Title: eme eme : Estudios Dominicanos
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Title: eme eme : Estudios Dominicanos
Physical Description: Book
Publisher: Universidad Católica Madre y Maestra
Publication Date: Julio-Agosto 1985
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Bibliographic ID: PUCMMA0011
Volume ID: VID00081
Source Institution: Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra - Recinto Santo Tomás de Aquino
Holding Location: University of Florida
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CONTENIDO
Presentacin.
Aporte indgena a la integracin de la dominicanidad, por Carlos Do bal.
La nacin dominicana en la enseanza de la historia a nivel primario, por Mara F. Gonzlez Cana/da y Rubn Sill.
Territorio, cultura y religin en l formacin de la dominicanidad. Ponencia y propuestas de acuerdos, por F. Alberto Henrquez U.
Influencia de algunos factores geogrficohistricos en la integracin de la dominicanidad, por Jos Joaqun Hungra Motel I.
La obra educativa en la formacin de la dominicanidad, pot Rafaela Joaqun de Lowden.
Haiten laformacin de la nacional dad dominicana, pot Titso Meja Ricatt.
Los orgenes del pensamiento liberal en Santo Domingo, pot Femando Ptez Memn.
La Iglesia como reducto de la dominicanidad, pot Jos Luis Sez, S. J.
Algunos aspectos tericometodgicos del problema de la identidad cultural a propsito de la dominicanidad, pot Jess Telletfas
Volumen XIV Nm. 79 Julio/Agosto, 1985
ISSN 0379-8542




Estudios Dominicanos
Volumen XIV Nm. 79 Julio/Agosto, 1985 Santiago de los Caballeros, Repblica Dominicana
CONTENIDO
*
Presentacin.............................. 3
Aporte indgena a la integracin de la dominicani-
dad, por Carlos Dobal....................... 5
La nacin dominicana en la enseanza de la historia a nivel primario, por Mara F. Gonzlez Cana/da y Rubn Sili.............................. 15
Territorio, cultura y religin en la formacin de la dominicanidad. Ponencia y propuestas de acuerdos, por F. Alberto Henrquez U ................. 31
Influencia de algunos factores geogrficohistricos en la integracin de la dominicanidad, por Jos Joaqun Hungra More/1..................... 39
La obra educativa en la formacin de la dominicanidad, por Rafaela Joaqun de Lowden........... 49
Haiten la formacin de la nacionalidad dominicana,
por Tirso Meja Ricart....................... 51
Los orgenes del pensamiento liberal en Santo Domingo, por Fernando Prez Memn............. 77
La Iglesia como reducto de la dominicanidad, por
Jos Luis Sez, S. J......................... gg
Algunos aspectos terico metodgicos del problema de la identidad cultural a propsito de la domi-n icanidad, por Jess Tellerfas.................. 105


UNIVERSIDAD CATLICA MADRE Y MAESTRA
Monseor Agriptno Nez Collado, Rector
EME EME
Estudios Dominicanos
Editada por el Departamento de Publicaciones
DirectorFundador: + Hctor Inchustegui Cabral
Editor:
Flix Fernndez
Consejo: Ra d ha ms Mejfe Carlos Do bal
Valentina Peguero Rafael Yunn Apolinar Nnez Miguel Adriano Tejada Frank Moya Pons
Periodicidad: BmetraI Composicin Alexandre Alvarez More Fecha de inicio: Juniojulio de 1972 y Matilde de Martnez
ISSN: 03798542 Diagramacin: Charne Romn
Impresin: Impresora Tefilo
Suscripcin: Departamento de Publicaciones Universidad Catlica Madre y Maestra Santiago de los Caballeros, Repblica Dominicana
Precio para el pas: RD$12.00 Precio para el extranjero: US$12.00
Canje: BibliotecaCanje Santiago de los Caballeros, Repblica Dominicana


PRESENTACIN
En este nmero y en el anterior, su revista EmeEme, Estudios Dominicanos publica todas las ponencias presentadas a la consideracin de los participantes en el Segundo Congreso Dominicano de Historia.
Este evento se realiz en 1985 en el Campus Principal de la Universidad Catlica Madre y Maestra, ubicado en la ciudad de Santiago,
y fue organizado por el Departamento de Historia y Geografa de dicha institucin.
La publicacin n extenso de estos trabajos se justifica por el inters que despert esta actividad acadmica y por la importancia que, desde diversos puntos de vista, tiene el tema que sirvi de base al encuentro: aspectos sociales, econmicos, histricos, culturales y antropolgicos que participan en la integracin de la dominicanidad.
Las ponencias estn dispuestas siguiendo el orden alfabtico del apellido del autor.
El Editor


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APORTE INDGENA A LA INTEGRACIN DE LA DOMINICANIDAD.
Por Carlos Dobal
'El historiador necesita poseer una viva imaginacin para penetrar en la psi-quis de los hombres y de los pueblos"
Claudio Snchez-Albornoz (Estudios Polmicos)
Mucho se ha dicho y escrito sobre la contribucin indgena a los usos y costumbres dominicanas. Un amplio ensayo sobre el tema se debe al licenciado Bernardo Vega, antiguo Director del Museo del Hombre Dominicano. (1)
Sin embargo, muy poco hemos encontrado, dicho y escrito en relacin con el aporte indgena a la peculiar idiosincrasia de nuestro pueblo. De aqu que nos hayamos sentido motivados a incursionar sobre este extremo. Y que hoy nos lancemos a presentar el resultado de nuestras observaciones.
*
Vamos a explicar el sistema que emplearemos para exponer nuestro criterio y las vertientes de argumentacin que seguiremos:
1. Partiremos de la importancia de las etnias en los comportamientos humanos.
2. Continuaremos investigando hasta qu punto se encuentra presente en el hombre dominicano la ascendencia aborigen.
3. Luego veremos si los aborgenes dominicanos pertenecan
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al mismo tronco tnico. Si esto no fue as, qu caractersticas distintas tienen los diversos troncos tnicos que even-
tualmente los integraron.
4. En orden a argumentar sobre la afirmacin o negacin de los asertos anteriores, presentaremos las idiosincrasias y los comportamientos que cimenten positiva o negativamente a los dos criterios expuestos.
5. Conscientes de que este tema no puede ser agotado en el corto tiempo y espacio de que disponemos y en las limitaciones de nuestras posibilidades cientficas y documentales,
aadiremos una serie de datos que pudieran dar base en el futuro a una mayor profundizacin y aclaracin sobre este tema.
Los datos que manejamos son de procedencia documental y su credibilidad, categrica o relativa, depende de la evaluacin que merezcan a los que en el futuro los tomen en cuenta.
La importancia de las etnias en el comportamiento del hombre abre un campo de investigacin cientfica muy difcil. Las ciencias antropolgicas tienden al estudio primordial de elementos "espirituales y materiales", que son interdependientes e integrantes de una caracterizacin etnolgica.
Cada hombre pertenece en parte, segn lugar y ocasin, a "un estrato social bsico" singular que es, como afirma C. F. Potter, "un fsil vivo que se niega a morir".
Ahora bien, cuantos valores posee la idiosincrasia de un pueblo se retrata en el estrato bsico de cada sociedad y puede apreciarse pletrico de caractersticas etnogrficas que tienen una fijeza impresionante.
Desarrollando el sistema adoptado, debemos preguntarnos: tenemos base racional para pensar que hay en nuestro pueblo un apre-ciable nmero de descendientes de los aborgenes? Debemos contentar lo siguiente: la idea que ha predominado en nuestros historiadores es que no existen rastros en nuestra sangre de la "raza india aborigen". Para ellos "el espaol aniquil totalmente la raza aborigen". (2) Y en nuestra sangre se unen solamente dos razas: la blanca y la negra... Sin embargo, hay una verdad incontrovertible: "el conquistador espaol se mezcl en proporciones que ignoramos al indio
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primitivo, dando lugar a una raza mestiza la cual se uni a los negros importados de frica, formando as una mezcla de tres razas: la blanca, la negra y la india". (3)
Por tanto, nuestra poblacin predominantemente mezclada est constituida por la unin de espaoles y africanos, con un componente indgena tambin.
La prueba de la presencia de este componente aborigen surge de las investigaciones realizadas por un destacado cientfico dominicano, desdichadamente poco conocido: el doctor Jos de Jess Alvarez Pe-rell, ilustre mdico hijo del Cibao, egresado de la Facultad de Medicina de Pars. El doctor Jos de Jess Alvarez llega, tras una interesantsima investigacin cientfica, a las siguientes conclusiones: "El componente indio se puede calcular que existe en una proporcin de 17 o/o tomando la poblacin general, mezclado a un 43 o/o del componente negroide y a un 40 o/o de la raza blanca". (4)
Sobre la presencia del indio en la sangre dominicana, ya el ilustre etngrafo Sir Robert Shomburgk deca para marzo de 1851: "Un atento observador de las razas mezcladas que forman por lo general la poblacin de la Repblica Dominicana detectar ocasionalmente entre ellas rasgos caractersticos de los aborgenes". (5)
Aade la carta dirigida por Sir Robert Shomburgk al prncipe Alberto, esposo de la reina Victoria, en 15 de marzo de 1851 ^'Algunos grupos de la raza humana conservan sus rasgos caractersticos con mayor persistencia que otros; las singularidades de unos perdindose despus de unas pocas generaciones, mientras que las de otros se transmiten a travs de muchas. Nunca he visto esta persistencia mejor desplegada que entre los individuos de raza mezclada que hasta hoy han seguido llamndose "indios" en Santo Domingo y en los cuales los caracteres distintivos del indio puro se han transmitido durante dos siglos". (6)
Para finalizar diciendo: "Esta observacin se refiere principalmente a los "indios del sexo femenino". Sus formas simtricas, su tez de un color aceitunado puro, su piel suave, sus grandes ojos ne-#gros y sus cabelleras del color del bano atestiguan de inmediato su descendencia de la raza india". (7)
/ Ahora, continuamos nuestro sistema, nos preguntaremos: eran
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nuestros aborgenes todos del mismo origen tnico y por tanto de similar idiosincrasia? ,.
Explicaremos nuestra opinin. La opinin generalizada entre los antroplogos dominicanos, es que todos nuestros aborgenes tienenori-gen arauacoyque provienen de las costas suramericanas. Esta afirmacin se basa, principal y casi seguramente, en mltiples caractersticas comunes entre araucos e indios quisqueyanos. Y, en la imposibilidad de distinguir, por detalles antropolgicos-arqueolgicos, distintas etnias, entre los primitivos pobladores de nuestra Isla.
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Por otra parte, parece resultar evidente que el taino era de origen arauco.
Ahora bien, los documentos escritos, constantemente sealan diferencias de distintos tipos entre los aborgenes quisqueyanos. La misma diversidad de denominaciones que emplean los documentos: tainos, ciguayos, macorijes, caribes y lucayos, denotan diferencias.
Se deduce de los documentos que hemos ledo,en relacin con los indios sometidos a los espaoles, que stos integraban una mezcla de diversas etnias. Apunta el doctor Coll & Tost que por el examen de los esqueletos indgenas "no se podra determinar si pertenecan a lucayos, tainos o caribes". (8) Por otra parte, las idiosincrasias de estas diversas etnias pueden ser muy diferenciadas atendiendo a noticias fidedignas.
Si evaluamos las distintas idiosincrasias mencionadas, podemos encontrar, talvez, perfiles unos ms definidos que otros, pero todos concurrentes en algunas caractersticas de nuestro pueblo dominicano.

En relacin con los tainos, un ensayo nuestro relativo al tema, publicado recientemente, arroja los siguientes caracteres:
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1. Amaban la libertad y odiaban la sujecin y la limitacin.
2. No apreciaban las cosas por su funcionalidad. Para ellos el valor de las cosas radica en su belleza o en su rareza, siendo ajenos a toda teora econmica del valor.
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3. No eran ambiciosos ni codiciosos ni siquiera previsores.
4. Amaban entraablemente su tierra, especficamente el lu-
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gar donde haban nacido, prefiriendo morir antes que abandonarlo. (9)
Las referidas caractersticas de los tainos dimanan de las declaraciones que, testigos de largo trato con ellos, hicieron ante los padres Jernimos, en 6 de abril de 1517.
Estas caractersticas, a casi cinco siglo de distancia, pueden an ser apreciadas en nuestro pueblo.
Por otra parte,4 en otro ensayo nuestro pudiramos llamar de investigacin sicolgica sobre el modo de ser del taino, basado en el estudio de algunos petroglifos -aplicando la tesis del psiclogo Leopold Caligor en su libro "Nueva Investigacin Psicolgica de Dibujos de la Figura Humana", editado en Buenos Aires en 1960- sacamos las siguientes conclusiones:
1. Frente a dibujos de seres humanos fsicamente imposibles nos damos cuenta de que el indgena dominicano pudo padecer de una "severa declinacin del sentido de la realidad". Es sabido que las asociaciones grficas y racionales reflejan una "absorcin de la fantasa de las naturalezas intensas que pasan por alto la realidad".
2. Las llamadas "figuras de palitos" de los petroglifos tainos, parecen indicar "reacciones de personalidad inmadura para interpretar el medio ambiente, intentndolo por medio de la agresin, de la evasin y el humor". (10)
No puede escapar a la percepcin de cualquier estudioso de nuestro pueblo, "que el pasar por alto la realidad" y vivir "absortos en la fantasa"; y las reacciones inmaduras que enfrentan los problemas "por medio de la agresin, la evasin o el humor", son caractersticas acusadas de todos nosotros...
Es interesante traer aqu algunas observaciones sobre las caractersticas del campesino dominicano, expuesta por monseor Roque Adames, Obispo de Santiago -en un estupendo ensayo presentado al Museo del Hombre Dominicano- las que el erudito prelado atribuye al que llama "trauma indgena" y que le parece conformar cierta personalidad esquizofrnica.
Dice monseor Adames que ve presentes en el campesino dominicano dos personalidades: una real y otra ficticia. Esto lo lleva (al
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campesino) a una personalidad esquizofrnica, trasunto de un malestar interior, a una incoherencia dentro de s mismo o desarmona consigo.
Tambin habla monseor Adames de una incapacidad para definirse, una deficiencia, una debilidad e inseguridad interiores.
Y aade el estudioso: "la personalidad ficticia es una mscara formada de actitudes de defensa y ocultamiento de la debilidad interna. Es la simulacin para ocultar el sentimiento de inferioridad. Esta actitud esquizofrnica" concluye, puede provenir del "trauma indgena". (11)
En lo tocante a los indios caribes un documento del ao 1674, que contiene la Relacin sobre los Caribes de Francois Blanchard, seor de la Borde, traducido recientemente por Manuel Crdenas Ruiz (12) nos trae interesantes noticias sobre el modo de ser de este pueblo indgena tan vagamente conocido como ampliamente vituperado.
No podemos ocultar, a fuer de sinceros, que muchas de las caractersticas -algunas negativas- atribuidas a los caribes, se dan en distinto grado, entre nosotros, a pesar de que n fue el pueblo caribe el predominante en nuestra Isla.
Algunas de estas caractersticas son:
1. Tenan los caribes un humor melanclico. (13)
2. Eran muy vengativos. (14)
3. Cada uno haca lo que le pareca. No obedecan a nadie. Eran individualistas. (15)
4. Eran lujuriosos y sensuales desde la niez. (10)
5. Tenan mujeres en varios lugares. (17)
6. Eran holgazanes y no terminaban la obra que comenzaban (18)
7. Sus acciones blicas procuraban siempre sorprender; jams peleaban al descubierto. Si atacaban un poblado, recogan
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sus bajas y se marchaban, sin dejar rastros (como puede apreciarse, inventaron los caribes las tcnicas guerille-ras).(19)
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8. Eran muy inclinados a la embriaguez. (20)
9. Tenan obsesin por mantener bien peinados sus cabellos (21) y podramos decir que tenan en cada habitacin un "saln de belleza" en que atendan solcitamente a todos los visitantes, no consistiendo en despedirlos sin antes lavarlos y peinarlos. (22)
10. Algunos usos caribes, como "beber la fruta", no comerla, entregar siempre algn regalo al visitante y darle suma importancia a las ropas, joyas y adornos, se aprecian todava principalmente en nuestras clases modestas. (23)
Algunos historiadores afirman que los llamados "ciguayos", eran mezcla de tainos y caribes. (24) Este mestizaje proporcion a nuestros aborgenes valerosos y hbiles guerreros que reunan las ms positivas caractersticas de ambas etnias.
Tenemos, para nosotros, que los "caciques" eran en gran medida de "sangre caribe".
De los indios "lucayos", dice el Almirante que "tenan buen ingenio" (25) y que "las mujeres se convertan fcilmente al cristianismo". (26) Si a esto aadimos que fueron los lucayos "muy bien hechos", "gente muy fermosa" y de "muy buenas caras". (27) Y que "de mil no se saca uno de hombres y mujeres que no fueren muy fer-moso de gestos y cuerpos", como afirma el Almirante; (28) tendremos que aceptar que la belleza impresionante de nuestro complicado mestizaje dominicano debe tener una profunda y amplia raz lucaya, muy apreciable, preferentemente en el fsico, el comportamiento y el carcter general de la mujer dominicana.
Tambin algunas caractersticas del carcter y la idiosincrasia del pueblo dominicano parecen tener antecedentes en el comportamiento de los indgenas que nutrieron nuestras races.
Sin distinguir grupos raciales, sino tomando a los aborgenes dominicanos como un pueblo homogneo, el investigador Hy Ling Roth capta en las fuentes clsicas histricas, comportamientos aborgenes que parecen avalar nuestro criterio.
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1. "Haba muy poca castidad", afirma Roth basndose en Ben-zoni. (29)
2. "Los caciques parecen haber tenido algunas nociones de hidalgua. Cuando Guarionex huy a la corte de Mayobanex ste prefiri ver a su pas desolado que entregar a su amigo a los espaoles". (30) Nota:Guarionex y Mayobanex debieron ser ambos ciguayos, es decir, mezcla de caribes y tainos.
C.D.
3. "Un mensajero indio mostr considerable inteligencia... Simul ser sordo, idiota y cojo y para seguir hizo creer que estaba de vuelta de su tierra". (31) Nota: antecedente posible de nuestra gran habilidad y capacidad para el disimulo y "el acomodo". C. D.
4. Eran muy emocionales. (32)
5. Eran muy hospitalarios. (33)
6. Su "pasatiempo principal era el juego de pelota". (34)
7. "Se entregan al baile como a ninguna actividad". (35)

8. "Coln dice que los caciques solan robarse los cemes entre ellos". (36) Nota: prefiguracin de los rejuegos y macuteos entre polticos. C D.
9. "Sus casas no tenan puertas pero impedan el acceso por medio de caas o estacas, esto no era defensa por supuesto pero de acuerdo a sus costumbres ningn hombre se atreva a intervenir a travs de una puerta en la que haban colocado estos obstculos". (37)
El corto recuento que antecede es slo un modesto acercamiento a la idiosincrasia de nuestros aborgenes, el que puede ser un primer intento de valoracin de su influencia en la integracin de la dominicanidad, con los ojos vueltos al interior de nosotros mismos.
Dios quiera que resulte todo lo dicho, positivo como base de comprensin humana y de apreciacin justa y cabal de la Patria que-gravita en nuestro modo de ser.
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NOTAS BIBLIOGRFICAS
(1) Vega, Bernardo; Dobal, Carlos; Deive, Carlos Esteban; Sili, Rubn; Del Castillo, Jos; Moya Pons, Frank: "ENSAYOS SOBRE CULTURA DOMINICANA", Edicin Museo del Hombre Dominicano, 1981, pg. 9.
(2) Alvarez Perell, Dr. Jos de Jess. "LA MEZCLA DE RAZAS EN SANTO DOMINGO Y LOS FACTORES SANGUNEOS", Eme-Eme Vol. II, No. 8 septiembre-octubre 1973, pg. 68.
(3) Ibidem, pg. 69 "
(4) Ibidem
(5) Ver carta de Sir Robert Shomburgk al prncipe Alberto, esposo de la reina Victoria del 15 de marzo de 1851, publicada en Journal of Ethnological Society of London en 1854. Traducida por Mara Luisa Valdes, que es trada por el doctor Dato Pagan en su obra "Sir Robert Shomburgk-notas crticas a su obra etnolgica en Santo Do mingo", coedicin Museo del Hombre Dominicano- Academia de Ciencias de Repblica Dominicana,
1985, pg. 19. Ibidem, pg. 20 Ibidem
Moscoso Puello, Federico. "APORTES PARA LA HISTORIA DE LA MEDICINA EN SANTO DOMINGO", Tomo III, pg. 104.
Ver Rodrguez Demorizi, Emilio. "Los dominicos y la encomiendas de indios en la isla Espaola", Edicin El Caribe, Santo Domingo, 1971, (Interrogatorio Jeronimian o 1517, pg. 273.
(10) Dobal, Carlos, "Observaciones sobre el arte de los tainos". Eme-Eme, Vol. II, No. 66, mayo-junio 1983, pg. 72.
(11) Adames, Monseor Roque, Obispo de Santiago. "INTRODUCCIN AL CONOCIMIENTO DEL CAMPESINO DOMINICANO". Estudio presentado al Museo del Hombre Dominicano, (mimegrafo sin fecha);
(12) Ver relacin sobre los caribes de Francois Blanchard, seor de la Borde, publicada en 1674. Traducido de Manuel Crdenas Ruiz, Eme-Eme, Vol V, No. 26, pg. 65-96. (Reproducida con autorizacin de la revista del Instituto de Cultura Puertorriquea).
(13) "RELACIN SOBRE LOS CARIBES", de la Borde, Ibidem, pg. 75.
(14) Ibidem, pg. 79.
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(15) Ibidem.
(16) Ibidem.
(17) Ibidem.

