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Title: Sobre las relaciones de amistad entre Julio Herrera y Reissig y Horacio Quiroga
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 Material Information
Title: Sobre las relaciones de amistad entre Julio Herrera y Reissig y Horacio Quiroga
Physical Description: 15 p. : ; 24 cm.
Language: Spanish
Creator: Pereira Rodríguez, José, 1893-
Publisher: <s.n.>
Place of Publication: Montevideo Uruguay
Publication Date: 1959
 Subjects
Genre: bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )
 Notes
Bibliography: Includes bibliographical references.
Statement of Responsibility: José Pereira Rodríguez.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00025518
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 001133453
oclc - 20879490
notis - AFN0825

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JOSE PEREIRA RODRIGUEZ


Sobre las relaciones


- entire


de amistad


Julio Herrera y Reissig y

Horacio Quiroga












MONTEVIDEO
URUGUAY
1959










WITHDRAWN


SOBRE LAS RELACIONES DE AMISTAD ENTIRE
JULIO HERRERA Y REISSIG Y
HORACIO QUIROGA

jSoy quizas un morboso? Yo no sa lo que soy, ni que serb
de mi arcilla fosf6rica y sonambula, errante por un empedrado de
trivialismo de provincia, rendida de soportar la necedad impla.
cable de este ambiente desoladorl
JULIO HERRERA Y REISSIG
cEpilogo wagneriano a La political de fusion'.
I

La casi totalidad de quienes aluden a las relaciones de amistad
que existieron entire Julio Herrera y Reissig y Horacio Quiroga,
coinciden en asegurar que fueron . Discrepo con tal
creencia. Me propongo dar razones para fundamental mi discrepan-
cia. El tema no es baladi; ni puede permanecerse ante 61, indife-
rente. Desaparecidos ambos escritores, aut6nticos valores de nuestra
literature, y pr6ximo el cincuentenario de la muerte de Julio He-
rrera y Reissig, bien cabe emprender la investigaci6n indispensa-
ble. Las comprobaciones que puedan ser logradas, ayudarin a com-
prender ciertas actitudes -no reciprocas, ni id6nticas-, que hasta
hoy no tenian explicaci6n satisfactoria. Amicus Plato, sed magis amica
veritas.
Hay que empezar por recorder c6mo se <, reciproca-
mente, Quiroga y Herrera y Reissig. Es much mAs que una simple
casualidad, el hecho de que haya ocurrido este silencio entire dos
escritores coetineos, si se piensa que ambos fueron, simultinea y pa-
ralelamente, jefes de capillas literarias, en cierto modo revoluciona-
rias, integradas, en algunos moments, por los mismos ac6litos.
En el quincenario --iniciado y dirigido por Julio
Herrera y Reissig, que apareci6 en Montevideo, el 20 de agosto de
1899 y que se public hasta el 10 de julio de 1900-, no se menciona
el nombre de Horacio Quiroga en ninguna de sus piginas. Es curioso
recorder que al poner t6rmino al tomo I de , se hace
notar que esti formado por 288 piginas, < primeros literatos del pais y muchos extranjeros de primera catego-
ria... La segunda revista literaria que public Herrera y Reissig
-La Nueva AtlAntida>, de la que aparecen s6lo dos nimeros, en
mayo y en junio de 1907- tampoco menciona a Horacio Quiroga
-que ya se encontraba radicado en Buenos Aires-, ni en los avisos


*










de colaboraciones que se publicarian en nimeros que no aparecie-
ron... (1)
De igual modo, en dirige y edita en su ciudad natal, desde el 11 de setiembre de 1899
hasta el 4 de febrero de 1900- (cot6jense las fechas de aparici6n y
cese con las de cLa Revista>)-, no hay referencia alguna al nombre
de Julio Herrera y Reissig -(cot6jense, tambi6n, la coincidencia de
los titulos de las publicaciones: y ...).
< de Horacio Quiroga>-, una localidad en determinada _poca, encierra otro de mayor tras-
cendencia hist6rica, que consiste en haber sido la primera publica-
cidn de la Repdblica en que hallaron cobijo las nuevas formulas
esteticas>>.
Llama la atenci6n que ambasrevistas, que agrupaban nficleos
juveniles entusiastas de las modernas corrientes literarias de la 6poca,
comenzaran y se extinguieran casi simultineamente. Tales hechos
y tales coincidencias no pueden haber pasado inadvertidos para sus
directors y ello hace inexplicable tales silencios.
Pocos meses despu6s de desaparecidas y del Salto>, se traslada a Montevideo Horacio Quiroga y, a las pocas
semanas, funcionan, simultineamente, la Torre de los Panoramas (2)
-en donde oficia de pontifice Herrera y Reissig-, y el Consistorio
del Gay Saber (s) -que tiene por gran sacerdote a Horacio Qui-
roga...- Diplomiticamente, digimoslo asi, Quiroga y Herrera y
Reissig se intercambian visits, que prepare un amigo comfin, el sal-
tefio C6sar Miranda, literariamente, Pablo de Grecia>.

