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HIDE
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 Preface
 Ninez, adolescencia, iniciacion...
 Juventud: Conspiración y desti...
 En los Estados Unidos: Ausencia...
 En México: 1) Afirmación de la...
 En México: 2) Afirmación del...
 Soledad y muerte
 El proyecto de código de Hered...
 Comunicado de "El Michoacano...
 Obras del autor






Title: Nueva vida de Heredia
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Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00023252/00001
 Material Information
Title: Nueva vida de Heredia
Uniform Title: Boletín de la Biblioteca Menéndez y Pelayo
Physical Description: 46 p. : ; 25 cm.
Language: Spanish
Creator: Chacón y Calvo, José María, 1893-1969
Publisher: Talleres Tipográficos J. Martínez
Place of Publication: Santander Spain
Publication Date: 1930
 Subjects
Genre: bibliography   ( marcgt )
individual biography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )
 Notes
Bibliography: Includes bibliographical references.
Statement of Responsibility: José Ma. Chacón y Calvo.
General Note: "Del 'Boletín de la Biblioteca Menéndez y Pelayo'."
General Note: "Esta conferencia dada en la Habana, en la Institución hispano-cubana de cultura, el 6 de agosto de este año, y, con algunas modificaciones, en la cátedra de Menéndez y Pelayo, en Santander, el 11 de septiembre del año actual, ha visto la luz, casi simultáneamente que en este Boletín, en la 'Revista de la Habana'..."--P. 3.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00023252
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 002785274
oclc - 50450536
notis - ANR3440

Table of Contents
    Front Cover
        Front Cover
    Title Page
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    Preface
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    Ninez, adolescencia, iniciacion poetica
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    Juventud: Conspiración y destierro
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    En los Estados Unidos: Ausencia y evocación
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    En México: 1) Afirmación de la democracia
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    En México: 2) Afirmación del espíritu
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    Soledad y muerte
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    El proyecto de código de Heredia
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    Comunicado de "El Michoacano Libre"
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    Obras del autor
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Full Text





JOSE M.A CHACON Y CALVO
;CORRESPONDIENTE DE LAS REALES ACADEMIAS ESPAIOLA
Y DE LA HISTORIC







NUEVA VIDA DE HEREDIA






(DEL cBOLETfN DE LA BIBLIOTECA MEN NDEZ Y PELAYO)












SANTANDER
1930


C ;-.-; ,i 12-..-. -;. r .-. -.,~ciri... i :-








JOSE M.A CHACON Y CALVO2
CORRESPONDIENTE DE LAS REALES ACADEMICS ESPAIOLA ,
Y DE LA HISTORIC






NUEVA VIDA DE HEREDIA





(DEL








SANTANDER
SANTANDER


1930






















I:


Talleres Tipogrificos J. Martinez, Concordia, i 5.-Santander.















NUEVA VIDA DE HEREDIA (1


Sean mis primeras palabras de profunda gratitud por su pre-
sentacidn benevolentisima al Sr. Escalante, nombre ilustre que me
trade el vivo recuerdo de mis mds antiguas lectures montaiesa&
Como ha dicho nuestro Presidente, no soy nuevo en esta casa de
Menendez y Pelayo. Legud a ella en mi primer aiio de residencia
en Espatia: estaba aim caliente la hueUa del maestro: la vastisima
selva de libros y manuscritos se presentaba imponente; vivia ain,
medio ciego, aquel hombre distinguido, todo l1, vida interior, me-
lanc6lico, suave, silencioso, que se llam6 Enrique Menendez y Pela-
yo. El fug mi primer guia en esta Biblioteca. No se borrard nunea
de mi espiritu la emoci6n de aquel moment. Con su finura native
me iba contando D. Enrique recuerdos intimos de la vida de su her-
mano. Y en la evocavi6n de aquella mocedad prodigiosa pasada en
la Corte desfilaban nombres que me eran gratamente familiares.
No sabia el poeta pr6cer de las (,nteriores>, que muchas de aque-
Ilas personas de las que el me hablaba con singular afecto, eran de
mi misma sangre.
Yo senti, entonces, que un ambiente familiar me acogia, que
aquella casa sencilla bien podia ser mi casa, y desde aquel moment,
yo, que llegaba del otro lado del mar, vine siempre aqui con la mis-
ma confianza con que se llega al solar native,
Con esta misma confianza voy a daros a conocer ahora un ensayo
de interpretacidn de la vida de un gran poeta cubano, a quien Me-
n&ndez y Pelayo dedic6 pdginas esenciales de su obra vastisima

(1) Esta conferencia dada en la Habana, en la Instituci6n hispano-
cubana de cultural, el 6 de agosto de este afio, y, con algunas modificacio-
ne6, en la catedra de Menendez y Pelayo, en Santander, el 11 de septiem-
bre del afio actual, ha visto la luz, casi simultaneamente que en este Bo-
LEuiN, en la Revista de la Habana, la excelente publicaci6n cubana. Con-
sidero el texto que ahora se public como definitive, aunque no es, a la
posture, sino el advance de un libro muy vasto que prepare el autor sobre
el gran poeta cubano.










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Y si andamos en el espiritu, vivamos
tambi6n n el espiritu.
Epistola del Ap6stol San Pablo a los
GAlatas, Cap. V, versiculo 25.)

Quince afios han pasado ya de mi primer intent de interpreta-
ci6n de la obra de Heredia, el poeta national de Cuba. Aquel esfuerzo
mio, que veo enlazado intimamente con los fervores de mi mAs le-
jana juventud, no deja de pesar sobre mi Animo en este moment
en que voy a ofrecer a un pfblico espafiol, en Santander, la patria
de Menendez y Pelayo, y en la cAtedra que lleva el nombre del glo-
rioso maestro, una interpretaci6n de la vida del poeta, basada en
documents desconocidos, en pesquisas personales muy largas, en
intuiciones mismas, que tienen los caracteres todos de la mAs do-
minante realidad. No es una biografia complete la que voy a ofre-
ceros; es el esquema s6lo de una vida dramntica, iluminada siem-
pre por la llama po6tica, alentada por la mas intima pasi6n patri6-
tica, definida, precisada por una lucha sin tregua, con, la fortune
mas adversa, con el dolor mas solitario, con la mAs angustiosa y
tr6mula pobreza.
No voy a incurrir en el pueril empefio de sefialar las evidentes
lagunas que hay an las mas conocidas y tiles biografias de Here-
dia. Quiero, por el contrario, testimoniar pfiblicamente mi gratitud
a la memorial de algunos benem6ritos eruditos, que han facilitadb mi
camino, que me han guiado en mi primer intent de interpretaci6n
biografica. A Guiteras, a Bachiller y Morales, en principalisimo t6r-
mino, debo noticias capitals. Ellos hacen el mas serio y sistemAtico
esfuerzo de reconstrucci6n biografica que encontramos en la nutri-
disima bibliografia del cantor del Niagara. Con frecuencia a ellos
hemos de aludir, y aunque en moments esenciales hemos de en-
contrarnos solos y a solas hemos de vivir horas decisivas de la his-
toria del poeta y de nuestra historic americana, nunca dejaremos
de sentirnos amparados por ]a luz amiga de aquellos maestros que
supieron ver en Heredia, antes que un poeta, antes que un hombre
desamparado y trAgico, la encarnaci6n misma, el simbolo vivo y
palpitante de la patria.
No quiero yo olvidar tampoco ese caracter dominant en la vida
y en la obra de Jose Maria Heredia y Heredia. Hace ain pocos
dias, en los postreros de mi viaje a la Habana, en una de esas ma-










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fianas luminosas en que el espiritu vigilante y siempre renovado de
Enrique Jos6 Varona sefialaba nuevos aspects, nuevos matices de
la conciencia cubana, me decia aquel maestro que 61 habia apren-
dido a sentir a Cuba, a conocer las notas propias de la nacionalidad,
en las poesias de Jos6 Maria Heredia, que ley6 en su nriiez. Ni Saco,
ni Luz, ni Delmonte, ni Varela, dieron a Enrique Jos6 Varona,
gran representative de Cuba, una vision tan licida y penetrante
de la patria como aquellas poesias, elaboradas casi todas lejos de la
tierra natal. Y me decia el cubano egregio: yo le puedo afirmar
que no fui yo s6lo; fueron todos los cubanos de mi generaci6n los
que aprendieron a sentir a Cuba, a ver sus notas pecualiares, tipi-
cas en la obra de Heredia.
Con cuidado reverente he de llegar ahora a la vida de un hom-
bre que se une de tal suerte con el inicio, con la formaci6n del sen-
timiento de la patria. Con emoci6n, con Animo reverente, si, pero
tambien con seguridad, con precision, con el espiritu dispuesto, bien
dispuesto a recibir toda la verdad, a decir toda la verdad, a sentir
toda la verdad.

Nace Jos6 Maria Heredia en Santiago de Cuba, el 31 de diciem-
bre de 1803. Muere el 7 de mayo de 1839. No habia cumplido los
36 aiios en el moment de su muerte. Vida muy corta, ciertamente,
pero llena de las mas extraordinarias peripecias, del mas divers y
profundo diramatismo. El mismo poeta condens6 su vivir agitado en
estas palabras, escritas al frente de la segunda edici6n de sus poe-
sias: Atiempo una vasta carrera, y con mis o menos fortune he sido
babogado, soldado, viajero, professor de lenguas, diplomAtico, perio-
Adista, magistrado, historiador y poeta a los veinticinco afios. Todos
amis escritos tienen que resentirse de la rara volubilidad de mi
.suerte. La nueva generaci6n gozara dias mas serenos y los que en
ejllos se consagren a las musas, deben ser much mAs dichosos.>
El esquema biogrAfico que voy a leeros permitira sefialar nuevas
cualidades: fu6 tambi6n Heredia tribune, fu6 doctrinalista del Deo
recho politico y del Derecho penal, fue alpinista, fue un conspirador
condenado a muerte, fue padre de muchos hijos, y fue, siempre, un
hombre abatido por la pobreza, por la angustia nunca interrumpida
del vivir cotidiano, probado por la soledad mAs profunda en los mo-










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mentos del dolor. Y fu6, por encima de todo, un sofiador virgineo y
nuevo, a quien nunca, ni aun en los mismos dias de su temprana
muerte, que fueron los de mas pobreza, y los mAs solitarios de to-
dos, dej6 de consolar, de fortalecer, de. dar nueva esperanza el res-
plandor de la belleza. Gracias a ello pudo afirmar su obra, hecha en
las circunstancias menos propicias. Gracias a ello vive su nombre
para siempre en nuestra poesia y en la poesia del mundo.

En el afio 1914 tuve ]a fortune de hallar en el Archivo de la
Universidad de la Habana el expediente del poeta. Este hallazgo
rectificaba noticias tradicionales en ]a biografia de Heredia. Pens6
entonces que una detenida exploraci6n en nuestros archives podia
ser fecunda, pero, a poco, me convenci de que los viajes del artist
y las vicisitudes de su vida exigian que esta investigaci6n, fuese
muy amplia, que casi fuese continental y que, en primer termino,
fuese una investigaci6n mexicana, ya que Heredia vivi6 en M6xico
m6s que en ninguna otra parte; alli se realizan y se desvanecen,
casi a un tiempo, las mas de sus aspiraciones, alcanza alli los mA-
ximos honors, sabe alli de las luchas mas cruentas y mAs apasio-
nadas, alli se casa, alli nacen todos sus hijos, alli muere, y yacen
alli sus perdidos restos.
Abrigu6 desde aquellos lejanos tiempos la esperanza de ese viaje.
Creia que aunque fuese un fracaso mi investigaoi6n, un deber ele-
mental' de bi6grafo me obligaba a conocer el ambient en que vivi6,
luch6 y muri6 Jos6 Maria Heredia. DespuBs, un prestamo que nun-
ca podr6 agradecer bastante, y que debi a mi sabio y generoso ami-
go D. Manuel Sanguilly, a cuya memorial quiero rendir el tribute
de mi emocionada gratitud, me puso en contact con las primeras
cartas familiares del poeta. Eran cartas sencillas, sin aparente tras-
cendencia, sin ostensible valor literario (una fran fortune, en ver-
dad), escritas a la madre o a la hermana ausentes, o al amigo a
quien se queria como si fuese un hermano. Esas cartas eran como
el especimen die una colecci6n muy vasta. iD6nde se encontraba
6sta? iC6mo habia sido tan poco utilizada por los bi6grafos? AD6n-
de estaban las otras cartas familiares que habia visto Guiteras en
Matanzas, y utilizadas, en parte, al escribir su vida del poeta? ANo
podia intentarse una vida de Heredia al trav6s de su epistolario?










