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 El ateneo - Discurso pronunciado...
 Glosa
 Breves estudios
 La cita
 Maria...
 Reflexiones a los libros de elocuencia...














Group Title: Ateneo Centroamericano
Title: El Ateneo Centroamericano
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 Material Information
Title: El Ateneo Centroamericano
Physical Description: v. : ; 26 cm.
Language: Spanish
Creator: Ateneo Centroamericano
Publisher: s.n.
Place of Publication: Guatemala
Frequency: monthly
regular
 Subjects
Subject: Central American literature -- Periodicals   ( lcsh )
Genre: periodical   ( marcgt )
 Notes
Issuing Body: "Organo de la Sociedad Literaria del mismo nombre."
 Record Information
Bibliographic ID: UF00026077
Volume ID: VID00004
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000310800
oclc - 07562916
notis - ABT7495

Table of Contents
    El ateneo - Discurso pronunciado por el socio Tomas Acabal
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    Glosa
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    Breves estudios
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    La cita
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    Maria...
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    Reflexiones a los libros de elocuencia por Fray Matias Cordova
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Tomo I. Guatemala, 1 de octubre de 1888. Nim. 11.




EL ATENHO UENTRO-AMERICANU lb>


PUBLICATION QUINCENAL.: .',

ORGANO DE LA 80JIEDAD LITERARIA DEL MISMO :i0I.L. :o/


rT, F/rRNR InTRTI n :'.-. -',-


El 27 del mes en curso, este
cuerpo literario celebr6 una se-
si6n public, en la que se verific6
la recepci6n del Sr. don Carlos F.
Arag6n, y del periodista salva-
dorefio don Jenaro L. Ferrandis.
El senor Arag6n ley6 una
bien escrita composici6n po6ti-
ca, y el sefior L. Ferrandis, un
discurso, en el que se revelan las
dotes intelectuales de su joven
autor, y los sentimientos alta-
mente liberals que le animan.
Ambas piezas literarias, serin
publicadas en el pr6ximo nume-
ro de este peri6dico.
El socio Sr. Lic. don Pr6spe-
ro Morales obsequi6 a los miem-
bros del "Ateneo," con una le-
yenda titulada "Maria."
No podemos negar que el
gusto por el cultivo de las letras,
se desarrolla cada dia mas y
mis, lo que nos hace preveer que
dentro muy poco tiempo, la re-
p6blica de las letras, contarA con
infatigables obreros.
Estos son nuestros votos y
ojala se cumplan.


PRONUNCIADO POR EL SOCIO
TOMAS ACABAL.


Senores:
T6came dirigiros la palabra en
cumplimiento de un deber que no
me es dado Ilenar satisfactoriamen
te como quisiera, y much menos
tratindose de una cuesti6n tan de-
licada y trascendental, que si es bas-
tante conocida por vosotrsos, para
mi escasa aptitud es superior en
pormenores de muy alta significa-
ci6n y por lo mismo, no ser6 yo
quien pueda analizarlo.
Si hay algo que tanto merezca
preocupar la atenci6n de nuestras
sociedades y de nuestros gobiernos,
asi como la inteligencia y patriotis-
mo de nuestros hombres de estado,
es precisamente la civilizaci6n de
los aborigenes de Centro-Am6rica.
iNuestra querida patria que adn
contemplamos llorosa bajo el man-
to de una libertad simulada!
Da vergiienza, sefiores, hallar
quienes duden de que los indigenas
sean susceptibles de perfeccidn mo-
ral porque los creen escasos de in-
teligencia; pero esa absurda idea
s6lo radica, por fortune, entire los
que pretenden levar un origen no-
ble y que, por lo tanto, conservan


A 8mOr


~~~r ~ ILI LII


I^ wW W .A







1, EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


las tradiciones coloniales, herencia
fatal del mas estdpido fanatismo,
hermano protector de la ignorancia
A que debemos las distinciones de
sangre que habeis visto ya mas de
una vez, anularse por el atractivo
del oro.
No es mi animo referiros las en-
seflanzas de la historic de nuestros
pueblos en la cual hallais que el go-
bierno, las costumbres, la instruc-
ci6n piblica, el comercio, la agri-
cultura y otros ramos, eran bien
conocidos de los indigenas, y nin-
guno ha podido ni podrd negar
el adelanto que habian alcanzado
hasta los aciagos tiempos de su con-
quista, puesto que mas de un mo-
numento arqueol6gico nos indica
con su silencio y tristeza, lo que el
indio era y lo que hoy seria si no
llevara sobre sus espaldas el negro
sello de la mas degradante esclavi-
tud d que se le sujet6, y sobre su
rostro la escupida del desprecio y
del odio de sus dominadores.
No es possible negar a esa raza
las cualidades del s6r human; y des-
de el moment en aue se le conce-
den anat6mica y fisiol6gicamente
hablando, es susceptible de sensibi-
.lidad y de perfeccidn intellectual y
moral en cuyas consideraciones me
parece innecesario detenerme.
El gran literate y c6lebre histo-
riador, que veneraci6n merece su
memorial, en plena Asamblea Le-
,gislativa dijo: "No debe darse instruc-
cidnprimaria d los indigenas, por
que si se les diera, acabarlan pronto
con los descendientes de la raza espa-
iola." Ese hombre erudito, ese gran
astro del cielo de las letras, sefiores,
bien sabia, como sabeis, voso-
tros, que nuestros hermanos los in-
digenas de Centro-AmCrica, son ca-
paces de levantarse al nivel de los
que se empefiaran en hacerlos tan
desgraciados y miserables como son.
(Cd6mo hubieran podido penetrar
nunca en el espacioso y florido cam-
po de los progress humans, si


siempre hubo especial empeflo de
mantenerlos en el miserable estado
de abyecci6n que guardian, para
vergiienza y ludibrio de quienes ja-
mis supieron tenderles una mano
amiga y protectora!
Pero si, tratindose del atraso en
que vegeta la raza indigena, olvi-
damos los motives de antafio para
fijarnos y citar uno por uno los mo-
tivos de actualidad, da pena, seflo-
res, iOh! da much pena penetrar
en el terreno resbaladizo de que to-
dos huyen con demasiada raz6n 6
sin ella; es de sentirse que al some-
ter al andlisis de la raz6n un tema
de tan alta importancia social, y na-
da mas que social, tengamos que
principiar por ponerle trabas al pen-
samiento y cadenas A la palabra;
pero asi y todo me esforzard por
concluir este mal formado discurso
ajustandome al estrecho circulo que
ciertos compromises nos trazan.
En el trascurso de los siglos y
en el criminal abandon en que se
ha querido y hasth se ha procurado
que vegeten los indigenas, pot gra-
do y por fuerza debian separarse en
lo absolute de la senda de sus opre-
'-ores y entregarse al predominio de
dificultades sin ndmero para poder
arrastrar una existencia que no s6
si alguna vez les haya sido odiosa.
