Group Title: Diario de sesiones del Congreso de la Republica de Cuba
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Title: Diario de sesiones del Congreso de la Républica de Cuba
Physical Description: v. : ; 31 cm.
Language: Spanish
Creator: Cuba -- Congreso. -- Cámara de Representantes
Publisher: s.n.
Place of Publication: Habana
Manufacturer: Imprenta de Rambla y Bouza
Publication Date: 1902-
 Subjects
Subject: Politics and government -- Periodicals -- Cuba   ( lcsh )
Genre: federal government publication   ( marcgt )
 Notes
Dates or Sequential Designation: 1. legislatura, v. 1, núm. 1 (oct. 1 de 1902)-
General Note: Title from caption.
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Bibliographic ID: UF00015180
Volume ID: VID01772
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 001845781
oclc - 28760011
notis - AJS0072
lccn - sn 93026707

Full Text


REPUBLICAN DE CUBA


D0ARIO DE SESIONES
DE LA
CAMERA DE REPRESENTANTES
VIGESIMO TERCER PERIOD CONGRESSIONAL
PRIMERA LEGISLATURE
VOL. LXXXVIII LA HABANA NUMERO 25

SESSION EXTRAORDINARIA (SOLEMNE)
7 DE DICIEMBRE DE 1950
EN CONMEMORACION A LA MUERTE DEL MAYOR GENERAL ANTONIO MACEO
Y GRAJALES Y DEMAS MARTIRES DE LA INDEPENDENCIA.

President: Sr. Lincoln Rod6n Alvarez

Secreta.iSr. Noel del Pino Perez
Sr. Guillermo Tapia Fluriach
~--- \ .
SUMARIO:
La Presidencia declara abierta la sesi6n. (Eran las nueve y quince p.m.). La Banda
deo VIsica del Estado Mayor General del Ej6rcito ejecuta el Himno Nacional, coreado
por el Coro Nacional Cubano; que seguidamente canta la plegaria de "Caballeria Rus-
ticana", de Mascagni y "Cantata No. 11", de Bach. El senior Presidente concede la
palabra al senior Representante Francisco Cairol Garrido. Termina el senior Cairol
darrido. La Banda de Musica del Estado Mayor del Ej6rcito ejecuta el Himno In-
vasor. La Presidencia levanta la sesi6n. Eran las 10 y 20 minutes p.m.







2 DIARIO DE SESIONES DE LA CAMERA DE REPRESENTANTES

Sr. President (Rod6n Alvarez): Se abre la cha de Don Segundo Sombra, que pint6 masculi-
sesi6n. namente Ricardo Giiiraldes.


