Title: eme eme : Estudios Dominicanos
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Title: eme eme : Estudios Dominicanos
Physical Description: Book
Publisher: Universidad Católica Madre y Maestra
Publication Date: Marzo-Abril 1985
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Bibliographic ID: PUCMMA0011
Volume ID: VID00079
Source Institution: Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra - Recinto Santo Tomás de Aquino
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CONTENIDO
El desarrollo industrial en Repblica Dominicana. Una perspectiva espacial, por Torsten Sagawe.
La situacin econmica de Repblica Dominicana en su dimensin caribea, y sus relaciones comerciales y financieras con Europa. Una perspectiva europea, por Luciano Berrocal Martn.
Deforestacin y campesino, por Pedro Juan del N Rosario.
idalgos entre los conquistadores, por Carlos Dobal.
La enseanza de la lengua materna en la Repblica Dominicana, por Liliana de Montenegro y Ana M. de Yunn.
Los intereses y los objetivos de los E. U. en el Caribe, por Luis Val des.
Documento:
Instruccin original de los reyes catlicos al almirante para la poblacin de las islas y tierras firmes, descubiertas y por descubrir en las Indias.
Volumen XIII Nm. 77 Marzo/Abril, 1985
ISNN 0379-8542




Estudios Dominicanos
Volumen XIII Nm. 77 Marzo/Abril, 1985 Santiago de los Caballeros, Repblica Dominicana
CONTENIDO
El desarrollo industrial en Repblica Dominicana.
Una perspectiva espacial, por Torsten Sagawe. .... 3
La situacin econmica de Repblica Dominicana en su dimensin caribea, y sus relaciones comerciales y financieras con Europa. Una perspectiva europea, por Luciano Berrocal Martn.............. 35
Deforestacin y campesino, por Pedro Juan del Rosario.................................. 71
Hidalgosentre los conquistadores, por Cari os Do bal. 81
La enseanza de la lengua materna en la Repblica Dominicana, por Liliana de Montenegro y Ana M. de Yunn................................. 87
Los intereses y los objetivos de los E. U. en el Caribe, por Luis Val des......................... 97
Documento:
Instruccin original de los reyes catlicos al almirante para la poblacin de las islas y tierras firmes, descubiertas y por descubrir en las Indias........ 107


UNIVERSIDAD CATLICA MADRE Y MAESTRA
Monseor Agripino Nez Collado, Rector
EME EME
Estudios Dominicanos
Editada por el Departamento de Publicaciones
DirectorFundador: + Hctor Inchustegui Cabral
Editor: Flix Fernndez
Consejo: Fadhams Mejfa o Carlos Dobal Valentina Peguero o Rafael Yunn o Apolinar Nez Miguel Adriano Tejada o Frank Moya Pons
Periodicidad Bimestral composicin : Alexandre Aivarez Morel
Fecha de inicio: JunioJulio de 1972 y Matilde de Martnez
ISSN: 03 798 542 Diagramacin : Chame Romn
Impresin : Impresora Tefilo
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Suscripcin: '
Departamento de Publicaciones Universidad Catlica Madre y Maestra Santiago de los Caballeros, Repblica Dominicana
Precio para el pafs: RD$12.00
Precio para el extranjero: US$12.00
Canje:

Bi bl iotecaCan je Santiago de los Caballeros, Repblica Dominicana


EL DESARROLLO INDUSTRIAL EN LA REPBLICA ODMINI-CANA. UNA PERSPECTIVA ESPACIAL.
Por Torsten Sagawe
I. INTRODUCCIN
Aunque la Repblica Dominicana se haya industrializado solamente en las ltimas dcadas, el patrn del desarrollo industrial produjo una importante modificacin en la estructura productiva y espacial del pas. Ni durante el perodo colonial, ni despus de la independencia, se produjeron tantos cambios en la estructura espacial, que transformaron el pas en diversos mbitos. Por ejemplo, en paralelo con la industrializacin el pas se urbaniz y se produjo un aumento considerable de la migracin interna; esto signific una redistribucin e incorporacin de miles de migrantes al mbito urbano.
Este ensayo tiene por objetivo analizar algunos elementos de este desarrollo industrial en la Repblica Dominicana. El anlisis no se hizo desde una perspectiva econmica, considerando todos los aspectos del crecimiento manufacturero y su impacto sobre la economa nacional. El estudio se concentra especialmente en la situacin espacial. En otras palabras,se trata de cmo el sector bajo consideracin
ha estructurado y formado el desarrollo urbano y regional. Para este fin se divide el ensayo en tres partes:
1. Una introduccin con consideraciones metodolgicas.
2. Algunos datos de la poltica industrial para identificar diferentes tipos de industria manufacturera, y
3. En la tercera parte se investiga sistemticamente estos diferentes tipos de industria manufacturera para evaluar su papel en el desarrollo regional.
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II. LA METODOLOGA GEOGRFICA
El objeto de una geografa econmica y social es el espacio con sus procesos, estructuras y funciones. As, la geografa econmica y social es la "Ciencia de las formas de la organizacin espacial y de los procesos conformadores de espacio" (RUPPERT/SCHAFFER 1979).

Se entiende el espacio no -como se ha hecho tradicional mente- como un paisaje homogneo, sino como una regin funcional, formada por las funciones bsicas de los grupos y sociedades humanas. En este sentido el sector manufacturero tiene enlace e interdependencias que actan no solamente sobre su localizacin propia, sino tambin sobre el espacio econmico nacional. Esto quiere decir que el sector manufacturero influye de una manera importante en el desarrollo de las ciudades y del pas. En consecuencia, la industria tiene una tarea de regulacin en el espacio. Este sector puede regular el espacio y paralelamente puede ser una de las causas que generan problemas y desequilibrios en el desarrollo regional. Por esta razn hay que identificar los diversos elementos de diferentes tipos manufactureros que influyen en el desarrollo espacial. Sin estos conocimientos no existe la posibilidad de una planificacin apropiada, pues una caracterstica del desarrollo industrial, que no debe perderse de vista, es la tendencia a la concentracin industrial y de actividades econmicas en general. De esta manera es necesario, que de acuerdo a la evolucin industrial de cada pas, se trate de evitar esta situacin, mediante una poltica de desarrollo regional equilibrada, que aproveche en forma ms adecuada los recursos de todo tipo distribuidos en todo el territorio nacional.
III. LA POLTICA INDUSTRIAL EN LA REPBLICA
DOMINICANA
1 v f
Los esfuerzos de la industrializacin de la Repblica Dominicana en el curso de las ltimas dos dcadas parecen haberse ceido a dos polticas fundamentales:
A) La poltica de la sustitucin de importaciones1 que plantea la promulgacin de la Ley de Incentivo nmero 2992 de de 1968; y
B) La promocin de exportaciones3.
Estos dos tipos de polticas hacia el sector manufacturero posi-
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bilitan la expansin del empleo industrial en el sector secundario. La figura 1 muestra este fuerte crecimiento:
Desde los fines de la dcada de los aos 70 se observa un aumento en el empleo industrial. No cabe duda de que la Ley 299 es la medida ms importante en el desarrollo industrial de la Repblica Dominicana.
Hasta la promulgacin de esta Ley, la industrializacin era muy modesta y fue denominada por el sector azucarero. Solamente las empresas pblicas administradas por la COR DE ofrecieron algunos empleos. A principios de este siglo exista un sector artesanal y una pequea industria, pero estas races muy prometedoras fueron destruidas por una poltica del mercado abierto durante la segunda y tercera dcada de este siglo (MOYA PONS 1983)., Despus, la poltica industrial de Trujillo no tanto signific un fomento del desarrollo nacional, sino una proteccin de sus intereses personales. No obstante, las empresas de Trujillo, que hoy en da son estatales (CORDE) (VEGA 1980) y las industrias instaladas como resultado de la Ley 299 juegan un papel clave en el pas.
Por otro lado, y como muestran las investigaciones aqu presentadas, existen en otro grupo de empresas paralelos con las empresas de sustitucin de importaciones y las de exportaciones en las Zonas Francas. Estas son obviamente el resultado de una industrializacin espontnea. Son pequeas empresas que forman un grupo muy heterogneo, muchas veces con caractersticas artesanales e informales. Como vamos a ver, su potencial para el desarrollo ha sido subestimado hasta el momento.
En el prximo captulo se tratar de evaluar estos tres tipos de empresas:
1. Las empresas de la sustitucin de importaciones;
2. Las empresas de las Zonas Francas o de exportacin; y
3. Las empresas pequeas o informales.
En este anlisis no se toma en cuenta el sector azucarero y las empresas de CORDE; el primero por sus caractersticas primarias, y las empresas de CORDE por los cambios estructurales en estas empresas. Adems, las empresas de CORDE hoy en da tienen una fun-


cin macroeconmica muy parecida a la del sector de sustitucin de importaciones.
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IV. LA EVALUACIN DEL SECTOR MANUFACTURERO EN EL ESPACIO
Se evaluar tericamente dos aspectos fundamentales: El primero es la interconexin entre el sector manufacturero y el espacio nacional. El otro aspecto se ocupa del conflicto entre la eficiencia agregada y la equidad interregional. Como se ver en los resultados de la investigacin, el sector manufacturero ha transformado el espacio nacional, pero de una manera que presenta un dilema. La poltica del gobierno ha dado preferencia a la eficiencia agregada, con el resultado de que las disparidades en la economa nacional y regional son hoy
en da un obstculo principal para un desarrollo equilibrado. A pesar de que el gobierno aplic algunos instrumentos para la descentralizacin regional, la idea bsica de su poltica econmica ha seguido implcitamente el modelo neoclsico esttico, suponiendo que el crecimiento permita relocalizaciones automticas, que reduzcan los desequilibrios. En teora, este proceso tiene validez solamente cuando existe una competencia perfecta, la cual permite la asignacin eficiente de los recursos. La realidad dominicana muestra, sin duda, que no haba como resultado de este modelo flujos de capital de las regiones ricas a las pobres.
Los datos recogidos para los ltimos aos muestran que haba un crecimiento sin desarrollo (HATTON 1984), lo que quiere decir que no haba una reduccin masiva del desempleo ni una reduccin de la pobreza ni tampoco una reduccin de la "desequidad". (SEERS 1974). Sin embargo, el concepto del desarrollo como mejoramiento de la equidad relativa debe guiarnos en el anlisis. Con otras palabras, no tanto el crecimiento y la eficiencia forman el criterio de la evaluacin, sino la idea de la igualdad de las oportunidades intersociales e nter-regionales4.
*
En cuanto a la realidad dominicana, todos los datos indican que la industria de transformacin es relativamente nueva en el pas. Sin embargo, el sector manufacturero ha alterado radicalmente el espacio nacional. Analizaremos primero la localizacin regional (por provincias) de las actividades industriales antes de explicarlas. Por medio de las figuras 2 y 3, se puede observar la distribucin de las industrias como fueron registradas por ONE. Los mapas atestiguan dos hechos:
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*


