• TABLE OF CONTENTS
HIDE
 El ateneo - Buenaventura sarav...
 Primer discurso del socio don Juan...
 Versos
 La temperada a escuintla
 A . . .
 La petenera - Un crimen
 Reflexiones a los libros de...
 Cronica














Group Title: Ateneo Centroamericano
Title: El Ateneo Centroamericano
ALL VOLUMES CITATION THUMBNAILS PAGE IMAGE ZOOMABLE
Full Citation
STANDARD VIEW MARC VIEW
Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00026077/00009
 Material Information
Title: El Ateneo Centroamericano
Physical Description: v. : ; 26 cm.
Language: Spanish
Creator: Ateneo Centroamericano
Publisher: s.n.
Place of Publication: Guatemala
Frequency: monthly
regular
 Subjects
Subject: Central American literature -- Periodicals   ( lcsh )
Genre: periodical   ( marcgt )
 Notes
Issuing Body: "Organo de la Sociedad Literaria del mismo nombre."
 Record Information
Bibliographic ID: UF00026077
Volume ID: VID00009
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000310800
oclc - 07562916
notis - ABT7495

Table of Contents
    El ateneo - Buenaventura saravia
        Page 241
    Primer discurso del socio don Juan M. Cuellar
        Page 242
        Page 243
        Page 244
        Page 245
    Versos
        Page 246
        Page 247
    La temperada a escuintla
        Page 248
    A . . .
        Page 249
    La petenera - Un crimen
        Page 250
        Page 251
        Page 252
        Page 253
        Page 254
    Reflexiones a los libros de elocuencia
        Page 255
    Cronica
        Page 256
Full Text


Tomo I ,- Guatemala, 15 de diciembre de 1888. Niim. 16




BL ATlENBO TUNTROALI'BICANO1


PUBLICATION QUINCENAL. (

OREGANO DE LA SOGIEDAD LITERARIA DEL MISMO JC' 13. -


EL ATEZNO.

16.," Ri niii del "Atenei Cenlro-Almericai0o,"

Asistieron los socios, Presi-
dente Uriarte, Vicepresidente
Aguilar, Morales, Bustillo, Aca-
hal, Perez, de Le6n, Mazariegos,
Ochoa, ('Alix, L6pez, Quinteros,
Tejeda, Cu6llar y Srio. Ortiz M.

El President manifest que
el Secretario Sefior Molina se
habia excusado de concurrir con
motivo de un grave cuidado de
familiar.
En seguida subi6 A la tribune
el socio Seflor Cu6llar, y di6
principio A las anunciadas con-
ferencias sobre los escritores cen-
tro americanos anteriores a la in-
dependencia.
El President Dr. Uriarte con-
tinu6 la lectura de algunos capi-
tulos de su obra intitulada "Es-
tudio sobre el jurado."
Se discutieron despu6s various
asuntos relatives al regimen in-
terior de la asociaci6n, quedan
do citados los miembros presen-
tes para una sesi6n extraordi-
naria que se verificarA el jueves
13 del corriente.



A8 4


La pr6xima reunion jiblica ',
tedrA lugar el 20 del mes en cur-
so, A las 8 p. m.


BUENAVENTURA SARIAIA.


A fines de la semana iltima, la
sociedad toda de Guatemala y en
especial los circulos oficiales, fue-
ron sorprendidos con la noticia de
la extrema gravedad del aprecia-
ble caballero don Buenaventura Sa-
ravia, Secretario de la Legaci6n de
esta Repiblica en los EE. UU.
Mexicanos y uno de los miembros
mis distinguidos del "Ateneo Cen-
tro-Americano." El cable nos anun-
ciaba al mismo tiempo la proximi-
dad de su muerte, con esa terrible
concisi6n, propia de todo mensaje
telegrifico.
Falleci6 en efecto el nueve del
present, d mediodia, en la ciudad
de M6xico, victim de la viruela
negra, a los veintiseis afios de edad.
Y hace solamente dos meses que
nuestro querido amigo y compafie-
ro dejaba d Guatemala leno el co-
raz6n de vida y la mente de ilusio-
nes, para conquistarse un puesto en
la diplomacia, no content con la
fama de orador, publicist y abo-
gado probo 6 inteligente que ya
entire nosotros se habia conquista-
do. iLa muerte nada respeta, ni si-







242 EL ATENEO CENTRO-AMERIC-ANO.


quiera el talent, ni la juventud si-
quiera, que tanto derecho tienen a
la vida....
Mientras el "Ateneo Centro-A-
mericano" cumple con el deber que
su Reglamento interior le impone,
de celebrar las honras finebres del
primero de sus socios, muerto en
extranjera tierra, sirvan estas linieas
para expresar a. la familiar Saravia
y d la sociedad guatemalteca en
general, todo el pesar de esta aso-
ciaci6n con motivo de la prematu-
ra muerte del ilustrado j6ven, cuyo
nombre hemos escrito al frente de
este articulo.


PRIMER DISCURSO

DEL SOCIO DON JUAN M. CUELLAR
SOBRE LITERATURE ANTIGUA
CENTRO-AMERI CANA.


Una vez mas imploro vuestra be-
nevolencia.
Nombrado por el senior Presiden-
te para sostener la conferencia de
hoy, no he encontrado asunto mas
digno de vuestra atenci6n que uno
que se relacione con el studio de
nuestra literature.
De tiempo sobrado ytemas belli-
simos pude disponer; los hay que
ciertamente por lo nuevos y por lo
tiles y bellos pueden honrar la plu-
ma de un hombre de letras; pero
permitidme ser franco, al deciros
que encontr6 esostemas superiores
g mis fuerzas, ya por mis pocos co-
nocimientos en la material, ya por la
escasez de obras nacionales; pues de-
seaba haberos presentado un estu-
dio sobre los escritores centro ame-
ricanos anteriores A la independen-
cia.
Las pocas obras que poseo me
hubieran dado suficiente material
para una disertaci6n, pero al re.
flexionar que mi studio debfa ser


general y no particular sobre dos 6
tres autores, dispuse mejor insinua-
ros el tema, y hablaros esta noche
sobre la utilidad que reportaria al
Ateneolaformaci6n de una biblio-
grafiayaque no complete, a lo me-
nos suficiente para un studio de
nuestros antiguos escritores, 6 ir
formando de esta manera una pe-
quefla biblioteca'centro americana.
Leyendo, sefiores, eltomo V. de
la obra del historiador Brancroft,
encontr6 en sus primeras pAginas
una bibliografia que no solamente
honra a un particular si.no que tam-
bi6n honraria h una naci6n.
Documentos preciosos, y en gran
ndmero, posee la Biblioteca Ban-
croft sobre Centro Am6rica, que
vergonzoso es decirlo, no se encuen-
tran en todos los Archivos de Centro
America, que, si es possible existan
algunos en poder de particulares, se
ignora su paradero.
Se dice que en nuestra Biblioteca
National hay muchas obras de nues.
tros antiguos escritores, entire las
que se recogieron de los extinguidos
conventos; pero si es cierto que
existen, no sabemos cuales son, por
no haber un CatAlogo impreso que
nos d6 esa noticia.
Con un Catalogo general y minu-
cioso de nuestra Biblioteca, facil se-
ria saber que obras faltan para com-
pletar una bibliografia Centro-Ame-
ricana. Mientras esto no nos sea po-
sible, conform6monos con adquirir
las obras que podamos para empren-
der studios series que nos hagan
pensar y trabajar y salir de esta mo-
notonia de discursos de cajdn, que
por cierto ya empalaga. Unir lo 1til
con lo agradable'he aqui cual debe
ser el tema de nuestra naciente aso-
ciacidn. Y de tal manera ha com-
prendido esto nuestro ilustrado Pre-
sidente, que ha establecido el siste-
ma de conferencias sobre asuntos
que cada uno puede escoger segun
sus facultades y su vocacidn, para
asf, al mismo tiempo que se ensaye







