Title: Pedro Menendez de Aviles al Rey, Su Majestad, Felipe II, 11 de Septiembre, 1565
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Title: Pedro Menendez de Aviles al Rey, Su Majestad, Felipe II, 11 de Septiembre, 1565
Series Title: Spanish Colonial St. Augustine.
Physical Description: Book
 Subjects
Subject: Saint Augustine (Fla.)   ( lcsh )
Florida   ( lcsh )
Colonies -- Spain -- America
Temporal Coverage: Spanish Colonial Period ( 1594 - 1920 )
Colonial Period ( 1594 - 1920 )
Spatial Coverage: North America -- United States of America -- Florida -- Saint Johns County -- Saint Augustine -- Historic city
North America -- United States of America -- Florida
 Notes
Funding: Funded by a grant from the Florida Humanities Council
 Record Information
Bibliographic ID: UF00067345
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: Board of Trustees of the University of Florida on behalf of authors and contributors. All rights reserved.

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Pedro Menendez de Aviles al Rey,
Su Majestad, Felipe II,
11 de septiembre, 1565



Cat6lico Real Majestad

Yo parti de Puerto Rico a quince de agosto para la Habana con los navios
con que me hallaba, para me juntar alli con el Socorro de Santo Domingo para
venir a estas provincias de la Florida, y viniendo navegando mi viaje
pareciendome el semblante del sol y de la luna, demostrar Buenos tiempos y
que si acertase a Ilegar a estas parties, al Puerto donde los franceses estaban,
antes que el Armada francesa Ilegase, traia bastante recaudo para le ganar y
sustentar en el entretanto que el Socorro de Santo Domingo me venia y la gente
que me faltaba, por causa que ellos tienen hecha su fuerza, cinco leguas por el
rio adentro y a la entrada del rio, hay una isleta de una legua, que esta dentro
del Puerto, que de fuerza han De entrar al luengo de ella y quien esta tuviere es
sehor de la mar y sustentarla con facilidad, y ningQn navio podra entrar ni salir
en aquel Puerto sin licencia del alcalde que alli estuviere.
Y entendiendo de los tres franceses que traia, que Vuestra Majestad mand6
entregarme, que eran los primeros que alli habian estado, este secret, y me
dijeron que como los franceses Ilegasen primero que yo, fortificarian esta isla,
para ser sehores del Puerto y de la mar; pareci6me los mas acertado, pues me
hallaba con ochocientas personas, quinientos soldados para poder desembarcar
y doscientos hombres de mar, y los otros cien, de gente inutil de hombres
casados, mujeres, y niios, y oficiales, que lo major y mas acertado, era venire a
buscar este Puerto, para ganar esta isleta y fortificarla.
Y habiendo pedido parecer sobre ello a los capitanes y oficiales de mar y
Guerra, todos de un parecer, les pareci6 los mismo, porque Ilegando primero el
Armada francesa, les parecia que la Guerra era acabada, porque Ilegada la
caballeria de Santo Domingo, seriamos sehores de la campaia y de la mar y de
la tierra y los tendriamos aislados, y por mas fuertes que estuviesen, les
hariamos perecer sin que pudiesen ser socorridos por mar ni por tierra; y ansi,
con este acuerdo, tomamos nuestra derecha derrota a estas parties; y a los
veinticinco de agosto, Domingo a mediodia, descubrimos esta tierra sobre el
cabo de Caiaveral que esta en veintiocho grades a la boca de la cana de
Bahama, y fuimos navegando al luengo de la costa buscando este Puerto hasta
los veintinueve grades, que eran la relaci6n que tenia que los franceses estaban
de veintiocho para veintinueve grades, y no lo hallando, corrimos hasta los
veintinueve grades y medio, y habiendo visto fuegos en tierra, de la costa de la
mar, a dos de septiembre, made a un capitan saltar en tierra con veinte
soldados a procurer tomar lengua de los indios para que nos diesen noticia









deste Puerto, y ansi el capitan que fue, se junt6 con ellos y les habl6, y por
seas le dijeron que el Puerto estaba Adelante en mas altura a la parte del norte.

