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Group Title: Monografias del Museo Nacional de Mexico
Title: Interpretaciones de la piedra del calendario
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Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00023304/00001
 Material Information
Title: Interpretaciones de la piedra del calendario
Series Title: Monografías del Museo Nacional
Physical Description: 43 p. : ; 22 cm.
Language: Spanish
Creator: Palacios, Enrique Juan, 1881-1953
Publisher: Tall. Graf. del Museo de Arqueología, Historia y Etnografía
Place of Publication: México
Publication Date: 1924
 Subjects
Subject: Calendar, Mexican   ( lcsh )
Genre: non-fiction   ( marcgt )
 Notes
Statement of Responsibility: por Enrique Juan Palacios.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00023304
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 002816076
oclc - 05192201
notis - ANU4587

Table of Contents
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MONOGRAFIAS DEL MUSEO NATIONAL DE MEXICO


INTERPRETACIONES

DE LA


PIEDRA DEL CALENDARIO

POR


ENRIQUE JUAN PALAGIOS


MEXICO
TALLERES ORAPFWOS DEL SIUSEO NATIONAL DR ARQUEOLOGIA, IISTORIA Y ETNOGRIP4I
1924




































































;F.3 rE -


Calendario Azteca o Piedra del Sol.


























Entre los numerosos y preciosos monumentos de las
viejas cultures, que han podido salvarse, por fortune para
la patria y para la ciencia, sin duda el mds notable es la Pie-
dra del Calendario Mexicano, conocida, reproducida y ad-
mirada en el mundo entero.

Prescindiendo de su grandiosidad material, aparte de
su aspect imponente, sin hablar de la est6tica que resalta en
los relieves inscritos en la 'superficie de la roca, bastan el
ninmero y la calidad de los trabajos producidos acerca de
sus simbolismos y carActer, suscritos por personalidades emi-
nentes, para asignar al monument suma importancia, con-
cedidndole el studio mas esmerado y minucioso.

Sobre el sentido de los caracteres grabados en el mono-
lito, dos son, en esencia, las tesis hasta ahora propuestas: la
cronol6gica y la que llamaremos decorative. A una u otra
se reduce, en rigor, por variantes que presented en el de-
talle, todas las interpretaciones.

Conforme a la primera, los glifos son simb6licos al par
que ornamentales, dentro del conocido y comprobado crite-
rio: nada hay de simple adorno en los jeroglificos: todas las
piezas importantes entraflan sentido concrete.
Calcndario.-1.










Guardan relaci6n, los caracteres del relieve, con el astro
del dia y las fiestas anuales que a 61 se tributaban, asi como
con el sistema de medir el tiempo, del studio de sus movi-
mientos nacido y coordinado con los movimientos de otros as-
tros, sistema en que fueron maestros los aborigenes. A la vez,
la Piedra expresa las etapas principles de la existencia hist6-
rica del pueblo constructor, y el concept mitico-cosmog6-
nico del universe, elaborado por sus sacerdotes.

De acuerdo con la segunda tesis, se trata fnicamente de
un objeto del culto sanguinario de los aborigenes. Dedicado
a los sacrificios que se consagraban al Sol, son decorati-
vos, en su mayoria, los signs que cubren al monument,
gran parte de los cuales poseen, s6lo, sentido aleg6rico de
cosa preciosa ( chalchfzuitl ).

El simple enunciado de estos puntos de vista, patentiza la
absolute divergencia de las tesis. La piedra es una lipida
cronol6gica e hist6rica o un altar del culto sangriento del
teocalli. Es un Calendario, en el sentido amplio de la pala-
bra: mejor dicho, es la sintesis del sistema calenddrico de
los nahuatlacas; o bien es una gran piedra de sacrificios, un
vaso para la sangre y los corazones de las victims.

Disparidad tan manifiesta en las interpretaciones, pro-
clama la necesidad imperiosa de adoptar un criterio en el
asunto, segin me parece, en lo que a los fines de la ense-
fianza official respect, sin hablar del interns abstract, pe-
ro imperioso, de la ciencia.

Planteada, pues, la cuesti6n, ique camino puede con-
ducir a resolverla rectamente?

Lo rational es la inspecci6n del monument: el andlisis
director de los glifos, a la luz de los avances de la ciencia










arqueol6gica. Juntamente, la critical de las disquisiciones de
los autores principles, compulsadas entire si y puestas en
confront con la Piedra misma. Afiddanse los elements de
caricter hist6rico o traditional, que aparezcan en las cr6ni-
cas mds antiguas, hechas a raiz de la conquista. Afiddanse
los monumentos prehispinicos que expresen ideas andlogas.
Sobra decir que, si los c6dices indigenas consignan alguna
indicaci6n, y esta se interpreta rectamente, su valor resul-
ta decisive. Todo conciliado con el sentido comirt, eje de
diamante de la ciencia.

El criterio de autoridad hay que descartarlo, no obstan-
te la eminencia de los nombres que militan a favor de una
de las tesis ( Le6n y Gama, Humboldt, Gallatin, Orozco y
Berra, Chavero, etc. ), y sin embargo de que el mas sabio
de los defensores de la opuesta idea, Seler, finicamente en
forma incidental y ligera trata del asunto.



II

Conocido el derrotero, la primera reflexi6n induce a de-
clarar que el monolito objeto de studio, dificilmente puede
satisfacer las funciones de piedra para sacrificios.

Ni su forma ni sus dimensions convienen a prop6sito
semejante, haya sido la que se quiera su posici6n primitive.

Precisa imaginarse al victimario encima del enorme blo-
que, con el cautivo atado o postrado a sus pies y tendido de
espaldas. Si procedia a abrirle el pecho y a arrancarle el co-
raz6n con el cuchillo de obsidiana ( f/ili) o pedernal ( Mc-
pall), necesitaba arrodillarse o ejecutar de pie una series de










movimientos embarazosos, dificiles de repetir sin grande
molestia, las muchas veces que el acto se practicaba en las
horrendas ceremonies de tan sanguinario culto. Apenas
puede concebirse algo tan complicado como la operaci6n de
que se trata, repetida ton algunos centenares de victims.

Es, pues, cuesti6n de sentido comfin. Entre los abori-
genes, como entire nosotros, el menor esfuerzo imponia na-
turalmente su ley; y a menos de mirar en el acto una tortu-
ra para el propio ejecutante, cuyas veces las desempefiaban
con frecuencia el rey, sus parientes y los miembros de la
nobleza, hay que persuadirse de que la ordinaria y verdade-
ra piedra de los sacrificios, debi6 tener forma y dimensions
muy distintas.

Los datos recogidos por la arqueologia, todos ellos y de
tiempo atrds, manifiestan esto convincentemente. En efecto,
el objeto del culto sanguinario era en realidad un taj6n: una
piedra de breve altura, mas o menos de la cintura de un hom-
bre, forma aproximadamente piramidal y casi aguda por la
parte superior, de modo que, el individuo alli colocado de
espaldas, quedaba con el pecho alzado en arco y tirante la
piel, facilitdndose la operaci6n que los viejos cronistas des-
criben con grdfica frase: la victim se abria por el pecho co-
mo una granada. Los indigenas llamaron a este tajo, tMhcatl.
En un principio se le construia de madera, pero Motecuh-
zoma el mayor ide6 hacerlo permanent, labrindolo en pie-
dra, de color verde por lo general. Un fraile del siglo XVI,
celebre por la exactitud de sus relates, Diego Duran, inclu-
ye en su obra un buen dibujo del Ilica//, en el acto descri-
to. En las pinturas murales de Chichen-Itzd (Maudslay,
III 39; Biolog a Centrali-Americana) aparece otro ejemplo
del sacrificio, tambien ejecutado en una piedra baja.








7
La Piedra del gran sal6n de monolitos del Museo, indu-
dablemente es algo de especie distinta, aun cuando en oca-
siones especiales se utilizara para el sacrificio, de que nunca
prescindian, por complete, aquellas gentes feroces. El mo-
numento no muestra el vaso o dep6sito de los corazones yla
sangre. Ello result patente, aun admitiendo que la piedra
se designara con el vocablo cuazhxicalli, esto es, vaso o ji-
cara de los caballeros Aguilas, orden military consagrada al
culto del Sol. Pero sobre esto dice el sabio Orozco y Berra,
autoridad de altisimo rango en la material:

Cauxicalli es una palabra generica, aplicada a various
monumentos congeneres, que no tenian las mismas formas
y aplicaci6n."

No hay oquedad, luego no hay vaso. La Piedra, que
estuvo pintada policromamente, en azul y rojo y amarillo y
verde, apenas present huellas de sangre, o mejor dicho, no
las tiene, a diferencia de lo que se nota en el Cuauhxicalli
de Tizoc, 6ste, si, provisto al centro de una concavidad hecha
desde el primer labrado del objeto. El hermoso tigre descu-
bierto hacia 1901, en las excavaciones del edificio que fue
Ministerio de Instrucci6n Piblica, es otro tipo del vaso ri-
tual, la artesa de los sacrificios: enorme oquedad cilindri-
ca aparece en la espalda del monstruo, y la adornan plumas
de Aguila, comprobando el caricter de la pieza.