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


la inteligencia, ser dtil A las letras
centro-americanas. Solamente asi
pueden tener vida las asociaciones
entire nosotros, y no s61o tener vida,
si tambi6n ser tiles A las naciones.
Poco falta para que el Ateneo
Centroa-mericano cumpla un afio
de vida; poco falta para que este
nifio mimado de Centro Amdrica,
por que asi puedellamarse una reu-
ni6n donde la juventud centro ame-
ricana viene a mostrar sus esfuer-
zqs, cumpla el primer afio de exis-
cia.
Como j6venes que somos deja-
mos pasar desapercibido el tiempo,
cosa que no debe suceder asi. El
Ateneo Centro-americano tiene un
gran fin que cumplir, tiene en pers-
pectiva el porvenir, 'y el porvenir,
sefiores, es, hablando matematica-
mente, la suma del present y del
pasado.
El Ateneo Centro americano ha
empezado sus tareas por donde de-
biera concluirlas; el Ateneo Centro-
americano, ante todo, debiera haber
estudiado losorigenes de la litera-
tura centro-americana, proverse de
una bibliografia aunque fucra im-
completa, y por medio de diserta-
ciones dar a conocer los nombres de
aquellos que rios han precedido en
el camino de las letras, ya como en-
sefanza para los presents, ya como
humilde ofrenda A aquellos insignes
varones, que sin los medios de que
nosotros disponemos, supieron le-
vantarse sobre el comin de sus con-
ciudadanos y dejar al porvenir un
noble ejemplo que imitar.
Laudable y honrosa tarea seria
esa de reivindicar y sacar del olvi-
do a nuestros hombres que han so-
bre salido, ya en las ciencias, ya en
las artes.
Guatemala que ha tenido pinto-
res como Pedro de Merlo, cuyos
cuadros se admiran todavia en la
iglesia del Calvario; escultores de
la talla de Gervasio Huertas y
buriles que cuando se v6 un cuadro


grabado por Casildo Espafia, nos
parece ver uno de aquellos en que se
leia en Espafia con orgunllo Velaz-
quezpinxit; Guatemala que se enor-
gullece con poetas como Juan de
Meztanza de quien dice Cervantes:

Lleg6 Juan de Meztanza cifra y suma (*)
De tanta erudici6n donaire y gala,
Que no hay muerte ni edad que !o consume.
Apolo le arranc6 de Guatemala
Y le trajo en su ayuda para ofensa
De la canalla en todo extreme mala.

Guatemala que se enorgullece con
un Fr. Matias de C6rdova, con un
Batres Montifar, Guatemala, sefio-
res, seria ingrata si dejara en el ol-
vido & sus grandes hombres.
Mis de alguno me ha dicho que
el proyecto de reunir esas obras es
irrealizable, en primer lugar por que
la escasez de obras nacionales anti-
guas es suma y que si alguno las
posee, hay el suficiente egoismo pa-
ra no mostrarlas, y en segundo lu-
gar por que A la altura A que ha
llegado la literature en nuestros
tiempos, nada nuevo nos ofrecerian
las letras antiguas.
Miparecer es que ambas afirma-
ciones son falsas. Si un fin laudable
y 6til nos hace buscar esas obras,
creo que ninguna persona sera ca-
paz de negarlas, y si es por su rare-
za creo que esa condicidn hara lau-
dable nuestro empefio. La segunda
de sus afirmaciones no s6 como ca-
lificarla: tiles, y por demas, son esas
obras. A mas de la pureza del len-
guaje, se encuentran obras descrip-
tivas bellisimas que nos retratan al
natural las costumbres de aquellas
epocas tan remotas.
Dos obras tengo en mi poder:
una impresa en M6xico el afio 1747,
en que se describe con una belleza
incomparable por don Antonio de
Paz y Salgado las demostraciones

(*) Obras de Cervantes, Viaje al Parnaso '
Espafiol.-Edici6n Rivadeneira, Cap. m. t.
I. pag 695.


243







244 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


p6blicas A la concesi6n por la corte
romana del uso del palio en la ca-
tedral de Guatemala. En esa misma
obra figuran sermones, que nos de-
muestran cuanto se habia adelanta-
do en Centro America en el g6nero
oratorio sagrado.
Otra de las obras es la intitulada:
"Guatemala por Fernando VII el
afio de 1808". iQu6 de cosas nuevas
nos ofrece! En ella hay veintihin
grabados debidos al buril de Jos6
Casildo Espafia "tomados, como di-
ce el cronista, de los ocho tableros
del z6calo y los cuatro triangulos de
los frontones que son del diestro
pincel del maestro Mariano Ponta-
za, y Jos6 Mufloz su compafiero,
que se distingue en el paisaje, en
las ropas, en los claros y oscuros. Y
los grupos y figtiras del coronamien-
to, con los genios de los tableros de
impostas6n del maestro Dionisio
Contreras, de la escuela del c6lebre
don Juan Jos6 Rosalesque tienefe-
licidad particular en las actitudes y
movimientos, expresa con acierto
las mociones interiores."
Si el parrafo que acabo de citaros
os da noticia de esos artists y del
buen gusto que entonces habia en
Guatemala, artists y buen gusto
que hoy, por desgracia, no tenemos,
aun mis de admiraci6n os llenard el
siguiente:
"Se pint6, dice, en 61 un edificio
que figuraba ser el temple del ho-
nor. A un lado de su p6rtico, que
ofrecia franca entrada, se veia la
Historia significada en una hermosa
ninfa, escribiendo sus anales. El
tiempo aunque decr6pito, todavia
robusto y placentero, tendido sobre
el suelo, y apoyado con una colum-
na, sostenia en las espaldas el gran
libro de la Historia. En su contorno,
estaban varias obras de autores reg-
nicolas, 6 escritas, 6. impresas en
Guatemala, respetadas de su fatal
.segur que las guardaba, y en la po-
sici6n que las tenia, indicaban star
exentas de sus filos destructores.


Tales eran las cr6nicas de VAsquez
y Remesal, la historic de Bernal
Diaz, los libros de Padilla, Oviedo,
Landivary otros various. Cercano al
p6rtico del frontispicio de aquel
temple, y en ademan de dirigirse ha-
cia la Historia, se present al seflor
don Francisco Antonio de Fuentes
y Guzmin, Regidor y Cronista .de
esta Capital, que con el uniform de
su cuerpo, ofrecia A la ninfa su His-
toria de Guatemala. Ese monumen-
to celebre, que hard inmortal so
nombre respectable, y que tanto con-
funde al siglo de las luces en que es-
tamos, cotejado con el de hierro en
que vivia, y en que sin mas auxilios
que su celo, y sin otro estim ulo que
su honor, escribi6 esa obra maravi-
Ilosa que conserve nuestro archivo,
como C6dice inestimable. A los pies
de la Historia, estaba mordiendose
a si mismo el infernal monstruo de la
envidia bien espresadas sus faccio-
nes; y asi como el tiempo recogia y
conservaba nuestros libros publica-
dos, ella sepultaba los in6ditos. Alli
se veia la H-istoria Natural de don
Blas de Pineda y Polanco, las obras
pol6micas del DeAn don Felipe
Ruiz de Corral, lashistorias de Gon-
zalo de Alvarado y Fr. TomAs del
Valle, la Astronomia de Calder6n
de la Barca, los preciosos apunta-
mientos de don Juan Torres y.don
Juan Macario, de la sangre real de
Guatemala, 6 hijos de su reyChig-
navinceld, los del cacique don Fran-
cisco G6mez y otros muchos"
Libros que tienen descripciones
como la anterior y que guardian no-
ticias semejantes, creo que no hay
para que probar que son tiles y
mas que tiles bellos. Ellos nos po-
nen de relieve los usos, las costum-
bres y el estado de nuestros antece-
sores durante una 6poca ya pasada;
nos muestran al vivo sus debilida-
des, sus pasiones, su modo de ser
en fin, y nos ponen, digamoslo asi,
en intima confidencia con tiempos
ya pasados, alentandonos y sirvi6n-







