Group Title: Diario de sesiones del Congreso de la Republica de Cuba
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 Material Information
Title: Diario de sesiones del Congreso de la Républica de Cuba
Physical Description: v. : ; 31 cm.
Language: Spanish
Creator: Cuba -- Congreso. -- Cámara de Representantes
Publisher: s.n.
Place of Publication: Habana
Manufacturer: Imprenta de Rambla y Bouza
Publication Date: 1902-
 Subjects
Subject: Politics and government -- Periodicals -- Cuba   ( lcsh )
Genre: federal government publication   ( marcgt )
 Notes
Dates or Sequential Designation: 1. legislatura, v. 1, núm. 1 (oct. 1 de 1902)-
General Note: Title from caption.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00015180
Volume ID: VID00385
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 001845781
oclc - 28760011
notis - AJS0072
lccn - sn 93026707

Full Text










DIARHIO DE SESIONES

DELAY
CONGRESS DE LA REPUBLICA DE CUBA


CUARTO


PERIOD


CONGRESSIONAL


SCUARTA LEGISLATURE

VOL. XIII HABANA, 21 DE MAYO DE 1910 NUM. 26


COmara de Repress


Vigesimaquinta sesi6n ordinaria celebrada el


; ntantes


19 de Mayo de 1910,


EN HONOR DE MARTI,


Presidencia del Sefior Orestes Ferrara y Marino

Secretaries: Sres. Julio del Castillo Perera y Antonio Fernandez Criado


A las 'cuatro p. m. ocupan, la Presidencia el senior
Orestes Ferrara y Marino y las Secretarias los sefio-
res Julio -del Castillo y Antonio Fernn:dez Criado,
hadlAndose presents los Representantes que A conti-
nuaci6n se expresan:
Ajdam Galarreta (Luis).
Alsina Espinosa, (Juan de la Cruz).
Arteaga.y Quesada (Emilio).
Audivert y Pl6rez (Francisco).
Balanz6 y Diaz (Mliguel).
Borges Figueredo (Amnbrosio).
Bruz6n y Garcia (Jose).
Castellanos (Alberto).
Cebreco (Agustin).
iCollazo y Tejada (Enrique).
Cortina y Garcia (Jos6 Manuel).
COu6llar del Rio (Celso).
Cuesta y Rend6n (Ramiro).
Estrada Estrada (Manuel).
Espinosa y HernAndez (Miguel).
Fernandez Boada (TomAs).


FernAndez Guevara (Manuel).
Fuentes Borges (Juan).
Garcia Ensefiat (Ezequiel).
Garcia Feria (Jos6 A.).
Garrig6 y Salido (Roque).
GonzAlez Clavel (Carlos).
GonzAlez Lanuza (Jose A.).
Madrigal (Policarpo).
Manduley Tapia (Bernardo).
Martinez Ortiz y L6pez (Rafael).
Mendieta y Montefd (Carlos)..
Messonier y Alvarez (Enrique).
AMorej6n y Montafio (Salvador).
Pagliery y Norma (Jos6).
Palencia (Tranquilino).
Pardo SuArez (Antonio).
Ponvert D'Lisle (Hermenegildo).
Porto y Castillo (Enrique).
Roig y Forte Saavedra (Enrique).
Spottorno y Uribi (Juan B.).
iSuArez GutiBrrez (Miguel).
Travieso y Torres (Juan).








2 DIARIO DE SESIONES DEL CONGRESO.- CAMERA DE REPRESENTANTES


Vald6s Carrero (Luis).
Valdes Infante (Julio).
Vilardell Tapis (Luis).
Viondi y Vera (Miguel).
LIegaron despues 1. -.-..i ,.--:
Gonzalez Sarrain .(F.li; !-".
Armenteros y CArdenas (Carlos).

Total: 47.

SR. PRESIDENT (FERRARA) : Se abre la sesi6n.
Lectura del Aeta de la sesi6n anterior.
(El Oficial de Actas, Sr. Giro del Castillo, la lee).
.Se aprueba el Acta?
(Silencio).
Aprobada.

Tiene la palabra el sefior Gonzhlez Lanuza.
,SR. GONZALEZ LANUZA: Sefior Presidente y sefiores
Representantes:
Cuantos aqui nos congregamos, hacemos memorial,
sin duda, de una sesi6n anhloga A esta,-igual A esta
diria mejor-en el afio precedent. El entonces desig-
nado para hablar de Marti, fu6 el senior Miguel Vion-
di, y los que aqui estamps y estabamos aquella tarde,
recordamoes cun gratamente nos entretuvo, dando a
su disertaci6n el interns -de la relative novedad, fini-
ea A que puede aspirarse cuando del Padre de nuestra
Patria se trata hoy entire nosotros. Colocado se en-
contraba el senior Viondi en ventajosas condiciones
para ello: amigo intimo de Marti, lo habia tratado
durante largo tiempo y de la manera mis estrecha y
podia referirnos rasgos, de -esos que parecen insigni-
ficantes, pero que mejor que ninguna otra cosa indi-
can el temperament y la condici6n peculiar de un
personaje. Refirisndonos histories de esa clase, podia
entretenernos con algo nuevo que no supi6ramos los
demAs, que pudiera servir para rectificar algin jui-
cio de detalle y para confirmar, como no podia menos
de resultar confirmado, el juicio que en con junto for-
m.iramos todos de antemano del liombre insigne euyo
norbre invocamos .en estos instantes.
En canbio, el que se ha designado para que leve
la palabra en el dia de hoy, y de l6 os able, se encuen-
tra en condiciones mas desventajosas, porque no tuvo
la dicha de conocerlo, ni de vista; y porque de 61 sabe
lo0que sabemos todos; y de 61 no puede decir otra cosa
que lo 1que es.tA ien la mente y en el coraz6n de todos.
No era possible que en Cuba, se ignorara qui6n fu6
Marti, cu6l fu6 su obra y cuAl su representaci6n en-
tre nosotros. Desde los miAs humildes-desde el punto
de vista de la inteligencia-hasta los que pueden de-
cirse pr6ceres de esa inteligencia, muchos han habla-
do entire nosotros de aquel que por antonomasia se ha
llamado el Maestro. Historia de su vida, anteceden-
tes de su earrera political, antecedentes de la agita-
ci6n que organizara y todos los detalles relatives A su
participaci6n en el movimiento revolucionario que de-
finitivamente independiz6 A Cuba, son, para cuantos
aqui estamos, cosas sabidas; 6 igualmente son sabidas
por todos los cubanos. En tal concept, al que no pue-
da referir algfn aspect de la vida personal de aquel
gran cubano, a un auditorio distinguido como 6ste, se
le coloca en una situaci6n verdaderamente dificil
cuando se Ie hace hablar de Marti. El tema es atrac-
tivo, es simpAtico, y porque siempre ha sido tema
atractivo y simpitico, muchos lo han tratado, muchos
lo han desarrollado. El terreno, de tal modo, esta es-
pigado por complete; y yo he de recomendarme A la