1. Hay pocas provincias que cuentan con una industria de transformacinnotable, lo que quiere decir que las fbricas registradas se concentran en el Sur, en Santo Domingo y su alrededor, as como en la ciudad de Santiago.
2. Podemos ver que pocas provincias tienen una estructura diversificada; en la mayora de las provincias predomina un solo sector (Industria de Alimentacin). (Figura 2).
Cmo se explican estos hechos?
La mayora de los empleos documentados en la figura 2 y en la tabla 1 provienen de fbricas que representan el resultado de una estrategia de industrializacin a travs de la sustitucin de importaciones que se inici a partir del ao 1968. En su localizacin en el espacio se reflejan elementos decisivos de esta estrategia. No solamente persigue la industrializacin sustitutiva "romper el vnculo dependiente entre el crecimiento econmico y el comportamiento de las importaciones tradicionales" y "resolver los problemas de balanza de pago", sino intenta tambin aumentar el empleo y suministrar al mercado nacional diversos bienes de consumo interno (HATTON 1984). Los ltimos dos roles tienen un efecto definitivamente espacial, pues las fbricas buscan una localizacin apropiada que cumpla con sus deseos, demandas y exigencias. Estos establecimientos manufactureros necesitan bsicamente dos factores: una amplia oferta de mano de obra calificada para la produccin y cercana mxima a los mercados para as reducir diversos tipos de costos.
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Con estas exigencias no hay muchas alternativas en el pas. Por falta de mercado suficiente, pocas partes de la Repblica pueden ofrecer localizaciones con ventajas para este sector moderno, que tiene que utilizar "economas de escala". Por eso, las fbricas nacieron y se instalaron en Santo Domingo, pues, en efecto, su ciudadana aglomerada representa el nico gran mercado de consumo. El otro mercado relevante lo forma Santiago de los Caballeros. En ambas ciudadades, incluidas sus regiones de influencia, se concentra la mayor parte de los empleos en la industria y las inversiones industriales. Entre estas dos ciudades, la capital es alrededor de seis veces ms importante que Santiago, la primera ciudad de la provincia. Al lado de este poder domogrfico se agrupan las actividades pol ticas y administrativas. Adems, con obras infraestructura!es como los Parques Industriales de Herrera y de Haina y con exenciones fiscales, las inversiones favorecieron a Santo Domingo y su regin.
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Es obvio que este proceso de centralizacin dio un gran impulso a la migracin, pues las industrias atrajeron una inmensa cantidad de inmigrantes estableciendo un "ejrcito industrial de reserva". El rpido crecimiento del espacio urbano y su estructuracin heterognea son testigos de estos procesos que establecieron y fomentaron la dominacin de Santo Domingo.
Con esta dominacin los lazos que unen a Santo Domingo con el resto del pas, tienen un carcter unilateral: Casi todos los flujos en el espacio nacional solamente tienen una direccin: hacia la capital. Pero hay que tener presente que esta concentracin no solamente proviene de la centralizacin del poder poltico-administrativo y de las decisiones, sino tambin de una manera especial del hecho que la situacin en el campo y en las zonas rurales no puede y no pudo sustentar la poblacin agraria. En este sentido la poltica agraria y la poca asistencia estatal recibida por la mayora de las zonas rurales influy en la localizacin industrial e impidi una descentralizacin de
ingresos y de poder adquisitivo, excluyendo la poblacin rural del mercado interno5.
Sin exagerar, se puede constatar que la industrializacin a travs de la sustitucin de importaciones tiene la responsabilidad principal de los desequilibrios espaciales masivos y de la macrocefalia urbana del pas.
La promocin industrial dominicana no solamente se centr en la sustitucin de importaciones, sino tambin foment el desarrollo de las exportaciones industriales en las Zonas Francas, cuya distribucin est ilustrada en la tabla No. 2.
-
Hoy en da hay zonas francas en La Romana, San Pedro de Ma-corfs, Santiago y en Puerto Plata. Sin duda, esta localizacin tiene su origen en el propsito de promover un desarrollo regional ms equilibrado. Adems, segn se dice, esta estrategia persigue obtener divisas extranjeras, generar fuentes de empleo y calificar la mano de obra.
La distribucin de las Zonas Francas es positiva, comparada con los efectos espaciales de la industrializacin sustitutiva. Este fenmeno que se puede llamar descentralizacin concentrada, debe estar asociado al hecho de que la localizacin de los establecimientos que producen para el mercado externo sigue otras determinantes.
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# _
TABLA 1
EMPLEADOS EN LAS EMPRESAS DE CATEGORAS "B" Y "C"
SEGN SU LOCALIZACIN 1980
Localizacin
Personal ocupado en industrias de sustitucin de importaciones
SURESTE 28,965 86.7 o/o
Santo Domingo 25.752 77.1 o/o
San Pedro de Macors
La Romana 3,213 9.6 o/o
Otras
CIBAO 4,309 12.9 o/o
Santiago 3,183 9.5 o/o
Otras 1,126 3.4 o/o
SUROESTE 144 0.4 o/o
TOTAL 33,418 100 o/o
FUENTE: ONAPLAN, SEIC
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TABLA 2
EMPLEADOS EN LAS EMPRESAS DE CATEGORA "A"
SEGN SU LOCALIZACIN
Localizacin Personal Ocupado en las Zonas
Francas
SURESTE 11,108 64.2 o/o
-San Pedro de Macorfs La Romana * 3,338 7,770 19.3 o/o 44.9 o/o
CIBAO 6,183 35.8 o/o
Santiago 6,183 35.8 o/o
TOTAL 17,291 100 o/o
FUENTE: ONAPLAN, SEIC.
Las actividades propias de las zonas francas son operaciones de ensamblaje de manufacturas livianas. La rentabilidad de este tipo industrial depende primordialmente de los costos de mano de obra y del arrendamiento del local. La demanda del mercado interno no juega ningn papel. En este sentido las fbricas que producen para el mercado exterior, tienen una alta movilidad no solamente en el espacio internacional, sino tambin en el especio nacional. La intensidad de la mano de obra en la produccin es una caracterstica fundamental de operaciones de ensamblaje; esto obliga a las fbricas a buscar un mercado de trabajo amplio y barato. El conjunto de: a) obras infraes-tructurales construidas por el Estado para las Zonas Francas en ciudades secundarias, y b) trabajadores baratos y relativamente bajos costos de vida, (lo que implica bajos precios para el sector agropecuario), satisfacen muy bien las exigencias de estas fbricas. Adems, su ca-
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rcter internacional con empresarios extranjeros y con centros de decisiones ajenos, neutralizan preferencias personales y particulares para una u otra localizacin.
Hasta ahora se estudi el sector manufacturero como se manifiesta en las estadsticas nacionales e internacionales, pero no se debe olvidar al sector informal de las pequeas y medianas empresas. La relativa ausencia de investigacin emprica sobre este tema ha impedido llegar a conclusiones definitivas en cuanto al impacto de estas empresas y su papel en el desarrollo regional. Sin embargo, los pocos datos disponibles indican claramente que sus procesos econmicos fomentan la descentralizacin industrial, modificando el patrn de la distribucin de la poblacin y las actividades econmicas del pas (fig. 4). Estos aspectos distributivos en el espacio nacional estn estrechamente asociados con las caractersticas de este sector informal. Aqu no se aplica una definicin puramente cuantitativa del mismo sector, en el sentido de que el sector informal "incluye aquellas personas con educacin inferior a la universitaria y que trabajan en empresas, negocios o instituciones privadas en que hay menos de cinco empleados" (HATTON 1984, p. 146).
Para entender el sector informal hay que tomar en cuenta sus condiciones productivas-administrativas y su situacin dentro del marco nacional estadstico. La condicin de informal se manifiesta mejor en la estructura interna de cada empresa. La insuficiencia de ocupacin productiva formal determina que mucha gente tiene la necesidad de superar su desempleo abierto, sea estableciendo su propia empresa o sea buscando trabajo en una empresa informal. Esta llamada informalidad tanto urbana como rural, es el resultado de una actividad por propia iniciativa, combinada con el deseo de trabajar y producir por cuenta propia.
El mtodo ms fcil para visualizar el volumen del sector informal es mediante las estadsticas; aunque haya que notar que el mercado de trabajo de la Repblica Dominicana sigue siendo mal conocido, porque los datos obtenidos por las declaraciones de las empresas (ONE: Estadstica Industrial) no coinciden con los que provienen del censo de las familias (ONE 1981). La Estadstica Industrial indica menos mano de obra empleada que el Censo Nacional. Esta diferencia se debe principalmente a que la Estadstica Industrial no abarca numerosas empresas pequeas marginales y pequeos empresarios que trabajan por su cuenta. As se explican las empresas que escapan a la estadstica o al censo oficial de las empresas manufactureras. Con
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este tipo de clculo apoyado por estudios empricos, se elaboraron los mapas de las figuras 4, 5, 9. Pero la gama de particularidades del sector informal es ms amplia, especialmente cuando se refiere a sus estructuras productivas, legales y administrativas.
En encuestas realizadas a fines del ao 1984, se determin las siguientes caractersticas del sector informal en contraposicin al sector formal: Las empresas informales tienen carencias e insuficiencias con respecto al salario mnimo, a la organizacin sindical, en el acceso a la seguridad social, en los medios de produccin y en el acceso al crdito. Adems, tienen deficiencias relativas en torno a sus aspectos administrativos, sus sistemas contables, su anlisis de costo y la existencia de cuentas bancarias. Por ltimo, los equipamientos en sus talleres tienen un carcter artesanal y -lo que es de ventaja- su tecnologa es de gran densidad de trabajo. Se puede combinar estas caractersticas mencionadas con otros elementos que forman el perfil informal. Pero en este contexto no se debe sobreestimar la relevancia del tamao de la empresa, su patrimonio y sus ventas. El examen de las empresas informales muestra en muchos casos procesos que implican una expansin de las empresas y un dinamismo relativamente alto, lo que quiere decir que sus caractersticas estn constantemente cambiando. Empresas manejadas por empresarios eficaces cambian sus caractersticas y se formalizan. Al mismo tiempo hay empresas formales por lo menos desde el punto de vista estadstico, perdiendo su mercado o entrando en crisis, que adoptan elementos informales.
En resumen, los siguientes atributos caracterizan la informalidad:
El nivel de ingresos;
'La naturaleza del contrato de trabajo;
El derecho a servicios mdicos y sociales;
La ndole de las prestaciones econmico-sociales recibidas;
La afiliacin a organizaciones laborales;
La falta de licencia otorgada por un organismo pblico para ejercer la actividad; y
El acceso al crdito institucional.
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Como criterios complementarios se considera la capacitacin y educacin del empresario y de sus obreros, las caractersticas del tamao, la organizacin administrativa, etc., del establecimiento o la unidad productiva.
Ahora bien, volvemos a la distribucin de las empresas del sector informal en el espacio dominicano. Los resultados mostrados en las figuras 4 y 5 son sorprendentes. En primer lugar, se observa que su distribucin es relativamente proporcional y regular. Esto significa que las empresas informales son una fuerza que opera en contra de la concentracin econmica en el espacio. Este fenmeno se refleja tambin en el espacio urbano. Mientras, por ejemplo, en Santo Domingo y Santiago el sector formal se centra en reas industriales (como Herrera, Haina o la Zona Franca) el sector informal se mezcla con reas residenciales y comerciales, (figura 6).
Adems, se ve que la ocupacin informal absorbe ms mano de obra que las manufacturas formales (Tablas 3 y 4). La poblacin ocupada informalmente en industrias de transformacin y en talleres artesanales en Santo Domingo y en Santiago tiene la misma importancia que la ocupacin en el sector formal moderno (establecimientos registrados por ONE y SEIC).
Cmo se puede explicar esta configuracin y esta alta participacin en la ocupacin de mano de obra?
TABLA 3
PERSONAL OCUPADO EN TRES TIPOS DE EMPRESAS
EN LA PROVINCIA DE SANTIAGO
Tipo Nmero de Personal Ocupado
Zonas Francas Empresas modernas Sector informal
6,275 9,627 12,782
21.8 0/0 33.5 0/0 44.5 0/0
TOTAL 28,684 o/o 100 o/o
FUENTE: ONE, SEIC, ONAPLAN, PROAPE
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tabla 4
el sector formal e informal en santo domingo
Sector Personal Ocupado Nmero de Empresas Promedio Personal/Emp.
Sector formal 35,000 (46.6 o/o) 643 (25.2 o/o) 54.4 *
Sector informal 40,000 (53.3 o/o) 1,900 (74.7 o/o) 21.0
TOTAL 75,000 (100 o/o) 2,543 (100 o/o) *
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FUENTE: ONE, SEIC, CEDOPEX.
Las exigencias en cuanto a localizacin de los talleres y las empresas informales son relativamente modestas. Su tecnologa de la produccin no depende tanto de economas de escala como el sector modernamente estructurado. Tanto el mercado como la escala de la produccin son bastante pequeos y necesitan la cercana dla clientela. Esta situacin crea una tendencia contraria a la concentracin, por lo que las empresas informales benefician todas las provincias del pas y muchos barrios urbanos. Esto se da a pesar de la falta de servicios adecuados, sobre todo en los barrios marginados. Pero con el poco capital invertido y con las pocas restricciones organizatorias, estas empresas tienen una flexibilidad alta en cuanto a su localizacin, sus aspectos tcnicos y su adaptacin a mercados cambiantes.
La capacidad de las pequeas empresas informales y semiforinales para crear empleo, expresado en su alta tasa de participacin del total del empleo existente, tiene varias causas:
i
1. Un empresario informal dispone de poda capital y tiene que estructurar su empresa con bajas inversiones.
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2. La tecnologa aplicada es tradicional-sencilla y no demanda un entrenamiento especializado.
3. Los bajos ingresos y la falta de reglamentaciones oficiales-legales reducen el riesgo para el empresario al contratar nuevos obreros.
Estos puntos lustran la problemtica del sector informal: Se requiere empresarios dinmicos para recucir su debilidad estructural y para estabilizar los empleos; ya que muchas veces se trata de empleos marginales, de baja productividad y/u ocasionales, con ingresos fluc-tuantes, variables y espordicos.1
En la figura 5 vemos un resumen de los argumentos anteriores. Por sub-regiones -para evitar desviaciones por migraciones diarias interprovinciales no se ha referido al nivel de provincias- se clasific el empleo manufacturero en la Repblica Dominicana; tambin en este mapa la importancia del sector informal llama la atencin.
En las consideraciones presentadas hasta este punto, se trat la participacn ocupacional y la distribucin en el espacio nacional de los tres tipos de empresas del sector manufacturero. A partir de estos datos se puede afirmar que: Las industrias modernas del tipo A, B y C fomentan una alta centralizacin en pocas ubicaciones y ncleos del pas, mientras que el sector informal favorece la descentralizacin, evitando as disparidades regionales an mayores (figura 7).
En la prxima etapa del ensayo se acentuar elementos cualitativos, refirindose a la movilizacin de recursos para un desarrollo regional dinmico. Con este mtodo se podr delimitar el espacio funcional de cada tipo manufacturero. De esta manera se obtiene datos que informan sobre el grado de la integracin de cada tipo de manufactureras en la economa y en el espacio nacional, regional y local. El grado de esta integracin es un ndice de la verdadera contribucin que efecta cada tipo industrial. As se puede evaluar en un sentido figurado los costos y beneficios que aportan los elementos bajo estudio.
La integracin sube con la intensidad relativa de contactos locales y regionales, porque estos contactos dinamizan va factores multiplicadores el valor agregado local o ahorran gastos de transporte.
La referencia geogrfica y espacial para estos contactos forma
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el espacio funcional; en el sentido que las exigencias de cada tipo industrial establecen sus tpicas zonas de atraccin. Estas zonas de atraccin -como vamos a ver- tienen diferentes dimensiones, dependiendo de la perspectiva escogida. La importancia de las relaciones inter-espaciales que forman las mencionadas zonas de atraccin crece con su densidad.
Para evaluar la calidad de los tipos industriales se separ tres flujos y sus zonas de atraccin medidas por distancias relativas:
1. Los flujos, sus alcances y sus direcciones en el campo de mano de obra;
2. Los flujos y su alcance en cuanto a las zonas de ventas; y
3. Los flujos y su alcance en cuanto a la procedencia de las materias primas.
Todos los flujos -independientemente de la distancia- se centran en la empresa. Como prueban los resultados obtenidos por los estudios empricos, cada tipo industrial o manufacturero tiene su cuadro tpico. Hay casos que se desvan de estos modelos, pero son excepciones.
Se comienza con la categora "mano de obra", representada en la figura 8. Presenta un modelo que informa sobre la distancia de las migraciones diarias entre el hogar privado (vivienda) y el lugar de trabajo. Los contrastes forman las Zonas Francas y el sector informal. Las empresas sustitutivas de importaciones toman una posicin intermediaria.
Mientras los trabajadores de las fbricas pequeas y de los talleres del sector informal tienen su vivienda en la cercana de su lugar de trabajo, los obreros -en la mayora mujeres- de las Zonas Francas tienen que salvar largas distancias para llegar a su puesto de trabajo. Estos enlaces tpicos no existen por casualidad. El estrecho crculo de accin del sector informal y de sus pequeas empresas, tiene su origen en diversas razones; A) su localizacin en zonas habitacionales descentradas -descrito antes-; B) la importancia de lazos familiares y particulares; y C) el tamo de las empresas y talleres. Todos estos factores favorecen una movilizacin de recursos vecinos. Adems, los bajos ingresos no permiten a los obreros trasladarse largas distancias por los costos del transporte. Las ventajas de esta organizacin
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espacial son evidentes: la cercana y la interaccin intralocal aumentan la flexibilidad d las empresas, aumentan los ahorros econmicos y los ahorros de tiempo, reducen costos de transporte, utilizan ingresos generados dentro del mismo barrio y dejan algo del poder adquisitivo en la zona de la misma localizacin.
La situacin en las Zonas Francas es muy diferente. La alta tasa de participacin femenina y la baja participacin de mano de obra local son factores dominantes. La mayora de la mano de obra en tas Zonas Francas vive hace relativamente poco tiempo en la ciudad donde trabaja, proviene de zonas rurales con altas tasas de sub-em-pleo. Para la poblacin urbana que conoce bien el mercado de trabajo, los puestos de trabajo en las Zonas Francas carecen de atractivo por las condiciones de trabajo, los ingresos relativamente bajos y la imagen que tienen las mismas Zonas Francas. Esta situacin tiene profundas consecuencias. A pesar de descargar las zonas rurales un poquito, el efecto urbanizador de las Zonas Francas es considerable, ya que son ests empresas las que dan un impulso a la migracin rural urbana. Mientras las Zonas Francas desvan los flujos migratorios a ciudades secundarias como Puerto Plata, La Romana y San Pedro de Macors en lugar de dirigirlos a Santo Domingo, este proceso no es
nocivo. Pero ya en Santiago -muy bien urbanizado- este patrn de migracin es problemtico, ya que fomenta la urbanizacin rpida.
Mientras la localizacin de las Zonas Francas tiene un efecto n-traregional e interregional, las urbanizaciones de las instalaciones manufactureras cuyas tareas son substituir importaciones, prefieren la capital y su regin, estructurando as directamente la ciudad, ms que su zona de atraccin en general. En este caso los procesos migratorios son de un carcter intraurbano. No cabe duda de que los establecimientos manufactureros y sus efectos de la atraccin de mano de obra, eran fuerzas importantes en el desarrollo urbano de Santo Domingo; ya que alrededor de las concentraciones industriales se establecen colonias proletarias que suministran la mano de obra para las empresas. No obstante, el sector manufacturero en Santo Domingo tiene con seguridad un importante efecto en cuanto a la migracin rural-urbana. Pero no se puede evaluar y probar con precisin como en el caso de las Zonas Francas.
-
El factor trabajo no es el nico medio de produccin. Por esto se tratar tambin los otros medios de produccin desde la perspectiva de la estructura espacial funcional. As se considerar la procedencia del capital, de los insumos (materias primas) y de los equipos para
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la produccin. En la figura 9 se muestra la situacin actual para los tres tipos manufactureros. Se pueden observar fcilmente divergencias muy marcadas en los tres modelos que resultan de estudios empricos y de la evaluacin de los datos estadsticos de ONE y de CEDOPEX.
En el caso de las industrias sustitutivas de importaciones se ve que el capital nacional es predominante. Sin embargo, hay tambin flujos de capital que provienen de afuera. La situacin de los insu-mos y las mquinas es totalmente diferente. Aunque hay diferencias entre las ramas de la produccin, se puede constatar que alrededor del 80 o/o de los insumos y de las mquinas provienen del extranjero. Excepciones forman las fbricas que elaboran productos como alimentos, bebidas y materiales de construccin. Estas fbricas compran materias primas nacionales, pero utilizan instrumentos y mquinas importadas.
La situacin de las empresas en las Zonas Francas es ms precaria. El capital, los insumos y las mquinas provienen casi totalmente de afuera. Solamente el tabaco elaborado en la Zona Franca de Santiago es de origen dominicano.
La situacin de las fbricas y talleres informales es la ms compleja. Sus capitales son sin duda totalmente nacionales, pero tambin dependen de importaciones de materia prima y de mquinas. Sin embargo, tienen la integracin ms profunda en el mercado de suministros nacionales, produciendo en parte sus propios bienes de capital y fomentando as la integracin vertical.
Bajo una perspectiva espacial el sector informal contribuye ms al desarrollo de las diversas regiones de la nacin que los otros tipos manufactureros. La industria de la sustitucin de importaciones toma una posicin media. Las Zonas Francas no tienen ninguna integracin de importancia con el espacio nacional. As, el sector informal dinamiza con su demanda la movilizacin de recursos nacionales y descentraliza poder adquisitivo y bienestar relativo en zonas perifricas del pas. Pero a pesar de todo, el sector informal con sus pequeas empresas depende tambin de sus lazos dirigidos hacia afuera. La baja integracin de las Zonas Francas en el espacio nacional y en la economa dominicana se explican por su tipo de produccin y por los incentivos, pero hay que preguntarse por qu las dems industrias tienen esta integracin dbil. Aqu solamente se mencionar algunos elementos, que ya fueron constatados por diversos estudios de orga-
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nizaciones internacionales (por ejemplo 01T 1975) y que se refieren a las industrias de sustitucin de importaciones:
-la aplicacin de tcnicas con una densidad de capital superior a lo que se justifica;
diversos sistemas de subvencin de capital;
exenciones fiscales; y
exenciones de derechos de aduana sobre maquinarias e insumos.
As los incentivos concedidos favorecieron tecnologas importadas, las cuales muchas veces son ajustadas a insumos ajenos.
Para el sector informal se puede afirmar que a los empresarios les faltan conocimientos sobre posibilidades de sustituir insumos extranjeros por materia prima nacional, pues no conocen bien el mercado de insumos nacionales, por falta -entre otras cosas- de comunicacin.
Finalmente se tratar sobre la utilizacin de los prodTctos terminados. La figura 9 muestra que las Zonas Francas exportan -como es su naturaleza y su funcin dentro de la economa- toda su produccin. La situacin de las industrias destinadas a sustituir importaciones es contraria, aunque algunas empresas lograron exportar directamente o por contrabando, por ejemplo, a Hait. Para el sector informal la exportacin no juega ningn papel, pero su mercado no es -como en el caso de las fbricas destinadas a sustituir importaciones-nacional, sino local o regional.
RESUMEN
Se trat tres tipos de empresas manufactureras con referencia al espacio econmico dominicano, omitiendo a propsito implicaciones macroeconmicas como los efectos en la balanza del pago, en la conyuntura, la productividad del capital y del trabajo, aspectos fiscales y monetarios. Solamente fueron tratados implcitamente, en cuanto tienen una relevancia directa para el desarrollo del espacio socio-econmico.
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Aqu se trat la funcin distributiva de las industrias en las regiones, como ellas fomentan el desarrollo de todas las regiones del pas y como disminuyen disparidades. Ahora bien, en cul direccin se dirigen las diversas industrias en el espacio dominicano?
Las industrias produciendo para sustituir importaciones fomentan sin duda la predominacin de la capital, Santo Domingo y, adems, tienen pocos lazos intensivos y positivos con otras partes del apis. Por otra parte, las industrias en las Zonas Francas fomentan ciudades secundarias, lo que es positivo, pero al mismo tiempo llenan estos centros urbanos con emigrantes de los campos por no ofrecer puestos de trabajo actractivos para la fuerza de trabajo local urbano.
Las empresas pequeas e informales son el nico tipo de empresas manufactureras que posibilitan una industrializacin equilibrada por existir en todas las partes del pas y porque utilizan relativamente muchos insumos nacionales. Estos lazos son de ventaja para todo el pas.
Finalmente, hablando de sistemas urbanos, los tres tipos bajo consideracin influyen en el esquema de los asentamientos humano-urbanos dominicanos en diferentes maneras. Mientras que las industrias que sustituyen importaciones establecen un sistema metropolitano, la localizacin de las industrias en las Zonas Francas sigue una jerarquizacin de las ciudades secundarias en trminos de su importancia relativa en el sistema urbano nacional. La localizacin de la pequea industria del sector informal resulta en el fomento de lugares centrales pequeos (por ejemplo: Moca, Tamboril, Licey) y de as la oportunidad de desarrollarse jerarquas urbanas a diferentes niveles de la central dad. (8)
bibliografa
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Yunn, R. E. La Isla Como es: Hiptesis para su Comprobacin. Santiago, 1985.
NOTAS
1. Los incentivos abarcan exenciones de derechos de importancin para materias primas, productos intermedios y combustibles y algunas exenciones arrancel arias.
2. Son las empresas de las categoras "B" y "C". La categora "B" representa estas empresas consideradas de alta prioridad para el desarrollo nacional produciendo bienes que no han sido manufacturados con anterioridad en el pas. Las empresas de la categora "C" producen para el mercado nacional, pero sin la prioridad de la categora "B". Pero en empresas de categoras "C".
3. La categora "A" abarca las empresas dedicadas esclusivamente a la ex portacin. El grueso de estas empresas se localizan en Zonas Francas. Los incentivos abarcan exenciones totales del impuesto sobre la renta y adems no tienen que pagar derechos de importacin o exportacin sobre materias primas o productos acabados.
4. Tomando la igualdad de oportunidades como base de la discusin, el autor sigue los lincamientos de la planificacin regional en la Repblica Federal de Alemania, que tiene por objeto lograr condiciones agradables en
21


5.
6. 7.
8.
todas partes del pas, midindolas o comparndolas con muchas variables que influyen en el bienestar y que no se reflejan en los ingresos monetarios, sino en indicadores sociales, tales como los logros del sector educativo, los ndices de salud y la recreacin.
La tasa de migracin rural-urbana siempre sufre una baja significativa cuando hay un efecto de retencin relacionado con programas de reforma agraria, que incrementan la generacin de fuentes de trabajo y el nivel de bienestar de la poblacin rural.
Este mtodo ya fue aplicado en muchos estudios (RICHARDSON 1983).
Organizaciones como PROAPE, la FDD y CADEPE ameritan en este contexto una mencin especial, porque ellas contribuyen a la consolidacin de las pequeas empresas de carcter informal y semiformal.
En cuanto al concepto de "lugar central" mirar CHRISTALLER (1965).
\
\
22


figura 1
1935 1955 1980
EL DESARROLLO DEL EMPLEO INDUSTRIAL (SECTOR FORMAL)
A) SECTORINDUSTRIAL (MINERA, MANUFACTURA, INDUSTRIA AZUCARERA. ELECTRICIDAD)
B) INDUSTRIA AZUCARERA
C) INDUSTRIA MANUFACTURERA-
D) ZONAS FRANCAS.


figura 2
420
.I 1
20 000 hwU 30
9 000 hU 10 2000 hMU 30 000
900 hta 000
500
PERSONAL OCUPADO
MAS DE 80 O/ DEL PERSONAL OCUPADO
TRABAJA EN EL SECTOR AZUCARERO
MENOS OC 20 o/o DEL PERSONAL OCUPADO
TRABAJA EN EL SECTOR AZUCARERO
A J
SECTOR MINERO
S 4
PRODUCTOS ALIMENTICIOS. BEBIDAS Y TABACO
SECTOR AZUCARERO
TEXTILES. PRENDAS DE VESTIR E INDUSTRIAS DE CUERO
INDUSTRIA DE MADERA V DE MUEBLES. PAPEL. IMPRENTAS V EDITORIALES
SUSTANCIAS QUMICAS. CAUCHO, PLSTICO. PRODUCTOS MINERALES
?
INDUSTRIAS METLICAS BSICAS. FABRICACIN
DE PRODUCTOS METLICOS. MAQUINARIAS. EQUIPO
OTRAS INDUSTRIAS MANUFACTURERAS


figura 3
POBLACIN ECONMICAMENTE ACTIVA OCUPADA SEGN PROVINCIAS 1981
460 500 154
mi
SECTORES ECONMICOS
PRIMARIO
ti
90 50 000
113 61
ni
Mil
31 14 3 000
M
45 000 30 9
mi
SECUNDARIO TERCIARIO
i.i.i
PERSONAL OCUPADO
0
50
100
Fuente: ONE
Oficina Nacional de Estadsticas (ONE)


figura 4
LA DENSIDAD INDUSTRIAL: REPBLICA DOMINICANA 1980/1981 POR PROVINCIAS
Densidad industrial: Establecimientos registrados (sin el sector azucarero)
-10
Densidad industrial: Establecimientos registrados (sin el sector azucarero) y Establecimientos Informales.
t
1 11-30
DENSI DAD Personal Ocupado en el Sector Manufacturero X 1
Habitantes
Fuente: ONE, Estadstica Industrial 1980,
Censo de Poblacin 1981. '
ni
3 31 80
DENSIDAD INDUSTRIAL


figura 5
POBLACIN ECONMICAMENTE ACTIVA OCUPADA EN LOS SECTORES MANUFACTURE ROS SEGN SUB-REGIONES 198071981
PERSONAL OCUPADO
Sustitucin de Importaciones
Zonas Francas
Sector Informal
Sector Azucarero
Fuente: ONE, SEIC
5 000
Personal Ocupado
27


00
figura 6
i
Productos Alimenticios, Bebidas y Tabaco.
Textiles, Prendas de Vestir en las Industrias de Cuero.
Industria de la Madera y de Mueble, Papel, Imprentas y Editoriales.
Sustancias Qumicas, Caucho, Plstico.
Fabricacin de Productos Minerales.
Industrias Metlicas Bsicas y Productos Metlicos.
Otras Industrias Manufactureras.
Fuente: PROAP
1 Km. rapios estudios.

lu
i
ll
I
hasta 450 hasta 299
100 hasta 199 50 hasta 99
20 hasta 49 5 hasta 19
Personal Ocupado
\
1.---
l
\
I
I
I
I
f EL SECTOR INFORMAL / EN ACTIVIDADES SECUNDARIAS EN SANTIAGO 1983/1984.


