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HIDE
 18 reunion del ateneo Centro-americano...
 Meditaciones - La petenera
 Rimas - La cancion del oro
 Manuel Molina Vijil
 Intima - Cronica














Group Title: Ateneo Centroamericano
Title: El Ateneo Centroamericano
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Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00026077/00012
 Material Information
Title: El Ateneo Centroamericano
Physical Description: v. : ; 26 cm.
Language: Spanish
Creator: Ateneo Centroamericano
Publisher: s.n.
Place of Publication: Guatemala
Frequency: monthly
regular
 Subjects
Subject: Central American literature -- Periodicals   ( lcsh )
Genre: periodical   ( marcgt )
 Notes
Issuing Body: "Organo de la Sociedad Literaria del mismo nombre."
 Record Information
Bibliographic ID: UF00026077
Volume ID: VID00012
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000310800
oclc - 07562916
notis - ABT7495

Table of Contents
    18 reunion del ateneo Centro-americano - Las ruinas de la Antigua
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    Meditaciones - La petenera
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    Rimas - La cancion del oro
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    Manuel Molina Vijil
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    Intima - Cronica
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Full Text

,rr


0omo I. } Guatemala, 19 de Febrero de 1889. Nim. 19.


El








DEL
CE



A
den
Agi
tille
tillo
IAsq
le6n
S
1'
rior


; ATENBO NTRllO-AMBllHANi.

PUBLICACION QUINCENAL,
ORGAN DE LA SOCIEDAD LITERARIA DEL MISMO IJ^BRE.


18" REUNION en el "Ateneo" el 15 de6 di&Tro-o'" ;
pr6ximo. ,-."
ATENEO CENTRO-AMERICANO, 49-Que la cuota mensual de
que habla el Reglamento inte-
ELEBRADA EL 21 DE ENERO rior, debe comenzarse A pagar
DE 1889. desde el fltimo del present
mes en adelante.
5?-Siguiendo la prActica es-
,sistieron los socios, Presi- tablecida en varias sociedades
te Uriarte, Vice-Presidente literarias, el Ateneo .entro-
iilar,Cuellar, Rodriguez Cas. Americano se declara en vaca-
jo,Castillo (Jos6 Le6n), Bus- clones.
, Morales (P.), Ochoa Ve. 6-.-Que la pr6xima reuni6n
uez, Rivas, Quinteros, De, tendra lugar el 7 de Marzo
(M.),y Secretario Ortiz M. prximo.
S' 79-Las disposiciones anterio-
e dispuso: .
e dispuso: res no alteran en nada la publi-
9-Oue el reglamento inte- caci6n del peri6dico de la so-
debc empezar a regir desde ciedad.


esta fecha. y sera publicado en
el nfimero del peri6dico respec-
tivo, correspondiente al 15 de
Febrero pr6ximo.
29--ue la comisi6n redacto-
ra del peri6dico se. componga
de los socios Cudllar, Ortiz y
Quinteros.
39--Facultar al socio Sefior
Uriarte para conseguir de quien
corresponde, el tomo tercero de
la "Rocordaci6n Florida" de
Fuentes y Guzmdn, obra inddi-
ta que comenzarh a publicarse


A B.
A 8(A


J. ORTIZ M.
Srio.


Las ruinas de la Antigua.
(1868.)
(Concluye.)

Aqui fu6 donde en 25 de julio
del afio de 1524 fund el mismo
Pedro de Alvarado la ciudad de
Santiago de los caballeros de Guate-
mala con gran pompa y solemni-







29 LAEE ETOAEIAO


dad, fundacidn que despu6s fu6
confirmada en cabildo de 22 de no-
viembre de 27 de una manera de-
finitiva por el Teniente de Gober-
nador y Capitan General, Jorge del
mismo apellido.
Mi primera visit fu4 al solitario
amate, al pi6 del cual se dijo la
primera misa en aquel dia memo-
rable, por el capellan Juan de Go-
dinez. Ninguna sefial hay allf que
advierta al extranjero que aquel Ar-
bol que la mano del tiempo ha res-
petado, guard en sus cansadas ra-
mas las paginas del bautiso de un
pueblo. Ni una verja de hierro se
ha colocado en derredor de su ro-
busto tronco, siquiera fuese para
impedir que los cerdos continua-
sen haciendo en la tierra que lo cir-
cunda sus asquerosas excavacio-
nes. (*)
Temeroso de un desire, me atre-
vi A manifestar al Alcalde del pue-
blo, que habia tenido la bondad de
acompaflarme, mi deseo de llevar
como pn recuerdo de aquel lugar
una pequefia rama del bendito Ar-
bol. El Alcalde sin responderme se
dirigid en su dialecto A uno de los
indigenas que formaban su cortejo
y pocos moments despu6s vi con
una profunda tristeza con mezcla
de indignaci6n, que aquel barbaro
trepaba al amate provisto de un
afilado machete, con el que descar-
gando fuertes golpes sobre uno de
los brazos del Arbol, hizo caer A
nuestros pies cantidad de madera
suficiente para enceder un horno.
-No era necesario tan:o, dije al
Alcalde sin poder ocultar el disgus-
to que aquella profanaci6n me cau-
saba; me habria bastado con una
pequefia vara.
-Bah,- me respondi6 el indi-
gena con la glacial indiferencia de
su raza, lo mismo hacemos siempre
que algin extranjero viene por acA,

(* Segfiu parece, boy trata de hacerse alli
un jardin.


cuando no es 61 mismo quien se
despacha A su sabor.
Si yo creyera en los milagros di-
ria que si aquel amate vive ain, lo
debe A alguna influencia entera-
mente sobrenatural.
Sin resolverme A cargar con todo
aquel haz de lefia di 9rden a mi
criado de tomar solo un pedazo,
del que mas tarde hice labrar dos
bastones, y me dirigi con la comiti-
va A las ruinas del antiguo palacio
del Adelantado donde en fama que-
d6 sepultada la infeliz Gobernado-
ra del reino dofia Beatriz de la Cue-
va el dia II de septiembre de 1541,
en que los torrentes de agua que
descendieron del volcAn 'de este
nombre, pusieron fin a la existen-
cia de aquella pintoresca ciudad,
A la que los mexicanos que con Al-
varado habian llegado dieron el
nombre de Almolonga que en su
lengua quiere decir manantial de
agua. Y ninguno mAs hermoso cier-
tamente que el que sirve de surti-
dero A los que hoy se llaman bafios
de Ciudad-Vieja.
De los monumentos de la 6poca
s61o queda hoy visible la iglesia de
San Francisco, que es actuahnente
la parroquia de la nueva poblacidn.
Todo lo demAs de la ciudad estA
cubierto por una inmensa capa de
arena. Si es cierto que alli mismo
existia a la llegada de los conquis-
tadores la corte de Sinacam, deben
ser innumerables las riquezas ente-
rradas, que es de esperarse que al-
gun dia se empefie un Gobierno
ilustrado en revivir A los contem-
poraneos para provechoso studio
de la antigfiedad.
Despu6s de haber tonmado un li-
gero almuerzo me puse de nuevo
en camino hacia la gran ciudad, de
la que ya me separaban solamente
algunas hermosas nopaleras.
Cuando despu6s de haber atrave-
sado inmensas calls desiertas, cu-
yos arruinados muros hablan al al-
ma el misterioso lenguaje de las


EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


290







[ERICANO. 291


tumbas, llegu6 al fin rendido de
cansancio al Hotel de la calle real,
pude confirmarme en la idea que
siempre he tenido, de que en la
epoca de su ruina, la Antigua Gua-
temala debe haber tenido mayor
nfmero de habitantes de los que
hoy suman las poblaciones de la
anciana y la modern capital uni-
das.
Despu6s de la catistrofe de Al-
molonga, los vecinos que de ella
quedaron, se reunieron varias ve-
ces en cabildo para resolver sobre
la traslacidn de la ciudad, la que
no sin muchas disputes fu6 al fin
acordada definitivamente en 22 de
octubre del mismo aflo de 41, es-
cogi6ndose al efecto el valle de
Panchoy, que es el mismo que hoy
conocemos con el nombre de la
Antigua. La eleccidn no podfa ser
mis acertada, asi por la posici6n
geografica del lugar, como por las
circunstancias especiales del suelo
de que ya he procurado dar una
idea.
Con tal tes6n emprendieron los
espafioles la edificacidn de la nue-
va villa, que 6sta lleg6 i ser en po-
cos aflos una de las mas importan-
tes de la America latina. Pero su
destiny estaba escrito. Constante-
mente amenazada por la furia de-
los volcanes, sucumbid al fin al te-
rremoto de 29 de julio de 1773, que
fu6 mis bien que la causa de su
ruina, el pretexto de que sus aco-
bardados moradores se valieron pa-
ra abandonarla, emprendiendo una
nueva peregrinaci6n al valle de las
Vacas.
Digo que el temblor de Santa
Marta fu6 mas bien un pretexto
que una complete ruina, porque
hoy mismo los monumentos que le
sobreviven estan acusando de im-
previsora la media de la segunda
traslaci6n. En las abiertas c6pu-
las de los macisos templos, lo mis-
mo que en las hondas grietas de
las paredes de las casas particula-


res, se esta leyendo que las lluvias
de cien afios a6n no han podido
completar la obra de destrucci6n
que principi6 el terremoto y secun-
daron despues el abandon y la
pica.
Ligeras reparaciones han bastado
para conservar hasta nuestros dias
la parte que no quiso dejarse hun-
dir del palacio de los Capitanes Ge-
nerales; casi ningunas para mante-
ner en pie el suntuoso edificio de
la Real Audiencia; muy poco cos-
to para convertir las elegantes b6-
vedas de la compania en rica fAbri-
ca de hilados; y esfuerzos insignifi-
cantes para devolver al culto, ain
despu6s de algunos afios de olvido,
las magnificas iglesias de la Merced
y la Escuela. En cuanto i las casas
particulares muchas de ellas siguen
abrigando hoy a los modernos ha-
bitantes.
Siempre he tenido la idea de que
la traslaci6n de la ciudad fuC su
verdadera ruina y la causa princi-
pal de la disoluci6n del vinculo que
unia i las provincias de la Capita-
nia General. Sin contar las nume-
rosas families y los cuantiosos ca-
pitales que con ellas emigraron a
Lima y Oaxaca, y haciendo cuenta
s61o de los miliones que en fabricas
suntuosas quedaron abandonados
en la Antigua, y de los que costa-
ron las nuevas fabricas en el valle
de las Vacas, hay para comprender
c6mo la capital del reino perdid to-
da su importancia a los ojos de las
ciudades subalternas. Mayor talen-
to que el nuestro han manifestado
los habitantes de San Salvador, re-
sistiendo con heroica resignaci6n
nueve ruinas consecutivas en su
querida ciudad, reedificindola cada
vez que los terremotos la han des-
truido. Aunque sea cubierta de es-
combros, el hombre que no se mue-
ve, conserve su propiedad y esta
propiedad es una base para sus fu-
turas operaciones. Si todas las ciu-
dades donde tiembla imitaran el


EL ATENEO CENTRO-ANI







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


ejemplo de la Antigua Guatemala,
ique seria de Napoles y Lisboa,
de Caracas y de Lima?
La Antigua pudiera llamarse la
ciudad de los conventos. Despu6s
de contemplar la obra de Dios en
la rica y variada naturaleza, la del
hombre, en el interior de la ciudad,
ofrece tal aspect de mon6tona tris-
teza que prime el coraz6n. Sobre
las ruinas sopla siempre un aire de
melancolia; pero es po6tico en Ate-
nas y de gloriosos recuerdos en Ro-
ma, instructive en el Palenque y
de profunda simpatia en CcpAn.
Aqui por el contrario es simple-
mente triste.
A cada paso se tropieza con los
escombros de esas pequefias ciuda-
des construidas dentro la ciudad,
donde millares de hombres y mu-
jeres consumian su existencia en el
encierro, degradando su naturaleza.
En algunos de los edificios hasta el
aspect exterior es repulsive, como
sucede con la Compania y la casa
de la Inquisici6n, que tcdavia con-
servan en sus altos muros un color
subido de ladrillo que parece san-
gre. ;Si serA que los discipulos de
Torquemada se anticiparon a nues-
tra 6poca en la invenci6n de las vis-
tosas muestras?
Capuchinas lo mismo que la Con-
cepci6n, San Francisco 1o mismo
que la Merced en poco 6 nada se
diferencian, si se .xcept6a la her-
mosa fuente que se ha descubierto
en el patio principal de este iltimo
convento, fuente en cuyos vastos
departamentos es fama que los po-
co austeros frailes de la orden mi-
litar, criaban toda clase de pesca-
dos con los que alimentaban sus
gustos sibariticos. Por lo demas,
las, mismas celdas estrechas, los
mismos espaciosos claustros, los
mismos hermosos jardines y los
mismos misteriosos subterraneos.
Capuchinas tiene de notable una
especie de almena 6 torrecilla cir-
cular situada en el fondo de un pa-


tio, hecha de piedra de una sola
pieza, en la que se ven unos hue-
cos A manera de nichos 6 sepulcios
que segin unos servian A las mon-
jas para prisi6n y seg6n otros de
enfermeria.
Santa Catalina llama la atenci6n
por su famoso arco que servia co-
mo de puente a6reo para comuni-
car, al traves de una calle, el con-
vento con su espaciosa huerta. Si
aquel arco pudiese hablar....
De la ostentosa cathedral extre-
nada en 1680, de 318 pies de longi-
tud, con sus sesenta soberbias b6-
vedas, sus cinco dilatados cuerpos,
su cimborio de 96 pids de elevaci6n,
sus multiplicadas columns y ven-
tanas, sus decoradas capillas y mag-
nificos altares, no queda mAs que
un miserable fragmento, medio cu-
bierto por lado que mira a la pla-
za de armas, con los remendados
restos de la fachada de la costosa
fabrica del siglo XVII.
Restos tambi6n son los que que-
dan, pero restos interesantisimos,
de los palacios del Capitan General
y de la Audiencia, transformados
hoy en corregimiento el primero y
en casa municipal el segundo. Sus
magnificas columns de granite de
una sdla pieza, demuestran la ina-
gotable riqueza de las canteras del
lugar. Por lo demas, asi cn sus im-
ponentes arcos como en sus arteso-
nados de cedro primorosamente es-
culpidos, asi en sus severos patios
como en sus elegantes salons,
aquellos edificios conservan adn el
sello rigido de la valiente edad de
fierro A que pertenecen.
Antes de dejar la plaza hare men-
cidn de un monument que en su
centro se encuentra colocado. Es
un pequefio trono que alli elev6 el
hombre A la naturaleza. Hablo de
la fuente principal que por distin-
tos surtidores arroja las cuatro cla-
ses de agua que por cuatro diferen-
tes caflerfas vienen a abastecer la
favorecida poblaci6n, y que una fe-