benevolencia de ustedes para que con esa benevolen-
cia se me perdone todo lo que en mi discurso no pue-
de menos de ser una repetici6n.
Pudilramos dividir en tres parties, no iguales, cier-
tamente, un discurso como el que debo pronunciar en
el dia de hoy; en una se puede hablar de la vida de
Marti; en otra, de su carActer y de los rasgos promi-
nentes del m'ismo; .en la tercera, de su obra. Digo que
no pueden ser iguales, porque acaso algo pueda de-
cirse mis extensamente, con un relative aire de no-
vedad de la segunda y de 'la tercera; de la primera,
impossible. Hacer aqui un resume de su existencia,
de todos conocida, seria hacer perder tiempo A los se-
nores que me escuhan. Su infancia; su juventud, po-
bre y agitada, much mias que us infancia; su amior
al studio; las deficiencies de sus medios economics;
la consagraci6n de toda su vida al logro de un ideal;
su paso por Espafia, sus pasos en Cuba, su residencia
en las Repfiblicas de Al nrica latina, su residencia
en los Estados Unidos; son cosas de todos conocidas.
Su participaci6n en el movimiento revolucionario, su
agitaci6n en las emigraciones cubanas, su recorrido
por todos los paises en los euales crey6 que podia en-
contrar un eco simpdtieo al pensamiento revoluciona-
rio y su dedicaci6n absolute y definitive A dar cuerpo
a ese pensamiento y A su ensuefio, I qul son sino una
cosa que esti en la memorial y en el coraz6n de todos
nosotros y que no necesita ser repetida, que no debbe
ser repetida, te excusable, seria incuestionablenmente vana y pre-
suntuosa ?
No hablemos, por consiguiente, .de su vida. De ella,
lo que parece destacarse de una manera marcada, es
esto sobre lo eual necesariamente habr6 de vo'lver, por-
que fu6 rasgo tipico de su temperament. Fue una vi-
da dirigida, como la aguja magnitica, hacia una sola
direcci6n; y todas las vicisitudes y agitaciones de
aquella existencia, realmente tormentosa, vinieron al
cabo a culminar en un mismo punto y en el sentido de
una sola via, por la que se eneaminaron en 1. 11i 1i....
sus pass. Donde quiera que enoontr6 cualquier oficio
por cl cual trat6 de library su subsistencia, la adopci6n
de ese oficio no tuvo mis objeto sino 01 de lograr que
fuera possible ir viviendo, para que al par que su
vida se prolongara, se realizase la obra que se habia
inmpuesto. La tarea que desde sus tilempos de muy jo-
ven concibi6 en su espiritu, despert6 en el mismo
el prop6sito de consagrarse A ella, y de hecho, poste-
riormentce, su vida fu, en cuanto a esa tarea, una de-
finitiva consagraci6n. No..li,.l uil, en un hombre
obsedido por esa miisi6n que debi6 creeer que provi-
dencialmente le estaba.impuesta, y luego veremos por
qu6 lo digo, no era possible que se produjera un rum-
bo normal, tranquilo y constant en la existencia. Da-
do el hecho de imponerse a si miismo semejante misi6n,
todo lo que no fuera el cumplimiento de ella, tenia que
ser aceesorio para 61 y accidental. Era preciso vivir;
no tenia fortune y era preeciso-buscar el pan de todos
los dias.. Un hombre de inteligencia sufficient para
haber abrazado cualquiera de esas profesiones, que si
no francamente lucrativas, permiten por lo menos vi-
vir con comodidad, no se podia ocupar de ninguna de
ellas. Teniendo titulo de Abogado, no le fu6 dable
ejercer la ...r -.n;n. Para ello hubiera tenido quoe ra-
dicar 'en un mismo punto, que vivir en Cuba, y en
Cuba esplafiola, que someterse A Ia mirada recelosa de
la 1...i.-.,. .* p.i.;i..i, que prescindir de todo lo que 1l
entendia que constituia su destino. Era preciso que li-
brara la subsistencia con oficios que le permitieran al







