• TABLE OF CONTENTS
HIDE
 Front Cover
 Half Title
 Title Page
 Nota preliminar
 Por su propio esfuerzo, conquisto...
 El estado norteamericano fue siempre...
 Conclusiones
 Table of Contents






Group Title: Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos;
Title: Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos
CITATION PAGE IMAGE ZOOMABLE
Full Citation
STANDARD VIEW MARC VIEW
Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00073999/00001
 Material Information
Title: Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos Trabajo aprobado por el Noveno Congreso Nacional de Historia
Physical Description: 85 p. : ; 22 cm.
Language: Spanish
Creator: Roig de Leuchsenring, Emilio, 1889-1964
Publisher: Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales
Place of Publication: Habana
Publication Date: 1950
Edition: 2. ed.
 Subjects
Subject: History -- Cuba -- Revolution, 1895-1898   ( lcsh )
Foreign relations -- Cuba -- United States   ( lcsh )
Foreign relations -- United States -- Cuba   ( lcsh )
Genre: non-fiction   ( marcgt )
 Record Information
Bibliographic ID: UF00073999
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000053230
oclc - 22548976
notis - AAF8140

Table of Contents
    Front Cover
        Page 1
        Page 2
    Half Title
        Page 3
        Page 4
    Title Page
        Page 5
        Page 6
    Nota preliminar
        Page 7
        Page 8
    Por su propio esfuerzo, conquisto el pueblo Cubano su independencia
        Page 9
        Page 10
        Page 11
        Page 12
        Page 13
        Page 14
        Page 15
        Page 16
        Page 17
        Page 18
        Page 19
        Page 20
        Page 21
        Page 22
        Page 23
        Page 24
        Page 25
        Page 26
        Page 27
        Page 28
        Page 29
        Page 30
        Page 31
        Page 32
        Page 33
        Page 34
        Page 35
        Page 36
        Page 37
        Page 38
        Page 39
        Page 40
        Page 41
        Page 42
        Page 43
        Page 44
        Page 45
        Page 46
        Page 47
        Page 48
        Page 49
        Page 50
    El estado norteamericano fue siempre enemigo de la independencia de Cuba
        Page 51
        Page 52
        Page 53
        Page 54
        Page 55
        Page 56
        Page 57
        Page 58
        Page 59
        Page 60
        Page 61
        Page 62
        Page 63
        Page 64
        Page 65
        Page 66
        Page 67
        Page 68
        Page 69
        Page 70
        Page 71
        Page 72
        Page 73
        Page 74
        Page 75
        Page 76
        Page 77
        Page 78
        Page 79
        Page 80
    Conclusiones
        Page 81
        Page 82
        Page 83
        Page 84
        Page 85
        Page 86
    Table of Contents
        Page 87
        Page 88
Full Text

EMILIO ROIG DE LEUCHSENRING




CUBA


DEBE 8U IRDEPEnDEnCil
R lOS ESTADO n URIDO


Trabajo presentado al
Noveno Congreso Nacional de Historia


------__ LA HABANA
+ PauikMeasn da m
172. 1105 lbd.*a Cmb d -is bu HlIl ~e n In useelkmks
K741C 1950
C.2















CUBA NO DEBE SU INDEPENDENCIA
A LOS ESTADOS UNIDOS





EMILIO ROIG DE LEUCHSENRING


CUBA


DEBE SU InDEPEnDEnCIA

A ODS ESTRDOS UIDOS


Trabajo presentado al
Noveno Congreso Nacional de Historia


Sociedad Cubana


LA HABANA
Publicaciones do la
de Studios Hist6ricos e Intenacionales
1950














AATI14
ANIMA c~tl

















NOTA PRELIMINARY



Ha sido propdsito inalterablemente mantenido por la Sociedad
Cubana de Estudios Hist6ricos e Internacionales, desde su fundaci6d
en 1940, e intensamente desarrollado a travis de los Congresos Na-
cionales de Historia, iniciados dos anos despuis, difundir el conoci-
miento y estimular el studio de la bistoria de Cuba, mis alias det
circulo de los especialistas, basta el corazdn mismo del pueblo, a fin
de que ese conocimiento Ileve a la reafirmaci6n permanente de la
fe cubana en la evolucidn hist6rica de la nacionalidad y estimule el
mis sano patriotism, velando porque nuestra historic no sea tergi-
versada o jalseada, y difundiendo, consecuentemente, cuantos studios
hemos creido indispensables realizar, de revaloraci6n de nuestro
pasado colonial, revolucionario, libertador y republican, rectificando
falsos concepts populates y de seudo-especialistas, y errors de inter-
pretacidn, aclarando dudas y salvando injustas pretericiones o exalta-
ciones en que hasta abora se habia venido incurriendo.
Singular empeio ha tenido nuestra Sociedad en esclarecer debi-
damente el process forjador de la Nacidn cubana, asil como la forma
y circunstancias en que logrd su independencia, precisando los verda-
deros factors, positives y negatives, que en ella intervinieron; tras.
cendentales problems istos, porque en la tergiversacidn de la verdad
hist6rica sobre la lucha cubana de cerca de dos siglos por lograr
democracia, libertad, justicia, cultural y civilizaci6n, y especialmente
acerca de nuestra Gran Guerra Libertadora de los Treinta Anos,
se encuentra la causa de nuestro derrotismo republican, de fatales
proyecciones para la estabilidad y engrandecimiento de la propia
Rept~blica.
Como expresamos en el Cuarto Congreso Nacional de Historia,
malvadamente o con inconsciencia se ha hecho career al cubano que
es un pueblo tan infeliz, incapaz y desgraciado, que ni siquiera pudo
romper por su propio esfuerzo el yugo que le esclavizaba a Espaia
y alcanzar su independencia, sino que necesit6 que otra naci6n, vecina
y poderosa -los Estados Unidos de Norteamrica- viniera a libe-'
rarlo de la opresora y explotadora metr6poli y a traerle la Rep4/blica.









Tarada vista con la falsa idea de su impotencia congenita, casi bast
ahora ha malvivido, creyendo el cubano que nada vale y todo to
debe a Norteamerica.
La ingerencia, creada y legalizada pot la Enmienda Platt, aument6
el escepticismo y la desconfianza de los cubanos en sus propios des-
tinos, llevandonos a entregar apresuradamente al extraniero tierr
y economic, antes que todo se hundiera en la inevitable catistrofe.
Por otra parte, el abandon gubernamental de la escuela piblica
y la falta de fiscalizaci6n y reglamentacidn de las escuelas privadas,
han agudizado la ignorancia hist6rica y la tergiversacidn y falsea-
miento de nuestro pasado colonial y revolucionario, aprovecbada
esa ignorancia por desgobernantes y politiqueros para camuflar su
sometimiento mercantilista al imperialismo norteamericano.
Aunque ya, tanto ese process, forjador de la Nacidn cubana como
el de la conquista de la independencia, ban sido acuciosamente reva-
lorados por los Congresos Nacionales de Historia, llegindose emt
ellos a conclusions definitivas sobre uno y otro, publicadas en los
Cuadernos de Historia Habanera que edita la Oficina del Historiador
de la Ciudad de La Habana, la Sociedad Cubana de Estudios Histd-
ricos e Internacionales ha creido necesario insistir en la divulgaciis
de esas verdades hist6ricas y, al efecto, nos enconend6, en la sesi6n
de veinticinco de agosto corriente de su junta directive, la redaccint
del trabajo que abora, en amplia tirada, y exclusivamente a los fines
indicados, ofrecemos al pueblo cubano.



















POR SU PROPIO ESFUERZO, CONQUISTO

EL PUEBLO CUBANO SU INDEPENDENCIA


1

La Naci6n cubana no es la consecuencia, como algunas naciones
surgidas a la terminaci6n de graves conflicts bl1icos mundiales, de
las conveniencas o de las intrigas de grandes potencias, naciones
trazadas sobre el mapa en la mesa de las conferencias internacionales;
ni es tampoco el product de la aglutinaci6n de regions antag6nicas
por su heterogeneidad racial, religiosa o political; ni debe su existen-
cia al favor interesado de otras naciones, con cuyo concurso -de
haber sido necesario- jams hubiera entrado a former parte de la
comunidad juridica international.
Muy por el contrario, la Naci6n cubana es el resultado del muy
largo process evolutivo del pensamiento y de la acci6n de los hijos
de esta tierra en busca de normas e instituciones political que resol-
vieran, ya de inmediato, ya para el future y de modo permanent,
los problems de today indole que en 6pocas diversas confront
nuestro pueblo durante los tiempos coloniales; process de formaci6n
y plasmaci6n de la conciencia cubana hada la integraci6n de la
nacionalidad.
El detenido examen de este cuadro nos muestra c6mo los cubanos,
colonos, trataron de buscar la felicidad y el engrandecimiento de la
patria, ya bajo la soberania espafiola, como tales colonos, garantidos
y amparados, debida y justamente, por el gobierno metropolitan;
ya mediante la implantaci6n de reforms concordantes con las nece-
sidades y el progress logrado por la Isla; ya a trav6s de una auto-
nomia political, econ6mica y administrative que permitiera el libre
desenvolvimiento de las actividades criollas en ese orden de cosas,
sin las cortapisas y explotaciones inherentes al regimen hasta enton-
ces seguido, de manera que mediante la evolud6n, Cuba se preparase
para el gobierno propio, creyendo que se evitaban asi las trastorna-









doras conmociones de los procedimientos revolucionarios; ya deslum-
brados por el espejismo de la libertad y el bienestar conquistados
por las colonies inglesas independizadas, del Continente, aspiraron
a la incorporaci6n de Cuba como un Estado mas de la Uni6n norte-
americana, forzando en algunos casos las simpatias y aceptaci6n de
esa tendencia anexionista, el peso aplastante de una mas ripida
eliminaci6n del despotismo metropolitan espafiol.
Y como meta culminadora de ese desarrollo de la idea naciona-
lista: el gran movimiento politico revolucionario independendista,
con sus proleg6menos de la rebeli6n por la libertad econ6mica que
contra el imperialismo espafiol iniciaron los vegueros en 1717 y repi-
tieron en 1723. Movimiento libertador que arranca desde la inidal
conspiraci6n de Roman de la Luz, Luis F. Basabe y Joaquin Infante,
descubierta y abortada en 1810, y finaliza en 1898, y en el que
no es possible dejar de tener en cuenta la sublevaci6n por la libertad
racial que encabez6 en 1812 el esclavo Jose Antonio Aponte, ni la
barbara represi6n esclavista llamada de La Escalera, en 1844. Periodo
de dos siglos, plet6rico de conspiraciones y expediciones, regado con
1i sangre de los protomArtires de nuestra libertad, en el que vemos
unidos en la persecuci6n de un comfn ideal a cubanos blancos y
negros, africanos, espafioles, chinos, centro y suramericanos y norte-
americanos, y que se precisa en aspiraci6n unica del rompimiento de
todo vinculo con Espafia, al llegarse al convencimiento de que son
inftiles las demands pacificas por mejoras y reforms, justicia yi
libertad.
Largo y cruento movimiento revolucionario independentista que
tuvo sus dos mas geniales visionaries y orientadores de la conciencia
patria a ese sentido encaminada: en Felix Varela, fil6sofo y maestro
esclarecido, propugnador, desde 1824, de que era la separaci6n de la
metr6poli por la revoluci6n, el inico procedimiento a seguir para la
conquista y afianzamiento de los ideales nacionalistas de libertad y
justicia, cultural y civilizaci6n; y en Jose Marti, ap6stol, heraldo, pa-
ladin y martir de la independencia cubana, y estadista genial, a su
vez, de la realidad republican, que no se conform con sefialar la
senda que conducia a la patria libre y ofrendar por ella su vida,
sino que leg6 a sus compatriotas, en mfiltiples trabajos, ensefianzas,
consejos, advertencias y admoniciones, que constituyen admirable
ideario cubano, contentivo del mis exacto y sorprendente program
politico y econ6mico que la Repfblica debia seguir, en el que apa-
recen anunciados todos y cada uno de los peligros que la amenaza-
ban, los males que podrian sobrevenirle y los abismos en que le
era ficil caer, si no se prevenian y evitaban aquellos.

2

Al declarar la Asamblea revolucionaria de Jimaguayf, el 16 de
septiembre de 1895 -como lo ha reconocido el Segundo Con-







11

greso Nacional de Historia- que la guerra comenzada el 24 de
febrero de dicho afo, era continuadora de la guerra que se inici6
el 10 de octubre de 1868, y habiendose mantenido el pueblo cuba-
no, de la Isla y de las emigraciones, durante el period comprendido
entire una y otra, en latente estado revolucionario contra la metr6-
poll, exteriorizado, una y otra vez, en forma de movimientos arma-
dos, sublevaciones y conspiraciones y que autoriz6 al Lugarteniente
General del Ejercito Libertador, Calixto Garcia Ifiiguez, a decir, en
su carta protest al mayor general W. R. Shaffter, jefe de las fuer-
zas norteamericanas en la Guerra Hispano-cubanoamericana de
1898, por hab6rsele negado el derecho de participar en la capitula-
ci6n y entrega por los espafioles de la Ciudad de Santiago de Cuba,
que la guerra con esa rendici6n terminada, era "una lucha de treinta
afios contra la dominaci6n espafiola".

3
La primer etapa (1868-1878) de la Guerra de los Treinta Afios,
no cabe duda que fu6 encabezada por los grandes terratenientes
cubanos, quienes no obstante perseguir el benefido material de con-
servar la preeminencia de que gozaban como hacendados y ganade-
ros, destruyendo al efecto las trabas de todas classes que al libre dis-
frute de la riqueza national encontraban en. el regimen colonial im-
perante, ofrecieron la curiosa, peculiarisima y enaltecedora contra-
dicci6n, de mantener, al mismo tiempo que un muy definido ideal
de independencia, jdeas y principios liberals, igualitarios y progre-
sistas, que les Ilevaron. junto con las necesidades de la misma lucha
armada, a decretar y hacer efectiva la abolici6n de la esclavitud,
incorpomndo al ejrdcto de la Revoluci6n, en piano de igualdad, a
los hombres de color, esclavos y libres, algunos de los cuales llega-
ron a alcanzar puestos prominentes en los organismos militares y
politicos de aquella contienda.
La Revoluci6n de 1868 es el crisol en que se funden los dos gran-
des elements etnicos que han de integrar la nacionalidad cubana.
En ella desaparecen las fronteras que dividian y. mantenian en anta-
gonismo a cubanos blancos y cubanos negros. Ella los acerca, une
e identifica, en el comfin ideal de independencia. Ella los iguala
en la lucha contra el despotismo espafiol. El enemigo de blancos y
negros es ya uno s61o: Espafia. Espafia es tambi6n el nuevo amo
contra el que es necesario luchar, juntos, blancos y negros, hasta
vencer o morir. Unos y otros son, desde ahora, esclavos del regimen
colonial espafol. Esas cadenas necesitan romperlas conjuntamente.
La Revoluci6n del 68 demuestra la capacidad cubana para el des-
empefio aun de aquellas tareas, como las militares, tan ajenas a las
normales actividades de un pueblo criado en la esdavitud: de ellas
saldrri guerreros tan extraordinarios como G6mez, Maceo, Garcia,
Agramonte y otros muchos, maestros graduados en el arte de la gue-









rra, en la guerra misma, estrategas que se enfrentaron de igual a
igual con los principles de la milicia espafiola y hasta los superaron.
En esa lucha belica se pusieron a prueba, igualmente, virtudes ejem-
plares del cubano: desinteris, sacrificio, abnegaci6n, heroismo. Y se
vi6, como despues en el 95, que la mujer, el anciano y el nifio, ha-.
cian causa comun con sus padres, esposos, hermanos e hijos, que pe-
leaban y morian en la manigua insurrecta. Y esa poblaci6n civil
ofrend6 tambien su bienestar y su vida por la causa de todos: por
Cuba Libre.
Y como contrast, conoci6 el cubano blanco, como ya lo habia
sufrido el cubano negro, hasta que limits extremes de inhumanidad
podia legar el despotismo del regimen colonial espafiol.
Pero ese martirologio cubano abri6 un abismo infranqueable en-
tre la metr6poli y la colonia, que se encargaron de hacerlo inmensa-
mente ancho y profundo los cuerpos de voluntaries, calificados por
un espaiol contemporineo, conservador y cat6lico -Angel Osso-
rio (1)- de "verdaderos grupos de criminals, sostenidos por los
ricos patriotai espaiioles, que han sido siempre los verdaderos cau-
santes de las injusticias padecidas por los cubanos", autores e induc-
tores, entire otros miles y, miles de crimenes, del fusilamiento, el 27
de noviembre de 1871, de los ocho inocentes estudiantes de medicine
de la Universidad de La Habana.
La guerra libertadora, iniciada en La Demajagua el 10 de octubre
de 1868, segin el capitin general Joaquin Jovellar cost a Espafia
mis de 140,000 hombres y 700 millones de pesos, y a pesar de las
divisions existtntes en el campo cubano, dur6 diez afios y no pudo
ser terminada por la fuerza de las armas, sino por un pacto, concer-
tado, no con todos sino con algunos de los jefes del Ej6rcito Iiber-
tador, por Martinez Campos, en el Zanj6n, el 10 de febrero de 1878.

4

jQue signifacion tuvo para Cuba y la causa libertadora cubana el
Pacto del Zanj6n? jFu6 una victoria espafiola y una derrota cubana?
No obstante la superioridad numerica, en la guerra de 1868-1878,
de las fuerzas regalares enviadas desde la Peninsula y de las milicias.
de voluntarios y guerrilleros reclutados en la Isla, de los abundan-
tes pertrechos belicos de que disponian los espafioles, del no reco-
nocimiento de la beligerancia del Ejercito Libertador por los go-
biernos norteamericanos, del decaimiento final padecido por los revo-
lucionarios, y de los localismos que impidieron extender la guerra
a todo el territorio de 1a Isla, Espafia no pudo vencer por la fuerza
de las armas a la Revoluci6n. Tuvo que pactar.
En el Zanj6n no fue aniquilado el ideal de independencia, sino
vencido el regimen absolutista establecido el afio 1837. Espafia re-
conoci6 la personalidad de Cuba al pactar con el Comit6 Revolucio-









nario del Centro. La beligerancia que en vano redamaron los revo-
ludonarios, de los Estados Unidos y de muchas de las repfiblicas de
Hispanoamrica durante la contienda, Espafia la reconoci6 el 10
de febrero de 1878, al obligarse con el pueblo de Cuba en armas. Fue
el poder de la Revoluci6n, a pesar de estar moribunda, el que le im-
puso a Espafia las obligacones que 6sta adquiri6 en El Zanj6n.
La Revoldci6n no fue derrotada y much menos extinguido el
ideal independentista.
Asi lo reconocen los historiadores espaiioles, imparciales y justos,
ilegando a afirmar Luis Morote, en su libro La moral de la derrota
(2), que el caso del Pacto del Zanj6n es el final tipico de todas las
guerras civiles espafiolas: "Las guerras civiles en Espafia son cr6ni-
cas y son largas. Duran por termino medio de siete a diez afios. Se
acaban por el cansanco de los combatientes, por el agotamiento de
los recursos econ6micos del interior o de los auxilios del exterior,
porque el pais se fatiga de sostener a los dos bandos, por convenios,
por la traici6n, nunca por una victoria decisive de las armas". Y para
demostrarlo las va enumerando, una por una, para afirmar: "Ningu-
na de ellas, ninguna desde los remotos tiempos de Viriato, hasta los
modernos dias del Zanj6n, terminal por el triunfo de las armas".
Pero Espafia no cumpli6 ninguno de los compromises contraidos
en el Pacto. logrando, si, los cubanos, ademis del citado reconod-
miento de la personalidad de la revoluci6n libertadora, el reconod-
miento de la emancipaci6n de la esclavitud, proclamada desde 1868
en los campos de Cuba Libre, ya que Espafia, al comprometerse a
dar, seg6n se expresaba en el Pacto, "libertad a los colonos asifticos
y esclavos que se hallen hoy en las filas insurrectas", se at6 irreme-
diablemente al compromise de abolir por complete la esclavitud;
pues era un contrasentido que gozaran de libertad los negros y chi-
nos rebeldes y continuaran esclavos los negros y chinos leales a Es-
pafia. Y esta, el 13 de febrero de 1880, tuvo que dictar la ley que
abolia por complete la esclavitud en la Isla de Cuba.
A los libertadores cubanos, a la revoluci6n del 68, debian pues,
una vez mis, en Guiimaro y en El Zanj6n, los hombres de color de
Cuba, su libertad y su igualdad con los hombres blancos.
No fu6, pues, el Pacto del Zanj6n, una derrota cubana, ni una
victoria espafiola, ni tampoco fue la paz. Fu6, pues, una tregua para
reanudar la lucha iniciada el 10 de octubre de 1868 en La Demaja-
gua. Y el incumplimiento de las reforms y mejoras prometidas en
el Pacto, sirvi6 de acicate para mantener en pie la rebeldia cubana.
Maceo, en uni6n de Calixto Garcia, continia los trabajos separa-
tistas. Lanza desde Kingston, el 5 de septiembre de 1879, una pro-
clama llamando a las armas a los cubanos de la Isla y de las emi-
graciones, a los compafieros de la pasada guerra y a los hombres de
color, y pidiendo simpatias y adhesi6n a los espafioles de buena vo-









luntad y a los ricos cubanos. Por primera vez aparece en un empefio
colectivo y concrete de liberaci6n patria, la figure del que seri el
maximo Ap6stol de nuestras libertades -Jose Marti- que toma
parte important en la conspiraci6n. Mas este nuevo movimiento re-
volucionario, que es conocido en nuestra historic con el nombre de
Guerra Chiquita, no por su escasa importancia, sino por su breve du-
raci6n, constitute un nuevo calvario de reveses y contratiempos que
ii siquiera permiten a Maceo llegar a Cuba, y terminal con la capi-
tulaci6n del general Calixto Garcia y las fuerzas de los b~igadieres
Guillermo Moncada y Jose Maceo y del coronel Emilio Nunez.
Con su incapacidad colonialista y su incorregible torpeza, los go-
bernantes y politicos espafioles se encargan de avivar el fuego del
descontento, de la rebeldia. Ininterrumpidamente se conspira en
Cuba y en las emigraciones. Una y otra vez, los veterans del 68 fra-
guan la reanudaci6n de la lucha armada, dentro y fuera del territo-
rio insular, manteni6ndose, muchos, abiertamente al margen de la
legalidad, alzados en armas contra la metr6poli.
Y la misma campafia autonomista tuvo francas proyecciones se-
paratistas y sirvi6 de pretexto para lanzar a Espafia los mis duros ata-
ques y hacer que el cubano no olvidara ni un solo moment, aunque
otra cosa pensaran y predicaran los altos dirigentes del Partido Auto-
nomista, la imposibilidad absolute de lograr bajo el pabell6n rojo
y gualda, libertad y justicia, mejoras y reforms.

5

Las conspiraciones y alzamientos continfian.
Ese estado revolucionario que existi6 en varias regions de la Isla,
latente en unas y efectivo en otras, necesitaba ser coordinado, en-
cauzado y organizado para que lograse viabilidad revolucionaria
capaz de abatir el poderio espafiol.
Esta obra le cupo la gloria de realizarla a Jose Marti y al Parti-
do Revolucionario Cubano por 1l fundado y dirigido.
A la causa de la independencia y libertad de Cuba consagr6 Mar-
ti totalmente su vida desde los diez y seis afios de edad.
Su hogar, el presidio politico y su destierro le ensefiaron lo que
era Espania; su peregrinaje patri6tico por Hispanoamerica le descu-
bri6 los pales y las dificultades que Cuba necesitaba evitar o ven-
cer en su ascenso de colonia a naci6n; sus largas estancias en los
Estados Unidos le revelaron la actitud a adoptar, respect a la par-
ticipaci6n de 6stos durante la lucha armada y en la repfiblica. Y
porque fu6 revolucionario perfect y politico extraordinario, no cay6
en prisas contraproducentes ni en imprevisiones ni improvisaciones
fatales, y supo elegir a los hombres adecuados e indispensables, li-
mar asperezas, conciliar antagonismos, terminar rencillas y discor-
dias, no concitarse la enemistad ni de los espafioles residents en







15

Cuba ni del pueblo norteamericano. Y aquel pelear sin odios, fruto
de su bondad y nobleza de coraz6n, di6 caricter peculiarisimo a la
Guerra del 95.
Muy por el contrario de la Revoluci6n del 68, Marti cuenta ahora
de modo singular con las classes trabajadoras y desvalidas de la so-
Sdedad, con los tabaqueros de las emigraciones floridanas: "con los
pobres de la tierra -dijo- quiero yo mi suerte echar", con la pe-
Squefia burguesia. Personalmente va, paso a paso, aunando volunta-
j des y desbrozando de obsticulos el camino que ha de conducirlo
rectamente al fin perseguido.
Pero ello no quiere decir que establezca preferencias discrimina-
Storias exclusivistas: cuenta con todos para la Revoluci6n, y la Repi-
'" blica ha de ser tambien "con todos y para el bien de todos".
Es una guerra national la que se propone desatar. En ella parti-
ciparan los patriots del 68, aunados en un mismo ideal y en un
comun prop6sito con los noveles revolucionarios del interior de la
Isla y de las emigraciones.