(Eran las 9.15 p.m.)
(La Banda de M6sica del Estado Mayor del Ejbrcito
ejecuta el Himno Nacional, que fu6 cantado por el
Coro Nacional Cubano.)
(EL Coro Nacional Cubano, seguidamente, cant6 la
plegaria de "Cavalleria Rusticana", de Mascagni y
"Cantata No. 11", de Bach.)
Sr. President (Rod6n Alvarez): Tiene la pala-
bra el senior Francisco Cairol.
Sr. Cairol Garrido (Francisco): Sefior Presiden-
te y sefiores Representantes:
Si la selecci6n por la cultural impusiera su es-
cuadra several, no seria yo el hu6sped de la tribu-
na del Parlamento. No he podido contarme -por
rigor de una nifiez pobre mAs que por culpa de
mi inquietud- entire los que usaron horas libres,
para macerar las uvas sabias y catar el vino de
la ilustraci6n. Pero la longitud humana de Lin-
coln Rod6n supli6 mi escasez de calidad intelec-
tual con el sobrante de su calidad piadosa, y ba-
jando a mi rasero de hombre llano, atendi6 el
clamor de quien le pedia el privilegio de este
turno del 7 de diciembre, apelando a las inicas
insignias -humildes, pero vAlidas -de la can-
tidad de Maceo que llevo gravitindome al medio
del pecho, por cubano y por oriental. Y ahora
hago parodia con la confesi6n pat6tica de Pas-
cal: "Si al releer el discurso os da la impresi6n
de fuerza, tened por seguro que el hombre que lo
escribi6, lo escribi6 de rodillas."
Venimos a buscar las medidas de Antonio Ma-
ceo, a destacarle la imagen con la eficacia plAstica
del nuevo cine tridimensional. Maceo tiene su-
perficie, estatura y profundidad. Hay que mirar-
le desde adentro -desde "el cogollo del coraz6n"
que diria Miguel de Unamuno -para hacerle car-
diograma; y desde afuera, a distancia ayuna de
pasi6n, para hacerle radiografia. Con esas places
en la mano, y un poco de psicoanAlisis en la inti-
midad de su epistolario, ya est el bravo mulato
de pie, fiel a si mismo. Hay que enfocarle enton-
ces sobre el fondo de su 6poca, centrarle como pro-
tagonista de multitudes en la -patitalla de su esce-
nario hist6rico, tal fija un objetivo el ojo electr6-
nico del radar, y ya estari de una vez en su sitio,
fiel a su pueblo. Asi venimos a buscarle: sin
visera de prejuicio ni candor de nostalgia; sin
inflarle como levadura lirica de fanAticos, ni di-
seco y deshumanizado como un instrument vil.
A buscarle y tocarle venimos, en la care de su
mensaje, y respetando su dimension, porque un
heroe no lo fabric un bi6grafo.
Acento de mi Tierra.
Por alli baja un arria, ramoneando el lomerfo.
Trae doce bestias, piloteadas por el guia. Aun
anda lejana, similar a una fila de abejas en vuelo.
Va oy6ndose luego el cencerro que le sirve de
voluntad, como aquella tropilla de la pampa gau-


Traera carbon de yana y de jfcaro. O traerd
serones de viandas, y algun mamey lascivo. Vie-
ne como soplada por el alisio que descarga en la
Sierra Maestra, entire majaguas y arrayanes. To-
davia noi asom6 el lucero de la tarde y arriba hay
cielo afiilado, cielo indigo, y sol que aprieta en
las espaldaS. Cruzan majaes a ras del camino,
que se hace un hilo con las leguas ,y cruzan altas
las tifiosas, a ras de los c6mulus. Es la atm6sfera
del Oriente de Cuba: colors cAlidos sobre suelo
arable, siempre grivido; rumor del viento, iis-
terioso rumor salpicado de quejidos, aromas, hu-
medades, de todd ese mundo teldrico y musical
que es el monte tupido. Quien pueda empinarse
espigari detrAs del cerco los pinares de Mayari y
el pez6n del Pico Turquino.
Cuando haya ballet nuestro, tendrA esa- decora-
ci6n agraria y erotica, con jicaras, mulatas, gua-
rapo, potros, .framboyanes, tabaco, bandurria y,
raptada por el musculo de la montafia, esta hem-
bra lacia y siboney que es la palmera.
, Por fin va a anochecer en Majaguabo. Alzando
con los cascos su polvo escarlata est6 llegando la
recua. MAs que el cencerro, se oye ahora la voz
del arriero que la trajina, hijo de aquel paisaje
como el Arbol y la nube. Regresa cantando. Se
llama Antonio.
Dentro de nueve caballerias que el padre esta6
adquiriendo por parcelas en pago lel past que
suministra, el mozo cria cuerpo arrogante. Bien
plantado, creci6 silvestre como un sabici. Revo-
lea el lazo pastoreando ganado y por las antenas
del instinto huele la crecida del rio, los cambios
t6rmicos y hasta la promesa de las cosechas. Per-
tenece a la topografia de Majaguabo, como el
plAtano cimarr6n o el gallo fino. Ahi va madu-
rando su hombria fisica, mientras pasan. las esta-
ciones y los afios. Es un fruto de la montafia.
un poderoso fruto de la salud de la montafia. El
hombre de llanura puede ser espectador, porque
el horizonte casi le cierra en la mano. Maceo
tiene que remontar la cuesta, vencerla a lomo
de voluntad, para mirar lejos. Cuando la barba
efervescente le crece en barbecho, ya es un im-
pulso mis de la naturaleza, todo un var6n en po-
tencia. La tierra le ha dado su acento.
Acento de Sangre.
Pero comencemos la cuenta desde cero, porque
hay una raz6n mas intima que el paisaje montuno
de Majaguabo, y estA larvada en el misterio de
la sangre. que tambi6n da su acento al caricter de
Maceo. Puede uno nacer c6modo o en miseria; lo
milagroso es haber 'ebido, con sed de hijo, en los
pechos de Mariana Grajales, y traer en el riego
sanguineo las, hormones de Marcos Maceo. Ella
era la presencia suculenta de la'mujer de Anti-
las; 61, una fuerza en reposo, muy a la venezo-
lana. Desde cuna Maceo fu6 simbolo de unidad:
ayunta las costas del Caribe en una sintesis de
tr6pico, que es coreogrifico y sensorial.








