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 El ateneo - Discurso pronunciado...
 La aurora - Capitulos sueltos -...
 La carlota - Necesidad de la instruccion...
 Primer amor - Discurso leido por...
 Ideal - Cronica














Group Title: Ateneo Centroamericano
Title: El Ateneo Centroamericano
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Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00026077/00006
 Material Information
Title: El Ateneo Centroamericano
Physical Description: v. : ; 26 cm.
Language: Spanish
Creator: Ateneo Centroamericano
Publisher: s.n.
Place of Publication: Guatemala
Frequency: monthly
regular
 Subjects
Subject: Central American literature -- Periodicals   ( lcsh )
Genre: periodical   ( marcgt )
 Notes
Issuing Body: "Organo de la Sociedad Literaria del mismo nombre."
 Record Information
Bibliographic ID: UF00026077
Volume ID: VID00006
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000310800
oclc - 07562916
notis - ABT7495

Table of Contents
    El ateneo - Discurso pronunciado por el socio lic. Manuel Montufar
        Page 193
        Page 194
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        Page 196
    La aurora - Capitulos sueltos - Tiempos prehistoricos
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        Page 198
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    La carlota - Necesidad de la instruccion primaria
        Page 200
        Page 201
    Primer amor - Discurso leido por el doctor don Manuel Delgado
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    Ideal - Cronica
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Full Text



Tomo I. Guatemala, 19 de noviembre de 1888. Nfim. 13.




EL ATENEO CBNTR-AMBRIAN,.


PUBLICACION QUINHCENAL. '


ORGANO DE LA 3O2IEDAD LITE


EL ATENEO.


'Como estaba anunciado, el 25
,del pasado se verific6 la recep-
ci6n official del nuevo socio Lie.
don Manuel Montufar, quien
con tal motivo, pronunci6 el dis-
curso que en seguida verAn nues-
tros lectores, juntamente con la
alocuci6n que en respuesta, le
dirigi6 el socio Lie. don Fran-
cisco Azurdia.
No tuvo efecto la recepci6n
del Dr don Alberto Molina, ai
causa de ocupaci6n urgente de
este, en la noche del propio 25,
segln escusa que de antemano
dirigi6 A la secretaria del A-
teneo.
Terminada la recepci6n del
senior MontLfar, el socio Lie.
Pr6spero Morales di6 lectura a
la intioducci6n de un cuento en
verso que esta escribiendo, A
imitaci6n de las leyendas del po-
pular Pepe Batres.
En seguida tom6 la palabra
el President Dr. Uriarte, con
objeto de insistir en que creia
mas adecuado al caracter de la
.asociaci6n, en sus sesiones ordi-
narias, el sistema de conferen-
X
Co. 8eO,S
A 860,4
A8^


MRARMA DEL hMISMO i'J'1"1.E.


cias y lecciones orales al 'Ie /
discursos escritos; y al elcto,--
propuso que se continuara la
discusidn pendiente sobre si
existe 6 no una literature ame-
ricana.
El socio senior Cu6llar pro-
nuncid acto continue, un discur-
so apoyando esta proposici6n.
Se sefial6 el jueves ocho del
present para la recepci6n de
los nuevos socios licenciados don
Antonio G. Saravia y don Ra-
fael Montufar, comisionindose A
los socios Montuifar, don Ma-
nuel, y Aguilar para la contesta-
ci6n de los discursos respectivos.


DISCURSO
PRONUNCIADO POR EL SOCIO LIC.
MANUEL MONTUFAR.

Senores:
Cuando logramos interesar el co-
raz6n en una causa parece que la
inteligencia se subyuga al senti-
miento, y si la intelgencia ejerce el
principal oficio el sentimiento se
amortigua. Tengo pues dos cami-
nos que elegir: el uno es hablaros


''
''








194 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


de un asunto en que poniendo aler-
tas las facultades, vuestra atenci6n
s6lo descubra mi ignorancia y por
consiguiente os predispongo en con-
tra mia; el otro es tratar de una ma-
teria procurando se interesen vues-
tros corazones y entonces podr6 es-
perar con mas fundamento, indul-
gencia. Resuelto este primer pro-
blema y decidido por el segundo
termino, viene otra dificultad no
menos grave para mi, ,de qu6 os
hablo que os interest?
Si pudiera pulsar algo parecido
A una lira, A una citara, 6 cual-
quiera otro de esos instruments
fantasticcs aplicados tanto por los
poetas, y si como ellos pudiera arran-
carles esa misteriosa musica, cuyas
notas se perciben entire un lenguaje
arrobador, y brotase de sus cuerdas
un pensamiento poetico; si pudiese
aun con mi prosa casera, encontrar
alguna nueva formula para exponer
una idea y mientras saboreabais
su expresi6n y os alusinaba con
su ropaje deslumbrante, pediros
permiso para retirarme de aqui, A
donde se me ha traido tan s61o por-
que tengo amigos que ejercen la
caridad literaria; si legase A descu-
brir alguna forma especial para ha-
blaros de amor sin apelar i las .fr-
genes puras, a los labios rojos, la
blonda cabellera y los ardientes be-
sos, 6 refiriendome A la naturaleza,
no preocuparme con los creptsculos
y sus aureolas de luz, 6 de las con-
sabidas nubecillas que como tenue
gasa bordan el tachonado azul del
firmamento, de la ola embravecida
que hace extremecer la altiva roca
cubierta con blancas sAbanas de
espuma; si pudiese, en fin, deciros
algo que no se hubiese dicho cien
millones de veces por cada genera-
ci6n de cada pueblo. Si me fuese
possible siquiera hablar A cada solte-
ro de su amada y A cada casado de
su hogar, sin que se aburriesen los
demAs mientras llegaba su turn,
podria darme por un afortunado


mortal, literate feliz 6 charlatan di-
choso, todo lo que casi viene A ser
lo mismo.
Pero es el caso que un discurso
de presentaci6n A una sociedad cien-
tifico-literaria exige el desarrollo de
un tema serio, aun A mi que detes-
to hasta la circunspecci6n de los
Jueces de empolvada peluca, que
mandan a la horca a cualquier hijo de
vecino, retorci6ndose indiferentes
las rizadas hebras de su postiza ca-
bellera, y la flema y seriedad hasta
de los guardias suizos de las nove-
las de Dumas, de donde muchos
lectores han sacado la Historia de
Francia ymuchos escritores han he-
cho sus studios sobre la gran revo-
luci6n que aun no ha terminado.
Paso, pues, A la eleci6n de tin tema
y lo 6nico que ha de salvarme es que
sea acertada; ha de ser un asunto
que os sea simpatico, aun cuandco
sea tratado pormi, que os Ilame la,
atenci6n, aunque mi palabra, no di-
re desnuda por no lastimarel pudor,
pero si insustancial, se ocupe de ella,
algin asunto en fin que disimule la
incompetencia del que habla y que
por si s61o predisponga favorable-
mente al que escucha. No sera cien-
tifico, repito, porque yo apenas co-
nozco el significado de esa palabra,
pero si sera algo que entusiasma, al-
go mas caro aun que esa ciencia, al-
go mAs que el hogar, algo que tiene
suficiente poderfo para hacer de un
hombre un le6n: hablard de la PA-
tria.
QuizAs tenga atingencia con la
political y seg6n entiendo no deben
tratarse aqui asuntos que con ella
se relacionen; pero soy terco y quie-
ro seais benevolos.
A la juventud estA reservada la
soluci6n de los grandes problems
que se agitan en la actualidad: la
unidad centro-americana y el apro-
vechamiento de los grandes recur-
sos de prosperidad con que la Pro-
videncia ha querido favorecernos
tanto en el orden fisico como en lo