6

Marti comprendi6 que en las emigraciones cubanas, no contami-
nadas por el lodo del regimen colonial, estaba lo mis noble y mis
Spuro del sentimiento patri6tico libertador de su pueblo y la simien-
te, segura de fecundar, de la grande y definitive obra revoluciona-
ria que se proponia Ilevar a cabo.
Y a ellas acudi6. Pero era necesario unirlas y organizarlas a un
fin comfn national. Y a esta empresa se consagr6.
Se crea La Liga y se aprueban unas resoluciones bisicas, que han
de transformarse poco despues en los estatutos del Partido Revolu-
cionario Cubano. De ahora en lo adelante Marti no tendri tregua
ni descanso. El 5 de enero de 1892 se aprueban en Cayo Hueso, por
los representantes de todos los emigrados, aquellas bases y el 10 de
abril queda proclamada la constituci6n definitive del Partido, cuya
finalidad ts "lograr con los esfuerzos reunidos de todos los hombres
de buena voluntad, la independencia absolute de la Isla de Cuba
y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico"; y ordenari, "de acuerdo
con cuantos elements vivos y honrados se le unan, una guerra
generosa y breve encaminada a asegurar en la paz y el trabajo la
felicidad de los habitantes de la Isla... y de cumplir en la vida hist6-
Srica del Continente, los deberes 4ificiles que su situaci6n geografica
le sefiala". Aspira a "fundar en el ejercicio franco y cordial de las
capacidades legitimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera
democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equi-
librio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina
en una sociedad compuesta para la escavitud". La guerra que se









ha de hacer, lo seri "para el decoro y bien de todos los cubanos,
y entregar a todo el pais la patria libre".
En las bases del Partido, Marti deja claramente determinada la
perdurabilidad, en la Republica, de sus principios e ideales, actitud
16gica en quien piensa tanto en la revoluci6n separatist como en
la nueva nacionalidad.
Personalmente el Delegado va a entregarle a MAximo G6mez, el
glorioso veteran del 68, en nombre del Partido Revolucionario Cu-
baho, el acuerdo adoptado por 6ste, designindolo General en Jefe
de la nueva etapa de la guerra libertadora cubana, lo que formali-
za en 13 de septiembre de 1892, en Santiago de los Caballeros.
Marti le ratifica, de palabra, los concepts expresados en la carta
en que en nombre del Partido Revolucionario Cubano, lo habia nom-
brado General en Jefe del Ejercito Libertador.
La elecci6n para este cargo de Maximo G6mez represent una de
las mis elocuentes manifestaciones del genio politico revolucionario
de Marti. Y la aceptaci6n de G6mez constitute el triunfo asegurado
de la nueva guerra, porque G6mez es el estratega por excelencia de
la gran contienda de los Diez Afios, maestro insuperable de los ge-
nerales supervivientes que seran durante el desarrollo de la revo-
luci6n, los Lugartenientes Generales -Antonio Maceo y Calixto
Garcia- que siempre reconocieron la autoridad y capacidad de aqu6l,
y a quien inicamente, y no a otro alguno, Marti sabe estarin dis-
puestos a acatar y obedecer como General en Jefe, al igual que todos
los demis oficiales del 68. Marti comprendi6 que con la jefatura de
G6mez la guerra se desarrollaria con seguridades de triunfo. Y los
hechos posteriores le dieron la raz6n.
El 27 de mayo de 1893 public Marti en Patria, 6rgano official
del Partido Revolucionario Cubano, un trascendental manifiesto
-El Partido Revolucionario a Cuba- en el que recoge, amplia y
precisa, los ideales, prop6sitos y proyecciones de la guerra liberta-
dora y de la Republica, y las razones para que a este empefio se su-
men todos los cubanos de buena voluntad, blancos y negros, y las
seguridades que tendrin los buenos espafioles de que la Repfblica
los acoja, siempre que en ella vivan y trabajen sin hostilizarla ni
traicionarla y sin pretensiones de predominio o explotaci6n. Termi-
na con estas palabras: "El Partido Revolucionario Cubano ofrece a
Cuba su parte hecha de la revoluci6n por la independencia: el pais
sabra si en esta oportunidad de ser libre, rechaza la oportunidad, y
continia esclavo".
7

El firme prop6sito de hacer una guerra national, de ripido des-
arrollo y victoriosos resultados, llev6 a Marti a organizer, en los fi-
nales de 1894, un alzamiento simultAneo, mediante tres expedicio-
nes que saldrian del puerto de Fernandina, cerca de Jacksonville,







17

integradas por los barcos Lagonda, Amadis y Baracoa, alquilados a
un senior Borden, los cuales llevarian pertrechos de guerra y jefes
expediconarios.
Tan admirable plan fracas6 por la imperdonable deslealtad, la
traici6n incalificable del coronel de la Guerra del 68 Fernando L6pez
Queralta.
El desplome de ideales y de trabajos que signific6 el descubri-
miento y consecuente fracaso del tan bien coordinado Plan de Alza-
miento de Fernandina, ensombreci6 por un moment las esperanzas
puestas en el logro feliz y ripido de la independencia de Cuba. Pero
bien pronto renaci6 la fe en el coraz6n de los patriots revoluciona-
rios. Del percance sufrido sacaron elements de victoria. La no-
ticia de las expediciones preparadas infunde en los simpatizantes y
hasta en los indiferentes, confianza plena en la capacidad de los orga-
nizadores de la revoluci6n y revela lo habilidosamente que habian
venido trabajando y la eficiencia y magnitude de los planes separa-
tistas. Quienes han sabido y podido organizer esas expediciones, son
capaces de libertar a Cuba de la dominaci6n espafiola.
Se reanudan los trabajos, Se concibe y lleva adelante un nuevo
plan. El entusiasmo se acrecienta. Los tabaqueros cubanos respaldan,
con su fervorosa adhesi6n y su generosa contribuci6n econ6mica, a
Marti.
Los organizadores del movimiento en la Isla, trabajan tambien
afanosamente, con Juan Gualberto G6mez como figure central y
punto de enlace con el Delegado, de la conspiraci6n en Cuba. Es
dificil calmar la impaciencia reinante.
Se re6nen en Nueva York, en casa de Gonzalo de Quesada, el 29
de enero de 1895, 6ste y Marti con Enrique Collazo y Mayia Rodri-
guez y alli acuerdan y suscriben los tres ltimos el nuevo plan de
alzanniento "para la segunda quincena, y no antes, del mes de fe-
brero" pr6ximo. Recibidas las instrucciones por Juan Gualberto
G6mez y establecidos por 6ste los contacts oportunos, se fija la fecha
del dia 24 para el alzamiento simultineo en toda la Isla.
El 31 de enero sale Marti de Nueva York, en el vapor Athos, con
Enrique Collazo, Mayia Rodriguez y Manuel Mantilla, para reunirse
en Santo Domingo con MAximo G6mez, lanzar juntos el Manifiesto
que ha de pasar a la historic con el nombre de la poblaci6n domi-
nicana -Montecristi- en que fu6 firmado, y marchar ambos, el
jefe civil y el jefe military de la Revoluci6n, a los campos de Cuba
Libre.
El 25 de marzo de 1895, en humilde casita del pueblo dominicano
Ae Montecristi, Jose Marti y MAximo G6mez "por la responsabilidad
comun de su representaci6n y en muestra de unidad y solidez de la
Revoluci6n cubana", y como Delegado del Partido Revolucionario
Cubano, "creado para ordenar y auxiliar la guerra actual", estallada
en toda la isla desde el 24 de febrero, y General en Jefe "electo










en 01 por todos los miembros activos del Ejercito Libertador", suscri-
bieron juntos el Manifiesto-programa que debia dar a conocer en
Cuba, a cubanos y espafioles, blancos y negros, simpatizantes, enemi-
gos e indiferentes, el caricter y finalidad de la guerra y c6mo la
future Repiblica habria de constituirse, organizarse y desenvolverse..

8

La Guerra libertadora cubana de 1895-98 fue obra de una mayoria
popular, pues moviliz6, en forma mayoritaria a la poblaci6n cubana,
sin que eso quiera decir, desde luego, que esa mayoria empufi6 las
armas y se lanz6 a los campos de la lucha armada; pero si que ademis
de las fuerzas combatientes del Ejercito Libertador, el pueblo de
Cuba, mayoritariamente, hizo causa coming con la revoluci6n y a ella
se sum6, ya nutriendo las fuerzas libertadoras en calidad de soldados
y oficiales, ya cooperando con 6stos en incontables y eficaciSimos
servicios auxiliares, ya tambien prestando la poblaci6n civil, de uno
y otro sexo, urbana y singularmente rural, no menos valiosisima
ayuda y sin que faltara siquiera el apoyo inapreciable de los cubanos
emigrados en el extranjero, de modo principal los que se encon-
traban en los Estados Unidos, sosteniendo estas emigraciones, econ6-
micamente, la revoluci6n, durante todo el curso de la misma.
Y 6sta alcanz6 proyecciones francamente nacionales, extendiendose
a todo el territorio de la Isla, a las seis Provincias, pelefndose en
todas ellas, despues de terminada la triunfal campafia de La Invasi6n;
y hasta en la provincia de La Habana, y en las cercanias de la propia
Capital, residencia de las altas autoridades civiles y militares, las
fuerzas libertadoras tuvieron constantemente en jaque a las tropas
espafiolas y sus auxiliares las milicias de voluntarios y guerrilleros.
Despues de La Invasi6n, el poder de Espafia en Cuba estaba herido-
de muerte, habiendo perdido Espafia toda posibilidad de derrotar al
Ejercito Libertador y pacificar la Isla.
Prueba contundente del caricter mayoritario de la Revoluci6n del
95 nos la ofrece la reconcentraci6n del campesinado criollo, propug-
nado en la obra que public a principios de 1896, escrita en diciem-
bre de 1895, con el titulo de La Guerra separatist de Cuba, sus
causes, medios de terminarla y de evitar otras, el presbitero Juan
Bautista Casas, gobernador que fue del Obispado de La Habana; reco-
mendada por el capitAn general Arsenio Martinez Campos, al Mi-
nistro de Ultramar, Tomis Castellanos, en carta de 8 de julio de
1895, al confesarle su fracaso en el prop6sito de aplastar la revo-
luci6n libertadora; e implantada, de acuerdo con el Presidente del
Consejo de Ministros Antonio Cinovas del Castillo, por el General
Valeriano Weyler, al hacerse cargo del gobierno de la Isla; pues-
si todos ellos consideraron indispensable para abatir la revoluci6n
libertadora, privarla, mediante la reconcentraci6n, del auxilio pode-









I rosisimo que le prestaban hombres y mujeres, ancianos y niiios, desde
sus bohios, en el monte y la sabana, sirvi6ndole de mensajeros, pro-
porcionindole medios de subsistencia y medicines y pertrechos de
guerra, informando del paso de las tropas y lugares donde se ha-
llaban acampadas, y persigui6ndose tambien con aqu6lla, no s61o
aislar, sino exterminar en masa, por el hambre y las enfermedades,
a la poblaci6n cubana simpatizante y auxiliar de la revoluci6n, lo que
demuestra bien claramente que si aquella hubiera sido una minoria,
hubiera estado demis la reconcentraci6n de la misma en las ciuda-
des y los poblados.
Cuiles fueron los resultados?
El Conle de Romanones, en su libro Sagasta o el Politico (3),
ofrece esta desoladora pintura: "mis de trescientos mil reconcen-
trados agonizantes y famelicos pereciendo de hambre y de miseria
alrededor de las poblaciones". Y recoge este cuadro de uha carta de
Canalejas: "Curas, y soldados, radicales y conservadores, todos con-
vienen en que la guerra y la reconcentraci6n han originado lap muerte
de una tercera parte, por lo menos, de la poblad6n rural, es decir,
mis de cuatrocientos mil series humans; afiada usted a ese numero
el crecido de reconcentrados que van pereciendo por dia en propor-
ciones aterradoras. Entre unos y otros, poblaci6n civil, insurrectos,
armados y soldados, la guerra, aun acabando pronto representari la
p$rdida de mis de seiscientas mil vidas. iQue horror!... Y pensar
que esta hermosisima Isla sin la guerra y con un buen gobierno
seria un emporio de riqueza!"
Ese fu6 el balance trigico de la reconcentraci6n. Weyler pudo
contemplar c6mo se iba realizando su prop6sito de exterminar por
el hambre y las enfermedades al pueblo de Cuba, sabi6ndolo simpa-
tizante de la Revoluci6n.
Pero no logr6 impedir que siguiera auxiliando al Ejercito Liber-
tador.
Muy por el contrario, la reconcentraci6n agudiz6 hasta Ja exacer-
baci6n el odio a la metr6poli espafiola, uni6 mis y mis a los cubanos
contra ella, despert6 a los indiferentes o tibios y levant6 la protest
de los espafioles de nobles sentimientos y del pueblo de los Estados
Unidos.
Por otra parte, al campesino, con la destrucci6n de sus bohios y
sembrados, no le quedo otro recurso que, si afn no lo habia hecho,
incorporarse a la Revoluci6n, como soldado, o ponerse al servicio de
ella, pues la manera de no perecer de hambre y enfermedades o
asesinado, era alzarse contra la metr6poli, ponerse almargen de la
legalidad political.
La existencia de esta mayoria cubana revolucionaria ha sido reco-
nocida y proclamada por numerosos historiadores espafioles, entire
los que se destacan por sus terminantes afirmaciones: Severo G6mez
Nfinez, en Guerra Hispanoamericana; Luis Morote, en Sagasta, Me-









lilla y Cuba; Antonio Maria Fabie, en C4novas del Castillo; Francisco
Pi y Margall, en numerosos articulos publicados en El Nuevo Rd-
gimen.
Este iltimo en su trabajo La cuesti6n de Cuba, que vi6 la luz en
el citado peri6dico, el 3 de julio de 1897, dice: "Cuba nos es toda
enemiga: asi lo ven, de seguro, los sefiores Sagasta y Silvela, y asi
lo vemos hace tiempo nosotros. Hay alli, sin duda, hombres que
estin con Espafia, ya por raz6n de sus intereses, ya por odios de
partido, ya por miedo a la independencia; los mis nos aborrecen por
nuestras dilapidaciones, mis ain que por la tirania que alli hemos
ejercido. Nos aborrecen las hembras aun mas que los varones; y si
un dia entrara vencedor en La Habana Maximo G6mez, serian, de
seguro, las primeras en cubrirle de flores el camino".
Y la prqfetica vision del gran repiblico espafiol, se cumpli6 con
creces, cuando el Generalisimo de nuestro Ejercito Libertador entr6
al frente de sus fuerzas, en nuestra capital, el 24 de febrero de 1899.
Aunqte podriamos llenar paginas y pfginas recogiendo los juicios
de espafioles conocedores de la realidad revolucionaria cubana en i
guerra libertadora de 1895-98, nos limitaremos a sintetizarlos con el
criterio expuesto por Pablo de Alzola y Minondo, miembro de las
Academias de la Historia y de Ciencias y critic acucioso de los
asuntos coloniales, en su obra publicada en 1898 y escrita a fines
de 1897, El Problema Cubano (4): "En resume, el dominio dura-
dero de una colonia, poblada por enemigos encarnizados casi en su
totalidad, de la madre patria, que se consideran muy cultos y ade-
lantados, dotada de un clima mortifero, situada a tan larga distancia
y con el hAbito de la guerra de emboscadas, es una empresa superior
a las fuerzas de Espafia y ain de otras naciones mis pr6speras, de
mejor organizaci6n military y administradas con menos desorden".
Miguel Varona Guerrero, ayudante de campo del General en Jefe
Miaximo G6mez, en su muy documentada e imparcial obra La Guerra
de Independencia de Cuba (5), da, a falta de estadisticas cubanas
y espafiolas, este "estimado aproximado", basado "en algunas fuentes
escritas, como por ejemplo, el censo que de la poblaci6n rebelde a
Espafia hizo en la provincia Oriental el gobernador Marty, y en
apreciaciones experimentales de cierto valimento", que permit
apreciar el caricter mayoritario de la Revoluci6n. Esa "poblaci6n
rebelde contra Espafia", militant en el gran movimiento indepen-
dentista, asciende a la suma de 342,992, distribuida en la forma
siguiente: Ejercito Libertador en active servicio, 30,000; Reclutas
desarmados en reserve, 25,000; Funcionarios y empleados civiles,
5,000; Emigrados cubanos revolucionarios en el extranjero, 50.000;
Deportados y confinados politicos, 2,000; Presos en circeles y forta-
lezas, 2,000; Muertos violentamente por Espafia, 15,000; Delincuen-
tes muertos por la Revoluci6n en su propio campo, 1oo; Cubanos
fusilados legalmente por Espafia, 192; Muertos en los campos revo-










lucionarios por epidemias de viruela, paludismo y otras enfermedades,
20,000; Expedicionarios llegados del extranjero, 1,700; Miembros
del Ej&rcito Libertador y Servicio Civil de la Revoluci6n, muertos
en acciones de guerra, por tropas espaiiolas, 12,000; Ciudadanos ran-
cheros y sus familiares habitantes de los campos de la Revoluci6n
y rebeldes a la soberania espafiola, 180,000.

9

Participaci6n preponderante tuvieron, segiin hemos indicado ya,
las emigraciones cubanas en el extranjero, y de modo muy especial,
las establecidas en los Estados Unidos, en el apoyo mayoritaric del
pueblo de Cuba a la Revoluci6n Libertadora de 1895-98, revelindose
asi que aim lejos de su tierra se mantenia vivo y alerta en ellas el
sentimiento patri6tico y se hallaban plenamente identificadas con
sus hermanos de la Isla que luchaban por independizarla.
Bueno es dejar constancia de que muchos de estos emigrados habian
encontrado desde hacia largos afios estables medios econ6micos de
vida en Norteamerica y ambiente propicio de libertad y democracia;
como lo prueba el hecho de que en 1899, al ser desplazada la sobe-
rania espafiola, numerosos de ellos continuaron residiendo en los
Estados Unidos, descubriendose asi que no los movia interns personal
director en su apoyo a la Revoluci6n.
Lo mismo en la Guerra Grande que en la Guerra Chiquita, que
en las conspiraciones fracasadas de Carlos Agiiero, Ram6n Leocadio
Bonachea, G6mez-Maceo, Limbano Sinchez, Fernandez Ruz, los emi-
grados cubanos tuvieron invariablemente abiertos sus brazos y sus
bolsas, sus hogares y sus corazones, en decidida cooperaci6n a todo
empeiio que tuviera por ideal y meta la independencia de Cuba.
Las emigraciones -dice Domingo Mindez Capote en El Pacto del
Zanj6n (6)- "no abandonaron nunca el ideal, sintieron siempre el
patriotism mis puro, no apagaron jams la limpara votiva en
honor de Cuba".
Y Souza, en su Ensayo hist6rico sobre La Invasi3n (7), afirma muy
justamente que "la caja, el capital del Partido Revolucionario Cu-
bano. naci6, y se sostuvo, gracias al patriotism, nunca remiso o
cansado, de la noble emigraci6n cubana", proveniendo sus fondos,
principalmente, "de la contribuci6n voluntaria del diez por ciento
de sus jornales o sueldos semanales, donativo jamis aplazado o insa-
tisfecho su pago, Ilevado a cabo entire los tabaqueros cubanos, del
Cayo, de Tampa, de Ocala, de New York, etc.".
Esos emigrados fundaron .numerosos clubs dedicados a la propa-
ganda revolucionaria y recaudaci6n de fondos para adquirir pertre-
chos de guerra, medicines y para las demis necesidades de la guerra.
Varona Guerrero, en su obra La Guerra de Independencia de Cuba
(8), detalla asi el nfimero de estos: En Nueva York, mis de 13; en










Filadelfia, 5; en West Tampa, 11; en Tampa, 31; en Cayo Hueso,
34; en Port Tampa City, 8; y en Tejas, 4.
Existian, ademis, clubs consagrados a los mismos fines, en Mexico,
Costa Rica, Reptblica Dominicana, Haiti, Venezuela y El Salvador.
La prueba mas elocuente de esta identificaci6n spiritual y mate-
rial y cooperaci6n econ6mica mayoritarias de las emigraciones cu-
banas en el extranjero, de modo singular las establecidas en los
Estados Unidos, la tenemos en las proclamaciones hechas por la
Asamblea Constituyente reunida en La Yaya durante los meses de
septiembre y octubre de 1897, con vista de los informes emitidos
por el Consejo de Gobierno y por la Delegaci6n de los Estados
Unidos, de que "la fuente mis segura de ingreso que ha tenido y
que probablemente tendri en el porvenir, es y seri la contribuci6n
del 10% que voluntariamente se ha impuesto la clase pobre de
nuestra emigraci6n". En este particular coincidieron el dictamen de
la mayoria de la Comisi6n nombrada para el examen de la memorial
de! Secretario del Exterior y el voto particular emitido en aquella
por .el representante Enrique Collazo, y que revela el claro y honUo
sentido popular de nuestra iltima contienda libertadora: "Llama la
atenci6n un hecho sensible: mientras que las classes pobres continian
pagando puntualmente la contribuci6n del 10%, las classes ricas
permanecen indiferentes, sin acudir a Ilenar los emprestitos que se
ha tratado de realizar".
Los pobres de la tierra habian, pues, respondido a la lamada del
Ap6stol de nuestras libertades y redentor de los oprimidos.

10

Durante las dos grandes etapas de nuestra Guerra Libertadora de
Jos Treinta Afios -1868-78 y 1895-98- la mayoria de los gober-
nantes, politicos, militares y periodistas espafioles usaron siempre como
arma principal para desprestigiar a los revolucionarios cubanos el
insulto y el desprecio, much mis al dar cuenta de los encuentros o
combates entire las fuerzas de uno y otro bando.
Siempre fueron calificados aquellos de "insurrectos", "plateados",
"bandoleros", "cuatreros", "pillos" y "cobardes", a tal extreme
que esos insultos los recogi6 una copla que cantaban los peninsulares
recalcitrantes v los criollos espafiolizantes.
No hay parte de guerra espafiol en que, despues de afirmarse que
la "partida" "insurrecta" era muy superior en numero a las fuerzas
espafiolas, aquella tuvo crecido numero de bajas, y "por nuestra parte
sin novedad", o a lo mis uno o dos soldados heridos y un mulo
muerto, agregindose como final del relato: "los insurrectos huyeron
cobardemente".
Los jefes militares espafioles se quejaban indignados, tratando de
justificar su impotencia para abatir la Revoluci6n, de que los mam-
I









bises no presentaban combat formal; aparecian, hostilizaban a las
fuerzas espafolas, y desaparecian inmediatamente.
Esa critical despectiva envuelve nada menos que el trascendental
problema de la estrategia y tictica utilizadas por el Ejrcito Liber-
tador en el 68 y en el 95, una de las causes fundamentals de que
la primera no terminase por la victoria de las armas espaiiolas como
ya hemos visto sino por un pacto; en realidad, una tregua, y que
durante todo el desarrollo de la segunda se mantuviese inquebran-
table la pujanza del Ej6rcito Libertador y fracasasen estrepitosamente
los generals Calleja, Martinez Campos, Weyler v Blanco en su
jams logrado empefio de abatir o siquiera debilitar la Revoluci6n
Libertadora.
Muy por el contrario de ser los "insurrectos" "partidas" dispersas,
sin organizaci6n, discipline ni jefes, cobardes que no daban la cara
y se desbandaban ante el enemigo, esos soldados de la libertad
-como entire otros, demuestran cumplidamente los historiadores cu-
banos Benigno Souza en sus libros Maximo Gomez, el Generalisimo,
Biografia de un Regimiento Mambi y Ensayo hist6rico sobre la In-
vasion, y Miguel Varona Guerrero en La Guerra de Independencia
de Cuba, y reconocen historiadores y critics militares europeos, in-
cluyendo espafioles, y norteamericanos e hispanoamericanos, "si tu-
vieron -segun palabras de Souza (9)- organizaci6n military, la
mejor, la mis sabia, la que mis cuadraba a sus recursos en hombres
y armas, con modalidades para combatir a su enemigo impuestas por
el terreno y por sus raros elements de guerra, y la destreza por ellos
desplegada para sacar partido de este terreno, de acuerdo con sus
escasas municiones, y la habilidad con que se adaptaran a esas con-
diciones, para poder resistir a sus enemigos".
Carecian, desde luego, salvo muy raras excepciones como Calixto
Garcia, de preparaci6n military academic, y de unidad de armamen-
tos, adecuada alimentaci6n y abundancia de municiones. Pero suplian
todas esas importantes deficiencies belicas con el entusiasmo y la fe,
el misticismo en el ideal libertador que animaba a los components
de cada regimiento, soldados y oficiales; con el valor, rayando innu-
merables veces en heroismo, demostrado a diario; con la ausencia
de crueldad, que Marti supo inspirar con sus predicas durante la
conspiraci6n, y que en la guerra se cumplieron, con minimas
excepciones individuals, castigadas severisimamente, contrastando
con la crueldad desaforada de los gobernantes, ejercito regular, vo-
luntarios y guerrilleros espafioles; y con la pericia adquirida sobre
el propio campo de batalla, en la Guerra de los Diez Aiios y en
6sta del 95 al 98, por sus jefes maximos y por oficiales y soldados.
Benigno Souza pone de relieve (10) c6mo la Guerra del 68
sirvi6 de entrenamiento magnifico a nuestros libertadores para apro-
vechar esos eficacisimos elements que la naturaleza y el clima les
ofrecia y ejercitarse en la guerra de guerrillas. En aquella, "todo










fu6 descosida improvisaci6n, tanteos, costoso aprendizaje, dolorosas
equivocaciones ... En cambio, en 6sta del 24 de febrero, los cubanos
que se alzaron en ese dia contaron a su frente con algunos cente-
nares de hombres, veterans, habilisimos, conocedores como nadie
de la guerra de Cuba, graduados como sus maestros durante la de-
cada de la Guerra Grande, amen de la Chiquita, a los que pronto
ce unieron otros centenares de oficiales mambises, quienes vagando
por el destierro, s6lo aguardaban la nave expedicionaria que los tra-
jera a su tierra para combatir junto a sus paisanos recien alzados".
Y reafirmando el 6xito de esta tictica, dice el general norteame-
ricano Sickles citado por Souza (11), en un articulo de critical mi-
litar en que encomia superlativamente la campaia de La Invasi6n:
"Muchas critics se han hecho por los jefes espafioles y sus apolo-
gistas porque las columns insurrectas no presentaban batalla. Esto
quiere decir: los generals cubanos no aceptaban batalla en los
campos elegidos por los espafioles. Ellos combatian cuando se les
antojaba hacerlo, y siempre para su ventaja, rehusando todo corn-
bate favorable a sus enemigos".
El General en Jefe Miximo G6mez, por sus campafias en Cuba
durante la Guerra del 68, conocia, como ninguno, segin hace resaltar
Souza en su Ensayo Histrrico sobre la Invasidn, no solo las peculia-
ridades del territorio de la Isla, sino tambien la psicologia de los
generals espafoles.
Esclarecedoras de la tictica y estrategia mambisas son estas reco-
mendaciones de G6mez a Jose de Jes6s Monteagudo, de 23 de
febrero de 1897, que public Souza: "Ha Ilegado la hora de batirnos
tiesos, como usted sabe hacerlo. No apure la gente en lances compro-
metidos. Procure hacer guerra de infanteria, de emboscada. Guarde
sus caballos y aproveche la noche (guerra nocturna), asegurando la
posici6n, y el tiradero, de dia, para ocuparlo, ya de noche, y sin
peligro revienta usted una column de mil hombres con veinte, pues
no la deja dormir (el suefio es reparador de fuerzas) y al dia si-
guiente esos soldados andarin decaidos, y los coge usted mis
flojos..."
Complete Souza estos precosos datos sobre la tictica y estrategia
del Ejercito Libertador, precisando c6mo su jefe supremo, G6mez
"busc6 sus mejores auxiliares en el tr6pico fatal, mis mortifero y
eficaz que las balas y el machete de los mambises... Ya G6mez lo
dijo: "iMi tres mejores generals? Junio, Julio y Agosto". Los -es-
tragos que el dima y sus aliados, la fiebre amarilla, el paludismo,
la disenteria y otras enfermedades, ocasionaban a las tropas espa-
fiolas, le hizo decir a Sagasta el afio 97: "La guerra de Cuba nos
cuesta den soldados diaries que mueren alli". Y Souza cita estas
palabras de la habitual despedida de G6mez a sus oficiales al acampar
por las noches: "Un dia mis, sefiores, y una batalla mis ganada";
y estas otras escritas en la pigina de su Diario, el 14 de marzo de










1898: "Son los mismos batallones de alli, con los mismos nom-
bres; sin embargo la bandera que tremolan no parece la misma; ha
cambiado de color, quizi con el uso. Aunque la verdad es que el
sol de los tr6picos destifie las telas que se pintan en Europa".
Como expresi6n plena de la verdad y haciendole cabal justicia
pudo decir Enrique Collazo, general del Ejercito Libertador y uno
de nuestros primeros critics militares (12), que Maximo G6mez
"a todo suplia para dar la victoria a Cuba y la obra que se propuso
la lleg6 a ver realizada, la independencia de Cuba".

