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La ocupación de la Republica Dominicana por los Estados Unidos y el derecho de las pequeñas nacionalidades de America

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Title:
La ocupación de la Republica Dominicana por los Estados Unidos y el derecho de las pequeñas nacionalidades de America discurso pronunciado el dia 28 de enero del año 1919, en la Sociedad cubana de derecho internacional
Creator:
Roig de Leuchsenring, Emilio, 1889-1964
Place of Publication:
Habana
Publisher:
Impr. "El Siglo XX"
Publication Date:
Language:
Spanish
Physical Description:
1 online resource (71 pages) : ;

Subjects

Subjects / Keywords:
Diplomatic relations ( fast )
Foreign relations -- Dominican Republic -- United States ( lcsh )
Foreign relations -- United States -- Dominican Republic ( lcsh )
Dominican Republic ( fast )
United States ( fast )
República Dominicana -- Relaciones exteriores -- Estados Unidos ( qlsp )
Estados Unidos -- Relaciones exteriores -- República Dominicana ( qlsp )
República Dominicana ( qlsp )
Estados Unidos ( qlsp )
Genre:
non-fiction ( marcgt )

Notes

Statement of Responsibility:
por el Dr. Emilio Roig de Leuchsenring.

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Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
University of Florida
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Resource Identifier:
759772021 ( OCLC )
36373511 ( ALEPH )
Classification:
F1931 .R65 ( lcc )

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y LA OCUPACI"N DE LA REPBLICA DOMINICANA POR LOS ESTADOS UNIDOS Y EL DERECHO DE LAS PEQUEAS NACIONALIDADES DE AMERICA DISCURSO PRONUNCIADO EL DIA 28 DE ENERO DEL ARO 1919, EN LA SOCIEDAD CUBANA DE DERECHO INTERNACIONAL IR, EMlLiO ROG DE LEUCHSENRING Abogado del Colegio de la Hohaiia. Jefe de. Det^p^u-hr) del Primer Congreso Jvrklico Nacional. Miembro (ielri Sociedad Cuhnna de Derecho nternaciom. Habana Imprenta "El Siglo XX" Teniente Rey 27 1919

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LA OCUPACI"N DE LA REPBLICA DOMINICANA POR LOS ESTADOS UNIDOS Y EL DERECHO DE LAS PEQUEAS NACIONALIDADES DE AMERICA x"

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LA OCUPACI"N DE LA REPBLICA DOMINICANA POR LOS ESTADOS UNIDOS Y EL DERECHO DE LAS PEQUEAS NACIONALIDADES DE AMERICA DISCURSO PRONUNCIADO EL DA 28 DE ENERO DEL AO 1919, EN LA SOCIEDAD CUBANA DE DERECHO INTERNACIONAL r DR. EMILIO ROIG DE LEUCHSENRING Abogado del Colegio de la Habana. Jefe de Despatillo del Primer Congreso Jurdico Nacional. Miemtro ^ de la Sociedad Cubana de Derecho IrUemacUmo^ ^ ^ ^ Habana Imprenta "El Siglo XX' Teniente Rey 27 1919

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' Seoras y Seores: Celebra este ao la Sociedad Cubana de Derecho Internacional sus sesiones precisamente en los mismos das en que se encuentran reunidos en las Conferencias de Pars los Delegados de todas las Naciones Aliadas, de esos pueblos gloriosos que en esta ltima guerra, cruenta y formidable, representaban y defendan los ms altos ideales de libertad, justicia y democracia, frente a las desmedidas y no realizadas ambiciones de conquista, dominio y despotismo que, ultrajando el derecho y destruyendo vidas y tierras, pretendan imponer al mundo las Potencias Centrales de Europa. Y, con el completo y glorioso triunfo de las Naciones Aliadas, la humanidad recibir la recompensa de estos mortales aos de luchas y sacrificios que ha sufrido, pues podr recoger ahora el fruto que esta victoria representa, al ser llevados a la prctica los prin/:733S5

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cipios y las doctrinas en defensa de los cuales entraron esos grandes y nobles pueblos en la contienda; principios y doctrinas que han sido expuestos y explicados, en distintas ocasiones, por los directores de los Estados Aliados y especialmente por el Jefe de la Nacin Norteamericana. Hemos entrado en esta guerra, dijo Mr. Wilson en su famoso Mensaje de 8 de Enero de 1918, porque han ocurrido violaciones de derecho que nos llegaron al alma e hicieron la vida de nuestro propio pueblo imposible a menos que fueran corregidos y el mundo asegurado para siempre de que no volveran a repetirse. Aadiendo : Lo que nosotros exigimos en esta guerra, por lo tanto, no es nada peculiar a nosotros. Es que el mundo sea puesto en buenas condiciones para vivir; y, particularmente, para toda nacin amante de la paz, que como nosotros desee vivir su propia vida, resolver sus propios problemas y estar garantizada de justicia y trato legal por los otros pueblos del mundo, en vez de ser agredidos por la fuerza y por mvil egosta. Todos los pueblos del mundo, en efecto, son socios en ese inters, y, por nuestra parte, nosotros vemos claramente que, a menos que se le haga justicia a otros, no nos la harn a nosotros. Se luchaba, pues, por conseguir que desapareciesen de la faz de la tierra todos aquellos graves males que la empobrecan y aniquilaban y hacer que reinase en el mundo el derecho y la justicia, para los grandes y los pequeos, para los fuertes y los dbiles. Y tan es as, que el insigne Poincar, en su discurso de apertura del Congreso de la Paz, acaba de decir a los representantes de las Naciones Aliadas: '* Tenis en vuestras manos el porvenir de la humanidad." Son estas ideas y este momento los que he querido

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aprovechar y los que me han impulsado y decidido a levantar aqu mi voz en defensa precisamente del derecho hollado y en demanda de justicia para un pueblo de Amrica, vecino y hermano nuestro, compaero, amigo y auxiliar decidido y constante en los tristes y azarosos das de nuestras luchas por la independencia, que en su amor y proteccin a los cubanos, recogi y prest albergue y refugio a todos los desterrados polticos que pisaban su suelo, y en su identificacin con nuestra causa lleg al extremo de darnos a uno de sus hijos para que fuese el caudillo y el jefe de nuestras huestes libertadoras. (Aplausos.) Es ese pueblo, — en los labios est ahora su nombre, como desde hace tiempo en nuestros corazones — la Repblica Dominicana. (Grandes aplausos.) Desde el 29 de noviembre de 1916 se encuentra esa nacin, hasta entonces Ubre, soberana e independiente, ocupada militarmente por tropas del Ejrcito de los Estados Unidos, que han suprimido all por la fuerza el Gobierno Nacional. De los antecedentes, causas, pretextos y carcter de esa ocupacin, y de su crtica en el orden jurdico e internacional, voy a ocuparme en seguida. Pero, antes de entrar de lleno en materia, quiero dejar sentadas la obligacin y la necesidad en que estamos los cubanos de estudiar esta cuestin, sin temores ni vacilaciones, no slo por el deber que tenemos de prestar ahora nuestro auxilio y nuestra ayuda a la Repblica Dominicana, en gratitud de lo que ella hizo por nosotros en tiempos pasados, sino tambin porque su condicin de pueblo pequeo de Amrica, su especialsima posicin geogrfica, sus relaciones comerciales y polticas con la gran Repblica del Norte y hasta su causa presente y su situacin actual, dis-

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8 tintas en la forma pero tal vez ms graves en el fondo, son todas tan semejantes a las nuestras, que tienen que interesarnos y preocuparnos de manera muy especial y sealada. Y nosotros, los miembros de la Sociedad Cubana de Derecho Internacional, nos hallamos especialmente obligados a tratar el problema de Santo Domingo, porque, como desde esta misma tribuna dijo anoche, con su palabra emocional y grandilocuente, el patriota ilustre que ahora nos preside, Manuel Sanguily, esta Sociedad tiene por lema y persigue y quiere la justicia para todos, pobres y ricos, chicos y grandes, para el polaco y para el dominicano. {Aplausos.) La Convencin Domnico-americana de 1907 El 8 de febrero de 1907 fu concertada en la ciudad de Santo Domingo, entre los Plenipotenciarios de la Repblica Dominicana y los de los Estados Unidos de Amrica, una, Convencin por medio de la cual se garantizaba la operacin financiera que deba suscribirse ms tarde, el 27 de enero de 1908, en el mercado de New York, con los banqueros Kuhn, Loeb and C?, con el objeto de refundir todas las deudas de la Repblica Dominicana en una sola y realizar diversas obras de utilidad pblica, asegurando a los banqueros contratantes el pago fiel y exacto de los intereses y amortizaciones del emprstito levantado. Numerosas y repetidas revoluciones, dictaduras y disturbios polticos, que traan como consecuencia inevitable, a ms de los trastornos materiales y morales consecuentes, la dilapidacin del tesoro nacional, haban ido creando una deuda pblica que en el espacio

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de menos de veinte aos lleg a sumar unos 30 millones de pesos. Deseosa por un lado la Repblica Dominicana de sanear y liquidar su hacienda, y deseosos tambin por otro los Estados Unidos de evitar que pudiese verse expuesto Santo Domingo — como ya lo haba sido Venezuela — a una conjunta accin armada de potencias europeas, para el cobro de sus crditos, que no slo pugnaba con los principios sustentados en la Doctrina de Monroe, sino que los hubiera afectado, directa y especialmente, por la proximidad en que se encuentra la isla al territorio de la Unin; por todas estas razones y despus de varias tentativas y esfuerzos encaminados al arreglo de ese asunto, y que no llegaron a cristalizar por completo, se firm, al fin, ad referndum \ la Convencin que acabamos de mencionar, aprobada por el Senado Americano en 25 de febrero y por el Congreso de Santo Domingo en 3 de mayo de 1907. Por dicho convenio se hizo un ajuste y arreglo condicional de todas las deudas y reclamaciones, reducindolas en esta forma: $12.407,000 por deudas y reclamaciones de acreedores extranjeros, ascendentes a unos $21.184,000 (valor nominal) ; $645,827 por reclamaciones y deudas interiores, ascendentes a $2.028,258 (valor nominal aproximadamente) ; y $2.400,000 a los dems tenedores de deudas y reclamaciones interiores, lo que haca ascender los pagos totales que deba efectuar el Gobierno Dominicano, incluyendo el inters ajustado y las reclamaciones por liquidar, a no ms de unos $17.000.000. (1) (1) Gonvenci"7i DominicoAmerican a de fecha 7 de Febrero de 1907 y Documentos que se relacionan con dicha Convencin. Santo Domingo, imprenta "El Tiempo", 1912, p. 7; y en Statutes ai large, X. XXXV, pt. 2a, p. 1880-84.

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10 Dicha deuda, que se denomin Deuda Ajustada, s pagara: el veinte por ciento en dinero efectivo y el ochenta por ciento en bonos que se emitieron por valor de $20.000.000 al cinco por ciento, amortizables en 10 y 50 aos. Todo este plan quedaba garantizado, j slo as habra podido realizarse, con la intervencin y fiscalizacin de funcionarios americanos en las Aduanas de la Repblica, lo cual daba enorme inuencia a los Estados Unidos en la vida y el Gobierno nacional, influjo que ms tarde, como veremos en seguida, haba de ser fatal y decisivo, arrancando poco a poco a girones, hasta hacerla desaparecer por completo, la soberana e independencia del Estado Dominicano. Para hacer efectiva esa fiscalizacin se acord en el Convenio: lo El Presidente de los Estados Unidos nombrar un Eeceptor General de las Aduanas dominicanas, quien en unin de los Eeeeptores Auxiliares y otros empleados de la Keceptora, que libremente nombre el Presidente de los Estados Unidos percibir todos los derechos de aduanas que se recauden en las distintas Aduanas de la Repblica Dominicana hasta tanto queden pagados o retirados todos y cada uno de los bonos emitidos por el Gobierno Dominicano de acuerdo con el plan y dentro de las limitaciones en cuanto a plazo y cantidades ms arriba sealados; j dicho Eeceptor General aplicar las sumas as recaudadas como sigue: Primero, al pago de los gastos de Eeceptora; segundo, al pago de los intereses de dichos bonos; tercero, al pago de las cantidades anuales sealadas para la amortizacin de dichos bonos, incluyendo el inters de todos los bonos, que se retengan como fondo de amortizacin; cuarto, a la compra y cancelacin o retiro y cancelacin de cualesquiera de dichos bonos, conforme con sus propios trminos, segn disponga el Gobierno Dominicano; quinto, el remanente ser entregado al Gobierno Dominicano.

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11 La manera de distribuir las recaudaciones ordinarias de las rentas, a fin de darles la aplicacin que anteriormente se dispone, ser la siguiente: Los ga'='tos de la Receptora sern pagados por el Receptor segn se vayan causando. La cantidad que se seale al Receptor General y a sus Ayudantes para gastos de la recaudacin de las rentas no exceder del cinco por ciento de stas, a menos que se convenga otra cosa entre ambos Gobiernos. El da primero de cada mes natural, el Receptor har entrega de la suma de $100,000 al Agente Fiscal del Emprstito, y el remanente de la recaudacin del mes prximo precedente ser entregado al Gobierno Dominicano, o destinado al fondo de amortizacin para la compra o redencin de bonos, segn disponga el Gobierno Dominicano. Es entendido que en el caso de que las rentas de Aduanas recaudadas por el Reeex)tor General excedan en cualquier ao de la cantidad de $3.000,000, la mitad del excedente sobre dicha suma de $3.000,000, se destinar al fondo de amortizacin para la redencin de bonos. 2? El Gobierno Dominicano dispondr, por medio de una ley, que el pago de todos los derechos de Aduanas se haga al Receptor General y a sus Auxiliares, a quienes prestar todo el apoyo y auxilio que sea necesario y la ms amplia proteccin que pueda dentro de sus facultades. El Gobierno de los Estados Unidos dar al Receptor General y a sus Auxiliares la proteccin que estimare necesaria para el cumplimiento de los deberes de stos. 3? Hasta que la Repblica Dominicana no haya pagado la totalidad de los bonos del emiprstito, su deuda pblica no podr ser aumentada, sino mediante un ac'uerdo previo entre el Gobierno Dominicano y los Estados Unidos. Igual acuerdo ser preciso para modificar los derechos de importacin de la Repblica por ser condicin indispensable para que esos derechos puedan ser modificados que el Ejecutivo Dominicano compruebe y el Presidente de los Estados Unidos reconozca que tomando por base las importaciones y exportaciones de los dos aos prec'edentes al en que se quiere hacer la alteracin en los referidos derechos, y calculados el monto y la clase de los efectos importados o exportados, en cada uno de eso dos aos al tipo de los derechos de importacin que se jjre-