DIARIO DE SESIONES DE LA CAMERA DE REPRESENTANTES 3


En las cr6nicas santiagueras de Emilio Bacardi
se cuenta con un tono de familiar, c6mo ensam-
blan sus vidas la criolla de raiz dominicana y el
criollo de Velas de Coro. La estructura recia, el
sen-tido de autoridad, le vino a Maceo de la gente
de Bolivar; el aliento de epopeya, el celo semen-
tal, lo trajo de la madre, trece veces madre, que
hizo paredes de monument national aquellas de
barro y cuje de la casa en la calle Providencia.
Mariana es el impulse primitive y lozano de la
sangre negra; Marcos es el cAlculo estricto y
responsible de la sangre que remonta su genea-
logia al llano austero de Castilla. En el mestizado
esti la selecci6n capaz del h6roe.

Yo y mi Circunstancia.
Antonio Maceo traia encima ya el double acen-
to; germinal ppr la herencia de la sangre y ha-
bitual por el ambiente de Majaguabo. Con vein-
titres afios vividos, el caracter era tan grabado
que parecia pod6rsele tocar en cada opinion y en
cada gesto. La linea de conduct que Alfredo
Adler define en el hombre como suma de sus ins-
tintos y costumbres, era para entonces una linea
a buril. Leonardo GrifiAn Peralta, en un libro
iuminoso que abre veredas en la psicologia de
Maceo, despu6s de armar su criteria en los estu-
dios caracterologicos de Delmas y Boll, llega a
aislar la constant de nuestro personaje, su mane-
ra de querer y pensar.
Tenemos en el pufio la semilla limpia, y nos
queda analizar el terreno. El terreno de un hom-
bre es su epoca, matizada por las relaciones so-
ciales. Debiamos decir desde ahora que ain las
relaciones sociales descansan en el desarrollo de
las fuerzas productivas, pero es premature. Hay
todavia por delante much argument al servicio
de Ia tesis que entiende a Maceo como factor so-
cial, porque aquel caricter hecho en la afluencia
de dos razas y lomeando la juventud sobre suelo
de colonia, supo ponerse en funci6n de su clase
venida de abajo, del fondo de la calimba esclava.
"Yo soy yo y mi circunstancia", escribi6 el re-
negado Ortega y Gasset. Maceo era aquello que
le hicieron Mariana y Marcos y aquello otro que
le hizo la adolescencia de arriero. Habia much
por ser: product legitimo de lo circundante.
Mientras recoge en pomos la miel de los pana-
ies traidos de la finca, Mariana cuenta a su par-
vada cosas crueles, cosas de los martires que no
se olvidan. Asi hacia otra colmena de, sus hijos
que ella di6 a la luz, que ella daria a la manigua,
porque primero hay que zumbar y aguijonear y
luego habra miel de patria. Las veladas a media
voz, mascando casabe, ponian a sofiar a la cria.
Afuera era de noche y sonaban tersos los tambo--
res que-llamaban a la carga libidinosa, fermen-
tada con tragos de ron crudo. Se bailaba "sopim-
pa", cimbrante y librico. Y hasta habia encerro-
na de juego prohibido: Antonio escape alguna
vez, por aventura mundana, y aprendi6 a ganar
y perder, hasta que supo que el destiny no podia