(1) PEREIRA RODRIGUEZ, Jos6. De 3 a oLa Nueva Atlan-
tida,, Nzfmero, enero-junio, Montevideo, 1950; cLas revistas literarias de Julio
Herrera y Reissig; I. cA prop6sito del cincuentenario de la publicaci6n de cLa
Revista>, REVISTA NACIONAL, N9 132; II. eEl Segundo Tomo de cLa Revistas,
REVISTA NATIONAL, N9 143; III. t NAL, N9 161.
(2) , la famosa torre que la imaginaci6n de
unos cuantos sofiadores erigiera pokticamente, es una bella impostura. Pero no
por eso dej6 de ser una realidad para todos. Aquella torre era simplemente un
altillo, casi decrepito que apenas surgia del nivel de las azoteas, sus paredes ta-
pizadas de estampas y fotografias, mostraban a la larga, el gusto y la pobreza de
los familiares>. CESAR MIRANDA, cHerrera y Reissigp, Tipografia tArtigas:,
Salto, 1913.
(3) ...el tal cConsistorio>, al que luego la historic acogeria otorgindole
cierta dignidad en el desarrollo de las letras uruguayas, fue s61o una especie de
cantina psiquica, en la que un grupo de j6venes se embriagaba noche a noche,
entregindose por puro afin de risa a contrapuntos sui generis, v a fabricar en
colaboraci6n mosaicos y retablos liricos furiosamente extravagantes.a DELGADO
y BRIGNOLE, 4Vida y obra de Horacio Quiroga>, Claudio Garcia y Cia., Mon.
tevideo, 1939.


4 *










Entre el grupo que integraban los saltefios del Consistorio del
Gay Saber y los que concurrian a la Torre de los Panoramas exis-
tieron -segfin los mencionados Delgado y Brignole- muy cordiales>... Aiios despu6s de desaparecidos ambos cenfculos y
fallecido Julio Herrera y Reissig, se replantea el pleito literario He-
rrera y Reissig Lugones y Horacio Quiroga tercia en 61 para sumi-
nistrar valiosos datos informativos, y evocar algunos recuerdos per-
sonales. Entre 6stos, son oportunos los que muestran a Quiroga, en
su espontAnea confesi6n, como un amigo leal de Herrera y Reissig.
Escribe Quiroga: < Herrera y Reissig. Nos veiamos entonces con gran frecuencia, en su
casa, que no era todavia la Torre de los Panoramas, o en la mia,
que era s61o una pieza. En una u otra leiamos mutuamente nuestros
versos, con tanto mayor entusiasmo cuanto que en aquellos dias -a
mediados de 1900- ambos creiamos poseer tambi6n una sensibili-
dad nueva, totalmente extrafia al medio ambiente>'. Y dejindose lle-
var por la vivencia evocative, continia diciendo Quiroga: < recuerdos reviven ahora en mi la memorial de aquel gran muchacho,
que ya los afios desvanecian. No aprendiamos novedad literaria que
no fuera yo a comunicarsela a 61, mientras tomibamos mate, o acu-
diendo 61 a casa, donde tocaba en la guitarra una melodia de Vieux-
temps, cantAndola con voz mala y llena de calor>. hombre mis exagerado para el elogio, ni mis parco para la diatriba.
De los versos que no le agradaban decia s6lo removiendo los dedos:
cMusiquitas... versitos...>. De las personas que amaba, decia, in-
variablemente, que tenian un talent mis grande que la Iglesia Ma-
triz. A un chico tan modesto como asustado le vi sacudirle del hombro
una y diez veces, mientras le aseguraba a gritos que el genio no le
cabia dentro de la cabeza> .Quiroga terminal su articulo con cierta
tristeza nostalgica: de todo, mis breve y literaria de lo que ambos hubi6ramos creido>;
y para confirmarlo, recuerda que al retornar a Montevideo, luego de
pocos afios de ausencia, volvi6 a encontrarse con Herrera y Reissig
y dice, con su acostumbrada y cabal sinceridad: entendiamos. Nuestro modo de sentir en arte habia variado. Faltos
de este lazo, nuestro afecto, tan sensible al evocarlo en este moment,
no lo hallamos mis al vernoe frente a frente>. (4)
Vicente A. Salaverri, en un expresivo ensayo publicado en Dia> de Montevideo, el 19 de diciembre de 1954, -<-A los ochenta
afios de su nacimiento: el Herrera y Reissig de la Torre de los Pa-
noramas>>-, coincide con Quiroga en recorder el hibito de Herrera
y Reissig de exagerar los elogios: (4) QUIROGA, Horacio. El caso Lugones-Herrera y Reissig>. En CEl Ho-
gar, del 17 de julio. Buenos Aires, 1925.











encontraba admirables>, igualmente exagerado>; pero disiente con Quiroga en cuanto a la
parquedad de Herrera y Reissig para la diatriba: go, con los tres o cuatro intimos, se manifestaba como un implacable
demoledor>. Las cartas manuscritas que he tenido en mis manos,
confirman esta afirmaci6n.