(18) Ibidem, pg. 82.
(19) Ibidem, pg. 85.
(20) Ibidem, pg. 79.
(21) Ibidem, pg. 87.
(22) Ibidem.
(23) Ibidem, pg. 79.
(24) Alegra, Ricardo. "Las primeras noticias sobre los indios caribes". Universidad de Puerto Rico 1981, pg. 7.
(25) Coln, Cristbal. "LOS CUATRO VIAJES DEL ALMIRANTE Y SU TESTIMONIO". Coleccin Austral, Espasa-Calpe 1977, pg. 31.
(26) Archivo General de Indias (Copia Archivo Inchustegui) libro 5, pg. 364.
(27) Coln, Cristbal, Ibidem.
(28) Ibidem.
(29) Roth Hy Ling. "LOS ABORIGNES DE LA ESPAOLA". Eme-Eme Vol. II, No. 12, pg. 15.
(30) Ibidem, pg, 7
(31) Ibidem.
(32) Ibidem.
(33) Ibidem, pg. 29.
(34) Ibidem.
(35) Ibidem.
(36) Ibidem, pg. 15.
(37) Herrera trado por Ling Roth, Ibidem, pg. 38.
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LA NACIN DOMINICANA EN LA ENSEANZA DE LA HISTORIA A NIVEL PRIMARIO
Por Mara Filomena Gonzlez Canalda y Rubn Si
Nuestra ponencia se ajusta a los objetivos de este Segundo Congreso Dominicano de Historia,en la medida en que trata de ver aplicados en la enseanza, los distintos factores que contribuyen a la integracin de la dominicanidad.
Se trata de un ejercicio de carcter emprico-comparativo, con el deseo de llamar la atencin de nuestros colegas hacia los libros de texto empleados por nuestros nios en las escuelas primarias.
Pocas veces, nuestra brega investigativa nos deja tiempo para detenernos en la revisin de esos pequeos libros, aparentemente sin importancia intelectual, realizados casi siempre por autores no muy conocidos en el medio historiogrfico de mayor renombre en el pas.
Pero si nosotros, los historiadores, nos hemos encargado de demostrar la importancia de la Historia y su utilidad, esto no puede verse limitado nicamente a las ctedras y a los avances de investigacin presentados de vez en cuando en los encuentros de esa naturaleza.
La Historia es til, y lo es a todos los niveles, principalmente en la formacin del individuo, pues ella es "... lo que agrupa, lo que relaciona, lo que pone en contacto entre s a los hombres, haciendo que transciendan su aislamiento... El historiador permite que cada uno de nosotros se reconozca en una colectividad que lo abarca; que cada quien pueda trascender entonces su vida hacia la comunidad de otros hombres y en este trascender, su vida adquiere un nuevo sentido..." (1).
*
Esa funcin eminentemente unifcadora, trascendente de la vida personal, esa posibilidad de reconstruir con ella la memoria de un
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pas, nos obliga a preocuparnos por la enseanza de la Historia, principalmente en los niveles bsicos de la educacin, que es cuando mayor fuerza formativa adquieren los conocimientos.
Para lograr esos efectos tan fundamentales, es preciso ensear una Historia verdadera y cientfica, sin exclusiones ni tratamientos discriminatorios a los sectores y grupos que componen la nacin dominicana Este no es precisamente el caso de la enseanza de la Historia a nivel primario.
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Los libros de texto analizados en este trabajo son los evaluados, aceptados y aprobados por la SEEBAC como tales. Estos libros tienen carcter obligatorio. Los lincamientos para la aprobacin de los libros como textos oficiales tienen como base el seguimiento al programa de cada curso. No se tomaron en cuenta los libros recomendados como libros de consulta ya que stos no se consideran obligatorios.
Los manuales revisados fueron: Estudios Sociales de Segundo y Tercer Grado de Armando Almnzar; Estudios Sociales de mi Patria de Tercer Grado de Luis N. Nez Molina y Estudios Sociales de Cuarto Grado de Viola Nez de Lpez; Estudios Sociales de Cuarto Grado de Andrea Mercedes Lluberes; Estudios Sociales de Quinto Grado de Ramn O. Rodrguez Bez.
DEFINICIN DE NACIN
En los textos analizados slo encontramos una definicin de Nacin en el Libro del Cuarto Grado, que todos los dems niveles ^sumen implcitamente, ya que se manejan los mismos elementos.
La definicin es la siguiente: "La nacin constituye un grupo ms o menos numeroso de personas que tiene caractersticas comunes como son el territorio, la raza, la lengua, la historia y las tradiciones" (2).
Para entrar en el objeto de nuestra ponencia, presentaremos una breve explicacin sobre esta definicin, as como una interpretacin comparativa sobre cada uno de sus elementos, haciendo referencia a su empleo en los libros escolares.
Es tambin de nuestro inters ubicarla ideolgicamente para des-
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cubrir los aspectos que lleva a la mente del nio y cules inconvenientes presenta en ellos para la bsqueda de su verdadera identidad.
Lo primero es que la Nacin se presenta fuera de contexto histrico como algo totalmente acabado y que siempre ha existido. En tal sentido, la nacin dominicana existe desde las ms prstinas formas de organizacin social conocidas en la isla de Santo Domingo.
Prcticamente se reduce la nacin a un trmino genrico e indife-renciado como podran ser comunidad, sociedad, etc., cuya integracin no responde a ama razn histrica especfica. Tal como sucede precisamente con la categora histrica nacin, expresin genuina de las sociedades capitalistas.
Manteniendo la idea de nacin al nivel que aparece en la definicin, el alumno no podr entender que, si bien su formacin tiene profundas races en el pasado indgena y colonial, no menos cierto es que su constitucin se da a partir de los movimientos emancipadores contra el colonialismo y la dominacin extranjera
Mantener la nacin en ese contexto propicia la exclusin de grupos humanos a nuestro entender fundamentales para comprender el surgimiento de la nacin en la Repblica Dominicana. Esa exclusin se dar con los dominicanos de origen africano.
Siendo los aborgenes y espaoles el componente escogido por los autores para explicar la nacionalidad dominicana, quedaran los negros y mulatos como un agregado poblacional integrado a la nacin posteriormente a su constitucin, realizada por las otras razas mencionadas.
Esto tambin supone que, como la nacin es algo que se concibe desde el inicio de la colonizacin, las tradiciones y cultura africana no fueron tomadas en cuenta para definir la dominicanidad.
Mucho se ha discutido sobre el papel de las minoras en las constituciones de los estados nacionales. Y se ha podido constatar que en algunos pases europeos, la vocacin nacional de ciertos grupos es la que ha impuesto a los dems ese tipo de Estado, impulsando la autonoma nacional.
Sin embargo, en Repblica Dominicana, la nacin con su desea-
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do Estado Capitalista no fue producto de un grupo o clase social dife-renciable desde el punto de vista racial.
Por el contrario, tenemos entendido que el proyecto nacional, si de l podemos hablar, fue un proceso del cual no es posible segregar a ningn grupo o clase social, pues la participacin se dio sin importar el color de la piel; ya que si bien en la sociedad exista desde entonces el perjuicio racial, no se encontraba segregada.
Ninguno de los grupos poda ser considerado extranjero o de reciente presencia en suelo dominicano, y mucho menos insignificante al momento del surgimiento de la nacin dominicana, lo cual se evidencia en las caractersticas raciales de sus lderes polticos y militares.
El grado de integracin en el movimiento nacional no se mide en funcin del color de la piel, sino atendiendo a la condicin de clase, lo cual se advierte claramente en 1844 y en la Restauracin. Lo segundo atrajo ms a los campesinos y trabajadores por el carcter de la dominacin espaola y la forma como afectaba sus intereses de clase.
Quiere decir tambin que en su momento la nacin simbolizaba el deseo de un nuevo orden social, poltico y econmico, que si bien encabeza la clase dominante, logr el apoyo de los dems sectores a quienes el Estado Nacional redima frente al colonialismo y la dominacin extranjera.
Este primer momento de la nacin dominicana fue ingenuo en el sentido de que los principios enarbolados por los principales idelogos de la nacionalidad quedaron como enunciados, no alcanzados plenamente por el pueblo dominicano. Tambin podemos decir que quedaron en el pasado, desde la consolidacin de la dictadura truji-llista.
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El trujillismo redefine la nacionalidad dominicana, como bien seala Roberto Cass, sobre una base hispnica,racista y antihaitiana: "...La poca colonial condensaba as la expresin de dicha esencia hispnica y cristiana y se planteaba que las formas de vida, pensamiento, costumbres y organizacin de la colectividad respondan a la continuidad de la matriz hispnica. Por ello, la esencia nacional era inalteradamente la misma que la de los espaoles..." (3).
De este modo, la ideologa trujillista presenta una visin de lo na-
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cional que gira alrededor de sus propias ideas e intereses: la nacin entendida como obra del "Benefactor".
Si bien es cierto que el trujillismo ha desaparecido como forma de gobierno, an prevalecen en el Estado las formas indeolgicas elaboradas por aquel rgimen desptico. Por esa razn, la burguesa dominicana se mantiene an ajustada a los viejos cnones ideolgicos de la dictadura.
El Estado dominicano actual, como todo Estado, trata de atraer el sentimiento de fidelidad que sienten los ciudadanos hacia la nacin como algo mtico, con lo cual se est propiciando una ideologizacin de la nacin.

En este sentido, el sentimiento de la dominicanidad pasa por el Estado y los sacrificios por la patria son vistos principalmente como el sentimiento de defensa al Estado-Nacin.

Esto confunde a la poblacin presentando a todos los ciudadanos en idnica categora, pertenecientes a una misma "realidad orgnica", indiferenciados desde el punto de vista clasista. All no existen burgueses, obreros, campesinos, etc., sino dominicanos.

Pasaremos en esta parte de la ponencia a ver algunas anotaciones hechas por nosotros en los libros de texto relevantes al tema de la nacin y los elementos para su definicin.
EL TERRITORIO
La nocin de territorio es un elemento bsico dado que el hombre fundamenta su desarrollo en contacto con la naturaleza. Su habitat es su punto de partida para crear las condiciones de existencia.
Esa garanta ofrecida por el territorio conduce al hombre a ubicarse dentro del contexto geogrfico. Y a su vez, ese contexto influye en la definicin de ciertas caractersticas sociales, como son normas, costumbres, hbitos alimenticios, etc.
En otro sentido, la geografa nacional alcanza cierto simbolismo que representa aspectos comunes y queridos, propios a toda poblacin de que se trate.
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Lo ms importante a sealar en los libros analizados es que presentan la Isla de Santo Domingo separada en dos territorios desde el momento mismo del descubrimiento. El poblamiento aborigen aparece dividido con la divisin Este y Oeste.
La parte Este corresponde a los grupos tainos que llamaban Quis-
queya a su territorio; mientras la parte Occidental estaba ocupada por los grupos tainos que llamaban Hait al suyo (4).

Siguiendo el mismo criterio anterior durante el perodo colonial, se marca la divisin territorial con una parte para la colonia francesa y otra para la colonia espaola, dando lugar a que se entienda as el origen de las dos repblicas.

No es ocioso sealar que, adem s en la presentacin de los territorios se colorean en forma distinta, con lo cual se quiere sugerir que la lnea fronteriza actual prevalece desde esa poca (5 ).
Este hecho claramente deforma la realidad histrica de nuestro territorio, presentando al nio la idea de que siempre hemos estado divididos en dos partes y, lo que es peor, que los aborgenes ya conocan la divisin territorial^ concepto que nada tiene que ver con d perodo de la comunidad primitiva en que se encontraban los tainos.
Ideolgicamente se trata de reforzar un absurdo purismo de nuestra raza, pretendindola diferenciar respecto a la raza de los haitianos, pues ello hara pensar que definitivamente el origen de ambos pueblos no tiene nada en comn.
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Pues si ni siquiera fue comn el origen de los aborgenes, ello significa que tenemos base para sentirnos diferentes a los haitianos; quines, si es verdad que tuvieron antecedentes indgenas, fueron distintos a los nuestros. Ellos son un pueblo esencialmente negro, nosotros somos esencialmente mestizos.

La mencionada divisin presenta otra ganancia, en d sentido de que si en todo caso por nuestra venas corre sangre africana, adems de ser menor, tuvo la posibilidad de "adelantarse", por la mezcla racial alcanzada de este lado. Por lo tanto, nuestro hombre negro tambin se diferencia del haitiano.
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LA RAZA
Este elemento definitorio de la nacin es el ms controversial. Desde antes de Cristo, yaConfucio deca: "La naturaleza de los hombres es idntica; son sus costumbres las que los separan".
La nocin de raza est referida a la "idea de los caracteres fsicos transmisibles que permiten repartir la especie Homo Sapiens en diversos grupos que son el equivalente de lo que en botnica se denominan "variedades"." (6).
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Pero siendo tan grande la movilidad fsica de esta especie, casi desde su mismo origen, se hace muy difcil encontrar un grupo que guarde todas las caractersticas fsicas escogidas para identificar una raza determinada.
Sin olvidar que esas caractersticas se escogen arbitrariamente, en el caso de pretender organizar un cuadro de razas con divisiones netas entre ellas, slo encontraramos algunos individuos que representarn las caractersticas sealadas como constitutivas de cada raza.
Por todo ello, resulta muy cuestionable aceptar la raza como elemento imprescindible en la conformacin nacional, pues como seala M. Leiris (7), las comunidades nacionales no se integran a partir de caractersticas fsicas, sino atendiendo a su cultura, lengua y hasta la religin (en muchos casos). Esa pretensin sera contradictoria, hasta desde el punto de vista geogrfico, pues la distribucin de la poblacin en el globo segn el color de su piel es lo ms arbitrario que podamos imaginar, sobre todo despus de la colonizacin.
Abunda en los libros de texto la afirmacin de que la poblacin dominicana es esencialmente mestiza; es decir, resultado de la mezcla entre el indio y el espaol, diferenciando esta poblacin de la haitiana cuyo origen africano no deja duda sobre el color de su piel (8).
No obstante, sabemos que es totalmente incorrecta la denominacin empleada por estos escritores para clasificar el origen racial de los dominicanos, ya que el mestizaje puede ser considerado como un fenmeno de los primeros momentos de la colonizacin, que ces muy temprano con la extincin de la raza aborigen.
Especficamente en el libro de Tercer Grado de Nez Molina, as como en el programa mismo, encontramos que se aclara que los componentes de nuestro pueblo son el indgena y el espaol. Este se-
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alamiento en el programa (9) adquiere mayor importancia por tratarse de la orientacin recibida en la confeccin del libro.
Esta prctica marcadamente indigenista es puesta en relieve, de manera grave, cuando en un libro de Cuarto Curso, se llega a afirmar que "nuestro idioma es una mezcla del espaol y del taino" (10).
La cantidad de espacio dedicado a tratar los aspectos indgenas, as como los contenidos resumidos en esas pginas, revelan un expreso deseo de llevar a la conciencia de los nios esas convicciones, en detrimento del aporte africano en la formacin de nuestra identidad.
Contra el indigenismo no tenemos nada, slo que su tratamiento debe estar en relacin al papel que verdaderamente stos jugaron en la Historia Dominicana y no creando un mito inalcanzable. Su papel, en la conformacin de la nacin dominicana, hay que encontrarlo en una identificacin de orden sicolgico, de solidaridad con los pobladores autctonos de la isla.
Salta a la vista cmo en el libro de Tercero de Nez Molina, de 32 pginas dedicadas a la Historia, 15 tratan sobre los aborgenes; mientras los negros son mencionados solamente en dos; o el de Cuarto Grado de Andrea Lluberes, que dedica 14 pginas a los indgenas y escasas dos referencias a los africanos. Y esta es una constante en la mayora de los libros trabajados.
La caracterizacin cultural de los mismos se hace sobre la base de juicios de valor donde se pone de relieve la vida sencilla que llevaban aquellos hombres pacficos, alegres y sin complicaciones. Adems de tratarse de personas civilizadas y refinadas. Con la excepcin de los Caribes, cuya antropografa ritual los descarta de la anterior calificacin (11).
En el mejor de los casos, el libro (12) que ms nfasis da al tema de la poblacin negra plantea que los dominicanos somos mestizos y mulatos; es decir, que una parte de la poblacin desciende de la mezcla de espaoles y aborgenes, y otra de negros y espaoles.
Esa intencin se ve reforzada cuando en algunos de los libros se trata de convencer de que, si bien tenemos mulatos en nuestra composicin racial nacional, se debe a la influencia de la parte occidental sobre nuestro pas.
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Esas omisiones de los africanos en la formacin de nuestra identidad cultural, as como la deformacin dada por el mal tratamiento a los problemas donde participan los negros, tiende a borrar aspectos de lo que algunos autores llaman la nacionalidad espontnea.
El trato discriminatorio que se percibe en relacin a los dominicanos de origen africano, son resabios de la herencia colonial, que concibi a esos grupos como simple fuerza de trabajo, sin tomar en cuenta sus capacidades creadoras y los aportes realizados a las culturas nacionales en todo el Continente Americano.
LO CULTURAL.-
El tema de la cultura es tratado con las mismas aberraciones que los anteriores, pues se niega en los hechos el carcter autntico de la cultura nacional, considerndola un simple legado de Espaa y en menor medida de los indgenas, y casi siempre excluyendo a los negros.
Se nota una tendencia, cuando se habla de cultura, a contrastarla con la de Hait, tal como sucede con esta cita: "Santo Domingo, con idioma espaol, religin catlica y raza mestiza, y Hait con idioma francs, raza negra y religin y costumbres diferentes" (13).
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Otro libro seala: "Las diferencias culturales y raciales de los pueblos haitiano y dominicano eran muy profundas y la fusin no fue posible..." (14).
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Otro culmina diciendo: "La religin, las costumbres, el idioma y una nueva raza, son herencia que nos dejaron los espaoles" (15).
Como se nota, los benefactores de la cultura dominicana son los espaoles pues hasta tuvieron el don sobrenatural de dejarnos una nueva raza. En esos prrafos se advierte como los autores tratan de a-nular la capacidad creadora de los elementos culturales cruzados por el propio proceso colonial en nuestro pas .
Se maneja una nocin de cultura donde sta es algo acabado, que nos fue legado en un momento del pasado por seres civilizados y avanzados pero donde nuestro aporte no se ve y nuestra tarea consiste en preservar esas refinadas esencias de la civilizacin occidental.
Lo mismo sucede con la religin, presentando la religin catlica


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como la nica y verdadera religin del dominicano, descartando todo aporte indgena y africano a la religiosidad popular. Aunque la tradicin oral se ha encargado de hacer presente con su mitologa los aportes de una autntica creacin de nuestro pueblo.

Nadie puede negar hoy da que la religiosidad popular dominicana encuentra sus races tanto en lo africano como en lo indgena, an si el peso mayor de la religin se hace notar en el catolicismo. No obstante, o se ahorran las menciones sobre la religiosidad popular, o cuando se toma en consideracin, se le asocia a la superchera o a lo haitiano, entendido esto ltimo como algo salvaje o primitivo.
En fin, la religiosidad autnticamente dominicana, es algo de lo cual debemos avergonzarnos.
El gran ausente en los aspectos culturales es el folklore, que no aparece tratado en ninguno de los libros, siendo uno de los aspectos ms evidente en la identificacin de la cultura nacional, por tratarse de algo con lo cual los estudiantes tienen un contacto frecuente.
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Si bien se habla de tradiciones y costumbres no se observa un mayor inters por referirse a las mismas.

Tanto lo racial como lo cultural manifiestan una vez ms, una visin estrecha acerca de la identidad nacional, que debe ser entendida como una pluralidad, pues, al igual que en todos los pases de Amrica Latina, nuestras culturas se caracterizan precisamente por haberse conformado como verdaderos crisoles, donde confluyen los ms diversos aportes de todas las culturas conocidas hoy.
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ASPECTOS DE ORDEN POLTICO.-
Se nota una tendencia a subestimar lo dominicano frente a lo espaol, as como un trato despectivo hacia los haitianos. Sobre lo primero tenemos una cita muy curiosa que dice: "Juan Pablo Duarte era un gran dominicano. Se educ en Espaa...". Ms adelante seala: "...El pueblo dominicano se haba convertido en un pueblo triste y sin ideales", y sigue diciendo: "Duarte haba conocido otros pases civilizados y libres" (16).
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En estas notas se evidencia claramente que para ser un gran dominicano no est de ms que se haya estudiado en Espaa, uno de los
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pases considerados civilizados y libres, nueva categora de pases hasta ahora desconocida. Pero an es peor la consideracin de que nuestro pueblo se qued sin ideales en algn momento de su historia y adems de esto triste.
Mueve a preocupacin la visin del proceso de colonizacin, como empresa lograda en base al sacrificio y a la abnegacin de los con-- quistadores, a quienes adems de habernos descubierto les fue: "...necesario ganar el sustento con el sudor de su frente, que el oro no apareca a golpe de pala y que los mosquitos y las enfermedades eran extremadamente crueles..." (17).
Este autor se unt a la idea de aquellos que ven la conquista como una "...empresa de alta cultura, civilizadora y positiva..." (18), pero sin tomar en cuenta lo que de trgica tuvo la ruptura de las culturas americanas y el grosero proceso de aculturacin a que fueron sometidos indios y negros.
En otro captulo, cuando se refieren a la Anexin a Espaa, llama la atencin el hecho de que para los autores no se trata de un hecho atropellante y presenta como causas de ese acontecimiento las siguientes: "Las escasas entradas de dinero, la amenaza de los haitianos y los gastos del ejrcito, unido al decaimiento de su salud movieron a Santana a acelerar sus ideas anexionistas, escogiendo para ello a la nacin espaola, tomando en cuenta las cosas comunes que nos unan (idioma, religin, costumbres, etc.)" (19).
En otro momento se expresa: "Los dominicanos lograron con va-lor e hidalgua el don precioso de la libertad, pero la falta de experiencia en el manejo de la administracin y la ambicin de muchos, originaron un clima de inestabilidad poltica que se caracteriz por las luchas internas y los cambios sucesivos de gobiernos" (20). Esto es, los dominicanos somos, aparte de ambiciosos, estpidos e ignorantes.
En otro punto, cuando se refieren a la primera ocupacin norteamericana, se inicia la explicacin diciendo: "Los dominicanos no supieron hacer uso de su libertad. En vez de vivir en paz trabajando, se dedicaron a guerrear unos contra otros" (21).
El autor de este prrafo no se detuvo a ponderar las verdaderas causas de la ocupacin americana, sino que toma un argumento totalmente ajeno a las causas reales, pretendiendo justificar nuestra prdi-
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da de la soberana por no saber usar la libertad. Vaya usted a saber lo que entendera el autor por uso de la libertad...!
Pero el colmo del paternalismo de los Estados Unidos hacia la Repblica Dominicana, aparece al final de la obra cuando dice: "El 28 de abril de 1965, los norteamericanos vuelven a desembarcar en Santo Domingo, con el pretexto de salvar la vida a todos los dominicanos que estaban en la revuelta." (22).
Todos esos prrafos son negadores de nuestra idiosincrasia poltica y orientan al nio para que piense que el orden poltico nacional se logra siempre por el amparo o la presencia fsica de alguna nacin "civilizada" que contribuya a mantener el orden entre nosotros.
Por otra parte, es notorio cmo al mismo tiempo que se exhibe ese paternalismo a las grandes naciones se presenta un tratamiento peyorativo cuando se refieren a la ocupacin haitiana, para la cual se emplean los trminos: yugo, dominacin, someter, etc., trminos que como vimos no aparecen cuando se habla de la presencia norteamericana o espaola.
CONCLUSIONES -
La nocin de nacionalidad en los libros de texto de primaria no se corresponde con el nivel de cientificidad actual alcanzado por la historiografa dominicana. An conserva ms peso el deseo de legitimar anticuadas ideologas que de integrar los avances cientficos de esta ciencia.
Es importante llamar la atencin sobre el paternalismo y la subestimacin de lo dominicano frente a lo extranjero, para que sin chauvinismo de ensee a los nios la dignidad que merecen ellos y su pas.
La educacin debe contribuir al afianzamiento de los valores culturales propios, entendidos como resultado del pluralismo legado por los diversos grupos participantes en la conformacin de la nacin dominicana.
Reiteramos, en consecuencia, la necesidad de evitar exclusiones de los africanos, quienes con enorme paciencia, espritu de lucha y sacrificios, no slo aportaron aspectos esenciales de nuestra cultura, sino que contribuyeron a fortalecer el respeto a los derechos humanos.
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Por ltimo, proponemos formalmente a este Congreso declarar prioritaria la atencin a la enseanza de la Historia en la educacin primaria con sus diferentes elementos: programas, libros de texto, recursos de apoyo, capacitacin de maestros, etc. Segundo, decidir la organizacin de un evento para el ao prximo donde se analicen en profundidad estos aspectos tan importantes en la formacin del educando dominicano.
NOTAS:
(1)- Luis Villoro citado por Mnica Blanco en "La Enseanza de la Historia en Amrica Latina", pgina 25.
(2)- Lluberes, Andrea M.: "Estudios Sociales Cuarto Grado, pgina 133. Ver tambin la definicin de Nacin en el libro "Estudios Sociales Cuarto Grado" de Viola Nez de Lpez, pgina
138.
(3)- Cass, Roberto: "Capitalismo y Dictadura", pgina 762.
(4)- Vase pginas 70-71 del libro de texto "Estudios Sociales de Mi Patria" de Luis N. Nez Molina.
(5)- dem, pgina 81, y en "Estudios Sociales de Cuarto Curso" de Viola Nez de Lpez, pginas 95, 104, 114.
(6)- Leiris, M.: "Race et Civilisation" en "Le Recisme Devant la
Sciense" de la UNESCO, pgina 59.
(7)- dem, pgina 88.
(8)- Nez Molina, Luis N., ob. cit., pginas 78, 81, 83.
(9)- Secretara de Estado de Educacin, Bellas Artes y Cultos: Programa de Tercer Grado de Educacin Primaria, pgina 117.
(10)- Nez de Lpez, Viola: ob. cit., pgina 71. (11)- Nez Molina, Luis N.: ob. cit., pginas 64-65, y Nez de
Lpez, Viola: ob. cit., pginas 6672
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(12)- Almnzar Gonzlez, Armando: Estudios Sociales de Segundo
Grado, pginas 53-55.
(13)- Nez Molina, Luis N.: ob. cit., pgina 81.
(14)- Ramrez Bez, Ramn O.: Estudios Sociales Quinto Grado,
pgina 131.
(15)- Nez Molina, Luis N.: ob. cit., pgina 78.
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(16)- dem, pgina 85.
(17)- Lluberes, Andrea M.: ob. cit., pgina 67.
(18)- UNESCO: "Conferencia Intergubernamental sobre Polticas
Culturales en Amrica Latina y el Caribe", pgina 7.
(19)- Lluberes, Andrea M.: ob. cit., pgina 103. (20)- dem, pgina 105.

