Title: eme eme : Estudios Dominicanos
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Title: eme eme : Estudios Dominicanos
Physical Description: Book
Publisher: Universidad Católica Madre y Maestra
Publication Date: Septiembre-Abril 1991-1992
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Bibliographic ID: PUCMMA0011
Volume ID: VID00090
Source Institution: Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra - Recinto Santo Tomás de Aquino
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Los conquistadores indianos de Europa
Carlos Dobal
Azcar, agroempresas y campesinos en la Repblica Dominicana
Pedro Juan del Rosario
Pedro Mir, Pedro Pietri y Nicols Guillen o Hay Tres Pases en el Mundo Manuel A. Ossers Cabrera
Continuismo, no-reeleccin y estabilidad poltica. Consolidacin y crisis del trujillismo antes de 1938
Jan Suter
Breve panormica del teatro de Manuel Rueda
Franklin Gutirrez
Armas de fuego usadas en las luchas civiles y por los cuerpos armados dominicanos
Edwin Espinal Hernndez
Saman en la divisin poltica de la isla
(siglos XIX y XX)
Efrain Baldrich Beauregard
Vol. XIX Nos. 90-91 Septiembre 1991 Abril 1992




ESTUDIOS DOMINICANOS
Vol. XIX Nos. 90-91 Septiembre 1991 Abril 1992
CONTENIDO
Los conquistadores indianos de Europa
Carlos Dobal ......................................... 3
Azcar, agroempresa y campesinos en la Repblica Dominicana
Pedro Juan del Rosario..................................11
Pedro Mir, Pedro Pietri y Nicols Guillen o Hay Tres Pases en el Mundo
Manuel A. Ossers Cabrera............ ....................33
Continuismo, no-reeleccin y estabilidad poltica. Consolidacin y crisis del trujillismo antes de 1938
Jan Suter.............................................43
Breve panormica del teatro de Manuel Rueda
Franklin Gutirrez......................................65
Armas de fuego usadas en las luchas civiles y por los cuerpos armados dominicanos (siglos XIX y XX)
Edwin Espinal Hernndez.......................;........73
Saman en la divisin poltica de la isla
Efran Baldrich Beauregard...............................83


EME-EME
Estudios Dominicanos
Revista Cuatrimestral Encargada
Carmen Prez de Cabral
Director-Fundador: Hctor Inchustegui Cabral
Consejo de Edicin:
Monseor Nez Collado, Rector
Radhams Mej fa
Rafael Emilio Yunn
Carlos Dobal
Jos Luis Alemn, S.L
Adriano Miguel Tejada
Danilo de los Santos
Bruno Rosario Candelier
Fecha de inicio: Junio, 1972
Composicin: Rafael Montes de Oca
Diagramacin: Daniel I. Gmez
Impresin: Editora Taller
Departamento Editorial
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATLICA MADRE Y MAESTRA
Derechos Reservados
Santiago, Repblica Dominicana, 1992


LOS CONQUISTADORES INDIANOS DE EUROPA*
Por Carlos Dobal
Antes que otra cosa, quiero agradecer muy sinceramente a los directivos de este importante organismo de Investigacin y Difusin, "El mbito Mara Corral", la oportunidad que se me ofrece para compartir este convivio intelectual en la Ciudad Primada de Amrica.
Pretendo esta noche, ante esta selecta concurrencia, desarrollar un tema que creo puede resultar interesante, a todos los involucrados de uno u otro modo, en la conmemoracin del V Centenario del Descubrimiento o Encuentro de dos Culturas. Lo he titulado "Los Conquistadores Indianos de Europa", los que son a mi juicio, primero,
las comunidades utpicas; segundo, la exaltacin del hombre libre; tercero, el gusto por la desmesura, Y cuarto, la identificacin de concepciones mgicas y realidades naturales.
Germn Arciniegas, en algn lugar ha dicho, que Europa debe a Amrica ms de lo que Amrica debe a Europa. Creo este aserto algo hiperblico pero, confieso que me ha movido a investigar sobre sto, y a redactar este modesto ensayo sobre el tema.
As, voy a tratar seguidamente y con la brevedad que exigen las circunstancias, cada uno de los valores ya sealados, partiendo de que yo pienso que todos estos valores son fundamentalmente americanos. Y que a lo largo y ancho de la Historia, desde el desembarco del Al-
*) Ponencia presentada por el Dr. Carlos Dobal, Profesor Titular de la PUCMM y Miembro Numerario de la Academia Dominicana de la Historia, en la VIH Cena Hora Puerta de Amrica, con el tema "V Centenario, una Aportacin a la Paz", en fecha 3 de abril de 1992.
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mirante hasta nuestros das, ha influido notablemente en el desenvolvimiento cultural europeo.
El valor de la concepcin utpica de una comunidad humana ideal parte de los grupos indgenas del Nuevo Continente, que vivan en colectividades aparentemente felices y en medios geogrficos naturales y deleitosos.
La existencia de esta maravilla se conoce en Europa, por las narraciones de los cronistas de Indias, los que, partiendo del mismo Almirante, de su hijo Don Fernando y de Fray Bartolom de Las Casas, no dudaron en sugerir que el paraso terrenal tuvo su ubicacin en aquellas tierras. Pedro Mrtir de Anglera, el famoso proto-notario apostlico, protegido del Cardenal Sforza, se encarg de diseminar esta idea en la corte pontificia, y a travs de sus prelados, por todo el mundo culto de la poca. Lleg un momento en que el mismo Papa mova su curiosidad alrededor de lo que "era aquello que llamaban Amrica". Inspirados seguramente en aquellas tierras, deliciosas descripciones y curiosas noticias, surgen en la Inglaterra del siglo XVI, la Utopa de Toms Moro; y en la Italia de la misma poca, la Ciudad del Sol, de Toms Campanella, Obras ambas que han probado a travs de los siglos, su valor como parmetros ideales, que han tomado los socilogos como orientadores de las ms diversas teoras sobre organizacin social, poltica y econmica. Fray Bartolom de las Casas fue an ms lejos en su entusiasmo por las organizaciones indgenas, y realiz algunos esfuerzos para "reciclarlas", dentro de las nuevas circunstancias que el contacto con los europeos haba creado en Amrica. Igual ambicin sublime movi al famoso Obispo de Michoacn, Don Vasco de Quiroga el famoso Pap Vasco de la Historia Mexicana a defender la organizacin tradicional de los indios, bajo su jurisdiccin eclesistica. Tambin en Paraguay, las conocidas Misiones Jesuticas fundamentaron su organizacin en un cuidadoso ajuste de las tradiciones utpicas indgenas, y las bellas normas del cristianismo primitivo. La expulsin de los Jesutas en 1767, trajo consigo el fin de las "reducciones indgenas", cuyo positivo fruto era evidente.
La "exaltacin del hombre libre" que hemos ubicado en segundo lugar de los valores americanos que han influido en el pensamiento europeo talvez debimos ponerlo en el primer lugar...
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"El hombre libre es el hombre americano", dice categricamen-Germn Arciniegas... A otro americanista espaol insigne, Don Federico de Onis, le omos decir alguna vez que "los espaoles que emigraban a Amrica, venan a librarse de una sociedad que aherrojaba sus libertades". Para ellos, la "tierra de promisin" era Amrica, tierra de libertades. Porque no slo tiene Amrica, a travs de toda su historia, una voluntad de independencia que la llev a su separacin poltica de la metrpoli, sino una voluntad de libertad tan permanente, que se plasma en todos sus hechos.
Surge de los hombres de Amrica la vocacin de la libertad? Histricamente, la semilla de esta vocacin debemos buscarla en el Bajo Medievo Espaol, donde fueron consagradas las franquicias forales de que nos hablan las obras de Claudio Snchez Albornoz. Pero esta egregia simiente espaola no germinara en Europa. La milenaria sociedad clasista europea no la dejara evolucionar normalmente. Ella habra de fructificar siglos despus en Amrica, donde una sociedad menos rgida la favoreca. Hay que aclarar que, si bien fueron los revolucionarios franceses del XVIII los que formularon la Declaracin de los Derechos del Hombre, fue realmente el angloamericano William Penn, quien proclam estos principios para los norteamericanos de Pensilvania.
Para algunos estudiosos, Penn se bas en el famoso jesuta espaol del siglo XVII, Francisco Surez, llamado el Doctor Eximius. Y hasta descubren formas expresivas del tratadista granadino en Penn.
Este profundo sentimiento de libertad, no solamer.tc influye decsivamenteen los campos poltico y social, sino que tambin se proyecta en campos culturales y artsticos, promoviendo la ruptura de consagrados cnones estticos. As, son prohombres de Amrica, los escritores que liberaron la nueva lengua espaola de sus hierros acadmicos.-El nicaragense Rubn Daro, se pone a la cabeza del "movimiento modernista", que, siendo americano de origen, repercuti hondamente en Espaa, y junto a Daro, eximio poeta de fresca sangre indgena americana, otra personalidad universal de nuestro continente: el cubano Jos Mart, apstol y poeta de la libertad, tambin iniciador del modernismo literario americano, cultiva y defiende las innovaciones mtricas que transformaron con fina galanura, la poesa en lengua castellana.
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Hemos dado un tercer lugar, a un singularsimo valor americano: al gusto por la desmesura.
Las civilizaciones precolombinas, nos dan la clave del gusto americano por la desmesura.
Se dice que el hombre de Amrica entr en este continente por el "puente terrestre" de Bering, que en un tiempo remotsimo uni al Asia exterior con Alaska. Esta hiptesis, que se apoya en la geografa y en la paleontologa, nos parece razonable. Podemos entonces pensar que el hombre americano s descenda del asitico, estuvo co-mo aqul, siempre sometido al complejo de inferioridad que le proporcionaba su insignificancia fsica, frente al gigantesco medio geogrfico que lo rodeaba. Aterrado ante su nimiedad, se conform con someterse al determinismmo de las fuerzas naturales; y cuando decidi proyectarse hacia afuera, lo hizo embriagado por su facultad de realizar una obra tan fuera de sus medidas anatmicas, que semejaba realizaciones ms divinas que humanas.
As vemos, que los Mayas se encuentran con el gran Almirante en su ltimo viaje, en 1502. No se entienden entre s aquellos hombres tan distintos. Los europeos hablan y los nativos le responden: "cino-tan, que quiere decir: no te entendemos". Y los espaoles que le haban preguntado el nombre del lugar, creen que esta palabra es una respuesta cumplida y le llamaban a la regin donde encontraron a los Mayas, Yucatn...
Ms tarde, Fray Diego de Landa, es el primero en atribuir a este pueblo las grandes construcciones que se crean obras de romanos, griegos o judos. La desmesura del arte maya, no se aprecia slo en las dimensiones de sus construcciones; su principal caracterstica es, quizs, la armona compositiva, el exceso de decoraciones y su extraordinaria complicacin plstica. El exterior profuso de las estelas labradas en piedras, los frisos de estuco y las pinturas que se pueden apreciar en las construcciones majestuosas de Chichen-ltza, Tikal y Huxmal, nos imponen por la complicacin de su realizacin laberntica.
Como el pueblo azteca absorbi las culturas olmeca, tolteca y mixteca, podemos entender su arte estudiando estos antecedentes.
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Los pueblos tolteca, olmeca y mixteca, realizaron sus obras artsticas colosales ajustndose a las medidas fsicas que atribuan a sus dioses. En Veracruz, se puede contemplar la famosa cabeza olmeca estudiada por el Dr. Matheus Stirling, que tiene ms de dos metros de altura.
Hay monumentos olmecas desmesurados en Tabasco, en Guatemala, y tambin en Oaxaca. Una estela olmeca ha permitido fechar estas culturas en una treintena de aos antes de Cristo. Los estudiosos califican el arte olmeca de colosal, simple, directo y vigoroso.
Los toltecas tienen un mdulo arquitectnico que serva para todas sus construcciones sagradas: el de Teotihuacn, "lugar de los dioses", a unos 50 kilmetros de ciudad Mxico. Es una ciudad ceremonial, fechada entre 200 A.C. y 900 D.C. Su extensin cubre casi 10 millas cuadradas. Slo en el Valle de los Reyes, en Egipto, se tiene una impresin similar al contemplarla. Estas extraordinarias dimensiones elevan el espritu humano y lo llevan a comprender el poder de los dioses. En Teotihuacn, el smbolo caracterstico es Quetzalcoalt, la serpiente emplumada. Este dios representa el realismo del cuerpo que se arrastra como la serpiente, y el vuelo del espritu que se eleva como el ave sagrada, el Quetzal, smbolo tambin de la libertad, que muere si se le reduce al cautiverio. Las plumas del Quetzal, de color verde tornasol, representan la nobleza y el ideal libertario de los prncipes precolombinos de Amrica.
Evidentemente, la obra artstica mayor y ms importante del arte azteca es el monumental Calendario, que en realidad no es un calendario, sino una piedra sacrificial. Se trata de un bloque tallado de 24 toneladas y media, encontrado en el Zcalo de Mxico, a fines del siglo XVIII. El Arzobispado Montufar lo volvi a enterrar, "por los grandes sacrificios de muerte cometidos sobre ella". Esta pieza imponente en alto grado, se conserva en el Museo Arqueolgico de Mxico.
Y para terminar, diremos que siempre hemos pensado, que el gusto por lo desmesurado de los artistas precolombinos, motiv la desmesura de las figuras de los murales realizados por los grandes muralistas mexicanos Rivera, Siqueiros y Orozco.
Pedro Cieza de Len, cuando descubre la plaza del Cuzco, nos da una contundente visin de la desmesura de la arquitectura incaica:
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"flaquean la plaza del Cuzco, por el oeste, el templo del sol; por el oriente el palacio del Inca; la casa de las vrgenes del sol ocupan otro lado y en el restante se alzaban los almacenes reales". La plaza es "capaz de contener cincuenta mil personas". En Huanaco, por el camino del Cuzco a Quito, hay otra plaza cuyo servicio requera treinta mil indios, dice el mismo cronista, que vio todo este esplendor magnfico con sus propios ojos.
Pero donde toda medida humana parece romperse, es en el Machu Pichu, trmino que en quechua, lengua de los Incas, quiere decir montaa salvaje. Se trata de un complejo arquitectnico en forma de media luna, donde habitaban las vrgenes del sol. Su punto culminante es una piedra colosal llamada ntihuatana, que en quechua quiere decir "lugar donde se ata el sol". Desde all, el Inca, dios y rey, descendiente del sol, mantena contacto con la divinidad. Pensaban los Incas que el Cuzco se encontraba en el medio de las cuatro regiones del Tahuatinsuyo, el reino del sol, y que el Machu Pichu era el ombligo del mundo.
Hemos dejado para el colofn de este trabajo, el cuarto valor que seramos af principio: a identificacin de (as realidades naturales y las concepciones mgicas.
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Quizs, el primero que al perderse en las selvas del Nuevo Mundo perdi el sentido de apreciacin entre lo real y lo imaginario, fue Alvar Nez Cabeza de Vaca, quien en su obra Naufragios, nos habla de sus aos de penurias, trabajos y luchas, en medio selvtico tan extrao y misterioso, que l perda el discernimiento entre lo real y lo imaginario que lo rodeaba.
Similar experiencia humana narra Jos Eustacio Rivera, el novelista colombiano del siglo pasado, en su famosa obra La Vorgine, libro de renombre universa!, que descubre los sufrimientos de los caucheros de las llanuras del Orinoco y de la selva amaznica.
Tambin Rmulo Gallegos, el venezolano universal, en sus novelas Doa Brbara y Canaima, descubre la prdida del sentido de la realidad, que afecta a los hombres que viven en la selva americana, sometidos a las fuerzas naturales, lejos de los principios ticos y sumisos bsicamente a sus instintos. El continente americano, dijo Keyser-ling, no ha pasado el tercer da de la Creacin...
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El misterioso sentido de lo mgico, ese de perder el concepto de la realidad, es para el mundo contemporneo, inspiracin de dos notables escritores. Gabriel Garca Mrquez, en su obra "Cien Aos de Soledad", e Isabel Allende, en su obra "La Casa de los Espritus". Ambos logran expresar, con sublimidad potica, la rotura fascinante de los lmites entre la realidad y la fantasa que caracterizan a la heterognea comunidad americana.
"Cien Aos de Soledad" y "La Casa de los Espritus", son dos verdaderas enciclopedias de los valores que hemos discernido como caractersticas de nuestro continente: la utopa; la libertad; la desmesura y la identificacin maravillosa de lo real y lo irreal del Mundo Nuevo.
Estos valores, como dijimos al principio, son para nosotros "Los Conquistadores Indianos de Europa".
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AZCAR, AGROEMPRESAS Y CAMPESINOS EN LA REPBLICA DOMINICANA
Por Pedro Juan del Rosario* Introduccin
El documento que presentamos a continuacin pretende, en primer lugar, estructurar un conjunto de ideas que son el producto de la discusin dentro del equipo de investigadores del Centro de Estudios Urbanos y Regionales (CEUR) de la Pontificia Universidad Catlica Madre y Maestra; en segundo lugar, llamar la atencin sobre los resultados de las opciones de la poltica agropecuaria nacional adoptadas en los ltimos aos, en particular, la diversificacin de las tierras del Consejo Estatal del Azcar (CEA); y, en tercer lugar, poner en discusin nuestra conviccin creciente de la necesidad de un cambio de enfoque de la poltica agraria que tome como base al pequeo agricultor y potencialice la capacidad productiva general de los hombres y mujeres rurales dominicanos.
I. Crisis del Azcar
Desde sus inicios, en la segunda mitad del siglo pasado, la industria azucarera moderna ha sido un pilar esencial en la vida econmica dominicana. Orientada bsicamente al mercado internacional, esta industria ha estado sujeta a los sistemas de cuotas preferenciales y a los vaivenes de precios en el mercado mundial. En ambos casos su comportamiento no est determinado por decisiones locales.
* Profesor de la Pontificia Universidad Catlica Madre y Maestra y Coordinador del
Centro de Estudios Urbanos y Regionales (CEUR).
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Todava la industria azucarera en la Repblica Dominicana es la de mayor importancia dentro del sector industrial, no slo por su aporte en divisas, sino tambin por la generacin de empleos. Con relacin a dicho sector, la industria azucarera aporta el 10% de la produccin, el 50% del empleo, el 23% de las exportaciones, y posee el 50% del total del capital invertido en el sector (ONAPLAN: 1989a).
Actualmente existen doce ingenios azucareros en el pas, de los cuales diez son del Estado, aglutinados en el Consejo Estatal del Azcar (CEA), y dos pertenecen al sector privado (uno del grupo Vicini, y el otro del Central Romana).
Desde finales de la dcada de los setenta la actividad azucarera muestra un deterioro progresivo. Algunos de los factores que explican esta situacin podran identificarse dentro de dos conjuntos de situaciones distintas:
1. Caractersticas de las tcnicas de produccin. La ineficiencia de la actividad azucarera se reflej en el crecimiento de los costos de operaciones, que representan entre el 60% y 80% del costo total de produccin (ONAPLAN: 1.989a).
Las tecnologas no han variado significativamente con respecto a las utilizadas a principios del siglo. La organizacin de la produccin y las fuentes energticas de la actividad industrial se mantiene prcticamente sin cambio. De igual modo, la existencia de una mano de obra haitiana superexplotable refuerza an ms las barreras que impiden introducir mejoras tecnolgicas, y la dependencia de este tipo de mano de obra:
"Los muy bajos costos de cosecha de caa mediante el empleo de picadores haitianos rechazan de plano la mecanizacin de la cosecha e incluso el empleo de trabajadores autctonos" (Bez-E vertir: 1984).
Mientras desde el ao 1980 al 1987 la actividad muestra un ligero aumento en la superficie cosechada de caa (235,200 a 238,900 hectreas), para el mismo perodo la caa molida disminuy de manera sostenida, pasando de 9,995,700 a 8,525,400 toneladas mtricas (TM). As mismo, la cada de la produccin
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de azcar tambin fue significativa al pasar de 1,012,000 TM en el 1980 a 815,500 TM en el 1987. Esta situacin ha sido crtica en los ingenios del CEA: en los ltimos doce aos la produccin de azcar pas de 850,000 TM a 400,000 TM.
2. Los mercados externos. La produccin de azcar dominicano se dirige a tres destinos distintos: el mercado local, el mercado preferencial de los Estados Unidos y el mercado mundial.
Hasta mediados de los ochenta el mercado preferencial de los Estados Unidos representaba ms del 40% del total de la produccin de azcar dominicano; ya para los aos siguientes este mercado apenas absorbe alrededor del 20% de la produccin. Por otro lado, el mercado mundial se convirti en el principal mercado de expoliacin: en el 1976 este mercado apenas representaba el 8.4% de la produccin de azcar; pero en el 1987 ya absorba el 30% de dicha produccin.
Algunos autores estiman que el costo pol tico y econmico generado por la tradicional atadura al mercado preferencial de los Estados Unidos ha sido muy alto. Por ejemplo, Vega (1989) seala que "desde 1933 hasta hoy da, pero sobre todo a partir de 1962, uno de los objetivos bsicos de la poltica externa dominicana lo ha sido obtener una cuota azucarera en los Estados Unidos... Eso ha dificultado dar prioridad a otros objetivos igualmente importantes en las relaciones bilaterales entre los dos pases".
El mismo autor, en el documento citado anteriormente, nos recuerda cmo uno de nuestros presidentes ofreci pblicamente al Presidente Nixon renunciar a su cargo si el pas obtena una cuota de 700 mil TM de azcar.
