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Group Title: Apuntes sobre poesia popular y poesia negra en las Antillas
Title: Apuntes sobre poesía popular y poesía negra en Las Antillas
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 Material Information
Title: Apuntes sobre poesía popular y poesía negra en Las Antillas
Physical Description: 71 p. : ; 16 cm.
Language: Spanish
Creator: Hernández Franco, Tomás, 1904-1952
Publisher: Ateneo de El Salvador
Place of Publication: San Salvador Republica Dominicana
Publication Date: 1942
 Subjects
Subject: Caribbean poetry (Spanish) -- Authors, Black -- History and criticism   ( lcsh )
Caribbean poetry (Spanish) -- History and criticism   ( lcsh )
Genre: non-fiction   ( marcgt )
 Notes
Statement of Responsibility: Tomás Hernández Franco.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00074042
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000670107
oclc - 23441934
notis - ADL0638

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Full Text


TOMAS HERNANDEZ FRANCO


APUITES SOBIE POESIA POPULAR

T POESIA IEGBI El LAS ANTILLAS











PUBLICACIONES DEL
ATENEO DE EL SALVADOR
1942
























NOCHES CULTURALES DEL "ATENEO DE EL SALVADOR"
CURSOS BREVES
Sefior El "Afeeo de El Salvador", fien especial agrado on invtar
Ud. y distinguida famills a Ia conferencla quo dictrd el
lune 8 de los corrienes., do las 20 horas on adelan., en
el ParanInfo de Is Universidd Nacional, Ie seor don Tomns
Hernindes Franco, sobre
"POESIA POPULAR T POESIA IEMRA El LAS AWTILLAS".
Esta conferncia corresponds al cldo de
Cunrs Breves organlado por el Aeneo.
Su asisenc sern particularmnhne agradecid por su aefo.S.S.
.Yandro PiWalo6os.
Secretario.
San Salvador. Junio de 1942.





















.A emilio 5?odrfguez Demoriz,.

















NDRE SIEGFRIED ba escrito que
I "America es un Confinenfe unido
por la geografia y desunido por la
hisforia". Ahora podemos ver que esa
desuni6n hist6rica es mil veces mAs apa-
rente que real y que Am6rica toda puede
y debe cumplir su imperiosa finalidad de
sintesis, a la cual no se opone ninguna
valedera raz6n.
Como antillano, la frase de Siegfried
debiera tener, pero no la tiene, porque
no creo en ella, una double amargura para
mi. Las Antillas no son la Tierra Firme.
En este caso, segon el decir citado, seria
ya tambi6n la Geografia la que vendria
a mutilarnos el generoso impetu de si

-9 -







senirnos cosa de America, de sf saber-
nos cosa de su sangre y de su espiritu.
Ningin americano ha podido hablar
con mas elevado amor de Am6rica, de
"nuesfra America"-que decia con su voz
de pasi6n y profecia como Jose Marfi, el
cubano. Ninguno sinti6 mas hondo la
necesidad de redimir por la cultura a los
pueblos de America, como Eugenio Maria
de Hosfos, el puertorriquefo. Nadie vi6
mas claro la urgencia de dar bases juri=
dicas a las incipientes nacionalidades
americanas, como aquel Gregorio Luper6n,
dominicano, quien, juntamente con el re=
presentante diplomitico de El Salvador,
firma en Paris y en 1882, el Primer
Tratado de Arbitraje que se celebra en
America.
Pensando para dominicanos y puerto.
rriquefios, Marfi les recordaba que habia
que hacer, a pura luz de sol, lo que por
debajo del mar "hace la cordillera de fuego
andino". Marfi sabia que no estamos se-
parados de America ni siquiera geogra-
ficamente. Lo hubiera hecho temblar de
santa ira quien le hubiera hablado de


- 10 -







que "hist6ricamente" ya no perteneciamos
a ella.
Las Antillas no ban tenido jams un
solo problema que, en su esencia, no haya
sido, antes o despubs, problema de Ame-
rica. QuizA nos haya tocado alguna vez
en suerte anticiparnos a la tragedia o al
dolor. Pero esa tragedia y ese dolor han
repercutido luego, en alguna forma, en
toda la estructura continental.
Dentro del mismo torbellino que des-
ata la catAstrofe empiezan a adquirir dra-
mitica validez las grandes voces que des-
de hace tanto tiempo venian reclamando,
a pecho hecho trizas, un poco mas de
conocimiento de nosotros mismos, un
poco mas de amor.
Quiza sea harto pretensioso de mi
parte imaginar que con estos Apuntes
pueda borrar una solaa letra de ]a frase
de Siegfried. Abordo un tema tan mag-
nifico, de tan fastuosas proporciones, que
su simple enunciado me parece ya como
un ridicule alarde de buenas intenciones
sin possible justificaci6n. Otros, con mu-
chas mws grandes capacidades, lo ban


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abordado antes sin poder agotarlo. Con-
fieso que estoy avanzando, timidamente,
pero con much amor, por esas innume=
rabies respetadas huellas.
Y habr6, sin embargo, cumplido mi
objetivo, si alguien, esta noche, descubre
en el fondo de su alma, en eco de re-
cuerdo o simpatia, la pequefia emoci6n
olvidada que pueda revelarle que tenemos
que ser muy iguales -a pesar de la anti=
Ilana peculiar fisonomia para sentir de
tan identica manera el dolor, el amor y
]a alegria. Descubrir la presencia viva
de ese eslab6n perdido de ]a emoci6n, que
no por perdido era realidad menor y que
hace tiempo habia dado un mentis mortal
a la afirmaci6n de Siegfried.

jLas Antillas! 6Cuantos millones de
indios desde Trinidad, subiendo por la
natural escala de las islas menores4 pa-
sando por Puerto Rico, Santo Domingo
y Cuba, abarcando a Jamaica y Curazao?
Nadie lo sabe. Mentia seguramente la
iluminada fantasia de Col6n cuando aci-
cal6 su hazafia para despertar intereses y


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visions en la Corte, mentfa seguramente
la belicosa bondad del Padre las Casas
cuando contaba los millones muertos
de fatigas y malos tratos, mentian tam-
bi6n sus aviesos contradictores para achi-
car el crime cierto. Pero si muy seguro
que muchos hombres y mujeres y niios
y muchas creencias y un principio claro
de organizaci6n jerarquica, un uso ya an-
tiguo de la emigraci6n, de la invasion y
de la guerra. Canoas, flechas y dioses
en el mar de las Antillas. Y amor, mis
que todo, amor. Aire, paisaje, ave, for,
sol, arroyo, inocencia y vida facil invita-
ban a ello.
6No habria muisica y poetas en las
Antillas?
En el terreno de las suposiciones his-
t6ricas debe avanzarse muy cautelosamen=
te, pero yo no afirmo nada nuevo cuando
digo que no concibo pueblo que cante sin
el previo impulse de la emoci6n poetica,
que no concibo que mantenga tradiciones
orales que duran siglos, sin hacer con ello
un constant ejercicio po6tico; que no con=
cibo pueblo que adore sus divinidades,


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sin estar al propio tiempo transido de un
sobrenatural temor o de una ultraterrena
esperanza, ambas posiciones fundamen=
talmente po6ticas; que no concibo pueblo
que invented o copie sus instruments mu=
sicales, para cantar y para bailar, sin que
est6 haciendo ya poesia viva.
Ha habido un empefio, bien logrado,
en despojar al indio antillano, de esa par=
ticula de eternidad, como, tambi6n, por
desarraigar a las Antillas de todo lo indio.
Ahora, cabe preguntar, 6estaba el indio
antillano tan prisionero en su insulari=
dad, que no pudiera tener noticia alguna
de las formidable cultures continental=
les? 6No venian a las Antillas las peores
hordas invasoras, desde las costas del nor=
te de Sur America? Lo que hizo Hafuey,
pasando en una canoa de Santo Domingo
a Cuba, para sublevar a los siboneyes
contra los espafioles, no habia sido hecho
muchas veces antes? 6Es tAnta la distan-
cia que separa las costas de Yucatan de
las costas de Cuba? 6Y las de Cuba de las
de la Florida? 6No habian venido por ahi


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mismo los antillanos, huyendo de los apa.
laquinos y los ticalos de Norte-Am6rica?

