos se asoman las almas musitando un ruego para la redenci6n de
la estirpe humana. Negaci6n, nunca; afirmaci6n, siempre. Sobre los
escombros del universe fulgurarin las constelaciones de los espiritus.


De Barcelona emprendi6 viaje a Nueva York en octubre de 1914,
en un trasatlantico espafiol, en que el Marques de Comillas le obsequi6
con un pasaje en cabina de lujo. Dijo adi6s a su casita de la calle del
Tiziano, nfimero diecis6is, con jardin y huerto. Habia tenido una que
otra molestia gistrico-renal. Europa estaba en guerra desde el trigico
incident de Sarajevo. En el viejo continent sentiase cada vez mis
extranjero. Inflamado en amor predicaba paz a los hombres de buena
voluntad, porque la paz es la inica voluntad divina. Llamaba a con-
cordia y a fe al mundo. En la hecatombe universal de 1941, cuil
hubiera sido su pregunta a la Humanidad? Al globo en llamas, en
march hacia la negaci6n de si mismo? AAl orbe presa del cainismo de
aviones de picada que bombardean ciudades abiertas, de los quintaco-
lumnistas con sus bombas explosives, de las unidades motorizadas, de
las pitnicas carnicerias... ? Mal haya quien invent el crime!
Dario daba conferencias, sin embargo, sin tener aptitud para ello.
Su secretario, mis listo que Cardona, sabia de entruchaaas; le hizo
mil cortadilladas; y Rubin, siendo harto generoso, no le castig6 con
un bofet6n de cuello vuelto. El filAntropo neoyorquino Huntington
ayud6 al poeta con quinientos d6lares. Colaboraba en "La Prensa"
de Nueva York, a fin de procurarse medios de vida. En el puerto esta-
dounidense pill6 una pulmonia double a principios de 1915. Con el
estoque en el pecho estuvo semanas encamado en el Hospital Frances;
enfermo a6n se refugi6 en una casa de hu6spedes de la calle 64. Ape-
nas restablecido, en un vapor de la Escuadra Blanca de la U. F. C.,
invitado por el gobernante Estrada, sali6 para' Guatemala, en donde
se le declar6 hu6sped de honor. iCuin transformado estaba!: robado
de color, gordo, su cara ancha, la piel descendia fliccida de sus p6mu-
los, embolsados los parpados inferiores, sin elocuencia el ojo. Paso
abacial. Sufria de insomnios; iltimamente de anemia cerebral; metido
en virtud, s6lo ansiaba leer libros piadosos. Sus dolencias fisicas se







acentuaban. A la vera de su lecho le asistia su hijd Rub6n Dario Con-
treras, hoy m6dico graduado en universidad argentina. En su dolencia
mortal el postrer articulo que escribi6 y dej6 inconcluso fu6 precisa-
mente sobre Guatemala: "En la tierra del Quetzal", se intitula. Retir6se
al campo, a una finca de su valedor Estrada, pues los m6dicos sospe-
chaban que tuviese tuberculosis pulmonar. De Guatemala vino a su
suelo patrio en diciembre de 1915, en compaiiia de su segunda esposa,
Rosario Murillo. El esclarecido poeta regresaba enfermo a su terrufio
despu6s de no corta ausencia. Nicaragua orgullosa de su hijo, le reci-
bi6 con explosions de afecto. Cuando el bardo puso pie a tierra, todo
pilido y nervioso 61, las iglesias echaron a vuelo sus bronces, las fibri-
cas el cAlido alarde de sus sirenas y las bandas militares recorrieron
avenidas y plazas tocando animadas marchas. La naturaleza semejaba
estar pr6diga como el buen deseo; el cielo mAs risuefio que nunca; los
ciudadanos mAs saturados de fe, de entusiasmo y de abierto juibilo.
Habia llegado el grande. Bienvenido seas, parecian decir los pijaros
con la unci6n de sus trinos, con sus cr6talos rios y c6firos entire fron-
das, los nifios con sus voces, las almas con su ternura. Al pasar el
inclito por las ciudades enguirnaldadas, bajo parAbolas de verdura, so-
bre alfombras de cipr6s, manos femeninas arrojaron manojos de cla-
veles. En brazos de sus amigos entraba al terrufio. El retorno de Ulises;
su Penelope era la Patria. Una selva de cintas flotaba al aire; por to-
das parties grimpolas, estandartes, banderolas..iYa ingresa, ya se
acerca, ya estA! Los ciudadanos se lanzaron a la calle aquel dia. Ni-
caragua, hecha bandera y canto, espejeaba de gozo; tenia en su regazo
al glorioso hijo bienamado; volvia a ella trayendo un mensaje de
amor a manera del Uriel miltoniano que ostentara una estrella en el
coraz6n. Pero, ioh tajos del destiny!, caido en tristeza venia a dor-
mir por siempre en la tierra maternal. Regresaba el vate lisonjeado
por la caricia continuada de esas cisneas alas que 61 realz6 en estro-
fas de encaje. Asi -jihombres que no cre6is en la apoteosis del ge-
nio!- fu6 agasajado en su patria el gran Dario. En el pensar de
Santiago Argiiello, lleg6 lentamente, paso a paso, a recibir el 6sculo
con que sellaron su fuga de la vida los mismos labios que le besaron
al nacer en la cuna.