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO, 195


moral. La naturaleza nos ha prodi-
gado inmensos bosques, lagos se-
renos, caudalosos rios, costas ba-
fladas por dos oc6anos y climas en-
cantadores; y en el orden moral, con
que mas ha podido obsequiarnos?
Todos los pueblos libres han derra-
mado torrentes de sangre por su in-
dependencia y nosotros la obtuvi-
mos sin verter una sola gota: somos
independientes y libres por una series
de circunstancias ajenas A nuestro
empefio, y por un acto mAgico de
nuestra buena suerte. Los principios
consignados en el derecho de gen-
tes nos dan personalidad juridica
ante el concerto de las naciones;
pero hablando con franqueza, debe-
mos comprender, que no somos su-
ficientes para hacernos respetar por
nuestra propia cuenta.
Desde 1842 en que se celebr6 en
los cinco Estados de Centro- Ame-
rica, como un suceso fausto, la muer-
te del General Morazan, ha venido
efectuAndose un movimiento imper-
ceptible de transformaci6n. Cuan-
do la sangre del jefe unionista em-
pap6 nuestra tierra y tocaron A re-
bato las campanas de los templos
cat6licos, en son de triunfo, feste-
jando la destruccidn de la bandera
en que estaba escrito el nombre de
Dios; cuando en los pilpitos y en
las tribunas se daban gracias al To-
dopoderoso por esa sangre; cuando
los separatists embriagados de jd-
bilo izaban en d6biles astas los gi-
rones de aquella bandera soberana,
no se pens6 quizas en que la sangre
derramada Labria de fecuidizar la
tierra y que habria de brotar de ella,
mis potente y vigorosa, la causa
misma que la derram6.
El silencio que produce el respe
to A la muerte sucedi d todas aque-
llas agitaciones, y ese silencio fu6
aprovechado por la historic para
juzgar los acontecimientos y d los
hombres colocando en gloriosos
pedestales A lasvictimas. De estejui-
cio hist6rico provienen sin duda al-


guna las tendencies unionistas que
tan claramente se marcan ya. Los
rencores se marchitan y sus hojas
descompuestas caen y sirven de vi-
vificador abono al reconocimiento y
A la gratitud que se levantan. Mora-
zan ya no es genio de la destruc-
ci6n como le llamaron sus enemigos,
es el emblema de la nacionalidad y
en todo Centro-Am6rica se le eri
gen monumentos en las plazasy en
los corazones, para que se le recuer-
de con veneraci6n, para premier sus
m6ritos, para estimularnos A imi-
tarlo. La idea de la unidad centro-
americana se agita, pues, en el mis-
mo sepulcro del heroe de Gualcho
y del Espiritu Santo, y se envuel-
ve en el mismo sudario empapado
con la sangre de hermanos.
Se pronunciarAn las palabras que
han de levantar a LAzaro? 6 esta-
mos esperando que una voz como
la que se escuch6 en las alturas del
Sinai nos dicte el decAlogo de nues-
tros deberes para con la patria?
eDe qu6 nos sirve el vigor, la ju-
ventud y el entusiasmo, si todo lo
dejamos A la mano de la Providen-
cia y A las transformaciones lentas
del tiempo? Nada nos es possible
hacer con la palabra y con la plu-
ma en favor de la inica gran causa
que hoy existe en nuestro pais?
iQu6 significant los partidos politi-
cos, ante la idea de la Nacionali-
dad? Fueron grandes acaso, s6-
lo por sus convicciones liberals,
Garibaldi, Cavour y Mazini? No;
fueron grandes porque hicieron
grande A la Italia, como grande ha
de ser no ante una agrupaci6n so-
cial, no ante un partido, no ante
un pueblo, sin6 ante el mundo, la
historic y los siglos, el que haga una
sola Naci6n a Centro-Am6rica.
La cabeza del hijo de San Luis
no cay6 sobre el cadalso tan s61o
bajo el filo de la guillotina, cay6
mAs que todo, bajo el peso de la
convicci6n de un pueblo, y esa con-







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


vicci6n fu6 originada por la pluma
y la palabra.
La juventud, antes que una dolo-
rosa experiencia la haga esc6ptica
6 indiferente, lajuventud, antes que
se deje vericer por la corriente de
apatia que se apodera de los hom-
bres, esta llamada a encender la
hoguera en que han de convertirse
en pavezas las mezquinas ideas de
localismo y a cuya luz y calor ha
de levantarse el Capitolio de la
Patria, el Quirinal centro-ameri-
cano.
Contemplar desde lejanas tierras
separadamente cada uno de los cin-
co puntos marcados en el mapa del
istmo central del nuevo mundo,
produce verdadera amargura, no
porque no querramos con el alma
cada punto, sin6 porque palpamos
su pequefiez al mismo tiempo que
sus infinitos elements de prospe-
ridad y las facilidades que tienen
para ser grandes y respetables.
Es necesario no decansar un mo-
mento en la lucha que ha de em-
prenderse contra un reducido grupo
que intent detener lo indefectible.
Si con las ballonetas se proclama
la uni6n, con las ballonttas se repe-
le alegando que la desean pero al
amparo de la paz. Si disfrutando
de ese element de felicidad se pro-
clama, contestan: "queremos la U-
ni6n, pero no estamos preparados
para ella."
Sefores, cuando acabaremos de
prepararnos? qui6n no conoce ya
desde M6xico hasta Colombia que
hemos sido un s61o pueblo y que
un s6lo pueblo debemos ser? eQien
no sabe que unidos los cinco trenes
gubernamentales tendriamos in-
mensas sumas ahorradas para apli-
carlas A la construcci6n de ferrocar-
riles, que habilitarian para la inmi-
gracidn extensos y feracisimos ter-
renos; que mas seguros por nuestras
propias fuerzas, no necesitariamos
distraer grandes cantidades arreba-
tando A la agriculture, riqueza na-


cional, utilisimos brazos ocupados
ahora en sostener las armas para
vivir en constantes inquietudes y
para cuidarnos de fantasmas que
entonces y sdlo entonces desapa-
receran; que seriamos uno de los
pueblos relativamente mis ricos del
nuevo mundo; que cuatro millones
de hombres forman un conjunto
respectable en la sociedad de los pue-
blos?
Lejos de ignorar todoello, esta-
mos convencidos de su exactitud,
pero divididos, y lejos de unificar
nuestros esfuerzos nos contentamos
con dedicar el tiempo d una con-
templaci6n infructuosa de los acon-
tecimientos que mis de cerca nos
rodean.
Epoca es ya, sefiores, de pensar
en el porvenir;, y si una agrupacidn
de inteligencias se dedica con te-
nacidad y costancia A un fin deter-
minado, es indudable que el triunfo
corona sus esfuerzos. Estamos lla-
mados A hacer tremolar el pabell6n
de la patria, La juventud Ileva la
pureza en sus convicciones y la
lealtad en el coraz6n, sin rencores
personales, sin venganzas que ejer-
cer, las ideas que proclame Ilevan
la intencidad y la pureza de la luz
del sol.
Digase lo que se quiera, s61o nos
falta ser resueltos para emprender
la reconstrucci6n del edificio que
cay6 A los golpes de los separatis-
tas. Materiales sobran cuando so-
bra voluntad. Morir por las gran-
des causes es penetrar en el tem-
plo de la gloria, es conquistar un
pedestal en la escena eternamen-
te contemplada por la humanidad,
es no morir.
HE DICHO.


