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Title: Carta a José María Vigil
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 Material Information
Title: Carta a José María Vigil aclarando un proceso de la inquisición en el siglo XVI
Physical Description: 9-31 1 p. : ; 20 cm.
Language: Spanish
Creator: García Icazbalceta, Joaquín, 1825-1894
Publisher: J. Porrúa e hijos
Place of Publication: México
Publication Date: 1939
Copyright Date: 1939
 Subjects
Genre: non-fiction   ( marcgt )
 Notes
General Note: Presenting the author's belief that the story of Martín Durán, related first in Carrióu's "Galería de indios célebres de la Republica mexicana", is not authentic.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00025071
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: notis - APS1349
alephbibnum - 003029315
oclc - 00697514
lccn - 40029913

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JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA


CA


A JOSE MARIA


VIGIL


ACLARANDO UN PROCESS DE
LA INQUISICION EN EL SIGLO
XVI



Q JMwL^/'^ cia'


RTA


JOSE PORRUA E HIJOS
MEXICO
1939




























CARTA







JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA


CARTA


A JOSE MARIA


VIGIL


ACLARANDO UN PROCESS DE
LA INQUISICION EN EL SIGLO
XVI









JOSE PORRUA E HIJOS
MEXICO
1939



















61e




















CARTA














S. C., Mexico, Mayo 31 de 1885.

Sr. D. Jos6 Ma. Vigil.
Present.
Muy estimado amigo y colega:

Desea V. conocer mi opinion acerca de la his-
toria de Fr. Martin Durin que por primera vez
public el Sr. Carri6n en su Galeria de Indios Ce-
lebres de la Repziblica Mexicana, y que reciente-
mente ha reproducido, en lo sustancial, el Sr. Sosa
en sus Biografias de Mexicanos distinguidos. Mi
opinion bien poco vale; pero pues me hace V. el
favor de pedirmela, se la dare con entera claridad.
Creo que la historic de Fr. Martin Duran, a
pesar de ser referida con tantos pormenores, es
puramente obra de imaginaci6n.
Antes de ver la Galeria del Sr. Carri6n no te-
nia yo la menor noticia de la existencia de Fr.
Martin, ni habia tropezado con su nombre en
document alguno. Para otro trabajo (que V.




JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA


ha leido) tuve que estudiar algo de la historic
de la Inquisici6n de Mexico, y tampoco encontre
a Fr. Martin entire los reos castigados por aquel
Tribunal. Todo esto poco o nada probaria, pues
mi lectura no es tanta que pueda fiarme de ella;
pero he preguntado a personas much mis com-
petentes que yo, y ninguna conoce a dicho religio-
so. Este es un argument puramente negative;
pero lo coming es no haber otro contra un suceso
que no acaeci6; y en el present caso tiene gran
fuerza porque el silencio es general, y de autores
que tenian motive y ocasi6n de hablar de perso-
naje tan notable, y de suceso tan ruidoso.
No puede suponerse una confabulaci6n general
para callar el hecho pues ni muchas personas que
vivian en diversos tiempos y lugares se habian
de poner de acuerdo, ni en aquel entonces tenia
el silencio raz6n de ser, ya que las causes de fe
no redundaban en descredito, sino en honra del
Santo Oficio. El que saca a luz un hecho ignorado
esti en obligaci6n de probar lo que describe. En
Historia s61o se inventa en la acepci6n de ballar,
y ya no hay historiador que pretend ser creido
por su palabra: todos multiplican las citas, y dan
raz6n puntual de los documents consultados, afia-
diendo hasta sus sefias particulares cuando se tra-




CARTA A JOSE MARIA VIGIL


ta de manuscritos, sin omitir la noticia del lugar
donde se hallan, para que pueda consultarlos quien
quiera. Si el Sr. Carri6n no procedi6 asi cuando
public aquella biografia, ni ain despubs, cuando
el Sr. Sosa manifesto ya dudas, no puede quejarse
de que sujetemos su narraci6n a un examen cri-
tico, con enter libertad. Produzca sus autori-
dades, y si ellas son tales y tan buenas, que nos
convenzan de error, no vacilaremos en borrar lo
escrito.
Aparte del argument negative, no faltan otros
sacados de la narraci6n misma. Segfn el Sr. Ca-
rri6n, Fr. Martin Durin era indio, natural de
Santiago Tlaltelolco, y educado, en el colegio de
Santa Cruz de aquel barrio. Abraz6 la carrera
de la Iglesia, tom6 el hibito de Santo Domingo,
y se dedic6 al pilpito. Hablaba el mexicano con
elegancia, conocia perfectamente los escritos de
los Santos Padres, y tenia licencia para predicar
en mexicano todo el aiio de 1584 en la Iglesia de
Santiago Tlaltelolco.
Algo hay que notar en esta introducci6n. Un
indio educado en Tlaltelolco, fraile dominico, sacer-
dote, predicador en 1584 y por consiguiente or-
denado desde antes; de "instrucci6n proverbial"
en la Nueva Espafia y de gran popularidad entire




JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA


los indios, seria inverosimil, aunque fuera verda-
dero.
Nadie ignora que los religiosos de aquellos
tiempos nunca daban el hibito a los indios. Las
Constituciones de la Provincia del Santo Evange-
lio lo prohibian expresamente. D. Antonio de
Mendoza, en la Instrucci6n a su sucesor (1550),
opina que no sean elevados al sacerdocio los cole-
giales de Tialtelolco "aun cuando sean cuan sa-
bios y virtuosos se pueda desear". Sahagin, que
escribia hacia la misma 6poca en que debemos
suponer la ordenaci6n de Fr. Martin, refiere que
a los principios se di6 el hibito a dos indios, "pero
hallose por experiencia que no eran suficientes para
tal estado, y asi se les quitaron los hdbitos, y inn-
ca mds se ha recibido indio en la religion, ni ain
se tienen por hibiles para el sacerdocio" (Hist.
Gen., lib. 10, cap. 27). Al terminar el siglo, Fray
Jer6nimo de Mendieta express las razones que
habia para no dar hibitos a los indios (Hist. Ecl.
Ind. lib. 4, cap. 23); y algunos afios antes el cl6e-
bre franciscano Fr. Jacobo Daciano sostuvo que
esta nueva Iglesia no iba fundada en orden por
no tener ministros naturales, de los mismos con-
vertidos. Verdad es que estos autores son francis-
canos, y a Fr. Martin se le supone dominico; pero




CARTA A JOSE MARIA VIGIL


aparte de que entonces guardaban conformidad
las 6rdenes, el mismo P. Mendieta nos quita la
duda con decirnos que los miserables indios esta-
ban del todo despedidos de profesar en religion,
porque en ninguna los admitian, ni azin para le-
gos. (Lib. 4, cap. 22). Vea V. si es credible que
se hiciera tan notable excepci6n en favor de Fr.
Martin, y que ningrin autor able de ella. No s6-
lamente se le admiti6 al sacerdocio, sino que se le
di6 licencia para predicar a los indios, en su len-
gua. La vasta instrucci6n de Fr. Martin y su
profundo conocimiento de los Santos Padres no
podian venirle de Tlaltelolco, que no era colegio
para tanto: en otra parte habria estudiado, pero
si fue alumno de Santa Cruz, es cosa rara que
prefiriera el habito de Sto. Domingo al de sus
maestros. Los indios adoraban en los francisca-
nos, y tenian aversion a los dominicos. Resistian
tenazmente la entrada de esa orden en sus pue-
blos, llevando con inquebrantable entereza los ma-
les que esa resistencia les trajo (Mendieta, lib.
3, caps. 56-60). Pero convenia, para la secuela
de la historic, como ya veremos, que Fr. Martin
fuera dominico y no franciscano.
Provisto de la licencia para predicar en me-
xicano, la primera vez que us6 de ella fu6 para




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predicar en espaiol el primer domingo de febrero
de 1584 en la "hermosa y ricamente adornada"
iglesia de Tlaltelolco, donde, atraidos por la for-
ma del orador, se reunieron casi todos los hombres
y damas de la corte, con los caciques y justicias
indios de los barrios, el visitador Arzobispo D.
Pedro Moya de Contreras, el inquisidor Fr. An-
gelo de Monledn, el alcalde de Mesta D. Jer6nimo
Mercado, el procurador mayor D. Baltasar Gar-
cia de Salmer6n, el P. D. Nicolas Morales, confe-
sor del Virrey, y D. Lorenzo Judrez Mendoza,
Conde de la Coruna.
Fijimonos primero en la circunstancia de que
teniendo el religioso licencia para predicar en
mexicano, comenzara por un serm6n en espaiol,
para lo cual no aparece que estuviera autorizado,
y lejos de que se le impidiera, mereci6 la asistencia
de tan grande y respectable concurso, en el cual
sobraban los caciques y justicias, que entende-
rian poco o nada de castellano. Pero tambiin
hacia falta para la historic, que el primer serm6n
fuera en esa lengua, porque de otro modo no
habrian ido a oirle todos aquellos graves perso-
najes, ni hubiera sido tan pronto y complete el
escindalo producido por las palabras de Fr.
Martin.