En Managua los facultativos de valia atendieron al enfermo. Juan
Sacasa el primero, y el de cabecera su intimo amigo Luis Debayle. La
fiebre no le abandonaba; le prescribieron alimentaci6n rigurosamente
liquid: A ratios los reporters le asediaban. A menudo montaba en
c6lera por frioleras; arafiaba las sAbanas de su lecho; despedia a se-
fiores y sirvientes; retiraba el pulso de la auscultaci6n midica, afir-
mando que se encontraba bien; paz requeria con empeiio. Displicente,
cuando le acercaban a los labios la medicine, demandaba que le deja-
sen tranquilo. Los impertinentes se Ilegaban a solicitarle aut6grafos,
a leerle discursos. En sus postreros dias fu6 muy torturado. Para sim-
bolo de su vida, job no le emocion6 siempre? Dispuesto un trata-
miento quirirgico, fue trasladado con premura a Le6n. Se le aloj6
en la casa en donde le criara dofia Bernarda, en aquellas fechas ya en
los huertos de Dios. A su amigo de la infancia Abraham Morazin
le manifest que despu6s de la operaci6n, isu fin! Desaparecia la
aurora en su divina desnudez; los pajaros con sus cantos tocaban a
despejar estrellas y comparecer mariposas. El espiritu del paciente
estaba reanimado, por las trazas. Queria ver, icapricho!, una vaca con
su becerro, un gallo --el Don Juan de encendida pluma que en lugar
de espada lleva espuela- con sus seguidoras hembras; una joven
fresca que redondeara tortillas sobre la riistica piedra de moler; un
chorotega con su guitarra de resonancias primitivas. Deseaba que le
tendieran a secar ropa blanca en los alambres del patio, que le cor-
taran flores rojas y fragantes en todos los jardines leoneses, que le ba-
fiasen con aguas perfumadas y le secaran el agua en el cuerpo, que le
enjugaran los pies con los cabellos rubios, magdal6nicos, de una peca-
dora arrepentida que le amara... iPoeta, poeta siempre! Continuaba
mal. El diagn6stico sefialaba: cirrosis atr6fica, con derrame acitico.
Para algunos, el higado funcionaba normalmente; para otros, no. El
7 de enero de 1916 le llevaron a Le6n, barrio de San Juan, a humilde
casa sin cielo raso. Se cree que fu6 inoportuna la operaci6n practi-
cada per los doctors Debayle y Lara. iQui6n sabe! Le extrajeron ca-
torce litros de suero. El enfermo continue grave: la afecci6n intestinal
recrudeci6. Los m6dicos resolvieron operarle nuevamente. El 4 de fe-