Por manera que, llamirase como se quiera y Cihua-
c6atl Tlacaelel, en la arenga transcrita por Durdn, apellida-
lo concretamente Piedra del Sol-, la figure sola del gran
monument patentiza prop6sitos de naturaleza diferente.
Con acierto, el historiador Orozco y Berra ha podido decir
(Historia Antigua, I, pig. 162): Cuauhxicalli es una pa-









labra generica, aplicada a various monumentos congeneres,
que no tenian las mismas formas y aplicaci6n."




III

He aqui, sin embargo, lo que declaran los autores que
sostienen opuesta tesis. Todas las series y grupos de puntos
del relieve, son elements de ornato: constituyen abreviatu-
ras de la palabra chalchifhuitl, expresi6n condensada de cosa
rica, adorno precioso, atributo natural de la cosa preciosa por
excelencia: el astro del dia. Por consiguiente, initial es con-
tarlos.

Conviene recorder, al respect, que la cuenta del tiem-
po constituy6 para los aborigenes algo singularmente pre-
cioso y de extrema importancia. Renovaban utensilios, mo-
numentos, edificios y objetos de toda clase, al fenecer el ciclo
que apellidaron gavilla o atadura, para recibir en forma dig-
na al nuevo period, si los dioses lo otorgaban a la huma-
nidad.

Asi pues, la cronologia y sus divisions hallAbanse aso-
ciadas con la esperanza de la prolongaci6n de la existencia, es-
to es, de la aparici6n del Sol, en el comienzo del nuevo ciclo.
La historic political se arreglaba de acuerdo con los periods de
cincuenta y dos anios, de la manera como nosotros medimos
por centuries elcurso de la cultural a que pertenecemos; y
aun la cosmogonia elaborada por los sacerdotes, ajustdbase
rigurosamente a tales c.iclos y a sus m6ltiplos.

Esta circunstancia debi6 prestar, a los ojos de los abo-
rigenes, el mis alto valor al sistema cronol6gico.










Ademis, fue el product sobre todos perfect de su in-
genio, debiendo considerarsele como su mas noble contin-
gente a la cultural humana.

Racional parece que estamparan los elements esencia-
les del sistema, en un monolito gigantesco, de arduo traba-
jo y arte exquisite, consagrado al astro que directamente los
engendra.

Empero, prefiriendo ver en los signos respectivos, gli-
fos de ornato, los defensores de la explicaci6n decorative,
no reconocen tales lectures, bien que aceptan la presencia,
en el relieve, de la veintena y las grandes eras mundiales
predecesoras de la actual.

Ahora bien, la veintena comp6nese de los caracteres
diurnos del calendario; y formaba las dieciocho divisions
integrantes del afio, que algunos han llamado mes indigena.
El relieve ostenta tales veinte elements en el circulo ter-
cero de sus glifos.

Cuanto a las eras cosmog6nicas, los c6dices les asignan
duraci6n fija y relacionada con el sistema de las fiestas ci-
clicas. Constituyen, pues, una y otras, entidades netamen-
te cronol6gicas.

Si el moment ostenta estas, ila presencia de aquellas
por que habria de sorprendernos?.

Extrafio seria precisamente que alli no apareciesen.

Lo expuesto no significa que la Piedra contenga un ca-
lendario en el sentido restrict de la palabra. Un dia de-
terminado no puede sefialarse enfrente de ella, aunque, den-
tro de la teoria de Gama, si podria fijarse la ocasi6n de una
fiesta.
Calendario.-2.









Pero si no es un calendario de la clase de los modernos
(lo dijo Chavero, paladin ilustre de la tesis ciclogrdfica),
present la sintesis del maravilloso calendario mexicano. La
lectura del ciclo de cincuenta y dos afos, del Iuehuetiliztli
o centuria indigena, del afio solar y del period de doscien-
tos sesenta dias o Tonaldmatl, aparece sencilla; y no resul-
ta violent la del gran ciclo de cuatro huehueitliztli.

Pues que la imagen del Sol, rodeada de rayos, lena el
centro del relieve, &c6mo explicarse los demis signos figu-
rados en torno? Es de presumir que expresen concepts en
estrecha dependencia con el mismo astro. Y con 1l, en rela-
ci6n cercana, estin sus propios movimientos, y las divisio-
nes de tiempo que ellos naturalmente engendran.

Una ldpida votiva al Sol, por complete llena de emble-
mas, da que otra cosa puede referirse, sino a dichos movi-
mientos, mixime siendo la mayoria de los emblemas, glifos
o signos numerales dispuestos en circulo, forma usual de la
representaci6n del afio en las ruedas de los indios?

Agr6guese que los conjuntos de caracteres concuerdan
inmediatamente, con s61o computer elements, con las en-
tidades cronol6gicas naturales, el dia y el afio, a las que se
afiaden en la Piedra las combinaciones peculiares del Calen-
dario indigena: laveintena, el period de doscientos sesenta
dias o Tonaldmatl, y los ciclos cada vez mayores (estos de-
notados en forma indirecta) de ocho, cincuenta y dos, cien-
to cuatro y cuatrocientos diecis6is afios, asi como las grandes
eras o etapas cosmog6nicas de la historic del mundo.

He aqui la lectura. Los 365 dias del afio y los 260 del
calendario religioso o Tonaldmati aparecen inscritos en el
cuerpo de los monstruos que forman orla al monument.










Asi debia ser, ya que se trata de la culebra Xiuhcbatl,
entidad de orden mitico cuyas funciones consistian en pro-
ducir el fuego nuevo cada cincuenta y dos aflos, en el dia
llamado Cuatro Cafias ( Nah/i Acatl), segin Chimalpahin
refiere y los c6dices comprueban ( Borgiano; pdg. 46; ed.
Loubat. ).

Teniendo la Piedra dos series de esta clase, en torno de
la orla, dos fiestas del fuego encu6ntranse expresadas, es de-
cir, la centuria indigena o siglo de 104 afios aparece notorio.

Dicho ciclo ofrece una particularidad. La cifra 37, 960
( 104 x 365= 37, 960) es miltiplo del n6mero de dias del
afio y del numero de los del movimiento sin6dico de Ve-
nus, a la vez que del numero de los dias del Tonaldmatl.
Por tanto, en ella se combinan este calendario y los del Sol
y de la estrella, lo que explica por qu6 de las fauces de las
serpientes surgeon dos rostros humans que se encaran jun-
tando ostensiblemente la lengua, o sea la luz ( su luz res-
pectiva ) en el idioma de los hieroglifos.

La metdfora result mas hermosa puesto que, de hecho,
Sol yestrella seaproximan en el firmamento a cada siglo india-
no o huehuetiliztli, siempre que el period anterior principle
estando Venus en su orto heliaco matutino, fen6meno fdcil
de observer por escrutadores del cielo como los aborigenes.

Se aprecia, por lo dicho, que la centuria poseia elevada
importancia. Represent la combinaci6n de los calendarios
que los mexicanos computaban simultdneamente, para ajus-
tarlos con exactitud (lo que esta demostrado en arqueolo-
gia ), prop6sito en donde reside la clave del ingenioso y com-
plicado sistema.









En tal virtud, siendo las cifras 365 y 260 el element
comin de los calendarios, que hacen juego de 104 en 104
afios, natural fue inscribirlas sobre el cuerpo de las serpien-
tes que expresan ese ciclo.

Veamos la distribuci6n. Hay diez puntos en otrastan-
tas secciones del cuerpo de las Xikhc6all ( culebra delfuego,
significa etimol6gicamente, segun Paso y Troncoso), y
dieciocho en la que sigue a los nudos de la cola, mis do-
ce circunscritos por el triingulo en queesta remata. En
junto, 130 puntos en cada serpiente, o 260 recorriendo la
circunferencia. Es el Tonaldmall.

Si por otra parte, computamos los 63 gruesos puntos
del borde de la Piedra ( tan unidos a las Xinhcdal, que se
confunden con el cuerpo de 6stas), afiadi6ndoles los cien
de las diez secciones citadas, obtenemos 163 numerales; y
con los dieciocho que que siguen a las nudos, suman 181
por lado, o sea 362 en 'el conjunto. S61o los doce de los triin-
gulos se omiten en la cuenta, procedimiento no arbitrario,
puesto que el artifice los separa, y que algo debe conceder-
se a las necesidades de distribuci6n de tantos elements, en
various c6mputos marcados sobre el mismo objeto. Casi es-
condidos entire las garras que cubren la primera secci6n
( priniera de cada lado, se entiende) hay otros dos puntos,
es decir, cuatro en junto. El resultado son 366, nfimero de
los dias del aiio, el bisiesto inclusive.

Huelgan los comentarios sobre lectura tan clara y sig-
nificativa.













IV


Pregfintase un autor contemporineo ( Beyer ) c6mo Te-
zoz6moc, Ixtlix6chitl y Crist6bal del Castillo hicieron pun-
to omiso de la Piedra, y no la encarecen elocuentemente,
si condensa concepts de importancia de los expresados. Su
silencio es explicable: el monolito hallibase bajo tierra cuan-
do los historiadores ponian mano a sus cr6nicas.