confiarse al azar, sino construirlo como una pa-
red, con argamasa y ladrillo.
Cas6 con Maria Cabrales, que no le abandon
ni en la inmortalidad. Habia aprendido a tragar
sus lAgrimas de rebelde, porque el dolor de Cuba
le iba doliendo6 demasiado.
Siempre los poptas han hecho pufiales del ver-
so cuando la censura official limita a su mala pro-
sa. Los pueblos protestan asi, en estrofas clan-
destinas que repiten como quien riega p6lvora, y
que acaban por hacerse canci6n. Por entonces el
exaltado Pedro Santacilia ponia en letra sonora
la protest sorda:
"...es precise lanzarse a la arena,
es precise morir y triunfar."
Para Antonio Maceo, aquello tenia resonancia
en su alma todavia en rlistico. Era como adivi-
narle un secret que no sabia poner en palabras.
Aquello tenia que ver con la division de las per-
sonas: peninsulares, y criollos. Y tenia que ver con
lo que oia del padre, casi susurrado, al volver de
la Logia. Y con lo otro, tan intense, que no le
salia a la lengua, pero le andaba .a flor de piel:
el color y la clase.
"Hay cosas esquivas, profundas, rec6nditas, que
los hombres hallan dificil expresar a otros hom-
bres; pero para el negro son las pequefias cosas
de la vida las que resultan dificiles de expresar,
porque estas insignificancias son las que dan for-
ma a su destiny. Algiin hombre buscar6 de ex-
presar su relaci6n con las estrellas; pero cuando
la conciencia ha sido formada y labrada en la
lucha por obtener una rebanada de pan, esa re-
banada de pan es para 61 tan important como
las estrellas."
Un dia el Licenciado Asencio Ayll6n, su padri-
no, se encarg6 de lo demds: pn padrino legitimo
fuera poca cosa si quedara en las'aguas del bautis-
mo. Fu6 explicandole al gallardo ahijado el pro-
ceso dramAtico:
"Mira, Antonio: somos una. colonia. Desde Ma-
drid nos mandan, con bast6n, y espuela, a un
extranjero como O'Donnell y Concha, como Ler-
sundi y Valmaseda. Tf sabes bastante c6mo
amargan la vida esos despotas. Somos vasallos,
que es ser una cosa cualquiera. Los tuyos lo han
sido por partida double: mirate los p6mulos, res-
pira, desnidate. Vienes de una "pieza de ebano".
Y'oye 6sto otro, para que lo sepas todo: recuerda
a Narciso L6pez, de Venezuela, como Marcos tu
padre; recuerda c6mo en Madrid les respondieron
a los flojos autonomistas que fueron por lana y
salieron trasquilados. Tenemos encima la ver-
giienza de ser los iltimos subalternos de Ame-
rica."
No dijo mAs. El claro talent de Antonio Ma-
ceo, comprobado en el studio antropol6gico de
su crAneo, entendi6 hasta el final su misi6n. De
una vez quedaba en el pasado la escena montuna
ae Majaguabo -crin de alazdn brioso, onza de
gallo canelo y tonada a ritmo de tres--, y el an-








4 -DIARIO DE SESIONES DE LA CAMERA DE REPRESENTANTES


cho future, sin meta y sin muerte -h6lice per-
manente que mueve el compAs dialectico de la
historia-, empezaba a clarear. A tajo de machete
se haria lo demas. Maceo prende como una me-
cha. El servicio de su grandeza, la grafdeza de
su servicio es dejarse llevar por las aguas de la
marea y a la hora de la tempestad, encarado a
cielo y tierra, ir encima, al filo de la ola, magn6-
tico y todopederoso 'como un lider de masas, de
blancos y negros con derecho a la biblica reba-
nada de pan.