Por eso vemos que de una mane-
ra considerable difieren sus costum-
bres de las de otra raza (ladina)
hasta el punto de no poder former
un parang6n, pero ni siquiera en
cuanto se relaciona con la manera
de alimentarse que, como esta de-
mostrado por la esperiencia, influye
inmediata y directamente, no s6lo en
el aumento de las poblaciones, sin6
tambi6n en el mayor 6 menor des-
arrollo intellectual de los individuos;
y sucede entire nosotros, para ma-
yor desgracia de los indigenas, que
soportan exorbitantes impuestos so-
bre muchos articulos de primera
necesidad como la care, la sal, la
harina de trigo, habiendo poblacio-







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. I63


nes numerosas donde no se conoce
el pan tan indispensable y dtil,
mientras que por otro lado se fo-
mentan los focos de inmoralidad
y corrupci6n como chicherias, estan-
cos que ni quiero ni debo describir,
porque los funestos y horrorosos
cuadros que presentan, A la vista de
todos vosotros estAn.
Los inicuos opresores de esa raza
han llevado su cinismo hasta el
punto de creerla obligada A consumer
los fermentos venenosos que se le
suministra, de tal modo, que A dos
grandes municipios de indigenas se
les ha recibido cierta suma annual
de dinero, que han preferido pagar
en cambio de que no se les obligue
d aceptar entire ellos una venta de
aguardientes, lo cual de muestra
sencillamente que el indio es muy
capaz de procurarse el bien: que no
consider element indispensable el
licor y que si abusa de 61 en algu-
nas circunstancias es porque en to-
das se le tienden lazos a fin de que
Ilegue A los centros de profusion.
.Convengamos definitivamente en
que los vicios coloniales adn radi-
can entire nosotros, y esto es asi tan
cierto, que no creo convenient ci-
tar aqui los abuses criminals que
contra el indio se han fomentado,
hasta el punto de perpetrar impu-
nemente contra 61, esos frecuentisi-
mos despojos territoriales que lo han
venido reduciendo cada vez mas A
la condici6n de paria. Abusos y
despojos que tambi6n hacen mas di-
ficiles, mas escasas y hasta ilusorias
nuestras producciones nacionales,
que debieran ser abundantes si se
estimulara al indfgena en vez de
deprimirlo tanto y tanto como lo
hacen aquellos que, por s61o el he-
cho de ser capitalistas, se conside-
ran magnates y representan en pie-
no siglo XIX a los sefiores feuda-
les de la Edad Media, alentados
por una ley que entire nosotros se
llama de trabajadores y que no. se
ha querido reconsiderar, ya que des-


graciadamente, adolece de mil erro--
res habiendo que agregar los abu-
sos que perpetran y que s. toleran
por quienes no debieran tolerarlos.
Para demostrar esta verdad me
basta referir lo siguiente: hay una
poblaci6n entire nosotros que dista
de cierta finca unas cuarenta leguas,
mds 6 menos. El encargado de di-
cha finca se situaba en cierta ca-
becera departmental, y se enten-
dia con la respective autoridad po-
litica para que de aquella poblaci6n
hiciese salir un mandamiento de
cien y hasta de doscientos hom-
bres, por ejemplo, obligados A pres-
tar en la mencionada finca su tra-
bajo durante dos semanas; y por to-
da retribuci6n se le abonaba A cada
uno el miserable journal de dos rea-
les. Imaginaos, pues, que quincenal-
mente se suministra al individuo
tres pesos, de cuyos tres pesos debe
dejar a su familiar lo necesario mien-
tras 6sta carece del trabajo cuotidia-
no de aquel; de cuyos tres pesos de-
be hacer uso para emprender un via-
je de cuatro dias; de cuyos tres pe-
sos debe alimentarse en la finca en
la cual pierde dos domingos, sin
perjuicio de la traditional y respec-
tiva "faina" de medio dia; y de cu-
yos tres pesos debe servirse tam-
bi6n para volver al seno de su ho-
gar, empleando al efecto otros cua-
tro dias de camino ;Ah, sefiores! lo
dicho parece fabuloso, y sin em-
bargo, es cierto.
Cualquiera puede hacerse millo-
nario con semejantes prActicas,
causando la ruina de cien pueblos;
y con semejantes prActicas, sefiores,
la civilizaci6n de la raza idigena se-
rd siempre un sueflo, una ilusi6n.
Necesitase, pues, para realizarlo
que la Administracidn piblica sea
la primera en dar el ejemplo de pa-
ternal solicitud, en favor de una ra-
za bdrbaramente explotada, y bdr-
baramente oprimida.
Cierto es que faltan brazos para
la agriculture y que el indigena de







164 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


Centro-Am6rica, es el mis a prop6-
sito para talar los bosques, remover
la tierra y hacer las plantaciones
tiles; cierto es que merced d de-
terminadas disposiciones guberna-
tivas se exportan hoy grandes can-
tidades de quintales de caf6; pero
tambi6n es cierto que deben ser re-
tribuidas equitativamente las fae-
nas del trabajador que se tuesta las
espaldas bajo los rayos de un sol
ardiente; y ya que me he referido a
las grandes cantidades de caf6 que
se exportan, no debo pasar en silen-
cio las grandes cantidades de maiz,
patatas, trigo, harina y ganado que
se important en la Repdblica; por
que francamente, sefiores, nos falta
much para equilibrar nuestras fuer-
zas productoras, y para aprovechar
los multiples elements de riqueza
que a manos llenas nos brinda nues-
tra florida zona.
Es incuestionable, seflores, que
a la administraci6n phblica corres-
ponde levantar a esa raza del esta-
do de postraci6n que guard.
Cuando el Gobierno sea el pri-
mere en afanarse con dedicaci6n
especial en favorecer 4 esas muche-
dumbres que solo viven la vida ma-
terial, entonces quedara resuelto
ese problema de que en gran parte
depend el porvenir de la patria.
La instrucci6n piblica es una de
las principles bases sobre que des-
cansa el edificio social y debe ha-
cerse extensive d los indigenas; pe-
ro precisa al efecto, que se hagan
practices todas las disposiciones le-
gales que se relacionan con nuestra
mds legitima aspiraci6n social.
En nuestros mas adelantados
centros municipales, seflores, hay
numerosas agrupaciones de nifios
que no reciben instrucci6n prima-
ria, por puro descuido, morosidad 6
indiferencia de parte de las autori-
dades departamentales y locales, al
mismo tiempo que de muchos pa-
dres de familiar; y respect de los
indigenas, se ha olvidado que la ni-


fiez es la edad mAs adecuada para
influir en su coraz6n y predisponer-
los al bien, iluminando su inteligen-
cia y morigerando sus costumbres
hasta que puedan optar dignamen-
te al titulo de ciudadanos con co-
nocimiento de sus derechos al mis-
mo tiempo que de sus deberes.
Con raz6n bastante dijo Leibnitz:
"dadme la instruccidnpiblica duran-
te un siglo y yo mudard la faz del
mundo," puesto que la instrucci6n
sefiores, modera la intemperan-
cia 6 los deseos desordenados, ga-
rantiza el respeto a la ley, alimenta
el amor i la justicia y eleva el ca-
racter national despertando el sen-
timiento patri6tico.
Es indudable que el desarrollo
gradual de la instrucci6n p6blica
trae consigo el desarrollo de todos
los demis ramos que concurren al
progress, considerado como ley ine-
ludible de nuestra ex:stencia colec-
tiva.
