Title: eme eme : Estudios Dominicanos
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Title: eme eme : Estudios Dominicanos
Physical Description: Book
Publisher: Universidad Católica Madre y Maestra
Publication Date: Mayo-Junio 1984
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Bibliographic ID: PUCMMA0011
Volume ID: VID00074
Source Institution: Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra - Recinto Santo Tomás de Aquino
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CONTENIDO
Un aspecto de la sintaxis: los pronombres persona-
les sujeto en el habla estudiantil santiaguera, por
Liliana de Olloqui de Montenegro. p
Una aproximacin a la lectura de El Pozo Muerto,
por Ricardo Minino Gmez.
A propsito de la identidad lingstica dominica-
na, por Orlando Alba.
La estructuracin gramatical del espaol domini-
cano y la identidad de los dominicanos: una inter-
pretacin, por Flix Fernndez.
Estudio de unos cuentos folklricos dominicanos,
por Carlos Fernndez-Rocha.
Hispanidad y dominicanidad, por Carlos Dobal.
Documento:
Discurso pronunciado por Federico Henrfquez
Gratereaux con motivo de la llegada de los restos de
Pedro Henrquez Urea a la Repblica Dominica-
na.
Volumen XII Nm. 72 Mayo/Junio, 1984
ISSN 0379 8542




i** I
Volumen XII o Nm. 71 Mayo/Junio, 1984
i
Santiago de los Caballeros, Repblica Dominicana


S ^ i \
\
CONTENIDO
I
Un aspecto de la sintaxis: los pronombres persona-
les sujeto en el habla estudiantil santiaguera, por
Liliana de Olloqui de Montenegro..............

Una aproximacin a la lectura de El Pozo Muerto,
por Ricardo Minino Gmez...................
A propsito de la identidad lingstica dominica-
na, por Orlando Alba........................
La estructuracin gramatical del espaol domini-
cano y la identidad de los dominicanos: una inter-
pretacin, por Flix Fernndez.................
Estudio de unos cuentos folklricos dominicanos,
por Carlos Fernndez-Rocha......,...........
Hispanidad y dominicanidad, por Carlos Dobal. .. .
Documento:
Discurso pronunciado por Federico Henrfquez
Gratereaux con motivo de la llegada de los restos de
Pedro Henrquez Urea a la Repblica Dominica-
na ......................................
3
19
31
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59
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i


UNIVERSIDAD CATLICA MADRE Y MAESTRA
Monseor Agripino Nftez Collado. Rector
l
EME EME
Estudios Dominicanos
Editada por el Departamento de Publicaciones
DirectorFundador:
Hctor Inchustegui Cabral
Editor:
Flix Fernndez
Consejo:
Radhams Mejfa Carlos Dobal
Valentina Peguero Rafael Yunn Apolinar Nftez
Miguel Adriano Tejada Frank Moya Pons
Periodicidad: Bimetral
Fecha de inicio: Juniojulio de 1972
ISSN: 03798542
Composicin: Matilde de Martnez
y Martn de Los Santos de Len C.
*
Dlagramacin: Charne Romn
Impresin: Amigo del Hogar
Suscripcin:
Departamento de Publicaciones
Universidad Catlica Madre y Maestra
Santiago de los Caballeros, Repblica Dominicana
Precio para el pas: RD$12.00
Precio para el extranjero: US$12.00
Canje:
BibliotecaCanje
Santiago de los Caballeros, Repblica Dominicana


UN ASPECTO DE LA SINTAXIS: LOS PRONOMBRES PERSONA-
LES SUJETO EN EL HABLA ESTUDIANTIL SANTIAGERA1
r
Por Liliana de Olloqui de Montenegro

I. INTRODUCCIN
t
1.1 Antecedentes.
En el espaol de la Repblica Dominicana se viene sealando
como una caracterstica, la tendencia al uso expreso de los pronom-
bres personales sujeto en los casos en que en el espaol estndar stos
se omiten al ir ya indicada la persona en la desinencia verbal. Dice la
Real Academia Espaola: "Las desinencias personales de la conjuga-
cin espaola son tan claras y vivaces que casi siempre hacen innece-
sario y redundante el empleo del pronombre personal sujeto" (1973:
421).
Maximiliano A. Jimnez Sabater (1975 y 1978) sostiene la idea
anteriormente mencionada y agrega respecto al espaol dominicano:
"Podramos pensar que se est extendiendo un esquema "sujetover-
bo"en el cual un orden riguroso de las palabras (sujeto precediendo
al verbo) sera rasgo relevante" (1975:155). Este autor trata ms de-
talladamente el caso de la segunda y tercera personas del singular, to-
mando como factor de anlisis la prdida del morfema /s/ de la se-
gunda persona del singular y, como consiguiente reajuste morfosin-
tctico, el mayor empleo del pronombre personal en ambos casos.
Seala adems (1975:164): "Tal tendencia, justificable hasta cierto
punto para la segunda y tercera personas del singular, parece irse pro-
pagando hoy da tal vez por razones rtmicas a las dems personas
del coloquio. Con todo, su empleo es proporcionalmente muy infe-
rior al del pronombre 't' ".
, Orlando Alba (1982:127) afirma que sus resultados cuantitati-
m

1 Ponencia presentada en el I Congreso internacional sobre el espaol de Amrica, cele-
brado en San Juan, Puerto Rico en octubre de 1982.


vos respecto al espaol de Santiago no corroboran la apreciacin de
Jimnez Sabater. Sostiene: "Lejos de producirse una propagacin
indiscriminada del empleo de pronombres sujeto, la presencia de los
mismos slo es sistemtica en aquellos casos (segunda, persona) en
que la marca flexional de persona y nmero es /s/, segmento que
tiende a sufrir el proceso de debilitamiento y de elisin con una alta
probabilidad". Concluye el autor citado que el uso abundante de
pronombres en el espaol dominicano est parcialmente regido por
factores funcionales. Circunscribe sus conclusiones a la segunda per-
sona del singular y a la primera del plural.
Objetiven f 3
i
En este trabajo se comparan los distintos usos de los pronom-
bres personales sujeto para as verificar si su presencia est condicio-
nada por factores lingsticos y/o extralingsticos.
1.3 Muestra.
Esta investigacin se apoya en datos extrados de diez encues-
tas, de aproximadamente veinte minutos de duracin cada una, co-
rrespondiente a diez estudiantes elegidos al azar entre los que cursa-
ban el ciclo bsico de la Universidad Catlica Madre y Maestra de
Santiago de los Caballeros, en el mes de abril de 1982.
Cada encuesta estuvo dividida en tres partes: la primera corres-
pondi a un cuestionario que llamamos cerrado, pues consista en
preguntas y respuestas sobre la vida familiar y estudiantil del entrevis-
tado; en la segunda, denominada cuestionario abierto, el encuestado
hablaba in extenso sobre un tema de actualidad, generalmente, las
elecciones dominicanas. La tecera fase reuna a dos de los estudian-
tes para que dialogaran entre s sobre un texto polmico de peridico
titulado "La poltica, cosa de mujeres", previa lectura del mismo. A
travs de las tres etapas de la encuesta se pretenda obtener el empleo
de todas las personas gramaticales.
-1 f~_ jC
De los diez informantes hubo cinco mujeres y cinco hombres.


En cuanto a su condicin socioeconmica, sus familias perci-
ben ingresos que oscilan entre $150 y $1,500 pesos mensuales.* Co-
mo dato complementario se obtuvo que cinco de los diez entrevista-
dos estudian con crdito educativo.
i
* 1 dlar equivala a $1.50 pesos dominicanos.
%
4


1.4 Seleccin del material.
Una vez transcriptas las entrevistas, se consideraron los siguien-
tes parmetros para cuan tincar los datos: primero, se tuvieron en
cuenta slo las oraciones con verbos en forma finita y se contabiliz,
por un lado, lfc oraciones con sujetos desarrollados a travs de sintag-
mas nominales o de pronombres diversos y, por otro, las oraciones
con sujetos expresos a travs de pronombres personales o con suje-
tos omitidos. Claro est, las oraciones con verbos impersonales y las
impersonales con "se" fueron desechadas. As, los ejemplos siguien-
tes:
*
1. "Siempre hay temor"
2. "Por qu no se deja de pasar lista?"

no fueron tomados en cuenta para nuestro anlisis. En tanto que la
oracin:

3. "S, nosotros vivimos en Esperanza, en Villa Altagracia,
en la Capital"
fue analizada computando la presencia del pronombre de primera
persona del plural. Tambin fueron analizadas las interrogantes di-
rectas e indirectas y las oraciones imperativas.
1.5 Las variables del anlisis cuantitativo:
a) Coincidencia morfo-fonolgica entre primera y tercera
personas del singular: En los pretritos imperfecto y
pluscuamperfecto del indicativo, en los condicionales
simple y perfecto y en los seis tiempos del subjuntivo,
las formas verbales son las mismas: Yo estaba/El Ella es-
taba.
b) Tipo de verbo utilizado: Se los clasific en verbos de ac-
tividad mental (creer pensar estar de acuerdo, etc.)
y otros (verbos de percepcin, de accin, etc. tales como
ver, hacer, tener...).
c) Contexto lingstico: se entiende por ste la existencia
de informacin sobre la persona aludida a travs de un,
sintagma nominal o de un pronombre sujeto formulados


anteriormente al caso analizado y dentro de la misma se-
cuencia, como as tambin la respuesta a una interroga-
cin del encuestador. Veamos un ejemplo:
4. "El es ebanista y /(>/ tiene un taller en mi casa".
La ausencia del pronombre de tercera persona es explicable a tra-
vs del contexto lingstico precedente.
5. Encuestador: "Cmo eran tus profesores?
. 6. Encuestado : "Bueno, en las materias no eran muy estric-
tos en s".
Sabemos cul es el sujeto de "eran" a travs del contexto, es
decir, de la pregunta formulada.
d) Estructura contrastiva: Cuando se contraponen dos jui-
cios de cualidad lgica contraria, el sujeto al que el con-
traste se refiere ser expresado para subrayar la alternati-
va en oposicin. El ejemplo que sigue lo demuestra:
7. "Mi pap, lo veo en la noche, pero l no es tan activo co-
mo mi mam".

Se justifica la presencia del pronombre de tercera perso-
na del singular a travs de la contraposicin entre a) mi
pap y b) mi mam.
e) Coincidencia fonolgica entre segunda y tercera perso-
nas del singular: La elisin de la "s" la provoca. Ej.:
"Tve//" .

f) Coincidencia morfo-fonolgica entre la segunda y terce-
ra personas del plural: En Hispanioamrica ambas per-
sonas gramaticales coinciden en su formulacin verbal.
8. "Ustedes se sienten inferiores"
9. "Ellos se sienten inferiores"..
Ellas
g) Coincidencia fonolgica entre la tercera persona del plu-


ral y la tercera persona del singular a causa de la elisin
de la/n/final.
10. Ej.: "Eran bastante buenos pero se limitaba 41 a dar
la clase".
II. DESARROLLO
2.A. Los pronombres personales sujeto segn los factores lin-
gsticos:
2.A.I. El pronombre sujeto de primera persona del singular:
Se analizaron 307 casos, de los cuales 204 (66.6 o/o) corres-
pondieron a la presencia del pronombre y 103 (33.4 o/o) a la ausen-
cia del mismo.
La primera variable que se consider para analizar la presencia
del pronombre fue la ambigedad morfo-fonolgica entre la primera
y la tercera personas del singular. Se comprob que en slo 53 casos
se presentaba dicho sincretismo y de ese total, 43 podan ser desambi-
guados por el contexto lingstico. Ejemplo:
_ J
11. "Cuando yo entre a la Universidad lo compar y yo
no quera estar en la Universidad, como que yo la
vea tan dura y yo deca: Dios mo, esto s es fuerte
al compararlo con el bachillerato".
La presencia del pronombre "yo" en las oraciones subrayadas
es innecesaria, ya que el contexto precedente nos da informacin
sobre la persona gramatical. Comprobamos as que de los 53 casos
ambiguos morfo-fonolgicamente, en slo 10 el uso del pronombre
deba ser obligatorio de acuerdo a la variable estudiada. El ejemplo
clarificar nuestra posicin:
!
/
12. Encuestador: "Qu me puedes decir de tus profeso-
res?
13. Encuestado : "Eran muy buenos, porque yo estudia-
ba en un liceo, y en el Uceo los profe-
sores son todos universitarios".
El verbo "estudiaba" es morfo-fonolgicamente ambiguo y, co-
7


mo no hay informacin previa sobre el pronombre "yo", su uso es
obligatorio.
Otro parmetro analizado fue el tipo de verbo utilizado. Postu-
lamos que los verbos de actividad mental favoreceran la presencia
del pronombre de primera persona del singular. Efectivamente, 122
formas verbales, es decir, 59.8 o/o se incluyen en esta clasificacin.
La presencia del pronombre personal es pues justificada por el moti-
vo mencionado. Ejemplo:
14. "De Balaguer, yo no creo que gane las elecciones"
15. "Los campesinos, yo pienso, yo opino, estn buscan-
do una mejor vida".
Tambin se tuvo en cuenta para el anlisis del pronombre "yo"
la presencia de estructuras contrastivas. Slo un 4.4 o/o de los casos
puede ser justificada a travs de este factor. Veamos un ejemplo:
16. "Las elecciones se ven un poco raras aparentemente,
pero yo veo que se puede salir adelante".
*
De los anlisis precedentes concluimos que el primer pronombre
del singular es utilizado expresamente para acompaar verbos de acti-
vidad mental (59.8 o/o), como marca desambiguadora en los casos de
coincidencia morfo-fonolgica entre primera y tercera personas del
singular en un 4.9 o/o y para subrayar la contraposicin de conceptos
en un 4.4 o/o. Existe pues un 30.9 o/o de uso redundante, ya sea
porque el contexto lingstico servira para explicar la persona gra-
matical (ver ejemplo No. 1), ya sea porque el verbo no es morfolgi-
camente ambiguo. Ejemplos:
17. "Es lo ms bonito que yo tuve desde que yo estaba
pequeito".
18. "Cuando yo entr el primer da, yo me encontraba es-
to tan grande comparado con el colegio".

2.A.2. El pronombre sujeto de segunda persona del singular: t

En total se registraron 72 casos, de los cuales 52 correspondie-
ron a la presencia del pronombre que nos ocupa y 20 a la ausencia
del mismo.
8


Como factor de anlisis se tom en cuenta la elisin de la /s/ fi-
nal que ocurri en 34 casos, es decir 47.21 o/o del total. Ntese que
la aspiracin de la /s/ final no fue estudiada por separado pues no
afecta la transmisin de la informacin ni altera el funcionamiento
gramatical. Fue considerada, pues, del mismo modo que la sibilante
/s/. As, las formas "T ves" y "T ve (h)" fueron consideradas del
mismo modo para nuestro anlisis.
De las 34 elisiones de /s/ observadas, 26, es decir, el 76.5 o/o
han sido acompaadas de una marca pronominal. En este sentido
nuestros resultados son comparables a los encontrados por Humberto
Lpez Morales (1980:26) para el espaol de Puerto Rico (76 o/o de
elisiones acompaadas de una marca desambiguadora).
Tambin en los casos en los que el verbo posee una marca fle-
xional de persona (38) observamos un alto ndice de utilizacin del
pronombre, 26, o sea, 68.4 o/o. Es decir, encontramos tanto ejem-
plos del tipo:
19. T quiere/S/ esto?"
20. "Qu t opina/41 sobre la participacin de la mujer
en la poltica?"
como del tipo:
21. "Ahora, qu t piensas de eso?"
22. "T cre/h/ que solamente con el voto la mujer decide
bien lo que ella quiere?
\
Se hizo, pues, necesario aplicar otros criterios de anlisis para sa-
ber el porqu de la presencia del pronombre en aquellos casos en que
el morfema flexivo estaba presente. Optamos por el parmetro "tipo
de verbo utilizado" y comprobamos que 15 casos correspondan a
verbos de actividad mental que, como ya se ha explicado, condicio-
nan la presencia del pronombre. Veamos algunos ejemplos:
23. "T crees que todos los candidatos d esos partidos
estn siguiendo intereses personales?"

24. "Qu t piensas/h/ del artculo que acabamos de
' leer?" ~r \ '
Cabe sealar, por ltimo, que en tres casos de presencia de pro-
9


nombre acompaando un verbo marcado morfolgicamente observa-
mos la existencia de estructuras contrastivas que justifican tambin la
marca pronominal.
25. "Aqu en nuestro pas y en muchos pases no se ve,
pero cuando t viaja/h/ y conoce/^/, vs/41 a muje-
res haciendo trabajos fuertes de hombre".
Podemos concluir que el pronombre de segunda persona del sin-
gular acompaa al verbo por razones funcionales, al ser elidida la
marca flexional de persona y nmero (50 o/o) y tambin en aquellos
casos en que se mantiene la /s/, ya sea por aspiracin, ya sea por pre-
sencia de la sibilante, pues se trata, o bien del uso del pronombre con
verbos de actividad mental (34.6 o/o), o bien de su presencia en es-
tructuras contrastivas (5.8 o/o). Muy pocos casos 9.6 o/o han resul-
tado, pues, redundantes. En este sentido nuestro trabajo es compara-
ble con el de Orlando Alba (1982:126), aunque los porcentajes de su
estudio con respecto a la presencia de pronombres cuando hay un
morfema flexivo verbal, son superiores (96 o/o) a los encontrados
por nosotros (68.4 o/o). Esta diferencia es probablemente debida
al distinto grado de escolaridad de nuestros encuestados.'
*
*
2.A.3. Los pronombres sujeto de tercera persona del singular:
l ella.
De los 211 casos registrados, 58 (27.5 o/o) correspondieron a
la presencia de los pronombres y 153 a la ausencia de los mismos
(72.5 o/o).
Para analizar los casos de presencia, se tuvieron en cuenta las
siguientes variables:

a) presencia o ausencia de contexto lingstico,
b) sincretismo provocado por la coincidencia mor-
fofonolgica entre la primera y tercera personas
del singular en los tiempos ya indicados*

c) presencia de estructuras contrastivas.
Observemos que de los 58 casos en los que se registra la presen-
cia del pronombre personal sujeto, en 47, es decir, el 81 o/o, dicha

10


presencia es redundante pues la terminacin verbal y el contexto lin-
gstico hacen inncesario su empleo. Ejemplos:
26. Encuestador: "Qu me puedes decir de tu mam?"
*
27. Encuestado : "Ella siempre est ayudndome".
28. Encuestador: "En qu trabaja tu pap?"
_ m
29. Encuestado : "El es agrnomo".
30. Encuestado : "Con respecto a mi mam, te digo que
ella siempre se ha mantenido en el pa-
pel tradicional, siempre ama de casa".
El sincretismo analizado en 12 o/o de los casos no demuestra
tampoco ser razn para la presencia del pronombre, ya que la coin-
cidencia morfo-fonolgica captada es resuelta en todos los casos a
travs del contexto lingstico. Ejemplo:
31. "Con respecto al campesino, no lo han tratado como
es debido; l trabaja; l tena, por situaciones polti-
cas mucha importancia, tiene mucha importancia para
el pas".

Este anlisis es corroborado por el porcentaje registrado para el
mismo fenmeno en la ausencia del pronombre. Finalmente, se ob-
servaron 5 estructuras contrastivas, en donde la presencia del pro-
nombre pudo ser justificada por tal razn. Ej.:
32. "Ese candidato, aunque l quiere hacer cambios, aun-
que l tenga sus ideas, l no va a poder hacer esos
cambios".


Inferimos entonces que en los casos de utilizacin del pronom-
bre personal sujeto de tercera persona del singular, ste es redundan-
te en un 93.1 o/o. Cabra, sin embargo, preguntarse si, a causa del al-
to porcentaje de elisiones de las /s/ finales correspondientes a la se-
gunda persona del singular, la utilizacin de los pronombres persona-
les de segunda y tercera personas sean las nicas marcas flexivas de
persona; pero esta situacin no se presenta en nuestro anlisis dada la
funcin lingstica desambiguadora cumplida por el contexto y por
las otras variables estudiadas para la segunda persona del singular.
ii



Finalmente, el ndice total de omisiones: 72.5 o/o frente al
27,5.o/o de presencia del pronombre de tercera persona del singular
nos obliga a ser cautelosos en nuestras conclusiones. Nuestros resul-
tados no estn de acuerdo con lo tratado por Jimnez Sabater
(1978:175) al respecto: "Hay indicios considerables que permiten
suponer una propagacin sintomtica de este esquema de pronombre
+ verbo en contextos bastante extraos a los de la metanorma espa-
ola. Y, lo que es ms curioso, la tendencia parece ir extendindose
acaso por razones rtmicas a otras personas del coloquio, sobre to-
do a las terceras personas tanto plurales como singulares, inclusive si
no se aplican a seres humanos ni tan siquiera seres vivos".
*
2.A.4. El pronombre sujeto de primera persona del plural: NO-
SOTROS
_ V
El total de casos analizados ascendi a 98, de los cuales 17 co-
rrespondieron a la presencia del pronombre sujeto y 81 a la ausencia
del mismo.
En nuestro estudio no tuvimos en cuenta las variantes de /s/ fi-
nal: elisin aspiracin sibilante (estudiamo/ estudiamos) pues consideramos que este fenmeno no afectaba ni la
transmisin de la informacin ni el funcionamiento gramatical.