11

De las trascendentales repercusiones que tuvieron las peculiarisi-
mas estrategia y tictica desarrolladas durante toda la Guerra de
1895-98 por el Ejercito Libertador Cubano, anulando el empefio
perseguido por Cinovas y Sagasta de abatir por la fuerza de las
armas la Revoluci6n Libertadora e inutilizando por complete los
planes militares, a esos fines encaminados, de los generals Calleja,
Martinez Campos, Weyler y Blanco, encontramos pruebas contun-
dentes en el fracaso en el mando supremo de las fuerzas realistas de
la Isla de los tres primeros, y la implantaci6n de la autonomia, y
tambi6n en el reconocimiento p6blico de esa dolorosa realidad por
parte de gobernantes, politicos, militares e historiadores espafioles.
S61o presentaremos algunos de esos testimonios, en la imposibi-
lidad de reproducirlos todos.
Francisco Pi y Margall, en articulo titulado La cuestidn de Cuba,
que apareci6 en su revista El Nuevo Mundo, el 12 de febrero de
1898, afirma: "Nosotros no los hemos podido vencer con 200,000
hombres; porque son duefios del campo, conocen hasta los 6ltimos
repliegues del terreno en que luchan, tienen por auxiliar el clima
y pelean por su independencia. Los mueve y los exalta un ideal y
nosotros no tenemos ninguno. Por la fuerza van alli nuestros sol-
dados, no por entusiasmo ni espiritu de gloria".
Gabriel Maura Gamazo, en su Historia Critica del Reinado de D.
Alfonso XIII durante su menoridad bajo la regencia de su madre
donia Maria Cristina de Austria, confiesa (13): "Los cubanos re-
beldes, entire quienes predominaban, salvo contadas excepciones, los
de sangre espafiola, acreditaron entonces, como otras veces, poseer
para la guerra de guerrillas las extraordinarias aptitudes cong6nitas
en la raza; mientras el ejrcito regular, compuesto en su mayoria de
adolescents peninsulares de diecinueve a veinti6n afios, luchaba alli
con el desconocimiento del pais, con la inadaptaci6n al clima, y con
todo g6nero de desventajas, menos la del valor, que en episodios
aislados, donde mis ficilmente pudo mostrarse, multiplic6 muy
pronto los rasgos individuals de verdadero heroismo... los insu-
rrectos, perfectamente conocedores en cada caso del itinerario y la










importancia de los nfdceos regulars que a degas casi siempre los
perseguian, presentaban o eludian la batalla, segin se hallasen o no
en condiciones de superioridad, por lo menos presunta. Las colum-
nas leales, fuertes y bien armadas, se paseaban triunfal pero inefi-
cazmente por el territorio sublevado al tiempo mismo en que los
pequefios destacamentos eran sorprendidos por partidas much mis
numerosas, obligados a sostener rudisimos combates, y expudstos a
frecuentes descalabros. El azar tan solo deparaba a los espafioles
exitos que tuvieran importancia de victorias autenticas".
Veanse ahora, por ultimo, estos elocuentes testimonies de oficiales
espafioles que tomaron parte en las guerras del 68-78 y del 95-98,
reveladores de los exitos logrados con su peculiarisima estrategia y
tictica por el Ejrdcto Libertador, recogidos y publicados por Be-
nigno Souza en su libro Miximo G4mez el Generalisimo (14):
Sobre el combat de La Sacra dice el general espafiol Jimenez
Castellanos en sus Estudios Militares de la campafia de Cuba: "Por
este combat, unido a los descalabros anteriores... del excesivo
arrojo se pas6 a una exagerada prudencia, pues meses antes, al -ver
al enemigo, se arrojaban imprudentemente sobre el, y despu6s de
este acontecimiento, al divisarse algunos exploradores, los batallones
se formaban en columns y quedaba la fuerza espafiola tan apifiada
que con dificultad dejaban de encontrar blanco los disparos del
enemigo... La caballeria insurrecta amagaba algunas cargas, para
hacer que nuestros infants tomaran un orden compact, y despues
avanzaban grupos con bastante intervalo entire los hombres, los que
tiroteaban a los cuadros y les causaban muchas bajas... La caba-
leria ligera del enemigo es capaz de competir con la mejor que haya".
De esa misma acci6n comenta el comandante L. Barrios: "Se pres-
cindi6 del orden abierto y, con su ripida intuici6n, los hijos del
pais comprendieron prontamente todo el partido que podian sacar
de nuestra falta".
El coronel Camps y Felif, al frente del batall6n El Rayo, refiere
del combat de El Naranjo: "Rompi6se nutrido fuego de cafi6n y
la caballeria contraria di6, con ligereza y atrevimiento, repetidas
cargas; rechazada por el fuego, lleg6 el turno a nuestra caballeria.
Los escuadrones de Pizarro, mandados por el coronel Luis Portero, se-
pusieron en movimiento... Al instant desaparecieron de nuestra
vista... legando confusamente a nuestros oidos el eco grave y
sombrio de las trompetas... El fuego de la bien colocada infanteria
enemiga y sus fuerzas de caballeria que, resueltas, cargaron sobre
nuestros escuadrones, hicieron que 6stos, diezmadas sus filas, se pro-
nunciaran en retirada, refugiindose a retaguardia de nuestra linea,
en cuadros de batall6n".
Silvestre Scowel, corresponsal del New York Herald dijo en el
n6mero de 22 de diciembre de 1895 sobre la march de La Invasi6n,
a la que 1l asisti6: "G6mez, de hecho, ha terminado su jornada con
suma considerable de gloria. Partiendo de un punto, del Sur de Santa










,Clara, ha penetrado en Matanzas, empleando part de sus fuerzas en
Col6n, para echar atris las fuerzas espafiolas, bajo el mando del
mismo Campos, retrocediendo despuis al Noroeste, con el cuerpo
principal de su ejrcito, quemando estaciones y haciendo sus jornadas
en tempo marcado. Cuando esta march de G6mez se describe, el
mundo military la admitira como una de las mis atrevidas de que se
tiene noticia en los designios de forzar lines enemigas".
The Sun, de 14 de enero de 1896, express: "Si de esta campania
(la de La Invasi6n) se dijera que es extravagant en su audacia; no
seria satisfactoria la expresi6n porque los resultados han probado
que no es extravagante... La habilidad de la estrategia del jefe
revolucionario jams ha sido sobrepujada en ninguna guerra... Se
,acerca mis a los prodigies de la leyenda que a los anales aut6nticos
de nuestro tiempo, y G6mez ha desplegado en toda esta campafia,
admirable genio military .
El general norteamericano Sickles, veteran de la guerra de se-
cesi6n, afirm6: "La march de G6mez de Oriente a Occidente es
tan notable desde el punto de vista military como la de Sherman;
desde luego no seria cortes calificar como incompetent el mando
de los espa-oles, pero ain admitiendo que si lo era, debemos poner
a G6mez y a Maceo en la primera fila de la capacidad military .
Del Times, de Londres: "La campafia de los espafioles puede darse
por fracasada, desde el moment que, siendo en numero de cuatro
soldados por cada insurrecto, no han podido evitar el 6xito constant
,de los rebeldes, mandados por G6mez y Maceo, puesto que, ora sepa-
rados, ora reunidos, han cruzado en todas direcciones la Isla, sin
haber experimentado una derrota de verdadera consecuencia".
Gonzalo Reparaz, el conocido periodista y critic military espafiol,
expuso en el Heraldo de Madrid: "Por desgracia, entire los anuncios
de G6mez y los del gobierno, ha habido esta diferencia: que aquellos
se han verificado puntualmente, y estos de ninguna manera, seria,
por tanto, necedad insigne disimular que la victoria estrategica es
suya hasta ahora".

12

SFu6 tambien factor decisive de la victoriosa pujanza del Ejercito
Libertador la resoluci6n adoptada por el General en Jefe. Miximo
G6mez, y puesta en prictica durante toda la campafia, de aniquilar
por complete las fuentes de producci6n y riqueza, la vida agricola,
industrial y comercal de la Isla, especialmente la producci6n azu-
carera, de acuerdo con la circular que aquel dict6, en primero de
julio de 1895, prohibiendo terminantemente la introducci6n de
frutos de comercio y de ganado en pie en las poblaciones ocupadas
por el enemigo, ordenando la paralizaci6n de las labores en las fincas
azucareras e incendiando los cafiaverales y demoliendo las fibricas










de aquellas que intentaren realizar la zafra, porque de esta manera
se restaban al gobiemo espafol las cuantiosas entradas que la indus-
tria azucarera le propordonaba y las que eran invertidas en el soste-
nimiento del ej&rcito insular y de los guerrilleros que con aquel
cooperaban a combatir la Revoluci6n.
La paralizaci6n de la vida econ6mica de la Isla, y de modo singu-
lar la de la industrial azucarera, convirti6 en protestantes de los me-
todos de gobierno desenvueltos por Espafia en Cuba, a los hombres
de dinero, de influencia siempre preponderante en las esferas ofi-
dales, e hizo patente, a su vez, esa pujanza de la Revoluci6n y la
ineficada que para aplastarla y para garantizar vidas y haciendas,
demostraban los gobernantes y ejercitos espafioles.

13

Cuando se reanud6 en 24 de febrero de 1895 la guerra libertadora,
Sagasta esta en el poder en Espafia. El general Calleja, de capitin
general en Cuba.
El dia 25 Abarzuza, ministry de Ultramar, calific6 despreciativa-
mente a los libertadores cubanos de "bandoleros" y a la revoluci6n
de "actos de bandolerismo". Interpelado el Gobierno en el Senado,
el dia 28, Sagasta, petulantemente, express, seguin refiere Ortega
Rubio, que "la tentative ha sido una loca intentona que pereceri
asfixiada por falta de ambiente en la opinion, y sus autores serin
castigados rigurosamente, pues la lev debe ser inflexible contra todo
aquel que pretend atacar la integridad de nuestra querida patria".
"Bandolerismo" y locaa intentona", no impidi6 que el Gobierno,
sin pedirlo Calleja, se dispusiese a mandarle 6,000 hombres, para
reforzar los 13,661 con 916 oficiales que, segin Ortega Rubio,
existian en la Isla.
Silvela y Romero Robledo, si vieron la gravedad de las circuns-
tancias v el ultimo pidi6, en primero de marzo, el envio inmediato
de 20.000 hombres. Martinez Campos estim6 que "el s6lo anuncio de
salida de tropas de la Peninsula influiria de manera poderosa para
enfriar el entusiasmo de los rebeldes".
Al fin el Gobierno se convenci6 de "la gravedad que tenia el
movimiento revolucionario", y en el Consejo de Ministros del dia
3 acord6 mandar a Cuba el crucero Reina Mercedes y 8,500 hombres,
seguidos de otra expedii6n de 1,500 y la promesa a Calleja de
10,000 mis.
Como dice Ortega Rubio (15), por "la torpe political del Go-
bierno de Sagasta y del general Calleja en Cuba, era natural se
plantease la crisis". Y al Partido Liberal sustituy6 el Conservador,
y a Sagasta, Cinovas, el 23 de marzo. Y Martinez Campos, principle
de la milicia espafiola, restaurador de la monarquia, pacificador de
Cuba, fue nombrado el dia 28 sucesor de Calleja, quien disculp6









su fracaso manifestando que "no tenia fuerzas suficientes para pre-
venir la insurrecd6n y menos para dominarla". Comentando estas
palabras dice Ortega Rubio que "durante el gobierno de Calleja la
political y la administrad6n se encontraban en un verdadero descon-
cierto".
Las esperanzas puestas en Martinez Campos se desvanecieron bien
pronto.
Maura Gamazo (16) hace resaltar la desproporci6n existente, en
junio del 95, entire los seis u ocho mil revolucionarios cubanos y los
52,000 hombres con que ya contaba Martinez Campos para abatirlos,
mis 19 buques de guerra, seis de los cuales pasaban de mil toneladas:
Sanchez parcaiztegui, Jorge Juan, Infanta Isabel, Colon, Conde de
Venadito e Isabel II.
Las fuerzas militares eran:
Generales, 20; jefes, 228; oficales, 1,845. La tropa: infanteria,
39,885; caballeria, 2,596; artilleria, 671; ingenieros, 414; orden pi-
blico, 976; guardia civil, 4,400; infanteria de marina, 2,700; y vo-
luntarios, 1,152.
Comenta el referido historiador espafiol que "tan abrumadora
superioridad era todavia insuficiente".
Cuando el 22 de octubre de 1895 G6mez y Maceo inician, desde
las sabanas de Baragui la que seria march triunfal de La Invasi6n
de Oriente a Occidente, el ejerdto espafiol en Cuba ascendia a unos
80,000 hombres de todas armas, seg6n Ortega Rubio (17). Pero
Maura Gamazo (18) eleva la suma a mis de 100,000, comentando
que "fue vana jactancia afirmar que para la primavera estaria barrida
la insurrecci6n; como fu6 sofisma o candidez, propias de estrategas
de cafe, suponer que los espaiioles debian batirse generalmente en
la proporci6n de cuatro a uno", ya que entonces, dice, no disponia
ain Maximo G6mez ni de 25,000 hombres.
Mientras se desarrolla La Invasi6n y el Ejrdcito Libertador cruza
triunfalmente la Isla, levantando en armas contra Espafa todas las
provincias, legando al extreme occidental de la Isla, Mantua, el 22
de enero, habian continuado sin interrupci6n los envios de tropas.
Antonio Maria Fabie (19), en su biografia de Cinovas del Castillo,
dice que "el 31 de diciembre de 1895 tenia Espa6a en la isla de
Cuba un ejrcito compuesto de 113,000 hombres de todas las armas;
sin embargo de ello, la guerra estaba peor que al principio, domi-
nando en todos los espiritus muy desconsoladora impresi6n". Ortega
Rubio (20) detalla que "las fuerzas que hasta iltimo de este afio
se mandaron a Cuba consistian en 112,000 hombres, y mis de 50,000
voluntarios, de los cuales habia unos 5,000 a 6,000 movilizados".
Martinez Campos, despu6s de haber confesado su fracaso, sugiri6
a Cinovas el nombre de Weyler como el capaz de implantar Ia guerra
despiadada y la reconcentrad6n y exterminio del campesinado.
Y Weyler fue nombrado capitin general de Cuba, firmando la
Reina Regente su nombramiento el 19 de enero de 1896, lo que








signific6 nuevos y cuantiosos envios de tropas, con los negatives
resultados que el lector comprobari detalladamente.
El president del Consejo de Ministros de Espafia, Cinovas del
Castillo, respald6 abierta y totalmente a Weyler en su dificilisimo
empefio de poner fin a la Revoluci6n Libertadora cubana.
Y puede decirse que ningin jefe de ejirdto, hasta entonces y en
America, habia logrado tener bajo su mando tan elevado nfimero
de hombres y de elements de guerra, como el Marques de Tenerife.
Este mismo en Mi mando en Cuba (21), confiesa que CAnovas le
hizo ver que su nombramiento se debia a que "la opinion pfiblica
me designaba", y logr6 que lo acompafiara "el personal de generals
que crei necesario y que fueron destinados desde luego, figurando
entire ellos los tenientes generals Barges, Ahumada y Ochando", asi
como "el personal que creyese necesario para los gobiernos civiles".
Se le di6 carta abierta en el plan de operaciones a desarrollar:
"Ninguna instrucci6n recibi sobre el plan de operaciones". Dice
que conocia la realidad, sobre la pujanza de la Revoluci6n: "La insu-
rrecci6n se habia extendido de uno a otro extreme de la Isla". Al
pasar por Cadiz y contestar las ovaciones que se le dirigian, "hube
de manifestar que me proponia acabar la guerra en poco mis de
dos afios". Y al desembarcar en La Habana, el 11 de febrero, en
alocuci6n dirigida a los habitantes de Cuba, declare: "Traigo la
honrosa misi6n de concluir la guerra".
De las fuerzas que se habian ordenado enviar a Martinez Campos,
parte de ellas llegaron con Weyler y otras estando ya 6ste en Cuba.
Entre ellas una expedici6n de 21,463 hombres que habia sido orde-
nada por Real Decreto de 20 de enero de aquel afio.
Ya en la Isla, encontr6 que "la situaci6n era gravisima, y confieso
que no pude imaginirmela antes de pisar la Isla". Y declar6 que
estaba resuelto a hacer la guerra sin cuartel: "Preciso es comprender
que este estado de cosas exigia medidas de rigor en que no debia
yo de cejar, y que pedian los buenos espafioles, y a ello debian
encaminarse mis esfuerzos".
Weyler no da el total de tropas con que cont6 durante su mando,
pero copia estas palabras pronunciadas por el jefe del Partido Li-
beral, Sagasta, el 19 de mayo de 1897, al reunir a los diputados y
senadores que le seguian, antes de abrirse las Cortes: "Despues de
haber enviado 200,000 hombres y de haberse derramado tanta san-
gre, no somos duefios en la Isla de mis terreno que el que pisan
nuestros soldados". Weyler se limit a declarar que no queria juzgar
esas palabras tan equivocadas y dichas con tanta pasi6n, "por el
respeto que le tenia y guard a Sagasta".
Con los historiadores espafioles a la vista, precisaremos nosotros
las fuerzas que se le enviaron y con que cont6 Weyler.
El primero de agosto, segon Juan Ortega Rubio (22), "Cinovas
anunci6 que en septiembre saldria de Espafia una expedici6n para
Cuba de 40,000 hombres y en noviembre otra de 20,000". El propio








historiador relata que en Consejo de Ministros de 21 de octubre,
presidido. por la Rema, "dijo Canovas que sobre los 200,000 y tantos
hombres que tenia a sus 6rdenes Weyler, antes de fin de afio se
proponia el gobierno enviar nueva expedici6n de 25,000".
En cuanto a "los barcos de guerra que hubo en aquella Isla durante
mi mando", dice Weyler en Mi mando en Cuba, eran: 1 crucero
protegido, 5 cruceros no protegidos de 14, 2 cruceros no protegidos
de 3y, 3 cafioneros de 14, 7 cafioneros de 20, 24 cafioneros de
3y, 6 cafioneros torpederos, 6 lanchas, 2 pontones, 2 remolcadores,
y 1 transport.
Weyler public, por iltimo, en Mi mando en Cuba (23), el n6me-
ro de hospitalss y enfermerias existentes en 1895". Suman 33, con
21,600 camas.
En 1896 y 97 se crearon 38 hospitals y enfermerias con 20,000
camas.
Lo que arroja un total de 71 hospitals y enfermerias con 41,600
camas.
Como afirma el doctor Benigno Souza en su libro Maximo G6mez
el Generalisimo (24), "Weyler ha sido en la historic el general es-
pafiol que con mis soldados cont6 para su empresa. Tuvo bajo su
mando veinte veces mis hombres que el Gran Capitin, infinitos mis
que Hernin Cortes, y no s61o no conquist6 a Italia ni a Mexico, sino
que al frente, o mejor dicho, detris de sus 260,000 soldados, no
pudo siquiera conquistar el potrero de La Reforma, en Sancti Spi-
ritus, defendido con un pufiado de hombres por el finico descen-
diente de los grandes aventureros del Sur de Espafia".
A los datos estadisticos ya ofrecidos sobre la cuantia de las tropas
con que contaron los generals Calleja, Martinez Campos y Weyler,
vamos a presentar ahora los que da Arturo Amblard, representante
del Partido Reformista de Cuba en Madrid, en sus Notas Coloniales,
tomados de los que public, extractindolos "de las estadisticas ofi-
ciales", D. Genaro Alas, y di6 a luz en La Correspondencia de Espana,
de 27 de enero de 1897 (25):
"Desde el 8 de marzo del 95 al 30 de noviembre del 96, seg6n
los estados de embarque de la Trasatlintica, han sido enviados a
Cuba los soldados siguientes: 175,301, mis 17,000 que habian en la
Isla en febrero del 95, o sean: 192,301".
Como estas estadisticas que di6 D. Genaro Alas en La Correspon-
dencia de Espafa de 27 de enero de 1897, solo alcanzan, segun el
mismo sefiala, hasta fines de 1896, el senior Arturo Amblard, en su
citado libro, la complete en la forma siguiente:
"Con posterioridad a la fecha en que escribia el senior Alas, sigui6
reforzandose el ejrcito de Cuba, que alcanz6 en todo el afio de
1897 su mayor contingent en revista. Esta, seg6n datos muy auto-
rizados, se distribuy6 o determine en aquellos meses de la manera
siguient:









Enero ................ .................. 215,155
Febrero .......... ...... 218,068
M arzo ...................... ........... ... 218,100
Abril .......... ......................... 218,126
M ayo .................... ............. 218,764
Junio .................. .............. 215.370
Julio .. ................. ............. 211,976
Agosto ................. ......... ...... 208,781
Septiembre .. ............................ 205,388
Octubre ............ .................... 203,939
Noviembre ........ ... ....... .............. 200,450
Diciembre ......... ....................... 200,450
"No se comprenden en estas cifras los Cuerpos de Voluntarios, ni
los destacamentos de los ingenios costeados por los particulares: de
estos no tenemos el nimero exacto, pero si de los primeros, que se
distribuian en toda la Isla en la proporci6n siguiente:
Plaza de La Habana ............ ......... 20,134
En el resto de la misma provincial ............ 8,492
Pinar del Rio ............................... 12,163
M atanzas ........... ..................... 11,316
Santa Clara .............. ............. 20,682
Puerto Principe ........................... 1,867
Santiago de Cuba ............................ 9,889

O sea un total de ........................ 84.543
individuos de tropa, mis 416 jefes y 5,255 oficiales.
"Como se ve, el total de fuerzas armadas al servicio de la Metr6poli
durante aquel period de la guerra, fluctu6 entire trescientos y tres-
cicntos cincuenta mil hombres; pero para la estadistica m6dica deber&
tomarse como cifra maxima comparative la de ciento ochenta a dos-
cientos mil.
"Esta relaci6n verdaderamente espanta, y casi dudariamos del iris-
tisimo cuadro que ofrece su examen, si no tuvieramos absolute segu-
ridad de la certeza de sus cifras".

14

Uno de los problems mis trascendentales y desconocidos de la i6ti-
ma etapa de la Guerra Libertadora Cubana de los Treinta Afios es la
forma en que se produjo el agotamiento del "iltimo hombre", indi-
cado por los jefes de los dos partidos politicos espafioles --Cnovas
y, Sagasta- como el limited hasta el cual llegaria la resistencia espa-
fiola a la Revoluci6n cubana libertadora; agotamiento que se habia
producido ya antes de intervenir los Estados Unidos en aquella con-
tienda.









Presentaremos ahora las estadisticas espafiolas de las bajas que hasta
esa fecha habia tenido su Ejrcito y de c6mo, s6lo a consecuencia de
las enfermedades, muertes y repatriaciones, aquellos enormes contin-
gntes de tropas que Cinovas envi6 a Martinez Campos, y especial-
mnte a Weyler, quedaban, en realidad, reducidos a mis de la mitad.
El costo de las hospitalidades pagadas por el tesoro espafiol, desde
marzo de 1895 al primer trimestre de 1897, ascendi6, segiin el jefe
de Sanidad Militar, senior Larra Cerezo (cita de Amblard), a 5.766,792
francos.
El doctor Benigno Souza, en su libro Mlximo G6mez, el General
lisimo (26), da las siguientes cifras que public en 1899, en el
peri6dico medico The Lancet, de Londres, el citado medico military
espafiol:
"En los diez meses de guerra del primer afio, en el 96 y en el
primer semestre del 97, tuvieron las tropas espafiolas:
"Afio 95 (10 meses) ............... 49,000 enfermos
Afio 96 ........................... 232,000 enfermos
Afio 97 (primer semestre) ........... 201,000 enfermos
"En ese afio 96 y en ese primer semestre de 1897, fueron atacados
s6lo por la malaria 79,500 soldados y, de 500 medicos militares, 50
murieron de fiebre amarilla. El 19 de enero de 1898 tuvo el general
Blanco que habilitar en sus hospitals 45,000 camas para enfermos,
es decir, para la tercera del Ejrcito que afn le quedaba a Espafia
en Cuba".
Souza comenta: "Asi, pues, con los meses del segundo semestre
de ese afio (el semestre de los tres generals -la epoca de las
lluvias-) otros tantos, por lo menos, se unieron a los 200,000
consignados por el medico espafiol, o sea, en nimeros redondos,
400,000 enfermos entraron ese afio 97 en sus hospitals, es decir,
cada soldado espafiol pas6 por ellos tres o cuatro veces en el curso
del afio".
Con las estadisticas espafiolas a la vista, Souza llega a la conclusion
de que "el gobierno espafiol", desaparecida ya en el 98 mis de la
mitad de sus doscientos mil y pico de soldados de linea, unos muertos,
otros dados de baja en sus filas; repatriados por enfermedades cr6-
nicas, obligado se veria este gobierno, en un pr6ximo porvenir, al
abandon de esta Isla". Afirma que "el ejrcito espafiol en los albores
de 1898, se encontraba reducido a un cincuenta por ciento de sus
efectivos, y esa cifra, no la fijo yo, la estampa el general Gonzalez
Parrado, Segundo Cabo de la Capitania General de Cuba, y esti de
acuerdo con las listas de repatriados al final de la guerra, publicadas
en los peri6dicos espafioles; en cifras redondas 119,500 soldados
fueron los repatriados para la Peninsula, en las distintas expedidones
de evacuados, despues de firmada la paz".
Pero Souza califica a esos cien mil hombres de "tropa imaginaria
porque casi su mitad yacia en las 45,000 camas habilitadas, cifra
ofidal dada por Blanco para abrir la campafia de 1898, en aquellos









titulados hospitals que comprendian desde la Real Casa de Benefi-
cencia, el Seminario de La Habana, los Almacenes de Az-icar de
Hacendados en Regla, el Almacen de Santa Catalina, San Ambrosio,
Alfonso XIII, el Hospital de Madera, en La Habana solamente, y en
las casas particulares, en los almacenes el resto, hasta en los barra-
cones de guano de sus trochas, en provincias..."
;Cuintos quedaban para operar? Souza, de acuerdo con esos datos
y razonamientos, da como cifra la de "unos sesenta mil hombres
hstos para operar, si operadones pueden llamarse aquellas inftiles y
mortiferas caminatas, sesenta mil convalescientes, los cuales, en el
instant, en el acto que sus mal apagadas dolencias se disimulaban,
con efimeras mejorias, se les arrancaba de sus camastros para lan-
zarlos a las rudas tareas de la campafia; todos ellos, casi sin excep-
ci6n, habian recibido yA la visit de la malaria, de la disenteria ame-
biana, de la diarrea de los paises cilidos, de la tuberculosis pulmo-
nar, ejerciendo todos esos azotes sobre aquellas pobres caravanas
humans, mal comidas, andrajosas y mal vestidas, comidas de piojos,
ffnebre tutela, porque lo cierto es que estos pobres soldados que
compasi6n inspiraron hasta el propio Miximo G6mez, apenas mejo-
rados, aun no buenos -no lo podian estar en unos cuantos dias-
saltaban de la cama del hospital hacia nuestros bosques, montafias
y ci&nagas, para retornar a los pocos dias, de nuevo a los mismos
hospitals, agravadas sus dolencias".
Hasta que limits extremes lleg6 el agotamiento del "iltimo
hombre", o sea, el iltimo soldado espafiol en condiciones de hacer
frente al Ejercito Libertador cubano al comenzar el afio 1898, lo
encontramos expuesto con elocuencia aterradora por dos grandes
personalidades peninsulares --Canalejas y Blanco- y por el mis
esclarecido de los jefes militares cubanos- Miximo G6mez.
Souza, al citar esos juicios, dice: "me bastarin, sin recurrir a nin-
guna otra raz6n, para dejar bien establecido que en Cuba no existia,
en esa fecha, capaz de emprender activas operaciones, ejercito espafol
alguno". Y hace resaltar "icuin curiosa es la coincidencia de esos
adversaries!"
Los dos primeros juicios los da el Conde de Romanones en su
libro Sagasta o el Politico (27).
Dice Romanones que, aunque "no gustaba Sagasta de conservar
papeles, mas dej6 a salvo algunos, escogidos con singular tino, en
una carpeta rotulada por su mano: La situaci6n a nuestra entrada en
el Poder. En ella, una carta de Blanco, capitin general de Cuba, de
tres pliegos, y dos de Canalejas, muy largas, fechadas en Washington
y en La Habana. Admirable resume del de Cujus de los conserva-
dores en la iltima etapa de Poder".
Afirma Blanco que al legar a la Isla, para sustituir a Weyler, el
31 de octubre de 1897, se encontr6 este cuadro: "La administraci6n
se hallaba en el iltimo grado de perturbaci6n y desorden; el ejercito,
agotado y anemico, poblando los hospitals, sin fuerzas para comba-