CARTA A JOSE MARIA VIGIL


Entre los que acudieron a oir el serm6n en-
contramos al Sr. Arzobispo Moya de Contreras.
Possible es que estuviera alli, pero disuena, porque
nunca se ha usado que los Arzobispos vayan a
oir serm6n fuera de su cathedral o capilla priva-
da, si no es con ocasi6n de hallarse, como cele-
brantes o como asistentes, en alguna solemne fun-
ci6n religiosa. No se dice que la hubiera en
Santiago ese Domingo de Sexagisima, antes se ex-
presa que el numeroso concurso no llevaba otro
objeto que el de escuchar al famoso orador. Los
nombres del alcalde de Mesta D. Jer6nimo Merca-
do, del procurador mayor D. Baltasar Garcia de
Salmer6n, y del P. Nicolas Morales estin tomados
evidentemente de la obra del P. Cavo, quien no
da al P. Morales otro oficio, que el de capellin del
Santuario de Ntra. Sra. de los Remedios: si fu6
confesor del Virrey, ya no lo era. En M6xico no
hubo inquisidor llamado Fr. Angelo de Monle6n,
ni uno siquiera que fuese fraile: todos eran clbri-
gos, y sus nombres pueden verse en el libro de las
Exequias que hizo la Inquisici6n de Mexico a
Felipe II, escrito por el Doctor Dionisio de Ribera
Flores, e impresas aqui el aiio de 1600. Lo mis
grave es que asistiera al serm6n el Virrey Conde
de la Coruiia, que habia muerto en Junio del




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afio anterior. El Sr. Sosa mediante la ligerisima
supresi6n de una "y" retire del auditorio al finado
virrey; pero me atengo a la edici6n original agre-
gada a las Memorias para la Historia de las Revo-
luciones de Mexico, escritas por el Lic. Atanasio
Cerecero (1869).
Aquel escogido concurso parece formado adre-
de para repercutir el sonido de las atrevidas pro-
posiciones de Fr. Martin, aunque bien pudiera
haberse eliminado al difunto virrey, y hecho en-
trar sujetos de mis importancia, que el alcalde
de Mesta. El serm6n "trataba de la conversion al
catolicismo de los indios (sic): habl6 el predicador
de varias cuestiones dogmiticas de esta religion
y sigui6 tratando del modo con que los indios ha-
blan recibido las primeras lecciones del catolicis-
mo". Hasta aqui no habia motive de escindalo:
son asuntos propios del piulpito, y asi fu6 que "el
auditorio escuch6 las several represiones del pre-
dicador al tocar este punto", (natural era que
escuchara, pues a eso habia ido); pero "al oir que
bendecia el celo evang6lico de Fr. Bartolomb de
las Casas, y que, como este sabio sacerdote, ata-
caba la esclavitud de los indios, un movimiento
general de los espaiioles asistentes, toses y boste-
zos, le anunciaron que sus palabras causaban des-




CARTA A JOSE MARIA VIGIL


agrado entire los oyentes conquistadores". (jCuin-
tos de estos quedaban vivos en 1584?) El
predicador no hizo caso, y "repiti6 lo que Fr.
Bartolome de las Casas habia dicho a la corte
de Espafia en su Memoria sobre los Indios, del
aiio de 1542, es decir, que a las tierras que se
descubrieron no se mandaran colonos indios sino
espaiioles; que se aboliera completamente la es-
clavitud de los primeros; porque el adquirir ri-
quezas por medio de ella no lo justificaria nunca,
porque Dios prohibe hacer mal, aunque sea como
medio para producer un bien".
El autor comienza por convertir a aquel gra-
ve concurso en una pandilla de cocoras de tandas,
y aun peor, pues 6stos molestan con toses y
bostezos a una concurrencia profana en un tea-
tro, mientras que aquellos cometian tan grave
falta de educaci6n en el sagrado recinto de un
temple, present el Arzobispo Visitador. iY todo
por qua? Porque el autor "bendecia el celo evan-
g6lico de Fr. Bartolomb de las Casas", personaje
enterrado hacia diez y ocho afios, y que en su
larga vida pudo esparcir a los cuatro vientos sus
acerbas inventivas contra todos los espaiioles, al-
tos y bajos, inclusos los reyes, que escucharon con
invencible paciencia hasta las dudas que el fogoso