En cambio, Fr. Diego Durin, que les antecede por
bastantes afios y en quien todos reconocen sabiduria y ve-
racidad absolute, alude al monument en sugestivos termi-
nos. Dice, hablando de Axayicatl: "Tambien estuvo ocu-
pado en labrar la piedra famosa y grande, muy labrada, don-
de estaban esculpidas las figures de los meses y afios, dias
y semanas, con tanta curiosidad que era cosa de ver" ( Hist.
de las Indias de Nueva Espafia. I, pig. 272 ).

iCateg6ricas palabras! La interpretaci6n de caricter
cronol6gico encuentra en ellas cimiento indestructible. Nin-
guna conjetura acerca del sentido de los puntos, por seduc-
tora que se juzgue, puede borrar la fuerza de esa declara-
ci6n. Fr. Diego Durdn, fuente del renombrado "C6dice
Ramirez" y del propio Tezoz6moc, fuente de Acosta y de
larga series de escritores de cosas mexicanas, posee autori-
dad indiscutible. Figura al par con Sahagfn, y s61o por es-
te eximio sabio aventajado, entire los conocedores profun-
dos de la historic de Tenochtitlan, de los usos, idolatrias, y
mentalidad de los indigenas. Sus disquisiciones sobre las
prdcticas de sus antepasados, sus relates, sus descripciones










minuciosas de objetos, ceremonies y sucesos de toda indo-
le, se han hecho cldsicos en la material.

Ni habia polemica sobre el monument cuando el do-
minico trazaba sus piginas, ni tenia interns el fraile en for-
jar interpretaciones, ni su sapiente editor, don Fernando
Ramirez, habria pasado por alto una supercheria en el pi-
rrafo transcrito, en particular habiendo anotado con su ha-
bitual erudici6n y perspicacia el texto.

WDurdn traslad6 aquf, como en el conjunto de su obra,
los elements que tomaba de originales indigenas precorte-
sianos y de aborigenes conocedores, sobrevivientes de la
conquista? Entonces el aserto es concluyente. iDurin escri-
bi6 con fundamento s61o en el propio concept? Quiere decir
que su honda ciencia de la historic y del idioma jeroglifico
de los mexicanos, le trajeron a esapersuaci6n, tanto mis
vigorosa cuanto que, entonces, el asunto no se discutia.

Su parecer, en este caso, expresa la primera, espontd-
nea, desinteresada y genuina explicaci6n del monument.

Resbalan, entonces, por pendiente peligrosa, algunos
opositores de la tesis, al intentar desconocer la autoridad
del pasaje. Resbalan tanto mis, cuanto que proceden sin
prueba alguna, sin fundamento en el indicio mas insignifi..
cante, ex cathedra, por solo el dicho de la suficiencia per-
sonal.

Conscientes, sin embargo, de la fuerza del pasaje, acu-
san su debilidad cuando ensayan relacionar la Piedra del
Museo, con otro monolito, el mandado construir por Mote-
cuhzoma el joven, y del cual leemos en Tezoz6moc, que, al
traerlo a M6xico, se hundi6 en el paso de un puente.










Bien se comprende que, si, en realidad, ese relieve su-
perior a los anteriores, hubiera llegado a la metr6poli, co-
mo piensa Beyer, los cronistas, que tanto hablan de las otras
piedras, se habrian hecho lenguas alabAndolo, en vez de re-
latar su desaparici6n. Evidentemente, el mito de la resis-
tencia opuesta por la piedra, fue el artificio con que sus con-
ductores procuraron calmar la c6lera del irascible monarca.

Necesitan pues, los adversaries de la tesis cronol6gica, si
trabajan revestidos de verdadera probidad cientifica, afron-
tar el studio del pasaje de Durdn. El les suministrard orien-
taciones luminosas.

V

La piedra a que alude el dominico fue construida por
el emperador Axayvcatl, gobernante de Mixico en el aflo
1479, la cual data, en el sistema indigena, llevaba el nombre
de 13 Canas.

Un rectdngulo colocado arriba del rostro del Sol, en
posici6n prominent entire los rebates de la orla, en la Pie-
dra del Museo, expresa la fecha. La cafia y los trece nume-
rales se ven alli perfectamente.

El doctor Seler (seguido por Beyer) entiende que se
trata del ailo mitico del nacimiento del Sol, y no de una fe-
cha cronol6gica.

Sorprende en tal caso, que otros monumentos votivos
al astro ( el monolito de la Universidad de Vale, la Piedra
de Tizoc, etc, ) no presented el que seria generico emble-
ma. Parece algo distintivo, peculiar del relieve de Axayi-
catl; 6ste s6lo lo ostenta.










Pero, en tal caso, se trata de una data, conjetura tan-
to mis plausible, cuanto que conviene con absolute exac-
titud con la 6poca en que el objeto fue erigido. Ademis, no
refieren ese afio (el 13 dcafl) al nacimiento del astro, to-
dos los originales indigenas.

Por su parte, el sabio Orozco y Berra afirma ( Histo-
ria, I, pig. 176: ) Adoptando la fecha esculpida sobre la
misma piedra, la construcci6n data del trece dca/l, 1479."

La declaraci6n es categ6rica.

El propio afio, 1479, marca la conclusion de un gran
ciclo de 416 aflos, o sean cuatro huehuetiliztli (la cifra
cuatro ejercia un papel de cardcter cabalistico y los indige-
nas la hacian jugar en todas sus especulaciones num6ricas),
ciclo comenzado en 1064, este anio inclusive.

Dicho afio 1064 es una fecha hist6rica de importancia.
Sefiala el principio de la peregrinaci6n de la tribu mexica-
na; asi lo hace constar, expresamente, el cronista Chimal-
pahin.

Le6n yGama, el ilustre arque6logo, ley6 el aserto del
cronista y lo tuvo por bueno haci6ndolo propio. Por lo de-
mis, el hecho se comprueba en varias formas analizando
los c6dices.

Explicase, entonces, la construcci6n del grandiose mo-
numento. Los tenochca cumplian felizmente un gran lapso de
laexistencia que los dioses benevolamente les habian otorga-
do. Justo fue erigir, en forma espl6ndida, la lipida conme-
morativa.

Corroborando en forma indirecta lo anterior, hay algu-
nas sefiales en los c6dices Telleriano-Remense y Vaticano









A, lo propio que en la Tira de Tepechpan. Todos tres mar-
can glifos significativos alllegar al aio 1479. En los prime-
ros libros, vese un dibujo de naturaleza arb6rea, hasta hoy
no interpretado por los comentaristas. Viene, pues, a la me-
moria, la circunstancia de que, en los c6dices, los drboles
frecuentemente entrailan inteligencia de grandes periods
de tiempo. Cuando a la Tira de Tefech/pan present en el mis-
mo lugar, rayas a manera de divisions del c6dice; cabe en-
tender un fin y un principio de cuentas.

Prescindiendo de eso, la importancia del ciclo de 416
afios entire los aborigenes, h.llase plenamente comprobada.
Soberbios monolitos existentes en vasto territorio la expresan
con inconfundibles caracteres de piedra. Citaremos el Mau-
soleo III de Chichen Itzd, las Piernas Colosales, proceden-
tes de Tula, los frisos del templo de Xochicalco, las colum-
nas votivas v los tableros de Teotihuacan.

Dentro de la naturaleza del sistema de cronologia, el
ciclo de 416 afios concluye, justamente, en el afio 13 cafias.
Por la misma raz6n, debe comenzar en el afio de nombre
1 pedernal (Ce t~pall).

Pues bien, junto al rostro del Sol, de gran tamailo cer-
ca del centro del relieve, he alli el signo 1 pedernal. El tMc-
pall lleva aqui la voluta de humo, emblema caracteristico
de que se trata de afio de fuego nuevo, afio inicial de ciclo,
segin lo determine el desarrollo del sistema.

La presencia del pedernal con humo, en sitio tan promi-
nente de la Piedra, result, por lo tanto, en extreme signi-
ficativa.

Agr6guese que la nacionalidad que llamamos tolteca,
predecesora de la mexicana ( y de la cual, los tenochcas hacian
Calendario.-3.









derivar su historic entera), comienza su cronologia por el
afio 1 tdcpall.

En el afio 1479, asimismo, ciento cincuenta y seis iban
corridos desde la fundaci6n de Tenochtitlan, aceptando para
ese event la fecha 1324, ese afio inclusive. Tal data es la
que el c6dice de Mendoza, el historiador Orozco y Berra,
Mendieta, Chimalpahin, y, con diferencia de un afiQ, Cla-
vijero, dan por buena.

Ahora bien, sobre el canto del relieve del Museo, in-
mediatos a los glifos que decoran la cara de la piedra y se-
parados por dos cordones, de otra series de signos puestos
en el mismo canto, y los cuales representan el cielo, hay
precisamente 156 gruesos puntos o discos distribuidos en
derredor del monolito.

Cuando los pintaban de azul (vocablo, en ndhuatl, ho-
m6nimo de afio, con diferencia s61o del acento), los discos
o puntos constituian una de las representaciones usuales del
afio.

dQue idea mejor indicada, que la de marcar, junto con
el de la erecci6n del monolito, la fecha sobre todas impor-
tante, de los anales del pueblo mexicano?



