Citation
La Habana

Material Information

Title:
La Habana apuntes históricos
Series Title:
Colección Documentación histórica
Creator:
Roig de Leuchsenring, Emilio, 1889-1964
Place of Publication:
La Habana
Publisher:
Editora del Consejo Nacional de Cultura, Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana
Publication Date:
Language:
Spanish
Edition:
2. ed. notablemente aumentada.
Physical Description:
1 online resource (volumes) : illustrations, maps, portraits. ;

Subjects

Subjects / Keywords:
History -- Havana (Cuba) ( lcsh )
Cuba -- Havana ( fast )
Historia -- La Habana (Cuba) ( qlsp )
Genre:
History. ( fast )
Historia ( qlsp )

Notes

Bibliography:
"Las Declaraciones de La Habana": v. 3, p. [261]-292.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
University of Florida
Rights Management:
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Resource Identifier:
36372453 ( ALEPH )
1019678539 ( OCLC )
Classification:
F1799.H3 R72 1963 ( lcc )

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COLECCI"N DOCUMENTACI"N HIST"RICA 29 LA HABANA APUNTES HIST"RICOS POR EMILIO ROIG DE LEUCHSENRING Historiador de la Ciudad de La Habana SEGUNDA EDICI"N Notablemente aumentada TOMO III EDITORA DEL CONSEJO NACIONAL DE CULTURA OFICINA DEL HISTORIADOR DE LA CIUDAD DE LA HABANA 1964 AO DE LA ECONOMA

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45 MONUMENTOS, ESTATUAS, BUSTOS. Para la relacin de los monumentos habaneros hemos seguido el orden cronolgico de su inauguracin. POCA COLONIAL EL MONUMENTO MS ANTIGUO DE CUBA. El monumento ms antiguo que se conserva en Cuba lo posee La Habana y es una pequea lpida funeraria de piedra, orlada con una cruz y la cabeza de un ngel, y fu erigido en memoria de doa Mara de Cepero y Nieto, dama principal de la villa de La Habana, en el mismo lugar donde, segn la tradicin, cay mortalmente herida, en 1557, de un casual disparo de arcabuz, mientras rezaba en la Parroquial Mayor. Al efectuarse el derribo de dicha iglesia en 1777, fu trasladado el monumento a la esquina de Obispo y Oficios, casa solariega de los Cepero, y en 1914 pas al Museo Nacional, hasta 1937, en que por iniciativa del Historiador de la Ciudad fu restitudo a su primitivo lugar, ocupado hoy por el Palacio Municipal. Dicho monumento tiene una inscripcin latina que traducida al castellano dice as: Casualmente herida por un arma aqu muri Da Mara Cepero en el ao de 1557. Pr. Nr. A. M. (Padre Nuestro. Ave Mara). EL TEMPLETE. Mencin excepcional merece entre los monumentos histric os de La Habana el pequeo edificio conmemorativo elevado en uno de los costados de la Plaza de Armas, y que se conoce con el nombre de El Templete. He aqu su historia: Con objeto de recoger la tradicin existente de haberse cel ebrado a la sombra de una ce iba que exista al Noroeste de la actual Plaza de

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Armas la primera misa y el primer cabildo en esta Villa, en el mismo ao en que se traslad La Habana al lugar que hoy ocupa, el gobernador don Francisco Cagigal de la Vega erigi el ao 1754 una columna de tres caras que ostentaba en lo alto una pequea imagen de la Virgen del Pilar y en su base dos inscripciones alusivas a esos acontecimientos, una en latn y otra en castellano antiguo. Esta ltima, del lado Sur, dice as: Fundse la Villa (oy ciudad) / de La Habana el ao de / 1515 y al mudarse de su primi / tivo asiento a la rivera de / este puerto el de 1519 es tradi / cin que en este sitio se / hall una frondosa cei / ba bajo de la cual se ce / lebr la primera misa / y cabildo: permaneci / hasta el de 753 que se esteri / liz. Y para perpetuar la / memoria gobernando / las Espaas nuestro ca / tlico Monarca el / seor D. Fernn / do VI, mand erigir / este padrn el seor Ma / riscal de Campo Dn. Fran / cisco Caxi gal de la / Vega de el orden de / Santiago gouernador / y Capitn General de es / ta Isla, siendo procura / dor General Doctor Dn. / Manuel Phelipe / Arango. Ao de / 1754. La primitiva inscripcin latina, situada al lado norte, fue sustituida en 1903, al restaurarse la columna, por otra cuyo texto latino es una modificacin del antiguo, hecha por el entonces profesor de Latn de la Universidad de La Habana, Dr. Juan Manuel Dihigo y cuya traduccin al castellano es la siguiente: Detn el paso, caminante; adorna este sitio un rbol, una ceiba frondosa, ms bien dir signo memorable de la prudencia y antigua religin de la joven ciudad, pues ciertamente bajo su sombra fue inmolado solemnemente en esta ciudad el Autor de la salud. Fue tenida por prim era vez la reunin de los prudentes concejales hace ya ms de dos siglos: era conservado por una tradicin perpetua; sin embargo cedi al tiempo. Mira, pues, y no perezca en lo porvenir la fe habanera. Vers una imagen hecha hoy en la piedra, es decir, el ltimo de noviembre en el ao 1754. La pilastra se encuentra decorada, en lo ms alto, como ya expusimos, por una imagen de Nuestra Seora del Pilar, y en el primer frente del tringulo que mira al Naciente, con un relieve del tronco de la supuesta primitiva ceiba, con las ramas cortadas, y cual si estuviera sin follaje, seca; Adems, aos ms tarde, entre 1755 y 1757, se sembraron alre dedor de ella tres ceibas, en lugar de la primitiva, que se haba destruido, de las que dos se secaron al poco tie mpo y la tercera fue destruida el ao 1827 para facilitar la construccin de El Templete. Al ao siguiente se sembraron tres nuevas ceibas, de las que slo arraig una, que es la que existe en la actualidad. Dos ms que se sembraron en 1873, murieron en 1883. Con el tiempo se fue desgastando y deteriorando lamentablemente este pequeo y sencillo monumento que, adems, casi desapareca oculto por las casillas y puestos de vendedores que en sus cercanas acostumbraban instalarse, y por el Castillo de La Fuerza y otros edificios, como la Casa de Gobierno y Ayuntamiento y la de la Intendencia, que all se alzaban. Todo ello impuls al capitn general don Francisco Dionis io Vives y Planes a restaurar esa columna y levantar, adems, otro monumento mayor, que fuera no slo digno de los hechos que se queran perpetuar, sino tambin de la importancia que haba adquirido la ciudad. Al efecto, en 1827, orden a su secretario poltico, don Antonio Mara de la Torre y Crdenas, dispusiese todo lo conducente a los planos y obras necesarios, lo que as se realiz, quedando stas terminadas el 18 de marzo de 1828. Consistieron esas obras en la restauracin y embellecimiento de la primitiva columna, colocando el antiguo pilar sobre cuatro gradas circul ares de piedra y sustituyendo la imagen de la Virgen del Pilar que la remataba por otra dorada a fuego, de una vara de alto; y la construccin de El Templete. El edificio de El Templete es la primera obra civil de carcter notoriamente neoclsico ; est situado en el fondo del cuadriltero y al extremo del lado Este, mide 12 varas de frente y 8-^ por los dos costados y 11 de alto; es de estilo griego y est compuesto de un arquitrabe de 6 columnas de capiteles dricos y zcalos ticos y 4 pilastras ms en los costados, con otros adornos. En el centro del tringulo del tmpano hay una lpida conmemorativa de la inauguracin, realizada el 19 de marzo de 1828, que dice as: Reinando el seor Don Fernando VII, siendo presidente y gobernador don Francisco Dionisio Vives, la fidelsima Habana, religiosa y pacfica, erigi este senc illo monumento decorando el sitio donde el ao de 1519 se celebr la primera misa y cabildo. El obispo don Juan Jos Daz de Espada solemniz el mismo augusto sacrificio el da diez y nueve de marzo de mil ochocientos veinte y ocho. El pavimento de El Templete es de mrmol blanco. En el interior existen tres lienzos del pintor francs es tablecido en La Habana desde 1816, Juan Bautista Vermay, representando imaginativamente, dos de ellos, la primera misa y el primer cabildo, y el ter cero, que se coloc despus, reproduciendo la inauguracin oficial de El Templete, con las personas principales que asistieron a la misa. Dicha ceremonia inaugural, el da ya indicado, fue solemn e y pomposa. Consisti en una misa que dijo el Obispo Espada y a la que asistieron el Capitn General y autoridades eclesisticas, civiles y militares de la ciudad, as como personas importantes de la mismos Ante todos ellos pronunci Espada un discurso que Pezuela calific de erudito. Colgaduras, iluminaciones y diversos festejos populares sirvieron para celebrar durante tres das la inauguracin de este

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monumento, uno de los pocos de carcter histrico que posee La Habana, y representativo, precisamente, de hechos que no ocurrieron, segn hemos demostrado. Al referirse a estos hechos, el valioso escritor cubano Alvaro de la Iglesia, en su libro Cosas de Antao, dice, con mucha razn, que el cuadro de Vermay, que reproduce la ceremonia inaugural del Templete, llega a tal extremo de exactitud en la pintura de personas, y trajes, que es un verdadero y valioso documento histrico. Y con motivo de los festejos entonces celebrados agre ga estos pintorescos detalles: Al da siguiente se efectu la segund a ascensin aerosttica en Cuba, pues la primera se haba realizado en 1796. Ya porque Vives lo hubiera trado de New Orleans, ya porque el olor de la ganancia lo atrajera, lo cierto es que se apareci en La Habana durante las fiestas el aeronauta Robertson, bastante conocido en Europa por sus atrevidos vuelos. El globo parti de la Plaza de Toros en las primeras horas de la tarde y fue a descender a Nazareno, en el potrero del capelln de San Ambrosio don Ju an N. Daz. La funcin fue para el francs suculenta, pues entre subvencin oficial y entradas a la plaza le produjo el espectculo la no despreciable suma de quince mil pesos. Y qu diremos del lujo? En las funciones teatrales de aquellos das y en los bailes de palacio, particulares y pblicos se derroch una fortuna. En flores, joyas, banquetes, ostentacin y alegra el dinero corri como un ro desbordado y La Habana pareci presa de la locura durante dichas fiestas. Laborde las hizo extensivas a la escuadra surta en puerto y que descansaba de las fatigas del constante crucero contra los corsarios de Venezuela, ofreciendo un baile a bordo de uno de los navios, donde la elegancia y la belleza de las habaneras elev su pabelln hasta lo ms alto del tope. De otras diversione s menos lcitas no hablemos. Hubo para todos los gustos, porque si bien Vives fue honradsimo gobernante, para los fines de su especial sistema de gobierno prest gran atencin a estas tres bases infalibles de la poltica colonial: baile, baraja y botella. Pueblo que se divierte no conspira. Fue lo que se llam el gobierno de las tres bes. Como el propio gobernador Vives declara en el informe que dirigi a la Corte sobre los actos realizados con motivo de la inauguracin

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de El Templete, aqullos tuvieron carcter y orientacin abie rtamente polticos, tendientes a distraer al pueblo del gran drama emancipador que se estaba rea lizando en las antiguas provincias espaolas del Continente, y a presentar igualmente a los cubanos un paralelo entre las luchas y contratiempos que, como en toda revolucin de honda y vital trascendencia, sufran otros pueblos de Amrica, y la paz, seguridad y prosperidad de que gozaban los fieles cubanos bajo el imperio de las leyes y del suave y paternal gobierno de S. M. Con motivo de la construccin del Templete, el merits imo Obispo Espada hizo erigir muy cerca de l a sus expensas un busto de mrmol del Almirante Cristbal Coln, con su pedestal, de autor desconocido y pobre ejecucin que an se conserva. Dentro del recinto cerrado por las verjas que circundan el Templete quedaron incluidos este busto, la ceiba y la columna erigida por Cagigal. En 1927 el entonces Alcalde Munici pal de La Habana, Dr. Miguel Mariano Gmez dispuso la muy necesaria restauracin total del Templete, que fue acertadsimament e realizada por los arquitectos Evelio Govantes y Flix Cabarrocas. ESTATUA DE CARLOS III. Estatua de mrmol, con pedestal revestido del mismo material que lleva esta inscripcin: A Carlos III, el pueblo de La Habana. Ao de 1803. La figura luce el rico manto y las insignias de la Real Orden de Carlos III, llevando la espada ceida al cinto y empuado el cetro. Erigida en 1803, bajo el mando del Gobernador y Capitn General D. Salvador Jos de Muro y Salazar, Marqus de Someruelos, por suscripcin pblica, como testimonio de agradecimiento de la colonia por los beneficios recibidos bajo el reinado de este monarca. Carlos III de Borbn (1716-1788), Rey de Espaa y de las Indias, fue notable entre todos los monarcas espaoles por las acertadsimas disposiciones de sus grandes ministros liberales sobre educacin, cultura, comerc io e industria y sobre gobier no en general. Autor del monumento: Cosme Velzquez, espaol, director de la Academia de Bellas Artes de Cdiz. Erigida primitivamente en el entonces llamado Paseo de Extramuros, aproximadamente donde se encuentra hoy la estatua y fuente de la India, en la Plaza de la Fraternidad. En 1836 fue trasladada al lugar de su emplazamiento actual, al comienzo de la Avenida o Paseo de Carlos III, que entonces se lla maba Paseo de Tacn, por el nombre de uno de los ms despticos gobernadores espaoles de Cuba. El 4 de noviembre —da del onoms tico del homenajeado— de 1803, se efectu la ceremonia oficial de develamiento de esta estatua; concurrieron todas las autoridades militares, civiles y eclesisticas, con el Gobernador al frente, y numerossimo pblico; se celebr un desfile militar; y el coronel Manuel de Zequeira y Arango, primero en el orden cronolgico de los poetas cubanos, escribi una oda anacrentica describiendo el acto.

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FUENTE DE LOS LEONES (1836). Esta preciosa fuente, de mrmol blanco, ejecutada por Giuseppe Gaggini, en la Carrara, Italia, con los planos remitidos por el coronel Don Manuel Pastor y reformados por Tagliafichi, arquitecto de fama, vino a La Habana en el ao de 1836. Est compuesta de una columna estriada, entrad a, sostenida por cuatro leon es descansando sobre cuatro pedestales; de las bocas de los leones caa el agua en la gran taza de forma poligonal, en cuya fuente haba una guirnalda de rosas primorosamente tallada. Como a dos tercios de su altura, un plato circular contiene varios chorros por los cuales sala el lquido; en su centro elvase una aguja delgada a manera de candelero que lanzaba al aire un sinnmero de hilos de agua, los cuales al caer en el plato semejaban las ramas de un sauce llorn. Los pedestales donde descansan los leones en sus fustes tienen bajorrelieves alegricos. Una gradera compuesta de tres escalones da acceso a la fuente. Toda su belleza y galanura han sido conservada a travs de tantos aos, gracias a la previsin, en aquella poca del Director de Ingenieros el Mariscal de Campo Don Mariano Carrillo de Albornoz. Esta fuente estuvo anteriormente instalada en el Parque Trillo, y en el Parque de la Fraternidad, de donde ha sido trasladada al lugar de su primitivo asiento, la plaza adyacente al convento de San Francisco. ESTATUA DE LA NOBLE HABANA, CONOCIDA POR FUENTE DE LA INDIA (1837). Estatua de mrmol erigida en el centr o de una fuente sobre un amplio pedestal del mismo material en forma de fuente en el que aparecen las figuras de cuatro delfines. La figura central aparece sentada y adornada de plumas. La ereccin de esta fuente, en 1837, se debi a D. Claudio Martnez de Pinillos, Conde de Villanueva, Intendente General de Hacienda durante el mando del Gobernador y Capitn General espaol Miguel Tacn. La esculpi Giusseppe Gaggini, italiano, y el arquitecto fue Tagliafichi, italiano, quien modific los planos originales del corones espaol Manuel Pastor. Erigida primeramente en 1837 en lugar muy prximo al que hoy ocupa el parque de la Fraternidad: frente a la puerta Este del Campo Marte, en 1841 fue trasladada a sitio muy cercano, al final de la segunda seccin de la Alameda del Prado, hoy Paseo de Mart. En 1863, por acuerdo del Ayuntamiento, pas al centro del Parque Central donde hoy se levanta la estatu a de Jos Mart. En 1875, qued emplazada en su lugar actual, pero mirando hacia el antiguo Campo de Marte; y en 1928, al tran sformarse dicho Campo en Plaza de la

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Fraternidad, se le dio la posicin que tiene actualmente. La estatua es de carcter simblico. Representa a la capital de Cuba.

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FUENTE DE NEPTUNO (1838) En 1838 el Capitn General Don Miguel Tacn encarg al extranjero y dedi c al Comercio de La Habana, la Fuente 4e Neptuno, inaugurndola posteriormente su sucesor en el mando Don Joaqun de Ezpeleta. La bella fuente de la estatua de Neptuno es de mrmol bl anco de Carrara, est compuesta de una ancha base que es el pedestal, descansando en la parte supe rior la estatua. En uno de sus lados tiene tres conchas de mrmol de mayor a menor, apareciendo en la base del pedestal una cabeza human a de cuya boca abierta sale un surtidor de agua, que se derrama de concha en concha y va a parar a una monumental fuente de cincuenta metros de largo por treinta y cinco de ancho, labrada y bruida en piedra dura de Artemisa, en una de cuyos extremos se levanta la estatua del dios, sobre pedestal de estilo drico del Renacimiento. La fuente termina por una bien modelada estatua de Neptuno apoyado en un tridente, y en actitud pensativa, teniendo a su espalda dos delfines que le sirven de sostn. En el frente del pedestal se lee la inscripcin siguiente: El Capitn General Don Miguel Tacn al Comercio de la Habana. Despus de distintos cambios sufridos en su emplazamiento, ha quedado colocada definitivamente en el Vedado, en la manzana comprendid a entre las calles Cinco, Siete, C y D, Parque Gonzalo de Quesada. En este parque existe tambin una clsica exedra de mrmol de catorce metros de dimetro, toda de mrmol, obra del escultor italiano Ugo Luisi. COLUMNA DE LA ALAMEDA DE PAULA Es una columna de mrmol blanco, que antes formaba el centro de una fuente hallndose entonces rodeada de una taza circular. La columna es ms ancha en su base que en su extremo superior, est cubierta toda de altorrelieves, representando banderas, escudos, caones, trofeos militare s antiguos y modernos, laureles y otros di bujos alegricos; est rematada por un ca pitel sobre el cual se alza un len rampante con las armas de Espaa presas entre las garras delanteras; en cada una de las cuatro ca ras de la columna aparecen talladas otras tantas cabezas de leones de cuyas bocas salan surtidores de agua que iban a caer en cuatro conchas que an se conservan, y que derramaba n en la taza circular, que se destruy — y no fue reconstruida — al ser derribada la fuente por, un cicln en 1910. Esta columna fu e construida en Italia, por cuenta de los fondos de Obras Pblicas, y erigida en 1847, en honor de la marina espaola, y con moti vo de las mejoras que introdujo en la Alam eda de Paula el des ptico Capitn General Leopoldo O'Donnell, las que hicieron que entonces se le diera a ese paseo el nombre de Saln de O'Donnell. La columna se halla emplazada al principio de la Alameda, cerca de la plazuela de Luz. OBELISCO DE LA CABAA Es un obelisco de ladrillo, de cerca de tres metros de alto, de forma cuadrangular, terminado en pirmide, cubierto de planchas de mrmol, sobre un basamento de dos cuerpos y de un metro cuadrado, apr oximadamente, de superficie. En la cara principal se hallaban estas inscripciones: AQU YACEN LAS CENIZAS DE LOS SOLDADOS VICENTE PREZ, ANTONIO MARTNEZ, FRANCISCO L"PEZ, RAM"N CABALLERO Y GALO TEJEDOR, DEL REGIMIENTO INFANTERA DE LE"N, Y LOS DEL CABO 1' GINES IBAEZ, Y SOLDADOS DEL REGIMIENTO DE CABALLERA LANCEROS DEL REY FELICIANO CARRASCO, ROQUE BLANCO, JOS CRESPO Y FRANCISCO VALENZUELA, QUE MURIERON EN CRDENAS EL 19 DE MAYO DE 1850 PELEANDO POR SU REINA Y PATRIA. COMPAEROS, HONRAD LA MEMORIA DE LOS MUERTOS Y en cada uno de sus lados derecho e izquierd o, estas otras: A LA LEALTAD Y AL HEROSMO EN MEMORIA DE LOS MRTIRES. Alrededor de todo el monumento, que tiene en su base una altura de un metro sobre el nivel de la muralla, existe en su parte superior un ndito tambin de mrmol, de sesenta centmetros de anchura, y en su inferior una cripta o

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nicho de un metro de alto, de un metro cincuenta centmetros de ancho y de un metro sesenta milmetros de fondo, en el que se lee a travs de un cristal la leyenda siguiente: CENIZAS DE LAS VICTIMAS DE LA INVASI"N DE CRDENAS 19 DE MAYO DE 1850. La primera inscripcin fue destruida durante la ocupacin de la fortaleza de la Cabaa por las fuerzas militares norteamericanas, de 1899 a 1902. Como se ve, este obelisco, que se encuentra situado en la muralla del castillo de San Carlos de la Cabaa, fue erigido en 1855 por el tirnico Capitn General Jos Gutirr ez de la Concha, para honrar la memoria de los soldados que murieron en Crdenas luchando cont ra los invasores separatistas encabezados por el general Narciso Lpez despus protomrtir de la independencia cubana, que hizo ondear all, por primera vez, la bandera cubana que es hoy nuestra ensea nacional. ESTATUA DE CRIST"BAL COLON Estatua de mrmol sobre pedestal del mismo material. Figura de pie, con traje de la poca. En 1854, a mocin del Regidor D. Ramn Montalvo y Calvo, el Ayuntamiento de La Habana acord la ereccin de un gran monumento al Descubridor de Amrica Cristbal Coln, pero al cesar en su cargo el Gobernador General Marqus de la Pezuela, todo qued en proyecto. Mas en 1860 el Ayuntamiento acord adquir ir esta estatua que haba sido trada de Italia por el escultor Garbeille, comprndola con los fondos que se haban recogido por suscripcin popular para el monumento que no lleg a erigirse. Fue aprobada esta resolucin con fecha 6 de enero de ese ao, por el Gobernador y Capitn General D. Jos Gutirrez de la Concha. Su autor fue J. Cucchiari, escultor italiano. En 1862 fue erigida en el patio de la Casa de Gobierno (hoy Palacio Municipal de La Habana); en 1870 fue trasladada al centro del Parque Central donde hoy se encuentra la primera estatua de Jos Mart; y en 1875, fue re stituida a su primitivo asiento, que es el que ocupa en la actualidad.

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MONUMENTO FUNERARIO DEL OBISPO SERRANO (1878) Sobre un tmulo funerario a manera de pedestal se encuentra una admirable estatua orante, verdadera imagen del ilustre desaparecido, en mrmol de Carrara, siendo su autor Pietro Corta, que la ejecut en Florencia en el ao de 1878. Llama la atencin en dicha escultura el cojn sobre el cual ora el Obispo, que parece de pluma y no de mrmol, las vestiduras sacerdotales cuidadosamente trab ajadas y los pliegues del finsimo traje. En el frente del monumento, lese una extensa inscripcin en latn donde se alaban los extraordinarios mritos del difunto. El da 18 de enero de 1875, arrib a este puerto el Dr. Apolinar Serrano y Diez. Cinco meses solamente dur su ministerio, muriendo de fiebre amarilla el da 15, Corpus Chri sti del ao 1878, a los cuarenta y tres de su edad. El Dr. Serrano y Diez fue tan virtuoso como modesto, dando prueba de inteligencia y caridad, repartiendo siempre sus ahorros a numerosos pobres. Con motivo de su muerte, que fue recibida por el pueblo con verdadero sentimiento, decidieron costearle las exequias y labrarle un monumento a cuyo efecto se abri una suscripcin pblica que encabez el Capitn General con $300.00. El Cabildo Eclesistico, unindose a la voluntad popular, acord depositar sus cenizas en la Capilla Santa Mara de Loreto de la Catedral, donde hoy se encuentran. MONUMENTO CONMEMORATIVO DE LA HECATOMBE DEL 17 DE MAYO DE 1890 Este monumento es todo de mrmol. En la base presenta 28 nichos, cada uno con el nombre y un medalln con el rostro esculpido de una de las vctimas en cuyo honor se levant esta obra. En los ngulos se alzan cuatro figuras de tamao heroico, que simbolizan la Abnegacin, el Dolor, el Herosmo y el Martirios Al cen tro se eleva una ancha pilastra sumamente ornamentada y rematada por un grupo escultrico que representa al ngel de la Fe conduciendo a un bombero a la inmortalidad, al amparo de la Cruz. Contiene, entre otras, esta inscripcin: MURIERON EL 17 DE MAYO DE 1890 EL PUEBLO DE LA HABANA LLORA SU NOBLE SACRIFICIO BENDICE SU ABNEGACI"N HEROICA Y AGRADECIDO LES DEDICA ESTE MONUMENTO PARA GUARDAR SUS CENIZAS Y PERPETUAR SU MEMORIA. R. I. P. Erigido por acuerdo del Ayuntamiento de La Habana de 18 de mayo de 1890, y por suscripcin popular, si bien el propio Ayuntamiento contribuy con importantes cantidades. El costo total fue de $55,000, correspondiendo $31,500 a los autores: Agustn Querol, y Julin Martnez Zapata, arquit ecto, ambos espaoles. El acto inaugural se efectu en 24 de julio de 1897, con asistencia de ms de 10,000 personas, y discursos del Presidente de la Comisin Ejecutiva del Monumento, Demetrio Prez de la Riva, y del Alcalde Muni cipal, Miguel Daz Alvarez. En este acto se efectu el traslado de los restos de los homenajeados al monumento-mausoleo. La ceremonia fue presidida por el Capitn General Valeriano Weyler, el ms feroz y despiadado de todos los militares que Espaa envi a oprimir a Cuba. Este monumento se erigi en memoria de veintiocho vctimas que en cumplimiento espontneo de una misin de abnegacin hallaron la muerte en la catstrofe ocurrida el 17 de mayo de 1890 en la ferretera de Isasi, situada en la esquina de las calles de Mercaderes y Obrapa de esta Capital, donde un incendio produjo dos terribles explosiones. Entre estos hroes figuran en primer trmino los principales jefes de los cuerpos de bomberos que entonces eran voluntarios. Sus nombres son: Andrs Soler, Carlos Kodrguez, Isaac Casagran, Andrs Zencovich, Juan J. Musset, Eran-cisco Ordoez, Osear Conill, Gastn Alvaro, Ral Alvaro, Pedro Gonzlez, Ignaci o Casagran, Jos Prieto, Carlos Salas, ngel Mascar, Inocente Valdepares, Erancisco Valds, Juan Viiar, Enrique Al onso, Jos Mir, A. Lpez, A. Moreno, Alberto Porto, B. Baguer, F. Botella, Antonio Surez, Bernardo Garca, Pedro Chomat, Fermn Posada, Miguel Pereira. TEMPLETE CONMEMORATIVO DE LOS ESTUDIANTES FUSILADOS EN 1871. Tambin existe otro monumento erigido a la memoria de los estudiantes victimados en 1871. Es un templete de estilo griego, que rodea el lienzo de pared ante el cual fuer on ejecutados. Este trozo de pared, que formaba parte de los Barracones de Ingenieros, al costado de la antigua Crcel, fue conservado, por gestiones del mismo Dr. Fermn Valds Domnguez y de dos de sus compaeros del 71, al pro-cederse a la demolicin de dicho edificio, en 1901, bajo la ocupacin militar norteamerican a. Realiz las obras el arquitecto norteame ricano Mr. Barden. Sobre el trozo de pared donde an se conservan las huellas de las balas que segaron la vida de aquellos jvenes se han colocado varias lpidas con inscripciones; la que ms emociona es la que sobre una placa de mrmol blanco contiene, rodeada de sencilla

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corona grabada en negro, esta sola palabra: ¡Inocentes!. El lugar donde se halla enclavado este templete forma parte ahora del Parque de los Mrtires; y el monumento, al que posteriormente se le ha agregado, con poca fortuna, la figura de un ngel, que impide leer una de las tarjas conmemorativas, ha sido en tiempos de rebeldes manifestaciones estudiantiles, lugar de reunin y discursos exaltados, en que terminaban los desfiles iniciados en la Universidad. Tambin se conservan, de esta poca, los siguientes monumentos: Estatuilla de bronce, de la que el pblico afirma que repres enta a La Habana, y que se alzaba en la torre del Castillo de la Fuerza —la fortaleza ms antigua qu e se conserva en Amrica—, asegurndo se que fue colocada despus de 1762, pues se dice que de la primitiva se apoder aron los ingleses al tomar la ciudad en ese ao. Esta figura, de las conocidas por giraldillas tiene grabado el nombre de su autor, en una inscripcin que dice: Jernimo Martn Pinzn. Artfice. Fundidor. Escultor. Ha sido recientemente trasladada al Pabelln Cuba, construido para el VII Congreso de la Unin Internacional de Arquitectos, -Estatua de Ceres, la diosa romana de la Agricultura, en mrmol blanco, colocada entre 1838 y 1839 en la entonces llamada Alameda de Tacn, hoy Avenida de Carlos III. Grupo escultrico en mrmol que representa las tres virt udes teologales, F, Esperanza y Caridad, en que esta ltima es la figura dominante; es original del escultor cubano Jos Vilalta de Saavedra; y est colocada, con la inscripcin Janua Sum Pacis, sobre la portada principal, de estilo romni co, del Cementerio de Coln, en la que tambin aparece, incrustado, un bajorrelieve que representa una escena de la vida de Cristbal Coln. MONUMENTO CONMEMORATIVO DE LOS ESTUDIANTES FUSILADOS EN 1871 El monumento es de mrmol de Carrara, y su altura es de 10 m. Representa simblicamente, segn su autor, este concepto: La Conciencia pblica, a travs del tiempo, justifica a la inocencia. La estatua que est a la derecha del espectador, en segundo trmino de perspectiva, representa la Conciencia pblica; sobre la lnea superior hay una urna que figura contener los restos de la s vctimas, y encima la figura del Tiempo, representada por el dios Saturno; ^a la izquierda, sobre aquella misma lnea, aparece la estatua de la Justicia, y en la base del monumento hay una puerta por donde sale una figura es culpida que simboliza la Inocencia pasando de las tinieblas a la luz. En el centro se eleva una pirmide, con el escudo de La Habana al frente, cubierta su cspide de un manto y rodeada de una corona. Contiene las siguientes inscripciones : JOS DE MARCOS YERA. REIVINDICADOR DE LOS ESTUDIANTES 27 DE NOVIEMBRE DE 1871 CARLOS VERDUGO ALONSO ALVAREZ DE LA CAMPA ANACLETO BERMUDEZ PASCUAL RODRGUEZ PREZ NGEL LABORDE CARLOS DE LA TORRE ELADIO GONZLEZ AQU DESCANSAN LOS RESTOS MORTALES DEL DR. FERMN VALDES DOMNGUEZ FALLECI" EL 13 DE JUNIO DE 1910 SE TRASLADARON SUS RESTOS A ESTE MAUSOLEO POR ACUERDO DEL AYUNTAMIENTO DE LA HABANA EL 7 DE JULIO DEL MISMO AO Y en su parte infe rior, estas otras: DEFENSORES DE LOS ESTUDIANTES TENIENTE CORONEL DOCTOR FEDERICO CAPDEVILA DOMINGO FERNANDEZ MURI" EN SANTIAGO DE CUBA CUBAS EL 1' DE AGOSTO MURI" EN LA HABANA DE 1898. EL 11 D JUNIO DE 1906 SE TRASLADARON SUS RESTOS SE DEPOSITARON A ESTE PANTE"N AQU SUS RESTOS EN 27 DE NOVIEMBRE EL 27 DE NOBRE. DE 1904 DE 1908

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En 1871, tres aos despus de comenzada la Guerra de los Diez Aos, un grupo de est udiantes de primer ao de la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana fueron falsamente acusados de profanar la tumba de Gonzalo Castan, intransigente periodista espaol que haba sido muerto por un patriota cubano en los Estados Unidos La furia vesnica de los miembros del Cuerpo de Voluntarios — espaoles, comercia ntes casi todos, que, actuaban como auxiliares del Ejrcito de la Metrpoli y aun co n mayor pasin que ste — se impuso por sobr e toda justicia, y los jvenes cubanos fu eron condenados, ocho designados por suerte, a la pena capital, y los restante s a prisin y destierro. El fusilamiento se efect u el 27 de noviembre de 1871. Uno de los jven es supervivientes, despus Dr. Fermn Valds Domnguez, se impuso como misin consag rarse a reivindicar la memoria de sus compaeros, y despus de lograr que la ino cencia de stos fuese reconocida hasta por el hijo del presunto agraviado, lanz la i dea de que se erigiese un monumento a su memoria, como pblico y permanente desagravio. As se hizo; a travs de una comisin creada e l 15 de febrero de 1887 bajo la presidencia del propio Dr. Valds Domnguez, se reuni por suscri pcin pblica la cantidad necesa ria; luego se celebr un concurso pblico entre ar tistas para elegir el proyecto a realizar y ascendiendo el costo del proyecto prem iado a $30,000, y habindose recaudado $25,000, los $5, 000 de diferencia fueron donados por las Sras. Cecilia y Tomasa Alvarez de la Campa, hermanas de uno de los estudiante s fusilados. El monumento fue inaugurado en 1890. El escultor fue Jos Vilalta de Saavedra, cubano, que entonces se hallaba estudiando escultura en Roma. Los estudiantes de Medicina cuyos nombres aparecen en l a inscripcin principal fueron las vctimas a cuya memoria se erigi este monumento en el Cementerio de Coln. ESTATUA DE FRANCISCO DE ALBEAR Y LARA Estatua de mrmol, en el centro de una fuente. Lleva al pie otra estatua alegrica, del mismo tamao, que representa a la ciuda d de La Habana ofrecindole un laur el; tambin esta es de mrmol. Lleva las siguientes inscripciones: LA CIUDAD DE IA HABANA ERIGE ESTE MONUMENTO A SU INSIGNE HIJO EL EMINENTE INGENIERO D. FRANCISCO DE ALBEAR Y LARA ACUERDO DEL AYUNTAMIENTO DE 24 DE OCTUBRE DE 1887 HONRO LAS ARMAS Y ELEVO LA CIENCIA; LUCHO CUAL FUERTE SIN MANCHAR SU HISTORIA; SUS OBRAS ILUSTRARON SU EXISTENCIA Y EN LAS DE VENTO SE LABRO SU GLORIA EL NOMBRE DE ALBEAR QUEDO PERDURABLEMENTE UNIDO COMO INVENTOR INSIGNE A LAS OBRAS DEL CANAL DE ABASTECIMIENTO DE AGUAS DE LA HABANA POR ACUERDO DEL AYUNTAMIENTO DE 7 DE NOVIEMBRE DE 1887 En 1887, el 7 de noviembre, pocos das despus de la muerte de Albear, fallecido el 23 de octubre, el Ayuntamiento de La Habana acord dar el nombre da Canal de Albear al Canal de Vento, que aqul haba construido. El 3 de agosto de 1891, dicha corporacin resolvi consignar $6,000 para erigirle un monumento en el Cementerio; pero despus se decidi levantarle esta estatua, obra del escultor cubano Jos Vilalta de Saavedra. Este monumento ha permanecido siempre en el lugar donde fue erigido, en la plazoleta compre ndida entre las calles de Monserrate, Bernaza, Obispo y O'Reilly, cerca del Parque Central, y que tambin lleva el nombre de Albear. Fue inaugurado el 15 de marzo de 1895.

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DE LA ERA REPUBLICANA ESTATUA DE JOS MART EN EL PARQUE CENTRAL. El monumento es de mrmol de Carrara, compuesto de pedestal, fuste y estatua. En la parte inferior del fuste aparecen varias figuras en alto relieve que representan, una a la Patria y otras a diversos elementos del pueblo, soldados del Ejrcito Libertador, etc. En la parte superior del fuste aparece al frente en relieve el escudo de la Repblica. Las figuras del fuste son de tamao heroico, y la estatua mucho mayor. El Ministerio de la Construccin del actual Gobierno Revolucionario ha efectuado recientemente obras de embellecimiento que resaltan el pedestal de la estatua. La figura se encuentra de pie, con la indumentaria que habitualme nte usaba Mart, y en actitud de hablar al pueblo. Esta estatua fue la primera de todas cuantas se han erigi do al Apstol Mart. En 1899, durante la ocupacin militar de Cuba por el Gobierno de los Estados Unidos, el semanario habanero El Fgaro realiz una encuesta para preguntar primero a los hombres representativos de Cuba, y luego al pblico en general, qu estatua debera colocarse en el Parque Central, el lugar ms cntrico y concurrido de la ciudad, y donde desde 1875 hasta que termin la dominacin espaola haba permanecido la efigie en mrmol de la Reina de Espaa Isabel II, de infausta memoria. La mayora de los primeramente interrogados design a Jos Mart para ocupar el corazn de la Ciudad, y la respuesta popular fue decisiva en el mismo sentido. Al ao siguiente, en 1900, un grupo de patriotas cre una comisin encargada de llevar a vas de hecho el proyecto, y presidida por el general del Ejrcito Libertador Emilio Nez. Por suscripcin pblica se recaud la cantidad de $5 ,000 aproximadamente, y se encar g la estatua al escultor cuba no Jos Vilalta de Saavedra, contribuyendo el Ayuntamiento de La Habana, la Secretara de Obras Pblicas, y unos cuantos particulares a algunos trabajos y gastos adicionales. En noviembre de 1904 coloc la primera piedra del monumento el General en Jefe del Ejrcito Libertador Mayor General Mximo Gmez, y la inauguracin oficial se celebr el 24 de febrero de 1905, dcimo aniversario del inicio de la Guerra de Independencia de 1895, inspirada y organizada por Mart. Primeramente el General en Jefe del Ejrcito Libertador, Mayor General Mximo Gmez, iz la bandera cubana, a los acordes de la Marcha de la Invasin y pronunci una alocucin. EI monumento fue develado por el Presidente de la Repblica Toms Estrada Palma y entregado al Alcalde de La Habana po r el General Emilio Nez presidente de la Asociacin de Monumentos a Mart; pronunciaron discursos los Sres. Hor acio S. Rubens, Ramn Rivero Rivero, Francisco Mara Gonzlez, Juan Gualberto Gmez y Jos Dolores Poyo. Termin el acto con un desfile de las Fuerzas Armadas de la Repblica. Jos Mart naci en La Habana el 28 de enero de 1853, y muri en combate con las tropas espaolas, en Dos Ros, Oriente, el 19 de mayo de 1895. Est sepultado en el Cementerio de Santa Efigenia, de Santiago de Cuba, donde reposan tantos patriotas cubanos, desde Carlos Manuel de Cspedes (1874) hasta Frank Pas (1957). Fue apstol y mrtir de las libertades cubanas y de las de los pueblos hispanoamericanos. Estadista genial de nuestro continente. Luchador sin odios. Maravilloso orador. Prodigioso artfi ce de la prosa. Crtico extraordinario. Poeta innovador y creador. Maestro de nios y de hombres. Hizo causa comn con los oprimidos de la tierra, y muri como bueno, de cara al sol, por la redencin poltica, econmica y humana de su patria y de Nuestra Amrica, sin que jams hubiera salido de su corazn obra sin piedad y sin limpieza.

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ESTATUA DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA. Estatua sedente, de mrmol, sobre sencillo pedestal del mismo material. Est colocada al centro del Parque de San Juan de Dios, que se extiende entre las calles de Habana, Aguiar, Empedrado y San Juan de Dios. La figura aparece en traje de la poca, sentada en una silla de estilo renacimiento espaol, y en actitud de escribir. Fue erigida por cuestacin popular, a iniciativa del periodista Aurelio Ramos Merlo, auspiciada por el Gobierno Provincial de La Habana, por resolucin de 31 de marzo de 1905. La estatua es obra del artista Carlos Nicoli, italiano, y fue inaugurada el 1ro. de noviembre de 1908. EL discurso inaugural fue pronunc iado por el Dr. Alfredo Zayas, literato y emigrado revolucionario cubano, que despus fue Presidente de la Repblica. Conocidsima es la figura de Miguel de Cervantes Saaved ra (1547-1616), el admirable escritor espaol que recibi el sobrenombre de El Prncipe de los Ingenios, por sus excepcionales mritos literarios, y tambin el de El Manco de Lepanto por haber perdido un brazo luchando valerosame nte en aquella famosa batalla. Cervantes escribi novelas, versos, la tragedia Numancia; pero su mejor ttulo para la inmortalidad es haber escrito El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, la mejor obra novelesca de todos los pases y de todos los tiempos. ESTATUA DE JOS DE LA LUZ Y CABALLERO. Estatua de bronce, con pedestal de granito azul que lleva bajorrelieves alegricos tambin en bronce. La figura aparece sentada, y en actitud meditabunda. AI frente lleva esta inscripcin: Jos de la Luz Caballero.— El maestro de la juventud cubana.— 1800-1862.— 'Educar no es slo dar carre ra para vivir, sino templar el alma para la vida/ij — 'Por curar los males de mi patria y promover su ventura derramara toda mi sangre.'. Esta estatua fue erigida por suscripcin pblica, a iniciativa de la Sociedad Econmi ca de Amigos del Pas, en nombre de la cual actu una comisin presidida por el patriota y publicista Dr. Raimundo Cabrera. Fue inaugurada la estatua el 24 de febrero de 1913, y es obra del escultor Julin Lorieux, y del arquitecto Charles H. Cousin, ambos franceses. Este monumento estuvo primeramente colocado en el antiguo Parque de la Punta, cerca del vetusto castillo del mismo nombre, junto al litoral. Al desaparecer dicho parque, — al que se haba dado el nombre de Luz Caballero — por razones urbansticas, en 1926, pas a su emplazamiento actual, en la Avenida del Puerto, en el tramo que lleva su nombre, frente a la entrada de la baha. Jos de la Luz y Caballero naci en La Habana en 1800 y muri en esta misma ciudad en 1862. Todo el pueblo de Cuba, que lo venera, lo designa con el nombre de Don Pepe. Gran educador, pensador, filsofo y patriota, es una de las figuras ms esclarecidas de la historia de nuestro pas, y figura entre los fundadores de nuestra nacionalidad, porque con su prdica sembr en la conciencia de sus compatriotas los sentimientos de apasionado amor a la dignidad humana, a la justicia, y a la libertad que inspir aron nuestras luchas emancipadoras. OBELISCO A LOS COMPAEROS DE NARCISO L"PEZ. Este obelisco de mrmol que se eleva sobre un pedestal de mrmol y piedra, al que se asciende por cuatro peldaos de piedra, est situado en la falda del Castillo de Atares, en el lugar en que fueron fusilados los compaeros del general Narciso Lpez, en primer lugar el coronel William L. Crittenden, despus de su segundo y desdichado intento de invasin de Cuba. Este monumento fue erigido en 1914, por iniciativa del Escuadrn K, Regimiento 1, de la extinguida Guardia Rural que entonces prestaba servicios en aquella fortaleza.

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Narciso Lpez, nacido en Caracas, Venezuela en 1798, tom parte en la guerra de Espaa contra los franceses a principios del siglo XIX, alcanzando el grado de general, y despus consagr su vida a luchar por la independencia de Cuba. Se le ha tildado de anexionista, pe ro sobre este punto los pareceres de los investigadores se hallan muy divididos. Narciso Lpez desembarc en Crdenas, el 19 de mayo de 1850, al frente de una expedicin organizada en los E.U. y por primera vez enarbol en Cuba la bandera que es hoy nuestra ensea nacional, pero tu vo que reembarcarse. Al reiterar su intento;"en 1851, todos los expedicionarios mu rieron, o fueron apresados y ejecutados despus. William L. Crittenden y sus cincuenta compaeros fueron fusilados el 16 de aquel ao, y el propio general ejecutado en garrote vil en la esplanada de la Punta el 1ro. de septiembre. MONUMENTO AL MAYOR GENERAL ANTONIO MACEO Sobre la plataforma general del monumento asintanse en las cuatro grandes figuras representativas. A saber: en el frente la Accin y el Pensamiento; detrs la Justicia y la Ley. En el frente del zcalo va un relieve: la Madre de Maceo, en el acto de hacer jurar a sus hijos fidelid ad y sacrificio por la Patria. Detrs, en el mismo zcalo, la batalla de Peralejo. Alrededor del fuste, cuatro grandes re lieves que figuran las hazaas ms importa ntes del glorioso caudillo: Los Mangos de Mega. La Protesta de Baragu. Episodio de Cacarajcara La Indiana, ao 1871. En el frente, la Victoria, colocada casi volando encima de una proa empujada por las almas de los hroes. En la parte posterior del frente, la Repblica Cubana con la bandera desplegada al viento, acoge agradecida a una figura humilde de la Revolucin: el asistente. Arriba del fuste, en el remate a los dos lados, dos relieves: El Triunfo de la Paz y el del Tr abajo. En el frente, el Escudo de Cuba. Detrs, el de la Ciudad de La Habana. Corona el monumento la estatu a ecuestre de Maceo. El hroe viste el uniforme militar, con la cabeza descubierta, machete en mano, sosteniendo con la otra la rienda, y la mirada al frente, como en actitud de arengar a sus soldados a lanzarse al combate. Los materiales de que se compone el monumento son: bronce todas las partes escultricas y decorativas y granito para la arquitectura. Fue erigido por ley de 26 de febrero de 1910, bajo la presidencia del mayor general Jos Miguel Gmez, consignndose un crdito de $100,000 para la ejecucin de la obra. En 2 de febrero de 1911 se invit por pblica convocatoria, a los escultores del Mundo para enviar proyectos al concurso, y efectuado ste, fue declarado triunfador el italiano Domenico Boni, quien ejecut el monumento. Est emplazado en el Parque Maceo, Avenida de Maceo, frente al Golfo de Mxico. La inauguracin se efectu el 20 de mayo de 1916, siendo Presidente de la Re pblica el General Mario Garca Menocal, y Secretario de Obras Pblicas el coronel Jos R. Villaln. Antonio Maceo y Grajales, el hroe y mrtir por antono masia de la epopeya emancipadora cubana, naci en Santiago de Cuba en 1845 y muri en combate con el enemigo, en 1895, en San Pedro, provincia de La Habana, donde otro monumento guarda sus restos. Se incorpor muy pronto sus excelsas cualidades militares le hicieron alcanzar muy alto rango. Se hizo notable, adems, por su patritica protesta en los Mangos de Baragu, contra el Pacto del Zanjn, que puso fin a la guerra. Al reanudarse la lucha en 1895 ocup el cargo de Lugarteniente General del Ejrcito, segundo en el mando despus del General en Jefe Mximo Gmez. Realiz la extraordinaria hazaa de la Invasin, que llev la bandera de la Estrella Solitaria desde los Mangos de Baragu, en Oriente hasta el extremo occidental de la Isla, la poblacin de Mantua. Junto con las ms altas dotes de estratega y tctico, posey un arrojo incomparable, un valor homrico, las ms acendradas virtudes cvicas y una clarsima visin poltica del presente y el futuro de la Patria. Consagr su vida a la libertad de Cuba y pele por ella en primera fila hasta morir gloriosamente por conquistarla. La fecha de su muerte, 7 de diciembre, ha sido designada oficialmente Da de Luto Nacional, dedicado a honrar la memoria de todos los que han dado su vida por la Patria. Antonio Maceo est sepultado cerca del lugar de su muerte, en el Cacahual, provincia de La Habana. ESTATUA DE JUAN CLEMENTE ZENEA Figura de bronce, a tamao natural, sobre un gran bloque de mrmol blanco estatuario, que representa una pea de cuya parte interior, a la derecha, se destaca una figura desn uda de mujer, tambin de mrmol, con una lira en el brazo izquierdo, y que simboliza la inspiracin potica. Zenea ap arece sentado a un extremo de la pea en actitud meditabunda. En la parte posterior del pequeo monumento aparecen grabados los famosos versos A una golondrina, originales del poeta. {Autor de la obra: el escultor espao l Ramn Mateu, que vivi muchos aos en La Habana. La estatua fue erigida en el lugar que actualmente ocupa, al comi enzo del Paseo de Mart, cerca de la calle de San Lzaro, en la segunda decena de nuestro siglo, por gestiones de la hija del poeta, Piedad Zenea de Bobadilla, quien cre, a ese efecto, una asociacin nombrada Amigos de Zenea. Juan Clemente Zenea (1832-1871), fue un poeta de delicad sima inspiracin lrica, tendiente a lo elegiaco, y gil periodista de sentimientos revolucionarios, que puso su pluma al servici de la causa de la libertad de Cuba, aunque su actuacin poltica haya sido muy discutida; vctima de la felona espaola, fue apresado al salir del campo insurrecto, a

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pesar de llevar salvoconducto del gobierno colonial, y despu s de meses de cautiverio, fus ilado en el Foso de los Laureles del Castillo de la Cabaa el 25 de agosto de 1871. ESTATUA DEL GENERAL ALEJANDRO RODRGUEZ Monumento clsico de granito rojo de Ravena, con figuras de bronce, original del escultor italiano Giovanni Nicolini. Al frente tiene una gran plataforma y sobre ella la estatua alegrica de la Guerra: Marte con casco, escudo y espada. Detrs se alza el pedestal, con dos grandes relieves de bronces, representando escenas de la vida marcial del homenajeado. Sobre aqul la estatua ecuestre. I Este monumento se encuentra emplazado en el barrio del Vedado, en el centro de la calle Paseo o Avenida de los Alcaldes, entre la s calles Siete y Nueve. Fue ina ugurado el 28 de septiembre de 1919. Alejandro Rodrguez y Velasco naci en Sancti Spritus en 1852, y muri en La Habana en 1915. Actu en la Guerra de 1868-1878 y en la de 1895-1898 ostent el grado de General del Ejrcito Libertador. Fue el primer Alcalde Municipal de La Habana, en 1900 a 1901, electo por el voto popular despus del cese de la soberana espaola en Cuba. Tambin fue miembro de la Convencin Constituyente de 1902 que redact la primera Constitucin de la Repblica, ESTATUA DEL ALMA MATER Estatua en bronce, tamao casi doble del natural, sobre pede stal de piedra. Simboliza a la Universidad. Lleva al frente la inscripcin Alma Mater. La figura aparece sentada en un sitial tambi n de bronce sobre cuyos lados se ven seis bajorrelieves que representan, en figuras de mujer, de estilo griego, diversas disciplinas de las que se estudian en la Universidad. £ La figura alegrica representa una joven vestida con amplia tnica de mangas largas; tiene la cabeza descubierta y los brazos extendidos hacia los lados, con las manos abiertas en actitud acogedora. Su autor, Mario Korbel, escultor checoslovaco. Cuando se construa el nuevo edificio para el Rectorado de la Universidad de La Habana, que se termin en 1921, fue encargada esta estatua qu e la Secretara de Obras Pb licas erigi y emplaz, entre julio de 1919 y junio de 1920, en el terreno todava rstico que se hallaba ante el edificio. Al construirse, en 1927, la gran escalinata monumental de la Universidad, la estatua qued situada al centro de ella, ms o menos en el mismo lugar de su emplazamiento anterior. La estatua del Alma Mater est ntimamente vinculada a la historia de las luchas estudiantiles y revolucionarias, pues en torno de ella se han efectuado numerossimos actos de protesta contra las tiranas que ha sufrido el pas y en pro de su libertad y su progreso. ESTATUA DE CARLOS J. FINLAY Este monumento, de mrmol, tiene una altura total de 7.40 m. Ostenta la figura de Finlay, de una altura de 2.50 m. En el mismo bloque se ve un relieve simblico de la Medi cina, y de aqul se destaca en altorrelieve una figura que representa a la Humanidad agradecida ofrendando una corona al Dr. Finlay. Alrededor de este monumento figuran cuatro bustos en bronce sobre pedestal de bronce, ligeramen te mayores que el tamao natural. La iniciativa de rendir este homenaje a Finlay, se debi al Dr. Fernando Mndez Capote, entonces Secretario de Sanidad. Por decreto presidencial de 14 de abril de 1921 fueron cedidos a la Secretara de Sanidad y Beneficencia (hoy Ministerio de Salud Pblica) los terrenos situados frente al edificio de dicho de partamento oficial, para convertirlo en parque donde se erigira la estatua del Dr. Carlos J. Finlay y los bustos de los Dres. Claudio Delgado, Juan Guiteras, Jesse W. Lazear y William C. Gorgas. Sin previo requisito de concurso, la S ecretara de Sanidad encarg la estatua y los bustos a un escultor muy renombrado entonces en Cuba, y varias personalidades consultadas aprobaron el proyecto. Ramn Mateu, escultor espaol, es el autor de la estatua y de los bustos que la acompaan. El monumento est situado en el Parque Finlay, frente al Ministerio de Salud Pb lica, entre la Avenida Padre Vrela y las calles de Barnet, Malo ja y Divisin. La estatua fue solemnemente inaugurada el 17 de mayo de 1921. Los bustos an no estaban listos, y fueron colocados despus. Carlos Finlay, ilustre sabio cubano, benefactor de la humanidad, naci en Camagey, en 1833, y muri en La Habana en 1915. En 1881 present ante la Academia de Ciencias su genial desc ubrimiento del agente trasmisor de la fiebre amarilla — el mosquito stegomya fasciata. En 1900 su teora y su mtodo para la extincin de esta enfermedad fueron puestos en prctica por la comi sin norteamericana que haba empleado sin xito todos los otros medios ideados para sanear a Cuba: el xito fue comp leto, y la humanidad qued libre de aquel terrible azote. Aunque la comisin norteamericana y sus continuadores oficiale s pretendieron opacar la obra de Finlay, atribuyendo a aqulla su descubrimiento, la gloria del esclarecido mdico cubano es reconocida en el mundo entero. En cuanto a los personajes representados en los bustos, el Dr. Juan Delgado ,espaol, fue el nico y fiel colaborador del doctor Finlay desde antes de que su teora fuese reconocida; el Dr. Juan Guiteras, cubano, activamente cooper con la labor de saneamiento en Cuba, despus de haber defendido la teora de Finlay en 1900; el Dr. William C. Gorgas, norteamericano, se hizo famoso, especialmente, por su aplicacin del mtodo de Finl ay en Panam, haciendo posib le la construccin del Canal;

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y el Dr. Jesse W. Lazear, tambin norteamericano, muri en La Habana, de fiebre amarilla, vctima de los trabajos de experimentacin de la teora de Finlay. ESTATUA DE TOMAS ESTRADA PALMA Al centro de una plataforma rectangular, a la que se sube por una gradera de cuatro peldaos, se levanta un pedestal con molduras clsicas, sobre el que aparece la estatu a en bronce. Al frente, y al pie, una figura, tambin de bronce, en actitud de escribir sobre un pergamino, parece representar la Historia. Su autor fue el artista italiano Giovanni Nicolini. Siempre ha estado en el mismo lugar: est emplazada en el ba rrio del Vedado al centro de la calle G o Avenida de los Presidentes, entre las calles Quinta y Sexta. Erigida por suscripcin popular e inaugurada el 26 de junio de 1921. Toms Estrada Palma (1822-1908), nacido en Bayamo, fue de los primeros en incorporarse a la Guerra de 18681878, y ocup en 1877 la Presidencia de la Repblica en Ar mas. Terminada la guerra, pas al destierro a los Estados Unidos, donde a la muerte de Mart sustituy a ste al frente del Partido Revolucionario Cubano. Al instaurarse la Repblica de Cuba en 1902, fue su primer presidente, renunci al cargo para el que haba sido reelecto en 1906, a causa de una rebelin que alegaba la ilegitimidad de aquellas elecci ones. Muri dos aos despu s, en Santiago de Cuba. ESTATUA AL DR. ALFREDO ZAYAS Estatua en bronce de 2.50 m de alto, con cuatro gradas y plataforma de mrmol de Carrara, de 12 m de lado y una base, y muy elevada columna de mrmol Botticino, con relieve y otros adornos de bronce, y con una altura total de 18 m. La figura del Dr. Zayas aparece de pie, en traje de calle con la cabeza descubierta y en actitud de dirigir la palabra al pblico. Autor del monumento y de la estatua fue el escultor italiano Vanetti. Se encu entra el monumento en el mismo lugar donde fue erigido, por suscripcin popular y con un costo de $102,500, y solemnemente inaugurado el 20 de mayo de 1925: el da en que el Dr. Za yas abandon la Presidencia de la Repbli ca, al terminar el perodo para el que haba sido electo. Se halla en el centro de un parque situa do entre las calles de Monserrate Zulueta o Agramonte, Coln y Trocadero, frente al Palacio Presidencial. El Dr. Alfredo Zayas y Alfonso, distinguido intelectual y ar diente separatista que sufri destierro en el presidio africano de Ceuta, durante la Guerra de Independencia de 1895, y luego tom parte sumamente activa en la poltica del pas. Delegado a la Convencin Constituyente de 1901, senador, vicepresidente de la Repblica y ocup la Presidencia de 1921 a 1925. Haba nacido en 1861 en La Habana, y muri tambin en esta capital, en 1934. MONUMENTO A LAS VICTIMAS DEL MAINE Consta de una elevada plataforma de amplias y elegantes escalinatas y de fo rma arquitectnica de lneas verticales. Para unir artsticamente estas dos partes, monumento y plataforma, se construy la hermosa fuente, cuyas aguas baan la proa de un trirreme. Al monumento se le incorporaron varias reliquias del Maine: caones y cadenas del ancla, y contiene varias tarjas conmemorativas — una con los nombres de todas las vctimas — y varias figuras alegricas en bronce: Las repblicas norteamericana y cubana amistosamente unidas, la natura leza recogiendo a las vctimas. La parte principal est formada por dos bellsimas y altas columnas sobre cuyo coronamiento originalmente se posaba el guila del Norte en actitud victoriosa. Este monumento es obra de l artista cubano Flix Cabarrocas y del escultor espaol Moiss de Huerta. Se encuentra emplazado en el parque que todava lleva el nombre del Maine, a la entrada del barrio del Vedado. Fue erigido en virtud de un decreto del presidente de la Repblica general Mario G. Menocal, de 1913, cumplido finalmente bajo el gobierno del Dr. Alfredo Zayas, en 1925; el 8 de marzo de dicho ao se inaugur el monumento despus que el 15 de febrero ha ban sido definitivamente sepultados en el mar, frente al emplazamiento de aqul, los ltimos restos del Maine, extrados del fondo de la baha de La Habana. La explosin misteriosa del cr ucero-acorazado norteamericano Maine, el 15 de febrero de 1898, donde perdieron la vida 288 de sus tripulantes sirvi de pretexto al gobierno de los Estados Unidos para intervenir en la guerra de los cubanos contra Espaa e impedir as la verdadera independencia de nuestra patria. Hoy que esta verdad real se ha impuesto por encima de la verdad oficial mantenida por los anteriores gobiernos cubanos, este monumento no tiene razn de ser. Por eso, en los das del regocijo patri tico suscitado por la nacionalizacin de las grandes empresas norteamericanas, el pueblo derrib la soberbia guila de bronce posada como un triunfo sobre las columnas, y, al estilo de los romanos con los enemigos vencidos, la hizo figurar en un desfile triunfal. El Gobierno Revolucionario, que no quiere destruir sino lo malo, proyecta convertir el monumento al Maine en un hermoso Monumento a la Paz: en vez del reto y el acecho del guila, feroz ave de presa, las alas abiertas de la blanca paloma, para cobijar a todos los hombres y a todos los pueblos en sinceridad y amor. No podra darse un mejor simbolismo. Entre tanto, tambin han sido derribados de sus pedestales los bustos de tres adalides del imperialismo y, por lo tanto, enemigos de Cuba —' los presidentes de los Estados Unidos William McKinley y Theodore Roosevelt, y el gobernador de la Isla durante la ocupacin militar norteamericana general Leonardo Wood, que haban sido co locados en otra parte de la Plaza del Maine. Recordemos que el cicln del

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ao 1926 derrib el monumento — que hubo de ser casi totalmente reconstruido — y destroz sus columnas; con dos fragmentos de estas se esculpieron dos columnas: la una fue regalada por el dictador Gerardo Machado al presidente de los Estados Unidos Caldvin Coolidge en 1928; la otra se encuentra en el Museo de la Ciudad de La Habana., MONUMENTO CONMEMORATIVO DE LOS MDICO S FALLECIDOS EN LA GUERRA DE INDEPENDENCIA Este monumento se encuentra emplazado en el Hospital Milita r Dr. Carlos J. Finlay, en la antigua Ciudad Militar de Columbia, hoy Ciudad Libertad. Consta de una plataforma, compuesta de meseta y escalinata, que rodea todo el monumento, y afecta forma rectangular en su parte central y cu rva en sus extremos. En el centro se levanta el pedestal construido con piedra de Capellana dura, ornamentada y pulida. En sus cuatro caras tiene cu atro tarjas de bronce: Dos de ellas planas y las otras otras dos curvas. Las dos tarjas pl anas tienen inscriptas en ellas en relieve los nombres de los mdicos y farmacuticos muertos por la Patria. En las dos tarjas curvas, una de ellas tiene un letrero que dice PATRIA, y la otra en el lado opuesto el nombre de LIBERTAD, con figuras alegricas en relieve de caones, fusiles, etc. Este monumento fue proyectado y erigido por el Negociado de Construcciones Civ iles y Militares de la Secretara de Obras Pblicas, e inaugurado el da 24 de febrero de 1928. ESTATUA DE EMILIA DE CORDOVA Monumento clsico, original del escultor italiano Ettore Salvat ori, todo de mrmol blanco de Carrara; en el capitel figuran tres relieves que representan aspectos de la vida de la herona; la estatua, de 2 m de alto, muestra la figura sentada en una butaca, en actitud serena, sosteniendo en la mano un pergamino. En 1927, por suscripcin popular se erigi esta estatua en el parque que ya llevaba el nombre de la homenajeada, por acuerdo del Ayuntamiento de La Habana, en 17 de marzo de 1920. Est situado entre las calles de Pedro Consuegra y Andrs, en la barriada de la Vbora, y fue inaugurado el 20 de mayo de 1928. Emilia de Crdova y Rubio (1853-1920), antiesclavista, protectora de los desvalidos, patriota y benefactora, que consagr su vida a la causa de la independencia, por la cual sufri prisin y deportacin una vez a Isla de Pinos y despus a los Estados Unidos. Su valor extraordinario como auxiliar del Ejrcito Libertador durante la Guerra del 95 suscit varias veces los elogios del General en Jefe Mximo Gmez. Se distingui, junto a Clara Barton en la Cruz Roja, durante la Guerra Hispano-cubano -americana, y durante la subsiguiente ocupacin militar, bajo el gobierno del Gral. Brooke, logr que las mujeres fuesen admitidas en Cuba a los empleos pblicos. ESTATUAS DEL CAPITOLIO NACIONAL Son tres estatuas de tamao colosal y de carcter alegrico. La primera representa a la Repblica y es de bronce, dorada electrolticamente; mide 11.50 m desde la base hasta la cabeza, sin contar la lanza y el brazo, y teniendo en cuenta el pedestal, de 2.50 m, se eleva a una altura total de 14.60 m. Su peso es de 30 toneladas. El pedestal o basamento de nix mide 4.50 por 3.50 m. Las otras dos son una figura masculina y otra femenina, de bronce verde florentino, que miden 6.70 de altura, estn colocadas sobre sendas bases de granito y pesa cada una 15 toneladas. La estatua de la Repblica figura una mujer jo ven, de pie, revestida de una tnica, y lleva casco, escudo y lanza. En cuanto a las otras dos, ambas tambin estn de pie, y simbolizan, la masculina, El progreso de la actividad humana, y la femenina La virtud tutelar del pueblo. Al erigirse el Capitolio Nacional, en 1928-1929, el Gobierno presidido por Gerardo Machado, en que actuaba como Secretario de Obras Pblicas Carlos Manuel de Cspedes encarg a Italia estas figura s para que ocuparan lugares importantes de aquel edificio. Fueron esculpidas por el artista italiano Angelo Zanelli, —autor del Altar de la Patria que forma parte del monumento al rey Vctor Manuel de Roma—, y colocadas: la primera, en el centro mismo del Capitolio Nacional, en el Saln de los Pasos Perdidos, exactamente bajo la cpula, y las otras dos, a uno y otro lado de la escalinata monumental, e inauguradas, conjuntamente con el edificio, el 20 de mayo de 1929. MONUMENTO A LOS CHINOS QUE LUCHARON POR LA INDEPENDENCIA DE CUBA. La columna de granito se eleva sobre una base del mismo material que lleva inscripciones en su cara anterior; en total, tiene ms de 8 m de altura, una base de 1.28 m de altu ra y 1.10 m de dimetro en su parte ms ancha; siete piezas de 0.99 m de altura y un dimetro promedio de 1.00 m, teni endo 20 estras de 0.107 m de ancho y 0.022 de profundidad y nervios de 0.05 m de ancho. La cima de la columna es de granito pulido a brillo de espejo, y tanto la cima como la base lucen anillos de bronce. El monumento destinado a perpetuar la memoria de los combatientes chinos que dieron su sangre por la independencia de Cuba, en las dos Guerras de Independencia, fue costeado por la Colonia China, por conducto de su Legacin en Cuba. Su autor fue el escultor Fr itz Weigel y fue inaugurado el da 10 de octubre de 1931. Este monumento constituye justsimo homenaje a la memoria de los chinos que durante nuestras luchas libertadoras cooperaron magnficamente con las fuerzas cuba nas o prestaron precioso auxilio en los campos y en las poblaciones, ofrendando muchos de ellos sus vidas por la independencia de Cuba. Combatieron especialmente a las

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rdenes de Ignacio Agramonte, Julio Sanguily, Calixto Ga rca, Francisco Carrillo, Carlos Roloff, y merecieron los elogios de estos caudillos y del General en Jefe, Mximo Gmez. Para gloria de estos colaboradores fieles de la lucha independentista cubana, ha quedado consignado en la Historia que en las filas del Ejrcito Libertador no hubo ni un solo chino traidor ni un solo chino desertor. ESTATUA DE MARIANA GRAJALES Consta de un basamento, con escalinatas y jardinera, y una plataforma de la que se eleva el monumento; sobre un bloque de granito, en forma de pirmide, se alza un grupo es cultrico de bronce. En el pedestal una tarja en relieve representa escenas de la lucha de Cuba por su independencia; bajo la tarja hay una pequea fuente. Al frente lleva esta inscripcin: A Mariana Grajales. — Madre de los Maceo.— El pueblo de Cuba. El grupo escultrico representa a Mariana Grajales de pie, sosteniendo con uno de sus brazos a uno de sus hijos herido, y sealndole, con el otro brazo, que ha de continuar la lucha por la Patria. Obra del escult or cubano Teodoro Ramos Blanco, fue erigido por suscripcin popular, y encargada su ejecucin al artista que result ven cedor en concurso nacional cel ebrado al efecto. Se ejecut en Roma y qued emplazado en 1931. Se encuentra en el barrio del Vedado y en el centro del Parque Mariana Grajales, comprendido entre las calles 23, 25, C y D. Fue inaugurado el 7 de diciembre de 1931, aniversario de la muerte en combate de Antonio Maceo, el ms ilustre entre los hijos de la herona. Mariana Grajales es llamada por el pueblo de Cuba La madre de la Patria, y es nuestra herona nacional. Naci en Santiago de Cuba en 1808 y muri en el destierro, en Kingston, Jamaica, en 1893. Madre de la heroica estirpe de los Maceo, ofrend sus once hijos — cuatro de ellos de su primer matrimonio y de apellido Regeiferos— a la causa de la libertad y la independencia de Cuba, ella, ejemplo de la mas alta abnegacin, despus de haberles infundido el ms ardiente amor a la Patria, los lanz al combate y los acompa a los campos de la lucha para curarlos y confortarlos.

