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 Foreword
 La Isabela, primera ciudad Europea...
 La Republica Dominicana: impresiones...
 Mesa directiva del ateneo nacional...






Group Title: Ateneo Nacional de Ciencias y Artes de MÉxico Publicaciones, no. 6-7
Title: La Isabela
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 Material Information
Title: La Isabela primera ciudad europea del Nuevo Mundo; La República Dominicana, impresiones de viajero
Alternate Title: La Republica Dominicana, impresiones de viajero
Physical Description: 77 p. : ; 23 cm.
Language: Spanish
Creator: Carreño, Alberto María, 1875-
Publisher: s.n.
Place of Publication: Mexico
Publication Date: 1945]
 Subjects
Subject: La Isabela (Dominican Republic)   ( lcsh )
Description and travel -- Dominican Republic   ( lcsh )
Genre: non-fiction   ( marcgt )
 Notes
General Note: Cover title.
General Note: At head of title: Publicación de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00074020
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000684761
oclc - 23158062
notis - ADM5798

Table of Contents
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    Foreword
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    La Isabela, primera ciudad Europea del neuvo mundo
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    Mesa directiva del ateneo nacional de ciencias y artes de Mexico para los asos 1945-1948
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Full Text







ATENEO
ART


NATIONAL
ES D E


DE
M


CIENCIAS
E X IC


PUBLICATION DE LA SECRETARIA DE RELACIONES EXTERIORES





Nos. 6 y 7





LA ISABELA
PRIMERA CIUDAD EUROPEA DEL NUEVO MUNDO


REPUBLICAN DOMINICANA
IMPRESIONES DE VIAJERO


ALBERTO MARIA CARRENO


LA
"*i





















LA ISABELA
PRIMERA CIUDAD EUROPEA DEL NUEVO MUNDO



LA REPUBLICAN DOMINICANA
IMPRESIONES DE VIAJERO


r*i












RIMERIC4





















L Ateneo celebro su conferencia reglamentaria
el 30 de Agosto de 1945, sustentdnidola el Sr. Prof. Dn.
ALBERTO MARIA CARRERO con el tema:
"LA ISABELA.- Primera Ciudad Europea del
Nuevo Mitndo".
El mismo conferenciante sustento bajo los auspicios
del Ateneo, su Conferencia.
"LA REPUBLICAN DOMINICANA. -Impresio-
nes de Viajero", el dia 31 de Enero de 1946.
A ambas Conferencias asistio select y nutrida con-
currencia, altos funcionarios, Miembros del H. Cuerpo
Diplomdtico, siendo invitado de honor el Excmno. Sr.
Lic. Dn. Gustavo Julio Henriqlues, Embajador de la Re-
publica Dominicana, personal de la E~iblyada y Miem-
bros de la Colonia residents en .et5 (.itoat,


'















'i




La Isabela, Primera Ciudad Europea del
Nuevo Mundo*

SSon las dos de la madrugada del 12 de octubre de
192. En el castillo de popa de una embarcaci6n se
asea un hombre en cuyo rostro advertirianse, si hu-
iera luz, huellas bien claras de constant insomnio;
*ero aun cuando el firmamento luce inndmeras estre-
,as, todo. en rededor es oscuridad, oscuridad intense.
Durante el dia los viajeros habian tenido "mds
alta y brava mar de la que habian traido todo el via-
je" (1); pero al caer la noche era mas tranquila, y en
medio de aquella tiniebla s6lo se oia, al golpear de las
olas contra los maderos de la nave, el crujir de los
gruesos mAstiles en cuyas velas se destacaba la cruz,
Nimbolo de redenci6n.
Aquel hombre recio de cuerpo, pero mas recio de
espiritu, deteniase de cuando en cuando y con mira-
da intense procuraba escudrifiar el horizonte perdido
casi entire aquella impenetrable masa de sombras. De
pronto un grito trat6 de escaparsele de la garganta,

*Conferencia sustentada ante el Ateneo Nacional de Ciencias y
.Artes de Mexico la noche del jueves 30 de Agosto de 1945, en la Sala
de Conferencias del Palacio de las Bellas Artes.
(1) Se ha torado por guia a Fr. Bartolom6 de las Casas, amigo
personal de Crist6bal Col6n y poseedor de sus libros, de sus manus-
critos y pianos.
-5-










pero su fuerte voluntad lo ahoga, y s6lo se esfuerza en
que sus ojos miren mas y mejor. Una luz, una luz "ce-
rrada o afiublada" habia roto la tiniebla, y no podia
provenir sino de cercana tierra; y tierra precisamente
esperaba encontrar desde hacia various lustros, pero de
modo especial desde el dia 3 de agosto de aquel afio,
en que con dos carabelas, ademAs de la suya, habiase
lanzado a mares desconocidos, en busca del reino del
Gran Khan.
Sus ojos, sin embargo, podian ser presa de una
nueva ilusi6n y discretamente llama a Pero Gutierrez,
repostero de estrados del Rey, le sefiala aquella lum-
bre, y Guti6rrez la advierte de igual modo, aunque no
sucede igual con Rodrigo Sanchez de Segovia, veedor
de toda la armada a quien ha Ilamado tambien.
El hombre que habia visto primero aquella luz no
dud6 ya mis: habia realizado parte al menos de sus
ensuefios, habia encontrado tierras no conocidas por
europeo alguno, y pocas horas despues tocaria una de
las islas que forman inmenso collar para adornar un
cuello: el grandiose Golfo o Seno Mexicano, unido al
Mar Caribe.
Al descubrimiento de una isla sigue el de otras;
enfila despu6s las proas de sus naves al Poniente, las
desvia luego al Sur, y tras de 16 dias de navegaci6n en
mar abierta, lega a la mayor de las islas que ha des-
cubierto, la denomina Juana y cree que es todo un con-
tinente y que ha llegado al Catayo a que se refiriera en
su correspondencia con Col6n el fisico florentino Maestre
Paulo.
No hay rastros, sin embargo, del Gran Khan; los
exploradores que envia a tierra encuentran que los po-
bladores se alojan en mejores habitaciones que las que
han visto hasta alli; son a manera de alfaneques o


-6-




*2' *C?". -


tiendas de campafia, pero aun cuando se ven limpias
y bien aderezadas, no son siquiera de cal y canto, sino
de ramas de palma y aparecen sin concerto y sin for-
mar calls.
Col6n, que tiene noticia de que en el misterioso
reino del Gran Khan existen el oro y las perlas y las
piedras preciosas, ha ofrecido a los Reyes en abundan-
cia llevarselos, y por ello interroga y vuelve a interro-
gar a los indios que a su paso va encontrando, y todos
ellos le indican que debe seguir hacia el Oriente don-
de es tal y tan grande la abundancia del oro, que la
gente de aquella tierra lo coge de noche en la playa,
alumbrAndose con antorchas, y despues lo convierte
en cables, ayudAndose con martillos. (2)
Ante noticias tan halagadoras, el Almirante man-
d6 levantar anclas a fin de seguir la direcci6n que se
le indicaba; pero el ansia de oro iba a provocar la pri-
mera escisi6n entire los espafioles mismos, ya que Mar-
tin Alonso Pinz6n, que tiene la nave mis velera, La
Pinta, abandon subrepticiamente a Col6n para Ilegar
antes que otro alguno a donde un indio ofrecele llevar-
lo y en donde hallarA oro abundantisimo.
Era el mircoles 5 de diciembre cuando lleg6 cer-
ca de las costas de lo que llam6 La Espafiola; pero por
ser casi de noche no quiso acercarse demasiado y or-
den6 a Vicente Yafiez, que mandaba La Nifia, carabe-
la mejor capacitada para ello, que bien de mafiana exa-
minara las condiciones del mis pr6ximo puerto; pas6
la noche barloventeando, esto es, evitando que su bar-
co se entregara al dominio del viento, y despues de des-
cubrir otra isla, que llam6 Tortuga, el dia 6 entr6 en
el puerto que denomin6 San Nicolas.

(2) Las Casas, Historia de las Indias, Vol. I., p. 241.


-7-











El nuevo descubrimiento deja a Col6n estupefac-
to; ya Cuba le habia arrancado exclamaciones de ad-
miraci6n, pero La Espafiola se las arranca vehementi-
simas por sus montafias que le parece que tocan el cie-
lo, por las vegas que alcanza a ver y que le parecen
sin igual, cosa que afirmari a los Reyes.
El dia 12 de diciembre plant una cruz y se da a
recorrer las costas; se pone en contact con el primer
cacique o rey de la region; rescata el primer oro pro-
cedente de la isla, y se aleja en medio de las manifesta-
ciones de buena voluntad de los numerosos aborigenes,
cuya desnudez indica que la malicia y perversion del
viejo mundo no les alcanza todavia, y que han Ilegado
a ver tan extrafios series que acaso, acaso, han venido
del cielo.
Avanza mas, y otro gran senior, el Rey Guacana-
gari, que mas tarde no s6lo ha de mostrarse amigo, si-
no que ha de obrar como tal, enviale mensajeros pi-
di6ndole que lo visit; Col6n ofrece hacerlo y se dirige
a los dominios de aqu61. Cerca de media noche, vispe-
ra de Navidad, la carabela Santa Maria se detuvo en
un puerto que el Almirante bautiz6 con aquel nombre
que tanto dice a los cristianos. La fecha seria para 61
inolvidable.
Dos dias y una noche levaba sin dormir; las emo-
ciones sucedianse sin cesar, produci4ndole mayor fati-
ga y exigi6ndole reposo; y al ver que la mar esta del
todo tranquila, resuelve buscar 6ste en su camara.
Era esta sobria y several por extreme: el madera-
men mismo de la embarcaci6n da elements para un
sencillo decorado; por moblaje tiene una mesa que lo
mismo le sirve a Col6n para escribir su diario y former
sus cartas de marear, sentado en plegadizo escabel
que remata un cojin sin adorno alguno, que para me-


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ditar, puestos los codos sobre aqu6lla para sostener la
cabeza euyos pensamientos vagan desde los dias llenos
de amargura en Lisboa y en Granada y en Sevilla, has-
ta el moment en que una lejana luz, apenas percepti-
ble a la distancia, le habia convertido en realidad sus
mAs cars ensuefios.
Un pequefio arc6n guard ropas e instruments de
navegaci6n; de uno de los muros pende el escudo que
muestra unidos los dos reinos de Castilla y de Le6n, y
la espada que jams su duefio tefiiri en sangre, per)
que debe tener consigo en serial de su autoridad de
Gran Almirante. Un modesto lecho recoge el fatigado
cuerpo del marino durante las noches; y un farol que
pende del que pudiera considerarse techo artesonado,
con su escasa luz ayuda mAs que a velar, a provocar el
suefio. El mAstil de popa, un grueso arbol sin labrar,
recuerda que aquella cAmara forma parte de una primi-
tiva carabela. (3).
La Noche Buena va a ser malisima para Col6n; el
marino a quien este encarga el cuidado de la nave, lue-
go que comprende que su senior esti dormido, decide,
a su vez, retirarse a dormir.
La mar estA en calma, es cierto, pero no en grado
tal que no pueda arrastrar la embarcaci6n, y un golpe
de aquella y la impericia del grumete la arrojan sobre
un banco de arena.
El choque del barco al encallar y las altas voces
del grumete pidiendo auxilio, despiertan a Col6n, que
cs el primero en acudir; se da cuenta del peligro; hace

(3) Este intent de descripci6n se basa en la reproducci6n de
la Santa Maria por el Ministerio de Marina Espafiol en 1931. Vease
Exteriores e Interiores de la Carabela Santa Maria, nave almirante
utilizada por Crist6bal Col6n en el viaje que determine el descubri-
miento del Nuevo Mundo. Madrid, Heralmi, Ed.


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que al moment vengan los tripulantes y dicta cuantas
medidas seguramente habrian salvado la nave; pero la
marineria, presa de pinico, huye en gran parte y no
ejecuta lo que se le ha mandado.
El Almirante, aun sin darse todavia cuenta de es-
to filtimo, envia a Diego de Arana y Pero Guti6rrez en
demand de la ayuda de Guacanagari y 6ste acude con
gran copia de gente; bajo la direcci6n del primero se
salva cuanto es possible de lo contenido en la nave; pe-
ro 6sta no servird ya mis; un nuevo golpe de mar la
arroja de trav6s y la hiende y la destruye.
Pudiera decirse que por milagro s6lo salvaronse
Col6n y quienes'no lo abandonaron; pero este hombre
dispuesto siempre a sobreponerse a la adversidad, apro-
vecha aquella coyuntura para entablar amistosas rela-
ciones con el Rey Guacanagari, que en aquel contra-
tiempo mostr6se el colaborador mis eficaz del desco-
nocido extranjero en desgracia.
Pero la condici6n de 6ste, a pesar del salvamento
de la carga de su carabela no podia ser mis precaria.
Martin Alonso Pinz6n habialo abandonado; la Santa
Maria estaba destruida, y solamente podia disponer de
La Nifia, gobernada por Vicente YAfiez. Era indispen-
sable que los Reyes que le habian confiado aquella
empresa supieran que no habia fracasado; que habia
llegado a lo que 61 consideraba la Provincia de Catayo
y ahora estaba en la que suponia Cipango. Urgia, en
consecuencia, volver a Espafia; llevar las pruebas de
los descubrimientos; y resuelve hacerlo, pero tambi6a
volver ya no como simple explorador de lo desconoci-
do, sino a poblar y colonizar aquellas tierras.
Surge entonces un problema; debe partir con to-
da su gente, o debe comenzar a ejercer sefiorio'sobre

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!o descubierto, dejando quienes realicen una posesi6n
real?
Se decide por esto iltimo; cambia impresiones con
los suyos y treinta y nueve de ellos aceptan quedarse;
y d6nde mejor que alli, en Navidad, donde el Rey
Guacanagari tan patentes muestras de buena voluntad
les habia dado?
Sintiendo que el coraz6n agitado queria salirsele
del pecho, hizo que la ya infitil nave almirante fuera
definitivamente desbaratada para utilizar su madera
en la construcci6n de un fuerte que sirviera de ampa-
ro i dbil amparo a fe! al puiiado de valientes que de-
bian reconocer por jefes, en orden sucesivo a Diego de
Arana, que recibia todos los poderes del Descubridor;
en su falta a Pero Gutierrez, quien con 6ste vi6 la d6-
bil lumbre que fue serial de cue por fin habian Ilega-
do a la tierra que horas despues anunci6 Rodrigo de
Triana; y si tambien Gutierrez faltara, a Rodrigo do
Escobedo, a quien Las Casas juzga sobrino de Fray
Juan Perez, el religioso que tan eficazmente sirvi6 a
Col6n en la RAbida. Entre los 39 habia un cirujano, el
primero de su profesi6n que hubo en el Nuevo Mundo
y de quien s61o conocemos el primer nombre: Maestre
Juan.
La angustia del Almirante al ver deshecha la em-
barcaci6n que le habia permitido realizar sus ensue-
nos, se acrecentaba al pensar en los peligros que podian
correr aquellos hombres, sobre todo si se dejaban ven-
cer por dos elements que a las veces suelen convertirse
en los peores enemigos de los series humans: las an-
sias desordenadas de riquezas; los apetitos en ocasio-
nes incontenibles de la came. Y si unas y otros suelen
arrastrar hasta el crime; la defense de la care y la
riqueza hasta el crime suele llevar tambien.