1492. Espana se hace Espana. Don
Antonio de Nebrija, el mismo de la -Biblia
Poliglofa de Alcald, compone ese afio la
primera Gramdfica de la Lengua. Es el
moment de las supremas afirmaciones de
la nacionalidad. Despubs de una erupci6n
de siete siglos el crater del volcan espa-
iol se rompe y es su lava la que inunda
a America.
En diciembre, Col6n, el primer poeta
espafol de las Antillas a lo mejor el
mas grande cree conversar largamente
con Guacanagari, cacique de MariMn, en
Quisqueya, sobre las rutas para las tie-
rras del Gran Khan. Imposible ha que-
dado para la historic el diAlogo maravi=
Iloso y los poetas hemos perdido el mas
portentoso product de la fantasia de los
siglos.
Gonzalo Fernandez de Oviedo, en su es-
tupenda *Hisforia General y Natural de las
Indias*, dice: Y en esfa Isla (la Espaho=
la) a lo que bemos podido engender, s6lo


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sus canfares que ellos llaman areifos, es su
libro o memorial que de genie en genfe que=
da de los padres a los hijos y de los pre=
senses a los venideros-... Tenian esfas genfes
una buena e genfil manera de memorar las
cosas pasadas e antiguas: y esfo en sus can=
fares e bailes, que ellos llaman areifos, que
es lo mismo que nosofros llamamos canfar
bailando. El cual areifo bacian de esfa ma=
nera. Cuando querian haber placer, celebran=
do enfre ellos alguna notable fiesta, o sin ella
por su pasafiempo, junifbanse muchos indios
e indias (algunas veces los hombres solamenfe
y ofras las mujeres por si); y en las tiesfas
generates, asi como por una victoria o ven=
cimienfo de los enemigos, o casandose el ca=
cique o rey de la provincia, o por ofro caso
en que el. placer fuese comdnmenfe de fodos
para que los hombres e mujeres se mezcla=
sen. E por mds extender su alegria e rego=
cijo, fomdbanse de las manos algunas veces,
e fambidn ofras frabdbanse brazo con brazo
ensarfados, o asidos muchos en rengle (o en
corro asimismo) e uno de ellos fomaba el
oficio de guiar (ora fuese hombre o mujer)
y aquel daba cierfos pasos adelante e afrds,


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a manera de un confrapds muy ordenado y
1o mismo (y en el insfanfe) hacen fodos, e
asi andan en forno canfando en aquel fono
alfo o bajo que la guia enfona, e como ]o
bace y dice, may media y concerfada la
cuenfa de los pass con los versos o palabras
que canfan...- *Algunas veces, en los canfos
mezclan un afambor, que es hecho en ma=
dera redondo, hueco, concavado, e fan grueso
como un hombre o mas, o menos, como lo
quieran hacer: e suena como los afambores
sordos que hacen los negros; pero no le po=
nen cuero, sino unos agujeros e rayos que
frascienden a lo hueco por do redomba de
mala gracia. E asi, con aquel mal insfru=
menfo e sin 1l, en canfar cual es dicho dicen
sus memorial pasadas, y en esfos canfares
relafan de la manera que murieron los ca=
ciques pasados, e cuanfos e cuales fueron, e
ofras cosas que ellos quieren que no se oL=
viden*.
El atambor que viera Ferndndez de Ovie=
do en la Espaiola y del cual decia y re-
petia que -era redondo e fan grueso como
lo quiseran bacer y por fodas parfes esfi
cerrado, salvo por donde lo fanen, dando


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encima con un palo, como en afabal, que es
sobre aquellas dos lenguas que quedan en
medio del fronco-, era instrument comtn
a Sanfo Domingo, Cuba y Puerfo Rico y
es el mismo instrument musical que usa-
ban los pipiles en tierras de Cuscafldn.
Ademas de lo dicho por Ferndndez de Ovie=
do, el Padre Las Casas da noticias de otro
instrument musical, cuando dice: ,Los
indios de esfa Isla (la Espahola) son incli=
nadisimos y acosfumbrados a mucho bailar
y para bacer son que los ayude a las voces
e canfos que bailando canfan y sones que
bacen, fenian unos cascabeles muy sofiles,
hechos de madera, muy arfificiosamenfe, con
unas piedrecifas denfro, que sonaban, pero
poco y roncamenfe-... Del mismo Las Ca=
sas es lo siguiente: -La lefra de sus can=
fos era referir cosas anfiguas y ofras nifie=
rias, como
fal pescadillo se fom6 de esfa manera y hull6
y ofras semejanfes.* El historiador domi.
nicano Jose Gabriel Garcia, en su Com=
pendio de la Hisforia de Santo Domingo-,
siguiendo de cerca las investigaciones del


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Bar6n Emil Nau en su "-Hisfoire des Caci.
ques d'Haifi, es mis explicit: "Formaban
(los indios) las orquesias al son de cuya m -
sica danzaban, con fambores que hacian de
un madero delgado y hueco forrdndolo en uno
de los exfremos con un cuero bien esfirado;
con panderos que formaban en conchas de
animals; con harpas que hacian valigndose
de ana vara flexible que infroducian, ddndole
la forma de un medio arco, en un gairo o
calabazo vacio y que encordaban con finas
sogas de cabuya; con pifanos o flaufas hechas
de pedazos de cana brava; con maracas y
grandes caracoles, de los cuales sacaban noias
mon6fonas y desapacibles. Lo mismo que a
la mtsica, eran aficionados en alfo grado a
la poesia, de la que se valian para conservar
en romances y poemas, que pasaban sin va=
riedad de generaci6n en generaci6n, los epi=
sodios mds brillanfes de su historia. Aunque
prevalecian en la isla varios dialecios mds
o menos perfeccionados, el idioma principal
que hablaban era el lucayo, comdn a fodos
los pueblos de las Antillas. Esfe idioma se
disfinguia de los ofros dialecfos que poselan
en la sonoridad, riqueza, fluidez de sus fdr-


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minos radicales, la sencillez del arfificio de
sus races y el fdcil mecanismo de la forma=
ci6n de sus derivados. Despojado de la du=
reza de los acenfos consonanfes y superabun=
danfe de vocales, unidas por lo comrn en
dipfongos y tripfongos, la dulzura y caden=
cia de sus construcciones lo hacian no menos
a prop6sifo para la poesia, que lo era por la
variedad de las conjugaciones de sus verbos
y la facilidad con que sus nombres se decli=
naban."
De estas largas citas, quiero retener
algunas cosas magnificas: el atambor que
sonaba como el de los negros; aquellos
"cascabeles muy sofiles"; la perfecci6n y la
extension del idioma lucayo y la irrefu-
table ingenuidad de aquel pescadillo que
se tom6 y buy6. Casi tenemos la esen-
cia del tambor antillano, de las maracas,
y la bella seguridad de un intrascendente
ejercicio poetico, de poesia por hacer
poesia.
Sobre todo eso cae el torrente espa.
fol. En La Espafiola, en las Antillas,
con mas crueldad que en cualquiera otra
parte del resto de Am6rica. El espanol


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queria oro y lo queria pronto. Ciudades,
conventos, minas, caminos, fortalezas, mu.
rallas, iglesias y todo pronto. En ninguna
parte como aqui estuvo el espafiol poseido
de tan grande impaciencia. La paciencia
india respondi6 de la Anica manera que
podia hacerlo: muri6ndose a millares. En
so ruda labor catequizadora, no creo que
el espafiol condescendiera a utilizar los
ritmos habituales del areito como vehi-
culo de palabras cristianas, tal como hi-
ciera, con menos prisa, en el Perd, en
Ecuador y en M6xico. Pero tampoco creo
que pudo evitar la supervivencia de esos
ritmos. Como tampoco creo que pudo
exferminar fofalmenfe como aseveran los
manuales de historic joh, la tremenda
bondad del Padre Las Casas!- a toda la
raza india que poblaba las grandes An.
tillas.
El espafiol, muy pronto y sin saberlo,
iba a incorporar a la escena un nuevo
factor de supervivencia: para el indio y
para 61 mismo en el tr6pico. Iba a traer
y trajo al negro. A la inocencia fatalista,
pasiva, del indio, se le agregaba la dis.