(21)- Nez Molina, Luis N.: ob. cit., pgina 90. (22)- dem, pgina 93.
BIBLIOGRAFA
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Bobbio, N. y Matteuci, N.: Diccionario de Poltica. Siglo XXI Editores, 1982.
Cass, Roberto: Capitalismo y Dictadura. Editora de la UASD. Santo Domingo, 1982.
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Morner, Magnusi: La Mezcla de Razas en Amrica Latina. Editorial Paidos. Buenos Aires, 1969.
Nez Molina, Luis N.: Estudios Sociales de mi Patria Tercer Grado. Editora Colegial Quisqueyana, S. A., Santo Domingo, 1981.

Nez de Lpez, Viola: Estudios Sociales Cuarto Grado. Editora Colegial Quis-queyana, S. A., Santo Domingo, 1985.
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Vilar, Pierre: Cours de Methodologie Historique. Edit. Universite de Pars, 1972.
Zavaleta M., Rene: Notas sobre la Cuestin Nacional en Amrica Latina, en "Teora y Poltica en Amrica Latina". Edit. CIDE. Mxico, 1984. 2da. edicin.


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TERRITORIO, CULTURA Y RELIGIN EN LA FORMACIN DE LA DOMINICANIDAD. PONENCIA Y PROPUESTAS DE ACUERDOS.
Por F. Alberto Henrquez V.
INTRODUCCIN.
Si vamos a tomar en cuenta los verdaderos intereses del pueblo dominicano, ningn momento ms oportuno que ste para la celebracin de nuestro SEGUNDO CONGRESO DE HISTORIA, sobre todo con un tema central de tanta actualidad, mientras la Humanidad se debate en la ms profunda y decisiva de sus crisis. Y digo que ningn momento puede considerarse ms oportuno que el actual para la actividad que hoy nos congrega aqu, bajo el mbito acogedor de esta Universidad Catlica Madre y Maestra, refirindome ahora, concretamente a sus trabajos con motivos que se orientan en estas dos direcciones: los que difcilmente podrn soslayarse totalmente, relacionados con el quehacer historiogrfco propiamente dicho -metodologa, investigacin e interpretacin- y los referentes a la situacin especfica de nuestro pas -nuestro pueblo y la Nacin que l sintetiza y lo representa: el tema en s de la DOMINICANIDAD-, ambas afligidas de males, historiografa y dominicanidad; pero sobre las cuales, sin duda, aqu se encontrarn remedios y se dirn cosas fundamentales.
Debido a la brevedad de los turnos y a la naturaleza de los temas de esta PONENCIA, solamente mencionar tres (3) puntos, relacionados con lo antes expresado sobre la situacin de nuestra historiografa, adems de otro final, donde expresar mi confianza en que estos CONGRESOS DE HISTORIA, al irse institucionalizando, contribuirn a instrumentar y consolidar una verdadera Ciencia Histrica
en nuestro pas. Estos son los puntos a que me he referido anteriormente.
PRIMERO: Ninguna obra historiogrfica, entre todas las que han abordado en su totalidad el proceso histrico dominicano, ha sido es-
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crita siguiendo una metodologa previamente trazada, sobre la base de los avances logrados hasta ese momento por la Ciencia Histrica.
SEGUNDO: La falta de rigor metodolgico en el quehacer histo-riogrfico dominicano -cuyo objetivo, si es que se propone tener alguna utilidad, tiene que ser la formacin de una conciencia nacional en nuestra juventud y en el pueblo- arroja un balance negativo que hay que corregir en sentido positivo, ya que hoy da puede decirse sin dudas de ninguna clase, que relativamente las masas populares tienen menos conocimiento de su propia historia que en el pasado.
TERCERO: Los atisbos actuales de una historiografa cientfica dominicana, basada en la metodologa aportada por el marxismo, incurren en la mayora de los casos en una suplantacin que desdibuja, cuando no borra totalmente, el papel protagnico que el pueblo dominicano ha jugado en el desarrollo de su propia historia, desde el conocimiento mismo de la historia americana hasta nuestros das.

Antonio del Monte y Tejada, criollo nacido en nuestra tierra, muri mientras resida en Cuba, precisamente en el ao 1861, cuando ya Espaa haba incurrido en el error de anexarse el territorio dominicano. Su muerte impidi que tuviera que enfrentar el dilema de tener que escojer entre Espaa y su patria de origen, cuando los dominicano se lanzaron a la guerra contra el ejrcito de ocupacin espaol. Su obra: "Historia de Santo Domingo", publicada al promediar ese mismo siglo XIX, sienta el funesto precedente, lamentablemente imitado por nuestra historiografa subsiguiente (tradicional), de ignorar casi completamente la participacin africana en la composicin tnica del pueblo dominicano, iniciando as las cadenas de distorsiones que ha venido sufriendo nuestra historia.
Pero ese error, a pesar de su indudable magnitud, no puede servir de pretexto para que se borre de los fastos de nuestra historia al CRIOLLO y al PUEBLO, utilizando un africanismo de ltima hora que, traducido a una historia embadurnada aviesamente de racismo -racismo del pueblo dominicano, no del pueblo haitiano-, descarnadamente se convierte en un hatianismo militante, pretendidamente santificado por la lucha de clases. Diremos aqu, ahora, porque no lo vamos a poder decir en otra parte, que ninguna clase por s sola, ni en Amrica ni en ninguna otra parte del mundo, ha hecho una revolucin o ha ganado una guerra de independencia. Pero volvamos al tema. Es inadmicible que EL PAS donde surgi por primera vez el CRIOLLO Y EL NICO TERRITORIO AMERICANO donde el PUEBLO, luchando frente a ingleses, franceses, espaoles, haitianos y
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norteamericanos, logr forjar la PATRIA que hoy tenemos, esas dos categoras histricas: CRIOLLO Y PUEBLO pido excusas al rigorismo cientifcista- estn borradas prcticamente de su historia. Duarte, sin embargo, pensaba otra cosa, cuando dijo:
"En Santo Domingo no hay ms que un pueblo que desea ser y se ha proclamado independiente de toda potencia extranjera, y una faccin miserable que siempre se ha pronunciado contra esa ley, contra este querer del pueblo dominicano, logrando siempre por medio de sus intrigas y srdidos manejos aduearse de la situacin y hacer aparecer al pueblo dominicano de un modo distinto de como es en realidad; esa fraccin, o mejor diremos, esa faccin, es y ser siempre todo, menos dominicana; as se la ve en nuestra historia, representante de todo partido antinacional y enemigo nato por tanto de todas nuestras revoluciones; y si no, vase ministeriales en tiempo de Boyer y luego rivieristas, y an no haba sido el 27 de Febrero, cuando se le vio proteccionistas franceses y ms tarde anexionistas americanos y despus espaoles.*'
Y para quienes tengan dudas de lo que realmente ha sido y es ese PUEBLO, lo que era entonces y lo que ser siempre me permito recordarles estos versos del forjador de la TRINITARIA y Fundador de la Repblica:
"Los blancos, morenos, cobrizos, cruzados, marchando serenos, unidos y osados, la Patria salvemos de viles tiranos, y al mundo mostremos que somos hermanos."
De otra parte, como quiera que he hecho referencia al haitianis-mo y esa actitud evoca por fuerza su anverso: el antihaitianismo, bueno sera recordar tambin el pensamiento del Apstol de nuestras libertades con relacin al hermano PUEBLO haitiano. Dijo DUARTE:
"Yo admiro al pueblo haitiano desde el momento en que, recorriendo las pginas de su historia, lo encontramos luchando desesperadamente contra poderes excesivamente superiores, y veo co-
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mo los vence y como sale de la triste condicin de esclavo para constituirse en nacin libre e independiente. Le reconozco poseedor de dos virtudes eminentes, el amor a la libertad y el valor; pero los dominicanos que en tantas ocesiones han vertido gloriosamente su sangre, lo habrn hecho slo para sellar la afrenta de que en premio de sus sacrificios le otorguen sus dominadores la gracia de besarles las manos?**
Mientras todos los dominicanos, sin disticin de creencias religiosas, sexo y color de la piel, no estn compenetrados de esas ideas del Padre de la Patria, sobre nuestro pueblo, sobre su lucha por la libertad y sobre el pueblo contra el cual ms combati por la defensa de su territorio y de su soberana; mientras no se le reconozca al pueblo dominicano su rango de factor decisivo en la formacin de la nacionalidad que nos distingue de todos los otros pueblos y nacionalidades de Amrica y el mundo, no tendremos autoridad cientfica, ni moral ni patritica, para rebatir los argumentos de quienes habiendo vestido la vieja historiografa con el ropaje de un falso objetivismo, se autopro-claman autnticos representantes de la Ciencias Histrica, al tiempo que proclaman la necesidad de puertorriqueizar la economa dominicana; vale decir: las costumbres, la cultura y la vida toda del pueblo dominicano.
Estamos, por lo tanto, enfrentados a una situacin bien delicada, que no debe ocultarse con sofismas y con medias tintas, ya que el pueblo dominicano, colocado ante la disyuntiva de escoger entre dos vertientes historiogrficas que lo desconocen por igual, terminar por inclinarse a favor de la que menos hiera su orgullo nacional; hipnotizado por mitos alienantes, como el de la sociedad opulenta; viendo impvido o vuelto contra s mismo, porque la ignorancia y el hambre conducen por igual al suicidio, como su territorio es sometido a una devastacin peor que la de Osorio y la de Dessalines; ciego, tropezando con sus autnticos paradigmas sin reconocerse en ellos y sin reconocer su propia identidad. Por eso urge abrir nuevos derroteros a la investigacin y a la interpretacin de NUESTRA HISTORIA. Tarea a la que pueden contribuir, decisivamente, estos CONGRESOS DE HISTORIA DOMINICANA. De ah, tambin, el punto final que he mencionado en el segundo prrafo de esta Introduccin, base de una de las propuestas de acuerdo que en su oportunidad someter a la consideracin de quienes participan en este cnclave.
CUARTO: De aqu a la celebracin del MEDIO MILENIO del descubrimiento del Nuevo Mundo, momento en que nuestra patria se convertir en el centro de todo lo que se relacione con la historia de
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los pueblos de Espaa y *de este Hemisferio Occidental, nuestros CONGRESOS DE HISTORIA DOMINICANA deberan realizar, ao tras ao, no cada dos aos, una doble tarea: s la que he sealado anteriormente y la que tendra por objetivo central poner la historia de nuestro pueblo -de nuestro pas y de nuestra patria- en el MAPA DE LA HISTORIA DE AMERICA, donde jams ha estado presente.
EL TERRITORIO.
Conviene destacar a manera de introduccin de este tema, lo que podramos considerar su definicin clsica: "Porcin de la superficie terrestre, perteneciente a una nacin, regin, provincia, departamento o municipio. Todo estado se halla integrado por dos elementos fsicos: uno humano o poblacin, y otro geogrfico o territorio. Polticamente el territorio se caracteriza por ser el mbito dentro del cual el estado ejerce plenamente su poder y su soberana, dictando las leyes y obligando a que se cumplan, disponiendo y beneficindose con el uso y disfrute de los bienes nacionales, y reivindicndolo con el derecho o con las armas ante la ingerencia extranjera".
El territorio de nuestra isla haba sido ocupado casi totalmente por el segundo poblamiento prehistrico que se asent slidamente sobre su suelo, representado por la tribu de los arauacos-tanos, antes de la llegada de las naves colombinas del Descubrimiento. El inicial asentamiento espaol, basado en el modelo de factora, segn los clculos de Coln, pretendi mantener separadas las dos poblaciones: la indgena de una parte y la espaola de la otra, proyecto que frustraron, casi simultneamente, la resistencia de los aborgenes y la rebelda de los espaoles del comn, dirigidos por el alcalde mayor, Francisco Roldan. Ya en el ao 1499, cuando el triunfo de los rolda-nistas se tradujo en las Capitulaciones de Azua, factor decisivo en la liquidacin de la Factora Colombina, el proyecto inicial de UN ENCLAVE NICO SE HABA CONVERTIDO EN UN EJE MILITAR que atravesaba la isla de Norte a Sur, desde la Isabela hasta Santo Domingo; eje militar destinado a garantizar la explotacin del oro por medio del rescate primero y despus de la matanza de 1495 (Esperanza) por el tributo. La colonizacin espaola propiamente dicha, iniciada por Ovando en el 1502, sobre la base de la Encomienda Indiana, produjo un salto en la explotacin del oro y teji la isla de poblaciones (villas), donde qued atrapada la sociedad taina. Tal el resultado de la legalizacin de los repartimientos de indios, impuestos por la revolucin roldanista a Coln y legalizados por Ovando al estatuir el rgimen de la Encomienda. Esa situacin poblacional, traducida en un dominio completo del territorio insular, prevaleci y se


ampli con la Sociedad Esclavista Azucarera, cuando la explotacin del oro, sustento de la Sociedad Ovandina, fue sustituido por la explotacin de la caa de azcar. Pero con la diferencia de que la nueva formacin econmico-social, extinguido el indio, descans sobre el trabajo esclavizado del africano. El negro esclavo importado para mover la industria azucarera, se extendi as por toda la isla, ubicado en ingenios, hatos y villas, cuando aceptaba pasivamente la explotacin a que era sometido; o viviendo en palenques insurrectos de uno a otro extremo del mbito insular, cuando rechazaba y combata la esclavitud. Realizadas las Devastaciones de 1605 y 1606, dirigidas a matar el comercio de rescate y el contrabando, actividad econmica que tuvo por eje al hato ganadero, qued encerrada la poblacin colonial sometida (vecinos blancos y esclavos negros), dentro de las guardarrayas trazadas por el gobernador Antonio de Osorio, situacin que se mantuvo casi toda la primera mitad del siglo XVII, hasta que se inicia la reconquista del Descampado con la toma de la Tortuga (1654) por las huestes de Francisco Montemayor Crdova de Cuenca. Desde 1654 hasta 1777, ao en que se fijan los lmites de Aranjuez, casi siglo y medio de luchas que representaron el drama y la gesta de una verdadera RECONQUISTA, se conforma y realiza el largo proceso de integracin de la NACIONALIDAD DOMINICANA, iniciado a partir de la Revolucin Rodanista de 1497. Durante ese perodo de casi tres siglos (1497-1777), el territorio insular de los antiguos tainos, despus del tratado de Aranjuez reducido para Jos dominicanos en dos tercios de su extensin, debido a la lucha de sus habitantes contra al monopolio comercioal espaol, vio reducida tambin su poblacin, ahora circunscrita a dos razas y a dos culturas, que se mezclaron por un intenso proceso de hibridacin; pero que a su vez, cada una de ellas en tiempos histricos distintos, aunque no muy alejados, se entrelazaron con el indio y produjeron el mestizo y el grifo (zambo dominicano), que alzados en susmanieleso encuadrados en las cincuentenas, como despus lo haran los pardos y morenos (mulatos libres y negros horros) de los Batallones Fijos, se esparcieron por un TERRITORIO que por el derecho de la sangre y por mandato de la historia, consideraban suyo.
Todas las interminables luchas que se llevan a cabo en ese territorio, delimitado hacia el Oeste por la lnea de Aranjuez, desde el tratado de Basilea hasta nuestros das, tuvieron por objeto claro o por trasfondo-de manera clara o en forma instintiva- la preservacin y posesin de ese territorio, como solar y patria de la NACIONALIDAD DOMINICANA, como expresin primera y fundamental de la DOMINICANIDAD.
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LA CULTURA .-
Resulta evidente, al examinar el Censo efectuado por Osorio en el aflo 1606, an si se descarta la existencia en ese momento de una franja minoritaria de mestizos, mulatos y grifos, intercalada entre los aproximadamente 9,248 pobladores blancos (vecinos, libres) y los 9,648 negros (africanos, esclavos), a continuacin de ese instante, cuando todava no se haba iniciado la ocupacin francesa del costado occidental de la isla, que nuestra poblacin inicia entonces un proceso de agregacin, fcilmente identificable (porque de otra manera no existira hoy la nacionalidad dominicana), como el proceso de nuestra FORMACIN NACIONAL, al realizarse: Primero, un intenso mestizaje hispano-africano, que hizo posible el surgimiento de una amplia franja tnica mulata que ya para la firma del tratado de Basi-lea (1795) era mayoritaria y se haba constituido econmica y cultu-ralmente en expresin de la DOMINICANIDAD. Segundo, una trans-culturacin simultnea y condicionada por el anterior proceso de mestizaje, por medio de la cual la parte de esa poblacin de origen africano, casi totalmente criollizada, asimil todos los elementos culturales de la poblacin de origen espaol, pero sin dejar de trasmitir a sta, no obstante la desculturacin a que fue sometida, usos y costumbres, modos y medios de pensar y hacer las cosas, heredadas de sus ancestros africanos. Una cultura nueva de la que no estaban ausentes los aportes del indio, cmodo prueba el ejemplo que mencionaremos a continuacin, que se convirti en algo peculiar y propio de la DOMINICANIDAD.
"El mantenimiento de estos negros -dice la cita de Juan de Eche-goyan- de estancias e ingenios, y de los que estn en la ciudad trabajando, y sirviendo a sus amos, que sern por todos veinte mil, es co-mer_casabi, que se hace de una raz que ponen en montones; que cuando est crecida y gorda en el montn esta raz, la raen, y lo que raen lo lavan, y con el molda que tienn para ello hacen una torta muy grande y algo tostada, y de esta raz se apura ms y se hace otro casa-bi muy delgado, sabroso de comer que es el sablao. De la flor de esta raz, que se llama anaiboa, se hace un potaje con leche, como manjar blanco que es muy sabroso, y tiene mucha fuerza, y es de tanta sustancia que por poco que se come trae sudor; y esta comida es general, as para los vecinos, como para los que viven por la mar, porque no hay pan en aquella tierra, y lo que hay es poco y se lleva de ac..."
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LA RELIGIN
La Iglesia Catlica Apostlica Romana, dentro de los reducidos lmites marcados por las guardarrayas de Osorio, dirigida por obispos espaoles, jug un papel decisivo en la transculturacin hispano-tana e hispano-africana, hasta que el pueblo formado por la agregacin de esos componentes tnicos y culturales, al tiempo que lograba su crio-llizacin, adquiran los rasgos de una nacionalidad. A esos mitrados peninsulares y a sus subalternos, por lo tanto, correspondi dirigir la desculturacin de la poblacin de origen africano que qued establecida en calidad de esclava, dentro de los reducidos lmites de Osorio a partir de 1606. Pero terminaba la tarea de afianzamiento de lo his-pnico sobre todo despus que la penetracin francesa desde la Tortuga fue contenida en las orillas del ro Guayubn (Rebuc) y en los bordes del lago Enriquillo, por el Norte y por el Sur respectivamente, hubo necesidad de nuevos y ms numerosos pastores de almas, dispuestos a enfrentar la pobreza y el desamparo del hato, la soledad de los bosques y el paisaje agreste de la sabana. De esa manera la FE se refugi en la Hermita, exenta de lujo y aislada del mundanal ruido, de-teminando que sus representantes dejaran de Ser curas peninsulares para ser cada vez mayor el nmero de sacerdotes criollos, quienes enfrentaban la doble cruzada de salvar, junto con Jas almas, la tierra infectada de hugonotes franceses. El esclavo, por su parte, vctima remota o cercana, segn fuera criollo o bozal, del fanatismo religioso que los almorvides haban impuesto y desde las orillas del Senegal hasta Argelia, antes de apoderarse de la Espaa musulmana, no opusieron gran resistencia a la evangelizacn que conllevaba su desculturacin, ya que entre el recuerdo de la Rbita (convento y fortaleza) feroz, smbolo de las penitencias agotadoras, la flagelacin y la esclavitud berebere (frica del Atlas); y la Ermita patriarcal, compenetrada con la naturaleza (hato, bosque y sabana) y garantizaba su libertad de hecho, simpolizada por el caballo, la lanza y el machete, no titube en aceptar la nueva religin. Surgi as, en forma espontnea, tanto para el amo hatero como para el esclavo que lo auxiliaba en sus tareas, una iglesia si no nueva, distinta; que se espandi hacia occidente siguiendo el rastro del hato, creciendo ella tambin, desde el simple Oratorio, pasando por la Ermita, hasta la capellana laical y la de colacin. Esta iglesia, que sigui siendo por los principios de la FE, catlica y romana; pero liberal en su proceder, se consustanci cada vez ms con la poblacin de donde procedan sus ministros, hasta llegar a ser, durante nuestras guerras de la Independencia y de la Restauracin, representante espiritual de la DOMINICANIDAD.
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INFLUENCIA DE ALGUNOS FACTORES GEOGRAFICO-HIS-TORICOS EN LA INTEGRACIN DE LA DOMINICANIDAD.
Por Jos Joaqun Hungra Morell
Dos de la primeras ciudades fundadas en el proceso de conquista de la isla Espaola vinieron a constituir, por su localizacin geogrfica y su posterior desarrollo, las que podramos llamar los principales baluartes que permitieroiL-devenir y definir -a travs de unas tres centurias y media- la dominicanidad, segn el concepto independizador inculcado por Juan Pablo Duarte.
Santo Domingo y Santiago, fundadas en la ltima dcada del siglo XV a orillas de los ros Ozama y Yaque del Norte, respectivamente, no solamente jugaron el papel primordial -depde entonces- de defender, mantener y evolucionar nuestra herencia hispana hasta el momento de ser proclamada la Repblica Dominicana, sino que tambin continuaron siendo nuestros bastiones principales cuando fue necesario afianzar nuestra Independencia, durante los doce aos de guerra contra las huestes invasoras de Hait, a la vez que luchar para restaurar nuestra Repblica y reconquistar nuestra libertad, durante la gloriosa guerra de la Restauracin, tras la traidora anexin a la Corona de Espaa llevada a cabo por el General Pedro Santana.
En primer lugar, precisa destacar que Santo Domingo, al ser fundada a orillas del estuario ms aplio y profundo de toda la isla, lo que desde entonces determin que constituyera el principal puerto insular, as como en medio de nuestra llanura ms extensa (la que hoy en da se conoce como Llanura Costera del Caribe o del Sureste), al igual que en el lugar de convergencia fisiogrfica o geomorfolgica ms estratgico d la bitercia porcin islea que vino a constituir el hoy territorio de Dominicana, fue desde su origen -por todos estos factores geogrficos- el sitio ideal y efectivo para la sede de lo que primero fue la capital de la colonia espaola, a cuyo mbito insular le fue dado este mismo nombre y lo que ms tarde origin nuestro gentilicio nacional de dominicanos, y luego -con el advenimiento de
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nuestra independencia- nuestra capital nacional, nuestra Capital Ptir mada de Amrica.
En segundo lugar, en lo que respecta a Santiago, al ser sta fundada originalmente y luego relocalizada a orillas del ro ms caudaloso y extenso de la isla, quedando tambin ubicada casi en el mismo centro del valle ms extenso y frtil de la Espaola (conocido hoy como valle del Cibao), por esa posicin de centralidad dentro de la regin Norte del hoy territorio de Dominicana, le correspondi desde las tempranas dcadas de su existencia el importante rol de ser el centro de las actividades generales de esta regin.
Del mismo modo, por estar esta ciudad situada en la ladera Oeste del aquarium divortium o divisoria de las aguas que fluyen hacia el ro Yaque del Norte, separndolas de las que fluyen hacia la cuenca Oriental del valle drenado por el ro Yuna, a la vez que en la parte ms estrecha en que fue posible contener o rechazar los ataques provenientes del Norte y del Oeste, evitando en esas oportunidades que los invasores continuaran hacia Santo Domingo.
El bautismo de esa funcin le toc al pueblo de Santiago a raz de la funesta despoblacin de la Banda del Norte recomendada por Baltazar Lpez de Castro, autorizada por el Rey Felipe III y ejecutada por el gobernador Antonio de Osorio en 1605 y 1606, tras cuyas devastaciones esta ciudad pas a ser el lmite de la guardarraya -por los lados Norte y Oeste- impuesta por tan aciaga autoridad, quedando desguarnecido todo el resto de la regin Noroeste de la Isla, donde encontraron fcil entrada primero los bucaneros y luego los filisbus-teros, quienes constituyeron el ncleo inicial para la formacin de la colonia francesa que luego llegara a compartir el dominio de la Isla.
En efecto, tal bautismo de fuego le toc a Santiago con los ata-quez de los aventureros bajo el mando del pirata francs Delisle (en 1667) y de los colonos bajo el mando del Gobernador francs De Cussy (en 1690), habiendo capturado la ciudad, saquendola inmi-sericordemente y realizando los mayores desmanes, aunque en ambas oportunidades los invasores decidieron retirarse a su punto de partida en el Oeste, no obstante tener rdenes de apoderarse de todo el territorio de la isla en manos de los espaoles, al darse cuenta que haber continuado su ataque hacia Santo Domingo era una empresa difcil y arriesgada.
Como prueba de esa ltima afirmacin, merece consignarse el desquite de esta ltima agresin, ejecutado por el Capitn santia-
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guense Antonio Minier el 21 de enero de 1691, cuyos lanceros fueron reforzados con tropas conducidas personalmente desde Santo Domingo a Santiago por el nuevo Gobernador de la Colonia, don Ignacio Prez Caro, habiendo derrotado a los franceses ese da en la batalla de Sabana Real del Limonal o de Guarico (donde se encuentra actualmente el pueblo haitiano de Limonade), y en cuya contienda perecieron De Cussy, sus principales lugartenientes, oficiales y centenares de soldados.
Como es sabido, la vspera del combate un grupo de soldados del Este -de las tropas tradas por el Gobernador Prez Caro- elevaron sus plegarias a Nuestra Seflora de la Altagracia, por lo que al resultar triunfantes en el combate ipiciaron la celebracin de su fiesta religiosa en ese da (21 de enero), en vez del 15 de agosto, costumbre que se ha mantenido desde entonces por el pueblo dominicano.
Lamentablemente, esta arrolladura victoria no logr variar la decadencia que vena sufriendo la colonia espaola de Santo Domingo desde principios del siglo XVII, azuzada por el imperdonable abandono de la parte Oeste de la Isla y por la misma debilidad del Reino de Espaa frente a Holanda, Inglaterra y Francia, lo que permiti que los franceses fueran ocupando gradualmente dicha porcin, sintindose luego stos apoyados por el Tratado de Paz de Ryswick de 1697, hasta culminar con el acuerdo firmado en 1776 en San Miguel de la Atalaya entre los gobernadores Jos Solano y Jacinto Louis, mediante el cual se pact la divisin de la Isla, documento escrito en francs y espaol que fue ratificado al siguiente ao 1777 por Espaa y Francia, y cuya ratificacin constituy el Tratado de Aranjuez, con el cual qued definitivamente determinada la existencia de esas dos colonias.
Tras el nefasto Tratado de Basilea en 1795, mediante el cual Espaa cede a Francia toda la parte espaola de la isla de Santo Domingo, quedando Francia duea absoluta de la isla entera, se inicia el perodo ms lgubre a la vez que el de mayor desconcierto que habran de sufrir los ya espaoles-dominicanos, aunque salpicado de algunas gestas heroicas, todo lo cual -al final del largo tnel recorrido en este trayecto- felizmente habra de culminar con la alborada de la consagracin de la.dominicanidad, mediante la fundacin de la Sociedad Secreta "La Trinitaria" -el 16 de julio de 1838- as como el juramento de los ocho amigos escogidos para instalarla por el Padre de la Patria Dominicana, Juan Pablo Duarte, y cuya meta independentista es coronada en la noche del 27 de febrero de 1844.
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Por todos estos logros es por lo que consideramos que al tener lugar tanto la gestacin como el grito de la Independencia Dominicana en Santo Domingo, as como por haber sido llevada a cabo esta gesta por hijos de esta ciudad -en su casi totalidad- a los tantos ttulos que ostenta nuestra metrpoli podramos agregar el de "Capital de la Dominicanidad", al igual que sugerimos que para honrar an ms la con-
memoracin de la fecha del inicio de nuestra gesta independentista, el da 16 de iulio sea consagrado como "Da de la Dominicanidad".
Nos hemos abstrado de entrar en detalles acerca de tanto los hechos lgubres como los gloriosos, ocurridos entre el Tratado de Basi-lea y la fundacin de la Repblica Dominicana, tales como: la invasin de Toussaint Louverture, la ocupacin francesa del Santo Domingo Espaol, la revolucin e independencia de Hait, las invasiones de Jean Jacques Dessalines, la Guerra de la Reconquista, la Asamblea de Bondillo, la Espaa Boba, la Independencia Efmera, la invasin de Jean Pierre Boyer y la ocupacin haitiana -por considerar que estos hechos sern tratados con especial nfasis por otros ponentes de este Congreso. Sin embargo, en lo que concierne al enfoque de nuestra ponencia, solamente diremos que Santo Domingo fue el foco principal de la mayora de ellos, resultando de nuevo favorable su posicin geogrfico- estratgica, aunque en el caso de las invasiones haitianas le correspondi a Santiago protagonizar hechos destacados, al igual que otros pueblos a lo largo de las rutas de esas invasiones, especialmente La Vega, Moca y varios pueblos de la Lnea Noroeste.
Pero es a partir del grito de nuestra Independencia cuando le corresponde a Santiago servir de escenario para las hazaas ms portentosas de su historia en apoyo de la dominicanidad.
En primer lugar, al mes justo de surgir la Repblica, fue bastin de la gloriosa batalla conocida como la Batalla de Santiago, librada all en sus propios predios el 30 de marzo de 1844, brillantemente planeada, dirigida y ejecutada por el General Jos Mara Imbert, contra las tropas del octogenario General haitiano Jean Louis Pierrot, a las cuales infligi una derrota decisiva en las cinco horas que duraron los intesos combates, y cuyo aplastante triunfo consolid definitivamente la Independencia Nacional, a la vez que contribuy moralmen-te a que el Presidente de Hait, General Charles Herald Ain, se retirara definitivamente de Azua y del territorio dominicano cuarenta das despus, tras haber sido confinadas sus tropas en esa Villa Composte-lana el 19 de marzo anterior, cuando las tropas bajo el mando del Ge-