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Col6n bien comprendia que la tentaci6n era gra-
ve, se aseguraba la abundancia de oro en diversos lu-
gares de la isla, y las mujeres con inocencia mostraban
su desnudez. Por ello, antes de partir exhort al grupo
de hombres que en Navidad se quedarian a que fueran
cautos y prudentes y evitaran todo exceso que trajera
consigo las iras de los aborigenes. /:;
Y el dia 4 de enero de 1943 emprendi6 el regreso,
no sin recorrer adn las costas y descubrir lo que design
con los nombres de Monte Christi, Puerto de Plata y
Golfo de las Flechas; y lleg6 a Espafia despu6s de sal-
var el escollo human que consistia en el despecho del
Rey de Portugal, que habia perdido los frutos de, aque-
llos descubrimientos; escollo que pudo ser peor que el
banco de arena en que se perdi6 la Santa Maria.
Los honors lo cercan ahora, como antes los des-
precios; pero mas que el recibir aqu6llos le interest or-
ganizar la segunda expedici6n que ha de ser, segin
cree, la realizaci6n definitive de sus esperanzas de en-
grandecimiento, ya que sera el Virrey de las Indias.
Los Reyes cooperan eficazmente. Nombran Capi-
tdn General de la flota y de las mismas Indias a An-
tonio de Torres, hermano del-ama del Principe don Juan;
como Contador a Bernal de Pisa; por Veedor a Diego
Marquez; por Capitdn de la gente de guerra a Fran-
cisco Pefialosa; y entire los -particulares debe recordar-
se en primer lugar a Diego Col6n, hermano del descu-
bridor, y a Pedro de las Casas, padre del celebre defen-
sor de los indios y luego Obispo de Chiapas, Fr. Bar-
tolom6 de las Casas, que es tambidn sobrino del Capi-
tan Francisco Pefialosa.
A Fr. Bartolom6 debemos el conocer las figures
principles que viajan con el Virrey y que fundarin la
primera ciudad del Nuevo Mundo. De Sevilla lo acom-


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pafian Alonso Perez Martel y Francisco de Zdiliga;
Alonso Ortiz y Francisco de Villalobos; PerafAn de Ri-
vera y Melchor Maldonado; Alonso Malaver y Pero
HernAndez Coronel, que ejerci6 las funciones de Al-
guacil Mayor de la isla.
De la Casa Real fue Juan de Lujin; de Madrid, el
Comendador Gallego y el Comendador Arroyo; Sebas-
tian de Campo Gallegos y Rodrigo Abarca; Mizer
Guirao y Pedro Navarro; el aragonds Mosen Pedro Mar-
garite; el regidor de Baeza Alonso Sanchez de Carva-
jal, y aquel mozo que tanto habia de sobresalir y que
mandaba como capitan una de las naves: Alonso de
Hojeda. Todavia el cronista recuerda a "un Gorvalin,
mancebo muy esforzado, y un Luis de Arriga, natu-
ral de Verlanga, persona de esfuerzo y de prudencia
(y) otras muchas personas notables..." (4).
Mil quinientos noventa entire "grandes y chicos"
forman la nueva expedici6n que Ilevaba a Fray Buil y
unos cuantos religiosos y cl4rigos que entendieran en
material eclesiAstica, y que partieron de CAdiz en diez
y siete naves, no sin haber antes jurado en presencia
de un crucifijo y las manos puestas en un misal, fideli-
dad a los Reyes y al Virrey en su nombre, y respeto y
sumisi6n a sus justicias, asi como "mirar por la Hacien-
da Real" (5). Era el dia 25 de septiembre de 1493.
El Almirante desvi6 ahora el rumbo del primer
viaje, y lo desvi6 con fruto, porque descubri6 nuevas
islas, nuevas joyas de aquel riquisimo collar de que se
habl6 antes; ahora fueron las que llam6 Dominica, Ma-
rigalante -nombre de su carabela- Guadalupe y San
Juan (Puerto Rico), sin contar el archipidlago que de-
nomin6 Las Once Mil Virgenes.

(4) Casas, Op. cit., pp. 3t0-8.
(5) Loc. cit., p. 309.


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El 27 de noviembre Ilega a la entrada del puerto
de Navidad, y la ausencia de alguno, por lo menos, de
los que ansiosos habrian de acudir a las playas para
encontrar a quienes venian a poner termino a su sole-
dad, le hace presentir un desastre. En cambio una ca-
noa llena de indigenas se acerca a las embarcaciones
hispanas, y a los gritos de "iAlmirante, Almirante!"
sigue la petici6n de verlo; recibelos con afecto; y pre-
guntindoles "por los cristianos, que era lo que le do-
lia, respondieron que algunos eran muertos de enfer-
medad y otros se habian ido la tierra dentro con sus
mujeres y aun con muchas mujeres".
La riqueza y la came y acaso mAs la came que la
riqueza habian dado fin a los primeros pobladores del
Nuevo Mundo. Bien lo comprendi6 asi Col6n; obsequi6
con algunas menudencias a los nativos que le llevaron
ia noticia; les entreg6 algunos presents para el Rey
Guacanagari, y como la noche lo cubria ya todo con
sus sombras, aguard6 al dia siguiente para investigar
jo ocurrido.
El 28, efectivamente, penetr6 en el puerto y con
intense amargura vi6 el fuerte quemado, algunos uten-
silios rotos, alguno que otro vestido destrozado; y al
ampliar la pesquiza, once cadAveres: ocho cerca de la
fortaleza y tres en el campo.
i Qu6 hondo sacudimiento spiritual han de haber
experimentado aquellos expedicionarios que habian aban-
donado sus casas, sus haciendas, sus familiares, para
ir en busca de bienestar, de oro y de perlas en un mun-
do desconocido antes, y apenas al llegar encontraban
destrucci6n y niuerte y podredumbre!
En tanto que ansiosos buscaban nuevas huellas
que pudieran aclarar lo ocurrido, vino un hermano de
Guacanagari, acompafiado de un grupo de indigenas que


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algo habian aprendido de espafiol y "dijeron, que lue-
go que el Almirante se parti6 dellos, comenzaron en-
tre si a refiir e tener pendencias y acuchillarse y tomar
cada uno las mujeres que queria y el oro que podia ha-
ber, y apartarse unos de otros; y que Pero Guti6rrez
y Escobedo mataron a un Jacome, y aquellos con otros
nueve, se habian ido con las mujeres que habian tora-
do y su hato a la tierra de un senior que se llamaba Cao-
rabo... (6) senior y rey muy esforzado de la Magua-
na....el cual los mat6 a todos diez u once; dijeron
mis: que despues de muchos dias vino el dicho Rey Cao-
nabo con much gente a la fortaleza, donde no habia
mAs de Diego de Arana, el capitan y otros cinco que
quisieron permanecer con 61 para guard de la forta-
leza, porque todos los demas.se habian desparcido por
la isla, y de noche puso fuego a la fortaleza y a las ca-
sas donde aquellos estaban, por ventura en la fortaleza,
los cuales huyendo hacia la mar se ahogaron. El Rey
Guacanagari sali6 a pelear con 61 por defender los cris-
tianos; sali6 mal herido de lo que no estaba sano...'
(6).
Guacanagari mand6 pedir a Col6n que lo visitara,
ya que sus heridas por defender a los espafioles tenian-
lo imposibilitado de moverse; hizolo el Almirante; re-
firi6le aqu6l cuanto habia ocurrido, lo cual concord6
con las noticias que en distintos lugares recogieron los
espafioles, y se hicieron mutuos obsequios.
iHecho penoso! A pesar de que el Rey adn sufria
de las heridas que recibi6 por defender a los espafio-
ies, Fray Buil y various de los expedicionarios pidieron
a Col6n que lo aprehendiera. Por suerte, en esta ocasi6n
se sobrepuso el buen juicio, ya que se neg6 a verificar-

(6) Op. cit., p. 314.


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lo, respondiendo: "que pues que los cristianos eran
muertos, que la prisi6n del Rey Guacanagari ni los po-
dia resucitar, ni enviar al paraiso si alli no estaban..."
(7) Esto sin contar que el hecho provocaria quizA la
ira de los amigos de aqu6l y ella se convertiria en un
obstaculo para los prop6sitos de los Reyes de Espaiia
y de los mismos expedicionarios.
De todas maneras, Col6n no quiso ya que se asen-
taran en aquel lugar tragico, que abandon el dia 7
de diciembre y enfil6 sus naves con rumbo al Este, recor-
dando el Puerto de Plata que habia descubierto al diri-
girse a Espafia; lleg6 a 61, pero aun cuando le parec16
"singularisimo", como de pronto juzg6 que no tendria
agua bastante para fundar una poblaci6n, retrocedi6 tres
leguas y encontr6 un sitio "... donde sale a la mar un
rio grande y hay un buen puerto, aunque descubierto
para el viento Noroeste, pero -para lo demAs bueno,
donde acord6 saltar en tierra, en un pueblo de indios
que alli habia; y vido por el rio arriba una vega muy
graciosa y que el rio se podia sacar por acequias que
pasasen por dentro del pueblo, y para hacer tambi6n
en 61 acefias y otras comodidades para edificar. Lo
cual visto, en el nombre de la Sancta Trinidad, dice 61,
que determine de poblar alli, e asi mand6 luego desem-
barcar toda la gerite, que venia muy cansada y fati-
gada y los caballos muy perdidos, bastimentos y to-
das las otras cosas de la armada, lo cual todo man-
c16 poner en un Ilano, que estaba junto a una pefia
bien aparejada para edificar en ella su fortaleza..."
(8).
"... en este asiento -nos dice Fray Bartolom6
de las Casas, cuyo padre fue uno de los fundadores de

(7) Ibid.
(8) Op. cit., p. 316.


-16-












la ciudad- comenz6 a fundar un pueblo o villa que
fue la primera de todas estas Indias, cuyo nombre qui-
so que fuese La Isabela, por memorial de la Reina Do-
fa Isabel, a quien 61 singularmente tenia en gran reve-
rencia, y deseaba mas servirla y agradarla que a otra
persona del mundo". (9)
He aqui la series de hechos y de circunstancias que
produjeron la primera poblaci6n especialmente organi-
zada, que hubo en el'Nuevo Mundo; pero. la vida en
ella no iba a desarrollarse ficilmente. Qu6 sabian aque-
Ilos comendadores, contadores de Castilla y "caballeros
principles" de construir por si mismos sus habitacio-
nes, aunque hubiera menestrales que en la ruda tarea
los ayudaran? Es verdad que, Ilegados en invierno, la
temperature no ha de haberles sido desagradable; pe-
ro a media que el tiempo transcurria y la primavera
y el verano se acercaban, intensificAbase el calor, que
tenia que hacer mas rudo el trabajo. Habia otra cir-
cunstancia mas penosa adn: los viveres eran limitados y
"todos se daban por estrecha orden y media, como co-
sa que se traia de Espafia"; y los de la tierra, especial-
mente el pan, no les eran agradables.
Y sobrevino lo inevitable: "... comenz6 la genta
tan de golpe a caer enferma y por el poco refrigerio que
habia para los enfermos, a morir tambi6n muchos de
ellos, que apenas quedaba hombre de los hidalgos y
plebeyos, por muy robusto que fuese, que de calentu-
ras terrible enfermo no cayese ... No se escape el Al-
mirante de caer como los otros, en la cama ..." (10)
Hay, por otra parte, una observaci6n del c6lebre
historiador de las Indias, que es irrebatible: "Sobreve-
(9) Op. cit, p. 317.
(9) Op. cit., p. 317.
(10) Op. cit., p. 317.


- 17-












niales a sus males la grande angustia y tristeza que
concebian de verse tan alongados de sus tierras, y tan
sin esperanza de haber puesto remedio, y verse de-
fraudados tambidn del oro y riquezas que se prometi6
. si mismo, al tiempo que acA determine pasar, cada
uno", (11)
Como era natural, la actividad de Col6n no dismi-
nuy6 con tantos contratiempos; mand6 emisarios a ex-
plorar la tierra a fin de conocer sus riquezas agrico-
las y sus condiciones de cultivo, a fin de mejor coloni-
zar, y las minas que pudieran existir; y no descuidan-
do la creaci6n de un gobierno que manejara los asun-
tos de La Isabela, en 24 de abril de 1494 constituy6 en
olla el primer cabildo o ayuntamiento que hubo en el
Nuevo Mundo, y que formaron Diego Col6n como Pre-
sidente, Fray Buil, Pero HernAndez Coronel, Alonso
Sanchez de Carbajal y Juan de LujAn. (12)
Aquella primera ciudad no iba a tener larga exis-
Lencia. Conforme sus pobladores se fueron dando cuen-
ta de que habia tierras mAs propicias para la agricul-
tura, minas de donde extraer el pro codiciado, la fue-
ron despoblando; sobre todo, cuando Bartolom6 Col6n,
hermano del Almirante, que lleg6 a La Espafiola con
nuevos recursos y nuevos pobladores, fund la ciudad
que recibi6 el nqmbre de Santo Domingo, en el -extre-
mo opuesto; en el Sureste de la isla; mas desde antes,
algunos de los primeros pobladores habrian de causar
muy intensas amarguras, que mas se acrecentaron cuan-
do al volver de un segundo viaje a Espafia, encontr6
que Francisco Roldan habia hecho estallar la, rebeli6n,
oliviantando a algunos de los pobladores de La Isabela.

(11) Ibid.
(12) Loc. cit., p. 329.


-18-












He aqui el cuadro que Cristobal Col6n pinta en su
carta a los Reyes fechada en mayo de 1499.
.Muy altos Principes, cuando yo vine aca,
traje much gente para la conquista de estas tierras, los
cuales recibi todos por importunidad, diciendo ellos que
servirian en ello muy bien y mejor que nadie, y era al
jieves, seg(n despu6s se ha visto; porque no venian sal-
vo con creencia que el oro que se decia que se hallaba,
y especerias, que era a coger con pala, e las especias
que eran de ellas los lios hechos liados, y todo a la ri-
bera de la mar, que no habia mas salvo echarlo en las
naos, tanto los tenia cegados la codicia; y no pensaban
que bien que hubiera oro, que seria en minas, y los otros
metales, y las especias en los arboles, y que el oro seria
necesario de cavarlo y las especias cogerlas y curarlas.
Lo cual todo les predicaba yo en Sevilla, porque eran
tantos los que querian venir, y yo les conocia su fin,
que hacia decirles est y todos los trabajos que suelen
sufrir lop que van a poblar nuevamente tierra, de muy
lejos. A lo cual tocos me respondian que a eso venian
y por ganar honra en ello; mas como fuese al contra-
rio, como yo dije, ellos en Ilegando aca, que vieron que
yo les habia dicho la verdad e que su cudicia no habia
lugar de hartarse, quisieranse volver luego, sin ver que
fuera impossible de conquistar y sefiorear esto; y por-
que yo no se lo consent, me tomaron odio y no tenian
raz6n, pues por importunidad los habia traido y habla-
do claro, que yo venia a conquistar y no por volver lue-
go como aquel que ya habia visto otras semejantes y
que tenia cognocida su intinci6n; y asimismo me toma-
ron odio porque yo no los consentia ir por la tierra
adentro, derramados de dos en dos o tres en tres y al-
gunos solos, por lo cual los indios habian muerto mu-
chos a esta causa, por andar asi derramados y mataran


-19-












mas si yo no le remediara, como dije, y Ilegara su osa-
dia a tanto, que me echaran sin debate de la tierra, ai
Nuestro Sefior no lo proveyera". (13)
Y explicada asi la causa de la rebeli6n de Roldan
y de sus partidarios, sigue exponiendo todos los otros
motives de descontento en La Isabela:
"Recibi en esto grande pena, asi como en los bas-
timentos que yo les habia de proveer; y algunos que
no podian dar de comer en Castilla a un mozo, querian
tener aca seis o siete hombres, y que yo se los gober-
nase y pagase sueldo, que no habia raz6n ni justicia
que los hiciese satisfechos. Otros habian venido sin
sueldo, digo (bien la cuarta parte), escondidos en las
naos, a los cuales me fue necesario de contentar asi co-
mo los otros; en manera que desde entonces en mayor
pena con los cristianos que con los indios, (sic) y hoy
en dia no acabo, antes por una parte se ha doblado y
por otra se me alivia. D6blaseme por este ingrato des-
conocidQ Roldan, que vivia conmigo y los que con 61
son, a los cuales yo tenia hecha tanta honra; y a este
Roldan (que no tenia nada) dado en tan pocos dias
que tenia ya mas de un cuento (14) y a estotros que agora
nuevamente se fueron .allegando de Castilla, dado di-
neros y buena compaiiia, asi que 6stos me tienen en
pena. De otra parte estoy aliviado, porque la otra gen-
te siembran y tienen ya muchos bastimentos, e saben
ya la costumbre de la tierra, e se comienza a gustar de
la nobleza della y fertilidad, muy al contrario de lo
que hasta aqui se decia; que career que no haya tierra
en el mundo tan aparejada para haraganes como 6sta,

(13) Reproducida por las Casas en su obra citada, pp. 465-68.
(14) Cuento en Aritmftica es un mill6n. QuizA Col6n quiere
decir que Roldan habia hecho una fortune de un mill6n de marave-
dis; algo mas de $25,000.