La tendencia decreciente de la participacin del azcar dominicano en el mercado preferencial de los Estados Unidos ha forzado al pas a colocar un mayor volumen de venta en el mercado mundial, as como en el mercado local. La cada de los precios en el mercado mundial ha profundizado el deterioro de la industria azucarera local. A fines de los setentas el azcar se cotizaba a US$0.40 la libra; en el 1984 el precio era de US$0.038 la
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libra. Recientemente los precios han mostrado un aumento para colocarse en los US$0.13 la libra en el 1989.
Las perspectivas futuras del mercado mundial no son alentadoras. Segn estimaciones del Banco Mundial, para los aos 1995-2000 los precios del azcar en el mercado mundial alcanzarn apeeas entre el 76% y el 79% de los precios establecidos en el mercado preferencial de los Estados Unidos (FAO: 1988b).
No hay ningn tipo de elemento que indique algn cambio sustancial en el mercado preferencial de los Estados Unidos, a pesar del aumento reciente de la cuota de azcar a la Repblica Dominicana. El gobierno de ese pas ha expresado que no tiene la intencin de alterar unilateralmente el rgimen de proteccin a su mercado azucarero si no se adoptan medidas similares dentro del contexto del GATT. De igual modo, no se vislumbran en el corto plazo mejoras en las fallas de que adolce el mercado mundial del azcar (Vicini: 1989).
El mercado local tambin enfrenta serias dificultades. Una gran proporcin de la produccin destinada al mercado local (a precios controlados) se dirige a Hait clandestinamente. Esto produce con cierta frecuencia escasez del producto en el mercado nacional.
No hay certeza acerca del flujo de azcar hacia el pas vecino; pero en el ao 1987 se registr una "desaparicin aparente" de 320,000 TM de azcar del mercado local (las ventas totales para el mismo ao fueron de 815,500 TM).
Este volumen "desaparecido" representa 52.3 kg per cpita. Desde 1983 estas desapariciones alcanzan valores por encima de los 40 kg per cpita (Vicini: op. cit.). La nica explicacin lgica de este fenmeno es el comercio clandestino de azcar hacia Hait.
Los resultados de la crisis de la industria azucarera no slo se reflejan, en el caso del CEA, en una reduccin continua de su aporte de divisas (para el 1981 el CEA gener US$281 millones, mientras en el 1988 apenas gener US$39.6 millones), sino tambin en un creciente peso fiscal para la poblacin debido al otor-
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gamiento de subsidios gubernamentales para cubrir los dficits permanentes y crecientes de los ingenios estatales.
El mismo Vega (op. cit.) seala: "El CEA hoy dfa produce tres veces menos divisas que las zonas francas y catorce veces menos divisas que el turismo. Durante los ltimos cuatro aos el promedio de subsidio anual al CEA ha sido de unos RD$169 millones. Vale la pena ese subsidio anual para generar tan slo el 2% de nuestras divisas? No habr llegado el momento de pensar seriamente en reducir esos subsidios?".
II. La Estrategia del CEA vs. la Situacin Rural en General
Frente a la situacin de descalabro de la industria azucarera local el gobierno dominicano ha diseado una estrategia para los ingenios del CEA (ONAPLAN: op. cit.). Esta estrategia abarca tres aspectos:
1. Cerrar los ingenios menos eficientes tanto en el proceso de produccin caera como en el proceso industrial,
2. Mejorar la productividad de los ingenios que permanezcan en operacin mediante "programas de rehabilitacin y renovacin del cultivo con el paquete tecnolgico ms adecuado".
3. Diversificar el uso de las tierras con otros cultivos para el consumo interno, para la exportacin y la industrializacin; "el propsito fundamental es crear fuentes alternas y ms estables de ingresos en divisas, al reducir la dependencia de las exportaciones de azcar y el uso de la mano de obra importada"; de esta forma "se pretende desarrollar actividades agroindustriales y tursticas rentables" (ONAPLAN: op. cit.).
Si se centra la atencin en este ltimo punto No. 3, cabran dos grandes interrogantes: (a) cul es el marco socioeconmico rural dentro del cual se adopta esta estrategia?, y (b) cul es el verdadero objetivo que se persigue al diversificar estas tierras? Trataremos ahora la primera pregunta dejando la segunda para el prximo captulo No. III.
El Censo Agropecuario del 1981 revel que el 1.83% de los pro-
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pietarios tenan en su poder el 55.2% de las tierras cultivables, mientras el 81.7% de los propietarios slo posea el 12.1% de las tierras.
De los 42.5 millones de tareas de tierras cultivables, el 44.7% est dedicada a la ganadera, con 194 propietarios que poseen 5.4 millones de tareas, mientras al mismo tiempo existen 409,959 campesinos sin tierra (Rodrguez, F.: 1987).
La profundizacin en el tiempo de la estructura latifundio-minifundio en la Repblica Dominicana es evidente en los datos censales. No sin razn se identifica al pas como uno de los que poseen la peor distribucin de la tierra del mundo (Vargas: 1988, FAO: 1988a).
La Reforma Agraria desarrollada por los distintos gobiernos mediante el Instituto Agrario Dominicano (IAD), desde el ao 1962, no ha alterado sustancial mente la situacin de la propiedad de la tierra. Ms bien, los datos revelan un debilitamiento de este proceso tanto en el nmero de parceleros asentados como en la superficie de tierra distribuida (Snchez Roa: 1989). La opinin general es que en la m-plementacin de la Reforma Agraria los criterios poltico-partidistas han primado sobre los criterios relacionados con un verdadero desarrollo agropecuario ms igualitario en trminos sociales y econmicos.
Por otro lado, segn los datos ms recientes de las fuentes oficiales (ONAPLAN: 1989b), la Repblica Dominicana tiene 7,169,846 habitantes, de los cuales 2,964,536 viven en la zona rural. La poblacin rural sigue creciendo en trminos absolutos, a pesar de las fuertes migraciones hacia las ciudades. No obstante, la ausencia de recursos productivos y servicios bsicos sociales es caracterstica permanente de esta poblacin. Unido a esto, los precios de los productos agrcolas, los salarios pagados en la zona rural y los dficits nutrido-nales son variables que muestran crticas tendencias negativas.
Un resultado lgico ligado al crecimiento de la pobreza rural es el estancamiento de la produccin de alimentos para los mercados locales. Durante los ltimos diez aos la produccin de alimentos por habitante muestra una tendencia decreciente (Santa Cruz: 1988). Esto se explica porque la mayor parte de los alimentos agropecuarios de consumo nacional son producidos por los pequeos y los media-
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nos productores que son los ms afectados por el modelo de desarrollo que reclama la "modernizacin" de la agricultura al margen de los mismo.
La tendencia negativa de la produccin de alimentos ha conducido al pas a depender cada vez ms de lasimportaciones de productos alimentarios. Para la dcada de los ochenta elvalor de las importaciones de alimentos representaba alrededor del 40% del valor de las exportaciones dominicanas (Santa Cruz: 1988).
Segn FAO (1988b), el nivel de autosuficiencia limentaria se ha deteriorado en los ltimos aos, pasando de 83% en lo os 1976/77 a menos del 50% en el perodo 1982-1986. Sin embargo, casi de manera irnica, nos identificamos como un pas "eminentemente agrcola". La misma fuente seala que las importaciones de alimentos, especialmente las ofrecidas a travs de la PL-480, "han representado un freno adicional a la produccin interna as como un modificador negativo de los hbitos de consumo de los dominicanos".
Los resultados negativos del modelo de desarrollo agropecuario dominante tambin se reflejan en el aceleramiento de la degradacin del medio ambiente rural. Por un lado, los campesinos presionados por las condiciones descritas anteriormente intensifican la produccin en tierras marginales reduciendo el tiempo de "descanso" de la tierra, lo que resulta en una cada de la productividad, o mediante la "tumba y quema" de bosques que favorece los procesos de erosin en medio de una menor disponibilidad de tierra (CEUR-CARTEL: 1987). Por otro lado, el monocultivo promovido por las empresas agrcolas modernas que requieren grandes extensiones de tierra y un uso intensivo de capital y complementos qumicos, degrada los suelos utilizados (FAO: 1988a) y presiona an ms la migracin de los campesinos hacia las montaas o hacia las ciudades, en donde tendrn que enfrentar generalmente un proceso involutivo de sus condiciones de reproduccin social y material.
Esta dinmica de los sistemas productores de alimentos ha conducho no slo a una alta tasa de deforestacin, sino a un crecimiento continuo de dicha tasa. El estudio de CEU-CARTEL citado, registr una tasa de deforestacin de bosques de latifoliadas y coniferas de 32% en el perodo 1972/73-1985/86 en la parte occidental de la
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Repblica Dominicana. Esto representa una prdida de 14,100 ha/ao de ese tipo de bosques. En el mismo periodo, para la prdida de bosques secos se estim una tasa de un 22%, es decir, 10,680 ha/ao.
El deterioro de las condiciones ambientales en el medio dural dominicano se manifiesta tambin en el uso (muchas veces abuso) de los pesticidas, sobre todo, en la agricultura empresarial (Van Eek y Scheele: 1987). En este sentido, la Asociacin Nacional de Profesionales (ANPA: 1990) seala:
"Sobre el uso indiscriminado de los agroqumicos debe mencionarse el caso de Constanza y el valle de Azua, donde se han creado a causa del mal uso, plagas resistentes a todos los plaguicidas.
No se observa ningn tipo de ave cruzar por los terrenos de estos lugares y la poblacin sufre envenenamiento crnico... las aguas estn contaminadas y los vegetales contienen una gran cantidad de residuos de agroqumicos, que cuando son devueltos en el mercado exterior, entonces son vendidos como rechazo en las esquinas de nuestras ciudades."
Con el proceso de modernizacin de la agricultura dominicana han aumentado las importaciones de pesticidas: para el ao 1980 el valor de estas importaciones ascenda a US$15.2 millones (Van Eek y Scheele: 1987), mientras en el 1989 se import, pesticidas por un valor de US$23.6 millones (ANPA: 1990). Esto representa una variacin de un 55% en el periodo. Segn Natera (1987), el valor de los pesticidas mercadeados en la Repblica Dominicana es comparable con los de Chile y Per, aun teniendo mucho menos rea bajo cultivo que stos.
Este conjuntos de fenmenos indica que no es la tierra como tal, ni su distribucin, la causa primera de la pobreza rural, de la degradacin del medio ambiente y de la insuficiencia de la produccin alimentaria, sino el modo de usar el suelo; es decir, el estilo prevaleciente de producir los bienes agropecuarios, cuyo desarrollo supone la adecuacin de una estructura de propiedad de la tierra y un manejo de recursos complementarios (agua, crdito, insumos, tecnologas, etc.) particulares, en perjuicio de los pequeos productores.
La desigual distribucin de la tierra en !a Repblica Dominicana
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es el resultado de la concrecin histrica de un modelo de desarrollo agropecuario concentrador y excluyeme, dentro del excedentes (a travs de la oferta de productos y mano de obra) para ser transferidos al sector urbano-industrial sin recibir en cambio los beneficios de ese proceso de acumulacin.
Una de las fuentes principales de las tensiones y descontentos sociales en las reas rurales es precisamente el desarrollo de una agricultura unilateral que ha favorecido a grupos minoritarios de productores y empresarios, generando una concentracin de los ingresos y las riquezas rurales (CEPAL: 1989). Los programas de crdito, infraestructuras, nsumos, subsidios y exenciones impositivas, y la generacin de tecnologas son ejemplos representativos de esta concen-ti acin.
III. El Carcter Social de la Diversificacin Caera
Cul es el veidadero objetivo que se persigue al diversificar las tierras que antes eran caeras? Como se seal anteriormente, el propsito esencial de la diversificacin de las tierras caeras es aumentar las exportaciones y general divisas. Esto implica privatizar las tierras ocupadas por los ingenios del CEA, y producir al estilo "moderno". Veamos cmo ha tomado lugar este proceso de privatizacin (Snchez Roa: op. cit.):
80 mil tareas de tierra otorgadas a Agrodelta para la produccin de ctricos.
83 mil tareas de tierra a la compaa norteamericaea Dole Processed Food para la produccin de pinas.
60 mil tareas de tierra a Fiudoca (un "joint-venture" con la compaa norteamericana United Fruit Brand, Co.).
50 mil tarcas a Ctricos Rica.
Y otros proyectos (incluyendo tierras para la industria turstica) en proceso de aprobacin.
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Segn ONAPLAN (i 989a), de las 263,043 tarea: de tierra dis-
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ponibles para la diversificacin apenas 12,344 tareas fueron cedidas a la Reforma Agraria. En otras palabras, la privatizacin de las tierras del CEA es tambin un proceso concentrador y excluyente. El pequeo agricultor ha quedado excluido de la reparticin de las tierras caeras.
La transformacin de los antiguos latifundios caeros en empresas agrcolas modernas responde a un esquema concentrador favorecedor del capital extranjero y del gran capital nacional. Se trata de un reordenamiento de la estructura agraria que se orienta a satisfacer necesidades alimentarias de los pases desarrollados, especialmente de los Estados Unidos, y generar divisas, sin que ello haya implicado una mejora de las condiciones de vida del hombre rural dominicano. Simplemente se ha sustituido un sistema de plantaciones por otro sistema de plantaciones con un nivel tecnolgico ms elevado.
Sabemos que alrededor del 75% de las empresas que se han acogido a la ley No. 409 de Incentivo Agroindustrial orienta su produccin a los mercados internacionales. De hecho, sus producciones (melones, pinas, naranjas, camarones, vegetales no tradicionales, chinlas, langostas, entre otras) no forman parte del consumo masivo local.
Este proceso de agroempresarizacin ha tomado espacio como si en nuestro territorio la densidad poblacional fuera baja y las disponibilidades de tierras cultivables limitadas. Lo contrario es la realidad. La Repblica Dominicana exhibe una de las densidades pobla-cionales ms altas de la Amrica Latina (145 habitantes por kilmetro cuadrado). Por otro lado, las posibilidades de ampliar el rea bajo cultivo son muy limitadas (Hartshorn et al.: 1981, FAO: 1988b). Menos del 6% de las tierras cultivables no estn cultivadas. Para el 1977 se estimaba esta proporcin en un 13% (datos de ONAPLAN citados en Reiser: 1985). A esto habra que agregar el alto contenido de pastos dentro de las tierras cultivables (casi la mitad) que genera problemas de empleo de mano de obra rural debido a la poca intensidad de su uso en la actividad ganadera. Segn FAO (1988b), "el rea utilizada en pastos es siete veces mayor que el rea potencial apropiada para este uso".
La reduccin de los terrenos cultivables no cultivados indica la gran presin sobre el recurso tierra y el hecho que se est cultivando
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inadecuadamente suelos que no son de vocacin agrcola, sino que son terrenos de vocacin forestal principalmente. Segn el estudio del CEUR-CARTEL (1987), el crecimiento de la agricultura en terrenos de alta fragilidad ecolgica, es muy significativo. En el perodo 1972-1986 se estim un crecimiento de la agricultura en la parte occidental de la Repblica Dominicana de un 34%, lo que representa la incorporacin a la actividad agrcola de 1.4 millones de tareas en ese perodo.
As pues, "la ventaja comparativa de tierras a bajo costo que encuentran los inversionistas extranjeros en el pas no es producto de su abundancia, sino del sistema de propiedad imperante (Caraballo: 1987).
Tenemos que convenir, entonces, que hay una oligopolizacin creciente de las tierras que no favorece la produccin de alimentos para el mercado interno.
La agroempresa como opcin de desarrollo en su versin "modernizante", concentradora y excluyente, implica un costo muy alto en trminos sociales, econmicos y ecolgicos par el pas. Este tipo de actividad reproduce algunas de las condiciones que impiden precisamente alcanzar el desarrollo: el desempleo, la crisis alimentaria y la degradacin del medio ambiente... agudizando en consecuencia la pobreza rural.
Sobre la base de la investigacin realizada, Tejada (1986) establece categricamente la inadecuacin del tipo de agroindustria de gran capital: "esta va de desarrollo capitalista en el agro debe ser descartada". Cuatro razones fundamentan su afirmacin. Segn ella:
1. estas agroempresas concentran la tierra y los beneficios en grandes capitales nacionales y extranjeros;
2. reducen las posibilidades de destinar tierras a la produccin de alimentos para consumo local, y por tanto, fortalecen la dependencia de productos importados;
3. los obreros que laboran en este tipo de empresas no mejoran sus condiciones de vida si se compara con las de la mano de obra campesina que cultiva por s mismo el producto;
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4. el bajo nivel de salarios pagados a los obreros no permite que stos se integren al mercado de consumo local.
Esto no implica rechazar la agroindustria misma como alternativa de desarrollo. La cuestin es, ms bien, cambiar la base social de la agroindustrializacin. En este sentido, Tejada (op. cit.) con respecto a la produccin de pinas en reas cercanas a la ciudad de Santiago afirma:
"Creemos que el desarrollo agroindustrial puede lograrse por la va campesina sin necesidad de despojar a stos de sus tierras y creando asentamientos en las grandes extensiones que hoy se encuentran improductivas. La experiencia de Santiago demuestra que ese desarrollo es posible."
Sin embargo, an de este modo se mantiene el riesgo de desplazamiento de los productos alimentarios para el consumo local.
Estos procesos no son particulares de la Repblica Dominicana. Cada vez es mayor el nmero de estudios sobre la cuestin rural latinoamericana que reafirman los efectos negativos del proceso de modernizacin de la agricultura como ha tomado lugar en nuestros pa ses :
"El proceso de desarrollo agropecuario en ALC ha privilegiado los aspectos productivos sin considerar simultneamente los sociales. Del mismo modo que el proceso de modernizacin de la agricultura ha dominado la dinmica del desarrollo, sin conseguir beneficiar al conjunto de la poblacin rural, en especial los grupos pobres. En efecto, la modernizacin de la agricultura ha aumentado la heterogeneidad y la diversidad del sistema productivo. Adems, se ha incrementado significativamente la brecha de ingresos entre las explotaciones empresariales y las unidades productivas campesinas" (Jordn etal., en Jordn [comp.]:1989).
Es asf como toda estrategia orientada al desarrollo agropecuario dominicano tiene que cumplir con tres requisitos bsicos: socialmen-te aceptable, econmicamente digna y ecolgicamente sostenible. Cumplir con estos requisitos supone estar convencido de que el pequeo agricultor puede y debe ser la base de una poltica agropecuaria exitosa en trminos sociales, econmicos y ecolgicos.
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IV. Revalorizacin de la Economa Campesina
"Desarrollo agropecuario no equivale a desarrollo rural. La reactivacin del sector primario debe acompaarse por una reactivacin de la produccin campesina, para asf lograr no slo una aceleracin del crecimiento econmico, sino tambin la reduccin de la pobreza rural. Si el campesino ha de beneficiarse del proceso de crecimiento en este sector, es esencial que mantenga su participacin en el mercado nacional, para lo cual es necesario eliminar las condiciones que en l le son desfavorables... Tambin debe eliminarse el acceso restringido a los bienes y servicios pblicos" (de Janvry et al., en Jordn: op. cit).
En primer lugar, creo necesario establecer dos aclaraciones conceptuales importantes para entender el medio rural dominicano:
1. Campesino no es sinnimo de agricultor. Como fruto del proceso capitalista en el campo dominicano el campesino ha tenido que reaccionar, ajustarse, disear mecanismos de sobrevivencia frente a los mltiples factores adversos que impiden su reproduccin material y social. El mismo campesino que trabaja su parcela es tambin "echa das", artesano, rifero, motocon-chista, asalariado temporal, etc. Otros que no disponen de tierra buscan su ingreso en fuentes distintas a la actividad agrcola. La Presencia de una mano de obra rural fuera del sector agropecuario es importante. Rodrguez (1987) estima que el 26% de la PEA rural no trabajaba en labores agropecuarias para el ao 1981. Esto implica que toda estrategia de desarrollo rural debe tomar en consideracin la gran heterogeneidad y especificidades del hombre rural dominicano.
Ms an, dentro del grupo de los productores agrcolas campesinos (alrededor de 219,095 propietarios segn estimaciones de Moquete: 1984, y 270,000 explotaciones segn FAO: 1988b), podemos encontrar distintos estratos de productores (Jordn et al., op. cit.):
a. aquellos cuya parcela no produce los requerimientos mnimos para el sostenimiento de la familia y obtienen la mayor parte de su ingreso fuera de la parcela;
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b. los que producen en su parcela los requerimientos alimentarios pero no pueden cubrir otras necesidades bsicas, por lo que tienen que buscar otras fuentes de ingresos complementarios;
c. aquellos que satisfacen las necesidades bsicas familiares pero no logran un proceso de capitalizacin sostenido; y
d. los que satisfacen sus necesidades bsicas y tambin pueden acumular con la produccin de su parcela.
Cada uno de estos estratos posee una dinmica especfica. Tambin en el caso dominicano es aceptable la afirmacin de Jordn et al. (op. cit.) acerca de las caractersticas de los estratos mencionados:
"...es necesario enfatizar que estas caractersticas estn en proceso de cambio continuo. Es ms, esta categorizacin tiene como finalidad entender la dinmica de una estructura extremadamente complicada, cuyos componentes no son conceptual izados como "puros" sino enfocados en las interrelaciones entre s y con los estratos de propiedades grandes y medianas, muchas veces contradictorias en un mismo espacio regional. En relacin con estas "categoras", es importante entender que cada una de ellas tiene su propia estrategia de sobrevivencia y por lo tanto, las acciones para resolver sus problemas particulares debern tener la especificidad correspondiente."