tir ni apenas para sostener sus armas; el pais, aterrado, presa de
verdadero espanto, obligado a abanddnar sus sitios y propiedades,
gemia bajo la tirania mis espantosa, sin otro recurso para aliviar
su terrible situaci6n que ir a engrosar las filas rebeldes".
Canalejas, que ha visitado la Isla en esos dias y comprobado la
desesperada situaci6n en que se encuentra el gobierno y ejercito
espafioles, le describe a Sagasta: "La guerra, a6n acabando pronto,
representing la perdida de mis de seiscientas mil vidas. iQue
horror!... iY pensar que esta hermosa Isla, sin la guerra y con
un buen gobierno, seria un emporio de riqueza!". *.C6mo encontr6
al ejerdto? "Numeroso, si -dice- pero sin organizaci6n y destro-
zado por las enfermadades y por la miseria".
Y Miximo G6mez confirm estos juicios aterradores de Blanco
y Canalejas, con esa que Souza califica justamente de "la mayor
autoridad que ha existido, por todos los siglos de los siglos, para
opinar sobre la guerra de Cuba". Y transcribe el ilustre historiador,
entire otras, dos cartas del General en Jefe del Ejercito Libertador
(28). Una de finales del afio 1897, al general Fernando Freyre de
Andrade, en la que expresa: "Por aqui se mueve Blanco con menos
resultados que Weyler, pues loi restos, las reliquias tristes del vale-
roso ijrcito que en un tiempo fue no son a prop6sito para empe-
~ar campafas vigorosas". Y a Tomis Estrada Palma le manifiesta:
'Espafa no estd en condiciones de enviar al sustituto de Weyler dos-
cientos mil hombres mas y cien millones de pesos, para prolongar
la guerra otros dos afios, y los cubanos pueden resistir todo el tiem-
po que quieran, digalo usted a gritos, que yo viejo no me dejo
ofuscar por la pasi6n... Nosotros tenemos el tiempo por nuestro.
A Espafia le toca apagar la hoguera..."
Y como complement de los anteriores juicios del Generalisimo
Miximo G6mez, Souza da a conocer, por primera vez en su traba-
jo Triunfo de. la Revoluci6n Cubana publicado en el Cuaderno de
Historia Habanera No 40, un luminoso informed rendido al Secretario
de la Guerra de los Estados Unidos, Mr. Alger, que concuerda con
los juicios de Blanco y Canalejas y con las estadisticas espafiolas que
nosotros hemos transcrito, document que como dice Souza, "prueba
hasta donde llegaba la capacidad de nuestro General en Jefe para
saber lo que pasaba en las filas enemigas, en contrast con la abso-
luta ignorancia que sobre las de la manigua sabia, mejor dicho, no
sabia, el Estado Mayor General espafiol".
He aqui dicho document, "que es un borrador firmado por Mi-
ximo G6mez y depositado en el Archivo de Fermin Valdes Domin-
guez", en poder del doctor Souza:
"No 70, 6, julio, 1898.
"Contestaci6n a las preguntas que hace la Secretaria de la Guerra.
(Alger).
"1- La fuerza total del ejrcito espaiol en today la Isla de Cuba
puede.ascender a cien mil hombres, de los cuales cerca de sesenta mil









pertenecen a la tropa de linea, hospitalizado el resto, y cuerpos de
voluntarios, bombers, guerrillas, etc.
"29 Desde la Trocha de Jicaro y Mor6n a Pinar del Rio, cuentan
los espafioles con unos cuarenta mil soldados de line y los veinte
mil restantes operan en Camagiiey y Santiago de Cuba.
"39 El general Blanco, en caso de ser atacada La Habana, puede
reunir para su defense cuarenta mil hombres de tropas vivas, asi
como improvisar milicias, dada la abundancia de armas con que
cuenta. La condici6n de la tropa espafio!a es p6sima respect a ali-
mentaci6n, careciendo de caballos, carros, ropas. La salud se hall
quebrantadisima entire los soldados".
Prueba final del fracaso escandaloso de la political guerrerista man-
tenida por Canovas y Sagasta y del agotamiento del "ultimo hombre"
que imposibilitaba totalmente la continuaci6n de la lucha contra el
Ejercito Libertador Cubano.
SCuintos hombres pudo acumular Espafia para defender la plaza
de Santiago de Cuba contra las fuerzas cubanas y norteamericanas
unidas?
Severo G6mez Nfiuez, en su obra La Guerra Hispanoamericana, da
como cifra total de los Repatriados de la Divisi6n de Santiago de
Cuba, desde el dia 10 al 31 de ese mes, en diez vapores, con destiny
a los puertos de la Corufia, Vigo y Santander: 15,689, de los que
15,067 eran fuerzas del ejercito y la marina incluyendo algunos
voluntarios y movilizados, y el resto hermanas de la caridad, sacer-
dotes, telegrafistas e individuos de familiar.
Arturo Amblard (29), refiriendo las gestiones que llev6 a cabo
en el mes de diciembre de 1897, en New York, con Tomis Estrada
Palma y otros integrantes del elemento revolucionario y emigrado,
al que encontramos muy unido y con un solo criterio", a fin de
lograr -lo que fue abiertamente rechazado por el Delegado del
Partido Revolucionario Cubano- un entendimiento con los cubanos,
a base de mantener la soberania de Espafia, revela que le movi6 a
intentar esas negociaciones, entire otros motives, el siguiente:
"Para la guerra, segfn oimos entonces al general Blanco, apenas
podia contarse con cincuenta mil hombres del ejercito y unos treinta
mil motilizados... tampoco la opinion de la Peninsula habria con-
sentido el envio a Cuba de un hombre ni una peseta mis".
Como R. I. P. de la political guerrerista de Canovas y Sagasta,
sintetizada en la tristemente celeberrima frase de "hasta el l6timo
hombre v la iltima peseta", podemos presentar esta otra frase dicha
en el Senado espafiol por el senador y general Luis M. de Pando:
"La political que debia realizar Blanco, aparte del program aut6-
nomico, podia sintetizarse en esas dos y absolutas negaciones:
''Ni un hombre ni un peso mas".









15

Antes de intervenir los Estados Unidos en la contienda hispano-
cubana, como consecuenia de la Resoluci6n Conjunta, aprobada por
el Congress norteamericano el 18 de abril de 1898 y sancionada por
el President Mc Kinley el dia 20, la economic y la hacienda espa-
iiola se hallaban en plena bancarrota, habiendose' producido ya el
agotamiento de "la iltima peseta", limited, con el del "iltimo hom-
bre". sefialado por Cinovas y Sagasta, y con ellos por los dos iran-
des partidos .espaiioles turnantes en el poder, hasta el cual estaba
dispuesto a Ilegar el Estado espafiol en su empefio de aniquilar, por
la fuerza de las armas, la revoluci6n cubana libertadora.
Derrotada Espafia en la Guerra Hispano-cubanoamericana, y per-
dida Cuba, al discutirse en Paris las condiciones de la paz y plan-
tear los plenipotenciarios espafioles que los Estados Unidos asumie-
ran la soberania de Cuba -lo que califica Pi y Margall de "acci6n
indigna"- para responsabilizarlos en el pago de la deuda colonial,
a lo que se negaron, como es natural, los plenipotenciarios norte-
ameriganos. Pi y Margall, en largo trabajo en El Nuevo Regimen, de
3 de diciembre de 1898, pondera asi el desastre econ6mico y hacen-
distico de Espafia: "nunca se logr6 aqui nivelar los presupuestos.
Los deficits se cubren con deuda flotante del tesoro; y la deuda
flotante pasa, peri6dicamente, a ser consolidada. Crece sin cesar el
capitulo de la deuda pfiblica. Calcilese que seri ahora si hemos de
tomar sobre npsotros la deuda de Cuba que no bajari de 3,000 mi-
llones de pesetas .. calculad el desequilibrio que habri en los pre-
supuestos. El iapitulo de la deuda absorbers la mayor parte del pre-
supuesto de gastos, aun cuando elevemos el presupuesto de gastos
a cerca de 1,000 millones de pesetas. Sera indispensable unificar la
deuda toda, suprimir las amortizaciones e imponer sobre los titulos
un tribute que equivalga a una reducci6n de intereses".
Largo y tendido podria escribirse sobre la deuda colonial a que
alude Pi y Margall. A analizarla y enjuiciarla le consagr6 nuestro
compatriota Rafael M. Merchin un capitulo de su vibrant alegato
revolucionario, publicado en Bogota en 1898, Cuba, justificaci6n de
su guerra de independencia (30).
Felix Iznaga, al estudiar en su folleto La deuda colonial (31),
6sta, con motivo de las pretensiones ya mencionadas, de los pleni-
potenciarios espafioles de que, asumiendo Norteamerica la sobera-
nia de Cuba, cargase con esas obligaciones, afirma que, "en unos
$500.000,000 podia calcularse, en numeros redondos, el imported de
las obligaciones de todas classes que envolvia el proyecto de articu-
lado espafiol; y ho era possible que carga tan grande y tan pesada
obtuviera, a favor de primores de redacci6n, el libre pase de la Co-
misi6n Americana".









Transcribe Iznaga la respuesta dada por 6sta al memorandum es-
pafiol de la Conferencia de la Paz, en el que se detalla el origen
y desenvolvimiento de la referida deuda.
Termina el memorandum americano sobre la llamada Deuda Co-
lonial Cubana, refiri6ndose al aumento de la misma a consecuencia
de los gastos producidos para reprimir la guerra de 1895-98: "El go-
bierno de Espafia procedi6 entonces a emitir nuevos bonos
con 'el objeto de levantar fondos con que reprimir el alzamiento; de
modo que los bonos existentes en 19 de enero de 1898 ascendian a
850.500,000 pesetas o sean $171.710,000. Ademis de 6ste, un nuevo
emprestito, conocido por el "Emprestito para tender a los gastos de
la guerra de Cuba", fu6 seg6n se ha dicho a los Comisionados ame-
ricanos, lanzado por valor de 800.000,000 de pesetas, o sea 160 mi-
Ilones de pesos".
En cuanto a la guerra de 1895-98, Arturo Amblard, en sus Notas
Coloniales (32), dice que "en mis de diez millones de duros oro,
se calculaban los gastos mensuales de la guerra, y apenas el cincuenta
por ciento de aquel ejercito solia estar 6til para las operaciones de
la campafia; agregando que "un ilustrado jefe de Sanidad Militar, el
senior Larra Cerezo, hace subir a 9.000,000 las hospitalidades pagadas
por el Tesoro espafiol desde el principio de la campafia, marzo de
1895, hasta el primer trimestre de 1897 (fecha a que alcanza su
erudito trabajo), con precio que fluctuaba entire un peso y peso y
medio, o sean 5 y 7 francos; asi como el costo de medicines y objetos
de cirugia, etc., a 5.766,792 francos".
Ortega Rubio (33), despues de dar a conocer en su Historia, las
operaciones realizadas para ir soslayando... y agravando, la terrible
crisis econ6mica y hacendistica confrontada por Espaiia a consecuen-
cia de los enormes gastos de la guerra de Cuba, afirma que, "a me-
diados del 1897, era lamentable, sobre todo encarecimiento, la situa-
ci6n de nuestra Hacienda; el Tesoro se hallaba exhaust y bubo de
recurrirse al remedio heroico de los pr6digos, a contratar empristitos
ruinosos el 27 de junio".
Arturo Amblard (34), recogiendo manifestaciones del Capitin
General Blanco, que hemos citado, sobre la pavorosa reducci6n que'
habia sufrido el ejercito espaiiol existente en Cuba, hace este comen-
tario: "tampoco la opinion en la Peninsula habria consentido el
envio a Cuba de un hombre ni una peseta mis".
Y Severo G6mez Nfifiez, afirma (35), refiri6ndose al agotamiento
de la "ultima peseta", que impedia econ6micamente continuar la
guerra: "Las angustias del tesoro fueron causa de que a los cuerpos
de aquella Divisi6n (la de Santiago de Cuba) se les adeudasen once
consignaciones mensuales. Los servicios de subsistencias y hospitals
tambien sufrian andloga penuria".










iY esto ocurria en la region donde Espafia tenia que hacer frente,
entonces, no s6lo al Ejercito Libertador cubano sino tambien al ej&r-
cito y escuadra norteamericanos!
Veanse, por fltimo, estos datos y consideraciones que encontramos
en La moral de la Derrota, de Luis Morote, tomados de la Memoria
del Ministro de Hacienda, Villanueva (36):
Pesetas

Por los gastos de la guerra de Cuba.... 1,796.269,462.91
Por los id. de la id. de Filipinas ......... 165.988,527.72

Total ......................... 1,969.355,214.18
Y agregaba dicho ministry: "Las consecuencias de las guerras colo-
niales son una nueva Deuda flotante de mis de 1,445.000,000; Deuda
amortizable de 1,469.425,625; una carga annual por intereses y amor-
tizaci6n de 252.797,560.47; mis el deficit que se puede calcular en
300.000,000".
A estos datos pone Morote el siguiente comentario: "La catistrofe
es important, tremenda, de esas que dejan huella en una naci6n".
Resume Morote:
"El error de la campaFia de Melilla; el error de la doctrine de la
guerra por la guerra... que produjo el empobrecimiento rapido de
la *naci6n... y de consumer en la contienda hasta el dltimo bombre
y la t~ltima peseta; el error de no haber aceptado con la Nota de Olney
los buenos oficios de los Estados Unidos, nos llevaron como por la
mano a esta situacidn de angustid'.
"Al terminarse la guerra, Espafia presentaba el siguiente cuadro:
"Todo perdido ... Perdida la Hacienda, perdida la incipiente rehabi-
litati6n de Espaga, perdida basta la fama merecida de nuestra valentia
sin ejemplo en el mundo".

16

Si Cinovas y Sagasta, y con ellos los dos partidos politicos turnan-
tes en el poder durante largos afios de la vida espaiiola, escogieron
la political guerrerista como la adecuada para poner termino, desde
sus inicios, a la Revoluci6n Libertadora de 1895, sintetizindola en
la famosa frase que fu6 lema y bandera de ambos partidos y de sus
jefes, "el 6ltimo hombre y la iltima peseta", antes de abandonar
la Isla a sus hijos, el desarrollo de la revoluci6n, su caricter mayo-
ritario, la pujanza incontrastable lograda y mantenida por el Eijrcito
Libertadcr, no obstante la enorme superioridad de las fuerzas de que
disponia Espafia en la Isla y de la calidad de los pertrechos b6licos,
les hizo ver la inutilidad de la guerra por la guerra para alcanzar
las finalidades que persegula.









Asi lo demuestran de modo absolute la sustituci6n de Calleja por
Martinez Campos, de este por Weyler y de este por Blanco y el
abandon, resuelto por el propio Cinovas, de la political guerrerista,
por los metodos conciliadores, y la implantaci6n por Sagasta de la
autonomia, v el abierto rechazo que a la misma di6 la Revoluci6n.
La gravedad de la situaci6n, la confesi6n de la derrota, esti diffa-
namente demostrada con las palabras que Canovas pronunci6 a las
diez y media de la noche del 9 de mayo de 1896 -segfin las trans-
cribe, recogi6ndolas de los papeles de su padre, el intimo amigo y
fiel auxiliar de Canovas, Antonio M. Fabie, en su libro Canovas del
Castillo (37)- a los nuevos diputados y senadores electos en las
elecciones generals de 12 de abril:
"La cuesti6n que ahora nos preocupa en primer t&rmino es la de
Cuba; ella alcanza una gravedad tan extraordinaria y una importancia
de tal naturaleza, que es precise que el hombre de Estado sea la
Naci6n entera, fija la vista en sus destinos y con absolute conciencia
de sus deberes resuelva, como resolveri en iltimo termino todo
aquello que juntos nos toca resolver.
"Peligroso seria el resolverse inicamente a poner termino a la
guerra con la guerra, sin prepararse en ningfin caso, en ninguna
eventualidad para cuando el honor lo consienta, a hacer ciertas con-
cesiones; pero tanto o mas peligroso seria, y a mi juicio much mis
peligroso, el career que con tales o cuales concesiones se habia do-
mado a un partido separatist que no.busca nada de eso, que no
quiere nada de eso, que lo rechaza.
"La conciencia de la patria dira ella misma que conduct es conve-
niente y cual es possible para salvar sus intereses, y con los intereses
su honor y su integridad".
iQue significado tenia esta para Cinovas dolorosisima confesi6n
del fracaso de la political guerrerista del "iltimo hombre y la iltima
peseta", y de la pujanza incontrastable de la Revoluci6n cubana?
Antonio Maria Fabie nos lo dira:
"Cuando mi padre, al volver de la reunion, se despojaba en casa
del frac, pronunci6 estas palabras: ";Que tristeza! Hemos asistido a
la despedida official de la soberania de Espaiia en Cuba".
Copiemos nuevamente del libro de Fabie (38):
"Interesantisima fu6 la filtima conversaci6n political que mi padre
mantuvo con Canovas del Castillo en su despacho de la Huerta, du-
rante la mafiana del 18 de julio de 1897, es decir, pocos dias antes
de la desgracia national de Santa Agueda. El relato minucioso y fiel
de ella que me expuso mi padre varias veces y los datos que con-
tienen los apuntes que conserve, me permiten ahora reproducirla casi
integramente".
Fueron estas las palabras de Cinovas:
"Hice, estoy haciendo y hare todos los esfuerzos imaginables para
acabar la guerra. Por lo que toca a Filipinas, estoy tranqu'lo. Creo
que aquello acabara pronto y bien, pero lo que afecta 4 Cuba, cada










dia que pasa me convenzo mas de que las cosas estin peor, pues
los militares no solamente no aciertan, sino que, ademas, abusan de
una manera escandalosa de la situaci6n. Los generals, jefes v oficia-
les, no se dan cuenta de que el pals no puede soportar la carga,
de que los Estados Unidos estin a la espera de la ocasi6n de inter-
venir y si la intervenci6n viene, s61o se resolved con una sumisi6n
humillante, pues no hay que pensar en la guerra con el coloso ame-
ricano, impossible por parte de Espafia. DoV de itrmino a los mili-
tares para acabar la guerra de Cuba hasta fin de ao. Cuando vuelva
del descanso breve que pienso tomar, hare una reorganizaci6n del
ministerio y convocar6 las Cortes para exponer mi plan. En esta
jornada, iltima quiza de mi vida political, me tienen que acomoanfar
aquellos que a semejanza de usted estin conmigo desde 1870". Como
mi padre hiciera un gesto expresivo, revelador de sorpresa y disgusto,
Cinovas del Castillo afiadi6: "No admito replica; Cos-Cay6n, Eldua-
yen y usted formarin parte del gabinete y no Ilevo a Pidal tambien
porque lo necesito en la presidencia del Congreso. Si con el esfuerzo
que juntos hagamos no ha terminado la insurrecci6n cuhana de modo
que no tenga mas remedio que reconocerlo asi los Estados Unidos,
el 31 de diciembre dare paso al Partido Liberal para que resuelva
el problema con una soluci6n auton6mica y yo me retirari a mi
casa".
~Qui pueden contestar a estas confesiones los que en Espaiia y
en Cuba declararon, y atn declaran, que fue por la muerte de Ca-
novas y la retirada de Weyler, que no pudo ser vencida la Revo-
luci6n cubana? jY los que alli y aci se han atrevido a sostener
que los Estados Unidos salvaron a los libertadores cubanos de la
derrota inminente que estaban condenados a sufrir a manos del ejer-
cito espafiol, de esos militares de los que Canovas juzgaba que "no
solamente no aciertan, sino que ademis, abusan de una manera escan-
dalosa de la situaci6n?"
De igual modo que Cinovas, Sagasta se vi6 tambi6n obligado a
confesar la pujanza incontrastable de la Revoluci6n cubana y el fra-
caso de la political guerrerista.
En efecto, el 19 de mayo de 1897, segfn refiere Gabriel Maura
Gamazo (39), "pronunci6 ante los senadores y diputados de su par-
tido, en vispera de la reuni6n de Cortes, un discurso de extrema
oposici6n. El jefe liberal culpaba al gobierno conservador de no
haber sabido pacificar las provincias occidentales de Cuba con dos-
cientos mil hombres y mil millones de pesetas, que a tal objeto sacri-
fic6 el pals, el cual ignoraba que en Oriente no poseiamos mis
terreno que el materialmente pisado por nuestras tropas. Sagasta
dilputaba esteriles las reforms -las presentadas por Canovas-
-desastrosa la situacidn economic national, e imprescindible un
cambio de political Estas declaraciones las ofrece tambi6n, aunque
censurindolas, por defender a Cinovas, el bi6grafo de 6ste Marques
de Lema.









Y cuando, despues, a la muerte de Cinovas, Sagasta acept6, por
el ruego desesperado de la Reina Regente, hacerse cargo del poder,
el que dispute a Cinovas la prioridad de la frase "el filtimo
hombre y la ultima peseta", tuvo que echar mano, seg-in express
el general Luis M. de Pando, en document presentado al Senado,
el 22 de octubre de 1898, que ya hemos citado, de esta otra: "Ni un
hombre ni un peso mis".

17

Veansc, estos otros dos reconocimientos excepcionales del Almi-
rante Pascual Cervera, jefe supremo de la escuadra espafiola, en 1898,
y del jefe de Estado Mayor de la misma, Victor M. Concas.
De Cervera:
"... Me pregunto si me es licito callar y hacerme solidario de
aventuras que causarAn, si ocurren, la total ruina de Espafia; y todo
por defender una Isla que fui nuestra; porque aun cuando no la per-
diesemos de derecho con la guerra, la tenemos perdida de hecho, y
con ella toda nuestra riqueza y una enorme.cifra de hombres j6venes,
victims del clima v de las balas, defendiendo un ideal que ya s6lo
es romAntico... Yo no se fijamente cuiles son los sentimientos
patriots respect de Cuba; pero me inclino a career que la inmensa
mayoria de los espaioles desea la paz ante que todo: s6lo que los
que' asi piensan, sufren y Iloran en sus hogares, y no gritan con la
minoria, que vive y medra con la continuaci6n de ese orden de cosas;
pero este es asunto que no me incumbe analizar".
(Cartas al capitin de navio Victor M. Concas y Palau, comandante
que fu6 del crucero acorazado Infanta Maria Teresa y jefe de Estado
Mayor de aquella escuadra en el combat naval de Santiago de
Cuba (40).
De Concas:
"Aunque los escritores americanos pretendan negarlo, la insurrec-
cion de Cuba habia terminado la guerra, y la Isla no era ya nuestra,
como dijo el almirante Cervera en la carta del 26 de febrero de
1898 que dejamos transcrita.
"La guerra [con los Estados Unidos] fue aceptada por Espafia
cuando la Isla de Cuba estaba perdida de hecho, y cuando en la
Peninsula el envio de un bombre mas amenazaba un levantamiento
mAs positive que el soiado despues, cuando nuestras tropas carecian
de lo mis necesario y ef atraso de pagas era causa principal de mala
alimentaci6n y de su decaimiento, y cuando una buena parte de los
espanoles residents en Cuba, con el nombre de reformistas, auto-
nomistas, etc., hacian causa comtn con los insurrectos, mientras se
lucraban fabulosamente en contratas, suministros y transportes" (41).









18

Aunque el Estado norteamericano fue desde los remotos tiempos
del president Jefferson -seg(n demostramos en nuestro libro publi-
cado en 1949- Cuba y los Estados Unidos -cuyas conclusions
fueron aprobadas por el Sexto Congreso Nacional de Historia, y
conoceri el lector, de modo muy sintetico en la segunda parte del
present folleto-, enemigo en todo tiempo de la independencia y
de la libertad de Cuba, la copiosisima documentaci6n official que con-
firma dicha actitud negative a los ideales libertadores cubanos
contiene tambien pruebas elocuentisimas, que equivalent a plena con-
fesi6n, de la existencia de un estado de opinion mayoritario cubano
en pro de esos ideales, asi como de la pujanza demostrada por el
Ejercito Libertador desde 1895 a 1898 y de la imposibilidad en que
se hallaba Espafia de dominar la Revoluci6n.
Si la famosa nota de 4 de abril de 1896, enviada por Olney al
representante espafiol en Washington, es ejemplo tristemente reve-
lador del despredo de este y de Cleveland por la opinion public de
su pais, en ella se confiesa la pujanza alcanzada por la Revoluci6n
basta ese moment -"su ripido aumento y desenvolvimiento"- y
la demostrada imposibilidad en que se encontraban los espafioles de
abatirla, por lo que le dice a Dupuy de Lome, Ministro de Espafia
en Washington: "Es impossible negar que las esperanzas que abrigi-
bais en el verano y otofio de 1895, y que compartian, no solamente
todos los espafioles, sino que tambi6n muchos observadores desinte-
resados, han sido por complete defraudadas".
VWase c6mo, a rengl6n seguido, se enjuicia, de modo altamente
favorable, la actuaci6n del Ejercito Libertador (42):
"Los insurrectos parecen dominar hoy una parte mayor de la Isla
que en ocasiones anteriores; los que estin en armas, estimados hace
un afio de diez a veinte mil hombres, se concede hoy que ascienden,
por lo menos, a dos o tres veces mis.
"Mientras tanto, su discipline ha mejorado, su abastecimiento de
armas modernas ha aumentado considerablemente, y el mero hecho
de que han podido sostenerse hasta ahora, les ha dado confianza
ante sus propios ojos y prestigio en el mundo entero. En resume,
no se puede con justicia contradecir que la insurreccidn, en lugar
de haber sido dominada, es hoy mis formidable que nunca y que
entra en el segundo ado de su existencia, con esperanzas de exito
decididamente mejorada".
Y por si esto fuera poco, agrega:
"La oposicidn de los insurrectos a la autoridad de Espaia contintia
siendo no menos pronunciada y eficaz y el derrocamiento de dicha
autoridad en una gran parte de la Isla seri verdadero y patente.
Llega Olney a apuntar sus temores de que "la insurreccidn pre-
sente ha de ser mis corta en duracidn que la pasada, porque ha dd









llegar al fin antes o despues por la imnosibilidad de Espala de con-
tinuar la lucha'.
Ya en el poder McKinley, desde el 4 de marzo de 1897, el nuevo
ministry en Madrid, Stewart L. Woodford, despu6s de presentar
credenciales, celebr6 el dia 18 de septiembre una larga entrevista con
el ministry de estado espafiol Duque de Tetuin, en la que le di6 a
conocer las instrucciones de su Gobierno respect a los aguntos
cubanos.
Refiriendose a la Revoluci6n de 1895, dice (43) que "se extendi6
con rapidez... se propag6 la contienda por casi toda la Isla, inva-
diendo las provincias de Occidente, que la insurrecci6n de Yara no
habia logrado levantar". Y reafirma que "por espacio de mis de
dos afios se ha sostenido en Cuba una lucha sin igual entire los habi-
tantes descontentos de la Isla y la Metr6poli"; legando a la con-
clusi6n de que "de dia en dia toma fuerza la convicci6n de que es
ilusorio para Espana esperar que Cuba, atn en la hip6tesis de baberla
podido sojuzgar por el complete aniquilamiento de sus fuerzas, pueda
jamns mantener con la Peninsula relaciones que, ni remotamente, se
parezcan a las que en un tiempo sostuvo con la madre patria".
Reconoce, como se ve, la pujanza de la Revoluci6n y la inquebran-
table actitud cubana de no continuar bajo la soberania espaiola, o
sea, que Cuba estaba ya definitivamente perdida para Espafia.
Nos vamos acercando al moment en que, perdidas las esperanzas
de que Espafa pueda conservar la Isla, los Estados Unidos se re-
suelvan participar en la lucha cubana contra Espaiia y por la
independencia.
Los acontecimientos se precipitan. Sagasta ocupa el poder el 4 de
octubre. Weyler es sustituido por Blanco el dia 31. Espafia, como
final intent para demorar o aminorar el inevitable desplazamiento
de su poderio en Cuba, implanta por real decreto de 25 de noviem-
bre, la Autonomia.
McKinley, el 6 de diciembre, presionado por la opinion p6blica
de su pais, simpatizadora decidida del reconocimiento de la inde-
pendencia de Cuba y, como paso previo, de la beligerancia del go-
bierno y ej&rcito revolucionarios, envia un mensaje al Congreso el 6
de diciembre de 1897, en el que reconoce la pujanza de la revo-
luci6n, desde sus inicios (44), "su notable incremento... su tenaz
resistencia contra las enormes fuerzas amontonadas para combatir la
rebelidn por Espana", quedando "burlados los esfuerzos de esta para
reprimirla", y sin que dieran tampoco resultados "la cruel poli-
tica... la horrible orden de reconcentraci6n".
Ya estamos en las visperas de que se produzcan acontecimientos
que determine la necesidad, sentida por los gobernantes norteame-
ricanos, de impedir que se consuma, por el propio esfuerzo de los
cubanos, el desplazamiento de la soberania de Espaiia sobre la Isla.









