Title: eme eme : Estudios Dominicanos
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Title: eme eme : Estudios Dominicanos
Physical Description: Book
Publisher: Universidad Católica Madre y Maestra
Publication Date: Mayo-Junio 1985
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Bibliographic ID: PUCMMA0011
Volume ID: VID00080
Source Institution: Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra - Recinto Santo Tomás de Aquino
Holding Location: University of Florida
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CONTENIDO
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Presentacin
Palabras de la licenciada Myrna Guerrero, directora del Departamento de Historia y Geografa, en el acto inaugural del Segundo Congreso Dominicano de Historia.
Palabras pronunciadas por Mons. Agripino Nez Collado, rector de la Universidad Catica Madre y Maestra, en el acto de apertura del Segundo Congreso Dominicano de Historia.
Discurso de Orden pronunciado por el doctor Pedro Troncoso Snchez en la sesin inaugural del Segundo Congreso Dominicano de Historia.
Factores que inciden en la identidad nacional, por Vctor Brens.
El mercado interno como elemento de integracin de la sociedad dominicana: 18441925, por Nel-son Carreo.
"Aporte jurdico a la integracin de la dominicani-dad", por Vctor Jos Castellanos
Documento:
Comisin a Juan de Pealosa: Que en Moguer hiciese cumplir una cdula real ordenando se entregasen a Coln 3 carabelas.
Volumen XIII Nm. 78 Mayo/Junio, 1985
ISNN 0379-8542




Estudios Dominicanos
Volumen XIII Nm. 78 Mayo/Junio, 1985 Santiago de los Caballeros, Repblica Dominicana
CONTENIDO
Presentacin.
Palabras de la licenciada Myrna Guerrero, directora del departamento de historia y geografa, en el acto inaugural del Segundo Congreso Dominicano de Historia..................................
Palabras pronunciadas por Mons. Agripino Nez Collado, rector de la Universidad Catica Madre y Maestra, en el acto de apertura del Segundo Congreso Dominicano de Historia...........'........
Discurso de Orden pronunciado por el doctor Pedro Troncoso Snchez en la sesin inaugural del Segundo Congreso Dominicano de Historia...........
Factores que inciden-en la identidad nacional, por Vc tor Brens..............................
El mercado interno como elemento de integracin de la sociedad dominicana: 18441925, por Nel-
son Car reno...............................
"Aporte jurdico a la integracin de la dominicani-dad", por Vctor Jos Castellanos E.............
Documento:
Comisin a Juan de Penal osa: Que en Moguer hiciese cumplir una cdula real ordenando se entregasen a Coln 3 carabelas.........................


UNIVERSIDAD CATLICA DADRE Y MAESTRA
Monseor Agripino Nez Collado, Rector
EME EME
Estudios Dominicanos
Editada por el Departamento de Publicaciones
DirectorFundador: + Hctor Inchustegui Cabral
Editor: Flix Fernndez
Consejo: Fadhams Mejfa o Carlos Dobal Valentina Peguero o Rafael Yunn o Apolinar Nez Miguel Adriano Tejada o Frank Moya Pons
Periodicidad Bimestral Composicin : Alexandre Alvarez Morel
Fecha de inicio: JunioJulio de 1972 y Matilde de Martnez
ISSN: 03798542 Diagramacin : Chame Romn
Impresin : Impresora Tefilo
Suscripcin: Departamento de Publicaciones Universidad Catlica Madre y Maestra Santiago de los Caballeros, Repblica Dominicana
Precio para el pas: RD$12.00 Precio para el extranjero*. US$12.00
Canje:
_ BibliotecaCanje
Santiago de los Caballeros, Repblica Dominicana


PRESENTACIN
En este nmero y en el siguiente su revista EmeEme, Estudios Dominicanos publicar todas las ponencias presentadas a la consideracin de los participantes en el Segundo Congreso Dominicano de
Historia.
Este evento se realiz en 1985 en el campus principal de la Universidad Catlica Madre y Maestra, ubicado en la ciudad de Santiago.
La publicacin in extenso de estos trabajos se debe al inters que despert esta actividad acadmica y a la importancia que, desde diversos puntos de vista, tiene el tema que sirvi de base al encuentro: aspectos sociales, econmicos, histricos, culturales y antropolgicos que participan en la integracin de la dominicanidad.
Las ponencias estn organizadas siguiendo el orden alfabtico del apellido del autor.
El Editor
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PALABRAS DE LA LIC.MYRNA GUERRERO, DIRECTORA DEL DEPARTAMENTO DE HISTORIA Y GEOGRAFA, EN EL ACTO INAUGURAL DEL SEGUNDO CONGRESO DOMINICANO DE HISTORIA.
Nos reunimos hoy aqu para cumplir con el compromiso contrado hace dos aos, cuando finalizbamos el Primer Congreso Dominicano de Historia, de dar continuidad a los encuentros donde nuestra Historia fuese presentada y discutida a la altura de los tiempos. Ms an, por encima de ese compromiso inicial, la celebracin de este Segundo Congreso Dominicano de Historia surge como consecuencia de un doble motivo: rendir homenaje a quien dedicara su vida a nuestra historia, ese hombre sencillo y afable, tan lleno de conocimiento como de humanidad que fuera Don Vetilio Alfau Duran, y congregar a especialistas e investigadores histricos para esclarecer aspectos, an sin tratar, acerca de un tema tan vigente hoy como en 1844, la Integracin de la Dominicanidad.
Resultara fcil honrar a Don Vetilio de mil maneras, todas igualmente vlidas para un hombre que desde honores. Pero ninguna de ellas le agradar tanto como el ofrecimiento de la recopilacin de nuevos trabajos en torno a esa Historia que tanto am.
Leonardo de Vinci afirm que el amor a un objeto, cualquiera que sea, es hijo de su conocimiento. El amor es tanto ms ferviente cuanto ms cierto es el conocimiento; pero la certidumbre nace del conocimiento integral de todas las partes, que reunidas forman el todo que debe ser amado.
Tal pensamiento interioriz y difundi Don Vetilio, predicando con el ejemplo y preservando hasta sus ltimos das su espritu de investigador.
Tratando de seguir la senda trazada por tantos sabios, la Comisin Organizadora de este Congreso propuso motivar la realizacin de trabajos en base aun tema central, donde se enfocaran los aspectos sociales, econmicos, histricos, culturales y antropolgicos que participan en la integracin de la dominicanidad.
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El respaldo entusiasta de los investigadores nos permite arribar a un Congreso donde esa dominicanidad ser analizada a travs de sus
manifestaciones religiosas, jurdicas, educativas, socio-culturales, antropolgicas y, naturalmente, histricas. Y es que como bien seal Hegel, el espritu de un pueblo es un todo concreto; debe ser reconocido en su determinacin ... se desarrolla en todas las acciones y en todas las direcciones de un pueblo y se realiza hasta lograr gozar de s mismo y comprenderse a s mismo. Sus manifestaciones son religin, ciencia, arte, destinos, hechos. Todo esto, y no el modo por el cual un pueblo est determinado por naturaleza, suministra al pueblo su carcter..."
Ese carcter que nos une est ah, lo vivimos a diario, lo compartimos como el aire insular que nos da vida y lo reconocemos cuando nos albergan otras latitudes. No nos compete ahora el estudio de las expresiones de ese carcter, puesto que han sido tratadas por diversos cnclaves durante los ltimos aos. Por el contrario, nos interesan las races del mismo y sus particularidades a fin de lograr una mejor comprensin del fenmeno dominicano.
Los tiempos actuales, en los que el auge de la comunicacin tiende a homogenizar las sociedades, encubriendo particularidades en aras de una pseudo-universalidad, requieren, cada vez ms, de estos encuentros donde se revise y actualice todo lo relacionado con nuestra identidad. Esa identidad muchas veces pisoteada y otras puesta en duda por aquellos a quienes no interesa reconocer que en esta isla compartida existe un pueblo que gest en el pasado y alimenta en el presente su dominicanidad.
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Nunca antes como ahora se haca imperiosa la necesidad de iniciar nuevas discusiones en torno a ella, puesto que el fortalecimiento de la identidad cultural es el nico recurso que garantiza la supervivencia de los pueblos, cuando stos son combatidos. La Historia nos brinda mltiples ejemplos de pueblos que han desaparecido o permanecido gracias al descuido o proteccin de sus identidades. De ahila trascendencia de este encuentro.
Porque slo la revaloracin de la dominicanidad nos permitir superar nuestros actuales problemas y sobrevivir junto a una Latinoamrica que es la esperanza del futuro. Por ello compartimos las palabras del economista Felipe Herrera cuando dice: "El futuro de la Amrica Latina, en sus relaciones de cualquier naturaleza con las otras regiones del mundo, depende exactamente de su posibilidad de auto-afirmacin. Esto es, en funcin de esa perspectiva, est trazado
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el camino del continente que podra llevar a la formacin de modelos polticos, sociales, econmicos que expresen nuestra realidad autnoma, permitindonos as salir del foso de los pueblos marginales y dependientes para proyectar y, lo que es ms importante, poder reaccionar de acuerdo a nuestra personalidad especfica."
La cantidad y calidad de los expositores augura un Congreso maduro y novedoso que trazar importantes pautas a los historiadores de hoy y a los ciudadanos de maana. Sin ellos y su invaluable aporte intelectual este Congreso no hubiese sido posible. A ellos nuestro especial agradecimiento.
A nombre de la Comisin Organizadora del Segundo Congreso Dominicano de Historia damos las gracias a todas las instituciones y personas que de una forma u otra han contribuido a la cristalizacin de este evento. Agradecemos tambin el respaldo de los participantes con la seguridad de que la experiencia compartida durante estos tres das ser altamente beneficiosa para todos.
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PALABRAS PRONUNCIADAS POR MONS. AGRIPINO NUEZ C, RECTOR DE LA UNIVERSIDAD CATLICA MADRE Y MAESTRA, EN EL ACTO DE APERTURA DEL SEGUNDO CONGRESO DOMINICANO DE HISTORIA.
En nombre de la Universidad Catlica Madre y Maestra y mo personal, tengo el honor de darles la ms cordial bienvenida a nuestro campus y a esta ciudad de Santiago que, con regocijo, los acoge como sus huspedes distinguidos.
Es propicia la ocasin para saludar la presencia en este acto de apertura del Segundo Congreso Dominicano de Historia, del seor Director del Museo Nacional de Historia y Geografa, y coauspiciador junto a la UCMM de este encuentro, as como del orador invitado en
esta ceremonia de inauguracin, doctor Pedro Troncoso Snchez, Doctor Honoris Causa de esta Universidad. Sean, pues, todos bienvenidos, distinguidos acadmicos, historiadores y amantes de esa gran maestra de la vida que es la historia.
Este es un momento muy propicio para hablar de integracin de la dominicanidad. Por eso, felicito a los organizadores de este Seminario por haber seleccionado un tema que nos obliga a una oportuna reflexin acerca del estado de madurez de nuestra sociedad, a ms de 140 aos de nuestra independencia poltica.
Ciertamente, podemos hablar de madurez colectiva y para comprender el proceso basta con que nos situemos en aquella Repblica que surgi a la vida independiente en 1844, traumatizada por los dominios sucesivos que la precedieron y debatindose por definir su institucionalidad y por asegurar su soberana. Una Repblica surgida bajo el lbaro de principios y valores liberales y cristianos, que naci careciendo de recursos materiales, de educacin sistematizada; que no contaba con literatos, cientficos ni artistas. Esta Repblica "montera", como la llama Bono,*medio siglo despus se va a envolver
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en un movimiento cultural importante y en una transformacin hacia la modernidad que result imposible contener a pesar de las contiendas, los caudillajes, los escepticismos y las crisis.
Arnold Toynbbe, al analizar los desafos que enfrenta toda sociedad embrionaria, explica que frente a la intensidad de esa experiencia, el ente nacional reacciona -de una de esta tres maneras: o se paraliza en su evolucin, o se desintegra, o sobrevive. Para muchos his-" toriadores, la sociedad que subsiste frente a toda situacin desafiante o adversa, no slo es poseedora de un gran vigor interior, sino que se convierte en un pueblo milagroso. La historia, que es memoria del hombre, est llena de ejemplos notables.
En la angitedad, el pueblo griego y el pueblo hebreo, que forjaron la personalidad fundamental de Occidente y el ltimo, que mantuvo su identidad arraigada en lo religioso a pesar de las adversidades. Los ejemplos modernos son tambin dignos de admiracin, como la recuperacin de Alemania y de Japn, luego de la Segunda Guerra Mundial, y el milagro de Taiwn.
Como milagroso se puede calificar tambin el caso del pueblo dominicano. Nuestro pas ha sobrevivido los embates fulminantes de una adversidad ininterrumpida, como la llama Ricardo Patee. A pesar de que su desarrollo se ha circunscrito a una geografa estrictamente limitada por la estrecha vecindad de un pueblo diferente, y en muchos aspectos, antagnico; que ha sabido resurgir de las calamidades de ndole poltica y de los permanentes problemas sociales y econmicos en que hemos vivido, el pueblo dominicano ha logrado forjar y consolidar un estado de conciencia nacional, cuya profundidad y contenido recibir amplio escrutinio en las deliberaciones de este Congreso.
Precisamente, la fuerza del ser nacional dominicano, basada en una historicidad particular, ha demostrado tener una gran preocupacin y capacidad para dignificarse, democratizarse y alcanzar un desarrollo acorde a las necesidades que merece satisfacer todo pueblo. Esta preocupacin, compartida por muchos ciudadanos, es lo que me permite hablar de la madurez nacional de nuestro pueblo, la cual trasciende a su condicin de pas en vas de desarrollo, as como al pcsi-
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mismo de quienes no tienen fe en su destino o dudan de su capacidad para sobreponerse a todas las adversidades.
Como se ha dicho, "en la identidad*)profunda de todo ser humano hay una relacin determinante con un espacio y con un pasado". Esta identidad es un factor de sntesis viva y original "perpetuamente recomenzada", porque "la identidad representa cada vez ms la condicin misma del progreso de los individuos, de los grupos, de las naciones, pues en ella quien anima y sostiene la voluntad colectiva, suscita y transforma el cambio necesario en una adaptacin creadora".
Si aplicamos estas ideas al devenir de la sociedad dominicana, veremos que, histricamente, hemos sido la suma de muchos elementos aparentemente dispersos y, como sociedad, hemos permanecido abiertos para recibir otras influencias, sencillamente porque como pas somos parte de una civilizacin planetaria, caracterizada por esfuerzos comunicativos que buscan uniformizar la conducta social y que, en nuestro caso, como el de otros pases, han producido inquietudes por la defensa de la identidad propia.
En la Encclica sobre el desarrollo de los pueblos, Su Santidad Paulo VI llama la atencin respecto a los peligros que se ciernen sobre el ser nacional y afirma que "la solidaridad mundial, cada da ms eficiente, debe permitir a todos los pueblos llegar a ser por s mismos artfices de su destino ... Si para llevar a cabo el desarrollo se necesitan tcnicos cada vez en mayor nmero, para este mismo desarrollo se exige ms todava pensadores de reflexin profunda que busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a s mismo..."
La Universidad Catlica Madre y Maestra, identificada como es lgico con el pensamiento de la Iglesia y consciente de su misin como institucin acadmica, promociona y valora todo aquello que contribuye a fortalecer al hombre y, en nuestro caso particular, al dominicano en la triple dimensin de la defensa de su ser cultural, de su humanismo fundamental en lo cristiano y de su apertura para renovarse acorde con los signos de los tiempos. En esa funcin de dominicanidad, la Universidad permanentemente se preocupa y trabaja en procura de un dilogo que conduzca a la bsqueda de la verdad. Por ello nuestro apoyo entusiasta a este Segundo Congreso Dominicano
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de Historia y el tema central del mismo, que, estamos seguros, estimular enriqueced ores debates que nos ayudarn a comprender mucho mejor los procesos y los^ componentes que han permitido la formacin y el fortalecimiento de nuestra identidad nacional.
Les reitero mis expresiones de bienvenida, con la seguridad del xito de estas deliberaciones que tan auspiciosamente se inician en este primer Santiado de Amrica y en esta Universidad, que ha sido y se siente honrada de seguir siendo la casa de cada uno de ustedes.
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DISCURSO DE ORDEN PRONUNCIADO POR EL DR. PEDRO TRONCOSO SNCHEZ EN LA SESIN INAUGURAL DEL SEGUNDO CONGRESO DOMINICANO DE HISTORIA.
Agradezco al Comit Organizador del Segundo Congreso Dominicano de Historia, que se celebra en esta sede de la ilustre Universidad Catlica Madre y Maestra, la honradora invitacin para que intervenga en su sesin inaugural.
Como ya se ha anunciado, el tema central del Congreso es la "Integracin de la Dominicanidad".
Dada la amplitud de este tema, dentro de su enunciado cabe la cuestin del proceso de formacin de la idea nacional o de la conciencia patria, que es un tema en el cual me he ocupado por aos. Por esta razn les pido permiso para discurrir acerca del mismo, en forma resumida, dando as a este discurso de orden cierto carcter de ponencia.
( En un ensayo acerca de la constitucin poltica de la Repblica, los profesores espaoles Javier Malagn Barcel y Malaquas Gil Arantegui perciben la madurez del sentimiento de patria dominicano aun antes de la independencia. Dicen que el Tratado de Basilea de 1795, las invasiones haitianas de principios de siglo XIX, el perodo francs, la reincorporacin a Espaa de 1809, la "Independencia Efmera" de 1821 y la larga ocupacin haitiana de 1822 a 1844 "crearon las condiciones posibles para que un pueblo sometido a tales pruebas de influencias distintas, pero de finalidad idntica, despertara en su propia conciencia y aspirara a ser libre y a modelar su autentica personalidad".
Ellos afirman que el dominicano, antes de ser independiente y por causa de la vecindad de Hait, "tena ya planteado como pueblo uno de los problemas geo-polfticos ms delicados". En apoyo de esta afirmacin citan la teora expuesta por Friedrich Ratzelensu Antro-
pogeografa, aceptada por Bruhnes y por Vallaux, segn la cual la vecindad de un pueblo diferente y hostil es decisiva "para caracterizar
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una nacin como comunidad diferenciada, como estmulo de posibilidades histricas futuras y como signo de madurez histrica".
Cito a estos autores no dominicanos para ayudarme a ver nuestra idiosincrasia porque a veces, por aquello de que "los rboles no dejan ver el bosque", conviene consultar a quienes la ven desde alguna distancia en una ms amplia perspectiva.
Ningn pueblo en Amrica ha recibido como el dominicano tantos incentivos para crear conciencia de su propia identidad y un comn espritu de empresa defensiva. Y no a partir del Tratado de Ba-silea, como dicen los citados autores espaoles, sino desde mucho antes. En su monografa histrica "La Isla de la Tortuga" que describe el drama del pueblo dominicano en el siglo XVII, dice Manuel A. Pe-fa Batlle que la protesta contra la devastacin de poblaciones costeras de 1605 y 1606 ordenadas por el Rey Carlos III para acabar con el comercio ilegal "nos muestra y ensea hasta dnde haba comenzado ya a definirse y precisarse en la colonia un espritu social y econmico independiente". Es lo que desde su punto de vista de general espaol en e siglo XIX, califica Jos La Gndara, en su "Historia de
la Anexin y Guerra de Santo Domingo", como "sentimiento de salvaje independencia* de los dominicanos, estimulado -dice el militar-por "los mltiples desaciertos" de su gobierno.
En realidad, en aquellos remotos tiempos el dominicano se sinti movido por el instinto de su propia defensa. Y no contra un enemigo de Espaa sino frente a una accin de quienes lo gobernaban desde la Repblica Ibrica. Era que la inveterada violacin del monopolio comercial que ejerca la metrpoli en las tierras de Amrica y concretamente en esta isla, constitua ya una importante base de su economa
y, por supuesto, vio en su supresin una catstrofe que pona en peligro su existencia.
El intercambio comercial de contrabando con mercaderes extranjeros en los puertos que no eran Santo Domingo fue un hecho natural e inevitable en el cual incurran hasta las autoridades.
Contra el permanente estado de desobediencia nada pudieron la accin de la justicia colonial y las medidas policiales en el ltimo tercio del siglo XVI y primeros aos del XVII. Por sobre ellas se impona una ley de vida. El rgimen monopolstico era a todas luces un orden jurdico contra natura.
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liego un momento en que, al no poderse cortar con los drsticos medios empleados el ilegal comercio, el Rey Felipe III resolvi acoger una peticin que antes haba rechazado para que ordenara suprimir las poblaciones costeras delincuentes. Eracomocurarcon la muerte a un sujeto afectado por larga enfermedad.
Un da de 1958, un antiguo escribano de Cmara de la Cancillera de Santo Domingo, Alfrez Mayor y Regidor Baltazar Lpez de Castro, quien se encontraba en Madrid subjudice por malversacin, tuvo la ocurrencia de dirigirse al Rey, el poco dotado Felipe III, para ver de recuperar una gracia que le haba negado Felipe II. Le escribi dos extensos memoriales en los cuales expuso al monarca la, a su juicio, mala situacin en que se hallaba la Isla Espaola por causa de los rescates que en los puertos del Norte y del Oeste ejercan corsarios de los reinos que disputaban a Espaa su posicin, y le propuso el nico remedio que a su juicio poda conjurar el mal: la destruccin de dichos puertos. En apoyo de su sugerencia someti un plan para trasladar a sus habitantes a tierras del interior cercanas a Santo Domingo.

Quizs no hubieran merecido mayor atencin los prolijos memoriales de Lpez de Castro, pero su recibo coincidi con la llegada a la Corte'de la alarmante noticia de que el Almirante Juan de Urdaire haba sorprendido en el puerto de Guanahibes once naves extranjeras en operaciones de contrabando. El arbitrio de Lpez de Castro fue entonces acogido por el Rey, a instancia del Duque de Lemos.
El escribano de cmara pudo regresar a Santo Domingo trayendo la real orden de destruccin de poblaciones y conduccin de sus vecinos a tierra adentro, en donde no pudieran comerciar con los herejes. En el documento emanado del Rey se le enomendaba asesorar a las autoridades designadas para ejecutar la operacin, que lo eran el Gobernador y Capitn General de la Colonia Antonio Osorio, y el Arzobispo de Santo Domingo, Fray Agustn Dvila Padilla.
La brbara medida iba a dislocar en su base la vida econmica de todo el pas porque no solamente los pobladores de los pueblos condenados a muerte participaban en el trfico. Tambin los vividores de las regiones internas que provean los cueros, el oro, la plata, las perlas, el azcar, el gengibre, la caafstola, el ail, la pimienta, el tabaco, el palo de guayacn, las frutas y los dems productos que adquiran los mercantes holandeses, franceses e ingleses, a cambio de esclavos, paos finos, lencera, cercas, jabones, vinos, azogues y cuantas mercaderas producan las fbricas y talleres de la Europa nrdica o eran robadas por los corsarios en el mar.
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El Gobernador Osorio no fue capaz de identificarse con el movimiento de autodefensa de la comunidad puesta a su cuidado. Al contrario, viejo y furibundo enemigo de los rescatadores y partidarios del brutal correctivo, se constituy en su vehemente ejecutor.
El otro dignatario designado para la ejecucin de la orden, el mitrado Fray Agustn Dvila Padilla, ponder en cambio el horror de lo dispuesto y trat de impedir que a su grey le cayera tal desgracia, que la condenaba a la miseria. Tantos fueron el esfuerzo y los sufrimientos del arzobispo en su desigual lucha con el gobernador, que le sobrevino un grave quebranto de salud a consecuencia del cual muri
a mediados de 1603, justo en el momento en que se dispona a influir directamente en el Rey para evitar el desastre.
Desaparecido el obstculo que representaba la oposicin del Arzobispo, Osorio desoy el parecer adverso de la mayora de los odo-' res y puso manos a la obra. Hizo devastar las villas costeras y hasta pueblos mediterrneos no incluidos en la orden. El incendio y la matanza, esa apocalipsis que con vivos colores nos ha grabado en la retina el poeta Pedro Mir, fueron la respuesta a las splicas y a la resistencia de los perjudicados.
La protesta popular estuvo encabezada por el Cabildo de Santo Domingo bajo la direccin del regidor Alonso Manso de Contreras, y en el puerto de Guaba (hoy Goave en Hait) el conflicto alcanz proporciones de alzamiento armado capitaneado por Hernando de Montero, personaje a quien deberamos recordar como la ms lejana encarnacin del ideal de soberana hecho realidad en el siglo XIX.
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Montoro y sus milicianos se hicieron fuertes por breve tiempo pero tuvieron que plegarse ante el empuje de los refuerzos llegados de la capital. Algunos de los rebeldes fueron capturados y ahorcados pero Montoro logr escapar en una de las naves extranjeras. De este modo termin en la erq colonial la primera sacudida social dominicana provocada por una inicua accin en la propia metrpoli.