196








EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 197


LA AURORA.



Radiante asoma en el sereno espacio,
Rompiendo los crespones de la noche,
La aurora con su manto de topacio
En su esplendente y luminoso coche.

Su dorada melena en blondos rizos
Hermosa se desata en el Oriente,
Lanzando rays de su faz naciente,
Deramando d raudales sus hechizos.

Bella hija de Titan, reina del dfa;
Igual repartes tu infinite encanto,
En el alcizar, en la selva umbria,
Como en la choza en que se anida el llanto.

Cuando dejas tu lecho en la mafiana
Y tu brillo se esparce en la natural,
Todo en ella palpita y se engalana
Con los destellos de tu lumbre pura.

En el fiorido y delicioso prado
Labrisa entire las palmas juguetea,
Y el lirio de cdliz perfumado
Con indolente majestad cinbrea.

Despierta la creaci6n, sonrfe el cielo,
El ave canta entire el follaje amores;
Quejas murmur el lfmpido arroyuelo,
Y el genio de la luz besa las flores.

Rasgando vaporosas colgaduras
Viene el Sol a ostentar su poderfo;
Su fanal resplandece en las alturas,
Riela su luz sobre el tranquil rio.

Feliz mafiana azul, temprana hora,
De brisas, de rumors, de armonfa:
Yo consagro A la luz que te colora,
Mi voz, mi perisamiento, mi poesfa.

JOSEFA CARRASCO.
[Hondurefia.]


CAPITULOS SUELT0S

DE UN LIBRO INEDITO. (*)

POR RENATO MURRAY.



TIEMPOS PREHISTORICOS,

(Continia).

LA FAMILIAR TROGLODITA.


De acuerdo la ciencia con las tra-
diciones de los Persas, de los In-
dios, de los Hebreos y de los Ba-
bilonios, en que el hombre ha vi-
vido una vida enteramente salvaje
antes de alcanzar un estado social
cualquiera, procuraremos trazar a
grandes rasgos la historic de esa
vida, seg6n los datos que la arqueo-
logia nos ha suministrado.
El primer cuidado; mejor dicho,
la sola ocupaci6n de aquellos nues-
tros desgraciados predecesores, ha
de haber sido naturalmente Ilenar
sus mas perentorias necesidades.
Alimentandose en un principio con
solo los frutos de los Arboles y
plants que estaban A su alcance,
con el agua de los arroyos; y con
alguno que otro pedazo de came
cruda de los pequefios animals en
los que podian hacer presa, antes
de haber inventado arma alguna
para perseguirlos, debemos supo-
ner que las mujeres participaban
de todas aquellas faenas, puesto
que adn no estaba fundado el ho-
gar. iQui6n sabe si ni siquiera se
habian atrevido a rcfugiarse en las
cavernas por temor de ser devora-
das por las fieras ...! Triste cua-
dro que por much que repugne A
nuestro orgullo, tenemos que ad-
mitir, sin embargo, como la fiel es-

[*] Vease el nimero anterior.








198 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


presi6n de aquel oscuro period de
los tiempos prehist6ricos, en el que
como dijo Horacio, ampliando el
pensamiento de otro poeta latino:
"los hombres rumiaban por el sue-
lo d la manera de un rebaflo, dis-
putandose las bellotas y los alber-
gues que encontraban a su paso;
primero con las unas, los dientes y
los puflos; luego con pedazos de
ramas de los arboles; mis tarde con
las armas que la experiencia les en-
sef16 a fabricar." Y al mismo tiem-
po, iqu6 noble satisfacci6n ver
cuinto ha avanzado la humanidad
bajo la ley indefinida del progress
que la empuja y la empujara siem-
pre hacia adelante en busca de su
perfectibilidad!
Pero volvamos al asunto. En
aquel estado salvaje, la mujer ha
parido el primer hijo.' Desde ese
moment queda puesta la base
fundamental de la familiar.
jQui6n de mis lectores no ha te-
nido ocasi6n de observer, cuando
menos, a una pareja de canarios
encerrada en dorada jaula, traba-
jando con asiduo empeflo el nido
que debe depositar los huevos de
la hembra? Quien no ha visto a
las palomas cuando los pichones
han salido apenas del cascar6n, ca-
lentarlos con sus alas, y desde el
primer dia salir muy temprano ai
buscar el alimento para sus hijos?
jHay quin ignore que aquellas
llevan ya masticado en su propio
buche el grano que con esmerado
tino hacen pasar de so pico al de
sus tiernos polluelos? Esos son los
instintos de la maternidad, se nos
contestaria; instintos comunes A to-
dos los animals. Y bien! esos ins-
tintos son precisamente los prime-
ros lazos de la familiar. Se disuel-
ven en los irracionales en cuanto el
hijo alcanza la agilidad necesaria
para no necesitar de la madre; pero
se renuevan siempre y cada vez que
esta pare. La leona estarA encerra-
da en su cueva mientras tenga ca-


chorros que cuidar.... Y como en
la especie humana sucede que los
hijos necesitan de los cuidados ma-
ternales durante mayor tiempo que
en ninguna otra especie, de aquf
que la familiar subsista siempre y
sin interrupci6n como distintivo de
la superioridad simplemente mate-
rial, que en cuanto d la inteligen-
cia la cuesti6n varia de aspect. El
don de la palabra bastaria por si
solo para explicar la familiar, si el
amor no fuera un sentimiento in-
nato en el coraz6n del hombre.
Si el primer lecho nupcial de la
especie humana fu6 como natural-
mente debe suponerse, alg6n bos-
quecillo sembrado por arboles gi-
gantes, el primer hijo debe haber
sido recibido en un colch6n de ho-
jas secas, aglomeradas entire hom-
bre y mujer en fuerza del instin-
to. En fuerza del instinto tambien,
ellos deben haber permanecido uni-
dos en el critic moment, y uni-
dos despu6s de l1, aunque no fuera
mas que para estar preparados en
contra de los ataques de los otros
animals. Nacido el hijo, la madre
tuvo que tomarle en sus brazos pa-
ra llevarle a sus pechos; el hombre
que cubrir a entrambos para pre-
servarlos del frio. H6 ahi A la fa-
milia seg6n la naturaleza. Faltaba
solo el hogar.
El hogar! Es decir, el trono de
la familiar, el fundamento de la so-
ciedad, la base del bienestar indi-
vidual, la piedra filosofal de la di-
cha ....!
Le conocieron acaso los que no-
sotros Ilamamos hombres prehist6-
ricos? Sin duda que si. De otro mo-
do no hubiera existido la familiar
troglodita en el sentido moral que
hemos dado A la palabra familiar
tratandose de la especie humana.
Todos los pueblos de la tierra
han triubutado culto al sol, padre
de la luz, del calor del movimien-
to y de la vida; pero solo de los
persas se sabe que conservan una








EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


tradici6n del descubrimiento del
fuego, y que hayan elevado este
element A la categoria de una Di-
vinidad, con lo que demuestran ser
un pueblo agradecido, al rev6s de
los que han simbolizado en 61 la
condenaci6n eterna 6 el infierno.
El fuego es el fundamento del
hogar. Desde que hubo fuego pu-
dieron los hombres habitar las ca-
vernas y las grutas reuni6ndose en
families independientes entire si.
Ese precioso element fu6 el que
les di6 el primer triunfo sobre las
fieras, de cuyas moradas se hicie-
ron duefios; dulcific6 los trabajos
de la mujer, constituy6ndola pie-
dra angular del edificio de la fami-
iia, al darle el encargo de su con-
conservaci6n; reuni6 durante las
largas noches de invierno al hom-
bre con la mujer, al padre con el
hijo, al hermano con el hermano;
les proporcion6 los primeros rudi-
mentos dc la cosina; y les di6 en
fin, la idea primordial de la felici-
dad dom6stica representAndoseles
como un pequefio sol, encargado
de desempefiar durante la ausen-
cia de 6ste, los trabajos del rey del
firmamento, cambiando la 16brega
tristeza de las noches en intima
alegria, mediante la luz, y en sua-
ve y agradable temperature, por
medio del calor, la desapacible y
cruel de los hielos aglomerados por
las sombras. iCon que placer deben
haber saludado los primeros padres
del linaje human aquel olvidado
descubrimiento de que tanto par-
tido sacaron en los tiempos primi-
tivos! El fuego fu6 para ellos de-
:fensa y garantia, consuelo y espe-
ranza: defense contra la inclemen-
.cia de las estaciones, garantia que
les ponia A cubierto de las asechan-
zas de las fieras, consuelo en su
triste soledad en el interior de las
cavernas, esperanza en los mil usos
que de l1 podian hacer para su ali-
mentacidn y demas comodidades
de la vida.


La mujer debe al fuego el haber
torado posesi6n de su verdadero
reino: del hogar. A ella debe ha-
berle estado encomendado desde
el primer dia el mantenimiento de
la lumbre; A ella el dare el primer
empleo, aumentando 6 disminu-
yendo sus amorosos resplandores
seggn las necesidades de sus tier-
nos hijos; A ella en fin acercar por
la primera vez i las llamas las en-
sangrentadas carnes de alg6n cone-
jo para transfbrmarlas en un sa-
broso alimento El hombre pudo
desde entonces dejar mujer 6 hijos
para ensanchar el teatro de su ac-
tividad yendo A buscar en los bos-
ques racimos y races que Ilevar A
depositar A su cueva para prevenirse
contra los dias de escasez. Y cu-
bierta en lo sustancial esta prime-
ra necesidad, pudo desde entonces
tambi6n, dedicarse, haciendo uso de
las piedras, A la caza de animals
de mAs importancia que los peque-
nios roedores, para servirse de sus
pieles, proporcionando con ellas A
su mujer los materials indispensa-
bles para sus primeros trajes. Es
decir, que apenas instalado el ho-
gar, la familiar se estableci6 bajo
las mismas relaciones de carifio, de
reciproca utilidad y de mitua pro-
tecci6n que hoy la rigen, aunque en
una escala mayor y mejor perfeccio-
nada. Las atenciones del hogar do-
m6stico para la mujer; las de fuera
el hombre; el descanso comin, divi-
diendo el placer de la reuni6n con
los hijos, con los parientes, los
amigos, los criados y hasta los ani-
males que el hombre ha puesto i su
servicio inmediato, como el perro.
Y la pintura que de este cuadro
hacemos no es ideal. Puede verse
en la actualidad fielmente repro-
ducido entire algunos pueblos sal-
vajes. La familiar, digan lo que
quieran esos mentidos fil6sofos que
tantas cosas discuten muchas veces
sin entenderlas, no es una institu-
ci6n humana. La naturaleza la ha


199








200 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


fundado. Como hemos visto mis
arriba, existe en embri6n en el bru-
to; en el hombre se desarrolla y
perfecciona, como todo lo que cae
bajo el imperio de su superior in-
teligencia. Ah! Si el hombre no se
apartara con tanta frecuencia de
las lecciones de la naturaleza....

(Continuard.)


A CARLOTA.
EN EL PIANO.


I.

Toca en el piano, y del teclado arranca
CUlicas notas con tu nivea mano;
Toca en el piano, mariposa blanca,
Toca en el piano.
Que aunque su acento el coraz6n despierte,
Despierte insano,
Es dulce entonces recibir la muerte....
Toca en el piano.

II.
De luz y amor y miisicas y aroma
Llenas el alma que agost el dolor;
De luz y amor, que en la mirada asoma,
De luz y amor.
De alba que rie 6 tarde que suspira,
Murmurador.
Es el acorde que tu g6nio inspire.
De luz y amor.

III.

Y tambi6n canta nifia encantadora,
De ruisefor con tu gentil garganta;
Y tambi6n canta, alondra de la aurora,
Y tambien canta!
Calme tu voz angelical mi pena,
Mi penatanta,
Que aquf en mi pecho sin cesar resuena...
Y tambien canta!

IV.

!Ay!qui6n me diera en el marfil tornarme
Para besar tu mano tan siquiera......
iAy! qui6n me diera en tfsiempre mirarme.
;Ay! qui6n me diera
Serel ambiente que tu ser perfiuma,
N'ifia hechicera;
Y tu ensuefio de amor de oro y espuma
iAy! qui6n me diera?


V.

Toca en el piano, que en la cuerda herida
Brota raudales de armonfa tu mano
Toca en el piano inspiraci6n y vida,
Toca en el piano
Y aunque a tu acento el coraz6n palpite,
Palpite en vano,
Las mismas quejas del amor repite....
Toca en el piano.
Carlos Alberto Uclis.


NECESIDAD
DE LA INSTRUCTION PRIMARIA.


El hombre, el ser mAs perfect
de la Creacidn, que en su orgullo
ha querido llamarse el "Rey de la
Naturaleza," es al nacer, d6bil, y
necesitado del auxilio de cuantos
lo rodean; no sabe tender A sus
necesidades y ni ain se da cuenta
de su existencia y facultades de
que estA dotado.
Su cuerpo con todas las perfec-
ciones, relativamente consideradas,
se halla en un estado embrionario
por decir asi; hasta sus facultades
se hallan embotadas y como ocul-
tas detras de un velo de misterio
que lo cubre completamente.
Los animals superiores y adnr
algunos inferiores en la escala zoo-
l6gica, por el contrario, con la sola
escepci6n de los marzupiales, todos
ellos nacen con todos sus 6rganos
aptos para las innumerables nece-
sidades de la vida.
Las culebras y algunos saurios,.
como por instinto, emprenden la
carrera al nacer, para evitar que los
series A quienes deben su existencia,.
se la quiten moments despu6s de.
haber visto la primera luz.
El hombre al nacer carece abso-
lutamente de toda clase de conoci-
mientos.
El habla que algunos hacen de-
rivar de revelaci6n divina y que yo
opino, A pesar de todas las contra-