l)IARI.O DE SESIONES DEL CONGRESO.- CAMARA DE REPRESENTANTES 3


propio tiempo viajar, movers de aca para allA, pre-
parar el movimiento revolucionario en definitive. Y
tan es asi, que una especie de vision, de destiny pro-
videncial le animaba, que contra el parccer de la in-
mensa m!ayoria de sus conciudadanos, contra el pare-
cer casi unanime de ellos, entendi6 que estaban ma-
duros los tiempos, cuando todo el mundo pensaba que
su tentative habria de abortar como extrafia aventura
de dementes.
A veces sucedo esto, y ha sueedido en muchas oca-
siones en la historic de la humanidad: no son preci-
samente los homrbres de mayor reposo en el character
y mAs serena cultural mental los que han decidido A
las multitudes A obrar, los que han lanzado A los pue-
blos por el camino de su destiny verdadero. Para eso
se ha necesitado casi siempre una obsesi6n pasional y
la impulsidn que naturalmente se produce en virtud
de ella; comunicar a las multitudes el fuego que A
nosotros abrasa y aeecrles realizar lo que ellas no pen-
saron que debiera realizar; afin mnichas veces contra
la voluntad general, adivinando cuAl estado do la
sub-conciencia, el deseo intimo y verdadero de una
agrupaci6n de hombres, para llevarlos A que ejecuten
lo que quisieran 'ojecutar, pero lo que no se atreven
siquiera A pensar en ejecutar. De aqui el que fiel f
su destiny, Marti viviera como corresponsal de peri6-
dicos, movi6ndose de ack para allA, remitiendo corres-
pondencias A un diario denominado "El Partido Li-
beral" y despu6s A "La Naci6n" de Buenos Aires,
ganAndose su subsistencia modestisimamente de este
modo, A fin de girar por el mundo, aunando volunta-
des aqui como alli, reuniendo fondos, procurando con-
tar con la colaboraci6n de los que podian ponerse al
frente del movimiento, y no desmayando nunca ante
ningfin desastre, ni ante ning6n desengafio. Para qu6
dar detall]es? Esta fu6 invariablemente su vida. Los
accidents de ]a misma no harian sino presentar di-
versas facetas de esto que he indicado como su con-
junto general.
Discurrir ahora acerea de su temperament y de su
carAeter, de su papcl y de su misi6n en la obra revolu-
cionaria cubana, tieno para m:i tambi6n un relative
inconveniente. Ilaoe poco mis de un afio, cuando en
]a proxima ciudad de M ii i, :.i,, se inauguraba, por
iniciativa de un homnbre A quien vi entonces por 6l-
tima vez, el doctor Ram6n Miranda, un artistic mo-
numento en honor de Miarti, el doctor, que A ello me
habia comprometido doe antemano, me llev6 A dicha
ciudad A hacer uso de ]a palabra en la ceremonia de
inauguraci6n. Entonees, refiri6ndome en un breve dis-
curso dicho en la plaza puibliea, y que por ello no po-
dia ser ni largo, ni reposado, ni serenamtente medita-
do, A aquello que para mi constituia carActer tipico
y saliente de lMarti, sefialaba estas dos circunstancias
que no dir6 que scan absolutamente exclusivas de 61,
pero quoe en realidad son en 61 mAs prominentes que
en ningfin hombre que baya podido vivir una vida
anAloga A la suya y que so hbaya inYpuesto una misi6n
comp la que 61 se impuso.
*En primer lugar. un hombre que movia A los de-
miAs a pelear, que encendia on su patria Ia hoguera de
la lucha tremenda, que condenaba a sus hermanos A
pasar por la crisis de un terrible martirio, estaba al
propio tiempo animado de un amor sin limits A la
humanidad y de una benevolencia para todos los hu-
mianos, por malignos que fuesen 6 por errados que
estuvieran; entire otros, y tal vez principalmente, pa,
ra los que consideraba sus enemigos. Y ademns hubo
en 61 rasgo peculiar de su tarea y de su esfuerzo: de


todos los hombres que han podido determinar A una
colectividad, grande 6 pequefia, A realizar una obra
comnin. un prop6sito general, quizas 61 sea el que re-
presenta en ,esa obra comfin una parte ms grande por
raz6n de su esfuerzo individual. Marti, en efeeto, fu6
el determinant principalisimo de la revoluci6n cu-
bana. El pueblo cubano, en aquel tiempo, y cuantos
vivimos en aquella 6poca lo sabemos, no queria. en su
mayoria al menos. la revoluci6n. El Gobierno de Es-
pafia nos habia dejado entrever una mejor condici6n
political, sin sacudidas ni agitaciones violentas. Tan
cierto es que aquello hubiera podido contener la obra
revolucionaria que, como se ha dicho despu6s y repe-
tido muehas veces, la actitud que tomi6 el Gobierno es-
pafiol por ]a iniciativa del Ministro Maura contuvo un
poco A Marti. Le parcci6 que su ideal y su tarea eo-
rrian peligro si aquellas reforms political se implan-
talban en Cuba de buena f6 y ,eran generalmente acep-
tadas por el pueblo cubano, en virtud de lo cual 61 ya
no tendria am'biente adecuado para poner por obra
sus prop6sitos. Fu6 la o'b'eceaci6n .de los politicos es-
pafoles, de ach y de alli, la que se levant6 como una
barrera ante el Ministro que acabo de indicar y dej6
el terreno aun mas preparado que antes lo estaba para
que pudiera fructificar la semilla. No obstante, el Go-
bierno espafiol, volvi6, comio todos sabemos, A la idea
de reforimas political. El plan del senior Maura se de-
sech6; pero se planted otro nuevo, que llev6 el nombre
de Abarzuza; y ain -cuando la generalidad entire nos-
otros crey6 que se iba A obtener menos de lo promreti-
do, la mayoria se resignaba A obtener aquello, A camni
bio de no tener delante de si el fantasma de ninguna
agitaci6n, de ninguna revoluci6n, de ninguna lucha.
Yo recuerdo quo no ya entire los elements espafioles,
sino aun entire los elements cubanos, y muy cubanos,
y mpy probados, pero que no se eneontraban en ]a
conspiraci6n que estallaba en aquellos moments, fut
un efeeto terrible el que produjeron los primeros mo-
vinliento. He tratado a algunos, remigrados de Ia gue-
rra de los diez afios, de aquellos que desde su prin-
cispio marcharon A los Esta.dos Unitdos 6 'algunas de
las Repfiblicas Hispano-Americanas, que considera-
ron un acto de locura el que iniciaba en aquellos dias.
Creyeron que todo lo que se habia adelantado, en 17
afios de predicaci6n pacifica, por el Partido Autono-
mista, iba A ser irremediablemente perdido; y un ami-
go particular nlio, que se hallaba en Madrid cuan-
do los primmeros sucesos estallaron, que sali6 de Espa-
nia muy poco despuns y regres6 A Cuba, hubo de decla-
rarme que en una entrevista que tuvo pocos dias antes
de embarcarse con el fam.oso tribune espafiol D. Emfi-
lio Castelar, 6ste le signific6 que en Cuba so habia
cometido un acto de demoncia irreparable, y que los
que lo cometian y los quo no lo cometian, en virtud
de irremediable consecuencia de la solidaridad, verian
p.i ii,, I. .i.. el sistema politico de Cuba, ya que aque-
llos sucesos lo harian volver m;ucho mAs atras de don-
do se encontraba en el momlento en que so iniciaron
los primeros esbozos de un plan de reforms. Y esa
idea de D. Emilio Castelar era la idea que ,.r,; te-
nian todos los que no estaban, dire mejor, los que no
estAbamos comprendidos en la conspiraci6n; porque
A pesar del papel que yo posteriormente pude desem-
pefiar, modesto y obscure, en el movimiento revolu-
cionario, he de declararlo sinceramente, y nunca he
pretendido lo contrario, en la conspiraci6n initial no
estuve comprendido ni iniciado; hasta el punto de
que, no sospechando que yo podia ser capaz de se-
mejante cosa, el senior Juan Gualberto G6mez, A pesar