brero le hicieron dos punciones en el higado sin conseguir extraer pus.
El paciente se desmay6 y perdi6 el conocimiento por various minutes.
La debilidad de Rub6n se hizo muy visible. El 5, a las seis de la tarde,
empez6 a agonizar. i Vamos a morir, Dios mio, vamos a morir...!
En el mar, en el acantilado de una roca, un dia lanz6 un grito que
llen6 su boca de sal y viento. Se confess con el presbitero Felix Pe-
reira. El Arzobispo di6 el viatico al doliente. Lleg6 con rica indumen-
taria, asistido de dos sacerdotes; bajo el palio, el Sacramento. Seguian
detrAs los can6nigos de la Catedral y dos mis, con roquete y musetas;
cerraban el desfile dieciseis tonsurados y el cuerpo de seminaristas
con uniform de gala, portando el pabell6n national. Todos rezaban,
divididos en dos hileras. El viatico sali6 de la iglesia de la Recolecci6n
guiado por el campanilleo litirgico. A la casa penetraron el Mitrado
y various acompafiantes: el colegio seminario de San Ram6n, en nf-
mero de ciento veinte, hizo valla desde la calle hasta el lecho del en-
fermo. Llamaron a silencio, con claro toqueteo, las campanillas. En el
cuarto del paciente se habia improvisado un altar. El acto de la co-
muni6n fu6 edificante. El poeta, conmovido y en voz ahogada en li-
grimas, respondi6 a las exhortaciones del ilustre prelado:
-iSi creo!
Y recibi6 la sagrada hostia con unciosidad en la mano de pastoral
amatista. Hizo testamento. Sus bienes -la casa que heredaba de su
tia-abuela dofia Bernarda y pocos libros ineditos- los dej6 a su se-
gundo hijo, Ruben Dario SAnchez. A 6ste le dijo un dia: Sime pro-
fundamente y eternamente mio. Instituy6 como ejecutor de su volun-
tad, para el efecto de cumplir ciertas prescripciones en Buenos Aires,
a Jorge Mitre, director de "La Naci6n"; referiase a la edici6n de un
volume de sus iltimas correspondencias enviadas desde Europa para
aquel gran diario.
Habia perdido much sangre. Estaba desahuciado. La alcoba del
enfermo, de piso de ladrillo, se llen6 de silencio; entire la luz velada
penetraron de puntillas, hasta el propio santuario de la agonia, los
fot6grafos. En el entretanto, la multitud se agolpaba a las ventanas
de su residencia. Tendido en tijera de lona, despert6 el expirante ba-








fiado en copioso sudor, opaco el mirar, las venas resaltadas, fria su
esclarecida frente:
-He sofiado que los buitres graznaban en torno de mi cadaver y
que sus garras me arrancaban furiosamente la came...
,Delirio? jProfecia?
No volvi6 a articular palabra, los ojos cerrados, manos y mejillas
con tonos de marfil, a flor de labio un vago quejido ululante; sobre
el pecho un crucifijo que fu6 regalo del sensitive Nervo.
Rindi6 su postrer aliento a las once y treinta minutes de la noche
del 6 de febrero de 1916, dos dias despues de haberse operado, cuando
frisaba con los cincuenta afios. A tal edad Don Quijote abandon la
vida. i Su muerte! ; Tanto temerla y la esper6 con un beso! A esa hora
los bronces de la Catedral, en sollozos largos, anunciaron al mundo
la desaparici6n del altisimo poeta. La noticia se comunic6 por cable
a los Gobiernos de Centr6am6rica, Corte Suprema de Justicia cen-
troamericana, cuerpos docentes; tambi6n a la prensa de Madrid, Ar-
gentina y Chile. El comercio de la ciudad otro dia no abri6 sus puertas;
en los edificios se izaron banderas enlutadas.
El Secretario de Relaciones Exteriores de Nicaragua envi6 al Can-
ciller de Costa Rica, el 7 de febrero, el siguiente despacho telegrifico:
"Con profunda pena pongo en conocimiento de Vuestra Excelencia que
anoche, a las once y treinta minutes, dej6 de existir en la ciudad de
Le6n el poeta y prosista nicaragiiense Ruben Dario, que honr6 el nom-
bre de la patria con su gloria literaria. El Gobierno de la Repfiblica
ha declarado este acontecimiento duelo national, disponiendo que se
tribute al cadaver del ilustre extinto los honors de Ministro de la
Guerra. Como consecuencia de esta disposici6n, la Bandera Nacional
ha sido izada a media asta con insignias de duelo y a cada hora se
dispara una salva de artilleria en las fortalezas. Al participar a Vues-
tra Excelencia esta infausta noticia, tengo la honra de reiterarle el
homenaje de mi mis alto aprecio. Diego M. Chamorro." Con fecha 8,
el Secretario de Relaciones Exteriores de Costa Rica contest con este
mensaje: "Correspondiendo al atento telegrama de Vuestra Excelen-
cia, tengo la honra de manifestarle que con profunda pena, asi el Go-