EL ATENEO CENTRO AMERICANO.


liz idea hizo reunir alli para que to-
das se confundiesen en el mismo
estanque que las recibe. Aquel es
sin duda el mayor lujo acuAtico del
mundo.
La Universidad s61o tiene de no-
table la historic de la fundaci6n del
institufo. Fu6 necesario un siglo de
reiteradas siplicas de parte de los
pricipales vecinos de la capital,
para que al fin los monarcas espa-
fioles viniesen A autorizar su funda-
cidn en enero de 1676, no sin ha-
ber antes mandado por cddula de
5 dejulio de 1673 que el Obispo y
Dean de la iglesia metiopoiitana,
con el Presidente y principals Oi-
dores de la Audiencia, reunidos en
junta, tratasen con madurez la mate-
ria, examinando y pensando los pro-
vcc/os y da'ios que dicha fundacidn
podia ocasionar!
En cambio dotaron a la ciudad
de sesenta y cuatro templos, diezi-
nueve conventos y multitud de
congregaciones, terceras 6rdenes y
cofradias.
La inica de aquellas mansiones
de otro tiempo que aun queda hoy
habitada por los frailes es el con-
vento de Betlemitas, orden funda-
da en 1653 por el Beato Pedro de
Betancurt. Fui a visitarle y debo
confesar que, con excepci6n de la
hermosa calle de cipreses pirami-
dales que abre paso al oratorio del
convento en medio de una bonita
plazoleta, nada encontr6 que me
Illamase la atenci6n. En cuanto A
los betlemitas de hoy me parecie-
ron una pacotilla de zanganos, no-
tables por su ignorancia y fanatis-
mo, que han olvidado completa-
mente las virtudes de su santo fun-
dador. Betancurt recorria las calls
de la ciudad en busca de enfermos
infelices que el mismo conducia en
hombros A su pequefio hospital pa-
ra asistirlos y curarlos; sus indig-
nos sucesores recorren las aldeas y
los campos en demand de limos-
nas, predicando las mAs absurdas


sandeces y hacienda los matrimo-
nios mis ridiculous. La caridad cris-
tiana no la conocen ni de nom-
bre. (*)
Digna de visitarse es la Alameda
del Calvario, majestuoso residuo
de la gran Alameda de otros tiem-
pos, cuyos pies besan con carifio
las silenciosas linfas del modesto
Pensativo.
El paseo de Santa Lucia es mo-
derno y nada tiene de notable.
He dicho que las ruinas de la
Antigua son tristemente melanc6-
licas y que ni inspiran como las de
Roma, ni interesan como las del
.Palenque, buscando intencional-
mente estos dos puntos extremes
para la comparaci6n, para que no
se crcyera que por efecto de un
ciego empirismo queria poner en
parang6n una pobre ciudad de ayer,
cabeza de un obscure iinc6n del
mundo con la que fu6 sefora del
Orbe y cuyo origen se remonta a
los tiempos fabulosos. Palenque es
tambien pobre y bien modern si
se la consider al lado de la cuna
de los CUsares, y sin embargo,entre
Palenque y la Antigua media un
mundo. Las piedras geroglificas de
la vieja Culhuacan guardian la his-
toria de un pueblo libre que debi6
ser un gran pueblo, mientras que
los abandonados restos de la Ciu-
dad de los Caballeros pertenecen
s61o d los frailes y las monjas.
Por esto es, en mi concept, que
las ruinas de la Antigua no han po-
dido encontrar un cantor entire
nuestros bardos. Sin el hermoso
panorama en que se extienden, sin
los alrededores bellisimamente po-
ticos que las circundan A manera
de una corona de azucenas cefiida
A la frente de un cadaver, aquel
lugar seria inhabitable, y no logra-

[*] Los Botlemitas fueron tambikn ex-
pulsados de la Antigua cuando se decret6
en 1872 la exclaustraci6n de los frailes por
el gobierno de la revoluci6n.


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293






EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


ria dejar en el inimo del viajero
mAs que impresiones de dolor y de
desesperaci6n.

RENATO MURRAY.


MEDITACIONES.

Ven, mi amor! Mira que triste
se esti poniendo la tarde!
En el lejano occidente
acaba el sol de ocultarse;
me bcsan las dulces auras
y gimen al alejarse,
y en ese cipr6s sombrfo
esta sollozando un ave.

El cielo esta nebuloso,
y yo no puedo explicarnme
esta profunda tristeza
que mi coraz6n abate.
Todo lo veo funesto:
la brisa, cl cipr6s y el ave,
.y asi quiercs que sonrfa,
y asf deseas que cante?

Todo esti criste, muy triste!
Vol6 del ciprds el ave,
y del cielo nebuloso
la lluvia menuda cae;
las dulces auras murmuran
un adi6s doliente y suave....
Yen, mi amor, mira que triste
Sse estd poniendo la tarde.

Se alejan, al fin se alejan
melanc6licas y suaves,
las quejas del pajarillo,
los celajes de la tarde;
y se acercan lentamente
en confusion agradable
con las auras de la noclhe
las sombras crepusculares.



Ven, mi amor, mira que obscure
estA la noche callada,
parece mujer que llora
silenciosa y solitaria.


IHasta las aves nocturnas
baten medrosas las alas.
;Oh, qu6 triste esta la noche!
;Ay qnu triste esta mi alma!



Despierta, vcn amor mfo,
mira qu6 hermosa mariana,
azul y lfmpido el cielo,
las aves alegres cantan,
del sol los rayos hermosos
doran las verdes montanras,
v las aromadas flores
coquetean con las auras.

S Espl6ndido vino el dia,
huy6 la noche enlutada,
cuando asom6 por oriented
vestida de luz el alba;
sigui6 al llanto de la noche
la risa de la alborada....
ZQui6n disiparn Dios mio
las negras sombras de mi alma?

LOLA AMONTENEGRO.


LA PET.NEERA.

Leyenda gu-atemalteca, por un socio
del "Ateneo Centro-Americano."

PRIMER PART.

(Continima.)

SCAPITULO II.

LA FAMILIAR PIN ElO.


Alli por el afo de 1860, habia en
la calle de la plaza de toros un
obrador de herreria pobremente
montado. Su propietario, el senior
Pedro Pinelo, hombre de 30 a
35 afos de edad, robusto y un
tanto bien parecido, gozaba en el
vecindario de buen concept, como
hombre honrado y buen cristiano;


294






EL ATEiNEO CENTRO-AMERICANO. 295


era originario de Chachaclum, uno
de los pueblos del Pet6n, de donde
tambi6n lo era Margarita su espo-
sa, muchacha de 20 a 22 afios, sen-
cilla, de agradable presencia y de
costumbres arregladas, como lo eran
tambi6n las de su esposo. En bus-
ca de fortune, habia aquella honra-
da pareja abandonado su pueblo
natal trasladandose aqui, donde se
estableci6 lo mejor possible. El
maestro Pedro abri6 su obrador no
sin tropezar con grandes dificulta-
des por la falta de recursos y de
conocimiento de las gentes con
quienes tenia que tratar; pero con
f6 inquebrantable en el buen 6xito
de su empresa.
Margarita no fiaba menos que 1l
en el porvenir.
Aquellas dos almas puras y sen-
cillas, creadas la una para la otra,
vivian intimamente unidas, mis
que por la f6til formula del matri-
monio, por la esencia misma de 6s-
te: iel amor!
Eran las dos mitades de un todo,
una sola vida distribuida en dos se-
res, una sola alma animando simul-
tAneamente dos cuerpos, un solo
pensamiento ajitando dos cere-
bros, una sola voluntad gobernan-
do dos existencias, un solo senti-
miento anidando en dos corazones,
una sola esperanza, alimentada por
dos pechos. En una palabra: era
Pedro el complement de Margari-
ta, y 6sta era el de aqul.
Destinado el uno para la otra, en
el confuso laberinto de la vida, lle-
garon a encontrarse, recoconocie-
ronse mutuamente, se comprendie-
ron y confundifronse en el fuego
santo del amor, que eleva, que dei-
fica al objeto que nos lo inspira y
nos acerca a Dios.
S61o cuando el amor impera en
el coraz6n puede creerse en la feli-
cidad.
Por eso Pedro y Margarita se
conceptuaban felices en medio de
su pobreza.