EL ATENEO CEN

donos de estimulo para penetrar
en el porvenir.
Sefiores: conservar esas obras es
hacer un servicio A la patria; estu-
diarlas, instruir nuestra inteligencia
en models propios, que. nos pue-
den enorgullecer ante el antiguo
mundo.
Mds de alguno me ha dicho que
pondriamos al Ateneo en el caso de
que ostentara una erudici6n que A
mis de ridicule, no estd todavia al
aicance de j6venes que no tenemos
todavia ni ain estilo propio para ex-
presar nuestraspocas ideas; cuanto
mas el gusto y la instruci6n necesa-
ria para penetrar el sentido de las
obras de ese tiempo.
Por toda contestaci6n dire: que
al Ateneo, sino es con raras excep-
clones, todos venimos A aprender, A
ensayarnos en la dificil pero magni-
fica carrera de las letras, y que seria
disculpable lo que en nuestro es-
fuerzo hici6ramos; que la erudici6n
es gala del que describe, puesto que
el arte se relaciona con todo lo que
nos rodea; que nuestros grande es-
critores no desdefiaron esa cualidad,
que di6 A sus escritos ese caracter
de universalidad que tanto los ador-
na, y que si no tenemos el gusto su-
ficiente para juzgar nuestros auto-
res, podemos, leyendolos con ahin-
co, adquirirlo y delicado. Por que el
arte A semejanza de los mas precio-
sos metals, que se necesita profun-
dizar muchas y muy profundas ca-
pas de tierra, para encontrarlos, el
arte, cuanto mas nos internamos en
las profundidades del pasado, nos
ofrecejoyas mas valiosas.
Ojala cupiera al Ateneo Centro
americano la gloria de desenterrar,
digamosloasi, de las ruinas del pa-
sado, unal iteratura que formada ya,
nos resolviera problems ain obscu-
ros en la historic de nuestros tiem-
pos.
Tarea honrosa y digna de aplau-
so seria para nosotros si, revolvien-
do archives de papeles viejos, de


TRO-AMERICANO. 245

tiempo en tiempo ofrcci6ramos A
nuestros sabios, obras nuevas que
estudiar y a nuestros compafieros
trabajo que imitar. De mi digo, se-
fiores, que esa idea me haiaga y
creo que sentireis lo mismo.
Poner nuestra curiosidad dej6-
venes al servicio de lo desconocido,
indagar, escudrifiar la conciencia de
los que nos precedieran, observer
sus luchas perpetuas con su tiempo
y sus instituciones; ver en ciertos
moments desbordarse el genio
del cauce en que lo tiene sujeto el
present, eso, senores, es muy be-
1lo: la filosofia tiene alli un manan-
tial de deducciones; y el arte con
ese misterio en que se envuelve el
pasado, tiene una fuente de inspira-
ci6n para la novela, la leyenda y la
poesia.
Sefiores: gi qu6 ensalzaros, con
mi d6bil voz, lo que par si s6lo se
ensalza? A qud dar tanto rodeo pa-
ra expresaros el intent que me
trajo A la tribune? Todo esto lo sa-
beis bien y por eso me permitir6is
concluya y corte aquf mi discurso.
Seran utopias, serAn irrealizables
estos proyectos; pero yo soy de los
que screen que los suefios del hom-
bre tarde 6 temprano deben reali-
zarse. Todo lo que hoy proponemos
es un problema que el tiempo re-
suelve. Las utopias de los hombres
antiguos han venido A ser una rea-
lidad hoy; y es porque todo lo que
tiende al perfeccionamiento huma-
no, viene A conventirse en un obje-
to de meditaci6n para el sabio.
No hay quien no tenga dificulta-
des al principiar A poncr en prActi-
ca un proyecto. iCuAntos afios de
improbo y pacienzudo trabajo no
cuesta al sabio la composici6n de
una obra! iCuAntas veces no desma-
ya al ver que su vida es corta para
realizar un fin que se ha propuesto,
pero al fin la fe en el trabajo lo ha-
ce Ilegar A la realizaci6n de su
obra!
Seflores: el trabajo santifica, y









24 ELATNE CNTO-MEICNO


hay trabajos que pueden llamarse
apostolado: lo que he propuesto no
es tan dificil y si muy digno de la
primera asociaci6n que, de una ma-
nera real y por el intimo lazo del
arte, ha ofrecido el bello especti-
culo de tener unida en su seno, a
toda la juventud centro-americana.

HE DICHO.



VERSOS

LEI OS ANTE EL ATENEO CENTRO-AMEBIC iO,

AL DOCTOR DON DIONISIO GUTIERREZ COMO UN
UIIMILDE RECUERDO DE 3II ETERNO CARINO.


I.

iSer6 verdad que el siglodiez y nueve
Cual nuevo Prometeo eneade-ado
Al pedi6n de la duda, no se mueve,
Y vive a eterna lucha condenado?
jPor qu6, decide, al coraz6n conmueve
Y llena de tristezas lo pasado?....
S61o al pensarlo, de dolor me aterro:
Muri6 el ideal para la Edad de Hierro!

II

Los tiempos do la f6bula pasaron,
Los dioses para el hombre se murieron,
Los cantos provenzalez se olvidaron,
Los gdticos castillos perecieron;
La fe que nuestros padres nos legaron
Los vientos de este siglo destruyeron;
Y hoy el alma marchita, atribulada,
Por tinico ideal hall la nada.

III.

Apenas si d la lumbre mortecina
Del tierno hogar la madre cariniosa
De sus hijos rodeada, la divina
Leyenda de Jesus cuenta afanosa,
Que el coraz6n leno do fe ilumina,
En esa edad de la ninez dichosa,
Que pasa el hombre dias tan risuefios,
Dfas hermosos, de rosados suenos.


IV.

Yo lo recuerdo ain: mi madre tierna,
Besandome la frente me decfa:
"Oye, hijo mfo, la verdad eterna;
La palabra de Dios es melodfa
Que hasta el mas duro coraz6n consterna:
Es clara como el sol, brinda alegrfa
Al alma triste, al coraz6n enfermo,
Y hace un jardin donde existfa un yermo.

V.

"Hay un ladrdn que todo lo arrebata,
Creencias, ideales, afecciones, todo,
Que arrastra como hirviente catarata
Al hombre hasta la gloria 6 hasta el lodo.
Es huracin que recio se desata
Y forja tempestades de tal modo,
En ese mar del pensamiento human,
Que d veces son mas grades que el oceano

VI.