VI

Hacen grande hincapi6 los partidarios de la idea deco-
rativa, en una circunstancia derivada de las referencias que
consignan Sahagin y otros escritores, acerca del recinto del
Templo Mayor de Mexico y de los edificios y grandes mo-
numentos en 1l contenidos.










Segin tal modo de ver, la Piedra en studio es la mis-
ma que Torquemada design con el epiteto Hueycuaukxicalli
(cuauhxicalli grande); la misma que se encontraba en el
departamento o templete nombrado Quauhxicalco, adorato-
rio de los cuacuauIztin, caballeros dguilas de la orden military
del Sol.

En tal hip6tesis, la Piedra es el cuauhxicalli de la fies-
ta del Nahui Ollin, celebrada dos veces cada afio, en home-
naje al astro. De ser asi, afirmase, se trata de una ara de
sacrificios; y en manera alguna de un monument crono-
l6gico.

El anterior es el argument Aquiles de los campeones
de la teoria decorative. En rigor, es el solo que presentan
en varias formas. Se reduce a lo siguiente: siendo la Piedra
un cuauhxicalli del Templo Mayor, es decir, un vaso de la
sangre de los sacrificios, nada tiene de calendario.

En el fondo, el argument implica s61o una cuesti6n de
nombre. La confusion mental en que se incurred procede de to-
mar al pie de la letra el sentido del t6rmino. Pero, he aqui
que los defensores de la opuesta tesis, aun los mds ilustres,
no han hallado inconvenient en convenir en que el monolito
pudiera haberse designado en esa forma. En su clasico es-
tudio, don Alfredo Chavero afirma: "Sobre ella subieronse
a sacrificar, pues estaba colocada horizontalmente, y era, por
lo mismo, un verdadero cuaukxicalli." "Este cuauhxicalli
estaba en el temple mayor, en un lugar llamado Quauhxi-
calco.... la octava casa o parte, en la cual el rey hacia pe-
nitencia.... en el ayuno de cuatro dias que se hacia en ho-
nor del sol" (Calendario Azteca; pdrr. II, pig. 244; ed.
Agiieros).










Como se ve, no pecan de originales quienes exhibe nel
dato presentindolo como argument.

Pero el mismo Sr. Chavero emprende el analisis de los
glifos, encuentra en ellos combinaciones cronol6gicas, y con-
cluye su studio en la siguiente forma: "Lo expuesto basta
para ver c6mo es un studio astron6mico y cosmog6nico del
sol. No es calendario, como crey6 Gama; pero piedra es esta
que encierra los mas grades misterios de la ciencia ndhoa."

Por su parte, el insigne Orozco y Berra declara que la
Piedra estuvo en el edificio llamado Cuauhxicalco (Hist. I,
pig. 179); que se sacrificaba e incensaba sobre ella en el dia
del siglo ollin; y que los mancebos cuacuauhlin practicaban
ritos especiales ante ella.

Todo lo que se repite en la actualidad, estaba bien dicho
de antemano, como vemos.

Afirma despu6s, Orozco y Berra, que la Piedra no es el
calendario que crey6 Gama. Pero, a rengl6n seguido aiade,
que, de todos modos, contiene much de lo sefialado por Ga-
ma; que su verdadero nombre es el de Piedra del Sol; que se
trata del objeto mandado construir por Axaydcatl; y en re-
sumen, que hace suyas la mayor parte de las ideas expresa-
das por Alfredo Chavero (Hist, I, pig. 181).

El hecho de que alguna vez se efectuaran sacrificios en
el monolito, result, pues, perfectamente conciliable con la
existencia de combinaciones cronol6gicas, en sus emblemas.
Por eso, nosotros, en reciente trabajo sobre el particular, po-
ca importancia concedemos a este detalle; y en t6rminos ca-
teg6ricos afirmamos que, ocasionalmentt, la Piedra consti-
tuy6 el ara de horrendas ceremonies.










Pero insistimos en que el conjunto de sus jeroglificos
alude al sistema de cronologia.

Pues que, como el ilustre historiador citado nos ha dicho:
"Quauhxicalli es palabra gendrica, aplicada a various monu-
mentos que no tenian las mismas forms y aplicaci6n."

Primordialmente, no es un vaso de sangre, como otros
bien conocidos que se conservan en el Museo. Su configu-
raci6n lo indica mejor que los mis ingeniosos arguments.
Querer demostrarlo, casi result, afirmar, alas doce, que es
de dia. Con su admirable buen sentido, el pueblo acert6 al
lamarle, instintivamente, Calendario. Fue, en realidad, un
gran libro de consult para los aborigenes, libro de caracte-
res de piedra, seguin frase de Leopoldo Batres. Posiblemen-
te estuvo acostado durante las ofrendas al astro del dia; pe-
ro bien hemos hecho en levantarla, los hombres de la edad
present, para que el mundo admire la prodigiosa sintesis de
ciencia y arte grabada sobre su superficie.

Ella es, en verdad, pagina indestructible y sobre todas
fehaciente, de la historic de MAxico.




VII

Otras peculiaridades de especial interns present la
Piedra.

Demostrado con la autoridad de los c6dices (y la afir-
maci6n expresa de Paso y Troncoso), que la serpiente Xiuhz-
coatl encarna la significaci6n de la fiesta del fuego nuevo,
legitimo es atribuir a cada secci6n del cuerpo del monstruo,










un valor de cincuenta y dos afios, mixime presumiendo que
se trata de un monument cronol6gico.

En el caso present, la hip6tesis parece verosimil, aten-
ta la circunstancia de que cada secci6n lleva por adorno una
llama estilizada.

Son doce las divisions del cuerpo en cada monstruo;
el conjunto de la orla nos da un total de veinticuatro.

Pero, cada secci6n present en el nacimiento de la lla-
ma un medio punto, es decir, un medio numeral. Inferimos
que nada mas la mitad del valor debe computarse. Resulta
la cifra 624.

iC6mo contarla? Naturalmente, retrocediendo del aiio
del estreno del relieve.

La operaci6n nos lleva al afio 856 de la era cristiana.
Es la 6poca que las autoridades convienen en referir al flo-
recimiento tolteca, o lo que con ese nombre se conoce.

Ahora bien, un gran nimero de datos convergentes in-
ducen a la creencia de que la cultural, y quiza, tambi6n, la
nacionalidad mexicana, derivironse rectamente de las que
conocemos con aquel nombre. Una sefiora de la mejor no-
bleza lenockca casa con Acamapitzin, miembro de la casa
reinante en Culhuacan, asien'to filtimo, este sitio, de un gru-
po de los toltecas dispersos a la ruina de la gran Tollan.

Corroboran lo anterior dos preciosas relaciones hist6ri-
cas, publicadas por don Joaquin Garcia Icazbalceta en su
nueva series de "Documentos para la Historia de M6xico."

Ambas fueron hechas a raiz de la conquista, de orden
de dofia Isabel Cano Motecuhzoma, hija del emperador de











Mexico y viuda de sus dos iltimos monarcas. Ficil es com-
prender que esta sefiora debi6 encontrarse al tanto de la ge-
nealogia de su familiar.

Pues bien, en uno y otro escritos, la series de los tecuihli
de M6xico se remonta a las r6gulos de Culhuacan y alcanza
en pleno al tiempo tolteca.

Quiere esto decir, si la interpretaci6n expuesta no va des-
caminada, que las fiestas del fuego nuevo marcadas sobre el
cuerpo de las Xiuhcoatl, con los signos numerales que las
determinan, denotan con exactitud lo que los mexicanos
consideraban su 6poca hist6rica. Ella aparece, asi, inicidn-
dose en el period cominmente Ilamado tolteca, en confor-
midad con lo que rezan tradiciones y documents.

Deestasuerte, y con precision absolute, la Piedraaporta
un dato por demis precioso a la historic antigua de M6xico.

Si a los 624 afios obtenidos en la forma citada, y pues-
tos en el cuerpo de la Xiuhc6atl, fuere legitimo agregar los
156 marcados a brevisima distancia, junto de los mismos
cuerpos, en el borde del canto del relieve (donde se les co-
loc6, por falta, acaso, de espacio para distribuirlos), llega-
riamos exactisimamente, lo que constitute de cierto una
coincidencia de cardcter el mds extraordinario, al afio 700 de
la era cristiana.

Este notable afio, cuyo nombre en las tablas cronol6gi-
cas corresponde al signo 1 pedernal (Ce tMcpatl), marca la
fecha adonde convergen el mayor nimero de circunstancias
y referencias para career que represent el principio de la
monarquia tolteca y la data del arreglo cronol6gico que tanto
admira el mundo.









De ser asi, explicase que los constructores del relieve
hayan querido grabarla con imperecederos caracteres. Ex-
plicase la prominencia que la fecha asume en c6dices y cr6-
nicas y tradiciones, a grado que los relates m6s extrafios en-
tre si, giran todos en torno de ella, con muy leaves discre-
pancias.

Lo cierto es, que, analistas tan sagaces y severos como
el doctor Seler, reconocen que algo de la mayor importancia
para los pueblos nahuatlacas, ocurri6 hacia ese tiempo.