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tQu6 luz nueva arrojaria sobre esa vida azarosa una interpreta-
di6n intima y met6dica de las cartas del poeta?
Pasaron afios y afios. Quien ahora os habla se fu6 de la tierra
natal. No olvid6 nunca at poeta elocuente del Niagara y ai lirico
meditative del Cholula. En la ausencia, la larga ausencia, fu6 des-
cubriendo matices nuevos en esa poesia, today en su verdadera inti-
midad, poesia de ausencia, de evocaci6n y recuerdo. Un editor ami-
go, el Sr. Barns, doctisimo director de los ClAsicos Castellanos de
La Lectura, le encarg6 para la gran colecci6n una edici6n de las
poesias de Heredia. Era el primer lirico americano que se incorpo-
raba a una colecci6n de ClAsicos Castellanos: amplia y fecundisima
interpretaci6n de lo castellano y de lo clAsico. Castellano por la len-
gua -lengua de veinte pueblos-, clAsico, por el valor permanent
de la obra, por cierto sentido de perdurabilidad hist6rica. En ese
moment comprendi que yo tenia noticias muy poco precisas de la
vida del poeta; que habia en ella grandes lagunas, que era una gran
vergiienza para un hombre que vivia casi siempre en los archives
y que ya no sentia en ellos Ia pesadumbre enorme de lo literal y
concrete y casi tenia la esperanza de redimirse en los mismos de
toda erudici6n est6ril, vacia de espiritualidad, que eran una gran
vergiienza para mi, estudioso de la cultural cubana y de la gran cul-
tura hispanica, que supiese tan poco de un representative de la
poesia de Cuba y de los origenes de la nacionalidad cubana. En ese
moment me hice el prop6sito de cumplir con esta obligaci6n de
conciencia. Volvi a la patria. Encontr6 en la Biblioteca de la mas
antigua de nuestras Sociedades de cultural, en la Econ6mica de Ami-
gos del Pais, un epistolario manuscrito vastisimo del poeta; hice mi
primero y, hasta ahora, finico, por desgracia, viaje a M6xico; en-
contr6 alli maestros de la erudici6n que me asombraron por su ge-
nerosidad y por su desprendimiento; super de un ambiente Ileno de
inquietud dolorosa y tambi6n de fuerte y permanent realidad. Alli
supe de lo m6s primitive y de lo mAs nuevo de nuestra America;
alli de la mas firme tradici6n y de la mas audaz experiencia; alli,
en esa especie de Rusia americana, yo pude ver una tarde lo que
habia de permanent, de vital en sus revoluciones cuando cerca de
mi, en la sala de indices de la Biblioteca Nacional, unos obreros que
vestian su traje azul, de trabajo, que venian del trabajo y que vol-
verian al trabajo, pedian los nutridos ficheros, anotaban cuidadosa,









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mente las signatures, con seguridad, con naturalidad, como si fuese
aquello part del cotidiano trabajo. Los instruments de cultural
eran familiares para aquellos hombres. Algo permanent y vital
senti en aquel hecho sencillo.
Este ensayo de interpretaci6n biogr6fica tiene, asi, dos fuentes
principles: el epistolario, en gran part in6dito, que para en la
Econ6mica, y los documents mexicanos que encontr6 en mi viaje,
inolvidable y feliz, a la naci6n que Vi6 los dias tormentosos de He-
redia, su soledad y su muerte.

Nifiez, adolescencia, iniciaidn po6tica.

Los viajes de Heredia empezaron en su nifiez. Su padre, el aus-
tero regente de la Audiencia de Caracas, D. Jose Francisco Heredia,
tuvo que seguir los vaivenes de la carrera judicial, que antigua-
mente en Espafia se parecian bastante a los de la vida diplomAtica.
No hay noticias categ6ricas de que Heredia acompafiase a su padre
a La Florida, pero se presume; si las hay, indubitables, de que fuese
a Santo Domingo (al ser trasladado el oidor Heredia a Caracas y
quedar en esa Antilla la familiar del poeta), en cuya Universidad
se crey6 que hubiese cursado algunas asignaturas elementales, sien-
do negatives las investigaiiones hechas hasta ahora; tambi6n son
precisas las noticias de su residencia en Caracas, que coincide con
los afios mAs azarosos de la guerra de independencia; en cambio
sus studios en esa Universidad son problemAticos. De este tiempo
de la nifiez del poeta no hay huellas en su epistolario; pero, en cam-
blo, si las hay muy interesantes en varias cartas de su padre, el
oidor D. Jose Francisco, que recoge fragmentariamente D. Enrique
Pifiiyro en su introducci6n a las Memorias del Regente Heredia
sobre las revoluciones de Venezuela. He aqui uno de los fragments
mas expresivos: < de 16gica, y lea el capitulo del Evangelio, de las cartas de los ap6s-
toles y los Salmos, como lo acostumbraba a hacer conmigo todas las
tardes; que repase la doctrine una vez a la semana, y el Arte po&-
tico de Horacio, que le hice escribir, y de Virgilio un pedazo todos
los dias y los tiempos y reglas del Arte, para ponerlo a estudiar
derecho, cuando venga aqui, y darle su reloj si lo mereciere con su









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obediencia y buena conduct en este tiempo>> (1). Toda la infancia
del poeta se ilumina con estas palabras minuciosas de la carta fami-
liar. Y estas normas de studios y de conduct, nunca las olvidari
el propagandist convencido y elocuente de las ideas liberals.
Tenia Heredia cuando su padre escribi6 esta carta, que va diri-
gida a la que fue su esposa, D.a Mercedes Heredia, unos doce afios.
En esta edad, afirma uno de los mas antiguos bi6grafos de nuestro
autor, D. Alejandro Angulo y Guridi, ya habia escrito Heredia su
primer colecci6n de poesias: los Ensayos porticos. El manuscrito
se ha citado much, pero muy pocos de los que lo han citado lo han
visto.
Se trata, sin duda, del primer libro de Heredia. Yo tengo ]a
suerte de tenerlo: lo debo a la generosidad de la Sra. Viuda de Val-
divia, la esposa que fue del brillantisimo escritor que hizo conocido
y admirado el pseud6nimo de XConde Kostia>. Aqui, en la mesa
en que escribo, lo tengo frente a mi. iSon los primitives ensayos? No
lo creo, pues la noticia traditional recogida por Angulo y Guridi, en
su biografia del Prisma (1846), una de las mAs antiguas, habla de
quo los ensayos son la obra de la nifiez del poeta, y en este manus-
crito hay poesias en las que se habla de sucesos acaecidos en 1819
(como la muerte de la Reina Maria Isabel Francisca de Braganza),
es decir, cuando el poeta ya iba a cumplir los diez y ocho aiios. Me
inclino a pensar que se trata de dos colecciones superpuestas: una,
la de los ensayos de que habla Guridi, el fabulario de la colecci6n;
otra, de poesias de indole muy distinta, en las que se inicia ya la
tendencia a los grandes temas civiles. El manuscrito que yo poseo
no ha sido estudiado directamente, que yo sepa, al menos, por nin-
giun erudito cubano. No pudo verlo Jos6 Augusto Escoto, y asi lo
conficsa en su Biblioteca Herediana. El doctor Enrique Larrondo y
Maza, antiguo y querido condiscipulo, que viene realizando de la
manera mAs silenciosa, honrada y seria una inteligente labor de re-
construcci6n de nuestra antigua cultural, es el uinico erudito que ha
publicado un articulo concrete y precise sobre esta colecci6n, aun-
que no vi6 el manuscrito original, sino una copia que se encontraba


(1) Memorias sobre las revoluciones de Venezuela, por D. Jose Fran-
cisco Heredia, regente que fue de la Audiencia de Caracas.., Paris, Li-
breria de Garnier Hermanos, 1895. Introducci6n, XXXIII y XXXIV.











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perdida en nuestra Biblioteca Nacional (1). ZHay datos para la vida
del poeta en este manuscrito inapreciable? Entiendo que si.
El manuscrito estA en 16.0, encuadernado en piel espafiola, con
letras doradas en la portada, que dice: < M. Heredia>. La portada, sin duda alguna, es de 6poca posterior al
texto. En la primer p6gina hay una nota que firma ]a poseedora
an aquel tiempo -posiblemente cuando el poeta estaba destarrado
en M6xico- del manuscrito. Sobre la nota resalta una media figure
de mujer, muy bien recortada y de fuerte sabor romantico. La nota
tiene deliciosas faltas de ortografia y toda la ternura que debia
inspirar un poeta desterrado:
Divino numen de Heredia incomparable
el hijo digno de Merced virtuosa
y hermano amable de mi amiga bella.
iQu6 destiny fatal de 61 nos separa?
LQu6 desgracia seaiala nuestra estrella?
Ben a tu patria, amigo despatriado,
pues de todos ihay Dios! heres amado.
Al pie las iniciales P. A. L. Todo un ensayo azorinesco podria
hacerse sobre esas toscas y olvidadas lines. A quien las escribi6
quizA se deba la conservaci6n hasta nuestros dias de los Ensayos
po6ticos. Las in'iciales correspondent a Pepilla Arango, la Emilia de
la c6lebre epistola que tanta parte tuvo, como veiremos despu6s, en
la fuga y liberaci6n del poeta en 1823, cuando se vi6 comprometido
en la conspiraci6n de los Soles y Rayos de Bolivar. Digo que las ini-
ciales son de la generosa amiga del poeta; no afirmo que las prece-
dentes lines ella las escribiese. Por ahora s6lo me atrevo a lanzar
una timida conjetura de que fu6 asi.

(1) Indudablemente lo vi6 Pedro J. Guiteras (Biografia de Heredia,
Revista de Cuba, tomo IX, pAg. 6), pero no hace sino una menci6n somera
de los mismos: tivar la poesia, y alin existe un cuaderno de pocas pIginas, escrito de su
mano, donde se hallan algunos ensayos del arte divino, que debia trans-
mintir su nombre a la posteridad. Muchas de las composiciones de esta
6poca son de carActer politico y en ellas se advierte que los sentimientos
dcl gran poeta no eran favorables a la Revoluci6n., aunque reprobaba los
actos de crueldad con que el rencor de Monteverde afligia a sus habi-
tantes.>










- II -


La colecci6n tiene dos dedicatorias. Una en prosa, a Belisa; otra
en verso, al' Sr. Marques de C. R., iniciales que correspondent al
Marques de Casa Ramos de la Fidelidad, oidor que fuN de Puerto
Principe. Adorada Belisa, dice en la primera: el deseo de agra-
darte favoreci6 mi inclinaci6n a la poesia. A ti, pues, se deben estos
cnsayos... A ti se dirigen, y yo quedar6 bien recompensado si en
medio de la lectura, al encontrar tal vez la pintura de algunos su-
cesos que han dejado en mi pecho la 'impresi6n mis dulce, dieras a
mi memorial una ligrima, un suspiro, al excitarse en tu coraz6n un
recuerdo que te haga decir: iCuAnto me am6!> Amores reales o su-
puestos, inocentes amores literarios, aparecen ya en la vida del
poeta. En el soneto dedicatoria al MarquAs de Casa Ramos de la
Fidelidad, leemos este primer terceto:

STd de Florian las obras me prestaste,
A FloriAn imitar he procurado;
Tf tal atrevimiento no pensaste.>

He aqui una de las primeras influencias literarias que pesan
sobre Heredia, influencia olvidada de todos, y sobre la que ha lla-
mado recientemente la atenci6n, en un fino articulo, el Sr. Larron-
do (1). El caballero FloriAn, muy frances, muy del siglo XVIII, da-
ria a esta poesia incipiente de Heredia su fondo razonador, su 6tica
concrete. El poeta lo olvidara pronto. Cuando forme su primer co-
lecci6n de poesias destinadas a la imprenta, casi eliminarA el fabu-
lario traducido o imitado de FloriAn; persistira, sin embargo, -en su
obra durante much tiempo este fondo de moral prActica, de ideo-
logia liberal, tan caracteristica de los tiempos de la encyclopedia y
reflejados en las composiciones del olvidado fabulista francs.
Hemos dicho unas palabras que son fundamentals en la poesia
de Heredia: ideas liberals; e ideales de liberaci6n, de libertad, en-
seguida vienen a ]a mente. En la poesia, en la vida del artist desde
estos tiempos de nifiez hasta sus afios mAs solitaries de Mexico, estas
ansias profundas, estos ideales han de persistir. Conviene ahora re-
cordar que una de las poesias mAs largas de los Ensayos, una de
las finales, es la tCanci6n hecha con motive de la abolici6n del co-

(1) febrero-mayo 1930. Una fibula de Heredia, 66-69.










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mercio de negros>. En los dias de su nifiez ya habia en Heredia un
inflamado acento de libertad:

< al Africa dirige su camino,
a do lleva el espanto,
el dolor, la tristeza, el luto, el llanto.>

No olvideumos el epiteto. Empieza a delinearse en el espiritu in-
fantil del poeta, el sentimiento de lo americano, de lo aut6ctono,
que va a ser mAs tarde nota definitive en el arte de Heredia.
El poeta tenia a la saz6n diez y seis afios, suponiendo que la re-
copilaci6n de los Ensayos sea de 1819. De ellos, muy pocos habia pa-
sado en su tierra. En 1806 empiezan probablemente sus viajes. El
afio de 1818, segfin afirmaci6n de Guiteras, lo pas6 &n Matanzas.
En 1819 lo encontramos residiendo en M6xico, adonde su padre ha-
bia sido trasladado como oidor de la Audiencia. D. Nicolas Rangel,
eminent investigator mexicano, a quien debe la vida de Heredia
Una magnifica contribuci6n, comprob6 que estudi6 en ]a Universidad
de M6xico. Asi se desprende de la exposici6n que dirige al virrey
Apodaca en 18 de diciembre de 1820. En la misma se lamenta el
poeta de una pobreza extremada. tender a la manutenci6n de su madre enferma y de cuatro herma-
nas que no han salido de su nifiez.> Pobreza extremada. Lucha por
el diario vivir. No es esto s61o. En otro document encontrado tam-
biWn por Rangel (1), hay un dato impresionante. Se trata de la par-
tida de defunci6n del padre del poeta, del antiguo regente de Cara-
cis. Al margen de la partida hay escrita esta palabra: limosna. El
servicio ffinebre se hizo de limosna. Aunque esto, como me advierte
mi gran amigo Regina Boti, poeta personalisimo y notario diligente,
puede ser s61o una manera de esquivar el pago de ciertos derechos,
es evident que el hombre que habia desempefiado puestos tan ho-
norificos como D. Jos6 Francisco Heredia dej6 a su familiar en una
gran pobreza. No le dej6, como dice Heredia en su exposici6n al
virrey, (mas que la memorial y el ejemplo de los distinguidos servi-

(1) VWase la excelente , pu-
blicada en la Revista Bimestre Cubana, afio de 1830.