Y habiendo vuelto el mismo dia con esta respuesta, acorde otro dia de
maiana, de ir en tierra a verme con estos indios, porque pareci6 ser gente noble
y Ileveles algunas cosas de rescate; holgaron se much conmigo, y certifiqueme
dellos, estar el Puerto adelante, y ansi lo fuimos a buscar y parti de alli, en
busca del, a cuatro de septiembre, y el mismo dia, a las dos de la tarde, le
descubrimos y cuatro navios surtos sobre el, con sus banderas de capitana y
almiranta.

Y estando ciertas que el Socorro les era venido y que dando de sQbito sobre
estos cuatro navios los podriamos tomar, acorde de los ir a embestir y estando a
viento en calma y a las diez de la noche volvi6 a ventar, y pareciendome que por
la maiana saldrian del Puerto los navios que hobiese y mas fortificaci6n para
vestirlos, y ansi lo hice, que surgi en el medio de la capitania y almiranta con mi
nao capitana y habiendoles hablado que hacian alli y que capitan tenian.

Respondieron que tenian a Jean Ribault por capitan general, y que por
mandado del rey de Francia venian aquella tierra, y que naos eramos nosotros,
y que general traiamos. Respondi6seles que Pedro Menendez, que iba por
mandado de Vuestra Majestad a esta costa y tierra, a quemar y ahorcar a los
franceses luteranos que hallases en ella, y que por la maiana iria a abordar con
sus navios para saber si era desta gente, porque siendola, no podia dejar de no
ejecutar la justicia en ellos, que Vuestra Majestad mandaba. Respondieron que
no era Buena, y que luego podia ir sin aguardar a la maiana.

Y pareciendome que esta ocasi6n no se habia de perder, aunque era de
noche, teniendo la popa de mi nao sobre su proa, made alargar el cable para
perlongar con el, y ellos cortaron el suyo y guindan sus velas y echan de huir,
todos cuatros navios. Podemonos aprovechar de tirar cinco piezas gruesas a su
almiranta y sospechamos la echamos al fondo porque much gente la
desmampar6 y se meti6 en un batel grande, a manera de pinaza con veinte
remos, y yendo tras ellos, metieron se en otra nao y dejaron el batel.

Segui aquella noche a los tres navios y como traigo el gale6n sin mastes de
la tormenta, navegaban mas que yo, y al alba de dia, teniendoles alejados cinco
o seis leguas, vuelvo sobre el Puerto para desembarcar en la isleta quinientos
soldados, y estando a media legua desta isleta, salen junto della surtos, tres
navios con much gallardete y bandera, y con dos banderas de campo en tierra,
y pareciendome que no habia para gastar tiempo alli, que pues esta capitana
que traigo no podia entrar dentro, y que los navios chicos iban con gran peligro,
acorde de venir en la vuelta de la canal de Bahamas a buscar Puerto donde
poder desembarcar junto a ellos, y a ocho leguas de su Puerto por mar, y a seis
por tierra, encontre uno que habia reconocido antes, dia de San Agustin, que
esta en treinta grades y medio escasos y a los seis deste, desembarque en el
doscientos soldados, y a los siete, entraron tres navios pequeios con otros
trescientos y los casados con sus mujeres e hijos, y desembarque la mas de la









artilleria y municiones que traia y estando a los ocho dias de Nuestra Seiora,
desembarcando otras cien personas que habia que desembarcar, y alguna
artilleria y municiones bastimento, vino la nao capitana y almiranta de los
franceses, a media legua de nosotros, representandonos combat, dandoos
vueltas alrededor y nosotros surtos como estabamos, haciendolos senas que
viniesen a bordo y a las tres de la tarde, cargaron de velas y fueron se a su
Puerto y yo me fui en tierra y tome la posesi6n en nombre de Vuestra Majestad y
fui jurado por los capitanes y oficiales, por gobernador y capitan general y
Adelantado desta tierra y costa, conforme a las provisions de Vuestra Majestad.