4 DIARIO DE SESIONES DEL CONGRESO.-CAMARA DE REPRESENTANTES


de haber llevado su defense ante la Audiencia de la
IHabana euando se le process por la publicaci6n de un
articulo titulado "Por qu6 somos separatistss, ja-
mas cont6 conmigo y ain hubo de decirme, ya en
Ceuta, donde nos encontramos, que 61 se hubiera diri-
gido A mi si hubiese sabido que yo era susceptible de
ser inyectado con semejante virus; A lo que le contes-
t6 que quizks, en aquellos moments, no hubiera sido
yo susceptible de recibir, con fruto, la inyecci6n.
En tales condiciones se eneontraba ]a poblaci6n de
Ouba cuando Marti pempez6 la obra revolucionaria.
Es verdad que, cono 61 decia, en el suelo no se ad-
vertian los brotes primeros de la plant, pero 61 sinti6
lo que pasaba en el subsuelo, y en el subsuelo estaba
ya preparada la semilla; prueba c6mo ella fructifera.
Aun los mils ajenos al movimiento inicial, se sintie-
ron (y aqui tambi6n puedo decir, nos sentimos) in-
mediatamente arrastrados por 61; de tal manera que
afn antes de que la invasion de las provincias occi-
dentales diera grave y decisive importaneia al guan-
te arrojado al Gobierno de Espafia, ya habiamos s'en-
tido muchos, que veiamos venir la ola arrolladora, que
lo.peor que podia suceder & los nacidos en Cuba seria
que ese Gobierno de Espafia aplastara militarmente
A la revoluci6n; y ain algunos, sin career que aquella
revoluci6n podia tener un 6xito, much menos cer-
cano; sin pensar que en el period relativamente corto
de tres afios se triunfara; pensaron que era necesario
un niovimiento general para prestar auxilios a dicha
revoluci6n, procurahd'o al menos colocar el pleito en
condiciones de transacci6n que A Espafia resultara
irremediable; primera victoria, que habia de ser vic-
toria definitive, un poco mAs tarde, de Marti ya muer-
to, sobre nuestros corazones.
Era, indudablemiente, un hombre extraordinario el
que lleg6 A producer en un pueblo, pequefio 6 grande,
,eso poeo import, fen6meno comic el que acabo de in-
dicar. Deciales A ustedes hace poco que habia en rea-
lidad en su vida toda algo que indica que 61 se consi-
deraba providencialmente destinado A semejante mi-
si6n. Esa impresi6n, much tiempo despu6s de muer-
to 61, la recibi directaniente por unos renglones su-
yos, y en la obra de menos importancia de todas aque-
llas que ha publicado el senior Gonzalo de Quesada,
piadoso recolector de sus escritos; en una que se titu-
la "La Edad de Oro" y que es un volume que con-
tiene los trabajos que insertara Marti en cuatro 6 cin-
co ninmeros, mury pocos, de una revista que public,
dedieada A6 los nifios, y de la que 61 era el director y
el redactor casi inico. En uno de esos articulos, que
se encuentra al principio, el que se denomina "Tres
I-Ilroes", M;arti habla 6 los nifios, en sencillo len-
guaje, de Bolivar, de Hidalgo y de San Martin; y re-
firi6ndose al primero, describe estas palabras que voy
A permitirme leeros y en las que entiendo que hay
incuestionable, inconscientemiente, y en sintesis, un
poco de autoretrato:
"Bolivar era pequefio de cuerpo. Los ojos le relam-
pagueaban, y las palabras se le salian de los labios.
Parecia como si estuviera ,esperando siempre la hora
de montar a, caballo. Era su pais, su pais oprimido,
que ]e pesaba en el coraz6n, y no le dejaba vivir en
paz. La Am6rica entera estaba como despertando. Un
hombre solo no vale nunca mAs que un pueblo entero;
pero hay homnbres que no se cansan, cuando su pueblo
se cansa, y que se decide A la guerra antes que los
pueblos, porque no tienen que consultar A nadie m'As
que A si mismos, y los pueblos tienen muchos hombres,
y no pueden consultarse tan pronto. Ese fu6 el m6rito


de Bolivar, que no se cans6 de pelear por la libertad
de Venezuela, cuando parecia que Venezuela se can-
saba. Lo habian derrotado los espafioles: lo habian
echado del pais. El se fue A una isla, A ver a su tierra
de cerca, A pensar en su tierra".
ICuando esto lei hace un poco mas de un afio, poco
antes de que el senior Viondi pronunciara aqui el dis-
curso del afio anterior, me pareci6 que en estas pala-
bras Marti se retrataba A si mismo:. No era 61 de aven-
tajada estatura, era rmas bien pequefio de cuerpo (aca-
so fuera de la propia estatura de Bolivar) ; era ner-
vioso tambi6n, como A Bolivar pintara; sus ojos, to-
dos los que lo conocieron lo dicen, relampagueaban;
las palabras asi mismo se salian de sus labios; y cuan-
do su pueblo se habia cansado de pelear, 61 no se ha-
bia cansado del prop6sito de iniciar una nueva lucha;
61 habia decidido la guerra solo, porque solo h si mis-
mo se consultaba; no necesitaba consultar a su pueblo
y le parecia tambi6n muy dificil consultar la opinion
de mnuchos. Y tan habia decidido la guerra 61 s6lo, que
A los jefes principles de aquella lucha, a. los Genera-
les MAximio G6mez y Antonio Maceo, los fu6 6 buscar;
y lo que no habian decidido ellos, 61 hubo de decidirlo
y fu6 61 s61o, 61 quien sac6 de su inacci6n A tales hon-
bres y en la aventura los embarc6. Cuando escribia
tales palabras de Bolivar, es probable que pensara en
si mismo; es probable que no quisiera establecer una
franca comrparaci6n, cosa que su propia modestia ha-
bia de vedarle; pero yo dudo que nadie que lo haya
conocido, de que nadie que, aun sin conocerlo, haya
oido hablar de 61 tanto com lo o hemos oido nosotros
todos, deje de encontrar su propio espiritu, su propio
temperament, la condensaci6n de su ...-,,.;, tr. y de su
historic, en esas lines en que 61 trataba de pintar &
los nifios al que fu6 el Libertador de la Am6rica Cen-
tral y Meridional.
Aquel otro rasgo del que hablara hace poco ya se
sefialaba en los moments mismos en que la lucha te-
nia comienzo. Parecia a Marti que debia dirigirse, no
para conqustarlos en conquista impossible y absurd
(no hay un solo rengl6n en el document A que voy A
referirme en que tal prop6sito aparezca), hasta 6 los
propios soldados espafioles que estaban en Cuba; y en
una especie de alocuci6n y manifesto que de antema-
no publicara, les decia que era su adversario y enemi-
go, pero que no sentia por ellos odio de ninguna espe-
cie. No los llamaba para convidarlos a la deserci6n,
no; les advertia el noble prop6sito de ]a lucha; y an-
tes de comenzarla, 61, el mAs d6bil, el que s61o contaba
con su esfuerzo, el que bien se daba cuenta de lo, spe-
ra y dificil que iba a resultar, en el moment en que
el encono es mas natural en el espiritu del hombre,
proclamaba un ideal de fraternidad para con el ad-
versario y de antemano queria asegurar para un ma-
fiana mis 6 menos incierto, pero en el cual l1 tenia
much f4, un program de perd6n, de ausencia total
de rencores, de olvido de la lucha misma.
Y en efecto, ese espiritu que dominaba A toda su
tentative revolucibnaria, se vi6 reproducido en el mo-
mBnto de la victoria al final de la guerra de Cuba. Y
afn cuando en ello me repita, quiero consignar una
cosa que consignara tambi6n alli6 en Mrlt.i,,.,. en la
oportunidad A que antes me referia. Colaboradores en-
trambos enemigos en que tal fuera el resultado de la
revoluci6n y de su triunfo, no s6lo los cubanos no tu-
vimos, salvo alguna que otra manifestaci6n aislada,
que nunca pudo traducirse en hechos, el prop6sito vin-
dicativo de las ofensas pasadas, sino que tampoco die-
ron los espafioles muestras de despecho 6 de incon-