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cola sensualidad del africano. A la for.
zada mezcla de espafiol y de indio, sucede
ahora la de negros e indios, la de espa-
holes y negros, y 6sto en toda la gama
de submezclas posibles. El espafiol, que
domina, queda arriba de la escala como
indice obligatorio de sangre y de cultural,
pero, de abajo hasta arriba, hay una in-
finidad de matices de almas que se pare-
cen cada vez m4s al alma espafola, en la
misma media que fsta, en las Antillas,
se hace parecida a aqu6llas y camina
hacia la comdn confusion.
Sumergido bajo el torrente espafiol,
sumergido bajo la catarata negra, el indio
se esfumina, se borra, pero no puede ha-
ber muerto de la manera tan total, tan
absoluta, tan repentina, tan il6gica, tan
sorprendente, como se asegura con tan
unanime convicci6n. El mulato de las
grandes Antillas, el mulato actual, tan
superiormente distinto de todo lo que en
otras parties es product seguro de blanco
y de negro, con exclusi6n de toda otra
posibilidad racial, es la mejor prueba.
Viajando por tierras de Centro America,


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especialmente por tierras y caminos de
El Salvador, donde el mestizaje ha sido
casi exclusivamente product de espafol
y de indio, me he asombrado de compro.
bar profusamente la existencia de innu
merables rasgos comunes con las classes
campesinas antillanas, rasgos comunes
que muchas veces van mas alli de lo visi-
ble y de lo fisico para entroncarse en
posiciones psicol6gicas identicas.
Compruebo el hecho cierto y agrego:
he considerado al negro como el mis vital,
el mas fundamental, vehiculo de super=
vivencia del indio en las Antillas y, al
mismo tiempo y en la misma zona, como
el mas vital, fundamental, vehiculo de
supervivencia para el espafiol. De todos
ellos ha surgido el mulato, con una ilimi-
tada escala de gradaci6n de pigmento,
superiorisimo a cualquiera de los tres en
el marco de sus islas, especialmente adap.
tado a su clima, especialmente adaptado
a su lucha, especialmente adaptado a su
vida.
No creo que el process de formaci6n
del mulato se operara con igual ritmo en


- 23-







todas las grandes Antillas a la vez. En
Sanfo Domingo, la historic puede acelerar
el ritmo, retenido en Cuba y Puerfo Rico
por prejuicios raciales que fomentaba la
colonia tardia en extinguirse. La presen-
cia de un enorme nucleo negro en Haifi,
mano a mano con la Republica Dominicana,
no la utilize ahora como refuerzo de mi
creencia: con o sin Haifi, el negro reple-
taba las Antillas y en su pleamar arras-
traba consigo todo lo suyo y todo lo que
encontr6 en su camino.
Ahora bien, el mulato antillano, pro-
ducto en proporciones distintas, de la
inercia india, del deseo hispano y del fu-
ror negro, 6no guard nada en su alma
de los factors que asi lo hicieron possible
y diferente?
El negro, en las Antillas, no ha cam-
biado de clima, casi no ha cambiado de
paisaje. Si acaso ha habido algin cambio
para 61, este debi6 haber sido como la
demostraci6n palpable de que existia un
mundo como el que sofiaron en las no-
ches de la Guinea y del Dahomey. Por
eso el negro antillano no se produce nun-


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ca con el vencimiento-espolvoreado de
Biblia Protestante-que trasciende de los
-Spirifuals. del negro de los Estados Uni.
dos, donde siempre hubo en el aire un
Scottsboro possible. El negro antillano
nunca dio motives para una ,Cabana del
Tio Tom,. Fue esclavo, pero rebelde siem.
pre. Las murallas de la primera Ciudad
de America, Santo Domingo, no s6lo se
estremecian por corsarios y pirates. Es-
tuvieron, desde que comienza la esclavitud,
temblando por la possible cercania de negros
cimarrones. En 1522 fue la primera
sublevaci6n negra, nueve anos antes de
que Enriquillo, el cacique indio, se rindie.
ra en las montafias del Baoruco, despu6s
de larga y victoriosa resistencia contra los
espahioles, por gestiones directs del Rey
de Espafia, con mas de cuatro mil de sus
compatriotas.
El negro se siente en su casa. Da
todo lo que tiene, pero se posesiona de
todo lo que necesita. Ha traido su mundo
de ritmos, de supersticiones y de suefos,
pero saquea la mitologia cristiana en be-
neficio de sus propios ritos. El voudou


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haitiano tiene casi todos los santos del
calendario cristiano y lo mismo el Addhigo
cubano. 6Qu6 le quit6 al indio que tenia
una mitologia much mas accessible y un
fetichismo much mis ingenuo? Pocos se
han preocupado por averiguarlo'.
Mantiene su vigencia en El Salvador
una leyenda india: la del fantasma feme=
nino que se aparece al viajero en el paso
de los rios, en las fuentes y en los lagos.
La Ciguanaba. La misma leyenda la te-
nemos los dominicanos en nuestras tierras
del Cibao: la Ciguapa. Y es casi el mis=
mo nombre. 6La recogi6, entire nosotros,
el espaiol o el negro del indio? Y 6de
las otras leyendas, de las otras supersti=
ciones indias de Am6rica, que existen
vivas y perduran en fierras antillanas,
quien diri la clave?
Y el negro, gran maestro del ritmo,
gran conquistador de ritmos, que saquea
todo lo espafiol puesto a su alcance, Gno
harA lo mismo con el ritmo indio que
ya se parecfa al suyo y que se le ofre-
cia mAs fAcil, mas a la mano? El Doctor
Eduardo Snnchez Fuenfes piensa que "es


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indudable que las indias, mancebas de los es.
panoles. arrullaron a sus pequehos hijos con
sus sencillos canfos", pero se detiene al
borde mismo de su afirmaci6n, sin agre.
gar otra cosa, sin descubrir que con el
simple enunciado de ese becho irrefuta.
ble estaba ya en el camino ancho para el
descubrimiento de mayores verdades.
Un inmenso surtidor de mdsica brota
de las Antillas. Los entendidos la clasi=
ficaran dentro de los rigidos moldes pre=
conocidos, contaran el nAmero y el orden
de sus compases, buscaran por los igno-
tos caminos de su filiaci6n, los origenes
remotos. Pero la musica estA ahi, viva y
diferente y en ruta para la eternidad, el
zapafeo, la guajira, el punfo, la conga, la
rumba, el fango congo, la comparsa, la con=
fradanza, la danza, el danz6n, el bolero, el
son, la criolla, la guaracha, el preg6n, la
canci6n, la mangulina, la fumba, el meren=
gue, la gallumba, afuna, la media tuna, el
carabin' el guarapo, el galer6n, los seises,
a plena! Todo eso comin ya a todas las
Antillas, trasegado de una tierra a otra
(como fuera el c6lebre son cubano llevado


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desde Santo Domingo por las negras libres
Teodora y Micaela Gings, alli por el 1590)
y todo natural a la colectiva emoci6n
antillana.
Pero, hay algo que, desde el mismo
moment inicial del conflict de razas,
venci6 y se impuso: el idioma. No en
balde habia Espana, en el mismo afo del
Descubrimiento, asegurado su idioma, con
la Gramitica de Nebrija. Este domino
del idioma, no obstante el echo haitiano,
es definitive y no es en vano que las
Antillas, con ]a Universidad de Sanfo Tonids
de Aquino, en Sanfo Domingo (1538), con=
quistan primacias y supremacias culturales.
SEs la debilidad de Espafa la que trae al
francs y con 61 se da el caso ins6lito del
6xito del mAs grande acodo de pueblo que
registra la historic: Haifi. Es la misma
debilidad la que trae al ingles, estable-
cido en Jamaica al ir huyendo de una
derrota en costas dominicanas.
Si la mdsica queda libre de ir bus.
cando sus propios caminos, el pueblo se
express en espafiol, piensa en espafiol,
aunque ya no puede SENTIR como es-


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pafiol. Si las Antillas han sido desde
siempre un pueblo que baila, desde siempre
ha sido el espafiol un pueilo que canta.
El mulato, co6io el -fifT6ioesT bin unau
raza que, para repetir el decir de Ferndn=
dez de Oviedo, "baila canfando".
El torrente espafol sobre las Antillas
fue-y 6sto hay que tenerlo muy en cuenta
-tambi6n un formidable torrente de can-
ciones. De ahi viene casi toda nuestra
poesia popular: la copla, la tonada, la dB-
cima, la nana, los juegos, las adivinanzas,
readaptada al paisaje o asimilada toda
entera. No es especialmente brillante lo
que habremos innovado en esa material,
pero tampoco hacia gran falta innovar,
porque Espafa nos regal6 un cantar para
cada ocasi6n.
Lo dice bien claro el an6nimo espafiol:
Tengo mi cuerpo de coplas
que parece an avispero:
s empujan unas a ofras
por ver cual sale primero!
Fl6rida Nolasco, en su libro wLa Mlsica
en Sanfo Domingo y Ofros Ensayos, trae