FIGURA 7
superficie (acumulado)
20
40
60
80
(personal ocupado acumulado
100
80
60
40
20
100 ./
(A) Personal Ocupado
(B) Personal Ocupado
Sector
CURVA DE LORENZ (para medir el grado de la concentracin
formal
nformal
29


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5
ZONAS DE ATRACCIN DEL PERSONAL OCUPADO EN LOS SECTORES MANUFACTUREROS EN LA REPBLICA DOMINICANA 1984.


FIGURA 9
de la repblica dominicana: materias primas, insumos, equipo, maquinas.
i
mercado del suministro.
de la repblica dominicana: materias primas, insumos, equipo, maquinas.
t
al extranjero r mercado d las ventas
a la repblica
dominicana:
produccin.
I I
movimientos industriales: el sector informal
31


FIGURA 10
DEL EXTRANJERO: MATERIAS PRIMAS, INSUMOS, EQUIPO, MAQUINAS.
AL EXTRANJERO: PRODUCCIN.
I
I
I
I I
i.
MERCADO DEL SUMINISTRO
MERCADO DE LAS VENTAS
T
i
I
i i
i i
I
i
i i
i
DE LA REPBLICA DOMINICANA: MATERIAS PRIMAS, INSUMOS, EQUIPO, MAQUINAS.
A LA REPBLICA
DOMINICANA PRODUCCIN.
movimientos industriales: las zonas francas.
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FIGURA 11
DEL EXTRANJERO: MATERIAS PRIMAS, INSUMOS, EQUIPO, MAQUINAS.
I
AL EXTRANJERO
I I
I I
MERCADO DEL SUMINISTRO
I
!
i
DE LA REPBLICA DOMINICANA: MATERIAS PRIMAS, INSUMOS, EQUIPO, MAQUINAS.
A LA REPBLICA DOMINICANA: PRODUCCIN.
MOVIMIENTOS INDUSTRIALES: LAS EMPRESAS DE LA SUBSTITUCIN
DE IMPORTACIONES.


V


LA SITUACIN ECONMICA DE REPBLICA DOMINICANA EN SU DIMENSIN CARIBEA, Y SUS RELACIONES COMERCIALES Y FINANCIERAS CON EUROPA. UNA PERSPECTIVA EUROPEA.*
Por Luciano Berrocal Martn
PRESENTACIN
Las notas que aqu" presentamos pretenden ofrecer una visin exhaustiva y definitiva de la cooperacin entre la CEE y RD. Se trata simplemente de introducir algunos elementos de discusin en un dilogo que esperamos sea lo ms am-plio y fecundo posible.
Nos es imposible citar todas las personas o instituciones que de una u otra forma nos han ayudado en la gestacin de este trabajo.
Por parte dominicana no podemos olvidar, sin embargo, la amable acogida de los funcionarios del Banco Central, del Centro Dominicano de Exportaciones, de la Oficina Nacional de Estadstica (Doa Melm cumpli fielmente sus promesas a pesar de los problemas de su ordenador y de los apagones crnicos!), de la Canci-Hera, etc.
Los representantes de la FES en Santo Domingo y el Dr. Milton Messina constituyeron factores claves de nuestra bsqueda, as como la asistencia del Dr. JF. Pea Gmez, de la Internacional Socialista.
Por parte europea hemos recibido un apoyo continuo de numerosos funcionarios de la Comisin de las CE, que nos han brindado documentacin e ideas preciosas. Esperamos que sigan apreciando nuestra curiosidad cientfica que en muchos casos les obliga a descubrirnos "arcanos" que el gran publico conocer mediante el misterioso lenguaje codificado de la burocracia.
El Dr. Guido Ashoff, de Berln, ha tenido la gentileza de ofrecernos ideas y crticas constructivas, que esperamos sern de gran utilidad en el dilogo posterior.
La FES en Bruselas no ha escatimado en ningn momento su cooperacin, y le estamos sumamente agradecidos.
Me viene a la memoria una cita de un querido tocayo, muerto hace aos pero cuyas ideas perduran: "Un erudito es un almacn y un genio una fbrica" (Luciano Balmes). Sin pretendernos ni erudito ni genio, s quisiramos haber pasado del almacn a la fbrica! (Imposible pensar en la computadora!).
* Publicado originalmente en HOMINES, Revista de Ciencias Sociales, vol. 10, Nm. 1, pp. 156177.
-
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1.- REPBLICA DOMINICANA EN EL CONTEXTO LATINOAMERICANO
"En el 1982 Amrica Latina sufra su crisis econmica ms profunda de todo el parfodo de la posguerra y probablemente la ms grave desde los aciagos aos de la Gran Depresin". (1)
Esta crisis, originada por un conjunto de factores internos y extemos, ha afectado a prcticamente todos los pases de la regin. Una rpida ojeada a la situacin del sub-continente nos permitir ver en qu medida Repblica Dominicana (RD) forma parte, con sus peculiaridades y sus diferencias, de la situacin global latinoamericana. (2)
1.1 Evolucin socio-econmica de Amrica Latina y RD en 1982.
a) La prdida de dinamismo que se haba manifestado en 1981 se confirma en 1982. El incremento del 1.5 o/o del PIB en 1981 -el ms bajo desde 1940-vuelve a decrecer para el conjunto de AL, situndose aproximadamente en -1 o/o (3). RD, con un incremento del PIB del 1.5 o/o, se sita entre los cinco pases de la regin que lograron escapar al estancamiento o a la baja generalizada: Brasil (o.5o/o), Colombia (1.5o/o), Ecuador (2.5o/o) y Per (1.o/o). No obstante, RD, como otros pases de la regin (4), ha experimentado una prdida de dinamismo muy importante en los ltimos aos. El promedio de su tasa de crecimiento del PIB en el perodo 1969-73 fue superior al 10o/o,i disminuyendo a menos de la mitad en el perodo 1974-80, sin que prcticamente ningn sector econmico haya escapado a la recesin.
Por otra parte, dadas las tasas de crecimiento de la poblacin-normalmente superiores al ritmo de crecimiento econmico- la renta per cpita sufri, en 1982, una ligera disminucin en la mayor parte de los pases de AL, o bien se estanc en otros: caso de RD (560 pesos de 1970 p.c).
b) En el conjunto de la regin, la inflacin alcanz un nivel sin precedentes (5). La tasa media ponderada del incremento de los
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precios al consumo en el conjunto de la regin fue de + 80 o/o, superando cualquier ao anterior. RD logr, por su parte, contener el aumento de precios al consumo, establizndolo en un 7.6 o/o, al igual que otros pases pequeos de la regin: Jamaica (6 o/o), Hait (14.7o/o), Panam (3.9o/o). Por consiguiente, RD forma parte de un reducido grupo de pases que presentan tasas de inflacin relativamente bajas para AL Ahora bien, la comparacin de ndices inflacionarios internacionales sera demasiado superficial si no se tuviera en cuenta la distribucin del ingreso en pases como RD.
-
A ese respecto, como en la mayor parte de los pases latinoamericanos, se constata en RD una distribucin desigual de la riqueza. El proceso inflacionarioque en la ltima dcada ha reducido el poder adquisitivo en un 70o/o, a partir de 1969afecta de forma singular a los estratos bajos de la poblacin. La congelacin de salarios por dos aos (Ley 45), autorizando un reajuste salarial del 10 o/o, ha supuesto una disminucin del 30o/o del salario real (6). En la Encuesta sobre Ingresos y Gastos elaborada por el Banco Central para los aos 76-77 se observa que: 31.5o/o de familias tienen ingresos inferiores a los 100 pesos/ mes;
34.5o/o generan ingresos entre 100 y 200 pesos/mes; 21.5o/o generan ingresos entre 200 y 400; -6.2o/o de las familias se sitan entre 400 y 600; -2.7o/o entre 600 y 800; -3.7o/o entre 800 y 3000.
En consecuencia, el 70o/o de las familias dominicanas no genera los ingresos necesarios para su canasta alimenticiaen virtud de la comparacin entre el nivel de ingresos y la estimacin de gastos domsticos y el 90o/o de la poblacin se encuentra virtual -mente marginada del consumo de mercancas duraderas (7).
Sin restar importancia a estas cifras, que nos dan una idea de la situacin social, pensamos que convendra tener en cuenta otra serie de variables, como el desarrollo del sector informal de la Economa ("Underground Economy") que en un pas como RD puede ser particularmente importante. No obstante, la excesiva concentracin del ingreso puede constituir un obs-
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tculo serio a la reactivacin econmica del pas, as como un I imite estructural a las pol ticas de austeridad, ya que se corre el riesgo de la inestabilidad social.
d) La atona del comercio internacional, junto con polticas de ajuste en numerosos pases de la regin, provoc un cambio radical en el comportamiento del sector externo de AL en 1982.
El valor de las exportaciones de bienes disminuy de 10o/o para el conjunto de AL, tras 6 aos de rpido crecimiento (19o/o de aumento como promedio entre 1970-1981). La causa fundamental de esta baja fue la declinacin del valor unitario de las exportaciones, debido a la cada de los precios de la gran mayora de los productos bsicos exportados por la reginfenmeno que sera explicable por el modelo de desarrollo latinoamericano y por la dbil integracin del proceso de industrializacin (8) en las nuevas corrientes del comercio internacional.
En el caso de RD podemos constatar que esta cada de los precios de los productos bsicos de exportacin ha sido decisiva en la disminucin del valor de las exportaciones. Su principal producto de exportacin, el azcar, sufri una cada de precio de ms del 40 0/0, luego de haber bajado un 41.10/0 en 1981. El precio del cacao disminuy en un 14o/o, mientras que el del caf sufri un ligero aumento del 2.4o/o en 1982, tras haber descendido de 18.7o/o en 1981. Si a esto aadimos la tendencia decreciente de la demanda mundial de las exportaciones tradicionales, veremos hasta qu punto la capacidad de diversificacin exportadora del pas constituye uno de los objetivos fundamentales de todo intento de restablecer la dinmica del crecimiento econmico nacional. RD, con una cada del orden 7o/o en la tasa de crecimiento del volumen de bienes exportados y de 3o/o en la tasa de valor unitario, se sita entre los pases ms afectados de AL por dicho fenmeno, en 1982 (9).
En cuanto a las importacionesque disminuyeron en valor en un 19o/o en 1982 para el conjunto de AL, tras haberse incrementado sin interrupcin entre 1970 y 1981 el volumen importado se contrajo en un 16o/o para la regin (por pases esta disminucin se constata en 12 de los 22 pases para los cuales se
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I


cuenta con informacin sobre 1982). En este contexto, RD registr una tasa de crecimiento negativa del orden de 17o/o en
el valor de las importaciones de bienes, de 4o/o en el valor u-nitario y de 13o/o en el volumen importado, lo cual sita al
pas en un buen promedio general en la regin (10). Estas tendencias del comercio exterior se caracterizan por un supervit de unos 8.800 millones de dlares en la balanza de comercio de bienes para el conjunto de la regin, debido principalmente a la cada de las importaciones. Ahora bien, tanto en este captulo como en el balance de cuenta corriente, RD figura entre los pases ms afectados de la regin: en efecto, RD obtuvo un balance negativo en el comercio de bienes del orden de 430 millones de dlares, y un dficit en el balance de la cuenta corriente de 490 millones de dlares, superior al dficit de 1981 que se situ en 378 millones de dlares.
En cuanto a la captacin neta de recursos externos para el conjunto de AL se observa una disminucin de 55o/o en 1982, habiendo pasado de 42,000 millones de dlares en 1981 a 19,000 en 1982.
Estos y otros datos nos evocan una balanza global negativa para el conjunto de la regin, con las solas excepciones de Per, Trinidad y Tobago y El Salvador (11).
1.2 El endeudamiento externo de AL y RD en 1982. Propuestas del FMI.
a) Tradicional mente se ha financiado el crecimiento econmico de AL recurriendo a la financiacin exterior, ya sea mediante la inversin directa o bien en base al endeudamiento externo (12). Dada la tendencia a la baja de la inversin directa, la dificultad del incremento de las exportaciones y del control de las importaciones, se ha acentuado el proceso de endeudamiento externo de AL, sobre todo a partir de 1977. En 1982 se ha asistido a una cierta desaceleracin del fenmeno, debido a un conjunto de factores: condiciones ms gravosas de los prstamos, ncertidumbre cambiara en ciertos pases, diferencias desfavorables en la tasa de inters, etc. Pero, posiblemente, el factor determinante ha sido la cada de la oferta de fondos de los
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bancos comerciales privados internacionales (13), cuya participacin en el endeudamiento externo de AL ha superado, en 1982, los dos tercios del total de la regin (14).
b) En cuanto a Repblica Dominicana, este pas sigue a grandes rasgos la tendencia de endeudamiento externo generalizada en AL. Dicho fenmeno comienza en RD con el largo par iodo de Gobierno de Balaguer (1966-1978) y se intensifica los aos siguientes. Al inicio de la dcada de los 60 el pas careca de | deuda externa, pasando durante el Gobierno Balaguer de 58.1 I millones de dlares (1966) a 1346.6 millones en 1978. La deuda externa y la inversin extranjera fueron dos pilares bsicos de la estrategia de desarrollo durante esos aos, jugando la inversin directa extranjera un importante papel en la financiacin del dficit por cuenta corriente (entre 1966-69 dicha inversin represent un 33o/o del dficit, alcanzando el 38.3o/o durante 1970-74). Las principales inversiones extranjeras directas se han j relacionado con el refinado de petrleo (Shell), las actividades de Falconbridge y Rosario Dominicana.
A partir de 1978 el proceso de aceleracin del endeudamiento externo de RD se intensifica, llegando a una situacin de cesa-cin de pagos en el primer semestre de 1982. Este endeudamiento es debido en gran parte al sector pblico, cuya deuda pasa de 653.2 millones de pesos RD en junio de 1978 a 1354.7 millones en 1980, mientras que la deuda del sector privado para el mismo perodo aumenta slo ligeramente: de 464 millones a 473.8 (15). En septiembre de 1981 el monto contratado de la deuda externa del pas ascenda a 3,139,539 pesos RD. Ya en 1979 el servicio de la deuda, pago de amortizaciones e intereses superaban los 700 millones de pesos RD, lo que equivala al 80 o/o del valor de las exportaciones.
c) El endeudamiento ha sido utilizado para financiar el dficit de la balanza comercial, as como para cubrir los abultados dficit del Gobierno y de sus entidades autnomas. Este hecho es debido, principalmente, a una errada poltica econmica de "demanda inducida" y a una concentracin de esta poltica hacia el sector pblico, a expensas del sector privado y agudizando las presiones del sector externo (16). Los fondos movilizados no
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han sido dirigidos hacia la creacin de una infraestructura o hacia el aumento de produccin, particularmente la produccin exportable (17). Se dira que el recurso al endeudamiento externo no ha hecho ms que postergar los problemas bsicos de una nueva estrategia de desarrollo ms acorde con las capacidades productoras del pas y mejor integrada en las nuevas corrientes del comercio internacional, con vistas a reestructurar el sector externo o a captar recursos para el pas.
La nueva pol tica econmica que se instaura en RD con el acceso al poder del Presidente Jorge Blanco, en agosto de 1982, supone un cambio importante en la estrategia de desarrollo, coincidiendo en muchos puntos con las exigencias del FMI en lo relativo a las intervenciones y saneamiento de la economa dominicana.
En virtud del nuevo acuerdo con el FMI, RD dispone de un total de recursos del Fondo de 414 millones DEG, pudiendo girar hasta 371.25 millones en los prximos tres aos, tal como se especifica en la ampliacin acordada. Asimismo, RD puede obtener de inmediato 42.75 millones DEG en concepto de servicio de financiacin compensatoria. Las compras que se efecten en aplicacin del acuerdo ampliado se financiar en parte con recursos ordinarios a medio plazo (1983-1985).
En consonancia con las exigencias del FMI, el programa econmico del nuevo Gobierno se ha fijado como objetivos prioritarios 1) alcanzar metas altas y sostenidas de crecimiento econmico, 2) generar un proceso productivo de creacin de empleo, 3) lograr una situacin viable de la balanza de pagos, 4) mantener una tasa baja en inflacin. Se trata, por consiguiente, de llevar a cabo un reajuste estructural de la economa en colaboracin y consulta con el FMI (18), el cual propone medidas ya conocidas en casos similares. Entre las principales medidas, podemos mencionar (19):
Ajuste del tipo de cambio, como forma de reducir el desequilibrio de la balanza de pagos (de 5.5o/o del PIB en 1982 a 4o/o en 1983, y a 3o/o en 1985) y promover un mayor ritmo del crecimiento econmico; lo cual permitir la introduccin de la ban-
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ca comercial en el mercado paralelo, un incentivo cambiario a las exportaciones tradicionales, incremento del traspaso de las materias primas al mercado paralelo.
Elevacin de las tasas de inters, en funcin de la evolucin de los mercados internacionales y de los precios internos.
Restriccin del crdito bancario y emisin monetaria, lo cual implica, entre otras cosas, el establecimiento de topes trimestrales sobre el crdito neto del Banco Central y del Banco de Reservas del sector pblico. Se espera de esta forma mejorar la movilizacin de los recursos financieros orientndolos al sector privado.
Fortalecimiento de la situacin financiera del sector pblico.
Ello constituye una pieza importante del programa de reajuste y un cambio significativo en la poltica econmica de "demanda inducida" de los ltimos aos. El saneamiento del sector pblico permitir incrementar el ahorro pblico e intensificar el programa de inversiones pblicas (del 19.5o/o del PIB en 1982 a 22.5 en 1985), junto con la colaboracin de capital pblico y privado extranjero. Este ltimo se centrara en el desarrollo de las exportaciones industriales en las zonas francas y en los sectores agrcolas, mientras que el primero se concentrara en la mejora de las infraestructuras del pas:' construccin, energa y produccin agraria. A fin de lograr el saneamiento del sector pblico se han tomado un conjunto de medidas:
disminucin de los salarios y aumento de las horas de trabajo;
ampliacin de la base impositiva, incrementada de impuestos directos e indirectos;
aumento de las tarifas y precios de los servicios del sector p-pblico;
disminucin de los gastos corrientes del gobierno y mejora de la gestin y de la organizacin de recursos en las empresas del Estado.
Supresin de las prohibiciones a las importaciones, cuando sea posible. El 10 o/o que grava ahora las importaciones desaparecer con la introduccin del IVA (Impuesto sobre el Valor Aadido).
Este tipo de poltica econmica, de corte monetarista, es el co-


mnmente propuesto por el FMI. Hasta qu puede resolver no solamente el problema de la balanza de pagos (objetivo prioritario) y operar una reorganizacin de la estructura productiva del pas (objetivo a largo plazo)? No pensamos entrar en una polmica que divide profundamente a la opinin pblica dominicana y que no cuenta, ni mucho menos, con el consenso de los economistas (20). Creemos
que el reto es importante, ya que si los trminos de intercambio continan deteriorndose (21), no se mejoran las perspectivas del comercio internacional y el capital extranjero no responde como est previsto a las facilidades acordadas (ley sobre inversiones extranjeras, repatriacin de beneficios, bajos salarios), ser muy difcil reactivar el crecimiento econmico a corto plazo.
t
Por otro lado, dadas las condiciones sociales prevalecientes, la desigual distribucin del ingreso, la concentracin de la poblacin en las zonas urbanas, la estructura de tenencia de la tierra, etc., no sera razonable descartar la hiptesis de sobrepasar la resistencia social del sistema. La apertura del mercado interno al capital extranjero supondr elevar los niveles de productividad en detrimento, posiblemente, de la generacin de empleos (otro de los ejes del programa del Gobierno).
Por ltimo, dentro del captulo de reformas, nos preguntamos si no sera necesaria una reforma administrativa importante, sin la cual muchas de las medidas propuestas pueden convertirse en letra muerta.