Consumada la devastacin, quedaron desamparadas las costas Norte y Oeste de la Isla Espaola, y su poblacin obligada a trasladarse al Este de una famosa guardarraya, especie de frontera entre la parte de la isla que poda ser legalmente habitada y la amplia zona prohibida, que ocupaba las cuatro quintas partes del territorio insular segn puede verse en el mapa publicado en el Resumen de Historia Dominicana de Frank Moya Pons.
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As comenz el proceso de irrupcin extraa que a mediados del siglo XVII culmin con el formal establecmeinto de la colonia francesa de Saint Domingue en el occidente de la isla.
Si no se perdi totalmente Santo Domingo, segn le ocurri a Jamaica, como asiento de una comunidad hispana, se debi al esfuerzo de los pobladores de la parte oriental ms que al de la madre patria. "No tenamos bastantes soldados para defender los puntos codiciados" dice el general espaol Adriano Lpez Morillo en su obra Segunda Reincorporacin de Santo Domingo a Espaa.
El deseo de los nativos era seguir siendo subditos de su Majestad Catlica no obstante la dejadez de la metrpoli. Otro atributo no les era posible concebir a la altura del siglo XVII, pero como los mova un querer propio, en el alma colectiva germinaba el espritu de la futura nacin.
Un representante de esa realidad social lo fue Juan Francisco Montemayor y Crdoba de Cuencia. Este Oidor y Gobernador Interino no era dominicano de nacimiento, como tampoco lo fue el Arzobispo Dvila Padilla, pero, identificado con los criollos, su actuacin en 1655 tuvo ms sentido de defensa, por propia cuenta, de este rincn del orbe hispnico que el de una accin de Espaa para proteger su primer establecimiento americano.
Tambin fue obra de los criollos isleos, dirigidos por el noble caballero, y no empresa del poder colonial, el triunfo sobre la formidable expedicin inglesa que en tiempos de Cromwell y capitaneada por Penn y Venables se acerc a la ciudad de Santo Domingo en el mismo ao 1655.
Como se sabe, la lucha librada en 1654 y 1655 para recuperar el dominio hispano en la parte occidental de la isla result a la postre intil. La actitud casi indiferente de Espaa dio lugar a que los franceses volvieran al territorio reconquistado y reanudaran sus hostilidades contra la parte oriental.
Una sucesin de acontecimientos y tratados en la Segunda mitad del siglo XVII y en el XVIII jalonaron el progresivo desdn de la madre patria: el Tratado de Nimega de 1679; la aceptacin por el Gobernador Sandoval y Castillo de la ocupacin francesa de la adyacente isleta de La Tortuga como un hecho cumplido en 1680; la paz de Riswick en 1684; la tregua de Ratisbona en 1697; la ascencin en 1701 al trono espaol de Felipe V, nieto del poderoso
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Luis XIV, que inclin la poltica peninsular en favor de Francia; los tratados de Utrech de 1717, y el pacto de lmites firmados en Aran-jezenl777.
Este ltimo tratado pareci marcar el momento en que se contena el proceso de perdimiento para Espaa de la Isla de Santo Domingo, puesto que defina una frontera entre las posesiones espaola y francesa, pero con los aos se vio que slo fue una etapa en el camino que iba a terminar en la total entrega en 1795. A esta etapa francesa pusieron trmino los propios dominicanos con un espritu muy parecido al que mova a los otros pueblos hispanoamericanos para emanciparse de Espaa, como se ver ms adelante.
La fuerza que se opuso a la irrupcin desde el Oeste de los vecinos diferentes y hostiles fue esencialmente el pecho y los machetes de los criollos. Los milicianos que integraban las llamadas "cincuentenas" eran el ncleo de la lucha secular del pueblo dominicano para seguir siendo lo que era desde el siglo anterior. Esos grupos paramilitares de cincuenta hombres -que luego se redujeron a treinta- subdivididos en pelotones, representaron la tropa de choque que resisti las ofensivas conquistadoras de Bertrand d'Ogeron durante los doce aos que ste gobern la colonia francesa de Saint Domingue en la segunda mitad del siglo XVII.
"En aquella lucha sin cuartel -dice Pea Batlle en "La Isla de la Tortuga" de insospechada ferocidad, se templ para siempre el temperamento colectivo y el espritu nacional de los dominicanos".

"Las cincuentenas" fueron igualmente nuestra defensa contra la invasin emprendida en 1689 por Coussy, y fueron sus aguerridos componentes quienes forjaron la victoria en la batalla de la Sabana Real el 21 de enero de 1691.
Las mismas "cincuentenas", cuyas plazas se heredaban de padres a hijos, fueron las unidades de combate que asaltaron por tercera vez la reconstruida colonia francesa cuando su siguiente gobernador, Ducasse, se dispona a reiniciar la campaa conquistadora de la parte de la isla conservada por Espaa.
Los ataques del enemigo vecino se sucedan poniendo una y otra vez a la castigada parte espaola en trance de desaparicin. Los dominicanos combatan con ms sentido de defensa de la propia heredad que como custodios de los dominios de su Majestad Catlica. La prueba est en que la prolongada alianza franco-espaola y la con-
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siguiente paz en Los Pirineos desde principios del siglo XVIII no fueron razones bastantes para que en el territorio dominicano se dejara de resistir a la extraa penetracin, a pesar de que la metrpoli no haca nada por recuperar la parte quitada de la isla. Esta situacin dio lugar a que en la primera mitad el mismo siglo XVIII la parte espaola decayera hasta casi morir de inanicin.
Estaba Santo Domingo en los estertores de la agona cuando tuvo la suerte de ser gobernada desde 1739 por Pedro Zorrilla de San Martn, Marqus de la Gndara Real. A este personaje lo percibimos formando parte de una misma connotacin histrica junto a Dvila Padilla, Hernando de Montero, Alonso Manso y el Capitn Montema-yor. Se encari con el pas y lo gobern con pericia de veterano en lides administrativas y productivas. Hubo repoblacin, ms agricultura, reelaboreo de las minas, mayor comercio y hasta se ejerci el corso.
Actu Zorrilla segn se lo exigan las necesidades de la sociedad puesta a su cuidado, sin que recibiera patrocinios especiales de su rey. Su gestin de gobierno fue tan notable que despus de su partida los dominicanos le dedicaron una columna, el nico monumento erigido en la era colonial. En mi opinin, el Marqus de la Gndara Real lleg justo en el tiempo de evitar la muerte de la comunidad y su sustitucin por otra diferente. De este modo sent las bases econmicas que permitieron ser buenos los sucesivos gobiernos de Rubio y Pearanda y de Azlor durante los reinados de Fernando VI y Carlos III, as como para enfrentar los graves sucesos de finales del XVIII.
A la altura de 1775 no caba pensar en la expulsin de los franceses de la parte occidental. Su larga posesin tena los caracteres de una legitimidad basada en la aceptacin de Espaa y en la notable explotacin del pas, fundada en la esclavitud. Tampoco era cuerdo por parte de Francia, habiendo paz en los Pirineos, emprender de nuevo la conquista de la vecina colonia espaola. La prolongada amistad entre ambas haba convertido en frontera lo que en tiempos pasados fue lnea de fuego. Lleg el da en que se impuso la idea de trazar una raya divisoria. Dos riachuelos, el Masacre en el Norte y el Pedernales en el Sur, situados en los puntos extremos de la marca, ambos en el Meridiano 71:45 al Oeste de Greenwich, fueron las primeras seales precisas. El trazado en el terreno se realiz en 1776 y al ao siguiente en el Palacio Real de Aranjez el acuerdo local de fronteras qued convertido en un Tratado entre Espaa y Francia.
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Pareci que ah se detena el proceso de transformacin de la isla. Pareci que por siempre se salvaba la dominicanidad, si bien instalada en una heredad ms reducida. As sigui parecindolo hasta 1793 a pesar de la conmocin producida desde antes por la insurreccin de los esclavos de Saint Domingue. En el ao de la decapitacin de Luis XVI, perpetuado como "el ao terrible" en la conocida novela de Vctor Hugo volvi l guerra entre las dos potencias que desde el comienzo de la centuria haban estado dinsticamente hermanadas. Volvi porque en Francia dej de haber un rey Borbn y la monarqua qued sustituida por una Repblica revolucionaria que se enfrentaba al rgimen espaol de Carlos IV. Este cambio tuvo desastrosas consecuencias en la isla dominicana.
Como los sublevados de la colonia francesa se vieron en el caso de combatir a los representantes de la revolucin, como antes haban combatido a los del antiguo rgimen, porque no extendieron hasta ellos los proclamados derechos inherentes a todo ser humano, se form una de las alianzas ms raras de la historia: realistas espaoles con negros alzados apoyados por los ingleses desde el mar, se juntaron para aniquilar a los defensores de la nueva repblica francesa. Cuando aquella extraa mezcla enarbolando el pendn rojo y gualda avanz triunfante en el territorio colonial francs, se debilit el sentido fronterista de la posesin de la isla. Para qu irrumpan los espaoles en el pas ajeno? Para extender su colonia? Para entregarlos a los antiguos esclavos y retirarse? Para gobernarlo asociados con stos sin esclavitud? Dadas las circunstancias de la poca, cualquiera de estos propsitos hubiera sido un absurdo. Aquella intervencin slo se explica mirndola como una prolongacin de la lucha que en Europa libraban espaoles y franceses. No responda a un designio local dominicano. El Gobernador y Capitn General de Santo Domingo, Joaqun Garca, no encarn en aquel momento el alma colectiva dominicana como en su poca Juan Francisco Montemayor. Tampoco defenda la abolicin de la esclavitud. Le bast el propsito de combatir a los revolucionarios franceses.
Las consecuencias de esta campaa fueron psimas para la comunidad dominicana. Tan pronto como los republicanos de Francia ofrecieron al cuadillo negro Toussaint L'Overture en mayo de 1794 la libertad de los antiguos esclavos, los sublevados de Saint Domingue dieron un giro de 180 grados y sorpresivamente degollaron a sus monrquicos aliados. Cuando el arbitro de los espaoles Manuel Godoy, valido de Carlos IV, vio perdida la partida propuso la paz involucrando en un todo al frente de batallla europeo y la guerra antillana y ofreci a Francia la parte espaola de la isla a cambio de desocupar
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las provincias vascongadas y Catalua. La paz se concert a esa base y fue firmada en Basilea, Suiza, el 22 de julio de 1795. La isla central de las Grandes Antillas, la nica tierra conquistada para Castilla por el propio Cristbal Coln; el primer asiento de la civilizacin cristiana en Amrica, dej de ser una posesin de Espaa, y Francia se convirti en duea de la isla entera. Para el gobernante peninsular fue este el feliz remate de una contienda: un hecho de efectos salu-dables como lo es la extirpacin de un cncer. Fue el smil utilizado por Godoy para justificar la cesin. Santo Domingo dejaba de ser, al parecer para toda la eternidad, una posesin espaola que slo llevaba problemas a la Corona. Era el ltimo acto del drama comenzado en 1605 con la destruccin de los puertos que ejercan el contrabando.
Al verse los dominicanos entregados por la madre patria a su secular enemigo; a la nacin en que ellos vean, por siglos, el peligro de perder sus esencias de origen, sufrieron la ms dolorosa de las sorpresas. Fue un impacto emocional superior seguramente al que hubieran sufrido con una conquista por la fuerza.
Es difcil representarse el complejo de sentimientos en la conciencia dominicana de entonces por causa del arreglo de Basilea. Por generaciones haban luchado los criollos por conservar el estilo de vida que les era innato. Esta lucha la haban librado o resistindose a acatar la voluntad de la metrpolis o contra fuerzas extraas. En aquella brega haban desarrollado un espritu propio. No obstante las diferencias tnicas presentadas por la poblacin, este espritu social tena raz hispnica. Los dominicanos no eran otra cosa que hijos espirituales de Espaa, de sus frailes, capitanes y maestros; de sus concepciones tradicionales, de sus costumbres ancestrales, de su idioma y de su tpica religiosidad. Para saberse as diferenciados les haban valido sus contactos con el vecino diferente y hostil.
Era su propio rey quien los menospreciaba y los mandaba al enemigo de ayer pero qu podan hacer los dominicanos para seguir siendo lo que eran? Como nicamente conceban ser apndices de una metrpolis porque no se representaban todava la idea de la independencia, slo deseaban volver a ser subditos de Su Majestad Catlica. Era lo que encajaba en su naturaleza. Ser distintos, es decir, acomodarse al estilo francs de vivir, de pensar y de hablar, o buscar la independencia, era como girar en el vaco, perderse en angustiosa desorientacin. Por eso entre el dolor de verse abandonados se filtraba la nostalgia de la madre patria, de su modo natural de ser. En esta
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cavilacin cobraba cuerpo su esperanza de que ambas potencias reconsideraran el acuerdo de traspaso.
Esestaunaconyunturahostricaencualpercibo, como veremos, una real contradiccin en lo profundo del alma dominicana. No es el
nico caso en la historia.
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"Apelaron a la humanidad de su soberano pero sin resultado alguno". As dice el cronista ingls William Walton, gran conocedor del pas, en una obra descriptiva de la parte espaola de la isla editada en Londres en 1810 y recientemente reeditada por la Sociedad Dominicana de Biblifilos. Este autor trae un dato que da idea de cmo se agudiz el ingenio de los dominicanos al expresar sus protestas contra la cesin, y de cmo la dramtica situacin les estimulaba una conciencia nacional.
Es la noticia de que los dominicanos, recordando que la isla era un derecho inmediato del Prncipe de Asturias, que entonces lo era el futuro Rey Fernando VII, alegaron que el traspaso no era vlido sin su consentimiento. Invocaron otro argumento ms significativo: que la cesin necesitaba igualmente de la aprobacin de los habitantes del pas porque cuando fu capturada la colonia por Francis Drake en 1586 ellos la readquirieron por propio esfuerzo pagando un rescate de 30,000 ducados reunidos por los vecinos de la ciudad de Santo Domingo, lo cual les dio'un derecho sobre la isla, igual al de Espaa fundado en el Descubrimiento.
Al perder toda esperanza los dominicanos, atestigua Walton, "la emigracin se hizo general: casi la tercera parte de la poblacin se traslad a tierra firme, a Cuba y a Puerto Rico, buscando sus propias leyes y su propia bandera".
La nostalgia dominicana aument cuando, a consecuencia de las dificultades que por cinco aos demoraron la efectiva ocupacin del pas por los nuevos amos, los criollos se vieron en 1801 bajo el dominio del ejrcito de ToussaintL'Ouvertureaudazmente erigido por s mismo en ejecutor del Tratado de Basilea.
Pese a que esta primera invasin de los antiguos esclavos de Saint Domingue trajo la abolicin en la parte espaola de esa grave ofensa al gnero humano que era la esclavitud y a que Toussaint dispuso medidas para el fomento agrcola en el pas, la extraa ocupa-


cin profundiz an ms la inconformidad de los dominicanos e increment el xodo de la poblacin.
Vencido ms tarde Toussaint por la expedicin enviada por Napolen y organizado el Gobierno por franceses continentales, el disgusto de los dominicanos continu. Francia era una nacin adelantada y prestigiosa pero ellos no entendan ni se acomodaban a sus nuevos gobernantes, ni estos comprendan a los dominicanos. El dato aparentemente trivial de que en las calles de Santo Domingo la soldadesca francesa haca burla de las posesiones religiosas, esa manifestacin tan importante de las viejas tradiciones, es suficiente para ilustrar el choque que en todos los aspectos se produca entre las dos diferentes concepciones de la vida, que de buenas a primeras se interpe-netraban sin un previo plan de adaptacin.
Volver a ser espaoles era pues la nica perspectiva aceptable-para recobrar la normalidad de la vida. El coeficiente diferencial no estaba ya al lado sino metido en la propia casa. La hora de madurar una conciencia social y de formar una fuerza rectificadora haba llegado. Una solicitud a la antigua madre patria para que enviara desde la pennsula una fuerza reconquistadora de la perdida colonia estaba desde luego descartada. Esa reconquista la llevaran a cabo los dominicanos, aunque contando con alguna ayuda de Cuba y Puerto Rico. Tambin qued desestimada la idea de un levantamiento por la independencia con apoyo haitiano, por el peligro que implicaba.
As se comprende que no obstante su rechazo de la cesin del pas a Francia, los dominicanos pelearan hombro con hombro junto a los franceses llegados de Europa para combatir a L'Ouverture en
1801 y en la campaa que sostuvieron en 1805 para oponerse a las invasiones haitianas capitaneadas por Dessalines y Christophe. En aquellas circunstancias era la mejor forma de defender sus esencias de origen y las bases vitales de su existencia, como en los siglos XVII y XVIII. No era ciertamente la soberana francesa en el pas lo que defendan los dominicanos cuando peleaban integrados a las tropas de los generales Kerverseau, Bassimont y Aussenac frente a los ataques haitianos. Era su condicin de comunidad hispanoamericana, diferente del pueblo vecino y agresivo.
En el curso de la era francesa en Santo Domingo, a partir de
1802 y sobre todo desde 1804, hubo sin duda francfilos entre los dominicanos. El brillo de la Francia napolenica surti sus efectos en el pas. Una vez rechazada la invasin de los vecinos se advirti que se iniciaba una administracin competente y progresista y que el
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gobernador francs, general Louis Ferrand, era hombre capacitado y bien intencionado. Gracias a que Napolen I, en el apogeo de su poder, dispuso la apertura de un crdito en Filadelfia a disposicin del gobernador Ferrand, hubo recursos para reorganizar rpidamente la colonia e impulsar su desarrollo econmico y cultural.
A la obra de progreso se uni el tacto del gobernante al ir eliminando cuantos motivos de disgusto perciba en la poblacin con motivo del cambio de soberana y al dictar disposiciones tendientes a respetar las leyes, usos, costumbres y tradiciones dominicanas. Lo hizo con el cuidado que suele poner una segunda esposa inteligente para ganarse el cario de los hijos del primer matrimonio de su marido. Hubo inmigracin y trabajo productivo en campos y ciudades. Hubo grandes proyectos de inters general, como el del Puerto Napolen en Saman, e inicio inmediato de su ejecucin. Hasta rebaj impuestos, que es el recurso ms seguro de que puede echar mano un gobernante para conseguir la simpata de sus gobernados.
Sin embargo, esa realidad y esa bella perspectiva no fueron suficiente estmulo para que la mayora de los dominicanos dejara de aorar su antigua condicin de espaoles. No podan aceptar la interferencia del refinado pero extico idioma francs en su habla castellana y el tutelaje de una nueva metrpoli, que a ellos no les pareca la legtima.
La nostalgia dominicana encontr en el criollo brigadier Juan Snchez Ramrez su principal instrumento operativo. Haba nacido en 1762 en la entraa del pas, en la mediterrnea regin de Cotu y era un veterano de las luchas contra el poder de Francia en la isla. No bien conoci ? Snchez Ramrez los sucesos ocurridos en la pennsula ibrica en mayo de 1808, se puso en movimiento.
De su finca de Macao, en la costa oriental, se dirigi a la ciudad de Santo Domingo a ganar adeptos. Su prestigio era un hecho que preocupaba al gobernador Ferrand, quien lo invit a su mesa en inters de confirmar su sumisin, que vea dudosa. Este gesto del francs no le hizo variar su oculta resolucin. Pas a Santiago y a otros pueblos de la regin del Cibao y continu sus trabajos conspirativos. En Puerto Plata quiso aprovechar la presencia de un buque espaol para enviarlo a Puerto Rico en procura de armas, municiones y tropa. Al efecto prepar unos pliegos y design a dos comisionados cerca del gobernador de aquella isla, general Toribio Montes, pero el barco fue embargado a diligencia de un jefe dominicano al servicio de los franceses que antes aparent adhesin a Snchez Ramrez.
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En el lado sud-occidental operaban ya, con apoyo haitiano, los cabecilas Ciraco Ramrez y Cristbal Huber Franco, respaldados por Montes, cuando Snchez Ramrez aprovech la ocasin de una nave espaola surta en Saman, para escribir otra vez al gobernador de Puerto Rico el 17 del mismo septiembre. Consecuencia de esta correspondencia y de diligencias de emigrados dominicanos en Puerto Rico fue la comunicacin del Gobernador Montes a la Junta Suprema de Sevilla participndole, el 15 de octubre, su determinacin de
reconquistar Santo Domingo. El 28 del mismo mes llegaba a la costa de Macao, procedente de Puerto Rico, la goleta espaola "Monserra-te" con la noticia de que pronto llegaran los auxilios solicitados a Montes por Snchez Ramrez.
Con este aliento redobl el caudillo sus diligencias al tiempo que el gobernador francs Ferrand, al tanto de los acontecimientos, se dispona a sofocar la inminente rebelin. Ganadas una auna para la causa de la reconquista las autoridades criollas que estaban al servicio de Francia en la regin oriental, le fue fcil a Snchez Ramrez tomar posesin de la villa del Seibo el 26 de octubre.
No tard en llegar a los sublevados la noticia de que el propio gobernador francs Ferrand se diriga al Seybo con una fuerza respetable, decidido a dominar la revuelta. Era un regimiento de veteranos de campaas napolenicas. El momento era grave para los revolucionarios. Snchez Ramrez dispuso todos los preparativos y aprovech la presencia de barcos de guerra ingleses en las costas dominicanas para conseguir su apoyo en la Baha de Saman. Coincidencialmente las fuerzas de Ciraco Ramrez y Hubert Franco ocupaban la villa de Azua.
A la "terrible" intimacin de Ferrand contest Snchez Ramrez hacindole saber que estaba dispuesto a medir sus fuerzas con las francesas. Al General Gobernador le pareci aquello una fanfarronada.
La batalla se libr el 7 de noviembre en el paraje de Palo Hincado en la forma que todos conocemos y Ferrand se suicidio.
El triunfo de Palo Hincado determin, a mi juicio, un cambio en la actitud del caudillo criollo y en la naturaleza del movimiento, poniendo de manifiesto la honda contradiccin en el alma dominicana, a que antes me refer.
Los hechos que siguen a aquella batalla revelarn que su vence-
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I
dor actu en lo adelante como un caudillo independiente. Las medidas que a su solicitud haba tomado el gobernador de Puerto Rico, Toribio Montes, le parecan ahora intromisiones y no hizo caso de las rdenes y nombramientos que de ste emanaban. Desconociendo la autoridad del Coronel espaol Andrs Saturnino Jimnez, a quien Montes haba enviado con el ttulo de "Comandante en Jefe de la Tropa y Fuerza Armada de los Espaoles que bloquean la Plaza de Santo Domingo". No acept el cargo de "Segundo Comandante con rango de Teniente Coronel", con que el gobernador de Puerto Rico le nombraba. En Santo Domingo slo mandaba l, el Brigadier Juan Snchez Ramrez, y as se lo hizo saber en forma corts al espadn que desde Puerto Rico presuma de ser su jefe.
El cronista francs Guillermin en su Diario Histrico de la Revolucin de la parte del Este de Santo Domingo dice: "Snchez, que tena la pretencin de someter la plaza (de Santo Domingo), soportaba con suma pena el estado de dependencia en que trataba de tenerlo Don Toribio Montes, atribuyndose el derecho de vigilancia sobre la parte del Este". Y luego informa: "Ofendido de no desempear sino un papel secundario en un pas que l pretenda haber conquistado, provoc enseguida la formacin de una Junta Central en Bondillo, en la que fue proclamada por unanimidad Capitn e Intendente General de la Parte Espaola de Santo Domingo, liberndolo de toda clase de vasallaje respecto del Gobernador de Puerto Rico, al cual l no le dejaba sino el ttulo de protector".
La mencin de esta Junta de Bondillo, a que se refiere Guillermin, representa un punto culminante para lo que me propongo demostrar.
Cuando las fuerzas reconquistad oras ponan sitio a la ciudad de Santo Domingo, el Brigadier Snchez Ramrez instal su cuartel general en una vieja casona en el cercano paraje de Bondillo, que hoy ni se menciona y es suburbio al noroeste de la capital, entre Herrera y Manoguayabo. La localizacin del lugar me la hizo el Instituto Geogrfico Nacional cuando lo diriga el Ing. Jos Joaqun Hungra Morell.
En aquella casa cuyos vestigios es preciso buscar, el caudillo hizo reunir el 13 de diciembre de 1808 una Asamblea de representantes de los diecisiete pueblos del pas. En nuestra historia este hecho no tena precedentes e inicia una etapa en la evolucin poltica del pueblo dominicano.
V
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Fue una primera manifestacin de soberana, no guerrera y de
carcter formal. Estirando el concepto, puede decirse que en atencin a sus recnditas motivaciones, a la iniciativa que le dio origen y
a su estructura, aquella reunin fue nuestro primer congreso nacional constituyente.
Ante la necesidad de definir el status del pas y dejar aclarada la cuestin de quien lo gobernaba, Snchez Ramrez convino con Ciraco Ramrez la designacin de los diecisiete representantes de los pueblos.
A los triunfos criollos de Palo Hincado y Azua contribuyeron espaoles, ingleses y haitianos. Cada una de estas ayudas implicaba una ingerencia en el problema del pas. Ellos eran amigos pero con miras distintas que alteraban lo que realmente convena a los dominicanos. El destino del pas deba decidirlo la voluntad dominicana en una forma legtima: como decisin de una asamblea que interpretara el querer de las diferentes poblaciones. El gobierno de Santo Domingo no poda ser ni lo que quera el Gobernador de Puerto Rico, ni lo que pretenda Hait para su expansin y seguridad desde los tiempos de Dessalines, ni lo que perseguan los agentes de Inglaterra. Slo quera lo que a juicio de los delegados conviniera al bien de los dominicanos.
Una de las numerosas notas con que Fray Cipriano de Utrera glosa el Diario de la Reconquista de Snchez Ramrez es reveladora con respecto al "espritu con que Snchez" realiz la empresa. Explicando la malquerencia del cuadillo cotuisano hacia uno de los directores de la campaa de Azua, dice: "Huber no era dominicano y, por esta sola razn, su condicin de reconquistador deba ser la del soldado sin ambicin ni apetencia alguna". Por igual razn no se entenda con Ciraco Ramrez, que era madrileo.
Y aqu tenemos ahora una histrica paradoja: Snchez Ramrez no obedeci rdenes del Gobernador Montes pero s estaba dispuesto a acatar la autoridad de la Junta Suprema de Madrid y luego la de la Junta de Sevilla. Hondos sentimientos ancestrales le imponan ver la
legitimidad all en la pennsula. Era difcil dejar de pensar que era ah en donde estaba la patria, la madre patria, a pesar de que en los dominicanos se forjaba un ethos nacional. Un ethos originado en parte en la experiencia de una vecindad vista con recelo, puesto que desde 1804 la Constitucin del vecino pas declaraba que el Estado comprenda toda la isla "una e indivisible".
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Por eso los diecisiete diputados de Bondillo, bajo la presidencia de Diego Polanco, resolvieron soberanamente, reconocer "por legtimo Rey y Seor Natural a Fernando VII y por consiguiente a la Suprema Junta Central de Madrid en que reside la Real Autoridad".
La decisin soberana de la Asamblea fue pues someter el pas a su vieja subordinacin en lugar de consagrar, como atributo del pueblo, la soberana de que haca uso en aquel momento.
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As se evit que en 1809 ocurriera lo que despus pas en 1822 a raz de la independencia proclamada por Nez de Cceres.
Ello explica que la ocupacin de Espaa por los franceses en aquellos das no diera lugar en Santo Domingo, como en las dems demarcaciones del imperio espaol en Amrica, a un levantamiento por la independencia. Entre volver a depender de Espaa y emanciparse para exponerse a caer bajo el dominio de Hait, la decisin era indudable.
Para hacerle abrir los ojos al General Toribio Montes hacia la real situacin poltica de Santo Domingo y poner coto a su afn de mando en tierra dominicana, la Asamblea se limit a agradecerle su "proteccin" a la causa reconquistadora, con lo cual le quiso decir que lo consideraba un amigo pero no un gobernante.
No obstante la manifestacin de sumisin a la madre patria emitida en Bondillo, la realidad era que Snchez Ramrez haca uso de atribuciones muy parecidas a las de un Jefe de Estado. Asilo evidencian varios hechos ocurridos durante la campaa, entre los cuales resalta uno especialmente significativo, como es la firma el 9 de agosto de 1809, de un pacto comercial con Gran Bretaa representada por el Mayor General HughLyleCaimichael a quien la Reconquista le deba una ayuda decisiva.
v
Es una larga historia de contar la sucesin de incidentes ocurridos entre Snchez Ramrez y Montes o sus representantes en el curso
del asedio a la ciudad de Santo Domingo, que dur hasta el 29 de julio de 1809. Altos oficiales espaoles como los Coroneles Andrs Saturnino Jimnez y Jos Arata sufrieron desconsideraciones y desaires de parte de Snchez Ramrez, quien slo congeni con el Capitn de Navio nacido en Puerto Rico Ramn Power, enviado por Montes con una flotilla para hacer ms efectivo el bloqueo ingls de la ciudad. Ambos, al trmino de la guerra, se enfrentaron a Montes echan-