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el siguiente interesante dato: "En 1597
remiten de Sevilla con destino a Sanfo Do=
mingo una considerable carga de libros y de
mdsica: mdsica sagrada y mtsica profana.
"Pedro Alcozer Vezino de Sevilla que frae
cargados en la nao nombrada Saff. Yosseffe
de buena venfura Mesfre Hyeronymo de Za=
mora que va alla isla Espadola los libros
abajo declarados para dar y enfregar en la
Ciudad y puerfo de Sanfo Domingo a Marco
Anfonio Sabbio y en su ausencia a Balfasaar
Sepulveda... en balls nueve y una caxa
grande"... "En la n6mina de los libros,
contin6a Fldrida Nolasco, se bace menci6n
de obras de capilla y de cuafro resmas de
coplas". "Cuafro resmas, dice, era igual a
dos mil pliegos!"
En esos dos mil pliegos de coplas, sin
contar mis, cabian ya casi toda la poesia
popular de las Antillas y casi toda la
poesia popular de America.
iQue ha quedado de esa poesia en las
Antillas? Todo, como todo ha quedado
en el resto de Am6rica.
Si buscamos entire los *Romances Po=
pulares y Vulgares-, de Chile, recopilados


- 30 -








por don Julio Vicufna y Cifuenfes, o entire
los cRomances Sacados de la Araucana-, de
don Josd Toribio Medina, empezaremos a
darnos cuenta de que es vieja la confusion
en saber qu6 fue lo que nos vino de Espaia
o qu fue lo que naci6 aqui. En las An.
tillas, estamos mAs tranquilos a ese res=
pecto: el peso de aquellos dos mil pliegos
de coplas no se olvida tan ficilmente.
El nifo antillano, con la flexibilidad
de su alma mulata, no ha sentido la ne-
cesidad de hurgar demasiado en el mis-
terio de sus cantos ancestrales:
Mahana es domingo
de vara y pend6n,
se casa la Reina
con Juan Barrig6n...
iQuien es ]a madrina?
Dona Catalina...
o tantps y tantos otros:
-SeAora Santa Ana,
ipor qud l]ora el nino?
-Por una manzana
que se le ba perdido...


- 31 -







Las corfinas del palacio
son de ferciopelo azul,
y enfre corfes y corfinas
se paseaba an andaluz...

--Don Juan de la Casa Blanca!
-iQue manda el senior?
-iCuanfos panes bay en el horno?
Veinficinco y an quemao ...

Dona Ana no esfa aqutf
ella esfi en su vergel
abriendo la rosa
y cerrando el clavel...

Esfaba la margarita
senfada a la orilla del mar
y vino la finforera
y la quiso devorar!...

Mambrli se fu a a a guerra.
iOQu dolor, qug dolor, qud pena!
Mambrd se fud a la guerra
iy no sd cudndo vendrd!...

todos ellos que hablan de cosas que estAn
lejos de ser corrientes en su vida, pero,
quizA por eso mismo, satisfacen la infantil
ansia de aventura, de suefio, de impossible


- 39 -







y de poesia. La madre o el padre saben
que son cosas de "los fiempos de Espaia" y
sonrien... mientras en la clara noche anti-
Ilana sube hasta el cielo el puro canto de
los nifios, el turbio son del bong6 negro
y la Ciguapa india lava en el arroyo sus
largas trenzas negras.
Subyugado por este aspect de la
cuesti6n-la confusion existente-quiero
referirme al -Cancionero de Anfioquia,
del colombiano AnfonioJose Resfrepo, uno
de los mAs profusos ensayos de recopila.
ci6n realizados en Am6rica. Centenares
de los versos que trae, eran corrientes en
Espafia antes del Descubrimiento, son
corrientes desde entonces en las Antillas
y circulan por toda Am6rica con o sin
variantes.

En Antioquia:
El amor de las mujeres
es como el del gallinazo.
que en comigndose la care
al hueso no le hace caso.


- 33 -








En Espafia y en toda America:

El amor de las mujeres
es coma el de las gallinas,
cuando falfa el gallo viejo
cualquier pollo se le arrima.

El amor de las mujeres
es lo mismo que l'albabaca,
que mds ligero refoia
cuanfo m6s hojas se arranca.

El amor de las mujeres
lo compare al alacrdn,
cuando ven al bombre pobre
alzan la cola y se van.

Las mujeres son
como las naranjas
unas salen dulces
y ofras salen agrias.

Las mujeres son
como las avispas
si las suelfan vuelan
si l'apriefan pican.


- 34 -







Consider Resfrepo que esta copla es
antioquefia:
Ahora que esfoy alegre
y no sienfo la pobreza,
alzo las manos al cielo
y me rasco la cabeza.

Ernesio Morales trae esta version ar-
gentina:
Ya no fengo mds remedio
pa la pobreza
que alzar los ojos al cielo
y rascarme la cabeza.

Flhrida Nolasco da esta version, co.
rriente en las Antillas, pero espafiola:
Cuando un pobre se enamora
y un rico se le afraviesa
sale el pobre por la puerfa
rascdndose la cabeza.

Resfrepo consider antioquena la si-
guiente:
Eres cbiquifa y bonifa,
eres como yo fe quiero:
me pareces becbecifa
de manos de buen platero.


-35 -







Flrida Nolasco trae la misma con lige.
risima variance:
Eres chiquilla y bonifa,
eres como yo fe quiero
y pareces hechecifa
de manos de buen plafero.

Pero hay otras variantes en Espafia y
en America:
Eres chiquifa y bonifa
eres como yo fe quiero:
pareces campanillifa
becha a manos de un plafero.

Delgadifa de cinfura
como junco marinero,
ni eres alfa ni eres haija
eres como yo fe quiero.

Me parece indtil seguir citando ejem=
plos. Consider mejor, citar las palabras
siguientes de Menendez Pelayo: "La poesia
popular espanola, con ser lo mds casfizo que
exisfe, es al mismo fiempo lo mds universal,
y no se le puede esfudiar a fondo en una
region deferminada sin que esfe esfudio di=
funda nueva laz sobre foda la poesia de la


- 36 -







raza y aun sobre foda la poesia del g6nero
humano"
En un libro rebosante de ternura, de
Humberfo Diaz Casanueva, ,Selecci6n de
Poemas para Ninos-, encuentro todavia
muchas cosas que me sirven. Diaz Casa=
nueva copia muchas de las vnanas, que
reproduce en su libro, del de Vicuia y
Cifuenfes ya citado.
A la rurrupaia
que pari6 la gafa,
cinco burriquifos
y una garrapafa.

En dias pasados, en una conferencia
en la Escuela Normal de Maestras de San
Salvador, el Padre don Luis Niefo, aconseja-
ba a las madres salvadorefias no abando-
nar sus antiguos cantos de cuna y, entire
otros, todos espaioles, les recordaba:
Arrurra ninifo
ya nacid la gafa,
cinco barriquifos
y una garrapafa.


- 37 -







Diaz Casanueva cita como corriente en
Chile:
Duermefe, ninifo,
duarmefe por Dios,
por los capachifos
de San Juan de Dios.
La misma en El Salvador:
Dormife mi niho
que fengo que bacer:
lavar fus manfillas
senfarme a coser.
En las Anfillas:
Duarmefe, mi ninfo
dugrmefe por Dios,
si id no fe duermes,
jc6mo me hard yo?

Dudrmefe, nino,
duermefe ya,
que vendrd el coco
y fe comera.
Cantan los ninios en Chile:
Arroz con leche
me quiero casar
con una nihifa
de Portugal.


-38 -








Con isfa si,
con isfa no,
con dsfa si
que me caso yo.

En El Salvador:

-Papd, mama,
me quiero casar,
con una muchacha
que sepa bailar.

--Casafe conmigo
que yo fe dard
zapatos y medias
color de caf.

En las Anfillas:

Arroz con leche
se quiere casar
con una viudifa
de la Capifal,
que sepa coser,
que sepa border,
que sepa poner fagaja
en su lugar.