Considerablemente acrece el merito del monument, y
aumenta su valor de historic y de cronologia, la presencia,
que puede presumirse, de tan notable fecha.




VIII

Para aumentar, si cabe, la trascendencia de la rexielaci6n,
he aqui otra que la excede en importancia.

Si los jeroglificos marcados sobre el cuerpo de las Xinh-
cdatl, monstruos animados de vida, cuyos ojos y fauces
aparecen abiertos, se consideran, y con raz6n, elements de
la era present o hist6rica de los constructores, ia qu6 pue-
den aludir esas grandes flamas desprendidas de los mismos
series, con direcci6n al centro de la Piedra?

Su figure de llamas es clarisima; pero estdn provistas,
cada ura, de cuatro gruesas barras, que lareflexi6n mas sen-
cilla convida a estimar como indicaciones de tiempo.

Ahora bien, recordando que la concepci6n cosmog6nica
de los aborigenes, supone la historic del'mundo dividida en










cuatro edades. pretendiendo ver en la actual, a la cuarta
(cddice Vaticano A., monolito de Tenanco, etc.), precedida
por tres anteriores, de orden mitico necesariamente, poco
tiene de forzado encontrar en esas llamas desprendidas la
alegoria de las luces que ya pasaron, de los fuegos nuevos
anteriores, de los tiempos que corrieron....

Si la metafisica sacerdotal mexicana no hubiera elabo-
rado un sistema tan complejo y minucioso, nos limitariamos
a reconocer en dichos glifos, la representaci6n abstract de
las 6pocas preteritas, sin pretender fijar determinaciones cro-
nologicas.

Mas, he aqui. que la mayoria de los c6dices y los cro-
nistas que tratan del asunto, no se arredran ante la incerti-
dumbre de la nebulosa prehist6rica; y, entrando con pie fir-
me en los dominios del mito, asignan duraci6n definitive a
los tieminw) de character legendario. Quiere decir, que la fan-
tasia de los aborigenes era mds rica o que sus especuladores
entraron con pasomims audaz, que los autores de otras teo-
gonias v cosmogonias, en el terreno misterioso de la g6ne-
sis universal.

Sea como fuere, en este particular no se trata de califi-
car su error, sino de averiguar si consignaron sus ideas en
la Piedra.

Uno de los autores mejor informados en dicho capitulo,
el historiador /xtlilxdchitl, declara, en forma expresa, lo que
sigue: con anterioridad a los toltecas, el mundo pereci6 tres
ocasiones; la tercera catAstrofe fue contempordnea de lades-
trucci6n de los gigantes o quinamitzin, y ocurri6 en el afio
4,992 del mundo.

A rengl6n seguido, y aludiendo al arreglo de la cronolo-
Calendario.-4.










gia, corrobora /xtlilx6chitl la anterior noticia, en los siguien-
tes t6rminos: En el aio 5,097 de la creacion del mundo, que
fuJ Ce Tecpatl, y 104 despuls de la total destrucci6n de los filis-
teos quinamRtzin, estando pacifica la tierra .... se juntaron los
sabios tultecas.... v trataron de sucesos y calamidades y mo-
vimiento de los cielos desde la creaci6n del mundo, y o/ras mu-
chas cosas .... entire las cuales, afiadieron el bisiesto para a/us-
tar el aTio solar con el equinoccio .. etc., etc." (Relaciones,
I, pig. 14, ed. 1891). 1

En breves palabras lo anterior significa que arreglaron
el calendario, ajustandole los tiempos hist6ricos y prehist6-
ricos.

La fecha 4,992 (cifra en la que, desde luego, se advier-
te el product del cdlculo especulativo y cabalistico, puesto
que se integra de tres fracciones de 1,664--las tres edades
corridas--, formadas a su vez de cuatro unidades de 416, 6s-
tas compuestas de cuatro centuries indigenas o huehuetiliz-
ili de 104 afios), aparece marcando el termino de los tiemnpos
miticos, el moment de la tercera destrucci6n del mundo.
104 afios despu6s, o sea, en 5,097, procedese a arreglar el
calendario. Ya estamos en la epoca hist6rica.

Pues bien, dijimos que las grandes llamas del relieve
ostentan, cada una, cuatro gruesas barras.

La barra es signo reconocido de expresi6n numirica,
variable segfin el caso. iCuil seria el menos arbitrario, pues-
to que se trata de eras mundiales?

iSeri un exceso de temeridad asignarles un Ihueuetiliz-
tli, un siglo indigena? jQue mejor modo de contar eras, sino
por centuries?








27

iHecho sorprendente! En esa forma, los elements gra-
bados sobr- las doce llamas, que adornan el conjunto del re-
lieve, arrojan un total, exactamente, 'de 4,992 afios! Doce
veces cuatrocientos diecis6is, son ni mas ni menos que 4,992.

El admirable monument y el historiador, expresan
practicamente lo mismo.



IX

La Piedra contiene otras combinaciones e indicaciones
en que no podemos detenernos. Con minuciosidad, procu-
ramos dejarlas expuestas en el studio "Pdginas de la His-
toria de M6xico," 1922. Pero conviene expresar, aqui, algo
referente a los otros circulos de glifos.

Los elements del que se encuentra en sexto lugar, a
partir del centro del relieve, suman un conjunto de cincuen-
ta y dos caracteres. Son unos a manera de arquitos. De he-
cho, s61o cincuenta aparecen marcados; pero deben presu-
ponerse dos mas, ocultos por los grandes penachos de las
Xiuhcafl/.

La semejanza de estos 52 glifos, con las figures que ador-
nan el cuerpo de las grandiosas serpientes del edificio de Xo
chicalco, figures claramente reconocidas como emblemas del
planet Venus, por el contorno de corte de caracol que las
caracteriza, induicenos a pensar que aqui se trata delmismo
simbolo.

Relacionado con el planet, los indigenas computaban
constantemente, usindolo como nnidad cronol6gica, un pe-
riodo de ocho afios solares, o sea 2,920 dias. Tiene la pecu-
Tliaridad de que comprende cinco afos sin6dicos de Venus,










coincidencia fdcilmente observable por individuos que Ileva-
ban simultdneamente uno y otro calendarios.

De hecho, la observaron, y para festejarla celebraban la
ceremonia Atamalqualizt!i, descrita en Sahagfin. Dicho fes-
tejo haciase en honor del planet.

Atribuyendo el valor de esa unidad, a los emblemas del
sexto circulo, a los arquitos, el period de 416 afios se obtie
ne irreprochablemente. Cincuenta y dos veces ocho, equiva-
le a cuatrocientos diecis6is.

Algo arilogo ocurre con el cuarto circulo.

La unidad solar-venusina aparece aqui, tal vez, con ma-
yor claridad. El glifo se compone de un breve rectdngulo
donde se encierran cinco puntos. Suele decirsele quintiduo
o quinario o quinterno. El punto central vese perfectamen-
te redondo; los otros cuatro, un tanto alargados.

La cara de Tlalhizcalpan tecuhtli, el senior de la aurora,
o sea, la estrella de la mafiana, aparece en los c6dices mar-
cada con cinco discos blancos, que, al contemplarse el rostro
de frente, tendrian que producer el efecto que se ve en el re-
lieve, por raz6n de perspective.

De manera, que, la asociaci6n del astro con el breve rec-
tdngulo, es plausible y descansa en s6lida base.

Probablemente, los sacerdotes relacionaron la cifra cin-
co, y Venus, por la observaci6n de que cinco movimientos
sin6dicos de la estrella, cierran juego en el calendario del
Sol; posiblemente, tambien, porque en el calendario de Ve
nus se nota el hecho curioso (debido a su especial mecanis-
mo) de que unicamente cinco de los veinte caracteres diur-
nos, president los afios sucesivos de la cuenta del lucero.










Ello es que, el numen representante de Venus, Quetzal-
c6atl, trae al pecho, casi siempre, un joyel compuesto de
cinco aingulos.

Pues bien, la rueda del monolito --, la cuarta, a partir
del centro -- que contiene los breves rectdngulos, y en la que
se ven cuarenta de &stos ( porque hay cuatro huecos, ocu-
pados por otros tantos grandes rayos ), present dimensio-
nes para contener, exactamenle, cincuenta v dos cuadretes.

Atribuyendo a cada uno el valor de la unidad de cinco
movimientos sin6dicos de Venus, o sea, ocho anos solares, el
ciclo de 416 ailos otra vez aparece claramente.

Siendo indispensable inscribir los cuatro rayos en la Pie-
dra, los cuadretes suplidos tuvieron que distrubuirse conven-
cionalnente en el resto del relieve.

Todavia es possible sefialar otra unidad cronol6gica en
el quinto circulo: la centuria indfgena o ciclo de 104 aios.

Los emblemas que lo integran ofrecen singular analogia
con aquel, aislado entire dos discos, que se ve en la frente
del Sol, en el centro de la piedra. Es un glifo de forma de
plunia de iguila. V el Sol, para los aborigenes era una dguila.
Comno la frente no es lug-ar propio para adornos, 1)arece
rational atribuir a este -igno un valor: el de un aiio solar.