Concluir6, sefiores, manifestando:
que en mi humilde opinion, nuestro
bien estar national se relaciona de
una manera intima con la protec-
ci6n que los Gobiernos de Centro-
America se dignen dispenser, ya sea
direct 6 indirectamente a nuestras
muchedumbres populares, compues-
tas de esos s6res que se Ilaman,
que han sido y son los deshereda-
dos del destiny, por un encadena-
miento de circunstancias que se re-
montan A siglos de sufrimientos.
Es urgente, indispensable que la
Administraei6n pdblica sea la pri-
mera que se empefe en desplegar
todo ese celo patri6tico que en al-
ta voz demand en su favor la raza
indigena: conviene que las autori-
dades departamentales y locales se
penetren de la necesidad, en que la
naci6n se encuentra de atraer al ca-
mino del progress y de la civiliza-
ci6n, ese conjunto de hombres que
constituyen un element poderosi-
simo para la realizaci6n de nuestros
mas dorados ensuefios republicans.







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO 165


La virtud del patriotism y el
desprendimiento de intereses pura-
mente particulares es todo lo que
se necesita en nuestros funciona-
rios pdiblicos; ya no s61o para con-
seguir que la raza indigena se civi-
lice, sino adn para guiar la nave de
la patria a! puerto de su felicidad.
Entre otras muchisimas cosas de-
be hacerse que el indigena vuelva
al seno de la sociedad de la que tan-
to tiemp ) ha vive separado; y el me-
dio mas fAcil para conseguirlo, con-
siste en el carifio y la fraternidad con
que debe ser tratado por las autori-
dades constituidas, cuyo ejemplo se-
guirAn los particulares, y fuera de
eso debe hacerse que el indigena
adquiera el trato social y los habi-
tos de los ladinos, a6n en el seno
mismo del Ejercito A que fAcilmen-
te puede ingresar; deben de multi-
plicarse las Escuelas y sobre todo
deben ser debidamente atendidas,
para que no sea ilusorio el deseo
de que todos los habitantes de la
Rephblica de seis a catorce aflos
reciban la instrucci6n primaria, lai-
ca, obligatoria y gratuita, fundan-
dose ademas y en particular para
los indigenas, Escuelas Normales de
ambos sexos, regenteadas por cuer-
pos de maestros competentes; y
ademas de lo expuesto, hay que
tender tambi6n A la equitativa di-
visidn territorial, constituyendo pa-
ra los pueblos de Centro-Am6rica,
la clave inica con la cual podrA lo-
grarse entire sus habitantes la igual-
dad de condiciones en cuanto 6sta
tiene relaci6n con el derecho.
Poniendose en prActica los me-
dios de que me he ocupado super-
ficialmente, llegara A obtenerse la
realizacidn de una idea magna, que
con tanta propiedad y maestria han
desarrcllado muchos de nuestros
estadistas centro americanos; pero
me permitireis aseguraros que res-
pecto de tan ardua empresa, es muy
aplicable el principio de que las teo-
rias son muy bellas, y es tan cierto,


que nuestros archives nacionales es-
tan Ilenos de escritos luminosisi-
mos respect de la civilizaci6n de
la raza indigena; pero falta que los
tiles consejos en que abundan se
observen y se practiquen por quien
6 quienes corresponda.

HE DICHO.



GLOSA.



SEnamorada y lAngui la hermosura
Romintica ilusi6n de los dolores,
Hay en tu blanca y celestial figure.
Una sublime eternidad de amores.

"Cuando levantas tu gentil cabeza,
Cuando inspirada tu semblante animals,
La beldad reverbera en tu tristeza,
Y el entusiasta corazdn lastimas."
FERNANDO VELARDE.

En los delirios que la mente crea
"Vaga tu imagen celestial y pura;"
Cual vagan entire nubei
Los querubes,
Sonriendo de alegria,
Asf vagas tambien en la alma mfa,
EEnamorada y Idnguida hermosura.

Cuando elevas al cielo tus plegarias,
Es tu voz el susurro de las flores
Mecidas al aliento
De ese vient,
Que corre en primavera,
Porque dres peregrina y hechicera,
Romintica ilusi6d de los dolores.

Tienen tus labios perfumados, castos,
Tierna expresidn de angelica ventura;
Y tienen tus miradas
Encantadas,
El nectar delicioso;
Y much de atractivo y deleitoso.
Hay en tu blanca y celestial figure.

En tu labio hay sonrisa de los cielos,
Y en tu voz el cantar de ruiseiores;
Amiga cariiiosa,
Bondadosa
Acoje mis canciones,
Ya que tienes del alma en las visions
Una sublime eternidad de amores.








i66 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


Un Universe de ilusi6n se siente
Al contemplar tn celestial belleza;
Tu I-irada de aurora
Seductora.
Ofreceme consuelo,
Que en tu mirada se retrata el cielo,
Cuando levantas tu gentil cabeza.

Si yo tuviera la armoniosa lira
Con que cantaba sus celestes rimas
El poeta sevillano,
Sobre human
Un cantar hechicero,
Talvez oyerns dilicido y sincere,
Cuando inspirada tu semblante animals.

Yo, cuando escucho tus palabras dulces
Llenas de amor y virginal terneza,
Comprendo cuan divina
Y peregrina
Es tu cara existencia;
Pues si sufres dolores 4 inclemencia.
La beldad reverbera en tu tristeza.

Si alguna vez suspiras y padeces,
Yo te ruego, mi amiga, que no jimas
Pues hondo sentimiento
Con tn acento
Imprimes por doquiera,
Y con tu risa dulee y hechioera
El entusiasta corazdn lastimas.

RAroN P. MOLINA.



BRIE ES STUDIOS

80BRE EL DESCUBRIMIENTO DE LA BRUJULA,



La humanidad de tiempo en
tiempo es sorprendida por brillan-
tes descubrimientos.
Esfuerzos de inteligencias supe-
riores, concepciones grandiosas,
pensamientos profundos A cuyo su-
premo empuje, se han despejado los
anchurosos horizontes del progress
modern.
Las revoluciones political que
cual tremeridos cataclismos estreme-
cen el Universo, son de menos tras-
cendencia que las revoluciones cien-
tfficas y sociales: en las unas son las
pasiones y los egoismos las que jue-


gan- el principal papel en la escena
de las sociedades: las otras se mue-
ven en las limpidas y serenas esferas
de la verdad y del bien y la huma-
nidad toda es llamada al esplendo-
roso banquet de sus beneficios.
Los grandes descubrimientos han
cambiado la faz del planet y han
impreso una march irresistible al
adelanto de las ciencias y las artes.
Ahora es inventada la imprenta y
el trono de las tradiciones cual un
carcomido trono se derrumba de su
pedestal y arrastra en su caida A in-
numerables r6moras y aparecen en
escena los audaces y grandes refor-
madores. La p6lvora da otro giro
A la tActica guerrera; la brdjula
marcando, por decir asi, el sendero
A los navegantes, prepare los gran-
des descubrimientos y alienta A los
intr6pidos marines.
Con el auxilio de la brdjula el
hombre ha recorrido todos los ma-
res y audaz como la inteligencia
que anida en su cerebro,' se lanza A
los hielos del mar polar Avido de
un pedazo de gloria.