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 201


dicciones, que no es sino el produc-
to de las observaciones y conoci-
mientos del individuo, es por con-
siguiente absolutamente descono-
cida para 61.
El caudal de sus conocimientos
se reduce A actos puramente mate-
riales sugeridos A veces por la cos-
tumbre, A veces por el aguij6n del
hambre y A veces por el instinto.
Para este nifio que es todo un
caos absolute de ignorancia, es ne-
cesario despertar sus entumecidas
facultades intelectuales, con la
bienhechora savia de la instrucci6n.
Cuil es el medio para conseguir
este precioso, preciosisimo fin?
La escuela.
Alli es en donde se le hace en-
trar en el concerto de la vida, or-
denando gradualmente sus peque-
flisimos conocimientos.
Alli es donde se le hace amar el
trabajo y odiar el vicio.
Sin la instrucci6n primaria im-
partida en las escuelas, seria impo-
sible 6 poco menos, la transforma-
ci6n de los individuos.
Un sabio dijo A la Europa: "dad-
me la instrucci6n por un siglo y yo
cambiar la faz del planeta"
Lo que aquel sabio dijo en el si-
glo XVIII debia haber sido com-
prendido en la Europa de la Edad
Media, en la Europa de las con-
quistas.
La juventud instruida hubiera
evitado las cruzadas contra los Al-
bigences y las guerras de la Re-
forma.
Hubiera opuesto un dique A Fe-
lipe II y hubiera sido inquebranta-
ble barrera para Luis XIV y Cata-
lina de Rusia.
Con la Escuela y sus beneficios,
es impossible que el pueblo no ame
la libertad.
Con la Escuela y sus beneficios,
es impossible se sucedan de nuevo
esos acontecimientos incomprensi-
bles que registra la Historia de los
pueblos.


De aqui la utilidad de la ense-
fianza, utilidad que sube de punto
si se trata de la instrucci6n pri-
maria.
De aquf la necesidad y obliga-
ci6n en que estan los Gobiernos de
instruir A sus gobernados.
Un pueblo serA tanto mAs gran-
de, cuantos mas planteles fomente,
Y sera mas grande si el pueblo
es mas instruido.
iCuAntas calamidades y aberra-
ciones se habrian evitado, si esta
que yo llamaria mAs que verdad,
se hubiera comprendido antes!
El pueblo suizo es grande no por
que tenga fusiles y cafiones, sino
porque es instruido, y es despre-
ciable el otomano porque es abyec-
to 6 ignorante.
Jefferson decia: "no me deis el
niimero de sabios de una Naci6n::
dadme el ndmero de ciudadanos,
que sepan leer y escribir."
Y estas palabras del notable
americano, han venido A conver-
tirse en principio demostrado hoy
por la prActica, en Francia, Suiza y
EE. UU.
El pueblo que falto de experien-
cia no procura avanzar en el senti-
do de la educaci6n en general, que-
dara aplastado por el carro de la
civilizaci6n.
Hoy son imposibles aquellos5
grandes imperios formados de mi-
lones de soldados asalariados, que:
bajo el latigo de los monarcas, Ile-
vaban A todas parties la desolaci6n-
y el esterminio.
Han ccdido su lugar A las gran--
des Repiblicas, regidas democrati-
camente por ciudadanos libres 6
intruidos, celosos de sus libertades;
y de sus deberes.
Y esta transformaci6n, no lo du-
'deis, se debe a la. instrucci6n del
pueblo, base inconmobible de las
libertades humans.
FRANZ.

Guatemala, octubre 26 de 1888.








202 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


PRIMER AMOR.

POESIA INEDITA DE D. AIMON MAYOR(A RUIZ.


Nos vimos, nos ainanos, y el carifo
ingenuo, spiritual,
que se siente una vez, cuando uno es nifo,
no se olvida janns.
Y6 pude adivinar en tu mirada
un mundo de espresi6n;
Y aunque tuslabios no dijeron nada
me habl6 tu coraz6n.
Y pude comprender, por ths sonrojos,
lo que pasaba en tf;
toda tu alma la nire en tus ojos
al clavarlos en mii.
Por esu ahora revelarte quiero
lo que es mi coraz6n!......
mi vida esta en tu amor, y yo me muero
si me falta tu amor!...
Amor! primer amor! tu eres la vida,
de Diosla bendici6n
que, al defender en fuego convertida,
alumbra la creaci6n!
Yo darfa el poder y la riqueza,
renombre halagador,
por no perder la virginal pureza
de mi primer amor.
1877.



DISCURSO

LEIDO POR EL DOCTOR DON

MANUEL DELGADO.

EN EL ACTO DE SU RECEPCION CO-
MO SOCIO ACTIVO DE LA ACADE-
MIA DE CIENCIAS Y BELLAS LE-
TRAS DE SAN SALVADOR.




A la benevolencia de los miem-
bros de la Academia de Ciencias y
Bellas Letras de San Salvador, mis
que A mis propios merecimientos,
que son en verdad insignificantes,
debo la honra dehaber sido electo
.socio active de esta naciente y sim-
piAtica asociaci6n. Yo he aceptado
ese nombramiento no s61o con gra-
titud, sino con vcrdadero gusto,


porque si bien es cierto que no po-
dr6 traer a mis nuevos colegas el
concurso de claras luces ni de gran-
des aptitudes en ninguno de los
ramos de la Literatura y de las
Ciencias, tambidn lo es que procu-
rare contribuir con toda la energia
de mi voluntad a la realizaci6n de
los altos y patri6ticos fines que la
Academia se propone alcanzar.
Altos y patri6ticos fines en rea-
lidad, sefiores; porque en el lustre y
progress de las Ciencias de las Be-
llas Letras se cifran el buen nom-
bre, la gloria imperecedera y el po-
sitivo engrandecimiento de los Es-
tados. Las mudanzas, las profun-
das transformaciones que el trans-
curso del tiempo ha operado en la
gran familiar humana, han hecho
que desaparezcan completamente
de la faz de la tierra soberbios y
poderosos imperios, pueblos viriles
y emprendedores que en 6pocas re-
motas llenaron el mundo con sus
hechos y lo asombraron con su fa-
ma. Entre estos pueblos, apenas si
consevamos vaga y confusa memo-
ria de aquellos que se contentaron
con las hazafias de la fuerza y s61o
monumentos materials nos deja-
ron. En cambio Grecia y Roma, las
dos sefloras del Mundo antiguo, vi-
ven y vivirAn en la memorial de los
hombres con inmortales y palpitan-
tes recuerdos. Los nombres de sus
poetas, de sus oradores, de sus fil6-
sofos, de sus legisladores, se segui-
rAn conservando, como hasta ahora,
de generacidn en generaci6n; y
aquellos incomparables literates y
sabios eximios serviran de Mento-
res y de ejemplo A la humanidad
mientras el mundo sea mundo.
Por eso yo, seflores, os lo repito,
ingreso con verdadera satisfacci6n
en una sociedad que se propone
trabajar con ahinco por la gloria
cientifica y literaria del Salvador.
Y al cumplir con el deber de pro-
nunciar un discurso en el acto de
mi recepci6n, me he determinado








EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


A elegir, entire los innumerables te-
mas que me ofrecia el bastisimo
program de la Academia, un asun-
to literario de alta importancia y
que tiene ademAs un interns de ac-
tualidad: quiero hablaros del idea-
lismo y del naturalism en las obras
literarias. Acometo mi tarea con el
natural temor de encontrarla supe-
rior A mis fuerzas; pero alentado al
mismo tiempo con la esperanza de
que no me negareis vuestra indul-
gente consideraci6n.
Vieja querella, sefiores, es la que
se ha venido manteniendo entire
los que pretenden que las obras de
arte no pueden ser buenas sino
cuando son una copia fiel y rigu-
rosamente exacta de la naturaleza,
y los que sostienen que el artist,
con tal que se mantenga dentro de
los limits de lo verdadero 6 de lo
verosimil, debe dejdrsele cierta li-
bertad para que pueda embellecer
sus producciones, exornandolas con
aquellos primores y atavios que no
siempre podemos encontrar en la
mon6tona, descarnada y prosaica
realidad tangible. A los que afir-
man esto 6ltimo se les ha dado el
nombre de idealistas, y d los pri-
meros el de realistas 6 naturalists.
En lo que d las producciones li-
terarias se refiere, la antigua desa-
venencia entire ambas escuelas ri-
vales ha venido A recrudecerse en
estos iltimos tiempos con el apa-
recimiento en la capital de Francia
de una nueva secta naturalista,
acaudillada por un hombre de vas-
to talent y vigoroso ingenio, do-
tado ademas de rara perseverancia
y de aquella fuerza de voluntad in-
domable que sostiene A cuantos es-
tan destinados A llevar A buen ter-
mino sus prop6sitos 6 sus empre-
sas. Ya habr6is comprendido que
me refiero a Mr. Emilio Zola, al
celeb6rrimo autor de los Rougon-
Macquart. Este notable y valeroso
escritor ha levantado con osadia la
bandera del modern naturalismo;


ha trabajado y luchado con tes6n
verdaderamente admirable; ha com-
batido con brio y denuedo contra
todos los que han querido pon6rse-
le por delante; ha perseguido con
tenaz encarnizamiento a los adver-
sarios de su doctrine, descargando-
les sin cesar golpes formidable; se
ha rodeado de amigos y discipulos
numerosos, inteligentes y decidi-
dos, y ha triunfado al fin, conquis-
tando como por asalto la admira-
ci6n y el aplauso de las muche-
dumbres. Las relevantes dotes del
del jefe del naturalismo francs, asi
como la circunstancia de que este
movimiento literario se est6 efec-
tuando en Paris, considerado con
raz6n como el centro del mundo
civilizado, han sido causa de que
las nuevas doctrinas literarias ten-
gan alta resonancia y grave tras-
cendencia en la literature de todos
los paises.
Pero en qu6 consiste el natura-
lismo de Mr. Zola? EEs el antiguo
realismo con otro nombre, 6 se tra-
ta de un procedimiento literario
verdaderamente nuevo y original?
Esto es lo que desde luego convie-
ne dejar bien establecido.
Lcs principios de la escuela na-
turalista pueden aplicarse A toda
clase de composiciones literarias;
pero donde campean con mas li-
bertad y amplitud es en la novela,
genero de literature que en los
tiempos que alcanzamos ha llega-
do A adquirir una importancia in-
mensa, y en el cual el autor de
L'Assommoir ha llevado A la prac-
tica sus teorias est6ticas, enseflan-
do con el ejemplo su manera espe-
cial de concebir y entender la per-
fecci6n A que puede aspirarse en
las obras literarias.
Para Mr. Zola el novelist debe
ser ante todo y sobre todo un ob-
servador: debe estudiar atenta y
cuidadosamente al hombre en to-
das las classes y en todos los medios
sociales: ha de seguirlo paso A paso


A







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


en el natural desenvolvimiento de
su caracter, de sus inclinaciones, de
sus gustos, sus vicios, sus habitos
y sus pasiones: debe estudiar es-
crupulosamente su manera de ha-
blar y de conducirse en las diversas
circunstancias, peripecias y conflic-
tos de la vida; y una vez que lo
tenga bien estudiado y conocido,
una vez que, por decirlo asf, se lo
haya aprendido de memorial, lo ha
de pintar tal cual es, sin atenuacio-
nes ni exajeraciones, con tan ni-
mia propiedad y tan cabal exacti-
tud, que cualquiera conozca fAcil-
mente que no es una creaci6n de la
fantasia, sino una persona real, de
esas con que nos codeamos A cada
paso y que todos podemos encon-
trar Ala vueltade cualquieresquina.
Esto en cuanto A los personajes
de la novela de este g6nero. El plan
debe ser lo mas natural y sencillo
que pueda imaginarse, sin much
enredo, sin enmarafiadas complica-
ciones ni extrafias aventuras, sin
otras casualidades que las que sue-
len presentarse en el curso ordina-
rio de la vida.
Las escenas de la obra han de
irse sucediendo sin esfuerzo las
unas d las otras, casi sin mas traba-
z6n que la que 16gicamente result
del character, de las pasiones 6 de
los caprichos del h6roe 6 personaje
principal que el escritor se haya
propuesto estudiar y analizar.
Hasta aqui, seflores, las doctri-
nas del modern naturalismo en
nada se diferencian de las que pro-
fesa el antiguo realismo. Mr. Zola,
sin embargo, parece que quiere algo
mas: d lo que yo entiendo, el siste-
ma del afamado autor de Nana no
es otra cosa que una aplicaci6n es-
pecial de las teorias realistas. Si
hemos de juzgar por el caracter ge-
neral de las obras de Mr. Zola; si
nos atenemos, sobre todo, d la na-
turaleza y tendencia especial de
las novelas que mis renombre y
popularidad le han valido, lo que


el jefe del naturalismo quiere es
que se haga un studio preferente
del vicio, de los malos hAbitos, de
las pasiones malsanas, y que de es-
te studio se saquen los materials
que han de servir para la formaci6n
de la buena novela naturalista. El
escritor que A esta escuela perte-
nezca, ha de levantar con atrevida
mano el velo que cubre ciertas lla-
gas sociales, y mostrarlas en toda
su fealdad, en toda su horrible y
asquerosa desnudez, A fin de causar
una saludable impresi6n de repug-
nancia y desvio.
Siguiendo los preceptos y el
ejemplo del maestro, el novelist
de la modern escuela ha de fre-
cuentar las tabernas, los garitos, los
mercados, los lavaderos p6blicos,
las mancebias, los lugares mas in-
mundos 6 infectos; ha de observer
con curiosa y atenta mirada las es-
cenas de intemperancia, de Avida
codicia, de impudor, de desver-
giienza, de violencia y de infamia
que en aquellos lugares se realizan,.
y ha de anotar escrupulosamente las
expresiones que forman el lengua-
je peculiar de los tahures, los 6brios
de profesi6n, las verduleras y las
mujeres pdblicas; y luego, una vez
enriquecido con este caudal de ob-
servaciones naturalistas, debe tras-
ladar fielmente al papel todo cuan-
to haya visto y oido, trazando cua-
dros animados de la vida real y co-
tidiana, en que pululen y se codeen
libertinos y mujerzuelas de todo li-
naje, procediendo y hablando co-
mo proceden y hablan los models
que el escritor haya tenido A la
vista.
Nada de miedos ni de escrdpu-
los monjiles: intense las cosas ta-
les como son en si, sin rodeos ni
cobardes reticencias; hagase apare-
cer la verdad entera y desnuda, por
asquerosa y repugnante que en
ciertos casos nos parezca, y si el
autor esti dotado de verdadero ta-
lento, se tendra una excelente no-








EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 205


vela seg6n las leyes del modern
naturalism.
El prototipo de las novelas de
este g6nero, debe causar en el Ani-
mo del lector una impresi6n seme-
jante A la que experimentamos al
encontrarnos en una de esas gale-
rias de cuadros patoldgicos, en que
se ven pintadas A lo vivo todas las
erupciones, ulceraciones, excrecen-
cias, tumefacciones y deformacio-
nes horrorosas producidas en el
cuerpo human por cierto virus que
inficiona la sangre y gradualmente
la descompone. El efecto que se-
mejantes cuadros nos produce, es
el deseo inmediato, irresistible de
apartar de ellos la mirada. La lec-
tura de la buena novela naturalista
debe producirnos igual sentimien-
to de repulsi6n respect de las en-
fermedades morales que en ella se
describan.
Pero la novela, seflores, es una
obra de arte, y como tal su fin
principal es y debe ser la creaci6n
de la belleza. Apatarla complete.
mente de este fin, y destinarla a
otros objetos mAs propios del mo-
ralista 6 del medico que del artist,
es desnaturalizarla de la manera
mas lastimosa. No ser6 yo quien
niegue que el artist, sobre todo en
estos tiempos en que el maravillo-
so progress y la gran difusi6n de
las ciencias han traido nuevas ne-
cesidades al espiritu, puede propo-
nerse en sus inspiraciones otros fi-
nes que no sean pura y simplemen-
te la producci6n de lo bello; pero
ha de ser con la precisa condici6n
de que todos estos fines secunda-
rios obedezcan y se subordinen al
objeto primordial de toda creaci6n
artistic. De lo contrario se podra
haber dado vida A una obra cual-
quiera, buena 6 mala en su g6ne-
ro; pero no se podra tener la pre-
tensi6n de haber hecho una obra
de arte. De aqui, sefiores, la peno-
sa impresi6n que recibimos al leer
una de esas novelas modernas en


que advertimos que el autor se
preocupa de todo, menos del ideal
que el poeta debe perseguir cuan-
do reviste de formas sensibles los
suefios y las creaciones de su ima-
ginaci6n.
Yo de mi s6 deciros que cuando
me decide A former juicio por mi
mismo de las obras de la flamante
escuela naturalista, con frecuencia
sentia la necesidad imperiosa de
cerrar el libro, para tomar aliento
y descansar algunos instantes. No
era aquello un entretenimiento,
sino un studio que tenia muy po-
co de agradable. Y A muchas per-
sonas de buen gusto en materials li-
terarias les he oido decir que la lec-
tura de aquellas obras les ha. cau-
sado un efecto semejante.
Esto, sefiores, se explica facil-
mente. Los corazones de veinte
afios no pueden menos de sentirse
lastimados en sus mas bellas y ca-
ras ilusiones, en sus impulses mas
nobles y generosos y en sus espe-
ranzas mas acariciadas, con el frio
6 implacable analisis, con las na-
rraciones descarnadas y desalenta-
doras de la novela naturalista. La
juventud, de suyo poetica y sofia-
dora, tiene que rechazar instintiva-
mente el extremado prosaismo de
los escritores que pertenecen A la
escuela del autor de la Curie. Y en
cuanto A los que hemos tenido ya
el sentimiento de exclamar con el
dulce poeta de Bayamo:

iJuventud!
Con qu6 rauda prontitud
De mi horizonte te vas,
Para no volver jams!

Los que hemos adelantado largo
trecho en el Aspero sendero de la
vida, y comenzamos A sentir casan-
cio por la jornada que hemos ren-
dido, al mismo tiempo que inquie-
tud y angustiosa espectativa por lo
desconocido que nos espera en la
part que adn tenemos que reco-







206 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


rrer; los que hemos podido disfru-
tar de algunas satisfacciones y de
algunos moments de felicidad re-
lativa, pero tambi6n hemos apren..
dido A conocer, por dolorosa expe-
riencia, los desencantos y peligros
A que nos exponen la confianza in-
genua, el dulce abandon 6 los en-
tusiasmos irreflexivos de la edad
juvenile; los que ya comenzamos A
tener canas y alg6n conocimiento
del mundo, lo que buscamos en las
obras de imaginaci6n es algo que
nos refresque, nos fortifique y nos
aliente; algo que, siquiera por al-
gunos moments, nos haga olvi-
darnos de las pequefleces, miserias,
cuidados y desazones de la existen-
cia cotidiana, y nos trasporte en
alas de la imaginaci6n a los dfas
venturosos en que nos embriagd-
bamos con las alegrias, los colors,
los perfumes y los cantos dela her-
mosa cuanto fugaz primavera de la
vida. Pero si en vez de hallar esto,
nos encontramos con que el autor
se complace en describirnos un
mundo peor que el que nos ha he-
rido con la espina de sus amargas
decepciones, que much que de-
jemos el libro A un lado, y prefira-
mos ir a buscar solaz y esparci-
miento en la vida real, donde si-
quiera seremos libres para elegir a
las personas cuyo trato se avenga
mas con nuestro humor 6 nuestros
gustos?
La escuela idealista, sefiores, pro-
clama tambien el studio y la imi-
taci6n de la naturaleza, de la na-
turaleza siempre bella en su fecun-
didad y variedad inagotables; acon-
seja que se procure conocer A fon-
do los secrets y las pasiones del
coraz6n human; quiere que haya
exactitud y consecuencia en la pin-
tura de los caracteres, verdad, sen-
cillez y naturalidad en la expresi6n
de las ideas y de los afectos. Pero
asi como no querria que el pintor se
convirtiese en una simple mdquina
fotografica, asi tampoco pretend


encerrar al poeta en los estrechos
moldes de la realidad sensible.
Tengo para mi que el defect ca-
pital de la doctrine naturalista, tal
como la entienden y la practican
Mr. Zola y sus adeptos, consiste en
que la copia servil de la prosaica
realidad, 6 de realidades algo peor
que prosaicas, seria la muerte irre-
mediable de toda poesia. Por eso
creo yo que el triunfo del natura-
lismo en la novela, que por su
naturaleza es una obra po6tica, que
es la poesia del hogar, como ha di-
cho un eminente poeta frances de
este siglo, no puede ser un triunfo
duradero ni much menos defini-
tivo.
Desde la mas remota antigiiedad
hasta nuestros dias, todos los gran-
des poetas han sido tambi6n gran-
des idealistas. El Makabarata y el
Ramayana, estas dos grandiosas
epopeyas de la India primitive, los
cantos epicos mas antiguos de que
se tenga noticia, son models aca-
bados de idealidad po6tica. Home-
ro, Pindaro, Euripides, Esquilo, S6-
focles, Menandro y toda la brillan-
te pleyade de poetas helenos; Vir-
gilio, Lucano, Horacio, Plauto, Te-
rencio y cuantos en el Lacio culti-
varon con 6xito la gaya ciencia; el
Dante, el Tasso, Ariosto y Petrar-
ca; Milton y Shakspeare; Klops-
tock; Camoens; Calder6n, Lope de
Vega y Cervantes; Corneille, Ra-
cine, Moliere y Voltaire; y en los
tiempos modernos Manzoni, Alfie-
ri, Leopardi, Lord Byron, Schiller,
Goethe, Lamartine y Hugo; todos
han bebido su inspiraci6n en las
fuentes del mas puro idealism:
ninguno de ellos ha ido buscar en
la copia exacta de la grosera reali-
dad el secret de las magnificas
creaciones con que han sabido cau-
tivar para siempre la admiraci6n
del mundo enter.
iY qu6 diferencia, sefiores, entire
la impresi6n producida por las
obras inspiradas en el idealismo y