1.3 La problemtica laboral.
La problemtica laboral constituye, a nuestro entender, una incgnita importante en el momento actual de las economas latinoamericanas.
En RD ms del 60o/o de la poblacin est afectada por el fenmeno del desempleo (22): 20 o/o de desempleados y alrededor de 40o/o de subempleados. Estas cifras hay que tomarlas con precaucin ya que, como recordbamos ms arriba, el mercado informal puede constituir una forma privilegiada de gestin de la fuerza del trabajo, como puede ser el caso de los trabajadores haitianos en la zafra dominicana. (23).

La penetracin del capital extranjero, as como otras medidas
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del FMIelevacin de las tasas de inters, por ejemplo pueden, a corto plazo, generar un desempleo mayor. Las pequeas y medianas empresas no podrn competir en una apertura no controlada de la economa dominicana; de ah la necesidad de desarrollar no solamente programas de formacin adecuados sino, sobre todo, una poltica de gestin eficaz de las pequeas y medianas empresas, o incluso a nivel de microempresa (24).
La desaceleracin de la tasa de crecimiento de la poblacin tiene como efecto el aminorar el ritmo decrecimiento del desempleo a largo plazo. No obstante, segn clculos disponibles (25), en 1990 habra un desfase de 916,000 trabajadores entre la oferta y la demanda, lo cual significa que al final de la presente dcada el desempleo y subempleo afectarn a un milln y medio de personas en RD.
2.- EL SECTOR EXTERNO DE REPBLICA DOMINICANA (26)
Los factores que permiten comprender el comercio exterior de un pas son variados. A largo plazo las dotaciones relativas de los factores, las estructuras de la demanda y el nivel tecnolgico suelen considerarse como los ms importantes. No obstante, hay otros factores que a corto plazo pueden tener una incidencia importante, como )o son ciertos instrumentos de la poltica econmica: subsidios a la produccin, aranceles y restricciones y exportaciones que cada ao realiza un pas son expresin de los desfases existentes entre la oferta y la demanda, tanto a nivel global como sectorial. Finalmente, toda esta serie de factores pueden agruparse en tres categoras:
estructurales: aquellos que se refieren fundamentalmente a la estructura productiva y de consumo a largo plazo;
institucionales: aquellos que configuran la estructura productora de un pas frente al exterior;
conyunturales: las polticas monetarias y fiscales con efecto a corto plazo, por ejemplo.
En estas breves notas sobre RD nos reduciremos a presentar el volumen, la dimensin y la estructura de su comercio exterior, haciendo referencia de forma marginal al conjunto de factores internos que condicionan estos flujos comerciales.


2.1. Rasgos estructurales del sector externo de Repblica Dominicana
a) Como tantos otros pases de la regin, RD tiene asignado en la Divisin Internacional de Trabajo (DIT) el papel de productor y exportador de materias primas agrcolas y minerales. Cuatro productos bsicos (azcar, caf, tabaco y cacao) componen la mayora de sus exportaciones. Solamente el azcar representa, en promedio, ms del 40o/o del total exportado: 47o/o en 1981. Los minerales (ferronfquel, dor, aleacin de oro y plata, bauxita, yeso y piedra caliza) aportan como trmino medio el 30o/o de las exportaciones.
Fundamentalmente, en la DIT nada impide el que RD, aun continuando en algn sector con su poltica tradicional de industrializacin segn el modelo de sustitucin de importaciones, se convierta a su vez en exportador de productos industriales, a travs, principalmente, de la poltica de promocin de zonas francas industriales para la exportacin.
Todo ello requerira una activa poltica de promocin de exportacin (lo cual implica tanto la eliminacin de los obstculos existentes como la creacin de mecanismos modernos de ayuda
a las exportaciones, al igual que en los pases desarrollados) y una mejora de la competitividad internacional.
Concretamente, en el terreno de la agroindustria hay todo un camino por recorrer, aunque es posible que RD topara con
importantes obstculos, dadas las polticas proteccionistas en la materia tanto de USA como de Europa (cfr. conflicto comercial agrcola CEEUSA, por ejemplo) y dado tambin el insuficiente desarrollo tecnolgico del sector en RD.
b) En un contexto de irregularidad en las tasas de crecimiento del comercio exterior, se observa, asimismo, una tendencia creciente a un saldo negativo a partir de 1966, el cual se agrava entre 1977-1982. La tasa de covertura desciende regularmente desde 1977: 0.92o/o (1977), 0.64o/o (1980), 0.83o/o (1981), 0.63 o/o (1982).
c) Por otro lado, destaca la concentracin excesiva de sus intercambios comerciales con un solo pas Estados Unidos que absor-
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be el 54o/o de las exportaciones dominicanas y controla el 40 o/o de las importaciones de este pas (1982). El dficit comercial de RD con USA es de 62.7 millones de pesos RD, lo cual supuso, en 1982, el 13.5o/o del dficit comercial total. Esta concentracin conlleva que RD sea altamente sensible a las decisiones polticas y comerciales de su gran vecino del Norte. (Ntese por ej., la deduccin operada por Estados Unidos sobre sus importaciones totales de azcar: de 4.2 millones de toneladas en 1981 a 2.5 millones en 1982/83. La razn de este cambio estriba en la introduccin de un producto de substitucin como la soglucosa y el fomento de otros substitutivos como el "corn sweeteners", que gozan de importantes subvenciones). Para hacernos una idea de la vulnerabilidad de RD basta saber que la soglucosa represent en 1982 el 35o/o del consumo de azcares en USA, lo que puede remitirnos al coste poltico que puede representar la colocacin del azcar en el mercado norteamericano.
El plan Reagan para el Caribe prevea una cierta apertura del mercado americano, pero mucho nos tememos que poderosos intereses envueltos lo bloqueen por mucho tiempo.
d) A su vez, el comercio internacional de RD se encuentra controlado por unas cuantas compaas transnacionales norteamericanas y canadienses.
En 1980, por ejemplo, la Falcombridge y la Gulf & Western(d-visin del azcar) controlaron el 22o/o del total exportado de RD. En el sector minero, si exceptuamos el dor (nacionalizado) y el yeso, tanto los procesos de explotacin como la exportacin y comercializacin se encuentran en manos de subsidiarias de multinacionales, lo cual hace que los ingresos retomados al pas en concepto de exportaciones sean muy inferiores a las mismas.
e) En cuanto a las importaciones, el margen de maniobra del Gobierno parece ser bastante reducido, ya que aproximadamente 1/3 lo componen los hidroacarburos, concentrndose el resto en productos indispensables para el desarrollo econmico del pas.
f) Las exportaciones industriales no tradicionales y no procedentes de la agroindustria han demostrado un dinamismo creciente en los ltimos aos, por ejemplo en lo que se refiere a los abonos qumicos y el cemento. Ahora bien, la mayora de las em-
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presas de este grupo (65.5o/o) son importadoras de materias primas, habindose instalado en el pas al amparo de la Ley 199 en la categora c* orientadas bsicamente al mercado interno y operando en condiciones de alta proteccin (27). Una liberal i-zacin del mercado, que parece necesaria vista la baja competi-tividad de estas industrias (28) y las exigencias del FMI tendran efectos ambivalentes sobre el comercio exterior, al menos a corto plazo.
g) Otro rasgo estructural determinante del sector externo de RD es la insuficiencia a nivel de infraestructura de transporte martimo y areo, no mostrndose en muchos casos ni seguro ni regular, y presentando costes demasiado elevados (sobre todo en la zona del Caribe).
h) En el plano institucional puede sealarse la dispersin de competencias sobre comercio exterior como un factor negativo ms para la potencializacin del sector.
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2.2 El comercio exterior de Repblica Dominicana con Amrica Latina.
a) En el captulo de las importaciones se constata una dependencia excesiva de RD hacia dos pases de la reginVenezuela y Mxicoque representan, respectivamente, el 17.6o/o y el 13.5o/o del valor de las importaciones .totales dominicanas (1982). Si a stos dos pases aadimos las Antillas Holandesas, veremos que aproximadamente el 35o/o de las importaciones dominicanas provienen de tres pases latinoamericanos, siendo el petrleo el protagonista de este flujo comercial (el petrleo representa casi el 90o/o de las importaciones dominicanas del resto de Amrica Latina).
b) En cuanto a las exportaciones, la importancia relativa del mercado latinoamericano se reduce para las ventas de RD al 8.9o/o (1981), habiendo alcanzado la cota del 15.9o/o en 1982 por efecto, principalmente, de ventas a Cuba por valor de 31.2 millones de pesos RD (lo que convierte a este pas en el principal cliente latioamericano de RD y el quinto mundial, despus de USA, Suiza, URSS y la CEE). Solo dos pasesCuba y Venezuelaabsorben la mitad de las exportaciones de RD hacia AL, no representando el total ms de un 10o/o de las exportaciones globales de RD (1982).
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c) El anlisis de la balanza comercial de RD nos permite afirmar que la mayor parte del dficit comercial dominicano se sita en sus intercambios con AL, y en concreto con Mxico y Venezuela: el dficit comercial acumulado con estos dos pases fue de 363.5 millones de pesos RD, contra un dficit comercial global para el mismo ao (1982) de 464.5 millones.
d) Tal vez deban radicar en el desequilibrio comercial RD-Amrica Latina el esfuerzo y la motivacin de aqulla por salir al paso de nuevas formas de cooperacin interregional.
2.3 Los intercambios RD con El Caribe (Antillas Holandesas, Trinidad y Tobago, Surinam, Jamaica, Barbados, Martinica, Guadalupe, Guayana) (29).
a) El grado de integracin de la economa dominicana con las economas del Caribe es notoriamente bajosi bien se constata un cierto dinamismo en los ltimos aos pues dicha zona no llega a absorber (si descontamos Cuba) el 1o/o del total de las exportaciones de RD. Entre los principales productos de exportacin a la zona figuran: azcar, furfural, abonos, tomates, vegetales, piedra caliza, neveras, aguacates, caf, etc.
La importaciones originarias del rea que en 1980 se elevaban a ms de 62 millones de pesos RD (8 veces ms que las exportaciones) se centran en el petrleo y sus derivados procedentes de las Antillas Holandesas (58 millones) y Trinidad y Tobago (2.5 millones).
Una vez ms la dependencia energtica hace acrecentar el dficit comercial de RD con una rea, en esta ocasin el Caribe, suponiendo un ligero alivio, nicamente, la intensificacin de ventas a Cu ba.
b) Diferentes factores pueden explicar el dbil intercambio RD-Ca-ribe, entre los que conviene destacar:
La estructura productiva de RD y de las otras naciones les sita ms en una funcin de competencia que de complementariedad, en muchos de los casos.
La importancia estratgica del Caribe para los otros pases caribeos o presentes de alguna forma en la regin (caso de la CEE)
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hace que RD tenga que competir con pases como USA, Canad, Venezuela, CEE e incluso Japn.
Al tratarse de un mercado con niveles de ingreso relativamente ms elevados que los restantes pases de AL y con hbitos de consumo diversificados, es posible que la oferta dominicana se encuentre un tanto desfasada. Lo contrario exigira una prospeccin comercial ms intensa y una mayor calidad y diversificacin del producto. En todo caso, el mercado caribeo podra constituir un buen test para la capacidad de conquista de nuevos mercados para RD, ya que stos son deficitarios en renglones que, como los alimenticios, pueden convenir a la nueva poltica de expansin del Gobierno.
Finalmente, factores tanto institucionales como estructurales parecen obstaculizar los flujos comerciales en la zona. Citemos entre los segundos el grave problema del transporte y de las comunicaciones.
En resumen, el Caribe constituye de por s un mercado potencial importante para RD a la vez que poco explorado; ahora bien, las insuficiencias estructurales plantean problemas de talla ante cualquier tentativa de implementacin.
Relaciones comerciales CEERepblica Dominicana.
La importancia relativa de la Comunidad Econmica Europea (CEE) en el sector externo dominicano es marginal, como lo demuestra el hecho de que la CEE absorbe solamente el 6.7o/o de las exportaciones de RD (1982) y provee el 7o/o. Esta dbil corriente de intercambios explica a su vez la escasa relevancia del dficit comercial dominicano con la CEE, el cual se sita en 34.6 millones de pesos RD (7.4o/o del dficit total de RD para 1982).
En lo que se refiere al conjunto de Europa Occidental, la CEE supone an una importancia relativamente menor en el sector externo dominicano, dado que slo un pas de la AELC (Asociacin Europea de Libre Cambio), Suiza, importa de RD el doble que la CEE. A su vez los mercados espaol y portugus son especialmente interesantes en la estrategia comercial dominicana, al protagonizar stos el 3.2o/o de las exportaciones de RD y el 3.7o/o de sus importaciones. Dichos porcentajes debern
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aumentarse en los prximos ejercicios como consecuencia de los acuerdos sobre ventas de tabaco llevados a cabo por las administraciones espaola y dominicana.
En un contexto de atona y de prdida de competitividad de los productos tradicionales de exportacin dominicanos, la demanda de la CEE ha ido descendiendo paulatinamente en los ltimos aos. As, mientras que el volumen de las importaciones comunitarias de RD se situaba en ms de 127,000 ts. brutas, en 1976, esta cifra haba descendido en 1982 a 86,000 ts., cota ms baja de los ltimos 7 aos.
Esta evolucin negativa en I'volumen de las compras comunitarias de productos dominicanos se debe, fundamentalmente, a la prdida cada vez ms acusada de los mercados italiano y britnico, sobre todo en lo que se refiere a la inestabilidad de la demanda de "melazas" por parte de los dos pases indicados. Por el contrario, los pases del Benelux mantienen una demanda sostenida de productos dominicanos, aportando, en valor, el 83.8 o/o de las importaciones comunitarias de RD y el 5.6o/o de las entradas de este pas en concepto de exportaciones.
En cuanto a la composicin de las exportaciones de RD con destino a la CEE ms de una tercera parte del volumen de ventas lo constituye el furfural (38.5o/o), con destino principalmente a Blgica (1982). El resto se compone por orden de importancia, de melaza (36o/o), ferronquel (11.7o/o), cemento (4.2o/o), tabaco en rama (2.8o/o), caf verde (1.9o/o), cocos secos (1.4o/o), pinas (1.3o/o), y desperdicios de metales (0.7-o/o).
Por su parte, las compras de RD en la CEE se componen de productos farmacuticos y qumicos, maquinaria, textiles, preparados alimenticios...
En el contexto de las relaciones CEE-RD, los intercambios de este pas con RFA se caracterizan por el dficit comercial ms elevado. As, de los 34.6 millones de pesos RD de dficit comercial de RD con la CEE, en 1982, la parte que corresponde al comercio con RFA es de 31.6 millones, es decir, ms de 90o/o del dficit. RFA es el principal proveedor comunitario de RD y solamente el sector de la CEE a nivel de importaciones de dicho pas. Esta Intensidad de las ventas alemanas a RD permiten de USA, Venezuela y Mxico.