II

Desde la redacci6n de , instalada en la antigua calle
Cimaras N9 96 -hoy Juan Carlos G6mez-, Julio Herrera y Reissig
entretenia pus ocios y completaba su labor literaria manteniendo co-
piosa correspondencia epistolar. Entre sus correspondientes predilec-
tos figuraba Edmundo Montagne, escritor uruguayo, injustamente ol-
vidado, que naci6 el 15 de julio de 1880 en Montevideo y que falleci6
en Buenos Aires, el 24 de abril de 1941. El intercambio epistolar
producido entire Montagne y Herrera y Reissig constitute un docu-
mento human invalorable para penetrar en el mundo psicol6gico
de Herrera y Reissig. Don Leopoldo Durin, destacado escritor argen-
tino y bi6grafo y albacea literario de Montagne, me ha permitido
explorer el misterioso tesoro de cartas in6ditas de Julio Herrera y
Reissig que, en parte, voy a utilizar para documentary el present en-
sayo. Esta correspondencia desconocida hasta hoy, guardada celosa-
mente por Durin y que conozco hace varies afios, abarca un trienio
y coincide con el period creacional de Herrera y Reissig mas intere-
sante. He dicho en otros studios (5) que el poeta de de piedra> inicia entire 1901-1903, la renovaci6n total y radical de
su producci6n po6tica. Deja de ser el romantic6n del martine> (Montevideo, 1898), y transformado por genial impact,
comienza sus sonetos de Los maitines de la noche>. El propio He-
rrera y Reissig confirm tales hechos en la autobiografia que entreg6
a Juan Jos6 de Soiza Reilly y que 6ste public en
de Buenos Aires, el 4 de marzo de 1918. En ella puede leerse lo si-
guiente: que si esta vivo
Lamartine, no soy yo quien cuenta tal fechoria... Pero, i qu6 cosa
infame!, eso fue precisamente, lo que me di6 fama de gran poeta -

(5) PEREIRA RODRIGUEZ, Jose. bona, Imprenta Margall, Salto, 1914; cLa poesia de Leopoldo Lugones>, Naci6n,, Buenos Aires, 8 de octubre de 1922; cEl caso Lugones-Herrera y Reissigp,
gRepertorio Americanos, San Jos6 de Costa Rica, setiembre de 1925, Tomo XI,
N9 1; Los sonetos de Herrera y Reissigs, OLa Cruz del Sur, Afio V, N9 28,
Montevideo, 1930; cInfluencia de Lugones en la transformaci6n lirica de Herre.
ra y Reissig,, gones-Herrera y Reissigs, cNosotros>, Nfimero de Homenaje a Lugones, Tomo
VII, Afio III, Buenos Aires, 1938.


6










y nadie, allA por 1898, me dispute el rango de primer vate entire los
de mi generaci6n...>. Y agrega con inacostumbrada sinceridad:
cLuego hice un par6ntesis de silencio'y de studio, conociendo que
era un birbaro y que nada habia hecho de literario hasta la fecha...
Y a fe que procedi cuerdamente...>. (6)
En el comienzo del intercambio epistolar entire Herrera y Reissig
y Montagne ocurre un hecho que vale la pena sefialar: Edmundo
Montagne acababa de publicar, a fines de 1900, un librito de versos,
que, segfin Leopoldo Durin, originaron los ata-
ques de la critical ajustada a la ret6rica clisica>. Era, a su modo, la
obrilla, un timido ensayo de simbolismo lirico que habia hecho po-
sible el mecenazgo comprensivo de Tomis Allende Iragorri. La pre-
sencia de Dario y de Lugones en Buenos Aires, ya estaba ejerciendo
su poderosa influencia. Herrera y Reissig, aprovech6 la aparici6n de
sFrases ritmicas> para dirigir a Montagne una carta-critica con la
que se ponia de parte del joven innovador. Pero, no bien enviada
la carta, Herrera y Reissig, cauteloso, decide escribir,, de nuevo, a
Montagne -el 13 de febrero de 1901-, para pedirle que suspend
la publicaci6n de la referida carta:
<19 porque es absolutamente confidencial y en ella trato con
demasiada rudeza a los imb6ciles literarios de este pais trivial,
lo que se podria traducir por envidia o despecho de mi part
-lo que seria para mi un suicidio- lo que me costaria un
escindalo media docena de duelos en los que yo mataria a
mis de un zonzo, y me haria odiar much mis del resto de los
zonzos, quienes me acusarian de anti-patriota, egoista, camo-
rrero, rabioso, etc.....
Y 29 porque quiere tmodificar dicha carta en el sentido litera-
rio. Le urge de este modo la devoluci6n: inmediatamente me envie la carta en cuesti6n, por el correo de ma-
iiana si le es possible > Es indudable que Montagne devolvi6 esa
carta que, a juzgar por el testimonio del propio Herrera y Reissig
era impublicable. La verdad es que este de escribir y de pro-
ceder a la devoluci6n de la carta enviada, no era finicamente practi-
cado por Herrera y Reissig. En carta, sin fecha, de este mismo epis-
tolario, Herrera y Reissig comienza dici6ndole a Montagne: vul6vole la carta malhumorada que Ud. destina a mi pobre plagiario