Los resultados obtenidos revelan claramente que la tendencia
para esta persona gramatical es la utilizacin del morfema flexivo de
primera persona del plural y la omisin del pronombre correspon-
diente. Notamos, sin embargo, que en dos casos su uso se debe a la
existencia de una estructura constrastiva:
33. "La situacin del campesino es grave y, sin embargo,
nosotros no somos conscientes de eso".
En los 15 casos restantes verificamos un empleo redundante del
pronombre. Ejemplos:
9
34. "Nosotros hicimos muchas cosas para arreglar el cole-
. gio".
Nuestros resultados corroboran los hallados por Orlando Alba
(1982:127), aunque los porcentajes difieren, debido quizs al dife-
rente pblico encuestado: "De un total de 849 formas verbales don-
de la informacin de persona y nmero no depende de la /s/ (en la


primera del plural "amamos" y en los irregulares "es" y "eres"),
el pronombre slo est presente en 261, es decir, en el 31 o/o de los
casos".
2.A.5. El prohombre sujeto de segunda persona del plural: US-
TEDES

La suma de todos los casos fue de 15: cinco correspondieron a
la presencia del pronombre y diez a la omisin del mismo.
Entre los diez casos en los que el pronombre estaba ausente en-
contramos uno en el que, por la elisin sin nasalizacin de la /N/ final
verbal, se daba una coincidencia fonolgica entre segunda persona del
plural y tercera del singular. Ej.:
35/ Encuestador: Qu les dirasa tus compaeros si estn
conversando en una clase y quieres aten-
der?
w
-
36. Encuestado : Tenga/0/ ms educacin!
Este sincretismo, sin embargo, fue desambiguado a travs del
contexto lingstico y no por medio de la marca pronominal.
i
Con respecto a los casos de presencia del pronombre, en dos
oportunidades su uso fue obligatorio para aclarar la coincidencia
morfo-fonolgica entre segunda y tercera personas del plural en His-
panoamrica. Ejemplo:
37. "Yo no te digo que t ests errada, pero en parte el
que ustedes se sientan inferiores o sean inferiores, us-
tedes tienen la culpa".
*
___ x
En los tres casos restantes, su presencia es redundante ya que
el contexto lingstico desambiguara aquella coincidencia:
38. Encuestador: "Qu nos preguntaras a los profesores?
___
39. Encuestado : Que con qu finalidad estn ustedes en-
seando en esta Universidad.
13


2.A.6. Los pronombres sujeto de tercera persona del plural:
ELLAS-ELLOS.
Fueron analizados 267 casos, 41 de presencia del pronombre su-
jeto y 226 de ausencia del mismo.
s
Las variables que formaron parte de nuestro anlisis fueron:
a) La presencia o ausencia del contexto lingstico.
i
b) El sincretismo entre segunda y tercera persona del plural.
c) La coincidencia fonolgica entre la tercera persona del plu-
ral y la tercera del singular motivada por la elisin sin nasalizacin de
la /n/ final verbal. Ntese que para este trabajo no se tabularon las
otras variantes de /n/ final (nasal alveolar o asimilada, velar y elidida
con nasalizacin) pues todas retienen la informacin semntica de
tercera persona del plural.
d) La presencia de estructuras constrastivas.
De los 41 casos en los que se registra la presencia del pronom-
bre, se postula que en 34, es decir, el 82.9 o/o es utilizado de manera
redundante debido a la presencia del morfema flexivo de persona y
nmero contenido en el verbo y a la funcin desambiguadora ejercida
por el contexto. Ejemplo:
40. Encuestador: "Qu me puedes decir de tus compae-
ros?"

41. Encuestado : "Ellos eran muy buenos, todos tenamos
una unin".
Ahora bien, dada la coincidencia morfo-fonolgica existente
entre 2da. y 3ra. persona del plural, concluiramos que el contexto
lingstico asume una funcin mucho ms relevante que la desinen-
cia verbal. Encontramos, sin embargo, en nuestra muestra, un mni-
mo porcentaje de casos en los que la ausencia del contexto exigira la
presencia del pronombre. Pero la tendencia de los hablantes no fue
a usarlo sino a omitirlo creando confusin respecto a la persona gra-
matical aludida. No podemos dar una explicacin certera para este
fenmeno. Quizs una encuesta con mayor proporcin de datos da-
ra ms luz al respecto.
14


En relacin al sincretismo observado entre la tercera persona
plural y tercera del singular, ste es tan poco significativo para este
caso (2.4 o/o) que no se retuvo como elemento clarificador. Curio-
samente, este factor registr un ndice superior (4.4 o/o) donde era
esperable no hallarlo, es decir, cuando el pronombre estaba ausente.
Observamos, sin embargo, que el contexto lingstico precedente
despejaba el menor asomo de ambigedad, hecho que nos hace supo-
ner que para este pronombre los hablantes prefirieron la funcin de-
sambiguadora del contexto lingstico a la marca pronominal. La-
mentablemente el.nmero de casos presentados y la no existencia
de elisin de /n/ sin contexto lingstico precedente nos llevan solo
a plantear este tema sin poder concluir al respecto.

Por ltimo, y ep relacin a las estructuras contrastivas, solo en-
contramos dos casos que justificaron el uso del pronombre.
Inferimos del anlisis precedente que los hablantes, en la mayo-
ra de los casos, mantienen una marca morfolgica flexiva en el ver-
bo. En este aspecto, nuestros resultados con relacin a la elisin de
la /n/ morfemtica verbal son comparables a los obtenidos por Ana
Margarita H. de Yunn (1982:9) para la misma ciudad de Santiago y
a los registrados por Shana Poplack (1982) y Lpez Morales (1982:
13) para el espaol puertorriqueo, si bien los ndices cuantitativos
difieren debido probablemente a los distintos pblicos enfocados.

2.B. Los pronombres sujeto segn los factores extralingsti-
cos
2.B.I. La condicin socio-econmica
Para esta clasificacin se tomaron en cuenta tres niveles: el ba-
jo, correspondiente a salarios que oscilan entre 150 y 400 pesos men-
suales; el medio cuyos salarios iban de 400 a 1,000 pesos mensuales y
el alto, ms de 1,000 pesos mensuales.
2.B.2. El sexo -
-
Cabe retener que los niveles socio-econmicos bajos resultaron
ms propensos al uso de los pronombres personales de primera y se-
gunda personas del singular y primera del plural. Para el resto de los
casos las tendencias a la presencia o a la ausencia son compartidas
por todos los grupos sociales. El sexo parece diferenciar la utiliza-
15



cin de las primera y tercera personas del plural en las que los hom-
bres son ms propensos a la omisin de los pronombres. El fenme-
no inverso se da para la segunda persona del singular. Las diferen-
ciaciones son menos marcadas para las dos primeras personas del sin-
gular, aunque se manifiesta ms la utilizacin de los pronombres de
la Ira. en los hombres y de 2da. en las mujeres.

ni. CONCLUSIN
En el trabajo precedente hemos tratado de establecer y de cuan-
tificar algunos factores lingsticos que favorecern la presencia de
los pronombres personales sujeto en el habla santiaguera. Se ha com-
probado que existe una clara tendencia al uso de los pronombres de
primera y segunda personas del singular. Con respecto a los otros
pronombres sujeto, los porcentajes de ausencia son superiores, por
lo que en ningn momento podramos hablar de una propagacin
masiva del esquema pronombre-verbo, como lo hiciera Jimnez Saba-
ter. Ahora bien, en la mayor parte de los casos en los que los pro-
nombres fueron utilizados, y tal como concluyramos por separado
para cada uno de ellos, se ha observado que las variables: tipo de ver-
bo utilizado, estructura constrastiva y funcin del contexto lingsti-
co han sido sumamente tiles. La presencia de los pronombres est,
pues, parcialmente regida por factores funcionales. Es de observar
que el parmetro "redundancia" debe ser reconsiderado en su real
dimensin.
En cuanto a los factores extralingsticos, slo el socio-econ-
mico fue retenido como parmetro revelador, ya que observamos
que los niveles ms bajos favorecen la presencia del pronombre.
4
Finalmente, cabe decir que este trabajo no es ms que una etapa
de una investigacin mayor en,la que se piensa incorporar mayor n-
mero de informantes de manera que las variables sociolingsticas de
edad, escolaridad, nivel socio-econmico y sexo permitan realizar un
anlisis ms completo, y luego, en una segunda fase, comparar las
prducciones dominicanas con las de otras zonas hispnicas.
a 9 w
BIBLIOGRAFA
t
Alba, Orlando. ESTRATIFICACIN SOCIAL DEL ESPAOL DE SANTIAGO:
variacin de la /s/ implosiva. Santiago de los Caballeros, Universidad Cat-
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V
16


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4
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Olivares, Cambridge University Press, 1982.


>
I


UNA APROXIMACIN A LA LECTURA DE EL POZO MUERTO
Por Ricardo Minino Gmez
Oh

Ediciones de la obra
El Pozo Muerto, de Hctor Inchustegui Cabral, sali a la luz a co-
mienzos del 1960, marcado con el nmero 17 de la Coleccin Pensa-
miento Dominicano. Apareci nuevamente, esta vez en la colecin
de la Universidad Catlica Madre y Maestra, en 1980, con reproduc-
cin facsmil del texto, pero con numeracin diferente de las pginas
y otras ligeras modificaciones de orden externo. La obra ocupa el
undcimo lugar en la bibliografa del autor y fue su segundo libro de
prosa. Citar segn la paginacin de 1980.
i
Retrato de Inchustegui Cabral
La edicin original se abre con un retrato del autor, que en la ree-
dicin aparece despus de la dedicatoria. Est firmado por Eligi Pi-
chardo, en 1958, ao en que Inchustegui alcanz los 46 de edad.
a
Dicho retrato, una composicin ms simblica que verista, disimu-
la las profundas entradas que ya para entonces le ampliaban la frente
al poeta, le abulta en demasa las facciones y reduce su rostro a unas
microdimensiones que no se compadecen con la realidad. La juntura
de los labios traduce un momento de preocupacin, en consonancia
con el dejo de tristeza y de reflexin idagativa que se deprende de la
disposicin de los ojos. Las gafas, muy acentuadas, evocan en cierto
modo al personaje Too Colas, protagonista del poema narrativo
Muerte en El Edn (ver captulos IV y XIV). El fondo de trazos en
cuadrcula amplia, con lneas accesorias, podra sugerir que el perso-
naje emerge libre de la crcel de bambes que era entonces la Patria,
por muy atrapadas que estuvieran algunas porciones de su ser en las
redes circundantes. >
19


La dedicatoria
Es una pieza obligada del protocolo vigente en el momento. Que-
da por determinar el grado de conviccin que reflejan aquellas lneas,
vulnerables en muchos aspectos, donde leemos que Trujillo fue un
factor positivo para "convertir en realidades lo que ayer fueron nada
ms, que esfuerzos ambiciosos de una generacin que naci a la fe con
l." La nocin de que el acto de fe en aquel lder no fue en vano re-
curre, como idea matriz, en varios fragmentos del texto.
Puede compararse esa idea con el valor efectivo que el poeta le
atribuye a la fe, como gua de la conducta y base del triunfo, en un
pasaje del captulo XX de Muerte en El Edn que comienza con los
versos:
La brjula no lleva a parte alguna,
es la fe del capitn lo que nos gua.
El Pozo Muerto como documento
El Pozo Muerto es una obra bien conocida por los estudiosos de las
letras dominicanas, como se desprende de la frecuencia con que es ci-
tada y de las ponderadas menciones que ha recibido su valor docu-
mental.
#
Una simple lista de los nombres de las personas que el autor men-
ciona o hace intervenir, sera suficiente para avalar la riqueza infor-
mativa del libro.
Abundan las alusiones y referencias a la propia labor de Inchuste-
guie como poeta y escritor. Nos transmite y razona sus posiciones
estticas. Pone a desfilar porciones inmensas y bien rotuladas del an-
chsimo mundo de libros, tendencias y realidades dentro del cual se
mova. La impresionante carga de acontecimientos, personajes e
ideas no ahoga el inters del relato, antes bien lo refuerza, a travs
del resorte de atractivas secuencias decumentales sobre aconteceres
externos o intimidades anmicas.
Lo dominicano en el libro



El contenido est centrado en la experiencia dominicana del autor,
que se siente inserto, como agente significativo, en un proceso de des-
I
20
4*


cubrimiento y afirmacin de los valores autctonos. Va, en parte, de
la mano de Domingo Moreno Jimenes, esa "especie de profeta" (pg.
40) que tan decisivas huellas dej en el espritu y en la obra de In-
chustegui. Moreno Jimenes, a veces es persona, a veces como obje-
to de un debage a propsito de sus versos u opiniones, aparece y rea-
parece a lo largo del libro como smbolo de un ideal a perseguir por
las letras nacionales.
-
? m9 >w
A la luz de su repercusin en nuestro ambiente, el texto rememora
conflictos y situaciones de alcance mundial, como la Primera Guerra
con su postguerra, cuando, al decir del narrador, la juventud com-
prendi que debamos buscar nuestros propios caminos, pues Europa
se derrumba y se perda para nosotros. (Ver pgs. 39 y 184, tc).
Algunos escenarios y crculos del exterior donde Inchustegui se
desenvolvi, principalmente como diplomtico, penetran en el texto
a manera de bloques fragmentarios. La ligazn con lo dominicano
es evidente, y viene dada, por lo regular, a travs del carcter de mi-
siones cumplidas a favor del rgimen a tenor de lo relatado en los res-
pectivos episodios. El programa del libro permite que el autor se de-
tenga con cierta morosidad a presentar las actuaciones en el extranje-
ro del funcionario leal, pero le impide que se detenga a referirnos lo
que signific para su pensamiento y su emocin, para su persona y
para su arte, un contacto directo, prolongado, con mundos y hom-
bres que estn ms all de nuestras playas. No son captulos que se le
olvidaron al cronista, podra tratarse ms bien de confidencias que
no habra soportado el contexto. Las ausencias del caso, me atrevo
a contabilizarlas como prdidas. Pero no afectan el plan general de la
obra o sus propsitos.
Inchustegui como prosista
* *
Reconocida desde hace tiempo la legitimidad de los modos poti-
cos de Inchustegui Cabral, no ha llegado todava la hora de pasar in-
ventario a su vasta produccin en prosa y someterla a un anlisis valo-
rativo rigoroso. La tarea ser ardua, pero se impone emprenderla.
Limitndonos, por ahora, al libro que estudiamos, me parece lcito
afirmar que El Pozo Muerto, salvo debilidades especficas de fondo y
forma, es, en conjunto, una obra amable, como el autor quera que
fuera. (Pg. 195). Con muchas garras cortadas, por decirlo parafra-
seando a Hctor. (Ver pg. 198).
-
21



> 4%
Nos encontramos ante una secuencia de captulos de contenido
autobiogrfico, muy cercanos algunos, formalmente, a la crnica pe-
riodstica y el artculo ligero. Otros tienden al ensayo de ideas y de
opinin. Por todo el libro hay esparcidos gran hondura conceptual,
vividos cuadros de la vida cotidiana y evocaciones de autntica fuerza
lrica.
La suma de todo aquello constituye un notable reportaje de las co-
sas que el autor quiso reportar. Transmite los frutos de su observa-
cin acuciosa y de su reflexin continua con precisin y sencillez.
Pese a ciertas apariencias de fro distanciamiento, da seales inequ-
ca de una clida participacin las ms veces. Vanse, por ejemplo:
f
la visin descarnada del pueblo natal, pp. 9-10;
los ms lejanos recuerdos de infancia, p. 17;
las andanzas por el barrio alegre, pp. 47-50;
las reflexiones ante la muerte de su padre, p. 80;
las estrecheces econmicas, con la escena de la
mudanza de madrugada y de la familia que corta y
envuelve cuadritos de dulce de guayaba, p. 83;
las ancdotas a propsito de Pea Batlle, pp. 131-141;
la defensa de los Cuadernos Dominicanos de Cultura,
: pp. 175-176;
y tantas y tantas pginas que son ventanas abiertas
hacia los ambientes que Hctor frecuentaba, y puertas
por donde pasamos a conversar con l sobre los temas
que nos propone.

La obra contiene, sin duda, omisiones e hiprboles de nota, as co-
mo algunas interpretaciones algo acomodaticias de acontecimientos
que no quedan en absoluto resueltos con la salida burlona, sarcstica
o evasiva que reciben en el texto. Pienso de manera especial en epi-
sodios del captulo "Congresos de Prensa", (pp. 114115) y en cier-
tos fragmentos del captulo "Quito, Guayaquil, La Habana".
Dimensiones polticas. Aquiescencia y rebelda
^ V f
Recordemos la frase con que comienza el captulo Las ideas
(19281957): "Todo es poltica, hasta este libro con sus inocentes
incursiones a intimidades intrascedentes..." (p. 183). La considera-
cin da pie para dejar constancia del papel que tienen que haber ju-
gado ciertas dimensiones de orden poltico en la seleccin y en la
elaboracin conceptual y literaria del texto. Est por determinar la
% 4 -
22


accin concreta d tales dimensiones en cuanto factores condicionan-
tes de la gnesis y la conformacin del relato.

Como seal Gatn Arce (A manera de eplogo, en Obra Potica
Completa d H. I. C, p. 561), el autor desarroll "actividades perio-
dsticas forzosamente aquiescentes durante la tirana de Trujillo".
En esta misma lnea de ideas, se impone reconocer que El Pozo Muer-
to no est exento de pasajes aquiescentes, como puede comprobar
cualquier lector. Pero la investigacin histrio-literaria tiene el deber
de establecer lo que puede haber de rebelda en el libro, sea entre l-
neas, sea negro sobre blanco, a flor de pgina.
Es oportuno recordar que Inchustegui Cabral, funcionario del
rgimen de Trujillo y favorecido con un trato amistoso por el manda-
tario, encontr la manera de externar su libertad de espritu hasta un
nivel que podemos llamar excepcional para aquella etapa de nuestra
historia.

*
Recursos narrativos y estilo
Abundan los pasajes descriptivos; escuetos, en general, pero
certeros. Los dilogos son breves, muchos de corte anecdtico. En
el captulo primero, destaca el estilo directo, en voz narrativa enmar-
cada. Los ms diversos personajes quedan caracterizados en unos po-
cos rasgos. Vase, por ejemplo, a don Federico Henrquez y Carvajal,
rector universitario, con el cabello blanco manchado de tinta, cuando
desaprueba que Hctor se case tan joven. (Pg. 75).

El flujo narrativo es gil. El vocabulario, rico y acomodado a las
situaciones, sin rebuscamientos ni remilgos. Las palabras y la fraseo-
loga, pintorescas por momentos, tienen mucho de coloquial, pero
tambin soportan una carga ingente de alusin literaria y cultural.
9
La construccin, Con muy buenos ejemplos de frase rpida y cor-
tada, se remansa a ratos en el prrafo lento y ampliado.
.__a. A ^
f
En algunos perodos largos, la sintaxis resulta alambicada, y hasta
incorrecta, a veces por errata, pero esta no es siempre la explicacin.
Inchustegui, gran conocedor del idioma y Acadmico de la Lengua,
incurra de rutina en determinados descuidos y manejaba a su manera
algunos aspectos de la construccin y la concordancia.
a
Algunas normas de acentuacin que entraron en vigencia en 1959


no estn aplicadas, obviamente, en la edicin original. Es una lstima
que la edicin de 1980 no apareciera remozada en este aspecto. Una
depuracin del texto en cuanto a puntuacin y dems elementos nor-
mativos, lo actualizara ventajosamente. Me refiero a lo que pueda
haber de descuido editorial, en ningn caso a lo que se demuestre que
responde a la voluntad expresiva del autor.
El ttulo del libro
Los pozos de los patios de su pueblo estn alojados entre los re-
cuerdos ms lejanos del narrador (ver p. 7). El ttulo del libro, sin el
adjetivo "muerto", encabeza dos captulos, el segundo y el ltimo.
El primero de estos refiere cmo construyeron el pozo, en la em-
palizada que separa el patio de dos casas. Los nios levantaban la
tapa de madera del pozo y gritaban; el pozo responda con un eco
que deformaba los gritos. Al regresar, treinta aos despus, el pozo
estaba muerto, "si hubiera gritado, nadie habra respondido". Y el
narrador aade: "Los pozos ciegos son como el pasado, como mi
pasado, que no deja retornar mis gritos, que impide que regresen a su
punto de partida nuestras palabras, nuestra risa."

El pozo muerto se convierte, pues, en un smbolo del pasado.
En el ltimo captulo, el pozo material no tiene cabida. El nico
pozo que vislumbramos es el pasado, el propio pasado del autor,
con el<:ual se enfrenta un 31 de diciembre, solo, y al parecer en tierra
extraa. Y comienza a reconstruir ese pasado. "Escrib furiosamen-
te. El conocido Demonio se haba apoderado de m." (p. 195). Ese
demonio es la inspiracin, la necesidad de expresarse. Invoca sus re-
cuerdos. "Medio borracho de caf, con la garganta quemada por el
humo de los cigarrillos que fumaba incansable y estpidamente, ve-
nan las comparsas, con sus solemnes trajes negros o como en masca-
rada." (p. 197). Entonces, se sinti golpeado por el abandono radi-
cal en que vivimos los humanos: "Y descubr tarde, muy arde, que
los muertos no se quedan solos ... Los que se quedan solos son los vi-
vos y su soledad tienen que apurarla todos los das ... y un da llega
en que por temor a quedarnos ms solos de lo que permite la vida,
nos agarramos del enemigo, y sabindolo no lo echamos de nuestro
lado ..." (p. 197). Son frases tajantes y enigmticas, donde se com-
binan el miedo y la soledad, conceptos claves en la obra potica de
Inchustegui, y que aqu aparecen en la forma de "temor a quedarse
solo." Frente a este quedarse solo, es preferible ir con el enemigo,
24


I
"aunque se est mal acompaado". As concluye la ltima proposi-
cin de la obra.
El autor como narrador y personaje central

Hctor Inchustegui, personaje central de este libro, nunca pudo
arrancarse ni resolver la angustia que hizo pblica en su primer libro
de poemas. Pero no busc excusas en su herida potica para entregar-
se a la desesperacin o a la abulia. Fue un hombre laborioso y cor-
ts, optimista, buen conversador y mejor oyente, creyente decidido
en que el ser humano es mejorable; y estas cualidades y actitudes del
hombre se reflejan en la elaboracin literaria que plasm de s mismo
en el relato. Tambin su relativa timidez, su notoria modestia, su fi-
delidad a ciertos postulados, su nimo agradecido, su discreto sentido
del humor que le permita tomar a broma las propias debilidades y
peripecias, estn presentes en la imagen que construye. Tuvo adver-
sarios, y ms de uno recibe mencin en la obra, pero no hay pasajes
en que el cuadro aparezca dominado por la invectiva ciega o por la
expresin desbordada de un resentimiento. Emplea un gran tacto en
los pasajes apologticos, dirigidos a defender sus posiciones.