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cios que ha hecho a S. M. en Venezuela. No olvidemos este tema
de la pobreza que nos ofrece estos casi desconocidos documents.
Insiste en el mismo la madre del poeta, en instancia que eleva afios
mAs tarde a la autoridad superior de Cuba, solicitando protecci6n
para su viudez desamparada. Estos documents oficiales nos hablan
ya de la vida infortunada de Heredia, y son una spiritual concor-
dancia con las futures cartas familiares, en las que el poeta, com-
pletamente olvidado de ]a literature, habla de sus conflicts cotidia-
nas, de sus grandes luchas political, de su pensamiento tenaz en la
patria lejana, de su perdida fe en las libertades de Am6rica, de la
cruel desesperanza que hasta su muerte habia de colmar su cora-
z6n apasionado.


Juventud: Conspiracidn y destierro.

En 1820 habia publicado Heredia en forma de opusculo, en Me-
xico, su primer poesia: Espai a libre (1), que lleva como epigrafe
el siguiente verso de Quintana: mis ninglin tirano>.
Empieza la poesia:

Y en vano fuera la constancia heroic
con que el pueblo espafiol rompi6 valiente
el yugo atroz de perfido tirano...

Termina:

Y del Artico poco al otro polo
y en cuanto alumbra el rutilante Apolo
Espaiia libre con placer resuena.

Del mismo afio, y con igual sello de imprenta (permitase a un
bibli6filo dar estos dates que faltan en la bibliografia de Heredia,
aunque parezcan excesivos en esta vida esquemAtica), es el -
(1) Espafia libre, M6xico, afio de 1820. Primero de ]a restauraci6n de
la constituci6n political de la Monarquia Espafiola. En ]a imprenta de
Arizpe.











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no patri6tico al restablecimiento de la Constituci6n (1), nueva y
temprana manifestaci6n de la poesia civil herediana.
Dice el coro al comienzo de la composici6n:

Gloria eterna a los heroes que oyeron
de la patria doliente la voz,
y acallando su triste gemido
lo arrancaron de esclavo al furor.

Termina con esta apoteosis de D. Fernando VII:

Gloria al Monarca que el heroico brio
de sus fuertes vasallos premi6 tierno;
habl6 Fernando y al oscuro averno
precipit6se el despotismo impio.

En ese afio de 1820 regresa el poeta a Cuba. Ya estaba bien pre-
cisada la indole de su poesia. Seria esencialmente el poeta de la
libertad. La libertad en abstract contra la tirania en abstract.
La libertad como tema portico, como gran tema de la elocuencia po&-
tica. Ahora iba Hered'ia a empaparse del ambiente cubano; ahora
iba a sentir, a vivir lo que antes era un solo tema de ejercicio lite-
rario. Conviene insistir en esto: ya era Heredia un poeta civil al
legar a Cuba, en 1820. DespuEs habia de ser, no un poeta civil, sino
el poeta divil de Cuba.
iQu6 perspectives se le ofrecian en su tierra? En 1821, en la
hora nona del dia 12 de abril (asi, con esta precision, aparece en el
expediente universitario) (2) se recibe Heredia de. Bachiller en De-
recho de la Universidad de la Habana. En 1823, en 7 de junio, ob-
tiene el titulo de Abogado en la Audiencia de. Puerto Principe. Co-
labora en los peri6dicos que a ]a saz6n se publicaban en Cuba y ya,
en 31 de mayo de 1823, en < (una de
las fuentes mds preciosas para la historic de las letras cubanas) se
anuncia de una manera solemne la pr6xima edici6n de las poesias

(1) Himno patri6tico al restab]ecimiento de la constituci6n, por don
.Tos6 Maria Heredia, Mexico, 1820: en la oficina de D. Juan Bautista
Arispe.
(2) Publicado en mi . Cuba contempo-
rAnea, La Habana, 1916.










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de Heredia. El anuncio es todo un program est6tico, y aunque se
public en forma an6nima, el estilo y las ideas literarias evidencian
que s61o pudo escribirlo en Cuba D. Domingo del Monte, el escritor
que mis honda influencia ejerci6 entire nosotros durante la primer
mitad del siglo pasado. Que yo sepa, la curiosa noticia de sor no se ha reproducido textualmente nunca; extractar- asi algu-
nos de sus pArrafos: cSin studios preparatorios para emprender el
viaje del Parnaso, sin mAs normas por donde dirigirse que el Ren-
jifo, y siendo su poeta favorite el frio Arriaga y el buen Iriarte,
de prosaica memorial, ya se dejan conocer los progress que hacian
(se estA hablando de los poetas j6venes de entonces) en el dificil
arte de hablar al coraz6n con el encendido lenguaje de las pasio-
nes...> En tales circunstancias se imprime en Francia una colecci6n
de los mejores versistas espafioles (se trata, sin duda, de ne poetique>>, de J. B. Maury); los poetas contemporAneos de la pen-
insula publican sus poesias; 6stas se propagan velozmente en la
Habana, se esparcen las semillas del buen gusto, que cada dia ha-
cen mas y mis pros6litos; ya no hay joven que no conozca los varo-
niles versos del cantor de la imprenta, ni quien no sepa de memorial
los medores trozos del dulcisimo Batilo; ya se estudian los buenos
models y nos atrevemos a asentar que no esti lejano el dia en que
aparezcan los frutos sazonados de la aplicaci6n present.
La obra que comunicamcs es una prueba de lo dicho; la siguiente
composici6n servira de muestra del estilo del autor; ya se ve en ella
lenguaje po6tico, pasiones y, en fin, versos y no renglones rimados.
A continuaci6n insert el peri6dico una de las mis representa-
tivas composiciones de Heredia, Desamor, que, por cierto, present
aqui variantes importantes respect a las dos ediciones que perso-
nahnente dirigi6 el poeta: la de Nueva York (1825) y la de To-
luca (1832).
Eran tiempos aquellos relativamente apacibles para Heredia. Del
Monte habrA adivinado en 61 a la mAs vigorosa personalidad que
hasta entonces habia tenido la literature cubana.
A nadie aludi6 del Monte, y admitamos que es el autor de la
an6nima noticia de El Revisor; pero un poeta muy olvidado y que
tuvo cierto sentido de la elegancia formal, D. Manuel VaMlts Ma-
chuca, que us6 el seud6nimo de d)esvab>, se sinti6 molesto y dirigi6
un comunicado en verso, bastante desgraciado, por cierto, que fu6










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inserto en el nfmearo 20 del mismo afio. He aqui una de las alusio-
nes a Heredia:
< que estos primores me faltan,
puedan otros coronarse de flores
y de verdes ramas.>>

decir que la luna es dulce y lo que le diere en gana (1).
El anuncio de la edici6n no pudo cumplirse entonces.
El poeta se vi6 envuelto en una conjuraci6n political, la de los
Soles de Bolivar, y para librarse de los rigores del Gobierno tuvo que
abandonar ]a Isla. Era en el mismo afio de 1823. Pasaba para He-
redia el tiempo de las pol6micas literarias; era con la vida hostile,
siempre adversa, con la que habia de luchar, desde ahora con tanta
tenacidad como infortunio.
Habian sido los afios que pas6 Heredia en Cuba, 1821-1823 (la
estada mas prolongada del poeta en su patria), una continuada in-
vasi6n de la literature, del artificio ret6rico en su vida. Duele el
Animo ver la series de poesias consagradas a Lesbia, a Lola, a sus
bellas amigas de Matanzas, donde el espiritu lirico, la emoci6n in-
tima brillan por su ausencia y vienen a simularlos el dolor literario,
la pose poftica.

Afin guards, Arbol querido,
La cifra ingeniosa y bella
Con que adorn6 mi adorada
Tu solitaria corteza?
Bajo tu plAcida sombra
He visto evitar con Lesbia,
Del fiero sol meridiano,
El ardor y luz intense.
(La Cifra, 1821).

Pesaban sobre Heredia con recia pesadumbre las tradiciones de
los poetas salmantinos del siglo XVIII: Me16ndez, Cienfuegos, Jove-
llancs. Ahora esta poesia ha de sufrir un cambio esencial. No serd


(1) Subrayado en el original.










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el amor imaginario, ni la debil ficci6n romAntica los motives de su
obra. Esta poesia va a ser desde ahora una evocaci6n constant, un
perenne anhelar de la lejana tierra native. Todo el espiritu del
poeta gira en torno de esta ansiedad dolorosa; toda la vida de He-
redia tiene su centro en estas soledades de la tierra natal.
Las biografias de nuestro autor -Guiteras, Bachiller, Calcagno-
no puntualizan su intervenci6n en !a conspiraci6n de los Soles. La
causa que hemos visto en nuestro Archivo Nacional nos habla de
la conexi6n del poeta con los Caballeros de la Luz, especie de ins-
tituci6n mas6nica (esta conspliraci6n por ]a independencia de Cuba,
como la del Aguila Negra en 1830, va unida a los origenes de la
masoneria en nuestra patria) que tuvo parte principal en el fraca-
sado movimiento. La sentencia que se dicta dos afios despues de la
fuga de Heredia, no es muy explicit con relaci6n al poeta, que,
desde luego, en la conjura desempefi6 un papel subalterno.
El nombre que primero aparece en la sentencia de esta causa
vastisima (602 reos aparecen en la list clasificada del fiscal) es el
de Jos6 Francisco de Lemus, (cautor de las proclamas impresas en
las que se titula generalisimo de la pretendida Repfiblica de Cuba-
nacAdn. La sentencia va refiri6ndose ordenadamente a los distintos
lugares por donde se extendia la conjuraci6n. A Heredia se le men-
ciona al hablar de Matanzas. <"Respecto a la ciudad de Matanzas,
que de la propia suerte sean extrafiados y remitidos a Espafia...,
cuando se hayan aprehendido, D. Manuel Madruga y el presbitero
D. Domingo HernAndez..., por ser ambos de los principles inducto-
res, D. Jos6 Teurbe Tol6n, que tenia un grado superior a los de-
mis, emanando de 61 las 6rdenes y haci6ndose en su casa las re-
uniones con ese objeto, el Ldo. D. Jose Maria Heredia, D. Francisco
Garcia Medina, D. Luciano Ramos, como individuos de la tertulia
central de dicha ciudad de Matanzas, compuesta de siete soles prin-
cipales> (1).
Las cartas del poeta cobran desde este moment de la huida de
Cuba una importancia decisive. En los dias azarosos del process ha-
116 refugio en casa de D. Jos6 Arango, vecino prominent de Ma-
tanzas, amigo del poeta durante toda su vida y padre de Pepilla
Arango, la Emilia de la famosa Epistola. Una y otra vez recuerda
(1) Archivo NacionaL La Habana. Afio 1830. Aguila Negra, segunda
pieza, folios 569-571. La cita de Heredia esta en el folio 57.










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conmovido Heredia este romdntico episodio. no guste de que yo me interest por Pepilla -dice a su madre en
carta de 11 de noviembre de 1826-. Sin examiner las faltas de sus
padres, no atiendo mas que a la voz de la gratitud y jamAs olvido
que sin ella hubiera muerto en un cadalso o, lo que es peor, en el
fondo de una mazmorra espaiola. S61o el tierno interns que la ani-
maba en mi favor, pudo abrirme un asilo. 1.Hubiera yo escapado a
las pesquisas vigilantes del temor y de las venganzas? No tengo ni
puedo tener intenciones sobre ella; no las tuve en Cuba y menos
puedo tenerlas hoy desterrado y proscripto. Pero nos une el vinculo
mis dulce y duradero y la amar6 mientras viva, y deseo que
s. rd. (1) no olvide sus beneficios y apruebe mi tierno agradeci-
mieinto.>
Esta carta intima, que, como casi todas las que describe el poeta
en forma familiar, nunca pudo sospechar que sirviese para la re-
construcci6n de su vida, evidencia, junto con la tierna emoci6n de
gratitud, el afin hiperb6lico que dominaba en su espiritu. Porque
en esa fecha ya conocia Heredia la pena de su sentencia: destierro
a Espafia. Nos habla, sin embargo, de la muerte en el cadalso ol el
largo encierro en una cruel mazmorra: pura actitud romantic.
*Hay tambi6n otra carta, de indole bien distinta, la que describe
Heredia al juez del process al abandonar Cuba, que ha servido para
robustecer la tesis de la veleidad del poeta. No me parece a mi sino
una mala defense, una pueril defense, como dice Vidal Morales, el
reproducirla en sus < pendencia de Cuba>. Acababa Heredia de cumplir los veinte afios:
aquel process cambiaba por complete el rumbo de su vida. Sin este
cambio, no hubiera sido el poeta national de Cuba, no hubiera sido
su vida un trAgico torbellino. Heredia sentia en torno suyo un aca-
bamiento total, definitive. Y, acusado, negaba con pueriles motives
la acusaci6n.
Trece afios pasarian para que volviese a ver el cielo, el mar, el
campo de su patria. Sentia aquella luz, aquella brisa suave, aquella
ternura qu, empapaba el ambiente como si fuese la ultima vez.
Nunea mis volveria a sentirlas de la misma manera. Cuando pa-


(1) Su merced: era el tratamiento que daba siempre Heredia a su
raadre en sus cartas.