bierno como la sociedad costarricense, han recibido esa muy triste
noticia de la muerte del egregio poeta don Rub6n Dario, quien con Ta luz
poderosa de su genio alumbr6 nuevos horizontes a las letras hispano-
americanas. El Gobierno y pueblo costarricenses se asocian al pueblo y
Gobierno de Nicaragua en esta hora de luto por la desaparici6n del
mis alto y mis glorioso representante en nuestros dias del arte de Ho-
mero. De Vuestra Excelencia, con la mis alta consideraci6n, atento
seguro servidor."
En su nota de pesame, nuestro Secretario de Estado habl6 del fa-
Ilecimiento de don Rub6n Dario. A este funcionario, por el empleo de
ese don -"La Prensa Libre", de 18 de febrero- le llovieron saetas
de critics que saben lo que se pescan.
El Arzobispo Pereira dispuso que las exequias y entierro se hi-
ciesen conforme a los rituales que se estilan para principles y reyes. El
Gobierno declar6 duelo national el deceso del poeta, mand6 costear
los funerales con fondos del Estado y tributar al extinto honras de
Ministro de la Guerra y Marina. Las corporaciones de la Rep(iblica
se asociaron al duelo. Fu6 hecha la autopsia y embalsamado el cadaver
a las dos de la mafiana por los doctors Debayle y Lara, perfuman-
dolo con solicito esmero Fidelina de Castro y Maria Alvarado. Extra-
jeron el cerebro y el coraz6n. Del primero deseAbase hacer un studio
como el realizado de Napole6n por Antomarchi.
Un cufiado de Dario, ide6 vender el cerebro del gran fallecido
para un museo.
-Este cerebro debe ser de la familiar. -Dijo el hombrecico.
El doctor Debayle se opuso a las pretensiones del fenicio, y iste,
armado de una pistola --codicia? (zoncera? ,bribonada?-, apunt6
al pecho del cirujano. Debayle detuvo el disparo. Y con 6nfasis:
-Si te mueves te hiero con el bisturi ensangrentado y esta sangre
que esta envenenada te fulminara con la violencia del rayo.
Andris, tembloroso de pinico como una corneja, dej6 caer al
suelo la masa cerebral.
Horas antes el asendereado poeta habia sofiado que su coraz6n y
su cerebro eran arrastrados sobre piedras; que manos sacrilegas enro-
jecian el camino con su sangre... ivaticinio del vate!