Baragua.
Hay an6cdotas que son mAs que an6cdotas y
hacen crispar. Juan Bautista Rond6n toca a la
puerta una noche, y viene con un.pufiado de con-
jurados. En la mesa se les pone guiso y tronchos
de sAbalp. Se habla despacio y sereno. En la ma-
ro se les pone armas y onzas de oro. Tambi6n
las riendas de los caballos. Y al tiempo de saltar
a las monturas, nadie se despite. Mariana, con
mirada delirante que fija en la Osa Mayor, cree
que no ha dadoa todo, y atenga a los hijos, que
hacen fila. Rond6n se supone con carta blanca,
y habla tajante: -De 6stos, Za quien me das?
-iYo voy!, fu6 la descarga emotional de An-
tonio, y di6 un paso al frente. Jos6 no se hizo
esperar.
Diriamos que Espafia empezaba a liquidar su
imperio en este minute de la vida de un mulato
insurrecto. No lo entendi6 entonces, ni luego con
el parche del Zanj6n. Espafia, madre comida por
sus hijastros hace un siglo, no podia entender a
Cuba Libre. Decia Asperamente el chileno Lasta-
rria que "seguia dando las doce cuando todos los
relojes marcaban las cinco." Todavia no la entien-
de, al menos esa partida falangista que acuchill6
por la espalda la Re~iblica del Frente Popular.
El soldado aprendi6 a pelear, peleando, como
fu6 arriero a fuerza de arriar. Despu6s de incor-
porarse a Donato Mdrmol en Cautillo el 12 de
octubre de 1868, --ir6nicamente llamado Dia de
la Raza, hoy Dia de Col6n-, la guerra se hace
decenal. No vamos a copiar su cronologia porque
r.o estamos dictando un texto escolar. De todo
esto hay un saldo: ochocientas acciones, veintid6&
balazos, y otras heridas que seguirAn en sangria:
la muerte del padre, de los hijos, y de dos her-
manos carnales.
Muchos socavones se palp6 al rendir su primer
balance con las estrellas' de Mayor General en la
chamarreta: C6spedes y Agramonte eran bajas;
en Laguna de Varona y en Santa Rita le entris-
tecieron los sediciosos; a Limbano Sanchez le hizo
murder su pecado de ayenturero, marcAndole la
distancia de respeto que se debe a un jefe mili-
tar, y hasta le incautaron los bienes de familiar
Nada de eso le atajaba, porque sabia que el arrie-
ro y la bestia nacen para ir camino de la osamen-
ta. Maceo sabia algo mas trAgico: uno se alza ba-
tido de frente, como empinaba contra el vientc
los ingenuos papalotes de su nifiez. Lo que le hizc


nudo en la garganta fu6 la calumnia del mando
civil, tildAndole de racist. Aquella noche, que era
de mayo, sin poder rendirle' suefio ni fatiga en la
hamaca del campamento, se pregunt6 si el amor
y la lealtad serian natos en la criatura.
Filtrado por todas las emboscadas de la guerra
y de la debilidad humana, entero de Animo, hiper-
activo, joven auin, Maceo no podia aceptar el Pac-
to del Zanj6n. Tiernas las cicatrices de Baragui,
donde casi le fusilan entire dos'fuegos, convalece
asaltando un convoy de municiones. Tres dias
despu6s barre un batall6n fresco en la Llanada
de Juan Mulato, y en seguida vuelve a besarle
la frente el laurel con la victoria insuperable de
Arroyo Naranjo.
Luce infalible el General Antonio; hecho de
material perpetua. El juramento fu--pensaba 61
-"Independencia o Muerte", y la alternative es-
taba en firme, y actuando en limpio. Porque an-
tes de su entrevista con Martinez Campos, le in-
sinuaron balear al espafiol en una trampa, y Ma-
ceo refut6 indignado.
Llegaron a la cita, en la sabana de Baragua.
Martinez Campos hablaba en diplomatico. Maceo,
sin perder su estilo cort6s, hacia blanco con las
respuestas.
-Es decir, que no nos entendemos.
-No; no nos entendemos.
--Volveran a romperse las hostilidades?
-No hay inconvenient en hacerlo ahora
mismo.
--Qu6 tiempo cree usted necesario para que
todos los jefes vuelvan a sus zonas respectivas y
cada contendiente pueda situarse?
-Ocho dias, a contar desde hoy.
-4Quiere decir que el 23 se rompen las hos-
tilidades?
-El 23.
Y el 23 de marzo se rompi6 el corojo...!
Maceo, como bien enjuici6 Rafael Est6nger
entr6 entonces en la historic, por el tone integral
de la Protesta de BaraguA. Era el reclamo a nom
bre de un pueblo alzado, con el finico asidero, a
cualquier cost, de la libertad. BaraguA nos salv6
-e usar la bandera -esta bandera centenaria de
1950- como un trapo de sudario encima de la
Revoluci6n insepulta.

