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HIDE
 El ateneo - Las ruinas de...
 Dios
 El hada del lago
 El satiro sordo
 Galeria poetica Centro-america...
 Reflexiones a los libros de...
 Cronica














Group Title: Ateneo Centroamericano
Title: El Ateneo Centroamericano
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 Material Information
Title: El Ateneo Centroamericano
Physical Description: v. : ; 26 cm.
Language: Spanish
Creator: Ateneo Centroamericano
Publisher: s.n.
Place of Publication: Guatemala
Frequency: monthly
regular
 Subjects
Subject: Central American literature -- Periodicals   ( lcsh )
Genre: periodical   ( marcgt )
 Notes
Issuing Body: "Organo de la Sociedad Literaria del mismo nombre."
 Record Information
Bibliographic ID: UF00026077
Volume ID: VID00011
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000310800
oclc - 07562916
notis - ABT7495

Table of Contents
    El ateneo - Las ruinas de la Antigua
        Page 273
        Page 274
    Dios
        Page 275
    El hada del lago
        Page 276
        Page 277
        Page 278
        Page 279
    El satiro sordo
        Page 280
        Page 281
        Page 282
    Galeria poetica Centro-americana
        Page 283
        Page 284
    Reflexiones a los libros de elocuencia
        Page 285
        Page 286
        Page 287
    Cronica
        Page 288
Full Text



9Tomo I. :~- Guatemala, 15 de Enero de 1889. -~Nfim.18


drian asistir A las sesiones ordi-
narias, por ser los jueves dia de
funci6n, la mesa directive resol-
vi6 sefialar los lunes para que
este centro tuviera sus sesiones.
El lunes catorce, tuvo lugar
la sesi6n de costumbre, y se di6
lectura al reglamento ya apro-
bado, que en su oportunidad se
publicari.


Las ruinas de la Antigua.
MAYO DE 1868.


A los veintidos afios de edad aun
no conocia yo la Antigua Guate-
mala, y sentia por ella, sin embargo,
una profunda simpatia.
Digo que no la conocia, porque
si bien es verdad que en su seno se
habian deslizado los primeros aflos
de mi niflez, 4 consecuencia de te-
ner mi familiar negocios que la ha-
cfan residir allf una parte del aflo,
ninguna idea conservaba del aspec-


C. 0,

A 864-,


Era una de esas mafianas de los
pauses intertropicales, de que es im-
posible que pueda pluma humana
dar aunque no fuere mAs que una
remota idea; una de esas mafianas
en que el cielo del azul mas limpi-
do, se encuentra caprichosamente
adornado de espl6ndidos celajes, en
los que se confunden los colors de
la rosa con los del amaranto, en los
que el oro y la plata rivalizan en
deslumbrante brillantez, tachonan-
do suntuosos cortinajes de la mas
viva escarlata; una de esas mafia-
nas en que de las cimas de las co-
linas se levantan mueliemente va-
porosas nubes blancas, descubrien-
do la magnifica esmeralda que a la
lejana vista ofrecen nuestros bos-
ques majestuosos, en que las hojas
de los arboles vecinos parecen es-
maltadas con las gotas del rocio
que en ellas se han posado durante
la noche, y en que la exhuberante
vegetaci6n que nos rodea se balan-
cea dulcemente al soplo de una
brisa embalsamada; una de esas ma-
fianas en que el canto de las tier-
nas avecillas que de rama en rama
alegres revolotean, y el aliento de
las flores que A los primeros rayos


Tomo I.


Guatemala, 15 de Enero de 11389.


J, Ntim.18


EL ATENBO CENTRO-AMERIRCANU.,


PUBLICATION QUIHCENAL. iV,

ORGANO DE LA SOCIEDAD LITERARIA DEL MI!:.:C. JiOMBRE.


EL ATENEO. to de la ciudad, aunque afftinosTe-:
cuerdos vagos me la trajesen de
vez en cuando a la memorial.
La impresi6n que me caus6 en la
Debido ai que durante la pre- primera visit que la hice en mayo
senate temporada de teatro, los de 1868 fu6 de las mas agradables
miembros del Ateneo no no- que haya sentido en mi vida.






EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


del sol abren sus corolas graciosas,
parecen elevar un himno de amor
y de agradecimiento d la naturale-
za, a la que dan un aspect de ani-
maci6n encantadora; en que el ba-
lido del ganado se confunde con
la dulsaina del pastor en los reco-
dos de la montafla y en que el
guard y el zensontle, esos dos
ocultos moradores de las selvas,
pueblan el aire con sus trinos argen-
tinos. Entraba yo a la ciudad his-
t6rica por el camino de Alotenan-
go; los tibios vapores que de la h6-
meda tierra se elevaban y el con-
cierto universal de vida y movi-
miento que en mi derredor sentia,
me trafan absorvido en una profun-
da meditaci6n. Comenc6 a percibir
de repente ese ruido confuso y sor-
do que produce i los lejos las po-
blaciones que se levantan, me di
cuenta de que ya habia pasado la
garita y maquinalmente detuve mi
cabalgadura y alc6 los ojos al cie-
lo.... iQue especticulo tan gran-
dioso el que se ofreci6 entonces a mi
mirada contemplative! Me hallaba
en el sitio en que materialmente
parece que las dos soberbias moles,
que son como los gigantes centine-
las de aquel espl6ndido vergel, en-
trelazan sus faldas a los pi6s del
viajero para ofrecerle el panorama
mds hermoso de la naturaleza. Des-
pr6ndense a uno y otro lado las
masas imponentes, vestidas de eter-
na verdura, de los atrevidos volca-
nes, cuyas c6spides se pierden mas
alli de las nubes en el eter impal-
pable. Sus anchurosas faldas sem-
bradas de cafetos, nopales y cafla
de azdcar, anuncian la proximidad
de una poblaci6n inteligente y la-
boriosa, dando al mismo tiempo d
las montaflas un aspect de man-
sedumbre seductora. Frente d fren-
te exti6ndese el admirable valle de
Panchoy, de cuyo seno se ven bro-
tar i manera de fantasmas, las dor-
midas torres de los templos y las
altas chimeneas de la que fu6 ca-


pital del reino de Guatemala, ro-
deada de innumerables aldeas que
ostentan sus iglesias y sus casitas
blancas, en las pendientes de las co-
linas que circundan a la magnifica
ciudad. Ala vista de tanta maravi-
Ila no pude resistir al deseo de
apearme para consagrar algunos
minutes mds a la contemplaci6n de
aquel cuadro inimitable.
Trescientos afios antes habia he-
cho otro tanto, en el mismo sitio,
la gente que con Pedro de Alvara-
do venia i poner los cimientos de
Almolonga. Pude comprender en-
tonces toda la profunda cuanto ex-
pontanea admiraci6n y legitimo y
noble orgullo que sintieran los es-
pafioles al penetrar en aquel ocul-
to ed6n, entonces enteramente vir-
gen, y exclam6 lleno de entusias-
mo con la vista del present y los
recuerdos del pasado: iOh el paraiso
terrenal estuvo aqui 6 no ha exis-
tido jams!
Tierra de bendici6n es la Anti-
gua Guatemala. Al hacerla Dios la
arteria principal del corazdn del
nuevo mundo, quiso que en su se-
no se chocasen los dos polos opues-
tos de la tierra, para que se produ-
jesen en 61, en inexplicable frater-
nidad, todos los frutos de los di-
versos climas del globo. Nada pue-
de pedirse a aquella generosa region
que no d6 en la mis asombrosa
abundancia. De la Antigua puede
con mis raz6n decirse lo que Fer-
nando Maximiliano de Austria es-
cribia de Madera.
"La vegetaci6n del universe en-
tero esta representada aqul de la
manera mis grandiosa. Las plan-
tas del Norte: encinas vigorosas,
helechos abundantes, madreselva
aromitica: las de Italia: castafios
y naranjos, las soberbias camelias.
de China, el cafetero de Arabia,.
que yo no habia visto en otra
parte tan fecundo y tan exten-
dido: la preciosa pifia de America.
que veia tambi6n por la primera.







