Title: eme eme : Estudios Dominicanos
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Title: eme eme : Estudios Dominicanos
Physical Description: Book
Publisher: Universidad Católica Madre y Maestra
Publication Date: Mayo-Agosto 1989
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Bibliographic ID: PUCMMA0011
Volume ID: VID00085
Source Institution: Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra - Recinto Santo Tomás de Aquino
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el
O
Poesa y Crtica Literaria
Lupo Hernndez Rueda
Economa Rural de la Repblica Dominicana: Una Nueva Visin de los Problemas Agrarios
Pedro Juan del Rosario
Inmigracin Italiana en Santiago
Ediuin Espinal Hernndez
Acercamiento a la Critica sobre Pedro Henrfquez Urea
Franklin Gutirrez
Vida, Ambicin y Muerte del Conquistador Lucas Vsquez De Aylln
Carlos Do bal
Documento: Creacin de la Audiencia de Santo Domingo. 1511
Vt RITAS IT SCIfMTlA
1 2
Vol. XV No. 83 Mayo/Agosto 1989




CONTENIDO
Poesa y Crtica Literaria
Lupo Hernndez Rueda .................................3
Economa Rural de ta Repblica Dominicana: Una Nueva Visin de los Problemas Agrarios
Pedro Juan del Rosario .................................17
Inmigracin Italiana en Santiago
Edw in Espin al Hern n dez ...............................77
Acercamiento a la Crtica sobre Pedro Henrquez Urea
Franklin Gutirrez ....................................95
Vida, Ambicin y Muerte del Conquistador Lucas Vsqgez De Aylln
Carlos Do bal ........................................107
Documento: Creacin de la Audiencia de Santo Domingo. 1511. 125


EME-EME
Estudios Dominicanos
Revista Cuatrimestral
Directora: Bienvenida Polanco
Director Fundador : Hctor Inchustegui CabraI
Consejo de Edicin:
Monseor Nez Collado, Rector
Radhams Meja
Rafael Emilio Yunn
Carlos Dobai
Jos Luis Alemn, S. I.
Adriano Miguel Tejada
Danilo de los Santos
Bruno Rosario Cande!ier.
Fecha de inicio: Junio, 1972
Composicin: Alfredo de Js. Pea
Diagra marin: Chame Romn Pea
Impresin:
Impresora Editora Tefilo [Departamento de Publicaciones
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATLICA MADRE Y MAESTRA
Derechos reservados
Santiago, Repblica Dominicana, 1989


poesa y critica literaria
Lupo Hernndez Rueda*
Discurso de ingreso a la Academia Dominicana de la Lengua.
Es para m un hecho honroso y significativo ingresar en calidad de Miembro de Nmero, a esta lustre Academia Dominicana de la Lengua.
Me honra y compromete igualmente, la circunstancia de suceder a un preclaro dominicano que en vida fuera Presidente de esta prestigiosa institucin, don Carlos Federico Prez y Prez, poeta, ensayista, diplomtico, novelista, profesor universitario y crtico literario, miembro de una familia que tradicionalmente ha destacado por su cultura y dedicacin a las letras y por su noble y desinteresado comportamiento social.
Difcil es ocupar el Silln de quien en vida supo juntar ejemplarmente sencillez e inteligencia con laboriosidad y sensibilidad esttica.
De su polifactica labor ciudadana e intelectual, admiro su prosa limpia y la solidez de su crtica literaria, certera y lcida, que a-lumbra la poesa dominicana desde los das de la colonia hasta el postmodernisno. Su Evolucin Potica Dominicana1 mereci en 1956 el Premio Nacional de Literatura. Adems de ponderada y justa y fielmente informativa, destaca esta obra por su inters didctico. En ella se estudia, sin prejuicios ni apasionamientos, la obra literaria de los aos oscuros por lejanos y por la escasez de fuentes, de los comienzos de nuestra literatura.
Carlos Federico Prez y Prez fue un lector extraordinario de nuestra poesa, un lector que supo captar y transmitir la intuicin creadora, y con nobleza expresiva. Su capacidad receptora registra y transmite generosamente sus experiencias, sin descuidar la expre-
Abogado dominicano, varias veces Premio Nacional de Literatura; poeta y ensayista. De la Academia Dominicana de la Lengua.
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sin. Las cualidades que Dmaso Alonso observa en el crtico, "profunda y amplia intuicin receptiva, como lector y poderosa intuicin expresiva, como transmisor"2, adornan su persona y crtica literaria.
Se trata, realmente de un clsico de la crtica literaria dominicana. Cuando escribe su evolucin potica, es ya un intelectual formado, que ha impartido durante aos, la enseanza universitaria sobre los temas tratados, siendo su intuicin el producto de la lectura, la investigacin serena y el estudio, reflexin e intuicin conjugados, que arriban al orden, al equilibrio y a la armona.
Carlos Federico Prez y Prez no discrimina, valora en tono respetuoso y ecunime, despertando el inters y la sensibilidad ajena. Toma conciencia de sus predecesores, de lo que ha sido la obra potica anterior a su tiempo, y lo hace con sentido de responsabilidad, consciente de la escasez de fuentes, de la pobreza de obras y estudios crticos en el rea de su inquietud. No le mueve nicamente un inters histrico-literario, sino que siente la necesidad de arrojar luz en lo desconocido y poco estudiado y en hacer algo que sus contemporneos y predecesores no han hecho. Afronta con paciencia y serenidad esta labor. Le mueve el incentivo de su amor a la literatura, su vocacin de poeta, la tradicin familiar, y la conciencia del deber de hacer y dejar un testimonio crtico sobre la obra potica de los que estn cronolgicamente atrs, pero no muy lejos de nosotros. En el campo de la crtica literaria nacional no est solo; Manuel de Jess
Pea y Reynoso3, Pedro Henrquez Urea4, Flrida de Nolasco5, Joaqun Balaguer6, Pedro Rene Contn Aybar7, Hctor Inchuste-
gu Cabral8, Antonio Fernndez Spencer9, Mariano Lebrn Savi-
n10, le acompaan; y ms recientemente, Vctor Villegas11,
Abelardo Vicioso12, Mara del Carmen Prosdocimi de Rivera13,
Bruno Rosario Candelier14, Jos Alcntara Almnzar15, Daysi
Coceo de Filippis1 6, y otros no menos importantes o de ms reciente
afloramiento1 7.
La crtica literaria capta y transmite la intuicin potica; hace ms comprensible su misterio, alumbra el proceso de la creacin; su relacin con otras realidades. Su funcin es comunicar, transmitir descubrir su intimidad, y desnudar sus secretos. El crtico recibe el impacto, experimenta la emocin, se identifica con la obra y da cuen-
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ta de ello con la mayor fidelidad posible. Pero, como la poesa misma, la crtica tiene algo ms que dar y comunicar, que no es, precisamente, comunicar placer ni transmitir conocimiento, ni las experiencias del cambio social o del progreso tecnolgico, ni informar o per-sualidr al lector de las ideas personales del crtico (o del poeta). Tampoco es comunicar los hechos que, real o supuestamente, a juico del crtico, motivan la creacin potica o que de un modo u otro, precedieron o influyeron en su elaboracin, ni se limita al anlisis temtico, estruturalista, psicolgico o psicoanalista del texto. La otra funcin de la crtica literaria es de orden social, y consiste en conservar, purificar y enriquecer la lengua, funcin que la acerca a los objetivos esenciales de esta ilustre Academia.
Como bien ha dicho Eliot, "todo buen poeta, sea o no gran poeta, tiene algo que darnos aparte del placer: porque si fuera slo placer, en s no sera de los ms elevados. Fuera de cualquier intencin especfica que pueda encerrar la poesa, siempre hay la comunicacin de alguna experiencia nueva, o alguna interpretacin nueva de lo ya conocido, o la expresin de algo que hemos experimentado para lo cual no hallamos palabras, que ampla nuestro conocimiento o depura nuestra sensibilidad1 8.
La gran aventura de la crtica literaria es una labor de intuicin al tiempo que de razonamiento. Cunto hemos aprendido de la buena crtica! Pero cuntas veces el crtico se pierde o es cegado por el resplandor que emana de la poesa, de la invencin potica.
La crtica sana acerca la superrealidad potica al lector, y, la poesa, como la rosa andariega del poeta, es el asombro que alumbra la palabra, motiva el gozo, conmueve el alma y los sentidos, y pone el ser en movimiento, comunicando su gracia que la crtica descubre a veces, y otras queda atrapada en su arrobo, en el misterio de su
asombro. Y es que el misterio potico desborda la obra del propio creador y motiva mltiples respuestas.
Saint John Perse, en su discurso ante la Academia Sueca al recibir el premio Nobel de Literatura19 hace un elogio de la poesa que comparto y me permito repetir ahora:
"Fiel a su oficio, que es el de profundizar el misterio mismo del
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hombre, la poesa moderna se interna en una empresa cuya finalidad es perseguir la plena integracin del hombre. No hay nada pticoen esta poesa, tampoco nada puramente esttico. No es arte deembal-samador ni de decorador. No cra perlas de cultivo ni comercia con samador ni de decorador. No cra perlas de cultivo ni comercia con lacros ni emblemas, y no podra contentarse con ninguna fiesta pero no hace de ella su fin ni su nico alimento. Negndose a disociar el arte de la vida, y el amor del conocimiento, es accin, es pasin, es poder y es renovacin que siempre desplaza los lindes. El amor es su hogar, la insumisin su ley, y su lugar est siempre en la anticipacin...libre de toda ideologa, enlaza al presente, todo lo
pasado y lo porvenir, lo humano con lo sobrehumano y todo el espacio planetario con el espacio universal".
No se trata de una "sacralizacin de la poesa", ni de la "supervaloraron del poeta", como dira Digenes Cspedes, sino de un juicio de valor acertado. La aventura potica no es una experiencia ordinaria, por eso la poesa sobrevive a los cambios de la crtica y del gusto literario, y al inters temporal por temas, teoras y procedimientos de moda en una poca o tiempo determinados.
Hace aos le en un ensayo de poesa,que "escribir un poema es una experiencia original; la lectura de ese poema por el autor u otra persona, es cosa distinta"20. Pienso que el anlisis cientfico, producto de continua relectura, para "describir", "para ver cmo est hecho por fuera y por dentro" el texto potico, es tambion otra experiencia diferente. La poesa no puede aislarse como un elemento fsico mediante tratamientos fros, racionales,cientficos que evitan en
lo posible la subjetividad que acompaa el contacto con ella o tratan de explicar sus componentes, sus orgenes. Tampoco es posible vaciarla en frmulas generales derivadas del estudio de los procedimientos poticos predominantes. La obra literaria se vive y aprecia en su conjunto, siendo imposible despojar su lectura de la personalidad del lector. Incluso, la propia relectura de un texto por el mismo lector es una nueva experiencia. Manuel Rueda, con el Pluralismo demostr originalidad combinando los ms variados y diversos materiales y recursos, hasta alcanzar un nuevo todo. Con el tambor de las Islas logra un excelente ejemplo de lo que la invencin potica es capaz de producir con elementos nuevos y tradicionales proyectados con
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originalidad y dominio del lenguaje. De este modo, el poeta cumple con su misin de fortalecer y enriquecer la lengua.
Muchas veces, el poeta trabaja sobre lecturas, y sus vivencias, recientes o pasadas, llegan a la obra despersonificadas. Otras veces, escribe instintivamente. No se trata de una revelacin mstica, sino de una iluminacin intuitiva, sin que el poeta a veces sea capaz de ofrecer una explicacin razonable. Generalmente, el poeta puede hablar sobre su experiencia creadora, de lo que ha querido decir, pero esto necesariamente no es lo expresado en el texto ni lo sentido o captado por el lector. Con esto quiero dejar dicho que a veces el poeta no logra expresar la intuicin cabalmente; que "en un poema -como ha dicho Eliot- puede haber mucho ms de lo que sabe el autor"21; que la rigurosidad del anlisis cientfico es susceptible,
eventualmente, de condicionar o prejuiciar la lectura; que la fra separacin de los elementos del texto es incapaz de esclarecer el misterio de la poesa. Por eso, comparto el criterio de quienes no consideran necesaria la desintegracin o diseccin de sus elementos para la comprensin o el disfrute de la emocin potica.
La explicacin causal del poema, los alardes de erudicin, las conjeturas subjetivas, pasionales, estticas, polticas o grupales sobre el texto (o el autor), eventualmente generan error o confusin. A veces, los datos sobre un poema desinforman. La percepcin crtica puede ser errnea. La obra potica de un autor determinado suele contener referencias reales sobre su vida personal, pero tambin hay mucha invencin e intuicin creadora. Rubn Daro, por ejemplo,
alude a este detalle en su poema "Cancin de Otoo en Primavera"2 2. Despus de cantar varias experiencias de amor, dice:
M Y las dems, en tantos climas, en tantas tierras, siempre son, sino pretexto de mis rimas, fantasmas de mi corazn!'.'
Quien no ha sido favorecido con el don de la poesa, no podr, an mezclando los elementos habituales del texto potico hacer poesa. La experiencia potica es compleja e inexplicable. El misterio que la envuelve es el fruto de su propia naturaleza y de los misterios que explora la poesa.
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No sena justo interpretar cuanto he dicho como una negativa de mritos a la nueva crtica. Cada poca, cada generacin trae una nueva actitud crtica, producto de que contempla la obra potica desde su altitud vital, para decirlo con una expresin de Ortega y Gasset23 Y es que la crtica literaria, como todas las cosas, como la vida misma, cambia. El poeta tambin. El mismo lector se transforma. El gusto y las preferencias colectivas igualmente evolucionan. Mltiples factores inciden en este fenmeno. Esto explica y justifica la diversidad de mtodos que desde la antigedad a nuestros das, han florecido en el campo de la crtica literaria, los cuales corresponden a la natural evolucin de las deas y al desarrollo de la ciencia y la sociedad.
Como ensea Wallek24 "Desde el Renacimiento hasta el siglo XVIII la historia de la crtica consiste en establecer y difundir una concepcin de la literatura...Sus fuentes son Aristteles, Horacio, Quintiliano, Longino. "El neoclasisismo -dice- es una fusin de Aristteles con Horacio". Esto separ la teora crtica de la prctica literaria, "que sigui su camino con absoluta independencia". Pero este distanciamiento ha ocurrido siempre y persiste an en nuestros das.
Es muy antigua la dicotoma esttica de forma y contenido, a pesar de que ha sido actualizada recientemente en obras y teoras contemporneas. Tambin es antigua la dea integral de la obra de arte. Aristteles mismo la concibe como un todo. Platn, en Fedro, ve el discurso como "un ser vivo". Estas deas no han perdido validez, se repiten y reproducen en obras recientes, directa o indirectamente. Cada poca las retoma y acoge con flexibilidad. A fines de la Edad Media, la razn combate la autoridad de Dios. Pero, despus de varios siglos de racionalismo, emerge la emotividad romntica. Realismo y naturalismo, subjetivismo y racionalismo, ciencia y poesa, son variantes de la dicotoma humana, del cuerpo y el alma, la materia y el espritu. En el fondo de las nuevas metodologas de estudio de la literatura y las artes, como afirma Kahler, est "la compleja y paradjica relacin entre la conciencia y el inconsciente"2 5.
La movilidad de la cultura, las nuevas categoras de apreciacin del arte, el cambio que traen los tiempos explican y justifican tambin la reciente afloracin de obras y teoras de metodologa y
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crtica literaria, las que, a pesar de consistir en sistemas de razonamiento e investigacin, a posteriori, son susceptibles de esclarecer procedimientos de la creacin literaria. Se trata, en verdad de un complejo panorama que no se agota con las corrientes ms conocidas o de la preferencia de ciertos grupos o personas, entre las que cabe citar el Estructuralismo, las teoras marxista y neomarxista de la literatura, la Esttica de la Recepcin y la Semitica. Sin dudas, el pensamiento crtico ha crecido y evolucionado hasta desarrollar grandes teoras conforme a las cuales, "para la interpretacin de los textos literarios y consideracin de la literatura como un modo especfico de comunicacin, son necesarias las teroras de la literatura"26, las
cuales como afirman los profesores holandeses Fokkema e Ibsch, "han contribuido a la construccin de un metalenguaje en cuyo seno se puede estudiar la literatura sistemticamente", y sin el cual "no parece posible la discusin cientfica sobre los elementos componentes de la literatura y la historia literaria". De este modo, afirman, el nico camino abierto para el desarrollo futuro de la disciplina de teora literaria, "es la construccin de conceptos generales y modelos que expliquen los desvos individuales y den cuenta de la base histrica de todas las literaturas"27. Pero, en poesa no hay frmulas exactas. No es posible medir la poesa. El racionalismo y el rigor cientfico pueden generar tanto dao como el subjetivismo y el irraciona-lismo.
Las nuevas teoras literarias facilitan la comprensin y el estudio de la literatura, de un texo potico. Su multiplicidad revela lo complejo y rico del fenmeno potico. La naturaleza de la poesa hace posible que nunca pueda ser develado su misterio por la razn o el anlisis cientfico. Incluso, en las teoras semiticas de Eco y en la esttica de la recepcin, se admite "que a los signos se pueden asignar sentidos que no estaban en la intencin del emisor"28. Esto, ajuicio de Fokkema e Ibsch, es una tendencia subjetivista que "abre las puertas al crecimiento indiscriminado de significaciones". Wellek ya haba demostrado que "la crtica ms santirromntica, que repudia mucho de la poesa romntica y algunas de las pretensiones metafsicas que los crticos de entonces anticiparon para la poesa, "ha hecho una airosa mezcolanza de conceptos clsicos y romnticos con aportes provenientes de la semntica, la sociologa, el psicoanlisis, la antropologa y otras ciencias29. De ah su criterio de "la continuidad de la tradicin crtica".
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La intencin y la prctica del estudio cientfico, no pueden desdearse. Pero, el terico cientfico se distingue del crtico literario. Este, est provisto de una sensibilidad y formacin personales ms prximas al poeta que el socilogo, el psicoanalista, el historiador, el erudito, el pensador, el cientfico. Con esto quiero dejar dicho que la poesa no puede ser medida con los instrumentos de la ciencia porque responde a otras exigencias, de no menos valor. Los moldes de la ciencia no son los del arte. El paralelismo entre ambos es insostenible. No es que la ciencia sea inferior o superior al arte. No es que la poesa sea superior o inferior al psicoanlisis, a las matemticas y dems ciencias, ni viceversa. Sencillamente, son cosas diferentes, regidas por leyes distintas. No quiero decir con esto que el poeta sea algo sobrenatural, un ser extraterrestre que convive con los humanos, totalmente ajeno a la ciencia, ni que la poesa sea un anticipo del porvenir, aunque en poesa se hayan producido vaticinios. El poema Proletario de Rubn Suro es un ejemplo de esto ltimo. Pero la misin proftica no es funcin de la poesa ni de la crtica literaria.
La crtica coetnea corre el riesgo de la ceguera. La proximidad al fenmeno potico contemporneo puede producirle miopa o deformacin de la percepcin. El riesgo es mayor cuando el crtico escribe poesa30 o es un apasionado de los postulados del razonamiento cientfico, el sectarismo, o de determinada ideologa poltica31 A veces, el poeta se aventura a la crtica circunstancial-mente, sin propsito de hacer de ella objeto permanente de su dedicacin. Otras veces, incursiona en este dominio en inters de refutar opiniones que considera errneas, o para esclarecer momentos o perodos literarios de inters, o rescatar poetas importantes en olvido, o que han contribuido a su formacin o tocado su sensibilidad profundamente. En fin, Son mltiples los motivos que mueven al poeta a incursionar en la crtica literaria. Mi incursin en esta materia obedeci al propsito de hacer un lugar dentro de la literatura dominicana a la Generacin del 48, injustamente menospreciada32. No se trata, como entiende Digenes Cspedes33 de "una peticin de canonizacin del grupo". Su juicio denota animosidad. Su valoracin carece de objetividad crtica. Su opinin de que los poetas del 48 se autodenominan Generacin del 48 movidos por un "inters...narcisista y poltico a la vez" es completamente errnea. La verdad es otra y muy simple. Mximo Aviles Blonda narra la for-
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ma circunstancial de tal audodenominacin 34 No hubo ni hay el inters que Digenes Cspedes contempla. Atribuir al grupo la creencia de que el autocalificarse de generacin literaria "es una garanta de poeticidad"35 es otra apreciacin subjetiva igualmente errnea. Tampoco en momento alguno el grupo del 48 (o uno de sus miembros) ha dicho o juzgado o credo "que la poesa comenz con l y que los cambios o innovaciones de importancia solamente se produjeron en su reinado"36. Hay mucha deformacin en estos
juicios e interpretaciones. Como ha escrito Wallek37 "La valoracin correcta nace de la correcta comprensin".
Pienso que carece de relevancia la discusin sobre si la Generacin del 48 es una generacin literaria o una generacin histrica. Mayor inters reviste el examen de si estos poetas integran una misma generacin con los poetas ms jvenes de La Poesa Sorprendida38. El problema, como afirma Baeza Flores, "depende del concepto abarcador-cronolgico de una generacin"39. De ah la diversidad de criterios, dependientes del concepto aplicado.
No quiero terminar estas palabras sin dejar constancia de mi agradecimiento a quienes, de un modo u otro, han hecho posible mi ingreso a esta lustre institucin. A ellos y a todos los aqu presentes, va mi gratitud y mi reconocimiento.
Contrariamente al rtulo que segn Dante se lee a la entrada del infierno, en el umbral de la Academia Dominicana de la Lengua bien podra leerse uno que diga: "Todos los aqu presentes, han ganado la esperanza", pues han contrado el compromiso de luchar, firme y constantemente, por conservar, purificar y enriquecer nuestra lengua.
NOTAS
1) Carlos Federico Prez y Prez, EVOLUCIN POTICA DOMINICANA, Poblete, Buenos Aires, 1956.
2) Dmaso Alonzo, ANTOLOGA CRITICA, Escelicer, Madrid.
3) Manuel de Jess Pea y Reynoso (1834-1915), reputado crtico literario de su poca. Analiz las FANTASAS INDGENAS, de Jos Joaqun Prez (1845-1900), e hizo
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un estudio crtico de Enriquillo, de Manuel de Jess Galvn, (1834-1910). Se distingui adems como educador, periodista y poltico.
Pedro Henrquez Urea (1884-1946), humanista de vigorosa personalidad; de vasta y extraordinaria cultura; investigador, crtico literario, y profesor universitario. Autor de ENSAYOS CRTICOS (La Habana, 1905); del estudio Literary Currents in Hispanic America (Cambridge, 1945); LA VERSIFICACIN IRREGULAR EN LA POESA CASTELLANA (Madrid, 1920); OBSERVACIONES SOBRE EL ESPAOL EN AMERICA; SEIS ENSAYOS EN BUSCA DE NUESTRA EXPRESIN (Buenos Aires, 1928); LITERATURA DOMINICANA ) (Pars, 1917); OBRAS DE ESTUDIO (Pars, 1910); LITERATURA DOMINICANA; LA CULTURA Y LAS LETRAS EN SANTO DOMINGO (Buenos Aires, 1936; EL ESPAOL EN SANTO DOMINGO (1940); PLENITUD DE ESPAA (1940), y numerosos ensayos literarios sobre escritores nativos de los siglos XVI, XVII y XVIII, incluyendo estudios sobre la poesa de Salom Urea de Henrquez, Gastn F. Deligne y otros.
Flrica de Nolasco (1891-1976), notable y extraordinaria investigadora y crtica de arte, catedrtica de folklore, de literatura y de historia de la msica; pulcra y talentosa crtica literaria. Autora de LA POESA FOLKLRICA EN SANTO DOMINGO (Santiago, 1946), RUTAS DE NUESTRA POESA (Premio Pedro Henrquez Urea 1952); SANTA TERESA DE JESS A TRAVS DE SUS OBRAS (Santiago, 1959);
PEDRO HENRQUEZ UREA (Santo Domingo, 1966), y de numerosos ensayos entre los que cabe citar estudios sobre Flix Mara Delmonte y Tirso de Molina.
Joaqun Balaguer (1907), culto y fecundo escritor; ha publicado entre otras, las siguientes obras sobre crtica literaria: AZUL EN LOS CHARCOS (Bogot, 1941); LETRAS DOMINICANAS (Santiago, 1944); LOS PROCERES ESCRITORES (Buenos Aires, 1957); SEMBLANZAS LITERARIAS (Buenos Aires, 1948); LITERATURA DOMINICANA (Buenos Aires, 1950); COLON, PRECURSOR LITERARIO (Buenos Aires, 1958); y ENSAYOS Y DISCURSOS, entre los cuales destaca El Culto de Idioma en Santo Domingo (discurso de ingreso a la Academia de la Lengua). Es autor adems, de importantes obras didcticas de carcter literario, como NOCIONES DE MTRICA CASTELLANA (Santiago, 1930) y de una HISTORIA DE LA LITERATURA DOMINICANA (Ciudad Trujillo, 1955).
Pedro Rene Contn Aybar (1907-1981), principal crtico literario de su tiempo; poeta, ensayista, dramaturgo y crtico de arte. Su obra crtica no ha sido recogida en libros; aparece en los Cuadernos Dominicanos de Cultura y en la prensa local. Autor de una excelente antologa de la poesa dominicana (ANTOLOGA POTICA DOMINICANA, Santiago, 1943), y de una ANTOLOGA DE LA LITERATURA DOMINICANA, en colaboracin con Vicente Llorens Castillo y Hctor Inchustegui Cabral (Santo Domingo, 1944). Fue crtico de arte de los diarios La Opinin, y colaborador de La Nacin y el Listn Diario. Entre sus ensayos de crtica literaria cabe citar: FEDERICO GARCA LORCA, POETA POPULAR; TENDENCIAS DE NUESTRA
LITERATURA CONTEMPORNEA (Cuadernos Dominicanos de Cultura No. 1, Pg. 91); SOBRE FAUNA Y FLORA; POTICAS DOMINICANAS (Cuadernos Dominicanos de Cultura No. 2, Pg. 21); COMO LEER A NUESTROS POETAS (Cuadernos Dominicanos de Cultura No. 15, Pg. 1); Notas Acerca de la Poesa Dominicana (Cuadernos Dominicanos de Cultura No. 41, Pg. 3); NOTAS ACERCA DE LA POESA DE FRANKLIN MIESES BURGOS (Cuadernos Dominicanos de Cultura No. 57, Pg. 3); La Poesa de Osvaldo Bazil (Revista Dominicana de Cultura, enero 1956, Pg. 7);
LA INFLUENCIA DE RUBN DARO EN LA LITERATURA DOMINICANA; La INVENCIN POTICA; LA POESA DE SALOME UREA.