-
Las vivencias, juicios y sentimientos del narrador constituyen el eje
del relato. Pero Hctor concede a los lugares, las situaciones, los
aconteceres, las ideas, un alto grado de autonoma, de objetividad, en
sentido literario. Dicho de otro modo, la figura del narrador no mar-
gina de sus respectivos roles a los dems personajes ni pretende con-
vertirse en intrprete y juez irrefutable de la realidad. El sentido de
objetividad y moderacin se desgrana a manos llenas por todo el li-
bro.

Puede servir como ejemplo, en las pginas 127 a 129, el relato de
la primera declamacin en pblico del Canto triste a la Patria bien
amada. Aplauden de pie, y Hctor no tiene por qu ocultarlo. Pero
desplaza la atencin hacia la declamadora, hacia los asistentes y hacia
la penosa turbacin que le produjeron los aplausos y la subida a la ta-
rima.
/ m i
En la pgina 95 nos refiere Inchustegui cmo compuso el poema
en la oficina, una maana antes del trabajo y lo dio a conocer en pri-
vado. Recibe una alabanza indirecta y la premonicin de que su ta-
lento le causar dificultades. De inmediato, la ocasin le da pie para
exaltar las dotes de Llovet, personaje presente, por lo dems, en mu-
chas pginas del texto, lo mismo entre pinceladas de humor y desen-
fado, que en circunstancias de contenida tristeza.


I
Citar todava las reflexiones que se desencadenan en la pgina
176 a propsito de una opinin de Antonio Fernndez Spencer. Di-
ce Hctor: "Es, a mi juicio, lo ms acertado que se haya escrito sobre
mis propios versos ... Tanta satisfaccin me produjo su lectura que ni
siquiera tomo en cuenta la dura verdad que dice, mucho ms dura
porque es verdad que reconozco, de que carezco de sentido artstico
al manejar las palabras." Sea cual sea la razn que motiv una reac-
cin tan mesurada, no es frecuente que un poeta admita tan serena-
mente que el crtico est en lo cierto al sealarle algn defecto. A-
duzco el testimonio, sin intencin de enjuiciar las valoraciones en jue-
go.
" ^ -* \ f ^ l
Articulacin del contenido
*
La secuencia de los captulos no se ajusta a una ordenacin crono-
lgica o temtica lineal. Pero el orden de aparicin de los captulos y
de los grupos de captulos, as como la eficacia de los saltos y de los
enlaces permiten asegurar que la ordenacin del material responde a
un plan cuidadosamente elaborado. Las sinuosidades de la articula-
cin tienen su razn de ser.
Ofrezco a continuacin una somera revisin de los ttulos y los
contenidos de los treinta y dos captulos de la obra, en \\n orden de
pura conveniencia.
Ban, tres parte, separadas entre s la primera y la segunda por dos
captulos intercalados. Infancia y juventud. Datos y planteamientos
sobre la religin, el arte, el amor, la literatura, la poltica y la evolu-
cin de la sociedad dominicana, desde perspectiva muy personal. El
caamazo del primer captulo de la serie, y primero del libro, lo cons-
tituyen las relaciones entre pasado y presente, realidad e irrealidad,
muertos y vivos. Fuera de la serie, Ban (1933) refiere las andanzas
del grupo por el barrio alegre, de cuyos recuerdos sac Inchustegui
el escenario para Muerte en El Edn.
La Cueva, dos partes. Noticias sobre las reuniones y discusiones del
grupo. Querella en torno al romance, tema que Inchustegui aborda
en otros escritos, y sobre el cual vuelve en el penltimo captulo. En
este asunto, Juan Bosch fu abanderado de una posicin opuesta a la
del narrador.
Los trabajos y los das, cinco partes de contenido muy heterog-
neo, unificados bajo el ttulo del poema homnimo de Hesodo. La


cronologa se superpone a la de varios captulos anteriores. Oficios y
ocupaciones, cambios de residencia, afanes de la vida diaria, lucha
por la subsistencia. Devaneos de adolescencia. Enfermedad y muerte
de personas queridas. Matrimonio con Candita. Nacimiento del pri-
mer hijo. En la cuarta parte, la escritura "como una dolorosa necesi-
dad", con pginas insuperables sobre el proceso material y espiritual
de la creacin literaria. En la segunda parte, primera experiencia uni-
versitaria del autor, como empleado, oyente de ctedras, y beneficia-
rio de los tesoros de la biblioteca. Inchustegui no complet estudios
formales; pero el'saber y la experiencia que acumul le permitieron
no slo ocupar elevadas posiciones en la vida pblica, sino tambin
desempearse como profesor y alto funcionario acadmico. La Uni-
versidad Catlica Madre y Maestra lo distingui en 1970 con el ttulo
de Doctor Honoris Causa.
Los peridicos, tres partes. Narracin rpida, relativamente super-
ficial, con escenas plsticas del quehacer de un peridico y abundan-
tes noticias sobre los compaeros de trabajo. Por la cronologa, son
hechos posteriores a Los trabajos y los das, y encabalgados con los
de La Cueva. Mejoran los ingresos; asciende a editorialista del listn
Diario; editorialista y Jefe de Redaccin de La Nacin; Director de
La Opinin. Vicisitudes por las que atraviesan dichos medios de in-
formacin.
m _^
Congresos de Prensa. Puede considerarse como un apndice de la
seccin anterior, pero el tratamiento estilstico y el tono expositivo
son muy diferentes.
Manuel A. Pea Batlle, dos partes. La primera insiste en la sem-
blanza del idelogo; la segunda, en la del hombre. Pero la separacin
no es neta. Inchustegui conserv siempre gran reverencia hacia la
memoria de Pea Batlle, y completa su juicio sobre el controversial
intelectual en escritos posteriores. ~
Los captulos Pedro Rene y Margarita Contn Aybar y Barahona
foman una unidad. En ambos, aos escolares del narrador, primeros
contactos con el periodismo. En Barahona, la naturaleza y contacto
con el medio rural del Sur. El otro captulo se desarrolla parte en el
pueblo y parte en la capital, donde los hermanos Contn Aybar, el
crtico y la declamadora, dieron a conocer los versos de Inchustegui.
Azua. Afinidades de fondo y forma con los dos anteriores. Den-
27


tro del plan de la obra, inicia una retrospeccin hacia los aos en que
la familia se mud varias veces a causa de los traslados del padre.
Dios, dos partes. Dudas, inquietudes, lecturas, un acercamiento a
la Iglesia, concepcin de Dios. Inchustegui mantuvo una lnea inde-
pendiente en su profundas actitudes religiosas. La sed de Dios que lo
agobiaba ocupa un lugar importante en el captulo En poesa, donde
se ocupa de la lnea evolutiva que recorri entre Poemas de una sola
angustia y Las nsulas extraas. Tambin en el captulo Ban, segun-
da parte, aborda el problema de Dios.
Quito, Guayaquil, La Habana. Episodios de la vida diplomtica
del narrador. Por las actitudes, y en parte por la ubicacin de los he-
chos, forma un par con Congresos de Prensa.
i
El primer amor (1926) y La mujer del chino, muy distantes en co-
locacin, elaboracin y contenido, tienen en comn el motivo del
amor, que recurre en el texto bajo diferentes aspectos, y que siempre
est presente en la poesa inchausteguiana, junto a la veta social y a la
reflexin filosfica.
1

Los poetas reales, En poesa (19281957) y La Poesa Sorprendi-
da estn unificados por el elemento poesa, que es un uso trivial de
sociedad, en el primero; una categora sustancial para Inchustegui,
en el segundo; y en el tercero, el soporte de un movimiento literario
dominicano con el cual el autor no estuvo alineado.
Lenguas de azul sobre el suelo (1912). Se inicia con el nacimiento
del autor. Forma unidad temtica con el captulo primero.

El pozo, pg. 15, donde el pozo es un pozo real que despareci; y
El pozo (1957), donde el pozo, en sentido literal, es El pozo muerto,
o sea, este libro autobiogrfico, sntesis de cuarenta y cinco aos de
vida del narrador. Viene a ser como un prlogo pospuesto (ver p. 195),
tema de la comunin y la distancia entre el presente y los recuerdos,
los vivos y los muertos, vuelve a aparecer.
-
Las ideas (19281957). Recapitulacin y complementacin de
datos referentes a la evolucin ideolgica del autor y a su opcin po-
ltica. Juicio sobre la obra de Trujillo, muy unilateral, pero bastante
sobrio. Varios de los ensayos que public en "De Literatura Domini-
cana Siglo XX", muchos aos despus, nos ayudarn a determinar lo
28


circunstancial y lo permanente en el pensamiento poltico de Inchus-
tegui Cabral. Desde nuestra perspectiva, el prrafo final (p. 192) es
uno de los menos felices. No muchos suscribiran hoy que en la Era
de Trujillo "Nos expresamos como nos dio la gana"; ni resiste el exa-
men histrico la segerencia de que entonces hubo "libertad sin corta-
pisas." Pero contiene una apreciacin que, si la limpiamos de la esco-
ria que la rodea, es digna del Inchustegui imperecedero. Dice as,
hablando de los cambios: "... los que no los efectan o son tontos
de remate o inconsecuentes con la vida misma que exige transforma-
ciones, variacin de posiciones e ideas que estn aferradas y justifi-
cadas en cada edad, .biolgicamente.".
Estas ltimas frases retratan la dinmica vital de Hctor Inchuste-
gui Cabral, siempre dispuesto a buscar y transformarse.

0
\
\
29


f
f


A PROPOSITO DE LA IDENTIDAD LINGISTICA DOMINICANA
Por Orlando Alba
0. Reflexiones preliminares
V 3W *
Con frecuencia, al or o al leer a quienes se han ocupado del tema
de la identidad nacional, le surge a uno la duda de si el problema ha
sido bien o mal planteado. Los investigadores suelen buscar con afn
nicamente los rasgos privativos o exclusivos del pas en los diferen-
tes aspectos de la realidad dominicana. Su concepcin de la nocin
de identidad parece apoyarse en el concepto de lo distinto, de lo pro-
pio con carcter de exclusividad, es decir, de lo ausente en el resto
del mundo. As sucede, por ejemplo, en el terreno de la lengua don-
de se ha insistido mucho en la idea de "dominicanismo".
m
Tal vez resulte ilustrativo en el anlisis de la cuestin recordar la
etimologa del trmino "identidad", que procede del sustantivo lati-
no "identitas" "identitatis", que a su vez deriva de "idem", es decir,
"lo mismo". El Diccionario de la Real Academia registra la siguiente
definicin: "hecho de ser una persona o cosa la misma que se supone
o se busca.". Etimolgicamente, pues, el sentido de "identidad" po-
dra reformularse por medio del trmino "mismidad".

Que la mismidad radique prioritariamente o no en las particulari-
dades privativas de un ser, es un asunto que debe responder la filoso-
fa. Lo que s debe admitirse, a mi entender, es que lingstica-
mente hablando el estudio de la identidad equivale simplemente a la
bsqueda de la verdad, al anlisis de la realidad en cuanto tal, en for-
ma objetiva. De lo que se trata es de descubrir lo que la realidad es,
independientemente de su parentesco o de su diferenciacin con res-
pecto a otras realidades. En principio, nada impide que los elemen-
tos caracterizadores o identificadores de una cosa, de un pas o de un
dialecto, por ejemplo, sean compartidos por otro.

Es ms, si se piensa en el significado del adjetivo "idntico", se
descubre que presupone la existencia de dos o ms trminos cuyas

31


caractersticas coinciden. Segn la Academia "idntico" es lo que en
substancia y accidentes es lo mismo que otra cosa con que se compa-
ra.
En consecuencia, considero que en el mbito de lo social, lo lin-
gstico, etc., aunque se reconozca la importancia de lo individualiza-
dor, no se debe exagerar la bsqueda a ultranza de factores distinti-
vos y aislantes, cuando la prevalencia de lo comn y compartido es
innegalbe.
A propsito de todo esto, me parece oportuno aludir aqu a las te-
sis tan generalizadas, no solo aqu sino en todo el mundo, que pro-
pugnan por un "nacionalismo cultural" y que han generado una lu-
cha por la independencia cultural a fin de desarrollar la "propia cul-
tura".
En un enjundioso ensayo titulado "El elefante y la cultura", Mario
Vargas Llosa cuestiona la validez y la adecuacin de tales ideas a las
que, sostiene, "la ignorancia de un lado y la demagogia de otro, han
dado carta de ciudadana". Afirma el escritor peruano: "En realidad
no existen culturas 'dependientes' y 'emancipadas' ni nada que se les
parezca. Existen culturas pobres y ricas, arcainas y modernas, dbiles
y poderosas. Dependientes lo son todas, inevitablemente. Lo fueron
siempre, pero lo son ms ahora, en que el extraordinario adelanto de
las comunicaciones ha volatilizado las barreras entre las naciones y
hecho a todos los pueblos copartcipes inmediatos y simultneos de
la actualidad. Ninguna cultura se ha gestado, desenvuelto y lllegado a
" la plenitud sin nutrirse de otras y sin, a su vez, alimentar a las dems,
en un continuo proceso de prstamos y donativos, influencias rec-
procas y mestizajes, en el que sera dificilsimo averiguar qu corres-
ponde a cada cual. Las nociones de 'lo propio' y 'lo ajeno' son dudo-
sas, por no decir absurdas, en el dominio cultural. En el nico campo
en el que tienen asidero el de la lengua ellas se resquebrajan si tra-
tamos de identificarlas con las fronteras geogrficas y polticas de un
pas y convertirlas en sustento del nacionalismo cultural. Por ejem-
plo, es 'propio' o es 'ajeno' para los peruanos el espaol que habla-
mos junto con otros trescientos millones de personas en el mundo?"
(En Isla Abierta, Ao I No.38, sbado 8 de mayo de 1982, pgs. 4-7).
1. Estructuralismovs. Generativismo
En el campo de la lingstica el inters por lo particular o por lo
general es uno de los puntos que separa las dos grandes escuelas del

32


siglo XX: el estructuralismo y el generativismo. Mientras el primero
es ms bien atomizador, hasta el punto de llegar a la diferenciacin
individual postulando la existencia de idiolectos, el segundo recoge
los principios de la vieja Gramtica General y se interesa por lo que
tienen en comn todas las lenguas, por los principios universales de la
estructura del lenguaje.
La oposicin la describe con precisin A. Martinet (en La Teora.
Madrid: Anagrama) cuando afirma lo siguiente: "Los movimientos
transformativistas y generativistas que dan que hablar actualmente se
oponen muy fundamentalmente a la lingstica de los ltimos treinta
aos. Postulan cosas que para nosotros son aboslutamente inadmisi-
bles, por ejemplo: una identidad fundamental de las lenguas...". Ms
adelante agraga Martinet: "Para empezar, Chomsky es un lgico.
Considera la lengua como puede considerarla un lgico. Para l, lo
que le parece interesante, es reducir todas las lenguas a un mismo
"pattern", a una misma estructura. Y esto es exactamente lo contra-
rio de lo que es interesante para un lingista."
No es el momento de someter a crtica las apreciaciones, un tanto
dogmticas y osadas, del afamado lingista francs. Lo que interesa
resaltar aqu y que se encuentra ciertamente fuera de toda discusin,
es el afn generativista de ir en busca de los universales lingsticos.
Este objetivo ha llevado a Chomsky y sus continuadores a asignarle
gran inters al estudio de las estructuras profundas, nivel abstracto de
anlisis en el que se postula la identidad bsica de todas las lenguas
del mundo.
^ /
Parecera lgico suponer, en consecuencia con lo anterior, que la
nueva escuela descuida las mltiples diferencias que se perciben entre
los dialectos de una lengua. Sin embargo, no hay que olvidar que la
diversidad de superficie, es decir, el plano externo de la actuacin, es
explicado como resultante de unas transformaciones que tienen co-
mo punto de partida el nivel interno o profundo.
En este sentido, una dialectologa generativa parte del principio de
que cada complejo dialectal o diasistema presenta una fisonoma ni-
ca a nivel interno o subyacente y las diferencias entre los dialectos
son todas externas o superficiales, y pueden ser perfectamente expli-
cadas como producto de las aplicacin de reglas transformacionales
diferentes o de un orden distinto en la aplicacin de determinadas re-
glas, (cf. Lpez Morales 1976:182-183).
33
- 1


As, en el contexto de las actuales corrientes lingsticas, el foco
de inters se ha desplazado del original almacenamiento de curiosidades
y peculiaridades dialectales, hacia la bsqueda de relaciones y afinida-
des, de puntos en contacto entre lenguas y entre dialectos.
2. El problema
Dentro de esas perspectiva se inscribe este estudio, cuyos principa-
les objetivos consisten en mostrar que:
a. el carcter de dominicanismos atribuido por diversos autores a
muchos elementos lingsticos es falso o, cuando menos, difcilmente
demostrable.
*
*K. 0
b. la bsqueda de la identidad lingstica dominicana no debe cir-
cunscribirse a supuestos rasgos privativos de Santo Domingo.
c. un anlisis objetivo, cuantitativo, de diferentes niveles de la len-
gua obliga a enmarcar la identidad, es decir, la realidad lingstica do-
minicana, dentro de un mbito mayor qu desborda las fronteras
geogrficas y polticas del pas: el Caribe.

A continuacin proceder al anlisis de algunos aspectos lxicos y
fonticos presentes en el espaol dominicano a los que se les ha asig-
nado o se tiene la tentacin de asignar una funcin "diferenciadora"
de la lengua en Repblica Dominicana.
2.1 Aspectos lxicos

Ha sido precisamente en el terreno del vocabulario donde se han
realizado los ms notables esfuerzos por caracterizar de manera pri-
vativa la lengua de los dominicanos.

2.1.1 Arcasmos
En el captulo V de su obra "El Espaol en Santo Domingo",
Pedro Henrquez Urea (1975:55) afirma que "el espaol de Santo
Domingo tiene matiz antiguo en su vocabulario.".

Estaba convencido el ilustre hispanista de que en ningn pas de
habla espaola podra formarse un vocabulario de palabras obsoletas
y obsolescentes que igualara en nmero al de Santo Domingo.
Esta idea central de su obra ha trascendido el tiempo y el espacio
34


llegando a convertirse en un lugar comn repetido an hoy por las
ms diversas obras de la dialectologa hispnica.
A este respecto, y dejando de lado la heterogeneidad del material
presentado por el autor (junto a elementos estrictamente lxicos co-
mo "alfereca" y "mocato", aparecen variantes morfofonticas de
palabras de uso general, como "vagamundo",
da" y variantes semnticas de trminos polismicos, como "
por "enojado" o "dilatarse" por "demorarse"), conviene realizar al-
gunas precisiones.
"conocencia"
rama-
bravo"
En primer lugar, son realmente arcaicas todas las palabras citadas
por Pedro Henrquez Urea? Aunque un diccionario como el acad-
mico no es el instrumento ms idneo para dilucidar la cuestin, re-
sulta revelador el hecho de que del total de 259 trminos recogidos
por el autor, solo 16 no figuran en el ltima edicin del referido dic-
cionario.
Con relacin a las palabras registradas, adems, no se hace ninguna
observacin acerca de su posible carcter regional o arcaico. Muchas
de ellas son de uso corriente icluso en Castilla: "arandela".
"manco"
64
prenda
", "vaguear"
(4
zoquete"
En segundo lugar, los supuestos arcasmos no constituyen un rasgo
propio del espaol dominicano. T. Navarro Toms (1974:210) sea-
la lo siguiente en su clsica obra "El espaol en Puerto Rico": "Con
escasas excepciones, los trminos reunidos en las listas de Henrquez
Urea resultaron familiares a varios puertorriqueos, adultos, consul-
tados a este propsito. Hecha la misma experiencia entre un grupo
de estudiantes, hubo como un 25 o/o de ejemplos que no pudieron
ser reconocidos y otros tantos que fueron identificados con dificul-
tad."
Con respecto a Espaa, el respetable investigador aade (1974:211):
"La mayor parte de las palabras reunidas en las series mencionadas
se oyen corrientemente en los pueblos de Cuenca, Albacete y Ciudad
Real. En el lenguaje de estas provincias no ofrecen nota alguna de
envejecimiento palabras como "alcuza"
fre", "arandelas",
lebrillo", "mojigangas",... etc." Las mis-
"enconarse"
"arrapiezo"
"escampar", "
t 6
cecma
"alfereca", "alifafes"
"cencerrada"
ana-
"corcusir".
mas observaciones podran ser vlidas para gran parte de Andaluca,
habida cuenta del marcado andalucismo que manifiesta a otros nive-
les el espaol dominicano.
35


En tercer lugar, y lo ms imporante de todo, hay que advertir que
en la actualidad una parte considerable de los trminos en cuestin
no forman parte siquiera del vocabulario pasivo de muchos dominica-
nos.
Una encuesta respondida recientemente por 40 estudiantes univer-
sitarios de Santiago arroj como resultado que el 50 o/o de las pala-
bras sealadas como arcaicas por Pedro Henrquez Urea no han sido
odas ni una sola vez. Entre ellas estn: "alifafes", "anabolena",
"arriate", "ballestilla", "cecina", "corcusir", "cuesco", "escofieta",
"mantuano", "monifato", "pateta", "soponcio", "tollina". Otras
que resultaron conocidas u odas, no pertenecen al lxico activo de
los hablantes encuestados ya que se asocian o corresponden de hecho
a sociolectos bajos y rurales: "cicatero", "furnia", "mocato", "basti-
mento", "asuntar".
2.1.2 Indigenismos ~~
El influjo indgena en el vocabulario dominicano ha sido uno
de los temas que ms ha ocupado la atencin de nuestros estudiosos.
Entre todos destacan el propio Pedro Henrquez Urea, -quien escri-
be "Palabras antillanas en el Diccionario de la Academia", "Para la
historia de los indigenismos" y el captulo VII de "El Espaol en San-
to Domingo"- y Emiliano Tejera con sus "Palabras indgenas en la
isla de Santo Domingo".
Estos y otrosrtrabajos de menor envergadura presentan intermina-
bles listas de palabras que dan la impresin de que el sello indgena es
un rasgo distintivo del lxico dominicano. No hay tal. Aparte de que
muchos de esos elementos lxicos son ampliamente conocidos en el
mundo hispnico ("boho", "cacique"^ "maz", "manf', "aguacate",
"cacao", "tomate", "papa"), otros son totalmente desconocidos en
la Repblica Dominicana.