19-

sase el largo tiempo y volviese fugazmente a Cuba, seguiria sin-
tiendose en su patria un triste desterrado.


En los Estados Unidos: Ausencia y
evocaci6n.

liblemente el olvido de los afectos y de las penas. Pero esto
no ha sucedido en mi. Pasan los afios y al fin de cada uno
estAn m6s vivos en mi memorial nuestro paseo matutino de
Matanzas, la playa de Judios, con los pefiascos agitados por
el mar, y el colgadizo y los guardarrayas de Jes6s Maria,
que tantas veces presenciaron y promovieron las dulces efu-
siones de nuestra amistad en conversaciones tan sabrosas
como interesantes>> (1).

Estas son palabras de una carta de Heredia a su tio Ignacio,
hermano de la madre del poeta y uno de sus grandes protectores.
Recuerdos de la vida cotidiana, recuerdos domdsticos, pequeaios re-
cuerdos intimos han de iluminar estos afios del largo destierro.
Vive el poeta en Nueva York de una manera burguesa. Habita en
la posada de un francs,

< dio a ]a semana me tratan perfectamente y me dan fue-
go, porque aunque dicen que hay posadas de cuatro y de
cinco pesos, eso es precise verlo, pues no le dan a uno
sino care asada, es decir, rutet beef (sic) al mediodia con
papas cocidas y cuanto pan quieres y bacalao por la ma-
fiana y agua caliente con azficar y tres o cuatro gotas de
leche, que ellos llaman t6, al anochecer; aqui paz y despues
gloria; ademas tienes que pagar dos pesos a la sernana por
el fuego y aqui y allA se va todo.>

almuerzo a las ocho y media y si no hay lluvia o nieve,
salgo a las nueve y media o las diez. Ando vagando aqui o

(1) Esta carta no es de los Estados Unidos, sino de Toluca. Lleva fecha
de agosto 31 de 1833. La transcribo porque mucstra c6mo se conservaban
bl:n vivos, at cabo de 10 afios, los Ircuerdos mnis insignificantes de su vida
cubana.









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allA hasta las tres, que vengo a comer. A las cuatro vue'vo
a salir hasta las diete, que es hora del t6, despu6s del cual,
si la noche estA templada, voy a ver algfn amigo o a visi-
tar, con las competentes precauciones, algfin conventiculo
matemAtico, pero casi siempre me quedo en easa estudian-
do o escribiendo, ceno a las diez y me acuesto a las on-
ce (1). Regularmente ando cinco o seis mills cuando
salgo.>>

Hay en esta vida una conformidad aparente. Pero estos largos
passes sin rumbo nos estAn hablando de la internal agitaci6n del
desterrado. Asi en un arranque, en otra carta a su tio Ignacio, le
dice: < figure que mi esperanza consist en vivir hasta la muerte entire
esta gente..> (2)
Sin cesar reclama noticias de Cuba:

done no es penoso el escribir porque no hay frio que en-
coja los dedos y donde se siente mejor y se ve uno, per
decirlo asi, mAs en posesi6n de la vida.>>

Los detajles mrs minuciosos son una delicia para el infeliz des-
terrado. (> ().
Habia Uegado Heredia a las EE. UU. cuandm comenzaba el in-
vierno. FuV rudisima la prueba.

< el tiemape se ha masijado empiezo, por la primer vez desde
que estoy en los Estados Unidos, a conocer que estoy en
posesi6n de la vida. Ignacio, Apuedes tf figurarte el horror
de la situaci6n en que me he visto, en este horroroso clima
entire los pensamientos de la aflieei6n, de, mi familiar, y la
contemplaci6n de la justicia de los hembres y tan ator-
mentado por los dolores de mi cuerpo como por las agita-
ciones de mi alma? (4).

La justicia de los hombres no hacia, segin sus cartas, mella en

(L) Carta de Heredia a su tio Ignacio. Febrero 21 de 1824, Nueva York,
(2) Caota a su. tio Ignacio, 17 de julio de 1824.
(3) Id. Id. Id. 21 febrero 1824.,
(4) Id. id. id. 6 marzo 1824.










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el espiritu de Heredia. Su madre le anuncia que se ha publicado la
carta que dej6 a su salida de Matanzas.

4No se apure, pues a mi nada me importa.. Al cabo
nada tengo que reprenderme, y la causa de mi desgracia
ha sido haber caido en un error, pero error que ha sido
de las almas generosas de todos los tiempos, y que como
yo padecieron Dem6stenes, Cat6n y Washington> (1).
Este error generoso es un t6pico en el epistolario de Heredia.
El recuerdo hist6rico abrumador nos hace ver c6mo no se habia
desprendido aquel espiritu de la ficci6n literaria, del lastre de la
actitud romantica, de la pose, tan inactual hoy del poeta, del artist
incomprendido y martir de sus fervientes ideales. En medio de la
actitud literaria hay un profundo anhelo de paz:

estaba en la misma inocencia y paz que vinieron a per-
turbar los inicuos, los envidicsos, los cobardes.,. que dema-
siado sabian que nadie pensaba en nada, y por saciar pa-
siones rastreras han condenado al dolor a tantas famiias.
Yo los perdono, porque jams supe aborrecer, pero esta
vez he conocido hasta qu6 grado puede Iegar la perversi-
dad humana~ (2).
Y la paz, esta paz anhelada profundamente, fu6 s6lo una espe-
ranza, durante toda su vida, para el lirico de Teocalli.
En el verano de 1824 emprendi6 Heredia una series de viajes por
los Estados Unidos. Sus cartas son minuciosas, puntuaes, como si
fuesen un presentimiento de las guias de Baedecker. cHe aqui los
detalles exactos>, podria uno exclamar, recordando a Stendhal,
cuando nos da las medidas precisas de la Basilica de San Pedro. Han
sido estas las primeras cartas que se han publicado. Las recogi6
Del Monte en 1829, si bien casi todas las di6 en forma fragmenta-
ria en La Moda o Recreo Semanal del bello sexo (1829). El re-
cuerdo de Cuba, un recuerdo de la patria distant, le acompafia
siempre:



(1) Carta a su madre, marzo 8 1824.
(2) Id. Id. Id. marzo 8 1824.











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campos vecinos desplegaban en su vegetaci6n todo el lujo
de junio. A la vez da mirarlos con placer no sentia la ma-
no de hierro que apretaria mi coraz6n en los campos de
Cuba, cuando me acordaba de que su riqueza venia del su-
dor, de la sangre, tal vez, de tantos miserables esclavos> (1).

Este es el viaje del Niagara:

vista de la luna, que se levantaba gloriosamente por detras
de las alturas de Queenstown, y oyendo el ruido vago y
distant de ]a gran catarata, que traia la brisa del sur
hasta mis oidos.
Ya considerarhs que habi6ndome dormido entire tales
objetos fueran mis suefios extrafios y maravillosos. No;
sofi6 con Cuba y con San Juan a las orillas del Niagara y
entire las escenas mas sublimes de Norte America.>

He aqui lo esencial de la vida y la poesia de Heredia. Evocaci6n,
recuerdo de la patria.
El pasaje de la carta tiene una intima concordancia con el gran
moment lirico de la Oda al Niagara:

Mas iqu6 en ti busca mi ailhelante vista
con indtil afin? Porque no miro, alrededor
de tu caverna inmensa,
las palmas lay!, las palmas deliciosas
que en las llanuras de mi ardiente patria
nacen del sol a la sonrisa, y crecen
y al soplo de la brisa del Oceano
bajo un cielo purisimo se mecen.

Poesia civil internal llam6 yo en 1915 a esta sintesis lirica del
famoso pasaje del Niagara, y el tdrmino ha entrado ya en algfin
bosquejo de nuestra historic literaria, aunque sin aludir a su pro-
cedencia. Poesia de intimidad, poesia de evocaci6n, poesia alusiva:
iqu6 lejos sentimos ya la brillante elocuencia de los versos descrip-
tivos de ]a misma oda! Asi en la v'ida del poeta va atenuandose,
desvaneciendose el personaje de romAntica prestancia, de 6nfasis

(1) Viaje por la parte 0. de Nueva York junioro 1 1824). A su tio Ig-
nacio.










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teatral. Ahora acaba de publicar su primer libro (1825). Ha tenido
un gran 6xito de critical. Ha remitido algunos ejemplares a su ma-
dre en Cuba. Condenado a destierro, si6ndole impossible soportar el
clima de los Estados Unidos, obtiene de su madre, por la que tiene
una obediencia, un respeto conmovedor, juntos con el mAs tierno
afecto, permiso para ir a vivir a M6xico. Va a un scenario nuevo
para l6, pues s6lo alcanz6 en sus afos mozos el Mexico colonial
Nuevo y vastisimo.
Ya no serA Heredia s6lo el poeta de Cuba. SerA un hombre con-
tinental un hombre, bajo esta fase, casi desconocido, y de quien yo
me propongo ahora, en sintesis rApida, sefialar algunos de sus as-
pectos mis caracteristicos y personales.

En M6xico: 1) Afirmacidn de la
democracia.

Yo no puedo hablar de Heredia en M6xico sin traer aqui unos
vivos recuerdos personales. No importa que muestre aqui el anda-
miaje de esta conferencia, cosa tan poco recomendada por los maes-
tros del g6nero.
Mi viaje a M6xico en el verano de 1929 tenia una finalidad in-
mediata: adquirir los discursos civicos de Heredia, citados por to-
dos, pero nii extractados siquiera, con excepci6n de uno s61o, en las
ediciones y en los studios del poeta. Los discursos existian en la
Habana en la biblioteca particular de un erudito. No pude obtener
su autorizaci6n para examinarlos en su propia casa: ese erudito
cubano tiene un raro sontido de la cultural y un mas raro espiritu
de generosidad y desprendimiento. Ante su reserve le anunci mi
prop6sito de ir a buscar esos discursos al propio pais donde se pro-
nunciaron. Con jfibilo me respondi6: da...> Y lo encontr6 todo y much mAs.
Encontr6 una admirable organizaci6n de las bibliotecas y ar-
chivos, encontre maestros de la erudici6n, a quienes conocia perso-
nalmente por primera vez, que se interesaron por mis investigacio-
nes como si fuesen suyas; encontre en todas parties, desde la Biblio-
teca Nadional de M6xico y el Archivo de la Naci6n, hasta las Bi-
bliotecas provinciales y archives particulares, un espiritu de corte-
sia exquisite, un cabal sentido de la obra hist6rica, un profundo









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sentimiento de la solidaridad americana. Muchos comprendian que
aquellos afios de M6xico que yo queria conocer eran. muy dolorosos,
eran una experiencia demasiado dura, pero en todos se sobreponia
el respeto a la verdad, el serio espiritu de la indagaci6n hist6rica.
No olvidar6 nunca esta amplia y profunda coneapci6n de la historic.
No r.odr olvidar nunca que desde el Sr. Secretario de Relaciones
Exteriores, mi antiguo amigo el Licenciado D. Genaro Estrada, Di-
rector del Archivo Hist6rico Diplomitico Mexicano, ejemplar publi-
caci6n de ese Ministerio, hasta los dignos y eficaces eruditos loca-
les, como el Sr. Venegas, cronista de Toluca, todos me han prestado
auxilios valiosisimos que nunca agradecer6 bastante. Y siempre re-
cordar6 que el Sr. D. NicolAs Rangel puso en mis manos sus precior
sas investigaciones, in6ditas entonces, y que el maestro de los co-
lonialistas, el gran investigator y gran literate D. Luis Gonzilee
Obreg6n, me hizo sentir, en su biblioteca, hasta qu6 insospechada
ternura puede Ilegar el espiritu de un historiador genuino, de un
erudito aut6ntico. El Sr. Gonzalez Obreg6n, figure venerable de las
letras americanas, estA casi ciego. Su espiritu vigilante y curioso
no tiene treguas, sin embargo. Todos los dias un familiar o un ami-
go es su lector durante varias horas. Pues bien, en mi tienmpo de
residepcia en M6xico, GonzAlez Obreg6n cambi6 sus habituales lec-
turas por las de Heredia, para servir a un amigo casi desconocido.
Y con su alegria serena, con su perfect paz de espiritu, con su
grape sentido de la cultural, no dej6 de comunicarme un dia y otro
dia sus pesquisas heredianas. Alli, en su vieja biblioteca, que esta
en una calle que lleva su nombre, una calle que esta cerca del Mi-
nisterio de Educaci6n Pfiblica y que siempre tiene ese silencio fe-
cundo que casi nunca falta en la ciudad de M6xico, alli pude tra-
bajar como si estuviera en mi propia casa. Tan generoso fu6 aquel
maestro, que libros rarisimos los puso en mis manos para que yo
los trajera hasta Cuba. Yo prefer trabajar en aquella casa hospi-
talaria, para sentir mejor, mds cerca, mds intimamente este caso
singular de sabiduria y bondad humans.

Heredia lleg6 a M6xico en 1825. Eh noviembre 12 de este afio,
en carta a su madre, Heredia describe estas palabras:











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asombra. Conceda Dios a mi patria dias tan serenos y puros
como los que hoy iluminan a Mexico..