8) Hctor Inchustegui Cabral (1912-1979), poeta, autor de una importante labor como crtico literario. Ha publico De LITERATURA DOMINICANA SIGLO VEINTE (Santiago, 1968), y numerosos artculos y ensayos sobre poesa, entre los que cabe mencionar EN POS DEL SECRETO DE LA MALAVENTURA DEL ROMANCE (Cuadernos Dominicanos de Cultura No. 1, Pg. 97) y NACIONALIDAD Y LITERATURA (Cuadernos Dominicanos de Cultura No. 6, Pg. 93).
9) Antonio Fernndez Spencer (1922), notable poeta y crtico literario, dueo de una cultura ecumnica y profunda. Es Premio Nacional de Literatura 1963, por su libro de ensayos y crtica literaria CAMINANDO POR LA LITERATURA HISPNICA. Autor de una excelente ANTOLOGA DE LA POESA DOMINICANA (Nueva Poesa Dominicana, Madrid, 1953), precedida por un estudio crtico de su autora, y de numerosos ensayos de crtica literaria, entre los cuales destacan La Visin Familiar en la Poesa de Joaqun Balaguer; La Plenitud del Ser, del Mundo en el Cndito de Jorge Guillen; Borges, Crtico Literario; Vicente Huidobro: Creador de una Nueva Visin Potica; La Poesa Exteriorista Nicaragense; El Poeta y su Crtica; Lo Ms Real de la Realidad en la Poesa de Manuel Joglar Cacho; Cul es la Historia de Yeli-d; Vctor Hugo, Poeta pico o Lrico?; Introduccin a la Poesa Espaola Actual (Revista Dominicana de Cultura, enero 1956).
10) Mariano Lebrn Savn (1922), poeta, profesor universitario, culto, laborioso investigador y crtico literario, autor de una excelente y documentada HISTORIA DE LA CULTURA DOMINICANA, en 5 volmenes (Universidad Nacional Pedro Henrquez Urea, 1951-1952), y de diversos ensayos sobre crtica literaria.
11) Vctor Villegas (1924), poeta, Director de la Revista Yelid. Autor de diversos ensayos de crtica literaria, tales como PANORMICA DE LA LITERATURA DOMINICANA; de una semblanza y seleccin de la poesa de Pedro Rene Contn Ay-bar, y de una ANTOLOGA DE LA POESA PETROMACORISANA.
12) Abelardo Vicioso (1930), poeta profesor de literatura, catedrtico de historia y literatura de la Universidad Autnoma de Santo Domingo. Autor de numerosos ensayos de crtica literatura, entre los que cabe citar: NERUDA: ITINERARIO DE UNA
POESA COMBATIENTE; EL PROBLEMA DE LOS ORGENES DE LA LITERATURA DOMINICANA; POESA Y NACIONALISMO EN LA REPBLICA DOMINICANA; La Luz de las Muchedumbres en Pablo Neruda;el Papel de los Intelectuales en la Hora Actual; Jos Mart y el Concepto de Nuestra Amrica. Ha publicado; Santo Domingo en las Letras Coloniales (1979), El Freno Hatero en la Literatura Dominicana (1983).
13) Mara Prosdocimi de Rivera (19 ), nacida en Buenos Aires, dominicana por matrimonio, profesora de castellanos, literatura y latn. Ha estudiado literatura francesa y latinoamericana, alcanzando en Toulouse la maestra en literatura comparada. Es colaboradora permanente del Suplemento Cultural del diario El Caribe. Ha publicado LA POESA DE FREDDY GATON ARCE UNA INTERPRETACIN (Ediciones Siboney, 1983), y estudios especiales sobre la POESA DE MXIMO AVILES BLONDA Y OTROS POETAS, as como numerosos artculos comentando diversas obras poticas.
14) Bruno Rosario Candelier (1941), profesor universitario, crtico literario e investigador lingstico. Estudi en Espaa filosofa hispnica, lengua y literatura espaolas. Destaca como crtico literario. Ha publicado: LO POPULAR Y LO CULTO EN LA
POESA DOMINICANA (PUCMM, 1977), ENSAYOS CRTICOS (1982), LA IMAGINACIN INSULAR (Siboney, 1983), ENSAYOS LITERARIOS (1986), TENDENCIAS DE LA NOVENA DOMINICANA (1988), LA CREACIN MITOPOE-
TICA, y diversos artculos y ensayos literarios.
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15) Jos Alcntara Almnzar (1946). Socilogo. Destaca en la narrativa y en la crtica literaria, donde goza de bien ganado prestigio. Ha realizado en ei exterior estudios de literatura francesa y norteamericana, y escrito numerosos ensayos sobre literatura latinoamericana. En el campo de la crtica ha publicado: ESTUDIOS DE POESA DOMINICANA (Alfa y Omega, 1979), ANTOLOGA DE LA LITERATURA DOMINICANA (1972), IMGENES DE HCTOR INCHAUSTEGUI CABRAL (1980), NARRATIVA Y SOCIEDAD EN HISPANOAMRICA (Intec. 1984).
16) Daysi Coceo de Filippis (1949). Reside en New York; especializada en literatura espaola e inglesa. Ensea lengua espaola y literatura en el Departamento de Extranjeros de York Collage (Cuny). Ha publicado ESTUDIOS SEMIOTICOS DE POESA DOMINICANA (Taller, 1984); Del DESCONSUELO AL COMPROMISO: LA POESA D ADA CARTEGENA PORTALATIN (Taller, 1988); SIN OTRO PROFETA
QUE SU CANTO, antologa y estudio crtico de poetisas dominicanas (Taller, 1988). Ha publicado tambin (en la Revista Yelid), Altazor, o el Canto del Hombre Solitario, y guila o Sol? o el Fracaso del Surrealismo como Camino de la Trascendencia.
17) Cabe citar entre otros intelectuales qe han ncursionado en la crtica literaria, a Manuel Valldeperes (1902- ? ), reputado crtico de arte, autor de diversos trabajos de crtica literaria publicados en la prensa local, entre los cuales se incluye: DOS POETAS DOMINICANOS (Cuadernos Dominicanos de Cultura No. 8, Pg. 9); EL MUNDO INTERIOR DEL POETA (Cuadernos Dominicanos de Cultura No. 35-36, Pg. 3, la Supervivencia Potica); CUATRO POETAS Y SU INFLUENCIA (Cuadernos Dominicanos de Cultura No. 49, Pg. 7); Mara Ugarte (1914), madre de la Generacin del 48; Manuel Rueda (1921), culto y polifactico intelectual y artista, Direc-tro de Isla Abierta, Suplemento Cultural del diario Hoy. Autor de EL DECIR DE LA POESA, y de numerosos escritos sobre poetas, poesa y movimientos literarios;
y de una valiosa ANTOLOGA PANORMICA DE LA POESA DOMINICANA CONTEMPORNEA; Esthervina Matos, autora de ESTUDIOS DE LITERATURA DOMINICANA (Pol Hermanos, 1955); Rafael Valera Bentez (1924), quien ha escrito diversos estudios y trabajos de crtica lieraria, entre los que cabe citar POESA CONOCIMIENTO Y MISTERIO, Un Poeta y la Funcin Potica; Ramn Francisco (1929), autor de LITERATURA DOMINICANA 60 (PUCMM); Alberto Pea Legrn (1930), poeta y crtico literario, quien ha publicado MATERIA Y FORMA EN LA POESA DOMINICANA ACTUAL, LA GENERACIN DEL 40Y OTROS ENSAYOS; Marcio Veloz Maggiolo (1936), AUTOR DE CULTURA, TEATRO Y RELATOS EN SANTO DOMINGO (PUCMM); Mariann.e de Tolentino, quien destaca en la
de arte, y ha escrito numerosos artculos de crtica literaria; Digenes Cspedes (1941), pujante crtico, doctorado en Literatura; (mencin potica) en la Universidad de Pars, Profesor de Esttica y Literatura de la Universidad Autnoma de Santo Domingo. Ha publicado: ESCRITOS CRTICOS (1976); SEIS ENSAYOS SOBRE POTICA LATINOAMERICANA (1983) (Premio Nacional de Ensayo 1985); ESTUDIOS SOBRE LITERATURA, CULTURA E IDEOLOGAS (1983), y LENGUAJE Y POESA EN SANTO DOMINGO EN EL SIGLO XX (1985). Dirige la revista Cuadernos de Potica; Manuel Matos Moquete 19 ), autor de CULTURA DE LA LENGUA y diversos artculos; Carlos Curiel, Andrs L. Mateo, Jos Mrmol y otros no menos importantes.
18) T. S. Eliot, SOBRE LA POESA Y LOS POETAS, Sur, Buenos Aires, 1959, Pgs. 10-11.
19) Revista TESTIMONIO, No. 5, junio 1964, Santo Domingo, Pgs. 319-320.
20) T. S. Eliot, FUNCIN DE LA POESA Y FUNCIN DE LA CRITICA, Seix Barral,
Barcelona, 1968, Pg. 137.
21) T. S. Eliot, SOBRE LA POESA Y LOS POETAS, cit., Pg. 24.
22) Rubn Daro, POESA, Aguilar, Madrid, Pg. 8.
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"Cada generacin representa cierta altitud vital, desde la cual se siente la existencia de una manera determinada". Jos Ortega y Gasset, El Tema de Nuestro Tiempo, Esposa-Calpe, Argentina, 1941, Pg. 14. "Hace aos seal -dice Eliot- que cada generacin aporta a la contemplacin del arte sus propias categoras de apreciacin, tiene sus propias exigencias frente al arte y lo emplea para sus propios fines. Pero no s si tuve presente el hecho de que una obra importante de crtica literaria puede alterar y dilatar el contenido del trmino crtica literaria" (SOBRE LA POESA Y LOS POETAS, cit., pg. 105). Seala como ejemplo, que la obra crtica de Coleridge, que fij la importancia que para la crtica tienen la filosofa, la esttica y la psicologa; y una vez que Coleridge hubo introducido esas disciplinas, los futuros crticos slo pueden prescindir de ellas por su cuenta y riesgos...En verdad, puede decirse que la crtica actual desciende directamente de Coleridge" (Eliot, ob. cit., Pg. 105).
Rene Wellek, HISTORIA DE LA CRITICA MODERNA, Credos, Madrid, 1959, Pg. 36.
Erich Kahler, LA DESINTEGRACIN DE LA FORMA EN EL ARTE, Siglo XX, Mxico, 1978, Pg. 36.
D. W. Fokkema y Qpud Ibsch, TEORAS DE LA LITERATURA DEL SIGLO XX, Ctedra, Madrid, 1984, Pg. 15.
Fokkema e Ibsch, ob. cit., Pg. 25. Fokkema e Ibsch, ob. cit., Pg. 216. Rene Wellek, ob cit., Pg. 15.
"Cuando el poeta habla o escribe sobre poesa, dice Eliotejercita facultades y padece limitaciones peculiares; si tenemos en cuenta estas ltimas, apreciaremos mejor las primeras -advertencia que hago a los poetas mismos y tambin a quienes leen lo que se dice sobre poesa...creo que el inters de los escritos crticos de los poetas, de los cuales ha habido ejemplos notables, se debe en gran parte al hecho de que el poeta, en el fondo, aunque no sea ese su propsito ostensible, trata siemprede defender el tipo de poesa que l hace, o de exponer qu tipo de poesa quiere escribir. En especial si es joven, y si est activamente entregado a luchar por el tipo de poesa que practica, ve la poesa del pasado en relacin con la propia, y tal vez resulte exagerado en su gratitud a los poetas ya muertos de quienes ha aprendido o en su indiferencia por aquellos cuya meta le ha sido ajena. No es tanto un juez cuanto un abogado. Es probable que hasta sus conocimientos sean parciales: porque sus estudios lo habrn llevado a concentrarse en ciertos escritores dejando de lado otros. Y cuando teoriza sobre la creacin potica, es probable que generalice un tipo de experiencia; cuando se aventura en el terreno de la esttica, es probable que resulte menos y no ms capaz que el filsofo; y lo mejor sera que se limitara a proporcionar a este ltimo los simples datos de su introspeccin. En suma, lo que escribe sobre poesa debe valorarse en relacin con la poesa que escribe" (Sobre la Poesa y los Poetas, cit., Pgs. 19-20).
Este apasionamiento es susceptible generalmente de producir error en la percepcin de la obra potica, o de conducir al crtico por caminos completamente ajenos al campo de la crtica literaria, o a opiniones que denoten prejuicios o resentimientos personales, sociales o de grupo. En fin, es susceptible de restar ecuanimidad y objetividad al anlisis crtico.
Vase "Los Poetas del 48 y sus crticos", dentro de La Generacin del 48 en la Literatura Dominicana (PUCMM, 1981), Pgs. 49-58). "Se advierte -dice Baeza Flores-sin mucha dificultad, y esto tiene una lgica de tipo psicolgico, que Hernndez Rueda lo que desea es subrayar la personalidad de los poetas de EL SELBO VULNERADO
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-que la tlenenrsln duda- y, como LA POESA SORPREND DA est en una cronologa Inmediata y casi avasalladora, Hernndez Rueda busca una formacin distinta, sin la influencia de La Poesa Sorprendida para los poetas de EL SELBO VULNERADO" (Alberto Baeza Flores, La Poesa Dominicana en el Siglo XX, Biblioteca Nacional, 1986, Pg. 501).
33) Digenes Cspedes, LENGUAJE Y POESA EN SANTO DOMINGO EN EL SIGLO XX, Editora Universitaria UASD, 1985, Pgs. 314-318.
34) Mximo Aviles Blonda, El Caribe, 28 de abril de 1973; Vase adems, Lupo Hernndez Rueda, LA GENERACIN DEL 48 EN LA LITERATURA DOMINICANA, Pgs. 25-26; y A. Baeza Flores, LA POESA DOMINICANA EN EL SIGLO XX, Tomo III, 1986, Pgs. 496 y 504.
35) Digenes Cspedes, ob. cit., Pg. 316.
36) Digenes Cspedes, ob. cit., Pg. 52. 37 Rene Wellek, ob. Cit. Pgs. 17-18.
38) Alberto Baeza Flores ha "propuesto dividir esta generacin en dos grandes promociones: la que abarca a los ms jvenes de LA POESA SORPRENDIDA, y la que incluye a los poetas del 48" (Baeza Flores, La Poesa Dominicana en el Siglo XX, tomo II, PUCMM, Pgs. 32-38, y tomo III, 1986, Pg. 492). "Algunos, errneamente, -dice Mariano Lebrn Savin (Listn Diario del 5 de noviembre de 1988)- quisieron horadar un abismo entre La Poesa Sorprendida y la Generacin del 48, con estril desmedro de ambos grupos. En eso consisti el error; porque ambos movimientos tuvieron sus esencias y valores, sus ascensos y cadas, pero fueron en ltima instancia cenitales en un tiempo en que importaba hacerlo". Lo cierto es que es muy corta la diferencia de edad entre los integrantes de uno y otro grupo; que ambos grupos coexisten en un medio y tiempo determinados, y tienen mucho en comn, pero tambin conservan sus diferencias, valores y esencias particulares.
39) Alberto Baeza Flores, ob. cit., tomo III, pg. 492.