DIARIO DE SESIONES DEL CONGRESO.-- CAMERA DE REPRESENTANTES 5


formidad con los.hechos consumados, y dAndose cuen-
ta oportuna de la situaci6n la aceptaron acaso con
reserves mentales, p'ero con reserves que tuvieron la
discreci,6n de no exteriorizar jams; y asi nunca ma-
nifestaron expresa y pfiblicamente, ni aun durante el
tiempo intermedio de la Intervenci6n primera, que,
contents con tal fracaso de la Revoluci6n vencedora,
ellos deseaban que no triunfaran sus ideales definiti-
vos. De este modo, y con la discreci6n de un lado y
del otro, se ha podido lograr que la Repdblica, ni an-
tes ni despu6s de constituida, se mirara por esos hom-
bres como una condici6n de cosas en la cual la vida
era para ellos impossible; y tanto los unos como los
otros, los que habian triunfado con el auxilio ameri-
cano, y los que habian sido vencidos por las fuerzas
unidas de cubanos y americanos; aceptaron como cosa
definitive el nuevo ,orden politico, cooperando todos
A niantenerlo, cada cual como ha querido, como ha po-
dido 6 como ha debido.
Ese amor de Marti para todo lo human, hasta el
punto de que pudo tomar como lema de su existencia
aquel verso famoso de Terencio, pues que nada que
fuera humrano, en efecto, le era extrafio, se manifiesta
muy principalmente hacia los pobres, hacia los humil-
d'es, hacia los d6bilos. Marti se abria muy fAcilmente
camino en el coraz6n de ellos. Cuando en compafia
del que fu6 primer Presidente de nuestra Repfiblica,
ya constituida en definitive y reconocida por todas
las naciones, don Tomas Estrada Palma, en los filti-
mnos tiempos de la revoluei6n, en la 6poca en que en
el puerto de la Habana vo16 el acorazado americano
"Maine", hice yo un viaje & Tampa y Cayo Hueso,
esto llam6 profundamente mi atenci6n. En las casas
mn's pobres habia uno 6 mias retratos de Marti. No se
contentaban generalmente con tener uno solo. Si lo
teiian pequefio buscaban uno mas grande y conser-
vaban el pequefio para trasladarlo A otra habitaci6n.
Si lo .tenian de busto, querian tenerlo tambi6n de
cuerpo entero. Si lo tenian A 61 solo, querian otro en
que Marti estuviese fotografiado en compafiia de al-
g6n amrigo. Y en todas las casas, por humildes que
fueran, se encontraba su imagen repetida, no una sola
vez. Asi 'la veia una por todos lados; la veia en el ex-
terior -de los 'e!dificios co:mo en el interior .de los mis-
mos; 'en la sala en donde se recibia al huesped como
en las habi'taciones privadas; en los talleres de taba-
queria, en nfmero bastante considerable, hasta el pun-
to de haber podido yo contar seis retratos en un mis-
mo taller. Y en todas parties le hablaban h uno de
Marti. Y habia gentes que se sabian de memorial el
primer discurso que dijo en Cayo Hueso; y no habia
reunion political en que alguien n9 se encargara de
recitarlos, como la obertura obligada de la funci6n
de que se trataba; y las palabra. de 61, lo que habia
dicho, lo que habia indicado en las conversaciones par-
ticulares, el consuelo que habia prodigado & los infe-
lices, a los 'd'esvialidos, 'A los tristes se repetian dia-
riamente; y no vivia uno en aquel lugar y en aquella
6poca sin ver su imagen por donde quiera, sin oir re-
petir sus palabras y isus ideas por todas parties; hasta
el punto de que era dificil sustraerse A la ilusi6n de.
que estaba vivo; ciertam'ente much mas vivo enton-
ces que cuando real y efectivamente vivia!
(Grandes aplausos).
Otro de sus caracteres (cuantos lo conocieron han
podido dar de esto un testimonio constant) fu6 ]a ele-
vaci6n de su mente, su perenne altura mental. Ten-
go entendido que, cualquiera que fuese la bondad de
su carActer, cualquiera la facilidad con que se le po-