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MONUMENTO A FLIX ALPIZAR Es un monumento sencillo formado por un a pirmide de mrmol, que lleva sobr e la cara anterior un medalln en bronce con la efigie del hroe. Se ha erigido en el pequeo parque situado delante de la antigua iglesia parroquial de Jess del Monte, en el barrio de este nombre. Flix Ernesto Alpzar era un joven estudiante del Instituto Nmero Uno de Segunda Enseanza de La Habana y valeroso luchador contra la tirana m achadista, que fue asesinado por los sicario s del dspota, el 21 de diciembre de 1931, en el Castillo de Atares, donde es sabido que despus de la cada y fuga de Gerardo Machado y de sus principales cmplices fueron exhumados los restos de muchas de sus vctimas. MONUMENTO AL GENERAL EN JEFE MXIMO G"MEZ Emplazado al comienzo de la Avenida de las Misiones que te rmina en el Palacio Presiden cial, con el frente hacia la Avenida del Puerto y entrada de la ba ha. Estatua ecuestre en bronce, sobre un amplio pedestal de mrmol y granito, con una fuente en la parte anterior. El monumento consta de tres cuerpos: el pr imero, en bajorrelieve simboliza en dos grupos de hombres y mujeres los sacrificios del pueblo que crean la aurora nacional, representada por un grupo de caballos gigantes que salen por un arco triunfal. El segundo cuerpo, en plano superior, est formado por una masa de altorrelieve en que se destacan los libertadores y el pueblo todo en homenaje al hroe, y lle vando al frente una victoria alada. El tercer cuerpo est formado por un templete de co lumnas dricas, que simboliza el Templo de la Patria, hacia donde ascienden las figuras del segundo grupo, y que forma, a la vez, directamente el pedestal de la estatua. La figura aparece en traje de campaa, con la cabeza desnuda, la mirada en alto, y actitud de refrenar con las bridas al caballo. Este monumento se erigi por ley del Congreso de la Repb lica sancionada el 9 de mayo de 1916; se convoc para ello a concurso internacional de artistas, y se consign la cantidad de $200,000 para su construccin. Fue premiado y ejecut el monumento Aldo Gamba, artista italiano. Se inaugur el 18 de noviembre de 1935, aniversario del nacimiento del caudillo. Fue develado por la Sra. Margarita Gmez, una de las hijas del General en Jefe, y por el Presidente de la Repblica coronel Carlos Mendieta. Hablaron, en nombre de la Comisin Pro Monumento y de la Escolta y Estado Mayor del Generalsimo, el coronel Gustavo Prez Abreu; en nombre del Gobierno, el Dr. Miguel ngel Carbonell; y por los Veteranos, su presidente, coro nel Torriente. Desfilaron las Fuerzas Armadas de la Repblica, y tambin fue emocionante el desfile de los vetera nos de la Guerra de Independencia, viejos compaeros del General en Jefe. Mximo Gmez y Pez, nacido en la poblacin de Bani, en la Repblica Dominicana, el 18 de noviembre de 1836, puso su extraordinario genio militar al servicio de la causa de la independencia de Cuba, fue el maestro de los grandes caudillos de la primera etapa de la Guerra Libertadora Cuba na de los Diez Aos, desde 1868 a 1878. Designado por el Partido Revolucionario Cubano, que haba creado Mart para encabezar la segunda etapa de lucha armada, firm con el Apstol el famoso Manifiesto de Montecristi, el Evangelio de la Revolucin, redactado por Mart en la casa que ocupaba Gmez con su familia en aquella pequea poblacin de Santo Domingo. De 1895 a 1898 encabez la Guerra de Independencia del Ejrcito Libertador, y proyect y organiz la extraordinaria hazaa guerrera de la Invasin de la Isla, de Oriente a Occidente, que triunf almente llev a cabo el Mayor General An tonio Maceo. En la etapa inicial de la Guerra, su primer triunfo militar fue el combate de Pino de Baire y luego los ms notables los de La Sacra, Naranjo, Palo Seco y Las Gusimas. En la segunda, especial mente los de Mal Tiempo y Coliseo. En ambas cruz victoriosamente la trocha abierta, de Norte a Sur de la Isla, de Jcaro a Morn, por las tropas espaolas para impedir el avance de sus huestes. Terminada la Guerra Libertadora, y a pesar de que la Constitucin de la Repblica estableci una disposicin especial para que pudiera ocupar la Presidencia de la Repbli ca, se mantuvo alejado de la poltica, pero actuando como constante defensor de la unin e igualdad en tre todos los cubanos y dio continuas pruebas de abnegado patriotismo: su desinters y su alteza moral fueron excel sos. Muri en La Habana, el 17 de junio de 1905. MONUMENTO AL MAYOR GENERAL JOS MIGUEL G"MEZ Consta este monumento de dos partes principales: la exedra y el cuerpo central. La exedra, de mrmol botticino, est cubierta por bvedas de piedra de Capellana dura. Las plataformas y terrazas son de mrmol de Carrara de distintos colores, y las escalinatas de mrmol blanco de Ca rrara. La parte ms significativa de la obra, la estatua del Mayor General Jos Miguel Gmez, tiene una altura de 3.50 m. Las esculturas en el cuerpo central son de bronce claro, excepto dos figuras sentadas a ambos lados de la estatua, que representan la Fuerza y la Magnanimidad, que son de mrmol estatuario. El basamento de dicho cuerpo central es de granito rosa de las canteras de Ravena. Los altorrelieves alrededor de la estatua representan la obra del General en la guerra y en la paz. El grupo final, remate de dicho cuerpo central, est compuesto por seis figuras representando las seis provincias de Cuba. Estas figuras, que aparecen cantando himnos de libertad, estn acariciadas por la bandera de la Repblica y adornadas con flores. Representan dichas figuras de remate el alma de todas las provincias que contribuyeron para erigir el monumento a su presidente. Lleva tres fuentes

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de mrmol botticino. Dos en la exedra y una que est situada en la parte anterior del monumento. En la exedra, en los cuerpos de avance laterales y como coronamiento del mismo van dos grupos escultricos: la Historia y el Tiempo con la Libertad en el centro, y el Derecho y la Ley con la Paz en el centro. Todo esto forma un conjunto sumamente recargado, anticuado y pretencioso. Fue autor del monumento y de todos sus grupos y figuras escultricas el artista italiano Giovanni Nicolini. Est situada en la Avenida de los Pres identes (Calle G), en el Vedado, entre las calles 27 y 29. Jos Miguel Gmez (1858-1921), nacido en Las Villas, fue Mayor General del Ejrcito Libertador, y terminada la Guerra de Independencia, miembro de la Convencin Constituyente de 1901. En la Repblica fue un poltico a la vez muy popular y muy combatido; despus de ser Gobernador de la Provincia de Las Villas, se levant en armas contra el gobierno de Estrada Palma en 1906 y contra el de Mario G. Menocal en 1917, y ocup la Presidencia de la Repblica desde 1909 a 1913. El 18 de mayo de 1936, quince aos despus de su muerte, fue inaugurado este monumento a su memoria, con un costo de $125,000, por suscripcin popular, con contribucin mxima de $0.20. ESTATUA DE QUINTN BANDERAS Es una estatua de bronce en tamao heroico sobre un sencillsimo pedestal, y representa a Quintn Banderas de pie, revestido de su uniforme militar y con la cabeza descubierta. Est emplazada hacia el norte del Parque de Trillo, situado entre las calles de San Rafael, San Miguel, Aramburo y Hospital. Primeramente se erigi este monumento el 28 de septiembre de 1948; haba sido construido a iniciativa de la Asociacin Nacional Cvica Patritica Mayor General Quintn Banderas y Betancourt, presidida por el capitn Simen Martinella. Esculpida por el profesor Florencio Gelabert y develada por el presidente de la Repblica Dr. Ramn Grau San Martn. Como quiera que la estatua presentaba algunos defectos, el artista Gelabert la sustituy por otra, la actualmente existente, que fue costeada por el Ministerio de Obras Pblicas, y que representa al guerrer o mamb en actitud combatiente, a punto de desenvainar el machete redentor. Esta nueva estatua fue develada, con un nuevo y mejor basamento, el 23 de agosto de 1953, al cumplirse cuarenta y siete aos de la mu erte del hroe, por el entonces Minist ro de Obras Pblicas, Alfredo Nogueira. El Mayor General del Ejrcito Libertador Quintn Banderas y Betancourt, nacido en Oriente, tuvo la gloria excepcional de haber peleado en cuatro luchas armadas por la Independencia de Cuba: en el ao 1851, en el 1868, en 1879 y en el 1895, la ltima etapa victoriosa, en la que se distingui excepcionalmente durante el recorrido triunfal de la Invasin, a las rdenes del Lugarteniente General Antonio Maceo, al que veneraba, y quien lo nombr jefe de la infantera invasora; entre sus muchas hazaas se cuenta la de haber cruzado varias veces las zanjas fortificadas construidas por los ingenieros espaoles para detener la Inva sin, por lo que se le llam el brigadier de las trochas. En la Repblica se levant en armas para defender la Cons titucin, y vencida la rebelin, fue muerto por las fuerzas del gobierno de Toms Estrada Palma, el 23 de agosto de 1906, cuando ya haba solicitado de ste permiso para trasladarse al extranjero. MONUMENTO A DOA LEONOR PREZ Este sencillo monumento, en forma de obelisco, que contiene, adems de inscripciones alusivas, la imagen de doa Leonor Prez y Cabrera viuda de Mart, fue erigido por la Masonera cubana, en 1953, Ao del Centenario del Nacimiento de Mart, y primitivamente emplazado en la calle de Egido esquina a la de Desamparados, y posteriormente trasladado, a solicitud de la Gran Logia de Cuba, al Parque Vctor Hugo, en 1962. Leonor Prez Cabrera, hija de Canari as, que en 1850 contrajo matrimonio en La Habana con el sargento de artillera, Mariano Mart, natural de Valencia, dio a luz el 28 de enero de 1853, en la casa de la calle de Paula No. 41, hoy calle Leonor Prez No. 314, y declarada Monumento Nacional, a su hijo primognito, Jos Mart y Prez. Por ser la madre del Apstol de los cubanos y por el amoroso desvelo con que sigui la vida heroica de su hijo sin par, merece la gratitud del pueblo de Cuba.

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MONUMENTO A EMILIO SABOURIN (1853-1897) Es un sencillo monumento de piedra en forma circular, en cuyo centro se eleva una pequea columna de mrmol sobre la cual est fijada una placa de bronce donde aparece la efig ie del homenajeado, obra del escultor cubano Teodoro Ramos Blanco. Este monumento est emplazado en la calle H entre 9 y 11, donde hoy se alza el Hospital Municipal de Maternidad, y que fue antes el terreno donde Emilio Sabourn fund el club de base-ball Habana. Fue erigido por acuerdo del Ayuntamiento de La Habana, en 1953 al cumplirse el centenario del nacimiento de aquel patriota. Entusiasta deportista y fervoroso separatista, hijo de La Ha bana, y de familia luchadora por la independencia de Cuba. Despus de la Guerra de los Diez Aos en que murieron su s hermanos, se dedic a desarrollar ennuestro pas la prctica del juego de pelota o base-ball, para formar jvene s vigorosos que combatieran mejor por la libertad. Al mismo tiempo, emprendi labores conspirativas de gran importancia, que provocaron que fuese condenado a veinte aos de presidio en Ceuta, donde muri al ao siguiente de ser confinado all. ESTATUA DE CARLOS MANUEL DE CSPEDES Estatua de mrmol, de tamao heroico, sobre el mismo pede stal en que se encontraba la del rey espaol Fernando VIL Mide en total 5.58., de los cuales 2.38 corresponden a la estatua. Cspedes aparece de pie, en indumentaria de su poca, con la cabeza descubierta. Lleva una inscripcin que dice: A CARLOS MANUEL DE CSPEDES PADRE DE LA PATRIA Y PRIMER PRESIDENTE DE LA REPBLICA EL PUEBLO DE CUBA EN EL CINCUENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA En 1900, se cre una Asociacin Pro Monumento a Cspedes y Ma rt, pero sta solamente erigi entonces la estatua de Mart que figura en el Parque Central. Ms tarde, en 1919, por iniciativa del Coronel del Ejrcito Libertador Cosme de la Torriente, el Congreso de la Repblica vot una ley po r la que se consignaban $175,000 para levantar un monumento a Cspedes, pero tampoco se realiz ese proyecto. Luego, por iniciativa de la revista Cuba Contempornea, el Ayuntamiento de La Habana, acord, en 1923, dar el nombre de Plaza de Carlos Manuel de Cspedes a la Plaza de Armas, situada ante el Palacio Municipal, y donde se alzaba la es tatua del ms desptico de los monarcas espaoles, Fernando

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VII. Desde entonces, el Historiador de la Ciudad de La Habana, varios Congresos Nacionales de Historia, y otras instituciones, as como patriota s, intelectuales, etc., venan abogando por el desplazamient o de la estatua de Fernando VII y la colocacin de la de Cspedes en el sitio que aqulla ocupaba. En 1952, la Comisin Organizadora de los Festejos del Cincuentenario de la Independencia concedi un crdito de $10,000 para erigir una estatua a Carlos Manuel de Cspedes, en la Plaza de Armas, y en sustitucin de la de Fernando VII el rey feln, que se encontraba en ese lugar desde 1834; manifestronse de acuerdo el Ayuntamiento de La Habana y la Junta Nacional de Arqueologa y Etnologa. Se celebr en 1953 un concurso entr artistas cubanos, se encarg la estatua al ganador, Sergio Lpez Mesa, escultor cubano, y en 1955 fue desplazada la estatua de Fernando VII y erigida el 27 de febrero del mismo ao la de Carlos Manuel de Cspedes en la Plaza de su nombre, al cu mplirse ochenta y un aos de la muerte heroica del Padre de la Patria. La estatua de Fernando VII se guarda en el Museo de la Ciudad de La Habana. Carlos Manuel de Cspedes, el Padre de la Patria, naci en Bayamo, Oriente, el 18 de abril de 1819 y muri en combate, en San Lorenzo, Oriente, el 27 de febrero de 1874. Fue el primero en levantarse en armas contra la dominacin espaola, comenzando en su finca La Demajagua, c on un grupo de patriotas, la Guerra de los Diez Aos, el 10 de octubre de 1868. Fue el primer Presidente de la Repblica en Armas, y dio las ms altas pruebas de valor, entereza, abnegacin y patriotismo. Sus a ltsimas virtudes y los inmensos sacrificio s que realiz por la libertad de Cuba le han hecho merecer la ms profunda veneracin de todos sus conciudadanos. EL CRISTO DE LA HABANA. Estatua colosal, en mrmol blanco de Carrara, con una altura de 15 m., que es t colocada sobre un pedestal de 3 m. de alto; teniendo en cuenta la elevacin de la colina en que est emplezado, alcanza 79 m en total sobre el nivel del mar. La figura de Cristo aparece de pie, mirando hacia la ciudad, con una mano al pecho y la otra levantada en actitud de bendecir. Su autora es Jilma Madera, escultora cubana, que ejecut la obra en Italia. Ha sido erigida en una explanada que se extiende desde el Castillo de La Cabaa ha sta el edificio del Observatorio Nacional, sobre una colina situada a la entrada de la baha, del lado opuesto a la ciudad, y fue inaugurada por el tirano Fulgencio Batista el 25 de diciembre de 1958, pocos das antes de su fuga impuesta por el avance victorioso del Ejrcito Rebelde. MONUMENTO A LA MADRE. Es un pequeo y sencillo monumento erigido para honrar a la mujer en su altsima funcin de madre, manantial perenne de amor, proteccin y desvelo por sus hijos, y pa ra estimular el respeto y de vocin por la maternidad. Representa a una mujer de mediana edad que abraza en gesto de ternura y amparo a una joven que lleva hacia ella los ojos; ambas figuras aparecen de medio cuerpo; el grupo es t ejecutado en mrmol, y se eleva sobre un pedestal de piedra con zcalo de mrmol, hasta una altura total de 2.90 m. ; est enclavado en el parque existente entre las calles de Reyes, Trespalacios, Quiroga y San Jos, en la barriada de Luyan, y fue erigido en 1958, por iniciativa de la Asociacin de Padres, Profesores y Amigos del Instituto Rodrguez Villarreal. SEGUNDO MONUMENTO A MART, ERIGIDO EN LA PLAZA CVICA. El monumento tiene un dimetro de 78.50 m. y la pirmide de 27.29 m., en su base con una altura total de 112.075 m. desde la calle hasta la torre de remate. La altura total, hasta los faros y banderas, es de 141.995 m. sobre el nivel del mar. La pirmide forma una planta de estrella de cinco vrtices. Tiene un elevador con recorrido de 90 m., y vina escalera de 579 escalones. La armazn es de hormign y acero, toda revestida de mrmol blanco de Isla de Pinos. Lleva 20,000 m3 de hormign, 40,000 quintales de acero, y 10,000 tonela das de mrmol. Desde las galeras de observacin se abarca un radio de visin de ms de 60 Km s. Con amplsimo espacio para museo y bi blioteca en el interior de la base. A la entrada hay dos tribunas, de capacidad respectiva para 1,200 y 300 personas sentadas. La estatua gigantesca de Mart es toda de mrmol de Isla de Pinos, tiene 18 m. de alto. El estilo de toda la obra es completamente moderno. Los terrenos para el monumento y sus alrededores costaron tres millones de pesos, y el monumento, tres millones y medio. Mart aparece sentado, en actitud meditativ a, y envuelto en los pliegues de una to ga. Desde 1935 se comenz a formular proyectos para erigir un nuevo monumento en honor de Jos Mart, ms en concordancia con la enorme significacin del Apstol en su patria y en toda nuestra Amrica, y con la importancia adquirida por su ciudad natal, capital de la Repblica. El primero de dic hos proyectos apareci en la Gaceta Oficial de la Repblica de 9 de diciembre de aquel ao en forma de Decreto-Ley firma do por el Presidente Provisional Carlos Mendi eta, y en l se consignaban $500,000 para el monumento y se creaba una comisin encargada de reali zar el proyecto. Pero nada se hizo entonces. En 1941, despus de varias reorganizaciones de la comisin y tres concursos preliminares, adems de contarse con la contribucin de un da de haber de los empleados pblicos y lo s miembros de las fuerzas armadas, ya se haba fijado el lugar definitivo para el emplazamiento de la obra: la entonces llamada Colina de los Catalanes, al centro de lo que ms adelante sera la Plaza Cvica, segn los planes trazados en 1926 por el arquitecto francs J. C. U. Forestier, sitio privilegiado que haba sido propuesto para ese fin, desde 1936, por nosotros en el carcter de Historiador de la la Ciudad de La Habana. Entonces se celebr el cuarto y ltimo concurso, en el que resultaron premiados, ya en 1943, en

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primer puesto, el proyecto de Juan Jos Sicre, escultor y Aquiles Maza, arquitecto; en segundo, el de los Sres. Evelio Govantes y Flix Cabarrocas, arquitectos; y en tercero, al de los Sres. Enrique Luis Vrela, Juan Labatut, Ral Otero, Vctor Morales, Manuel Tapia Ruano y Alexander Sam-bugnac, escultor este ltimo. Qued, pues, elegido el proyecto de los Sres. Sicre y Maza, sugirindose que oportunamente se erigiese el de los Sres. Govantes y Cabarrocas como Biblioteca Nacional, y el de los Sres. Vrela, Otero y Labatu t, etc. se adaptase para monumento a Carlos Manuel de Cspedes. Paralizronse las actividades del Monumento; y al reanudarse en 1952, despus del golpe de Estado de Fulgencio Batista, y siendo Ministro de Obras Pblicas el ingeniero Jos Luis Vrela, fue el proyecto de ste, que obtuviera el tercer premio en el concur so, el que finalmente se erigi, a pesar de la recomendacin, producto de un frum celebrado por el Colegio Nacional de Arquitectos en el sentido que el monumento que deba erigirse era el de los artistas Sicre y Maza. El autor escultrico del primer proyecto premiado, J. J. Sicre, acept esculpir la estatua sedente de tamao colosal que figura al pie del monumento. Por su parte, la Junta de Patronos de la Biblioteca Nacional, con sus fondos propios, construy, cerca del Mo numento, la Biblioteca Nacional, segn el proyecto de Govantes Cabarrocas. El monumento no qued terminado hasta 1959. No ha sido nunca inaugurado oficialmente. Qued sin terminar por completo a la cada de al dictadura de Batista, y el Gobierno Revolucionario le dio los ltimos toques. Ante este monumento se celebran desde entonces casi todos los grandes actos cvicos y concentraciones populares. En la base del monumento se ha instalado el Museo de la Revolucin, que contiene las reliquias de la heroica lucha contra la tirana batistiana, y que es muy visitado. Ya hemos trazado a grandes rasgos la sntesis biogrfica de l Apstol al describir el primer monumento que se le erigi en La Habana. Parcenos que es ste el lugar ms oportuno para destacar que hay en La Habana, sin pedestales ni figuras, otros dos verdaderos monumentos a Mart. Ms todava: dos lugares sagrados para todo espritu verdaderamente cubano. El uno es la humilde casa de la calle de Paula nmero 41, hoy conservada como Monumento Nacional, donde el 28 de enero de 1853 naci Jos Mart; ahora se la designa de ot ro modo: Calle de Leonor Prez nmero 314, porque la numeracin ha sido variada, y porque el Ayuntamiento de La Habana cambi el nombre que recordaba al antiguo hospital de tiempos coloniales por el de la mujer sencilla y digna que tuvo el altsimo honor de traer al mundo al grande entre los grandes de Cuba. El otro lugar se halla en las calles de Prncipe, Hospital y 25 del Vedado, no lejos del Parque Maceo: existen all algunos restos de las antiguas canteras de San Lzaro, donde, en 1869, a los dieciseis aos, comenz Mart su larga agona por la Patria sufriendo los horrores del presidio con trabajos forzados. Junto a esos restos se alza hoy la Fragua Martiana, verdadero monumento vivo, donde bajo la direccin de Gonzalo de Quesada y Miranda, digno hijo del discpulo predilecto del Apstol, y editor de las Obras Completas de Mart, y con el fervor de muchos colaboradores juveniles, se guardan re liquias valiossimas de ste, con una ex tensa biblioteca martiana, y se celebran actos de evocacin y exaltacin de su vida, de sus obras, de sus amigos, de modo que an en las horas ms sombras de la Patria ha sido aqul un siempre ardiente fo co de pura irradiacin del espritu del Apstol. MONUMENTO AL MAYOR GENERAL CALIXTO GARCA. Est formado por una plaza o terraza cerrada por tres de sus pa rtes, en cuyo centro se alza el pedestal que sostiene la estatua ecuestre del hroe. La plaza, en la parte externa de sus muros, imita una antigua fortaleza. Mide 36 m. de largo por 24 de ancho. El muro de piedra tiene una altura de 2.50 m., y en su parte interior lleva 24 bajorrelieves de bronce, sobre 96 pies de largo, que representan los episodios ms salientes de la vida del hroe, todos con leyendas explicativas. Entre estos bajorrelieves se encuentra un mapa de las campaas de Calixto Garca, trazado en oro sobre granito negro, segn modelo diseado por el historiador cubano Manuel I. Mesa Rodrguez. El fuarto lado de la plaza da hacia el mar y est cerrado por una verja de bronce. En el centro del piso de la terraza est incrustada una gran estrella pentagonal, de granito negro, y en medio de ella se levanta el pedestal rectangular, tambin de granito negro, que sostiene la estatua ecuestre, de bronce, de tamao doble del natural. Al frente del pedestal, que es de granito negro de los Andes del Brasil, aparece el escudo de la Repblica con incrustaciones de oro de 24 kilates. La estatua se alza a 10 m. sobre el nivel del mar. El monumento tiene un total de 40 m. de altura. La figura representa al hroe en traje militar de campaa, con la cabeza descubierta, en actitud de arengar a sus soldados mientras que con la mano izquierda sostiene las riendas de su corcel. Son sus autores el escultor Flix W. de Weldon, autor del monumento a los hroes de Iwo Jima, y Elbert Peets, arqu itecto, ambos norteamericanos. Se encuentra a la entrada de la calle G o Avenida de los Presidentes, frente al Malecn. En febrero de 1955, a solicitud de la agrupacin patritica Unin Calixto Garca, por una ley-decreto se dispuso erigir un monumento en honor del Mayor General Calixto Garca, concedindose un crdito de $300,000.00 para la obra. La primera piedra fue colocada el 29 de abril de 1957, da en que cumpla 90 aos el general Carlos Garca Vlez, nico hijo an viviente del pr cer, y su inauguracin se efectu el 4 de agosto de 1959, a los ciento veinte aos del nacimiento del hroe. En nombre de la agrupacin patritica Unin Calixto Garca pronunci un discurso el Sr. Gabriel Garca Galn. Calixto Garca Iguez naci en Holgun, Oriente, en 1839, hijo de venezolano y de cubana. De acuerdo con Carlos Manuel de Cspedes se alz en Jiguan el 13 de octubre de 1868, y pronto revel excepcionales dotes militares; en esa

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primera etapa de la Guerra de los Tr einta Aos (1868-1898) alcanz el grado de Mayor General, y fue segundo del Mayor General Mximo Gmez en Oriente. Al verse cercado po r las fuerzas espaolas, quis o suicidarse, pero el tiro que le entr por la barbilla le sali por la frente, y qued prisionero. Libertado al firmarse el Pacto del Zanjn, tom parte en la desdichada Guerra Chiquita, en 1880. En la Guerra de 1895, fue primero Jefe Militar del Departamento Oriental, y, despus de la muerte de Maceo, Lugarteniente General del Ejrcito Libertador; entre sus hechos de armas fueron notables el asalto y toma de Victoria de las Tunas y el sitio y destruccin de Guisa. En la Guerra Hispanocubanoamericana, fue el jefe cubano con quien se pusieron en contacto las fuerzas de los Estados Unidos, y su actuacin fue decisiva en el triunfo de Norteamrica, a pesar de lo cual el general Shafter, que mandaba aquellas fuerzas, le neg la participacin en la entrada de Santiago. Designado por la Asamblea de la Revolucin para presidir la comisin enviada a Washington a defender los intereses de Cuba, muri de pulmona en aquella ciudad el 11 de diciembre de 1898, dejando imperecedero ejemplo de valor, abnegacin, talento y patriotismo. MONUMENTO A LAS VCTIMAS DE LA COUBRE. Sobre un pedestal aparecen conservados algunos restos del buque La Coubre, con la siguiente inscripcin: A LOS COMPAEROS CADOS EN LA EXPLOSI"N DEL VAPOR LA COUBRE MURIERON EN EL CUMPLIMIENTO DEL MAS SAGRADO DE LOS DERECHOS, EL TRABAJO, VICTIMAS DEL BRBARO SABOTAJE DEL IMPERIALISMO YANKEE ______________ VIVIRN ETERNAMENTE EN EL CORAZ"N DE TODOS LOS HOMBRES LIBRES DEL MUNDO. PUEBLO Y GOBIERNO REVOLUCIONARIO DE CUBA 4 DE MARZO DE 1960 El 4 de marzo de 1960 explot en un muelle de La Habana el vapor francs La Coubre que traa gran cantidad de pertrechos para las Fuerzas Armadas de la Repblica; la e xplosin caus un centenar de vctimas y muchsimos heridos; se cree que fuera producto de un sabotaje perpetrado por enemigos de la Revolucin Cubana. Este monumento conmemorativo est situado en el parque frente al muelle que hoy se llama de La Coubre. Fue inaugurado el 4 de marzo de 1961, al cumplirse el primer ao de la catstrofe, pronunciando el principal discurso el comandante Fidel Castro, Jefe de la Revolucin Cubana y Primer Ministro del Gobierno Revolucionario. MONUMENTO A LA CIUDAD MRTIR LDICE. Es un sencillo monumento de mrmol negro, con emotivas inscripciones, erigido en el pequeo parque al que tambin se ha dado el nombre de Ldice, en la interseccin de las calles de Zanja, Dragones y Lealtad, donde antes se hallaba el busto de Flix Vrela que ahora se halla, mejor enclavado, en el Parque Luz Caballero. Este monumento se inaugur el da 10 de junio de 1962, como testimonio de identificacin del pu eblo de Cuba con el heroico pueblo checoslovaco, en la conmemoracin del vigsimo aniversario de la atroz matanza perpetrada en la poblacin de Ldice por las infames hordas nazis. Se han erigido, asimismo, bajo la Repblica, estas obras escultricas: Reproduccin en bronce de la estatua de Mercurio por el escultor italiano Juan de Bolonia, colocada sobre la cpula del edificio de la Lonja del Comercio. Estatua colosal, en bronce, de la Virgen del Carmen co n el Nio en brazos, colocada sobre la Iglesia de Nuestra Seora del Carmen, en la Avenida Presidente Menocal. Cuatro grupos escultricos, en mrmol con cinco figuras cada uno, que ador nan la fachada principal del Centro Gallego —hoy sede de la Sociedad de Amistad Cubano Espaola— frente al Parque Central. Estatua de la Virgen del Camino, figura en mrmol, original de la escultora cubana Rita Longa, y situada en la plazoleta de su nombre en la Va Blanca, salida de La Habana hacia Guanabacoa. Grupo de ciervos en bronce, tambin original de Rita Longa, a la entrada del Jardn Zoolgico. Estatuas de Cristbal Coln y del Padre Bartolom de Las Casas, en mrmol, obra del escultor cubano Sergio Lpez Mesa, colocadas en dos hornacinas a los lados de la puert a principal de la fachada de la Catedral, al efectuarse la restauracin de este templo, y que despus han sido trasladadas al Palacio Arzobispal. La Fuente de las Antillas, obra de Juan Jos Sicre, colocada en el Parque de los Mrtires. Las figuras simblicas de la rebelda de los indios cubanos frente a los conquistadores espaoles, obras del escultor cubano Ernesto Navarro, tambin enclavadas en el Parque de los Mrtires.

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BUSTOS En La Habana han sido erigidos numerosos bustos a cuba nos que se han distinguido por sus talentos, sus virtudes y su amor a la Patria. A continuacin mencionamos los principales, por orden cronolgico de nacimiento de los personajes as homenajeados: JOS AGUSTN CABALLERO (1771-1835). El renovador de los estudios filosficos en Cuba, precursor de los grandes progresos que en ese campo haba de realizar su discpulo por excelencia, y a su vez el mejor de los maestros, Flix Vrela.) Caballero rompi con la rutina escolstica hizo entrar a Cuba en la corriente de la filo sofa moderna, conservando, sin embargo, su fe de sacerdote catlico. Su busto adorna la fachada del Palacio Arzobispal, frente a la Avenida Carlos Manuel de Cspedes. FLIX VRELA (1788-1853). Uno de los ms preclaros hijos de La Habana. Maestro de m aestros, de filsofos, de intelectuales, de periodistas y de revolucionarios. El primero que nos ense a pensar. Propugnador de la Revolucin como el nico medio de lograr la separacin de la Metrpoli y alcanzar justicia y libertad, cultura y ci vilizacin. Ciudadano de Amrica, por su fervoroso y comprensivo amor a la gran patria continental. [En el Parque de Luz y Caballe ro. Hay otro busto de Vrela, de tamao colosal, en el Aula Magna de la Universidad sobr e la urna donde se hallan depositados sus restos: y otro en la fachada del Palacio Arzobispal. JOS ANTONIO SACO (1797-1879). Oriental, nacido en Bayamo; casi toda su vida transcurri en La Habana. Pensador, estadista, historiador, socilogo, periodista. Luch denodadamente contra el abso lutismo, despotismo y esclavismo coloniales, y contra el anexionismo, sufriendo persecuciones y destierros. Defendi las reformas progresistas en la enseanza pblica.! Su vida austera fue de incesante angustia y tormentoso batallar por la felicidad de Cuba y de los cubanos. En 29 de marzo de 1938 se le erigi este busto por suscripcin popular a iniciativa de la revista Cuba Contempornea. Escultor: Juan J. Sicre. En el Parque Luz Caballero, frente a la Avenida del Puerto. FELIPE POEY (1799-1881). El ms grande de nuestros hombres de ciencia, ictilogo de fama mundial, investigador sin par y magnfico profesor. Fue ntimo amigo del famoso naturalista francs Cuvier, quien tambin en el terreno cientfico lo trataba de igual a igual. Asimismo se distingui extraordinariamente como literato exquisito, orador elocuentsimo, y fervoroso amante de la libertad, y de la patria, por las que sufri pe rsecucin. Su busto se encuentra cerca del de Flix Vrela, en el Aula Magna de la Universidad. DOMINGO DE GOICURA Y CABRERA (1805-1870). Habanero que consagr su vida a la causa de la independencia patria. Conspirador con Narciso Lpez, se incorpor, desde sus inicios, a la Revolucin de 1868. Sufri persecuciones, prisiones, destierros; puso su fortuna al servicio de la libertad, con la entereza de carcter y el desprendimiento personal que le fueron pecu liares. Condenado a morir en garrote vil, subi al patbul o exclamando: ¡Muere un hombre, pero nace un pueblo!. En el lugar de su suplicio, sobre la falda del Castillo del Prncipe, se le ha rendido este homenaje. GABRIEL DE LA CONCEPCI"N VALDS (PLCIDO) (1809-1844) Poeta de viva imaginacin plstica, sufri las tristes consecue ncias de las injusticias raciales de la poca. Su vida, plena de dolorosos episodios, y su muerte a manos de la brutal reaccin hi spano-colonial, dirigida por el capitn general Leopoldo O'Donnell, hicieron de este habanero el ms popul ar y querido de los poetas cubanos del siglo XIX. Escultor: Teodoro Ramos Blancos. En el Parque del Cristo. CIRILO VILLAVERDE (1812-1894). El ms famoso novelista cubano. Hijo de La Habana. Notable crtico, educador y periodista, fervoroso patriota y revolucionario, sufri por la libertad de Cuba prisin y des tierro. Autor, con Narciso Lpez y Miguel Teurbe Toln, de la bandera nacional. Su genio creador dio vida y escenario, en la Loma del ngel, a Cecilia Valds, la protagonista de su admirable cuadro de costumbres del siglo xix, que es el ms vigoroso anatema contra el despotismo de la Metrpoli, en general, y especialmente contra la trata y la esclavitud a fricanas en esta isla. Inaugurado el busto el 26 de mayo de 1946, en la loma del ngel, frente a la iglesia de ese nombre. Escultor: Fidalgo.

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CARLOS MANUEL DE CSPEDES (1819-1874). Hijo de Bayamo, en Oriente. Iniciador de la Guerra de los Diez Aos, primera etapa de la Guerra Libertadora de los Treinta Aos, el 10 de octubre de 1868, en su finca La Demajagua, donde ese mismo da dio la libertad a sus esclavos y proclam la independencia de Cuba. Primer Pres idente de la Repblica en Armas. Fue destituido de este cargo por la Asamblea de Diputados, y muri combatiendo contra los espaoles el 27 de febrero de 1874. El pueblo venera su memoria, nombrndolo El Padre de la Patria. Est en el Palacio Municipal. MIGUEL ALDAMA Y ALFONSO (1820-1888). Habanero ilustre, propugnador del progreso agrcola, indust rial y comercial, consagr a la independencia de Cuba, inteligencia, vida y fortuna, sufriendo persecuciones, destierr os y prdida de sus bienes, hasta morir en la indigencia. El palacio de su propiedad estaba destinado, segn la tradicin, a servir de albergue al primer Presidente de la Repblica, y fue saqueado por las turbas de voluntarios espaoles el 24 de enero de 1869. Situado en el Parque de la Fraternidad, frente al Palacio de Aldama. BARTOLOM MAS" (1830-1907). Naci y muri en Manzanillo, Oriente. Animado del ms ferv oroso patriotismo, fue de los primeros en lanzarse a la Guerra de los Diez Aos, en la que su arrojo, valenta y talentos le ganaron el grado de Mayor General y lo llevaron a ocupar la Secretara de la Guerra y luego la Presidencia de la Repblica en Armas. En la Guerra de Independencia de 1895 tambin actu en primera fila. Al cese de la dominacin es paola fue el candidato popular a la Presidencia de la Repblica, pero su amor a Cuba y su entereza cvica le hici eron manifestarse enrgicamente contra la Enmienda Platt, y el gobierno de los Estados Un idos impidi su eleccin. En la Avenida de los Presidentes. MXIMO G"MEZ (1836-1905). Al glorioso General en Jefe del Ejrcito Libertador se le ha erigido un busto de mrmol que se levanta en los jardines del Capitolio Nacional. MANUEL JOS DOBAL Y GARCA (1843-1914). Gran orador, sacerdote, maestro, patrio ta y revolucionario, nacido en Santiago de las Vegas, cura prroco de la iglesia de Jess Mara. En el Parque del Padre Dobal, al costado de la mencionada iglesia. MANUEL SANGUILY (1848-1925). Consagr su vida integrrima a la defensa de Cuba. Pose y, en grado superlativo, patriotismo, entereza, valenta, rebelda y austeridad, realzadas an ms esas virtudes por su inteligencia y su cultura. Miembro de la Asamblea Constituyente de 1901, presidente del Senado, Secretario de Estado. Uno de los habaneros ms ilustres. Orador eximio, polemista formidable, de prosa deslumbrante, razonador y crtic o, con la profundidad doctrinal del pensador. Fue en la colonia soldado heroico de la independenci a y juez implacable contra el absolutismo; y en la Repblica, forjador de ciudadana y smbolo viviente del espritu revolucionario libertador. En l se aunaron siempre el amor a la patria y el sentimiento de justicia. En los jardines del Capitolio Nacional. Escultor: Alexander Sambougnac. ENRIQUE COLLAZO Y TEJADA (1848-1921). Bravo adalid oriental de la Guerra Libertadora de los Treinta Aos. Gobernante y ciudadano ejemplar de la Repblica. Historiador de nuestras luch as independentistas y propugnador de la realizacin republicana de los ideales revolucionarios. Develado su busto en el parque de su nombre, calles Lnea y N del Vedado, el 12 de enero de 1951. Escultor: Domingo Ravenet. JOS MARA AGUIRRE (1848-1896). Hijo de La Habana, consagr su vida, desde los veintin aos hasta su muerte en combate, a luchar por la independencia de Cuba, tomando parte en todas las etapas de nuestra Guerra Libertadora de los Treinta Aos, en la que obtuvo el grado de Mayor General del Ejrcito Libertador y el mando de la Segunda Divisin del Quinto Cuerpo, correspondiente a la Pr ovincia de La Habana. El busto se halla en el Parque Dragones. ENRIQUE JOS VARONA (1849-1933). Filsofo, socilogo, fillogo, literato, historiador, humanista, pedagogo, estadista. Maestro de la juventud cubana y de la hispanoamericana. Paladn de la libertad y la justicia. Iluminador de la conciencia cubana en la colonia y en la

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repblica. Nacido en Camagey, vivi muchsimo de su vida en La Habana. Durante la Guerra de Independencia ocup, a la muerte de Mart, la direccin de Patria. Erigido su busto por suscripcin popular, a iniciativa de la revista Cuba Contempornea y al Grupo Minorista, en el parque de Luz y Caballero, Avenida de Carlos Manuel de Cspedes. Escultor Alexander Sambougnac. JULIO DE CRDENAS (1849-1922). Perteneciente a una familia que a travs de los tiempos se enorgulleci de muchos miem bros esclarecidos, fue de los mejores alcaldes de nuestra era repub licana. En el Palacio Municipal. ESTEBAN BORRERO ECHEVERRA (1849-1906) Uno de los ms ilustres hijos de Camagey, poeta, mdico, literato, ardiente patriota que luch por la independencia de Cuba, con las armas en 1868-1878, y en trabajos revolucionarios en la de 1895-1898. En la Repblica, labor intensamente por la educacin popular, sirv i brillantemente en varios altos cargos de la Secretara de Instruccin Pblica y fue Profesor de la Universidad de La Habana. Su busto forma parte del Grupo de los Educadores, en el Parque Luz Caballero — dedicado especi almente a honrar a los intel ectuales cubanos —, que comprende adems los de Eduardo Yero Budun y de dos educad ores norteamericanos Matthew E. Hanna y Alexis E. Frye, que junto a aquellos dos eminentes cubanos, realizaron ex celente labor en el campo de la instruccin pblica. MIGUEL FIGUEROA Y GARCA (1851-1893) Insigne patriota, hijo de Crdenas, jurista y orador. Propugnador incansable de la abolicin de toda forma de esclavitud y desigualdad entre los seres humanos. Durante la primera etapa de la Guerra Libertadora de los Treinta Aos defendi los propsitos revolucionarios que sta mantena. Y si al surgir la tregua de 1878, milit en el Partido Autonomista, continu siendo fervoroso adalid de la separacin absoluta de Espaa y la constitucin de Cuba en Estado independiente y soberano, en fraternal identificacin de ideales y principios libertadores con Jos Mart y Antonio Maceo. Est situado su busto en los jardines del Capito lio Nacional. Escultor: Sergio Lpez Mesa. JOS MART (1853-1895) Existe un busto en mrmol del inmortal Apstol de nuestras libertades en los jardines del Capitolio Nacional. EDUARDO YERO BUDUN (1852-1905) Hijo de Bayamo, periodista de combate, colabor inte nsamente en la Delegacin del Partido Revolucionario Cubano y en el peridico Patria, a la lucha independentista, y despus fue un admirable Secretario de Instruccin Pblica. Su busto forma parte del Grupo de los Educadores, en el Parque Luz Caballero, de que antes hablamos. MATTHEW HANNA Y ALEXIS E. FRYE Son dos muy distinguidos pedagogos norteamericanos que en colaboracin con los cubanos Borrero Echeverra y Yero Budun llevaron a cabo la organizacin de la enseanza pblica en Cuba despus del cese de la dominacin espaola, y por eso han merecido ese homenaje de la Repblica. RAFAEL MONTORO (1852-1933) Este habanero distinguido fue gran orador, filsofo, socilogo, literato, periodista, poltico, de quien dijo Enrique Jos Varona que aport 3 su patria el acabado modelo del humanista del Renaci miento. Du-rante la colonia fue el verbo del Partido Autonomista, diputado a Cortes y Ministro de Hacienda. En la Repblica figur entre los fundadores del Partido Conservador, la represent en diversos pases europeos y americanos y en congresos internacionales, y ocup la Secretara de la Presidencia, y Secretario de Estado. Lstima que pusiera sus altas dotes intelectuales y su prestigio personal al servicio de una causa tan perjudicia l para Cuba como el tardo e ineficaz autonomismo. En el parque limitado por las calles de Lnea, J e I, en el Vedado. Escultor: Raimundo Ferrer. JUAN GUALBERTO G"MEZ (1854-1933) Uno de ¡os ms ilustres periodistas cubanos, nacido en Sabanilla del Encomendador, Matanzas, y habanero de adopcin. Patriota, revolucionario, poltico, senador. Luch tesoneramente por la independencia, sufriendo

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persecuciones, prisiones y destierros. Labor fervorosamente por la abolicin de la esclavitud y del patronato, y una vez lograda, por la dignidad e igualdad de todos los cubanos. Orga niz en la Isla la Revolucin de Mart. En la Convencin Constituyente de 1901 fue el paladn, valiente e ilustrado, de la plena soberana de la Repblica frente a la imposicin de la Enmienda Platt. En la paz, no se cans de co mbatir por la reafirmacin y consolidacin de los ideales revolucionarios. Inaugurado el busto el 28 de enero de 1947, en los jardines del Capitolio Nacional. Escultor: Andrs Alvarez Naranjo. AMRICA ARIAS DE G"MEZ (1858-1935) Dechado de virtudes, y ejemplar esposa y madre, desde su alta posicin de Primera Dama de la Repblica (19091913), y durante toda su vida, dio pruebas de sus cristianos sentimientos en pro de los desvalidos, socorrindolos directamente y propiciando la fundacin de instituciones be nficas. En el pequeo Parque Amrica Arias, al suroeste del Palacio Presidencial. Existe otro bu sto de doa Amrica Arias, esculpido po r Teodoro Ramos Blanco, al frente del Hospital de Maternidad que lleva su nombre. Doa Amr ica como era popularmente llamada, tena adems, el prestigio de pertenecer a una familia que dio muchos de sus miembros a la causa de la independencia de Cuba. JOAQUN ALBARRN (1860-1912) Ilustre sabio cubano, creador de la urologa moderna, profesor de la Facultad de Pars y autor de obras maestras en la medicina universal, que revelando el amor que siempre tuvo a Cuba, le ofrend la justa gloria alcanzada por su genio en Francia, su patria adoptiva. Fue erigido este busto en 1907, en la Avenida de Carlos III, frente al Hospital Municipal Freyre de Andrade, hoy Instituto de Gruja y Anestesiologa. Escultor: Esteban Betancourt. MANUEL DE LA CRUZ (1861-1896) Historiador y literato, patriota y revolucionario, colaborado r de Jos Mart en los trabajos preparatorios de la guerra libertadora, auxilia r de Toms Estrada Palma en la Delegacin del Partido Revolucionario Cubano en los Estados Unidos, autor de la magnfica obra Episodios de la Revolucin Cubana. La muerte lo arrebat en lo ms intenso de la contienda independentista, a la que consagr su talento, su cultura y su amor a la libertad. Erigido este busto el 10 de octubre de 1918, en el Paseo de Mart y calle de Neptuno. MARIO GARCA MENOCAL (1866-1941) Mayor General, hijo de Las Villas, ingeniero civil, uno de los generales ms jvenes de la Guerra de Independencia, en la que se destac brillantemente al lado del Lugarteniente General Calixto Garca y en la toma de Victoria de las Tunas. En la paz se entreg al servicio de los intereses norteamerica nos; primero, como creador y administrador de uno de los gigantes azucareros de Oriente, el Central Chaparra; y luego, como Presidente de la Repblica. En lo econmico, a pesar de haber gozado el pas de un perodo de enorme pros peridad al que se llam La Danza de los Millones, el final fue la bancarrota en que quebr el primer Banco Nacional de Cuba. En lo poltico, su empeo de lograr la reeleccin, que logr al fin con el apoyo nort eamericano, provoc sangrien ta guerra civil en 1917. Gobern desde 1913 hasta 1921, bajo el signo del autoritarismo, el despilfarro y el intervencionismo. GONZALO DE QUESADA Y AR"STEGUI (1868-1915) Escritor, orador, patriota y revolucionario, discpulo pr edilecto de Mart y su ms ntimo colaborador en la propaganda libertadora. Miembro de la Convencin Constituyente de 1901. Fue en la Repb lica ejemplar ciudadano, honrndola como su representante diplomtico en los Estado s Unidos y Alemania; consagrado adems a la recopilacin y publicacin, como su albacea testamenta rio, de la obra del Apstol. Este bu sto fue colocado primeramente en la segunda seccin del Paseo de Mart que llegaba desde el Pa rque Central hasta el antiguo Campo de Marte; dicha seccin del paseo fue destruida al edificarse el Capitolio N acional, y el busto, que se encontraba frente a la calle de Teniente Rey, fue trasladado al parque situado en la manz ana de las calles Calzada, Quin ta, C y D, en el Vedado, que lleva el nombre de este prcer. Existe otro busto de Gonzalo de Quesada en la Cmara Municipal. COSME DE LA TORRIENTE (1872-1956) Combatiente distinguido del Ejrcito Libertador en la Gu erra de Independencia de 1895 -1898, en que alcanz el grado de coronel y ocup los cargos de Ayudante Secretario del Lugarteniente General Calixto Garca y de Jefe de Estado Mayor del General Jos Manuel Capote, en Oriente. En la Repblica, fue legislador, diplomtico, Encargado de Negocios en Espaa, primer Embajador en los Estados Unidos, Secretario de Estado, Representante en la Liga de las Naciones y Presidente de la Cuarta Asamblea de la misma. Al cumplir, en 1951, sesenta aos de servicios

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ininterrumpidos recibi entre otros homenajes, el de este busto, develado el 26 de julio, en los jardines del Capitolio Nacional, y cuyo autor es Juan J. Sicre. BENIGNO SOUZA (1872-1954) Ilustre mdico, maestro de ciruja, director que fue del Hospital Municipal de La Habana. Insigne historiador, especializado en los estudios de la lucha cubana por la independencia y la libertad, el ms conspicuo de los bigrafos del General en Jefe del Ejrcito Libertador Mximo Gmez. Mereci que en vida se le tributara el homenaje de este busto, frente al Hospital que l dirigi. Escultor: Juan J. Sicre. MIGUEL COYULA (1876-1948) Patriota, periodista y poltico cubano, nacido en Regla, que se destac, en los turbios das republicanos en que le toc vivir, por su honradez y dignidad acrisoladas y su civismo valeroso e irreductible. En el parque de su nombre, y sobre la Avenida 19, que es la Avenida Coyula, y calle 30 en Marianao. ENRIQUE NEZ (1878-1915) Gran higienista cubano. Uno de los mejores Secretarios de Sanidad (1913-1915) que ha tenido la Repblica, famoso por su energa y su irreductibilidad en cuanto afectase a la salud del pueblo. Su busto se halla en el Instituto de Ciruga y Anestesiologa en la Avenida de Carlos III. CARLOS AZCRATE ROSELL (1899-1946) Perteneciente a una familia de distinguidos intelectuales, oc up el Ministerio del Trabajo en el segundo perodo de gobierno del presidente Dr. Ramn Grau San Martn, fue autor del Cdigo del Trabajo inspirado en principios de los ms progresistas dentro del orden social entonces existente. Su actuacin fue siempre justa y elevada, hasta el punto de que, al morir en el desempeo de su cargo mereci que la gratitud pblica le erigiera, por suscripcin popular, un busto en mrmol que se inaugur al ao siguiente de su fallecimien to, en 1947 y est situado en la interseccin de las calles Lnea, 9 y E, en el Vedado. JULIO ANTONIO MELLA (1905-1929) El joven y heroico combatiente estudiantil contra los despotismos polticos y las injusticias sociales de la era republicana, que muy lejos de La Habana que lo vio nacer, ofrend su vida en tierra mexicana por el triunfo de la libertad, la igualdad y la democracia en Cuba, en Amrica y en el mundo. Se le ha rendido este homenaje en el parque de su nombre, frente a la Universidad de La Habana. Escultor: Enrique Mor. Existe otro busto erigido en honor de Mella, detrs de un resto de la antigua Muralla, que se cons erva cerca de la Estacin Term inal, en la calle de Egido. ANTONIO GUITERAS (1906-1953) La figura ms alta y ms pura del movimiento revolucionario de 1933. Se distingui durante la lucha contra Machado por la toma del Cuartel de San Luis, en Oriente. Secretario de Gobernacin en el primer gobierno autntico de Gran San Martn, y autor de todas las leyes de contenido revolucionario promulgadas durante aquel perodo. Gran luchador antimperialista, asesinado por los sicarios de Fu lgencio Batista el 8 de mayo de 1935, en El Morrillo, Matanzas. El busto se halla en la Avenida de Carlos Manuel de Cspedes, cerca del Anfiteatro Municipal. CAMILO CIENFUEGOS (1932-1959) Uno de los ms gloriosos comandantes del Ejrcito Rebeld e. Dej su ciudad natal, La Habana, para lanzarse a luchar bravamente en la Sierra Maestr a, junto a Fidel Castro, luego realiz co n el Che Guevara la Segunda Invasin a Las Villas, distinguindose especialmente en la toma de Yagua jay, y entr triunfalmente en La Habana el 2 de enero de 1959. Adorado por el pueblo, muri, desgraciadamente, el 28 de octubre de 1959, en un viaje areo que realizaba en cumplimiento de su deber militar y revolucionario. Ya se han erigido en La Habana varios bustos a su memoria, entre los cuales se hallan, uno en la calle de Lnea esquina a C, en el Vedado, y otro a la entrada de Marianao, en una pequea altura que domina el ro Almendares. *** Tambin ha honrado La Habana a algunos extranjeros ilustres, levantando como homenaje a sus mritos sendos bustos que adornan sus calles y parques. Son stos:

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LUIS DE LAS CASAS Y ARAGORRI (1745-1800) El mejor gobernante de la colonia, que jur y cumpli consagrarse a la defensa y prosperidad de Cuba. Con la cooperacin de los cubanos eminentes de la poca propuls la cultura, cre la Sociedad Patritica de La Habana, el Papel Peridico, la Casa de Beneficencia, la primera Biblioteca Pblica y la Junta de Agricultura, y Comercio, fomentando ambas actividades y tambin la industria. Erigido este busto en 9 de enero de 1947, en el Paseo de Carlos III, frente a la Sociedad Econmica de Am igos del Pas. Escultor: S. Lpez Mesa. PROCERES DE LA FRATERNIDAD AMERICANA En el Parque de la Fraternidad se han erigido bustos a los siguientes prceres de Amrica, cuya gloria, traspasando los lmites de sus patrias respectivas, ilumina a todo el Continente: SIM"N BOLVAR (1783-1830) El Libertador, creador de naciones, que quiso la unidad de toda nuestra Amrica. JOS DE SAN MARTN (1778-1850) El ms grande de los hijos de Buenos Aires, tambin Libertador de naciones que se inmortaliz al cruzar los Andes en misin emancipadora. BENITO JUREZ (1806-1872) El indio mexicano que realiz en su pas la gran Reforma democrtica, y al salvar la independencia de Mxico defendi la de todos los pueblos de la Amrica Latina. JOS GERVASIO ARTIGAS (1764-1850) El incansable luchador demcrat a uruguayo, paladn del pueblo. FRANCISCO MORAZN (1792-1842) El hijo ilustre de Honduras, apstol de la Unin Centroamericana. ALEJANDRO PETION (1770-1818) Figura de las ms representativas en la historia haitiana, qu e sirvi a toda nuestra Amrica al combatir la esclavitud y al ayudar eficazmente a Bolvar. ABRAHAM LINCOLN (1809-1865) Lo mejor de la historia de los Estados Unidos, el presidente-mrtir que libert a los esclavos en su patria y dio la vida por la unin entre aquellos estados y por la noble causa emancipadora. VCTOR HUGO (1802-1885) Genio de Francia y de las letras universales, defensor incansable de los pobres y los oprimidos de la tierra, a quien, en el cincuentenario de su muerte, ofrend el pueblo de Cuba este monumento, como perenne testimonio de imperecedera gratitud, por haber sido, durante las luchas cuba nas por la independencia, vocer o de nuestros dolores y paladn de nuestras libertades. Emplazado en el parque situado en tre las calles 19, 21, H e I, en el Vedado, al que se dio el nombre de este prcer, e inaugurado el 20 de diciembre de 1937. Escultor: Juan J. Sicre. ALLAN KARDEC (1803-1869) Hombre de letras, filsofo y pedagogo francs, cuyo ve rdadero nombre era Hiplito Denizard Rivail. Su busto fue erigido por la Asociacin Espiritista Enrique Carbonell, en el parque situado entre las calles de Lugareo, Luaces, Almendares y Bruzn, en el Reparto Ensanc he de La Habana, el ao 1957, al cel ebrarse el centenario de la publicacin de la obra ms famosa de Alian Kardec, El libro de los espritus. LUIS PASTEUR (1823-1895). En 1935, por suscripcin entre todas las instituciones cien tficas de la Repblica se erigi este busto del sabio investigador y bacterilogo francs, gran benefactor de la humanidad, en honor a su memoria y en conmemoracin del

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cincuentenario de la primera inoculacin contra la rabia, el gran aporte de Pa steur al mundo. Est emplazado al costado del Hospital Municipal de Maternidad Amrica Arias, y es una copia ampliada de la famosa obra del escultor francs P. Dubois. FRANCISCO PI Y MARGALL (1824-1901). Preclaro republicano espaol que durante nuestras contiendas libertadoras reconoci y defendi el derecho del pueblo cubano a separarse de la Metrpoli y constituirse en Estado independiente y soberano; y ya instaurada le Repblica, demostr en mltiples ocasiones su amor a Cuba. Este busto le fue consagrado, en el parque situado entre las calles H, J, 21 y 19, que lleva el nombre de Parque Vctor Hugo, en el Vedado, como perenne testimonio de reconocimiento y devocin, por cubanos y espaoles. GENERAL MANUEL IGNACIO PRADO (1826-1901). Presidente de la Repblica del Per, que brind cooperacin, simpata y ayuda a los cubanos durante la lucha independentista. En la Quinta Avenida de Miramar, en el ngulo del Parque de la Quinta Avenida que da a la calle 26. Escultor: Juan J. Sicre. GENERAL ELOY ALFARO (1842-1912). Presidente de la Repblica del Ecuador, gran amigo de Cuba, que le prest eficaz auxilio durante la lucha libertadora. En el pequeo Parque Eloy Alfaro, Av enida Menocal cerca de la Calzada de San Lzaro. TARJAS Es imposible enumerar siquiera las tarjas rememorativas que han sido enclavadas en las fachadas de edificios habaneros, porque existen en cantidad incontable, desde las que a lo largo de los tiempos se colocaron en memoria de hombres eminentes del pasado, como don Toms Romay, Luz y Caballero, Antonio Bachiller y Morales, Manuel Sanguily, Nicols Estvanez y tantos otros, como las numerossimas que hoy recuerdan el sacrificio de los mrtires inmortales de la gran lucha revolucionaria, desde Ramiro Va lds Dauss a Jos Antonio Echevarra y a tantsimos ms que cayeron vctimas de su valenta contra la dictadura batistiana. Pocas son las calles de La Habana en que no queda grabado en bronce o mrmol el recuerdo glorioso de un varn esclarecido o de un hecho heroico. Y en prueba de ello recojamos aqu, como ejemplo, el hecho de que en una sola y misma casa, en la calle Empedrado, se honra la labor periodstica efectuada, durante la poca colonial, por aquel gran independentista que fue Juan Gualberto Gmez, y la muerte, en cumplimiento de su deber revolucionario, del joven capitn del Ejrcito Rebelde Juan Abrantes.

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46 ACUEDUCTOS En los primeros tiempos del establecimiento de La Habana en su lugar definitivo, los vecinos se abastecan del agua de un jigey o cisterna, que Arrate y otros historiadores sitan en la desembocadura del ro de Luyan. Segn los datos que se encuentran en las Actas Capitulares de 1550 a 1565, puede afirmarse que este algibe, nunca ro, como algunos han supuesto, se hallaba en la otra banda, o sea del otro lado de la baha, frente a la villa, y que poda llegarse al mismo, ya por mar, cruzando la baha, ya por tierra, bordeando sta, hasta el sitio donde se encontraba. El historiador Prez Beato da como otro medio de abastecimiento de agua de la Villa, antes de terminarse la obra de la Zanja, el de una noria o anoria, que dice era un pozo emplazado en una estancia que tom el mismo nombre y cuya loca lizacin corresponde al actual Pa rque de la Fraternidad, antes Campo de Marte, en su mitad Este. Pero ya en 1550 se preocuparon el gobernador Gonzalo Prez de ngulo y los seores Capitulares — segn cabildo de 21 de agosto — de cuan conveniente provechosa cosa sera esta villa los vecinos moradores della a los pasageros e maestros de navios que vienen este puerto que se trugese a esta villa el agua de La Chorrera, o sea del actual Almendares. Para la construccin de ese acueducto, el primero de los construidos por espaole s en la Amrica, — segn afirmacin del ingeniero Luis Morales y Pedroso, en su estudio El abasto de agua en la ciudad de San Cristbal de ha Habana —, se acord en 1548 un impuesto llamado sisa de la Zanja sobre los navios que arribasen a La Habana; pero no fue hasta 1566 que se come nzaron las obras por el maestro mayor de la fortaleza, Francisc o de Caloa, siendo terminadas por el ingeniero Juan Bautista Antonelli, el a o 1592, con un costo de 35,000 pesos y una longitud de dos leguas desde el lugar donde se construy la represa en el ro Almendares, y segua por las -cercanas del camino de San Antonio Chiquito, pasando al pie de la loma de Arste gui, donde luego se construy el Castillo del Prncipe, desaguando en el boquern abiert o en un muro en el antiguo estero existent e en lo que es hoy Plaza de la Catedral. Todava se conserva en ese lugar una lpida rememorativa que dice as: Esta agva traxo el Maesse de Campo Jvan de Texada anno de 1592. Actualmente la Zanja mantiene su tr azado hasta la Quinta de los Molinos. A partir de este punto segua, por la calle Zanja, hasta Villanueva, y, por la calle de Dragones hasta Monserrate (Puerta de Tierra); de all continuaba, cruzando manzanas, hasta el Convento de Santa Teresa (Teniente Rey y Compostela), prosiguiendo hacia las esquinas de Obispo y Habana y O'Reilly y Aguiar, hasta el Callejn del Chorro, donde descargaba por un boquern y a este lugar venan los botes a tomar agua. La descarga de la Zanja era de 70,000 m3 diarios, llegando 20,000 a la ciudad, y utilizndose el resto para el regado de los campos adyacentes a la Villa. El agua, aunque gruesa y contaminada, al recogerse y curarse en vasijas de madera y barro se haca fina y limpia. En los ltimos tiempos de la Zanja Real se le colocaron unos filtros, al extremo del Paseo de Carlos III. Durante doscientos cuarenta y tres aos (1592-1835) fue la Zanja Real el nico acueducto que abasteci a la ciudad de La Habana; y todava est en uso, trayendo aguas para regado y para fines industriales, por lo que lleva ms de trescientos Sesenta aos de servicio a la Ciudad.

