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 Table of Contents
 Introduction
 Discurso de bienvenida
 Situación social en La Sierra
 Descripción general de La...
 La Sierra: exposición forestal
 Pequeñas industrias y artesanía...
 Recursos de la Secretaría de Estado...
 Propuesta de un mecanismo...
 Desarrollo rural integrado para...
 Crítica del modelo de desarrollo...
 Conclusiones
 Bibliography
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Title: Desarrollo rural en la Sierra, 17 y 18 de diciembre, 1976
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Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00054562/00001
 Material Information
Title: Desarrollo rural en la Sierra, 17 y 18 de diciembre, 1976
Physical Description: Book
Language: Spanish
Publisher: Instituto Superior de Agricultura, Centro de Investigaciones Economicas y Alimenticias
 Subjects
Subject: Caribbean   ( lcsh )
Farming   ( lcsh )
Agriculture   ( lcsh )
Farm life   ( lcsh )
Spatial Coverage: Caribbean
 Notes
Funding: Electronic resources created as part of a prototype UF Institutional Repository and Faculty Papers project by the University of Florida.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00054562
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.

Table of Contents
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    Title Page
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    Table of Contents
        Table of Contents
    Introduction
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    Discurso de bienvenida
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    Situación social en La Sierra
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    Descripción general de La Sierra
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    La Sierra: exposición forestal
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    Pequeñas industrias y artesanía de La Sierra
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    Recursos de la Secretaría de Estado de Agricultura en la región La Sierra
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    Propuesta de un mecanismo de organización
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    Desarrollo rural integrado para La Sierra
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    Crítica del modelo de desarrollo rural en los países subdesarrollados
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    Conclusiones
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    Bibliography
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TALLER DE TRABAJO











Centro de Investigaciones Econmicas y Alimenticias

INSTITUTO SUPERIOR DE AGRICULTURA

Santiago, Repblica Dominicana

17 y 18 de diciembre de 1976


Auspiciado por la
SECRETARIA DE ESTADO DE AGRICULTURA













TALLER DE TRABAJO

DESARROLLO RURAL EN LA SIERRA

17 y 18 de diciembre, 1976


































CENTRO DE INVESTIGACIONES ECONOMICAS Y ALIMENTICIAS

INSTITUTO SUPERIOR DE AGRICULTURA

Auspiciado por la

SECRETARIA DE ESTADO DE AGRICULTURA


















































Catalogacin Instituto Superior de Agricultura

RD
309.203'097293
I59d

Instituto Superior de Agricultura. Centro de
Investigaciones Econmicas y Alimenticias. (ed.)

"Desarrollo Rural en La Sierra". Santiago, 1977.
98 p. ilus.
1. Sierra Proyecto Repblica Dominicana. 2. Plan Sierra Repblica Dominicana
3. Desarrollo rural Repblica Dominicana. I. Ttulo.











CONTENIDO

Pgina


1. Introduccin
Mons. Roque Adames R........................................... 1

2. Discurso de Bienvenida
Agrn. Pedro Bretn ........................................... 3

3. Situacin Social en La Sierra
M ons. Agripino Nez ........................................... 5


4. Descripcin General de La Sierra
Ing. Agrn. Luis Peralta ......................................... 12


5. La Sierra: Exposicin Forestal
Ing. For. Ramn A.Rodrguez ..................................... 19


6. Pequeas Industrias y Artesana de La Sierra
Ing. M iguel Iiguez ............................................. 23


7.- Recursos de la Secretara de Estado de Agricultura en la regin La Sierra
Agrn. Nelson Snchez ......................................... 36


8.- Propuesta de un Mecanismo de Organizacin
Norberto A. Quezada ........................................... 47


9. Charlas Invitadas:

Desarrollo Rural Integrado para La Sierra
Dr. Gustavo A. Antonini y Rafael E. Yunn .......................... 52


Crtica del Modelo de Desarrollo Rural en los Pases subdesarrollados
Flavio M achicado ............................. .................. 74


10. Conclusiones
Carlos Nez Guilln ......................................... 91

11. Bibliografa relacionada con La Sierra.................................... 93








INTRODUCCION

SIERRA puede significar aire puro, canto de pinares, riachuelos que se descuel-
gan bulliciosos entre pomos y una casa de descanso en un clima agradable.

Es la Sierra del turista, del que viene de fuera.

Pero hay otra Sierra.

Es la Sierra del que vive all.

Es la Sierra amarga.

Cuatro millones de tareas que sirven de prisin a 120,000 dominicanos, herma-
nos nuestros, con los pinos como barrotes.

La Sierra es el pino como amenaza de hambre. Es el rbol que por necesidad
nacional ha sido declarado sagrado, pero que se presenta como un gefago, plantado ah,
desafiante, arropando el pedazo de tierra que reclama el hambre de la familia.

El pino es el vencedor. El hombre de la Sierra es el derrotado.

Por eso tantas veces me han dicho ellos mismos: "Para nosotros el pino es un
enemigo". "Yo si veo que sube un pinito en mis tierras, ah mismo le meto machete".

Este hombre vencido tuvo que huir o resignarse a la categora de ilota.

Muchos son los que huyeron espantados por la miseria.

Estn en Santo Domingo. Estn en Santiago engrosando an ms ese enorme y
enfermizo vientre que son los barrios marginados.

O estn en Nueva York.

Y estos son los afortunados. La aristocracia de los vomitados por su misma
tierra madre. Se fueron legalmente o estn all de contrabando, escondidos y comiendo
el pan amasado con zozobras. Incluso hasta perdieron lo ms propio de una persona, que
es el nombre. Ahora, en vez de Jos Gutirrez, se llama Napolen Rodrguez.

Pero ellos estn sosteniendo con el "money order", que llega puntualmente,
a media Sierra o algo ms.

Es el nuevo "situado" de nuestros das.

Me contaba un sacerdote la siguiente escena que tuvo ocasin de presenciar.

Visitaba una familia y en ese momento les lleg una carta de Nueva York. La
abren y aparece el "money order".




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La reaccin? Como un resorte comenzaron a cantar el himno nacional de los
Estados Unidos. "Dios salve a Amrica..."

Es deprimente. De acuerdo.

Pero a estos dominicanos que deben comer algo todos los das, quin los salva
del hambre? Es realmente la Repblica Dominicana?

Los que debieron quedarse -si no viven apuntalados por los emigrados a New
York- padecen las mayores penurias.

Basta leer rpidamente los documentos trabajos tcnicos que recoge esta publi-
cacin para convencerse de que las condiciones objetivas actuales no dejan otro margen.

Unos pocos afortunados con produccin exportable de caf; la mayora de la
agricultura en tierras inadecuadas; una ganadera degenerada y hambrienta; y aqu y all
manchones de artesana rutinaria o rudimentaria. Y poco ms.

Sin embargo, junto a su pauperismo poseen una riqueza humana superior.
Pocas comunidades en el Pas han alcanzado como los serranos ese grado de concientizacin,
el sentido de organizacin, la experiencia de comunidad.

La Secretara de Agricultura ha recogido el reto que plantean las necesidades
de La Sierra. Con espritu decidido y nimo abierto a la cooperacin ha secundado los
esfuerzos de otros y ha puesto su propio acento.

Es un grupo de inquietos con sentido de Patria y, por eso, con visin de futuro,
con sensibilidad de fraternidad y con fuerza de responsabilidad.

No son de los que se sientan en agradables tertulias a lamentar y criticar los
problemas, pero no mueven un dedo o sacrifican el mnimo esfuerzo personal. Todo lo
dejan al Gobierno, y proclaman as su incapacidad o su indolencia, o su necesidad de
paternalismo.

Este grupo pretende, al menos, abrir una pequea brecha en un problema
grande. Que otros luego la ensanchen, Gobierno, Instituciones...

Pero quedar la satisfaccin de que se emprendieron caminos o al menos de
que se marc la ruta.




-- ROQUE ADAMES
Obispo de
Santiago de los Caballeros








DISCURSO DE BIENVENIDA


Sean ustedes muy bienvenidos a este Taller de Trabajo sobre La Sierra donde se
discutirn asuntos relacionados con una regin tan necesitada de orientacin. Seores de
la mesa directiva, seores representantes de instituciones pblicas y privadas, seores invi-
tados extranjeros, para mi es un gran placer poder dirigir las palabras de apertura de.este
seminario porque es de mucha significacin para la Secretara de Agricultura el empeo de
los organizadores de este evento y su preocupacin por una regin que dentro del contexto
del desarrollo regional es muy importante para nuestro pas ya que es una de las reas que
tradicionalmente llamamos marginales. A pesar de existir en la zona muchos recursos, en
realidad confronta una complejidad de problemas que merecen la atencin de los asistentes
y de todas las personas que conocen la regin en que nos encontramos interesados.

Este evento tiene trascendental importancia por los objetivos que persigue que
son los de buscar una estrategia para encontrar solucin a los problemas prioritarios, que
me parece son el desempleo y la salud, que afecta a unas 120,000 personas en un rea
de aproximadamente 4,000,000 de tareas. Estos problemas vienen desde lejos, podramos
decir: Imaginaba anoche, pensando en La Sierra, en los das que la Secretara comenzaba a
incursionar por esas reas. Recordaba nuestro camin deshecho por los caminos acciden-
tados. En fin, el camin no poda caminar; reflejaba una triste semejanza a la regin en que
estbamos. Eran evidentes los problemas de salud, nutricin y educacin. Como en el caso
del vehculo comenzamos arreglando las partes que podamos y que nos correspondan.
En ello iniciamos, en las reas de mayor factibilidad, el Proyecto Su, una siembra de man-
zanas importadas y el proyecto de Naranjo Bajn.

Comenzamos haciendo un pequeo esfuerzo pero eran tantos los problemas que
las expectativas que se formaban eran mayores que nuestras posibilidades. Este evento es
importante porque veo aqu un grupo de personas conocedoras de los problemas e intere-
sadas en colaborar en resolverlos. Este inters en esta rea piloto va a tner xito y por eso
tengo fe y confianza en que los resultados de este seminario conduzcan a la solucin a los
problemas de otras reas como La Sierra.

Al querer desarrollar un rea determinada, se piensa generalmente en un enfoque
integral. Esto sera muy difcil abarcarlo todo en estos momentos y pienso que los organi-
zadores de este evento estn de acuerdo en que hay que comenzar reparando las partes
principales. En el caso del camin comenzaramos por el motor. Precisamente, hay que
organizar, identificar obstculos, programar soluciones, canalizar recursos y encontrar uso
al factor ms importante que es el trabajo. Deca que el problema principal es el desempleo;
pero quiero que tengan la seguridad de que los habitantes de La Sierra son los que en
nuestro pas estn ms humanamente desarrollados; all es donde hay ms asociaciones de
agricultores, jvenes y amas de casa. Existe una conciencia capaz de hacer lo que se est
haciendo en el proyecto Su(, donde el fruto del esfuerzo de estas personas, con una ligera
ayuda de la Secretara de Agricultura, del Banco Agrcola y de otras instituciones est
transformando la zona. Es decir, que el potencial humano de La Sierra es capaz de trans-
formar; y hay muchas cosas que se pueden transformar.

Estas personas tienen muchas habilidades: vemos cmo fabrican una mecedora
de primera, cmo cultivan una tierra comida por la erosin. As hay muchos aspectos




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que sera interesante entender en este Taller para comprender cules son los recursos
de la regin.

En meses pasados visitamos un proyecto de desarrollo en los altos de Chiapas
en Mxico. Aquello nos dio seguridad y confianza en lo que se puede hacer y queremos ha-
cer porque ese proyecto se desarrolla en terrenos mucho ms ridos que los de La Sierra
y donde existen quizs menos posibilidades. Ellos estn logrando un desarrollo integral,
habiendo empezado por lo prioritario.

Para terminar quisiera pedirles que piensen sobre lo que se pueda hacer aqu
en este proyecto piloto. Es una responsabilidad de todos como dominicanos encontrar
una estrategia para llevar a esa regin las soluciones que sus habitantes tanto anhelan.
Esas soluciones deben ubicarse donde esas personas estn porque en otros lugares no se van
a encontrar. Y hay experiencia en este sentido: algunos han bajado a asentamientos de la
Reforma Agraria y han tenido que volver por no adaptarse.

As seores, colaborando todos juntos, aunando esfuerzos, creemos que tene-
mos la voluntad para salir adelante en este esfuerzo en La Sierra.


Muchas gracias.




AGRON. PEDRO BRETON
Subsecretario de Estado
Director Regional Agropecuaria
Zona Norte








SITUACION SOCIAL EN LA SIERRA,

Mons. Agripino Nez Collado
Rector, Universidad Catlica Madre y Maestra


Se me pidi el pasado fin de semana que sirviera de "emergente" en este Encuen-
tro. El trabajo del bateador "emergente" es menos comprometido cuando entra a batear
por el pitcher, por el octavo bate o por cualquier otro que no tenga mucho poder "chocan-
do" la pelota. Sin embargo, cuando se trata de sustituir al tercero o al cuarto bate, el
compromiso es diferente. El "emergente" debe estar en condiciones, incluso de sacar la
pelota del parque. Si se poncha o se convierte en "out" fcil, la decepcin de los especta-
dores no es poca.

Se me solicit que en este Seminario sobre la Sierra sustituyera, precisamente, a
un cuarto bate en asuntos del campo y de la Sierra. Y, ciertamente, no es tarea fcil cuando,
como en este caso, el bateador de turno, que era Monseor Roque Adames, es una persona
muy familiarizada con los asuntos que aqu se van a ventilar, y lo es tanto por su origen
serrano, como por la familiaridad que con la Sierra ha mantenido como Pastor de esta
Dicesis de Santiago a la cual pertenece gran parte de esa hermosa Sierra nuestra, objeto
de este Encuentro.

Es, ciertamente, una verdadera lstima que Monseor Adames, por causas ajenas
a su voluntad, no pudiera preparar un trabajo para este Seminario. La serie de artculos pu-
blicada en el vespertino Ultima Hora habla por s sola de su profundo conocimiento de
los problemas del hombre serrano.

Slo porque no poda responder negativamente a una peticin del Centro de
Investigaciones Econmicas y Alimenticias acept estar aqu en esta difcil tarea de sustituir
como bateador "emergente" a un cuarto bate.

Tratar, dentro del tiempo asignado a mi participacin, de exponer algunos con-
ceptos que espero reflejen, al menos en lo esencial, las inquietudes de Monseor Adames, tal
como los percib en un breve cambio de ideas que sostuve con l sobre este problema.

Desde que el problema de los campesinos ocup la atencin pblica, la Iglesia
Catlica comenz a plantear, en trminos concretos, su posicin frente a la penosa, injus-
ta e inmerecida situacin que aflige a los hombres del campo. La Iglesia no se ha limitado a
ejercer simplemente una misin proftica, como ejercicio apostlico de denuncia. Ha tratado
de crear conciencia de los deberes y de las responsabilidades sociales de los individuos y
tambin ha procurado esclarecer las obligaciones frente a los dems, cuyos derechos hay
que respetar, y con la comunidad, cuyos reclamos razonables deben ser atendidos.

Po XII es el primero de los Pontfices que con su habitual clarividencia abord
el tema campesino con gran valenta en su real crudeza.

El vibrante discurso a los agricultores italianos del 15 de noviembre de 1946,
considerado por algunos como un autntico tratado sobre la cuestin campesina y que




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todava hoy mantiene toda su lozana y actualidad, recoge la preocupacin del Papa en
relacin con el hombre del campo. El Papa parte de la premisa de que la economa de una
nacin, de todas las ciudades y pueblos, debe ser desarrollada en sana armon a y propor-
cin. Jams hubiera llegado a ser tan grande la distancia entre la ciudad y el campo, si esta
norma esencial se hubiera observado.

Despus de insistir en la formacin de organizaciones cooperativas que le confie-
ran al campesinado el carcter de una comunidad de trabajo, Po XII hace consideraciones
de ndole tcnica y seala al estado su deber de intervenir dondequiera que sea necesario
para que se logre una justa distribucin de la tierra y se lleven a las zonas rurales los servi-
cios pblicos imprescindibles. "Quin no ve -dice el Papa- que si los campesinos abando-
nan las zonas rurales, no pocas veces, es precisamente, porque no encuentran ya en el
campo aquellas suficientes condiciones de vida digna y confortable que haran amarla,
como especialmente, la casa, la escuela, la asistencia sanitaria, la sana diversin y todos
aquellos auxilios que le aseguran su posibilidad de mejora social?".

Para Po XII el individualismo liberal y el colectivismo materialista, han demos-
trado su incapacidad intrnseca para resolver los problemas de los hombres del campo.
La Iglesia "se ha esforzado tenazmente por conseguir que se tenga ms en cuenta al hom-
bre y sus atributos que las puras ventajas econmicas y tcnicas". Por esta razn, por no
estar de acuerdo con la explotacin egosta del trabajo y de los valores humanos, ha insisti-
do sobre la obligacin de situar en primer plano los valores del espritu, cuando se trata
de reajustar las relaciones econmicas.

La Encclica "Madre y Maestra" del inmortal Juan XXIII que presta mucha
atencin al problema del campo, exhorta como medio y como medida para acortar la dis-
tancia cultural y tcnica entre el campo y la ciudad, a que se acrecienten considerablemente
las inversiones en el.campo. El actual Papa Paulo VI, en la "Populorum Progressio", insiste
sobre este problema. Omito hacer citas de esta Encclica porque est fresca en el recuerdo
de todos.

En el ao 1967 en una Declaracin Conjunta, los Obispos Dominicanos ofre-
cieron un anlisis claro y real de la situacin de los campesinos en la Repblica Domini-
cana. La sola lectura de este documento de los jerarcas de la Iglesia Dominicana invita a
serias reflexiones.

"La situacin de miseria en que viven cientos de miles de familias campesinas ya
no es aceptada por ellas como algo inevitable que tiene que ser llevado con fatdica o
'religiosa' resignacin y ciertamente el plan de Dios es que el hombre someta la tierra
a su dominio". .... "El campesino dominicano va cayendo en la cuenta de que tiene que
unirse para poder mejorar su situacin econmica y para poder hacer valer pblicamente
sus derechos y aspiraciones". . Y ms adelante afirma la mencionada declaracin:
"Los Obispos de la Repblica Dominicana apoyan plenamente los esfuerzos del campesina-
do para superar la situacin de miseria y de ignorancia en que muchos se encuentran an.
Es un deber de todo hombre desarrollar las capacidades que Dios le ha dado en todos los
rdenes: econmico, cultural, moral y religioso. Reducir el autntico desarrollo humano
al campo moral y religioso equivaldra a mutilar el plan de Dios sobre el hombre; como
lo sera, por supuesto, el limitar el desarrollo al solo campo econmico"




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No es mi intencin ni mi deseo pronunciar unas palabras que suenen a denuncia.
Estoy convencido de que tenemos que hacer las cosas en trminos de eficacia y la sola
denuncia consigue, nicamente indignar a unos y enojar a otros. Si slo nos quedamos en
la denuncia, y no realizamos acciones que correspondan a actitudes honestas y a un traba-
jo desinteresado y realista, la situacin denunciada, en lugar de mejorar empeora, pues
slo se lograr levantar una polvoreda y, el polvo slo sirve como elemento contaminador.

Estoy consciente de que no he dicho ni dir nada nuevo, es decir, desconocido
para cada uno de los que estn aqu. Pero mi deber es al hablar como representante de la
Iglesia, hacer un llamamiento firme y vigoroso a la conciencia nacional y, particularmente,
a los organismos estatales que por su funcin deben preocuparse y ocuparse de los pro-
blemas de la Sierra para que de este Taller, con el concurso del sector pblico, del sec-
tor privado y de la Iglesia, surjan soluciones y alternativas de accin o, por lo menos, un
propsito firme de encontrar soluciones viables que puedan ponerse en prctica.

El pas, como sabemos, en los ltimos aos, ha alcanzado niveles de desarrollo
incuestionable en muchos aspectos. Extranjeros suministradores de equipo y de ciertos
implementos tanto de consumo como de uso diario, hablan con naturalidad del "BOOM"
econmico de la Repblica Dominicana. Y, ciertamente, se ha producido en los ltimos
aos un notable crecimiento en la economa de nuestro pas. Sin embargo, a pesar de que
el sector pblico ha creado una serie de departamentos oficiales para trabajar por el cam-
po, se puede afirmar que, en sentido general, la situacin del hombre del campo, salvo ex-
cepciones, sigue siendo tan deprimente como hace veinte o treinta aos. Y la condicin
del hombre serrano ms bien parece que ha empeorado. Lo triste es que da la impresin
de que, en expresin de Monseor Adames, sus aspiraciones "han quedado en completa
sordina".

Entendemos por Sierra, las alturas que se encuentran desde Jarabacoa hasta Res-
tauracin y, como sabemos, en toda esa vasta regin la riqueza principal es el pino. Y el
pino, a pesar de su serenidad, de la belleza que imprime al panorama y que deleita la vista
de observador y del valor de su madera, hoy se ha convertido en un enemigo del hombre
serrano. Ya ni los muertos pueden ser escondidos en el seno de la tierra protegidos por
la madera de los rboles que vieron nacer y crecer y que han formado parte de su propia
vida. En toda esa regin, de Jarabacoa a Restauracin, las reas cultivables son muy pocas
y se reducen a los lugares donde el pino no crece porque la tierra en su pobreza no lo per-
mite, o porque al asomar, el hombre frustra su crecimiento. Estos son los lugares que se
destinan a la siembra del arroz, cultivo que est expuesto a la grietas de la tierra y depende
de las lluvias circunstanciales.

Todos estamos conscientes de la necesidad y la utilidad de la Ley Forestal. Pero
esta Ley que tiene una finalidad buena y necesaria, al no prever por instrumentos y medios
justos y razonables de proteccin a los serranos, los dej ante dos alternativas: permanecer
all para morir de hambre o abandonar el suelo natal.

Se estima que, actualmente, viven en la Sierra alrededor de 120,000 dominica-
nos. El resto de la poblacin serrana ha emigrado. En gran nmero lograron irse a los
Estados Unidos y otros vinieron a la ciudad de Santiago. La emigracin a los Estados
Unidos, hasta la fecha, ha significado un beneficio para los que han tenido la especie de




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suerte de lotera de obtener una visa norteamericarla. Gracias a la generosidad que toda-
va existe en nuestra gente sencilla en la zona, por el techo de las casas uno puede distin-
guir quines tienen familiares en Nueva York y quines no. Con los "frutos de la cosecha"
que llega de la gran urbe, los parientes han sustituido el piso de tierra de las casas por
pisos de cemento y el techo de tablas de pino por hojas de zinc. Se estima, segn me
deca Monseor Adames, que entre Jnico y Juncalito se reciben unos US$100,000.00
(CIEN MIL DOLARES) mensuales, enviados por los serranos ausentes.

Ante esta realidad algunos podran pensar que sera conveniente estimular la
emigracin hacia los Estados Unidos. Pero, como se sabe, cada da es ms difcil la obten-
cin de una visa de residencia, aparte de las grandes dificultades que trae a nuestros cam-
pesinos el problema de la transculturaci5n. Y, por otra parte, los que ya han formado su
familia en la Ciudad de los Rascacielos, tan pronto como los actuales cabeza de familia
desaparezcan, es seguro que va a desaparecer con ellos la ayuda que envan a sus parientes
de la Sierra.

Los nacidos en la ciudad de Nueva York difcilmente van a volver al pas, y si
lo hicieran, de ninguna manera regresaran a su lugar de origen. Pues, lo cierto es que la
joven generacin no va a tener ningn lazo afectivo ni obligacin moral para continuar
enviando la ayuda econmica que ahora sus padres destinan a sus familiares.

Justo la semana pasada, conversando con un matrimonio dominicano, en la
ciudad de Nueva York, me dijeron: "Qu pena que no podamos ofrecerle transporte,
porque los muchachos se fueron en el carro para la Universidad". Es decir, que si es cierto
que actualmente la mayor parte del "dominicano ausente" est viviendo en una especie de
mundo dominicano artificial, en el sentido de que viven en vecindarios donde forman
su propia comunidad, hablan su propio idioma y tambin, practicamente, comen lo que co-
me el dominicano promedio en la Repblica Dominicana, la joven generacin, repito, se
est capacitando por medio del estudio para integrarse a la sociedad en que est creciendo.
Sin embargo, y es penoso decirlo, hay un gran nmero de jvenes dominicanos que han
asimilado algunos de los efectos negativos de una ciudad como Nueva York, y ya son parte
de conocidas y temibles bandas que se dedican al asalto, al robo y al crimen.

SQuizs muchos de nosotros conocemos, a travs de amigos, la angustia en que
estn viviendo estos "dominicanos ausentes", pues la atraccin de su tierra natal vive en
su mente como el deseo vehemente de volver a la tierra prometida, y esta esperanza de
regresar se hace'frs'tratoria, precisamente, por la falta de conocimientos imprescindibles
para moverse en el mundo competitivo de los negocios.

Otro ejemplo de la semana pasada, en Nueva York, a este respecto. Encontr a
alguien que fue compaero mo de seminario. Luego de trabajar unos diez aos en la
ciudad de Nueva York, ahorr unos US$100,000.00 Con esta suma regres a la Repblica
Dominicana y puso un negocio en nuestra ciudad Capital. Con angustia me deca que cuan-
do se dio cuenta de que el capital estaba reducido a RD$20,000.00, decidi con gran tris-
teza abandonar de nuevo el pas y regres a la ciudad de Nueva York para seguir haciendo,
aunque muy a pesar suyo, lo que haba aprendido a hacer all.

Qu suerte han seguido los que vinieron a Santiago? Aunque no dispongo de




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una informacin completa acerca de todos los serranos que residen en Santiago, el estudio
y censo que realiz nuestra Escuela de Trabajo-Social, en el 1968, a raz de las inunda-
ciones del Ro Yaque, revela datos muy significativos acerca de donde estn viviendo los
emigrantes de la Sierra. Aproximadamente el 60 o/o de los que quedaron desamparados
provenan de la Cordillera. Y, el censo que se realiz en la comunidad damnificada con el
fuego del "Cerro de Papatn", revel que ms del 50 o/o provena del municipio de San
Jos de las Matas.