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prelado ponia en la legitimidad del dominio espa-
fiol en las Indias, sin que jams fuera molestado
por sus escritos o discursos. En M6xico mismo
habia predicado con su acostumbrada vehemencia
contra el virrey Mendoza. El aiio de 1546, cuan-
do tan reciente estaba la conmoci6n causada por
las Nuevas Leyes, obra de Fr. Bartolomb, pudo
6ste reunir una junta con autorizaci6n del vi-
rrey, discutir pfiblicamente la espinosa material
de la esclavitud de los indios, y asentar conclusio-
nes radicales. En 1584 era ya tarde para escan-
dalizarse de aquellas doctrinas propagadas y dis-
cutidas. A buen tiempo se le ocurria al ilustrado
predicador tronar contra la esclavitud de los in-
dios, que habia desaparecido desde mediados del
siglo. Arremetia contra un fantasma, y cuando
much, habria provocado una sonrisa del audi-
torio, con su importunidad. Mas era indispensa-
ble que Fr. Bartolomb de las Casas saliera a hacer
papel en la novela, y para desterrar sus doctrinas
se necesitaba un dominico, porque los francisca-
nos no se avenian bien con ellas. He aqui expli-
cado por qu6, contra toda probabilidad, Fr. Mar-
tin aparece dominico y no franciscano.
Esa Memoria sobre los Indios, del aio de 1542
ha de ser (si es algo) el difuso Memorial que el





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P. Casas present en dicho aiio a la Junta de Va-
lladolid, del cual s61o se conoce un fragmento im-
preso en Sevilla el alio de 1552, con un largo
situlo que comienza Entre los remedies. Ese frag-
mento comprende finicamente el Octavo Reme-
dio, de diez y seis que eran, por lo menos, y a
juzgar por su extension debi6 ser enorme el Me-
morial a que pertenecia. El asunto, declarado en
el proemio es pedir que jams pueden ser dados
los indios en encomienda, sino que est6n perpe-
tuamente en la corona real. No encuentro eso de
que Fr. Bartolomi propusiera que a las nuevas
tierras no se mandaran colonos indios sino espa-
fioles; y aunque no puedo tener en la memorial
sus voluminosos escritos, creo que nunca le ocurri6
tal cosa, notoriamente contraria a sus opinions.
Por lo demis, en 1584 ya no se colonizaba con in-
dios.
Concluye el serm6n y Fr. Martin sufri6, a
manera de military, un arrest de cuatro dias.
(Por quinn. iD6nde?. Nada de esto se dice, pero
si que fu6 amonestado de que si predicaba en
mexicano por el mismo tenor que en castellano,
seria juzgado como sedicioso; y se le advirti6 que
el Arzobispo habia nombrado una persona que
fuese a escuchar sus sermones. Extrafio me pa-





JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA


rece ese modo de proceder. Si el sermon castella-
no era censurable, y parece que se crey6 asi, como
lo indica ese arrest de cuatro dias, lo natural
era recoger al author las licencias de predicar, ya
que tan mal usaba de ellas, o en el caso mis fa-
vorable, exigirle que presentase previamente a la
censura el manuscrito de su pr6ximo serm6n.
Pero despubs de castigado con un corto arrest,
dejarle en libertad para que propagase entire los
indios, y en el propio idioma de ellos, doctrinas
sediciosas, es una inocentada desnuda de toda ve-
rosimilidad. Ridiculo era tambi6n el freno del
padre escucha, porque si Fr. Martin habia osado
decir todo aquello delante de tantos espaiioles, mal
podria contenerse por la presencia de un solo
censor.
Por encima de todo, el primer serm6n mexi-
cano fu6 predicado el domingo siguiente, y el P.
Francisco de los Rios (el escucha nombrado) se
fu6 sin mis ni mis a la Inquisici6n y acus6 al
predicador, de "sospechoso de herejia, y de que
propagaba entire los indios el odio a los espafioles,
infundiendoles ideas her6ticas e inmorales".
"La Inquisici6n (dice nuestro author) se apo-
der6 de Fr. Martin Duran, es decir, el tormento
y la hoguera, que en la Nueva Espafia necesitaban