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Pero, como afirma el insigne ingenier o Francisco de Albear y Lara en su Memoria sobre el proyecto de conduccin a la Habana de las aguas de los manantiales de Vento, si el agua de la Zanja Real era excelente para riegos, y muy til para los trabajos del Arsenal, resultaba un psimo medio de conduccin de aguas potables: las suyas son generalmente impuras, sucias, repugnantes y malsanas; de aqu la multitud de pozos y algibes que se construyeron en ese espacio de tiempo, tanto en las casas particulares como en los edificios pblicos y del Estado: recurso del rico, siempre insuficiente y escassimo y hasta nulo en las grandes secas. El agua de la Zanja se afecta por las crecidas del ro Almendares y por los aportes de los numerosos arroyos cenagosos. Todos estos inconvenientes, y el crecimiento de la poblacin, impulsaron al capitn general Dionisio Vives y al superintendente de Hacienda, conde de Villanueva, a recomendar al Rey la construccin de un nuevo acueducto. Aprobadas las bases del mismo, comenzaron las obras en 1831, terminndose en 1835, con un costo de 977,100 pesos. Los trabajos para este acueducto fueron proyectados y dirigidos por el muy distinguido ingeniero y urbanista coronel Manuel Pastor, auxiliado por el ingeniero Nicols Campos. La toma de agua se hizo del ro Almendares, cerca de la represa del Husillo; aprovechando la altura del ro represado, por medio de un canal descubierto se llevaba el agua a una casa de filtros de tela metlica, grava y arena; pero el agua dejaba mucho sedimento, y se haca preciso r ealizar muy frecuentes limpiezas; de la casa de filtros sala la tubera de 0.42 m. de dimetro por 7.500 m. de largo, hasta la Cinaga, El Cerro y la Calzada del Monte, donde se estrechaba un poco y segua hasta la Puerta de Tierra (en la esquina de las calles de Monserrate y Muralla), ramificndose all para surtir a la ciudad de intramuros. En to tal, la Ciudad tena entonces unos 100,000 habitantes. Este nuevo acueducto, al que se dio el nombre del tirano infame que entonces gobernaba a Espaa y a las colonias que a sta le quedaban, llamndolo Acueducto de Femando Vil, no dio el caudal de agua que de l se esperaba, por lo que fue necesario continuar utilizando las de la Zanja Real y de los algibes y pozos. Mo rales y Pedroso da a conocer que en La Habana, en la poca de la construccin del acueducto de Fernando VII, existan unos 895 algibes y 2,976 pozos. Tambin existieron varias fuentes y surtidores pblicos. Pero an as, la poblacin habanera continuaba sufrien do los resultados de la insuficiencia y defectos del abastecimiento de agua. El ao 1856, el entonces coronel de ingenieros Francisco de Albear y Lara, ya citado, habanero de nacimiento, se propuso dar solucin adecuada a tan trascendental problema, mediante la construccin de un nuevo acueducto que tomase las aguas de los manantiales existentes en Vent o, margen izquierda del ro Almendares. Don Carlos de Pedroso don los terrenos necesarios para el cumplimiento de las obras, y el proyecto de Albear fue aprobado por Real Orden de 5 de octubre de 1858; las obras comenzaron el 28 de noviembre del mismo ao, terminndose en 1893. Corporaciones cientf icas y sabios ilustres, cubanos y extranjeros, han reconocido unnimemente el genio de nuestro insigne compatriota al concebir y ejecutar esa grandiosa obra que es el canal o acueducto que lleva su nombre esclarecido. Su proyecto alcanz, entre otros premios, medalla de oro en la exposicin de Pars, otorgada a l personalmente como premio a su trabajo, digno de estudio hasta en sus menores detalles, y que puede ser considerado como una obra maestra, segn expresaba el fallo del Jurado Internacional que le otorg ese galardn.

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Francisco de Albear, que era un ingeniero de primer orden, consagr a la obra del Acueducto que con toda justicia lleva su nombre, todos sus estudios y sus desvelos, desde la remota fecha de 1857 hasta el ao 1887, en que muri, es decir, durante treinta y un aos, a pesar de que su proyecto primitivo, presentado en 1856, haba sido tan altamente apreciado. El acueducto, cuya reali zacin haba sufrido muchas demoras, unas v eces por dificultades tcnicas que era preciso superar, y otras, mucho ms frecuentes, por falta de fondos, fue finalmente terminado, de acuerdo en todo con los planos de su autor, por el coronel de ingenieros Joaqun y Ruz, en 1893. Escogi Albear para los depsitos el terreno comprendido entre la calzada de Palatino, el Acueducto de Fernando VII y el Ferrocarril del Oeste; capt los llamados Manantiales de Vento, que no eran otros que aquellos famosos por Sus magnficas cualidades salutferas que haban curado, en el siglo XVI, al ob ispo Armendriz. Albear dej su obra completamente acabada en todos sus detalles tcnicos, esttic os y de saneamiento y proteccin, tal como an se puede apreciar en la actualidad. Consista dicha obra en: A. Muro-presa y estanque de reunin de los Manantiales de Vento, conocido por la Taza de Albear: es un gran estanque semicircular de 10 m. de dimetro, completado por un rectngulo de 10 m. por 20 m., y cerrado todo por un muro ciclpeo. B. Canal de derivacin entre la Taza y la Torr Sur del Tnel. C. Tnel con dos torres, Norte y Sur, y sifones bajo el ro Almendares en Vento. D. Canal de Conduccin entre Vento y Palatino. E. Depsito de agua en Palatino, para conservacin y regulacin del caudal; consistentes en dos estanques con capacidad total de ms de 60,000 m3. El edificio, que contiene los aparatos reguladores, es uno de los ms bellos ejemplares que quedan en La Habana del perodo neo-clsico. F. Tubera maestra de hierro fundido de 42" entre los Depsitos y el centro de la ciudad colonial. G. Ciento cincuenta kilmetros de tuberas de hierro fundido de 20", 12" y 8" y menores. H. Vlvulas, hidrantes y servicios domsticos. Adems, el plan realizado inclua 24 torres cilndricas para registro e insp eccin de las obras con rejas en las cpulas de cada torre, para la circulacin del aire dentro del conducto. Por eso, Albe ar comparaba su canal con un segundo ro, en el que las aguas podan correr por ms de 10,000 m. en un cauce limpio, ventilado y libre de todo gnero de impurezas. Adems, se construyeron tres torres cuadradas o casas de compuerta para el desage e inspeccin del canal. Ejecut Albear numerosas obras de fbrica en el cauce del canal con los diferentes arroyos y caadas que encuentra en el camino, las que no han sufrido deterioro notable a pesar de los aos transcurridos. La solidez con que fueron construidas estas obras permiten equiparar la vida total de este acueducto principal de La Habana con la de los antiguos acueductos romanos que pueden considerarse como verdaderas corrientes permanentes de agua procedentes de fuentes lejanas de las ciudades al igual que aqullas: al Canal de Albear, debidamente atendido, no puede fijrsele un lmite de duracin til. Es de admirarse en Albear, no slo la excelencia de

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su obra en s, sino la consideracin a todos los detalles de proteccin de la misma, que ha n contribuido a su duracin ilimitada. Fue un verdadero maes tro en Arquitectura Hidrulica. Este acueducto era ms que suficiente para abastecer a una poblacin que apenas sobrepasaba la cifra de 200,000 habitantes, pues ascendiendo el caudal rendido por la Taza de Albear a unos cuarenta y cinco millones diarios permita ofrecer un suministro per capita y por da superior a doscientos galones. La Ciudad estaba limitada entonces por la Calzada de Infanta, la costa y la baha, extendindose por las partes bajas de Jess del Monte, Luyan y Cerro. Los Depsitos de Palatino abastecan por gravedad a toda la poblacin. En los primeros tiempos republicanos fue acordada por el Gobierno, por motivos sanitarios, la clausura total de los pozos y algibes de la Ciudad. No obstante los mritos excepcionales e indiscutibles de l Acueducto de Albear, el enorme crecimiento de La Habana y de sus barrios adyacentes en los ltimos treinta aos hizo que resultara aqul insuficiente para las necesidades de la gran ciudad, desde 1908, cuando La Habana lleg a contar con ms de 300,000 habitantes, y se agudiz intensamente la situacin de sde 1912, cuando la poblacin lleg a 388, 000 almas; desde entonces empezaron los intentos de resolver el tremendo problema mediante ampliaciones del Acueducto. La primera se realiz bajo el gobierno de Jos Miguel G mez (1909-1914), bajo la direccin del Ingeniero Jefe del Negociado de Mejoramiento de Abasto de Agua, Enrique J. Montoulieu y de la Torre, terminndose los trabajos en 1915. Consistieron en la ampliacin de la seccin del Canal de Albear en el sifn de Orengo; la construccin de una planta de bombas de vapor y casa de calderas en Palatino la instalacin de tuberas nuevas y grandes para El Vedado, La Vbora, partes altas de El Cerro y Luyan; y en la construccin de una maestra de 42" para llevar agua por gravedad, desde Palatino por Cristina, Corrales, Monte hasta Zulueta. Desgraciadamente se consider que ser an insuficientes estas obras; y otros funcionarios decidieron, desde 1912, tomar agua directamente del ro, mediante una represa de ma dera, pocos metros bajo el nivel del agua, con lo que el caudal de agua ascendi a setenta y cinco millones diarios, de los cuales cuarenta procedan de la Taza de Vento y treinta y cinco del Almendares. Fue un error enorme — aunque aparentemente resolva el problema — debido a las psimas condiciones fsicas y bacteriolgi cas del agua del ro. Aquella poca fu nesta que se prolong hasta 1925, fue, segn el ingeniero Fernndez Simn, slo superada, en sus desastroso s efectos sobre la poblacin, por las terribles epidemias de clera de pocas remotas. Entre tanto, en 1916, se entregaba la cantidad de siete millones de galones diarios al entonces vecino municipio de Marianao, que creca en pr ogresin extraordinaria. La segunda ampliacin del Acueducto se realiz de 1925 a 1931, por los ingenieros Montoulieu y Fernndez Simn, y consisti en la construccin de una nueva Taza de Vento con 18 millones de galones diarios; de la Taza y Tneles de Aguada del Cura, con rendimiento mnimo de 23 millones de galones diarios; de un canal de conduccin entre Aguada del Cura y Vento, con capac idad para cuarenta millones de galones diarios; y de una planta de bombas turboelctricas en Palatino. Con estas obras se ampli el caudal de abasto hasta ochenta millones de 'galones diarios, que se suministr hasta 1930, cuando ya la Ciudad contaba con ms medio milln de habitantes. La principal ventaja de esta ampliacin consisti en que se dej de tomar para el Acueducto el agua del ro Almendares, evitndose los enormes peligros que aquella contaminacin entraaba. Pero segua La Habana creciendo, y los clculos resulta ban fallidos, y la situacin cobraba de nuevo caracteres gravsimos, hasta el punto de que bajo el gobierno del Dr. Ramn Grau San Martn, el problema del abasto de agua tuvo una repercusin sangrienta: el alcalde de La Habana, el Dr. Manuel Fernndez Supervielle, decano del Colegio de Abogados y que hasta entonces no se ha ba mezclado en poltica, realiz su campaa electoral a base de la reiteradsima promesa de¡ darle agua a La Habana; una vez electo Supervielle, empez a pasar el tiempo, la promesa no pareca entrar en vas de cumplimiento, el pu eblo empezaba a demostrar su impaciencia, hasta el punto de que el Alcalde era recibido con gritos de: ¡Agua! ¡Agua! cuando se mostraba en pblico; pocos meses despus de tomar posesin de su cargo, Supervielle se suicid, y la voz popular aseguraba que la vergenza de no haber podido cumplir su promesa, por falta del apoyo que antes le fuera ofrecido por el Poder Central, haba llevado al alcalde habanero a esa trgica determinacin. El siguiente Alcalde de La Habana, Nicols Castellanos, que haba ocupado el cargo por sustitucin constitucional a la muerte de Supervielle, elev un busto en memoria de su infortunado predecesor, en el pequeo Parque Jerez, y logr emprender en 1947-1948, la tercera ampliacin del Acueducto, obra de Fernndez Simn y sus auxiliares, consistente en un nuevo conducto, de 66" de dimetro, entre la Colonia de Mazorra y los depsitos de Palatino, pasando por Vento, con una longitud de 9J/2 kilmetros de chapa de hierro soldado elctrico revestido de hormign hidrulico, y colocado sobre un puente de tres arcos, el central de acero y los laterales de hormign hidrulico, que cruza el ro Almendares muy cerca de la Torre Norte del Tnel de Albear, con 15 metros dealtura sobre el ro y 80 metros de

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longitud. Se obtuvieron cuarenta millones de galones diarios procedentes de los tneles de Aguada del Cura para la zona baja de la ciudad. Entre otras ventajas, estas obras ha can posible la reparacin del Canal de. Albear, que durante largos aos haba soportado una sobrecarga que poda haber producido su ruina; y permitira, segn sus autores, prescindir de la costossima planta de bombeo de Palatino: el nuevo canal abasteca hasta las zonas altas de Arroyo Naranjo y El Calvario. Todo ello, sin embargo, result, a la postre ineficaz. Como lo fueron las obras de la llamada Cuenca Sur que, anunciadas estrepitosamente a bombo y platillo, y emprendidas a golpe de millones, quiso llevar a cabo, bajo la tirana batistiana, el alcalde Justo Luis del Pozo. O la Ciudad crece a un ritmo demasiado vertiginoso, o los proyectos han adolecido de alguna falta grave, o causas ms o menos inconfesables han hecho que no llegaran a realizarse completamente las obras segn sus autores las proyectaron; o, en otros casos, todo ha sido propaganda, ficcin, malversacin. El hecho es que la cuestin sigue en pie. La Habana carece del agua suficien te a sus necesidades actuales, y, a la vez, crece a pasos agigantados. Este es uno ms, y muy importante, entre los muchsimos problemas que tiene que afrontar el Gobierno Revolucionario.

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47 TEATROS En la descripcin de la vida habanera de 1598 por Hern ando de la Parra, que ya hemos citado extensamente, se describe as una muy primitiva representacin teatral de la villa de entonces, ejecutada el 24 de junio de dicho ao en homenaje al gobernador de la Isla, don Juan Maldonado, con motivo de su fiesta onomstica: En obsequio de nuestro Gobernador los mancebos de esta poblacin dispusieron una comedia la noche de San Juan, para cuyo efecto hicieron construir una barraca en las cercanas de la fortaleza. Titulbase esta comedia: Los buenos en el cielo y los malos' en el suelo. Era el primer espectculo de esta clase que se haca en la Habana; y atrajo a todos sus moradores. Hubo mucho alboroto durante la representacin, porque la gente, no acostumbrada a comedias, charlaba en voz alta, y no quera callar; hast a que el gobernador le diri gi la palabra, amenazando con el cepo al que no guardase el debido orden. La comedia se acab despus de la una de la maana, y la gente, regustada, qued tan complacida, que insisti en que volviera a principiar. Pero no fue sta la primera funcin teatral en La Habana de que tenemos noticia. Como muy bien dice Jos Juan Arrom, en su documentada Historia de la literatura dramtica cubana, las actas del Cabildo habanero suministran valiosos datos, sobre las primeras manifestaciones dram ticas en Cuba, consistente en danzas, invenciones y juegos con motivos de festividades religiosas, especialmente la del Corpus Christi. La ms remota noticia aparece en el acta de la sesin de 12 de mayo de 1570, en que se acord se trate con Pedro Castilla para que saque una danza y que pa ra ayuda al gasto, su merced del seor Gobernador le dar de gastos de justicia media docena de ducados y que se trate con Su Seora del Seor Obispo para que de la Cofrada del Santsimo Sacramento se d otra media docena de ducados, todo ello para que vaya la procesin del Corpus Cristi con ms solemnidad y regocijo. Ya en 1573, en la referida festividad, (acta de 10 de abril) se confi a los oficiales, como sastres, carpinteros, zapateros y herreros, y calafates, saquen invenciones y juegos para aquel da. En 1576 se ofreci ( acta de 25 de mayo), el ya citado Castilla, para la dicha fiesta, sacar algunas invenciones de regocijo e placer. En 1577, Juan Pre z Vargas ( acta 18 de mayo) pidi 40 ducados por la representacin de una obra buena que tiene para la dich a fiesta, acordndose que lo vea el Seor Teniente, el licenciado Cabrera, o se muestre a su Seora Reverendsi ma del Seor Obispo para que siendo obra tal se le darn los 40 ducados... Tambin en la festividad del Corpus, de 1588 y 1590, se hicieron en La Habana representaciones y danzas, y precisndose en el acta de 18 de abril de 1597, que se presentaron danzas y entremeses, y en el cabildo de 2 de julio de 1599, que se escenificaron dos comedias, el da de Corpus, por Juan Bautista Silisio.

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Continuaron celebrndose representaciones dramticas, en La Habana y otras poblaciones, durante los siglos XVII y XVIII. As lo refieren el historiador Arrate en su Llave del Nuevo Mundo ..., de 1761, y Buenaventura Pascual Ferrer, en El Viajero Universal, de 1798. Pero La Habana careci por entonces de edificio especial mente consagrado a representaciones teatrales; y stas se celebraban, ya en barracas levantadas al efecto, o en salas o barracones, sin preparacin ad ecuada para su objeto ni comodidades para el pblico. Antes de que, en el ltimo cuarto del siglo XVIII, se edificara un verd adero teatro, se haba establecido la llamada Casa de Comedias en el callejn de Jstiz, que, segn dice Jos Mara de la Torre, pas luego a la Alameda de Paula, despus a la calle de Jess Mara, y al fin, junto al Campo de Marte; ya entonces llevaba el nombre de El Circo, y all comenz su carrera dramtica el clebre Francisco Covarrubia s. Tambin se dice que hubo otro seudoteatro en la actual calle de Cienfuegos. Hasta 1776 no tuvo La Habana un local verdaderamente adecuado dedi cado a representaciones teatrales. TEATRO PRINCIPAL E1 primer teatro habanero, de mampostera y tablas, se edific por iniciativa del gobernador Marqus de la Torre, en un lugar llamado El Molinillo, en la, calle de Oficios, cerca del mar, junto a donde luego existi por muchsimos aos el Hotel Luz, primeramen te casa solariega de la ilustre familia de es e apellido, en la parte donde ya comenzaba a construirse la Alameda de Paula. Digamos de paso que ya entonces, y hasta muchsimo tiempo despus, la calle de Oficios era residencia de las ms aristocrticas familias habaneras. Las obras del Coliseo, que tal nombre se le impuso, se confiaron al arquitecto habanero Fernndez Travejos, quien las comenz en 1773, terminndolas el 18 de mayo de 1776. De l dice Ferrer que era de una arquitectura majestuosa, y aunque lo interior era de madera, estaba bien pintada y con buenas decoraciones; y Jos Mara de la Torre lo considera el ms hermoso y bello teatro de la monarqua. Durante el gobierno del Marqus de Someruelos (1799-1812) fue reconstruido totalmente ese primitivo teatro, transformndolo, en eJ mismo sitio, en otro de mejores condic iones, que se llam Teatro Pr incipal, y que fue ampliado y hermoseado en 1846 por el capitn general O'Donnell. El cicln del 10 de octubre del 46 lo dej en estado casi de ruinas; y en ruinas qued a pesar de los esfuerzos hechos en diversas ocasiones pa ra restaurarlo, hasta que, en 1861, fue subastado con los terrenos anexos. Este Teatro Principal se llamaba tambin de la Opera, y all actuaba en 1812 una compaa espaola de pera, y a principios de 1834, se present la primera compaa de pera italiana, formada por un grupo de cantantes que haban actuado en los Estados Unidos con el gran bajo Vicente Garca y su hija, la famosa Mara Malibrn, aunque estos dos ltimos no llegaron a La Habana. Efectivamente, durante muchos aos estuvo consagrado a

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este gnero. Pero tambin a veces se presentaban en el T eatro Principal comedias y dramas espaoles y franceses; en 1841, salvo en el verano, cuando el terror a la fiebre amarilla alejaba a los extranjeros, se presentaron obras de Donizetti y de Bellini; especialmente Beatrice di lenda, de este ltimo, parece que era la favorita. TEATRO GRAN DIORAMA En 1827 el artista Juan Bautista Vermay, director de la Academia de San Alejandro —que actuaba en Cuba debido a haber sido recomendado al ilustre obispo Juan Jos Daz de Espada y Landa por el gran pintor espaol Goy—> construy, por autorizacin de Fernando VII ,al fondo del exja rdn botnico, entre las calle s de Industria, San Rafael, Consulado y San Jos, un pequeo teatro denominado el Gran Diorama, que fue estrenado el 8 de julio de 1828, y donde, adems de vistas panormicas, se ofrecieron numerosas representaciones dramticas y otros espectculos, entre ellos, en 1841, las funciones de una compaa inglesa de dramas y comedias; y donde tuvo lugar, el martes de carnaval, el ao 1831, el primer baile pblico de mscaras que se vio en La Habana. En 1839 lo ocup la Academia de Declamacin y Filarmona de Cristina. Adems del famoso comediante cubano Cova-rrubias, actu all el gran actor espaol Andrs Prieto. Esle teatro tambin sufri grandsimos destrozos con motivo del huracn de 1846, hasta el punto de que se hizo necesario derribarlo. Mucho ms tarde, existi en el mismo lugar, y en los altos de un caf llamado El Palacio de Cristal, un pequeo teatro fundado en 1878 por Agustn Ariosa con el nombre de Cervantes, y dedicado a zarzuelas y revistas espaolas. TEATRO DE VILLANUEVA El 12 de febrero de 1847 se inaugur este teatro, con el nombre de Circo Habanero; estaba situado en un terreno delimitado por las calles de Refugio, Coln, Morro y un terreno yermo cerca de los fosos y las murallas, donde hoy se halla la calle de Zulueta. All se despidi del pblico el famoso actor cubano Francisco Covarrubias; uniendo el nombre del teatro al del de la Alameda de Paula, donde haba debutado, hizo los siguientes versos: Es mi destino patente que un circo juera mi oriente y otro circo sea mi ocaso. En 1850 debut all una compaa de verso espaola, en la que figuraba en primer trmino una familia, la de los Robreo, que durante varias generaciones haba de dar buenos actores a la escena cubana; en ese grupo familiar se destacaba Adela Robreo de Irigoyen, de quien se dice que fue la mejor actriz cubana de todos los tiempos. En 1853, fue objeto este teatro de una gran renovacin, y se le rebautiz con el nombre de Teatro de Villanueva, en homenaje al gran Intendente de Hacienda, Claudio Martnez de Pinillo s, conde de Villanueva, recientemente fallecido entonces. A principio de 1869 fue escenario de los hechos que se conocen en la historia patria con el nombre de los sucesos de Villanueva, que referimos en el captulo dedicado a ha Habana en las luchas por la independencia. El teatro fue clausurado por el Gobierno con motivo de estos acontecimientos, y el edificio pas, a ser casa de vecindad y luego guarida de gentes de mal vivir, siendo al fin demolido en 1887. Despus del "cese de la dominacin espaola, se

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construy en aquel lugar, muy prximo al hoy Palacio Presidencial, el hermoso edificio de la Habana Tobacco Company, hoy nacionalizada. TEATRO TAC"N Al Capitn General don Miguel Tacn se debe la iniciativa de la construccin del teatro que haba de llevar su nombre, pues en 1834,

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anim e indujo al ricacho especulador y hombre de negocios Don Francisco Marty y Torrens, que acababa de llevarse la contrata del edificio y vivero de la Pescadera, para que acom etiese la obra de levantar, en sitio cntrico de la ciudad, un gran teatro, necesario entonces, pues no exista ms que el Principal, y ste, adems de su reducida capacidad, se encontraba en un extremo de la ciudad, muy alejado de los centros urbanos. Acept Pancho Marty, y emprendi la obra con la ayuda en dinero, materiales y peones que le facilit Tacn, ms la garanta de una autorizacin permanente para celebrar, todos los aos, seis ba iles pblicos de mscaras; costndole, a pesar de esos auxilios, 200,000 pesos fuertes. Se inaugur en el carnaval de 1838, con cinco bailes de m scaras, que estuvieron concu rridsimos, al extremo de que un cronista dice que al interior del teatro asistieron ms de ocho mil personas y haba unos quince mil curiosos en los alrededores. La primera funcin tuvo lugar el 15 de abril de ese ao con la traduccin hecha por Larra, el maravilloso Fgaro, de la obra Don Juan de Austria o la vocacin, donde se distingui el gran actor cubano Francisco Covarrubias. El edificio, obra del arquitecto Antonio Mayo, llen cumplidamente, en comodidad, capacidad, ventilacin y condiciones acsticas, los propsitos que al construirlo se persiguieron. El lugar en que se levant no poda ser ms cntrico en aquella poca, como lo es hoy tambin: mirand o a la entonces Alameda de Isabel II y a las puertas de Monserrate, en un terreno realengo al norte del que fue Jardn Botnico y despus paradero de Villanueva, perteneciente al camino de hierro de la Real Junta de Fomento. Sus dimensiones eran, en lo que se refiere al cuadrilongo que formaba el teatro, 40 varas de anchura por unos 80 de longitud. Lo cubra una simple techumbre en forma de caballete con ventiladores. La entrada la formaba un prtico con tres arcos al frente y uno en los costados. Contiguo al teatro y por la calle de San Jos, haba un edificio bajo dedicado a talleres y dependencias y oficinas de Pancho Marty, especialmente para las decoraciones, maquinari a y carpintera. En cuanto a gusto artstico, no fueron afortunados los constructores del teatro, pues no ostentaba en su interior o exterior adornos, relieves, pinturas, esculturas ni detalle alguno que hubiera podido hacer del teatro, adems de cmodo, bella obra del arte arquitectnico. Tena 90 palcos, ms los de la Capitana General y la presiden cia, distribuidos en tres pi sos, y algunos de los cuales eran de propiedad privada; 22 filas de lunetas, con una capacidad total, en localidades, para 2,000 concurrentes, pudindose dar cabida a una cuarta parte ms. El escenario se consideraba tan amplio y bien provisto como los de los mejores teatros europeos. Era famosa la gran araa que penda del centro del techo sobre la platea. Pancho Marty vendi el teatro, en 1857, a la Compaa Annima del Liceo de La Habana en 750,000 pesos fuertes, incluyendo terrenos y edificios anexos. Adquiridos en los primeros aos republicanos el terreno y edificio donde se encontra ba el Teatro Tacn por la sociedad Centro Gallego, al edificar su palacio social reconstruy, renovndolo totalmente, el viejo y glorioso coliseo, ponindole por nombre Teatro Nacional. Ya dijimos que Tacn se estren con una compaa dram tica; a este gnero continu consagrado durante su primera poca, ya que el Principal se dedicaba prcticamente a la pera. Desaparecido este ltimo coliseo, Tacn absorbi ambos gneros en su ms alta expresin, y alternando con las ms es plendentes luminarias del drama y la comedia, desfilaron por su grandioso escenario las ms notables compaas lricas del mundo, as como los ms sobresalientes concertistas y solistas del mundo musical. Y as como en el Teatro Payret arrebat a los habaneros la aparicin de la etrea Anna Pavlova, la mejor bailarina del siglo XX, en Tacn haban admirado, el ao 1841, con entusiasmo sin lmites, a la mejor danzarina del siglo xix, la exquisita Fanny Essler. El desfile de grandes actores, en poca ms cercana a la nuestra, comenz con la gran trgica italiana Adelaida Ristori, en 1867; veinte aos despus, otra gran sensacin fue la presentacin de Sarah Bernhardt, la divina Sarah, entonces en el apogeo de su fama; y despus, la finsima Rjane y Virginia Reiter y el clebre Coquelin, el creador de Cyrano; y el gran Antonio Vico, ya en sus postrimeras; y, en varias temporadas el admira ble conjunto que formaba la compaa encabezada por Mara Guerrero y Fernando Daz de Mendoza, los me jores intrpretes del teatro clsico espaol, y Enrique Borras, y Mimi Aguglia y Rosario Pino, y Emilio Thuillir, y los excelentes cmicos Balaguer y Larray la famosa trgica italiana Vitaliani, y los fra nceses Suzanne Desprs y Lugne-Poe, y tantos otros.. .j El Teatro Tacn fue escenario tambin de una esplndida ceremonia en que se glorific, en vida, a la gran luminaria de la poesa dramtica en Cuba y en toda Amrica: la solemne coron acin de la ilustre poetisa camageyana Gertrudis Gmez de Avellaneda, la famosa Tula, quien recibi este inusitado homenaje de toda nuestra sociedad, en el ms grandioso coliseo habanero, y en la noche del 27 de enero de 1860. Pero si brillante es la historia dramtica del Teatro Tacn, con mucho ms intenso esplendor refulge su historia lrica. Tuvo Tacn la gloria de que sobre sus tablas se presentara dos veces la mejor soprano absoluta de todos los tiempos, Adelin a Patti, de ya legendaria fama: en 1855, an como nia prodigio, y en 1862, en la eclosin de su maravillosa juventud. Algo anterior fue la ruidosa rivalidad entre dos famosas sopranos, la Gazanga y la Gassier, que apas ion a nuestras bisabuelas : se cuenta que el fanatismo de los partidarios de estas dos divas —que pertenecan a la misma compaa y cantaba n en noches alternadas!— era tan frentico que muchas veces la funcin corra peligro de terminar en batalla campal. Ms tarde, se sucedieron temporadas operticas,

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ms o menos brillantes en conjunto, pero en las que casi siem pre se destacaban estrellas como Aramburo, Gigli, Lzaro, y el clebre Enrico Caruso, ste ltimo ya en 1920, poco antes de su muerte; como las sopranos Padovani, Luisa Tetrazzini, Mara Barrientos, y una figura delicada y trgica, Adela Gini, que lueg o de encantar al pblico, muri casi sbitamente en La Habana, tenemos entendido que como una de las ltimas vctimas de la fiebre amarilla. Mas entre todas aquellas temporadas de pera —en las que se ofrecan dos espectculos: el de la escena, y otro mucho ms brillante, en la sala, donde se exhiba, en derroche de lujosos trajes y valiossimas joyas, t oda la opulencia de las clases dirigentes de la poca—, entre todas estas temporadas, que eran el gran acontecimiento so cial y artstico del ao, se destaca una: la que se inici el 22 de abril de 1915, a¡ r eestrenarse el teatro despus de haber sido objeto, por sus dueos, de una total renovacin que hizo desaparecer la famosa araa o lmpara monumental que penda del centro del techo, pero que embelleci y moderniz notablemente el escenario y la sala, sin alterar sus dimensiones, por lo que segua siendo uno de los mayores del mundo. Para festejar este acontecimiento se contrat un conjunto de artistas verdaderamente excepcional, de los mejores del mundo en aquel momento, y las representaciones formaron la pgina ms esplendorosa en los anales del viejo-nuevo coliseo. Figuraban como tenores, Giovanni, Zenatello y Jos Palet, como sopranos, Claudia Muzzio, Helena Rakowska y Juanita Capella; como mezzos, Mara Gay y Elenora de Cisneros; como bartonos, Strac-chiari y Amato, y como estrella entre las estrellas, el sin par Titta Ruffo; al frente de la orquesta, el entonces joven Tulio Serafn, que poco antes haba sustitu ido a Toscanini como director de orquesta de la catedral mundial del arte opertico, la Scala de Miln. La temporada se inici —a pesar de las protestas de Titta Ruffo que prefera cualquier otra obra de mayor lucimiento pa ra l—, como era ya tradicin inquebrantable en Tacn, con la pera Aida de Verdi, incomparablemente la favorita del pblico habanero de esa poca. Mas pasaron estos tiempos de esplendor; decay la pera en el mundo entero y desapareci de Cuba; marchitse tambin el arte dramtico, bajo el influjo avasallador del cine; y por largos aos el antao glorioso Tacn fue entregado exclusivamente a la exhibicin de pelculas —acompaadas a veces de nmeros de variedades — y casi siempre espaolas. El nico espectculo de alto rango artstico que ofreci, en mucho tiempo el viejo Tacn —es decir, el impropiamente llamado Nacional — fue el de los primeros conciertos populares de la Orquesta F ilarmnica instaurados por el maestro Erich Kleiber. Recordemos tambin, al margen, que, an en los tiempos de su ms aristocrtico auge, Tacn acoga, de tiempo en tiempo, para muy breve tempor ada, a las alegres huestes del Teatro Alhambra, consagradas aj llamado teatro bufo cubano, que ofrecan a la que los cronistas llamaban la buena sociedad sus picarescas producciones, convenientemente expurgadas. Y tambin que, en la poca carnavalesca los bailes pblicos de Tacn, con su concurrencia, por supuesto, muy mezclada y su ligero vaho de escndalo, eran, sin embargo, tambin otro espectculo excepcional, por su animacin, su lujo y su colorido. Al comenzar a utilizarse el nuevo y verdadero Teatro Nacional, edificado en la hoy Plaza de la Revolucin, el antiguo Tacn fue bautizado, sin que sepamos por qu con el nombre de Estrada Palma, que fue precisamente el presidente que se neg a adquirirlo para el Estado cubano, con lo que se habra convertido de veras en Nacional. Hoy nacionalizado, como todos los dems grandes teatros y cines, se nombra Garca Lorca, en homenaje al gran poeta espaol asesinado en Granada por las hordas franquistas. Lo ocupa actualmente una compaa cubana de revistas musicales, j pero nosotros esperamos que, considerando la magnitud y la historia del ms que centenario y siempre hermoso coliseo, el Gobierno Revolucionario, para bien de la cultura popular, lo consagre a ms altos empeos artsticos. TEATRO PAYRET Este teatro, situado en un lugar verdaderamente privilegiado de la Ciudad, con el frente hacia el Prado o Paseo de Mart, donde hoy se encuentra el Capitolio Nacional, el costado sobre el Parque Central, y el fondo sobre la calle Zulueta, es de amplsimas proporciones, y fue construido por un hombre de negocios cataln, Joaqun Payret, con el intento de que rivalizara con el de Tacn o lo superase; en realidad le aventaja en algunas dimensiones, ligeramente, pero nunca hizo deslucir a aqul, a pesar de haber presentado tambin espectculos de excepcional brillantez. Por haberse inaugurado en 1878, ao del Pacto del Zanjn, pretendi nombrrsele Teatro de la Paz, pero el pblico siempre lo ha designado, y lo designa an, con el apellido de su creador, quien, por lo dems, perdi toda su fortuna en el empeo. Por predominar en su decorado interior un bello color rojo oscuro e intenso, los cronistas gustaban de llamarlo el rojo coliseo. En 1882 sufri un derrumbe en el que pereci su constructor, el ingeniero Sagastzabal, y fue clausurado. En 1890 lo reinaugur su nuevo propietario, Dr. Anastasio Saaverio, quien lo haba adquirido de la Hacienda Pblica. Cerr de nuevo sus puertas en 1948, cuando adquirido por la Sucesin de Falla Gutirrez, fue totalmente reconstruido, dndosele el aspecto interior y exterior que presenta en la actualidad. Desde su fundacin hasta 1948 desfilaron por el escenario de Payret famossimas figuras de la pera, como los tenores Antn, Aramburo, Fleta, Bonci, Constantino y las sopranos Volpini, Blanca di Fiori, Emma Calv, Graciela Paretto; y en mucho mayor nmero, luminarias de la comedia y del drama como Sarah Bernhardt, ya en su ocaso, Enrique Borras, Mim Aguglia, Ermete Novelli, Tina di Lo renzo, Teresa Mariani, Emilio Thuillier, Lida Borelli y

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Ruggero Rugiero. A veces, las huestes del teatro cmico cubano, que en Albambra dirigan Regino Lpez y los hermanos Robreo, se trasladaban por una breve temporada a Payret, lo mismo que al Nacional. Tambin se di en Payret mucha zarzuela grande, y es famosa la gr an temporada en que, en la primera dcada del siglo xx, la tiple mexicana Esperanza Iris, popularsima en Cuba, estren con el ms resonante de los xitos La Viuda Alegre y otras operetas vienesas, y luego, con intervalos de algunos aos, all reapareci varias veces, para regocijo del pblico cubano. Y como espectculo de arte insuperable, an recuerdan los viejos habaneros la breve temporada de ballet con que, en 1921, nos deslumhr la bailarina rusa Anna Pavlova, la nica, para quien seran plidos todos los calificativos. Despus de su reconstruccin Payret se reestreno en 1951, dedicndosele a la promocin de pelculas, hasta el punto de que algunos cronistas lo llamaban La Catedral del cine espaol. Nacionalizado despus del triunfo de la Revolucin, la Direccin de Cultur a del Gobierno Revolucionario ofrece en l cine de arte y actualmente tambin, una te mporada de zarzuela grande por artistas cubanos. TEATRO MART En 1884, el vasco Ricardo Irijoa construy, en la calle de Dragones esquina a Zulueta, un lindo y alegre teatro que, por su fundador y propietario llev el nombre de Teatro Irijoa; fue inaugurado con bailes pblicos que tuvieron gran xito, y luego se celebraron all numerosas reuniones pb licas correspondientes a la campaa poltica del Partido Autonomista. Sirvi de escenario a peras —all se estren Bohemia, de Puccini—, operetas, zarzuelas y vaudevilles, y en 1899 se le llam Edn Garden. Pero muy poco despus entr en la historia grande de Cuba, al ser elegido para sede de la Convencin Constituyente que, de 1900 a 1901, redact la Constitucin para la Repblica que haba de inaugurarse en 1902; all se efectuaron muy importantes debates, y, sobre todo aquellos altamente dramticos que suscit la imposicin de la Enmienda Platt, por los Estados Unidos, a la futura nacin. As dignificado, el viejo Irijoa y flamante Edn Garden, recibi un nombre que al parecer habra de cuadrarle mejor, y se le rebautiz Teatro Mart, en memoria del Apstol de Cuba y de Amrica. Pero pes ms el a rrastre tradicional, y este coliseo que an subsiste, sin modificaciones esenciales, ha seguido siendo el templo del arte frivolo, del teatro alegre y ligero. TEATRO AUDITORIUM AMADEO ROLDAN De los nuevos teatros levantados durant e la era republicana, slo merece mencin aparte pero espacialsima, por sus vastas dimensiones, por sus esplndidas condiciones ac sticas, y por su suntuosa y a la vez sobria decoracin interior, el que construy en el barrio del Vedado, en la esquina de la Calzada y Calle D, frente al Parque Gonzalo de Quesada, e inaugur, en diciembre de 19 28 la Sociedad Pro Arte Musical, que ha ba fundado y presida la Sra. Mara Teresa Garca Montes de Giberga. Edifi cado especialmente para los conciertos y recitales de dicha sociedad, tambin se celebraron en l durante muchos aos los conciertos de la Orquesta Filarmnica de La Habana, que, como las noches de pera de Tacn, eran a la vez acontecimientos arts ticos y pretextos para la exhibicin de los lujos de las clases privilegiadas. Despus de haber sido adquirido mediante compra por el Gobierno Revolucionario, el antiguo Auditorium lleva el nombre del ilustre msico cubano Amadeo Roldan, y est dedicado especialmente a la msica sinfnica y al ballet — ahora trabaja intensamente para la Patria, en Cuba y en el Ex tranjero, al frente de sus huest es artsticas la gran bailarina de que nos enorgullecemos ante el mundo: Alicia Al onso—; pero tambin se utili za para grandes reuniones. ANFITEATRO MUNICIPAL Tambin debemos incluir entre los teatros habaneros el excelente Anfiteatro Municipal, hermoso ejemplar de teatro al aire libre, costeado por el Ayuntamiento de La Habana, inaugurado en 1936, situado en la Avenida del Puerto, hoy Avenida Carlos Manuel de Cspedes, y cuyo proyecto y ejecucin se debe a los arquitectos Eugenio Batista, Aquiles Maza y Francisco Centurin. OTROS TEATROS Muchos teatros de menor importancia fueron levantados en La Habana, as durante la poca colonial como a lo largo de la era republicana; de los primeros slo queda un vago recuerdo en los cronicones de antao; los otros viven, ms o menos nebulosamente, en la memoria de los viejos habaneros. Entre los primeros, y como ex cepcin, porque vivi largos aos bajo la Repblica y es para muchos de nosotros recuerdo contemporneo, merece citarse Albisu, inaugurado el 17 de diciembre de 1870, con una compaa lrica dirigida por don Jos Curbelo; el teatro debi el nombre por su propietario, don Jos Albisu; se hallaba en la ltima cuadra en que la calle de Obispo se hace una con la de O' Reilly, despus de la Plazuela de Albear, desde la calle de Monserrate hasta la de Zulueta y el Parque Central. Albisu fue siempre, por excelencia, el templo del llamado gnero chico espaol, aunque a veces ofreci operetas, en que se di stingui Esperanza Iris; aquellas funciones se componan

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generalmente de tres tandas, con una pieza en un acto en cada una, y eran favorecidsimas por la parte espaola de la poblacin. Cuando el Centro Asturiano elev, en la manzana donde estaba enclavado Albisu su nuevo y magnfico edificio social, se hizo dueo del teatro lo remoz hermosamente y le llam Teatro Campoamor; pero al paso del tiempo tambin, como la pera, fue decayendo la zarzuela, el teatro cerr sus puertas, y hoy lleva su ltimo nombre un cine situado en la esquina de las calles de San Jos e Industria. Tambin debe quedar, al menos para la historia chica, el recuerdo 'del Teatro Alhambra, que por muchos aos funcion en la calle de Consulado esquina a Virtudes, en un edificio que, reconstruido, alberga hoy al Cine Alkazar. Alhambra, famoso en los anales de la vida popular habanera, se abri el da 13 de septiembre de 1890 y se cerr en 1934 al derrumbarse parte del edificio. Permaneci, pues, tamb in a la era colonial y a la republicana. All actores de gran popularidad, como Regino Lpez y los hermanos Robreo, Blanquita Vzquez, Luz Gil y algunos otros representaban obras cmicas originales de Federico Vi-lloch y de Carlos Robreo, con msica del maestro Jorge Anckermann y de otros compositores distinguidos; all suban a escena los personajes, que ya se haban hecho clsicos, de la mulata, el gallego y el negrito; all se haca de rroche de gracia; pero era lo que se llamaba teatro para hombres solos, porque amenudo los chistes eran de subido co lor, los bailes y los trajes, sobre lo que entonces se consideraba muy provocativo, y la funcin terminada por una rumba bailada deliran-temente por toda la compaa. Muri Alhambra, y sin resurreccin posible, porque sus tipos pertenecen a un lamentable pasado que no volver, y su espritu, como presencia o para evasin, era reflejo de la sociedad colonial o seud orepublicana en disolucin. Bajo la Repblica se construyeron, entre otros, estos teatros que ya han desaparecido: el Politeama Grande y el Politeama Chico, ambos en los altos del edificio situado frente al Parque Central que lleva el nombre de Manzana de Gmez, antes de que ste fuera objeto de su ms reciente r econstruccin; all se cultivaron todos los gneros, desde la pera hasta las variedades; el Molino Rojo, en la esquina de Galiano y Neptuno — donde hoy se alza el edificio Amrica, con el cine Radio Cine — pretenda emular a su homnimo el Moulin Rouge de Pars. Y el Teatro Principal de la Comedia, en Industria entre Zuluet a y Prado, donde se ofrecieron buenas temporadas dramticas, y subieron a escena obras de autores cubanos, en especial, Tembladera, de Jos Antonio Ramos, y libr hermosas batallas artsticas el hoy veterano Paco Alfonso. Subsiste, en cambio, pero convertido en cine, el pequeo y simptico Actualidades, que se construy para variedades en la calle de Monserrate. Fuera de estos, y del Teatro Nacional de que hablaremos, slo se han construido en La Habana bajo la Repblica, salas para exhibiciones cinematogrficas, siendo las principales Rodi, hoy Mella, Triann, Ac-pulco, Atlantic, hoy Icaic, Radio Centro, La Rampa y Riviera, en el Vedado, Los Angeles en la Vbora, Rex, Dplex, City Hall, y los ya citados Campoamor, Amrica, Radio Cine y Alkazar, (hoy Teatro Musical de La Habana, dentro del casco de la ciudad. TEATRO NACIONAL. Constitua una verdadera inco ngruencia —i y para aquellos a quienes, hasta hace muy poco nos ha dolido Cuba, un dolor y una vergenza —que lo que se llamaba Teatro Nacional fuese la sala hermossima, s, pero construida por uno de los ms odiosos representante del gobierno de la que fuera nuestra metrpoli, y encerrada luego, ya en tiempos republicanos, dentro del palacio levantado, con gran ostentacin de lujo, por una sociedad espaola, casi frente a la modestsima estatua de Mart. Ya, despus de tantos otros, nos estamos quitando ese oprobio. En 1952 se puso la primera piedra del que podra ser verdaderamente nacional, y aunque la obra march con lentitud tan excesiva que el Gobierno Revolucionario lo encontr con casi todo por hacer, y, enfrascado en obras mucho ms urgentes, an no la ha terminado totalmente, ya se utiliza su Sala Covarrubias —as llamada en homenaje al gran actor cubano de la primera mitad del siglo XIX, para conciertos, recitales y otros espectculos. All el gr an compositor sovitico Jachaturian, — que actu en el Aufiitorium Amadeo Roldan y en otros lugares — ofreci un recital improv isado a los trabajadores que construyen el teatro. Y ste alberga ya varias incipientes instituciones arts ticas, como la Escuela de Danza que, a pesar de su extrema juventud, ya ha cosechado buenos xitos. TEATRO CHAPLIN. En el reparto Miramar, edific el millonario Alfredo Hornedo—poltico y negociante nada escrupuloso— un teatro de grandiosas proporciones pero no de buen gusto en su arquitectura y decorados, al que dio el nombre de Blanqtdta en memoria de su difunta esposa la Sra. Blanca Maruri. Despus que Hornedo huy al extranjero, el Gobierno Revolu cionario se incaut de este teatro y lo entreg a la Confederacin de Trabajadores de Cuba, la que lo ha rebautizado con el nombre de Chaplin, en homenaje al genial artista de cine que es tambin hombre valeroso en la defensa de sus ideales progresistas. Se emplea habitualmente para grandes espectculos excepcionales, pa ra enormes actos de masas, a lo que se prestan sus

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excepcionales dimensiones, pero se proyecta dar en l adems, buen cine, en forma sistemtica, y ciclos dramticos de carcter cultural. TEATROS Y CINES DE HOY. El triunfo de la Revolucin ha venido a premiar el tesn y a abrir nuevas vas a los que heroicamente se haban empeado en hacer siquiera un poco de teatro en un am biente invadido totalmente po r el cine norteamericano — recordamos, especialmente, los esfuerzos de la Academia de Arte Dramtico (ADAD), que actua ba en el escenario de la Escuela Municipal Valds Rodrguez, en el Vedado, y los de la sociedad de Patronato del Teatro, con sus funciones mensuales en diversos locales. El pblico tiene ahora entusiasmo para todo, y por lo tanto, entusiasmo para el teatro; y, libre de aquella influencia abrumadora que le llegaba en forma de torrente inagotable de pelculas de Norteamrica, artistas y pblico se entregan con fervor a lo dramtico en formas populares, clsicas, ultramodernas; y, casi por prim era vez, hay campo propicio para los escritores cubanos de teatro Actualmente, funcionan en La Habana por lo menos seis pequeas salas — Arlequn, ldal, has Mscaras, Prometeo, El Stano, Taita — donde se presentan casi todos los gneros del arte dramtico. Adems, aunque hay mucho cine — y buen cine, pr ocedente casi todo de los pases socialistas y encabezado por el cinerama sovitico que se presenta en Radio Centro, que es el antiguo Warner, de la esquina de L y 23, en el Vedado — que se presenta en las salas destinadas a ese es pectculo, el Gobierno Revolucionario—que ya ha puesto en marcha, como dijimos, el Teatro Nacional—, muestra asimismo su deseo de contribuir al auge del teatro dando hospitalidad, por ejemplo, en el Hotel Habana Libre, en la que se ha llamado Sala Tespis, al meritsimo Teatro Universitario, que tan brillantes y heroicas hazaas realiz, a travs de los aos, en el pr tico del Edificio de la Facultad de Letras y Ciencias; y ofreciendo tambin importantes ob ras dramticas — entre ellas, alguna del ultramoderno e interesantsimo Bertolt Brecht — en la ms hermosa sala construida para cine en la barriada del Vedado, en el aristocrtico antiguo Rodi, que hoy se llama Mella, en honor del gran luch ador antimperialista asesinado en Mxico el ao 1929. Asimismo, el Municipio de La Habana est levantando en la calle L del Vedado un gran edificio, con teatro, que ya alberga a la Escuela Municipal Dramtica y a la Escuela Municipal de Ballet. Junto a esto, hay un enorme florecer dramtico, desde el Teatro Experimental hasta innumerables grupos de aficionados, bajo los auspicios del Consejo Nacional de Cultura, del Consejo Provincial de Cultura, de la Casa de las Amricas, de la CTC Revolucionaria y de otras instituciones que funcionan en locales no especficamente dedicados a representaciones teatrales. Y hay Festivales de Msica Popu lar, y de Teatro Cubano, y de Msica Latinoamericana, y de Teatro Latinoamericano; y El Teatro de la Edad de Oro (en recuerdo de Mart), para nios y funciones de tteres para nios y adultos; y tambin, por primera vez en Cuba, hay un cine, el Pionero, que presenta exclusivamente funciones dedicadas al pblico infantil.

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48 MERCADOS Sabemos que en los primeros tiempos de la Ciudad el me rcado pblico se hallaba establecido en la actual Plaza de San Francisco, de donde pas, a peticin de los frailes franc iscanos, a la Plaza Vieja, que entonces se llamaba Nueva, y a la que se llam Nueva del Cristo: no se trataba de edificios propiamente dichos, sino de conjuntos de tarimas de madera, cubiertas o descubiertas, para uso de ¡os expendedores. Ms adelante, durante el siglo XIX, se constr uyeron, en 1836, en la misma Plaza Vieja, el Mercado de Cristina, que ya hemos descrito al hablar de dicha plaza; el Mercado del Cristo, en la de este nombre; y algo despus, en 1843, en la calle llamada entonces de las Cant eras y luego de Coln, desde la calle de Crespo a la del guila, el primitivo Mercado de Coln; fueron ya edificaciones de slida mampostera, pero ni por su magnitud ni por su importancia podan compararse con los otros dos que se levantaron tambin en aquel mismo siglo, y que son el Mercado de Tacn y el Mercado de Coln, los cuales merecen cada uno de ellos prrafo aparte. MERCADO DE TAC"N. Nos cuenta el historiador habanero Arrate que desde 1818 habase constr uido extramuros una edificacin en forma de octgono, con casillas de madera sobre ruedas, para que sirviera de mercado a aquella parte de la poblacin; se la llamaba Plaza del Vapor, porque un hombre de negocios muy emprendedor, el cataln Francisco Marty y Torrens — que luego habra de construir el famoso Teatro Tacn — haba colocado, en una fonda que posea en dicho edificio, por el lado de Galiano, un cuadro que representaba al buque Neptuno, el primero de vapor que en 1819 empez a realizar viajes entre La Habana y Matanzas. Digamos, de paso, que en aquel mismo ao de 1836 en que se establecieron los mercados antes citados, este Francisco Marty, bajo los auspicios del capitn general don Miguel Tac n, haba edificado una Pescadera en terrenos situados al extremo Este de la Cortina de Valds, muy cer ca de la Catedral, donde desde muchsimo antes se realizaba este trfico. En ese mismo ao de 1836, que bien podra llamarse el ao de las construcciones, o muy poco antes, se emprendi por Marty, y por rdenes del mismo general Tacn —que llen La Habana de edificios y paseos y a la vez de opresin y de duelo — la total reedificacin del mercado, convirtindolo, segn Fernndez y Simn, en un edificio de vastas proporciones, que se caracteriza po r sus colosales arcadas de sillera, que comprenden la altura del piso bajo y del entresuelo, sobre las que descansa el piso principal, de sobria decoracin, no exenta de elegancia. Se completaba con cuatro asomos de torres en los ngulos, una alta bveda central y una fachada monumental por la Calzada de Galiano; bellos barandajes en que se entrecruzab an las iniciales M. T., y slidas y elegantes armazones de hierro en el patio. Haba sido construido en terrenos donados al efecto por un rico propietario, don Antonio de la Luz y Poveda, y ocupaba toda la extensa manzana comprend ida entre la Calzada de la Reina, ho y avenida Simn Bolvar, la calle del guila o Rafael Mara de Labra, la Calzada de Galiano, hoy Avenida de Italia, y la calle de Dragones. En 1873 sufri un gravsimo incendio y una total reconstruccin dirigida por el arquitecto Eugenio Rayneri Sorrentino. Desde 1918 dej de ser mercado de abasto y consumo, tr asladndose estas actividades a la antigua Estacin de Villanueva y luego al Mercado nico. Se derribaron las armazones de hierro ex istentes en el patio; pero en 1936, volvi provisionalmente a ser mercado; adems toda la parte exterior estaba ocupada por numerossimos pequeos establecimientos, — ms' de 180—, de todas clases, contaba con muchsimos inquilinos — ms de 200 — en las habitaciones de los pisos superiores, y, sobre todo, se ha ha convertido en el verdadero Mercado del Billete, donde se venda por lo menos el 50% de los billetes de la Lotera. Pero lo curiosamente irnico es que, a travs de todas estas peripecias, el pueblo no le dio nunca a este mercado el nombre que haba querido hacer perdurable su vanidoso constructor, sino el que, en arranque espontneo, diera a' la primitiva placita: el Mercado de Tacn no fue nunca, para todos los habaneros, ms que la Plaza del Vapor. Al fin, definitivamente fue clausurado como mercado por sus malas condiciones sanitarias. El Gobierno Revolucionario derrib el edificio, que para dignificarse habra necesitado una total restauracin, y luego, buscarle un destino; se pens elevar all una enorme casa de apartamentos, pero, por ahora, el espacio que ocup lo llena un parque, Amrica Libre, muy necesario en aquella barriada.

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MERCADO DE COL"N. En 1868, al ser derribadas las Murallas, el Ayuntamiento de La Habana obtuvo de la Corona espaola, para crear un nuevo mercado, un magnfico terreno, ampliado despus, que comprenda la manzana situada entre las calles de Monserrate, Zulueta, Animas y Trocadero. Entre 1882 y 18 88 fue construido all, efectivamente, el mejor de los mercados que ha tenido La Habana desde el punto de vi sta arquitectnico. Segn Fernndez y Simn fue proyectado y edificado, a un costo de cien mil pesos oro espaol, por el arquitecto Jos Mara Ozn y el ingeniero Jos C. del Castillo, ambos cubanos, con la colaboracin del arquit ecto municipal Emilio Snchez Osorio. Era una vasta construccin de sillera, con una rotonda central formada por columnas de hierro fundido. En la parte central de la fachada principal, sobre la calle de Zulueta, se levant una cpula de acero. El profesor J. Weiss elogia su tpica arquera romana, que rodeaba toda la manzana, y dice que en los pabellones de los ngulos y en el pabelln central por la calle de Zulueta se emplearon discretamente motivos de Palladio. Jos M. Bens calific a este edificio de obra maestra, y agrega: Ozn dio tal importancia y amplitud al bello prtico que rodeaba al edificio y al otro que bordeaba el patio, que alcanz con esto esa cualidad casi impondera ble de maestra que tienen las obras de arte. La concesin del Mercado fue otorgada por el Ayuntamiento a Tabernilla y sobrino, por veinticinco aos, despus de lo cual sera propiedad del Municipio de La Habana. El Mercado de Coln contaba con ms de 200 establecimientos de toda ndole, y en sus pisos superiores vivan 500 inquilinos cuando el Ministerio de Sanidad orden definitivamente su clausura en 1947. Y el edificio, que poda haber sido rescatado, por su s valores de permanente belleza y de tipicismo, sufri una tristsima suerte. Se decidi emplear aquel terreno para construir-un Palacio de Bellas Artes y primeramente se decidi utilizar los hermossimos exteriores de la construccin primitiva, y se comenz su restauracin, por el arquitecto Evelio Govantes, debido a la cual ya se haba construido, por el costado que da frente al Parque Alfredo Zayas, una muy bella por tada; pero los funcionarios encargados de la creacin del futuro Palacio y Museo de Bellas Artes decidieron, al cabo, preparar para es ta institucin un edificio totalmente moderno y funcional, y as fue demolido uno de los mejores ejemplares de la arquitectura civil del perodo neoclsico. Durante la poca republicana se construyeron en La Habana tres mercados grandes y dos pequeos. Los grandes fueron, primeramente, el Mercado de la Pursima Concepcin el llamado Mercado nico, y el Mercado Municipal de Carlos III; los pequeos fueron los dos edificios de estilo totalmente moderno, muy adecuadamente funcional, y no de gran extensin que, con los nombres de Mercado Libre del Vedado y Mercado Libre del Cerro, construy en 1947 el entonces Ministro de Obras Pblicas Jos San Martn, para aliviar un tanto, en cuanto a los vecinos de esas dos barriadas, los inconvenientes de toda ndole que les causaba la onerosa e inmoral concesin del Mercado nico. MERCADO DE LA PURSIMA CONCEPCI"N. Por concesin del Ayuntamiento de La Habana a Jos Na varro Mzquiz fue erigido, en la manzana formada por las calles de Clavel, Quinta, Prncipe y Concha, y comenz a funcionar en 1914 este mercado, que se haca sumamente necesario, dada la vastsima extensin que haba adquirido la Ciudad, especialmente en dir eccin hacia Jess del Monte, y que haca prcticamente intiles para grandes sectores de la poblacin los dos nicos me rcados existentes, ubicados, el uno en la calle de Zulueta, y el otro en la de Galiano. Sin embargo de esta razn poderossima, no fue muy muy larga su existencia como tal mercado de abasto y consumo; ap enas fue nunca un verdadero centro de abastecimiento para distribucin a travs de intermediarios sino ms bien un gran conjunto de pequeos establecimientos de venta directa al consumidor. La concesin haba sido otorgada por treinta aos, que venceran en 1944; pero desde mucho antes ya el edificio no era utilizado en absoluto como mercado; al comenzar a funcionar el llamado Mercado nico, su concesionario fue obligado a paga r una indemnizacin al de la Pursima Concepcin por la obligatoria clausura de ste. El edificio pas a poder del Municipio, el cual instal all varias dependencias Desde 1930 funciona en ese lugar el Archivo del Municipio; sirvi provisionalmente de Asilo de Mendigos; y actualmente, adems del Archivo ya citado, se encuentra instalada all una escuela con numerosos alumnos. MERCADO GENERAL DE ABASTO Y CONSUMO, O MERCADO NICO. En 1920 comenz a funcionar, en virtud de concesin otorgada en 1918, el que se llam oficialmente Mercado General de Abasto y Consumo, con la calificacin, tambin oficial, de nico para el Trmi no Municipal de La Habana, lo que, segn las especificaciones, im pona la prohibicin de todo otro mercado eh un radio de 2,500 m., y de pequeas casillas de expendio dentro de un radio de 700 m. en torno de dicho Mercado. Este se construy de hierro,

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cemento y piedra, en la manzana compre ndida entre la Calzada del Monte y las calles de Cristina, Arroyo y Matadero, cerca de la esquina llamada Cuatro Caminos, con dos plantas, un stano y un puente que lo une con la calle de Arroyo, y se prohibi cubrir con lucernarios el patio central y alquilar locales para vivienda; su costo oficial fue de $1.175,000. Esta concesin, por treinta aos, verdaderamente escandalosa, y de la que todo el mundo saba, que, bajo el nombre de un testaferro, se aprovechaba uno de los polticos ms francamen te prevaricadores que sufri la Repblica, el senador Alfredo Hornedo — ya conocido por otros varios latrocinios de anloga ndole — constituy uno de los monopolios ms odiosos contra los que se alzaba continuamente la indignada protesta del pueblo. El Mercado nico, por lo dems, ni siquiera mantena las ms elementales normas de higiene, y era, a la vez que un espectculo repulsivo — material y moralmente, porque a la sombra del robo enorme proliferaban toda clase y todo tamao de turbios manejos —, tambin un foco de infeccin peligrosa para la poblacin entera. Y as persisti hasta que la Revolucin barri con l. MERCADO PBLICO DE CARLOS III. Vencida desde 1950 — aunque haba sido prorrogada en algunos aspectos — la concesin del Mercado nico en su forma primera, en 1957 fue inaugurada por la Financiera Nacional presidida por Osear Garca Montes, y bajo la gida de la dictadura de Batista, el Mercado Pblico de Carlos III, moderna edificacin de cuatro plantas, que ocupa la manzana comprendida entre las calles de Estrella, hoy Barnet, rbol Seco, Pajarito, hoy Retiro y la Avenida de Carlos III, con el frente sobre esta ltima, y que albergaba 200 esta blecimientos, entre e llos una sucursal de un banco; aunque muy viciado en su origen y en su funcionamiento, era un ligero alivio al monopolio de aquel Mercado nico. La situacin existente, sobretodo desde que se estableci el Mercado nico, provoc el establecimiento de mercados libres, sin local propio, que funcionaban al aire libr e, determinados das, en diversos lugares de la Ciudad; los que se aprovechaban de las ventajas de alguno s de ellos, protestaron de la creacin de los Mercados Libres que estableci el Ministro de Obras Pblicas San Martn, segn antes dijimos. El sistema de abastecimientos establ ecido por el Gobierno Revolucionario ha suprimido la funcin de estos edificios como centros de abasto y consumo; ahora sirven sencillamente como depsitos de mercancas para su rpida distribucin a los centros de venta, a travs de los conductos oficiales.