(6) SOIZA REILLY, Juan Josi. pulars, Afio 1, N9 18, 4 de marzo de 1918, Buenos Aires. Al articulo del escritor
sanducero acompafia el texto de Herrera y Reissig, que Aste titul6 Razones lite.
rarias> y que es una autobiografia en la que el poeta dice, entire otras cosas: Mi
gloria mayor consiste en haber revelado a Montevideo los refinamientos literarios
de Paris en critics magistrales, a la vez que cultivando el nuevo g6nero en bue.
nas poesias, que me dieron pronto la fama de un gran poeta modern del bulevar
encajado en pleno campamento charria>...


* 7











Juan Pic6n. La yunta industrial (referiase a Juan Pic6n Olaondo
y a Francisco Vallarino) no -merece que nuestros augustos talents
se ocupen de sus maniobras burguesas>. Este calacranismo literario>,
desgraciadamente, tuvo y tiene numerosos cultivadores. Hace poco
tiempo, Eduardo de Salterain y Herrera nos leia una carta in6dita
de Salvador Rueda en que, a prop6sito de cierta prioridad cronol6-
gica en la a'ctividad po6tica de Ruben Dario y el propio Rueda,
6ste acotaba que el hablar mal unos de otros, es practice frecuente
* de los literatos y... ain de los que no escriben...
La segunda carta remitida a Montagne por Herrera y Reissig -
que, en realidad, seria la tercera de las que le envi6, pues ya queda
expuesto por qu6 no figure en este acopio epistolar-, no luce fecha;
pero, presumiblemente, debi6 coincidir con la aparici6n de cifes de coral> de Horacio Quiroga que sste dedic6 a Leopoldo Lu-
gones y que, segoin un critic argentino, es simbolistas que aparece en tierra uruguaya>. (7) El envio del libro
va acompaiiado de esta carta explicativa en la que Herrera y Reissig
presentt> y a Quiroga, de modo poco complaciente que no
revela, por cierto, esa que se dijera existia
entire ambos:
< que es algo pedantuelo, . Horacio Qui-
roga, que'como Ud. sabri me visit a menudo, tiene algfin ta-
lento. Si no imitase tanto a Lugones, su pariente y maestro, y
a sus abuelos literarios, Regnier, Samain, Mend6s, Silvestre,
Montesquieu y D'Annunzio, valdria seguramente much mis.
Versifica bastante bien, y en las prosas aunque tiene much de
tonto, insubstancial, arritmico y reminiscent, demuestra valor
artistic. Es joven y rubio; (Ileva) barba como el autor de
< y cabello a lo Daudet. 25 aiios y 25.000
esperanzas de gloria. Si a Ud. no le fuera molesto me gustaria
que le escribiese, despu6s de leer el libro, una tarjeta o carta
expresindole su juicio de la obra, con esa franqueza que a Ud.
distingue>. A rengl6n seguido, Herrera y Reissig agrega estas
recomendaciones sorprendentes: remitir6 inmediatamente. (Enviela dentro del mismo sobre en
que venga su contestaci6n, asi la puedo saborear)>.
Hechas las recomendaciones precedentes, Herrera y Reissig vuel-
ve a emitir opinion sobre Quiroga, con muy forzada benevolencia,
y torna a sugerir el envio de < que anhela leer antes
de entregarselo a Quiroga. La intenci6n, sin prejuzgar, se adivina.
Herrera y Reissig sigue diciendo:
(7) ORGAMBIDE, Pedro G. fHoracio Quiroga. El hombre y su obra,. Edi-
torial Stilcograf. Buenos Aires. 1954.