Era Presidente de la Federaci6n D. Guadalupe Victoria, amigo
del poeta desde su Ilegada. Victoria habia venido despu6s de la in-
terinidad que sigue al trAgico fin de Iturbide, el libertador, el crea-
dor del plan de Iguala, el jefe del ej6rcito de las tres garantias, el
emperador destronado y ajusticiado despu6s. Victoria, segfin la ex-
presiva pintura de Zabala, en su Ensayo de las Revoluciones de
Mexico> (1) era

y su fortune habian sido para el pueblo.>

Hay en el copioso anecdotario de ]a guerra de independencia
mexicana un rasgo de Victoria que define su carActer y express con
viveza el ambiente cargado de dramatismo en que iba a vivir He-
redia. Victoria, en dias en que la guerra de independencia andaba
casi muerta, se encontraba solo, abandonado a su propia fuerza.
Vagaba por las montaiias del sur sin encontrar vestigio human.
Sin providiones, sin agua, le atormentaban la sed y el hambre. Cay6
rendido y un Aguila, creyendole muerto, descendi6 sobre Victoria,
quien cogiendola de los pies con una mano y del cuello con la otra,
con los dientes rompi6le el pecho para mitigar su sed... (2) Esta
image, conmo de novel rusa, define el espiritu de un hombre.
El President amigo de Heredia le proporciona empleo en la Se-
cretaria de Relaciones. Heredia, segfin sus cartas, Ilega a merecer
la confianza del Presidente, hasta el punto de ser elegido por &ste
para redactar algunos de sus mensajes (carta a su madre del 3 de
enero de 1827). Se le propone despues para juez de Veracruz. En
la prensa de la 6poca, principalmente en El Correo de la Federa-
cidn Mexicana, pueden verse las pol6micas que provoc6 este nom-
bramiento. Nombres famosos como el de D. Miguel Ramos Aris-

(1) D. Manuel Zabala, Ensayo de las Revoluciones de Mexico, tomo I
(Mexico, 1845), pagina 115.
(2) No doy valor hist6rico a la an6cdota, pero su sola existencia me
parece que revela c6mo se estimaba el character de Victoria, La veo repro-
ducida en el Folklore literario de Mexico, por Ruben M. Campos, MXxi-
co, 1929, pAg. 533,










- 26-


pe (1), aparecen barajados en la controversial. Al fin Heredia desiste
del nombramiento y tiene quizA en la democracia mexicana su pri-
mer contact con la injusticia. Debi6 recibir tambien disgustos de
la actitud de a]gunos desterrados cubanos. Llama la atenci6n no ver
el nombre de Heredia en las Juntas que se organizan en Mexico
para libertar a Cubanacn y que tenian por principals jefes a don
Antonio Abad Iznaga, D. Jos6 Teurbe Tol6n, D. Roque de Lara y
D. Pedro de Lara (2). He visto algunas cartas de estos emigrados
muy hostiles a Heredia: Teurbe Tol6n (que no debe confundirse
con el poeta die las leyendas cubanas), en carta del 7 de marzo
de 1827, dice a D. Luis Ramirez:

diendo el Juzgado de Veracruz, que me daban y no quise..,

En otra carta del 28 de ese mes, dice el mismo Teurbe:

'me ha sido bastante extrafio que digan que Jose Maria
Heredia esta empefiado en M6xico, porque me despachen
de o6nsul para Filadelfia, siendo asi que el que no tiene
influjo con aquel Gabinete... iPebre diablo!b

Pero la carta mas terrible para el poeta entire las que encuentro
en esa correspondencia de emigrados, es de un afio posterior -de
8 de agosto de 1828- y estA fechada en Nueva Orleans, no de M&e
xico. La firma Jose Maria solamente.

<(Heredia fu6 elegido juez de letras en la villa de Cuer-
navaca en el afio de 1827, hecho por el Sr. Esteva, Ministro
de Asienda y el gobernador del distrito; mas iste, que nun-
ca fu6 bueno, se pas6 al partido contrario a su echor, de
tal manera que el Ministro de azienda lo ha acusado de
adicto a los enemigos de la IIivertad, y entire las muchas co-
sas que le dicen le extampa la carta que 61 dej6 escrita a

(1) Este celebre constitucionalista, que era entonces Ministro de Jus-
ticia, public una carta sobre cl nombramiento de Heredia en el Correo
de la Federaci6n Mexicana, num. del 13 de junio de 1822. Debo esta cu-
riosa noticia a mi querido amigo el lustre colonialista D, Artemid de Valle-
Frizpe, de la misma familiar del insigne poeta mexicano.
(2) Zabala, <, tomo I, cap. XX. Todo este capitulo esti dedica-
do a las relaciones entire Cuba y M6xico de 1825 a 1830.










- 27 -


su salida de esta, ]a que fu6 publicada en el indicador, de
manera que creo muy bien que este joven atontado serA
expulsado de la repiblica, lo que miro con gran dolor, pr.
hoy se aya con mujer y seria mandarla a pereser, pues 61
no tiene salud para sufrir el inferno del norte, donde va
con los grilles que tiene ya> (1).

El joven atontado llegaria a ocupar los mbs altos puestos, pero
se veria arrastrado por el torbellino revolucionario, y en ocasiones,
como 1e dice en una de sus cartas, so veria perseguido como una
bestia feroz.
Muy dificil se hace sintetizar la historic de M6xico de este pe-
riodo. Escrita por sus mismos actors, fuera del magistral libro de
Alaman, que en su parte final da un resume de estos afios, today
esta historia estA en mfiltip!es papeles y folletos, en invectivas en-
cendidas y en pol6micas terrible. El ensayo de Zabala s6To Ilega
a 1830. La historic de Bocanegra, Presidente fugaz de la Federa-
ci6n, es la que abarca todo el period, pero el libro de Bocanegra,
espiritu probo y severe, es una memorial official y externa mis que
una historic verdadera de estos afios de afirmaciones y derrotas de
la democracia mexicana. No menos de cuatrocientos folletos y pa-
peles anotk en la Biblioteca Nacional de Mexico, todos referentes a
la Decada sangrienta que le toc6 vivir a Heredia en ese pais in-
agotable.
En el propio mando de Victoria ya empiezan las profundas in-
quietudes. El General Bravo, que habia hecho toda la guerra de in-
dependencia, se subleva a principics de 1828. Era entonces Vicepre-
sidente de la Repfiblica. Es vencido y hecho prisionero por el Gene-
ral Guerrero. Heredia, poeta civil, public el 31 de enero de 1828,
en El Correo de la Federacidn Mexicana, una Oda al triunfo dle
la Patria, donde canta esta victoria.
Aquello era s6!o un sintoma. Bravo representaba uno de los
sectors de la masMneria en Mexico, la de los escoceses. La lucha
cntrc ycll-:stas y escoceses va a ser terrible desde este moment.
La masoneria, que naci6 en M6xico, por un destino singular, en la
casa de los capellanes del antiguo convento de religiosas Teresas, y

(1) Archivo Nacional de La Habana. Aguila Negra, 1. Corresponden-
cia con D. Luis Ramirez.










-28-


tuvo entire sus primeros afiliados a dos frailes franciscanos (1), te-
nia dos tendencies bien precisadas: la de los escoceses, a quienes
los contrar'ios llegaron a acusar de monarquistas (2), que se carac-
terizaban por cierto espiritu conservador, y la de los yorkistas, en
la que se veia proyectada la sombra de Mr. Poiusset, el c6llbre Mi-
nistro de los Estados Unidos en M6xico, con quien comienza la in-
gerencia norteamericana en la naci6n azteca. Los yorkistas tienen
desde un principio un matiz liberal extremado. En torno a esta ~u-
cha giran los sucesos de 1828. El General Pedraza es electo en las
elecciones presidenciales, triunfando sobre Guerrero; no. se reconoce
la elecci6n (Plan de la Acordada); queda Guerrero en la Presidencia
y el pais envuelto en la guerra civil.
iQu6 actitud asume Heredia en estos primeros conflicts? Una
actitud expectante. Su nombre no se ve envuelto directamente en
los acdidentes de la lucha. Pero yo encuentro un hecho significativo
en el manifiesto del Gobernador del Estado de M6xico, D. Lorenzo
Zavala (3) que secunda el movimiento de la Acordada), que tiehne
muchas de las mejores piginas political del ensayista de las Revo-
luciones, en el moment mAs grave, cuando responded a las acusacio-
nes de traici6n y deslealtad, no encuentra Zavala mejor justifica-
ci6n de su conduct que citar unos versos de Heredia, en una de
sus refundiciones dramiticas:

C6nsul, yo no te estimo, me aborreces
y tu senado barbaro me prime,
la sombra del bien pTiblico me llama.
iY a este nombre sagrado a todas parties
me miraras volar? (di que me quieres) (4).

Sin duda eran entonces muy estrechas las relaciones de Zavala
y Heredia. Por esto quiza estuviese junto a 61 en estos disturbios
y enfrente de Esteva, como dice la an6nima carta citada mas arriba.

(1) Lucas Alamin, tos que preparan su independencia hasta la 6poca presente, tomo V, ca-
pitulo II.
(2) Zabala, , 259.
(3) Impreso en Tlaxpalm, imprenta del Gobierno; 39 paginas,
(4) Cayo Graco, traducci6n libre de Chenier. Acto 2.a, escena 1..










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De este afio de 1828 data el primer discurso de Heredia, que se
conserve impreso. Todo propendia en Heredia al arte oratorio. El
mismo, en carta a su gran amigo Silvestre Alfonso (1), carta Uena
de confidencias y recuerdos, llega a decir


y como 6sta se le cerraba por la Constituci6n mientras fuese official
de la Secretaria de Estado, habia optado por dejar la diplomacia y
seguir la carrera judicial. No hace referencias el poeta en su epis-
tolario a este primer discurso suyo. Contra lo que decia el an6nimo
autor de la carta de Nueva OrleAns, que bate, por cierto, el record
de las. faltas ortogrAficas, Heredia gozaba en aquellos afios de al-
tisima consideraci6n en Mexico. A pesar de no ser mexicano native,
se le abrian para 61 las mismas puertas que a los nacionales. El
Aguila, important peri6dico politico, llegaba a decir, en junio 10
de 1826, cque era el poeta mas distinguido de este suelo y acaso de
today Amnrica). El juicio encomiAstico del insigne D. Andres Bello
habia circulado profusamente. Asi en 1828 se le encarga, en su
caracter de Vicepresidente de la Junta patri6tica, del discurso con-
memorativo en Cuernavaca de la fiesta national del 16 de sep-
tiembre.
Una profunda emoci6n me embarga cuando pienso que ha sido
neeesario que pasase mAs de un siglo para que estas palabras de
Heredia vuelvan a oirse. Yo no las he visto recogidas en ninguno
de los multiples studios que he leido sobre el poeta. Y son palabras
generosas, precisas, doctrinales y austeras.
Pensemos que se dicen en medio de una inminente anarquia.
Pensemos que quien las dice es considerado por muchos come un
poeta ardiente y apasionado, pero lleno de veleidad. No son s61o las
palabras de un poeta; son las de un hcmbre que ejerce el derecho, y
vive, y quiere que los demAs vivan la vida del derecho.

cGloriosa y noble es la carrera, dice Heredia, que nos
abre el gran deber de conservaci6n y defense de nuestra
libertad, depositadas en la constituci6n... Jamas olvidemos
que la justicia es la base de la libertad; que sin justicia no


(1) Mayo 20 de 1827.










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puede haber paz, y sin paz no puede haber confianza, ni
prosperidad, ni ventura... Desconfiad de los hip6critas odio-
sos que con la patria en los labios, y el infierno en el cora-
z6n, quieren apartaros de vuestro deber. Si os dejais Ilevar
de su voz p6rfida por el camino de la 'inmoralidad y de ]a
injusticia, de circulo en circulo, co'mo en el infierno de
Dante, bajar6is a sepultaros en el abismo pavoroso del cri-
men y precipitar6is con vosotros a ]a patria. Esta no debe
un tribute de sangre al caprichoso furor de particulares
ambiciosos, aunque cubran sus tramas con el velo augusto
de la voluntad del pueblo. El pueblo no tiene mas voluntad-
legitima qua la manifestada por sus 6rganos constituciona-
les, que es la ley, ante cuya presencia majestuosa deben
enmudecer las privadas. La mis noble prerrogativa de los
Gobiernos libres es que la suerte de los hombres no depen-
de de ellos, sino de la voluntad de la ley, universal e im-
pasible. iY esta sublime garantia no es una cruel decepci6n
cuando todo malcontento atrevido saca la espada para re-
formar el Estado a su criminal antojo? ZQu6 libertad es
esta sino la horrible de los crimenes? No, conciudadanos,
todo el que con cuajquier motivo quiere sobreponerse a los
Poderes legitimos es un enemigo pfiblico, es un traidor. Ya
es tiempo de que se rompa la balanza sacrilega en que un
pufiado de furiosos quiere pesar los destinos de, un gran
pueblo. Si sus almas impias no pueden sufrir el freno sa-
ludable de las eyes, si el esplendor sereno de la paz ofende
sus ojos impuros, que se, alejen del suelo que profanan, y
61 sera feliz cuando no lo emponzofie su aliento. Uni6n mo-
ral y respeto religioso a las leyes, o s6lo habrdn perecido
quinientas mil victims para dejarnos un, cielo amenaza-
dor, con las nubes sangrientas de la anarquia.>

Esta es la afirmaci6n de la democracia de Heredia.
Frente a la inminente anarquia, 61 hablaba de la ley universal e
impasible. Frente a la orgia de sangre, 61 hablaba, de sagrados de-
beres de paz; frente al imperio de la fueirza, 61 hablaba del derecho,
creador y perenne. Tenia Heredia entonces 24 afios. Ya se sentia
para siempre unido con aquel gran pais atormentado. Alli se habia
casado hacia poco tiempo; era su mujer Jacoba YAfiez, hija de un
r:,gistrado integro, Jos6 Isidro Yafiez, uno de los que suscribieron
el acta de independencia mexicana y compafiero del padre de He-
redia en la Audiencia de M6xico. Heredia sentia en torno suyo la
tradici6n juridica. El recuerdo de su padre le acompafiaba siempre.