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49 CEMENTERIOS CEMENTERIO DE ESPADA. Durante ms de dos siglos, y segn critica el historiador Jaco bo de la Pezuela, se observ en La Habana la fatal y perniciosa prctica de enterrar los cadveres en las iglesias. El benemrito gobernador don Luis de las Casas pretendi poner fin a esa tan antihiginica prctica; pero no pudo lograr sus propsitos debido a las desavenencias que con l mantena el obispo Felipe de Tres Palacios y a las dificultades con que tropez para encontrar terreno. Aos ms tarde, el ilustre obispo Juan de Espada y Landa, sucesor de Tres Palacios, recogi la iniciativa de Las Casas y la llev a cabo, no sin verse obligado a vencer numerosos tropiezos y dificultades, comenzndose las obras en 1804 en el barrio extramural de San Lzaro muy cerca del litoral, con el frente a la calle que hoy se llama de Marina, junto al Malecn. Dicho cementerio, el primero que tuvo esta ciudad, cost, en su edificacin inicial, segn datos de Pezuela, 46,868 pesos fuertes, inaugurndose el 2 de febrero de 1806. En una de las lpidas colocadas sobre la puerta de entrada apareca esta inscripcin: A la religin: A la salud pblica. MDCCCV. Por el apellido de su fundador recibi el nombre de Cementerio de Espada, y ms adelante se construy junto a l la Sala de Anatoma o de San Dionisio de la Escuela de Medicina, a donde concurran los estudiantes que fueron fusilados el 27 de noviembre de 1871. Aqu ser oportuno decir que en ese cementerio se inhum, en 1841, el pr imer cadver que fue embalsamado en Cuba: el de la Sra. Isabel Herrera y de La Barrera, esposa del primer marqus de Almendares; realiz el embalsamiento el gran mdico habanero Jos Nicols Gu tirrez, el primer gran cirujano de Cuba y muy notable hombre de ciencia, fundador de la Academia de Ciencias — ya que la creacin de sta se debi a sus tenaces esfuerzos — y Rector de la Universidad en 1879. Tambin creemos adecuado agregar aqu que en 1844 qued es tablecido en La Habana el primer servicio de las llamadas pompas fnebres, o sea de carros o coches especiales para enterramiento, que se alquilaban a los particulares, para conducir al cementerio los atades de sus familiares, proporcionando cocheros e individuos encargados de trasladarlos, por cierto ataviados estos ltimos con uniformes de lacayos, con profusin de galones dorados y sombreros de tres picos, y a quienes el pblico llamaba zacatecas. En 1845, el nmero de enterramientos ef ectuados en el Cementerio hizo n ecesario que se construyeran varias hileras de nichos a lo largo de las paredes que lo cercaban. Pero el paliativo que se haba empleado result ineficaz ante el crecimiento de la poblacin habanera y a la vez que se construa una nuev a necrpolis, el cementerio de Espada, donde ya se haban efectuado 314,244 inhumaciones, qued definitivamente clausurado el 3 de noviembre de 1878, por orden del capitn general Arsenio Martnez Campos de 30 de septiembre del mismo ao. En 1908, bajo el gobierno provisional del norteamericano Charles E. Magoon, fue ordenada la demolicin del Cementerio de Espada y el traslado de los restos que an all quedaban al de Coln; pero toda va queda en pie, entre casas modernas, un fragmento de sus viejas paredes, sobre la calle de Aramburu. OTROS CEMENTERIOS. Al mismo tiempo que el Cementerio de Espada, prestaron servicio otros cementerios para el enterramiento de los vecinos de La Habana. Estos fueron los principales: El Cementerio del Vedado, en terrenos de una estancia cerca de la costa, en el que ms adelante seria el barrio de ese nombre, y en el lugar que hoy ocupa la manzana comprendida entre las calles G y H, 5 y 7 Los terrenos fueron cedidos por el propietario de la hacienda, D. Antonio de Fras, antepasado del Conde de Pozos Dulces, en 1832, y primeramente se emplearon para enterramiento de los negros esclavos bozales que moran sin bautizar; como surgieran protestas por el mal estado del lugar, pues se enterraba a lo s infelices como a animales, segn crnicas de la poca, se adecent el lugar, se nombr un ca pelln para bautizar a los bozales in articulo mortis, y se dedic la parte mejor del cementerio a enterramiento de los extranjeros protestantes por lo cual fue llamado, primero, Cementerio de los Ingleses, y luego, Cementerio de los Americanos, a medida que los ciudadanos de los Estados Unidos fueron superando, en nmero e influencia, a los sbditos de la Gran Bretaa. Este cementerio fue clausurado en 1847, y ms adelante se dedic a cementerio de protestantes un sitio cerca del actual cementerio de Coln.

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El Cementerio del Cerro, que fue descubierto no hace mucho, en La Cinaga, a unos cien metros de la Calzada del Cerro a Puentes Grandes, cerca del cruce con la Calzada de Rancho Boyeros hoy Avenida de la Independencia. Este cementerio contaba con una capilla, pero no con panteones ni nichos ni bveda s; todas las inhumaciones se hacan en tierra. Fue inaugurado en 1817 y clausurado en 1860. El Cementerio de Jess del Monte, tambin muy pobre, situado detrs de la iglesia de su nombre, y que funcion oficialmente desde 1848 hasta 1860, aunque se sabe que en las cercanas de la iglesia fueron enterrados los vegueros rebeldes ajusticiados en 1823. El Cementerio de los Molinos y el Cementerio de Atares, situados respectivamente en las faldas de la loma del Prncipe y de la loma de Atares, que fueron abiertos pr ovisionalmente con motivo de gravsimas epidemias del clera que azotaron a la poblacin habanera, el primero en 1833 y el segundo en 1850, si bien este ltimo funcion hasta 1868. Hoy existen, adems de la necrpolis pr incipal, que es la de Coln, el Cementerio Bautista, el Cementerio Chino, el Cementerio Judo en Guanabacoa, ciudad que, al igual que todas las que entrarn a formar la Gran Habana, cuenta con cementerio general propio. CEMENTERIO DE COL"N Ya hemos dicho que con el transcurso del tiempo, el cementerio de Espada resultaba insuficiente para las inhumaciones diarias registradas en el trmino municipal de La Habana, por lo que, desde 1854, el gobernador marqus de la Pezuela proyect la construccin de una nueva necrpolis, sin que pudiera llevar a cabo tan plausible idea. En 1858, el Ayuntamiento, a iniciativa de los concejales Jos Bruzn y Jos Silverio Jorrn, nombr una comisin para elegir terreno adecuado a la realizacin de aquel propsito, es cogiendo al efecto un cuadrado de 1,000 varas de lado en la falda Oeste del castillo del Prncipe. Pero este acuerdo fue impugnado, primero por las autoridades militares, con el pretexto de que un cementerio emplazado en ese sitio impedira la vigilancia en dicha zona de la ciudad, y despus por el obispo, Monseor Francisco Fleix y Solans, alegando que no era el Ayuntamiento sino el Obispado quien tena el derecho de construir el cemente rio, disponiendo adems de los fondos necesar ios para la obra. El Consejo Superior de

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Administracin y el Gobierno de Madrid, teniendo en cuenta el carcter religioso catlico de los camposantos, dieron la razn al Obispo, autorizndolo para co nstruir el cementerio, por Real Decreto de 28 de julio de 1866, siempre que se pusiese de acuerdo con las autoridades civiles para la el eccin del lugar y particularidad es sanitarias. Aunque el Cabildo ratific en 18 de junio de 1863 el terreno primeramente elegido, ste no fue aceptado, y una comisin escogi un rectngulo de cuatro caballeras seccionado de las fincas La Baeza, La Currita, La Novia, La Campana, Las Torres y La Portuguesa, al final del Vedado. Pero no fue hasta 1867, y por iniciativa del doctor Ambr osio Gonzlez del Valle, que se puso en ejecucin el debatido proyecto, nombrando en 1870 la Junta de Cementerios una comisin encargada de redactar las bases para un concurso pblico tendiente a la construccin del que se de nominara Cementerio Cristbal Coln. De los proyectos presentados fue elegido el del arquitecto Calixto de Loira. La primera piedra se coloc el 30 de octubre de 1871, comenzando las obras un mes ms tarde, y al propio arquitect o constructor cupo la triste su erte de que su cadver fuese el primero all enterrado, el 29 de septiembre de 1872, inaugurando as la llamada Galera de Tobas, que es una larga cripta con varias hileras de nichos superpuestas a ambos lados, a la que da acceso una pequea capilla lateral, y que desde hace largos aos fue clausurada. El cementerio de Coln est considerado, por su amplitud y por los numerosos monumentos de alto valor artstico que en l existen, como uno de los ms notables de Amri ca. La gran portada principal de tres puertas y de estilo romnico, fue ejecutada segn los planos de Loira, y modificada post eriormente por el arquitecto Eugenio Rayneri; la remata un bello grupo escultrico en mrmol, que representa las tres virtudes teologales, Fe, Esperanza y Caridad, original del artista cubano Jos Villalta de Saavedra. La capilla principal, de forma octagonal y de tres cuerpos concntricos, con hermosa cpula, se halla decorada con pinturas del .insigne artista cubano Miguel Melero. En este cementerio se conservan los restos de un gob ernador espaol de Cuba, el capitn general Manuel de Salamanca, que muri en La Habana, en 1890, en el ejercicio de su cargo, y fue inhumado en el panten de los condes de La Mortera. Al fondo del vastsimo recinto hay un terreno reservado para sepultura de protestantes. Entre los ms notables monumentos funerarios que posee el cementerio de Coln, slo citaremos dos de la poca colonial: el de los estudiantes fusilados el 27 de noviembre de 1871, obra del cubano Vilalta de Saavedra, y el de los bomberos y paisanos vctimas del incendio de la ferretera Is asi, en la calle de Mercader es, el 17 de mayo de 1890, debido al arquitecto Julio M. Zapata y al escultor Agustn Querol, ambos espaoles. Y uno de la poca republicana: el Panten General de los Veteranos, erigido en 1946, obra de los arquitectos Enrique Luis Vrela y Diego Guevara, que luce cuatro bellsimos bajorrelieves del escultor Juan Jos Sicre, representando la muerte gloriosa de Carlos Manuel de Cspedes, Ignacio Agramonte, Jos Mart y Antonio Maceo. En panteones particulares hay bellas obras de arte originales del propio Sicre y de otros escultores o arquitectos cubanos como Ramos Blanco, Boada, Caba rrocas, etc., y todo un desbordamiento de escultura comercial, en ngeles, cruces, etc., para descender luego, de toda esa fastuosidad que en muchos casos llega a la ostentacin en lujo de mrmoles y bronces, hasta la miseria y el descuido de los cuartones dedicados a los pobres, donde hasta hace muy poco los enterramientos se realizaban casi a flor de tierra, y a los pocos aos los restos eran arrojados sin respeto, ni a los muertos ni a la salud pblica, a la horrenda fosa comn. Smbolo fiel de la sociedad de monstruosas desigualdades, de privilegios y de terrible pobreza, que comenz a desmoronarse al impulso revolucionario de 1959. Desde su inauguracin hasta el da 4 de agosto de 1961, el Cementerio de Coln fue administrado por su propietario el Obispado y luego Arzobispado de La Habana, el cual perciba por los derechos de enterramiento y de traslados, la venta de bvedas, panteones, etc., y el alquile r de terrenos, cuantiossimas ganancias, tanto ms cuanto que desde 1940 el Gobierno eximi al Cementerio del pago de impuestos, a pesar del carcter de negocio lucrativo que indudablemente posea. En la fecha que primeramente citamos, el Gobierno Revolucionario, representado en este caso por el Comisionado Municipal de La Habana, Sr. Jos A. Naranjo, dispuso la intervencin del Cementerio de Coln, declarando gratuita la utilizacin de las parcelas de tierra destinadas a enterramiento y rebajando en un 50% el importe de los servicios que se presten a par ticulares, y al mismo tiempo especificando que las ceremonias religiosas podrn continuar celebrndose sin impedimento alguno. Con este decreto se puso fin a una larga y odiosa explotacin. Pero queda an en pie, ante el creci miento extraordinario de La Habana y el escaso terreno disponible en el Cementerio de Coln —donde en 1957 se haban efectuado ya 700,000 enterramientos — la creacin de una gran necrpolis civil de muy vasta extensin y situada lo bastante lejos del permetro de la ciudad para que no quede rodeado por sta dentro de algn tiempo, como ha sucedido con este Cementerio.

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50 LOS ASTILLEROS EL ARSENAL LA MACHINA Es natural que dada la importancia que, con el descubrimiento y coloni zacin de Amrica haba adquirido la navegacin entre Espaa y los nuevos territorios de que se haba apoderado, y tambin entre unos y otros de estos ltimos, casi todos ellos en continua expansin, desde que despunt el siglo XVI fuera asunto de excepcional inters, no solamente la reparacin, sino tambin, luego, la construccin de buques de diferentes clases en estas regiones. Pero, adems, nuestra isla de Cuba, entonces riqusima en arbolado de las mejores maderas para construcciones de esa ndole, y La Habana en particular, por la importancia que casi desde los primeros tiempos adquiri su puerto, y por el hecho de que ste hubiese sido designado como punto de reunin de la flota que anualmente marchaba de Amrica a Europa, y por ser escala natural y forzosa para todas las flotas y buques sueltos que navegaban entre Espaa y Mxico y la Amrica Central, habra de destacarse excepcionalmente en este terreno, de modo que el carenaje, y muy pronto, la construccin naval, figurasen entre los ejercicios preferidos de los primeros habitantes de nuestra ciudad, y que ms adelante alcanzaran en ello merecido renombre. Sabido es que el primer buque construido en Amrica fue la carabela Santa Cruz, echada al mar el ao 1496, en La Espaola, obra dirigida por el propio Cristbal Coln. Pues bien: en 1516, ya se ordenaba a los gobernadores de las Indias que autorizaran a los colonos de Cuba a construir y poseer naves destinadas al trfico comercial con las dems colonias; y dos aos despus, en 1518, a peticin de Diego Velzquez, el primer colonizador y gobernador de Cuba, el Rey de Espaa mand expedir una cdula por la que ordenaba la construccin de diez buques, los cuales no deban exceder de diez toneladas de desplazamie nto cada uno. Por esa cdula se sabe que tales obras navales haban estado prohibidas hasta entonces. Hay noticias de que las luchas que sostena Espaa con Inglaterra y con los Pases Bajos llevaron a los gobernadores de la Isla Tejeda y Maldonado a ordenar la construccin de varias fragatas, aprovechando las excelentes maderas de los bosques de que estaba rodeada La Habana, y de las que se dice que en grandsima cantidad fueron enviadas a Espaa para servir a la construccin de varios palacios, entre ellos el mundialmente famoso Monasterio de El Escorial. Pero lo ms interesante a este respecto, en la etapa a qu e nos estamos refiriendo, fue que, no slo se construyesen buques en La Habana, sino que hasta pudiramos decir que se inventasen. En efecto: sufriendo, diramos que en carne propia, los inconvenientes del trasatlntico de la poca, que era el galen, los hermanos Alvaro y Alonso Bazn, y don Pedro Menndez de Aviles, Adelantado de la Florida con residencia en La Habana como gobernador, quisieran remediarlas, y que, segn se afirma, sus trabajos ejercieron mayor influencia que otra ninguna en el progreso de las construcciones navales de Espaa durant e el siglo XVI. Alvaro Bazn, buen marino, como su hermano, invent en 1550 una modificacin del galen, a la qu e se llam galeaza, pero no tuvo xito para la gran navegacin de altura; en cambio, el propio Menndez de Aviles, empeado en el asunto, invent a su vez el galeoncete, de quilla ms larga y ms estrecha que el galen; innovacin que result muy provechosa; hasta el punto de que, a pesar de la oposicin de los armadores ms rutinarios de la Pennsula, el Rey, Felipe II, mand construir diez galeoncetes, del tipo cubano, en la baha de Vizcaya, afirmando que eran m uy buenos veleros, y que la prctica ha ba demostrado su adaptabilidad a la navegacin. Este don Pedro Menndez de Aviles, que demostr una vez ms lo mltiple de sus aptitudes al inventar un nuevo tipo de embarcacin, fue uno de los person ajes ms interesantes que pasaron por Cu ba durante el siglo XVI, tan fecundo en personajes que parecen arrancados a la ms fantstica de las novelas de aventuras. Asturiano, segn su nombre lo indica, naci en 1519, dcese que en el propio palacio de los antiguos reyes de Asturias; su fama de militar valiente llev al emperador Maximiliano a confiarle el corso contra los franceses; goz de la confianza del emperador Carlos V, y luego Felipe II lo hizo Capitn General de la Flota de Indias. Llamado por un tiempo a Europa, combati en las guerras de Flandes, distinguindose especialmente en la batalla de San Quintn. Entonces Felipe II lo nombr Adelantado de la Florida y Gobernador de Cuba, encargndole la conquista de las colonias francesas de la Carolina y la Florida; lleg a La Habana a mediados de 1565; y aunque, consagrado a sus empeos conquistadores, residi muy poco en Cuba, gobernndola casi siempre por medio da delegados, su mando fue fecundo hasta en innovaciones, como hemos visto. Cumplida la difcil misin que se le haba encomendado, Menndez de Aviles fue llamado a Espaa,

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donde Felipe II, en recono cimiento de sus mritos excepcionales, le nombr comandante en jefe de la que haba de ser famossima Armada Invencible: no poda pedirse mayor distincin; pero, a los nueve das de haber tomado posesin de su elevado cargo, enferm y muri rpidamente, en Sant ander, y en septiembre de 1574, dejando, adems de su fama, una serie de memorias referentes a sus trabajos y proezas y las regiones en que los haba realizado. Entretanto, en La Habana, al finalizar el siglo XVI, debido al gran impulso inicial que haba dado Menndez de Aviles, reinaba vivsima actividad en los astilleros, hasta el punto de que nuestro puerto era considerado, segn Haring, profesor de la Universidad de Harvard, como el primer centro de construcciones navales de las Antillas. Habase continuado la construccin de buques del tipo creado por el famoso Adelantado de la Florida, quien lo haba introducido tambin en Europa. En 1590, por ejemplo, se armaron en La Habana seis galeoncetes, y se establecieron fundiciones para fabricar artillera. En 1591, se construyeron otros seis; y otros buques se fabricaron en el vecino puerto de Cabaas, de donde sali La Magdalena, buque al que se confiri la distincin de servir de nao capitana a la Real Armada encargada de llevar a Espaa los caudales de la Corona, procedentes del puerto de Veracruz; tambin se construy all La Criolla, nao mercante de 700 toneladas, propiedad del gobernador Jernimo Valds, y Nuestra Seora de la Concepcin, que tambin fue fragata almirante de la flota de Nu eva Espaa o Real Armada a que acabamos de aludir. En aquella poca el principal fabricante de naos era Juan P rez de Oporto, quien pleiteaba con los ganaderos por la tala que realizaba en los bosques cercanos a La Habana. En 1606 decidi el Monarca at ender a la recomendacin reiteradamente expresada por Menndez de Aviles, ordenando la construccin de la llamada Armada de Barlovento para custodiar aquella flota y los otros buques que, cargados de plata y otras mercancas preciosas, iban de Amrica a Espaa, y as protegerlos de los ataques de corsarios y piratas. Para ello lleg a La Habana en 1608 don Juan Enriquez de Borja, encargado de construir diez galeones con maderas del pas; en 1610 ya tena fabricados cinco, que llev a Sevilla, y estaba de ellos tan orgulloso su constructor, que dijo al Rey: Tendremos en La Habana la mejor fbrica que se ha hecho jams; pero no fueron sus buques empleados para fines guerreros, sino de comercio. Habindose deteriorado un tanto por el uso, en 1616 se encargaron otros cuatro al capitn Alonso Ferrera, los que salieron para Espaa en 1620, considerndoseles, como a los de Borja, de los mejores que navegaban en la carrera de las Indias, pu es despus de haber servido en tres o cuatro viajes al Nuevo Mundo, se encontraban an en mejores cond iciones que los nuevos fabricados en Vizcaya. Mas, de un modo u otro, la famosa Armada de Barlov ento no avanzaba, los gobernadores Pereda y Venegas armaron pequeas escuadras, con el apoyo pecuniario de lo s comerciantes de La Habana, para defensa de los buques mercantes contra los piratas y corsarios; pero los gastos resultaban excesivos para lo que los comerciantes queran o podan pagar, y aquella actividad hubo de interrumpirse. La actividad de los holandeses en 1627 movi a la Corona a tratar una vez ms de la construccin, tantas veces abandonada, de la Armada de Barlovento, intentando construirla y mantenerla con impuestos cobrados en todas las colonias del Mar Caribe, adems de la Florida, que perteneca al Golfo; nueva protesta de los vecinos de La Habana, quienes alegaron que desde aos atrs se cobraba dicho impuesto, el que gastaban las autoridades de La Habana para hacer frente a muy variad os gastos. En 1529 la Corona abandon nuevamente la construccin de la Armada de Barlovento, porque las dificultades aparecan como punto menos que insuperables, a pesar de que se contaba con armadores y astilleros de tanta fama como eran los de La Habana. Y cuando menos se esperaba y menos de ella se hablaba, el 6 de juli o de 1541, el virrey de Mxico inform a la Corona que ¡ya exista la Armada de Barlovento!, compuesta de nueve navios. Pero entonces, lejos de destinarse al fin para que siempre se haba reclamado su construccin, la Flota de Guerra, que as se nombraba, pas, por orden del virrey y contra las indicaciones del Rey de Espaa, a la Pennsula, donde que d definitivamente. Como dice Miss Wright, la historiadora que tantas veces hemos citado: tan frecuentemente fue discutida, y or denada su organizacin, y tan sbita mente fue el proy ecto abandonado una y otra vez; tan pronto aparecieron escuadras sustituas (a rmadas por los Gobernadores), como se desvanecieron sin explicacin alguna, y finalmente tan inesperadamente apareci la Armada, navegando con rumbo a La Habana desde Mxico, slo para de saparecer inmediatamente del Mar Ca ribe, que el investigador viene a considerar a la Armada de Barlovento como una flota fantasma, —reunida a veces sin autorizacin, sostenida por contribuciones imaginarias y evaporada por un simple acto de desobediencia de un virrey a las rdenes superiores! Mientras tanto, en vista del xito de las naos fabricadas en La Habana, en 1629 se haba expedido una Real Cdula concediendo especiales privilegios a los que se dedicasen a esa construccin, y se haba nombrado superintendente de las fbricas de navios del puerto de San Cristbal de La Habana, isla de Cuba y las dems de Barlovento a don Francisco Daz Pimienta y Prez de Mendizbal, con el fin de que los buques construidos en La Habana no dejasen de ajustarse a las ordenanzas vigentes y fuesen fabricados con la perfeccin y bondad que se requeran.

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Los capitanes Alonso Ferrera, constructor de galeones, Juan Prez de Oporto, el principal constructor de buques mercantes, y Antonio Veloso, su yerno y auxiliar, unidos al marino cubano Daz Pimienta, haban previamente fundado en La Habana la primera soci edad armadora, con gran xito. Parece casi absolutamente seguro qu e los primitivos astilleros del gobern ador Pedro Menndez de Aviles se hallaban situados en la parte del litoral comprendida entre el Castillo de la Fuerza y el edificio de la Real Aduana, donde hoy se alza el Ministerio de las Fuerzas Armadas. En cuanto al astillero de los Pimienta, segn algunos historiadores, entre ellos Francisco Xavier de Santa Cruz, C onde de Jaruco, estaba entre la Cortina de Valds y otro lugar llamado el Boquete, al que se conoca por el Boquete de los Pimienta. La Cortina de Valds, primero fortificacin, parte de las Murallas, y luego pequeo paseo ad ems, se hallaba a continuacin de donde luego se edific la Maestranza de Artillera, algo ms all de donde actualmente existe la Jefatura de la Polica Nacional Revolucionaria. En cuanto a Daz Pimienta, despus de haber sido muy notable constructor de buques en La Habana, y principalmente de buques de guerra, tuvo toda una carrera mu y brillante: fue Almirante de las Flotas y Armada Real de la Guarda de las Indias, Mar Ocano y costas de Andaluca, Capitn General de la isla de Menorca y Virrey de Sicilia; en 1641 se posesion de las islas de Santa Catalina y Provi dencia, arrojando de ellas a los ingleses; despus de su muerte en 1652, por sus grandes mritos le fue otorgado a su viuda el marquesado de Villareal de Burriel; y varios parientes suyos ocuparon cargos de importancia en La Habana. De Antonio Veloso diremos que estaba casado con una hija de Bartolom Cepero, que haba sido gobernador interino de la Isla y que es figura prominente en las ms antiguas Actas Capitulares que se conservan del Cabildo habanero. Ya en el siglo XVIII, desde 1713 pas a la Corte de Madrid don Agustn de Arriola para gestionar que se acometieran con mayor, auge en La Habana las construcciones navales, que, por lo visto, haban disminudo al avanzar ms el siglo XVII. El rey .Felipe V orden entonces la construccin de un arsenal provisional, precisamente en el mismo lugar donde se haba situado el primitivo astillero de Menndez ce Avils; fue dirigido durante muchos anos por un afamado funcionario de la Marina, Jos Campillos y Ocio, que mucho despus lleg a ocupar en Espaa el ministerio de dicho ramo. Ordense por el entonces ministro de Marina, Patino, que se iniciaran construcciones navales de importancia; y as, en 1724 fue botado al agua el navio San Juan, de cincuenta caones —primero de una brillante serie que continuara sin interrupcin hasta el a o de 1796—, y, segn nos dice Pezuela, con gran aplauso y concurrencia de todo el vecindario. Nunca hubo grada ni dique para construccin en aquel sitio, desde el cual siempre se lanzaron al mar los cascos a impulsos de fuerza animal. El mismo Pezuela nos da la noticia de que, a pesar de los inconvenientes de aquella instalacin todava muy primitiva, el habilsimo constructor habanero Juan de Acos ta, a quien llama aventajadsimo discpulo en el arte de Vitrubio, produjo all hasta veintiocho buques de guerra. De stos se nos dice que todos tomaron parte en la famosa batalla de Trafalgar, uno de las ms importantes de la hist oria, y que precisamente aquel primer buque de esta etapa de construcciones navales habaneras, el San Juan, era la nave que llevaba, en el famoso encuentro, el valeroso almirante Churruca, jefe de las fuerzas espaolas. Trasladse el primitivo arsenal al sitio donde se halla actualmente la M achina, segn dice en su varias veces citada obra Don Jos Mara de la Torre; y ms adelante al lugar que habra de ocupar definitivamente, en terrenos de la estancia que en un principio perteneciera a Diego de Soto uno de los primeros pobladores de la Villa, y que se componan de ochenta solares, al poniente de la ciudad, en el extremo que mira al sur, a continuacin de la muralla, segn el historiador Valds. En 18 63 deca Pezuela de aquel lugar: Ocupa este grandioso establecimiento, uno de los mejores de toda la Amrica, un espacio cerrado de 500 varas de longitud y 400 de ancho, sobre la ribera de la baha, al sur de la ciudad, entre el baluarte de San Isidro e inmediatas cortinas del recinto y toda la mitad meridional de la calle de Farruco o de la Factora. La traslacin de los enseres del arsenal primitivo, y el establecimiento del nuevo, con el mayor de los xitos, fueron obra admirablemente realizada por el comisario ordenador de Marina, don Lorenzo de Montalvo Ruiz de Alarcn, espaol, luego Conde de Macuriges y tronco en Cuba de la familia Montalvo, que se distingui en diversos campos de actividad en la vida habanera. A l se debi prin cipalmente la gran importancia que adquiri desde entonces el arsenal de La Habana; las obras ms indispensables quedaron terminadas en 1747, bajo su direccin y los auspicios del teniente general don Andrs Reggio, y los talleres se es trenaron reparando, precisamente, las averas que sufri la escuadra del propio Reggio, en el sangri ento combate que sostuvo contra la ingl esa del almirante Knowles a la vista del puerto de La Habana, el 11 de octubre de ese ao. La inauguracin del arsenal de La Habana coincidi, muy favorablemente para ste y para la Ciudad, con la Real Orden que dispona se trasladase al puerto habanero el

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apostadero martimo de las fuerzas navales empleadas en M xico y la Amrica Central, situado hasta entonces en la baha de Sacrificios, cerca de Veracruz. Bajo la direccin de Montalvo, Reggio y el sucesor de ste, don Blas Barreda, dice Pezuela, en un espacio de catorce aos de paz descendieron all majestuosamente de las gradas a la baha ocho navios de guerra que se igualaron a los mejores de la armada, adems de fragatas, bergantines, paquebots y goletas. Y el ltimo Conde de San Juan de Jaruco, refiere que las embarcaciones construidas en el arsenal de La Habana ad quirieron fama mundial a tal extremo que el rey Carlos III eligi, para su transporte personal y el de su esposa un navio fabricado en aqul, por lo que se le confirm al arsenal habanero el sobrenombre de El Fnix de la Real Armada. Durante el sitio y toma de La Habana por los ingleses, don Lorenzo Montalvo se distingui por su celo en la defensa, hasta el extremo de que el heroico defensor de El Morro lo llamaba mi consuelo, por su valiossima cooperacin en reparar, da a da, los descalabros que en el Castillo haca la artillera enemiga, demostrando, adems, un valor personal sin lmites. Durante la ocupacin britnica, tambin fue admirable su conducta, procurando por todos los medios atenuar las severas medidas de los conquistadores, y, an ms, defendiendo a los que hostigaban a las tropas inglesas, hasta el punto de que varias veces se vio amenazado de destierro y confiscacin de sus bienes. Por otra parte, valerosamente haba censurado el hundimiento de los buques de guerra espaoles con el intento de cerrar el puerto, y otras medidas contraproducentes o ineficaces que haba tomado durante el sitio el gobernad or Juan de Prado. Al ser devuelta La Habana a Espaa, los ingleses haban efectuado en ormes destrozos en el arsenal, como para vengarse, a la vez, de la resistencia de La Habana y de la actitud de Montalvo, quien, ya nombrado Intendente de Marina, fue encargado de reparar los grandes aos inferidos, obra que continu Juan Antonio de la Colina, Comandante General del Apostadero, y asimismo el teniente general Juan Bonet. Pero la poca ms brillante del arsenal, en cuanto al nmero y magnitud de sus construcciones fue la correspondiente al teniente general don Juan de Araoz, quien, de 1787 a 1806, enriqueci a la armada con veintinueve buques de guerra, adems de introduci r innumerables mejoras en todas las instalaciones del arsenal y, entre otras muchas mejoras, establecer, como dice Pezuela, en el espacio del muelle de la capi'al que se ha reservado a la marina, esa gran mquina para albolar embarcaciones de todo porte, que se llama vulgarmente la Machina, la cual, en un sentido, supervivi, no solamente al Arsenal, sino hasta a la dominacin espaola en Cuba. Lleg Araoz hasta a establecer dentro del recinto del arsenal y apostadero un pequeo hospital destinado a los enfermos o heridos de las tripulaciones de los buques que all carenaban o se estaci onaban. El historiador habanero Antonio Valds dice, entre otras cosas, sobre este establecimiento: La sierra del agua tiene nombre fuera de la Isla, y es una mquina gobernada por medio de un eje, que tiene una gran rueda movida por un cauce de agua de la Zanja Real que entra en el Arsenal. Cuenta, asimismo, cmo despus del primitivo sistema de usar del auxilio de muchas yuntas de bueyes, lanchas al remo y vela y el impulso de gato de hierro, por lo que tardab a cada buque en nadar cinco o seis das, se pas al sistema de gradas, por las que aunque se arrojaba n al agua en un instante, se observ que se quebrantaban al caer en ella, y luego se instaur el sistema de diques, perfectamente satisfactorio. Tambin nos habla del entusiasmo popular que produca en La Habana la botadura de un nuevo buque: El concurso que se notaba el da que se echaba un navio al agua era siempre extraordinario. Es indecible el jbilo que al concurso ocasionaba este acto, al ve r desprendida aquella gran mole, que se lanzaba de la tierra al mar. La alegra de las gentes y gritos de la chusma conmovan el nimo ms insensible. Tambin nos dice que desde 1724 hasta 1813 se haban construido 49 navios, 22 fragatas, 7 paquebotes, 9 bergantines, 14 goletas, 4 cnguiles, y 4 pontone s, formando un total de 100 embarcaciones. Pero, para perjuicio del Arsenal habanero, y casi coincidiendo con la muerte de Araoz, se extendieron los grandes disturbios que conmovieron a la monarqua espaola, primero dentro de su propio territorio, con la invasin francesa, y enseguida con el comienzo de los movimientos independentist as de sus colonias americanas, y esto afect hondamente al Arsenal, ya que, entre otras cosas, se vio grandemente disminuido en su consignacin, con la completa cesasin de los situado; que se remesaban de Mxico. El Arsenal se dedic desde entonces casi exclusivamente a la reparacin o carenacin de buques, y solamente se botaron al agua los si guientes nuevas embarcaciones: un bergantn en 1844, una corbeta en 1845 y el vapor Coln en 1852. Por fin fue completamente abandonado en los ltimos tiempos de la dominacin espaola.

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Durante el gobierno del presidente Jos Miguel Gmez se r ealiz el canje de los terrenos ocupados por el Arsenal —que eran propiedad del Estado— por los que posean los Ferrocarriles Unidos en el centro de la Ciudad, donde se encontraba la antigua Estacin de Villanueva. Este canje fue violentamente combatido por la prensa, y la opinin pblica, encabezada por figuras tan de stacadas como Manuel Sanguily, Juan Gualberto Gmez y Enrique Collazo — que lo combatieron en el Congreso— lo repudi por cons iderar que era una transaccin lesiva para el Estado y seguramente provechosa para los gobernantes que as favor ecan a una compaa extranjera. Sea como fuese, aquel canje result, al cabo, favorable para La Habana. En lo s terrenos de la antigua Estacin de Villanueva, donde el presidente Gmez empez a construir un Palacio Presidencial, se elev ms tard e el Capitolio Nacional, no solamente un grandioso edificio, sino que mejor notablemente el aspecto de toda una zona importante de la urbe; y en los abandonados predios de lo que antao fu era el Arsenal, la Compaa de los Fe rrocarriles Unidos, entonces en pleno perodo de expansin, levant el magnfico edificio de su Estacin Terminal, con grandes talleres, muelles, depsitos de mercancas, etc: todo lo cual unido al extenso trnsito de pasajeros, constribuy al progreso de otra zona habanera. Ms tarde los Ferrocarriles Unidos se convirtieron en Fe rrocarriles Consolidados; al ser nacionalizadas varias empresas ferrocarrileras —entre ellas los Consolidados— por el actual Gobierno Revolucionario, en 13 de octubre de 1960, aquellos terrenos y construcciones han pasado a poder del Estado Cubano. Dos notas ligeras quedan por aadir respecto al viejo Arsenal que ya no es ms que una plida imagen muy en el fondo de la memoria de los viejos habaneros. Primera: que, a pesar de que los historiadores de La Haba na no mencionan el hecho, existieron, muy cerca del astillero oficial, en la misma ensenada llamada entonces del Padr e Cura, hoy de Atares, a fines del siglo XVII —e ignoramos

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hasta cundo despus— unos astilleros privados o de particulares, que aparecen, segn un bien documentado trabajo de Ramn Guirao, en un plano levantado por don Toms Lpez cartgrafo de los Dominios de Su Majestad. Segunda: que la industria de las construccin naval ha dejado, por lo visto, un recuerdo en nuestro folklore. Las claves, instrumento de percusin muy usado en nuestra msica popular, no son otra cosa que las clavijas, de madera dura, fijadas a golpes de mano por los carpinteros de ri bera para asegurar las ensambladuras, tablas y cuadernas de las naves, y que la poblacin negra de La Habana, que en mucha parte resida por entonces en El Manglar, barrio de extramuros, cerca de los astilleros, ide utilizar para acompaamiento de sus cantos y bailes; as resulta que, si el giro tiene un origen tpicamente campesino, la clave es genuinamente habanera. En cuanto a la Machin a, era, segn el mismo Pezuela una gran mquina para arbolar embarcaciones de todo porte; el historiador La Torre tambin afirma que fue colocada, el ao 1740, por don Lorenzo Montalvo en el lugar donde estaba el carenero, donde permaneci cuando el resto de lo all existente fue trasladado al lugar donde estuvo el verdadero Arsenal, ya que resultara casi imposible su traslado, a causa de la base que haba sido necesario prepararle en el primer lugar donde fue erigida; su rueda motriz fue destru ida por los ingleses en 1762, pero en 1789 don Francisco de Autrn, director de Ingenieros, con la colaboracin de Cristbal Colorado, primer contramaestre de escuadra, la dej completamente reparada. La parte ms notable de ella se co mpona de tres gruesos tubos o vstagos —por lo que el vulgo la llamaba el palo de la Machina— el uno completamente de metal, y los otros dos en ngulo con el primero, unindose los tres en el vrtice. En cuanto al nombre de la Machina no es sino la pretendida castellanizacin de la palabra mquina en ingls o en francs, que se pronuncia de modo muy semejante a machina, escribindose machine. Esta nueva machina tampoco tuvo much a suerte, pues el terrible huracn de 1846 la ech abajo, y en 1854 fue sustituida por una estructura completamente de acero; la anterior era de madera con zunchos de hierro. La Machina, que conocimos en nuestra niez, cay, al cabo, definitivamen te, al embate del progreso, y seguramente porque sus servicios no eran ya necesarios: en 1903, y para hacer pasar junto a los muelles las paralelas de los entonces novsimos tranvas elctricos —tambin ya desaparecidos, como ella, bajo la ley de la transformacin incesante—, fue demolida aquella ya casi reliquia que nos pareca como algo tan tpicamente habanero.

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51 ESTABLECIMIENTOS PENALES El primer edificio que se destin en La Habana a crcel pblica — segn Pezuela— estuvo situado en una casa de la Plaza de Armas, con frente a la calle de Obispo; en 16 22 fue destruida por un incendio, trasladndose entonces dicho establecimiento penal a otra casa mayor, en la calle de Me rcaderes, cerca de la de Lamp arilla, la que fue preciso, sin embargo, ampliar ms adelante, en tiempos del gobernador Di onisio Martnez de la Vega, habilitando al efecto una casa contigua. En 1792, al estrenarse la nueva Casa de Gobierno hoy Palacio Municipal, para residencia del Gobernador y sede de la Cmara Municipal, as como de las oficinas del gobierno central y del local, pasaron los presos a una parte de dicho edificio, que se haba preparado especialmente para crcel, y era la parte posterior de aqul, que da sobre la calle de Mercaderes. Desde largo tiempo antes, ya era costumbre que ocupasen el mismo edificio, o bien construcciones contiguas, los presos, el gobernador y los miembros del Cabildo, como hemos visto al referirnos a las sucesivas residencias de los encargados del gobierno de la Isla y de la Ciudad. Pero aquel local de la Casa de Gobierno se haba preparado para 400 presos, y con la Ciudad crecan tambin sus delincuentes, de modo que desde 1824 raras veces alberg menos de 600. La implacable persecucin que desde 1834 emprendi el capitn general don Miguel Tacn, no slo cont ra los conspiradores polticos, sino, a la vez, contra los criminales comunes, elev muy pronto ese nmero al de 700; y cuando en ese mi smo ao se declar el clera entre los presos, el Capitn General orden que fueran trasladados a las espaciosas bvedas de La Cabaa. Tacn, que como casi todos los dspotas, se preciaba de gran constructor, deci di entonces la creacin de una nueva crcel, expresamente construida para tal menester por el coronel de ingenieros don Manuel Pastor y que, por supuesto, habra de llevar el nombre del Capitn General. Oigamos a Pezuela sobre el asunto:

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Para dotar a la ciudad de un establecimiento que su prosperi dad y crecido vecindario de a os atrs estaban reclamando, hall para poner sin dilacin en planta otro, el hermoso y vast o edificio de la Crcel Nueva. No cupo ms acierto en el lugar elegido para levantarlo, fuera del recinto, en la explan ada descubierta entre la puerta de la Punta y el castillo de igual nombre, recibiendo la brisa por el E. y los aires de mar en toda su pureza, y el plano de la obra correspondi por su amplitud y elegancia a la localidad y a la poblacin a que estaba destinada. Describe as Pezuela el edificio: un vasto cuadrilongo de 80 varas de frente y 440 de fondo, capaz de contener 2,000 presos, divididos en departamentos distintos de sexos, clases y delitos. El ed ificio es de cerca de 20 va ras de altura, terminado por azoteas sobre las habitaciones, ventiladas de la parte in terior por el espacioso patio cuadrilongo y enverjado, donde a ciertas horas salen los presos a tomar el aire, y pueden ser vistos por sus interesados. La mitad del piso superior del edificio es la que enfrenta con la puerta de la Punta, y el recinto con comodidad para 1,200 hombres, se destin a cuartel para un batalln de infantera, que sirve tambin de custodia al establecimiento. El edificio estaba formado entonces por dos cuerpos dis tintos, y de ellos nos dice el historiador a quien ahora seguimos: El ms elevado y mayor de los dos cuerpos de que co nsta el edificio qued terminado a mediados de septiembre de 1836, en cuyos tres ltimos das fueron trasladados a su recinto ms de 700 presos. El segundo cuerpo, que no pudo terminarse hasta 1839, y se destin a cuartel del presidio, est contiguo al primero por el O. en toda su anchura. Es otro cuadrilong o tambin de dos pisos como aqul, pero una tercera parte menos elevados. Abre el centro de su fachada, mirando al Castillo de la Punt a, una puerta de buen gusto arqueada, entre dos columnas de sillares, teniendo adems otras cuatro sencillas y hasta 64 en su frente principal y sus costados. Contiene un espacioso patio embaldosado entre las galeras, y las viviendas acomodadas para 400 presidiarios y los alojamientos para un oficial y trei nta y cuatro plazas de tropa que custodian al presidio. Aquel gran patio central estaba dotado de bellsimas arcad as de influencia neoclsica y columnas toscanas, lo mismo que las de las fachadas. Era uno de los pocos edificios de carcter civil construidos durante la poca en que domin en Cuba el estilo neoclsico. Las lminas de la poca muestran a aquel segundo cuerpo como formado slo por un piso, a diferencia de lo que dice Pezuela en 1863. Cuando nosotros, como viejos habaneros que somos, conocimos este edificio su altura por la fachada que daba al Paseo del Prado, hoy Paseo Mart, era igual a la que presentaba por el entonces Parque de la Punta, donde ahor a se encuentra el Parque de los Mrtires ; y creemos posible que, algo antes, o despus, de 1863, el aumento de la poblacin penal obligara a una ampliacin del local, echando un nuevo piso por la parte que daba sobre el Paseo. Hasta el final de la poca colonial y los primeros aos re publicanos, siempre la parte de l edificio que daba sobre el Paseo estuvo dedicada a presidio, y la que caa sobre el antiguo Parque de La Punta era la destinada a crcel y vivac. Por un costado lindaba el amplsimo edificio con la calle que por l, se llamaba Crcel, y por el otro con una explanada que se extenda primero hasta el Castillo de la Punta, hasta que se levantaron delante de ste, por un costado, unos edificios de construccin sin belleza ni dignidad, llamados Barracones de Ingenier os, para alojamiento de los militares, frente a una de cuyas paredes se efectu el fusilamiento de los ocho estudiantes e Medicina el 27 de noviembre de 1871. Estos barracones fueron derribados durante el gobierno de ocupacin militar norteamericana. En el piso principal de la Crcel de Tacn celebraba sus reuniones y tena sus oficinas, la Real Audiencia Pretorial creada en 1834, y ms tarde, convertida ya en Audiencia Provincial de La Habana, permaneci all hasta el ao de 1938. En la Crcel de Tacn guardaron prisin durante los tiempos coloniales numerossimos detenidos, presos y sentenciados polticos; acusados, unos, falsamente, de actividades sediciosas, como los estudiantes a que nos hemos referido; perseguidos otros por la efectiva labor conspiradora y revolucionaria que llevaron a cabo desde mediados hasta finales del siglo XIX, con el propsito de lograr la separacin de la Isla del dominio espaol y su constitucin en Estado independiente, libre y soberano Entre esos patriotas all encarcelados figura en primer trmino Jos Mart, el Apstol de nuestras libertades, que guard prisin en una de las celdas de ese penal durante varios meses de los aos 1869 y 1870, mientras tena que realizar en la Cantera de San L zaro los terribles trabajos forzados que luego describi del modo ms vivido en su obra El presidio poltico en Cuba. Despus que se suprimieron las ejecuciones en pblico que se efectuaban dentro de es te edificio, donde luego de ser desalojado en 1926, se mostraba a los visitantes el ttrico recinto donde haba estado instalado el instrumento de muerte, el terrible garr ote, hasta que cay en desuso la pena de muerte desde la cada del dictador Gerardo Machado en 1933, para ser abolida por delitos comunes por la Constitucin de 1940. En 1930 cuando ya el amplsimo y vetusto edificio se hallaba vaco, salvo la parte ocupada por la Audiencia Provincial, se trasladaron all provisionalmente las oficinas del Ayuntamiento y de la Alcalda de La Habana, mientras se efectuaba la restauracin del Palacio Municipal dispuesta por el alcalde Miguel M. Gmez. Demolido en 1939 este viejo edificio, hoy existe en sus terrenos un parque llamado el Parque de los Mrtires, en recuerdo de cuantos all sufrieron, por sus ideales, muerte o pr isin; y se han conservado, como reliquias histricas, dos de las celdas bartolinas destinadas a los presos ms contum aces o a los que se deseaba castigar con mayor dureza, y la

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capilla donde pasaron las ltimas horas de su vida los hroes y mrtires de nuestra epopeya emancipadora general Narciso Lpez, Graciliano Montes de Oca, Eduardo Facciolo, Ramn Pint, Francisco Estrampes, Francisco Len, Agustn Medina y Domingo Goicura, ejecutados todos —menos el ltimo que lo fue en la loma del Prncipe— en garrote vil, frente a la crcel, en la explanad a de la Punta, de que hemos hecho mencin. Actualmente el Vivac y la Crcel se encuentran instala dos, desde 1926, en el Castillo del Prncipe; donde desde 1904 hasta el mismo 1926 funcion el Presidio; adems existe en la Isla de Pinos, construido durante el gobierno del tirano Gerardo Machado, un establecimiento penal dedicado a Presidio Nacional, con el nombre de Presidio Modelo, que tambin se hizo tristemente clebre durante las pocas de las tiranas del propio Machado y de Batista, por la reclusin y las torturas que all padecieron los luchadores por la libertad; all guard prisin el Jefe de la Revolucin, actual Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, comandante Fidel Castro, con su hermano Ral y otros connotados revolucionarios. Otros lugares destinados para reclusin de presos polticos, a lo largo de la historia de nuestro pas, fueron el Castillo del Prncipe, donde el primer recluso de esta clase fue, en 1796, Antonio Narino, precursor de la independencia de Colombia; en raras ocasiones, el Castillo del Morro; y, sobre todo, el Castillo de La Cabaa, en cuyo famoso Foso de los Laureles cayeron fusilados muchsimos patriotas cubanos. CASA DE RECOGIDAS DE SAN JUAN NEPOMUCENO. Si bien no tena este establecimiento carcter total o exclusivamente penitenciario, nos parece este el lugar oportuno para mencionarlo. A unque proyectada su creacin desde 1746, fue fundada, por el capitn general Marqus de la Torre y el obispo don Santiago Jos de Hechavarra, primeramente en 1773, en la esquina de Compostela y callejn de O'Farrill, y luego, el ao 1774, en el edificio que luego ocuparon las monjas ursulinas, al final de la calle de Sol, cerca de la Puerta de Tierra. Su principal objeto consista en separar a las mujeres incorregibles de la Ciudad de los presos de la crcel pblica, con quienes se hallaban en estr echa vecindad, con los escndalos consiguientes. Pero segn su reglamento, destinbase a albergar varias clases de mujeres: para doncellas pobres y expuestas a relajacin; para depositadas con destino a matrimonio y para divorciadas y para delincuentes escandalosas e incorregibles; no debindose permitir la admisin ni la salida de ninguna sin previa orden escrita de los tribunales. Desde un principio se establecieron departamentos completa mente separados para las diferentes clases de reclusas. En 1804, el edificio en que funcionaba la Casa de Recogidas, y que siempre haba resultado demasiado espacioso para sus fines, fue entregado a las monjas ursulinas para establ ecer all su convento; las reco gidas quedaron limitadas a una pequea parte de aqul, y al ao siguiente pasaron a otro. situado en la extremidad meridional de la poblacin amura llada con sus vistas principales a la corta calle llamada Nueva v Sola, es de un solo piso de mampostera comn, que se levant sobre solares de la huerta del antiguo convento de San Isidro. Ms adelante se le hicieron varias exte nsas ampliaciones. La Casa de Recogida s ha quedado en la historia de Cuba sobre todo, por un indigno acto arbitrario de las autoridades espaolas. En 1897 fue recluida en aquel lugar de tan mala nota una joven cubana —Evangelina Cosso Cisneros— complicada en la lucha independentista, por haber intervenido en el frustrado secuestro del coronel espaol Berriz, al mando de la Isla de Pinos, haba sido condenada ¡a veinte aos de presidio en el penal africano de Ceuta! y encerrada en la mal reputada prisin; es de suponerse que se la incluyera entre las doncellas expuestas a relajacin, pero ante el solo nombre de Casa de Recogidas, la opinin pblica se indign; en los Estados Unidos se form gran escndalo —vase la fecha: 1897; ya andaban all buscando todos los motivos posibles para justificar la intervencin en la lucha de los cubanos por su libertad—: con auxilio de su cnsul en La Habana, Mr. Lee, e intervencin directa de un periodista norteamericano, muy poco despus, la fuga espectacular de la joven patriota, que fue llevada a Nueva York y all se cas con un joven patriota cubano que haba sido uno de sus rescatadores, constituy un episodio muy sensacional en medio del gran drama de la contienda emancipadora. Despus del cese de la dominacin espaola, se cerr la Casa de Recogidas, crendose el Vivac, Crcel y Presidio de Mujeres, que durante muchos aos funcionaron en el vetusto edificio del antiguo Hospital de Guanabacoa, para pasar, aos ms tarde, al que haba sido Reformatorio de Va rones, en la poblacin de Guanajay. El edificio de la Casa de Recogidas fue demolido conjuntamente con el de la antigua Armera Nacional, al construirse en aquella manzana el nuevo Archivo Nacional.

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52 ESTABLECIMIENTOS SANITARI OS Y DE BENEFICENCIA Durante la poca colonial la isla de Cuba, y particularmente la ciudad de La Habana, fueron consideradas insalubres y mortferas por su clima, de manera especial para los extranjeros, basndose tales afirmaciones en el hecho, dolorosamente cierto, de la crecida mortandad que en nuestro pas se registraba a consecuencia de enfermedades, epidmicas unas y endmicas otras, que se ensaaban en la poblacin de la Isla, singularmente en la que no era nativa. Cierto que se ha conservado el recuerdo de algunas epidemias crueles que azotaron a La Habana en el siglo XVII, y que hallaron repercusin en las Actas Capitulares del Ayuntamiento capitalino. As vemos que en octubre de 1610 el gobernador Gaspar Ruz, peda que se hicieran rogativas y procesiones para que no continuaran las calenturas y enfermedades, lo que se acord y cumpli, a pesar de lo cual en noviembre del mismo ao, los regidores, atento a que las enfermedades que hay en esta ciudad va n en muy gran crecimiento, acordaron que dos personas del lugar vayan cada semana dos y vean el recaudo, comida y regalo que tienen los pobres en el hospital de esta ciudad. Pero la epidemia ms mortfera fue la que azot a la Ciudad en 1649 bajo el gobierno de Don Diego de Villaba y Toledo, y a causa de cuyos estragos, dicen las Actas han faltado en esta ciudad la mayor parte de los vecinos y pe rsonas que en ella residan por la enfermedad que ha habido. En efecto, consta que murieron los Teniente Generales —segunda autoridad de la Isla— Francisco de Molina, en septiembre y su sucesor Pedro Pedroso, en octubre; diez presbteros, un mdico y diez cirujanos, seis escribanos, muchos oficiales del ejrcito y personalidades de las ms distinguidas de la Ciudad. A causa de los numerosos fallecimientos fue preciso habilitar la iglesia del Espritu Santo como auxiliar de la Parroquial Mayor. Un predicador carmelita descri bi as estos das de horror: Lloraban los ms tiernos nios su orfandad, los ms r obustos jvenes su desamparo, y su viudez muchos que acababan de celebrar sus bodas. No ha y casa donde no haya duelo, y en mu chas no qued ni quien llorara. ¡Oh Seor! ¡Cuntas veces vi cadveres priv ados del infausto beneficio de la sepultura, y deseando mi corazn dar los hombros al helado peso, la necesidad de los que agoni zaban me limit a encomenda rlos a vuestra clemencia! No haba exageracin en estas palabras: en la distinguida familia de los Fez de Menaya murieron cuatro individuos en veinticuatro horas. Durante los dos meses que dur la epidemia, la mortalidad, que habitualmente era de unos seis mensuales —la Ciudad contaba aproximadamente 7,000 habitantes—, ascendi a 210 y 250. La enfermedad no duraba a veces ni tres das, y era llamada pestilencia o fiebre pt rida; no se sabe si fue una fuerte invasin de fiebre amarilla, pero parece probable que se tratara de la peste bubnica que en aquellos momentos azotaba a Andaluca. Pero la causa principal de aquella terrfica fama de que no podemos decir gozaba sino que sufra La Habana, era aquel azote tremendo, la fiebre amarilla, o vmito negro, que nos haba llegado, en forma masiva, de Veracruz en 1761, y aqu se hizo endmica provocando la muerte de un buen nmero de invasores ingleses en 1762, lo que mucho contribuy a que se extendiese aquella mala reputacin san itaria de nuestro pas. Los espaoles que llegaban de la Pennsula comenzaron a caer vctimas de la implacable enfe rmedad, y aunque no todos mo ran, ni mucho menos, todos saban, s, que esa era la tremenda prueba que les esperaba a su llegada; y acaso esa mal dicin, unida a otras enfermedades tropicales, entonces no estudiadas ni por lo tanto, atendidas, contribuy sin duda, poderosamente, al estado de atraso material y moral que Cuba sufri durante los cuatro siglos de dominacin espaola. En cuanto al terrible clera, se sabe que en 1833 lleg un barco procedente de los Estados Unidos que traa varios enfermos del espantoso mal, lo cual provoc en La Habana el contagio del clera morbo, que en aquellos momentos tambin asolaba a Europa. Al propagarse aqu, ocasion ms de once mil muertos, entre otros, siete de los infelices sepultureros; fue preciso improvisar cementerios en diferentes lugares de la Ciudad, pues habra sido de todo punto imposible enterrarlos a todos en el de Espada. Estas epidemia s se repitieron varias veces, siempre con los ms terribles resultados: en 1850 el clera ocasion 3,000 muertos; en 1852, 2,000; y con menor intensidad se repitieron las epidemias en 1867 y 1868; en este ltimo ao ocasion muchas vctimas entre los infelices locos recluidos en la Casa de Dementes de San Dionisio, donde tambin murieron mdicos y enfermeros. No obstante, eran estos ataques del clera un mal conocido tambin en muchos pases, y, adem s, pasajero. No inspiraba el permanente terror provocado por la fiebre amarilla. Y, sin embargo, no era el frtil suelo de Cuba el culpable, ni su clima, cuyo calor han templado siempre gratas brisas. Bast con que el esclarecido sabio cubano Carlos Finlay, con la eficiente prctica de un competente higienista norteamericano, William C. Gorgas, demostrase, con la ap licacin de su genial teora y la im-

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plantacin de las medidas sanitarias asignadas de ella, durante la ocupacin militar norteamericana, que sin variar el clima y s slo las condiciones sanitarias, Cuba poda transf ormarse en uno de los pases de ms perfecta salubridad del mundo, para que los gratuitos anatematizadores de nuestra tierra se convencieran de la falsedad e injusticia de sus asertos y juicios. Por supuesto que, si bien el sabio cubano hubo de luchar infructuosamente en La Habana, a lo largo de muchos aos, contra la rutina, la estrechez de miras y la obstinacin de las autoridades espaolas y de sus propios colegas y compatriotas, es sabido que solamente despus de haber agotado todos los dems medios posibles de evitar la tremenda mortandad que asolaba a sus soldados, fu e cuando la Comisin Militar de Enferm edades Infecciosas decidi hacer los experimentos necesarios para comprobar la teora de Finlay Lo que, tambin por supuesto, no fue bice para que una vez confirmada triunfalmente la verdad de aqulla, los norteamericanos pretendieran apropiarse de la gloria de ese gran descubrimiento, y proclamasen al Dr. Walter Reed, Presidente de aquella comisin, como su autor, siendo necesario que varios mdicos cubanos entre ellos preeminentemente el Dr. Francisco Domnguez Roldan, por justicia y por patriotismo, hayan librado una tesonera campaa para que an te el mundo entero resplandezca la figura de Carlos J. Finlay, como la del genial descubridor del agente trasmisor de la fiebre amarilla. Este hecho, que debemos a aquel sabio sencillo y modesto, consagrado por entero al empeo de salvar a su pas y a la humanidad de un tremendo azote, haba dado a La Habana alto rango cientfico, al realizarse en ella el descubrimiento, no slo del modo de transmisin de la fiebre amarilla, sino, en sentido ms general, del papel de los insectos en la transmisin de las enfermedades, que simultneamente se realizaba en frica por Robert Manson, —sin que cada investigador supiese de los trabajos del otro— con respecto a la malaria, y que abri la va pa ra combatir eficazmente muchas otras enfermedades. Era tal el abandono sanitario de La Habana durante la er a colonial que, segn da a cono cer el doctor Jorge Le-Roy y Cass en su trabajo Desenvolvimiento de la sanidad en Cuba durante los ltimos cincuenta aos (1871-1920), hacia 1871, o sea, ya muy mediado el siglo XIX, no haba propiamente ninguna ley sanitaria de carcter general que uniformase tan importante servicio. nicamente existan entonces las Juntas Superior, Provincial y Municipal de Sanidad, pero con el carcter de consultivas; los lazaretos slo tenan de tales el nombr e; las inspecciones mdicas a los navios llegados a este puerto quedaban reducidas a los buques procedentes del extranjero, pero no a los espaoles, no obstante estar comprobado que la Compaa Trasatlntica Espaola, que serva de correo oficial del Gobierno y era por ste largamente subvencionada, fue la mantenedora de las viruelas en el pas, importando en casi todos sus viajes nuevos casos; el Servicio de Higiene Especial, reglamentador de la prostitucin, ms serva de lucro y granjera a los gobiernos, que de verdadera profilaxis venrea; el de reclusin de dementes era un mito; el presidio departamental y la crcel de La Habana eran lugares infectos y contagiosos desde los puntos de vista fsico y moral; hasta 20 de agosto de 1871 no se crearon los mdicos municipales, y en el mes de octubre de ese mismo ao se fund la primera Casa de Socorro, abrindose en los meses sucesivos varias ms, hasta el nm ero de siete, que bien pronto quedaron reducidas a cuatro solamente: el Necrocomio se cre el 19 de marzo de 1880. Al primer establecimiento habanero de carcter sanitario que subsista en el siglo XIX, el Hospital de San Juan de Dios califica el doctor Le-Roy de inmenso depsito de enfermos, hacinados sobre el suelo de chinas pelonas, encerrados entre unas paredes .ennegrecidas por el polvo y la suciedad y cobijados bajo un techo formado de gruesas viguetas, donde se alojaban toda clase de miasmas, para usar el tecnin ismo de la poca, con hileras interminables de camas, aumentadas frecuentemente con la interposicin de lech os secundarios, ocupados por toda clase de enfermedades en horrible promiscuidad, por lo que no puede sino sorprendernos que saliese vivo de aquel antro que hubiese tenido la desgracia de ocupar all una cama. En 1886 es cuando se cons truye el primer hospital moderno y cientfico, el de Nuestra Seora de las Mercedes, y no por cierto debido a gestiones y sostenimiento oficiales, sino a la iniciativa, desvelos y buen manejo del mdico cubano doctor Emilio Nez de Villavicencio y a la generosa contribucin de meritsimos benefactores que con sus donaciones hicieron posible la vida de dicho hospital. No mejores que las de los dos nicos hospitales generales ya citados eran las condiciones sanitarias y cientficas de los dos primitivos hospitales militares, el de El Prncipe y el de San Ambrosio. De las estadsticas de defunciones durante los aos de paz entre las dos contiendas emancipadoras, o sea de 1888 a 1893, que ofrece el doctor Le-Roy aparece que el mnimo de muertes por cada mil ha bitantes al ao, fue de 43.75, y el mximo, de 87.50. En contraste con este abandono oficial sanitario, la in iciativa privada caloriz la fundacin de varias excelentes quintas o casas de salud, como la Sanitaria de Belot, la de Garcini o El Retiro, la Quinta del Rey, la de Santa Rosa, la de San Leopoldo, la de San Antonio, la de La Marina, la Nacional, la de San Rafael, la Integridad Nacional y otras.