< de muchos defects Zqui6n no los tiene? merece una felicita-
ci6n. iQu6 diablo es un esfuerzo mis en la literature modernis-
ta que ha hecho el tal Quiroga. No se olvide, pues, de enviar
dentro del mismo sobre en que venga su carta para mi, un
juicio franco a Quiroga, de su primer libro. El se lo agradecerA.
Los sonetos estin pulidos. LUalos. Hay algunos en el principio
y en el medio del libro detestables y especiosos, desaboridos y
pueriles, lo mismo que algunos versos, un si es no es festivos>.
Poniendo un par6ntesis a tales consideraciones, Herrera y Reis-
sig, interrumpe el hilo de su carta y prosigue con estas interesanti-
simas confesiones literarias sobre el process de su propia labor:
tratado de la imbecilidad del pais, por el sistema de Herbert
Spencer>. Aparecera esa obra para principios de afio. Tambi6n
trabajo con ahinco y laboriosidad cicl6pea en la noche>. Tengo, much bueno, pero, nunca lo acabo de pulir.
Un adjetivo me cuesta quince dias de trabajo. Un verbo, a ve-
ces, un mes. Cada soneto me represent un balde de sudor. Ud.
que es del oficio, y que limpia como buen lapidario lo que
describe, sabri lo que son estas cosas. Nunca he trabajado mis
y he producido menos. Nada me satisface al fin y siempre estoy
borrando y suplantando. Entienda que yo Ilamo much a dos
o tres cositas perfectas como las cinceladuras de Ud. Creo que
tengo en la cabeza todo el l6xico blando y terciopelero de la
lengua a fuerza de lidiar con esos potros de las palabras que
se encabritan en los diccionarios. Las ideas, mi querido Mon-
tagne, leso no es nada!, lo que falta siempre es la palabra; el
rubi, la corchea, el 3/4, el compis, la linea just, el brochazo
genial, el epiteto, el verbo, el giro onomatop6yico, etc. iOh,
Ud. nadie mAs que Ud. entiende de estas cosas! Para los traba-
jadoree a la minute como Tiberio y otros de bastante talent
pero poca conciencia, eso no importa un maravedi. Pero para
nosotros la palabra es todo; sin ella no hay literature, no hay
arte fino, no hay filigrana, no hay lo que se quiere expresar.
Por eso creo que acaso nunca se publiquen o
muy tarde al menos.
La extensa carta toca a su fin; pero, antes de terminarla, Herrera
y Reissig vuelve a sus carneros olvidados y reitera consejos a Mon-
tagne:
< roga y de su libro, de cuiles son las composiciones que le agra-
dan y cuales las que no. Espero su carta a mi, y a Quiroga
para dentro de 4 o 5 dias a mAs tardar>.


* 9











Esta carta, como otras del mismo epistolario y algunos escritos
de la misma 6poca, Ileva por firma Julio Herrera y Hobbes. A pro-
p6sito de esto, es oportuno recorder que en < esta aclaraci6n: < Hobbes, al pie de mis escritos, se ha levantado una vorigine de pro-
testas, de habladurias de confesionario, de rabias espumantes, de mur-
muraciones de familiar, que me han hecho temer por mi seguri-
dad... (1). Hubo hasta quien dijese que me hacia merecedor al des-
precio de mi parentela, pues me avergonzaba del apellido de mi
augusta madre, usando un nombre de otras 6pocas, que aunque fuera
de mi ascendiente mis ilustre, era poco menos que una locura resu-
citarlo. Un buen amigo decia, enarbolando el cefio: s6lo los crimina-
les y las prostitutes pueden cambiarse de nombre>>...

III

Es explicable que, ante los apremios y solicitudes de Herrera y
Reissig, la nueva carta de Montagne no podia hacerse esperar. Y
6sta tiene que haber Ilegado a Montevideo a fines de noviembre o
en los primeros dias de diciembre, pues Herrera y Reissig la contest
alborozado, el 8 de diciembre de 1901. Mas que una respuesta a Mon-
tagne -es una despiadada diatriba contra Quiroga, contra Lugones,
contra Recibi su carta-critica para Quiroga. La hallo perfect en
el concept que le merecen Ud. el abatimiento de este joven. Su obra ha muerto en el mis
grave mutismo. Un fracaso sigiloso. Y es por esto, querido Mon-
tagne, por no entristecer mis a este amigo, por no derramar mis
hiel en su copa, que no le entregu6 su carta, que, cr6alo, dada
su autoridad y la verdad que acusa, hubiera desesperado al aba-
tido Quiroga. No todos son hombres de caricter, de firmisimo
temple, como Ud. y yo; no todos se yerguen en las derrotas,
con la convicci6n acertada de su valer, de su augusta personali-
dad. Quiroga se me hace un muerto. Le noto palido, silencioso,
agriado, turbio, ensimismado. Qui6n sabe qu6 pensari de lo
porvenir! El esperaba que el pedant6n Lugones escribiera en
priblico sobre su obra. No lo ha hecho a lo que parece, pues
(1) Desciendo de Tomis Hobbes, hijo amado de Epicuro, padrino egoista
de La Rochefoucauld; luna negra de escepticismo que visit las noches de Scho-
penhauer, Hartman y Nietzsche. Mi genio lo proclama. S6 que no soy comprendi.
do. Esto me regocija. Las montafias no fueron hechas por los
uruguayos... Desprecio el Cerro para pedestal: 6ste es una mediania, como los
poetas comarcanos, cuya lira cimarrona es una vieja guitarra...