He aqui. ahora, la cuenta. Ocho zonas de glifos tiene el
circulo : seis presentan 10, y 5 cada una de las otras dos;
debiendo presuponerse los 5 restantes, cubiertos por los pe-
nachos de las ,Xiuhcta/. Porque el espacio es precisamente
el que se require para distribuirlos simntricamente con los
anteriores. Esto nos da 80 glifo., a los que se agregan los 3
que orlan las ocho aspas que arrancan del mismo circulo, o
sea 24. En junto, 104 glifos solares : la centuria indigena.












x


Quedan presentadas, en resume, las consideraciones
que permiten, seriamente, ver en el gran monument -del
Museo una lipida de cardcter cronol6gico e hist6rico, un
libro de consult ( dijolo don Leopoldo Batres ), la sintesis
de medir el tiempo y de las teorias cosmog6nicas de los cons-
tructores.

En consonancia con los simbolismos expresados, y con-
firmdndolos en la forma mas brillante, he ahi los rostros del
Sol y de Venus ( Quetzalc6atl ), astros engendradores de la
cronologia, a virtud del enlace de sus movimientos, admi-
rablemente observado por los antiguos mexicanos. Dichos
rostros surgeon de las faces de los monstruos, que decoran
la orla de la Piedra.

La faz esculpida en el lado izquierdo, es el rostro de
Tonatiuh, interpretaci6n que nos pertenece, reconocida por
los adversaries de nuestra idea.

Id6ntica orejera adorna esta cara y la del centro de la
Piedra. El mismo emblema se ve sobre la frente de uno v
otro ntimenes. Trdtase, indudablemente, de la representa-
ci6n del astro del dia.

La cara opuesta ostenta orejera desprovista de colgante,
y no lleva en la frente el signo solar. En cambio, se le ad-
vierte vaga, pero inconfundiblemente, un dibujo de malla,
distintivo empleado con frecuencia para representar a Quet-
zalc6atl. Ademds, en su cardcter de senior de la aurora, fun-
ciones que correspondent a Quetzalc6atl, con el nombre es-










special de T/ahuizcalpantecuhtli, el personaje ostenta orejera
redonda sin colgante, a diferencia de la cara del lado derecho
del relieve. la cual si muestra ese agregado.

Se ha pretendido ver en este personaje, opuesto al Sol,
a Xiuztecuhtli, el sefor del fuego; pero la idea es inadmisible
en el terreno jeroglifico y en el abstract.

En aquel, faltale la raya cruzada sobre el ojo, que ca-
racteriza a la inmensa mayoria de las representacioues del
senior del fuego. Fdltale, tambi6n, el xinhidtotl o pdjaro azul
sore la frente.

E ideol6gicamente, es absurda o incomprensible la con-
frontaci6n del Sol y del fuego. Por el contrario, su culto se
confundia frecuentemente.

En cambio, nada tan natural, tan l6gico, tan expresivo
v a la vez tan brillantemente metaf6rico, como la confron-
taci6n de los dos astros cuya aproximaci6n en el firmamento
v el enlace de cuvos movimientos en el calendario, formaban
la cronologia. Es decir, la confrontaci6n de los rostros del
planet Venus y del Sol. Entre uno y otro engendrase la
media del tiempo, o sea el calendario. Y por eso, glifos
venusinos y solares alternados integran los circulos de la
admirable Piedra.

Esa uni6n de la lengua de los rostros, la lengua, que es
la luz, patentemente significada por el maravilloso artifice,
por el gran pensador que ide6 el relieve, constitute el hecho
mis poderoso que milita en pro de la tesis de cardcter cro-
nol6gico.












XI


De seguro que el sentido de tales o cuales emblemas, de
tales o cuales glifos, puede ser material opinable, que s61o se
ventilarA con el an4lisis comparative de otros monumentos

Pero en la tesis, que he apellidado decorative, hay hue-
cos y aspects endebles, en que conviene fijar la atenci6n.

Dicha tesis tiene que guardar silencio acerca de la sig-
nificativa uni6n de las lenguas, en las caras de la orla.

Necesita forjar una nueva, fantistica y arbitraria teoria
(refiida con lo establecido por arqne6logos eminentes, en el
caso desinteresados, y uno de ellos el propio doctor Seler,
adverse a nuestro modo de pensar respect de la inteligen-
cia de conjunto, de la Piedra) acerca del simbolismo de los
monstruos que forman la misma orla, es decir, la serpiente
Xiulrcoatl, por c6dices e int6rpretes y cronistas bien recono-
cida como encarnaci6n de la fiesta del fuego nuevo.

Pasa, asimismo, por alto las significativas concordan-
cias que resultan de la cuenta de los discos, y con la nada
las sfisbtituye; asi como con nada substitute las demas in-
terpretaciones de que- hace punto onliso.

Repite, mon6tonamente, una misma explicaci6n acerca
de glifos muy numerosos, variamente diseminados en el
monolito.

Calla, profundamente, en lo que se refiere a las concor-
dancias que se descubren entire los glifos del relieve y los
concepts de Ixtlilx6chitl.










Y se desentiende en lo absolute del terminante pasaje
de Fr. Diego Durdn.


XII

Las interpretaciones principles de la Piedra son las de
Le6n y Gama, Abadiano, Orozco y Berra, Valentini, Cha-
vero, Seler, Batres y Beyer.

Gama consider que el monument es cronol6gico y ve
en 1l un reloj solar. Supone que las sombras de unos hi-
los sostenidos en gnomones, y fijos en las oquedades que
aparecen junto al canto del relieve, marcaban las horas del
dia y sefialaban varias fiestas importantes del afio, el paso
del Sol por el zenit, los solsticios y los equinoccios.

Este studio es un breviario de arqueologia, que excede
con much del andlisis dela Piedra. Sobre el mecanismo del
calendario y sobre el Tonaldmafl dice gran parte de lo que
despues se ha repetido bajo diferentes nombres.

El trabajo de Abadiano es un engendro indigesto. Las
correlaciones con la Biblia estdn a la orden del dia.

Orozco y Berra traza la historic de la Piedra, identifi-
cAndola con el cuauclixicalli de los caballeros de la orden
del Sol, llamados cuacuauhtin, construido en tiempo de
Axaydcatl; pero agrega que contiene muchas indicaciones
cronol6gicas y lee el afio 1479, del reinado de Axaydcatl, en
el cuadro superior, ddndolo como la fecha del estreno.

Chavero admite lo anterior, pormenorizando los deta-
lles de la matanza de 700 victims deTliliuhquitepec, efectua-
da en el estreno del njonolito, segin la relaci6n de Fr. Die-
go Duran; pero afirma, juntamente, que la Piedra condensa
Calendario.-5.









las ideas cosmog6nicas y calendlricas de los mexicanos, cons-
tituyendo una sintesis de arte y de ciencia.

Lee en ella el Tonaldmall, el afio, la gavilla de 52 aiios
y el siglo de 104.

Seler repite las aseveraciones de Orozco y Berra, y afia-
de, por su cuenta, la interpretaci6n de la mayoria de los
puntos de los circulos, como expresiones de chalchlmuitl o
piedra preciosa. Afirma que la fecha 13 canas s61o expresa
el afio del nacimiento del Sol; e interpreta los datos marca-
dos dentro del segundo circulo, como alusiones a los cuatro
puntos cardinals. Sobre las cuatro edades del mundo repi-
te, en resume, lo mismo que todos, pues todos las leveron
inmediatamente.

El Dr. Valentini vi6, como los anteriores, los signos de
los 20 dias, y la division del dia en diecisdis horas, por me-
dio de los rayos y aspas que irradian de la cara central. Pe-
ro tiene muchas ideas propias arbitrarias. En el glifo de la
frente del Sol, ve un vaso de agua, el cual da la voz Alona-
tihu. En el circulo de los quinarios, halla 260 dias lunares;
en el que sigue, 105 solares, sumando, entire unos y otros,
los 365 dias del afio. La cuenta es harto caprichosa.

En las llamas con gruesas barras, ve nubes. Pero en
el cuerpo de las Xiuhcoa/l, percibe bien que cada secci6n vale
por una fiesta de fuego; aunque fracasa en su cuenta, pues
llega al afio 231 de nuestra era, sobre el cual ningiun c6di-
ce trae referencias. La fecha del cuadrete superior, si la en-
tiende bien, como el afio 1479.