-20-










e muy mejor para quien quisiera ayuntar hacienda, co-
mo despu6s dird, por no salir del prop6sito".
Y lo que en seguida asienta nos da a conocer c6-
mo se fue engendrando la intriga y la mala voluntad
contra Col6n en Espafia:
"Asi que nuestra gente vino aca, visto que no po-
dian henchir su cudicia la cual era desordenada, y aun
tanto, que muchas veces he pensado y creido que ella
naya sido causa que Nuestro Sefior nos haya cubierto
vl oro y las otras cosas; porque luego que aca sali al
campo, hice experimentar a los indios cuanto dello
-del oro-podian coger, y hall que algunos que sabian
bien dello cogian en cuatro dias una media que ca-
bia una onza y media, y asi tenia yo asentado con to-
dos los desta provincia de Cibao, y les aplacia de dar
de tribute cada persona, hombre y mujer, de catorce
anos arriba hasta setenta, una media destas que yo
dije, de tres en tres lunas, y le cogi yo este tribute has-
'a que fui a Castilla; y asi que esto tengo yo imaginado
que la cudicia haya sido causa que se pierda. Mas es-
toy muy cierto, que Nuestro Sefior, por su piedad, no
mirari a nuestros pecados, e que en viendo tiempo pa-
ra ello, luego lo volverA con ventaja; la cual gente
nuestra, despues que vido que su parecer no les salia
como tenian imaginado, siempre despues estaban con
congoja para se volver a Espafia, e asi les daba yo lu-
gar que fuesen en cada. pasaje, y por mi desdicha, bien
que de mi hobiesen recibido inucha honra y buen tra-
tamiento, ellos, en Ilegando alli, decian de mi peor que
de un moro, sin dar a ello ninguna raz6n, y me levanta-
ron mil testimonios falsoa y dura esto hoy en dia; mas
Dios Nuestro Sefior, el cual sabe bien mi intenci6n y la
verdad de todo, me salvarA como hasta aqui lo hizo, por-


-21-


~nn~?~T~1~:~i~"l~~"'v- -- -;










que hasta hoy no ha habido persona contra mi con ma-
licia, que no le haya 61 castigado y por esto es bien de
echar todo el cuidado en su servicio, que 61 le dara go-
bierno".
A continuaci6n el Descubridor y poblador del Nue-
vo Mundo sefiala algunas de las quejas que contra 61
se dieron en Espafia por los que volvieron de La Isabe-
la:
"A1ll dijeron que yo habia asentado el pueblo en
el peor lugar de la isla y es el mejor della y dicho de
boca de todos los indios de la isla; y 6stos que esto de-
cian, muchos dellos no habian salido fuera del cerco de
la villa un tiro de lombarda; no s6 qu6 fe podian dar
dello. Decian que morian de sed, y pasa el rio junto por
la villa, aun no tan lejos como de Sancta Maria, en Se-
villa, al rio; decian que este lugar es el mis doliente,
y es el mas sano; bien que toda esta tierra es la mis
sana y de mas aguas y mejores aires, que otra que sea
debajo del cielo; y se debe career que es asi, pues que
en un paralelo y en una distancia de la linea equinoc-
cial con las islas de Canaria las cuales en esta distan-
cia son conformes, mas no en las tierras, porque son to-
das sierras secas y altisimas, sin agua, ni sin fruto y sin
fruto y.sin cosa verde, las cuales fueron alabadas de sa-
bios por estar en tan buena temperancia, debajo de tan
buena parte del cielo, distantes de la equinoccial, co-
mo ya dije; mas esta Espafiola es grandisima, que boja
mas que Espafia, (15) y muy llena de vegas y campi-
fas y montes y sierras y rios grandisimos y otras mu-
chas aguas y puertos, como la pintura della, que aqui
ira, hard manifiesto, y toda populatisima de gente muy
industriosa; asi que creo que debajo del cielo no hay

(15) Es decir, que tiene un perimetro mayor que Espafia.


-22-










mejor tierra en el mundo, Dijeron que no habia basti-
mentos, y hay care y pan y pescado y de otras muchas
maneras. en 'tanta abundancia, que despues de Ilegar
aca, peones que se traen de allA para trabajar aca, que
no quieren sueldo y se mantienen a ellos y a indios que
les sirven, y como se puede tomar por este Roldan, el
cual va al campo y es mAs de un afio con 120 personas,
las cuales traen mAs de 500 indios que los sirven e a to-
dos los mantienen con much abundancia. Dijeron que
yo habia torado el ganado a la gente que lo trujo aca,
y no trajo nadie dello, salvo yo ocho puercas que eran
de muchos; y porque 6stos eran personas que se que-
rian volver luego a Castilla y las mataban, yo se lo de-
fendi porque multiplicasen, mas no que no fuesen su-
yas, de que se ve agora que hay aca dellos sin cuento,
que todos salieron desta cast, y los cuales yo truje en
los navios y les hice la costa, salvo el primer gasto, que
fue de 70 maravedis la pieza en la isla Gomhera. Dije-
ron que la tierra de La Isabela, adonde es el asiento,
que era muy mala y que no daba trigo; yo lo cogi y se
comi6 el pan dello, y es la mas fermosa tierra que se
pueda cudiciar: una vega de 14 leguas de largo y dos
de ancho, y tres y cuatro entire dos sierras, y un rio muy
caudaloso que pasa al luengo por medio della y otros
dos no grandes, asi como muchos arroyos que de la sie-
rra vienen a ellos, ni por pan de trigo cura nadie, por-
que estotro es much mejor para aca y se hace con mc-
nos trabajo". (16)
Y agrega todavia: "De esto me acusaban contra
toda justicia, como ya dije, y todo esto era porque
Vuestras Altezas me aborreciesen a mi y al negocio;

(16) Probablemente se refiere al pan de cazabe hecho con
harina de raiz de madioca.


-23-










mas no fuera asi si el' autor del descubrir fuera con-
verso, porque conversos enemigos son de la prosperidad
de Vuestras Altezas y de los cristianos: maS echaron es-
ta fama y tuvieron forma que Ilegase a se perder del
todo; y 6stos que son con este Roldan, que agora me
dan guerra, dicen que los mis son dellos, Acusaronme
de la justicia, la cual siempre hice con tanto temor de
Dios y de Vuestras Altezas, mas que los delincuentes
sus feos y brutos delitos, por los cuales Nuestro Sefior
ha dado en el mundo tan fuerte castigo, y de los cua-
les tienen aqui los Alcaldes los process. Otros infini-
tos testimonies dijeron de mi y de la tierra, la cual se
ve que Nuestro Sefior la di6 milagrosamente, y la cual
es la mis hermosa y fdrtil que haya debajo del cielo,
en la cual hay oro y cobre y de tantas maneras de es-
pecias y tanta cantidad de brasil, del cual con esclavos,
me dicen estos mercaderes, que se puede haber cada
afio 40 cuentos..."
Grande, muy grande amor le inspira la isla ente-
ra; pero no acepta que haya habido error en adoptar
La Isabela como el primer asiento, porque es, dice: "el
mas id6neo lugar y mejor que otro ninguno de la tie-
rra..."

*. *

Tales fueron los acontecimientos que dieron vida a
la primera ciudad en el Nuevo Mundo; y por el mismo
fundador sabemos que muchos de sus pobladores em-
prendieron el viaje contra la voluntad de aquel, que pre-
vi6 que algunos eran incapaces de soportar las fatigas
y las incomodidades a que necesariamente habrian de
verse sujetos.


-24-




*"'-en 4 --r *' -


ZLa desaparici6n de La Isabela da la raz6n a los
emulos del. clebre genovys? La respuesta no puede ser
afirmativa, cuando se conoce el lugar y la region cir-
cundante hacia el Oriente, tan hermosa, tan rica, y
tan apropiada para el desarrollo agricola. Fu6 causa-
da la despoblaci6n por las admirables vegas que poco
mAs lejos los pobladores descubrieron; por las valio-
sas minas que fueron hallando quienes desalojaban la
poblaci6n naciente, buscando riquezas mis fAciles de
adquirir; la ocasion6 el levantamiento de Roldan, some-
tidb mAs tarde, en virtud de la benevolencia del Primer
Almirante, pero que a muchos hizo alejarse de los lu-
gares agitados por aqu6l.
LC6mo explicarse que La Isabela no se repoblara
despues? Por errors de la Corona de Espafia respect
de toda esa region, cuando dq modo -especial mand6 des-
poblarla para evitar los estragos del contrabando y la
pirateria.
Ahora nosotros ibamos a buscar sus vestigios a fin
de ver que puede restaurarse; que. puede, al, menos,
conservarse; idea que se inici6 en la Segunda Reuni6n
Interamericana del Caribe, celebrada en Ciudad Tru-
jillo, Repdblica Dominicana, en 1940; y cuyo desarro-
llo se confi6 a la Sociedad Colombista Panamericana,
corporaci6n official adscrita al Ministerio de Educaci6n
P6blica de Cuba por decreto-ley N 344 del afio de
1935, pero que comenz6 a funcionar desde 12 de octu-
bre de 1933, realizando importantisima labor cultural,
muy especialmente relacionada con Col6n y con los
paises bafiados por el Mar Caribe, asi como con los
vecinos a 6stos.
No es el de ahora, sin embargo, el primer intent
de veneraci6n de las reliquias de aquella primitive ciu-
dad; que como bien lo dice el investigator e historia-


-25-










dor dominicano, Emilio Rodriguez de Morizi, Director
del Archivo Nacional de su pais, "fue el padre Las Ca-
sas el primero en atribuirle valor simb6lico, importan-
cia hist6rica a La Isabela". (17) En efecto: el cronis-
ta de Col6n y de La Isabela, cuando emprendi6 la cons-
trucci6n del convento de dominicos en Puerto Plata
-en los alrededores de 1526- puso como primera pie-
dra del edificio-una de la fortaleza levantada por el
Almirante, segun el mismo religioso lo refiere.
En 1847 el Sr. Teodoro Stanley Heneken, anglodo-
minicano, daba cuenta al famoso historiador Washington
Irving del estado que entonces guardaban las ruinas, y
le decia:
"Isabela en el dia esta enteramente cubierta por
un bosque, en medio del cual pueden verse todavia
los pilares de la iglesia que a poco se reconocen, algu-
nos restos de los almacenes de la Corona, construccio-
nes que todas fueron de piedra. La pequefia fortaleza
es tambien una ruina important, y hacia la parte del
norte de ella se conserve un trozo de pilar casi com-
pleto, redondo, como de diez pies de altura y del mia-
mo diametro, de muy s6lida construcci6n". (18)
Seis afios mas tarde, Sir Robert Schomburgk en su
Resefia de los Principales Puertos y Puntos de Anclaje
de las Costas de la Repfiblica Dominicana, se refiere )
La Isabela; y al asentar que "se pueden ver ain algu-
nos escombros del castillo y de algunas casas, asienta
esta penosa informaci6n.: "La avaricia de los habitan-
tes no ha respetado estos restos venerables; los muros

(17) Rodriguez Demorizi. La Isabela. Apuntes y Documentos
Memoridum. 20 de mayo de 1945. Copia mimeogrifica. Independien-
temente del interesante studio del autor, son dignos de consult los
documents anexos.
(18) En Rcdriguez Demorizi, Op. cit.


-26-










han sido rotos, y los materials Ilevados a Puerto Plata
y otros lugares para fabricar casas con ellos". (19)
Con motivo de la celebraci6n del cuarto centena-
rio del descubrintiento del Nuevo Mundo, el Gobiernj
Dominicano design una comisi6n que estudiara las rui-
nas, por una parte; y por otra, autoriz6 la construc-
ci6n de un monument, la cual no se verific6.
El Sr. Rodriguez Demorizi en su valioso Memoran-
dum sobre La Isabela, escrito en el mes de mayo il-
timo, reprodujo entire various otros documents el infor-
me de aquellos comisionados; y de este se desprende
c6mo en 1892 las ruinas cada vez habian venido a me-
nos, cooperando ya no s6lo el tiempo y algunos ciuda-
danos dominicanos, puesto que un buque de la marina
de los Estados Unidos se llev6 "una gran piedra labra-
da" que, a juicio de los comisionados, era una de las
bases del fue'rte.
Para la historic de La Isabela, para la historic de
sus ruinas, bien parece reproducirse este fragmento de
dicho informed, suscrito en Puerto Plata a 6 de junior de
1892 por los sefiores Manuel Castellanos, Pedro Villaon
y Valerino, Federico Llinds, I. C., Jos6 B. Mora y Juan
Garrido:
..Desde el instant del dia anterior en que guia-
da por una especie de intuici6n la escudrifiadora mi-
rada de la Comisi6n descubri6 por entire los troncos
apifiados de los Arboles del bosque las lines de unos
cimientos apenas revelados sobre la superficie de un
suelo cubierto primeramente de una gruesa capa de
pedazos de tejas semicilindricas de barro cocido, re-
vueltas coni mezcla de mamposteria, y de otras capas
superpuestas de detritus vegetables, el presentimiento de

(19) En Rodriguez Demorizi, Op. cit.


-27-









que not halldbamos en el sitio hist6rico donde Col6n
y sus inmortales compafieros erigieron ha cuatro siglos
el primer temple cristiano del vasto Continente Occi-
dental nos sobrecogi6 tan poderosamente, de tal ma-
nera, que todos nuestros actos y palabras se resentian
de ello y ponian de manifiesto por la turbaci6n y la in-
coherencia el estado de nuestros animos.
"Habiamos de nuevo comenzado la obra. Mien-
tras dos miembros de la Comisi6n median la distancia
que separa los derruidos edificios entire si y su respec-
tiva y absolute orientaci6n, otros buscando dentro del
gran espacio rectangular descubierto el dia anterior,
tuvieron la fortune de encontrar dos grandes piedras
labradas en cuadro cerca de la puerta de entrada al
edificio por el frente Oeste, apenas removida una de
ellas del sitio en que fuera colocada y a distancia equi-
distante la una de la otra asi como los muros laterales
de 4 metros y una fracci6n, encontrindose seguidamen-
te el lecho o alveolo proporcionado de otras dos piedras
del mismo tamafio y forma que las anteriores, compo-
niendo entire todas por su disposici6n un rectingulo per-
fecto, indicio probable de haber sido las bases de cua-
tro columns o pilastras sobre las cuales sin duda des-
cansab.a el coro.
"Este descubrimiento y otro casi simultineo, el del
cimiento de una pared transversal paralela a 4 metros
del frente opuesto a aquel donde habian aparecido las
piedras y alyeolos referidos, demarcando una linea de
separaci6n del espacio principal del gran sal6n y que
tomamos desde luego por el limited del terrapl6n del
presbiterio, y el hallazgo casual al hacer la excavaci6n
en pesquisa de esta pared de fragments de una mate-
ria mineral pesada y muy brillante, especie de estuco


-28-












metalico de algun altar, no dejaron ya lugar a la me-
nor duda. iEstabamos dentro del sagrado recinto!
"Llenos de una emoci6n indescriptible ante tal
evidencia, profundamente conmovidos, hemos caido sin-
tiendo flaquear nuestras piernas y sin quererlo ni pen-
sarlo sobre la primera piedra a nuestro alcance: sobre
aquellas piedras labradas por la mano de los descu
bridores de un mundo, testigos elocuentes en su mu
dez y reposado suefio de cuatro centuries del poder del
genio y del valor y la fe de nuestros progenitores!
"Minutos de solemne silencio, de recogimiento ab-
soluto fueron aquellos en que, por una especie de fe-
n6meno de 6ptica espiritual,- veiamos a travis de la
bruma de los siglos a aquellos hombres que habiendo
abandonado patria y familiar se afanaban aqui, en este
sitio que ahora pisibamos nosotros, en esta region des
conocida y tan remota, unos en preparar los materia-
les, otros en acarrearlos y otros en fin, los mas enten-
didos, en ir levantando este temple donde dar culto a
la Divinidad bajo cuya 6gida no habian temido cruzar
el misterioso pielago ignoto...! en tanto que los sen-
cillos naturales contemplaban con pueril asombro esos
hombres blancos y barbados que en su ignorancia creian
bajados del cielo, y aquellos vestidos, armas y anima-
les!
"Quidn serd el que no se haya sentido alguna vez
en esa extrafia situaci6n psicol6gica en que, anulado el
imperio de la raz6n y de la voluntad, obramos mecd-
nicamente a influjos de una voluntad que no es la nues-
tra, dominados por una fuerza superior que se apoae-
ra de nuestro ser, nos impele y guia, y que sin dejar-


-29-












nos apenas la conciencia de nuestros actos, se manifies-
ta la protoautora de ellos?" (20)
A pesar de esta extrafia emoci6n de que nos ha-
blan los comisionados, a ellos se debe el piano de las
viejas y venerables ruinas que largo tiempo despubs
habia de servir de admirable instrument para que
otros hombres, venidos no todos de la misma isla que
fue La Espafiola, sino de paises muy lejanos, se entre-
garan a una tarea semejante a la que aquellos realiza-
ron: ir en busea de las huellas dejadas por aquellos
caballeros del siglo XV, que la imaginaci6n popular
afirma haber visto en ciertas estaciones del afio vagar
por La Isabela en solemne procesi6n, para despues de
saludarse gravemente, quitindose con los sombreros las
cabezas, desaparecer entire las sombras ...! Las Casas
di6 a conocer la leyenda. (21)
Mas volvamos al informed que contin6a de esta ma-
nera:
"La voz tremula de uno de nosotros, la del Sefior
Garrido, se dej6 oir rompiendo al fin el imponente si-
lencio que alli reinaba.
"El orador hizo una relaci6n hist6rica del descu-
brimiento, tomdndola en el moment en que un viajero
pobremente vestido, macilento, cubierto de sudor y del
polvo del camino y Ilevando de la mano un nifio, llam6
una tarde a la puerta del convento de la Rabida en de-

(20) Informe que al Presidente de la Junta para la celebraci6n
del Centenario present la Comisi6n encargada de investigar el sitio
que en la Isabela ocupa su iglesia. Reproducido por Rodriguez De-
morizi.
(21) Frederik A. Ober. La Isabela. Traducci6n del Ingl6s por
Juan P. Julia publicada en El Porvenir, Puerto Plata, junior 13 de
1891. Reproducida por Rodriguez Demorizi.