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12 tendan establecer, el neto total de esos derechos de Aduana en cada uno de los dos aos, excede de la cantidad de dos millones de pesos oro americano. 4? El Receptor General rendir cuentas mensualmente a la Contadura General de la Repblica Dominicana j al Departamento de Estado de los Estados Unidos, y dicTias cuentas quedarn sujetas al examen y comprobacin por los funcionarios competentes de los Gobiernos de la Repblica Dominicana y de los Estados Unidos. ^ Este Convenio comenzar a regir una vez aprobado por el Congreso de la Repblica Dominicana y el Senado de los Estados Unidos. El Congreso Dominicano al aprobar esta Convencin hizo las siguientes aclaraciones : a) A la clusula 1?. Se entiende que los empleados de que habla esta clusula no comprende en ningn caso a los que conforme a nuestras leyes actuales debe nombrar el Poder Ejecutivo Dominicano en las Aduanas de la Repblica. b) A la clusula 2?. Esta proteccin del Gobierno Americano para el Receptor General y sus Auxiliares slo podr tener lugar en el caso de que el Gobierno Dominicano se encontrare imposibilitado para j^restarla. c) A la segunda parte de la clusula 3a. Se entiende que la urgente y necesaria reforma arancelaria puede realizarse inmediatamente, conforme al tenor del texto, ya que el Poder Ejecutivo Dominicano puede demostrar que en los dos aos precedentes al actual, las entradas aduaneras han excedido de $2.000,000. d) Agregar a la clusula 5' : y previa la ratificacin de las Altas Partes contratantes. Ventajas que, segn Mr. Roosevelt, producira A Santo Domingo la Convencin Grandes eran los beneficios y ventajas que, segn la opinin norteamericana, habra de producir a Santo Domingo esta Convencin. Con ella, para el Presi-

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13 dente Roosevelt, se resolva por completo, segn declaraba en su mensaje de febrero de 1905, en lo domstico e internacional, ''el caso dominicano", impidindose las revoluciones, ya que estas, en su opinin, no solan tener otro motivo ni objeto que la conquista del tesoro pblico. A su juicio, adems, la Convencin no slo proporcionara "una buena prctica de la eficacia del Gobierno de los Estados Unidos en el sostenimiento de la Doctrina de Monroe", sino que la principal ventaja material que se desprender de la accin que se intenta tomar en Santo Domingo ser para Santo Domingo mismo y sus acreedores. Las ventajas que obtendrn los Estados Unidos sern indirectas, pero sin embargo grandes, porque es supremo para nuestros intereses que todas las comunidades inmediatas a nuestro Sur puedan ser y lleguen a ser prsperas j estables, j no slo en el nombre, sino de hecho independientes y gobernadas por s mismas. El Presidente Taft elogi tambin esta Convencin en un Mensaje. A lo que c^uedaron reducidas en la prctica tan bellas ilusiones y tan hermosas doctrinas, y para quin fu, en realidad, la ventaja material alcanzada con la Convencin, vamos a verlo inmediatamente. Resultados contraproducentes. — Burocracia norteamericana. — Daos morales y materiales Como ya dijimos, el artculo 1" de la Convencin ordenaba que "la cantidad que se seale al Receptor General y a sus ayudantes, para gastos de la recaudacin de las rentas, no exceder del 5% de stas; a menos que se convenga otra cosa entre ambos Gobier-

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14 nos." Los americanos i3rocuraron agotar ese 5%^ que en los aos anteriores a la ocupacin armada pasde $200,000. (2) El sueldo del Receptor se fij en $10,000 anuales^ igual al del Presidente de la Repblica ; el del Deputy Receptor, en $6,000, mucho ms que el que ganbanlos Secretarios del Despacho, y as por el estilo. Adems, con sobrantes de ese 5% se levant un esplndido palacio, valuado en ms de $100,000, para alojamiento y comodidad de los empleados de la Receptora, los cuales, conviene advertirlo, eran todos norteamericanos. Como en la Convencin se destinaba el sobrante total que quedase de la emisin y venta de los veinte millones de bonos, — despus de pagadas las deudas y reclamaciones y canceladas y extinguidas las concesiones y monopolios de los puertos — a ferrocarriles y obras pblicas, se cre una oficina de obras pblicas dirigida por un norteamericano, con el sueldo de $6,000. Para organizar la contabilidad pblica fu nombrado por el Presidente Wilson, en 1914, un Experto Financiero, con carcter ms o menos oficial; pero cobrando un sueldo de $8,000 anuales y $20,000 para gastos de la oficina a su cargo; puesto que fu suprimido en Julio de 1915, a virtud de negociaciones encaminadas a ese fin, pero asegurndose entonces, al que lo desempeaba, $5,000, como alto empleado de la Receptora, y aumentndose, adems, el personal de la misma, todo con cargo siempre al 5%. (2) Muchos de los datos de que aqu nos valemos estn tomados Ael notable trabajo d"! Sr. Tulio M. Cestero, Xo.v E atados Unidos ?/ la Revhll'-a Donnlcava, de 1903 a 1016, en La Reforma Social, Kew York, 1916 y 1917, t. IX, no 1, p. 74-103 y no 2, p. 66 y 112.

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15 Como se observa, no iban precisamente a beneficiar a los dominicanos las ventajas materiales que Mr. Roosevelt esperaba se derivaran de la Convencin, sino todo lo contrario. Y si no bastasen los datos y las cifras citados, sirva adems de prueba eonclnyente la siguiente carta en que Mr. Br^'an, Secretario de Estado norteamericano, le pide a Mr. Vick, Receptor de las Aduanas de Santo Domingo, le indique los puestos de que dispone en sus oficinas para premiar con ellos a sus correligionarios demcratas que lo merezcan. Prebendas o sinecuras, como decimos nosotros los cubanos, que se satisfacan con el dinero del pueblo dominicano. (Bisas.) He aqu la carta: (3) Mi querido Mr. Vick: Ahora que est Ud. en Santo Domingo y se lia familiarizado con la situacin, podra Ud. decirme los puestos de que dispone para premiar con ellos a los demcratas que lo merezcan ? Cada vez que Ud. necesite la indicacin de un nombre para cualquier cargo, pngalo en mi conocimiento. Ud. tiene demasiada experiencia en la poltica para saber cuan valiosos son los que trabajan en ella, mientras se est efectuando una campaa electoral v lo difcil que resulta encontrar luego premios adecuados para todos los que a ellos se hayan hecho acreedores. No s hasta dnde sea necesario el conocimiento del idioma espaol para el desempeo de psos cargos. Dgame las condiciones que se requieren, el sueldo que a cada puesto se seale y la fecha en que probablemente se hagan los nombramientos. Sullivan llegar antes de mucho tiempo; Ud. y l, unidos, pueden introducir reformas necesarias ah. Encontrar en (3) Vio la luz en The New York Times, Enero 15, 1915, p. 6; en El Mundo, de la Habana, FJnero 22, 1915, p. 2.

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16 un hombre fuerte, valeroso y de confianza. Cuanto ms lo^ trato ms me convenzo de que encajar bien en su puesto en esa, y de que har lo que sea necesario hacer. W. J. Bryan. Pero a todas estas inmoralidades, tenemos que aadir los escndalos provocados — y de los que se hizo eco la prensa mundial — por el entonces Ministro americano Mr. James Sullivan, — a quien tanto estimaba Mr. Bryan — el Receptor General Mr. Vick y el Director General de Obras Pblicas l\r. Mann. Acusaron estos ltimos al Ministro de estar en connivencia y haber realizado negocios poco limpios con el Banco Nacional de Santo Domingo, manejado por el judo y millonario de Wall Street Samuel Jjirvis; y a su vez Mr. Sullivan acus a sus otros dos coiiipatriotas como autores de numeosos fraudes, algunos de los cuales se lograron comprobar, entre otros un dficit de $30,000 en el Departamento de Obras Pblicas. Mr. Sullivan logr fuesen destituidos Mr. Vick y Mr. Mann, sindolo l a su vez, como resultado de una investigacin y expediente que, por encargo del Gobierno Norteamericano, llev a cabo el Senador Mr. Phelan. (4) Tales fueron, en lneas muy generales y sin entrar en detalles, los procedimientos que implantaron los funcionarios americanos en Santo Domingo; tales los ejemplos de orden, honradez y moralidad que dieron a los hijos del pas, tan necesitados de reformas sociales y polticas; tales los "beneficios materiales" de que hablaba Roosevelt, que al pueblo de Santo Do(4) Todos los detalles, pruebas y datos relacionados con este asunto constan recopilados en un folleto: Santo Domingo InvesHgor tion. Copy of ihe Report findings and opinin of Jaraes D. Phelan,. Washington, Press of Gibson Bros, 1916, 32 p.

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mingo produjo la Convencin que ese ilustre Presidente consideraba la panacea milagrosa que deba resolver todas las cuestiones dominicanas. Y es posible pensar que con esos procedimientos y esos ejemplos se iba a acabar con las revoluciones y disturbios, con los vicios y males que minaban la nacionalidad dominicana? Nuevas revoluciones No; ni era lgico que tal sucediese. Las revolucio nes continuaron. En noviembre de 1911 fu muerto por un grupo de revolucionarios el Presidente Cceres, sucedindole Victoria, y a ste, como Presidente Provisional, Monseor Nouel, y despus, sucesivamente, Bordas Yalds, Bez y Jimnez. Durante este tiempo y por motivo de los disturbios, alteraciones del orden y cambios de Gobiernos, no slo se ensangrentaron los campos y ciudades y se destruyeron vidas y propiedades, sino que se grav la hacienda, pues los sueldos de empleados no se pagaban por tener que dedicarlos a suministros de guerra, crendose adems otras obligaciones, todas interiores, como consecuencia de esos disturbios, tales como indemnizaciones, prstameos y gastos de guerra y estampillas y papel sellado, cedidos, en momentos de apuros del Gobierno, a precios risibles, hasta por un dos por ciento de capital. La deuda flotante interior. Su reconocimiento Y aceptacin por los Estados Unidos Esta deuda flotante interior de carcter administrativo, que empez a formarse desde la muerte del

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18 Presidente Cceres, en 1911, liego a tener en 1916, feeha de la ocupacin americana, nn valor nominal de $12.000.000, segn el importe, fantstico y exagerado en casi todos los casos, que le daban sus dueos a estos crditos, que, en realidad, al hacerse efectivos vendran a quedar reducidos a su cuarta parte, por consistir en indemnizaciones por perjuicios que se exageraban considerablemente, por sueldos debidos y servicios no retribuidos oportunamente: crditos todos que no devengaban inters (5). Los Estados Unidos, satisfechos con la recaudacin puntual que podan realizar en las Aduanas para el cumplimiento de la Convencin, no opusieron reparo ni protesta a esta deuda flotante, reconocindola implcitamente y tolerndola, por actos como los siguientes: durante la Presidencia de Victoria, el Departamento de Estado de Washington accedi a la venta de un transporte de su armada, que deba ser pagado a plazos, aunque no se lleg a cerrar la operacin ; durante la Presidencia de Monseor Nouel, el Presidente Taft autoriz un emprstito de $1.500,000 con el National City Bank of New York, para satisfacer deudas de guerra; durante la Presidencia de Bordas Valds, ste se propuso concertar con cargo a los fondos de Obras Pblicas, otro nuevo emprstito, opinando el Secretario Bryan (6) que para ese convenio no se requera la aprobacin del Congreso norteamericano, por tratarse de un simple cambio de acreedores; y, por ltimo, a los Gobiernos de Bez (5) El actual gobierno militar norteamericano do ocupacin ha hecho un ajuste de esa deuda por un valor aproximado de $5.000,000, t;n bonos, que al efecto se emitirn. (6) Despacho de la Secretara de Relaciones Exteriores a la Legacin Dominicana en Washington, de 22 de Enero de 1914,

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19 y Jimnez les fueron entregados avances con cargo He querido pormenorizar los detalles de esta deuda flotante, porque ella ser, como veremos, el pretexto a los fondos de Obras Pblicas situados en la Guaranty Trust Company of New York. (7) que han de alegar los Estados Unidos como causa y motivo de la ocupacin armada. Si hasta ahora, lejos de protestar el Gobierno del Presidente Wilson contra esa deuda y oponerse a ella, la haba, como ya demostr, reconocido y tolerado, llegando al extremo de realizarse actos y de hacerse declaraciones, tanto por los jefes del Departamento de Estado de la Unin como por funcionarios americanos de la Receptora de Santo Domingo, que venan, en realidad, a ponerle el visto bueno a esa deuda, las cosas cambiaron ms tarde y la actitud del Gobierno de Wilson empez a variar por completo en 1915. Y aparece entonces, en un documento oficial, la primera protesta contra esa deuda notante. Sr. Presidente (Sanguily) : Han pasado veinticinco minutos, i Se le dan otros cinco minutos ms ? Sr. Collantes: Sr. Presidente, como asociado e interpretando el sentimiento de gran nmero de antillanos, pido a la presidencia y a los vocales que forman esta Junta, que se sirvan conceder, si es procedente, diez minutos ms. (Aplausos.) Sr. Presidente (Sanguily) : Por mi parte tendra mucho gusto. {Grandes aplausos.) (7) Memorndum del Secretario Bryan al Ministro Dominicano. Washington. Enero 8 de 1915.

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20 Sr. Roig de Leuchsenring (Continuando.) : El Memorndum o Nota nm. 14, de 1915 El 19 de noviembre de 1915 dirigi Mr. William W. Russell, Ministro de los Estados Unidos en Santo Domingo, al Presidente de la Repblica, Juan Isidro Jimnez, una Nota, nmero 14, que permaneci desconocida para el pueblo dominicano y no fu dada a la publicidad hasta agosto de 1916, cado ya Jimnez, das despus de aparecer en los peridicos de la capital el Aviso de la Receptora participando que desde esa fecha no hara ms desembolsos al Gobierno del Presidente Henrquez Carvajal. En esa Nota nmero 14, que el Ministro Rusell declar en 2 de diciembre (8) que no era conminatoria, sino un simple memorndum susceptible de discusin, se hace saber al Gobierno dominicano que los Estados Unidos ven con marcado disgusto que desde 1910 se ha aumentado la deuda de la Repblica en unos siete millones, y que esto constituye una violacin de la Clusula III de la Convencin, por la que se convino que, hasta que la Repblica Dominicana no hubiese pagado la totalidad de los bonos del Emprstito, su deuda pblica no podra ser aumentada (8) lAstin Diario, Santo Domingo, 2 de Diciembre de 1915. Me parece oportuno dejar advertido aqu qne todos los documentos oficiales, tanto del Gobierno Dominicano, como del de los Estados Unidos, que aparecen publicados en el Listn Diario, tienen carcter rigurosamente autntico, insospechable e indiscutible, por ser en ese peridico, el ms importante de Santo Domingo, en el que se han insertado e insertan siempre las lejes, rdenes, notas, decretos y avisos, antes de salir en la Gaceta Oficial, que no ve la luz diariamente. Hoy da, el Gobierno Militar norteamericano usa tambin el Listn, en la misma forma y con idntico objeto.