10 *










se ha limitado a escribirle una carta confidential que ain no
he leido. Es, por esto, que Quiroga se muere, por moments.
Los diaries apenas han acusado recibo. Una sola critical se ha
publicado -la que le envio- de un intimo, de un co-bohemio
de cuarto, una critical adulatoria; bajamente servil y estuipida-
mente cortesana para Lugones y para el autor. Ferrando, que
es el que la suscribe, es hasta ahora un desconocido de las le-
tras. Se dicen tantas cosas necias que... no hallo nombre, etc.
p. ej. al comparar a Hugo y a Samain con L. Lugones... !Qu6
crasa imbecilidad de lesa pequefiez, de misera aduloneria! Es
por eso que Lugones los patea a su sabor, al verlos tan gusani-
tos, y no hace caso de sus lisonjas de colegiales!>.
Como puede advertirse, la actitud de Herrera y Reissig con res-
pecto a Quiroga, revela una duplicidad verdaderamente extrafia: por
un lado pretend ejercer una compasiva de lo que
Montage pueda opinar sobre la obra de Quiroga, y a esta aparente
buena intenci6n responded la ingenua artimafia de reclamarle a Mon-
tagne que le envie la carta destinada a Quiroga para poder leerla
antes que league a manos del destinatario; pero, por otro lado, re-
sulta evidence -y se comprobar~ de inmediato-, que no s61o com-
parte el juicio severe que emite Montagne, sino que agrega de su
cosecha, denuestos y censuras contra Quiroga y contra Lugones y se
permit dar a conocer a Roberto de las Carreras la carta que, por
via confidencial, habia legado a su poder... Por esta raz6n sorpren-
de que la continuaci6n de la carta del 8 de diciembre de 1901 con-
tenga este ataque que parece dictado por un tenaz enemigo de
Quiroga:
sobre el libro de Quiroga, es realmente notable, por la justeza
que Ud. revela para apreciar las cosas de la literature. En todo
o casi todo coincidimos en nuestro fallo sobre Quiroga y su
obra. Roberto de las Carreras la ha leido y dice que Ud. no se
equivoca un Apice en lo que dice de . Con efecto:
yo opino que 3/4 del libro pasa de malisimo. iCuinto defecto
de forma! iCuinta tonteria abstrusa, cuAnta imitaci6n servil,
cuinto acertijo sin arte, cufnto alambicamiento insulso, cuanta
falta de lenguaje, de elegancia, de ritmo, de eufonia! iEs un
desbarajuste de principiante que quiere comenzar por lo alto!>>.
Julio Herrera y Reissig al llegar a esta altura de su carta ad-
vierte, sin duda alguna, que sus palabras han ido mis lejos que su
pensamiento y como si recapacitase sobre lo dificil de su situacidn
moral, pone un breve muro de contenci6n a su desborde verbal, y le
sigue diciendo a Montagne:
Esto se lo digo a Ud. en intimidad, pidi6ndole una reserve
sin fin, pues Ud. se supondrA que por mera galanteria, al darle