Bojeo de sus Mares.
La causa obligaba al destierro y embarc6 para
Jamaica, en trAnsito a New York. Si hubiera sido
cinico como Oscar Wilde, habria declarado al
aduanero el equipaje: "Salvo mi genio, nada."
Recurva sobre Jamaica, Haiti, Saint Thomas,
Puerto Plata, Isla Fortuna. Es much el desgarr6n
de la ausencia para tipo de su factura montaraz.








DIARIO DE SESIONES DE LA CAMERA DE REPRESENTANTES 5


Mientras el itinerario hace fiebre, bojea el Medite-
rrineo americano: Nueva Orleans, Honduras, Me-
xico, Cayo Hueso, Panama. Necesita sentirse en
firme, y al paso por Kingston otra vez, siembra un
hijo que no descuidarA ni en visperas de Sao del
Indio. Y en firme de una vez, coloniza en Nicoya,
Costa Rica. Vuelve al surco como en la serrania
natal, y alia, anunciado de antemano por cartas
de ternura y de calado fraternal, se le aparece
Jos6 Marti.
Tiene duelos de todo matiz. Lo plantea con ar-
mas a Flor Crombet y epistolar a MAximo G6mez:
son hincadas que luego cauterizan. La que no en-
carna, la que consuela a la rozadura del aire,
es la otra del duelo por Mariana Grajales. Se re-
focila el destiny sorprendiendo con cambios de
luces, con alumbrones y sombras, a estos heroes
que cobran en moneda inmortal. En Kingston, al
paso nostAlgico por Cuba que va quedar a las es-
paldas, su temperament sanguineo calma en la
hechura de un hijo. Y en Kingston le toca pagar
el reverse de la vida que regala, sepultAndole a
quien le di6 la suya. Algunos se le acercaron en
aquella hora cero, que sonaba sobre la tierra del
Istmo de MorazAn, y vieron el ment6n inflama-
do y c6mo los ojos se le hacian de vidrio.
Manda el Pueblo.
Vamos a escribir un nimero: 95. No por afan
de cAbala o de notarios. Los process hist6ricos,
como-volcanes, hierven abajo, y cuando cuecen
en calor de lava, alzan los fondos, taladran enci-
ma y violentan un crater. El 95 es una grieta ex-
pansiva abierta a presi6n por el impetu revolu-
cionario del pueblo.
De Yara a Baire hay un salto de etapas.-Lo de
CUspedes es la actitud levantada y audaz, pero
transitoria y cercada. Hizo su parte, y bendita
sea, pero ningin candor idealista nos despista, a
ochenta afios de perspective, para frenarnos la
pupila en la corteza atractiva de ningiin episodio
o hazafia, por limpios y corajudos que brillen. De-
trAs de tanto empuje redentor, los pioneros de La
Demajagua seguian-supi6ranlo o no-el rumbo
puntual de otros alzamientos americanos, gesta-
dos entire gente de latifundio y ganado. Debajo
de la literature liberal que los emocionaba, --con
citas oportunas de los franceses del 789-, perma-
necia intocada la economic feudal de sus caudi-
llos. Salvemos a tiempo el perfil generoso y ltil
de la Guerra de los Diez Afios, dejAndolo cual
medall6n burgu6s entire las vitrinas de museo.
El 95 plantea otra 6ptica, donde los terratenien-
tes bajan de plano, porque es la masa en acci6n
la que cumple su ciclo biol6gico. El 95 es la de-
mocracia actuando en doctrine, todavia con el
raido chaleco liberal. A la manigua van en ma-
yoria, por olfato, los negros que aspiran a salir
de todas las esclavitudes, confesas o simuladas,
mientras los tabaqueros de Tampa ponen sus pe-
setas. Y son hombres de clase media los files a
su brfijula.
Maceo tiene el cuerpo condecorado y una inter-


pretaci6n continental en lo politico. Esta a punto
para serlo todo. Decir su nombre es decir mam-
bises.