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21 sino mediante un acuerdo previo entre el Gobierno dominicano y el de los Estados Unidos. Despus de algunas consideraciones, concluyen los Estados Unidos manifestando al Gobierno dominicano que no estn dispuestos a tolerar que las cosas continen en esa forma, y que han decidido que la Convencin les da derecho: Pretensiones norteamericanas 1? Al nombramiento inmediato de un Consejero financiero, nombrado por el Presidente de Santo Domingo, pero designado por el de los Estados Unidos, cuyas facultades venan a equipararse a las del Secretario de Hacienda. 2? A crear, para proveer al libre servicio de Aduanas y evitar contiendas faccionales o disturbios, una guardia organizada y comandada por un norteamericano, que sera, como el Consejero, designada por el Presidente de los Estados Unidos, suprimindose las distintas fuerzas existentes hasta entonces. (9) (9)LEGACI0N DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA Nmero 14. Noviembre 19, 1915. "Seor Ministro: "En cumplimiento de instrucciones tengo el honor de decir a V.E. que el Gobierno de .los Estados Unidos est ansiosamente preocupado por las actuales condiciones agitadas, tanto financieras como polticas de la Repblica Dominicana. Mi Gobierno, en razn de las obligaciones asumidas y en virtud de la autoridad conferida por las estipulaciones de la Convencin firmada en 8 de febrero de 1907, est interesado particularmente en el progreso y bienestar material de la Repblica Dominicana, y con ese fin ansia conseguir el pronto restablecimiento de una paz permanente en el pas. "Los dos o tres aos que siguieron a la promulgacin de la Convencin Dominicana en 1907 parecen haber transcurrido sin violacin por parte del Gobierno Dominicano, de la clusula III de esa Convencin. Desde 1910, sin embargo, parece que las exigencias do las

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Actitud del Presidente Jimnez Porqu el Presidente Jimnez guard tanto tiempo, sin darlas a conocer al Congreso y pueblo dominicano, estas pretensiones de los Estados Unidos? condiciones de la Hepblica, gradualmente fueron causa, primero, de que una de las administraciones y luego las otras desatendieran las estipulaciones de la clusula tercera del pacto solemne celebrado entre los Estados Unidos y la Repblica Dominicana. El Gobierno de los Estados Unidos, encontrando en deplorables condiciones la administracin de los asuntos en Santo Domingo a fines del ao 1912, se vio compelido a enviar como Delegados del Departamento de Estado y del de la Guerra, a Mr. Doyle, en representacin del primero, y al Gral. Me. Intyre, del segundo, para conciliar* los intereses de los Jefes de facciones. El resultado de sus buenos oficios amistosos fu la eleccin del Arzobispo Nouel como Presidente. "Antes de ese acontecimiento los dominicanos haban incurrido en una deuda relativamente grande, enteramente sin el consentimiento de los trminos de la Convencin. Finalmente el Gobierno de los Estados Unidos dio su aprobacin, de mala gana, a un aumento de un milln y medio de dlares de la deuda pblica de Santo Domingo, porque pens que pagando a aqiiellos a quienes se les deba dinero podra sostenerse la Administracin Nouel. "Parece que se haba hecho entender que un milln y medio de dlares bastaran para pagar las deudas corrientes de la Repblica en esa fecha. Se comprob que esto no era cierto. El pago de ciertas cuentas y la ignorancia de otras dio por resultado la maljkvoluntad de los que no haban sido pagos y acerba crtica del Gobierno de Bordas, que sigui a la efmera administracin del Arzobispo Nouel. "Otra vez, en 1913, mi Gobierno estudi el problema dominicano con es-pecial cuidado y profundo inters y simpata. Al Gobernador Csbcrne, Primer Subsecrenrio de Es^nrlo, fii encomenrlida l:i misin de llamar la atencin de la administracin de Jos Bordas "Valds sobre la necesidad de respetar propiamente la Convencin y vivir dentro de las estipulaciones de la misma. En contestacin a sus representantes recibi el Gobernador Osborne seguridades de que el Gobierno dominicano acomodara sus gastos a sus entradas y que observara fielmente los trminos de la Convencin. "A los pocos meses de la visita del Gobernador Osborne, se hizo claro que haba un descuido y una imprevisin general en los asuntos financieros; que la administracin Bordas, sin el consentimiento de los Estados Unidos, estaba aumentando su deuda por todos lados en un esfuerzo por debelar la revolucin, y que los sueldos de los empleados del Gobierno no se pagaban, lo que caus tanto descontento que amenaz la estabilidad del rgimen de Bordas.

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23 En opinin del distinguido escritor venezolano seor Jacinto Lpez, (10) el Presidente Jimnez entr en negociaciones secretas sobre estas pretensiones, con el objeto de que los Estados Unidos reconocieran y apoyaran su gobierno, acusado en la misma Nota "Buscando un remedio pura esta penosa situacin, los Estados unidos, despus de cuidadoso examen, se convencieron de que el pago regular de los sueldos a todos los empleados del Gobierno contribuira en mucho para disipar el odio de que eran objeto muchos funcionarios del Gobierno de Bordas, y por lo tanto, disminuir, cuando no vitar, la protesta armada a que el hambre y los abusos forzaban lentamente a los empleados del Gobierno. Con este propsito los Estados Unidos acogieron favorablemente la sugestin de establecer en la Repblica Dominicana una forma de intervencin financiera, con la esperanza de que por ese medio se obtendra un remedio, al menos, en parte, ajustaudo los gastos a las entradas. Impulsado por ese alto motivo y en la creencia de que un Interventor financiero competente sera de ayuda material, el Departamento de Estado, conferenci libremente con el Sr. Peynado, Ministro Dominicano en loa Estados Unidos, y luego con el Sr. Soler, quien sustituy al Sr. Peynado. "Estas conferencias y las varias y extensas comunicaciones que se cruzaron entre los Gobiernos tuvieron por resultado el nombramiento de un Consejero Financiero para la Repblica Dominicana. Era tan aguda, sin embargo, la rivalidad entre las diversas facciones polticas contendientes, que no se aprob ningn plan de emprstito en esa poca. "Durante ocho meses ejerci sus funciones el Consejero Financiero del mejor modo que le fu posible, y logr, en cuanto le fu dable, ahorrarle grandes sumas al Gobierno. Debido a sus activos servicios los empleados del Gobierno fueron pagados regularmente pero esta nueva condicin no dur un tiempo suficiente para demostrar si un manejo honrado de los fondos pblicos removera de manera permanente una de las principales causas de contiendas faccionarias. "El estado continuo de perturbaciones internas que existi en la Repblica Dominicana desde la llegada del Consejero Financiero y el retiro de la Administracin de Bordas (cuando el Gobierno provisional del Dr. Bez asumi la direccin de la Repblica) dio por resultado que no se lleg a confirmar o ratificar el reconocimiento oficial del puesto de Consejero Financiero. "Antes del reconocimiento del Gobierno del Presidente Jimnez, por los Estados Unidos, el Presidente Jimnez y el Sr. Federico Velzquez le aseguraron a mi Gobierno que el nombramiento del Consejero (10) Los acontecimientos. La Conquista de Santo Domingo. En La Reforma Social, Habana, 1916, t. VIII, p. 282-305.

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24 nmero 14 de dilapidacin de los fondos pblicos y mala fe en sus compromisos con el Gobierno de los Estados Unidos en cuestiones financieras, y acusado tambin ante el Congreso dominicano por el Diputado E. Vctor Garrido, de (11) haberse entregado, a Financiero sera ratificado, y adems de sta, fueron dadas otras seguridades pero no respetadas. "An as, el Departamento de Estado, deseoso de cooperar con los dominicanos en todo lo que fuera conveniente, recibi a la Comisin que el Presidente Jimnez envi a Washington. En vista de la seguridad, dada por esa cooperacin, de que los dominicanos viviran dentro de los lmites de sus rentas, con tal que el cargo de Consejero Financiero fuera abolido, el Departamento de Estado, en junio de 1915, dio su aquiescencia a varias de las sugestiones sometidas por el Ejecutivo Dominicano por medio de la Comisin Especial, que visit a Washington en ese mes. Despus de la partida de esa Comisin el Departamento de Estado esper confiadamente que el Gobierno Dominicano recibira simpticamente y respetara en todo segn lo convenido, las indicaciones de la Receptora, a la cual por mutuo consentimiento fueron transferidos los poderes modificados del Consejero Financiero. "El Departamento de Estado, ha esperado recibir algn plan concerniente a la adjudicacin y liquidacin final de la muy considerable deuda corriente que se ha ido acumulando lentamente bajo las administraciones anteriores y rpidamente bajo la administracin de Jimnez, y naturalmente esperaba ser informado de que el aumento diario de esa deuda haba cesado. "Con sorpresa y profundo sentimiento, no ha recibido an ninguna informacin favorable. "De diversas fuentes se ha recibido aviso de que el Gobierno del Presidente Jimnez est aumentando la deuda del Gobierno Dominicano en una proporcin de uno a tres mil dlares por da. Adems de eso se dice que el peculado extremo que hay en la recaudacin de las rentas internas se emplea ampliamente en beneficio de los polticos, mientras los empleados civiles del Gobierno estn sin sueldos y faltos de alimentos. Tan aguda parece ser la lucha por la reparticin de los cargos pblicos, que los remedios naturales tales como un emprstito, que, propiamente empleado en pagar la deuda corriente, sera de valor verdaderamente positivo en la conducta propia de los asuntos econmicos, no se toman en consideracin. Se dice que la poltica econmica que hoy se sigue no puede sino culminar en la bancarrota inevitable del Gobierno. (11) Vase Los acontecimientos. La intervencin en Santo Domingo, por Jacinto Lpez, En La Reforma Social. Habana, 1916, ^t. VII p. 300.

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25 cambio de beneficios para su gobierno, a las exigencias norteamericanas. Los amigos de Jimnez afirman que ste no public la Nota por creer que la oposicin se poda basar en ella para atacarlo, pero que se neg siempre a toda ingerencia extranjera en su pas. "La actual deuda corriente se estima que vara de cinco a siete millones de dlares. Esta declaracin que asusta indica claramente que en el actual Gobierno existen impropiedades fundamentales. Si se ha pagado tributo de evitar que aquellos que de otro modo hubieran iniciado revoluciones, lo hagan, o de debelar revoluciones incipientes; si los funcionarios del Gobierno del Presidente Jimnez se estn enriqueciendo mientras dejan en la necesidad a los empleados civiles del Gobierno, no puede sino estar manifiesto que pronto se llegar a un tal estado de descontento que amenazar la existencia misma de la Repblica. "Es, por consiguiente, evidente que desde 1910 ha habido continuas violaciones de la Convencin de 1907, especialmente en esa parte que dice: "Mientras la Repblica no haya pagado el valor total de los bonos de su deuda pblica, no podr ser aumentada sino por previo convenio entre el Gobierno Dominicano y los Estados Unidos." En contradiccin directa con la anterior solemne garanta, la deuda dominicana ha sido aumentada en unos siete millones de dolares. Estrechamente unida a esta lamentable falta de cumplimiento de las obligaciones del Tratado, ha habido una lucha continua interna por obtener el Gobierno y los fondos del Gobierno, la cual ha resultado en un estado de revuelta tan continuo que ha interrumpido casi completamente todo desarrollo nacional en la Repblica. "No est fuera de lugar recordar aqu que en 1907 la deuda de la Repblica ascenda prximamente a treinta millones de dolares los que, gracias a los buenos oficios de los Estados Unidos, fueron finalmente reducidos a unos diez y siete millones. Fueron emitidos veinte millones en nuevos bonos, los que con los cuatro millones en efectivo acumulados bajo el modus vivendi, le permitieron al Gobierno Dominicano, pagar su deuda ajustada en diez y siete millones, comprar ciertas concesiones onerosas en un costo de un milln y medio, y disponer de lo dems, para obras pblicas necesarias para rehabilitar las deplorables condiciones del pas. Desde entonces, a ms de pagar los intereses, el total de veinte millones ha sido reducido en tres millones y medio; habindose llevado a cabo esta reduccin por pagos hechos segn la Convencin y con sus beneficios. "Durante este tiempo, y sin haber producido el menor bien permanente, las diversas administraciones de la Repblica Dominicana, con violacin directa de la Convencin, han aumentado la deuda total de la Repblica en unos siete millones de dlares. Es pues evidente que si se consintiera que continen esos procedimientos, la

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26 Revolucin contra Jimnez. — Su renuncia En este estado se encontraban las cosas, cuando en el mes de abril de 1916, por disidencias entre el Presidente Jimnez y su Ministro de Guerra, General vida de la Convencin sera eterna y su creacin y promulgacin sin objeto. "AunqTie mi Gobierno ha reconocido su perfecto derecho en insistir por que la Repblica Dominicana observe todas las obligaciones de la Convencin de 1907, especialmente las que se refieren al aumento de la deuda pblica y a la obligacin de darle completa proteccin al Receptor General, de manera que el libre servicio de las aduanag no sufra interrupcin, ha determinado hoy, por vez primera, que han de cesar las violaciones de las obligaciones de la Convencin, que la Repblica Dominicana ha asumido libremente. "El Departamento de Estado mantiene que el estricto cumplimiento de parte del Gobierno Dominicano, de la clusula III de la Convencin de 1907, por la cual se le prohibe al Gobierno Dominicano hacer ningn aumento en su deuda pblica sin la sancin del Gobierno de los Estados Unidos, constituir el medio ms efectivo para disuadir a todos los que puedan tener intenciones de promover desrdenes polticos, a que ha estado sujeta la Repblica durante muchos aos. La creacin de una deuda flotante, directa o indirectamente, puede ciertamente ser considerada como contravencin a las disposiciones de la Convencin de 1907. La falta de cumplimiento del presupuesto, el hecho de que se voten sumas que excedan a los ingresos probables, la compra de fondos, suministros y materiales, para el pago de los cuales no hay provisin, son consideradas por el Departamento de Estado como contravenciones a la Clusula III que no deben ser alentadas. "Mi Gobierno ha decidido por consiguiente que la Convencin Amrico-Dominicana de 1907 le da derecho: "A. A compeler a la observancia del Artculo III insistiendo sobre el nombramiento inmediato de un Consejero Financiero para la Re pblica, quien ser nombrado por el Presidente de la Repblica, Dominicana, por designacin que har el Presidente de los Estados Unidos, y quien estar agregado al Ministerio de Hacienda al efecto de que el Ministro de Hacienda le preste ayuda eficaz a sus proposiciones y trabajos. El Consejero Financiero deber hacer ofectivas las Clusulas de la Convencin de 1907 ayudando a los funcionarios competentes del Gobierno Dominicano en la adjudicacin y ajuste de toda su deiida pendiente: formular y establecer un sistema adecuado de contabilidad pblica; investigar los medios propios de aumentar las rentas pblicas ajustando k ello los gastos pblicos a fin de evitar los dficits; averiguar la validez de cualquiera y todas las reclamaciones que puedan ser presentadas contra el Gobierno Do-

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27 Desiderio Arias, ste se rebel contra aqul, estallando un movimiento revolucionario y posesionndose de la Capital el General Arias. A combatirlo acudieron los partidarios de Jimnez, el cual, por hallarse enfermo, resida desde haca algn tiempo en Camminicano; refrendar todos los cheques, giros, libramientos u rdenes para el pago de los fondos dominicanos a terceros; ilustrar a ambos Gobiernos con respecto a cualquiera deuda eventual y determinar si esa deuda es o no conforme con la Convencin de 1907; conciliar cualquiera diferencia que pueda surgir entre la Receptora y el Departamento de Hacienda y Comercio, en asuntos que no requieran la intervencin de ambos Gobiernos; ayudar a los funcionarios competentes del Gobierno Dominicano en la preparacin del presupuesto anual y ayudarles a relacionar con l los gastos gubernamentales; recomendar mtodos adelantados para aplicar las rentas y hacerle al Ministro de Hacienda todas las recomendaciones que juzgue necesarias para el bienestar y la prosperidad de la Repblica Dominicana; siempre que la autoridad del Receptor General segn lo describe el Artculo lo, para percibir y aplicar las entradas de aduanas, no sea en manera alguna afectada con esta interpretacin. "B. Proveer el libre servicio de las advianas y evitar las contiendas faccionales o disturbios con la creacin de una guardia civil que el Gobierno Dominicano con el fin de la conservacin de la paz domstica, seguridad de los derechos individuales y la plena observancia de las disposiciones de la Convencin, se obliga a crear sin tardanza y a sostener. Esta Guardia Civil ser organizada y comandada por Tin americano que ser nombrado "Director de la Guardia Civil", por el Presidente de la Repblica Dominicana, y designado por el Presidente de los Estados Unidos. De igual manera sern nombrados en la Guardia Civil los otros oficiales que considere necesarios; tambin sern nombrados por el Presidente de la Repblica Dominicana, por designacin que har el Director de la Guardia Civil los oficiales dominicanos que a juicio de ste puedan ser necesarios desde el punto de vista de la eficacia. El Gobierno Dominicano rodear a estos oficiales con la autoridad necesaria para protegerlos en el ejercicio de sus funciones. El Gobierno Dominicano autorizar para la Guardia Civil oficiales comisionados y hombres alistados (oficiales no comisionados y plazas) que el Director de la Guardia Civil pueda juzgar necesarios para la adecuada conservacin de la paz y el orden, dentro de la Repblica, y ratificar los reglamentos sobre la paga del personal, alistamiento, nombramientos de oficiales no comisionados y su reduccin, retiros, disciplina, etc., etc., que el Director de la Guardia Civil pueda recomendar entendindose que el Presidente de los Estados Unidos dcidir cualquiera cuestin de reglamento que afecte la organizacin y sobre la cual no estn de acuerdo el Go-