* 11










gracias a Quiroga por el envio de su libro, lo he tenido que
felicitar, aunque sin much remilgo, como soy yo de franco.
Le dije que habia cosas muy bonitas en su libro, principalmente
en las filtimas piginas. iY nada mis! Le devuelvo la carta de
Ud. a Quiroga. Casualmente 6ste me encontr6 los otros dias por
la calle y me dijo:
agradeceria que me diese una tarjeta para Montagne a quien
tengo ganas de estrechar la manos. Asi es, querido amigo, que
para fin de este mes o en Enero tendri Ud. a Quiroga por alli,
y si Ud. juzga de oficio, puede en dos palabras galantes darle
una opinion sobre su libro; de ese modo lo dejar~ content.
Por lo demis, Quiroga es un muchacho de talent y equilibra-
do, un poco pedante acaso, de excelente caricter, verdadero y
buen amigo. Asi es que se lo recomiendo desde ahora. No le
diga una linea (Ud. ya comprenderi) de su carta a mi, ni de
la mia, ni eiquiera de que yo le mand6 pedir a Ud. una opinion
en nombre suyo. Higase el que por ocupaciones no le manifes-
t6 por escrito su impresi6n del libro. Bueno es siempre que no
desconfie del intercambio epistolar entire nosotros y lo mal que
opinamos de su libro. iPara qu6 disgustar a tan buen mucha-
cho! iDe modo, pues, que antes de poco hablari Ud. con Qui-
roga! C6mo se acordara Ud. de mi en esos moments, y de las
fealdades de la obra! Pero... disimule. Tampoco le large nada
respect de Lugones. Es un intimo, subalterno, para quien Lu-
gones es hasta bonito. ; Qu infelicidad, gran Dios! iCuando
yo digo que esta America no da sino imbeciles no me equivo-
co! iY tambi6n plagiadores! Ud. no se imagine lo que Lugones
ha plagiado a Samain. Sonetos enteros, finales de soneto saca-
dos integros de . iOh cuando hable
con Ud., lo dejar6 pasmado! No se vive sino de falsificaci6n y
de embuste. Y si Lugones plagia, que es de lo mejorcito, que
seran los otros. Al paso que vamos, s6lo Ud. y yo escribiremos
algo propio y original que no tenga que avergonzar nuestra con-
ciencia. Oh, cuando aparezca mi libro de critical, qu6 revolu-
ci6n en Am6rica! Aguardemos hasta entonces, querido Mon-
tagne. Todo esto hay que ponerlo en la picota. Lo linico que
cabe aqui, es la risa amarga de Voltaire y Byron! Hacer una
obra de demolici6n, de critical, es inmortalizarse. Eso es lo fini-
co que viviri. Creo que mi libro sera una de las obras mas ori-
ginales y valiosas de cuantas se hayan escrito sobre un pais, una
6poca y una raza! Creo de veras que no morira y tendri reso-
nancia hasta en Europa, pues la haremos traducir al frances y
al italiano. Me faltan todavia 6 meses de trabajo. Es una joya
literaria; hay que limpiarla, pulirla siempre.


12 *










Pasan unos meses -que coinciden con el recrudecimiento de la
dolencia cardiac de Herrera y Reissig- y en una nueva carta del
6 de junio de 1902, el poeta de la Torre de los Panoramas le describe
al cqueridisimo Montagne>> comenzando por exponerle la angustiosa
situaci6n porque atraviesa:
dos meses enfermo, con palpitaciones nerviosas al coraz6n. A
consecuencia de esa calamidad tengo forzosamente que haraga-
near, dejando la conclusion del mi pais> para dentro de un par de meses ,si para entonces estoy
bien de salud...
Este en que tanto confiaba Herrera
y Reissig, ha sido salvado y se conserve en el Instituto Nacional de
Investigaciones y Archivos Literarios por haber sido donado por la
sefiora Julieta de la Fuente de Herrera y Reissig. Algunos fragments
de ese voluminoso manuscrito in6dito fueron anticipados por Herre-
ra y Reissig en el ensayo titulado de Fusi6n> [de Carlos Oneto y Viana] con surtidos de psicologia so-
bre el imperio de Zapicn>. (8) Extensa obra critical enciclop6dica
sobre el pais>, futurea catilinaria>, asi se refiri6 al de su
propio autor. Son piginas tremendas en las que Herrera y Reissig en-
juicia a su modo la realidad national y con las que leva a cabo una
radiografia que intent ser el fruto de profundas reflexiones sobre el
pasado y el present del Uruguay con observaciones sobre la psicologia
del uruguayo a quien le sefiala caracteres emocionales controvertibles.
El estado de inimo que inspire esas copiosas piginas es, en parte, el
fruto de su enfermedad. Se sentia aislado; se sabia pobre; tenia que
trabajar para sobrellevar su vida: pasivo, y en mi pais un cartujo>... Tenia cierto olimpico desprecio
para aqu6llos que demostraban no comprenderlo. Y creia haber ob-
servado que los uruguayos hasta cuando parece que admiran odian
s6rdidamente>. Por estos motives, cuando compuso aquel soneto verde-amarillo para flauta> que integra
y que comienza:
,
comunica a Montagne, en la carta del 9 de noviembre de 1901:
cedasen acercan de mi partitura.
Renglones mis adelante, sintetiza su ipflexi6n, dici6ndole al ami-
go en Buenos Aires:
lo uiltimo; [escriba uno para idiotas y rezagados!>
(8) Fue publicado en cVida Moderna>, Montevideo, setiembre de 1902. Hay
nna edici6n hecha por Claudio Garcia y Cia., Montevideo. s/f.


