Title: Coleccion de papeles cientificos, historicos, politicos y de otros ramos sobre la isla de Cuba, ya publicados, ya inéditos
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Title: Coleccion de papeles cientificos, historicos, politicos y de otros ramos sobre la isla de Cuba, ya publicados, ya inéditos
Physical Description: 3 v. : ; 21 cm.
Language: Spanish
Creator: Saco, José Antonio, 1797-1879
D'Aubusson y Kugelmann
Publisher: Impr. de d'Aubusson y Kugelmann
Place of Publication: Paris
Publication Date: 1858-1859
 Subjects
Subject: Cholera -- Cuba   ( lcsh )
Slavery -- Controversial literature -- Cuba   ( lcsh )
Cuba   ( lcsh )
Imprint -- France -- Paris -- 1858
Genre: non-fiction   ( marcgt )
 Notes
Statement of Responsibility: por Don José Antonio Saco.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00047619
Volume ID: VID00002
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000141382
oclc - 01870326
notis - AAQ7527

Full Text




COLECCION



PAPELES CIENTIFICOS. HISTORTCOS. PO1.1 I.n ,

Y )E OTIOS RAMOS


SOBRE LA ISLA DE CUBA

YA PUtI.JCADOS, YA INEDITOS



DON JOSIE ANTONIO SACO





TOMO SEGUNDO,)





PARIS
IMPRENTA DE D'AUBUSSON Y KUGELMANN
CALLE E1) GRANGE BATELIERE, N. 13
I8,58








242 -
Casos. Muert's.

Rusia, en los cinco primeros moses 54,000 34,000
Prusia. . .... 100,000
Hungria. . . 537,199 237,066
Galitzia . . 260,083 99,789
Francia . .... 229,534 94,665
Gran-Bretafia en various puntos invadi-
dos durante los 8 primeros meses. 22,7T4 8,940
L6ndres durante today la epidemia. 3,248

1.403,560 574,678 (1)

HISTORIC DE LA APARICION DEL COLERA EN LA ISLA DE CUBA EN 1833.

Preservados de la invasion de esta enfermedad durante la 6poca
en que reinaba con fuerza en los Estados-Unidos del Norle-Am6rica,
muchos se daban el parabien de que ya no visitaria nuestras
playas; y persuadidos por una parte A que el mal habia cesado en-
teramente, y deseosos por otra de favorecer los intereses del co-
mercio, se suspendieron las cuarentenas dcsde el 2 de febrero. Los
que conocen el caractcr traidor de la enfermedad; los que sabian
que aun no estaban ahogadas en aquella nation las destructoras se-
millas del contagio; los que contemplaban en la facilidad con que
podian ser introducidas en nuestro suelo, pues que solamente se
hallaban de nosotros a la distancia de cuatro 6 cinco dias de nave-
gacion; todos 6stos se penetraron dcsde entonces de los mas funda-
dos temores; y cumplitndose sus tristes vaticinios, la Habana .fu
victim de la epidemia en el mismo mes de febrero.
El primer caso de c61era de que se tuvo piblica noticia, y
que alarm i los habitantes de esta capital, ocurri6 el 25 de aquel
mes en un catalan llamado don Jose Soler, que vivia en el barrio
de San LAzaro en la alameda de estramuros, 6 sea calle del Prado.
A poca distancia de la habitacion de Soler, fuW atacada una mulata
en el mismo dia 25; y ya en el anterior habia perecido una negra de
la misma enfermedad, sin que hubicse trascendido al p6blico la
causa de su muerte. Dijose casi desde el principio, y repitese genc-

(1) Al hablar de la poblacion de Francia y de otras naeiones de Europa, no
se olvide que yo escribia en 1833.