Auxiliado de ella el genio inmor-
tal de Cristobal Col6n amilan6 al
siglo XV. Vasco de Gama despre-
ciahdo el "non plus ultra" de las
columns de Calpe y Avila se atre-
vi6 a doblar el cabo de Buena Es-
peranza y llegar A la India y al Ja-
p6n antes que nadie; con ella surca-
ron los mares y Ilagaron a Filipinas,
Magallanes y el Cano; con ella bri-
llaron Cook y la Perusse.
Los primeros habitantes del O-
riente habian observado desde los
mas remotos tiempos la singular
propiedad que posee el iman de
atraer el hierro y lo habian llama-
do "magnes" de Magnessia, ciudad
important de la antigua Lidia en
cuyas inmediaciones abundaban las
minas de esta sustancia, y de aqui
la palabra magnetismo.
Pero esta propiedad que tambien
hizo conocer los efectos de- la elec-
tricidad no es la sola que posee el







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 167


imAn; tambi6n une A la anterior la
de volver constantemente sus polos
uno al Norte y otro al Sur.
Esta cualidad, podemos decir asi,
parece haber sido desconocida de
Romanos y Griegos; pero es casi
seguro que no lo era para Chinos y
Ejipcios.
Varios escritores de la Edad Me-
dia pretenden que la brijula fu6
iniportada A Europa por Marco-Po-
lo en 1293 y se asegura que los chi-
nos y japoneses la conocian 100
afios antes de Cristo. Los escritos
chinos encontrados iltimamente en
la guerra de Tonkin por los france-
ses atribuyen la invenci6n de los ca-
rros magn6ticos que indicaban el
Sur A Thu-Khung contemporaneo
de la guerra de Troya.
Los Italianos reclaman, y con
mis fundamento, el honor y la glo-
ria del descubrimiento de la Br6ju-
la, que segin elios invent Flavio
Gioja, piloto de Pizzitano en las
inmediaciones de Amalfi y una
prueba irrecusable de que por lo
menos A trav6s de las oscuridades
que en algunos punto.- present la
historic es que el municipio de es-
ta iltima ciudad mand6 poner en
su escudo el precioso instrument
y orden6 que se esculpiera una es-
titua en honor de Gioja.
Los franceses quieren asi mismo
arrebatar A la ciudad italiana esa
gloria, porque en toda3 las brdju-
las europeas se nota una flor de Lis
que era el signo de los reyes de
de Francia; pero la flor de Lis no
se adopt como escarapela sino des-
puts de la segunda cruzada cuan-
do los caballeros que regresaban de
Palestina la traian en serial de su
piadosa expedici6n.
Si escudrinamos cuidadosamente
los escritos de Oriente, vemos que
ya era usada en el mar de las In-
dias. El sabio Arabe Bailak nos la
represent ya usada en 1242, como
un pez hueco de los que *irven de,
juguete A los nihos. "Los capitanes


que viajan en el mar Indo, dice,
tienen una especie de pez de hierro,
muy delgado, hueco y dispuesto de
tal modo que cuando se echa al
agua sobre nada en el liquid y de-
signa por su cabeza y su cola los
dos puntos Norte y Medio dia."
Tambien los Arabes la usaban en
1204 como asegura Jacobo de Vi-
try: "el iman material que se halla
en la India, atrae el hierro, con una
especie de virtud latente."
Pero en el caos de las investiga-
clones cientificas, en esta noche tres
veces tenebrosa del pasado qui6n
se atreve A afirmar la seguridad de
sus asertos? QQuien 6 quienes fue-
ron los inventories de ese -instru-
mento que guia A los navegantes?
Fueron acaso lcs Arabes 6 los Fe-
nicios los que se cifieron en su fren-
te ese lauro inmarcesible? No: los
Arabes, traductores del preceptor
de Alejandro, hallaron en sus obras
la virtud de la aguja magn6tica.
Es precise confesar con Montes-
quieu, que la costeada del Norte
de Africa por los Fenicios es una
fabula si no tenian la brdjula 6 por'
lo menos los rudimentos de ella.
CC6mo hubieran podido los Tirios,
navegantes audaces e intr6pidos,
buscar el oro de Ofir, el estafno de
Tul, el plomo de Laponte y Ilegar
hasta las columns de H1rcules?
Acaso no se atribuye la portento-
sa prosperidad de Tiro A la obra ex-
clusiva de sus sarcerdotes ) sabios?
En efecto Alicinoo, informa A
Ulises, que aquellas temidas naves
feaceas, eran conducidas y anima-
das por una "inteligencia" que les
permitia guiarse ain en medio de
las mas densas tinieblas.
Los sacerdotes Ejipcios tesoros
de ciencia, que ensefiaron a Mois6s
A fulminar rayos en el Sinai, que
conocian las ciencias fisicas y mecA-
nicas con cuyo auxilio elevaron las
piramides demostrando asi A las ge-
neraciones venideras el ppder de la
inteligencia en todas sus manifes-







I68 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


taciones, sabian orientarse en los
laberintos y subterrAneos, lo que
solo puede explicarse admitiendo
que usaran un instrument seme-
jante A la brdjula.
Talvez si las bArbaras hordas tur-
cas no hubieran quemado la gran
Biblioteca de Alejandria, hoy el sa-
bio, el hombre pensador y estudio-
so, tendria una fuente veridica de
donde extraer los mas precious da-
tos y resolver los problems de que
se ven privados hoy lo5 pueblos.
El mundo en su incesante traba-
jo por el progress no march, como
ha dicho Pelletan, vuela veloz, con
vertiginosa march; horada las ro-
cas, roba al oc6ano su secret ense-
fiando su fondo, atraviesa los bos-
ques dejando en su carrera la cau-
da. de humo de la silvante locomo-
tora; une los mares, aprisiona al ra-
yo, lo analiza, lo descompone y en
fin, rey absolute de la creaci6n
quien lo creyera? no se detiene
aquf: acerca los astros y los observa.
La Historia apesar de las visici-
tudes porque ha pasado, registra en
sus paginas nombres rodeados de
una aureola de gloria y ya que las
investigaciones no pueden ir mas
alla, nos sefiala ella desde que co-
mienza A hacerse cierta, A Gioja co-
mo el g6nio superior que adivinan-
do las futures necesidades de los
pueblo, fija en el palo mayor de un
bajel el misterioso pez de las vir-
tudes magicas.
F. Q. A.


LA CITA.



El cabello suelto al aire
Como vision misteriosa,
Al pie de un olmo esta inm6vil
Maria de Haro y Arjona.
La frente de nAcar, mistia,
Como el coral de su boca,


Y el triste pecho, agitado,
Como en borrascas las olas.
De sus megillas siiaves
Marchitas estan las rosas,
Las rosas donde copiaban
Sus tintas encantadoras,
Las placidas alboradas
De la primavera hermosa.
Su pensamiento abismado
En meditaciones hondas,
Se alimenta acaso iay triste!
De esperanzas engaflosas....
Qu6 es la ilusi6n? qu6 los suefos?
Luces inciertas, fosf6ricas;
Humo que el viento deshace,
Burbujas encantadoras,
Que mil cambiantes reflejan
Y en nada despu6s se tornan.
Despierta nifla, despierta,
Imprudente mariposa
Vuelve A tu prado, y no busques
La llama deslumbradora
Que convertird en pavesas
En deleznables escorias,
El tornasol de tus alas
De tus alas brilladoras.
