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Group Title: Discurso del Presidente de la Nacion en la Tercera Conferencia Interamericana Extraordinaria de Cancilleres
Title: Discurso del Presidente de la Nación en la Tercera Conferencia Interamericana Extraordinaria de Cancilleres
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 Material Information
Title: Discurso del Presidente de la Nación en la Tercera Conferencia Interamericana Extraordinaria de Cancilleres
Physical Description: 12 p. : ; 20 cm.
Language: Spanish
Creator: Onganía, Juan Carlos
Publisher: Secretaria de Prensa de la Presidencia de la Nación
Place of Publication: Buenos Aires
Publication Date: 1967
 Subjects
Subject: Pan-Americanism   ( lcsh )
Politics and government -- Latin America -- 1948-1980   ( lcsh )
Genre: federal government publication   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )
 Notes
General Note: Cover title.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00023466
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 001089790
oclc - 16269027
notis - AFH5215

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Full Text

lc. '*- ,- V& L! :

DISCURSO
DELPRESDENTE DE LA NACION EN LA
TERCERA CONFERENCIA INTERAMERICANA
EXTRAORDINARIA DE CANCILLERES


PRESIDENCIA DE LA NACION
1967


5,. (









F




AMEICA


Publicacidn de la Secretaria de Prensa
de la Presidencia de la Nacidn























Discurso pronunciado por el Presidente de la Nacion,
Teniente General Juan Carlos (Qngania, al declarar
inaugurada la Tercera Conferencia Interamericana Ex-
traordinaria de Cancilleres, el dia 15 de febrero de 1967.
















Sefiores delegados:
En nombre de la Naci6n Argentina os doy la
bienvenida.
Esta casa, elegida para sede de la III Confe-
rencia Interamericana Extraordinaria, es vuestra
casa.
La Argentina se regocija por la oportunidad
que esa reuni6n le brinda para cumplimentar, en
las personas de sus ilustres hubspedes, a las na-
ciones hermanas de Am6rica.
Honrada por la responsabilidad de la organiza-
ci6n de tan significativa y trascendental confe-
rencia, aviva sus invariables sentimientos de
adhesi6n por las grandes causes y se compromete
a dar todo de si para el 6xito de las deliberaciones
que se inician.
Vosotros conoceis los males que aquejan a
nuestras comunidades nacionales y sus consecuen-
cias sobre el progress de la perfect comunidad
de naciones libres a que aspiramos. Mas, tambi6n
veis claro en los problems americanos y, sin dis-
minuci6n del fervor national que tantas veces
la historic de vuestros Pueblos ha atestiguado,









presentdis testimonio de fe en la solidaridad y co-
operaci6n de las naciones.
America Latina, la Am6rica postergada, sabe
de vuestras intenciones, espera ansiosa el resul-
tado de vuestras deliberaciones y, sin duda, os
aplaudird cuando pongAis t6rmino a la obra de
dar nuevas bases juridicas para el desenvol-
vimiento entire nuestras naciones y para su mas
amplia participaci6n en la lucha por un mundo
mejor.
Sobre America Latina reflexiona, tanto como
sobre si misma, la Argentina de hoy; sobre ella
y sobre el future de Am6rica en general, con-
movido y comprometido por una nueva circuns-
tancia hist6rica, la que asom6 tras la iltima gran
guerra.
La dislocaci6n del orden mundial establecido
por Europa, regido por su derecho y penetrado
de su cultural, trajo para Am6rica Latina perjui-
cios de los que ain no se ha repuesto. Dentro de
ese orden nuestros paises habian armado sus
instituciones, establecido su comercio y organi-
zado intercambios fructiferos, que dejaban el
saldo just por el trabajo rendido y permitian
el crecimiento y progress de los pueblos. El equi-
librio asentado en el mundo sobre la base del
propio equilibrio europeo, preservaba tambi6n la
autonomia political de los estados mas d6biles,
porque el derecho tenia su natural garantia en









la rivalidad y vigilancia reciprocas entire los po-
derosos de la tierra.
Tras la guerra mundial y con el decrecimiento
de la primacia de los estados europeos, que afect6
tanto a los vencidos como a los vencedores, este
sistema se derrumb6. La aparici6n de un gran
nfmero de naciones independientes y el nuevo
modo de equilibrio estrat6gico establecido en
rededor de dos polos, de atracci6n, no bastan
todavia para reimplantar un orden general fun-
dado en normas compartidas, consentidas o sim-
plemente acatadas por todos los estados.
En este mundo inestable y donde las instancias
entire d6biles y poderosos estAn multiplicadas,
han surgido, como hijos de la necesidad o del
rigor, agrupamientos de estados menores en torno
a alguno o algunos mayores. Las naciones pare-
cen querer confundirse con las mds pr6ximas y
ensancharse en continents, emulando a aquellas
que lo son por naturaleza, como si se propusie-
ran ir dejando por el camino, con la personalidad
national, la raz6n misma de su existencia.
No puede ser 6ste el porvenir para nuestros
paises de America Latina. Una tradici6n huma-
nista, una religion ecum6nica y un espiritu abierto
a todas las pautas de la cultural, nos apartan
para siempre del aislamiento, sea entire las na-
ciones, sea entire los continents. Si ahora la con-
veniencia de acrecentar nuestros intercambios