rahnoint como cosa cicrtai, que aigunos dias aunis (te haber ocurri-
do estos casos. existia en c! misimo barrio de S;n LAzaro un barra-
con do nigros 'rcion int;ro ducidos de Africa, ) que casi todos
murieron infestados del c6cra. Esto hccho, y la coincidencia de
.haber estaliado la epidcmia por el miismo punto donde so hallaban
aquellos africauos, did origin al rumor popular de que estos infe-
"lices habian sido los inlrIod uctorcs do tan cruel ienfermidad. Si
acerca de este punto so han echo las indagaciones necesarias.
confieso quo han sido tan secvclas, que A pcsar do mis esfuerzos
por saber quo pass so dieron, cuiales fueron sus resultados, me
hall n tan comipletaignorancia como losdcmas habitantes de la Ia-
bana. \"(onme pucs rcducido a buscar la verdad en ot'as fuontes, i
vali6ndome para enlcontrarla de los sanos principios de la critical.
mis conjeturas, aum lue destitiidas del prcstigio que pudiera dar-
les ol nombro de lh autoridad no por eso tendran monos fuerza,
pues (que van grabadas con el sello de la imparcialidad y ia
razon.
ZDe d6nde ino el c dera i la It abana? giFu Itraido de Africa 6 de
los Estados-Unidos? Estas son p)reguntas queo odos so lhacen, pero
quo so responded con maliedad pues unos dicen que del primer
punto, y otros quo de! segundo. llustroimos hla :niatria, y tratemios
de fijar la opinion piblica.
Yo no creo quo el oe6era fui introducido do Africa. Que exisiose
un barracon do negros apestados, es un rumor popular; y aui
cuando no quedase duda alguna en osto. todavia so ignore, si 1;
peste fu6 ol c6lera i otra enformeidad de las que comunmente pade-
cen los africanos, pues muchas voices hoinos visto .,' '.I ad nIules-
tras costas cargamontos apesoados, y morir gran parte de ollos.
Adniiase que fuese ol c61era : aun rest probar que o liubicsen
importado los negros, porque es muy factillc quo lo contrajesen
despues de su descmnlarco, mAIxie cuandot su naLuraloza enlla-
quecida y postrada con las privaciones y crueld:ades que sufren en
la navegacion, so halla altamentL prcdispucsta para adquirir
el mal.
Poco imiporta decir, que no existiendo entonccs ningun caso
de c61era, seria impossible quo se hubiese presentado en ellos; por-
que en prune ar lugar iquit responded do que antes de haberse di-
fundido la fatal nueva do su existcncia entire nosotros, no hubiesc
SAstado ocullo por algunos di;as sacriliciando on silencio esta 6 oaqe-








..- 2.14 -
fla victina ? iNo sucedi6 asi en Nueva York, donde habiendo ocur-
rido los primeros casos desde el 27 do junio, estuvo el pueblo en
complete ignorancia de la aparicion del mal hasta el 3 de julio ? Y
si esto sucede en paises done se aguardal)a de un dia A otro la
Ilegada de tan formidable enemigo, y donde la publicidad es el
element de sus acciones, /,qu6 no seria on un pueblo que muchos
consideraban exento de todo peligro, y en done se ha contraido
el funesto hAbito de hacker un misterio aun de las cosas mas sen-
nillas? Es verdad, que durante la epidenia llegaron A las costas de
la jurisdiction do la Habana algunos cargamentos de negros que
perocieron A pocos dias do haber desembarcado; pero nunca debe
olvidarse, que en nuestro suelo fue done contrajeron la enforme-
dad, y que como los ataeaba con violencia, fo'maban un foco de
contagio que roagravando el mal en los puntos donde se hallaban,
iban sucesivamonte difundiindolo por los lugares de su trinsito.
De aquf los justos tomores de los habitantes del canpo A los con-
Irabandos do negros, v do aqui tambion la resistencia que algunas
veccs opusieron A su deselnbarco. Resistencia digna de clogio, y
que ojali siempre so hiciera, pues con ella no solo asegurariamos A
la patria un s6lido porvenir, sino que la' arfamos cl pccado que nos
envilece A los ojos del mundo..
Si estas consideraciones no bastan, tnugase presence, que el c6lcra
no ha \isitado today\ ia las costas africanas del lado del Atlnltico.
Aparcei6 en Egypto on 1831; estondi6se hasta las playas del Medi-
lerrineo; poro no sabemos que so hubiese internado. Quiz6s atra\e-
saria los desiertos, C invadiria las regions centrales; pero si vive
en ellas, aun no se habia ipresentado ;i principios de este afio en la
colonia de Sierra Lcona, en Liberia ni en las demas parties de las
costas occidentales. Si A estas noticias se agrega cl lhecho posilix o,
de que posteriormente hial Ilegado sanos, various cargaluientos que
ban salido de distintos puntos del Africa, se acabara de conocer,
que los tristes africanos no han sido los introductores del 6edlra
norbo on Cuba.
Yo crco lirmemente que nos Vino de nucstros cinos os s Norte-
Americanos. Siguen algunos la opinion contraria, y findanse, en
que habiendo aparecido el cholera en la Ilabana a fines de febrero, )
no existiendo ya entonces en los Estados-Unidos, impossible era que
nos fuese de alli introducido. Que no existia, asi csfuerzan su argu-
tmento, consta de un oficio en une e! senior C nsul 'cl f'rald e Espa-