2. Los campos dominicanos no se estn vaciando. Este vaciamiento es, segn algunos, atribuible al proceso de descampesini-zacin de las reas rurales.
Si por descampesinizacin entendemos las fuertes migraciones del campo a la ciudad que estn sucediendo en la Repblica Dominicana, entonces se trata slo de parte de la verdad. Al mismo tiempo que se producen migraciones hacia las ciudades todava no ocurre una reduccin en trminos absolutos de la poblacin rural. Esta sigue aumentando aunque a un ritmo cada vez menor. De igual modo, el vaciamiento no es un fenmeno generalizado, puesto que as como observamos el abandono de comunidades
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en las lomas de Tamboril, en bien constatamos la presencia sina en la Sierra del Bahoruco.
la Cordillera Septentrional, tam-creciente de la poblacin campe-
Son escasas las informaciones acerca de la migracin rural-rural en la Repblica Dominicana, pero la experiencia del trabajo de campo parece indicar que la dinmica de estas migraciones tienen un peso tan grande como el de la migracin rural-urbana, lo que explicara probablemente gran parte del vaciamiento mencionado.
Adems, los datos.del CEUR-CARTEL (1987) demuestran que en la parte occidental de la Repblica Dominicana (donde existen los macizos rtiontaosos de mayor importancia) ha ocurrido un aumento de la agricuttura campesina. Cmo explicar entonces una profundizacin del proceso de descampesinizacin conjuntamente con el aumento de la agricultura campesina? Cmo explicar el flujo de campesinos en busca de trabajos en las zonas francas de las ciudades conjuntamente con las mltiples luchas por la ocupacin de tierras alrededor de todo el territorio nacional?
Por otro lado, si por descampesinizacin entendemos la "prole-tarizacin del campesino", entonces tambin se trata de una verdad a medias. Aqu como en toda la Amrica Latina se demuestra que la capacidad de absorcin de mano de obra rural de las agroempresas modernas es muy limitada (FAO: 1988a).
La cuestin de identificar al campesino y su dinmica de reproduccin material y social es mucho ms compleja. Los campesinos estn inmersos en un proceso de continuos cambios segn lo requiera el momento: as como encontramos en las reas rurales trabajadores asalariados permenentes (los menos), encontramos tambin asalariados temporales, agricultores campesinos que en un momento contratan "echa das" y en otro momento ellos mismos son contratados como tales; motoconchistas que en un momento utilizan el vehculo como medio de transporte de pasajeros, y en otro momento el motor es convertido en el "burro" al cual se le colocan las rganas para transportar insumos y productos de su propia parcela; mujeres y nios que trabajan en
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cierto momento en el predio familiar y en otros momentos los encontramos en los predios de otros o dedicados al trabajo domstico o artesanal; trabajadores de zonas francas durante los "das de trabajo" que se convierten en agricultores los fines de semana. Y as como stos, podemos mencionar otros ejemplos ms.
La versatilidad y alta capacidad de adaptacin a distintas situaciones de los campesinos (en contra de la opinin de algunos), sobre la base de una racionalidad de sobrevivencia familiar, es lo que ha permitido su permanencia como sector y la creacin y recreacin de su economa en el tiempo.
"En este sentido afirma Jordn et al. (1989)el milenio sin campesinos que muchos y desde diversas posiciones tericas e ideolgicas esperaban para la Amrica Latina, no lleg. Ni el largo proceso de desarrollo y modernizacin del agro, ni la reciente crisis econmica por la que atraviesan
los pases de la regin, ni las actuales polticas de ajuste y estabilizacin han conducido a la desaparicin del campesinado. Es un complejo proceso de descampesinizacin y recampesinizacin, de educacin, resistencia, extincin y proliferacin de las pequeas unidades de produccin, el campesinado como un todo persiste".
En segundo lugar, podemos sealar algunos argumentos que indican la necesidad de reconsiderar el sesgo urbano-industrial (turismo, zonas francas, agroempresas, servicios sociales bsicos) de las polticas pblicas en contra de la economa campesina."
La dea errnea por mucho tiempo prevaleciente de que el agricultor campesino slo produce para autoconsumo ha llevado a las polticas pblicas a favorecer sobre todo a los grandes productores, bajo el supuesto de que: (a) por esta va habra una oferta local de alimento adecuada; (b) una produccin exportable en cantidades necesarias para la generacin de las divisas requeridas por el proceso de desarrollo nacional, y (c), como complemento, estas unidades productoras a gran escala mitigaran el desempleo rural.
Los estudios de San Miguel (1987) y Vargas (1988) demuestran
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que los campesinos dominicanos siempre han estado articulados al mercado. No obstante, el verdadero aporte a la produccin agrcola de lo pequeos productores campesinos no ha sido valorado en todas sus dimensiones y especificaciones en el diseo de las polticas agropecuarias.
En general, los distintos autores que tratan la cuestin agraria dominicana convienen en afirmar que los pequeos y medianos productores son responsables de la mayor parte de la produccin agrcola de consumo bsico. Snchez Roa (1989) establece que los pequeos y medianos productores sustentan "el 82.3% de la produccin nacional de alimentos y alrededor del 90% del caf, cacao y tabaco, teniendo nicamente el 20.7% de las tierras cultivables y no de las mejores." Tambin ONAPLAN (1983) plantea la misma cuestin: entre el 40% y el 70% de la produccin de ajo, arroz, pltanos, tomates y papas, y entre el 80% y el 90% de las batatas, guandules, maz, ame, yauta, yuca y cebolla son producidos en explotaciones de menos de 3 hectreas. Con relacin a la importancia de los pequeos productores en la agricultura de exportacin, tambin Vargas (1988) seala que el 95.6% del caf y el 84% del tabaco se producen en fincas de menos de 6 hectreas; mientras que el 84% del cacao se produce en fincas de menos de 5 hectreas.
A partir de los datos del Censo Agropecuario del 1971 se puede mostrar la importancia de la agricultura campesina aun en los ms pequeos predios (menos de 8 tareas), tanto para la produccin de exportacin, pero sobre todo para la produccin de alimentos de consumo masivo (ver Moquete: 1984).
Por otro lado, as como ocurre en otros pases de la Amrica Latina las pequeas explotaciones campesinas absorben la mayor parte de la mano de obra agrcola. Rodrguez (1987) estima que la mano de obra ocupada en fincas menores de 10 hectreas (160 tareas) representa el 90% del total ocupada en el sector para el ao 1980. Slo en el caso del caf se habla de 71,235 familias productoras que trabajan en pequeas fincas (Snchez Roa: 1988).
En gran parte, la caracterizacin del campesino como un ser aferrado a las tradiciones y resistente al cambio ha impedido colocar en su justo lugar el rol del sector campesino en las polticas orienta-
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das al agro nacional. En no pocas ocasiones se postula que el campesino no puede, por sus propias condiciones de reproduccin, incorporar tecnologas que permitan un aumento de la produccin y de la productividad. Por ejemplo, en FAO (1988b) se afirma:
"Este subsector de produccin (pequeos campesinos con explotaciones de menos de 10 hectreas) tiene muy poco o nulo potencial para elevar la produccin y la productividad. Sus tierras estn sobreexplotadas, con tecnologas bajas y pastos explotados con una carga animal de cinco cabezas por hectrea... Tampoco estn en capacidad de asimilar tecnologas costosas (fertilizantes, pesticidas, etc.) porque va en contra de su estrategia de produccin."
No obstante, actualmente existe bastante literatura disponible (vase Grupo Esquel, en Jordn [comp.]: 1989 y Francis: 1986) que demuestra lo contrario, aunque se enfatizan los grados de adopciones tecnolgicas distintas entre los diversos tipos de unidades productoras. Ms an, "estos sectores muestran que importantes procesos de diferenciacin social ascendentes entre los campesinos han estado asociados con cambios tcnicos que reforzaron procesos de apropiacin de excedentes en condiciones especficas de acceso a tierra y capital" (Grupo Esquel, op. cit.).
La conviccin en las posibilidades exitosas de la agricultura campesina es expresada tambin en un estudio reciente de la Divisin Agrcola Conjunta CEPAL/FAO (ver CEPAL: 1989):
"...el desarrollo de este arriplio estrato social es posible si se abren espacios ms amplen para su participacin poltica y econmica. La agricultura campesina puede avanzar en el orden de los conocimientos, dlas tecnologas, del control de los recursos, de la inversin, de la ocupacin y de la calidad de la vida. En definitiva, puede realizar progresos en su propio desarrollo y modernizacin sobre la base de un cambio real de las condiciones en que se participa en el sistema social."
Mltiples casos en la Repblica Dominicana (la Sierra de Jnico, en Zambrana de Cotu, en Carretn de Ban, en los llanos de Moca,
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en las lomas de Nizao, para mencionar algunos) son ejemplos que demuestran lo dicho anteriormente.
La cuestin central respecto al problema de las tecnologas en unidades productoras campesinas es cmo lograr una adecuacin tecnolgica en trminos sociales, econmicos y ecolgicos que permita a los campesinos insertarse ventajosamente en los mercados existentes. Este es el gran reto de las investigaciones agronmicas, sociales, econmicas y ambientales del pas.
El romanticismo campesinista que pretende devolver al campesino su "condicin originaria" de autosuficiencia al margen de las poderosas fuerzas del mercado se muestra totalmente inoperante. Los campesinos dominicanos de hoy son cualitativamente diferentes a los del pasado. Los mismos campesinos estn indicando procesos evolutivos distintos a lo que podramos denominar la "pureza campesinista", dirigidos hacia formas sociales y econmicas de un alto nivel de heterogeneidad en sus concreciones.
Por ltimo, y no menos importante, es el hecho de que la mayor parte de las unidades productoras campesinas se localizan en las reas montaosas dominicanas (Geilfus: 1989). Por tanto, los planes, programas y proyectos orientados a la conservacin y desarrollo de los recursos naturales en esas reas tienen que tomar en consideracin al campesino como el agente social principal de esas acciones. Las actividades conservasionistas o de desarrollo ambiental en las reas montaosas del pas implementadas sobre una base social distinta al campesino tendern probablemente al fracaso.
Las experiencias de ENDA-CARIBE en Zambrana, Cotu, y las del PLAN SIERRA en la Cordillera Central, igual que los trabajos realizados en las lomas de Ocoa y Nizao demuestran que el campesino puede ser la base de una poltica exitosa para mejorar la produccin de alimentos de gran consumo local, para fortalecer las exportaciones agropecuarias, para desarrollar sistemas productivos compatibles con el medio ambiente, para sostener actividades productivas no agrcolas potenciando el uso de la mano de obra rural*, y as, de esta forma, aliviar y tal vez eliminar la pobreza rural
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Conclusin
La crisis en los mercados internacionales de los productos tradicionales de exportacin dominicanos, particularmente del azcar, ha motivado, con justificadas razones, la bsqueda de alternativas para las tierras caeras controladas por el Consejo Estatal del Azcar (CEA). La crisis del azcar se ha agudizado debido a factores de tipo tecnolgico y administrativo, lo cual ha provocado que los ingenios del CEA se hayan convertido en un peso fiscal creciente.
Las alternativas implementadas para los ingenios del CEA se inscriben en lo que se denomina el proceso de "modernizacin de la agricultura dominicana", cuyo fundamento reside en la concesin de tierras y otorgamiento de incentivos de diversas ndoles a empresas de gran capital extranjero y nacional para la produccin de bienes exportables. Plantaciones de productos no tradicionales sustituyen a las antiguas plantaciones caeras.
Prcticamente, los pequeos productores campesinos han quedado excluidos de las opciones gubernamentales adoptadas, a pesar de la pobreza existente en las zonas rurales y de la presencia de potencialidades en los hombres del campo para enfrentarla.
La incapacidad del estilo de desarrollo nacional montado sobre la base de la actividad turstica, agroempresa de gran capital y zonas francas industriales para generar el desarrollo rural se muestra cada vez ms evidente. No hay soluciones urbanas para el problema rural.
Hace falta un cambio de enfoque en las polticas nacionales que implique revalorizar el espacio rural dominicano. Los actores sociales del desarrollo rural deben ser los propios hombres rurales.
La agricultura campesina y el desarrollo de las actividades productivas no agrcolas en el espacio rural deben ser el motor de un proceso sostenido de eliminacin de la pobreza rural. As, la reactivacin y potenciacin de la economa campesina, en su heterogeneidad y especificidades, se convierten en elementos esenciales para un desarrollo ms igualitario de Sa sociedad dominicana.
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PEDRO MIR, PEDRO PIETRI Y NICOLS GUILLEN O HAY TRES PASES EN EL MUNDO
Por Manuel A. Ossers Cabrera*
Si bien fue Pedro Mir quien escribi el poema "Hay un pafsen el mundo", tanto Pedro Pietri como Nicols Guillen podran haber usado el mismo tftulo para alguna de su poesa, ya que esta triada antillana de poetas posee un comn denominador que va ms all de su lazo geogrfico. En los tres constituye la poesa una lid revolucionaria en contra de los enemigos del bienestar dess respectivos pueblos. En Pedro Mir y Nicols Guillen esta lucha se extrapola a los dems pueblos latinoamericanos y, en Pedro Mir, abarca a "todos los miserables de la tierra" (Mrquez, 209). Claro est que a travs de la historia la pluma ha sido un instrumento de combate de poetas y escritores por las reivindicaciones populares; como lo testimonia, por ejemplo, en nuestro lado del planeta, la antologa bilinge de Robert Mrquez: Poesa revolucionaria latinoamericana. En el presente trabajo enfoco el Caribe de habla espaola en las personas de los poetas mencionados porque los une la geografa, la lengua, el atropello, la agresin; en fin, los une el sufrimiento.
En el poema "Hay un pai's en el mundo", Pedro Mir expresa este dolor:
Hay/un pas en el mundo/donde un campesino breve,/seco y agrio/muere y muerde/descalzo/su polvo derruido,/y la tierra no
* Profesor, P.H.D. de Literatura Latinoamericana por la State University of New York Albany. Profesor de Lengua Espaola, Literatura y Cultura Hispanoamericana en la University of Wisconsin-Whi te water.
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alcanza para su bronca muerte./ Ofdlo bien! No alcanza para quedar dormido./Es un pafs pequeo y agredido. Sencillamente triste,/triste y torvo, triste y acre. Ya lo dije:/sencillamente triste y oprimido(6).
El vocablo triste no slo establece la angustia de ese pas en el mundo, sino que con la modalidad estilstica de la repeticin, tal voz colma esos versos de una intensificacin expresiva de corte tcitamente afectiva. Emotividad sta que se inicia en el poema con el hado fatal del campesino.
Por otro lado, si campesinos dominicanos mueren no slo sin tierra, pero sin tierra donde enterrarlos; obreros puertorriqueos en Nueva York mueren marginados como nacieron. En su poema, "Obituario puertorriqueo", Pedro Pietri describe esa perpetua mar-ginacin:
Juan/Miguel/Milagro/Olga/Manuel/Todos murieron ayer/hoy/y maana de nuevo morirn/Soando/ (409).
(...)
Estos sueos/Estos sueos vacibs/desde los cuartos ilusorios/que sus padres les dejaran/son los efectos secundarios/de los programas de televisin/sobre la ideal/familia blanca americana/con criadas negras/y conserjes latinos(...) (410).
Sentimos la fuerza expresiva de los dos primeros versos impregnada por la temporalidad trplice que los delfnea. Acenta asf el poeta la perpetualidad de la miserable realidad vivencial de sus compatriotas. De hecho, el ttulo mismo declara el sino de tal existencia.
Ya sea dentro del imperio o en su periferia de dominio, el antillano y latinoamericano sucumbe bajo sus tentculos poderosos; como lo declara Nicols Guillen en el poema "Crecen altas lasflores":
Para el yanqui no somos ms que escoria barata, tribus de compra fcil con vidrio y hojalata; generales imbciles sin ciencia y sin escuela,
(...)
Cuadrmenos
a saltos en la selva; gente menuda y floja
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que en curarse mortfero sus agrias puntas moja (158).
La visin de inferioridad, la falta de respeto y la falta de seriedad segn la descripcin de Guillen con que los Estados Unidos de Amrica percibe y trata a Amrica Latina, son factores que en la psique y poltica estadounidenses determinan la agresin imperial en sus diversas manifestaciones: militar, terrorista, econmica, poltica, cultural, etc. Pedro Mir, lo lustra, en parte, de la siguiente manera:
Yo, Babbit, un cosmos,/un hijo de Manhattan./El os lo dir/ Traedme las Antillas/sobre varios calibres presurosos, sobre cintas/de ametralladoras, sobre los caterpilares de los/tanques/ traedme las Antillas./Y en medio de un aroma silencioso/all viene la isla de Santo Domingo./Traedme la Amrica Central./ Y en medio de un aroma pavoroso all viene Nicaragua./Traedme la Amrica del Sur./Y en medio de un aroma pesaroso/all viene cojeando Venezuela./Y en medio de un celeste bogotazo/ all viene cayendo Colombia./All viene cayendo Ecuador./All viene cayendo Brasil./All viene cayendo Puerto Rico./En medio de un volumen salino all viene cayendo Chile.../Vienen todos./All vienen cayendo./Cuba trae su dolor envuelto en un estremecimiento/de comparsas./Mxico trae su rencor envuelto una sola mirada/fronteriza./Y Hait, y Uruguay y Paraguay, vienen cayendo./Y Guatemala, El Salvador y Panam, vienen cayendo./Vienen todos./Vienen cayendo./(...)Traedme todos esos pueblos en azcar, en nitrato, en estao, en petrleo, en bananas,/en almbar/traed me todos esos pueblos./(...)/Vienen todos, vienen cayendo (56-57).
A la fortaleza afectiva en s del asunto temtico en el poema, el poeta aade el recurso estilstico de la repeticin en el trozo transcrito, desplegando as esas estrofas una elevada intensidad expresiva manifestada por el dinamismo que, en efecto, la repeticin genera en esos versos.
El recurso de la repeticin, encontrado muy a menudo en "Obituario puertorriqueo", tambin sirve como un instrumento intensifi-cador de la expresin:
Trabajaron/diez das a la semana/por el pago de cinco/Traba-jaron/Trabajaron/Trajaron/y murieron/sin un centavo/Murieron
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endeudados/Murieron sin saber el aspecto/que tena/la entrada principal/del banco nacional (404).
Sin la repeticin, lo expresado aqu sera una mera informacin con un toque de emotividad, dependiendo de nuestra disposicin y nivel de concientizacin para con el tema en cuestin. Mas, mediante la repeticin del verso "trabajar" podemos percibir la tediosa rutina de esos obreros; y, como ya los tres versos anteriores a la repeticin establecen la naturaleza explotadora de su trabajo, nuestra percepcin no se limita a la clara visualizacin que la repeticin ya nos ha facilitado, sino que esta modalidad estilstica tambin, y ms importante, dota este trozo de una afectividad expresiva que logra penetrar en el oyente o lector, conmovindolo a identificarse con las masas explotadas. La repeticin del verbo morir y lo que l describe en s completan este logro de efectividad emotiva en esa parte del poema.
Mientras en el "Obituario puertorriqueo" Pedro Pietri denuncia la explotacin de la clase trabajadora de su pueblo en Nueva York -como acabamos de ver, en el "Contracanto a Walt Whitman", recordamos del fragmento ledo, que Pedro Mir aborda tal tema a partir de la explotacin de una nacin pequea y pobre por una colosal y rica. Por supuesto, que este tipo de explotacin implica necesariamente la explotacin del trabajador. Repasemos los versos en cuestin:
Traedme todos esos pueblos en azcar, en nitrato, en estao, en petrleo, en bananas,/en almbar traedme todos esos pueblos (57).
Ahora comparmoslos con los siguientes de Nicols Guillen en "Crecen altas las flores":
Pero como tenemos bosques y cafetales,/hierro, carbn, petr-leo,/cobre, caaverales,/(lo que en dlares quiere decir muchos miliones)/no importa que seamos quechuas o motilones (158).
De modo que en esencia nuestros tres poetas estn denunciando la misma anomala existencial de sus respectivos pueblos (y Amrica Latina en general) impuesta por una nacin superpoderosa.
El resultado inexorable, segn nuestros tres poetas, de toda esa
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explotacin para las naciones violadas es el saqueo de sus recursos naturales, el sudor y la sangre de sus campesinos y obreros, y finalmente la muerte en medio de una pauperizacin onmmoda. E inclusive, como ya vimos en la poesa de Pedro Pietri, la agona laboral no termina con la muerte, puesto que pasa de generacin a generacin en un crculo vicioso de aparente impenetrabilidad hasta ahora. Y el crculo permanece compacto, en parte, gracias al servilismo de lderes locales que un imperio siempre encuentra en su esfera de dominio. En "Crecen altas las flores", se registran varios ejemplos de estos mercaderes de patria. Cito la primera ilustracin comenzando donde Guillen usa la imagen de la sangre, como muestra de la inhumanidad ya mencionada:
Vienen pues a ayudarnos para que progresemos/y en pago de su ayuda nuestra sangre lesdmos./Si en Paraguay tumultos contra Washington hay,/que vaya luego Stroessner y ayude al Paraguay./ Que quien gobierno y patria cifr en una botella,/ceda no al pueblo el mando sino a la ruda estrella/del espadn estulto cuya estulticia vende el hogar a un extrao, y encarcela y ofende (158).
2do. ej.: Cada da en Colombia los soldados apuntan/contra loscam-
pesimos y obreros que se juntan (160).