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 207


]a que causan las producciones mis
celebradas de la escuela naturalista!
Cuando leo, por ejemplo, los
amores de Nala y Damayanti en el
Mahabarata; la despedida de Hec-
tory Andrdmaca en la Iliada; la
muerte de Priama 6 las lamenta-
ciones amorosas de Dido en la Enei-
da; la escena del beso entire Fran-
cesca y Paolo en la Divina Comedia;
la del balc6n en Romeo y Julieta,;
los coloquios de Addnz y Eva ino-
centes en el Paralso Perdido; un
capitulo del Quijote; las escenas
entire Renato, Aldn y Georgina en
el Noventa y Tres, 6 cualquiera
otro pasaje andlogo de las obras de
los grandes poetas antiguos y mo-
dernos, siento el deseo irresistible
de repetir una y otra vez tan de-
leitosa lectura, y mientras mas leo
aquellas pAginas inmortales, mis y
mas me siento penetrado por el po-
deroso encanto que de ellas se des-
prende, como el perfume de una
floor siempre fresca y eternamente
fragante y bella. Por el contrario,
cuando he tenido que leer las es-
candalosas aventuras de Nana 6 los
incestuosos y prosaicos amores de
MAximo y Renee en la Curee, no
he sentido otro deseo que el de
suspender la lectura, 6 el de termi-
narla cuanto antes, para librarme
de aquella especie de pesadilla li-
teraria.
Permitidme, sefiores, que por me-
dio de un simil procure explicar
grAficamente la diverse impresi6n
que en mi Animo produce la lectu-
ra de las obras de uno y otro g6ne-
ro. Cada vez que penetro en la sa-
la de alg6n hospital, por arreglada
y limpia que la encuentre, siento
cierto malestar, cierta opresi6n que
aumenta a cada paso que doy hacia
adelante, y, desde que traspaso el
umbral, me asalta el deseo, que au-
menta 6 cada instant, de salir 6
dilatar los pulmones respirando un
aire mis puro. Y cuando algunas
veces he descendido la cuesta de


Jiboa, y d la vuelta de un recodo
del camino, se me ha presentado
de improvise aquel valle de maravi-
llosa hermosura que allf se extiende
a los pi6s del asombrado viajero; y
he visto en el fondo, alld a lo lejos,
erguirse en la trasparencia de la at-
m6sfera la enhiesta y magestuosa
mole del volcan de San Vicente, que
dilata en semicirculo inmenso sus
uberrimas faldas, cubiertas por la
mano del labrador de cuadros de di-
ferentes matices, y salpicadas aqui
y alla por el verde oscuro de espe-
sas arboledas; cuando he contempla-
do, os digo, aquel indescriptible pai-
saje, el mis bello quiza de nuestra
exuberante naturaleza, a la irizada
luz de una de esas magnificas pues-
tas del sol que s6lo se pueden ver
en nuestro incomparable cielo tro-
pical; he detenido instintivamente
el paso, y me he quedado sumido
en delicioso arrobamiento, y el
.tiempo ha volado sin que yo lo ha-
ya sentido volar. Pues bien, la lec-
tura de las obras maestras de los
grandes escritores idealistas me
produce una impresidn semejante
d la que me ha causado la contem-
placi6n de aquel bellisimo panora-
ma; y la de ciertas obras naturalis-
tas, principalmente cuando no las
abandon el gran talent del maes-
tro, me ha hecho experimentar una
opresi6n parecida a la que siento
cuando me veo encerrado entire las
cuatro paredes de la sala de un hos-
pital.
iAh! sefiores, no hay que dudar-
lo: el idealismo ensancha 6 ilumina
los hori7ontes del arte, y el natu-
ralismo los oscurece y los reduce a
limits muy estrechos: el primero
eleva el alma. la dignifica y la en-
grandece, haci6ndonos vislumbrar
el arquetipo de perfecci6n y hermo-
sura que es y serA el anhelo cons-
tante, la desesperaci6n eterna de
cuantos se sienten enamorados de
lo bello, y el segundo la rebaja y la
empequefiece, obligdndonos a la








208 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


contemplaci6n incesante de las mi-
serias, fealdades 6 imperfecciones
de la mezquina realidad: aquel nos
hace sofar con Beatriz, Laura, Ofe-
lia y Margarita, y 6ste nos hace
pensar en Mesalina, la gorda Nana
y la indolente Ren6e: el uno es la
idea radiante levantando su vuelo
sobre las impurezas de la material,
y el otro el torpe materialismo apa-
gando con su helado aliento los
arrebatos del coraz6n y de la inte-
ligencia.
El naturalismo, por fortune, no
ha ejercido todavia ninguna influen-
cia en nuestra naciente literature,
que casi estd reducida al cultivo de
la poesia ]irica; pero como no dudo
que el afin de progress que nos
empuja hacia adelante ha de alcan-
zar a la literature, y como ademis
tengo fe en que la Academia que
hoy me honra recibi6ndcme en su
seno, ha de contribuir poderosa-
mente a apresurar el florecimiento
de las Letras salvadorefias, conclu-
yo, sefiores, este desalifiado discur-
so haciendo votos porque nuestros
j6venes escritores, en cuyas manos
estd la gloria literaria de nuestra
querida patria, se inspiren siempre
en los bellisimos models que les
ofrece la Literatura idealista de to-
.dos los pauses y de todos los tiem-
pos.
HE DICHO.


IDEAL.


De blondos cabellos y pflida frente
Los ojos rasgados
Y negros, y ardientes cual luz de los cielos
Asf la he soSado;
De frente espaciosa, nariz delicada
Pequefias las manos,
De m6rbido seno, mirada radiant
Y rojos los lhbios,
Tal es la criatura que llevo en el alma
Que busco lay! en vano
* Tal es esa virgen de pHlida frente
Que tanto he splado.


CRONICA.


Nos complacemos en insertar en
nuestro nimero de hoy una com-
posici6n po6tica titulada "La Au-
rora," debida d la bien cortada plu-
ma de Josefa Carrasco, la inspirada
cantora del lago de Yojod.
La Sefora Carrasco es la inica
poetisa con que cuenta la Repbbli-
ca de Honduras, por esto es que
nos creemos en el deber de dar A
conocer al pdblico sus buenas pro-
ducciones.
*
*

HEMOS recibido una atenta cir-
cular de la "Academia Cientifico-
Literaria" de Honduras en la cual
nos participan que dicha sociedad
ha acordado celebrar un certamen,
cuyo reparto de premios tendra
lugar en sesi6n puiblica y solemne,
el 14 de Setiembre del aflo pr6xi-
mo de 1889.
Como esta disposici6n de la Aca-
demia hondurefia es de alta impor-
tancia, nos ocuparemos en ella
pr6ximamente.




SUPLICAMOS nuevamente a los
dgentes de Escuintla, San Jos6,
Huehuetenango, Totonicap6n, Ja-
lapa, Retalhuleu, Livingston y Es-
quipulas, se sirvan decirnos si acep-
tan la agencia de nuestro peri6dico
en los lugares designados.

TIPOGRAFiA "LA UNI6N."

Octava Calle Poniente, Nhm 6.




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