MAs ah! que al cielo levanta
Su faz dulce y melanc61ica,
Busca un algo que no encuentra,
Suspira, tiembla, solloza,
Como lirio desmayado
Su frente hechicera dobla,
Y oculto el rostro en las manos
Murmura frases y lora.



La luna brilla en el cielo
Como funeral antorcha;
La brisa nocturna esc6rrese
Entre las espesas frondas,
Gimiendo asi coino gimen
Las Animas A deshoras,
Los espiritus en pena
Que en las noches silenciosas
Errantes cruzan el mundo
En pos del alma que adoran.
"Son las doce y adn no viene"
Murmura triste la hermosa,
Y es sutvez como el gemido
Lastimero de la alondra!
"Mis esperanzas mas dulces,







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 169


Mis ilusiones de rosa,
El viento las arrebata
Y el huracin las deshoja.
Tres veces al pie de este arbol
Testigo de mis zozobras
He llegado, y ay! ale he vuelto
Sin una esperanza sola.
Fernando del alma!.... ingrato!
Por qu6 a mi lado no tornas?
Por qu6 me dejas iay triste!
Desolada en mi congoja?"
Y dos ligrimas ardientes
Como calcinantes gotas,
Resbalan por sus megillas
En su palid6z hermosas!



Pobre nifia! Abandonada
A la merced de las ondas:
Siendo la nao tan frdgil
Sin remos, tim6n, ni lonas,
En medio de la tormenta
Qu6 hara Dios mfo, tan sola?
Oye, el grito de la errante
Y extraviada gaviota;
Oye el gemido tristisimo
De la medrosa paloma,
Huye tambien como 1llas
Que la borrasca esta pr6xima;
Dile adios! A tus ensuefios
Y esperanzas engafiosas,
Antes que tu navecilla
Se estrelle contra las rocas.



All en el confin del cielo
Los nublados se amontonan,
Como temerosa virgen
La Luna su faz emboza,
Y en tropel como fantasmas
Las nieblas caliginosas,
Van cubriendo el firmamento
Con sus alas tenebrosas.
Siente Maria su pecho
Latir con violencia, y Ilora....
Mira el cielo, y lo v6 oscuro
Como de su alma las sombras;
V6 la tierra, y la v6 negra
Como rl dolor que la engolfa.
De improvise enloquecida,


Descarriada la memorial,
Saca rdpida del cinto
De acero abrasante una hoja,
Y mientras descarga el cielo
La tempestad horrorosa,
Y relimpagos y rayos
En la tierra se desploman,
Se oye un grito moribundo
Que repercute en las sombras,
Un ay! 'lesgarrante, agudo,
Cual crugido de alma rota
Que el coraz6n extremece
Y hiela la sangre toda.



iQue noche aquella Dios mfoL
Como el Tartaro espantosa.
Cuintas esperanzas dulces
Sepultarian las sombras! ..



A la siguiente manana
Cuando de la tierna aurora
Rayaba en el horizonte
La luz de ndcar y rosa,
Al pid del Arbol, testigo
De sus intimas congojas,
Hallaron a la doncella
Baflada en su sangre toda.



Cuenta la antigua conseja
Y de aquel lugar la cr6nica,
Que junto al olmo maldito,
En las noches silenciosas,
El cabello suelto al aire
Como vision misteriosa,
Se ve una mujer-fantasma
Que entire las nieblas solloza
Que tiende al cielo, anhelante,
Su mirada melanc6lica,
Y al exhalar un gemido
Se desvanece en las sombras...


1888.


Daniel Huezo y Paredes.







170 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


MARIA....


I.

Echado perezosamente en una
rdstica hamaca, suspendida de las
robustas ramas de un corpulento
Arbol situado en el fondo del limpio
y espacioso patio de una pequefia
hacienda, leia yo en el destierro la
preciosa novela con que ha inmor-
talizado su nombre Jorge Isaac.
Ya antes la habfa leido por pri-
mera vez en esta capital; pero en-
tonces era yo feliz, estaba enamora-
do; y asi el efecto que me causara
su lectura, fu6 en estremo distinto
del que en mi produjo cuando im-
prudentemente me atrevi a volver-
la A leer.
Cuando bajo el influjo de mi pa-
si6n, con la frente apoyada en am-
bas manos y los brazos sobre mi es-
critorio, en las altas horas de la no-
che, recorria yo en silencio las sa-
brosas pAginas de aquel idilio de los
castos amores, con frecuencia habrfa
ofdo el que me hubiese estado ex-
piando de cerca, un ruido singular,
producido en el papel, y habria per-
cibido tambi6n la hiimeda mancha
que por moments se extendia en
forma circular sobre la pAgina en
que leia, y que jcosa rara! casi siem-
pre se formaba sobre una de las pa-
labras: amor, felicidad....
Aquel ruido seco, ligubre aun-
que poco perceptible y aquella
mancha que venfa A borrar 6 A os-
curecer una palabra, no eran mis
que el resultado de la silenciosa 1-
grima, que nacida en el fondo de
mi alma enamorada y despu6s de
oscilar en mi pArpado un instant,
se desprendia, ardiente y pura, co-
mo el fohdo de que brotaba para
evaporarse sobre la palabra: jamor!
No juzgueis, sin embargo, que esa
lIgrima me la arrancase la desgra-
cia, ioh! no.


Ya he dicho que era yo feliz, del
dnico modo que se puede serlo: es-
taba enamorado.
Nunca habeis llorado vosotros de
felicidad? iAh! que dulce es ese
llanto.
Lloraba yo asi, porque en el li-
bro de Isaac, encontraba A cada pa-
so algo que me hablaba al coraz6n,
much que me hacia pensar en mi
future felicidad.
Como Efraim, yo habia escucha-
do tambi6n, de los frescos y sonro-
sados labios de mi amada, dulces
promesas.
Como 6l A su Maria, la amaba yo
con ternura y castidad.
Mi Anico y mds ardiente deseo
consistia en verla pronto A mi lado
para siempre.
Cuando leia que el bellisimo ros-
tro de la hija de Salom6n, se colo-
reaba por el rubor, hablando con
Efraim de sus amores, recordaba yo
que tambien ella, mi bien amada,
me habia mostrado en sus mejillas
el tinte de la rosa, cuando alguna
vez pudimos hablar de nuestro
amor, porque entire nosotros, como
entire los amantes del Cauca, fue-
ron siempre las flores las mensaje-
ras de nuestras emociones. Una no-
che enferm6 su padre de gravedad:
ella y yo hicimos la velada A la ca-
becera del enfermo, sin cruzarnos
una sola palabra amorosa, hasta que
al despedirme por la manana, ella
puso en mis manos una linda rosa
entreabierta y salpicada a6n con
las gotas del rocio.
La novel de Isaac, como ha di-
cho uno de sus critics: es la nove-
la de Ud., es la novela mia, es la de
todos.
Nada extrano parecerA pues, que
en ella encontrase yo descritas con
maestria, escenas de mis propios
amores, situaciones de Animo que
yo solo crefa haber experimentado.
Muchos puntos de contact, mu-
cho de cdminn, me pareci6 hallar







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 171


entire los amores de Efraim y los
mios.