-30-












manda de un mendrugo con que satisfacer el hambre
del nifio y de un poco de reposo para 6l.
"Sigui6 luego a Col6n en su dilatada peregrina-
ci6n detrAs de los Reyes Cat61icos; memory el dia en
que la magn6nima soberana proveyera estrechamente a
su demand; las sorpresas de sus compafieros de nave-
gaci6n y mAs tarde y sucesivamente su espanto, deses-
peraci6n y rebeldia, hasta el moment en que alcan-
zaron pisar la tierra del Mundo que el inspirado cos-
m6grafo hacia surgir de entire las ondas del remote
oc6ano. Y prosiguiendo su narraci6n tocando s6lo los
puntos culminantes de la historic de ese acontecimien-
to portentoso en que tantas penalidades hallaran por
el moinento satisfacci6n cumplida en un triunfo tan
glorioso, si no recompensa merecida ni dicha alguna,
evoc6 en aquel sitio las sombras augustas de los funda-
dores de La Isabela, de aquella ciudad europea la pri-
mera del Nuevo Mundo; y concluy6, por fltimo, pre-
sentando el cuadro actual de la civilizaci6n y grande-
za de las naciones que hoy, tras la lenta sucesi6n de
los tiempos y de las peripecias del destiny de la huma-
nidad, se ensefiorean de este hemisferio.
"Resonaba ain el eco de la fltima silaba de este
discurso, cuando el Sr. Mora, poni6ndose tambi6n de
pie, nos invit6 a que concentrando en una piadosa ac-
ci6n de gracias al Altisimo el sentimiento de gratitud
que nos dominaba por la merced que acababa de con-
cedernos, permiti6ndonos exhumar de entire el polvo del
olvido y de los acontecimientos aquellas venerandas re-
liquias, sellAramos de esa manera el acto de nuestro
descubrimiento y misi6n tan felizmente cumplida.
"Entonces, cual si el espiritu Ileno de fe de los hi-
dalgos espafioles que aquel temple y aquella ciudad
fundaran y en cuya compafiia nos parecia estar, se hu-


-31-


* \ ,











biera infiltrado en nosotros, caimos por espontdneo im-
pulso de rodillas y descubierta y humillada la cabeza,
oimos con emoci6n mal contenida, Ilenos de fervor, la
sublime deprecaci6n que con voz conmovida .elev6 el
Sr. Llinds.
"Al levantarnos y hallarnos confundidos en elo-
cuente abrazo todos los de la Comisi6n, notamos que
los seis individuos que entire bagajeros, peones y dos
simples curiosos formaban nuestro acompafiamiento de
aquel instant, ain continuaban prosternados de rodi-
llas, alterado el semblante, estaticos, poseidos del mis
profundo terror sagrado!
"Despu6s, erigida una gran cruz, simbolo de re-
denci6n y faro de luz, caridad y esperanzas en un Ar-
bol vivo, una acacia a la cual despojamos de sus ramas,
que por casualidad se yergue en el mismo sitio donde
existi6 el altar en que un dia se conmemorara el santo
sacrificio del Hombre Dios, procedimos a levantar el
acta correspondiente de todo lo actuado; y despididndo-
nos con sentimiento de pesar de aquel memorable lu-
gar, marchamos a disponer nuestro inmediato regre-
so". (22).
Larga ha sido la transcripci6n, pero ella patentiza los
sentimientos de quienes cincuenta y tres afios antes que
nosotros tuvieron los mismos prop6sitos y nos precedie-
ron en el lugar mismo en que ahora ibamos a encon-
trarnos. Acaso para muchos de los que presumen de
ser espiritus "fuertes", las emociones de aquellos hom-
bres resulten pueriles; pero el que es incapaz de do-
blegarse al sentimiento en determinados casos, desco-
noce uno de los mis interesantes y gratos momentous
psicol6gicos de los humans.

(22) Informe citado.


-32-











Fue ahora la Sociedad Colombista Panamericana
la que invite a un grupo de arque6logos, etn6logos, his-
toriadores, para organizer un Patronato que se encar-
gue de la restauraci6n de aquella ciudad venerable. Y
en la Universidad de Santo Domingo, en Ciudad Truji-
llo, capital de la Republica Dominicana, bajo la presi-
dencia accidental del Rector de la misma, Dr. Julio
Ortega Frier, se reunieron el dia 18 de mayo de 1945
los invitados que habian podido asistir.
Anunci6 el Rector, que el Gobierno de su pais no
solamente habia nombrado delegados para que forma-
ran parte del Patronato, sino que habia ordenado que
se hiciera un levantamiento topogrdfico a6reo asi como
el desmonte necesario en La Isabela a fin de facilitar
las tareas del mismo Patronato, cuyos miembros ex-
tranjeros fueron declarados hu6spedes de la Naci6n
por el Presidente de la Rep6blica, Generalisimo Ra-
fael L. Trujillo.
Por su parte los peritos dominicanos, Ingenieros
Emil de Boyrie Moya y Jos6 A. Caro, informaron de lo
que habian hecho para que el Patronato tuviera las
mejores posibilidades de trabajo; se cambiaron impre-
siones generals y se procedi6 a la constituci6n de
aquella, seg6n se vera en seguida.
Desde luego, el Sefior Don Julian Martinez Cas-
tells, Director de la Sociedad Colombista Panamerica-
na y el mns entusiasta propulsor del movimiento colom-
bista y del acercamiento de los pueblos bafiados por el
Mar Caribe y sus vecinos, manifest que el Dr. Samuel
Elliot Morrison, de la Universidad de Harvard y Vice-
presidente de la Sociedad Colombista PanamericanA
-el Presidente es el Dr. Miguel Angel Campa, promi-
nente figure cubana- que tan valiosos trabajos ha
realizado a prop6sito de la obra de Col6n, no habia


-33-











podido llegar a la junta, pero habia pedido que se le
diera por present en ella; y agreg6 que su colabora-
ci6n ha sido tan eficaz y tan valiosa, que proponia que
el Sr. Morrison fuera el Presidente del Patronato. Un
aplauso cordial y tranco subray6 las tiltimas palabras
del Sr. Martinez Castells y por unanimidad de votos
fue electo.
El Dr. Francisco P6rez de la Riva, un gran cono-
cedor de la Historia Colonial de Cuba, levant6se para
proponer que el Patronanto tuviera cuatro Vicepresi-
dentes y sugiri6 que 6stos fueran en el orden que los
enumer6, el Dr. J. Antonio Bonilla Atiles, Decano de
la Facultad de Derecho y antiguo Vicerrector de la
Universidad de Santo Domingo; Alberto Maria Carre-
fio, Profesor en la Facultad de Filosofia y Letras y en
1a Escuela Nacional de Comercio' de la Facultad de De-
recho y Ciencias Sociales en la Universidad Nacional
de M6xico; Dr. Herbert H. Krieger, arque6logo y etn6-
logo del Smithsonian Institute, de Washington; y Dr.
Ricardo Castafieda Paganini, historiador y etn6logo de
la Universidad de Guatemala. Excepto, como era natu-
ral, el voto de los propuestos, por unanimidad fueron
electos; y como el Dr. Morrison no se hallaba presented
y el Dr. Bonilla Atiles habia sido designado primer Vi-
cepresidente, el Rector de la Universidad le pidi6 que
ocupara la presidencia, como lo hizo.
Despues que los electos agradecieron el honor re-
cibido, el Sr. Martinez Castells fu6 electo, por aclama-
ci6n, Secretario General con residencia en la Habana;
y e! Dr. Emilio Rodriguez Demorizi, Director del Ar-
chivo Nacioaal, Prosecretario con residencia en Ciudad
Trujillo.
Fueron nombrados Directores t6cnicos de los tra-
bajos que han de ser desarrollados: el Dr. Carlos Gar-


-34-












cia Robiou, arque6logo cubano, que ha realizado muy
valiosos trabajos arqueol6gicos por cuenta de la Uni-
versidad de Harvard; el Dr. Ren6 Herrera Fritot, Pro-
fesor, como el anterior, en la Universidad de la Haba-
na, a quien se debe notable studio de una de las cul-
turas precolombinas, basado en el descubrimiento de
esferas y dagas de piedra tallada, desconocidas hasta
6poca reciente; el Ing. Emil de Boyrie Moya, etn6logo
y Profesor en la Universidad de Santo Domingo; y P1
Ing. Jos6 A. Caro, como el precedent, arque6logo y
etn6logo de la misma Universidad. Ambos ejecutaron
muy importantes trabajos preparatorios en La Isabela.
El Dr. Garcia Robiou fue designado Director General.
Como vocales quedaron los sefiores: Dr. Temisto-
cles Messina, encargado de la Secretaria de Relaciones
Exteriores; Sr. Rafael Paino Pichardo, Presidente del
Consejo Administrativo del Distrito de Santo Domingo,
Dr. Julio Ortega Frier, Rector de la Universidad de
Santo Domingo, Dr. Virgilio Diaz Ord6fiez, ex-Rector
de la misma Universidad y Embajador dominicano en
Cuba; Dr. Erwin Walter Palm, de la Universidad de
Santo Domingo; Dr. Francisco Perez de la Riva, de la
Sociedad Colombista Panamericana; Dr. Andr6s An-
gulo P6rez, de la Universidad de la Habana; Dr. Cor-
nelius Osgood, de la Universidad de Yale; Dr. Otis
Brew, de la Universidad de Harvard, Dr. William Dun-
can Strong de la Universidad de Columbia; y Teniente'
Coronel de la Aviaci6n de los Estados Unidos de Ame-
rica Charles Le Roy Youmans.
A propuesta del Sr. Martinez Castells, se nombr6
un Consejo Superior, formado por los Rectores de las
Universidades de la Habana, de -Santo Domingo, de
M6xico, de Guatemala, de Columbia, de Harvard y de
Yale.


- a) -











Tomando en cuenta el hecho de que La Isabela
esta en territorio dominicano; que el Gobierno de la
Repuiblica, por acuerdo del Presidente de la misma, ha
colaborado eficazmente para la realizaci6n de los tra-
bajos del Patronato, y aun el rasgo de cortesia para
los miembros extranjeros, de considerarlos hu6spedes de
honor de la Naci6n, conforme al decreto presidential
que di6 a conocer el Sr. Rafael Paino Pichardo, el Dr.
Garcia Robiou propuso y con aplauso se aprob6, consi-
derar como Presidente honorario del Patronato al Ge-
neralisimo Rafael L. Trujillo.
El Dr. Alfonso Caso, Director del Instituto Nacio-
nal de Antropologia de M6xico, que fue invitado, pero.
que no pudo asistir, fue nombrado miembro honorario
del Patronato.
Este se reuni6 nuevamente en la mariana del dia
19; discuti6 con amplitud el program de trabajos que
debian desarrollarse en La Isabela y el modo de trans-
portarse a ella, cosa en que se ocup6 con sumo acierto
el Sr. Pichardo; se acord6 que los miembros extranje-
ros recorrieran los lugares hist6ricos de la ciudad, guia-
dos por el cultisimo professor de Arqueologia en la Uni-
versidad, Dr. Palm; y la iniciativa del Dr. Diaz Ord6-
fiez, que coincidiendo el dia siguiente, 20 de mayo, el
aniversario de la muert.e de Cdl6n y el de la indepen-
dencia de Cuba, ese dia se firmara el acta de constitu-
ci6n del Patronato y se hiciera la declaraci6n de su exis-
tencia en una sesi6n solemne.
Asi se aprob6, resolvi6ndose adem6s, que en aquel
acto se pronunciaran tres dis.cursos: uno por el Dr.
Francisco Perez de la Riva, en su calidad de miembro
y representante de la Sociedad Colombista Panameri-
cana; otro por el Vicepresidente Carrefio "en represen-
taci6n de los paises de America"; y otro, finalmente,


-36-











por el Dr. Bonilla Atiles en funciones de Presidente del
Patronato. La secci6n dominicana de 6ste ofreceria lue-
go un banquet a los miembros extranjeros; como lo hi-
zo.
Y el dia 20 de mayo, en la Universidad de Santo
Domingo qued6 solemnemente constituido el Patrona-
to Interamericano pro Restauraci6n de La Isabela; y
terminada la ceremonia, sus miembros se trasladaron
a la Catedral para rendir un homenaje de respeto a
los restos de Crist6bal Col6n, descubridor del Nuevo
Mundo
La grande y artistic urna ferrea, cuya cerradura
custodian con sendas laves el Presidente de la Repli-
blica y el Arzobispo de Santo Domingo, fue abierta pa-
ra que pudieramos contemplar, bajo otra urna de cris-
tal, regalo del Generalisimo Trujillo, la metalica que
encierra unos cuantos huesos y un poco de polvo que
es lo que alli queda de aquel hombre extraordinario.
Con reverente emoci6n -de mi parte tan honda
como la que experimentaron los comisionados en La
Isabela en 1892- nos acercamos todos para ver lo mds
cerca possible aquella caja de plomo que s6lo tiene
grabada toscamente con buril esta inscripci6n:

D de A per Are

que traducida dice: Descubridor de America. Primer
Almirante.

SHasta alli, junto a lo bien poco que resta de su
sir fisico lo acompafia la ingratitud humana! En Fran-
cia se di6 por vez primera el nombre de Americo Ves-
pucio al mundo descubierto por Col6n, y a travis de
siglos se le sigue dando.