Por productos, el 90o/o de las exportaciones de RD hacia RFA viene constituido por la melaza (1982), partida arancelaria no incluida en el SGP comunitario y que recibe un tratamiento aduanero en concepto de NIF del 65o/o. El resto de las exporciones lo conforman cocos secos, miel de abejas, caf verde, tabaco en rama y desechos metlicos.
2.5 La inversin extranjera en RD.
Entre 1969 y 1974 las inversiones extranjeras directas en RD pasaron de 2.4 millones de pesos RD a 182. A partir de ese ltimo ao se constata un cierto estancamiento, ya que en 1979 el total de inversiones externas se situaba todava en 215 millones, ascendiendo en 1980 a 238.7 millones como resultado de reinversiones, ms que de inversiones. En diciembre de 1981 el total de inversiones extranjeras en RD sealado por la Banca Central dominicana es de 242.26 millones, y en noviembre de 1982 la cantidad era de 246 millones.
Durante la pasada dcada la inversin extranjera se introdujo de forma importante en los sectores del azcar, minera, turismo, agroindustrias, comercio, productos qumicos, seguros y finanzas. El rasgo ms caracterstico de este flujo de capital extranjero es el hecho de que el 75o/o procede de los Estados Unidos.
A fin de atraer la inversin extranjera, el Gobierno dominicano promulg la Ley 69, en 1964, que abri el sector a la agroindus-tria de exportacin. El actual Gobierno propone importantes modificaciones a la posterior Ley sobre inversiones extranjeras (Ley 861 de 22 de julio de 1978). La filosofa deesta Ley que reemplaz a la de 1984era la de abrirlas fronteras nacionales a toda inversin extranjera en la medida en que aporte un elemento tecnolgico nuevo, y no se contente con entrar en competencia con los intereses locales. En virtud de esa Ley se podan expatriar hasta un 18o/o de la inversin inicial por ao, con la condicin de inscribir en el registro de inversiones los beneficios no expatriados.
Entre las modificaciones propuestas por el actual Gobierno a la Ley 861, podemos citar la aportada por el artculo 8 del proyecto, que establece que "el valor de la inversin extranjera se registrar en moneda de libre convertibilidad", lo cual pone al abrigo al inversor extranjero de toda devaluacin de la moneda
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nacional. Asimismo, el artculo 9 especifica que "el Directorio de Inversin Extranjera podr autorizar el registro de inversiones nuevas o de reinversiones con capitales que provengan de utilidades anuales superiores de 18o/o del capital". Otras modificaciones se refieren al sector de exportacin, de turismo, industrias de sustitucin de importaciones, "siempre que las materias primas principales sean nacionales o deshechos de industrias locales". Se modifica igualmente la participacin del capital extranjero en asociacin con el capital nacional, pasando del 30 al 49o/o, con el fin de favorecer las "joint ventures".
Con la supresin del art. 13 que estipula que "no se registrarn como inversin extranjera directa los valores de bienes provenientes del exterior, para los cuales el Banco Central no otorga divisas para su importacin", se ampla el rea de inversiones hacia ciertos sectores invisibles.
Indudablemente, el capital extranjero no puede constituirse en substituto de una planificacin nacional coherente de la economa y del proceso de capitalizacin.
No olvidemos que los ingresos por inversiones se elevaron a 48.3 millones de dlares USA entre 1974-1980, mientras que los egresos ascendieron a 931.4 durente el mismo perodo (30). En otras palabras, el ahorro externo debe ir en consonancia con el ahorro interno, tan necesario en RD.
3. PERSPECTIVA DE COOPERACIN CEEREPBLICA DOMINICANA
En anteriores trabajos hemos abordado el tema d la comple-mentariedad o competencia entre el proceso de integracin europea y los modelos de desarrollo con AL. Si a largo plazo el objetivo europeo consiste en una estabilidad de las relaciones con el Sur (primaca de la seguridad econmica), a corto plazo al menos se constata un menor grado de complemntarie-dad entre la CEE y el Sur que entre los USA o Japn y el Sur (31). De aqu la contradiccin entre la bsqueda de cooperacin y el dbil grado de complementariedad entre las economas europeas y AL, por ejemplo (32). Con demasiada frecuencia se han visto las relaciones CEE-AL, bajo el ngulo de la no complementariedad, predominando los enfoques puramente comerciales (33). No obstante, si consideramos el primer objetivo
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la bsqueda de seguridad econmica es posible que se pueda establecer una relacin de cooperacin ms amplia entre Europa y AL,en el contexto de la NDIT,como objetivo a largo plazo.
Por la parte europea se ha manejado con frecuencia la tesis de la
heterogeneidad de AL. An cuando pueda constituir un mecanismo sospechoso a los ojos de los latinoamericanos, pensamos que cuando de comercio y cooperacin se trata dicho postulado es un camino vlido para establecer planes concretos de accin.
Tal es el caso, a nuestro entender, de la posible cooperacin entre RD y CEE o entre aqulla y cada uno de los pases comunitarios. La CEE ha mostrado tener un inters particular en la zona del Caribe, lo cual es fcilmente explicable si se tiene en cuenta la pertenencia de 11 pases de la zona al Acuerdo de Lom, as como la presencia directa de la CEE en la regin a travs de diversos departamentos y territorios de sus Estados miembros.
Ello debera constituir una invitacin a RD de unirse de alguna forma a otros pases del Caribe, tanto para incrementar sus intercambios como para gozar de un mejor acceso al mercado de la CEE. EL CARICOM parece constituir una plataforma vlida, por el momento, a ese respecto.
En principio, RD ya se ha beneficiado de los prgramas de ayuda financiera y tcnica'de la CEE (ctr. 5.6 millones de dlares, en 1980, para proyectos de riego), pero pensamos que esa ayuda puede ampliarse en colaboracin con los dems organismos internacionales que operan en la regin (BID, Banco Mundial...) (34).
La crisis de Amrica Central hace resaltar la importancia de pases que, como RD, pueden constituir una plataforma para orientar los cambios necesarios en la regin y crear una zona de estabilidad y de desarrollo.
El Plan Reagan para el Caribe no es ajeno a esta situacin y a los intereses americanos en la regin. Lo mismo podemos decir del acuerdo de San Jos, de agosto de 1982, por el que Venezuela y Mxico instauran un rgimen especial de precios petrolferos para el Caribe. La CEE podra de alguna forma participar en este tipo de acuerdos (35).
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La renegociacin del Convenio de Lom obliga a la Comunidad a redefinir las lineas esenciales de su poltica de desarrollo, que debe ir ms all de una simple ayuda para convertirse en un autntico contrato de desarrollo. En efecto, la poltica de desarrollo constituye una dimensin esencial de la construccin europea, y segn la Comisin de la CE la opinin pblica comunitaria estara en todo momento ms sensibilizada que en el pasado con los problemas que afectan a los pases pobres del planeta.
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Nos parece importante apuntar los objetivos comunitarios al respecto (36).
colaboracin con los proyectos de desarrollo autnomo; fomento de la autonoma alimenticia, lo cual supone una cooperacin especial en el rea del desarrollo rural y en la promocin de producciones agrcolas nacionales (no solamente las destinadas a la exportacin);
contribucin al desarrolo de los recursos humanos y toma de conciencia de la dimensin cultural del desarrollo; valoracin metdica de las reservas naturales; restauracin y preservacin de los equilibrios ecolgicos y control de la urbanizacin creciente.
Los dos primeros objetivos sealados parecen converger ampliamente con el Programa actual del Gobierno dominicano, as como lo relativo a las reservas naturales. Los puntos tercero y cuarto (recursos humanos y formacin) nos parecen igualmente esenciales en una planificacin del desarrollo a largo plazo, pero, a pesar de la importancia de los proyectos del Gobierno Dominicano, stos no parecen suficientes para satisfacer, al respecto, la necesidad de desarrollo del pas. En cuanto al ltimo objetivo apuntado, parece vital a largo plazo el
control de la distribucin desigual de la poblacin; ahora bien, en el caso de RD parece difcil impedir el fenmeno de hacinamiento en las ciudades, mientras no se desarrolle una autntica reforma agraria que d al campesino la posibilidad de trabajar y de mejorar la productividad del campo.
Un acuerdo marco de cooperacin, semejante al acuerdo con el Pacto Andino, entre la CEE y el Caribe (o entre la CEE y el conjunto de AL) sera una iniciativa posible, mientras que pensar en acuerdos con la CEE nos parece ms difcil, dada la


poltica de sta de favorecer los procesos de integracin regional o de establecer acuerdos bilaterales nicamente con los grandes pases de la regin (Brasil, Mxico...).
Ahora bien, la CEE, an manteniendo la prioridad tradicional de los ACP, se declara dispuesta a reforzar el contenido de los acuerdos de cooperacin con los PVD de Asia o de AL, completndolos con acuerdos financieros.
Ello permitir hacer intervenir el Banco Europeo de Inversiones (BEI) en esta nueva poltica de desarrollo, mediante una interpretacin ms amplia del art. 18 del Estatuto del BEI. Al mismo tiempo, la Comunidad podra colaborar en la captacin de recursos financieros, mediante la movilizacin de fondos en el mercado de capitales y la promocin de inversiones privadas, comprometiendo directamente su propia capacidad de emprstito (37).
Tericamente, sera posible que el CEE pensara en un nuevo enfoque de sus relaciones con el Caribe, en la lnea del Convenio de Lom o de la nueva poltica con los PVD del Sur del Mediterrneo; pero en la prctica, tal enfoque nos parece muy difcil tanto por razones comerciales como financieras.
3.1 Perspectivas de cooperacin multilateral CEERD.
RD, en cuanto pasen vas de desarrollo, puede acogerse a los diferentes mecanismos que funcionan actualmente en la CEE.
a) Ayuda comunitaria a los pases no asociados, en sus diversas formas:.
ayuda alimenticia (cap. 92 del presupuesto).
ayuda financiera y tcnica (cap. 93, art. 930)
promocin de exportaciones (cap. 93, art. 931),
ayuda a la formacin, becas y "stages" (cap. 94, art. 941),
ayuda a las ONG (cap. 94, art. 945),
ayudas de urgencia (cap. 95).
An cuando se trate de una ayuda modesta (84.74 millones de UCE en 1980, para el conjunto de AL) y dirigida principalmente a los pases ms pobres de la regin lo cual explica que la zona del Caribe (38) haya recibido alrededor del 50 o/o del total destinado a AL estos mecanismos pueden favorecer
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a RD, ya que se le da importancia al desarrollo del medio rural y a la mejora de la produccin alimenticia.
Dentro del conjunto del Caribe no asociado, RD parece gozar en los ltimos aos de un cierto privilegio, ya que en 1979 haba recibido de la CEE en concepto de ayudas 1.17 millones UCE, mientras que en 1980 la cifra se sita en 5.03 millones, colocndose en cuarta posicin detrs de Honduras (14.66 millones UCE, Nicaragua (10.33) y Hait (8.37).
En 1982, RD ha recibido una importante ayuda ele 12 millones de UCE destinada al Instituto Agrario Dominicano, en concepto de asistencia a la reforma agraria y al desarrollo rural integral. Dicho proyecto, financiado por la Comunidad Europea, prev la instalacin de nuevas familias en tierras que les sern atribuidas, en las regiones de Bayos y Yaque del Norte. La puesta en marcha del programa de irrigacin en dicha zona permitir el aprovechamiento de 2,000 hectreas de terreno.
Dada la importancia sobre todo poltica de la regin, RD podra aprovechar su estabilidad poltica y social (39) a fin de intensificar sus relaciones con la CEE y aumentar su participacin en los programas de ayuda. Para ello sera conveniente, por parte dominicana, un conocimiento ms detallado de los diferentes mecanismos de ayuda y cooperacin, as como la existencia de personal competente capaz de presentar proyectos que correspondan tanto a los objetivos de RD como a las metas perseguidas por la CEE.
Queda por ver hasta qu punto sera posible un reforzamiento de la accin comunitaria en combinacin con las iniciativas del "Acuerdo de San Jos" o la "Caribbean Basin Initiative", y en especial con las ayudas de los Estados miembros de la CEE. A este respecto, dentro del captulo de ayudas oficiales por parte de los Estados comunitarios europeos, RD ocupa un puesto insignificante. De los 66.8 millones de dlares recibidos en 1979 por Amrica Central (incluido Hait y Repblica Dominicana), nicamente 4.4 millones provenan de Estados de la CEE (RFA, 2.7., Holanda, 1.3,) mientras que el resto tena como origen Estados Unidos (61 millones de dlares).
La estructura de las ayudas oficiales en la zona no cambia en
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1980, aunque se constata un aumento sustancial del monto total: 382 millones de dlares, provenientes fundamentalmente de USA y de organismos internacionales. (40). Ahora bien, hay que reconocer que esta va de cooperacin CEE-RDlos programas de ayudas a los pases no asociados an siendo importante y no totalmente explorada, tiene un alcance limitado, siendo su margen de maniobra, tanto para RD como para CEE, reducido. La ayuda alimenticia es poco flexible; en la cooperacin financiera y tcnica (art. 930 del presupuesto) el margen de maniobra est limitado por el porcentaje de ayuda reservada al conjunto de AL (2-o/o en 1981).
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En el captulo de promocin de exportaciones, o en el de ayuda a la integracin regional, los montos totales son muy reducidos. Con la ayuda comunitaria en caso de urgencia nos encontramos con el obstculo de la falta de planificacin.
Por otro lado, la misma filosofa de la ayuda al desarrollo de la CEE, orientada a los pases ms pobres o a los grupos sociales con ingresos ms bajos, reduce a largo plazo el margen de maniobra de RD, al no figurar en el conjunto de la regin en la categora de pases menos desarrollados. Por ejemplo, la renta per cpita de los pases que participan en la ayuda financiera y tcnica de los pases no asociados a la CEE, fue, entre 1976 1980, de 240 dlares, lo cual contrasta con los 910 dlares de RD, que figura entre los pases ms "ricos" (41).
b) Incremento de los intercambios comerciales RD-CEE.
En el marco de las polticas existentes y teniendo en cuenta la estructura de las exportaciones de RD a la CEE compuesta principalmente por productos del sector primario y dada la poltica comercial aplicada actualmente por la CEE, las posibilidades de incrementar los intercambios a favor de RD son reales.
Si exceptuamos los derivados del azcar como la melaza (que representa unos derechos convencionales a la importacin del 65o/o + "prlevements"), los dems productos exportados por Amrica Central junto con Repblica Dominicana y Hait entran con derechos muy bajos o nulos (42). Es el caso del caf verde, con un 5o/o de derechos convencionales, que re-
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presenta el 46.8o/o del total de las importaciones de la CEE procedentes de los pases sealados, y de las bananas frescas (alrededor del 6O0/0 del mercado RFA), cuyo 55o/o de importaciones entran libre de derechos y el resto tiene un 20o/o de derechos convencionales. Resumiendo, el 31.4o/o de los productos de la zona reciben en la Comunidad Europea un tratamiento arancelario nulo, el 54.7o/o entran en la CEE con aranceles reducidos, y nicamente un O.80/0 se acogen al Sistema de Preferencias Generalizadas de la CEE (SPG), con derechos arancelarios reducidos.
Por lo que se refiere a RD en particular, es posible mejorar en algunos puntos la utilizacin del SPG, pero vemos en cada producto que RD pordra exportar que sus ventajas respecto a los otros pases latinoamericanos con los que debera competir no son importantes, y en la gran mayora de los casos los otros pases perecen estar en mejor situacin.
En el sector minero cabe sin duda alguna un desarrollo importante, a condicin de que RD cuente con capitales necesarios para incrementar la produccin y la explotacin de las reservas existentes. En la actualidad las extracciones importantes se limitan a plata, oro, bauxita y ferronquel, pero existen considerables reservas de mrmol, cobalto, cromo, grafito, titanio, cobre, mercurio...Por parte europea habra que ver hasta qu punto no convendra contrarrestar el control del sector por las empresas norteamericanas y canadienses.
En cuanto a los productos industriales destinados al mercado interno, el sector opera en un contexto de mercado protegido y con elevados costos de produccin, lo cual constituye un obstculo mayor para cualquier exportacin hacia la CEE (sin contar otros obstculos como la calidad, el transporte...). Ahora bien, la apertura de este sector a la inversin extranjera puede mejorar su capacidad competitiva, pero queda por demostrar si las empresas que se implanten en este sector tendrn como objetivo la conquista del mercado interno o el aumento de la capacidad exportadora del pas. Existe un camino a explorar en el sector industrial de exportacin en torno a la implantacin y desarrollo de las zonas francas industriales en RD. Ahora bien, convendra tener en cuenta diversos factores:
En muchos casos las exportaciones procedentes de las zonas francas no podran acogerse al SPG ya que no superaran el


control de las reglas de origen, que requieren que el producto haya sufrido un proceso de transformacin suficiente para adquirir la categora de producto originario.
-
Las zonas francas parecen especializarse en productos que la CEE considera "sensibles", sujetos por lo tanto a una reglamenta* cin ms estricta (cfr. contingentes a las importaciones de textil y confeccin, por ejemplo).
Dada la estructura de la oferta industrial en RD (calidad del producto, red comercial existente, sistema de transporte y comunicaciones, servicios financieros...) sera difcil competir con los exportadores latinoamericanos, y sobre todo con los del sudeste asitico que han sido los que mejor han aprovechado el margen de accin comercial disponible en la CEE (43).
Por ejemplo, si analizamos la capacidad de penetracin de los PVD en la Comunidad durante los ltimos 10 aos, constatamos que el sector de textiles, zapatos, confeccin y cuero ha aumentado su participacin de 3.4o/o a 13.7o/o. Ahora bien, han sido principalmente los pases situados al sur de Europa y los del sudeste asitico los que ms se han beneficiado de esta conquista del mercado.
PENETRACIN DE PRODUCTOS ORIGINADOS DE PVD{44)
EN EL MERCADO COMUNITARIO (45)
Productos manufacturados Industria agroalimenticia Textiles, zapatos, conf., cuero Productos madereros Papel
Industria qumica Minerales no metlicos
Metales de base Construcciones mecnicas
En el resto de los sectores, la penetracin ha sido ms modesta, aunque en porcentaje haya sido importante, como en el caso de la industria qumica y de productos manufactureros.
1970(o/o) 1975(o/o) 1980(o/
2.7 3.0 4.6
5.1 4.7 5.1
3.4 8.0 13.7
2.8 3.3 5.4
0.4 0.6 0.2
1.4 2.1 4.2
0.3 0.7 1.3
6.0 4.4 6.0
0.7 1.3 3.1
1.2 18.5 2.4
59


aranceles y barreras no arancelarias que afectan a las importaciones
de la cee procedentes de repblica dominicana
NCCA
29.35.00.01
17.03.00.01
73.02.00.04
24.01.01.01
08.01.02.02
09.01.01.01
08.01.03.01
Descripcin del Producto
Furfural, furfurol, aldehidos furnicos
Melazas, incluso decoloradas
Ferronquel
Tabaco en rama
Cocos secos
Caf verde
Pinas frescas.
TASA NIF I TASA SGP
9.5% 0.0 %
65.0%
0.0%
5.0%
6.0%
Prlvement
23.0% 7.0%
2.0% I 0.0%
i LIMITE GESTIN SGP
14%
7%
Volumen
COMERCIO (1,000 ton.) Repblica Dominicana
Principales Exportadores
AMERICA LATINA
33.1
31.1
30%
61.200 t.
2%
12%
12%
10.0
2.4
1.2
1.6
1.1
Mxico, Argentina
Brasil, Cuba, Mxico
Repblica Dom.
Brasil, Col., Mx.
Brasil
Brasil, Colombia
Brasil


Por consiguiente, hay que resaltar la difcil penetracin del mer-cado a la CEE por parte de productos originarios de los PVD. Sin embargo, conviene recordar que la CEE presenta un grado de apertura superior a los otros dos grandes mercados: USA y Japn, como se desprende de la comparacin de los ndices de dependencia del comercio exterior de los tres bloques.