En el estudio "Indigenismos en el espaol hablado en Santiago"
(Alba 1976) he mostrado que del total de 292 palabras de origen in-
dgena reunidas en "El Espaol en Santo Domingo" apenas 107, es
decir, el 37 o/o, forman parte del lxico pasivo de los hablantes san-
tiagueros. Resultaron desconocidos trminos como "arabo", "bi-
hao", "cibucn", "huachinango", "jagey", "nopal". Otros solo per-
tenecen al lxico de un sociolecto determinado, como es el caso de
"caguasa", "cep", "crbano", "gusara", oza", presentes nica-
mente en el vocabulario del grupo socio-econmicamente bajo.
^
36


2.1.3 Dominicanismos
Otros autores no han vacilado en llamar explcitamente con el
nombre de "dominicanismos" a una serie sumamente heterognea de
materiales, muchas veces recogidos librescamente, sin detenerse a
examinar su real vigencia a nivel general en el habla dominicana y su
desconocimiento o no vigencia en el resto del mundo hispnico. Es-
tas son dos condiciones necesarias en el concepto de "dominicanis-
mos" entendido, como hasta ahora, como todo elemento lingstico
privativo de Santo Domingo.
Nos detendremos brevemente en el anlisis de dos obras cronolgi-
camente distanciadas por un lapso de 37 aos pero muy similares en
contenido y en la orientacin o el enfoque "metodolgico".
El primero de esos trabajos es "Dominicanismos", de M. Patn Ma-
ceo, publicado por primera vez en 1940. Con escaso rigor metodol-
gico se mezclan en esta obra no solo frases hechas con palabras, sino
tambin elementos puramente lxicos con fenmenos fonticos y ca-
sos de palabras generales con significado figurado o extendido. Son
numerosos los ejemplos de este ltimos tipo: "barato" = de poca im-
portancia, "caballo" = persona torpe, "lmina"== mujer bonita, "sal" =
mala suerte. Junto a los anteriores abundan casos estrictamente fo-
nticos, como desplazamiento de acento ("abaco" por "abaco", "car-
diaco" por "cardaco"), asimilacin ("velcipido","recilar","catla-
go"), disimilacin ("basudero", "aliniar"), aspiracin de h proceden-
te de f latina ("juir"), etc.
Aparecen tambin palabras de uso general en el mundo hispnico,
como "alegato", "arrojar", "inconcluso", "alborotar". Otras, por su
parte, habra que someterlas a un estudio de campo para demostrar
que son conocidas y usadas por algn sector dominicano: "asicar",
"burgao", "gurgucia", "otomas", "rolar", "siripa".
La segunda publicacin de este gnero a la que hice alusin ante-
riormente es el "Diccionario de Dominicanismos" de Carlos Esteban
Deive, editado en 1977. Escrito 37 aos despus de la aparicin de la
obra de Patn Maceo, resulta realmente anacrnico un trabajo que
exhibe la mayora de las deficiencias metodolgicas del primero.
Ante todo llama poderosamente la atencin la mezcla indiscrimi-
nada de elementos lxicos (palabras) con frases hechas o refranes, los
cuales en muchas pginas predominan numricamente.
37


w
Algunos ejemplos: (pgina 6) aguacate:
"vivir del aire",
ser ms cerrado que un
ajeno: "ser uno ms malo que coger
"recorrer la cortina", cosa: "una co-
'ms vale creerlo
aguacate aire:
lo ajeno"; (pgina 48) cortina:
sa es con guitarra y otra cosa es con violn", creer:
que averiguarlo", cruzar: "estar una cruzada"; (pgina 124) pantaln:
"bajar a uno los pantalones", pao: "estar de paos y manteles", pa-
pel: "entregar los papeles".
Por lo dems, no son pocas las expresiones de ese tipo que resultan
extraas al uso vivo de la lengua. Pinsese, por ejemplo en becerra:
"comer uno de la becerra", bija: "pelo de bija", desprenderse: "des-
prenderse de un sitio", misterio: "temblar el misterio".
Para entender ese hecho hay que tener en cuenta que la recopila-
cin efectuada por Deive se basa en fuentes bibliogrficas y, por lo
visto, bastaba que la palabra o la frase apareciera una sola vez en una
sola fuente para ser incorporada a sus listas. Cabe, pues, la posibili-
dad de que muchos de esos materiales constituyan simplemente ras-
gos idiolectales de algn escritor consultado.
Con respecto a las palabras registradas conviene hace algunas pun-
tualizaciones:
a) muchas representan verdaderos fsiles lxicos ausentes no solo
del vocabulario activo sino del pasivo de la mayora de los hablantes.
Ejemplos: "alcolear", "algoria', "galacha".
b) otras tantas son propias solamente de sociolectos bajos y rurales
y se encuentran, posiblemente, camino a la caducidad, como es el ca-
so de "alzarse" (rebelarse) o de "gabear" (trepar, subir).
c) son tambin abudantes los fenmenos semnticos de sentido fi-
gurado o de extensin significativa de palabras de uso general en epa-
ol. Ejemplos: "dejar" = producir beneficio o ganancia, "bal" =
joroba, "levantar" = conquistar a una mujer, "plato" = techo de
concreto.
Las precedentes observaciones hacen muy difcil de justificar la
presencia de una gran cantidad de palabras en un "Diccionario de Do-
minicanismos
2.2 Aspectos fonticos
Entre los fenmenos fonticos ms generalizados en la Repbli-
38
I


ca Dominicana, que regularmente se sealan en los estudios dialecta-
les hispnicos, se encuentran: el seseo, el yesmo, el debilitamiento y
desaparicin de la /d/ intervoclica y de las alveolares /n/ y /s/ en po-
sicin final de slaba, y la neutralizacin y desaparicin de las lqui-
das implosivas /r/ y /l/.

Todos ellos se producen en mayor o menor grado en Espaa y
Amrica (cf. Zamora Vicente 1970 y Malmberg 1971). Es oportuno
advertir, adems, que en Santo Domingo solo el seseo y el yesmo
son absolutamente generales. Todos los otros fenmenos tienen una
ocurrencia variable que depende de factores sociales, geogrficos y
lingsticos (contextales y estilsticos).
Analicemos ligeramente el caso de la vocalizacin de /r/ y /l/ y el
debilitamiento y elisin de /s/. v
2.2.1 Vocalizacin de Ixl y /I/
A nivel popular e incluso entre algunos escritores nativos que
abordan el tema de la lengua con enfoques superficiales existe la
creencia de que el cambio de r 1 en i ("poique", "aigo") es tpico
de la Repblica Dominicana y que, adems, se produce de manera ca-
tegrica siempre que las lquidas aparecen al final de slaba.
A este respecto son pertinentes las siguientes observaciones:
a) el fenmeno tambin se produce en Canarias, Colombia, Ecua-
dor (cf. Jimnez Sabater 1975:91).
*
b)tal como indica Jimnez Sabater (1975:90), la vocalizacin est
condicionada por el contexto fnico: en interior de palabra no ocu-
rre delante de n y 1, ni despus de i; al final de la palabra slo ocurre
cuando esta es aguda.
Por otra parte, dado que su extensin grogrfica se corresponde
casi exactamente con las fronteras de la regin del Cibao, debemos
concluir que la vocalizacin no constituye propiamente un rasgo lin-
gstico dominicano, sino, en todo caso, cibaeo.
* *

Pero hay ms. Dentro del Cibao el fenmeno solo es "frecuente"
en el habla rural o en la de los grupos sociales bajos donde, adems,
se ha exagerado su vitalidad. El primer estudio cuantitativo realizado
hasta ahora sobre la vocalizacin de las lquidas en el habla rural ci-
baea (cf. Rojas 1982:274) descubre que el porcentaje global de vo-
39


calizaciones solo alcanza el 30 o/o, cifra muy inferior a'la que cabra
esperar segn los datos no cuantificados' ofrecidos por Henrquez
Urea (1975) y Jimnez Sabater (1975), entre otros. Segn los datos
de Rojas (1982:277), la realizacin fontica mayoritaria de /r/ y /l/
implosivas en el Cibao es la misma que en espaol general.
2.2.2 Aspiracin y elisin de /$/
El fenmeno de la aspiracin y elisin de la s final de slaba y
de palabra, ampliamente extendido en el mbito hispnico a ambos
lados del Atlntico, es uno de los mejor conocidos del espaol ya que
ha sido objeto de numerosos estudios cuantitativos que permiten
comparar de manera objetiva el comportamiento ante el proceso de
los diferentes dialectos estudiados.
I
Los datos ofrecidos por varias de esas investigaciones (cf. Ceder-
gren 1973, Terrel 1975 y 1979, Lpez Morales 1980 y Alba 1982)
muestran un notable paralelismo entre el espaol puertorriqueo, el
cubano, el panameo y el de Santiago de los Caballeros. Algunos de
los puntos en comn exhibidos por esos dialectos en torno a la aspi-
racin y elisin de la s aparecen enunciados a continuacin:
-
a) la aspiracin es ms frecuente que la elisin en posicin interna
mientras que al final de palabra predomina la elisin. (Vase cuadro 1).
San Juan ta
Puerto Rico Panam Santiago
- Inte. Fin. Int. Fin. Int. Fin
s 7 10 2 m r 14 10 11
h 81 44 57 36 29 20
0 12 46 41 50 # 61 69
Cuadro 1. Distribucin, en porcentaje, de las variantes de /s/ segn
la posicin en varios dialectos del Caribe.
i
b)la /s/ final de palabra es retenida con mayor frecuencia delante
de vocal y de pausa que ante consonante.
40 -


c) delante de vocal tnica la /s/ final de los determinantes se man-
tiene de forma categrica.
d)las palabras monosilbicas retienen la /s/ ms frecuentemente
que las polisilbicas.
e) los porcentajes globales no muestran diferencias significantivas
entre la elisin de la /s/ con valor morfemtico, como en "libros" o
"cantas" y la de la /s/ no morfemtica, como en "viernes" o "enton-
ces" (vase cuadro 2).

* 4 Panam Cuba Puerto Rico Santiago
No morfemtica 52 30 47 70
Morfemtica 1 48 25 46 68
Cuadro 2. Porcentaje de elisin de /s/ final de palabra segn
su funcin en varios dialectos.
i
i
0 las mujeres se muestran ms conservadoras, es decir, eliden la /s/
menos frecuentemente que los horrtbres.
3. Conclusiones
Es evidente, segn los datos analizados anteriormente, que si exis-
tiese algn elemento lingstico exclusivamente dominicano, resulta-
tara insignificante en comparacin con todos los que compartimos
con otros dialectos hispnicos tanto a nivel lxico como fontico.
Hemos visto que la mayora de los elementos lxicos considerados
como "dominicanismos" no lo son en realidad, ya por tratarse de for-
mas utilizadas tambin en otros pases, ya por ser desconocidos total
o parcialmente en Repblica Dominicana. En rigor solo merece el
nombre de dominicanismo lo que siendo privativo de nuestra lengua
es conocido y empleado por los dominicanos en general, no por una
regin, por un sector cultural y mucho menos por uno o varios escri-
tores.
41


En la prctica esas dos condiciones difcilmente convergen en un
mismo elemento lingstico, aparte de que resultara muy compleja,
por no decir irrealizable, la tarea de demostrar la exclusividad. Ello
presupone el conocimiento previo de la realidad lingstica de todos
los pases de habla hispana.
En el aspecto fontico no existe un fenmeno extendido en Santo
Domingo que no se encuentre presente en otros pases hispnicos,
salvo tal vez la entonacin. Pero la entonacin, que no parece tener
unidad a lo largo del pas, es un terreno muy poco y mal estudiado
como para que podamos realizar comparaciones y hablar de ella con
objetividad. Todo lo que se puede decir en la actualidad en ese as-
pecto cae en el campo de las conjeturas.
Los hechos mejor conocidos hasta ahora, como es el caso de la /$/
final de slaba y de palabra, muestran una gran similitud entre el es-
paol hablado en Santo Domingo y el de los dems pases del Caribe.
En este sentido no cabe dudas de que es incomparablemente ms lo
que nos une que lo que nos separa lingsticamente del resto del
mundo hispnico. En consecuencia, no parece correcto insistir en la
idea de dominicanismo cuando la realidad lingstica dominicana, va-
le decir, nuestra identidad lingstica, forma parte o se encuadra den-
tro de un mbito mayor que es el espaol del Caribe.
f
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43




LA ESTRUCTURACIN GRAMATICAL DEL ESPAOL DOMINI-
CANO Y LA IDENTIDAD DE LOS DOMINICANOS: UNA INTER-
PRETACIN.

mu tmt- ^ -f *
Por Fli x Fernndez
1.0 Introduccin

La identidad de los dominicanos es un tpico que, de una u otra
forma, ha sido abordado por mucha gente en los ltimos tiempos, lo
que parece reflejar una preocupacin sincera por conocer lo que so-
mos. Sin embargo, no todos los intentos han sido coronados por el
xito; no todas las aproximaciones han sido igualmente lcidas y en-
riquecedoras. Es por eso que, en este momento, son escasos los pos-
tulados sobre el tema que se pueden considerar verdades demostra-
bles empricamente, explicables racionalmente.
Hay algunas razn que justifique adecuadamente este estado de
cosas? No dispongo en este momento de una respuesta concluyente y
definitiva. Pero me atrevo a compartir con ustedes mi creencia de
que en esta situacin convergen a) la complejidad inherente al tema,
lo que dificulta la percepcin clara de los hechos y demanda la utili-
zacin de un instrumental terico y prctico bastante sofistificado;
b) la controversialidad que fanatiza apoderndose de la ecuanimidad
y del equilibrio, y c) el inmediatismo-instrumentalismo que, por es-
tar interesado en disponer de respuestas que se puedan "vender", en
la prctica fuerza a una simplificacin que, con frecuencia, conlleva
la desanaturalizacin de los hechos.
As pues, muchas de las conclusiones que han surgido bajo esas
circunstancias son cientficamente un fiasco. Unas carecen de evi-
dencia pertinente que las sustente y apoye, otras responden a secta-
rismos de cualquier tipo y otras no son sino una suerte de invencio-
nes real-maravillosas que bordean la frontera de la fantasa.
ij
-
Uno de los aspectos de la cultura ms frtiles para este tipo de
aproximacin ha sido la relacin entre identidad y lengua en la Rep-
45


blica Dominicana, un tema que hasta hoy los hechos fuerzan a tratar
con suma cautela por una razn muy simple y convincente: ese tema
no ha sido estudiado debidamente.

Ahora bien, por qu ha existido tal propensin a llegar a conclu-
siones "alegres" sobre la relacin entre lengua e identidad? Ignoro
cules son exactamente las razones. Sin embargo, creo con Manuel
Alvar (1978:18) que, en el fondo, estamos ante una manifestacin de
la actitud del hablante frente a su propia lengua. Y, como se ha de-
mostrado fehacientemente, unas veces las actitudes lingsticas se ori-
ginan en la conciencia lingstica y otras veces, en creencias.
Qu diferencia la conciencia lingstica de las creencias? Que
mientras la primera responde a un factor de orden cognoscitivo, ob-
jetivo, experimentable, susceptible de ponerse a prueba, las ltimas
obedecen a un factor de orden conativo o interpretativo, que es sub-
jetivo y que no resiste la comprobacin emprica.
A mi entender, muchas de las opiniones que se han vertido sobre
lo dominicano en la lengua o sobre la lengua como reflejo de lo domi-
nicano se apoyan en creencias cuya validez ya ha sido cuestionada
muy fuertemente por la contundencia de las informaciones que inves-
tigaciones ms rigurosas van aportando.
*
Si este proceso se reorienta y se trata de buscar lo dominicano
con una metodologa ajustada a las exigencias del rigor cientfico,
puede esperarse que poco a poco se vayan produciendo hallazgos,
quizs poco espectaculares, pero definitivos, que vayan sustituyendo
los mitos que con el correr del tiempo han cobrado vida y vigencia.
2.0 Identidad y lengua: definicin de trminos
Los conceptos identidad y lengua constituyen la columna verte-
bral de esta comunicacin. Por ello me permito verbalizar la concep-
cin que, subyacente o expresamente, tengo de estas nociones.
2.1 Identidad
Entendemos la nocin de identidad en su sentido probablemente
ms rudimentario de "lo que somos", que podra formularse ms tc-
nicamente mediante la expresin siguiente: "la condicin de un ser
para consigo mismo de ser lo que es".
46


La adopcin de este punto de vista obliga a hacer algunas preci-
siones importantes:
A. La identidad es una abstraccin en la que concurre y se sinte-
tiza una variedad de factores. En este sentido se puede afirmar que
en cuanto resultado final la identidad es una sntesis. Pero siempre
es posible el aislamiento, el desglosamiento, de los factores constituti-
vos.
B. Identidad es una nocin dinmica, cambiante, que "se pone
al da" constantemente frente a la alteracin del equilibrio o impor-
tancia relativa de los elementos que la constituyen.
4
C. Identidad es un concepto eminentemente democrtico en el
sentido de que factores o elementos especficos participan en la for-
macin de la identidad en la medida y proporcin en que tienen vi-
gencia en la vida de la comunidad y de quienes la conforman.
t
D. De acuerdo con Erickson (1974:245) "...la identidad (...) con-
tiene una jerarqua de elementos positivos y negativos". La acepta-
cin de este postulado permite que se adopten como mecanismos
analticos los recursos tpicos del estructuralismo: segmentacin,
clasificacin, sustitucin y oposicin (Alba, Orlando y Flix Fernn-
dez 1981:ll;Benveniste 1974:19-98; Bierwisch 1979:38-43).
2.2 Lengua
<

La lengua es un sistema de comunicacin oral, doblemente articu-
lado, abierto, que permite actualizar las relaciones interpersonales.
Su importancia para el estudio de la identidad ha sido establecida rei-
teradamente.
-A qu se debe que a la lengua se le asigne ese grado de importan-
cia? La razn est, a mi entender, en el hecho de que la lengua, co-
mo instrumento de comunicacin y expresin, refleja con gran fideli-
dad las vivencias y experiencias de un pueblo, su cosmovisin, su idio-
sincracia.
Sin embargo, eso que se afirma de la lengua, considerndola co-
mo una totalidad, amerita algunas puntualizaciones si se trata de ex-
tender a cada una de sus partes. Y es que la lengua, independiente-
mente de la posicin terica que se adopte, constituye un objeto de
estudio multiforme que ha obligado a los estudiosos a establecer cor-
tes metodolgicos o niveles de anlisis (Benveniste 1974:118132).
47


Es as como se suelen distinguir los niveles fontico y fonolgi-
co, cuyo centro de inters es el aspecto fnico; el nivel morfosintcti-
co, cuyo objetivo se fija en los procesos de formacin de palabras y
oraciones, y el nivel semntico, que establece su atencin en el pro-
blema del significado.
Wmm
Ha de tenerse presente que a) el nmero y contenido de los nive-
les puede variar de acuerdo con el marco terico que se adopte, b)
los diversos niveles no constituyen compartimientos estancos inde- -
pendientes entre s, c) el contenido de un nivel no es necesariamente
contradictorio y excluyente del de otro y d) entre los niveles se ex-
tiende una relacin de integracin o composicin.
3.0 Una hiptesis
t
La elaboracin de esta comunicacin parte de un supuesto: los
dominicanos poseemos tina identidad. Cul es? Qu elementos la
configuran? Qu importancia relativa posee cada uno de ellos? Esas
interrogantes, para las que no cuento con una contestacin en este
momento, tendrn que ser enfrentadas poco a poco.
Esa identidad ha de manifestarse como un conjunto de rasgos dife-
renciadpres en razn de su presencia o de su ausencia, en razn de su
forma de presencia o en razn de su cantidad de presencia.
En este encuadre, y de acuerdo con lo expuesto previamente, se-
ra sensato esperar que la lengua, como conjunto, constituya uno de
esos rasgos diferencidores. Sabemos que las lenguas naturales son
cambiantes, maleables,en el tiempo y en el espacio. Sabemos que to-
dos sus elementos son susceptibles de cambiar (Hodge 1977:2). Sa-
bemos que el principal motor del cambio lingnstico es el uso (Cose-
riu 1973:69).
#
Sin embargo, y ste es el punto principal de esta exposicin, cree-
mos que desde el punto de vista del nivel morfosintctico, es decir,
desde el punto de vista gramatical, el espaol dominicano no ofrece
peculiaridades exclusivas que formen parte de nuestra identidad. En
otras palabras, entendemos que la identidad de los dorriinicanos ha
de definirse admitiendo la estructura morfosintctica del castellano

48


general como uno de sus componentes ya que no poseemos rasgos de
este tipo que sean privativos y de uso general de los dominicano.1 )
m
4.0 Anlisis de la hiptesis precedente

La hiptesis precedente podra verse como un poco temeraria
y aventurera. Sin embargo, los datos que se presentan a continuacin,
a pesar de que resultan vulnerables por no ser definitivos, apuntan ha-
cia ella como una tesis.
4.1 Una visin de conjunto ~
Hace algo ms de un mes, don Juan Manuel Lope Blanch haca
un recuento.del estado actual del Estudio Coordinado de la Norma
Culta de las Principales Ciudades de Amrica y de Espaa. Y entre
las conclusiones preliminares que se desgajan de los datos ya conoci-
dos hay una que reza: "La estructura bsica de la lengua es la misma
en los aspectos mayores. Si hay diferencias, se trata de cuestiones
menores, como la entonacin, el vocabulario, etc." (Ponencia leda
en el Primer Congreso sobre el Espaol de Amrica, San Juan, Puerto
Rico, octubre 1982).
Esta opinin, aunque no es definitiva, cuenta con el avaljde un
cmulo de datos reunidos bajo las ms estrictas prescripciones del
quehacer cientfico. Pero es vulnerable en la medida en que esa gene-
realizacin sobrepasa los lmites de la muestra en el sentido de que
no incluye datos sobre el espaol hablado en la Repblica Domini-
cana.
Aunque el rigor cientfico nos obliga a admitir que esa conclusin
no es vlida, stricto sensu, para el espaol dominicano, nuestra expe-
riencia como hablantes, nuestra conciencia lingstica y nuestra in-
tuicin nos llevan a ver en esa afirmacin una hiptesis sumamente
plausible sobre el estado actual de nuestra lengua en ese nivel.
4.2 Un argumento de autoridad
i
Pedro Hernndez Urea, hace ya casi cinco dcadas, afirmaba que:
49


I
La justificacin bsica de esta cita es el deseo de traer a su memo-
ria la visin general de nuestro gran fillogo con respecto al denomi-
nado espaol dominicano, de modo que nos sirva de 'marco para la
formulacin de sus dos (2) afirmaciones esenciales para los fines de
esta exposicin:
(1) "La sintaxis (del espaol dominicano) es la usual del espaol"
(1975:225).
(2) "La morfologa (del espaol dominicano) ofrece muy poca
variacin frente a los usos normales del espaol" (1975:171).