CARTA A JOSE MARIA VIGIL


huesos que quebrantar y cuerpos que alimentaran
la combustion", y se llen6 de gozo porque "podia
hacer figurar en un auto de fe el primer indio no-
table que caia en sus manos". Poco a poco: si a
pesar de todo lo expuesto, Fr. Martin existi6, y
era indio puro, natural de Tlaltelolco nada tenia
que ver con 61 la Inquisici6n. Desde el tiempo
del Sr. Zumirraga, y much antes de que se es-
tableciese en M6xico el Tribunal, estaban los in-
dios exentos de la jurisdicci6n del Santo Oficio, y
nunca se alter ni revoc6 esa disposici6n. De las
causes de los indios conocia el Ordinario, por me-
dio del Provisor de Naturales, quien solia celebrar
tambien (mis adelante) sus autos de fe en que
generalmente s6lo aparecian reos de bigamia o
de hechicerias y la pena era, por lo comin, de
azotes. Desde el caso que motive la inhibici6n
jams fu6 quemado indio alguno por causa de
herejia, ni por otra; y a prop6sito de esto me
conviene traer un pasaje del P. Mendieta. Dice
que en tantos afios, como habian corrido desde que
se daba instrucci6n a los indios "no se habia sen-
tido herejia de indio latino ni no latino; que si lo
hubiera, pienso que viniera a mi noticia" (Lib. 4,
cap. 15). El P. Mendieta se encontraba en M6-
xico cuando se supone acaecida la tragedia de Fr.




JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA


Martin: Cc6mo no supo que habia caido en
herejia piblica un indio latino y tan famoso,
alumno del colegio de Tlaltelolco, y sacerdote do-
minico por afiadidura? Si por evitar el descredito
del colegio y de la religion dominicana quiso
callar el suceso (cosa poco credible de su caricter)
tambi6n se habria abstenido de aquella afirma-
ci6n, desmentida de antemano por hecho tan re-
ciente y ruidoso.
Procedi6 luego la Inquisici6n al secuestro de
los bienes de Fr. Martin, que, como era natural
en un religioso, consistian inicamente en libros.
Entre ellos se encontraron dos obras manuscritas:
la una el "Tratado de los siete Estados de la
Iglesia designados en el Apocalipsis", obra escrita
en 1449 por Jacobo de Paradiso, monje cartujo
ingles, y la otra la magnifica obra del V. Fr.
Bartolom6 de las Casas intitulada: "Cuesti6n acer-
ca de la potestad imperial y real, sobre si los
reyes o principles pueden o no por algin derecho
o en algin titulo, y salva su conciencia, enajenar
de la real corona los sfbditos y sujetarlos al po-
der de un senior particular". El autor afiade en
seguida: "Todo estaba hecho: la Inquisici6n no
habia hallado dos obras condenadas, sino el pro-
ceso y la sentencia de muerte de Fr. Martin Du-




CARTA A JOSE MARIA VIGIL


rin. "Poco mis abajo dice, olvidindose lo escrito,
que la obra del monje ingl6s todavia no estaba
condenada pero que en manos de un indio recizn
convertido al catolicismo y revestido del caricter
sacerdotal, debia ser no solamente condenada y
prohibida, sino hasta destruido el ser human que
hubiese conocido sus doctrinas". Peor est; que es-
taba. Despubs de sesenta afios de predicaci6n y
de conversion de los indios aquel buen sacerdote
(que no tenia tantos de edad) habia nacido gen-
til y era un puro converse, lo cual tampoco fue
obsticulo para que se le dieran las sagradas 6r-
denes, y licencia para predicar a los indios.
De la obra de Fr. Bartolomb de las Casas se
dice "que no solo no obtuvo permiso para la pu-
blicaci6n en Espafia, sino que fu6 condenada al
fuego y prohibida en todos los dominios del mo-
narca espaiiol por la Inquisici6n, cuando se supo
que Las Casas habia mandado su obra a Espira,
ciudad de Alemania, done la imprimi6 y public
en 1571 Wolfango Griesteter: esta obra fu6 con-
denada inmediatamente que se acab6 de escribir".
Por fin, Ccu;ndo se prohibit?. (Acababa de escri-
bir, o hasta que se supo la remisi6n a Alemania?
Yo no hallo que se prohibiera, y con tamaiio
rigor, ninguna obra del Sr. Las Casas, ni que la




JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA

Inquisici6n tuviese nada que ver con 0l. El mis
apasionado de sus bi6grafos, Quintana, nada dice,
ni tampoco el mis modern de ellos D. Antonio
Maria Fabie. Lo que si bonsta es que se neg6 la
licencia para la impresi6n de various escritos de
sus contrarios, el Dr. Sepfilveda, D. Bernardo de
Vargas Machuca (el autor de la Milicia Indiana)
y nuestro Dr. Frias de Albornoz: el tratado de
este filtimo fu6 recogido por la Inquisici6n. El
Consejo de Indias daba por raz6n para negar su
licencia, "que a ese piadoso escritor no se le debia
contradecir, sino comentarle y defenderle" (Quin-
tana), Viniendo a la obra en cuesti6n, Pinelo-
Barcia cree que es traducci6n latina del tratado
Entre los remedies, arriba nombrado; mas a juz-
gar por el extract que nos da el Sr. Fabie, es
obra diverse, aunque de asunto anilogo. No fu6
impresa en Spira sino en Frankforz, 1571, 4o.
La dedicatoria al bar6n de Adam de Dietrichstein
es la que esti firmada en Spira el 22 de marzo de
dicho afio, por W. Griessteker; y el Sr. Fabi6
explica que 6ste acompaii6 al barn cuando estu-
vo de embajador en Espaiia, donde pudo conocer
y tratar al P. Casas, y adquirir sus obras impre-
sas o manuscritas. Asi es que no hubo necesidad
de semejante prohibici6n, ni de que el autor en-




CARTA A JOSE MARIA VIGIL


viara el manuscrito a Spira, para que viniera a
publicarse alli en latin, cinco aiios despu6s de su
muerte. Tenemos, pues, que de los dos famosos
libros, causa principal de la ejecuci6n de Fr. Mar-
tin, el uno no estaba todavia condenado y el otro
no lo estuvo nunca. Sin embargo, con tan debiles
fundamentos, o mejor dicho con ninguno, pues
apenas se hizo caso de la acusaci6n de herejia,
procedieron los inquisidores a dar tormento va-
rias veces al acusado, s6lo para averiguar la pro-
cedencia de aquellos libros. Era tanto el deseo
de saberlo, que el Arzobispo asistia al tormento:
invenci6n absurd, pues jams presenciaba aque-
llos tristes actos persona extraiia al Tribunal, asi
fuera Arzobispo o Virrey.
Fr. Martin resisti6 el tormento, por supuesto,
sin confesar nada, y al fin fu6 quemado vivo
en el auto de 1584 "por sospechas de herejia y por
luterano". No me atrevo a afirmar ni a negar
que hubiera auto de fe en 1584. El Dr. Ribera
Flores dice finicamente que de 1575 a 1593 hubo
site: bien pudo ser uno de ellos en 1584. Pero
de todos modos no saldria en 61 Fr. Martin. La
Inquisici6n no atropellaba sus procedimientos: en
el caso que se supone habia apurado todos los me-
dios, hecho numerosos interrogatorios al reo, oido




JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA


los testigos y practicado muchas diligencias para
averiguar el origen de los libros, ya que Fr. Mar-
tin no confesaba; todo lo cual no podia terminar-
se en poco tiempo. Digamos tambiin que en el
resto del siglo 169 y mis de la mitad del 179 la
atenci6n del Tribunal estuvo ocupada casi exclu-
sivamente con los judios y judaizantes, en que
hizo gran riza. Muy contados luteranos aparecen
en sus autos; pero despu6s de todo no sabemos a
punto fijo si Fr. Martin fue perseguido por hereje,
o nada mis por habersele encontrado aquellos dos
libros. El autor afirma alternativamente lo uno
y lo otro. Ya son las herejias que el dominico pro-
pal6 en su sermon las que le llevaron a la hogue-
ra; ya con el hallazgo de los libros tenia el Santo
Oficio "cuanto necesitaba para entregarle a las
llamas", y en el interrogatorio "nada le hallaban de
herejia, sino zinicamente de la adquisici6n de los
libros" hasta que al cabo fu6 quemado vivo "por
sospechas de herejia y por luterano". Si era lute-
rano, y por tal fue quemado, de sobra estaban
las "sospechas de herejia" porque lo mis incluye
lo menos.
Es por otra parte, vulgaridad ridicule career
o decir que la Inquisici6n quem6 a un hombre por
simples sospechas de herejia, y por ser poseedor