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


vez al aire libre, el platano siem-
pre cargado de fruto, y otras cien
plants raras que entire nosotros no
se ven mAs que en los invernade-
ros de los jardines, donde estin
marchitas y donde las admiramos,
sinembargo, estin aqui como en su
casa, con su brillantez y con sus flo-
res. H6 aqui porqu6 me imagine
que Dios, viendo el trabajo que se
toman los hombres para reunir en
jardines, que Hlaman botAnicos, to-
das las plants del globo, cre6 d
Madera para manifestar d los mor-
tales que querian usurparle sus
funciones, que el antiguo Creador
entendia de esto mejor que ellos;
que desde aquel tiempo Madera es
el jardin de Dios, y ninguno hay
que le sea comparable."
.Qu6 habria dicho el Principe
viajero si hubiera conocido la An-
tigua? Aqui como en Madera el
plAtano es hermano de la vifla y
y los frutos del Norte se confunden
con los del mediodfa; pero A las
bellezas de la c6lebre isla portugue-
sa hay que agregar las que son en-
teramente peculiares del nuevo
mundo, de que los europeos ape-
nas tienen idea. La chirimoya y el
mamey, el maraft6n y la guandbana,
crecen aqui en la misma huerta
con el durazno y la cereza, con la
naranja y la pera. En nuestros fron-
dosos bosques los cedros del Liba-
no entrelazan sus robustas ramas
con los gigantes cipreses indigenas,
los tilos confunden sus olores con
los del liquidAmbar, y los dragos de
corteza roja se abrazan con los ver-
des fresnos. El c6lebre gusanillo
de M6xico que esmalta los nopa-
les y produce el mis hermoso de
los tintes, viviendo en bosquecillos
de aromaticos cafetos, rivals de
los de Moka, la cafia de azhcar fra-
ternizando con el trigo de verde y
dorada espiga, y el maiz que en
abundancia se cosecha, ofreciendo
en sus esbeltas caflas una escalera al
trepador frijol. Las chayoteras sue-


len dar sombra 4 los jugosos espA-
rragos, y las lechugas y los bledos
fraternizan tanto con la indigena
yuca como con el aristocrdtico pe-
pino.
Orgulloso me sentia yo y como
sentado sobre un trono en la con-
templaci6n de aquella hermosura
siempre nueva. Y sobre un trono
estaba efectivamente; el trono de
la naturaleza. Dirigi una iltima mi-
rada a las elevadas cimas de los vol-
canes, y hasta entonces comprendi
porque los,espafioles habian tenido
el capricho de pintar A su ap6stol
guerrero, d caballo, en las cumbres
de aquellos cerros magestuosos.
Luego volvi i montar sobre mi in-
quieto corcel para detenerme de
nuevo en Almolonga.

(Continuard.)


DIOS.


Hay un Dios, es verdad: yo lo contemplo
En la b6veda inmensa del espacio;
Lo contemplo en los recios huracanes
Que sacuden con fuerza el gran oc6ano:
Lo contemplo en los tiempos primitivos
Dando i la nada innumerables astros,
Sacando del no-ser al universe
Y espiritu infundiendo al ser human.
Dios es el Todo incomprensible y grande
Que vive sobre todo lo creado;
Es la fuerza impalpable que palpita
En todo cuanto, existe: el es el faro
Que alumbra la creaci6n. Dios, ese todo
Que encierra en si cuanto el cerebro human
No puede concebir. El es quien une,
Con misteriosos 6 intangibles lazos,
Al astro que ilumina por la noche
Con el hombre que crece como el irbol,
Para dejar sus flores bendecidas
Mlarchitas de la vida en el pantano.
Dios: esa fuerza que en la noche umbria
Inspira al ruiseiior enamorado,
Para que endeche embriagadoras notas,
Que mis parecen misteriosos cantos
De un coraz6n que desgarrado llora,
Desesperando del consuelo humano......







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.
I


Yo te contemplo, Dies, mio,
De la montafia en la cumbre,
Y en esa infinita lumbre
Del espacio siderel;
En el ave que gorgea,
En la flor que abre su broche
En la silenciosa noche
Y en el espacio eternal;

En el viento que suspira,
En la hoja que se mueve,
En la nota suave y teve
Del insecto zumbador;
En el amor de In madre
Que simboliza el carifio,
En la sonrisa del nifo,
Llena de infinite amor.

En esa fuerza secret
Que en el alma pura siente
La casta nifia inocente,
Cuando suspira de amor:
Cuando se hunde en el ocaso
El sol en su negro lecho,
Entonces siento en el pecho
Una secret emoci6n;

Y eres tf, que el alma llenas
Con tu sublime ambrosia:
Tfi, que eres todo alegria,
Tfi, espiritu celestial;
Ti que al formarme me diste
Algo de tn pnra eseneil,
*Que infunde fi Ai mi existencia
Con una vida eternal.

Eres, Dios, uinico centro
De cuanto existe en el mundo:
Eres el Todoprofundo,
Que no puedo comprender.
Principio y fin de las cosas,
Fuerza que todo transform,
Que ha modelado la forma
Y quo ha concebido el s4r.

Que comprendes cuanto existed
IEn tu eterno s4r: Td mismo ...
Le que contiene el abismo
De ese vacio sin fin.
Tfi, el astr6nomo profnndo
SQue los universes mides,
Y que su suerte decides
Y que los pnedes destruir.


Yo, te conozco cnal eres,
No come el hombre te ha creado:


Porque el bombre ha blasfemado
Queri4ndote comprender.
Diste perfume a las flores,
Diste luz A las estrellas,
Y diste esas forms bellas
De arcingel 6 la mujer.


TA eres amor: de tu aliento
Surgen series a millares,
Y los grandes luminaries
Que iluminan la creaci6n:
Convertiste en sol radiante
Una nubecilla oscura,
Y formaste la creature
De tu propio coraz6n.

iCentro de luz! Yo te adoro
Aunque tu Ser no comprendo;
Aunque en todo to estoy viendo,
Tu nombre no s6 decir.
Para nombrarte, preciso
Fuera en un rapto inaudito,
Abarcar el infinite
Y lo eterno definir.
WERNEI.



EL HADA DE LAAO.

A LA SESORITA....

Un recuerdo.


I.