Centroamrica es una gran finca que progresa./Va el pltano en aumento, crece el caf y no cesa./(A veces silba el ltigo, se oye una bofetada,/desplmase un pen... En fin, eso no es nada.) (160).
Ayudador deglute su ingls y se pasea/orondo el sometido criado de vil librea/que en Puerto Rico manda, es decir obedece,/mientras que la vasta frente de Albizu resplandece (160).
Es patente, el mordaz fustigamiento con que Nicols Guillen arremete a estos apstatas de naciones en los trozos transcritos; particularmente el primer ejemplo, donde l claramente dice que esos individuos venden su patria por estpidos que son o estultos como los llama el mismo Guillen; y el ltimo ejemplo, donde no slo l asienta categricamente la obediencia del gobernador de Puerto Rico a su amo, sino que adems se burla de aqul con punzante stira,
3er. ej.:
4to. ej.:
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como notamos en los primeros dos versos cuando habla el poeta del deglutir el ingls el gobernador, y de lo engredo que se pasea con su traje especial de criado.
Pedro Pietri, como Nicols Guillen, tambin fustiga a un tipo de complaciente. En este caso, se trata no del vende patria, sino del individuo en los E.U.A. que se divorcia de su nacionalidad y latinidad con el fin de asimilarse o ser asimilado en la comunidad anglosajona, colmado de sueos y aspiraciones que, claro, nunca se materializan. As lo dice el poeta:
A los puertorriqueos muertos/Que no supieron nunca que eran puertorriqueos/Que nunca se tomaron un descanso/de los diez mandamientos/para MATAR MATAR MATAR/a los tenientes de sus crneos rbtos/y comunicarse con sus almas latinas (406).
Y ms adelante sigue cantando el poeta:
Soando con Queens/Amplia barriada blanca como lirio/Paisajes sin puertorriqueos/Hogares de treinta mil dlares/Los primeros spics en la cuadra/Orgullosos de ser de una comunidad/degringos que los quieren linchar/Orgullosos de estar a gran distancia/de la sagrada expresin: Qu Pasa?
De modo que estos individuos rechazan su propio grupo con el afn de integrarse, como otros inmigrantes pasados y presentes, a la sociedad establecida, creyendo en la dea ilusoria del melting pot o salad bowl, que no es ni el uno ni el otro ni ninguna otra cosa por el estilo; especialmente para un individuo que no es blanco y habla ingls con acento extranjero. Pero al pobre individuo lo confunde la relativa tolerancia racial y social y el gran mundo de apariencia y superficialidad de la sociedad poltica estadounidense.
Por su lado, Pedro Mir, en el poema "Hay un pas en el mundo" introduce un tercer tipo de individuo de pasiva complacencia; esta vez es un tipo en su forma deseada o necesitada por la nacin, no existe; necesita nacer o formarse para el desarrollo y progreso del pas. As lo determina el poeta con versos sumamente metafricos:
Faltan hombres/oara tanta tierra. Es decir, faltan hombres/que
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desnuden la virgen cordillera y la hagan madre despus de unas canciones./Madre de la hortaliza./Madre del pan. Madre del vino y del techo (...)/Faltan hombres que arrodillen los rboles y entonces los alcen contra el sol y la distancia./Contra las leyes de la gravedad./Y les saquen reposo, rebelda y claridad./Y hombres que se acuesten con la arcilla y la dejen parida de paredes./Y hombres/que descifren los dioses de los ribs/y los suban/temblando entre las redes./(...)/Esto es, faltan hombres./Y falta una cancin (7).
Apreciamos que la canalizacin estructural de la expresin metafrica en este fragmento parte de toda una poderosa prosopopeya expresionista, con el fin de acoplar los elementos de la naturaleza no sin confrontacin combativa, claro con los humanos. No siempre es un combate, sino, por el contrario, una fusin carnal de frtiles resultados; como lo ilustran los siguientes dos versos, ejemplos en s mismos de la energa metafrica que dinamiza todo el fragmento citado: "Y hombres que se acuesten con/la arcilla y la dejen parida de paredes". Omos, adems, esta aliteracin con el fonema /p/ que no slo aade musicalidad al verso, sino que tambin intensifica, en efecto, la dea pentateuca de henchir y multiplicar la tierra. Usada aqu, claro, en referencia a la conversin de la materia prima en producto acabado. El expresionismo prosopopyico del fragmento le inyecta, adems, una alta carga de afectividad expresiva que como consecuencia nos acerca ms a esta parte del poema, y por ende, a su totalidad.
Ntese de paso que en el ltimo verso el poeta tambin implica que faltan ms poetas; poetas, nos podemos imaginar, de una sensibilidad nacional concientizada para que sean capaces de cantar los logros y denunciar los males de su pueblo.
"Hay un pas en el mundo", como hemos visto, es un poema, en parte, del hombre versus la naturaleza, para el triunfo de la civilizacin; lo cual se comprende, puesto que el poema fue publicado en 1949. Con todo, esta poesa puede muy bien ser pertinente hoy, porque dada su metafrica hegemona e intensidad, es aplicable a la realidad de sub-desarrollo que an impera en la Repblica Dominicana y en el Tercer Mundo en general. En verdad, el poema resulta apropiado tal como es porque en vista del xodo campesino a las ciuda-
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des, la agricultura ha mermado considerablemente en la Repblica Dominicana, por ejemplo; donde hoy ni la caa, ni el caf, ni el cacao son ya los productos principales, sino el turismo; y donde hay que importar productos agrcolas. Tambin todava falta en el pas, como metafricamente lo reclama el poema, la conversin de materia prima a productos industrializados. Pero, por supuesto, tambin el pas carece de esas industrias; y mientras tanto el imperio se sigue abasteciendo de esa materia prima, que luego se la vende al pas como producto acabado a precios deudores, por los cuales el pas se endeuda hasta los dientes, y de ah la dependencia econmica, y sta genera otras influencias e intervenciones, y volvemos al "puerto de origen", del decir de Juan Bosch, y este es el cuento de nunca cabar...
"Hay un pas en el mundo" comienza a terminar prediciendo: "Habr sangre de nuevo en el pas./Habr sangre de nuevo en el pas" (16). Y, en efecto, hubo mucha sangre desde entonces;especialmente en la Revolucin del 1965. Y, como la serenidad despus de la tempestad, el poeta quiere paz despus de toda la sangre derramada; por lo que termina diciendo: "Despus/no quiero ms que paz./ Un nido de constructiva paz en cada calma (...) (17). "Contracanto a Walt Whitman" tambin se aproxima al final con deseos de paz: "Aqu estamos/por ti/pidiendo paz./La paz que requeras para empujar el mundo con tu canto" (66).
"Crecen altas las flores" termina igualmente con una nota positiva, que es precisamente la intencionalidad metafrica del ttulo; mas lo positivo est ligado a la lucha revolucionaria:
Slo que en nuestra Amrica crecen altas las flores. Engarza el pueblo y pule sus ms preciadas/gemas. De las guerrillas parten bazukas y poemas. Con vengativa furia truenan los ruiseores... (162).
Notamos aqu en Guillen, como en Pedro Mir, la inclusin del poeta como luchador revolucionario con su poesa.
"Obituario puertorriqueo" no puede por necesidad temtica acabar con un aire positivo. No obstante, lo hace; pero slo a un nivel condicional. Por ejemplo, dice Pedro Pietri:
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Si slo hubieran/desconectado los televisores/y encendido su propia/imaginacin/Si slo hubieran usado las biblias de la supremaca/blanca/como papel sanitario y hecho de sus almas latinas/ religin nica de su raza (...)/] uan/Miguel/Milagros/Olga/Manuel/ estarn ahora haciendo ya lo suyo/donde la gente/hermosa canta/y danza y trabaja unida (...)/Aqu es todo el poder en es-. paol Qu pasa/Si aqu te dicen negrito o negrita te estn diciendo AMOR (subrayado del autor, 420-422).
En fin, cada uno de nuestros tres poetas denuncia la explotacin tanto del hombre por el hombre, como de una nacin sub-desarrolla-da por una poderosa. Arremeten ellos tambin contra tres tipos de parias en sus pueblos: el vende patria, el que niega su nacionalidad y raza, y el que no ha devenido an un instrumento de desarrollo y progreso para su nacin. Coincide nuestra trada de poetas en los poemas tratados en un final de relativo ambiente positivo condicionado a una lucha a sangre en Pedro Mir y Nicols Guillen, y en una toma de concientizacin tnica, poltica y socioeconmica en Pedro Pietri. La naturaleza misma de los asuntos tematizados en los cuatro poemas, y modalidades estilsticas despliegan en tales poemas una elevada intensificacin expresiva de dinmica carga afectiva. Y as, compartiendo cada uno de estos tres poetas las adversidades, las angustias, y los anhelos de sus respectivas islas antillanas junto al resto de America Latina, no hay duda que pueden todos ellos unidos cantar "Hay tres pases en el mundo".
NOTAS
Guillen, Nicols. "Crecen altas las flores". Ixitin American Revolutionary PoetryPoesa Revolucionaria latinoamericana: A BilingualAnthology. Ld. cintro. Robert Mrquez New York& London: Monthly Rcview Press, 1974. 156-163.
Mrquez, Robert, ed. c intro. Latin American Revolutionary Poetry/Poesa revolucionaria latinoamericana: A Bilingual Anthology. New York & London: Monthly Review Press, 1974.
Mir, Pedro. Viaje a la muchedumbre. Mxico: Siglo Veintiuno Lditores, S.A., 1972.
Pietri, Pedro. "Obituario puertorriqueo". Mtin American Revolutionary Poetry/Poesa revolucionaria latinoamericana: A Bilingual Anthology. Ed. e Intro. Robert Mrquez, New York & London: Motnthly Review Press, 1974. 404-423.
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CONTINUISMO, NO-REELECCION Y ESTABILIDAD POLTICA. CONSOLIDACIN Y CRISIS DEL TRUJILLISMO ANTES DE 1938
Por Jan Suter*
En la siguiente aportacin se trata de investigar el grado de estabilidad poltica que el dominio dictatorial de Rafael Trujillo haba adquirido ya antes de la segunda guerra mundial.1
En 1930, Rafael Trujillo, por va de su dominio absoluto del ejrcito lleg a la Presidencia de la Repblica Dominicana. Su victoria en las elecciones completamente manipuladas de aquel ao fue asegurada por la represin contra sus enemigos polticos. Su llegada al poder marc el fin de los mecanismos de poltica pluralista (aunque elitista y oligrquica) que haban funcionado en la Repblica antes de 1930.2
En 1934, despus de cuatro aos de rgimen dictatorial y represivo, el dictador Trujillo se hizo reelegir para un nuevo perodo presidencial. No exista ningn movimiento de oposicin organizada en el pas, y durante su primer perodo de gobierno Trujillo haba logrado en basar su autocracia firmemente en instituciones estatales claves, principalmente en el ejrcito, as como en el aparato administrativo-estatal, en el nico partido poltico y en su creciente dominio personal sobre el sector nacional de la economa.3 Esta institucionaliza-cin del rgimen dictatorial de Trujillo segua profundizndose durante su segundo gobierno, 1934-1938. Al terminar este perodo, la
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* Colaborador cientfico en el Instituto de Historia, Escuela Politcnica Federal Suiza, Zurich, Suiza.
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dictadura trujillista pareca slidamente instalada. Por ende, y a causa del continuismo introducido como elemento del dominio tru-jillista en el ao 1934, la reeleccin de Trujillo para otro perodo presidencial pareca nada ms que una formalidad. Pero en 1938, pocos meses despus de haber sido denunciado como autor de la matanza de 25,000 haitianos residentes en la Repblica Dominicana, el dictador se retir de la Presidencia, no presentando su candidatura en las elecciones para el perodo 1938-1942. Esta aparente interrupcin del proceso de consolidacin del podero dictatorial de Trujillo se examinar en el presente estudio.
Cules fueron los verdaderos motivos para su abstencin a la Presidencia? Se le puede atribuir a este paso el significado de indicar una debilidad poltica del rgimen y/o de su supremo representante? Cul fue la dimensin de la crisis poltica despus de la matanza de 1937 y cul fue su efecto verdadero para el rgimen de Trujillo? Se puede decir que la no-reeleccin del ao 1938 marc una verdadera ruptura en el proceso de consolidacin del rgimen de Trujillo o meramente un cambio de estilo poltico?
En los siguientes prrafos, las elecciones presidenciales y la masacre de 1937 sern reinterpretados en relacin a la estabilidad interna del rgimen trujillista. Referente a las elecciones, el estudio no se concentrar en demostrar el carcter manipulado de estos comicios, que hasta ahora principalmente ha llamado la atencin de los historiadores, sino en las consecuencias para el podero trujillista.4 Asimismo, la masacre de 1937, la matanza de miles de colonos haitianos por el ejrcito dominicano, hecho que consta como uno de los actos ms brbaros del rgimen, se tratar explicar en vista de este aspecto. Mayor atencin se dedicar al nexo entre la matanza y su repercusin poltica, es decir a la abstencin del dictador Trujillo de la Presidencia, una relacin normalmente caracterizada como unicausal.5 Cuestionar esta corriente opinin de la ciencia, reinterpretando los hechos histricos es la finalidad del presente estudio.
Las elecciones de 1934 y el problema del continuismo
En la historia poltica de Amrica Latina el problema del continuismo, es decir del intento de gobernadores de prolongar su perodo de mando, tiene calidad de fenmeno permanente. Los hechos de-
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muestran que en Amrica Latina, despus de Bolvar, el poder poltico en la mayora de los casos se ha conservado a travs del ejercicio de fuerza, sea directo (p. ej. por va de una dictadura militar) o institucionalizado. El instrumentario constitucional bien elaborado en casi la totalidad de los pases latinoamericanos ha quedado un edificio terico y en muchos casos ha servido slo de fachada para regmenes autocrticos.
Dentro del complejo formal democrtico, el principio de la no-reeleccin de mandatarios ha tenido gran significado, casi ha sido principio sagrado de la poltica de muchos pases de Amrica. La mencionada discrepancia entre el formalismo democrtico y la prctica poltica se ha demostrado de manera evidente, cuando en el pasado dictadores, caudillos o gobernantes abiertamente violaron el principio de la no-reeleccin o cuando lo degradaron a una farsa, instalando a presidentes tteres quienes en realidad no posean verdadero poder poltico.
En la Repblica Dominicana el principio de la no-reeleccin histricamente se consideraba como garanta constitucional e instrumento de una renovacin permanente del sistema poltico. En el perodo de la Independencia, antes de la ocupacin militar por los EE.UU. (1916-1924), haban ocurrido numerosas violaciones del principio de la no-reeleccin, provocando siempre la oposicin de grupos que as fueron excluidos del poder poltico. De esta manera, la reeleccin, en particular la del Presidente de la Repblica, sigui siendo calificada como prctica ilegtima, an cuando despus de 1924 la Constitucin permiti la reeleccin a la Presidencia. Los hechos ocurridos durante el Horacismo (1924-1930) demuestran claramente la tendencia de los sectores politizados de la sociedad (clase de la "alta pequea burguesa" como la define Juan Bosch) de no aceptar intentos de continuismo por parte de magistrados.6 En efecto, la prolongacin del perodo presidencial de Horacio Vsquez en 1927 le cost el apoyo de su aliado de gobierno, Federico Velsquez (Partido Progresista). Su proyecto reeleccionista del ao 1930 no slo "produjo un grave descontento entre amplios sectores del pas" como dice Cass, sino provoc el golpe de Estado del 23 de/febrero de 1930, que por fin le hizo perder su posicin.7
En el momento en que Rafael Trujillo lleg al poder (16-8-1930),
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el principio de la no-reeleccin dentro del sistema poltico dominicano todava tena carcter de prueba de legitimidad de un gobierno; es decir, un magistrado que buscaba la reeleccin fue acusado de usurpacin de poder poltico. Trujillo, que sobre todo intent estabilizar su rgimen y prolongar su perodo de mando por ms tiempo posible, tena que buscar una legitimacin de su podero para llegar a este fin. Buscaba esta legitimacin en un aparente apoyo popular para su proyecto continuista, utilizando la propaganda y la manipulacin de las masas para crear la imagen de un entusiasmo general frente a su rgimen dictatorial.
Al inicio de su perodo de mando pareca que Trujillo no tena la intencin de presentarse de nuevo como candidato, despus de la expiracin de su primer perodo presidencial. Ya en 1931, dos aos y medio antes de las prximas elecciones presidenciales, el dictador declar su renuncia a una nueva candidatura, denunciando la reeleccin como prctica continuista y como uno de los peores males de la poltica dominicana de antes de su llegada al poder.8 En aquel tiempo Trujillo todava insisti en la legitimidad constitucional de su podero. Utilizaba el ttulo "Presidente Constitucional de la Repblica" en vez de su denominacin posterior de "Generalsimo Dr. Rafael Lenidas Trujillo Molina, Benefactor de la Patria'\ que acentu el
elemento carismtico del poder dictatorial o en vez del simple ttulo "jefe" que no dej duda en vista a la posicin de Trujillo.9 En el siguiente ao el autcrata, enfrentando rumores referente a la extensin de que renunciara a la reeleccin en los comicios del ao 1934. La simultnea organizacin de un Partido unitario, el Partido Dominicano, aliment la duda en vista de la honestidad de esta declaracin. Este partido debera poseer carcter de partido de masas con orientacin personalista, y por eso estaba dispuesto a servir de vehculo para la poltica autocrtica de Trujillo.10 Esta duda se vio justificada cuando en 1932, despus de peticiones de adherentes (de la mayor parte de miembros de la administracin estatal, sector de la sociedad ms dominado por el dictador), Trujillo demostraba una cierta disposicin de presentarse de nuevo como candidato a la Presidencia. La impresin de que el Jefe de Estado de verdad tena la intencin de prolongar su perodo de mando a pesar del descontento dentro la poblacin, no provoc ninguna protesta articulada, por ser exterminada o exiliada la oposicin. Todo lo contrario, se inici una febril campaa electoral, sostenida por los miembros de la adminis-
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tracin, las autoridades locales y miembros del naciente Partido Dominicano.11 Esta campaa consisti ante todo en asambleas de masas dirigidas por el Partido Dominicano (las as llamadas "revistas cvicas"), que sirvieron para adoctrinar la poblacin (en particular, las masas campesinas) con las ideas del Trujillismo. Fue una funcin eminente en aquellos das sin medios de comunicacin, sobre todo si se toma en cuenta el bajo nivel de educacin poltica de la poblacin rural. A las revistas cvicas se juntaron peticiones individuales o de entidades polticas proponiendo la reeleccin de Trujillo.12 Este simulacro de competicin electoral demostr la capacidad del rgimen de movilizar la poblacin y no quedaba duda de que Trujillo, sin el menor apoyo popular, llegara de nuevo a la Presidencia, si as lo quisiera. En vista de su control completo del aparato estatal y del ejrcito, estaba claro que con fraude y represin, la victoria del dictador en los prximos comicios estaba asegurada de antemano. En consecuencia, la decisin final de Trujillo referente a su futura posicin dentro de la poltica dominicana se esperaba ansiosamente. Se ve aqu que dentro de la sociedad dominicana de aquel perodo, el significado de la posicin nominal del Presidente como Jefe de Estado, as como la importancia de elecciones fueron sobreestimados. No se tomaban en cuenta las nuevas formas de dominio de facto que se haban desarrollado en los primeros aos del Trujillato y que marcaron un contraste acentuado en comparacin con el perodo de la poltica constitucional de 1924-1930.
La campaa re-eleccionista cre la impresin pblica de que el principio de la no-reeleccin aparentemente haba sido abrogado por el pueblo mismo, como se dijo en el peridico Listn Diario. Entonces, Trujillo poda proceder abandonarlo oficialmente e integrar el continuismo como principio poltico en la ideologa trujillista. El da 25-4-1933, el jefe de Estado anunci su reiterada candidatura presidencial para el perodo 1934-1938.13
Visto que no existan ni movimientos de oposicin ni partidos polticos capaces de impedir la sucesin presidencial de Trujillo por l mismo, en esta fecha fue establecido el continuismo como elemento comn con la prctica continuista del dictador se manifest antes de las elecciones en forma de acciones violentas y combativas, pero inefectivas, contra el rgimen. Tampoco tuvieron xito los esfuerzos de ciertos sectores de la oposicin de provocar una intervencin nor-
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teamericana en el proceso electoral: La administracin del presidente Roosevelt ya haba declarado su deseo de seguir una poltica del "buen vecino" frente a los pases latinoamericanos y por ende no estaba dispuesta a meterse abiertamente en la poltica interna de la Repblica Dominicana. Adems, los Estados Unidos ya antes haban aceptado al rgimen de Trujillo como mejor garanta de sus intereses econmicos y polticos en la Repblica.14
En los comicios del 16-5-1934, Rafael Trujillo fue elegido por segunda vez Presidente de la Repblica Dominicana. Abstenindose la oposicin reprimida de participar en las elecciones y por su uso de diversas manipulaciones del proceso de votacin, el dictador por me-dio de la farsa electoral no slo logr prolongar su perodo de mando, sino tambin a darle a su rgimen una apariencia constitucional y democrtica, por lo menos en el extranjero.15 No cabe duda de que la intencin del dspota en este momento fuera legitimar su continuo ejercicio del poder mediante la instauracin del mecanismo reeleccio-nista. Los sucesos de los siguientes aos produjeron un cambio en la orientacin de este proyecto, cambio abiertamente visible despus de la crisis del sistema trujillista en el ao 1937.