Qu se ha hecho o se est haciendo por los que se quedaron en la Sierra? Co-
mo se sabe, la Secretara de Estado de Agricultura tiene un programa denominado "Plan
Sierra". Pero de conformidad con las informaciones, es un plan tremendamente limitado,
no alcanza al 0.5 o/o de la poblacin de la zona, lo que quiere decir, que practicamente
todos los serranos estn abandonados a su suerte.

Pasemos a enumerar y considerar las abras del sector pblico. En los ltimos aos
se ha construido un camino vecinal de Jnico al Payano, en una zona completamente im-
productiva, lo que quiere decir que no se hizo una buena seleccin para la inversin. Ac-
tualmente se encuentra en construccin la carretera de Jnico a Juncalito. Se ha construido
una escuela en Las Placetas que, de conformidad con las informaciones, todava carece de los
medios de enseanza imprescindibles. Y, actualmente, tambin se est acondicionando el
camino que conduce a los manzanares de Los Montones, zona muy promisoria por reunir
todas las condiciones para que en los prximos aos se convierta en el huerto nacional de
manzanas. Por la frontera se ha construido la carretera de Ro Limpio a Loma de Cabrera.

De Jarabacoa a la frontera stas son las obras construidas por el sector pblico,
en los ltimos aos, para esta poblacin, como ya seal, de aproximadamente unos
120,000 habitantes.

Cabe mencionar, que no han faltado la iniciativa y el liderazgo de la comunidad
serrana. Como se sabe, dos de las mejores cooperativas del pas funcionan en la Sierra,
una en San Jos de las Matas y otra en Loma de Cabrera. Ambas se han hecho con el con-
curso de los lugareos y con la asesora y cooperacin de la Iglesia. Estas cooperativas
funcionan con toda eficacia y parece que slo sufrieron una considerable crisis cuando el
Instituto Dominicano de Cooperativas. (IDECOOP).intent ayudarlos.

La Iglesia, por otra parte, adems de la asesora ofrecida a las cooperativas, est
haciendo una encomiable labor, por lo menos de toma de conciencia de su dignidad, de
sostn espiritual, de siembra de esperanzas, a travs de la Accin Social para el Campesino
que tiene su sede precisamente aqu, en La Herradura, bajo la direccin del padre Juan
Nez y el trabajo de educacin social realizado por el P. Guzmn y, en Loma de Cabre-
ra, los padres jesuitas tambin han venido haciendo-una labor similar en el seno de los
serranos.

A modo de ancdota triste me permito narrar algo que se me cont en relacin
con un grupo de la frontera que organiz una cooperativa para sembrar hortalizas. Prepara-
ron la tierra y pidieron ayuda a la Secretara de Estado de Agricultura. Recibieron, efectiva-
mente, semillas. Las sembraron y cuando nacieron y empezaron a crecer, la esperanza y la
ilusin de aquellos campesinos se esfum cuando comprobaron que en lugar de hortalizas




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nacieron flores.

Este es, en simples palabras, el panorama de la Sierra definido por Monseor
Adames como "uno de los puntos ms dolorosos del pas".

La cercana de la Navidad es muy apropiada para la celebracin de este En-
cuentro. Una nueva conmemoracin del advenimiento de Cristo que se autodefini como
el "Evangelizador de los pobres y Liberador de los oprimidos", es una magriffica oportu-
nidad para que hagamos una reflexin seria que nos impulse a tomar acciones mancomu-
nadas y eficaces.

Sabemos que hay mucha limitacin por parte, incluso de los organismos oficiales,
pero tambin es cierto que a pesar de las dificultades econmicas que se viven en el mundo
y en nuestro pas, se est gastando mucho dinero en las ciudades. Si de este Taller
saliera el solo propsito de aunar esfuerzos de todos los sectores que estn en condiciones
y en capacidad de hacer algo por el hombre serrano, me parece que los organizadores po-
dran dar por bien empleadas las jornadas que ya han dedicado al problema de la Sierra y
a la preparacin de este Encuentro, y los participantes podran estar satisfechos de las horas
que pasarn aqu.

Estoy autorizado a informar que se puede contar con el apoyo y el respaldo
irrestricto de la Iglesia Catlica, a travs de la Dicesis de Santiago, para llevar a cabo
cualquier iniciativa que surja de este Encuentro.

Como Rector de la Universidad Catlica Madre y Maestra, tambin ofrezco toda
la cooperacin que est a nuestro alcance para la solucin de estos problemas. Estoy cons-
ciente de que no son problemas de fcil solucin, pero estoy convencido de que deben
haber algunas soluciones y de que nosotros estamos en el deber de buscarlas para encontrar-
las. Si aunamos los esfuerzos de la Iglesia y de las instituciones educativas y de investigacin,
como lo son el ISA, la UCMM, el CENDA y el Centro de Investigaciones Econmicas y Ali-
menticias y del sector privado, a travs de la Asociacin para el Desarrollo, Inc., y de la
Secretara de Estado de Agricultura, a la ayuda que estoy seguro se puede obtener del
Ejecutivo de la Nacin, es mucho lo que se puede hacer para cambiar la situacin del
hombre de la Sierra.

Una sugerencia que es de Monseor Adames y que la dejo para que se discuta en
los paneles, es la posibilidad de buscar la manera en que se puedan explotar, en forma or-
denada, las zonas de pinos maderables y tambin que se estudie la posibilidad de que en los
lugares que sea posible se represen los pequeos ros para que los serranos puedan hacer
uso de esta agua en sus siembras.

Considero como un deber nacional no ser indiferentes a los problemas que est
confrontando el hombre de la Sierra. Propongmonos, por lo menos, intentar hacer un
ensayo de carcter piloto cuyos resultados pueden ser aplicados en otras zonas del pas. Me
permito llamar la atencin de todos los sectores nacionales que estn en condiciones de
hacer algo por la solucin del problema de los campesinos a que no esperemos que sea de-
masiado tarde. El que sigue los signos de nuestro tiempo tiene que percatarse, tal como lo
sealan los seores Obispos en su Pastoral de fecha 21 de enero de 1973, de los "cambios




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profundos y significativos" que han ocurrido en nuestro campesinado y cito las palabras de
los Obispos: "Esos cambios se expresan y manifiestan en hechos y acontecimientos insli-
tos e incomprensibles en la mentalidad tradicional del campesino. Nos referimos a aconte-
cimientos tales como ocupaciones masivas de tierras, que implican violacin consciente del
orden legal establecido; la denuncia comprometida y sin miedo de atropellos y la demanda
de derechos y aspiraciones entre otros".

"Tales hechos suponen un cambio profundo de actitud, que es fruto de una nue-
va mentalidad en el campesinado. El campesino dominicano era una persona pacfica, tmi-
da y sumisa. Se dejaba guiar y amedrentar fcilmente".

"El campesino, actor de estos acontecimientos, demuestra que quiere ser el
propio sujeto de su destino. ..".

"De esta manera el campesino ha tomado. conciencia de la necesidad y de la
fuerza que da la unin. Y como consecuencia se ha ido creando en la poblacin campesina
un fuerte sentimiento de solidaridad, de tal manera que nos atrevemos a afirmar que est
apareciendo una verdadera conciencia de clase campesina".

El pasado mes de junio, en una interesante entrevista con el Viceministro de Re-
laciones Exteriores para asuntos polticos de Taiwn, hablando sobre la necesidad de traba-
jar por mejorar la situacin del campesino en general, me dijo ms o menos lo siguiente:
"Estoy convencido de que las nuevas guerras civiles no surgirn por los motivos tradicio-
nales, las harn los campesinos si no tenemos la suficiente generosidad y la necesaria capa-
cidad para hacer posible que ellos, en su propio ambiente, participen de los bienes impres-
cindibles que la civilizacin moderna ha puesto al alcance del hombre".

Al concluir mis palabras pidiendo un respaldo de todos los sectores, particular-
mente, del sector oficial, para las conclusiones que surjan de este Encuentro, nada ms
apropiado que el final de la Exhortacin de la Declaracin Conjunta del Episcopado Domi-
nicano del ao 1967: "A todos los dominicanos de buena voluntad les pedimos por el amor
que Cristo mostr siempre hacia los ms pobres y abandonados, que abran sus propios
ojos y corazones e igualmente las mentes y los corazones de las nuevas generaciones
que ellos estn formando, hacia las angustias y las esperanzas del campesinado. Que cada
uno de nosotros en la medida de sus fuerzas ponga su granito de arena para ayudar a nues-
tro campesinos a que con su propio esfuerzo unido puedan realizar el plan de Dios sobre
ellos: el desarrollo de todas sus capacidades en todos los rdenes".










DESCRIPCION GENERAL DE LA SIERRA

Ing. Agrn. Luis Peralta H.
Subdirector, Centro de Desarrollo Agropecuario
Secretara de Estado de Agricultura

Estamos aqu para conocer aspectos relacionados con una regin natural de
nuestro pas a la que tradicionalmente se ha designado con el nombre de "La Sierra".

Esta regin no ha sido definida polticamente, pero considerando que para nues-
tro propsito es deseable precisar su ubicacin, se han propuesto lmites arbitrarios para en-
cuadrarla y ha sido situada dentro de las proximidades de los ros "Yaque del Norte" hacia
el este y "Mao" hacia el oeste, limitando con la provincia de San Juan hacia el sur y llegan-
do hasta los lmites del valle del Cibao hacia el norte, quedando localizada dentro del siste-
ma montaoso ms importante del pas, la Cordillera Central.

Las principales comunidades que comprenden "La Sierra" son: San Jos de las
Matas, Moncin, Jnico, el Rubio y otras.

La forma de vida de la familia rural

"La Sierra" cuenta con una poblacin estimada en aproximadamente 100,000
habitantes. Es una poblacin muy difcil de precisar ya que en algunas zonas, sobre todo
las ms cercanas al valle del Cibao, el ndice de crecimiento poblacional es de 0.52 %
como consecuencia de las emigraciones, mientras que en otras zonas, por ejemplo Moncin,
el ndice es de 3.99 % como consecuencia de las inmigraciones.

"La Sierra" con su paisaje de topografa marcadamente ondulada hace que las
actividades cotidianas se desenvuelvan con cierta lentitud, ya que en este tipo de terreno se
dificulta moverse con rapidez; en el mejor de los casos puede hacerse uso de una cabalgadu-
ra, pero caminar sigue siendo uno de los sistemas normales para transportarse, an cuando
cerca de los ncleos urbanos los vehculos de motor ayudan a agilizar la comunicacin.

La rutina de movilizarse dentro de este ambiente absorbe gran parte de la actividad
diaria de la familia y por eso sta tiene que compartirse las faenas, de donde resulta que el
padre casi siempre ejecuta l solo las labores agrcolas, mientras que la madre y los hijos
deben disponerse para acarrear el agua, ir a la pulpera, buscar la lea, atender los animales,
etc., aparte de los menesteres propios de la casa y de la escuela.

A todo esto debe aadirse el hecho de que no siempre la vivienda y el conuco
comparte espacios prximos, adems de que la actividad agrcola no es necesariamente el
nico medio de vida de los habitantes rurales, ya que muchos de ellos dependen de fibras
como la cana, el guano y la cabuya con las cuales confeccionan artculos para su propio uso
o para la venta. La bsqueda de estas fibras transitando a travs del monte, es una actividad
que absorbe tambin mucho tiempo.

Por tanto, no sera aventurado afirmar que probablemente del 30 al 40%,del tiem-




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po que dispone la familia para laborar, se invierte en actividades pseudoproductivas.

Es importante sealar todo esto porque debemos tenerlo presente al momento
de elaborar programas de desarrollo para la regin.

Agricultura y ganadera

Comencemos haciendo algunas observaciones sobre las caractersticas de los suelos
como recurso bsico para el desarrollo de la agricultura y la ganadera.

Por lo general los suelos de "La Sierra" son de poca profundidad efectivay con
texturas muy ligeras. Estas condiciones, conjuntamente con la alta precipitacin y con las
pendientes muy pronunciadas, propician la erosin acelerada de los mismos, excepto en al-
gunas zonas aisladas en donde las condiciones topogrficas son menos limitantes y es po-
sible obtener buenas cosechas con un manejo adecuado de los suelos.

Puesto que la alimentacin de los habitantes de esta regin es una tarea funda-
mental, no se puede prescindir del manejo de los suelos, por lo cual esta actividad deber
orientarse hacia dos aspectos trascendentales:

Primero. La localizacin de valles intramontanos que permitan una agricultura
intensiva con especies vegetales altamente rentables.

Segundo. Aceptar la agricultura de montaa, aun cuando la misma haya sido re-
chazada por las escuelas tradicionales. A sabiendas de que la aceptacin de este tipo de agri-
cultura requiere un esfuerzo especial, bien intencionado, tanto de parte del agricultor
como de los organismos oficiales correspondientes.

En lo que se refiere a la localizacin de valles intramontans ya se han efectuado
algunas estimaciones al respecto, encontrndose que el total de estos pequeos valles alcan-
za aproximadamente la superficie de 360,000 tareas, distribudas de la manera siguiente:

Valle o llano Lmites de referencia Superficie (tareas)

Pedregal, Botoncillo,
La Caita, Sui Ros: Inoa/Amina/Sui 89,000
Los Montones Ro Bao 49,000
Rincn de Piedras Ro Inoa 24,000
Las Placetas Arroyo Arenoso 32,000
Damajagua, La Vija Arroyo La Bija 15,000
Yerba Buena Arroyo Yerba Buena 30,000
El Rubio, Caobanico Arroyo Pananao/Ro Amina 34,000
Llano Corcito Arroyo Corcito 10,000
Llanos de Bulla Ro Mao 12,000
Celestina Ro Guanajuma/Arroyo Gurabo 7,680
Jnico Ros: Jnico/Bao/Yaque Abajo 28,000
Palo Amarillo Ro Yaque del Norte 31,800
Total. ....... 362,480





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Estos valles cuentan con la ventaja de disponer de un fcil acceso a fuentes de
agua de muy buena calidad.

En lo que se refiere a las especies vegetales que deberan fomentarse en estos va-
lles, podran hacerse muchas sugerencias, pero en mi opinin debera comenzarse por fomen-
tar los cultivos tradicionales, y de stos, aquellos altamente rentables que demanden a la vez
de mucha mano de obra, como son: tabaco, guandul, yuca amarga, frijol, maz, etc. En la
actualidad estas especies se cultivan, pero dado que el aprovechamiento de la tierra es ru-
dimentario y atrasado, los rendimientos que se logran son extraordinariamente bajos, lo
cual conduce a la larga a producir desaliento, como en el caso del man, cultivo que hace
algunos aos se aceptaba debido sobre todo al apoyo de la industria manicera, pero que en
razn a la baja produccin obtenida (1.0 quintal/tarea, y menos) se ha reducido considera-
blemente en los ltimos 6 aos.

Para evitar que situaciones como sta se repitan es conveniente que la explotacin
agrcola sea apoyada por la experimentacin con miras a producir resultados a corto plazo
y de fcil aplicabilidad por el agricultor y, lo que tambin es muy importante, se necesita
del apoyo del Servicio de Extensin para asegurar la transferencia de las tcnicas de cultivo
que previamente hayan sido comprobadas como convenientes para la regin.

Ahora bien, pensando en funcin de otras zonas sera peligroso extrapolar ese
pensamiento para decidir como debera operar un servicio de experimentacin y de exten-
sin agropecuaria en "La Sierra".

No podemos asumir, verbigracia,que puesto que un extensionista o un investiga-
dor pueden cubrir un rea de 100 kilmetros cuadrados en el valle, lo podran hacer tambin
en "La Sierra", y en adicin a eso debemos pensar que en el valle ya existe un grado de co-
nocimiento y de avance que an no existe en "La Sierra".

Pero tambin es cierto que la demanda actual de experimentacin y extensin se
refiere a asuntos relativamente sencillos. Tomemos dos ejemplos:

a) Los productores de yuca amarga han domesticado diferentes variedades
pero muy pocos saben cul de esas variedades les tocar sembrar la pr-
xima vez, por lo que es frecuente que ellos no sepan cul es la distancia
de siembra ms conveniente para esos distintos tipos de yuca. El con-
trol de plagas an se hace con "ensalmo" y el ciclo de produccin es
extraordinariamente largo, de 20 a 24 meses.

b) Los productores de guandul no saben qu variedad sembrarn el prxi-
mo ao. Esta vez le entregaron semilla de una variedad que no conocan,
las plantas desarrollaron poco follaje y tuvieron un florecimiento precoz;
en este momento existe la incertidumbre de cul ser la produccin
probable.





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Como vemos, es obvio que los asuntos que ameritan solucin prioritaria son
relativamente sencillos.

Por lo que respecta a la "agricultura de montaa", se necesitar el apoyo de espe-
cialistas en conservacin de suelos y aguas que puedan disear sistemas sencillos para la ex-
plotacin agrcola en estas condiciones.

No existen muchas alternativas para la produccin en condiciones de temporal, ya
que aunque ocurre una estacin humeda definida, tambin se presenta una estacin seca
determinada. Pero ms que todo sto, los suelos de "La Sierra" presentan una particularidad
poco deseable y es que por ser de textura muy ligera, el agua se drena de manera excesiva de
modo que 48 horas despus de la lluvia, desaparecen casi por completo los vestigios de hu-
medad. Podemos citar un ejemplo: Una lluvia de 30mm en Moca puede hacer que los cultivos
se mantengan turgentes durante 20 a 30 das, mientras que la misma lluvia de 30 mm en
"La Sierra" puede hacer que la marchitez de los cultivos se presente al cabo de 10 a 12 das.

Tomando en cuenta las caractersticas mencionadas se concluye entonces que para
la agricultura de montaa debera fomentarse el cultivo de especies vegetales de ciclo relati-
vamente largo que protejan al suelo y conserven la humedad como por ejemplo la yuca
amarga y el guandul, sin olvidar que el establecimiento de pastos y frutales es deseable en
en estas condiciones de suelo.

El habitante de la regin gusta mucho de las actividades ganaderas, siendo muy
frecuente la produccin de leche y queso. Por tanto, una parte significativa de "La Sierra"
debera dedicarse al fomento de la ganadera, la cual, como hemos dicho, goza de mucho
aprecio en la regin.

En este caso se necesita de investigacin bien dirigida que comience por mejorar
las praderas establecidas y en donde debe esperarse que la fertilizacin logre resultados bas-
tante satisfactorios.

Debe considerarse tambin el establecimiento de nuevas praderas, utilizando pas-
tos de amplia capacidad de adaptacin, as como tambin estudiar la posibilidad de producir
complementos alimenticios de alto valor nutritivo para la alimentacin del ganado.

La explotacin del bosque y el desarrollo industrial

Despus de haber comentado sobre la agricultura, la ganadera y sus posibili-
dades de desarrollo, y no obstante que en otra parte de este evento se hablar de la situacin
forestal y el desarrollo industrial, quisiera referirme muy brevemente, casi a manera de cita,
sobre estos dos aspectos:

Explotacin del bosque

Esta ha sido una de las principales actividades del habitante de la regin y creo






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que debe considerarse como uno de los principales recursos para el desarrollo de las co-
munidades, ya que utiliza gran cantidad de mano de obra y fomenta el establecimiento de
talleres para la elaboracin de la madera, principalmente como ebanistera. Dentro de la
explotacin del bosque merecen tambin destacarse el corte de la cana, que se utiliza para
techar viviendas y ranchos de tabaco; y el uso del guano, para confeccionar serones,
rganas, escobas, etc. Amerita subrayarse al respecto que la produccin nacional de tabaco
hace mucho uso de la cana y el guano, hasta tal punto que los aos de baja produccin taba-
calera se reflejan sensiblemente en la economa de la regin.

Para dar una idea somera sobre el valor de la cana como rengln econmico de
importancia, vamos a considerar solamente su relacin con la produccin de tabaco.

Asumiendo que se siembran 360,000 tareas de tabaco y que se requiere de "un
rancho" por cada 15 tareas, eso significa la necesidad de 24,000 ranchos de tabaco y, consi-
derando que dichos ranchos deben someterse a un cambio de cobija cada cinco aos, llega-
mos a la conclusin de que cada ao debe renovarse la cobija de 4,800 ranchos. Cada rancho
requiere aproximadamente 70 caballos de cana a un valor de $3.00 cada caballo.

Todo esto le da a la cana un valor de produccin de 1,008,000.00 por ao, sola-
mente para tabaco. Pero tambin deben adicionarse las miles de viviendas que utilizan este
insumo cada ao.

Desarrollo industrial


La fabricacin del casabe es una de las actividades agroindustriales de mayor fu-
turo para algunas zonas de la regin y es deseable su fomento, ya que utiliza gran cantidad
de mano de obra e induce a una relacin muy estrecha en el productor de yuca y el
fabricante de casabe.

La fabricacin de aceites esenciales es otra de las actividades de importancia
econmica. Se ha producido trementina y esencia de oza, pero las leyes forestales han
anulado la elaboracin de estos productos.

La relacin recursos/poblacin

Debo recalcar que mi ponencia ha sido concebida para poner nfasis en los asun-
tos agropecuarios. Sin embargo, despus de oir lo que se ha dicho al respecto, le parecera
a uno que no es mucho lo que puede esperarse de "La Sierra" en ese sentido.

Es posible que haya mejores alternativas a las que aqu se han planteado, pero
puede demostrarse que la mayora de ellas podra conducir a una encrucijada.

Veamos. El Instituto de Ecologa de la Universidad de Wisconsin ha propuesto que
tericamente el bienestar de los individuos depende de los recursos con que cuenta su co-
munidad, y ha expresado esta relacin con una ecuacin muy sencilla:






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Recursos
Bienestar Recursos
Poblacin

Si los recursos de que dispone "La Sierra" se analizaran a travs de esta ecuacin
para determinar as cmo debe distribuirse el apoyo con el que se pretende desarrollar la
regin y, si se me permitiera colocarlos en orden de importancia, lo hara de la manera
siguiente:

1.Bienestar Explotacin forestal
1. Bienestar =
Poblacin


Minera
2. Bienestar =Minera
Poblacin


Turismo
3.- Bienestar = Tur
Poblacin


Ganadera
4. Bienestar = acn
Poblacin



5. Bienestar = Agricultura
Poblacin

Ahora volvamos a la realidad.

1. La explotacin forestal est prohibida.

2. Se le atribuye (un supuesto) gran potencial minero a la regin.

3. Es posible (otro supuesto) que la regin tenga gran futuro turstico.


4. y 5. Queda demostrado entonces que slo las actividades relacionadas con la agri-
cultura y la pecuaria pueden lograr en el futuro inmediato cierto bienestar
a los habitantes de la regin.

A manera de conclusin

Antes de la ejecucin de programas, sobre todo de carcter agropecuario
es aconsejable que los mismos se hagan del conocimiento de los principales lderes de las
comunidades que seran beneficiadas, de manera que se le d la debida importancia al ase-
soramiento que podran prestar estas personas.





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Si nosotros conversamos con estas gentes no tardaremos en darnos cuenta de
que nadie mejor que ellos conocen sus problemas y nadie mejor que ellos proponen solucio-
nes tan sencillas que para asuntos que nosotros por no estar en el "ambiente" complicamos
y embrollamos de una manera que peca de sofisticada y extravagante.

Es fcil darse cuenta que lo que falta a veces es slo el apoyo institucional y la
orientacin cientfica de "vuelos bajos".

No quisiera terminar esta ponencia sin antes urgar un poco en los procedimientos
de nuestras instituciones.

Estamos viendo como algunas regiones del pas son impulsadas hacia el desarrollo
mediante la aplicacin de programas que de una u otra manera contribuyen sensiblemente a
su progreso. No obstante, esos programas y los recursos que apoyan a los mismos se dirigen
con marcada insistencia hacia las mismas regiones, es decir, hacia aquellas que aparentemente
cuentan con un mayor potencial, o dicho de otra manera, los recursos se van hacia aquellas
regiones en donde el sentido econmico nos seala con ms comodidad que se justifica la
penetracin de la tecnologa y en donde el sentido poltico nos anuncia que es all donde ese
impulso progresistaresultante ser ms notorio. Pero donde el sentido social no nos puede
iluminar para hacernos ver que nos hemos estado olvidando de que todas las regiones de
nuestro pas deben tener la misma oportunidad de participar en el desarrollo y que por lo
tanto, todas deben ser consideradas con el mismo grado de importancia relativa para par-
ticipar en los programas que conduzcan al progreso del pas.

Es decir, debemos reconocer que hay regiones en donde se justifica concentrar
ms recursos que en otras, pero debemos tener presente-que todas poseen el mismo derecho
de integrarse al bienestar social, econmico y poltico,.sobre todo en momentos en que
cada da que pase se har ms difcil mantener el balance poblacin-produccin.

S. .y "La Sierra" es una de las regiones que todava no se le ha dado la oportu-
nidad de demostrar hasta donde puede contribuir al desarrollo de nuestra nacin.









LA SIERRA: EXPOSICION FORESTAL
Ing. Ramn A. Rodrguez
Direccin General Forestal


Situacin General del Pas

De acuerdo a estudios concludos en el ao 1972, se determin la existencia de
1,000,000 de hectreas de bosques en el pas, lo que representa algo ms de un 20% de la
superficie total; de stas, 335,000 hectreas estn compuestas por bosques puros de pino y
bosques de pino con latifoliadas. Los bosques de frondosas constituyen 665,000 hectreas,
de las cuales slo 340,000 pertenecen al bosque latifoliado hmedo y 325,000 son de
vegetacin seca.

La accin devastadora del hombre ha sido de particular importancia para la fores-
ta nacional; del total del rea boscosa slo 335,000 hectreas permanecen intactas, pertene-
ciendo la mayora de estas al bosque seco. En el bosque no intacto, el 65% tiene una existen-
cia viva muy baja debido principalmente a tres factores que fueron muy preponderantes
hasta hace pocos aos, como la explotacin incontrolada, los incendios forestales y la agri-
cultura indiscriminada.