Hallaron se muchos indios presents, y muchos principles entire ellos;
muestranse nuestros amigos y nos parecen que estan enemigos con los
franceses y dijeronnos, que por dentro deste Puerto sin salir a la mar saldremos
al rio de los franceses, adelante del Castillo por el rio arriba, siete o ocho leguas,
que es muy Buena cosa para poder Ilevar la artilleria y el campo y la caballeria,
si quisieramos desembarcar junto de su Castillo, sin que su isla nos lo impida,
aunque la tengan fuerte, cuando mas que por tierra podemos ir con caballos y el
artilleria.

Yo determine de fortificarme todo lo mejor que pudiere, hasta que me venga
el Socorro y dentro de tres dias, despachare a La Habana por navegaci6n breve,
que es la ayuda de Dios, pienso que iran dentro de ocho o diez dias y enviare
pilots, para que el Socorro se venga con toda brevedad a este Puerto, que
venido que sea, yo me dare tal maia, con el ayuda de Nuestro Seior, de
ganarle la isla deste Puerto y plantar el artilleria sobre su fuerza, porque con la
caballeria, espero en Dios, de hacerlo a mi salvo y ser sehor de la campaia.

Dicenos los indios deste Puerto, que son diez navios, los que les han venido
de un mes a esta parte, y que tienen muchos caciques por amigos, y ansi
tenemos por cierto han de venir sobre nosotros con los indios que tienen
amigos, y municiones, seria totalmente nuestra destrucci6n si no lo tomasen, y si
vienen sobre el, segQn tiene poca gente, corre peligro porque ha quince dias que
lo traigo en esta costa, muchos bajios y corrientes, por Ilegarme junto de los
puertos para los reconocer y para descargar lo que ha descargado; esta junto de
tierra, que con cualquier travesia o mal tiempo que venga, se perdera, y ha
menester por lo poco, para acabar de descargar y lastar, otros quince dias y en
este tiempo o de temporal o de los enemigos, seria misterio escapar con todo lo
que dentro tiene, y ansi he acabado de descargar del, todo el artilleria y
municiones que traia, y lo envio a la Espahola o Monte Cristo o Puerto Real, que
se este alli hecho lonja, con cantidad de bizcocho que no puedo descargar y
algQn vino, y enviare alli, por este bastimento para el mes de enero que viene,
porque hasta todo diciembre, queda bizcocho y con la Buena regla que
tendremos, haremos que dura para todo enero, y si conviniere para El principio
del verano, que este gale6n saga de Armada a esta costa, que sera sehor desta
mar, en el entretanto que yo me hago mas poderoso en la tierra y para impedir el
Socorro que a los franceses le puede venir hacerlo he, si la Audiencia de Santo
Domingo paga el sueldo que se debe para se aparejar a lo paga a la gente, y lo









bastece, que sin esto no hay poder salir, por no poder tener posibilidad para
pagarlo.

La mayor falta que me parece que tengo de tener ha de ser de caballos,
porque de los de Puerto Rico, no Ileg6 aca ninguno vivo, sino uno, y conviene
que cada soldado tenga caballo par ser sehor de la campaia que los indios no
traten con los franceses, ni los franceses salgan de su fuerte, que como los
indios vean esto y que los franceses nos temen y que podemos mas que ellos,
todos seran nuestros amigos y esto procurare con todas las diligencias posibles
por importar much para ganar con ellos reputaci6n y nos teman; y para que nos
amen, les hare todos los regalos posibles.

Yo me hallo con dos chalupas de cada setenta o ochenta toneladas; muy
buenos navios y que demandan muy poco agua y los envi6 a la Habana, que
cada uno traera 40 caballos, si alli hobiese orden para ello, seria gran negocio.