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Uno de los pocos servicios sanitarios bien organizados durante la poca colonial fue el de la vacunacin antivariolosa; y eso, debido principalmente a la iniciativa y labores particulares de insignes mdicos cubanos a cuya cabeza figura el benemrito doctor Toms Romay. La inoculaci n antivariolosa se practic primeramente en Santiago de Cuba el 12 de enero de 1804 y en La Habana el 12 del siguiente mes por el doctor Romay. En 1866 el doctor Vicente Luis Ferret, a su costa, abri el primer centro de vacunacin animal, quedando en 1883 a la muerte de aqul, hecho cargo del establecimiento el doctor Diego Tamayo, a quien su cedieron en 1885, los doctores Albertini y Porto, hasta que en enero de 1892 se puso al frente del mismo el doctor Jo s Luis Ferrer, hijo del fundador. Otros diversos centros de vacunacin se crearon y sostuvieron, por iniciativa particular en esta capital, mereciendo ser citados los de los doctores Domingo Cabrera, Antonio Daz Albertini y Enrique Porto; as como el Laboratorio Histobacteriolgico e Instituto de Vacunacin Antirrbica, fundado y dirigido, desde 1887, por el doctor Juan Santos Fernndez. Los tres aos de guerra emancipadora agravaron, como era natural, las condiciones de insalubridad de la Isla y de La Habana, y Weyler, por una parte, con la salvaje reconcentracin de los campesinos en las poblaciones, y por otra, el bloqueo mantenido durante la Guerra Hispanoamericana por la escuadra de Norteamrica, hi cieron pasar a Cuba por la ms tremenda crisis de su historia. Baste decir, como expres in grfica de lo que fueron esos tres aos, ltimos de la soberana espaola, que solamente en La Habana murieron 11,762 personas en el primero; 18,135 en el segundo, y 21,252 en el tercero, o sea un total de 51,141 fallecimientos, todos ellos por enfermedades, miseria y hambre. De esas muertes, corresponden a fiebre amarilla : 1,282 en 1896; 858 en 1897 y 136 en 1898, alcanzando mayores coeficientes de mortandad las vctimas de las viruelas, el paludismo y la tuberculosis. Como dice el doctor Le-Roy, el primer da del ao 1899 seala en nuestra historia dos hechos de trascendental importancia: la terminacin de la soberana espaola en el continente americano y el comienzo de una nueva era durante la cual, al ser confirmadas y aplicadas (1901) las teoras de Finlay, que pusieron fin a los estragos de la fiebre amarilla, el nombre de Cuba reson glorioso por todos los mbitos del mundo. Y con la evacuacin de las tr opas espaolas, desapareci uno de los factores ms influyentes de la difusin de las enfermedades, pues con sus continuos movimientos y traslaciones llevaban de uno a otro lugar los grmenes de las enfermedades que contraan. Desde los primeros das del nuevo gobierno norteamericano de ocupacin militar inici ste los trabajos de organizacin sanitaria de la Isla y de La Habana obtenien do slo un xito muy limitado, ya que a pesar de las operaciones de saneamiento que se realizaban no se detena la epidemia de fiebre amarilla, sino que por el contrario se extenda, ocasionando numerossimas vctimas en tre las fuerzas norteamericanas de ocupacin. En 1900, la Comisin especial nombrada por el gobierno de los Estados Unidos para que estudiara en Cuba las enfermedades infecciosas y especialment e la fiebre amarilla decidi al fin, y como ltimo recurs o, tratar de la exactitud de la teora que el doctor Finlay vena manteniend o desde 1881, de que era el mosquito el agente trasmisor de la fiebre amarilla. El comandante Wiliam C. Gorgas, jefe del Departamento de Sanidad de La Habana, abandon entonces los caminos anteriormente seguidos, y emprendi la va marcada por Finlay, encaminando toda su campaa sanitaria a combatir y exterminar los mosquitos. Y los h echos demostraron de manera elocuentsima la verdad del portentoso descubrimiento del insigne cubano, pues en los cortos meses que mediaron desde que inici esa campaa a base de las doctrinas por l sustentadas —el 4 de febrero de 1901— hasta el 28 de septiembre de ese mismo ao en que se registr el ltimo caso autctono se logr, como dice Le-Roy, la comp leta irradiacin de la enfermedad que haba reinado de manera endmica en La Habana a par tir de su ltima importacin de Veracruz en 1761. Desaparecida completamente la fiebre amarilla en Cuba durante los aos de 1902 a 1904, en 1905 ocurri un nuevo brote, importado, segn parece, de New Orleans, donde a la sazn imperaba la epidemia. La Sanidad oficial, ya entonces en manos de los mdicos cubanos, atac rpida mente ese recrudecimiento de la fiebre amarilla entre nosotros, que ocasion aquel ao 22 defunciones, reducindolos a 12 en 1906 y 5 en 1907. Todava el ao 1908 ocurri en Cuba una muerte por fiebre amarilla; pero desde 1 909 a la fecha no se ha registrado un solo caso de esta enfermedad en nuestra Repblica. Ha sido tal la atencin prestada por los cubanos a la salubridad pblica del Estado y de La Habana, que tiene Cuba la gloria de ser la primera nacin que creara y organizara, como parte integrante y autnoma del Poder Ejecutivo, la Secretara o Ministerio de Sanidad, con el ttulo de Secretaria de Sanidad y Beneficencia, la cual comenz a funcionar desde el 28 de enero de 1909. La Constitucin de 1940 la denomin Ministerio de Salubridad y Asistencia Social, y actualmente, en el Gobierno Revolucionario se nombra Ministerio de Salud Pblica, ahora a cargo del comandante Jos R. Machado Ventura. Pero como el nombre no hace la cosa, muchas veces el Ministerio, en pocas que ya felizmente han quedado atrs, estuvo muy por debajo de su predeces ora la Secretara, que haba contado con la direccin eficacsima de higienistas excepcionalmen te competentes, enrgicos y honrados, como los Dres. Juan Guiteras, Enrique J. Barnet, Enrique Nez, J. A. Lpez del Valle y otros. La crisis de descomposicin moral y social que al fin dio al traste con la Repblica nacida el 20 de mayo de 1902 no poda menos de reflejarse, con caracteres acusadamente trgicos, en el campo de la higiene y la sanidad. A los

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campos no llegaban maestros para el progreso intelectual de los campesinos; pero ni siquiera llegaban mdicos para, al menos, salvarlos de las enfermedades y de la muerte. No entra dentro del marco de estos Apuntes el estudio de aquellos males enormes, de alcance nacional; pero para dar una idea de aquel espantoso estado de cosas diremos que en 1951 el Dr. A. Castellanos, mxima autoridad en pediatra en aquellos momentos, calculaba —y tomando como base a La Habana, el lugar siempre mejor atendido— que anualmente moran en Cuba ms de 500 nios por falta material de asistencia mdica, y afirmaba que solamente en el barrio habanero de Mantilla haba 20,000 nios que carecan de ella. Esto suceda bajo el gobierno representativo de Pro So carras. Pero, despus del cuarte lazo de Batista, en 1954, el Colegio Mdico Nacional proclamaba que haba un dficit de 50,000 camas para enfermos en toda la Repblica. Y en 1956 agregaba que el gasto diario por enfermo —el gast o sealado oficialmente, sin filtraciones— era, en La Habana, de $2.69, y en provincias descen da hasta $0.88 en Oriente, siendo as que l Colegio consideraba necesaria una dotacin mnima de $8.00 diarios por cama. Adems, se recalcaba que ni ngn hospital contab a con suficiente nmero de mdicos, a pesar de que anualmente se graduaban de 350 a 400. Es decir, que el porcentaje de los afortunados que alcanzaban cama no podan, por ello, contar ni con los recursos ni con la asistencia necesaria. Para qu decir ms? Ahora se est llevando a cabo una labor sanitaria excepcional, y no slo en La Habana y en las principales ciudades, sino sobre todo, llevando la asistencia mdica y profilctica a los ms remotos confines del pas. No hemos de entrar en detalles, puesto que ello se sale del marco del pr esente libro; pero es imposible dejar de mencionar el xito enorme que significa la vacunacin total de los nios cubanos contra la poliomielitis, y el hecho de que todos los jvenes mdicos, despus de graduarse, marchen a servir por dos aos a la salud del pueblo en los lugares ms apartados, all donde sus serv icios son ms necesarios. Completaremos esta ligera resea con la mencin de los establecimientos sanitarios y de beneficencia especialmente habaneros, aunque citando algunos de car cter nacional que estn enclavados en la ciudad. Durante la era colonial se fundaron los siguientes: HOSPITAL DE SAN JUAN DE DIOS, antes HOSPITAL DE SAN FELIPE Y SANTIAGO. Paradjicamente, el primer hospital habanero de que se tienen noticias precisas es aquel que en los documentos antiguos recibe el calificativo de Nuevo, por el hecho de que cuando se cre exis ta otro, pero tan insignificante que no ha dejado apenas otra constancia de s que sta y la referencia a su refundicin, poco ms tarde, en aqul. En 1556 gobernaba la Isla el Adelantado de la Florida Pedro Menndez de Aviles, por medio de su lugarteniente Diego de la Rivera y Cepero; como mantena un gran ejrc ito y andaba en numerosas aventuras blicas, necesit, para sus soldados heridos, y mand construir en la manzana que luego rodearan las calles de Aguiar, Habana, Empedrado y San Juan de Dios, un establecimiento al que se dio el nombre de Hospital de San Felipe y Santiago, por haberse inaugurado en el da de la festividad de estos santos. Tambin se le llamaba Hospital Felipe el Real. Terminada la conquista de la Florida, aquel otro pequeo hospital innominado se fundi en "este militar, que adquiri entonces carcter de hospital general. En 1603, el gobernador Pedro de Valds encarg del hospital a los religiosos de la orden hospitalaria de San Juan de Dios, y aquel pas a llamarse Hospital de San Juan de Dios, establecindose tambin en l un convento y noviciado de dichos frailes. A mediados del siglo XVII contaba con 100 camas y un movimiento de 700 a 800 enfermos. Rindi un gran servicio en el sitio y toma de La Habana por los ingleses en 1762. En 1793 se le nombr un administrador civil; el nombramiento recarg en Toms Mateo Cervantes, quien term in la iglesia e introdujo otras mejoras y ampliaciones notables. El templo daba sobre las calles de Aguiar y Empedrado, con su patio que por el lado de esta ltima llegaba hasta la de Habana; el hospital tena su puerta por Aguiar, con otra por San Juan de Dios para extraer los cadveres, y su patio que colindaba con el de la iglesia, llegando tambin hasta Habana y contena su pequeo cementerio propio; bajo la iglesia tambin haba nichos. En 1842, debido a la ley ge neral de secularizacin, los jua ninos fueron sustituidos por empleados civiles. En 1845 se trasladaron a San Juan de Dios los estudios de anatoma que estaban en San Ambrosio. Instalado desde 1842 un Hospital Militar en la antigua Fact ora, en 1857 el Hospital fue declarado establecimiento de beneficencia pblica. Pero ms adelante, ya ampliados otros de stos, el Hospital de San Juan de Dios no tena ya razn de ser y resultaba, por su situacin tan cntrica, un peligro para la salud pblica, por lo que fue demolido, con su iglesia, en 1870, construyndose en sus terrenos un parque que an lleva el nombre del Hospital. El Departamento de Anatoma de la Escuela de Medicina pas al edificio llamado de San Dionisio, que haba sido antes Casa de Locos, junto al Cementerio de Espada; y esta proximidad habra de dar el pretexto para la tragedia del 27 de noviembre de 1871. HOSPITAL DE SAN FRANCISCO DE PAULA. Fue fundado, con su iglesia, por un legado que en diciembr e de 1664 dej un eclesistico, el Pbro. Nicols Estvez Borges, Rector de la Parroquial Mayor de La Habana, para erigir una ermita y realizar otras obras piadosas. Estaba destinado a mujeres, se construy en la esquina de la ca lle de San Ignacio y la que despus se llamara de Paula

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precisamente por el hospital y la iglesia, y que entonces era nombrado. Estaba dedicado a mujeres. Edificado en 1668, fue desplomado el conjunto que formaban ermita y hospital en 1730, siendo totalmente reconstruido en 1735; entonces el hospital contena slo doce camas. En 1765 ya constaba de cinco salas; en 1771 el Dr. Rafael Castillo, capelln del Hospital, efectu en l diversas obras de ampliacin y aument hasta treinta el nmero de camas. Tambin, observando los males que produca el hecho de que se enviaran all mujeres criminales en clase de presas, por no tener otro lugar, en que recluirlas, gestion y obtuvo la creacin de la Casa de Recogidas. Este hospital tuvo la especial proteccin de la Sra. Teresa Sentmanat, esposa del Gobernador de la Isla, Conde de Santa Clara, quien, entre otras muchas mejoras, obtuvo el aumento de las camas, de algo ms de treinta y dos a setenta y ocho; en 1799 qued reconstruido definitivamente el hospital, pero el famoso obispo Espada, an le agreg otra sala que despus de muchas dificultades se estableci en firme en 1821. Haba, adems, una seccin llamada El Palenque para refugio de mujeres viejas de color. Como en un tiempo serva de asilo y de prisin, figura en la famosa novela Cecilia Valds, de Cirilo Villaverde, como el lugar donde se reuni Cecilia con su madre, de qui en haba estado separada casi desde su nacimiento. En este hospital funcion la primera Academia de Parteras, fundada por la Sociedad Econmica de Amigos del Pas y dirigida por el Dr. Domingo Rosainz. El obispo Espada caloriz esta obra, y tambin intervino en el nombramiento de dos grandes personalidades cientficas de la poca para actuar en el Hospital: como mdico el famoso Dr. Nicols Jos Gutirrez, fundador de la Academia de Ciencias Mdicas, Fsicas y Naturale s, y como cirujano, el eminente Dr. Fernando Gonzlez del Valle. En 1854 vini eron las Hermanas de la Caridad a asistir a las enfermas, y en ese mismo ao se agreg otra sala al Hospital. En 1880 se inaugur all la Clnica de Partos, a cuyo frente habra de actuar por largos aos el Dr. Jorge Le-Roy y Cassa, padre del Dr. Jorge Le-Roy y Glvez, autor del Bosquejo Histrico del Hospital de San Francisco de Paula, de donde hemos tomado muchos de estos dato s. En 1908 la compaa norteamericana Havana Central Railroad Co. con aprobacin de la Comisin de Ferrocarriles compr en ms de $200,000, por expropiacin forzosa, los terrenos que ocupaban la Iglesia y el Hospital de Paula para extender su s lneas y almacenes, lo que implicaba la demolicin de los mismos. Felizmente la intervencin de la Junta Nacional de Arqueologa salv de la destruccin la iglesia, un tanto mutilada. En 1910 se inaugur el nuevo Hospital de San Francisco de Paula, construido y dotado con el producto de aquella venta, y situado en el barrio de Arroyo Apolo; consta de veinte edificios o pabellones, y sus condiciones han superado, sin comparacin posible, al antiguo.

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HOSPITAL DE SAN AMBROSIO. El primitivo edificio de este establecimiento, situado en la calle de San Isidro entre Compostela y Curazao, estuvo primeramente dedicado a fines del siglo XVII a un colegio de nios pobres fundado por el obispo Diego Evelino de Compostela. En 1764 ya era hospital militar, recibiendo gran cantidad de enfermos del de San Juan de Dios; hay motivos para suponer que comenz a utilizarse para este fin desde dos aos antes durante el asedio de La Habana por los ingleses. Fue notablemente ampliado, y en 1793 se trasladan all tambin los enfermos del presidio y los de los negros esclavos del Rey. Desde 1795 hasta 1842 fue el nico hospital militar de la plaza, recibiendo grandes mejoras, a iniciativa del intendente Alejandro Ramrez, del eminente m dico cubano Dr. Toms Romay, y del famoso Conde de Villanueva, que en todos los ramos dej muestra de su inteligen te actividad; pero en 1835, bajo el gobierno del general Tacn, su estado era desastroso. Desde 1842 haba sido trasladado a la antigua casa de la Fact ora de Tabacos, en la que se haban hecho algunas reformas; este edificio se hallaba al Sur de la Ciudad, junto al antiguo muelle de Tallapiedra, con entrada principal por la salida de la puerta del Arsenal y la calle de Farruco, hoy Factora, en las mrgenes de la ensenada que recibe los desages del Cerro, Jess del Monte, barrio de Jess Mara y los del Canal de Chvez que conduce a la baha la sangre e inmundicias todas del matadero; terreno bajo y cenagoso y rodeado de manglares; ciertamente detestable emplazamiento. Se cambi su nombre por el de Hospital General Militar, y tena capacidad para mil camas; pero como destaca el higienista que acabamos de nombrar, aunque de extensin considerable (ocupaba dos manzanas enteras y constaba de dos pisos), sus condiciones higinicas no podan ser peores, a tal punto, que fue uno de los mayores focos de fiebre amarilla conocidos en La Habana, siendo hecho frecuente el ver que un militar o un marino que entraba para ser asistido de una afeccin venrea, a los pocos das tena que pasar a una cama de las salas de medicina, donde mora vctima del vmito negro. En 1896, el general Cesreo Fernndez Losada, ante los informes condenatorios emitidos por los mdicos del Hospital, donde la mortalidad llegaba casi al 60 por 1,000, dispuso su clausura, y la construccin de uno nuevo, en las alturas del Castillo del Prncipe, en form a de barracas aisladas, al que se llam Hospital Alfonso XIII, por el nio rey, sometido todava a la tutela de su madre la regente archiduquesa de Austria y reina de Espaa Mara Cristina de Hapsburgo. Este hospital fue el que bajo la ocupacin militar norteamericana fue completado, llamndosele Hospital Nmero Uno. Bajo la Repblica, ampliado en extraordinarias prop orciones y totalmente transformado, con carcter de Hospital General, es el que conocemos por Hospital Nacional Calixto Garca. Como hospital militar y hospital naval existen ahora dos vastsimos y bien dotados edificios modernos: el Hospital Militar levantado por el tirano Batista durante su presidencia constitucional (1940-1944), en la que era entonces Ciudad Militar hoy Ciudad Libertad, y el Hospital Naval, de fecha ms reciente, erigido entre El Morro y Cojmar, cerca de La Habana del Este. En cuanto al antiguo edificio de la Factora, muy remozado, fue sede de diferentes organismos oficiales de enseanza —Escuela Pblica Luz Caballe ro, Escuela Normal, Escuela Anexa a la Normal—, y ms adelante—, despus de 1922, se convirti en el Cuartel de San Ambrosio, donde bajo la Repblica han funcionado los talleres y otros diversos establecimientos del Ejrcito; en 1933 fue uno de los lugares en que se hicieron fuertes, el 8 de noviembre, los abecedarios y antiguos oficiales, y all muri en combate el comanda nte Ciro Leonard, del entonces ya extinguido Ejrcito Nacional que haba sido sustituido por el Ejrcito Constitucional de Fulgencio Batista. HOSPITAL SAN LZARO. Desde 1684 un vecino de La Habana, Pedro Alegre, que se dice tena un hijo atacado de lepra, al dejar el mundo para hacerse sacerdote leg sus bienes, consistentes en la estancia Los Pontones —donde hoy se encuentra la Calzada de la Infanta, o Avenida Menocal y cerca del puente Villa rn, lugar entonces lejano de la Ciudad—, donde haba edificado una ermita, varias casas y bohos, para fundar un asilo-hospital destinado a los enfermos de ese mal con la condicin de que una de las casas se reservara para su hijo; pero aunque se recogieron otros donativos a ese fin, la obra no se comenz hasta 1744, por el especial inters del capitn general Marqus de Casa Torres, en terrenos cedidos por un doctor de apellido Tenaza, frente a la antigua Caleta de Juan Guillen (hoy parte del Parque Maceo), donde dice Pezuela, la brisa martima aparta de la atmsfera de la Capital los miasmas de esa dolencia contagiosa. El Hospital daba sobre la calle actual de Marina hallndose prximo al Cementerio de Espada, y dio nombre a aquella caleta y a la calle que hasta ella conduca. ( No qued finalmente terminado y convertido en verdadero hospital hasta 1861, gracias a los desvelos del sacerdote Pedro Gmez Maran, porqu e en 1860, un incendio hab a destruido los pabellones construidos en el siglo XVIII. Estaba a cargo de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul. En 1890 se cre su Junta de Patronos, y en el siglo XX tuvo uno de sus mejores administradores en el general Manuel Alfonso. Pero ya el crecimiento de la poblacin, cu yas viviendas ya casi lo cercaban, hizo imperi osa su desaparicin: fue, por lo tanto,

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demolido en 1916, y devorados por el fuego sus escombros. Los enfermos fueron trasladados provisionalmente a los locales que se haban preparado para lazaretos en El Mariel al nuevo Hospital de San Lzaro en el vecino pueblo de Rincn, donde se encuentran infinitamente mejor alojados en un vastsimo terreno con numerosos pabellones, jardines, pequeas calles, casas para matrimonios, etc., y sobre to do buen tratamiento mdico. Uno de, sus buenos administradores fue el Dr. Benjamn Primelles. Es curioso el hecho de que, segn los datos existentes, aproximadamente en el lugar donde se hallaban los terrenos donados por Pedro Alegre, con la casa para su hijo enfermo, se levant muchsimo despus el Hospital Las Animas, para enfermedades infecciosas. CASA DE BELN PARA CONVALECIENTES En el lugar que hoy ocupa el vastsimo edificio donde funciona el Ministerio del Interior —antiguo Colegio de Beln e iglesia y convento de la Compaa de Jess (jesutas) — y que entonces se llamaba la huerta de San Diego, por una pequea ermita all erigida por el ilustre obispo don Diego Evelino de Compostela, levant a fines del siglo XVII uno mucho ms modesto dicho caritativo prelado para que sirviera de refugio a los convalecientes pobres que salan del hospital. Muri el Obispo sin ver logrado su propsito, pero los frailes belemitas que l hizo venir a La Habana con ese objeto lograron la edifi cacin de la vasta obra, gracias especial mente a la munificencia del alfrez de las milicias de La Habana, Juan Francisco Carballo, que era adems un comerciante muy rico. Como Convento de San Diego de Alcal o Convento de los Belemitas, no solamente sirvi, desde alrededor de 1720, para el fin especial a que lo destinaba Compostela —hospedaje y asistencia de co nvalecientes—, sino para otras obras benficas: diaria distribucin de alimentos a los elementos ms necesitados de la poblacin, y enseanza gratu ita a los nios pobres. En tiempos de guerra, los belemitas ayudaba n notablemente al cuidado y hospitalizaci n de los heridos militares; y segn Pezuela, Durante el sitio de la Habana, desde el 6 de junio hasta el 13 de agosto de 1762, ni un solo belemita abandon su puesto, y todos prodigaron su asistencia a los heridos de la guarnicin, pasando de 300 los que salieron curados de sus manos. En 1842, debido a los decretos de secularizacin, desapar ecieron, con el convento de belemitas, el Hospital de Convalecientes, que segn el mismo Pezuela, era cmodo, ventilado y espacioso, y la primera escuela gratuita de primeras letras, donde reciban enseanza hasta quinientos nios del pueblo. El edificio pas al Estado, el que lo dedic a fines militares salvo la iglesia, que permaneci abierta al culto. Y eh 1854, por uno de los virajes naturales en la poltica de la poca, el mismo Estado lo entreg a los jesutas, que a poco establecan all el que fue el Colegio de Beln, el ms exclusivo de La Habana, para los hijos de las ms ricas familias. CASA DE DEMENTES DE SAN DIONISIO Fundada en 1826-1827, por iniciativa del capitn genera l Francisco Dionisio Vives, con la colaboracin eficacsima del obispo Espada y Landa, e inaugurada en 1 829 en un edificio situado en tre el costado oriental del Cementerio de Espada y el Hospital de San Lzaro, de elegante fachada con antepr tico de mrmol y columnas corintias, y jardines, patios y claustros a donde daban las celdas y calabozos. Fue objeto de sucesivas ampliaciones, la ltima, en 1839, obra del gran ingeniero y arquitecto coronel Manuel Pastor. All se albergaban slo los dementes varones; las mujeres estaban confinadas en un departamento de la vecina Casa de Beneficencia. Desde 1848 se le consider insuficiente, y en 1861 fueron trasladados sus desdichados ocupantes, en nmero de 460 a la Casa de Dementes del Potrero Ferro, en terrenos adquiridos a ese fin, muy lejo s de la Ciudad, a poca distancia del primer depsito de los manantiales de Vento. Era, segn Pezuela un espacioso edificio de buen gusto con ocho salones y 28 celdas cada uno, para hombres, y otro igual para las mujeres. El establecimiento fue amplin-dose con la adicin de numerosos pabellones, hasta convertirse, sin mudar de sitio la institucin, en el Hospital General de Enajenados de la Isla de Cuba, aunque el pueblo siempre le llam Hospital de Mazorra, por el apellido del primitivo dueo del potrero. En 1892 un vocal de la Junta de Patronos del Hospital deca que los infelices encomendados a nuestro Patronato no pueden estar en peores condiciones de hacinamiento, falta de higiene, causas de infeccin y de muerte. Que en Mazorra no hay cocina, no hay sala de autopsias ni de operaciones, que no hay bao s, que no hay cloacas, que los excusados son psimos, que el lavadero est mal organizado. Que all la asistencia f acultativa es un mito: y entindase que lo s distinguidos facultativos (los Dres. Toms A. Recio, Jos A. Malberti y Gustavo Lpez) saben cules son sus deberes profesionales. En una palabra, que all no ha dominado ni domina criterio cientfico, y resumiera su juicio diciendo que las funciones del establ ecimiento eran ms bien las de una casa de reclusin que las de un hospital en donde se trataran la s enfermedades mentales y nerviosas. Durante la era republicana tambin hubo muchos perodos en Mazorra, por las psimas condiciones de abandono, suciedad y maltrato que sufra n sus infelices reclusos constitua un espectculo dantesco. Tal fue el antecesor

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inmediato del soberbio Hospital Psiquitrico Nacional, en construccin en aquellos mismos terrenos, por el Gobierno Revolucionario, y del que se dice, que bajo la competente direccin del Dr. Bernab Ordaz, es ya una de las mejores entre las instituciones de su gnero en Amrica. HOSPITAL REINA MERCEDES despus HOSPITAL NUESTRA SEORA DE LAS MERCEDES generalmente llamado HOSPITAL MERCEDES hoy HOSPITAL UNIVERSITARIO COMANDANTE MANUEL FAJARDO Segn anteriormente se dijo, fue inaugurado en 1886, esp ecialmente, gracias a los desvelos de un grande de la Medicina cubana, el Dr. Emiliano Nez, padre de otro eminente profesional e higienista, el Dr. Enrique Nez, que fue Secretario de Sanidad en los tiempos gloriosos de ese Depart amento; y tambin gracias a los legados de tres ricos de la poca, don Joaqun Gmez, la Sra. Josefa Santa Cruz de Oviedo y don Salvador Sama, Marqus de Marianao, y a la venta por el Ayuntamiento de los terrenos del viejo Hospital de San Juan de Dios. Estaba situado en la manzana del Vedado comprendida entre las calles de L, M, 21 y 23, y su edificio tena la forma y distribucin que eran las que se consideraban ms perfectas en su tiempo. El Dr. Jorge Le Roy y Cass, una autori dad en la materia, deca de l, en 1922: nada tiene que envidiar a las mejores del mundo. Claro que tambin hubo de sufrir las consecuencias de la desmoralizacin que imper durante un la rgo y desdichadsimo perodo de nuestra historia, pero siempre se mantuvo como uno de los mejores de Cuba. Adems, all ilustres mdicos cubanos iniciaron u organizaron la prctica de importantes especialidades: Francisco Domnguez Roldan introdujo la Radiologa, ngel A. Aball desarroll la Pediatra, Raimundo Menocal la lucha contra las enfermedades venreas, Nicols Puente Duany la lucha contra el cncer. Y han rendido excepcional labor cientfica y humanitaria profesionales tan notables como el Dr. Eugenio Torroella. En 1954, el Hospital Mercedes, que se encontraba ya en medio de una zona excesivamente poblada, frente al Teatro Warner hoy Radio centro y al rascacielo de la radioemisora CMQ, fue demolido, y sus terrenos que sesenta y siete aos antes haban costado $7,000, se vendieron en casi $300,000 a la Compaa Constructora Monterrey, S. A., que seguramente proyectaba levantar all una gigantesca casa de apartamentos, y que construy para el Hospital en el mismo Vedado, en la calle C, de la calle 29 a la Calzada de Zapata, un modernsimo edificio monobloc, de ocho pisos, con frente de 300 m., obra del arquitecto Vctor Morales. El Hospital haba recibido el nombre de Reina Mercedes en homenaje a la primera esposa del Rey de Espaa Alfonso XII; al cesar la dominacin espaola se le cambi por el de Nuestra Seora de las Mercedes. Al tomar el poder el Gobierno Revolucionario dio a dicho establecimiento el nombre de Hospital Universitario Comandante Manuel Fajardo, en memoria de un valeroso y meritsimo joven mdico, hroe del Ejrcito Rebelde, y cre, en los terrenos del antiguo ed ificio, que an permanecan vacos un parque destinado a atracciones y exposiciones del INIT o Institu to Nacional de la Industria Turstica. CASA CUNA; CASA DE MATERNIDAD, CASA DE BENEFICENCIA. HOGAR GRAMMA. Para aliviar la tristsima suerte de tantos infelices abandonados desde su infancia por padres inhumanos —segn deca en 1838 el abogado don Evaristo Zenea en su Historia de la Real Casa de Maternidad de esta Ciudad —, fund a su costa el ilustre obispo don Diego Evelino de Compostela, en 1687 o 1688, una Casa Cuna, establecindola en el lugar donde ms tarde, por iniciativa del mismo prelado, se fund el convento de Santa Teresa con su iglesia; la muerte del prelado en 1704 dej sin terminar y sin recursos aquel primer albergue de los expsitos. En 1705 el obispo Fray Gernimo Valds, para seguir la obra de Compostela, rest ableci la Casa Cuna, bajo la advocacin de Nuestra Seora Mara Santsima y de San Jos, situndola en un edificio constr uido a sus expensas en la esquina de las calles de Oficios y Muralla; adems, considerando la verge nza que en aquella sociedad comida de prejuicios, persegua a los infelices nacidos sin nombre, este prelado tuvo el gesto originalsimo y nobilsimo de dar para siempre su propio apellido a los desamparados nios que de l carecan. Pero la escasez de fondos —ya que el Gobierno en sus distintos ramos no contribua como era debido a ese fin be nfico—, la administracin ineficaz y otro s males, hicieron que la Casa Cuna, donde ya se albergaban doscientos nios, se convirtiera, seg n declara el propio Zenea, nada menos que en sepulcro de los espsitos. Gracias a un cuantiossimo legado de Doa Antonia Mara Menocal y a la sabia decisin del presbtero Mariano de Arango, se resolvi este espantoso problema; y en 1830 se fund, como sucesora de la Casa Cuna, la Casa de Maternidad, con dos departamentos, segn Zenea: el uno para refugio de aquellas parturientas que deseen cubrir su honor ofendido por alguna frag ilidad, y el otro, para la conservacin y edu cacin de los nios hasta la edad de seis aos. El Gobierno cedi para esta institucin el antiguo hos picio de San Isidro, a pesar de la oposicin de los frailes que ocupaban dicho local. Luego se cre en 1831 la Junta de Patronos de la Casa, y sta adquiri un mejor lugar, en el llamado entonces Paseo del Prado.

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Entretanto, y por iniciativa de varios habaneros distingui dos, especialmente el entonces Obispo de Nueva Orleans, don Luis de Pealver Hechevarra, hijo de La Habana, los marqueses de Crdenas y de Casa Pealver y la condesa de Jaruco, se haba creado, con el eficacsimo auxilio y la prot eccin del gobernador don Luis de las Casas, y con destino a amparo de nias hurfanas, la Casa de Beneficencia, bajo la advocacin de la Pursima Concepcin de la Virgen Mara, erigida en varios solares cercanos a la llamada Caleta de San Lzaro; que entonces se llamaba Jardn de Betancourt. El edificio se inaugur en diciembre de 1794, con treinta y cuatro nias. La construccin haba sido encargada por don Luis de la s Casas al comandante de ingenieros de la plaza Francisco Bambitelli, quien levant segn Pezuela un edificio cuya se ncillez no estaba exenta de elegancia y en los peridicos de la poca, el Papel Peridico de la Havana, El Regan de La Habana, ha quedado el eco del entusiasmo, un tanto sensiblero, que en aquellos nuestros lejanos antepasados desp ertaban los adelantos que se ib an apreciando en las nias asiladas. Con todo y esto, a poco la situacin econmica de la Casa de Beneficencia se iba haciendo cada vez ms difcil, hasta tocar en lo angustioso. Por una de las innmeras e inevitables contradicciones de la sociedad capitalista, result que uno de los principales ingresos de la Casa era un impuesto sobre el precio de venta de los negros bozales en el puerto, y al prohibirse el trfico oficial de esclavos ¡las nias hurfa nas resultaren perjudicadas!. Pero en 1824 la institucin fue salvada del desastre por el capitn general Francisco Dionisio Vi ves, en otras cosas de no gr ata memoria; ste ide otros arbitrios, entre ellos —y seguimos con las contradicciones— impuestos sobre los billetes de Lotera y sobre las peleas de una valla de gallos que se estableci en el foso del Castillo de la Fuerza. Pero tuvo una idea muy inspirada. Oigamos a Pezuela: Un incidente desgraciado ocurrido en los primeros das de su mando, como el incendio de las chozas y manglares de Jess Mara, se convirti, por la previsin de aquel general, en un verdadero beneficio pblico. Concertse con el superintendente conde de Villanueva pa ra que adquiriese la Casa aquellos ya yermos realengos a un censo redimible de 4.097 ps. fs. Terraplenada luego aquella multitud de solares con los brazos del presidio; atravesada con una nueva calzada, llamada de Vives, por su centro, tomando tal valor en breve tiempo, que traspasados nuevamente a censo, produjeron a la Casa un aumento de 39,658 ps. fs. de capital, que rindieron 1,983 de entrada anual perpetua. Adems, de entonces en lo adelante la Casa de Beneficen cia recibi muchos cuantiosos legados, como el del sacerdote Manuel Hechavarra y otras personas caritativas, de tal manera que en nuestra infancia y juventud, frente a las penurias que muchas veces sufran los asilados, recordamos que la voz popular repeta: ¡Y sin embargo esos nios de la Beneficencia son muy ricos!. El general Vives propici, adems, la construccin de la ca pilla de la Beneficencia, y de otro gran cuerpo anexo al edificio primitivo, y tan amp lio como l o ms, si bien no en perfecta alineacin de fachadas con lo cual afeaba el conjunto. El frente principal del triple edificio daba sobre la calzada de San Lzar o. Esta ampliacin se haca imperiosa, porque el mismo general Vives dispuso el establecimiento all de un asilo para nios varones, en nmero de 40, el ao 1827; y en 1828, de un departamento para muje res enajenadas, que no eran admitidas en la Casa de Dementes de San Dionisio que tambin el haba fundado. Adems en 1830 cre, como anexo a la Casa de Beneficencia, un Asilo de Mendigos en que se alberg a cuarenta y dos de estos, en un bello edificio propio que daba sobre la Calzada de Belascoan o Avenida Padre Vrela. El terreno era amplsimo, y los asilados gozaban de grandes patios para su recreo. En 1852 fue in corporada a la Casa de Beneficencia la Casa de Maternidad, albergndose en el mismo edificio, nuevamente aumentado, nombrndose el establecimiento, desde entonces Casa de Beneficencia y Maternidad, que funcionaba bajo una Junta de Patronos que haba sido creada en 1795 para dirigir y administrar la primitiva Casa de Beneficencia, y estaba compuesta por miembros de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas. El complejo establecimiento estaba a cargo de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, y tambin, luego, haba profesores laicos; en pocas recientes se enseaban oficios a los jvenes asilados, y a algunos de los ms capacitados se les ayudaba para proseguir estudios superiores. Recordamos un caso notable: en el siglo XX, un hijo de la Casa Cuna se hizo mdico, era el Dr. Juan Bautista Valds, y lleg a ser director de la propia Casa de Beneficencia y Maternidad. Cuando fue erigida la Casa de Beneficen cia, se hallaba, segn se ve en los grabados de la poca, en un lugar apartado y campestre; despus su amplsimo edificio se extenda, hacia el frente, por la Calzada de San Lzaro ante la Batera de la Reina que luego cedi su sitio al Parque Mace o y al costado, por la Calzada de Belascoan, hoy Avenida Padre Vrela, hasta la calle de Virtudes. Y hasta nuestros d as existi por Belascoan, el torno donde poda colocarse a un infante que, al toque de una campanilla, era recibido por una religiosa, sin que sta pudiese ver a quien all lo hubiese colocado; ese torno que ya nunca ser necesario, por que la sociedad ha llegado a un concepto ms alto: que la maternidad nunca puede ser una deshonra. Cuando, en las ltimas dcadas anteri ores a la Revolucin, la ola de co rrupcin lleg a tocar a casi todas las instituciones del pas, a pesar de aquella Junta de Patro nos que velaba, o deba velar por los intereses de aquel establecimiento benfico y a pesar de que ste contaba —o deba contar—entonces con cuantiosos bienes propios, la

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Casa de Beneficencia atraves pocas muy lamentables. Pued e arguirse que, como suceda con el Acueducto de Vento y el abasto de agua, los benefactores, antiguos y modernos, nos haban podido prever el desarrollo enorme de la Ciudad, y, con l, el incremento de sus nios necesitados; pero en aquellos tiempos, los gobiernos derrochaba n millones, de los que algo, y mucho, habra podido consagrarse al auxilio de una institucin semiparticular pero que trataba de suplir a la incuria oficial, intentando remediar males que el Estado no se preocupaba de suprimir ni remediar. Por fin, en las postrimeras de la dictadura de Fulgencio Batista, el edificio de la Casa de Beneficencia y Maternidad fue vendido al Gobierno para erigir en ese lugar, que ya hoy resulta cntrico, el edificio del Banco Nacional. Con el triunfo de la Revolucin se resolvi el problema de los nios y jvenes a quienes era preciso buscar nuevo asilo, y a la vez se renov totalmente la institucin que convertida en establecimiento modernsimo bajo las ms recientes normas psicolgicas y pedaggicas, se encuentra inst alada en Ceiba del Agua, en los terrenos y edificaciones del que fuera Instituto CvicoMilitar, lugar incomparablemente amplio, salubre y apropiado, y se nombra Hogar Gramma. Al fondo del vasto espacio que ocupaba la Beneficencia, se alza ya la imponente estructura destinada al Banco Nacional, y al frente se proyecta un hermossimo parque, ampliacin del de Maceo. Aparecen a continuacin los principales establecimientos sanitarios y de beneficencia que en la era republicana podemos considerar como especficamente habaneros por haber sido creados y mantenidos por el Municipio de La Habana: HOSPITAL MUNICIPAL FREYRE DE ANDRADE, hoy INSTI1UTO DE CIRUGA Y ANESTESIOLOGA En sustitucin del primitivo Hospital Municipal de los tiempos coloniales, y del pequeo Hospital de Emergencias que durante los primeros aos de la Repblica exista en la esquina de las calles de Salud y Puerta Cerrada, se cre el Hospital Municipal Freyre de Andrade hoy Instituto de Ciruga y Anestesiologa, bajo la administracin del alcalde general Fernando Freyre de Andrade, terminndose en 1920 bajo la del alcalde Dr. Manuel Varona Surez. Situado sobre la Avenida de Carlos III, ocupa toda una manzana, limitada por la Avenida y por las calles de Hospital, Jess Peregrino y Espada, cerrando por dos lugares la calle de Pocito. Fue el primer gran hospital de tipo monumental y moderno que se levant en La Habana; los primeros planos proyectados eran originales del arquitecto municipal Rodolfo Maruri, pero fueron ampliamente modificados en el exterior y en el interior por el distinguidsimo profesional Evelio Govantes. El Hospital ocupa 9,000 m2; consta de dos plantas, a ms de otra ms pequea destinada exclusivamente a ciruga, el estilo de su construccin es sencillo y hermoso, sus proporciones majestuosas, en su fachada principal luce un prtico monumental con ocho columnas de estilo drico, al que se asciende por una bella escalinata de granito. Se ampli el Hospital Freyre de Andrade, pero sin alterar en nada su estilo, el ao 1948, bajo la direccin del arquitecto Manuel Febles. En este hospital, durante la lucha antimachadista, muri el 30 de septiembre, el mrtir Rafael Trejo, que fue luego bandera de la militancia estudiantil contra el Tirano, y el alcalde Miguel Mariano Gmez dio refugio all durante un mes despus de curadas sus heridas, a su compaero entonces amenazado de muerte, el que de spus habra de ser gran militante antimperialista, Pablo de la Torriente Brau. El alcalde Gmez, repiti ese gesto a lo largo de aquella poca con varios grupos de estudiantes que combatan a la Tirana. Ap esar de que llevaba oficialmente el nombre de su fundador —quien haba pensado darle el del hroe y mrtir de nuestra epopeya emancipadora, el joven general del Ejrcito Libertador Juan Bruno Zayas—, cuyo busto en mrmol aparec a al frente del soberbio edificio, el pueblo no lo llam nunca sino Hospital de Emergencias, porque su funcin principal era la at encin a los accidentes o enfermedades sbitas que pudiesen sufrir los vecinos de la Ciudad; en cuan to a su fundador, cuyo nombre lleva, se asegura que fue buen alcalde, por probo y enrgico; pero, como Secretario de Gobernacin, su actuacin hab a sido funesta en 1905, al forzar la reeleccin del presidente Estrada Palma, provocando as la guerrita de agosto o rebelin de 1906, y con ella la segunda intervenci n norteamericana. El Gobierno Revolucionario ha dado al Freyre de Andrade el carcter y el nombre de Instituto de Ciruga y Anestesiologa, pero contina atendiendo a todos los casos importantes de emergencia que no puedan resolver las Casas de Socorro, hoy Policlnicos. HOSPITAL DE MATERNIDAD AMRICA ARIAS Este hospital est situado en el vedado, y ocupa la man zana comprendida entr e la Avenida de los Presidentes y las calles H, 9 y 11. Fue construido en 1931, bajo la administracin del alcalde Miguel Mariano Gmez, probablemente, con Julio de Crdenas, uno de los mejores alcaldes, uno de lo s dos mejores, que ha tenido nu estra ciudad durante la era republicana. La Cmara Municipal pretenda dar a ese hospital el nombre de Elvira Machado, esposa del tirano Gerardo Machado, pero al fin llev el de la di funta madre del alcalde, Amrica Arias, qu e haba sido la esposa del presidente Jos Miguel Gmez y haba dejado muy bu en recuerdo entre el pueblo por sus sentimientos caritativos. Los autores del

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edificio, que es de estilo moderno, pero a base de romnico, son los arquitectos Evelio Govantes y Flix Cabarrocas, y fue ligeramente ampliado en 1957, conservndosele su mismo estilo. Este hospital desde su fundacin fue considerado como un modelo en su gnero, y adems de significar un enorme beneficio para las madres pobres de La Habana, durante mucho tiempo prest servicios a otras poblaciones. El servicio siempre fue de los mejores que se ofrecan en centros hospitalarios cubanos, y ha sido notablemente extendido por el Gobierno Revolucionario. HOSPITAL MUNICIPAL DE INFANCIA hoy HOSPITAL MUNICIPAL INFANTIL PEDRO BORRAS Creado en 1931 por el alcalde Miguel Mariano Gmez y s ituado en la manzana formad a por la Avenida de los Presidentes, y las calles F y 27 en el Vedado. Es obra de los arquitectos Govantes y Cabarrocas. Funcionaba con un promedio de 1000 casos diarios en la consulta externa y de 290 nios hospitalizados. Este hospital y el descrito anteriormente fueron los dos primeros buenos hospitales de tipo m oderno que se construyeron en Cuba, por lo cual es digno de recordacin y gratitud su creador el Dr. Miguel Mariano Gmez. Tambin bajo sus dos perodos administrativos funcion de manera admirable el Hospital Municipal Freyre de Andrade. La Revolucin ha ampliado notablemente este edificio, agregndole todo un piso, para poder aumentar los promedios citados, y ha dado a este hermoso hospital el nombre del mrtir revolucionario Pedro Borras. HOSPITAL MUNICIPAL CLNICO QUIRRGICO Situado en la interseccin de la Avenida de Rancho Boye ros y la Avenida 26 que viene del Vedado en terrenos de la antigua finca La Cinaga, fue construido en 1957, y llevaba adjunto el nombre de Mercedes del Puerto, la difunta madre del alcalde batistiano Justo Luis del Pozo, que lo cons truy; es un gran edificio de estilo ultramoderno, con varios cuerpos casi totalmente separados, y siete pisos en el ms alto de ellos, y capacidad para 250 camas, se deca que su costo haba sido de tres millones de pesos, y, aparte del servicio gratuito, admita pensionistas, lo que nunca haba sucedido en ninguna institucin municipal. El Gobierno Revolucionario ha otorgado a este hospital, con toda justicia, el nombre de Hospital Clnico Quirrgico Joaqun Albarrn, en memoria del gran mdico cubano que dio gloria a nuestra patria en los crculos cientficos ms adelantados del mundo. Adems mantena el Municipio de La Habana el Instituto Municipal J. Albarrn, para enfermedades de la piel, sfilis y venreas, fundado en 1928 por el alcalde Migue l Mariano Gmez, en la casa de Campanario No. 227; Dispensario Municipal de Vas Respiratorias, situado en la nueva Calzada de Puentes Grandes, a una cuadra de la Avenida 26, creado en 1955, en sustitucin del antiguo que ex ista en la Calzada de Jess del Monte, edificio de una planta; el Dispensario de Higiene Infantil Municipal, situado en la esquina de las calles 18 y 15, en el Vedado, inaugurado en 1956, con dos plantas, dedica do especialmente a Medicina Preventiva; el Dispensario de Higiene Mental y Psiquiatra, inaugurado en 1958; el Balneario Infantil Municipal, en la calle Primera entre 10 y 12, en el Vedado; Casas de Socorros, en nmero de doce, que existan antes de la Revolu cin, —de las cuales slo tres procedan de la poca colonial— correspondientes al Primer Distrito, Segundo Distrito (ambos dentro de La Habana propiamente dicha), Cerro, Arroyo Naranjo, Vedado, Luyan, Mantilla, Los Pinos, Casa Blanca, Lawton y Muelle de Luz. La Revolucin ha aumentado su nmero, y, adems, las ha convertido en Policlnicos, que darn un servicio mucho ms completo; Hogares Infantiles o Creches para cuidado diurno de los nios de madres trabajadoras, en nmero de ocho, lo que casi resulta risible frente a la actual multiplicacin de los Crculos Infantiles. El Municipio mantuvo durante muchos aos el Asilo Nocturno Julio de Crdenas, fundado por el Alcalde de este nombre, para refugio provisional parte del edificio del que haba sido Mercado de la Pursima. Existen en La Habana actualmente numerosos hospitales y establecimientos de asistencia pblica, pero cuya historia y descripcin ms o menos detallada no corresponde a este lib ro, dado su carcter nacional, por lo cual mencionaremos, simplemente, los ms importantes: HOSPITAL NACIONAL GENERAL CALIXTO GARCA Adyacente a la Universidad, y cuyos grandes edificios y numerosos pabellones comenzaron a sustituir desde 1914, gracias al ilustre Dr. Emilio Nez, entonces Secretario de Sanidad, a los barracones del Hospital Nmero Uno, sucesor a su vez del Hospital Militar Alfonso XIII, este hospital ocupa unos terrenos vastsimos, pues su frente, con un gran edificio monumental, da sobre la Avenida de la Universidad, continuacin de la calle 27 de Noviembre, antigua Jovellar, a la altura de la calle J, del Vedado, y sus ltimo s pabellones llegan a la calle G o Avenida de los Presidentes, y en la otra direccin llega hasta la calle 25, de una part e, y de la otra casi hasta la Avenida de Zapata. Desde su fundacin, casi constantemente se le han estado agregando nue vos pabellones; pero, a pesar de ello, cada da resultaba ms insuficiente como hospital nacion al, y el haber puesto el Gobierno Revolucionario en funcionamiento el

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verdadero Hospital Nacional, vastsimo edificio, situado en la carretera de Aldab, cerca de la Avenida de Rancho Boyeros con seis pisos y capacidad para 600 camas, y t odos los mayores adelantos cientficos, permitir al Hospital Calixto Garca cumplir mejor la funcin de hospital universitario adscripto a la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, que siempre le ha correspondido. Cerca del Hospital Nacional el Gobierno Revolucionario ha levantado y puesto en servicio una gran Escuela de Enfermeras. HOSPITAL LAS NIMAS Habilitado desde la poca de la ocupacin militar norteamericana en los antiguos pabellones del Cuerpo de Ingenieros del Ejrcito espaol, por indi cacin del Dr. Carlos J. Finlay, para la lucha contra la fiebre amarilla; aunque los experimentos definitivos se realizaron en Marianao, en el que despus se llam Campamento Lazear, en Columbia, fue en el Hospital Las Animas, donde se efectuaron los primeros e importantsimos trabajos, y donde enfermaron y murieron aquellos dos mrtires de la ciencia y del amor a la humanidad: el mdico del Ejrcito de los Estados Unidos, W. Lazear, y la enfermera norteamericana Clara Mass. El Hospital Las Animas ocupa unos vastsimos terrenos desde la Avenida Menocal o Calzada de la Infanta hasta la Avenida de Ayestarn y desde la antigua lnea del Ferrocarril de Marianao hasta la calle de Desage. Bajo la Repblica, extinguida la fiebre amarilla, se utiliza como hospital de aislamiento para todos los atacados por graves enfermedades infecciosas y contagiosas. En sus terrenos se han erigido el Instituto Finlay, sobre la Calzada de Infanta para estudio de la s enfermedades tropical es e infecciosas, y el Instituto Antirrbico. SANATORIO LA ESPERANZA Fundado en los primeros tiempos republicanos, en 1907, ms all de La Vbora, en los terrenos de la finca Asuncin en Arroyo Naranjo, y renovado despus, por el Consejo Nacional de Tuberculosis en 1936, construyndosele, aparte de las casetas, que fueron reconstruidas, un gran edificio monobloc, con capacidad para 500 camas que lleva el nombre de Unidad Antituberculosa Julio Trigo. Poco antes se haba levantado dentro de los terrenos del Sanatorio lo que es hoy Unidad Antituberculosa Dr. Joaqun G. Lebredo, con cuatro pisos, que conserva la memoria de un mdico cubano que fue meritsimo director del Sanatorio La Esperanza. HOSPITAL INFANTIL DE LA HABANA, DR. NGEL A. ABALLI Erigido en 1944, y cuyo edificio obra del arquitecto Luis Dauval, obtuvo el Premio Anual medalla de Oro del Colegio Provincial de Arquitectos de La Habana y se halla en la carretera de Arroyo Naranjo. HOSPITAL DE LA POLICA NACIONAL. Creado en 1937, y situado en la calle de Oquendo Nm. 702. HOSPITAL MILITAR DR. CARLOS J. FINLAY y HOSPITAL NAVAL. Ya citados. HOSPITAL DE CIRUGA ORTOPDICA. Gran edificio moderno y muy bien equipa do, situado en la manzana adyacente al Hospital Municipal Infantil, en la Avenida de los Presidentes y calle 29. Estos dos hospitales se hallan casi contiguos al Hospital General Calixto Garca, separados solamente de los ltimos pabellones de es te, por la Avenida de los Presidentes. En el Hospital de Ciruga Ortopdica ha venido funcionando desde hace aos un Servicio de Cardiologa donde se han realizado las ms difciles operaciones quirrgicas del corazn. Este hospital se nombra actualmente Hospital Universitario de Ciruga Ortopdica Fructuoso Rodrguez, en memoria del joven luchador revolucionari o, Presidente de la Federacin Estudiantil Universitaria, asesinado por la tirana batistiana en la casa de Humboldt Nm. 7, el 20 de abril de 1957. HOSPITAL DE MATERNIDAD OBRERA DE LA HABANA. Construido en el entonces vecino trmino de Marianao en la Avenida de Columbia, hoy Avenida 31, y calle 84, antes Avenida General Montalvo, cerca del Tribunal Supremo de Guerra en 1941; muy hermoso edificio moderno con capacidad para 150 camas, construido por el arquitecto Emilio de Soto, y creado para dar cumplimiento a una de las leyes obreras promulgadas como consecuencia del movimiento revolucionario de 1933.

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CENTRO ORTOPDICO FRANK PAS. Levantado en la Calzada de Marianao, hoy Avenida 51 y calle 196, en 1949, y obra del arquitecto Horacio Navarrete; llev anteriormente el nombre de Centro de Rehabilitacin de Inv lidos Franklin De lano Roosevelt, Su nombre actual glorifica al gran hroe de la lucha revolucionaria en Santiago de Cuba. Y algunos otros ms, entre ellos estos tres en cuyos nombres se rinde homenaj e a tres mrtires de la Revolucin como Ramn Pando Ferrer, en la Avenida 31, antigua Calzada de Co lumbia, y calle 76, en Marianao antes Instituto de Oftalmologa de la Liga contra la Ceguera; el Hospital Infantil William Soler, en la Avenida San Francisco, reparto Altahabana, creado por el Gobierno Revolucionario; y el Hospital Ortopdico Frank Pas, en la Avenida 57, antes Calzada Real de Marianao, y calle 196, antiguo hospital de la ONRI, una organizacin cread a por la esposa del dictador Batista para tratar de ocultar bajo un velo de falsa caridad los crmenes y las depredaciones de aquel odioso rgimen. Todos los establecimientos anteriormente mencionados tienen carcter oficial. Pero existe tambin otro de gran importancia, debido a la iniciativa particular, que desde su f undacin prest inapr eciables servicios a todos los sectores de la poblacin, especialmente a los ms necesitados. El Hospital Curie soberbio edificio erigido en el Vedado, calle 29, desde la calle E hasta la F por el eminente arquitecto Leonardo Morales, en el ao 1947, con un costo de medio milln de pesos y capacidad para 250 camas, para la Liga Contra el Cncer, institucin fundada por miembros de la familia del Dr. Viriato Falla Rodrguez, inteligente abogado que dej muy amargo recuerdo en nuestra historia po r su estrecha vinculacin a la tirana machadista. Pero la obra fue buena: la Sra. Mara Bonet Vda. de Falla, que haba visto morir de cncer a su esposo, cercano pariente del Dr. Viriato, decidi consagrar casi toda su fortuna a la lucha contra esa terrible enfermedad, logr la cooperacin de sus familiares, y stos la de sus ricas amistades; muchos otros elementos ms modestos colaboraron a la obra, y adems la Liga contra el Cncer realizaba todos los aos una cues tacin callejera a la que el pueblo en todos sus niveles y comprobando que el dinero se inverta en forma utilsima, contribua con cientos de miles de pesos. La Liga iba creando sucursales en la Isla, y los enfermos eran atendidos segn todo los adelantos de la ciencia, continuando y ampliando la labor emprendida en el Hospital Mercedes por el Dr. Nicols Puente Duany. No poda hacerse nada mejor dentro de una sociedad capitalista, y en tiempos, casi siempre, de incuria, latrocinio e irresponsabilidad oficial. Tambin se debieron a la iniciativa particular y tenan carcter privado dos tipos de instituciones muy caractersticas, dentro del campo de la asistencia mdica y hospitalaria. El primero es el de las llamadas quintas, fundadas por los centros regionales espaoles a que nos hemos referido en el captulo de Edificios civiles y domsticos de la era republicana. De estas quintas, la mayor y ms importante era la Quinta Covadonga fundada en 1897 por el Centro Asturiano, que a dquiri a ese efecto la hermossima propiedad de doa Leonor Herrera, sobre la Calzada del Cerro, de vasts ima extensin, y donde, adems del gran edificio central fueron levantndose al correr de los aos numerosos pabellones que llevaban los nombres de gallegos ilustres; obtuvo la Quinta Covadonga los servicios de mdi cos de primera categora y daba excelen te asistencia a sus socios. Lo mismo puede decirse de la Quinta La Pursima Concepcin, del Centro de Dependientes, situada en otra propiedad extenssima, con frente sobre la Avenida Diez de Octubre, y que por el fondo casi linda con la Covadonga, situada en el Cerro; y de la Quinta La Benfica, del Centro Gallego, en Luyan, cerca de la Va Blanca sobre un terreno menos extenso, pero igualmente bien atendida; y algunas otras ms, de menor importancia. Los servicios mdicos y hospitalarios para los socios de los respectivos centros eran completamente gratuitos, incluidos en la cuota de stos. Poco a poco tambin fueron crendose instituciones anlogas para las mujeres familiares de los socios, como Hijas de Galicia, Damas de la Covadonga, etc. Las discrepancias surgidas entre algunos mdicos distinguidos y las directivas de los centros espaoles fueron una de las causas que dieron origen a la creacin de otro tip o de institucin mutualista: las llamadas clnicas, aunque tambin se da este nombre a los establecimientos asistenciales privados, donde cada servicio tiene un precio convencional, como la lu jossima y costossima Clnica Miramar, en el reparto de ese nombre, hoy en manos del Gobierno Revolucionario. Los mdicos que abandonaron las quintas despus de una huelga de protesta, se reagruparon para brindar servicios semejantes a los de aqullas, pero que se ofrecan a otros sectores de la sociedad: especialmente a las familias cubanas de la clase media. Co mo respondan a una verdadera y sentidsima necesidad —los servicios privados tenan precios en exceso elevados, y los oficiales y ms o menos gratuitos eran o inexistentes o sumamente deficientes—, estas clnicas tuvieron un xito enorme, y crecieron y se multiplicaron. La primera haba sido el Instituto Clnico, cerca de Carlos III y Ayestarn, fundado por los mdicos que haban pertenecido a la Quinta Covadonga. ltimamente, las ms importantes de estas instituciones eran El Sagrado Corazn, cuyo gran edificio, en 21 entre 4 y 6, en el Vedado ha experi mentado ya dos grandes ampliaciones; el Centro Mdico Quirrgico, en las calles 29 y D, y la Clnica Antonetti, en las calles 17 y A, ambas con edificios tan bellamente funcionales que obtuvieron el Premio Medalla de Oro del Colegio de Arquitectos de La Habana en 1948 y 1960, respectivamente; la Clnica Cardona, en la calle 19, La Inmaculada Concepcin, en Calzada, todas ellas en El Vedado; la Asociacin Cubana de Beneficencia, instalada en el antiguo palacio de los Condes de Fernandina, y La Bondad, ambas en el Cerro, y muchas ms. El servicio de las principales de ellas, a base de una exigua cuota mensual, era inmejo rable. Estas instituciones han

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sido nacionalizadas por el Gobierno Revolucionario: el Centro Mdico Quirrgico ha sido convertido en Instituto de Neurologa; otras, las ms pequeas o deficientes han sido suprimidas, pero todos los socios han sido adscritos a las mayores y mejores, donde reciben los se rvicios en la misma forma que antes. Tambin es necesario mencionar aqu que la Confederacin de Trabajadores de Cuba, en su afn de proteger en toda forma los intereses de los obreros, cre desde hace largos aos, establecindolo en una hermosa y amplsima casa de la Calzada del Cerro, el Centro Jurdico Benfico de Trabajadores, que adems de otros servicios prestaba los de asistencia mdica y hospitalaria. Este centro ha tenido que su frir altibajos, como consecuencia, en pocas pasadas, de la persecucin o la traicin al movimiento obrero, pero siempre ha sido celosamente defendida por los trabajadores, y actualmente vive su perodo de mayor eficacia, en el clima creado por el Gobierno Revolucionario.

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53 TRES OBISPOS Y DOS INTENDENTES Hemos visto que en la larga lista de los gobernantes espaoles, rapaces y crueles en su mayora, incapaces e indolentes otros, puede sealarse, aparte de alguno que otro mediano, la brillantsima excepcin de un gobernante ejemplar, el benemrito don Luis de las Casas. As tambin el clero de la Colonia estuvo compuesto, casi siempre, de sacerdotes ignorantes y de vida relajada —hasta el punto de que cuando un sant o varn pasaba por aqu, hasta sus ms piadosos bigrafos sealan como el primero de sus mritos el de haberse empeado en enmendar las costumbres del clero—, y de obispos fanticos y retrgrados —que cuando lleg el momento, fueron los ms decididos enemigos de la independencia de Cuba. Hay una razn que explica esta diferencia entre superiores y subordinados: los que venan como siempre clrigos a Amrica eran aquellos a los que no se co nsideraba dotados para hacer carrera en ninguna otra parte; en cambio, hacer obispo en las remotas tierras americanas a un sacerdote de m rito era abrirle la va ms asequible al episcopado, mucho ms difcil de obtener en la propia Espaa. Pero, asimismo, entre estos elementos que casi todos pueden considerarse ms o menos perniciosos, es innegable que se destacan unos cuantos personajes que fueron a la vez virtuosos, activos y progresistas, dentro de los lmites que su poca y sus circunstancias les imponan. El primero en el tiempo es don Diego Evelino de Compostela, nacido el ao 1635 en aquella Santiago compostelana por la que se llaman Santiago tantas ciudades de Amrica, desde Cuba hasta Chile; fue una excepcin a lo que antes decamos, pues cuando lleg a Cuba el 17 de noviembre de 1087, no slo contaba ms de cincuenta aos, sino que gozaba de gran fama de orador y de tanta estimacin entre los suyos, que apenas consagrado l mismo como obispo de Cuba, haba consagrado en Madrid a seis obispos ms. Por supuesto que, como primer empeo luego de su llegada reform las costumbres del licencioso clero de la Isla, segn refiere Francisco Calcagno en su Diccionario Biogrfico, donde agrega: trataba a todos con dulzura y cortesa, sin afectar rigorism o ni exigencias; andaba siempre a pie; no haca ms de una frugal comida al da; reparta sus ingresos en limosnas; no slo su ejemplo edificante, sino tambin su palabra dulce y persuasiva, atrajo al clero al desprecio de los bienes temporales y al amor de las virtudes cristianas, llegando a estampar este juicio: Fue el Obispo ms memorable de los que han regido la dicesis de Cuba. Y tuvo razn, porque el que iguala, y an supera a veces a Composte la, el ilustre Espada, no fue Obispo de Cuba, porque ya se haba dividido la dicesis, y a este ltimo le correspondi el territorio occidental y central, y el ttulo de Obispo de La Habana. En verdad asombra la actividad que desarroll Compostela en el desempeo de su cargo. En primer trmino, en la construccin de templos y conventos. La calle de Compostela lleva su nombre porque solamente en ella fund cinco: la iglesia del ngel, el convento de Santa Catalina, el de Santa Teresa, la iglesia de San Isidro y la ermita de San Diego, despus convento de Beln; levant, adems, en La Habana los templos del Santo Cristo, San Ignacio y San Felipe. Design a San Matas de Ro Blanco, a San Miguel del Padrn y a Nuestra Seora de Regla auxiliares de la parroquia de Guanabacoa; y a San Jernimo de Mord azo (Puentes Grandes), auxiliar de la Parroquial Mayor de La Habana, para la que nombr estas otras auxiliares: la iglesia del Santo nge l, la ermita del Santo Cristo del Buen Viaje, que pronto transform en parroquia, y la ermita de Jess del Monte. En el resto del pas, cre las siguientes parroquias: San Julin de Gines (que haba sido construida por el indio Pedro Guzmn) con San Francisco de Paula de Alacranes, Nuestra Seora de Regla de Madruga, Santa Catalina Mrtir, de Catalina de Gines, la Santsima Trinidad de Guara, Nues tra Seora de la Paz de Nueva Paz y Melena del Sur, como auxiliares: Santiago el Mayor de Santiago de las Vegas (cons truida por l y por l reedificada en 1694), con Nuestra Seora de la Candelaria de Wajay, la Pursima Concepcin de El Cano y Nuestra Seora de las Mercedes de Bauta como auxiliares: San Hilario de Guamutas, con San Pedro y San Pablo de Ceja de Pablo, la Pursima Concepcin de Palmillas, San Jos de Hato Nuevo y La Teja como auxiliares; Santa Catalina de Macunges, con Corral Falso y Navajas; San Narciso de Alvarez; San Cipriano de Lim onar (Guamacaro) con Sumidero, Coliseo y San Miguel de los Baos como auxiliares: San Rosendo de Pinar del Ro; Consolacin del Norte; Santa Cruz de los Pinos; San Eugenio de la Palma (actual Ciego de Avila); San Blas de Palmarejo (Caracusey); San Atanasio del Cupey (actual Placetas); y San Jos de Barajagua (Oriente). Despus las de la ermita indi a de San Luis de los Caneyes, la ermita de San Basilio el Magno de las Pozas (Cacarajcara), y Nuestra Seora de la Ca ndelaria de Consolacin del Sur, la iglesia de la nueva poblacin que acababa de fundarse en Matanzas, la de San Pablo Apstol en Jiguan, y dos ermitas en Majabn y en las Gusimas, donde surgieron poblados que formaron despus la villa y luego ciudad de Holgun. Esta labor era entonces tambin labor civilizadora en general, pues, como apunta el historiador Pezuela: ec h los cimientos de muchas

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poblaciones futuras en las iglesias que fund en el campo. Compostela era, cl aro est, un hombre de las ms firmes convicciones religiosas; crea, con toda su alma, que lo me jor para una poblacin era tener muchos sacerdotes, muchas iglesias, muchas parroquias, muchos frailes y monjas, muchos conventos, y en ello cifr aba el mayos de sus empeos. Pero no lo haca por mero fanatismo religioso, ya que su af n de hacer el bien tomaba muchos otros cauces: Compostela procur el mejoramiento del Hospital; cre, en su quinta donde haba levantando la ermita de San Diego, la Casa de Convalecientes de Beln, para los enfermos pobres que no tenan donde reponerse al salir del Hospital; fund el Hospicio de San Isidro para nios abandonados; con lo que ec h los cimientos de la Casa Cuna. Para todo esto, sacuda tan fuertemente, con su prdica y con su ejemplo, el egosm o de los ricos, que la voz po pular deca que a las palabras del Obispo, Dios converta las piedras en limosnas, y Compostela entonces volva a convertir las limosnas en piedras, con las que edificaba sus obras. Y no slo hizo todo esto. Com postela, como bien dice Calcagno, ¡ gloria eterna a su nombre! fue el primer prelado que abri las puertas a la instruccin pblica, en un pas donde apenas existan algunas malas es cuelas bajo psimos maestros. Fund, para nios, el Colegio de San Ambrosio, germen de l que fue despus el famoso Seminario de San Carlos y de San Ambrosio; y para nias el Colegio de San Francisco de Sales; y los estableci a un lado y otro de su propia residencia, como para velar ms estrechamente sobre ellos. Tambin propici el establecimiento, para seglares, del Colegio de Jesutas que llegara a ser el famoso Colegio de Beln. Luego de gastar as, a plenitud, sus energas en aquella actividad incesante, muri el obispo Compostela en La Habana, el 27 de agosto de 1704, a los sesenta y nueve aos, y despus de dieciocho de haber ejercido aqu el episcopado. Por sus virtudes, por su afn de dar a nuestra ciudad cuanto l consideraba como mejor, por su actuacin como benefactor y como incitador de nuestra futura cultura, Compostela merece la veneracin y la gratitud de los habaneros. No sabemos si fue efecto del ejemplo, del impulso, del am biente que haba dejado Compostela con su excepcional actuacin al frente de su dicesis; pero es un hecho que su sucesor inmediato, Gernimo Valds y Sierra, se distingui, entre todos los dems obispos —siempre con la excepcin de Espada—, como el ms semejante a su ilustre antecesor. Oriundo tambin de Galicia, Valds, nacido en 1646, y luego miembro de la Orden de San Basilio, fue nombrado Obispo de Cuba en 1706 y lleg a La Habana en 1707. Adems de crear unas cuantas parroquias ms, especialment e la de Bejucal, que adquiri gran importancia, atendi inmediatamente al Hospicio de San Isidro, germen de la Casa Cuna, institucin que la muerte; de Compostela haba impedido completar; esta ltima fue objeto de sus mayores desvelos. Sabido es el gesto nobilsimo y original por el que dio su apellido a los expsitos destinados a vivir en una so ciedad que castigaba duramente a los inocentes, convirtiendo en desdoro el hecho de carecer de aqul. Pero adems, como el Gobierno no contribua ento nces ni con un centavo a los gastos de la que pomposamente haba hecho nombrar Real Ca sa Cuna, Valds tuvo que satisfacer, de su propio peculio y por cuantos otros medios pudo arbitr ar, las necesidades de los pequeos asilados. Ms tarde, ocupando la dicesis algn obispo despreocupado, algunos de estos infelices llegaron hasta morir ¡por falta de alimento adecuado! Propici este obispo el establecimien to del Hospital de Leprosos de San Lzaro. Tambin vel Valds por el Colegio San Ambrosio y por el de San Francisco de Sales, adems de haber fundado en Santiago de Cuba el Seminario de San Basilio, que ms tarde decay y desapareci. Asimismo se interes por el definitivo establecimiento del Colegio de Jesutas, que al fin empez a funcionar en firme el ao 1827, en que muri el Obispo. En todo esto sigui fielmente los pasos de su predecesor Compostela. Mas lo que en el cam po de fomento de la cultura fue contribucin original y muy importante del obispo Valds fue su iniciativa, y su en rgico y persistente empeo en la creacin de una universidad en nuestra capital; no pudo ver realizado su props ito, ya que ese establecimiento de enseanza superior no comenz a funcionar hasta 1728, un ao despus de su muerte; pero por reconocer en l a su verdadero fundador, se le llam Real y Pontificia Universidad de San Jernimo de La Habana. Y nos cabe pensar que quizs bajo la influencia de un prelado progresista, como parece que Valds lo era, a caso la Universidad no hubiese derivado hacia rumbos tan oscurantistas como los que sigui. No obstante, lo que da relieve ms original e interesante a la figura del obispo Valds es su actuacin de tipo poltico y social: su intervencin en la primera rebelin cubana que fue la de los vegueros de Santiago de las Vegas en 1717. El Obispo, auxiliado por el hacendado Jos Bayona y Chacn, fue quien hall solucin satisf actoria a la primera fase de la crisis, logrando del Gobierno la seguridad de acceder a las justas demandas de aquellos campesinos; pero cuando, lejos de cumplir esta promesa, el nuevo gobernador, Guazo Caldern, br uscamente acab con l rebelda por la fuerza, ahorcando en Jess del Monte a doce de los vegueros las protestas del obispo Valds frente a aquella arbitrariedad y crueldad fueron tan enrgicas que se asegura que a ellas se debi, en primer trmino, el pronto relevo de Guazo Caldern del mando de la Isla, y luego la obtencin del libre trfico del tabaco cubano, que al destruir un odioso monopolio, dio definitiva y justa solucin al problema. Por este acto de firme defens a de los intereses populares frente a los privilegiados, se gana el obispo Valds nuestra definitiva admiracin y simpata.