"Es la ambicidn. En su fecundo seno
Lleva raudales de progress y gloria;
Ella ofrece al trabajo honrado y bueno,
Paginas eternales en ]a historic;
Pero a veces oculta cruel veneno,
Y su promesa es falsa 6 ilusoria:
Entonces lay! convi4rtese en abismo,
Do el hombre ya no sabe de sf'mismo."

VII.

Aunque amarga verdad; mas era cierta
La que mi madre con cariino dijo;
Su coraz6n de madre estaba alert,
Y presentia el porvenir de su hijo:
Hoy la fe del hogar la encuentro muerta,
Busco algo cierto con afin prolijo,
Busco la inmensidad con harto anhelo,
Y veo nada donde via el cielo.
VIII.

S61o se ofrece la impasible duda
A ese afgn que el espfritn devora;
La raz6n preguntada calla muda, .
Y el coraz6n es luz enganladora;
Desfallece el espfritu en la ruda
Contienda, y se le ofrece vencedora
La triste realidad, que deja elalma
Sin porvenir en su doliente calma.


' -246


' 246


EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.








EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 247


IX.

,Por q it en la edad de los mejores suefios,
En esa edad de pajaros y flores,
De mentidas caricias y halagieTios
Pensamientos rosados y de amores,
En este siglo jay Dios! no somos duefios
De sofar? IPor qud el siglo en sus furores
Por todas parties el hastfo esparce?
Que respondan Musset, Byron y Arce.

X.

Sus liras ya no cantan las creaciones,
Que hicieran de sus hIroes las edades;
El h6roe principal de sus canciones
Es el mundo con todas sus verdades.
En esos poemas hallardis pasiones
Revueltas como negras tempestades;
Verr's que cantan el progress human;
MAas si ideales'buscais os sera vano.

XI.

Porqne todo acab6, y hoy queda e61o
Por personaje el hombre y su conciencia;
(Aunque se enoje el rubicundo Apolo)
Arte, progress, libertad y ciencia
Es el canto no mds de polo A polo:
Adi6s idealidad, adids creencia;
Hoy se describe al reverse de un billete,
O nos da inspiraci6n un gabinete.

XII.

Muy bello es contemplar campo florido
Y escuchar de las fuentes los rumors;
Ofr del ronco trueno el estallido,
Contemplar la torment y sus furores;
Todo esto es bello, pero todo ha sido
Estudiado por hombres sabidores,
Que Ilevando el progress en una mano
Destruyeron con la otra el sueiio human.

XIII.

Emociones del alma, inteligencia,
Embriaguez del amor, dichas soriadas,
Espectros que torturan la conciencia,
Recuerdos de ilusiones ya pasadas,
Nada valen hoy dfa ante la ciencia;
Que todas quedan replegadas


A una simple funci6n del organismo....
A tal punto llegd el materialismo.

XIV.

Buscad el anfiteatro: palpitante
EstU el cadaver que 4 estudiar convida
Al hombre que dedfcase anhelante
A sondear los secretes de la vida:
Del umbral de la muerte en adelante
Nadie eabe ya el fin de la partida;....
Ved aquf de la ciencia el gran consuelo
Quitar al hombre su sonado cielo.

XV.

,Cufl es el canto de la musa hoy dia?
Que respond la sombra de Espronceda
Que de todo en el mundo se refa;
Del tierno Becquer el dolor nos queda;
Del Voltaire alemin triste ironia,
De Byron y Musset la musa hereda
Triste legado de impotencia ruda,
Velada por la sombra de la duda.

XVI.

1Oh! si es verdad que el suelo de la vida
Es conjunto de duelos y ventura,
Si cuando reina el bien nos es querida
Y cuando reina el mal causa amargura:
,Por qud, decide, sabios, la fingida
Ilusidn de otro cielo y su dulzura
Quitais al hombre con forzado empeiio?
iOh! dejadle gozar su hermoso sueio!

XVII.

Proclamad el progress: enhorabuena.
La ciencia lleva en si muy ricos dones;
Naturaleza al egoismo agenda
Os abre sus entraTias; lai naciones
Os dan un ancho campo, donde suena
El martillo industrial.... Sabios varones,
Que buscdis la verdad, dejad en calm
Con sus stualos fantisticos al alma!!

WERNEER.







248 EL ATENEO


La temporada Escuintla.


Estoy cierto de que la mayor
part de mis j6venes lectoras han
ido alguna vez i Escuintla; mis
adn, que muchas de ellas por el he-
cho solo de haber pasado diez,
quince y hasta treinta dias en la
hist6rica ciudad de las naranjas,
creerAn y contaran i sus amigas, ha-
ber estado de temporada en la cos-
ta. Error! Ni las primeras conocen
la localidad, ni las segundas entien-
den de la misa la media.
Hoy se va A Escuintla como
quien va al Cerrito del Carmen 6 al
Calvario, de guante de seda y som-
brero A la Regente, poliz6n exage-
rado y zapato bajo de cabritilla,
brazaletes de oro y sombrilla de ta-
fetan con encajes y bordados. Se
toma el tren de la mailana en la
Estaci6n de la Plaza de Toros, pa-
gando previamente tres duros se-
tenta y cinco centavos por persona,
se arrellena uno lo mejor que puede
en cualesquiera de los sillones del
carro de I. y. despu6s de cuatro
horas de charlar con el vecino, leer
alguna novelita de Paul de Koc 6
dormitar pensando en el novio, se
llega a Escuintla al Hotel Baur, A
dormir mal y comer peor.
Ya estando allA se pide diaria-
me'nte un coche para ir por las ma-
flanas A la "Agua de Zarza" 6 al
elegant establecimiento de las
"Aguas Vivas;" se toma un bafio,
en seguida uno 6 dos coktails, se al-
muerza, se duerme la siesta, se sa-
le A dar una vuelta por la tarde, se
abre el apetito con un nuevo cok-
tail, se come, y Adormir. iY llaman
A esto temporada!
En mi tiempo, queridisimas lec-
toras, la cosa era muy distinta. Pre-
.guntAdselo, si no, A vuestras mamis
a quienes mis de una vez habreis
oido suspirar por la dichosa 6poca
de la temporada de Escuintla.


Los s6los preparativos de la mar-
cha constituian un verdacero en-
canto. Se bajaban de los altillos los
desvencijados catres de nuestros
abuelos y las bien guardadas hama-
cas de Sonsonate; se preparaban, tra-
jes d prop6sito para la calle y el
bafio; se hacia provision de las me-
dicinas indispensables, como vomi-
tivos de hipecacuana, pildoras de
quinina, cedr6n, aceite de almen-
dras etc. etc. la idem de trastos pa-
ra la cocina y comedor, sin omitir,
por supuesto, la de cierta clase de
articulos tales como el chocola-
te, el tiste, las cebollas y qu6 s6 yo
cuantas cosas mas; y todo reunido
y liados los colchones y las almo-
hadas necesarias en escogidos pe-
tates chiapanecos, se despachaban
las docenas de bultos de que cons-
taba el equipaje en una de las afa-
madas carretas de Chimeno. Luego
la familiar se despedia de todas sus
relaciones, (que no acostumbraban
las gentes marcharse como hoy a la
francesa), y se salia a las cuatro de
la madrugada en una diligencia de
Wanhalert, para ir i almorzar des-
cansadamente en Amatitlany llegar
sudando A Escuintla & las dos 6
tres de la tarde.
Alli esperaba el rancho, que de
antemano se habia hecho preparar,
con su magnifica enramada de ho-
jas de coco, adornada con racimos
de platanos y huiscoyoles, pendien-
tes del techo, y flores de corozo,
melocotones y cafias de azicar re-
gadas en derredor, que embalsama-
ban el ambiente con su aroma
Sacudidas las paredes por temor
a los alacranes, y arreglada conve-
nientemente la casa, se daba prin-
cipio a la temporada. Las mucha-
chas no usaban por aquel entonces
pouf, ni siquiera polvos y carmin,
ni se peinaban a la Maria Stuard
en el campo. Vestian sencillos tra-
jes de cambray y se cubrian con
sus perrajesdebafio, Ilevando siem-
pre el pelo suelto. Tampoco, toma-


CENTRO-AMERIICAN'O.