Murillo, primero de puntillas, luego a largo paso y por iltimo en
los pies de un trote gan6 la calle; con una maleta de viaje sali6 a ca-
ballo rumbo a La Ceiba, pueblecito cercano a Le6n, al cual pueblecito
entraba al caer de la noche. Al amanecer del nuevo dia, ese alma de cin-
taro continue a Managua con la preciosa joya; la llevaba bajo los
sebosos asientos de un coche de tercera, dentro de una vasija henchida
de alcohol.
Mis tarde la Santa Hermandad arremeti6 con Murillo -ia desan-
dar lo andado!- e hizole devolver la sagrada viscera. dPor inauditos
hay duda de tales hechos?: en articulo que calza la firma del periodis-
ta Rivas estin las aseveraciones en que ellos se contienen.
SD6nde reposa el cerebro del poeta? Afirmase que le conserve la
familiar Murillo.
DD6nde el coraz6n que fue tambiin extraido? En la Catedral de
Le6n: Dios se lo pague a quien asi lo dispuso.
En la casa mortuoria le tuvieron entire hachones. El dia ocho, a
las once y media de la mafiana el gran citareda fu6 conducido en andas,
sobre 1l un velo negro, al edificio de la Municipalidad donde se verific6
una primera velada de duelo. El poeta fue amortajado con albo sudario
de seda, descubierto el rostro, las sienes ceilidas de laurel. El nueve fu6
trasladado al sal6n de actos pdblicos de la Universidad. Hecho ama-
pola, en un triunfo de arpas, el sol. Abierta por tres carrozas simb6licas
avanz6 el cortejo entire diez mil personas. Aceras, portales y balcones,
todo apretado de pesarosa gente. Los escolares y obreros portaban es-
tandartes. A un lado y otro de la via iban altos dignatarios del clero,
bajo capuchas blancas; paso entire paso, cruzados los brazos sobre el
pecho, las caudas sostenidas por pajes y ac6litos. Al llegar al centro
universitario, desde una de las ventanas de la residencia del general
Ortiz, el can6nigo Azarias Pallais ley6 una bien sentida oraci6n, con
frase que era anfora y azahar. En la puerta mayor el cadaver fue co-
bijado con un palio que lucia los bicolores nacionales. El Arzobispo
Pereira y Castell6n subi6 a la tribune. Con palabra de sonoridad an-
tigua dijo un discurso en que alab6 al genio que en medio de su vida
disipada tuvo de continue encendida la fe como celeste llama. Alli
permaneci6 en capilla ardiente expuesto desde las nueve de la maiiana