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Con el obispo de La Habana Juan Jos Daz de Espada y Landa se nos presenta un tipo nuevo, pleno de originalidad: es el prelado que, sin dejar cumplir escrupulosamente sus deberes eclesisticos, velando por los intereses de la Iglesia en su dicesis, y, como no poda faltar, morigerando las costumbres del clero, se destaca, preferentemente, por su accin en el campo de la cultura y del progreso en todos los rdenes. Hasta tal punto armonizan sus iniciativas con las nuevas directri ces que en su poca agitaban a los espritus ms avanzados, que nos sentimos tentados de llamarle el Obispo del Iluminismo, si no fuera porque l era creyente religi oso y los iluministas eran los predecesores directos de los que en Pars —y en el mundo— iban a adorar a la Diosa Razn... Pero, por lo dems, sus hechos hacen de l otro iluminista. Nacido en la provincia de lava el ao 1756, y designado desde 1800 Obispo de La Habana, no lleg a nuestra ciudad hasta 1802, para permanecer al frent e de esta dicesis hasta su muerte, el 13 de agosto de 1832, despus de treinta largos aos consagrados al bien de Cuba, y de La Habana. Su primer empeo consisti en lo ya esperado: tratar de mejorar los hbitos de vida de lo s clrigos, que mucho lo necesitaban. Oigamos lo que sobre esto dice Justo Zaragoza: En la misma Habana, los frailes, entre los cuales quizs slo el Padre Valencia poda contarse como bueno, segn nos refieren las tradiciones de aquella poca, vivan en tal corrupcin y tan escandaloso amancebamiento, que al ser reprendido por el obispo Espada, uno de ellos, llamado Gonosa, que acababa de ser guardin, y a quien todo el mundo conoca por verle continuamente ebrio, contest al prelado que l no era jugador, ni cometa otras faltas obsenas, y que slo se embriagaba por no presenciar las faltas de sus compaeros.

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Antes de emprender sus trabajos, Espada haba sido atacado violentsimamente por la fiebre amarilla, y se asegura que debi la vida a los asiduos cuidados del eminente mdico cubano Toms Romay, y que de ello naci la estrechsima amistad que para siempre los uni. Y aqu se nos ofrece otro espectculo muy singular: un hombre de iglesia y un hombre de ciencia trabajando juntos, identificados en propsitos que tienden al bien comn. Porque casi lo primero que aborda Espada es un problema sanitario que preocupa grandemente a Romay: los enterramientos en las iglesias que, con el desarrollo de la poblacin, haban llegado a constituir un mal de las ms repulsivas y perniciosas consecuencias Enrgicamente procede Espada, y a pesar de la oposicin que suscita —en primer trmino, entre su propio clero, cuyos templos se beneficiaban pecuniar iamente con la odiosa costumbre—, gana la batalla, y en 1806 se inaugura el primer cementerio habanero, que muy justamente lleva su nombre. Libra tambin otra viva campaa en pro de la vacunacin preventiva de la viruela, que Toms Romay quiere introducir en forma masiva en La Habana: Espada lo apoya con todo el peso de su autoridad eclesistica, y la vacuna se impone. Nombrado miembro de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, coopera muy activamente en sus labores, tambin al lado de Toms Romay, quien adems de hombre de ciencia, era orador y escritor. Celosamente atendi al cuidado y reparacin de los te mplos —l no crey necesario construir otros nuevos. Sus preferencias, claro est, iban t odas al estilo neoclsico: el estilo de la claridad, de la majestuosa serenidad, de la razn, en fin. Y aunque se asegura que fue excelente la restauracin que hizo efectuar en la Catedral, slo tenemos que lamentar que la aficin del seor Espada a la sencillez y a las lneas regulares, para decirlo con palabras de Pezuela, ocasionara la destruccin de los primitivos altares barrocos del templo, que ahora nos resultaran muy interesantes, y que l sustituy por unos cuadros bastantes fros. Pero la magna obra de Espada, entre tantas grandes que realiz, y que no todas podemos mencionar aqu, fue la reforma de la enseanza. Al Seminario Conciliar de San Carlos y San Ambrosio, donde ya haban germinado ideas progresistas, y al que ya de tiempo atrs le vena estrecho el molde eclesistico, acab de transformarlo en plantel de enseanza general, siguiendo las normas filosficas renovadoras de Jos Agustn Caballero y de Flix Vrela, e introduciendo las ideas ms progresistas. Sigamos el resumen que da Calcagno: La Qumica, la Fsica Experimental y la Economa Poltica, le deben el ser aqu conocidas. Para las clases de Hidrosttica, Magnetismo, Electricidad, Galvanismo y Astronoma, hizo venir costosos aparatos, haciendo construir otros, bajo la direccin de Vrela, y nombrado Di rector de la Sociedad Eco nmica, envi a su costo al Dr. D. Juan Bernardo O'Gaban a la Corte, a asistir como alumno observador al Instituto Pestaloziano, 1808, para estudiar su sistema y establecerlo en esta Isla. Remata Espada esta magnfica obra de progreso de la enseanza con un gesto del ms avanzado liberalismo: al ponerse en vigor en Cuba la famosa Constitucin de Cdiz, instituye una Ctedra de Constitucin para explicarla —es decir, para inculcar y difundir aquellos conceptos polticos y sociales muy avanzados para la Espaa de su tiempo— costendola de su peculio, y nombra para desempearla nada menos que al cubano ms av anzado, sin comparacin, en su poca: a Flix Vrela. Es una prueba evidente de cmo Es pada, adems de los bienes de toda otra ndole, anhelaba para Cuba los progresos polticos. No es de extraar, pues, que Espada fuese llorado, con dolor filial, por el pueblo habanero: que el fuerte pensador cubano Mestre dijera: el Obispo Espada mereci bien en todos conceptos de este pas, y mientras haya un corazn que se interese por Cuba, ni morir su gran memoria, ni dejar de serle tributado un homenaje de profundo reconocimiento. y que del Apstol Mart mereciera estas emocionadas palabras: aquel obispo espaol que llevamos en el corazn todos los cubanos, a Espada, que nos quiso bien, en los tiempos en que entre los espaoles no era deshonra amar la libertad ni mirar por sus hijos. As como hubo algn buen gobernante y unos pocos buenos obispos, hubo algn que otro intendente que se ocup de algo ms que de su enriquecimiento personal y de enviar, a quien lo haba nombrado, la mayor cantidad posible de caudales de la Isla esquilmada. Uno de estos escassimos fue Alejandro Ramrez, para Cal cagno el ms notable entre cuantos ha tenido la Isla y uno de los que ms brillante papel han desempeado en la Hacienda americana. Nacido en 1777 cerca de Valladolid, lleg a Cuba en 1816 para ocupar el cargo de Jefe Superi or de la Hacienda por gestiones del famoso economista habanero don Francisco Arango y Parreo. Vena precedido, a pe sar de su relativa juventud, de la ruidosa fama que le haban ganado sus fructferas actividades en los altos empleos que haba sido encomendado, dentro del mismo ramo, primero en Guatemala, y despus en Puerto Rico. Era, ad ems hombre de aptitudes y gustos literarios, que lo haban llevado a ingresar en la Academia de la Historia de Es paa, mientras en atencin a sus otros mritos haba sido nombrado Consejero de Indias. He aqu lo que dice Saco de sus trabajos en la isla borinquea:

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As convirti el pas, de inculto y miserable que era, en co lonia, en colonia floreciente y civilizada; el secreto de su sistema consista en soltar las trabas que por las antiguas leyes de Indias obstruan la Agricultura y el Comercio de Amrica Espaola, y sembrar las semillas de la instruccin pblica, de la Economa Poltica, y de las ciencias naturales, en los pases que gobern. Su labor en Cuba no desmereci del prestigio que gozaba, pues no pudo ser ms fecunda en bienes para el pas. Veamos un resumen de lo que realiz en muy pocos aos: el censo de poblacin y de riqueza, la declaracin de propiedad de realengos y terrenos mercedados, sus trabajos en 1817 sobre fomento de poblacin blanca, abolicin de la doble alcabala en censos reservativos, exencin de derechos en maderas, tasajos, sebos y tiles de agricultura e industria, el libre arbolado, desestanco del tabaco, fundacin de va rias poblaciones y protecci n a otras como Mariel, Nuevitas, Guantnamo, Sagua, Matanzas, creacin del Jardn Botnico, del Museo Anatmico, su decidida proteccin a las artes y a las ciencias fsico-naturales, Escuela de Qumica, ctedra de Economa Poltica, ampliacin de las atribuciones de la Sociedad Patritica, de que fue Director, incremento que to maron la Agricultura y el Comercio, y otras de feliz recordacin, con los cu ales logr alzar la rent a pblica, en 1820, al duplo de lo que era. Fue miembro activsimo de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, en la cual cre y mantuvo brillantemente la Seccin de Literatura. Su inters por las Bellas Artes que da bien demostrado con la fu ndacin de nuestra primera escuela de pintura y escultura que, despus de muerto su fundador recibi, por l, el nombre de Academia de San Alejandro. Porque muri prematuramente Alejandro Ramrez, y de modo trgico. Era, segn sus bigrafos, de una honradez acrisolada. Pero las pasiones polticas o los resentimientos personales movieron a un peridico, un libelo ms bien, a acusarlo nada menos que de concusionario y de tal modo, que un grupo muy numeroso penetr en el edificio de la Real Hacienda pidiendo la deposicin del Intendente. Fueron intiles los acuerdos, en favor suyo del Ayuntamiento y de la Junta Directiva de Hacienda, as como las defensas de la prensa: abrumado por aquel golpe, tan sbito como cruel, Alejandro Ramrez cay fulminado por una fiebre cerebral que le quit la vida en veinticuatro horas, muriendo el 13 de agosto de 1821, a los cuarenta y cuatro aos de edad. La Ha bana se cubri de luto y la Sociedad Econmica de Amigos del Pas coloc el retrato de Ramrez en sus salones, como homenaje al amigo que con tanto entusiasmo y talento labor en ella, y al hombre que despus de haber gobernado durante cinco aos los ricos caudales de la Isla y haberlos duplicado, muri pobre. El hecho mismo de que tantas veces y con tanta energa se recalque, en elogio de Alejandro Ramrez, el rasgo de que fue ¡intendente que muri pobre!, muestra bien a las clar as cuan inslito era este hecho. Lo que s hay que decir en contra suya es que fue un decidido integrista, tenazmente opuesto a la independencia de las colonias de Amrica. Los bienes que quera para Cuba, los quera para Cuba espaola. Claudio Martnez de Pinillos y Cevallos, naci en La Habana el 30 de octubre de 1780, de padre espaol y madre habanera, y dio muy pronto muestras de su inteligencia, su actividad y su amor al progreso, que consagr por entero al adelanto de los asuntos pblicos. Llevado de nio a Espaa, en 1805 combati contra los franceses, a las rdenes del vencedor de Bailen; y en 1810, en el perodo de las Cortes de Cdiz, intervena ya en la preparacin de un decreto sobre libertad de comercio con Amrica. De regreso a Cuba, su carrera fue tan rpida como brillante, segn corresponda a sus excepcionales aptitudes. En 1814 era Tesorero General del Ejrcito; de 1821 a 1825 desempe varias veces, en interinatura, la Intendencia General de Hacienda, y en aquella ltima fecha fue nombrado en propi edad para dicho cargo, el que desempe sin interrupcin hasta 1851. Para juzgar de la eficacia de su gestin administrativa, ba stan cuatro cifras: en 1825, las rentas pblicas ascendan a 2 millones de pesos, y en 1837 ya alcanzaban a 37 millones; las exportaciones de tabaco, que en 1829 slo llegaban a 70,000 arrobas, haban subido hasta 616,000 en 1835. Pero hay que sealar que bajo su mando y por su iniciativ a se construyeron muchos hermosos edificios pblicos, y hospitales, cuarteles, caminos, puentes y pontones, en gran nmero; se cre el Anfiteatro de Anatoma, el Curso de Clnica, la Escuela Nutica, el Mont e de Piedad; se fund la publicacin Anales de Ciencias, Literatura y Comercio; se mejor notablemente el Jardn Botnico, y se obtu vo saneado ingreso para la Casa de Beneficencia. Entre esas y otras obras meritorias y de importancia para el progreso de La Habana se destacan dos con particularsimo relieve: primera, la construccin, entre 1831 y 1835, del Acueducto de Fernando VII a que nos referimos en otro captulo, y adems, la idea, que dej esbozad a, de la captacin de los manantiales de Vento para surtir de mejor agua a la poblacin habanera; y, segunda, el esta blecimiento del primer ferrocarr il cubano, realizado en 1837, que corra entre La Habana y Gines, y que coloc a nuestr o pas en muy destacado lugar entre los ms adelantados del mundo. Bastara con estos dos progresos para asegurar la gl oria del Conde de Villanueva como hombre pblico; pero puede decirse que, durante su largo perodo de participacin en el Gobierno, apenas hay un proyecto econmico o

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culturalmente benfico para Cuba, sobre todo para La Habana, que no parta del Conde de Villanueva o que no reciba su cooperacin eficacsima. Para premiar sus excepcionales servicios, el Gobierno de Espaa lo llam a la Metrpoli, en 1851, y all fue nombrado Consejero de Ultramar; dos aos despus falleci, en pleno trabajo, pues, a consecuencia de una discusin en el Consejo, sufri un ataque que le quit la vida, en el mismo edificio de aqul. No ha habido un cubano nativo que recibiese, ni con mucho, tantos honores y ttulos de la Corona, cuya enumeracin hara enojosas estas pginas; diremos, slo, que todos aquellos fueron coronados con la privilegiada Grandeza de Espaa, tan rara como codiciada, que el Conde recibi en 1845 por la reina Isabel II. Pero hay un reverso a esta brillantsima medalla. Aparte de los rumores de que los grandes proyectos y realizaciones del Superintendente General de Hacienda no producan tan slo bien es al procomn sino que acrecentaban su propio enriquecimiento, el Conde de Villa-nueva, tan prog resista en cuanto a todo adelanto material se refiere, distaba mucho de serlo en cuanto a sus ideas polticas y sociales. En ello era, en verdad, un retrgrado. Como consideraba conveniente a la prosperidad de Cuba, segn enton ces se entenda, la institucin de la esclavitud, era su ms acrrimo defensor. Como para Cuba haba obtenido ciertos beneficios bajo el rgimen de Fernando VII, su adhesin a aquel repulsivo tirano no tena lmites: a l se debi la idea y la ejecucin del proyecto consistente en la colocacin, en el centro de la Plaza de Armas de La Habana de una monumental efigie de aquel monarca cuyo reinado fue toda una larga vergenza para Espaa. Y por esta razn, a pesar de sus otros innegables merecimientos, no hemos situado a Claudio Martnez de Pinillos, Conde de Villanueva, entre los hijos ilustres de La Habana.

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54 LA HABANA EN LA CULTURA PATRIA Hemos dicho que, sin regatear mritos a otras ciudades cubanas donde se han desarrollado notables actividades intelectuales o artsticas, y sin negar que Santiago de Cuba, que tena hacia la cultura vas distintas de las de La Habana, fue en ciertos momentos precursora, s puede decirse con toda justicia que La Habana adems de ser la capital poltica de Cuba —y, en gran parte, por serlo— ha sido tambin, es, su capital cultural. He aqu por qu no nos extenderemos mucho en este captulo, ya que ello significara tener que hacer casi la historia de la cultura en Cuba. Slo unos cantos apuntes, y, en primer trmino, sobre la enseanza, como gran medio de transmisin de cultura. Si en los ltimos aos de la dominaci n espaola en Cuba la educacin y la cultura pblicas estaban totalmente abandonadas por los gobernantes, no es de extraar que en los primeros tiempos no existiese preocupacin alguna por parte de las autoridades metropolitanas y municipales acerca de la cultura de los vecinos espaoles de La Habana y de la Isla, y mucho menos de los indocubanos y los esclavos negros. En las Actas Capitulares de esa poca no encontramos el ms ligero vestigio de la existencia de algn maestro que diese clases a los habaneros, ni de que el Cabildo tomase disposiciones sobre enseanza. Las primeras y muy escasas y vagas noticias sobre intentos de educacin y cultura en Cuba, no proceden de La Habana. Se sabe que el feroz Porcallo de Figueroa, verdadero seor feudal de los primeros aos de la colonizacin, en la regin de Sancti Spritus, tena un capelln letrado para educar a los hijos tenidos con espaolas e indias, y que un maestrescuela, el bachiller Pedro de Ad rada, y el cannigo Miguel Velzquez ensearon gramtica en Santiago de Cuba por los aos de 1540 a 1544. Y bueno es dejar constancia de que este Miguel Velzquez era mestizo, de padre espaol y madre india; fue regidor del Ayuntamiento, y puede ser considerado el primer maestro nativo de quien se tiene noticia. Mereci clidos elogios de sus contemporneos, au n de aquellos tan ayunos de virtud como el obispo Sarmiento, quien en carta a Carlos V., de julio 25 de 1544, dijo de este maestro mestizo y cubano, que enseaba la gramtica y era de vida ejemplarsima. Y el contador Juan Agramonte lo recomend as a Carlos V.: mozo de edad y anciano de doctrina y ejemplo, por cuya diligencia est bien servida la iglesia. La siguie nte frase del maestro criollo Miguel Velzquez, pinta —como afirma Guerra— lo elevado del carcter de ste y las tristes reflexiones que le inspiraba el estado de su pas nativo: ¡ Triste tierra, como tir anizada y de seoro!. No es posible determinar en qu fecha se inicia la educacin primaria pblica o colectiva en Cuba, y en La Habana, pues las enseanzas que los monarcas de Castilla ordenaron dar a los indios en las tierras de Amrica, se limitaban, segn ley V de Felipe IV, de 1634 a 1636, a la lengua espaola y en ella la doctrina cristiana para que se hagan ms capaces de los misterios de nuestra santa fe catlica, aprovechen para su salvacin y consigan otras utilidades en su gobierno y modo de vivir. Pero estas mismas enseanzas religiosas quedaron en la prctica reducidas a letra muerta, pues, segn expresa la Ley IX del propio monarca, los curas y doctrineros encargados de adoctrinar a los indios, en lugar de educarlos, los explotaban y vejaban: hacen muchas vejaciones y molestan gr avemente a los indios y obligan a las indias viudas y a las solteras que vivan fuera de los pueblos principales y cabeceras, en pasa ndo de diez aos de edad, a que con pretexto de que vayan todos los das a la doctrina, se ocupen en su servicio, y especialmente en hilados y otros ejercicios, sin pagarles nada por su trabajo y ocupacin. Desde los primeros das de la colonizacin, es necesario saltar hasta muy entrado el si glo XVIII para encontrar, como afirma Jos Antonio Saco en sus artculos de 1863 sobre Instruccin Pblica, un establecimiento de enseanza digno de recordacin, el de los Padres Belemitas, fundado en su convento de La Habana, pues nada se sabe de que existieran escuelas durante los siglos XVI y XVII. En aquel pr imer establecimiento habanero de enseanza primaria se daban lecciones gratuitas de religin, l ectura, escritura y cuentas, regalndos e a los nios pobres papel, pluma y catecismos, costeado todo por el caritativo vecino habanero don Juan Francisco Carvallo, quien muri en 1718, legando sus bienes a estos menesteres y a la fundacin de un hospital de convalescencia, instituciones ambas que fueron suprimidas al serlo los institutos monacales. Hasta 1793 no encontramos los primer os datos precisos sobre la enseanza primaria en Cuba y en La Habana, cuando la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, al fundarse, se impuso como uno de sus deberes cuidar de la

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primera enseanza, y al efecto, investig en qu estado se encontraba sta en la capital de la Isla, descubriendo que, adems de la de los Belemitas, que tena 200 alumnos, haba 7 escuelas de varones y 32 de hembras a las que tambin solan asistir varones. En las primeras reciban educacin 552 nios, siendo blan cos 408, pardos y negros libres 144, dirigidas, 3 por espaoles, 2 por habaneros, una por un hijo de Cartagena de Indias y otra por un pardo habanero; la ms nutrida, contaba con 120 discpulos. En estas escuelas se enseaba gratuitamente o mediante pequea remuneracin. La enseanza consista en doctrina Cristina, lectura, escritura, y las cuatro regl as, excepto en la del referido pardo apellidado Lorenzo Melndez, nica en que se enseaban gramt ica y ortografa castellanas. Las escuelas de nias eran ms bien lugares para cuidar y entreten er a las muchachitas, y de ellas estaban encargadas ignorantes mujeres blancas o de color, salvo 3 maestras especializadas en la enseanza. El nmero de educandos en esas 32 escuelas era de 490, haciendo un total de 1,731 nios, de uno y otro sexo para una poblacin blanca y de color libre calculada, segn el censo de 1792, en 40,000 individuos. Saco hace, con estos datos y esas cifras a la vista, algunas oportunas observaciones, y entre ellas la de que en el espacio de casi tres siglos que abraza este perodo, ni el gobierno ni los ayuntamientos de Cuba costearon jams ni una sola escuela gratuita para los pobres. Extraordinarios fueron los esfuerzos que realiz desde 17 93 la Sociedad Econmica en su deseo de fomentar la instruccin primaria, tropezando en los primeros aos con la tenaz resistencia del obispo Felipe Jos de Tres Palacios, quien se neg a toda cooperacin a esa ob ra educativa. Y no fue sino hasta fine s de 1816 cuando, fundada la Seccin de Educacin de la benemrita Sociedad, se abri una nueva era a la instruccin pr imaria en Cuba y especialmente en La Habana, debiendo ser mencionados como propulsores entusiastas de ese primer movimiento educativo cubano el excelente gobernador don Luis de las Casas y el intendente don Alejandro Ramrez. Aunque se realizaron importantes mejoras en las escuelas existentes, no pudo lograr se la creacin de nuevas escuelas en nmero adecuado a las necesidades de la poblacin escolar, debido a la carencia de re cursos que sufra la Sociedad Econmica, llegando slo a poder costear, con el auxilio de 100 pesos mensuales del Ayuntamiento habanero, 5 escuelas de varones y 2 de hembras y tambin 9 escuelas en los conventos, pues, al decir de Saco, los frailes tenan muy poco empeo en la enseanza primaria y aun la escu ela del convento de Beln haba decado de su primitiva grandeza. En 1832 existan en La Habana 70 escuelas con4,577 nios, recibiendo 1,408 enseanza gratuita. En 1836 aparece, dirigido por Domingo del Monte, el primer censo de instruccin primaria en Cuba, segn los datos reunidos por la Seccin de Educaci n de la Real Sociedad Patritica de La Habana. Este censo arroja un total general de 9,082 nios asistentes a las escuelas en toda la Isla, calculando Saco que en esa fecha la poblacin escolar a 1 a 15 aos sera de 190,000 a 200,000. En La Habana asistan a las escuelas 6,201 nios blancos y de color y de uno y otro sexo. En 1841, por Real Orden de 29 de diciembre, se cre la Direccin General de In struccin Pblica de Cuba, ordenndose la fundacin del nmero necesario de escuelas de primera enseanza, para los nios de uno y otro sexo, gratuitas para los verdaderamente pobres, cuyos gastos seran sufragados por las cuotas de los nios pudientes, y por suscripciones, limosnas, fundaciones y obras pas, y que el dficit se cubriese con el producto de arbitrios municipales que se establezcan por los medios ordinarios, llenndose la parte que an faltase por las cajas pblicas. En 1846 se suprimi la Seccin de Educacin de la Sociedad Econmica, centralizndose la inspeccin y direccin de la enseanza. En esta fecha aquella sociedad tena establecida en La Ha bana 42 escuelas, a las que asistan 917 alumnos. Saco da tambin los datos que arroja la estadstica formada en el radio municipal de La Habana en septiembre de 1851: 33 escuelas pblicas elementales, con 1,973 alumnos; y 105 escuelas privadas elementales, con 3,298 alumnos; o sea, un total de 138 escuelas, con 5,271 alumnos; a lo que agrega 216 prvulos libres, de color, que reciban instruccin, resultando por consiguiente un total general de 5,487 nios de uno y otro sexo, blancos y libres de color. En 1863 el Ayuntamiento de La Habana haba gastado en in struccin primaria de su radio municipal, 54,032 pesos fuertes, lo que hace decir a Saco que aun en la misma Habana la instruccin primaria dista mucho de satisfacer las necesidades de su nu merosa poblacin. Un ao antes de estallar el Grito de Yara, segn nos dice el doctor Santiago Garca Spring en su folleto La Enseanza primaria en Cuba desde el Descubrimiento basta nuestros das. haba en Cuba 418 escuelas pblicas, donde enseaban 752 maestros a 18,278 discpulos con un costo anual de 596,922 pesos. Esta suma era toda sufragada por los Ayuntamientos, pues el Estado, con un presupuesto de $29.000,000 no dedicaba cantidad alguna al sostenimiento de la instruccin primaria. Una vez estallada la lucha por la libertad, la instruccin primaria sufre, no ya la desatencin de los gobiernos de la Metrpoli, sino su hostilidad manifiesta, y como dice el autor ltimamente citado, los diez y siete aos que mediaron entre el Pacto del Zanjn y el Grito de Baire, fueron desastrosos para la educacin gratuita. Y Carlos M. Trelles, en su trabajo La instruccin primaria de Cuba comparada con algunos pases de Amrica, Asia, frica y Oceana, hace resaltar la prevencin con que la Metrpo li mir siempre a los maestros y a los alumnos, sealando como pruebas de este estado de cosas,

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el haber tratado en diferentes ocasiones de suprimir la Universidad y los Institutos, las rdenes dadas en 1869 por los generales Dulce y Puello de que se ejecutase a los pr isioneros, especialmente si eran maestros, el brbaro fusilamiento por los voluntarios de La Habana de los ocho inocentes estudiantes de medicina en 1871, y por ltimo, la orden del general Weyler mandando cerrar todas las escuelas pblicas de la siempre fiel isla de Cuba. Si en 1880 se dicta una ley que sustitu ye a la de 1863 y rige hasta el gobier no de ocupacin militar norteamericana, sta fue solo tericamente buena, mant eniendo, desde luego, el carcter s ectarista catlico, ausencia o educacin fsica y limitacin, casi por completo, de la enseanza, a leer, escribir y contar, y ligeras nociones de geografa y otras materias, aprendidas mecnicamente de memo ria. Tal fue, dice Garca Spring, el es pritu de toda la enseanza primaria en Cuba Colonial: no ense a pensar ni a razonar; no cultiv los sentimientos ni ense las prcticas cvicas; no se preocup en lo absoluto del desarrollo y cuidado del cuerpo, desconociendo fsicamente al nio y al adolescente. Por esa Ley de 1880 que rigi hasta 1900, la enseanza primaria y pblica deba estar sostenida por los ayuntamientos y el Gobierno consignara 10,000 pesos para ayudar a aquellas poblaciones que no tuvieran escuelas. En diciembre de 1899 el nmero de escuelas que existan en la Isla era de 312, con una asistencia aproximada de 87,935 alumnos. Segn el censo de ese ao, de la poblacin general de la Isla, que era de 1.572,797, tena instruccin superior 19,158; saban leer y escribir 533,000; saban leer 566,000; no saban leer 1.004,884; saban leer, pero no escribir 33,003; saban escribir, pero sin instruccin superior 514,340. La proporcin del alfabetismo al cesar la dominacin espaola era de 63.9 por ciento. El gobierno de ocupacin militar norteamericano, impulsado por los cubanos que desempearon los altos cargos del mismo, ponindose a tono con el pr ogreso de los tiempos, dio laudable impul so a la educacin pblica, al extremo de que en 1900 se crearon de golpe 300 aulas, impulso que se mantuvo en progresin creciente durante los tres primeros aos del gobierno del pres idente Estrada Palma. En la primera edicin de esta obra, que vio la luz en 1939, agregbamos al llegar a este punto: Doloroso es confesar que desde entonces hasta nuestros das la asistencia del Estado a los servicios de educacin pblica no satisface las necesidades de la poblacin escolar cubana, sealndose, ms que un estancamiento, un marcado retroceso, que se agudiz durante los aos de la dictadura machadista, en que fueron clausuradas la Universidad, los Institutos y perseguidos los profesores de aqulla y stos y los maestros de instruccin primaria, que en gran mayor a, como era natural, se pronunciaron contra ese rgimen de fuerza y de incultura. La crisis econmica actual y los altos presupuestos co nsagrados al sostenimient o del Ejrcito, Marina y Polica, impiden la satisfaccin adecuada por parte del Esta do de la enseanza pblica en la Repblica, aunque justo es reconocer que en el trmino municipal de La Habana existen, segn veremos en otro lugar, centros de enseanza, costeados con fondos municipales: los colegios Romualdo de la Cuesta, Jos Miguel Gmez y Alfredo M. Aguayo, Tanto en la Colonia como en la Repblica ha sido compensada, en parte, la deficiencia del Estado en el sostenimiento de escuelas, por la accin particular. Imposible sera citar aqu todos y cada uno de los colegios que durante los tiempos coloniales fundaron y sostuvieron meritsimos cubanos. Baste dejar estampados los nombres insignes de esos grandes maestros de la juventud habanera que se llamaron Rafael Mara de Mendive, Jos de la Luz Caballero, —en su inolvidable Colegio del Salvador, gran forjador de la conciencia cubana— Lorenzo Melndez y Antonio Medina. En ellos rendimos homenaje a cuantos durante los cuatro siglos de dominacin espaola fundaron y sostuvieron, con carcter partic ular, escuelas en la ciudad de La Habana. Los aos subsiguientes fueron agudizando los aspectos ms dolorosos de este problema, en cuanto al cumplimiento por parte del Estado de su primordial deber de atender a la edu cacin de los ciudadanos, a la vez que adquiran gradualmente mayor amplitud e intensidad ciertos f actores agresivamente negativos en la enseanza privada. Slo pueden sealarse como avances positivos, en cuanto a La Habana se refiere, la creacin de varios Institutos de Segunda Enseanza en lugar del nico, luego llamado Nmero 1, que despus de haber funcionado durante la Colonia y la primera ocupacin norteameri cana en una parte del vetusto edificio del convento de Santo Domingo, en La Habana Vieja, pas a ocupar una hermossima construccin expresamente erigida a ese fin en la s manzanas comprendidas entre las calles de Zulueta y Avenida de Blgica, San Jos y Teniente Rey; a ste se agregaron los del Vedado, La Vbora, Marianao; y dentro de la ciudad o de su prolongacin marianense se haban ido estableciendo, a lo largo de la era republicana, la Escuela Normal de Ki ndergarten, la Escuela del Hogar, etc. Pero, a pesar de los esfuerzos de muchos maestros y profes ores meritsimos que trataban de suplir o al menos de aliviar con su abnegacin sin lmites los males debidos a las deficiencias y las lacras de toda ndole que caracterizaban ms cada da el aparato oficial, sin que la politiquera y la corr upcin se detuviesen ni antes seres que deban haber sido tan sagrados como los nios y los enfermos (recordemos entre otros muchos ejemplos, en tiempos del presidente Grau

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San Martn y del ministro de Educacin Jos Manuel Alemn aquel famoso Inciso K, por el cual abiertamente los dineros destinados a enseanza se invertan en ilcito provecho de particulares), el cuadro de abandono y desmoralizacin, con su secuela de indiferencia en los alum nos, de ignorancia y de incremento del analfabetismo, aun aqu en la bella capital de la Repblica, donde pareca concentr arse a la par que la riqueza la cultura, se hizo aterrador. Entretanto, las familias acomodadas, y aun muchas modest as —a costa del sacrificio que les impona la carencia de adecuada enseanza pblica y gratuita para sus hijos—, sostenan un nmero cada vez mayor, y de calidad ms lujosa y costosa, de colegios privados. Y si bien entre ello s los haba excelentes, como el Colegio Montori, el Instituto Edison, y otros, laicos, y el Candler College, protestante, no es menos cierto que la mayora de ellos era, no slo catlica sino extranjerizante; y que a la vez que para los pa dres significaba una fuerte erogacin, a los nios y jvenes se les inculcaban o vigorizaban los prejui cios de clase y de raza, y se les someta intensamente a la influencia de la Iglesia Catlica Romana, bien conocida por su enemiga contra todos los ideales en que se basa la nacionalidad cubana. Si de las escasas y mal dotadas escuelas pblicas no podan salir multitudes bien instruidas, de casi todas las privadas era casi imposible que saliesen ciudadanos patriotas y prep arados para vivir ideales de solidaridad humana en una sociedad verdaderam ente democrtica. Tal era, en La Habana como en toda Cuba, con las naturales variantes locales, la situacin de la enseanza primaria y secundaria hasta el 31 de diciembre de 1958. Bien sabemos cmo la Revolucin ha cambiado radicalmente este desastroso panorama, no ya en La Habana, sino en toda la Repblica. Si en algn terreno se hizo sentir de inmediato su influencia transformadora fue en el de la educacin. La institucin de los maestros voluntarios que llevaban instruccin hasta los lugares ms remotos, la campaa de alfabetizacin, la proliferacin de escuelas, la especializacin y extensin de la enseanza media, y otras excepcionales iniciativas, no so n, por su carcter totalmente nacional, materia de que tratar aqu. Slo debemos sealar que fue en La Habana donde por primera vez se hizo realidad el hermoso lema revolucionario convertir los cuarteles en escuelas, cuando el Campamento de Columbia, la Ciudad Militar que se haba hecho odiosa al pueblo, que la identificaba con la opresin y la tirana, despus de recibir el nombre de Ciudad Libertad, fue entregada a los nios y se convirti en una inmensa colmena de enseanza, en cuyo centro radi ca el Ministerio de Educacin.

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En cuanto a la educacin superior, La Habana ocup hasta hace poco tiempo una situacin verdaderam ente privilegiada, en comparacin con el resto del pas. No olvidemos que la creacin del Instituto de Segunda Enseanza de La Habana precedi en algunos aos, a la de los que se establecieron en las capitales de las provincias; que es preciso llegar casi a la mitad del siglo xx para que en Cuba exista otro centro de enseanza superior que no sea la Universidad de La Habana; y que no ha habido, hasta ahora que comienza una etapa totalmente nueva en la vida de nuestro pas, una institucin de enseanza que haya ejercido una influencia co mparable a la del clebre Seminario de San Carlos, de La Habana. Brevemente nos referiremos a algunos de estos rganos de alta enseanza y de cultura, dando de ellos algunos datos histricos, v. Real Seminario Conciliar de San Carlos y San Ambrosio. Comenz este establecimiento por ser un modesto Colegio de San Ambrosio, establecido en 1689 por el insigne obispo Diego Evelio de Compostela, cuyo celo y actividad parecan no tener lmites, en una casa contigua a su morada, para educar y cuidar de doce nios pobres con la idea de que se aficionasen al altar y pudiesen ms adelante convertirse en sacerdotes. El obispo Compostela tambin haba fundado al lado de su casa, sobre el costado opuesto, un colegio para nias pobres llamado Colegio de San Francisco de Sales, que ms tarde se traslad a la calle de Obispo y Oficios, frente a la Plaza de Armas, y despus, notablemente ampliado, a la Calzada del Cerro, donde subsisti hasta nuestros das. El Colegio de San Ambrosio fue muy mejorado por el sucesor de Compostela, el prelado don Gernimo Valds, quien al fin, dotndolo de nuevas ctedras de moral, filosofa y cnones, lo constitu y en verdadero seminario, con el nombre de Colegio Seminario de San Carlos, por el nombre del monarca —Carlos III— que lo haba favorecido. Al ser expulsados de La Habana los jesutas el obispo don Santiago de Echavarra obtuvo el traslado del Seminario al hermoso edificio que aqullos haban construido, para convento y colegio contiguo al oratorio que luego se convirti en Iglesia Catedral. Grandes progresos debi el Seminario de San Carlos al ilustre obispo Juan Jos Daz de Espada y Landa, quien lo dot incluso de gabinete de fsica, y clases de qumica y botni ca, y lo convirti en esta blecimiento de enseanza general, y de la ms alta calidad, no meramente eclesistico, hacindole vivir su perodo ms brillante y trascendental para el desarrollo de nuestra cultura, hasta el punto de que habiendo sido fundada con anterioridad la Universidad de La Habana, por muchos aos fue el Seminario el centro principal del saber en Cuba el ms docto a la vez que el ms progresista, excepcional as por la excelencia y novedad de sus enseanzas como por la extraordinaria ilustracin y la apostlica consagracin de los grandes maestros que en l profesaron, en primer lugar el Pbro. Jos Agustn Caballero, su discpulo —superior al maestro— Flix Vrela, y Jos Antonio Saco. Baste record ar que Caballero y Vrela fueron los renovadores del pensamiento filosfico, mejor an, del pensamiento en Cuba; y que cuando se pone en vigor la Constitucin de Cdiz, compendio, para aquella poca de libertades polticas y de conceptos progresistas, enseguida, el obispo Espada establece all una ctedra, a cargo de Vrela, destinada a expli carla, para apreciar hasta que punto llegaba, en su posicin y su actividad ideolgica, el Seminario de San Carlos.

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Ms tarde, la secularizacin que iba sufriendo la sociedad en general y que alcanz a la Universidad, y la creacin de centros laicos de enseanza redujeron al Seminario de San Carlos a su primer carcter de establecimiento dedicado a la preparacin de sacerdotes; ms adelante, cambi de sede y de nombre; por disposicin del cardenal Manuel Arteaga, el nombre glorioso de Seminario de San Carlos, ilustre en la historia de Cuba, fue sustituido por el de Seminario del Buen Pastor, y en el edificio que ocup, aquellas ctedras donde an se conservaban los recuerdos de los sabios que all ensearon, han quedado convertidas en meras dependencias del Palacio Arzobispal, mientras el Seminario era trasladado lejos de la ciudad de La Habana. Universidad de La Habana. Segn Antonio Bachiller y Morales, desde 1670, un fraile dominico Diego Romero, Provincial de la Orden de Predicadores, que se hallaba de paso en Cuba, recomend al Ayuntamiento a instancias de los vecinos, a solicitar del Rey de Espaa la fundacin de una uni versidad en La Habana. La autorizacin fue concedida en 1721 a dichos religiosos de la Orden de Predicadores, del Convento de San Juan de Letrn, conocido por Convento de Santo Domingo, pero la universidad no se fund hasta enero de 1728, con el nombre de Real y Pontificia Universidad de San Jernimo de La Habana con sede en el mismo Conve nto de Santo Domingo. As la organizacin general de la enseanza como los mtodos y textos empleados en cada ma teria fueron muy deficientes, pues, como muy bien dijo Bachiller: Era un verdadero anacronismo querer que se estableciera una universidad en La Habana en el siglo XVIII por las reglas de la de Santo Domingo, que naci en el XVI y, sin embargo triunf en La Habana el siglo XVI sobre el XVIII. El sistema filosfi co era el escolstico con su enmaraada lgica y sus malas nociones fsicas. Tantas eran, en efecto, las deficienci as que desde 1761, Fray Juan Chacn, que era entonces el Rector, pidi autorizacin para efectuar reformas. En 1842, al ser expulsadas y privadas de sus bienes las comunidades religiosas en Espaa y sus dominios, dej de existir la Real y Pontificia Universidad de San Gernimo de La Habana, sustituida por una institucin laica, la Real y

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Literaria Universidad de La Habana, que funcion en el edificio del antiguo Convento de Santo Domingo hasta que en mayo de 1902 —despus de haber cambiado su nombre, en 1899, por el de Universidad de La Habana —, fue trasladada por disposicin del gobierno norteamericano de ocupacin militar a los edificios y terrenos que haba ocupado la Pirotecnia Militar. La Facultad de Medicina pas, del ex-Convento de San Isidro y unos locales del Hospital Mercedes, al antiguo cuartel de la Guar dia Civil situado en la esquina de las calles de Zanja y Belascoan (Finlay y Padre Vrela), donde permaneci hasta la construccin del gr an edificio que ocupa actualmente, en las calles 25 a 27 y J a K, en el Vedado. Hace precisamente un siglo, en 1863, la Universidad de La Habana no inclu a an ms que cuatro Facultades: las de Filosofa, Jurisprudencia, Medicina y Ciruja y Farmacia Hay que aclarar que entonces la Facultad de Filosofa comprenda la enseanza de materias tales como Historia Natural, Botnica, Qumica, F sica, Geografa, Matemticas, Historia, que hoy s adscriben a muy distintas disciplinas; y adems en ella se estudiaban Religin y Derecho Natural. En ese mismo ao se cre, por otra pa rte, la llamada Escuela General Prepar atoria, que, supliendo la enseanza casi meramente literaria o filosfica del bachillerato que se cursaba en los Institutos de Segunda Enseanza, imparta conocimientos de otro tipo, a nivel, por lo menos, preuniversitario. Esta Escuela se haba formado mediante la federacin, pudi ramos decir, de varias escuelas, de tipo variado que se haban ido creando, especialmente desde 1845: Escuela General de Maquinaria, Escuela de Telegrafa, Escuela Nutica, Escuela de Comercio, y Escuela de Agricultura y Veterinari a. En esta Escuela General Preparatoria se estudiaban matemticas elementales, topogr afa, elementos de geografa e historia, elem entos de fsica y qumica, ingls y francs, adems de las especialidades de cada una de las que de ella formaban parte. La Universidad, a lo largo de su vida, ha experimentado varios cambios en sus Estatutos. Entre los ms importantes figuran el de 1842 producto de su laicizacin; el de 1900, nacido de la gran trasformacin que era preciso iniciar en el pas despus del cese de la dominacin espaola; en este cambio, las Facultades se redujeron a tres: Letras y Ciencias, Derecho y Medicina; su autor fue el patriota y pensador Enrique Jos Varona, y reflej un nuevo enfoque, de tendencia positivista y cientfica, aun que, desgraciadamente, todo ello quedar ms en frmula que en realidad; el de 1923, que respondi al movimien to de rebelda universitaria, e introdujo la creacin de la Asamblea Universitaria, para el gobierno de la Universidad, compuesta de profesores, graduados y alumnos; desgraciadamente, ni este cambio ni otros posteriores pudieron curar los males de que adoleca la Universidad. Otro cambio en los Estatutos se produjo despus de 1933, en respuesta a lo que marc un hito en la historia de nuestra Universidad: la obtencin de la autonoma universitaria, que pareca librarl a de las intromisiones de gobiernos sus ceptibles de caer en las peores formas de tirana; pero no era posible que su mera autonoma pudiera librar a la Universidad de los males que corroan a la sociedad entera, como veremos inmediatamente. La Universidad fue creciendo en todo s sentidos; ampliacin de ctedras, de escuelas, de facultades, y, en proporcin muchsimo mayor, de alumnos; construccin de bellos y numerosos edificios: al Aula Magna siguieron muchos otros realmente espaciosos y artsticos, hasta que en 1925 fue construida la monumental escalinata donde se coloc la estatua del Alma Mater. Ninguna universidad del mundo presenta un aspecto ms notablemente atrayente, y la nuestra haba escrito muy brillantes pginas en su ejecutori a acadmica. Pero era imposible que se sustrajera a las violentas corrientes que agitaban la vi da nacional. Y, si de una parte se provoc la corrupcin, el relajamiento acadmico, en el estudiantado la reaccin, desde poco despus de entrar el siglo en su tercera dcada, fue de demanda de reforma universitaria que muy pronto se transformara, bajo el irresistible impulso del devenir histrico, en magnfico movimiento de rebelda contra todo lo corrompido y lo caduco de aquella repblica ya en descomposicin. Desde entonces comienza un perodo heroico en la historia de nuestra Universidad: los estudiantes entran en la vida pblica, aportndole un elemento nuevo de fervor y de sinceridad: surg en entre ellos lderes, apstole s, hroes, mrtires de la lucha contra la tirana machadista. La Universidad es atacada, invadida, clausu rada. Despus de un interregno catico —para la Universidad como para el pas—, la historia se re pite, an ms violenta, an ms dramtica, en la lucha contra la tirana batistiana: La Universidad, que se ha ganado su autonoma, y no puede ser clausurada, cierra voluntariamente sus puertas como protesta, la ms enrgica, contra el dspot a; y mueren sucesivamente ases inados por los esbirros, tres Presidentes de la Federacin Estudiantil Universitaria. Mas a ll donde otrora se forjara el malogrado Eduardo Chibs, se ha forjado el vencedor Fidel Castro. El pas necesita una nueva operacin total. Y al mpetu de la Revolucin, la Universidad se transforma, vive en estos momentos inme rsa en su proceso de recreacin, para integrarse ms hondamente, no slo por las vas de la rebelda y la censura y el combate, sino por las fecundas labores del conocimiento sabiamente comp artido, en espritu de servicio, a la vida del pas. Como capital de la Repblica, La Habana es, segn dijimo s, la sede de numerossimas instituciones nacionales de carcter cultural, de las que citaremos algunas de las ms importantes:

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ACADEMIAS que sern INSTITUTOS DE LA ACADEMIA DE CIENCIAS Academia de Ciencias Mdic as, Fsicas y Naturales, creada, con el calificativo de Real, por Real Decreto de 26 de diciembre de 1860, gracias a los incansab les esfuerzos que desde 1826 vena reali zando a ese fin el esclarecido mdico habanero Dr. Nicols J. Gutirrez, que fue su primer presid ente, y continu ocupando la presidencia hasta su muerte. Primeramente celebr sus reuniones en el local de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas; despus el Estado le entreg una parte del convento de San Agustn, y por ltimo le construy, en parte de ese local, un hermoso edificio moderno. El famoso ingeniero Francisco de Albear ocup una vez la vicepresidencia de la Academia; y ante sta expuso por primera vez el sabio Dr. Carlos J. Finlay su teor a de la transmisin de la fiebre amarilla por el mosquito, descubrimiento destinado a tener repercusiones mundiales. La Academia ha tenido una historia colmada de pginas brillantsimas. Academia de la Historia, fundada en 1910 por el Secretario de Inst ruccin Pblica y Bellas Artes, Mario Garca Kohly, bajo el gobierno del general Jos Miguel Gmez; estuvo establecida en el ltimo piso del edificio que en la esquina de las calles Cuba y Amargura, ocupaba la extinguida Renta de Lotera. Academia Nacional de Artes y Letras, tambin creada en 1910 por M. Garca Kohly, y que funcion por largos aos en locales del antiguo colegio de Beln, por la calle de Acosta. Estas tres academias publicaban sus Anales respectivos, y ltimamente funcionaban en el edificio conocido por Palacio del Segundo Cabo. El Gobierno Revolucionario las ha disuelto para reintegrarlas ms adelante en la Academia de Ciencias de Cuba, en vas de formacin, y donde funcionarn como Institutos. ARCHIVO NACIONAL. El primer archivo general que existi en Cuba debise a la iniciativa de don Claudio Martnez de Pinillos, conde de Villanueva, quien concibi el proyecto de crear en La Ha bana un Archivo General con los fondos guardados en el edificio de la antigua Factora de Ta bacos y los papeles y documentos existentes y de los que se vayan produciendo sucesivamente, a fin de convertir en ve rdadero archivo lo que slo poda califi carse de almacn de papeles. Aprobaron el proyecto del conde de Villanueva la Junta Superior Direc tiva de Real Hacienda, en 1839, y el Gobierno de Espaa por Real Orden de 28 de enero de 1840, quedando instalad o oficialmente desde esa fecha con el nombre de Archivo General de Real Hacienda, donde se reunieron los fondos de las diversas dependencias del ramo, Junta de Fomento, Intendencias de La Habana, Santiago de Cuba, Puerto Prn cipe y Subdelegacin de Mata nzas. En 1856 fue necesario, por el incremento que tom el Archivo, trasladarlo a la pa rte alta del antiguo convento de San Francisco, y por Real Orden de 31 de octubre de 1857 se ampli y cambi de denominacin, naciendo, as, el Archivo General de la Isla de Cuba, con los expedientes y documentos innecesarios para el despacho de lo corriente o que ya no fuese preciso consultar, correspondientes a los ramos de Gobe rnacin, Hacienda, Guerra y Marina. Al terminar la soberana espaola en Cuba, el Gobierno norteamericano de ocupacin militar, por la Orden de 14 de septiembre de 1899, design al Dr. Nstor Ponce de Len para el cargo de Director y Conservador de los Archivos Generales de la Isla de Cuba, acordando su traslado al Castillo de La Fuerza. Esta mudanza, como todas las de archivos y bibliotecas, pr odujo trastornos y males irre parables al establecimiento. Pero mucho ms graves fueron los daos que padeci el Archivo cuando en 1906 se dispuso un nuevo traslado al edificio del Estado conocido por Cuartel de Artillera, situad o al extremo Sur de la calle de Compostela. El Archivo haba experimentado varios cambios en su denominacin: Archivo General de la Isla, Archivos de la Isla de Cuba, Archivo General de la Isla de Cuba y Archivos Nacionales, hasta que, para acabar la confusin existente, en 20 de diciembre de 1904, el Presidente Estrada Palma, dispuso, por un Decreto, que en lo sucesivo se le llame nicamente Archivo Nacional en cuantos actos y documentos oficiales tengan relacin con el establecimiento. Respecto a los directores, al Sr. Nstor Ponce de Len sucedieron los seores Vidal Morales y Morales, Jos D. Poyo, Antonio Miguel Alcover, Julio Ponce de Len y Joaqun Llaveras que desempe el cargo desde 1921 hasta su muerte, y que, empleado del establecimiento desde 1899, fue en todo momento el verdadero y admirable organizador del Archivo Nacional. La tenacidad del capitn Llaveras logr para el Archivo el hermoso edificio que ahora posee, en el mismo lugar donde se hallaba el antiguo, de estilo colonial —neobarroco—, con tres pisos, y una capacidad tres veces mayor que aquel, obra del arquitecto Enrique Gil. Est ahora al frent e del Archivo el Dr. Julio Le Riverend, quien contina y moderniza la obra de Llaveras.

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BIBLIOTECA NACIONAL. Se fund la Biblioteca Nacional el 18 de octubre de 190 1, por el General Leonardo Wood, Gobernador Militar de Cuba, a instancia del Doctor Gonzalo de Quesada, discpulo predilecto de Mart siendo su primer director el bibligrafo cubano seor Domingo Figarola. Se estableci en los altos del cuartel de La Fuerza, en uno de los salones del Archivo Nacional, donde estuvo hasta el 7 de julio de 1902, fecha en que fue trasladada al local de los altos de la antigua Maestranza de Artillera, rigindola desde agosto de 1920 el doctor Francisco de Paula Coronado. En 1938, al ser derruida la Maestran za de Artillera, la Bibliot eca fue trasladada al Cas tillo de La Fuerza, donde permaneci en muy malas condiciones de instalacin, hasta que en virtud de una ley que fijaba un impuesto para la Biblioteca sobre cada saco de azcar, el Pa tronato de aqulla, tambin creado por la propia ley, tuvo a su disposicin la cantidad necesaria para adquirir un extenso terreno en la en tonces Plaza Cvica y levantar un amplio y adecuado edificio al que varias veces nos hemos referido, y que se inaugur en 1958. Junto al Dr. Corona do labor por algn tiempo el Dr. Jos Antonio Ramos, novelista, dramaturgo, y especializado en biblioteconoma, quien emprendi la obra de modernizar el funcionamiento de la Bi blioteca. En 1948 al fall ecer el Dr. Coronado fue nom brada Directora de aqulla la Sra. Lilia Castro de Morales. Actualmente la Biblio teca, que bajo el Gobierno Revolucionario ha ampliado extraordinariamente sus ac tividades, est bajo la direccin de la Sra. Ma ra Teresa Freyre de Velzquez, que fuera antes Subdirectora de la Biblioteca General de la Universidad, un modelo en su gnero. La Biblioteca Nacional posee varios tesoros bibliogrficos entre ellos un cdigo manuscrito de 1433, seis incunables, etc. MUSEO NACIONAL. Fue fundado bajo el gobierno del general Jos Miguel Gmez, en 1913 y establecido en el antiguo local del Frontn Jai Alai, y despus en un edificio de la acer a derecha de la Avenida de Carlos III, la llamada Quinta de Toca, que ms adelante fue demolida, pasando entonces el Museo a una antigua casa de la calle de Aguiar casi esquina a Amargura, muy inadecuada, y donde estuvo muy mal instalado hasta que en 1956 pas al Palacio de Bellas Artes, construido expresamente a ese fin. El Museo fue fundado por iniciativa de un distinguido arquitecto cubano Emilio Heredia, y su director celossimo ha sido por muchos aos el pintor Antonio Rodrguez Morey. El Gobierno Revolucionario ha decidido dividir el contenido heterogneo del Museo: todo lo concerniente al arte queda en el Palacio de Bellas Artes; el convento de San Francisco ser dedicado a Museo Histrico Colonial. OTRAS INSTITUCIONES. Academia de Pintura y Dibujo de San Alejandro. Fue fundada por el Intendente Alejandro Ramrez, y colocada bajo la dependencia de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas. En 1818 fue nombrado para dirigirla el pintor francs Juan Bautista Vermay, discpulo del gran David. Don Jos de la Luz y Caballero la dot de un pequeo museo. En 1863 se cambi su nombre por el de Escuela Profesional de Pintura y Escultura, pero el pblico siempre le dio su antiguo nombre. All pr ofesaron los pintores cubanos; los Melero Armando Menocal, Leopoldo Romaach, Armando Maribona, Esteban Valderrama, Enrique Caravia, Mara Capdevila, etc. Por tratarse de instituciones especficamente habaneras, ha remos especial mencin de las cuatro escuelas creadas y sostenidas durante muchos aos por el Municipio de La Habana: Escuela Romualdo de la Cuesta, para nias, en el barrio del Pilar, calle de Estvez; establecida en virtud de un legado del benefactor cuyo nombre lleva; ha sido dos veces reconstruida en el siglo XX, amplindose el edificio a tres pisos; con capacidad para 300 alumnas. Escuela Mayor General Jos Miguel Gmez, para varones, erigida en La Vbora, Avenida de Acosta, en 1930, por el alcalde Miguel Mariano Gmez. Escuela Vocacional Municipal Dr. Alfredo M. Aguayo, para nias, creada por el alcal de Ral G. Menocal, en La Vbora, manzana formada por las calles Es trada Palma, Libertad, Cortina y Figu eroa; edificio construido por Emilio Vasconcelos. Escuela Manuel Valds Rodrguez, para varones, igualmente creada por el alcalde Menocal, en El Vedado, en la manzana que limitan las calles 6, 8, 3 y 5; obra tambin de E. Vasconcelos; terminada en 1946, y con capacidad para 600 alumnos. Estas escuelas han sido ya integradas dentro del sistema general de Escuelas Nacionales instituido por el Gobierno Revolucionario. LA PRENSA. Desde los primitivos tiempos del Papel Peridico de la Havana y el Regan de la Havana continu desarrollndose la prensa habanera; y aunque el gobierno colonial tom en sus manos el Diario de La Habana, que era —despus de El Aviso y El Aviso de La Habana — el sucesor del Papel Peridico, y ms adelante los elementos ms reaccionariamente espaoles crearon el Noticioso y Lucero, antecesor del Diario de la Marina, las ideas y los

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sentimientos de los hijos del pas comenzaron a abrirse paso en los diarios El Faro Industrial y despus El Siglo, donde se distingui el Conde de Pozos Dulces como director y principal redactor. Comenzada la lucha armada por la independencia, apenas podran oirse voces genuinamente cubana s en la prensa, sujeta casi siempre a la censura oficial; durante la Guerra de los Diez Aos, el Diario de la Marina resultaba moderado frente al feroz anticubanismo de La Voz de Cuba que dirigi Gonzalo Castelln. Sin embargo, La Discusin, fundada algo despus, en 1879, por Adolfo Mrquez Sterling, y reaparecida en 1889, libr algunas buenas campaas, —como tambin lo hizo La Lucha, con la admirable actuacin de Juan Gualberto Gmez— dentro de la s enormes limitaciones de la poca, para reaparecer en 1899, bajo la direccin de Manuel Mara Coronado, como diario cubano para el puebl o cubano. Paralelamente, haban continuado la lnea reformista, sucesivamente, lo s rganos del moderantismo, del autonomismo, que fueron El Triunfo, (1878), y El Pas (1884). El Mundo, fundado en 1901, dcese que para comba tir la Enmienda Platt, por Rafael R. Govn, es el nico diario de aquella poca que ha llegado a nuestros das. Bajo la Repblica los peridicos se multiplicaron hasta la ex trema exageracin. El Diario de la Marina mantuvo hasta sus ltimos momentos, despus del triunfo de la Revolucin muchas veces perseguido y clausurado, ha cumplid o sus veinticinco aos. Fue curioso el caso del diario Heraldo de Cuba: fundado en 1914, con sentido patritico y con el concurso de muy buenas plumas, por el escritor Manuel Mrquez Sterling, quien despus desempe los ms altos cargos diplomticos y se distingui por sus enrgicas y reiteradas campaas contra la Enmienda Platt, degener luego, en otras manos — Orestes Ferrara, Aldo Baroni, etc.— ha sta convertirse en el ms acrrimo defensor de la tirana y los desmanes machadistas, lo que provoc que sus locales de Manrique y Virtudes fueran allanados y su maquinaria destrozada por el furor popular, el 12 de agosto de 1933, a la cada del Dspota. Entre el copiossimo nmero de revistas, la Revista de Cuba (1877) y la Revista Cubana (1885), dirigidas, respectivamente, por Jos Antonio Cortina y Enrique Jos Va rona, fueron, sin comparacin, entre las llamadas revistas serias las ms prestigiosas por la calidad de sus tr abajos, durante la poca colonial, adems de la Revista Bimestre Cubana, rgano de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, dirigida primeramente por Jos Antonio Saco, y que continu existiendo hasta hace poco Cuba Contempornea, dirigida por Carlos de Velasco, fue la que ms se distingui durante el perodo republicano en sus primeras dcadas. De las revistas ilustradas, despus del breve florecimiento de ha Habana Elegante, El Fgaro goz de extraordinario renombre literario en toda la Amrica Latina, el mensuario Social fue de los ms refinados y artsticos, y Bohemia, hasta que la intolerancia de los gobiernos le ha cerrado el paso, gozaba de enorme circulacin en toda nuestra Amrica. Esta es la nica de la poca anterior a la Revolucin que contina existiendo, junto al mensuario Cuba (antes INRA), Verde Olivo, Mella, Trabajo, Cuba Socialista —de carcter doctrinal—, y algunas otras, todas producto de l triunfo revolucionario. La revista femenina Vanidades, ha subsistido, pero alterando notablemente su carcter, y cambiando, con mucho acierto su nombre por el de Mujeres; es buen representante de la feminidad socialista. LA MSICA Dado que en el campo cultural los habaneros han de mostrado a travs de los tiempos una especialsima predileccin por la msica, nos ha parecido interesante agregar a este captulo alg unas notas sobre el desarrollo de esta actividad cultural en nuestra ciudad. Al reproducir la mayor parte de una vi vida descripcin, trazada en 1598, de la s costumbres de la villa primitiva, dimos a conocer a nuestros lectores los comienzos humildsimos de la vida musical habanera. Para una breve resea del desenvolvimiento posterior de la msica en La Habana seguiremos, en primer trmino, al notable musicgrafo Orlando Martnez, que en su folleto Mara Teresa Garca Montes de Giberga, un carcter, una obra, un ejemplo, nos dice: Los orgenes de la verdadera historia musical de Cuba se remontan a 1800. Con anterioridad a esa fecha ya se haban conocido aqu distintos artistas nativos y extran jeros, y hasta hay noticias de algunos compositores. En 1776 en La Habana se cant Didone Abbandonata, de Metastasio, si bien se ignora quienes la interpretaron y quien era el autor de la msica. luego se refiere a la pera espaola e italiana que actu en el Teatro Principal, continuando as. En los albores de la pasada centuria el baile goz en Cu ba de todas las preferencias musicales. Las personas de mayor relieve social danzaban al infl ujo de la escuela francesa, en tanto que las de menor categora usaban una rudimentaria orquesta. Por el 1810 se inici el gusto por las tiranas, guarachas, seguidillas, polos y boleros, que se usaban frecuentemente para dar serenatas a las novias o a las amigas, y que mantuvieron su esplendor durante veinte aos. En 1812 apareci El filarmnico Mensual, que fue el primer peridic o musical publicado en Cuba. En 1830 se despert un inusitado inters por la msica, adquiriendo gran animacin los espectculos pblicos. En la Calzada de Jess del Monte se inaugur una Academia de Msica y de Baile. Dos aos despus se fund la Sociedad Santa Cecilia que fue el lugar de reunin de las mejores familias hasta 1844 en que desapareci.