"ECONOMA RURAL DE LA REPBLICA DOMINICANA: UNA NUEVA VISION DE LOS PROBLEMAS AGRARIOS"
Por Pedro Juan del Rosario*
INTRODUCCIN Este trabajo tiene tres objetivos fundamentales:
1. Poner en discusin algunas de las teoras econmicas prevalecientes en el marco analtico de las polticas relacionadas con los problemas rurales dominicanos.
2. Proponer un enfoque distinto para abordar la cuestin agraria dominicana: el anlisis espacial dentro de una visin que utiliza el sistema agrario como unidad de anlisis. Esto es, un "enfoque sistmico" del problema rural.
3. Postular la necesidad de descubrir y revalorizar las estategias de sobrevivencia del campesino, con miras a desarrollar una alternativa global y socialmente aceptable para enfrentar la crisis de la agricultura dominicana: una "visin campesina" para el desarrollo rural.
Los argumentos que aqu'se presentan tienen su origen, primero en la revisin de alguna literatura que trata de la cuestin agraria en el Tercer Mundo en general, y en la Repblica Dominicana en particular. Segundo, en las discusiones sostenidas dentro del equipo de investigadores que han participado en el Proyecto "Teledeteccin del Uso del Suelo en la Repblica Dominicana". Tercero, en el trabajo de campo realizado a travs de una gran parte del territorio dominicano. Y cuarto, en las entrevistas con personas que de una u otra manera estn relacionadas con los problemas del campo.
Este trabajo es un esfuerzo inicial para sistematizar los mltiples
*Director del Centro de Estudios Urbanos y Regionales CEUR y del Departamento de Economa, Pontificia Universidad Catlica Madre y Maestra.
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elementos que han surgido de las fuentes mencionadas anteriormente.
No obstante, la compleja realidad del campo dominicano desborda, sin duda, este esfuerzo.
"Tratan de forzarlos para producir lo que otros necesitan incluso al precio de matarlos de hambre, quieren que consuman lo que otros venden aunque no haga falta, que aprendan lo que les denigra, que voten por quienes los engaan y explotan, que aplaudan a quienes los desprecian y que, adems, confiesen su culpa como los causantes del atraso del pas".
(Warman, 1981: 10)
1. HACIA UN NUEVO ENFOQUE TERICO. 1.1 Un Marco Terico Errado.
Desde el punto de vista terico, la naturaleza de la economa campesina o la "cuestin campesina", ha sido abordada a travs de distintos enfoques. Muchos de stos han conformado el marco del anlisis para la toma de decisiones de la pol tica agraria dominicana.
Dos enfoques son importantes en los planteamientos sobre la problemtica rural dominicana.
1) Aquel que considera la cuestin campesina como "un resabio socio-cultural del pasado". De ah'que se utilicen trminos como "economa aldeana", "economa atrasada" "economa feudal", "economa pre-capitalista", para referirse a la economa campesina. En esta visin se considera la economa campesina como una etapa pasajera en el proceso de desarrollo y, en muchas ocasiones, se presenta al campesinado como un obstculo que hay que hacer desaparecer para dar paso a la "modernizacin".
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Es asi' que muchos de los promotores del "modernismo", mediante el desarrollo de la agricultura empresarial y la industria manufacturera de base urbana, "quieren aniquilarlos (a los campesinos), borrarlos a cualquier precio. Hasta los crrticos del avance capitalista coinciden, con frecuencia inusitada, en que su desaparicin no slo es inevitable sino que sera muy saludable". (Warman, 1981: 10).
Esta visin se enmarca dentro de los enfoques del desa-rollo que considera a las sociedades perifricas escindidas en dos polos: el moderno y el tradicional. Cada uno de estos polos desarrolla su propia dinmica independientes una de otra. Lo tradicional se mueve paralelamente a lo moderno, constituyendo lo que ha venido a llamarse una "sociedad dual".
El subdesarrollo, por tanto, se explica por la dinmica interna de lo tradicional. Lo "moderno" (entendido al estilo de los pases centrales) es el motor del desarrollo.
Segn Prez Luna (1985), este enfoque ha llevado a definir la agricultura campesina (lo "tradicional") "como un estado de equilibrio econmico alcanzado por la agricultura a travs de un largo perodo de tiempo". La pobreza del campesino es vista entonces sin conexin alguna con lo que ocurre en los sectores no-campesinos, ni con la dinmica de los procesos industriales urbanos, ni con el complejo econmico internacional.
2) Este otro enfoque analiza la economa campesina como si estuviera regida por la misma lgica de asignacin de los recursos productivos que cualquier tipo de economa empresarial. Esto responde a un esquema de interpretacin neoclsico que dicotomiza a la economa campesina en dos unidades funcionales:laparcela (unidad de produccin) y la familia (unidad de consumo). Cada una de estas unidades se rigen por "Leyes" econmicas distintas.
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a) La "teora de la utilidad'1 o de las "preferencias" que explica el comportamiento de las familias campesinas de igual modo como sucede con cualquier consumidor, llmese capitalista u obrero;
b) La teora marginalista que analiza el comportamiento del productor campesino como el de cualquier otro productor empresarial. El objetivo de la produccin es, en consecuencia, obtener una relacin de ingresos y costos que maximicen las ganancias.
De esta manera, ambas teoras, a) y b), suponen que la unidad econmica familiar campesina no posee elementos analticos especficos para ser considerada distinta a una empresa agrcola cualquiera.
Necesidad del Anlisis Espacial.
El tratamiento de la cuestin agraria dominicana debe enfocarse de otro modo. Es necesario un anlisis espacial del fenmeno rural. Esto es, un mecanismo de interpretacin y ordenamiento de informacin que, partiendo de los conflictos entre los distintos grupos que participan en la cuestin agraria, pueda captar la dinmica de los elementos econmicos, polticos e institucionales que origina, en una perspectiva temporal, la estructura de poder y las relaciones de dominacin que prevalecen dentro de un determinado territorio en un momento concreto (ver Yugn, 1985: 43 y ss.)
El anlisis espacial propuesto presenta cuatro caractersticas fundamentales:
1) Este enfoque rechaza todo tipo de anlisis formal que no reconozca el tiempo histrico (la evolucin) como variable fundamental. La ausencia de un anlisis que to-


me en consideracin el espacio histricamente conformado por una sociedad ha dado lugar a formulaciones que pretenden elevarse a la categora de "leyes eternas" con validez universal (este es el caso de las "leyes" de la economa neoclsica).
2) El anlisis espacial enfatiza la dimensin territorial de la dinmica social. El medio ambiente no se considera como variable exgena. Los elementos fsico-territoriales se asocian indisolublemente a la dinmica social, de tal manera que el ordenamiento, auge o degradacin de ciertas reas territoriales se explican por las propias transformaciones econmicas y sociales que han tomado formas en el tiempo. A su vez, las transformaciones de los elementos fsico-territoriales revierten sus efectos sobre la dinmica social que les dio origen.
El conocimiento de la relacin dinmica entre la naturaleza y la sociedad es indispensable para la comprensin de la organizacin social del territorio. Este conocimiento es an ms importante cuando el objeto de anlisis es el problema rural, porque en el campo las relaciones de dominacin y la estructura de poder se consolidan con un uso determinado del suelo que implica una valorizacin de las caractersticas fsicas (naturales) de dicho suelo. En otras palabras, el modo de explotacin de la tierra aparece en el anlisis espacial como causa y expresin de las relaciones asimtricas de dominacin: mientras el opresor adopta un modo de explotacin del suelo que implica la extraccin de los beneficios mximos causando el empobrecimiento del campesino, a ste se le impone un modo de explotacin de su parcela que tambin lo empobrece pero beneficiando al opresor.
Un ejemplo podra aclarar lo anterior. Por qu hoy tantos campesinos en las lomas dominicanas?
El anlisis histrico da cuenta de cmo la penetracin del capitalismo en la agricultura, a travsde las grandes
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plantaciones, agroempresas y latifundios ganaderos que ocuparon las tierras llanas, provoc un proceso de expulsin de campesinos hacia tierras marginales (Crouch, 1981; San Miguel, 1987).
Pero esto es slo parte de la cuestin. Esas tierras marginales nunca seran explotadas por el capital agrcola empresarial, dado la inexistencia de condiciones y el riesgo que implicara para ese tipo de inversin. Sin embargo, el empresario capitalista capta la mayor parte del esfuerzo productivo de esos campesinos a travs del sistema de mercado, sin asumir los riesgos de la explotacin agrcola en tierras marginales. La pobreza del campesino aumenta segn se va enriqueciendo el opresor. El desarrollo de ciertos grupos y reas territoriales provoca el subdesarrollo de otros grupos y reas territoriales, siendo este ltimo proceso funcional al primero.
3) El anlisis espacial del fenmeno rural asume una posicin distinta a la visin consuetudinaria en el anlisis de la pol tica econmica relacionada con el agro.
La mayora de documentos que tratan sobre la poltica agropecuaria adoptan un enfoque cuyo carcter operativo o instrumental impide el descubrimiento de las relaciones esenciales que se desarrollan en la dinmica agraria. En esta visin, el elemento que prevalece dentro del anlisis de la pol tica econmica se establece por la relacin entre los medios y fines de dicha poltica.
El poder de decisin y los destinatarios sociales, cuando son considerados, aparecen marginalmente o subordinados a la relacin instrumental resultante. La estructura de poder y las respuestas o demandas de los grupos sociales son ms bien exogenizadas en el planteamiento. De ah que cuando se considera el sector agropecuario, ste aparece como si fuera un sector homogneo constituido por productores y comerciantes cuya nica diferencia es la escala de su empresa. (Aquino, 1 978).


Por ejemplo, cuando se analiza la poltica cambiara normalmente, se esgrimen los supuestos beneficios que traera al agro la devaluacin, adems de los daos que le traera si el peso se mantiene sobrevaluado. Esto parece de sentido comn. Pero debe surgir el cuestionamien-to sobre todos los destinatarios sociales de la decisin poltica: Es el exportador el mismo productor? Son todos los productores poseedores de las mismas condiciones competitivas? Reciben las agro-empresas los mismos beneficios que los productores campesinos? Quin soporta los perjuicios de la devaluacin? Quines se benefician de las operaciones internacionales?
Como dice Lichtensztejn, "no es lo mismo aceptar el poder como un dato y relativizar su ejercicio en el campo instrumental o de sus fines, que condicionarlo a punto de partida del edificio social en que descansa". (1981: 15).
Para el estudio de la poltica agraria, el anlisis espacial adopta un contenido que se define por la relacin dinmica entre el centro de poder (llmese Estado, Gobierno, etc.) y los grupos sociales (clases, grupos, sectores, etc.) que son los destinatarios de las decisiones de la poltica econmica. Los instrumentos y fines quedan subordinados entonces a la relacin resultante entre el centro de poder y los grupos sociales. En consecuencia, el contenido del estudio de la poltica agraria debe estar constituido por el "conjunto de prcticas sociales del poder" que procuran un objetivo "explcito" que tiene que ver con la regulacin econmica y, simultneamente un objetivo "implcito" que intenta mantener o extender "la fuerza hegemnica del poder poltico". (Ver Lichtensztejn, 1981: 19).
Es por ello que si bien las estadsticas oficiales (precios, produccin, exportaciones,...) ayudan a mostrar la poltica evidente, es necesario develar lo no evidente, que aparece en las decisiones polticas de "da a da".
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(Crouch, 1981: 142). Para esto, las resoluciones, declaraciones, a travs de la prensa escrita y radial, a veces son ms reveladoras que las estadsticas fras.
La poltica econmica nunca es neutra en cuanto a los destinatarios sociales de sus decisiones. Adems, esas "prcticas sociales del poder" adoptan formas especficas en el ordenamiento del territorio, en el modo de explotar el suelo y en el andamiaje jurdico formal que lo sustenta.
4) Por ltimo, el anlisis espacial, redescrubre y revaloriza las maneras de sobrevivir de los marginados; es decir, sus estrategias de sobrevivencia: "l^s 'formas de respuestas1 que son ofrecidas por los grupos oprimidos (nudos de resistencia), dentro de las diferentes 'estructuras de opresin' dirigidas por grupos dirigentes (redes de extraccin) a travs del tiempo". (Yunn, 1986: 292).
El campesino dominicano, como el de otros pases del Tercer Mundo, ha sido altamente creativo en la elaboracin de estrategias de sobrevivencia. Es esta capacidad lo que le ha permitido persistir dentro de una organizacin social que le ha sido adversa.
Estas estrategias de sobrevivencia asumen mltiples formas, a veces ingeniosamente desarrolladas: determinados usos del suelo y de tecnologas sometidos a procesos de "prueba y error" por generaciones; formas particulares de mercadeo; relaciones particulares hacia el interior del ncleo familiar, con los miembros de la comunidad y con los de afuera; estrategias de emigracin; seleccin expl cita de roles especficos para cada uno de los miembros de la familia; incorporacin de actividades productivas no-agrcolas. An el crecimiento natural de la poblacin campesina es una estrategia contra la intensificacin de la opresin:
"Frente a una demanda por una produccin mayor y a


una productividad decreciente para el trabajo, el campesino se ve obligado a aumentar el tamao de su fuerza de trabajo,a reproducirse para aumentar la disponibilidad de mano de obra para mantener la intensificacin de los cultivos agrcolas, aunque corra el riesgo de abatir su nivel de consumo, su nivel de vida". (Warman, 1 981: 25 y ss).
Se cree muchas veces que el problema rural es un problema de crecimiento demogrfico. Se adoptan medidas de control de la natalidad, pero sin tomaren consideracin el marco de actuacin del campesino.
Podemos ir ms lejos. Por qu fracasan tantos programas de desarrollo orientados al campesino? No ser porque se enfoca la realidad desde el punto de vista del opresor y no del oprimido?
Los tcnicos, en general, no se comunican con el campesino porque no entienden su realidad ni han sido formados para entenderla. Se pretende introducir tecnologas y prcticas que no encajan en el marco de las estrategias del campesino.
El fracaso y las frustraciones se repiten. Entonces, "el campesino es un bruto", "el campesino es un residuo feudal", "el campesino no tiene capacidad gerencial", etc., es el tipo de prejuicios que afloran para justificar el fracaso de la nacin, muchas veces conducida por un pragmatismo sin contenido, o por un dogmatismo petrificado, o por un tecnicismo desarraigado de la realidad social del campesino.
Tambin sucede en la accin poltica de ciertos grupos que pretenden defender los intereses de los campesinos. La realidad choca con su accin. Entonces, "la culpa es del sistema", "hay que tomar el poder", "hay que hacer la revolucin"; como si la opcin poltica, obviara la opcin tecnolgica y econmica.
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Las alternativas tecnolgicas y econmicas hay que desarrollarlas desde ahora, desde la opresin; a partir del modo de vida de los campesinos. Este modo de vida son "formas de respuestas", son estrategias de sobrevivien-cia, son adaptaciones creadas y recreadas en el tiempo, que asumen formas nuevas continuamente frente a la intensificacin de la opresin.
Esta es la creatividad que ha sido olvidada por los prejuicios del "aldeanismo" y de las "formas pre-capitalis-tas", que casi siempre se apoyan en las estadsticas. El crecimiento del sector campesino se oculta o se minimiza con la relativizacin de su presencia mediante cifras estadsticas.
Pero hay otra razn fundamental que pone en duda la hiptesis de la extincin del campesinado: las "redes de extraccin" se mantienen precisamente por la reproduccin de las condiciones de explotacin que les permiten apropiarse de la mayor parte del esfuerzo productivo del campesino. La actividad productiva del campesino ampla las oportunidades de beneficios de la sociedad empresarial (sobre todo cuando los riesgos son mnimos).
Los campesinos no estn en proceso de extincin; ms bien persisten dentro de la explotacin justamente mediante la generacin de respuestas estratgicas de sobrevivencia y consolidando "nudos de resistencia" que son articulados ingeniosamente.
Por todas estas razones, cabe afirmar que el campesino o "trabajador rural"* va a seguir reproducindose. Aun su supuesta "incorporacin a otros modelos de produccin agrcola" (Cruz, 1 985) no implica su desaparicin o extincin. Si se acepta esta supuesta incorporacin entonces existira una capacidad del sector empresarial para absorber al campesino. De hecho, dicha capacidad no
* Se ha preferido mantener el trmino "campesino" aunque se sabe que esta denominacin ya no le corresponde al tipo de "hombre rural" que existe actualmente. Sobre estos asuntos se hablar ms adelante.
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existe actualmente, no ha existido jams. Para Warman (1981: 36) "el nmero absoluto de campesinos en el mundo crece incesantemente, ampliando la brecha entre ambas sociedades y haciendo cada vez ms remoto el ideal de la integracin".
Ciencia para la Liberacin.
Es aqu donde est el gran reto de la ciencia comprometida con la liberacin: es necesario redescubrir, reconstruir y re-valorizar el espacio social dominicano histricamente conformado, desde el punto de vista del oprimido.
Desconocemos las respuestas de los oprimidos, la manera de adaptarse. Conocemos poco sobre el modo de articulacin de sus "nudos de resistencia". Resultan enigmas las formas de "buscarse la vida" o de "bandersela", como se expresan en el pueblo. La ausencia de este enfoque parte del mito, explcito o implcito, de la opresin, que se expresa en la frase: "la opresin crea sumisin". Entonces la liberacin tiene que venir desde fuera: "necesitamos el capital extranjero", "no tenemos el know how", "el campesino no sabe sembrar", etc.
La cuestin agraria dominicana necesita de un enfoque distinto de las ciencias, de las tecnologas y de las prcticas relacionadas con los problemas rurales. "Los campesinos y las campesinas plantean un camino hacia un 'desarrollo' que no es el desarrollo" (Werlhof, 1985).
Es necesario redescubrir y revalorizar eso que en estos pases se ha llamado "la va campesina".
Hay mucha literatura del Tercer Mundo que da muestra de estas respuestas campesinas. En cambio la produccin acadmica de la Repblica Dominicana ha sido poco fecunda en esta lnea: se escribe la historia de los gobiernos pero no la del pueblo; se escribe la historia de las plantaciones, pero no la de los campesinos; se produce bastante en torno a
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la opresin y los mecanismos de su funcionamiento, pero nada sobre las respuestas de los oprimidos; se hace mucha crtica y denuncia, pero se ofrecen pocas alternativas; se conocen y desarrollan tecnologas agronmicas para la agricultura empresarial, pero se ignoran las tecnologas campesinas. Se habla sobre la "eficiencia" de la agricultura empresarial, pero se ignora la eficiencia de la produccin campesina. Se incentiva el monocultivo y los agroqumi-cos, pero se descuida el policultivo y los complementos orgnicos.
Hay algunos trabajos pioneros como los de Sharpe (1976), Crouch (1976, 1981), Yunn (1985), Geilfus (1985, 1 986) y un extraordinario trabajo reciente de San Miguel (1987), que tocan el problema rural desde distintos ngulos profesionales. Los trabajos de Yunn merecen una atencin espacial porque incursionan sistemticamente sobre las estructuras y formas espaciales, y su dinmica en la organizacin social del territorio dominicano. Sin embargo, el mismo seala que hace falta concretizar ms ideas sobre el oprimido y sus respuestas a la opresin, sobre los "nudos de resistencia" y sus articulaciones, en fin, sobre el espacio social histricamente construido desde la ptica del oprimido.
2. LA ECONOMA CAMPESINA.
2.1 EL CAMPESINO.
Quin es el campesino del que hablamos? Es un hombre que por las presiones que soporta de los grupos de poder se ha transformado en un hombre-rural que tiene que realizar mltiples actividades productivas para poder sobrevivir junto con su familia. Sin desaparecer en el proceso, el campesino ha ido tomando formas diversas desde aquel hombre que dependa exclusivamente del establecimiento de "un vnculo real con el suelo" a travs de la agricultura migratoria para subsistir, hasta las formas actuales en que el campesino es simultneamente productor, obrero y artesano,
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rifero, contrabandista, lava oro, negociante, etc., con el objetivo de sobrevivir.
Si el campesino todava mantiene el "vnculo real" con la tierra, la mayora de sus actividades productivas se articulan en torno a la actividad agrcola. Esta es la actividad nuclear cuya dinmica se va a reflejar en las dems actividades productivas.
Desde el punto de vista del campesino el problema es sobrevivir; pero desde el punto de vista del opresor el problema es maximizar los beneficios extrayendo la mayor cantidad de esfuerzo productivo del campesino a travs de la utilizacin directa de su fuerza laboral, la transferencia a travs del mercado de insumos -productos, el otorgamiento de crditos, etc. Aveces el opresor es tambin un campesino que por su "eficiencia" o capacidad ha logrado consolidar una situacin de poder.
Es esta "pseudosimbiosis" de objetivos donde slo uno de los agentes saca provecho, lo que define la naturaleza de las actividades productivas del campesino. As se explica por qu la estructura de poder crea situaciones (a veces aparentemente favorables al campesino) para reproducir las condiciones de explotacin del campesino. El campesino es un elemento clave en el proceso de acumulacin de capital.
Sin estar integrado a la agricultura comercial y al comele-jo industrial urbano, el campesino le sirve de sostn: las actividades agrcolas empresariales lo requieren estacional-mente como fuerza laboral; la industria urbana necesita de su trabajo, lo presionan a arrendar su tierra a veces favorecidas con infraestructura de riego y carreteras; lo inducen a sembrar productos "rentables", asumiendo el riesgo de la produccin, pero lo exprimen en el proceso de comercializacin. El campesino alimenta la ciudad a costa de su desnutricin. El conuco desaparece para satisfacer las necesidades de europeos, japoneses y norteamericanos, sin que
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se transfiera al campesino los beneficios de la acumulacin. El campesino es til para este complejo de explotacin pero en su pauperizacin. No hay tal "descampesinizacin", sino proletarizacin, semi-proletarizacin y campesiniza-cin pauperizante al servicio de un esquema de dominacin. Los proletarios y semi-proletarios del campo son los verdaderos pobres de la sociedad.
Por qu se proletariza un campesino con tierra? Siguiendo a Crouch (1979: 24) podemos establecer tres momentos:
1) Presin de los queostentan el poder sobre los campesinos para especializar la produccin de su parcela.
2) Imposibilidad del campesino de reproducir su fuerza de trabajo: el gasto de trabajo crece en mayor proporcin que los rendimientos que le proporciona el uso especializado del suelo.
3) El campesino tiene que aceptar una forma de salario en la finca de los ms "eficientes" a cambio de un aporte de trabajo mayor que el necesario para l reproducirse como campesino.
Este proceso de proletarizacin del campesino dominicano cuestiona en su misma raz el mito del empleo rural mediante la empresarizacin capitalista de la agricultura, como solucin a la pobreza del campesino. Este mito revela su esencia cuando se analiza el rol del trabajo asalariado en la agricultura empresarial.
En primer lugar, el trabajo se considera exclusivamente como factor de produccin. El trabajo es un simple medio para producir riqueza y, en consecuencia, se mide su productividad por hombre (u hora-hombre) utilizado para producir un determinado volumen de mercanca. El trabajo campesino, es por tanto, un costo que hay que minimizar, ya sea pagando salarios
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bajos o aumentando el nmero de horas de trabajo. Esta es la lgica empresarial de maximizacin de las ganancias
En segundo lugar, dentro de la lgica de la agricultura empresarial se comercia con el trabajo igual que si fuera cualquier otra mercanca: no existe ninguna consideracin sobre el carcter social del trabajo. Las soluciones al desempleo rural a travs de propuestas de grandes inversiones agrcolas que "crean puestos de trabajo" es realmente un mito.
Siguiendo a Meller (1982), no basta cualquier tipo de empleo para resolver el problema de los campesinos, puesto que no se garantiza la "plena participacin de un individuo en la sociedad de hoy da". De qu sirve un salario que no puede satisfacer ni siquiera las necesidades mnimas de una familia campesina? Para el campesino es una desgracia; pierde el "reconocimiento social" que lo considera como hombre "til". Para el explotador, en cambio es un medio de maximizar los beneficios.
En tercer lugar, es muy discutible la capacidad de absorcin de mano de obra campesina en la agricultura empresarial. Las "soluciones estadsticas" al problema del desempleo rural es una manera ms de ocultar el problema del campo; pero al mismo tiempo, una manera ms de continuar la explotacin del campesino.
Es claro que mientras la fuerza de trabajo campesina sea relativamente barata, el empresario agrcola no tendr incentivos para introducir mejoras tecnolgicas ahorradoras de mano de obra. Pero aqu volvemos al punto anterior: es el objetivo del desarrollo agrcola crear empleos mediante la empre-sarizacin de la agricultura o eliminar la pobreza del campesino asegurando la autosuficiencia alimentaria?
Para unos tal disyuntiva no existe: lo segundo resultara automticamente de lo primero, esta es una visin esttica y sim-
* Por qu hay una presencia haitiana cada vez ms significativa en ta actividad agrcola dominicana? Por qu el haitiano es ms trabajador que el dominicano? O por qu se explota ms al haitiano que al dominicano?
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plista del problema del empleo. Sin embargo, como vimos anteriormente, una cosa no trae necesariamente la otra. Ms an, en la Repblica Dominicana (Crouch, 1981; San Miguel, 1987) como es el caso de otros pases (Rivera, 1984), el proceso de proletarizacin del campo es la causa primera del proceso de pauperizacin creciente de la poblacin rural.
Paradjicamente este proceso de proletarizacin no slo ha reducido la calidad de la vida del campesino, sino que tambin ha reducido el nivel de empleo en el campo; la "creacin de empleos" crea desempleo.
La explicacin radica en la naturaleza distinta de la agricultura empresarial con relacin a la agricultura de conuco. La capacidad de absorcin medida en das-hombre^ por tarea anualmente, es menor en la primera que en la segunda (Bray, 1985). Es decir, a medida que el conuco ha ido desapareciendo para dar paso a la agricultura empresarial, mayor ha sido la fuerza de trabajo ociosa que ha do quedando en el campo o que emigra a la ciudad. Este proceso ya era evidente a fines del siglo pasado (Bryan, 1979).
Por tanto, el problema del desempleo rural no es simplemente un problema de crecimiento demogrfico, como lo presentan muchos, sino ms bien se trata de un proceso de transformacin del modo de explotar la tierra que ha ido presionando cada vez ms al campesino hacia una miseria creciente, para favorecer a determinados grupos sociales.
El aumento del empleo explotador y el crecimiento del desempleo degradante del campesino revela que la empresarizacin capitalista de la agricultura dominicana como solucin al problema de la pobreza del campesino, es simplemente un mito, pero un mito que "se vende" con mucho xito.
Un enfoque dinmico de este problema nos coloca en la bsqueda de alternativas campesinas al desempleo rural.
Qu es el trabajo para el campesino? No es un medio para acu-