-37-











Al dia siguiente el Patronato en masa se trasla-
daria a La Isabela; y al atravesar la Repfiblica Domini-
cana de uno a otro extreme, yo recibiria tal series d.
gratisimas lecciones objetivas acerca de lo que econ6-
micamente me pareci6 este pueblo, 'humillado ayer por
los Estados Unidos y hoy con tantas sefiales de prospe-
ridad, que me mueven a exponer en ocasi6n diverse mis
impresiones de viajero.
Porque prefiero hacerlo asi, ahora me encuentra
instalado ya en el barco de guerra que nos transport
de Puerto Plata a La Isabela, siguiendo la misma tra-
yectoria que sigui6 el Almirante. Conmigo va en la proa
el Dr. Herrera Fritot, el sabio arque6logo y etn61ogo
cubano. El y various de mis compafieros serin mis mejo-
res guias en aquella expedici6n arqueol6gica, etnogri-
fica,. que no puede menos que hacerme recorder aque-
Ila que con prominentes hombres de ciencia mexicanos,
dirigidos por los alemanes Hermann Beyer y Ernest
Wittich, realic6 al Pedregal de San Angel, precursor
del hallazgo del "hombre del Pedregal", el mis anti-
guo descubierto en M6xico. Ain conserve como inapre-
ciable reliqfiia, desde hace veintiocho afios, los toscos
fragments de cerdmica, extraidos por mi bajo un man-
to de mas de ocho metros de lava, y que contiene adhe-
ridas fuertemente la tierra quemada y la ceniza, resul-
tado de aquella erupci6n ocurrida cuando menos hace
dos mil afios.
La guerrera embarcaci6n, con un cafi6n apuntado
hacia la altura, se deslizaba rapida, mientras nosotros
dos, abstraidos de cuanto en el buque nos rodeaba, iba-
mos mirando por la primera vez, lo que por vez prime-
ra contempl6 Col6n: la elevadisima cumbre llamada
Isabel de Torres, que se liga con una important cor-
dillera, que va decreciendo hasta dejar visible s61o dos


-38-










amplios terrenos emergidos, que parecen superpuestos
y que al contemplarlos de cerca son colosales dep6sitos
de f6siles marines.
A media que nos acercabamos, la agitaci6n espi-
ritual de todos era patente; los que no se habian ma-
reado habianse unido a nosotros dos; era la ansiedad
de ver desde'nuestro rApido transport lo que movi6 al
descubridor para seleccionar aquel sitio demasiado
abierto a juicio de algunos, pero que encierra la boca
del hermoso rio Bajabonico.
Y nuestros ojos pudieron ver algo mis: una gran
muchedumbre, que habia llegado de los lugares cerca-
nos para presenciar nuestro arribo, y desde luego la
imaginaci6n me llev6 cuatro siglos atris. En aquel mis-
mo sitio un gran nfimero de asombrados aborigenes con-
templaban aquellas diez y 'siete embarcaciones carga-
das de hombres barbados, cubiertos con extrafios ves-
tidos, pertrechados con aparatos y objetos nunca vis-
tos. Acaso muchos de aquellos indigenas pensaron dea-
de luego que aquellos 1,590 viajeros fatalmente habrian
de subyugarlos.
En dos botes nos transportamos a la playa, donde
solicito y cort6s nos esperaba el Gobernador Civil, Sr.
Jose E. Villanueva, que desde su sede en Puerto Plata
nos habia Ilenado de consideraciones y en La Isabela
habia hecho levantar un amplio cobertizo y a su lado
las improvisadas cocinas para preparar los alimentos
llevados a bordo del barco de guerra. Dos grandes mas-
tiles dejaban ondear la bandera dorinicana y la ban-
dera de la raza.
El Sr. Villanueva no habia olvidado Ilevar tres
musicos de los cuales uno, el cantor y tocador de acor-
de6n, de cuando en cuando, a la hora de la comida, nos
hizo escuchar canciones lenas de sentimiento, pero


-39-










dulces y armoniosas; no esos lamentos hist6ricos tan
en boga en algunas canciones modernas.
El Patronato inici6 sus trabajos con un amplio in-
terrogatorio a dos ancianos de la region: Pedro Domin-
guez, de 83 afios, y Silvano Rodriguez, de pocos menos,
quienes dieron bastantes datos; el primero resefiando
no solamente lo que habia visto desde niiio, sino las in-
formaciones de su madre y de su abuela: aqui estuvo
el mirador -una atalaya-; alli la iglesia; mas alli
el fuerte, mas aca la herreria; a unos dos kil6metros el
aserradero- la cantera de donde se extrajo la piedra
para construir los principles edificios-.
Los peritos, que Ilevaban consigo una copia del
piano levantado por los comisionados de 1892 dan, por
su parte, principio a su labor t6cnica, despues que he-
mos recorrido todos los sitios que nos han indicado y
que el bosque y la maleza quitados bajo la direc-
ci6n de los sefiores De Boyrie y Caro, dejan ahora en
parte descubiertos; despu6s que hemos visitado el ase-
rradero donde qued6 ya sin aprovechamiento una pie-
dra aserrada s61o por uno de sus lados. Se corren ni-
veles, se toman fotografias y se resuelve que las exca-
vaciones principien donde estuvo la iglesia y donde se
tuvo el cuidado de conservar la acacia de que proba-
blemente hicieron una cruz los comisionados de 1892.
Cuando todos los preparativos estaban hechos, los
trabajadores listos con sus zapapicos y sus palas, ali-
nearon lo mismo a ellos que a todos los visitantes; v
cuando nos dirigiamos a presenciar el primer golpe de
zapapico sobre aquella tierra venerable y simb6lica, el
Sr. Martinez Castells me solt6 a quemarropa: "Amigo
Carrefio, en nombre del Patronato y por acuerdo suyo,
le suplico diga el discurso que consideraremos official
en la iniciaci6n de los trabajos".


-40-










Carifiosamente protests por aquella alevosia, pues-
to que pudieron permitirme que preparara algo digno
del acto; pero no hubo manera de esquivar la honrosa
comisi6n, ya que todos mis colegas me cercaron para
insistir.
'Entonces al pie de la acacia ya hist6rica y profun-
damente conmovido, hube de afirmar que el honor que
se me otorgaba no iba destinado a mi personalmente,
sino a mi patria lejana; y en voz alta traduje mi pen-
samiento puesto en Col6n al Ilegar a Navidad y encon-
trar muertos a todos los espafioles que habia dejado en
una bien debil fortaleza; mi pensamiento en aquellos
expedicionarios que al fundar La Isabela habian traido
una civilizaci6n superior a la de los indigenas, aunque
no habia resultado favorable a 6stos; una cultural reli-
giosa, puesto que estabamos en el sitio mismo donde
se habia fundado la primera iglesia cristiana que hubo
en el Nuevo Mundo. Dije, que aunque tardiamente, se
queria recorder hoy a los hombres valerosos que solos
quedaron en Navidad, asi como a los fundadores de La
Isabela; pero que no debia olvidarse que al destruir los
indigenas a los espafioles habian dado una muestra de
lo que significa el anhelo de ser libre, el amor a la li-
bertad.
Cuando he leido despues aquella improvisaci6n,
tomada taquigrificamente y publicada en la prensa de
Ciudad Trujillo, me ha parecido incolora y pauperrima;
pero la emoci6n de que todos estAbamos poseidos en
aquel moment hizo que mis palabras fueran acogidas
con carifio y con aplauso fervoroso por aquel especia-
lisimo auditorio, reunido frente a la mar inme'nsa, en
el mismo lugar donde 452 afios atrAs desembarcaron
los fundadores de La Isabela.


-41-










Y principiaron las excavaciones; los Dres. Garcia
Robiou y Herrera Fritot se dedicaron a las de la igle-
sia; y De Boyrie Moya y Caro a las de la herreria. A
media que se iba ahondando, comenzaban a apare-
cer fragments de ceramica indigena y espafiola, y se
tom6 el acuerdo de conservar cuanto iba saliendo a
flor de tierra, pero a los miembros extranjeros del Pa-
tronato se nos permiti6 Ilevar con nosotros algo de lo
que pudiera servirnos para ulteriores, futures studios.
El Dr. Herrera Fritot y yo, al regresar a pie del
aserradero, habiamos obtenido fragments de cerAmi-
ca indigena y el Sr. Pichardo me habia regalado otros,
pero a Herrera y a mi nos aguardaban halagos espe-
ciales; para ci hubo una concha-cuchara de la civiliza-
ci6n taina que tanto ha estudiado; para mi una mone-
da pequefiina, que pude conservar gracias a la genti-
leza del Sr. Pichardo, y que para mi vale un tesoro por-
que ha venido a 'hacer compafiia a una de las que los
aztecas arrojaron al lago, cuando de cobre las mand6
acufiar el primer Virrey Don Antonio de Mendoza; que
apareci6 al hacer excavaciones en el viejo y seco fonda
del mismo lago al efectuarse los trabajos para realizar
el desagiie del Valle de M6xico, y que su poseedor, el
cronista de aquellas grandiosas obras, el ilustre historia-
dor Luis GonzAlez Obreg6n, me dej6 como herencia
inapreciable pocos dias antes de morir. El Dr. Krieger.
que much ha explorado e investigado en esta region,
adquiri6 tambi6n algunos fragments de ceramica in-
digena y el Dr. P6rez de la Riva una pequefia figurita
humana tallada en silex y que seguramente form par-
te de algfn collar hecho de este material o de otro se-
mejante."
Continuando las excavaciones en la iglesia, se des-
cubrieron primeramente varias tejas de la techumbre;


-42-











luego los muros laterales, que mostraron a manera de
dos contrafuertes; y en uno de los angulos una piedra
angular; acaso la primera piedra de aquel sagrado re-
cinto.
Por su parte, los seiiores. de Boyrie y Caro, en su
exploraci6n en la herreria encontraron un hacha a mc-
dio acabar y dos balas de cafi6n, como de diez centi-
metros de didmetro.
Aunque primeramente se habia planeado el dor-
mir en La Isabela durante el tiempo que duraran los
trabajos, en Ciudad Trujillo nos disuadieron de hacer-
lo, a causa de la existencia de un mosco transmisor de
fiebre, que mata en 24 horas; probablemente la fiebre
que diezm6 a los primitives pobladores europeos. La
noche, pues, la pasamos en un balneario cercano a
Puerto Plata, Ilamado Lon'g Beach, y muy temprano
regresamos a La Isabela, el dia siguiente.
Como el Patronato habia encontrado ya la posibi-
lidad de una restauraci6n parcial por lo menos y no
podia hacer de pronto mas que iniciar las exploracio-
nes que habran de continuar los t6cnicos bajo la guia
del Dr. Garcia Robiou, en el segundo dia de permanen-
cia en el hist6rico lugar, ya libre de extraiios visitan-
tes, se fotografi6 lo descubierto y los sefiores Bonilla
Atiles y Pichardo construyeron personalmente el molde
en madera para former con cemento y una estaca me-
talica lo que los ingenieros llaman "punto de referen-
cia".
El Dr. Bonilla, Presidente en funciones, redact6
una pequefia acta, relatando someramente lo que se
habia hecho; la firmamos todos, y puesta en una bote-
lla se coloc6 entire el cemento del pequefio poste de re-
ferencia, que servira para los futures trabajos, y que
se puso cerca de un pequefio monument que tiene es-


-43-










ta inscripci6n: "Aqui se fund la primera ciudad del
Nuevo Mundo, "La Isabela". El dia 12 de octubre de
1932 la Sociedad "Amantes de la Luz" repar6 el olvi-
do de cuatro siglos".
Todavia antes de separarse los miembros del Pa-
tronato celebraron diversas juntas; y entire las resolu-
ciones mas importantes que tomaron estuvo la de pe-
dir al Gobierno Dominicano, que la zona arqueol6gica
de La Isabela sea declarada monument national; que
mientras se realizan los trabajos de restauraci6n se
ponga un tapial y vigilantes que impidan la sustracci6n
de objetos arqueol6gicos y con ellos y con lo que se
pueda recuperar en diversos lugares se forme un mu-
seo especial.
El Dr. Rafael Paino Pichardo, Presidente del Con-
sejo Administrativo del Distrito de Santo Domingo, que
tantos, y tan valiosos servicios prest6 al Patronato, des-
de luego ofreci6 en nombre del Gobierno, que se cum-
plirdn estos acuerdos; al que hay que afiadir el que in-
corpor6 en el Patronato al Sr. D. Jose E. Villanueva,
Gobernador de Puerto Plata, que con especial interns
colabor6 de manera eficacisima para facilitar los tra-
bajos.


El objeto fundamental de mi viaje habia conclui-
do, pero no mis ensofiaciones. Durante los dias de mi
permanencia en La Isabela no vivi a mediados del si-
glo XX, sino en las postrimerias del XV. Pareciame ser
uno de los 1,590 series que con Col6n Ilegaron a Navi-
dad y La Isabela. A cada paso contemplaba al hombre
audaz, dispuesto siempre a veneer la adversidad, mo-
viendose de un lado a otro: ya sefiala el sitio donde la
iglesia ha de construirse, y el fuerte y el almacen y la


-44-











atalaya; la herreria y el horno destinado a fabricar te-
jas para las techumbres; ya explore los montes cerca-
nos para hallar la piedra con que se construiran los
edificios principles; ya dispone lo que ha de ser su
propia habitaci6n.
Aqui dicta una orden; alla solicita una opinion; y
en medio de la muchedumbre que afanosa se agita en
el trabajo, aun ei de levantar provisionales chozas,
ayudada por los azorados indigenas, la mente de Co-
16n indudablemente se divide entire cada problema que
surge y cada murmuraci6n que estalla; problems y
murmuraciones que tienen que hacerle entrever nuevos
tropiezos e ingratitudes nuevas.
Lo asaltan unos y otras, en efecto, y lo veo enton-
ces, despu6s de su tercer viaje, escribiendo a los Re-
yes, dejando que corra la amargura de sus quejas, en-
tre otras, la de haber "sido culpado en el poblar" de
La Isabela, sitio que 41 consider "el mas id6neo lugar
y mejor que otro ninguno de la tierra..." Y asomdn-
dome afectuosamente por sobre su hombro mientras 41
describe, veo las graves, gravisimas razones que expli-
can a maravilla la genesis y el fracaso de la primera
ciudad europea en el Nuevo Mundo.
Lo contemplo, por iltimo, convertido en prisione-
ro del infame Comendador Bobadilla; miro las cade-
nas que lo sujetan como si fuera un criminal, y com-
prendo que mas que el peso de 6stas lo agobia espiri-
tualmente el peso de la iniquidad que con 41 se come-
te. Siento entonces oprimirseme el pecho, al pisar el
suelo en donde tantas huellas dej6, por mas que pien-
so que si invisibles resultan algunas, imperecederas se-
rAn todas mientras que nuestro mundo gire en el espa-
cio.


-45-





















LA REPUBLICAN DCMINICANA
IMPRESIONES DE VIAJERO





















LA REPUBLICAN DOM1NICANA


Impresiones de ziajero*

Hace alrededor de cuarenta y cinco alios que ol
eminente jurisconsulto y humanista y poeta Dr. Joa-
quin D. Casasfs, en cuyo bufete me former y a quien
desde entonces vi como un segundo padre, comenz6 a
recibir cartas literarias interesantisimas de un domini-
cano que, al correr el tiempo, habria de convertirse en
patriarca de las letras de su pais: el Dr. Federico Hen-
riquez y Carvajal. Aquellas cartas que estuvieron en
mis manos y que provocaban calurosos comentarios de
mi amigo constituyeron el primer eslab6n de una cade-
na spiritual e intellectual, que habria de atarme a la
Repiblica Do:ninicana: el pais que producia hombres
como aqul6 debia tener centros de cultural muy eleva-
dos, si en 61 habian cultivado su inteligencia.
Cuatro o cinco ainos mas tarde metiame en los es-
pinosos vericuetos de la Historia para escudrifiar qut
parte podia tener la conquista de M6xico en la evolu-
ci6n econ6mica de nuestra raza indigena; y las viejas

*Conferencia sustentada ante el mismo Ateneo Nacional de
Ciencias y Artes de M6xico la noche del 31 de enero de 1946 en el
sal6n de conferencias del Palacio de las Bellas Artes.