3.2 Consecuencias de la ampliacin de la CEE en los intercambios con RD.
Dada la importancia de los intercambios RD-Espaa, nos parece importante introducir algunas ideas para animar el dilogo sobre las posibles consecuencias que tendr sobre RD la adhesin de Espaa a la CEE y, accidentalmente, la de Portugal.
a) RD es en trminos relativos uno de los socios privilegiados de Espaa en AL. Algunas empresas espaolas ya estn instaladas en RD. El comercio entre las dos naciones es floreciente: 25 millones de dlares de importaciones y 17 millones de exportaciones en 1980 para RD. Comercio que aumentar snsible-mente en 1983 con la compra, por Espaa, de tabaco dominicano (contrato de unos 30 millones de dlares). La presencia en RD de una institucin financiera de primer orden, as como la existencia en Madrid de una Oficina Comercial de RD, son signos de la importancia de los intercambios, y de su potencialidad, entre los dos pases.
b) La entrada de Espaa en la CEE puede tener efectos ambivalentes, segn la perspectiva adoptada. Bajo un punto de vista puramente comercial las ventas dominicanas a Espaa pueden encontrar serias dificultades; pensamos en primer lugar en el tabaco.
Todo ello depender de los trminos en que se negocie la reorganizacin de monopolios de Estado como el del Tabaco, en el caso de Espaa. Por otro lado, los productos dominicanos comienzan a ser conocidos en el mercado espaol y la red comer-cial existente constituye un punto de apoyo a tener en cuenta.
c) En cuanto a la presencia espaola en RD no creemos que la ampliacin suponga inconvenientes, por diversos motivos:
las empresas espeolas estn instaladas en sectores vitales como
~ 61


f
el energtico, el turstimo, la ingeniera civil (12 empresas en 1980),
las empresas espaolas estn, en muchos casos, asociadas a las locales;
existe una cierta tendencia a la implantacin de la pequea y mediana empresa (PME) espaola en AL, que parece garantizar mejor la permanencia de los contratos, etc.
d) Si enfocamos el tema bajo una perspectiva poltica, pensamos que se pueden aminorar las consecuencias negativas a nivel comercial. La afinidad poltica entre los dos Gobiernos puede impulsar una cooperacin que ya es importante en trminos relativos y que puede ampliarse a reas tan prometedoras como la formacin de la mano de obra y la cooperacin en el sector servicios.
e) A nivel global de relaciones CEE-RD no encontramos razones para pensar que la ampliacin a Espaa puede ser negativa, dada
la centralidad de AL en la poltica exterior espaola frente a la relativa marginalidad de AL en las relaciones exteriores de la CEE y de la mayora de sus miembros.
3.3 Los mecanismos de la cooperacin bilateral.
Al analizar tanto los flujos comerciales como financieros, hemos constatado la dbil presencia de los empresarios europeos en RD. En el captulo de las relaciones comerciales, as como en el de los flujos financieros (privados o pblicos) la parte europea es insignificante, si la comparamos con la de Estados Unidos.
La apertura de RD al exterior se va a traducir en la implantacin de nuevas empresas extranjeras, que se aadirn a las 550 ya existentes. Las posibilidades de inversin en RD son grandes, baste como prueba la venida masiva de los norteamericanos al mercado dominicano.
Cuatro sectores parecen ser privilegiados por el Gobierno actual: el turismo, el agroindustrial, el dinero y las zonas francas. Es po-
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1


sible que el sector servicios y el sector energtico constituyan tambin zonas a no desdear.
Ahora bien, cuando intentamos ver el nmero de empresas comunitarias en las diferentes reas, es curioso constatar la modesta presencia. En las zonas francas, por ejemplo, nicamente existe una pequea empresa italiana, instalada en la zona de San Pedro de Macors. En el sector turstico nicamente hemos podido
encontrar dos empresas importantes europeas: el Club Medite-rrane y la compaa espaola Meli. En el sector agroalmenta-rio Nestl ocupa un puesto importante. En cuanto a la presencia de bancos extranjeros, podemos constatar, entre otros, el espaol Banco de Santander.
Existen condiciones internas y externas a RD que pueden favorecer en estos momentos la intensificacin de la colaboracin bilateral entre RD y los pases miembros de la CEE.
La crisis de Amrica Central puede provocar una afluencia de empresas establecidas en dichos pases. La voluntad poltica de una mayor colaboracin con el Caribe y el historial de derechos humanos de RD le colocan entre los lugares privilegiados de im-plantacin.
La apertura del pas al capital extranjero es un hecho y no parece contar con una decidida oposicin interna. Es ms, la presencia de capitales europeos servira para contrarrestar la excesiva influencia de Estados Unidos en RD, aunque sin pretender que Europa pueda constituir una alternativa.
Dentro de las formas de cooperacin, que pueden ser mltiples, podemos resaltar dos: la cooperacin a travs de acuerdos de Estado a Estado, y la cooperacin entre RD y las empresas europeas.
La primera va es la que tal vez ms convendra a RD. Ello le permitira establecer acuerdos sobre la venta de los productos dominicanos contra la compra de tecnologa europea, por ejemplo. Otro camino sera que a la compra de tecnologa europea siguiera el compromiso de los Gobiernos de facilitar los er-

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ditos necesarios, como es el caso actual de Francia en el sector energticos.
El establecimiento de contratos bilaterales, en el rea comercial, est sujeto a la competencia comunitaria. El acuerdo comercial entre RFA y RD del 23.12.1957, ascomoel de RD y Francia, fueron prorrogados por el Consejo de la CEE el 11 de noviembre de 1980 hasta el 31 de diciembre de 1982. En el caso de Francia, la prrroga estuvo supeditada a la supresin de las clusulas que se referan a la compra obligatoria de tabaco.
En las dems reas las perspectivas son amplias (los mecanismos de cooperacin entre RD y RFA desde 1978 podran ser un modelo a considerar).
La colaboracin con los organismos internacionales ya instalados en Santo Domingo,como el BID,representa una va fecunda; el BID conoce bien las necesidades dominicanas y puede ayudar a comprender la viabilidad de los proyectos. Recordemos que entre 1960 y 1980 RD ha recibido 581.4 millones de dlares del BID, y su informe anual sobre el desarrollo econmico y social de AL constituye una fuente de primera importancia para la regin.
Francia, por ejemplo, firm en 1980 un protocolo financiero con RD, y en los dos aos de vigencia ms de 20 empresas francesas han participado en proyectos financiados por el BID, lo cual ha permitido, gracias a las fuentes de financiacin, la exportacin de 35 millones de dlares en productos franceses a RD. Sin embargo, la cooperacin bilateral entre las empresas europeas y RD constituye una perspectiva ms prometedora. Ahora bien, esta cooperacin exige por ambas partes una poltica ms
agresiva en materia comercial. La presencia de agregados comerciales por parte de RD en Europa nos parece una condicin
indispensable para dar a conocer las posibilidades de implantacin e inversin en RD.
ALGUNAS CONCLUSIONES
1. En conclusin, podemos constatar que en el contexto latinoamericano RD figura a la cabeza de los pases que mejor han soporta-


do los efectos de la crisis internacional. Su situacin socio-econmica, aunque no satisfactoria, no presenta los ndices alarmantes de muchos de los dems pases de la regin (fenmeno al que parecen escapar, adems de RD, otros pequeos pases del Caribe).
2. El anlisis del sector externo dominicano nos ha permitido comprobar la ausencia de integracin de RD con las economas latinoamericanas. Solamente tres pases absorben prcticamente ms de las 2/3 partes del dficit comercial dominicano. Se impone, por consiguiente, desarrollar una nueva estrategia que permita la pene-tracin de los productos dominicanos, incluidos los intdustriales, en los pases ribereos del Caribe, o bien que el dficit sea compensado por mecanismos de cooperacin econmica, tcnica o financiera. Lo que no parece lgico es que RD siga viviendo de espaldas a AL y en especial al Caribe.
Por lo que respecta a los intercambios con Europa, reproducen la estructura clsica de AL, ya que ms del 90o/o de las exportaciones son productos primarios bsicos, contra la importacin de manufacturados o materias primas industriales. Se constata igualmente la prdida de dinamismo de los flujos comerciales RD-CEE, debido a factores estructurales y coyunturales. No obstante, pensamos que existe una complementariedad de facto entre las econom as europeas y dominicana en la medida en que Europa posee el capital (pblico y privado), la tecnologa y los servicios que RD necesita; al mismo tiempo que representa un mercado de importacin no despreciable, an por estimular. De hecho, no son los aranceles los que determinan el comercio sino la estructura de la oferta la que dificulta la intensificacin del comercio.
3. Las perspectivas de cooperacin RD-CEE nos parecen importantes y se podran coronar con algn tipo de acuerdo con la CEE, a condicin de que RD tenga ofertas concretas que plantear en este terreno. La reformulacin de la poltica de desarrollo de la CEE, as como el creciente inters de sta por AL, y en especial el Caribe, son una oportunidad para potenciar las relaciones. La nueva estrategia de desarrollo de RD parece favorecer una mayor integracin en las nuevas corrientes del comercio internacional. Sus zo-
i
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I
NOTAS
(1) Ver CEPAR, "Notas sobre la economa y el desarrollo de Amrica Latina", Balance de la Economa Latinoamericana en 1 982, Enero de 1983; p. I.
(2) Lo cual no significa que dentro de Amrica Latina no se den situaciones radicalmente diferentes. Dfr. V. L. URQUIDI, "La situacin econmica internacional y la perspectiva de desarrollo de Amrica Latina, Comercio Exterior, vol. 32, No. 3, marzo de 1982; pp. 227231.

(3) Datos tomados de CEPAL, Balance preliminar..., op. cit.
(4) El caso de Chile merece una mencin especial, dado su modelo de crecimiento hacia afuera y dada la circunstancia de haber sido un pas donde las tesis neoliberales se aplicaron con ms rigor. En 1982 el PIB de Chile disminuy en un 13 o/o. Una situacin similar se produjo en Argentina, en donde la tasa acumulada de cada del PIB, en 1981 y 1982, fue de 11 o/o.
(5) CEPAL, op. cit Ver cuadro No. 5 (Evolucin precios al consumidor). Cfr. Anexo estadstico.
(6) Lucas VICENS, Crisis econmica 19781982, Repblica Dominicana, 1982; pp. 316-317.
(7) Ibitp. 323.
(8) Es la tesis defendida por B. Lietaer, Le grand jeu Eu ropeAmrique Latine, P. U. R, Pars, 1982.
(9) CEPAL, op. cit. Ver cuadros No. 6 y 7 (Amrica Latina: Balanza de Pagos; Amrica Latina: Exportaciones de Biens). Cfr. Anexo estadstico.
(10) CEPAL, op. cit Ver cuadro 9 (Amrica Latina: importaciones de Bienes); cfr. Anexo estadstico.
*
(11) CEPAL, op. cit. Ver cuadros Nos. 6, 7, 9. Cfr. Anexo estadstico.
(12) Banco Exterior de Espaa, Economa Latinoamericana, Madrid, 1979.
(13) Actitud debida a los problemas de pago de los pases de la regin: Mxico, Argentina, Bolivia, Ecuador, Cuba, Venezuela, Etc.
(14) CEPAL, op. cit. Ver cuadros Nos. 14, 15, 16. Cfr. Anexo estadstico.
(15) E. TEJERA, "El estrangulamiento del sector externo frente a las necesidades del desarrollo nacional", FORUM 1, 1982; p. 40.
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as francas industriales pueden favorecer las exportaciones a Europa, pero tal vez convendra una mayor presencia de empresas europeas en este sector.


(16) lbid.r p. 25.
(17) Ibid., p. 22.
(18) Cfr. "Listn Diario", Sbado, 23 de octubre de 1982, p. 6 A. Resumen del acuerdo ampliado, "Boletn del FMI", 31 de enero de 1983, p. 29 (Comunicado de prensa No. 83/10, 27 enero 1983).
(19) Cfr. "Listn Diario"1 Memorndum sobre las polticas econmicas de Repblica Dominicana, Sbado 23 de octubre de 1982.
(20) Los economistas J. HERRERO y J. L. ALEMN, mediante enfoques econmicos han "probado" el efecto recesivo de esta pol tica. Cfr. VICENS, op. cit, pg. 379.
Dos expertos del FMI terminan de publicar sendos artculos recapitulati-vos "mostrando" la eficacia de dichas polticas, en general:
M. R. KELLY, Fiscal adjustment and Fund Supported Programs, 1971 1980, INF, Staff Papers, vol. 29, No. 4, 1982, pp. 561-602.
D. C. McDONALD; Debt capacity and developing country borrowing: a survey of the litera tu re, ibid., p. 603646.
(21) A modo de ejemplo podemos ofrecer la evolucin de la relacin entre la venta de azcar y la compra de algunos artculos bsicos de importacin:
MERCANCA IMPORTADA
PRECIO EQUIVALENTE A 1979
TONELADAS AZCAR 1982
1 tractor 100 hp 1 automvil de 4 cilindros 1 camioneta diesel 100 barriles de petrleo 50 quintales de trigo
35.7 6.3
11.6 6.1
22.3
125.0 21.9 40.6 21.3 78.1
(22) N. RAMREZ, "Poblacin y mano de obra en la Repblica Dominicana", I nstituto de Estudios de Poblacin y Desarrollo, Sto. Domingo, enero 1983.
ONAPLAN, "La situacin del empleo en la zona urbana en junio de 1980", Sto. Domingo, junio de 1982.
(23) Ver una descripcin de este fenmeno en M. LEMOINE, Sucre amer, Ed. Enere, Pars, 1981.
(24) Cfr. declaraciones de J. F. Pea Gmez, "Listn Diario", 271111982.
(25) Cfr. nota (22).
(26) Las estadsticas referentes al sector externo de RD provienen, fundamentalmente, del Servicio Nacional de Estadsticas de dicho pas.
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(27) Informe de CEDOPEX, "Resumen Exportaciones 1976-1982", "Listn Diario", S. Domingo, 5 dic. 1982.
(28) Debido entre otras cosas a la capacidad ociosa, las deficiencias notables de los servicios de energa elctrica en RD, el coste elevado de las materias primas importadas a los que hay que aadir el elevado coste del transporte, la deficiencia de los envases, etc.
(29) CEDOPEX, Memorndum EE29/81, agosto 1981.
(30) Boletines mensuales del Banco Central. Incluye reparticiones de beneficios del capital extranjero, y en menor medida intereses de la deuda externa.
(31) Cfr. "L'Europe en mutation", Varios; Perspectives Europennes, Bruselas.
(32) Luciano BERROCAL, "Nueva Sociedad", No. 50, 1980, pp. 41-60 (EuropaAL).
(33) Para un enfoque global, cfr. Guido ASHOFF, Amrica Latina y la CEE. Sus relaciones econmicas. Comisin de la CEE, Caracas, 1982.
(34) Cfr. el importante proyecto forestal de Guyana, de 34.4 millones de dlares, financiado por el Fondo Europeo de Desarrollo, el BEI, el Banco Mundial...
Cfr. el proyecto hidrulico de Surinam, en colaboracin con el Gobierno holands, el Banco Mundial, BID y la CEE.
(35) Cfr. Documento interno de la Comisin de las CEE, COM (81) 737, de 19.11.1981, "Orientations pour un reforcement de l'action communautai-re Amrique Cntrale", p. 2.
(36) Com. (82) 640 final p. Il-lll.
(37) Ibid, p. VI.

(38) Costa Rica, RD, El Salvador, Guatemala, Hait, Honduras, Panam.
(39) Bajo un punto de vista comercial estos pases no representan un mercado importante para la CEE, ni en el captulo de las exportaciones ni en el de las importaciones, excepto en el caso de las bananas de RFA.
(40) OCDE, Geographical Distribution of Financial Flows to Developping Coun-tries, 1976-1979, Pars, 1980.
(41) La mayor parte de la ayuda a RD de la CEE lo haba sido en concepto de "ayuda de emergencia".
CEE, COM (81) final, Cuarto informe de la Comisin de las Comunidades Europeas al Consejo sobre la ejecucin del programa de asistencia financiera y tcnica a los pases en vas de desarrollo no asociados; p. 5.
(42) Ver Com (81) 737, Tableau Annexe 3.
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(43) Cfr. Guido ASHOFF, Op. cit.
(44) Comprendidos ios pases del Sur de Europa.
(45) R. CABLE, The economic consequences of protection and t tion, Institute of South Asean Studis, Singapore (en prensa).
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DEFORESTACIN Y CAMPESINO
Por Pedro Juan del Rosario
El tema de la deforestacin ha ido cobrando una importancia cada vez mayor en los ltimos aos. Basta citar algunas palabras de un documento aparecido recientemente para mostrar la importancia del tema: "La Repblica Dominicana se enfrenta a una degradacin general de sus recursos naturales; aunque a nivel general no haya llegado todava a los extremos dramticos de su vecina, Hait, este proceso amenaza la alimentacin y la sobrevivencia de las generaciones futuras. El problema ms preocupante es la prdida acelerada de suelos en las reas montaosas, debido a la deforestacin generalizada y a prcticas agrcolas inadecuadas, provocando la reduccin del caudal de todos los ros del pas, la disminucin de la vida til de las presas hidroelctricas por sedimentacin y amenazando el abastecimiento de agua de proyectos de irrigacin en zonas semi-ridas. Adems, la deforestacin amenaza el abastecimiento de energa domstica (lea y carbn). El resultado final es un proceso de desertifica-cin muy avanzado ya en ciertas regiones semi-ridas; se est reduciendo a nada un potencial forestal hidrolgico que era el mayor del Caribe".
Los peridicos, revistas, radio, etc., se han hecho eco del tema; personalidades de distintos grupos, desde campesinos hasta empresarios han aparecido en pblico externando su parecer en torno al problema de la deforestacin. Muchas de estas presentaciones ven el fenmeno de la deforestacin como una tragedia irreversible, donde el campesino a veces juega el papel del malvado, y otras veces, la del tonto bueno que no sabe hacer las cosas o no sabe por qu hace las cosas. Esta manera de ver el problema ha facilitado la puesta en marcha de acciones (como "Selva Negra") cuyo xito parece ser muy discutible si pretendemos vario ms all del efecto de choque sobre la conciencia de los dominicanos.
En otras ocasiones se propone, en el marco de las soluciones, el incentivo a grandes inversionistas para crear fincas energticas, eliminando esta alternativa a los campesinos; tambin se alientan
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la reparticin de plantas entre los campesinos, y los das de excursin de distintos grupos urbanos para sembrar rboles en las lomas desvastadas o en las* orillas de ros secos; asimismo, se plantea la prohibicin indiscriminada de cortar rboles o simplemente la militarizacin de las reas boscosas.
En general, podemos afirmar que la mayora de las soluciones propuestas tienen dos caractersticas en comn: La primera es que se quedan en la superficie del problema. En otras palabras, se quiere curar la enfermedad atacando los sntomas, las manifestaciones, y no la causa misma de la enfermedad. Ms an, muchas de las propuestas no tienen ningn fundamento cientfico, por lo que generan expectativas falsas, alientan prejuicios y promueven decisiones erradas que, en ltimo trmino, orientan el castigo hacia quienes no son necesariamente los culpables. De este modo, se generan mayores frustraciones y, por tanto, mayores dificultades para encontrar una solucin realista ai problema. La segunda caracterstica es que no toman en consideracin al campesino como sujeto necesario en el proceso de alaboracin de las soluciones. El campesino es considerado como poco calificado para opinar, resultando ser un agente pasivo de las llamadas "soluciones". De an que muchas de las decisiones que se adoptan no son aceptadas por los campesinos y terminan en el fracaso haciendo ms difcil encontrar las soluciones.
Dos razones fundamentales parecen explicar el comportamiento antes sealado. Las razones que expondremos tambin nos irn sealando lineamientos para ir definiendo una opcin realista con miras a enfrentar el problema de la deforestacin.
En este sentido, vale la pena mencionar el documento sobre la deforestacin publicado recientemente por los obispos dominicanos en el cual aparecen muchos elementos para la realizacin de un diagnstico serio sobre le fenmeno. La primera razn tiene que ver con una perspectiva de la realidad distorsionada y distorsionante cuyo punto de partida es una falsa disyuntiva entre el hombre y la naturaleza. De manera ms simple, muchos enfoques no perciben la relacin dinmica entre los cambios que ocurren en el medio ambiente y los cambios que ocurren en la sociedad. Medio ambiente y sociedad aparecen en continuo enfrentamiento como si no existiese una lgica que explique las transformaciones en el medio ambiente ligadas indisolublemente a la dinmica de la sociedad. Este enfoque de la realidad genera varios tipos de proposiciones: Una de ellas es lo que llamaramos el "ecologismo romntico". En este, la naturaleza, el bos-
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que, el paisaje son presentados como fines en s mismos, cuando parece que lo importante no es la conservacin por la conservacin sino buscar medios que hagan ms humana la vida y propicien una sociedad armoniosa y estable con relacin a la naturaleza. Vale la pena tener bosques hermosos cuando una gran parte de poblacin del campo vive en condiciones crticas de pobreza? Ser posible que una parte de los campesinos pueda vivir decentemente de actividades forestales productivas que no impliquen deterioro del ambiente?
Otras proposiciones son aquellas que plantean la cuestin de la deforestacin con un alto contenido tcnico pero sin ninguna consideracin de la dinmica social subyacente a los problemas de la agricultura dominicana. Con bastante frecuencia, en estas proposiciones aparece la tecnologa como un dios que todo lo puede al margen
de la realidad socio-econmica. Pero ms an, en no pocas ocasiones, el paquete tecnolgico propuesto no es adaptable local mente, terminando la accin en malgasto de esfuerzo humano y recursos materiales, y lo que es peor, en mayor frustracin.
No nos debemos sorprender cuando vemos que casi toda la literatura que trata sobre el problema de la agricultura dominicana, cuando aborda la cuestin de la deforestacin, sta aparece en un acpite secundario como si fuera algo extrao a la crisis global de la agricultura nacional. El mismo fenmeno se repite en los documentos de la poltica agraria presentados por los organismos gubernamentales. La deforestacin causada por campesinos y no campesinos no tendr su explicacin en aquellos fenmenos que originan tambin la desarticulacin de la agricultura dominicana? Acaso los problemas de esa deforestacin no estn ligados a los problemas de los mercados agrcolas, a la poltica de precios, a los problemas del crdito y de la produccin? En atrs palabras, acaso el problema de la deforestacin no es tambin una manifestacin de la

lucha del campesino por la sobrevivencia? Ser posible una opcin que tome en consideracin al hombre y a la naturaleza como parte de un mismo sistema? Parece que el punto de partida para analizar el problema de la deforestacin tiene que ser distinto al que comnmente encontramos.
Creemos que son las propias transformaciones econmicas y sociales la que constituyen la explicacin de la degradacin o auge de ciertas reas territoriales. Lo que ocurre en el medio ambiente est definido por la manera como les hombres organizan la sociedad. Si hay degradacin en la sociedad hay degradacin en la naturaleza. En consecuencia, la deforestacin, la situacin del medio ambiente es
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"simplemente la manifestacin del modo de aprovechamiento de los recursos naturales". Este modo puede ser degradante, pero tambin, este modo puede ser transformado y revertir el proceso de degradacin.