La agravante situacin creada por el abuso de que fueron objeto nuestros bosques,
motiv que el Gobierno, tomando conciencia de la seriedad que constituye para el futuro
del pas la destruccin de las masas boscosas, decretara en el ao 1967, el cierre de los ase-
rraderos hasta tanto no se crearan las bases para realizar un aprovechamiento ordenado.
Esta paralizacin, an gon los problemas de tipo social y econmico-a que dio origen en
aquel entonces, era necesaria y ha rendido resultados satisfactorios en lo que se refiere a la
descontinuacin de la explotacin incontrolada de maderas, y por otra parte, le ha dado
oportunidad al Servicio Forestal de fortalecerse considerablemente.

Las investigaciones llevadas a cabo por el Inventario Forestal evidencian la exis-
tencia de 4.7 millones de metros cbicos de madera disponibles para la extraccin durante
los prximos 20 aos. Un alto porcentaje de los rboles comprendidos en este estimado est
constitudo por arboles decadentes que estn retrasando el desarrollo de una regeneracin
natural de mejor calidad, o bien por rbolesafectados por el fuego, que perdern todo su
valor debido a la pudricin y muerte si no son aprovechados a breve plazo.

Las Regiones Boscosas

La distribucin geogrfica de los bosques del pas est directamente relacionada
a la calidad de los suelos, limitndose el rea boscosa a las tierras ms pobres, o sea, aquellas
excesivamente secas, muy escabrosas o de difcil accesibilidad. Los suelos con mejores con-
diciones estn dedicados a la produccin agropecuaria. Estos factores han dado origen a la
formacin de cuatro regiones boscosas de importancia:




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Regin de la Cordillera Central. La regin ms importante con 400,000 hectreas de
bosques.

Regin de Sierra de Bahoruco. En la parte meridional del pas con 250,000 hectreas de
bosques.

Regin de Sierra de Neyba. Con 190,000 hectreas de bosques.

Bosques del Este. Regin esta formada por dos bloques principales: el de Boca de Yuma y
el de Saman, que en total comprenden 160,000 hectreas de bosques.


Distribucin y Condicin de los Principales Tipos de Bosques de la Regin Sierra



Los Pinares y el Bosque Mixto

Se extienden sobre 62,000 hectreas; 36,000 de pino y 27,000 de bosque mixto,
constituyendo econmicamente las masas forestales ms importantes. Originalmente el rea
cubierta por este tipo de bosque era mucho mayor, sin embargo gran parte de sta ha sido
desplazada por la agricultura.y el pasto. Adems, los incendios forestales afectaron repetida-
mente casi todos los bosques de pino causando grandes prdidas y reduciendo drsticamen-
te el incremento en volumen, en adicin a que la explotacin maderera se extendi a todos
los bosques de pino en las elevaciones bajas y medias y a parte del macizo montaoso.

Los bosques explotados se encuentran en estado de regeneracin y de recupera-
cin avanzados. No obstante, todas las masas forestales jvenes necesitan urgentemente la
realizacin de trabajos silvcolas.

En los pinares maderables el volmen total de madera oscila entre 15 y 120m3/ha.,
con un promedio de 45m3/ha. En estos bosques sin embargo, la existencia viva se encuentra
esttica, en lugar de aumentar, debido a las perdidas por pudricin y muerte causadas por
incendios anteriores asi como por el murdago. Estas masas deberan ser aprovechadas or-
denadamente y con ello se produciran beneficios socio-econmicos, se saneara y mejora-
ra la estructura del bosque.

El Bosque Latifoliado Hmedo

Este tipo constituye el segundo en importancia econmica con un rea de 28,000
hectreas y alrededor de 30m3/ha., gran parte de la cual, sin embargo, se encuentra ame-
nazada por los agricultores.

Programas de Reforestacin y Conservacin de Suelos

En Ejecucin




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En la actualidad la Direccin General Forestal ejecuta dos proyectos dentro
de la zona en cuestin:

Plantacin Proyecto FAO (Manabao)

Este Proyecto que forma parte integral del Plan Piloto de Manejo Forestal prepa-
rado con la asistencia de FAO, fue iniciado en el ao 1969; luego de un comienzo relativa-
mente lento, ha ido evolucionando y en la actualidad se realiza plantaciones anuales prxi-
mas al medio milln de rboles. En este Programa, adems de la siembra del pino nativo
(Pinus occidentalis), se ha estado plantando (Pinus caribaea) con magnficos resultados
iniciales.

Programa de Conservacin de Suelos (Jumunucu)

La Direccin General Forestal ejecuta, con la cooperacin alimenticia de Critas
Dominicana, un programa de conservacin de suelos en coordinacin con los agricultores
de la zona. Para estos fines se han agrupado en asociaciones unos 600 campesinos, los cuales
mediante trabajos colectivos ejecutan labores de conservacin en las reas de cultivo, y par-
ticipan en obras de inters comunitario, como es la reconstruccin de caminos, obteniendo
a cambio las raciones alimenticias donadas por Critas.

Proyecto de Reforestacin en el Area de Restauracin

Adems, y aunque fuera del rea de "La Sierra", pero estrechamente ligado, la
Direccin General Forestal realiza actualmente el Proyecto de Reforestacin de Res-
tauracin.

Este Proyecto fue inic;ado en el ao 1974 y hasta el momento se ha plantado una
superficie aproximada de 600 hectreas con alrededor de un milln de rboles.

Para Ejecucin Inmediata

Actualmente se gestiona financiamiento para la implementacin de un proyecto
de reforestacin y conservacin de suelos en la Cuenca de la Presa de Tavera, como parte
del PIDAGRO II.

Este proyecto contempla la reforestacin de 10,000 hectreas en un plazo de cin-
co aos, la construccin de 6,000 hectreas de terrazas y obras afines, asi como la construc-
cin de 2,000 pequeas presas de piedra para la contencin de sedimentos.

La primera etapa de dos aos se iniciar en el ao prximo con la reforestacin
de 4,000 hectreas en las subcuencas de los ros Baiguate y Jimenoa. Tambin se prev la
construccin de 1,500 hectreas de terrazas y unas 800 presas, a un costo aproximado
de RD$2,700,000.00.




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Posibilidades de Aprovechamiento


El Inventario Forestal identific siete posibles reas de produccin de madera
en todo el pas, dos de las cuales se encuentran dentro del permetro de la zona denominada
como "La Sierra".


La primera de dichas reas tiene una superficie de 5,000 hectreas con un volu-
men estimado de 375,000m3. La segunda cubre un rea de 12,000 hectreas con un esti-
mado en pie de 540,000 metros cbicos.

Actualmente el Gobierno gestiona la contratacin de consultores para la prepa-
racin de los planes de ordenacin que deben preceder cualquier aprovechamiento
futuro.




























xi:,Iir








PEQUEAS INDUSTRIAS Y ARTESANIA DE LA SIERRA

Miguel Iiguez
Instituto Superior de Agricultura


Antecedentes:

Encargo: Esta investigacin fue preparada con el propsito de servir como base
para la discusin en el Taller de Trabajo sobre La Sierra, a efectuarse en fecha 17 de diciem-
bre de 1976, como resultado del inters del Instituto Superior de Agricultura en colaborar
con la Secretara de Estado de Agricultura, en su responsabilidad como institucin rectora
del desarrollo agropecuario nacional.

Finalidad: Conseguir informacin representativa de las actividades artesanales y de
pequea industria n La Sierra. A travs de nuestras visitas a la zona de estudio nos llam la
atencin un hecho curioso: los habitantes de esta regin realizan actividades no agrcolas
que para algunas comunidades representan ms del noventa por ciento de sus ingresos y
para otras una parte considerable del mismo.

Hemos podido observar tambin, que podra suceder que en las zonas donde la
tierra y sus posibles usos se hacen ms precarias, las personas dependen en mayor escala de
las actividades no agrcolas tales como: tejidos de guano y cana, fabricacin de carbn,
ebanistera, etc.

Es un hecho real y palpable que los suelos de la regin son pobres en su generali-
dad y que existen en la misma personas que consumen o son potenciales consumidores de
los bienes producidos por el resto de la economa. Es necesario, por ende, observar al ha-
bitante de esta zona con una visin integral desde el punto de vista econmico, o sea de las
actividades econmicas y cuasi-econmicas que realizan para subsistir, y desde el punto de
vista humano como ente moral perteneciente a una sociedad por desarrollarse en beneficio
de todos los individuos.

Por lo tanto, presento a ustedes este material fruto del esfuerzo de muchas per-
sonas para ser sometido a discusin y de sta extraer conclusiones que sirvan como pauta
en la determinacin de un Plan Global que tenga como objetivo fundamental el desarrollo
de la zona, de tal forma que este plan desemboque en hechos concretos que redunden en
beneficio de sus habitantes.

Agradecimiento: Debemos reconocer el esfuerzo realizado por los estudiantes de
trmino de la concentracin de Agrinegocios del Programa Agrcola Universitario ISA-
UCMM, Felipe Rodrguez, Domingo Rengifo, Adalberto Moscoso y Rubn Daro Gonzlez,
los cuales fueron los responsables, en conjunto con el autor, en este trabajo de la recopila-
cin de los datos primarios buscados para este estudio. A mi esposa Ondina por su valiosa
ayuda en la tabulacin de los datos.

Por otra parte, debemos hacer efcrencia especial a a Secretara de Estado





-24-




de Agricultura por sus valiosas recomendaciones y por habernos dado la oportunidad
de participar en este proyecto.

Esperanza: Slo nos resta, antes de pasar a la exposicin de nuestro tema, expre-
sar la frase que fue el comn denominador de los habitantes de la serrana en nuestras visi-
tas: ojal que el tiempo y esfuerzo dedicado a este estudio y a otros concluyan en un plan
de accin que signifique aumento del bienestar para las personas de la zona.

Metodologa:

Esta investigacin es de ndole exploratorio en la cual se tiene como objetivo la
recopilacin de datos que ayuden a plantear problemas especficos para otras investigaciones
y tiene como resultado final la presentacin de algunas hiptesis a ser aprobadas en futuros
estudios sobre el tema.

Se procedi a la determinacin de una muestra representativa y, dado el nmero
de habitantes radicados en zona, consideramos que ciento diez entrevistas era suficiente
para tener ideas claras y concretas sobre la realidad de la pequea empresa y artesana
de la zona. Se elabor un cuestionario que fu presentado a los dueos y operarios de estas
actividades. Las comunidades fueron seleccionadas tomando en consideracin el grado de
importancia relativa que poseyeran con respecto a las otras de la zona bajo estudio.

Se realizaron un total de 142 entrevistas, habiendo computado 110 de esta cifra
por considerarlas ms fidedignas y completas.

Se procedi entonces a la tabulacin e interpretacin de los datos de manera
selectiva en algunas ocasiones, ya que el formato general del cuestionario realizado no se
adapta ntegramente a todas las situaciones.

Anlisis e Interpretacin de Datos:

Tipos de Actividades:

Dentro de las actividades no agrcolas de la zona, encontramos que la que mayor
difusin tiene es el tejido de guano y cana, usndose esta actividad principalmente como
una fuente extra de ingresos, proveniente de la actividad de mujeres y nios principalmente
en los momentos en que no estn realizando labores hogareas (ver cuadro No. 1)

Dentro de esta agrupacin hemos separado, por razones de metodologa y vera-
cidad de estudio, la parte d) correspondiente a Arganas y Serones como un rengln distinto
al de rengln Arganas y del rengln Serones, debido a que estos ltimos dos, a travs de
acuerdos con los compradores, se dedican exclusivamente a la produccin de estos bienes
a pesar de conocer el arte de tejer y muy ocasionalmente tienen la oportunidad de tejer
otras obras artesanales.




-25-



Cuadro No. 1
Tipos de Actividades

Respuestas

Actividad No. %
Ebanistera .................... ......................... 20 18

Fabricacin de Escobas.... ..................... 13 12

Tejido . . . . . . . ... 59 54
a) Arganas .. ...... .. .. .... ..... .... 9 8
b) Serones ............................... 5 4
c) Esteras ............. . . 23 22
d) Arganas y Serones...... ....... ......... .. 22 20

Fabricacin de Casabe .......................... 5 4

Otras Actividades. ...................... ............ 13 12

Total ...--------------------------------------------------- 110 100%


La actividad siguiente ms practicada en la zona es la ebanistera, teniendo un 18%
del nmero total encuestado. A esta le siguen en grado de importancia los fabricantes de
escobas y casabe. Encontramos otros tipos de actividades en la regin, tales como: tejido
de espaldares y asientos de sillas y mecedoras, como un trabajo colateral a la ebanistera;
dulcera, fabricacin de carbn, una quesera, panaderas, tejido de .macutos, fabricacin
de efectos de barro, una fabriquita de blocks; todos estos estn agrupados en el acapite de
"Otras Actividades" abarcando el 12% de las labores no agrcolas difundidas en la zona.

Tipos de actividad por comunidad:

Del total encuestado, y atendiendo al tipo de actividad realizada, podemos decir
que el 25% de la ebanistera practicado en la zona es practicada en Moncin y sus alrededo-
res, siguiendo en grado de importancia El Caimital e Inoa con 20% cada una, le siguen otras
comunidades donde se practica este arte en pequea escala. (Ver cuadro No. 2).

Los fabricantes de escoba estn mayormente difundidos en la comunidad de El
Puerto, Jarabacoa, con un cuarenta y seis por ciento (46%) de los encuestados. Le sigue la
comunidad del Guanal con 31% y Arroyo Blanco con 15%, ambos de la provincia de
Santiago Rodrguez.

La produccin de rganas y cerones es repartida por igual en un 27% por las co-
munidades de Las Caobas y Maguana en Santiago Rodrguez; le siguen Clavijo con 23%
Gurabo 14% y otros.








Cuadro No. 2

Tipo de Actividad por Comunidad*



Moncin La Meseta Caimital Inoa Jarabacoa El Puerto El Guamal
Actividad No. % No. % No. % No. % No. % No. % No. %

Ebanistera 5 25 3 15 4 20 4 20 2 10

Fabricacin de Escobas 6 46 4 31

Tejido
a) Arganas 3 33
b) Serones
c) Esteras
d) Arganas y Serones
y Otros

Fabricacin de Casabe

Total 5 5 6 8 4 4 4 4 2 2 6 6 4 4


* No incluye "Otras Actividades" del cuadro No. 1










Cuadro No. 2 (Cont.)
Tipo de Actividad por Comunidad

Arroyo Blanco El Rubio Clavijo Las Caobas Cacique Gurabo Maguana Otros Total
No. % No. % No. % No. % No. % No. % No. % No. % No. %
Ebanistera 20 100
Escobas 2 15 1 8 13 100
Tejido
a) Arganas 5 56 1 11 9 100
b) Serones 5 100 5 100
c) Esteras 1 4 5 22 3 13 13 57 1 4 23 100
d) Arg. y Ser. 5 23 6 27 2 9 3 14 6 27 22 100
y Otros
Casabe 5 100 5 100

Total 2 2 5 5 11 12 11 12 10 10 16 17 7 7 4 4 97 100






*





-28-




Empleos y sub-empleos por actividad:

La actividad de mayor importancia desde el punto de vista econmico, ya sea por
el nivel de empleo generado como por el valor agregado en el proceso de produccin artesa-
nal, fue la ebanistera. Un cincuenta y ocho por ciento (58%) de los empleos corresponden
a esta actividad y podramos decir que es el gran empleador de la regin. (Ver cuadro No. 3)

De todos los sub-empleos generados del total encuestado, nos encontramos que la
ebanistera ocupa el 49% del total, siguiendo con un 33% los tejedores, ocupacin esta
que aunque muy difundida y practicada genera poca empleomana.

Comercializacin

Relacin de las ventas por compradores exteriores

El mercado de las pequeas empresas y artesana est orientado fundamentalmen-
te a consumidores y usuarios extraregionales. El mercado primario de estos bienes lo cons-


Cuadro No. 3

Empleos y sub-empleos por actividad*

Respuestas
empleos sub-empleos Total

Actividades No. % No. % No. %

Ebanistera** 76 74 93 49 169 58

Fabricantes escobas 18 10 18 6

Tejedores 77 33 77 26

a) rganas 14 7 14 5
b) esteras 5 3 5 2
c) serones 23 12 23 8

d) arganas y serones 22 11 22 8
Fabricantes casabe 4 4 4 2 8 3
Otras actividades 23 22 9 5 32 10
TOTAL 103 100% 188 100% 291 100%

*Notas: Empleos: fuentes pr~iicipdles de ingresos y con mayor carcter de permanencia.
Sub-empleos: tuentes esLdciona, de ingi eus, apicndicdes y dedicacion a tiempo parcial.

**La ebanistera genera mucho sub-empleo colateralmente, por ejemplo, tejedores de es-
paldares y asientos, lijadores, no tomados en cuenta en este puntaje.




-29-



tituyen los intermediarios que residen y son acopiadores y por los que van a la zona en bus-
ca de los bienes para trasladarlos a los centros de consumo.

Los fabricantes de esteras venden la totalidad de su produccin a compradores
externos. La rganas, escobas, casabe y ebanistera son producidas principalmente para un
consumidor fuera de la zona (ver cuadro 4.1)




Cuadro No. 4.1
Ventas a Externos

RESPUESTAS

Menos 10% 11-29% 30-49% 50-74% Ms 75% Total
No. % No. % No. % No. % No. % No. %


Ebanistera 5 26 1 5 1 5 3 16 9 48 19
Fab. escoba 2 15 3 23 1 8 7 54 13

Tejedores
a) rganas 2 40 3 60 5
b) esteras 5 100 5
c) serones 10 59 2 12 1 6 1 6 3 17 17
d) rganas y
serones 10 50 5 25 2 10 3 15 20

Fabricante
Casabe 2 29 5 71 7

Otras actividades 2 18 2 18 3 27 4 37 11

TOTAL 31 33% 8 9% 11 12% 8 9% 36 37% 97 100


Duracin de los Inventarios de Productos Terminados:

El inventario de productos terminados dura muy poco en existencia, ya que el
mercado est constitudo por un sistema de "Ordenes de Compra" informal. El 88% del
total investigado vende sus productos antes de una semana despus de terminados. (Ver
cuadro No. 4.2)

Solamente en ebanistera encontramos una duracin mayor de un mes, pero esto
era debido a que estos productos eran al mismo tiempo acopiadores. Es decir, compraban
la produccin de otros productores pequeos para almacenarlos y comercializarlas en gran
gran escala.




-30-




Cuadro No. 4.2

Duracin Inventarios productos terminados

menos ms
Actividades una semana 15 das 1 mes 1 mes Total
No. % No. % No. % No. % No. %

Ebanistera 13 65 5 25 2 10 20
Fabricantes
escobas 12 92 1 8 13
Tejedores
a) rganas 9 100 9
b) esteras 4 80 1 20 5
c) serones 23 100 23
d) rganas y
serones 22 100 22
Fab. casabe 3 60 2 40 5
Otros Fabtes. 8 67 4 33 12
TOTAL 94 88% 14 12% 102 100

Aspectos generales:

Planes de expansin:

Del total encuestado, el setenta y ocho por ciento contest de manera afirmativa
o dubitativa a esta pregunta, notndose un vivo inters despertado por esta pregunta en el
nimo de los entrevistados. (Ver cuadro No. 5.1).

Limitaciones para expansin:


Del nmero total de respuestas dadas, dedujimos que el factor principal que li-
mita la expansin de los niveles actuales de produccin es el financiamiento con un sesenta
y nueve por ciento del total. Le sigue en orden de importancia las dificultades en la obten-
cin de la materia prima y el tamao del mercado. (Ver cuadro No. 5.2)

Tipo de fuerza usada en ebanistera:


Los motores de Gas-oil, son la fuerza ms usadas en esta actividad; aumentos en
el costo de este combustible podran poner en una situacin difcil a estos productores ya
que el margen de ganancias es muy estrecho. Le sigue en grado de importancia la electricidad
con un 30%, ubicado en zonas favorecidas por este servicio (Ver cuadro No. 5.3)




-31-





Cuadro No. 5.1
Planes de Expansin

RESPUESTAS
SI NO TAL VEZ TOTAL
Actividades No. % No. % No. % No. %

Ebanistera 5 25 5 25 10 50 20
Fbrica escobas 3 23 10 77 13

Tejedores
a) rganas 2 22 7 78 9
b) esteras 3 60 2 40 5
c) serones 2 4 2 4 19 92 23

d) rganas y serones 3 14 6 27 13 59 22

Fbrica de casabe 1 20 2 40 2 40 5
Otras actividades 6 50 '1 8 5 42 12

TOTAL 17 15 24 22 68 63 110 100




Cuadro No. 5.2
Limitaciones para la Expansin

RAZONES

no posee medio Mercado Falta No sabe Materia
transporte Pequeo capital cmo prima dif. total
No. % No. % No. % No. % No. % No.
Ebanistera 2 7 2 7 16 55 1 3 8 28 29

Fb. escoba 12 71 1 6 4 23 17

Tejedores
a) rganas 2 18 9 82 11
b) esteras 2 100 2
c) serones 3 10 1 3 21 70 3 10 2 7 30
d) rganas y
serones 1 14 21 75 75 11 28

Fabricantes
casabe 1 17 5 83 6

Otras actividades 2 14 9 64 1 7 4 15 14
TOTAL 7 5% 10 7% 95 69% 6 4% 21 15% 137




-32-




Cuadro No. 5.3
Tipo de fuerza usada
Ebanistera

No. %
Eletricidad 6 30
Motor Gas-Oil 10 50
Manual 4 20

TOTAL 20 100%

Registros contables:

Solamente seleccionamos tres renglones que ameritan este tipo de prctica, los
dems son actividades de ndole familiar y tan insignificante en monto de gasto e inversin
que no se necesita ningn tipo de registro (ver cuadro No. 5.4)

Cuadro No. 5.4
Registro Contables
Respuestas
SI NO TOTAL
Actividad No. % No. % No. %

Ebanistera 2 10 18 90 20

Fbrica de Casabe 1 20 4 10 5

Otras actividades 3 25 9 75 12

TOTAL 6 16% 31 84% 37 100


El ochenta y -cuatro por ciento (84%) de los encuestados respondi de forma ne-
gativa a la pregunta sobre registros, lo que significa una falta .casi total de apuntes sobre
costos y gastos, y nivel de operaciones.

Recepcin de Asesoramiento:

Todas las respuestas fueron negativas, ya que las actividades que realizan las
aprendieron de sus antepasados. (Ver cuadro No. 5.5).

Financiamiento:

El financiamiento usado es nulo de fuentes bancarias para las pequeas empresas
y artesanas en la zona, limitndose a un financiamiento a corto plazo que brinda el com-
prador a ttulo de avance.




-33-







Cuadro No. 5.5
Recepcin de algn tipo de Asesoramiento
Respustas
Actividades SI NO TOTAL
No % No. % No. %
Ebanistera 20 100 20
Fbrica escoba 13 100 13
Tejedores

a) rganas 9 100 9

b) esteras 5 100 5
c) serones 23 100 23
d) rganas y serones 22 100 22

Fabricantes casabe 5 100 5
Otras actividades 12 100 12
TOTAL 110 100% 110 100%




Asociaciones y Agrupaciones:


Cuadro No. 5.6

Respuestas
Actividad SI NO TOTAL
No. % No. % No. %

Ebanistera 2 10 18 90 20
Fbrica escobas 1 8 12 92 13
Tejedores
a) rganas 9 100 2
b) esteras 5 100 5
c) serones 23 100 23
d) rganas y serones 22 100 22
Fabricante casabe 1 20 4 80 5
Otras actividades 1 8 11 92 12
TOTAL 5 5% 100 95% 105 100%




-34-



El 95% dijo no pertenecer a ningn tipo de asociacin. En su totalidad acepta-
ron ser catlicos e ir a misa cada vez que haba celebracin.

Conclusiones:

-En la zona no existe ninguna empresa no agrcola de tamao mediano ni mucho
menos una gran empresa que signifique una fuente segura y permanente de ingreso para sus
habitantes.

-La tecnologa artesanal existente en la zona es tosca y tradicional.

-La ebanistera es la actividad econmica ms importante del grupo de ocupacio-
nes no agrcolas en la regin, por lo tanto ste por su organizacin y tamao ha de ser el
punto de partida para introducir modificaciones y mejoras a la artesana.

-El financiamiento bancario nunca ha existido para las actividades no agrcolas.

-El nmero de asociaciones que reunan a un grupo de individuos con intereses
comunes es muy reducido, casi insignificante; siendo la Iglesia Catlica el principal
aglutinador.

Podramos plantear algunas hiptesis a ser probadas por investigaciones ms
especficas sobre la artesana y pequea industria de la Sierra.

Hiptesis 1: A medida que los suelos son ms pobres, las actividades artesanales son ms
importantes como fuente de ingresos.

Hiptesis 2: La tecnologa tosca y tradicional existente en la zona es capaz de ser modifica-
da, inclusive para la produccin en la Sierra de artculos que sustituyan
importaciones.

Hiptesis 3: El financiamiento y la falta de conexin con el mercado son los principales
limitantes para expansin de las actividades artesanales de la regin.

Recomendaciones:

El paso principal para resolver los problemas a corto plazo de la pequea indus-
tria y artesana de la zona, radica en la carencia de organizaciones que agrupen a producto-
res de tal forma que unidos puedan tener la fuerza de comercializacin que esto significa.
Por tanto mis recomendaciones a cortoplazo seran:

-Que se destinen fondos nacionales para que las instituciones interesadas en
el desarrollo de La Sierra puedan cumplir con sus metas y objetivos.

-Que se incentive la formacin de grupos de productores. La Iglesia Catlica
podra contribuir de forma significativa y determinante en la formacin y xito de estas




-35-




agrupaciones.

-Que estos grupos estn relacionados directamente con su mercado de tal forma
que este conozca que en nuestra serrana se pueden producir cosas y objetos, tiles, bellos
y ms baratos que los importados. La calidad de estos productos mejorar a travs del tiem-
po cuando exista un mercado capaz de valorizar estos productos.