mular sino para reproducir las condiciones materiales y culturales de l y de su familia que les permiten sobrevivir.
La productividad del trabajo, desde el punto de vista del campesino, no se mide por las horas-hombres o nmero de hombres necesarios para realizar una actividad productiva, sino por el desgaste fsico efectivamente realizado en esa actividad. El trabajo es esfuerzo humano, energa corporal efectivamente consumidos en la actividad productiva.
El campesino si quiere sobrevivir tiene que maximizar el trabajo, a diferencia de los empresarios que maximizan los beneficios.
Es decir, dada las condiciones en que est inmerso el campesino, si mayor esfuerzo de trabajo implica cada vez menos produccin, entonces el problema es producir de tal manera que le permita sobrevivir con el menor desgaste de fuerza de trabajo. La haraganera del campesino, su "flojera", es una "estrategia de sobrevivencia".
Esto explica el por qu los viejos campesinos califican de "flojos" a la nueva generacin del campo. Tienen razn. Las condiciones de vida del campesino dominicano han empeorado; las presiones externas son cada vez mayores; el trabajo del campesino se hace continuamente menos productivo (en los trminos campesinos). Producir en estas condiciones, pero con el menor desgaste de trabajo, es una lgica de sobrevivencia.
Este proceso creciente de pauperizacin sumerge al campesino en un modo de vida caracterizado por la inmediatez espacio-temporal de sus necesidades, anhelos y valorizaciones. Las alternativas de mejora no se asumen en el largo plazo, se adapta y responde a la opresin, a veces sin entender la mecnica de su accin; culpa al mismo campesino de su propia desgracia justificando la accin del explotador, es suspicaz con el extrao pero complaciente an con su enemigo si puede sacar provecho de l. "Los campesinos -dice Warman- siempre tienen cosas concretas y precisas que decir. A travs de ellas describen su posicin y sus alternativas. Sus proyectos para el futuro es-
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tan implcitos en este dilogo, jams discurso, sobre las cosas y gentes definidas, individuales y complejas".
LA AGRICULTURA CAMPESINA.
La agricultura campesina responde y define al modo de vida campesino. Esta actividad productiva contiene una alta racionalidad que difiere totalmente de la racionalidad de la agricultura empresarial. Los criterios del "maximizador" neoclsico no tienen cabida en la explicacin de la agricultura campesina.
Algunos escritos sobre el campesino dominicano constatan esta racionalidad de la actividad productiva campesina (Antonini, 1969; Sharpe, 1976; Geilfus,1 986; San Miguel, 1 987).
La agricultura campesina es un modo de explotar la tierra desarrollado por familias individuales con el objetivo de asegurar la reproduccin de sus formas de vida y de trabajo. Cada ciclo productivo responde a la misma lgica: "la reproduccin de los productos y de la propia unidad de produccin" (Schejtman, en CEPAL, 1982).
Siguiendo a Shejtman, cada familia campesina tiene que:
1) Producir los medios para el sostenimineto biolgico y cultural de todos sus miembros, y
2) Producir un fondo extra para reponer los elementos que se consumen en la produccin, y enfrentar los imprevistos (enfermedades, celebraciones, entierros, etc.).
En consecuencia, la familia campesina es a la vez unidad de produccin y unidad de consumo. No existe la dicotoma neoclsica entre productores y consumidores; toda decisin sobre la produccin afecta directamente al consumo y viceversa. "El pa-rentezco con todas sus caractersticas y obligaciones sociales, se convierte en el campesinado, en una relacin de produccin". (Warman, 1981: 210).
De ah que el campesino tiene que minimizar los riesgos so pena


de poner en situacin crtica la vida misma de la familia. El campesino no puede "inventar" con su produccin. La manera de usar el suelo reflejar este hecho: el policultivo y la seleccin de cultivo que, aunque dan menos rendimiento por tarea, reduce la incertidumbre y riesgos o disminuye el desgaste de fuerza de trabajo.
As, pues la incertidumbre y el riesgo en la agricultura campesina tiene un contenido diferente a su contenido en la agricultura empresarial. Aqu el manejo de la incertidumbre y el riesgo es cuestin relativa a la maximizacin de beneficios. Para el campesino, en cambio, es cuestin de poner en juego la vida de la familia. Ms an, "por principio-dice Vergopoulos- (el pequeo campesino) est obligado a producir cualquiera que sea la coyuntura del mercado, so pena de no sobrevivir" (citado en CEPAL, 1982: 82).
Esto permite entender por qu el campesino trabaja tierras marginales y la utilizacin del suelo con intensidades distintas dentro de su rea de produccin. La asociacin de cultivos responde a una racionalidad campesina, lo mismo que la actividad de tumba y quema (Watters, 1971). Es la lgica de sobrevivencia lo que hace que el campesino tenga que vender sus productos a precios que para cualquier empresario significara la quiebra o el pagar renta e intereses que ningn productor empresarial estara dispuesto a pagar.
Estos fenmenos se constatan en cualquier rea territorial de produccin campesina.
Enjuiciar la agricultura campesina con la misma lgica de costo-beneficio de la agricultura empresarial conduce a muchos errores: se califica como irracional lo que tiene un contenido lgico profundo, propio del modo de vida campesino.
Si la agricultura campesina fuera irracional entonces habra que concluir que "la mitad del gnero humano hoy en da ejercera una actividad productiva con un dficit constante" (Kula, citado en CEPAL, 1982: 63). Esta conclusin constituye "un
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ejemplo instructivo, no de estupidez o filantropa campesina, sino del error en que se incurre al creer que no hay sino una sola racionalidad econmica en todo tiempo y espacio" (Te-picht, citado en CEPAL, 1982: 63).
3. EL SISTEMA AGRARIO COMO UNIDAD DE ANLISIS DE LA CUESTIN AGRARIA DOMINICANA.
Cmo construir analticamente el espacio rural socialmente conformado en la Repblica Dominicana? El anlisis espacial requiere de un concepto analtico que sea capaz de aprehender toda la complejidad y multiplicidad de los elementos que participan en la cuestin rural, desde una perspectiva temporal. Es decir, se necesita un concepto que posibilite un enfoque holstico del problema rural. Un enfoque que nos permita explicar, dentro de un mismo esquema, la dinmica social asociada a los elementos fsico-territoriales, que se convierte en la organizacin social del territorio y sus manifestaciones en el paisaje.
La literatura relacionada con el Tercer Mundo, ha desarrollado un poderoso concepto para abordar el fenmeno rural: el sistema agrario (Watters, 1971; Ruthemberg, 1980).
El sistema agrario es una unidad econmica que toma realidad en una forma especfica de explotacin de la tierra (trabajo, recursos, riesgo, ordenados de una cierta manera). Se trata, por tanto, de un ecosistema, donde hombre y naturaleza aparecen en continua interacin, articulando formas espaciales al interior del sistema y en su relacin con el entorno. El sistema agrario es un concepto que conduce a adoptar un enfoque dinmico de la realidad rural: los sistemas agrarios evolucionan o involucionan en una dinmica de recreacin continua de formas espaciales y de articulacin de flujos tanto hacia dentro como hacia afuera del sistema.
Este enfoque sistmico permite abordar la cuestin rural desde sus distintas perspectivas (econmicas, sociolgicas, agronmicas, demogrficas, ...) y an dentro de cada una de stas se pueden enfocar distintos subsistemas. Por ejemplo, dentro de una perspectiva econmica se puede tratar el subsistema crdito o el subsistema mercado,
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etc. Dentro de una perspectiva agronmica se puede analizar el subsistema suelo o el subsistema foresta, slo para hablar de algunos. Pero el enfoque sistmico, si bien es flexible en cuanto a la perspectiva del abordaje de la realidad, obliga a tratar cada uno de los elementos, enmarcados en la totalidad. La especializacin de la perspectiva slo se hace fructfera en la retroalmentacin que se consigue en la
totalidad. Por ejemplo, no se puede tratar el problema de la deforestacin y erosin en la Repblica Dominicana, sin tomar en consideracin la dinmica social subyacente.
Este enfoque de los sistemas agrarios, no slo pone de relieve la diferencia entre los ecosistemas de zonas templadas y los ecosistemas tropicales, sino que seala las razones por las cuales los sistemas agrarios de zonas templadas no funcionan de igual manera en el trpico. Determinarla estabilidad o inestabilidad ecolgica de cada sistema es un elemento fundamental dentro de este enfoque.
Dentro de una misma rea territorial pueden funcionar distintos sistema agrarios. En la Repblica Dominicana se pueden sealar dos tipos de sistemas: sistemas agrarios campesinos y sistemas agrarios no-campesinos (latifundio ganadero, plantaciones y agroempre-sas).
Cada tipo de sistema funciona con una lgica distinta. Al mismo tiempo, cada sistema posee una autonoma relativa. Esta autonoma no significa autarqua ni autosuficiencia sino control de los recursos productivos y capacidad de elegir su uso. Es la prdida creciente de esa autonoma en los sistemas campesinos lo que explica fundamentalmente la crisis de la agricultura dominicana.
Los sistemas agrarios campesinos se articulan con los sistemas agrarios no-campesinos y el complejo industrial urbano de manera asimtrica. Es decir, las "redes de extraccin" establecen relaciones econmicas en las cuales se transfieren excedentes desde los sistemas
campesinos hacia el resto de la economa sin que haya un flujo de retornos compensatorios. E! intercambio desigual es la caracterstica de la articulacin de los sistemas campesinos con el resto de los sectores. Esto se explica porque los campesinos tienden a la "re-
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distribucin inmediata de los excedentes" y los sectores no campesinos tienden a su acumulacin.
Mientras unos tienen que sobrevivir reproduciendo su fuerza de trabajo, los otros procuran maximizar las ganancias.
El objetivo de la actividad productiva en los sistemas agrarios campesinos responde a una racionalidad cuya naturaleza le impide competir con los sistemas no-campesinos, dadas las condiciones de explotacin da las que son sometidos los campesinos. El intercambio desigual siempre estar presente bajo estas condiciones que sern reproducidas continuamente so pena de poner en peligro el proceso de acumulacin de la agricultura empresarial y el complejo industrial urbano.
Los sistemas agrarios campesinos estn entrampados en esas "redes de extraccin".
Las "redes de extraccin" de los sistemas agrarios no-campesinos se articulan en tres zonas de influencia. Estas zonas pueden estar localizadas en una misma rea territorial o pueden estar en distintas reas geogrficas. (Warman: 306).
1) La zona nuclear, que absorbe la mayor parte de los servicios y recursos productivos necesarios para la mecnica de la agricultura empresarial.
2) La zona controlada, cuyo objetivo es la expansin territorial de la explotacin agrcola. Esta zona controlada puede adoptar formas diversas: tierras campesinas arrendadas; tierras de campesinos cultivadas por campesinos para la agroempresa (con o sin contrato); tierras del Estado, explotadas sin ninguna compensacin, etc., y,
3) La zona abastecedora de mano de obra requerida estacional-mente por la agricultura empresarial: zona perifrica.
Por otro lado, los sistemas agrarios campesinos articulan relaciones ms equilibradas al interior de sus sistemas: "En el modo de produccin campesino las relaciones internas estn orientadas hacia
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la simetra, hacia la reciprocidad, para poder lograr la subsistencia de las familias". (Warman, citado en CEPAL, 1982: 82). El mismo autor seala: "Entre los miembros de la unidad se establece un conjunto de relaciones econmicas simtricas y solidarias que absorben en primera instancia los excedentes monetarios de cualquiera de sus miembros para usarlos en la subsistencia del conjunto". (1981: 210).
Estas relaciones simtricas fluyen en la comunidad y entre comunidades campesinas, generando "nudos de resistencia" frente a la opresin (el "convite", las "ferias" y mercados rurales son expresiones de esta respuesta).
Detrs de este complejo de acciones y reacciones entre los sistemas agrarios y su entorno, estn las "prcticas sociales del poder" que, a travs de regulaciones econmicas y ejercicios de hegemona poltica, van consolidando las relaciones asimtricas de dominacin mediante el fortalecimiento de los sistemas agrarios no-campesinos.
El espacio rural socialmente construido es el resultado de la interaccin de todos estos elementos.
El concepto de sistema agrario permite abordar esta realidad en su multiplicidad y en su unidad, en sus concreciones temporales y en su proceso de transformacin continua. El sistema agrario es interaccin de la sociedad y la naturaleza conformando "estructuras territoriales". (Yunn, 1985).
El propsito ltimo de este enfoque sistmico es facilitar la toma de decisiones polticas relacionadas con el desarrollo rural: "el ordenamiento del gran nmero de fenmenos que puedan ser observados en un rea rural determinada y a travs de entidades si gnif i cativas en trminos de desarrollo, y estas entidades son los sistemas; es decir, conjuntos de elementos relacionados". (Ruthemberg, 1980: 2).
4. LA ARTICULACIN DE LOS SISTEMAS AGRARIOS A TRAVS DEL USO DEL SUELO.
4.1 Tamao de las Explotaciones y sus Funciones.
Generalmente se acepta que la poblacin rural puede estra-
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tificarse segn sus formas de tenencia o segn el tamao de las explotaciones que poseen, arriendan o cultivan bajo diversas formas de tenencia. Para los fines de este captulo se va a seguir una estratificacin simplificada manteniendo los criterios anteriores, pero esto no implica que esta tipificacin sea vlida para todo tipo de anlisis. De esta forma, se puede decir que la poblacin rural se compone de cuatro grandes grupos sociales:
1) Aquellos que no poseen tierra o que el tamao de su tierra es tan pequeo que no le permite obtener suficiente ingreso para la subsistencia. Ellos usualmente tienen que vender su fuerza de trabajo ya sea por tiempo parcial o tiempo completo en explotaciones de mayor tamao.
Las pequeas explotaciones ("microfincas" de menos de 8 tareas) alojan la mayor parte de los "echa das" (semi-proletario dominicano) que son requeridos para la poca de siembra o de cosecha en otras explotaciones. Estas explotaciones producen tambin una gran parte de la poblacin urbana marginal izada.
Segn el Censo de 1981 el 20 o/o de los minifundios (menos de 80 tareas) caen dentro de este grupo que se califica como de microfundio (menos de 8 tareas). Las estadsticas sealan que en el pas hay 61,670"familias microfundistas" que viven en condiciones de pobreza crtica.
Las parcelas a veces producen alimentos para la propia familia, y en la mayora de los casos no pueden cumplir con esa funcin. De ah que, adems de semiproletari-zarse, tengan que recurrir a otras actividades (rifa de a-guante, pequeo comercio, artesana, etc.), como una forma de autoemplearse que le pueda generar un cierto salario.
2) El grupo que posee entre 8 y 79 tareas tiene gran m-


portancia porque es precisamente este tipo de familias productoras quienes han mantenido prcticamente la forma de produccin campesina, es decir, el sistema a-grario campesino. Estos representan el 61.7 o/o de todos los minifundios que equivale al 65.7 o/o de todas las explotaciones (unas 252,995 fincas con un tamao promedio de 20 tareas -Censos 1 981).
Este grupo tiende a producir de una manera ms estable que el anterior; sin embargo, estas familias se ven forzadas a desarrollar las mismas alternativas que se mencionaron para el grupo 1.
Siendo este grupo de proletarios y semi-proletarios el que predomina en el campo se puede establecer que ha ocurrido un proceso de transformacin fundamental. Por esta razn es que se afirma que "en el campo dominicano ya no existe el campesino tpico...el ingreso de la mayora de las familias del campo depende ms de la situacin del mercado de trabajo que del mercado de productos alimenticios...existe una poblacin rural predominantemente de trabajadores agrcolas". (IAD, 1981: 50-52).
El mismo fenmeno es puesto en evidencia por Crouch (1981). Los que pudieran ser llamados campesinos "puros, es decir, aquellos que viven exclusivamente de su parcela slo con el uso de mano de obra familiar, son apenas una pequea minora. La mayor parte de la poblacin rural est constituida por los proletarios y semi-proletarios que participan en la dinmica agraria dependiendo de un grupo relativamente pequeo de empresarios agrcolas.
Crouch seala adems dos caractersticas importantes que han sido generadas por el proceso de penetracin del capitalismo en la agricultura dominicana, y que explican el empobrecimiento creciente de la poblacin rural:
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a) Los productores para la subsistencia prcticamente han desaparecido. Se produce mayormente para el mercado. Una pequea parte de la produccin campesina se destina al consumo familiar.
b) Una gran parte de los proletarios agrcolas no tiene empleo permanente. Entre el 30 y 50 o/o de su tiempo permanecen sin trabajo. "Son clasificados como obreros slo porque su nica fuente de ingreso es la venta de su fuerza laboral". (Pg. 40).
Este fenmeno se refleja en la imagen tpica del campo en la cual hay un grupo de hombres, reunidos en o frente a una pulpera, "haciendo nada".
Por tanto, el hombre del campo dominicano es un hombre rural que ha tenido que modificar su modo de vida por causa de la penetracin de la agricultura empresarial capitalista en el agro dominicano. El hombre-rural dominicano ha sido forzado a convertirse en un semi-proletario, esto es, un obrero que no puede cumplir permanentemente su funcin. Por otro lado, sigue siendo tambin un agricultor, pero con la diferencia de que no puede reproducir las condiciones materiales y culturales de su familia en su parcela. En definitiva, es un "hombre-rural" que tiene que buscar otras alternativas para sobrevivir. A esta transformacin se le denomina como la "proletarizacin y campesinizacin pauperizante" del hombre del campo dominicano.
3) El tercer grupo est caracterizado por poseer tierras cuyo tamao oscila entre 80 y 800 tareas.
Estos propietarios no tienen necesidad de alquilar su fuerza de trabajo puesto que tienen la capacidad de generar suficiente produccin para crear excedente comer-cializable, dependiendo de la calidad de la tierra, la disponibilidad de crdito y el control relativo del mercado de productos como de insumos, as como del grado de