-31 -


.Ilasta qu6 grado resistiria aquel hombre las furias de la anar-
quia, el naufragio de la libertad, el impetu desbordado de una re-
voluci6n sin objeto y sin t6rmino?

2) Afirmacidn del espiritu.

De Cuernavaca, ciudad deliciosa por su valle, y por su clima casi
una de las ciudades de la tierra caliente, a pesar de su relative pro-
ximidad a la capital, la gran ciudad de la meseta central, pas6 el
poeta a Tiaxpam, como fiscal, y dcspubs de multiples vicisitudes, co-
mo Ministro de su Audiencia, a Toluca, uno de los lugares mas fuer-
tes de M6xico, desde luego, su ciudad mis alta y mis fria. En Tolu-
ca estAn los recuerdos mis hondos del poeta. En el archive de su
legislature, encontr6 la huella mis emocionante de aquel noble es-
piritu. En sus calls grises, silenciosas, frias, en este ambiente de
austeridad y renunciaci6n, en esta grandeza fisica -la imponente
montafia- que envuelve a la ciudad, yo he percibido las notas mis
finas y sutiles de nuestro Jos6 Maria Heredia. iQu6 emoci6n ir per
estas calls desiertas y tropezar de pronto con el nombre familiar:
Calle de Jos6 Maria Heredia. En cambio, en la Habana no encontra-
mos un solo recuerdo de nuestro poeta mis representative; ni una
calle, ni una estatuilla pusilinime, ni un parque quo le rememore.
En el fausto de nuestra ciudad nueva, el nombre de Heredia estA
de mas.
Heredia fu6 ascendido a la Audiencia de M6xico. En carta jubi-
losa a su madre le hablaba de que a los veinticinco afios alcanzaba
la toga que visti6 con tanta honra su padre.
En Toluca ve pasar ]a tormenta. Aqui van realizindose muchos
de sus suefios y otros nuevos. Es periodista active, colabora en El
Conservator (es muy significativo este hecho), peri6dico que pro-
pugna la doctrine que hemos visto en el discurso de Heredia en
Cuernavaca. Redhcta 61 solo uno de los suplementos del peri6dico:
la MiscelAnea, en donde encontramos piginas critics muy impor-
tantes firmadas por Heredia. Y por este peri6dico venimos a cono-
cer un hecho capital. Heredia es el author del plan general, de la po-
nencia del C6digo penal del Estado de M6xico; el primero que iba
a promulgarse en ese Estado y no sabemos si en la Federaci6n. La
peregrina noticia la vemos en el ndmero 4 del peri6dico (1831). Y










32 -

en el nimero 8 (julio 30 de 1831) con raro espiritu de imparciali-
dad, el peridiico insert un comunicado, aparecido en el Michoacano
Libre, donde se hacen observaciones importantes al proyecto de He-
redia: la mAs grave es la de que el mismo sigue, sin diferencias
notables, a lo menos, igual plan que el de las Cortes espafiolas del
afio 22. Adlvierte el comunicante an6nimo, que por lo menos debian,
haberse tenido en cuenta las observaciones publicadas por el Colegio
de Abogados de Madrid al proyecto mencionado, especialmente en
lo que se refiere a abolir la distinci6n entire delitos y culpas. Tam-
bi6n se refiere el an6nimo censor a otro olvidb: el de las observacio-
nes hechas por la Audiencia Territorial de Castilla ]a Nueva que con-
viene, segin el articulista, much mas que a un C6digo penal es-
pafiol, a uno para los mexicanos, cuyo carActer dulce no necesita de
much rigor. Es muy significativo el hecho de esta influencia juri-
dica espafiola, cuando se pasaba por uno de los periods mas hispa-
n6fobos de la Historia de M6xico; en 1827 se habia dictado ya la ley
de expulsion de los espaiioles.
Heredia no era adn miembro de la legislature del Estado cuando
fu6 ponente de su primer C6digo penal. Seguia en la carrera judi-
cial, con alternatives varias. Fue a la Comisi6n del C6digo penal
para asesorarla, y como t6cnico redact6 el proyecto.
Debi6 sentir el poata un jfbilo interior nunca conocido hasta
entonces. Muchas veces se habia lamentado, en las cartas a su ma-
dre y a sus amigos, de que no se le considerase apto para otro me-
nester que el casi divino de la poesia.

18 de 1826, en una obra gigantesca, que llevo a la mitad
a fuerza de constancia. Es un ensayo filos6fico sobre la his-
toria universal desde los primeros tiempos hasta los ac-
tuales... Ella pondrd silencio a los que predicen que s6lo
s6 hacer versos y seri la base mas s61ida de mi fama...>

El ambicioso proyecto qued6 reducido a una refundici6n seguida
de un resume contemporAneo completamente nuevo de una obra
inglesa, la de Tytter, y bajo el titulo de Lecciones de Historia Uni-
versal, salieron a luz en Toluca en 1832. Es obra de gran sentido
diiActico, muy clara y elegant, que con much acierto ha reprodu-
cido en nuestros dias en la benemerita revista Cuba intellectual,










33 -

el doctisimo escritor Jose A. Rodriguez Garcia, maestro genuino en
muy various linajes de studios.
Pero si la filosofia de la Historia qued6 frustrada, Hereia llev6
su espiritu a un campo muy distinto, el de la political, a cuya tri-
1'una supo dar un matiz de universalidad, un sentido de realidad
trascendente.
Despues de un nuevo discurso civico, pronunciado en Toluca, en
1831, en la misma solemnidad del 16 de septiembre, donde Heredia
muestra su amplitud y valentia de espiritu haciendo un enoendido
ehgio de Iturbide, en moments en que su memorial andaba en en-
tredicho (como afn lo estA en el Mexico de nuestros dias); despues
de haber hecho casi por su mano una segunda edici6n de sus Poe-
sias (1832), Heredia va a mostrArsenos bajo una nueva fase: como
orador parlamentario; un grande, austero y abnegado orador par-
lamentario.
En el Archivo de la Legislatura del Estado, en la ciudad de To-
luca, he podido revisar las actas manuscritas de sus sesiones, algu-
nas redactadas por la misma mano de Heredia. Ya D. NicolAs Ran-
gel con generosidad habia puesto a mi disposici6n preciosos antece-
dentes. Ahora habia llegado yo a la silendiosa ciudad de Toluca, mAs
silenciosa aquel dia que nunca porque se habia declarado una huel-
ga de autom6viles, y me encontraba en la vasta sala completamente
solo, con los legajos manuscritos frente a mi. Yo iba a oir la voz
desconocida del poeta cubano. iQu6 sacaria de todo esto? iNo se
desvaneceria mi esperanza herediana? iNo le veria hecho a la in-
triga political, al vano recurso ret6rico, a los ardides de todo par-
lamento? No; Heredia me di6 entonces su real media. Heredia me
hizo ver en aquella hora que 61 no era s6lo un hombre que trataba
coa el espiritu, es decir, que hacia esas cosas del espiritu que son
la poesia, el teatro, el discurso, la filosofia..., sino que era un hom-
bre que vivia con el espiritu, que ponia el espiritu en su conduct
humana, que sabia que no hay signo de alteza mayor en el hombre
que el de la perfect dignidad de la conciencia. Dignidad de la con-
ciencia, integridad de la conciencia, libertad de la conciencia; yo
siento alentar estas virtudes supremas, totales, en las palabras ol-
vidadas y perdidas de Heredia. No las conocieron sus amigos mis
intimos de Cuba, estos amigos que le envolvieron despues en la
mAs purificadora y profunda de las soledades. Ni su madre, dofia
3










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Mercedes Heredia, tan tierna, tan dulca con el hijo lejano, a quien
siempre aconsejaba como a un nifio que nunca habia de salir de la
infancia, supo de esta afirmaci6n definitive de su espiritu.
Al entrar Heredia en el Congreso del Estado de Mexico era un
hombre como le habia dicho antes en una admirable carta su gran
amigo el insigne D. TomAs Gener (1), <.
Lo era aun mas en ese moment, pues con posterioridad a la
carta de Gener el Gobierno colonial le habia condenado a muerte
(20 de enero de 1831) (2).
En una excelente conferencia de Ramiro Guerra, que no conoz-
co sino por el resumen de la prensa diaria, ha hablado el doctor his-
toiador de la evoluci6n de las ideas political de Heredia, que van
desde un ardiente y desbordado liberalism hasta una doctrine de
matiz conservador, que se muestra en cierto excepticismo respect a
los m6viles ocultos de las nuevas Repfblicas americanas con rela-
ci6n a Cuba. El sagaz escritor tenia como fuente inica de sus inte-
resantes afirmaciones la poesia de Heredia. Los discursos parlamen-
tarios en Toluca, sus discursos civicos en varias ciudades, sus car-
tas, principalmente las que describe a D. Tom6s Gener, explican,
aclarando muchas veces el sentido de sus verses, cuales eran las ver-
daderas ideas de .Heredlia respect a la libertad, a la esencia de la
democracia y a los hombres que las hicieron posibles en nuestra
America.
'Veamos algunos aspects de su actividad parlamentaria. En la
sesi6n de 7 de mayo de 1833 se present una proposici6n de ley pi-
diendo que se declared benem6ritos de la patria a various ciudada-
nos, entire ellos al General Santa Ana. Santa Ana es una de las mAs
fuertes influencias de M6xico en esos moments; arbitro de sus des-
tinos como future e indiscutible Presidente. Ha sido amigo de He-


(1) Carta de 13 de junio de 1828. Biblioteca de la Sociedad Econ6mi-
ca, Vidal Morales. Secci6n manuscrita,
(2) El dato exacto aparece en Diario de la Habana, 9 de octubre
do 1832. Relaci6n delos reos, pr6fugos, acusados, sentenciados en rebeldia,
que deben ser aprehendidos... Heredia aparece despu6s que Teurbe Tol6n,
natural de Matanzas, abogado comprendido en el mismo cuaderno (5.o del
Aguila Negra) y sentenciado a igual pena, la de muerte y confiscaci6n de
bienesi D. Jos6 Maria Heredia id. Id. Id, 17 de enero de 1831.










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redia. Le ha dispensado su protecci6n. Sin embargo, Heredia se
opone a la ley y dice estas puras palabras:

cUna dolorosa experiencia, tomada principalnente de la
Historia de America y, en particular de nuestro pais, de-
bieran convencernos de que estos honors s61o pueden con-
cederlos de un mode irrevocable y seguro el juicio impar-
cial de la posteridad. Muchos caudillos que recibieron en
vida la apoteosis por haber presidido a la libertad de su
patria, embriagados luego por el poder y trastornados por
el incienso de la adulaci6n, han marchitado sus laureles
con atentar a las libertades pfblicas e intentado re5vindi-
car como una herencia el despotismo que destruyeron.>

Renovada la cuesti6n en 24 de abril del mismo afio, Heredia
iiustr6 su opini6n con expresivos ejemplos:
sucedido con Iturbide, a quien se prodigaron los titulos de Liberta-
dor, Generalisimo, Almirante y Regente, debian tenerse muy vivos
en la memorial, pues que esas distinciones acaso le habian precipi-
tado al exceso de ambicionar la imperial corona, precipitAndole en
el fin desgraciado de Padilla... Que el General Bolivar, el libertador
de tres naciones, habia perecido en las playas de Santa Marta, aban-
donado por esos vanos titulos y olvidado, tal vez, de los principios
de libertad, por la que habia trabajado con tanta constancia...x Por
filtimo, Heredia, sucesor de un mayorazgo y de un titulo de Casti-
lla, equipara estos honors de la deomocracia con los de nobleza, que
de tal modo repugnan al espiritu de los nuevos tiempos.
Heredia se vi6 solo en la discusi6n del proyecto y Santa Ana
fue proclamado benemerito de la patria. Heredia sacrificaba a un
postulado de conciencia todo m6vil de interns personal
En 11 de mayo del mismo afio se plantea la cuesti6n de las pros-
cripciones. Heredia, de una manera precisa, contundente, declara a
la proscripci6n incompatible con la democracia.