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dol en cara la pequefez de su ayuda y la razn de que no fuera dirigida a l sino al pueblo de Puerto Rico la gratitud del pueblo dominicano por su solidaridad en el curso de la lucha.
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Un conjunto de causas condujo a la difcil coexistencia de una conciencia colectiva con tendencia a la auto-determinacin, de una parte, y, de la otra, el convencimiento de que para no caer en indeseable vasallaje y conservar la identidad, el pas no poda ser independiente sino la dependencia de una nacin fuerte que lo ayudara a vivir.
El contradictorio ideal poltico as esbozado predomin en 1821 cuando Nez de Cceres no se decidi por la completa dependencia sino por incorporacin del pas a la Repblica de la Gran Colombia bajo la prestigiosa proteccin de Bolvar.
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Con mucha ms razn prevaleci en 1824, durante la ocupacin haitiana iniciada en 1822, entre los conspiradores de Los Alcarrizos, quienes aspiraron a un retorno al imperio espaol como remedio a la ex traf a ingerencia.
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Lo mismo en 1830, expresado en el entusiasmo que produjo en el seno de la sociedad dominicana la noticia de la reclamacin formulada en Puerto Prncipe por Felipe Dvila y Fernndez de Castro por instrucciones del Gobierno de Madrid para que Santo Domingo.fuera devuelto a Espaa. f
A la altura de 1838 se insert una nueva causa en la raz de la posicin dominicana ante el problema de la suerte de la comunidad. Fue la doctrina nacionalista trinitaria, inspirada y alimentada por el liderazgo de Juan Pablo Duarte, que rpidamente se abri campo en la juventud.
Cmo explicar histricamente la irrupcin triunfante de este movimiento que crea en la virtualidad de una repblica sin un apoyo exterior que mermara la soberana?
Apenas se le encuentra base en hechos y circunstancias anteriores. La explicacin hay que buscarla en el espritu del propio Duarte y en la influencia de las corrientes liberales que agitaban el mundo occidental. Duarte fue en la dinmica de nuestra sociedad lo que la conciencia histrica de inspiracin axiolgica llairfa una "espontaneidad"; es decir, una fuerza espirirtual que incide en el torrente de los
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hechos sociales y produce un efecto que se agrega a los del orden puramente causal.
Por sobre la penosa realidad social dominicana vislumbr Duarte el futuro y tuvo fe en el futuro, un futuro que l contribuy a crear.
La insercin de este nuevo factor en la vida poltica dominicana fue la razn de que en los momentos decisivos de 1844 se abriera paso el ideal de independencia pura a travs de la fuerte tendencia enraizada en los factores tradicionales.
Pero es preciso sealar que la presencia del credo poltico trinitario en el debate pblico, enfrentado a los viejos postulados, dio lugar a las actitudes vacilantes que desde entonces se advierten en las directrices polticas dominicanas. Muchas mentes vacilaban entre la utpica y seductora posicin independentista y la que impona el tradicional sentido comn, basada en la realidad social y las experiencias vividas. Esta vacilacin aflor en 1843, en el mismo ao de 1844 y a lo largo de la primera Repblica, al grado de inclinar el peso de los hechos del lado contrario a la independencia en 1861.
En el curso de la guerra de Restauracin y despus de la retirada de los espaoles asom insistentemente la condicin vacilante del patriotismo dominicano. Sin duda el proceso de inteleccin de la idea nacional, en cuanto fenmeno puramente psicolgico en el sector dirigente, haba llegado a su madurez pero el pathos colonial era en la sociedad un rezago que se insinuaba con fuerza una y otra vez y se reflejaba en la poltica de los caudillos y partidos y en los vaivenes de la opinin pblica.
Este estado de inseguridad y vacilacin fue la causa de los contrastes que presentan muchas biografas de proceres y polticos: en un momento dado lucen nacionalistas; en otras ocasiones se rinden al peso de las tendencias protectoralistas o anexionistas, para luego, cambiando los tiempos, recobrar la pose independentista. Pocos fueron los prohombres que mantuvieron a lo largo de sus vidas una sola posicin, sea en el sentido del tutelaje, ya en el de la pura independencia.
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Es a la altura de 1873, como muy bien lo seala Pedro Henr-quez Urena, cuando la conciencia dominicana muestra indicio de sacudirse por siempre el lastre del pesimismo con respecto a la viabilidad de un Estado soberano. En lo adelante no habr ya movimientos
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de envergadura nacional encaminados al establecimiento de condiciones de tutelaje poltico. Haba variado radicalmente el juego de influencias e ingerencias en torno a la Repblica. El cambio ms importante y decisivo consisti en que Hait dej de percibirse como amenaza, para pasar a ser otro gnero de problemas
Endeudamiento con poderosos acreedores de ms all y de este lado del Atlntico fueron el nuevo peligro y fueron la ocasin en que el sentimiento patritico estuvo sometido a penosas soluciones impuestas por la necesidad y a arbitrarias intervenciones armadas.
Todos estos avatares los hemos enfrentado ms recientemente y los enfrentamos ahora con invariable sentido de autarqua que nos asimila al ideal de los Padres de la Patria, sobre todo a partir de los ejemplos dejados por los Presidentes Juan Isidro Jimenes y Francisco Henrquez y Carvajal en 1916, tan diferentes de los del siglo anterior.
La actual modalidad de la presin externa es la condicin a que nos somete un organismo bancario internacional para que podamos contar con la asistencia financiera que necesita nuestro desarrollo. Ante esta presin de nuevo cuo, nuestra posicin nacionalista tendr que completarse ahora con una dosis masiva de justicia, disciplina y buena conducta con la mira puesta en el progreso material y cultural. Trabajar, producir, vender ms y comprar menos; aprender a enfrentar el problema de los precios injustos, y aumentar nuestra autosuficiencia cientfica y tcnica as como nuestra fuerza laboral. As afianzaremos el provenir y mereceremos el respeto del mundo.
Si integrar es completar un todo con las partes que le faltan para que este todo quede realizado y cumpla sus fines, es de esperar que de este Segundo Congreso Dominicano de Historia queden ideas aprovechables para que nuestra sociedad logre la integracin que necesita e inserte con dignidad, en el concierto internacional, su soberana participacin.
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FACTORES QUE INCIDEN EN LA IDENTIDAD NACIONAL Por Vctor Brens
Concepto de Identidad _
La identidad solo puede ser entendida ubicada en un contexto multidimensional que comprende: lo existencial, lo histrico, lo espacial y lo socio-cultural. Estas dimensiones interactan en el tiempo-espacio, configurando en el individuo la simbologa afectiva que es compartida en grupo y que le propicia conductividad estructural movilizando la accin esperada dentro del grupo. La accin desprendida de esta situacin permite al individuo satisfacer necesidades de tipo sico-social (seguridad, cooperacin, fidelidad, sentido de pertenencia) que se sostienen en un sistema de "roles esperados", a la vez que le permiten satisfacer expectativas de un comportamiento y una valoracin del grupo de pertenencia.
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La identidad es un sentimiento psico-social que genera seguridad con los ideales del grupo en que se vive; esto es, desarrolla los afectos afines al grupo al que se pertenece.Por tanto, la identidad es el efecto de internalizar los valores y hacerlos propios subjetivamente en la accin constructora de la realidad dentro de la estructura social, lo que a la vez demanda del individuo sentimientos de lealtad y ofrece a cada uno un sentido de pertenencia en los grupos en que se vive.
La estructura social ofrece grupos en ampliacin, desde los primarios hasta los secundarios, arreglados de manera natural y funcional a fin de que ofrezcan al individuo una gradual pertenencia de los grupos ms ntimos y concretos a los de relaciones ms formales y abstractas. Por esta caracterstica que va afn a la naturaleza misma del hombre es que la identidad es aditiva, o sea que:
"Podemos pensar que diacrnicamente y a manera de un "tipo ideal" ua persona primero desarrolla su identidad en su familia, sin excluir la identidad con la familia el individuo pasa luego a identificarse con la comunidad; luego, manteniendo su identidad con la fa-
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milia y la comunidad pasa a identificarse con otros grupos, instituciones... y con su patria".
"Este proceso de desarrollo de la identidad se da mediante la identificacin con los subgrupos de que cada uno de estos niveles (familia, comunidad, clase y nacin) est compuesto. Por ejemplo al nivel de la comunidad esta identificacin se da con la parroquia, con los grupos de juego, con la escuela, con la pandilla, etc. En la patria la identidad se da con los partidos polticos, con el Estado y sus ejecutivos y con sus smbolos histricos y patriticos".
"Esto nos indica que el individuo va pasando, al desarrollar su identidad, por un proceso en que los grupos se van ampliando desde la identidad primaria (formando un grupo el nio con la madre) hasta los grupos ms amplios, la patria, la humanidad. En este proceso, por lo tanto, la identidad es aditiva".1
La identidad es un producto del proceso de reflexin y observacin simultnea que perdura durante la vida del individuo. Este resultado del proceso de reflexin-observacin permite que el individuo se juzgue a s mismo segn percibe que los otros juzgan, comparndose con ellos y en trminos de una tipologa significativa cuando se producen los sentimientos para responder a las expectativas. Sobre todo, ante los tipos que han llegado a ser importantes y significativos para el individuo este siente que responde l grupo y al recibir las gratificaciones y castigos termina desarrollando los afectos de alta carga emocional que lo acuan y lo hacen ser y sentir como el grupo quiere. Todo esto se da a nivel del inconsciente y forma parte de la realidad subjetiva.
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Concibida la identidad de esta manera, podemos inferir que los factores que la configuran son de orden histrico, geogrfico, (espacial) y social.
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Los componentes se desprenden desde su factor ms fundamental que es el social, dado que siempre estamos haciendo alusin a una relacin de interaccin del individuo o del individuo dentro del grupo. Desde esta perspectiva los componentes de la identidad -en todo caso variables- que se despejan en funcin de lo que el grupo exige y ofrece sern: lealtad, sentido de pertenencia y sistema de recompensa.
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?
Los indicadores que nos permitiran conocer las subjetividades del individuo con respecto a los componentes son:
Indicadores de la Identidad
Componentes Indicaciones
Lealtad Sacrificio
Fidelidad
i 1 Colaboracin
Sentido de perte- Afinidad
nencia Cooperacin
Sistema de recom- Seguridad
pensa (satisfaccin) Reconocimiento
Pienso que para los fines de esta conferencia podramos dar por entendida la concepcin de identidad en trminos generales.
Identidad a nivel de la nacin
Al hablar de identidad nacional es necesario dejar en claro qu es lo que se entiende por nacin, desde el punto de vista de los agru-pamientos sociales. Segn el socilogo mexicano Lucio Mendieta y Nez los agrupamientos sociales son de dos tipos: grupos estructurales de la sociedad y cuasi-grupos estructurales de la sociedad. Los primeros se caracterizan porque estn organizados y porque hacen parte o integran la estructura social. Caben en esta clase: la horda, la familia, el clan, la tribu, la confederacin de tribus, la casta y el
estado.
Los cuasi-grupos estructurales tienen como caracterstica la carencia de organizacin aunque ofrecen cierta coherencia que hace que
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se destaquen dentro de la sociedad como partes integrantes de su estructura. Son cuasi-grupos estructurales la comunidad, la nacin, la clase y la masa.
A pesar de que no constituyen grupos organizados, de extensin y lmites perfectamente definidos, los cuasi-grupos estructurales presentan caractersticas suficientes para distinguirse de cualquiera otra forma de organizacin social y se ofrecen a la observacin en evidente existencia propia, si bien ntimamente relacionada con el cuerpo social de que forma parte.
La nacin es pues un cuasi-grupo estructural dentro de la tipologa que hemos mencionado; se le puede considerar como un tipo especial de comunidad en el sentido concreto de este trmino, es decir, como un agolpamiento de personas en una unidad, en la cual la convivencia crea entre ellas ciertas costumbres, ciertas ideas semejantes, ciertos valores y ciertos intereses comunes que con el transcurso del tiempo le dan una serie de caractersticas materiales y espirituales suficientemente marcadas como para diferenciarlos de los miembros de otros grupos sociales. Se puede hablar y de hecho se habla de la comunidad nacional. En la nacin crecen y se acentan algunos rasgos de la comunidad. Ella es, pues, una comunidad evolucionada, perfeccionada y consolidada. Esto slo se logra en el momento en que la comunidad ha excedido las dimensiones puramente locales y ha cobrado una cierta importancia en la esfera poltica. Es en este momento cuando el apelativo de nacin o nacionalidad se le puede aplicar. El tamao es un importante aspecto del fenmeno. Como punto de partida podemos decir que cualquier grupo de gente caracterizado por un esquema de similitud cultural no puede ser denominado una nacin, a menos que haya desarrollado una comunicacin suficientemente amplia entre las unidades sociales ms pequeas existentes dentro del rea. As, una comunidad aldeana de los trpicos, basada en el parentesco y suficientemente aislada de otras comunidades aldeanas de la misma, que tiene solo una comunicacin escasa con ellas y que ha desarrollado un dialecto distinto, no puede ser considerada una nacin; ms bien es considerada como viviendo en una etapa de parentesco, en una etapa tribal o en una etapa pre-na-cional. Esto significa que el grupo nacional no tiene la misma edad de la humanidad ya que aunque su existencia es bastante antigua, presupone una civilizacin bastante avanzada con una amplia comunicacin entre las unidades sociales ms pequeas dentro del rea. Un cierto nmero de civilizaciones del mundo antiguo -las de China, India, Persia, Mesopotania, Judea, Egipto, Grecia, -as como cierto nmero de civilizaciones avanzadas en la poca pre-colombina sin
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duda alguna pueden ser consideradas como si hubieran alcanzado la etapa de nacin. Otras civilizaciones pre-modernas, las de origen celta, germano, semtico, eslavo y turnico y ciertas sociedades pre-co-loniales de frica, pueden ser consideradas como si hubiesen estado en camino hacia la formacin de una nacionalidad. Otras sociedades primitivas y cuasi-primitivas han permanecido en etapa prenacional de desarrollo hasta nuestros das.
La nacin moderna es el resultado de una serie de factores que convergen hacia un mismo centro. El algunas ocasiones una dinasta realiz la unidad como en el caso de los Borbones en Francia; en otros la voluntad directa de las provincias como en Holanda, Suiza, Blgica; en otros un espritu general tardamente vencedor de los caprichos del feudalismo, como ocurri en Italia y Alemania o un imperativo dirigido hacia la obtencin de un propsito posterior, como en el caso de Espaa en la cual se alcanz la unidad nacional con los Reyes Catlicos bajo el imperativo de la reconquista.
La nacin, sin embargo, es una realidad a medias, incompleta. Es una tendencia, un respirar colectivo hacia algo estructurado y concreto. En s misma la Nacin permanece latente, pasiva, indefinida. Su culminacin en los tiempos modernos es el Estado. Cuando la nacin toma conciencia de s misma, surge el Estado. La nacin es el constituyente primario del Estado. As, "un Estado nacional es siempre basado en la nacionalidad pero una nacionalidad puede existir sin un Estado nacional. Un Estado es esencialmente poltico; una
nacionalidad es primariamente cultural y slo incidentalmente polti-ca.
La nacionalidad al igual que el patriotismo es un fenmeno social muy antiguo. Siempre ha existido, tal como historiadores y antroplogos lo atestiguan, entidades humanas que pueden ser llamadas apropiadamente nacionalidades; as como ha habido desde tiempos antiguos el amor al pas o a la tierra nativa a lo cual se ha denominado patriotismo. La nacionalidad es un trmino que no permite una definicin precisa, sin embargo, evoca aquellas caractersticas, cualesquiera que puedan ser, que al prevalecer dentro de un grupo social y al distinguirlo de los dems nos inclinan a considerarlo un pueblo aparte. Su significado, muy cercano del grupo tnico, est denotando una condicin mental entre miembros de un grupo nacional; en l la lealtad al ideal o al hecho de su propia nacin es superior a todas las otras lealtades y el orgullo de tal nacionalidad, as como la fe en su excelencia intrnseca y en su misin son partes integrales. Las caractersticas que ms se mencionan como distintivas de los grupos na-
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cionales son el idioma comn, la tradicin comn de mores y cultura y la conciencia de los miembros del grupo de que ellos componen
una sociedad culturalmente distinta (lo propio de la nacin).
El estudio de la identidad nacional que emprenderemos ahora, una vez definido el grupo social que nos servir como unidad de anlisis, versar sobre la formacin de la conciencia que poseen los miembros de tal grupo, ya que ella es uno de los determinantes del comportamiento de cada uno de sus integrantes. Derivada delconcepto
general de identidad, la identidad nacional debe entenderse como el doble proceso mental de la reflexin y observacin mediante el cual los integrantes del grupo nacional se juzgan a s mismos a la luz de como perciben la manera en que los otros, integrantes o no de su grupo, lo juzgan comparndolo con ellos. De esta manera cada integrante dar respuesta a la bsqueda de una autodefinicin, es decir a la pregunta quin soy?, dentro de contexto social amplio de su nacionalidad. Tal pregunta slo puede ser respondida por una comparacin de mi grupo nacional con otros grupos de caractersticas suficientemente distintas al mo.
La identidad nacional, al igual que los. dems tipos de identidad analizados, es creada mediante el proceso de socializacin cuyo punto de partida es la internalizacin, esto es, la aprehensin de acontecimientos objetivos que expresan significados en cuanto son una manifestacin de los procesos subjetivos de otro que en consecuencia se vuelven subjetivamente significativos para su propia autodefinicin. De hecho, las caractersticas que se atribuyen a la nacionalidad (lenguaje comn y cultura comn) son transmitidas por medio de la socializacin primaria. Se da a entender que el lenguaje no es el nico sistema de signos accesible objetivamente ms all de la expresin de las intenciones subjetivas existen, adems, sistemas de signos gesticulato-rios, de movimientos corporales pautados, de diversos grupos de artefactos materiales y as sucesivamente. La socializacin implica el aprendizaje de estos sistemas de signos y de la manera como ellos deben ser utilizados en los procesos de comunicacin e integracin.
La identidad nacional, al igual que todas las dems identidades, es la culminacin de un proceso que se inicia en las primeras etapas del desarrollo del individuo. De ella hacen parte todas las identificaciones de tipo patritico que el nio va asumiendo en toda su vida. En la primera infancia, como ya se ha visto, el nio se identifica con su madre mediante sentimientos de confianza y reconocimiento mutuo. Es esta primera experiencia la gnesis de las futuras identificaciones y la raz de todas las identidades. Sin embargo, en esas primeras eta-
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pas el nio ni puede identificarse con smbolos u objetos nacionales. Su atencin est dirigida hacia sus padres con los cuales est altamente identificado. Por otra parte, el mundo que lo rodea an no le presenta alternativas que le exijan descargar sus sentimientos de lealtad sobre objetos, personas o grupos distintos de los que encuentra en su hogar. A medida que el nio va llegando a la edad escolar (en toda sociedad existe algn tipo de sistema educativo institucionalizado, aunque este no sea del tipo escuela utilizado en las sociedades modernas) va incrementando su conocimiento de algunos de los smbolos nacionales. Especialmente la bandera y el himno patrio en las sociedades modernas, o el ttem en las sociedades primitivas. Aunque no entiende muy bien su significado, la aprehensin de tales
smbolos viene acompaada por ciertos sentimientos de respeto y veneracin, los cuales se originan en la observacin del comportamiento de sus mayores y en la aceptacin y cumplimiento de normas e instrucciones especficas extendidas por ellos con el objeto de pautar su comportamiento en las situaciones en que se encuentre frente a tales smbolos. A la par que esto sucede, el nio desarrolla una disposicin y un anhelo de hacerse grande en el sentido de compartir obligaciones, disciplina y actuacin. Est ansioso por hacer cosas junto a otros y compartir tareas de construccin y planeamiento, observa los roles de los adultos y quiere imitarlos, tanto en ocupaciones que puede comprender (bombero, polica, etc.) como en papeles de autoridad, dignidad o gobierno (padre, cura, etc.). Pero no es sino hasta la edad escolar cuando el nio comprende, mediante el conocimiento de las tradiciones histricas, el alcance y significado de los signos patrios.
Es en esta etapa de su desarrollo en la que internaliza el significado de trminos como el herosmo, sacrificio, privacin, patriotismo y fidelidad a unos valores abstractos de su nacionalidad. Mediante la exaltacin y ejemplificacin de la vida de los hombres ilustres de su nacin se van internacionalizando sentimientos de orgullo y satisfaccin por el hecho de pertenecer a una comunidad nacional que ha producido hombres virtuosos en el campo de las artes, la ciencia, la guerra... Poco a poco el nio va encontrando que existe un mundo mayor que su pueblo, comunidad, (vecindario extenso) y que en este mundo existen otras comunidades de gentes que poseen una similitud cultural y una misma tradicin histrica y que tambin ellas se encuentran orgullosas y satisfechas de hacer parte de su nacionalidad. Por otro lado, el nio aprende que existen personas investidas de autoridad a las que se les debe respeto y consideracin. Que tal autoridad es conferida por alguna divinidad o sustentada por la aceptacin y el sometimiento de los componentes de su grupo social y que se debe guardar lealtad y sumisin a tales autoridades para evitar el
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riesgo de ser sancionado. Mediante recompensas y castigos se va pautando el comportamiento del nio y se lo va ajustando a un conjunto de actitudes socialmente aceptadas.
La adolescencia es la etapa ms definida y consciente del desarrollo del individuo y es en ella que se lleva a cabo la cristalizacin de la identidad en general y dentro de ella la de la identidad nacional. En este perodo el adolescente busca ansiosamente y de la manera ms ferviente hombres e ideas en los que puedan tener fe, la elecpin de una ocupacin, la seleccin de un estilo de vida y la bsqueda de algn tipo inspirador de unificacin que junte la tradicin que conoce con las ideas e ideales anticipados que se ha formado, ocupa la mayor parte de su tiempo. Durante este perodo, los adolescentes buscan la ayuda de su pares formando pandillas y estereotipndose a s mismos tanto como a sus ideales y a sus enemigos; tambin ponen a prueba constantemente la capacidad de cada uno de ellos para mantenerse lea-1 les a ciertos objetos, personas o grupos en medio de los inevitables conflictos suscitados por los valores. Esta puesta a prueba implica la toma de decisiones en cuanto a la identificacin con una ideologa o doctrina de vida cuando ante ellos se presentan varias alternativas. El individuo se ver atrado por aquellas doctrinas que concuerden con los ideales que se han formado, de lo que deber llegar a ser en un futuro no muy lejano cuando haya adquirido la adultez. Aqu juega un papel muy importante la socializacin, al ofrecfer al joven creencias, ideologas y doctrinas aceptadas socialmente. Dentro de ellas se destaca el nacionalismo como una fusin emocional moderna, como una concepcin mental que se ha desarrollado gracias a la urgencia activa de perpetuar y fortalecer los vnculos nacionales por medios diversos
que incluyen los polticos. Al decir que el .surgimiento del nacionalismo es relativamente nuevo, no se est desconociendo los ejemplos de aparicin de nacionalismo en tiempos anteriores entre grupos grandes de poblaciones. Muchos autores concuerdan en encontrar fuertes in-' dicios de nacionalismo entre los antiguos judos y griegos. Se encuentran otros indicios del mismo en Persia, Cartago y la antigua Roma. Pero durante siglos las civilizaciones helenstica y romana, los imperios romanos y bizantino, la critiandad y despus el Islam, ejer- -cieron una fuerte influencia, integradora y asimiladora que fue de tal magnitud que bajo el impacto de sus valores hizo declinar el nacionalismo sin que este desapareciera por completo.
La existencia de grupos sociales cuyos miembros presentan similitud y coherencia suficientes entre ellos y diferencias suficientes respecto a los miembros de otros grupos para garantizar un reconoci-
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miento objetivo como tal, como ya se ha mencionado, es un hecho casi universal de la historia desde sus principios. Las naciones o nacionalidades, esto es, los grupos sociales ms que locales, cuyas caractersticas y mores decisivamente influyen en las estructuras polticas, constituyen un fenmeno casi tan antiguo como extendido. Pero la conciencia de pertenecer a una nacin, unida a la necesidad de mantener y fortalecer los vnculos nacionales, es relativamente nueva. Fue la excepcin ms que la regla, ms una concepcin mental de las clases gobernantes o educadas que un movimiento de masas, hasta principio del siglo XIX en Europa e incluso hasta ahora en varias partes del mundo.
Es pues mediante la socializacin que se va infundiendo en el joven la conciencia de su nacionalidad como una urgencia de preservar unas tradiciones histricas y de mantener los valores compartidos por la "mayora, si no por todos Jos integrantes del grupo social; como un imperativo para fortalecer o crear la unidad del grupo y para lograr la cohesin e integracin social que asegure su supervivencia; como una necesidad de defender unos intereses solectivos ante la posibilidad prxima o remota de interferencia o agresin por parte de otros grupos sociales; como una manera de obtener la realizacin de ideales individuales mientras estos no entren en oposicin con los intereses grupales a los cuales habr que sacrificar todo inters particular contrapuesto.
A mi entender la identidad tiene tres factores fundamentales: la historia, la geografa y la sociologa; o sea, son variables fundamentales el espacio, el tiempo y la simbologa. Desde ah que la identidad nacional puede integrar en un saber a la historia, a la geografa y a la sociologa.
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El carcter nacional y su producto, la cultura, en cuanto realidad sustantiva es histrica, es geogrfica y es social.
Histrica en cuanto a que el individuo en su interaccin termporal con los otros y los objetos hace representaciones y al buscar las relaciones entre las diferentes representaciones -estableciendo una continuidad entre ellas, otorgndole los sentimientos y subjetividades- le imprime el sentimiento de mismidad produciendo un sentido de pertenencia a los hechos que llegan a caracterizarlo en los roles que dan el sentimiento de lo mo y lo nuestro. Lo importante en lo histrico es el establecimiento de continuidad de las representaciones con sentimiento de pertenencia.