Las iltimas brisas de la tarde
embriagan de perfumes las verdes
praderas. La mas apacible tranqui-
lidad reina en el campo. Las her-
mosas flores pliegan sus suaves p6-
talos, extremeciCndose de amor al
delicado beso del ambiente que pa-
sa enamorado. La naturaleza con-
vida a pensar en algo grande y su-
blime.
II.

Silenciosa recorre el llano la gen-
til Margarita, con su negra cabe-
llera suelta q! viento, Ia sonrisa, en
los labios, la admiraci6n en los:ojos
y la alegrfa en el pecho.


276


~


I







EL ATENEO CENTRO-AMERICA$O. 277


III.

Va recogiendo en su falda mu-
chas de las pequefias flores de que
abunda el Ilano. El ruisefior deja
oir suaves cantos de amor, que mo-
dula en un lejano mirto; y la blan-
ca luna aparace rodeada de tenues
y albas nubecillas en el fondo os-
curo del cielo, como la mirada amo-
rosa de una virgen casta.

IV.

El arroyo que pasa silencioso, ro-
deado de verdes plants acuAticas,
imita en su ruido encantador voces
delicadas y suaves que adormecen
el espiritu en embrigadores deli-
quios; y la blanca niebla que se le-
vanta en las lejanas colinas, al des-
hacerse en largos girones, semeja
bandadas de hadas transparentes,
que levantan al espacio su vuelo.

V.

El coraz6n de la bella Margarita
tiembla agitado por algo desco-
nocido que siente: su imaginaci6n
ardiente y sofiadora se adormece
en dulces deliquios; 6 imagenes lle-
nas de alegria y de amor le parece
ver en su mente de nifia.

VI.

De las azules campanillas que
bordan la orilla sonriente del arro-
yuelo, par6cele escuchar suave ru-
mor, parecido a suspiro de pecho
enamorado: acercase timida y cu-
riosa, y no distingue mAs que un
pequeflo y pintoresco lago, en cu-
yas azules y dormidas ondas se re-
flejan en largas cintas de plata, los
blancos rayos de la luna, que han
atravesado el follaje de las altas y
copudas encinas. Algo misterioso
la atrae, algo desconocido la llama.
La tibia atm6sfera impregnada del
aroma de las flores, hace circular


con mas fuerza la sangre de sus ve-
nas: desconocida dejadez paraliza
sus miembros, y sus ojos admira-
dos, no se desprenden fijos en el
fondo del lago.

VII.

Una virgen de rostro de aurora,
de ojos azules, de rubia cabellera,
de pequefias y delicadas manos la
llama con sonrisa de miel en los
labios, y le senala mis allA como
al trav6s de un transparent cristal,
escenas de amor. Gentiles caballe-
ros, hermosos como los heroes le-
gendarios, coronados de rosas, so-
bre blancos corceles, cruzan ante
los at6nitos ojos de la bella Mar-
garita, en escuadr6n uniform. En
sus vestidos deslumbran las piedras
preciosas, la seda y la rica cache-
mira. Sus cuerpos son esbeltos y
esculturales, y se mueven sobre sus
sillas, como fuerte bajel sobre las
serenas ondas.

VIII.

-"Todo eso te dare, le dice el
hada del lago. Ti escogerds uno de
esos nobles y valientes caballeros
para que sea tu esposo; y en un le-
cho adornado de las hermosas flo-
res de estas praderas, puras y tier-
nas como ti, gozarAs ensueflos de
amor en sus brazos: los Angeles de
las dulces armonias, que resident A
la orilla de las fuentes, que gimen
en la copa de los pinos y en las
agrestes arboledas, unidos A todos
los ruisefores de la comarca, dejarin
ofr sus tiernas melodlas en la man-
si6n de tu amor... Vienes?
--N6, respondi6 Margarita.

IX.

Blancas y preciosas doncellas pa-
saron en seguida, ejecutando en-
cantadoras danzas. En sus blahtas
manos llevabani guirnaldas y largos







278 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


collares de ricas perlas. Al compds
de mdsicas desconocidas, niovfan
sus esbeltos cuerpos, imitando el
movimiento que hacen los ondu-
lantes tallos de los lirios, mecidos
por un viento suave. Seguianlas cua-
tro esclavos llevando hermoso do-
sel, cubierto de blancas y rosadas
plumas, y guarnecido de brillantes
pedrerias. Vacfo iba el dosel, digno
por su magnificencia de ser ocupa-
do por la reina de la belleza.

X.

Ese trono te ofrecer6, dijo el ha-
da del lago, A Margarita la de ne-
gra cabellera. Mil doncellas blan-
cas como la espuma del mar y de
mejillas sonrosadas como la aurora
te serviran de rodillas. Ricos trajes
y collares de perlas de- inaprecia-
ble valor lucirds: el sol derramard
sobre ti suave luz y te baflard con
sus rayos de oro, y tendras confi-
dencias dulcisimas con la silenciosa
luna y con las pAlidas y melanc6li-
cas estrellas ... Vienes?
-N6, respondi6 Margarita.

XI.

Ofreci6se en seguida a la vista
de Margarita, la de negra cabelle-
ra, un bosque encantador. Verdes y
copudos naranjos ostentaban en su
follaje los frutos de oro. Sobre los
limoneros en flor zumbaban milla-
res de alados insects. Altos y os-
curos bamb6es se balanceaban des-
afiando a las gigantescas palmeras
que formaban el hermoso circuit.
A todo este conjunto lo cubria un
cielo azul y transparent, y lo alum-
braba un sol tropical. Alli apareci6
un trovador joven, de negra y larga
cabellera, de grandes y rasgados
ojos, de frente despejada y melan-
c61ica, Ilevaba su lira al hombro y
un ruisefior y una alondra giraban
al rededor de su hermosa cabeza.
Sent6se 4 la orilla de una fuente,


apag6 su sed tomando el agua en
el hueco de sus manos quemadas
por el sol, y despu6s tomando la li-
ra en sus manos enton6 esta can-
ci6n:
I.

Juntos los dos en estas soledades
Saboreando, mi bien, pliticas bellas,
Te contara el amor de otras edades
A la pAlida luz de las estrellas.

II.

Apoyada en mi brazo mirarias
Los rayos tristes de la blanca luna,
Cual chispas de lucientes pedrerias,
Reflejarse al cristal de la laguna.

III.

Y gustosa prestaras el oido
Al ligero rumor que forma el viento,
Imitando al pasar en su gemido
Mi'sica trite, embriagador acento.

IV.

Yo to diria qu6 hablan las estrellas
A las almas sensibles, gefiadoras,
A las virgenes pfidicas y bellas,
Que cruzan el espacio pensadoras.

V.

Y los angeles bellos del vacio
Te dirian, mi bien, cuanto te quiero;
Mi ardiente amor, mi eterno desvario,
Que sin tu amor la muerte yo prefiero.

VI.

Ven A vngar por estas soledades,
Blanca paloma, que baj6 del cielo
A calmtr estas negras tempestades,
Que me aflijen el alma sin consuelo.

VII.

iOh! ven aqui, mi bella pasionaria,
Cindida rosa, virginal violeta;
Ven 6 alumbrar la vida funeraria
Del que suefia contigo, tu poeta.