1Qu6 es proscripci6n? El acto que pone a un ciuda-
dano fuera de la protecci6n de las leyes. iHay en una re-
pfiblica poder legal autorizado para hacer semejante de-
claraci6n? En una reptiblica todo miembro de ]a sociedad
estA bajo la acci6n de las leyes tutelares, que protegen a
los inocentes y castigan a los criminals. Pero, dejando esto,
en que tanto pudiera decirse, noto una extraordinaria fal-









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ta de exactitud ideol6gica en los t6rminos de la proposi-
ci6n. LQuienes son los asesinos del general Guerrero que
se proscriben? La proposici6n no los design, ni tampoco
fija qui6n debe designarlos. Es decir, que se proscribe al
aire, y rasgando con un golpe incredible las garantias de la
sociedad se abre la puerta al crimen.>

Tambi6n se encontr6 solo Heredia en esta votaci6n. Habia cum-
plido tambi6n con lo que 61 creia que era un postuladb de la demo-
cracia.
Afis tarde -14 de mayo de 1833- se plantea la reform de la
Constituci6n. La voz de Heredia vuelve a oirse casi solitaria.

y periods en que se deben promover y decretar sus re-
formas... El proyecto presentado los atropella.., iQu seria
de nosotros si destrozaramos en la Constituci6n el sentido
de la unidad national, la garantia de la libertad e indepen-
dencia, la base misma de nuestra sociedad? iQu6 habrA ya
de sagrado entire los hombres, qu6 garantia podra repu-
tarse inviolable si debe ceder al espacioso proyecto de la
conveniencia pfblica, cuya calificaci6n quedard necesaria-
mente sujeta al influjo de las pasiones e intereses, al juicio
vario y a la conciencia versAtil de los hombres? iCon que
derecho exigiremos obediencia cuando nos hayamos rebela-
do contra la ley fundamental de la naci6n rasgando el Ani-
co titulo de nuestro poder?

Y despues de algunas referencias a gran parte de Europa, su-
jeta en aquel instant al despotismo, concluye:

Legisladores: evolved los ojos al porvenir y estremeceos,
como yo, de horror, al ver abrirse ante vuestras plants
un abismo de sangre y de fuego, en quo van a sepultarse
]a gloria, la esperanza, la existencia misma de la Repibli-
ca. Mirad que este es el moment mAs tremendo y decisive
de toda nuestra vida. Yo os conjuro con toda la vehemen-
cia de que soy capaz, para que con un acto de promesa sal-
v6is a la patria y os salv6is a vosotros, poniendo un, dique
saludable al torrente desolador de la anarquia...>

La reform se aprob6. Heredia se encontr6 solo. No era finica-











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mente el poeta de la libertad. Era tambi6n el hombre de la libertad.
No andaba s61o con el espiritu. Vivia tambi6n con el espiritu (1).

Soledad y muerte.

(Me he visto fugitive y perseguido por montes y sie-
rras, como una bestia feroz, dice Heredia a TomAs Gener,
en carta de 20 de mayo de 1833. En las iiltimas elecciones
tuve la desgracia de que me nombrasen diputado a esta ler
gislatura, y me tiene usted luchando animoso, pero inftil-
mente, contra los excess de los vencedores despu6s de ha-
ber sido proscripto por los vencidos.>

En otra carta aiiade:
Ya no es possible que un hombre de bien viva en este
pais desventurado. Las revoluciones se suceden unas a
otras con tal rapidez, que s61o vivimos en un torbellino de
angustias y temores.b

Una profunda tristeza, una desesperanza sin termino hay on el
espiritu del poeta.
Qdiere volver a Cuba Pronto harA trece afios que sali6 al des-
tierro. En todo ese tiempo no ha visto a su madre, a su hermana,
a sus amigos intimos. En todo ese tiempo no ha habido mes, semana,
dia casi, en que no hablase de volver a Cuba.
Ni siquiera ha podido hacer el viaje a los Estados Unidos, para
acercarse a La Florida y sentir un poco las brsas de la patria. El
proyecto, una y otra vez, vienen a trastornarlo

1da inoportuna fecundidad de mi mujerm,
(1) No recojo aqul, por brevedad, otras intervenciones parlamenta-
rias de Heredia: Deben citarse su oposici6n al indulto del reo Manuel Ba-
rreras, condenado a muerte (18 mayo 1833); su defense de los empleados
ptblicos, que abandonaron sus destinos en la iltima revoluci6n (7 ma-
yo 1833; su oposici6n a que se derogue el decreto que prohibe en el estado
de Mexico las corridas de toros (2 mayo 1833). En este filtimo punto, el
diputado Sr. Gamboa (Hojas 350 del tomo II de Actas, mayo de 1833, dijo
que el Congreso no podia prohibit esta di:'-rsi6n, porque a nadie se le
podia prohibir que uno se divirtiese como quisiera, siempre que a oto
no so ofendiese. Juridicamente tiene importancia el informed favorable de
Heredia a que se declarasen insubsistentes las restricciones impuestas a
las segundas nupcias en testamentos y contratos (29 mayo de 1833).











- 38-


como describe el poeta, y la constant estrechez econ6mica. Sigue, He-
redia siendo el gran nostilgico de la tierra natal.
Las cartas de la madre le apremian sin cesar. Se ha dictado una
amnistia y puede acogerse a sus beneficios. Pero dan al CapitAn
General de la Isla, D. Miguel Tac6n, el enem'igo terrible del insigne
Saco y die la libertad, los mas alarmantes informes de los prop6sitos
del poeta. Su sola presencia puede provocar disturbios. Heredia pue-
de alegar mil cosas para desvanecer esos temores. En la fltima fiesta
del 16 de septiembre -la de 1836- ha pronunciadb palabras de
concordia y paz:

calma, en que s6lo recordemos las grandes simpatias que
deben unirnos a un pueblo (habla de Espafia) cuya sangre
corre en nuestras venas, con quien partimos el idioma de
nuestros afectos, leyes y literature, que nos trajo la semi-
lla de la civilizaci6n y erigi6 en nuestras cumbres la cruz
redentora del g6nero humano>
Esta lengua hablaba el proscripto, el condenado a muerte
en 1831. Y no se le abrian las puertas de Ia patria. Era necesario
una carta explicit, categ6rica. Fu6 entonces cuando escribi6 su c6-
lebre carta a D. Miguel Tac6n, en done hablaba die los errors de
su juventud, de su terrible desengafio. Esta carta es la base prin-
cipal de la leyenda de la versatilidad d&l poeta., Leyenda hay que
decir despues de haberle oido en sus discursos di la Asamblea legis-
lativa. Leyenda cuando se le ve como nAufrago en Mexico en me-
dio de sus guerras civiles.
He visto copia hecha por el mismo poeta de esta carta, unida
como larga postdata a otra que describe a su madre. sa> la llama Heredia con cierto espiritu humoristico.
Lleg6 el poeta a la Habana el 4 de noviembre de 1836. Encontr6
*en sus amigos una gran reserve. , em-
pezaba D. Domingo del Monte una carta dirigidia al poeta. Jose An-
tonio Echevarria, en cambio, escribia a Del Monte: ,Despues de
haber hablado con Heredia, me parece menos terrible su falta> (1).

(1) Cent6n Epistolario de don Domingo del Monte, publicado por la
Academia de la Historia de Cuba (La Habana, 1926), tomo III, pAginas
66 y 67.










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Sin amigos, sin amigos intimos de los lejanos dias de Cuba, He-
redia iba a volver de nuevo frente a las cosas familiares, Iba a re-
correr el cafetal de su tio Ignacio, a ver el boeque de palmas, a
sentir la estaci6n de los nortes, a gozar de la brisa, a deleitarse con
el mar. Iria a Matanzas. Llegaria a la playa de Judios, recordada
antes por Heredia. Si fuera nauta, recorreria la costa prodigiosa y
encontraria, como aparici6n mAgica, ?a vastisima y soprendente pla-
ya de Varadero. El mar. No el mar intimo, no el mar para sumer-
girse suavemente en 61, sino el imponente mar, el mar Oceano, re-
cord6 Heredia en muchos de sus versos, principalmente en su. ma-
jestuoso dHimno al Oc6ano>. EstAn delante de 61 las cosas de su ado-
lescencia. Van a hablarle con la misma voz de ayer. Le hablan, pero
el poeta siente un gran vacio en su coraz6n. LHan sido quiimricos
todos los ideales? Vuelve entonces el poeta a dejar la patria. Se su-
merge otra vez en su pais de adopci6n; nuevamente se pierde, Ya
no lucha, ya no tiene esperanzas. Una vez se acuerda atn de su
viejo espiritu y se va a la montafia. Sube al Nevado de Toluca.

cDos dias forman 6poca en mis recuerdos por haberse
asociado a grande misterios y prodigios de la naturaleza.
iEn el iltimo subi al Nevado de Toluca; el anterior me vi6
inm6vil, at6nito, al pie de la gran catarata del Niagara.

Esto escribia nuestro lirico en 1837. Tiene un presentimiento de
la muerte Va purificAndose cada vez mAs en los largos dias solita-
rios. Soledad y pobreza. Intimidad, calor de vida familiar. Su mujer,
Jacoba YAfiez, es la encarnaci6n de la ideal esposa, que cant6 en los
Placeres de la Melancolia. Serenamente espera la muerte.

4Me he preparado con una confesi6n general, porque
he de vivir y morir en el seno de la Iglesia>,

escribia a su madre en su iltima carta, cuatro dias antes de que
le visitara la muerte. Gran evocative de la tierra natal, volvia a
hablar de un possible retorno a Cuba. No volveria nunca ni en la
vida ni en la muerte.
Pero la memorial de aquel hombre vino a iluminar mas tarde mu-
chas conciencias cubanas. Marti le ve con una ternura fraternal.
iQu6 hubiera dicho nuestro hombre ang6lico si le hubiera sentido










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como maestro de la libertad en Toluca? Manuel Sanguily vi6 en 61
al poeta del americanismo, es decir, t6rmino es la Federaci6n, cuyo centro es la Reptiblica, cuya base es
la Autonomia y cuya esencia es la Democracia.> Despu6s de un si-
glo, nosotrse hemos de verle s61o como un hombre que, supo andar
con el espiritu y vivir tambi6n con el espiritu.




APENDICE

EL PROYECTO DE CODIGO DE HEREDIA

Por creerlo de esencial interns y por la falta de referencias con-
cretas a este aspect de la vida de Heredia en todas las biografias
que conocemos del poeta, reproducimos aqui el articulo que trans-
cribe el sumario del proyectado C6digo Penal del jEstado de Mexico
y que se public en , Toluca, numero 4, correspon-
diente al 22 de junio de 1831, pdginas 25 a 35. A continuaci6n inser-
tam4s tambien el articulo de >, Morelia, 30 de
junio de 1831, en que se oponen reparos al Proyecto de Heredia, y
reproducido, con gran espiritu de imparcialidad, por (El Conser-
vadors, 20 de julio de 1831, pdginas 76 a 78.

LEGISLATION

Por todas parties se eleva un clamor general y sostenido contra los de-
fectos de la que nos rige, y forma un caos de tinieblas y confusion, en que
el juez y el ciudadano se afanan inttilmente por hallar la norma segura
de su conduct, y la firme garantia de sus derechos. El Gobierno del Esta-
do, convencido de esta verdad, y de la necesidad urgente de una reform
radical y complete, no ha cesado de clamar por ella, y sentimos que los es-
trechos limits de este peri6dico nos veden copiar el important articulo
dedicado a este asunto en su Memoria presentada al Cuerpo Legislativo al
principiar las filtimas sesiones.
Persuadido el Congreso de la misma verdad, dispuso que una Comisi6n
de su seno, asociada con comisionados del Consejo de Gobierno, Supremo
Tribunal de Justicia y Audiencia, se eneargase de preparar nuevos C6di-
gos, empezando por el penal. El numero, gravedad y urgencia de los asun-
tos que ha ocupado la atenci6n del Cuerpo Legislativo, han impedido quo
sus miembros pudiesen dedicarse a otras tareas durante el period de las











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sesiones; pero cerradas estas conform a la Constituci6n, ha empezado la
Camisi6n de C6digos sus importantes trabajos
Reunidos los miembros presents de ella, que son los Sres. D. Mariano
Esteva, D. Agustin G6mei Eguiirte, D. Franclsco Ruano y D. Jos6 Maria
Heredia, se encarg6 a 6ste formase el plan o bosquejo general del C6digo
penal, lo que se verific6, presentando el que a continuaci6n ae inserta.
Admitido por la Comisin, en su segunda junta, dividi6 an ejecuci6n
entire sus miembros, reservandose examinar, discutir y aprobar en reunio-
nes futures el trabajo de cada individuo. Asi, el Estado debe esperar que
antes de much tiempo tendrA un COdigo penal filosofico y metdio, cla-
ro y conciso, que present a todos el peligro de la transgresin de ]as le
yes, y cierre la puerta a toda arbitrariedad en la administracei de justicia.
Los pueblos veran con satisfacci6n y gratitud que sus mandatarios se
afanan en cumplir sus sagrados deberes, y en mejorar ks resortes de la
administraci6n, promoviendo en una buena legisalaci6a l major garatla
del orden y la libertad. La empresa as la mAs ardua y diUcl, mas no por
eso debe dejarse con un desaliento vergonzoso. Lo exoelente es a veces el
mis temible enemigo de lo nejor. Aunque las nuevos C6digos lHven el in-
falible sello de la imperfeccidn humana, serAn inmensamente superiors a
los Fueros, Partidas y Recopilaciones4 y los legisladores que bagan este pre.
senate al Estado, podrAn gloriarse de 61 como de una larga series de accio-
nes virtuosas, y decir con el poeta latino: Rzegi meonawatam.

OODIGO PENAL

Titulo prelminiar.