Ya no es possible a McKinley contener el desbordamiento popular
en demand de una inmediata intervenci6n en el pleito cubano-
espafol y del apoyo a la revoluci6n para impedir que continuase la
sangrienta tragedia que se desarrollaba en suelo cubano. Woodford
entrega al president del Consejo de Ministros, Sagasta, un ultima-
tum, en el que se pide la inmediata revocaci6n de la orden relative
a los reconcentrados, y un armisticio para negociar las condiciones
de paz entire Espafia y los insurrectos, contando con los buenos
oficios del Presidente de los Estados Unidos.
Ante la expectaci6n de su pueblo, McKinley envia al Congreso el
11 de abril su tan esperado mensaje, que al conocerse, frustra por
complete los ideales y anhelos populares, al negar de piano toda
posibilidad de reconocimiento de la Repiblica de Cuba, por no
creerlo "sabio ni prudente, o mejor dicho, convenient a los Estados
Unidos.
La petici6n presidential al Congreso, de poderes para poner ter-
mino a la guerra en Cuba, provoca en aquel numerosas proposi-
ciones, la mayoria de las cuales eran favorables al inmediato reco-
nocimiento de la independencia y del gobierno constituido de la
Repfblica de Cuba en armas, y sin que faltaran las acres censuras
a McKinley por su actitud negative a esas finalidades.
En la imposibilidad de citar una por una las manifestaciones que
aparecen en esos proyectos de resoluci6n conjunta, reconociendo que
ya Espafia habia perdido a Cuba y le era impossible continual la
lucha contra el Ejrcito Libertador, por hallarse totalmente agotada
en hombres y en dinero, citaremos una de ellas, la del senador W. H.
Allen, que reconoci6 "la existencia political y la independencia na-
cional de la Repiiblica de Cuba, mantenida ahora y hace ya algfin
tiempo por la fuerza de las armas; y el acuerdo adoptado por el Se-
nado --67 votos contra 21-, declarando "que el pueblo de Cuba
es y dd derecho debe ser libre e independiente, y que el gobierno de
los Estados Unidos reconoce por la present a la Reptblica de Cuba
como el gobierno legal y verdadero de aquella Isla".
Aunque esta fltima parte no figure en la Resoluci6n Conjunta
que definitivamente aprob6 el Congreso el 18 de abril y sancion6
el president McKinley el dia 20, ello no le quita al acuerdo del
Senado el altisimo valor que tiene de interpretaci6n fiel y exacta
de la voluntad mayoritaria del pueblo de los Estados Unidos de reco-
nocer como gobierno que legitimamente representaba a la Repiblica
de Cuba, el gobierno de la Revoluci6n libertadora.
Y este reconocimiento jams lo hubiera hecho el pueblo norte-
americano de no career que la Revoluci6n cubana se lo habia ganado
por la pujanza demostrada del Ejrdcto Libertador, por el heroisnio
de sus soldados, nor el alto espiritu de sacrificio de que habian dado
prueba admirable todos sus hijos y por la firmisima voluntad de
6stos de abatir el despotismo espafiol y conquistar, con la indepen-









dencia y la libertad, el derecho a figurar en la comunidad juridica
international, como un Estado mis, soberano, culto y civilizado.
Y esa voluntad inquebrantable de ser libres, y esa invencible pu-
janza del Ejercito Libertador y esa capacidad de sus jefes qued6
ratificada sobradamente durante la guerra Hispano-cubanoamericana,
al extreme de haber podido proclamar, con toda justicia, el Segundo
Congress Nacional de Historia, celebrado en La Habana, en 1943,
que "la participaci6n del Ejercito Libertador en apoyo del Ej6rdto
norteamericano fue de tal modo decisive -distingui6ndose en ella
la actuaci6n exceptional del Mayor General Calixto Garcia, Lugar-
teniente General del Ejercito Libertador- que s61o por ella pudo
ser derrotado el Ejercito espafiol", por lo que "no es possible seguir
denominando, como hasta ahora se ha venido haciendo, popular y
oficialmente, Guerra Hispanoamericana a la contienda de 1898, sino
que fue y debe ser llamada -y a los cubanos toca imponer y popu-
larizar este nombre- Guerra Hispano-cubanoamericana".
Esta denominaci6n fu6 sancionada por ley de la Repfiblica de
Cuba, de mayo 16 de 1945.
Y por sobre el desprecio inferido al Mayor General Calixto Garcia,
negindole participaci6n en el acto de la rendici6n de la ciudad
de Santiago de Cuba, lo que equivalia al desconocimiento de la
efectiva colaboraci6n de sus tropas en esa victoria cubanonorteame-
ricana, que motiv6 la magnifica protest de 6ste, se encuentran los
reconocimientos del precioso aporte del Ejercito Libertador en la
derrota de Espafia, por parte de los generals norteamericanos
Shafter, Ludlow y Miles (45).
No fu6 initil, ni much menos, ese gesto ejemplar de valentia y
dignidad de Calixto Garcia, contra la injusticia cometida por el Go-
bierno de los Estados Unidos; gesto que simbolizaba la protest de
todo un pueblo que habia mantenido durante esos treinta afios su
absolute inconformidad contra el despotismo espafiol, y logrado, por
la superior capacidad de sus jefes, el heroismo y espiritu de sacri-
ficio de sus gloriosos mambises y el respaldo mayoritario de hombres
y mujeres, ancianos y nifios, en la Isla y en las emigraciones, abatir
el poderio military hispano y hacer fracasar a los principles de la
milicia: Martinez Campos, Weyler y Blanco.
Shafter contest a esta carta: "sintiendo en extreme que usted se
hava considerado agraviado en lo mas minimo", y alegando: "Yo
no puedo discutir la political del gobierno de los Estados Unidos",
political que consistia en haber utilizado a los cubanos cuando los
juzgaron indispensable al prop6sito de derrotar a los espafioles,
prescindiendo de ellos cuando ya conquistada la victoria en la forma
que hemos precisado, representaban un estorbo al desarrollo de sus
planes anexionistas.
Pero no puede Shafter negar esa inapreciable participaci6n, y le
declara a Calixto Garcia:







S47

"En mi informed official al Gobierno he hecho complete justicia a
usted y a su valiente ejercito, y quiero expresarle el reconocimiento
que hago de la gran ayuda y valiosa cooperacidn que usted me ha
prestado en la actual campana".
El jefe de una .de las brigadas que particip6 en el asalto y ren-
dici6n de Santiago -William Ludlow- director que fu6, posterior-
mente, del Departamento Militar de la ciudad de La Habana, al pro-
ducirse la intervenci6n de la Isla por los Estados Unidos, quien. en
carta al general Garcia, que public la prensa de los Estados Unidos,
le manifest:
"Querido General Garcia:
"Permitame congratularlo, asi como a nosotros, sobre lo que ahora
parece ser una feliz solucidn del problema de Santiago, resultando
en el exito de nuestras fuerzas combinadas en la toma de la ciudad,
la evacuaci6n por los espafioles y el restablecimiento de la paz.
"Permitame decide que sus fuerzas han llevado a cabo servicios
de los nms valiosos, y su obra ha sido inestimable para nosotros
no s6lo como exploradores y procuradores de informes, sino en el
asunto vital de construcci6n de trincheras y defenses para el sitio
de la ciudad.
"Sus hombres han levado a cabo inmensos trabajos de esa natu-
raleza casi sin implementos para ello, y los han entregado graciosa-
mente a nuestras tropas cuando la continuaci6n del sitio hizo nece-
sario el advance de nuestros regimientos hacia la derecha.
"Hago esta declaraci6n, General, personal y no oficialmente,
porque s61o soy jefe subordinado; pero lo hago porque he estado
mAs en contact con sus fuerzas y he tenido mayor oportunidad de
observer sus tareas y el valor de su cooperacidn mejor, acaso, que
ningrn otro".
El Mayor General Nelson A. Miles, comandante en jefe del
Ejercito norteamericano en esa guerra, en su trabajo The World of
the army as a Whole (El trabajo del Ejrcito en conjunto), afirma:
"Tengo un deber contraido con los patriots cubanos, consiste iste
en dejar claramente establecido el hecho de la colaboraci6n recibida
de su Gobierno y autoridades militares...
"Al arribar el General Shafter con su expedici6n, pr6ximo a la
bahia de Santiago, visit en compaiia del Almirante Sampson, al
General Garcia en el Estado Mayor de su campamento, en Aserra-
dero, para conferenciar con 1l en relaci6n con el ataque por tierra.
El resultado de esta conferencia determine que se desembarcaran las
fuerzas americanas al este, en vez de al oeste de la bahia de Santiago,
y tropas cubanas fueron embarcadas para reforzar la brigada de
Ram6n de las Yaguas, que ya ocupaba una posici6n apta para pro-
teger el desembarco norteamericano. Estos refuerzos cubanos desesn-
barcaron en Sigua y acto continue avanzaron sobre Daiquiri, bajo
el mando supremo del General Castillo. Los espaiioles fueron des-
alojados de la posid6n, que ocuparon de inmediato los cubanos; y







48

cuando la escuadra americana bombarded el sitio, solamente se pro-
dujo el derramamiento de sangre cubana. Desde este moment hasta
el cierre de la campafia, los cubanos actuaron continuamente en la
vanguardia, lo mismo en Fifeza y Siboney, que en Las Gudsimas
o el Caney.
"El 1 de julio, cumpliendo 6rdenes de Shafter, el General Garcia,
con sus 4,000 cubanos, comenz6 a las 5 y 30 de la maiiana su march
hacia Marianaje y a las 7 ocupaba las posiciones que se le habian
designado en ese punto. Marianaje se escuentra entire El Caney y la
Loma de San Juan, y se le asign6 (al General Garcia) la misi6n de
proteger tanto El Caney como San Juan, caso de que el enemigo
saliera de Santiago durante la batalla con el objeto de reforzar estas
posiciones. Esta misi6n fue efectivamente cumplida. Todos los cu-
banos operaron bajo el fuego enemigo y sufrieron alrededor de cien
bajas. Terminada la acci6n del dia, obedeciendo instrucciones del
General Shafter, el General Garcia al frente de sus fuerzas, realize
una march nocturna al extreme flanco derecho. Al amanecer del
dia 2, se encontraba al norte de la ciudad en una fuerte posici6n
pr6ximo a la ciudad; y en el transcurso del dia desaloj6 al enemigo
de los poblados de Cuabitas y Boniato, habiendo capturado varias
posiciones fortificadas, para terminar cercando a San Vicente. Du-
rante este dia los cubanos sufrieron diez bajas y las funciones de
guerrillas se sucedieron hasta la noche. Desde este moment el Ge-
nral Garcia continuia avanzando y extendiendo las fuerzas a su dere-
cha hasta que sus hombres ocuparon todo el terreno hasta la misma
bahia de Santiago, mientras fuertes destacamentos cubrian los cami-
nos que desde Holguin y otros lugares conducian a Santiago. Al
rendirse la ciudad de Santiago el General Garcia, Comandante de
las fuerzas cubanas fue eliminado de la alegria y los honors de la
victoria...
"Mi respuesta fue verbal en la entrevista que inmediatamente se
efectu6, de la que result la rendici6n definitive, no solo de la plaza
military de Santiago, sino de todas las tropas del extremo oriental
de Cuba. Esto fue possible, en gran parte por la acci6n del General
Garcia y de sus tropas".
Merecieron tambi6n el Ejercito Libertador y el general Calixto
Garcia infinitas manifestaciones del pueblo de los Estados Unidos
contra la actitud del Gobierno de Washington, en reconocimiento de
su inapreciable colaboraci6n con el Ejrrcito norteamericano y en
favor de la causa de Cuba Libre, exteriorizados certeramente esos
sentimientos populares en un editorial de The New Journal, peri6-
dico amigo y defensor de los revolucionarios libertadores cubanos,
del que entresacamos estos parrafos:
"La carta del General Garcia es una carta llena de verdad. Today
su indignacidn es just; todos sus reproches dignos y merecidos. Su
sustancia y su tono serin aprobados por el pueblo americano. Perd









no por los espa*oles y sus amigos en los Estados Unidos. Los prime-
ros estin regocijados por el rompimiento entire Garcia y Shafter, y
los iltimos, los acaparadores de dinero que se opusieron a la guerra
por la libertad y ahora emprenderian una por los despojos, son fe-
lices a cada oportunidad que encuentran en gritar que los cubanos
no son aptos para gobernar su Isla. Son s6lo una minoria, claman
soberbios estos vigilantes, en las torres privadas desde donde obser-
van la llanura para echar la vista a los DOLLARS mal guardados.
"Los soldados andrajosos de Garcia y G6mez pueden ser una mi-
noria. Tambi6n lo eran los soldados andrajosos de Washington.
"Pero son republicans, y republicans solamente, deben ser los
que pongan mano en la erecci6n del future gobierno de Cuba.
"Al General Garcia, al General G6mez, a los valientes soldados
de sus ejrdctos y, a todos los hombres dignos de la Isla, el Journal,
que ha sido siempre el amigo de Cuba, envia este mensaje:
"Confiad en el pueblo americano. El, gobierna esta Repiblica. El
elige los Presidentes y los Congresos. Su voluntad es la ley. Para
libertar a Cuba, para entregar la Isla a sus leales y bravos hijos, este
pais ha ido a la guerra con Espafia. La palabra de la naci6n esti
dada en prenda y esa prenda seri redimida".
En resume, como queda absolute y totalmente demostrado, por
su propio esfuerzo, conquisto~el pueblo cubano su independencia.



















EL ESTADO NORTEAMERICANO
FUE SIEMRRE ENEMIGO DE LA
INDEPENDENCIA DE CUBA




La situaci6n geogrifica -fatalmente excepcional- de Cuba en el
Continente; lo pequefio de su territorio y escaso y heterog6neo de
su poblaci6n; la riqueza y feracidad extraordinarias de.su suelo; las
circunstancias hist6ricas, econ6micas y sociales en que nuestro pueblo
se ha desenvuelto; y su vecindad al territorio de la Uni6n, han hecho
que nuestra Isla fuese, como ningfin otro de los paises de Hispano-
america, presa codiciada y ficil, necesaria a la expansion commercial de
los Estados Unidos e imprescindible para la defense de sus mares
y de sus costas.
En 1805, algunos afos antes de que los cubanos comenzaran a
laborar por su libertad, ya los gobernantes norteamericanos pensaban
apoderarse de Cuba y oficialmente actuaban en ello. Asi se desprende
de la notificaci6n hecha en noviembre de ese afio por el president
Thomas Jefferson al Ministro de Inglaterra en Washington (46), de
que en caso de guerra con Espafia se apoderarian los Estados Unidos
de Cuba por necesidades estratigicas para la defense de la Louisiana
y de la Florida ambicionada tambien por Norteamerica, insistiendo
Jefferson sobre el asunto en 1807 y 1808. Entonces, como despuis,
en ese deseo yanqui de apoderarse de Cuba, no juegan s6lo la situa-
ci6n geogrifica de la Isla y su cercania a los Estados Unidos, sino
tambien la rivalidad con Inglaterra y el temor de que sea la Grad
Bretafia la que pueda adquirirla por conquista o cesi6n.

2
Desde esa remota fecha hasta el afio 1898, la political yanqui










respect a Cuba fu6 siempre, a traves de todas las administraciones
y mantenida desde el gobierno por todos los partidos politicos yan-
quis: continuaci6n de la Isla bajo la soberania de Espafia mientras
no pueda o convenga que sea norteamericana; atenci6n preferente,
respect a la posesi6n de la Isla, al peligro ingl6s y no al espafiol;
mantenimiento durante todo ese largo period de tiempo de lo que
sc ha llamado la political de la fruta madura, enunciada por*John
Quincy Adams, secretario de Estado del president Monroe y su
sucesor en la presidencia de la Uni6n, en memorable nota que
envi6 el 28 de abril de 1823 a Mr. Hugh Nelson, su ministry en
Madrid, para que la trasmitiera a S. M. (47), nota en ia que se rati-
fican y aclaran los prop6sitos enunciados por Jefferson de anexarse
la Isla y la necesidad imperiosa que tiene la Uni6n de poseerla. Los
temores de la perdida de Cuba y Puerto Rico por Espafia, como con-
secuencia de la guerra entire Francia y Espafia, son los que mueven
al secretario Adams a expresar oficialmente la actiud y prop6sitos
de su Gobierno respect a ambas islas.
"Estas islas -dice Adams- por su posicidn local son apindices
naturales del continent norteamericano, y una de ellas, la isla de
Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser, por una
multitud de razones, de trascendental importancia para los intereses
politicos y comerciales de nuestra Unidn".
Por esas multiples razones, que Adams enumerari en seguida, no
existe para los Estados Unidos ningfin territorio extranjero que
pueda compararse a la isla de Cuba: "la dominant posicidn que
ocupa en el Golfo de Mixico y en el Mar de las Antillas. el carac-
ter de su poblaci6n, el lugar que ocupa en la mitad del camino entire
nuestra costa meridional y la isla de Santo Domingo, su vasto y
abrigado puerto de La Habana que hace frente a una larga linea de
nuestras costas privadas de la misma ventaja, la naturaleza de sus
producciones' y la de sus necesidades propias, que sirven de base a
un comercio inmensamente provechoso para ambas parties, todo se
combine para darle tal importancia en la suma de nuestros intereses
nacionales, que no hay ninghn otro territorio extranjero que pueda
compararsele y que nuestras relaciones con ella sean casi identicas a
las que ligan unos con otros los diferentes Estados de nuestra Unidn".
Para el estadista yanqui son tan importantes y fuertes "los vinculos
geogrificos, comerciales y politicos, formados por la naturaleza,
fomentados y fortalecidos gradualmente con el transcurso del tiem-
po" que unen a Cuba con los Estados Unidos, que el, hablando, no
por si sino por los intereses vitales de la Uni6n, entonces, y en el
future, predice la necesidad imperiosa que 6sta tendri de apoderarse
de Cuba: "Cuando se echa una mirada hacia el curso que tomarin
probablemente los acontecimientos en los pr6ximos cincuenta anos,
casi es impossible resistir la conviccion de que la anexidn de Cubd
a nuestra Reptsblica federal sera indispensable para la continuacidn
de la Unidn y el mantenimiento de su integridad".








Adams es anexionista, pero dentro de su anexionismo es oportu-
nista. Esta convencido de la imperiosa necesidad que los Estados
Unidos tienen de apoderarse de la Isla; comprende la posibilidad de
que Inglaterra apoye a Espafia, segfn expresa mAs adelante en su
nota, y que el precio de esa alianza y esa ayuda sean Cuba y Puerto
Rico; le hace saber a Espaiia que Gobierno y opinion publica norte-
teamericanos repudian de tal manera ese traspaso como perjudicial
a los intereses de la Uni6n que "la determinaci6n de impedirlo,
hasta por la fuerza si fuese necesario, se nos impone imperiosa-
mente"; pero, no cree Adams, como no creyeron much mis tarde
Cleveland y McKinley, que los Estados Unidos debian actuar en
aquellos moments. Les bastaba con que entonces Espafia conservase
la Isla para que no pasase a poder de Inglaterra.
La posesi6n, imprescindible e inevtiable, de Cuba por los Estados
Unidos, ya vendra. Y ellos esperaran que league cuando este madura
la fruta. En aquel moment no les conviene precipitarla, y por eso
se abstienen de intervenir. Asi, dice Adams: "es obvio que para ese
acontecimiento (la anexi6n de la Isla a los Estados Unidos) no
estamos todavia preparados y que a primera vista se presentan nu-
merosas y formidable objecciones contra la, extension de nuestros
dominios dejando el mar por medio... Pero hay leyes de gravi-
tacidn political como las hay de gravitaci6n fisica y asi como una
fruta separada de su drbol por la fuerza del viento, no puede aunque
quiera, dejar de caer en el suelo, asi Cuba, una vez separada de Es-
pana y rota la conexidn artificial que la liga con ella, es incapaz de
sostenerse por si sola, tiene que gravitar necesariamente hacia la
Unidn Norteamericana, y hacia ella exclusivamente, mientras que c
la Uni6n misma, en virtud de la propia ley, le ser~ impossible dejar
de admitirla en su seno".
En esas palabras de Adams esta expuesta la political seguida inalte-
rbiblemente por los Estados Unidos respect a Cuba en todo mo-
mento, hasta los dias presents. Todos los gobiernos norteamericanos,
sus politicos, negociantes y capitalistas, han de considerar a Cuba
en todo tiempo como Adams la apreci6, y han de ver tambien, igual
que Adams, la necesidad que los Estados Unidos tienen de poseer
la Isla. S61o variari el procedimiento para apoderarse de ella: ane-
xi6n, compra, ocupaci6n military, rep6blica sometida al control de
Washington mediante la Enmienda Platt, adquisici6n para el capital
yanqui de sus tierras, dominion de su economia... paciente espera a
que la fruta madura caiga en sus manos.

3

Ocho meses despues de la nota de Adams, el 2 de diciembre de
ese mismo afio de 1823, lanza el president James Monroe su septimo
mensaje annual al Congreso en el que expone la doctrine de political
international que ha pasado a la historic como Doctrina Monroe (48).









Estuvo Cuba en la mente de los estadistas yanquis al ser expuesta
esa doctrine?
No tan s61o se tuvo en cuenta nuestra Isla, sino que fu6 el future
de Cuba la causa direct y primordial que motiv6 la Doctrina Mon-
roe. Y Cuba fu6 en aquellos moments, como lo habia de ser des-
pues y siempre, hasta nuestros dias, la preocupaci6n vital de los
Estados Unidos en America. Y no veran el peligro en Espafia, sino
en Inglaterra. Inglaterra es en 1823, en cuanto a Cuba se refiere,
el gran peligro que sienten los Estados Unidos. En la nota de Adams,
examinada ya, de 28 de abril de ese afio, se comprueba ello clara-
mente: "hasta por la fuerza" estin resueltos a impedir el traspaso
possible que Espaiia hiciera de Cuba a Inglaterra.
En el Diario de John Quincy Adams (49), se revela c6mo dicha
nota es product de esa inquietud, "del temor de lo que pueda hacer
Inglaterra", temor experimentado desde mediados de marzo.
Y el temor aumenta con motive de la proposici6n hecha en 20 de
agosto por el Ministro de Relaciones Exteriores de Inglaterra, Jorge
Canning, a Robert Rush, ministry de los Estados Unidos en Londres,
de que Estados Unidos e Inglaterra hicieran una declaraci6n con-
junta para evitar el peligro de que la Santa Alianza y Francia se
apoderaran de territories hispanoamericanos.
El habilisimo secretario Adams, para eludir el lazo que Inglaterra
tiende a los Estados Unidos, decline lo mis diplomrticamente possible
las proposiciones de Canning, evitando asi todo compromise que ate
para el future las manos a los Estados Unidos en America, y hace
por su parte una declaraci6n contra la Santa Alianza, y principal-
mente contra Inglaterra, declaraci6n tendiente a impedir toda intro-
misi6n europea, e inglesa primordialmente, en America y conservar
manos libres para actuar en el Continente segfin los intereses y con-
veniencias de los Estados Unidos.
Y en 2 de diciembre de 1823 a'parece el Mensaje con la famosi-
sima doctrine que Illeva el nombre, no de Mr. Canning, que la pro-
voc6, ni del secretario Adams, su verdadero autor, sino del presi-
dente Monroe que aparece firmando el trascendental document.
Con la Enmienda Platt -coronamiento de la Doctrina de Mon-
roe- ocurri6 aniloga transmutaci6n en cuanto a su autor, no lle-
vando el nombre de quien concibi6 y redact6 esta, Elihu Root, sino
el del senador Orville H. ,Patt que la present en el Senado.
En todas las discusiones tenidas por Adams con el president
Monroe y los ex presidents Jefferson y Madison, consultados tam-
bien al efecto, a fin de convencerlos de la necesidad de lanzar lo que
despues seria Doctrina de Monroe, Cuba es el interest primordial y
la mayor preocupaci6n de los estadistas yanquis. Y es Inglaterra. y
no la Santa Alianza, el peligro. En su Diario consigna Adams: "creo
tanto que la Santa Alianza restaure la dominaci6n espaiiola en Ame-
rica como que el Chimborazo se hunda en el oc6ano" (50). Y no
creyendo en el peligro de la Santa Alianza, juzga Adams que no es









arriesgado para los Estados Unidos pronunciarse contra ella, aparen-
temente, logrindose al mismo tiempo prever y evitar el verdadero
peligro: Inglaterra. Y esa declaraci6n unilateral no puede ser obs-
taculizada por la Gran Bretafia porque es la que Canning propuso
hicieran los Estados Unidos e Inglaterra conjuntamente.
Esos son el espiritu y la finalidad de la Doctrina de Monroe. Ni
para proteger a los nuevos Estados hispanoamericanos de la invasion
europea, ni much menos para favorecer a Cuba.
De acuerdo con esta line de conduct, se opusieron los estadistas
yanquis a las proposiciones de Canning, lanzaron la Doctrina de
Monroe, propiciaron multiples veces la continuidad de la posesi6n
de Cuba por Espaia y se negaron siempre a todo prop6sito de los
cubanos o de ciudadanos yanquis en favor de la independencia de
la Isla.
La nota de 28 de abril de 1823 es el antecedente precioso de la
Doctrina Monroe. Una y otra las inspira el secretario de Estado
Adams. Todos los estadistas yanquis han de seguir despues, respect
a Cuba, la misma political: para Espafia mientras no pueda ser para
Estados Unidos; nunca para los cubanos.
Esa political de Adams respect a Cuba se ve reflejada despubs en
otros dos trascendentales documents: la Joint Resolution, de 1898,
y la Enmienda Platt de 1901. Y esos cuatro documents encierran
la clave de las relaciones de los Estados Unidos con Cuba. La Joint
Resolution y la Enmienda Platt pusieron en las manos de los Es-
tados Unidos a Cuba, tal como Adams lo indic6 en 1823 con su
nota de 28 de abril y lo dej6 consagrado con la Doctrina de Monroe
de 12 de diciembre de ese mismo afio.

4

Mientras Mexico y Colombia laboran en 1825 por arrancar de la
soberania de Espafia la isla de Cuba con fuerzas militares de ambas
repiblicas, los Estados Unidos se oponen energicamente a esos prop6-
sitos, asegurando Mr. Henry Clay, secretario de Estado de Adams,
a Espafia, el 27 de abril, que (51), "los Estados Unidos prefieren
que Cuba y Puerto Rico permanezcan dependientes de Espafia...
estin satisfechos con la condici6n actual de estas Islas en manos de
Espafia y con sus puertos abiertos a nuestro comercio como ahora
1o estin. Este gobierno no desea ningfin cambio politico que afecte
a la actual situaci6n". Dos afos mis tarde, Clay, ya president de
los Estados Unidos, reafirmaba esos puntos de vista, no s6lo contra
Mexico y Colombia sino contra los revolucionarios cubanos, al de-
clarar (52): "No entra en la political o en las miras del gobierno
de los Estados Unidos dar ningfin estimulo o apoyo a los movi-
mientos revolucionarios de Cuba, si tal cosa pretend alguna.parte
de sus habitantes".