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 279


VIII.

Los angeles me han dicho, amada mfa,
Que a to lado mi vida transitoria
SerA un deliquio de eternal poesia,
Y que tu nombre me darn la gloria.

XII.

Ofalo Margarita extasiada. Ex-
traftas emociones sacudian su alma
de virgen. Las armonias de la lira
del trovador se iban inoculando po-
-co A poco en su alma, y se sentia
agitada y le parecia que circulaba
fuego por sus venas, en vez de san-
gre.
"Ven," le decian las auras pasa-
jeras.
"Ven," le murmuraba al ofdo el
perfumado ambiente.
"Ven," cantaba el ruisefior escon-
dido en la fronda.
"Ven," decian las estrellas lucien-
do en el cristal de la laguna.
"Ven," le decia la naturaleza
toda.
Y en aquel ensuefio inefable Mar-
garita estuvo pr6xima A caer en el
suelo.....
Cuando despert6 1c6mo deseaba
ser vista por el cantor, y al mismo
tiempo ocultarse de su presen-
cia!.... Una sola de aquellas mira,
das la hiciera feliz!

XIII.

El trovador aun no la habia vis-
to. Sus ojos distraidos vagaban por
la azul inmensidad, su alma recorria
los espacios infinitos....
Cuando distingui6 A la bella y
pudorosa Margarita, que humilde
bajaba los ojos, pareci6 despertar
de un sueifo: tom6 de nuevo su lira
y cant6.
(C6mo reproducir aquellos tier-
nos cantos, c6mo imitar en el len-
guaje de los hombres aquella armo-
nia del cielo? No: eso es impossible;
si quereis saber como cantan los An-


geles, s6lo oy6ndolos os dareis cuen-
ta de tanta belleza. Poco mds 6 me-
nos, esto cant6 el trovador:

I.

Soy el alma universal,
Soy la belleza infinita,
La alegria esta proscrita
Si faltara mi cantar.

Me declare loco el mundo
En su locura infernal,
Y envenen6 un mal profundo
Mi existencia terrenal.

Mas del mundo me burl6,
Y desterr6 sus tristezas,
Y despreci6 sus riquezas,
Y el vuelo A la gloria alc6.

II.

Virgen pudorosa,
Que oyes el gemido
De mi laud herido
Por ideal de amor;
Si cast tu pecho
De amores suspira,
Oyendo la lira
Del triste cantor;

Vuelve cariflosa
Como luz del dia,
Que ofrece alegria
Cuando hay tempestad,
Al bardo .doliente,
Que ya su alma siente
Morir de orfandad.

Ven al bosque umbrio,
Reina de las flores,
A libar amores,
Oh nifla gentil:
Los genios del aire
Te darAn ensuefios
Celestes, risueflos,
Cual tardes de abril.

El blando arroyuelo
Con suave murmullo,
Te dara su arrullo






280 EL ATENEO, CENTRO-4MERICANQ,.


;Oh! nifia gentil,
Y mi tierna guzla
Con dulce alegrfa
Oirds noche y dia
Cantar y gemir.

Ven al bosque umbrio
Reina de' las flores
A libar'amores
iOh nifia gentil!
Los genios del aire
Te darn ensuefios
Celestes, risuefios
Cual tardes de abril.

XIV.
Call6 la dulcisima lira. Margarita
la de negra cabellera, se sinti6 orgu-
Ilosa de ser cantada por el geme-
bundo trovador. Sus labios querian
hablar, pero les faltaba movimiento.

XV.
dVes ese trovador? le dijo el hada
del lago. El tiene el poder de crear
la armonia, de endulzar las triste-
zas del coraz6n, de aliviar el dolor,
de compartir las penas y las agenas
alegrias. No tiene mds capital que
ese ruisefior, esa alondra y esa li-
ra. El adormece la vida en encan-
tadores ensueflos: cuando el ha-
bla, sus palabras son notas del cie-
lo. El ve en el porvenir, habla con
las flores, con las estrellas, con el
viento de las montafias, sabe los
mensages que traen los rayos de
luna A las almas enamoradas, y co-
noce el lenguaje suave y silencioso
del enamorado coraz6n de las vir-
genes. Si lo aaas, no serds feliz,
porque no tiene riqueza ninguna:
vente mejor con mis caballeros. A
61, s61o le he dado en mis dominios
ese pequeflo bosque: alli vive feliz
porque esta conforme.--"Dejame
ir d 61, dijo Margarita la de negra
cabellera."
Y se adelant6 con paso firme al
fondo del lago.
.............,. I ..... ............. .., .....,


XVI.

Al siguiente dia los .padres de
Margarita la buscaban desespera-
dos. Fueron al lago y endonfraron
su cuerpo nadando rodeado de flo-
res sobre el trasparente cristal de
las ondas. lAmiga mia, figirate
cudl seria su dolor!

XVII.

La antigua leyenda no dice mds.
Solamente entire unos fragments
de antiguo pergamino encontr6 Io
que aqui transcribo, como una cu-
riosidad:
"La virgen Margarita se arroj6 al
lago engafiada de su imaginaci6n.
Nifias mias, huid del hada del lago
que engafia d las almas virgenes,
para aprisionarlas en sus dominios.
La juventud se engafia porque se
deja guiar del coraz6n. Guardad
siempre la palabra misteriosa que
os salvard del hada del lago, rete-
nedla siempre: ella es la varita ma-
gica con que desvanecereis sus en-
gaflos: acordaos de la palabra
"REFLEXIdN."

WERNER.

Guatemala, octubre de 1887.



EL. SATIO SORIDO.

(CUENTO GRIEGO.)



Habitaba cerca del Olimpo un:
sAtiro, y era el viejo Rey de su sel-
va. Los dioses le habian dicho: "go-
za, el bosque es tuyo; s6 un feliz
brib6n, persigue ninfas y suena. tu
flauta." El satiro se divertia.







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 281


Un dia que el padre Apolo esta-
ba taftendo la divina lira, el satiro
sali6 de sus dominios y fu6 osado
a subir el sacro monte y sorprender
al dios crinado. Este le castig6 tor-
nindole sordo como una roca. En
balde en las espesuras de la selva
Ilena de pdjaros, se derramaban los
trinos y emergian los arrullos. El
satiro no oia nada. Filomena llega-
ba 4 cantarle sobre su cabeza, en-
marafiada y coronada de pimpanos,
canciones que hacian detenerse los
arroyos y enrojecerse las rosas pd-
lidas. El permanecia impasible, 6
lanzaba sus carcajadas salvajes y
saltaba lascivo y alegre cuando per-
cibia por el ramaje Ileno de brechas,
alguna cadera blanca y rotunda que
acariciaba el sol con su luz rubia.
Todos los animals le rodeaban co-
mo a un amo A quien se obedece.
A su vista, para distraerle, dan-
zaban coros de bacantes encendi-
das en su fiebre loca, y acompana-
ban la armonia, cerca de el, faunos
adolescents como hermosos efe
bos, que le acariciaban reverente-
mente con su sonrisa, y aunque no
escuchaba ninguna voz, ni el ruido
de los cr6talos, gozaba de distintas
maneras. Asi pasaba la vida este
Rey barbudo, que tenia patas de
cabro.