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28 beln, a 20 kilmetros de la ciudad de Santo Domingo. El Ministro americano intim, en una entrevista celebrada en la Legacin de Hait, al Jefe de las fuerzas de Arias, que entregase la Capital al Presidente Jimnez, a quien apoyaba. El Jefe revolucionario se neg a ello. Entonces el Comandante del buque de guerra norteamericano Prairie amenaz, en nota dirigida al Congreso, en 3 de mayo, con una intervencin y desembarco de fuerzas, para proteger la legacin de su pas (12). bierno Dominicano y el Director; y de acuerdo con el Gobierno de la Repblica, el sueldo del Director de la Guardia Civil. "La Guardia Civil as establecida tendr, bajo la direccin del Gobierno Dominicano, la supervigilancia y control de las armas y pertrechos, suministros militares y traslado de los mismos dentro del pas. "Con respecto al Consejero Financiro dir a V.E. que mi Gobierno preferira que este cargo fuese establecido de manera que no haya peligro de que sea abolido por una administracin futura; pero, en vista, de la reciente experiencia con el puesto de Consejero Financiero, desea que sus derechos y deberes le sean conferidos a la Receptora, siempre que dicha Receptora est propiamente autorizada a ejercer un control completo del presupuesto y se le confieran todos los poderes indicados aqu en el prrafo A. "Al insistir sobre el establecimiento de la Guardia Civil no dejar de comprender V.E. que esta organizacin le prestar amplia proteccin a las autoridades constituidas a un costo mnimo y estar (12) "Tengo a bien notificar a todos los ciudadanos esta advertencia : "Si llegare a ser necesario el desembarco de fuerzas se previene por la presente que cualquier acto de hostilidad contra las tropas americanas, dar por resultado una accin seria por parte de estas tropas. "Si se desembarcan tropas sern destinadas a la Legacin americana para fines pacficos. "Bastar un solo disparo de fusil contra ellas, para que se determine una severa represalia. "Cualquier empleo ulterior de las tropas americanas depender de los sucesos futuros. {Listn Diario, 3 de Mayo 1916).

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29 El Presidente Jimnez renunci en 7 de mayo, asumiendo las funciones administrativas del Poder Ejecutivo cuatro Secretarios adictos suyos, los que fueron apoyados por el Ministro y Contraalmirante americano Caperton, inicindose mientras tanto por el Congreso, segn estatuye el artculo 49 de la Constitucin, la eleccin de un nuevo Presidente. (13) Desembarco de fuerzas norteamericanas El 13 de mayo, el Ministro Rusell y el Contraalmirante Caperton enviaron un ultimtum a los jefes rebeldes conminndolos a que antes de las 6 de la maana del da siguiente se rindieran y entregaran armas, posiciones y fortalezas a las tropas americanas, pues de lo contrario tomaran por la fuerza la ciudad, todo, segn declaraban, para sostener al Gobierno Constitucional. (14) sujeta al control del Gobierno central, colocndola as fuera de la dominacin de los administradores provinciales, y el sostenimiento de esa Guardia Civil ser menos oneroso y con mucho ms eficacia que el actual sistema de ejrcito, guardia aduanera y Guardia Republicana. "Al rogar a V.E. que le preste a este asunto su atencin ms seria e inmediata vlgome de esta ocasin para renovarle la seguridad de mi ms alta y distinguida consideracin. — (f) "William W. Russell. — Su Excelencia Don Bernardo Pichardo, Secretario de Estado etc., etc. (13) "Artculo 49. Cuando ocurra el caso de incapacidad, renuncia, destitucin o muerte del Presidente de la Repblica, el Congresa por una ley designar qu persona habr de desempear la Presidencia hasta que cese la incapacidad o se elija un nuevo Presidente. "Si el Congreso no estuviere reunido al ocurrir el caso previsto en el artculo anterior, los Secretarios de Estado debern convocarlo inmediatamente con este solo objeto. (14) "En vista de que las fuerzas armadas rebeladas contra las actuales autoridades constituidas del Gobierno de la Repblica Dominicana ocupan todas las posiciones militares de la ciudad de Santo Do-

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50 Los jefes revolucionarios abandonaron la ciudad sin rendirla, y el da 15 a las 6 a. m. la ocuparon sin disparar un tiro, las tropas norteamericanas, dirigiendo ese mismo da el Ministro Rusell y el Contraalmirante Caperton una nota al Congreso pidindole que suspendiese la eleccin del Presidente por dos o tres das y "garantizndole una libre e imparcial acmingo y por medio de la faersa impedirn a los Representantes del Poder Ejecutivo Gonstitucional de 5a Rcpiiblica Dominicana entrar a la ciudad con garantas para tomar posesin de sus respectivas arteras ; y en vista de que todos los esfuerzos realizados para conseguir un arreglo amigable con los que tienen el control del poder militar en la ciudad han sido infructuosos; y en vista de la poltica pblicamente anunciada de los Estados Unidos de Amrica, de mantener por la fuerza si se hace necesario las actuales autoridades constituidas de la Repiblica, los abajo firmados, por la presente los intiman el desarme de las fuerzas militares que actualmente hay en la ciudad de Santo Domingo, la evacuacin de todas las posiciones fortificadas que osten dentro de la ciudad y la entrega a la custodia de las fuerzas de los Estados Unidos de Amrica de todas las armas y las municiones que haya en la ciudad ; y los hacemos a todos y a eada uno de ustedes responsables de las consecuencias •que puedan resultar de una negativa a cumplir los trminos de esta •comunicacin. "Lo que en esta comunicacin se pide debe sor cumplido antes de la 6 a. m., del da 14 de mayo de 1916, y debe ser indicado izando "banderas blancas en la torre de la Fortaleza y del Palacio Municipal y en las dems posiciones fortificadas de la ciudad en forma clara-mente visible desde el mar y desde los campamentos extramuros de la ciudad; y pedimos formalmente por la presente que, en caso de que no se proceda al desarme indicado, que ustedes notifiquen a la poblacin civil, dominicana y extranjera, que debe abandonar la ciudad dentro de las 24 horas a contar de las 6 a. m. del da 14 de mayo de 1916 por que a esta hora es decir, a las 6 a. m. del da 14 de mayo se emplear la fuerza para desarmar a las fuerzas rebeldes que hay en la ciudad de Santo Domingo y para sostener al gobierno constitucional. "Los no combeicntos deben £;alir de la ciudad por la Avenida Bolvar (camino de Santa Ana) hasta el punto en que empalma coa la carretera del oeso, o ms all, "Los no combatientes que salgan de la ciudad por la va acutica deben mantenerse fuera de la lnea de fuego de los vapores de guerra americanos. "Una copia de Cdta comunicacin ha sido entregada a los repre-

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31 tuacin de las Cmaras para la eleccin del Presidente de la Repblica." (15) El 18 enviaron otra nota, aconsejando fuese nuevamente diferida la eleccin, hasta que el estado revolucionario mejorase y aqulla pudiese hacerse imparcial y libremente. (16). Eleccin del Dr. Francisco Henrquez y Carvajal PARA LA Presidencia de la Repblica Desde el da 11 haba empezado la Cmara a ocuparse de la eleccin del Presidente, con los trmites legales y las tres votaciones que indica la Ley del EsKeutantes de las naciones extranjeras y al Prt:sidente del Ayuntamiento. (FdO.) WlLLIAM W. RUSSELL, Minisfro Americano. (Fdo.) W. B. C.-iPERTON, Gonir almirante de la Armada Americana. {Listn Diario, 13 de mayo 1916.) (15) "Esta ciudad ha sido ocupada militarmente por fuerzas norteamericanas. "Al tomar esta decisin tenemos el sincero propsito de garantizar una libre e imparcial actuacin de las cmaras para la eleccin del nuevo Presidente de la Repblica. "Debido a la situacin anormal que de momento crean las presentes circunstancias, suplicamos a ustedes no convocar a sesin por dog o tres das, hasta que la ciudad recobre su aspecto normal. {Listn Diario, 15 de mayo 1916.) (16) "Refirindonos a nuestra comuniccin a ustedes del 15 del corriente, y en vista del hecho de que el proceso observado por el: Congreso para la eleccin de un Presidente interino hasta el momento de la ocupacin de la ciudad por las urzas militares americanas, fu desarrollado en la presencia y bajo la influencia de una fuerza militar revolucionaria que dominaba la ciudad, y que los jefes de esas fuerzas estaban personalmente interesados en el resultado de la eleccin; y en vista del actual estado de revuelta de otras regiones de la Repblica, y en vista de la continuada actitud rebelde de los generales antes citados contra el Gobierno constituido; y

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32 tado, resultando en las dos primeras electo el Dr, Bez, candidato del Jefe rebelde Arias, y en la tercera, que es la definitiva, realizada el 17, el Sr. Federico Henrquez y Carvajal, Presidente de la Corte Suprema; pero como la nota americana del da 18 era una repudiacin de este candidato, el Congreso, deseoso de conciliar la triste realidad de esos momentos con el futuro de la patria, se abstuvo durante varias semanas de elegir en definitiva Presidente; hasta que al fin, por unanimidad y con el acuerdo de todos los Partidos polticos, design Presidente Provisional al Dr. Francisco Henrquez y Carvajal, personalidad ilustre por su saber, su cultura y su patriotismo, que haba sido Juez de la Corte Internacional de La Haya, Delegado a la Segunda Conferencia de la Paz celebrada en 1907, Secretario de Relaciones Exteriores y Representante Diplomtico en distintas pocas, y el cual se encontraba alejado por completo, desde haca ms de diez y seis aos, de toda lucha poltica, residiendo en la ciudad de Santiago de Cuba; designan vista del hecho de que la eleccin de un Presidente de la Repblica durante la continuacin del presente estado revolucionario en toda la Kepblica, amenazara ciertamente la vida y la propiedad nacionales y extranjeras; una situacin qu, como se ha pblicamente anunciado, el gobierno americano no tolerar: "Se aconseja a ustedes que la eleccin por el congreso de un Presidente de la Repblica, sea diferida por el momento hasta que el estado de revolucin que ahora existe sea suficientemente mejorado, para permitir que se haga una eleccin sin la probabilidad de precipitar una condicin que necesitara accin agresiva de parte de las fuerzas que estn en Santo Domingo, accin que muy particularmente se desea evitar. "De ustedes con todo respeto, WlLLIAM W. RSSEIi, Ministro Americano. W. B. Oapbeton, Contralmirante de la Armada Americana. (Listn Diario, 18 de mayo 1916.)

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ein acertadsima y patritica, que vena a poner un parntesis de paz, concordia, unin y tranquilidad en la nacin dominicana y era una firme garanta de orden y justicia. El Dr. Henrquez Carvajal, electo como se ha visto, constitucionalmente, tom posesin legal de su cargo el 31 de julio, formando su Gabinete con representantes de todos los partidos polticos que se ofrecieron, y lo realizaron, a prestarle su apoyo y ayuda para la buena marcha de la Repiiblica (17). En ese intervalo de tiempo, las fuerzas americanas se haban posesionado de la capital y de los puertos de Monte Cristy y Puerto Plata, as como de la ciudad de Santiago de los Caballeros, ocasionando ligeros combates algunas de estas operaciones militares; pero encontrndose, al ser electo y tomar posesin el Presidente Henrquez, completamente pacificada la Repblica. (17) El gobierno del Dr. Henrquez y Carvajal fu uk gobierno de coalicin nacional: todos los partidos estuvieron representados en su seno, no obstante lo cual, ese gobierno se distingui por su perfecta cohesin y unidad. Los partidos polticos existentes en Santo Domingo son los siguientes: (hay que tener en cuenta que son partidos de origen personalista que comenzaban a organizarse jurdicamente) el liberal (antiguo jimenista), estaba representado en el gobierno por el Sr. Elseo Espaillat, Secretario de Alimento y Comunicaciones; la otra fraccin del mismo' partido liberal estaba representada por el Ledo. Emilio Prudhomme, Secretario de Justicia e Instruccin Pblica; el partido reformista (horacista) estaba representado por el Secretario de Relaciones Exteriores, Ledo. Jos M. Cabral y Bez; el partido legalista ( o vidalista) tena .como representante al Gral. Miguel Mascar, Secretario de Guerra y Marina; el partido progresista (o velazquista) tena como representante al Sr. Eladio Snchez, Secretario de Agricultura. Las dos carteras restantes fueron confiadas a dos hombres en absoluto desligados de la poltica y considerados como figuras nacionales: la Secretara de Hacienda al Ledo. Francisco J. Peynado, antiguo Ministro en Washington; y la del Interior y polica (Gobernacin) al Dr, Federico Henrquez y Carvajal, que renunci, para ocupar ese cargo, la Presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nacin.

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34 Exigencias nkteamekicanas. — Retirada de fondos AL Gobierno A pesar de esto, el Gobierno de Washington se neg a reconocer el Gobierno del Dr. Henrquez, y el 18 de agosto, por un Aviso publicado en los peridicos, la Receptora General se neg a hacerle ms desembolsos •de fondos hasta que fuese reconocido por los Estados Unidos y se llegase a un entendido respecto a la interpretacin de ciertos artculos de la Convencin DominicoAmericana de 1907. (18). Esas interpretaciones son las exigencias de aquella famosa Nota 14 que el Ministro Russell present como Memorndum al Presidente Jimnez en 1915 y ste no haba publicado, y que ahora, das despus de habrsele retirado los fondos al Presidente Henrquez, fu presentada de nuevo al Gobierno dominicano por el Ministro Russell, no ya con el carcter de Memo rndum, discutible por las partes, sino como de exigencia para que el Gobierno fuese reconocido por los Estados Unidos y se le entregasen de nuevo por la Receptora de las Aduanas los fondos necesarios para todos los gastos pblicos. (18) "Aviso impovtaute. De acuerdo con instmccines de Washington y avisos suplomentarios trasmitidos por conducto del Ministro Americano en Santo Domingo, la Receptora no har ms desembolsos de fondos por cuenta del Gobierno, bajo control de la Hacienda Pblica Dominicana establecido el 16 de junio de 1916. "Esta cesacin de pago continuar hasta que llegue a un completo entendido respecto a la interpretacin de ciertos artculos de la Convencin Amrico-Dominicana de 1907, interpretacin sobre 1 cual ha insistido el Gobierno de loa Estados Unidos y de la cual tiene conocimiento el Gobierno Dominicano desde el mes de norieabre ltimo; o hasta que el actual Gobierno Dominicano sea reconocido por el de los Estados Unidos. — C. l. Baxter, Receptor General. — Santo Domingo, 18 d<3 agosto, 1916. (Listn Diario, 18 de agosto 1916.)