absorcin tecnolgica del productor. Se trata de un tipo de agricultura de naturaleza empresarial. (IAD, 1981).
Las explotaciones entre 80 y 800 tareas apenas representan el 16.45 o/o (63,358 fincas) del total. Su produccin es, en primer lugar, alimentos para el mercado interno, y en segundo lugar, productos tradicionales de exportacin, utilizando en mayor o menor grado mano de obra asalariada, adems del trabajo similar.
Parece que mientras este tipo de explotacin pueda disponer de mano de obra barata no existir suficiente motivacin para introducir cambios tecnolgicos significativos. Los cultivos se seleccionan considerando una relacin favorable de precios que asegure la rentabilidad de dicho cultivo. La racinalidad de este comportamiento est asociada a la crisis de sobreproduccin con respecto a la demanda efectiva, que surge con cierta periodicidad en los mercados de ciertos productos agrcolas para el mercado interno. (ONAPLAN, 1983: 82).
4) Este grupo est constituido por propietarios de fincas mayores de 800 tareas; 7,221 propietarios que poseen el 55.2 o/o del total de las explotaciones. La produccin depende de mano de obra asalariada, siendo la mayora de las tierras utilizadas para pastos y caa de azcar.
La gran ganadera que existe en estas explotaciones se orienta fundamentalmente hacia el exterior.
En el extremo superior de este grupo hay 161 propietarios de grandes fincas que ocupando el 22.49 o/o de la superficie explotada slo representan el 0.04 o/o del total de las fincas. El tamao promedio de estas fincas alcanza 59,474 tareas. "Este reducido nmero de propietarios tiene una gran influencia en el mercado y en la toma de decisiones polticas, inclusive a nivel nacional" (IEPD, 1983: 8).
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Esta estructura de la tenencia de tierra manifiesta la necesidad de disponer de mano de obra barata con el objetivo- principal de producir para el mercado externo a precios competitivos. (ONAPLAN, 1 981).
En consecuencia, ms que ser el resultado de la incapacidad o de la ineptitud, la "improductividad" de los sistemas agrarios campesinos hay que verla tambin como resultado de "que unas pocas familias monopolizan los elementos imprescindibles para crear una economa a-graria rentable" (Dore, 1979: 30-31). Las tierras de mejor calidad, los complementos materiales y la asistencia crediticia y tcnica son del monopolio de una minora que posee una gran parte de la tierra. Pero adems es resultado fundamental de las presiones a que ha sido sometido el campesino para usar la tierra de modo funcional a los sistemas agrarios no-campesinos y al complejo industrial urbano nacional e internacional.
La Reforma Agraria.
El planteamiento de los problemas relacionados con el rgimen de propiedad de la tierra conduce necesariamente a discutir uno de los asuntos cruciales de la cuestin agraria dominicana: la Reforma Agraria.
Lo que aqu se propone parte del supuesto de la necesidad de una reparticin de tierras entre los campesinos; pero pone en tela de juicio la creencia bastante difundida de que una reparticin ms igualitaria de la tierra y la dotacin de recursos complementarios (agroqumicos, asistencia tcnica, crditos,...) van a sacar de la pobreza a los campesinos.
La discusin se orienta hacia la filosofa misma de la Reforma Agraria como instrumento de liberacin del campesino.
En este sentido, parece que no se ha comprendido que el


problema no es la tierra misma, ni los recursos complementarios sino fundamentalmente, el mododeexplotarlatie-rra. No es la tierra lo que produce la pobreza del campesino sino la manera como se usa.
El ordenamiento del territorio, el rgimen de tenencia, y el andamiaje institucional que lo sustenta, son expresiones del modo de explotar la tierra: el qu, cmo y para qu se produce es lo que determina la disponibilidad, no slo en cantidad sino tambin en calidad, de la tierra. Hay modos de explotacin que son los que provocan la expulsin de campesinos hacia tierras marginales, los que generan el proceso de proletarizacin y campesinizacin pauperiznte y los que orientan la produccin hacia el mercado exterior en detrimento del mercado interno.
Hay modos de usar la tierra que desarrollan y aceleran el proceso de degradacin ambiental. Pero tambin estos modos son los que empujan al campesino a utilizar su parcela en la produccin de cultivos "rentables" (rentables, para quien?). Asimismo, esos modos son los que generan necesidades crecientes de complementos externos a los sistemas agrarios campesinos: agroqumicos, crdito, tecnologa, etc., que son tambin producidos por los grupos que oprimen al campesino.
Al campesino se le hace cada vez ms dependiente de la utilizacin de recursos que l no dispone, ni puede disponer competitivamente. Al campesino se le "vende" la dea de producir lo ms "rentable" slo para permanecer en la pobreza. Cuntos campesinos dominicanos, an de los asentamientos de la Reforma Agraria ms exitosos relativamente, han podido salir de su pobreza?
El caso de Juma enBonao es elocuente: es el primer asentamiento realizado por el Instituto Agrario Dominicano en el ao 1962. Tierras de excelentes condiciones, bien localizadas; con asistencia tcnica y crediticia relativamente buena. A pesar de todo, los campesinos de Juma siguen tan pobres como hace 25 aos. La expresin de uno de ellos deja
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ver la situacin: "esto es mucho trabajar para los usureros". (Hoy, 21 de mayo de 1987).
La Reforma Agraria concebida como mecanismo de acumulacin de capital, de generacin de excedentes, dentro de la lgica del capital, es por tanto, otro aparato extractor del esfuezo productivo del campesino. Como afirma War-man (1981): "Esto es un engranaje ms en el proceso fatal de desarrollo".
La Reforma Agraria ser un instrumento de desarrollo del campesino cuando sea planteada como 'Va campesina". En otras palabras, cuando el modo de explotar la tierra (el qu, cmo y para qu) parta del modo de vida campesino que implica dependencia mnima de complementos externos y autosuficiencia alimentaria.
Si los sistemas agrarios campesinos desarrollan una dependencia creciente de recursos no-campesinos y ponen en juego la seguridad de la autosuficiencia alimentaria, entonces se trata de otra manera de explotar al campesino.
La respuesta de los campesinos de Jobo Liso (cerca de Ya-ritagua, Estado Yaracuy en Venezuela) a la reforma agraria resume lo dicho anteriormente. Narra Werlhof (1985):
"1978 fue un ao de buenas cosechas en general y en todas partes se obtuvo una produccin mayor, aunque no en el volumen alcanzado aqu...no obstante los resultados extremadamente favorables de la cosecha, no se haba ganado ni la mitad de lo que se necesitaba solamente para la alimentacin.
Este resultado demostr que bajo las condiciones de produccin dadas, hicieran lo que hicieran los parcele ros, ya sea trabajar muchsimo, ya sea no hacer nada, el resultado a la postre siempre sera el mismo. De ello sacaron la conclusin, que no era la tierra como tal que no compensaba, sino la forma obligada e impuesta de la explotacin de el la...esa experiencia les demostr que era irrazonable con tinuar el camino seguido hasta entonces. Por consiguiente decidieron explotar la tierra en otra forma que hasta en tonces...


Se comprob entonces, que los parceleros solamente podan solucionar el problema de la alimentacin mediante la produccin de subsistencia, no mediante la produccin de mercancas. Y si se solucionaba el problema de la alimentacin, entonces todos los otros problemas tambin encontraran solucin".
LA ARTICULACIN DE LOS SISTEMAS AGRARIOS CAMPESINOS CON EL MERCADO.
5.1 Comercializacin.
Los sistemas agrarios campesinos no son autrquicos. Una parte (cada vez mayor) de sus medios de consumo y produccin tiene que ser adquirida en el mercado. De esta manera, mientras mayor sea la necesidad de aquirir esos medios en el mercado, mayor ser el nmero de decisiones de tipo mercantiles sobre el qu y el cmo producir que tendr que realizar el campesino (Shejtman, citado en CEPAL, 1982). Cuando aumentan estas presiones sobre el campesino, ste las revierte a su medio ambiente produciendo en l la misma violencia que conllevan las presiones que l soporta de la sociedad.
Uno de los factores que genera mayor incertidumbre y riesgos en los agricultores, especialmente en el pequeo agricultor, es el sistema de comercializacin.
La incertidumbre por causa de la comercializacin tiene dos expresiones fundamentales:
1) Incapacidad del sistema para transmitir al productor los precios presentes y futuros en el mercado de sus productos. Esto provoca que el agricultor no pueda planificar su rea de cultivo de manera adecuada. La situacin se a-grava por el insuficiente y casi siempre extemporneo abastecimiento de insumos necesarios para la produccin: semillas, fertilizantes, pesticidas, etc.; de igual modo ocurre con el crdito.
El productor, por lo tanto, con un alto grado de incer-
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tidumbre y riesgo no se motiva a aumentar su rea de cultivo y/o cambiar su produccin hacia otras alternativas que no sean las acostumbradas. El agricultor campesino mantendr su produccin de tal modo que obtenga "un mximo retorno relativo con un mnimo de riesgo por precios de venta desfavorables" (ONA-PLAN, 1981: 51).
2) Los precios oficiales a nivel de finca son por lo general muy bajos. "Estos precios no parecen haber motivado al agricultor para que invierta en forma progresiva, sostenida y creciente en la introduccin de innovaciones tecnolgicas, para lograr una mayor productividad". (ONAPLAN, 1981: 51).
No obstante los precios bajos al productor, el aumento de precios es progresivo a travs de los canales de intermediacin hasta llegar a alcanzar niveles relativamente altos cuando llega del productor al consumidor final (ver Cuadro No. 1). Este fenmeno cobra mayor relieve debido al factor de estacional dad y ausencia de una estrategia de almacenamiento adecuada que genera prdida de productos y grandes fluctuaciones entre los precios mnimos y mximos a los consumidores, a la vez que un abastecimiento irregular del mercado. Lgicamente esta situacin se traduce en intranquilidad social, sobre todo cuando se trata de productos bsicos alimenticios de consumo popular: habichuela, yuca, yauta, pltano, etc.
"En muchas ocasiones un producto pasa por un excesivo e innecesario nmero de intermediarios antes de llegar al consumidor final. Se tiene por ello que el consumidor, al
pagar precios en niveles mayores que el competitivo, subsidia indirectamente la ganancia excesiva de comerciantes cuyo servicio no fue indispensable". (ONAPLAN, 1981: 53).
Este sistema tiene particularidades dependiendo del pro-


ducto o tipos de productos que se consideren. En general, son los productos para la exportacin y los agroindus-triales los que tienen el sistema ms eficiente de comercializacin. Esta eficiencia se expresa fundamentalmente en la capacidad para reducir la incertidumbre y los riesgos y los efectos que esa situacin provoca.
En general, el sistema de comercializacin a nivel de a-gricultores genera una situacin de discriminacin en contra de los pequeos agricultores campesinos (mini-fundistas, aparceros, agricultores independientes), ya que, aun cuando el gobierno establece precios mnimos para una gran parte de los productos agrcolas, permanecen las prcticas que atan a los agricultores de las factoras u otro tipo de intermediario. (Sharpe, 1976); Fe-rrn, 1976).
La dependencia de los pequeos agricultores con relacin a los intermediarios es causada esencialmente a travs del otorgamiento de crditos de carcter informal (no institucional). Esta situacin limita la capacidad de regateo del agricultor cuando realiza la venta de su producto.
Esta capacidad de regateo del agricultor tambin es reducida frecuentemente porque el intermediario dispone de un mayor y mejor conocimiento de las condiciones que prevalecen en el mercado en el momento de la transaccin con el agricultor. El intermediario, por tanto, tiene la capacidad de especular con el precio que ofrece y con el volumen que est dispuesto a comprar.
En muchas ocasiones la urgencia financiera del pequeo agricultor hace que tenga que vender su produccin antes de ser cosechada, reduciendo de este modo el margen de beneficio. Esos fondos son utilizados para continuar con la produccin de otros cultivos y/o para sus gastos diarios.
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Resultados de la Articulacin.
La existencia de un sistema de comercializacin del tipo anteriormente descrito provoca que gran parte de losexce-cedentes creados en la actividad productiva agrcola de los sistemas campesinos no se reinvierta sobre la misma actividad.
La situacin se traduce en un proceso de aniquilamiento progresivo de la formacin de capital y, por tanto, en la capacidad para expandir e intensificar el proceso productivo que dio origen a esos excedentes. El sistema agrario campesino, en vez de evolucionar, involuciona.
El asunto no es solamente la baja productividad de los sistemas agrarios campesinos relacionada con problemas tecnolgicos, como algunos plantean (Ceara et al., 1986). El problema principal est en que los campesinos se encuentran entrampados en las redes del mercado. Los excedentes que generan son apropiados por otros grupos sociales. La insuficiencia de la produccin campesina es ms bien de origen social que tecnolgico:
".../os campesinos slo pueden retener una proporcin relativamente baj del valor que han creado como productores agrcolas. El despojo o expropiacin no slo captura todo el exceden -te, sino que incluye parte del nivel de subsistencia y crea la insuficiencia". (Warman, 1981: 207).
El deterioro de los ingresos de los agricultores tambin se
w
expresa en las relaciones adversas de intercambio entre los precios a nivel de finca y los costos de un grupo importante de productos agrcolas. (Ver Cuadros No. 2 y 3).
Pero adems, el fenmeno genera una diferenciacin creciente entre el campo y la ciudad: mientras el ingreso promedio mensual de las familias urbanas es de RD$331.06, las familias rurales promediaban RD$177.29 (Del Rosario, 1982).


El nmero de familias rurales que est por debajo de la "lnea de pobreza" sigue creciendo (AID, 1981). La ausencia de servicios bsicos de salud, agua, sanitarios, educacin, etc; as como la pobre alimentacin, vivienda inhumana y carencia de vestido es el marco en el que se desenvuelve una gran parte de la poblacin rural.
6. MODERNIZACIN E INSERCIN INTERNACIONAL DE LA AGRICULTURA DOMINICANA.
6.1 La Lgica de la "Modernizacin".
Los mitos en torno a los modelos de exportacin se mani-fiestan claramente en aquellas actividades ligadas a la agricultura. Las bondades que se les atribuyen en relacin a la generacin de divisas y empleo se vuelven nebulosas cuando se descubre que los beneficiarios de este proceso son, en primer lugar, el capital transnacional, grandes capitalistas nacionales y ciertos sectores urbanos, sin que ello implique una mejora en las condiciones socio-econmicas de la mayora pobre. Al contrario, el balance general demuestra que la "modernizacin" de la agricultura, a travs de una mayor insercin internacional, se ha traducido en los pases del Tercer Mundo en un mecanismo de profundizaron de la crisis de la agricultura, reflejndose en un empeoramiento de la situacin alimentaria en general, empobrecimiento creciente de los campesinos y en un proce-
so acelerado de degradacin ambiental.
La dinmica de este proceso de "modernizacin" se enmarca dentro de la siguiente lgica:
La provisin de alimentos baratos es esencial para el modelo de desarrollo capitalista a nivel mundial. En primer lu-gar, porque permite reproducir la fuerza de trabajo;segundo, reduce los costos salariales y, tercero, consolida los mercados internos de las economas centrales.
La ampliacin del modelo anterior en las actividades agro-
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pecuarias del Tercer Mundo resulta ser una condicin necesaria para el desarrollo del capitalismo en el Centro. De hecho, ms que consolidar los mercados internos y fortalecer el proceso de acumulacin en la periferia, este fenmeno se ha traducido en mayores distorsiones en las economas nacionales. Ms que uniformidad, el desarrollo capitalista ha acentuado las desigualdades, como afirma Teubal (1979: 62):
"Los atributos de heterogene
"Los atributos de heterogeneidad de estas economas, se acentuaron con el surgimiento de los sectores primario-exportadores, orientados hacia las necesidades de los pases capitalistas centrales y receptores de la mayor parte de sus inversiones de capital. Las grandes empresas transnacionales ligadas a las exportaciones de productos alimenticios se insertaron precisamente en estos sec tores ".
La "modernizacin" de la agricultura significa el reordenamiento de la estructura agraria hacia un nuevo patrn de centralizacin dirigido por los "agrobusiness" de gran capital nacional y penetrado cada vez ms por las empresas transnacionales, para satisfacer las necesidades de los pases centrales.
Baste citar las declaraciones del entonces Secretario de Industria y Comercio, licenciado Najri, para constatar el planteamiento anterior: "En dos aos de funcionamiento de la Ley 409 de Fomento, Incentivo y Proteccin Agro-industrial (de 1983) se han clasificado 28 proyectos con una inversin estimada total ascendente a $156,009,403, ... De estos proyectos, 21 orientan su produccin al mercado externo, estimndose el valor de las exportaciones para el ao 1985 en US$37,760,572 ... La inversin extranjera ha respondido de manera decidida a la Ley de Agroindustria, de los 28 proyectos sealados, 15 corresponden a inversiones conjuntas representando el


54o/o, siendo la inversin estimada de ellos RD$85,202,460, lo que significa el 55 o/o aproximadamente de la inversin total que demandarn los 28 proyectos clasificados...Ellos han introducido la inversin conjunta privado-estatal, asocindose con el Estado a travs del Consejo Estatal del Azcar (CEA) y el Instituto Agrario Dominicano (IAD), quienes han aportado nicamente los terrenos donde se ejecutan las fases agrcolas de los proyectos, logrndose ahorros sustanciales en la inversin por dicho concepto.
En estas inversiones conjuntas participan "reconocidos conglomerados internacionales como los son United Grands en la conservacin de pinas frescas en Villa Altagracia, con Frutas Dominicanas, C. por A.; ABC Internacional con ABC Dominicana en Azua, en la conservacin de frutas y vegetales, y ATIKIN Internacional con Productora Nacional de Algodn, produciendo fibras y semillas de algodn en Valverde, Mao". (Portafolio, El Nuevo Diario, 26 de febrero de 1985.
El Impacto de la "Modernizacin1 \
El impacto del proceso de "modernizacin" de la agricultura dominicana a travs del desarrollo de agroempresas podra resumirse en los siguientes trminos:
1) La orientacin de la produccin agrcola para los mercados externos ha implicado un deterioro de la produccin destinada a los mercados locales, especialmente de aquellos productos de consumo bsico popular. En general esto se explica porque las agroempresas van captando los suelos ms frtiles y mejor localizados, as como absorben los recursos disponibles de agua, crdito, etc. La produccin de alimentos bsicos en los sistemas agrarios campesinos va quedando relegada cada vez en mayor medida a terrenos marginales (ver Geilfus, 1986). La exportacin de muchos de los productos agrcolas se realizan a costa del abastecimiento interno de ellos (ver Cuadro No. 4). La escasez se va generalizando, generando aumento de precios, deficiencias nutricionales significa-
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tivas en la poblacin rural y urbana, y agudizando los factores de crisis social.
Estos fenmenos se revierten en la actividad productiva de los sistemas campesinos. Se intensifica el uso de la tierra, y se acelera el proceso de degradacin de los suelos.
Este proceso ha do adquiriendo las mismas caractersticas de lo sucedido en Hait. Anglade explica el fenmeno en los siguientes trminos:
"Al campesino parce/ero se le exige que produzca las mercancas aptas para satisfacer la demanda extranjera con el fin de que las mltiples extracciones de la comercializacin puedan
producir los beneficios que buscan el Estado y los grupos dirigentes. Dentro de estas condiciones (y a pesar de la poca porcin de beneficios que recibe el campesino), la masa campesina ingeniosamente inventar un sistema de cultivo que le permite hacer reproducir el suelo de sus parce/as, su vegetacin y sus anima/es. La "ayuda", la "asistencia"y la presencia extranjera contribuyen al desarrollo de esta produccin exportable, en adicin a las presiones para la degradacin. La amenaza de desertificacin para cada conuco se verifica de ao en ao y, a falta de nuevas tierras, se acerca el plazo para que el campesino adquiera el rango de campesino sin tierra, o para que se lance a las sombras de una emigracin salvaje que generalmente encalla en los barrios pobres de Puerto Prncipe". (Citado en Yunn, 1985: 155-156.
2) Las agroempresas, sobre todo si son de capital extranjero, son creadoras de patrones de consumo. Al estar vinculada su produccin al consumo de grupos de ingresos medios y altos, es obvio que el objetivo no es mejorar el rgimen alimentario de los sectores de ingresos bajos, sino incorporar pautas de consumo muy dinmicas pero que no se adecan a las necesidades de la mayora pobre. Entonces no ex extrao que se sustituyan las frutas frescas por jugos enlatados, el sazn natural por "caldo de pollo" o salsa inglesa, leche materna por leche en polvo, etc.