Sostenidos mas por la vida del
espiritu, que por la vida material,
sus privaciones, sus escaseces, sus
miserias, las soportaban resignados,
y aun casi con indiferencia, pen-
sando s61o en amarse.
Si anhelaban la adquisici6n de
bienes de fortune, era sdlo para sa-
crificarlos en aras de su amor. Cada
uno de los esposos deseaba propor-
cionar al otro las mayores comodi-
dades posibles, como si no fuera
bastante a su felicidad el acendra-
do amor que se profesaban.
Esa noble emulaci6n los alenta-
ba en el trabajo, del cual eran es-
clavos ambos.
En poco tiempo el maestro Pe-
dro logr6 granjearse, por su con-
ducta intachable y su constant de-
dicaci6n al trabajo, el aprecio del
vecindario todo y de muchas otras
personas respetables de la ciudad.
Del mismo modo Margarita, con
sus buenos modales, su indole suave
y su conduct ejemplar, pudo en
poco tiempo adquirir la estimaci6n
general de las mujeres del barrio.
No siempre la fortune se ha obs-
tinado en burlar a quien la busca;
y el que camine en pos de ella por
la senda del trabajo honrado, mAs
tarde 6 mis temprano lograra su
posesi6n.
El maestro Pedro y Margarita,
pudieron al cabo de dos afos de
improbo trabajo, ver cambiada su
miserable situaci6n porotra, que si
no llegaba A la opulencia, por lo
menos les proporcionaba otro g6-
nero de vida, bastante a Ilenar sus
aspiraciones.
Ya el maestro Pedro ocupaba en
su taller dos 6 tres operarios, con
quienes dividia su trabajo; y Mar-
garita se permitia el lujo de tener
una mixquefia por sirvienta, con la
que tambi6n compartia los queha-
ceres dom6sticos.
Es verdad que la pobre, en aque-
l!a 6poca, bien merecia que se la
release de toda otra ocupaci6n pa-






296 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


ra consagrar todos sus cuidados, A
otro objeto: al primer fruto de su
amor,.4 Rosa, que contaba apenas
algunos dfas de nacida.
El advenimiento al mundo de
su primog6nita, fue para el maes-
tro Pedro motive de grande rego-
cijo; y el dia que aquel tuvo lugar,
no omiti6 medio de los que A su al-
cance estuvieron para rodear A Mar-
garita de todas las comodidades
que se merecia, en premio de su
buena obra, aunque esto no dej6 de
proporcionarle algunos ligeros des-
agrados provenientes de las mur-
muraciones de unas cuantas muje
res que le criticaban, y acaso con
raz6n, el haber hecho que asistiera
A su esposa, la sefiora Eustaquia,
que era la partera de las ninias, es
decir: la que generalmente se lla-
maba por las sefloras acomodadas
en situaciones andlogas.
No resistimos d la tentaci6n de
dar 4 conocer al lector A la sefiora
Eustaquia, como el prototipo de
las de su profesi6n en aquel tiempo:
era esta de pequefia estatura, de co-
lor moreno y extremadamente gor-
da; seg6n ella afirmaba bajo su pa-
labra de honor, Ilegaba ya a los 60,
aunque realmente representaba al-
gunos mas; vestia enaguas y cami-
sa corta que le permitfa exhibir
francamente sus robustos brazos,
consuelo y esperanza, al mismo
tiempo que terror, de sus atribula-
das enfermas; llevaba siempre ama-
rrada la cabeza con un gran pafiue-
lo de seda, 6 mascada como ella lo
Ilamaba; al andar parecia que las
caderas se le desparramaban sobre
la parte inferior; su lengua no esta-
ba nunca ociosa, tenia conversaci6n
para las veinticuatro horas del dia,
pues era fama que hasta dormida
hablaba; fumaba mAs que un irlan-
des, y con su ronca voz infundia pa-
vor A los nifios. -
Cuando se la llamaba 4 prestar
sus servicios profesionales, para lo
que estaba autorizada, A falta de


otro titulo, por el curso prActico de
Obstetricia que en su juventud ha-
bfa hecho, pues A los 35 afios de
edad habia obtenido diez premios,
en igual ndmero de actos sosteni-
dos en la material, ent6nces, deci-
mos, era cuando ella imponia sus
condiciones no s61o relatives al pa-
go que exigfa, sino tambi6n al tra-
to que debia dArsela. No es valer-
me de la ocasi6n, decfa, ni hacerme
la interesante; pero no quiero que
me suceda como cuando se alento
la niia Fulana, que asi que la es-
tuve viendo en toda su enfermedad
y me desvel6 toda la noche hasta
que se alivid, no me dieron ni un
chocolatillo siquiera, ni me pagaron
nada y ahora dicen que la dej6
descompuesta, y que si no hubiera
sido por el medico no habria salido
con bien. Y los acongojados mari-
dos, no habiendo otro palo en que
ahorcarse, no tefaan mAs que decir
am6n 4 todos las exigencias de
aquella especie de dictador de las
parturientas.
Tal era la mujer que asisti6 A
Margarita en su enfermedad y que
tanto di6 que decir A la maledi-
cencia.
En lo relative al bautizi de su
hija, quiso tambien el maestro Pe-
dro salirse de su esfera, hacienda
que aquel acto fuese lo mas solem-
ne possible. En efecto, hubo Te
deum en el Calvario, que fu6 don-
de se celebr6, y refresco en la casa,
fuera de otras demostraciones que
colocaron 4 aquel entire el n6mero
de los bautismos alcgres, que conta-
ba la crdnica del barrio.
Rosa fu6 desde su nacimiento el
foco 4 que convergian los amo-
rosos rayos de las almas de sus pa-
dres; ella vino a estrechar mas, si
cabe, el lazo que unia tan intima-
mente aquellos dos corazones y d
aumentar la dicha de los esposos.
Margarita veia en su hija la imi-
gen de Pedro; y 6ste afirmaba que
era el vivo retrato de la madre.






EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 297


Esa preocupaci6n contribuia aca-
so d hacer mas entrafiable el amor
que ambos profesaban a su peque-
fluela.
Aunque la fecundidad de la mu-
jer en Guatemala, parece estar en
raz6n inversa de los medios de sub-
sistencia, Margarita no lleg6 A'ser
madre, sino hasta los cinco afios de
su matrimonio y ya cuando la es-
pantosa miseria habia dejado de
albergarse en aquel hogar, en que
el amor mas puro se ocult6 por lar-
go tiempo bajo la forma de dos se-
res miserables.
-Pedro,decia A su esposo, la ven-
turosa madre,'bendigamos a Dios
que nos ha concedido la dicha de
tener una hija ya cuando podiamos
tender d su educaci6n. Qud hu-
biera sido de nosotros y de ella, si
el cielo nos la hubiese enviado, an-
tes de que huyera de esta casa la
miseria? iAy! mi pobre Rosa icuan-
to hubiera sufrido! Acaso hubiera
vu6ltose inmediatamente al centro
de que parti6, A la vista del mise-
rable hogar que la esperaba!
-Tienes raz6n, decia aquel, Dios
no ha querido hacer con nosotros,
lo que con la generalidad de los po-
bres, A quienes por todo patrimo-
nio, concede una numerosa familiar
que no pueden alimentar, en tanto
que A los ricos les da cuando mds
uno 6 dos hijos; pero eso si, la ley
de la compensacidn alli se ve cla-
ramente: mientras que los hijos de
los pobres se desarrollan robustos y
sanos, los de los ricos generalmen-
te nacen raquiticos, tisicos 6 con
defects organicos.
El amor paternal se revelaba con
toda su ternura, con toda su senci-
Sllez, con toda su solicitud en los
dichosos padres de Rosa, que veian
en ella el objeto de una ciega ado-
raci6n.
El porvenir de aquella criatura
era cuanto les preocupaba por en-
t6nces; y solo pensaban en trabajar
con mas ahinco que antes, seg6n


decian, para que cuando Rosa cre-
ciese nada le hiciera falta y pudie-
ra educarse c6modamente. A ese
fin conspiraban todos sus actos.
En las primeras horas de la no
che del 5 de enero de 1863, Marga-
rita sentada A la cabecera del lecho
en que su esposo descansaba de las
duras faenas del dia, tarareaba, no
sabemos que canto, con esa dulce
voz de madre que lleva la sonrisa
A los inocentes labios del hijo re-
cien nacido, teniendo A Rosa sobre
sus rodillas obligada a permane-
cer de pie, asida de sus suaves ma-
necitas. Al compas de su canci6n,
movia entire ambas piernas comuni-
cando el movimiento d la chiquita,
al propio tiempo que con las ma-
nos la tiraba sucesiva y suavemen-
te de ambos lados.
-Mira Pedro, dijo A su esposo,
que en ese moment estaba con la
vista apartada de su hija, pensando
acaso en algo extrafio, mira que
bien baila y como rie la picarona.
Pedro voivi6 los ojos hacia ellas y
se encontr6 con el rostro angelical
de aquella criatura animado por esa
risa incomparable de los niflos.
No pudo contenerse y se lanz6
ebrio-de amor sobre su hija, cuyo
rostro casi ocult6 entire sus manos
besAndolo sin cesar.
Al ruido de la puerta que se
abria dando paso A una patrulla,
solt6 la cabecita de la nina, y sin
tener el tiempo necesario para for-
mular la interrogaci6n que se leia
en su semblante, recibi6 del jefe de
la escolta la terminante 6rden de
acompafiarle.
En vano suplic6. Se habia decla-
rado la guerra con la Repiblica del
Salvador, y la Patria, ese otro Cris-
to, en cuyo nombre se han cometi-
do y siguen cometiendose tantos
crimenes, necesitaba del concurso
de sus hijos para conservar inc6lu-
mes sus derechos y su honor.
Pedro fu6 asi arrebatado violen-
tamente de su hogar en nombre de






298 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


la patria y conducido como un cri-
minal al cuartel donde se reunia
la fuerza que debia salir al dia si-
guiente hacia la frontera Oriental.
A las diez de la mafiana, entire el
alegre son de los cornetas y tamn-
bores y los entusiastas gritos de
"'Viva la Repdblica," "Viva Gua-
temala," "Viva el Supremo Gobier-
no," mezclados a los tristes sollo-
zos de las desconsoladas madres,
hijas y esposas, desfilaba por el
guard de la barranquilla el Bata-
116n N. o 0 al mando del coro-
nel Larrainzar, formando parte
de la i." division, de que era je-
fe, el General don Jos6 Victor Za-
vala.
Entre aquella inconsciente mul-
titud que caminaba acaso a la
muerte, obedeciendo la voluntad
de sus seflores, se distinguia per-
fectamente un hombre, que sin to-
mar participio en la algazara de sus
compafleros, marchaba resignado,
llevando con varonil desenvoltura
su fusil al hombro.
Era el maestro Pedro, que arran-
cado algunas horas antes de su ho-
gar y transformado de improvise
con los arreos militares, en un va-
liente veteran, por mAs que en su
vida hubiera empufiado jamds una
arma, iba a luchar, A exponer su
existencia sin saber siquicra por qu6.
Con los ojos del recuerdo, veia A
Margarita sentada A su cabecera ju-
gando con su tierna hija; y ent6n-
ces se preguntaba interiormente
por qu6 me separan de ellas? ,A
d6nde me llevan? Qu6 voy A hacer?
Margarita, entire tanto, con su hi-
ja en los brazos, y arrasados en 1A-
grimas los ojos, recorria, loca, fue-
ra de si, todos los lugares de su ca-
sa, preguntandose A su vez ... Pero
por qu6 nos separan? A d6nde le
levan? Qu6 va A hacer?

(Continzard.)


RIMAS.

,Era una tarde azul, tarde esplendente;
el sol iba iJ ocultar en occidente
su postrimer fulgor!
iSe acercaba la noche abrumadora!......
Entonce en mi alma principi6 la aurora,
la aurora del amor!
Era una fresca aurora; el sol nacia
en el lejano oriented; el nuevo dia
con su primer fulgor
rasgaba de la niebla el denso broclhe.....
;Entonce en mi alma principi6 la noche,
la noche del dolor!
MAXIMO SOTo.



LA CANCION DEL OR0.

A PEDRO BARROS.


Aquel dia, un harapiento, por las
trazas un mendigo, talvez un pere-
grino, quizAs un poeta, lleg6 bajo
las sombras de los altos Alamos A
la gran calle de los palacios, donde
hay desafios soberbios entire el 6nix
y el p6rfido, el Agata y el marmol,
y en donde las altas columns, los
hermosos frisos, las cipulas dora-
das, reciben la caricia pAlida del
sol moribundo.
Habia tras los vidrios de las ven-
tanas, en los vastos edificios de la
riqueza, rostros de mujeres gallar-
das y de niflos encantadores. Tras
las rejas se adivinaban extensos jar-
dines, grandes verdores salpicados
de rosas y ramas que se balancea-
ban acompasada y blandamente co-
mo bajo la ley de un ritmo. Y allA
en los grandes salones debfa estar
el tapiz parpurado y lleno de oro,
la blanca estAtua, el bronce chino,
el tibor cubierto de campos azules
y de rosales tupidos, la gran corti-
na recogida como una falda, orna-
da de flores opulentas, donde el
ocre oriental hace vibrar la luz en






EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


la seda que resplandece. Luego las
lunas venecianas, los palisandros y
los cedros, los nacares y los 6banos,
y el piano negro y abierto, que rie
mostrando sus teclas como una lin-
da dentadura; y las araias cristali-
nas, donde alzan las velas profusas
Ia aristocracia, de su blanca cera.
iOh, y mas alli! Mas alli el cuadro
valioso, dorado por el tiempo, el
retrato que firma Vuraut 6 Bonnat,
y las preciosas acuarelas en que el
tono rosado parece que emerge de
un cielo puro y envuelve en una
onda dulce desde el lejano hori-
zonte hasta la yerba tr6mula y hu-
milde. Y mAs alli...