-Que se destinen fondos nacionales al financiamiento de actividades que tienen
un mercado seguro y/o potencial, de tal forma que el recurso tecnolgico de la zona se
desarrolle y produzca mayor bienestar econmico para sus habitantes.

A largo plazo se debe pensar en la bsqueda de otras actividades no agrcolas
que garanticen un ingreso continuado y progresivamente en aumento, de tal forma que
el habitante de esta zona pueda vivir el presente y pensar en un futuro promisorio ligado
a esta regin.










RECURSOS DE LA SECRETARIA DE ESTADO DE AGRICULTURA

EN LA, SIERRA

Agrn. Nelson Snchez R,
Director de Zona, Santiago
Secretara de Estado de Agricultura


Introduccin

El presente trabajo es una descripcin de los Recursos Humanos y Equipos de la
Secretara .de Estado de-Agricultura, ubicados en -el rea de influencia deli'Plan de Desa-
,, ( _
rrollo de, La. Sierra., presentarse en el 'Tallerde Trabajosobre el Desarrollo de; LaSlierra"
.organizado, !ppr. Ja Direccin Regional Agropecuaria, Zona Norte y el Centro de Investiga-
ciones Econmicas y Alimenticias, del Instituto Superior de Agricultura. ;

Consideraciones

Bajo la orientacin de la poltica de regionalizacin, emanada de la Secretara de
Estado de Agricultura, las Regionales Agropecuarias Norte y Noroeste dispusieron la
reorganizacin de su personal y sus recursos, de forma tal que ubicados en zonas, sub-zonas
y reas, pudieran brindar un mejor servicio de asistencia tcnica a la familia rural, tanto para
la transferencia de tecnologas como para la colocacin del recurso crdito al agricultor
en el momento ms adecuado, as como en la cantidad necesaria para actividad o empresa
productiva agropecuaria que desee emprender.

Por otra parte, se han dedicado esfuerzos y capital en la capacitacin no slo
del personal tcnico, sino en especial de la familia rural en los aspectos de organizacin
rural, conservacin de los recursos naturales, crdito agrcola y tcnicas de cultivos.

Datos Descritos en Este Trabajo

1-Resumen del personal ubicado en La Sierra (Santiago, La Vega, Mao); (ver
pgina 37.

2- Detalles del personal por reas, capacitacin, transportes, oficinas de reas y
sueldo promedio; pgs. 38, 39, y 40.

3-Cursos de capacitacin a la familia rural; pgs. 41 y 42.

4- Resumen de las organizaciones rurales existentes; pg. 43.

5- Detalles sobre organizaciones rurales; pgs. 44, 45 y 46.









DATOS DEL PERSONAL UBICADO EN LA SIERRA

OFICINAS
ZONA NIVEL ACADEMICO CAPACITACION TRANSPORTE DE AREAS SUELDO PROMEDIO

M. en Cultivo 4 -Tcnicas, grupales, Safari 1 7 228.00
P. Agrnomo 4 Programacin y eva-
luacin Proyecto Motor 7
-Programacin de
crdito
SANTIAGO -Tcnicas Pecuarias
-Tcnicas cultivo
habichuela, caf,
hortalizas
-Administracin de
Fincas
-Conservacin de
suelos

Per. Agrn. 7 -Programacin de Jeep 1 5
crdito
Agrn. 1 -Tcnicas Extensin Motor 9 242.00
LA VEGA Ing. Agrn. 1 -Programacin y Eva-
luacin de Proyecto
Bach. Agrcola 1 -Conservacin Suelos
-Cultivos de caf,
hortalizas y habichuelas
-Manejo de Fincas

M. en Cultivos 1 -Programacin de cr- Camioneta 1 1
ditos
MAO Agrn. (corresp.) 1 -Tcnicas, cultivo Motor 2 246
caf
Per. Agrn. 1 -Tcnicas Extensin
-Control de Plagas
TOTAL TECNICOS 21 4 ruedas 3 13 238.00
2 ruedas 18





PERSONAL TECNICO ZONA SANTIAGO

SAN JOSE DE LAS MATAS Y JANICO

NOMBRES Y APELLIDOS NIVEL ACADEMICO CAPACITACION TRANSPORTE OFICINA SUELDO
SI NO
Saturnino Valdez M. en Cultivos Tcnicas grupales y eva- Safari X $300.00
luacin Proyecto

Francis Rosario P. Agrnomo Tcnicas grupales pecua-
rias, crd. supervisado Motor X $225.00

Jos R. de Moya P. Agrnomo Tcnicas grupales Pecua-
rias. Ced. Supervisado Motor X $225.00

Alfredo Jimnez M. en Cultivos Caf,
Tcnicas Grupales Motor X $200.00

Flix Padilla P. Agrnomo Motor X $200.00

Higinio de Jess P. Agrnomo Tcnicas grupales, Eva-
luacin de Proy. caf y
crdito Motor X $225.00

Pedro de los Santos M. en cultivos Tcnicas grupales
Caf Motor X $200.00

Eligio Peralta M. en Cultivos Tcnicas grupales, caf
Crd. prom. campesina Motor X $250.00

SUB-TOTAL TECNICOS 8 4 ruedas 1 7 1 1,825.00
2 ruedas 7









PERSONAL TECNICO ZONA LA VEGA

LA PRESA

NOMBRES Y APELLIDOS NIVEL ACADEMICO CAPACITACION TRANSPORTE OFICINA SUELDO
SI NO
Demetrio Almonte Perito Agrnomo Crdito progr. de proy.
conservacin de suelo.
Tcnicas grupales Jeep X $200.00
Luis N. Escotto "Motor X $250.00

Domingo Rodrguez Motor X $250.00
Hctor P. Prez Conservacin de Suelos Motor X $200.00
Rubn Muoz Motor X $200.00

SUB-TOTAL TECNICOS 5 4 ruedas 1 1 4 1,100.00
2 ruedas 4

JARABACOA

Jaime Beato Figueroa Ing. Agrn. Control plagas y herbajes
Prog. y Eval. proyecto.
Cred. Superv.
Cultivo leguminosas. Motor X $250.00
Ramn Ant. Acevedo B. Agrcola Prog. Crd. Prog. Eval.
Prov. Cult. Caf. Motor X $300.00
Jos Oscar Abreu P. Agrnomo Tcnicas de Extensin
Crd. Agrc. Horticult.
y ganadera X
Leonardo Guerrero Agrnomo Motor X $300.00
Antonio Dilon P. Agrnomo Motor X $225.00
SUB-TOTAL TECNICOS 10 4 ruedas 1 4 1 1,075.00
2 ruedas 8










PERSONAL TECNICO ZONA MAO

MONCION



NOMBRES Y APELLIDOS NIVEL ACADEMICO CAPACITACION TRANSPORTE OFICINA SUELDO
SI NO
Rafael Bernard Maestro de cultivos Crdito, caf, curso Exten-
sin PIDAGRO, Tcnicas Camioneta X $300.00
/ grupales, Eval. proyectos.

Jos Prez Perito por
Correspondencia Motor X $200.00


Guillermo Rojas P. Agrnomo Curso Extensin
PIDAGRO.
Crdito Supervisado. Motor X $240.00

SUB-TOTAL Tcnicos 3 4 ruedas 1 3 $740.00
2 ruedas 2
TOTAl. GENERAL TECNICOS 21 15 6 $4,740.00




7i *'











CAPACITACION INTENSIVA FUERA DE LA COMUNIDAD
ZONA SANTIAGO: SAN JOSE DE LAS MATAS JANICO

TIPO FECHA LUGAR No. Partic. TIEMPO
Tcnicas Pecuarias Agosto-Sept. La Cumbre 1 3 das
Adm. de fincas Julio La Cumbre 2 4 das
Organiz. de Asociaciones Junio La Cumbre 10 7 das
Sanidad Vegetal Junio La Cumbre 4 3 das
Habichuelas Octubre La Cumbre 4 2 das
Caf Junio-Julio La Cumbre 8 3 das



CAPACITACION A GRUPOS DENTRO DE LA COMUNIDAD

TIPO LUGAR No. DE PARTICIPANTES TIEMPO
Tcnicas Grupales Su 24 3 das
Tcnicas Grupales Su 24 3 das
Tcnicas Grupales Naranjo 26 3 das
Tcnicas Grupales Rii Rincn de Piedra 37 7 das








CAPACITACION INTENSIVA FUERA DE LA
COMUNIDAD: JARABACOA




TIPO ANO LUGAR No. DE PARTICIPANTES TIEMPO
Organizacin Rural (4) 1976 Esc. Forestal 72 Una semana

Tcnica Grupal (2) 1976 Esc. Forestal 36 Una semana

Agrcola-Forestal (5) 1976 Esc. Forestal 27 Una semana

Administracin Fincas 1976 La Cumbre 6 Una semana
Org. de Asociaciones (2) 1976 La Cumbre 9 Cuatro das

Conservacin de Suelo 1976 CEFASA 69 Una semana













ORGANIZACION RURAL




PRODUCTORES AMAS DE CASA JOVENES ASOCIADOS
ZONA En org. Org. Inc. En org. Org. Inc. En Org. Org. Inc. En Org. Org. Inc.

SANTIAGO 17 11 1 24 18 -47 4 -1120 950 1005


LA VEGA 19 5 5 1 753 98 18


MAO 2 5 4 154


TOTAL 38 21 10 24 18 48 4 -2027 1048 1023


En Org.: En organizacin
Org. :Organizado
Inc. : Incorporado







ORGANIZACION RURAL
ZONA SANTIAGO

AREA PRODUCTORES AMAS DE CASA JOVENES TOTAL
En org. Org. Inc. En Org. Org. Inc. En Org. Org. Inc. P A Jov.

La Placeta 3 6 1 10 85 120 145

Rincn de Piedra 2 2 4 7 58 130 120

La Cuesta 2 4 3 2 5 80 105 118

Su 1 1 30 23

Naranjo de Bajn 4 3 3 100 90 60

El Rubio 2 3 1 5 50 120 110

Juncalito 3 3 6 14 75 180 280

Los Pilones 1 4 2 2 3 1 125 120 80

Jnico 1 1* 1 1 2 3 517 62 92

TOTAL 17 11 1 24 18 47 4 1120 950 1005



* Una cooperativa incorporada dividida en 10 distritos con 500 asociados.

P: Pasivo
A: Activo
Jov. Joven









ORGANIZACION RURAL
ZONA LA VEGA
JARABACOA

AREA PRODUCTORES AMAS DE CASA JOVENES ASOCIADOS
En Org. Org. Inc. En Org. Org. Inc. En Org. Org. Inc. P A Jov.
Paso Bajito 3 1 96 17

Manabo 4 1 143 24

Piedra Blanca 2 1 1 75 27 18

Hatillo 8 1 283 14

Estancia 2 1 68 16

SUB-TOTAL 19 5 1 665 98 18

LA PRESA
AREA PRODUCTORES AMAS DE CASA JOVENES ASOCIADOS
En Org. Org. Inc. En Org. Org. Inc. En Org. Org. Inc. P A Jov

Yaque Abajo 2 39

El Caimito 1 29

La Gina 2 20

SUB-TOTAL 5 88



Total General La Vega 19 5 5 1 753 98 18






ORGANIZACION RURAL
ZONA MAO

MONCIO N



AREA PRODUCTORES ASOCIADOS
En Org. Org. Inc. P A Jov

El Cacique 1 1 26

Gurabo 1 20

Mamoncito 1 1 23

Duran 1 19

El Rodeo .1 1 21

La Meseta 1 21

Veladero 1 1 24

TOTAL 2 5 4 154









PROPUESTA DE UN MECANISMO DE ORGANIZACION

PARA EL PLAN DE DESARROLLO

Norberto A. Quezada
Instituto Superior de Agricultura

Introduccin:

El holgado crecimiento econmico que ha experimentado la Repblica Dominica-
na en los ltimos aos no se ha traducido en un desarrollo equilibrado para las diferentes re-
giones agrcolas. La agricultura no ha crecido al mismo ritmo de la economa en general co-
mo se evidencia por su disminuyente participacin en el Producto Nacional y an dentro del
sector, no todas las regiones han prosperado al mismo paso.

Por qu se desarroll una regin ms rpidamente que otra? En trminos gene-
rales dos causas parecen ser determinantes. Por un lado est la desarticulacin entre sectores
econmicos que impide que uno se beneficie de la dinmica de desarrollo en otro. Por
otro lado encontramos las caractersticas propias de los regmenes de produccin en las
diferentes regiones.

La desarticulacin entre sectores ha afectado la agricultura negativamente por
el desigual desarrollo tecnolgico y la falta de dinamismo en la agroindustria. Adems ha
propiciado el descuido de importantes zonas y recursos, poca atencin a mtodos de pro-
duccin intensivos en mano de obra y desinters en tecnologas preservadoras del ambiente.

Los sistemas de produccin y sus cambios en el tiempo tambin ayudan a expli-
car los patrones diferentes de prosperidad. La dotacin de recursos explotables por los
agricultores es un principal componente del sistema productivo de una zona. La fertilidad
del suelo, la cantidad de lluvia y otros factores ecolgicos condicionan los tipos de cosechas
sobre las que la siembra continuada permitira acumular tradicin productiva.

Entre las regiones ms rezagadas de nuestro pas se cuentan aquellas de los suelos
de baja fertilidad y pocas lluvias. Entre ellas, las regiones montaosas merecen atencin
especial por el estado de deterioro en que se encuentra la base productiva y el estado de
marginalidad en que se encuentran sus habitantes. La ausencia de sistemas agropecuarios
apropiados en las comunidades ubicadas en suelos pobres constituye una amenaza a los
recursos naturales y ha dado como resultado el estancamiento con relacin a las dems re-
giones y pobreza generalizada entre los habitantes. La baja productividad y la falta de
oportunidades impiden la realizacin de inversiones pblicas o privadas que faciliten un rit-
mo de desarrollo a la par de regiones mejor favorecidas por la naturaleza.

Las regiones de suelos pobres de nuestro pas han sufrido duramente las presiones
del crecimiento poblacional. La falta de tierras virgenes para el buen desenvolvimiento del
sistema de "tumba y quema" obliga a los agricultores a permanecer en un mismo pedazo





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de terreno sembrando cultivos de ciclo corto en un esfuerzo de producir los alimentos de
subsistencia, pero sin poder tomar las providencias para proteger la fertilidad del suelo.
Los agricultores que consiguen moverse a nuevas tierras y los que se han iniciado reciente-
mente en la agricultura constituyen ya una amenaza seria a la recuperacin de los recursos
forestales.

A los efectos adversos de este tipo de agricultura de montaa se una la operacin
de aserraderos e industrias relacionadas. Pero el manejo indiscriminado de los recursos y los
efectos secundarios producidos en el suelo por la erosin, hicieron necesario que, en 1967,
se prohibiera el corte de madera y la operacin de aserraderos.

Esta decisin, evidentemente necesaria por consideraciones sociales, sin embargo,
cerr una importante fuente de ocupacin a los habitantes de las montaas. De aplicarse
la ley a cabalidad, se terminara con la agricultura de "tumba y quema", pero es necesario
proveer alternativas de ocupacin. Es muy dudable que la regulacin de 1967 se pueda soste-
ner si el Gobierno no provee los medios para mantener produccin permanente en las
tierras afectadas.

Como la posibilidad de emigracin neta de las regiones montaosas es pequea
en estos momentos, se impone una iniciativa oficial que, manteniendo a las personas en
sus localizaciones actuales, introduzca y desarrolle nuevos sistemas productivos que prote-
jan el suelo y, al mismo tiempo, perfeccione nuevas actividades para que la poblacin no ten-
ga que depender de la extraccin sino del manejo eficiente de los recursos naturales. Deja-
dos sin atencin, estos agricultores intentaran adaptarse a las circunstancias cambiantes
pero esto ocurrira con una lentitud incompatible con la urgencia de la demanda por mejo-
ras en la regin.

Esta iniciativa podra comenzar en la regin conocida como La Sierra. As se
aprovechara la inquietud que ya existe en los habitantes de esta regin y se podran con-
seguir experiencias que sirvan para aplicarse en otras regiones pobres del pas.

La Sierra (ver mapa) cubre un rea de aproximadamente 4,000,000 de tareas de
la cual menos del 15% es arable. En ella viven alrededor de 120,000 personas. La regin se
puede dividir en dos partes para fines de estudio: La Sierra de pinos y la Antesierra o la
parte que no tiene o nunca tuvo pinos (clasificacin sugerida por Mons. Adames).

Los habitantes de La Sierra de pinos han visto sus ingresos reducidos por la pro-
hibicin del corte de madera, aunque en algunos sitios, principalmente por la fabricacin
de muebles, todava se reciben itgresos dependientes de la explotacin del bosque. Aquse
observa tambin la transicin a agricultura permanente.

En la Antesierra los habitantes dependen del cultivo dc tubrculos, vegetales,
tabaco, la pequea ganadera, la fabricacin de muebles, dulces, casabe, serones, etc.

Los suelos de La Sierra son generalmente cidos y con menos de 0.10 metros de




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profundidad. La pluviometra vara de 750 a 2,000 mm. por ao y algunas laderas tie-
nen inclinaciones mayores de 250.

Muchos habitantes de la regin han emigrado a las ciudades pero la poblacin
local todava aumenta. Se presume que la poblacin no puede ser trasladada a otras regio-
nes y que cualquier iniciativa debe aceptar la imposibilidad de emigracin neta.

Objetivos:

Los objetivos de la iniciativa pblica que se sugiere se basan en la naturaleza
provisional del mecanismo que se presenta ms adelante y que son:

a) Iniciar de inmediato un esfuerzo coordinado encaminado a mejorar los sistemas de
produccin agrcola y ganadero. Esto incluira la introduccin y comercializacin de
tipos y variedades de plantas nuevas para la regin, y el mejoramiento de la artesana
y manufactura manteniendo el nivel de pequea industria y usando tecnologa
intermedia.

b) Formar las bases para un programa de investigacin que contribuya a la formulacin
de una estrategia de desarrollo rural a largo plazo que podra ser puesta en prctica
por el Gobierno.

En esta estrategia se consideraran los tipos de organizacin productiva segn el caso
de actividad econmica y las clases de instituciones de servicios que sostengan y facili-
ten la produccin y provean diversin a los habitantes. Adems, se estudiar la posibi-
lidad de captacin de recursos locales para asegurar el sostenimiento de las empresas y
el financiamiento de los servicios que se puedan iniciar en forma subsidiada.

Procedimiento

El Centro de Investigaciones Econmicas y Alimenticias, CIEA, ha recopilado
informacin, estudios, mapas e informes sobre la regin. Las charlas que se presentan en este
taller de trabajo representan adems una evaluacin preliminar de La Sierra. El conjunto
de ponencias permitirn determinar lbs recursos con que se cuenta, organizacin de las co-
munidades, fuentes de ingresos y experiencia con sistemas de produccin agropecuaria.
De aqu se podrn extraer ideas en cuanto a las reas de inters prioritario para elevar el
bienestar de los habitantes.

Este cnclave de miembros de la Secretara de Estado de Agricultura y otras
instituciones interesadas, pretende tambin recoger la opinin de participantes conocedores
de la regin en cuestin. Slo as se asegurara el xito del esfuerzo en que nos encontramos
presentemente involucrados.

El mecanismo de organizacin de la actividad, posterior a este taller de trabajo,




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que pretendo sugerir, consiste en la creacin de una oficina ejecutiva con carcter provi-
sional para iniciar un programa de accip inmediata (ver organigrama, anexo 1) en cuatro
reas:

1) Investigacin Agropecuaria y Forestal.

2) Desarrollo y adaptacin de tecnologas intermedias por agricultores y pequeos indus-
triales y artesanos.

3) Comunicaciones, extensin y capacitacin de empresarios. Se dara nfasis especial a la
posibilidad del uso de organizaciones grupales para la difusin de informacin.

4) Estudios socioeconmicos a largo plazo. Este elemento conducir estudios que permitan
la formulacin de una estrategia definitiva.

Desde el principio, la oficina ejecutiva trabajar dentro de los lineamientos opera-
cionales de la Direccin Regional Norte de la Secretara de Estado de Agricultura y en es-
trecha colaboracin con instituciones interesadas como CENDA, UCMM, Direccin General
de Foresta, ISA y la Iglesia. Las experiencias adquiridas en los proyectos de Suy Naranjo
Bajn por tcnicos de la Direccin Regional Norte constituirn valiosa informacin para
orientar las actividades. Para los propsitos de compartir experiencias con programas de in-
ters similar en otras partes del Caribe, se podra establecer vinculacin con la Asociacin de
Universidades e Institutos de Investigacin del Caribe, UNICA. Adems, gestionara asesora
tcnica local y extranjera en las reas de foresta y frutales, conservacin de suelos, pastos,
nutricin animal, antropologa, educacin, tecnologa intermedia y sistemas agrcolas.

La oficina ejecutiva mantendr contactos con los habitantes de La Sierra a travs
de todo el personal del proyecto con la finalidad de asegurar que el programa responda a los
deseos y necesidades reales sentidas en la zona y lograr la plena identificacin y cooperacin
de los lderes de la regin.

Al ampliarse el conocimiento de los componentes del sistema regional y las limitan-
tes al desarrollo, se mejraran las actividades iniciadas. Los resultados de los estudios con-
ducidos se agruparan para formar la estrategi?. final.

Para los estudios se usara parte del tiempo de los asesores y se plantearan traba-
jos especficos a instituciones nacionales para su consideracin; asimismo se dedicara per-
sonal a tiempo completo para algunos de los trabajos.

Una vez se haya preparado la susodicha estrategia, la oficina ejecutiva podra dejar
de existir y sus actividades ser continuadas por los canales insitucionales que se juzguen
convenientes.

Entendemos que este arreglo para la organizacin permitira el alcance del doble
objetivo de iniciar actividades con los recursos y la informacin existentes y la bsqueda de
una estrategia detallada para resolver los complejos problemas del hombre serrano y con-
tribuir a elevar su condicin de vida.





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Anexo 1







Secretaria de Agricultura
(Direcci6n Regional Agropecuaria)



CENDA
UCMM
UNICA Oficina Ejecutiva ISA
Foresta
Iglesia





Organizacin y _Asesora
Contabilidad Seminarios









Investigacin Tecnologa Capacitacin Socioeconoma

Comunicaciones




Agricultura Industria Capacitacin Estudios a
Ganadera Artesana Agrupaciones Largo Plazo
Foresta Procesamiento Formacin de
Herramientas Empresas
Agrcolas










Desarrollo Rural Integrado para La Sierra, Repblica Domi-
nicana: Propuesta de una Estrategia Cooperativa entre
los Sistemas Educativo y Gubernamental con las
Comunidades Agrcolas de la Regin



Dr. Gustavo A. Antonini
Universidad de Florida
Asociacin de Universidades e Institutos
de Investigacin del Caribe

y

Rafael Emilio Yunn
Universidad de Florida


Introduccin

En el Caribe de hoy, muy al igual que en la mayora de los pases en vas de desarro-
llo, la utilizacin eficiente de los recursos naturales orientados a la satisfaccin de necesida-
des internas bsicas, se est convirtiendo rpidamente en un imperativo que exige la pronta
aplicacin de soluciones efectivas. En la regin caribea en particular, la tarea del desarrollo
de los recursos naturales se reviste de carcter especial en razn a su condicin de regin in-
sular y a las restricciones que estas condiciones conllevan.

En este particular vemos que el carcter insular de los pases caribeos impone
severas restricciones a los programas gubernamentales ya que la extensin de terrenos dispo-
nibles para aumentar la produccin agrcola es limitada. Aadido a sto, las tasas de creci-
miento poblacional de la regin (entre las ms altas del mundo) estn contribuyendo fuerte-
mente al incremento de la demanda local de 'limentos; migraciones masivas de los campos
a las zonas urbanas complican an ms los esfuerzos por desarrollar las reas rurales ya que
stas se ven privadas de la mano de obra necesaria y se convierten generalmente en zonas
de poco atractivo para su habitacin.

La preocupacin con este tipo de problema del desarrollo y la urgente necesidad
de producir soluciones factibles son precisamente los motivos por los cuales este taller de
trabajo ha sido convocado, auspiciado por el Centro de Investigaciones Econmicas y
Alimenticias, del Instituto Superior de Agricultura, y la Secretara de Estado de Agricul-
tura del Gobierno Dominicano. Me siento honrado de que se me haya pedido que comparta
hoy con ustedes mis experiencias de campo y mis conceptos como cientfico al respecto,
lo cual hago en la primera parte de este trabajo.

La obtencin de nuestro objetivo, esto es, una colaboracin en una estrategia de





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desarrollo para las comunidades ubicadas en "La Sierra" responder a una comprensin de
los problemas y perspectivas futuras que enfrenta esta regin para su desarrollo. El xito en
la ejecucin de dicha estrategia, requerir un compromiso y una coordinacin de los recursos
humanos, institucionales y financieros disponibles. Esta ponencia de hoy por la maana
pretende tratar ambos aspectos.

Por qu debe una estrategia de desarrollo rural ser aplicada a La Sierra cuando
sta es una regin largamente ignorada debido a su aislamiento y a su bajo potencial de pro-
ductividad agrcola? La primera parte de mi presentacin examina las bases cientficas que
apoya la inversin de recursos humanos, institucionales y financieros para mejorar las con-
diciones socioeconmicas de la regin. Por otro lado, existe informacin a nivel prctico
recogida en La Sierra que ahora apoya tambin el concepto de que esta regin urgentemente
necesita asistencia para su desarrollo. 1

As, en base a principios tericos del desarrollo y a evidencia emprica, la segunda
parte de mi exposicin se dirige a responder las interrogantes siguientes: Qu tipo de estra-
tegia se requiere? Quin deber responder? y, Cul es la forma de esa respuesta?" La
presentacin concluye con la discusin de un enfoque especfico en relacin a una estrategia
coordinada para el desarrollo rural integral de La Sierra. Esto permitir a las instituciones
educativas responder ms efectivamente a las necesidades de la sociedad a travs de activida-
des innovativas que habrn de enfatizar el adiestramiento, la investigacin aplicada y una
labor de servicio rural a ser realizada por profesionales, tcnicos y campesinos en general.