Era satiro caprichoso.
Tenia dos consejeros aulicos: una
alondra y un asno. La primera per-
di6 su prestigio cuando el sitiro se
volvi6 sordo. Antes, si cansado de
su lascivia soplaba su flauta dulce-
mente, la alondra le acompaflaba.
Despu6s, en su gran bosque, don-
de no oia ni la voz del olimpico
trueno, el paciente animal de las
largas orejas le servia para cabal-
gar, en tanto que la alondra, en los
apojeos del alba, se le iba de las
manos, cantando camino de los
cielos.
La selva era enorme. -De ella to-


caba d la alondra la cumbre, al as-
no el past. La alondra era saluda-
da por los primeros rayos de la au-
rora; bebia rocio en los retofios;
despertaba al roble dici6ndole: "vie-
jo roble: despiertate." Se deleitaba
con un beso del sol; era amada por
el lucero de la mafiana. Y el hondo
azul, tan grande, sabia que ella, tan
chica, existia bajo su inmensidad.
El asno (aunque entonces no habia
conversado con Kant) era expert
en filosofia, seg6n el decir com6n.
El satiro que le veia rumiar la pas-
tura moviendo las orejas con aire
grave, tenia alta idea de tal pensa-
dor. En aquellos dias el asno no
tenia como hoy tan larga fama. Mo-
viendo sus mandibulas, no se ha-
bria imaginado que escribiesen en
su loa Daniel Heinsius en latin,
Passerat, Buffy el gran Hugo, en
frances, Posada y el doctor Valde-
rrama en espaflol.
El, pacienzudo, si le picaban las
moscas, las espantaba con el rabo,
daba coces de cuando en cuando y
lanzaba bajo la b6veda del bosque
el acorde extrano de su garganta.
Y era mimado alli. Al dormir su
siesta sobre la tierra negra y ama-
ble, le daban su olor las yerbas y
las flores. Y los grandes arboles
iluminaban sus follajes para hacer
sombra.
Por aquellos dias, Orfeo, poeta,
espantado de la miseria de los hom-
bres, pens6 huir A los .bosques, don-
de los troncos y las piedras le com-
prenderian y escucharian con exta-
sis, y donde 61 pondria temblor de
armonias y fuego de amor y de vi-
da al sonar de su instrument.
Cuando Orfeo tafifa su lira habia
sonrisa en el rostro apolineo. De-
meter sentia gozo. Las palmeras
derramaban su polen, las semillas
reventaban, los leones movian blan-
damente su crin. Una vez vo16 un
clavel de su tallo hecho mariposa
roja, y una estrella descendi6 fas-
cinada y se torno flor de lis.







282 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


aQu6 selva mejor que la del sA-
tiro, A quien 61 encantaria, donde
seria tenido como un semi-dios; sel-
va toda alegrfa y danza, belleza y
lujuria; donde ninfas y bacantes
eran siempre acariciadas y siempre
virgenes; donde habia uvas y rosas
y ruido de sistros, y donde el Rey
capripede bailaba delante de sus
faunos beodo y haciendo gestos co-
mo Sileno?


Fu6, con su corona de laurel, su
lira, su frente de poeta orgulloso,
erguida y radiante.
Lleg6 hasta donde estaba el sA-
tiro velludo y montaraz, y para pe-
dirle hospitalidad, cant6. Cant6 el
gran Jove de Eros y de Afrodita,
de los centauros gallardos y de las
vacantes ardientes: cant6 la copa
de Dionisio, y el tirso que hiere el
aire alegre y cant6 al Pan, Empe-
rador de las montaflas, Soberano
de los bosques, dios-sAtiro que tam-
bi6n sabia cantar. Cant6 de las in-
timidades del aire y de la tierra
gran madre. Asi explic6 la melodia
de una arpa eolia, el susurro de
una arboleda, el ruido ronco de un
caracol y las notas arm6nicas que
brotan de una siringa. Cant6 del
verso, que baja del cielo y place A
los dioses, del que acompafia el
bArbitos en la oda y el timpano en
el pean. Cant6 los sienos de nieve
tibia y las copas de oro labrado, y
el buche del pAjaro y la gloria del
Sol.
Y desde el principio del cAntico
brill6 la luz con mas fulgores. Los
enormes troncos se conmovieron,
y hubo rosas que se deshojaron y
lirios que se inclinaron lnguida-
mente como en un dulce desmayo.
Porque Orfeo hacia gemir los leo-
nes y Ilorar los guijarros con la md-
sica de su lira ritmica. Las bacan-
tes mAs furiosas habian callado y le
ofan como en un sueflo. Una nA-
yade virgen a quien nunca ni una


sola mirada del sAtiro habia profa-
nado, se acerc6 tfmida al cantor y
le dijo temblando en voz baja: "yo
te amo" Filomena habia volado A
posarse en la lira como la paloma
anacre6ntica. No habia mAs eco que
el de la voz de Orfeo. Naturaleza
sentia el himno. Venus, que pasa-
ba por las cercanfas, pregunt6 de
16jos con su divina voz: "gEstA aquf
acaso Apolo?"
Y en toda aquella inmensidad de
maravillosa armonia, el dnico que
no oia nada era el sAtiro sordo.
Cuando el poeta concluy6, dijo A
6ste. COs place mi canto? Si es asf,
me quedar6 con vos en la selva.
El sAtiro dirigi6 una mirada Asus
dos consejeros. Era precise que
ellos resolviesen lo que no podia
comprender 61. Aquella mirada pe-
dia una opinl6n.



--Sefior,-dijo la alondra esfor-
zAndo-e en producer la voz mAs
fuerte de su buche. Qu6dese quien
asi ha cantado con nosotros. He
aqui que su lira es bella y potent.
Te ha ofrecido la grandeza y la luz
rara que hoy has visto en tu selva.
Te ha dado su armonia. Seflor,
yo s6 de estas cosas. Cuando vie-
ne el alba desnuda y se despierta
el mundo, yo me remonto A los
profundos cielos y vierto desde la
altura las perlas invisibles de mis
trinos, y entire las claridades matu-
tinas mi melodia inundd el aire, es
el regocijo del espacio. Pues yo te
digo que Orfeo ha cantado bien, y
es un elegido de los dioses.
Su musica embriag6 el bosque
entero. Los Angeles se han acercado
A- revolar sobre nuestras cabezas, los
arbustos floridos han agitado sua-
vemente sus incensarios misterio-
sos, las abejas han dejado sus celdi-
llas para venir A escuchar. En cuan-
to A mi ioh sefior! si yo estuviese en
lugar tuyo le daria mi guirnalda de







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 283


pimpamos y mi tirso. Existen dos
potencias, la real y la ideal. Lo que
Hercules haria con sus muflecas,
Orfeo lo hace con su inspiraci6n.
El dios robusto despedazaria de un
pufletazo al mismo Athos. Orfeo
les amenazaria con la eficacia de su
voz triunfante, a Nemea su leon y
d Erimanto su jabali. De los hom-
bres unos han nacido para forjar
los metales, otros para arrancar del
suelo fertil las espigas del trigal,
otros para combatir en las sangrien-
tas guerras, y otros para enseflar,
glorificar y cantar. Si soy tu copero
y te doy vino, goza tu paladar, si
te ofrezco un himno, goza tu alma.