-49-











cr6nicas que principi6 a consultar y los viejos manu,-
critos que comenc6 a leer me hablaron de una isla cu-
yos aborigenes llamaron Haiti, pero que el Descubridor
del Nuevo Mundo bautiz6 con el nombre de La Espa-
fiola. Esa isla habia sido asiento de algunos de los
hombres que intervinieron en la conquista; asiento de
algunos de los que pusieron de relieve los aciertos y
los desmanes de los conquistadores; asiento de los
cronistas que lo mismo dan raz6n del descubrimiento
de este hemisferio, que del descubrimiento y conquista
de mi patria. Habia encontrado un segundo eslab6n
que me uniera a La Espaiiola, que fue luego Santo Do-
mingo y mas tarde se convirti6 en la Repfiblica Domt-
nicana y la Republica de Haiti.
El afio de 1924 Mexico celebraba el cuarto cente-
nario de la llegada de los doce franciscanhs que junto.s
con los tres venidos antes habian de former uno de los
nucleos mas importantes de civilizaci6n del Nuevo
Mundo; se me invit6 para tomar parte en aquella ce-
lebraci6n, y como habia un religioso no franciscano,
sino dominico, Fray Domingo de Betanzos, a quien se
ataca injustamente en alg6n libro aparecido tres afios
antes, quise salir a su defense.
Encontr6 entonces que su vida y su obra que tanta
trascendencia habrian de tener en el transcurso de los
afios habian comenzado a desarrollarse en La Espafiola;
y me result de tan gran interns la figure de aquel
hombre venerable y de sus colaboradores en aquella
isla, que me di de Ileno a leer cuanto con ella y con ellos
se referia, obteniendo asi un tercer eslab6n de esa ca-
dena.
Luego halle otro y otros mas a media que me en-
golfaba en trabajos relacionados con la Colonia, siendo
el 6iltimo el paleografiar y prolongar y anotar Un Des-


-50-











conocido Cedulario del Siglo XVI, en que hall que cier-
tas disposiciones de la Corona relacionadas con La Es-
pafiola habian de aplicarse a la Nueva Espafia, es decir,
a M6xico.
Perdonad, sefioras y sefiores, que haya comenza-
do esta exposici6n explicando los origenes de mi interest
por cuanto se relaciona con la Rep6blica Dominicana;
pero si por una parte he querido que se vea que ha casi
medio siglo que con ella he vivido ligado espiritual-
mente, he deseado tambien que se advierta lo que me
significaria la invitaci6n de la Sociedad Colombista
Panamericana, 6rgano official del Gobierno de Cuba,
para ir con un respectable grupo de hombres de ciencia
de diversas nacionalidades a la Repiblica Dominicana
y con ellos estudiar los restos de La Isabela, primera
ciudad europea en el Nuevo Mundo, fundada por Co-
16n en 1493. Me habria de significar un inmenso inte-
res de conocer no s61o ese lugar, admirable por su ini-
gualada importancia hist6rica, sino muchos otros de
que habia escrito por referencias y que ahora tendria
cerca de mi, si los ciclones y las inundaciones y los tee-
rremotos no los habian derribado, o no los habian des-
truido las pasiones humans que, como aquellos, tam-
bien han causado indecibles destrozos en la isla.
En efecto: la Repfblica Dominicana, como Mexico,
ha pasado por una series de agitaciones political, de
guerras civiles, que llegaron a producirle en tiempos
cercanos, probablemente dos de sus heridas mIs hon-
das: la ocupaci6n de sus aduanas en 1905 por los Esta-
dos Unidos la cual segui con profundo interns desde
la ciudad de Washington en donde residi de 1905 a
1907, y que fue ocasionada por la imposibilidad en que
esas agitaciones y esas guerras habian colocado al Go-
bierno Dommicano para pagar a sus deudores extran-


-51-











jeros; y por el prop6sito de la Casa Blanca de aplicar
la doctrine Monroe y evitar cualquiera intervenci6n u
ocupaci6n territorial... que no fueran las suyas; pues-
to que si en aquella fecha fueron las aduanas solamente
las intervenidas, el ej6rcito norteamericano se aduefi6
del territorio dominicano, al mismo tiempo que ocupo
el de la vecina Repdblica de Haiti en 1916.
6 Que iria yo, pues, a encontrar? Si he de ser fran-
co, iba con la creencia de que hallaria un pueblo en la
miseria, que resentia ain en los dias que corren los
efectos de aquellos dos actos de los Estados Unidos;
un pais, como su vecino, en que el predominio de los.
hombres de color oscuro sobre los blancos es complete,
aunque aquellos sean tan dignos de respeto como 6stos.
Mis ilusiones radicaban, en consecuencia, de manera
especial en los restos que ain se conservaran de los
primers dias de la Colonia.
SQue hall? Voy a exponer mis impresiones de
viajero; las lecciones objetivas que recibi; mas he de
aclarar que, como acaso las pasiones antiguas no se
hayan extinguido por complete, no he querido siquiera
consultar publicaciones oficiales, porque pudieran ser
tachadas de parcialidad. Yo mismo, por otra parte, en
mi propio pais he oido muchas veces informaciones con-
trarias a los hechos reales, trasmitidas por radio, y he
leido datos opuestos de todo en todo a la verdad; he co-
nocido declaraciones hechas por prominentisimos hom-
bres de gobierno de los mis importantes paises del glo-
bo, que desfiguraron los hechos s6lo para establecer lo
que yo he lamado "la coartada hist6rica", a fin de pa-
recer grande cuando se escriba la historic de su vida.
Voy, pues, a referir inicamente lo que vi, lo que escu-
chl; lo que lei en los viejos monumentos lo mismo en la
muy bella capital de la Repfblica, que en las lejanas po-


-52-











blaciones del Noroeste de la isla; lo que observe en la
modern urbe antillana.
El aeroplano me llev6 de Camagtiey, Cuba, a
Trujillo, nombre que tiene hoy la antigua Santo Do-
mingo, capital de la Repdblica, me dej6 en el aeropuer-
to a las siete de la mariana de un dia claro y diafano,
que me 'habia permitido ver con delicia la parte de la
isla que cruce ya con buena luz.
LlegAbamos solamente tres de los invitados para
ir a La Isabela; porque a pesar de que, como pude
comprobarlo despu6s, cada media hora o poco mas llega
un avi6n de los que van desde Miami y Cuba hasta
Puerto Rico y la Guayra, haciendo otras escalas, no
pudimos encontrar asientos para viajar todos juntos.
Conmigo llegaron el Dr. Virgilio Diaz Ord6fiez, ex-
Rector de la Universidad de Santo Domingo y hoy Emba-
jador de su pais en Cuba, y el Dr. Herbert H. Krieger
eminente sabio arque6logo y etn6logo del Smithsonian
Institute de Washington.
Como era de suponerse, algunas personalidades
del Gobierno y algunos prominentes hombres de cien-
cia nos aguardaban y nos condujeron hasta el hotel. Y
mi primera impresi6n, apenas comenc6 a rodar por la
perfectamente pavimentada carretera que nos ponia
en contact con la ciudad, fue muy agradable por la
absolute limpieza que se advertia por todas parties.
Desde aquel moment no pude menos que pensar: pue-
blo que es limpio es pueblo culto.
Y principiamos a recorrer la poblaci6n en la part
,que podria llamarse residential y mi admiraci6n fue
subiendo de punto: calls perfectamente alineadas y
asfaltadas, y muchos edificios tan atractivos como los
que Mexico tiene en la mas hermosa de sus colonies, la


-53-











de las Lomas de Chapultepec. Unos minutes m~s y es-
tibamos frente al Hotel Jaragua. Le da acceso una
amplia plaza con una rotonda en que se yerguen as-
tabanderas de unos tres metros de altura; y uno de los
pabellones que en aquel dia flotaban al viento era el
hermoso tricolor de M6xico. Los otros correspondian a
los paises de otros representantes que habrian de reu-
nirse en Ciudad Trujillo.
Ya en el hotel, no pude menos que confesarme quo
es uno de los mejores que he conocido en mi bien larg-
vida, durante la cual he viajado y he viajado constan-
temente. La curiosidad me movi6 a recorrerlo aun antes
de ir a mi cuarto y pude admirar sus vastisimos salones
para recepciones y bailes, donde. mas tarde vi la mejor-
sociedad; su elegant comedor interior y el de la terra-
za desde la cual se contempla el mar, y otra amplisima
donde un gran ndmero de mesas amparadas por para-
soles multicolores invitan a former grupos para tomar
refrescos al aire libre. En el extreme opuesto una gran
piscina, alimentada con agua de mar, hace el encanto
de los bafiistas, que se tienden sobre la verde grama
para asolearse. Los cuartos, several y elegantemente
amueblados, presentan las comodidades todas de la vi-
da modern; con vista al Caribe unos, con vista a la
plaza otros, pero invitando todos al descanso y a la re-
cuperaci6n de un cuerpo limpio y fresco en el magni-
fico bafio.
Mis compafieros de Odisea iban a llegar escalona-
damente; la primera reunion del Patronato Interame-
ricano pro Restauraci6n de La Isabela no podria veri-
ficarse sino en la tarde y para mi result indispensable
echarme a conocer la ciudad; sobre todo, satisfacer un
anhelo especial: ir al viejo convento de Santo Domingo;


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investigar qu6 novedades entire las vejeces que guarda-
ra podria y,o encontrar; pero tambien ir a la Catedral
y contemplar el monument que guard los restos del
Descubridor del Nuevo Mundo.
En un autom6vil de alquiler, tan bueno como los
mejores nuestros, mis ojos ansiosamente recogian l-
visi6n de la parte antigua, a media que salia de la sec-
ci6n residential, y notaban una ciudad de tipo hispi-
nico en que aqui y alli estAn las huellas de una antigua
existencia, pero tambi6n nuevas construcciones en que-
se sigui6 el estilo discreto de las antiguas. No faltan,
sin embargo, grandes edificios oficiales y particulars
de tipo modern, altos, lisos, algunos sin mas ornamen-
taci6n que los claros de luz de las ventanas.
Llegu6 a la Catedral; se detuvo el carruaje en una
entrada lateral porque la del frente estaba cerrada.
Penetr6 en el majestuoso edificio de tres naves y espe-
sos muros; y aun antes de que mi atenci6n se concen-
trara en el marm6reo monument a Col6n, mis ojos
descubrieron en aquel temple, como lo he observado
tambien ya en Cuba, algo total y completamente dis-
tinto de los nuestros. No hay en toda la iglesia un solo
altar barroco en que las columns, en ocasiones salo-
m6nicas, y las espiras y volutas, y los complicados ca-
piteles y las hojas caprichosas que en abrazo intermi-
nable cubren pilastras y hornacinas en nuestros altares,
llevan sobre si oro y mas oro, que al ser herido por los
rayos solares dejan en el Animo la sensaci6n de llamas
de un voraz incendio.
No; en la Catedral y en las demds iglesias que
visit son la caoba, las maderas preciosas lo que enri-
quece los altares, muchos de los cuales lucen lo que
pronto hard un siglo comenz6 a decomisarse a nuestrcs
templos: ornaments de plata en fantdstica abundancia.


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Nueve capillas tiene con "la mayor" y la que sirve de
sagrario, en donde esta el sepulcro del Secretario de )a
primera Audiencia Real, que ostenta un frontal de pla-
ta labrada, que es una maravilla. Esto sin contar los
floreros y blandones del mismo metal.
Por cierto que en el pavimento de esta capilla hay
dos sepulcros que presentan magnifico y notable con-
traste. En uno la cubierta es una gran loza de marmol
que fue blanco y ahora amarillento por los siglos; tiene
en precioso relieve las armas del difunto, con una ins-
cripci6n que reproducida con modern ortografia dice:
"Aqui yace el magnifico caballero Diego Caballe-
ro, Regidor de esta Isla Espafiola, primero Secretario
de la primera Audiencia Real, que los Cat6licos Reyes
sefialaron en estas Indias. Falleci6 a 22 dias de enero
de 1554 afios. Asimismo yace la generosa sefiora dofia
Isabel Bazan, su buena mujer. Falleci6 en el afio de
1551. Rueguen a Dios por sus almas".
La loza ha de ser de no menos de 1.25 mts. de lar-
go por 0.75 mts. de ancho; y precisamente antes de ella
existe otra cuadrada de unos 0.60 mts. por lado, con solar
esta inscripci6n, que sigue el contorno de la piedra:
"Esperanza y Fortuna quedaos y buscad otros a quien
burleis". Si el que alli fue enterrado escribi6 antes de
morir este epitafio iqu6 hondas decepciones debe ha-
ber encontrado en La Espafiola, en lugar de dichas y
riquezas!
El monument a Col6n ocupa hoy el sitio en que
estuvo el coro; y al construirlo se dejaron perder los
restos de various de los obispos y arzobispos de Santo
Domingo, entire ellos el mexicano, eminente orador, li-
terato y cronista, Fray Agustin Davila Padilla, cuyo
retrato iba yo persiguiendo, sin que hubiera obtenido
resultados satisfactorios.


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Mi emoci6n al estar cerca de los despojos morta-
les de aquel modelo de intrepidez y de fuerza de volun-
tad, fue muy intense; pero el monument no me agrad6
en manera alguna, porque su abundant ornamenta-
ci6n desdice de lo severe del temple, que por esta
severidad se ve mas grandiose, y porque a mi enten-
der, su gran tamafio result desproporcionado para el
sitio que se le destin6.
La inscripci6n principal dice en letras g6ticas do-
radas: "Crit6bal Col6n Descubridor de America"; y
siguiendo la linea de los arcos que rodean el pedestal
que sostiene la hermosa urna ferrea, que a su vez en-
cierra una de cristal y la de plomo, estdn los nombres
de los paises que cooperaron a la construcci6n del mo-
numento, el cual todavia contiene otra significativa
inscripci6n:
"Y assi mismo especialmente encarg6 que su cuerpo
fuera sepultado en esta isla, pues mas acebta sepultura
no podia ni pudo elegir que en estas parties las cuales
Dios milagrosamente le quiso dar a concern, descubrir
e ganar".
Como se sabe, se ha discutido much cuales son los
restos verdaderos: los que de la Catedral de Santo Do-
mingo fueron Ilevados a Sevilla, o los que en aquella se
conservan. Los especialistas dominicanos han sostenid3
y sostienen, que los aut6nticos se conservan en la isia
que tanto am6 el Descubridor.
Por mi parte, consult con dos personas que por
sus distintos caminos me pudieran acercar a la verdad:
Fray Cipriano de Utrera, religioso capuchino que es
uno de los mis grandes investigadores que ha produci-
do la Reptiblica Dominicana y cuyos libros son tesoros
tor de Santo Domingo, Mons. Octavio A. Beras.


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El primero procure convencerme como historiador;
el segundo procur6 hacerlo practicamente y me llev6
al lugar en donde estuvieron enterrados los huesos lle-
vados a Sevilla y los que se conservan en su Catedral.
Se sabia que los restos de Col6n se hallaban del
lado del Evangelio; para hacer el traslado a Sevilla se
busc6, en consecuencia, en ese lado y se encontr6 una
urna metalica, que fu6 la transportada a Espafia por
persona de cuya seriedad y competencia Fray Cipriana
me did muy desfavorables informes.
El sacerdote y filantropo Francisco X. Bellini,
creador y sostenedor del Colegio de San Luis Gonzaga
durante veintiseis afios; y fundador del primer manico-
mio, segun se dice en el monument que en su honor se
levanta en la capital de la Repdblica, encontr6 en la Ca-
tedral, en tanto que se hacian unas obras de reparaci6n,
junto al lugar de donde se extrajo aquella urna, pero
pegado al muro, otro pequefio nicho y en 61 la urna de
plomo, que toscamente tiene grabada la inscripci6n D de
A Per Ate. Para el Sr. Arzobispo Beras, como para Fray
Cipriano de Utrera, no cabe duda de que los restos que
los dominicanos guardian son los aut6nticos.
Hay un detalle en una de las capillas, que proba-
blemente no habrd pasado inadvertido para muchos
visitantes, pero que otros quiza no hayan notado. Existe
en una de las cercanas a la puerta principal una gran
pintura sobre tablas, que represent a Nuestra Sefiora
de la Antigua, y el Sr. Beras llam6 mi atenci6n hacia
dos hechos: la Virgen ostenta muy marcado color mo-
reno; a sus pies se ven arrodillados los dos Reyes Ca-
t6licos.
Esto, me indic6, se dice que obedece a un pensa-
miento de los Reyes, que fueron quienes regalaron I1
imagen: el color moreno de la Virgen debia asemejaril.