La Matanza y la crisis del '37
En la semana del 2 al 9 de octubre de 1937 ocurri una masacre de ciudadanos haitianos que vivan en la Repblica Dominicana, cuyo carcter de matanza organizada y efectuada por las fuerzas de seguridad del Estado choc a la opinin mundial:
"Despus de un discurso incendiario de Trujillo en la ciudad fronteriza de Dajabn el da 2 de octubre, en que el dictador jur que 'los haitianos tienen que morir en su audacia* las fuerzas armadas dominicanas, sin mirar ni edad ni sexo de sus vctimas, juntaron la terrorificada poblacin haitiana de la zona nortea de la Repblica y la mataron como se mata el ganado."16
Este es el reporte de la legacin estadounidense poco despus del hecho. Referente al nmero exacto de las vctimas, hasta la fecha se mantienen diversas estimaciones. La literatura indica un nmero de muertos de entre 5,000 y 37,000, el gobierno haitiano oficialmente present la cifra de 12,168 vctimas. Asimismo, los sucesos de la
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matanza hasta hoy da quedan objeto de especulacin histrica, aunque las fuentes en retrospectiva permiten una interpretacin ms clara de los trgicos sucesos.17
No cabe duda de que la masacre fuera efectuada por el ejrcito, que obedeci rdenes de Trujillo, y que no haba ocurrido ninguna provocacin anterior por parte de Hait, ni por el gobierno, ni por las futuras vctimas. La hiptesis de que Trujillo hubiera ordenado la masacre en estado borracho no carece de probabilidad, pero no basta para probar el carcter espontneo de la matanza, que al contrario fue una accin bien meditada y planificada por el dictador. Los asesinatos se efectuaron por va de una accin concertada de pocos das en toda la regin nortea de la Repblica. Sus vctimas fueron principalmente los inmigrantes ilegales que vivan cerca de la frontera, pero tambin haitianos en otras partes de la Repblica. El hecho de que los braceros haitianos viviendo y trabajando en las plantaciones en manos de extranjeros no fueron perseguidos demuestra el carcter de accin premeditada que no se puede negar a la matanza.
Inicialmente, el Gobierno dominicano trat de esconder a la atencin pblica los hechos y su propia participacin en la matanza. El da 8 de octubre, la Legacin de los Estados Unidos en Santo Domingo recibi las primeras noticias de lo que haba pasado, mientras que el mundo slo despus del 21 lleg a saber de la masacre, hecho que entrara en la historia como fechora ms brbara del rgimen tirnico de Trujillo.18
Aunque en el contexto de este estudio la cuestin de los motivos para la matanza no tenga importancia primordial, quisiera presentar algunos aspectos del problema para facilitar la comprensin de aquellos hechos. En primer lugar, la matanza parece una manifestacin de irracionalismo poltico del dictador Trujillo, quien obviamente no se dio cuenta del posible efecto de su actitud sobre la opinin pblica frente a su rgimen. No obstante, se pueden tambin encontrar motivos racionales que hubieran determinado la decisin de Trujillo de ordenar exterminar miles de vidas. Una explicacin sera que Trujillo, que no tena escrpulos morales ni tica poltica, trat de resolver uno de los pendientes problemas de la Repblica de aquellos tiempos, lo de la inmigracin incontrolable de haitianos. De verdad, la creciente poblacin haitiana en la zona fronteriza ya haba in-
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fluenciado bastaste la cultura de aquella regin. Adems, el existente sentimiento anti-haitiano dentro de la poblacin dominicana fue fortalecido por la competencia econmica de los haitianos, que trabajaban por sueldos bajisimos, as quitando a los braceros dominicanos el poco trabajo que se poda encontrar en aquel perodo de crisis. Esto sobre todo aportaba el rechazo de los haitianos, pero a pesar de las actividades de las fuerzas de seguridad dominicanas y los tratados fronterizos entre Hait y la Repblica Dominicana (1936), no dismi-na la inmigracin ilegal de haitianos. Es muy probable que Trujillo, con la firme intencin de resolver el problema de una vez por todas, hubiera decidido utilizar el medio radical de una masacre para no slo exterminar fsicamente una parte de la poblacin haitiana en territorio dominicano, sino tambin para demostrar con esta accin cruel que enfrentara sin merced alguna a potenciales movimientos inmigratorios en el futuro.19
Otra explicacin de la masacre que solamente parece fantstica si no se toma en cuenta la disposicin irracional de Trujillo, todava carece de prueba final. Se dice que el autcrata durante el ao 1936/ 37 apoyaba al coronel haitiano Demosthenes Calixte en una conspiracin para derrotar al presidente Stenio Vincent. Cuando Trujillo recibi la noticia que sus agentes haban sido descubiertos y la conspiracin haba fracasado, en un momento de furor orden la matanza.20 Ms plausible que esta teora, que no explica el carcter bien organizado de la masacre, parece la siguiente explicacin: Trujillo, por medio de la matanza, que represent una afrenta a la nacin vecina, quera crear un casus beliz para poder derrotar al presidente Vincent con una siguiente accin armada y extender su propio podero sobre toda la isla de Hispaniola.21 Muy convincente me parece la interpretacin de Cass que afirma que Trujillo, buscando el control total sobre todos los sectores de la sociedad, no soportaba el elemento anrquico dentro de la poblacin que representaban los "rayanos" haitianos, que vivan en ambos lados de la frontera y se sustraan a la dominacin dictatorial.22 Tampoco en retrospectiva, todas las preguntas referente a los motivos de la matanza se pueden resolver y las mencionadas explicaciones monocausales no pueden satisfacer completamente, cuando se trata de investigar un hecho tan incomprensible como lo representa una masacre de personas nocentes o ordenado por un Jefe de Estado sin obvia razn.
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Ms importantes en nuestro contexto quedan las consecuencias de la matanza por el poderodo de Rafael Trujillo / la cuestin si verdaderamente fue "una amenaza para el dominio de Trujillo", como lo afirma Wiarda.23 En este sentido hay que reinterpretar los hechos ocurridos despus de la masacre.
Despus de que el gobierno dominicano haba tratado sin xito de esconder la dimensin de los trgicos hechos, hablando de un "incidente", se vio obligado de tomar medidas diplomticas para evitar que resultara de la masacre un conflicto internacional. Ya una semana despus de la terminacin de los asesinatos, representantes de Hait y de la Repblica Dominicana firmaron un comunicado para la prensa, fijando que las relaciones amigables entre los dos estados no haban sido de ningn modo cambiadas.24
Cuando poco despus los haitianos se dieron cuenta de que la investigacin de la matanza prometida por las autoridades dominicanas no era nada ms que una farsa, el gobierno haitiano se decidi a
exigir enrgicamente la punicin de los responsables de la masacre. Fue tambin una necesidad poltica para el rgimen del presidente haitiano Vincent, visto que dentro de la poblacin haitiana, la indignacin sobre la matanza, el curso de la investigacin de esta misma y la actitud pasiva de su propio gobierno aumentaba cada da ms.25 Invitados por Hait, los Estados Unidos, Mxico y Cuba intervinieron en el proceso de mediacin, pero esta actividad diplomtica multilateral qued sin efecto. El gobierno de Trujillo declar que la punicin de los culpables de la masacre constat un asunto de la poltica interior dominicana y que Hait, firmando el mencionado comunicado de prensa (que se calific de "acuerdo"), haba renunciado a la mediacin de otros estados.26 Eventualmente, por medio de la intervencin del Nuncio Apostlico acreditado en ambos pases, Hait y la Repblica Dominicana llegaron a un acuerdo que se firm el 31-1-1938. Elemento principal de este acuerdo fue la paga de una indemnizacin de US$750,000 al gobierno haitiano. Adems de esta clusula, el acuerdo no contena ninguna acusacin al gobierno dominicano. No es demasiado decir que el presidente Vincent se hizo comprar por Trujillo, cuando se dio cuenta que no estaba en posicin de resistir a la presin de ste, quien quera terminar la crisis lo ms pronto posible.27
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Cules eran entonces las consecuencias directas de la masacre y de su epilogo diplomtico? Aunque una relacin con la prdida de prestigio de Trujillo y su renuncia a una candidatura presidencial en el ao 1938 no se puede negar, la repercusin en la poltica interna de la Repblica fue mnima. El efecto principal de la matanza fue un xodo de haitianos desde la Repblica hacia su propio pas. Las medidas diplomticas y polticas adoptadas por el rgimen trujillista despus de la tragedia tienen que calificarse de cosmtica, dirigidas a regaar prestigio en el extranjero (p. ej. se abrog la ley anti-comunis-ta para demostrar el liberalismo poltico del rgimen). La prctica de la poltica autocrtica del rgimen no sufri cambio ninguno, tampoco el dictador se vio obligado de aumentar el ejercicio de represin para demostrar fuerza despus de la crisis. La poblacin dominicana no vio en la matanza una ocasin adecuada para oponerse al rgimen odioso del Generalsimo Trujillo, as como la impresin de una verdadera crisis se limit al extranjero (aunque la actitud de los EE.UU. que seguan apoyando al dictador determin la impresin de que este se mantuviera en el poder) y a los sectores de oposicin que se encontraban fuera del pas.28
As visto, la matanza representa una prueba de estabilidad del sistema poltico establecido por Trujillo a travs del aparato de represin estatal. El xito que tuvo el dictador en resolver la crisis del '37 demuestra claramente que ya en esa poca la dictadura trujillista haba logrado crear un alto grado de estabilidad institucional.
En este sentido, la decisin de Rafael Trujillo de no presentar su candidatura en las elecciones de 1938 tiene que ser reexaminada. En la luz de los hechos y reinterpretando la poltica trujillista de constantemente mejorar la base institucional del rgimen (bases principales en este perodo: ejrcito, Partido Dominicano, administracin estatal), la relacin causal entre !a repercusin de la matanza y la renuncia de Trujillo a la Presidencia no parece tan segura como se ha supuesto hasta ahora.
No-reeleccin y continuismo: Las elecciones de 1938
El da 2 de enero de 1938 Rafael Trujillo, en un discurso transmitido por radio en toda la Repblica, declar de que renunciara a una candidatura para el perodo presidencial de 1938 a 1942. Al mis-
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mo tiempo, llam al pueblo dominicano de votar por "sus" candidatos, Jacinto Peynado y Manuel de Jess Troncoso de la Concha (como Vicepresidente), presentados como candidatos por el nico partido poltico existente, el Partido Dominicano. Como lo haba deseado Trujillo, los dos candidatos fueron elegidos el 16-5-1938 con el total de los votos depositados (como fue la regla en el Trujillismo) y tomaron posesin de sus cargos el 16-8-1938. Ya en este momento no haba duda alguna que el nuevo Jefe de Estado no fuera ms que un Presidente ttere que no tena ningn poder poltico: su funcin fue de representar al Estado dominicano y cumplir con las tareas polticas de cada da, mientras que Trujillo se qued con el dominio verdadero sobre el Estado y la sociedad dominicana.29 Por ende, no las consecuencias de esta efmera renuncia a la posicin nominal de Presidente, sino los motivos que haban provocado el retraimiento del dictador captaron el inters pblico dentro y fuera de la Repblica. En el contexto del presente estudio, es tambin la cuestin del porqu de la renuncia de Trujillo, quien sigui mostrndose como el verdadero Jefe de Estado y siempre cultivaba la actitud del "Benefactor de la Patria", que nos interesa; an ms despus de haber constatado que la estabilidad interna como la posicin hacia el exterior del rgimen dictatorial no haban sufrido daos por consecuencia de la crisis del 37.
Como ya se ha dicho anteriormente, a la masacre de 1937 se le ha atribuido mayor importancia referente al retraimiento de Trujillo. Es interesante que la causalidad entre matanza y crisis y la renuncia de Trujillo, que con frecuencia est implicada en la literatura, en las fuentes contemporneas no se mencionaba.30 Por ejemplo, los diplomticos de la Legacin Estadounidense, precisos observadores del proceso poltico, no dieron importancia cualquiera a la matanza y al aislamiento temporal subsecuente del rgimen trujillista como motivo de la decisin del dictador, sino que buscaban otras explicaciones para sta.31 Entonces tambin en retrospectiva se prohibe una interpretacin de la renuncia de Trujillo a la Presidencia basada solamente en un anlisis de los hechos ocurridos despus de la masacre. Ms bien, una investigacin del prlogo de la no-reeleccin del ao 1938, proceso bien documentado en las fuentes pero poco investigado hasta ahora, impone una nueva interpretacin de los hechos polticos de aquel ao. Esto permite mejor evaluacin de la situacin del rgimen trujillista antes de la guerra y del grado de estabilidad e instituciona-
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lizacin a que esta dictadura haba llegado durante sus primeros ocho aos.32
Despus de la reeleccin de Rafael Trujillo como Presidente de la Repblica Dominicana en 1934, el continuismo formaba parte no slo del sistema de dominacin poltica del dictador, sino tambin de la ideologa del Trujillismo y de la propaganda del rgimen. Aumentando cada da ms la estabilidad poltica de su rgimen y contando con una base institucional del dominio dictatorial siempre ms fija, pareca natural que Trujillo tratara de prolongar su dominio tambin en el futuro y de quedarse en la suprema posicin nominal del sistema poltico dominicano. Tal impresin fue fortalecida por los esfuerzos de la propaganda del rgimen de darle un carcter muy personal al dominio de Rafael Trujillo: La posicin de poder absoluta que posea el autcrata fue cambiada en la imagen de un padre omnipotente de la Repblica, quien incesantemente vigilaba sobre sus hijos (los ciudadanos de la Repblica) y as garantizaba el bienestar del pueblo.33 Consecuentemente, no slo se le atribuyeron al dictador los ttulos de Benefactor de la Patria y Liberador, tambin surgieron proyectos de institucionalizar la supremaca nominal del autcrata, nombrndole Emperador o Presidente a vida.34.
Tiene significado que tales proyectos, normalmente presentados por panegricos del dictador dentro del aparato estatal o partidario, siempre fueron rechazado por este mismo, as como proyectos de alargar el perodo presidencial. De esto se puede deducir que para el dictador, no su posicin nominal, sino su continuo dominio real junto a la aparicin de una fachada democrtica de su rgimen tenan importancia primordial, muy comprensible si se toma en cuenta la sensibilidad de sus protectores norteamericanos frente a obvias (y slo a stas) violaciones de principios democrticos. Simultneamente a los esfuerzos de estabilizar su rgimen, Trujillo siempre estaba buscando un mtodo de gobernar que hubiere asegurado un control ms absoluto sobre el Estado dominicano con un esfuerzo personal lo ms reducido posible. Los hechos despus de la reeleccin del dictador en 1934 demuestran que para llegar a este fin, Trujillo procedi muy pragmticamente. Jugaba con diversas formas de gobernar, pero siempre mantena su control absoluto sobre Estado y sociedad. De dichas manipulaciones se ver que sera un error interpretar la no-reeleccin del ao 1938 como indicio para la debilidad del rgimen o
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reaccin a la crisis despus de la matanza del 1937.
La primera de estas mencionadas manipulaciones polticas se inici ya en junio de 1935, cuando el Secretario de Estado y consejero trujillista Elias Brache le confi al Ministro de los EE.UU., Schoenfeld, que Trujillo tena la intencin de renunciar a su mandato en 1938. Es muy probable que este anuncio confidencial fue nada ms que una tctica para demostrar el espritu democrtico de Trujillo, pero la siguiente declaracin de Brache parece significativa; dijo francamente que Trujillo, por su control absoluto del aparato estatal que ejerca, controlando el Partido Dominicano, cuyo Director Supremo era l, no necesitaba quedarse en la posicin de Presidente de la Repblica para mantenerse en el poder.35 Adems, Trujillo siempre fue Jefe supremo del ejrcito an cuando no ejerci el comando de las fuerzas armadas.36
Una primera prueba de esta opinin se mostr cuando en el verano de 1935, el dictador se enferm gravemente. A pesar de la subsecuente ausencia de Trujillo de los asuntos polticos, y de su aparente debilidad fsica que le impidi seguir manteniendo su estilo de gobernar muy personalista, no se manifest ninguna tendencia abiertamente opositora al rgimen. El aparato estatal segua controlando la sociedad dominicana firmemente como antes, aunque el descontento popular con el rgimen dictatorial se manifest por va de conspiraciones aisladas que no representaban un verdadero peligro para el dominio trujillista. No obstante, la crisis personal del dictador causada por la deterioracin de su salud casi provoc la parlisis total de toda actividad poltica y administrativa, porque ningn funcionario, desde el nivel ms bajo del aparato estatal hasta los altos rangos del gabinete, tena costumbre de tomar decisiones y actuar autnomamente, visto que el propio Trujillo personalmente controlaba toda actividad de sus subordinados, hasta los horarios de servicio en las oficinas estatales. Esta situacin demostr drsticamente al autcrata que en el futuro tendra que ejercer su poder absoluto de una manera menos ligada a su persona. Aunque tendiera la firme intencin de no compartir su poder con ninguno, Trujillo se decidi experimentar con un mtodo de repartir funciones polticas entre varios* de sus subordinados. Escogi sus ms leales seguidores y, dndoles una cierta independencia nominal en sus diversas funciones, combinado con una subordinacin an ms firme de estos funcionarios, as reparti la tarea de gobernar entre varias cabezas, pero que-
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dndose con el control sobre el conjunto de la poltica trujillista.
Apenas superada su enfermedad, y aparentemente sin necesidad de salud o poltica, en el otoo de 1935 Trujillo declar que abandonar el pas por un perodo de 12 a 15 meses. Este anuncio provoc una ola de protesta "espontnea" de las "masas" que "pidieron" a Trujillo que se quedara en el pas, es decir, el Partido Dominicano organiz una campaa de simpata para el dictador, lo que en primer lugar tena la funcin de demostrar el grado de subordinacin de la poblacin bajo la voluntad del rgimen. Contento de la prueba de lealtad de sus subordinados y de la poblacin, Trujillo se quedaba en la Repblica que probablemente nunca haba intentado dejar, aunque hubiera formalmente pedido la autorizacin del Congreso para salir del territorio nacional. En vez de salir del pas, Trujillo declar que se retirara por un perodo de tiempo indefinido de sus funciones gubernamentales. Su suplente constitucional, el Vicepresidente jacinto Peynado, asumi las funciones del Ejecutivo sin obtener verdadero poder de mando. Su funcin fue de tratar con los asuntos polticos de cada da, y as la posicin de Presidente interino fue reducida a un mero puesto de administrador. Esto ya se demostr por la aparicin pblica de Peynado, que no tomaba ninguna decisin poltica sin consultacin previa de Trujillo, y que no llevaba el ttulo de Presidente Provisional, Interino o Actuante, sino la denominacin de "Vicepresidente de la Repblica en Ejercicio del Poder Ejecutivo".37 Despus de 101 das de interregnum bien vigilado, en febrero de 1936 Rafael Trujillo de nuevo tom posesin de sus cargos de Jefe de Estado nominal. Poda constatar que la estabilidad del rgimen haba quedado inalterada y que su sucesor temporal haba mostrado la ms absoluta lealtad frente a su Jefe.38
Ya mientras Jacinto Peynado haba jugado al Presidente, Trujillo haba declarado con palabras veladas y ambiguas que en ciertas circunstancias en el ao 1938 dejara la Presidencia a un sucesor.39 Esta declaracin otra vez provoc la protesta de adherentes verdaderos y semejantes del rgimen, aunque el anuncio de renuncia de Trujillo haba sido muy vago y abierto a diferentes interpretaciones. Enseguida, se organiz otra campaa reeleccionista (dos aos y medio antes de las elecciones!), que consista principalmente en cartas y largas listas de personas pronuncindose en favor de una nueva candidatura de Trujillo.40 Al mismo tiempo, la base institucional del podero dic-
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tatorial de Trujillo fue mejorada, cuando en 1936 se reformaron los estatutos del Partido Dominicano, dndole a este organismo una aparicin totalitaria. Por medio de esta reforma, al Partido le fue asignado el carcter de agencia estatal y la posicin de mando absoluto de su Director Supremo (Rafael Trujillo) sali fortalecida. Adems, se efectu una depuracin del Partido, del Congreso y de la Administracin estatal de personas quienes, segn opinin oficial, no haban demostrado bastante entusiasmo frente al rgimen. Todo esto provoc el miedo de que Trujillo intentaba establecer una dictadura partidaria de carcter totalitario en el sentido del modelo fascista o es-tal i nista.41
Simultneamente, el tirano pareca contemplar el proyecto de una dictadura presidencial con respaldo constitucional que corresponda ms al modelo de dominacin trujillista seguido hasta entonces, cuando promulg una ley que dio al Presidente la posibilidad de encargarse de una, varias o todas las Secretaras de Estado a la vez.42 Est claro que esto habra dado al Jefe del Ejecutivo una posicin de mando absoluto dentro del gabinete, posicin que de facto ya posea, pero cuya realizacin en el caso concreto fue muy facilitada por la mencionada medida legal.
De todo esto se ve claramente que ya mucho antes de la matanza del 37, Trujillo haba contemplado cambiar su mtodo de gobernar. La lnea principal de este cambio fue de relajar la estrecha relacin de las funciones pblicas con el podero personal de Trujillo y su control absoluto sobre Estado y sociedad dominicanos. Es muy probable que quera seguir el ejemplo del dictador venezolano Vicente Gmez, que haba dominado la poltica de su pas con mano dura, manteniendo su posicin de poder absoluto an cuando no ejerca las funciones presidenciales. Puede ser pura coincidencia temporal, pero se nota que los primeros experimentos de Trujillo con formas alternativas de gobierno surgieron en el ao 1935 cuando Gmez muri pacficamente en la cama, en plena posesin de su poder dictatorial desde 1908.