5

En 1826 los Estados Unidos se oponen official y terminantemente
a los planes del Libertador Bolivar en el Congreso de Panama ten-
dientes a propiciar la independencia de Cuba v Puerto Rico, asi
como tambien a otra de las finalidades de dicha reuni6n: la abo-
lici6n de la esclavitud. En el Senado, John Holmes, senador por
Maine, express la opinion del Congreso y Ejecutivo, en estos asun-
tos asi (53): "iPodremos permitir que las islas de Cuba y Puerto
Rico pasen a manos de esos hombres embriagados con la libertad
que acaban de adquirir? jCuil tiene que ser nuestra political? Cuba
y Puerto Rico deben quedar como estin".
El president Adams, en su mensaje al Congreso de 15 de marzo
de dicho afio, recomienda que (54) "la totalidad de nuestros es-
fuerzos habri de encaminarse en el sentido de conservar el estado
actual de cosas, la tranquilidad de las dos islas y la paz y seguridad
de sus habitantes".
Y la Comisi6n de Relaciones Exteriores de la Cimara de Repre-
sentantes, al recomendar en 25 de marzo el envio, al Congreso de
Panama, no de delegados sino de observadores -que no legaron
a asistir a las sesiones de esa reuni6n- express que los Estados
Unidos debian evitar la invasion proyectada para independizar a
Cuba, teniendo en cuenta que el future destino de la Isla siempre
ocuparia la atenci6n de los Estados Unidos, pues "nuestras relacio-
nes con Cuba son de tal naturaleza que lo que en ella pasa afecta
a nuestra industrial y el Castillo del Morro se pu'ede considerar como
una fortaleza en la boca misma del Mississipi".
Esta oposici6n yanqui contribuy6 primordialmente a que no se
tomase en el Congreso de Panama acuerdo precise sobre la inde-
pendencia de Cuba y Puerto Rico.

6

El plan de invadir la isla de Cuba concebido por Bolivar en 1827,
con ejercito al mando del general Jose Antonio Piez, calurosamente
aceptado por iste, encontr6 como obsticulo insuperable de orden
exterior, y causa de su fracaso, la actitud adversa de los Estados
* Unidos, pues seg6n confiesa aquel en sus memories (55): "el go-
bierno de Washington, lo digo con pena, se opuso de todas veras
a la independencia de Cuba, dando por raz6n entire otras una que
debe servir siempre de ensefianza a los hispanoamericanos: "Ningu-
na potencia, ni a6n la misma Espafia, tiene en todo sentido un in-
ter6s tan alto como los Estados Unidos en la suerte future de Cuba...
y que por lo que respect a nosotros [los angloamericanos], no
deseamos ningin cambio en la posesi6n ni en la condici6n political
de la Isla, y no veriamos con indiferencia que del poder de Espafia









pasase al de otra potenda europea. Tampoco querriamos que se
transfiriese o agregase a ninguno de los nuevos Estados de America".

7

Descubierta una intriga inglesa para promover una revuelta en
las islas Canarias y en Cuba, el Secretario de Estado de Norteame-
rica, Van Buren, escribi6, en 2 de octubre de 1829, a Van Ness, su
ministry en Madrid, para que lo hiciese saber al gobierno espafiol
(56), que asi como "se habia evitado antes [cuando el Congreso de
Panama] que cayese sobre las islas el golpe que estaba preparado,
podria evitarlo otra vez". Y el 13 de octubre de 1830, por el mismo
conduct, los Estados Unidos comunicaban al gobierno espafiol (57):
"Nosotros estamos contents con que Cuba permanezca en la situa-
ci6n en que se encuentra y no consentiremos en que se la transfiera
a ninguna potencia europea".
Este papel de'defensores de Espafia y enemigos de Cuba, tintas
y tantas veces Tnantenido por los Estados Unidos, alcanz6 proyec-
ciones agudisimas diez afios despues, en 1840, siempre con miras a
anular el peligro ingles, cuando Forsyth, secretario de Estado del
president Van Buren, manifest al gobierno espafiol, por conduct
de Aaron Vais, encargado de negocios en Madrid (58): "Estt usted
autorizado para asegurar al gobierno espaiol que, en caso de que
se efectlie cualquier tentative, de donde quiera que proceda, para
arrancar a Espana esta porcidn de su territorio, puede R1 contar con
los recursos militares y navales de los Estados Unidos para avudar
a su nacidn, asi para recuperar la Isla como para mantenerla en
su powder .

8

Mientras en Cuba se laboraba por la independencia en 1848, los
Estados Unidos se resolvieron por primera vez, aunque momenta-
neamente, a abandonar respect de Cuba, la political de la "fruta
inadura" -espera paciente de los acontecimientos que pusieran en
sus manos la Isla- para indinarse a la adquisici6n rapida de la
misma, y, al efecto, el president James Knox Polk y su secretario
de Estado, James Buchanan, animados por el exito logrado en la
realizaci6n de sus planes expansionistas contra M6xico, decidieron
apoderarse de Cuba por compra, y asi lo plantearon al gobierno
espafiol por conduct diplomitico; pero este, por boca del presi-
dente del Consejo de Ministros, general Ram6n Maria Narvaez, y
el Ministro de Estado Pedro J. Pidal, hizo saber al ministry norte-
americano en Madrid. Saunders, que Espafia ni queria desprenderse
de la Isla ni le atemorizaban los peligros de futuras revoluciones,
que lograria sofocar. Y los Estados Unidos no insistieron, adop-









tando entonces su contumaz actitud de montenedores de Espafia y
enemigos de la independencia de la Isla, declarando oficialmente
Buchanan, para tranquilidad de Espafia (59), "que el gobierno de
los Estados Unidos no tiene participaci6n alguna en esa obra de
excitar descontento entire los cubanos... Deseamos con toda since-
ridad que no se intent en Cuba ningin levantamiento. Pero si por
desgracia ocurriese alguno, no seri porque el gobierno de los E
dos Unidos haya dejado de cumplir sus deberes para con una po-
tencia amiga".

9

No es possible seguir paso a paso todas las inalterables manifes-
taciones de esta political yanqui respect a Cuba. Con todo deteni-
miento y amplitud la estudiamos en nuestro libro recientemente
publicado: Cuba y los Estados Unidos. 1805-1898. Historia documen-
tada de la actitud disimil del Estado y del pueblo norteamericano
en relaci6n con la independencia de Cuba.
BAstenos decir que apenas se manifestaron los primeros empefios
cubanos de libertad, la actitud de Norteamerica sobre los mismos
toma dos orientaciones totalmente distintas y contradictorias: la
individual, resuelta y generosa en favor de la aspiraciones cubanas;
la del Estado, la official, indiferente, interesada y egoista, descono-
ciendo, dificultando u oponiendose a cuanto significara apoyo y
adhesi6n a la causa emancipadora cubana. Esa ha sido siempre la
verdadera actitud yanqui respect a Cuba, que en el fondo no. fue
sino la misma que siguiera con los demis pueblos de Hispano-
america.
De un lado, hombres generosos, ya modestos hijos del pueblo,
ya personajes prominentes por su posici6n social, econ6mica o pro-
fesional, ya funcionarios de mayor o menor categoria, representantes
y senadores, que desde sus puestos realizan cilidas gestiones en favor
de Cuba, las que nunca llegan a fructificar, anuladas, o recortadas,
al pasar a la esfera official definitive -al Ejecutivo o al Congreso-
ya, en fin, valerosos y decididos ciudadanos yanquis que se suman
a las expediciones mambisas y vienen a nuestros campos y en la
manigua ofrendan sus vidas, junto a los criollos, por la libertad
de Cuba.
De otro lado, el Estado, asistiendo cruzado de brazos, como mudo
espectador, cuidadoso tan s6lo de que no se le molestara, a esa epo-
peya inenarrable y cruenta, no concediendo siquiera beligerancia a
esos bravos paladines de la libertad; oponi6ndose otras veces, abier-
tamente, a cualquier prop6sito emancipador y hasta ofreci6ndole a
Espafia su apoyo, material y moral, para conservar sus posesiones
o recuperarlas, si las Ilegaba a perder; ahogando otras, desbaratin-
dolos o haciendolos impracticables, los proyectos generosos de mu-







59

chos ciudadanos de la Uni6n, simpatizadores entusiastas de la causa
libertadora de nuestro pueblo.
Hasta 1841 no surgeon -recogida por el Ministro de Espafia en
Washington y trasmitida la noticia a su Gobierno- las primeras
tendencies populares favorables a propiciar la independencia de la
Isla, y es con Narciso L6pez, desde 1848, con quien francamente se
manifiestan, al extreme de que numerosos ciudadanos yanquis se
alistan en varias expediciones, desembarcan en Cuba, pelean por su
libertad y por ella mueren. Los nombres de Teodoro O'Hara, resig-
nando su puesto de capitan del ejercito de la Uni6n, para unirse
a Narciso L6pez, y los de aquellos ciudadanos yanquis que tambien
formaban parte de las expediciones de 6ste en el Criole, el William
Pise, el Georgiana, el Susan Loud, el Cleopatra, el Pampero, y mu-
chos de los cuales pagaron con la vida su identificaci6n con la causa
cubana, deben ser para nosotros tan inolvidablemente venerados como
los de los cubanos, iniciadores con ellos y primeros mirtires de
nuestra revoluci6n emancipadora.
Pero antes que la acci6n individual se manifestara asi en favor
de Cuba, ya la acci6n official yanqui se habia expresado en contra
de nuestra independencia; primero en 1826, oponiendose el Gobier-
no a los planes que en pro de nuestra libertad trat6 Bolivar de des-
arrollar en el Congreso de Panama. Despues, en 1830, haciendo
saber el Secretario de Estado Van Buren al Gobierno de Espafia por
medio del Ministro en Madrid Van Ness, su content de que "Cuba
permanezca en la situacidn'en que se encuentra actualmente" (60); y
en 1840 ofreci6ndole el Gobierno de la Uni6n resueltamente a Es-
pafia "los recursos militares y navales de los Estados Unidos, asi para
recuperar la Isla como para mnantenerla en su poder" (61).
En 1849, el president Zacarias Taylor lanz6 una proclama califi-
cando los aprestos guerreros de Narciso L6pez en Estados Unidos de
esta manera: "Una empresa que tiene por objeto invadir los terri-
torios de una naci6n amiga. iniciada y preparada dentro de lo4
limits de los Estados Unidos, es una cosa en alto grado criminal,
pues pone en peligro la paz del pals y compromete el honor na-
cional". E invita a todos los norteamericanos para que "se separen
del antedicho proyecto y lo reprueben e impidan por todos los
medios que sean licitos" (62). Esta prodama y las medidas que
para su cumplimiento se tomaron hicieron fracasar la expedici6n
lamada "de la Isla Redonda".
En 1851, al continuar el general Narciso L6pez, en compafiia
de cubanos y norteamericanos, sus trabajos para organizer una nueva
expedici6n en favor de Cuba, de nuevo se interpuso en su camino
el Estado norteamericano, representado ahora por el president
Millard Fillmore y su Secretario de Estado interino W. S. Derrick,
quienes lanzaron una proclama de fecha 25 de abril en la que se
califican esas labores revolucionarias de criminalss y hostiles prepa-
raciones contra una potencia amiga... de reprobados planes en lo








que compete un odioso abuso de la hospitalidad que se les ha dado
correspondiendo con flagrante ingratitud al beneficio de que se les
ba)a dado asilo en este pais contra la opresidn que sufrian en el
suyo... estas expediciones no pueden considerarse de otro modo
que como aventuras de latrocinios y saqueos, y tienen que merecer
la reprobacidn del mundo civilizado. siendo ademis actos contrarios
al derecho de gentes y a nuestras propias leyes que expresamente
las prohiben" (63). En vista de estas consideraciones se advierte a
todos cuantos se hayan unido a estos trabajos por la independencia
de Cuba, se separen de los mismos pues de no hacerlo sufriran "las
several penas dictadas contra esos delitos, y quedarin sin derecho
a reclamar la protecci6n de este Gobierno", recomendAndoles "des-
oigan y condenen la empresa de que aqui se trata y la impidan por
todos los medios legales". Asi fracasaron los empefios cubanos v los
nobles prop6sitos perseguidos por los vecinos de New Orleans, Key
West, Mobile, Louisville, Cincinnati, Pittsburgh, Baltimore y Fila-
delfia, decididos a tomar, y que los Estados Unidos tomaran, una
acci6n efectiva en pro de Cuba Libre.

10

Con motive de las reiteradas tentativas revolucionarias de Narciso
I.6pez y cubanos y norteamericanos, contra la soberania espafiola en
Cuba y de las terminantes proclamas contra las mismas lanzadas por
el gobierno de los Estados Unidos, quiso el gobierno espafiol, con
la ayuda de Francia e Inglaterra, obtener, entonces y para el futu-
ro, formal garantia de la pacifica posesi6n de la Isla, y los minis-
tros de esas dos potencias presentaron al president Fillmore por se-
parado, el 23 de abril de 1852, un proyecto de convenci6n por el
cual las tres naciones negasen abrigar todo intent de obtener la po-
sesi6n de Cuba y se comprometiesen a reprimir cualquier tentative
libertadora. Webster, secretario de Estado, no contest, falleciendo
el 24 de octubre, y su sucesor, Everett si lo hizo el primero de di-
cicmbre, rechazando la concertaci6n de todo compromise sobre Cuba
o sea, reservandcse libertad de acci6n para actuar, en ese sentido,
segin sus conveniencias y necesidades (64): "Ninguna administra-
ci6n de este gobierno, por grande que sea el apoyo con que cuente
en la opinion public, podri mantenerse en pie un s6lo dia contra
el odio universal que caeria sobre ella si estipulase con las grandes
potencias de Europa, que en ning6n tiempo future, e independiente-
mente de todo cambio de circunstancias, ni aun por arreglos anis-
tosos con Espafia, ni por legitimos actos de guerra, si esta iltima ca-
lamidad legase por desgracia a ocurrir, ni por consentimiento de
los habitantes de la Isla, si ellos, a ejemplo de los demis paises que
fueron posesiones de Espaia en este Continente, lograsen hacerse
independientes, ni por raz6n de ningfin genero, aunque sea la suma-









mente imperiosa de la conservaci6n propia, podrian nunca los Esta-
dos Unidos efectuar la adquisici6n de Cuba".

11
William R. Marcy, Secretario de Estado del president Pierce, pro-
pici6 en 1854 una habilidosa maniobra political, utilizando a sus mi-
nistros en Inglaterra, Espafia y Francia, los cuales se reunieron en
las lamadas Conferencias de Ostende, celebradas en esa ciudad los
dias 9, 10 y 11 de octubre y continuadas del 12 at 18 en Aix-La-Cha-
pelle, con el fin de lograr la compra de Cuba a Espafia. En el infor-
me, de esa ultima fecha, los ministros norteamericanos, ponderando
las conveniencias de plantear la compra y descubriendo abiertamen-
te las intenciones que los Estados Unidos tenian sobre Cuba, dicen
a su jefe, el Canciller (65): "Si despues de haber ofrecido a Espa-
fia por la Isla up precio superior a lo que ella vale, result que nues-
tra oferta es rechazada, el moment habri Ilegado de considerar si
Cuba espafiola expone o-no nuestra paz interior y la existencia de
nuestra amada Uni6n. Si la respuesta es afirmativa, estaremos justi-
ficados dentro de toda consideraci6n de derecho divino y human,
en arrancarla del poder de Espafia si tenemos modo de hacerlo.
Procederiamos bajo el mismo principio que autoriza el derrumbe de
la casa del vecino, cuando esti incendiada y no hay modo de impedir
que las llamas se comuniquen a la nuestra... Faltariamos a nuestros
deberes y resultariamos indignos descendientes de nuestros valientes
antepasados, cometiendo tambien un acto de indigna traici6n a nues-
tros descendientes, si permitiesemos que Cuba se vuelva africana o
league a ser un segundo Santo Domingo".
Estos ministros interpretaban la manera de pensar respect a Cuba
del Presidente y del Secretario de Estado, pues ya este, en 3 de abril
le habia expuesto a uno de ellos, Soule (66): "La conexi6n natural
de Cuba es con los Estados Unidos. Bajo nuestro sistema de gobierno,
esa conexi6n asegurari al pueblo de la Isla el beneficio de nuestras
instituciones political, y si se les dejase libres de expresar sus deseos
es de presumir que desearian ser comprendidos en la Uni6n ameri-
cana. Si se present una ocasi6n oportuna, el Presidente le manda
a usted que renueve la tentative de comprar la Isla... Si el orgullo
,de Espafia se irrita [como efectivamente se irrit6, no aceptando la
proposici6n] ante la proposici6n de vender la Isla a una potencia
extrafia, puede ser que se la induzca a que consienta en su indepen-
dencia y que sean los Estados Unidos los que contribuyan esencial-
mente a ese resultado", tal y como en efecto ocurri6 en 1902.

12
Buchanan, ya president de la Rep6blica, continue desde 1857 las
gestiones para adquirir la Isla de Cuba, exponiendolo asi oficial-









mente en sus mensajes de 8 de diciembre de ese afio, y de 6 de di-
ciembre del siguiente: lo que provoc6 la presentaci6n en la Cimara
y el Senado de sendos informes recomendando la aprobaci6n de una
ley que sancionaba el proyecto de compra y proporcionaba al Presi-
dente los recursos necesarios para realizar la negociaci6n, aunque no
lleg6 a tomarse resoluci6n alguna, y la Guerra de Secesi6n ech6 a
un lado el problema de Cuba.

13

Estallada el 10 de octubre de 1868 la primera etapa (1868-1878)
de la Gran Guerra Libertadora de los Treinta Anios (1868-1898), el
sentimiento popular norteamericano se mostr6 decididamente en pro
de la causa cubana. Clubs y juntas, reuniones y mitines, manifiestos
y trabajos periodisticos, doce memoriales dirigidos al Congreso, uno
de ellos firmado por 4,113 ciudadanos americanos del estado de
Pensilvania y otro por mis de 72,000 del Estado de New York, en
defense de la causa cubana y en demand de acci6n official en su
favor, se produjeron de 1869 a 1870. Pero de nuevo, como antes y
despues, el Estado no recogi6 los clamores de sus ciudadanos ni
realize acto alguno favorable a la libertad de Cuba, y ni Ejecutivo
ni Congress pronunciaron una palabra siquiera de ayuda o simpatia
para los revolucionarios cubanos. S61o promesas, vagas promesas,
incumplidas mis tarde, obtuvo el enviado especial de los revolucio-
narios, Jose Morales Lemus, del president Ulises S. Grant. En el
gabinete de 6ste se encontraba el nobilisimo John A. Rawlins, Secre-
tario de la Guerra, decidido y entusiasta partidario de la causa cu-
bana, quien lleg6 a lograr que el Presidente firmara la proclama
de neutralidad reconociendo a los cubanos como beligerantes, v
muri6 recomendando en sus iltimos moments a su compaiero de
gabinete, Creswell, "a la desgraciada Cuba, hoy combatiendo".
pidi6ndole: "Deseo que le prest6is vuestro apoyo,, Cuba debe ser
libre. Su tirinico enemigo debe ser aniquilado. Esta Repfiblica es
responsible de ello. Juntos hemos trabajado" (67). De nada valieron
esas gestiones y recomendaciones de Rawlins. El Secretario de Es-
tado, Hamilton Fish, el mayor enemigo que tuvieron los revolu-
cionarios de 1868, anul6 por complete los nobles esfuerzos de
Rawlins y lejos de hacerse efectiva la proclama de beligerancia a
favor de los cubanos, logr6 que el president Grant lanzara otra
en 12 de octubre de 1871 (68), en la que se fue mis allA contra los
cubanos revolucionarios de lo que habian realizado anteriormente,
en perjuicio de la causa cubana, los presidents Taylor y Fillmore.
En los tres "por cuanto" de que consta el document se condena
dura y abiertamente la actitud de cuantas personas "inclinadas al
tal" hayan acometido o preparado empresas o expediciones mili-
tares contra territories o dominios pertenecientes a potencias con









quienes los Estados Unidos estin en paz, ya sean nacionales o extran-
jeros los infractores de las leyes de neutralidad, cuyos actos dice,
"han traido sobre sus autores la condenacidn de todos los ciuda-
danos honrados y observantes fieles de las leyes". Y en el inico
"por tanto", Grant, como Presidente de los Estados Unidos, expre-
sa: "Declaro y proclamo, por la present, que todas las personas
que de aqui en adelante sean halladas en los Estados Unidos de Ame-
rica infringiendo las leyes de los mismos, en alguna de las maneras
explicadas, u otras analogas, en desprecio de la soberania de la
naci6n por cuyo motive estin sujetas a recibir castigo, serin perse-
guidas con todo rigor, sin que les sea possible esperar clemencia de
parte del Ejecutivo para salvarse de las consecuencias de su delito,
caso de ser sentenciadas. Y amonesto y exhorto a todas las auto-
ridades de este Gobierno, asi civiles como militares, para que usen
cuantos medios est6n efi su poder para que sean press, juzgados y
castigados los citados delincuentes, infractores de las leyes que nos
imponen obligaciones sagradas para con todas las potencias amigas".
Es asi como Norteamerica, Estado, por boca de Fish y Grant, cali-
fic6 a los revolucionarios cubanos de la guerra de los Diez Afios y
a cuantos los auxiliaron en su empresa de independizar a Cuba: de
"personas inclinadas al mal... delincuentes merecedores de todo el
rigor de las leyes... por su delito, que ban traido sobre sus autores
la condenaci6n de todos los ciudadanos honrados". Y es asi como
Norteamerica, Estado, anul6 totalmente las actividades de la Junta
Cubana de Nueva York y neg6 por complete ayuda y protecci6n a
los cubanos que en la Isla luchaban y morian por la libertad y la
justicia. Como antes, como despues, como siempre.

14

En 1871, mientras el Gobierno de Washington practicaba la tan
conocida political de "la fruta madura", esperando que el desarrollo
de los acontecimientos, el hecho fortuito o la anarquia, precipitaran
la Isla en las manos de los gobernantes yanquis, se di6 apoyo official
a un proyecto de empristito, ofrecido por un sindicato americano a
Espafia, que tendia a acrecentar el poder yanqui en Cuba, a facilitar
la penetraci6n del capital norteamericano, atando\ al gobierno espa-
fiol por las cadenas, siempre dificiles de romper, "de los emprestitos
extranjeros.

En esta primer uni6n de Washington y Wall Street, para apode-
rarse de Cuba, se negociaba, disfrazada de empr6stito, la venta de
las islas de Cuba y Puerto Rico, por ciento cincuenta millones de
pesos. I.a operaci6n politico-bancaria no se realize, aunque qued6
demostrada, una vez mis, la inalterable linea de conduct del Estado
Norteamericano contra Cuba Libre.









Dos afios mas tarde, en 1873, ocurri6 la capture del vapor expe-
dicionario cubano, Virginius, y el fusilamiento de buena parte de su
tripulaci6n, integrada por cubanos y norteamericanos; no obstante
tener conocimiento de esta salvaje massacre, Grant y Fish nada hicie-
ron para detenerla y castigarla, conformandose, despues de largas
negociaciones diplomiticas, por aceptar la entrega del barco, sin
prejuzgar su nacionalidad, aunque con el pabell6n norteamericano
izado, y de sus supervivientes; contrastando esta actitud, que el
representante diplomAtico de Norteamerica en Madrid, Sickles, sal-
vando su responsabilidad en el incident del Virginius, calific6 afios
mis tarde de "vacilante y timida political, dando a Espafia la im-
presi6n de que le teniamos miedo", con la energica, valiente y huma-
nitaria de Sir Lambton Lorraine, capitan de la fragata inglesa
Niobe anclada en el puerto de Santiago, que salv6 de ser asesinada
toda la tripulaci6n y pasajeros del Virginius.
Esto no impidi6 que durante toda esa primera etapa de la Guerra
de los Treinta Afios, y despues, del 95 al 98, ciudadanos americanos
abandonaran su hogar y sus intereses para luchar por la indepen-
dencia de Cuba. Citemosles a todos en las figures esclarecidas de
Thomas Jordan y Henry M. Reeve (El Inglesito) quienes llegaron
a alcanzar los grades de general y brigadier, respectivamente, del
ejircito mambi y ofrendaron su sangre por la libertad de Cuba.

15

Si hasta 1871 se habian producido en Norteamerica diversas tenta-
tivas para la anexi6n de Cuba a la Uni6n, se registra en 1822 la
primera propuesta cubana anexionista, recogida por John Quincy
Adams en su Diario, el 27 de septiembre, como procedente de un
Mr. Sanchez, personaje no determinado precisamente, cuyas deman-
das fueron rechazadas por el Presidente Monroe y su gabinete.
Adams declara que se manifest partidario de no tener en cuenta
para nada a los cubanos en la cuesti6n, conservando los Estados
Unidos complete libertad para actuar por si cuando les conviniera
y evitar en aquellos moments complicaciones con Espaiia o
Inglaterra.
La tendencia cubana del anexionismo a los Estados Unidos comen-
:6 al mismo tiempo que se iniciaba en la Isla la lucha contra el
absolutism espafiol y como uno de los medios, el mis rApido y
menos cruento, de lograr la justicia y la libertad que a los criollos
negaban los gobiernos de la Metr6poli, pero fue perdiendo poco a
poco prestigio y fuerza al convencerse los cubanos que jams logra-
rian, ni aun a costa de la entrega de la personalidad political, jus-
ticia ni libertad del Estado norteamericano.
Esta actitud qued6 comprobada cuando Carlos Manuel de CUspe-
des, en 3 de enero de 1869, y los jefes revolucionarios, en 6 de









abril del mismo afio, demandaron del president Grant, ayuda para
arrancar la Isla de la dominaci6n espaiiola e incorporarla como un
estado mis de la Uni6n Norteamericana.
Terminada, con la Tregua del Zanj6n, la guerra de los Diez Afios,
tanto en Cuba como en los Estados Unidos se agit6 de nuevo la
tendencia anexionista. Y en el peri6dico de Filadelfia The Manufac-
turer, inspirado y escrito por los lideres del Partido Republicano,
se public un articulo, el 16 de marzo de 1889, .Queremos a Cuba?
denunciando que se afirmaba con alguna insistencia que "el Gobier-
no actual considerara seriamente el proyecto de invitar a Espafia a
que venda la Isla de Cuba a los Estados Unidos".
A esta opinion del 6rgano del proteccionismo yanqui, se sum6
la del representante de las ideas opuestas, The Evening Post, de Nue-
va York, no para defender la anexi6n, sino para atacarla tambien
por las mismas razones de los proteccionistas, insistiendo sobre el
peligro negro, y considerando la anexi6n de Cuba como "un casti-
go" del que "es probable nos veamos libres por la negative de Es-
paiia a vender la Isla".
De esa manera, tan denigrante para los cubanos, nos juzgaban las
dos tendencies political yanquis el afio 1889.
Contra ambas se revolvi6 airado Jose Marti, publicando una car-
ta en The Evening Post, de 25 de marzo de ese afio, Vindicacion de
Cuba, refutando la "ofensiva critical" sobre los cubanos hecha por
uno y otro peri6dico. "Ningfn cubano honrado -declara Marti-
se humillara hasta verse recibido como un apestado moral, por el
mero valor de su tierra, en un pueblo que niega su capacidad, insul-
ta su virtud y desprecia su caricter". Y defiende a los cubanos de
las duras e injustas inculpaciones yanquis, haciendo resaltar sus do-
lores, sacrificios, protests y rebeldias contra el despotismo espafiol,
e increpindolos asi: "No han de vernos morir por la libertad a
sus propias puertas, sin alzar una mano o decir una palabra para dar
un nuevo pueblo libre al mundo. Extendieron los limits de su po-
der en deferencia a Espafia. No alzaron la mano. No dijeron una
palabra".
16

En ese period interesantisimo de la historic de Cuba compren-
dido entire la paz del Zanj6n y el inicio de nuestra iltima guerra
de independencia, 1878-1895, ocurrieron en nuestra tierra entire otros
hechos de significaci6n y trascendencia extraordinarias para la suer-
t- future de la Isla: el desplazamiento de Espafia por los Estados
Unidos como metr6poli econ6mica de Cuba, debido no s6lo a la
circunstancia fatal de nuestra situaci6n geogrifica, vecindad al terri-
torio -de la Uni6n y riqueza de nuestro suelo, al expansionismo im-
perialista de Norteamerica, ya en march en aquellos tiempos, y a
los prop6sitos desde 1805 manifestados por aquella de poseer la










Isla, sino tambien a los errors y torpezas de los gobiernos espafio-
les. Y al reanudarse la lucha revolucionaria en 1895, Cuba habia
pasado definitivamente a convertirse en colonia econ6mica yanqui.
En manos de los gobernantes norteamericanos estaba ahora, de modo
exclusive, el aduefiarse del poderio politico que aun conservaba Es-
nafia sobre la Isla, en el moment y en la forma que a los inte-
reses de la Uni6n conviniese.
Marti, conocedor profundo de este status econ6mico cubano, asi
como de la inalterable actitud de Norteamerica, desde 1805, en pro
de la incorporaci6n de la Isla a la Uni6n, se cuid6 much, al des-
atar la guerra contra Espafia, de que en 6sta no participasen los Es-
rados Unidos, tanto mis cuanto que 1l no s6lo se proponia indepen-
dizar a Cuba y Puerto Rico, sino tambien convertirla en valladar
del desbordamiento del imperialismo yanqui -que 1l prev-- sobre
las Antillas, sobre America y sobre el mundo.
Y consecuentemente con todo ello, deja a sus compatriotas, como
legado precioso, sabios y patri6ticos consejos y ensefianzas, para la
Revoluci6n y la Repiblica, a fin de que aqu6lla se desenvuelva por
el s61o esfuerzo de los cubanos y 6sta logre su instauraci6n, y con
ella su consolidaci6n y engrandecimiento, libre de trabas econ6micas
que dificulten o imposibiliten el pleno disfrute de la soberania
political.
Antonio Maceo, Maximo G6mez y Calixto Garcia, coinciden total-
mente en este orden de cosas con Marti, registrindose asi una clara
ideologia antimperialista en los que, con palabras de hoy, podemos
llamar los Cuatro Grandes de la Guerra Libertadora Cubana de 1895.