Esta estrategia propuesta por UNICA, refleja una opinin de consenso de plani-
ficadores, ejecutivos y especialistas en desarrollo rural, de unos ocho pases caribeos
(incluyendo la Repblica Dominicana), que se reunieron en un taller de trabajo en Santo
Domingo en septiembre pasado a debatir sobre el rol de instituciones educativas en pro-
gramas de produccin de alimentos en la regin. 2

He pedido al Sr. Rafael Emilio Yunn, quien en la actualidad se encuentra ter-
minando sus estudios de post-grado en Planificacin Regional y Geografa para que cola-
bore conmigo en esta ltima parte de mi exposicin, ya que hemos trabajado estrechamente
en la preparacin de la misma.

Desarrollo de cuencas fluviales en la Repblica Dominicana

La Repblica Dominicana est tratando de efectuar una rpida transicin que
lleve a convertirse de sociedad tradicional a una sociedad moderna, con una produccin
diversificada y con capacidad de procesar alimentos para consumo de una creciente pobla-
cin. Para alcanzar esta transicin, se est dando un fuerte nfasis a la inversin, y a la
dependencia en programas de desarrollo de cuencas fluviales. Valdesia en el Sur, Sabaneta y
Sabana Yegua en el suroeste y Tavera y Jagua-Bao en el Valle del Cibao, demuestran un
explcito compromiso de parte del Estado Dominicano para llevar a cabo el antedicho
objetivo.





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La factibilidad de tales inversiones depende del desarrollo total de las respectivas
cuencas, que dicho de otro modo, significa la planificacin y coordinacin de un creci-
miento integrado tanto para las zonas montaosas como para los valles. A manera de ejem-
plo, en un programa de desarrollo de cuenca como es el de Tavera, el ro es el elemento
unificador del proyecto; en este caso, las actividades realizadas en cualquier zona aledaa
al sistema fluvial del Ro Yaque pueden traer consecuencias, positivas o negativas, que se
van a reflejar a todo lo largo de su caudal. La erosin de los suelos en La Sierra desestabi-
liza el rgimen de afluencia del Yaque, aumentando el volumen de las peridicas inundacio-
nes, prolongando los perodos de sequa e incrementando la carga de sedimentos acarreada
por la corriente. Esta sedimentacin contribuye a su vez a una exagerada ampliacin del
lecho de la corriente y a una subsecuente acumulacin de sedimentos en el rea represada,
lo cual afecta seriamente las posibilidades de xito de proyectos de infraestructura que
fundamentan el desarrollo de la Lnea Noroeste.

En la regin Jagua-Bao, el crecimiento en un 20 por ciento de la poblacin desde
1950, ha tenido un impacto desmesurado sobre el paisaje y ha conllevado a la proliferacin
de superficies dedicadas a la agricultura de "tumba y quema" y reas, otrora cubiertas de
pinares, se han talado y dedicado a actividades de pastoreo en una forma extensiva.
Estas prcticas, aunadas al cese de actividades madereras desde 1967, han trado como
consecuencia la emigracin de miles de trabajadores y jornaleros, mayormente a la ciudad
de Nueva York.

En la regin de La Sierra entonces, se puede ver que los lazos que unen a los habi-
tantes con el medio natural son tan directos, que la prctica continuada de la agricultura
marginal y la tala ilegal de bosques, causar un incremento en la erosin de los suelos y un
deterioro de la base de recursos del Valle del Cibao. El crecimiento en la demanda de agua
para la irrigacin en los llanos aluviales, requiere que ambas, la sedimentacin y la erosin,
sean controladas. Vemos entonces que existen circunstancias conflictivas: mientras ms
intenso y no regulado sea el uso de la tierra en las zonas montaosas, mayor ser el peligro
resultante a causa de la erosin y la sedimentacin, y menos factible ser el xito a largo
plazo de inversiones de infraestructura para el control fluvial en la Lnea Noroeste. En un
sentido muy real, las implicaciones que conlleva el desarrollo de La Sierra van ms all de
los lmites geogrficos de esta regin montaosa.

La Sierra

La Sierra no es una regin de carcter y potencial uniforme. Su configuracin
fsica es heterognea y su poblacin es diversa en elementos culturales.

El medio ambiente:

La topografa propia de la regin ha resultado de estructuras geolgicas pro-
venientes de rocas volcnicas, plutnicas y metamrficas que han producido asociaciones
de paisajes muy peculiares.




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En la regin se observan zonas metavolcnicas con maduras incisiones erosionales
en el valle del Ro Jagua, donde el relieve promedio del terreno es alrededor de 220 metros.
Las divisiones de relieve indican un proceso de degradacin moderado; las aguas de super-
ficie, causantes de deslizamientos de la capa vegetal, y las rpidas corrientes han actuado
como los principales agentes de denudacin. Por ejemplo, cerca de Las Placetas se nota un
paisaje altiplanal joven de3arrollado sobre hornablenda; se puede distinguir un paisaje de
carcter ondulado y de ligeros contrastes topogrficos.

El extremo Norte de La Sierra est delimitado por un valle de orogenia inestable
que descansa sobre una base de roca metasedimentaria.

Los suelos de La Sierra reflejan la accidentada topografa y la composicin de las
rocas halladas en la Cordillera Central. En el cuadro 1 se sumarizan las caractersticas de los
suelos en la regin Jagua-Bao. De notar son su escaso grosor, pobre fertilidad y alta vulne-
rabilidad a la erosin. Un elemento implcito en el Cdigo Internacional sobre el.Potencial
de Tierras Nmero Vil es la necesidad de ejecutar prcticas de conservacin para proteger
y asegurar un uso racional de los recursos naturales de esta regin.

Las caractersticas climticas de La Sierra se han indicado en la Figura 1. Se puede
observar que la precipitacin flucta marcadamente, pero la variacin absoluta anual de
temperatura es pequea. Aunque el rgimen de temperatura no restringe la duracin de la:
estacin de cultivo, sus altos promedios tienen una influencia directa en la cantidad de
humedad disponible a travs de la prdida de agua debido ala evapotranspiracin.

Notarn que el rgimen climtico es de doble modalidad, con dos perodos de
alta precipitacin que ocurren de mayo a junio y de septiembre a noviembre. Ms all de
estas similaridades, notables variaciones tienen lugar. Por regla general la parte Norte es
seca, al menos durante seis meses del ao. En el borde meridional de la regin el enfriamien-
to adiabtico causado por la presencia de elevaciones induce precipitacin orogrfica, lo que
trae condiciones de ms alta humedad. Un examen de los grficos en la porcin inferior de
la figura 1, indican las siguientes caractersticas: alta variabilidad en precipitacin,.deficien-
cias de agua en la zona piamonte septentrional y excesos de agua a lo largo del permetro
montaoso del Sur.







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Cuadro 1

Caractersticas generales de los suelos de la secci6n Jagua-Bao.
e. No. de serie. Formaciones. Inclinacin. Caractersticas. Drenaje. Fertilidad. Factores Riesgo de Clase de Usos rec
limitativos. erosin. capacidad mendados
de la tie para la
rra. tierra.

amas 26 Mesetas, to- 30-60 Suelos gruesos Excesivo Baja Topografa, Severo VII Foresta.
pografa rcn de texturas are fertilidad,
taosa desa- nosas de pocas profundidad.
rrollada so- profundidades y
bre tcnalita can capas fri-
hornablenda. ticas
guate 29 Mesetas, to- 50-70 Suelos de tex- Excesivo Media Profundidad, Severo VII Agricult
pografa a- tura arcillosa fertilidad. ra de su
brupta desa de poca profun- sistenci
rrollada so didad. foresta.
bre dioritas.
do 27 Cimas de man- 25-45 Suelos de tex- Bueno Baja Profundidad, Severo VII Foresta,
taas, sue- tura arcillo- rocosidad. gricultu
los residua- arenosa y con de subsi
les desarro- capas friti- tencia.
llados sobre cas.
rocas curci
cas.
-noa 31 Terreno mon-
taoso, tie-
rras altas de 15-45 Lecho de piedra Bueno Baja Topografa, Severo VII Foresta.
grietas madu- de poca profun- fertilidad.
ras desarro- didad; suelo de
lladas sobre textura arcillo-
basaltos. arenosa.







Figura 1
SPinalito-1967-70 Bao-Bao-1966-70 Guanajuma-1967-70 Tavera-1967-7()

N7` J : '





S AS A S A S A
MO MO F Mf




A m A'--M -A mA M
,J J J J J

O 200mm
Mata Grande-1960-70 Manabao-1960-70 Jarabacoa-1951-70 2
: D J _D J D J 0 200C
N F N F N F Biotemperatura (OC).
Precipitacin.
---------- Evapotranspiracid n,
O /... \ \ .......... Humedad del suelo accesible


M O A A : 'Desgaste
Sfinal del mes.
Recarga en humedad
A\__ X del suelo
M A M A m
S* -- Deficiencia en
J J J J ] humedad del suelo

Grficas del balance de agua en estaciones climatolgicas (seleccionadas) en la parte central de la Repblica Dominicana.

-71





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Caractersticas Culturales:

Para haber descrito el paisaje natural de La Sierra cincuenta aos atrs hubiera
bastado simplemente el sealar que-era una zona montaosa casi completamente cubierta de
bosques y habitada aisladamente por monteros. Al cabo de los aos, sin embargo, la su-
perficie en bosques ha disminuido rpidamente. La causa principal de esta deforestacin se
encuentra en el incremento poblacional que ha trado la intensificacin de la agricultura
de tumba y quema y el aumento de terrenos dedicados a pastos naturales.

Aunque hoy da la poblacin de La Sierra se dispersa en el espacio geogrfico en
forma relativamente equilibrada, los patrones que existen reflejan la histrica tendencia a
la concentracin a lo largo de caminos de penetracin. Sin embargo, donde los asentamien-
tos dispersos estn presentes, stos se han concentrado en el ext;emo meridional de las
alturas donde existen condiciones muy primitivas.

En la actualidad las actividades agrcolas cubren casi la totalidad de la regin.
La siembra de cultivos es la forma dominante del uso de la tierra y el tabaco, caf, frijoles y
man se estn convirtiendo en importantes fuentes de ingresos. El rpido crecimiento de
pueblos y ciudades en la Repblica Dominicana durante las ltimas dos dcadas ha creado
para el agricultor nuevos mercados para vender sus productos bsicos cuyas ventas suple-
mentan la comercializacin de cultivos ya ms tradicionales. A pesar del incremento en la
demanda de productos agrcolas, el tamao de las fincas no ha aumentado. Adems, presio-
nes poblaciones actan para restringir el traspaso de las fincas a nuevas manos y obligan al
agricultor a cultivar tierras marginales.

El acceso a tierras para cultivar puede tomar diversas formas, pero las invasiones
espordicas: son muy comunes en zonas boscosas de pinares, las cuales eran anteriormente
controladas por los aserraderos.

Estas tierras controladas por compaas fueron ocupadas despus de la cada
de Trujillo en 1961. La agricultura de subsistencia y la cra de animales de pasto son las
principales ocupaciones de estos campesinos, quienes se encuentran concentrados en el
aislado sector meridional.

Las prcticas del uso de la tierra son rudimentarias, asocindose con las activida-
des de las fincas de caf y con las parcelas de cultivos de ciclo corto. En un conuco de cul-
tivos varios en El Papayo observamos yuca, maz, arroz secano, rboles frutales y palma
real, todos intercalados.

Las actividades pastorales representan un aspecto decreciente en la vida de los
agricultores del rea. Por regla general, el pastoreo ha sido una actividad suplementaria del
ciclo agrcola de la regin y puede considerarse solamente como fuente secundaria de ali-
mentos e ingresos. En Jagua-Bao, algunas actividades agrcolas que incluyen recogida y
procesamiento de productos dan empleo ocasional a hombres, mujeres y nios para efec-




-59-




tuan tareas especficas. Tales actividades forman parte de la capacidad productiva de la
comunidad, y suplementan tambin la produccin regular de la familia. Estas tareas incluyen
la recoleccin, secado y venta de hojas de cana para su uso con fines de techado de viviendas
y otras estructuras, la preparacin de casabe, y la recogida de lana del rbol de balsa, la cual
es utilizada localmente como relleno en la confeccin de colchones y almohadas.

Hasta hace poco tiempo, la explotacin del oro y de maderas constituan una de
las actividades comerciales principales de la regin y actuaron como factores importantes
en el desarrollo de los actuales patrones del uso de la tierra. Juncalito fue el centro local de
explotacin aurfera en la primera parte de la dcada de los aos cuarenta. Los ingresos pro-
venientes de la minera constituyeron la fuente de capital para las inversiones y mejoras que
ms tarde se llevaron a cabo y que convirtieron a esta comunidad en un centro regional para
la produccin, recogida, distribucin y comercializacin del caf.

La tala de bosques con fines comerciales se convirti tambin en una actividad
importante en la regin y en Jagua-Bao se llev a cabo entre los aos 1944-1967, perodo
dentro del cual dos fases diferentes, que indican dos tipos de explotacin del producto,
pueden distinguirse. La tala se condujo de una manera selectiva durante el perlodo 1944-
1956, llevada a cabo por las compaas madereras ubicadas en la zona; slo en Los Limones
se extendi esta actividad hasta 1963. La cada de Trujillo en 1961 precipit una invasin
masiva de las tierras de las compaas por los campesinos y se produjo un fenmeno conoci-
do como "La Zafra" por medio del cual extensas reas de bosques fueron cortadas en forma
indiscriminada. Estas invasiones se llevaron a cabo con el propsito de establecer los recla-
mos de la propiedad de las tierras al introducir los campesinos la prctica de "tumba y
quema" produciendo los cultivos necesarios para satisfacer las necesidades del creciente
nmero de familias.

El cuadro 2 muestra cifras estimadas de poblacin y emigracin para varios po-
blados ubicados dentro de la regin y en Jagua-Bao entre el 1948 y 1970. La prdida neta
de poblacin a causa de la emigracin es evidente y en los datos ofrecidos en el cuadro se
reflejan dos problemas bsicos de la regin Sierra: escasez de oportunidades de empleo local
y la dificultad de adquisicin de tierras de cultivo. Para 1970, la ltima columna muestra
ms de 1,200 emigrantes (en su mayora hombres) cifra equivalente a un 6 por ciento de la
poblacin estimada de Jagua-Bao que se habr mudado a Santo Domingo o a la ciudad de
Nueva York. El impacto inmediato de dicha emigracin ha consistido por una parte, en una
reduccin en labores que requieren mano de obra intensiva y por otra parte, en un incre-
mento en los ingresos de los familiares de los emigrados debido a la ayuda econmica que
en forma peridica reciben desde Nueva York. Estimados de cantidades recibidas en
Jagua-Bao en el ao 1970 por este concepto ponen la cifra total por encima de los
RD$500,000. Estos envos, que obviamente no guardan relacin directa con el ingreso de-
rivado de la produccin agrcola local, fueron equivalentes a la mitad del total gastado en
el mercado local para compras de suministros.








Cuadro 2



Estimados de Poblacin y Emigracin.

Secciones 1948 1958 1966 1970 1970
Hombres Mujeres Emigracibn
Las Placetas 1,432 1.999 2,209 628 942 170
Los Limones B 771 1,099 1,283 500 500 63
La Guama 1,340 1,554 1,675 1,250 1,250 5
Los Limones A 599 666 718 960 1,440 0
Guanajuma 611 676 772 1,080 1,620 25
Pinalito 668 702 804 1,500 1,500 68
Los Pilones 624 924 1,061 840 560 32
El Papayo 452 480 547 266 398 41
La Quebrada 514 642 709 480 720 6
Janey 716 885 978 400 600 16
Bejucal 582 688 758 286 430 78
Lora 290 336 361 438 437 15
Franco Bid6 538 600 641 172 172 14
Juncalito Arriba 1,492 1,990 1,780 800 1,200 310
Juncalito Abajo 1,254 1,631 1,457 720 480 117 o
Jagua Arriba 916 1,114 1,153 1,400 2,100 40
Jagua Abajo 1,042 1,259 1,301 750 750 160
Cagueyes 397 471 526 600 400 16
Palero 105 127 141 100 75 2
La Cejita 187 235 263 125 175 6
Damajiagua Adentro 630 827 962 400 600 50
Subtotal 13,695 16,349
Regional total 15,160 18,905 20,099 30,044 1,234

Las cifras de poblacin para 1970 son preliminares, basadas en el Censo de 1970 y distribuidas
en forma provisional por el Director, Oficina Nacional de Estadstica. Otras fuentes de la
Repblica Dominicana son: Direccin General de Estadstica, Cuarto Censo Nacional de Pobla-
cin: Resumen General (Santo Domingo: Oficina Nacional de Estadstica, 1966); ibid., Poblacin
de la Repblica Dominicana: Censada en 1950 (Ciudad Trujillo, Santo Domingo,: Seccin de
Publicaciones, 1954); ibid., Poblacin de la Repblica Dominicana: segundo censo (Ciudad
Trujillo, Santo Domingo; Seccin de publicaciones 1946). Los estimados de emigracin fueron
hechos durante las entrevistas en el campo.




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Tendencias e Implicaciones para el Desarrollo Rural

Los efectos cualitativos de la emigracin a Nueva York, los de "La Zafra" y
los de otros factores queintrodujeron cambios en el uso de la tierra, se muestran en ios
datos preparados para Jagua-Bao y que cubren los aos 1948, 1958 y 1966 como pue-
de observarse en el cuadro 3. Se distinguen cuatro categoras del uso de la tierra: bosques,
pastos, cultivos de ciclo corto y reas de caf. El cuadro presenta un resumen de los com-
putos de reas, por categorfa, para los aos indicados.

Examinando estos datos, se pueden apreciar claramente los cambios en los patro-
nes generales del uso de la tierra ocurridosduirante el perodo sealado y tambin se pIr-
ciben los cambiosefectuados en el :espaciogeogrfico de la regin, con respecto, a las
superficies dedicadas especficamente a bosques, cultivos de ciclo corto, pastos y al cultivo
del ~af .

.l l a .....,, .-:!,.. A 1 R O..-. 3... 3l


j Resumen de Cmputos de :Areas por
Categoras de Uso d la Tierra :

............ .. .. ... Jagua- B ao .


Categoras 1948 19'3 1966

AREA (KM)
Bsques 227 17 147
Pastos 98 119 163
Cultivos de ciclo corto 60 82 69
Caf 22 34 .28
AREA TOTAL 407 407 ,407





sedimentos que ocurrira entre los aos 1975 y 2025e~ el p p cQgi prJap a
aguaBao La figura 2 muestra los efectos cuantitativos en dicha figura indican las tasas
una e las posibles polticas sobre el futuro uso de la tierra en relacin a la acumulacin de
sedin:entos que ocurrira entre los anos 1975 Y, 2025::e ,e PU.oescgidlPara,,la jagaa-Bao. Los primeros seis tipos de polticas mostrados en dicha figura indican las tasas











Figura 2.





Poltica de uso de la tierra.



Increment6 de foresta a pastoreo.

Increment de foresta a minifundio o
conuco.

Foresta no protegida, subsidio 2x.
Foresta no protegida, emigraci6n.
Foresta no protegida, subsidio 2x.
La ley ignorada, se reanuda la tumba.

Continuan las tendencias corrientes.
Foresta no protegida, se cuadruplica la
emigracin.



Foresta.protegida, se dobla la
emigracin.


Foresta..protegida, se cuadruplica la
-emigracion.





Sf- El uso de la tierra constante.

S/ La ley. es efectiva, la foresta es
-/ / // protegida.
m
















II III
1975 '85 '95 'OS '15 2025

Anos




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ms rpidas de acumulacin de sedimentos, mayores que si la tendencia registrada en 1970
continuara en el futuro. Por otra parte, las otras cinco polticas que completan el cuadro,
sealan ndices de acumulacin ms bajos. Estos datos y otras evidencias tomadas del re-
ciente estudio ecolgico "Population and Energy" indican unos 30 aos de diferencia en
alcanzar un total similar de sedimentacin entre los dos tipos de polticas que tipifican ex-
tremos opuestos. Dicho de otro modo, un incremento en la conversin de bosques a pastos,
resulta en una reduccin de ms de una dcada en el tiempo requerido para obtener la carga
promedio de sedimentos. A manera de contraste, una poltica que racionalice el uso de la
foresta, aumenta aproximadamente en 20 aos el tiempo requerido para alcanzar una carga
similar de sedimentacin. Esta ilustracin en Jagua-Bao, pone en evidencia los estrechos
lazos que existen entre la poblacin y los recursos naturales, y seala el impacto que cam-
bios en los patrones de uso de la tierra puede producir en una proyectada presa fluvial.


Si al enfrentar el problema del desarrollo rural, la Repblica Dominicana intenta
poner un marcado nfasis en planes regionales que utilicen los recursos hidrulicos del pas
y as diversificar su base agrcola, entonces un compromiso nacional con el principio de
desarrollo integral de cuencas debe hacerse.


Es materia implcita en tal postura, el tener en cuenta el uso racional y la con-
servacin de todos los recursos importantes al beneficio de la poblacin actual y futura.
Desde esta perspectiva, la adjudicacin de los recursos requeridos para ejecutar el desarrollo
rural de la regin Sierra no es simplemente justificable; es de una necesidad inminente.

Hacia una Estrategia de Desarrollo Rural Integrado para el Caribe

Qu tipo de estrategia para el desarrollo rural se requiere en el Caribe de hoy?
En realidad, reconocemos que la tecnologa necesaria para lograr un dramtico incremento
de la produccin rural bsica ya est disponible para su uso. Necesitamos, de todas mane-
ras, un proceso efectivo que adapte esta tecnologa a las condiciones agro-socioeconmicas
y que, finalmente, permita su adopcin por el pequeo agricultor. Este proceso adaptativo
es esencial ya que los factores ambientales que determinan la factibilidad operativa de la
"tecnologa mejorada", son a su vez influenciados por la cultura local y segn los recursos
especficos del ambiente de trabajo. Para asegurar la cooperacin local de los pequeos
agricultores, es necesario que las innovaciones tecnolgicas sean previamente probadas y
refinadas, para que encajen no solamente con las condiciones agroecolgicas de una regin
rural determinada, sino tambin con los sistemas econmicos de produccin, consumo, dis-
tribucin, y tambin con las distintas actitudes culturales que regulan las prcticas agrcolas
tradicionales.

Los intentos realizados en el pasado para mejorar y modernizar los pequeos siste-
mas rurales en Amrica Latina han sido poco exitosos. Muchas de las fallas han resultado al





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adaptar la tecnologa a las condiciones ecolgicas favorables de las estaciones experimen-
tales, sin tener en cuenta las limitaciones reales de las parcelas de los pequeos agricultores.
Adems de esto, el concepto de "finca de campesino", entendido como un medio de subsis-
tencia que al mismo tiempo efecta con eficacia funciones comerciales, ha estado notable-
mente ausente. El nfasis ha sido puesto solamente en obtener lo mximo del valor de la
produccin agrcola (cultivos para la venta) como si fuera un agrinegocio. Ha faltado la aten-
cin a un asunto igualmente importante como lo es la disminucin de los costos de consu-
mo a travs de la identificacin de combinaciones productivas entre las actividades propia-
mente agrcolas y aquellas propiamente domsticas. Este es el caso del pequeo agricultor
quien produce cultivos de subsistencia combinados con cultivos para la venta, teniendo que
suplementar el resto de su produccin a travs de la compra.

El ambiente social global en que se desarrollan los pequeos sistemas agrcolas
ha sido mal interpretado por los planificadores del desarrollo en el Caribe. La poca atencin
puesta a la "cultura" como un factor importante de dichos sistemas ha provocado un efecto
negativo. Las mismas "actitudes y costumbres folklricas" han sido vistas como tradiciones
arcaicas o mas bien como obstculos que impiden el paso a una creciente y ms eficiente
produccin. Lamentablemente ellas no han sido enfocadas como adaptaciones temporales
que han sido construdas desde una posicin de forzada debilidad econmica o por fuerzas
que sobrepasan el control del agricultor as como tambin el de las instituciones y el de los
arreglos del ambiente socioeconmico global.

Las lecciones de estos fracasos pasados han reforzado nuestra conviciin de que
no solamente las transferencias tecnolgicas especficas a los pequeos sistemas agrcolas
en el Caribe deben ser de acuerdo a cada localidad y culturalmente determinadas, sino que
dichas transferencias deben ser consideradas dentro del ms amplio marco de referencia del
desarrollo rural, el cual a su vez debe ser completado de una manera global e integrada.

El incremento de la productividad rural debe tener un doble objetivo. Primero,
perseguir un mejoramiento del nivel de vida rural a travs de una necesitada mejora de la
infraestructura social de los pequeos y medianos agricultores de la regin; y segundo, servir
para contrarrestar el flujo de emigrantes hacia las ciudades. La obtencin de estos objetivos
requerir la creacin de una estrategia desarrollista que enfatice cambios, tanto en forma
como en fondo, en el adiestramiento y la investigacin agro-socioeconmica, as como
que tambin alcance un mayor servicio a la comunidad agrcola aislada. Estos cambios
pueden ser efectuados en un marco de referencia institucional a travs del cual las entidades
educativas y las agencias gubernamentales puedan cooperar llevando a cabo proyectos de
desarrollo agrcola. Esto supone revisiones de actitudes y contenido en el desarrollo de pro-
gramas educativos y tambin en las polticas de las agencias gubernamentales.

Si las instituciones de educacin superior en el Caribe estn tratando de jugar un
papel ms activo y justo en la provisin de servicios a la sociedad rural, el nfasis debe pasar
desde lo puramente terico a lo prctico, en cuanto a la transmisin de habilidades y cono-
cimientos se refiere. Con muy poca experiencia en la aplicacin de una capacidad resolvedo-





-65-




ra de problemas y con la ausencia de un modelo que detalle cmo ese cambio debe hacerse,
las universidades y escuelas vocacionales caribeas tienen que forzarse a implementar
un adiestramiento "sobre la marcha", a aplicar investigaciones y a alcanzar actividades que
permitan el servicio directo a las comunidades rurales, elementos stos que las revisiones del
curriculum y otros programas debieran incluir.