"Muere la tarde.
Llega A las puertas del palacio
un break flamante y charolado, ne-
gro y rojo. Baja una pareja y entra
con tal soberbia en la mansion, que
el mendigo piensa decididamente:
el aguilucho y su hembra entran al
nido. El tronco, ruidoso y azogado,
A un golpe de fusta arrastra el ca-
rruaje, haciendo relampaguear las
piedras. Noche."

-,*
Entonces en aquel cerebro de lo-
co, que ocultaba un sombrero raido,
brot6 como el g6rmen de una idea
que pas6 al pecho y fue opresi6n, y.
lleg6 A la boca hecho himno que le
encendia la lengua y hacia entre-
chocar los dientes. Fu6 la vision de
todos los mendigos, de todos los
desamparados, de todos los mise-
rables, de todos los suicides, de to-
dos los borrachos, del harapo y de
la llaga, de todos los que viven
jDios mio! en perpetua noche, tan-
teando la sombra, cayendo al abis-
mo, por tener un mendrugo para
llenar el est6mago. Y despu6s la
turba feliz, el lecho blando, la tru-
fa y el a6reo vino que hierve, el ra-


so y el moar6 que con su roce rien;
el novio rubio y la novia morena
cubierta de pedreria y blonda; y el
gran reloj que la suerte tiene para
medir la vida de los felices opulen-
tos, que en vez de granos de arena
deja caer escudos de oro.

,x-*

Aquella especie de poeta sonri6;
pero su faz tenia aire dantesco. Sa-
c6 de su bolsillo un pan moreno,
corni6 y did al viento su himno.
Nada mis cruel que aquel canto
tras el mordisco.



iCantemos el oro!
Cantemos el oro, rey del mundo,
que Ileva dicha y luz per donde vi,
como los fragments de un sol des-
pedazado.
Cantemos el oro, que nace del
vientre fecundo de la madre tierra;
inmenso tesoro, leche rubia de esa
ubre gigantesca.
Cantemos el oro, rio caudaloso,
fuente de la vida, que hace j6venes
y bellos A los que bafian en sus co-
rrientes maravillosas, y envejecen A
aquellos que no gozan de sus rau-
dales.
Cantemos el oro, porque de 61 se
hacen las tiaras de los pontifices,
las coronas de los reyes y los ce-
tros imperiales; y porque se derra-
ma por los mantos como un fuego
s6lido, 6 inunda las capas de los ar-
zobispos, y refulge en los altars y
sostiene al Dios eterno en las cus-
todias radiantes.
Cantemos el oro, porque pode-
mos ser unos perdidos, y 61 nos po-
ne mamparas para cubrir las locu-
ras abyectas de la taberna, y las
vergtienzas de las alcobas adilteras.
Cantemos el oro, porque al saltar
del cufo lleva en su disco el perfil
soberbio de los c6sares. y va a re-
pletar las cajas de sus vastos tem-






EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


plos, los bancos, y mueve las mi-
quinas y da oido, y hace engordar
los tocinos privilegiados.
Cantemos el oro, porque 1e di
los palacios y los carruajes, los ves-
tidos A la moda, y los frescos senos
de las mujeres garridas; y las genu-
flexiones de espinazos aduladores,
y las muecas de los labios eterna-
mente sonrientes.
Cantemos el oro, padre del pan.
Cantemos el oro, porque es en
las orejas de lindas damas, soste-
nedor del rocio del diamante, al ex-
tremo de tan sonrosado y belloca-
racol; porque en los pechos siente
el latido de los corazones y en las
manos a veces es simbolo de amor
y de santa promesa.
Cantemos el oro, porque tapa las
bocas que nos insultan; detiene las
manos que nos amenazan, y pone
vendas A los pilos que nos sirven.
Cantemos el oro, porque su voz
es una misica encantada; porque
es heroic y luce en los corazones
de los heroes hom6ricos, y en las
sandalias de las diosas y en los co-
turnos tragicos y en las manzanas
del jardin de las Esperides.
Cantemos el oro, porque de 61
son las cuerdas de las grandes liras,
la cabellera de las mas tiernas ama-
das, los granos de la espiga y el pe-
plo que al levantarse viste la olim-
pica aurora.
Cantemos el oro, premio y gloria
del trabajador y past del bandido.
Cantemos el oro, que cruza por
el carnaval del mundo, disfrazado
de papel, de plata, de cobre y has-
ta de plomo....
Cantemos el oro, amarillo como
la muerte.
Cantemos el oro, calificado de vil
por los hambrientos; hermano del
carb6n, oro negro que incuba el
diamante, rey de la mina, donde el
hombre lucha y la roca se desgarra;
poderoso en el Poriente, donde se
title en sangre; care de idolo; tela


de que Fidias hace el traje de Mi-
nerva.
Cantemos el oro, en el arnes del
caballo, en el carro de guerra, en
el pufio de la espada, en el lauro
que cife cabezas luminosas, en la
copa del festin dionisiaco, en el al-
filer que hiere el seno de la escla-
va, en el rayo del astro y en el
champafia que burbujea, como una
disoluci6n de topacios hirvientes.
Cantemos el oro, porque nos ha-
ce gentiles, educados y pulcros.
Cantemos el oro, porque es la
piedra de toque de toda amistad.
Cantemos el oro, purificado por
el fuego, como el hombre por el
sufrimiento: mordido por la lima,
como el hombre por la envidia; gol-
peado por el martillo, como el hom-
bre per la necesidad; realzado por
el estuche de seda, como el hombre
por el palacio de mArmol.
Cantemos el oro, esclavo despre-
ciado por Jer6nimo, arrojado por
Antonio, vilipendiado por Macario,
humillado por Hilari6n, maldecido
por Pablo el Hermitafo, quien te-
nia por alcazar una cueva bronca,
y por amigos las estrellas de la no-
che, los pajaros del alba y las fieras
hirsutas y salvajes del yermo.
Cantemos el oro, dios becerro,
tu6tano de roc'a misterioso y calla-
do en su entrafia, y bullicioso cuan-
do brota A pleno sol y d toda vida,
sonante como un coro de timpanos;
feto de astros, residue de luz, en-
carnaci6n de 6ter.
Cantemos al oro, hecho sol, ena-
morado de la noche, cuya camisa
de cresp6n riega de estrellas bri-
Ilantes, despu6s del iltimo beso,
como una gran muchedumbre de
libras esterlinas.
;Eh, miserables, beodos, pobres
de solemnidad, prostitutes, mendi-
gos, vagos, rateros, bandidos, por-
dioseros, peregrinos y vosotros los
holgazanes, y sobre todo, vosotros
ioh poetas!
iUnamonos A los felices, A los







EL ATENEO CENTRO AMERICANO. 10I


poderosos, A los banqueros, a los
semidioses de la tierral
iCanternos el ro!....



Y el eco se llev6 aquel himno,
mezcla de gemido, ditirambo y car-
cajada y como ya la noche oscura
y fria habia entrado, el eco resona-
ba en las tinieblas.
Pas6 una vieja y pidi6 una li-
mosna.
Y aquella especie de harapiento,
por las trazas un mendigo, talvez
un peregrine y quizas un poeta, le
did su dltimo mendrugo de pan pe-
trificado, y se march por la terri-
ble sombra, rezongando entire dien-
tes....
RUBEN DARIO.