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El aspecto.geogrfico, espacial comprende la relacin entre las diferentes partes del individuo en interaccin con los objetos fsicos
que se dali en el espacio geogrfico: montaa, ro, flora, fauna, monumentos... cosas... Este vnculo de integracin a la vez que permite el contraste de las cosas (de los objetos) permite la comparacin facilitando as la integracin del individuo con esos objetos -comida, movimiento...- que contribuyen con el ingrediente social al desarrollo de una simbologa.
Lo social permite la integracin de lo temporal y lo espacial; o sea, la interaccin histrica del individuo con los objetos y cosas fuera de s de esta forma podemos decir que dicha interacin permite la identificacin proyectiva que es la que produce la identidad.
El factor histrico en la identidad
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Podemos sealar que a medida que aumentan los caudales de conocimientos, datos e informaciones disminuye la capacidad individual de poder internalizar, comprender, compartir y familiarizarse con los aspectos de dichos conocimientos. Esta limitacin humana afecta a la historia y afecta a la identidad nacional.
Afecta a la historia porque el conocimiento profundo de nuestro pasado y la familiaridad con los hechos ms relevantes, as como el conocimiento histrico emotivo de dichos hechos, se hace ms difcil y se convierte en materia de especialista. Se aparta esta fajnilia-rizacin con el pasado de la masa del pueblo. Entonces ese pueblo necesita identidad nacional y tiene que buscarla, dndose as como una consignacin de hechos que, cargados con el efecto emotivo de lo nacional, robustecen la conciencia que tienen los pueblos de ser lo que son. O sea, la historia sentida robustece la identidad nacional. Por tanto, para que exista identidad nacional se requiere un ingrediente histrico subjetivo que confrontado con la actual realidad y vivencia permite al individuo -generacin tras generacin- crear unos patrones que configuran el carcter nacional, gracias a la identidad desarrollada por la interaccin con los hechos concatenados que nos permiten visualizar la lucha que por significar y mejorar al grupo nacional han tenido todos nuestros antecesores.
En trmino sociolgicos, los profesores de historia deben tener conciencia de la diferencia existente entre conocimiento informativo y conocimiento identificativo. El conocimiento informativo no deja huella en nuestro proceder, est apartado. O sea, es un conocimiento objetivizado y sin mayores efectos en nuestra socializacin social.
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I


conocimiento identificativo forma parte de nosotros, est adherido a nuestra subjetividad y cargado de emociones; es un conocimiento vibrante. Este tipo de informacin histrica forma parte de la identidad nacional y contribuye a la identidad. Se puede explicar esta relacin, de que la historia con informaciones identificativas contribuye a la identidad nacional, partiendo del supuesto de que el carcter nacional y la conducta de los pueblos- gracias al proceso de socializacin -no es consecuencia de causas sincrnicas y pretritas; sino que es consecuencia de la continua referencia a ese mismo pasado en donde juegan, consciente o inconscientemente, un efecto acuador las tradiciones y hechos histricos. Estos hechos compartidos por los grupos bajo un estado lo configuran propicindole una idiosincracia propia que lo caracteriza de otro grupo nacional.
Por otro lado, se puede comprender el efecto de la historia iden-tificativa, dado que hoy est demostrado cientficamente que en un Estado nacional todas las causas que concurren para fraguar un perodo histrico vienen de otro perodo. Y a la vez, dicho perodo presente que contiene el pasado se inician las causas que influirn en el perodo histrico subsiguiente; lo que nos dice que existe una simbiosis de causalidad que hace referencia al pasado y que no se interrumpe como causa de lo que ocurre en el presente. Desde aqu podramos concluir que todo lo que ocurre tiene alguna ligazn con causas del pasado.
Esta relacin del individuo con el pasado interactuando con el presente es lo que configura el carcter nacional; es lo que da identidad nacional. Pero para que esto ocurra, los hechos histricos, las informaciones histricas as como las tradiciones... tienen que pasar de generacin a generacin con informaciones identificativas que provocan en el individuo el sentimiento de pertenencia; o sea, para que se
pueda generar la subjetividad de lo "mo", "lo nuestro", "lo mo" frente a otros Estados nacionales, es necesaria la cohesin creada por
la carga subjetiva y de sentimiento que genera al penetrar la persona en el contenido. Al identificarse as, la conciencia del yo y de nosotros como pueblo, se genera la identidad nacional.
Factor geogrfico espacial:

Imaginmonos que a nuestro pas (Rep. Dominicana) le quiten las montaas, desaparezcan el cambrn en la lnea noroeste y sur, los conucos en el Cibao,las grandes explotaciones en el este y sur central.
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Las gentes sentiran que han perdido parte de s; diran, como exclaman los samanenses* de 30 aos y ms, "nosotros perdimos nuestro terruo". Es que la geografa o mejor, el espacio, provee vinculaciones con smbolos que dan sentido a la vida. Los objetos y los otros hombres en interaccin producen sentimientos sico-sociales que segn su significacin y por el fenmeno de causa-efecto, en los diferentes momentos de alta carga sentimental, se convierten en smbolos que son los que le dan sentido a su medio ambiente y permiten que el individuo llegue a ser l mismo.
Este aspecto espacial tiene una significacin relevante dado que, de ser internalizado el objeto-smbolo, perdura creando un smbolo con sentido y significado para la vida del individuo. Cuando estos smbolos pierden significado el individuo hasta llega a cuestionarse si la vida tiene sentido o no. Esta simbologa que incluye: pradera, monumentos, flora, fauna, comida... produce un estilo de vida. El rompimiento de estos smbolos puede alterar el estilo de vida originndose la prdida del significado simblico y en consecuencia perdindose la conexin entre el pasado y el presente lo que podra producir, a su vez, la prdida del significado o sentido de la vida. Cuntos adultos trasladados del campo a la ciudad no han perdido el sabor de vivir! y, constantemente aoran sus simbologas rurales en su terruo.
Los smbolos hay que valorarlos y apreciarlos, no slo como una cosa sino como parte de los que interactundo con ellos le dan sentido a su vida.
Debemos advertir al "modernismo espacial" de los problemas de desajuste y conflictos psico-sociales que crean los traslados masivos, las remodelaciones totales de tugurios y reas marginadas, ya que, un individuo sin una adecuada conexin entre su pasado y su presente, despojado de su simbologa significativa, le pierde sentido a la vida, rompe su identidad pudiendo crearle situaciones de patologa psico-social.
Por otro lado, debemos advertir a los planificadores urbanos y sociales, as como a los trabajadores sociales y muy especialmente a los gegrafos, para que pongan atencin en el establecimiento y logro de puntos de equilibrio ptimo que a la vez que estimule la creatividad de la sociedad le enriquecen con nuevos elementos fsicos, espaciales, y de otras categoras; de esta manera se evitara el resquebrajamiento del consenso y la integridad de la persona.
* Saman, capital de provincia del mismo nombre, situada en regln noroeste de la Rep. Dom., la cual fue totalmente romodelada en 1975.
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Debo sealar que el espacio cuando cobra sentido por efecto del proceso de socializacin del individuo se cambia de un espacio objeti-vizado a un espacio de pertenencia; pasa de un rea geogrfica a "mi terruo". Este proceso es el que permite que se d una identidad local o comunitaria cuando se est en el propio estado nacional y, cuando se sale de l, este mismo sentimiento en funcin de los smbolos nacionales -interactuando con los smbolos locales- es el que permite una clara identidad nacional. Al pensar en la patria, fuera de ella, lo primero en que piensa el individuo es en el monumento, en la calle del Sol, en la loma Diego de Ocampo, en el barrio donde viv, en la calle tal, en mi casa..., en fin hay una caracterizacin espacial. En un segundo momento esta concretizacin espacial toma movimiento por efecto del tiempo o, mejor, de la historia y comienza a producir escenarios y representaciones con alta carga de sentimiento para el individuo. Este sentimiento es uno de los factores de la identidad
nacional.
Por lo que hemos sealado, la geografa puede destruir la historia y los gegrafos deben tener muy presente el aspecto temporal en interaccin con el individuo para que lo significativo de la concatenacin de hechos -me refiero a lo espacial y lo temporal- no se
pierda. Factor social
El individuo desarrolla su identidad gracias al proceso de socializacin el cual media entre el individuo y la sociedad.
La socializacin es el proceso de internalizacin y aprehensin que permite al individuo incorporarse a la sociedad gracias a que recibe unos smbolos sociales: conducta, gestos, lenguaje... que a la vez que surgen de la interaccin la facilitan adaptando el organismo individual a las actitudes organizadas de los otros y, as, el individuo al reaccionar provoca otras actitudes organizadas en los dems individuos de la comunidad. Esto permite la comprensin de los propios semejantes y la aprehensin del mundo.
La socializacin como proceso es lo que permite la incorporacin del individuo a la sociedad. Sabemos que el individuo no nace miembro de la sociedad, sino con predisposicin o vocacin a ser miembro de la sociedad. Gracias al proceso de socializacin le son impuestos unos valores y unos significantes que l a la vez supera y transforma en sus subjetividades.
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El proceso de socializacin recibe su mayor efecto de la familia, la comunidad y sus instituciones (iglesia, escuela, pandilla...).

Es natural que el aspecto social de la identidad es sustantivo y que es el fator base de la identidad.
Debemos sealar que la familia y las instituciones socializad oras de la comunidad estn siendo afectadas por el modernismo. La madre en el trabajo es un caso que conduce a que el nio desde muy temprano comience a interactuar con agentes socializadores secundarios: escuela, jardines de infantes... perdindose la interaccin con padres, abuelos y parientes cercanos. Este efecto despersonifica las historias y los cuentos productores de identidad, as como las explicaciones espaciales geogrficas que se reciban de abuelos, tos y allegados. Esta situacin origina una ruptura del continuo de los hechos y puede producir una identidad con los factores objetivizados que se imparten en los centros secundarios socializadores.
A mi creer los trabajadores sociales son los profesionales que estn llamados a jugar un papel fundamental investigando los factores sociales perturbadores de la identidad. Sin embargo, hemos dejado este tipo de anlisis y estudio, como si estos profesionales hubiesen perdido su identidad y no sepan cul es su misin en el contexto. As vemos la televisin, la msica, la radio, los letreros, las audiovisuales, creando distorsiones y originando futuras perturbaciones en la. conductas sociales de quienes se incorporan como miembro de una nacin que podr no ser.


EL MERCADO INTERNO COMO ELEMENTO DE INTEGRACIN DE LA SOCIEDAD DOMINICANA: 1844-1925
Por Nelson Carreo
I CARACTERSTICAS, MECANISMOS Y FUNCIONAMIENTO DE LA ESTRUCTURA PRODUCTIVA, LA CIRCULACIN, LOS INTERCAMBIOS Y EL MERCADO INTERNO
1844-1875
1.1. LA ESTRUCTURA PRODUCTIVA
La estructura productiva est formanda por el sector agrcola, forestal, pecuario e industrial de carcter rural y urbano.
La produccin se orienta hacia el consumo directo, el mercado interno y la exportacin. Esta distincin es de importancia fundamental, para lo que nosotros queremos demostrar, o sea, que el crecimiento econmico descansa en lo esencial en el incremento de las exportaciones y,en consecuencia, la existencia y dominio de un modelo d crecimiento econmico orientado hacia afuera, "en vez de un crecimiento basado en el mercado interno, con el sector industrial como elemento central". (1)
Este crecimiento hacia afuera generar un tipo de estructura productiva que tratar de adecuarse ala satisfaccin de "un tipo especializado de demanda", (2) que tendr como expresin concreta la explotacin y transformacin de los productos que tienen mayor demanda en los mercados internacionales y en consecuencia se tratar de ajustar "la produccin al volumen de la demanda del comercio exterior", (3) en detrimento del exiguo mercado interno y en beneficio de un rol en la divisin internacional del trabajo, que sita la Repblica Dominicana en la posicin de consumidora de productos industrializados y en productora y exportadora de materia prima y productos semi-elaborados.
La estructura productiva tiene como sector dominante el agr-
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cola. Una de las caractersticas esenciales de este sector es que la organizacin del proceso econmico se hace teniendo por base una economa de tipo natural. Precisemos un poco esta problemtica.
Histricamente las diversas formaciones econmico-sociales, desde la ms remota antigedad hasta el advenimiento del capitalismo como sistema dominante, conocieron la existencia del intercambio, tanto interno como externo en diversos grados, segn la poca y la sociedad.
De donde podemos afirmar que la economa natural implica au-toconsumo e intercambio, no confundiendo dicho concepto con una economa cerrada ni con autarqua, puesto que el empleo de este ltimo conduce fcilmente a analizar el desarrollo histrico de nuestras economas a travs del comercio como factor fundamental de disgregacin de los elementos de la economa natural.
Supone tambin que por la simple existencia de un gran desarrollo del comercio, la produccin de mercancas conduce directamente al capitalismo (caso de Europa Occidental a excepcin de Inglaterra, pero no de Amrica Latina y en particular de la Repblica Dominicana), por la simple presencia de algunos de sus elementos. Al contrario, basado en nuestro conocimiento sobre las sociedades pasadas, sta ltima difcilmente encuentra confirmacin hitrica.
Nuestro enfoque parte del proceso de produccin, siendo la circulacin de las mercancas un producto de la primera. En ese sentido nuestro estudio sobre el mercado toma en cuenta los factores productivos, as como los mecanismos internos fundamentales que caracterizan la estructura productiva. De todas formas produccin y circulacin de mercancas son parte constituyente de la formacin de un mecado nacional.
El esfuerzo productivo de la sociedad agraria estaba limitado debido al poco desarrollo de las fuerzas productivas y,por ende,una dbil divisin social del trabajo. Situacin que queda reflejada en una no separacin de las diferentes actividades productivas, concentradas
en su mayora en las zonas rurales, salvo el caso de la actividad de artesana urbana que se ejerca en los centros urbanos.

Los mecanismos de funcionamiento del sector agrcola podemos sintetizarlos de la manera siguiente:
Primer mecanismo. La parte de la produccin que pasaba por el
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| mercado, para el productor campesino vena a ser un complemento, un medio de conseguir dinero y principalmente mercancas que l
! mismo no poda producir. Eran en su mayor parte poseedores o propietarios de su parcela, trabajaban para comercializar su produccin,
i pero su objetivo fundamental no era maximizar beneficios, sino sustentar la organizacin familiar.
Segundo mecanismo. Como la produccin agrcola descansa en f la organizacin familiar, sta ser la que suministrar bsicamente [ la mano de obra. Entonces quiere decir que la produccin encontrar su propio lmite en dicha organizacin social. Es decir que se aplicarn unas tcnicas y unos mtodos de produccin perfectamente adaptados a la misma.