Ya es el Lider.
Cuando a uno le asoma el bozo, con la adoles-
cencia llega una comez6n por saberlo todo, estado
fogoso y lacerante que acaba por meternos en
un laberinto. Por ejemplo, leemos sin discriminar,
cada libro que nos roza el ojo, y por castigo a ese
prurito, un dia tropezamos con el senior Carlyle,
que entendia la historic como la suma biogrifica
de los grandes hombres, y otro dia, con un santo,
Agustin, que la hacia bailar cual un trompo so-
bre la pua de los providenciales, y otro afin, con
el italiano Vivo, jur;ndonos por los genios como
quien jura por los dioses.
Luego de esos tragos envenados, con el mila-
groso instinto del animal que busca las hierbas
del purgante, leimos a Plejanov. Fu6 antidote -y
drenaje. Desde alli aprendimos que los individuos
son lideres y talents operates, cuando se hacen
vehiculos de la necesidad social que rodea sus
vidas.
"Si el papel de los individuos estA determina-
do por la organizaci6n de la sociedad, Zc6mo su
influencia social, condicionada por este papel,
puede estar en contradicci6n con la idea del des- \-
arrollo de la sociedad conforme a las leyes de-
terminadas? Esta influencia no s61o no esta en
contradicci6n con tal idea, sino que es una de sus
ilustraciones mds brillantes."
Mas claro aun, si el agua no es clara: no hay
hombre grande que imponga a la sociedad rela-
ciones que no correspondan al estado de sus fuer-
zas productivas.
Maceo andaba dotado a bastanza para servir,
como bisagra, a la ventolera que presionaba el
95, ululante como cicl6n. Recordando a Hegel:
"apasionadamente quiere y no puede no querer
servirle."
Los acentos suyos, -sangre y tierra-, van a
jugar rol, acentuando la circunstancia. En Bara-
guA no habia terminado. Se despidi6 sin oler ce-
nizas, y volte6 empatando. De BaraguA arranc6,
sobre la huella honorable de la protest del 68,
la Invasion del 95.

Vivir es Pelear.
En la escuela primaria nos ensefiaron automi-
ticamente: Mal Tiempo, Coliseo, Las Taironas,
Cacarajicara, Ceja del Negro. La Invasi6n es otra
cosa de entrafia, con el implacable fatalismo de
un movimiento sismico. Maceo deviene el punte-
ro, porque va poseido de registrar su agitaci6n
con sensibilidad de aguja. Muchas veces le vemos
rozar el suicidio est6ril, partiendo en dos, a t6rax
abierto, una descarga enemiga. No le importa
cuantos son, sino d6nde. Su actividad se hace vi-
ciosa, y lucha con la alegria sensual de ganar al
seguro la fltima.








6 DIARIO DE SESIONES DE LA CAMERA DE REPRESENTANTES


Daria Espafia todo el oro por tomarlo vivo. Co-
mo siempre, era tarde. Maceo paseaba su figure
en el mito, donde a nadie se atrapa.
.No fumaba, no bebia... El h6roe, a caballo so-
bre el cenit, no soltaba las manos para nada ajeno
a su armonioso destine, en una casi insolente se-
guridad de si mismo. Pero empezaba a tironearle
una corazonada. Mir6 Argenter, el fidelisimo cro-
rista de la epopeya, sabe las espinas que clavan
a Maceo.