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Exista tambin, por lo menos en 1841, una Academia de Declamacin y Filarmona de Cristina, presidida por D. Narciso Fox, situada en una casa que daba sobre la Pl aza Vieja, y que a veces ofr eca representaciones en el Gran Diorama; pero parece que se dedicaba mucho m s al arte dramtico que al musical. Pero una verdadera conciencia artstica —dice el citado au tor—. no se inici en Cuba hasta mediados de 1832, al llegar el artista Juan Federico Edelmann ( Strazburgo, 1795 La Habana, 1848), quien se estableci definitivamente en el pas. Gran pedagogo de la msica e intrprete genial en el piano, la importancia principal de Edelmann —que adems haba establecido un almacn de msica, en Obrapa nmero 12— consiste en haber formado, como muy bien dice Orlando Martnez, una rama de grandes pianistas, que haban de dar gloria al arte en Cuba y en el extranjero. Sus tres grandes discpulos fueron Manuel Saumell (1817-70), Pablo Desvernine (1823-1910) y Fernando Arizti (1828-88). Saumell tuvo como alumno al malogrado Gregorio Ramos. Desvernine fue mentor del artista norteamericano Eddie MacDowell y Arizti fue profesor de Nicols Ruz Espadero. Espadero, a su vez form a artistas tan nobles como Cecilia Arizti, Gaspar Villate, Ignacio Cervantes, Carlos Alfredo Peyrellade, Natalia Broch y Angelina Sicouret. Edelmann, sigue diciendo Martnez, fue el primero que nos ense seriamente a tocar el piano, pero como no form ni fund instituciones, tiene que ser considerado como un precursor. Treinta y siete aos habran de transcurrir despus de su muerte, para que otro extranjero llegara a Cuba a completar y a superar su labor. Fue el tambin gran pianista y compositor holands Hubert de Blanck (Utrecht, 1856 La Habana, 1932), quien en 1885 abri las puertas del primer Conservatorio de Msica de Cuba. Blanck, cuya obra fue continuada, despus de su muerte, por su esposa Pilar Martn y sus hijas hasta fecha muy reciente, mereci justamente que se le llamara El Patriarca de la Msica en Cuba, y fue el primero, y siempre el principal que extendi ampliamente la enseanza de la msica, fundando en numerosas ciudades de provincia sucursales de su conservatorio que, a pesar de que siempre fue institucin privada y de paga, para alumnas pertenecientes a las clases ms o menos acomodadas, recibi, durante la ocupacin militar norteamericana de 18991902, autorizacin para llamarse Conservatorio Nacional. Funcion tambin durante largos aos en La Habana el Conservatorio Peyrellade, dirigido por el msico c ubano Alfredo Peyrellade y despus por su viuda. Mucho de este movimiento, tan intenso que se ha llegado a decir que La Habana fue durante la primera mitad del siglo XIX un centro de verdadera cult ura musical, ha sido admirablemente recogido en la interesantsima obra La Habana Artstica, del musiclogo Serafn Ramrez, publicada en 1891. En cuanto a la enseanza oficial de la msica, el gran director cubano Guillermo M. Toms obtuvo en 1903 la creacin de la Escuela de Msica O'Farrill, convertida en 1910 en Escuela Municipal de Msica de La Habana, bajo la direccin sucesiva del propio Toms, de modesto Fraga, Gonzalo Roig y Csar Prez Se ntenat. Reorganizada en 1935 como Conservatorio Municipal de Msica, fue dirigida por Amadeo Roldan, Diego Bonilla y Ral Gmez Anckermann. Actualmente, bajo el po deroso impulso con que el Gobierno Revolucionario hace pr ogresar todos los aspectos de la vida nacional, el Conservatorio ha cobrado nueva vida, convirtindose en instituto superior de enseanza musical. Muy acertadamente dice Orlando Martnez: A lo largo de todo el siglo XIX tuvimos grandes compositores y artistas, como la Condesa de Merlin (que aunque nacida en 1789 pertenece al siglo pasado), y —a dems de los ya citados— Jos Domingo Bousquet, Jos Julin Jimnez, Anselmo Lpez, Rafael Salcedo, Claudio Brindis de Salas, Jos Julin Jimnez, Jos Mauri, Jos Manuel Jimnez, Rafael Daz Albertini y otros muchos, y la Msica de Cmara cont con excelentes cultivadores. Pero, en general, el gusto por la buena msica era de la exclusividad de algunas minoras, reunidas en privado en las casas de las familias ms distinguidas. El pueblo no tena acceso a esas expansiones espirituales, para las que, por otra ;parte, careca de preparacin intelectual. Smese a esto el hecho de que nuestros ms grandes artistas, casi sin excepcin, se marchaban al extranjero a ampliar sus conocimientos y a cosechar la gloria que les estaba vedada en la propia patria, residiendo largos aos ausentes de Cuba. Un elocuente ejemplo tenemos en el gran tenor Francisco Dominicis, hoy retirado en La Habana, que cant durante varias temporadas en la famossima Scala de Miln, bajo la batuta de Toscanini y estren una opera de Puccini con gran satisfaccin del autor: los italiano s lo oyeron mucho ms que los cubanos. La labor de divulgacin de la buena msica entre el gran pblico ha sido desarrollada en La Habana, durante el siglo XX, hasta el triunfo de la Revolucin, principalmente por cuatro instituciones que ri ndieron labor extraordinaria: la Banda Municipal de Msica de La Habana, la Sociedad Pro Arte Musical, la Orquesta Sinfnica de La Habana y la Orquesta Filarmnica de La Habana.

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La Banda Municipal de Msica de La Habana, creada en 1901, bajo la direccin del gran msico, gran musicgrafo y gran animador de cultura que fue Guillermo M. Toms (1868-1933), nacido en Cienfuegos, se elev a la altura que jams soaran aquellas primitivas bandas militare s que desde principios del siglo XIX comenzaron a ofrecer retretas los mircoles ante los cuarteles o fortalezas, y desde 1834 y 1846 en los parques o paseos principales; forma de recreo que se convirti en una de las ms gustadas por los habaneros a lo largo de todo aquel siglo, hacindose famosas, sucesivamente, las celebradas en la Plaza de Armas, en el Parque Central y en una glorieta que fue levantada muy cerca del mar, al comienzo del Paseo de Mart, frente al Castillo de la Punta, al construirse el Malecn durante la ocupacin militar norteamericana, y derruida ms tarde cuando se construy la Avenida del Puerto, hoy de Carlos Manuel de Cspedes. Efectivamente, adems de dirigir con altsimo espritu artstico las actividades habituales, de una banda de ese gnero y de efectuar varias giras que fueron orgullo de La Ha bana en el Extranjero, el maestro Toms realiz la labor excepcional de ofrecer al pblico habanero ¡por primera vez!, y en transcripciones para banda, las grandes obras sinfnicas de que hasta entonces slo se conocan en nuestro pas algunos breves fragmentos en adaptaciones a uno o dos instrumentos. Como dice Martnez: Sus series de conciertos histricos tituladas Las Grandes Etapas del Arte Musical (1905-1906), Los Grandes Poetas Tonales (1908-1910), Las Orientaciones del Arte Tonal Moderno (1912) y Fases del Gnero Sinfnico Contemporneo (1917), constituyeron un aporte formidab le a la causa de la cultura musical. Jos Luis Vidaurreta asegura —en trabajo publicado en el libro Facetas de la vida de Cuba Republicana, editado por la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana en 1954— que estos conciertos colocaron a La Habana, en cuanto a labor de divulgacin artstica, al frente de todo el movimien to musical americano, y nos recuerda que Toms publicaba, como programas para aquellas series de conciertos unos folletos primorosamente editados que formaban un tesoro de cono cimientos sobre las obras y los autores interpretados. La Sociedad Pro Arte Musical fue fundada en 1918 por una dama de la sociedad habanera entonces ms elegante y acaudalada, pero que se alz muy por encima de las frivolid ades y vaciedades habituales en aquel sector social: la Sra. Mara Teresa Garca Montes de Giberga. Gracias a su tesn y su entusiasmo, la Soci edad Pro Arte Musical inaugur en 1928, en le Vedado, su magnfico Auditorium que es la mejor sala habanera para audiciones musicales; present al pblico de La Habana ao tras ao, los mejores ejecutantes del mundo entero, as individuales como en conjuntos famosos, y cre, con el bailar n ruso Yavorski a la cabeza, una escuela de Ballet que despert en el pblico cubano una viva aficin por ese espectculo y donde se fo rm primeramente la gran bailarina, hija de La Habana, clebre en el mundo entero: Alicia Alonso. La Orquesta Sinfnica de La Habana naci en 1922, bajo la direccin musical del ilustre compositor cubano Gonzalo Roig y con la colaboracin de Ernesto Lecuona. Haba tenido por precursores a una Orquesta Sinfnica creada por Guillermo M. Toms en 1910, que slo dur unos dos aos y un sptimo auspiciado por el violinista y editor Anselmo Lpez y dirigida por Agustn Martn, organizado desde 1901 que luego se convirti en la Sociedad de Conciertos Populares. La Orquesta Sinfnica de La Habana pronto present directores invitados y solistas de fama mundial y, a pesar de la falta de apoyo econmico y la ruinosa competencia de la Orquesta Filarmnica, subsisti durante ms de veinte aos gracias al en tusiasmo y el desinters de su director y sus profesores, y siempre alta calidad artstica. La Orquesta Filarmnica de La Habana se fund bajo la direccin del msico espaol Pedro Sanjun, por enemistad hacia Gonzalo Roig, y enseguida —seal de cmo andaban entonces las cosas en Cuba— logr slido apoyo financiero, especialmente mientras desde 1938 hasta 1947 tuvo un patronato dirigido por el millonario Agustn Batista, quien logr hacer elegante or msica sinfnica. Hasta ese momento la Orquesta fue dirigida por Sanjun hasta 1932, por el malogrado compositor cubano Amad eo Roldan hasta 1938; de 1939 a 1944 por el italiano Massimo Frecchia y de 1944 a 1947 por el magnfico director Erich Kleiber. La orquesta tuvo por directores invitados a muchos de los mejores del mundo, y goz de su mayor esplendor artstico bajo Erich Kleiber, que present primeras audiciones importantes; adems estren y reestreno varias obras de autores cubanos e impuso al patronato rico y d istinguido la creacin de los conciertos populares, en que el pueblo poda escuchar a bajo precio la misma msica que se ofreca a los privilegiados; Kleiber renunci por discrepancias con el patronato aristocrtico, y despus de 1947 la Orquesta Filamnica fue decayendo, y estaba prcticamente disuelta al triunfar la Revol ucin. Esta la ha hecho renacer victoriosamente, bajo la direccin del notable msico cubano Enri que Gonzlez Mantici; pero, por justicia y patriotismo le ha dado el nombre de Orquesta Sinfnica Nacional y ha hech o que su primer acto pblico fuese un homenaje al fundador Gonzalo Roig. En nuestra Cuba socialista la Direccin de Cultura del Ministerio de Educacin y el Instituto N acional de Cultura se han hecho cargo con mucho mayor envergadura, y extendien do su campo de accin al pas entero, de la labor que dentro del reducido marco de la sociedad anterior procuraban llevar a cabo instituciones como Pro Arte Musical y otras. Y nuestro pblico goza ahora, a 25 y 50 centavos, y aun gratis muchas veces, en el Auditorium, adquirido por el Estado, en el nuevo Teatro Nacion al, an no terminado, en el gran teatro Chaplin {antes Blanquita), en la Ciudad Deportiva, en el Palacio de los Trabajadores y en otras distintas salas, de los ms diversos y esplndidos espectculos que van desde

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excelentes solistas —entre ellos compositores de primera fila como Jachaturian—, hasta representaciones de conjuntos como el Ballet de Cuba, la Opera de Pekn, los Co ros y Danzas del Ejrcito Sovitico, etc., etc. Durante casi toda su historia la forma musical —y tambin la forma teatral— favorita de los habaneros ha sido la pera, y a ella nos hemos referido, as como a sus hermanas me nores, la opereta y la zarzuela, al tratar de los teatros. Pero nos parece que no debemos dejar de citar que La Habana ha presenciado, durante la era republicana, el estreno de algunas peras de compositores cubanos como El Nufrago 1901, Dolorosa (1910) y Doreya (1918) de Eduardo Snchez de Fuentes; y La Esclava de Jos Mauri, en 1921; de numerossimas zarzuelas como El brujo de Marn Varona y La casita criolla de J. Anckermann; y de unas cuantas del tipo llamado zarzuela grande, como Nia Rita, de Ernesto Lecuona y Eliseo Grenet; Mara la O, El Cafetal y Rosa la China, del mismo Lecuona; La Virgen Morena, de Grenet; Mara Beln Chacn y Amalia Batista, de Rodrigo Prats; El Clarn y La Hija del Sol, de Gonzalo Roig, y sobre todo su celebradsima Cecilia Valds, basada en la clebre novela de Cirilo Villaverde y estrenada en 1932 con un xito que contina siempre vivsimo. Es de justicia consignar la magnfica labor de divulgaci n de la buena msica que desde hace muchos aos viene realizando con tesn inquebrantable al servicio de su gran cultura musical, Orlando Martnez, a quien ya hemos citado, al frente de la emisora radial CMBF, Radio Musical, antes perteneciente al Ci rcuito C.M.Q., y que ahora, convertida por el Gobierno Revolucionari o en Radio Musical Nacional, ha podido amp liar notablemente su radio de accin y su esplndido servicio al pueblo. La Revolucin ha hecho sentir tambin en el campo de la msica su poderoso impulso renovador. No creemos que puede dejar de mencionarse una institucin novsima, de sello genuinamente revolucionario: la de las Escuelas para Instructores de Arte que instaladas en muchas de las mejores residencias de Miramar y de otros que fueron barrios ultraelegantes, dan al bergue e instruccin artstica a numero ssimos muchachos y muchachas procedentes del campesinado y que luego llevarn a las regiones en que nacieron no solamente los conocimientos adquiridos en msica, drama y danza, sino su entusiasmo por las manifestaciones artsticas, convirtindose as al regresar a pueblos y granjas, en verdaderos animadores de cultura. En el mismo terreno ha creado tambin el Gobierno Re volucionario, como organismo superior de enseanza artstica, la Escuela Nacional de Arte, con sus Departamentos de Msica, Balle t, Artes Plsticas, Artes Dramticas, Danza Moderna. La Escuela de Msica cuenta actualmente con 165 alumnos y 30 profesores; todos los alumnos son becados, y la escuela ocupa todas las re sidencias del bello reparto hoy nombrado Cubanacn, que es el que fuera antiguo Country Club, el ms lujoso de los suburbios que eran orgullo de las clases privilegiadas de la antigua sociedad. Ni tampoco sera posible no citar, en medio de este desbordante florecer artstico, que el entusiasmo revolucionario ha suscitado, el auge del ballet, en el que junto al magnfico Ballet Nacional de Cuba, conjunto y escuela a cuyo frente se encuentra la incomparable Alicia Alonso, han surgido el Conjunto Nacional de Danza Moderna, dirigido por Ramiro Guerra y el Conjunto Experimental de Danza de La Habana que orienta y anima Alberto Alonso. Tiene adems La Habana su propia Escuela de Ballet, gratuita, para nios y jvenes de ambos sexos; esta escuela que con carcter municipal vena funcionando desde hace doce aos, ha recibido un nuevo impulso, admitiendo becados, y est levantando un hermoso edificio, con teatro propio, en el Vedado, en la esquina de las calles L y 19. Y tambin, sobre todo para los que recordamos con admiracin los esfuerzos, casi he roicos y casi nicos, de aquella meritsima artista, Mara Muoz de Quevedo, al crear y sostener durante aos la Coral de La Habana y algunas otras instituciones de anlogo carcter, es motivo de verdadero jbilo observar el casi s bito y esplndido florecimiento de una forma artstica tan hecha para expresar los sentimientos y el fervor ar tstico de las masas como lo es la msica coral: la Coral de los Instructores de Arte, la Coral de le CTC Revolucionaria y algunas otras, son ya realizaciones de que todos podemos sentirnos orgullosos. Pero sera imposible cerrar estas notas sin dejar constancia de como paralelamente a esta corriente de msica ms o menos clsica, ms o menos sabia ha corrido siempre en La Habana, como en Cuba entera, una fresca e impetuosa corriente de msica popular, tpicamente cubana: de esa msica genuinamente nuest ra que se ha hecho famosa en el mundo entero y que a veces ha cobrado categora sinfnica en Amadeo Roldan, en N. Ruz Castellanos, en Gilberto Valds, Garca Caturla y en algunos ot ros; esa msica que corre como ro en las voces poulares, esa que sabiamente, con hondo sentido nacional, estudia, conserva y divulga en sus formas ms puras el Instituto Musical de Investigaciones Folklricas —actualmente en vas de transformacin en Seminario de Msica Popular —, dirigido por el gran msico que es Odilio Urf, y que ahora cuenta, asimismo, con otro muy buen rgano de divulgacin, el Conjunto Folklrico Nacional, al frente del cual laboran Rodolfo Reyes, Rogelio Martnez Fur y Marta Blanco. No es posible que dejemos de sealar, por ltimo, que ha sido verdaderamente excepcional la importancia de La Habana en todos los campos de la vida cultural y espiritual de nuestro pas; y su aporte el ms considerable a la formacin de la conciencia nacional; as como la fecunda y extraordinaria labor desenvuelta en las letras, en las ciencias, en todo campo intelectual, por mu chos ilustres hijos de nuestra ciudad, que, durante la Colonia, supieron poner

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su saber, su talento y su patriotismo al servicio del bienestar del pas, y que, ms adelante con sus prdicas y sus enseanzas sembraron e hicieron fructifi car en las conciencias y en los corazones de sus compatriotas los sagrados ideales de independencia y de libertad.

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55 LOS MAS ILUSTRES HI JOS DE LA HABANA Una ciudad no es, en verdad, grande por la extensin de su permetro, ni por la amplitud de sus perspectivas, ni por la magnificencia de sus edificios, ni por la belleza de sus monum entos, ni por el hervor de sus multitudes, ni aun por la majestad de sus paisajes. Una ciudad es de veras grande cuando concibe y cra grandes hijos, cuando dentro de su recinto nace y vive la grandeza. Siendo esto cierto, es gr ande, es excepcionalmente grande La Habana, porque con noble orgullo puede proclamar que ha enriquecido la historia de la humanidad con una brillantsima constelacin de grandes hijos. Y su grandeza toca a lo excelso porque, como muy pocas ciudades del Mund o, luce, entre esa plyade gloriosa un hijo, un hombre que trasciende las fronteras de su pueblo y aun de su continente, un hombre de dimensin universal. A tal punto est la historia de La Habana tachonada de figu ras seeras, que nos sentimos tentados —y caemos en la tentacin— de apropiarnos aqu el conocido soneto con que cerraba su obra el primero de los historiadores habaneros, Martn Flix de Arrate, diciendo, con alarde de modestia estr idente —y valga la paradoja—, muy del gusto de la poca: SONETO Aqu suelto la pluma ¡oh patria amada, Noble Habana, ciudad esclarecida! Pues si harto bien volaba presumida, Ya es justo se retire avergonzada. Si a delinearte, patria venerada, Se alent de mi pulso mal regida, Poco hace en retirarse ya corrida, Cuando es tanto dejarte mal copiada. Mas ni aun as ha logrado desairarte; Pues si tanto hijo tuyo sabio y fuerte En las palestras de Minerva y Marte. Te acreditan y exaltan, bien se advierte Que donde han sido tantos a ilustrarte, No he de bastar yo solo a oscurecerte.

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Pero nosotros hemos de tomar de nuevo la pluma, porque, entre otras cosas, nos sentimos obligados a justificar nuestro aserto de que es grande La Habana porque cuenta con muchos grandes hijos. No intentaremos una enumeracin, porque resultara demasiado extensa y montona: citaremos, como ejemplos, a unos cuantos de los ms sealados en distintos campos de actividad, y escogindolos, si n excepcin, entre los que por haber ya dejado la vida terrena son luminarias fijas en el cielo de la inmortalidad. Hay, entre los habaneros ilustres, una plyade de poetas que van desde Manuel de Zequeira y Arango, el primero en el tiempo de todos los cultivadores de la poesa en Cuba, hasta un contemporneo, el vibrante Rubn Martnez Villena, y que cuenta con figuras como Ramn de Palma, Jo s Joaqun Luaces, Gabriel de la Concepcin Valds (Plcido), Jos Agustn Quintero, Rafael Mara de Mendive, las hermanas Borrero, y con un innovador de resonancia continental, Julin del Casal. Hay un grupo magnfico de pensadores y filsofos, donde descuellan, en primer trmino el Padre Jos Agustn Caballero, y tras l, Manuel y Jos Zacaras Gonzlez del Va lle, Jos Manuel Mestre, Nicols Escobedo, sin olvidar que en La Habana desarroll sus brillantes actividades filosficas Enrique Jos Varona, uno de los pocos filsofos de nuestra Amrica. Hay, como paladines destacados en un ejrcito interminab le de literatos y periodistas, crticos y publicistas, como Manuel Costales y Govantes, Enrique Pieyro, Aurelio Mitjans, Manuel de la Cruz; oradores como el propio Escobedo, y Antonio Zambrana, y Manuel Sanguily; novelistas como Ramn Meza, Miguel de Carrin y Jess Castellanos; dramaturgos como Jos Antonio Ramos. Sin contar con que, por haber sido La Habana irre sistible foco de atraccin para la inmensa mayora de los intelectuales de Cuba, entre los habaneros adoptivos se encuentran mil figuras esclarecidas, adems de Enrique Jos Varona, ya citado : Jos Antonio Saco, Domingo del Monte, Jos Antonio Echeverra, Ricardo del Monte, Jos Antonio Cortina, Miguel Figueroa, Juan Gualberto Gmez, Jos de Armas y Crdenas {Justo de Lora) y otros muchos.

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Tenemos, entre los hijos de La Habana, msicos como Nicols Ruz de Espadero, Fernando Arizti, Rafael Daz de Albertini, Gaspar Villate, Claudio Brindi s de Salas, Ignacio Cervantes, Eduardo Snchez de Fuentes, Amadeo Roldan; todo un grupo de pintores, desde los precursores Nicols de la Escalera y Vicente Escobar hasta quizs el ms genial de

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todos los nacidos en Cuba: Fidelio Ponce. Ingenieros como Antonio Fernndez de Trevejos, Manuel Pastor y Francisco de Albear. Economistas y estadistas como Francisco Arango y Parreo, el Conde de Pozos Dulces. Juristas como Anacleto Bermdez, Jos Silverio Jorrn, Jos Antonio Go nzlez Lanuza. Educadores como Lorenzo Melndez, Mara Luisa Dolz, Manuel Valds Rodrguez. Eruditos como Antonio Bachiller y Morales, y el propio Jorrn, Vidal Morales y Morales, Domingo Figarola Caneda, Francisco Gonzlez del Valle y J. A. Rodrguez Garca. Y una esplndida galaxia de hombres de ciencia, como Toms Romay, Nicols Jos Gutirrez, Jos Mara de la Torre, Ramn Zambrana, Fernando y Ambrosio Gonzlez del Valle, Felipe Poey, Andrs Poey, Luis Montan. Asimismo, si bien en Cuba justo es decir que la libertad, como la luz, viene de Oriente, y una legin de orientales, desde Cspedes y Maceo hasta Fidel Castro, la bra y alza, y recoge en cose cha triunfal las rebeldas sembradas a lo largo de la Isla, tambin es de justicia proc lamar que La Habana ha dado un valiossimo contingente de patriotas, desde muchos de los primeros conspiradores y desde aquel prototipo de abnegacin que fue Miguel de Aldama hasta el devoto ferviente, Gonzalo de Quesada, el discpulo predilecto de Mart. Y ha dado, igualmente una legin de luchadores, de hroes y de mrtires, desde los esforzados defensores de su ciudad en el siglo XVIII —Pepe Antonio, los Aguiar, Chacn, los Montalvo, los Pealver, sin olvidar a los primeros milicianos del pueblo—, y luego los incontables mrtires de la lucha por la liberacin de la Patria, que comienza con el que quiso liberar a su raza y a su pas esclavo, con Jos Antonio Aponte, y contina con todos los inmolados en las contiendas independentistas, como los

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Eduardo Facciolo, Luis de Ayestern, Domi ngo Goicura, y se cierra con los habane ros que dieron su vida por abrir a la Patria ms anchas vas de libertad, de justicia y de progre so, y murieron en los campos o en las calles ensangrentadas de su propia ciudad natal y hasta a mil leguas de ella, en tierra extraa, y de las cuales son smbolos inmortales Rafael Trejo y Julio Antonio Mella. Por ltimo, entre los miles de hijos de La Habana que fo rmaron de las fuerzas armadas libertadoras de la Patria, siendo imposible hasta contarlos, a todos les rendimos homenaje en dos figuras de singularsimo relieve: el joven General del Ejrcito Libertador Juan Bruno Zayas, cuyo elogio queda hecho con decir que el nclito Antonio Maceo lo juzgaba como capaz de seguir dignamente sus huellas en el altsimo cargo de Lugarteniente General; y en el Ejrcito Rebelde, el ltimo a quien la Patria llora como hroe nacional, al joven comandante heroico, glorioso, inolvidable, Camilo Cienfuegos. Pero entre los hijos ilustres de La Habana tres hay que merecen lugar aparte en ese desfile de grandezas. Es la triloga que forman Flix Vrela, Jos de la Luz y Caballero y Jos Mart. No es este el lugar de trazar la biografa ni de estudiar el espritu y la obra de estos tres habaneros de excepcin, porque ellos exigen, para apreciarlos siquiera sea parcialmen te, un espacio y un tiempo que sera imposible consagrarles en una obra del gnero de la presente; pero tampoco podemos simplemente incluirlos en la mencin general de sus conciudadanos m s distinguidos, por brillantes que stos sean. Ellos se destacan en el cielo de la Patria —no ya en el de la Ciudad— como un tringul o luminoso cuya base forman el filsofo y revolucionario y el pensador y educador, y en cuyo vrtice refulge el Apstol.

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Al evocarlos en unas cuantas frases nos mueve el deseo de infundir, en aquellos de nuestros lectores que por estar dando ahora los primeros pasos en la vida o en la cultura, an no se han acercado internamente a ellos, el deseo ferviente de conocerlos mejor para amarlos ms y para crecer a su semejanza; y en los que estn ya familiarizados con sus personalidades excelsas, el ansia de renovar y ahondar ese conocimiento „ fecundo hasta convertirlo en verdadera familiaridad interior, pues, ya que andamos rebuscando en nuestra historia, estas tres magnas figuras son, sin comparacin, el tesoro mayor que todo el pasado de nuestra ciudad puede brindarnos. Flix Vrela es el espritu fuerte y avanzado que, hacie ndo fructificar el germen se mbrado por su maestro, el extraordinario Pbro. Jos Agustn Caballero, revestido de su hbito sacerdotal y encerrado entre los muros del Seminario Consiliar, rompe los moldes del escolasticismo y abre las puertas de las aulas y las mentes de los alumnos para que anchamente penetren las luces de la razn y de la ciencia, propugna el mto do experimental, y libera el pensamiento aherrojado, diciendo l, cura catlico, y fiel a su Iglesia, la experiencia y la razn! son las nicas fuentes o reglas de los conocimientos en filosofa, renovando todo el ambiente mental de nuestra tierra, llevando a la colonia a un nivel ideolgico mucho ms adelantado que el d la Metrpoli, y mereciendo que su gran discpulo, Luz y Caballero, dijese de l: Fue el primero que nos ense a pensar. Es el santo de virtudes tan heroicas y el clrigo de tan clarsimo talento y el hombre de tal grandeza espiritual que, pobre y desterrado, fugitivo, condenado a muerte por el gobierno que domina a su pas, est a punto de ser llevado a regir nada menos que la importantsima dicesis de Nueva York —y es precisa la intervencin oficial del Ministro de Espaa en Washington para impedirlo—, y ms ta rde, los catlicos de San Agustn se niegan a separarse de sus cenizas veneradas. Es el poltico audaz que en las Cortes de Cdiz propone la autonoma de Cuba y el reconocimiento de la independencia de las colonias liberadas de Amrica.

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Es el gran precursor revolucionario que ¡desde la segunda dcada del siglo XIX! no slo que, para Cuba, no hay otro porvenir de justicia y progreso que la independencia, sino que slo poda lograrlo por la Revolucin! Es el patriota fervoroso que pone su pluma vibrante, acerada y magnfica, su pensamiento luminoso y enrgico al servicio de la causa independentista —en el peridico que llama, precisamente, El Habanero — y que muere, acaso, consumido por el dolor de que sus compatriotas no oigan su voz, que es la de la verdad, y se lancen a la lucha. Para Cuba, an no haba llegado la hora: los ricos, segn su propia frase, slo pensaban en sus cajas de azcar y sus sacos de caf; y el pueblo, dividido, esclavo en gran parte e ignorante todo l, an no tena conciencia de s. Era preciso, todava, recorrer las etapas que personifican Luz y Caballero y Mart. He aqu tres relmpagos de su pensamiento revolucionario en los que se presiente a Mart: La Patria a nadie debe: todos sus hijos le deben sus servicios. Deseara ver a Cuba tan isla en poltica como lo es en la naturaleza. Ningn gobierno tiene derechos: los tiene, s, el pueblo para cambiarlo, cuando se convierte en medio de ruina en vez de serlo de prosperidad. Jos de la Luz y Caballero es el filsofo que lleva a trmino la renovacin liberadora en el campo de las ideas, iniciada por su to, el Pbro. Jos Agustn Caballero, y co ntinuada por su maestro, el Pbro. Flix Vrela. Es el investigador y el erudito cuyos conocimientos provocan en el famoso novelista Walter Scott, al conocerle, estas palabras: Con cul de los sabios de Europa tengo el honor de hablar?, y se gana la admiracin de los hombres de ciencia y de pensamiento de I nglaterra, Alemania y Francia. Es el pensador que se apasiona intensamente en las polm icas de carcter filosfico, porque no ve en las ideas mero tema de estudio intelectual, sino fuerzas rectoras de la vida social, poltica, econmica, cultural: de toda la vida colectiva de un pas. Pero, ms que por los mritos de su saber, Jos de la Luz es grande por el destino que quiso dar a sus dotes intelectuales, y que les dio: porque no pens en la gloria literaria o cientfica, sino en lo que la Patria necesitaba, y en vez de ser hombre de letras, se hizo educ ador, porque, segn dijo, no poda sentarse a hacer libros, que es cosa fcil, porque la inquietud intranquiliza y devora, y falta el tiempo para lo difcil, que es hacer hombres. Y logr su nobilsima ambicin; para decirlo con palabras de Mart: Sembr hombres.

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Luz Caballero es grande, sobre todo, porque su remover de ideas sacude hasta los cimiento s la caduca sociedad que lo rodea; porque, espejo de bondad y de austeridad l mismo, inculca principios tan puros, tan elevados que no pueden realizarse en un medio estancado y corrupto como lo es l de la colonia aherroja da; porque infunde en sus discpulos un ansia de nobleza, de libertad, de dignidad humana, que necesita de un clima nuevo en donde respirar, y as hace de ellos los instrumentos idneos para las grande s transformaciones polticas y sociales que el devenir histrico hace imperiosas y que convertirn la factora en nacin. As pensaba Luz y Caballero: Callen personas cuando hablan pueblos. Estudiar no es dar carrera para vivir: es templar el alma para la vida. Antes quisiera yo verdes plomadas, no digo las instituciones de los hombres, sino las estrellas todas del firmamento, que ver caer del pecho humano el sentim iento de la justicia, ese sol del mundo moral. Jos Mart. Qu decir de Mart, si no recordar lo que l dijo de Cuba?: De Cuba, qu no habr escrito?: y no una palabra me parece digna de ella: slo lo que vamos a hacer me parece digno. As, a nosotros que llevamos toda un a vida hablando de Mart, a veces nos parece que nada hemos dicho. Mart no es solamente el hombre impar en quien se hace carne el mpetu revolucionario slo a medias adormecido en el pueblo de Cuba. No es solamente el ser cordial y saga z que ana todas las voluntades, que disuelve los recelos, los rencores, las discordias, que arrebata an ms con el fue go de su sentimiento que con la magia fascinadora de su palabra, que funde los pensamientos y los corazones en un a sola enorme llama revolucionaria y acaba por ser como la personificacin misma de la Patria. No es solamente el escr itor ms deslumbrador de la lengua castellana y el poeta que abre nuevas vas magnficas a toda la poesa que se expresa en espaol. No es, en suma, slo un libertador de su pueblo, slo un genio literario y poltico, con todo el caudal enor me que estos conceptos encierran. Es el Maestro, que trasciende las fronteras de la Patria, y con ella siempre en el centro del corazn y del afn, se hace a la vez hijo y gua de otra patria mayor, de la que l llamaba Madre Amrica, y traza pautas de vida a todo un continente. Y es, en fin, hombre de tan excelsa calidad humana, de visin tan amplia, de latido tan cordial, de doctrina moral tan alta, pura y clida que asciende al rango de los escassimos a quienes puede llamarse Apstoles de la Humanidad. Y para terminar aqu con frases, no nuestras, sino suyas, elegimos, de entre los millares que merecen ser diaria iluminacin y diario alimento vivo, sta que es la mejor de las normas de vida entre los hombres: Porque si en las cosas de mi patria me fuera dado preferir un bien superior a todos los dems, un bien fundamental, que de todos los del pas fuera base y principio, y sin el que los dems bienes seran falaces o inseguros, este es el que yo escogera: yo quiero que la ley primera de nuestra repblica sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre. O la repblica tiene por base el carcter entero de cada uno de sus hijos, el hbito de trabajar con sus manos y pensar por s propio, el ejercicio ntegro de s y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio ntegro de los dems; la pasin, en fin, por el decoro del hombre, o la repblica no vale una lgrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Y estas dos, con escalofriante sabor de profeca, ¡de la profeca que se est cumpliendo ahora!: ¡Ah, Cuba, futura universidad americana! La baa el mar de penetrante azul; la tierra oreada y calurosa cra la mente a la vez clara y activa; la hermosura de la na turaleza atrae y retiene al hombre enamorado; sus hijos, nutridos con la cultura universitaria y prctica del mundo, hablan con elegancia y pi ensan con majestad, en una tierra donde se enlazarn maana las tres civilizaciones. ¡Cuba, nacionalidad salvadora, leva dura espiritual del pan americano!

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56 LA HABANA EN LA LUCHA POR LA LIBERTAD Y LA INDEPENDENCIA Como capital de la Isla que es La Habana, y residencia que fue, por tanto, de las ms altas autoridades civiles y militares de la metrpoli espaola, no era posible que en ella desenvolviesen los patriotas revolucionarios sus actividades independentistas con la misma intensidad con que lograron realizarlo en otras poblaciones alejadas de los grandes centros gubernativos. Sin embargo, La Habana fue siempre foco intenssimo de agitacin y conspiracin revolucionarias, de protestas y rebeldas contra el despotismo del rgimen colonial; e insigne s hijos de esta ciudad y de otras provincias, residentes en ella, libraron en todo momento ardorosas ca mpaas en la prensa, en la tribuna, en el libro y en el seno de asociaciones cvicas, ya abiertamente, ya en secreto, de modo singular en las logias masnicas, por recabar de Espaa, primero pacficamente, derechos y libertades, y despus mediante la fuerza de las armas, sufriendo persecuciones, prisiones, expulsiones y la muerte, ya en forma alevosa, ya como resu ltado de consejos de guerra militares o de enjuiciamientos gubernativos o de sentencias de los tribunales ordinarios. LA PRIMERA REBELI"N Y LA NICA DE RAZ EXCLUSIVAMENTE ECON"MICA. Y es indispensable hacer resaltar que fue La Habana el principal escenario del ms antiguo de los movimientos revolucionarios ocurridos en esta Isla y el nico de genuino y esclusivo carcter econmico, tanto en sus causas y orgenes como en sus propias finalidades y peripecias; la pr imera protesta criolla, y la nica de ndole revolucionaria, contra un monopolio abusivo y perjudicial para el pueblo, y singularmente para el campesinado; y el primero y nico estallido de rebelda armada contra el imperialismo econmico espaol en esta isla: la sublevacin de los vegueros, de 1717 a 1723. De acuerdo con el si stema colonial espaol, todo de cen tralizacin, monopolio y explotacin inmisericorde, se consider qu e el Gobierno deba ser el que vendiera todo el tabaco que pudiera cultivarse en Cuba, estableciendo en La Habana una factora general para la co mpra del tabaco, con sucursales en Trinidad, Santiago de Cuba y Bayamo. Los vegueros comprendieron que el comprador nico —y an ms, siendo ste el Gobierno — significaba, dentro de aquel sistema de explotacin que Espaa haba establecido en sus colonias, la miseria y la servidumbre; y empezaron a manifestar su rebelda, hasta que en agosto de 1717 los de Guanabacoa, Santiago de las Vegas, Bejucal y otras poblaciones vecinas de La Habana se apoderaron de todas las reses del matadero de esta ciudad y llegaron hasta penetrar, en son de guerra, dentro de las murallas de la Capital, poniendo en grave aprieto al Gobernador, ya que la poblacin habane ra simpatizaba abiertamente con los amotinados. Intervino entonces el Obispo de La Habana fray Jernimo Valds, y este primer episodio termin con el triunfo de los vegueros, quienes obtuvieron, ¡adems de la renuncia del Gobernador de la Isla, Vicente Raja, y de otros altos funcionarios! la promesa de que se atendera a su prot esta, y volvieron a sus labores. Pero el problema slo haba quedado aplazado. La Monarqua, llena de soberbia y rencor frente al triunfo de los rebeldes, envi como nuevo Gobernador al brigadier Gregorio Guazo Caldern, con rdenes muy severas contra el Ayuntamiento, el Obispo, los prelados de los conventos y la poblacin habanera en general, si nuevamente apoyaban a los agricultores. Estos, en junio de 172.1, comenzaron a agitarse de nuevo contra las exacciones de l Gobierno, y Guazo Caldern amenaz con aniquilarlos; pero cedi a las instancias del prelado al frente del Obispado y de un rico hacendado de Guanabacoa, Jos Bayona y Chacn, quienes a su vez, lograron pacificar a los sublevados despus de una entrevista celebrada en Jess del Monte. Por el xito de esta gestin, el hacendado, que tambin haba intervenido en igual forma en la rebelin de 1717, recibi el ttulo de Conde de Casa Bayona. Pero el problema nunca llegaba a resolverse a fondo, porque ello hubiera ido en contra de la poltica de monopolio y de exaccin que in variablemente practicaba Espaa en Cuba. Se renovaron los abusos, los belicosos vegueros volvieron a alzarse el 18 de febrero de 1723, marchando sobre Santiago de las Vegas y Bejucal, Guazo Caldern envi fuerzas qu e junto a la primera de dichas poblaciones los desbandaron en la maana del 21; doce rebeldes quedaron prisioneros, y ese mismo da fueron ahorcados en Jess del Monte, como primeras vctimas en la lucha del pueblo de Cuba contra la tirana econmica. LA PRIMERA CONSPIRACI"N ANTIESCLAVISTA. En La Habana, tuvo lugar, igualmente, la primera y ms importante de las conspiraciones de los negros esclavos de la Isla, en demanda de su libertad y contra el trato brutal y sanguinario que reciban por parte de sus amos, tanto en las poblaciones como en los campos. Esta conspiracin estaba dirigida por un hombre idealista y generoso, Jos Antonio Aponte, negro liberto que, no sufri endo l los horrores de la esclavitud, quiso salvar de ellos a sus hermanos de raza. Y lo mismo podemos decir de los otros principales jefes de la conspiracin, que secundaban a aqul. Aponte, por lo visto,

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posea buenas dotes de organizador, pues su conspiracin, cuya junta central pres ida l en La Habana, contaba con una red de ramificaciones, en perfecta relacin, que cubra todo el territorio de la Isla. Especialmente haba cobrado fuerza en Puerto Prncipe (hoy Camagey), Holgun, Bayamo, Baracoa y algunas regiones de Las Villas; los conspiradores se proponan destruir los grandes centros de explotacin agrcola y se dice que eran tan numerosos que, al ser descubierta la sublevacin que se preparaba, no bastaban las crceles para encerrarlos. Slo se haban llevado a cabo algunos incendios y matanza de unos cuantos propietarios y mayorales. Pero al descubrierse la magnitud de la conspiracin, el terror se apoder de la oligarqua dominante. En La Habana fueron juzgados, condenados, y ejecutados en la horca, el 9 de abril de 1812, seis negros libres —que eran, el jefe supremo de la conspiracin, Jos Antonio Aponte, y sus compaeros Juan Bautista Lisundia, Ju an Barbier, Clemente Chacn, Salvador Ternero y Estanislao Aguilar y tres esclavos del ingenio Trinidad, Esteban, Toms y Joaqun. El entonces Gobernador de la Isla, Salvador de Muro y Salazar, marqus de Someruelos orden que las cabezas de los cuatro pr imeros se exhibieran en los sitios ms pblicos y convenientes para escarmien to de sus semejantes. La cabeza de Aponte fue expuesta delante de la casa donde haba residido, al comienzo de la calzada de San Lu is Gonzaga, hoy Avenidas Simn Bolvar y Padre Vrela. Fueron stos los primeros mrtires de la lucha cubana contra la explotacin del hombre por el hombre a base e la esclavitud y las diferencias de raza, es decir contra el ms feroz aspecto de la discriminacin racial. LA PRIMERA CONSPIRACI"N SEPARATISTA Asimismo, fue en La Habana donde estall en Cuba, el ao 1810, —igualmente bajo el gobierno del Marqus de Someruelos— la primera conspiracin independentista, como chispa de la magna conflagracin que incendiaba en las primeras dcadas del siglo XIX toda la Amrica Hispana. Se asegura que uno de los conspiradores, Romn de la Luz, haba sido perseguido desde 1809 por considerrsele partidario de la independencia de la Isla. Y no se trataba de mero impulso sbito y romntico, porque otro de los complicados, Joaqun Infante, haba ya redactado nada menos que la primera Constitucin de la Repblica de Cuba, que, por supuesto, qued en proyecto. Estos jefes de los conspiradores, entre los que figuraban tambin Luis F. Basave y Manuel Ramrez, eran individuos de buena posicin social y econmica y casi todos pertenecientes a la Masonera, pues se dice que fue la logia habanera nombrada El Templo de las Virtudes Teologales la cuna de la conspiracin; pero tambin se hallaban complicados muchos hombres del pueblo, entre ellos, negros libres —pertenecientes al Batalln de Morenos—, y tambin negros esclavos. La conspiracin, centralizada en La Habana, tena sin emba rgo, ramificaciones en el resto de la Isla. Al ser descubierta —dcese que por delacin de un sacerdote catlico a quien la esposa de Romn de la Luz haba revelado lo que se tramaba, bajo el secreto de la confesin—, recibieron severo castigo los complotados: Romn de la Luz, diez aos de presidio y destierro perpetuo, y Basave ocho aos de presidio y destie rro; los soldados negros, tambin diez aos de presidio, con grillete al pie, y los esclavos ocho aos, con grillete y azotes. Romn de la Luz muri en Espaa, segn el historiador Vidal Morales, de abandono, miseria y nostalgia. En cambio, Joaqun Infante logr escapar a los Estados Unidos y de all pas a Venezuela, donde co mbati a Espaa con las armas en las tropas del general Pez. DE 1810 A 1868. En 1812 fue proclamada en La Habana la Constitucin de Cdiz, que equiparaba civilmente a los hijos de Amrica con los de la Pennsula; suspendida en 1814, fue restablecida en 1820, aunque sin verdadera vigencia en Cuba, donde todas estas peripecias y el ejemplo de la lucha en el Continente h acan que la agitacin fuese en aumento. En 1821 se distribuan en La Habana proclamas A los cubanos que terminaban con vivas a nuestro amado libertador Bolvar y a la independencia. En 1822, los fuertes disturbios de carcter separatista, tambin con vivas a Bolvar y a la independencia, obligaban al gobernador Ki ndeln a declarar a la capital en estado de sitio. Entretanto, en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, de La Habana, se haba establecido una Ctedra de Constitucin, que explicaba el gran pensador y filsofo que luego sera un gran independentista: el padre Flix Vrela. Es notabilsima, como expresin del espritu que animaba en aquellos momentos a la juventud culta de La Habana, la exposicin elevada a las Cortes por los alumnos de Derecho Poltico del Semi nario, que aparece en la obra Iniciadores y ¡¡trmeros mrtires de la Revolucin Cubana, de Vidal Morales y Morales. Y se efectuaron las elecciones para di putados a las Cortes de 1823, en las que salieron electos tres habaneros: Leonardo Santos Surez, Toms Gener y el propio Flix Vrela. La disolucin de aquellas Cortes y la persecucin a sus diputados contribuyeron poderosamente a robustecer el sentimiento independentista. Flix Vrela, de quien ya hablamos con mayor extensin anteriormente, se convirti en el ms enrgico paladn del independentismo, desde las pginas de una revista que titul, precisamente, El Habanero. En agosto de aquel mismo ao de 1823, bajo el gobierno de Francisco Dionisio Vives, fue descubierta en La Habana otra gran conspiracin independentista, la ms importante, sin comparacin, entre otras urdidas en la Isla, tambin de origen masnico y tambin con ramificaciones en la Isla: la nombrada Rayos y Soles de Bolvar, con organizacin celular, y que se propona establecer la Repblica de Cubanacn. Era su jefe supremo un joven habanero, Jos Francisco Lemus, y aparecan co mplicadas en ella unas seiscientas personas. Algunos de los principales conspiradores lograron huir; pero Lemus, con otros muchos, fue condenado a destierro, y Juan Jos Hernndez, otro

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habanero distinguido, muri en prisin, al parecer envenenado. Entre los que co nsiguieron escapar a la persecucin se hallaba el poeta nacional de Cuba, Jos Mara Heredia, y a su participacin en esta conspiracin se debi el doloroso hecho de que tuviese que pasar el resto de su vida lejos de su adorada patria. En La Habana actuaron tambin principalmente los miembros de la Gran Legin del guila Negra, organizacin igualmente de carcter masnico, y, segn el propio Vidal Mo rales, ms vasta y formidab le que las anteriores, y cuyo plan era la emancipacin de Cuba sin auxilio ajeno. Porque los afiliados a los Soles y Rayos de Bolvar haban confiado en una posible invasin de la Isla por las tropas de Colombia. Y no est de ms agregar que Jos Francisco Lemus ostentaba el grado de coronel en el ejrcito de ese pas. Tambin esta cons piracin fue delatada a Vives, y aunque los directores principales se hallaban en Mxico, en 1830 fuer on condenados a severas penas los jefes en La Habana, algunos a la horca, si bien se les conmut la pena. Todava en 1832 el sucesor de Vives, Mariano Ricafort, persegua a algunos miembros de la Gran Legin del guila Negra. Tambin en La Habana tuvo trgico desenlace el primer empeo de fomentar la Revoluc in en Cuba por medio de expediciones procedentes del Extranjero. Fue llevado a cabo por el general Narciso Lpez, venezolano de nacimiento, y uno de los protomrtires de las libertades cubanas. Lpez, que en su pas natal haba defendido el dominio espaol llegando hasta alcanzar el generalato, volvi en Cuba, segn l mismo dijo, a una posicin de simple americano, y se consagr a luchar por la liberacin de nuestro pas, donde exista ya un muy extendido estado de rebelda contra el desgobierno de la Metrpoli. Desde 1847 actuaba en este sentido el Club de La Habana, dirigido por el opulento habanero D. Miguel de Aldama, y que tena su delegacin en el Consejo Cubano de Nueva York. En conexin con estos separatistas y con los que conspiraban en otros lugares de la Isla, actu Narciso Lpez, pero buscando el apoyo y la cooperacin de muchos norteamericanos con quienes organiz sus expediciones. A todos estos primeros rebeldes cubanos se les ha tachado, ms o menos, de anexionistas, es decir, de partidarios de la incorporacin de Cuba a los Estados Unidos. Pero, como muy acertadamente sea la Fernando Portuondo en su trabajo sobre Joaqun de Agero y sus compaeros de Camagey, para muchos protagonistas de los movimientos revolucionarios de Cuba de mediados del siglo XIX, el mvil esencial era la libertad individual, que en la poca en que les toc vivir pareca cosa mucho ms importante que la independencia o cualquier otra forma de organizacin poltica. Para la lib ertad y por la libertad, era indispensable la democracia. Queran, pues, todos librar a Cuba de Espaa y dejar al pueblo liberado escoger su destino. Pero los norteamericanos, por su parte, utilizaban o pretendan utilizar la rebelda cubana contra su metrpoli como instrumento para sus planes de penetracin en Cuba. Narciso Lpe z, que haba tomado parte en las conspiraciones de La Cadena Triangular y Soles de la Libertad y de La Mina de la Rosa Cubana, organiz en los Estados Unidos y trajo a Cuba dos expediciones. La primera, con 600 hombre s, entr en Crdenas el 19 de mayo de 1850, y all hizo ondear por primera vez la bandera que es hoy nuestra ensea nacional; pero, por falta de preparacin y organizacin, el pueblo no secund a los expedicionarios, quienes tuvieron que huir a los Estados Unidos. La segunda expedicin, de 500 hombres, en la que, como en la anterior, los cubanos estaban en minora, tuvo un final mucho ms doloroso. Desembarcaron los expedicionarios en Playitas, cerca de Baha Honda, Pinar del Ro, el 11 de agosto de 1851, y despus de algunos pequeos xitos iniciales, especialmente en Las Pozas y en Fras, y que costaron la vida al general espaol, Segundo Cabo —es decir, la segunda autoridad militar de la Isla—, Manuel Enna, y a su primer auxiliar en el mando, el comandante Nadal, fueron deshechas sus fuerzas por la enorme superioridad numrica espaola, y los que no murieron en combate, cayeron prisioneros, y suces ivamente fueron trados a La Habana. Y as, el 16 de agosto fueron fusilados, en la falda sur del Castillo de Atares, el coronel norteamericano William Crittenden, segundo de Lpez, con cuar enta y nueve compatriotas suyos —que, por otra parte eran culpables de insubordinacin y desercin al jefe expedicionario. Y el 1o de septiembre de aquel ao infausto, el propio Narciso Lpez fue ajusticiado, muriendo en garrote vil, en la esplanada de La Punta, frente al castillo de este nombre mostrando el ms sereno valor, y despus de haber pronunciado su frase proftica: Mi muerte no cambiar los destinos de Cuba. Pero este final desdichadsimo confirmaba lo que generalmente haba postulado desde 1822 el insigne habanero Flix Vrela y Morales, gran pensador y maestro, precursor de nuestra revolucin emancipadora: que no por la ayuda extraa, sino por el propio y coordinado esfuerzo cubano deba y poda abatirse el podero espaol. Narciso Lpez ha sido ardientemente defendido, por varios historiadores cubanos, de la tacha de anexionista, que con gran violencia se haba arrojado sobre sus intenciones y sus empeos; hay un poderoso argumento a su favor, y es el encarnizamiento con que el gobierno de los Estados Unidos persigui sus actividades. Aunque quizs fuese sta una ac titud oficial ms o menos falsa o calculada mientras que por medio de los aventureros norteamericanos y de otros pases, que rodeaban a Lpez, se pretendiera torcer el rumbo que llevara ste, en caso de que fuera sincera y totalmente inde pendentista. Recurdense las av enturas centroamericanas de William Walker, de 1855 a 1860. En La Habana, por ltimo, tuvo lugar el eplogo de la tragedia que haba sido la vida de Narciso Lpez. Su captura, y por lo tanto su muerte, se debieron a la traicin de un montero, compadre suyo, Jos Antonio de los Santos Castaeda; el 12 de octubre de 1854, un cubano de sentimientos rebeldes, Nicols Vignau, veng

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aquella traicin, matando de un tiro a Castaeda en el caf habanero Marte y Belona, en Amistad y Monte, frente a donde hoy se extiende el Parque de la Fraternidad. Estos fracasos trgicos no desanimaban, por cierto, a los cubanos. La llama de la rebelda haba prendido, y lejos de apagarse, habra de mantenerse cada vez ms encendida hasta culminar en el incendi o de 1868. El capitn general Jos Gutirrez de la Concha, que orden las ejecuciones a que acabamos de referirnos, y haba sido nombrado para ese cargo, a fines de 1850, precisamente para reprimir con mano dura todo conato de rebelin, como efectivamente lo realiz, no pudo impedir que la ebullicin revolucionaria continuara. En 1852, bajo el mando del capitn general Valentn Caedo, sucesor de Concha, se descubri un importantsimo movimiento revolucionario, la llamada Conspiracin de la Vuelta Abajo, cuyo centro radicaba en La Habana, y de la que asegura el meritsimo investigador Vidal Morales y Morales en su obra Iniciadores y Primeros Mrtires de la Revolucin Cubana, que en ella figuraron elementos de gran valer en la sociedad cubana y era una de las ms vastas y mejor organizadas que hasta entonces haban existido. Efectivamente, se contaban entre sus miembros al poeta Ramn de Palma, a los hermanos Bellido de Luna, a Francisco Valiente, a Francisco Estrampes, Luis Ed uardo del Cristo, Fernando de Peralta, Carlos del Castillo, Joaqun Fortn, Juan Gonzlez Alvarez, Antonio Franchi Alfaro, Antonio Gassi, el poeta Jos Agustn Quintero, Jos A. Echeverra, Juan de Miranda Caballero, Manuel Hernndez Perdomo, Joaqun Balbn, Joaqun Mara Pint, Andrs Ferrer, el poeta Felipe Lpez de Brias, el insigne habanero Francisco de Fras. Esta Junta Cubana, que dirigi la Conspiracin de la Vuelta Abajo, y public, para decirlo con las palabras de Vidal Morales, el primero y nico peridico infidente, subversivo y revolucionario que jams haba aparecido en la capital de la colonia cubana, estaba presidida por un habanero de extraordinarias dotes intele ctuales y morales, el abogado Anacleto Bermdez y Prez, discpulo de Flix Vrela. Pero la conspiracin no pudo ser ms desdichada. Descubiertos sus trasiegos de armas e iniciada la correspondiente caus a criminal, al mes de comenzar los procedimientos muri repentina y misteriosamente, a los cuarenta y cinco aos, Anacleto Bermdez, provocando su muerte el ms sentido duelo general en La Habana, y afirmando la voz popular que haba sido envenenado, y sosteniendo otros, como el peridico cubano de New York, El Porvenir, que al saberse delatado y perseguido, tom la cicuta con mejor xito que Sneca ; Juan Gonzlez Alvarez y Luis Eduardo del Cristo fueron condenados a muerte y llegaron hasta subir las gradas del patbulo, recibindose la orden de conmutacin de la pena capital por la de presidio cuando ya se hallaban al pie del garrote; Porfirio Valiente haba logrado escapar a los Estados Unidos; muchos otros cons piradores fueron condenados a presidio en Ceuta, y el conde de Pozos Dulces, despus de sufrir la pena de destierr o, logr pasar a New York, donde labor intensamente en la Junta Cubana de aquella ciudad. Pero an nos falta referir el episodio ms trgico. En parte para responder a las despreciativas calumnias del peridico neoyorknino The New York Herald —como en 1889 hara Jos Mart con The Manufacturer, de Filadelfia—, uno de los conspiradores concibi y logr ejecutar el proyecto de publicar una hoja clandestina titulada La Voz del Pueblo Cubano, rgano de la Independencia. La aparicin de este peridico, del que slo se publicaron cuatro nmeros, dice Vidal Morales que produjo en La Habana una impresin tan extraordinaria, que

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a todos les pareca increble, aun teniendo en sus manos la hoja impresa, que existiese en la Habana una persona capaz de cometer semejante atentado contra el gobierno de Espaa. Cubanos y espaoles hablaban de su aparicin con el mismo recelo y sobrecogimiento que si se tratase de la invasi n del clera morbo asitico. Todos ansiaban y teman leer aquel papel revolucionario, infidente, subversivo, alarmante y sedicioso, para darse cuenta, por sus propios ojos, de que era una mentira del gobierno espaol su os tensible afirmacin oficial de que todo el pueblo cubano era fiel y leal a la monarqua espaola y al sistema opresor de gobierno colonial que imperaba en Cuba. La Voz del Pueblo Cubano, rgano de la Independencia, echaba por tierra las fingidas aseveraciones del gobierno espaol, trasmitidas al pueblo de Cuba y a las naciones extranjeras por La Gaceta de La Habana y el Diario de la Marina, nicos peridicos polticos que se publicaban en toda la isla, bajo la rigurosa censura de los Capitanes Generales de la colonia...

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La sensacin que produjo la aparicin del primer nmero de La Voz del Pueblo Cubano, dentro y fuera de la Isla, es difcil de concebir por los que no tienen una idea, ni an aproximada, del sistema de represin militar y terrorfica que rega entonces en esta colonia de amos y esclavos donde era un crimen hasta pronunciar la palabra Libertad, que hasta se sustituy por la de Lealtad al poner en escena la pera / Puritani en el gran teatro de Tacn. La sorpresa y la indignacin del Capitn General no tuvi eron lmites. Sus sabuesos lograron descubrir en la casa de la calle de Obispo No. 62 —donde muchos aos despus se public por largo tiempo la revista El Fgaro — los ejemplares del cuarto nmero, an sin repartir, y que llevaba el ttulo de La Voz del Pueblo, La represin fue crudelsima. Juan Bellido de Luna y Andrs Ferrer, conden ados a muerte, lograron escapar a esa suerte por haber huido das antes, al descubrrseles otras actividades conspirativ as. Pero un joven tipgrafo, E duardo Facciolo y Alba, natural de Regla, de veinticuatro aos de edad, pag con su vida el hecho heroico de haber impreso, y con mucho entusiasmo por cierto, el primer peridico revolucionario publicado en La Habana, y en Cuba: en la esplanada de La Punta fue ejecutado en garrote el 28 de septiembre de 1852. Fue el primer habanero mrtir po r la libertad de la Patria. ¡Y cuntos, a lo largo de casi medio siglo, habran de seguirle! Mas a pesar de estos castigos sangrientos, no ces en La Habana la labor conspirativa. A Caete haba sucedido como capitn general, en septiembre de 1853, D. Juan de la Pezuela, entonces marqus de la Pezuela y despus conde de Cheste, quien slo dur un ao en el cargo, ya que, anim ado del sincero deseo de cumplir la ley de abolicin de la trata, tropez con la enemiga acrrima de todos los elementos ms intransigentes de la Colonia y de la Metrpoli. Estos lograron el retorno del desptico Gutirrez de la Concha; pero a su llegada, en septiembre de 1854, hall el feroz procnsul a La Habana en febril efervescencia. Oigamos a Vidal Morales:

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La orden de La Estrella Solitaria, la asociacin de La Joven Cuba y la Sociedad Cubana de Beneficencia Mutua estaban de¡ acuerdo con la Junta Revolucionaria de la Habana que presida Ramn Pint, sucesor en ese puesto del eminente jurisconsulto habanero Anacleto Bermdez, y a qu ien auxiliaban Juan Cadalso, iniciador y director del movimiento, el Doctor Nicols Pinelo de Rojas, mdico del ho spital militar, el Doctor Jos de Crdenas y Gassij Jos Antonio Cintra, Jos Antonio Echevarra Domingo Guiral, el Licenciado Jos Truj illo, el rico hacendado Esteban Santa Cruz de Oviedo, Carlos Rusca, los hermanos Jos y An tonio Balbn, Pedro Bombalier Valverde, Benigno Gener y Junco, Alejo Iznaga Miranda y Jos Snchez Iznaga, los O'Bourke, los Fras y Cintra, los Entenza, Juan B. y Antonio M* Groning, Juan Francisco Prez Ziga, Ildefonso Vivanco, Manuel Vingut, Vicente de Castro, Pi Jos Daz y muchos ms. El jefe principal, el cataln D. Ramn Pint, nacido en 1803 y que haba llegado a Cuba en 1823, despus de haber combatido por la libertad en su tierra natal, era un verdadero personaje de importancia en la sociedad colonial habanera: muy acaudalado, casado con una cubana distinguida, jefe de un hogar modelo, director del Liceo Artstico y Literario de La Habana, cofundador del Diario de la Marina —que no era entonces lo que fue despus—, gozaba del aprecio general, y tambin al parecer, de la am istad de Concha, quien, segn se asegur a, haba solicitado y obtenido de l ayuda econmica. La conspiracin que diriga, en conexin con la Junta Cubana de New York y la de New Orleans y con el general norteamericano Quitman —que tambin se haba re lacionado estrechamente con Narciso Lpez—, era la ms poderosa y la mejor urdida de todas ha sta entonces. He aqu cmo la describ a el propio Concha, en comunicacin al Gobierno de Madrid: No se trata, Excmo. Seor, de una conspiracin ms o menos vasta, de una reproduccin de planes anteriormente desbaratados; lo que hoy se me presenta de frente es una liga general del pas, de largo tiempo formada, con inviolable secreto extendida, con armas y dinero, asegurada por un peninsular, por primera vez, dirigida por Don Ramn Pint y por algunos peninsulares aceptada. Se haban llegado a reunir, catorce millones de reales; los trabajos estaban dirigidos por Pint y secundados en el interior por personas de las ms sagaces y de las ms ilustradas entre los hijos del pas. La confianza en el buen xito era ilimitada. Se preparaba, con carcter inminente, una expedicin formada por cuatro vapores y seis buques de vela, y en Cuba era numerossimo el contingente de patriotas dispuestos a alzarse simultneamente con la llegada de los expedicionarios; pero, a ltima hora, despus de conferenciar con el Presidente y el Secretar io de Estado de los Estados Unidos, el general Quitman desisti del plan. Por otra parte, los conspiradores haban sido traicionados por Claudio Maestro, un preso comn al que algunos de ellos haban cono cido en Ceuta, y que les hizo creer se haba convertido a las ideas revolucionarias. Sometidos a prisin los jefes principales, Concha —de quien hasta se ha dicho que guardaba Pint documentos comprometedores— extrem su crueldad con el que haba tratado hasta entonces como amigo; Juan Cadalso y Nicols Pinelo fueron sentenciados a diez aos de presidio; pero, para Pint, el Capitn General presion al consejo de guerra y obtuvo que se le condenara a la pena capital. El 22 de marzo de 1955 Don Ramn Pint fue ejecutado en garrote vil, en la esplanada de La Punta. Poco despus, el 31 del mismo mes y ao, la feroz represin de Concha y de su gobierno haca morir en el patbulo al joven conspirador Francisco Estrampes, de veintisis aos no cumplidos, pinareo de nacimiento, maes tro por vocacin, que haba sido condena do a muerte, en rebelda, con motivo de los sucesos de 1852, y que, de clarsima inteligencia y car cter alegre, resuelto y temerario, de valor y serenidad a toda prueba, es una de las ms brillantes figuras de aque lla primera etapa de nuestro martirologio revolucionario. DE 1868 A 1898 Como no es nuestro propsito narrar aqu la historia deta llada y completa de la marcadsima participacin que tuvo La Habana en los diversos movimientos revolucionarios separatistas cubanos, sino dejar constancia de la misma, slo agregaremos que durante las revoluciones de 1868, de 1879 y de 1895, en La Habana se conspir y labor intenssimamente para organizar unas veces, dirigir otras y auxiliar en todo momento a los patriotas alzados en armas en la manigua insurrecta. En esos tres movimientos, La Habana fue residencia de juntas centrales o delegaciones de los organismos iniciadores o directores de cada uno de aqullos, y tanto muchos de los miembros que los integraban como numerosos patriotas comprometidos o simpatizantes, fu eron objeto de la persecucin y el castigo, mortal en numerosos casos, por parte de los gobernantes metropolitanos.