- 39-







Comn a casi toda la America:
Esfe nihifo pidi6 un buevifo.
isfe lo puso a asar,
esfe le ech6 la sal,
isfe lo sazon6
y dsfe se lo comid!...
Al cMarfin Fierro-, el formidable poe=
ma argentino, le revientan tambi6n por
todas parties los cantares espainoles, los
proverbios, las leyendas. Es el torrent
espafiol que en todas parties tuvo igual
impetu. Emilio Rodriguez Demorizi, en su
libro La Poesia Popular Dominicana*, se
asombra de haber oido, en las mAs abrup.
tas serranias de nuestra patria, el siguiente
cantar:
Naci6 la garza en la espuma
del mas cristalino charco,
para subir a lo alfo
hizo remo de sus plumas!
Se infiere de todo 6sto que yo pre=
tenda negar la existencia de una poesia
popular autenticamente antillana? No.
Esa poesia estA abi, demasiado viva, de.
masiado active, casi demasiado sobre-


- 40 -







abundante, para sofiar siquiera ponerla
en duda. Pero, ante todo, 6qu6 cosa es
poesia popular, esa "sinfesis de fodas las
poesias", al decir de Becquer? 6Es popular
todo lo que adquiere popularidad? No
me satisface completamente la afirmaci6n
de Men6ndez Pidal cuando asegura que
"si una poesia fiene mdrifos especiales para
agradar a fodos en general, para ser repe=
fida much y perdurar en el gusfo public
basfanfe fiempo, es ya obra popular." Eso
parece querer sugerir ya una trayectoria
artificial de la poesia de afuera hacia
adentro del alma de las masas. Si fuera
exactamente asi, gran parte de la poesia
mas ramplona de America fuera ya poe=
sia popular y la poesia popular verdadera
se distingue propiamente por eso: por su
ausencia de ramploneria, por su captaci6n
ingenua, simplista si se quiere, de la be-
Ileza, pero captaci6n segura y rapida. Una
d6cima, una cuarteta, un verso solo, pue-
den despertar tantos ecos en el alma del
pueblo ecos de recuerdo, ecos de ale-
grfa, ecos de pena como jamAs lo soisara


- 41 -







la ambici6n del autor o como jams los
despertaron en el alma de ese mismo
autor. El pueblo sabe lo que es suyo, lo
que se identifca con su alma. Lo que ya
estaba allf. Puede ser que camine por
abi repitiendo cosas repelentes, a veces,
pero 61 sabe que esa no es su poesia, que
ni siquiera es la poesia, y en la primera
ocasi6n se desprende de todo lo also, lo
deja caer, Io olvida. Como al nino, lo
salva siempre su intuici6n. Al nifio pue.
den imponerle, en la escuela, toda esa
atentatoria poesia, que, a su intenci6n,
se est patri6ticamente elaborando a toda
hora y el nifio la aprende y la repite...
en la escuela. Pero, cuando las classes
terminan, cuando ya es niflo otra vez y
libre, voIveri siempre a la maravilla de su
Esfaba la pdjara pinfa
seafada en el verde lim6n.
con la pafa coge la rama,
con el pico coge la ilor...
Algo que demuestra el instinto seguro
del pueblo, es el dato siguiente, de muy
fcil comprobaci6n, aportado per Fterida


- 42 -







Nolasco: en las Antillas ha sido y es fre-
cuente que se adapten las palabras de una
poesia popular a ritmos musicales de los
grandes maestros, asi como tambi6n hay
muchos versos de 1Bcquer, de Zorrilla,
del Marqu6s de Santillana, hasta de Goe-
the y de muchos poetas contemporaneos,
acoplados a simples aires populares.
En las Antillas, tierras donde vientos
y oleajes de pasiones han formado tantas
tempestades, donde fres razas chocaron tan
violentamente, donde ha sido tan grande
la fuerza del odio y del amor, donde el
pueblo ha sido tantas veces arrastrado
al sufrimiento, a la miseria, a la guerra,
donde se fundieron tantas almas, tantos
cantos, tantos ritmos, tenia que florecer,
hija de su circunstancia, de su paisaje,
una profusa, pero honda, entrafable poe-
sia popular.
Para el pueblo antillano, la historic
repercute siempre en cantares. Asi, en
mi pais, frente a las vicisitudes hist6ris
cas, surgi6 esta cuarteta:


- 43 -







Ayer espabol naci,
a la farde efiope fui,
boy dicen que soy francis,
ino s6 qud serd de mi!
Pero, ha sido, precisamente, por el canto
por donde esa poesia ha buscado su mis
seguro camino de expresi6n. La pulpa
del cancionero antillano, sus tres inmorta-
les dimensions de belleza, no caben ya
en un simple recuento, ni yo intentaria
tan inclito esfuerzo. Estin ahi los can=
tos antillanos: hace tiempo que desborda.
ron las orillas del mar Caribe, circunva=
laron ya todas las tierras, inundan todas
las almas. Son la pura esencia de la
poesia popular antillana.
Poetas populares, de los que no lie=
varon su expresi6n al canto, pero que
fueron ellos mismos verdaderas cajas de
resonancia de los sentimientos populares,
han florecido con magnifica abundancia en
nuestras tierras: desde el sutil improvisa.
dor mordaz, el decimero audaz y melanc6lico,
hasta los enormes poetas que fueron pue-
blo ellos mismos, porque en ellos el pueblo


- 44 -







encontr6 siempre la formula exacta que
reclamaban sus necesidades y su espiritu.
Volkmenes se han dedicado a esa pro.
ducci6n. Con erudita cautela, en mi pais,
la Repurblica Dominicana, Emilio Rodriguez
Demorizi ha dado a la publicidad el pri=
mer tomo de su ya citado libro Popular Dominicanas: formidable tarea la
suya para desglosar lo autentico de lo que
no lo es.
Para alzar el velo sobre la poesia po-
pular antillana, escojo, deliberadamente,
dos grandes, dos gloriosos nombres, de mi
pais: Meso M6nica y Juan Anfonio Alix.
Cada uno de ellos Ilena su Apoca. El
primero, copiado, desfigurado, readaptado,
deshumanizado, reencarnado, pertenece
ya a la tradici6n americana. El segundo,
dominicanisimo, popularisimo, plebeyisi.
mo, pertenece ya, integro, a nuestro folk.
lore.
Meso M6nica, negro, florece en la Ciu=
dad de Sanfo Domingo de Guzmdn en el
siglo XVIII. Se trata de un negrito de
came y hueso, zapatero de oficio, analfa.
beto, asiduo asistente, sin embargo, de las


- 45 -







catedras de la Universidad de Sanfo Tomas
de Aquino, muy amigo de curas, de arzo-
bispos y doctors. Nadie lo ba inventado:
el minucioso y respectable investigator
Fray Cipriano de Utrera encuentra en el
archive de Nuestra Catedral Primada de
Indias, el acta de su matrimonio: todos
los personajes que figuran en sus versos
son personajes de care y hueso familia-
res a la historic dominicana. Rodriguez
Demorizi le encuentra parecido con aquel
Anf6n de Monforo, el Ropero de C6rdoba,
sastre judio, considerado Rey del Donaire
en el siglo XV. Asegura, ademas, que
puede compararsele a los bardos chilenos
L6pez y Mujica y al peruano Caviedes.
Meso M6nica ests casi olvidado en
Santo Domingo. En la Ciudad Trujillo
actual, su poesia es apenas recuerdo vago
de ancianos o preocupaci6n de eruditos.
Pero muchas de sus mis brillantes sali-
das pertenecen ya al folk-lore de Amb-
rica con paternidad mas o menos inven-
tada en cada caso.


- 46--







Un dia por casualidad
de fomar las once bube,
y sin saber como anduve
me anduve por la ciudad;
pero en fal conformidad
que yo no so c6mo andaba
que aunque la fierra pisaba
yo me pensaba fal vez
que iba dando el paspibs
por los balances que daba...
No parece que el Maesfro M6nica "na=
dara en la abundancia", a pesar de sus
tantas y altas amistades. Con much fre-
cuencia hace alusi6n a su miseria y a su
condici6n humilde:
Arisf6feles decia,
fil6sofo muy profundo,
que en la redondez del mundo
no exisfe cosa vacia.
Mienfe su filosofia
segan lo que a mi me pasa:
61 no senfara fal basa
y lo contrario dijera
si boy al mediodia viera
las cazuelas de mi casa.
De una muchacha, que un dia compete
la audaciaw de pedirle siete pesos... se
defiende el Maestro en catorce decimas.