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35 Pero, adems de las peticiones contenidas en aquella Nota, se presentaron ahora tambin al Presidente Henrquez Carvajal nuevas demandas adicionales, entre las cuales, despus de aclarar y ratificar las dos anteriores — Experto Financiero y Jefe norteamericano para el Ejrcito — y exigir se pactase el compromiso de un protocolo con los Estados Unidos para el arreglo, por arbitraje o de otro modo, de reclamaciones pendientes y se aceptasen las proposiciones americanas para la valuacin y deslinde de tierras, se da estado legal a un plan formulado y propuesto por Mr. Wilson en 1914 al Gobierno de Bez, (19) y por el que se peda la supervigilancia por los Estadoa Unidos de las comunicaciones radiogrficas, telefnicas y telegrficas ; y se consagra adems el derecho de intervencin por los Estados Unidos, para pi-eservar la independencia, mantener un gobierno adecuado a la proteccin de la vida, propiedad y libertad individual y para desempear las obligaciones impuestas sobre l por este tratado, y, por ltimo, conceder a los Estados Unidos el derecho exclusivo de adquirir dentro del territorio dominicano sitios para estaciones de telegrafa sin Mos en tales puntos como los Estados Uni(19) "...Tono pnr lo tanto instrucciones de instar al gobierno de V. E. para que introduzca en el contrato las modificaciones que lo pongan en armona con las miras de mi gobierno. Para ello deber el contrato rezar especialmente en los puntos siguientes: "(1) Que el Director americano de servicio radiogrfico tenga la supervigilancia de los sistemas telegrficos y telefnicos. "(^) Que el Director tenga absoluta libertad en el empleo y la destitucin de todos sus subordinados. "(3) Que dependa directamonte del Director General de Obras Pblicas y no pueda ser removido de su cargo sin la aprobacin de dicho Director General. (Nota de 9 de noviembre de 1914, del Ministro de los Estadoa Unidos en Santo Domingo, al Ministro de Relaciones Exteriores).

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dos puedan considerar necesarios y siendo este privilegio a perpetuidad para las comunicaciones radiogrficas entre aquellas dentro del territorio dominicano y otras estaciones posedas o dirigidas por los Estados Unidos. Y esas pretensiones, que son idnticas a las que figuran en el ''Tratado entre Hait y los Estados Unidos, concerniente a la Hacienda, desarrollo' econmico y tranquilidad de Hait", firmado en 16 de septiembre de 1915 y canjeadas las ratificaciones en 3 de mayo de 1916, (20) a ms de constituir un atentado al derecho, a la libertad y a la soberana de la Repblica Dominicana, pues se pretenda que sta entregase en manos de funcionarios americanos, designados por el Presidente de los Estados Unidos, la Hacienda y el Ejrcito, la supervigilancia de las comunicaciones radiogrficas, telefnicas y telegrficas, se consagraba el derecho de intervencin, y se le conceda a los Estados Unidos el dominio y la posesin sobre partes del territorio nacional, para establecer estaciones de telegrafa sin hilos. Estas pretensiones, repito, se encontraban, adems, en abierta pugna con varios preceptos de la Constitucin dominicana, entre otros, con su artculo 3? que dice que '^el territorio de la Repblica es y ser inenagenable." Y el Gobierno de los Estados Unidos con esas exigencias pona al Gobierno del Presidente Henrquez, Gobierno legtimamente constitucional, este dilema : o accedes a nuestras pretensiones, entregndonos la Hacienda, el Ejrcito y parte del territorio nacional, o nosotros, los norteamericanos, no reconoceremos tu (20) Puede verse este Tratado en Suplemento a la Revista Americana de Derecho Irdernacional. Washington 191G, t. 10, nxira. 4, p. 252-256.

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37 gobierno y nos incautaremos de las recaudaciones de Aduanas, de las fondos pblicos, indispensables a la vida del Estado, pues con ellos se pagaban toda clase de empleados y funcionarios, desde el Presidente de la Repblica hasta el ltimo maestro, alguacil o polica, se sostenan los hospitales, los asilos y las crceles y se socorra a las viudas y hurfanos pensionados. Contraproposiciones del Dr. Henrquez Carvajal El Presidente Henrquez present al Gobierno de los Estados Unidos, por conducto de su Ministro, varias contraproposiciones (21) ofreciendo: reformar la hacienda, la contabilidad y los presupuestos ; reorganizar el ejrcito y las fuerzas de polica; prohibir y penar toda malversacin de fondos y transferencias de crditos, as como la detencin y prisin por delitos polticos sin orden de juez competente; observar mayor vigilancia y rigor con los recaudadores o depositarios de fondos pblicos, exigindoles siempre fianza y sometiendo a juicio a los que incurriesen en responsabilidad; nombrar, de acuerdo con el Presidente de los Estados Unidos, un Consejero financiero para ayudar en el ajuste y adjudicacin de la deuda pendiente; encargar a la Receptora de la recaudacin de la renta interna ; impedir que los gobernadores u otras autoridades civiles o militares reclutaran soldados, guardias o milicianos, sin orden expresa del Poder Ejecutivo, publicada oficialmente, y castigar a los infractores. (21) Fueron publicadas en The Evening Post, de New York, aaro 21 de 1917.

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38 Hermosa y patritica conducta de los dominicanos Pero el Gobierno de los Estados Unidos, haciendo caso omiso de esos ofrecimientos, mantuvo sus exigencias, negndose el Presidente Henrquez, resuelta y decididamente, a acceder a ellas. Prefiri el hambre y la muerte a la venta de la patria. Durante cuatro meses, ni l ni ningn otro empleado cobraron ni un solo centavo de sus haberes, y ninguno claudic: todos estuvieron trabajando gratuitamente sin abandonar sus puestos, y los presos de las crceles y los enfermos de los hospitales fueron alimentados por la caridad pblica. (Aplausos.) Hermossimo, noble y enaltecedor ejemplo de patriotismo y de sacrificio, con que se demuestra que estos pueblos de la Amrica latina no son tan malos en su fondo, ni imposibles de gobernar, y que si a menudo los azotan las ambiciones, los odios y las rencillas — vicios ms bien de la psima educacin poltica recibida de la colonia y de la falta de maestros y directores — cuando son probados en la piedra de toque de la desgracia y del infortunio saben ser patriotas y ser grandes, como lo fu en esa ocasin memorable el pueblo dominicano. {Granules aplmisos.) Ocupacin militar pop. los Estados Unidos A los cuatro meses de este asedio por hambre, y viendo que era imposible someter al Gobierno del Presidente Henrquez por esos medios, el Capitn H. S. Knapp, de la Marina de Guerra de los Estados Unidos de Amrica, destitua al Presidente Henrquez y declaraba, por mandato de su Gobierno, Or la Repblica

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39 Dominicana en estado de ocupacin militar, bajo las fuerzas a su mando, segn la siguiente proclama : PEOCLAMA DE LA OCUPACI"N MILITAE DE SANTO DOMINGO POE LOS ESTADOS UNIDOS (22) 29 de Noviembre de 1916. Considerando: Una convencin fu concluida entre los Estados Unidos de xlmrica y la Eepblica Dominicana, el da 8 de febrero de 1907, de la cual el artculo III dice: Hasta que la Eepblica Dominicana no haya pagado la totalidad de los bonos del emprstito, su deuda pblic'a no podr ser aumentada sino mediante un acuerdo previo entre el Gobierno dominicano y los Estados Unidos. Igual acuerdo ser preciso para modificar los derechos de importacin de la Eepblica por ser condicin indispensable para que esos derechos puedan ser modificados que el Ejecutivo dominicano compruebe y el Presidente de los Estados Unidos reconozca que tomando por base las importaciones y exportaciones de los dos aos que preceden al en que se quiere hacer la alteracin en los referidos derechos, y calculados el monto y la clase de los efectos importados o exportados, en cada uno de esos dos aos al tipo de los derechos de importacin que se pretenda establecer, el netoutotal de esos derechos de Aduanas en cada uno de los dos aos, exc'ede de la cantidad de dos millones de pesos oro americano, y, \ Considerando: el Gobierno Dominicano ha violado el dicTio artculo III en ms de una ocasin; y. Considerando: el Gobierno Dominicano de cuando en cuando, ha dado como explicacin de dicha violacin la necesidad de incurrir en gastos extraordinarios incidentales a la supresin de las revoluciones; y, Considerando: el Gobierno de los Estados Unidos, con mucha paciencia, y con el deseo amistoso de ayudar y permitir a la Eepblica Dominicana mantener la tranquilidad domstica y cumplir con las estipulaciones de la Convencin citada, ha (22) El texto que insertamos es copia exacta de la traduccin oficial publicada por las autoridades militares americanas en Santo Domingo, e inserta en el Suplemento a la Revista Americana de Derecho Internacional. T. 11, nm. 2, abril 1917, p. 108-113,

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40 apretado al Gobierno Dominicano ciertas medidas necesarias que el Gobierno Dominicano no ba sido inclinado aceptar o ha sido incapacitado aceptar; j, Considerando: en consecuencia, la tranquilidad domstica ha sido perturbada y an no est restablecida, ni asegurado el cumplimiento futuro de la Convencin de parte del Gobierno dominicano; y, Considerando: el Gobierno de los Estados Unidos est determinado que ya ha llegado el tiempo de tomar medidas para asegurar el cumplimiento de las provisiones de la Convencin citada, de parte de la Eepblica Dominicana, y mantener la tranquilidad domstica en dicha Eepblica, la c*ual es necesaria para tal cum.plimiento ; Ahora por tanto, yo, H. S. Knapp, Capitn de la Marina de los Estados Unidos, comandando la fuerza de cruceros de la Escuadra del Atlntico de los Estados Unidos de Amrica, y las fuerzas armadas de los Estados Unidos de Amrica situadas en los varios puntos dentro de la Repblica Dominicana, actuando bajo la autoridad y por orden del Gobierno de los Estados Unidos de Amrica. Declaro y proclamo a todos los que les interese, que la Eepblica Dominicana queda por la presente puesta en un estado de ocupacin militar por las fuerzas bajo mi mando, y queda sometida al Gobierno Militar y al ejercicio de la ley militar, aplicable a tal ocupacin. Esta ocupacin militar no es emprendida con ningn propsito, ni inmediato ni ulterior, de destruir la soberana de la Eepblica Dominicana, sino al contrario, es la intencin ayudar a ese pas a volver a una condicin de orden interno, que lo habilitar para cumplir las previsiones de la Convencin citada, y con las obligaciones que le corresponden c'omo miembro de la familia de naciones. Las leyes dominicanas, pues, quedarn, en efecto siempre que no estn en conflicto con los fines de la ocupacin o con los reglamentos necesarios establecidos al efecto, y una administracin legal continuar en manos de oficiales dominicanos, debidamente autorizados toda bajo la vigilancia y la supervisin de las fuerzas de los Estados Unidos que ejercen el Gobierno Militar. La administracin ordinaria de la justicia, tanto en casos

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41 civiles oomo en casos criminales, por. medio de las cortes doniinicanas regiilaniente constituidas, no ser interrumpida, T or el Gobierno Militar ahora establecido; pero los casos en los cuales un miembro de las fuerzas de les Estados Unidos forma parte, o en los cuales haya envuelto desprecio o desafo de la autoridad del Gobierno Militar, sern juzgados por un tribunal establecido por el Gobierno Militar. Todas las rentas provenidas al Gobierno dominicano, incluso derechos e impuestos hasta el presente provenidos y no pagados, sean derechos de Aduana bajo las provisiones de la Convencin concluida el da S de febrero de 1907, por la cual se estableci la Eeceptora Aduanera, que permanecer en efecto, o sean de rentas internas, sern pagados al Gobierno Militar, el cual, por cuenta de la Kepblica Dominicana, mantendr en custodia tales rentas j har todo desembolso legal que sea nec'esario para la administracin del Gobierno dominicano, y para los propsitos de la ocupacin. Invoco a todos los ciudadanos dominicanos y a los residentes y transentes en Santo Domingo, a cooperar con las fuerzas de los Estados Unidos en ocupacin, con el fin de que sus gestiones sean prontamente realizadas y que el pas sea restaurado al orden y a la tranquilidad domstica y a lt propiedad que solamente se puede realizar bajo tales condiciones. Las fuerzas de los Estados Unidos en ocupacin bajo mi mando actuarn segn la ley militar que gobierna su conducta, con debido respeto a los derechos, personales y de propiedad, de los ciudadanos dominicanos, y residentes y transentes en Santo Domingo, sosteniendo las leyes dominicanas, siempre que stas no coniicten con los propsitos para los cuales se emiprende la ocupacin. El texto original de esta proclamacin, en el idioma ingls, regir en toda cuestin de interpretacin. H. S. KNAPP, Captain, U. S. Navy, ^ ^ Comander Cruiser Foroe,. Santo Domingo City, D. B., ^ ^^ ^^^^^^^.^ ^^^^^^ S. Oliympia, Flagship. Xovember 29, 1916.

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4' Con la anterior proclama se dictaron, adems, por los Jefes de las fuerzas norteamericanas de desembarco, los siguientes Decretos y rdenes: (23) (23) ARMAS Y EXPLOSIVOS "Queda prohibido a todo individuo y a toda organizacin, con excepcin de las fuerzas de la ocupacin, el porte de armas de fuego o el tenerlas en posesin, lo mismo que las municiones para ellas y toda clase de explosivo. Se advierte a los dueos de esto artculos prohibidos, que los entreguen a los oficiales de las fuerza en ocupacin, designados al efecto, los cxiales darn recibo por, y mantendrn en custodia, aquellas que sean as, vohintariamente entregadas. Cualquier artculo de esta naturaleza que no sea voluntariamente entregado ser confiscado. "El porte de armas, de cualquir clase, ocultadas, queda prohibido. Personas en conocimiento de estas rdenes, y a sabiendas violndolas sern expuestas al castigo por el Gobierno Militar. "Una vez establecidos estos reglamentos, los explosivos necesarios para proyectos pacficos, pblicos o civiles, podrn ser obtenidos por autoridad competente del Gobierno Militar, en las cantidades necesai'ias para uso inmediato, a condicin de que los que intenten as usarlos sean personas responsables, y que acepten la responsabilidad de la propia custodia, y el propio uso de los explosivos as libertados, para garantizar que stos no sern usados para ningiin propsito inmico al orden pblico. "Bajo circunstancias extraordinarias, de. cuya existencia y duracin el Gobierno Militar ser juez, les ser permitido a personas de responsabilidad, que viven en distritos expuestos, tener una cantidad limitada de armas y pertrechos por autorizacin de oficiales competentes del Gobierno Militar; a condicin de que los recipientes se hagan responsables que las armas no. caern en manos impropias y que sern usadas solamente para la proteccin propia, y no para ningn uso inmico al orden pblico. (Firmada) H. S. Knapp. CENSURA "Con la declaracin de la ocupacin militar en Santo Domingo se establece, pues, una censura de cuya existencia la prensa ser inmediatamente notificada. "Todo comentario que se intente publicar sobre la actitud del Gobierno de los Estados Unidos, y cualquier cosa en conexin con la ocupacin, debe ser sometida primero al censor local para su aprobacin. No ser permitida la publicacin de ningn comentario de esa ndole sin que haya obtenido la aprobacin del censor. "Se prohibe la publicacin de expresiones de un carcter violento o inflamatorio o que tiendan a dar aliento a la hostilidad o a la resistencia al Gobierno Militar.