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neral Pedro Santana lograron contener y parar en seco el avance airullador del invasor haitiano hacia nuestra capital.
En segundo lugar, finalizando ya lo que result la cuarta y ltima campaa de la guerra de casi doce aos que fue necesario librar contra las huestes invasoras haitianas que trataban de anular la Independencia Dominicana, le correspondi a Santiago servir de centro de organizacin y preparacin de todas las tropas del Cibao que fueron despachadas hacia la frontera con Hait por Dajabn, para combatir el Cuerpo del Ejrcito del Norte -estacionado en Juana Mndez- que se aprestaba a penetrar en nuestro territorio, tras el fracaso de la gran invasin iniciada en diciembre de 1955 por las tres entradas naturales de nuestra Regin Suroeste, cuando el genio militar del General Pedro Santana se impuso nuevamente ante las tropas del Emperador Faustino I (Soulouque), infligindole una aplastante derrota en las "batallas gemelas" de Santom y Cambronal, as como en los combates de Sabana Mua y El Can.
En efecto, el 24 de enero de 1856, teniendo como escenario los vastos campos de Sabana Larga, Macabn, Jcuba y Guajaba, las fuerzas dominicanas bajo el mando del General Juan Luis Franco Bid, Comandante del Cuerpo del Ejrcito del Norte, vencieron al enemigo en lo que se considera "la batalla ms grande de la Independencia y acaso la ms sangrienta que se ha librado en las Antillas", triunf final ste que constituy la derrota definitiva -de una vez para siempre- del invasor de Occidente.
En tercer lugar, tambin le correspondi a Santiago convertirse en la Capital y sede del Gobierno Provisional de la Repblica, al igual que en el centro de operaciones de la gloriosa Guerra Restauradora, como coronacin de la primera etapa de la valiente gesta iniciada el 16 de- agosto de 1863, encabezada por Santiago Rodrguez, Benito Moncin y Jos Cabrera, quienes con un puado de hombres enarbo-laron la bandera dominicana en el cerro de Capotillo, de donde emprendieron la revolucin que logr en apenas quince das avanzar y cercar dicha ciudad, obligando a las fuerzas espaolas -bajo el mando del Brigadier Manuel Buceta del Villar- evacuar la fortaleza San Luis y retirarse hacia Puerto Plata, aunque a costa del incendio de gran parte de su zona urbana.
Mediante la llamada Acta de Independencia, firmada el 14 de septiembre de 1863 por los numerosos dominicanos notables concentrados en Santiago, se manifiesta "ante Dios, el mundo entero, y

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al trono de Espaa, los justos y los legales motivos" que obligaron a esos pro-hombres "a tomar las armas para restaurar la Repblica Dominicana y reconquistar nuestra libertad", que tras la victoriosa guerra dirigida desde all logra que el 3 de marzo de 1865 el gobierno de Madrid dictara el decreto que determin el abandono por parte de Espaa del territorio dominicano, habindose iniciado la evacuacin de las tropas espaolas desde Santo Domingo el 10 de julio de 1865, y haciendo su entrada a la Capital las tropas restauradoras dos das despus.
Adems del glorioso papel que le toc jugar a Santiago durante la Guerra de la Restauracin, el destino tambin le depar la oportunidad -aunque triste- de servir de tumba a los venerados restos del patricio Ramn Matas Mella, uno de los Padres de la Patria Dominicana, quien falleci en esta ciudad el 4 de junio de 1864, cuando contaba poco ms de cuarenta y ocho aos de edad, y vena actuando como Vice-Presidente de la Repblica desde el 17 de marzo de ese mismo ao, en el desempeo de cuya funcin haba marchado al frente de lucha a conjurar una crisis originada por la derrota de una columna restauradora, enfermndose, en Azua de donde fue trado en litera, por caminos haitianos, regresando en hombros de los soldados que le acompaaban, hasta llegar a Santiago extenuado y desfalleciente.
Del mismo modo, otro acontecimiento providencial ocurrido en Santiago en el mismo perodo fue la llegada all, el 4 de abril de 1864, del Padre de la Patria, General Juan Pablo Duarte, quien vino desde Venezuela -va Cabo Haitiano y Montecristi- despus de una ausencia de casi veinte aos de su amado suelo, habiendo venido a ofrecer su cooperacin a la causa restauradora, en respuesta a cuyo ofrecimiento le fue asignada una misin diplomtica ante Venezuela, Per y Nueva Granada de recabar dinero, municiones y abstecimien-tos en apoyo de la Guerra Restauradora. Esta misin la inici viajando por tierra hasta Cabo Haitiano a mediados de junio del mismo ao ya que transcurrieron unos dos meses desde que le fuera encomendada originalmente, en cuyo nterin ocurri la muerte del patricio Mella, habiendo seguido paso a paso el fretro del gran hroe por las calles de Santiago hasta el Cementerio Municipal. Al despedirse de Santiago y cruzar la frontera hacia Cabo Haitiano, el ilustre Padre de la Patria tambin vera su querido terruo por ltima vez.
Es por todos estos hechos patriticos que culminaron con el triunfo de la Restauracin y la instauracin de la Segunda Repblica, amn de la presencia en Santiago y la participacin en la lucha restauradora de dos de los tres Padres de la Patria Dominicana, por lo que
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esta hidalga ciudad bien podra considerarse como la Segunda Capital de la Dominicanidad, y a la que por ser la primera de Amrica que se fund con el nombre del Apstol, tambin le corresponde el ttulo del Santiago Primado de Amrica, parangonando as los ttulos que corresponden a Santo Domingo, como Capital de la Dominicanidad y Capital Primada de Amrica.
Otro enfoque de carcter geogrfico-histrico que deseamos plantear -aunque ms bien reiterar- v aue consideramos contribuye a integrar y a dignificar an ms la dominicanidad, es el referente al movimiento -iniciado hace casi medio siglo- que propugna por honrar an ms el concepto independizador inculcado por Duarte, cuando empleara el trmino de Dominicana para la Nacin fundada bajo su doctrina -tal y como lo definiera en su Proyecto de Constitucin-adoptando el mismo como nuestro nombre nacional por excelencia, sin perjuicio del nombre oficial de nuestro Estado, como es el caso de las dems naciones miembros de la Organizacin de Estados Americanos (OEA), organismo en que nuestro pas es el nico en figurar con su nombre estatal, como es tambin uno de los contados casos en la Organizacin de las Naciones Unidas (ONU).
Acerca de la meta de este movimiento, que tambin persigue hacer del duartiano nombre de Dominicana otro smbolo patrio, como lo son nuestra bandera, escudo e himno nacional, al igual que la exaltacin de los Padres de la Patria, se ha hablado y escrito mucho desde que el entonces adolescente Profesor Ramn Rafael Casado Soler lanzara esa idea, en febrero de 1937, idea que en el transcurso de los lustros y dcadas ha evolucionado en doctrina de parte de su autor y adalid permanente, al'igual que de los fervorosos adeptos.que ha ido ganando, amn de los numerosos dominicanos que tambin se han adherido a la misma empleando corrientemente ese patritico topnimo en el lenguaje ordinario.
Pero he ah que, no obstante su gran significacin dominicanista y duartiana, el uso de este nacionalista trmino no se ha generalizado en forma amplia porque paradjicamente no solamente ha encontrado opositores a este ideal sino tambin que aparentemente la influencia de algunos de stos ha contribuido a sofrenar la cabal consecucin de esa anhelada meta.
Algo parecido a las vicisitudes por las'que pas nuestro himno nacional compuesto por el maestro Jos Reyes, con la letra del poeta Emilio Prud'Homme -durante casi cincuenta y un aos- que desde que se estrenara el 17 de agosto de 1883, finalmente vino a ser adop-
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tado oficialmente -como himno de la Repblica- el 30 de mayo de 1934, mediante Ley Nm. 700 promulgada por el Presidente Rafael Lenidas Trujillo, a quien histricamente le toc hacer tal proposi-' cin mediante oficio del 3 de este mes dirigido al Presidente del Senado.
Para concluir, no sin antes declarar que -en lo referente a este ltimo enfoque- no entramos en otras consideraciones de carcter geo-poltico y de cuestiones atinentes a acuerdos internacionales sobre nombres geogrficos, por no haber el tiempo necesario, deseamos transcribir los dos primeros prrafos de nuestra conferencia-artculo en homenaje a la memoria del insigne Padre de la Patria Dominicana, publicada en el peridico "Listn Diario" del 8 al 10 de enero de 1976, con motivo del ao del centenario de su muerte, as como reproducida en la Coleccin Conferencia No. 31 de la Universidad Autnoma de Santo Domingo, cuyos conceptos deseamos reiterar:
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"Quizs uno de los homenajes ms significativos -si no el ms civilizador- que podramos rendir a la memoria de Juan Pablo Duarte, en el ao del centenario de su muerte, sera el de "liberar" -o ms bien, si se quiere- "dominicanizar" nuestro nombre nacional; esto es, consagrar el nombre que a la vez que sea el verdaderamente caracterstico del pueblo, territorio, pas, nacin y estado en que est constituida la sociedad o patria de los dominicanos -por l liberada-corres-ponda al simbolismo del movimiento revolucionario iniciado con el juramento trinitario, origen y causa de nuestra independencia.".
"Y es que, para no tener ninguno, el pueblo, pas o estado de los dominicanos cuenta con no menos de tres nombres, cuyo uso indistinto o simultneo ha contribuido a la gran confusin que todava existe en el campo internacional -acerca de la identidad de nuestro terruo- an despus de los casi 132 aos transcurridos desde que -como resultado de la accin patritica de Duarte- entramos al concierto de las naciones libres del mundo; esto as por no decir del gran obstculo que tal triloga de nombres ha representado y representa -en medio del actual e importante proceso turstico mundial- para el conocimiento y mejor divulgacin -por todo el orbe-de nuestra cultura nacional, de la cual quizs no estuviramos hablando de no haber sido por la gesta de ese Apstol de nuestra Libertad."
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LA OBRA EDUCATIVA EN LA FORMACIN DE LA DOMINICANIDAD
Por Rafaela Joaqun de Lowden
)
"Todos los aqu presentes nos encontramos en el terreno de la cultura, realidad fundamental que nos une. Por este mismo hecho nos encontramos en torno al hombre y en cierto sentido, en l, en el hombre. Este hombre que se expresa en y por la cultura y es objeto de ella, es nico, completo e indivisible. Es a la vez sujeto y artfice de la cultura. Segn esto no se le puede considerar nicamente como resultante de todas las condiciones concretas de su existencia, como resultante por no citar ms que un ejemplo de las relaciones de produccin que prevalecen en una poca determinada.
... el criterio de las relaciones de produccin es una clave para la comprensin de la historicidad del hombre, para la comprensin de su cultura y de Jas mltiples formas de su desarrollo... pero no la clave fundamental... no es tal sistema lo que est en el origen de la cultura, sino el hombre".
La precaucin anterior la sostuvo Juan Pablo II ante la UNESCO, el lunes 2 de junio de 1980 en su discurso "El Mundo a la Medida del Hombre".
La percepcin de la dominicanidad con sus races culturales en el pasado es una manifestacin del carcter nacional en el presente hacia una mejor personalidad bsica en el futuro. En efecto, la dominicanidad no es lo que quisiramos haber sido o tenido en lo geogrfico, histrico, social y cultural. La dominicanidad es lo que aceptamos conscientemente que somos como nacin y lo que debemos mejorar en el futuro para seguir respondiendo al fin humano y trascendente de la cultura.
Esta dinmica conductual es incompatible con un esttico lamento y paralizante desperdicio de energas subestimando, justificando o despreciando nuestros rasgos comunes de comportamiento. Para lo educativo lo humano est en potencia continua de construir
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su personalidad individual y, en consecuencia, de manifestar una mejor personalidad social como pueblo sin perder como individuo o nacin su identidad.
Los aportes que proporcionan la ciencia, la tecnologa, la comunicacin, la cultura en general definida en la libertad y la justicia entre otros valores, exige a los pueblos redescubrirse, liberarse y reintegrarse en el bien comn. Una seal de que somos capaces de retroali-mentar la historia se manifest en este pas en 1982 con la presencia de su Santidad Juan Pablo II al invitarnos a dar testimonio de una Nueva Evangelizacin: nueva en su mtodo, en su ardor y en su expresin.
La literatura ha sido abundante cuestionando este primer sistema educativo que se estableci en la Isla a raz del descubrimiento. Sin embargo, a veinte siglos de cristianismo y cinco siglos del descubrimiento de esta Isla somos capaces de una Nueva Evangelizacin; que con el mismo contenido cristiano empleemos mejores mtodos para que la cruz sea lo que es: smbolo de Verdad, Justicia, Libertad y Redencin.
La historia de la cultura como la de la educacin en particular es la historia de las demandas y esfuerzos que a travs del tiempo ha hecho el hombre para superarse, para hacerse ms hombre o humanizarse; no es la historia de lo que ha hecho el hombre para empeorarse y rebajar su dignidad.
Los tainos expresaron el carcter humano de su personalidad compartiendo sus bienes materiales y expresando en su comportamiento una identificacin con los valores comunes de la tribu. Este fue su aporte para la integracin de la dominicanidad.
La cultura hispnica nos leg su lengua, el cristianismo, la autoridad poltica, el cabildo, el folklore, las letras, su arquitectura, la danza, el baile, la poesa, la escuela, la raza, entre otros.
Los negros naturales de frica nos legaron su raza en el mulato y el grifo; el carcter humano del trabajo, el herosmo en su lucha por la libertad como la de los esclavos cimarrones; sus alzamientos o movilizaciones que obligaban a las decisiones justas; su unidad cultural y afn por mantener sus creencias y valores culturales.
La identidad del dominicano no significa el sincretismo de estos valores culturales; tampoco se trata de pensar qu raza y qu cultura
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aport ms o menos; tampoco es la lucha literraria de falsear la verdad en la justificacin del elemento hispnico, o en la exaltacin ms reciente de nuestro determinismo africano. Los postulados dogmticos en este sentido solo obstaculizan las races espiriturales de la identidad nacional y dificultan la obra educativa hacia el desarrollo cultural.
La filosofa educativa del Gobierno que se establece a raz de la Independencia en el ao 1844, contenida en la Primera Ley Orgnica de Educacin, la Ley No. 33 del 13 de mayo del 1845, consider necesario el establecimiento de escuelas pblicas, gratuitas y comunes, porque "proporciona a la juventud los medios de instruirse, conocer sus deberes para con Dios y la sociedad y le suministra las facultades de conseguir una existencia honrada y til". Se propona, adems, ofrecer experiencias educativas para desarrollar en el nio el temor y la veneracin al ser Supremo, obediencia y respeto a los padres y la Sumisin al Gobierno y a las leyes".
El Plan de Estudio, por su parte, contena materias como Principios de Religin, Escritura, Aritmtica, Elementos de Gramtica Castellana, Principio de Urbanidad y Decencia. En las escuelas superiores equivalentes a un tercero y cuarto de Primaria se enseara Gramtica Castellana, Elementos de Geografa, "especialmente aquella de la Dominicana", Principios de Geometra y Nociones de Historia.
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El 8 de mayo de 1848 el Congreso aprueba la ley sobre la creacin del Colegio Seminario por los esfuerzos del Arzobispo Toms de Portes. Es la primera ley en su gnero promulgada con el objeto de crear un clero nacional ilustrado. Al inicio de la Repblica el clero estaba en precarias condiciones ya que durante la ocupacin haitiana haban sido desterrados la mayora de sus miembros. Los programas de enseanza que establece la ley para el Seminario operan en "un acuerdo entre lo tradicional y las tendencias liberales". Se establecen las ctedras de Latn y Castellano, de Filosofa, Matemticas y Ciencias Fsicas, Moral y Teologa, Derecho Patrio y Ciencias Administrativas.
El objetivo del Seminario era la "propagacin de las luces naturales en las masas populares, el cultivo de las ciencias en las claves elevadas de la sociedad como apoyo firme a la libertad y a la base ms notable e inmovible de un Gobierno representativo; ya que de la slida instruccin del Clero depende en gran manera la moral del pueblo y la conservacin de los preceptos evanglicos en toda

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su pureza". En el Colegio Seminario podan estudiar tanto los jvenes con vocacin sacerdotal, como aquellos que quisieran dedicarse al cultivo de las letras, de la jurisprudencia o de la medicina.
Pero algo importante de esta Ley de 1848 es que incorpora al Seminario una ctedra de Latn que se haba creado por decreto en 1845; una ctedra de Filosofa y Matemticas, creada en 1847; y que anexa al Seminario bajo la inmediata direccin y dependencia del Rector, la nica Escuela Pblica de Primeras Letras que exista en Santo Domingo instituida por el Gobierno.
Entre los profesores figuran hombres de conocimientos enciclopdicos como Gaspar Hernndez, Flix Mara del Monte, y ms tarde Fernando Arturo Merino.
Estos modelos educativos que hemos esquematizado en el mismo inicio de la Independencia nos dan pautas sobre la filosofa educativa y la organizacin de la enseanza que predominar hasta la influencia hostosiana a partir del ao 1879, es decir, muy entrada la poca restauradora.
Los historiadores que liderean la enseanza de la historia de la
poca, como son Flix Mara del Monte y Jos Gabriel Garca, recogieron caractersticas que se reforzaron en la educacin como el hispanismo, catolicismo, providencialismo, tradicionalismo y el racismo.