dian acercar, altos .6 bajos, quienes desearon abordar-
lo, no fu6, sin embargo, un hombre alegre. No podia
serlo, puesto que tenia la obsesi6n de una triste idea,
la idea de una misi6n dura y dificil, no solo para 61,
sino tambi6n para sus compatriotas. Aquel amante de
la humanidad iba, en efecto, A ser eausa de que se de-
rramara sangre. Su misi6n no se podia realizar sino
a costa de sangre y de lAgrimas; y un hombre que te-
nia en el coraz6n tan abundante piedad para todos
los hombres, condenado a realizar obra semejante, no
podia ser jovial, no podia abundar en 61 la alegria.
Por consiguiente no era dado A tomar en broma fa-
nmiliar las cosas que a veces, A los demas, A los que vi-
vimos reducidos A un nivel normal human, nos pro-
porcionan esa frivola, pero grata impresi6n que haee
reir. No tenia, no podia tener lo que un amigo mio
suele lam,ar "el sentido c6mico de los acontecimien-
tos". Y asi A veces, ante cosas verdaderamente c6mi-
cas, su espiritu encontraba siempre un aspect sobre
el cual se podia discutir seriamente, abandonando la
brom:a, cormo algo incompatible con su temperamento,
y contemplando tan s61o ,el lado serio y elevado a que
la cosa misma pudiera prestarse.
Mi compafiero de trabajo y mi intimo amigo Pablo
Desvernine, me ha referido lo siguiente, que presen-
ciara .1 una tarde, en el bufete del senior Viondi, en
donde se encontraba Marti. En aquella 6poca el Liceo
de la Habana se hallaba establecido en la Calzada de
la Reina. Era antes de la revoluci6n, durante un bre-
ve paso de Marti por Cuba; no s6lo antes de que el
movimiento revolucionario estallara, sino tambi6n an-
tes de aquella, para muchos ain no claramente cono-
cida, aparici6n de Antonio Maceo en la Habana. Y re-
suIt6 ser que lleg6 al bufete del senior Viondi un en>-
pleado suyo, un hombre sencillo y bueno, pero sin
gran cultural, y declare; en medio de la mayor joviali-
dad, que el doctor Jos6 Antonio Cortina disertaria
aquella noehe en el susodicho Liceo acerca de "un in-
gl6s" que pretendia que el hombre descendia del mo-
no. M\arti se indign6 en medio de la risa general. Co-
menz6 pot advertir A aquel pobre hombre estupefac-
to que no volviera nunca a expresarse en ese tono de
semejante ingl6s. "Ese hombre de quien usted habla,
le dijo, se llama Carlos Darwin, y su frente e!i la la-
dera de una montafia"; y continu.6 disertando en este
tono por diez minutes, hasta que sus amigos ]e inte-
rrumpieron para hacerle comprender lo perdido 6
infitil de aquella disertaci6n.
En ese estado de excitaci6n mental y con su espi-
ritu en ese plano intellectual y moral, se encontraba
constantemente. Como hombre que se halla obsedido
por una idea, como acabo de decir, realmente triste,
la de lanzar a sus hermanos h la guerra, le era impo-
sible la risa ruidosa y la franca alegria. En efecto, si
es cierto que su papel len la iniciativa y en el desarro-
1lo de la revoluci6n fu6 individualmente- tan decisive
como he podido indicar (y creo que de ello no cabe
duda) ; si se estima que todo lo que se hizo posterior-
mente no fu6 m.s que consecueneia de su energia, de
su iacci6n individual; cuantos murieron, murierou', en-
tre otras cosas, y principalmente porque l6 los lanz6 A
Ta muerte, ,porque A ella los mand6; y afin asi. cuantas
viudas, cuantos h'u6rfanos l1oraron, derramaron 'lgri-
mas por 61; cuantos aqui se arruinaron, y cuantas pro-
piedades so destruyeron, y cuantos escombros se amon-
tonaron sobre nuestros camipo y cuanto humo tii6 la
pureza de nuestro cielo, fueron, ruina, y destrueci6n, y
escombros, y humo que 'a 61 pueden referirse como a su
causa. Todo eso fu6 realmente obra suya. Y hubiera







6 DTARIO DE SESIONES DEL CONGRESO.-CAMARA DE REPRESENTANTES


podido pasarse un balance de pr6 y de contra, de car-
go y de data, de debe y de haber, para saber cul era
su saldo, si no hubiera 61 comprendido la triste ta-
roa que se impusiera y decretado que ella reclamaba
su propio sacrificio. Y en efecto, tanto como el que
mis, amuclo m6as que otros revolucionarios de su in-
dole, no tan s61o entiendi6 que debia lanzar 6, su pue-
blo A una lucha desesperada, sino que comenz6 por
lanzarse con 61; y ain ereo que pens6 que, inmolAndo-
so en holocaust voluntario, debia morir a las puer-
tas mismas de la rcvoluci6n.
(( .. I. ./.'- aplausos).
i Quien podri, per consiguiente, tomarle euenta de
la sangre que se derramin, de las 1]grimas que se ver-
tieron, de todo lo que pudo suponer aquella lucha pos-
trera de la actual generaci6n cubana, cuando 61 fu6
la primera victim, priestandose 6 su propia inmola-
ci6n? De ese modo., redimi6 todo ]o que pudiera pen-
sarse que hubo de sombrio en su obra, aceptando para
61, espontaneamente, la parte m!ias sombria. Ya antes
habia heceho un .. _;i,. K prolongado, que no habia
sido cruento, pero que habia sido tan duro, por lo me-
nos, como aquel que hiciera, en el momento.de morir.
Como dije antes, todos los halagos de la existencia
fueron cosas por 61 renunciadas. La estabilidad de la
residencia en un punto determinado; los lazos esta-
blecidos, eada dia m6s. firmes, y que hubieran sido
sin duda lazos de fervoroso afecto respect de un
hombre que tan ficilmente cautivaba el coraz6n de
los otros; la posibilidad de una posici6n econ6mica
relativamente holgada, que para ello tenia aptitudes,
condiciones, simpatia, relaciones 6 inteligencia bas-
tantes, aunque tal vez n6 el carActer que se necesita
para estas apacibles empress, un tanto vulgares; to-
do esto lo renunci6, mompnto tras moment, un dia
tras otro de su vida. No tuvo' ni siquiera por much
tiem)po, los placeres del propio hogar. Errante sienm-
pre, de acA para allli; en la propia Espafia, en Cuba
solo de paso, en los Estados Unidos, en las tierras
todas de la Am6rica latina; lo principal de su exis-
tencia fu6 preparar y hacer estallar la revoluci6n en-
bana. Todo lo diemAs que hizo fu,6 perfectamente se-
cundario en su vida. Esta fun, pues, una vida de cons-
tantes sacrificios. Por eso, con today raz6n. en una con-
ferencia que pronunciara en 1.l',.' s:obre 61, en New
York, en la Socioedad Literaria Hispano-americana,
de ]a enal Marti fun Presidente y fundador, termina-
ba el .I... Enrique Jos6 Varona declarando que su
carrera podia sintetizarse en la palabra gloriosa
que pone un nimbo resplandeciente en torno de unos
euantos grandcs hombres, en la que inmortaliza A los
Prometeos, clavaidos en su roca, y A los Cristos, clava-
dos en su cruz, lia palabra SACRIFICIO."
(Grandes aplausos)).
En ello, sefiores, no hizo Mlarti mniAs que seguir aque-
Ila vieja tradici6n die sus mayors; de nuestros mayo-
res, seria mejor decir; ya que la firme decision del
I.-, .;..,.. habia de ser ]a inica arma de bastante tem-
ple para proporcionar A los cubanos la victoria, remo-
ta y easi inasequible. Cuando so reenerdan los dias
preliminares del conflict, se comprende que todo el
que pensara, ya exaltado por la pasi6n patri6tica 6
sin esa exaltaci6n y contemplando el espectaculo des-
de fuera, en que Cuba iba a luehar contra Espafia, en
que oina revoluci6n no bien organizada iba A lanzar el
guante A un Estado organizado y con recursos, no po-
dria nunea concebir que los revolucionarios aspiraran
A un 6xito military decisive y rapido. Aquella *.:ii 1.
para resultar, tenia que pI... 1..i. 1 Se tenia el ejem -