Muchas de las agroempresas son totalmente integradas: controlan la produccin de insumos y la produccin agrcola misma, manejan los procesos de distribucin desde el almacenamiento hasta la venta final en una cadena de restaurantes. De ah que hay un traslado continuo, y en un solo sentido, del esfuerzo productivo del campo hacia la ciudad. La creacin de patrones de consumo es funcional a esta dinmica.
Pero este proceso de alteracin de los patrones de consumo ha alcanzado al campesino mismo (Crouch, 1981). La produccin para la subsistencia ha desaparecido. Es difcil encontrar el pollo y los huevos "criollos"; ya prcticamente no se encuentra el rbol frutal en la parcela campesina. Las necesidades alimenticias bsicas ya no son satisfechas. La parcela campesina ahora se utiliza para los "comercializables"; se ha especializado para dar lugar a la "modernizacin", de la agricultura dominicana. Los productos campesinos van desapareciendo para favorecer a los productos capitalistas. (Ver Cuadro No. 5).
3) Slo los "eficientes" se benefician de este proceso de "modernizacin" e insercin internacional de la agricultura. Quines son los "eficientes"? Aquellos cuyos procesos productivos pueden adecuarse en cantidades y precios a las necesidades de los pases centrales. Esto implica un proceso de acumulacin con un contenido tecnolgico particular que no se adeca a los sistemas agrarios campesinos. Sin embargo, al campesino se le quiere convertir en "eficiente" con la introduccin de tecnologas "modernas" que se orientan fundamentalmente en la misma direccin que los intereses del capital transnacional. El resultado ha sido un aumento de las desigualdades en el campo.
4) La generacin de divisas mediante la "modernizacin" de la agricultura es un mito. La desarticulacin al interior de los sistemas agrarios campesinos ha resultado en un desajuste de la produccin alimentaria con relacin a
55


la demanda creciente de ella. Esto ha obligado a complementar (cada vez en mayor proporcin) la oferta interna de alimentos con importaciones de los mismos. La brecha entre las exportaciones e importaciones de alimentos se hace cada vez mayor. (Ver Cuadros Nos. 6 y 7).
CONCLUSIN
La cuestin agraria en la Repblica Dominicana ha sido generalmente tratada a travs de un enfoque inadecuado. Esta inadecuacin proviene fundamentalmente de la ausencia de un marco terico capaz de articular los mltiples elementos que participan en la dinmica rural en un todo complejo.
De ah" que el tratamiento de muchos aspectos esenciales del problema rural aparezcan marginalmente o, simplemente, no son considerados. A veces, la dinmica social aparece divorciada de los aspectos f sico-territorial es. Otras veces, los problemas relacionados con los elementos fsico-territoriales se manejan como si fueran independientes de la dinmica social. El conocimiento de la organizacin social del territorio es posible mediante la utilizacin del anlisis espacial que toma en consideracin al sistema agrario como su unidad de anlisis.
Este enfoque permite abordar la realidad del campo dominicano en su multiplicidad y en su unidad. Adems, posibilita el anlisis de la cuestin agraria desde una perspectiva temporal.
Esta manera de ver las cosas nos conduce necesariamente a redescubrir y revalorizar las estrategias de sobrevivencia del campesino
dominicano; su modo de vida, sus respuestas y adaptaciones a las presiones que la sociedad ejerce sobre l; el espacio rural socialmente construido.
Es por ello que la alternativa para enfrentar los problemas del campo dominicano se plantea como una va campesina y no como una va urbana que viene del agro y no de la industria, que viene de los pobremente asalariados y no de los plenamente asalariados.
56


Hay alternativas campesinas. Ms an, no parece que pueda ofrecerse una solucin social mente aceptable y humanamente digna a la crisis de la agricultura y su expresin en el empobrecimiento creciente de la poblacin rural, dcsabast.ee i miento de alimentos y degradacin ambiental, si no se desarrollan esas alternativas.
NOTAS
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57


Geilfus, Frans. ELEMENTOS PARA EL DISEO Y LA IMPLANTACIN DE SISTEMAS INTEGRADOS ADAPTADOS A LOS PEQUEOS AGRICULTORES EN ZONAS HMEDAS Y SUB-HUMEDAS. UCACDE, Santo Domingo, 1985.
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Instituto de Estudios de Poblacin y Desarrollo. POBLACIN PRODUCCIN DE ALIMENTOS Y NUTRICIN EN LA REPBLICA DOMINICANA. Estudio No. 2 Santo Domingo, 1983.
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San Miguel, Pedro Luis. THE DOMINICAN PEASANTRY AND THE MARKET ECO-NOMY: THE PEASANTS OF THE CIBAO 1980 1960. Ph. D. Dissertation. Columbia University, 1987.
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58


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Warman, Arturo ENSAYO SOBRE EL CAMPESINO EN MXICO. Editorial Nueva Imagen, Mxico, 1981.
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Yunn Z. Rafael Emilio. LA ISLA COMO ES: HIPTESIS PARA SU COMPROBACIN. PUCMM, Santiago 1985.
"La Geografa Critica de Gcorgc Angladc: Una Nueva Ciencia Social que ausoicia el desenvolvimiento de los Pueblos". MEDIO AMBIENTE CARIBE, Santo Domingo).
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ANEXO


GRFICO No. 1 USO DE LA TIERRA
CENSO AGROPE. 1981
(47.9o/o) MONTE
(20.8 o/o) CULTIVOS
(6.3o/o) BARBECHO
(12.5o/o) PASTOS NATURALES
(12.50/0) PASTOS CULTIVADOS
62


GRFICO No. 2 ESTRUCTURA TENENCIA DE LA TIERRA
1981
90
O)
co
c
z
Lu

C a
80
60
50
40
30
20
10
0
0 A 79
80 a 799
TAREAJE
800
V/A O/O DE FINCAS
o/o TIERRA EN FINCA


50 0
50 100
150 200
250
300
RAFICONo. 3
PR. FINCA COSTO PROD
1980- 1984
8
10
11
12
350


GRFICO No. 4 DESARROLLO TRMINOS INTERCAMBIO
AGRICULTURA
NDUSTRIA
0.11
o.i -
0.09
0.08
0.07
0.06
0.05
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
AOS


40
30 H
20 4
io H
10
20
30
-40
50
70
fl/l
3 "O
c
O
5
ra
o
3
4)

O
z
o
>
O
c
O
2 o
2 1
3
3
o
o c


GRFICO No. 6 TASA CRECIMIENTO PRODUCCIN
1973- 1984


15 14
13 12
11
10
9
"O
8 7
GRFICO No. 7 RELACIN IMPORT/ EXPORT / CONSUMO
ALIMENTOS PARA EL PERIODO 1976- 1986
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
IMPORT ALIM
? PROD. NAC. ALIM.
o EXP. NO


GRFICO No. 8 REQUERIMIENTO IMPORTACIONES MAZ
EN FUNCIN PROD. AVCOLA
0.9
0.8
0.7
0.6
0.5 H
0.4
0.3
0.2
0.1
? IMPORT. MAZ
A PROD. AVCOLA


o
CUADRO 1
*
MARGEN DE INTERMEDIACIN ENTRE LOS PRECIOS A NIVEL DE FINCA Y PRECIOS AL CONSUMIDOR
Producto 81 82 83 84 85 86
ARROZ PF 0.22 0.22 0.22 0.34 0.52 0.46
PC 0.31 0.31 0.31 0.35 0.25 0.44
HABICHUELA PF 0.43 0.53 0.40 1.14 1.29 1.12
PC 0.67 0.67 0.84 1.39 1.74 2.05
YUCA PF 0.07 0.12 0.08 0.96 0.21 0.19
PC 0.18 0.22 0.23 0.25 0.37 0.41
PLTANOS PF 0.04 0.04 0.04 0.05 0.13 0.16
PC 0.07 0.08 0.09 0.15 0.22 0.23
YAUTIA PF 0.11 0.10 0.15 0.21 0.28 0.31
PC 0.28 0.42 0.75 0.30 0.30 0.55
BATATA PF 0.06 0.08 0.08 0.10 0.11 ND
PC 0.14 0.17 0.15 0.25 0.28 0.31
C POLLO PF 0.61 0.66 ND 0.97 1.20 1.27
PC 0.73 0.84 0.79 0.98 1.48 1.60
CEBOLLA PF 0.28 0.12 0.12 0.63 0.51 0.73
PC 0.56 0.47 0.60 0.68 1.69 1.49
PAPA PF 0.11 0.11 0.12 0.15 0.21 0.28
PC 0.22 0.26 0.24 0.38 0.47 0.51
TOMATE PF 0.17 0.15 0.10 0.15 0.23 ND
PC 0.37 0.33 0.38 0.63 0.90 ND
PROMEDIO PF 0.209 0.212 0.121 0.484 0.463 0.451
PROMEDIO PC 0.359 0.369 0.416 0.607 0.828 0.794
MARGEN en o/o 41.7 42.5 70.9 20.1 44.0 43.2
FUENTE: PLAN OPERATIVO 1987; SEA


CUADRO NO. 1
PRECIOS A NIVEL DE FINCA Y COSTOS DE PRODUCCIN 1980 1984
PRECIOS FINCA COSTO PROD. DIFERENC.
(CAMBIO o/o) (CAMBIO o/o)
1) Arroz 49.6 149.7 100.1
2) Hab. roja 70.1 80.5 10.4
3) Pltanos -37.5 ND ND
4) Yuca -9.6 127.5 137.1
5) Maz 74.7 80.1 5.4
6) Guandul 0.4 222.9 222.5
7) Batata 31.8 31.8 0
8) Papa 66.1 132.9 66.8
9) ame -8.3 332.8 341.1
10) Man 100 90.8 9.2
11) Yauta 177.5 199 21.5
12) Tabaco 87 182.8 95.8
FUENTE: SEA, OPTO. DE ECONOMA
71


^J CUADRO No. 3
PRECIOS RELATIVOS A LOS PRODUCTORES DE LOS PRODUCTOS SELECCIONADOS CON RESPECTO
A NDICES DE PRECIOS DE LOS BIENES INDUSTRIALES, REP. DOM. 1973 A 1984
Arroz Ma z Hab. Guandul Papa Cebolla ame
73 0.117 0.048 0.128 0.087 0.036 0.026 0.042
74 0.128 0.038 0.102 0.074 0.027 0.037 0.029
75 0.139 0.048 0.144 0.069 0.053 0.063 0.050
76 0.120 0.050 0.140 0.076 0.030 0.065 0.051
77 0.110 0.033 0.127 0.088 0.042 0.193 0.036
78 0.097 0.025 0.128 0.063 0.050 0.086 0.031
79 0.075 0.023 0.105 0.047 0.037 0.074 0.023
80 0.070 0.024 0.128 0.048 0.037 0.058 0.031
81 0.074 0.027 0.117 0.047 0.030 0.080 0.031
82 0.078 0.023 0.151 0.046 0.036 0.057 0.024
83 0.071 0.022 0.218 0.045 0.030 0.031 0.031
84 0.065 0.023 0.113 0.028 0.023 0.097 0.023
PLTANO BATATA YUCA POLLOS TOMATE PROMEDIO
73 0.549 0.037 0.039 0.243 0.025 0.106
74 0.233 0.029 0.036 0.210 0.019 0.074
75 0.315 0.037 0.051 0.245 0.027 0.095
76 0.327 0.028 0.037 0.229 0.021 0.090
77 0.185 0.040 0.025 0.220 0.090 0.091
78 0.221 0.020 0.024 0.186 0.034 0.074
79 0.1 70 0.170 0.017 0.136 0.037 0.070
80 0.110 0.200 0.034 0.113 0.032 0.068
81 0.081 0.017 0.018 0.166 0.053 0.057
82 0.142 0.024 0.028 0.185 0.028 0.063
83 0.104 0.018 0.020 0.175 0.026 0.061
84 0.077 0.015 0.015 0.175 0.023 0.052
FUENTE: Espinal Juan J.; "La poltica de los precios Agrcolas, en la oferta de Alimentos"; ESTUDIOS ECONMICOS
Fundacin Friedrich Ebert; 1987


CUADRO No. 4
TASA DE
CRECIMIENTO DE LA PRODUCCIN Y DE LAS EXPORTACIN ALGUNOS RENGLONES AGROEXP. NO TRADICIONALES
1975 1985
PRODUCTO
Guandules
Batata
Yuca
ame
Yauta
Guineo Naranja Dulce
Aguacate
Mango
Coco
Ajes
Pltano
PRODUCCIN
EXPORTACIN
DESABASTEC MIENTO
MERC. LOCAL
1
2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
-2.3 -3.7 -7 -8 3.1 4.3 3.3 2 1.1 0.8 4.4 -4.3
6.7 15.8
6.5 -0.9
6.3
-34 66
0.1 5
8.7
1.4 44.9
-9 -19.5 -13.5 -7.1 -3.2 38.3 -62.7 1.9 -3.9 -7.9 3
-16.2
inte: LA RD EN CIFRAS 1975 1985 ONE


CUADRO No. 5
TASA DE CRECIMIENTO DE LA PRODUCCIN DE ALGUNOS RUBROS AGROPECUARIOS
1973 1984
RUBRO TASA CRECIMIENTO
en o/o
1) ame
2) Batata
3) Papa
4) Yauta
5) Pltano
6) Yuca
7) Cebolla
8) Hab. Roja
9) Maz
10) Guandul
11) Arroz
12) Tomate Ens
9.7 .5 .4 3.4 3.2 .4 0.5 4.3 5.5 5.3 5.6 8
Fuente: ESI NAL
74


CUADRO NO. 6
IMPORTACIONES PARA LA AGRICULTURA Y ALIMENTACIN
(EN MILLONES US$)
1977 1978 1979 1980 1981 1982 1983 1984 1985
a) De Capital 78 8 21 14 598 8
b) Materias Primas*
Para Agricultura 28 31 33 64 48 36 31 29 29
Para Ind. Alimenticio 23 14 15 18 22 16 23 20 15
Aceite crudo Al i men. 6 16 40 25 20 43 18 30 22
Trigo 21 23 21 29 37 21 31 21 33 Grasas y Aceites
Animales y Vegetales 7 10 10 9 9 12 6 10 10
85 94 119 149 136 128 109 90 109
c) Bienes de Consumo
Leche 6 7 8 12 12 7 13 12 10
Productos Alimenticios 38 38 52 75 69 49 44 22 46
Arroz 18 7 0 15 27 0 0 0 2
Maz 9 9 11 21 24 20 24 28 17
74 61 71 123 132 76 81 62 75
TOTAL (a b c) 166 163 198 293 282 209 199 160 192
*No incluye componentes qumicos.
Fuente: Oficina Nacional de Estadstica.
en


CUADRO No. 7
PRODUCCIN DE ALGUNOS PRODUCTOS SELECCIONADOS
ENTRE 1976 1986
PRODUCTOS DE IMPORTACIN PRODUCTOS DE PROD. Y CONSUMO
Ao Arroz Maz Aceite Trigo Huevos Arroz Tomate
MIL QQ MIL QQ MIL QQ MIL QQ MION MIL QQ MIL QQ
76 704 1322 176 2981 201 4451 3070
77 1421 1654 284 2501 166 4454 2537
78 231 2311 129 2778 173 5031 2869
79 ND 1637 465 2241 217 5400 2796
80 895 3401 ND 3346 316 5611 3202
81 1384 3328 ND 3683 342 5737 2333
82 ND 3474 ND 3520 392 5679 1886
83 ND 4679 ND 3867 378 7109 2703
84 ND 4000 1196 3702 336 7152 2148
85 485 5774 973 4803 339 7065 1113
86 2621 5995 ND 4931 436 6360 1564
PRODUCTOS DE EXPORTACIN
Frijoles C Aves Pina Melones Molondrones Tomate Tubrculos
MIL QQ MILQQ MIL QQ MILQQ MIL QQ MIL QQ MIL QQ
445 851 89 12 1577 1841 20932
742 742 107 14 3453 3285 20040
649 899 93 6 2107 2092 25578
834 1202 192 31 1835 1683 20747
806 1454 15 18 3109 1104 19929
888 1901 3994 21 3164 1676 28220
487 1339 6669 1716 5328 854 26838
958 1491 8303 5003 5473 1238 30123
1022 1400 6031 11924 4017 1386 38301
811 1390 6341 12206 4037 2109 38900
732 1937 12134 17560 2639 10487 53266