Hasta la fecha de la matanza no se producan desarrollos nuevos en relacin con los mtodos de gobierno de Trujillo. Es interesante que la primera medida poltica adoptada por Trujillo despus de la masacre fue una repeticin de la accin del ao 1935: El dictador anunci que ira al extranjero, una declaracin que fue errneamente
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interpretada por los dominicanos como intento de Trujillo de retirarse del poder. Las consecuentes expresiones de alegra comn en las calles de la capital provocaron la represin del rgimen que as demostr otra vez ms su carcter autocrtico.43 Despus se inici,otra de las ya conocidas campaas de reeleccin (fines del ao 1937) que en esta ocasin todava no provoc una toma de posicin determinada referente a su candidatura por parte de Rafael Trujillo. Dos meses despus, en enero de 1938, cuando la presin diplomtica causada por la matanza ya haba disminuido bastante y no obstaculizaba de ningn modo la continuacin de Trujillo en el poder, el dictador declar su renuncia a la reeleccin presidencial. La incredulidad de la poblacin dominicana, en particular de la clase politizada del pas, referente a esta declaracin oblig al dictador reiterar su decisin varias veces.44 Trujillo entonces, una vez fijado que el futuro Presidente no sera l, pblicamente confirm lo que todo el mundo ya saba: Aclar que su retiro del Gobierno sera slo temporal y que tena la intencin de vigilar sobre la poltica de su sucesor presidencial. Adems, el dictador tom medidas para garantizar su influencia poltica tambin en el futuro. Fue l quien determin la composicin del gabinete de su sucesor designado, Jacinto Peynado, nombrando a su suegro Jos Garca, Secretario de Estado del Interior. El hermano del dictador y comandante del Ejrcito, Hctor Trujillo, asumi la funcin de Secretario de Estado de Defensa ex officio, contrariamente a las disposiciones legales, porque esta Secretara de Estado en aquel tiempo no exista. As fue asegurado que Trujillo por medio de sus familiares segua controlando directamente el Ejecutivo, mientras que l mismo controlaba el aparato estatal por ser Director Supremo del Partido Dominicano.45 Referente a la personalidad del nuevo Presidente, Jacinto Peynado, slo cabe decir que Trujillo no haba podido encontrar un sucesor quien mejor servira sus intereses. Esta persona, a quien unos observadores francamente calificaron de peligro, haba demostrado una lealtad extrema frente a Trujillo desde los primeros das del rgimen, pero no por conviccin, sino por oportunismo y ambicin. Haba servido al dictador en diversas funciones sin mostrar la mnima ambicin de hacer competencia al "Jefe", y por ende fue el ttere perfecto para mantener una fachada democrtica delante del rgimen autocrtico que Trujillo segua manteniendo an despus de su retiro de la poltica oficial. Humillado por el dictador, el nuevo Presidente demostraba que no habra ninguna transferencia de poder poltico despus del cambio en la Presidencia: Sus primeros
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actos fueron cambiar el signo de luz en su casa privada diciendo "Dios y Trujillo" por uno ms grande, atribuir a Trujillo y su familia por decreto todos los honores de un |efe de Estado y promover al hijo del dictador, Ramfis (quien tenia 9 aos), al grado de general.46
Visto el carcter superficial de este cambio en la Jefatura nominal del Estado, cules fueron las consecuencias del retiro de Trujillo?
La consecuencia directa del retiro de Trujillo de la Presidencia fue una evidente divisin entre el poder nominal y el poder fctico en el Estado, lo que el Ministro Estadounidense caracteriz con la frmula de "gobierno sin responsabilidad".47 Exactamente este efecto, la separacin de las funciones presidenciales de su persona sin tener que abandonar el gobierno verdadero de la Repblica era lo que haba intentado Trujillo. Este proceso tena como consecuencia la identificacin del Presidente nominal (Peynado) con la poltica de cada da, en particular con las tareas administrativas y la responsabilidad para todo hecho que poda tener efecto negativo para la imagen del gobierno, mientras que Trujillo, por el aparato de propaganda, segua reclamando que fue l el forjador de\ bienestar del pueblo dominicano. Con este reparto de funciones polticas, Trujillo lleg a minimizar el nico peligro externo para su rgimen: La actitud de los Estados Unidos, que por medio de quitarle el apoyo al dictador tenan capacidad de derrotar al rgimen trujillista. Aunque este peligro en realidad no fue tan grande (se recuerda que los EE.UU. nunca haban tomado medidas para terminar con la dictadura trujillista an cuando se haba mostrado por su cara sangriente, como despus de la matanza), con un Presidente ttere delante de l, el autcrata se haba creado un espacio ms grande para sus acciones polticas. Esto fue de primera importancia referente a las maniobras del dictador dirigidos a la abolicin de la Receptora de Aduanas, que, controlada por los norteamericanos, todava limitaba las posibilidades fiscales de la administracin Trujillo. En todo, la instalacin de un "Presidente" leal y subordinado (a un grado mucho mayor que p. ej. en el caso de los regmenes cubanos entre 1934 y 1940 dominados por Fulgencio Batista) significaba que el dictador en el caso de un fracaso poltico en el exterior o en la poltica interna no tena la responsabilidad jurdica y legal, sino que contaba con un testaferro poltico que podra ser sacrificado en caso de necesidad.
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A la luz de esta interpretacin, la dea frecuentemente expuesta que Trujillo renunci a una casi segura reeleccin por presin diplomtica y de poltica causada por la matanza, carece de probabilidad. Ms bien, el retiro del dictador de la poltica oficial naci de su propio entendimiento que por lo menos temporalmente tendra que ejercer su podero dictatorial de forma menos directa, por un lado para mejorar la imagen "democrtica" de su rgimen, por otro lado para poder delimitar las grandes lneas de la poltica sin tener que vigilar tambin sobre los asuntos de cada da y tener que representar el gobierno de la Nacin fsicamente. Otro motivo del retraimiento de Trujillo fue un cierto cansancio del oficio, no del poder, que provoc el retiro del dictador a la vida privada (aunque se quedaba con su oficina ms grande que la del Presidente Peynado en el Palacio Presidencial) como l mismo haba confiado a amigos.48 Tomando en cuenta el carcter enrgico de Trujillo y la lnea de su poltica que intentaba institucionalizar su poder dictatorial lo mejor posible, est justificado suponer que la renuncia a la reeleccin como Presidente en 1938 no fue causada meramente por presiones polticas. Como se ha demostrado, fue una accin premeditada, y aunque una sorpresa para sus subordinados, no provoc ninguna alteracin ni del estilo ni del mtodo de gobernar: La Repblica quedaba completamente "trujilli-zada" y no mostraba ninguna tendencia de "peynadoizarse". La futura historia de la administracin Trujillo demostraba que quedaba sin importancia si el dictador Rafael Trujillo gobernaba como Presidente o como individuo privado (lo que significaba, como empresario ms grande de la Repblica, Jefe del Ejrcito, Jefe del nico partido poltico y "Benefactor de la Patria").49 La ausencia temporalmente limitada de Trujillo de la funcin presidencial iniciada en 1938 (que duraba slo hasta 1942 y se repiti otra vez despus de 1952) no fue
ms que un cambio en la aparicin de la dictadura; pero sirve tambin de indicador referente al Estado y a la situacin poltica del Trujillismo en aquel tiempo. La superficialidad del cambio en la jefatura nominal de la Repblica hace prueba de la slida estabilidad poltica y del alto grado de institucionalizacin adquiridos por el rgimen durante los primeros ocho aos de su existencia.
NOTAS
1. La presente aportacin se basa principalmente en actos diplomticos del Departamento de Estado de los EE.UU. (Records of the Department of State relating to internal
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affairs of the Dominican Republic, 1930-1939, Record Group 59, National Archives, Washington {Microcopy M 1272), que aqu se mencionan abreviado as: RDS T nmero del documento individual, autor, destinatario, fecha. Para ei aspecto aquf tratado vanse tambin mis trabajos preliminares {Suter 1990a; 1990b). Se agradece la ayuda de Mana Fidale y de Lourdes Soriano de la Fuente en la redaccin de ta versin espaola del presente estudio.
2. Gimbernard 1986.
3. Bosch 1986; Cass 1980; Franco 1966; para el papel del Ejrcito vase Quezada 1974.
4. Vase p. ej. Galndez 1962: 166 ss; Wiarda 1970: 65-66.
5. Galndez (1962: 306) dice que "Sin duda alguna, el escndalo provocado por la masacre haba impedido la segunda reeleccin de Trujillo y puesto en cuestin su mantenimiento como jefe supremo del pas". Asimismo Wiarda (1970: 32): "El sentimiento contra l segua manifestndose con la consecuencia de que Trujillo declin presentarse como candidato en las elecciones de 1938". (Traduccin de stas y todas las siguientes citas por el autor).
6. Bosch 1986: 378.
7. Cass 1980: 248; Suter 1990a: 30-31, 63 ss.
8. RDS 849.00 / General Conditions 71, Stafford a Stimson, 6-10-1931; RDS 839.00/ 3509, Stafford a Stimson, 8-9-1931.
9. Los ttulos aparecen en Trujillo 1932a; 1932b; Galndez 1962: 274.
10. RDS 839.00 / Schoenfeld a Stimson, 12-3-1932; /3615 Schoenfeld a Stimson, 5-12-1932.
11. Suter 1990a: 169.
12. RDS 839.00/3628; Schoenfeld a Stimson, 23-1-1933; vanse tambin los documentos RDS 839.00/3619; /3634; /3636; /3641; /3661; /3669; /3674; /3730; /3746; /3758;/3772; Cass 1980: 259-260.
13. LISTN DIARIO, 25-4-1933; RDS 839.00/3656, Schoenfeld a Huil, 25-4-1933.
14. Vase el memorndum del Secretario de la Legacin Estadounidense sobre una posible intervencin norteamericana en el proceso electoral: RDS 839.00/36941/2 Schoenfeld a Hull, 12-9-1933, anexo: memorndum Gantenbein: 39.
15. RDS 839.00/3775 Schoenfeld a Hull, 17-5-1934. Galindez 1962: 167.
16. Reporte del Ministro Estadounidense Norweb, RDS 839.0074209 Norweb a Hull, 7-11-1937, anexo: 38.
17. Atkins/Wilson 1972: 53; Concepcin 1973: 69. Vase la coleccin de documentos compilada por Cuello (1985), as como la obra literaria de Freddy Presto! Castillo, "El Masacre se pasa a pie" (Prestol Castillo 1983). Un investigador de la Universidad de Chicago, EE.UU., Richard Turits, recin termin sus trabajos sobre la matanza, pero los resultados de su profunda investigacin no se han publicado todava.
18. LA OPININ, 16-11-1937, en Cuello 1985: 12; RDS 839.00/4209 Norweb a Hull, 7-11-1937, anexo: 38; Galindez 1962: 79.
19. RDS 839.00/4209 Norweb a Hull, 7-11-1937, anexo: 38; Concepcin 1973: 68; Crassweller 1966: 150-151.
20. Referente a las actividades dirigidas contra el gobierno Vincent, vanse los siguientes documentos: RDS 839.00/3517 Stafford a Stimson, 19-10-1931; /3538 Schoenfeld a Stimson, 29-12-1931;/3603 1/2 Wood a Stimson, 3-10-1932;/3610 Wood a Stimson, 29-10-1931; RDS 839.00Trujillo/142 Brown a Hull, 2-11-1934; /146 Brown a Hull, 7-11-1934;/256 Gordon a Hull, 22-5-1936. La tesis de una conspiracin trujillista contra Vincent sostienen Crassweller (1966: 153) y Rodman (1964: 146).
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Cuello 1985: 513. Cass 1980: 254. Wiarda 1970: 32.
RDS 839.00/4209 Norweb a Hull, 7-11-1937, anexo: 39; Proyecto haitiano de comunicado, sin fecha (en Cuello 1985: 87-88); Proyecto de comunicado para la prensa, sin titulo, firmado por Evremont Carri y Joaqun Balaguer, versin francesa (en Cuello 1985: 88); Comunicado oficial para la prensa, 15-10-1937, firmado por Evremont Carri y Joaqun Balaguer, francs y espaol (en Cuello 1985: 88-89).
RDS 839.00/4209 Norweb a Hull, 7-11-1937, anexo: 40.
RDS 839.00/4209 Norweb 4 Hull, 7-11-1937, anexo: 41; Consulta a ta Comisin Consultativa de Relaciones Exteriores de la Repblica (Julio Ortega Frier), 26-11-1937 (en Cuello 1985: 96-1090.
Referente a la actividad diplomtica, vanse los telegramas del Presidente haitiano Vincent a los Presidentes de los Estados Unidos, Mxico y Cuba, F.D. Roosevelt, Lzaro Crdenas y Federico Laredo Br (en Cuello 1985: 90-91); tambin los telegramas enviados por ellos a Rafael Trujillo y las respuestas de Trujillo en Cuello 1985: 92-95.
Referente a los procesos de mediacin en que tambin particip la Comisin Inter-americana (Comisin Gondra) vase RDS 839.00/4209 Norweb a Hull, 7-11-1937, anexo: 42-43; Secretara de Estado de Relaciones Exteriores 1937; telegrama Vincent a Roosevelt, 14-12-1937; Vincent a Recinos, 14-12-1937; memorndum Hull sobre los resultados de la mediacin, 15-12-1937; telegrama Trujillo a Roosevelt, 17-12-1937 (todo en Cuello 1985: 141-148); para la siguiente correspondencia diplomtica vase Cuello 1985: 150ss.
Referente al acuerdo final: Vincent al Nuncio Apostlico Silvani, proyecto de acuerdo con la Repblica Dominicana, 28-12-1937; Trujillo a Silvani, proyecto dominicano de acuerdo, sin fecha; segundo proyecto de un acuerdo del gobierno haitiano, 12-1-1938; segundo proyecto de un acuerdo del gobierno dominicano, 14-12-1938; tercer proyecto de acuerdo del gobierno dominicano, 22-1-1938; Gardiner 1980: 27; Spitzer 1979: 408.
Perkins 1981: 214; Spitzer 1979: 409.
Los resultados oficiales de la eleccin presidencial demuestran claramente la mnima importancia del proceso electoral como competicin poltica dentro del sistema del Trujillismo: la participacin electoral fue de 92o/o y los candidatos recibieron el total de ios votos (referente a las elecciones no competitivas en el Trujillato vase Suter 1990b). Tiene significado que Trujillo paralelamente a la eleccin de su sucesor presidencial se hizo reelegir, mediante una eleccin presidencial simblica, por las mujeres de la Repblica, que en aquel tiempo no posean el derecho de voto. RDS 839.00/ 4186 Hinklea Hull, 19-5-1938.
Vase nota nm. 3.
RDS 839.00/4162 Atwood a Hull, 10-1-1938; /4206 Hinkle a Hull, 9-9-1938.
Vase Galindez 1962: 165-171; Suter 1990a: 167ss.; Suter 1990b; Wiarda 1970; 65-66.
Vase la exposicin de las ideas sobre la posicin del Jefe de Estado en Trujillo 1932b.
Vase p. ej. RDS 839.00TrujiUo/162 Gantenbein a Hull, 11-1-1935; Suter 1990a: 284.
La importancia del PARTIDO DOMINICANO se explica por la obligacin de que todos los funcionarios del Estado tenan que ser miembros del Partido, presentando al Jefe Trujillo una declaracin de renuncia a sus cargos firmada, pero sin fecha.
RDS 839.00/3929 Schoenfeld a Hull, 6-6-1935; /4067 Edgar a Hull, 10-10-1936; Rodman 1964: 142; Suter 1990a: 105ss., 277ss., 282.
RDS 839.001/22 Gantenbein a Hull, 22-11-1935.


38. RDS 839.00/5939, 11-10-1935; /3966, 1-11-1935; /3968, 7-11-1935; /3973, 14-11-1935;/3977, 18-11-1935, todos Gantenbein a Hull;/3992 Atwood a Hull, 10-2-1936 RDS 839.001Trujillo/207, 31-7-1935; /213, 22-8-1935;/218, 3-9-1935; /235, 19-11-1935; /245, 10-2-1936; todos Schoenfeld a Hull;/219, 10-9-1935;/226, 26-10-1935, ambos Gantenbein a Hull; RDS 839.001/21 Gantenbein a Hull, 6-11-1935 y anexo: LA INFORMACIN, 31-10-1935.
39. RDS 839.00/3989 Atwood a Hull, 27-1-1936 y anexo: LISTN DIARIO, 27-1-1936..*
40. RDS 839.00/4086 Atwood a Hull, 17-12-1936; /4124 Atwood a Hull, 8-7-1937.
41. RDS 839.00/4066 Edgar a Hull, 9-10-1936;/4067 Edgar a Hull, 10-10-1936;/4076 Atwood a Hull, 4-11-1936.
42. RDS 839.00/4122 Atwood a Hull, 8-7-1937 y anexo: GACETA OFICIAL Nr. 5036, 19-6-1937.
43. RDS 839.00/4141, 20-10-1937; /4144, 22-10-1937; /4149, 27-10-1937, todos Atwood a Hull.
44. RDS 839.00/4209 Norweb a H til, 7-11-1937, anexo: 7;/4172 Norweb a Hull, 28-2-1933.
45. RDS 839.00/4202 Norweb a Hull, 18-8-1938; /4205 Norweb a Hull, 29-8-1938; Suter 1990a: 282.
46. RDS 839.001Trujjllo/305 Norweb a Hull, 2-9-1938; Galindez 1962; Wiarda 1970.
47. RDS 839.00/4166 Norweb a Hull, 26-1-1938;/4172 Norweb a Hull, 28-2-1938.
48. RDS 839.00/4162 Atwood a Hull, 10-1-1938.
49. De esto tambin se dieron cuenta los observadores norteamericanos de la Legacin, que despus del acceso de Jacinto Peynado a la Presidencia seguan llamando sus reportes anuales "Reporte sobre el ao X de la administracin Trujillo*'. RDS 839.00/ 4223 Norweb a Hull, 27-9-1939.
NOTAS BIBLIOGRFICA
1. Documentos
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"Records of the Department of State Relating to Infernal Affairs of the Dominican Republic, 1929-1939, Record Group 59, Microfilm copy M 1272". Contiene la correspondencia de la Legacin Estadounidense en la Repblica Dominicana con el Departamento de Estado, reportes anuales y especiales, reportes de los cnsules norteamericanos, memoranda, etc., as como artculos, panfletos y otros documentos. Tambin se encuentran copias de la GACETA OFICIAL y de los peridicos LA OPININ, LA INFORMACIN y LISTN DIARIO. (En las notas estos documentos aparecen abreviados "RDS").
Secretara de Estado de Relaciones Exteriores, 1937. Memorndum de los Ministros Plenipotenciarios de la Repblica Dominicana en Washington, a los representantes diplomticos de los Estados Unidos de Amrica, Estados Unidos de Mxico, Cuba y Hait, relativo a las medidas que pueden adoptarse para evitar rozamientos entre la Repblica Dominicana y Hait con motivo de la solicitud de mediacin hecha por el gobierno haitiano el da 12 de noviembre, 1937. Ciudad Trujillo.
Trujillo Molina, Rafael Lenidas, 1932a. Proclama del Gral. Rafael Lenidas Trujillo M., Presidente Constitucional de la Repblica, a ios Agricultores Dominicanos. Santo Domingo.
-, 1932b. Cartilla Cvica para el Pueblo Dominicano. Ofrecida por el Seor Gral. Rafael
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Lenidas Trujillo M., Presidente Constitucional de la Repblica, con el deseo de ayudar a sus conciudadanos a pensar bien y a proceder de acuerdo con el honor y el patriotismo. San Jos de las Matas.
2. Libros y artculos
Atkins, George P./Wiison, Larman C, 1972. The United States and the Trujillo Regime. New Brunswick.
Bosch, Juan, 1961. Trujillo. Causas de una tirana sin ejemplo. Caracas.
-, 1986. Composicin social dominicana. Historia e interpretacin. Santo Domingo
(15a. ed.).
Cass, Robert, 1980. Historia social y econmica de la Repblica Dominicana, tomo 2. Santo Domingo.
Concepcin, J. Agustn, 1973. Borrachera de Trujillo determin matanza haitiana, en: AHORA!, nm. 491, 9-4-1973. Santo Domingo.
Crassweller, Robert, 1966. Trujillo. The Life and Times of a Caribbean Dictator. Nueva York.
Franco, Franklin J., 1966. Repblica Dominicana. Clases, crisis y comandos. La Habana.
Galindez Galvn, Jess de, 1962. L're de Trujillo. Anatomie d'une dictature latinoamri-caine. Paris. (Primera edicin en espaol: Santiago de Chile, 1956).
Gardlner, Clinton H., 1980. La poltica de inmigracin del dictador Trujillo. Estudio sobre la creacin de una imagen humanitaria. Santo Domingo.
Gimbernard, Jacinto, 1974. Historia de Santo Domingo. Santo Domingo.
Perkins, Whltney, 1981. Constralnt of Empire: the United States and Caribbean Interven-tions. Westport.
Prestol Castillo, Freddy, 1983. El Masacre se pasa a pie. Santo Domingo.
Quezada, Teresita, 1974. El Ejrcito Nacional y Trujillo en los primeros quince aos de su dictadura, en: EME-EME, Estudios Dominicanos, nm. 10, enero/febrero de 1974, pp. 105-117.