Tercer mecanisno. El sistema de posesin de la tierra tambin
| contribuy al desarrollo de un tipo de estructura productiva como la
descrita, por cuanto el mismo se traduca en una amplia disponibilidad de tierras, donde el campesino cultivaba todas las tierras que
pudiera. Segn Randolph Klein, en 1968 el promedio de la parcela tabaquera en el Cibao era de 2.4 hectreas.
I
El caso de la produccin maderera nos permite conocer los mecanismos econmicos esenciales, que impidieron durante prcticamente todo el siglo XIX, su transformacin industrial. Su no materializacin est estrechamente relacionada con el modelo de crecimiento econmico hacia afuera, no basado en el desarrollo del mercado
I interno, teniendo este como elemento central el sector industrial. Piles bien, la mayor parte de la produccin nacional era dedicada a la exportacin, para el consumo interno se dedicaba muy escasa cantidad. La demanda interna de muebles y de madera de construccin hubiera podido generar un respetable consumo interno. Pero la ma-[ dera de ebanistera, en especial la caoba, se dedicaba a la exportacin t y el hecho de poseer el pas extraordinarias cantidades de materia pri-I ma hubiera podido originar una actividad transformadora de la madera, en fin ser el origen de una incipiente industria.
[ La madera de construccin, empleada sobre todo para la construc-
[ cin de casas, era importada de los Estados Unidos. Esto tena como
I consecuencia un restringido consumo interno, pues slo haba casas
I de madera en los centros urbanos, y tanto en ellos como en el campo,
I la mayora de las casas eran de tablas de palma y de cana. Esto se de-
f ba a los elevados precios que haba que pagar por la madera, que era
[ importada. As, el escaso consumo existente se producir por parte
E.
i. .49
I
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de los sectores de la poblacin ms favorecidos econmicamente, los comerciantes y los terratenientes.
Algunas de las principales causas que impedan que esta actividad sufriera algn grado de transformacin industrial, son: En primer lugar, la explotacin de la madera se haca en funcin de las necesidades de los pases avanzados. En segundo lugar, en dichos pases la madera como fuente energtica ya estaba siendo sustituida por el
carbn, pero los pai'ses europeos tenan necesidad de madera, y sobre
todo, los pases industrializados, Inglaterra en particular y Francia,
Alemania y Estados Unidos, en menor grado.
La madera continuaba siendo fundamental para la edificacin, la construccin, la fabricacin de muebles y enseres, e indudablemente se produca una mayor demanda del mercado interno de estos pases. As se buscarn zonas vrgenes para explotar la madera, y entre el agotamiento de las reas boscosas europeas y el desarrollo del comercio interncional entrar a participar la Repblica Dominicana como
productora de materia prima, la madera, y compradora de productos industrializados.
Adems, estudiando el caso siguiente que vamos a exponer, veremos una de las causas por las cuales no se poda desarrollar una actividad industrial a partir de la madera.
Este es la transformacin de una fbrica de extracto de zumo de campeche, en ingenio azucarero. Esto nos muestra que la actividad
productiva y comercial en R. D. estar en funcin del lugar que le han dado"en la divisin internacional del trabajo. As, pues, a finales de la dcada del 70, la madera ser sustituida por otra materia prima que necesitan los pases avanzados: la caa de azcar.
La fbrica perteneca a la Compaa Franco-Dominicana de Pajarito. En 1876 la misma export a Francia, 345,800 kilos de extracto de zumo de campeche, y en 1877, 45 mil kilos. Para este ltimo ao, ya se vislumbraban dificultades, como la de conseguir campeche, y el Cnsul de Francia en Santo Domingo ya plantea su posible transformacin en Ingenio Azucarero. Se trata del Ingenio Francia, que en 1883 ya estaba funcionando.
Pero la principal causa de que no se desarrollase una industria maderera era que la burguesa comercial dominicana no tena ningn inters en ello. Su fuente de ganancias era la exportacin de madera, y prefera exportar la materia prima a cambio de productos industria-
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lizados. Teniendo en cuenta que sta era la poltica econmica de los pases industrializados de la poca y que las ms importantes casas comerciales eran extranjeras, era lgico que se establecieran estas bases de intercambio, y de alianza entre la burguesa comercial dominicana y el capital extranjero, y que no se desarrollasen esfuerzos para promover una industria nacional.
La produccin ganadera est orientada en tres sentidos. En primer lugar, al consumo directo. En segundo lugar, al mercado interno. Y en tercer lugar, en menor gradla la comercializacin exterior. En el primer caso, por cuanto esta actividad involucraba a una gran parte de la poblacin, que vinculaba esta actividad con la agrcola. En el segundo caso, era la hacienda ganadera la unidad econmica que se ocupaba de abastecer el exiguo mercado interno. Y para el tercer caso, era destinado el ganado en pie y principalmente los cueros.
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La caracterstica econmica fundamental de la hacienda ganadera, es la de ser una unidad econmica autosufieiente, que no necesitaba las relaciones con el exterior al nivel de los insumos para su supervivencia
A pesar del carcter extensivo de esta actividad productiva, y contrario a como consideran algunos autores, la misma no se reduce al ganado vacuno, ni tampoco deja de ser una actividad importante, por el hecho, que contrario al siglo XVIII, en nuestro perodo de estudio no se destine el ganado vacuno en pie a la exportacin en su mayor parte.
Su importancia tambin hay que buscarla en el rol que juega la misma en el transporte interior. El ganado para el transporte, tambin, iba dirigido al consumo interior. Esta era tambin de importancia, teniendo en cuenta que era prcticamente el principal medio de transporte que exista. Y en una sociedad precapitalista como la nuestra es de suponer que esta actividad contribuya indirectamente al desarrollo del mercado interno, donde el animal de carga, junto al recuero y al arriero jugaron un rol de primer orden en la economa y la sociedad hasta finales del siglo XIX.
1 2 LA CIRCULACIN Y LOS INTERCAMBIOS DE LAS MERCANCAS.
Las formas de la circulacin de las mercancas corresponden a la del intercambio no equivalente y la del intercambio equivalente. Ambos tipos de intercambios cubren el circuito mercantil que va des-
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de las unidades productivas hasta los centros de almacenamiento y desde aqu hasta los puertos de exportacin y de ste al exterior. Ambas formas corresponden a sistemas econmicos distintos. Por un lado, el intercambio no equivalente y el anticipo de mercancas es propio de un sistema econmico feudal, y la segunda, el intercambio equivalente, es propia de un sistema capitalista.
La primera corresponde a los intercambios que se producen a nivel de las unidades productivas y la segunda entre el puerto de exportacin a travs de las casas comerciales y los grandes centros consumidores de Europa y Estados Unidos. Vnculo que se establece a travs del circuito de las mercancas importadas y las exportadas.
El mecanismo que impulsaba este proceso estaba basado principalmente en la relacin econmica existente entre los campesinos productores y los comerciantes, donde se establecan unos lazos entre ellos, tanto para la produccin como para la circulacin de los productos. Estos lazos se basaban fundamentalmente en la usura que desarrollaba el comercio a diversas escalas con los productores agrarios, y se mostraban a travs del problema del endeudamiento, mecanismo utilizado para mantener al campesino en una situacin de dependencia respecto al comerciante. El circuito funcionaba debido a que el comerciante les prestaba, por medio de avances o anticipo, diversas mercancas que necesitaba el productor, ya para el consumo ya para la produccin, establecindose un compromiso, segn el cual, el campesino se comprometa a pagar las mercancas con un elevado recargo al recoger la cosecha, que deba vender al comerciante. As, los comerciantes lograban ganancias por diveras fuentes: en primer lugar, vendiendo a altos precios las mercancas extranjeras; en segundo lugar, imponiendo elevadas tasas de inters a los prstamos que el comerciante estaba seguro de cobrarse cuando llegara la cosecha y, en tercer lugar, en algunas ocasiones, con la compra forzosa de las cosechas a muy bajos precios.
Este sistema de intercambio no equivalente se caracteriza por cuanto supone una relacin entre produccin y circulacin, que queda establecida por el papel y control que ejercen los comerciantes en
el proceso de circulacin, quienes no slo se limitan a su papel de intercambio entre el productor y el consumidor, sino que tambin intervienen en la produccin, llegando incluso en algunos casos a llegar a controlar totalmente el medio de produccin del productor, es decir, la tierra.
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Esta caracterstica es lo que precisamente le da dinamismo al proceso de circulacin de mercancas que en este caso se forma esencialmente con las mercancas importadas y las exportadas.
La circulacin queda prcticamente determinada por la produccin, desde el momento que las unidades productivas reciben mercancas importadas, que al cabo de un cierto tiempo sern reembolsadas con mercancas que luego sern destinadas a la exportacin. Este sistema supone que los agentes econmicos (internos y externos) controlan la oferta y la demanda mediante el mecanismo antes citado.
En ese sentido slo podemos considerar como mercancas propiamente dichas* las que forman el circuito de importacinexportacin es decir, las mercancas dominicanas que llegan al puerto de exportacin mediante el mecanismo forzoso^ detenminado por los avances hechos a los productores y las mercancas provenientes de Europa o Estados Unidos- Ambas tienen su encuentro en el puerto de exportacin, donde se combina la forma del intercambio no equivalente (M-D-M) con el intercambio equivalente (mercancas extranjeras D-M D).
En el puerto de exportacin se produce un encuentro entre dinero-mercanca de la primera formula y mercanca-dinero de la segunda "Este encuentro da origen a una frmula intermedia y transitoria en que las mercancas se intercambian utilizando el dinero como escala de medida del valor*', (4) con mercancas dominicanas. Esta era una prctica bastante generalizada en el puerto de exportacin, donde se puede decir que aqu domina la frmula del intercambio no equivalente, concebido como un producto de la propia naturaleza de la economa pre-capitalista, donde la "forma de circulacin est de terminada esencialmente por dos elementos, uno de ndole externa, el comercio exterior, y otro de ndole interna, el modo de produccin". (5)
1,3 EL MERCADO INTERNO.
La estructura del mercado interno dominicano se caracteriza por la existencia y dominio de mercados locales regionales* constituyendo el productor campesino el principal creador de la riqueza a social.* Al mismo tiempo constitua la inmensa mayora de la poblacin y donde los dems grupos sociales dependan de l para su alimenta-
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cin y para obtener ingresos que aumentasen los suyos propios. En segundo lugar, por el control que ejercan los comerciantes del proceso productivo y de la circulacin. En tercer lugar, por las diveras funciones que realizaba el productor en el proceso de circulacin o distribucin, que se manifestaba a travs del cambio de sus productos en el mercado local o regional, como tambin el artesano rural y urbano. En cuarto lugar, por lo costoso que significaba llevar a cabo el proceso de distribucin o intercambio de los productos para obastecer el exiguo mercado interno, por cuanto el estado precario de las vas de comunicacin y transporte elevaba significativamente el tiempo y el esfuerzo dedicado a esta actividad.
En quinto lugar, por "la falta de elasticidad y la imperfeccin de la competencia" que se observa en este tipo de mercado precapita-lista, todo ello hace que en la "economa tradicional la distribucin sea enormemente costosa y requiera una gran suma de labor". (6). La sptima caracterstica apunta al monopolio que ejercen los comerciantes de la produccin y la circulacin, en particular de las casas comerciales, localizadas en los principales puertos de exportacin. El mecanismo que conduce "al monopolio, usura y dependencia del productor frente al comerciante" (7) lo constituye el sistema de anticipo de bienes (el crdito).
La octava se refiere a las diveras fluctuaciones que sufren los precios de los productos de exportacin, entre la unidad de produccin
y el centro de exportacin. Dicho en otra palabra, "la total autonoma con que los precios de un mismo producto sufren variaciones en
los distintos estadios del proceso mercantil", (8) tal es el caso del tabaco para slo citar un ejemplo.
La ltima caracterstica esencial apunta a la no existencia del encuentro "libre de la oferta y la demanda". (9) Donde el equilibrio entre la oferta y la demanda se establece a travs del mecanismo del intercambio no equivalente. Claro est, que esta afirmacin supone la no existencia de un mercado nacional, y s la existencia y dominio "de mercados regionales autnomos". (10)
Esta forma de intercambio constituir el mecanismo bsico de los intercambios locales, regionales e interregionales.
En ltima instancia este proceso conduce directamente al enriquecimiento del sector comercial (nacional y extranjero) y al empobrecimiento progresivo del productor y del campesinado en general,
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situacin que se traducir para el perodo posterior en el inicio del proceso de proletarizacin.
En suma stas son las caractersticas econmicas esenciales que asume la estructura del mercado interno dominicanay que, a nuestro entender, son una manifestacin concreta de la estructura productiva interna y de la vinculacin indirecta de sta con el mercado internacional, a travs de los centros comerciales de Santo Toms y Curazao y, en menor medida,de forma directa con los Estados Unidos. Vinculacin que le va a conferir al proceso de circulacin un gran dinamismo.
TIPOS DE MERCADO
El mercado ms importante estaba constituido por los principales productos agrcolas, caracterizndose por una circulacin bastante reducida, por cuanto en su mayor parte eran consumidos directamente por el productor y su familia. Estos productos que l intercambiaba en el mercado eran: tabaco, caf, cacao, azcar, cera, miel, los vveres, siendo los ms importantes el pltano y el arroz, productos de consumo generalizado que creaban comercio interior.
El principal producto del mercado de productos agrcolas que creaba mercado interno estaba constituido por el tabaco y su manufactura. No slo por el producto en s y porque se trate de un producto de exportacin, sino fundamentalmente por todos los recursos materiales y humanos que pona en movimiento en la regin del Ci-bao e indirectamente en toda la Repblica.
El segundo mercado estaba constituido por productos de consumo como las frutas, legumbres y hortalizas, as como tambin los huevos, la leche y sus productos derivados.
El tercer mercado estaba constituido por los productos elaborados por la industria rural y urbana que son suministrados a la poblacin, constituyendo el casabe y el chocolate productos de consumo generalizado. As como tambin las fibras vegetales y sus derivados, que, en opinin de Bono, "se fabrican en tonelada", en la regin del Cibao para abastecer el mercado interno.
La industria urbana, localizada esencialmente en los principales centros urbanos, se encontraba separada de las actividades- agrcolas artesanales, y estaba formada en su mayor parte por la destilera de
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ron y aguardiente, as como por una serie de talleres dedicados a diversas actividades de artesana.
En cuanto a las mercancas importadas de consumo generalizado, diremos que las mismas limitaban el crecimiento del mercado interno, por cuanto, adems de competir en calidad y precio con la manufactura nacional, reducen el papel de los distintosmercados* de su funcin de abastecedores nacionales. Estos mercados ponan en movimiento el exiguo mercado interno.
H : CARACTERSTICAS, MECANISMOS Y FUNCIONAMIENTO
DE LA ESTRUCTURA PRODUCTIVA, COMERCIAL, FINANCIERA Y EL MERCADO DE TRABAJO. 1875-1925
2.1. EL SECTOR AGRCOLA
De una estructura productiva basada en el crecimiento hacia afuera, limitada pero real, y de un crecimiento del mercado interno que satisfaca las necesidades de consumo de la sociedad dominicana, basada en la produccin campesina y la artesana rural y urbana, que serva de sostenimiento a las exportaciones; se pasa ahora, a una estructura productiva dominada en lo esencial por la produccin agrcola a gran escala, sustentada en las grandes unidades de produccin agrcola y el latifundio caero, aunque van a coexistir las dos formas fundamentales de produccin As como tambin se va a operar una nueva reorientacin de la economa dominicana en la economa internacional.
Desde el punto de vista econmico, no existe una ruptura de orden fundamental entre la hacienda tradicional y la hacienda moderna. Ambas coinciden en una caracterstica de primer orden: su carcter extensivo. De ah que la ruptura entre el dominio de los elementos tradicionales correspondiente al perodo 18441875 y el surgimiento de los elementos nuevos que surgen a partir de 1875, es slo ms aparente que real. Es ms, aqu se van a reproducir los mecanismos coloniales de seguir concibiendo el crecimiento de la economa de exportacin, recurriendo de nuevo a la utilizacin de los recursos naturales y humanos en forma extensiva, mano de obra barata y abundante, y la utilizacin del mecanismo coercitivo de la fuerza de trabajo, limitando en consecuencia la movilidad social de la misma, en particular en la hacienda caera.
Si tmanos en cuenta que para la primera fase de crecimiento del
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modelo, 1879-1890, las haciendas contaron con el mecanismo de la concesin de tierra por parte del Estado Dominicano, de que la inversin de capital fijo en la hacienda es bajo, as como la presencia del sistema de anticipo en mercancas a cuenta del salario del trabajador, de que la circulacin monetaria era mnima al interior del Batey, llegamos a la conclusin de que slo podemos admitir una cierta diferencia y es en la utilizacin de nuevos mtodos y tcnicas de produccin, consistente en lo fundamental, en una mejor, pero no nueva organizacin interna y por ende una mayor rentabilidad, sobre todo las que surgen carca de los principales centros productivos y de los puertos de exportacin, por cuanto estn orientadas en lo esencial a la exportacin; no as con la hacienda del interior que permaneci sin sufrir cambios, y orientada esencialmente al mercado interno. Es el caso de la hacienda ganadera y la de caf.
Es precismamente este carcter extensivo lo que le confiere al latifundio convertirse en uno de los principales factores que van a impedir al surgimiento del mercado nacional para el perodo 1875-1914.
Tanto las unidades de produccin modernas como las tradicionales se basan en la especializacin econmica de uno o dos productos. Situacin que, llevada a su mximo extremo, se traduce en una tendencia a tener que depender de "las oscilaciones cclicas de la demanda internacional" (11), y por consiguiente, su crecimiento se basar en la utilizacin de extensas reas no ocupadas productivamente, en una primera fase; lo que permitir a las unidades productivas extenderse como suma facilidad.
El crecimiento lento, pero sostenido, de las exportaciones dominicanas, sobre todo hasta 1914, se hizo afectando en gran medida la produccin campesina orientada hacia el mercado interno; y, si bien es cierto que tanto los grandes productores como los medianos y los pequeos se beneficiaron de tal crecimiento desde el punto de vista de los ingresos monetarios que representaba tal crecimiento, no es menos cierto que el proceso benefici a los primeros. Contribuyendo a profundizar an ms las desigualdades econmicas y sociales.

Tal proceso iba a significar a la larga, la pauperizacin del campesinado, as como de las capas populares no ligadas estrechamente a la economa de exportacin, originndose as el proceso de proletariza-cin de las mismas, por cuanto en la medida en que el ingreso se concentraba en pocas manos, en esa medida, su nivel de ingreso y de consumo se reduca. Se sientan as las bases de su pauperizacin y su
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consecuente proletarizacin. Situacin que se produce en grado muy limitado durante el perodo 1875-1914, si tomamos en cuenta que la poblacinm todava para 1920 es predominantemente agraria y las formas tradicionales de la propiedad de la tierra todava tienen un gran peso en toda la estructura agraria.
El factor que mayor presin ejerca sobre la produccin campesina sera, por un lado, el dominio que ejerca el comerciante frente al productor, por cuanto a mayor demanda internacional, se presionaba ms al productor a travs del mecanismo del intercambio no equivalente y el anticipo de mercancas y dinero; esto se traduca a la larga en una dinmica que vena a favorecer al latifundio caero, ya que el objetivo central del modelo de crecimiento hacia afuera, como de hecho sucedi, fue desencadenar "un proceso que, mediante el des-mantelamiento gradual de la economa campesina, otorgue al latifundio la funcin de centro de la vida econmica". (12)
Sirva de ejemplo de este proceso la gradual ruina de la que fueron objeto los medianos y pequeos colonos caeros; el abandono de la produccin campesina orientada al consumo directo y al abastecimiento del mercado interno.
En ese sentido, el latifundio no puede considerarse como un mecanismo ms de concentracin de la propiedad de la tierra en beneficio exclusivo del monocultivo, sino que el mismo fue "un modo de organizar la produccin que toma en cuenta las posibilidades objetivas y concretas para combinar los recursos naturales y las posibilidades humanas". (13)
Sirva de ejemplo de este proceso el latifundio caero y maderero, que llega a generalizarse para 1925. En cuanto al primero diremos que de un total de 4, 751 hectreas para 1882, pasa a ocupar 13,206 para 1884, es decir que en un lapso de 2 aos su nmero se ha triplica do. Un indicador de la naturaleza social del latifundio lo constituye el hecho de que de las 4,751 hectreas un 24% no estaba ocupado productivamente. Para llegar a ocupar en 1914 un 60 o/o de un total de 56,421 hectreas, y ya para 1920 representaba el 72 o/o de un total de 169,835 hectreas; representando un ligero aumento para 1925, que era de 177,797 hectreas.
Lo mismo se puede decir del latifundio maderero de la parte suroeste del pas, que para 1926, ocupaba la friolera de ms 188 mil hectreas, segn Melvin Knight
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Los nuevos mecanismos que van a favorecer y a ir fortaleciendo de una forma gradual al latifundio y a las grandes unidades productivas de caa, cacao, caf, algodn, guineo y tabaco, sern el Estado Dominicano, a travs de leyes y decretos, la no gravaci onde la produccin, con el propsito de no afectar los intereses de la clase dominante y la penetracin del capital extranjero, en estrecha alianza con el
capital nacional.
Los mecanismos enunciados se conjugaron para hacer del latifundios y las grandes unidades de produccin la pieza central del modelo de crecimiento hacia afuera, bloqueando de esta manera el crecimiento del mercado interno. As pues, el latifundio ser uno de los principales factores, que explica en ltima instancia dicho bloqueo y por tanto, el desarrollo econmico nacional, basado en la modernizacin, la industrializacin y4el mercado interno.
2 2 LA ESTRUCTURA PRODUCTIVA. EL SECTOR
INDUSTRIAL
La industria azucarera no constituye propiamente dicho un sector industrial, desde el punto de vista del mercado interno, de la modernizacin y de la industrializacin nacional. Se trata de una industria que produce esencialmente para la exportacin, esta es su caracterstica econmica esencial. Responda al modelo de crecimiento hacia afuera. Aunque indirectamente contribuy a este proceso.
En ese sentido, el surgimiento de la modesta estructura industrial dominicana se produce a partir de los aos de 1880. Y la misma permanecer as, sin sufrir grandes transformaciones, hasta 1930. La misma estaba subordinada al crecimiento hacia afuera; entonces, esto explica que tuviera un crecimiento lento, orientada en su exclusividad hacia el mercado interno.
El sector industrial funcionaba con tres tipos de industrias, que respondan a sistemas econmicos diferentes. Se trata de la produccin artesanal y manufacturera y la propia de la industria moderna, destacndose en esta ltima cotegora, fbricas de calzados, de fsforos, jabn, chocolates, pastas alimenticias, de sombreros, de ropas, ladrillos y de cal, cigarrillos, alcohol, ron, losetas de mosaico, velas estericas, galletas, entre las ms importantes.