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4a Causas y pretextos de la ocupacin Hemos ido viendo a lo largo de este proceso, comprobado con la historia de los hechos acaecidos y con ios documentos oficiales correspondientes, que la explicacin y la causa de la ocupacin americana en Santo Domingo no son otras que el no haberse prestado el Gobierno del Presidente Henrquez a aceptar para su patria un tratado por el que queran los Estados Unidos quedar colocados en sus relaciones con la Repblica Dominicana en la misma situacin y condiciones que han logrado alcanzar de la Repblica de Hait : dominio absoluto sobre la hacienda y el ejrcito, derecho a intervenir cuando lo juzguen conveniente y cesin de parte del territorio nacional para "Ser suspendida la publicacin de cualquier diario o peridico que ofenda en contra de esta orden ; y las personas responsables, dueos^ redactores, directores, u otros, sern adems exptiestos a ser castigados por el Gobierno Militar. "La impresin y distribucin de proclamaciones, hojas sueltas o semejantes modos de hacer propaganda para diseminar opiniones no favorables al Gobierno de los Estados Unidos de Amrica o al Gobierno Militar en Santo Domingo, queda prohibido, como lo queda tambin la distribucin en Santo Domingo en diarios o peridicos de semejante material publicado en el extranjero. Los que ofendan contra este reglamento sern expuestos al castigo por el Gobierno Militar. "El oficial comandando en tierra nombrar censores y llevar a cabo esta orden. "El telgrafo y las comunicaciones cablegrficas en Santo Domingo starn bajo el control y la censura militar. (Firmada) H. S. Knapp. AVISO AL PUBLICO "El Gobierno Militar, establecido segn mi proclamacin de esta misma* fecha, tiene la intencin de reasumir, tan pronto como sea posible, los pagos de acuerdo con el Presupuesto de fecha primero de enero de 1916, los cuales fueron suspendidos el 18 de agosto de 1916. La Receptora estar debidamente autorizada al efecto. > (Firmada) H. S. Knapp.

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44 estaciones radiotelegrficas. Mientras creyeron que el Presidente Jimnez poda aceptar sus pretensiones y ser, como en Panam, Nicaragua y Hait y tal vez en alguna otra Repblica de cuyo nombre hago por no acordarme en estos momentos, dcil instrumento en sus manos, que obedeciera fcilmente a los hilos que desde Washington se manejaban; mientras esperaron eso de Jimnez, lo apoyaron decididamente a pesar de las acusaciones que contra l existan, y de los disturbios que durante su gobierno ocurrieron; al renunciar l, por no atreverse a tomar la capital con la ayuda de las balas extranjeras, apoyaron el gobierno de los cuatro secretarios, amigos suyos. Es electo y toma posesin, de acuerdo con la ley suprema del Estado, el Presidente Henrquez, y le hacen saber que no lo apoyarn mientras no transija con sus pretensiones. Se niega a aceptarlas; lo quieren rendir por hambre, y al ver que esto es imposible ocupan la isla militarmente y destituyen al Presidente y dems funcionarios constitucionales. Necesitan alegar entonces un pretexto que justifique la ocupacin. Knapp nos lo dar en los dos primeros Considerandos de su proclama. Las fuerzas americanas ocupan la isla, dice, porque el Gobierno Dominicano ha violado el artculo tercero de la Convencin Dominico-Americana de 1907, aumentando su deuda pblica sin el consentimiento americano, antes de haber pagado la totalidad de los bonos del emprstito que entonces se hizo. La cuestin presenta dos aspectos: 1? Se ha violado realmente por parte de Santo Domingo la Convencin o Tratado Dominico-Amerieano de 1907 ?

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45 2? Aceptando que se hubiese realizado la violacin, est justificada, en la forma y el momento en que se realiz, la ocupacin militar? Examinemos el primero de estos problemas. No SE HA VIOLADO LA CONVENCI"N DE 1907 Es indiscutible que el artculo III de la Convencin prohibe que la Repblica Dominicana aumente, sin autorizacin de los Estados Unidos su deuda pblica, mientras no haya pagado la totalidad de los bonos del Emprstito. El Gobierno Dominicano nunca falt a ese pago, ni poda faltar, porque era hecho con las recaudaciones de las Aduanas, que directamente las perciban los Estados Unidos por medio de los funcionarios puestos por ellos y a sus rdenes, en las oficinas encargadas de esos cobros y que se denominaban Receptoras. Y tan es as, que era el Receptor General el que,, despus de separar el tanto por ciento para el pago de los gastos de recaudacin y el fijado para la amortizacin de los bonos, entregaba al Gobierno Dominicano las cantidades sobrantes para que con ellas cubriese todos los gastos pblicos. El aumento en la deuda a que se refiere la proclama de Mr. Knapp y en que se pretende basar la violacin del Convenio, sostenida tambin por algunos publicistas americanos, como Mr. Philip Marshall Brown, en un artculo publicado en la Revista Americana de Derecho Internacional (24), ese aumento, repito, que constituye una deuda flotante interior, (24) La ocupacin armada de Santo Bominno. en Revixta Americana de Derecho Internacional, Washin^on, 1917, t. II, nm. 2, p. 405-410.

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46 es cosa bien distinta de la deuda pblica a que se refiere la Convencin. Esta deuda flotante, como hemos visto ya, estaba formada por atenciones y servicios del presupuesto ordinario de la nacin, no pagados oportunamente a causa del presupuesto especial de guerra con motivo de las revoluciones. Era una deuda de carcter puramente administrativo, que no perteneca a acreedores extranjeros, ni devengaba intereses, por referirse a sueldos atrasados de empleados y a servicios no cubiertos a su tiempo, y poda irse amortizando en sucesivos presupuestos; rara es la nacin que por una causa u otra no tiene deudas de esta clase, sin que ello constituya peligro alguno para su vida. Esta deuda flotante, sostiene el Gobierno Dominicano, no es contractual, ni est lijada de antemano, ni goza de inters, ni constituye renta fija, ni se paga a plazos fijos previamente estipulados y es involuntaria y no tiene relacin ni nexo alguno con la deuda pblica que prev la clusula III de la Convencin. Adems, ya vimos que los Estados Unidos reconocieron y toleraron esa deuda en diversas ocasiones, autorizndola explcitamente por actos emanados de la Secretara de Estado americana y de la Receptora General en Santo Domingo, y, slo hasta 1915, en el Memorndum al Presidente Jimnez, es cuando vienen los Estados Unidos a manifestar su opinin contraria, cuando ella formaba parte de sus pretensiones y poda servirles de pretexto para intervenir en Santo Domingo. No es, pues, segn nuestro criterio, basado en el de los ms notables tratadistas, sta la deuda a que se refiere el artculo III de la Convencin de

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1907, ni ha sido, por tanto, violado ese pacto por los dominicanos. (25) Aun habindose violado la Convencin de 1907, no est justificada la ocupacin por los Estados Unidos Pero, y entramos en la segunda de las cuestiones que nos habamos planteado, supongamos que se haya violado la Convencin. Procedieron recta y justamente los Estados Unidos al ocupar por ello militarmente la Repblica Dominicana? Conviene recordar que si bien es verdad que una revolucin haba estallado, cuando los Estados Unidos ocuparon a Santo Domingo, haca ms de cuatro meses que la Repblica estaba completamente pacificada, a pesar de haber los norteamericanos dado lugar, con la retirada de los fondos al Gobierno, a que surgiesen nuevos conflictos. Pero no sucedi as. Los dominicanos dieron pruebas de sensatez y cordura, y el Presidente Henrquez, lejos de ser producto de un golpe de Estado o de la revolucin, era hombre de gran solvencia intelectual y moral, alejado de las luchas polticas, y haba sido electo constitucionalmente por el acuerdo y los votos de todos los partidos y ginipos, y con representantes de todos ellos haba for(25) "No se hace entrar en la deuda pblica propiamente dicha las deudas corrientes del Estado, es decir, las sumas en que ste se ha constituido ocasionalmente deudor, respecto de los particulares, a causa de la ejecucin de los diferentes servicios pblicos: entretenimiemo de las fuerzas de mar y tierra, sueldos de funcionarios, trabajos pblicos, convenios de suministros, etc. reservanda aquella denominacin para los compromisos perpetuos o a trmino expresamente estipulados respecto de los acreedores." (Pandectes FranQaiseft, V. Dette Publique No '5). Kstas apreciaciones son moneda corriente en el campo de la doctrina.

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48 mado su gabinete; y hasta su destitucin por los Estados Unidos gobern, a pesar de las grandes dicultades que la retirada de fondos supona, dentro del mayor acierto, orden y legalidad. As es que el otro pretexto que alegan los Estados unidos en el quinto Considerando de la Proclama de Knapp, de que la tranquilidad domstica no se haba restablecido, cae tambin por su base. No conviene olvidar tampoco que los Estados Unidos no se limitaron, en sus demandas con motivo de la pretendida violacin, a pedir al Gobierno Dominicano el cumplimiento, con seguridades, del tratado,, sino que pretendieron im.poner, a la sombra de ello, nuevas y exageradas pretensiones, incompatibles con la Constitucin y la independencia y soberana de esa Repblica. Opinin de escritores y estadistas norteamericanos Afirma en su trabajo el ya citado Mr. Philip Marshall Brown que ''la presente intervencin armada se justifica tcnicamente por el deber de hacer respetar los trminos de la Convencin." Esta doctrina que sostiene el publicista americano, o sea el derecho de intervencin para hacer efectivas reclamaciones diplomticas o cumplimientos de tratados o para el cobro de deudas, no slo est repudiada por insignes tratadistas hispanoamericanos, como Drago, sino tambin por tratadistas y hombres de Estado norteamericanos, por la Tercera Conferencia Panamericana de Ro Janeiro y por la Segunda Conferencia de la Paz de La Haya. En un banquete celebrado en el Teatro de la Opera, en Buenos Aires, en honor de Elihu Root, Secretario-

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41) de Estado, Senador y Presidente de la Fundacin Carnegie, declar este insigne estadista: (26) Los Estados Unidos de Amrica nunca han considerado conveniente usar su ejrcito y su marina para el cobro de deudas ordinarias contradas por gobiernos extranjeros con sus subditos. Durante ms de un siglo, el departamento de Eelaciones Exteriores de ios Estados Unidos de Amrica se ha negado a realizar tal acto y esto ha llegado a ser la poltica sentada por nuestro pas. Estimamos que eso no condice con aquel respeto a la soberana de las poteucias ms dbiles que es esencial para su proteccin contra la agresin de los fuertes. Juzgamos que el uso de la fuerza para el cobro de deudas contradas es una incitacin a abusos mucho peores en sus resultados necesarios, mucho ms funestos para la humanidad que el hecho de que quedasen impagas todas las deudas contradas por cualquier nacin. Consideramos que el empleo del ejrcito y la marina de una gran potencia para compeler a una potencia ms dbil a que responda a un contrato con un particular es, a la ve?, una invitacin a especular sobre las necesidades de pases dbiles que luchan con dificultades y lina infraccin de la soberana de esos pases, y actualmente opuestos a ello como siempre lo fuimos y lo continuaremos siendo, creyendo que quizs no hoy ni maana, sino por el lento y seguro curso del porvenir llegue el mundo a tener la misma opinin. El ya desaparecido e ilustre Presidente Roosevelt, escribi en su Mensaje al Congreso, de 6 de diciembre de 1906, lo que sigue : En mi Mensaje de 5 de Diciembre de 1905 llam vuestra atencin hacia la situacin difcil que podra crearse a este (26) Discurso pronunciado por Mr. Elihu Root en el banquete que en su honor se dio en el Teatro de la Opera de Buenos Aires, el 17 de agosto de 1906. Publicado en Revista de Derecho, Historia y Lerc^, Buenos Aires, 1906, t. XXV, p. 337.

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60 Gobierno si las Naciones extranjeras se creyeran con el derecho de cobrar por la fuerza de las armas las deudas de las Eepblieas americanas, emanadas de contratos celebrados con ciudadanos de las naciones recaudadoras, y del peligro que habra, de que el proc'eso de cobro compulsivo pudiera concluir en una ocupacin de territorio con tendencia a hacerse permanente. Dije entonces que nuestro Gobierno se ha negado siempre a exigir el cumplimiento de las obligaciones contractuales apelando a las armas. Es muy de desear que todos los Gobiernos extranjeros adopten esta manera de pensar. Acuerdos, sobre esta materia, de las Conferencias DE Ro Janeiro, de 1906, y La Haya, de 1907 En la Tercera Conferencia Panamericana celebrada en Ro Janeiro, en 1906, hizo Mr. Root trascendentales declaraciones en favor de la Doctrina Drago, manifestando (27) ''que si la aceptacin de este principio puede asegurarse en la Conferencia de La Haya, creo que se habr dado un paso muy importante en el sentido de disminuir las causas de la guerra"; acordndose en esa Conferencia, en la sesin del 22 de agosto, "recomendar a los Gobiernos representados en ella que consideren el punto de invitar a la Segunda Conferencia de la Paz, de La Haya, para que examine el caso del cobro compulsivo de las deudas pblicas, y, en general, los medios tendientes a disminuir entre las naciones los conflictos de origen exclusivamente pecuniario." (28) Y efectivamente, en la Segunda Conferencia de la Paz, reunida en La Haya en 1907, se acord, como uno (27) La Doctrina Drago, coleccin de documentos, con una advertencia preliminar de S. Prez Triana, Londres, 1908, p. 30. (28) Actas de la Tercera Conferencia Internacional Americana, reunida en Ro Janeiro en julio de 1906. Habana 1906, p. 71.

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51 de los resultados finales de la misma, a propuesta precisamente de la Delegacin Norteamericana, e interviniendo en el debate el Dr. Francisco Henrquez y Carvajal, entre otros, el *' Convenio (29) relativo a la limitacin del empleo de la fuerza para el cobro de deudas contractuales", en el cual se declara que: ''Las potencias contratantes — entre las cuales se encontraban los Estados Unidos — convienen en no recurrir a la fuerza armada para el cobro de deudas contractuales reclamadas por el Gobierno de un pas al d< otro, como correspondientes a los nacionales del primero." Convienen tambin en que las cuestiones de esta naturaleza, surgidas entre dos Estados, sern sometidas y resueltas por medio del arbitraje, y que slo en el caso de no ser aceptado ste una vez propuesto, o no conformarse con la sentencia dictada, es nicamente cuando dicha estipulacin no podr aplicarse. El 24 de abril de 1913, el Presidente Wilson comunic a los representantes diplomticos acreditados ante el Gobierno de los Estados Unidos, las siguientes proposiciones, que fueron aceptadas por los respectivos pases, y en virtud de las cuales los Estados Unidos han celebrado numerosos tratados con diversas naciones de Europa y Amrica : Las partes contratantes convienen en que todas las cuestiones en disputa entre ellos, cualquiera que sea su carcter o naturaleza, si no hubieren podido ser resueltas por esfuerzos diplomticos, sern sometidas, para su investigacin e informe, a una comisin internacional (cuya composicin se convendr posteriormente), y las partes contratantes convienen asimismo en no declararse la guerra ni comen(29) Vase La Segunda Conferencia de la Paz, reunida en el Haya en 1907, por el Dr. Antonio S. d' Bustamante, Madrid, 1908, t. II, p. 2 78.