Estas apreciaciones son vulnerables desde diversos puntos de vis-
ta, pero quiero adelamentarme a dos (2) objeciones que me parecen
particularmente importantes:
a. Estas opiniones son anacrnicas, es decir, se forjaron a partir
del contacto con el espaol que se hablaba cuando, probablemente,
muchos de nosotros no habamos nacido.
b. Estas opiniones estn basadas en un estudio realizado con la
metodologa usual en la dialectologa tradicional que se caracteriza,
precisamente, por no prestar ninguna atencin a criterios cuantitati-
vos (1975:7).
Estas apreciaciones de Henrquez Urea son defendibles, bajo
ciertas reservas, desde dos (2) puntos de vista:
50
"En sntesis: el espaol de Santo Domingo presenta como rasgos dis-
tintivos la conservacin de la lengua tradicional, con matices antiguos
y hasta arcaicos ms abundantes que en ningn otro pas del Nuevo
Mundo, y la superposicin de matices criollos, desde poca temprana,
tanto en la adaptacin de vocablos europeos a la nueva vida de Am-
rica como en la adopcin de vocablos indios. La pronunciacin, de
base espaola general, ha adquirido caracteres que en parte se aseme-
jan a os del habla andaluza, como sucede en todas las Antillas. Del
habla culta, que lo es mucho, a la popular, hay diferencias, no muy
numerosas, pero s muy ostensibles, especialmente en la regin del
Cibao. El vocabulario -fuera de los indigenismos-, la morfologa y la
sintaxis tienen fuerte carcter castellano" (1975:250).


(1) Estas opiniones, aparte de ser las primeras que se plantean en
este terreno, tienen el valor de no ser un mero ejercicio especulativo.
Si bien es cierto que no se apoyan en evidencia cuantificada, tampo-
co carecen en absoluto de cierta base documental.

m
(2) Quienes se ocupan del estudio de la historia de las lenguas y
de la lingstica comparada han reconocido el hecho de que, aun
cuando todo puede cambiar en una lengua, no todo cambia al mismo
tiempo ni a la misma velocidad (Hodge 1977:3). Si se admite con la
mayora de los autores que la estructura de la lengua es la parte que
cambia ms lentamente,se entender porqu la opinin de Henrquez
Urea an hoy debe ser tomada en cuenta. ,
t
4.3 El anlisis de textos v
En el ao 1972, como requisito de grado, hice un estudio cuya fi-
nalidad era "mostrar la forma como los estudiantes (de cuarto ao de
bachillerato de Saniago de esa poca) manejan la oracin de estruc-
tura compleja y detectar usos anmalos frente a modelos considera-
dos como recomendables dentro de la lengua espaola escrita de hoy"
(1972:2).
-
La metodologa seguida para realizar este trabajo estableca dos
(2) momentos fundamentales:
(1) Analizar sintcticamente trabajos escritos por setenta y seis
(76) estudiantes de cuarto ao de bachillerato de Santiago (un 10 o/o
de la poblacin total de ese ao en Santiago) y por tres (3) autores
reconocidos: Azorn, Mario Vargas Llora y Pedro Henrquez Urea,
que fueron considerados como autores referenciales.
(2) Contrastar los resultados en trminos porcentuales.
Los resultados de ese estudio fueron:
1. Predominio anormal de la oracin compuesta sobre la simple,
principalmente en la lengua discursiva: 62.5 o/o frente a 37.5 o/o.
* i
2. Predominio evidente de la proposicin subordinada sobre la
coordinada, sobre todo en las lenguas discursiva y narrativa: 77.8 o/o
frente a 22.2 o/o.

3. Uso exagerado de las proposiciones subordinadas adjetivas:


45.89 o/o frente a 54.11 o/o de todos los otros tipos de subordina-
cin. Esto es particularmente notorio en la lengua narrativa.
-
4. Preferencia marcada hacia la seleccin de determinados nexos
en evidente marginacin de otros. Los nexos "que" (preposicin),
"que" (relacionante), "cual", "como", "yaque", "pues" y "porque",
en conjunto, aparecen en una proporcin de 4.79 por uno frente
a todos los subordinantes restantes.
La mencin de este estudio es pertinente en estos momentos por
varias razones:
(1) Muestra que, desde el punto de vista sintctico, las oraciones
producidas por los estudiantes considerados como informantes se
ajustan a los modelos susceptibles de ser generados por una gramtica
castellana.
*
Ir 1 ? J
(2) Revela que la diferencia existente entre los resultados arroja-
dos por el anlisis de los textos escritos por los estudiantes y los apor-
tados por los escritos por los autores referenciales es slo de orden
porcentual, de grado.
(3) No sugiere que en este nivel de la lengua se estn operando
modificaciones que apunten hacia la aparicin de lo que se pudiera
denominar una sintaxis dominicana, que se diferencie y nos diferen-
cie de otros hablantes del espaol.
(4) Hace ostensible que los informantes no manejan debidamente
ciertos tipos de lengua; sin embargo, las consecuencias son de orden
estrictamente estilstico.
Originalmente estos datos fueron recogidos con un propsito emi-
nentemente descriptivo como un fin en s mismos. Hoy estos datos
se constituyen en argumento probatorio de la hiptesis que articula
esta exposicin.
4.4 La opinin de usuarios
i
9
Entre el da veintitrs (23) y el da veintinueve (29) del mes de
octubre del ao en curso me ocup de recoger algunas'informaciones
entre hablantes santiaguenses con respecto a su lengua.
52


La muestra, constituida por cuarenta y tres (43) informantes, se
puede describir as:
1. Sexo a) Masculino...............16
b) Femenino...............27

2. Edad a) Menos de 16 aos.........2
b) Entre 17 y 35 aos........27
c) Ms de 36 aos...........14

3. Residencia a) Urbana.................37
b) Rural...................6
4. Ingresos
familiares a) Menos de $500 ...........22
b) Entre $501 y $1,000.......10
c) Entre $1,001 y $1,500 .....5
d) Ms de $1,501............6
5/ Nivel
acadmico a) Analfabeto..............2
b) Cuarto curso.............8
c) Octavo curso............. 6
d) Bachillerato..............21
e) Profesional..............6
Desde el punto de vista puramente numrico sera difcil cuestio-
nar la representatividad de esta manera. No obstante, no ocurre lo
mismo desde el punto de vista de su estructura. Por ello, admito sin
mayores reparos que se considere como un perfil la informacin que
esta encuesta provee. i
La informacin provista por esta encuesta ha sido clasificada en
tres (3) partes que son:
A. A los informantes se les pidi que caracterizaran su lengua.
Los rasgos que sealaron resultaron ser sumamente heterogneos y en
ocasiones eran contradictorios. Para los fines de esta comunicacin
decid esquematizarlos de la manera siguiente respetando la formula-
cin de los informantes:
(1) De orden esttico:
1. Bonita
2. Agradable
53


3. Culta
4. Montona
5. Impura
6. Vulgar y no vulgar
(2) De orden pragmtico:
-
1. Clara
2. Adaptativa (a situaciones o contextos)
3. Susceptible de acompaamiento con ademanes
4. Fcil de aprender y difcil de aprender
5. Fcil de entender. \

(3) De orden lingstico:
*
a. Normativo:
1. Incorrecta: mal hablada, mal pronunciada
2. Uso incorrecto de "i" y "1"
b. Descriptivo:
1. Supresin de elementos: nos comemos letras y sla-
bas, suprimen morfemas y fonemas, cortes en la pro-
nunciacin, apcopes, exceso de contracciones, no
terminan las palabras.
2. Presencia de muchos dominicanismos.
3. Marcado regionalismo: diferentes modos de hablarla,
formas distintas en cada regin, rico en regionalismos.
(4) Varias:
1. Menos complicada que otras
2. Se habla despacio se habla rpido
3. Libre a innovaciones
4. Tradicionalista
5. Rico en refranes
6. Parece un dialecto
Esas informaciones parecen configurar el retrato que estos hablan-
tes tienen de su lengua. Resulta chocante que ninguno de ellos haya
reparado en rasgos sintcticos y que los rasgos morfolgicos apunta-
dos sean resultado de procesos fonticos en todos los casos.
* i *
*
54


Esto parece indicar que para estos hablantes el espaol usado por
los dominicanos no se distingue precisamente por poseer caractersti-
cas estructurales exticas y particularmente notorias.
Estas apreciaciones, fruto en gran medida de creencias,coinciden
en gran medida con las opiniones mencionadas previamente y avala-
das por anlisis cuantitativos. Alguien podra cuestionar esta inter-
pretacin de esas informaciones alegando que el hecho de que los in-
formantes no hayan mencionado tales rasgos no implica que no exis-
tan. Y podra ser cierto. Pero, en todo caso, es ms difcil creer que
se trata de un simple juego de azar recurrente que de evidencia positi-
va que avala hallazgos ms slidos.
B. A los informantes se les pregunt si les gustaba la lengua que
se hablaba en su medio y contestaron que a veintiuno (21) s, a die-
ciocho (18) no, y cuatro (4) no saban.
La principal razn para que les guste es de orden chauvinista: es
nuestra, es de mi pas, es algo original, etc.; la principal razn para
que no les guste es la incorreccin con que se usa: uso incorrecto,
mal pronunciada, le falta mucho para ser verdadero espaol; etc; la
nica razn para dudar es la paradoja: la uso, pero no correctamen-
te.
Estas informaciones me impactaron. No esper que ms de un 50
o/o de mis informantes no externaran gusto, es decir, placer e identi-
ficacin con algo que es parte de su patrimonio y que es un instru-
mento indispensable para su desenvolvimiento. Tampoco esper que
las motivaciones de esa actitud fueran las sealadas.
La situacin, sin embargo, admite diversas explicaciones: con-
ciencia de la existencia de otros dialectos o estilos ms "altos" y cer-
canos a una norma que se asimila a valores ms altos, cierto tipo de
xenofilia o chauvinismo, etc.
C. Una tercera pregunta que se les plante a los informantes fue
si les gustara cambiar su lengua. Un convincente 86 o/o dijo que no.
Sus motivaciones son, bsicamente, de dos (2) tipos:
1. Pragmticas: sera difcil por la costumbre, habra que apren-
der otra, me ha servido para desenvolverme desde que nac, etc.
2. Patriticas: soy dominicano feliz de serlo, es parte de nes-
*
55


tra cultura, es parte de nuestro folklore, es de mi patria, lo de mi pas
es lo mejor, caracteriza el pas, etc.
En ninguna de las respuestas dadas a las preguntas sealadas hay
motivaciones ni alusiones que de alguna manera rocen cuestiones es-
tructurales de la lengua. Esto podra revelar una significativa falta de
conciencia lingstica, pero tambin podra sugerir la ausencia de
rasgos de este tipo capaces de atraer la atencin sobre ellos.
4.5 La morfologa
La morfologa es el nivel lingstico del espaol que ha sido me-
nos estudiado, tanto desde la perspectiva terica como desde la pers-
pectiva dialectal. Este hecho impide que se puedan formular conclu-
siones en lo concerniente a la existencia de rasgos propios en la
morfologa del espaol dominicano.
.
Prima facie, ninguno de los sufijos que Henrquez Urea lista en
su captulo sobre la formacin de palabras (1975:180196) es de
uso exclusivo del espaol dominicano.
Un elemento frecuentemente sealado como dominicanismo mor-
folgico es el sufijo [se] usado como alomorfo indicador del nmero
plural. Pero el mismo Henrquez Urea se ocupa de sealar que no
nos es exclusivo (1975:172). Lo que entonces parecera ser privativo
es el empleo del alomorfo [se] aplicado a palabras terminadas en vo-
cal tona. Sin embargo, Jimnez Sabater (1975:150) se encarga de
sealar que no es un dominicanismo morfolgico stricto sensu en ra-
zn de que es un uso restringido diatpicamente a "muchos sitios de
las zonas Sur y sureste del pas". Jimnez Sabater no lo afirma, pero
tengo la creencia de que ese uso ha de ser ms limitado: debe tener
restricciones diastrticas y estilsticas.

La morfologa del espaol dominicano es, pues, una materia pri-
ma casi virgen. Cuando se profundice ms en estos estudios se podr
asegurar si las particularidades que se sealan corrientemente son he-
chos realmente propios o una percepcin distorsionada a causa de la
frecuencia.
mWmm
0
5.0 Consideraciones finales
Al llegar al final de esta exposicin quiero ratificar sucinta-
mente los aspectos ms relevantes de esta comunicacin.
56


En primer lugar, ha prevalecido la idea de que "la identidad la
componen los caracteres esenciales que sirven para identificar una co-
sa; caracteres que no afloran por generacin espontnea cuando refie-
ren a una sociedad determianada sino que son producto de un proce-
so de surgimiento, maduracin, renovacin y trascendencia" (De los
Santos 1980:11). Entre esos caracteres esenciales ha de estar la len-
gua.
En segundo lugar, se ha sostenido que en la Repblica Dominica-
na no se ha investigado suficiente y adecuadamente los niveles morfo-
lgico y sintctico de la lengua. Sin embargo, se ha mostrado que el
material disponible apunta, al menos transitoriamente, la conclusin
de que estos niveles del espaol dominicano, considerados en s mis-
mos, no presentan rasgos que se puedan considerar exclusivos.
Si esto es cierto, se le puede achacar a dos (2) factores fundamen-
tales:
(1) Los hablantes del espaol dominicano, al decir de Dobal
(1981:63), "somos un pueblo mestizo de espaol y africano, con al-
guna gota de sangre indgena como distintivo particular de nuestra ra-
za". Deive establece (1978:33) la importancia relativa de los compo-
nentes de esa sntesis en los siguientes trminos: "Los grupos tnicos
que proporcionaron el mayor caudal de rasgos y complejos a la cultu-
ra nacional son el espaol y el africano, con una evidente e indiscuti-
ble prevalencia del primero sobre el segundo...". Probablemente es-
to explica, de alguna forma, afirmaciones como la de Lope Blanch
expuesta ms arriba.
En tercer lugar, no se discute si en otros niveles la lengua ofrece
rasgos que son privativos y definitorios de nuestra identidad. Se trata
de una cuestin de orden emprico que debe ser investigada.

En cuarto lugar, si, como afirma Hodge (1977:2), el supuesto de
que existen universales lingsticos implica que las lenguas poseen as-
pectos que no deben cambiar, no valdra la pena estudiar este postu-
lado a la luz de las coincidencias estructurales que exhibe el espaol?
Slo la investigacin rigurosa puede producir respuestas definitorias.
NOTA
(1) Esta hiptesis no establece diferencia alguna entre los diversos estilos o registros que
se puedan identificar. Sin embargo, eso no refleja una negacin apriorfstlca de que
exista la posibilidad de que rasgos morfoslntctIcos diferentes se manifiesten en cada
estilo. Asimismo, el material que se usar como evidencia no es necesariamente ho-
mogneo en ese sentido.
57


BIBLIOGRAFA
Alba Orlando y Flix Fernndez. 1981. Introduccin al estudio de la lengua es-
paola. Santiago: UCMM
Alvar, Manuel y Humberto Lpez Morales. 1978. Estudios socio-lingsticos.
Mxico: Instituto de Investigaciones Filolgicas.
Benveniste, Emile. 1974. Problemas de lingstica general I. Mxico: Siglo XXI.
Bierwisch, Manfred. 1979. El estructuralismo. Historia, problemas, mtodos.
Barcelona: Tusquets Editores.
Coseriu, Eugenio. 1973. Sincrona, diacrona e historia. Madrid: Gredos.
De los Santos, Danilo. 1980. Referencias sobre la identidad nacional y cultural
de los dominicanos. En EME-EME: Vol. VIII, No. 47, p. 3-16.

Deive, Carlos Esteban. 1978. Notas sobre la cultura dominicana. En EMEEME:
vol. VI, No. 36, p. 32-46.
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Dobal, Carlos. 1981. Herencia espaola en la cultura dominicana de hoy. En
Vega, Bernardo et al. Ensayos sobre cultura dominicana. Santo Domingo:
Museo del Hombre Dominicano, p. 61104.
Erikson, Erik. 1974. Sociedad y adolescencia. Mxico: Siglo XXI.
Fernndez, Flix. 1972. Estudio sobre la sintaxis de la oracin de cuarto de ba-
chillerato de Santiago. Investigacin indita. Santiago: UCMM.
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Henrquez Urea, Pedro: 1975. El espaol en Santo Domingo. Santo Domin-
go: Taller, 2a. ed.
Hodge, Carleton. 1977. A set of postulates for comparative linguistics. Mimeo.
Jimnez Sabater, M. Arturo. 1975. Ms datos sobre el espaol de la Repblica
Dominicana. Santo Domingo: Ediciones INTEC.
i
58



ESTUDIO DE UNOS CUENTOS FOLKLRICOS DOMINICANOS
Por Carlos Fernndez-Rocha
1.
INTRODUCCIN
Cuando Stith Thompson escribi su brillante obra
Folktale"
"The
no slo revolucion en algunos aspectos el anlisis de
los materiales folklricos orales, sino que tambin organiz en un
texto toda su experiencia y el conocimiento de su poca acerca del
cuento folklrico.
Hoy en da el mtodo de anlisis histrico-geogrfico ya no
nos parece adecuado. Hay demasiadas coincidencias en las tradicio-
nes orales de sitios tan dispares como la India y Centroamrica para
poder aplicar el mtodo exitosamente. Por esta razn los estudios
modernos de la tradicin oral de los pueblos va encaminndose al
anlisis funcional, es decir, al anlisis no de cmo y por qu existe
esa tradicin oral sino del para qu existe.
Entre ambas escuelas, surgi el estructuralismo. El olvidado
libro de Vladimir Propp "Morphology of the folktale" escrito en
1928 se rescat de las estanteras y se reimprimi en 1958. El est-
mulo que la reaparicin de este trabajo produjo en los investigado-
res queda claramente indicado por el gran nmero de libros que ins-
pir: C. Levi-Strauss en 1960, Alan Dundes en 1962 y 1964, C.
Breuwnd en 1964, A. Greinas en 1960, etc.. y los que an utilizan
gran parte de la metodologa iniciada por Propp y se siguen impri-
miendo.