Yo escribo sobre ello al gobernador y le envi6 una obligaci6n cuando Vuestra
Majestad no los mandare pagar, que yo los pagare; y venido que sean estos
navios con los caballos o sin ellos, luego los enviare a Puerto de Plata o Monte
Cristo para que carguen de caballos y escribire a la Audiencia de Santo
Domingo, los pague y tenga prestos, y cuando no quisiere, le enviare obligaci6n
de pagarlo, porque el mayor costo que los caballos tienen son los navios y
mariners; que cuarenta caballos que un navio puede traer puede costar, uno
por otro, mil ducados, que han de ser caballos de campo, de hueso y trabajo y
de vaqueros; y el navio que los hobiese de traer hecha carpinteria, pagados
mariners y sueldo y bastimento, y aparejar y fortificar a los navios y a dar
carena y traerlos aparejados para esta costa como conviene, que ha de ser con
cables y anclas dobladas y aparejos, tendra de costa cada barcada, dos mil
ducados por lo menos.

De mi este Vuestra Majestad cierto que si tuviese un mill6n mas o menos,
todo lo gastaria y expenderia en esta empresa, por ser tanto de Dios Nuestro
Seror, y acrecentamiento de nuestra Santa Fe Cat6lica y servicio y autoridad de
Vuestra Majestad, y ansi tengo ofrecido a Nuestro Seior que cuanto en este
mundo me diere, tuviere, ganare, adquiriere, sera para meter el Evangelio en
esta tierra y alumbrar a los naturales de ella, y ansi lo prometo a Vuestra
Majestad. Convendra que Vuestra Majestad escriba luego al gobernador de
Puerto Rico, Audiencia de Santo Domingo, gobernador de La Habana, que todas
las veces que navios mios aportasen por alli, les den todo favor y ayuda y los
caballos que yo enviare a pedir, con sola la comida y bebida, y no otra cosa, y
que no sea caballo que baje de veinticinco o treinta ducados, y que estos sean
los mejores que el precio que hobiere en la tierra; que las sillas y frenos que
habian de costar mas, no quiero que me los den, que you enviare a Espaia por
ellas, y desta manera, aunque sea a costa de mi hacienda, yo tendre con
brevedad recaudo de caballos en estas parties, y Vuestra Majestad me hara
merced de mandarme paga este gasto que yo hago, en cosas que se ofreceran
y Vuestra Majestad fuere servido.









Y porque dentro de pocos dias escribire a Vuestra Majestad, no tengo de
present en esta, mas que decir, sino que la gente que conmigo ha venido,
trabaja con gran animo y voluntad que parece que visiblemente Nuestro Seior
Iso esfuerza y anima para ello, de que yo tengo grandisimo contentamiento.

Con los primeros doscientos soldados envie dos capitanes a tierra, que fue
Juan de San Vicente, hermano del capitan San Vicente, y Andres L6pez Patino,
soldados viejos, y para que hiciesen un trinchea en el lugar mas c6modo en que
se fortificasen y recogiesen la gente que desembarcarse para se defender del
los enemigos, si sobre ellos viniesen; e hicieronlo tan bien, que cuando yo
desembarque, dia de Nuestra Seiora, a toma la posesi6n de la tierra en nombre
de Vuestra Majestad, parecia que habian tenido un mes de espacio, y si tuvieran
palas, picazadones y cesarias de hierro, no lo pudieran mejor hacer, aunque
destos materials no traemos ningunos, porque el navio que los traia, no ha
Ilegado. Traigo herreros y hierro para hacerlos hacer con brevedad y ansi lo
hare; y como desembarque, reconoceremos el lugar mas c6modo que nos
pareciere para no fortificar en el, porque a donde estamos no le es, y esto nos
convendra hacer con grandisima brevedad, antes que los enemigos den con
nosotros, que ocho dias que no den e espacio, nos parece que los haremos.

Tengo nombrado por mi lugarteniente y maestre de campa, a Pedro
Menendez de Valdes con quien tengo concertado casar un hija y a quien
Vuestra Majestad hizo merced del habito de Santiago, que contra mi voluntad y
a escondidamente se embarc6 en Cadiz; es soldado de Italia de cinco o seis
aios, criado en galeras, hombre de buen entendimiento y seso, con quien la
gente tiene todo contentamiento.