INMIGRACIN ITALIANA EN SANTIAGO
Por Edwin Espinal Hernndez*
A diferencia del presente cuando muchos dominicanos salen al exterior, la Repblica Dominicana se ha caracterizado histricamente por las inmigraciones. El periodo comprendido entre los ltimos aos del siglo XIX y comienzos del XX constituye uno muy importante para el estudio de los procesos migratorios.
El presente trabajo recoge informacin acerca de los inmigrantes italianos radicados en Santiago de los Caballeros, grupo sobre el cual existe poca informacin disponible, por lo que apelamos a la tradicin oral y a la bsqueda de datos en archivos oficiales y eclesisticos en el transcurso de la investigacin.
Lo hemos acompaado de una guia alfabtica de los principales inmigrantes llegados a finesdel siglo XIX y comienzos del XX que trajeron consigo su laboriosidad optimista y su (fe inquebrantable en el porvenir.
El proceso migratorio.
Al arribar Santo Domingo a la Independencia en 1844 uno de los problemas ms graves que enfrent la Repblica fue la baja po-blacional, problema que estuvo vigente hasta el gobierno de Trujillo, inclusive.
Polticos e intelectuales del pasado siglo expresaron sus preocupaciones sobre la escasez poblacional, la enorme cantidad de tierra ociosa y la necesidad de inmigrantes para aumentar la produccin y riqueza, a fin de enfrentar la grave crisis econmica y financiera que padeca la Repblica. Hostos, Lupern, Ulises Francisco Espaillat
* Estudiante; Dominicano. Investigador del Instituto Dominicano de Genealoga.
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y Jos Ramn Abad proponan una inmigracin selectiva, particularmente blanca, trabajadora y virtuosa, preferiblemente de Europa.
Cuando Lupern asumi el poder (1879-80) nombr embajadores en Alemania, Francia, Holanda, Blgica y Washington, instruyndoles entre otras cosas, fomentar la inmigracin. El gran inters de Lupern por la inmigracin lo hallamos reflejado en otros gobiernos, que ofrecan mayores garantas y ventajas. En 1882 el Presidente Buenaventura Bez present al Congreso un proyecto de Ley de Inmigracin; en 1860 el Estado concert un contrato con el empresario Manuel Pereyra para traer familias canarias. Siete aos despus en el gobierno de Jos Mara Cabral se expidi una Ley sobre empresas a-grcolas, colonizacin e inmigracin. Y en la administracin de Espai-
llat (1876) se concedieron tierras del Estado a inmigrantes y se les pag los gastos de viaje a los contratados por capitalistas para trabajar
en sus empresas agrcolas 1.
El mayor flujo de inmigrantes fue recibido por Puerto Plata, entonces el centro comercial portuario ms importante de la Repblica. Pero siempre en bsqueda de lugares de mayor prosperidad econmica se dirigieron a Santiago de los Caballeros, que jug un papel importante dentro de la economa agro-exportadora dominicana al integrarse en 1897 al Ferrocarril Central Dominicano siendo el punto de enlace del comercio tabacalero, cuyas relaciones con el exterior estaban centradas en Bremen y Hamburgo, desde donde el tabaco flua a Trveris, Badn y otras plazas interiores de Alemania.
Fueron numerosos y diversos los ncleos de inmigrantes que se asentaron en nuestra ciudad gracias al desarrollo alcanzado destacndose entre stos los naturales de Italia. Su integracin a la sociedad santiaguera de entonces no pas desapercibida. Ejemplo de esto lo ofrece Juan Antonio Alix en su dcima "Di Coloni ltalan,, donde destaca el apoyo de Alejandro Schiffino, Pascual Marino, Angelo y Lorenzo Pellerano, Genaro Cantisano, Pancho Bloise, Pladesy Pedro Stefani, Luis Paonensa y Rocco Turquino a las fiestas del Patrn Santiago en 1 8912. Arturo Bueno en su obra "Santiago: Quien te vio y quien te ve" apunta los nombres de otros italianos como talo de los Angeles, Jos Sabatino, Juan Sangiovanni, Jos Campag-na, Enrique Sassone, Salvador Ferzola, Flix Larroca. Seala la rpida asimilacin del grupo: "(...)como casi todos han casado con damas
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santiaguesas; como por su actividad industrial, educacional y periodstica han contribuido al crecimiento cultural-econmico de la ciudad; como esta rpida absorcin en el medio criollo ha evitado que alguna vez existiera un club de recreo propio (...) .
Los italianos que emigraron solan ser en su mayora gente sencilla y comn, quienes partan en bsqueda de un mayor bienestar. Como podr observarse en la lista de inmigrantes la principal ocupacin que stos desempearon fue el comercio, estableciendo importantes casas comerciales, algunas fbricas y talleres de relativa significacin, destacndose adems en otras ramas de la actividad productiva, como la joyera y panadera. La influencia italiana en el poder comercial de Santiago puede considerarse mnima. En efecto, durante el primer trimestre de 1931 el volumen de existencias declarado en la provincia de Santiago ascenda a RD$1,972,675.30. De ello los dominicanos tenan inversiones estimadas en RD$1,364,217.00 y los rabes RD$381,000.00. Los espaoles tenan inversiones de unos RD$158,000.00 y los italianos RD$69,458.304.
Un estudio comparativo de varios censos demuestra el aumento poblacional de la comunidad italiana en esta urbe. En 1893, Santiago contaba con 8,138 habitantes, de los cuales 30 eran italianos (28 varones y 2 hembras)5. En 1903 la poblacin alcanzaba la cifra de
10,935 de los cuales 536 representaban la colonia extranjera en la ciudad. De stos haba 33 italianos varones; no se especifica el nmero del sexo femenino6. Ya en 1916, 49 italianos residan en Santiago, lo que muestra un crecimiento significativo de esta colonia. La poblacin en ese ao era de 14,774 habitantes7.
Notamos en el curso de la investigacin los fuertes lazos emocionales que unan a estos inmigrantes, al servir como padrinos o testigos de enlaces matrimoniales y declarantes en la muerte de alguno de sus compatriotas. Vinculado a esto en la lista de inmigrantes encontramos un dato interesante: la mayora de los radicados en Santiago procedan de la zona Sur de Italia. Santa Domenica Talao, pequea poblacin enclavada en la zona montaosa de la provincia de Cosenza fue uno de los lugares de origen mayormente representado. Apellidos
como Anzellotti, Bloise, Campagna, Capobianco, Cio, Cozza, Cucu-rullo, Divanna, Depuglia, Grsola, Leone, Longo, Marino, Oliva, Pa-
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ppaterra, Perrone, Pezotti, Riggio, Russo, Sabatino, Senise y Schi-ffino pertenecen todos a familias de este pueblo.
Despus de la importante inmigracin de finales del siglo pasado y comienzos del XX no ha ocurrido un flujo migratorio de Italia tan numeroso en el pas. Los nacionales italianos que se han radicado despus de la Segunda Guerra Mundial lo han hecho de manera espordica y tienden a ser personas capacitadas y con amplios conocimientos en diversas reas vinculadas a empresas de la construccin, actividades educativas y de cooperacin italo-domincanas. Dentro de este moderno grupo de inmigrantes podemos sealar a los ingenieros civiles Firminio Di Massimo, Aldo Caleri y Giuseppe Za-nn; estos dos ltimos llegados con la firma"Italconsult"constructora del actual acueducto de Santiago. El ingeniero Rainieri Bicchi de Fucecchio (Toscana) encargado de la remodelacin de las escalinatas del Monumento a los Hroes de la Restauracin entre 1975-76; Vittorio Dall'Olmo de la ciudad de Torino (Piamonte) ingeniero electromecnico encargado de los departamentos GTD-5 y CI-EAX de la CODETEL; la profesora Cecilia Grosetti, el Doctor Lucio Gra-ssia, natural de Sicilia y catedrtico en el Instituto Superior de Agricultura; Carmelo Melega, natural de Santa Domenica Talao; Silvano Fioretti, antiguo administrador de la heladera "San Remo"; Nicola Pugliese Zouain actual Vice-cnsul de Italia en Santiago y propietario del restaurante "Qstera" y los jvenes del voluntariado "Te-rranuova", integrado entre otros por Luigi Dichiara, Mauro Sera-vioni, Marta Viani, Norma Novelli y Antonieta Vernice.
Presentamos a continuacin la lista de los inmigrantes italianos llegados a Santiago de los Caballeros a partir de la sexta dcada del siglo Xlx hasta bien entrado el siglo XX que incidieron por su prestancia en el desarrollo social y econmico de la ciudad.
ANZELLOTTI, VICENTE: Natural de Santa Domenica Talao, provincia de Cosenza, regin de Calabria. Hijo de Vito Anzellotti y Mara Angela Cosentino. Lleg en compaa de su hijo Pascual, dedicndose al comercio, siendo propietario de la tienda de tejidos "La Italiana" en la calle General Cabrera esquina Espaa. Cas el 2 de Octubre de 1909 con Candelaria Contn, siendo sus hijos Patria, Mara Ana Italia, Roma Altagracia, Amrica, Jos Reinaldo, Vctor
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Vicente8. Muri en Santiago el 21 de octubre de 1956 a los 86 aos de edad.
BIAGGIOTTI, RAFAEL: Oriundo del pueblo de Barga, provincia de Lucca en la regin de Toscana. Hijo de Antonio Biaggiotti y Mara Pieracchini. Avecindado en Gurabo, donde se dedic a las labores agrcolas, cas a los 35 aos de edad el 13 de enero de 1 892 con Rita Adelaida Andr de 31 aos, hija de Bruno Andr y Rita de Castro9. Muri el 13 de octubre de 189310.
BLOISE: Apellido proveniente de Santa Domenica Talao, provincia de Cosenza. Entre las personas con este apellido en nuestra ciudad podemos citar a:
-Francisco Bloise, hijo de ngel Bloise yRamona Pugliese. Cas el 14 de octubre de 1921 con Ramona Emilia Mera, natural de Las Lagunas, hoy Villa Gonzlez 11.
-Jos Domingo Bloise, hijo de ngel Bloise y Angela Depuglia. Cas el 19 de Octubre de 1906 a los 25 aos con Luca Margarita Lpez de 23 aos, hija de Juan Evangelista Lpez y Luca Fernndez12.
-Mara Anunciata Bloise, hermana del anterior, quien cas el 17 de Agosto de 1905 a los 22 aos con Fortunato Pappaterra, de 35 aos, natural de Santa Domenica Talao, hijo de Blas Pappaterra y Angela Scaldaferri1 3.
-Juan Bloise, hijo de Jos Bloise Minervinoy Mara Trifilio, muri en esta ciudad el 1 9 de Octubre de 1 927 a los 48 aos de edad, siendo casado con Teresa Caputo 14.
BUZZONI, FRANCISCO: Natural de Miln en la regin de Lombarda.. Comerciante. Muri en esta ciudad el 8 de noviembre de 1883 15.
CAMPAGNA: Apellido de Santa Domenica Talao, provincia de Cosenza. Miembros de esta familia en esta ciudad fueron:
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-Alberto, Luis y Aquiles Campagna, hijos de Anbal Campagna y Filomena Pezzotti, llegados a principios de siglo. En el ramo comercial los hermanos Campagna regentearon el "aristocrtico Caf y Restaurant" "El Edn" establecido en 1917 en la calle Del Sol, en jel tramo comprendido entre la "30 de Marzo" y "Espaa" acera norte, y el Hotel "Garibaldi" que quedaba al frente y haban fundado en 1917.
Alberto cas el 3 de Junio de 1911 con la seorita Ana Rita Garca Valverde dejando descendencia16. Su hermano Luis regres a Italia al enfermar poco despus de su establecimiento en Santiago, Aquiles cas con la seorita Carmita Cerda.
-Arstides Amadeo Campagna, primo hermano del anterior. Hijo de Garibaldi Campagna y Asuncin Schiffino. Comerciante, representante en el pas de firmas comerciales extranjeras. Cas el 2 de Febrero de 1920 con la seorita Mercedes Abru, hija de Rafael Abru y Elena Penzo Amarante17. A la hora de su muerte, acaecida el 12 de Agosto de 1 962 contaba con 69 aos de edad y era Agente Consular de Italia.
-Jos Campagna, hijo de Antonio Campagna y Mara Magdalena Divanna, muri en esta ciudad el 3 de diciembre de 1964 a los 87 aos de edad estando casada con Mara Teresa Divanna18.
Silverio Campagna nacido en 1887 y residente en Santiago en 1912.
CANTIZANO, GENARO: Natural del pueblo martimo de Ma-ratea, provincia de Potenza, regin de Basilicata. Hijo de Nicols Can-tisano y Cayetana Limogi. Lleg al pas en 1890 procedente de Saint Thomas trado por Toms Pastoriza. Propietario de una pequea lotera que realizaba sorteos los jueves y domingos de cada semana, que operaba para Santiago, Jnico y San Jos de las Matas. Cas el 5 de enero de 1898 con Margarita de Jess Flores, hija de Victoriano Fio res y Laura Garca19, siendo sus hijos: Jos Ismael, Humberto Enrique Beatriz, Elena, Nicols, Francisco Antonio, Leandro Manuel, Carmen, Carlos y Luis.
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CAPOBIANCO, ANTONIO: Natural de Santa Domenica Talao, provincia de Cosenza. Hijo de Gregorio Capobianco y Magdalena Caputa. Muri en esta ciudad el 29 de julio de 1 902 a los 31 aos de edad 2 0.
CARDONA, RAFAEL: Natural de aples en la regin de Campania. Buhonero en 1883 2 *.
CESTARO O CESTARI, SEBASTIAN: Msico. Natural de San Lorenzo Minore, Benevento, en la Campania. Muri en esta ciudad el 28 de diciembre de 1881 a los 28 aos d edad, estando casado con Carmela Ferreri22.
CILIBARTI, LUIS: Comerciante en 190223.
CIO: Apellido proveniente de Santa Domenica Talao, provincia de Cosenza. Miembros de esta familia en nuestra ciudad fueron:
-Luis Cio, quien resida en Santiago en 1894 contando para esa fecha con 20 aos de edad24.
-Francisco Cio, propietario de la casa exportadora "Cio Hermanos" dedicada al envo de frutos menores hacia Italia, especialmente caf..Posteriormente radicado en-Npoles.
-Mario Cio, co-propietario de la casa comercial "Grisolay Cio", establecimiento dedicado | a la importacin establecido en la calle Del Sol en 190325.
COPELLO: Apellido representado por los hermanos Anselmo y Jos, hijos de Gernimo Copello y Adelina Duezo. Don Anselmo tuvo una destacada participacin pblica, llegando a ser Presidente del Ayuntamiento durante el perodo 193242, Presidente de la Compaa Annima Tabacalera y Cnsul Dominicano en Washington, ciudad donde le sorprendi la muerte el 22 de diciembre de 194426.
COZZA, Dr. CARLOS: Natural de Santa Domenica Talao, provincia de Co'senza. Residente en Santiago en 1912.
CUCURULLO: Apellido de los hermanos Salvador, Aurelio,


Francisco Manuel Osear y Orestes Cucurullo, naturales de Santa Domenica Talao, hijos de Vicente Cucurullo y Mara Bautista Cenice. Salvador se estableci en esta ciudad en 1896 procedente de Venezuela. Inici su labor como educador en el Colegio Central dirigido por Manuel de Jess Pea y Reynoso, donde enseaba Ciencias Fsicas y Naturales, as como Matemticas. Fue maestro en la Escuela Normal, director de la Escuela de Bachilleres de Santiago e Intendente de Enseanza del Departamento Norte con asiento en Santiago, cargo que desempe eficientemente durante varios aos. En 1911 el Ayuntamiento santiagus lo declar "Hijo Adoptivo"27. Muri el 1 ro., de Diciembre de 1 926 a los 54 aos de edad28.
Aurelio fue profesor en la Escuela Normal Superior y su director en 1937 y adems, profesor de Gramtica en la Escuela Santa Ana. Francisco Manuel Osear cas a los 25 aos con Mara Cristina Ramrez de 21 aos, el 3 de abril de 1920 2 9.
DESANGELIS, TALO: Hijo de Gaetano Desangelis y Luisa de Leada, muri en Santiago el 3 de noviembre de 1931 a los 55 aos de edad siendo casado con Sofa Snchez 30.
DIVANNA, JOS: Natural de Santa Domenica Talao, provincia de Cosenza. Hijo de Silverio Divanna y Mara Giuseppa Ma-jolino, cas el 9 de junio de 1894 a la edad de 25 aos con Mara Snchez, de 15, hija de Francisco Snchez y Fredesvinda Rodr-
3 1
guez *1.
FABERO, TERNIO: Cantante. Tenor lrico.
FARINE, JOS: Natural de Benevento, en la Campania. Buhonero en 188332.
FINIZOLA, ANTONIO: Natural de Vibonati, provincia de Sa-lerno en la Campania. Comerciante. Se dedic a la venta de casimires.
FINIZOLA, LZARO: Tambin natural de Vibonati. Junto a su hijo Blas se dedic a la joyera.


GENERAZZO, JOS: Nacido en Campannelo, Avelino, regin de Campania. Hijo de Sabat Generazzo y Filomena Dionio. Cas el 10 de noviembre de 1 915 con Mercedes Nez, hija natural de Dominga Nez 33.
GODELUPPI, RICARDO: Msico. Miembro de la Banda Militar de Msica. Muri a los 42 aos de edad el 1 7 de abril de 189834.
GRISOLIA, Dr. VICENTE: Natural de Santa Domenica Talao. Hombre de elevado espritu humanitario y de notable concepto en el ejercicio de su profesin. Uno de los cirujanos ms destacados que han actuado en nuestro pueblo. Se distingui tambin como notable clnico. Trabaj asociado a los doctores Mario Robellaty Ramn de Lara, en la clnica del primero en 1921. Esta agrupacin se disolvi a los dos meses de establecida, trabajando despus cada uno en diferentes clnicas, estando la del doctor Grisola en la casa 124 de la calle Restauracin35.
LEOGALDO, NGEL: Comerciante en 1917 36.
LEONE, NICOLS: Natural de Santa Domenica Talao, hijo de Vicente Leone y Mara Rosa Lagreca, muri el 11 de septiembre de 1 897 contando con 35 aos de edad 37.
LEONETTI, EUGENIO: Natural de Serra Pedace, hijo de Jos Leonetti y Michelina Morrone. Siendo casado con Rosina Serafini fue sepultado en esta ciudad el 6 de septiembre de 1907 a los 48 aos38.
LONGO, JOS ANTONIO: Natural de Santa Domenica Talao. Hijo de Alejandro Schiffino e Isabel Longo Campagna, naci el 27 de noviembre de 1888. Lleg a Santiago en 1905 y se desempe como joyero ambulante, una de las principales actividades de los inmigrantes italianos de aquella poca. Muri en esta ciudad el 10 de agosto de 1973 a los 86 aos de edad.
MARINO, PASCUAL: Naci en 1862 en Santa Domenica Talao y resida en Santiago en 1891 39.
MELFI, LEONARDO: Comerciante en 1883 40.
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de Macors y ngel en Santiago donde fue periodista y escritor. Cas el 14 de septiembre de 1912 con Virginia de Castro Rodrguez59 siendo sus hijos Luis Jos, Orlando Ludovico, Silvio Yolanda, Pedro y ngel.
-Jos Schiffno,autor de la obra "La Riqueza Forestal Dominicana".
-Luis Schiff i no, propietario en 1914 del Hotel "Garibaldi".
-Mario Giuseppe Schiffino, hijo de ngel Schiffino y Beatriz Gorra. Comisionista. Cas el 25 de febrero de 1928 con Mara Matilde Espaillat, hija de Ulises Francisco Espaillat Julia y Aracelis Carrn60 siendo sus hijos Mario Ulises, nacido en 1929; Angelo Augusto nacido el 10 de febrero de 1930 61 y quien cas en Caracas el 22 de agosto de 1953 con Nelly Josefina Dubartte Snchez; Aldo Enrique nacido el 16 de abril de 1931 62: lleana Aracelis Merce-des, nacida el 24 de marzo de 1934 .y casada en Caracas el 30 de enero de 1 954 con Jess Simosa Alarcn.
SENISE: Apellido natural de Santa Domenica Talao. Dos de sus representantes fueron: Dr. Emmanuel Senise, a quien se le concedi exequtur para ejercer la profesin de Mdico Cirujano el 28 de octubre de 1901 64. Mateo Senise, hijo de Stanislao Senise y Mara Giu-seppa Schiffino. Casado con Angela Duran muri a los 35 aos de edad el 18 de diciembre de 1891 6 5
SOLASO, GAETANO: Industrial, comerciante en 1924 66.
STEFANI: Apellido del pueblo de Barga, provincia de Lucca, regin de Toscana, ostentado aqu por Plades, Pedro y Vittorio Ste-fani.
-Plades fue hijo de Juan Bautista Stefani y Filomena Virgani. Ingeniero agrnomo, cartgrafo, agrimensor y gemetra. Agente Consular de Italia en Santiago en 1904 67. Cas el 4 de diciembre de 1 880 a los 26 aos de edad con Sofa Espaillat de 28 aos, hija del procer Ulises Francisco Espaillat y Elosa Espaillat Rodrguez. Fueron sus hijos Mara Octavia, Mara Electa, Mara Adela y Juan
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MENICUCCI, ORESTES: Natural de Fucecchio, provincia de Toscana, Hijo de Emilio Menicucci y Magdalena Cardini. A su llegada al pas se estableci en La Vega donde colabor en la construccin de un colegio, desempendose ms tarde en el mismo como profesor.
Ya en 1 911 estaba en Santiago, ao en que instal una fbrica de mosaicos y piedrasartificiales, nombre que se* le daba a los objetos fabricados en granito, usados en bancos para parques y urnas funerarias. Dicha fbrica estaba situada en la calle 30 de Marzo41. En 1914 tena montado su taller de Modelado y Pintura en la calle hoy Mximo Gmez frente a "El Gallo". Poda ofrecer existencias en frisos,columnas, arquitrabes, capiteles, pilastras, jarrones, consolas, cornisas, etc. Posea 80 moldes variados y con ellos poda ornamentar 20 fachadas distintas. Tena modelos de balaustres desde $2.00 hasta $8.00 el metro lineal. Entre otras de sus ofertas estaban los trabajos en yeso y cartn. El taller brindaba todo lo concerniente a pintura de interiores42.
Lo anteriormente expuesto demuestra la enorme influencia de Menicucci en la arquitectura santiaguera, muestra de lo cual son las casasdel Colegio "ErciliaPepn",calle Restauracin No.93; lacasa marcada con el nmero 76 de la misma va casi esquina Cuba donde funciona el Servicio Nacional de Erradicacin de la Malaria y los altares en granito que se encontraban en dos capillas de la Catedral y que realizara en 1 930.
Cas con Mercedes Nez, natural de La Vega procreando a sus hijos Armando, Rafael, Julio, Vctor, Luis e Hilda.
Muri en esta ciudad el 10 de junio de 1 950 a los 72 aos43.
MERLANO, VITTORIO: Nacido en Genova, capital dla Liguria. Hijo de Bedetto Merlano y Ana Bregaro, Contrajo matrimonio el 28 de abril de 1 877 con Abelina de la O Curiel, hija de Manuel Mara Curiel y Mara del Amparo Inoa44. Muri en esta ciudad el 6 de noviembre de 1 887 a los 47 aos de edad45.
OLIVA, JOS ANTONIO: Natural de Santa Domenica Talao, Cosenza. Fotgrafo. Al igual que su hermana Minucha muri en esta ciudad.
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PAPPATERRA: Apellido establecido en Santiago por los descendientes de los hermanos Fortunato, Francisco Antonio (Pancho) y Jos Antonio Pappaterra, oriundo de Santa Domenica Talao. Hijos de Blas Pappaterra y Angela Scaldaferri. Asentados en Puerto Plata a principios de siglo se dedicaron al comercio, la agricultura y la ganadera.
Fortunato cas el 17 de agosto de 1905 con Mara Anunziata Bloise (ver), siendo sus hijos Rosa, Francisco, Antonio, Ana, Luis, Angela, Ramn y Olivia.
Francisco Antonio (Pancho) cas con Angela Domnguez procreando a Jos Antonio, Delia, Angela, Delmira y Francisco.
Jos Antonio contrajo matrimonio con Mara Magdalena San-giovanni, de Santa Domenica Talao, dejando tambin descendencia.
PARDI, HUGO: Naci en Liborno, provincia de Toscana en 1869, hijo de Forello Pardi y Cesira Carmasi. Pintor y decorador, Pardi retoc los medallones de los Cuatro Evangelistas que adornaban la cpula de la Catedral, realizados en 1902 por Juan Bautista Gmez (sustituidos durante la remodelacin de 1974-75 por los realizados por el Profesor Federico Izquierdo). Cas el 3 de noviembre de 1907 con Aurora Valdez Ramrez46 procreando nicamente a
Carmela, quien cas con Cndido Gonzlez. Muri el 17 de agosto de 191947.
PELLERANO, LORENZO: Natural de Santa Margarita Ligure, regin de Liguria. Hijo de Gerolamo Pellerano y Colombina Amco, contrajo matrimonio con la seorita Julia Perell. Muri el 26 de abril de 1 903 cuando contaba con 33 aos de edad 48.
PERRONE, NICOLS: Natural de Santa Domenica Talao donde naci el 21 de marzo de 1900, siendo hijo de Nicols Perrone y Magdalena Len. Lleg al pas en 1925 por la ciudad de Puerto Plata, donde estableci una panadera, dedicndose adems a la compra y venta de frutos. Posteriormente se radic en Altamira, donde cas con Mara Dolores Polanco, dejando descendencia. Muri en Santiago el 5 de enero de 1 986.
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PEZOTTI, FRANCISCO: Oriundo de Santa Domenica Talao. Resida en Santiago en 1894, contando con 30 aos de edad49.
PEZOTTI, GENARO: Nacido en Santa Domenica Talao, hijo de Pepino Pezotti. Comisionista, vendedor. Arrib al pas por Puerto Plata, pasando posteriormente a Santiago, Ban, Barahona y otros puntos del pas. Casado con la seora Mara Hernndez, muri en esta ciudad el 2 de abril de 1983 a los 86 aos de edad.
PIERRI O PIERI, SILVESTRE: Hijo de Pedro y Juana Pierri, muri en esta ciudad a los 39 aos de edad, de estado casado, siendo sepultado el 22 de febrero de 1870 5 0.
PIGNATARO Vda. OLIVA, MARA ANTONIA: Natural de Santa Domenica Talao. Muri en Santiago a la edad de 93 aos el 30 de abril de 194951.
PIOLA, ESTEBAN: Nacido en Santa Margarita Ligure, regin de Liguria. Hijo de Santiago Piola y Teresa Frugone, cas el 1 de noviembre de 1878 con Cristina Valverde, hija de los Mara Valverde y Mara del Carmen Morel. Con descendencia52.
PUCHINELLI, SAMUEL: Futbolista. Casado con Isabel Cope-lio.
PUGLIESE: Apellido oriundo de Vibonati, oriundo de Salerno, regin de Campania establecido en Santiago por los hermanos Jos y Vicente Pugliese, hijos de Nicola Pugliese y Francesca Giffone.
Nicola realiz viajes a nuestro pas hasta 1920. En uno de ellos trajo a su primo Giuseppe Pugliese, quien vena en compaa de su hijo Vincenzo, quienes se dedicaron a la hojalatera. Nicola se dedic a la zapatera. En una travesa posterior vino con su cuado Vito Giffone.
Los hermanos Pugliese establecieron la famosa tienda de tejidos "La Marchantn" en la calle Duarte No. 30, en el tramo comprendido entre las calles Del Sol y Beller.