Rodman, Selden, 1964. Quisqueya. A History of the Dominican Republic. Seattle.
Spitzer, Daniel C, 1979. A Contemporary Poltica! and Socio-Economic History of Hait and the Dominican Republic. Ann Arbor.
Suter, Jan, 1990a. Die ersten Jahre des Trujillato. Prozesse der Entstehung und Institu-tionallslerung diktatorlaler Machtausbung in der Dominikanischen Republik, 1930-1938. Saarbrcken/Ft. Lauderdale.
-, 1990b. Elecciones no competitivas en el Trujillato. Manuscrito indito.
Wiarda, Howard J., 1970. Dictatorship and Development. The Methods of Control in Trujillo's Dominican Republic. Gainesville (2a. ed.).
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BREVE PANORMICA DEL TEATRO DE MANUEL RUEDA
Por Franklin Gutirrez*
En Manuel Rueda (Monte Cristi, Repblica Dominicana, 1921), se conjugan casi todos los aspectos de la cultura que conforman al intelectual mtegro: msico, poeta, dramaturgo, difusor cultural y pianista.
En 1939, cuando apenas tenia 18 aos, obtiene una beca para continuar sus estudios de msica en Chile. All permaneci hasta 1951. Eran aos brillantes para Chile. Las tres Residencias en la tierra y los Cantos generales, de Pablo Neruda, que repercutieron en todo el mbito cultural e intelectual latinoamericano de la poca; las piroc-tenias formales y las irreverencias verbales del Creacionismo de Vicente Huidobro; el impacto del primer premio Nobel de literatura para Amrica Latina, otorgado a Gabriela Mistral; el revuelo de los mandragoristas y su revista Mandragora. En fin, una serie de acontecimientos que daban a Chile en ese momento un lugar privilegiado en la cultura y la literatura de nuestro continente.
Ese ambiente y la estrecha amistad que cultiv con Huidobro proporcionaron a Rueda los medios necesarios para una formacin que, posiblemente, su pafs no le facilitara ya que la dictadura de Trujillo, instalada en la Repblica Dominicana en 1930, haba convertido la cultura y la educacin en productos asequibles slo para unos pocos.
* Ensayista y crtic; cte literatura dominicano. Co-fundador de la Casa de la Cultura Dominicana en la ciudad de New York.
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De esa manera, Rueda entra eni contacto con las vanguardias latinoamericanas y las asimila. De Huidobro aprendi el espfritu vanguardista, la visualidad de sus caligramas, el juego de las palabras y la organizacin sintctica que luego se manifestar en su poesa social, en su teatro y, muy especialmente, en su poesa plural, que toma cuerpo en 1974 cuando Rueda, en una conferencia ofrecida en la Biblioteca Nacional, el 22 de febrero de ese mismo ao, dio a conocer el Pluralismo; movimiento que plantea, diseminado por los diez puntosdesus postulados: a) la liberacin del verso desde lo lineal a lo espacial y multilineal; b) la consolidacin del bloque grfico-espacial como unidad referencial y, c) el acercamiento de la poesa a su fuente generadora: la msica.
Antes de llegar a la poesa plural, en la que a travs de sus conocimientos e investigaciones musicales y aplicando la simultaneidad musical logra una poesa que rompe con el plano visual tradicional de la linealidad, Rueda pasa por un proceso que va evolucionando desde sus primeros versos hasta completar una importante y significativa obra potica. En 1944, cinco aos despus de su partida a Chile, regresa al pafs en gira de conciertos musicales y se encuentra con un grupo de jvenes deseosos de ampliar los horizontes que, a la poesa nacional, haba impuesto el Postumismo de Domingo Moreno J imenes. Esos jvenes abogaban, aunque sin negar totalmente la herencia y la tradicin, por una poesa que fuera ms all de lo local, que se desprendiera ligeramente de su propia geografa y trascendiera los lmites de la isla. Concretamente, se identificaban con una "Poesa con el hombre universal".
As, bajo el lema de "Poesa con el hombre universal" nace la poesa "Sorprendida", grupo que marca uno de los momentos ms esplendorosos del quehacer potico nacional y del cual Rueda es uno de los ms valiosos representantes.
La produccin potica de Rueda comprende: Trptico (1949); Las noches (1949); Las noches (1953); La criatura terrestre (1963); Con el tambor de las islas (1975); Por los mares de la dama (1976) y, Las edades del viento (1979). Su labor teatral, que es el motivo de estas pginas, est compuesta por cinco obras: La trinitaria blanca (1 957); La ta Beatriz hace un milagro (1958); Vacaciones en el cielo (1961); Entre alambradas (1965) y, El rey clinejas (1979).
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En La trinitaria blanca, Rueda nos presenta el caso de una familia provinciana, de clase media que lucha por mantener sus principios morales y religiosos ocasionalmente puestos en peligro debido a que Miguelina, una de las integrantes del ncleo familiar, no logra resignarse a su condicin de solterona pacfica.
El tema de las solteronas est presente en casi toda la dramaturgia latinoamericana y se repite frecuentemente. En Rosalba y los Llaveros, de Emilio Carballido, est Aurora; en Los soles truncos, de Rene Marqus, aparecen Ins, Emilia y Hortensia y, en La trinitaria blanca, de Manuel Rueda, encontramos a Miguelina. Pero la diferencia entre Carballido, Marqus y Rueda radica en que las solteronas de los dos primeros pertenecen al mundo de la soltera irremediable, de la soltera que convierte a la mujer en un ser solitario, amargado. Carballido y Marqus hablan solamente de aquellas solteronas que, habiendo perdido toda posibilidad de vida en pareja, se dedican a rendirle culto a las normas establecidas por las sociedades tradicionales a las que ellas pertenecen.
La solterona de Rueda, por el contrario, rompe con el culto a la moral, irrespeta las opiniones de los dems, viola las costumbres de los parientes con quienes vive y es indiferente a los prejuicios y trivialidades de su clase social. Miguelina es una solterona inconforme con su condicin de soltera. Pero su inconformidad no es queja molestosa ni la coloca ante un indeseado acorralamiento que reduce toda su vida al cuidado de sus sobrinos y a los quehaceres del hogar. Ella se queja, ms que nada, porque el medio ambiente en que se desarrolla le impide actuar libremente. Por esa razn se ve en la necesidad de acudir a un recurso compensatorio. O sea, se sumerge en un mundo de alucinaciones, sueos y fantasas que culmina en una inesperada relacin sexual entre ella y Sebastin; pero una relacin falsa, que slo se produce en su mente. Con ese tipo de comportamiento Migue-lina logra romper toda la armona hogarea y empuja a sus parientes hasta un inquietante estado de desesperacin.
La trinitaria blanca es la primera obra teatral de Rueda y como obra inicial no logra la solidez estructural ni el desplazamiento del lenguaje dramtico de obras posteriores. Sin embargo, La trinitaria blanca rompe con el teatro directo y realista que se haca en la Repblica Dominicana en ese momento. En ella predomina un excesivo
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lirismo potico, un lirismo que, circunstancialmente, debilida la energa que requiere el lenguaje dramtico, pero que no llega a desviar el planteamiento inicial ni diluye la tensin generada por los conflictos entre Miguelina y su familia.
Respecto al marcado lirismo potico que caracteriza algunas de las escenas de La trinitaria blanca, Juan Gonzlez Chamorro, quien dirigi hbilmente el estreno de la obra, dice: "La obra me caus una excelente impresin, pero dndome cuenta de las complejidades que encerraban sus personajes, le aconsej que no tuviera prisa en estrenar, que cuidara su presentacin y que, con un tiempo, meditara sobre algunas escenas donde, a mi juicio, la gran vena lrica de Rueda se dejaba sentir quizs con exceso y en perjuicio del lenguaje directo y teatral que la intensa accin dramtica de la obra requera"1.
A La trinitaria blanca le sigue La ta Beatriz hace un milagro. En esa segunda obra Rueda retoma el tema de las solteronas, ya no como materia principal, sino ms bien como una simple referencia. Si en La trinitaria blanca la condicin de solterona de Miguelina proporciona los medios para el rompimiento del orden establecido, en La ta Beatriz hace un milagro esa misma condicin de soltera opera como un smbolo que sirve para fortalecer la bondad, la fe catlica y, a veces, el papel de directriz que generalmente desempea la ta Beatriz.
En La ta Beatriz hace un milagro Rueda tiene mayor dominio de la elaboracin de los parlamentos, los dilogos son ms densos y ms depurados y el lenguaje potico, excesivamente potico, usado en La trinitaria blanca empieza a ser sustituido por un lenguaje ms sobrio y ms tcnico. Ese avance en el dominio de la tcnica permite a Rueda penetrar las complejidades intrnsecas que articulan lo fantstico y lo extrao, como sucede con la ta Beatriz que, tres das despus de su muerte, estaba tan fresca y reluciente como si estuviera viva. La aspiracin de la ta Beatriz de que la materia de su cuerpo no se altere se corresponde con la aspiracin de continuar ejerciendo poder sobre los dems. Por eso, al entregar sus bienes a sus sobrinos exige que estos permanezcan observndola durante tres das para convencerse de que el espritu posee la facultad de conservarse por encima de la materia.
Fn su tercera, Vacaciones en el cielo, Rueda trabaja por primera
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vez el gnero de la comedia, detalladamente. Porque aunque l mismo clasifica La trinitaria blanca de comedia no es sino en Vacaciones en el cielo donde logra, mezclando lo cmico y lo satrico, la flexibilidad y el desplazamiento que necesita la accin dramtica para provocar risa en el espectador. El suspenso y la tensin que producen los conflictos de La trinitaria blanca se acercan ms a lo dramtico que a lo cmico.
El programa de Vacaciones en el cielo est ms orientado a criticar que a hacer rer. Rueda, como muchos escritores que escribieron durante la dictadura de Trujillo, senta la necesidad de denunciar algunos de los males de su poca. Pero la tirana trujillista estaba siempre al acecho de todo el que levantara la voz contra instituciones que, como la iglesia, desempeaban el papel de sostn del sistema. De ah que Rueda tenga que acudir a la comedia para expresar y dar a entender que los sacerdotes, adems de ser los supuestos representantes de dios en la tierra, tambin tienen derecho a la vida comn que hacen los dems hombres y eso era muy difcil expresarlo en la era de Trujillo sin que ello fuera considerado un puro acto de rebelda. Entonces, la comedia era el recurso ms apropiado para la denuncia, por lo que Rueda se vale de ella para alcanzar los propsitos perseguidos en Vacaciones en el cielo.
La trinitaria blanca, La ta Beatriz hace un milagro y Vacaciones en el cielo tienen en comn la poca, el lugar de accin y la presencia de una clase media tradicional que no quiere ceder ante el proceso evolutivo de las sociedades actuales. No obstante, difieren en la libertad expresiva y en el dominio tcnico que se va registrando, progresivamente, en cada una de ellas.
No sucede lo mismo con Entre alambradas, cuarta obra de Rueda. La dictadura de Trujillo ha desaparecido con el asesinato de ste, en 1961, los escritores recuperan la libertad de expresin usurpada durante tres dcadas y esa apertura facilita un mejor contacto con la realidad. A eso tambin se suma la guerra de abril de 1965, acontecimiento histrico que provoc la segunda intervencin norteamericana y que trajo consigo una total revisin del arte, la literatura y la cultura.
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Entre alambradas rompe el esquema ideolgico practicado por
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Rueda hasta ese momento. Su rechazo al teatro realista se vuelve contra sf mismo y el observador-analista distante que aparece a lo largo
de La trinitaria blanca, La ta Beatriz hace un milagro y Vacaciones
en el cielo se transforma en partcipe directo del hecho, en testimoniante inmediato. Entre alambradas es una obra fisonomista ya que en ella se retratan acontecimientos que son frutos de la experiencia y la participacin misma del autor. El propio Rueda dice: "esa obra hay que entenderla dentro de un tiempo histrico especfico y como materia testimonial de un episodio que fue vivido por m"2.
La alambrada referida en el ttulo es el cerco que tendieron los norteamericanos horas despus de su llegada a la ciudad de Santo Domingo, el 28 de abril de 1965 y que dividi la ciudad entre la zona militar y la zona rebelde. Los cinco personajes que componen la obra ofrecen un panorama descriptivo de la circunstancia que los envuelve. La vecina Ira. y la vecina 2da. representan al pueblo en su afn de vencer la inmoralidad y la intromisin de las tropas norteamericanas. La protesta de las vecinas contra el tipo de vida que lleva Canela es la preocupacin de un ncleo social que se mantiene apegado a la moral y a unos principios desfasados, aejos, que ya no tienen ninguna validez para Canela. Ella es una mujer libre, totalmente independiente, sin ataduras ni complejos, que ejerce la prostitucin porque las condiciones sociales y econmicas de su medio no le han proporcionado otra labor ms satisfactoria.
Jimmy, por su parte, es una de las tantas vctimas que ha elegido la maquinaria poltica norteamericana para expandir su dominio sobre los pueblos dbiles y aplastar los deseos libertarios de stos por medio de guerras desiguales. Jimmy es un joven soador, que sin darse cuenta ha cado en la miserable trampa de traicionar sus propios principios. Tanto l como Canela escenifican situaciones ajenas a sus verdaderas realidades. Ni ella quera ser prostituta ni l quera disparar contra personas que no eran responsables del inters de los Estados Unidos de controlar la voluntad del pueblo dominicano.
Para Canela era difcil comprender que un invasor, enviado con el exclusivo propsito de matar, estuviera dotado de la sensibilidad y la caballerosidad de Jimmy. Por eso la perplejidad la sacudi cuando ley las palabras escritas por ste en su diario moentos antes de ser asesinado. "Dios me conceda venir en tiempo de paz a conocer esta tierra bravia que da tan hermosas criaturas. Pido a ese mismo Dios le
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conceda a los dominicanos el recobrar la libertad que merecen".
Dani, contrariamente, es el punto obscuro del drama; el bueno opuesto al malo, una persona a quien no le preocupa ms que l mismo, dispuesto a conseguir lo que anhela sin importarle el precio que tenga que pagar su vctima. Dani es vil y cruel, pero tambin es exageradamente cobarde. Sobre todo, cuando tiene que buscar solucin a cualquier problema que se presente, sea creado por l o por alguna circunstancia extraa.
En 1979, casi tres lustros despus de la aparicin de Entre alambradas, Rueda publica y estrena su quinta obra teatral titulada El rey clinejas y en ella vuelve parcialmente a los postulados de La trinitaria blanca, La ta Beatriz hace un milagro y Vacaciones en el cielo, en los que se moldea la personalidad de acuerdo a la solucin que se da a los conflictos internos; donde se construye la realidad mediante la utilizacin de elementos del mundo exterior y donde, finalmente, lo onrico se convierte en materia de la cotidianidad.
El asunto de El rey clinejas es sencillo. El gobierno ha construido una nueva crcel y las autoridades tienen que encerrar a alguien para que el Estado no sea sealado como dilapidador del dinero del pueblo. Entonces, Mara, una vendedora de coconetes que transita de extremo a extremo las calles del pueblo, acusa al rey clinejas de ofender su dignidad. Pero el rey clinejas haba convertido su figura, barbuda, descuidada y de pelo largo, en un smbolo a travs del cual los nios del pueblo construyeron un mundo que, aun siendo falso para El cojo y Mara, representaba la realidad cotidiana de ellos. No obstante eso, se impone la fuerza de las autoridades por encima de la voluntad de los nios y al rey clinejas lo despojan de sus barbas largas, de su pelo abundante y de su vestuario andrajoso.
La decisin de las autoridades fue cruel ya que con ella destruyeron la fantasa y el entretenimiento que encontraban los nios en el rey clinejas, aunque el capitn crea que con su actuacin pona fin-a la incertidumbre ocasionada por un falso profeta que andaba por las calles violentando la moral ciudadana. El capitn estaba seguro de que el sometimiento del rey clinejas a la justicia era la mejor oportunidad para la inauguracin de la crcel que l administraba. Pero no es as, porque cuando Mara ve al rey clinejas fuera del disfraz que
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oculta su figura, queda aturdida ante la robustez y la elegancia de ste y termina retirando la acusacin contra Rosalindo Contreras, verdadero nombre del rey clinejas, razn por la cual la crcel tiene que continuar vacia.
En El rey clinejas, al igual que en todas las obras de Rueda, est presente muy bien delineada la denuncia social. En esta ocasin, es el modo de proceder de las autoridades carcelarias el mecanismo utilizado para validar el aparato represivo del gobierno. Realmente, la crcel no era necesaria. Pero ya construida se haca necesario patentizar su utilidad. Y fue el rey clinejas, por su carcter pacfico e inofensivo, el elegido para dicha patentizacin.
Quizs ante los nios, por su inocencia y por la influencia que el capitn ejerci sobre ellos, el rey clinejas qued como un vulgar farsante, como alguien que estaba escondiendo su verdadera personalidad para lograr prebendas personales. El rey clinejas, entre tanto, saba que no era as y al ser expulsado del pueblo decidi continuar con sus andanzas y seguir, como si se tratara de una misin quijotesca, contando cuentos a los nios para entretenerlos y para que stos fortalecieran la fe que alimenta el espritu de la inocencia.
Con La trinitaria blanca, La ta Beatriz hace un milagro, Vacaciones en el cielo, Entre alambradas y El rey clinejas, Manuel Rueda acerca el teatro dominicano al teatro latinoamericano contemporneo, pues su teatro no copia ni reproduce la realidad con la crudeza que la realidad misma contiene, sino que la representa. Es cierto que Rueda no trabaja abiertamente con el absurdo teatral latinoamericano de las ltimas dcadas, en el que el orden normal de las cosas perdi todo su sentido lgico. Pero sus textos seleccionan los elementos ms positivos de doctrinas y tendencias que no se quedan en lo teatral simple, en lo poltico ocasional. Rueda va ms all y ello le facilita penetrar lo filosfico existencial, la sicologa del individuo, lo que, en cierto modo, da a sus obras el carcter eclctico que fundamente al teatro latinoamericano de nuestros das.
NOTAS
1. Manuel Rueda. Teatro. Santo Domingo, R.D.: Editora del Caribe, C. por A., 1968, p 10.
2. Gutirrez, Eranklin. "Manuel Rueda y el teatro dominicano". Entrevista realizada en Santo Domingo, Repblica Dominicana, el 1ro. de diciembre de 1988.
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ARMAS DE FUEGO USADAS EN LAS LUCHAS CIVILES Y POR LOS CUERPOS ARMADOS DOMINICANOS (SIGLOS XIX Y XX)
Por Edwin Espinal Hernndez*
Antecedentes
Apunta el fallecido historiador militar Radams Hungra Morel en su obra "Calendas histricas y militares dominicanas" que hasta ms all de mediados del siglo XIX el mecanismo de disparo de las armas porttiles de fuego utilizadas en nuestro pas era el de percusin, en el cual una piedra de slice o pedernal golpeaba una pieza denominada rastrillo, produciendo la chispa que inflamaba la carga de plvora impulsadora de la bala. Tenan este sistema el trabuco, la pistola, la carabina y el fusil1.
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Ahora, bien, cul era el grado de eficacia del armamento que contbamos al aparecer ante el mundo como pas libre en 1844? El mismo autor nos comenta que era obsoleto2; confirma este aserto la frase de que los dominicanos "tenan ms confianza en el filo de sus machetes que en las balas de sus fusiles"3. Ciertamente, las municiones de esas armas eran esfricas, sin forma aerodinmica y adems el can era de anima lisa, o sea, sin los surcos que imprimen la debida rotacin al proyectil para que tenga una menor desviacin en relacin con el blanco apuntado4. Recordemos tambin que ese material
Estudiante de la carrera de Derecho en la PUCMM. Investigador del Instituto Dominicano de Genealoga. Autor del libro "Nosotros, la familia Pichardo Romn (estudio genealgico)".
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blico perteneca al ejrcito haitiano, nuestros dominadores durante 22 aos.
El Dr. Jos Mana Caminero, enviado por el gobierno dominicano ante el de los Estados Unidos en misin diplomtica en los primeros meses de 1845, con el objetivo principal de obtener el reconocimiento de la Repblica, realiz en ese pafs la compra de pertrechos y uniformes para nuestro naciente Ejrcito, con lo que los regimientos capitaleos 1o Dominicano y 2o Ozama fueron equipados para la guerra, lo que permiti que sirvieran de base para la integracin de la Primera Divisin del Ejrcito Libertador.
El Reglamento dictado por el Poder Ejecutivo en fecha 15 de julio de 1845, primera Ley Orgnica de nuestros cuerpos castrenses, prescriba el armamento de los cuerpos armados, adems de su manejo y entrenamiento5.
Las fuerzas dominicanas tambin nutran sus arsenales con los fusiles que, abandonados en retirada, dejaban los haitianos en el campo de batalla y que eran tomados como botfn de guerra6.
La compra de material desechado por otros pases fue una caracterstica de esta fase. Nos refiere el oficial Ramn Gonzlez Tablas, miembro del bien disciplinado, equipado y experimentado ejrcito espaol destacado en la Restauracin que las tropas dominicanas estaban conformadas por hombres que saban "malamente cargar y disparar" y "sin otro armamento que el que cada cual puede facilitarse, a excepcin de algn que otro caso muy raro, en que el gobierno poda repartir para muchos miles de hombres, algunos cientos de fusiles que regularmente sirvieron a otras naciones, y fueron desechados por intiles"7.