24S -
fla cerca de aquella Repliblica, particip6 la cesacion del c61era en
ella. Para responder con exactitud, trascribir6 las palabras del acta
de la Junta de Sanidad de la IIabana del 26 de enero de este ano
(1833), en que se di6 cuenta de ose oficio, y la que se public en el
Diario del Gobierno del 2 de fcbrero :
< Por uiltimo sc di6 lectura a dos oficios, uno del serfor C6nsul
general de los Estados-Unidos de America, en que noticiaba A S. E.
que en ningun puerto do aquella Repdblica existia ya la cnferme-
dad del c61era epidnmico, ni otra alguna contagiosa; y que el ru-
mor que habia corridor de haberse introducido en M6bila, no ha sido
confirmado, y creia quc carecia de fundamento. ,
Lo que do esto Anicamente so inftire, segun cl C6nsul general, es
que ya el c6lera habia cesado en los puertos de aquella nation:
pero como los puertos no son mas que una part doe lla, es mu)
mala consecuencia cl inferior que tamnbien hubiese cesado en todos
los Estados-Unidos. Y ni aun su longuajo es decisive, respect a
todos los I.'. I..-. porquo no so desmiento el rumor del c6lera en
M6bila, sino quc so limita a manifestar, que ( no habia sido con-
firmado, y creia que carecia de fundamento. Pero d6se al testi-
monio de] senor Consul today la interprltaciou que s cquiera : eso
nada vale contra la terrible N erd(ad de que el c61era, desde que in-
vadid el ,I I. -.,-, i,. I en ju nio del 832, ha permanecido en elhasta
la fecha. 16 aqui las pruebas de esta asercion.
.El Correo semanail d invcsli/yador de A' '*,**-York en el nime-
ro correspondiente Ai la seniana que corri6 desde cl 17 hasta el 23
de febrero de 1833, inserla una noticia sacada de la Gaceta de Que-
bec del mismo rues. Tales son sus palabras: (La Gaceta do Quebec
dice, que no hay duda en que la semana anterior ocurrieron en Mon-
treal varies casos de c61era, de los que dos 6 tres fucron fatales.
La esperiencia y el carActer de la persona que la dado la noticia
como asunto de deber pfblico, es digno de todo crldito. A la ver-
dad que no es nada inlprobable ni estrafio que la enfermedad rea-
parezca aqui, como en otros paises, y asi cn el invierno del Canadi.
coino en cl de Moscow.) Tenemos pues el gran dato de quc en una
ciudad frontcriza A los Estados-Unidos resucit6 el c6lera en modio
de los frios mas rigorosos; y como en aquella estacion estal helado el
rio San Lorenzo, que es cl inico que abre a Montreal su comunica-
cion con el mar, es forzoso concluir que las mal ahogadas semillas
del contagio se consers aban todavia, 6 en el mismo CanadA A que