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 249


ban cocktails; lo mas que so per-
mitian era una copita de anisado
antes y despu6s del baflo, y esto
con el solo objeto de que no les hi-
ciera mal la banada.
El lugar predilecto era "La Cho-
rrera," no empotrada, como hoy es-
ti, entire cuatro altos paredones
blancos que semejan una casamata,
sino al aire libre, murmurando amor
sus cristalinas aguas.
Ni habia separaci6n de estan-
ques para hombres y mujeres, que
todos nos bafiAbamos juntos; exce-
lente costumbre que evitaba mnis
de un qiidpro quo de los que hoy
suelen lamentarse en la carrera del
matrimonio.
Las tardes se pasaban recorrien-
do las chacras 6 yendo A caballo
y en coche A "San Luis," "El Co-
lorado" y "Mirandilla;" y A oracio-
nes de la noche, las temporadis-
tas todas se reunian en la plaza,
compraban frutas, pasaban a la ne-
veria y se dirigian ya A este ya A
aquel rancho, contents y bullicio-
sas, con sus linternas en la mano,
pues Escuintla ni tenia calls, ni sa-
bia de alumbrado p6blico en aque-
llos dichosos tiempos.
Desde el Tamarindo a San Se-
bastiAn y desde San Sebastian A la
Parroquia, todo era animaci6n y
movimiento A prima noche. Dise-
minados los ranchos entire bosques
de palmeras y manglares, 6 ilumi-
nadas todas las enramadas, la que
hoy es ciudad, presentaba un aspec-
to encantador de verdadero pueblo.
Se cantaba y se reia A boca llena A
las puertas de las casas, y cuando
se daba algin baile era al estilo
campestre y sin ceremonies de nin-
guna especie; no que hoy nuestras
elegantes concurren A una reunion
en Escuintla ni mis ni menos que
siestuvieran en Guatemala.
Y esto duraba no una ni dos se-
manas, como anora, sino cuarenta
dias precisos! Con dos'de anticipa-
ci6n al regreso, haciase la debida


provision de naranjas, pifias, caimi-
tos, chicos, guanabas, plAtanos y
guineos pasados, estropajos y gua-
calitos, para cumplir con la tradi-
cional costumbre de enviar un gran
azafate Ileno de todas estas cosas A
cada una de nuestras amistades.
Regularmente se fletaba una carre-
ta para traerlas, bien acondiciona-
das en petaquillas de Amatitlin.
iQu6 tiempos aquellos, y quidn
pudiera resucitarlos!
Las families regresaban d la ca-
pital y hacian cuarentena, es decir,
que durante nueve dias por lo me-
nos ni salian a la calle, ni se mo-
jaban ni siquiera tomaban agua
fria por temor de caer con calentu-
ras. Hoy van y vienen como Pedro
por su casa, y maldito si se acuer-
dan de tomar estas tan prudentes,
como higi6nicas precauciones.
En cuanto A Escuintla, no es ni
sombra de lo que fu6. Aconteci6-
me ir alli despu6s de catorce aflos
de ausencia, y francamente dir6 que
no conoci el lugar. Se ha hecho un
lugar veraniego enteramente aris-
tocratico. Busque lo primero mi an-
tiguo rancho de temporada.... era
elegant casa. Me dirigi en seguida
al Tainarindo nadie da raz6n de 6l.
Pregunt6 por la Poza del solda-
do.... y sc me rieron en mis barbas!
Sic transit gloria muudi.

RENATO MURRAY.


A ....


Consuelo de mi Alma,
Delirio de mi vida,
Arcingel misterioso
De mi Altima ilusi6n;
Ti formas mi esperanza
Mis bella y mis querida,
Td absorves y dominas
Mi ardiente coraz6n!







250 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


Ti s6la con tuencanto
Purisimo y divino,
Mil gratas emociones
Me hiciste comprender;
Tdi s6la los pesares
Que me guard el destino,
Trocaste en horas dulces
De amor y de placer!

Oh si! eres tan hermosa,
Tan casta y seductora,
Que es toda mi esperanza
Tu nombre idolatrar;
Pues distes amorosa,
Con fe consoladora,
La vida A una alma triste,
Cansada de llorar!

Te veo en mis delirios
Cual Angel que sonriente
En sus dorados sueflos
Mirara el trovador;
Te veo dirigirte
A mi tan dulcemente,
Que exclamo delirante,
Muri6ndome de amor:

-Oh! ven, dulce amor mio,
Y en linguido embeleso
Reclifia aqui en mi pecho
Tu alabastrina sien;
Y tiernos confundamos
En amoroso beso
Nuestras ardientes almas,
Sofiando en un Eden.

Si, ven, y A mis caricias
De amor y de ternura
Responde enamorada
Con melodiosa voz,
Y dulce desde el cielo,
Nuestra sin par ventura
Vendra A aumentar entonces
La bendicidn de Dios!

FRANCISCO SARTI.


LA PETENERA,

Leyenda guatemalteca, for un socio
del Ateneo Centro-Americano.


PRIMERA PARTE.

CAPiTULO I.

UN CRIME.


En una de las l6timas casas de
la parte Sur de esta ciudad, dando
frente A la colina en que se hall
edificada la iglesia del Calvario,
existed desde hace algin tiempo uno
de esos centros populares, un hir-
viente hormiguero, una colmena de
hijos desheredados de ]a fortune,
que van alli A depositar la poca
miel que en fuerza de vueltas y re-
vueltas y de una enorme fatiga, lo-
gran recoger durante las largas ho-
ras del dia, y de la cual Unicamen-
te se aprovechan esos dos zdnga-
nos: el propietario y el Fisco.
Hablamos de uno de esos esta-
blecimientos nacionales, conocidos
con el rechinante nombre de chi-
cherlas.
Situado en una casa de aspect
ruinoso, pero suficientemente am-
plia para el objeto A que estA dedi-
cada, es no obstante, reducida pa-
ra contener el gran n6mero de pa-
rroquianos que A 61 afluye, espe-
cialmente los dias festivos, atraidos
no tan s61o por la buena calidad
del articulo, que dicho sea de paso,
goza de fama entire los consumido-
res, sino muy especialmente por el
buen trato que reciben de la des-
pachadora, la nina Nicolasa, una ro-
lliza cuarentona, A quien todos han
dado en llamar con el carifloso di-
minutivo de niia Lachita; pero
mAs que por esos motives es tan
frecuentado'"El Eden," (que este
es el nombre del establecimiento)