El primer sistema educativo dominicano propuesto a raz de la Primera Independencia, no recogi en general las ideas liberales y los postulados ideolgicos con los que Juan Pablo Duarte, desde el ao 1834, trataba de educar a los trinitarios quienes en su mayora eran analfabetos.
La educacin dominicana desde su origen ha evolucionado en situaciones precarias que han de repercutir en la constitucin de su personalidad comn:

1. Las escuelas se instituyen como obligacin de los municipios y no todos los municipios podan sostenerlas. Por ejemplo,en el ao 1871 Moca tiene una escuela y el Cabildo la sostiene con $600 mensuales; San Cristbal tiene tambin una escuela y su Cabildo slo puede pagar $72.
2. El Gobierno, por los vaivenes polticos, apenas pudo sote-ner la instruccin pblica. El presupuesto nacional de
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1845 estimado en $1,179,898 pesos apenas destin $2,720 pesos para la Instruccin Pblica; sin embargo, $1,000,000 para Guerra y Marina. El poder militar exiga ms recursos que el poder de la educacin en esa etapa de afianzamiento del nuevo hombre dominicano.
3. Pedro Francisco Bono, quien fue Ministro de instruccin por el 1867 se quejaba de que las asignaciones presupuestarias del Gobierno para educacin no se cumplan, pues an precaria se hubiera visto el progreso; tambin observaba la desproporcin entre lo que se asignaba a la educacin primaria (4,000 pesos) y lo asignado para la enseanza superior ($ 13,000 pesos).
La desproporcin prevaleca entre los fondos asignados a Santo Domingo, por ejemplo $7,500 pesos y para el resto de provincias $9,500 pesos.
4. La discontinuidad en el tiempo de las instituciones educativas. Esto incluye la Universidad de Santo Toms y al mismo Seminario. El Colegio San Luis Gonzaga, dirigido por Francisco Javier Billini y fundado en 1866, fue una excepcin por su estabilidad en la poca. Billini estuvo al frente de este Colegio durante 24 aos, siendo el colegio privado de ms importancia que hubo en el pas antes del siglo XX. Su filosofa era ofrecer a la juventud dominicana una enseanza completa dentro de los postulados de la pedagoga cristiana.
5. El analfabetismo ha sido un mal endmico en la nacin dominicana. Las masas populares en su mayora fueron analfabetos y esta masa, sin embargo, manifest rasgos de personalidad comn hacia la dominicanidad. Lo que hace pensar que la tradicin y las agencias culturales como la familia, las parroquias, el mismo proceso de socializacin, independiente de la enseanza escolarizada, tuvo que ver en la integracin de la dominicanidad. Jos Ramn Abad se quejaba en 1884 de que el saber leer y escribir no se exiga ni para ser Presidente de la Repblica.
6. El aislamiento en que vivan los pueblos por los escasos medios de comunicacin influye en la evolucin educativa. Cada pueblo en s tiene una historia en el factor educativo y un auge que contrasta con la evolucin general. Por ejemplo, en Moca se desarrolla el normalismo despus de
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la muerte de Hostos. Esto se produce en el Gobierno de Don Ramn Cceres (1905-1911). En 1916 se gradan las primeras maestras normales. El Lic. Emilio Prud'Homme era Secretario de Instruccin Pblica y le haba precedido Jacinto Peynado, ambos normalistas.
7. Escasez de escuelas rurales y el incremento de las escuelas primarias en las comunes cabeceras pudientes. Por ejemplo, Santiago tiene en 1867, 3 escuelas; en 1871, 8 escuelas y en 1898, 12 escuelas. Sin embargo, la poblacin de esta ciudad en esos aos slo creci en un 15 por ciento.
8. El alto nmero de nios y jvenes que de todas las clases sociales salan a Curazao, Estados Unidos y a Europa a realizar estudios diversos.
9. La falta de informacin de los maestros y la escasez de los empricos; lo negativo de los mtodos de enseanza y la escasez de sus medios. El Colegio Santa Ana, lo mejor en educacin de la mujer que tena Moca por el ao 1880, tena mapas de Europa y de la Isla confeccionados por las mismas nias; slo tena una mesa con capacidad para 12 alumnas y seis bancos para un promedio de 90 alumnas diarias. Apenas 56 alumnas podan escribir con papel y lar piz.
10. La formacin en historia y geografa que pudo llegar las pocas escuelas que podan cumplir con este requisito de su plan de estudio. En Moca en el 1880 la escuela de nias "Corazn de Jess" por falta de maestro no poda ensear asignaturas como Geografa Universal, Geografa de la Isla y la descripcin del mapa de la misma; ni tampoco la Historia de Santo Domingo por Gabriel Garca.
11. El mismo contenido de la historia de Flix Mara del Monte, Jos Gabriel Garca y ms reciente Bernardo Pichardo transmitieron una enseanza de exaltacin deformada del hispanismo, catolicismo, racismo, providencialismo y tradicionalismo. Todava debe haber alguna escuela con el texto de Bernardo Pichardo enseando que la Virgen de las Mercedes se apareci en el nspero del Santo Cerro a defender a los espaoles.
En el ltimo cuarto del siglo pasado el ilustre educador puertorriqueo Eugenio Mara de Hostos se debati en la meta de identifi-
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car los rasgos nacionalistas de este pas que pudieran servir de personalidad bsica para todos los pueblos antillanos. Eugenio Mara de Hostos trabaj en esta tarea equipado solamente con los rudimentos de ciencias que como la psicologa, la psicologa social, la antropologa cultural y la sociologa apenas esbozaban en el pensamiento humano universal.
Limit la magna empresa de Hostos el estar enmarcado dentro de las teoras positivistas de su poca as como que careci del tiempo para realizar las comparaciones y transculturaciones no slo en el mismo pas sino, tambin, con las otras islas del Caribe en pro de su filosofa a la integracin antillanista.
No obstante sus limitaciones, algunas de las cuales truncaron la continuidad de su misin, Hostos logr una diferenciacin entre nacin, nacionalidad y dominicanidad. La nacin es de institucin jurdica; la nacionalidad de institucin natural, sealando que la geografa, la historia, la etnografa, la tica concurren a la formacin de la nacionalidad. Bastaba que con su inteligencia el hombre siguiera la naturaleza, lo que era ya por su geografa.
La dominicanidad significaba para Hostos un producto superior a la nacionalidad para lo cual se necesitaba la conciencia de integrar los elementos naturales que tenemos en comn, polticamente esta conciencia se haba despertado con la independencia de 1844, pero con un sentido ms profundo de nexo con las guerras restauradoras.
Hostos intuy que la nacionalidad dominicana se exaltaba contra los principios y valores de los haitianos y que la dominicanidad se representaba en los principios y valores de los espaoles. Los dominicanos, pues, a juicio de Hostos no haban encontrado esa personalidad bsica formada en rasgos comunes distintivos de su cultura, sino en su relacin con Hait o su identificacin espaola. De este anlisis de la realidad social, Hostos opta por identificar los rasgos caractersticos de la personalidad dominicana, para formar en base a ellos el hombre perfecto en la conciencia de la dominicanidad.
Entre estos rasgos, Hostos observa en su poca la pasividad, la falta de reflexin, de compromiso, de iniciativa; la creencia en la incapacidad para gobernarse a s mismo; religiosidad, regionalismo. Por otro lado, se refiere al dominicano como pueblo sencillo, hospitalario, corts, sociable, desinteresado, laborioso, amante de su patria y dispuesto a defenderla.
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Pero la grandeza de Hostos no es slo en esta bsqueda emprica, sino en el establecimiento del primer modelo educativo que responda al ideal de conciencia de la dominicanidad. Para esta empresa Hostos decide comenzar por la formacin de los hombres perfectos, o sea, de aquellos capaces de generar la formacin de otros hombres.
Las escuelas normales fueron creadas por la Ley Nm. 1776 del 13 de mayo de 1879. Se orden en su Art. 1 la creacin de dos escuelas normales:una en la Capital y otra en la ciudad de Santiago de los Caballeros. Los cuatro cursos tericos que componan el nuevo curriculum comprendan asignaturas como: lectura razonada, nociones de astronoma, cosmografa, geografa fsica, composicin de mapas de Amrica y de las Antillas, aritmtica razonada, elementos de geometra, lgebra, nociones de fsica y qumica, geografa poltica de Amrica e historia de Santo Domingo, elementos de pedagoga, nociones de moral social; nociones de historia natural, elementos de historia de los pueblos; nociones de biologa y fisiologa; historia del continente americano, historia particular de Santo Domingo, nociones de derecho constituyente, entre otras. Hostos no propona religin porque era partidario del laicismo, o sea, de la no enseanza religiosa en las escuelas del Estado.
Eugenio Mara de Hostos es, pues, el primer educador que presenta en territorio dominicano un modelo de currculo explcitamente orientado a la integracin de la dominicanidad en una poca en que, como l mismo seala, se careca de la conciencia natural de la nacionalidad, porque no exista la percepcin de los elementos comunes aun de la simple realidad geogrfica cricundante.
Sin embargo, hay coincidencias en sealar que la influencia hos-tosiana tuvo escasa repercusin en su propia poca.
Ajuicio de Roberto Cass1 Hostos traslad de Europa modelos cientficos y pedaggicos ajenos al contenido burgus coetneo.
Por su parte, Landolfi en su obra Evolucin Cultural Dominicana seala que slo un puado de jvenes lo siguieran como mentor intelectual porque en el Santo Domingo de la poca las ideas de Hostos eran revolucionarias y radicales.2

Lo evidente es que Eugenio Mara de Hostos, con ms de medio centenar de discpulos egresados de las escuelas normales, sinti
que su obra haba fracasado. As el 8 de febrero de 1891 desde el


exilio de doce aos al que le conden la tirana de Ulises Heureaux, Hostos le escribe a su discpulo Fidelio Despradel una carta quejndose amargamente.
"No los veo hacer nada. Ni unidos en la doctrina ni separados para diseminarla por la Repblica, todos o casi todos se han replegado en s mismos, buscando en sus bienes el beneficio para vivir, los otros en la bsqueda de mejores lugares. Mientras tanto, a excepcin de Prud'Homme en Azua, de Robiou en La Vega, quizs de Pe-fa, en Mao, se cultiva el magisterio del dlar, los dems... y tanto como los quiero, cuanto cuento con ellos para la rehabilitacin de la pobre Quisqueya".3
El 20 de octubre de 1892, Hostos se dirige en una misiva a su ex-alumno Francisco J. Peynado: "... por qu ustedes se han desentendido de mis instrucciones, del plan que les haba trazado, de las splicas orales y escritas que les he dirigido y de las doctrinas en que los form...".4
Durante la Ocupacin Norteamericana se adoptaron medidas que protegieron la personalidad dominicana. Una comisin de prominentes dominicanos dirigida por Julio Ortega Frier, bajo cuya direccin estaba la instruccin pblica, puso empeo en impedir que "la instruccin pblica sirviera de instrumento de penetracin de la influencia americana". La Comisin dispuso que las clases se dieran en Castellano y prohibi "utilizar la enseanza para propagar doctrinas contrarias a la moral o a las tradiciones patriticas dominicanas." La instruccin primaria se declar gratuita y obligatoria para los nios de siete a catorce aos, y sancionable con. multas y arrestos para los padres y tutores que no inscribieran sus hijos en la escuela.
La medida de imponer un impuesto sobre la propiedad para el mantenimiento de las escuelas a riesgo de cerrarlas como las cerr en Moca, levant la conciencia sobre la educacin. Las escuelas se elevaron y de 200 escuelas existentes en 1916 se lleg a 898 escuelas en 1920. Se cre el Consejo Nacional de Educacin y se mantuvo el laicismo ya establecido por el hostosianismo.
A los tres meses de ascender al poder en noviembre de 1930, Rafael Lenidas Trujillo orden el cierre de todas las escuelas normales del pas a excepcin de la del Distrito y San Cristbal. La escuela normal constitua la educacin secundaria en pueblos como Moca, que pas 13 aos sin este nivel hasta que se reabre en
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1943 con el liceo de educacin secundaria "Generalsimo Trujillo". Intelectuales de su poca seleccionaron los criterios que tradi-cionalmente constituan el nacionalismo y se lo atribuyeron a la persona fsica de Trujillo. A esto le unieron los ideales que se aspiraba en el pueblo dominicano. As Trujillo era la rectitud, libertad, el trabajo y la moralidad.

Trujillo fue idealizado como un Redentor de nuestro pueblo y se le encarnaron los sentimientos hispnicos, los principios catlicos, el ideal nacionalista, civilista, patritico; el paladn de la democracia en Amrica; anticomunista; ejemplo de dominicanidad; se le consider el Primer Maestro y en cada hogar se exigi una placa que deca:
"En esta casa Trujillo es el Jefe".
En el aspecto estructural se mantuvo el sistema educativo establecido durante la ocupacin norteamericana; se ampli en cantidad el programa de formacin de maestros y se puso especial atencin en el entrenamiento y capacitacin de los militares a travs de las academias militares.

Trujillo encarn las respuestas condicionadas de la dominicanidad basadas en creencias transmitidas por la tradicin. Emple todos los medios del aprendizaje social y con el poder coercitivo crey representar la dominicanidad en toda su Era.
Sin embargo, el sistema jurdico dominicano en el campo educativo recogi en esa poca rasgos de nuestra personalidad bsica. As el Art. 1 de la actual Ley Orgnica de Educacin (No. 2909 de 1951) seala que "el contenido de la educacin dada en la escuela dominicana estar basado en los principios de la civilizacin cristiana y de tradicin hispnica que son fundamentales en la formacin de nuestra fisonoma histrica..." Por su parte el Art. 8vo. de la Ley 3936 de 1954 que coincide con el Art. XXII del Concordato (Res. No. 3874 del Congreso del 21 de junio de 1954) establece que "la enseanza suministrada por el Estado en las escuelas pblicas estar orientada por los principios de la doctrina y la moral catlica."
Las referencias anteriores identifican desde el punto de vista jurdico al hispanismo y al catolicismo como metas educativas hacia la conformacin de la dominicanidad.
El error para los que programaron la obra educativa de Trujillo fue encarnar en su persona fsica valores: catolicidad, hispanidad,
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nacionalismo, dominicanidad mediante todos los recursos de la socializacin y la internacionalizacin.
Al caer fsicamente Trujillo cayeron con l esos valores y la juventud los cuestion en su poca y todava adultos los estn cuestionando. De estosabemosaquellosa quienes nos toc enfrentar la justa rebelda estudiantil y el poder de la bala. Al caer las fotos de Trujillo de las escuelas cay mucho de los mtodos memorsticos y el alumno comenz a pensar, a analizar ms cientficamente y ms socialmente. Cualquier duda que tenga la poblacin dominicana ante valores raciales, hispnicos, catlicos para integrarlos a la dominicanidad son razonables hasta que no desaparezca el trauma de Trujillo. Ese vaco produjo ansiedad y la ansiedad es base para la neurosis. Los pueblos como las personas se redescubren y se reconstruyen.
Personalmente considero que la Universidad Catlica Madre y Maestra ha contribuido a ese redescubrirse y reencontrarse de este pueblo hacia su dominicanidad basada en valores no en personas fsicas, llmense maestros y gobernantes.
La UCMM tiene sus recursos representados permanentemente en la Sala Dominicana de la Biblioteca y en su Revista Eme Eme que tanto ha contribuido a la difusin de los estudios dominicanos.
En la actualidad el sistema educativo representado en la instruccin pblica hace esfuerzos en definir las conductas comunes que perfilan al hombre dominicano; en ofrecer un nmero suficientexde escuelas para que toda la poblacin en edad escolar, y que ha carecido de esta oportunidad, reciba la enseanza bsica y la capacitacin para el trabajo. Mientras este objetivo no se logre no podemos sentirnos satisfechos de la dominicanidad.
La dominicanidad debe expresarse en estas obras que exigen solidaridad, unin hacia la meta comn, y no en actitudes que paralizan a sectores de la comunidad porque ese- no es mi partido, mi tendencia, o mi doctrina.
La obra educativa debe realizarse con sinceridad respetando esos valores que son parte de nuestra fisonoma histrica ya que cambios sin fundamentos solo conllevaran a la confusin y al caos social.
Todo plan de cambio en el sistema educativo debe fundamentarse en planes nacionales coherentes entre s con todos los dems ele-
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HAIT EN LA FORMACIN DE LA NACIONALIDAD
DOMINICANA
Por Tirso Meja Ricart
Introduccin
El tema del proceso de aparicin de la identidad nacional dominicana, ha venido aflorando de tiempo en tiempo entre los historiadores dominicanos y en la propia opinin pblica, con particular isisten-cia a partir de 1966, luego del ingreso como profesores a la Universidad Autnoma de Santo Domingo, UASD, de un nutrido grupo de las nuevas generaciones intelectuales del pas.
Este trabajo tiene por objetivo revisar crticamente los factores que contribuyeron a la formacin de la nacionalidad dominicana, destacando dentro de ellos la influencia que ejerci en dicho proces la existencia de la vecina nacin haitiana; y an antes, tras gestacin y ulterior desarrollo del establecimiento colonial que le sirvi a sta de progenitora, el "Saint Domingue" francs.
Para los fines de este trabajo, definimos el concepto "nacionalidad" como una colectividad humana usualmente vinculada a un territorio, historia, cultura e intereses comunes, cuyos integrantes perciben tener un mismo destino como pueblo y requerir gobierno y/o soberana propios.
La dominicanidad, es decir, la nacionalidad dominicana, tuvo un largo perodo de gestacin histrica y por lo tanto debemos encontrar sus races esparcidas a lo largo de ms de tres siglos anteriores a la proclamacin de la Independencia de la Repblica, en 1844, a golpes de infortunios y luchas por el territorio y en virtud de los intereses que han unido a la comunidad que la origin.
Se ha dicho con irona, pero no sin cierta veracidad, que las naciones son el producto de errores colectivos y del odio o temores comunes hacia los vecinos. Quizs resulte demasiado radical tal asevera-
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cin, pero en el caso de la Repblica Dominicana podemos afirmar : que no se puede estudiar el surgimiento de nuestra identidad nacional [ sin examinar los mltiples aportes tanto positivos como negativos, que resultaron de la influencia de nuestros vecinos del Oeste a este proceso, dla misma manera que la historia contempornea dominicana no se puede escribir sin tomar en cuenta la omnipresencia de los Estados Unidos de Amrica, por lo menos a partir del gobierno de los 6 aos de Bez, perodo por cierto en que se consolida definitivamente nuestra nacin, tras el fracaso del intento anexionista de Bez y Grant.
Para analizar la influencia haitiana sobre la gestacin y evolucin de nuestra nacionalidad, dividiremos nuestra exposicin a travs de los diferentes perodos histricos del pas: los antecedentes del siglo XVI, la fragua del siglo XVII, la reactivacin colonial del siglo XVIII, las transformaciones y agona del rgimen colonial del 1795 al 1821, de los regmenes republicanos bajo tutela extranjera del 1821 al 1844; la Primera Repblica (1844 1861) y la Anexin y Segunda Repblica hasta la muerte de Heureaux (1861 1899).
LOS ANTECEDENTES DEL SIGLO XVI
La que fue la primera colonia europea del Nuevo Mundo conoci durante el siglo XVI diferentes ciclos de auge y decadencia econmica, poltica y cultural en rpida sucesin. El primer ciclo, llamado de la "Factora Colombina", basado en la recogida de oro de los ros y minas a flor de tierra por los propios indgenas a quienes se les asignaban cuotas de entrega de acuerdo a su fortaleza y status so pena de castigos crueles, termin tras el agotamiento del oro y de la propia poblacin indgena, vctima de los malos tratos, las enfermedades y la falta de sus mujeres que les haban sido apropiadas por los conquistadores, y hasta por la falta de motivacin gensica, debido al virtual cautiverio en que vivan.
Sin embargo, el colofn de esa etapa lo fue el levantamiento indgena de Enriquillo a partir de 1519, que logr finalmente, tras acuerdo con Carlos V, la libertad para los restos de su raza. Esta insurreccin podemos considerarla como la primera manifestacin exitosa de la bsqueda de una identidad diferente de la que impona el colonizador espaol, aunque restriginda a la menguante poblacin autctona.
De todas maneras, la insurreccin de Enriquillo constituye sin lugar a dudas, un glorioso precedente en Amrica en la lucha por la au-
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todeterminacin de los pueblos; y su resultado, el reconocimiento pblico de ese derecho en 1533 por parte del monarca ms poderoso del mundo de entonces.
La colonia de La Espaola, empobrecida a causa de la falta de oro y trabajadores, tom auge a fines de la segunda dcada del siglo, a partir del fomento del cultivo de la caa y la industria azucarera basados en el trabajo de negros esclavos importados del frica. Dicha industria alcanz un fugaz esplendor y gener nuevas riquezas a los colonos espaoles de nuestra isla; pero los levantamientos de esclavos hicieron su aparicin desde 1522, con el alzamiento de los jelofes y sobretodo al mediar el siglo XVI, con los de Diego de Ocampo, Lem-ba y otros. Estos levantamientos y los escapes masivos de negros "cimarrones", junto al contrabando y la piratera, que disminuy sensiblemente el comercio regular de la isla, terminaron echando a pique la industria azucarera en los ltimos decenios de dicha centuria.
Los levantamientos de esclavos, la ruina de la industria azucarera, as como la emigracin de colonos espaoles, y el predominio de la economa ganadera y negocio de los "rescates" con los hateros al frente que sigui en ese perodo, constituyeron antecedentes importantes en la definicin de la idiosincrasia dominicana que haba de fraguarse entre los siglos XVII y XIX. Por cuanto constituyeron una respuesta local al monopolio comercial y la incapacidad de la metrpoli para darle vida a su decadente colonia insular.
El cimarronaje y la situacin socioeconmica de una sociedad ru-ralizada y dependiente del pastoreo, impusieron un estilo de vida en el cual la pobreza generalizada, la cercana convivencia de amos y esclavos y el mestizaje, allanaron las diferencias sociales y contribuyeron a modelar la conciencia nacional dominicana, que se estaba comenzando a gestar.
LA FORJA DE LA SOCIEDAD DOMINICANA DURANTE EL SIGLO XVIII
Las devastaciones y despoblaciones ejecutadas por el gobernador Osorio durante los aos 1605 1606 en las zonas Oeste y Norte de la isla, como recurso de las autoridades espaolas para detener el contrabando y la contaminacin protestante de los habitantes de la colonia, constituyeron un hito trascendental para la consolidacin de la sociedad dominicana y el surgimiento de una identidad nacional.