CARTA A JOSE MARIA VIGIL


de dos libros no condenados. Severo y hasta cruel
como era el Tribunal, no prodigaba de tal modo
las hogueras. Para ir a ellas, siempre por medio
del brazo seglar, era necesario ser relapso, o ha-
ber dado muestras de invencible contumacia en
graves errors. Alguna rara excepci6n pudo ha-
ber a esa regla; pero no la infirma. En el caso de
Fr. Martin, la cosa no habia pasado de abjuraci6n
de levi o de vehement, y de reclusi6n mis o me-
nos larga. En realidad las proposiciones her6ticas
que se atribuyen a Fr. Martin, eran en su mayor
parte ortodoxas, pero no hay para qu6 exami-
narlas, porque evidentemente jams las profiri6
aqui nadie en pulpito, y menos predicando a in-
dios.
El autor se propuso presentarnos una gran
figure de indigena ilustradisimo que desafiaba
osadamente todo el poder de la Iglesia y del Es-
tado, sin enredarse por las consecuencias, antes
sabiendo que sucumbiria en la lucha por la verdad.
Forzosamente habian de servir de fondo a esa
figure la tirania, la crueldad, y el fanatismo de los
conquistadores y del clero, aunque para ello hu-
biera que pasar a cuchillo la historic.
Pero al legar a la ejecuci6n del plan se le per-
di6 el camino. No logr6 hacer de Fr. Martin un




JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA


h6roe, sino un sandio. aquellos sermones? Parece que el primero, o sea
el castellano no hizo mas que abogar por la li-
bertad de los indios delante de un numeroso y esco-
gido concurso de espaiioles, a lo cual llama nues-
tro autor "dar a conocer clandestinamente, por de-
cirlo asi, las avanzadas ideas de Fr. Bartolom6 de
las Casas", y la casual es que tal vez queria "que
la muerte ahogara el todo y no parte de sus ideas",
lo cual no entiendo. En el segundo serm6n (el me-
xicano) solt6 ya las otras doctrinas malsonantes,
a ciencia cierta de que habia quien le escuchara
y denunciara. No habia propagandista con dos
dedos de frente que en tales tiempos y circunstan-
cias hiciese lo propio, para parecer sin fruto, y
servir de escarmiento, que no de estimulo, a los
buscados prosilitos. Los judaizantes de aquellos
dias no eran tan cindidos, y sabian trabajar bien
en la sombra. El autor nos habla de la hiroica lu-
cha de Fr. Martin que "un pobre fraile indio, pro-
tegido por otros frailes, los franciscanos, espaio-
les todos, y de grande influjo en la corte de Mexi-
co". Si contaba con los franciscanos, no estaba tan
desvalido, aunque a la postre de nada le sirvieron;
y en cuanto a la heroica lucha, yo no la creo. Pre-
dicar herejias, dejarse coger y quemar por la In-





CARTA A JOSE MARIA VIGIL


quisici6n no es luchar, sino dar dado, como dice
nuestro pueblo.
No dejar6 de lamar la atenci6n de V. a la con-
tradicci6n que existe en la trama misma de la his-
toria. Al crear el autor ese raro tipo de sacerdote
indigena cuya instrucci6n era proverbial en la
Nueva Espafa, y a quien los indios tenian por un
ser sobrenatural, no reflexion6 sin duda que el
merito y elevaci6n se debian forzosamente a esos
espafioles ignorantes y faniticos que fundaron los
colegios en que 61 estudi6; que le habian imparti-
do esa instrucci6n proverbial; que le confirieron
la alta dignidad sacerdotal; que le permitieron
subir a la catedra del Espiritu Santo, y por ilti-
mo le honraron con acudir a sus sermones las mis
altas dignidades de la Iglesia y del Estado. Luego
los espafioles no mantenian a la raza indigena en
la ignorancia y el envilecimiento, ni tenian celos
de ella, ni le cerraban el camino de la sabiduria,
ni la despreciaban, ni la oprimian por sistema. Pe-
ro la escena cambia repentinamente. Esos espa-
iioles no elevaron a Fr. Martin sino para tener la
satisfacci6n de derribarle despues, por medio de
una ciega y enconosa persecuci6n, porque era pre-
ciso matar a todo indio que sobresalia. iA qu6 ese
trabajo? jTenia mas que haberle dejado en la





JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA


obscuridad de los bancos de Tlaltelolco, o man-
darle a regir un poblado? Al autor le convenia le-
vantar a su protagonista, asi para honra de la
raza indigena, que hombres tales producia, co-
mo para hacer mis odiosos a sus perseguidores;
pero el mal estaba en que no podia evitar que esos
mismos fueran sus antiguos favorecedores y re-
sultara una contradicci6n palpable.
Aquel fraile, aunque doctisimo, ignoraba en
1584 que otro hombre antes que 61 "hubiera ne-
gado la autoridad del Papa": en una palabra, Fr.
Martin Durin no habia tenido ni tenia comuni-
caci6n alguna con el Mundo Viejo, "Y fue pro-
testante sin saberlo, por inspiraci6n, por casua-
lidad". El Nuevo Mundo no conocia amn los prin-
cipios de la reform iniciada en Alemania. Esto
es demasiado. Mexico, en comunicaci6n continue
con Europa por medio de tantos eclesiasticos, em-
pleados, comerciantes y aventureros que sin cesar
iban y venian: M6xico, que recibia tantas cartas
y libros de Espafia: M6xico, que desde 1558 habia
visto luteranos penitenciados, ignoraba en 1584
que las nuevas herejias andaban por all& hacia
sesenta afios, con no poco ruido y estrago. Proba-
blemente se ignoraba tambi6n que habia habido
un concilio alli en Trento. Como Fr. Martin fu6





CARTA A JOSE MARIA VIGIL

protestante por casualidad, debi6 de ser asimismo
hiroe por casualidad.
Los pormenores en que he entrado creo que
ayudarin a V. para former juicio acerca de la le-
yenda de Fr. Martin Durin; pero no deje de con-
templarla en conjunto, y notary que carece abso-
lutamente de color local: que flaquea por todas
parties; que esti lena de contradicciones, invero-
similitudes y afin imposibilidades; que descubre
falta de conocimiento de la 6poca y del estado
social; que confunde tiempos, dando por corrien-
tes ideas y pasiones tan enterradas; que no es, en
suma, mas que una mala conseja fraguada por el
odio a Espaiia y al catolismo. Del primero hay
muestra en cada linea; del segundo tambiin; mas
no puede leerse sin indignaci6n mezclada de risa,
la frase que corona dignamente el trabajo: "Era
just que el Nuevo Mundo, asi como el acero ima-
nado busca el polo, buscara las ideas nuevas: Era
just que asi como Col6n descubria una tierra
material donde se fijaba la eternidad y el espa-
cio (?), Fr. Martin descubriera una religion de
verdad donde se sefialaba un catolicismo lleno de
sangre de esclavitud, imas que los dogmas destruc-
tores de la religion de Huitzilopochtli".
Dejemos ya cosas que apenan, porque, verda-
deramente es lamentable y de funestas consecuen-

31





JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA


cias, que lejos de barrer las innumerables fibulas
que pervierten nuestra historic; lejos de rectificar
los erradisimos criterios que se emplean para juz-
garla, haya quienes de prop6sito sigan sembrando
consejas, para lisonjear pasiones, remachar erro-
res y acabar de corromperlo todo. La mala propa-
ganda cunde ripidamente, por lo mismo que es
mala. La novela de Fr. Martin, con todas sus fla-
quezas, pas6 de las poco leidas paginas del Sr. Ze-
recero a las del Sr. Sosa, y de alli se traslad6 in-
mediatamente a las del Sr. Pimentel. Son ya tres
los autores que la traen: esto facility much la
aparici6n del cuarto, y con mis raz6n la del quin-
to. Despubs, con tanto apoyo -vires acquiriteun-
do- sera hecho consumado, y Fr. Martin, el Sa-
vonarola mexicano, quedara adherido a nuestra
historic, sin que haya poder human que le arran-
que de alli.
Ud. que tiene oportunidad para ello, haga la
buena obra de mostrar pronto la falsedad de ese
relate, porque urge atajar el mal en sus principios.
Yo no estoy para meterme en polemicas, que facil-
mente pasan de las razones a las personalidades.
Consider Ud. lo dicho como puro material: si algo
le sirve, apr6pieselo. Vea que otra cosa ordena, y
t6ngame siempre por su afmo. amigo, colega y
servidor.


Joaquin Garcia Icazbalceta.























A*t nalab6 be imprimbir tta
intertountt tnrta be b-on 7jon.
quin QGartin Xazbalcttu, en
In irnpreztn b e Ia Eouetla
",Rafael Ponbi" Al bin uiein-
tirinra bi trtubre be mil
noxiecientoa treinta V nue-
ut, ruarto (genteztrio
be Ia primera 1m-
prenta en ;&mi-
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