- 47 -







Entresaco algunas como muestra de su
ingenio de facil versificador:

Una muchacha frigdefa
de alfo porfe y alfivez
que enfre las frigdehas es
la archipoda pedigdena;
que en pedir fanfo se empeia
al rico y al miserable,
al rigido y al afable
con an mismo pedir mide,
fodo lo que es dable pide
y aun pide lo que no es dable.
Esfa un recado me envi6
pidiendome siefe pesos...
iQuidn nunca vid fal exceso,
ni fanfo pedir oy6?
Siefe pesos no los vi6
ninguno de mi linaje:
fuera del honor ulfraje
si yo siefe pesos diera;
fuera un hombre vil y fuera
el pr6digo mds salvaje...

Siefe pesos no son mas
que el nzmero de sagrados
sacramenfos, desfinados
a darnos eferna paz;
siefe pesos, tas con tas,
son, en nrmeros iguales,


- 48 -







los pecados capifales,
y siefe son, iob que espanfo!,
de Dios Espirifu Sanfo
los ones espirituales.

El siefe es a la malilla
ndmero de gran valor
y en la pichincha el mayor
ndmero, al siete se bumilla.
Sin siefe no se hace villa,
octavao ni uno, ni cienfo,
ni millares, iob porfenfo
del siete!, y gue una mujer
pida siefe! iPuede haber
an mayor afrevimienfo?

Caforce dicimas pudo
boy mi musa discurrir,
para gue, al siefe pedir,
dos siefe sirvan de escudo.
Que me defend no dado
contra el poder que arremefe.
iQue victoria me promete
la musa en esfa ocasidn!
Pues los fales siefe son
no site, sino resietel
Es del Maestro M6nica esta sitira, de
gran celebridad y que aparece inserta en
el *Museo Epigramdfico, Colecci6n de Epi=


- 49 -







gramas, Decimas y Sonefos Selecfos* public=
cada en Madrid en el siglo pasado:
Si el lego que sirve fiel
al Padre Sofo fuviera
ofro lego, y esfe fuera
much mds lego que aqual
y escribiera en an papel
de esfraza manchado y rofo
de toda ciencia remofo
un serm6n, esfe sermon
seria sin comparaci6n
mejor que el del Padre Sofo.
Su abundante producci6n, su desen=
fado notable, su peculiar gusto por las
cuestiones sagradas y hasta cierto ribete
de pedanteria y erudici6n que le viene
de su trato con gentes de Universidad y
de Iglesia, su picaresca toda que se le
acrecienta acaso por su posici6n de homn
bre un poco al margen de la sociedad en
que vive, dan a este poeta de nuestro
siglo XVIII un inconfundible valor como
indice cierto de la modalidad de su 6poca
y de la sociedad por la cual pasa, modesto
y muchas veces insultado, Ileno de talent
y de risa.


- 50 -







Juan Anfonio Alix es el mis grande de
nuestros poetas populares, uno de los mas
grandes de Am6rica en su g6nero, un
representative perfect del alma popular
dominicana. Su vida es la realizaci6n plena
de un hombre de su 6poca, soldado, camo-
rrista, embrollador, procaz, picaro. Perte=
nece a una distinguida familiar, y es blanco,
pero, nadie como 61, ni antes ni despubs,
ha sido tan pueblo como 61 y cuando yo
digo pueblo, lo hago a sabiendas de todo
lo ingrato que, a veces, puede encerrar
esa palabra.
Humorista notable, hombre sin con-
vicciones-las tenia todas-su desenfado
puede Ilegar y llega casi todas las veces,
a la mas cruda pornografia y si en ella no
se queda es porque lo salva a tiempo su
talent y su divina intuici6n. Vive de
sus versos, pero no de la mendicidad po6e
tica tan corriente en el tr6pico. Al mer-
cado iba con su cabeza siempre Ilena de
versos para todas las ocasiones: campesi.
nos y hasta politicos compraban sus me-
jores arguments rimados de aquella mina
inagotable. Juan Anfonio Alix regresaba


- 51 -







a su casa con dinero siempre. Su arti-
culo, su industrial, su comercio, su venta,
era un puesto mas en el mercado del pue-
blo, jpero maravilloso mercado aquel donde
un poeta tenia tienda abierta con todo
un pueblo por clientele!
So producci6n ocuparia muchos volu-
menes, de los cuales s6lo uno hay publi-
cado y publicado con un espiritu de se-
lecci6n pedestre. A ella y al poeta, le
ha dedicado un apasionado estudioJoaquin
Bala.uer en su libro *Atul en los Charcos,.
Notables studios tambi6n sobre el mismo
tema ban sido escritos por Jose Ram6n
L6pez, Rafael Vidal y Emilio Rodriguez
Demorizi.
El poeta muri6 en 1917, despu6s de
haber vivido setenta y cuatro afos. Du.
rante esa larga vida consagrada al ince.
sante afAn de cantar, no ocurri6 un solo
suceso en la vida dominicana que no fuera
resenado por 61, con burla leve o sarcasmo
tremendo, en sus d6cimas que brotaron
inconteniblemente durante todo el tiempo.
Su burla, a veces, puede adquirir acento
desgarrador y estatura prof6tica. Asi,


- 52-







cuando los importados acordeones, Ilegan
a poner en fuga y a relegar al olvido
nuestros wcuafros* y fipleso, Juan Anfonio
Alix finge bendecir a la firma commercial
que los trajo:

Que Dios bendiga a Belfrdn
y fambien a Bernabi,
porque nos ban fraio con qud
ponerno md jaragdn...

para llorar un poco mas lejos, en lengua
de inigualada ternura, con el 16xico ele-
mental de nuestros campesinos, la victoria
del tan frecuente snobismo:

Los cuafro y los fiplesifos
galanos como ecofeefas,
ya md nunca irdn a flefas
en fund de retasifo...

Se definfa a si mismo de la siguiente
manera:
Como Alix Anfonio Juan
gana la vida canfando,
en nada se anda fijando
para conseguir el pan.


- 53 -







Lo mds que decir podran
es que ayer canf6 a un firano
y boy le canfa al ciudadano
Jiminez, noble caudillo,
pafriofa probo y sencillo,
prez del pueblo quisqueyano.
Yo le canfo al Padre Eferno
le canfo a Dios y a sus sanfos,
a los demonios y a cuanfos
habifan en el infierno.
Lo mejor de su producci6n, lo que yo
quisiera citar aquf, lo que lien6 de rego=
cijo durante tantos afos a su pueblo-y
lo Ilena todavia-se refiere a hechos tan
particularmente nuestros que perderfa
forzosamente su interns y su gracia. Otra
gran parte esta escrita en el lenguaje ex=
clusivo del campesino de nuestras tierras
del Cibao y su pronunciaci6n tan especial
]a haria dificilmente comprensible. Mu-
chas de sus mejores d6cimas, las escritas
para burlarse de los haitianos, estan es.
critas en forma bilingfie, utilizando una
barbara terminologia, mitad criolla domi-
nicana, mitad rpafoisw haitiano.


- 54--







He aqui, sin embargo, de la manera
como trata un tema, bastante universal:

Dice don Marfin Garafa,
personaje de alto rango,
que le gusta much el mango
por ser una frufa grafa.
Pero freparse en la mafa
y verse en los cogollitos,
en apuros infinifos,
como eso es fan peligroso
ei encuenfra mds sabroso
coger los mangos bajifos.

Don Martin dice fambi6n
que le gusfa la casfaha,
pero cuando mano ecfrana
la saca de la sarftn.

Por eso la suerfe ingrafa
de la patria no mejora,
porque muchos son ahora
como don Martin Garafa,
que quieren meterse en plafa
ganando cuarfos mansitos
y empunar buenos empleos,
que son fodos sus deseos
coger los mangos bajifos.