Evidencindose a lo largo de todo el perodo bajo estudio un pe-
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so considerable de la artesana y la manufactura, siendo el ms importante en ste ltimo rengln, la manufactura del tabaco, que seguir constituyendo la rama econmica ms importante del sector industrial nacional. Y que tiene su manifestacin ms concreta, en el inicio del proceso de industrializacin del tabaco entre finales del siglo XIX y principios del XX, con la introduccin de la mquina de vapor, la cual revolucion el rengln de la produccin en particular de cigarrillos. Contribuir creando mercado interno, en una escala superior, con relacin a las dems industiras modernas, a pesar de que en su mayora se trata de industrias de baja tecnologa y capital, pero importantes desde el punto de vista econmico y social. Santiago y Santo Domingo sern los principales centros urbanos, que concentran la mayor actividad industrial. Este sector estaba en mano de la incipiente burguesa industrial dominicana.
23 LA ESTRUCTURA COMERCIAL
Los cambios en sentido moderno, introducidos en la estructura productiva, necesariamente suponan la modernizacin de la estructura de comercializacin, como mecanismo fundamental que servir para ampliar y mejorar los circuitos mercantiles y, en consecuencia, facilitar una mejor y ms rpida salida de la produccin exportable. El conjunto de estos servicios estuvo compuesto por las casas comerciales, as como su incremento en nmero y en actividades comerciales y bancarias, puertos, puentes, canales, compaa de electricidad, telgrafos, telfonos, almacenes, carreteras, vapores, servicios bancarios, etc., constituyendo el ferrocarril la principal innovacin tecnolgica del momento.
Sin embargo, a pesar del surgimiento de estos servicios que apa-? rentemente daban una apariencia de modermidad a la estructura productiva, no es menos cierto que tradicinalidad y modernidad van a coexistir, por cuanto no haba ningn inters en eliminar progresivamente los elementos tradicionales, por cuanto el inters bsico de la clase dominante dominicana y del capital extranjero, era poner el conjunto de estos servicios directamente en funcin del crecimiento hacia afuera, sin provocar una verdadera transformacin de las fuerzas productivas al interior de la economa y la sociedad dominicanas.
Por ejemplo, en el caso de la extensin de las lneas ferrovarias, podemos decir que est estrechamente relacionada con una mayor demanda internacional de los productos exportables (caso del cacao) a finales del siglo XIX, lo que supona no un aumento o mejoramiento de los rendimientos o sea de la tcnicas agrcolas,sino ms bien, la
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tendencia a ocupar nuevas zonas, lo que supona un aumento de la red ferroviaria. Esto es lo que explica el porqu los ferrcarriles que I surgen en el Norte, viculan los principales centros productivos con sus respectivos puertos de exportacin, y que en ningn momento hubo intencin de crear una red ferroviaria nacional, ni por parte del i capital nacional ni internacional.
I La nueva tecnologa, si bien es cierto que aument grandemente i el proceso de la circulacin y de los intercambios de las mercancas, no es menos cierto que contribuy de manera destacada a favorecer el mantenimiento "de una organizacin de la produccin de tipo ex-I tensivo". (14) Prueba de ello lo tenemos con el surgimiento de las nuevas haciendas de caa, cacao, caf, algodn, guineo y tabaco entre finales del siglo XIX y comienzos del XX
Como consecuencia de la modernizacin de la estructura de co-| mercializacin, las casas comerciales tendrn una participacin destacada en los nuevos circuitos comerciales, interesndose ahora por la expansin .de las transacciones y el volumen de las mercancas impor-i tadas y exportadas. Tambin asistimos a una transformacin lenta de \ la forma del intercambio no equivalente y los avances en mercancas, | aunque para la comercializacin interior seguir teniendo mucho pe-| so. El desarrollo de la forma del intercambio equivalente D-M-D es el producto del surgimiento de los grandes productores agrarios, producindose en consecuencia una relacin econmica diferente entre f las comerciales y los grandes productores. Ahora bien, pensamos que
su generalizacin se produce a partir de 1930.
De toda forma los nuevos cambios econmicos, tecnolgicos y sociales son portadores de un nuevo sistema econmico, cuya tendencia principal ser explotar las reas productivas que ms le convienen tanto al capital nacional, como extranjero, ensanchando el abismo cada vez ms entre explotadores y explotados. No podemos olvidar que el sector agrcola, cuya produccin sigue dependiendo de los [ mecanismos econmicos y sociales tradicionales, contina siendo el ms importante.
La expansin del capitalismo, ahora en su fase monopolista, so-| bre todo el ingls, con su nueva tecnologa, que revolucion el transporte de mercancas, necesariamente tuvo que repercutir en el rol que venan desempeando las casas comerciales extranjeras que con-[ trolaban la comercializacin exterior en relacin estrecha con sus [ metrpolis. Ahora se establecer una mayor vinculacin entre las ca-
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sas comerciales y la actividad financiera, aunque ya antes de 1875 estas realizaban operaciones bancadas. Fue precisamente el ferrocarril, quien contribuy en gran medida a crear este tipo de vinculacin. Es decir, "vincular el movimiento de las mercancas a una estructura financiera ms consistente". (15)
2.4 LA ESTRUCTURA FINANCIERA
El auge de las exportaciones y, por ende, los enormes beneficios
generados, determin que la clase dominante diversificara sus capitales invirtindolos en otras actividades econmicas, aparte del azcar.
Esto es lo que da nacimiento al grupo econmico que controla la modesta estructura industrial, as como a la ampliacin y modernizacin de sus unidades industriales, destacndose en este proceso el
grupo Vicini y Cia. As como tambin los grupos econtnicos que lograron acumular sobre todo a partir de la tierra y del comercio y
que luego invertirn sus capitales en diversas actividades ligadas a los principales centros urbanos. Sirva de ejemplo el caso de la transformacin de la manufactura del tabaco en industria moderna.
A partir de 1875, asistimos a la formacin de la estructura financiera dominicana, constituida por las juntas o compaas de crdito,
verdaderas sociedades financieras y los bancos. Formada por los principales industriales dominicanos y los ms prominentes comerciantes, ligados a la economa de exportacin y a las industrias de bien.es de consumo, quienes a la vez, desempearon el papel de ser los principales financiadores del Estado, por cuanto el Estado dependa en lo fundamental para cubrir sus gastos, de las entradas aduanales, lo que unido a las irregularidades de las mismas, incapacitaba al mismo para hacerle frente a sus gastos, y adems esto.determinaba que no pudiera trazarse una poltica econmica tendiente a invertir en obras pblicas, como puentes, puertos, carreteras y ferrocarriles, lo que dejaba la puerta abierta al capital extranjero, va los emprstitos para penetrar nuestra economa.
Aqu se encuentra, precisamente, el origen del endeudamiento externo dominicano.
La estrecha alianza entre la clase dominante dominicana y el capital extranjero era evidente. En un primer momento, o sea, entre 1851 y 1890, los prstamos provenan de los pases europeos, en particular de Inglaterra, por cuanto fue la que domin el mercado monetario
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internacional hasta 1914. La deuda extranjera ascenda a 4,122,750.40 dlares en 1888 para elevarse a 25,572.05 dlares en 1897, sin intereses, siendo la deuda pblica de 40,267,404 dlares para 1905.
El incremento de la deuda a partir de 1890 es el resultado directo de la penetracin de las instituciones financieras norteamericanas en franca competencia con los capitales ingleses. Hasta 1890 dominaron los prstamos europeos, para ser desplazados en el dominio y control que ejercan de la estructura financiera dominicana, as como de la estructura externa de comercializacin por los Estados Unidos, proceso que termina hacindose completamente dominante a partir de 1914.
El mecanismo utilizado por las instituciones financieras norteamericanas fue la compra de los activos y los pasivos dlas instituciones financieras europeas, es el caso del Banco Nacional de Francia, con accionistas dominicanos, y el ferrocarril central dominicano. A partir de ah, la penetracin de los capitales americanos empieza a controlar la estructura financiera del Estado Dominicano, hasta llegar a controlarla totalmente entre 1905-1907. Y de ah era ya fcil llegar a controlar el aparato productivo exportador entre 1914 y 1925. Llegando a desplazar al sector dominante dominicano que controlaba el nico sector importante que conservaba, hasta ser recuperado nuevamente por el Estado Dominicano a travs de la administracin truji-llista.
Obsrvese que la penetracin del capital norteamericano difiere notablemente de la penetracin del europeo en particular el ingls, quien siempre se interes por las finanzas y el comercio, en cambio el capital financiero norteamericano, dirigi el grueso de sus inversiones hacia el sector productivo externo.
2.5 LA "DESNACIONALIZACIN Y DESARTICULACIN"
DE LA ECONOMA DOMINICANA Y EL MERCADO INTERNO
El proceso de "desnacionalizacin" y por ende de "desarticula-zacin" de la economa dominicana, por parte del capital financiero norteamericano, necesariamente tena que tener una repercusin demoledora para la produccin nacional orientada hacia el mercado interno, traducindose esto en la ruina de numerosas industrias arte-sanales y de las industrias modernas de bienes de consumo. Pasando
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cueamente a ser dominado el mercado interno por los productores industrializados provenientes en lo fundamental de los Estados Unidos. El mercado fue inundado de bienes de consumo que el pas produca y pudo producir en sus industrias nacionales.
Para citar un slo ejemplo diremos que la importacin de algodn y otros textiles experiment un crecimiento de 240 o/o entre 1905 y 1913, y de 1914 a 1920, de 931 o/o. Las fibras vegetales de 288 o/o y 353 o/o. Los comestibles que incluye, arroz, harina de trigo, pescados, licores, frutas, etc., de 339 o/o a 1924 o/o. Los cueros y pieles de 278 o/o a 715 o/o.
Para los mismos perodos el crecimiento de los importaciones ftie de 239 o/o y 519 o/o. Y las exportaciones pasan de 52 o/o a 455 o/o.
Es precisamente la nueva conyuntura mundial -primera guerra mundial- la que posibilita a la nueva potencia mundial reorientar nuestro comercio exterior hacia ella, provocando cambios profundos en la economa y la sociedad. As como la intervencin directa del imperialismo norteamericano en nuestro pas, que sirvi para apuntalar an ms el dominio y control que venan ejerciendo, mancillando nuestra soberana e independencia nacional.
2 j6 EL MERCADO DE TRABAJO
El proceso de modernizacin no desmboc en la formacin de un verdadero mercado nacional, ni mucho menos de un autntico mercado de la fuerza laboral. A lo sumo se puede hablar de mercados locales y regionales. Ser a partir de 1914 cuando se van creando las condiciones para que este fenmeno se produzca.
Los factores esenciales que contribuyen a este proceso son el crecimiento de la economa monetaria, la produccin y circulacin de mercancas, los intercambios equivalentes, la divisin social del trabajo, los medios de transporte y vas de comunicacin, quedando el pas prcticamente unido por un sistema nacional de carretera. Entre 1908 y 1922 se construyeron 905 kilmetros, as como ms de 244 millas de lneas ferroviarias. As como la proletariz'acin del campesinado, el crecimiento urbano y demogrfico, la emigracin hacia los principales centros urbanos, etc.
El surgimiento de las grandes unidades productivas, dio origen a lo que se conoce como la mobilidad de la poblacin. La misma en
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principio tuvo un carcter moderno, y nos ayudar a comprender, que es el propio crecimiento de la economa de exportacin el que provoca una nueva "redistribucin demogrfica en funcin de las zonas productoras de bienes exportables". (16)
El caso de las haciendas caeras servir para ilustrar muy bien la transformacin de una fuerza de trabajo que originariamente gozaba de plena libertad de movimiento, para transformarse en peones de las haciendas, perdiendo as dicha libertad. Esto se hizo a travs del mecanismo de endeudamiento de la mano de obra, que conduce al central a tener un mejor control de la misma, as como a controlar el salario nominal, por medio de las bodegas y las tiendas de los ingenios y las tiendas de los ingenios. Y a reducir de una forma drstica la circulacin monetaria, y por tanto las relaciones monetarias que puedan existir son mnimas para no decir nulas.
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Los productos consumidos internamente por la fuerza laboral de los bateyes, no pasaban por el mercado, por cuanto eran importados directamente por los propietarios de los ingenios. Se comprende pues que todos estos factores en ltima instancia conducen directamente a desvincular la fuerza de trabajo del mercado local o regional. La organizacin interna y las relaciones de produccin que caracterizan a la vieja y a la nueva hacienda,nos conduce a afirmar que la fuerza de trabajo no tiene la caracterstica de un autntico obrero agrcola asalariado, sino la de ser una mano de obra endeudada, constituida por el pen agrcola.
Donde s podemos decir que se va formando un mercado de la fuerza laboral es en los principales centros urbanos, como Santo Domingo y Santiago, y tendr un carcter esencialmente local.
"Los elementos formativos de un mercado laboral de trabajo incipiente" (17) los encontramos en el acelerado proceso de crecimiento de las exportaciones a partir de 1914, que pone en crisis, por un lado, la industria rural, sector fundamental para la economa del campesino-artesano, provocando su emigracin a otras zonas, como consecuencia de la prdida de su medio de produccin. La prdida de la tierra por parte del campesino-productor, y por ende la concentracin de la propiedad y del ingreso en pocas manos. Esto conduce u origina en parte la emigracin de las reas rurales a los centros urbanos.
Por ltimo diremos que el crecimiento econmico, con el sector
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exportador como dominante, as como el acelerado proceso de circulacin de las mercancas, contribuy grandemente a integrar econmicamente a las diferentes regiones, y en consecuencia unific el espacio dominicano. Los medios de comunicacin y transporte contribuyeron a este proceso.
La participacin de cada regin a travs de la especializacin econmica fue muy desigual y su grado de participacin estuvo determinado por su importancia, dentro del cuadro del modelo de crecimiento hacia afuera.
Al mismo tiempo que se produce un proceso de integracin regional y nacional, se produce la desintegracin, pero no la destruccin de viejas formas de economa, de propiedad, de vida, de poltica. En suma.cambios y transformaciones en la sociedad dominicana.
NOTAS BJBUOGRAFICAS
Esta ponencia se basa en nuestra tesis de maestra y doctorado, sobre "Estudio sobre la agricultura dominicana". 1844 1875 y 1875-1925. Inditos.
As como en Marcelo Carmagnani, "Formacin y Crisis de un Sistema Feudal". Ed. S. XXI, Mxico, 1976, y "Estado y Sociedad en Amrica Latina". 1850. Ed. Crtica, Barcelona, 1984 del mismo autor. Carlos Sempat Assadourian, "El Sistema de la Economa Colonial. Mercado interno, Regiones y espacio econmico". Instituto de estudios peruanos, 1982. Witold Xula, "Problemas y Mtodos dla Historia Econmica". Ed. Pennsula, Barcelona, 1977. Emilio Sereni, "Capitalismo y Mercado Nacional". Barcelona 1930. Lenin, "El Desarrollo del Capitalismo en Rusia", Ed. Progreso, Mosc, 1974. Carlos Sempat y otros, "Modos de Produccin en Amrica Latina". Cuadernos de Pasado y Presente, No. 40, Mxico, 1982.
1 Marcelo Carmagnani, "Estado y Sociedad...", p. 36
2 Carlos Sempat Assadourian, "El Sistema de Economa ...", p. 124
3 Ibidem. p. 125
4 Marcelo Carmagnani, "Formacin y Crisis...", p. 75
5 Ibidem. p. 78
6 Witold Kula, "Problemas y Mtodos...", p. 461
7 Ibidem. p. 461
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Marcelo Carmagnani, "Estado y Sociedad...", p. 37
"Formacin y Crisis...", p. 61
Ibidem. p. 67
"Estado y Sociedad...", p. 103 Ibidem. pp. 40-41
Ibidem. p. 47
"Formacin y Crisis...", p. 101 Ibidem. p. 95
"Estado y Sociedad...", p. 133 Ibidem. p. 107
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APORTE JURDICO A LA INTEGRACIN DE LA DOMINICANIDAD.
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Por Vctor Jos Castellanos E.
A MANERA DE INTRODUCCIN
Dentro del marco referencial del segundo Congreso Dominicano de Historia, a la memoria del Dr. Vetilio Alfau Duran, quien esto escribe, como profesional de las Ciencias Jurdicas, ha pretendido in-cursionar en la historia, como una forma de encontrar la gnesis de mis obligaciones dentro del campo profesional a que me dedico. Adems, tener una visin histrica, es rememorar tiempos pasados, en donde la especulacin y la diversidad de pareceres, es la dea central de la investigacin. Pero, todava es ms arriesgado, tratar de encontrar cules han sido los aportes jurdicos en la formacin de la dominicanidad.
En tal sentido, llevamos a la consideracin de todos ustedes, historiadores y aquellos que como yo, solamente "pretendemos" incur-sionar en la historia, una visin global, desde nuestros primeros tiempos, hasta la poca actual; poca esta ltima que a travs de este trabajo se diluye dando oportunidad de que primero sea historia.
El trabajo se divide en dos grandes partes: En una primera se analiza el Derecho como ciencia y sus desmenbraciones, sinnimo de elemento aglutinador y formativo de conciencias nacionalistas. Hacemos nfasis en esta parte, al papel que juega el Estado en su com-
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plementacin con el Derecho, como forjadores del soporte de ese mismo Estado.
Tambin dentro de esta primera parte, consideramos oportuno dilucidar las decisiones de los tribunales como conjunto coadyuvante entre el Estado y la nacin.
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PRIMERA PARTE
El Derecho como elemento aglutinador; formativo de conciencia nacionalista y soporte de la estructura del Estado.
El derecho corresponde a un conjunto de reglas de accin destinadas a poner orden en las relaciones entre los hombres. Est ligado a la vida social, es decir, a vida comn organizada. En su generosidad, las normas jurdicas van acompaadas habitualmente y para una mejor aceptacin del conglomerado, de una sancin o constreimiento social. No obstante la existencia del constreimiento o sancin social, es discutible el que se le considere un elemento esencial del derecho.
A menudo se emplea en trmino "leyes" como equivalente al "derecho". Tanto as que Montesquieu deca: "la ley, en general, es la razn humana en tanto rige a todos los pueblos de la tierra" (1), peropara el obuetivoque nos ocupa, parece preferible utilizar el vocablo derecho, porque "ley" tiene en el lenguaje corriente un sentido al propio tiempo ms amplio y ms restringido, que se puede prestar a confusin. Santo Toms deca "ley" "es un orden elaborado por la razn en vista del bien comn y promulgado por quien tiene a su cargo la direccin de la comunidad".(2) Esta definicin no exige que la regla sea promulgada segn formas determinadas por una autoridad humana, pero, se presupone, un legislador que expresa su voluntad, oponindose a la costumbre, que se forma espontneamente bajo la influencia de las exigencias sociales.

En el derecho positivo moderno, la palabra ley ha adquirido un sentido mucho ms restringido, designado solamente la parte escrita del derecho, distinguindola de la costumbre o parte no escrita del derecho. Es preciso tambin sealar que la palabra "derecho", se usa a veces en un sentido distinto al que acabamos de exponer. As decimos, que los hombres "tienen derechos", pero, no designamos una regla o conjunto de reglas, sino un poder subjetivo. Lo que es lo mismo, el hombre tiene "derecho" a hacer una cosa determinada o abstenerse de hacerla. Es libre de obrar de este modo.
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De todo lo expuesto, colegimos que, el objetivo del derecho es asegurar la salud social, el bien de los hombres y asegurar una conciencia colectiva bajo una estructura jurdica.
Una ley es una regla establecida por la mayora de una colectivi-
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dad, para el bien de los hombres. Pero el beneficio que produce una ley depende de las condiciones del pueblo al que se aplica y as tenemos que, leyes excelentes en s pueden ser detestables si el pueblo al cual se aplican no est preparado para recibirlas.
Rousseau dice en su obra "El contrato social":"Del mismo modo que un arquitecto, antes de construir un gran edificio, observa el suelo y lo prueba para ver si puede sostener el peso, un institutor prudente no empieza dictando leyes buenas en s, sino que examina antes si el pueblo al que estn destinadas podr soportarlas". (3)
Agrega adems, Rousseau, "los objetivos generales de toda buena institucin deben modificarse en cada pas de acuerdo con las condiciones que resulten de la condicin local y del carcter de los habitantes. Es necesario basarse en estas condiciones para asignar en cada pueblo un sistema particular de institucin, que sea el mejor para el Estado a que se destina, aunque tal vez no sea le mejor en s". (4)
Como consecuencia de la corrupcin de los hombres, hay tradicciones inmorales que hacen imposible el progreso y puede ocurrir que el legislador se vea obligado a toleradlas transitoriamente por temor a que se produzcan mayores males. Se presenta especialmente este caso cuando una nacin "civilizada" coloniza un pas atrasado, en el que existen costumbres brbaras incompatibles con la civilizacin. El Estado colonizador se ve forzado a veces a tolerar tales costumbres durante el tiempo que sea necesario para que las nuevas condiciones de existencia y la evolucin de las ideas hayan transformado las constumbres indgenas; ocurre tambin en muchos casos lo contrario, tal es el caso nuestro, en que el Estado colonizador arrasa con las costumbres indgenas como una forma de imponerse y al mismo tiempo de tratar de imponer sus reglas jurdicas.
No existe ninguna esfera de la vida que escape a la intervencin del derecho. Las transformaciones de la civilizacin deben acompaarse de transformaciones jurdicas; si la vida ocasiona continuos cambios en las condiciones humanas, el derecho, que reglamenta la vida comn, debe cambiar con la vida. Es inestable por naturaleza. Nada ms falso que la idea de un derecho fijo "ne varietur".
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Historia, Derecho y Estado
En nuestro pas, a travs de la historia de los tiempos, mucho se ha discutido en torno a la funcin del derecho y ms an cuando se relaciona en la dinmica de los cambios sociales.
En efecto, la sociedad dominicana se ha desenvuelto dentro de una serie de alteraciones continuas de mayor o menor grado, por veces imperceptibles y otras veces conmueven la nacin dominicana, pero al fin de cuenta todos cambios y hechos en las diferentes etapas de nuestro devenir histrico, participando el derecho como regulador, como ente de equilibrio y formacin de una verdadera estructura jurdica, sobre la que descansa toda la nacin y el Estado dominicano.
El derecho y el cambio social como coadyuvantes de la dominicanidad es algo cierto e irrebatible, an cuando se haya planteado que el derecho no es ms que una "superestructura determinada por las condiciones materiales que determinan las fuerzas econmicas dominantes" lo cual, aparentemente sugiere la idea deque al ser consecuencia, no causa, es imposible que el mismo pueda alentar las transformaciones sociales.
Pero tambin, basta recordar la guerra fatricida de abril de 1965, que se libr precisamente bajo el smbolo de la Constitucin del ao 1963, vale decir, bajo el ideal inequvoco del derecho. Tambin es cierto que, las instituciones jurdicas envejecen y en ese proceso degenerativo sirven en algunos casos de valladar al progreso de los pueblos. Sin embargo, han transcurrido muchos siglos, desde que los romanos elaboraron sus instituciones jurdicas, en donde lagira de los cesares implant sus tentculos como columnas enmohecidas por el vicio y la corrupcin, ms an, ese derecho inyect hasta los
que aqu nos han llegado por principios de razn, equidad y justicia.
El objetivo de la historia de la historia jurdica, es el estudio del derecho pasado, que fue el que quiso ser, pero no tratado como una curiosidad de museo o de aportacin arqueolgica decorativa, sino en su intrnseco dinamismo y en su variedad formal, para que en contacto con la realidad presente en una poca o tambin por qu no, con el derecho de ese mismo ciclo histrico, sea posible convenir en el carcter realstico, formativo y aglutinador de la disciplina. Esto explica que pensemos que hablar de historia y de derecho, no es tanto uno, ni otro, sino que ms bien debiramos
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rotular su contenido, en el sentido de sealar el derecho que fue y derecho que quiso ser y pudo, porque si el asentimiento de la comunidad y el cumplimiento de la norma es lo que determina el carcter estrictamente "jurdico" de una disposicin, seguramente habremos de pensar que muchas partes de la legislacin dominicana,, si tal se le pudiera llamar, no fue derecho porque no lleg a tener otra vida que la menguada adolescencia de textos legales forneos.
Hemos llegado a una conclusin muy personal, de que la evolucin del derecho forma parte esencial de la historia jurdica de un pas. Demostraremos cmo y por qu evoluciona el derecho en contacto con factores sociales y cmo ste se convierte en un ente integrador.
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Existe una controversia entre aquellos, que creen que el derecho debe, esencialmente seguir y no guiar, y que debe hacerlo con lentitud, en respuesta a un sentimiento social claramente formulado, y por otra lado quienes creen que debe ser un agente decidido en la creacin de normas nuevas; esto es un tema controversial que se viene repitiendo en la historia del pensamiento jurdico. Lo ilustran de manera muy expresiva los puntos de vista contradictorios de Savigny y de Bentham. (5)
Para Savigny, adversario de las tendencias racionalizadoras y legisladoras estimuladas por la Revolucin Francesa, el derecho "se encuentra", no "se hace". Slo cuando la costumbre popular articulada en parte por los jurisconsultos, se ha desarrollado plenamente, puede y debe entrar en accin el cuerpo legislativo. Savigny era enemigo de la codificacin, empezando por la napolenica.
Por el contrario Bentham, creyente en la eficacia de las leyes reformadoras racionalmente estructuradas, dedic gran parte de su vida a redactar cdigos para gran nmero de pases y su filosofa, y la de sus dicpulos convirtieron instituciones legislativas en promotores de reformas sociales y en parte tambin, estimulando las mismas.
La teora de Savigny es hoy por as decirlo un tema histrico excesivamente fuera de tono con la sociedad moderna, pero la teora mucha ms sutil y realista que expuso un siglo despus el jurista austraco Eugen Ehrlich, s hay que tenerla en cuenta.
Existe analoga de los puntos de vista de Ehrlich con los de

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Savigny y reside en la importancia que concede al "derecho vivo del pueblo" basado en la conducta social y no en la norma coercitiva del Estado. Las normas observadas por el pueblo, as materia de hbitos religiosos como de vida de familia o de relaciones comerciales son leyes, an cuando nunca sean reconocidas ni formuladas por la norma del Estado. Para Ehrlich, la principal esfera de la norma compulsiva del Estado est en los campos especficamente relacionados con los fines del mismo Estado, a saber, organizacin militar, tributacin o la administracin pura. Aunque admite que la rbita del Estado se ha ensanchado en nuestro tiempo, pero todava sigue constituyendo para l una parte ancilar del Derecho, que l separa del "derecho vivo" de la comunidad. Ahora bien, an esa diferencia fundamental entre un cuerpo principal de derecho, que nace de la vida social del "pueblo", el cual vive como naciones, como congregaciones eclesisticas, o simplemente como sociedades de negocios y una esfera limitada de "normas del Estado", creadas para fines de organizacin y proteccin ha perdido su validez y significado en la sociedad cada vez ms industrializada y articulada de nuestro tiempo.
Actualmente, los cuerpos legislativos trabajan activamente en todas partes, flanqueados por una multitud de organismos administrativos por un lado y por una diversidad de instituciones judiciales por el otro. Moldean y reglamentan activamente las distintas manifestaciones de la vida comunitaria. Hoy en la legislacin particular se sealan las normas para una institucin jurdica y sta a su vez afecta poderosamente los hbitos del pueblo.
Quiero significar que existe una relacin estrecha por no decir de complementacin, entre el Derecho, los cambios sociales y por ende la unificacin de ideales en la bsqueda de un bien comn. Es tal la relacin, que el derecho es capaz de moldear y condicionar la inteligencia de las personas a quienes dirige, en tal grado, que aceptarn en muchos casos, mansamente, o an con entusiasmo cualesquiera leyes que los amos o dirigentes del momento les impongan, ya por decreto directo, ya usando las apariencias de un procedimiento legislativo seudo-democrtico, ya utilizando el mazo de una democracia. Por ejemplo, en Alemania durante el gobierno nazi, se revel hasta donde se puede llegar en una cobertura legal, utilizando procedimientos despiadados y fanticamente seguidos; hasta donde la lealtad absoluta al Estado, a su estructura jurdica, fueron puestas por encima de los lazos familiares y las libertades individuales y los derechos de asociacin fueron extinguidos y reemplazados, todos en aras de unas


ideas; ideas plasmadas en leyes y stas que de alguna forma unificaban a la Alemania nazi.
No obstante, podemos tambin decir que an bajo la existencia del rgimen nazi hubo manifestaciones jurdicas, diseadas bajo el nombre de decretos que, en vez de aglutinar, dispersaban las familias, como aquel decreto que autorizaba a los miembros de las familias a denunciar a sus parientes que hubieran hecho manifestaciones crticas contra el gobierno. Es evidente, tambin, que un nmero mucho mayor de alemanes no prestaron ninguna atencin a ese decreto, manifestaciones stas que permitieron formalizar I imites definidos al poder del gobierno nazi para efectuar una revolucin jurdica total.
En una democracia, la accin mutua entre la opinin social y las actividades legislativas generadoras de derecho, son ms claras y ms articuladas. La opinin pblica sobre cuestiones sociales vitales se expresa constantemente no slo a travs de los representantes elegidos para las asambleas legislativas, sino mediante la discusin pblica en la prensa, la radio, las conferencias jurdicas, la presin de los grupos y, en un plano ms complicado, mediante las asociaciones cientficas y profesionales, las universidades y otros muchos rganos.
A causa de esta constante accin recproca entre la articulacin de la opinin pblica y el proceso legislativo, la tensin entre la norma jurdica y la social rara vez puede ser demasiado grande.
En un sistema democrtico no es posible imponer una ley a una comunidad totalmente hostil. Pero un fuerte mar de fondo social obliga a ejercer la accin legal ms tarde o ms temprano.
Entre esos dos extremos, hay una gran variedad de modalidades, de incitacin y de respuestas a ella. Por una parte, la ley puede al fin y tardamente, responder a la marea irresistible de la constumbre o de la opinin social. Este es el caso de la ampliacin gradual de las causas de divorcios en Repblica Dominicana. Esta ampliacin es una respuesta creciente a la libertad de movimientos de la mujer casada, la relajacin de los vnculos religiosos y el desarrollo de hbitos sociales que conducen a la disolucin de un nmero cada vez mayor de matrimonios. Aqu al derecho, como norma, se le presenta una alternativa, permitir que se produzca una brecha cada vez mayor entre la teora jurdica y la prctica social, o responder a un cambio irresistible en los hechos sociales de la vida.
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En otro orden de ideas, tanto la respuesta jurdica por el hecho de la ley, como la judicial por las decisiones jurisdiccionales, las ne-cecidades de la opinin pblica son estimuladas en gran media por las guerras, inversiones, y por otras grandes emergencias nacionales, como sera en particular el hecho de las antiguas colonizaciones y el neo-colonismo de las potencias de turno. As vemos que, sobre el fondo de la gran depresin, que produjo el caos econmico, gran inseguridad social y muchos millones-de hombres sin empleo, fue posible, en el transcurso de unos pocos aos, establecer un elemento ntegrador en los Estados Unidos, como fue el sistema de seguro social de gran alcance nacional.
Las emergencias nacionales tienden en definitiva a producir un reajuste en las libertades individuales y la seguridad nacional.
Las decisiones jurisdiccionales (tribunales), la evolucin jurdica y la formacin de una conciencia nacional.
Todo orden legal, tiene ante s el problema del papel qu desempean los tribunales en la evolucin del Derecho y de sus respectivas' comunidades.
Hasta comienzo del siglo prevaleci en la teora y en la prctica la opinin de que haba divisin tajante entre la esfera del legislador y la judicial. La xuncin del primero era hacer leyes, y la de la segunda aplicarlas.
Refirindose a la funcin judicial Osear Hasperu Becerra, en su obra "La revolucin legal" dice: "Para que en un Estado tenga vigencia jurdica efectiva, no meramente nominal, es necesario que la ley, adems de consagrar los principios fundamentales de las expectativas del pueblo, garantizando el reinado de sus normas y de aquellos mismos principios por encima de las propias normas, instituya un organismo estatal encargado de administrar justicia con autonoma y eficiencia funcionales".6
En los Estados Unidos, hace ms de medio siglo, Roscoe Pound empez a examinar el Derecho y los problemas jurdicos desde el punto de vista de intereses y valores contrapuestos. El estudio, no slo de los problemas del orden jurisdiccional, sino del derecho consuetudinario, del derecho obrero, y de otros campos, llev a Pound a considerar el derecho predominantemente como un instrumento de ingeniera social en el que los impulsos antagnicos de la filo-


fa poltica, de los intereses econmicos y de los valores ticos luchan por hacerse admitir contra un fondo de historia, de tradicin y de tcnica jurdica. El juez Cardozo formul los resultados de la reflexin y de la experiencia prctica de toda una vida en los siguientes trminos. Cito: "... la lgica y la historia, la costumbre, la utilidad y las normas consagradas de la buena conducta son las fuerzas que aisladamente o en combinacin moldean el proceso del derecho. Cul de esas fuerzas domine en cada caso, tiene que depender en gran parte de la importancia o el valor de los intereses sociales que mediante l sern fomentados o perjudicados. Uno de los intereses sociales ms fundamentales, es que la ley sea uniforme e imparcial. No debe haber en su accin nada que huela a perjuicio o ni siquiera a capricho arbitrario ni a vacilacin. Debe haber un desarrollo simtrico, congruente con la historia o la costumbre, cuando la historia o la costumbre han sido la fuerza motriz o la principal entre ellas, que han modelado las reglas existentes, y con la lgica o la filosofa cuando la fuerza motriz ha precedido a ellas... el inters social servido por la simetra o la certeza debe ser equilibrado entonces por el inters social servido por la equidad y la imparcialidad u otros elementos de bienestar social...
Si preguntis cmo puede saberse cuando un inters pesa ms que otro, slo puedo responder que debe sacar su conocimiento, exactamente como lo saca el legislador, de la experiencia, el estudio y la reflexin, en una palabra, de la vida misma". *
Los pases y entre ellos a los juristas, independientemente uno de otros, hemos llegado a la conclusin, a pensar en el derecho de un modo nuevo: a considerarlo primordialmente como un instrumento de investigacin social.