plo de los diez afios de martirio anterior, y aquellos
diez afios de combat habian producido el efecto de
que la riqueza se escapara al pueblo cubano y pasara
k otras manos, de que no quedara mas que un residue
de su anterior preponderancia econdmica. Empefiar
una nueva lucha era consular la ruina complete, por-
que aquella debilidad frente a aquella fuerza (fuer-
za y debilidad son siempre relatives) no podia aspi-
rar a ninguna probabilidad de triunfo, sino mediante
una perseverancia constant en el sacrificio.
Algunas veces, en medio del combat, la posici6n
respective de los adversaries se exageraba por unos
y por otros; y de aqui que la revoluci6n tropezara con
algunos inconvenientes propios de la exageraci6n na-
tural do sus cronistas. Recuerdo, por ejemplo, que el
general i\ i\,..i G6mez penetr6 un dia en la ciudad
de Santa ('i! ', y estuvo durante algunas horas en la
ciudad, y se surti6 y surti6 A sus tropas de ealzado y
viveres, y ocup6 ropas y maniciones, y armamentos,
y caballos, y medicines; y al fin tuvo que marcharse,
porque no podia sostenerse a pi6 firme, en tal lugar,
contra las tropas espafiolas. D.ado lo que era la gue-
rra de los cubanos contra 1.', ii'i.,i aquella era, para
tal guerra, una brillante operaci6n military; pero si
realmente se le anunciaba al mundo, como se le anun-
ci6, que el EjErcito cubano se habia apoderado die
Santa Clara, de la capital de la provincial central de
la isla y que alli se habia hecho fuerte contra las tro-
pas -p.JI'.i..., ]a noticia tenia el inconvenient de su
sexagerada importaneia; y cuando se supo despu6s lo
que habia pasado realmente, la cosa pareci6 pequefia,
precisam.ente en virtud de su exageraci6n; y el resul-
tado fu( que los peri6dicos franceses, mis tarde, cuan-
do recibian algunas noticias por nuestro conduct po-
nian delante de ellas, con letra bastardilla, "Source
Cubaine", para dar 6 entender que todo aquello era
sospeehoso de exageraci6n, si no de mentira.
Por eso, y antes de hoy lo he dicho, nuestra.gran-
deza verdadera ha estado en el tes6n del sacrificio.
De todos aquellos que ban abrigado ese empefio del
sacrificio para conseguir la realizaci6n de un ideal,
ninguno lo ba hecho con mis firmeza y mas altura y
n6s decision que 1Varti; muchos han sido inferiores,
eiertamnente, a 61 en .este terreno. Por eso creo que el
senior Varona tenia raz6n cuando ii,', i .., que aque-
lla palabra era ]a sintesis m6s cabal de toda su exis-
tencia: en el tiempo de su vida, hacindola penosa,
mirandolo todo como secundario, salvo aquel prop6-
sito fundamental y es'enicial 'de todos sus dias, uno
tras otros; y despu6s, al iniciarse la lucha, lanzlandose
frente al enemigo, buscando la muerte y encontrAn-
dola al fin; 61 no fu6 mas que un sacrificado conscien-
te y espontAneo, desde el primer moment hasta iel
iltimo!
Nosotros somos los herederos de esa obra suya, como
de otras que se han unido A la de 61 en nna tarea co-
miin; y una herencia como 6sta, no es lieito aceptarla
A beneficio de inventario: sus herederos deben acep-
tarla sin ninguna especie de restricci6n, con las ven-
tajas y con los inconvenientes, con los bilenes y con
los inconvenientes, con los bienes y con ]as eargas.
Por eso yo, que he pasado muchals veces como un pesi-
mista, s6lo porque he visto acaso de un modo mas
claro, y he tenido un tanto mias de atrevimiento para
dccirlo en alta voz, lo que habia entire nosotros de in-
conveniente y de malo, me he dado a mismoi una,
si se quiere, inmodesta satisfacci6n, declarAndome,
cuando otros me llamaban pesimista, un optimist
i 111..iin. ni.I, H asta tal punto, que un amigo que me