Se han desarrollado entonces dos tipos bsicos de anlisis
59


a
estructural. Uno en el que la estructura u organizacin formal de
los elementos sirve de base para el anlisis y es por tanto inicial,
sintagmtico. Otro en el que se busca la estructura subyacente, el
patrn de conducta usualmente basado en un principio de oposi-
cin y que se puede llamar paradigmtico. Ambos han aportado
grandemente al desarrollo de los estudios de la narrativa oral y
ambos se utilizan an hoy en da.
Histricamente, pronto los investigadores comenzarn a
reconocer, entre ellos el paladn del anlisis paradigmtico C. Levi-
Strauss, que el estructuralismo es un "cul-de-sac" en donde despus
de descubrir los elementos constitutivos y organizados, ya no puede
hacerse ms. Comenz a pensarse en estructuralismo como una me-
todologa, concepto que est claro desde el principio pero que se
haba pasado por alto, y no como una escuela folklrica como lo
fue la histrico-geogrfica.
No obstante, el anlisis funcional slo es posible cuando hay
un "corpus" de tradicin oral ya colectado y clasificado, al que se
puede someter al anlisis estructural y de ah al funcional. En nues-
tro pas, desgraciadamente, ni hay un "corpus" extens y actuali-
zado de colecciones de cuentos folklricos, ni hay estudios de
clasificacin y anlisis estructural.
Este trabajo es pues, un primer paso, el primero de muchos
trabajos de anlisis estructural. Hay que reconocer que la nica
fuente confiable hasta el momento es el libro de Manuel de Jess
Andrade "Folklore from the Dominican Republic" y no est actua-
lizada; y por otra parte, no se puede decir que la coleccin de 304
variaciones puede constituir un "corpus" de la tradicin popular de
nuestro pas.
i
Con estas limitaciones se trabajar, confiando que en un
futuro prximo los folkloristas dominicanos colecten y clasifiquen
la narrativa de nuestro pueblo que tan bien refleja nuestra alma
nacional.
60


2. METODOLOGA
I
Se numeran los tres cuentos y en el transcurso del trabajo no
se har referencia ms que al nmero correspondiente.
Se establecer un diseo general que agrupe todas las varian-
tes y se estudiar despus la formalizacin de cada uno de los
cuentos.
Se apuntarn las caractersticas propias de cada cuento y se
compararn entre s. Evidentemente, por ese carcter comparativo
del trabajo se hace necesario ampliar la coleccin a otros pases in-
cluso europeos. No obstante, en las conclusiones se harn anotacio-
nes especficas sobre las caractersticas morfolgicas de esos cuentos
dominicanos as como tambin sobre su funcionalidad posible en
la cultura nacional.
-
>
3. LOS CUENTOS
No. 59 LO CUATRO HERMANO (RD No. 1)
Una ve en sierto pueblo haba un padre que tena cuatro hijo.
Pero como no tenan dinero, el pap le dijo: -Vayan a bucar fortu-
na. Y lo hijo se reunieron en un lugar donde se unan cuatro cami-
no. Cada uno cogi un camino y uno yeg donde un ladrn, otro
donde un satre, y el telsero donde un tirador, y el cuarto donde un
atrnomo.
61
En el presente trabajo se ha utilizado la clasificacin tipol-
gica internacional de Antti Aarne "Verzeichnis der Marchentypen"
revisada y actualizada sucesivas veces por S. Thompson "The Types
of the Folktale" (FFC, Helsinki 1961). Se ha tomado en cuenta
tambin la clasificacin de Terence Hansen 'The Types of the
Folktale in Cuba, Puerto Rico, The Dominican Republic and
Spanish South Amrica" ya que se refiere a una misma rea de
cultura bsica: la hispnica.
I


Tuvieron vario ao trabajando. Y al cabo de die-s-ao, cada
uno le pidi su salario. El ladrn le regal una moneda de oroa.su
dispulo. El satre le regal una aguja que cosera lo m duro y lo
m blando. Y el tirador una buena carabina, y el atrnomo le rega-
l un telecpio que vera todo por m oculto que tuviera.
Yegaron donde su padre, y te, para probar a cada uno en su
profesin le dijo: -Qu hay en aquel rbol? Contest el atrno-
mo: -Un guila. Entonse dijo al tirador: -Tira y rompe el huevo sin
que el guila se d cuenta. El tir y rompi el huevo. Entonse dijo
al ladrn: -Roba el huevo sin que se d cuenta. Y al satre le dijo:
-Cselo de manera que vuelva a naser el ave.
En sierta ocasin se rob el Dragn a la hija del rey, y el rey
puso un suelto donde desa que al que la salvara se casara con eya y
heredara la mita del reino. Entonse el mirador dijo en qu sitio se
encontraba, todo salieron al mar. Y al asercarse a la oriya, el
ladrn, en el momento en que el Dragn corra, se rob la mucha-
cha. Y entonse la montaron en el buque, pero al salir, el Dragn se
depert y vol sobre el buque y lo rompi. Y entonse el tirador lo
mat, y el satre cosi el barco y siguieron felise. Y como eran
cuatro, el mayor se cas, y lo-s-otro se cogieron la mita del reino.
*
Jorge Coln
San Pedro de Macors
No. 60 EL SATRE Y SU TRE HIJO (RD No. 2)
Haba una ve un satre que tena tre hijo. Un da el'satre le
dijo que el no poda mantenelo polque no haba mucho trabajo,
que se fueran a bucal foltuna. Lo tre muchacho, que se yamaban el
m grande Juanico, el segundo Pedrito y el m chiquito Timoteo,
que era el m valiente de todo, se fueron lo tre muchacho a bucal
foltuna, y encontraron tre camino. Entonse el m grande, o sea
Juanico, cogi por el de la derecha. El segundo, o sea Pedrito cogi
pol de la iquielda, y Timoteo pol del medio.
Juanico fue donde un gigante que le pregunt en qu andaba.
Y Juanico le dijo todo lo que le haba pasado. Entonse el gigante le
dio un anteojo y le dijo: -Toma eto. To lo que t quiera vel, lo
ver. -Entonse Juanico se fu mui contento pa su casa y se lo dijo
a su pap, que lo resibi mui contento.
V
62


El helmano segundo, o sea Pedrito, yeg donde una viejita
que le pregunt: -Dnde va t, mi suiso? -Y Pedrito le cont lo
que le haba pasado. Entonse la viejita le dijo que eya le daba el
don de coger to lo que l quisiera, sin que nadie lo sintiera. Entonse
Pedrito se fu pa su casa, y su pap lo resibi mu contento.
El m chiquito fu donde un satre mu viejo, que le dijo que
entrara de aprend aya. Y l entr. Cuando ya quiso dilse pa donde
su padre, el satre le dijo: -T te ha poltao mu bien, y po-r-eso te
voy a regalal esta aguja. -Entonse l le pregunt pa qu selva esa
aguja. Y el satre le dijo que con esa aguja el poda cosel to lo que
l quisiera, hata el hierro. Y Timoteo se fu mu contento y su pa-
p lo resibi mualegre. Y Timoteo le cont lo que le haba regalao
l satre. Entonse su pap yam a lo-s-otro muchacho y lo reuni a
lo tre, y le dijo: -To eso que utede tienen mentira. Utede han in-
ventao eso pa que yo lo resiba aqu y lo mantenga aqu. Ahora
pruvenmelo. T Juanico dime con tu anteojo que lo hay ah
arriba. -Y Juanico se yev el anteojo al ojo y le dijo a su pap que
lo que haba ay arriba era una alondra con cuatro huevo. Entonse
le dijo a Pedrito: -Sbete t en el lbol y cgele lo huevo a la alon-
dra sin que eya se d cuenta. Entonse Pedrito subi al lbol y le
sac lo cuatro huevo a la alondra sin que eya lo sintiera. Entonse
le dijo a Timoteo: -Parte eso huevo y cselo con tu aguja mgica
sin hasele dao a lo pichonsito que hay dentro de lo huevo. -Y asf
hiso Timoteo. Entonse el satre le dijo a Pedrito: -Toma lo huevo y
yvaselo a la alondra sin que eya lo sienta. -Y as lo hizo Pedrito.
Entonse al vel el pap que su tre hijo tenan una propied
cada uno, le dijo: -Hijo mo: el rey del etado casa a su hija con el
que la ponga en libelt de un dragn que la tiene presa. -Entonse
lo tre muchacho se pusieron en camino bien almao.
Se fueron, camina, camina... y entonse dijo Juanico: -Ep-
rense, muchacho, que etoy viendo a la prinsesa y al dragn que ta
dolmido mu lejo de aqu. -Entonse Pedrito cogi pa aya y yeg
donde1, dragn taba dolmio. Entonse fu y cogi la prinsesa sin
que el dragn se diera cuenta, y Timoteo con su aguja cosi una
balea y se fueron po-r-un ro que taba selca del lugal donde taba la
prinsesa prisionera.
Pero del dragn al depeltal vio que le haban yevao su presa,
y se puso a volal hata que vio lo tre muchacho y la prinsesa ya casi
63


yegando al palasio en su baleo que haba hecho Timoteo. Fu el
dragn se dej cael ensima de la balea. Entonse lo tre muchacho le
coltaron la cabesa, pero la balsa se rompi. Entonse Timoteo dijo
que no se apuraran, polque l cosa la balea, y as lo hiso.
9
Entonse yegaron donde el rey, que lo resibi mu contento, y
la prinsesa se cas con Timoteo, y ayse quedaron a vivil con su do
helmano.
J.V. Soba
La Vega
No. 62 LO TRE HELMANO Y LA SELPIENTE (RDNo.4)
Eto era un padre que tena tre hijo. Al primer hijo le dijo:
-Qu quiere t aprendel? -Y le dijo el hijo: -Yo quiero aprendel a
calpintero, -le dijo el hijo que se yamaba Juanito. Y le pregunt al
segundo: -Qu quiere t aprendel? -A resusitadol, pap, -le dijo
el hijo. Y le preuntal telsel hijo: -Qu quiere t aprendel? -Y le
dijo: -Yo quiero aprendel a casadol, pap.

Al ao de habel aprendido lo tre hijo salieron a correl foltu-
na. Yegaron a una siud en casa de una vieja, corriendo foltuna. -Y
qu bucan utede po-r-aqu? -Mai vieja, corriendo foltuna. -Y va la
vieja chipie le chipie con su chacletica, y fu donde el rey. -Seol
rey, a mi casa han yegado tre tunante y disen que eyo se atreven a
bucal la prinsesa que tiene la selpiente. -Y mand el rey abucalo.
Y fueron para aya lo tre tunante. Le dise el rey: -Utede se atreven
a bucal la prinsesa que tiene la selpiente? Po mi corona rial que si
utede no la bucan, lo paso po cuchiyo. -Y le dijeron eyo: -Bquen-
se un baleo con mucha comida. -Y se lo dieron y salieron a bucal la
prinsesa.
Cuando etaban selca de la cota donde etaba la prinsesa, se
encontraron con un hombre que le dse: -Si cuando utede yegan en-
cuentran la selpiente con lo ojo abielto, mtanse y saquen la prinse-
sa, que que et dulmiendo. Pero si ven que tiene lo ojo serrado,
no se aselquen que que et depielta. -Afortunadamente cuando
yegaron la encontraron con lo ojo abielto y se trajeron la prinsesa y
la yevaron aboldo del buque, y se fueron.
Y cuando se dio cuenta la selpiente que se haban yevado la
64 ." -


prinsesa, se mand atr del vapol y le lalg un fuetaso al vapol que
lo debarat. Pero entonse el helmano que era casadol le tir y la
mat. Entonse le dise un helmano al otro: -Para qu que t ere
calpintero? -Y entonse el helmano se puso a trabajal y hiso un
baleo con lo mimo pedaso de palo del otro vapol. Y como se haba
ahogado la prinsesa le dijo al otro helmano: -Helmano, para qu
ere t resusitadol? -Y la revivi.
A lo quinse da de navegasion yegaron a donde etaba el rey.
Y le dise el rey: -Cul fu quien la salv? -Dijo el casadol: -Yo,
que fui quien mat la selpiente. -Dijo el calpintero: -Yo, que fui
quien hiso el vapol. -Dise el resusitadol: -Yo, que fui quien le salv
la vida, debo casalme con eya.
Dijo el rey: -Se casa el resusitadol con mi hija. -Yasfu. Y
le dijo a lo dem helmano Juanito: Utede se quedan conmigo. -Y
eyo le dijeron que no, que eyo se hayaban competente para sel rey
como lo dem, y se fueron.

Yegaron a un pa a donde haba una hija del rey loca po
casalse. Se enamor del otro helmano. Fueron una talde al palque,
y le invit a un baile la hija del rey a Juanito. Y Juanito aset. A
media noche que tenan que il a donde.el rey a folmal compromiso
con la hija del rey, que se yamaba Blanca. Po fin se casaron y el
otro helmano qued como prnsipe en la mima siud. Y sa fu la
foltuna de esto tre helmano. -
Francisco Delgado
San Pedro de Macors
No. 62 LOS TRES PRINCIPES (RD No. 5)
Haba ifha vez un rey que tena tres hijos. Haba en la casa
una sobrina del rey que era muy apreciada porque todos los tres
prncipes estaban enamorados de la princesa a un mismo tiempo. El
rey les dijo un da a los prncipes que salieran a correr tierra, y el
que trajera una cosa nunca vista se casaba con ella.
Partieron los prncipes al viaje. El primero lleg a un pueblo,
y despus de estar en ese pueblo muchos das no encontraba cosa
nunca vista. Un da oy a uno voceando: Vendo esta estera por
mil pesos! -Le extra mucho que una estera costara tanto, y le dijo
65


cul era el don de esa estera. El le dijo que se suba arriba de ella y
deca: "Esterita, llvame a tal parte", y lo llevaba. Entonces l la
compr y crea que l era el nico poseedor de la cosa nunca vista.
El segundo lleg a otra capital y oy que voceaban: i Vendo
estos anteojos por mil pesos! El prncipe lo oy y dijo que por qu
costaban esos anteojos tan caro. Y entonces le dijo: -Porque se ve
lo que uno quiere ver. -Entonces cogiendo el prncipe los anteojos,
prov. Pidi ver a su padre, y en el momento, lo vio. Entonces lo
compr.
El ms chiquito lleg a otro pueblo y no encontraba nada que
comprar. Pero cierto da oy un muchacho que voceaba: Vendo
esta manzana por tres mil pesos! -El pregunt cul era el don de la
manzana. Y l le dijo que si uo se estaba muriendo y le ponan la
manzana en la nariz, resucitaba en el acto. Entonces la compr.
Por fin lleg el da de reunirse los tres hermanos en el puerto
conveniente y se embarcaron. Pero al tiempo de embarcarse, el de
los anteojos mir para ver la muchacha, y cul no sera su espanto al
ver a la princesa que acababa de morir, y le comunic a los otros
dos la noticia. Y el menor dijo: -Si pudiramos llegar pronto la
salvaramos. -Y dijo el de la estera: -Sbanse aqu, que ahora mis-
mo estamos all. En un abrir y errar los ojos llegaron all, y ya
iban a enterrar la princesa, y el ms chiquito grit: Prense, que
yo vuelvo la vida a la princesa. La pararon y l le puso la manzana
en la nariz, y resucit la princesa.
Hubieron muchas fiestas, y cuando lleg el momento de dar
la preferencia para el casamiento, expuso cada cual su trabajo. El
de los anteojos deca: -Si yo no hubiera tenido esto y no hubiera
visto, no lo sabran. Deca el de la estera: -Y si no hubiera sido por
mi estera, no llegamos a tiempo. -Y si no hubiera sido por mi
manzana se hubiera muerto.
Garatiaban a un tiempo los tres. Entonces el padre le dijo:
-Bueno, vamos al campo a ver el que tira una flecha ms lejos se
ser el dichoso. -Tir el mayor y fu lejos. Tir el segundo y fu
ms lejos. Tir el tercero y no se vio por donde cay. Se cansaron
de buscarla y no la encontraron. La gracia se la concedieron al
segundo.
|
El mayor, al ver perdidas sus esperanzas se mat, y el ms
66


%
chiquito se pasaba los das buscando su flecha. Por fin un da la
encontr clavada en una roca muy lejos del reino de su padre. Se
puso a contemplar la roca y se encontr una especie de puerta, por
la cual entr, y lleg a un subterrneo. Despus sali a un rico pala-
cio donde fu recibido por una bellsima princesa, que le dijo:
-Juanico, no te apures, que perdiste una princesa pero tienes otra,
pues me voy a casar contigo. Y se celebraron las bodas.
Al cabo de un tiempo, Juanico le dijo que deseaba ir a ver su
padre, pues haca tiempo que no lo vea. Sali el prncipe del pala-
cio subterrneo con una brillante corte, y lleg a donde su padre, el
que lo haba llorado ya por muerto. Le pregunt donde viva, pero
el prncipe se guard de decirle, porque la princesa le haba encar-
gado que no dijera donde viva. El principe le prometi volverle a
hacer la visita. El rey quiso saber a toda costa la residencia de su
hijo, y le pag a una vieja que lo siguiera.
La vieja lo sigui y vio donde entraba el principe, y corri y
se lo dijo al rey donde viva su hijo, que lo haba visto entrar en
unas cuervas.
-Cuando volvi el prncipe a hacerle la visita al rey, su padre,
le pidi que llevara un hombre que tuvera fuerza para manejar un
palo de ochenta toneladas. Muy triste lleg el prncipe a su palacio
y le cont a la reina lo que le pasaba. -No te apures, -le dijo la reina,
-que yo te saco del apuro. -Y haciendo unas artes mgicas, vio apa-
recer un hombre bajito, gordito que le dijo: -Para qu me quieres,
hermana? Aqu estoy. -Te quiero, -contest su hermana- para que
vayas con mi esposo al reino de su padre.
Y se pusieron en camino. Llegaron al palacio y el rey le
entreg al hombre que su hijo le present un palo para que lo rebo-
liara. El hombre empez a reboliar el palo, pero cada vez que daba
una vuelta tumbaba una poca de gente. Por fin, acab con todos, y
se march Juanico a su palacio, y en adelante no encontr otra
persecusin, y fueron muy felices l y su esposa.
Juliana Arache
Higey J
v
Nota: En todo momento se ha respetado la grafa utilizada por
Andrade. No estamos de acuerdo con ella en vista de que no
aade nada al estudio folklrico mismo y por sus imprecisio-
nes fonolgicas.
67


I
l
4. LAS VERSIONES
Las versiones enumeradas ms abajo han sido las usadas en
este estudio monogrfico. Se seala la referencia bibliogrfica com-
pleta y se fija el smbolo con el que se identificar en el curso del
trabajo a cada una de las versiones. Estos smbolos estn compues-
tos de dos o ms letras que corresponden a las iniciales del pas de
origen geogrfico (Chile: CH; Mxico: MEX; etc.) y de un nmero
que se refiere a una de las versiones del pas dado (Chile, variante
No. 88: CH3). .
La lista fue ordenada por orden alfabtico segn el pas
CHILE Pino Saavedra, Yolando
"Cuentos Folklricos de Chile"
-Santiago, 1961 (2 Vol.)
#86: CH1; #87: CH2; #88: CH3
MXICO Wheeler, Howard
"Tales from Jalisco, Mxico"
American Folklore Society (Vol XXXV)
. Philadelphia, 1943
#133: MEX1; #134: MEX2; #136: MEX3
NEW MXICO Espinosa, Jos Manuel
"Spanish Folk-Tales from New Mxico"
. American Folklore Society (Vol. XXX)
New York, 1937
#35: NMEX1
PUERTO RICO Boggs, Ralph Steele
"Seven Folk-Tales from Porto Rico"
JAF XLII, 162-163
Pgs. 162-163: PR1
9
REPBLICA Andrade, Manuel de Jess
DOMINICANA "Folklore from the Dominican Republic"
American Folklore Society (Vol. XXIII)
New York, 1930
#59: RD1; #60: RD2; #61: RD3; #62: RD4

68


\
/-
Adems se usarn varias versiones de contraste, provenientes
todas ellas del viejo continente. A continuacin se da la completa
resea bibliogrfica y se le fija un smbolo obtenido de la forma
antes descrita. Para evitar posibles confusiones se le aadir un as-
terisco al final de cada sigla. En el caso de la versin de Ampudia,
se opt por sealar primero su origen ibrico (ESP)-, luego regional
(AS) y finalmente el nmero (ESPAS1). Se ordenan las referencias
por orden alfabtico del pas o regin.
ASTURIAS
ESPAA
ESPAA
Llano Roza De Ampudia, Aurelio
"Cuentos Asturianos"
Madrid, 1925
#12: ESPAS1
Espinosa, Aurelio Macedonio
"Cuentos Populares Espaoles
Madrid, 1943 (3 Vol.)
#150: ESP1
FRANCIA
INGLATERRA
Delarue, Paul
"Le Cont Populaire Francais"
Editions G.-P., Parfs, 1957-1964 (2 Vol
Tipo 653: FR1; Tipo 653A: FR2
Briggs, Katherine
"A Dictionary of British Folktales"
Indiana University Press, Bloomington, 1970
(2 Vol.)
Vol. 1.521-522: ING1
5.
ESQUEMA DE ELEMENTOS
Debido a que se colectaron versiones del tipo 653 y del tipo
653A, se dar a continuacin un esquema de elementos para cada
tipo. Se procurar en todo momento dar el esquema ms completo
posible (y abierto para futuras adiciones) de manera que todas las
versiones estn integradas en el esquema.
Aarne-Thompsn seala una estructura tripartita en ambos
tipos que sern usados durante el curso de este estudio. Para el tipo
653:1.- Presentacin de las habilidades de los hermanos: II.- Res-
cate de la joven y; III.- Recompensa. En el 653A: I.- Hermanos
69


1
pretenden mano.de princesa; II.- Bsqueda de los ^objetos extraor-
dinarios y; III.- Controversia-Recompensa al vencedor. En todos
los casos se usarn los nmeros romanos I, II, III para designar estas
tres etapas y en el orden dado ms arriba.
A)
I)
ATh. 653: Esquema de elementos.
Los hermanos; presentacin de habilidades
a) Padre:
1.-
2.-
3.-
Rey-
Rico
Pobre
0
b) Hermanos: 1. Cantidad
b1a.-
b1b.-
b1c-
b1d.-
Tres
Cuatro
Cinco
Siete
2. Oficios que aprenden
b2a.-
b2b.-
b2c-
b2d.-
b2e
b2f.
b2g.-
b2h.-
b2.-
b 2 j .-
b2k.-
Ladrn
Tirador
Resucita-
dor
Sastre-
Calderero
Compone
dor
Adivino
Construc-
tor-Car-
pintero
Poder
Conv. P-
jaro
Msico
Astrno-
mo
Hombre
fuerte
(Don)
Levanta
vientos
(Don)
70


b2l.- Aguja m-
gica
b2m.- Anteojo
b2n.-
magico
Escopeta
mgica
3.- Prueba que da padre:
Robar huevos-
romper huevos-
componer huevos
restituir huevos.
Rescate realizado por hermanos
a) Secuestrada-prisionera
Desaparecida:
a1,
a2
a3
a4
Princesa
Hurfana
Hijastra-hermanastra
Sobrina rey
b) Rey: b1.- b1.- Pone aviso-blando
b2.- Manda a buscar
b3.-Enterado por princesa
b4.- Enterado por bruja
b5.- Hermanos se presentan
c) Secuestrador: d.- Gigante
c2.- Dragn
. Serpiente-Serpiente alada-Culebra
c3.-
c4.- Moro/mora: guila
d) Tarea realizada: d1 .-
- d-2.-
Mata gigante
d3.-
Lad ron; roba
Tirador-Cazador:
Dragn-guila: '
d2.1.- Piedra
d2.2.- Escopeta
Resucitador: resucita .
d3.1.- Manzana
d3.2.- Polvitos
d3.3.- Lquido + Ceremonia
d3.4.- Gritos
71


d4.-
d5.-
d6.-
^d7.-
d8.-
d9.-
Sastre-Calderero-Componedor:
Arregla .
Adivino: Adivina
Constructor-Carpintero: Constru-
ye:
d6.1.-
d6.2.-
Barco
Barco navega-Vuela
Casa
d6.3.-
Poder Conv. Pjaro: Avisa princesa
Msico: Toca
Astrnomo: Ve
d10.- Hombre fuerte: Lleva a princesa
III) Recompensa a hermanos
a) Mano hija:
b) Recompensa
material:
a1.-
a2.-
a3.-
a4.-
a5.-
b1.-
b2.-
b3.-
b4.-
b5.-
Hermano mayor
Hermano menor
Resucitador
No se casa
Se casa con otra persona
m
Oro
Plata
Terrenos
4?
Mitad del reino
Los hace herederos-Ricos
c) Controversia con cul hermano se casa princesa:
1.- Decisin:! a.- Decide rey-padre
1b.- Rey consulta: '
c1 b.1.-Consejo
c1b.2.- Bruja
Hija^decide
2.-
1c-
Prueba ulterior:c2a.- Flecha
c2b.- Piedra-bola
3.- Hermanos que no se casan:
c3a.- Se van
c3b.- Se suicidan
c3c- Viven todos juntos
72