C6mo es, me preguntaba, cuan-
do notaba alguna semejanza entire
la narraci6n del libro y lo que por
mf habia pasado 6 estaba pasando,
c6mo es, que ha podido Isaac des-
cribir con tan bellisimos tintes lo
que solo yo he sentido, 1o que solo
ha pasado entire ella y yo, sin mas
testigos que las flores y Dios?
Indudablemerte, Isaac, se ha ins-
pirado en la fuente pura del verda-
dero y casto amor; y lo que yo he
sentido, debe tambi6n sentirlo todo
aquel que ame con pureza.
Una diferencia muy, notable en
contr6, sin embargo, entire Efraim y
yo, al terminal entire sollozos la lec-
tura del libro y verlo partir A 61 de
solado por la pampa....
El habia perdido para siempre 4
su Maria y se alejaba huyendo del
solitario sitio en que una sencilla
cruz de madera senfalaba el lecho en
que su amor dormfa eternamente.
Yo, por el contrario,, veia acer-
carse el moment de mi felicidad
supreme, aquel en que unido A ella
ante los hombres y Dios, ni el po-
der de la muerte podria arrebatarla
de mi lado.
iAh! lo confieso injenuamente:
entonces tuve lIstima de Efraim y
mereci6 mi compasi6n.
Y c6mo no? No habia 61 sido
desgraciado y yo iba A ser feliz... ?
El que habia amado con esa sen-
cillez del verdadero amor; 61 que
anhelante contaba los moments
para tornar A su pais, al lado de su
castisima Maria; 61 que sofiaba
constantemente con su imagen se-
ductora; 61 que no tenia otro pen-
samiento ni otra ambici6n que vol-
ver A la hacienda de sus padres pa-
ra no separarse mas de la mujer a
quien habia entregado toda su al-
ma, todo su coraz6n, todo su amor,
en un moment aciago lo habia
perdido todo, sin quedarle de aquel
Angel que volaba al cielo, mas que


las doradas hebras de sus cabellos,
como un iltimo recuerdo de la vir-
gen que moria amando; y yo, que
todo me sonreia, que todo me ha-
cia comprender que mi dicha esta-
ba cerca, que ni una ligera nube
manchaba el limpido cielo de mi
felicidad; yo que hasta entonces
ninguna inquietud, ning6n dolor
habia turbado mi Animo, c6mo no
habia de compadecerle?
Rompiendo el pacto que tacita-
mente habiamos aceptado desde el
instants en que nuestras almas se
sintieron heridas por el amor, esto
es: prescindiendo de las flores, que
tambi6n nos sirvieran en nuestra
vida de amantes, tan luego como
hube terminado mi lectura, la es-
cribi: "Te envio ese libro para que
lo leas. Las manchas que sobre sus
piginas encuentres, sun lAgrimas
que su lectura me ha arrancado.
Creo que A ti te las arrancarA tam-
bi6n.
"No te pese; somos tan felices
que necesitamos ll0rar para no mo-
rir por la enormidad de nuestra
dicha.
"Cuando lo hayas leido, quiero
que me digas si en 61 no encuen-
tras transcrita en gran parte nues-
tra amorosa historic.
"Para mi, td eres Maria hasta es
te instant; yo te he reconocido en
la descripci6n de esa virtuosa cria-
tura; solo que conffo en que llega-
ras A ser much mAs feliz que ella,
y yo menos desgraciado que Efraim.

"Tuyo."
II.

Los acontecimientos politicos ve-
rificados en el pais en 1885, lo con-
movieron todo.
A consecuencia de ellos, la fami-
lia de la que era para mi Maria, hu-
bo de trasladarse A fines de aquel
afo A uno de los Departamentos
Occidentales de la Repdblica.
Yo me veia obligado A permane-







172 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


cer por un aflo mAs aqui; A no ser
eso, la habria seguido en el instant.
Renuncio A la tarea de describir
la desgarradora escena de dolor que
tuvo lugar en una de las casas de
la 6. 1 Avenida Norte, la noche del
23 de diciembre, vispera de la par-
tida.
Cualquiera que haya amado con
verdadero amor, comprenderA fa-
cilmente hasta qu6 extreme el do-
lor y la desesperaci6n se apodera-
ron de nuestras almas.
"Yo ser6 para ti Maria; como ella
ser6 field y sabr6 esperarte," fueron
sus iltimas palabras, entire corta-
das por el Ilanto, al desprenderla
su madre de mi cuello.
Pr6ximamente han transcurrido
rueve meses desde aquella fecha
fatal, hasta en la que, por mi acen-
drado amor A la libertad, se me pre-
mia con el mis injusto y por lo tan-
to el mas honroso de los destierros.
Arrebatado de improvise de mi
patria, apenas tuve tiempo para de-
cirla Adios en una carta.
iSiempre he crefdo en la influen-
cia del destino y dudado de la jus-
ticia de los hombres!
Como recompensa de mis desin-
teresados trabajos en favor de la
buena causa, que se juzgaba perdi-
da, se me conden6 al ostracismo.
El 14 de setiembre de 1886, es el
primer eslab6n de la interminable
cadena de mis infortunios, rema-
chado en nombre de la ley.
Desde ese dia toman absolute po-
sesi6n de mi cerebro dos ideas: mi
patria y mi amor.
Todo lo que no sea ellas, esta
fuera de mi.
No pudiendo por much tiempo
resistir A la poderosa influencia que
sobre mi espiritu ejercian y de la
cual tambidn se resentia la material,
la fiebre no se hizo esperar dema-
siado, y yo por un sarcasmo, de la
suerte, delir6 en el destierro con la
felicidad de mi patriay con la mia.


La tarde en que bajo la sombra
del corpulento drbol situado en el
patio de una pequefla hacienda,
terminaba por segunda vez la lec-
tura de Maria, era la del sesto dia
de mi convalecencia.
El doliente mujido de las vacas,
respondiendo A los tiernos y amo-
rosos validos de sus hijuelos, el po-
tente rebramar del toro, los ecos
melanc6licos de la vocina del pas-
tor liamando el ganado a su redil,
el relinchar de los caballos, la alga-
zara de las aves de corral, todo, ab-
solutamente todo, hasta el triste
canto de los trabajadores que vol-
vian del campo con los instrumen-
t. s de labranza al hombro, contri-
buia A dar A mi espiritu, abatido por
la desgracia, un acentuado tinte de
melanc6lica tristeza.
Lo que con harta justicia no ha
querido hacer Gutierrez NAjera, im-
prudentemente lo hice yo: leer Ma-
ria por segunda vez.
iY en qu6 circunstancias, Dios
mio!
Destcrrado, enfermo, casi en la
miseria, sin mas amparo que el ca-
rifloso afecto de mis pobres compa-
fieros de infortunio.
Gutierrez NAjera, no ha querido
tomar la mariposa entire sus dedos,
por temor de que en ellos se queda-
se el polvo de oro de sus alas; al
tomarla yo torpemente entire los
mios, no solo la he despojado de
ese dorado polvo, sino que la he
arrancado las alas, convirti6ndola
en gusano.
iAh Maria! iMaria! Virtuosa y
casta Maria, cuanto hubiese dado
por no volverte A ver mAs, y asi po-
der gozar siempre con el dulce re-
cuerdo de las gratas emociones de
que disfrut6 mi alma en los felices
dias que te conoci.
;No me perdonar6 jamAs mi falta!