Mientras cantaba laalondra, Or-
feo le acompaflaba con su instru-
mento, y un vasto y dominant so-
plo lirico se escapaba del bosque
verde y fragante. El sAtiro sordo
comenzaba a impacientarse. ,Quien
era aquel estraflo visitante? Por
qu6 ante 61 habia cesado la danza
loca y voluptuosa? (Qud decian sus
dos consejeros?
iAh! la alondra habia cantado,
pero el satiro no ofa! Por fin, diri-
gi6 su vista al asno.
Faltaba su opinion? Pues bien,
ante la selva enorme y sonora, bajo
el azul sagrado, el asno movi6 la
cabeza de un lado d otro, grave,
terco, silencioso, como el sabio que
media.
Entonces, con su pie tendido,
hiri6 el sAtiro el suelo, arrug6 su
frente con enojo, y sin darse cuen-
ta de nada, exclam6, seflalando la
salida de la selva d orfeo:
-No!....


Al vecino Olimpo lleg6 el eco y
reson6 alli, donde los dioses esta-
ban de broma, un coro de carcaja-
das formidable que despu6s se Ila-
maron hom6ricas.


Orfeo sali6 triste de la selva del
satiro sordo y casi dispuesto A ahor-
carse del primer laurel que hallase
en su camino.
No se ahorc6, pero se .cas6 con
Euridice.
Rubin Dario.



GALERIA POEITICA CENTRO-AMERICANA.


COLECCI)N DE POESiAS DE LOS ME-
JORES POETAS DE LA AMEIRICA DEL
CENTRO, PRECEDIDAS DE LIGEROS
APUNTES BIOGRAFICOS Y BREVES JUI-
C1OS CRITICOS SOBRE CADA UNO DE
LOS AUTORES QUE LA FORMAN, POR
RAMON URIARTE.
TOMO III.

Poetas que han figurado con poste-
rioridad d la primer edicidn de es-
ta obra.-Guatemala.-- Tipografia
"La Unidn:", Octava Calle Ponien-
te, nuzmero 6.-1888.


Este es el titulo del iltimo tomo
de la obra que a principios del afio
pr6ximo pasado empez6 d publicar
nucstro amigo el Doctor don Ra-
m6n Uriarte, Presidente del Ate-
neo Centro-Americano.
Como bien comprenden nuestros
lectores, lejos de nosotros estd ha-
cer un juicio de la obra, cuando el
s6lo nombre del autor nos lo reco-
mienda.
Desde el aflo de 1872 ha venido
el doctor Uriarte Ilenando un va-
cio que habia en las letras patrias.
La Galerfa, justamente alabada por
propios y extrafios, nos da A cono-
cer en conjunto cuanto hemos ade-
lantado en el camino de las letras,
y A que altura ha llegado el cultivo
de la gaya ciencia en nuestras peque-
flas repdblicas. La Galeria ha veni-







284 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


do A desmentireljuicio que muchos
se habfan hecho de estos pauses,
negAndonos toda clase de buenas
cualidades, desde Napole6n III
hasta algunos centro-americanos de
nuestros dias. Estos l6timos par-
ticularmente que se han aferrado
A la idea de que nada ha produci-
do Centro-Am6rica superior A los
primeros cultivadores del arte por
excelencia.
Es verdad que no tenemos un
Fray Matias de C6rdova, que es
la muletilla de los que asi pien-
san, pero estos deben fijarse que
no es debido a la falta de ingenio,
sino a que la literature actual tien-
de mis al subjitivismo que al mun-
do exterior.
Educados nuestros primeros li-
teratos nada mAs que bajo la in-
fluencia de los clasicos espaftoles,
tuvieron que seguir en todo las re-
glas de la po6tica de Horacio, de
Boileau 6 Juan de la Cueva y today
la literature de entonces estd va-
ciada en esos moldes. Las nuevas
generaciones, hijas de la revoluci6n
literaria comenzada por Chateau-
briand y continuada por Andres
Chenier, Enrique Heine, Byron y
Victor Hugo, han dejado A un la-
do la servil imitaci6n tanto en el
fondo como en la forma de griegos
y latinos, y tomando por teatro el
mundo real y por 6nico personaje
el coraz6n human, han arrancado
al arte notas desconocidas, y llenas
de mas vida que jams conoci6 el
antiguo parnaso. Sin ningin temor
afirmamos que la lira modern es
enteramente subjetiva, y que la
poesia 6pica y didActica ha muerto.
Las ciencias experimentales han
influido de tal manera en la poesia
modern, que el poeta hoy ya no
se preocupa sino de los hechos. En
el fondo de la poesia modern es
donde se hallara poesia. No por
esto negamos que la forma sea ne-
cesaria; lejos de nosotros tal afir-
macidn, creemos que la belleza en


la forma y en el fondo es lo que
constitute la obra de arte: solamen-
te afirmamos que la poesia de hoy
es tan subjetiva que pocas son las
obras literarias en que no se tras-
luce la individualidad del poeta.
Cada composici6n, cada estrofa, es
un cuadro exact de la naturaleza,
de tal manera que el poeta es hoy
mis fil6sofo que antes. .
Y lo que algunos han crefdo un
dafio, en la influencia de Hei-
ne.y de Byron en la poesia centro-
americana, es lo que en nuestro
humilde modo de entender coloca-
rd nuestro Parnaso A mayor altura:
el imitador de Heine y Byron tie-
ne necesidad de meditar y pensar
much; de cada escena de la vida
humana tiene que sacar una deduc-
ci6n filos6fica concisa, y que ocu-
paria pliegos enteros dilucidados
en la poesia antigua; la misma con-
cisi6n hace que el poeta no peque
por conceptuoso, y el lector desde
luego se da cuenta exacta del ta-
lento del que describe.
Acostumbrados los defensores
del antiguo Parnaso A las compo-
sicibnes kilom6tricas que nada de-
cian, en que abu;;daban figures re-
buscadas y concepts oscuros, ven
la floreciente poesia modern con
cierto desd6n. Muy buena serA una
6gloga de Lope de Vega, pero mis
bella es una rima de Gustavo Adol-
fo Becquer, muy bueno sera el Ber-
nardo de Valbuena (que dicho sea
de paso ninguno habrA leido com-
pleto) pero mejor es el Intermezzo
lirico de Heine 6 un poema cual-
quiera de Byron 6 Nufiez de Arce.
Nosotros somos de los que cree-
mos que el poeta ha sido destina-
do A cantar con el coraz6n y no
con la cabeza.
No por esto se crea que perdo-
namos la imitaci6n servil, no: sea-
mos miembros de la misma asocia-
ci6n, discipulos del mismo maestro,
absorvamos sus doctrinas, pero dis-
cutAmoslas antes, y no tcreamos in-