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52 zar hostilidades hasta que la investigacin est concluida y el informe presentado. La investigacin ser practicada seguidam.ente por la Comisin bajo su propia iniciativa, sin la formalidad de una excitacin de lar partes; el informe ser sometido dentro (de un perodo que se convendr) a contar de la fecha del sometimiento de la disputa, pero las partes se reservan el derecho de obrar independientemente acerca de la materia en disputa despus de conocer el informe de la Comisin. Propusieron o sometieron los Estados Unidos a Santo Domingo el que fuese resuelto por medio del arbitraje o sometida a una comisin internacional la violacin que, segn ellos, haba realizado la Repblica Dominicana, del Convenio de 1907 sobre deudas pblicas No. Pues su actitud, aun en el caso de que la violacin existiese, que creo haber demostrado no existe, no tie ne justificacin ni explicacin posible. Est en desacuerdo con la opinin de los ms ilustres estadistas norteamericanos y pugna con los acuerdos y convenios suscritos por los mismos Estados Unidos en Ro Janeiro y en La Haya. Tales son los hechos y los razonamientos y consideraciones de orden poltico, moral y jurdico, que esos hechos nos sugieren. Carcter que reviste la ocupacin militar EN Santo Domingo Desde el 29 de noviembre de 1916, la Repblica Dominicana se encuentra ocupada por las fuerzas del Ejrcito de los Estados Unidos. El Presidente Henrquez y Carvajal, sin renunciar su cargo, emigr de su patria, obligado por la fuerza

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63 de los acontecimientos. Contina, pues, siendo el Presidente de jure de la Repblica, aunque en la prctica la ocupacin militar que ha asumido el gobierno de facto del pas le impida ejercer sus funciones. Reside, desde entonces, en la ciudad de Santiago de Cuba, laborando incansable, en unin de numerosos dominicanos y cubanos, por la restauracin de su patria libre. Mientras, all en Santo Domingo, la ocupacin de los Estados Unidos reviste un carcter esencialmente militar, de conquista y de fuerza, que lejos de servir para que el pas prospere y se reforme y reorganice en el orden y en la tranquilidad, fomenta los odios entre los nativos y los interventores y sostiene un estado de desasosiego y anarqua, de fatales consecuencias para el maana. No exagero ni me mueve el apasionamiento ni mucho menos inquina hacia la Gran Repblica Norteamericana. Soy sincero admirador de sus virtudes, realzadas en esta guerra mundial hasta el lmite mximo del herosmo y el desinters; pero no puedo cerrar los ojos a la realidad de las cosas. La apreciacin que he hecho del carcter que reviste la ocupacin militar en Santo Domingo est basada estrictamente y se desprende de los hechos mismos que all vienen realizando las tropas norteamericanas. Basta oir lo que cuentan las personas que visitan o emigran de la isla, o leer los relatos publicados en peridicos o revistas, para darse cuenta de ello. (30) (30) En el nm. de 4 de octubre de 1918 de el Listn Diario, ie Santo Domingo, se dio cuenta: "Suicidio. Capitn Americano, acusado de maltratar ciudadanos dominicanos es confinado por sus jefes y se arrebata la vida. El Capitn Charles P. Merkel U.S.M.C. quien fu acusado ante las autoridades militares de haber maltratado a algunos habitantes del

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54 Como prueba de esto, ofrezco en la presente nota algunas de las numerosas informaciones que lie ledo sobre el particular, sin aadir por mi cuenta adjetivo ni comentario alguno. Al que desee mayores detalles o dude de la veracidad de esos datos, lo remito a los peridicos y revistas citados, en los que aparecen con nombres, fechas, lugares y hasta con actas levantadas al efecto, expuestos, sencilla pero elocuentemente, la actuacin y los procedimientos que siguen en Santo Domingo las tropas interventoras norteamericanas, y que demuestran, por completo, que en dicha Repblica, desde 1916, existe, aunque algunos escritores norteamericanos traten de negarlo (31), un Seybo, donde operaba contra los gavilleros, se suicid, disparndose un tiro, suceso que ocurri en la maana del mircoles dos de los corrientes, en su habitacin del Cuartel General de S. Pedro de Macors, donde estaba confinado." (Esta noticia, por estar todos los peridicos dominicanos sometidos a la censura, ha sido publicada con autorizacin de las autoridades militares.) "Orden nm. 94 de 9 de Diciembre, 1918. Secretara de Justicia € I. Pblica. Se dictan reglas para la Parada Escolar, que debe celebrarse el 13 de diciembre de 1918 en la ciudad de Santo Domingo con motivo de la cesacin de la Guerra Mundial; ordenndose concurran todos los maestros y alumnos de los establecimientos docentes, menos de la Universidad. Los que se consideren imposibilitados de asistir lo comunicarn a la Secretara, la que resolver. "Todo maestro o alumno que dejase de asistir a la Parada Escolar, sin estar redimido de acuerdo con esta Orden incurre en rebelda". (f) Rufus H. Lae, Colonel, .S.M. Encargado de la S. de Justicia e I. Pblica por el Gobierno Militar. {Listn Diario) diciembre 9, 1918. Otros muchos hechos anlogos aparecen tambin relatados, en los dems peridicos de Santo Domingo y en peridicos y revistas de Amrica. Citar solamente tres ms, de la Habana : La Nacin, nm. 219 de 9 de noviembre de 1916; y La Reforma Social, tomo VIII, p. 282 a 305, y tomo IX, p. 74 a 103. He ledo, as mismo, un documentado estudio del Sr. M. Morillo, Encargado de Negocios ad interim de Santo Domingo en Cuba. (31) "En el caso de Santo Domingo, no ha habido ninguna manifiesta ocupacin hostil. Han habido encuentros entre algunos do-

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55 estado de conquista y de guerra, pues son las leyes, los procedimientos y las costumbres de la guerra los que se aplican, segn se desprende de estas citas y relatos que he hecho y de las mismas proclamas y decretos de los funcionarios militares del Ejrcito de Ocupacin. Los Estados Unidos y su participacin en la GUERRA MUNDIAL. FlNES QUE PERSEGUAN Desde luego, que ni el Presidente, ni el Gobierno, ni el pueblo de los Estados Unidos conocen nada de sto. Porque no es posible suponer que ese gran pueblo, que en un rasgo hermoso de sublime herosmo y virtud hizo que millones de sus hijos cruzaran el ocano para salvar a las naciones de Europa del despotismo y de la opresin que sobre ellas quera ejercer el militarismo prusiano, y fu a vengar los crmenes y los atropellos cometidos en Francia, en Serbia y en Blgica por las hordas del Kaiser ; realizada toda esta obra, grande, inmensa y buena, declarando de antemano que no perseguan fines de conquista, dominio, ni recompensa algunos, sino tan slo buscaban e iban, como con frase elocuente ha dicho nuestro insigne Bustamante (32), ''a predicar ideales y principios de gobierno con los que se cimentan la libertad y la justicia, frente a la arbitrariedad, la injusticia y la dictadura"; no es posible, repito, pensar que si el pueblo americano ha sido capaz de sacrificarse de minicanos y las fuerzas de los Estados Unidos, pero no ha habido ningn reconocimiento de un estado de guerra... La ocupacin •rmada de esta Repblica no es hostil. Las leyes jie la guerra no tienen aplicacin." (Philip Marshall Brown; art. cit.). (32) Teodoro Roosevelt. El Fgaro, Habana, 1919, p. 35.

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56 ese modo por las naciones de Europa, consienta ni tolere que sea privada, por la fuerza de las armas, de su independencia y soberana una nacin de Amrica, pequea, s, pero tan digna de consideracin, respeto y libertad como la ms grande y poderosa potencia. (Aplausos.) Ni es posible tampoco que el Presidente "Wilson haya inspirado ni pueda apoyar aliora esa actuacin y esa poltica. En su notable discurso ante el Congreso, el 4 de diciembre de 1917 (33), hizo presente que la poltica americana estara basada en la frmula de "no anexiones, no contribuciones, no indemnizaciones punitivas"; en sntesis, no imperialismo. Declarando que para los americanos era sta una guerra de altos principios, no adulterados por ambicin egosta de conquista o expoliacin una guerra de elevados y desinteresados propsitos, en la que estn congregados todos los pueblos libres del mundo, para la vindicacin del derecho. Las bases de la paz mundial Y el precio de la paz que haba de alcanzarse — manifiesta — sera : Completa, imparcial justicia; justicia hecha en todos los caaos y a todas las naciones que el arreglo final afectar, nuestros enemigos lo mismo que nuestros amigos. Y en su famosa respuesta a la nota de paz del Papa, de agosto de 1917 (34), declar, por medio de su Se(33) Puede leerse en La Reforma Social, New York 1917, t. IX, p. 105-114. (34) Puede verse en La Reforma Social. Ne-w York, 1917, t. IX, p. 141-144.

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57 cretario de Estado Lansing, que la paz que desean los Estados Unidos para la humanidad y por la que han ido a la guerra, debe descansar en los derechos de los pueblos, no los derechos d<3 los gobiernos, los derechos de los pueblos, grandes o pequeos, dbiles o fuertes, su igual derecho a la libertad, a la seguridad, al gobierno propio y a la participacin, en justos trminos, en las oportunidades econmicas del mundo, inclusive por supuesto el pueblo alemn, si acepta la igualdad y no busca el predominio. El derecho de las pequeas nacionalidades Dej indicada el Presidente Wilson en estas palabras su doctrina del derecho de las pequeas nacionalidades, que haba de exponer despus en su trascendental Mensaje de 8 de enero de 1918, que contiene el programa de la paz mundial. Dice as la Base Quinta del mismo: Un criterio amplio y libra y de absoluta imparcialidad en el arreglo de todas las reclamaciones coloniales, basado en un estricto cumplimiento del principio de que al resolver todas esas cuestiones de soberana, los intereses de los pueblos afectados deben pesar igualmente con las reclamaciones equitativas del gobierno cuyo ttulo ha de decidirse. Doctrina que fu confirmada ms tarde, por el mismo Presidente, en su discurso pronunciado en 4 de julio de 1918, ante la tumba de Washington (35) : uno de los fines por los cuales luchan los pueblos aliados del mundo y que deben concedrseles para que haya paz, es el arreglo de (35) Puede leerse en el Boletn de la Unin Panamericana, julio de 1918, p. 4-8.

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58 todas las cuestiones as territoriales, de soberana, de acuerdos econmicos o de relaciones polticas, basado en la libre aceptacin del arreglo por el pueblo inmediatamente interesado y no en la del inters o ventaja material de su influencia o dominacin interior. Cmo va, pues, el Presidente Wilson, despus de haber declarado, de manera tan noble y solemne, el derecho de las pequeas nacionalidades y haberlo presentado como uno de los fines por los que los Estados Unidos entraron en la guerra y una de las bases sobre las que se haba de fundar, alcanzada ya la victoria, la paz mundial; cmo va, repetimos, el Presidente Wilson a permitir que no ya en Europa, sino en su mismo Continente exista una pequea nacionalidad a la que precisamente su Gobierno ha privado de la libertad y de la soberana que l, en su actuacin en el antiguo Continente, ha logrado que alcancen pequeas nacionalidades europeas? (Aplausos.) Y, cmo, despus de haber llevado a su patria a la guerra, para que reinase en el mundo la justicia va a negrsela a la Repblica Dominicana? (Grandes aplausos.) La poltica de los Estados Unidos en la Amrica LATINA Ocupados durante estos ltimos aos por completo los Estados Unidos en la guerra europea, no han tenido tiempo de volver los ojos ni enterarse con exactitud de lo que pasaba en la nacin dominicana. De ser as, su poltica y su actuacin en Santo Domingo necesariamente hubieran sido otras, y, hasta la misma ocupacin no se hubiese realizado, por lo menos, en la forma y en los momentos en que se realiz.

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59 Su poltica en Santo Domingo, a todas luces arbitraria e injusta, ha sido innecesaria para el logro y el mantenimiento de su doctrina y de sus propsitos de ser el polica del hemisferio occidental, ''As the policemen of the Western Hemisphere'' (36), segn frase de Wilson expresada poco despus de haber ocupado la Presidencia. Lejos de mantener los Estados Unidos el orden y el imperio de la ley basado en la conciencia pblica, en la justicia y en el derecho, han realizado en Santo Domingo todo lo contrario. De qnin es la culpa? No queremos creer sea del Gobierno de Mr. Wilson. La conducta de los Estados Unidos, ha escrito M. Mrquez Sterling, refirindose a sucesos anlogos — (37) en muchos casos arbitraria, es a menudo obra de los Ministros — de algunos Ministros, ms exactamente dicho — que, en confidencia, abultan la gravedad de los incidentes; y, ¡cuntas veces malquistan a los gobiernos el celo frivolo y la inclinacin aviesa de sus agentes! Este criterio podra ser aplicado a Santo Domingo y servir de explicacin de muchas cosas. Hemos visto a uno de los Ministros, Mr. Sullivan, terminar su carrera, a consecuencia de su escandalosa actuacin en Santo Domingo, separado del servicio, como resultado del expediente que se le form. En Cuba conocemos tambin, por triste experiencia, la funesta actuacin de alofunos Ministros norteamericanos. (36) Declaraciones hechas por Mr. Wilson en abril de 1913, 7 recogidas por el Daily Mail, de Londres. (37) Los ltimos das del Presidente Madero. Mi gestin diplomiica en Mxico. Habana, 1917, p. 131.