DIARIO DE SESIONES DEL CONGRESO.-CAMARA- DE REPRESENTANTES 7


conoce me reprochaba una vez diciindome que la lec-
tura de los sucesos pasados iba a producer en mi espi-
ritu una peculiar atonia, porque cualesquiera que
fueran nuestros males, hojeando un libro de Historia,
de cualquier pueblo, de cualquier 6poca, encontraba
en sus piginas el relato de una situaci6n infinitamen-
te peor. Y es verdad, sefiores Representantes. Recuer-
do que leyendo una vez en ]a colecci6n de monogra-
fias hist6ricas publicada bajo la direcei6n del profe-
sor Oncken, de Berlin, una "Historia del Islamismo
en Oriente y Occidente", encontr6 un pasaje en que
el autor habla de los Emiratos independientes que
surgieron de la primera invasion mogola, en el Asia
Menor y en Armenia. T-ibo una series sucesiva de
afios en que toda aquella historic tuvo una trAgica
monotonia desesperante: degiiellos de poblaciones en-
teras, ineendios y saqueos de ciudades, exterminio
de sue habitantes sin perd6n ni afin para nifios ni
ancianos, lucha incesante de los pueblos entire si y
contra los invasores esomunes: tales son las simetri-
cas y feroces alternatives de aquella historic. Esta no
tiene mis sueesos que referir que esos que he indicado-;
y el autor del libro declaraba que para no repetir has-
ta la nausea hechos exactamente iguales y horrorosos,
iba a limitarse a decir que aquello dur6 hasta el afio
tantos y i dar la lista de los soberanos que reinaron en
todo ese tiempo. Y yo, alileerlo, pensaba: "Todavia los
turcos encuentran armenios que degollar!"; y recor-
daba con cuinta raz6n, aunque el consuelo aparezca
viniendo del diablo, MVefist6feles adoctrinaba a Fausto
dicikndole: "En vano un dia tras otro amontono tor-
bellinos, huracanes, incendios, volcanes y lluvias; ex-
tirpo al hombre, creo extirparlo, de la superficie de la
Tierra; pero no lo logro en definitive, porque aquella
maldecida simiente de Adan, jams perece y siempre
germina, siempre brota, en ancho rio, una sangre vigo-
rosa y nueva!"
(Aplausos).
Ese debe ser, eiertamente, nuestro consuelo. Ahora,
para experimentar en toda su intensidad este consue-
lo, es precise hacer un esfuerzo por Ilegar & una de-
terminada altura moral y mental; porque es precise
darnos cuenta de que ese renacimiento y ese bienestar
que mafiana nos esperan, tal vez no los gozaremos no-
sotros; los gozarAn tan s6lo los que vengan detris de
nuestra generaci6n. Que import? Nosotros somos en
Cuba la generaci6n que consigui6 realizar 'la libertad.
SNo es esto bastante premio para nuestro esfuerzo'?
Si no nos ha sido possible, si no nos ha de ser possible
llegar tambien i conseguir ]a felicidad, pensemos que
6sta sera sin duda el premio de una generaci6n pos-
terior; el nuestro lo tenemos ya, lo hemos conseguido!
(Apllusos).
INo somos felices en el present? IHagamos todo lo
que hacerse quepa para serlo en el future; y si llega-
mos a perder la esperanza de serlo nosotros mismos,
hagamos todo lo possible porque lo scan nuestros hi-
jos. gQu6 mejor recompensa para el esfuerzo de nues-
tros mayores, para el esfuerzo definitive que nosotros
hicimos? Vivamos, por consiguiente, persuadidos de
esa idea, vivamos perfectamente compenetrados de


que la generaci6n que nos precediera fu6 much mis
desgraciada, much mis sacrificada que la nuestra. Lu-
ch6 mas tiempo que nosotros. Los que la componian
se arruinaron por complete, siendo ricos; sufrieron lo
indecible, habiendo nacido felices; y en medio del vi-
gor de la humana fortaleza, A la mitad del camino de
la vida, tristemente se desangraron y murieron; y no
tuvieron la compensaci6n que nosotros hemos tenido,
la de ver tremolando sobre el suelo de su patria la
bandera de sus ilusiones y de sus ensuefios!
(Grandes aplausos).
Si nosotros lo conseguimlos, si al fin pudimos lograr-
lo y convertirlo en una realidad, I por qu6 pedir mAs?
Siempre me he dicho esto A mi mismo, y realmente no
he pedido much mis. Creo, si, que cuanto haga el
hombre por I.. .,l sus compatriotas las deficiencies
del present en que vive, es bueno y es saludable; pero
debe hacerlo serenamente y sin ira, cumpliendo con
su deber de heredero de herencia semejante, con tes6n
y energia, pero sin desesperarse nunca; comprendien-
do que el mal es human y que de 61 no se podra ja-
nyis desligar la humanidad. Porque hay que tener en
euenta que el hombre, considerado como colectividad,
progress s6lo muy lentamente y adelanta de una ma-
ncra aniloga i aquella empleada para cumplir su
voto por un Conde francs que, en ]a Edad Media,
hizo el juramento de marchar A Tierra Santa cami-
nando cuatro pasos hacia adelante y tres hacia atrAs;
de manlera que andando site pass tan s61o adelantaba
uno. No mareha miAs rApidamente la humanidad. Al
contrario, aun me parece que mareha con mayor len-
titud; pero adelanta al fin, y eso es lo finico que pode-
mos pedir al destiny. Asi el mafiana sera ciertamente
nmejor que el present; y nosotros habremos sido dig-
nos herederos de nuestros causantes si vivimos consi-
derando el estado actual de cosas no como algo defini-
tivo, que debe satisfacernos, sino como algo transitorio
que tenemos necesidad de mejorar. Si estimamos que
las condiciones politics del present no son buenas,
comprendamos que todo ]o que en ellas nos parezea
malo ha de ser cosa modificable y mejorable; y cada
cual desde su punto de vista, harmonizando cuanto
quepa su interns personal con el interns colectivo, ha-
ga todo lo que pueda para conseguir ese mejoramiento.
En suma, si pasajeros del nomento present, tene-
mos por lo menos ]a aspiraci6n ideal de considerar-
nos ciudadanos definitivos de una ciudad mis perfec-
ta, que esti aun por fundar, y trabajamos para fun-
darla, 1 qul nos imipedira ser mias felices, como premio
de tal esfuerzo en el future? Y asi pudiera terminar
estas i. '!. 0?:.. conque he entretenido ]a atenci6n
vuestra, repitiendo, aunque para alterarle un tanto
su sentido, una frase que se contiene en la epistola de
San Pablo a los hebreos: "No tenemos aqui por cier-
to una residencia duradera, permanent; es una resi-
dencia future, una eiudad future, la que debemos bus-
car". "Non habemus hic manentem civitaten, sed
futuram inquirimas!'"
(Eslruendosa ovaci6n).
SR. PRESIDENTE (FERRARA) : Se levanta la sesi6n.

(Eran las 4 y 55 p. m.).


Imp. Rambla y Bouza, Pi y Margall 33 y 35.-Habana.




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