Un problema antillano, la ascendencia
negra, le sugiere este comentario:


- 55 -







Como hoy la preocupaci6n
a mds de una gene abruma,
empleare mi dibil pluma
para darles una lecci6n.
Pues esfo en nuesfra nacidn
ni buen resulfado deja:
eso era en la "Espaha vieja"
segdn desde nifo escucho,
pero aqui abunda much
el negro fras de la oreja.
El blanco aqui fuvo abuela
fan priefa como el carb6n:
nunca de ella bace menci6n
aunque le peguen candela.
De la parienfa Fulana
el pelo siempre se mienfa,
pero nunca la pimienfa
de la tia doaa Zufana.
Por ser may blanca se afana
y del negro hasfa se aleja
nublando siempre la ceja
cuando aquil a hablarle viene,
porque se cree que no fiene
el negro fras de la oreja.
Abora la gene dique
llama a esos preocupados,
los bizcochuelos lusirados
con melado de alambique.


- 56 -







Y, por Dios, que causa pique,
career que hay genie coneja
que por cdndida ha olvidado
que aqui no hay persona vieja
que no fenga remachado
el negro fras de la oreja!
Pero, muy por debajo de esa poesia
socarrona, popular, populachera, en la cual
el pueblo encuentra todo lo que le hace
falta para su gusto innato de la critical
y de la burla, por el mis profundo sub.
suelo del alma del pueblo antillano, por
regions que 61 muchas ignora, repta otra
poesfa de oscuro sentido, herm6tica y ra-
ras veces confesada abiertamente, enig.
matica y cerrada, cabalistica y confusa,
pero honda de ritmos sordos, prefiada de
misterio. Poesia de la nodhe, pero de la
hosca noche que oscurece el bong6, que
tiembla en el miedo sin fin de las supers-
ticiones, de la noche caliente y hdmeda
donde el sapo y el grillo escuchan el sil.
bido de la culebra, mientras el clave deja
oir su agria voz incansable de madera
seca.


- 57 -







-iQu, animale son eso?
(Sdmbara Culemba.)
-Amo, yo la maia...
(Sdmbara Culemba.)
-Le mira su dienfe...
(Sdmbara Culemba.)
-E le mira so solo...
(Sdmbara.Culemba.)
-La culebra ya muri6.
(Calabas6-s6-s6.)
-iy quidn fue que la maf6?
(Calabas6-s6=s6.)
Es la negra flor de ritmo bArbaro que
emana del rito. Es el voudou haitiano y
el ndiigo cubano. Son Papd Legbd, Ougin
Badagris, Wangol, Damballa Oueddo, Ayida
Oueddo... son Yemayd, Babuyui=Ay, Oba=
fald, Shang6... todos juntos en el cielo
aborigen de Louquo, en el furei con san-
tos cristianos y cemis caribes.
jLa culebra negra! Es ella la que sil-
ba en la nodhe, la que pone himedos ruidos
de pavor en la viva inquietud de las selvas,
sintesis y simbolo de alguna remote cien-


- 58 -







cia, zumo de la vida, del miedo y de la
muerte. Estara presence siempre, innom-
brable, maldecida como en el parafso, pero
nunca olvidada: para ella destila ponzofia
el alacrAn y crece en la tierra enemiga
la rafz del veneno, por ella el zombie
haitiano pasea por campos y caminos su
olor mojado de tumba fresca. Por ella
tiembla la boquita morada del niflo negro
en el fondo sofocante de las dcozas:
Mamifa, mamifa,
yen, yen, yen.
que me come la culebra.
Menfira, mi negra,
yen, yen, yen,
son juegos de mi fierra,
yen, yen, yen.
Tierras del amor y del ritmo, del mie-
do y de la muerte. Suda el hombre blanco
sin acabar de comprender por qu6 esti
ahi; lo ahoga la sospecha tremenda de su
fatal desintegraci6n, lo sofoca el sentido
de su impotencia contra algo invisible que
escapa a su rabia, a su audacia, a su
convicci6n de dominador: suda y tiembla.


- 59 -







iIslas! iIslas! Suda el negro y rie. Los
alisios vendran a secarle la piel y a borrar
de sus espaldas, poco a poco, las huellas
del hierro colonial. El rio, lentamente,
ira lamiendo sus tobillos hinchados toda=
via por los grills rotos hace tiempo. El
negro rie.
Por los horizontes de los cafiaverales
danzan litigos crueles y palabras amargas.
El mulato ni suda, ni tiembla, ni rie: el
mulato piensa:

Yo vi a Sabds, el negro sin veneno,
pedir su pan de puerfa en puerfa.
iPor qud. Sabds, la mano abierfa?
(Esfe Sabds es an negro bueno.)
Aunque fe den el pan, el pan es poco,
y menos ese pan de puerfa en puerfa.
iPor que. Sabds, la mano abierfa?
(Esfe Sabds es un negro loco.)
Yo vi a Sabds, el negro hirsufo,
pedir por Dios para su muerfa.
ZPor que, Sabds, la mano abierfa?
(Esfe Sabds es un negro brufo.)
Coge fu pan, pero no lo pidas;
coge fu luz, coge fu esperanza cierfa,
como a un caballo por Ias bridas...


- 60 -







Pldnfafe en medio de la puerfa,
pero no con la mano abierfa
ni con fu mirada de loco:
aanque fe den el pan, el pan es poco,
ly menos el pan de puerfa en pueria!
jCaramba, Sabds, que no se digal
Sujieafe los panfalones,
y mira a ver si fe compones
para educarfe la barriga.
La muerfe, a veces, es buena amiga,
y el no comer, cuando es precise
por no comer el pan sumiso,
fiene belleza. El cielo abriga,
el sol calienta. Es blando el piso
del portal. Espera un poco;
afirma el paso irresolufo
y afloja mds el freno...
iCaramba, Sabds, no seas fan loco,
Sabds, no seas fan bruto,
ni fan bueno!

Ha bablado Nicolas GuillIn. Su poe.
sia, honda de sentido augural, es segura=
mente la mis bella rama brotada del co-
pioso arbol del ritmo antillano, que tiene
sus races clavadas en tan hondas tierras
de dolor, de sangre y de esperanza. Poesia


- 61 -







de alma mulata, de alta expresi6n blanca,
que se queda anclada en la nocturna en.
senada de la pena negra.
En Guillen, el ancestro blanco no es
una tortura. Tampoco un orgullo:
Sombras que s6lo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.
Lanza con punta de hueso,
fambor de cuero y madera,
mi abuelo negro.
Pie desnudo, torso pifreo
los de mi negro;
Ipupilas de vidrio anfdrfico,
las de mi blanco!

Un gran poeta negro de Haifi, Jules
Roumain, en distinta posici6n spiritual,
blasfema contra el abuelo blanco:
Y el blanco que fe hizo mulafo
es solamenfe an copo abandonado lejos
como salivazo en la cara del rio.

Distinta tambi6n su posici6n de la que
adopta el gran Langsfon Hughes, el poeta
mulato norte americano:


- 62 -







Un blanco fue mi padre
y mi madre una negra.
Si maldije a mi padre
refiro mi blasfemia.
Si maldije a mi madre
y le deseed l inferno,
abora desearia
que se encuenfre en el cielo.
Madre muri6 en su choza
y padre en an palacio.
iD6nde morire yo,
sin ser negro ni blanco?

Guillin es, sin duda alguna, el poeta
antillano que mAs adentro ha ido en busca
de la verdadera entrania de los ritmos y
de las ideas que ya forman una invisible
pero real superestructura de nuestros pue-
blos. Precursor, en esta apasionada area,
es quiza Luis Pales Mafos, el puertorrique-
fio, autor de aquella tan conocida Canci6n
Fesfiva para Ser Llorada*, que comienza:
Cuba, dfiigo y bachafa.
Haiti, voudou y calabaza,
Puerto Rico, burundanga.
Marfinica y Guadalupe
me van poniendo la casa.
Marfinica en la cocina
y Guadalupe en la sala.


- 63 -


___. ___.___








Marfinica hace la sopa
y Guadalupe la cama.
Buen calll, Marfinica,
que Guadalupe me aguarda.
iEn qud lorifo aprendisfe
ese pafud de melaza?
A la francesa resbalo
sobre tu care mulafa
que, a falfa de pan fu forfa
es priefa gloria anfillana.
He de fraerfe de Haiti
an C6nsul de arisfocracia,
Conde del Aro en la Oreja
Duque de la Mermelada...