En realidad, es casi seguro que el derecho consuetudinario no existira ya si jueces ilustres no hubieran aceptado de tiempo en tiempo el reto y asentado principios nuevos para responder a problemas sociales nuevos. En Repblica Dominicana, los fallos que reflejan esas evoluciones judiciales son relativamente pocos en nmeros, pero se mantienen firmes como hitos. Cada uno de esos fallos simboliza una poca social nueva y pusieron los cimientos sobre los cuales pueden sustentarse centenares de fallos innovadores o rutinarios, que crearon conciencia, que sustentaron un perfil del aspecto de la vida de nuestro pueblo.
Los perodos de audacia judicial en la adaptacin del derecho a
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nuevos problemas sociales han sido seguidos, habitual mente, por perodos de consolidacin y reaccin.
La historia del derecho consuetudinario ha sido una constante toma y daca entre consolicacin, y progreso, entre los tcnicos legistas y los juristas creadores. Pero ms an, hay quienes a travs de la hsitoria se han opuesto a la idea de que los tribunales de justicia tomen una parte activa en la adaptacin del derecho a los problemas sociales y suelen argumentar que el hacerlo significara la virtud primordial del derecho, la utilidad.
SEGUNDA PARTE
Distintas Etapas de Nuestro Acontecer Histrico. Aporte Jurdico en cada una de ellas a la Integracin de la Dominicanidad.
En la poca del descubrimiento de Amrica por Cristbal Coln, en Espaa, aunque exista una unidad dinstica, representada por el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragn, no exista propiamente en el concepto jurdico correcto, una verdadera Unidad Nacional. Ambos reinos mantenan de manera particular sus propias organizaciones polticas y administrativas. En el reino de Castilla, las normas jurdicas vigentes, eran las propias de este reino y lo mismo suceda en el reino de Aragn.
En el reino de Aragn, es preciso sealar, haba una simbiosis de normas jurdicas aportadas por los catalanes, valencianos, mallorquines, as como los de Navarra y el propio Aragn. No obstante, Aragn mantena la condicin jurdica de ser un Estado soberano.
En el momento del descubrimiento, Castilla, "primer Estado-nacin de la Europa moderna" y a la cabeza su reina Isabel, fueron los patrocinadores de los proyectos de Coln, razn sta por la cual la aplicacin histrica de porqu las llamadas indias occidentales quedaron incorporadas poltica y jurdicamente al reino de Castilla y por ende fuera del derecho castellano el que regira las nuevas tierras descubiertas.
"El rgimen jurdico de Castilla, contaba con una administracin poltica, fiscal, judicial y religiosa, lo suficiente desarrollada y unificada que permiti, unido el derecho de patrocinio, la implantacin en los nuevos territorios, las ventajas de la unidad". (8)
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No obstante la indidencia del poder real en el hecho del descubrimiento, es una verdad histrica insoslayable que este hecho que cambi el rumbo de Amrica, fue una obra de corte eminentemente popular, por razn de que las clases llamadas aristocrticas dificultaron su participacin y en cierto sentido restringieron la de las clases ms desposedas.
Ante esa visin jurdicohistrica del derecho de la metrpoli, parten las huestes colonizadoras hacia una empresa que no era ms que, buscar una ruta corta que condujera a la India.
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Para una mejor comprensin del aporte jurdico en el proceso de formacin de la dominicanidad, trataremos de unificar los crite-ros histricos y jurdicos, sobre cules han sido las distintas etapas en que se desarrolla la nacin dominicana.
Para los historiadores, existe un primer ciclo histrico en el devenir de esta nacin, que se cataloga como "primitivo", comnmente denominado "precolombino". (9)
En este primer ciclo, que necesariamente tiene que ver con la ubicacin de los indios y su "modus vivendi", incluyendo su organizacin poltica.
No obstante afirmarse de la existencia de rudimentos jurdicos, en las normas de convivencia de los indgenas de Quisqueya, no es menos cierto que, al tenor de lo dicho por los cronistas, nada, casi nada qued como muestra de esas instituciones rudimentarias de los indgenas, pero no obstante, "podemos corregir algo de sus leyes a travs del trabajo social y econmico bajo el cual vivan". (10)
A este perodo histrico, Meja Ricart, en "Historia General del Derecho y del Derecho Dominicano", le llama perodo prehistrico o del Derecho indgena". Incluyendo el mismo, "desde los tiempos ms remotos hasta el descubrimiento en 1492".
De las manifestaciones de este nuevo mundo, a no ser su condicin de primeros pobladores, pocos elementos jurdicos, quizs, por no decir ninguno, han sido sostenedores de aportes a nuestra dominicanidad. Aunque se decret, por los monarcas espaoles que se respe-
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tase la vigencia de las primitivas costumbres jurdicas de los aborgenes, en tanto estas costumbres no entraran en contradiccin con los intereses del Estado colonizador, tambin es cierto que, las huestes espaolas, cual Atila en la Europa Central, impusieron por la fuerza el derecho castellano.
Ahora bien, es significativo sealar que, la reaccin blica de uno de los caciques quisqueyanos contra el invasor, fue una de las manifestaciones contra la opresin, que ha servido de ejemplo a nuestra nacin y al mundo y, por qu no decir, a la carta fundamental de los derechos del hombre.
Enfatizamos, que los distintos elementos jurdicos de esta primera etapa, como eran el rgimen familiar, el espritu comunitario de los tainos en cuanto se refiere a que la educacin fuera responsabilidad familiar y social; el tutelaje de los ascendientes para con sus nietos; la jerarqua del poder poltico, fueron diluyndose en la noche de los tiempos ante el avance del derecho invasor. Pocas pruebas hay de la existencia de un rudimento de derecho penal y mucho menos de la existencia de tribunales.
Segundo perodo. Derecho Castellano.
Esta divisin considerando un segundo perodo, partir desde el mismo momento del hecho del descubrimiento por Cristbal Coln, hasta lo que se ha llamado la Recopilacin de Indias.
Hay autores, como los ya sealados, Peguero y De los Santos, que designan este perodo, como "el ciclo colonial". Aunque tambin estos autores, lo subdividen a su vez en varios perodos, pero, solamente nos vamos a referir a los mismos desde una ptica ms generalizada y haciendo los sealamientos pertinentes de carcter ju-rdico-formativo cuando as el caso lo amerite.
Entrando en poca, hubo en ese entonces serios obstculos para la aplicacin del derecho de la metrpolis, no obstante, contar con la fuerza bruta del invasor. Esos obstculos de toda ndole (desde el ambiente geogrfico hasta los problemas econmicos y sociales) rechazaron por as decirlo la implantacin efectiva del derecho de Castilla, pero, aparte de todos esos problemas, hubo un documento de corte jurdico, concerniente a las Indias, que quizs, podra considerarse el primero, para la Amrica india, que a todas las luces era corte
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mercantil, como lo fue las "Capitulaciones de Santa Fe", firmado en abril de 1492 por Cristbal Coln.
Esas "capitulaciones", fueron el ttulo jurdico que sirvi de base a la expedicin del descubrimiento, se fijaban en ellas los derechos correspondientes a la corona en los nuevos terriotrios y las mercedes concedidas a los distintos participantes en la empresa descubridora.
Algunos autores, como Guillermo Hernndez Pealosa, en su obra "El Derecho en Indias y en su metrpoli" pg. 51, consideraron las "capitulaciones" en general como, cito"... ellas constituyen un conjunto de normas, se interpretan como organizadoras de las primeras formas para el gobierno del nuevo mundo.... pero, adems, y dejando aparte la finalidad particular del descubridor, lo que contenan era el nombramiento de titular para que usara facultades gubernativas y jurisdiccionales de acuerdo con los precedentes peninsulares y sus moldes ms o menos modificados, y no propiamente normas de sentido general.
No obstante, nosotros afirmamos que las "capitulaciones" fueron el ttulo jurdico que sirvi de base al descubrimiento, tambin esas mismas capitulaciones existan en el Derecho Real de Espaa, an antes del descubrimiento. Su naturaleza jurdica era contractual y en especial para todos los fines del Estado.

En Amrica, las "capitulaciones" tuvieron por objeto, en su.mayor parte "descubrimiento y conquista, aunque hubo otras para fines menores como para explorar un canal, fundar un poblado, etc.. en las capitulaciones americanas la concesin contractual del servicio pblico continu siendo la nota jurdica caracterstica. Por su nmero y por la importancia de su objeto principal, (la ocupacin del continente nuevo) constituyeron piezas fundamentales del Derecho trasplantado por los espaoles". 11 ,
Esta sociedad mercantil, entre la Corona y Cristbal Coln, comienza en el ao 1493 hasta el ao 1499, fecha en que se pas de lo "mercantil a un tipo de colonizacin gubernamental".
En este momento es preciso recordar que, ante el ambiente adverso de las tierras descubiertas, el derecho castellano se hizo prcticamente inaplicable y entonces hubo la necesidad de dictar desde Espaa y an por las propias autoridades coloniales, normas jurdicas que vinieran a regular el impulso de una realidad siempre cambente y

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apremiante al mismo tiempo. El conjunto de estas normas constituy lo que se llam especficamente derecho indiano. Derecho ste, que en cierto modo, convirti el derecho de Castilla en supletorio, es decir, que a falta de precepto aplicable en la llamada "Legislacin Indias", podra acudirse a las viejas fuentes del derecho peninsular. No obstante, el derecho castellano tuvo una importancia capital en sen-
tar las bases en la colonia sobre la organizacin jurdica de la familia y del desarrollo sucesoral.
Las leyes de Indias
El derecho indiano presentaba una serie de caractersticas propias al tenor de lo dicho por el autor Ots Capdequi: "Presentaba un casuismo acentrado y como una consecuencia de ello, era de una gran profusin. Se trat de legislar sobre casos concretos y la generalizacin que pudiera deducirse se estableca en la medida que fuera posible a otros casos similares,. Haba tambin una tendencia marcada hacia la asimilacin de las viejas concepciones jurdicas peninsulares".
Quiero sealar con marcado nfasis que el autor expresa: "El hondo contenido religioso y de tipo espiritual que tenan estas leyes de Indias, como una consecuencia de la pasin de conversin y defensa a la fe cristiana de los reyes para con los indgenas".
"Pero a pesar de estos imperativos en las llamadas leyes de india, exista un divorcio entre el derecho y el hecho, porque una fue la doctrina declarada en la ley y otra la realidad de la vida social".12
El carcter supletorio del Derecho de Castilla, motiv a que, en un momento dado, y ante la ausencia de normas locales y la aplicacin difcil de ese derecho peninsular se recurriera a la frmula de que las normas jurdicas "se acataban pero no se cumplan". Esto cre un margen enorme entre lo que decan los "textos legales" y su verdadera aplicacin.
Resumiendo decimos que, al decir de los historiadores la Espaola estuvo bajo la gida de las leyes de Espaa y bajo un sistema jurdico basado en las "Leyes de Indias por espacio de 307 aos, o sea desde 1493 hasta 1801".
Dice Wenceslao Vega, en obra ya citada "Historia del Derecho Colonial dominicano" que "La historia del derecho imperante en nuestro pas durante ese perodo es de suma importancia para los do-
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minicanos. Aunque en la actualidad nuestro derecho no est basado en el Derecho Indiano, nos atrevemos a asegurar que mucha de la idiosincracia del pueblo dominicano tiene sus races en aquel perodo y que slo conociendo bien el derecho de esa poca estaremos en condiciones de apreciar claramente sus problemas y las luchas presentes". Agrega dicho autor "si ciertamente fuimos "cuna de Amrica", como se nos ha llamado romnticamente, tambin nuestro suelo fue laboratorio donde se ensayaron por primera vez en el nuevo mundo las grandes instituciones polticas y jurdicas que luego rigieron a todas las Indias Hispanas durante siglos; pero despus de establecidas, muchas de esas instituciones emigraron a otras regiones ms importantes para Espaa o languidecieron en nuestro suelo desprovistas del calor de la metrpoli".13
En otra parte de su obra el mismo autor al referirse a las leyes de Indias agrega: "no hay un cdigo de defensa de una raza ms hermoso que esas leyes. Pero qu diferente su aplicacin".
A partir de esas premisas analicemos bajo la ptica jurdica, qu aportacin exista en estas leyes y cdmo las mismas han do tomando el concepto de dominicanidad.
A. Instituciones de Derecho Pblico
La justicia en las leyes de Indias
El Derecho de Cautiverio
Segn el derecho de guerra, "el vencedor podra matar al vencido y le perdonaba la vida a cambio de esclavizarlo".14
En las Indias Occidentales, en especial en la Espaola, el asunto del cautiverio tena aplicabilidad, porque los indios, "por no ser cristianos", no quedaban comprendidos dentro de la excepcin favorable, de que "el cautiverio no se aplicaba cuando el enemigo era cristiano". Es ms el cautiverio de los indios fue un "aliciente econmico" para los conquistadores espaoles. Es decir, que desde un principio se aplic el efecto de la esclavitud de los indios.
En todas las antillas, la esclavitud indgena tuvo un gran desarrollo, inclusive Cristbal Coln propuso "gente tan fiera y dispuesta y bien proporcionada y de muy buen entendimiento, los cuales quitados de aquella inhumanidad, creemos que sern mejores que otros ningunos esclavos".15
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Todo eso significa que en los primeros albores de nuestra nacin, la esclavitud fue una piedra angular para un mejor gobierno de la colonia recin descubierta.
La mayora de los cronistas de la poca sealam que "la actividad esclavista no se debi nicamente al inters de los espaoles particulares, sino que era una consecuencia directa de la prctica europea, al considerar el cautiverio como normal despus de una accin blica (ver Instrucciones de Carlos V de fecha 26 de junio de 1523, dirigida a Hernn Corts; provisin general de Granada 1526; capitulacin de Francisco de Montejoen el ao 1526).
Esta actividad esclavista en Amrica y en especial en la Espaola, dio lugar a nmeros abusos, pero, la Corona Espaola hasta cierto punto intervino e inici una legislacin con el fin de restringir o ms bien regular ese derecho al cautiverio, aunque despus hacia el ao 1534 aproximadamente, se restableci con todo el rigor el "derecho de cautiverio" que haba sido suspendido mediante cdula del ao 1530.

Las Bulas Papales
El 6 de marzo de 1480, en Toledo, se firm un pacto entre los Reyes Catlicos y los representantes de Portugal para determinar la zona de influencia de cada reino respecto a los descubrimientos en el Mar Ocenico. La zona portuguesa comprendera Guinea y costa de frica, as como las Islas de Madera, Porto Santo, Azores y Cabo Verde; la zona espaola, comprendera las islas Canarias y lo que "se descubra al oeste de ellas". Este tratado fue sometido a la autoridad papel, y el pontfice Sixto IV, quien sigui la costumbre de sus predecesores al intervenir en materia de descubrimiento, ratificando ese pacto mediante la bula "Aeterni gegis".16
En relacin a estos documentos papales y en alusin directa al caso de la Espaola, Cristbal Coln, en una ocasin aconsej a los Reyes Catlicos para que buscasen un trazo de la lnea de demarcacin de lo que debiera tocarle a Espaa y es de ah que surge la bula papal en 1493 "Ynter Caetera". Se discute la naturaleza jurdica de este ltimo documento papal, porque para algunos quizs la opinin ms socorrida era que se trataba de un verdadero "laudo arbitral" sobre los respectivos derechos de la Corona Espaola y portuguesa.
En este momento quiero sealar que esos diferendos sobre lmi-
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tes de navegacin entre estos dos reinos, termin con el "Tratado de Tordecillas" en 1494.

En definitiva, la opinin que se tiene de una gran mayora de estos documentos papales era "que haban repartido el mundo entre las Coronas de Espaa y Portugal".
Hago alusin en esta intervencin de estos documentos porque a nuestro entender son el inicio de la empresa colonizadora y ms an, porque, "las Leyes de Indias en su recopilacin de 1680, invocan el derecho de descubrimiento y adquisicin sobreaadiendo a ste el de la donacin papal".
La Justicia en el Nuevo Mundo
Espaa cre a imagen y semejanza de sus instituciones jurdicas, aquellas que en la colonia iban a concentrarse en la aplicacin de las leyes. Sealamos que el primer vestigio de "justicia" en el nuevo mundo, estuvo a cargo de Cristbal Coln, como juez, en virtud de las capitulaciones de Santa Fe. Del almirante pasaron esos poderes a manos de los alcaldes mayores de las ciudades y se poda ejercer el recurso de apelacin por ante el gobernador. Cabe destacar la creacin mediante la Real Cdula de 1511 de la "Real Audiencia de Santo Domingo" que al decir del historiador Wenceslao Vega, fue el primer tribunal colegiado de Amrica, modelo sobre el cual se calcaran los dems que se iran estableciendo en las otras regiones del nuevo continente".
Debido a su composicin colegiada, tena un mayor poder de decisin y por eso se le otorg el grado "de apelacin", ante las decisiones tomadas por el gobernador o los alcaldes de las ciudades.
Sobre la "Audiencia Real" que residi en Santo Domingo, debemos enfatizar que fue una fuente prolfera en fallos o decisiones que crearon precedentes en su poca, en especial sobre las penas y los.cas-tigos aplicados a los reos, distinguindose en los mismos la diferencia racial de manera muy profunda.
Entre las muchas penalidades impuestas, tambin se haca diferencia entre las personas comunes (llamadas habitualmente) y loses-paoles peninsulares. Para los primeros se les aplicaban la multa, confiscacin de sus bienes, deportacin de la crcel o el presidio. Penas stas que en su mayora, en la hoy Repblica Dominicana son
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aplicables en los distintos rdenes judiciales, pero quizs no teniendo el alcance o definicin que tenan en ese entonces
En relacin a los espaoles peninsulares, adems de las penas sealadas, se les aplicaban: el cepo, la corma y la condena de remar en las galeras, penas que ya han desparecido de nuestro sistema represi-
Con relacin a la pena de muerte, sta existi aplicndose por ahorcamiento. Tambin hoy en da esta penalidad ha sido abolida.
Los tribunales coloniales, tenan una naturaleza mixta, es decir que al mismo tiempo que imparta justicia, ejercan cierta jurisdiccin sobre los Cabildos y Ayuntamientos de ndole administrativa.
Al hablar del Rgimen Municipal Colonial, pecaremos de ser parcos en razn de que, amn de la composicin de los mismos, y aunque es una institucin de derecho pblico, no rene las condiciones jurdicas puras como para analizarlas de manera pormenorizada. S quiero, enfatizar que desde entonces componan los cabildos, "los regidores y alcaldes", que obviamente el alcance de sus funciones son diferentes a las existentes. Ahora bien, los actuales son una reminiscencia directa de los de aquellos tiempos.
Dentro del mbito del derecho pblico, es preciso sealar, en primer trmino la "residencia y la visita", frmulas establecidas por la Corona para evitar que los virreyes, gobernadores y otros funcionarios se excedieran en sus funciones.
Destaquemos que el primer juicio de Residencia hecho en Amrica fue en nuestra isla en 1509, cuando sucedi la destitucin de Ovando, el cual fue residenciado por su Sucesor Don Diego Coln.
No obstante nuestra historia de la poca colonial tiene un caudal enorme de jucios que al decir del historiador Wenceslao Vega "los expedientes de estos juicios son sumamente interesantes, no slo en su aspecto jurdico, sino tambin porque retratan al desnudo la vida poltica de la colonia, con sus arbitrariedades, intrigas y escndalos".1 7
Sobre el captulo de la recaudacin fiscal, tambin hablaremos poco, por el propio carcter impositivo, an las implicaciones jurdicas que tras de s tenan. Nos conformaremos con enumerar algunos
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ingresos fiscales en las Indias: "el almojardifazgo", (impuesto aduanero); "la alcabala" (impuesto de renta o remate); "el quinto" (impuesto a la extraccin de oro); "la mesada y la media annata" (impuesto a los funcionarios civiles y eclesisticos); la sisa (impuesto a alimentos) y otras tantas formas de recibir impuestos por parte de las autoridades.
B. Instituciones de Derecho Privado
En la poca del derecho privado, se impuso el derecho castellano peninsular, an a pesar de su carcter supletorio. Si analizamos las Recopilaciones de 1680 a la luz del autor Juan Manzano Manzano, en su otra "Historia de las Recopilaciones de Indias", hay que poner de relieve que los temas del derecho privado como son: familia, sucesin, obligaciones, propiedad, tienen en un porcentaje una gran influencia del viejo derecho castellano, y ms an, lo ms relevante de ste ltimo derecho y es el carcter espiritual de sus razonamientos.
El Rgimen Familiar
Aunque mantenan vigencia en estos tiempos las disposiciones del Concilio de Trento, en trminos generales, los preceptos que regulaban la familia en Espaa, estuvieron vigentes en las tierras colonizadas.
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Hacemos hincapi enprimertrmino, sobre algunas modificaciones intervenidas en la legislacin de Indias y en relacin a los impedimentos matrimoniales, en razn de la facilidad con que los espaoles se unieron con mujeres indgenas, que no eran ms que simples concubinatos, que al final, y al tenor de las modificaciones sealadas, se convirtieron en legtimos matrimonios. Pero, en relacin al consentimiento paterno en los matrimonios de sus hijos sufri algunas modificaciones. "Para casarse, an los menores de edad... se necesit la aceptacin paterna para los que tuvieran menos de 25 aos'.'.18
Ahora bien, en nuestro derecho actual republicano, tambin podemos hablar del consentimiento paterno en el matrimonio, salvo con la diferencia de edad, porque slo es exigido a los menores de edad.
Tambin dentro del rgimen matrimonial existieron las nulidades matrimoniales, al igual que lo plantea el derecho positivo moderno. Sobre este particular hubo diferencias con el rgimen vigente.
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Pero, sin duda, uno de los datos ms relevantes e interesantes que
nos trae la legislacin indiana, en el orden familiar se refiere a la forma en que hubo de regularse los matrimonios entre los indios recin convertidos al catolicismo. De esto se dedujo un problema a resolver y era la "convalidacin", dentro de las normas del Concilio de Tren-to, para aquellos matrimonios contrados por los indgenas en tiempo que todava eran infieles. Sobre el particular el pontfice Pablo III estableci pautas a seguir para resolverlo.
Sobre el patrimonio familiar, hubo tres regmenes: el de comunidad, el dotal y el de separacin de bienes. Establecindose, como hoy, que el rgimen de comunidad fuera el derecho comn. Pero, bajo cualquier rgimen matrimonial, siempre deba prevalecer la autoridad del marido.
De lo expuesto, podemos deducir que en la mayora de los casos se han seguido los lincamientos del derecho romano, que como es de todos conocido es la raz del sistema jurdico actual.
La Condicin Jurdica de la Mujer
La condicin jurdica como regla en la mujer, era su incapacidad. Siempre estaban bajo tutela, persistiendo esto a travs de la historia hasta 1940, en donde an con ciertas restricciones se le otorg la capacidad civil a la mujer casada. No obstante, queremos distinguir, que en tiempo de la colonia, an las mujeres solteras permanecan bajo la "patria potestad" de sus padres, situacin que el derecho moderno ha desechado.
Pero, es importante sealar, que en esos tiempos se presentaba un gran problema y era tal distinguir la capacidad de la mujer espaola al pasar a residir en la colonia, en especial en aquellos casos en que la mujer no estaba sometida a patria potestad, al rgimen tutelar o a la autoridad marital, en definitiva el problema era para las mujeres viudas y a las no acompaadas de sus padres o tutores. El Rey Fernando, resolvi el problema mediante una Real Cdula en 1511, explicando y ampliando las ordenanzas de la Casa de Contratacin de Sevilla, que deca: "que en cuanto a las mujeres solteras, sobre lo que se haban ofrecido dudas a los Oficiales vista su condicin, provean lo que estimen ms provechoso".