* 13












(Los arrecifes de coral de Horacio Quiroga aparecieron en Mon-
tevideo, a fines de 1901, editados por . La critical,
en general, no fue muy favorable a Quiroga quien, por lo demis,
con espiritu algo chacot6n, celebraba los juicios adversos y hasta los
festivos que se inspiraban en la ilustraci6n hecha por el artist Vi-
cente Puig para la caratula... (9)
Poco tiempo despues, la tragedia -que era la fiel compafiera
de Quiroga-, le asest6 un golpe inesperado y terrible. Uno de los
cofrades del Consistorio del Gay Saber, Federico Ferrando, pariente
de Quiroga, habia iniciado una brava pol6mica con Guzmin Papini
y Zas. Las palabras de los contendores rebasaban toda possible tole-
rancia. Delgado y Brignole, en su bello libro &Vida y obra de Hora-
cio Quiroga>, relatan el moment que se estaba desarrollando dra-
miticamente: eangriento incident personal, se daban por descontados. Previ6ndo-
los, Ferrando compr6 una pistola y, como era absolutamente lego en
el manejo de las armas, le pidi6 a Quiroga, que estaba de visit en
su casa, le ensefiara el miecariismo. Se encontraban frente a frente.
Quiroga tom6 la pistola, e ignorando que estuviera cargada, apret6
el gatillo. Fueron a un tiempo el estampido del tiro y el derrumlia-
miento inerte de Ferrando, a quien la bala, penetrando por la boca,
dej6 instantineamente muerto>.
Quiroga pas6 dolorosas angustias. Este drama destroz6 su vida
juvenile. Terminadas las actuaciones judiciales -fue defensor de Qui.
roga, segin me inform el senior Roberto Bula Piriz, el hermano de
Julio, el doctor Manuel Herrera y Reissig- Quiroga se ausent6 para
Buenos Aires y muy poco tiempo despu6s se radic6 en la selva mi-
sionera.
~Qu6 podia pensar de la desgracia de Quiroga, Julio Herrera y
Reissig? Esti documentado ese pensamiento en la carta que dirige
a Montagne, el 6 de junio de 1902. El lamentable episodio parece
que exacerba en Herrera y Reissig, sus critical a coral, como si el recuerdo de 6stos, provocase el dolor de una anti-
gua herida no cicatrizada. Creo que son las palabras de ese pensa-
miento, la prueba definitive e incontrastable de la falta de cordiali-
dad en las relaciones de amistad a que estas piginas se vienen refi-
riendo. Herrera y Reissig describe a Montagne, como queda dicho el
6 de junio de 1902, una bella carta que habri de servirme para mos-

(9) A prop6sito de 4Los arrecifes de coral y con motive del Cincuente-
nario de su aparici6n, Emir Rodriguez Monegal public un excelente ensayo. VWase
Nfimero>, Afio 3, NTimeros 15-16-17, Montevideo, 1951.


14 *










trar con otras, tambien ineditas, las fuentes literarias y la est6tica
de Herrera y Reissig, y asi le dice a su corresponsal y amigo:
y como si
la pregunta no tuviera respuesta y el hecho en si mismo no obligara
a ser respetado con profunda emoci6n, prosigue criticando, despia-
dadamente, a Quiroga:
< idea de que es un pobrecito pedante, ineficaz en todo sentido.
Su libro ha sido el fracaso mis merecido. La carta que le escri-
bi6 Lugones es reventadora. En sintesis le dice que el libro es
discrete, pero, despu6s de haberlo fustigado desdefiosamente,
diei6ndole que los sonetos son pesimos, y que le falta much
cincel e ideas originales. Le aconseja Lugones quie deje el verso
y se dedique a la prosa>...
Acaso sea necesario acotar que Leopoldo Lugones aconsej6 a
Quiroga dar preferencia a la prosa, no porque creyese que el verso
quiroguiano fuese malo, sino porque Lugones < el primer prosista de entire la juventud americana, hecho por cierto
consolador y singular>, que bien justifica el consejo en m6rito a la
inteligente intenci6n que lo inspiraba. Y que Lugones tenia raz6n al
preferir en Quiroga al prosista, est& demostrado con el hecho de que
Quiroga 11eg6 a ser, sin dispute, el primer cuentista de Hispano-
america.
Habri que encontrar alguna raz6n para explicar el extraiio com-
portamiento de Herrera y Reissig con Horacio Quiroga. Herrera y
Reissig habia podido observer, segiin queda citado, que hay quienes
hasta cuando parece que admiran odian s6rdidamente>. Y el mismo
Herrera y Reissig, en esa malhadada carta del 6 de junio de 1902,
despues de enumerar autores y obras de lo mis destacado del movi-
miento simbolista frances, hace esta afirmaci6n desconcertante como
recomendaci6n final a Edmundo Montagne:
pierde much ignorindolos. Leyendo Ud. a uno los lee a todos.
De tal modo se parecen. Son unos fracasados que no tienen
fama sino en America, gracias a G6mez Carrillo.
Si asi pensaba de la mitad de los que inspiraron Masques> a Remy de Gourmont, Zqu6 de extrafio que pensase tan
despiadadamente del que creyendo ser su amigo, muchos afios des-
pues de su muerte, le seguia llamando, grann muchacho>, al re-
cordarlo?


* 15




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