La Liberiad no se Mendiga.
Menos mal: G6mez, El Viejo, guerrillero reseco
a la intemperie, pero duro como hueso, puso a
un lado los nervios y la autoridad irritada, calif.
cando a Maceo como "el mas ilustre y el mis bra-
vo de mis amigos" y entregandole a Panchito co-
mo un soldado de confianza.
"Yo tengo la grandeza de una causa conmigo y
vista es la de mi pais... He deseado lo que puedo
Sser: un obrero de la libertad." En efecto, el petr6-
leo prisionero en los estratos subterraneos, tiene
escapes de gas, que se hacen mrechurios de llama
y luz. De trecho en trecho la Historia revienta
en un mechurio a lo Maceo, pero el soplete se
funde al rojo.
El soplo con que arrastraba a vacilantes, incr6-
dulos y desmayados, no le impedia medir su res-
ponsabilidad. Le daba pie de hormig6n el pueblo
ansioso, y se agarraba a esa raiz, hacienda de
trampolin, sin hipotecar su impulse pendular: de-
bia dar el salto, toknadas las avenidas para evadir
el vacio. Tragedia del h6roe, fiel a su tiempo y
comprometido a superarlo.
Encima del mapa de la Isla, abierto sobre una
grupa, apuntaba la peninsula de la Florida. Es-
cribe asi al blando Estrada Palma:
"Esto march bien y podria durar por tiempo
indefinido y hasta dejar extenuada a Espafia. Sin
embargo, como su pronta terminaci6n es lo que
debemos procurar, ya que leo en los peri6dicos
que se discute si los Estados Unidos deben o no
intervenir en esta guerra, para que concluya pron-
to, y sospecho que ustedes, inspirados en razones
y motives de patriotism, trabajan sin descanso
por alcanzar para Cuba lo que mas puedan, me
atrevo a significarle que, a mi modo de ver, no
necesitamos tal intervenci6n para triunfar en pla-
zo mayor o menor. Y si queremos reducir 6ste a
muy pocos dias, trAiganme a Cuba veinticinco o
treinta mil rifles y un mill6n de tiros en una o a
lo sumo dos expediciones."


nia dicho su simpatia por los que supieron hacer
patria de una coldnia inglesa, en la devoci6n rei-
terada por Lincoln y Jefferson. Pero la intransi-
gente realidad geopolitica anclaba a Cuba como
porta-aviones, en la boca estrat6gica de las Am&-
ricas.'

Capiltn de la Historia.
Presentia la urgencia de nuevo balance. Dos
noches antes del desplome en San Pedro, sofi6 en
la vida y en la gloria. Los suefios son espigas in-
satisfechas en la vigilia, segan Jung. Lo cont6
todo despu6s, en tensa confesi6n: reuniria en un
nicho los restos de los suyos... Jos6-"Lo vi una
vez, que fu6 vez de hombres, y no podria olvi-
darlo," le dijo Marti-cay6, al fin cay6, en Loma
del Gato. Un picor quem6 las pestafias a Maceo.
Y las otras cosas mayores, que son de Cuba...
Anoche salieron a flote los secretes que duelen:
era ausente, desde Dos Rios, aquel hermano blan-
co, o sin pigment, que le llen6 el destierro de
.artas mimosas, con besos filiales a Mariana, con
puntales de fe en su compafiera. Se pregunt6, en-
.re sombras, si las manos que no eran las propias,
Jerian fuertes y siempre de acero. Y si el vecino
quedaria con las suyas que eran de otra alea-
ci6n- metidas en las fronteras.
Nubes perezosas, de presagio, oian luego el mo-
n6logo del h6roe. Le golpeaba la duda y le alum-
braba un algo estelar. Otro otofio mAs pas6 por
Majaguabo, dejando hojas secas en el camino coti-
diano de las arrias. "Esto va bien", dijo a la ma-
nigua.
7 de diciembre ahora. No tiene edad Antonio
Maceo: ha salido de la 6rbita humana. El paisaje
es el mismo, aunque vibra la atm6sfera. El Gene-
ral Antonio, ecuestre haci6ndose ?statua, estA ro-
deado de p6lvora y de sonidos que se orquestan,
en vibrato, jadeantes, apasionados, como en la
"Danza del 'Fuego", de Falla.
Se ha ido sin adi6s. Nadie crey6 que se fuera.
Dijo que nada lo detendria, y nada le detuvo.
Su bronce mejor es el de Mantua, fundido su
nombre al an6nimo del soldado invasor. Nada te
detuvo, Capitan, y acabaste por arriar la Historia.
He terminado.


(La Banda de Misica del
ejecuta el Himno Invasor.)
Sr. President (Rod6n
sesi6n.


Estado Mayor del Ejercito

Alvarez): Se levanta la


Por delante la dignidad, como el machete. Te- (Eran las 10.20 p.m.)


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