Beyer adopta en masa las ideas de Seler, parte de las
cuales son de Orozco y Berra. Del circulo central y del que
contiene los simbolos de las edades cosmog6nicas, repite lo











que ya se sabia. De los emblemas del segundo circulo pien-
sa, como Seler, que aluden a los rumbos cardinals. Del cir-
culo de los dias pormenoriza explicaciones que eran conoci-
das desde Gama y Chavero, y que Seler expuso con minu-
ciosidad. De los quinarios, expresa que son chalchihuitl,
como su antecesor aleman. Lo propio, afirma de las plumas
de fguila que siguen. Sobre la siguiente zona present una
idea original, pues dice que contiene gotas de sangre. Fi-
nalmente, en los monstruos de la orla ve la representaci6n de
la Xiuhcoatl, como Seler lo habia dicho; pero no consider,
al emblema, como representaci6n del fuego nuevo, sino co-
mo dos arcos celestes, uno diurno y otro nocturno, tesis ar-
bitraria. En los puntos marcados sobre dichos cuerpos ha-
lla, otra vez, chalczhiluit/, siguiendo a Seler. El noventa por
ciento de las ideas expuestas por este escritor, pertenecen a
su antecesor berlines. De su cosecha es el descubrimiento
de que 1as garras aferran corazones (lo que es cierto); la
identificaci6n arbitraria de los glifos del sexto circulo, con
gotas de sangre: el ver arcos celestes en las culebras; y la
confusion de la cara de la izquierda de la parte inferior, con
la de Xiuh/teculhtli, de quien faltan alli los rasgos caracteristi-
cos. La identificaci6n de la cara de la derecha, con Tonatiuh,
la tom6 del autor de estas lines. En el cuadrete superior,
tambi6n encuentra el afio del nacimiento del Sol, siguiendo
al Dr. Seler.

Don Leopoldo Batres encuentra en la Piedra la expre-
ci6n de un grupo de 13 afios, o cuarto ialpilli, relacionado
con el agua.

Sobre algunos detalles del monument, los sefiores Doc-
tor Pefiafiel y Lie. Mena han emitido, cada uno por su cuen-
ta, ideas interesantes.










En las Memorias de la sociedad "Alzate" y en el es-
tudio Pdginas de la Historia de MIxico: la Piedra del Calen-
dario Mexicano. Su Simbolismo. Mexico, 1922, estd expues-
ta la interpretaci6n del autor de estas lines.


XIII

En resume, la Piedra se compone de siete circulos con-
c6ntricos, labrados artisticamente en una roca de basalto de
enormes dimensions. Su cilindro esculpido, no perfecta-
mente circular, mide 3.57 metros, como didmetro medio.
Este conjunto forma parte de un bloque aproximadamente
cuadrangular, roto en various de sus angulos, al present;
pero se ve que la superficie del bloque fue alisada con esme-
ro, lo que indica no se intentaba desbastar la zona exterior.
Como en los fragments que restan n6tanse series de peque-
fios puntos distribuidos en forma irregular, cabe pensar que
hayan figurado las constelaciones, entire las cuales el Sol
asoma todas las mafianas, para sepultarse tambi6n, entire
ellas, a la hora del ocaso.

El circulo central ostenta la cara de Tonatiuh, el Sol en
la mitologia mexicana. Hay quien diga que este rostro lleva
mascara. La lengua, que es la luz, aparece proyectada al
exterior; es decir, el astro irradia su resplandor por el uni-
verso. Tiene orejeras redondas, con colgante igual al de la
orejera del personaje que asoma por las fauces de la Xiuh-
cbatl, de la izquierda del relieve, en la parte inferior. El de-
talle permiti6, al autor de estas lines, identificar la perso-
nalidad de dicho personaje, conquista hoy consagrada de la
ciencia. Tiene collar de gruesas cuentas de chalchifuitl. En
la frente ostenta dos discos (como el personaje de los table-










ros del temple de la Ciudadela, en Teotihuacan, cuyo deta-
lle permit identificarlo); y en medio de ellos estd el glifo
solar, de figure de pluma de aguila, andlogo, tambi6n, al
que se ve en la frente del personaje de la parte inferior.

Creian, los mexicanos, que el Sol era una aguila, y llama-
banle Cuauhll/iuat/ (Aguila que asciende). Corrobordndolo,
n6tanse, en el circulo inmediato, las dos grandes garras aqui-
linas del personaje, en la actitud del ave que se cierne en
medio del espacio. Esto demuestra que la posici6n natural
de la Piedra, es la vertical, aun cuando la acostaran a veces
para los sacrificios, como ocurri6 con los 700 individuos de
Tliliuhquitepec, que sirvieron para su estreno. S61o asi, ver-
ticalmente, apreciase el Sol suspense en lo alto del cielo.

El segundo circulo contiene la representaci6n de las cua-
tro edades del mundo, figuradas en otros tantos cuadretes o
rectangulos, cuyo conjunto forma una figure Ilamada Nah ui
Ollin, es decir, cuabro movimientos, alusivos al curso annual
del Sol hacia ambos lados de la linea de los equinoccios. De
hecho, el arco de circulo circunscrito por el Nahv/i Ollin de
la Piedra, correspond bien a la amplitud del movimiento
annual del astro.

Una flecha o ravo que aparece entire los cuadretes supe-
riores, marca la meridiana del lugar. A su derecha, se ve el
signo Ce Micpall (un pedernal), con virgulas de humo. Di-
cho cardcter pertenece al calendario.. Sefiala el comienzo de
un period que puede alcanzar 52, 104, 208 o 416 afios. Para
expresar que se halla vigente, esto es, que rige la cuenta o
edad considerada en el monument, a la izquierda del cardc-
ter aparece el signo real, el xinhuiltolli o corona de los mo-
narcas, a la que acompafian la placa del senior del fuego -










porque todo comienzo de cuentas inaugurdbase con la cere-
monia de la renovaci6n del fuego y un glifo que se rela-
ciona con la estrella Venus, y del que tambi6n se desprende
humo -, porque el planet cierra ciclo con el Sol, en el pro-
pio period de 104 afios, y asimismo en el de 416, iniciando,
por consiguiente, iguales cuentas.

Abajo de los cuadretes inferiores, en el mismo circulo,
leense dos fechas, Ce Quidhuitl (una lluvia) y Chicome Ozo-
iIa/li (siete monos). Constituyen, hasta el present, una la-
guna en la interpretaci6n del monument. Acaso indiquen
correcciones de la discrepancia que se produce, al cabo de
416 aios, entire el movimiento real del astro y la cronologia.

El circulo tercero contiene la representaci6n de los vein-
te caracteres diurnos, o nomibres de los dias, que formaban
lo que puede llamarse mes indigena. Comienzan con Cipactli
v terminan en XAchit/. Sou ignales o analogos estos signos
en los calendarios nahua, naya, tarasco, matlatzinca, zapo-
teca, etc., lo que argue un tronco comnn de cultural. Su
presencia en el monumento confirm que este es cronol6gico.
Ni la Piedra de Tizoc ni ning6n otro de los cuauhxicalli los
presentan.

En el cuarto circulo aparece el quinario venusino. Ca-
da cuadrete represent cinco traslaciones sin6dicas de Ves-
per, que son 2,920 dias. El conjunto complete un period
de 260 traslaciones de la estrella, iguales a 416 afios solares.
La manera de contar los quinarios es como sigue: cuatro seg-
mentos de diez cuadretes aparecen, y otros tres rectangulos
se consideran suplidos por los grandes rayos que arrancan
de este mismo circulo. En junto, 52 quinarios. Los doce que
se encuentran suplidos, pueden, tambi6n, encontrarse del










siguiente modo: vese uno en cada una de las ocho aspas que
alternan con los rayos mencionados; bajo la cara del Sol, hay
otros dos rectdngulos; y por filtimo, en las pulseras de las
garras del personaje, pueden contarse otros diez puntos, bien
que estos afectan figure diferente de la del quinario rectan-
gular.

El circulo quinto muestra un conjunto de glifos analo-
gos al que Tonatiuh ostenta en la frente: la pluma de agui-
la. Este signo es decorative en muchos monumentos. Pero,
como la frente no es lugar a prop6sito para ponerse plumas,
(sino el tocado), comprendese que el glifo poseia otro valor,
y no siendo este, el de dia, cabe asignarle el del afio solar,
en un monument del cardcter del que analizaios. Puede
ensayarse la siguiente cuenta: seis segments con diez gli-
fos, y otros dos que tienen cinco, recorriendo el circulo en
studio, suman setenta plumas de Aguila; con los tres que
adornan cada una de las ocho aspas, alcanzamos noventa y
cuatro. Agrguense los cinco de la parte inferior del rostro
central, y tenemos noventa v nueve. Quedan en el relie\ e
otros diez glifos de esta clase, pero muy pequefios, coloca-
dos en las pulseras de Tonatiuh. Si admiti6ramos que el ar-
tista, constrefiido por las necesidades de distribuci6n, pens6
dar a cada dos de estas diez plumitas, el valor de una de las
grandes, obtendriamos otros cinco glifos, los cuales ajustan,
exactamente, el nimero de ciento cuatro: son los ailos de la
centuria indigena: el cehuehu/efiliztli.

O bien la lectura que sigue: seis secciones completes,
de plumas de iguila, con diez signos cada una; otras dos
con cinco signos, a las que se agregan otras dos, de los hue-
cos correspondientes, suplidos por los penachos de las Xit-
hcbatl. Suman 80. Afiadi6ndoles los 3 de las 8 aspas, obte-










nemos el conjunto de los 104. Quedan sin explicaci6n, en
esta lectura, los cinco de la cara de TONATIUH, acaso alusi-
vos a distinta cosa, y los diez pequefitos de las pulseras.