Y tengo nombrado por sargento mayor a Gonzalo de Villarroel, buen soldado
de buena casta y seso. He nombrado diez capitanes, toda gente de casta y
confianza y los mas dellos, de experiencia y los que no la tienen tanta, aunque
son pocos, dadoles por sargentos y alferez, soldados de Italia diestros en la
guerra, y cada compaiia de cincuenta soldados, no mas; y venida la mas gente,
reformare estas compaiias de infanteria y caballeria, porque conviene que haya
poca gente en las compaiias, para las buenas disciplines de los soldados, y que
sepan bien ejercitar las armas en poco tiempo, y que los indios sean muy bien
tratados y que los capitanes se armen de arneses fuertes de paciencia, para
pasar los trabajos y de humildad y obediencia a su general, y al que esto no
hiciere y no se supiere dar maia para ello, quitarle el cargo, y no por eso dejare
de honrarle, y no siendo para estos trabajos, podra entonces comer y dormir a
pierna tendida; y desta manera pienso gobernarme el tiempo que estuviere en
estas parties.

Los capitanes nombrados son los siguientes: Bartolome Menendez, mi
hermano, capitan ordinario de Vuestra Majestad en la mar; Juan de San Vicente,
Andres L6pez Patiio, Diego de Alvarado, Alonso de Medrano, Francisco de
Recalde, Martin Ochoa, Pedro de Llarandia, Diego de Amaya, Francisco de
Mojica. A Diego Flores de Valdes, he traido por almirante desta Armada y lo
enviare a la Habana dentro de tres dias con las dos chalupas, para que traiga el









Armada que alli esta, y venido que sea,si trae los navios de Asturias, tendre
razonable recado de hombres de mar, en especial donde es el Diego Flores de
Valdes y Esteban de las Alas y Pedro Menendez Marquez, mi sobrino, que
cualquiere dellos es bastante para gobernador el Armada de la mar; y en mi
compaiia traigo a Diego de Amaya, a quien ha dado compaiia de infanteria por
ser hombre diestro y general en todas cosas y gran marinero; trQjelo de Espaia
por piloto mayor y ha servido muy bien; este traere siempre conmigo en campo,
con su compaiia para las pasadas de los brazos de los rios y navegaci6n de
bergantines y bateles que hemos de tener para navegar por el rio y pasar el
artilleria y en esto me ayudara much.

Tambien hay entire esta gente y la que ha de venir de Vizcaya, muchos
caballeros bisoios y otros buenos soldados que con gran voluntad y amor,
vienen a servir a Vuestra Majestad; convendra que Vuestra Majestad les escriba,
agradeciendoles la jornada y ofreciendoles todo favor y merced, porque los
animara a pasar con mas animo todos trabajos y peligros; y segQn esta tierra es
grande, lo mas acertado sera en su tiempo repartir, con el que lo mereciere
della, para que traiga sus deudos y parientes y se plante el Evangelio con mas
fundamento de gente noble.

Convendra que Vuestra Majestad made que con cada caballo que yo
metiere con mis navios en estas provincias meden maiz para el aio primero,
porque aunque no venga todo con los mismos caballos, cada cuatro meses yo
enviare por el; y para adelante, pasado el ano, dare orden de sementeras y
maizales para que tengan aca que comer, porque en ninguna manera conviene
quitarlo a los indios porque no nos tomen enemistad, antes nos convendra dar
de comer a los que no lo tuvieren para que no tengan amor y buena amistad.

Siete u ocho leguas de aqui, donde desembarque a dos de septiembre a
hablar a los indios que no dieron noticia que el puerto de los franceses estaba
mas al norte, hallamos grandes muestras de oro subido y bajo, que los indios
traian consigo colgado de las orejas y labios y brazos. No consent quitarles
ninguno porque no entendiesen que eran nuestra codicia aquella, aunque a un
soldado dieron un poquito de mas de veintid6s quilates.

Nuestro Seior guard y acreciente la cat6lica real persona de Vuestra
Majestad con acrecentamiento de mayores reinos y sehorios como la cristiandad
lo ha menester y los criados de Vuestra Majestad deseamos.

Destas provincias de la Florida, 11 de septiembre de 1565 aios.
De Vuestra Majestad humilde criado que sus reales manos besa,
Pedro Menendez.




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