El Problema Jurdico del Extranjero en la Colonizacin
Slo los subditos de la corona de Castilla estaban autorizados para pasar a las Indias, y para comerciar en estos territorios. Entonces, se podan considerar extranjeros, los propios espaoles peninsulares no castellanos. Hacia el ao 1596 esto cambi radicalmente y se igual a todos los espaoles de la pennsula. Ahora bien, persisti la prohibicin para los extranjeros "strictu sensu". Sin embargo, podan stos obtener una carta real de naturalizacin por parte de la Corona. Pero quizs uno de los mviles principales en estas restricciones era evitar, la penetracin a la isla de las ideas y credos religiosos no catlicos que en esa poca cundan por toda Europa.
La Minoridad
Como una consecuencia del derecho romano, la capacidad jurdica, no solamente se podra adquirir a partir del nacimiento, siempre que naciera "vivo" y "viable", sino que tambin, an antes de la concepcin cuando as fuera en inters del mismo. (Ynfants conceptus pro nato habetur...). Pero, esa personalidad no estaba completa, hasta que no se bautizara al recin nacido en la religin catlica.

La mayora de edad se alcanzaba a los 25 aos, pero para contraer matrimonio o testar, solamente se exiga 14 aos para los varones y 12 aos para las hembras.
No obstante, en caso de incursionar en contra de leyes de carcter represivo, la responsabilidad se rebajaba a la edad de 10 aos y medio en ambos sexos.
La Filiacin
En este tpico especfico, los hijos, al igual que en el derecho moderno dominicano, estaban clasificados, en legtimos o legtimos. (Estos ltimos cuando hubieran nacido fuera del matrimonio cannico). Tambin, se impone sealar que estaba permitido legitimar a los hijos habidos fuera del matrimonio, ya sea por matrimonio subsiguiente, por testamento o por disposicin del Rey.
El Derecho de Sucesin
El inters doctrinal para esta parte del derecho es menor que en todas las dems corrientes del quehacer jurdico. Se plante las sucesiones, en las Encomiendas cuando stas a partir de 1536 se concedie-
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ron por ms de una va. Lo contemplado en el derecho castellano, resultaba inaplicable en el caso de las encomiendas de indios. Por tales razones, tuvo que evolucionar ante las circunstancias sociales y econmicas. Las trasmisiones hereditarias se podan producir, ya por va de sucesin propiamente hablando o por va testamentaria.
El Derecho de Propiedad
Sobre este particular haba una constante interferencia, entre el inters pblico y el inters privado, en razn de que todo derecho de propiedad derivaba, de manera originaria de una gracia o una merced real. A este perodo se podra llamar como de "poltica colonizadora".
Ante el abuso en la apropiacin de terrenos, la Corona, mediante cdula en 1591, seal que, aquellos que no posean "justos y verdaderos ttulos", tenan que restituir los mismos a la corona. Ha sido llamada por nosotros los dominicanos esta disposicin real como "Ley de Amparos Reales". Ley que vino a ser el inicio de una verdadera regulacin del rgimen de la tierra, subsistiendo hoy da vestigios de esas reglamentaciones, pero a pesar de todo, no podemos pasar por alto que, el problema de tierra no era ms que una pugna entre la corona y los terratenientes que se excedan en sus propiedades.
Quiero insertar en esta parte lo que seala Wenceslao Vega, sobre el particular. "Los principios aparecen claramente delineados en el mbito de la propiedad inmobiliaria en Amrica Hispana: el primero seala que los terrenos dados por el gobierno en virtud de una merced o de una confirmacin eran para ser cultivados (principio agrarista del derecho moderno). Segundo: que el Rey era el arbitro final en cuanto a la validez de los ttulos y ocupaciones de tierras y no los tribunales".19
Quiero hacer particular sealamiento, que el sistema nuestro sobre "terrenos comuneros", hoy muy diluido surgi en la poca que nos ocupa en este momento nuestra ponencia, el cual se extendi por el perodo republicano.
Despus de tener una visin rpida del acontecer jurdico del perodo colonial, se impone una disgresin. Las condiciones paralelamente cronolgicas de las tierras descubiertas, y las del mundo occidental contemporneo dieron por resultante un desnivel enorme cuando sobreviene el encuentro, el choque y la aglutinacin a que tendi el aporte peninsular. Este ltimo, se encontraba culturalmen-
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te, ms bien dentro del Renacimiento; lo conquistado, tena un retraso de alrededor de dos mil aos y precisamente, ante el avance jurdico en la colonia, ordenando comunidades, su gobierno, el derecho de gentes, en fin, madurando las conciencias salvajes bajo la gida legal, la colonial, piedra angular de la hoy Repblica Dominicana, dio un salto de la prehistoria, a la edad moderna, sin la transicin natural de otros pueblos y sin la debida digestin de lo nuevo.
Por otro lado, en esa primera simiente de dominicanidad, que era la parte espaola, se fue produciendo un proceso de asimilacin, estructurando el rudimentario derecho en los indgenas, para que as no pueda decirse que el derecho indiano fue simplemente trasplantado y as parece, lo que hemos dicho en otra parte de esta intervencin, un derecho comn en esta isla, formado por la simbiosis de dos derechos (el castellano y el indiano).
Este derecho as conformado, no tiene simplemente valor acadmico o meramente sentimental. No lo primero, porque su larga vigencia impregn el modo de ser americano y le dio determinadas direcciones que an conserva particularmente, con lo cual, por un lado, puede guiar en cuestiones de identidad nacional, y por otro lado, sirve como cordn umbilical para entender nuestro actual derecho, en sus antecedentes y en lo que pueda referirse a la comparacin con el otro derecho, como el francs, que para bien o para mal han llegado a pisar en nuestras tierras.
El examen de aquellos derechos histricos, en el sentido de que ya no son, tampoco tiene matiz sentimental, de recuerdo, aunque no debe olvidarse que la historia fue comn aquende y allende,el Atlntico, y que eso signific algo ms que yuxtaposicin, grupo, o exploracin econmica. Esa rememoracin que hemos hecho hasta aqu, implica ayuda al entendimiento de lo que hoy somos, as como urgar en el desarrollo histrico-jurdico de aqu y de all.
3er Ciclo Haitiano
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La Revolucin Francesa estalla a partir del ao 1789 y en donde se plantean una serie de derechos innovadores, que trascienden al territorio francs y repercuten en las tierras colonizadas por los espaoles. Consecuentemente, en Hait, colonia francesa con el nombre de Saint Domingue, estalla la primera etapa de la novsima revolucin en Amrica que va desde 1789 al 1791 y que finaliza con la proclamacin de su independencia en 1804.
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Los historiadores Peguero y De los Santos, dicen para sealar este perodo "La proclamacin de los Derechos del Hombre como los hechos de la Revolucin Francesa repercutieron y fueron acogidos en Saint Domingue, que crea la principal colonia de Francia y donde se daban las condiciones sociales que hacan propicia la bsqueda y reclamo de derechos, como tambin el enfrentamiento violento entre dominados y dominadores. La repercusin metropolitana de la Revolucin Francesa, fue la revolucin colonial denominada Haitiana. Para Santo Domingo, tales acontecimientos no slo significaron el rompimiento del equilibrio entercolonial y la cada de su recuperacin econmica, sino tambin la ruptura con el predominio espaol establecido desde 1492".20
Esa situacin de guerra existente en la parte oeste de la isla, no obstante haberse firmado en 1795 entre Espaa y Francia el tratado de Basilea, por medio del cual Espaa cedi a Francia la parte espaola de la isla de Santo Domingo, stas no pudieron tomar las riendas del poder hasta el ao 1801, o sea seis aos despus de haberse firmado el referido tratado.
"Cuando la noticia del traspaso lleg a Santo Domingo tuvo hondas repercusiones. Se produjeron situaciones trgicas o lastimosas para sectores poblacionales identificados con el medio local en el que haba nacido, por el que haban luchado o al cual estaban conformados ideolgica y emocional mente".21
Toda esta baranda de acontecimientos histricos, dio como resultado que en el ao 1800, Toussaint Louverture, exesclavo negro, y actuando a nombre del gobierno francs, entr a posesionarse de nuestra bella Santo Domingo, terminando con este hecho el perodo continuo del dominio espaol; perodo ste que como hemos visto tuvo como base estructural de su gobierno el derecho espaol e indiano.
En febrero de 1801 Toussaint orden la celebracin de una Asamblea Constituyente con el propsito de dotar a la "Isla unificada" de una constitucin. Constitucin que se llam de 1801 y mediante ella la isla se estableci como colonia autnoma de Francia y Toussaint, su primer gobernador. Luego de estos acontecimientos, en donde se estableca por primera vez en la parte espaola de la isla una constitucin poltica, surgieron etapas histricas que van desde la salida de los franceses en 1809, ante el avance de un grupo de dominicanos encabezados por Juan Snchez Ramrez, pero alentados por
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las autoridades espaolas de la vecina isla de Puerto Rico, hasta pasar otra vez, por el sonrojo de un segundo perodo de ocupacin espaola (1809-1921) que se le ha llamado perodo de "Espaa Boba", hasta finalizar en 1822 con el inicio del perodo de la ocupacin haitiana de Santo Domingo.
No podemos dejar pasar por alto, por su enorme significado histrico, la llamada "Independencia Efmera" de Nez de Cce-
res, que desde el punto de vista jurdico tiene una importancia capital, en ese proceso de ir formando el concepto de dominicanidad. Al dejar los espaoles nuestro suelo, los dominicanos dejamos de ser por primera vez posesin de otro Estado y finalizando definitivamente con nuestra vida colonial, no obstante la corta vida de este trazo de nuestra historia republicana, y lo exiguo por el nmero de leyes votadas (2) del rgimen efmero de Nez de Cceres.
La Ocupacin Haitiana (1822-1844)
El 9 de febrero de 1822 se inici en Santo Domingo el perodo de la ocupacin haitiana, mantenindose por espacio de 22 largos aos. Esa dominacin, que tambin signific unificacin de la Isla, tal y como era el propsito de Toussaint al lanzar la dea de que "la isla era una e indivisible".
Como es natural, esa ocupacin produjo en nuestro pueblo una huella muy profunda, cuyos vestigios todava son obstculos para una verdadera integracin.
En este trabajo no vamos a entrar en consideracin sobre las causas de la ocupacin; no obstante, s tenemos que referirnos al aspecto jurdico de ese perodo porque, como veremos ms adelante, fue el inicio de las grandes transformaciones jurdicas en Santo Domingo. Tenemos que partir del hecho de que dos sociedades tan dismiles, al unirse, en donde una, la haitiana, y al mismo tiempo la invasora, posea una base franco-africana y a la vez estaba definida como Nacin, mientras que los dominicanos poseamos una cultura hispnica y no haba todava una completa definicin nacional. Ante ese cuadro tan discordante, lo primero que hizo Boyer al asumir el poder en Santo Domingo fue abolir la esclavitud, como una base de conciencia que le vena de las entraas de su mismo pueblo; el pueblo haitiano era anti-esclavista.
Como es natural, en el caso d una ocupacin de tantos aos, las
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leyes haitianas sentaron sus bases en nuestra media isla, creando con esto visos de una verdadera unificacin. Cabe destacar que la dominacin haitiana dio a los dominicanos la oportunidad de avanzar como nacin, forjando an clandestinamente una conciencia nacional. Ahora bien, tambin es cierto que produjo una experiencia constitucional a la que los dominicanos no estbamos acostumbrado. Se estableci un Cdigo Rural, pero ste en vez de producir bienestar, fue la vlvula de escape de numerosas familias y el estallido de brotes polticos que fueron reprimidos de manera despiadada y sangrienta. Hubo un estancamiento en el nivel educativo del pueblo, en especial los jvenes, como una consecuencia de la creacin de un servicio militar obligatorio.
Pero hay algo importante que resear, ante "esa noche oscura que dur 22 largos aos", y es que no obstante la obstinada insistencia de Boyer de crear una verdadera integracin socio-cultural, la nacin dominicana busc los resortes efectivos para resistir y ms an el hecho de que Boyer lo que quera lograr era una mayor fusin de ambos pueblos a la manera espaola. Todo esto trajo como consecuencia que preservramos nuestra conciencia ancestral al mantener una identidad alrededor de lo que era hispano.
No obstante todo ese ordenamiento impuesto por Hait, el criterio de Boyer era lo que primaba y esto, muchas veces, produjo transgresiones a sus mismas leyes para imponer su criterio personal.
Ya para el ao 1842 la cada del rgimen de Boyer era un hecho cierto, pero tambin se vea llegar la desintegracin de un territorio bajo una Repblica que nunca debi ser. Surge entonces la figura preclara de Duarte y sus ideales independentistas formando en 1838 la Sociedad Secreta "La Trinitaria" y as el 27 de febrero de 1844 surge el Estado Dominicano, aprobndose el 6 de noviembre de ese mismo ao la constitucin poltica de la nueva Repblica.
Insuficiencias Legislativas
El legislador tiene la facultad de crear la ley, pero para crear la ley como hemos dicho debe tomar en consideracin la realidad social a la cual se aplicar la norma legal.
Si nos detenemos a hojear detenidamente los cdigos nacionales, y al mismo tiempo observamos la evolucin histrica de nuestro derecho, llegamos a la triste conclusin de que nuestra legislacin ha avanzado cuantitativamente ms que cualitativamente. Despus de la
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traduccin, localizacin y adaptacin de los cdigos en 1884, ha habido muchas leyes tratando de adecuarse a aquel derecho forneo como lo es el francs. Es como buscar constantemente un temperamento nacional. Ahora bien, se ha cumplido ese cometido con el devenir del tiempo? Podra decirse que en cierto sentido s se ha cumplido ante el imperativo del tiempo, del progreso social, econmico, jurdico e industrial de nuestra sociedad. No creo que de manera total, pero s en una gran parte. Pero s es preciso aclarar que ste no ha sido el matiz identificador de la evolucin del ordenamiento jurdico dominicano.
Al tenor de esa aseveracin, admitimos que nuestro derecho est en una etapa de subdesarrollo, manifiestamente admitido por las evoluciones histricas de las legislaciones nacionales, desde 1844 hasta los momentos actuales. Cada una de estas etapas estn marcadas por cicatrices de sucesos pol ticos.
Nota: Para una mejor comprensin de los temas a tratar y tener una amplitud mayor en el anlisis de la incidencia del derecho en la formacin de una conciencia nacional, los temas a desarrollarse tendrn como base el ordenamiento histrico por perodos republicanos, salpicados por la anexin a'Espaa, la intervencin americana de 1916-1924 y el Gobierno de Trujillo.
La Primera Repblica (1844-1861)
El profesor Froilan Tavares hijo dice, en su obra "Introduccin a la Historia del Derecho Dominicano": "El llamado propiamente Derecho Dominicano no existe, excepto en los raros casos no cubiertos por el derecho francs y que no se pueden atribuir a otra nacin extranjera. No existe nada que hayamos creado; no hemos elaborado o transformado inteligentemente ninguna institucin extranjera para adaptarla a nuestro temperamento nacional, aparentemente a causa de la debilidad de nuestro pensamiento jurdico, del tretelaje de las doctrinas y del sistema jurdico francs implicados en la adopcin de los cdigos franceses de 1845".
Sin lugar a dudas que el derecho dominicano, su historia, tiene sus peculiaridades. A diferencia de otros pases latinoamericanos, en los que su legislacin combinaban, en mayor o menor medida, el derecho colonial vigente al momento de los toques de clarinetes inde-pendentistas, con principios jurdicos provenientes de culturas diversas, en su mayora europeas; la legislacin nuestra se cercen en sus inicios por un hecho brutal que aniquil de ah en lo adelante la ma-
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yor parte del derecho colonial espaol con la ocupacin haitiana de 1822.
Deducimos de ah que la mayor importancia de este estudio se dirige hacia las fuentes francesas porque son stas las que de manera fundamental iniciaron, modelaron y mantienen an vigencia sobre la estructura jurdica nacional.
Es ms, aunque sea vergonzoso sealarlo, la sociedad dominicana estuvo regida por un ordenamiento jurdico francs por ms de 60 aos (1822-1884); regidos por cdigos redactados en francs, o sea distinto a nuestro idioma castizo.
As vemos que, en la "Primera Repblica" con la proclamacin de la Independencia, y la traduccin de los cdigos napolenicos, incluyendo el hecho de la anexin a Espaa y an la propia guerra Restauradora, estos tiempos todos se identifican con tres caractersticas esenciales: a) poca solidez institucional del "Estado", b) mucha preocupacin por mantener "con vida" la incipiente Repblica y c) la inestabilidad interna producto de las guerras intestinas.
Esas caractersticas eran aceptables por as decirlo, despus de la proclamacin de la Independencia, en razn del peligro siempre latente de una nueva invasin. Como al efecto aconteci con la invasin del Presidente haitiano Charles Herard y del General Pierrot, respectivamente.22
Vemos as que, aunque en 1844 se inicia la Primera Repblica, en la constitucin de ese ao se hace tcita la disposicin de mantener en vigencia "las leyes haitianas"23 que perduraron vigentes hasta el 4 de julio del ao siguiente en que se pusieron en vigor los cdigos franceses.
Los cdigos franceses contrastaban mucho con la sociedad de ese entonces, la cual era muy rudimentaria, de poblacin escasa e in-dustrialmente mediocre. En atencin a esta ltima parte, Federico Carlos Alvarez, en su ponencia "La Tcnica Jurdica y la Dispersin Legislativa", en el Seminario sobre "La Ley en Repblica Dominicana", en noviembre de 1984, pgina 4, nos dice: "Las formidables diferencias entre los principios jurdicos de dichos cdigos (refirindose a los franceses) y las condiciones sociales de amplios sectores de nuestra poblacin, relativamente rudimentarios, requeran una efectiva promocin para lograr su conocimiento cabal y que se proporcionaran soluciones que establecieran armona entre estas discrepancias evidentes".
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No hay lugar a dudas de que las alternativas que motivaron la adopcin de los cdigos franceses conducan a una misma solucin: era chocante, vergonzoso para el "orgullo nacional" mantener en vigencia la legislacin de aquellos que durante ms de 20 aos fueron nuestros opresores. Pero nos era difcil, por no decir imposible, crear un "derecho propio", con caractersticas inherentes al pueblo dominicano, sobre todo ante la preocupacin constante por mantener nuestra incipiente Independencia.
Esta situacin se mantiene hasta que se produce la anexin a Espaa (1861-1865), momento que la recin nacida Repblica reivindic, por as decirlo, sus derechos, separndose de la haitiana. Pero ya Espaa no era la misma, y se neg a reconocer nuestra Independencia.
El hecho de la anexin es tambin algo muy controversial porque si bien se hizo para proteccin de nuestro territorio de las huestes haitianas, tambin es cierto que entonces volvamos a caer bajo el dominio de otra potencia, como lo era Espaa.
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Los polticos dominicanos de ese entonces lo que buscaban era descartar la pretendida acreencia haitiana al derecho de conquista y quitar, por as decirlo, del medio a Francia e Inglaterra en su siempre ineficaz mediacin en la injusta guerra que los haitianos hacan a la joven Repblica.
Pero se produce la anexin con Santana a la cabeza y volvemos entonces a ser una mera provincia espaola de ultramar.
La anexin a Espaa "ocasion un retroceso en la vida poltica nacional, pues hubo de adaptarse a la constitucin de la Monarqua Espaola en 1845, en la cual se estipulaba que la parte este de la isla de Santo Domingo estaba sometida a un rgimen especial denominado "legislacin Ultramarina Concordada y Anotada".24
Aunque la anexin trajo la imposicin de la legislacin hispnica no es menos cierto que en materia civil rega el cdigo civil francs.
Con la llegada de la Restauracin y recuperacin de la soberana se retorna otra vez al sistema jurdico francs volvindose a presentar las dificultades de aplicacin y adecuacin de los textos franceses a que ya hemos hecho referencias. Muy marcados han sido,
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hasta esta poca, los esfuerzos de traducir a nuestro idioma y adecuar los textos franceses a una "conciencia nacional", al "temperamento dominicano", y es al final de 1884 cuando se produce definitivamente este hecho trascendental en la vida jurdica dominicana, pasando, cual relmpago en una noche de tormenta, por el perodo de la Primera Repblica y transmutndose por el perodo de la Segunda (1865-1916).
En la aplicacin de estos cdigos, traducidos y mal adecuados a nuestro pueblo, se rompe el hilo perfecto que debe haber con una administracin de justicia adecuada. La justicia de esa poca era, sencillamente, una administracin entorpecida.
Traduccin de los Cdigos Franceses (1884)
No hay dudas que, la traduccin de los Cdigos Napolenicos, su localizacin y adaptacin, marca el inicio del nacimiento de los Cdigos Dominicanos, pero no es menos cierto que nacieron despus de un parto muy difcil y en donde la criatura, por los esfuerzos hechos por nacer, tuvo grandes deficiencias en su cuerpo. Hubo y hay errores, y omisiones enormes; consagran situaciones jurdicas dispares con la realidad dominicana.
Pero, era una poca de cierto progreso en la cultura (1875-1902) "desde el punto de vista de las manifestaciones culturales puede llamarse la etapa del cambio... obedece a una aspiracin que se manifiesta a travs del lema Paz, Orden y Progreso".25 Naturalmente que lo jurdico no escap a ese movimiento renovador, al tratarse mediante leyes dictadas al efecto, de adecuar las leyes francesas al pueblo dominicano, (ver Ley No. 17 de abril 1884; leyes 38 y 93 de 1889; Decreto No. 2653 que reforma artculos del Cdigo Procesal Civil; Ley 5005 de 1911 que reforma el Cdigo de Procedimiento Criminal; leyes sobre reorganizacin judicial, leyes de particin de terrenos comuneros). En fin, movimientos legislativos que redundaron en la formacin de una conciencia jurdica nacional.
La Ocupacin Militar Norteamericana (1916-1924)
"El 29 de noviembre de 1916, comenz la ocupacin militar del pas por fuerzas de infantera de Marina de los Estados Unidos, inicindose con una proclama del gobernador militar H.S. Knapp".26
Los acontecimientos histricos que le toc vivir a un pueblo co-
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