Frmulas usadas

a) Inicial
b) Final
c) Frmula narrativa
d) Frmula mgica
ATh. 653A: Esquema de elementos.
Los hermanos:
a) Enamorados de: a1.- Princesa
a2.- Sobrina rey
a3.- Hurfana
a4.- Hijastra-hermanastra
a5.- Muchacha no especificada
b) Controversia: b1.- Rey-padre propone solucin
b2.- Hija propone solucin
b3.- Consejero propone solucin
b4.- Muchacha propone solucin
c) Padre: c1.- Da dinero (cargas oro-plata)
c2.- No da dinero
d) Plazo: d1.- No hay plazo
d 2.- Plazo de un ao
d 3.- Plazo de dos aos
d 4.- Plazo tres o ms aos

t
e) Prueba previa:
el.- Flecha
e2.- Pelota
Bsqueda del objeto maravilloso:
a) El objeto-cosa: a1. El ms exquisito
a2. El ms maravilloso
a3. El ms raro
a4. El ms rico (hacerse rico)
a5. El ms curioso


b)
Se separan y acuerdan encontrarse cruce caminos
(al trmino plazo).
c) Objeto maravilloso:
c2.
c3.
c4.
c5.
c6.
c7
a)
b
c)
(e)
anteojo
telescopio
canuto
espejo
gemelo
Aguja
Escopeta
Sombrero
a
b)
c)
(d)
(a)
ib
c
d)
Poder robar(don)
manzana
polvitos
liquido
garrote
alfombra
sabana
espera
carro
d) Reencuentro, al probar objetos descubre
d1.
d2.
d3.
Novia enferma
Muerta
Creen se est casando
74


*
m
II) Retorno-Curacin-Recompensa:
a) Curan princesa por medio objetos mgicos
b)
Controversia: b1 .-
b2.-
Decide padre
Decide hija
b3.- Decide padre, hija escoge otro
b4.- Decide consejero
b5.- No deciden (ninguno de los her-
manos se casa) _
c)
r
Prueba ulterior:
d.- Flecha
c2.- Piedra
d)
Recompensa: d1 .-
d2.-
d3.-
d4.-
d5.-
d6.-
Se casa con resucitador
Se casa con menor-mediano
Recompensa material (no se
casa)
Princesa no se casa
Princesa se casa con otro
Destino hermanos:
No viven con novios
Viven con novios
Uno se mata
Heredan-todos
Uno borracho
d6a.-
d6b.-
d6c-
d6d.-
d6e.-
d6f.-
Uno huye
IV) Frmulas usadas:

a) Inicial
b) Final
c) Frmula narrativa
d) Frmula mgica
/ -
75


ANLISIS DE LAS VARIANTES COLECTADAS
CH1 (ATh 653):
Introduccin: Gigante gana princesa en torneo. La lleva
prisionera a isla con serpiente de guardin.
^ Paloma lleva mensaje a padre: slo siete
mineros virtuosos la pueden rescatar.
I) a1;b1d;b2a;b2b;b2c;b2d;b2e;b2f;b2j;b3.
II) a1; b2; c1+c3; d6.2; d5; d1; d10 (arranca naranjo para
despitar); d2.1 (gigante)* Ver nota; d4 (princesa); d3.
III) b2.
/
*Nota: Motivo taln de Aqliiles, inusitado, anota Pino Saave-
dra (1,310).
CH2 (ATh 653):
\
Introduccin: Moro casado con india adivina, enamora
princesa que antes haba rechazado todos
los pretendientes. Rey le da mano. Adi-
vina la encierra para matarla. Princesa es-
cucha cmo solo los siete hijos de la viuda
la podran salvar, logra enviar carta a su
padre con sirviente.
I) a1;b1d;b2g;b2e;b2f;b2k;b2c;b2b;b2h.

II) a1; b3; c4; d6.2; di; d2.1 (guila=adivina), d3.4.
III) a3;b5.
CH3 (ATh 653):
Introduccin: Sexta hija (la menor) secuestrada por gigan-
te. Rey no puede rescatarla con 40,000
hombres. Bruja consultada dice que solo
los siete hijos de la viuda pueden rescatarla.


Los hijos, ausentes, ven (uno vidente) ame-
naza de muerte a viuda si hermanos no se
presentan en palacio. Todos acuden.
I) a1; b1 d; (nadie sabe virtudes hermanos hasta parte dos).
II) a1; b4; d ; d1; d6.3; d2.1 (con honda); d4 (a la princesa)
+ d3.3.
III) b1* Ver nota.
-
*Nota: Amalgama con tipo ATh 592. Ver anlisis Pino
Saavedra (I, 312). '
MEX1 (ATh 653A):
Introduccin: Dan nia hurfana a rey para que la cuide.
Sus hijos ricos se enamoran hurfana, piden
. padre la mano de ella. Padre consulta con-
sejero y decide enviarlos a buscar fortuna.
El que regrese ms rico se casa con ella.
I) a3;b3;c2;d1.
II) c1d;c5d;c6b;d2* Ver nota.
III) a;b4;d;d4;d6c; + d6e; + d6f.
IV) a ("Y este era un rey... "); d ("Vuela, sabanita").
/
*Nota: Los tres pagan la misma cantidad ($100.00) por los
{ distintos objetos mgicos.
MEX2 (ATh 653):
j
Introduccin: Padre pobre enva hijos buscar fortuna.
Prometen reunirse cuatro aos. El que pri-
mero llegue cruce caminos debe picar r-
' bol: Si leche-todo bien, si sangre-algo mal.
-
I) a3; b1a; b2a; b2d; bdm; b2n; b3* Ver nota.
11


II) a1; c2; (de siete cabezas); d1; d2.2; d4 (barco).
III) a4; b4 (en partes iguales).
-
IV) c ("... ande y ande y ande ...")
*Nota: En la prueba del padre, pajaritos nacen con ala roja
donde aguja mgica coci huevo. Posible motivo.
Ningn comentario en Wheeler.
MEX3 (ATh 653A):
Introduccin:
no
Padre muere y deja hija a compadre rico.
Tres hijos del compadre enamorados hur-
fana. Mayor pide mano, padre responde es-
pere dos aos. Mediano pide mano al ao,
padre responde espere dos aos. Mediano
pide mano al ao, padre responde espere un
ao. Menor pide mano a los seis meses, pa-
dre responde espere seis meses. Al plazo, se
presentan todos juntos.^
I) a4;b1;c1 (dinero); d3.
II) a1; b; c5a; de; c6a; d1.
r
a (no dicen nada a padre de quien cura hurfana). Padre
prueba objetos pero no se decide. Les da otra vez dine-
ro... Por lo tanto:
I) a4; b1; d (plata).
II) a4; (hacerse rico: mayor pone cantina, acaba en borracho;
mediano billar, gana poco; menor tienda ropa, gana muy
poco)* Ver nota.
II) d4.
78


*Nota: Aqu'hay un episodio intercaladao que posiblemente
es amalgama. Wheeler no lo identifica. Se describir
brevemente: Herman mayor un da bien borracho
oye ratoncitos hablar sobre un pito de goma que
quien lo toca se hace rico si los desencanta. Mago
negro del pito le dice vaya a cueva, coja todas las ri-
quezas que pueda pero que a la ida no le haga caso a
serpiente que le tirar mordida y al regreso se le su-
bir a la espalda. Luego debe ir con la serpiente en
la espalda al cura para que los bendiga. Serpiente es
princesa encantada, ratoncitos sus hermanos. Se
casa con princesa. Segn el Dr. S. Robe es de tipo
613.
NMEXl (ATh 653A):
Introduccin: Hombre rico se enamoran sus hijos de la
misma muchacha (no identificada). Esta les
dice se casar con el que traiga cosa ms cu-
riosa. *Ver Nota #1.
I) a5;b4;d (oro);d1.
II) a5;b (no hay plazo); c4; da; c5b *Ver Nota #2; d3.
III) a (piden permiso padre muchacha para revivirla; b1; d2.
IV) d ('Vuela, vuela, sombrerete, hasta donde mi corazn
piensa").
*Nota#1: Este es el cuento ms esquemtico en su tipo, y al
mismo tiempo tal vez el ms regional.
*Nota #2: Hermanos no preguntan al menor qu objeto tiene
porque lo envidian. Oyente se hace participe del
secreto: Recurso narrativo.
PR1 (ATh 653A):
Introduccin: Rey tiene hija en edad matrimonial, llama a
tres jvenes (no identificados) y se les dan
tres pruebas. Aquel que venza en las tres,
tendr mano princesa. Ella ama secretamen-
79


te a uno de ellos (Jain).
I) a1; e2 (padre muchacha da dinero jvenes).
II) a3; c5a; c6a; d ; d1.
III) a;b2;d (cazar un perro); di*Ver nota.
IV) a ("Este era un vez y dos son tres que el que no tiene az
car no bebe caf").
*Nota: Jain vence en las pruebas y gana mano princesa.
RD1 (ATh 653):
Introduccin: Padre pobre manda hijos a buscar fortuna
por el mundo. Al regreso los prueba y luego,
enva rescatar princesa. *Ver nota.
I) a3;b1b;b2a;b2b;b2d;b2;b3.
II) al; b1 (suelto); c2; d9; di; d2.1 (dragn); d4 (barco).
III) al; b4 (los dems hermanos).

*Nota: Este es el ms esquemtico en su tipo: No obstante
no es el ms regional (Ver nota #1 de NMEX1).
RD2 (ATh 653):
Introduccin: Padre, sastre, manda tres hijos buscar fortu-
na porque no puede mantenerlos.
I) a3 (sastre); b1a; b2m; b2a (poder tomar cualquier cosa
sin que nadie se entere); b21; b3.
II) a1;b1;c2;d9;d1;d4 (barco).
III) a2 (todos viven felices y juntos).


RD3 (ATh 653A):
Introduccin: Rey tiene tres hijos enamorados de su sobri-
na. Los manda buscar cosa nunca vista.
I) a2;b1;c2fd1.
II) a3; c6c; da; c5a.

III) a; c1; d2; d6c (mayor) 4- *Ver nota.*
m
*Nota: Posible amalgama. El menor al lanzar su flecha en la
, prueba final, cae esta tan lejos que no la encuentra
hasta muchos das despus clavada en una roca.
Descubre reino subterrneo bajo esa roca y se casa
con la princesa. Al tiempo, visita a su padre pero no
le dice dnde vive. El padre lo hace seguir por una
vieja. Tiempo despus vuelve a visitarlo y el padre le
pide un hombre que maneje un rbol de 80 tonela-
das (un garrote). Princesa reino subterrneo llama
hermano encantado y le dice que vaya con su espo-
so. Este ayudante mgico comienza a manejar el
palo de 80 toneladas ante el rey y va matando todos
sus ejrcitos. De ahf en adelante termina la persecu-
cin y viven todos felices.
RD4 (ATh 653):

Introduccin: Padre pregunta a hijos oficios que desean
aprender y al ao los enva a correr fortuna.
I) a (no especifica); b1a; b2f; b2c; b2b (cazador).
II) a1; b4 (vieja); c3 (serpiente) *Ver nota; d2.2; d61; d3
ahogada).
III) a3; c3a (se casa con princesa de otro pas, el otro herma-
no se queda con l de principe).

*Nota: Serpiente despierta cuando tiene ojos cerrados, ser-
piente dormida cuanto tiene ojos abiertos. Tal vez
un motivo.

81


ESPAS1 (ATh 653):
Introduccin: Padre tiene cuatro hijos muy calaveras, me-
nos el ltimo que era formal. Los manda a
aprender un oficio porque lo han arruinado.
I) a3;b1b;b2a*Vernota;b2m;b2b;b2d;b3.
II) a1; b!; c3 (mitologa Astur: Cuelebre); d9 (instrumento
ptico mgico); d1; d2.2 (cuelebre se pasa palo bergan-
tn); d4 (barco).

III) a2;b (ricos); c1;b2.
*Nota: Pequeo episodio que cuenta aventuras de hijo ma-
yor con banda de ladrones. Resumo: Se dedica a
divertirse y cae manos banda ladrones. Se hace uno
de ellos. Sustituye jefe a su muerte. Al plazo de un
ao se rene con los dems.
ESP1 (ATh 653A):
Introduccin: Rey viudo con tres hijos se casa con reina
viuda con una hija. Hijos pretenden herma-
nastra. Rey los manda a buscar la cosa ms
rara del mundo.
*
\)' a4;b1;c2;dl.
II) a3 (rara); c6a; de (canuto); c5a (*Ver nota#1),d1
(*Ver nota #2).
III) a;b3;d1.
*Nota #1: Los hermanos pagan todos 5,000 reales por los
diversos objetos mgicos (cada uno de ellos). Si-
milar a Wheeler, MEX1.
*Nota#2: Hay un patrn narrativo de reiteracin. Guando
cada hermano usa el canuto para probarlo y ve a
novia moribunda, no dice nada y se lo pasan as
82
* m


todos sucesivamente. Narrador explica lo que
pasa.
ING1 (ATh 653):
Introduccin: Hombre pobre lleva hijos cruce de camino y
les dice se vayan a aprender un oficio.
I) a3;b1a;b2a*Vernota#1;b2b;b2d.
II) a1; c4 (guila); d1; d2.2 *Ver nota #2; d4 (barco).
III) ^ a (con el ladrn).
*Nota #1: Pequeo episodio similar al de Ampudia,
ESPAS1." Resumo: Jack se alia una banda de la-
drones y se hace el ms astuto de ellos. Haba da-
do palabra hermanos regresar a los tres aos, pero
ladrones obligan a aceptar cinco. Al trmino de
los tres aos, se quiere ir. Ladrones acceden si
duerme tres noches en cueva. Primera noche apa-
recen calaveras y fantasmas; segunda noche, arma-
do, mata varios fantasmas que eran ladrones dis-
frazados; tercera noche suponen vienen a matarlo,
escapa.
* Nota #2: Motivo similar al de CH1 (ver nota correspondien-
te). En este caso es una pequea mancha roja en
el guila, su nico punto vulnerable (taln de
Aquiles).
FR1 (ATh 653):
Introduccin: Padre tiene cuatro hijos y los enva a apren
der un oficio. Al ao regresan.
I) a (sin especificacin); b1 b; b2a; b21; b2d; b3.
II) 1;c2;d1;d4;d9.
III) b2 (rey no da hija a hermanos) *Ver nota.


- *Nota: Prrafo final acerca de cmo las hijas de nobles no
deben casarse sino con personas de su propio nivel
\':*.: social. ^ -:x \V '+.'1?
FR2 (ATh 653A):
Introduccin: Un seor, aparentemente rico, tiene tres
hijos. Adopta dcimo tercera hija de un za-
patero (artesano que hace zapatos-zuecos de
V" madera). .
I) a5 (adoptada); b1; c1; di.
II) a1; c1; c5c; c6d; d1 (padre + madre 4- novia -a punto de
morir).
*
III) a;b1;d1 Ver nota.
*Nota: Razn que da padre es ingeniosa. Resucitador gast
contenido de sus frascos en curar a padres y mucha-
. cha, "Et se trouve ainsi depouille". Los otros dos
an tienen sus objetos mgicos. Por lo tanto, mere-
ce la mano de la muchacha el resucitador.
7. COMENTARIOS
Al escoger este tipo, debiera decir mejor tipos; no conoca
que existiera una variante fundamental que llevara de hecho a
Thompson a clasificarlo con otra sigla. Leyendo a Andrade, me
agrad el argumento de los hermanos luchando por la salvacin de
la princesa amada y esa fue la razn de que lo escogiera. En esta co-
leccin se agruparon variantes de los dos distintos tipos (once del
653 y seis del 653A).

84


Nuestra coleccin agrupa ocho versiones del tipo 653 y
cuatro del 653A en Hispanoamrica. Como variantes de contraste
hemos escogido dos versiones peninsulares, una del 653 y otra del
653A, una versin anglo-sajona del tipo 653 y dos francesas, una del
tipo 653 y otra del 653A.
Despus de estas generalizaciones pasemos a examinar en su
conjunto las variantes.
Los personajes principales son en todas las versiones iguales:
El padre-padrastro-to de la muchacha, los hermanos que procuran
su mano y la muchacha-hijastra-sobrina pretendida por ellos. Pocas
veces se apuntan los nombres respectivos. Del padre nunca se dice
ms que es un rey o un hombre rico. De los hermanos, las versiones
nos dan nombres como: Juanico (Juanito en RD4), Pedrico y
Timoteo en RD2; Jack, Will y Tom en ING1; Herve, Jozou y
Stephan en FR2; Jain en PR1. De igual forma, los nombres de la
muchacha pretendida por los hermanos tampoco son abundantes:
Simone en FR2, Mana en MEX3, Carmelita en CH2 y Blanca en
RD4. Podramos concluir que en general las versiones peninsulares
o hispanoamericanas no suelen designar con nombres propios a los
personajes principales de las versiones del tipo 653 y 653A. Se re-
afirma esta opinin cuando se nota que en las versiones de origen
hispanohablante slo se usa seis veces nombres propios.
No se llega a nada conclusivo acerca de la muerte o no de la
princesa durante el curso de la aventura. En las versiones MEX2,
ESPAS1, RD1 y RD2 (y en las de contraste FR1, ING1) no muere
ni se enferma en absoluto. Mientras que en CH1 y CH2 uno de los
hermanos (el tirador) la mata accidentalmente al salvarla de las ma-
nos del*secuestrador. En RD4 se ahoga al caer el dragn sobre el
barco y hundirlo. Y en MEX3, NMEX1 y RD3 (en las de contraste
FR1, FR2, ESP1) muere o est moribunda a causa de una enferme-
dad. No obstante, si podemos concluir que en el caso de que la
princesa est enferma o muera, se curar de una forma mgina por
una de las virtudes u objetos extraordinarios de los hermanos. Las
versiones de pases hispanohablantes y las versiones de contraste no
ofrecen divergencia en este aspecto.

Los oficios y objetos mgicos que los hermanos adquieren en
su "correr por el mundo", son bastante variados aunque parece exis-
tir preferencia por:

85


A) Oficios:' Cazador: RD1;RD4;CH2. En las de contras-
te ESPAS1; ING1.
Resucitador: RD4; CH1; CH2.
Ladrn: RD1; RD2 (don); CH1. En las de
contraste FR1; ING1; ESPAS1.

I
B) Objetos Aguja: RD2; MEX2. En las de contraste
FR1.
Manzana-lquido-polvitos-garrote: PR1;RD3;
CH3; NMEX1; MEX1; MEX3. En las de con-
traste FR2; ESP1.
Telescopio-anteojos-espejo-canuto: PR1;
RD2; RD3; MEX1; MEX2; NMEX1. En las
de contraste FR1; FR2; ESP1 y ESPAS1.
Tambin es relativamente frecuente la alfombra-sbana-este-
ra-sombrero-carro mgico que transporta a los hermanos en su tarea
de salvar a la princesa. Como en las versiones: PR1; RD3; MEX1;
MEX3; NMEX1. Y en las de contraste FR2 y ESP1.
*
La recompensa suele ser en uno u otro tipo, la mano de la
princesa secuestrada o la muchacha pretendida por los hermanos.
En la mayora de los casos la gana el menor (Como en: RD2; CH3;
NMEX1. Las de contraste ESP1 e ING1) o si no, a recompensar de
igual forma al resucitador sea este o no el hermano menor (Como en
RD4; PR1 y CH2. Las de contraste FR2 y ESPAS1).
La suerte de los otros hermanos es generalmente feliz; se les
hace ricos o herederos del rey (Como en: RD1; CH1; CH2 y MEX2.
En las de contraste FR1).
*
En general no vemos que exista un contraste marcado entre
las versiones del viejo continente y las de Hispanoamrica. Tal vez
un poco ms imaginativas las ltimas en contraste con la sobriedad
de las primeras.

Las versiones hispnicas, como se podr observar, estn en su
mayora clasificadas con el 653 (nueve). Un tercio aproximada-'
mente de las hispnicas (cinco) estn bajo el 653A. Aunque Aurelio
Espinosa en sus notas a los "Cuentos Populares Espaoles" dice que
"las versiones hispnicas, no se ajustan al tipo establecido por
Aarme-Thompson 653" (III, 84) y pasando por Las Mil y Una No-
che lleg a afirmar que "forzosamente pensamos en una tradicin
-
86


popular arbiga antigua que entr en Espaa antes de que se cono-
ciese la versin literaria de Las Mil y"Una Noche" (III, 89) y aade;
"Este tipo ... es por consiguiente, un tipo bien definido y muy dis-
tinto del general occidental al cual pertenecen Aarme-Thompson
653, Grim 129 ... Hay que llamarlo el tipo arbigo-hispnico" (III,
89). No creo que sea ningn grado conclusivo sus argumentos. El
hecho de que con unas dos semanas de investigacin haya obtenido
ms versiones del 653 que del 653A en el mundo hispnico hablan-
te, ya en cierta forma lo desautoriza. Adems, parece ignorar el
origen de los idiomas portugus, y cataln, cuando ligeramente los
clasifica como "hispnicos". Ciertamente Portugal estuvo en sus
dos terceras partes ocupado por los moros y la cultura morisca ha
dejado claras huellas en esta nacin. Catalua, geogrficamente,
est en la pennsula Ibrica. Pero es, a mi parecer poco cuidadoso al
no explicar qu entiende por "hispano" o "hispano-arbigo".
Por otra parte, nos llama la atencin el hecho de que cite y
utilice el nmero 61 de la coleccin de Andrade (del tipo 653A) e
ignore los nmeros 59 y 60 y el nmero 62 de la misma coleccin
(pertenecen al 653) que hara peligrar su decisin de crear el sub-
tipo 653A.
BIBLIOGRAFA
Aarne, Antti y Stith Thompson. 1961. The Types of the Folktale. Helsinki:
Academia Scientiarum Fennica.
Goldstein, Kenneth. 1964. A guide for field workes in folklore. Hatboro;
Folklore Associates, Inc.
Hansen, Terrence L. 1957. The types of the folktale in Cuba, Puerto Rico
and the Dominican Republic. Berkeley: University of California Press,
Kroh, Kaarle. 1971. Folklore Methodology. Austin: University of Texas
Press.