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con los indios originarios de la isla; la adoraci6n de
ambos personajes era el ejemplo que deseaban exponer
a 6stos de veneraci6n y culto a la madre del Salvador.
En los muros laterales de la capilla hay estas dos
inscripciones, que hablan de los ires y venires de la
imagen:
"Se ley6 tambi6n un tercer oficio de S.S. en aqu
despu6s de transcribir el que ha recibido del Excelen-
tisimo Sefior Capitan General participandole los deseos
que se dign6 significarle S. M. de devolver como prue-
ba de carifio a los dominicanos el cuadro de la Santisi-
ma Virgen de la Antigua, que le fu6 regalado por el
gobierno de la antigua Repfiblica de esta isla, para quo
se conserve en la Santa Iglesia Catedral como uno de
los monumentos que recuerdan las antiguas glorias del
inmortal Col6n y el gran afecfo que tuvieron a esta
isla los sefiores Reyes Cat6licos, anheloso de cumplir
este real mandate le ruega se sirva indicarle cu-ndo 7
cdmo debera entregar el expresado cuadro, para que se
verifique esta entrega por los Comandantes del Estado
Mayor; manifiesta las gratas emociones que experi-
ment6 su alma al saber que iba a recuperarse la joya
mas rica de nuestra Santa Iglesia". Acta capitular del 5
de Septiembre de 1862. Arch. Ecles, caj6n 37, leg. lo".
Y en el muro frontero: "En la muy noble y muy
ilustre ciudad de Santo Domingo a ocho de septiembre
de mil ochocientos sesenta y dos el Excelentisimo e
Ilustrisimo Sefior Doctor Don Bienvenido Monz6n y
Martin, Arzobispo de esta archidi6cesis, Primada de las
Indias, el Dean y Cabildo de esta Santa Iglesia y el
Clero de la ciudad, reunidos en la Iglesia Catedral a la
hora de las nueve de la maihana de este mismo dia se
dispusieron a recibir la imagen de Nuestra Sefiora de
la Antigua, que regalada no ha muchos afios por el go-


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bierno de la pasada Repiblica a S. M. la Reina dofia
Isabel II (q. D. g.) se digna devolver despu6s de re3-
taurada en prueba de amor a los dominicanos, deseanda
sea colocada en el mismo sitio en que la coloc6 el in-
mortal Col6n por mandate de los sefiores Reyes Cat6-
licos, seguin la constant y venerada tradici6n de este
pueblo, etc. Acta capitular de 8 de septiembre de 1862.
Arch. Ecles. caj6n 37, Leg. lo".
Por gentileza del encargado del tesoro de la Ca-
tedral, y del mismo Sr. Arzobispo, pude visitar aqu6l
y qued6 maravillado de las obras de orfebreria que se
conservan; entire ellas una preciosa cruz de filigrana
de plata, que contiene un fragmento de la plantada
por Col6n en la Vega Real; y otra de filigrana de oro,
como de treinta centimetros de alto, que tambi6n con-
tiene un fragmento de la misma cruz, y que perteneci6
a Enriquillo, el c6lebre indigena que, como nuestro
Cuauht6moc, denodado se enfrent6 a las armas espa-
fiolas.
Pero si todo esto pude admirar en la Catedral,
junto con otros muchos detalles de interns arqueol6gico
y artistic, tuve la decepci6n de que el viejo convento
dominicano ya no existe; fue derribado, segCin se me
dijo, por uno de los terrible ciclones que en mis de
una ocasi6n han azotado a la isla.
A prop6sito de ruinas, sin embargo, y de monu-
mentos hist6ricos, teniendo mis compafieros y yo por
guia al eminente arque6logo Dr. Erwin Walter Palm,
Profesor de Arqueologia de la Universidad, visitamos
el temple de Santo Domingo que si se conserve, y en
una de sus capillas muestra la decoraci6n mis extrafia
que yo haya visto en una iglesia; en una de las b6vedas
hay en relieve cuatro figures humans, y en rededor


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los signos del Zodiaco, cuya interpretaci6n para el caso
nos hizo el Dr. Palm.
Nos mostr6 con explicaciones valiosas la casa de
los Colones, el soberbio palacio que en sus dias ha de ha-
ber sido orgullo arquitect6nico de la ciudad; la Torre
del Homenaje, lugar en donde algunos dicen que el
Comendador Bobadilla tuvo prisionero a Crist6bal Co-
16n y a su hermano; el derruido, grandiose hospital de
San Nicolas, construido con la eficaz colaboraci6n del
Comendador NicolAs de Ovando, quien tan important
intervenci6n tuvo en la vida de la isla; la derruida
iglesia de San Francisco a cuya entrada se ve el sepul-
cro de Alonso de Hojeda y en bronce, en relieve, la
figure del celebre explorador y conquistador; la "Casa
del Cord6n" que, segun algunos, fu6 la habitaci6n del
conquistador Francisco de Garay; segun otros, el asiento
de la primer fila Audiencia Real.
En la iglesia de la Merced la Academia Domini-
cana (de la Lengua) correspondiente de la Espaiiola
ha colocado una placa de m6rmol para recorder que
en el convento residi6 el c6lebre dramaturgo espafiol
del Siglo de Oro Fray Gabriel T11ez, conocido en el
mundo de las letras por Tirso de Molina.
Hay algo que visit yo solo y que me dej6 admira-
do, como dej6 dias despues a los notables arque6logos
y etn6logos Doctores Carlos Garcia Robiou y Ren6 He-
rrera Fritot, asi como al historiador Francisco Perez
de la Riva: el Museo Pfiblico de la ciudad.
Existe en relaci6n con este Museo un detalle en
apariencia insignificant, pero que tiene un gran fondo
de ensefianza cultural, y que conoci por uno de mis co-
legas extranjeros. En un amplio edificio situado frente
a la casa de los Colones residian ciertas vestales que
alli quemaban incienso a la c6lebre Afrodita. El actual


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gobierno las oblig6 a establecer su pecaminoso temple
en otro sitio, arregl6 y adopt debidamente aquel lu-
gar para rendir ahora tribute a Minerva, y estableci6
el Museo. Naturalmente aquellas vestales han de ser
irreconciliables enemigas del Gobierno.
Pero los estudiosos tienen alli una de las exposi-
ciones mds notables que puedan imaginarse a prop5sito
de prehistoria de la isla. Lo que bien pudiera llamarse
e! Paleolitico y el Neolitico americanos, sin confundirlos
con las edades geol6gicas de iguales nombres, sino por
los instruments de piedra sin pulimentar y ya puli-
mentados, se exhibe en colecciones preciosas de hachas,
de cuchillos, de artefactos de percusi6n; hay ejempla-
res de cerdmica taina verdaderamente bellos y que, por
otra parte, revelan una cultural precolombina del'todo
diverse de la de nuestras razas aborigenes.
Los tres hombres de ciencia cubanos, sobre todo
los dos primeros que han realizado valiosisimos traba-
jos arqueol6gicos, francamente me declararon que no
tenian palabras para ponderar la importancia de este
aspect del museo, que guard entire otras preseas del
period del descubrimiento el ancla que se cree es la
de la carabela Santa Maria, la nave almirante perdida
en el puerto de Navidad.
Otro institute visit, que me produjo satisfacci6n
gratisima: el Archivo General de la Naci6n que, claro
esta, despues de la salvaje destrucci6n Ilevada a trr-
mino por el tristemente c6lebre pirata ingl6s, valido
de la Reina Isabel, Sir Francis Drake, encierra bien po-
cos documents, si se le compare con el enorme acervo
de nuestro Archivo General; pero no solamente guar-
da adn muchos valiosisimos para la historic de la isla,
de Cuba, de M6xico, de Centro y Sud America, sinj
que produce una sensaci6n de positive agrado el verlb


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perfectamente ordenado, limpio, invitando a los inves-
tigadores para el trabajo. Per otra parte, su Director,
el Licenciado Emilio Rodriguez Demorizi, ha estado
publicando algunos de los mds estimables, prologados
y anotados por 61 con gran erudici6n.
LY que decir de la Universidad ? Durante los cua-
tro afios que publiqu6 mi revista Divulgaci6n Hist6rica
procure hacerla llegar a los centros de instrucci6n del
mundo entero; y con sorpresa comenc6 a recibir en
change los Anales de la Universidad, desgraciadamente
no completes a causa de las dificiles comunicaciones
ocasionadas por la guerra; Anales que son demostra-
ci6n palmaria del muy alto nivel intellectual del profe-
sorado de aquella instituci6n, heredera de las gloria3
de la fundada por los dominicos en virtud de la bula
expedida por el Pontifice Paulo III en 28 de octubre de
1538, y que hizo de ella la primera del Nuevo Mundo,
de caricter pontificio, aunque no real. La autorizaci6n
de la Corona es de 1558.
Mis visits a este important plantel en donde se
verificaron todas las reuniones del Patronato Interame-
ricano pro Restauraci6n de la Isabela, me comproba-
ron el altisimo concept que de 61 me habia formado;
y mi contact director con muchos de sus profesores me
result gratisimo, como lo fue con otros intelectuales
dominicanos que me Ilenaron de bondadosas considera-
ciones, me obsequiaron con sus libros, y dos de ellos m-
mostraron un alto espiritu de generosidad; el notable
investigator e historiador Dr. Maximo Coiscou Henri-
quez, Profesor de Historia de la Universidad, que h'
hecho un acopio de documents tan notable como el
realizado por los ilustres Am6rico Lugo y Cipriano de
Utrera; y el joven historiador y Profesor de Historia en
el Seminario, Pbro. Hugo E. Polanco.


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Necesitaba yo, en efecto, conseguir dos obras ra-
risimas hoy en la Repfiblica Dominicana para comple-
tar mi studio sobre Davila Padilla; y ante la imposi-
bilidad de lograr mi objeto, ambos me cedieron con
gentilisima dedicatoria las que poseian.
iC6mo no sentirse atraido por un pais en que hay
hombres que asi dan sefiales no s6lo de elevadisima cul-
tura, sino de exquisite cortesia!
Y en otra forma, pero siempre atrayente en grado
sumo, se ostent6 conmigo el joven Arzobispo Beras. Yo
era un impertinente que Ilegaba buscando un retrato,
es verdad que de un antecesor suyo; pero pudo, a lo
mis, enviarme con el mismo sacristan de la Catedral
que me Ilev6 con 6l a que recorriera los lugares en don-
de acaso pudiera encontrar lo que necesitaba.
Lejos de obrar asi, no mis porque supo que
era yo un extranjero con intenciones de studio, se
eonvirti6 en mi guia a travys de su Catedral, me pro-
porcion6 informaciones valiosisimas; y en medio de su
sencillez, de su enorme sencillez, me di6 tales muestras
de su muy vasta cultural, de sus aspiraciones y de su
preparaci6n artisticas, que me dej6 prendado de su sa-
ber; y precisamente para que yo completara cuantas
pesquizas quisiera realizar, puso a mi disposici6n al P.
Polanco, quien no s6lo procur6 ayudarme, sino que lie.
v6 a la Universidad a todos sus alumnos para que es-
cuchar?.n mi conferencia sobre Davila Padilla.
Al mismo Sr. Beras debi la noticia que no he ha-
lado en otra parte y que es muy digna de notar. Hay
en urtfriso interior de la Catedral siete cabezas de
querubines que, en apariencia, son s61o uno de los or-
namentos que se hallan en los templos; y, sin embargo,
aquellas siete cabecitas, por la posici6n de sus labios,
por la abertura de sus bocas, representan las siete no-


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tas fundamentals de la Muisica: Do, Re, Mi, Fa, Sol, La,
Si. Y el amable Arzobispo fue mintiendo en mi presencia
cada nota, para que yo pudiera comparar su boca, sus
labios, con las de aquellos querubines. ZPodia yo espe-
rar mas de aquel alto dignatorio de la Iglesia Cat6lica,
cuando no era yo ante 1l sino un curioso estudiante ex-
tranjero ?
Pero a prop6sito de cuestiones eclesiAsticas, hub3
un hecho que me impresion6 much tambi6n, porque
jams lo he presenciado en mi pais durante mis setenta
afios de vida: los sacerdotes cat6licos portan sus sota-
nas, los religiosos y religiosas, sus hdbitos, por las ca-
lles de la ciudad; y supe luego que de igual respect.)
gozan las iglesias de otras denominaciones. Ya se ex-
plicara que tal tolerancia me sorprendiera.
Acaso, sin embargo, tambi6n esto sea motive de
reproche para las autoridades por los "espiritus fuertes '
dominicanos y de otros paises; para mi, respetuoso
siempre del pensamiento de los demas, para obtener
que los demAs respeten los mios; para mi, que por des-
gracia conozco de cerca, muy de cerca, los dafios que
causa la intransigencia religiosa, aquella vision de sa-
cerdotes y de monjas me signific6 prueba de cultural:
la que permit la libertad del pensamiento religioso.
El dia 20 de mayo de 1945, despu6s de la solemne
ceremonia en que se declar6 constituido el Patronato
Interamericano pro Restauraci6n de La Isabela, funda-
do por Universidades e individuos respetabilisimos-de
este calificativo yo s6lo debo ser exceptuado-; des-
pues de que todos sus miembros presents con reveren-
cia visitamos los restos de Crist6bal Col6n, los domini-
canos of~-ecieron un banquet a sus colegas extranjeros:
y para ir al famoso balneario v restaurant Giiibia,
situado frente al mar y a un punto hist6rico para los


-65-











estudiantes, La Pefia, porque alli tenian que probar su
valor y su pericia como nadadores, recorrimos la trans-
formada ciudad a la orilla del rio Ozama y de la playa
del Caribe; y pudimos ver que lo que en parte barrie-
ron el cicl6n y la inundaci6n y el terremoto de 1930 es
hoy un hermoso paseo del que sentiriase orgullosa cual-
quiera naci6n.
Mi visit a la Repdblica Dominicana s6lo me lle-
vaba accidentalmente a la capital; mi destiny se ha-
!laba en el otro extreme: en La Isabela, en el N. O. de
la isla, cerca de Puerto Plata, descubierto por Col6n
en su primer viaje a Espafia, y en donde vivi6 y trabaj6
activamente el ilustre cronista del descubrimiento de
America y defensor de !os indios, Fray Bartolom4 de
las Casas.
En various autom6viles nos acomodamc- las diez v
ocho o veinte personas que formAbamos la expedici6n,
y bastante de mariana partimos por una esplendida ca-
rretera. Yo, que tengo la mania de la observaci6n, no
consent ir en otro lugar que junto al ch6fer, porque alii
tenia la mejor atalaya de que podia disfrutar; y como
en el mismo carruaje iba un dominicano que much ha
viajado a travis de su pais, podia tener a quien pre-
guntar sobre aquello que me fuera interesando mis.
Debo advertir que corren publicados desde hace largos
afios tres libros mios que contienen mis impresiones de
viajero -Cartas de Viaje, Nuestros Vecinos del Norte,
Lugares, Hombres y Cosas-, lo que ahora hacia no era
otra cosa sino lo que he procurado realizar siempre que
he rodado por el mundo.
Apenas comenzAbamos a salir de la ciudad, el
paisaje iba siendo mis y mis bello, y pensaba yo en la
justicia con que Col6n se enamor6 de la isla, como lo
afirma una y otra vez; pero llamaban mi atenci6n dos


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cosas: todas las tierras por donde pasaba demostraban
un intense cultivo en la extension que abarcaba la mi-
rada; no se veian pobres jacales, sino casitas de rade-
ra, albergue de los campesinos.
1Y ahora si comenzAbamos a encontrar numerosos
negros; Ciudad Trujillo me habia sacado ya de mi
error: no es una poblaci6n en que el negro se sobrepon3
al blanco, sino ciudad eminentemente blanca con una
gran minoria de negros. Acaso encuentra uno a quienes
muestran lejana mezcla de unos y de otros; que quie-
nes hemos permanecido largos aios en poblaciones
donde la raza negra abunda, bien conocemos al que do
ella desciende, aunque a veces su color blanco y sus
cabellos rubios engafian al poco experimentado.
Pero una vez mas me sorprendia la limpieza, qu-
parcce constituir por si misma todo un decAlogo, today
una ley constitutional de este pueblo. Las mujercs que
lev-n su carga sobre la cabeza y no sobre la espalda
como nuestras indias, caminan esbeltas, erguidas, y su3
vestidos, siempre muestran la huella del agua y del ja-
b6n, haciendo resaltar mAs por ello los cuantos ejem-
plares que veia yo sucios.
En ocasiones grupos enteros de hombres y de mu-
jeres caminaban tranquilamente a pie o montando ju-
mentos, que abundan muy mAs que los caballos; y en
mAs de una ocasi6n, en el largo camino recorrido, al
ver los caminantes nuestro desfile de carruajes, quiz:
porque uno de los miembros del Patronato se parece
fisicamente al General Trujillo; quizA porque uno de
los coaches llevaba places del Presidente del Consejo
Administrative del Distrito de Santo Domingo, se de-
tenian para fritar a voz en cuello: Viva Trujillo!"
De esto fuimos testigos cuantos extranjeros ocupaba-
mos los carruajes.