Manuel Molfna Vijil. (*)



Hay hace un mes que se consu-
m6 la infausta muerte de Manuel
Molina Vijil.
Cuando el dolor es acerbo, des-
garrador, intense, la lira del poeta
se rompe, la pluma del periodista
se troncha, la palabra del orador se
hiela en la garganta: s61o los ojos
pueden hablar ese lenguaje mudo,
inarticulado, pero de soberana elo-
cuencia, que se llaman lAgrimas: s6-

[*] Escrito hace dias este deshago de
nuestro coraz6n, nos habfamos abstenido
de publicarlo, temiendo que la indiscreci6n
fuera a ponerlo en manos de personas que
literalmente mueren de dolor, y que nos
son tan estimadas y queridas. Convencidos
intimamente, que ain en este siglo del tan-
to por ciento, de mezquindad y prosa, hay
todavia dolores eternos, cumplimos nues-
tro deber de periodistas y amigos, colocan-
do una afectuosa palabra sobre la tumba
del malogrado Manuel Molina Vijil.


lo el silencio tiene el poder de ex-
presar lo que no es dado expresar
A todos los idiomas de los hombrds.
Por eso es hasta hoy, que puedo
dar algdn desahogo al quebranto
indecible, A la amarga pena de mi
coraz6n, por la sibita muerte de
Manuel Molina Vijil.
La familiar del malogrado joven
cuya vida apenas fu6 una aurora,
es la familiar de mi intimidad en
Tegucigalpa. En la triste mafiana
del 9 de marzo, un grito desalado
de mi esposa me despert6 diciendo,
"que Manuel Molina Vijil se habia
matado." Pocas veces un despertar
mAs horrible, aun para un hombre
como yo, que ha conocido los ho-
rrores y peligros de fratricid.a gue-
rra y los horrores y peligros de
nuestra funesta political, y d quien
jamAs propicia la fortune ha brin-
dado sus favors, que avara reser-
va para sus elegidos. Poca cuenta
me doy de mis impresiones en
aquel critic moment. Vuelo a la
casa de la inmensa desgracia, de la
sangrienta catAstrofe. iQu6 escena
mas !6fubre! iQu6 cuadro mas des-
garrador!
Una hechicera y encantadora jo-
ven de diez y nueve aflos, cuya co-
rona de azahares ain no se habia
marchitado en su frente de esposa,
sublime en su desesperaci6n y en
su dolor, daba al cielo sus lamen-
tos y sus quejas; y sus ligrimas,
perlas del coraz6n, rodaban por sus
encendidas mejillas, haci6ndola mis
deslumbrantemente bella. La an-
ciana madre con la cara rigida co-
mo un cadAver y manchada de san-
gre, con la mirada extraviada, con
las ropas tintas tambi6n en sangre,
y sangre iay! de su hijo idolatrado,
recorria loca, muda, sombria, casi
terrible, las galerias interiors de
la casa, cayendo al fin de rodillas,
y murmurando una plegaria, como
para que no estallara el coraz6n.
El ministry de Dios tambi6n de ro-
dillas, encaminando aquel espiritu







302 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


luminoso A las regions de la luz.
SLos medico Cirujanos, los hombres
de la ciencia, con los instruments
de salvaci6n 6 de muerte en las ma-
nos, comprendiendo su impotencia
para salvar a aquel amigo querido,
A aquel comprofesor estimado, A
aquel hombre en fin, pues la bala
se habia aposentado en el enc6falo;
y en el fondo de cuadro tan desga-
rrador, el simpatico y estimabilfsi-
mo joven Molina Vijil, tendido en
su cama, como en tranquilo suefio:
ninguna contracci6n, ning6n gesto
de dolor se notaba en su fisonomia:
la cara conserv6 ain horas despu6s
de la muerte, el aire de jovialidad y
de dulzura que formaban el fondo
de si caracter; estaba sonriente y
como go7oso de dejar la vida.
Mientras tanto, la noticia del sui-
cidio de Molina Vijil habia circu-
lado con rapidez el6ctrica por to.
dos los Ambitos de la ciudad. Me-
dico caritativo y generoso, poeta
dulcisimo y a veces de estro arre-
batador, joven ilustrado y culto, y
de la mis encumbrada posici6n so-
cial, su muerte hiri6 vivamente to-
da la fibra sensible de este pueblo
spiritual y entusiasta: las muche-
dumbres, todas las classes sociales,
afluian presurosas A la casa mortuo-
ria; no habiendo unos ojos por Ari-
dos y secos que fueran, que no lle-
vasen A la juventud y al talent se-
gados en flor, el tribute de sus 1l-
grimas. Dia de inmenso duelo fu6
para Tegucigalpa el funesto 9 de
marzo. Las oficinas phblicas se ce-
rraron, y hasta el Congreso nacio-
nal, no por ostentoso decreto, sin6
por un sentimiento de pesar tan
profundo como unanime, suspendi6
en ese dia sus sesiones. Pocas ve-
ces este pueblo que tiene tantos y
tantos superficiales defects, ha
probado cuanto sentimiento, cuan-
ta moralidad, cuanta hidalguia y
cuanto amor A lo bello, noble y ge-
neroso abriga en su seno.
iAh! Si mi natural y humilde filo-


sofia hubiera podido alguna vez ele-
varse A la concepci6n del Dios per-
sonal inventado que todas las teo-
gonias, que quiere, que aborrece,
qfe se encoleriza, que se aplaca,
que tiene poder, que intervicne en
todo y que lo dirige todo; que es
bueno, que es just, que es sabio,
y que posee en fin todas las cuali-
dades que tenemos en mas ptecio
los hombres, yo habria pedido A
Job sus inmortales y desgarradores
acentos para fulminarle en aquel
trance fatal, y preguntarle, d6nde
estd tu sabiduria, d6nde tu bon-
dad, d6nde tu justicia, d6nde tu
poder?
Pero la naturaleza tiene sus le-
yes inflexibles, y la unica regla del
criterio human, la comprobaci6n
por la experiencia, prueba todos
los dias la eternidad de esas leyes.
Ning6in milagro ha bastado a cam-
biarlas en este siglo de los grandes
progress de la fisica y la quimica,
del vapor y de la electricidad, de
la prensa y de la discusi6n libres,
si alguna vez el milagro hubiera si-
do possible, se habria realizado alli,
en aquella triste y desoladora es.
cena, donde todos los corazones,
donde todas las almas, donde to-
das las lagrimas pedian A grito he-
rido y'fervorosamente, la conserva-
ci6n de aquella vida tan 6til, tan
buena y tan prometedora de gran-
des y lisonjeras esperanzas.
iQuien que hubiera conocido el
carActer dulce y bendvolo, el alma
pura 6 ingenua y el coraz6n franco
y abierto de Manuel Molina Vijil
hubiera podido predecir su infaus-
ta suerte? Qui6n hubiera creido,
quien hubiera podido sospechar si-
quiera que el juguet6n zenzontle
del Guacerique, como le llamara
yo mismo en horas felices, habia de
concluir su vida, tan llena de pla-
ceres y esperanzas, con el suicidio?
Quiin hubiera creido que aquel jo-
ven lleno de ardiente caridad, ino-
fensivo como un nifio, habia de