El comercio de armas con Hait signific una importante conexin indirecta con la industria armera norteamericana y europea. El general Manuel Mara Castillo seala en sus Memorias que. al encontrarse falto de armamento puso a disposicin del Gobierno Restaurador una partida de tabaco en rama para su venta en aquel pas a cambio de pertrechos8.
Los dominicanos tenan su base de abastecimiento\en el nordes-
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te de Hait, pues por los puertos de Cabo Haitiano y Fort Libert llegaban buques norteamericanos con armas y pertrechos, parte de los cuales eran adquiridos por los patriotas en su esfuerzo por derrotar a los espaoles. Muestra de ello son el fusil que posey el procer Matas Ramn Mella y una carabina que perteneci al general Marcos Adn, ambas de fabricacin norteamericana, ao 1864, que posee el Museo Nacional de Historia y Geografa9.
Indudablemente que armas ms modernas como el revlver y el fusil de repeticin llegan a nuestro pas al tiempo que se producen en Europa y Estados Unidos grandes conflictos blicos que trajeron la masificacin de la produccin, posibilitada por las tremendas innovaciones en la tecnologa industrial en las dcadas finales del siglo XIX10.
El gobierno de Heureaux destinaba ms de un 50% del presupuesto nacional a los Ministerios de Interior y Polica y Guerra y Marina en inters de mantener equipados al ejrcito y sus diferentes organizaciones11. La calidad de las milicias, es decir su organizacin y equipamiento, tuvo cierto progreso en los aos de fortalecimiento de la dictadura. Los arsenales estaban bien equipados, no obstante las precarias situaciones financieras.
En susMemorias, los gobernadores reconocan! la atencin del gobierno de mantener equipados sus arsenales y sealaban que esto les permitan defender la plaza por ellos representada en cualquier momento. Heureaux se enorgulleca de este logro y en uno de sus discursos explicaba el porqu: "Ello se debe a necesidades de un Estado como el nuestro, y no debe olvidarse de las contingencias a que puedan dar lugar las perturbaciones del orden pblico"12.
An conociendo la fcil condicin subversiva del pas, Heureaux nunca quiso desarmar a la poblacin civil, pues segn sus propias declaraciones no quera gobernar "un pas de gallinas"13.
La atencin de Heureaux por el armamento del ejrcito era tal que su Cdigo Telegrfico (1895) contena una Seccin de Guerra donde informaciones tales como nmero y tipo de armas, calibre y cantidad de municiones eran solicitadas en clave. As, las diferentes armas utilizadas tenan extraas denominaciones: "egosta" era el
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Remington francs calibre 43; "egoite" el Remington americano calibre 50-70; "egoteo" el brogocito calibre 50-70 norteamericano; "egotina" un brog o fusil americano calibre 58 y "egotito" el rifle de calibre 12 mm.14.
Las armas calibre 45-70, 50-70 y 58 (Remington y brogos) eran llamados "Pata de mulo" ya que su gran fuerza de retroceso era similar a la patada de uno de estos animales. Los 45-70 y los 50-70 eran de retrocarga (cargados por detrs); los 58 de avangacarga (alimentados por el can). Su can era recortado para que fueran fcilmente transportables bajo la ropa15.
El Remington, que disparaba un solo tiro a la vez, surgi en 1861 cuando el inventor norteamericano Eliphalet Remington recibi un contrato estatal para la construccin de 10,000 mosquetones reproduciendo la lnea del rifle US Springfield calibre 58 y de avangacarga utilizado por el ejrcito de su pas, recibiendo el nombre de Remington Zuavo16.
Con presencia en el pas desde el siglo XIX, todava en 1913, en la revolucin contra el gobierno de Monseor Nouel, era utilizado17. Exista tambin el remitin, de can ms corto18.
Este fusil goz de tan amplia aceptacin en nuestros encuentros armados que el mocano Octavio Guzmn Carretero en su obra "Solazo" le dedica un poema y alude al mismo con el singular eufemismo de "viejo signo de Patria":
Viejo signo de Patria,
cuando pasaste sembrador de crimen
el rbol cay muerto
la parcela grit reseca y simple;
el ro renegado se dio turbio,
y en las amargas despedidas y en los lutos crecidos
de la puerta del campo o del solar sin mazorcas
se cuaj bien maduro el dolor del camino
("El Remington")19
Brog era la denominacin criolla de un tipo de fusil que lleg aqu desde Estados Unidos va Hait de calibre 58. Brogocito era una
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modalidad de brog de menor calibre (el 50)
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En 1893, Lilsadquira armamento de la casa "A. Bertrand & Fils" ubicada en la regin belga de Lieja21 donde se producan toda clase de armas cortas y largas tanto en industrias como en gran cantidad de talleres incluso de tipo familiar. En dicha zona destaca la ciudad de Herstal donde en 1889 el gobierno belga fund la Fbrica Nacional de Armas de Guerra para producir el fusil Muser 1888, bajo patente adquirida a la fbrica alemana Waffenfabrik Muser22.
De ese conocido y apreciado fusil de repeticin, facturado para los ms importantes ejrcitos del mundo23, llegaron aqu modelos argentinos 1898, 7.62 mm. y de retrocarga. El modelo KAR-98-K tuvo como representantes aqu las versiones de fusil y carabina24.
La expresin "lengua de MuserM, haciendo referencia a una persona muy habladora, proviene claramente de esta arma larga.
Otra arma que nos lleg va Hait procedente de Blgica fue la llamada vega haitiana, corruptela de belga, haciendo alusin a un tipo de fusil fabricado en aquel pas europeo25.
El brog, la vega haitiana y en menor cantidad el Muser mantuvieron al igual que el Remignton amplia vigencia en el tiempo, pues constituyeron el potencial armado de los dominicanos que enfrentaron a los norteamericanos en La Barranquita en 191626.
III
El revlver, arma corta de repeticin que corresponde a un estado evolutivo anterior al de la pistola semautomtica27 tuvo amplia difusin en el pas, al punto de ser el instrumento materializador de los asesinatos de los presidentes Ulises Heureaux (1899) y Ramn Cceres (1911).
El Presidente Heureaux en el enfrentamiento con sus asesinos utiliz un Smith and Wesson calibre 38 (9 mm.)28. Este revlver, de gran aceptacin en el pblico al ser fcilmente transportable bajo la ropa y til en aquellas circunstancias en que el usuario se ve agredido desde una distancia muy corta29 tal como fue su caso fue usado
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con dificultad por el tirano debido a una lesin en su brazo derecho. Esta imposibilidad fsica le impidi una reaccin defensiva rpida, ganando sus adversarios la ventaja de gran blanco que l ofreca.
Uno de sus asesinos utiliz probablemente un arma de fabricacin norteamericana pues en el experticio realizado a sus restos en 1980 se hall una bala identificada como de calibre 4430, que a nuestro juicio puede pertenecer a un arma calibre 44-40.
El revlver Remington de ese calibre se us aqu desde 1880 en adelante31.
El revlver Colt, de amplia profusin en las filas del Ejrcito,
era llamado "de 12 y "de 9 haciendo referencia a los milmetros de dimetro del can. Los "de 12M (calibre 45) eran conocidos con el apodo de "Peacemaker" (Pacificador), designacin que se le dio al famoso Colt Army 1873 que tan activamente intervino en lasvguerras contra los indios del Oeste norteamericano32. El Colt "de 9M (calibre 38) era denominado "Army SpecalM33.
No hemos podido obtener el nombre de un revlver que en nuestro pas recibi el nombre de "prate ah". Era de calibre 36, con sistema de percusin y de presumible factura belga. Constitua un peligro tanto para el agresor como para el agredido ya que si se caa varios disparos escapaban en todas direcciones34.
Las innumerables guerras intestinas, de las que estas armas fueron la base hicieron que la arquitectura incluyera nuevos elementos. Durante el rgimen de Lilis comenzaron a aparecer las casas de galera alta que tenan como basamento un zcalo de mampostera a veces de ms de 6 pies de altura en su interior, con gruesos muros, que en poca de revueltas eran utilizados como refugio; cuando los zcales no eran tan altos como para esa misin se cavaba un subterrneo que funga como tal35
Espordica fue la presencia en nuestro pas de la Parabellum 7.65 mm. (luego 9 mm.). Bella y de lneas aerodinmicas, esta mtica pistola semiautomtica alemana, naci a fines del siglo pasado y fue el ejrcito suizo en reconocer sus virtudes declarndola reglamentaria en 190236; fue la reglamentaria del ejrcito alemn en la Primera
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Guerra Mundial y se considera una de las mejores del mundo junto a la Colt 1911 y la Walther p-38. Ya exista aqu'en 1900 y tuvo difusin mayoritaria en la poblacin civil.
Cachaf era una designacin que abarcaba a todo tipo de arma de fuego, corta o larga, en uso o no, pero con la imprescindible caracterstica de que an disparara al momento de empuarse37.
La Guardia Republicana, que dio origen a la frase "preso por la Guardia *e Mon" tena en su haber armamentista carabinas38, que eran fusiles de can ms corto.
Todava en el gobierno de Mon Cceres el contacto con Hait para el negociado de armas se mantena, pues la rebelin jimenista encabezada por Desiderio Arias en la Lnea Noroeste en 1906 tena el territorio haitiano como punto de refugio y abastecimiento para el mantenimiento de la guerra de guerrillas39.
IV
El fortalecimiento del Estado fue una de las tareas principales del ejrcito norteamericano de ocupacin en 1916 y en ese sentido una de sus preocupaciones primordiales fue el desarme general de la poblacin civil y con ello la liquidacin de las diferentes bandas armadas que sustentaban el poder de los caudillos regionales y locales, fuente constante de inestabilidad. Esa situacin mereci que el autor Henry Franck nos endilgara el nombre de "The land of bulletholes" (La tierra de los agujeros de bala)40.
El desarme buscaba adems la desintegracin de los diferentes cuerpos armados que operaban en el pas (Ejrcito, Guardia Republicana y Polica Municipal) para dar paso a una sola institucin: la Guardia Nacional Dominicana, que ejercera el monopolio legtimo de la fuerza. Los norteamericanos dejaron a su salida un ejrcito bien equipado y profesionalizado.
El armamento de las tropas de ocupacin se compona entre otras de pistolas Colt modelo 1911 y Colt 38 "Army Special"; rifles Springfield modelo 1906, ametralladoras Vickers-Colt, ambas calibre 0.30; fusiles M-1903 A1 y Benet Merciersal41.
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La pistola semiautomtica Colt 1911 calibre 45, tambin denominada Modelo del Gobierno fue adoptada por el Ejrcito de los Estados Unidos y permaneci en servicio hasta 1985, ao en que tras los concursos y pruebas de rigor, se declar como reglamentaria la Beretta-92-SB-F.
El uso de la Colt en nuestro pas y en lugares como Filipinas, Corea, Vietnam, la I y II Guerra Mundial han constituido durante esos 73 aos de vigencia un excelente banco de prueba, que la han llevado a ser considerada como la mejor pistola militar de todos los tiempos junto a la Walther p-3842.
Hemos visto como nuestro pas se nutri de armas europeas y norteamericanas y como su uso fue prolongado ms all de su vida til, desarrollndose contiendas y nutrindose los cuerpos armados con un material blico que dejaba mucho que desear.
An asf, ellas fueron las que decidieron los destinos de los gobiernos y revoluciones de ese perodo de nuestra historia republicana.
NOTAS
1. "Calendas histricas y militares dominicanas". Radams Hungra Morel, Volumen I, Museo Nacional de Historia y Geografa, 1987, p. 68 a 70.
2. Op. cit. p. 104.
3. Del Relato hecho por Marcos A. Cabral en el folleto "De entrega a Salnave", Santo Domingo, Imprenta La Cuna de Amrica, 1903, copiado por Hungra, pgs. 221-222.
4. Informacin de Csar Franco, Director del Archivo Histrico de Santiago.
5. Hungra, op. cit. p. 165-166.
6. Op. cit. p. 208 y 169.
7. "Historia de la dominacin y ltima guerra de Espaa en Santo Domingo", Ramn Gonzlex Tablas, Madrid, 1870, p. 27.
8. "Mi vida pblica (Memorias)", Manuel M. Castillo, Listn Diario, 12 de agosto de 1913.
9. "De Capotillo a Puerto Plata", Radams Hungra M., Suplemento del Listn Diario, 7 agosto, 1982.
10. "Las Inmigraciones y su aporte a la cultura dominicana (finales del siglo XIX y principios del siglo XX)", Jos del Castillo, en "Ensayos sobre cultura dominicana", p. 172, Amigo del Hogar, 2da. ed. 1988.
11. "Ulises Heureaux: Biografa de un dictador", Mu-Kieng Sang, INTEC, 1989, p. 141.
12. Op. cit. p. 95.
13. Notas de Nicanor Jimnez, Archivo Histrico de Santiago.
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14. "Habla Lilis (Un documento secreto)**, Carlos Dobal, Coleccin Orfeo, Biblioteca Nacional, p. 88.
15. informacin de Csar Franco, Director AHS.
16. "Armas cortas del siglo XX'*, Gustavo Venero, Hobby Press, Madrid, 1985, p. 77.
17. "Amrico Lugo puso toda su fe en el nuevo Consejo de Estado de Bordas Valdez", Manuel de Js. Man Arredondo, Listn Diario, 25 febrero, 1990, p. 9.
18. Informacin de Csar Franco, Director AHS.
19. "Las letras en Moca**, Bruno Rosario Candeller, Suplemento Isla Abierta, Peridico Hoy, 14 septiembre, 1985, p. 18.
20. Informacin de Csar Franco, Director AHS.
21. "El pueblo dominicano (1850-1900)", Harry Hoetink, PUCMM, 1985, p. 143.
22. Venero, op. cit. p. 77. [
23. dem, p. 7.
24. Informacin de Csar Franco, Director AHS.
25. "La Batalla de la Barranquita", Manuel Rodrguez Bonilla, Ed. Universitaria, UASD, 1987, p. 36.
26. dem.
27. Venero, op. cit. p. 1.
28. "Lilis lo llevaba consigo al caer en Moca el 26 de julio de 1899", Romn Franco Fondeur, La informacin, 27 de julio, 1989.
29. Venero, op. cit. p. 367.
30. Dobal, op. cit. p. 14,
31. Informe de Csar Franco, Direc+or AHS.
32. Venero, op. cit. p. 355.
33. dem, p. 354.
34. Informe de Csar Franco, Director AHS.
35. "Viviendas neoclsicas de Santiago**, presentacin de Romn Franco Fondeur a trabajo de Francisco Gil, La Noticia, 11 y 12 de febrero, 1987.
36. Venero, op. cit. p. 20.
37. Informacin de Don Orlando Pichardo.
38. "Ramn Cceres", Pedro Troncoso Snchez, Ed. Stella, 1964, p. 394.
39. dem p. 263 a 265.
40. "Roaming through the West Indies", 1921, N.Y., The Century Co.
41. Hungra, op. cit., p. 274. Rodrguez Bonilla, op. cit. p. 36 e informe de C. Franco.
42. Venero, op. cit. pgs. 353, 358 y 359.
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SAMANA EN LA DIVISIN POLTICA DE LA ISLA

Por Efran Baldrich Beauregard
Segn los cronistas, a la llegada de los espaoles, los tamos estaban agrupados en cinco grandes confederaciones o cacicazgos.
V
Inmediatamente despus de descubierta la Isla, se inician los cambios en su divisin territorial, cambios estos que se operarn en todas las etapas del Gobierno Colonial.
Las invasiones y dominacin haitiana trajeron consigo alteraciones en nuestra divisin poltica, lo mismo que la anexin a Espaa y nuestra Independencia Nacional.
Saman, como la mayora de pueblos, no ha estado ajena a estos cambios siendo uno de los ms afectados, pues ha sufrido 17 cambios en su divisin polftica, desde 1756 hasta 1959.

Habiendo pertenecido en diferentes pocas y en repetidas oca siones a las jurisdicciones de La Vega, Santiago y El Seibo.
Al momento del descubrimiento de la Isla, Saman era uno de los 21 Nitanos que componan el Cacicazgo de Magua, cuyos lmites eran los siguientes: al mar, costa entre los cabos Isabela y San Rafael, lindando al norte y al oeste con el Ocano Atlntico, al sur Cordillera Central, que lo separaba de los cacicazgos de Higey y Maguana, y por el oeste con el cacicazgo de la Maguana y el de Marin. La capital cabecera o asiento principal donde resida el Cacique, se encontraba
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cercano al actual Santo Cerro, cerca de la ciudad de La Vega.
Desde su fundacin, iniciada el 21 de agosto de 1756, Saman pas a ser una Parroquia de La Vega, hasta el ao de 1801.
El gobierno invasor haitiano, en 1801, coloc a Saman como Parroquia del Departamento Norte o Cibao, de acuerdo a la Constitucin del 19 de mayo de 1801.
El 13 de julio de 1801, al proclamarse la "Ley sobre participacin territorial", Saman fue convertido en Distrito y Parroquia del Departamento del Cibao. La Constitucin haitiana del 20 de mayo de 1805 que dividi el pas en 6 Divisiones Militares, tambin afect a Saman! Este qued como Segundo Distrito de la Divisin Norte, de acuerdo a la nueva divisin poltica de la Isla. Durante el perodo llamado de la Espaa Boba, esto es, de los aos 1810 a 1821, fue Parroquia del Partido del Este o del Seibo.
En la poca de la ocupacin haitiana del 1822, fue anexada al Departamento del Cibao con la categora de Comn. En esas condiciones se mantuvo hasta las postrimeras del perodo de la ocupacin haitiana, cuando en fecha 11 de julio de 1843, por decreto del Gobierno Provincial, pas a ser Comn de la jurisdiccin del Cantn de Santiago, en el Departamento del Cibao. Luego de la Independencia Nacional, el decreto nmero 14 del 24 de julio de 1844, de la Junta Central Gubernativa, la convirti en Comn del Departamento del Seibo; y la "Ley Sobre Administracin Provincial", nmero 40, de fecha 9 de junio de 1 845, en Comn de la Provincia del Seibo.
Durante la anexin a Espaa, por resolucin de fecha 24 de agosto de 1861, el Gobierno Colonial le otorg la categora de cuasi provincia, pues Saman fue elevada a Gobierno Poltico y Militar con Sabana de la Mar como Comandancia de Armas, cuyo territorio com-prenda, adems de la Pennsula, una legua alrededor de las costas sur y oeste, desde Punta Mangle hasta Cao Colorado que hasta entonces formaban parte de la jurisdiccin del Seibo.
Los gobiernos polticos militares resultaron ser las provincias que existan, que eran: Azua, Santo Domingo, La Vega, El Seibo y Santiago, a las cuales se le agregaba Saman.
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Al ser restaurada la Repblica, la constitucin del 14 de noviembre de 1 865 erigi a Saman en Distrito Martimo, correspondindole la misma jurisdiccin que tena como comn del Seibo. Esto a la vez introdujo un nuevo elemento en la divisin poltica del pas, ya que los Distritos Martimos slo se diferenciaban de las Provincias por el nombre, pues tenan guales gobiernos y prerrogativas que las Provincias y se les otorg representacin congresional completa, esto es, senador y diputados. La constitucin del 26 de septiembre de 1866 ratific el nuevo Distrito Martimo.
El Congreso Revisor de 1907 aprob la Constitucin del 14 de junio de 1907. Esta derog la jurisdiccin de distrito martimo y estableci que "el territorio nacional se divide en provincias y stas a su vez se subdividen en comunes".
As Saman pas a ser denominada Provincia, conformada por las Comunes de Saman, su Cabecera, Snchez y Sabana de la Mar.
Mediante la Ley Nmero 1525 del 27 de junio de 1938, la Comn de Sabana de la Mar le fue segregada a la Provincia de Saman y agregada a la de El Seibo. Y por la Ley 1526 de la misma fecha, la Comn de Matanzas, luego Nagua, que perteneca a la Provincia Duarte, fue agregada a Saman, reducida en algunas de sus secciones. Hasta el 27 de marzo de 1958, cuando se cre la Provincia Julia Molina, hoy Mara Trinidad Snchez, con efectividad al primero de enero de 1958, la Provincia de Saman estuvo conformada por las Comunes de Saman, Snchez, Nagua, y Cabrera reincorporada sta ltima el 1 ero. de agosto de 1945, y sus secciones rurales y la ciudad de Saman como Comn Cabecera y Provincia del mismo nombre,
NOTAS
1. Moya Pons, Frank. Manual de Historia Dominicana. 8va. Edicin, pg. 7. Universidad Catlica Madre y Maestra, Santiago, Rep. Dom.
2. Rodrguez Demoriz!, Emilio. Saman: Pasado y Porvenir. 2da. Edicin. El Caribe, C x A, pg. 44. Santo Domingo, 1973.
3. Tejada, Miguel Adriano. Las Provincias de la Repblica Dominicana. Historia y Origen de sus nombres. Eme-Eme Estudios Dominicanos. Volumen II nmero 12, mayo-junio, 1974, pgs. 137-140-143. Editora Cultural Dominicana, S.A., Santo Domingo.
4. Tolentino Rojas, Vicente. Historia de la Divisin Territorial, pgs. 5-152-155-193-283-426-427. El Diario, Santiago, 1944.
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COLOFN
Esta edicin de 1,000 (un mil) ejemplares de eme eme, correspondiente al Vol. XIX, Nos. 90-91 septiembre, 1991, abril, 1992, se termin de imprimir en el mes de noviembre de 1992 en Editora Taller, C. por A., Isabel la Catlica 309, Santo Domingo,
Repblica Dominicana.






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