-67-












No faltara quien diga que el grupo formado por
cubanos, norteamericanos, un guatemalteco y un mexi-
cano, que solo entendemos de problems relacionados
con la lejana vida del pasado, fuimos presa de una
ilusi6n o no pudimos ver las caras de terror con que
aquellos caminantes lanzaban tales vivas; y acaso quien
tal diga tenga raz6n.
Mas i quin a lo largo de una extension de mil y
tantos kil6metros que recorrimos estaba adosado a ca-
da campesino que tales voces daba? iEra una consign
ya existente de antemano para que cada vez que pase
un autom6vil por los caminos se hagan tales manifesta-
ciones? Otros responderan a estas preguntas; yo, que
hace s6lo unos cuantos dias me he visto obligado a decir
a quien audaz sospech6 de mi vision dominicana, que no
hay oro bastante en el mundo para comprar mi criterio,
ni cosa que me intimide para'decir la verdad, he de con-
fesar que aquellas exclamaciones me parecieron po;
complete espontaneas; y asi las estimaron mis colegas
extranjeros, cuando comentamos a solas aquellos entu-
siasmos.
Bien se comprende que este fen6meno social me
impresionara; pero a media que me internaba mas y
mas en el pais, advertia dos c.osas: la tierra maravillosa-
mente cultivada, y la propiedad intensamente subdivi-
dida. No pude menos entonces que pensar que esto no
podia ser s6lo resultado de la fecundidad pasmosa de
aquel suelo dominicano, porque nosotros tenemos tierras
de todo en todo semejantes en nuestras Huastecas: en
la Potosina, en la Hidalguense, en la Veracruzana, que
he recorrido en grandes extensions y no he hallado
una subdivision igual, ni un semejante cultivo; sobr.e
todo en la Huasteca Potosina en donde s6lo ahora co-


-68-










mienzan a abrirse tierras para la explotaci6n a lo largo
de la carretera hacia Laredo; pero donde todavia mi-
llares y millares de hectareas solicitan ansiosas la mano
,del hombre.
Mi admiraci6n a este iltimo respect acab6 po:-
ser tan grande, que pregunt6 al caballero dominicano
que nos acompafiaba:
S -LEn todo el pais la propiedad esta dividida co-
mo en esta region que vamos recorriendo?
-No exactamente igual, me respondi6. En una
zona que tenemos semi Arida esti menos subdividida,
-salvo en donde ya se experimentan los beneficios de la
irrigaci6n.
-Y no tienen ustedes problema agrario como nos,
otros ?
-- A qud llama usted probtema agrario?
-Quiero decir ino ha sido necesario destruir poc
medio de leyes las grandes propiedades para convertir-
las en ejidos, y en ejidos entregarlas como propiedad a
la clase indigena?
-No, me contest; la grande y la pequefia propie-
dad son individuals.
Y como quiera que al ocuparme hace cuarenta afios
en los medios de regeneraci6n de nuestros indios, estu-
did la anormalidad juridica creada por nuestra Consti-
tuci6n de 1857 y las leyes relatives a prop6sito de la
propiedad comunal y proclamb la conveniencia de ha-
cerles sentir los beneficios de ser duefios individualmen-
te de sus parcelas, no pude menos que pensar en que si
lo que iba mirando no era la respuesta a mi viejo pen-
aamiento.
La division de las tierras comunales, que en rigor
eran res nullius, para darlas individualmente a los in-


-69-










dios, junto con los elements de cultivo y bajo ciertas
condiciones que aseguraban tal propiedad, acaso habria
impedido la diminuci6n de la producci6n ejidal y auw
el abandon de la tierra misma ppr algunos ejidatarios,
que no sienten anhelos por conservar el ejido y mejo-
rarlo, como un propietario individual guard y benefi-
cia lo que sabe que es personalmente suyo.
Los mas grandes defensores del ejido en M6xico,
cuando han hablado con sinceridad en libros o aun en
declaraciones oficiales sobre la producci6n ejidal, han
confesado que 6sta ha disminuido considerablemente;
aunque el fracaso se ha atribuido por alguno de los
mis conspicuous, el Gral. Plutarco Elias Calles, ex-Pre-
sidente de la Repfiblica, a deficiencies del "material
humano.
Me faltaba ver algo bellisimo: la Vega Real desd-
el estupendo mirador que es el Santo Cerro, lamado
asi porque alli Col6n puso una gran cruz que los indioi.
trataron de destruir, sin lograr mas que el que surgiera
una sentimental tradici6n: mientras los indios incendia-
ban la cruz, la Virgen de la Merced se apareci6 a los
espafioles, y los indios, aterrorizados por aquel espec-
tfculo, huyeron, prescindiendo de su intent. Del arbol
que form la cruz, las religiosas mercedarias que hoy
conservan el temple levantado en el cerro y una escuelh
para nifias pobres, nos regalaron un pequefio fragmen-
to que nos distribuimos entire los expedicionarios.
Aquella vega bien merece el nombre de real, por-
que digna es de reyes. La vista no alcanza su t6rmino,
y cultivada como esta en toda su extension, tiene que
resultar y result fuente de riqueza incalculable.
Nosotros, despu6s de visitar las importantes ruinas.
de la primitive ciudad de la Concepci6n de la Veg-


-70-










Real, destruida por un terremoto, tuvimos la oportuni-
dad de charlar con un rico campesino del lugar, que
generosamente nos obsequi6 con una deliciosa taza de
caf4 y con exquisitos platanos. Yo, siempre curioso, me
di a recorrer con uno de sus hijos los secaderos de ta-
baco, que junto con el caf6 y con el cacao aquel buen
hombre cosecha en abundancia.
Atravesamos la important ciudad capital de la
provincia, llegando al medio dia a la mas important
afin por sus edificios, por su poblaci6n, por su historic:
Santiago de los Caballeros, en donde habiamos de co-
mer, como lo hicimos, agasajados por importantes ca-
balleros de aquel lugar.
No habia tiempo que perder y no lo perdimos; pe-
ro como yo habia oido hablar de que con una liger-
desviaci6n en el camino hacia Puerto Plata podiamos
darnos cuenta de las obras que para irrigaci6n se rea-
lizan, aprovechando las aguas del rio Yaque, caudalo-
sisimo como otros que fuimos dejando atris y que se
cruza, como aquellos, por grandes, hermosos y s6lidos
puentes de estructura metAlica, pedi a mis compafieros
que hici6ramos el desvio; lo hicimos y entonces pude
contemplar el acueducto que hoy lleva el agua a cen-
tenares de kil6metros para aprovechar tierras que an-
tes morian de sed y que ahora son campos destinados
al cultivo del arroz -es decir, uno de los cultivos que
necesitan de mas agua- y que constituyen nueva fuen-
te de riqueza para el pais.
Como las de la antigua Concepci6n de la Vega
Real, encontramos interesantisimas otras ruinas en un
lugar cercano a Santiago de los Caballeros; y a media
que nos ibamos acdrcando a Puerto Plata, mis ojos
contemplaban con deleite el panorama que teniamos


-71-










por todos lados a donde nuestras miradas se dirigian.
Las montafias iban siendo mas y mas elevadas; tanto,
que con raz6n. al Descubridor le parecieron "propin-
cuas al cielo", y en todas ellas visible, palpable, la
mano del hombre que con amor las cultiva, en tanto
que de su seno extrae los ricos metales que anunciaron
a Col6n desde que iba peregrinando por el reguero de
islas que encontr6 antes de Ilegar a Navidad, el puerto
ue aolorosos recuerdos para 6l, porque alli perecieron
los primeros europeos que dej6 en el Nuevo Mundo;
porque alli perdi6 su carabela Santa Maria, antes de
fundar la ciudad desaparecida que ahora ibamos bus-
cando: La Isabela.
El caballero que nos acompafiaba y que habia ve
nido respondiendo a mi incesante curiosidad, me anti-.
cip6 ahora, que antes de Ilegar a Puerto Plata iba a
encontrar un aspect divers, por la especial explota-
ci6n de palma que alli se desarrolla; y efectivamente
pude a poco admirar un extensisimo palmar, cuando
estabamos a punto de tocar el important puerto del N.
0. de la Repfblica Dominicana, que habia de servirnos
de centro de operaciones, y que esta ligado no sola-
mente por mar, no solamente por carretera, sino por
ferrocarril con distantes lugares de la isla.
De mi estancia en el important puerto maritime
queda entire otros gratisimos recuerdos, el banquet qu2e
nos dieron los rotarios; y lo menciono de manera espe-
cial, porque es bien sabido que el Rotary International
esti formado, por hombres prominentes en la banca, en
el comercio, en las industries todas. Pues quienes nos
agasajaron aquella noche, acaso un centenar, eran de
muy diversas nacionalidades, aveeindados en Puerto
Plata, que seguramente se sienten complacidos y sa-


-72-










tisfechos con la prosperidad que han lograido alcanzar
aun en aquella lejana provincia.
Se habia planeadd que al terminal nuestros tra-
bajos en la primera ciudad establecida por Col6n, fu6-
ramos a Monte Christi para visitar el lugar donde Jos6
Marti el famoso cubano, y Maximo G6mez el igualmen-
te famoso dominicano planearon el movimiento armado
cuyo termino fue la libertad de Cuba. Esto nos' permi-
tiria volver por lo que Ilaman "carretera international"
porque recorre en gran parte la linea divisoria entire la
Republica Dominicana y la Repfblica de Haiti; y a mi
el hacer la inspecci6n comparative entire las dos nacio-
nes, al menos en sus fronteras.
Una tormenta horrible, principio de un temporal
que dur6 various dias, arrastr6 un puente y ello nos im-
pidi6 hacer ese recorrido; pero el ir a Monte Christi me
dej6 estudiar otro aspect de la Repfiblica que visitaba.
Pude, en efecto, atravesar una vastisima region semi-
Arida antes de legar a ese lugar, muy semejante a nues-
tras poblaciones fronterizas del Norte, siguiendo el
camino que lleva allA desde Santiago de los Caballeros
a donde habiamos regresado.
Quien conoce nuestros "chaparrales" en la porci6n
nortefia de Mexico, ya conoce esta region, que muestra
sin embargo una diferencia: tambi6n alli la propiedad
rural esta dividida; menos que en la parte fertilisima
del Cibao a que antes me he referido, pero dividida
siempre, porque cultivan el ganado lo mismo los gran-
des propietarios, que los pequefios; el ganado vacuno
y el cabrio, porque el lanar no tiene igual importancia
en la Repdblica.
La irrigaci6n va penetrando ya en aquella zona
tambien, y en medio de campos cubiertos por arbustos
semejantes a los que cubren inmensurables tierras en


-73-


.r.










el Norte de nuestro pais, se dejaban ver los arrozales,
precursores de la transformaci6n de aquel suelo que,
como muchos lugares nuestros, sblo reclama que le den
agua para trocar su pobreza en riqueza.
Nuestro regreso, verificado ya en altas horas de
la noche, despu6s de visitar la humilde casa de MAximo
G6mez de donde parti6 para ir a ofrendar su vida, co-
mo Marti, en aras de la libertad de Cuba, me iba a de-
jar otra vision tan interesante como las que habia re-
cogido; ahora iba a darme cuenta de la seguridad en
los caminos y del extraordinario movimiento nocturne
de carga de una poblaci6n a otras.
Respecto de lo primero, de cuando en cuando los
faros de nuestros autom6viles nos dejaban ver peato.
nes, hombres o mujeres, que quiza iban de un bohio a
otro; de una poblaci6n a otra cercana. Como de dia,
Ilevaban la carga sobre sus cabezas, y se les veia sere-
nos, confiados, sin temor al asalto y al robo o al desho-
nor.
Respect de lo segundo, era un desfile intermina-
ble de grandes autom6viles de carga el que ibamos
encontrando; unos que nos cruzaban porque iban con
rumbo opuesto al que seguiamos; otros nos habian an-
ticipado, pero la velocidad de nuestros coaches nos per-
mitia alcanzarlos y adelantarlos.
Aquel espectAculo no podia ser menos que conmo-
vedor para mi: revelaba el respeto a la vida y al honor
en los caminos; revelaba producci6n abundante en estos
dias en que pueblos de mayor capacidad econ6mica se
ven privados de multitud de elements de primera ne-
cesidad.
Y ya que se habla de este aspect econ6mico de ia
Repfiblica Dominicana, un hecho serA revelador para
muchos que, como yo mismo lo pensaba, crean que aquel


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pueblo se halla en condiciones de miseria o de gran
atraso econ6mico; su moneda, signo siempre de equili-
brio o desequilibrio de un pais, corre a la par del d6lar
de los Estados Unidos, cuando M6xico s6lo puede coti-
zar nuestro peso a 4.85 por cada d6lar ya depreciado
en la misma naci6n nuestra vecina.
Tal fu6 la ensefianza objetiva que tuve respect
de aquella Rep6blica: un pais de blancos que, hasta
donde yo pude observer en mi brevisimo paso, viven en
armonia con los negros que son product del pais mis-
mo, aunque no quisieran complicar sus propios proble-
mas con internaciones subrepticias de sus vecinos hai-
tianos, ya que no serian las classes cultas de Haiti las
que asi quisieran penetrar. Un pais que cuenta con ins-
tituciones y con hombres tan cultos como los de cual-
quier otro de nuestro hemisferio. Un pais que si ha
transformado admirablemente ciertas porciones de la
vieja ciudad, destruida por el cicl6n y la inundaci6n y
el terremoto de 1930, ha sabido conservar con especial
amor las ruinas de sus mis celebres edificios; ruinas
que han causado por igual los salvajes atentados de
Sir Francis Drake en pleno siglo XVI, que las mis re-
cientes luchas political, que dieron margen a la inte----
venci6n de los Estados Unidos y a divisions siempre
dolorosas entire los hijos mismos de la naci6n.
Acaso convenga cerrar estas observaciones abso-
lutamente personales con la sintesis que de la vida de
su pais me hizo un prominent dominicano que alli
supo ganarse mi afecto y mi respeto.
"Para juzgar nuestro present -afirm6- es im-
perativo conocer el pasado bochornoso en que viviamos.
Nuestras rentas fiscales controladas por extranjeros en
garantia de empr6stitos onerosos; la agriculture, pri-


-75-










mitiva; la hacienda pfblica, manjar de todos los apeti-
tos y blanco de todos los asaltos; el orden, un mito; la
paz, sacudida por constantes revoluciones; el campesi-
no, sin amparo; las regions del pais, separadas unas
de otras por falta de vias de comunicaci6n; la ingerencia
extranjera, haciendose sentir de manera opresible des-
de las.mas altas hasta las mis bajas esferas. Pues bien,
todas nuestras lacras han desaparecido, todas nuestras
viejas virtudes se han reavivado; todo ese pasado de
luto, de sangre y de bancarrota ha quedado definitiva-
mente extinguido; y ahora nuestra tierra es nuestra;
nuestra hacienda es nuestra; nuestra nuestra soberania
es cabal y absolute; y el extranjero sabe que su convi-
vencia entire nosotros esta sujeta al respeto que le merez-
can nuestras leyes. Para lograr cuanto le digo, era ne-
cesario reeducar a un pueblo, y que quien lo hiciera fue-
ra un hombre capaz de imponer la discipline y despertar,
con su ejemplo, ansias de superaci6n".
Los dominicanos y s6lamente los dominicanos tie-
nen derecho a juzgar de este interesantisimo cuadro
que trazara otro dominicano; yo inicamente debo agre-
gar, que nosotros, los que fuimos con un exclusive ob-
jeto cientifico y ajeno de un modo absolute de los
problems politicos de la Repfiblica, nos sentimos gra-
tamente impresionados con lo que vimos; y que s61o
encontramos cortesia y consideraciones sin limited desde
el primer mandatario hasta el mAs humilde ch6fer o
sirviente.
Yo conocia La Espafiola, el Santo Domingo Colo-
nial; conocia la Republica Dominicana agobiada por
luchas intestines y por intervenciones extranjeras; aho';
conoci un centro de cultural, que es lo. anico que me
interesaba y me interest; un pueblo que, hasta donde
un viajero puede ver de modo rApido, tiene ana pros-


-76-











peridad material que, en muchos casos, por desgracia,
no he hallado en mi propio pais.
Ojala que los dominicanos, cualesquiera que sean
sus amores o sus odios politicos, sepan ver en esta ex-
posici6n solamente el juicio sereno y desinteresado que
Ilegaron a inspirarme las cosas y los hombres de valer
del suelo donde vieron la luz por vez primera.

Mexico, julio 28 de 1945.

Alberto Maria Carrefo.


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MESA DIRECTIVE DEL ATENEO NATIONAL
DE CIENCIAS Y ARTES DE MEXICO
PARA LOS AlOS 1945-1948

PRESIDENT:
Lic. EMILIO PORTES GIL
VICEPRESIDENTES
LIC. LUIS GARRIDO y ARQ. EDMUNDO ZAMUDIO


SRIO. GENERAL:
LIC. JOSE L. COSS.IO


TESORERO:
CARLOS DUPLAN

PRESIDENTS DE SECCIONES:


Arquitectura
Arq. Edmundo Zamudio
Biologia
Doctor Fernando Ocaranza
Astronomia y Matemiticas
Ing. Ricardo Monges L6pez
Cinematografia
Felipe Gregorio Castillo
Ciencias Naturales
Prof. Juan Balme
Criminalogia y Derecho Penal
Lie. Jos6 Angel Ceniceros
CONTADORES
Alfonso Ochoa Rabise C.P.T.
Derecho Civil e Industrial
Lic. Antonio Fernandez del Castillo
Economic Politica
Dip. Antonio Manero
Derecho Internacional
Senior Manuel Tello
Estudios Militares
Gral. Oth6n Le6n Lobato


SRIO. DE ACTAS:
TTE. CORL. IGNACIO
FUENTES


Estadisticas
Lic. Francisco de A. Benavides
Eugenesia
Dr. Alfredo M. Saavedra
Geografia
Gral. Manuel Cabrera Carrasqued.
Higiene
Dr. Alfonso Pruneda
Historia
Gral. Juan Manuel Torrea
Ingenieria
Ing. Jos6 A. Cuevas
Literature
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Medicine
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Misica
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Pedagogia
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Radio
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