pertenece aquella ciudad, 6 on la repdblica de los Estados-Unidos.
Pero esto, se dirA, da una conjetura, mas no un hecho convincente
de su existencia en ellos, que es lo que nos interest saber. Pues
vase aqui probado lo que se quiere negar.
En la misma acta ya citada, do la Junt:t de Sanidad de la Ilaba-
na, y que se public, como he dicho, en cl Diario del 2 do febre-
ro, so dice lo siguionte: (Se ley6 por cl vice-secretario el olicio del
senior c6nsul general de Espana en los Estados-Unidos de Am6rica,
dirigido al Excmo. senor Presidente, particip6ndole que habia lle-
gado a su noticia haber muerto en la ciudad de Boston el 1" de di-
ciembre 19 personas del c61era maligno, como igualment e qu aun
no se habia estinguido esta epidemia en Nuova-Orleans. a
En el mismo Correo semanal 6 investigator de Nueva York, se
public el siguiente anuncio. ((Sontimos saber, que esta terrible en-
fermedad (el cblera) todavia se pj'i, pi""p en los estados del Oes-
te. En Nashville, en el Estado de Tennessee, ocurrieron nueve ca-
sos el dia veintiuno de encro: y on la semana anterior, la Junta de
Sanidad de aquella ciudad di6 part de dtez casos, y seis muer-
tos.) Yo llamo muy particularmente la atencion sobre las palabras
todavia se prolong. Esto dice claramente, no que la enfermedad
hubiese desaparecido y presensidose de nuevo on los Estados dej
Oeste, sino que desde su invasi a: hasta las iltimas fechas habia
permanecido en ellos. Ni so cre.r que el c6lera de Nashville se redu-
jo A ocho 6 diez dias en que hiutiosen occurrido algunos casos sucl-
tos, sino que alarg6 su duracion, pues todo lo que nos dicen las
gacetas de Nueva-Orleans, es, (qui el once de febrero iba cediendo.
Otros peri6dicos de los Estados-Unidos anunciaron tambien desde
principios do marzo, que en el mismo Tennessee, en el distrito de
Gallatin, se habian presentado various casos de c6lera.
El que existia on Attaccapas, se fu6 desenvolviendo, y despues de
haber torado un aspect serio en Franklin, todavia el Boletin de
Nueva-Orleans del 22 do marzo nos asegura, que continuaba sus
destrozos en las parroquias de San Martin y Santa Maria. Finalmen-
te, la fragata Cinncinnati que sali6 de Nueva-York para Nueva-Or-
leans A principios de febrero, fu6 invadida del c61era A los cuatro
dias de su salida, y el 14 y el 12 do aquel mes tuvo diez marine-
ros enfermos. Estos hochos reunidos A la reaiaricion del c6lera en
Nueva-Orleans y A los estragos que estA causando en varies puntos
de aquel Estado, bastan para probar que desde junio del aho pasa-