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 285


falible al maestro; imit6moslo co-
mo un ensayo, pero en seguida que
nuestra obra refleje nuestro espf-
ritu, nuestras ideas, nuestro modo
de ser en fin.
PerdonAndosenos la digresi6n, se-
guimos hablando de la Galeria. Fi.
guran en ella cinco nombres, que
solos ellos harian la gloria de Cen-
tro-Am6rica: Francisco Gavidia, Lo-
la Montenegro, Ruben Dario, Urru-
tia y Guzman y Joaquin M6ndez,
los poetas mas inspirados y mis
originales de la America Central.
Siguenles una pl6yade de j6venes
que indudablemente son una espe-
ranza para las letras patrias.
Orgulloso debe sentirse el Doctor
Uriarte con la nueva obra que ha
dado A luz, una vez mas prueba a
sus detractors sus infatigables tra-
bajos por el bien de la Patria, una
mis prueba A Centro-Am6rica'en-
tera su patriotism y su amor A la
juventud.
Qu6jase y con raz6n el Doctor
Uriarte, en el pr6logodel tercer to-
mo de various literatos centro-ame-
ricanos que ni aun se dignaron con-
testar A la circular que les pas6 en
primero de junio del afto pr6ximo
pasado, pididndoles sus composicio-
nes: permitasenos no achacar A
egoismo sino A modestia 6 olvido
la falta de los escritores que de tal
modo obraron.
Concluimos enviAndole nuestras
felicitaciones al Doctor Uriarte y
rindi6ndole mil agradecimientos por
el ejemplar que se sirvi6 remitir al
Ateneo.
J. M. C


Arcivo Naeional de Cieneias y Letras.

REFLEXIONES

A LOS LIBROS DE ELOCUENCIA
POR
FRAY MATIAS C6RDOVA.


Gdnero y Especie. Considered la
naturaleza humana sin elarte. iQud
d6bil, qu6 incapaz! Consideradla
despues con el auxilio del arte. iQue
admirable su fortaleza, que ilimita-
do su poder! Por este medio obtiene
tan ventajosamente lo que se le ne-
g6 que parece estar escenta de le-
yes. En verdad que si no fuera por
el arte no sostendria yo mi imperio
y mi dominaci6n sobre los otros se-
res. Esa bestia fuerte, gallarda y
animosa me conduce en su espalda,
se interest en mis deseos, y consa-
gra sus fatigas y su vida al idolo de
mis antojos. Esa fiera determinada
A los peligros y espantosa inclina la
cerviz para que yo la tiranice, espe-
ra mis 6rdenes y teme mis enojos.
Los tigres atrevidos, los leones va-
lerosos, todos me respetan, todos
gimen bajo mi servidumbre, y to-
dos reverencian mi caracter. Qut
mas? Abrid los senos de la tierra,
yo dare el lustre que neg6 la natu-
raleza A esta opaca sustancia. Mirad
la plata y oro. Hagase transitable
el mar enfurecido: oiganme los dis-
tantes: hablenme los sabios de los
pasados siglos. Todo me complace.
Quiero dar expresi6n a los mArmo-
les: quiero animar los bronces. Mi
voluntad se cumple. De los mis-
mos rayos que despite Jipiter me
burlo y los conductores electricos
menos temen a sus terrible amena-
zas que A. la infracci6n de mis pre-
ceptos. Artes tiles, que elevais al
hombre & tan sublime estado de
grandeza, ;quidn podra vencer al







286 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


hombre que se ha hecho invencible
por el arte? Lo que es portento en-
tre lo maravilloso, la elocuencia.
Este hombre tan fuerte no puede
resistir A sus hechizos, y seve com-
pelido a rendir su coraz6n para que
se le made amar 6 aborrecer, 6
confiar 6 temer: y sin que crea de-
gradarse, no tiene arbitrio para de-
jar de amar d su tirano. iO ciencia
celestial! iba A decir divina.
Causa material. Por el acopio de
los materials es fAcil conocer el
edificio. La aspereza de la paja, lo
tosco y nudoso de la encina son to-
do el preparativo de una pequefia
choza; pero los cedros y maderas
elegidas, los mArmoles y p6rfidos
industriosamente pulidos y labra-
dos denotan que se intent un sun-
tuoso palacio. Qu6 prerativos, que
material se necesita para la hermo-
sa arquitectura de esta ciencia? C6-
mo en ella reina el raciocinio, ne-
cesita de 16gica, aquel arte que di-
rige la raz6n; como se ha de con-
ducir con orden, pide los conoci-
mientos de la Geometria; como se
pretend tomar por asalto el cora-
z6n, pide informed de su fortaleza A
la moral. En los ejemplos, en las
autoridades le complace la Histo-
ria. Lleva consigo el oraculo de las
leyes para sus consultas. La poesia
le vale para el calor de la expre-
si6n, para la admiraci6n de las imi-
genes, para los encantos de la dul-
zura y armonia. Estos materials
tan nobles deben servir para un
edificio hermoso, excelente y mara
villoso.
Cuando la cosa que se alaba es de
material vil, esta se calla y se habla
de la forma; d se exPresa aquella
para ponderar todo el mdrito de Ista.
V. g.: Hemos visto, dira alguno,
hombres sin mas studio que el de-
seo de gloria, persuadir A favor de
esta ciencia cosas repugnantes A la
raz6n y perniciosas A la sociedad.
Yo quiero ser ingenuo. Confesar6
de piano que Rousseau da a enten-


der en su Emilio su poca instruc-
ci6n en la 16gica, en la moral, en
las eyes y en la teologia. Pero de
esto mismo debemos inferir la ener-
gia de esta facultad que por sf s6la
sin los auxilios de las ciencias y en
defense de una causa injusta, obra
sus efectos admirables. Debo ade-
mis preguntar qu6 fuerza tan irre-
sistible no tendria apoyada en los
otros conocimientos y persuadien-
do cosas tiles y honestas?
Causa formal. A que no da her-
mosura y elegancia? Todos los co-
nocimientos superiores estAn en el
entendimiento, como la plata y oro
en las entrafias de la tierra, y asi
como no vemos ni conocemos, la
hermosura y valor de estos metales
sino A esfuerzos de la mineralogia,
asi no percibimos ni la solidez, ni
lo elevado de los pensamientos sin
esta delicada facultad que todo lo
purifica, dispone y hermosea.
Causa eficiente. La Divinidad a
quien originariamente se reduce to-
do cuanto hay 6til y agradable, no
nos infundi6 el vivo deseo de co-
municarnos, sin que antes nos hu-
biera dado sentimiento y la facultad
de sustituir unos sonidos materia-
les a las hermosisimas imagenes del
entendimiento. La princess del
mundo, la naturaleza tiene A bien
sugerirnos expresiones proporcio-
nadas A lo que intentamos persua-
dir, y el continue studio y un co-
raz6n piadoso, son las disposiciones
para recibir del cielo esta prenda
que conserve el caracter de su ele-
vado origen.
Causafinal. Alabar la virtud y
detestar el vicio, defender la patria
y sostener las leyes, absolver al ino-
cente y penar al culpado, promo-
ver finalmente todo cuanto es ho-
nesto y itil, es A lo que aspira un
hombre honrado, y lo que propor-
ciona la Ret6rica teniendo A su ar-
bitrio la humana voluntad.
Los efectos. Qui6n vivific6 A los
ej6rcitos desanimados, qui6n pro-