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o Y SUELE ACONTECER. Y suele acontecer en algunas repblicas latinoamericanas, sin exceptuar la nuestra, que algn Jefe de Estado, casi siempre un Presidente que no tiene ni arrastre ni mayora en el pas, una vez en el poder, quiere perpetuarse en l, y como no cuenta con cuerpo electoral suficiente para ello, valindose de los lazos que unen a su patria con la Repblica Norteamericana, busca y se capta las simpatas de su representante diplomtico, lo halaga, lo interesa tal vez en negocios y le pide y obtiene su apoyo y ayuda, moral y material si es necesario, para salir reelecto y continuar en la presidencia por medio del fraude y en contra de la mayora del pas que lo rechaza. {Grandes aplausos.) Y suele acontecer que surge entonces una revolucin contra el presidente usurpador. Y, para dominarla, ste llama en su auxilio al Representante Diplomtico de los Estados Unidos y le pide que en proclamas dirigidas al pueblo, en las que se invaden y arrogan las atribuciones de los tres poderes del Estado, condene la revolucin y amenace a los revolucionarios, declarando que los Estados Unidos apoyarn al Gobierno, que l, el Ministro, a pesar de estar en el secreto, califica de ''legalmente constituido". Y suele acontecer que el Presidente usurpador domina al fin el movimiento. Y entonces, en justa recompensa y gratitud, queda atado de pies y manos al Ministro y al Gobierno de los Estados Unidos; y, de ah en adelante, poco a poco, se irn stos introduciendo en la Repblica. Y, como se llegan a enterar — porque estas cosas siempre, tarde o temprano se

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I descubren — que ese Presidente, si goza de una ficcin legal, es en el fondo producto del fraude, y no tiene adems autoridad ni competencia para llevar por feliz camino la marcha de la Repblica, hoy le mandan un supervisor para el Ejrcito, maana otro para Sanidad, pasado otro para las cuestiones econmicas ... y un buen da le desembarcan tropas extranjeras en varias regiones, sin que el pueblo sepa, porque el Presidente se lo callar, si ste las ha pedido, o si se las han impuesto. {Grandes aplaiisos.) Y as, esa Repblica que he citado como ejemplo, lentamente, va entregndose en manos del extranjero. LL divisin y el descontento reinan por doquier. Los amigos y cortesanos del Presidente se entregan a toda clase de negocios. El pueblo gime y padece, y la soberana nacional yace maltrecha por el suelo; sin que les sea posible siquiera a los patriotas en esa Repblica protestar contra la ingerencia extraa, como pueden hacerlo los dominicanos en su patria, porque en esa otra Repblica, por ser menos franca, tal vez sea ms difcil y grave su situacin que la de Santo Domingo. {Grandes aplmisos.) Son, en el fondo, los Estados Unidos los nicos culpables de esto ? No. Suelen ser tambin, por desgracia, los mismos hijos de esa Repblica que citaba como ejemplo; o, mejor dicho, algunos de sus hijos. Por eso, lo primero que necesitan y deben oponer las repblicas latinas de nuestro Continente contra la absorcin norteamericana, es lo que el insigne escritor M. Mrquez Sterling sintetiz en una frase elocuentsima: ^'contra la ingerencia extraa. Ja virtud domstica." {Aplausos.) Hecho este ligero parntesis, debemos decir que tan

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<)2 contraproducente ha sido para los Estados Unidos su poltica y actuacin en Santo Domingo, y tal desconanza ha despertado en las dems repblicas latinoamericanas, que a esa poltica se debe, sin duda alguna, que, al declararle los Estados Unidos la guerra a Alemania, no estuviesen a su lado, en defensa de la justicia y del derecho, todas las repblicas hispanoamericanas. Simpatizaban, como no poda menos de suceder, con la causa que defendan las naciones aliadas y los Estados Unidos, porque era la causa de la libertad, tan sagrada en Amrica, pero tenan a la vista el proceso de Santo Domingo y recordaban el de Nicaragua, Hait, Panam, Colombia y Mxico, y vean que las hermosas y nobles doctrinas del Presidente Wilson estaban en pugna con los hechos y, recelosas, no se sumaron a lo que deba haber sido un movimiento unnime en toda Amrica. La Doctrina de Monroe. — Cmo debe interpretarse Y SER APLICADA HOY EN DA Los Estados Unidos necesitan rectificar su poltica n Amrica, adaptando su vieja y tradicional doctrina monroista, como sostiene el ilustre Francisco Garca Caldern (38), a las nuevas condiciones sociales de la Amrica Latina. Si la doctrina de Monroe ha evitado y evita el que las naciones auropeas puedan invadir y apoderarse de territorio americano, y la doctrina de Drago tiende a impedir el uso de la fuerza para el cobro de deudas contractuales, reclamadas (38) La doctrina Monroe y la Amrica Latina. En Cuba Contempornea. Habana, 1914, t. VI, p. 151-169.

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63 por el gobierno de un pas al de otro, es necesario tambin que ninguna nacin de Amrica se crea asistida del derecho de ejercer dominio o soberana sobre las dems naciones del Continente. La doctrina de Monroe es beneficiosa y necesaria a Amrica, pero su aplicacin ha sido muchas veces funesta para la vida de las repblicas latinas. ''En lugar, como dice Garca Caldern, de un solo EstadoPolica, debera formarse una especie de confederacin ideal de gpbiemos cuya benfica inuencia sera sentida por todas las repblicas." Y tan es as, que el mismo Presidente Wilson ha hecho ltimamente, a unos periodistas mexicanos que lo visitaron, estas sensacionales declaraciones: (39) Vosotros sabis que hace tiempo propuse la celebracin de una especie de pacto panamericano. Haba advertido que una de las dificultades que se nos presentaban en nuestras relaciones con la Amrica Latina consista en que la clebre doctrina de Monroe fu adoptada sin vuestro consentimiento y sin el consentimiento de ninguno de los Estados de la Amrica Central y de la Amrica del Sur. Si me es permitido expresarme en trminos -de uso corriente en este pas, creo que os digimos : querislo o n, vamos a ser vuestro hermano mayor". No os preguntamos si esto os agradaba, si no que dijimos que bamos a serlo. Ahora bien, todo eso no ofreca dificultad mientras no se tratara sino de proteger contra agresiones ultramarinas; pero nada haba en la doctrina que os pusiese a cubierto de agresiones nuestras, habiendo observado repetidas veces el sentimiento de disgusta que se apodera de los representantes de la Amrica Latina, quizs por el hecho de pensar que la proteccin que nos hemos atribuido resulta en exclusivo beneficio nuestro y de nuestros propios intereses y no en el de los intereses de nuestros vecinos. Fu por eso que me dije: "muy bien, formulemos un pacto (39) Boletn de la Unin Pav americana, Washington, julio de 1918, p. 19-23.

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64 que nos imponga obligaciones. Establezcamos una garanta comn, firmada por todos nosotros, de la independencia poltica y de la integridad territorial. Convengamos en que si cualquiera de nosotros, inclusive los Estad'os Unidos, viola la independencia poltica o la integridad territorial de cualquiera de los vecinos, todos estos procedern contra el primero". Conforme les manifest, algunos de los que se mostraban menos partidarios del acuerdo, tal cosa significaba un compromiso de parte de los Estados Unidos de que celebraramos un pacto que os sirviera de proteccin contra nuestros actos. Conclusin Por todas estas razones, y como resumen y consecuencia de este trabajo, me permito pedir a Vds., mis compaeros, que la Sociedad Cubana de Derecho Internacional tome el acuerdo, cuando en una de las prximas sesiones se discuta el "Proyecto Relativo a los Derechos fundam^entales del Continente o Mundo Americano", del Instituto Americano de Derecho Internacional, de agregar a las bases o artculos que dicho Instituto propone, uno que diga: Ningn Estado americano tendr el derecho ni PODR ejercer actos DE DOMINIO, SOBERANA O INTERVENCI"N SOBRE OTRO Estado del continente americano. He terminado. (Grmides y prolongcfdos aplausos.)

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65 APNDICE Extracto de la sesin celebrada el mircoles 30 de Etiero de 1919 por la Sociedad Cubana de Derecho Internacional. Sr. Presidente (Sanguilt, M.anuel) : La ponen;ia que sigue es la presentada por el propio Dr. Gustavo Gutirrez sobre los ''Derechos fundamentales del Continente o Mundo Americano" (1). Si alguno de los seores, que ya debe haber ledo (1) El proyecto prcsentudo por el Instituto Ameicano de Derecho Internacional, contiene, entre otros, los siguientes artculos: Artculo I9 Los Estados de Amrica, reconociendo In universalidad de la sociedad internacional y de las reglas que las rigen, declaran, sin embargo, que tienen el derecho — afirmado desde el momento mismo de su emancipacin — de establecer de comin acuerdo, las bases fundaK'nales en que debe descansar Ja sociedad internacional americana conforme con su pasado histrico, con sus necesidades y con sus r.f-piracionos. Declaran igualmente cixio esas reglas fundamentales, o normas de Derecho Pblico Internacional Americano, deben observarse en el continente por todos los Estados incluso los extra-continentales, sin ecesidad de una adhesin formal de stos a dichas reglas. l-fos Estados de Amrica reconocen asimismo que los Estados de Europa tienen el derecho de establecer, de comn acuerdo, las nuevas fcases del Derecho Pblico Europeo, que sern observadas en el continente europeo por los Estados de Amrica, sin necesidad de una adhesin formal de su parte. Artculo 29 Los Estados de Amrica declaran igualmente que las cuestiones de carcter especialmente americano deben resolverse en nuestro continente, ya de acuerdo con los principios del derecho internacional generalmente aceptados, ora ensanchando y desenvolviendo esos prin-

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66 ese proyecto, quiere usar de la palabra, puede solicitarlo. Sr. Roig de Leuchsenring : Pido la palabra. Sr. Presidente (Sanguily) : Tiene la palabra el Dr. Roig de Leuchsenring. Sr. Roig de Leuchsenring: Despus de aceptar las atinadas modificaciones que al proyecto relativo a los "Derecbos fundamentales del Continente o Mundo Americano'', presentado por el Instituto Americano de Derecho Internacional, ha hecho, en su povipios o bion creando nuevos adaptados a la condicin especial de nuestro cou;inente. Artculo 3
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<)7 nencia, el Dr. Gustavo Gutin^ez (2), me permito someter a la consideracin de Uds. que la Sociedad Cubana de Derecho Internacional acuerde: aprobar las enmiendas de nuestro Secretario, pero agregando, adems, entre las bases tercei*a y cuarta, sta que ya tuve el honor de dar a conocer en la sesin pasada, al final, y como consecuencia y resumen de mi trabajo sobre "La ocupacin de la Repblica Dominicana por los Estados Unidos y el derecho de las pequeas nacionalidades de Amrica", y es la siguiente: ''Ningn Estado americano tendr el derecho ni podr ejercer actos de dominio, soberana o intervencin sobre otro Estado del continente Americano". En dicho trabajo expuse, y no creo necesario reproducirlos ahora, los fundamentos y razones que abonan mi proposicin y los enormes e incalculables beneficios que, de ser aceptada como uno de los principios bsicos de nuestro Continente, habra de reportar a todas las repblicas latinoamericanas, y de manera muy especial y sealada, a las pequeas nacionalidades. Sr. Dihigo, Ernesto: Pido la palabra. (2) El Dr. Gustavo Gutirrez en su ponencia peda: Que no se aceptasen esos artculos sin suprimir la palabra "extracontinental" que en ellos da lugar a dudas. Que se suprimiese, adems, el tercer prrafo del artculo I9. po" no ver la necesidad, ni siquiera la conveniencia, de reconocerles a los europeos el (Jjerecho de establecer las nuevas baseS de su derecho pblico, existente antes que el americano y cuyas transformaciones tantas guerras ha originado. Que se agregase, entre los artculos 59 y 60, para afirmar y ratificar de modo expreso los anteriores preceptos, el siguiente artculo: "Los tratados, cualquiera que sea su clase, que -celebren o hayaa celebrado los Estados americanos entre s, o con naciones no americanas, debern regularse y obedecer a los principios de derecho internacional americano antes expresados."

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Sr. Gutirrez, Gustavo: Pido la palabra. Sr. Presidente (Sanguily) : Tiene la palabra el doctor Dihigo. Sr. Diiiigo : En uu todo de acuerdo con la ponencia y con las modificaciones que el Dr. Gutirrez introduce al proyecto presentado por el Instituto Americano de Derecho Internacional, entiendo que en una de las modificaciones que nuestro Secretario introduce en ese proyecto, est comprendida la base que el Dr. Roig expresa y que ella est inspirada en el nico sentimiento que puede servir de base a toda tendencia panamericana, porque el proyecto de bases que se nos ha sometido por el Instituto Americano de Derecho Internacional, y que no es ms que una confirmacin de la Doctrina de Monroe, no puede de ninguna manera ser aceptado por las naciones latinoamericanas sino sobre la base del respeto absoluto y del respeto a la integridad y soberana del territorio de los pueblos latinos, porque a mi entender es la nica forma y la linica interpretacin que nosotros podemos darle a esa tendencia panamericana. En ese concepto pido a la Sociedad Cubana de Derecho Internacional que acepte las modificaciones introducidas por el Dr. Gutirrez, y que si es posible dentro de los Estatutos y usos de esta Sociedad, que adopte como principio suyo, ese que el Dr. Gutirrez introduce como modificacin al proyecto del Instituto Americano de Derecho Internacional, y que sea acatado por todos nosotros como expresin del sentimiento de nuestra patria.

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69 Sr. Presidente (Sanguily) : Tiene la palabra el Dr. Gutirrez. Sr. Gutirrez: El Dr. Dihigo me ha ahorrado lo que iba a decir. Yo creo que pueden aunarse ambas aspiraciones, la del ponente y la del Dr. Roig. Entiendo que, desde luego, la proposicin hecha por l cae de lleno dentro de los artculos propuestos; pero como afirmacin de principios, podra agregarse al prrafo que dice: ''el territorio de un Estado americano no podr ser ocupado siquiera temporalmente por ningn otro Estado sea cual fuere el motivo, ni an con el consentimiento de aquel", la siguiente declaracin: "La ocupacin de un Estado americano, aunque sea temporal, se considerar como un atentado, no slo a su soberana, sino a la solidaridad internacional y en particular a la solidaridad ameriSr. Roig de Leuchsenring : Pido la palabra. Sr. Presidente (Sanguily) : Tiene la palabra el doctor Roig de Leuchsenring. Sr. Roig de Leuchsenring: Desde luego, me haba dado perfecta cuenta de que en las modificaciones introducidas por el Dr. Gutirrez en el Proyecto de Bases que se discute, se encontraba ya comprendida mi proposicin. Las palabras de una y otra son distintas; pero, ambas, como ha dicho muy bien el doctor Dihigo, estn inspiradas por las mismas ideas e idntica manera de pensar y de sentir. Lo que yo deseaba al proponer esa nueva base era que el problema que en ella se plantea fuese tratado y resuelto

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70 por nosotros y que la Sociedad Cubana de Derecho Internacional manifestase y diese a conocer, expresamente, su opinin y su criterio sobre este asunto. Y eso lo he logrado ya. Las manifestaciones de los Dres. Gutirrez y Dihigo y el asentimiento unnime de los dems asociados, as lo demuestran. Y, como estas discusiones son tomadas taquigrficamente e incluidas despus en el Anuario que se enva a todos los pases del mundo, nuestras palabras no son intiles ni se perdern. Y, acompaando la ponencia del Dr. Gutirrez sobre los Derechos fundamentales del Continente Americano, ir tambin este debate, que ha de dar a conocer al Instituto Americano de Derecho Internacional, autor del proyecto, y a las sociedades nacionales de las Repblicas de Amrica, cul es la doctrina que sustenta nuestra Sociedad Cubana de Derecho Internacional sobre esta cuestin, sin duda, una de las de mayor importancia y trascendencia que en estos momentos existen para las naciones latinoamericanas; porque no se encuentra hoy en Europa ni puede venir de all, como antes, el peligro que amenazaba la vida y soberana de nuestras repblicas. La Doctrina de Monroe ha evitado y es suficiente garanta de que continuar evitando, en lo porvenir, toda ingerencia europea en los asuntos de Amrica. Pero es necesario ahora prever e impedir que en nuestro mismo Continente alguna o algunas naciones se crean asistidas de derecho y pretendan ejercer actos de dominio, soberana o intervencin sobre las dems naciones americanas. Mi proposicin se funda en estas ideas, y, como ya en el curso del debate nuestra Sociedad ha demostrado, expresamente, que est de acuerdo con mi manera de pensar, y, como creo, asimismo, y lo creen

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n tambin mis compaeros, que mi enmindalo adicin a las Bases del Instituto Americano se encuentra comprendida dentro de las modificaciones hechas por el ponente, y he logrado, adems, el objeto que, segn expuse, me propona al plantear este problema, pido a Uds., mis compaeros, que modifiquen y aprueben el proyecto relativo a los derechos fundamentales del Continente o Mundo Americano en la forma que acaba de indicar el Dr. Gutirrez y con todas las modificaciones contenidas en su ponencia. Sr. Presidente (Sanguily) : La Directiva acuerda tomar nota de las indicaciones que se acaban de hacer para que el Sr. Ponente las incorpore en su ponencia y la presente en su oportunidad a la Junta Directiva.

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La ocupac: publica xiclisenrJLn^ on de la ReDminioana lOV 2 1928 S^ R6 UNIVERSITY OF CALIFORNIA LIBRARY

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