hasta las diez de la noche. En actitud hieritica le custodiaban ocho
alumnos de las escuelas de medicine, de derecho y del institute de
occidente, turnAndose cada hora. El busto de Apolo junto a la cabeza
de Dario; a sus pies, Homero, Hugo. En la universidad se celebraron
cuatro veladas lirico-literarias, que fueron alternas; en estos homenajes
p6stumos se recitaban versos y pronunciaban discursos. En la noche del
sAbado se efectu6 la filtima velada f6nebre. El jardin de Minerva, calls
adyacentes y corredores, cuajados de pfiblico. En nombre de los Ateneos
de Costa Rica y Honduras, Luis Debayle dijo una atildada alocuci6n;
el doctor Francisco Paniagua, otra. Felipe Ibarra, maestro de primeras
letras de Ruben, recit6 unos sonetos. Las palabras de clausura le co-
rrespondieron a Leonardo Argiiello. Concluido el termino de exposi-
ci6n se realizaron dos desfiles por las calls leonesas, embanderadas y
alfombradas con hojas. Las luces de la ciudad se encendian desde las
tres de la tarde.
Luci6 la mafiana del domingo bellamente triste como lAgrima de
madre. Desfilaron estudiantes, artesanos, Ilevando todos bien una rosa,
bien una margarita: el catafalco qued6 a la postre cubierto, a puro
carifio, de p6talos.
A las ocho de la mariana el cadaver entraba por la puerta de la
Catedral, presidiendo el duelo el Ayuntamiento de Le6n. De las torres
caian hasta el atrio luctuosos atributos. De las inmensas columns pen-
dian listones negros; en las puertas, gran cortinaje. El arzobispo Pereira,
con traje violeta, sali6 a recibirle, en la diestra la ensefia de luto de la
iglesia. Al descender la bandera sobre el ataid, en medio de profundo
recogimiento se oy6 toque de clarines. En la nave central se levantaba
el catafalco, severe y blanco, montado en garras de le6n. Lo rodeaban
cuatro columns: cada una representaba a tal cual repfblica centro-
americana: en ellas las coronas enviadas por los Jefes de Estado, con-
gresos y ateneos de los hermanos paises. En el centro, junto a la cabeza
del poeta, una column cuadrangular trunca: la de Nicaragua, cuyo
pabell6n se inclinaba sobre el gran intellectual vencido por la muerte.
Lirios cerca de los cirios. En la ceremonia el arzobispo Pereira, con ves-
timenta empurpurada y mitra de armifio. Los can6nigos que auxiliaban
con trajes de luengas caudas. En el entretanto ocho jefes de guardias
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militares paseabanse con atentado paso y solemnidad, hacienda un
saludo delante del catafalco; y al propio tiempo que se oficiaba la misa,
otros sacerdotes decian misa en todos los demas altares. En el ritual
tocaba una orquesta integrada por cincuenta profesores; cuatro mil al-
mas atestaban las cinco naves de la Basilica. Luego responses ante el
cadAver, y otra vez se dej6 oir el claro, prolongado acento de los
clarines.
A las cuatro de la tarde comenz6 la march doliente a recorrer me-
dia ciudad. Alli estaba congregada Le6n y no menos de siete mil vecinos
de otros lugares.
Al salir el cuerpo rompieron el aire siete estruendos de cafi6n. Fui
abierta una cesta enlutada: de ella se alz6 una como camandula de
palomas, con cinta al cuello, que revoloteando se elevaron al espacio.
Al comenzar el desfile la multitud agit6 palmas traidas de la villa La
Paz. Pasaron con sus estandartes, colegios y escuelas, facultades de me-
dicina y de derecho, municipalidades. Y mAs: miembros de la corte su-
prema de justicia; representado por el doctor Gutidrrez Navas, el
tribunal de la cotte centroamericana; jefes politicos de los Departamen-
tos, el clero, damas vestidas de negro. Iban dieciseis caniforas de tiini-
cas nevadas, con sendos canastillos de flores a la cabeza, regando ora
ramilletes, ya esencias. Y pas6 el cadaver rodeado de lirios, descubierto,
sobre andas, Ilevado a hombros por lo mas lucido de la juventud midica,
el Centro Intermediario y la Sociedad Juridica de Reinaga. Seguian los
deudos en silencio, el alcalde de la ciudad con banda al pecho y lazo
al codo, el president del comity Darfo y la Municipalidad de Le6n,
comisiones de las Cimaras, representantes del Ejecutivo, las cortes de
apelaciones, cuerpos diplomatico y consular, delegados de la colonia
espafiola, clubes politicos y sociales, logias mas6nicas con sus simbolos,
juntas de ornato y beneficencia, corporaciones obreras. Pasaron las
bandas de los Supremos Poderes, la de Le6n con correaje nuevo; bien
galoneada, la Guardia de Honor Presidencial con el pabell6n a media
asta. Todo el mundo se descubria con reverencia. Frente a la residencia
del doctor Juan de Dios Vanegas, en la que Jacoba Telleria ensefiara las
primeras letras a Dario, revent6 una granada de la cual volaron aves
y mil y un papelillos con los versos que compuso el bardo a los trece








afios de edad, un Domingo de Ramos. Hicieron soltar la granada, ti-
rando de las cuerdas, Angelica de Vanegas y Abraham Telleria, amigos
de infancia de Ruben. Despues de recorrer media ciudad, el cortejo gan6
la antigua basilica. En las gradas de la Catedral habl6 Santiago Argiie-
1lo: un cris6stomo de verbo fulgurante. Eran las siete de la noche. Ya
dentro de la basilica soldaron el ataid metalico; con un hisopo echaron
agua bendita sobre el feretro. Cuando en brazos descendia el cadaver
para arroparle en la madre tierra, la banda de los Supremos Poderes
ejecut6 la Marcha Triunfal de Delgadillo: himnica fuga de 6pica ar-
monia. A las nueve y quince minutes de la noche cay6 para siempre
en el sepulcro, a la derecha del temple, a los pies de la estatua de San
Pablo. En paz y en Dios. Horacio se despite de Hamlet: "Buenas no-
ches, caro principle: que los angeles arrullen tu suefio...". Para Calder6n
es suefio la vida; para Shakespeare, es suefio la muerte. De hinojos los
corazones. A los balcones de los cielos se asomaron todos los poetas,
cefiidos de infulas blancas, la capa de tempestad, con las liras rotas en
luz. Trece de febrero, la fecha.