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 251


por el aliciente de la m6sica con
que el propietario ha dispuesto ob-
sequiar A sus innumerables favore-
cedores.
Bien sabido es generalmente, que
nuestro pueblo tiene una afici6n
muy marcada por la musica y rele-
vantes dotes naturales para su cul-
tivo; prueba de ello, la existencia
de compositores como Benedicto
SAenz y otros, que, sin los elemen-
tos necesarios, se han distinguido
por sus obras.
Pero no bastarA para demostrar
nuestro acerto el que A todas horas
del dia se oiga por esas calls A los
patojos y chuncros silbando melodio-
sa y admirablemente trozos de ope-
ras que acaso han escuchado una
vez en nuestro teatro?
Recordamos ahora haber oido
decir A uno de los principles
miembros de la Estudiantina espa-
fola que nos visit no ha muchos
afios, que en ninguna parte de las
en que hasta entonces habian esta-
do, les habia acontecido lo que aqui:
oir en la calle silbar con toda per-
fecci6n por un muchacho una de
sus mejores y mAs dificiles piezas,
el dia siguiente de aquel en que la
compaflia diera su primer concerto.
No hay duda: estos nuestros zen-
zontles callejeros, entree los cuales
hay notabilidades en su gdnero.
que podrian competir ventajosamen-
te con las modernas silbadoras nor-
te-americanas, por la dulzura de
sus trinos, estAn demostrando la
verdad de nuestro acerto, respect
de las buenas dotes musicales del
pueblo guatemalteco y de su afici6n
por ese divino arte.
Pues bien, A la misica, mAs que
a. ninguno de los otros motives
apuntados, debe quizA el propietario
de "El Eden," ver su establecimien-
to tan concurrido.
Pero se nos dirA, y es cierto: que
no solo en 1l la hay, sino que tam-
bidn la ponen desde el sabado por
la tarde en "La Esperanza," "El


Consuelo de los hombres," "La
Copa de Oro," "El Nectar," "La
Delicia," "El Triunfo," "La Giral-
da" "El Nuevo Conejo," "La In-
vencible" y en otros mil estableci-
mientos de este g6nero, bautizados
con otros tantos nombres tan ori-
ginales como los que quedan cita-
dos. Es verdad; pero en ninguno
de todos ellos se oye como en aquel
una marimba tan bien tocada, al-
ternando con el arpa y el violin de
los Sanjzuaneros.
No hay que decir que los dias ex-
traordinarios, como el de El Cor-
pus del Calvario, rebosan los con-
currentes en "El Eden;" y que el
movimiento mas ligero efectuado
en el interior, como si la niia La-
chita pasa de un punto A otro del
poyo, 6 le da un empell6n al pri-
mer lamido que se le acerque A
imprudenciarla, basta para que de
aquel centro salgan como vomita-
dos por las estrechas puertas, gran-
des pelotones de hombres, mujeres
y nifios, A dar en la calle alguna
ocupaci6n A los ajentes del orden
public.
Quizd para evitar esos pequefios
des6rdenes, que con frecuencia sue-
len tomar mayores proporciones, 6
bien con el objeto de ofrecer mis
comodidades al pziblico d quien sir-
ve, el inteligente dueflo de "El
Eden," mand6 construir contigua-
mente A aquel, y en la parte que
mira hacia el Calvario, una exten-
sa enramada, donde ordinariamen-
te se coloca la dwisica de cuerda,
convirti6ndose ese lugar en un sa-
i6n de baile, sin duda por ser el
que ofrece mAs ventajas, sobre to-
do por la publicidad y buena ven-
tilaci6n de que disfruta.
Era una tarde del mes de julio
de 1888.....
El paseo del Calvario, que es
uno de los mas frecuentados por
nuestra sociedad, halldbase literal-
mente lleno de jente, atraida por
la banda de music que daba en l6







252 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


su concerto dominical, con moti-
vo de celebrarse la mas importan-
te de las fiestas religiosas de aquel
barrio: El Corpus.
Visto desde el tdrmino por aque-
Ila part de las avenidas 6. r y 7. "
Sur, desde las inmediaciones de la
Plaza de Toros, el cerrito del Calva-
rio ofrecia un aspect en-extremo
encantador.
Sobre un fondo de esmeralda
destacAbanse vistosos los colors
de los trajes de las bellas guatemal-
tecas, que muellemente reclinadas
sobre el cesped, regalaban sus de-
licados oidos con. las melifluas ar-
monias de la mdsica, sobresaliendo
entire aquellos, como siempre, los
chillones colors de los rebosos de
nuestras parleras mengalitas.
El cielo diAfano, azul, tranquilo y
limpido contribuia a dar A aquel
cuadro el tinte indescriptible de lo
bello. Solo alld en el Ocaso, vefan-
se apifadas algunas nubes, de for-
mas caprichosas como atraidas alli
por la curiosidad de presenciar el
magnifico especticulo de la muerte
del sol, quien en su agonia sublime,
arrojaba sobre ellas los iltimos des-
tellos de su luz, comunicAndoles
un encendido color rojizo, A seme-
janza del genio que en el ocaso de
su vida, ilumina ain con la aureola
de su gloria la oscura conciencia de
sus detractors.
Multitud de elegantes caballeros
discurria en todas direcciones en
animados grupos, alegres, bullicio-
sos, decidores, respirando esa en-
cantada atm6sfera de los catorce a
los 28 aflos.
En la pradera, los futures hom-
bres de Estado, los Licurgos, los
S6crates, los Alejandros, los Ho-
meros etc.-etc., se entretenfan ju-
gando a la pelota 6 describiendo
sobre la verde alfombra, arcos y se-
micirculos con las ruedas de sus
velocipedos, sin faltar, por supues-
to, un manso carnerito, tan blanco
como el armifio, con el cual hacian


sus primeros ensayos los aficiona-
dos al arte civilizador del toreo.
Pero.... y ellos .... .d6nde es-
tAn? C6mo es possible una fiesta de
ese g6nero sin su asistencia? Qu6
se han hecho?--Pero qui6nes son
ellos?--Ellos, los patojos, la alegria,
el bullicio, los heroes de esa clase
de reuniones, el alma de las fiestas
populares, asi civicas como reli-
giosas!
iAh! Alli los teneis tan alegres
como siempre y como siempre tam-
bi6n Jispuestos A todo: ahora A ju-
gar la rabia entire las gentes, sal-
tando por sobre las senoras, estro-
peando A unos, magullando A otros,
estrujando los vestidos d las ninas;
ahora corriendo en manadas, con
los sombreros en las manos, al oir
reventar el primer cohete con la
vista en cielo como clarineros, si-
guiendo la direcci6n de la vara pa-
ra disputarse el triunfo de recogerla.
gQu6, no les ois cantar en fd sos-
tenido: el mico, nifia, la tortuga, ni-
nia, niio los caramelos, nino, y toda
esa algarabia con que desesperan
A los transeuntes?
No les echeis de menos pues,
que alli estan ellos, sucios, andra-
josos; pero felices much mas que
vosotros.
En efecto, quien otro mas feliz
que el pequefio hijo de nuestro
pueblo?
Miradle por donde quiera y siem-
pre le encontrareis alegre, satisfe-
cho, sin pensar en nada mAs que
en divertirse, para lo cual nunca le
faltan los medios.
Curioso vivaracho y atrevido, en
todas parties le vereis como si le
brotase !a tierra.
Hay una fiesta, pdblica 6 priva-
da, alli le tennis, sin invitaci6n de
ningdn g6nero, de los primeros con-
currentes, aunque tan humilde que
s6lo se satisface con ver, cuando no
le es dado hacer una de las suyas.
Ocurre una defuncidn, el es el
primero en constituirse por su pro-







EL ATENEO CENTRO AMERICANO.