1. De los delitos y culpas.
2. De los delincuentes y culpables, de sus cnmplices, fautores, auziiia-
dores, receptadores y encubridores, y demis responsables de acciones
ajenas.
3. De las penas y de su ejecuci6n.
4. De la aplicaci6n de las penas y circunstancias agravantes y dismi-
nuyentes de los delits.
5. De las reincidencias y de sus efectos.
6. De la omisidn en impedir los delitos, y de la persecuci6n, entrega
o remisi6n de los delincuentes.
7. Del derecho de acusar los delitos, y de los acusados y procesados.
S. Do los reos ausentes.
9. De la rebaja de penas a los condenados que se enmienden, y de su
rehabilitaci6n.
10. De los indulto.
11. De la prescripci6n de los delitos y culpas.
12. De la indemnizacidn a los inocentes.











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PARTE PRIMERA

Delitos contra la sociedad.

L-Delitos contra la Constituci6n.
1. De los delitos contra la libertad del Estado.
2. De los delitos contra la religion.
3. De los delitos contra la libertad individual.
II--Delitos contra la seguridad interior del Estado, y contra la tran-
quilidad y orden pIblico.
1. Rebeli6n y armamento illegal de tropas.
2; Sedici6n.
3. Motines o tumultos, asonadas, etc.
.4 Facciones y parcialidades, confederaciones y reuniones prohibidas.
5. Resistencia a la ejecuci6n de las leyes, actos de justicla o providen-
cias de la autoridad pOblica, provocaci6n a la desobediencia, e impugna-
ci6n de las facultades legitimas del Gobierno.
6. Ateitados contra las autoridades, usurpaci6n de sus funciones, e
impedimento de su libre ejercicio.
7. Cuadrillas de malhechores, robo de caudales o correspondencia pi-
blica, interceptaci6n de correos, dafios a los bienes del Estado, o del comfin
de los pueblos.
8. Allanamiento de crrceles o establecimientos de correcci6n, responsa-
bilidad por las fugas de los detenidos y press.
9. Portaci6n y uso de armas.
II.-Delitos contra la salud plblica.
1. Ejercicio legal de la medicine, cirujia, arte-dbstetricia, farmacia
o flebotomia.
2. Venta illegal de venenos o drogas peligrosas.
IV.--Delitos contra la fe pdblica.
1. Falsificaci6n o alteraci6n de la moneda.
2. Falsificaci6n de sellos del Gobierno o de las autoridades u oficinas,
db las Actas o resoluciones del Congreso, titulos, despachos, circulares, de-
cretos y 6rdenes del Gobierno o de otras autoridades, de papel sellado, ore-
ditos contra el Estado, u otros establecimientos pfiblicos.
3. Falsedades, supresiones u omisiones en escrituras, diligencias judi-
ciales, etc.
4. Falsedades en documents privados, sellos, marcas, y contrasefias
4e particulares.
5. Falsificaci6n o alteraci6n en pesos y medidas, y falsedad en la venta
de metales, pedreria y otros efectos.
6. Violaci6n de secret en los funcionarios pfiblicos, y apertura o su-
presi6n legal de cartas cerradas.
6. Falsedad de acusaciones, denuncias y testimonies; perjurios y fal-
tas a la verdad en asuntos judiciales o de oficio.










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8. Sustracci6n, alteraci6n o destrucci6n de documents archivado~ ;
apertura illegal de testamentos cerrados, y quebrantamiento de embargos o
secuestros hechos por autoridad competent.
9. Usurpaci6n de titulos o facultades, y uso de condecoraciones o dis-
tintivos que no se tienen.
V.-Delitos y culpas de los funcionarios pdiblicos en el ejercicio de sus
cargos.
1. Prevaricaci6m.
2. Sobornos, cohechos o regalos.
3. Extravio, usurpaci6n y malversaci6n de caudales pfblicos.
4. Estorsiones y estafas de los funcionarios.
5. De los que ejercen negociaciones o contraen obligaviones inconipa-
tibles con sus destinos.
6. De los funcionarios quo no obedecen o cumplen a1s eyes y 6ywSdps
superiores; de los que impiden o embarazan en ejecuci6dn l1a de algi4n
acto de justicia, o se conciertan al efecto, y de las faltas de #ubordiiaci6n
o asistencia a desempefiar sus deberes.
7. Mala conduct; mal trato a inferiores, o a otras personas que acu-
dan a los funcionarios por raz6n de su oficio; violencias; abuso de autori-
dad o poder para asuntos particularea.
8. Anticipaci6n o prolongaci6n indebida de funciones, o ejercicio de
las que no se tienen.
9. Omisi6n en perseguir a los delincuentes, retraso en la administra-
ci6n de justicia, o denegaci6n de ella, falta de cooperacifn y auxilio a los
acts de servicio pfiblico.
10. Fuerza de los Tribunales o Jueces eclesiAsticos.
11. Fallos contra la ley express, faltas de sustanciaci6n, etc.
12. Delitos de asentistas, proveedores y otros que sumninistran, venden,
compran o administran algunas cosas por cuenta del Gobierno.
VI.-Delitos contra las buenas costumbres.
1. Acciones y palabras obscenas en sitios piblicos; edici6n, venta y
distribuci6n de libros, estampas y pinturas obscenas.
2. Lerrocinio.
3. Bigamia.
4. Incesto.
5. Sodonma.
6. Bestialidad.
7. Matrimonios clandestinos. Desacatos de los hijos contra sus padres,
do los menores contra sus tutores o curadores.
8. Desavenencias y escAndalos de los matrimonios,
VII.--Omisi6n de servicios debidos at Estado.
1. Fraude en el pago de contribuclones.
2. Resistencia illegal o fraudulent a servir en-la milicia.
3. Id., id, a las cargas concejiles.











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PART SEGUNDA

Delitos contra los particulars

I.-Dlitos contra la asistencia y segiridad de los personas
1. Homicidio, envenenamiento, castraci6n, aborto, mutilaci6n malicio-
sa e incendio para matar.
2. Heridas y ultrajes de obra.
3. Ri~aa y peleas, y desafios,
4. Raptos, fuerzas y violendias,
5, Adulterio y estupro alevoso.
6. Violaci6n de sepulcros.
7. Exposici6n, ocultaei6n o cambio de niffos,
8. Partos fingidos.
II.-Deitos contra lahonra, fama y tranquilidad de las personas.
1. Calumnias, libelos infamatorios e injuries verbales.
2. Revelaai6n de secretes.
3. Amenazas.
III.-Delitos contra la propiedad.
1 Robes, sus cases y Oircunstancias.
2. Hurtos, Id id.
3. Quiebras.
4. Estafas y engatios.
5, Abuses de confianza.
6. Falsificaci6n o imitaci6n fraudulent de ohras ajenas, o perjuicio
a la industrial.
7. Incendios y otros datios.
8. Fuerzas y violencias contra las propiedades: despojos.
9. Destrucci6n o alteraci6n de moboneras.

PARTE TERCERA

Delitos de policia.

1. Vagancia.
2. Mendiguez.
8. Juegos prohibidos.
4. Omisiones de los mesoneros o albergadores.
5. Abusos en las ealles, plazas o caminos pliblicos.
6. Contravenci6n a los bandos de buen gobierno
7. EspectAculos piblicos sin permiso legal.
8. Embriaguez.











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COMUNICADO DE -EL MICHOACANO LIBRE

Morelia, junio 30 de 183L

Hemos visto con el mayor placer en el cuarto namero de El Co berm-
dor (pcriddico de Ioluca) que el honorable Congreso del Estado de Mxide
dispuso que una Comisi6n de su seno, unida con comisionados del Conse-
jo de Goblerno, Supremo Tribunal de Justicia, y Audiencia, se encargase
de preparar nuevos O6digos, empezando por el penal; y que habiandose
encargado al Lie. D. Jos6 Maria Heredia el plan general del C6digo pe-
nal, lo ha presentado a la Comisi6n. la que lo admiti6, y dividil su eje-
cuci6n entire sus miembros, reservandose examiner, discutir y aprobar ea
las reuniones futures el trabajo de cada individuo. Decimos que con el
mayor placer hemos visto esta disposici6n, porque hace tiempo que desear
mos con la mayor ansia se ponga mano a la obra de los 06digos, que cada
dia se hace mis necesarla. Es impossible que una repiblica del siglo XIX
siga rigiendose por las leyes cuya antigiiedad, en parte, data desde fines
del siglo VII, dictadas para una monarquia que en su larga duraci6n.ha
visto suceder sobre el trono reyes absolutos, moderados, constitucionales,
dcspotas, buenos, perversos, ignorantes, sabios, humans, cruelest.
Nuestros C6digos son un caos en que ya de tiempo muy atrfs los inge-
nios mAs perspicaces nada distingulan con claridad, un laberinto a que
los hombres nrms laboriosos no encontraban la salida: aumentaron esta
confusion las leyes de los Congresos constituyentes y constitucionales de la
Federaci6n y de los Estados, expedidas segtin las circunstancias que iban
ocurriendo, sin que de antemano se hubiese trazado un plan general que
metodizase los trabajos. Para regularizar la legislaci6n, y hacer de ella
una ciencia accessible al entendimiento human, no queda otro camino
que el que ha torado la legislature del Estado de Mexico: nuevos 06di-
gos, y que venga abajo el inmenso cdmulo que forman el Fuero juzgo, las
Partidas, las Recopilaciones de Castilla y de Indias, las Cddulas no recopi-
ladas, etc. etc., etc. Si la legislaci6n de los Estados Unidos Mexicanos ha
de ser consiguiente consigo misma, es preciso comenzar par aqul. Que
los Congresos abandonen la tActica de legislar a retazos, y que duranto
el tiempo de los recess una Comisi6n se encargue de presentar el plan
de los trabajos en que deben emplearse las sesiones. No saldran todos los
C6digos de un golpe; pero una legislature podria dar el C6digo penal, y
el de procedimientos en lo criminal: la siguiente podria ocuparse del civil,
y del de procedimientos en este orden; y asi Ilegarlamos un dia a tener
leyes propias del siglo en que vivimos, del sistema que hemos adoptado, y
escritas en castellano que entendiesen todos.
Hemos observado que el plan del C6digo penal que ha presentado el
Lie. Heredia es el mismo, sin diferencias notables a lo menos, que el de
las Cortes espaflolas del afio de 22. Esta nada tiene de censurable, apor












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qu6 no hemos de aprovechar lo que hay de bueno en los trabajos de aquella
Asamblea en que, ciertamente, habia hombres de conocimientos muy exten-
sos en todas las parties de la legislaci6n? Alin el C6digo penal podrfa adop-
tarse, en nuestra opinion, con algunas reforms oportunas, v. gr, la de
abolir la distinci6n que establece entire delitos y culpas por las razones, a
nuestro parecer, de much peso que aleg6 el.Colegio de Abogados de Madrid
en las observaciones al proyecto del C6digo penal, publicadas en octubre
de 821. A mis de este precioso escrito convendria tener presents las ob.
servaciones hechas por la Audiencia Territorial de Castilla la Nueva, pu-
blicadas en la misma 6poca; pues aunque las Cortes las tuvieron a la vis-
ta, no adoptaron todas las indicaciones que en ellas se hacen, y que con-
vienen sin duda much nms que a un C6digo penal espaiol, a uno para los
mexicanos, cuyo cartcter dulce no necesita de much rigor.
iOjalk que, guiada de este ejeinplo la nueva legislature de MichoacAn,
regularice sus trabajos por un metodo semejante, comenzando por el C6digo
penal y el de procedimientos en lo criminal, que son sin duda los que se
necesitan con mks urgencia! [Michoacano libre.] *

SUnimos nuestros votos a los de los Editores del Mickoacano libr,, y esperamos que las legisla-
turas de todos los Estados se apresurarin a la formaci6n de nuevos c6digos, afianzando de esta manera
la libertad mejicana.-EE.













OBRAS DEL AUTOR


SOrigenes de la poesia en Cuba-. La Habana, Imprenta el siglo XX.
(Extracto de Cuba Contemporinea), 1913.
SRomances tradicionales en Cuba-. La Habana, Imprenta el siglo
XX, 1914.
Gertrudis G6mez de Avellaneda. cLas influencias castellanas: examen
negative,. La Habana, Imprenta el siglo XX, 1914.
tVida Universitaria de Heredia,. La Habana, 1916.
SCervantes y el Romancero. (Extracto de la Revista de la Facultad
de Filosofiay Letras). La Habana, 1917.
tHermanito menor,. En la colecci6n antol6gica El Convivio, San
Jose de Costa Rica, 1919.
de la Edici6n Nacional del Centenario). La Habana, 1920.
logia Espafiola). Madrid, 1921.
Las cien mejores poesias cubanas,. Madrid, Editorial Reus, 1922.
cEnsayos sentimentales,. (En la colecci6n del Repertorio Ameri-
cano). San Jos6 de Costa Rica, 1923.
,Manuel de la Cruz,. Madrid, Editorial Calleja, 1924.
Del epistolario de Heredia,. (Extracto del Homenaje a Menendez
Pidal). Madrid, 1926.
Los comienzos literarios de Zenea,. (Extracto del Homenaje a
Bonilla y San Martin). Madrid, 1927.
cCedulario Cubano,. (Los origenes de la Colonizaci6n). Tomo I.
Madrid, C. I. A. P. 1929.
EEl document y la reconstrucci6n hist6rica. La Habana, Ediciones
la Revista Arauce, 1929.
DE PR6XIMA PUBLICACI6N
.Cedulario Cubano. (Los origenes de la Colonizaci6n). Tomos II y III.
Pastores.
-Espaiia>. (Libro de memories).




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