La segunda razn que, a mi parecer, explica la actitud errada relacionada con el problema de la deforestacin es el conjunto de prejuicios existentes que se refieren al campesino: "el campesino es un haragn", "el campesino es un ignorante", "el campesino no tiene capacidad para tomar decisiones", "el campesino no sabe sembrar", "la agricultura campesina es un smbolo de atraso", "la agricultura tradicional es improductiva", "el campesino es enemigo del rbol", "el campesino pasa hambre porque quiere". Estas, y muchas ms, son expresiones que frecuentemente omos en todos los medios. Estos prejuicios afloran con mucha fuerza en el discurso de agrnomos y tcnicos que trabajan en asuntos relacionados con el campo. En este sentido, quisiera citar la percepcin de un agrnomo extranjero acerca de los tcnicos dominicanos: "Esto se nota en el sector agropecuario, cuyos profesionales, formados casi exclusivamente a la escuela norteamericana, con libros de texto sin referencia a las condiciones ecolgicas y sociales del Trpico, abogan invariablemente por la adopcin de tecnologas utilizadas en condiciones radicalmente diferentes. Muy raras veces se cuestiona la validez de transferir una tecnologa desde un campo de trigo del medioeste americano o desde un Kibbutz israel, hacia en campo dominicano...Esta actitud tecnocrtica se. mantiene porque se propicia una actitud cientfica hacia los problemas del desarrollo agrcola en el diagnstico de los sistemas existentes. Lo que prevalece es un conjunto mal articulado de prejuicios. El agrnomo, confrontado a la realidad del campo y a la imposibilidad de aplicar muchas de las tecnologas aprendidas, tiene dos caminos: o reconocer la inadecuacin de sus conocimientos, o establecer como exioma la "estupidez", la "ignorancia" o la "haraganera" del campesino. El segundo camino es, de lejos, el ms cmodo en una sociedad donde el diploma universitario no representa siempre una vocacin de servir, sino un medio de ascenso social...
El "progreso se identifica solamente con el uso de tractores, abonos qumicos y pesticidas. Se denigran tecnologas"tradicionales" maravillosamente adaptadas a las condiciones locales, tales como la asociacin de cultivos, para reemplazarlas por teconologas importadas ms costosas en insumos, ms riesgosas para el agricultor y no siempre ms productivas. Se sacrifica la diversidad y la seguridad
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alimentaria. Se enfatiza la produccin por hectrea y se olvida la productividad del trabajo o el rendimiento energtico. Se propicia la difusin de variedades "mejoradas" seleccionadas en el ambiente ptimo de una estacin experimental, y la desaparicin de variedades locales tal vez mejor adaptadas aunque menos "productivas".
Cul es la consecuencia, a nivel campesino, de este enfoque tecnocrtico? La'marginalizacin de la mayora de los campesinos, que no pueden costear las tecnologas propuestas de manera adecuada. Slo un puado de medianos y grandes productores estn en capacidad de aprovechar estas tecnologas. El pequeo productor, que no tiene con qu comprar los insumos necesarios est, adems, enajenado de las teconologas tradicionales, las cuales, por lo menos, se haban demostrado capaces de asegurar la subsistencia con un mnimo de riesgos- La desigualdad aumenta".
La actitud poco cientfica en el tratamiento de la cuestin campesina nos ha llevado, por una parte, a desconocer la cantidad inmensa de investigaciones que apuntan hacia la revalorizacin de la agricultura campesina y el reconocimiento de la alta racionalidad de su dinmica. Y, por otra parte, nos ha impedido reconocer que el campesino dominicano tiene su historia y esta historia, todava no del todo elaborada, muestra que el campesino dominicano ha sido increblemente creativo en la elaboracin de estrategias de sobrevivencia. Es la sobrevivencia lo que define primordial mente eLcomportamiento de los campesinos, aqu y en todas partes del mundo. Si no entendemos esto, no entenderemos el problema de la deforestacin. El campesino dominicano ha tenido que generar estrategias de sobrevivencia porque est inmerso en una sociedad cuya organizacin le es adversa.
Acaso la historia del agro dominicano no muestra cmo unas cuantas familias han monopolizado la mayor parte de la tierra, probablemente de mejor calidad, como tambin han monopolizado los complementos materiales, la asistencia tcnica y crediticia? No es parte de nuestra historia como los aserraderos desvastaron inmensas extensiones forestales dejando en estado de degradacin crtica lo que es hoy el conuco de muchos campesinos?
Porqu hay tantos campesinos en las lomas? No se deber en gran medida a la expulsin causada por los grandes latifundios ganaderos, agroempresas y plantaciones que han ocupado las tierras llanas? No ser la deforestacin causada por los campesinos y no campesinos una consecuencia del modelo de desarrollo que hemos adop-
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tado que privilegia la produccin para la exportacin ms que la produccin para el mercado interno?
Una gran parte de las familias rurales vive por debajo de la lnea de pobreza: ausencia de servicios bsicos de salud, agua, sanitarios, educacin, etc., as como la pobre alimentacin, vivienda inhumana y carencia de vestido es el marco donde se mueven estas familias. Las parcelas muchas veces no pueden ni cumplir siquiera con la funcin de alimentar a la propia familia. Hay que buscar tierras frescas. En esta situacin el campesino tiene que disear estrategias de sobrevivencia: vender su fuerza de trabajo como "echa das" o a tiempo completo en las fincas de mayor tamao, o recurre a otras actividades: chiripero, rifero, artesanas, etc., como medio de autoemplear-se; o emigra a la ciudad para engrosar las filas de los marginados ur-ban os.
El aumento de la poblacin rural en una situacin donde la tierra disponible para la agricultura es escasa presiona an ms sobre el medio ambiente acelerando la degradacin.
Pero aun cuando el campesino puede generar produccin excedente para el mercado, se tiene que enfrentar a un sistema de comercializacin que es probablemente el factor generador de mayor incer-tidumbre y riesgos, sobre todo para el pequeo agricultor. Mientras los costos de produccin aumentan rpidamente, los precios a nivel de finca se mantienen relativamente bajos, deteriorando los ingresos del agricultor.
Aunque funcionaran las polticas de precios, los agricultores quedan atados a las factoras u otro tipo de intermediario por las prcticas de otorgamiento de crditos de naturaleza informal.
La situacin se traduce en un proceso de aniquilamiento progresivo de las oportunidades de reinversin en la parcela, con lo cual se acelera la degradacin del suelo. La cuestin no termina ah, el nmero creciente de bocas en las ciudades exige cada vez ms alimentos a bajos precios. Las presiones sociales se agudizan en la ciudad y se revierten sobre el campo. Entonces, es irracional el comportamiento del campesino? No ser necesario un gran ingenio para "podrsela bandear" en una situacin tan desfavorable. Quisiera presentar. Estos se elaboraron con las opiniones de los campesinos de la zona y con el trabajo de campo, realizado por un equipo de investigadores.


CASO 1
Este caso describe la situacin al Sur de las Matas de Farfn, comunidades La Mua y El Naranjo, ubicadas en el Valle, en la falda de la loma. Entre la vegetacin original haba Caoba, Cabirma, Cedro, Robles y Ctricos, especies que requieren cierta humedad. La densidad de la poblacin es alta, ms alta de lo que se esperara dada la actual aridez de la zona. La mayora de las familias viven all desde hace ya mucho tiempo; la poblacin aumenta todava, debido a la alta tasa de natalidad, aunque muchos jvenes emigren a las ciudades.
La vegetacin original, la densidad de la poblacin y los cuentos de la gente (por ejemplo afirman que antes la loma sola estar llena de neblina, ahora la neblina "no baja"), indican que la zona sufre cambios del microclima; desertificacin. Originalmente, la gente trabaj los llanos, sin invadir las lomas. Estas comenzaron a ser invadidas al aumentar la poblacin, la ocupacin de los llanos por medianos y grandes propietarios, cuando se sufri una prdida en el llano por falta de lluvia, al ocurrir prdida de la fuerza de la tierra en el llano, ocasionando la cada en la produccin. Adems, se invade las lomas para sembrar habichuelas, que es la cosecha que produce ms dinero en efectivo para los campesinos. Ya no se quema carbn en la zona, por falta de materia prima.
La loma tiene ms humedad que el llano, pero su ecosistema es muy frgil (suelo frtil, pero poco profundo). La primera cosecha se da generalmente buena, pero el suelo pierde rpidamente su fuerza. Lo ms que da son tres cosechas, luego "se cansa", y hay que abandonar la parcela. Se repite la operacin tumba-quema-siembra-cosecha-abandono en otra parcela virgen o en terreno ya "descansado".
Debido a la pendiente y la violencia de las lluvias, si ocurren, los suelos son erosionados y eventualmente queda la roca calcrea pelada. No se usan tcnicas de conservacin de suelos. Las tierras de pendiente son del Estado, pero cada cual puede hacer una cerca que es respetada por el resto de la comunidad.
En busca de tierras "descansadas" la gente va cada vez ms lejos, a veces a muchas horas de caminos. La gente percibe que su accin deforestadora es un gran inconveniente para la sociedad y para ellos mismos (los rboles traen la lluvia), pero no ven alternativas. Trabajo asalariado es escaso en la zona, las tierras frtiles y regables
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estn ocupadas por los grandes y medianos terratenientes y por algunas agroempresas recin llegadas al Valle de San Juan.
CASO II
Esta descripcin es vlida para las zonas de bosque seco muy degradado, que se ve con mucha frecuencia en el valle de San Juan.


La densidad poblacional es relativamente alta; los viejos recuerdan que antes haba bosques de caoba y roble, latifoliadas que son indicadores de un clima ms hmedo que lo que aparenta ahora.
Segn cuenta la gente, antes se sembraba vveres para subsistencia y, adems, habichuelas, maz y man para el mercado. Hoy se sigue sembrando, pero la falta de lluvia ha daado o diezmado cosechas consecutivas. Parece que realmente tuvo lugar un cambio de clima en la zona.
Ante un fallo de la cosecha, los campesinos buscan alternativas para ganarse la subsistencia:
a) Limpian y siembran un pedazo de tierra arriba en la montaa
b) Queman carbn.
c) Se dedican al contrabando y/o a juegos de azar.
d) Emigran hacia las ciudades.
La solucin ms inmediata y que produce dinero en menos tiempo es la produccin de carbn cuando aparecen bosques para tumbarlos. A la gente todava no se le ha ocurrido que podra plantar rboles para luego producir carbn (fincas energticas). Cuando en su "cerca" quedan solamente arbustos que todava no sirven para carbn, entonces piden permiso a un vecino o buscan terreno no cercado, es decir, terreno libre.
A la pregunta "y qu harn cuando no queden ms rboles para hacer carbn?", respondi un campesino: "Tendremos que salir de all".
La "Selva Negra" ayudar a aumentar los cinturones de miseria de las ciudades, en caso de que no ofrezcan alternativas para generar ingresos en las zonas rurales.

Hay mucha preocupacin entre los campesinos por esta accin estatal, pero afirman que tendrn que apresar mucha gente ("o ma-


tarlos ") en los meses de marzo y abril, que son los meses de hacer conucos, ya que a falta de alternativas se ven obligados a seguir de-forestando.
Hablar, por tanto, del problema de la deforestacin y los cam pesinos, es hablar de una realidad muy compleja que no admite pro puestas simplistas.
Slo podremos entender la relacin del campesino con la naturaleza si entendemos la lgica de sobrevivencia del campesino. Entender esta lgica, supone entender el sistema donde l est inmerso. Finalmente, entender este sistema implica entender la sociedad en que vivimos.
*
Como ven, ms que respuestas, he trado preguntas a ustedes. Pero esto pudiera ser el inicio de un dilogo que nos permita trabajar unidos en la elaboracin de soluciones al problema campesino.

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HIDALGOS ENTRE LOS CONQUISTADORES Por Carlos Dobal
Es posible que los Escuderos integrantes del Cuerpo Militar de Lanzas Jinetas que enviaron los Reyes Catlicos con Coln, en su Segundo viaje, tuvieran deudos en Santo Domingo entre los Conquistadores.