Thompson, Stith. 1965. The folktale. New York: Holt, Rinehart and^Wins-
ton.

87


I
V


HISPANIDAD Y DOMINICANICAD

Por Carlos Dobal
Antes de la cada de Trujillo. nadie haba estudiado seriamente
la dominicanidad. Despus, ha corrido ms de una veintena de aos
de acuciosa investigacin sobre este tema.
Han sido planteadas diferentes posiciones. Bsicamente, sobre
las influencias que, en nuestra peculiar idiosincrasia, han ejercido las
distintas razas que se mezclan en nuestra sangre: blanca, negra, in-,
dia... Las posiciones han sido siempre extremistas: predominio del
factor blanco europeo, del factor africano, o vigencia de una tesis:
los genes autctonos determinan nuestro comportamiento.
i
A
!
Si nos ceimos a la verdad estadstica, a fines del siglo XVIII
(1794) tenamos unos 100,000 habitantes, de los cuales una tercera
parte eran blancos (Ver Franco Franklin, Los Negros, los Mulatos y
la Nacin Dominicana, Ed. Nacional, pg. 72 y 73). Desde aquella
poca, hay que resistir a la verdad social para ignorar que el domini-
cano ha tendido siempre a "blanquearse". As tenemos que desde
el proyecto de Cdigo Carolneo Negro, por 1784, se distingua el
avance racial por generaciones, hasta la sexta, era computada como
"blanca", "si siempre ha habido enlaces con sujetos de sangre blan-
ca", dice Larrazbal blanco, en su libro "Los Negros y la Esclavitud".

Y cuando se habla de "blancos", la directa referencia es "espa-
ola", cuya idiosincrasia se evala altamente en la parte espaola de
la isla, cualquiera sea el matiz de la piel del individuo que habita en
esta regin.
Esto hace decir irnicamente a Federico Henrquez Grateraux
que "no somos blancos de verdad, pero podramos ser negros de
mentir", seguramente aludiendo a una posible absorcin haitiana
(El Listn, agosto 31, 1983, pg. 6). Para aadir a seguidas: "El San-
to Domingo Espaol es plenamente una poblacin de mulatos desde
-
89


mediados del siglo XVII, desde esa fecha la corona espaola tuvo que
aceptar que los mulatos tuvieran cargos pblicos".
-
En el sentido expresado, los que nos hemos asomado a la Histo-
ria Colonial Dominicana (a aquella de los documentos de los archi-
vos, no a otra) sabemos que el mulato dominicano histrico tena la
idiosincracia del padre espaol y disfrutaba la condicin social de s-
te, y tambin de su apellido, sin que se tomara muy en cuenta el ma-
tiz de su piel. As tenemos que, cuando se solicita plaza en el Cuerpo
de Dragones para el heredero del primer Barn de la Atalaya, se le
describe como "de color trigueo"... (Este documento puede con-
sultarse en nuestro archivo familiar, seccin de la familia Guzmn-
Melendez, heredera de la Barona referida).
*
-

Abundando en el extremo indicado, tenemos que el clebre ca- .
nnigo Antonio Snchez Valverde, autor de "Mea del Valor de la Isla
Espaola" -que era, al decir de Morilla, hija legtimo de don Juan Sn-
chez Valverde y doa Clara Daz de Ocaa, ambos de familias distin-
guidas- "era de color moreno, cejas pobladas y nariz aguilea (Orden
de Detencin del Gobernador Peralta contra el cannigo, obra de re-
ferencia, pg. 26). Y en su pasaporte aparece que "tena el aspecto
lozano y conservativo que comnmente se encuentra en el tipo del
mestizo, de bastante menos edad de la que realmente tiene". (Op. cit.
pg. 26).

Es importante recordar tambin a los "morenos espaoles",
-hombres de piel oscura, europeizados, producto de un medio tradi-
cional hispanizante que van a integrarse indudablemente a la genti-
ca de nuestra nacionalidad. Ellos van a pelear al lado de Espaa con-
tra los franceses y tambin, curioso desdoblamiento, contra los hai-
tianos. Esta idiosincrasia de espaol -independiente de la pigmenta-
cin de la piel- y que va a florecer posteriormente en una patritica
dominicanidad, fue recogida en los principios proclamados por los
trinitarios cuando decan que "la ley no reconoce ms vileza que la
del vicio, ni ms nobleza que la de la virtud, ni ms aristrocracia que
la del talento, quedando para siempre abolida la aristocracia de la
sangre, contraria a la unidad de raza que es uno de los principios fun-
damentales de nuestra asociacin". Estos principios fueron acepta-
dos plenamente por los nueve trinitarios fundadores, a pesar de que
"todos procedan de familias hispnicas oriundas de la Pennsula, de
las Canarias y de las Baleares (Franco, Franklin, obra citada, pg.
146).
90


Ahora bien, mi maestro, el hispanista Federico de Onis, afirma-
ba certeramente en sus ctedras que el primer independentista de
Amrica fue aquel espaol que, en desacuerdo con el rgimen autori-
tario de los Reyes Catlicos, cruz el Atlntico y se estableci, a pe-
sar de todas las dificultades, en suelo americano... Y nosotros aadi-
ramos que aquel espaol, casado o amancebado con indias o negras
de Amrica, procre al dominicano arquetpico, que habra de des-
pertar, tras largo letargo, en el criollo pequeo burgus, profunda-
mente integrado racialmente, que para el profesor Juan Bosch, en su
libro "Composicin Social Dominicana", "se sum a los cultivadores
de tabaco y a los comerciantes del Cibao, y acab tomando en 1838
la direccin de la vida poltica naciaonal; o que por lo menos tom la
direccin de la tarea de organizar a los dominicanos para que lucha-
ran por su independencia".
En sntesis, podemos afirmar que en el proceso histrico domi-
nicano, que cimenta la base ideolgica de nuestro pueblo y que facili-
t la formacin de la nacin dominicana y el valor de la dominicani- *
dad, el rbol hispnico tuvo fuerte y profunda raz, independiente-
mente del matiz de su fruto, bsicamente variopinto.
Por razones semejantes, don Miguel de Unamuno, que defina la
hispanidad como una comunidad de cultura histrica, pona como
uno de los heraldos histrico-hispnicos a "Benito Jurez, libertador
y refundador de su heroica patria -indio occidental mejicano- zapote-
ca puro sin sangre europea; y al indio oriental filipino Jos Rizal -Ta-
galo sin sangre europea- asesinado en Manila por la monarqua espa-
ola, que muri despidindose de sus Filipinas con un magnfico can1
to en castellano"... (Unamuno, Miguel, Visiones y Comentarios.-Aus-
tral, pg. 53-).
Por todo lo expuesto, hay que concordar con Frank Moya Pons
cuando dice que "el sentimiento de hispanidad del dominicano ha si-
do ms fuerte que la percepcin real de la raza". (Moya Pons, Frank.
Notas para una Historia de la Iglesia en Santo Domingo. Eme Eme,
Vol. 1 No. 6, Pg. 11). .
Es imprescindible, al llegar a este punto, interrogarnos sobre las
caractersticas idiosincrticas dominicanas que pueden apreciarse
tambin en los hsipaicos.
t
Un cuadro somero arrojara:
k Pasin por la defensa de sus derechos individuales.
91


v 2. Valor y honor
3. Dignidad e hidalgua.

Se integran estos valores mencionados a la vertiente espiritual
que nos une a la hispanidad; stos deben considerarse estrechamente
unidos a la Lengua Castellana y a la Religin Catlica, de las que no
trataremos especficamente, ya que requieren un estudio aparte.
Tampoco trataremos los importantsimos elementos hispnicos
de nuestra cultura dominicana porque han sido tratados extensamen-
te en nuestro ensayo Influencia Espaola en la Cultura Dominicana,
publicado por el Museo del Hombre.
La pasin por la defensa de los derechos individuales puede lle-
gar a los extremos que seala Ganivet, cuando dice que esta pasin
lleva al espaol a tener "por ideal poder llevar una cdula declarndo-
lo autorizado a hacer lo que le diera la gana". Esa "gana", tan carac-
terstica del individualismo nuestro, palabra espaola que no tiene
traduccin en otra lengua, que es una "especie de pasivos apetecer",
como dice el conde Keyserling.
i
Reflejos positivos de esta pasin hispana y dominicana por los
derechos individuales aparece claramente en Juan Pablo Duarte. Lo
que no resulta extrao, pues, dice Joaqun Balaguer que, "el padre de
Duarte estimaba que su hijo era quien haba heredado las grandes vir-
tudes de su raza". (Balaguer, Joaqun. El Cristo de la libertad, pg.
32).
Para entender y asimilar esta respuesta del Padre de la Patria, de-
bemos acudir al escritor espaol Francisco Ayala, quien en su Histo-
ria de la libertad dice: "Para el hombre de la Edad Media no haba
libertad, pero s "libertades", constituidas por el deseo de cada cual,
de l, no de otros, que podra ser ms o menos extenso, pero que en
principio era extensible, pues se hallaba sostenido en su esfuerzo y
apoyado en su ser concreto y en su concreta condicin social, aun
cuando esta no fuera sino la de vecino de un cierto municipio prote-
gido por su correspondiente fuero, o hasta la de siervo de cierto seor
que le deba proteccin y justicia.
La pluralidad de poderes les permita contrapesarse y actuar de
recproco freno en esa compleja sociedad, donde ninguno poda con-
siderarse como absoluto y donde la jerarqua iba perdiendo en efecti-
vidad, conforme ganaba en altura y extensin, hasta concluir en la
92


actividad poltica del Reino (del Imperio) y la autoridad religiosa del
Papado, que por su parte, se contrapesaban entre si".
Y aade despus el referido autor: "Semejante organizacin plu-
ralista, conduca a un resultado de efectiva libertad al dar entrada
amplia a la voluntad de cada parte en la adopcin de las resoluciones
importantes y al procurar a cada hombre, dentro de su posicin, la
conciencia firme y recia de su valor y de sus derechos"...
Por eso en los albores del moderno rgimen liberal, se volvieron
los ojos a las instituciones polticas de la Edad Media, buscando en
ella inspiracin para el nuevo ordenamiento de la libertad y tratando
de formar una tradicin con la que respaldar las pretenciones innova-
doras de quienes las defendan (Ayala, Francisco. Historia de la Li-
bertad, ATlntida, 1961, pg. 144). En cuanto al valor dominicano y
al honor en la guerra, hijos legtimos de nuestra ascendencia hispni-
ca, debemos acudir a todo lo escrito por un dominicano arquetpico:
Gregorio Lupern. Dice el procer: "El dominicano es tan valiente co-
mo hidalgo; arrojado y terrible en el combate, como humanitario y
compasivo en la victoria". Y aade Lupern: "En ninguna parte del
mundo, han habido tantos hroes". En esta opinin coincide el glo-
rioso guerrero dominicano con un distinguido soldado espaol, don
Ramn Gonzlez Tablas, quien en su Historia de la Dominacin y
Ultima Guerra de Espaa en Santo Domingo, afirma: "Los jefes domi-
nicanos son por lo general personas de valor muy acreditado en sus
guerras y discordias civiles. La cualidad ms relevante del pas es el
valor". Hay que considerar la importancia de esta afirmacin en un
militar espaol que haba peleado en Santo Domingo, contra los do-
minicanos.
Por otra parte, Lupern, nuestro broncneo coloso, cuando ha-
bla del tratamiento que dieron distintos pueblos a sus esclavos de
Amrica apunta: "Los espaoles daban su nombre y su educacin a
los hijos que tenan con sus esclavas; los franceses les daban la liber-
tad y la educacin, pero no su nombre. Los ingleses no los miraban
como gentes, aunque fueran sus hijos"... (Lupern, Gregorio, Auto-
biografa, pg. 428). Como vemos, Lupern tena a orgullo su hispa-
dad, flor que no marchitaba el ardiente bronce de su mestizaje. Por
esto deca, en un hermano paisaje de su autobiografa: "Los espao-
les de ambos mundos, no obstante sus divisiones y quebrantos, son
todos hijos de Pedro Lpez de Ayala, de Cervantes y de Alfonso El
Sabio. Despus, de la gran Isabel la Catlica que por la extensin y
unidad de Espaa y la conquista de Amrica, de todos fue madre,
puesto que a todos dio gloria y patria".
93


Observemos que en este prrafo habla el egregio Lupern de espa-
oles de ambos mundos. Y concluye: "Y aunque la unin poltica se
deshizo entre gentes de la misma lengua y casta, son indudables los
lazos de fraternidad y no pueden romperse los del origen, del genio
y de la gloria". (Lupern, Op. Cit., pg. 432).
*


Tampoco Lupern menospreci la tradicin hispnica de las fa-
milias coloniales, antes la consider simiente preclara de la dominica-
nidad. As, cuando propone a don Casimiro de Moya como candida-
to a la Presidencia de la Repblica en 1844, exalta en l, "su hidal-
gua jams desmentida, su valor y su patriotismo", aadiendo que
"pertenece a una familia cuyo origen se pierde con los primitivos fun-
dadores de La Vega". (Lupern, Op. Cit., pg. 135).
Para culminar expresando: "Spalo quien tenga inters en saber-
lo. Espaa no tiene hoy enemigos en las naciones que fueron sus co-
lonias en Amrica, slo hijos emancipados que son, para los espao-
les, verdaderos hermanos".

Pero las caractersticas que hemos citado en tercer lugar: digni-
dad e hidalgua dominicanas, aquellas que hemos dejado para culmi-
nar nuestra exposicin por su principal importancia, requieren un es-
tudio un poco ms detallado. Primero, por sus valores bsicos en la
idiosincrasia espaola y, segundo, porque aparecen de un modo see-
ro en el primer patriota dominicano: el cacique don Enrique del Ba-
horuco, Enriquillo.
Pero comenzaremos por hablar algo de la dignidad espaola:"La
dignidad de Espaa es algo ms que una nocin tica, es una vivencia,
un sentimiento, un rasgo central del carcter. No se adscribe a la per-
sona en trminos abstractos, sino al individuo ms concreto: al yo,
Fulano de Tal. No se aspira a ella, se la tiene. No es patrimonio s-
lo de caballeros, sino hasta de pordioseros". As dice Jorge Maach,
mi maestro, que fue discpulo de Unamuno, quien lo llam "joven
maestro cubano de apellido de estornudo"...
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El primer dominicano sin gota de sangre espaola, pero lleno del
verdadero espritu de libertad individual, austeridad, lealtad, digni-
dad, hidalgua y valor que integran la verdadera hispanidad fue -para-
djicamente- el primer adversario de Espaa en el Nuevo Mundo,
nuestro heroico y legendario cacique Enriquillo.
Educado en la austeridad y seriedad espaola por sus maestros


franciscanos, dice Pea Batlle que, "el cacique era sobrio en maneras
y apetitos. No se exceda en el comer ni en el beber... Las condicio-
nes morales de Enriquillo eran ms que corrientes, eran relevantes.
Religioso a carta cabal, no abandon sus hbitos culturales, ni aun
en los aos de la rebelin, porque en el Bahoruco cumpla donde las
circunstancias lo permitan, con los preceptos de la Iglesia. Las reglas
de vida que impuso a los rebeldes eran seversimas. Espejo de sus
propias costumbres y de las de la cacica, su mujer. (Pea Batlle toma
todos estos datos de Tos cronistas Herrera, Oviedo y Las Casas).
Las Casas llama a Enriquillo "hombre grave y sereno*'... Y no
se alz Enriquillo en sus lomas del Bahoruco, sino despus de haber
agotado todas las instancias para que se le hiciera justicia y se le de-
jara vivir tranquilo. As vemos que, afrontado por Andrs Valenzuela,
que le tom una yegua que posea, y que despus trat de violar a su
esposa y hasta lo golpe por agraviarlo ms, se quej el cacique ante
la justicia del Teniente del Gobernador de la Provincia, primero. Sin
ser escuchado, lo hizo luego, ante la Audiencia, que lo remiti al mis-
mo Teniente de Gobernador, sin otro remedio... El Teniente antes de
escucharlo, torn a ofenderle y a amenazarle... Entonces, agotadas
como vmos, todas las posibilidades, el cacique se alz en los montes
con los suyos, en el ao 1519.
*
El valor de Enriquillo en la guerra iba acompaado de la magna-
nimidad y de la hidalgua -tan espaola- con el vencido. As vemos
que, cuenta Las Casas, "acaeci una vez, que perseguido por los
indios unos espaoles se refugiaron en una cueva y queriendo los pri-
meros allegar lea para ponerle fuego e quemayos", les mand Enri-
quillo dejarlos, no queriendo que se quemasen, sino slo quitarles las
armas y dejarlos ir.
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El cacique, dice Las Casas, tena mandado no matar espaoles
"sino fuese en el conflicto de la guerra. Fuera de ella a ninguno mo-
lestarse debe", afirmaba.
Por otra parte, eran su valor y audacia tan relevantes que, tam-
bin dice Las Casas, "ninguna de las muchas veces, que fueron los
espaoles contra l, hubo de dejarlos de desbaratar".
* ^ V Mf
Dice Pea Batlle: "El cacique del Bahoruco no se levant en
1519 contra el dominio de la Corona de Castilla, ni contra los ttulos
que la investan con el poder poltico sobre las tierras descubiertas.
Enriquillo protesto de la ausencia de justicia y de los ms elementales
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principios de equidad. Protest de la falta de respeto al individuo.
Enriquillo protest por hidalgua. El cacique no se doli de ser vasa-
llo, sino de ser tratado como esclavo. En las montaas del Bahoruco
se defendi y reclam -por va de las armas y por primera vez en
Amrica- el mnimun de concesiones sociales que una persona necesi-
ta para vivir como vasallo, subdito o sujeto poltico, en un rgimen
cualquiera de autoridad", apunta Pea Batlle.
Dice Oviedo: "Entre otros caciques modernos o ltimos de esta
isla Espaola, hubo uno que se llam Enrique, el cual era cristiano
bautizado y saba leer y escribir, y era muy ladino y hablaba bien la len-
gua castellana. Este fue desde su niez, criado y adoctrinado por
los frailes de San Francisco y mostr en sus principios que sera ca-
tlico y perseverante en la fe de Cristo (Captulo I, Versculo IV,
pg. 140).

La hidalgua del cacique lleva a Las Casas a afirmar que "hizo la
ms hermosa paz que ha hecho caballero o capitn o prncipe, de
Adn ac". (Las Casas, Volumen I).
Francisco de Barrionuevo, hidalgo espaol que representaba a
Carlos V, cuando el Tratado de Paz con Enriquillo, dijo, durante el
convite que sigui al acuerdo: "Don Enrique, yo os tengo por uno de
los ms honrados y virtuosos capitanes que han habido sobre la tierra
en todo el mundo hasta nuestro tiempo". (Oviedo, Volumen I, libro
6, pg. 4-72).
No puedo terminar mi exposicin sin hablar de un hroe ex-
cepcional de nuestro pas, Eugenio Perdomo, joven mrtir dominica-
no, arquetpico patriota que debiera ser el ejemplo de nuestra juven-
tud, porque vivi y muri heroicamente y con alegra, sin dejar que
sus preclaros ideales marchitaran su jovialidad. Por esto, quiero ha-
blar con mximo respeto y admiracin del poeta Eugenio Perdomo,
que alcanz la gloria en Santiago de los Caballeros en 1863.
Juan Daniel Balccer, el joven y notable escritor dominicano,
narra en un hermoso artculo periodstico dos ancdotas que reflejan
como la dignidad, el honor y el valor hispanos, florecieron entre los
dominicanos que se enfrentaban a la misma Espaa.
Las dos ancdotas se refieren a los ltimos momentos del pres-
tante mrtir y poeta Eugenio Perdomo. Narra Balccer como el 17
de abril de 1863, Eugenio Perdomo y varios compaeros ms fueron
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* 4U*>"


pasados por las armas de acuerdo con la sentencia pronunciada por
un consejo de Guerra Permanente. Una tradicin recuerda que cuan-
do las autoridades espaolas le ofrecieron a Perdomo un burro, para
que llegara ms cmodamente al lugar del fusilamiento, el mrtir lo
rechaz dignamente, diciendo: No, los dominicanos cuando van a la
gloria van a pie..."
i
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Hay otra tradicin alusiva al hecho de que el da antes de ser fu-
silado, Eugenio Perdomo solicit permiso al guardin que custodiaba
su celda para visitar a Virginia Valdez, joven con quien mantena re-
laciones amorosas. El custodio espaol accedi a la peticin del crio-
llo y hasta le prest su uniforme, bajo el compromiso de que regresa-
ra antes del amanecer. Y en cumplimiento de su palabra, el poeta
volvi al alba, para enfrentarse a las balas del pelotn de fusilamien-
to.
En todo cuanto hemos dicho, hemos tratado de recorrer, rpida-
mente, la historia dominicana, espigando en la idiosincrasia de algu-
nas mximas figuras, como Duarte, Lupern, Enriquillo y Eugenio
Perdomo, los valores hispnicos ms destacados, para probar cmo
contribuyeron stos extraordinariamente en la cimentacin de la do-
minicanidad ms pura.
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