El que sobre ti verti6 dulces li-
grimas de felicidad, salpicando con
ellas las paginas de un libro, no
puede ya verterlas hoy, porque el







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 173


infortunio sec6 la fuente de aquel
Ilanto.
Las que en este instant ruedan
por mi amarillenta mejilla y van A
humedecer mis labios tostados por
los rayos de otro sol, no son como
aquellas, son hijas de un alma ado-
lorida, y estdn impregnadas de
amargura.
Ellas no caen ya sobre un libro,
sino sobre un coraz6n despedazado.
Asi pensaba yo, cuando por un
acto espontaneo del alma hube
comparado la situaci6n en que me
hallaba, con aquella en que habia
leido Maria por primera vez.
Si entonces compadeci a Efraim
por su desgracia, en esos momen-
tos, en que era tan desgraciado co-
mo el, me compadecia a mi mismo.
Sin embargo, a6n me quedaba la
esperanza de volver alg6n dia a mi
pais, y unirme A mi amada para
siempre.
III.

No vuela tan alegre hacia su nido
la inocente torcaz que consigue es-
capar de la red en que habia cafdo
prisionera, como corre el proscrito
hacia su patria el dia que las puer-
tas de ella se le abren.
*Solo el nAufrago infeliz que ha
conseguido adherirse A la tabla que
le proporciona salvaci6n segura, po-
dra gozar tanto como 6l.
Lo que en su alma pasa, el dia
que adquiere la seguridad de volver
A su pais, si en el destierro, A mis
de la nostalgia, ha padecido la en-
fermedad de amor, solo puede sa-
berlo quien haya experimentado
las fuertes sacudidas de esas emo-
ciones.
El sol fecundo de la libertad vol-
vi6 a iluminar de nuevo el hermoso
cielo de mi patria, oscurecido por
algin tiempo, y entonces pude yo
tornar a ella A respirar sus perfu-
madas auras.
jEn qu6 podia pensar, sino en el


ser A quien habia ccnsagrado mi
amor, mi porvenir, mi vida toda?
iCuAl otra podia ser mi aspira.
ci6n, sino volver a ver A aquel an-
gel, estrecharle fuertemente contra
el pecho, sellar sus labios con un
beso prolongado y dejar que nues-
tros corazones se contasen mutua-
mente, en unisonas palpitaciones,
sus penas, sus acerbos dolores?
Obedeciendo, pues, A ese natural
impulse del amor, corri ciego, loco
hacia la poblaci6n de.... donde vi-
via con su familiar, no sin partici-
parle antes por tel6grafo mi Ilegada.
Las veintiocho leguas que me-
dian de la frontera occidental de la
Repdblica A aquella poblaci6n, me
parecian interminables.
La noche que, por necesidad hu-
be de pasar en el camino, noche
que jams olvidar6, ha sido acaso
la mts alegre de mi vida!
Pensando en ella solamente, con
templando tan pr6xima mi suspira-
da felicidad, recordando toda la do-
lorosa senda recorrida para llegar A
poseerla, pas6 las primeras horas
sin poder conciliarme con el suefio.
Por fin 6ste descendi6 hacia mi,
para hac6rmela ver radiante de
hermosura. Su rostro pAlido, con la
suave palidez de la mosqueta, sus
grandes ojos negros, como el aza-
bache, lanzando efluvios de felici-
dad al despegarse aquellas enormes
pestafias vueltas, agitado el pecho
por la respiraci6n dificil, su eburnea
y diminuta mano convulsa entire la
mia, la vi como baflada por un di-
vino rayo de luz, jurarme su amor
eterno en presencia del venerable
sacerdote; y luego, disolvi6ndose
lentamente, como las brumas de la
mafiana, al calor de los primeros ra-
yos del sol naciente, desapareci6
ante mis ojos, como una vision en-
cantadora. Vi hacia mis pies, y alli
encontr6 un libro....
Sobresaltado despert6'y me dis-
puse A proseguir mi camino. Un
cuarto de legua me faltaba para dar







174 EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


t6rmino A mi viaje de veinticuatro
horas, cuando A alguna distancia
percibi un ginete que caminaba en
direcci6n contraria de la que yo
traia.
De pronto no fij6 mi atenci6n en
tl, pareci6ndome desconocido; pe-
ro A media que avanzAbamos los
dos, pude reconocer a Pablo, el uni-
co hermano de mi prometida.
ApeAmonos precipitadamente y
nos confundimos en un abrazo.
La emoci6n nos imponfa silencio;
pero yo o1 rompi dirigi6ndole la
,mAs natural de las preguntas en si-
tuaciones senrejantes: le pregunt6
por ella y por sus padres.
Su respuesta fu6 evasiva, pero
pas6 sin que yo lo notara, por efecto
de la emoci6n que me dominaba.
En conversaciones indiferentes
al motivo de mi viaje, empleamos
el tiempo necesario para recorrer la
distancia que adn me separaba de
mi Angel, A quien volvia A ver d des-
pecho de la suerte, que por tanto
tiempo se habia obstinado en ne-
garme tan inefable dicha.
Todas mis facultades sujetas A
ese pensamiento, me lo presenta-
ban envuelto en los resplandores
de la felicidad, siempre bello y her-
moso.
En esos moments, como atraido
por una fuerza superior, vino A mi
memorial el recuerdo de Efraim,
huyendo en virtiginosa carrera por
la pampa.
Como un sacudimiento elCctrico
senti sobre todos mis miembros, y
compadeciendo nuevamente al des-
graciado amante de Maria, se eva-
por6 en seguida su recuerdo al rui-
do que en el empedrado de la calle
por donde entrabamos ya a la po-
blaci6n, producian las herraduras
de nuestros caballos.
Quise irme A hospedar en un ho-
tel, pero Pablo me lo impidi6, obli-
gAndome a aceptar su generosa hos-
pitalidad.
Al Ilegar a la casa, estrafie no ver


en los balcones A ninguno de los
miembros de la familiar; pero no tu-
ve tiempo de rcflexionar en ello,
porque, en pos de Pablo, habia pe-
netrado ya en el interior del patio
y me desmontaba precipitadamen-
te para volar en busca de mi amor.
El bondadoso anciano, padre de
aquel Angel, fu6 el primero en salir
A recibirme con los ojos nublados:
por el llanto y con los brazos exten-
didos hacia mi. En ellos me arroj6
violentamente; y como si presintie-
se una desgracia, tuve miedo de
hablar.
A6n me hallaba comprimido por
los brazos del anciano, cuando lle-
g6 A herir mis oidos un grito des-
garrador, que fu6 secundado por
aqu6l, en el instant mismo en que
una tercera persona venfa A au-
mentar el triste cuadro que formA-
bamos: era la madre, que en su de-
sesperacidn supreme, no habia po-
dido contenerse y corria dar-
me la infausta nueva.... ieila habia
muerto!
iOh vosotros, los que teniendo el
poder en vuestras manos para la-
brar la felicidad de la patria, lo
empleais en perseguir A la inocen-
cia! De cuAnto sois responsables
ante la historic de los pueblos y la
conciencia de los hombres?

IV.