247 -
do en q( .ceutr6 en el Norte de AmBrica .hasta la fecha en que es-
cribo esta cai .' el formidable azot- ljt siglo XIX no ha salido de
aquel vasto territorio. Y al contemplar las continues comunicacio-
nes que tenemos con los Estados-Unidos, y la existencia del c6lera,
no solo en las fronteras del Norte, sino en las costas de la Luisiana
ShabrA quien pueda negar que nos vino de aquellos passes ?
No faltarA quien lo niegue; y para ello preguntarAn id6nde esta
el buque apestado que de alli entr6? Como ya no habia cuarente-
nas, no se pudo saber cual fuW; pero es una verdad, que en unbar.
co procedente de Portland, de Newport, 6 de Boston, muri6 des-
pues de su arribo A la Habana, un marinero atacado de c6lera la
semana antes de haber estallado aqui. Bien conozco que contra esto
se podrA decir: 1o que no habiendo c6lora en aquellas tries ciudades,
mal podria introducirlo ningun buque procedente de alguna de
ellas; y i2 que la navegacion por corta que se suponga, sera de
diez 6 doce dias, en cuyo tiempo hubiera debido aparecer el c6lera
A bordo, y no despues de tan largo t6rmino.
En cuanto a lo primcro, hay quien crea que en Portland existian
entonces algunos casos de c6lera. De Boston ya se ha visto, que el
40 de diciembre murieron diez y nueve personas; y es muy proba-
ble que en enero y principios de febrero hubiese todavia algunos
casos. Si el buque pues, sali6 de alguno de los puertos apestados,
ya queda, sino destruido, por lo menos muy debilitado el primer
argument; pero como no sB fijamente si parti6 de Portland, de
Boston 6 de Newport, me desentender6 de esta razon, y avanzar6
por otro lado. Para que un buque pueda llevar el c6lera A un pafs,
,es necesario que el puerto de donde sale, este actualmente apesta-
do? ,no puede recibir el contagio de otro punto, por medio de los
efectos que se envian? no puede tocar en algun paraje donde exis-
ta 6 haya existido el mal, y tomar alli su g6rmen? i,no puede con-
traerlo aun en alta mar, poni6ndose en comunicacion con otra nave
que encuentre? jNo acabo de citar elejemplo de la fragata Cinncin-
nati que sali6 en febrero de Nueva-York para Nueva-Orleans, y en
la navegacion se declare el c6lera? iPero existia ent6nces en Nueva-
York? Dios nos libre de responder por la afirmativa; y no quedan-
donos mas recurso, confesemos A nuestro pesar, que un buque pue-
de introducir el c6lera en un pais, sin que el puerto de donde pro-
cede, se halle apestado al tiempo de su salida.
En cuanto A lo segundo, esto es, que siendo diez 6 doce dias el








Mg8 -
trmino wuas corto de la navegacion de aquellos puntos A la IIaba-
na, el c6lora debi6 de haberse declarado & bordo; es muy ffcil res-
ponder. 40 Que bien pudo haberse declarado, mantenidose oculto
por la falta dc cuarentena, y haberse presentado despucs en el puer-
to el nuevo caso de que Ilevo hecha mencion. 2o Que si este misino
caso, 6 pesar de habor ocnrrido entire nosotros, permaneci6 ignora-
do durante la cpidemia, y solo en estos 61titmos dias, es cuando muy
pocas personas han tenido conociniento do dl, ,con cuanta mas ra-
zon no estaria oculto lo que )pudo pasar en alta mar, y cuando ha-
hbia intcres en esconder esos mismos sucesos? 3 Que habiendo ma-
nifestado en las p6ginas anteriores de esta carta, quo el hombre pue-
de Ilevar consigo el gdrmen del c6lcra por mas de 25 dias, sin ata-
caric los primeros sintomas, dcbe desde luego cosar la imposibili-
dad que se quiere suponer con una navegacion de diez, quince 6
veinite dis.
Per'o no algan las razones que he espuesto; y aun crease, si se
quiere, que el mariners, lejos de ser el introductory de la peste, la
contrajo en esta ciudad: todavia no se infiere de aqui, que ella hu-
biese d..i I. 1 de venir de los Estados-Unidos.
No pudo entrar en nuestro territorio por medio de los efectos
mercantiles? Sin haber aparecido ningun enferno a bordo de los
buques, que de los paises vecinos ya apestados llogaron a varies
pueblos del Asia, el c lera los invadi6. Asi so introdujo en las islas
de Ceylan, Sumintra, Java, Penang. Singapore, las ',Ili .:i Luzon,
Ormus. Kirme, y algunos puntos del continent. llabri, pues,
quien niegue centre nosotros, que sc pudo introducir del mismo mo-
do? Esto seria el colno de la obstinacion. Cuando se rellexiona que
jamas el c6iera ha atacado ningun pais, sin queo ste haya tonido
antes relaciones con otro apestado; cuando se r, 1i. 1.'' i quo antes
y al tiempo do aparecer en la lId:dna, existia en algunos puntos de
los Estados-Unidos, v que -varios de estos, como es el de la Lui-
siana, no solo se hallan 6 mun corta distancia de esta capital,
sino que tienen con ella continues comunicaciones; cuando se re-
flexiona que A pesar de tan activo comercio, nos preservamos de
la epidemic, mientras se guardaron fas cuarentas, y que nos vimos
asaltados por ella, lucgo quo se suspendieron; cuando so reflexiona
en fin, que el pueblo de Matamoros situado en las costas del.Golfo
de MIjico, y que tiene relaciones mercantiles con los Norte-Ameri-
canos, pero ningunas con la costa de Africa, ha side tambien inva-