Ampliando esa idea, la experiencia sobre el trabajo realizado por el personal do-
cente as como por los estudiantes puede enriquecer el proceso educativo a travs de la esti-
mulacin de un ms amplio inters y preocupacin por la resolucin de los problemas rurales.
Cooperando con la educacin, el sector pblico tiene tambin mucho que ganar: l puede
reforzar su equipo de desarrollo compuesto de especialistas profesionales y de tcnicos;
puede servir una poblacin rural que se encuentre ms alejada y distribuida y, finalmente,
puede ampliar su base de investigacin aplicada.

Quin debe entonces responder al llamado de prestar asistencia para el desa-
rrollo y en qu manera? Recomendamos que se cree una estrategia de desarrollo rural inte-
grado de La Sierra: una estrategia que responda a las necesidades agro-socioeconmicas de
la poblacin de la regin; que est basada en los esfuerzos cooperativos de los sistemas edu-
cativo y gubernamental con las comunidades agrcolas; que contine la implementacin del
desarrollo a travs de rganos convencionales como el sistema de escuelas pblicas y los
servicios de extensin agrcola; y que busque iniciativas de universidades y de escuelas voca-
cionales que promuevan el adiestramiento local, la investigacin aplicada y un equipo de
servicio rural compuesto por profesionales, tcnicos y campesinos por igual.

La Estrategia Propuesta para la Regin Sierra

El programa propuesto para La Sierra incluye el esfuerzo combinado de univer-
sidades, escuelas tcnicas y gobierno, combinado con la Asociacin de Universidades e Insti-
tutos de Investigacin del Caribe (UNICA), dirigido a la ejecucin de cambios agro-socioe-
conmicos en actividades rurales de la regin Sierra de la Repblica Dominicana. El foco
de las actividades programadas se basar en apoyar (o crear en caso de que no existan) los
esfuerzos necesarios en el adiestramiento, la investigacin aplicada y el alcance de las comu-
nidades aisladas a travs del servicio rural.

Primeramente permtannos sugerir cmo cada actividad puede ser definida
y luego describiremos el alcance de las operaciones del proyecto. A continuacin presen-
tamos una estructura de organizacin preliminar. Todo esto se completa con una definicin
de las actividades propuestas y de las formas de interaccin necesarias para coordinar dichas
actividades en La Sierra con los programas actuales del sector pblico local y con aqullos
de las organizaciones internacionales de desarrollo, a travs de los distintos niveles de opera-
cin regional, nacional y local.

Adiestramiento:

Existe la urgente necesidad de transmitir habilidades prcticas al igual que cono-





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cimientos tericos y tambin de infundir la motivacin en los futuros tcnicos y agricultores
para que trabajen en reas rurales y visualicen la agricultura como una forma de vida pro-
ductiva y dignificante. Para lograr estos objetivos, el Instituto Superior de Agricultura (ISA)
y la Universidad Catlica Madre y Maestra (UCMM) pudieran colocar sus recursos educativos
en el adiestramiento de los niveles profesional, tcnico y campesino.

Este adiestramiento a nivel profesional debe proveer a los individuos de un entre-
namiento que permita una competencia tcnica en la capacidad de resolver problemas, as
como una amplia comprensin conceptual de los problemas agro-socioeconmicos. Para
alcanzar estos objetivos, se necesitan revisiones de currculum y programas educativos y un
mayor aprovechamiento de experiencias locales, para cambiar el nfasis del actual entrena-
miento terico a uno ms prctico basado en las comunidades agrcolas. Seminarios de tra-
bajo de campo, cursos de veranos y el cumplimiento de una pasant son los mtodos sugeri-
dos para alcanzar dicho entrenamiento prctico.
El nivel tcnico debiera concentrarse en el entrenamiento y motivacin de los
individuos para entender las necesidades, percepciones, costumbres y limitaciones financieras,
ecolgicas y agrcolas del pequeo agricultor. Como un tcnico tiene que llenar el vaco
existente entre el campesino y el planificador y al mismo tiempo debe estar directamente
envuelto en la puesta en prctica de una estrategia de desarrollo rural, su entrenamiento
debera permitir la introduccin de nuevos conceptos y prcticas. Tambin l deber ser
capaz de detectar un rechazo o la adaptacin que el proceso de difusin de un programa
experimenta a nivel comunitario.

Para obtener dicho entrenamiento tcnico debe existir un reforzamiento del cu-
rrculum de las escuelas vocacionales con la introduccin de nuevos cursos concernientes
a agri-negocios y a los aspectos ecolgicos y sociolgicos de las comunidades rurales y de
las prcticas de los pequeos agricultores. Otra manera es a travs de la introduccin de cur-
sos bsicos y comunes a nivel secundario que traten con las condiciones del desarrollo rural.
Aqu tambin este currculum debe compartir la instruccin en el saln de clases conjunta-
mente con el entrenamiento sobre la marcha en las comunidades rurales.

Para lograr un desarrollo racional en La Sierra, se requiere un esfuerzo para mejo-
rar el adiestramiento tcnico y eliminar los obstculos psicolgicos creados con referencia
al trabajo en actividades rurales en la poblacin de La Sierra. Sobre esto, un plan de accin
de doble enfoque es propuesto. Primero, existe una necesidad de alcanzar tempranamente
agricultores potenciales, especialmente en los aos de'la escuela primaria, para as introducir
una actitud positiva hacia los propsitos del trabajo rural. Estas actitudes pueden ser obteni-
das por la introduccin de lecciones ms llamativas y otros materiales educativos, ya sean
simplemente escritos o de forma audiovisual, y tambin proveyendo de direccin y asesora-
miento a clubes juveniles locales. En segundo lugar, para producir y sostener otros niveles
de prcticas agrcolas y asuntos de negocios, existe una continua necesidad de que las uni-
versidades y escuelas tcnicas cooperen con agencias gubernamentales llevando a cabo cursos
para la educacin de adultos. As, organizaciones agrcolas espontneas pueden proveer un
efectivo papel intermediario sirviendo a grandes sectores de la poblacin. El llevar a cabo
las revisiones de programas en las escuelas primaria o secundaria debera entrever un equipo




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coordinado entre personal docente y estudiantes de los departamentos que se dedican al en-
trenamiento profesional y tambin de aqullos que tratan con agricultura y ciencias sociales.

Investigacin Aplicada:

La necesidad de aumentar la produccin en zonas rurales y de mejorar la produc-
tividad de los pequeos sistemas agrcolas necesita un cambio de las investigaciones
tas por otras que respondan ms a la realidad cultural y ambiental del desarrollo rural. La
inquietud de profesionales en ciencias agrcolas que slo presentan sus conocimientos frente
a las limitaciones ecolgicas o frente al proceso de adaptacin al agro, no debe oscurecer la
igualmente importante inquietud de los cientficos sociales dirigida a los obstculos psicol-
gicos, y a los factores econmicos o a las respuestas de los campesinos frente al "desarrollo"
que les presentan.

Debe realizarse un esfuerzo unido para reorientar la direccin actual del pensa-
miento planificador. Este pensamiento aade al concepto negativo de que el pequeo agri-
cultor tiene una mentalidad que le impide desarrollarse, la idea de que dichos agricultores
estn slo interesados con la agricultura de subsistencia diaria y limitados por formas de
conducta tradicionales (aqullas que forman factores que supuestamente destruyen el desa-
rrollo), como la religin, los tabes y las tradiciones. Este punto de vista desarrollista, que
sale de un sistema de valores propio de una clase media urbana y occidentalizada, ha impe-
dido intentos de modernizacin realizados en el pasado con pequeos sistemas agrcolas ya
que considera las tradicionales prcticas agrcolas y forma de vida rural, como una conducta
irracional que obliga cambios forzados y, si no, dramticos.

Debe ser puesto bien claro que los pequeos agricultores dominicanos usualmente
mantienen sistemas econmicos tradicionales por ( las que para ellos son) razones bastante
racionales. El espritu conservador puede ser que entre en esto, pero hay que destacar que
el pequeo agricultor serrano tiene una extraordinaria inquietud por su eficiencia laboral y
por sus riesgos de subsistir. Aunque los intentos convencionales para promover el desa-
rrollo agrcola tratan de maximizar la produccin, cuando ellos se refieren a la moderniza-
cin, se basan mucho en el uso de los derivados del petrleo, de los fertilizantes y de los
monocultivos, los cuales son factores que aumentan los riesgos. La mayora de los pequeos
agricultores simplemente no pueden sobrevivir esta forma convencional de "desarrollo".
Testigos de esta realidad son las decenas de miles de dominicanos que hoy estn en las zonas
marginadas de las ciudader.

La investigacin sobre la adaptacin de modernas tecnologas para el desarrollo
rural en La Sierra, debe ser muy sensible a los factores especficos de localizacin. Esta in-
vestigacin aplicada debe orientarse a obtener una mayor eficiencia econmica en las
actividades rurales agrcolas, mientras enfatiza el valor de los sistemas tradicionales de uso
de la tierra. Debera perseguir la produccin y apoyar el consumo de alternativas locales
frente a alimentos importados. Por ltimo, debera buscar tecnologas apropiadas que aho-
rren energas y que sean biolgicamente diversas y ecolgicamente estables.





-68-



La obtencin de estos objetivos requerir una reorientacin en el foco de lo que
se persigue y una ampliacin de la visin de las investigaciones del presente. Por medio del
trabajo individual, las agencias gubernamentales relacionadas al agro no pueden cumplir con
todas estas prioridades de la investigacin; su personal limitado y sus recursos institucionales
estn ya comprometidos con el trabajo diario. Las universidades y escuelas vocacionales, sin
embargo, pueden en gran manera ayudaral sector pblico a cumplir con estos objetivos a tra-
vs de la colaboracin en el desarrollo conjunto y con la ejecucin de investigaciones aplica-
das que sean culturalmente determinadas y especficamente localizadas.

Servicio Rural:

Si las universidades y escuelas vocacionales van a llevar a cabo programas de desa-
rrollo rural, entonces debe existir un mecanismo interinstitucional disponible que permita la
interaccin y el aprendizaje sobre la marcha a nivel de comunidad rural entre el equipo
educativo, los estudiantes y el campesinado. La creacin de una unidad de servicio rural est
llamada para cumplir con esta necesidad y para coordinar programas especficos de activida-
des orientadas al trabajo de campo, ya sea para el adiestramiento y/o para la investigacin
aplicada que resulte de un equipo proveniente de agencias del sector pblico y organizacio-
nes internacionales de desarrollo.

Los objetivos generales del servicio rural seran: sensibilizar el personal educativo
y los estudiantes universitarios acerca de las reales necesidades del agricultor; proveer a los
estudiantes con una experiencia prctica sobre el trabajo diario; y preparar la comunidad
universitaria para que ayude a las organizaciones agrcolas relacionadas con el desarrollo ru-
ral. Las ventajas que el servicio rural ofrece a la comunidad educativa son muchas: por un
lado, tendra una oportunidad para preparar y ofrecer cursos mucho ms relevantes para las
experiencias de desarrollo local y regional, ya que los materiales de clase surgen de los estu-
dios de campo propuestos; al mismo tiempo, dicho personal puede mantenerse al tanto de los
progresos locales y de las necesidades de la comunidad agrcola. Un servicio rural entendido
de esta manera traera entonces como consecuencia una capacidad activa de revisin y actua-
lizacin del currculum lo que contribuye a la vitalidad del sistema educativo. El servicio ru-
ral le ofrecera a las agencias del sector pblico una va de hacer factible la puesta en prctica
de descubrimientos cientficos agronmicos, a travs de investigaciones aplicadas a aquellas
comunidades agrcolas que son atendidas por el programa.

Estructura Organizativa:

El programa que se propone ha sido diseado para asociar los recursos educativos
a los propsitos del desarrollo rural. De esta manera, repetimos, se pretende agrupar dichos
recursos con aqullos de las organizaciones oficiales e internacionales en los distintos niveles
regionales, nacionales y locales, de manera que los esfuerzos integrados puedan dirigirse al
adiestramiento, a la investigacin aplicada y al servicio rural comunitario. Las relaciones ins-
titucionales especficas y las formas de interaccin (como ejemplo, contactos personales,
reportes escritos, seminarios y otros cursos cortos), que dan origen a las actividades progra-
mticas propuestas, son expuestas en la figura 3.








Fgura 3


PROGRAMA DE DESARROLLO RURAL INTEGRADO PARA LA REGION DEL CARIBE:
Un Esfuerzo Coordinado por UNICA entre Universidad y Sector Pblico para Implenientar Cambios Socioeconmicos
en los Pequeos y Medianos Sistemas Agrcolas



cnti noO de lRI, CIAT FORMAS DE INTERACCION
csI .Cur.sll .r.- Io ITA IF PRI
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-70-




El programa funciona a escala nacional a travs de un propuesto Comit Consulti-
vo Nacional para Polticas de Desarrollo Rural (CNPD), compuesto por administradores al
servicio del sector pblico y de las universidades, planificadores y agrnomos, miembros del
personal docente, agro-tcnicos y representantes de las organizaciones rurales locales y del
sector agrcola empresarial. Los propsitos del CNPD son: definir las prioridades de la inves-
tigacin a nivel nacional, establecer los lineamientos del entrenamiento a seguir y centralizar
los esfuerzos de los programas de servicio a las comunidades a escala nacional y local.

El CNPD realizar estas funciones a travs de una serie de talleres de trabajo a ni-
vel nacional. Cada uno de estos talleres de trabajo se basar en un factor predominante que
impida el desarrollo rural. Los reportes presentados en estos eventos sern destinados a exa-
minar detalladamente las causas y efectos del impacto que cada factor produce en los actua-
les esfuerzos para el desarrollo, descubrirn las acciones curativas actuales y propondrn para
la deliberacin de cada taller de trabajo algunas futuras acciones como alternativas pro-
gramadas.

El cuadro muestra que los elementos que entran al CNPD y a sus talleres de trabajo
son representantes de la Secretara de Estado de Agricultura (SEA), otras instituciones que
estn relacionadas con el agro, ONAPLAN, UCMM, ISA y tambin de las organizaciones
rurales y del sector empresarial. Los resultados de estos eventos debern ser diseminados de
muchas maneras: a travs de seminarios y cursos cortos dirigidos a grandes grupos de ad-
ministradores y tcnicos de categora media que trabajen para la burocracia oficial; y en la
forma de recomendaciones para establecer polticas en futuros programas de accin en un
campo especfico (por ejemplo: el sistema econmico del pequeo agricultor). Estas ltimas
ideas pueden proveer a, digamos, SEA, UCMM, ISA, el lineamiento bsico para iniciar los
programas de actividades especficas dirigidas a la regin Sierra.

La actividad de adiestramiento en los niveles profesional, tcnico y de agricultor,
est esquematizada en el cuadro ya mencionado. Puede notarse que el entrenamiento profe-
sional es esencialmente una funcin de la UCMM, que el entrenamiento tcnico envuelve una
participacin conjunta entre la UCMM y el ISA, mientras que el entrenamiento del agricultor
le corresponde a escuelas primarias y secundarias en La.Sierra conjuntamente con elementos
didcticos del ISA, UCMM y contribuciones de parte del Centro de Desarrollo Agropecuario
(CENDA) y la Secretara de Estado de Agricultura.

CENDA tiene como objetivo adaptar la tecnologa moderna a condiciones agro-
nmicas en el Valle del Cibao; por otro lado, la agencia de extensin oficial est destinada
para dar a las comunidades agrcolas los frutos de las investigaciones tcnicas adaptables. El
cuadro muestra cmo este tipo de programa para La Sierra, propone, complementa y
construye con las investigaciones agrnomicas de ese tipo.

Como puede observarse, la mayora de los avances tecnolgicos, como el descubri-
miento de varidades de semillas hbridas o mejoras en el uso de los abonos son desarrolla-
dos por centros internacionales de investigacin agrcola y luego son filtrados por estaciones
locales de experimentacin para ajustarlos a las condiciones especficas de las reas agrcolas




-71-




locales. Los resultados de estas investigaciones, en la forma de reportes de estaciones de
campo y de apuntes tcnicos, son aadidos a esta actividad programtica. Otros ingredientes
significativos son lineamientos sobre las prioridades de la investigacin a nivel nacional que
surgen de los talleres de trabajo del CNPD, y de las actuales investigaciones llevadas a cabo
por el personal docente de UCMM e ISA. Al igual que en el caso del adiestramiento, la in-
vestigacin aplicada segn el sistema propuesto deber llevarse a cabo en las comunidades
rurales de La Sierra. El objetivo ser el de integrar cientficos y tcnicos con los habitantes
rurales en la ejecucin de experimentos en el campo de trabajo y tambin en el diseo de
nuevas adaptaciones tecnolgicas segn las necesidades locales lo requieran.

Sera un error concebir la investigacin aplicada como una entidad separada del en-
trenamiento; en efecto, ambos estn diseados para operar en una manera integrada: entre-
nar individuos para que busquen soluciones reales a los actuales problemas rurales. Esto
explica por qu los principales flujos que emanan del adiestramiento y de la investigacin
aplicada corren directamente hacia el servicio rural, el cual es considerado como el prop-
sito principal y la ltima expresin de este programa. Entonces se puede decir que el servicio
rural coordinara las actividades de investigacin aplicada que llevan a cabo UCMM e ISA
en las comunidades rurales de La Sierra, con aquellas investigaciones de CENDA en las
estaciones de experimentacin y otras provenientes de SEA. Otra responsabilidad coordina-
dora que el servicio rural podra asumir es la de unir los cursos "prcticos" con el entrena-
miento de verano y con el servicio de pasanta en la investigacin aplicada.

Los resultados de estas tres actividades programticas principales deben encontrar
su camino de regreso hacia los ejecutivos de los correspondientes ministerios y agencias de
planificacin donde esa informacin puede ser usada en futuros asuntos de orientacin pol-
tica y de ejecucin de proyectos. Seminarios, cursos breves y documentacin escrita sobre
experiencias de campo, y reportes personales de profesionales, tcnicos y agricultores por
igual, son maneras sugeridas para la reevaluacin de los proyectos y estn apropiadamente
expuestas en el cuadro anexo.

Existe una tercera dimensin del programa propuesto, una dimensin regional ca-
ribea, que se ha indicado en la parte superior del cuadro. La expresin del nivel regional del
programa permite la diseminacin peridica de experiencias obtenidas en el proyecto Sierra
a travs de talleres de trabajo.

Este proyecto dominicano y proyectos similares en otros pases caribeos permiti-
rn a los participantes del taller de trabajo el compartir ideas sobre problemas de desarrollo
comunes a la regin y al mismo tiempo aprender de las experiencias de cada cual. Los resul-
tados de la deliberaciones y recomendaciones proveeran una perspectiva caribea de valor
para el desarrollo rural a niveles regionales y locales.

Conclusiones

Son evidentes los efectos acumulativos de un uso racional de la tierra, as como
de los otros recursos de la regin Sierra. Estos efectos trascienden los lmites geogrficos de




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la regin, y justifican la puesta en prctica de programas y polfticas de desarrollo que reflejen
el carcter dinmico del uso racional de los recursos existentes y de la relacin entre el
hombre y su medio.

Es tambin evidente que este taller de trabajo no pudo haber sido ms oportuno.
Nos queda todava tiempo para formular y ejecutar el tipo de programa que ha de garantizar
el uso de los recursos existentes para las generaciones presentes y futuras. Sin embargo, si
desistimos de dar este importante paso ahora, estaremos dejando la planificacin regional
en un nivel ambiguo, que en estos tiempos no se justifica.

El esquema conceptual y estructura organizativa que hemos expuesto a su consi-
deracin sugiere un sistema para ampliar el aprendizaje prtico y para aplicar dicho aprendi-
zaje de manera que rinda un mejor entendimiento y esfuerzo de resolver los problemas rura-
les de la regin. Esta estructura se edifica sobre los recursos institucionales locales de una
forma excepcional; ella permite una participacin razonable de todas las partes concernientes
al desarrollo rural y facilita la expresin de sus necesidades, desde aqullas pertencientes a la
poblacin rural asistida, hasta aqullas que surgen de los grupos de planificadores y tcnicos.
Por ltimo, esta estructura tambin impulsa y busca las distintas maneras de aprovechar
los beneficios de cada una de las experiencias locales que se realicen en la regin.

Si este plan de accin propuesto fuese ejecutado conducira y/o engendrara rela-
ciones de trabajo interdisciplinarias dentro del ambiente acadmico, entre instituciones
oficiales y educacionales y entre los mismos agricultores, tcnicos y administradores pbli-
cos. Tambin estimulara la coordinacin en la ejecucin del adiestramiento, la investigacin
aplicada y el servicio rural a pequeas comunidades rurales. Ms importante todava, el
programa ayudara a establecer el marco de referencia que es tan urgentemente necesario
para la aplicacin y continuo diseo de tecnologas intermedias que resuelvan problemas lo-
cales de desarrollo rural basadas en experiencias caribeas.

La Asociacin de Universidades e Institutos de Investigacin del Caribe, UNICA,
tiene un compromiso con lo antes expuesto. UNICA brinda un apoyo decidido a sus insti-
tuciones miembros, entre las cuales est la UCMM, para desarrollar programas que se relacio-
nen estrechamente con el Caribe, los cuales pueden aadir una capacidad profesional a la
regin, la que a su vez puede utilizarse para hallar soluciones regionales a problemas locales
de desarrollo.

Nos sentimos agradecidos de que se nos haya brindado esta oportunidad de
trabajar con ustedes y esperamos ansiosos que se produzca la posibilidad de continuar
nuestra colaboracin en el futuro.




NOTAS:

1. Estos datos fueron reunidos del estudio "Population and Energy A System
Analysis of Resource Utiiization in the Dominican Republic" por G. A. Antonini,





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K. C. Ewel y H. M. Tupper. (Gainesville, University Presses of Florida, 1975).


2. Un resumen de las discusiones efectuadas sobre produccin de alimentos en
el Caribe, as como tambin recomendaciones para la ejecucin de actividades
especficas de desarrollo pueden consultarse en la obra "Programa de Desarrollo
Rural Integrado: Un Esfuerzo Coordinado por UNICA entre Universidades y
Sector Pblico para implementar Cambios Socio-Econmicos en los Peque-
os y Medianos Sectores Agrcolas", Gustavo A. Antonini, Editor, (Santo Do-
mingo Asociacin de Universidades e Institutos de Investigacin del Caribe UNICA,
noviembre, 1976).











CRITICA DEL MODELO DE DESARROLLO RURAL EN
LOS PAISES SUBDESARROLLADOS

Flavio Machicado
Organizacin para la Agricultura y la Alimentacin (FAO)
Repblica Dominicana


Al aceptar la gentil invitacin del Centro de Investigaciones Econmicas y Ali-
menticias del Instituto Superior de Agricultura, convinimos en que mi presentacin consisti-
ra en una conversacin e intercambio de ideas acerca de la vigencia y consistencia del mode-
lo de Desarrollo Rural puesto en prctica en los ltimos 20 30 aos en los pases de Amri-
ca Latina. Para iniciar este dilogo, creo que nosotros debemos pensar en otras alternativas o
esquemas que efectivamente provoquen ese pretendido desarrollo rural.

El modelo que se ha pretendido desarrollar en la Amrica Latina est fuertemente
influenciado por los esquemas prevalecientes en los pases desarrollados. Esto en cierto
modo es as, debido al efecto de demostracin que provocan otras sociedades ms evolucio-
nadas que las nuestras. As como tambin, a la deformacin profesional de nuestros tcnicos
que se han educado en estos pases, puesto que tienden a transmitir mecanicamente lo que
aprendieron; o simplemente repiten los esquemas y conocimientos que adquirieron, sin
reparar en el contexto real de nuestras sociedades.

En la Amrica Latina se ha querido introducir junto con el modelo del "granjero
familiar" norteamrcano una tecnologa especializada y consumidora de insumos que no
producimos, en circunstancias que en nuestros pases an prevalecen tcnicas y estructuras
de explotacin agrcola de tipo semifeudal.

Hoy da en los Estados Unidos ya se est pensando en la agricultura de los prxi-
mos aos en trminos del uso de la electrnica. Precisamente en el Listn Diario publicado en
el da de ayer, se menciona una reunin de 1,800 ingenieros agrnomos, que discuta el tipo
de tecnologa que el granjero norteamericano podr utilizar dentro de los prximos 100 aos.
En este cnclave se plante un modelo en el cual la agricultura del futuro ser en tal grado
automatizada que el agricultor podr controlar y desarrollar su produccin con la ayuda de
una computadora. Ser este el nuevo modelito que soarn implantar nuestros tcnicos
en la Amrica Latina?

En Amrica Latina se ha credo, y se sigue creyendo, en provocar el desarrollo
agrcola, mediante el establecimiento de unidades de produccin inspiradas en la granja
familiar norteamericana. Sin estar explcito de esa manera, ese es el enfoque dominante
en los centros acadmicos, en los niveles polticos, y en general, en las capas sociales que
tienen poder de decisin en nuestras sociedades.

En toda decisin y ms an en poltica econmica siempre est implcito un mo-
delo dentro de! cu! s- !:.blecou las r Igas del juego que normar un determinado proceso




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de desarrollo.

Por esta razn quise iniciar esta charla relatndoles la anterior noticia periodstica
ya que me temo que, a muy corto plazo, muchos ya estarn pensando en seguir el futuro
modelo de explotacin norteamericano. El apego hacia el modelo de explotacin, llammos-
le "tipo granja familiar", se encuentra implcito en muchas de las leyes agrarias que se han
dictado en Amrica Latina. Las Reformas Agrarias han perseguido estructurar una propiedad
intermedia, que supere al latifundio y el minifundio, por ser stas, a juicio de los inspirado-
res, ms dinmicas e incorporadoras de tecnologas. As por ejemplo, en el caso de la Re-
forma Agraria Chilena, la filosofa en la que se fundamenta la formacin de las nuevas uni-
dades agrcolas, est en el establecimiento de propiedades cuya superficie no superen las 80
hectreas de riego bsico. Esta unidad fue calculada en base a los suelos del Valle
Central que es la zona agrcola ms rica del pas. Es decir, prim la idea de constituir una
unidad de explotacin intermedia, que al tener todas las condiciones ecolgicas a su favor
pueda jugar en la economa del mercado.