17

Y, desde antes de estallar 6sta, los cubanos encuentran de nuevo
la hostilidad del Estado norteamericano, representado ahora por el
president Grover Cleveland, el secretario de Estado Richard Olney
y sus aliados los inversionistas de Cuba, que se exterioriz6 en la
enemiga a cuanto significase ayuda o protecci6n a la causa inde-
pendentista, ya en las facilidades para el envio de expediciones, ya
en el reconocimiento de la revoluci6n mediante una declaraci6n de
beligerancia; manteniendose, por el contrario, la persecuci6n official
de las primeras, como secuela de una neutralidad favorable a Espaiia,
con la cual Cleveland y Olney estuvieron siempre de acuerdo y hasta
siguieron las orientaciones del Gobierno espafiol, ofreci6ndole apoyo
para sus planes militares y tratando, asimismo, de favorecer una
pacificaci6n de la Isla, bajo su soberania.
Y tanto mis resalta esta actitud anticubana del Estado norteame-
ricano, cuanto que estuvo en abierta contradicci6n con los sentimien-
tos y demands de su pueblo, noblemente favorables a la indepen-
dencia cubana.










En su mensaje annual de 2 de diciembre (69), el Presidente, no
obstante reconocer la pujanza de la revoluci6n, "mis active que la
que le precedi6 de 1868 a 1878... amenazando extenderse", que el
pueblo cubano "parece estar luchando por conseguir la posesi6n de
una suma mayor de libertad", y "la impresi6n de horror que nuestra
humana sensibilidad experiment al contemplar las crueldades que
parecen caracterizar tan especialmente esta guerra feroz y sanguina-
ria", volvi6 a dar solemnes seguridades de neutralidad a Espafia y
de "la determinaci6n del Gobierno de cumplir honradamehte con
todas sus obligaciones internacionales", lo que equivalia en la pric-
tica, a colocarse abiertamente al lado de Espafia y contra Cuba.
A media que la revoluci6n cubana libertadora iba demostrando
en el decursar de los meses y despues de la march triunfal de La
Invasi6n, de Oriente a Occidente, la capacidad de los jefes mam-
bises y la ineficacia de las medidas represivas -las trochas militares
y la birbara reconcentraci6n de la poblaci6n civil campesina, im-
puesta por Weyler-, el pueblo de los Estados Unidos, sensible a
toda causa generosa y noble, revelaba, mas y mis, su total identi-
ficaci6n con los anhelos y dolores cubanos, mediante la celebraci6n
de mitines, y publicaci6n de manifiestos, exposiciones y cartas diri-
gidos al president Cleveland y al Congreso, en pro de una inme-
diata dedaraci6n de beligerancia y el reconocimiento consecuente de
la Repfblica de Cuba; pronunciamientos ante los cuales se mostr6
sordo e insensible el Presidente, dando credito, en cambio, a los
juicios interesados y a las demands de banqueros, industriales e
inversionistas.
Ejemplo elocuente del desprecio de Cleveland y Olney por la
opinion pfblica de su pais, fue la nota diplomatica entregada por
este fltimo al representante espafiol en Washington, el 4 de abril
de 1896. No obstante aceptar (70) "el rapido aumento y desenvol-
vimiento de la revoluci6n" y "la discipline" del Ej6rcito Libertador,
al que despectivamente califica de "insurrectos", press de racismo
desenfrenado, cuyo triunfo no seria mas que "a merced del estable-
cimiento de una repiblica blanca y otra negra", declara'la imposi-
bilidad en que se encuentra de reconocer la beligerancia de los cu-
banos, y terminal ofreciendo "cooperar con Espafia para la inmediata
pacificaci6n de la Isla, bajo una base que dejando a Espafia sus de-
rechos de soberania, consiga para el pueblo de la Isla todos aquellos
derechos y poderes del gobierno propio local que puedan razona-
blemente pedir".
No aceptados torpemente por los gobernantes espafioles esos
buenos ofidos que a Espafia ofrecian los Estados Unidos, estos se
cruzaron de brazos, esperando tranquilos que cubanos y, espafioles se
destrozaran en la isla vecina y codiciada. Y fueron inutiles las nobles
sugerencias de numerosos dudadanos americanos en pro de un reco-









nocimiento de la independencia de Cuba o al menos de la decla-
raci6n de beligerancia a favor de los mambises libertadores.
La nota de Olney revela, una vez mis, el prop6sito de Norte-
am6rica, Estado, de que Cuba no saliese del poder espafol mientras
a aquel no le conviniera y hasta tanto no cayese en sus manos. Re-
vela el hecho, repetido una y mil veces, como ya indicamos, a traves
de toda la historic de nuestras relaciones con Estados Unidos, de que,
si ban existido admirables hijos de aquel pais, altruistamente pre-
ocupados por nuestro destiny, algunos al extreme de dar su sangre
por nuestra libertad, en cambio, el Estado yanqui jams propici6
nuestra independencia, y siempre obstaculiz6, anul6, impidi6 o re-
cort6 las iniciativas en tal sentido, de sus ciudadanos. Olney, por su
nota quiere que Cuba no deje de ser espafiola, y cree que los cu-
banos cesarin en la lucha armada si se les ofrecen garantias de gozar
bajo Espafia "los derechos del gobierno propio que pudieran razo-
nablemente pedirse".
Preocupaba a Estados Unidos intensamente que Espafia fuera a
perder la guerra y se viera obligada a abandonar la Isla ante el em-
puje de los cubanos revolucionarios que Olney juzgaba mAs fuertes
y preparados que en ocasiones anteriores. "Debe temerse -dice
Olney a Dupuy de Lome- que Espafa se encuentre en la imposibi-
lidad de continuar la lucha y tenga que abandonar la Isla a la hete-
rogenea combinaci6n de elements y razas que actualmente se en-
cuentran en armas contra ella. Esa terminaci6n del conflict no
puede ser mirada sin recelo, aun por el mis fiel amigo de Cuba y
por el mis entusiasta abogado del gobierno popular. Hay podero-
sisimas razones para temer que si Espafia se retirase de la Isla des-
apareceria en seguida el 6nico vinculo de uni6n que existe entire las
diferentes facciones de los insurrectos, que sobrevendria una guerra
de razas, tanto mas sanguinaria, cuanto son mayores la discipline y
experiencia adquirida durante la insurrecci6n, y que ain en el caso
de que temporalmente hubiese paz, no se lograria eso sino a merced
del establecimiento de una repiblica blanca y otra negra, que aun-
que al principio convinieran en dividirse la Isla entire ellas, serian
enemigas desde el primer dia y no descansarian hasta que una de
las dos hubiera sido subyugada por la otra".
De manera que los Estados Unidos en 1896, ante el temor de que
los cubanos revolucionarios triunfaran, y que ese triunfo no convi-
niera a los intereses yanquis, ofrecen sus buenos oficios a Espafia
para que no pierda la Isla.
Los gobernantes espafioles sordos y ciegos ante las sugerencias de
esa nota, que ni siquiera fue dada a conocer por CAnovas al Con-
greso, siguieron su desastrosa political de "el filtimo hombre y la
filtima peseta", para la que ya, desde el 10 de febrero de ese afio
tenian a Valeriano Weyler de capitan general, come el hombre, con
tanta energia como pocos escriipulos, capaz de desarrollarla.









Una vez que iste se hizo cargo del gobierno, el 10 de febrero
de 1896, arras6 la Isla con sus drasticos procedimientos y con su
inhumana reconcentraci6n, siendo initiles todos los clamores que se
levantaron en los Estados Unidos en demand de intervenci6n en
el conflict para acabar con la carniceria que a sus puertas se
desarrollaba.
No fueron atendidas las nuevas solicitudes por una declaraci6n de
beligerancia, ni, much menos, las peticiones de reconocimiento de
la independencia.
Al fin, lanza Cleveland, el 7 de diciembre de 1896, su filtimo
mensaje. En 1l rechaza la posibilidad de que su Gobierno hiciera
una u otra de' semejantes declaraciones. EstA resuelto a ser neutral.
No le important la sanguinaria political de Weyler ni los horrors
de la reconcentraci6n. Ni por humanidad ni por civilizaci6n cree
oportuno intervenir ni actuar. Vuelve a hablar de las posibilidades
de que Espafia ofrezca la autonomia a los cubanos. El reconocimiento
de la independencia, lo juzga impossible, por no convenir a los inte-
reses yanquis. Sigue cruzado de brazos esperando... Hasta cuando?
Lo ha de advertir: ... Cuando se haya demostrado la imposibilidad
por parte de Espana de dominar la insurrecci6n, y se haya mani-
fiesto que su soberania en la Isla esta practicamente extinguida,
resultando que la lucha para conservarla degenere en un esfuerzo
infructuoso, que s6lo signifique intitiles sacrificios de vidas humans,
y la total destrucci6n de la cosa misma porque se esta combatiendo,
habra llegado entonces el moment de considerar si nuestras obli-
gaciones a la soberania de Espaia, ban de ceder el paso a otras
obligaciones mas altas, que escasamente nos sera possible dejar de
reconocer y de cumplir".
O sea: no intervendrian, mientras la anarquia y el caos no afec-
taran gravemente los intereses, conveniencias y necesidades de Estados
Unidos.
O hasta que, "por virtud de incidents que ocurran, no cambie
radicalmente la situaci6n".
Lo que equivalia a esperar que la fruta cayera, madura ya, en
ais manos de los Estados Unidos, que pacientes esperaban sentados
al pie del Arbol.
18

El 4 de marzo de 1897 ocup6 la presidencia de los Estados Unidos
William McKinley, candidate triunfante del Partido Republicano,
que en su program electoral, aceptado en San Luis Mo., el 18 de
julio de 1896, express claramente en esta forma el estado de opinion
favorable a la independencia de Cuba que existia en la masa y
leaders de dicha agrupaci6n: "Simpatia por Cuba. Desde el mo-
mento de realizar su propia independencia el pueblo de los Estados
Unidos ha mirado con simpatia los esfuerzos de los otros pueblos






70


americanos por libertarse de la dominaci6n europea. Observamos con
profundo interest la lucha de los patriots cubanos contra la crueldad
y la opresi6n y son nuestros mejores deseos por el complete exito
de su lucha por la libertad. El Gobierno de Espafia, habiendo perdido
el control de Cuba, y siendo incapaz de proteger la propiedad y
las vidas de los ciudadanos americanos residents, o de cumplir las
obligaciones contraidas, creemos que el Gobierno de los Estados
Unidos activamente hari uso de su influencia y buenos oficios para
restablecer la paz y dar la independencia a la Isla".
Pero McKinley sigui6 impasible la political de su antecesor, espe-
rando el caos y la anarquia o el hecho fortuito perjudicial a las
personas e intereses norteamericanos para que la fruta madura cayera
en sus manos.
En las instrucciones dadas por el gobierno de McKinley, a Wood-
ford, ministry de Espafia, y entregadas el 18 de septiembre de 1897,
al ministry de Estado espafiol, Duque de Tetuin (71), sp expresa
que el empuje arrollador de la revoluci6n, amenazando abatir el
poderio espafiol, ha producido profunda crisis en el desarrollo de
las inversiones norteamericanas en la Isla y en el comercio con la
misma, por lo que estA McKinley decidido a intervenir, esperando
llegar a "un pacifico y duradero resultado, just y honroso, al mismo
tiempo, para Espafia y para el pueblo cubano", y ofrece a aquella,
"para ahora y en el future, sus amistosos oficios".
Ante los acontecimientos, grandes y de trascendente gravedad,
que se produce en la Isla -triunfal desarrollo de la revoluci6n,
fracaso total de Weyler y su sustituci6n por el general Ram6n
Blanco e implantaci6n de la autonomia, cuyo regimen a su vez fra-
casa por la inquebrantable firmeza de los patriots cubanos revolu-
cionarios de no transigir con lo que no significase la independencia
y constituci6n de la Rep(blica- el Estado norteamericano precise
cda vez mis, saltando por sobre la voluntad de su pueblo, sus
planes para apoderarse de Cuba y acent6a su enemiga contra la revo-
luci6n cubana. Y aunque el ministry Woodford da seguridades en
nombre de su gobierno, a los representantes diplomAticos en Madrid,
de Rusia, Alemania y Francia, de que "los Estados Unidos no pre-
tenden anexarse a Cuba, ni establecer un protectorado sobre ella",
en despacho de 17 de octubre (72), el citado diplomitico sabiendo
bien c6mo piensa y act6a McKinley, le confiesa su convicci6n de
que "la causa del desorden en Cuba es la continue injustica de la
administraci6n espafiola... que dura desde hace cuatro siglos... y
la rebeli6n es la tinica protest possible contra los metodos espafioles
de administraci6n". Le afirma que 61 "trabaja para la paz... La
restauraci6n de la paz acaso pueda dar, como resultado razonable
y deseable en la prictica, un protectorado", pero considerando a los
cubanos pupilss legales muy insatisfactorios"... y que "la paz
acaso traiga como necesaria finalidad 6ltima la anexi6n, espero que








vista no Ilegue hasta que los cubanos hayan aprendido a gobernarse
a si mismos o hasta que se haya establecido alli el nimero suficiente
de americanos para former una s6lida base de ciudadania inteligente".
Mientras el pueblo americano demand el reconocimiento de la
Rep6blica de Cuba, McKinley culmina sus planes anexionistas.
Asi, result de su mensaje al Congreso de 6 de dicembre de 1897
(73). No obstante proclamar el extraordinario incremento que la
revoluci6n ha alcanzado, sin que fuera suficiente a impedirlo la
crueldad de Weyler, asi como las gestiones para lograr una soluci6n
pacifica con Espafia, reitera a esta su amistad y rechaza enfitica-
mente la acusaci6n de haber favorecido su gobierno los trabajos
desarrollados por los revolucionarios cubanos en territorio norte-
americano, reafirmando en cambio "los constantes esfuerzos que
este gobierno ha hecho gastando millones y poniendo en juego la
maquinaria administrative de la naci6n entera, para cumplir plena-
mente sus deberes segin las leyes internacionales", constituyendo sus
palabras plena confesi6n de haber impedido el aprovisionaminto y
salida de las expediciones que trataban de levar auxilios belicos al
Ejercito Libertador: "Seria bastante respuesta a aquella acusaci6n
el hecho de haber sido detenida, por violaci6n de nuestras leyes, una
sola expedici6n military o un solo barco armado antes de salir de
nuestras costas".
19
Espaiia, ;demasiado tardiamente!, sustituy6 a Weyler por el ge-
neral Ram6n Blanco y di6 la autonomia a Cuba por Real Decreto
de 25 de noviembre de 1897.
Y el caos y la anarquia se presentaron: los disturbios en las calls
habaneras el 12 de enero de 1898, que motivaron el envio del aco-
razado Maine a La Habana.
Y el hecho fortuito se produjo, y por partida double. Primero, con
la publicaci6n en facsimile por el New York Journal, el 8 de fe-
brero de 1898, de una carta del ministry de Espafia en Estados
Unidos, Dupuy de Lome, a don Jos6 Canalejas, escrita en diciembre
de 1897 y sustraida del despacho de este iltimo en el Hotel Ingla-
terra, de La Habana, durante su estancia en nuestra capital, por el
joven cubano senior Gustavo Escoto, quien la entreg6 al senior D.
Castillo, encargado en aquellos dias de la Delegaci6n cubana en
Nueva York, enviandose el original al president McKinley, carta
en la que se ridiculizaba groseramente al president de los Estados
Unidos, calificindolo de "d6bil y populachero y ademis un politi-
castro que quiere dejarse una puerta abierta y quedar bien con los
jingoes de su partido"; reconocidndola como suya el senior Dupuy
de Lome y siendo depuesto por el Gobierno de Madrid que di6
satisfacciones al Gobierno de Washington. Y segundo, con la vola-
dura del Maine, el 15 de febrero, que ocasion6 266 victims de su
tripulaci6n, entire ellas 2 oficiales.









El 25 de marzo, McKinley dirigi6 un ultimatum al Gobierno es-
paiiol pididndole un inmediato armisticio con los revolucionarios
cubanos hasta el primero de octubre, a fin de negociar la paz con
estos, mediante la intervenci6n amistosa de los Estados Unidos,
debiendo revocarse tambi6n la orden de reconcentraci6n de los
campesinos, todo ello encaminado solamente a lograr la pacificaci6n
de la Isla, haciendose constar que los Estados Unidos no perseguian
prop6sito alguno anexionista. Este ultimatum fue rechazado por
Espafia en la parte sustancial, o sea, la concerniente al armisticio.
Se orden6 inicamente, por decreto del general Blanco del dia 30,
el cese de la reconcentraci6n.
El 11 de abril el Presidente se resuelve a pedir al Congreso auto-
rizaci6n y poder "para tomar medidas a fin de asegurar una com-
pleta y final terminaci6n de las hostilidades entire el Gobierno de
Espafia y el pueblo de Cuba y asegurar en la Isla la instauraci6n de
un gobierno stable, capaz de mantener el orden y de observer sus
obligaciones internacionales, consolidando la paz y la tranquilidad
y garantizando la seguridad de sus ciudadanos y de los nuestros, y
para usar las fuerzas militares y navales de los Estados Unidos en
la media que sea necesaria a fin de cumplir con dichos prop6-
sitos" (74).
En los primeros pirrafos de dicho mensaje McKinley francamente
se negaba al reconocimiento, no ya de la independencia de la Isla
y de su Gobierno revolucionario, sino tambien al de la beligerancia
de las tropas cubanas libertadoras, por considerar que existian "in-
convenientes y positives peligros" para proceder asi; haciendo expli-
c'ta declaraci6n de la necesidad en que se encontraban los Estados
Unidos de conservar sus manos libres por complete para actuar en
it cuesti6n cubana como y cuando lo creyeran convenient a los
intereses de la Uni6n, opinando que el reconocimiento de la Repi-
blica de Cuba "no es necesario para que los Estados Unidos puedan
intervenir para pacificar la Isla". "Comprometer este pais ahora
-agregaba- a reconocer un gobierno cualquiera en Cuba puede
sujetarnos a obligaciones internacionales embarazosas hacia la orga-
nizaci6n reconocida. En caso de intervenci6n nuestros actos habrian
de estar sometidos a la aprobaci6n o desaprobaci6n de dicho go-
bierno. Estariamos obligados a someternos a su direcci6n y mante-
nernos en la mera relaci6n de un amistoso aliado".

20

Volvemos a encontrar, afin en estos moments en que ya la opinion
p6blica norteamericana se ha declarado en favor de la libertad de
Cuba, al Estado coartando y limitando el sentimiento v voluntad
populares. Y tan es asi, que cuando Ilega el mensaje al Congreso,
contra este se pronuncian numerosos legisladores porque se eludia









toda manifestaci6n favorable a la independencia de Cuba, y en el
Senado present inmediatamente el senador Marion Butler un pro-
yecto de resoluci6n conjunta reconociendo la RepCblica de Cuba
como naci6n aparte e independiente, y en la Cimara, aunque no
se present proposici6n especial, dos representantes, John J. Lents
y Joseph W. Bailey, se produjeron en favor del reconocimiento de
la independencia de la Isla.
SCuil fu6 el resultado definitive de las actividades del Congreso
dc la Uni6n sobre la causa cubana?
El 16 de abril el Senado aprueba el proyecto de resoluci6n con-
junta, ya citado, prodamando el derecho del pueblo de Cuba a ser
libre e independiente y reconociendo a la Repfblica de Cuba en
armas como el gobierno legitimo de la Isla.
Pero, cuando la Cimara conoce de esta resoluci6n votada por el
Senado, la modifica dejindole s6lo la primera parte y suprimiendo
la seganda en que se reconocia a la Rep6blica de Cuba. Se nombra
una comisi6n mixta y 6sta se pronuncia de acuerdo con el ctiterio
de la Cimara, criterio que en definitive es el que prevalece en el
Congress y el que inspira la Resoluci6n Conjunta de 18 de abril de
1898, que aprueba el Presidente el dia 20.

21

iQue significaci6n tiene la Joint Resolution en la political tradi-
cional de los Estados Unidos respect a Cuba?
Enrique Gay-Calb6 en su Ginesis de la Enmienda Platt (75)
sostiene que "fu6 una como curva en la trayectoria de la political
traditional de los Estados Unidos con respect a Cuba, una curva
que modific6 esa political ; y Ramiro Guerra (76) afirma que, por
el contrario de la Enmienda Platt, la Joint Resolution traduce un
sentimiento amistoso del pueblo de los Estados Unidos hacia Cuba
y un deseo de ayudarla, agregando que "el dia que se aprob6 dicha
resoluci6n, el pueblo de los Estados Unidos al reconocer, sin pensar
en imperialismos ni en defenses mis o menos necesarias, que e'
pueblo de Cuba era y de derecho debia ser libre e independlente,
hizo justicia a los esfuerzos realizados por muchas generaciones de
cubanos para conquistar la independencia y la libertad de la patria,
no inferiores ciertamente, ni en heroismo ni en gloria. a los de
Bunker Hill o Yorktown ... Aquel fu el dia de la amistad noble
y cordial... la Resoluci6n Conjunta es la voz del pueblo -voz
de Dios"
Aunque, como dice Gay Calb6, la Resoluci6n Conjunta, compa-
rada con la political inalterablemente seguida desde 1805 por los
Estados Unidos respect a Cuba, segfn hemos examinado a grandes
rasgos en este trabajo, puede considerarse como una curva en dicha
political, si la estudiamos teniendo en cuenta la oportunidad en que









se produjo, veremos mis bien que es una confirmaci6n de esa inal-
terable linea de conduct political, pues fue un escamoteo que hizo
el Estado norteamericano al pueblo, en aquellos moments franca y
resueltamente pronunciado en favor del reconocimiento absolute y
sin mixtificaciones de ninguna clase de la independencia de la Isla
v del Gobierno de la Revoluci6n como el legitimo de la Republica
de Cuba. La Joint Resolution no es, pues, como afirma Ramiro
Guerra, voz del pueblo, sino precisamente todo lo contrario: mixti-
ficaci6n de la voluntad popular, y voz de los intereses politicos e
imperialistas de los Estados Unidos. La Joint Resolution confirm
una vez mas que si existieron en los Estados Unidos en todo tiempo
ciudadanos simpatizadores, noble y desinteresadamente, de nuestra
independencia, en cambio el Estado norteamericano, aun en situaci6n
extraordinaria como esta en que hay formada ya una opinion favo-
rable a nuestra libertad, impide que se realicen los deseos populares
y se opone al reconocimiento de la Republica de Cuba, dejando la
constituci6n de esta para el mafiana.
Es verdad que en la Joint Resolution se declara "que el pueblo
de Cuba es y debe ser libre e independiente" y "que los Estados
Unidos, por la present niegan que tengan ningfin deseo ni intenci6n
de ejercer jurisdicci6n, ni soberania, ni de intervenir en el Gobierno
de Cuba, si no es para su pacificaci6n, y afirman su prop6sito de
dejar el dominio y gobierno de la Isla al pueblo de esta, una vez
realizada dicha pacificaci6n"; pero es necesario recorder el verda-
dero valor que tuvo esa declaraci6n, expresado diifanamente, por el
senador Bacon, el 27 de junio de 1902, al discutirse la llamada "En-
mienda Platt", descubriendo que no habia sido el sentimentalismo
lo que movi6 a los congresistas cuando hicieron las solemnes afirma-
ciones contenidas en los articulos 1 y 40 de la Resoluci6n Conjunta,
sino que fue tan s6lo un interest national, la necesidad de desvirtuar
toda sospecha que pudieran tener las naciones americanas y princi-
palmente europeas de que los Estados Unidos, al declarar la guerra
a Espafia, iban a una guerra de conquista y engrandecimiento con
el prop6sito de adquirir a Cuba.
22
Las declaraciones, pues, de los articulos 19 y 4o de la Resoluci6n
Conjunta tienen un valor moral muy relative, como hemos visto, y
este valor decrece a media que se profundiza en los m6viles inte-
resados que impulsaron entonces a muchos de los congresistas, pro-
duci6ndose uno de los mas turbios episodios del mercantilismo poli-
tico yanqui, confirmatorio de que en Norteamerica dinero y Estado,
segiin la frase de Richard Lewinsohn, en su obra El dinero en la
political son "una y la misma cosa".
Nos referimos a los contratos celebrados por Estrada Palma en
1897 con Mr. Samuel Janny, corredor de bolsa neoyorquino, quien