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Dichas medidas obligaron a gran parte de la poblacin dominicana a abandonar sus tierras, su modo de vida y gran parte de sus pertenencias y animales, para Reconcentrarse en torno a las ciudades de Santo Domingo y Santiago. Estas tuvieron que ejecutarse a sangre y fuego en distintos lugares, particularmente en los alrededores de Guaba (Hincha), donde la lucha por los habitantes por permanecer en sus heredades encabezada por el mulato Hernando de Montero, tuvo que ser sofocada con mtodos brutales.
A partir de all, la miseria, la emigracin y la muerte a causa de la desnutricin y enfermedades de los desalojados redujo a niveles nfimos la poblacin dominicana, particularmente de sus lites. De ah que la pobreza, la ruralizacin, el descenso cultural en la ms vieja colonia del Nuevo Mundo, alcanzan niveles patticos en los aos subsiguientes.
Durante ese perodo se consolida progresivamente el mulato como el tipo humano predominante en la sociedad dominicana. La emigracin de muchos propietarios convierte a muchos de esos mulatos e incluso a negros libres como propietarios-blancos de la tierra; como le llamaron.
El poder social se alej poco a poco de las ciudades, e incluso la tierra era de escaso valor en un pas despoblado. Fue la propiedad de gran nmero de cabezas de ganado lo que defini la mayor riqueza y el poder social entre los dominicanos desde fines del siglo XVI hasta finales del XVIII, y todava durante el siglo subsiguiente en forma casi absoluta, con relacin a la agricultura y la economa azucarera, hasta el triunfo de la Revolucin Liberal de Lupern en 1879.

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Por lo dems, la esclavitud adquiri durante el siglo comentado y el siguiente, formas mitigadas, particularmente si se le compara con la brutal explotacin que padecan sus compaeros de infortunio de la creciente colonia francesa que fue surgiendo en la parte occidental de la isla, aprovechando la despoblacin humana y el rpido crecimiento de ganado cimarrn en dicha zona, que con el correr del tiempo se fue convirtiendo en un emporio de explotacin agrcola tropical, en base a trabajo esclavo, generador de grandes fortunas para los colonos europeos que se fueron asentando all.
Sobre el tema de la esclavitud, en las dos partes de la isla se han expresado con frecuencia criterios opuestos en cuanto al factor que
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considera ms importante como causa de la supuesta diferencia en trato a los esclavos de la parte occidental y oriental de la isla.
Como se sabe, se ha afirmado numerosas veces que en la parte oc-dental la esclavitud revesta formas ms brutales, ms feroces; mien-as que en la parte oriental, el trato que daban los amos de origen iropeo a los esclavos era mucho ms benvolo.
A ese respecto, hay quienes consideran que las diferencias en el ato a los esclavos tuvieron su origen en los distintos sistemas socio-gnmicos que regan en ambas colonias, los que generaron las rela-iones sociales de una y otra parte, y sus diferencias.
En la parte oriental, como sabemos, la economa estaba basada n el pastoreo del ganado y el comercio de pieles y ganado en pie. ,as pieles se embarcaban con destino a Europa fundamentalmente, y 1 ganado en pie se venda a la vecina colonia occidental. En cambio, n la parte occidental, la produccin se bas en el cultivo intensivo e productos tropicales de exportacin, como la cafla de azcar, el af y secundariamente el algodn, el tabaco y el cacao. En esas con-, liciones es lgico pensar que en la colonia espaola se produjese un nayor acercamiento entre los colonos y sus escasos esclavos que pas-oreaban ganado, haciendo vida comn en dichas faenas o en la casa amiliar donde estos ltimos prestaban servicios domsticos.
Por el contrario, caba esperar otro trato en la parte occidental, londe los esclavos por millares eran mantenidos segregados como leiza de trabajo de las grandes plantaciones donde laboraban de sol i sol al ritmo brutal que impona el ltigo de los mayorales, sin el me-lor contacto con sus amos.
Este criterio es opuesto a otro, segn el cual las diferencias en el trato, si las hubo, tuvieron su origen ms bien en las continuas rebeliones que los negros esclavos del Santo Domingo Espaol libraron por su libertad; grupos de los cuales se convirtieron en cimarrones por largo perodo de tiempo en nuestro pas. Y digo "si las hubo", porque se ha llegado a negar tales diferencias en el trato a los esclavos de ambas colonias.
Se trata sin duda de un problema de interpretacin histrica que se puede tratar de dilucidar a la luz del materialismo histrico. De acuerdo con ste, los hechos poltico-militares como el de las rebeliones frustradas de esclavos del Santo Domingo Espaol, si bien pudieron influir en cierto grado, constituyen hechos secundarios de lo
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que fue fundamental en el desarrollo de este proceso histrico, como fue el modo de produccin econmica predominante.
Es ms bien como exigencia de una forma de produccin que surgen las relaciones sociales que le acompaan, como son los casos de las modalidades de esclavitud que existieron en las colonias francesa y espaola de la isla de Santo Domingo.
Otros aspectos coincidentes de este fenmeno fueron el fracaso del desarrollo econmico de Espaa durante todo ese perodo a causa del tremendo esfuerzo militar que su expansin imperialista le impuso y que la condujeron a una guerra casi constante con las potencias rivales. Asimismo, el establecimiento de una poltica comercial monopolista y de intermediaria con respecto a las colonias; la expulsin de los judos y, en el caso de Santo Domingo, los efectos de la piratera establecida con las dems potencias contra el comercio espaol en
el Caribe.
Todas estas causas contribuyeron a aislar a nuestro pueblo del trfico comercial hasta el punto de que al finalizar el siglo XVI apenas uno o dos barcos al ao tocaban regularmente nuestras costar Vale decir que se haba destruido casi totalmente la base comercial del desarrollo econmico en la parte espaola de la isla
A la extrema decadencia en que cay la colonia de La Espaola, rebautizada extraoficialmente con el nombre de su capital: "Santo Domingo", nico ncleo poblacional de importancia que restaba, hubo que aadir otras calamidades que se hicieron crnicas durante ese perodo infortunado, como fueron la carencia de rentas pblicas y la lucha de los pobladores por el territorio.
El creciente dficit en las rentas pblicas fue compensado a partir de las devastaciones por El Situado, partida presupuestal que vendra de Mxico durante la mayor parte del perodo colonial. El Situado sera uno de los de terminaran tes de la tendencia al colonialismo y a la dependencia de las lites dominicoespaolas por muchos aos> ya que gran parte de la economa dominicana de ese perodo dependa de la llegada de ese subsidio anual.
Pero fuela constan te lucha por el territorio frente a la voracidad de sus vecinos del Oeste, tierra infestada inicialmente de piratas y contrabandistas que encontraban en el territorio abandonado por los espaoles, con abundante ganado cimarrn, la seguridad, el alimento
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fcil y el potencial de desarrollo agrcola que seran un incentivo constante para incursionar cada vez ms profundamente en territorio dominicano y para alimentar planes hacia su conquista total.
As, los dominico-espaoles tuvieron que organizar su vida social a partir de la premisa de la amenaza permanente a su estabilidad que provena de occidente. De ese estado de cosas surgen las "cincuentenas" patrullas de domino-espaoles organizadas as para recorrer las zonas de mayor peligro y enfrentar a los eventuales usurpadores; y que en 1691, con el triunfo de la batalla de Sabana Real del Limonal, cerca del Guarico, tuvo su mxima expresin la militancia de los criollos dominicanos en su determinacin de proteger sus heredades frente a sus enemigos del Oeste.
Los dominico-hispanos, bien solos o con apoyo ingls (1695), golpearon una y otra vez los reductos franceses del Oeste, con un valor y efectividad digna de mejor destino, ya que poco despus (1697), Espaa ceda a Francia en derecho la parte que haba ocupado de la isla en virtud del Tratado de Ryswick, firmado entre ambas potencias, Holanda y Alemania.
El hecho es que el nivelamiento econmico por la pobreza general, la lucha comn j>or el territorio contra las invasiones extranjeras desde Occidente; a lo que vino a aadirse el cese de toda inmigracin, el mestizaje y el sincretismo cultural que tuvo lugar entre hispanos y nativos de origen africano. Todo ello vino a concretizar el criollo dominicano y la definicin inicial de la futura conciencia nacional.
REACTIVACIN COLONIAL Y DOMINICANIDAD, SIGLO XVIII
El siglo XVII espaol se desenvolvi bajo el signo de Francia. Se inici con el establecimiento de la Casa de Borbn en el tronco de Espaa en la persona de Felipe V y se cierra con el gobierno del afran-* cesado Godoy, funesto para Espaa y sus colonias.
Como lgica consecuencia de ese hecho, la paz vuelve progresivamente a la isla aunque de manera inestable, ya que abundaron los choques armados para desalojar intrusos franceses de territorios fronterizos, todo lo cual haba de culminar con el Tratado de Aranjuez (1777), que estableci de manera bastante clara los lmites entre ambas colonias.
Tambin se inicia en ese siglo una etapa de cooperacin que se
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prolongara hasta el inicio de la guerra franco-espaola, en 1793.
Lo cierto es que a partir de entonces y en virtud de una visin ms progresista de la administracin pblica, comienza a despertar la colonia espaola de Santo Domingo; si bien en Europa Espaa tuvo que pagar inicialmente los platos rotos de las ambiciones de Luis XIV entregando los restos de su imperio europeo, y aun el Gibraltar y la Minorca espaoles en virtud de la Paz de Utrecht (1713).
La rehabilitacin colonial comienza con el establecimiento del comercio intercolonial, en virtud del cual el ganado y la madera del Este eran vendidos al Saint Domingue francs,* de donde venan en cambio otros artculos de consumo y esclavos. Este comercio se produjo inicialmente de una manera espontnea y al margen de la Ley, debido a las necesidades de expansin de la colonia francesa escasa de carne y a la bsqueda de mercado de los hateros dominico-espaoles
para su ganado.
Luego, las autoridades de uno y otro lado trataron una y otra vez de buscar un flujo ms seguro para ese comercio, as como beneficios para los estados que representaban y muchas veces para s mismos, con impuestos no siempre legales. Estos intentos, que afectaban muchas veces a los comerciantes y pobladores de las zonas fronterizas, tropezaron ms de una vez con la oposicin tenaz de los mismos. A ese respecto, la llamada "Revuelta de los Capitanes", en 1721, contra las autoridades peninsulares, que lleg a controlar la ciudad de Santiago y todo el Noroeste del pas, la cual cont con el apoyo masivo de la poblacin, es reveladora de la emergente conciencia nacional.
A partir de 1540, la creciente corriente comercial intercolonial, junto a otras actividades tales como el corso, el establecimiento del libre comercio en el puerto de Montecristi, la eliminacin del monopolio comercial de Espaa, as como un importante flujo emigratorio procedente de las islas Canarias, generaron una fuerte reactivacin de la colonia espaola con la repoblacin de ciudades y la rehabilitacin de su vida cultural.
Sin embargo, tal reactivacin, si bien indujo por contagio los inicios de la agricultura para exportacin mayormente de tabaco, que se desarrollara despus en los alrededores de Santiago, no hizo en este entonces sino reforzar el modelo econmico basado en el pastoreo de ganado y el poder social de los hateros, estimulado por los ingresos provenientes de sus exportaciones a la parte francesa.