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 303


empufiar un dia el arma mortifera
y acabar con su vida? Y qui6n pu-
diera ni imaginarselo, cuando aca-
ba de unirse en matrimonio a una
linda y encantadorajoven, en quien
compiten las prendas de la belleza
material y plastica con las prendas
de la belleza moral 6 intellectual?
iAh! Manuel Molina Vjil pade-
cia desde Guatemala de una grave
y casi incurable enfermedad, que 61
ocultaba cuidadosamente hasta a si
mismo. Himeneo donde pens6 en-
contrar el paraiso le abri6 presuro-
samente las puertas del inferno. Ni
en el suplicio de TAntalo ideado
por la mitologia antigua, ni en las
visions terrificas del Dante, ni en
la voluptuosa embriaguez de supli-
cios y martirios del feroz y sangrien-
to fanatismo de Fray TomAs de
Torquemada, pueden contarse su-
plicios y martirios comparable a los
suplicios y martirios que inferna-
ron el cuerpo y el alma de Manuel
Moiina Vijil. Y esos suplicios y
martir;os se consumaban en lqrgos
dias y en larguisimas veladas en un
nido de amores, elaborado con cui-
dadoso primer, y al lado de una
mujer, que Angel debiera llamarse,
capaz de haber hecho felices a
las piedras. Y esa mujer lamada
por tantos titulos A ser feliz fu6 tan
infeliz, que no pudo, que no podia
salvar el abismo insondable a cuyo
borde se encontraba pr6ximo a
caer el joven culto y simpAtico, tan
bueno como caballeroso, A quien
entreg6 su coraz6n y su mano, en
moments en que tenia ya por Aini-
cos duenfos y sefiores el idiotismo 6
la locura.
Manuel Molina Vijil, m6dico en-
tendidisimo, comprendi6 toda la
gravedad de la dolencia incurable
que comenzaba a presentarse con
sus mas graves sintomas. Entonces,
y en los access de enajenacidn
mental que le sobrevenian, decia
el desdichado, "que ya sentia el
ruido de la cadena, que pronto se-


ria atado A nn poste," y se entrega-
ba, ora una profunda melancolia,
ora a una desesperaci6n sin limits,
A que la vulgaridad y la maledicen-
cia atribuian causes transitorias y
superficiales de familiar que el tiem-
po comenzaba ya A destruir.
Hay que reconocer, en obsequio.
del malogrado Molina Vijil, que el
dia.en que puso t6rmino A sus dias
conserve entera su raz6n La noche
vispera del fatal suceso, departi6
tranquilamente y hasta con jovia-
lidad, con todos los suyos: vel6 el
sueflo de su encantadora esposa,
para sacar el arma mortifera de un
armario donde estaba depositada:
se levant6 A la hora acostumbrada
y se visti6 con sencilla decencia: es-
per6 A que el alma de su alma sa-
liese de su alcoba, para empufiar
el arma; y m6dico eligi6 cientifica-
mente el punto donde la bala tenia
que producer infalible 6 instantAnea-
mente la muertc.
Yo no excuse el suicidio de Ma-
nuel Molina Vijil, yo lo encomio y
aplaudo, yo lo glorifico. Si Molina
Vijil no hubiera tenido el suficicn-
te valor para poner termino a una
vida que debia dentro de pcco ser
peso insoportable y dolor eterno
para su familiar, habrfa sido un ser
abyecto y despreciable, que no
habria merecido de seguro el pro-
fundo sentimiento y las abundan-
tes lIgrimas que se derramaron por
su tragico fin. MatAndose se redi-
mi6 A si mismo, redimi6 A su bella
y encantadora esposa, y redimi6 A
su anciana madre, que no viviasino
por 61 y para 61. Manuel Molina Vi-
jil loco 6 idiota, es algo asi en que
no se puede ni pensar: Manuel Mo-
lina Vijil muerto abnegada y va-
lientemente en holocaust A los
mis nobles sentimientos que puede
albergar el coraz6n del hombre, los
sentimientos de hijo y de esposo,,
es algo grande, ejemplar, sublime
y digno de los aplausos de todos.
los hombres de pensamiento, de







304 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


todos los hombres que sean capa-
ces de comprender el ideal verca-
dero de la vida.
Manuel Molina Vijil! Despu6s de
haberte aplaudido en los salones,
cuando dabas al aire embalsamado
los magnificos acordes de tu lira de
oro, te aplaudo hoy, en el dia del
supremo dolor, porque supiste mo-
rir valiente, generoso y abnegado!
Poeta de los dulces y arrobadores
arpegios, vivirds transformado eter-
namente en un rayo de luz de nues-
tra blanca luna, 6 en el perfume de
alguna pddica violeta cultivada por
invisibles y misteriosas manos!
Manul Molina Vijil, en vida 6
muerte supiste conquistarte bellos
titulos al afecto y al aprecio de los
hombres. Yo te aplaudo y te envi-
dio.
A la anciana madre, que ha sido,
que es y seri nuestra mds querida
amiga, que sabor6e d grandes sor-
bos la copa del dolor pues es la
6nica misi6n que le queda en la
copa del dolor, pues es la 6nica
misi6n que le queda en la tierra,
despn6sde haber perdido un hijo
como como Manuel Molina Vijil: el
dolor cuando es desgarrador, inmen-
so, tiene tambi6n voluptuosidad!
A laj6ven y encantalora y en-
cantadora esposa que ha tenido el
triste privilegio de balancearse ed-
entre el altary el sepulcro, entire la
supreme felicidad y el supremo in-
fortunio, consuelo y resignaci6n.
ADOLFO ZUNIGA.
Abril 9 de 1883.


iNTIMA.

Me duele el coraz6n! iOh! nadie sabe
cuanto sufro en mi amargo desconsuelo;
me ha dicho con sus labios: impossiblee!
yo no puedo quererlo."
Y A pesar de decirlo con ,us labios
mi coraz6n resfstese A crccrlo.........
ni quisiera pensarlo......... ejos de ella,
sin su amor...... yo me muero.


CRONICA.


ENVIAMOS nuestro mas sentido
p6same al seflor general don Ma-
nuel Bonilla, resident en Nicara-
gua, por el fallecimiento de su que-
Srida madre la'virtuosa sefiora dofa
Dominga de Bonilla, acaecido en la
costa Norte de Honduras.

**

RIMAS.-Tenemos el gusto de
reproducir en este nimero la pre-
ciosa poesia salida de la inspiraci6n
Becqueriana de nuestro vate el jo-
ven don MAximo Soto y que ya ha-
bia publicado en "La Bandera Na-
cional." Como por desgracia sali6
con varies defects debidos natu-
ralmente al Cajista, ahora hacemos
las rectificaciones debidas y felici-
tamos al senior Soto por tan her-
mosa producci6n.
*

MANUEL MOLINA VIJIL.-Es el
titulo del articulo que reproduci-
mos hoy debido a la bien cortada
pluma del escritor centro-america-
no Doctor Adolfo Z6niga. Digno
del acontecimiento y del malogra-
do joven a quien fu6 dedicado, el
articulo del Doctor Ziniga, puede
ofrecerse como un modelo acabado
en el g6nero elegiaco y en el bien
decir.


REGLAMENTO INTERIOR.-Apro-
bado ya el que rige al Ateneo, sera
publicado en el pr6ximo nimero
de este peri6dico.



ANUNCIOS.-Se admiten a pre-
cios convencionales en las pAginas
que sirven de envoltura al peri6-
dico.




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