La pitrea, afiosa cathedral de Le6n abunda en reliquias religiosas:
posee las que le di6 el Papa Clemente XIII al obispo Juan Carlos de
Vilches, a comienzos de 1768. La construcci6n de la Basilica fue inicia-
da por el obispo Isidro Marin Bull6n y Figueroa en 1746 y rematada
por el padre Francisco Gutierrez en el afio de 1779. En una de sus naves,
al pie del presbiterio yacen los despojos del poeta. A su sombra augusta
duermen el suefio eterno various mitrados. Y bajo la estatua del Ap6stol
San Pablo, fija su impetu un le6n doliente de nevado mirmol, con las
fauces abiertas, rasgando el escudo de Nicaragua. Una lira cubre la
tumba del maximo renovador de la m6trica castellana, del mis alto
poeta de la America Espafiola, de quien dijo Azorin que era el mayor
de los poetas del habla de Castilla, de todos los tiempos. Dario, para B.
Sanin Cano, fue innovador en su lengua, en obedecimiento a la fasci-
naci6n que ejercieron sobre su espiritu los poetas franceses de ese mo-
mento de rebeldia. Con brio sell Benavente esta verdad: iOh Espafia,
no esperes que Ruben adopted la ciudadania espafiola, eres tfi la que debe







adoptar como hijo a quien-l4 es, el principle de los manejadores de tu
idioma! El cilebre critic ingles William Ancher confesaba que lo que
habia entendido en Los Raros le impulsaba a dominar el idioma de
Cervantes; y Kipling, a raiz de la publicaci6n del mismo libro, declara-
ba que estaba aprendiendo espafiol para leer los versos rubendariescos...
Ante el cadaver de Ruben, ante el gran ruisefior apagado, de Ame-
rica, express Argiiello: en el sagrario de los templos se march de pun-
tillas, con el dedo en los labios: y, ante un dios que se eleva, se cae de
hinojos, para que brote la muda oraci6n de las almas!


Claridad violeta desciende de la tarde: es un suave canto de color.
Reina recogimiento en el ambiente y en las almas. Escribimos a la
sombra gorjeadora de unos arboles: hay pajaros: tiiiiirit... rrrrrtch
fiii...! Cerca rompe su cAliz una rosa. Sosiego, placidez.
Cerramos Prosas Profanas y con la mirada buscamos en lo alto la
trayectoria infinita de las ideas. i Ruben Dario! El genial le llamaron
istos; el divino, 6sos. Poderoso en riquezas mentales, inundado de emo-
ciones transfiguradoras, alcanz6 a lozanear y remozar la lengua caste-
llana y traducir para gloria de la raza espafiola, acentos y empefios de
la humanidad amufiecada por la vida en que unas horas son mejores
que otras, si por el sentido, si por la ensefianza. Al gran poeta de nombre
judaico y apellido persa, los dioses incorp6reos le auspiciaron en sus
entonos de inmortalidad. Y para remate de su misi6n, Dario pudo decir
que s6lo Dios y la belleza son grandes: Dios con su omnisciente esencia'
y la belleza rindiendole vasallaje. Conocedor de su destiny, habiendo
dado ya las excelsitudes armoniosas de su espiritu, deseaba que el mun-
do fuese un diamante para poderlo regular.
Algunos escritores, al enaltecer a los representatives de estos pue-
blos, prescinden de Ruben Dario; ellos, los enanitos que caben todos
holgadamente en la faltriquera de Puck, y sentencian: ise no. i Pero su
intent es vano, porque para desconocer a Dario, necesitan arrancarle,
sangrante, del propio coraz6n del Continente!

Carlos JINESTA




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