249 -
dido y esperimentado muchos estragos, y que el mal ha reaparecido
en Nucva-Orleans y otros pueblos de la Luisiana; es necesario con-
fesar, que la irrupcion del c61era en la isla de Cuba track su origin
de los Estados-Unidos del Norte-Amrrica.
Tntroducido ya el c61era en la HIabana, su propagacion fu6 gra-
dual, pues no ton6 un carActer formidable hasta el 3 de mar-
zo en que se enterraron 56 cadiveres en el Cementerio gene-
ral. A nuestros midicos cupo el honor (do conocer la enfermedad
desde los prinmros casos que so les presentaron, y mas felices en su
pron6stico que los facultativos de otros passes, dieron una alarm
oportuna para que los habitantes so preparasen. Aunque en los pri-
meros dias gran part d(l pueblo no creyese en la existencia del
c6lera, nunca atribuy6 las muertes casi repentinas que ocurrian A la
maldad do algun encnenador, ni al influjo de causes siniestras. I.a
Habana alortunadamente, no ha visto en su seno los tumultos po-
pulares que agitaron a San Petersburgo en los dias aciagos del c6-
lera, ni tampoco las sangrientas escenas que deshonraron a Paris,
asesinando en sus calls A los inocentes qcue la furia popular desig-
naba como autores (do sus desgracias. No, nuestro pueblo ha sufri-
do en silencio los horrores de la epidemia inas destructora que so
encuentra en sus anales; y cuando el numoro de victims que dia-
riamente espiralan, llovaron al corazon de todos el tristo conveonci-
iniento de que el c6lera nos habia ilvadido, levant con resignation
los ojos al cielo, y adorando los decretos do la Providencia, unos
buscaron asilo en los pueblos y campos vecinos, y otros csperaron
la muerte sentados en sus hogares. Cuando se apague cl iicendio
que devora las f6rtiles regions do esta isla sin ventura; cuando las
noticias que puedan rounirse, preslaren materia para trazar el cua-
dro do nuestras desgracias. quiz6s entonces csc; ibir6 una pagina.
que agregada al pe(quoeo vol imen do nucstra historic, consignoara i
la posteridad la justa alabanza de las buonas acciones, y la several
reprobacion de las malas. Entretanto mi pluma se limitara mas bien
A dar un bosquejo, que no una nolicia complela do los estragos del
c61era en la IHabana y en algunos de los parajcs Na ina didos.
MORTANDAD EN LA IIABANA, OCASIONADA I'OP EL COILERA EN 1833.
Los datos acerca de la mortandad de la HAbana se deri\ an do
tres fuentes: 4I d los estados de los comisarios de barrio intramu-
ros, y de los capitanes te partido estramuros: 2a de los asientos y





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