Manuel del Cabral, dominicano, author
de < Pil6n, aDoce Poemas Negros-, .La
Biografia de Un Silencio, Tr6pico Negro.,
todos de amplia repercusi6n en America,
ha sentido, tambi6n intensamente, las in=
terminables posibilidades del tema. Suyo
es este poema aNegro sin Nada en Tu Casa.:
Yo fe he visfo cavar minas de oro-
negro sin sierra. Yo fe be visfo sacar
grandes diamanfes de la fierra- negro
sin fierra. Y como si sacaras a pedazos
fu cuerpo de la sierra, fe vi sacar car=
bones de la fierra.


-64--







Cien veces yo fe he visfo echar semillas
en la sierra negro sin sierra. Y siem=
pre fu sudor que no fermina de caer en
la sierra. Tu sudor fan anfiguo, pero
siempre fan nuevo fu sudor en la sierra.
Agua de fu dolor que ferfiliza mds que
el agua de nube. Tu sudor. Tu sudor.
Y fodo para aquel que fiene cien cor=
bafas, cuafro coaches de lujo, y no pisa
la sierra. S6lo cuando la tierra no sea
fuya, serd fuya la sierra.

En mi libro wCanciones del Liforal
Alegre*, dedicado en gran parte a estam.
pas de la vida antillana, bago este ensa.
yo de captaci6n del ritmo que todos lleva-
mos dentro, en aBanquefe de Negros en el
Muelle de la Noche-:
En el banquefe del muelle
se esfdn comiendo la luna
los negros,
con dienfes de la canci6n.
Vinieron de islas lejanas,
los negros,
en balandros de aguardienfe,
por meridianos de fuego,
los negros
de islas de sal y cicl6n.


-65-







Los frajo el vienfo salad:
los negros ya no se van,
se esfan comiendo la luna
con dienfes de la canci6n.
Buena sandia la luna
para el banquefe de negros
en el muelle de la noche
-hamaca dulce y calienfe-
canci6n,
rifmo de jarcia reseca.
crujir de palo de proa,
los negros ya no se van.
Con vienfos de la formenfe
esfd inflado el acorde6n,
el volcdn de Marfinica
esfd en el frago de ron,
frueno de noche de fr6pico
rodando va en el fambor.
Almas de negros alegres
esi n legando de lejos...
y aguas de quillas ancladas
dan compds a la canci6n...
M uchos otros nombres podrian citarse,
sin olvidar nunca a Regino Pedroso, mitad
negro, mitad chino, ni a Emilio Ballagas,
autor de una bellisima CCanci6n para Dor.
mir a un Negrifo* y de aquella a Comparsa
Habanera. de la que cito la primera estrofa:


- 66 -







Se asoman los muerfos al canaveral.
En la noche se oyen cadenas rodar.
Rebrilla el reldmpago como una navaja
que a la noche conga la care le raja.
Todos demuestran-en Paerfo Rico, en
la Republica Dominicana, en Cuba-que
muchos hombres estin sintiendo de ma-
nera singular la fuerza particularisima de
su posici6n en la vida y que buscan su
expresi6n por los caminos todavia miste-
riosos de un laberintico abolengo espiri-
tual, desesperadamente fieles a su paisaje,
trAgicamente obedientes a voces todavia
sin rumbo, sueltas en la noche y el suefno.
Todos ellos podrian demostrar que quizA
no sea falsa en todes sus aspects la pre-
cipitada division que de America hace
Luis Alberfo Sdnchez, en tres zonas po6ti=
cas, cuando dice: "Denfro de esa acfifud
esencial de desacomodo y desrumbo aparecen
fres fendencias que casi podria decirse se li=
mifan a fres grupos nacionales: el negro sen=
sual, colorisfa, dindmico, sonoro; el ausfral
fenso, material, descubridor de lo romdnfico
y el del indigena mefafisico, infelecfivo o
concepfual"...


- 67 -







Luis Alberfo Sdnchez, menos precipi.
tado, hubiera dicho mejor, zona mulafa-,
porque es en el mulato donde se realize esa
maravilla de sinfesis que es el alma anti=
lana y es por el mulato por donde hay
que remontar para comprender como, si
tenemos fisonomia diferente, si nuestro
canto suena agrio o extrafio, es en su
misterio donde deben buscarse las races
que de manera tan profunda, nos atan
geograflca e hist6ricamente a America,
dejindonos todavia algo que es s61o nues-
tro y que atn no hemos terminado de
explorar...
*
,*

Por razones de lugar y de tiempo he
tenido que limitarme en estos Apuntes
a indicar-y 6sto hasta muy ligeramente
-los grandes cardinals dentro de los
cuales se original, se desarrollan y viven
dos tan salientes aspects de la modalidad
antillana.
La poesia popular, afianzada medular-
mente en el romancero, con el romancero


- 68 -







vivo todavia en su fondo y en su super.
ficie, en el nuevo paisaje ni muere ni se
desmedra; su vitalidad, su inmortalidad,
le permit sumarse asuntos y acentos
nuevos. Se desvia constantemente por
los caminos del comentario, empujada por
el acontecimiento o la pasi6n political, pe.
ro es mal 6se comdn a todas las tierras
de Am6rica donde el pueblo ha sido siem.
pre involuntario protagonista de todas las
tragedies. 5e salpica de sarcasmo y de
procacidades muchas veces, porque tam.
bien la copla ha sido durante lustros la
inica forma de diatriba accessible al pue.
blo o la dnica forma de invectiva que
nunca pudieron prohibirle completamente.
Pero, en todas las ocasiones, se le encuen-
tran al ingenio popular las jugosas y
siempre frescas races del romancero, pro.
clamando el esplendor de su estirpe.
El alma cantora del pueblo antillano,
estremecida de abajo a arriba por el
impulso de tres razas, logra adquirir sen.
tido de particular orientaci6n cuando es-
tas tres razas, sacudidas por la historic,
produce la actual raza antillana, inmen-


-69-







so rio que va para el mar del future
confundidas en sus aguas las remotas
fuerzas de sus afluentes.
Las Anfillas tuvieron, ciertamente, y
pueden tener todavia, grandes poetas que
no correspondent en manera alguna a la rea=
lidad antillana y que parecen escapar para
siempre de la intima esencia de su drama.
No ha sido mi intenci6n tocarlos. Al
saltar de la poesia popular a ala poesia
negra,, que no es negra, sino mulata, he
caminado por camino natural y ancho,
pues la nueva poesia estiliza todo lo que
en la otra era presentimiento y se afinca
en los mas hondos misterios del ritmo:
el viejo esperanto de las islas.
Con especial cuidado, al traer hasta
estos Apuntes versos de los poetas mu=
latos, desech6 aquellos que pertenecen a
la sorprendente primera 6poca de los des=
cubrimientos: cuando a la poesia se le
dio ingenuo, de la onomatopeya. Probable.
mente, esa fue la 6poca mas autdntica=
mente negra de la poesia mulata y la que


-.70 -







sirvi6 a su instinto para aumentar la ca.
lidad medular de su expresi6n. Guillin,
en su libro West Indies Lfd.- y Hgcfor
Inchausfegui Cabral en sus .Poem's de Una
Sola Angusfia*, ilustran el valor de mi
afirmaci6n. V6ase, tambien, lo que ahora
hacen tantos j6venes poetas antillanos.
En la poesia antillana ya no va a ser
possible que hablen razas aisladas. El
bong6 negro no puede sonar s61o en la
noche, porque la mano que lo golpea a
veces parece blanca sin serlo de una vez
y quiza el dueiio de esa mano repite, sin
saberlo, viejos y sonoros arcanos de los
mitos lucayos.
Y asi, otra vez, las Antillas vuelven
a incorporarse, se ban incorporado ya,
con algo propio, al mis excelso aspect
del idioma. Cierran el cicio que se abri6
en los albores de la colonia, cuando pe-
regrinros nombres de la poesia espafiola
se asomaron al balc6n del Caribe y sin-
tieron su estro revigorizado por el ruti.
lante ambiente de las Islas: Lazaro Be-


- 71 -







jarano, Leonor de Ovando, Tirso de Mo.
lina, que si no llevaron a Espaia el oro
inasible de Cipango, cargaron con ellos
much virgen metal de palabras y de vi.
siones nuevas. Desde entonces, las An.
tillas estin pagando al idioma su tribute
y su diezmo.
Ahora, ademis, estan ofreciendo su
alma.




San Salvador, 8. de junior 1942.

< i .. '


- 72 -































TALLE R E 5
G R A F IC 0 S
CISN ER0S
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