Hdmedo ain el trabajo bruto, y
h6meda tambidn la tierra que en su
derredor habia removida, veiase a
la izquierda y en el t6rmino de la
iltima calle oriental del cemente-
rio, un humilde sepulcro de formal
cuadrangular, dando la testera, ha-
cia esa calle y en direcci6n al oca-
so, de done el sol agonizante le
enviaba sis iltimos resplandores.
En ella se encontraban trasadas tos-
camente por inesperta mano estas
iniciales: C. V., y la fecha fatal: Ju-
nio 18....







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO. 175


Allf sobre esas dos letras, en que
se condensa toda mi pasi6n, que
encierran para mi un poema de
amor, coloqu6 en uni6n de Pablo,
una sencilla corona de siempre vi-
vas y violetas bafiadas por llanto,
y me alej6 de aquel lugar, quizA
para no volver jamAs.
Entre los pocos libros que cons
tituian la biblioteca de aquella al-
ma pura, encontr6 A "Maria."
En sus pAginas amarillcntas, se
leen algunas anotaciones margina-
les escritas con lipiz, que revelan
la esquisita sensibilidad, la pasi6n
vehemente del alma de quien la es-
cribiera: estAn de su letra, y ellas
expresan claramente todo el dolor
de aquella mArtir, toda la amargu-
ra de aquel coraz6n despedazado,
por los sufrimientos mAs acerbos.
Desde mi salida del pais, segiin
la relaci6n hecha por su madre, fu6
lentamente consumi6ndose; y cuan-
do los espiritus mal intencionados
hicieron circular la voz, de que en
el destierro habia rendido A la
muerte mi tribute, ella enferm6
gravemente.
Postrada en el lecho del dolor pi-
di6 A "Maria" para volverla A leer,
lo que le fu6 concedido por una
condescendencia del amor filial.
Ese libro yo lo recogi y es mi
compafiero inseparable, lo llevo A
donde voy, porque necesito de 61,
porque sin 61, no s6 lo que seria de
mi; pero no me atrevo A leerlo, ni
lo leer6 mas; solo cuando me halle
apercibido para volar en busca del
centro de mi ser, pedir6 A mi hijo
que A mi cabecera lo lea.


Guatemala, 1888.


ERASMO.


Archive Nacional de Ciencias y Letras.


REFLEXIONES

A LOS LIBROS DE ELOCUENCIA
POR

FRAY MATIAS CORDOVA.



III.

DEL ORADOR.

Se ha dicho que la opinion del
Orador tambi6n contribute para la
graduaci6n de los bienes y males,
resta decir como se deba manejar
en este punto.
La dignidad, el interns y la ins-
trucci6n nos hacen former buen con-
cepto de quien nos intenta persuadir.
La dignidad consist en no tener
manifesto defecto, ni en la condicidn,
ni en la conduct. El vulgo atiende
con gusto A un noble y se desdefia
de sujetar su voluntad A un esclavo:
se mueve con menos razones por
un hombre que manifieste educa-
ci6n fina, que no por otro que se
muestre grosero: mas bien por el
just, que por el trasgresor de la ley.
For inter's se entiende, tanto el
valor por la causa, como el deseo de
la utilidad de los oyentes. Es de tan-
to valor esta prenda, que hizo dul-
ce a los atenienses la acrimonia del
celebre Demostenes.
La instruccidn consist en elpleno
conociminnto de la causa. Esto ad-
vertird el auditorio al oir las co-
nexiones con lo 6til, las que no ma-
nifestaria el Orador, si A costa de
una meditaci6n tenaz, no se hubie-
ra puesto en estado de saber sobre
el asunto mAs que los que le escu-
chan.
Puesta la buena fl, escusamos el
trabajo de examiner la realidad de







EL ATENEO CENTRO-AMERICANO.


las conexiones, y las admitimos sin
recelo. Aunque el temor de ser en-
gafiados hace al principio trabajar
al entendimiento; despu6s 61 infie-
re por costumbre, si este trabajo es
6 no indtil, y excesivo.
Reside en el hombre cierta facul-
tad de salir de si mismo, ponerse
en lugar del auditorio, vestirse de
sus circunstancias, y notar el efec-
to que, en tal caso harian sus pala-
bras.
Lldmese d esta facultad circuns-
peccidn. Cdnones.
I. Sugidrase por costumbre la
buena opinidn.
2. 9 Sea el orador en todo circuns-
pecto.
IV.

DEL IN Y GENEROUS DE LA

RETORICA.

Elfin de la Retdrica es la accidn
interior, d exterior. Absolver a Ros-
cio, condenar A Utres, son acciones
exteriores. Admirar los romanos
la clemencia de CUsar, 6 6ste com-
placerse, son acciones interiores,
Generos 11aman vulgarmente los
Ret6ricos a la material en que se
ejercita esta facultad y se distin-
guen principalmente por sus fines.
Los g6neros son tres Desmostra-
tivo, Deliberativo y judicial.
El Demostrativo. que tambi6n se
llama Exornatfvo, tiene por fin ma-
nifestar la estimaci6n. Mueve las
pasiones ya de amor, 6 de gozo, ya
de odio 6 de tristeza (I).
El Deliberativo trata lo dtil, 6 no-
civo de la acci6n future, para em-

(1). Panegirico es un nombre puesto &i aI
oraci6n, no por la material de que trata, sino
por el lugar en que se dice. El Epitalamio
es alabanrza de los desposorios, como Gene-
fliaco en el cumpleafios. Eucaristia es lo
mismo que acci6n de gracias. Epinicio ce-
lebridad de un suceso feliz; y lo contrario
es la Nenia. El Epicedio vale lo mismo que
oraci6n finebre. Istiricon la bienvenida 6
parabidn de un Prfncipe.


prehenderla, 6 no. Excita las pa-
siones de esperanza, 6 temor:
El Judicial trata de lo just, 6
injusto de la acci6n pasada, para
que se condene, 6 absuelva. Mueve
las pasiones de odio, 6 misericordia.
En los buenos ejemplares se ad-
vertirA que aunque se mueven otras
pasiones, las referidas son las prin-
cipales en cada g6nero.

V.

DEL INSTRUMENT.

La naturaleza di6 al hombre la
facultad de hablar, para que mani-
fieste A sus semejantes lo que pasa
en su alma, y se interesen en sus
deseos.
La compasidn, sin embargo de
que con este nombre se significa la
misericordia, mAs bien es una fa-
cultad del alma con la cual perci-
biendo el estado feliz, 6 infeliz, se
figure en la misma situaci6n rie con
los alegres, llora con los infelices
tiembla en compafiia de los cobar-
des, arrostra los peligros al lado de
los animosos.
No esta pues reducida a la mi-
sericordia solamente; causa pasio-
nes distintas seg6n objetos diferen-
tes, y produce los efectos que los
intereses propios. La idea halagfiefia
6 desagradable sugerida, ya por el
aspect del objeto, ya por la na-
rraci6n y descripci6n de las pala-
bras, nos hace por participaci6n fe-
lices 6 infelices y nos empefia el in-
ter6s a retenerla, 6 rechazarla.
Se infiere de lo dicho, que se co-
munica en cierto modo el estado del
alma que se mamfiesta por las pala-
bras, con proporcidn al oyente. El
autor de la naturaleza nada hizo in-
itil y esto bastaria para la eviden-
cia de esta verdad, ain cuando la
experiencia no la contestara.


(Continuard.)


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