pia cuenta en la casa mottuoria, en
la que a veces suele ser i:til.
Por desgracia cae alguien en la
calle con un ataque epil6ptico, en
el moment, como por encanto, le
vereis rodeado de una turba de mu-
chachos que no le desampara, sino
hasta que el infeliz recobra el sen-
tido 6 le recoge la policia.
Se verifica un bautizo, no parece
sino que la tierra, enfurecida por
las fuertes pisadas del robusto cu-
ra, vomita muchachos por todos los
poros.
Hay un escandalo, una rifa, los
muchachos son los primeros que la
advierten, y quienes la presencian,
sin perder uno solo de sus detalles
para referirla despues con todos sus
pormenores.
Une la autoridad civil 6 el sacer-
dote una pareja con los lazos del
matrimonio, alli teneis una multi-
tud de testigos oficiosos que os da-
rAn raz6n del acto, acaso con ma-
yor exactitud que cualesquiera de
los contrayentes.
En fin, en todas parties y con
cualquier motivo los encontrareis
siempre.
C6mo entonces podria ser posi
ble que no estuviesen en el Corpus
del Calvario?
Con efecto, fuera de los que en
el paseo habia, entire una turba de
ellos se dirigia al lugar de la fiesta,
por el callej6n de la Aduana, una
pobre mujer, conduciendo de la
mano a una infeliz nifia de 8 afios,
y a quienes los pilluelos, Ilevaban
en una especie de procesi6n horri-
ble, entire gritos, silbidos y pedra-
das, no obstante la demostraci6n
de disgusto de aquella desgraciada
y el Ilanto de la inocente creature A
quien procuraba defender A todo
trance de los ataques de sus temi-
bles adversaries, que con toda la
fuerza de sus polmones la gritaban:
loca, Petenera, tirandola A la vez los
andrajos que la cubrian.
Asi Ilegaban ya al termino de


aquel callej6n, sin que la policia 6
persona alguna socorriese A las
victims de aquel infantil tumul-
to, quienes, ora sea por salvar del
furor de sus verdugos, ora por
que esa direcci6n llevaran, penetra-
ron, no sin gran dificultad, por la
aglomeraci6n de la gente, al inte-
rior de "El Eden."
Los amotinados se dispersaron
ante el impossible que para seguir
en pos de sus victims les oponia
aquella inexpugnable muralla de
cuerpos humans, con harto senti-
miento de los espcctadores de aque-
lla salvaje excena, que A la algaza-
ra, habian ocurrido A presenciar con
estfipida indiferencia y aun con mar-
cadas muestras de content aquel
cuadro, digno de la descriptive plu-
ma de Salom6 Jil.
Repuesto el orden por la evasiva
de aquellos dos desventurados se-
res, los curiosos se dirigieron en
busca de la desgraciada, que sirve
siempre de diversion A las almas
ruines y bajas, A la enramada don-
de dos indigenas de San Juan Saca-
tep6quez, sentados en el hnico ban-
co que amueblaba aquella estancia,
con una gravedad digna de los Pa-
dres de la Patria, ejecutaba el uno
al violin y el otro le acompafiaba
con el arpa, una de esas originales
piezas de nuestros indios, sin m6ri-
to ninguno para los iniciados en el
arte de Bellini, pero oue nosotros
no podemos oir sin conmovernos,
sin que el coraz6n se nos oprima
de tristeza y nuestra imaginacidn se
remote A los tiempos de la civili-
zaci6n indigena, presentindonos A
esa raza, degenerada y abatida hoy,
bajo condiciones mejores para con-
tribuir dignamente al desarrollo del
progress human.
Como de costumbre en dias se-
mejantes, alli bailaban el zapateado
various individuos de uno y otro
sexo, haciendo cabriolas y piruetas
que provocaban la hilaridad en el
circulo de los curiosos, que apifia-







254 EL ATENEO CENTRO-AMERI CANO.


dos cubrian los cuatro Angulos de la
enramada.
Habria apenas transcurrido me-
dia hora, desde que aquella desgra-
ciada mujer logr6 escapar de la fu-
ria de los muchachos, cuando vi6se-
la salir por la puerta que comuni-
ca al interior de la casa con la
enramada: trafa descompuestcs los
cabellos, los mugrientos y andrajo-
sos vestidos prendidos A la pretina
hacia el lado derecho, con cuya
mano tomaba la izquierda de la ni-
fia, A quien como A remolque con-
ducia; cubriale en parte la espalda,
algo que estaba diciendo que en
otro tiempo habia sido pafioldn,
aunque ahora no tenia de ello ni la
forma ni el color, a semejanza de
ciertos nobles que nos hablan hoy
de la antigua grandeza de su estir-
pe, de la cual ellos no conservan sino
las necias y ridiculas pretensions
de la nobleza; con la mano izquierda
sujetaba el un extreme de aquel
andrajo y el otro arrastrabase por el
suelo; las varias soluciones de con-
tinuidad de la camisa, como diria
un cirujano, presentaban A las indis-
cretas miradas de los curiosos una
blanca y finisima epidermis; como
si h6medos estuviesen los vestidos,
no obedecian nuy de grado el mc-
vimiento que al andar les imprimia,
sino que tomando direcci6n contra
ria, dejaban ver como en relieve las
bellas formas que encubrian rnala-
mente; su demacrado rostro repre-
sentaba el crepdsculo del sol de la
belleza que prematuramente se va
y las sombras del dolor que les su
ceden: un par de ojos garzos, como
abatidos bajo la espesa sombra de
las pestafias que los cubrian; una
frente medianamente espaciosa,des-
cansando sobre los dos negros arcos
de sus cejas, que mostraba ya algu-
no que otro surco formado mAs que
por el tiempo, por el infortunio" una
nariz que nada tenfa que envidiar A
la mas perfectamente cortada; una
barba, como vaciada en el molde


de la de una virgen de Murillo, y
una boca, como prestada A la Belle-
7a para dar mas realce A todo aquel
conjunto, constituian aquella inte-
resante fisonomia, sostenida por el
mas bien tornado de los cuellos;
pero todo empaflado ya por el alien-
to de la dcsgracia.
Haciase necesario fijar much la
atenci6n en cl rostro de aquella
mujer, para descubrir en 61 las hue-
Hlas que de su paso habiale dejado
la hermosura; A traves del negro
velo del dolor que cubria su sem-
blante, dejabase comprender per-
fectamentc, cuan bello debi6 ser
en otro tiempo.
Como ya dijimo6, conducia de la
mano a la chiquita, cuya vestidura
en nada aventajaba A la de la ma-
dre, sino que por el contrario, pro-
clamaba muy alto su comin origen.
No asi su rostro, que ninguna seme-
janza tenia con el de aquella, aun-
que en verdad no era fea.
La aparici6n de aquellos dos se-
res fu6 saluda por parte de los es-
pectadores con estrepitosas carca-
jadas y silbidos.
Suspendi6se por un moment el
bailey, porque los mt'sicos, no obs-
tante s' caracteristica 6 impertur-
bable gravedad, no pudiendo de
moment explicarse el motivo de
aquella algazara, y juzgando que
acurria algo digno de su atenci6n,
dejaron de tocar para averiguar
qu6 era lo que producia aquel mur-
mullo. Lo propio, aunque no s61o
por la curiosidad, sino por haberse
callado la musica, hicieron los que
bailaban. Enterados de lo ocurrido,
tornaron los primeros A su asiento
A continuar la interrumpida pieza
y los demds A proseguir el zapa-
teado.
Nuestra mujer, al ofr los acordes
de la musica, no pudo contenerse y
soltando la mano A la chiquita, mez-
cldse tambi6n' alegremente en el
baile. Escusado es decir que tal su-
ceso aument6 la animaci6n de los