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


dujo el esfuerzo military en Grecia,
qui6n apag6 en Roma el incendio.
del impio Catilina? Todo esto es
product maravilloso de la elocuen-
cia de los griegos y de los latinos.
Los adjuntos d circunstancias. I
Quis, 2 quid, 3 ubi, 4 cur, 5 quomo-
do, 6 quando (I). Los hombres mas
distinguidos y mas sabios han cul-
tivado la Ret6rica (2). Este lustre
de las ciencias, esfuerzo de la ra-
z6n, hermosura del orden, candor
de la inocencia, dignisima copia
de las almas grandes. (3). Entre
unas gentes que no admitian mis
coacci6n que la justicia, y que,
siendo prudentes y avisadas, no era
facil enganar con la malicia. (4).
Porque la verdadera ciencia de ex-
presarse no se detiene en sutilezas
sino en presentar la justicia A me-
jor luz, y despejarla de las sombras
que puedan obscurecer su brillantez,
esto conocian aquellos hombres
grandes y trabajaban continuamen-
te para alcanzarla, poseerla, disfru-
tarla. (5). Pasaban las noches y los
dias meditando, leyendo 6 escri-
biendo, se sepultaban vivos en los
subterraneos, se cortaban media
barba para que, por no parecer ri-
diculos, se viesen precisados a un
studio sin interrupci6n: se ponian
piedras en la boca, se limaban los
dientes. (6). Santa verdad, serian
tan malos entonces los mortales
que era necesaria tanta exactitud
en tus dignos instruments? No,
eran entonces como ahora, y sin
embargo la necesidad de la Ret6-
rica se conocia mejor en aquel
tiempo.
Los antecedentes. Antes de poseer
esta bella facultad cuando los jo-
venes dirigen A ella sus deseos, no
les queda lugar para exponerse A la
sangrienta furia de su edad porque
apenas tienen tiempo para leer en
la historic el regular paradero de
los vicios y los inesperados premios
de la virtud. Se emplean en el re-
gistro del coraz6n human, ven la


relaci6n de sus resorts y la direc-
ci6n que admite esta admirable md-
quina de aquel divino artifice.
Aunque no fuera mas que por esta
utilidad debia aconsejarse este es-
tudio 6 preservative de lo malo.
Este lugar sucle coincidir con las
causes, como el siguiente con los
efectos.
Los consiguientes. Pero adquiri-
da ya esta ciencia pierde aquella
virtud que ain aprendida difun-
dia? Es muy ameno el campo para
que salgamos de sus amplios limi-
tes: es muy sazonado este alimento
del alma para que empalague al
buen gusto, y las melodfas de las
gracias no son como los cantos de
las Sirenas, que atraen al naufragio,
para que nos cerremos los oidos, y
no descansemos en el puesto de ho-
nor, de alabanza y gloria.
La semejanza. De este lugar se sa-
can las pruebas de ejemplo. V. g. fu6
6til la Ret6rica en la Grecia, tu6
itil en la Italia, en la paz fu6 6til,
fu6 6til en la guerra, para conven-
cer a los sabios igualmente que a
los barbaros es 6til. En qu6 parte
de la tierra estamos, qu6 fortune
corremos, qu6 situaci6n logramos
para que A todos sea 6til, menos A
nosotros?
Tambicn se sacan de este lugar los
similes. V. g. Los antiguos eran de
tal superstici6n que A todas las co-
sas atribufan nimen. Comprendfan
al cdfiro como un genio muy agil,
muy activo y que obraba efectos
admirables. Ya tocaba los mares y
elevaba las ondas: ya volaba A los
montes y humillaba los pinos. Unas
veces introducido en las flautas pas-
toriles, aliviaba el cansancio con
sus armonias: otras robaba A las flo-
res sus fragancias y las. esparcia so-
bre los venerables monumentos.
Despu6s ya menos bullicioso se in-
troducia al temple 6 iba elevando
magestuosamente el oloroso incien-
so de las aras. De un modo mas her-
moso la Ret6rica trastorna las enve-







288 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


jecidas corruptelas de la patria, aba-
te la soberbia de los hombres inkti-
les, hace amable el sudor y la fatiga,
ensalza la memorial de los heroes,
y expresa cuanto cabe la magestad
de Dios.
Contrarios. 0 una dicci6n sonora
y corregida es 6til, 6 por el contra-
rio la que es inepta bronca y desa-
liflada: porque (permitaseme hablar
del modo A que me estrecha la ig-
norancia) A cosas contrarias corres-
ponden contrarios atributos. Quien
habra tan falto de raz6n que diga
ser indtil lo primero, siendo por es-
to compelido A confesar que es itil
lo segundo?
Repunnantes. Quien diga que es
indtil la elocuencia, debe decir: que
lo que conduce al fin no es 6til, es-
to es, que lo itil es indtil: debe de-
cir: que los sabios que la han usa-
do y promovido no son sabios, y
que no es bueno lo que preserve de
lo malo. Admirable capacidad de
la ignorancia!
(Continuard.)


CRO-NiICA.


EN UN ALBUM.-Es el nombre
de la composici6n 6ltimamente pu-
blicada por el poeta cubano J. J.
Palma. Como todo lo de este sim-
pitico vate, la composicion i que
aludimos es preciosa.
Unicamente notamos en Palma
cierto tinte de Byronismo. Qu6 en-
fermedad sufre nuestro poeta? rra tomar otro rumbo el estro pro-
venzal del cisne de Cuba? Lo senti-
riamos, los que no hemos visto en
Palma al poeta de la duda, sino
al trovador que suefia con jardines
encantados; con cielos azules, y en-
tonando serenatas de amor al pi6
de g6ticas ventanas.


"LA BANDERA NACIONAL."-Es
el nombre del nuevo peri6dico po-
litico y literario que se empez6 a
redactar en esta capital el I. del
corriente. Organo del partido libe-
ral, el nuevo colega se ocupard de
las cuestiones del dia, con el talen-
to digno de sus redactores, sefiores
Uriarte, Palma y Perez. Le desea-
mos larga vida, buena clientele y
un aflo feliz.
*

"EL ATENEO" ha dispuesto dar
sus sesiones ordinarias los dias lu-
nes, en vez de los jueves, mientras
dure la temporada de teatro, por
career muy just que los socios no
tendrian el tiempo necesario para
asistir A las conferencias.



"EL NORMALISTA" y "El Moni-
tor Escolar" son los nombres de
otros dos colegas, dedicados unica-
mente a la instrucci6n primaria.
Ojala llenen tan honrosa misi6n
cumplidamente y tengan larga vida.
Les saludamos.

**

UN DESCUBRIMIENTO realizado
iltimamente en el Jap6n, ha tora-
do las proporciones de verdadero
acontecimiento national en China.
Tratase nada menos que del ha-
llazgo hecho por un empleado chi-
no de un ejemplar de los anales de
Confucio, que cuenta 1200 afios de
antigiiedad, y que se halla ilustrado
con todas las notas de todos los
antiguos comentadores.
Esta obra habia misteriosamente
desaparecido de una biblioteca chi-
na ochocientos aflos ha.
El Gobierno chino ha dado ins-
trucciones A su representante en
Tokio, para que consiga se le facili-
te la obra para sacar una copia de
ella.




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