comerciales y de apoyarnos mutuamente para el
desenvolvimiento de nuestras industries se nos
present casi como una necesidad; si vemos im-
periosa la puesta en march de la integraci6n
de nuestras economics para disponer de mercados
propios, ya que muchos de afuera estdn cerrados
al comercio franco, y si estamos, por cierto, dis-
puestos a afrontar estos lltimos recursos de la
competencia international con los apropiados para
nuestra defense, no hemos, sin embargo, de olvi-
dar que por arrastre de costumbres inveteradas,
por conformaci6n y en definitive por el mejor y
el mds legitimo interns, nuestro porvenir esta en
un mundo abierto y nuestra seguridad en su or-
denado equilibrio.
Por fortune, la expansion econ6mica europea
-que empieza ya a desbordar las primeras fron-
teras de sus aspiraciones- y el desarrollo paula-
tino de grandes emporios en Asia y Africa, han
de reabrir cauces anchos al comercio international,
abatiendo las barreras levantadas para artificios
de seguridad, y apartando a las naciones de estas
renovadas tendencies hacia la autarqufa, ahora
con formas continentales.
Y por fortune tambi6n, America Latina esti
acompafiada de la Am6rica sajona en este empefio
de restablecer en el mundo las normas de-convi-
vencia elementales para una gran sociedad.








En una grande y just sociedad, America La-
tina reencontrard el sentido natural e invariable
de su destino, y las naciones que la componen, con
la prosperidad y la seguridad econ6mica indivi-
dual, una ubicaci6n political digna.
Por eso el esfuerzo de estos dias, tal como esta
planteado, es tanto hacia los various modos de
integraci6n posibles, como hacia la reapertura de
los vastos mercados de preguerra, como tambi6n
hacia la conquista de otros que precisan de nues-
tros products y que han de poder adquirirlos a
no muy largo plazo.
Esta es la tarea, y tan angustiosa y ardua que
parece requerir no s6lo de todos nuestros recur-
sos, sino tambien del indispensable auxilio ajeno.
Sin embargo, ni la cooperaci6n, ni la ayuda,
ni la asistencia international podrAn reemplazar
nuestra voluntad de trabajo y sacrificio. Por el con-
trario, la tendencia a solicitarlas o a esperar de
ellas mAs de lo que deben dar, puede enervar el
alma de las naciones diluyendo la fe en si mismas
por la confianza del amparo exterior.
Nuestra independencia fue un hecho propio,
nuestra organizaci6n como Estados de derecho, un
largo camino de sacrificios y tropiezos; nuestra
march hacia la prosperidad, un trabajo penoso y
todavia pendiente. No se pidi6 la protecci6n del
extranjero para ninguna de estas empresas: se

9





F. 1. U. LIBRARY









pact6, conforme al interns reciproco, en perfect
dignidad. Los pr6stamos mismos que estos paises
obtuvieron para desenvolver sus industries y co-
mercios, no fueron de necesidad ni de favor: fueron
acuerdos que se negociaron entire las dos parties,
de par a par, porque puede y debe haber entire
ellas trato igualitario cuando el interns comin de
la operaci6n los iguala.
Asi se alcanzaron tanto la soberania political
como la autonomia econ6mica, sin dejar a nadie
al cuidado de preservarlas.
Esta es nuestra tradici6n y a ella nos debemos.
Por eso, en nuestro prop6sito de sobreponernos al
empobrecimiento creciente para reincorporarnos a
la sociedad de las naciones ricas, habremos de
comprender que la carga de la responsabilidad,
trabajo, fatiga y riesgo recaiga ante todo sobre
nosotros, para recoger la cosecha de sus frutos en
plena justicia y dignidad.
No debemos recelar de un entendimiento entire
paises ricos y los que no lo son, aunque el enten-
dimiento est6 basado en la raz6n y el interns si
sabemos veneer las dificultades obvias para lograr
la equiparaci6n de beneficios, con igual energia y,
espiritu de empresa que esos mismos ricos pusie-
ron para salir de pobres. De otro modo, si nos li-
brframos de la buena voluntad de quienes no es-
tAn obligados a tenerla, correriamos tanto el riesgo









de no encontrarla, como el mis grave de encontrar
en ella amparo y tutela, y tras ella el abandon y
la postraci6n de nuestra capacidad y coraje para
la lucha.
Asi entonces, tal vez sea para bien de estas co-
marcas ricas y empobrecidas que la Providencia
nos ha llamado a nuevas pruebas, que de ahi sin
duda vendrin nuevas fuerzas.


Sefiores Delegados:
Am6rica sabe que meditar6is hondamente para
bien de los pueblos que representiis al dar a la
Carta de la Organizaci6n de los Estados America-
nos formas actuales. Tras cada una de las clAusu-
las de derecho a convenir, palpitan series cuestiones
political que hacen al interns de los Estados liga-
dos por este Tratado Internacional. Distinguir
entire esos intereses nacionales y el interns comun,
y hallar para ambos formulas ulnicas de interpre-
taci6n, ha sido hasta hoy la sabiduria political de
Am6rica.
En pocos afios mas esta Organizaci6n tendrd un
siglo de vida y todo anuncia que lo alcanzard con-
servando la continuidad de sus principios y estilo.
Para la historic modern no hay ejemplo de una
asociaci6n de pueblos de tan perdurable condici6n,
ni mis eficaz en conciliar creencias, cultures y









economies diversas por la virtud de conocer la
unidad de sus origenes, sus afinidades profundas
y sus aptitudes para imaginar y llevar adelante
una perenne obra en coming.
En las sesiones que inauguro, os toca a vosotros
perpetuar esta rara sabiduria para la convivencia
prolongada, los intercambios inteligentes y la com-
prensi6n mutua, propios del sistema interameri-
cano.



































IMPRENTA
DEL
CONGRESS DE LA NACION
FEBRERO DE 1967




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