De los hijos de Nicola, Jos (Giuseppe) naci el 6 de octubre de 1886, llegando al pas a la edad de 16 aos. Realiz varios viajes a su patria, regresando en 1 927 casado con la seorita Mara Angela Bran-di Bello, natural de Villamare, Salerno, hija de Vicente Brandi y Julia Bello y quien muriera en Santiago el 28 de julio de 1 97153. Su esposo falleci en la misma ciudad el 7 de junio de 1960. Vicente (Vincenzo) naci en 1898 y fue trado por su padre a los 1 2 aos de edad. Cas el 4 de febrero de 1928 con la seorita Mara Antonia Zouain Daz, regresando a Italia, donde muri en 193254.
RIGGIO, JOS: Nacido en Santa Domenica Talao el 9 de diciembre de 1904, siendo hijo de Pedro Riggio y Angela Schiffino. Durante muchos aos regente el desaparecido "Caf del Yaque" que fue propiedad de su padre y posteriormente el Hotel Mercedes. Radioaficionado. Cas con la seorita Luz Pou Saleta siendo padre de Pierino Mario, Dio Jos, Angiolina y Guido Marcos de Jess.
RUSSO: Apellido proveniente de Santa Domenica Talao, provincia de Cosenza. De sus representantes en Santiago pueden citarse:
-Domingo Francisco y Pedro Russo, hermano, hijo de Carmelo Russo y Mara Teresa Depuglia. Llegaron al pas por la va de Puerto Plata dedicndose al comercio. Domingo Francisco falleci en nuestra ciudad el 30 de mayo de 1 947 a los 67 aos de edad, siendo casado con Josefa Victoria Guzmn.
Pedro cas con Gertrudis Perellada, muriendo aqu el 28 de julio de 1 909 a los 35 aos de edad 5 5.
-Jos Russo, natural de Orsomarzo, hijo de Domingo Russo y Ana Lombarda. Falleci soltero el 20 de noviembre de 1901 a los 50 aos 56.
-Josefa Russo Vda. Sangiovanni, quien muri en esta ciudad el 1 2 de diciembre de 1 975 a los 93 aos de edad 57.
RUSTERUCCI, NGEL: Primer prroco de la iglesia Nuestra Seora de la Altagracia en 1874.
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SABATINO, LUIS: Natural de Santa Domenica Talao, hijo de Blas Sabatino, zapatero y Mana Rosa Oliva, radicados en Santiago. Cas con su pariente Ana Rosa Sabatino, hija de Jos Sabatino y Luisa Ramrez, el 28 de diciembre de 19245 8.
SARNELLI: Apellido de los hermanos Vicente y Flor Sarnelli, naturales de Bracigliano, provincia de aples. Llegaron al pas por la va de Hait establecindose en Puerto Plata y luego en Santiago, donde fundaron sendas panaderas (La panadera "Sarnelli' de Santiago fue establecida en 1919).
Don Vicente estuvo casado con la seora Rosa Olivo, natural de Santa Domenica Talao, siendo sus hijos Generoso Jos, Ciraco; cas por segunda vez con Carmela Galluci. Muri en esta ciudad el 23 de julio de 1963.
Flor, al igual que su hermano, realiz varios viajes a Italia, muriendo aqu'en 1968. Estuvo casado con doa Mara Lamboglia Olivo, prima hermana de doa Rosa, esposa de Vicente. Son sus hijos Ana, Luis, Juan y Vicente.
SCAROINA MONTUORI, ALFREDO: Ingeniero. Durante muchos aos se desempe como director del Departamento de Obras Publicas de Santiago. En 1911 dirigi las labores de nivelacin y desage de las calles de La Vega. En ese mismo ao fue profesor de esgrima en el Casino de la Juventud de Santo Domingo. En 1914 fund en Santiago un observatorio meteorolgico, cuyos informes eran rendidos diariamente en la prensa.
SCHIFFINO: Apellido natural de Santa Domenica Talao. A diferencia de otros inmigrantes, los Schiffino llegaron enoleadas sucesivas y sin existir un parentesco cercano entre ellos. Entre stos estaban:
-Albencio Schiffino, hijo de Francisco y Anunziata Schiffino, casada con la seora Mariucha Pappaterra Sangiovanni, con la que dej descendencia.
-ngel y Mateo Schiffino, hijos de Procopio Schiffino y Mara Cosentino, llegados al pas en 1901. Mateo se radic en San Pedro
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Bautista68. Su esposa falleci el 26 de enero de 1895 a los 36 aos de edad69.
-Pedro era hijo de Juan Bautista Stefani y Mara Elena Morcini. Conocido popularmente como "Pedro El Santero" ya que se dedicaba a fabricar santos de yeso en grandes cantidades en su taller de la calle La Barranca. Dej descendencia procreada con Ana Dilia Prez y Altagracia Santos. Muri en esta ciudad el 6 de diciembre de 1944 a los 95 aos de edad 7 0.
NOTAS
(1) Hoetink, Harry: EL PUEBLO DOMINICANO (1850-1900) APUNTES PARA SU SOCIOLOGA HISTRICA, UCMM 1985 y Prez Memn, Femando: Panorama histrico de las inmigraciones dominicanas a Puerto Rico, Suplemento Listn Diario 11 Julio 1987, pgina 15.
(2) Alix, Juan Antonio: DCIMAS (1927), op. cit. Pgs. 55-58.
(3) Bueno, Arturo: op. cit. pg. 139-140.
(4) Rosarlo, Esteban: Santiago siempre es Santiago, El Nacional 5 abril 1988, pgs. 32-33.
(5) Censo tomado del Boletn Municipal del 22 de agosto de 1893 No. 162, Heres Hernndez, Evaristo y Lpez Muoz, Javier: La Inmigracin cubana y su Influencia en Santiago (1868-1908) EME EME Estudios Dominicanos, volumen V No. 29 Marzo-Abril, 1977.
(6) Deschamps, Enrique: La Repblica Dominicana, 1907 Pg. 271.
(7) Censo de poblacin y datos histricos y estadsticos- de la ciudad de Santiago de los Caballeros, 1917. Tipografa La Informacin pg. 42.
(8) Libro 6 de Matrimonios, folios 103, acta 307, Catedral de Santiago.
(9) Libro 2 de Matrimonio,folios 274, acta 393, Iglesia La Altagracia.
(10) Libro 4 de Defunciones, folio 146, acta 173 Oficiala de la 3ra. Circunscripcin.
(11) Libro 7 de Matrimonios, folio 409, acta 815, Catedral.
(12) Libro 6 de Matrimonios, folio 305, acta 831, Catedral.
(13) Libro 13 de Matrimonios, folio 332, acta 76, Oficiala Ira. Circunscripcin.
(14) Ubro 22 de Defunciones, folios 18-19, acta 76, Oficiala Ira. Circunscripcin.
(15) Libro 3 de Defunciones, folios 169-170, acta 7-139, Oficiala Ira. Circunscripcin.
(16) Libro 6 de Matrimonios, folio 161, acta 483, Catedral.
(17) Libro 6 de Matrimonios, folio 296. acta 596, Iglesia La Altagracia.
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(18) Libro 1 de Defunciones, folio 122, acta 243, Iglesia La Altagracia.
(19) Libro 4 de Matrimonios, folio 270, acta 565, Catedral.
(20) Libro 11 de Defunciones, folio 130, acta 196, Oficiala de la Ira. Circunscripcin.
(21) Libro 3 de Defunciones, folios 169-170, acta 7-139, Oficiala Ira. Circunscripcin
(22) Libro 1 de Defunciones, folio 39, acta 592, Catedral.
(23) Libro 11 de Defunciones, folio 130, acta 196, Oficiala Ira. Circunscripcin.
(24) Libro 9 de Matrimonios, folio 37, acta 36, Oficiala 3ra. Circunscripcin.
(25) Deschamps, Enrique: opcit. Seccin anuncios comerciales.
(26) Libro 5 de Defunciones, folio 481, acta 466, Catedral.
(27) Franco, Jos Ulises: Salvador Cucurullo, La Informacin, pg.4 1ro. mayo 1987.
(28) Libro 28 de Defunciones, folio 149, acta 333, Oficiala Ira. Circunscripcin.
(29) Libro 7 de Matrimonios, folio 316, acta 623, Catedral.
(30) Libro 4 de Defunciones, folio 257, acta 1802, Catedral.
(31) Libro 9 de Matrimonios, folios 37, acta 36, Oficiala 3ra. Circunscripcin.
(32) Libro 3 de Defunciones, folios 169-170, acta 7-139, Oficiala Ira. Circunscripcin
(33) Libro 6 de Matrimonios, folio 305, acta 831, Catedral.
(34) Libro 8 de Defunciones, folio 168, acta 66, Oficiala Ira. Circunscripcin.
(35) Cantisano Arias, Rafael: Santiago y sus servicios mdicos, pg. 205.
(36) Libro 22 de Defunciones, folios 18-19, acta 307, Oficiala Ira. Circunscripcin.
(37) Libro 8 de Defunciones, folio 103, acta 167, Oficiala Ira. Circunscripcin.
(38) Libro 2 de Defunciones, folio 342, acta 68, Catedral.
(39) Libro 9 de Matrimonios, folio 37, acta 36, Oficiala 3ra. Circunscripcin.
(40) Libro 3 de Defunciones, folios 169-170, acta 7-139, Oficiala Ira. Circunscripcin
(41) Listn Diario 8, Febrero 1911 (reproducido 8 Febrero 1988).
(42) El Diario, 22 Octubre 1914.
(43) Libro 6 de Defunciones, folio 119, acta 238, Catedral.
(44) Libro 1 de Matrimonios, folio 88, acta 242, Iglesia La Altagracia.
(45) Libro 2 de Defunciones, folios 101-102, acta 592, Oficiala 3ra. Circunscripcin.
(46) Libro 6 de Matrimonios, folio 46, acta 136, Catedral.
(47) Libro 4 de Defunciones, folio 119, acta 612, Catedral.


(48) Libro 12 de Defunciones, folio 16. acta 82, Oficiala 3ra. Circunscripcin.
(49) Libro 9 de Matrimonios, folio 37, acta 36, Oficiala 3ra. Circunscripcin.
(50) Libro 1 de Defunciones, folio 4, acta 25, Catedral.
(51) Libro 6 de Defunciones, folio 85, acta 169, Catedral.
(52) Libro 2 de Matrimonios, folio 247, acta 621, Catedral.
(53) Libro 1 de Defunciones, folio 285, acta 569, Iglesia La Altagracia.
(54) Libro 7 de Ma tro moni os, folio 301, acta 669, Iglesia La Altagracia
(55) Libro 3 de Defunciones, folio 52, acta 29, Catedral.
(56) Libro 11 de Defunciones, folio 8, acta 318, Oficiala Ira. Circunscripcin.
(57) Libro 2 de Defunciones, folio 42, acta 83, Iglesia La Altagracia.
(58) Libro 17 de Matrimonios, folios 185-186, acta 503, Oficiala 3ra. Circunscripcin.
(59) Libro 5 de Matrimonios, folio 127, acta 195, Iglesia La Altagracia.
(60) Libro 8 de Matrimonios, folio 278, acta 552, Catedral.
(61) Libro 39 de Nacimientos, folllo 247, acta 1183, Catedral.
(62) Libro 41 de Bautismos, folio 125, acta 500, Catedral.
(63) Libro 42 de Bautismo, folio 296, Catedral.
(64) Cantlsano Arias, Rafael: op. cit., pg. 199.
(65) Libro 6 de Defunciones, folio 118, acta 4, Oficiala Ira. Circunscripcin.
(66) Libro 17 de Matrimonios, folios 185-186, acta 50, Oficiala Ira. Circunscripcin.
(67) Deschamps, Enrique: opcit. 187.
(68) Libro 6 de Matrimonios, folio 34, acta 103, Oficiala 3ra. Circunscripcin.
(69) Libro 4 de Defunciones, folio 271, acta 9, Oficiala 3ra. Circunscripcin.
(70) Libro 5 de Defunciones, folio 481, acta 467, Catedral.
Personas entrevistadas: Romn Franco Fondeur, Director del Archivo Histrico de Santiago; Nicola Pugliese Zoualn, VIce-cnsul de Italia en Santiago; Vicente Anzello-ttl Contn, Uc. Anbal Campagna Garca, Humberto Cantlsano Flores, Ramona Longo de Pichardo, Armando Menicucci, Luis Pappaterra Hernndez, Leonardo Pappaterra Gautreaux, Mariucha Pappaterra Vda. Schiffino, Mateo Perrone Pola neo, Nicols Pugliese Brandi, Dio Rlggio Pou, Domingo Russo Victoria, Juan Sarnelll Lamboglla y ngel Schiffino Castro.
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ACERCAMIENTO A LA CRITICA SOBRE
PEDRO HENRQUEZ UREA
Por Franklin Gutirrez*
La mayor parte de los crticos y reseadores de la obra de Pedro Henrquez Urea se han limitado a resaltar su labor humanstica, su aporte a la literatura hispanoamericana, su trabajo como educador, sus grandes dotes de orientador y el paso de este lustre dominicano por diferentes pases latinoamericanos en su misin de formador de nuevas conciencias.
La causa debemos buscarla en el hecho de que la mayora de ellos ms que dedicarse al estudio objetivo y al anlisis sistemtico de su produccin se han inclinado a loar sus grandes y valiosas cualidades intelectuales y su formacin integral.
Esto lo podemos observar rpidamente si revisamos la crtica que se produjo en los aos anteriores a la dcada del 60, donde se persegua reconocer al hombre creador y no a la obra creada por el hombre, en la que aparece su pensamiento poltico y su posicin ante la vida, donde existe una preocupacin que est ms all de la simple satisfaccin personal que produce el oficio de escritor.
En el caso de Pedro Henrquez Urea es difcil establecer parmetros y divisiones definitivas debido a que muchos crticos, entre ellos destacadas personalidades de ese quehacer en Hispanoamrica, han mantenido la misma actitud crtica antes y despus de 1960, utilizando los mismos trminos laudatorios y repitiendo lo que sobre Pedro Henrquez Urea se dijo hace medio siglo.
Anderson Imbert, por ejemplo, en su Historia de la literatura hispanoamericana se limita a sealar su talento, su intelectualidad y su maestra en el dominio del lenguaje y aunque dice que: Tena preferencias racionalistas, clsicas; y aun en sus deas socialistas en
Ensayista y crtico de literatura dominicano. Promotor cultural de su pas, dirige la Casa de la Cultura Dominicana en la ciudad de New York.
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favor de un nuevo orden social basado en la igualdad econmica y en la libertad de las personas y los pueblos, aparecan esas preferencias por su pensamiento claro y constructivo*'1 Imbert aspira no
slo a reducir los ideales polticos de Henrquez Urea a la formacin integral de ste, sino que trata con cierto desprecio el tema y si lo seala es porque la presencia de esos ideales en la obra de Henr-que Urea es tan evidente que no se puede evadir.
En 1956, Alfredo Roggiano, en "Pedro Henrquez Urea o el pensamiento ntegradoru 2 apunta que las deas fundamentales de
Pedro Henrquez Urea estn: "en la bsqueda y afirmacin de una actitud personal bien definida y la integracin de la misma en el pensamiento universal como sntesis de una tradicin cultural y como posibilidad de descubrimiento y creaciones futuras". Concluye Roggiano afirmando que, como latino, Pedro Henrquez Urea busco una integracin de la cultura incipiente de Iberoamrica con la europea y la norteamericana, salvando siempre las formas originales y creadoras que nos son propias. Adems de artculos como "Pedro Henrquez Urea o el pensamiento integrador" y "Pedro Henrquez Urea y la poesa", Roggiano public, en 1961, el libro Pedro Henrquez Urea en los Estados Unidos. Sin embargo, a pesar de haber dedicado muchas pginas al estudio de la obra de Henrquez Urea, exceptuando algunos sealamientos espordicos y a veces soterrados de la carga ideolgica y poltica de muchos de los escritos de Urea, Roggiano prefiere estudiar al humanista, poeta, educador e hispanista y no al hombre con inquietudes sociales que desde el mismo seno de la sociedad norteamericana reproch los defectos de sta.
En 1978, la Revista Aula de la Universidad Nacional Pedro Henrquez Urea, de Repblica Dominicana, dedic el nmero de enero-marzo a Pedro Henrquez Urea. En dicha publicacin aparece un artculo de Lilia Dapaz Strout bajo el ttulo de "Magisterio, erudicin y aficin: Grecia y el drama clsico y moderno en Pedro Henrquez Urea. En l Strout hace una evaluacin de El nacimiento de Dionisios y en dicha evaluacin exalta las grandes dotes de Pedro Henrquez Urea en su comprensin del drama clsico y de la cultura en general. No se trata en s de una evaluacin en el sentido estricto de la palabra, sino de una loa ms a la obra de Henrquez Urea.
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Otras renombradas figuras del mundo literario latinoamericano han emitido opiniones laudatorias acerca de Pedro Henrquez Urea, pero casi ninguna de ellas han trascendido el marco de la alabanza y la reverencia. Borges, por ejemplo, lo llama "Maestro de Amrica"; Concha Melndez, "Scholar"; Ernesto Sbato, "Humanista excelso" y Alfonso Reyes lo considera "Un reencarnado de Scrates".
Jos Antonio Portuondo, por otra parte, en "Pedro Henrquez Urea, el orientador" 3, habla de la misin orientadora del humanista dominicano. Comienza comparando el aporte de ste al desarrollo de la cultura hispanoamericana con la tarea fundadora de Andrs Bello. A Bello lo llama el fundador y a Pedro Henrquez Urea, el orientador. Pero establece una clara diferencia entre ambos y asegura que en Bello encontramos una representacin del conservadurismo, mientras que en Pedro Henrquez Urea est presente el liberalismo. Atribuye Portuondo semejante oposicin a la conciencia poltica que acompa la obra de Urea. Y finaliza aseverando categricamente que Bello, con sus modos conservadores, puso la base de la conciencia hispanoamericana que haba de orientar despus, por ms liberales caminos, Pedro Henrquez Urea, especialmente con sus libros Seis ensayos en busca de nuestra expresin, aparecido en Buenos Aires, en 1928, donde encontramos el punto de partido de la crtica literaria latinoamericana contempornea.
En este breve ensayo de Portuondo ya encontramos el anuncio de una nueva interpretacin de la obra de Henrquez Urea. Pero antes de penetrar a esa revisin de parte de la crtica actual a la obra de Pedro Henrquez Urea, caben algunas puntualizaciones en torno al cambio de direccin que ha dado la crtica dominicana en relacin con la produccin de Henrquez Urea. Sabemos que Pedro Henrquez Urea despus que sali de Repblica Dominicana solamente retorn dos veces a su pas natal, una en 1 911 y la otra, en 1 931. As que tanto su formacin universitaria como toda su vida profesional la desarroll en el extranjero y ello provoc, con el paso del tiempo, que las nuevas generaciones, o sea, las generaciones coetneas y las sucesivas a la .vida de Henrquez Urea no estuvieran en contacto con su obra hasta hace apenas unos pocos aos. Incluso, muchos dominicanos tenan la certeza de que Pedro Henrquez Urea era extranjero.
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nicamente aquellos intelectuales dominicanos que de una manera u otra sirvieron a la tiran a de Trujillo y que tenan acceso a determinados medios, conocan la importancia de la labor de Pedro Henrquez Urea, pero hicieron lo mismo que en ese momento.haca la crtica latinoamericana y norteamericana: alabar y enaltecer la contribucin de Henrquez Urea al nacimiento y desarrollo de la cultura y de la crtica literaria en Amrica Latina. Escritores e investigadores como Emilio Rodrguez Demorizi, Rene Contn Aybar, Carlos Federico Prez, Juan Jacobo de Lara, Jaime Julio Julia y Mariano Lebrn Savin, todos compatriotas de Pedro Henrquez Urea, se unieron, sabindolo o no, a la corriente laudatoria que durante muchos aos glorific la figura de ste.
Sin embargo, en los ltimos aos, muy particularmente despus
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de la muerte de Trujillo, los crticos y estudiosos de la literatura dominicana se han dedicado a revalorar la produccin de Pedro Henrquez Urea, no tanto con el propsito de volver sobre los temas ya abordados, sino ms bien movidos por el inters de desenterrar aquellos aspectos de Pedro Henrquez Urea que la crtica tradicional siempre ha ignorado, como lo ideolgico y lo poltico.
Dos crticos dominicanos que siguen la misma corriente, se han acercado a Pedro Henrquez Urea para, desde un tratamiento mar-xista, destacar el carcter eminentemente poltico y la actitud antiimperialista de su obra. Soledad Alvarez, en su libro titulado La magna patria de Pedro Henrquez Urea y Jos Rafael Vargas en El nacionalismo de Pedro Henrquez Urea, estudian detalladamente aspectos hasta ahora olvidados. Para ello se basan en textos conocidos y textos aun sin publicar, especialmente las pginas que contienen las memorias del prestigioso humanista dominicano.
Un intento de resumir las deas expuestas por Soledad Alvarez y Jos Rafael Vargas nos lleva a los siguientes sealamientos: La primera estancia de Pedro Henrquez Urea en los Estados Unidos fue entre 1 901 y 1 904, cuando su padre se traslada a ese pas como Comisionado del gobierno dominicano para un arreglo de la deuda externa que la administracin anterior presidida por Ulises Heaureaux haba dejado al pas. La segunda fue entre 1914 y 1 921, cuando fue designado corresponsal de El Heraldo de Cuba en Washington y, la tercera y ltima, entre 1940 y 1 941, cuando fue invitado por la uni-
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