ELi ATENEO CENTRO-AMERICANO 255


espectadores, entire los cuales se ha-
laba un sujeto de regular aparien-
cia, decentemente vestido y en pri-
mer termino de los que cubrian el
lado occidental de la enramada. En
sus descompasados brincos nuestra
alegre bailarina, acert6 a llegarse
cerca de aquel hombre, que dester-
nillandose de risa, di6le con el bas-
t6n nn piquete, en parte que ni el
pudor ni la decencia nos permiten
nombrar.
Tan indigna acci6n, impropia has-
ta de los mismos parroquianos de
"El Eden," ni en altisimo grado
mas de una persona decen'te y edu-
cada, produjo en aquella mujer tal
arrebato y obsecaci6n, que llevAn-
dose la mano 4 la cintura y des-
prendidndose los vestidos con vio-
lencia, sac6 a relucir por el aire un
pequefio pufial y con 61 en la mano,
lanzdse como una furia sobre aquel
sujeto, quien en vano pretendi6
huir y defenders porque se lo im-
pedia la multitud que le rodeaba. La
mujer le tuvo por fin A su alcance,
hundiCndole el puflal en el pecho
con tal fuerza, que aquel desgracia-
do cay6 al suelo en el moment,
baflado en su propia sangre.
Sobrevino la confusion consi-
guiente en esos casos; y aun-
que de ella pudo aprovecharse pa-
ra huir la criminal, no lo hizo asi,
sino que con el arma ensangrenta-
da en la mano y la expresi6n sal-
vaje de la venganza satisfecha, pin-
tada en su semblante, permaneci6
de pie contemplando los sufrimien-
tos de su victim hasta que los
agents de la autoridad, a quienes
entreg6 el arma y confes6 con en-
tereza su delito, se apoderaron de
ella para conducirla a la prisi6n, a
donde tambi6n la acompafi6 la nifia.
En el acto propag6se la noticia
de aquel hecho escandaloso entire
todos los concurrentes al Calvario,
haci6ndose de 1l los comentarios
mas distintos y contradictorios.
Comenzaba ya A tefiir la noche


y la concurrencia fu6 desfilando de
aquel paseo, con tema para la con-
versaci6n de los nueve dias siguien-
tes, porque entire nosotros toda ac-
ci6n mala tiene su novenario, aun-
que de las buenas jams se ocupe
nadie.
(Continuard.)

Archivo adional de Ciencias y Letras.


REFLEXIONES

A LOS LIBROS DE ELOGUENIA
P0 11

FRAY MATIAS C6RDOVA.


IV.

A mplificar los arguments ha
llados para probar la utilidad de la
Retdrica.

Definiciones. El hombre sabio,
haciendo el anAlisis de su s6r, cuan-
do se compare con los brutos, se
abate, se avergtienza: cuando se
compare con los angeles, se engran-
dece y se complace. Quisiera ocul-
tar lo que hace convenir con las
bestias y s6lo hacer patent su ra-
cionalidad. Esta propia estimaci6n
bien dirigida, le hace estimar las vo-
ces como distintivo de su dignidad.
En hora buena que se llamen hom-
bres los que tienen por initil la
ciencia de expresarse; mas deben
llamarse embrutecidos, porque se
descuidan de perfeccionar lo que
les distingue de los brutos. Defini-
cidn. aQuer6is persuadir que la Re-
t6rica es initil? Yo os declare que
no lo habeis de conseguir sin el ta-
lento de la persuaci6n, y en este ca-
so, cuanto negueis con las palabras.
lo afirmareis con los efectos. Cuan-
ta sera su utilidad, puesto que es







256 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


uitil adn para disuadirse, y le sirve
su misma impugnaci6n de apologia?
Definicidn. Debe causar admiraci6n
que interpretandose 6til lo que con-
duce alfin y siendo el fin de las vo-
ces explicarnos, para conseguir lo
que deseamos, haya de creerse me-
nos uitil lo que perfecciona las pa-
labras.
Division. Yo, conformrndome con
el uninime consentimiento de los
sabios, entiendo por Ret6rica la
que busca los fundamentos convin-
centes para hablar como sabio, la
que trabaja por la hermosura del
orden para su discurso, y que todo
lo expresa con una frase limpia, co-
rregida y armoniosa. Todo lo cual
es tan excelente y tan digno que, si
la Divinidad tuviera labios, asi se
comunicaria con nosotros.
Etimologia. Elocuente, si atende-
mos a la significaci6n de la palabra,
el que habla quiere decir y nada
mas. UC6mo pues se llaman elo-
cuentes los que son consumados en
esta facultad? Porque s6lo quien
habla bien se puede decir que ha-
bla y porque muchas veces es mas
ventajoso el silencio que haber ha-
blado sin sustancia y cultural.
Conjugados. Siendo esto asi, pue-
de notar alguno, cf6mo despu6s de
tanta profusion de palabras noso-
tros no nos interesamos ni toma-
mos empefno por la causa? Porque
la elocuencia no debia tratarla sino
un elocuente, porque la elegancia
pide ser persuadida en un modo
elegant, y es precise que haya
cierta afinidad entire la oraci6n y el
asunto de que en ella se trata. De
donde se infiere cuan necesaria sea
aquella facultad por cuyo defect
se hace dificil de demostrar adn lo
mis evidence. Es lo mas evidence
su gran utilidad.

(Continuard.)


CROWN ICA.


LA REVISTA.-Hemos recibido
los nimeros 14 y 15 de esta inte-
resante publicaci6n de la Acade-
mia Guatemalteca, correspondien-
te de la.Real Academia Espanola.
Forman una entrega de o7 piginas
en las que se contiene la comedia
de costumbres que en cuatro actos
y en verso escribi6 para el concur-
so del Ateneo de Lima nuestro co-
nocido poeta don Juan Fermin
Aycinena, y que como nuestros
lectores saben, obtuvo el primer
premio.
El titulo de dicha comedia es
"El hombre de bien." Nos prome-
temos leerla con la atenci6n que se
merece, para poder hablar de ella
en nuestro pr6ximo nimero. Entre
tanto reciba el senior Aycinena
nuestras felicitaciones mis sinceras
por el triunfo que ha obtenido en
uno de los centros literarios que con
justicia gozan de mejor reputaci6n
en la Am6rica Espafiola.
*
"LA PETENERA."-En el presen-
te ndmero empezaremos A publicar
la leyenda de ese titulo, debida i
la pluma de uno de nuestros socios.
El asunto en ella desarrollado. es
de caricter puramente national,
por lo que creemos que seri del
agrado de nuestros lectores.

A ifLTIMA HORA.-Antenoche
tuvo sesi6n privada el Ateneo con
objeto de disponer la velada fdne-
bre que debe darse en honra del
malogrado joven don Buenaventu-
ra Saravia.
Sefial6se con tal fin el jueves
pr6ximo (20 del present) desig-
nAndose al socio Montifar (don
Manuel) para pronunciar el discur-
so official. AdemAs, tomarin part
en la velada los socios Tejeda, Paz,
Morales (don Pr6spero), Rodriguez
Castillejo y P6rez.




University of Florida Home Page
© 2004 - 2010 University of Florida George A. Smathers Libraries.
All rights reserved.

Acceptable Use, Copyright, and Disclaimer Statement
Last updated October 10, 2010 - - mvs