Concomitantemente con lo anterior, se perfeccion el mecanismo de contrata-
cin salarial y se estimul, por va de una poltica arancelaria generosa, la incorporacin de
equipos agrcolas. El objetivo fundamental era el rpido aumento de la produccin y la
productividad de la tierra. Un poco ms tarde, se inici un proceso de sindicalizacin agraria,
pero ms bien como elemento dinamizador y movilizador del productor agrcola.

En el caso de Bolivia, an cuando el fenmeno fue de "facto", ms bien con
caractersticas de una revolucin agraria, su legislacin no oculta la intencin de promover la
organizacin de la propiedad individual intermedia. En ambos casos se trat de estimular la
propiedad colectiva, en particular en Bolivia, basndose en la tradicional explotacin comu-
nitaria del campesino. Sin embargo, este modelo, lejos de perfeccionarse, no fue estimulado
ni apoyado durante el transcurso del proceso.

La intencin de establecer un modelo de desarrollo fundamentado en la propie-
dad agrcola intermedia, en la incorporacin de maquinaria y equipo agrcola sofisticado,
fertilizacin intensiva y especializacin agrcola, y con un empleo bsicamente asalariado,
contrasta con la realidad actual y con el proceso que se est desarrollando en los pases
subdesarrollados.

En nuestros pases influyen al menos tres factores que estn intrnsecamente
inter-relacionados, y que en su conjunto representan la trama actual del problema. Por una
parte, la pequea propiedad, lejos de disminuir, tiende a aumentar; por otra, el traslado de
poblacin del campo hacia la ciudad, sea por expulsin o atraccin,,no est siendo adecua-
damente empleada, por lo que los cordones de miseria tienden a ensancharse. En esto tiene
que ver mucho,.el proceso de industrializacin frustrado en nuestros pases, sea por su excesi-
vo carcter acumulador (concentra la riqueza y en consecuencia el mercado sigue siendo
reducido o se reduce ms) o por su carcter dependiente (se desarrolla hasta donde le es
posible y permitido avanzar).




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Sin embargo, an en el caso de que fuera posible avanzar mucho ms en el proceso
de industrializacin, en particular ahora que existen mecanismos de integracin, o porque
las metrpolis desean desarrollar procesos industriales con mano de obra barata o que estn
ms cerca de la materia prima, las exigencias tecnolgicas, dada la competencia y el avance
del conocimiento cientfico actual, hacen que los procesos de industrializacin deban ser ca-
da vez ms intensivos de capital y por lo tanto excluyentes de mano de obra, la cual, al
mismo tiempo, tambin debe ser cada vez ms especializada. Por lo tanto ese "ejrcito de em-
pleo" que genera el campo, ahora tiene menos posibilidades de ser ocupado en el rea urbana.

Finalmente est el crecimiento poblacional, que al estar vinculado con la pobreza
y la inseguridad, tiende a ser explosivo y por lo tanto repercute sobre los anteriores factores
ahondando an ms el problema.

De acuerdo a los estudios sobre tenencia de la tierra realizados por el CIDA* en
1960, en pases latinoamericanos importantes como Argentina, Brazil, Chile, Colombia,
Ecuador y Per, se observ la presencia de una estructura de propiedad francamente polari-
zada. En estos pases existan en aquella poca, 1.2 millones de propiedades con una super-
ficie menor de 2 hectreas.

Si tomamos casos extremos como Brazil y Ecuador, se advertir que en ese enton-
ces la propiedad mediana dentro del total slo representa 19.3 y 1.7% respectivamente.

En cambio, la gran propiedad en el caso Brasileo representa un 4.7% del total
de fincas con una superficie que llega aL59.5% de la tierra. En el caso Ecuatoriano la situa-
cin era ms grave an, slo un 0.4% del total eran grandes fincas, y abarcaban un 45.1%
del total de la tierra.

Si tomamos el caso de la Repblica Dominicana la situacin no es distinta, el
56% de la propiedad es pequea y posee tan slo un 8.2% de la superficie total.

Desafortunadamente, an no se cuenta con un estudio actualizado y bajo la mis-
ma metodologa que el citado. La razn es simple, pese a la importancia que tiene este pro-
blema, el CIDA ya no existe y no veo que exista actualmente ninguna condicin socio-pol-
tica para hacerlo. Sin embargo si consideramos el informe preparado por el Secretario Ejecu-
tivo de la Reunin Latinoamericana CEPAL/FAO sobre alimentacin, celebrada en junio
de 1976, podramos inferir que la pequea propiedad est aumentando. Segn dicho
informe, en la actualidad (o sea 16 aos despus del estudio del CIDA) existen 6 millones
de propiedades con una superficie de menos de 2 hectreas.

Pero veamos ahora el caso de pases ms densamente poblados y con una redu-
cida o casi nula posibilidad de expandir su frontera agrcola. Por ejemplo en el Asia, en
pases como la India, un 67% de las propiedades agrcolas tienen menos de 2 hectreas y
slo un 4.5% pasan de las 10. El tamao promedio de las propiedades en Pakistn Oriental


Comit Interamericano de Desarrollo Agrcola.




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es de una hectrea y en Pakistn Occidental sube entre 3 y 5 hectreas. En Burma un
68% de las fincas tienen menos de 3 hectreas y en Indonesia un 70% tienen menos de media
hectrea.

De acuerdo con el Banco Mundial, en la actualidad, en los pases subdesarrollados
existen 80 millones de propiedades menores de 2 hectreas.

Por todas estas razones, as como por los datos expuestos, considero que el inters
reciente por la pequea propiedad no es un hecho fortuito o un acto de pura casualidad. Lo
que se est buscando, a mi entender, es un modelo de explotacin agrcola que sea compati-
ble con un proceso industrial en el que la tecnologa moderna es cada da ms intensiva en
capital y requiere habilidades que son mucho ms exigentes en cuanto a la calificacin del
operario.

Ya no es posible concebir el proceso de desarrollo en el que el pequeo productor
forma parte del ejrcito de reserva de mano de obra, en espera de ser absorbido a medida que
se ensanche o expanda el proceso industrial. Este "ejrcito de reserva", hoy representa por
el contrario una amenaza al sistema prevaleciente, ya que tiene repercusiones sociales tan
graves como el ser el punto de partida de la formacin de la poblacin marginal. Es por ello
que se tiende a retener el aumento poblacional que se est dando tanto en el rea rural, como
en las propias poblaciones marginales y pobres ya existentes en nuestras sociedades.

La incorporacin de tecnologas que utilicen intensivamente insumos qumicos,
semillas mejoradas y procesos culturales racionales, an en nuestros pases sigue siendo muy
distante, La propiedad agrcola que es pequea no la puede asimilar, puesto que para ello
requerira contar con recursos financieros que no estn a su alcance. Los proveedores tra-
dicionales no son precisamente los que venden los fertilizantes, instrumentos agrcolas, ni
las semillas mejoradas.

Al mismo tiempo, tampoco a nivel familiar podran desarrollar obras de infraes-
tructuras bsicas en las cuales estaran en mejores condiciones de producir. En ese sentido
resulta impresionante y una excepcin, la construccin de terrazas en los yungas de Bolivia,
realizadas con el objeto de producir hoja de coca. Estos son trabajos de infraestructura sin
los cuales no podra ser posible producirla en aquellos lugares, que son cerros con pendientes
muy pronunciadas. Sin embargo, en este caso debemos considerar que se trata de un trabajo
comunitario, que perteneci a la tradicin proveniente de un floreciente imperio como fue
para su poca en el incaico.

Cuando el pequeo productor logra financiamiento, en la mayor parte de los ca-
sos ste proviene del especulador financiero, con lo cual apenas puede cubrir sus necesidades
en pocas de la cosecha. Por lo tanto, paga un alto costo y no precisamente en la oportuni-
dad requerida para introducir tecnologa, que sera al inicio y durante el perodo de siembra.
Casi siempre recibe crdito para la cosecha cuando es presa fcil de aceptar cualquier con-
dicin, puesto que lo que requiere en este momento es capital de trabajo y dinero para pagar
sus deudas al almacenero.




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En cuanto al mediano productor, en mi concepto tampoco incorpora tecnologa
muy sofisticada. Por una parte cuenta con un mercado de trabajo barato y por otra sin mu-
cha competencia que justifique una mayor eficiencia.

Los precios a nivel de productor, an cuando casi siempre son relativamente bajos
por la presencia del intermediario especulador, en general tienden a mantenerse a un nivel
que no deje demasiados productores fuera de competencia. En caso de que as'fuera, es co-
mn que el productor apele a la subvencin del Estado o a su intervencin directa como
comprador. Es decir, los precios deben ser lo suficientemente altos que permitan subsistir
a la mayor parte de los agricultores, por esta razn es que el productor eficiente recibe nive-
les extras de ganancia, producto de la ineficiencia promedio, que no seran igual en un rgi-
men de competencia. En otros trminos las propiedades intermedias, si bien incorporan
ciertas tecnologas, estn limitadas por las condiciones generales de ventaja que le ofrece el
sistema interno. Salvo en el caso de que se trate de un rubro de exportacin, donde efectiva-
mente los costos e ingresos marginales juegan un papel importante por la competencia. Natu-
ralmente, este es un problema tambin complejo, puesto que muchas veces los precios mun-
diales sufren alzas por problemas de abastecimiento y en consecuencia los agricultores an
cuando no sean eficientes reciben beneficios extraordinarios.

Lo grave es que este beneficio, no llega completamente al productor, y el que llega
no es suficentemente capaz, ni dura el tiempo necesario, como para inducir a hacer cambios
en la estructura interna de produccin. Desafortunadamente para nosotros la "racha" de
buenos precios agrcolas dura demasiado poco.

Aqu no se est hablando de las propiedades y enclaves agro-exportadores que
efectivamente son incorporadores de tecnologa, aunque siempre aprovechndose de la mano
de obra barata.

La gran propiedad, salvo en la excepcin del caso anterior, en mayor o menor me-
dida se comporta igual que la propiedad intermedia, con la diferencia esencial que en este
caso la mayora son propietarios ausentistas y desperdician o no utilizan todos los recursos
naturales de que disponen.

La famosa "Revolucin Verde" an no ha llegado a la mayor parte de los produc-
tores latinoamericanos.

De acuerdo a los datos existentes en la FAO, la Amrica Latina consume fertili-
zantes en una proporcin que llega a 18% del nivel alcanzado por los pases desarrollados, y
slo un 12% con respecto al nivel alcanzado por los Estados Unidos. En el Africa se consume
un 9% respecto a los palses desarrollados, y un 6% con relacin a los Estados Unidos, en el
Asia las proporciones son de 12 y 8% respectivamente. O sea, en otros trminos nuestra ca-
pacidad de consumo tecnolgico apenas alcanza a una dcima parte del nivel alcanzado por
los pases desarrollados.

Segn el informe del Secretario Ejecutivo de la CEPAL, que hice mencin ante-





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riormente, indica que en Amrica Latina slo una tercera parte de los agricultores se puede
considerar que han sido influenciados por la "Revolucin Verde".

En realidad la fertilizacin casi solamente est vinculada a rubros agrcolas de ex-
portacin, y est ampliamente desarrollado en las unidades de explotacin agrcola de encla-
ve, generalmente a cargo de empresas transnacionales. En el caso de la produccin de h bridos
de alto rendimiento, stos han estado bsicamente relacionada con las explotaciones agrco-
las de tipo empresarial y de gran escala. Su difusin es muy escasa entre los pequeos
agricultores.

Las experiencia exitosas con el maz en definitiva han estado vinculadas con la
produccin de carne, la cual est explotada industrialmente y satisface el consumo de una
poblacin ms bien reducida. Es decir la Revolucin Verde se ha extendido muy poco hacia
rubros alimenticios de consumo interno masivo.

Para medir la adopcin de determinado nivel tecnolgico alcanzado, se podra uti-
lizar indicadores econmicos como la productividad, el empleo, el ingreso o el grado de in-
tensidad en el uso del suelo, por sealar los ms conocidos. Podra haber otros, en este senti-
do todo depende del objetivo final que se persiga con el anlisis que se realice.

Desafortunadamente, no dispongo de todos estos indicadores como para llegar
a una conclusin ms concreta. Sin embargo, al analizar algunos resultados del estudio del
CIDA, es posible establecer algunas relaciones importantes.

Si tomamos esta vez el caso de la Argentina y de Guatemala, la comparacin al
igual que en el caso anterior resulta interesante, ya que se estara comparando una estructura
de produccin ms bien empresarial con una estructura de explotacin de tipo semi-feudal.
Sin embargo, muy a pesar de esta diferencia, se notar que en ambos pases la pequea pro-
piedad es la que absorbe una proporcin elevada de la mano de obra agrcola. En Argentina
el 79% de la fuerza de trabajo est concentrada en la pequea propiedad que posee el 49%
del total de la tierra. En el caso de Guatemala, el 81% de la mano de obra agrcola est con-
centrada en la pequea propiedad que posee tan slo un 28% del total de la tierra.

En cuanto a la produccin, el aporte que realiza el pequeo productor Argentino
representa el 50% del total del producto agrcola, en cambio en Guatemala llega al 43% del
total. Esto, en trminos de produccin por persona ocupada implica que en Argentina cada
unidad de fuerza de trabajo estara produciendo un 39% ms que en Guatemala.

Si comparamos la anterior situacin con lo que ocurre a nivel de la mediana pro-
piedad, se observan los siguientes fenmenos interesantes:

En primer lugar, en el caso de Guatemala, donde la estructura de produccin
es ms precaria, la propiedad mediana solamente ocupa un 12% del empleo agrcola con un
32% de la tierra. En cambio en el caso de la Argentina si bien slo ocupa un 15% de Fa fuerza
de trabajo, la tierra disponible alcanza tambin a un 15%. En trminos de la productividad






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media, la fuerza de trabajo de la mediana propiedad en Guatemala, produce 5,6 veces de lo
que produce el pequeo productor, en cambio en el caso de la Argentina, este trabajador s-
lo produce 2,3 veces de lo que produce el pequeo productor agrcola, lo cual es una de-
mostracin del grado de polarizacin existente entre ambos tipos de explotacin en cada una
de las estructuras de tenencia y explotacin analizadas. En Argentina efectivamente existe
entre ambos tipos de explotacin una menor disparidad que en relacin al caso de Guatema-
la, precisamente por existir en dicho pas un nivel general tecnolgico mayor, al margen de
otras caractersticas de tipo histrico y cultural.

Ahora bien, si tomamos en cuenta la productividad del uso del suelo, la situacin
resulta distinta para el caso Guatemalteco y en cierto modo para el Argentino.

En Guatemala, la productividad media del suelo correspondiente a la mediana
propiedad es menor que el de la pequea en 27%. Esto es as ya que la pequea propiedad
con un 28% del suelo agrcola, aporta con el 43% de la produccin total a diferencia de la
mediana propiedad que aporta un 36% del producto pero con un 32% del total de la tierra.

En Argentina la situacin es distinta, a pesar de que la productividad promedio de
la mediana propiedad supera al de la pequea er solamente un 44%.

En el caso de la gran propiedad, desde el punto de vista de la productividad media
de la fuerza de trabajo, con relacin a las pequeas fincas en ambos casos es creciente. Es
natural, la gran propiedad ocupa en total menos mano de obra asalariada que la que en con-
junto absorben las pequeas fincas.

La productividad media por trabajo entre grandes y pequeas fincas es de 3.3 ve-
ces ms en el caso Argentino y 5.7 veces en el Guatemalteco. Sin embargo, cuando se trata
del factor suelo, veremos que en ambos pases la productividad del uso del suelo es una terce-
ra parte de la que obtiene el pequeo productor. En otros trminos esto significa que mien-
tras el pequeo productor utiliza al mximo el suelo que posee, la gran propiedad la sub-utili-
za en proporciones muy grandes.

En conclusin se puede observar que la pequea propiedad es la que concentra
mayor poblacin activa, utiliza al mximo el suelo que posee y provee alrededor de la mitad
de la produccin agrcola.

Estos antecedentes nos deben hacer pensar, puesto que el proceso es dinmico, al
igual que los cordones marginales. En ambos casos existe un acelerado aumento poblacional
que no tiene ms cabida. Ya se hizo mencin al fenmeno de la poblacin marginal, del cual
se dijo que era consecuencia del estancamiento del proceso de industrializacin. Sin embargo,
creo que la modernizacin del proceso agrcola, que irrumpi abruptamente en nuestros
pases sin tomar en cuenta la poblacin agrcola existente tambin tiene su alicuota parte de
culpa. Por ello este es un problema que merece ser analizado brevemente, ya que a todas
luces resulta relevante.






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He relacionado, al pequeo productor, a la poblacin marginal y al crecimiento
poblacional explosivo, puesto que considero que estos tres elementos se influencian y esti-
mulan recprocamente. Ms bien, estn en un crculo vicioso, que se supone podra ser roto
a travs de la intensificacin del proceso de industrializacin.

La pregunta que cabra hacerse, es si ser posible en la mayor parte de nuestros
pases, dentro del actual contexto individual y dependiente, generar dicho proceso.

Qu implica la poblacin marginal?

Las respuestas no son fciles, y hay ms de una explicacin o teora sobre cada
aspecto. En esta oportunidad intentar tratar este tema aunque sea slo para dejar en el ta-
pete algunas inquietudes que considero bsicas. A mi juicio lo esencial consiste en distinguir,
al pequeo prod:uctor, pobre y dependiente, y al asalariado agrcola, del poblador marginal,
la diferencia est, en que mientras los primeros forman parte de un sistema, cualesquiera que
fuera su razn de ser y circunstancia en que se desarrolle, los segundos (la poblacin margi-
nal) estn fuera del sistema. Es decir, no forman parte de.ningn sistema de produccin, sal-
vo de manera muy residual (empleo transitorio o circunstancial). De este modo al haber des-
plazamientos hacia el rea urbana, provenientes del conglomerado de pequeos productores
y asalariados agrcolas sin empleo, lo que est ahondando ms son los cordones poblacionales
marginales, los cuales a su vez tienen su propio crecimiento vegetativo. Lo cual, evidentemen-
te no puede ser un balance muy prometedor para el mediano plazo, ya que de mantenerse
esta situacin para el largo plazo sencillamente sera catastrfico.

Tenemos que pensar en solucionar este problema, concebir un modelo que impida
por lo pronto un xodo masivo del campo a la ciudad. Hecho que seguramente implicara
de partida desarrollar un modelo que se traduzca en una agricultura dinmica. No creo, que
ese papel pueda desempear la actual mediana y gran propiedad, ni mucho menos creo que
la tecnologa por s misma produzca este milagro, en realidad una cosa va con la otra. Segui-
mos estando frente a un problema de tipo estructural que es necesario superarlo.

Segn datos existentes, entre los aos 1971 y 1975 la economa de Amrica Lati-
na ha crecido en un 6% anual y el productor total ha llegado a un nivel de 220,000 millones
de dlares, o sea cuatro veces ms de lo que era hace 25 aos. Sin embargo, en ese mismo
perodo, la agricultura slo ha crecido en un 3.2% en promedio, con la excepcin de 1974
en el que creci a razn de 6.2% debido al fenmeno de los altos precios mundiales, que para
nuestra desgracia, como se dijo, duran para nosotros muy poco tiempo.

En el caso de la Repblica Dominicana y en base a los ltimos datos disponibles,
sabemos que mientras la economa entre los aos 1970 y 1975 ha estado creciendo a un
ritmo entre 8 y 10% anual, el sector agrcola apenas lo ha hecho entre 2 y 3%. Es decir
apenas ha logrado crecer para satisfacer el consumo de alimentos que demanda el aumento
vegetativo de la poblacin.

Esta dinmica tan lenta, junto con'la mala distribucin del ingreso evidentemente




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est provocando otro problema tan grave como el anterior: La desnutricin poblacional.

En la actualidad hay en Amrica Latina 43 millones de personas desnutridas, y
100 millones de personas con bajo nivel nutricional. Para enfrentar parcialmente este proble-
ma, en el que un contingente importante est compuesto por los propios pequeos agricul-
tores, de acuerdo a la CEPAL se requerir producir para el ao 1985 y solamente para nivelar
la situacin nutricional de Amrica Latina: 6 millones de toneladas de trigo, 3 millones de
toneladas de arroz, 3 millones de toneladas de leguminosas, 3 millones de toneladas de carne
de res, 6 millones de toneladas de carne de cerdo y 23 millones de toneladas de leche. En la
Repblica Dominicana si queremos lograr un nivel nutricional promedio razonable, tendra-
mos que incrementar la produccin entre 1976 y 1986 en 3.6 millones de quintales de arroz,
2.3 millones de quintales de maz, 8 millones de quintales de habichuelas; 1.1 millones de
litros de leche.

No cabe la menor duda de que es indispensable lograr en el mediano plazo una
dinmica ms acelerada para alcanzar estas metas, para lo cual es necesario producir un efec-
tivo cambio tecnolgico. El problema consiste en saber determinar el tipo de cambio tecno-
lgico y con quines.

En muchos pases.no es posible recurrir al relativamente fcil expediente del en-
sanchamiento de la frontera agrcola. De hacerlo de manera indiscriminada se correra el
peligro de incorporar tierras con vocacin distinta y de desequilibrar con ello las condiciones
ecolgicas del medio ambiente. Por otra parte en los pases que an cuentan con amplios
mrgenes de frontera agrcola, en la mayor parte de los casos, como se trata de extensiones
muy extensas, se requieren recursos financieros muy elevados, con lo que al final siempre
queda muy poco dinero para desarrollar racionalmente a la propia produccin agrcola.
En nuestros pases hay mucho ejemplos en los cuales una vez terminada una carretera, por la
ausencia de una planificacin adecuada y recursos econmicos suficientes, se da lugar a
procesos de produccin francamente irracionales. Ms bien se trata de un "asalto" agrcola,
que termina por destruir el escaso suelo aprovechable, Es evidente que este procedimiento
para erosionar el suelo es demasiado tonto y costoso, tanto econmica como socialmente
hablando.

Lo mismo ocurre con las obras de riego. El mal uso del agua o la ausencia de obras
de arte secundarias, como drenajes por ejemplo, terminan por salinizar los suelos.

Con todo, entre 1950 y 1975, el rea cultivada en Amrica Latina pas de 46 a 95
millones de hectreas.

En el modelo que comentamos, el capital financiero para crdito constituye uno
de sus instrumentos claves. Sin embargo, an cuando los primeros bancos que se fundaron
fueron financiados por agricultores-terratenientes, ms temprano que tarde, este sistema
fue absorbido por la economa minera en unos casos, o por las grandes empresas agro-expor-
tadoras, adems del sector comercial y en proporcin creciente, tanto en un caso como en el
otro. Asimismo es conocido el hecho de que el destino de los crditos concedidos para fines





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agrcolas, han sido y siguen siendo usados para otros fines. Es evidente que en las economas
semi-feudales el capital financiero no jugaba un papel importante, ya que el trabajo del
campesino no requera dinero. Naturalmente, a medida que aument el nmero de predios
de tipo empresarial y se ensancharon los mercados de consumo hasta tener significacin na-
cional, bl dinero empez a jugar su papel intermediario. An as, hoy en da en trminos rela-
tivos en volumen financiero dedicado para la produccin agropecuaria sigue siendo proporcio-
nalmente poco significativo en la mayor parte de los pases.

En este sentido, aunque ltimamente la cooperacin internacional y bilateral est
teniendo mayor presencia, todava es modesta y excluyente. Es verdad que se estn presen-
tando algunas modificaciones en esta poltica, al menos esa es la intencin, como se ver ms
adelante cuando se hable del Banco Mundial y de la experiencia dominicana.

En general, toda la ayuda financiera externa cuando considera algn prstamo en
favor de un pas subdesarrollado, parte del presupuesto del que el usuario final del crdito
est en condiciones de responder satisfactoriamente por ste. Es decir, se supone una factibi-
lidad econmica de evidente tasa de beneficio-costo a nivel de las unidades de produccin,
que seran las sujetos del crdito.

En mi pas, luego de una reforma agraria de "facto", al cabo de unos aos de ini-
ciado el proceso se estableci con ayuda internacional, un sistema de Crdito Supervisado
Agrcola que pona como condicin la presentacin del "ttulo treintenario", en circunstan-
cias que el cambio en la tenencia de la tierra slo tena 3 4 aos de vigencia. En estas con-
diciones, la mayor parte de los crditos fueron a parar hacia una regin del pas en el que
la reforma agraria era tangencial. Con ello se estimul el establecimiento de una estructura
'de explotacin empresarial de exportacin y con trabajo asalariado.

Lo que quiero enfatizar, es que dentro de este modelo desafortunadamente el sis-
tema crediticio no favoreci al proceso de cambio y excluy al pequeo productor. Este he-
cho hizo que se me grabara en la mente una definicin del crdito, que aunque estuvo hecho
con fines jocosos tiene mucho de verdad. Es evidente que aun seguimos con un sistema credi-
ticio en el que predomina el sentido de la definicin que hice referencia. As, dice la referida
definicin "el sujeto de crdito sera aquella persona que puede demostrar que posee ms
dinero del que est solicitando".

Hoy en da la banca est tendiendo ms a considerar otros factores que no sean
precisamente las garantas a que hace referencia la definicin anterior. En este sentido, debe-
ramos recordar lo que en una oportunidad le deca a los miembros del Banco Central
nuestro amigo aqu presente, Carlos Aquino, cuando era Secretario de Estado de Agricultura.

En ese entonces se presentaba un programa de crdito ganadero y Carlos Aquino
haca referencia a la historia de la Banca Norteamericana de la cual recogi un feliz concep-
to: "La mejor garanta, eran las manos callosas del agricultor solicitante".