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En cambio, en el Occidente la produccin basada en la agricultura intensiva de exportacin con mano de obra esclava producira un pasmoso crecimiento, muy superior al de sus vecinos; aunque a costa del dolor y la muerte de millares de esclavos explotados inmisericor-demente, situacin que llevaba el germen de estallido revolucionario que vendra antes de terminar dicho siglo.
LA IDENTIDAD NACIONAL DURANTE EL PERIODO DE TRANSFORMACIONES Y AGONA DEL RGIMEN COLONIAL (1795-1821)
La Revolucin Haitiana, hija legtima de la Revolucin Francesa, se inici como sabemos con la lucha que iniciaron en la metrpoli y continuaron en el Saint Domingue francs los mulatos y sus aliados polticos por la igualacin de los derechos de ese estamento con los colonos blancos.
Pero a partir de 1971 los negros, que constituan la abrumadora mayora de la vecina colonia, iniciaron la lucha por controlar su destino y terminaron arrastrado tras s el de las dos comunidades que compartan la isla.
En efecto, la guerra franco-espafola,desatadaconmotivode la de-, capitacin del monarca francs Luis XVI, primo del espaol Carlos IV, determin la participacin de los espaoles junto a los ingleses y los esclavos insurrectos contra la Repblica en su escenario insular. Pero a la postre los negros acaudillados por Toussaint L'Ouverture se asociaron con los franceses a cambio de su libertad y del reconocimiento de los grados militares obtenidos. Esta alianza demostr ser de un poder incontestable y pusieron en retirada rpidamente a sus oponentes.
La Repblica Francesa, victoriosa aqu y en Europa, dict los trminos de la Paz de Basilea, que incluyeron la cesin de toda la isla a Francia. Pero esta alianza de Toussaint con los franceses fue slo parte de la estrategia que se traz el gran caudillo haitiano para llevar su pueblo a hacerse dueo del destino de toda la isla. En el 1800, luego de desembarazarse de oponentes a su poder onmmodo en la parte del Oste; mulatos; criollos, colonos, altos oficiales y comisionados franceses de pactar inconsultamente con ingleses y norteamericanos, Louverture oblig a Roume, ltimo comisionado del gobierno francs, a firmar el Derecho que lo autoriz a ocupar en nombre de Francia la parte espaola.
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Toussaint entr en Santo Domingo y tom el pafs de los espaoles sin tener que ejercer violencia alguna, no sin antes tratar de poner de su parte las dos fuerzas sociales ms dinmicas de la poca: los hateros y los negros, garantizando que las propiedades y propietarios serfan respetados, asf como la emancipacin total de los esclavos. Para entonces ya estos haban dado signos claros del contagio rein-vindicativo de sus vecinos del Oeste con manifestaciones, tales como las escenificados en el Ingenio de Nigua poco despus de los levantamientos de esclavos de 1791 en el Guarico.
La puesta en vigencia de una constitucin pseudo-democrtica que consagra la autonoma de la isla para todos los fines prcticos y su designacin como gobernador vitalicio y General en Jefe del ejrcito de la isla, junto a la conversin del rgimen econmico esclavista por uno de trabajo forzado bajo control estatal, as como los inicios de una poltica encaminada a alinear a la parte del Este dentro de ese esquema, constituyeron las manifestaciones claras de los designios del
"ms grande de los negros" con respecto al destino poltico de la isla.
La reaccin de Francia ya bajo el frreo control de Napolen, quien haba logrado una paz favorable a sus intereses en Europa, no se hizo esperar: Envi a su cuado Leclerc con una gran expedicin con destino a la isla con intenciones de distraer el poder de Toussaint y luego de establecerla cabeza de playa de un imperio colonial francs en Amrica en donde la esclavitud volvera a convertirse en la espina dorsal de la produccin colonial.
La invasin francesa de la parte espaola cont con la activa colaboracin de los criollos dominicanos acaudillados por Juan Barn y los haitianos se rindieron a cambio de garantas, no sin antes generar el terror entre los habitantes de Santo Domingo con los degellos y saqueos ordenados por el terrible coronel Daut.
La accin de Juan Barn y los dominico-espaoles influidos por el sector hatero, y la neutralidad obtenida de los antiguos esclavos ya temerosos del plan de trabajos forzados de Toussaint, a cambio de promesas de que sta no volvera a implantarse, permiti a la administracin francesa permanecer en la parte del Este, an despus del colapso del ejrcito metropolitano en el Oeste y la declaracin de la Independencia Haitiana, el Io
Dessalmes, el nuevo amo imponer un fuerte tribu
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que colaboradores pro-haitianos, como el mulato Campo Tavares en Santiago le aconsejaron ser ms flexible en sus exigencias a los representativos del Norte del pas, en lugar de ganarse la voluntad o neutralidad de los negros y hateros, opt por invadir la parte del Este sin contemplaciones en 1805.
En esta ocasin tambin los dominicanos se aliaron en su gran mayora a los franceses para rechazar esa expedicin, que fracas ante las puertas de Santo Domingo y oblig a Dessalines a retirarse no sin antes incendiar y pillar numerosas poblaciones del Norte del pas, donde los haitianos degollaron o capturaron a centenares de dominicanos de raza blanca.
Estos hechos de sangre y el abandono en que dej Espaa a su ms vieja colonia americana contribuyeron tambin poderosamente al despertar de la nacionalidad dominicana, an cuando la administracin francesa que le sigui, si bien progresista en el orden econmico, propici la regresin histrica del retorno a la esclavitud y afect los intereses de los hateros con su poltica de fomento de la agricultura y de mayores impuestos a las importaciones.
La Reconquista, propiciada por los hateros encabezados por Juan Snchez Ramrez, quien tuvo la ayuda del gobernador espaol de Puerto Rico, cont tambin con un sector encabezado por Ciraco Ramrez en el Sur, en el cual la idea de la Independencia fue planteada como alternativa vlida menos peligrosa que la entrega de la soberana a una potencia esclavista como Espaa, que traera acaso consigo la amenaza haitiana.
Durante el perodo de la Espaa Boba, las manifestaciones en pro de la Independencia rivalizaron con las tendencias pro-haitianas por parte de un sector de la poblacin negra, aunque esta ltima se expres quizs ms dbilmente a causa de la violencia terrorista del rgimen esclavista de Snchez Ramrez y los espaoles que le sucedieron en el gobierno del pas, particularmente hacia los hombres de raza de color, algunos de los cuales fueron colgados y quemados en alquitrn como escarmiento.
LA NACIONALIDAD DOMINICANA DURANTE EL PERIODO DE LA REPBLICA BAJO REGMENES EXTRANJEROS
La etapa colonial termin en el pas en noviembre de 1821, si se excepta el breve perodo de Anexin a Espaa, 1861-1865. Pero cuando el Rector Universitario y Teniente-Gobernador, Lic. Jos
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' Nez de Cceres de su Golpe de Estado, creando con la participacin de los criollos de la ciudad de Santo Domingo el Estado Inde-pendentista del Hait Espaol, lo hizo a espaldas de la poblacin del interior del pas, en un pas ruralizado, y al margen de los dos grupos sociales ms dinmicos todava: los hateros, que haban estado asociados al rgimen retrgrado de la Espaa Boba, y los negros, sobre los cuales pesaba an el rgimen de esclavitud que no fue abolido con el cambio poltico.
De ah que cuando Boyer decide invadir la parte del Este de la isla, para hacerla nuevamente "una e indivisible" en combinacin con sus aliados dominicanos aquende la frontera, no sin antes actuar, remedando a Toussaint, garantizando propiedades y propietarios, y aboliendo la esclavitud, Nez de Cceres no tuvo base social ni militar para defenderse y hubo de entregarle al jefe de las llaves de la ciudad de Santo Domingo sin disparar un solo tiro.
Sobre el perodo de la dominacin haitiana se ha escrito mucho, destacando particularmente sus aspectos negativos. Se ha analizado poco sin embargo en sus aspectos positivos y su influencia para hacer madurar la conciencia nacional dominicana.
La sola presencia de los haitianos en el pas en situacin dominante, un pueblo constituido en su mayora por ex-esclavos con menor nivel cultural y social que el nuestro, despert sin duda el orgullo de muchos dominicanos.
Pero, adems, la dominacin haitiana ayud a derribar las barreras sociales que dividan la sociedad dominicana para lograr su integracin en torno a objetivos comunes. As, produjo un alto grado de integracin racial a todos los niveles, introdujo el Cdigo Napolenico, mucho ms avanzado que la legislacin espaola, y expropi las extensas tierras de la Iglesia y de los propietarios que abandonaron el pas entregndose tierras a virtualmente todos aquellos en disposicin de cultivarla.
Sin bien el rgimen haitiano estableci el servicio militar obligatorio sin distinciones sociales y ello contribuy al cierre de la Universidad de Santo Domingo por falta de rentas esclesisticas y de estudiantes, no es menos cierto que en dicho ejrcito la tropa elega a sus oficiales, en virtud de lo cual no pocos de los patriotas aprendieron el arte de la guerra como oficiales del ejrcito haitiano, entre los que figuraron el propio Duarte, Santana, los Alfau, los Puello y otros.
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Por los dems, al ser la mayor parte de los efectivos militares de puesto en la parte del Este dominicanos, por lo cual no puede decirse que existi en la mayor parte de ese perodo un estado de ocupacin militar, sino de dominacin poltica haitiana.De ah que ala horade la Independencia slo existan en el pas reducidos efectivos militares de occidente y fue tarea fcil recuperar el control de todo el territorio luego de la capitulacin de la guarnicin de Santo Domingo-
Voy ms lejos, si bien hubo algunos excesos por parte de soldados haitianos radicados en el pas durante los 22 aos de dominacin, stos fueron mnimos dada la poca y el nivel cultural del poder ocupante y en ningn caso partieron de una poltica gubernamental organizada. De todas maneras estos excesos fueron mucho menores que los cometidos por dicho rgimen dictatorial en la propia parte occidental.
A ese respecto, no debe olvidarse que Boyer representaba a una lite mulata en un pas de mayora abrumadora negra, y es de suponer que muchos de sus personeros vean en la parte dominicana, con su mayora mulata, una compensacin en el equilibrio racial que deba preservarse. Pero adems, en el orden econmico el pas disfrut de una mayor libertad de comercio que en los perodos precedentes de dominacin espaola. Libertad que unida a los beneficios de una larga paz produjeron como efectos una lenta, pero constante recuperacin econmica que estimul los cultivos, sobre todo del tabaco
en el Norte, as como los cortes de madera en el Sur, Este y Noroeste del pas.
Si a esto aadimos que la legislacin haitiana prohiba a los extranjeros ejercer el comercio detallista, permitiendo as que la mayor parte del comercio fuera ejercido por dominicanos; y que las ciudades fueran creciendo durante todo ese perodo, tenemos un cuadro bastante completo de la sociedad que gest la Independencia Nacional.
Por supuesto que el rgimen de dominacin haitiana signific un baldn para muchos dominicanos, no slo por el bajo nivel cultural del pueblo dominante y el perjuicio racial hacia este, si bien su lite era presumiblemente ms culta que la nuestra para entonces, pero margin la cultura hispnica y las influencias religiosas tradicionales en el pas. Las lites dominicanas se sintieron humilladas y preteridas; y los nios y jvenes apenas tenan opotunidades de educacin.
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Pero tampoco puede afirmarse en ningn caso que el rgimen haitiano fuese ms represivo que el que le haba precedido.
El hecho es que los sentimientos antihaitianos se fueron generalizando, la conciencia nacional se fortaleci con muchos descredos en virtud de la dominacin de ese pas. La pequea burguesa de comerciantes y artesanos en las ciudades, y de agricultores en los campos del Norte y aun los hateros convertidos en cortadores de madera crearon la base social que hara posible la Independencia Nacional, separndonos de otro pueblo de rasgos culturales y tnicos diferentes, cuyo estado se encontraba depauperado y abrumado por una crecida deuda pblica adquirida a cambio del reconocimiento de la Independencia haitiana por Francia, y cuyas ciudades principales haba destruido materialmente un terremoto en 1842.
La independencia nacional fue motorizada por esa pequea burguesa de la nueva generacin de cuyo seno salieron Duarte, Snchez y Mella, y tantos otros patriotas; pero slo se consolidara gracias a la alianza de clases con los hateros madereros cuya experiencias y recursos en la conduccin de hombres los haca ms aptos para dirigir el proceso que seguira a la declaracin de la Independencia.
Las guerras dominico-haitianas fueron ganadas por los dominicanos no slo por su patriotismo sino por algunas ventajas que resultaron claves para el triunfo. Por ejemplo, los dominicanos hacan la guerra a lomo de mulos y caballos y que tenan gran provisin, mientras que los haitianos la haca a pies. Los criollos luchaban en su territorio y desde posiciones estratgicas, mientras los haitianos invadan y avanzaban desde abajo padeciendo numerosas bajas; y en fin los haitianos venan en gran nmero desde el vecino pas, pero sin apoyo logstico de armamentos y pertrechos militares, por lo cual desde las primeras escaramurzas empezaban a desertar profusamente dejando a sus jefes abandonados mucho antes de llegar a su destino.
Pero la Independencia Nacional fue protegida durante la Primera Repblica, muchas veces a pesar de sus dirigentes mximos que ofrecieron reiteradamente como colonia a protectorado de las potencias europeas y los Estados Unidos, gracias a las rivalidades y celos entre ellos; y sobre todo gracias a la leyenda negra que cubri a toda la isla en Europa, identificada por mucho tiempo como tierra de maldicin para los hombres de raza blanca porque haba servido de tumba a millones de soldados de lite de Espaa, Francia e Inglaterra durante la Revolucin Haitiana y perodos siguientes; y ninguna potencia se decida a correr suerte hacindose cargo de su parte oriental.
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LA DOMINICANIDAD A PARTIR DE LA ANEXIN A ESPAA DEL 1861
Cuando finalmente Santana logra anexionar el pas a Espaa, dentro de un ambiente de fiebre colonialista en Europa que se reparte frica y Asia e intenta recolonizar Amrica Hispana en Mxico, Sudamrica y las Antillas ya Hait pasa a un segundo plano de la conciencia nacional y se convierte en solidaria de las luchas por nuestra independencia para hacer frente al enemigo comn, an cuando mantenga ambiciones de seguir absorbiendo en su favor territorio fronterizo.
As, el apoyo del Presidente Geffrardala Restauracin de la Repblica fue incontestable, lo mismo que la asistencia recproca de Hi-sage Saget con Lupern y Cabral contra los designios antipatriticos de Salnave y Buenaventura Bez en connivencia con el presidente norteamericano Ulises Grant.
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LOS ORGENES DEL PENSAMIENTO LIBERAL EN SANTO DOMINGO.
Por Fernando Prez Memn
1. La recepcin de las nuevas ideas.
La Constitucin de Cdiz fue el primer instrumento jurdico de-mocrtico-liberal que rigi en Espaa y sus colonias, pero con la excepcin de Santo Domingo, que antes de ese texto estuvo organizado por la Carta Substantiva de Toussaint de 1801. Esta fue el primer esbozo de una organizacin casi liberal de la sociedad hispano-domini-cana. Lo de casi se debe a que el texto, como bien lo juzga Tadeuz Lipkowski, fue un mosaico de ideas e instituciones del antiguo y del nuevo orden de cosas. De suerte que junto a elementos del realismo se perciben otros del republicano y anexo a elementos burgueses, democrticos e igualitarios hay frmulas patriarcales y afirmaciones se-miesclavistas.
Esa ley fundamental fue el mximo exponepte de la poltica de conciliacin del lder negro, cuyo proyecto poltico no slo se limitaba a la abolicin de la esclavitud, sino a la independencia de la Isla de Santo Domingo, en ese momento en manos de Francia -de derecho, aunque no de hecho-, por el Tratado de Basilea de 1795.
Toussaint consider que su proyecto poltico slo sera viable en la media en que armonizara los intereses de la clase dominante con los de las masas humildes y los antiguos esclavos. Si bien aboli la esclavitud estableci que los antiguos esclavos quedaban adscritos a las plantaciones de sus antiguos amos. Instaur una dictadura militar fundada en la permanencia de las grandes plantaciones, y para su explotacin cre una oligarqua militar en alianza con viejos propietarios blancos y con el apoyo de la burguesa comercial inglesa y norteamericana. De manera que L'Ouverture procur armonizar los intereses de los "explotados y los antiguos explotadores, del esclavo y su dueo, de la clase de los libertos y los esclavos" (Cordero Michel, Emilio. La Revolucin Haitiana y Santo Domingo. Coleccin Histo-
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ra y Sociedad. Santo Domingo, R. D., UASD, Editora Nacional, 1968. Pg. 49).
La Constitucin liberal de Cdiz, por el contrario, limit los intereses de la nobleza y del clero, y promovi los de la clase media emergente, no as los de los libertos y los esclavos, pues no aboli la esclavitud, y aquellos no los consider espaoles y ciudadanos.
El texto fue proclamado por las Cortes el 23-1-1812, y lleg a Santo Domingo el 13 de julio de ese mismo ao. Los principios cardinales de esa Carta Substantiva eran los liberales. Se reconoca la soberana de la nacin, que delegaba sus poderes en las Cortes, y el
Ejecutivo en la Regencia. Estableci la libertad de imprenta, la abolicin de las torturas, la supresin del Santo Oficio, y de los seoros jurisdiccionales o feudales. Declar la Iglesia Catlica como la del Estado, mantuvo la intolerancia religiosa, y por lo tanto, obligaba al poder temporal a mantener y sostener el culto religioso; reconoca el Patronato como un derecho inherente a la nacin, y facultaba a la Regencia y a las Cortes a ejercerlo. Favoreca, adems, a la clase media emergente- como se apunt arriba y ahora se precisa, el reconocerle el derecho de propiedad, y concederle muchos estmulos para su promocin y extensin, y asimismo les abri las puertas de las universidades y seminarios, y les dio entrada a los altos empleos burocrticos y a las prebendas y dignidades eclesisticas. En el caso de Santo Domingo, la clase media, constituida en su mayor parte por mulatos, el nuevo ordenamiento jurdico le fue muy beneficioso, pues la constitucin ech a un lado los criterios de limpieza de sangre para la ascensin social, y as estableci que los que llevaran sangre africana por sus venas tendran libre acceso a las universidades y podan ocupar cargos en la administracin y en la Iglesia.
Los hateros y la mayora del clero enchapados en los principios del absolutismo y el conservadurismo no recibieron con alegra la nueva ley fundamental. La iglesia quedaba, sin embargo, enlazada al Estado, como en el rgimen anterior, pero ms limitada en sus prerrogativas e inmunidades, pues las Cortes del 1812 continuaron y avanzaron el programa de reformas anticlericales de los Borbones. As se redujo el fuero eclesistico, como tambin la inmunidad del asilo, se le confiscaron al clero ciertos bienes, se redujo el diezmo a la mitad, y al abolir a la Inquisicin la Iglesia perdi el control del pensamiento. A pesar de ello el reconocimiento de la Iglesia Catlica como la del Estado, le comprometi mal de su gusto con la nueva situacin, y as las autoridades metropolitanas ordenaron a los eclesiticos tener una participacin de primer orden en las ceremonias para ponerla en
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ejecucin. La clase media y las masas humildes, por el contrario, espontneamente saludaron la llegada del texto constitucional con el mayor entusiasmo y alegra. Un testigo presencial escribi:
Al instante que se divulg la noticia de haberse recibido en ella la Constitucin... El pueblo comenz a manifestar su complacencia...
Y ms adelante describe el estado de nimo del pueblo:
El alborozo de un pueblo fiel, la demostracin del patriotismo ms exhaltado, el vivo inters por la gloria nacional, y los festivos himnos entonados a honor de la verdadera libertad poltica de las Espaas... Las emociones de gozo, los repetidos vivas, el inquieto movimiento de un vecindario entregado a los transportes de la alegra, son el idioma con que la naturaleza inimitable manifiesta las escenas que pasan en lo interior del alma (Gonzlez, Jos Mara. "Descripcin de las fiestas pblicas con que la ciudad de Santo Domingo celebr la solemne publicacin y jura de la Constitucin poltica de la monarqua espaola en los das 18 y 19 de julio de 1812". Archivo General de Indias, Audiencia de Santo Domingo, 78521 (antigua signatura), pgs. 1 y 2).
Pero en Santo Domingo espaol el camino para el despliegue y la extensin de las nuevas ideas estaba desbrozado desde varios aos antes de llegar la Carta Substantiva de Cdiz. La vecindad con la antigua colonia de Saint Domingue le permiti recibir las ideas de la ilustracin francesa. Y luego dominada por Toussaint y los franceses las nuevas doctrinas pudieron correr libremente. Ahora con un rgimen constitucional que haba abolido el Santo Oficio, intitucin que haca aos que no operaba en la colonia, podan las ideas circular y extenderse sin dificultad alguna Es posible que llegaran aqu desde la pennsula peridicos y hojas impresas conteniendo el nuevo evangelio social. En rigor, en Espaa se editaban varios peridicos, los de mayor aplauso y difusin eran: El Telgrafo Americano, El Revisor Poltico, El Diario Mercantil, el Robespierre Espaol, El Diario de la tarde, El Duende de los cafs, El amigo de las leyes, El Redactor General, La Abeja Espaola, El Tribuno Espaol, peridicos todos liberales. El ms anticlerical era El Conciso, al cual serva de suplemento otro papel llamado El Concisn. En algunas colonias hispanoamericanas, tambin, se editaban papeles de esa tendencia ideolgica, y con la libertad de comercio, que en el rgimen liberal se disfrutaba en el pas, pudieron haber llegado al pas varios ejemplares.
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2. Liberalismo versus conservad orismo.
Cuando Fernando VII sali del cautiverio en Francia por el Tratado de Valencey (1 l/XH/1813)- preludio de la cada de Bonaparte desconoci el 12/V/1814 el rgimen liberal en Espaa y sus colonias, y devolvi a stas a la situacin anterior a la abdicacin del trono hispano hecha por su padre, Carlos IV, y luego l, en manos de Napolen.
Las noticias de la vuelta al absolutismo coincidieron en nuestro pas con las del Tratado de Pars del 20/VII/1814 por el que Francia devolva el dominio de Santo Domingo a Espaa.
Destruido el rgimen constitucional, en Santo Domingo se sintieron, entre otros efectos, los siguientes: los ayuntamientos perdieron muchas de sus atribuciones, se suprimi la Diputacin Provincial, se aboli la represntacin en las Cortes que tena la colonia- que por la Constitucin de Cdiz tena la categora de provincia-, se eliminaron los jefes polticos, y los gobernadores y capitanes generales reasumieron casi todos los poderes polticos y militares que el gobierno liberal les haba quitado, en fin, las instituciones liberales fueron destruidas, resucitada la vieja organizacin poltico-social, y las ideas novadoras perseguidas.
En 1820 el absolutismo, de nueva cuenta, fue derrotado. En Espaa, la triunfante revolucin del general Rafael del Riego restableci el rgimen liberal. Fernando VII no tuvo otra alternativa que jurar la Constitucin de Cdiz que en 1814 haba abolido.En un manifiesto, fechado el 10 de marzo del precitado ao, declaraba a sus vasallos que sera el "ms firma apoyo" de aquel Pacto Fundamental, les exhortaba a mantenerse fieles al nuevo rgimen y falsa e insidiosamente escribi:
Marchemos francamente, y yo el primero, por la senta constitucional ("Manifiesto del Rey a la nacin". La Gaceta de Mxico, Sbado 3-VI-1820. No. 75, T. XI, p.. 533).
Un mes despus expidi un decreto restableciendo las Cortes "Para el mejor gobierno y adelantamiento de las provincias de Ultramar", y solicit la ayuda del clero y de las personas notables y de luces para que justificaran y legitimaran el rgimen que antes haba deslegitimado y destruido, e instruyeran al pueblo a conocer "sus derechos y obligaciones". Los curas deban explicar a los fieles los domingos y das de fiestas la Constitucin, y combatir "las acusaciones
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con que la ignorancia y la malignidad" intentaban desacreditarla. Mandaba que en las escuelas pblicas, en los colegios, los seminarios y las universidades los profesores y catedrticos explicaran los principios constitucionales (El Telgrafo Constitucional No. 2, jueves 12/ IV/1812).
En Santo Domingo el texto de Cdiz fue nuevamente jurado el 4/VI/1820, antes se celebr una misa en la catedral y otra en la parroquia de Santa Brbara. Clero y feligreses juraron ese da la Ley Fundamental. El pueblo festej el acontecimiento durante tres das con bailes, carreras de caballos, lidia de toros y otras diversiones. La Universidad de Santo Toms de quino -nica en pie, pues la de Santiago de la Paz o de Goijn fue reprimida por Carlos II en 1767 cuando expuls a los Jesutas del pas y de todos sus dominios- la jur el 12, en el convento Dominico se cant un Te Deum, y pronunci un discurso el Padre Correa y Cidrn, uno de los principales exponentes del pensamiento liberal de ese tiempo. Su discurso es uno de los ms importantes moninnentos ideolgicos que en contra del conservadurismo y el absolutismo se escribieron y difundieron durante la segunda experiencia constitucional que vivi nuestro pas. Sus ideas no han de verse como propias de todo el clero, sino de un sector del mismo, a causa de que la mayora se inclinaba y acomodaba al rgimen absoluto, y no simpatizaba con un rgimen que haba reducido enormemente sus inmunidades y afectado gravemente sus intereses. Las ideas de Correa y Cidrn eran la de la clase media emergente que aspiraba a orientar la sociedad dentro del liberalismo despojando a la aristocracia latifundista y hatera de la dominacin social y poltica de la colonia.
Es interesante considerar que la apologa que Correa y Cidrn hace la Constitucin de Cdiz la funda en la tradicin histrica del pueblo espaol. De esta manera pretende encontrar un pensamiento liberal espaol propio como producto del devenir histrico de la nacin espaola. De esta suerte no necesita basar la jsutificacin del nuevo rgimen en las ideas de los autores de la Ilustracin francesa e inglesa, sino en las ideas y creencias que brotan del pasado hispnico. Conforme con esta premisa cree encontrar la idea de la soberana popular, no en John Locke, no Juan Jacobo Rousseau, sino en la propia Espaa desde los tiempos de la dominacin romana, idea que en su opinin, fue abatida por Julio Csar, y los emperadores romanos, excepto Justiniano, a quien cita varias veces, en la concepcin de la ley que tuvo este emperador de que ella es resultante del concierto entre el pueblo y el prncipe.
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En este tenor asever que:
ech el ultimatun de la tirana y del abatimiento del pueblo fue en tiempo de Carlos III, cuando un decreto mand que en la impresin de la Novsima Recopilacin de Castilla se suprimiese y quitase todas las leyes que trataban de las Cortes, oh tirana cruel e inaudita! no se quera que nuestros hijos y nietos supiesen siquiera que descendan de padres y abuelos libres, y que su pueblo era en otro tiempo un pueblo ingenuo, sino que radicado en la idea que todos ramos esclavos nacidos y procreados de la generacin de los siervos...
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Todo el imperio y potestad es del pueblo, pero que todos los dems reyes y sus aduladores, excepto Fernando (alusin prudente del orador) (corchete nuestro) F. P. M.), la niegan, hasta querer pasar por una herega la soberana del pueblo...
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En una frontal oposicin al absolutismo de poder y a sus panegiristas consider que los reyes y prncipes por la fuerza han trasladado la soberana del pueblo a ellos, pero que
la fuerza no valida la traslacin de la soberana del pueblo al prncipe.

Fiel a su visin del pasado hispnico, el cannigo al considerar la idea de la soberana percibe el ejercicio de ella por el pueblo espaol en un pretrito remoto: en la asistencia del pueblo a travs de representantes a las Cortes y en dar sus votos en cuestiones "graves de la monarqua" y en la confeccin de las leyes, pero los Austrias, y luego los Borbones quitaron a los vasallos sus derechos y asumieron en su persona el poder soberano. As afirma que:
Los Prncipes de estas dos casas aunque no suprimieron las Cortes del todo, pero las hicieron ms o menos raras y los brazos de la nacin casi no tenan ningn influjo en las determinaciones...
Y mostrndose radicalmente opuestos al Despotismo Ilustrado de Carlos III, cuyo rgimen fue justificado tericamente por algunos de sus miembros apelando a la filosofa racionalista moderna, el orador consider que fue ese monarca el que coron la obra de los reyes y prncipes absolutistas que le perseguan. En ese tenor asienta que cuando se
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Y remachando su crtica contra la doctrina del absolutismo, observ que el pueblo tuvo que inclinarse ante ese sistema poltico, porque los idelogos lo persuadan e inducan a creer ciegamente en esa idea. Pas luego a criticar la actitud del obispo de Orenses, el cual en 1812 se neg a jurar la Constitucin de Cdiz argumentando que no reconoca la soberana en la nacin, sino en el rey Fernando VII.
Pero cmo no poda dejar de ser as cuando ya haba siglos que padecamos la esclavitud, y an gran cantidad de aquellos que llevan el nombre de Doctores y Maestros han querido persuadir al pueblo que la Constitucin es un atentado manifiesto contra la ley divina y humana; y ha habido obispo en Espaa, que ha sufrido el destierro por no jurarla?
El orador hace una vigorosa apologa de la Constitucin de tal manera que la califica como "la ms sabia de todos los antiguos y modernos imperios". La percibe como un arquetipo, como un modelo de organizacin de la sociedad que deslinda o equilibra los diversos poderes de un "gobierno justo y racional". Ella es consecuencia de la tradicin histrica del pueblo espaol, y as, mantiene a dos de sus grandes valores histricos, dos de sus trascendentales instituciones, propias de la esencia de la nacin espaola, a saber, la religin Catlica y la monarqua. En este sentido el texto de Cdiz se inclina y porta una milenaria y poderosa tradicin, a la que tuvo que sujetarse el pensamiento liberal tanto en Francia como en Espaa En aquella nacin la Carta Substantiva del 1791 las mantuvo, aunque limitadas o recortadas muchas de sus prerrogativas a fin de ajustaras al sistema liberal. Y la Carta Magna de Cdiz estatuy, como uno de sus principios cardinales, en el Art. 12, del Captulo III, que "la Religin de la Nacin Espaola es y ser perpetuamente la catlica, apostlica y romana, nica verdadera. La Nacin la protege por leyes sabias y justas y prohibe el ejercicio de cualquiera otra". Y en el Art. 14, del captulo III, estableci que: "El gobierno de la Nacin espaola es una monarqua moderada hereditaria".
Otras de las ideas esenciales del discurso del Padre Correa y Ci-drn son la de igualdad y la de propiedad. La primera es una de las piedras angulares del pensamiento liberal. Con ella se rompe la sociedad rgidamente basada en la desigualdad. Suprime el poder de la nobleza y sobre sus escobros edifica un orden social no cimentado en el honor y el privilegio, sino en la nivelacin legal y poltica de todos los ciudadanos, diferenciados ahora por el talento y la virtud. Donde, lamentablemente, no entran los esclavos. Y por tanto, la idea de
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igualdad y libertad tiene sus limites. Haba que conservar este elemento del pasado para consolidar el soporte econmico de la clase media emergente, ahora con vocacin de poderes polticos. Es la
gran contradiccin de la clase media liberal de Francia y de Espaa cuya ideologa se queda en el plano de la utopa al no alcanzar o cubrir a las masas esclavas. De esa contradiccin no escap el sacerdote dominicano que fue de los pocos hombres que profesaron la doctrina liberal en el ocaso de la Espaa Boba. Defiende con entusiasmo la idea de igualdad, pero no llega a envolver en la misma a los esclavos, a los que ni siquiera alude.
Pero sobre la idea de la igualdad gravita poderosamente la de la propiedad, que con el liberalismo tiene una conceptuacin diferente ya que no reconoce la propiedad de tipo feudal ni las vinculaciones, pero s consagra y grarantiza, al igual que el viejo orden de cosas, el derecho a la propiedad privada. La nobleza por tanto, no ha de temer, porque an cuando se le quita los ttulos aristocrticos, mantiene su apellido y su propiedad, siendo el esclavo parte de la misma. Claro
que no se refiere taxativamente el orador sagrado al esclavo, pero se ha de inferir esto de su perorata. Leamos sus propias palabras:
Porque ella/la igualdad/ aboli los ttulos de nobleza, no le quita el apellido de noble, pues garantiza la propiedad (subrayado
nuestro FPM).
Correa y Cidrn, finalmente, exhort a jurar la Constitucin, porque ella reflejaba el espritu del siglo, y adems, por la misma:

No contiene en sustancia otra cosa que las antiguas leyes fundamentales de la monarqua Espaola que las visicitudes de los tiempos y la ignorancia de los siglos anteriores haba oscurecido ("Discurso que en la solemne funcin del juramento de la Constitucin de la monarqua espaola... dijo Bernardo Correa y Cidrn... Coiscou Henrquez, M. Documentos del Archivo General de Indias... 78-5-21 ;pgs. 1-13).
En sus ideas Correa y Cidrn se muestra un liberal moderado, pues justifica el orden constitucional hispano como restauracin de un pasado liberal, que el absolutismo de poder haba sepultado. De esta suerte su pensamiento revela una poderosa influencia de Melchor Gaspar de Jovellanos y de Francisco Martnez Marina. El primero pretendi legitimar el gobierno de facto de la junta revolucionaria de Aranjuez, de la cual formaba parte, apelando a la historia de Espaa,
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donde percibi que a finales de la Edad Media las Cortes desempearon el papel de defensoras de la autoridad en contra de las pretensiones feudales, y adems, se constituyeron en baluarte de las libertades populares. Esa fue la Edad de Oro de la nacin espaola que culmin en el reinado de Fernando e Isabel cuando la autoridad real alcanz "un grado de vigor que jams haba tenido" (Jovellano, Melchor Gaspar.. "Discurso", en Obras, Biblioteca de Autores Espaoles, 46, 50 Madrid, Atlas, 1951-52).
Martnez Marina, por su parte, en su Teora de las Cortes, de 1813, justific la reunin de stas en 1812, y legitim la Constitucin que ellas hicieron en Cdiz, apoyado en una lejana tradicin histrica liberal rota por el rgimen absoluto.
En este mismo orden de ideas, se manifiesta en Correa y Cidrn otra influencia, a saber, la de Edmundo Burke, en cuya obra Reflexiones sobre la Revolucin en Francia, opone el modelo de la Constitucin inglesa a la nueva legislacin francesa producto de la revolucin, pues aquella es consecuencia de la evolucin histrica del pueblo, que es la que la legitima. As se enuncia su teora de "la Prescripcin"- derechos derivados de la prctica en un uso de tiempo prolongado- como fundamento de la Constitucin. Burke justific las libertades del pueblo ingls al considerar que ella eran producto "de una herencia transmitida, derivada a nosotros de nuestros antepasados".
Otro dominicano que abraz con entusiasmo el pensamiento liberal y se consagr a la defensa del mismo fue Andrs Lpez de Me-drano, que escribi: Tratado de Lgica; El influjo fsico de la mente repugna a la simplicidad y por lo tanto no se ha de admitir; El alma es creada por Dios y no nace de la transmisin, como muchos quisieran; Los lquidos deben su existencia a la presin de la atmsfera. Obras filosficas en las que se muestra firme partidario de la fsica moderna, y de las ideas sensualistas de Condillac y de Dettust de Tracy.
Expone su pensamiento poltico en un escrito titulado: Manifiesto al pueblo Dominicano (20/VI/1820), que escribi en ocasin de las elecciones para representantes a las Cortes del referido ao. Fue uno de los principales lderes del "Partido del pueblo", que tena por lema: "El inters del ms justo", y por modelo a Inglaterra, Francia, Estados Unidos y la Espaa liberal. A esta organizacin los aristcratas y los conservadores acusaban de ser enemiga de la nobleza, del clero, de los comerciantes catalanes y los militares, y adems, de
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ser subversiva, y de estar formada por "individuos de la ms nfima estirpe". En su obra pretenda desenmascarar a los Conservadores que urdan planes para impedir el triunfo de su agrupacin en las referidas elecciones, y de entorpecer y dificultar la marcha del ordenamiento constitucional en el pas. Sus ideas se inscriben dentro de un liberalismo radical, quizs, como ningn otro de su tiempo, defendi vigorosamente la libertad de expresin del pensamiento y atac rudamente a la Inquisicin, al Despotismo y a la tirana que impedan la libre circulacin de las ideas y las creencias heterodoxas. En ese tenor deca que:
El fin del hombre es cooperar al progreso de su sociedad, y uno de los medios para ello es la libre expresin de su pensamiento (subrayado nuestro FPM).
Clamaba por el ejercicio pleno de las libertades individuales, y es quizs, el primero que preconiza y defiende la creacin de partidos polticos y la convivencia o coexistencia de las diversas opiniones, lo que hoy llamamos el pluralismo ideolgico. Exiga que se removieran todos los obstculos que se oponan a la promocin de las clases populares, y que se enseara al pueblo el valor y la importancia de la libertad de pensamiento.
As se deba instruir al pueblo que:
Est en el pleno goce de su libertad; que han cesado los dolorosos sacrificios; que lejos de ser malo unir partidos electorales, es muy razonable forjarlos con destreza... nada acredita ms la libertad y civilizacin de los hombres que esta diversidad de opiniones, que no reside en donde habita la servilidad y la bajeza.
Combati el absolutismo y el despotismo, y defendi la idea roussoniana de la soberana popular, como tambin, con sumo ardor la idea de la igualdad.
Es menester persuadir que los magistrados, los electores, vuestros representantes se hacen por vosotros mismos, Artistas, maestros de oficios, que se han denominado bajos hombres reputados por plebeyos, si sois ciudadanos, si no tenis perdidos vuestros derechos conoced el precio de esta igualdad... Los titulados, los jefes, los eclesisticos, los militares, los nobles, los magnates, los que os haban sobrepujados en la representacin pblica son vuestros iguales y slo es mejor el que tuviere ms virtudes... El zapatero, el albail, el tabalaltero, el herrero, el tonelero, el
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carpintero, el sastre, el msico, todo laborioso, todo artista puede ser tan excelente ciudadano como un Consejero de Estado, y un diputado en Cortes (subrayado FPM).
3. El pensamiento conservador frente al rgimen liberal hispano.
En la primera experiencia constitucional en Santo Domingo 1812-1814), Francisco Javier Caro fue elegido diputado a Cortes-en las primeras elecciones que se realizaron en nuestro pas-, antes fue comisario Regio, enviado por la Junta Central de Sevillla, digno representante de la clase propietaria y del pensamiento conservador, lo que revel cuando ocup la referida magistratura por la que se le encargaba reorganizar la colonia y aplicar ciertas reformas liberales favorables a la clase media y a los humildes. Lo que no hizo Jos Gabriel Garca apunta que quizs sus actitud se debi
a los vnculos de familia que le ligaba a una buena parte del elemento conservador que durante la ocupacin francesa se haba desarrollado en la colonia...
Es lo cierto que su misin no dio otro resultado sino el de encarrilar las cosas por el estrecho cauce de las viejas rutinas, y dejar arraigada la semilla del descontento en el seno de las masas populares (Garca, Jos Gabriel. Historia de Santo Domingo. Santo Domingo, imprenta Garca Hnos, 1893 II, 17).
Acusa, adems, a Caro de "discpulo de la escuela absolutista", y le reprocha no haber aprovechado
el entusiasmo despertado por la reconquista para proponer el ensayo de algo nuevo que pudiera contribuir a facilitar el tardo despacho de los negocios pblicos, desenterr la misma organizacin que tena la colonia antes de la cesin hecha a la Francia en 1795, aprobando la creacin de municipios ilusorios en razn de sus limitadas atribuciones; estableciendo los corregimientos y las alcaldas pedneas, a los que seal atribuciones judiciales; y organizando las oficinas de Hacienda con sus antiguos derechos, despus de lo cual atendi el arreglo de los asuntos eclesisticos, pero todo bajo leyes calculadas para impedir el nacimiento del espritu pblico y matar toda idea de independencia y soberana popular M. (subrayando nuestro FPM).
Lo cierto es que Caro haba venido, no a introducir las reformas liberales, sino a quitar los pocos elementos del liberalismo que el rgi-
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En la primera colonia del Nuevo Mundo los estamentos dominicanos sintieron el mismo entusiasmo y se fabricaron las mismas ilusiones al restablecerse el absolutismo. Se aprestaron a reorganizar la colonia por los viejos cauces del tradicionalismo y el conservadorismo a fin de destruir el cncer de las nuevas ideas y las instituciones liberales, y revitalizar las viejas estructuras social, econmica y mental, que el pensamiento liberal haba puesto en crisis y que antes de la restauracin fernandina haban caldo en un profundo marasmo y una seria languidez.
El pensamiento conservador dominicano salud el restablecimiento del rgimen absoluto como el orto de un nuevo da, dichoso y feliz. Como una nueva era llena de bienandanzas. Este hecho, considerado como uno de los ms grandes de la historia universal en el pensamiento conservador, slo poda ser explicado conforme con una de las principales y tradicionales categoras del pensamiento, es decir, la explicacin providencialista de la historia que se percibe desde San Isidoro de Sevilla, y Beda el Venerable, y que fue utilizada con suma brillantez por el obispo galicano Bossuet en su Discurso sobre la Historia Universal. En efecto, Monseor Valera, arzobispo de Santo Domingo, asever que la Divina Providencia haba arrebatado a Fernando VII de las manos de Napolen y
con solo su presencia desaparecern una multitud de males que afligen y agobian a sus vasallos; y en efecto, su prudencia ha correspondido a la lisonjera esperanza que a todos animaba... (El arzobispo al Secretario del Estado y del Despacho Universal de Indias (sin fecha), en Archivo General de Indias, Audiencia de Santo Domingo, Leg. IIIO, s.f.).
Fernando VII desenterr el viejo ordenamiento jurdico-polti-co, Tancien Regime, para ello cont con el apoyo firme y entusiasta del estamento dominante de la Pennsula y las colonias. De esta manera aboli la Constitucin liberal de Cdiz, las Cortes, los decretos y leyes del gobierno liberal, restableci el Supremo Consejo de Indias, en fin, destruy por completo el rgimen liberal constitucional,
e inici, dice ciertamente Garca,
una poltica reaccionaria que fue funesta para Espaa, porque sirvi de origen a todos los alzamientos posteriores (Garca, Ob.
Cit, II, 49).
Las consecuencias de esa poltica se hicieron sentir poderosa-
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mente en Santo Domingo, colonia recuperada de derecho por Espaa por el Tratado de Pars del 20 de julio de 1814. Precisaron quien haba sido su representante en las Cortes, el ex-comisario Regio, Francisco Javier Caro form parte del grupo de los diputados conservadores, a quienes se les denomin 'ios persas", que a la vuelta de Fernando VII desconoci el rgimen liberal, y brind su obediencia y lealtad a este monarca. En premio a su fidelidad, Fernando VII le nombr ministro togado del Consejo de Indias, y luego asesor de la Comisara General de Cruzada (Morillas, Caro y Torquemada, Lugar Citado, 13, 14). De suerte que Caro, tan cerca del trono, influy para restablecer en la primera colonia de Espaa en el Nuevo Mundo la vieja organizacin social, y resucitar las viejas prcticas coloniales. As perdieron los ayuntamientos muchas atribuciones; se suprimi la Diputacin Provincial, se aboli la representacin de la provincia en las Cortes, y se eliminaron los jefes polticos, cuyas funciones concentr de nuevo en sus manos el Capitn General, poderes que lo convertan en una especie de strapa. En trminos poltico-sociales se suprimi la libertad de expresin, se restableci la horca, se prohibi de nueva cuenta, el ingreso a la Universidad a los que tuvieran en sus venas sangre africana, y la de usar ttulos acadmicos que demostraran superioridad sobre los dems ciudadanos, fuera de los determinados por la ley, asi tambin, fueron suprimidas otras medidas favorables a la clase media y a las masas populares.
En el orden eclesistico, "el Deseado" anul las principales reformas anticlericales y anticorporativistas. Deline, desde los inicios de su rgimen, las lneas cardinales que caracterizaran su poltica eclesistica, que eran, en rigor, identificar la causa del trono con la del altar, y desposar el sacerdocio con el imperio. En efecto, restableci la Inquisicin (21/VII/1814), anul la reforma del clero regular decretada por las Cortes, y aboli la Pragmtica de su abuelo, Carlos III, sobre expulsin de los Jesuitas. Devolvi, tambin, varias prerrogativas al clero que el reformismo borbnico y las Cortes gaditanas le haban arrebatado.
Restableci el Santo Oficio; esta institucin tuvo ahora un doble papel que cumplirla de perseguir a las heterodoxias religiosas y a las ideas polticas contrarias al rgimen absoluto. Como Santo Domingo desde la Revolucin Francesa estaba sujeto al fuego de las ideas renovadoras, fue necesario que se nombrara lo ms breve posible el Comisario, dependiente del Santo Oficio de Cartagena de Indias. El arzobispo Valera present al Den de la catedral Jos Gabriel Aybar, quien fue designado. El trabajo de Aybar tuvo que ser muy grande y superior a sus fuerzas, y por consiguiente con resultados poco lison-

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jeros. El Tribunal de la Fe en Santo Domingo, en este perodo histrico, fue muy dbil, a causa de la penuria econmica de la colonia, la cual tuvo que depender de nuevo del situado, que irregularmente llegaba, y ni siquiera poda pagar normalmente a los pocos empleados de la administracin y a los militares. De suerte que la institucin encargada de perseguir y reprimir las nuevas ideas y creencias fue ineficaz para el logro de esos fines que justificaron su restablecimiento. Las heterodoxias continuaron circulando. Los papeles, hojas impresas, libros, etc. que las portaban ya no slo provenan de Hait, sino tambin, de Suramrica y la Nueva Espaa donde la revolucin de independencia alcanzaba cada vez ms territorios. Carlos Nouel, en su Historia Eclesitica, hablando de la segunda etapa del tribunal inquisitorial en Santo Domingo, slo seala un caso de persecucin. Refiere que la obra Fanny Hill, de Henry Filler, fue perseguida porque las ideas que contenan eran contrarias a la moral tradicional, representaba lminas y pinturas deshonestas. Por lo que la autoridad eclesistica orden que los poseedores entregaran dicho libro, bajo la pena de excomunin si no lo hicieren.
A pesar del radicalismo del rgimen absoluto las ideas renovadoras sobrevivieron e inspiraron la revolucin del general Riego que triunf, como se recordar, en 1820, en el crepsculo de la Espaa Boba.
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Nuestro pas entr, de nueva cuenta, en la segunda experiencia constitucional. As las instituciones liberales fueron restablecidas, y las nuevas ideas y creencias volvieron a circular libremente. La vieja cosmovisin, la vieja imagen del mundo, sin embargo, no mora, se esforzaba por mantenerse en vigencia, luchaba a la defensiva contra el nuevo pensamiento, y lograba mantenerse, aunque lnguidamente, dentro del nuevo orden liberal.
El pensamiento liberal se extenda y proyectaba no slo entre la clase media sino tambin entre las masas humildes y esclavas, porque abolida de nuevo la Inquisicin, y garantizada por la Constitucin- de Cdiz la libertad de imprenta, pudieron los liberales difundir su pensamiento tanto por la prensa, folletos y hojas sueltas, como ver bal-mente. Sus ideas y creencias se publicaban en los peridicos: El Telgrafo Constitucional y El Duende, los cuales junto con las otras literaturas contentivas de la doctrina novadora se impriman en Santo Domingo, que ya para esa poca tena imprenta. El nuevo Evangelio
poltico-social era abrazado con los mayores entusiasmos, y con alegra delirante. Bajo la presin de los conservadores, y bajo su propia
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presin interior, el gobernador Sebastin Kindeln y Obregn, un hombre conservador, que las circunstancias polticas sociales le haban condicionado para que continuara en el mando a pesar de la revolucin de Riego, y vesta el traje liberal que el cuerpo de sus ideas no le permitan que le asentara bien, se puso en accin para frenar, valientemente, el mpetu y dinamismo del nuevo pensamiento que desafiaba el viejo orden y la vieja estructura mental. As restableci la Junta de Censura para fiscalizar y regularlo. Y public un bando por el que haca una interpretacin del orden constitucional a travs del prisma del conservadorismo. El motivo de su escrito lo dej claramente establecido cuando expres que era para reprimir "a tiempo a los espritus inquietos y reboltosos", los cuales daban
a la libertad civil y a la igualdad una interpretacin errnea y propagan entre los incautos ideas peligrosas...
A ellos, tambin, califica de "genios perturbadores", los cuales aprovechaban la restauracin del rgimen constitucional para
sembrar la cizaa a la sombra de los derechos de libertad, igual-. dad e independencia, que la constitucin asegura a todos los ciudadanos espaoles, y por error y malicia persuaden a los menos instruidos que ya se acab toda diferencia entre blancos y pardos y morenos, entre libres y esclavos...
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De suerte que el gobernador reinterpreta las ideas fundamentales del sistema liberal desde la perspectiva del estamento dominante, y, por consiguiente, explica que por libertad debe entenderse "el querer lo justo y lo benfico", que es en rigor,
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Todo lo conducente a la conservacin del orden social a la seguridad de las personas, honra y bienes de nuestros conciudadanos...
Sobre la idea de la igualdad, deja claramente expresado que ella se refiere a la igualdad legal. La ley sera-apunta-
una misma para el libre, que para el esclavo, para el blanco, que para el pardo, o moreno, para el rico que para el pobre...
Ella en ese sentido debe ser, en el sentido ideal, una misma para todos los hombres pero no en el plano social, sino legal, que es la que preconiza y garantiza la Constitucin restablecida de Cdiz. As escribe que:
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Pero no por esto deja el esclavo de serlo, ni el hombre de color se pone de repente al nivel del ciudadano blanco...
El documento termina comunicando que el gobierno empleara todos sus recursos para perseguir y castigar" como sedioso perturbador de la quietud pblica", a los que difundieran el nuevo pensamiento con radicalidad, las nuevas "ideas cambiaras", o contrarias a los conceptos o categoras que el usaba para reinterpretar el nuevo orden poltico.
Los librale* doceaistas y los del veinte, en la Pennsula, al igual que los revolucionarios franceses de los primeros tiempos de la
revolucin en Francia mostraron la contradiccin entre el ideal y la realidad, entre la teora poltica y la prctica social. Si bien se mostraron ardoroso defensores de la libertad en el ocaso del Antiguo Rgimen, aupados en el poder la negacin a las masas esclavas de las colonias. Interesados en fortalecer la estructura econmica de su dominacin poltica, pensaron que dada la libertad, su poder se hara frgil, y en breve tiempo se desplomara. Adems, hacan esta concesin a los aristcratas con fines de neutralizar su oposicin. En las colonias espaolas, hay que reconocer, que bajo el rgimen liberal, la situacin del esclavo mejor. Las posibilidades del negro para obtener su manumisin fueron ms amplias que en el rgimen anterior, regulado por las leyes de Indias, y el negro libre cont con un mejor ambiente, menos opresivo y discriminatorio. El rgimen liberal espaol concluy precisamente con el golpe incruento de Jos Nez de Cceres, que, estuvo, entre otras razones, inspirado por las ideas de Simn Bolvar de la emancipacin y la unidad, -conforme con el modelo del sistema federal de los Estados Unidos, de los pases que antes haban sido colonia de Espaa. Nez de Cceres encontr la jsutificacin ideolgica de su movimiento en las ideas renovadoras, pero el anlisis de su pensamiento y las nuevas instituciones que crea sern objeto de otro estudio.
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LA IGLESIA COMO REDUCTO DE LA DOMINICANIDAD
Por Jos Lu is Sez, S. J.
Nadie va a poner en duda que la Iglesia Catlica ha sido una de las instituciones que contribuy positivamente a la conformacin de la nacionalidad dominicana, sobre todo en el siglo XIX. Aunque su historia no haya sido siempre un modelo de integridad, y hasta desempease el papel instrumental de legitimadora del Estado, despus de haber sido colaboradora y ferviente defensora de la monarqua, la Iglesia de Santo Domingo tiene otra cara que mostrar, y pudiera ser una de las fuerzas de afianzamiento del sentimiento nacional.
Varios de nuestros historiadores han estudiado el papel de la Iglesia Catlica en la formacin del Estado o simplemente en la evolucin de la idea separatista. Entre ellos destacan Lenidas Garca liu-beres, Monseor Hugo E. Polanco Brito y Monseor Juan Flix Pe-pn.1
La tesis del historiador Garca Lluberes,en un ensayo galardonado en 1933 con el Primer Premio del Concurso Centenario de Merino, se puede resumir as, en sus propias palabras:
"De dos modos principales e inequvocos ha influido la Iglesia Catlica en la formacin de la nacionalidad y en la creacin de la Repblica Dominicana: por el imponderable ascendiente de sus divinas enseanzas en el espritu de nuestros conciudadanos; y por la activa y fecunda participacin de varios eminentes sacerdotes, honra y prez del clero de la dicesis mfc antigua de Amrica, en la gloriosa e inmortal cruzada de nuestra independe ncia.'
Monseor Hugo E. Polanco Brito, en un discurso pronunciado el 6 de noviembre de 1969 en San Cristbal, recorre los nombres de los eclesisticos que tomaron parte en la redaccin y discusin de la pri-
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mera Constitucin del Estado Dominicana, y hace hincapi en la base cristiana de los que contribuyeron a la creacin de la nacionalidad y del mismo pueblo dominicano.* Por su parte, Mons. Juan F. Pepn, en el ensayo La Cruz Sealo' en Camino, considera que la Iglesia -la "gran modeladora de pueblos"- ha sido el nico aglutinante espiritual que hizo posible "la reunin de elementos tan dismiles en raza y cultura."4 La mezcla logr ser algo tan coherente que, a travs de la historia de tres siglos y medio de vida colonial y ms de un siglo de vida nacional, "abdicar del sentido catlico de la vida entre nosotros, ha sido siempre abdicar de la Dominicanidad."
Nacionalidad y dominicanidad
Si la nacionalidad es la conciencia de pertenecer y estar ligado a un territorio por el lazo indisoluble del nacimiento, esa conciencia que parece estar dormida an a finales del siglo XVIII, se vio latente ya, segn algunos historiadores dominicanos, en los primeros atisbos independentistas de 1805 en Santiago.5
Con la constitucin del primer Estado Dominicana, una vez lograda la separacin de Hait en 1844, los dominicanos logran personalidad jurdica La nacionalidad se convierte entonces en el status legal de que disfrutan los que ya eran dominicanos de nacimiento, aunque la Conciencia Nacional no hubiera alcanzado su desarrollo pleno. Un "proyecto de futuro" -una de las caractersticas esenciales de todo Estado- y las crisis de identidad poltica por la que atravesara la Repblica, iran delineando mejor la conciencia nacional y, por tanto, la dominicanidad. Quizs no est tan alejado de la realidad el destacar la revolucin de 1873, como lo hace el humanista Pedro Henrquez Urea, como la maduracin de la conciencia patria
Como dice en una carta a Federico Garca Godoy, el derrocamiento de Bez fue algo ms que otro golpe de estado: el pueblo unido derroc a toda idea de anexin de la Repblica a un pas extranjero.6
Hay que reconocer que, aunque los convirtamqs con frecuencia en sinnimos, entre los trminos "nacionalidad" y "dominicanidad" hay diferencias, v no slo nominalistas. El primero corresponde a un concepto esencialmente jurdico: su denotacin es la que aparece en los diccionarios y en el texto de la Constitucin. El segundo es eminentemente cultural, y se refiere, sobre todo, a las connotaciones que evoca el primero. Por eso, la conciencia de la nacionalidad, y no slo su ejercicio legal, se acerca ms a esa suma de cualidades, usos y mo
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do de ser nacional, que distinguen a un dominicano de otro que no lo es o lo es solamente en el plano jurdico.
Para llegar a una descripcin del carcter nacional, de eso que podemos llamar con pleno derecho dominicanidad, sera preciso, por los menos, or a nacionales y extranjeros, de una u otra tendencia. Sera preciso releer lo positivo que escribi Lupern en sus Notas Autobiogrficas7, o Eugenio Mara de Hostos en sus Pginas Dominicanas. Pero no podemos dejar de considerar el lado negativo del carcter nacional, tal como lo retrat el pesimismo aristcrata de Am-rico Lugo, el elitismo deFranciscoMoscosoPuello(CartasaEvelina^ 1930-1935) y, por supuesto, el de Jos Ramn Lpez (La Alimentacin y las Razas, 1896). Mientras los primeros alaban las bondad, la hispitalidad o el despredimiento del dominicano comn, los dems se ocupan en desbaratar cualquier ilusin que pudiera forjarse a simple vista. Por eso, hacen hincapi en la idolencia, la volubilidad, y hasta cierto infantilitismo atvico.
Entre los ms cercanos a nuestros das, cabe mencionarlos intentos de descripcin del Dr. Antonio Zaglul y del desaparecido socilogo jesuta, Juan Manuel Montalvo. Aunque probablemente coincidieran en las races del "problema", cuando se trata de tomar postura frente a la realidad concreta, divergen sus enfoques y, probablemente, tambin sus proyecciones futuras. La descripcin de Montalvo se centra en el innegable trasfondo campesino del pueblo dominicano. No se trata del planteamiento simplista del socilogo que repite lo que han estado repitiendo sus antecesores acerca del alto porcentaje de la poblacin campesina, sino de la extraccin histrica de todo un pueblo que, por esa razn, comparte "una serie de caractersticas comunes a muchas sociedades agrarias". El substrato campesino del pueblo dominicano, segn la descripcin de Montalvo, est presente an en las instituciones sociales dominicanas. Basta con "pasar un censo del lugar de origen de las personas que actualmente estn al frente de las principales instituciones de este pas, desde gobernantes, legisladores, eclesisticos, hombres de empresa, etc.." (8). Un buen porcentaje de los que habitan en las ciudades, han sido campesinos en el pasado no muy lejano: ese porcentaje en s "urbano camuflado".
Este substrato agracio explica muchas de las caractersticas del genio nacional: la generosidad, el apego a la tradicin familiar, la "religiosidad natural", el sentido corporativo del trabajo e incluso las deficiencias dietarias, sin caer en el exclusivismo de Jos Ramn Lpez.9
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Para el que nace en estas tres cuartas partes de isla, quizs sea difcil describir ese carcter nacional. Quizs uno como yo tenga algo de ventaja: al tener que pasar por un proceso, interesante, largo y no siempre fcil, de aculturacin, uno ve crecer dentro de s la encarnacin de otros valores, a medida que, externamente, va adoptando nuevas formas de comportamiento y de relacin. Esta experiencia vivida es la nica razn que me mueve a presentar estre trabajo, fruto de la reflexin, ante quienes no tengo ni pretendo otra autoridad.
En una difcil armona, en el modo de ser dominicano conviven rasgos de violencia y ternura. Si tratase de describir los rasgos distintivos del modo dominicano de ser, sobre todo en el "orden morar', incluira su capacidad de comprensin ante las debilidades ajenas, cierta habilidad protectora de la conciencia, rayana en el secreto, y sobre todo, un notable sentido de la tolerancia, fruto indudable del mestizaje cultural, y cuyas huellas se pueden detectar en la marcha histrica del pueblo en busca de su destino.
La Iglesia Catlica y la tolerancia
Aunque la Iglesia Catlica, marcada por los mismos rasgos culturales del conquistador, tard mucho en connaturalizarse con el pueblo conquistado, posiblemente se haba "contagiado" ya de algunos de sus rasgos mestizos a la hora de entablarse la lucha por la idenpenden-cia. Los "vicios catlicos" de la iglesia importada, sin embargo, tanto en lo doctrinal como en la disciplina, afloraran de vez en cuando en actitudes claras de intolerancia. Las races de la intolerancia, por citar una de las caractersticas de la iglesia encarnada en La Hispaniola, hay que buscarlas en su origen metropolitano.
No cabe duda de que la intolerancia es uno de los vicios nacionales del espaol. Al aadirse el ingrediente del catolicismo ancestral, se convierte en lo que algunos han llamado la intolerancia catlica espaola, que puede tener un cariz disciplinar y otro dogmtico. La mezcla de ambos puede derivar en algunos casos en una nueva forma de intolerancia (la moral), de la que se ven reflejos incluso entre los catlicos no practicantes, ya que los vicios culturales se contagian, y llega un momento en que salen del mbito en que surgieron y adquieren carcter cuasi-nacional, como dira Ortega y Gasset.
El carcter del espaol promedio es extremista y absolutista. De ah, como dice Carlos Santamara, que cualquier discusin tome con frecuencia un carcter de "dogmatismo desbordante y generaliza-
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