Forman el sexto circulo cuatro secciones de glifos pa-
recidos a arquitos, las dos superiores con trece signos, y las
inferiores con uno nienos; pero que debe suplirse, pues el pe-
nacho lo oculta. Son, pues, en conjunto, 52 arquitos. Seha
dicho que representan gotas de sangre; serian circulares en
ese caso. Su forma peculiar los asemeja al glifo de corte de
caracol, de las serpientes emplumadas de Xochicalco, el cual,
por djversas razones, ha podido considerarse que alude a
Quetzalciafl en funciones de estrella matutina y vespertina,
y que vale por cinco ailos sin6dicos, que es el mismo senti-
do del quinario. En este supuesto, el circulo expresa, otra
vez, el period de 416 ailos solares.

En el septimo circulo admiranse los hermosisimos cuer-
pos de las dos serpientes Xiuzcdaflloculebras del fuego nue-
vo (interpretaci6n de Paso y Troncoso), monstruos anima-
dos de vida, de cuyas fauces abiertas surgeon las caras del
Sol (Tonatiuh) y de la estrella (Quefzalc6atl), juntando os-
tensillemente las lenguas. La lengua era simbolo de la luz,
segun adviertese en el centro de la Piedra.

En efecto, cada 104 afios (y tambi6n cada 416) el ca-
lendario de uno y otro astros cierran ciclo (por la igualdad
365 x 104 = 584 x 65); y los cuerpos celestes verianse pr6xi-
mos, en la b6veda del firmamento, acercando su luz, siem-
pre que la centuria anterior hubiese principiado hallindose
Venus en su orto heliaco.

Sobre el cuerpo de las serpientes, figurados por medio
de puntos, vense los 260 dias que componian el Tonaldmall










(calendario religioso) y los 365 del afio civil. Aqu6llos se
cuentan como sigue: cada monstruo tiene diez secciones (su-
primida la cubierta por la garra), con diez puntos cada una,
hasta llegar a los nudos; agreg-andoles dieciocho, de la sec-
ci6n inmediata a los nudos, mis doce del triangulo en que
rematan las colas, completamos el numero de 260.

Por otra parte, computando cien puntos de las diez sec-
ciones, imas 63 labrados afuera, en el borde externo de la orla,
y los dieciocho que siguen a los nudos, llgase a 181 por lado,
o sea 362 en el conjunto. Casi escondidos bajo las garras de
la primera secci6n (primera de cada lado) hay otros dos
puntos, o sea, cuatro por todos. En junto, son 366. Los dias
del afio, el bisiesto inclusive. Todos estos puntos no deben
haber estado pintados de azul, color que les hubiera dado
valor de afio, sino de algin otro color.

Era natural colocarlos en donde se encuentran. La cen-
turia de 104 afios int6grase por la agregaci6n, una tras otra,
de series de 260 dias y de series de 416.

Las secciones de que se compone el cuerpo de las Xiuh-
cbatl son doce, cada una con el glifo de la flama o signo del
fuego nuevo. Entre ambos monstruos suman veinticuatro.
Asignandoles el valor de 52 afios, obti6nense 1248; pero el me-
dio circulo afadido a cada llama, indica que debe estimarse
la mitad, o sean 624 afios. Estos se deducen del afio 1479,
fecha de la erecci6n del monolito. Llegamos, asi, al 856 de
nuestra era, en el florecimiento tolteca.

Sobre el canto de la Piedra, junto de la orla, hay otros
156 puntos, de tanto relieve, que se distinguen colocado el
espectador enfrente del relieve, contemplando las Xiuh-
c6atl. Puede, pues, agregarse su cuenta a la anterior. Retro-
Calendario.-7.











cedemos, asi, hasta el afio 700. Este sellam6 Ce Tgcpatl; y
hay razones para considerarlo fecha del arreglo de la crono-
logia, entire los antecesores de los mexicanos.

En tal supuesto, dichos 156 puntos si estuvieron pinta-
dos de azul. Los 780 afios expresados ( 624 y 156), cons-
tituyen la 6poca hist6rica de los constructores. Ademas, 156
afios antes de 1479, es el 1324, data de la fundaci6n de Te-
nochtitlan segin las mejores autoridades.

Desprendi6ndose hacia el interior, del cuerpo de las
Xiulhc6all, he alli doce grandes flamas, con cuatro gruesas
barras numerales cada una. Denotan las 6pocas pasadas,
miticas, anteriores a la hist6rica.

Si cada barra expresa una centuria, las cuatro marcardn
un ciclo de 416 afios, y las doce llamas valen, entonces, 4,992.

Tal es la fecha que el historiador Ixtlilx6chitl asigna al
cataclismo que di6 fin a la tercera edad del mundo.

Vino en seguida la edad actual o hist6rica. Por los da-
tos anteriores, vemos que llevaba 780 afios, al erigirse el pro-
digioso monument.

Arriba del relieve, en la parte superior, hay un cuadrete
con la fecha 13acatl, que es el afio 1479. Tambi6n este da-
to prueba que la vertical, fue la posici6n normal. Acostado,
el monolito, no habria norma para orientar ni la fecha, ni
las caras inferiores, ni nada.

Por fltimo, en el canto de la Piedra, mis all de los
156 puntos denotativos de afo, y separados por dos gruesos
cordones, encuentranse los simbolos del cielo, entire los que
aparece de nuevo el emblema de la estrella Venus.








43

El Sol, entire la inmensidad del cielo, circunscrito por
el circulo que es infinite, y engendrando la rueda del tiem-
po que es eterna. He ahi la concepci6n admirable de los an-
tiguos mexicanos.













Obras del Museo Nacional de Mexico
PARA LA ENSE1ANZA

CARTILLAS ELEMENTALES.
(PUBELICADAS)
Cartilla de Antropologia. !Qu6 es la Antropologia Fisi-
ca y con qu6 objeto hay un departanento deese nom-
bre en el Museo Nacional de M6kico? Por el Dr. Ni-
colis L6n.
Cartilla de Arqueologia. (Monolitos) por el Lic. Ram6n
Mena.
Cartilla de Arqueologia. (Cerimica.) (En publicci6n.)
Cartilla de Historia Mexicana.
CATALOGS.
Catalogo del Departamento de Antropologia del Museo
National de Mexico. (Publicado.)
Catalogo del Salon Secreto, del Departamento de Ar-
queologia del Museo Nacional de Mexico. (Agotado.)
Catalogo del Departamento de Arqueologia (Objetos de
Jade) del Museo Nacional de Mexico. (En prepara-
ci6n.)
GUIAS MANUALES.
Guia Manual para visitar los salones de Historia del
Museo Nacional de Mexico. (Iconografia de los Vi-
rreves de la Nueva Espafia. (En preparaci6n.)
MONOGRAFIAS.
Las Castas del Mexico Colonial o Nueva Espaia. Noti-
cias Etno-Antropol6gicas por el Dr. NicolAs Le6n,
Profesor y Jefe del Departamento de Antropologia.
(Publicada.)
El significado esoterico de algunos simbolos nahoas.-
Obra p6stuma del Lic. Ricardo G6niez Robelo.-(En
preparaci6n.)











Ediciones del Museo Nacional de Mexico
DE TENTA IN 8U EXPENDIO DE
PUBLIGACIONES, YACIACOS, FOTOGRIFIAS Y LAMIlNS


ETNOLOGIA COLONIAL Y DE LA REPUBLICAN
Arquitectura en Mexico.-Iglesia de Santo Do-
mingo en la Ciudad de Oaxacay Capilla del Santo Cristo
en Tlacolula, Estado de Oaxaca.-Precioso ilbum de 44
liminas con texto de Antonio Cortes, Jefe del Departa-
mento de Etnologia Colonial y de la Repiblica en el Mu-
seo Nacional y notas hist6ricas deGenaroGarcia, ex-Di-
rector de dicha Instituci6n.
Estando completamente agotado el primer.tonio del
Album dela Arquitectura en Mexicoqueedit6el Museo Na-
cional en 1910, y siendo una obra cuvareedici6n comple-
ta es muy costosa, ahora se ofrtce al piblico, aunque en
edici6n limitada, la parte mis interesantede aquella obra
que comprende las dos iglesias mencionadas, por ser de
las mis representatives de la mejor 6pcca de nuestra ar-
quitectura colocial.
Preciodel ejemplar...................... ....$ 20.00
EN PREPARATION
Arquitectura en Mexico.-ALBUM.-II TOMO.-
MAs de trescientas laminasen magnifica cartulina.-Tex-
to del Arquitecto D. Federico Mariscal.--Edici6n limitada-
ARQUEOLOGIA
C6dice Mendocino.-- Colecci6n de Mendoza o C6-
dice Mendocino.-Documento Mexicano del Siglo XVI
que se conserve en la Biblioteca Bodleiana de Oxford, In-
glaterra.-Facsimile fototipico dispuesto por D. Francis.
co del Paso y Troncoso, ex-Director del Museo Nacional
de M6xico.-Edici6n acompaiiada deuna Introducci6n; de
la copia literal y escrtpulosamente cotejada del texto ex-
plicativo; de anotaciones y comentarios por Jesis Galin-
do y Villa, ex-Director yantiguo Profesordel Museo Na-
cional de Mexico; correspondiente de la Real Academia
de la Historia, de Madrid, y de la Sociedad de America-
nistas de Paris, etc.-(Contribuci6n al Primer Centenario
de la Fundaci6n del Museo Nacional.)




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