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Por ventura, la realidad es ms fuerte que los preconceptos, por lo cual la coopera-
cin internacional hoy en da est reaccionando. La verdad es que en el pasado su participa-
cin en favor de la agricultura y del pequeo agricultor ha sido modesta. As por ejemplo el
Banco Mundial entre el ao 1948 y 1974, de un total de 27,305 millones de dlares en prs-
tamos, es decir a un ritmo de 1,050 millones de dlares al ao, a la agricultura solamente le
correspondi 4,617 millones de dlares, o sea el modesto monto de 177 millones de dlares
al ao.

Desde el punto de vista de la clientela, la poltica del Banco Mundial estuvo orien-
tada a favorecer al mediano y gran productor. A este respecto, recuerdo una experiencia per-
sonal que ocurri en mi pas en los aos 1963 1964 (Bolivia). En esa ocasin me toc estar
presente en la negociacin de un crdito ganadero muy importante, en el que se opt por
beneficiar a las propiedades de ms de 500 cabezas de ganado, las cuales en su conjunto te-
nan aproximadamente el 40% de la masa ganadera del pas. Estos productores, si la memo-
ria no me falla, al cabo del octavo o noveno ao obtendran un ingreso neto anual de ms
de 100 mil dlares. Ntese que el propio Banco Mundial para el 1974 (diez aos despus
del referido programa) estima que el producto nacional bruto por persona en Bolivia alcanza
a 280 dlares al ao.

Y no slo esto, sino que tambin se estim que al cabo del dcimo ao del pro-
yecto, estos ganaderos iban a tener el 80% del total de una masa ganadera en sus manos. Y
entonces nos preguntbamos: "Y qu sera de los dems? ". Evidentemente el Banco Mun-
dial no poda resolver este problema puesto que obviamente los dems ganaderos no eran
tan rentables.

Pero como dije anteriormente esta situacin est cambiando. En 1976 el Banco
Mundial, por segundo ao consecutivo, ha destinado a la agricultura y al desarrollo rural una
proporcin mayor que a otro sector (25%). En el curso de 1976 se aprobaron 65 proyectos
por un monto de 1.627.6 millones de dlares, de los cuales 38 estn encauzados hacia los
habitantes ms pobres del rea rural.

A simple vista este esfuerzo parecera muy importante, de hecho lo es, lo que
ocurre es que n se estn dando los primeros pasos. Como se ver en los prximos datos,
an queda mucho camino por recorrer.

Un estudio realizado por el propio Banco Mundial, indica que en 1976 se espera
haber beneficiado con la poltica anteriormente mencionada a 2.7 millones de familias
agrcolas, o sea unos 16 millones de personas, que es un monto muy semejante al logrado
durante 1975. Segn estimaciones preliminares un 80% de esos 32 millones de personas be-
neficiadas entre 1975 y 1976 viven en condiciones de "pobreza absoluta" o sea que tienen
un ingreso por persona de menos de 50 dlares al ao. Es decir un 6.6% de las personas po-
bres sobre las cuales el Banco Mundial desea llegar.

Desde el punto de vista del monto asignado para cada beneficiario, tambin se es-





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tn produciendo cambios. As, los costos por familia-agrcola beneficiada han fluctuado en-
tre 1975 y 1976 de 1,550 a 1,400 dlares, hecho que significa inclusive una reduccin de
un 9.7%. No hay que olvidar que a nivel mundial estamos en pleno proceso inflacionario.

Esta situacin es muy congruente con la experiencia dominicana, en la que su
poltica crediticia est orientada hacia el pequeo productor. Lo demuestra su poltica de
reduccin de topes mximos en los crditos individuales y su programa de crdito con finan-
ciamiento de la AID (P.P.A.)* En el caso del crdito PIDAGRO; (con financiamiento del
BID), aunque el promedio de los prstamos sobrepasa los tres mil pesos por crdito, un 65%
de los agricultores que fueron beneficiados con esta lnea de financiamiento recibieron cr-
ditos menores de dos mil pesos.

En la experiencia del P.P.A. (Programa de Pequeos Agricultores) se beneficiaron
a 26 mil agricultores con un monto promedio por prstamos de 500 pesos.

Con todo, an sigue siendo reducida la proporcin de agricultores beneficiados
con el crdito institucional, puesto que an no se alcanza a cubrir ni a la quinta parte de los
agricultores del pas.

Pasemos a examinar ahora el factor poblacional. Dentro del modelo de desarrollo
que analizamos, se sostiene que a medida que se expanda el sector industrial, tambin lo har
el de servicios, con lo cual la poblacin agrcola decrecer al punto que lo ha hecho Estados
Unidos y otros pases desarrollados. Por lo que se sabe, ese parece constituir nuestro norte y
esperanza. Sin embargo, todo indica que la poblacin agrcola, en el mediano plazo, no va a
decrecer en trminos absolutos. De acuerdo a datos del Banco Mundial, si bien la poblacin
agrcola mundial entre 1965 y 1982 disminuira de 54 a 42%, en trminos absolutos aumen-
tara de 1,781 millones a 2,089. Es decir habra un incremento de 308 millones ms de
poblacin agrcola.

Pero qu pasar en los pases desarrollados y subdesarrollados? Ser el
mismo fenmeno?

Desafortunadamente, en nuestros pases se da el caso inverso. En los pases desa-
rrollados la poblacin agrcola seguir disminuyendo tanto relativa como absolutamente. En
efecto, entre 1965 y 1985, la poblacin agrcola disminuira de 22 a 10% y en trminos
absolutos de 232 a 130 millones de habitantes, los ual implica que al aumento de poblacin
agrcola en los pases subdesarrollados sera an ms que los 308 millones anteriores.

Esto sera efectivamente as, puesto que en los pases subdesarrollados se estima
que entre 1965 y 1985 la poblacin agrcola, pese a que en trminos relativos disminuira de
69 a 54%, en cifras absolutas aumentara de 1,549 millones a 1,958 millones de habitantes.
Es decir, la poblacin agrcola aumentara en los prximos 8 aos en 409 millones de se-
res humanos.

* Pestamo para el pequeo Agricultor





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Qu se estima para Amrica Latina?

En nuestro continente el fenmeno sera el mismo, puesto que aunque proporcio-
nalmente se estima que disminuira de 45 a 31%, en cifras absolutas la poblacin agrcola
subira de 111 millones a 135. O sea, posiblemente tendremos en los prximos aos una
presin sobre la tierra agrcola de 24 millones ms de habitantes.

Cuando hablamos de que la poblacin agrcola, a pesar de que en trminos relati-
vos disminuira y que en cifras absolutas crecera, Qu es lo que realmente queremos decir
con sto?

En realidad la respuesta es muy sencilla, pero de honda significacin econmica
y social.

Queremos decir que habr mayor presin sobre el suelo agrcola por parte de los
agricultores, y lo que es ms grave, mucho ms an, por parte de los que no producen alimen-
tos. Est visto que la poblacin no agrcola crecer en una mayor proporcin, tanto relativa
como absolutamente, lo cual representar una demanda de bienes crecientes, que slo sera
atenuado si los ingresos fueran bajos. Sin embargo, an en este caso siempre ser necesario
que el sector alimenticio crezca con una dinmica mucho ms acelerada que la presente.

Slo para tener una idea de magnitudes, el Banco Mundial estima que entre 1970 y
1990 los pases subdesarrollados aumentarn su poblacin en 1,520 millones. Es decir, en
tan slo 20 aos, pasarn de 2,549 millones de seres a 4,069 millones. En cambio los pases
desarrollados, pasarn a tener en ese mismo lapso de tiempo tan slo un incremento de 205
millones de habitantes. (De 1,072 millones en 1970 a 1,277 millones en 1990).

La estabilidad de precios y la dinmica de produccin, constituyen otro de los
aspectos bsicos del sistema.

En los hechos, el supuesto de que el mecanismo de los precios es un asignador
ptimo en el uso de los factores de la produccin (capital, trabajo, tecnologa y recursos na-
turales) es ms un mito que una realidad. Para comprobarlo, basta con tan slo abrir los ojos.

La premisa de que las fuerzas del mercado actan por s mismos y en la direccin
adecuada, ha hecho que la preocupacin acadmica y la prxis poltica del Estado, estn ms
bien preocupados en buscar "qu producir" que en regular el sistema de precios. Slo en.la
medida que han surgido problemas, como por ejemplo que los precios estn demasiado altos,
(que no permiten su acceso a la mayor parte de la poblacin de menor ingreso) o que estn
demasiado bajos (que no permiten una ganancia adecuada) el Estado se ha visto obligado
asumir una actitud. De ah el papel estabilizador de precios del Estado, mediante acciones
de mercado (comprando o importando) o en el papel asignador de precios (fijando precios
de modo compulsivo o subvencionando). Lo que ocurre paradojalmente es que en los hechos
el Estado cuenta con una capacidad normativa muy amplia para influenciar sobre el sistema
de precios, pero no dispone de una capacidad operativa con la cual pueda regular efectiva-





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mente el sistema de precios.

En esta materia el papel que jug el Estado en beneficio del sector agrcola ha sido
muy difcil y hasta contradictorio. No slo que no logr otorgarle un sistema de precios es-
table, sino que tambin ha terminado por restringirlo. La razn es muy simple, lo que ha es-
tado en juego en los ltimos 30 aos no ha sido precisamente el desarrollo de este sector. El
modelo de sustitucin de importaciones estableci otras prioridades en el sistema como fue
el desarrollo del sector industrial y del comercio exterior. Por otra parte, el propio sistema
nacional no poda engendrar su propio mecanismo interno de precios en razn al carcter
dependiente de nuestros pases. Somos economas en las que el sistema internacional de pre-
cios ejerce una fuerza vital que termina por dominar la asignacin interna de recursos. A su
vez, nuestros sistemas de precios y de produccin no tienen ninguna influencia sobre el exte-
rior como para lograr que en los rubros principales de exportacin haya cierta relativa estabi-
lidad. Por el contrario, cada vez que los precios internacionales de nuestros principales rubros
de exportacin se modifica, se sufre una repercusin interna que escapa inclusive a las esfe-
ras puramente econmicas.

En mi concepto, la presencia de factores estructurales por mucho tiempo impedi-
rn un funcionamiento adecuado de los precios, por lo que el Estado deber seguir actuando
y cada vez de modo ms integral en este problema. No debemos perder de vista que si bien
el desarrollo industrial requiere de un mercado cada vez ms amplio y creciente, en los
hechos esta necesidad se contrasta con la realidad, en la cual la mayor parte de la poblacin
debe destinar hasta un 80% de su ingreso para alimentarse, y todava inadecuadamente. Asi-
mismo, Cmo lograr una reduccin de los precios agrcolas en base a una mayor productivi-
dad de la tierra? Es decir, Cmo hacer que el agricultor reduzca sus precios, a la vez de ir
obteniendo mayores beneficios? An ms, Cmo lograr que los recursos econmicos dis-
ponibles sean asignados para producir alimentos de consumo masivo, que son los que inciden
ms en la canasta alimenticia y el ingreso?.

Como se ve, este problema no slo puede ser enfocado en la perspectiva de un
sector econmico en particular, sino que es necesario un enfoque global que simplifica una
poltica universal de precios;y de asignacin de recursos. En otros trminos estamos hablando
de una poltica econmica que est enmarcada dentro de una planificacin integral de
desarrollo.

Considero que no conduce a mucho seguir una poltica parcial de precios, salvo
de manera transitoria. Esto puede crear trastornos muy serios. Ya lo vimos en el caso del
arroz en la Repblica Dominicana.

Si ustedes recordaran, en 1975 el precio del arroz fue el ms estable y se mantuvo
con respecto a los dems a un nivel muy parejo. Es decir, los precios de los vveres, como el
pltano por ejemplo, subieron a tal nivel que econmicamente era mejor consumir arroz, lo
cual efectivamente fue as. En cambio el ao pasado, cuando los vveres retornan a su nivel
relativo, el consumo de arroz disminuy. Es decir la poblacin volvi a balancear su con-





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sumo diversificando, naturalmente hasta donde su nivel de ingreso le permite.

Este fenmeno, que desde el punto de vista social fue beneficioso para la mayor
parte de la poblacin, de mantenerse en el mediano plazo, pudo haber sido fatal, ya que
habra sido ms atractivo producir pltano o tubrculos (que tambin suberon de precios
en 1975) que producir arroz, con lo que la asignacin de recursos (tierra buena y con riego)
se tornara inconveniente, ya que se tendera a usar esas tierras, en cultivos que requieren
suelos de menor calidad. Lo que interesa en consecuencia, es mantener el sistema de pre-
cios estable, lo cual es muy distinto que el de un determinado precio. Y sta efectivamente
es una tarea muy difcil.

Lo anterior plantea a mi juicio un problema de fondo, puesto que pone en tela
de juicio la posibilidad de lograr por va del libre juego del mercado un asignacin relativa
y adecuada de precios, de rentabilidad y productividad. La disparidad de precios, ingreso y
productividad intra e intersectorial en nuestros pases es grande y est siendo estimulada en
esa direccin precisamente por la estructura econmica tan desarticulada y desigual que po-
seemos.

Es decir, la pretendida bsqueda de un sistema de precios, que a la vez de asignar
adecuadamente los recursos logre niveles relativamente parejos entre los distintos sectores
de la economa, en nuestros pases an es un mito. La disparidad de ingreso que existe entre
un sector y otro, an es muy grande en nuestros pases, lo cual demuestra que el sistema de
precios est actuando de manera compartimentada y desarticulada. En otros trminos, no
est funcionando de acuerdo a los postulados bsicos que lo sustentan.

De acuerdo al estudio de la OIT realizado en Santo Domingo en 1970, se observa-
r lo anotado anteriormente. En efecto, dicho estudio muestra que mientras el valor agregado
por personas ocupada en el sector agropecuario llega a 506 pesos, en el sector minera es de
19,525 pesos, en el industrial 2,646 pesos, y en el de construccin 2,131, para indicar al-
gunos ejemplos.

Esta productividad media tan dispareja no slo afecta al nivel de ingreso y al uso
de los recursos involucrados en cada sector, sino que tambin provoca otras distorsiones tan
graves como son el traslado de excedentes en favor de otro sector, con lo cual se debilita
an ms el sector menos atractivo.

En el caso de la Repblica Dominicana cuando estudiamos el funcionamiento del
sector agropecuario, en especial el aspecto relativo a la formacin del ingreso, llegamos a la
conclusin: Si se lograra un aumento en el ingreso a travs de un mejoramiento en la pro-
ductividad, dada la actual estructura de tenencia de la tierra se producira un desplazamien-
to del ingreso en favor del rea urbana ms que proporcional que el que quedara en benefi-
cio del propio sector rural. Lo cual es un indicio obvio del traslado de recursos, hacia otros
sectores ms atractivos.




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No deseara dejar sin mencionar en este tema tan complejo, no a ttulo de crtica,
sino de reflexin, un aspecto que tiene que ver con los precios y con el tema de la presente
charla.

Todava en nuestros pases se sigue pensando en las "Unidades ptimas". Estas a
mi entender no existen, puesto que dependen del sistema de precios. As por ejemplo, cuan-
do la libra de azcar est a 60 centavos, la situacin es muy distinta de cuando est a 6, y
as sucesivamente.

Desafortunadamente los precios de los bienes agrcolas que se usan en la agricul-
tura no estn en nuestras manos. Por ello es que generalmente el que termina "pagandQ
la cuenta" es el trabajador agrcola, puesto que es una de las variables internas ms fcilmen-
te controlables y que puede abaratar el costo. Lo que importa en este caso, es por cuanto,
tiempo y si vale la pena para el largo plazo y para todo el sistema econmico nacional.

Debemos seguir estudiando y preguntarnos siempre: Hasta dnde el sistema de
mercado puede controlar el sistema de precios relativos para una mejor asignacin de los
recursos? Este es uno de los elementos al que debemos prestar la mayor atencin.

La presencia de poblacin marginal y de crecimiento poblacional no agrcola es
producto del subdesarrollo rural, y es este el problema que tenemos que atenuar. Debemos
preocuparnos por generar un proceso de desarrollo en el cual haya una menor desarticulacin
sectorial interna.

Para que reflexioriemos un poco ms, permtanme darles unas cifras de tipo
poblacional.

La poblacin pobre, dice el Banco Mundial, que recibe menos de 52 dlares perc-
pita al ao, suma un total de 560 millones de personas, de las cuales el 85% vive en el rea
rural. En Asia y Africa el 80% de la poblacin rural depende bsicamente de su trabajo
asalariado. Para 1990 la poblacin mundial llegar a 4,000 millones de personas, o sea un
incremento en 20 aos de 1,520 millones.

Qu hacer?

Permitanme ahora, hablar un poco sobre un tema relacionado con el proyecto de
la "Sierra'. As como tambin, aclarar en alguna medida, un aspecto que discutimos ayer.

Es evidente que en nuestras sociedades aun el problema de los conglomerados mar-
ginales est en segundo plano, sin embargo es difcil pensar en el desarrollo sin tomarlo en
cuenta. En las Naciones Unidas, se le ha dado mucha importancia a este aspecto del proble-
ma, y se est convencido de que es necesario prioritariamente actuar sobre este tipo de po-
blaciones. Ese es el caso del proyecto de desarrollo rural integrado que deseamos apoyar en
la Hoya del Lago Enriquillo. Ah viven 100,000 personas con las cuales creo que es posible
actuar, de modo de mejorar su nivel de vida y organizacin social. Lo importante es generar





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con ellas un proceso de movilizacin social que-las aglutinen mejor y las habiliten para usar
los recursos de que disponen. No hay que pensar para ello demasiado, es ms simple de lo
que se supone.

Lo importante es que esa comunidad sienta la necesidad de resolver esos proble-
mas partiendo de la base de que debe hacer uso, y cada vez mejor, de los recursos de que
dispone, y del aparato institucional que le ofrece o le puede ofrecer el Estado. Este a su vez
debe despojarse de su carcter paternalista que tanto dao ha hecho. A veces ha ocurrido, en
materia de salud por ejemplo, que mientras la epidemia acosaba a los habitantes de una regin,
en las neveras de los centros de salud se perdan los medicamentos debido a que simplemente
no se utilizaron oportunamente. Esto es una demostracin de que la sociedad misma no est
organizada para utilizar los recursos de que dispone. Por ello, he insistido aqu en la necesi-
dad de lograr antes que nada, un mecanismo que acte como un "catalizador", entre el
apartado institucional del Estado y la comunidad. Este modelo contrasta al de la simple su-
basta pblica que a veces se realiza en nuestros pases, creyendo que es suficiente que vengan
los inversionistas para hacerse cargo de la explotacin de los recursos.

La historia econmica en nuestros pases dice que el inversionista tradicional cuan-
do llega y se instala sin mayor sacrificio explota a los habitantes de la regin en su calidad de
simples asalariados. No creo que eso sea lo ms deseable. En mi concepto, un autntico pro-
ceso de desarrollo es aquel que tiene capacidad de dinamizar a su propia poblacin, sea
inversionista o no, lo importante es construir estructuras slidas de produccin.

La Sierra no es un caso aislado, all hay una comunidad que debe ser la base del
desarrollo de esa zona o regin. La prosperidad de la gente es la prosperidad de todos.Con-
sidero que el ISA puede ser buen catalizador del desarrollo. Por qu no? Lo que le queda
es tan slo actuar especialmente en beneficio de los habitantes ms pobres de nuestras
sociedades.








CONCLUSIONES

Ing. Agrn. Carlos Nfiez Guilln
Instituto Superior de Agricultura

A continuacin resumimos las presentaciones hechas en este Taller de Trabajo
sobre La Sierra, celebrado los das 17 y 18 de diciembre de 1976 en el Instituto Superior de
Agricultura, con la idea principal de reunir informaciones e ideas que consideradas aislada-
mente parecen no tener un significado objetivo, pero que en conjunto ofrecen un cuadro
general valioso para aquellos que tienen la delicada responsabilidad de discernir entre idea-
les y realidades para tomar decisiones adecuadas.



La importancia que reviste el conjunto de presentaciones hechas en el Taller de
Trabajo es la de ofrecer una visin global del problema de La Sierra. La diversidad de temas
enfocados por los ponentes en sus presentaciones, junto a las fuentes bibliogrficas previa-
mente compiladas por el CIEA, ofrecen un diagnstico sobre la regin que, aunque no
exhaustivo, puede servir para definir las variables ms relevantes en cualquier tratamiento
desarrollista que se intente en el futuro.

Los ponentes del Taller de Trabajo coinciden en sealar las condiciones precarias
en que vive la gran mayora de los 120,000 habitantes de La Sierra y la conveniencia de
fortalecer las bases de bienestar en esa regin.

Los participantes fueron enfticos en indicar la penosa situacin de dependencia
econmica del serrano; la consecuencia negativa, aunque necesaria, de la prohibicin del cor-
te de rboles de 1967; las fuerzas que mueven al habitante de La Sierra a emigrar a otras
zonas del pas y del extranjero; y cmo las severas limitaciones de la naturaleza ms la
accin desesperada del hombre pueden provocar el deterioro del sistema ecolgico. Tambin
acertadamente sealan la necesidad de enfrentar los problemas de regiones como La Sierra
con un esfuerzo interinstitucional, de tal manera que no slo participen las entidades p-
blicas sino que tambin las instituciones privadas, incluyendo principalmente las educativas,
para que tengan la oportunidad de conocer ntegramente las limitaciones y potenciales lo-
cales del proceso de desarrollo. Por otro lado, las perspectivas para mejorar ese sombro
panorama son halageas. Se indic que la regin tiene recursos que explotados sabiamente
pueden ofrecer mayores y mejores oportunidades al hombre de La Sierra; una parte impor-
tante de las reservas forestales debern ser aprovechadas so pena de retardar el desarrollo de
los rboles ms jvenes; se conocen sistemas agrcolas apropiados para regiones con fuertes
limitaciones fsicas y hay en la mentalidad serrana una fuerte tradicin organizativa. Un fac-
tor muy favorable a los posibles esfuerzos interinstitucionales en la regin lo constituye el




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respaldo a un plan desarrollista manifestado por los representantes de las diferentes ins-
tituciones del sector agrcola dominicano invitados al evento.

Una de las decisiones ms importantes tomada por los participantes en el
Taller de Trabajo fue la formacin de un "Grupo de Trabajo" en el cual sern representa-
das diversas instituciones regionales.

La finalidad de este grupo es la elaboracin de un documento tcnico en el
cual se defina en detalles un plan de desarrollo para la regin comprendida entre los ros
Yaque del Norte y Mao, la cima de la Cordillera Central y las lmites del Valle del Cibao,
identificndose este proyecto como el "Plan Sierra". Las actividades que realice este grupo
estarn auspiciadas por la Secretara de Estado de Agricultura a travs de la Subsecretara
Tcnica de Planificacin Sectorial Agropecuaria. El grupo qued constituido por los
Seores:


Pedro Bretn Secretara de Estado de Agricultura
Fausto Grisanty Secretara de Estado de Agricultura
Mons. Roque Adames Obispado de Santiago
Vctor Brens Univ. Catl. Madre y Maestra
Luis Peralta Secretara de Estado de Agricultura
Norberto Quezada Instituto Superior de Agricultura
Carlos Nez Guilln Instituto Superior de Agricultura









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Organizacin de las Nacionles Unidas para la Agricultura y la Alimentacin, Roma, 1973:
"Inventario y Fomento de los Recursos Forestales"

Informe No. 1 Patologa y Entomologa Forestales
Informe No. 2 Plan Indicativo de Fomento y Administracin Forestal 1972-78.
Informe No. 3 Inventario Forestal
Informe No. 4 Plan Modelo de Manejo Forestal
Informe No. 5 Educacin Forestal Tcnica
Informe Terminal Resultados, Conclusiones y Recomendaciones.
Palmer, H. C., "Geology of the Moncin-Jarabacoa Area, Dominican Republic", Tesis
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Regional de la Linea Noroeste (DELNO)", enero 1975.

Vol. I Anlisis Regional
Vol. II Plan de Desarrollo.

Apndice A Plan Piloto de Reforestacin y Conservacin de Suelos.
Apndice B Conservacin de Suelos Forestales
Apndice C Mtodos para Estimar los Escurrimientos en Ros de Montaa en Zonas Tro-
picales Lluviosas.
Apndice D Inventario de Obras Hidrulicas Existentes y Propuestas.

Apndice E Reconocimiento Geolgico en las Areas de Embalses de los Ros Maguaca,
Chacuey y Cana.

Apndice F Investigaciones Socioeconmica en las Areas MaguacaChacuey y Cana.
Anexo 1 Conservacin de Suelos y Aguas
Anexo 2 Reforestacin y Manejo Forestal
Anexo 3 Fomento del Cultivo del Algodn
Anexo 4 Fomento del Cultivo de la Soya
Anexo 5 Fomento del Cultivo del Sorgo
Anexo 6 Tecnificacin del Cultivo del Man
Anexo 7 Fomento del Cultivo del Guandul
Anexo 8 Rehabilitacin de Plantaciones de Caf
Anexo 9 Fomento de la Fruticultura
Anexo 10 Planta Textil
Anexo 11 Planta de Almidn de Yuca
Anexo 12 Anlisis del Mercado de Alimento para Ganado
Anexo 13 Anlisis del Mercado de Aceites Comestibles
Anexo 14 Sistema de Extensin y Crdito Ganadero
Anexo 15 Establecimiento de una Estacin Experimental de Ganadera.
Anexo 16 Proyecto de Riego Maguaca-Chacuey
Anexo 17 Proyecto de Riego Laguna Saladilla
Anexo 18 Proyecto Regional de Telecomunicaciones Radio y TV
Anexo 19 Plan Regional de Caminos Vecinales
Anexo 20 Plan Piloto Regional de Educacin
Anexo 21 Plan Piloto Regional de Salud
Anexo 22 Proyecto de Fortalecimiento de Centros Urbanos
Anexo 23 Bases para el Fortalecimiento de Centros Urbanos
Anexo 24 Fomento del Turismo Local.




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