se comprometi6 mediante el pago de $37.500,000, a lograr, de go-
bernantes y congresistas norteamericanos el reconocimiento de la
independencia de Cuba.
He aqui la sintesis de este affaire, al que consagraremos un pr6-
ximo libro con las copias fotostiticas de la documentaci6n cubana y
americana relacionada con el mismo:
Con el prop6sito de recaudar fondos para la causa revolucionaria
cubana, especialmente la adquisici6n de pertrechos belicos, el Dele-
gado Plenipotenciario de la Repiblica de Cuba en armas, Tomis
Estrada Palma, con autorizaci6n del Consejo de Gobierno, inici6
gestiones, desde mediados del afio 1895. tendientes a realizar una
emisi6n de bonos y lograr la concertaci6n de emprestitos con ban-
queros y hombres de negocios de los Estados Unidos.
Los bonos fueron emitidos en abril de 1896 por la suma de diez
millones de pesos, con las denominaciones de 50, 100, 500 y 1,000
pesos, poniendose inmediatamente a la venta, sin que fuera possible
colocarlos en cantidad alzada, hasta que al ocupar la presidencia
McKinley, creyeron banqueros y hombres de negocios norteameri-
canos que este haria buenas desde el poder las promesas contenidas
en la plataforma electoral del Partido Republicano, que lo llev6 al
triunfo, en favor de la independencia de Cuba, encontrando, por
tanto, en el Ejecutivo y el Congreso, las garantias necesarias para la
inversi6n de sus capitals en la compra de los referidos bonos.
Al efecto, un sindicato de lobbystas, al frente de los cuales figu-
raban el abogado financiero neoyorquino John McCook, intimo
amigo del president McKinley, y Samuel M. Janney, de la firma
bancaria Christy V. Janney, radicada en Wall Street numero 6, en
Nueva York, concert con Estrada Palma un convenio que fu6 fir-
mado el 5 de agosto de 1896, por 6ste, en nombre y representaci6n
de la Repfblica de Cuba, y por Janney, con el prop6sito "de llevar
a efecto un plan para comprar a Espafia la Isla de Cuba", compro-
metiendose Mr. McCook a pedir y obtener del Gobierno de los
Estados Unidos "que consienta en actuar como trustee", recibiendo
con ese caracter en la Tesoreria de Washington, en la primera quin-
cena de cada mes, la mitad de la suma total de los derechos de
Aduanas, entregindose su imported a los tenedores de bonos en los
correspondientes vencimientos, obligindose, ademis, a hacer present
a Espafia "la necesidad de que la actual guerra termine con la inde-
pendencia absolute de la Isla de Cuba, notificAndole su intenci6n de
obrar como tal trustee a los efectos indicados".
Estrada Palma se comprometia a entregar, cuando tuviese la segu-
ridad "que el Gobierno de los Estados Unidos consiente en actuar
como trustee y que ha hecho al gobierno de Espafia las notifica-
ciones indicadas, a The Mercantile Trust Company, establecida en
Nueva York, Broadway nuimero 120, un certificado de ciento cin-
cuenta millones de pesos en bonos, al cuatro por ciento de interns









annual en calidad de dep6sito y sujeto a los terminos y condiciones
de este contrato", pagindose los intereses semanalmente y el principal
en cincuenta afios, y destinada aquella cantidad a indemnizar a Es-
paiia por la p&rdida de la soberania de la Isla, a sufragar los gastos
originados por la ejecuci6n del contrato "y a compensar los traba-
jos del senior Janney y sus asociados". Estos se reservaban el derecho
de "no dar cuenta por la entrega y disposici6n que se haya hecho
de todos o pane de los mencionados bonos". El contrato quedaria
nulo si la Asamblea de Representantes de Cuba no lo ratificaba o
no era evacuada Cuba por las tropas espafiolas antes de octubre de
1897, ampliado dicho plazo a 1" de noviembre del mismo afio y
prorrogado por el Consejo de Gobierno, al aprobar el contrato en
10 de diciembre, al termino de seis meses a contar desde el 19 de
enero de 1898, con las modificcaiones de elevar la emisi6n de bonos
a doscientos millones de pesos, para que Cuba hiciera frente a las
deudas de la Revoluci6n, de no estar obligada la naciente Repiiblica
al pago de las deudas contraidas por Espana con cargo al tesoro de
la Isla, ni hacerse responsible por los dafios y perjuicios sufridos
por los extranjeros residents en Cuba, a consecuencia de la guerra.
Esta negociaci6n tuvo repercuciones internacionales: capitalistas
norteamericanos e ingleses se interesaron en la misma, protestando
los iltimos de que no se les permitiera participar en ella segun
se lo hizo saber el 19 de octubre de aquel afio, Drummond-Wolff
embajador de Inglaterra en Madrid, al ministry norteamericano
Woodford y este lo comunic6 al president McKinley, al dia siguien-
te, participindole que el representante britanico afirmaba que uno
de los promotores de la negociaci6n era el senior McCook, persona
de gran influencia y alta posici6n en Nueva York, "que tenia estre-
chas relaciones y much influencia con el Jefe de Estado de la Tni6n".
Como es natural, esta pretendida intromisi6n inglesa en los asuntos
cubanos, y prceisamente en esos moments critics de la historic de
las relaciones cuadrangulares entire Cuba, Espafia, los Estados Unidos
e Inglaterra, tuvo la inmediata y energica repulsa del representante
norteamericano quien expuso a su colega britinico que "no creia
que ningin gobierno europeo, despues de reflexionar bien, se mez-
claria en los asuntos cubanos ni se pudiera encontrar en los Estados
Unidos, ni entire los banqueros mis ricos, ni entire los mis humildes
ciudadanos, alguien que tolere cualquier interferencia, colectiva o
political, en los asuntos administrativos de Cuba".
Ante las perspectives del fracaso de esta negociaci6n al adoptar
Espafia las medidas pacifistas consecuentes al relevo de Weyler,
suprcsi6n de la reconcentraci6n e implantaci6n del regimen auton6-
mico, el referido sindicato de lobbystas present a Estrada Palma
otro convenio, que fue firmado por 6ste y Janney en 18 de no-
viembre de 1897 y del que di6 cuenta al Consejo de Gobierno por
certa del dia 26, y que el mismo conoci6 en sesi6n celebrada el 27









de enero asegurando al agent principal del anterior contrato "la
cantidad de treinta y siete y medio millones de pesos en bonos, si
se llega a la soluci6n de independencia y evacuaci6n de la Isla por
las fuerzas espafolas, reconocida la soberania de la Republica de
Cuba por los Estados Unidos, todo elo sin pagar indemnizaci6n a
Espafia, pues este contrato seria nulo y sin ningun valor, si se obtu-
viese el resultado apetecido por raz6n del contrato primero", apro-
bando el Consejo de Gobierno este nuevo contrato, "sirvi6ndole la
certificaci6n de este acuerdo, de poder bastante y suficiente para
formalizarlo y Ilevarlo a cabo, asi como para realizar, como repre-
sentante legal del Consejo de Gobierno de la Rep6blica de Cuba, la
parte que en el expresado contrato le corresponda, a cuyo efecto le
queda concedida autorizaci6n necesaria y especial".
Fn 12 de mayo de 1898 el Consejo de Gobierno envi6 a su Vice-
presidente doctor Domingo Mendez Capote, representante especial
cerca del Gobierno de los Estados Unidos, para que informara debi-
damente y tomara las medidas que creyera justas acerca de los dos
contratos aprobados en 10 de diciembre y 27 de enero. En la sesi6n
de 23 de octubre se di6 cuenta y aprob6 el informed presentado por
aquel, acompafiando original del acta de la reuni6n celebrada el 5
de mayo de 1898 en Nueva York, a la que, por convocatoria de
Tomis Estrada Palma, asistieron, presididos por este, en su caricter
de Delegado Plenipotenciario de la Rep6blica de Cuba, los sefiores
Jose Zayas, Gonzalo de Quesada, Jose Emilio Terry, Jose Antonio
Gonzilez Lanuza, Carlos I. PArraga y Carlos I. Zaldo. Referido por
el senior Estrada Palma el process de concertaci6n de los mencio-
nados contratos con Samuel Janney, agreg6 que habiendo vencido
la 61tima pr6rroga, hasta 2 de mayo de 1898, concedida a dicho senior
para "obtener del Gobierno americano el reconocimiento de la Re-
piblica cubana", le habia notificado "que en vista de la situaci6n
creada, respect del problema cubano, por virtud de la resoluci6n
adoptada por el Presidente de la Republica, habia determinado no
conceder nueva pr6rroga. Y que como no resultaba cumplido el
objeto de los contratos en cuesti6n, los consideraba desde luego
rescindidos".
Pero Mr. Janney y Mr. McCook insistieron en que "el objeto del
contrato de 18 de noviembre de 1897 se habia cumplido, al quedar
reconocida la independencia del pueblo cubano, por lo cual eran
acreedores a la retribuci6n que en el referido contrato se pact6.
Rechazada esta demand por Estrada Palma, ofreci6, como simple
indemnizaci6n al senior Janney por su trabajo, quinientos mil pesos
para "corresponder de alguna manera a los servicios que aquellos
sefiores habian prestado a la causa de Cuba", lo que no fue aceptado.
En vista de esta situaci6n, Estrada Palma someti6 el caso a la
junta exponiendo que si era cierto que el Gobierno americano no
habia reconocido la independencia de Cuba ni al propio Gobierno










Revolucionario, "es innegable que el supremo ideal de los cubanos
se habia alcanzado, al proclamarse que Cuba era de hecho y de
derecho independiente", y que "ese resultado era debido, en gran
parte a las reiteradas gestiones de los elements que secundaban a
Mr. Janney, quienes pusieron al servicio de Cuba todas sus energies,
toda su influencia, toda su actividad, como podia corroborarlo el
senior Quesada (que asi lo corrobor6 despues) quien tuvo ocasi6n
de observer en Washington la eficacia de las gestiones practicadas
por los expresados sefiores, cerca de importantes elements politicos
en aquella ciudad. Y que para 61 era innegable que a ellos se debia
en gran parte la declaraci6n de que el pueblo cubano es indepen-
diente, asi como la protest, de que el Gobierno americano repudia
toda tendencia o prop6sito anexionista", y termin6 expresando que
"era necesario mantener buenas relaciones de amistad con esos
elements por cuya mediaci6n habian podido aproximarse a los
elements oficiales".
La junta acord6, con criterio uninime: "Que si bien los contratos
de 5 de agosto y 18 de noviembre no son ya obligatorios... es
indiscutible, despu6s de los informes dados por Estrada Palma y
Quesada, que ban sido valiosos los servicios prestados a la causa
de Cuba por Mr. Janney y, los amigos suyos interesados en dichos
contratos, quienes ban contribuido poderosamente a que se votara
el reconocimiento de la independencia del pueblo cubano; que pa-
recia evidence que a sus gestiones dibese en much part la decla-
raci6n contenida en la resoluci6n del Congreso, de que el Gobierno
americano no abriga ningin prop6sito de anexarse la Isla de Cuba
y la afirmaci6n de que pacificada Cuba, dejari el gobierno y domi-
nio de la Isla al pueblo de 6sta, declaraci6n que tenia sefialada im-
portancia para los cubanos que cifran sus esperanzas en lograr la
independencia de su patria; que esos servicios, sin duda alguna, ame-
ritan una retribuci6n proporcionada a su importancia y a la de los
individuos que lo prestaron; que ciertamente es muy important no
romper con tan valiosos elementss.
Teniendo en cuenta todo ello, se acord6 entregar a Mr. Janney
y sus asociados dos millones de pesos en bonos de la Repfblica de
Cuba, "como compensaci6n adecuada a los servicios que ban pres-
tado", y porque "el pago de esos bonos produciria el efecto de inte-
resar a dichos sefiores en que se llegue al reconocimiento de la
Repcblica de Cuba, para que tales bonos adquieran valor efecctivo,
por lo que era 16gico esperar que continuarin prestando el servicio
de su apoyo y su influencia".
Una vez aprobado por el Consejo de Gobierno, en 10 de octubre
de 1898, el acuerdo de la junta de notables que bajo la presidencia
de Estrada Palma se celebr6 el 5 de mayo, le fueron entregados a
los sefiores Janney y McCook los bonos correspondientes a los dos
millones de pesos, por sus gestiones que culminaron en la aproba-










ci6n por el Congreso de los Estados Unidos y sanci6n por el presi-
dente McKinley del articulo primero de la Joint Resolution de 20
de abril de dicho afio.
Constituida ya la Rep6blica, los tenedores de esos bonos los pre-
sentaron al cobro al president Tomis Estrada Palma, y este envi6
el asunto al Congreso.
El 12 de enero, en sesi6n secret, el Senado conoci6 del asunto,
acordando el pago de los bonos, lo que ratific6 la Cimara de Re-
presentantes, el dia 19, sancionando el Presidente, el 22, la ley, que
fu6 publicada en la Gaceta Oficial, del mismo dia, y por la cual se
calificaban como legitimos, de acuerdo con la primera disposici6n
transitoria de la Constituci6n, los bonos emitidos por la Delegaci6n
del Gobierno Revolucionario Cubano en el extranjero, pertenecientes
a las emisiones de 1896 y 1897, ascendientes, los de la primera a
2,793, con un valor nominal de $2.195,250, y los de la segunda,
a 203 con un valor nominal de $1,235; autorizindose al Presidente
de la Rep6blica a pagar los intereses de dichos bonos devengados
hasta la fecha y los que se devengaren en lo sucesivo.
De acuerdo con dicha ley, la Secretaria de Hacienda, por decreto
nuimero 48, de 6 de febrero, refrendado por el Secretario, Jos6 M.
Garcia Montes y el president Estrada Palma, sefial6 como fecha
en que se iniciaria el pago de los bonos, a sus tenedores, por si o
por medio de sus legitimos representantes, la del 15 de dicho mes
de febrero, de 8 a 11 de la mafiana y de 1 a 4 de la tarde, en la
Tesoreria General, debiendo ser "reconocidos y anotados en el libro
que al efecto se abriri en esa dependencia", con otras varias dispo-
siciones para el pago de los intereses.
Y seg6n aparece de dicho libro, que se conserve en la Tesoreria
General, ese mismo dia 15 se inici6 el pago de los bonos y sus inte-
reses a sus tenedores que, como es corriente en esta clase de opera:
ciones, estaban representados por bancos o agents bancarios, conti-
nuando los pagos durante los restantes dias de ese mes y los meses
siguientes del afio, quedando despues algunos bonos sueltos que
fueron pagados durante los afios 1905, 1906, 1907, 1909 y 1912.
Al celebrarse el afio 1904 una Exposici6n Universal en San Luis,
Missouri, la Secretaria de Agricultura, Industria y Comercio de Cuba,
a cargo del Secretario de Obras P6blicas Manuel Luciano Diaz, pu-
blic6 un folleto, en espafiol e ingles, Breve Resena, seg6n reza !a
portada, para dicha Exposici6n, en la cual se recoge la historic de
esos bonos y de su pago por el Gobierno cubano, lo que provoc6
sensacional escindalo, con motive de lo cual el ministry norteame-
ricano en Cuba, G. Squiers, emiti6 en septiembre 9 informed al Secre-
tario de Estado John Hay, despacho n6mero 1063, adicionAndolo
con un memorandum en el que relata minuciosamente la discusi6n
y acuerdo de la reuni6n celebrada en Nueva York, bajo la presidencia
de Estrada Palma, el 5 de mayo de 1898; presentaci6n al cobro d.








80

los bonos, aprobaci6n de su pago por el Senado y la Cimara, sanci6n
por el Presidente de la Repiblica de la ley a esos efectos votada;
y de la publicaci6n del folleto citado-para la Exposici6n de San Luis,
afirmando el ministry Squiers que las pruebas del mismo "fueron
corregidas y examinadas en el Palacio Presidencial", y ilamindole la
atenci6n al Secretario de Estado Hay, que "tan pronto como la Re-
publica de Cuba fue establecida y el senior Palma apuntaba para
president, se rode6 de los mismos hombres que estaban presents
en la reuni6n de la Casa Astor, de 5 de mayo de 1898".
Hasta el 11 de enero de 1912, filtimo pago efectuado de los bonos
de $1,000.00 se habian pagado 2,023 de estos bonos, o sean
$2.023,000. Y hasta el 9 de septiembre de 1909, iltimo pago efec-
tuado de los bonos de a $500.00, se habian liquidado 98 de los mis-
mos, o sean: $49,000, lo que arroja un total general de $2.072,000.
Demostrado queda, pues, absolute y totalmente, que el Estado
norteamericano fue siempre enemigo de la independencia de Cuba.
















CONCLUSIONS


I


Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos de Norte-
America, sino al propio esfuerzo de su pueblo, en su firme, inque-
brantable voluntad de poner termino a laainjusticias, abuses, discri-
minaciones y explotaciones que padecia bajo el regimen desp6tico
colonial y conquistar libertad, democracia, justicia, cultural y civili-
zaci6n. Convencido de que era impossible lograrlas bajo la soberania
espafiola, se decidi6 a conquistarlas por medio de la revoluci6n;
y despu6s de numerosas conspiraciones y expediciones, se form
una conciencia nacionalista. Estall6 entonces la Gran Guerra Liber-
tadora de los Treinta Afios, que en su etapa final (1895-98) tuvo
el respaldo de la mayoria del pueblo de la Isla, de las emigraciones
del Continente, y, por la pujanza incontrastable del Ejercito Liber-
tador, debida a la superior capacidad military de sus jefes y el espi-
ritu de discipline, heroismo, desinter6s y sacrificio de sus soldados,
pudo abatir el poderio econ6mico y belico de Espafia y derrotar
a los principles de su milicia, aun teniendo en contra la indiferencia,
unas veces. o la hostilidad otras, del Estado norteamericano; habien-
dose producido ya, antes de la intervenci6n de los Estados Unidos
en la contienda cubano-espafiola, el agotamiento del iltimo hombre
y la 1ltima peseta reiterado por los jefes de los partidos turnantes
en el poder en Espafia, como limited para poner termino a la Revo-
luci6n Libertadora cubana.
II

El Estado norteamericano fu6 siempre enemigo de la indepen-
dencia de Cuba y obstaculiz6 o anul6 los trabajos de los patriots
cubanos tendientes a lograr el envio a la Isla de expediciones con
material de guerra y medicines, y se opuso contumazmente al reco-
nocimiento de la beligerancia, ofreciendo, en cambio, en varias oca-
siones, el apoyo material a Espafia para conservar la Isla bajo su
dominio, y ain para recuperarla, si Ilegaba a perderla. Esta actitud







82

estuvo en evidence contrast con las simpatias demostradas, en todo
tiempo, en pro de la causa libertadora cubana, por el pueblo norte-
americano, que prest6 cooperaci6n decidida a los trabajos revolu-
tionarios desarrollados en el suelo de la Uni6n, participando mu-
chos de sus ciudadanos en la contienda bdlica y ofrendando algunos
de ellos su vida por Cuba Libre. En 1898 existi6 por fin, en los
Estados Unidos, un estado de opinion national, en favor, no s6lo
del derecho de los cubanos a su libertad e independencia, sino tam-
bien al reconocimiento de la Republica constituida en el campo de
la lucha armada, escamoteando esa voluntad el Estadd norteameri-
c'no al suprimir de la Joint Resolution, votada por el Congreso el
18 de abril de 1898 y sancionada por el Presidente el dia 20, aquel
reconocimiento, que habia sido acordado ya por el Senado.


















CITAS BIBLIOGRAFICAS


.!



( 1) A. Ossorio, Origenes prdximos de la Espaiia actual (De Carlos IV
a Franco), Buenos Aires, 1940, p. 113.
(2) L. Morote, La Moral de la Derrota, Madrid, 1900, p. 45-46.
(3) Conde de Romancaes, Ob. cit., p. 192.
( 4) Pablo de Alzola, El problema cubano, Bilbao, 1898, p. 41-42.
(5) M. Varona Guerrero, La Guerra de Independencia... cit., r. Ill,
p. 1813-1817.
(6) N Mindez Capote, El Pacto del Zanj6n, La Habana, 1929, p. 47.
(7) B. Souza, Ensayo hist6rico... cit., p. 91.
( 8) M. Varona Guerrero, La Guerra... cit., t. I, p. 404-429.
(9) B. Souza, Biografia de un regimiento mambi; el regimiento Calixto
Garcia, La Habana, 1939, p. 9-10.
(10) B. Souza, Ensayo histdrico sobre La Invasidn, cit., p. 22-23.
(11) B. Souza, MAximo G6mez, el Generalisimo, La Habana, 1936, p. 185.
(12) Cita de B. Souza en Maximo G6mez y las invasiones del 75 y del 95,
La Habana, 1932, p. 13.
(13) G. Maura Gamazo, Historia critical del reinado de Alfonso XIII, cit.,
t. I, p. 235-236.
(14) B. Souza, MAximo Gdmez..., cit., p. 61-81.
(15) J. Ortega Rubio, Historia de la Regencia de Maria Cristina Habsbourg-
Lorena, Madrid, 1905, t. II, p. 303.
(16) G. Maura Gamazo, Historia critical del Reinado de Alfonso XIII, cit.,
t. I, p. 235.
(17) J. Ortega Rubio, Ob. cit., t. II, p. 371.
(18) G. Maura Gamazo, Ob. cit., t. I, p. 242.
(19) A. M. FabiW, Canovas del Castillo, Barcelona, 1928, p. 328.
(20) J. Ortega Rubio, Ob. cit., t. II, p. 375.
(21) VWase los capitulos 7 y 8 de nuestra obra Weyler en Cuba, un pre
cursor de la barbaric fascist, La Habana, 1947, p. 47-52, 53-64.
(22) J. Ortega Rubio, Ob cit., t. III, p. 62, 70.
(23) V. Weyler, Mi mando en Cuba. t V, p. 125-126.
(24) B. Souza, Maximo G6mez. el Generalibimo, cit., p. 191.
(25) Arturo Amblard, Notas coloniales, Madrid, 1904, p. 159-164.
(26) B. Souza, MAximo Gdmez. el Generalisimo, cit., p. 235236.
(27) Conde de Romanones, Sagasta o el politico, cit., p. 191-194.
(28) B. Souza, Triunfo de la .Rerolucidn Cubana, Cuadernos de Historia
Habanera, 40, cit., p. 22-2;, 26-27.
(29) A. Amblard, Notas coloniales. cit., p. 285-287.
(30) R. M. Merchan, Cuba, justificacin de su Guerra de Independencia.
Bogota, 1896, p. 30-40.











(31) F. Iznaga, Ecos del Tratado de Paris, La Deuda Colonial. La Hahana.
1917, 73 p.
(32) A. Amblard, Ob. cit., p. 159.
(33) J. Ortega Rubio, Ob. cit., t. III, p. 71, 160 y 329-331.
(34) A. Amblard, Ob. cit., p 287.
(35) S. G6mez Nifiez, La Guerra Hispanoamericana, Santiago de Cuba.
p. 52-53.
(36) L. Morote, La Moral de la Derrota, Madrid, 1900, p. 83-99.
(37) A. M. Fabie, Ob. cit., p. 336-337.
(38) A. M. Fabi6, Ob. cit., p. 353-354.
(39) G. Maura Gamazo, Ob. cit., t. I, p. 317.
(40) Victor M. Concas y Palau, La Escuadra del Almirante Cervera, Ma-
drid [s. a.], p. 74-76.
(41) Victor M. Concas y Palau, Ob. cit., p. 97, 236.
(42) Emilio Roig de Leuchsenring, Cuba y los Estados Unidos, La Ha-
bana, 1949. p. 194-197.
(4A) Emilio Roig de Lechsenring, Ob. cit., p. 205-207.
(44) Emilio Roig de Leuchseoring, Ob. cit., p. 213.
(45) Felipe Martinez Arango, Cronologia critical de la Gnerra Hispano-
cubanoamer'cana, Cuadernos de Historia Habanera, N' 43, p. 124,
125, 137.

II

(46) J. Fred Rippy, Rivalry of the United States and Great Britain over
Latin America (1809-1830), Baltimore, The John Hopkins Press,
1929, p. 72.
(47) Francis Wharton, Digest of the International Law of the United States,
p. 361-366; J. I. Rodriguez, Ob. cit., p. 57-60; Robert Granville
Caldwell, Expediciones de L6pez a Cuba, Princeton University Press,
1915, p. 29; Herminio Portell Vili, Historia de Cuba en sus rela-
clones con los Estados Unidos y Espana, La Habana, 1938, t. I. p.
225, y sgtes.; Antonio Pirala, Anales de la Guerra de Cuba, Madrid,
1895, t. I, p. 772-774.
(48) I idro Fbela, Los Estados Unidos contra la itbertad. Estudio de
historic diplomitica americana, Barcelona [1923], p. 24.
(49) Allan Nevis, The Diary of John Quincy Adams, (1794-1845), New
York, 1928. p. 295.
(50) Ob. cit., p. 303.
(51) U. S. Ministers Instructions, vol. X.
(52) J. Fred Rippy, Ob. cit., p. 172.
(53) J. I. Rodriguez, Estudio histdrico sobre el origen, desenvolvimiento
y manifestaciones practices de la idea de Anexi6d de la Isla de Cuba
a los Estados Unidos de America, La Habana, 1900, p. 80-81.
(54) Messages and Papers of the Presidents, t. II, p. 336.
(55) Memorias del General Jose Antonio Paez, Autobiografia. Biblioteca
Ayacucho, Madrid [s. a.], p. 455-456.
(56) J I Rodriguez, Ob. cit.. p. 85-89-
(57) E-te documrnto que da Rodriguez, esti tomado de: Executive Docum-
ent num. 121. House of Representatives, 32nd. Congress, 1st Session,
Island of Cuba. Message from the Presidente of the U. S., in reference
to the Island of Cuba, Ag. 31, 1852, p. 19-26.
(58) Executive Document num. 21.... p. 35-37.
(59) Executive Document num. 21, House of Representatives, 23rd. Congress,
1st. Session, Island of Cuba, cit.
(60) Vease nota 57.
(61) V6ase nota 58.




I


85

(62) F. H. Claibone, Life and Correspondence of John A. Quitrlpat Mayor
General I. S. Army and Governor of the State of Mississippi, Now
York, 1860, tomo I, p. 56-57.
(63) Executive Document 2, House of Representatives, 32nd. Congress, 1st.
Session.
(64) J. I. Rodriguez, Ob. cit., p. 171.
(65) The works of James Buchanan, Filadelfia, 1909, vol. IX, p. 260-262.
(66) Marcy Papers, vol. 49.
(67) The New York Herald, septiembre 8, 1869.
(68) Jose Ignacio Rodriguez, Ob. cit., p. 230
(69) Foreing Relations of the United States, Washington, 1895, vol. 1,
p. XXXII. *
(70) La traducci6n que utilizamos es la que, seg6n Dupuv de I.ome, en
de-pacho de 10 de abril al Ministro de Estado, dict6 el mismo, "pro-
curando verter!a al castellano lo mis literalmente possible publicada
en Documentos presentados a las Cortes en la Legislatura de 1898 por
el Ministro de Estado, Madrid, 1898, p. 1-8.
(71) Documentos presentados a las Cortes en la Legislatura de 1898, por
el Ministro de Estado, Madrid, 1898, p. 42-48.
(72) Herminio Portell Vili, Historia de Cuba... cit., t. Ifl, p. 324-326.
(73) Utilizamos, como en casos anteriores, la traducci6n que aparece en
Documentos... cit., t. I, p. 71-81.
(75) Ginesis de la Enmienda Plait. En Sociedad Cubana de Derecho Inter-
nacional, Anuario de 1926, La Habana, 1926, p. 582.
(76) Ramiro Guerra y Sinchez, En el Camino de la Independencia. Estudio
histdrico sobre la rivalidad de los Estados Unidos y la Gran Bretaii
en sus relaciones con la independencia de Cuba, con un apindice titu-
lado De Monroe a Platt, La Habana, 1930, p 205.



















INDICES



Pag.

N ota prelim inar ............................. ....... .. 7

I.-Por su propio esfuerzo, conquist6 el pueblo cubano su
independencia ..................................... 9

II.-El Estado norteamericano fu6 siempre enemigo de la
Sindependenda de Cuba .............................. 51

Citas bibliogrificas ......... ...................... 83




University of Florida Home Page
© 2004 - 2010 University of Florida George A. Smathers Libraries.
All rights reserved.

Acceptable Use, Copyright, and Disclaimer Statement
Last updated October 10, 2010 - - mvs