Ha llegado a ser una creencia generalizada el considerar de 'Vil extraccin", de "baja ralea", a los que acompaaron al Almirante en sus viaj es.
De delicuentes, muchos piensan que surgi la clase de los conquistadores y no puede negarse que, de hecho, algunos lo fueron.
Pero, en compensacin, tambin vinieron en los contingentes de la Conquista, no pocos caballeros, hidalgos y gentes de pro.
En un importantsimo trabajo del doctor Demetrio Ramos Prez, publicado en 1982, por la Fundacin Garca Arvalo, se enfoca un hecho importante: la presencia, entre el contingente trado por el Almirante en su Segundo Viaje, "de una veintena de escuderos".
Fueron stos las "lanzas jinetas", que por decisin de los Reyes Catlicos acompaaron a Coln y que trajeron a Amrica los primeros caballos.
El doctor Ramos nos da los nombres de los integrantes de este cuerpo de caballeros pertenecientes a las Hermandades de jinetes que se establecieron en Espaa en tiempo de los Reyes Catlicos.
Observa el referido autor que, aunque todos ellos tornaron a Europa, algunos debieron volver a Amrica, pues pueden espigarse sus nombres entre "los pasajeros a Indias". Aunque, prudentemente, el doctor Ramos advierte que muy bien pudiera tratarse de "homnimos", ya que siempre puede haber coincidencias de nombres y apelli-
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dos en diferentes personas. El distinguido historiador menciona cuatro personas que coinciden en nombres y apellidos entre las lanzas jinetas y los pasajeros a Indias. Son stos: Pedro Coronado (pasajero a Indias para 1527); Rodrigo Vsquez (pasajero a Indias para 1526); DiegoOsorioy Antonio de Pealosa(ver la obra de Ramos, pg. 156).
Por otra parte, el investigador espaol comenta, en relacin a la procedencia de distintas Hermandades de los referidos escuderos, que esto pudo ser motivado por el inters de los Reyes en evitar conexiones partidaristas en un Cuerpo Militar que, pretendan ellos, slo fuera leal a la Corona.
Nosotros, revisando los nombres dados por el doctor Ramos Prez y los nombres de los "encomenderos" citados en la fundamental obra de don Emilio Rodrguez Demorizi, "Los Dominicos y las Encomiendas de Indios en la Isla Espaola", edicin El Caribe, 1971, encontramos que hay una coincidencia de apellidos que nos sorprende y nos hace pensar, atrevidamente, que pudiera tratarse de parientes. Esto nos proporciona una valioso indicio de que no era tan generalizada, entre los Conquistadores, ni la "extraccin vil" ni la "baja ralea"...
As vemos que aparece en la lista de lanzas jinetas del doctor Ramos Prez (pg. 55), Francisco de Olmedo, de la capitana de Alvaro de Luna, y don Emilio Rodrguez Demorizi, en la obra citada, menciona a Sebastin de Olmedo, encomendero de la Villa de Azua, "de una nabora de casa allegada" (pg. 182).
El doctor Ramos trae a Diego de Seplveda, de la capitana de Francisco de Bobadilla, (pg. 55) como integrante de las lanzas jinetas y el licenciado Rodrguez Demorizi trae a Pedro de Seplveda, de la Villa de Puerto Real, como encomendero de "siete naboras" (Pg. 206).
El doctor Ramos menciona a Antonio de Pealosa de la capitana de Garcasso de la Vega como integrante de las lanzas jinetas (pg. 55) y el historiador Rodrguez Demorizi menciona a Gabriel de Pealosa, de la Villa de la Vera Paz, "casado con mujer de Castilla", como encomendero "de tres naboras de casa" (pg. 172).^
El doctor Ramos trae como "lanza jineta" a Gonzalo Arias, de la capitana del seor don Lucas Fernndez de Portocarrero (pg. 55)
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y el licenciado Rodrguez Demorizi, en la obra mencionada, (pg. 202), trae a Martn Arias como encomendero, en la Villa de San Buenaventura, de "dos naboras de casa" y tambin a Diego Arias Dvila, recibiendo "instrucciones sobre los indios" (pg. 160).
La obra de Ramos menciona como lanza: (pg. 55) a Francisco de Estrada, "de la misma capitana de Arias" y Rodrguez Demorizi menciona a Francisco Estrada, de la Villa de Puerto Real, como encomendero de "cinco naboras de casa" (pg. 257).
El doctor Ramos trae a Rodrigo Vsquez como lanza jineta" de la capitana del seor Rodrigo de Len (pg. 55) y el historiador Demorizi, a Alvaro Vsquez, de la Villa de Lares, como "encomendero de tres naboras" (pg. 214). Ya Juan Vsquez, de la Villa de Azua, "casado con mujer de Castilla", como encomendero de "dos naboras
de casa" (pg. 180).
La obra de Ramos trae a Lope de Cceres, "de las lanzas que estaban en Almufcar" (pg. 56) y la obra de Rodrguez Demorizi trae a Alonso de Cceres, de la Villa de Lares, como "encomendero de ocho naboras de casa" (pg. 214). Sobre un Gmez de Cceres se extiende la obra del historiador Rodrguez Demorizi, diciendo que "el encomendero Alvaro Bravo era hijo de Gmez de Cceres (1510) casado con mujer de Castilla". Y que Martn Bravo era "escudero" y estaba en Santo Domingo para 1521. Toma estos datos de Gimnez y Fernndez (Rodrguez Demorizi, pg. 139).
Tambin menciona como encomendero a Martn de Cceres, de la Villa de la Sabana, "de seis naboras" (pg. 239).
Sabemos que estos Cceres eran deudos del Comendador Ovando (ver Dobal, Carlos, "Santiago en los Albores del Siglo XVI", UCMM,
1985, pg. 235).
La obra de Ramos trae a Gonzalo Pacheco, de la capitana de don Antonio del guila (pg. 5 6). Y la obra de Rodrguez Demorizi trae a Fernando Pacheco, de la Villa del Bonao, "compaero de Coln en el Tercer Viaje" (ver Moya, Bosquejo, pg. 174). Tambin cita a Hernando de Pacheco, vecino de la Villa del Bonao, "casado con mujer de Castilla", como encomendero de "veinte naboras" (Fernando y Hernando pueden ser la misma persona).
*
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El historiador Ramo Prez cita en su libro a Antonio Romn, de la capitana del seor don Diego Lpez de Ayala, como integrante de las "lanzas jinetas", en la pg. 56. Y el licenciado Rodrguez Demorizi trae a Alonso Romn (pg. 56), "casado con mujer de la Isla", como "encomendero de catorce naboras con cinco allegados, entre ellos el cacique Gonzalo de Arvalo" (pg. 97).
Alonso Romn aparece junto a Francisco Orejn como iniciador de un ingenio de azcar entre La Vega y Santiago por el ao 1520 (ver, Dobal, Carlos, Ibidem, pg, 97). Tambin cita Rodrguez Demorizi a Pedro Romn, vecino de Santo Domingo (casado con mujer de la Isla) pg. 145.
Nota: Algo parece indicar que "la mujer de la Isla", esposa de Alonso Romn fue la famosa cacica Luisa, cuyas tierras estaban en los alrededores de La Concepcin de La Vega (ver Dobal, Carlos, Ibidem, pg. 54 y 92).
El doctor Ramos trae a Rodrigo de Arvalo, de la capitana de Ber-nado de Rojas (pg. 56) y el licenciado Rodrguez Demorizi trae
como encomendero de la Villa de Puerto Real, a Gonzalo de Arvalo, "casado con mujer de la Isla" (pg. 206).
-
r
Obsrvese que el cacique Gonzalo de Arvalo, quien debi tener el nombre de su encomendero (ver Dobal,Carlos, Ibidem, pg. 50) pas a la encomienda de Alonso Romn, tambin casado con mujer de la Isla, (ver Rodrguez Demorizi, Emilio, "Los Dominicos y las Encomiendas de Indios en la Isla Espaola", edicin El Caribe, 1971, pg. 97).
Entre las lanzas jinetas aparece Alonso Serrano, de quien no da el doctor Ramos su procedencia, (pg. 56) y el licenciado Rodrguez Demorizi cita como encomenderos al licenciado Alonso Serrano, de Santo Domingo (pg. 137) y a un Cristbal Serrano,encomendero de catorce naboras (pg. 91). Rodrguez Demorizi sita en La Concepcin tambin a Alonso Serrano (A. G. I., Santo Domingo 47 1 2).
Tambin el mismo autor cita a Antonio Serrano, encomendero (pg. 40 y 136).
Por ltimo el doctor Ramos da a Critbal de Len como lanza jineta, sin indicar la capitana de que proceda (pg. 56). Y el licenciado Rodrguez Demorizi trae a Cristbal de Len como encomendero
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de un nabora (pg. 168); a Juan de Len, que "debe por diecisis indios, ciento setenta y dos pesos" (pg. 43); y a Mateo de Len, "soltero, mercader, vecino y natural de Sevilla, hijo de Juan de Len y de Luisa Muoz que pas a Santo Domingo en 1555 (pg. 186).
Nota: Algunos indicios parecen sealar que los mencionados no
eran hidalgos sino gentes adineradas.
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LA ENSEANZA DE LA LENGUA MATERNA EN LA REPBLICA DOMINICANA
*
Por Liliana de Montenegro y Ana M. de Yunn
I. INTRODUCCIN
Permtannos ante todo agradecer a la Embajada de Francia, a la Secretara de Educacin, Bellas Artes y Cultos y a todos los organizadores de este evento el habernos invitado a participar en un tema tan importante como es el de la enseanza del espaol en la Repblica Dominicana.
Las ideas que se presentarn a continuacin constituyen parte de la reflexin que, como profesoras universitariase investigadoras desde la ptica que nos da la lingstica moderna, hemos do trabajando a lo largo de varios aos.
Nuestra presentacin abarcar dos aspectos. Primero abordaremos la problemtica general de la enseanza de la lengua materna y luego enfocaremos el tema desde la perspectiva universitaria.
II. Problemtica General de la Enseanza de la Lengua Materna.
En cuanto a la problemtica general, deseamos hacer varios sealamientos.
Primero, hasta hace poco se crea que el nio al ingresar a la primaria dominaba ya su lengua materna; sin embargo, esta afirmacin debe ser matizada. Es real que gran parte de las estructuras mor-fosintcticas del espaol han sido ya adquiridas a los seis aos; no obstante, investigaciones realizadas al respecto demuestran que a esta edad una serie de estructuras sintcticas an no se han adquirido; por ejemplo, la pasiva reversible. As, en una investigacin realizada en Puerto Rico con nios de cinco aos, quienes escucharon la pasiva reversible "Pedrito fue empujado por Susana", slo 10o/o de los encuestados la entendieron adecuadamente. El resto, sin titubeos, la interpret como activa. La misma prueba se administr a nios de
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entre seis y diez aos y slo los de diez aos fueron capaces de entender correctamente en un 90o/o de los casos. Datos como ste y otros ms que se refieren a la produccin de ciertas estructuras de subjuntivo, por ejemplo, nos llevan a pensar que el postulado del que partimos "El nio no domina su lengua materna al llegar a la primaria" debe tenerse en cuenta a la hora de planificar contenidos y estrategias educativas.
Segundo, cuando el nio llega a la escuela trae consigo una serie de hiptesis lingsticas que ha inferido de su experiencia. Algunas de estas hiptesis son terminales; otras, provisionales y evidentemente que tambin cabe la posibilidad de no tener planteadas algunas hiptesis. As por ejemplo, a los seis aos, los plurales nominales suelen estar ya incorporados salvo ciertos casos bien difciles de concordancia. Estos plurales nominales constituyen, pues, hiptesis terminales. Las hiptesis provisionales son aquellas que estn en la etapa de revisin. Este es el caso, a la edad de seis aos, del orden SVO de la oracin simple. El alto ndice de aparicin de este orden hace al nio internalizar esta configuracin de los elementos oracionales como nica. Sin embargo, el espaol permite otros rdenes. Si dicha idea se mantiene como una hiptesis y no se modifica, se producirn errores de interpretacin. As, en investigaciones realizadas en Puerto Rico, oraciones como:
Al primo de Paco le peg Julio.
fueron interpretadas como:
El primo de Paco peg a Julio.
Dicha investigacin arroj un 43o/o de falsas interpretaciones entre alumnos de diez a once aos de la escuela pblica puertorriquea.
Entre las hiptesis no formuladas se hallan la mayora de las oraciones complejas. Todava a los nueve aos, el nio no ha formulado las hiptesis que corresponden a ciertos tipos de oraciones complejas ya que exigen un grado de desarrollo cognitivo que, segn Piaget, el nio no posee a esta edad.
Una adecuada planificacin curricular debe tomar en cuenta los tipos de hiptesis que llevan al nio a adquirir su lengua materna y, en consecuencia, proporcionar las experiencias lingsticas adecuadas para lograr una sintaxis adulta. En este sentido estamos de
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acuerdo con Lpez Morales cuando afirma: "La labor de la escuela ser aqu la de preparar un inventarioftras estudios adecuados, de las estructuras oracionales que ya han sido adquiridas por el pre-escolar, las que slo lo estn a medias y las totalmente desconocidas y, posteriormente, preparar una serie de materias, donde de manera jerarquizada y ordenada, se enfrenta al escolar con las experiencias lingsticas que actan como estmulos para que formule sus hiptesis lingsticas".
Tercero, los programas educativos llevados a cabo hasta ahora dan poca importancia a las destrezas bsicas del lenguaje. Se enfatiza la enseanza de la gramtica entendida como un estudio terico de la misma y no como un medio para incorporar estructuras a la competencia lingstica del estudiante. Se pretente ensear al nio un meta-lenguaje que slo deberan dominar los planificadores y los profesores.
En la enseanza de la lengua materna pueden emplearse muchas de las tcnicas usadas exitosamente en la enseanza de segundas lenguas. As, adems de los clsicos ejercicios para la evaluacin de conocimientos, nuestras clases deberan incluir ejercicios para la adquisicin de las estructuras del espaol.
En cuando a la enseanza del vocabulario, este constituye un objetivo instrumental dentro de la lectura. No existe un vocabulario jerarquizado que deba ser enseado a nuestros escolares a partir del lxico bsico dominicano. Estas deficiencias redundan en memorizacin de vocablos de uso poco frecuente en nuestro pas.
De igual manera, la lectura y la escritura, destrezas de la comunicacin escrita, poseen un enfoque inapropiado. Se parte de estas destrezas para que el nio aprenda su lengua cuando en la actualidad se cree que el mayor o menor xito en el aprendizaje de la lectura y la escritura est condicionado por el estado de desarrollo que se tenga en el proceso de adquisicin de la lengua oral.
As pues, si las reas que ms se enfatizan en el currculo son la Lxico-semntica y la Sintctica y si lo que tiene ms importancia en ellas son las conductas de conocimiento y de comprensin, y muy poco las de anlisis y aplicacin, ser mnimo lo que se aportara al estudiante en trminos de ayuda para mejorar el dominio que l tiene de su lengua materna. Para darles una idea ms cabal de lo que estamos hablando, los invitamos a observar la grfica nmero 1 que muestra el caso del currculo propuesto para octavo curso de la enseanza intermedia. Dicha grfica forma parte de una investigacin que las autoras de este trabajo estamos realizando
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para la provincia de Santiago. Como se observa, las reas ms enfatizadas son la 0500, es decir, el Nivel lxicosemntico; la 0100 Teora del lenguaje y la 0400, Nivel sintctico. Llama la atencin que el rea correspondiente a las destrezas del lenguaje, esto es, comprensin y expresin oral y escrita, tan fundamentales en cursos de lengua, aparezcan en un quinto lugar y con un grado de nfasis que alcanza a casi la mitad del Nivel lxico-semntico. Si lo que se persigue es que el lenguaje est en funcin de la comunicacin (ya sea oral o escrita), a esa poca le debe corresponder un nfasis mayor.
La grfica siguiente, que vern ustedes con el No. 2, muestra las reas que se enfatizan positivamente (en la mitad superior) y las que no se enfatizan positivamente en la mitad inferior. Nos impacta nuevamente que las destrezas del lenguaje se presenten desfavorecidas y que haya una hipervaloracin del Nivel lxico-semntico en detrimento de otras reas. Por otra lado, la hipervaloracin del Nivel lxico-semntico no est basada en ninguna progresin cientfica y slo acumula una masa enorme de vocabulario para aprender (582 palabras, de las cuales slo un 24o/o corresponde al lxico bsico dominicano), sin seguimiento luego de su primera aparicin. Cabe aqu cuestinarse si el grado de importancia acordado a esta reas obtendr en la prctica buenos resultados; esto es, si de la gran masa de vocabulario presentado al estudiante, ste incorporar efectivamente a su lxico activo o pasivo algunos de ellos y, por otro lado, si vale o no la pena que dicho lxico sea incorporado. s
111. Problemtica Universitaria de la Enseanza de la Lengua Materna.
Con este panorama planteado, y quedando an muchos aspectos por tratar, pasaremos ahora al enfoque del tema desde la perspectiva universitaria.
1. Los estudiantes: No es raro pensar, si tmanos en cuenta los datos que acabamos de presentar, que el estudiante que llega a la universidad presenta grandes problemas en su dominio general de la lengua. Su rendimiento en el Espaol Bsico no es el deseado, y va cada ao en descenso, tal como lo pueden apreciar en las grficas 3 y 4. Sus problemas se relacionan con un mal dominio de las estructuras sintcticas complejas, con una pobreza lxica aterradora, con grandes dificultades en la lectura comprensiva de textos y con un mal dominio de la expresin escrita, entre los aspectos mas destacables.
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2. Los profesores: Qu actitud toman los profesores ante tal situacin? Podramos resumirlas a dos, siguiendo a Mara Vaquero: "una actitud purista, cmoda, que corresponde a aquel profesor que, confundido por las mltiples realizaciones que la lengua presenta continuamente, se refugia en lo quearbitrariamente decide que es correcto. La otra actitud es la permisiva, la que ensea que todo est permitido, sin discriminacin. Este profesor no ignora la diversidad de manifestaciones y fenmenos que comporta el lenguaje,pero s ignora que bajla anarqua aparente de realizaciones existe una jerarquizacin de fenme-
3. Cules son, pues las posibles soluciones? Cmo organizar un programa de enseanza que, sin falsear los hechos lingsticos, los ubique en la jerarqua que les corresponde y prepare al estudiante para identificar e interpretar cada una de estas posibilidades del sistema? Pensamos que aqu es donde la ciencia lingstica puede ser de mayor valor. Y, en ese sentido, la universidad est llamada a formar a los futuros profesores en esa lnea. En la UCMM, esa ha sido la eleccin desde hace varios aos y pensamos que a largo plazo dar los frutos queridos. Enseamos a nuestros estudiantes, futuros profesores de lengua, que deben dar prioridad a los fenmenos ms importantes, a los fenmenos comunes a todos los hablantes, tanto de uso activo como pasivo. Claro que para establecer qu fenmenos son importantes y cules menos, se necesita de un estudio rigurpso y,}para lograrlo, debemos dar importancia a la investigacin lingstica, que nos llevar a la justa jerarquizacin de los hechos de lengua. Tambin le corresponde a la universidad esta tarea y por ese camino debemos transitar, regidos por el principio de que "No hay enseanza efectiva si sus mtodos por buenos que sean aplican principios tericos inadecuados".
BIBLIOGRAFA
Hach de Yunn, Ana Margarita y de Olloqui de Montenegro, Liliana. 1986. Anlisis del Curriculum propuesto en espaol para el octavo curso de la escuela intermedia en la provincia de Santiago. Informe preliminar sin publicar. Centro de Investigaciones de la Universidad Catlica Madre y Maestra.
Lpez Morales, Humberto. 1985.
Enseanza de la lengua materna. Madrid: Editorial Playor.
Vaquero de Ramrez,Maria. 1978
Ensear espaol, pero qu espaol? Coloquio Internacional de la lengua, Boletn dla Academia Puertorriquea de la Lengua Espaola.
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REAS DENTRO DEL CURRICULUM PROPUESTO POR EL OCTAVO CURSO DE LA EDUCACIN MEDIA DOMINICANA
0000 Teora del Lenguaje
0100 Historia de la Lengua Espaola
0200 Nivel Fontico y Fonolgico
0300 Nivel Morfolgico
0400 Nivel Sintctico
0500 Nivel Lxico-semntico
0600 Diversidad Lingstica
0700 Normativa
0800 Fundamento Terico de las Destrezas del Lenguaje
0900 Destrezas del Lenguaje
1000 Literatura
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\


grfica no. 1
0400 0300 0900 0700 0600 1000
reas
NDICE DEL GRADO DE NFASIS POR REA DE FSPAflOL EN EL CURRICULUM PROPUESTO


(o
n 'Jo1
Q_
2.5
2
1.5
1
0.5
0
0.5
1
1.5
grfica no. 2
0000 0100
0200 0300
0400 0500 reas
0600 0700 0800 0900
1000
GRADO DE NFASIS POR EL CONTENIDO Ef> CURRICULUM PROPUESTO (PUNTAJE Z)


100
GRFICA NO. 3
RENDIMIENTO ACADMICO SEMESTRAL
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HUM 101
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grfica no. 4
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77.5
78.5
79.5
80.5
81.5
82.5
83.5
84.5
AO AC ADEM ICO
? HUM-102
RENDIMIENTO ACADMICO SEMESTRAL


LOS INTERESES Y LOS OBJETIVOS DE LOS E.U. EN EL CARIBE
Por Luis Val des
Es el inters nacional de los Estados Unidos que existan en el hemisferio naciones estables, amistosas y prsperas que permitan el movimiento libre de productos y servicios Dor toda la regin y de que ninguna potencia extranjera hostil ejerza influencia en la regin. Hoy en da ese inters bsico se ve amenazado por la inestabilidad poltica que surge de las luchas por el desarrollo econmico de la regin, por la inseguridad econmica que resulta del atraso econmico de la regin y empeorado por tendencias econmicas internacionales, y por la insurgencia de guerrillas causadas por problemas internos y alentadas y apoyadas oportun sticamente desde el exterior.
Segn la definicin oficial de Washington los intereses de los Estados Unidos en la Amrica Latina se derivan de los siguientes factores:
1. La proximidad geogrfica de la regin.
2. El efecto de la Amrica Latina sobre la posicin o papel global de los E. U.
3. La presencia de recursos estratgicos.
4. La tradicin de relaciones y asociaciones.
5. Altos niveles de comercio y de inversiones.
6. La influencia potencial de tales pases como Brasil y Mxico.
7. Valores humanitarios.

Usando estos factores como base los intereses de los Estados U-nidos en la Amrica Latina se pueden especificar y catalogar como los siguientes.
A. INTERESES DE SEGURIDAD: Se derivan de la proximidad de la regin. Estos intereses se definen usualmente en cmo
mantener al hemisferio libre de la influencia de potencias hostiles. Este ha sido un inters continuo de la poltica exterior de los Estados Unidos desde las primeras dcadas del siglo XIX. Se supone que ninguna coalicin de estados latinoamericanos le pudieran presentar
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una amenaza a la seguridad de los Estados Unidos sin ayuda fuera del hemisferio.
Por su proximidad la zona de la Cuenca del Caribe se le considera la zona de influencia donde los Estados Unidos pueden tolerar muy pocas amenazas. A Brasil, por su tamao, poblacin y recursos se le considera el pas ms importante en la regin, seguido por Mxico, Venezuela Colombia y Argentina. De importancia ms modesta para Washington son Chile, Per y Jamaica. A Cuba, debido a sus enlaces con la Unin Sovitica, se le presta atencin especial, como tambin lo son pases como Nicaragua cuando las actividades de estos toman una importancia estratgica.
Vemos entonces que el ms fundamental inters de los Estados Unidos es sobrevivir como Estado. Con este fin, se le presta gran atencin a toda actividad y regiones geogrficas de donde puedan surgir amenazas a esa sobrevivencia. Especialmente se le presta atencin a desarrollar medidas para la defensa directa de amenazas que provengan de la Unin Sovitica. La red de alianzas militares y acuerdos comerciales entre los aliados de Europa Occidental y los Estados Unidos es un componente bsico de este tipo de medidas, as como lo son tambin los arreglos hechos con otros pases amigos y aliados que queden en proximidad geogrfica con la Unin Sovitica.
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Ya que ninguna amenaza directa ni inmediata ha surgido de la Cuenca del Caribe desde la crisis de los cohetes en Cuba en el 1962, las relaciones de los Estados Unidos con la regin han tenido la tendencia a enfocar intereses menos vitales, pero an importantes para el inters nacional de los Estados Unidos, como lo son los pol fticos y econmicos.
Al no existir ninguna grave amenaza que surja del Caribe para la sobrevivencia de los Estados Unidos, el resultado ha sido que los Estados Unidos ha relegado sus relaciones con los pases de la Cuenca, con excepcin de Mxico, a una segunda prioridad en comparacin con sus relaciones con Europa, el Medio Oriente y Asia.
Tal vez se puede demostrar la segunda prioridad que se le da a la regin en la poltica exterior de los Estados Unidos, cuando se observan ciertas manifestaciones de las relaciones. Por ejemplo, los Estados Unidos le ha provisto bajos niveles de asistencia militar a toda Latinoamrica incluyendo el Caribe desde la Segunda
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