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En efecto, La Habana, imposibilitada de ser teatro de los ep isodios centrales de las luchas armadas, s fue, en la mayora de los casos, escenario de su prlogo conspirativo, sigiloso y peligroso, y mucho ms an, de su trgico eplogo. Las fortalezas de La Habana se colmaban de patriota s presos; del puerto de La Habana salan para los ttricos presidios espaoles en frica las tristes procesiones de los depor tados; y sobre todo, en la esplanada de La Punta y en el tristemente clebre Foso de los Laureles, del Castillo de la Cabaa, cayeron, vctimas de la furia espaola, innumerables mrtires de nuestra epopeya emancipadora. Adems ocurrieron precisamente en La Habana dos acont ecimientos, uno durante la. Guerra de los Diez Aos y otro, durante la Guerra de Independencia, de extraordinaria importancia en el curso histrico de la larga contienda de Cuba contra la Metrpoli. Es el primero el fusilamiento de ocho estudiantes de la Universidad, el 27 de noviembre de 1871. El da 22 de ese mes y ao, un grupo de alumnos del primer ao de Medicina, mientras esperaban el momento de entrar a clase en la Sala de San Dionisio, contigua al Cementerio de Espada, se entretuvieron en montar en el carro de transporte de los cadveres para dicha sala, el que se hallaba en la plaza situ ada frente al cementerio, y alguno de ellos arranc una flor del jardn situado a la entrada del mismo. Bastaron estos hech os insignificantes como pretex to para que se desatara el frenes que en los espaoles ms recalcitr antes haba despertado el le vantamiento de Carlos Manuel de Cspedes y sus compaeros. El da 25 fueron detenidos los cuarenta y cinco alumnos del primer ao de Medicina, acusados, por el gobernador civil Dionisio Lpez Roberts —a quien acompaaban Jos Triay, director de La Voz de Cuba, peridico rabiosamente anticubano, y Felipe Alonso, capitn de uno de los batallones de voluntarios en que se agrupaban los ms cerriles y furiosos defensores del rgimen colonial de que se aprovechaban— nada menos que de haber profanado la tumba de Gonzalo Castan, anterior director de La Voz de Cuba, muerto en duelo en Cayo Hueso, a principios de 1870, por un cubano que quiso vengar sus insultos a nuestros libertadores y a las mujeres cubanas. Intil fue que no existiera ni el ms leve fundamento para tal acusacin; ni que el cura del cementerio, Pbro. Mariano Rodrguez, insistiese en limitar su denuncia a los insignificantes hechos que en realidad haban ocurrido, lo que le vali ser separado de su cargo; ni la defensa que de sus alumnos quiso hacer el profesor de Medicina, Dr. Domingo Fernndez Cubas, espaol, natural de Canarias. Los voluntarios, sedientos de sangre, haban escogido a aquellos jovencitos para vctimas de su crueldad. Abusando de la dbil comp lacencia del gobernador militar general Romualdo Crespo— Segundo Cabo encargado interinamente del mando por ausencia del capitn general conde de Valmaseda, que se

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hallaba dirigiendo las operaciones contra las fuerzas revolucionarias cubanas—, los voluntarios, en desenfrenada actitud de desorden y violencia, y apoyados por la prensa espaola de La Habana — La Voz de Cuba, Diario de la Marina, ha Constancia, Juan Palomo — y por el Casino Espaol lograron que los estudiantes fuesen sometidos a dos sucesivos consejos de guerra, ilegales por otra parte, y a pesar de la valerosa defensa del dignsimo militar espaol capitn Federico R. Capdevila, y sin tener en cuenta, no ya la inexistencia de todo delito, sino ni aun siguiera la edad de los acusados, que a casi todos exima de plena responsab ilidad, fueron condenados a penas seversimas. A muerte, Alonso Alvarez de la Campa, de dieciseis aos, que declar haber tomado una flor del jardn del cementerio; ngel Laborde, de diecisiete aos, Anacleto Bermdez —sobrino del famoso abogado y patriota del mismo nombre muerto en 1852—, de diecinueve aos, Jos de Marcos Medina y Pasc ual Rodrguez, de veinte aos, todos los cuales haban confesado haber subido al carro de transporte de los cad veres. Pero, como el delirio de crueldad que se haba enseoreado de los voluntarios exiga mayor nmero de vctimas, fueron tambin condenados a muerte, ¡escogindoseles al azar! Carlos de la Torre, Eladio Gonzlez, ambos de diecisiete aos, y Carlos Verdugo, que ni siquiera haba acudido a clase aquel funesto da 22. De los tr einta y cinco restantes, fueron condenados —teniendo aqu s en cuenta la edad— doce a seis aos de presidio, con trabajos forzados, diecinueve a cuatro aos de la misma pena, y a cuatro a seis meses de reclusin, quedando dos en libertad, uno por ser norteamericano, y otro por ser espaol y voluntario. Firmada la sentencia a la una de la tarde del da 27, a las cinco, sin dar tiempo a ninguna apelacin ni permitirse la despedida a los familiares, fueron fusilados en la esplanada de la Punta las ocho vctimas, no sin que antes conmoviera a la ciudad aterrada otro dolorossimo hecho: un grupo de individuos situado muy cerca del lugar de la ejecucin, y se cree que formado, al menos en parte, por es clavos de las familias de algunos de los estudiantes, —el padre de Alvarez era riqusimo, y la tradic in cuenta que ofreci en vano a los verd ugos el peso de su hijo en onzas de oro a cambio de su vida—, un grupo, decamos, atac a la escolta, parece que con el propsito de provocar un tumulto que propiciara la fuga de los sentenciados; pero aquel acto heroicamente temerario no hall respuesta en la multitud all congregada, compuesta principalmente por aquellos mismos voluntarios que a gritos haban pedido incansablemente durante largas horas de horror la vida de las vctimas; cayeron all mismo los que haban querido ser rescatadores, acribillados por balas y bayonetas, y la sangre de aquellos abnegados hijos del pueblo se mezcl con la de los adolescentes inmolados. A las cinco y media eran trasladado s sus compaeros de la crcel al presidio, entre las imprecaciones de los voluntarios. Tal era el odio de stos contra los que ellos mismos haban perseguido tan ferozmente, que cuando seis meses despus la presin de la opinin pblica — especialment e la extranjera — forz al gobierno espaol a indultar a los estudiantes presos, fue preciso sacarlos de noche de la prisin, llevndolos directamente a un buque de guerra que los conducira al extr anjero. Uno de estos jvenes era Fermn Valds Domnguez, el amigo fraternal de Mart, que se consagr a ob tener, como obtuvo, la reivindicacin total de la memoria de sus compaeros, logrando, aos despus, que fuesen pblicamente proclamados inocentes. Aquel horrendo crimen, con todas las espantosas circunst ancias que en l concurrieron, fue ms funesto a la Metrpoli que muchas acciones perdidas en los campos de ba talla. Enardeci poderosamente los nimos de los cubanos contra el gobierno espaol, y provoc en el exterior una reaccin muy desfavorable contra Espaa en cuanto al trato que daba a sus colonias. Pero ya desde antes los voluntarios —o sase, los cuerpos de milicias formados por funcionarios y especialmente por comerciantes espaoles para cooperar co n el ejrcito regular, pero que por el hecho de que defendan directamente sus propios intereses, eran an ms violentos que aqul — haban hecho sufrir a La Habana sus desmanes. Ataques contra las personas, algunos asesinatos que hoy calificaramos de por la libre, es decir, fuera del marco de los asesinatos legales de La Cabaa y de La Pu nta, y atropellos diversos haban culminado, el 24 de enero de 1869, entre otros fuertes desrdenes, en el saqueo del Palacio de Aldama, magnfica residencia construida por el patriota Miguel de Aldama emigrado a New York, donde tr abajaba muy activamente por la Revolucin; como secuela de los llamados sucesos de Villanueva, los das 21 y 22 de enero de 1869. Haba sucedido que en la noche del 21, durante la representacin de la obra El negro bueno por una compaa de caricatos cubanos, uno de los actores, mestizo, de apellido Va lds, grit con todas sus fuerzas: ¡Viva Carlos Manuel de Cspedes! provocando el consiguiente escndalo. El peridico La Voz de Cuba, que diriga Gonzalo Castan, excit a los voluntarios a vengarse, lo que efectivamente hi cieron a la noche siguiente cuando, sin ninguna nueva provocacin, interrumpieron la representacin de El perro huevero, con gritos de ¡Viva Espaa! y un nutrido tiroteo que produjo pnico entre las familias asistentes, y se exte ndi a las calles aledaas, ocas ionando muertos y muchsimos heridos. Jos Mart, entonces de diecisis aos, presenci aquellos sucesos y alude, sucinta pero vigorosamente, al horror de aquellas horas en uno de sus Versos Sencillos. No satisfecho an el furor de aquellos desalmados, asaltaron vandlicamente, dos das despus, la casa de Al-dama, y con sus violentsimos tiroteos ocasionaron disturbios sangrientos en lugar tan importante de la ciudad como la Acera del Louvre frente al Parque Central y en otras calles principales. As comenzaban a probar sus arma s los que pronto seran los verdugos de los estudiantes. Famosa fue tambin, en los primeros aos de aquella dcada terrible, la ejecucin del incansable revolucionario habanero Domingo de Goicura, compaero de Narciso Lpez, que, a los sesenta y cinco aos, el 7 de mayo de 1870, subi al patbulo exclamando: ¡Muere un hombre, pero nace un pueblo!

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El segundo de los acontecimientos de gran importancia oc urridos en nuestra capital en relacin con las luchas emancipadoras fue la voladura del crucero-acorazado norteamericano Maine, en 1898. Pero antes de relatar este acontecimiento, queremos destacar que la participacin de La Habana en la guerra de 1895 fue mucho ms relevante que la que le haba correspond ido en la de 1868. En efecto: esta ltima etapa de la contienda libertadora tiene un carcter, no solamente ms popular, sino tambin, diramos que ms enraizadamente nacional desde sus comienzos, que la iniciada en La Demajagua. Esta ltima se gest en Oriente, y a pesar de la participacin en ella de patriotas de todas las provincias, no logr en su accin blica llegar ni siquiera al centro de la Isla. La guerra final, que con la gesta triunfal de la Inva sin hara ondear las banderas de la Revolucin desde Oriente hasta Pinar del Ro, se prepar, bsicamente, en los Estados Unidos, por obra de los emigrados revolucionarios, bajo la inspiracin y la direccin de Mart; pero los emisarios del Apstol recorren todo el pas, aunando los esfuerzos y en La Habana se establece el centro coordinado r y la comunicacin oficial directa con el Partido Revoluci onario Cubano que acta fuera de Cuba; todo ello a cargo, en primer trmino, de Juan Gualberto Gmez, el gran intelectual y patriota, afectsimo amigo y eficiente colaborador de Mart. Cuando suena la hora fijada, a La Habana es a donde llega la orden general del levantamiento que lanza Mart en nombre del Pa rtido, y que es trasmitida po r Juan G. Gmez a todos los grupos de conspiradores esparcidos por el territorio cuba no; y por eso, el 24 de febrero de 1895 no hay un grito aislado de rebelin, sino todo un conjunto de alzamientos simu ltneos, de Oriente a La Habana, en Baire, en Bayate, en Ibarra, en Guantnamo, en Holgun, en Jiguan. La capital, donde se concentraba el podero oficial de la Metrpoli, haba sido el centro nervioso que haba puesto en movimiento el organismo revolucionario. De 1895 a 1898, La Habana siente muy de cerca el aliento de la guerra: las fuerzas cubanas luchan en Santiago de las Vegas, se aproximan a Marianao y a Guanabacoa. Dentro de la provincia habanera cae para siempre el hroe de mil combates, el mayor de todos los caudillos nacidos en tierra cubana: Antonio Maceo Grajales Lugarteniente General del Ejrcito Libertador. Adems, si bien La Habana no hubo de sufrir directamente los estragos de la guerra, s padeci, y muy duramente, las repercusiones crueles de una medida espantosamente cl ebre, impuesta por el sanguinario capitn general Valeriano Weyler en su intil empeo por contener el avance victor ioso del Ejrcito Libertador : la reconcentracin. Para impedir que ayudaran a los insurrectos, los pacficos habitantes de los campos eran llevados en masa a las ciudades, reconcentrados en ellas; pero como no se les propor cionaba albergue ni alimen to adecuado, hambrientos y extenuados deambulaban por las calles co mo ejrcitos de espectros—; an recordamos los viejos habaneros aquella visin de pesadilla—, y dado que el pobre auxilio que muchos particulares se esforzaban en ofrecerles era como gota de agua ante aquella avalancha de miseria, moran de inanici n a millares ante los ojos de La Habana que presenciaba, espantada e imponiente, dantescas escenas de horror, semejantes a las que luego anonadaran al mundo ante el espectculo de los campos de concentracin de la Segunda Guerra Mundial. As vivi nuestra ciudad, mientras sus hijos moran en los campos de batalla, otro de los ms trgicos desastres de la guerra. Y llegamos al episodio del Maine. El gobierno de los Estados Unidos, sintindose ya ms fuertes frente a la agotada Espaa, y receloso, a la vez, de la pujanza de la s huestes libertadoras cubanas, busca los modos de aprovechar las circunstancias para lograr uno de los ms persistentes objetivos de su poltica exterior desde 1805: apoderarse de Cuba. Haban intentado la compra, el fomento de intentos anexionistas, la persecucin de los empeos de independencia; y llegaba el momento de intervenir directamente en la lucha armada que poda muy bien desembocar en la derrota de Espaa y la independencia total de Cuba. Desde 1896 trataba el gobierno de los Estados Unidos de mezclarse en la lucha mediante manejos polticos y diplomticos; la situacin cuba na era, inclusive, tema de mensajes del Presidente al Congreso norteameri cano. Pero en 1898, aprovechando la advertencia del cnsul Lee sobre los disturbios ocurridos en las calles habaneras el 12 de enero, el gobierno de los Estados Unidos envi el cruceroacorazado Maine a La Habana, oficialmente para proteger las vidas y haciendas de sus compatriotas; el buque lleg el 25 de enero y qued anclado en la baha. En la noche del 15 de febrero un horrorossimo es trpito estremeci a la ciudad: el Maine haba, volado, con destrozo total de su estructura y prdida de 266 vidas humanas, a consecuencia de una explosin que, en el mejor de los casos, fue calificada de misteriosa: los peritos norteamericanos la atribuyeron a una mina, y los peritos espaoles a una combustin interna, no fa ltando quien, en los Estados Unidos, acusara del hecho a los cubanos, ansiosos de enemistar a ese pas con Espaa. La verdadera causa del siniestro qued sumida en tinieblas, aunque siempre se consider muy sospechoso el hecho de que casi todos los oficiales se hallaran con permiso en tierra, y las vctimas fueron humildes hijos del pueblo, y negros muchos de ellos. Y al correr de los aos la luz que han ido arrojando los documentos examinados y la opinin de hist oriadores, incluso norteame ricanos parece revelar un repulsivo acto de lo que hoy se llama autoagresin. El hecho incontrovertible es que aquella explosin tan oportuna proporcion a los gobernantes estadounidenses el mejor motivo o pretexto para romper con Espaa, y sobre todo para suscitar en su pueblo la necesaria histeria de guerra que lo llevara a pedir enardecido, al grito de Remember the Maine (¡Recuerden al Maine!), lanzarse a la aventura blica a que precisamente sus dirigentes maquinaban conducirlo. La explosin ocurrida en La Habana fue la causa inmediata de que los Estados Unidos, el 20 de abril de 1898, declarasen la guerra a Espaa. La guerra de venganza, mezclada con cierta dosis de sentimentalismo en

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forma de auxilio hacia el pueblo cubano, estaba en ma rcha, calorizada por el pueblo norteamericano. Pero sus gobernantes, polticos y negociantes se encargaran de que la indignacin y protesta populares, al pasar por la maquinaria estatal del Ejecutivo y el Congreso, se convirtiese n en guerra imperialista de conquista de territorios, mediante anexin, ocupacin y dominacin y explotacin econmica, prescindiendo de la voluntad de sus habitantes, y sin tener en cuenta el herosmo y el martirio con que durante cerca de dos siglos los cubanos haban luchado por conquistar su independencia. En cuanto al Maine, durante muchos aos permanecieron en la baha de La Habana los restos del malhadado buque, cuya torre destrozada se al zaba lgubremente sobre las aguas, hasta que en 1911 se resolvi extraerlos, siendo llevados fuera del puerto y hundidos a tres millas del Morro, el 16 de marzo de 1912, con lo que en el fondo de las aguas del Golfo de Mxico qued sepu ltado para siempre lo que un da habra podido descubrirse de su terrible secreto. No abandonaremos el tema sin recordar que tambin en La Habana se origin un escandaloso episodio que, anticipndose en pocos das al siniestro del Maine, contribuy poderosamente a envenenar el ambiente, esta vez, sobre todo, el ambiente oficial de Norteamrica contra Espaa, y, especialmente a justificar la ruptura de hostilidades que los dirigentes de aquella perseguan: La publicacin en facsmile por el New York Journal, el 8 de febrero, y por otros peridicos de la Unin, de una carta del Ministro de Espaa en Washington, Dupuy de Lome, a Jos Canalejas, escrita en diciembre de 1897 y sustrada del despacho de este ltimo en el hotel Inglaterra, de La Habana, durante su estancia en nuestra Capital, por el joven cubano Sr. Gustavo Escoto, quien la entreg a la Deleg acin Cubana en Nueva York, envindose por sta el original al presidente McKinley; carta en la que el hasta entonces aparentemente amigo, y asociado en planes anticubanos, de Cleveland y McKinley, ridiculizaba groseramente a ste de dbil y populachero, y adems un politicastro que quiere dejarse una puerta abierta y quedar bien con los jingoes de su partido. El ministro espaol renunci, y el gobierno de Ma drid dio satisfacciones al de Washin gton; pero aquella provocacin, y la indignacin consiguiente, fueron un paso ms hacia la guerra, suscitado por la accin de un cubano en La Habana. Declarada en 21 de abril de 1898 la Guerra que ahora llamamos Hispano-cubanoamericana, a consecuencia de la Resolucin Conjunta del Congreso de los Estados Unidos que declaraba que el pueblo de la isla de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente, desde el siguiente da aparecieron los buques de guerra norteamericanos frente a La Habana, estableciendo un bloqueo que dur hasta la suspensin de las hostilidades, en 13 de agosto del mismo ao. Aunque el bloqueo de La Habana no tuvo en la guerra entre Espaa y los Estados Unidos la trascendencia decisiva de los combates de Cavite y Santiago de Cuba, fue sin duda el acto blico que sigui en importancia a stos. Los habitantes de La Habana sufrieron grandes privaciones, que vinieron a sumarse a las graves consecuencias de la reconcentracin decretada en 1897 por el sanguinario capitn general Valeriano Weyler, que haba llenado las calles habaneras de campesinos famlicos. Y terminada la guerra con la derrota de Espaa la ciudad presenci la gradual evacuacin de su permetro por las tropas espaolas, que se replegaban hacia el puerto mientras sobre los tramos de la ciudad que dejaban libres avanzaban los vencedores; y contempl, con mezcla de j bilo y dolor, el 24 de febrero de 1899, la entrada del General en Jefe del Ejrcito Libertador, el nclito Mximo Gmez, ¡en una capital ya ocupada por las fuerzas norteamericanas!...

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57 LA HABANA EN LAS LUCHAS CONT RA LAS TIRANAS DE MACHADO Y BATISTA Una vez constituida la Repblica, con todas sus lamentables limitaciones, La Habana es, como capital de esa repblica que prolonga la centralizacin y los vicios todos de la colonia, sede de todas las instituciones importantes, y teatro de todos los acontecimientos que van marcando como jalones de frustracin real, bajo apariencias ms o menos lisonjeras para los que detentan el poder, y de ste se apr ovechan, su vida constitucional. En La Habana culminan, como todos los dems procesos, los viciados procesos electorales. Y un da aciago, el 29 de septiembre de 1906, como resultado de una rebelin provocada por manejos de fraude y violencia dirigidos desde La Habana, tambin en La Habana culmina el ms doloroso y vergonzoso, hasta ento nces, de todos, y la Repblica queda sin presidente, sin cuerpos legisladores, y, por tres aos, sin la sombra siquiera de independencia que slo haba arrancado al imperialismo en 1902. En 1909, se instaur un nuevo gobierno cubano, pero siempre ms o menos manejado desde Washington. Pero cuando, desde 1 925, comienzan a ag udizarse intensamente las contradicciones de la vida nacional, polarizndose hacia los dos contrarios y correlativos extremos de tirana y rebelda, La Habana, donde ambos ms chocan y ms se combaten, adquiere estatura heroica. La Habana baluarte de la tirana, es tambin, ahora, la cuna de la rebelda. sta vena gestndose en nuestra gloriosa Universidad, que tantos mrtires haba dado a la lucha por la Independencia. 1927 contempla las luchas iniciales del Direct orio Estudiantil Universitario, y el 30 de septiembre de 1930, en La Habana corre por primera vez la sangre juvenil: balaceada por la polica una manifestacin que haba descendido la famosa escalinata universitaria, muere Rafael Trejo y es gravemente herido Pablo de la Torriente Brau, que haba de morir ms tarde defendiendo a la Espaa republi cana. Formaban filas, como co mbatientes contra la tirana, muchos jvenes que habran de destacarse en la vida

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pblica cubana, unos como Juan Marinello, para seguir la lnea invariablemente recta y en perpetuo ascenso que lo llev a la Presidencia del Partido Comunista de Cuba; otros, para caer, como Carlos Pro, por los peldaos de la corrupcin y la cobarda, en el abismo de la traicin...; y Eduardo Chibs que despus de lucha infatigable contra las lacras morales del propio gobierno al que tanto haba ayudado a lograr el poder, se arrancara la vida, en 1951, para dar lo que l llam el ltimo aldabonazo que despertara la conciencia cubana; y Ral Roa, hoy combatiente, en primera fila, por la Revolucin; y otros que andan por los vergonzosos caminos de la expatriacin. Y destacndose entre el brillante grupo, dos figuras seeras de luchadores ardientes e indomeables que antes de dar su vida, haban entregado su enorme talento al bien de su pueblo: Julio Antonio Mella, uno de lo s fundadores, en La Habana, del Partido Comunista de Cuba, en 1925, y Rubn Martnez Villena, su compaero en el ardor de la pelea y en el ideal poltico-social. Si bien la repulsin contra el rgimen machadista cunde por todo el pas, y en Oriente, donde Santiago de Cuba ofrenda nuevos mrtires a la causa de la libertad, se realizar tambin un episodio resonante —la toma del cuartel de San Luis por Antonio Guiteras, el gran paladn antimperialista—, y las "zarpas de la dictadura se haban alargado desde 1929 hasta Mxico, para asesinar all, el 10 de enero a Julio Antoni o Mella, es en La Habana, —fracasado el movimiento seudo militar que encabezaron el general Meno cal y el coronel Mendieta— donde la clase obrera, movida por Martnez Villena y por el propio Mella, se incorpora cada vez ms a la rebelin, y donde tambin, por contraste, se ha escenificado tambin la farsa de la Asamblea Constituyente de 1928, que prorroga los poderes al Dictador; es La Habana, decimos, por excelencia el corazn, el cerebro y el brazo de la lucha antimachadista. Despus de aos sangrientos de asesinatos y torturas, y atentados terroristas o personales y de represin feroz —se destaca, entre muchos otros, aquel da aciago, el 27 de septiembre de 1932 en que, en plena ciudad, al atentado mort al contra el Presidente del Senado, Clemente Vzquez Bello, responde el Gobierno con la matanza, en sus domicilios, de los tres hermanos Freyre de Andrade y del legislador Miguel Aguiar, y la orden de muerte contra otros connotados oposicionistas que casualmente salvan la vida—; y de que La Habana sea teat ro de la comedia de la Medi acin norteamericana, —y, entre otros mil episodios de salvajismo, de la matanza del pueblo el 7 de agosto de 1933, ante el Palacio Presidencial, a donde haba acudido jubiloso ante la noticia, que era una cruel mentira, de la renuncia de Gerardo Machado—, la huelga general de los trabajadores, principalmente de los habaneros, provoca la cada de Gerardo Machado, y en La Habana la clera popular, el 12 de agosto de 1933, se desborda en incendios y en saqueos y en ajusticiamiento sumarsimo de los culpables,de cuarta categora... Casi todo s los principales se hallan a salvo en el Extranbia. Pero... no adelantemos los acontecimientos. Ya desde largos aos antes, el crecimiento de la urbe y la rapidez de los transportes han hecho del Campamento de Columbia, es decir, de la que podramos llamar la capital mil itar de la Isla, una fortaleza tan habanera como la fueron en los primeros tiempos de la villa La Fuerza y la Punta, y despus El Morro y La Cabaa. Y en Columbia se fragua el golpe militar del 4 de septiembre de 1933, como en Columbia se realizar la traicin de Fu lgencio Batista en su entrega al enviado de los Estados Unidos Jefferson Caffery; de Columbia saldrn los tanques que arrojarn del Palacio Presidencial de La Habana, el 16 de enero de 1934, al primer gobierno autntico, de Ramn Grau San Martn, y derribarn, el 10 de marzo de 1952, al tercero y ltimo, el tambaleante gobierno de Carlos Pro. Despus, la verdadera capital estar hasta 1959, en ese gran subu rbio de La Habana que es Columjero.

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Bajo el gobierno nacido del 4 de septiembre — donde se destaca la figura magnfica de Antonio Guiteras, Secretario de Gobernacin y autor de todas las progresistas leyes sociales entonces promulgadas, de Antonio Guiteras, el precursor del nacionalismo de 1959, que interviene la Compaa Cubana (nada cubana) de Electricidad y la Cuban Telephone Company, y luego es asesinado en 1935 por orden de Fulgencio Batista—, La Habana vive vida intenssima, y a veces trgica. Aparte de ciertos po cos episodios interesantes, como la efm era toma de algunos ingenios por los obreros, en La Habana se desarrollan las escenas ms sensaci onales, ms ardientes y violentas del drama que es la vida cubana de aquella hora. El 2 de octubre de 1933 oye la ci udad estremecida lo que desde siglos atrs haba olvidado: el retumbar de los caones y el estrpito de la fusilera. Es el combate del Hotel Nacional, a la entrada del barrio del Vedado, entre los oficiales del disuelto Ejrcito Nacional, — all atrincherados por maquiavlicos consejos del enviado del Presidente de los Estados Unidos, Benjamn Sumner Welles, que no perdona que el mpetu popular haya echado por tierra su interesada mediacin y el subsiguiente gobierno mediatizado — y las fuerzas del Ejrcito, formado casi exclusivamente de soldados y clases, que muy impropiamente se nombra Constitucional; la lucha se prolonga a lo largo de todo el da, y termina, ya entrada la noche, con la rendicin de los oficiales supervivientes y un saldo de numerosos muertos y heridos. No pasan muchos das sin que la ciudad se incendie y se ensangriente de nuevo; es el 8 de noviembre, el asalto a las estaciones de Polica y los combates en el Cuartel de San Ambrosio y en el Castillo de Atares, dirigidos por la agrupacin antimach adista A.B.C., enemiga acrrima del Go bierno Autntico y del Ejrcito de Batista; la encabeza Joaqun Martnez Senz, que, despus del golpe de 1952, ser uno de los ms importantes y fieles colaboradores del Tirano. El Gobierno vence de nuevo, y contina por dos meses ms su vida agitadsima, en que Gran San Martn, bajo la presin de Antonio Guiteras y de los mejores elementos del Directorio Estudiantil, firma leyes magnficas que por largos aos le ganaran fervientes e inmerecida popularidad; en que el ardiente y decidido patriotismo del pueblo impide que cuaje la continua amenaza de intervencin norteamericana; en que se lanzan al surco de la conciencia popular muchas semillas de antimperialismo que germinaran ms tarde; pero en que la inmadurez de las fuerzas que habran querido ser revolucionarias lleva a la desorganizacin, a la atomizacin y abre el camino a la traicin de Batista. Entronizada la reaccin criolla, sierva a su vez del extranje ro, La Habana es en 1935 la protagonista del hecho ms saliente de la rebelda popular: la famosa Huelga de Marzo, que es ahogada en sangre de jvenes, de estudiantes, de obreros, por las fuerzas de Batista, de Bentez, de Pedraza. La corrupcin y la violencia se encaraman en la gloriosa colina universitaria y siegan all vidas tan valiosas como la de Ramiro Valds Dauss, hermano de dos vctimas de la lucha antimachadista. La tirana militar se exacerba. Y a prin cipios de 1937, La Habana contempla un hecho inslito en nuestra historia, que hasta entonces nicamente lo haba visto un campamento mamb en Oriente, all por 1873: la deposicin del Presidente de la Repblica por el Congre so. Se trata de Miguel Mari ano Gmez, quien, al verse nombrado, en virtud de unas elecciones, Jefe del Estado, ha credo que poda discrepar en algo de la opinin del Jefe del Ejrcito, Fulgencio Batista. En 1940, La Habana es sede de la Asamblea donde se plasma una Constitucin mucho ms avanzada que la de 1901, que recoge y confirma las conquistas sociales de 1933, y que al menos levanta al pas del caos poltico e institucional..., ya que para alzarlo del caos econmico y social hara falta nada menos que una revolucin. La Habana se reintegra a su papel de capital superficialmente sonrient e de una repblica convencional. Pero bajo estas apariencias crece la inquietud estudiantil y se robu stece el movimiento obrero. Cuando, despus de unos aos de fingidas cordialidades en las postrimeras del segundo gobierno de Gran San Martn, y bajo el de Carlos Pro — que ya haba mostrado

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su entraa antipopular como Ministro del Trabajo y Primer Ministro del Presiden te anterior—, la reaccin se exacerba, ya con su marbete de anticomunismo, la rebelda hierve en La Habana: si por el carcter y l campo d accin d la industria azucarera, el gran lder Je ss Menndez acta principalmente en Camagey y Oriente y es asesinado en Manzanillo, es en La Habana, en sus luga res de trabajo, donde es preciso matar a Aracelio Iglesias, el jefe de los estibadores, y a Fernndez Junco, el jefe de los tabacaleros, para abrir vas a la abyecta dictadura de Eusebio Mujal en el movimiento obrero. Llega el 10 de marzo de 1952, y la reaccin y la entrega al imperialismo arrojan hast a el ltimo vestigio de disimulo, no ya de escrpulo. Pero el escenario cambia. Esta vez la gran lucha nacional, lo mismo que la magna Guerra Libertadora de los Treinta Aos, empieza en Oriente, con el ataque al Cuartel M oneada el 26 de Julio de 1953, y sube luego a las cumbres de la Sierra Maestra. Pero La Habana, donde hizo sus primeras armas cvicas Fidel Castro y donde comenz su enrgica oposicin a la tirana de Batista, toma parte activsima en ese movi miento que poco a poco va sacudiendo a la nacin entera. Sus hijos van a engrosar la s reducsimas fuerzas que al principio combaten en las montaas orientales; de La Habana salen pertrechos y medici nas y alimentos para el incipiente Ejrcito Rebelde; La Habana, donde el 9 de abril de 1958 se intentara en vano acortar la sangrienta lucha con una huelga que desdichadamente fracasa, y deja doloroso rast ro de vctimas, ha sido testigo de la hazaa ms fieramente audaz de todas nuestras luchas por la libertad: el asalto a la defendidsima fortaleza que era el Palacio Pr esidencial, por un grupo de jvenes encabezados por Jos Gmez Wangemert, Menela o Mora y Faure Chomn; empeo temerario que fracasa y provoca la muerte de la gran mayora de los asaltantes, de otros muchos jvenes, entre e llos, en primera fila, el Presidente de la Federacin Estudiantil Universitaria, el gr an luchador Jos Antonio Echevarra, y a la madrugada siguiente, el vil asesinato de un alto jefe oposicionista, el Dr. Pelayo Cuervo, todo lo cual conmueve hondamente a la opinin pblica, a la que todo el aparato oficial se ha empeado en ocultar los hechos heroicos que se suceden en Oriente. La Habana, en fin, es, da tras da, hasta el 31 de diciembre de 1958, la protagonista principal, junto con Santiago de Cuba, de esa lucha clandestina an ms heroica, si cabe, que la lucha armada a campo abierto, porque se libra en las propias guaridas del monstruo en sombra y en indefensin, y a un precio que no es slo la muerte bajo el sol sino la muerte precedida de todos los horrores de la pris in y la tortura. As luch La Habana. Y si de Pars se dice que son tantos sus hijos clebres que ha tenido que alzar en honor de ellos una estatua en cada esquina — aunque es verdad que ella es generosa y honra a muchos que muy lejos nacieron —, cuando contemplamos las innumerables tarjas que despus del triunfo de la Revolucin esmaltan las parede s en tantas y tantas calles habaneras, pensamos que todo visitante habr de reconocer que La Habana no se cans de da r hijos valientes, prontos a morir por la libertad, y que no se cansar jams de recordarlos.

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58 OTROS IMPORTANTES ACONTE CIMIENTOS HIST"RICOS Como capital de Cuba, en la Colonia y en la Repblica, la ciudad de La Habana ha sido teatro de casi todos los ms importantes acontecimientos de la vida oficial cubana. En ella se han efectuado las tomas de posesin de los gobernadores espaoles y del Congreso y de los Presidentes cubanos — menos la del presidente Manuel Urrutia, designado por la Revolucin triunfante, el lo. de enero de 1959—, la ltima Asamblea de Representantes de Cuba en armas, efectuada en el Cerro en 1899, y la primera Asambl ea Constituyente de Cuba republicana, reunida en 1901 para formular la Carta Magna de la nueva nacin, y donde se libr la desesperada batalla contra la imposicin de la Enmienda Platt. Tambin presenci en 1906 la amargura del eclipse de la Repblica y del entronizamiento de un procnsul norteamericano, Charles E. Magoon. Y en 1928 la vergenza de una Asamblea Constituyente que no se reuna para expresar la voluntad del pueblo sino para dar sanc in legal a las imposiciones de un tirano; y, en 1940, la reparacin ofrecida a ese pueblo, en forma de otra Asamblea Constituyente que llevaba a una nueva Constitucin las conquistas revolucionarias de la poca y devolva al pas, por limitadamente que fuese, su orden institucional. Pero sin duda los sucesos ms trascendentales que desde su remota fundacin ha presenciado La Habana hasta 1959 fueron los acaecidos en el actual Palaci o Municipal; en l, en lo. de enero de 1899, con el traspaso del gobierno de Cuba por Espaa a los Estados Unidos, qued definitivamente sellada la prdida del en un tiempo enorme imperio espaol de Amrica; y en l naci ofic ialmente la repblica de Cuba, cuando el 20 de mayo de 1902 el general Leonardo Wood, jefe del ejrcito de ocupacin norteamericano, trasmiti el gobierno de la isla de Cuba a don Toms Estrada Palma, primer presiden te electo por los cubanos. Como hemos dicho, por muchas que fueran sus trabas, sus ficciones y sus deficiencias, era un jaln in dispensable en la va hacia la independ encia total de que hoy gozamos. He aqu por qu el Palacio Municipal de La Habana no es slo el ms bello y majestuoso ejemplar de nuestra arquitectura colonial, sino que adems ocupa el ms alto rango histrico entre todos los edificios testigos del pasado de Cuba.

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59 LA HABANA EN EL TRIU NFO DE LA REVOLUCI"N El lo. de enero de 1959 el pueblo de La Habana se desper t al choque de la mayor sorpresa de su historia. Mientras la agencia cable-grfica Prensa Asociada anunciaba al mundo que la ofensiva del Ejrcito Rebelde haba sido, ms que detenida, deshecha en Santa Clara, y que las fuerzas mandadas por Fidel Castro se replegab an hacia Oriente; mientras los ms optimistas creamos que Batista extremara su ms fren tica resistencia para mantenerse en el poder siquiera el poco ms de mes y medio que faltaba para que se cumpliese su perodo presidencial— no acababa de llamar de su retiro y enviar a Las Villas con el ms alto mando, al hom bre fuerte por excelencia, al sanguinario Jos Eleuterio Pedraza, de siniestra nombrada entre los cubanos?—; mientras La Habana vea, con tensin y angustia, hundirse en el pasado aquel ao que haba transcurrido entre tantos herosmos y tantos horrores, el Tirano haba huido, frente a fuerzas incomparablemente inferiores a las que todava tena l acumula das en Columbia (yo recuerdo la frase ingenua, pero tan rebosante de contenido tremendo, de un combatiente casi ni o: Tenamos rdenes de entr ar en Columbia, y entramos; pero cuando yo vi todos aquellos tanques en hilera pens: Y si se les ocurre ahora disparar contra nosotros, que estamos aqu todos juntos, en el limpio?) A quien estas lneas escribe, que sali muy de maana a unirse al regocijo popular, tambin le asombraba la pasividad de todos aquellos policas uniformados de azul que se juntaban, callados, casi inmviles, en las estaciones que el da antes eran escenar io de sus crmenes y de sus insolencias. Pero Batista haba cado bajo el peso de los imponderables bajo la carga de sus propios hechos horrendos, bajo la abrumadora sensacin de que tras de aquellos centenares de hroes estaba el pueb lo entero. Y, separado de la cabeza, el cuerpo entero se desmoronaba. Echse el pueblo a la calle, en una fiebre de triunfo; y empezaron a verse incendios, saqueos, el espectculo de muebles y objetos arrojados a la va pb lica, sin que faltara el episodio de la seora de sociedad apresurndose a apoderarse de lo ms lujoso del ajuar de la esposa de algn conmilitn de la Tirana, hasta ayer su mejor amiga... Pero, iban a repetirse las terribles escenas del 12 de ag osto de 1933, las casas alla nadas, quemadas, los muebles deshechos, los hombres que en la ltima y penltima categora fuer on instrumentos del Tirano, cazados a tiros en sus domicilios, arrastrados por las calles, colgados de los postes, mientras oscurecan el horizonte las negras columnas de humo que se alzaban de las residencias calcinadas de los grandes machadistas, y toda la ciudad era presa de un frenes que, inevitablemente, haca vctimas inocentes? No; casi ense guida el panorama cambi. El pueblo tena ahora lo que entonces le falt: una dirigencia, toda unidad y energa, a la que casi instintivamente obe deci. Cientos y cientos de milicianos, casi imberbes todos, brotados de no se sabe dnde, esparcan la consigna, seguida de inmediato por las muchedumbres: Serenidad, orden; todo el mundo a su casa o a su puesto, a apoyar la huelga general revolucionaria contra el gobierno provisional, hech ura del ejrcito batistiano y la embajada yanki; y los mpetus se refrenaron tambin con una firme promesa: Se har plena justicia. Casi enseguida escucharan por radio estas consignas de labios del propio Fidel Castro, quien las reiterar al da siguiente desde Santiago, donde por primera vez en la historia de Cuba, —si exceptuamos a los Presidentes de la Repblica en Armas, cuya capital andaba siempre por la manigua — un Presidente de la Repblica, el Dr. Manuel Urrutia Lle, es proclamado fuera de La Habana. Nuestra ciudad, en tanto, permanece tensa, pero ya sin angustia y sin explosiones emot ivas: con esa tensin tpica de la huelga revolucionaria, que es como la del arco pronto a lanzar la flecha. El da 3 de enero los dos grandes jefes del Ejrcito Rebeld e que han realizado la hazaa de la Segunda Invasin de la Isla llegan triunfantes a La Habana: el comandante Camilo Cienfuegos toma posesin del Campamento Columbia — la odiosa Ciudad Militar que durante tantos aos haba sido la verdadera capital de Cuba y el comandante Che Guevara toma posesin del Castillo de La Cabaa. Comienzan a aparece r por las calles y ante las pantallas de televisin, los barbudos, muchos de ellos casi nios, de largos cabellos. Las figuras de Camilo y del Che — nadie los llama de otro modo —, con su aureola romntica de guerrilleros, se ad uean de la imaginacin popular. No se ha disparado un solo tiro, porque no ha habido resistencia: los defensores del antiguo rgimen no han pensado siquiera en oponerse a los hechos consumados, y el Gobierno Provisional, a base del Dr. Carlos M. Piedra, magistrado del Tribunal Supremo, pero que no podra ser sino un ttere de los militares y del imperi alismo extranjero a quienes stos servan, se ha desvanecido como el fantasma que nunca dej de ser. Siguen unos das de expectacin, regocijada ya. El da 5 llega a La Habana, y se instala en el Palacio Presidencial, el Presidente de la Repblica, Dr. Manuel Urrutia, designa do por Fidel Castro en nombre de las fuerzas rebeldes vencedoras. Por fin, el da 8 de enero de 1959, La Habana presenci un espectculo nunca visto, por lo grandioso: la entrada del comandante en Jefe del Ejrcito Rebelde, Fidel Castro Ruz, al frente de sus fuerzas y de las que se le haban ido reuniendo a lo largo de su recorrido triunfal. Pero no es exacto decir que lo presenci, porque fue la ciudad misma la que lo cre; fue actora por excelencia, no espectadora: fue el pueblo habanero, presa de un entusiasmo jams ni soado,

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cubriendo en apretadas multitudes todo el extenssimo recorrido, desde el apartado lugar de las afueras, sobre la Carretera Central, que fue el lugar de entrada de las fuerza s, hasta el Campamento Militar de Columbia, punto final de la trayectoria; y desbordndose por las calles vecinas, arracimndose en ventanas y balcones, hasta en los ms altos de los rascacielos, subindose a los postes y azoteas... Y no era una mera presenci a, una curiosidad, una expectacin: era el vocero entusiasmado cada vez que pareca vislumbrarse el comienzo del desfile, y los vtores y aplausos sin fin al paso de los juveniles soldados y oficiales del Ejrcito Rebe lde en sus uniformes ajados, polvorientos, gloriosos de sudor y de polvo, porque casi acababan de salir de la batalla; y, luego, aquel grito unnime y prolongado de millares y millares y millares de bocas, como exhalando el alma toda de la muchedumbre sin trmino, al aparecer en la lejana, muy al final del desfile, sobre un camin-tanque, junto al fiel Camilo, la figura de Fidel. Era La Habana toda, que captaba la categora sin par de aquel hecho, y lo ex altaba a la cima de su reconocimiento histrico. Porque, aparte de lo que significara el cierre de la etap a batistiana —y con ella el de todas las que, con distintas caractersticas de superficie, pero con igual fondo, la haban precedido—; aparte de todo lo que implicase el comienzo de una era revolucionaria que an no se saba hasta donde podra llevarnos, el hecho en s tena un inmenso significado histrico que explicaba aquel frenes popular. Era la primera vez en nuestra historia en qu e un ejrcito cubano entraba vencedor en la capital de Cuba. Porque cuando, despus de derrochar herosmo, llegaron a La Habana los libertadores del 95, los combatientes del Ejrcito Libertador, fue para entrar en una ciudad ocupada, y dominada por otro ejrcito que era el que se consideraba vencedor, y para esperar, con es toica amargura, que el destino de la Patria lo decidieran los extraos. Ahora, con este ejrcito triunfante que con nadie tena ni siquiera que compartir su triunfo, llegaba nuestra verdadera independencia. Y esto es lo que, seguramente, capt la intuicin popular. Muy tarde ya, Fidel entra en Columbia, rodeado siempre de un arremolinamiento de multitudes, dice cosas como nunca se haban dicho, y parece como si toda Cuba lo escuchara; cuando se irgui en la im provisada tribuna, lo rode un vuelo de palomas; una de ellas permanecer afectuosamente reclinada sobre su hombro y su cuello, como en un la rgo arrullo de bie nvenida, durante las dos horas del discurso. Despus, no era posible cerrar los ojos a la noche estrellada Era que nos haban transportado a un misterioso y pretrito mundo de leyenda, en que se realizaban los sueos imposibles, y los hroes fabulosos andaban entre los hombres, cercados de palomas? ¡No! ¡Era que nos haban proyectado, de un salto enorme, hacia el futuro! Desde aquel da La Habana entra en una nueva etapa de su historia: es la capital revolucionaria de un pas en revolucin. Muy pronto, el 22 de enero, realzase en ella la primera de las magnas concentraciones de masas que van a ser una caracterstica muy destacada del rgimen revolucionario como medio de consulta directa al pueblo sobre los grandes problemas que irn suscitndose: es la Operacin Verdad, en que al llamado del Gobierno Revolucionario, un milln de hombres y mujeres reunidos frente a Palacio para apoyar la justicia revolucionaria contra los sicarios del batistato y para protestar de las calumnias que ya comienzan a difundirse en los Estados Unidos contra la Revolucin. Como ya hemos dicho, la primera gr an ley revolucionaria no se firma en La Habana: la Reforma Agracia se promulga el 17 de mayo en la Plata, entre las alturas de la Sierra Maestra. Pero el 26 de julio se celebra en nuestra capital la primera de las grandes concentraciones en la Plaza Cvica que desde entonces se repiten con cierta frecuencia, y que ganaran para aqulla el nombre de Plaza de la Revolucin: un cuarto de milln de campesinos llegados de los ms remotos lugares vienen a dar su apoyo a la Reforma Agraria. Otro da habanero se colm de la ms lmpida luminosidad: e) 14 de septiembre, ante cuarenta mil escolares jubilosos, Fidel, empezando a cumplir el lema revolucionario, Convertir los cu arteles en escuelas, transformadas en aulas, entreg a los nios las numerosas edificaciones del an tiguo Campamento de Columbia, que ya haba perdido su odioso nombre, trocndolo por el de Ciudad Libertad. Poco despus, en el edificio central se instal el Ministerio de Educacin. En enero de 1960, la que fuer a Quinta Estacin de Polica de La Ha bana, escenario de espantosos horrores de la dictadura batistiana, se entregaba tambin a los escolare s, totalmente transformada, c onvertida en la clara y alegre Escuela Secundaria Bsica William Soler. Y, tambin muy pronto despus del triunfo revolucionario, La Habana se haba regocijado al ver desaparecer uno de sus edificios ms ttricos, el del famoso Bur de Investigaciones, cuya tenebrosa reputacin arrancaba de la poca de la dictadura machadista; donde se elevaba aquel lugar de torturas y de muerte, se cre el ms risueo de los parques, al que se le dio el nombre del combatie nte revolucionario Eduardo J. Chibs. Pero, reanudemos el hilo de nuestra re sea. Al entrar en el ltimo trimestre de 1959, varios episodios de la inevitable lucha revolucionaria, sin empaar la pura alegr a inicial, traen el dolor y la consiguiente firmeza que completarn la fisonoma de La Habana de la Revolucin. Camilo Cienfuegos, rodeado del afecto vivsimo de todo el pueblo, desaparece el 27 de octubre de 195 9, vctima de un accidente en el cumpli miento de su deber, y La Habana es sacudida por una tremenda oleada de emocin cuando el pueblo entero se echa a la calle para celebrar, delirante, la falsa noticia de su rescate, slo para recibir, en pleno corazn, el dolor de haber sido vctima de la burla ms cruel de los contrarrevolucionarios. Das despus, por primera vez en su historia, La Habana sufre un rpido ataque areo, que hace correr sangre por nuestras calles y provoca una airada conc entracin popular que pide el restablecimiento de los tribunales revolucionarios. Pero no ser sino como preliminar de un hecho muchsimo ms trgico: el 4 de marzo de

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1960, la ciudad oye un estrpito horrendo y es sacudida por un temblor que no senta desde el lejano 1898; la explosin del vapor La Coubre, cargado de armamento para la defensa de la Revoluc in; ha sido obra del sabotaje imperialista, y hay, a ms de numerossimos heridos, un centenar de vctimas todas cubanas. Pero el pueblo habanero muestra en aquellos momentos su dimensin heroica: en vez de huir, todo el mundo corre hacia el buque incendiado, en gesto sin par de solidaridad. Y a la puerta del cementerio de La Habana, al despedir el duelo de las vctimas, Fidel, despus de proclamar: ¡Cuba no retroceder ¡ La Revolucin no se detendr!, lanza su gran consigna: Patria o Muerte! que es ya, con su complemento ¡Venceremos!, el lema de la Cuba Revolucionaria. En aquel ao de 1960 se suceden en La Habana muy sensacionales acontecimientos. En mayo se celebra, con enorme entusiasmo, el Primero de Mayo Revolucionario. El 6 de julio, el Gobierno Revolucionario se incauta de las propiedades de las comp aas petroleras norteamerican as e inglesas que haban pretendido poner de rodillas a la Revolucin dejando a Cuba sin petrleo; con ello nuestra nacin, pequea y todava poco armada, tiene el magnfico gesto audaz de declarar la guerra, sin palabras, a la potencia ms fuerte del mundo: a los trusts del petrleo que en muchos pases cambian gobie rnos a su capricho. Suponemos que todas las Cancilleras se miraron unas a otras, asombradas. Estos hechos haban sido precedidos en 20 de noviembre de 1959, por una Ley Minera encaminada a frenar los abusos de las petroleras, y a poner en manos del Estado Cubano el futuro minero del pas. El 6 de agosto se prom ulga la ley de nacionalizacin de los central es azucareros y de otras importantes empresas norteamericanas, en respuesta a la supresin de la cuota azucarera cubana por el Gobierno de los Estados Unidos. En 13 y 24 de octubre se completar esta fase del proceso re volucionario, con las leyes de nacionalizacin de ms de quinientas grandes empresas extranjeras, y de todos los bancos del pas; estas ltimas medidas han sido tomadas en respuesta al embargo contra las exportaciones a Cuba, establecido por el Gobierno de los Estados Unidos. Mas con ellas quedan en manos del pueblo los medios fundamentales de produccin. Entretanto, se ha producido otro hecho trascendental de que La Habana es orgullossima protagonista. El 2 de septiembre el pueblo de Cuba, reunido en su Primera Asamblea General, proclama, —como respuesta a la declaracin de los gobiernos americanos reunidos en San Jos de Costa Rica en sesin de la Organizacin de Estados Americanos—, un documento de singularsima importancia histrica propuesto por Fidel Castro como Jefe de la Revolucin: la Primera Declaracin de La Habana, cuyo texto incluimos a continuacin. Con esta declaracin, respaldada por sus hechos revolucionarios, entra La Habana, por la puerta grande, en la historia de Amrica. Y el 14 de octubre se ha promulgado otra gran ley revolucionaria: La Ley de Reforma Urbana, que convierte en propietarios de sus domicilios a todos los inquilinos: es la ley gemela, en lo urbano, de la Ley de Reforma Agraria. En los primeros das de este mes, La Habana haba recibi do, en un delirio de entusiasmo a Fidel Castro, despus de su trascendentales palabras en la Asamblea General de las N aciones Unidas, en las que, adems de plantear el derecho de Cuba a su plena soberana, se hizo portavoz de todo s los pueblos oprimidos del mundo y emplaz al imperialismo ante el ms alto tr ibunal internacional. El ao se cierra bajo las amenazas, cada vez ms reiterada s y refrendadas por los ataque s a los centrales azucareros y a los campos de caa, de invasin del territorio nacional. La Avenida de Maceo se eriza de caones enfilados hacia el mar; en las azoteas anidan las antiareas; las calles se llenan de milicianos, y frente a las entradas de los edificios an de segunda o tercera importancia, se levantan las murallas de sacos de arena. El pueblo de esta ciudad que tantos juzgaron frvola, despreocupada, muestra aquel sereno valor ri sueo que es su caracterstica f undamental, y corre hacia los caones en el paseo, hacia las improvis adas trincheras sin olvidarse de buscar, antes, para los nios los juguetes de Pascuas y del Da de Reyes. Bajo la misma amenaza se abre el ao 1961. Casi desv anecida en el horizonte a fines de enero, volvi a recrudecerse en abril. El terrorismo azotaba a la ciudad desde algn tiempo antes; establecimientos enteros eran destruidos, las bombas estallaban por doq uier. Pero el da 13 se produjo el at entado ms sensacion al: en la noche, El Encanto, la tienda ms lujosa y elegante de La Habana, cuya reputacin llegaba hasta el extranjero, y que ocupaba un amplsimo local en la Avenida de Italia desde la calle de San Rafael a la de San Miguel, y cuyo edificio posea una armazn de hierro de varios pisos, fue destruido, rpidamente, en su totalidad; no era un incendio corriente ni se trataba de los pequeos explosivos habituales; se pens en el napalm. El siniestro cost la vida a una heroica empleada, Fe del Valle, y caus prdidas por varios millares de pesos. La Ha bana presenci estoicamente la aniquilacin de uno de sus lugares ms amables. Dos das despus, aconteca algo mu chsimo ms grave; la Ciudad sufra el primer bombardeo areo de su historia; a muy temprana hora del da 15, vari os aviones procedentes del extr anjero atacaron el campamento de la Fuerza Area Revolucionaria, cerca del antiguo Campam ento de Columbia. El horrsono estampido de las bombas y el fiero tableteo de las antiareas hicieron pensar a muchos en una invasin general. Pronto fueron rechazados y huyeron aquellos aviones enemigos, dejando un doloroso sal do de muertos y heridos: uno de stos, antes de morir, escribe sobre una puerta, con su propia sangre: Fidel. Da do que haban sido igualmen te atacados los aerdromos militares de Santiago de Cuba y San Antonio de los Baos, er a evidente que se trataba del prlogo de la invasin tan amagada. En el entierro de las vctimas del ataque areo Fi del proclama el carcter socialista de la Revolucin, y el

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pueblo le responde: ¡Viva nuestra Revolucin Socialista! Al da siguiente, el 17, desembarcan los invasores en Playa Girn, al sur de Las Villas; el 19, Fidel anuncia que han sido totalmente derrotados. La Habana, que ha aportado numerossimo contingente a las fuerzas que rechazaron la inva sin, y que ha dado, a la vez, el ms alto ejemplo de valor, entra ahora en la historia del mundo como la capital de l pas que ha infligido la primera derrota al hasta entonces siempre victorioso imperialismo norteamericano. Pocos das despus, se celebra, con fervor y jbilo indescriptibles, junto con el Desfile de la Victoria, el primer Primero de Mayo Socialista, y Fidel Castro anuncia la promulgacin de una ley de enorme trascendencia revolucionaria: la Ley de Nacionalizacin total de la Enseanza. La Revolucin contina su obra renovadora. La Habana, bajo su influjo, perdi desde largo tiempo atrs, las caractersticas que le haban sido ms o menos impuestas para atraer al turismo, y revela los perfiles de su verdadera personalidad. Sin perder su alegra, porque siempre reir esta hija mimada del Trpico, ha perdido su desmedida frivolidad. ¡Cuan lejos estamos, en esta Habana de los grande s actos patriticos o de solidaridad proletaria internacional y de las enormes concentraciones populares, de aquella Habana de los cabarets mejores del mundo, y de la ciudad — garito, que para vergenza nuestra era la rival victoriosa de Las Vegas o de Montecarlo!... Nuestra ciudad tan amada ha recobrado su perdida dignidad. El 4 de febrero de 1962, se celebra, como respuesta a la decisin de expulsar a Cuba de la Organizacin de Estados Americanos en Punta del Este, la Segunda Asamblea General del Pueblo Cubano, y en ella se promulga la Segunda Declaracin de La Habana, otro documento de suma import ancia para la historia contempornea. Como muestra de fraterna solidaridad en la lucha antimperialista, se invita a firmarla a los lderes populares latinoamericanos que se encuentran en nuestra capital: la Segunda Declaracin de La Habana cobra, con ello, ms ancha raz continental. Y as lleg otra hora cumbre en la historia de La Habana revolucionaria. El 22 de octubre el Presidente de los Estados Unidos decreta el bloqueo de Cuba a fin de obtener la retirada de los cohetes soviticos enviados a nuestro pas. Es la famosa Crisis del Caribe. Se cierne sobre La Ha bana, sobre toda Cuba, la infernal amenaza de la invasin masiva, quizs de la guerra nuclear. En La Habana se fijan los ojos del mundo. Y La Habana, como el pas entero muestra entonces toda su estatura heroica: frente al peligro inminente, no slo no hay un solo paso atrs, sino que, sin alardes, el pueblo se estrecha en torno de sus lderes, y, en pleno zafarrancho de defensa, dispuesto a morir por la causa que ha abrazado, contina sereno en el cu mplimiento de los deberes cotidianos. En La Habana se ve todo dispuesto para el combate inmediato, en el fondo de los ojos se ve la decisin de la resistencia hasta la muerte, y, no obstante, al sentir el pulso firme y pausado de la Ciudad, parece que no pasara na da ... Se resuelve la crisis con la intervencin de las Naciones Unidas, y Cuba sale de ella engrandecida, con toda su dignidad en alto: plante, desde el primer da, que no tolerara inspeccin dentro de su territorio; y su territorio no se r objeto de inspeccin. Pasada esta prueba del fuego, La Habana avanza un gran paso, asciende de rango sobre las que antes fueron sus iguales, y entra, en firme, en la historia del mundo como la primera capital socialista de Amrica, como la capital del pas que ha abierto al socialismo, a las nuevas normas de vida, un nuevo continente. Y por eso, capital de un pas pequeo, hoy figura entre las grandes capitales del mundo.

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60 LAS DECLARACIONES DE LA HABANA PRIMERA DECLARACI"N DE LA HABANA Junto a la imagen y el recuerdo de Jos Mart, en Cuba, territorio libre de Amrica, el pueblo, en uso de las potestades inalienables que dimanan del efectivo ejercicio de la soberana expresada en el sufragio directo, universal y pblico, se ha constituido en Asamblea General Nacional. En nombre propio y recogiendo el sentir de los pueblos de Nuestra Amrica, la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba: 1 Condena en todos sus trminos la denominada Declaracin de San Jos de Costa Rica documento dictado por el imperialismo norteamericano y atentatorio a la autodeterminacin nacional, la soberana y la dignidad de los pueblos hermanos del Continente. 2 La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba condena enrgicamente la intervencin abierta y criminal que durante ms de un siglo ha ejercido el imperialismo norte americano sobre todos los pueblos de la Amrica Latina, pueblos que ms de una vez han visto invadido su suelo en Mxico, Nicaragua, Hait, Santo Domingo o Cuba, que han perdido ante la voracidad de los imperialistas yanquis extensas y ricas zonas como Tejas, centros estratgicos vitales como el Canal de Panam, pases enteros como Puerto Ri co convertido en territorio de ocupacin; que han sufrido, adems, el trato vejaminoso de los Infantes de Marina, lo mismo contra nuestras mujeres e hijas que contra los smbolos ms altos de la historia patria, como la efigie de Jos Mart. Esa intervencin, afianzada en la superioridad militar, en tratados desiguales y en la sumisin miserable de gobernantes traidores, han convertido a lo largo de ms de cien aos a Nuestra Amrica —la Amrica que Bolvar, Hidalgo, Jurez, San Martn, O'Higgins, Sucre, Tiradentes y Mart quisieron libre— en zona de explotacin, en traspatio del imperio financiero y poltico yanqui, en reserva de votos para los organismos internacionales en los cuales los pases latinoamericanos hemos figurado como arrias de el Norte revuelto y brutal que nos desprecia. La Asamblea General Nacional del Pueblo declara que la aceptacin, por parte de gobiernos que asumen oficialmente la representacin de los pases de Amrica Latina, de esa intervencin continuada e histricamente irrefutable, traiciona los ideales independentistas de sus pu eblos, borra su soberana e impide la verdadera solidaridad entre nuestros pases, lo que obliga a esta Asamblea a repudiarla a nombre del pueblo de Cuba y con voz que recoge la esperanza y la decisin de los pueblos latinoamericanos y el acento libertador de los prceres inmortales de Nuestra Amrica. 3 La Asamblea General Nacional del Pueblo rechaza asimismo el intento de preservar la Doctrina de Monroe, utilizada hasta ahora, como lo previera Jo s Mart, para extender el dominio en Amrica de los imperialistas voraces, para inyectar mejor el veneno tambin denunciado a tiem po por Jos Mart, el veneno de los emprstitos, de los canales, de los ferrocarriles... Por ello, frente al hipcrita panamericanismo que es slo predominio de los monopolios yanquis sobre los intereses de nuestros pueblos y manejo yanqui de gobiernos prosternados ante Washington, la Asamblea del Pueblo de Cuba proclama el latinoamericansim o libertador que late en Mart y Benito Jurez. Y, al extender la amistad hacia el pueblo norteamericano —el pueblo de los negros linchados, de los intelectuales perseguidos, de los obreros forzados a aceptar la direccin de gangsters—, reafir ma la voluntad de marchar con todo el mundo y no con una parte de l. 4 La Asamblea General Nacional del Pueblo declara que la ayuda espontneamente ofrecida por la Unin Sovitica a Cuba en caso de que nuestro pas fuere atacado por fuerzas militares imperialistas no podr ser considerada jams como un acto de intromisin, sino que constituye un evidente acto de solidaridad y que esa ayuda, brindada a Cuba ante un inminente ataque del Pentgono yanqui, h onra tanto al gobierno de la Unin Sovi tica que la ofrece, como deshonran al

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gobierno de los Estados Unidos sus cobardes y criminales agresiones contra Cuba. Por tanto, la Asamblea General del Pueblo declara ante Amrica y el Mund o que acepta y agradece el apoyo de los cohetes de la Unin Sovitica si su territorio fuere invadido por fuerzas militares de los Estados Unidos. 5 La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba niega categricamente que haya ex istido pretensin alguna por parte de la Unin Sovitica y la Repblica Popular China de utilizar la posicin econmica, poltica y social de Cuba... para quebrantar la unidad continental y poner en peligro la unidad del Hemisferio. Desde el primero hasta e ltimo disparo, desde el primero hasta el ltimo de los veinte m il mrtires que cost la lucha para derrocar la tirana y conquistar el poder revolucionario, desde la primera hasta la ltima ley revolucionaria, desde el primero hasta el ltimo acto de la Revolucin, el pueblo de Cuba ha actuado por libre y absoluta determinacin propia, sin que, por tanto, se pueda culpar jams a la Unin Sovitica o a la Repblica Popu lar China de la existencia de una Revolucin que es la respuesta cabal de Cuba a los crmenes y las injus ticias instaurados por el imperialismo en Amrica. Por el contrario, la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba entiende que la poltica de aislamiento y hostilidad hacia la Unin Sovitica y la Repblica Popular China preconizada por el gobierno de los Estados Unidos e impuesta por ste a los gobiernos de la Amrica Latina y la conducta guerrerista y agresiva del gobierno norteamericano y su negativa sistemtica al ingreso de la Repblica Popular China en las Naciones Unidas, pese a representar aqulla la casi totalidad de un pas de ms de seiscientos millones de habitantes, s ponen en peligro la paz y la seguridad del Hemisferio y del Mundo. Por tanto, la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba ratifica su poltica de amistad con todos los pueblos del Mundo, reafirma su propsito de establ ecer relaciones diplomticas tambin con todos los pases socialistas, y desde este instante, en uso de su soberana y libre voluntad, expresa al gobierno de la Repblica Popular China, que acuerda establecer relaciones diplomticas entre ambos pases y que, por tanto, quedan rescindidas las relaciones que hasta hoy Cuba haba mantenido con el rgimen ttere que sostienen en Formosa los barcos de la Sptima Flota yanqui. 6 La Asamblea General Nacional del Pueblo reafirma —y es t segura de hacerlo como expresin de un criterio comn a los pueblos de la Amrica Latin a— que la democracia no es compatible con la oligarqua financiera, con la existencia de la discriminacin del negro y los desmanes del Ku-Klux-Klan, con la persecucin que priv de sus cargos a cientficos como Oppenheimer, que impidi durante aos que el mundo escuchara la voz maravillosa de Paul Robeson, preso en su propio pas, y que llev a la muerte, ante la protesta y el espanto del mundo entero y pese a la apelacin de gobernantes de diversos pases y del Papa Po XII, a los esposos Rosemberg. La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba expresa la conviccin cubana de que la democracia no puede consistir slo en el ejercicio de un vo to electoral que casi siempre es fictic io y est manejado por latifundistas y polticos profesionales, sino en el derecho de los ciudadanos a decidir, como ahora lo hace esta Asamblea del Pueblo, sus propios destinos. La democracia, adems, slo existir en Amrica Latina cuando los pueblos sean realmente libres para escoger, cuando los humildes no estn reducidos —por el hambre, la desigualdad social, el analfabetismo y los sistemas jurdicos— a la ms ominosa impotencia. Por eso, la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba: Condena el latifundio, fuente de miseria para el campesino y sistema de produccin agrcola retrgrado e inhumano; condena los salarios de hambre y la explotacin inicua del trabajo humano por bastardos y privilegiados intereses; condena el analfabetismo, la ausencia de maestr os, de escuelas, de mdicos y de hospitales; la falta de proteccin a la vejez que impera en los pases de Amrica; condena la desigua ldad y la explotacin de la mujer; condena las oligarquas militares y polticas que mantienen a nuestros pueblos en la miseria impiden su desarrollo democrtico y el pleno ejercicio de su soberana; condena la s concesiones de los recursos naturales de nuestros pases a los monopolios extranjeros como poltica entreguista y traidora al inters de los pueblos; condena a los gobiernos que desoyen el sentimiento de su s pueblos para acatar los mandatos de Washin gton; condena el engao sistemtico a los pueblos por rganos de divulgacin que responden al inters de las oligarquas y a la poltica del imperialismo opresor; condena el monopolio de las noticias po r agencias yanquis, instrumentos de lo s trusts norteamericanos y agentes de Washington; condena las leyes represivas que impiden a los obreros, a los campesinos, a los estudiantes y los intelectuales, a las grandes mayoras de ca da pas, organizarse y luchar por sus reivindicaciones sociales y patriticas; condena los monopolios y empresas imperialistas que saquean continua mente nuestras riquezas, explotan a nuestros obreros y campesinos, desangran y mantienen en retraso nues tras economas y someten la poltica de la Amrica Latina a sus designios e intereses. La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba condena en fin, la explotacin del hombre por el hombre, y la explotacin de los pases subdesarrollados por el capital financiero imperialista.

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En consecuencia, la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba proclama ante Amrica: El derecho de los campesinos a la tierra; el derecho del obrero al fruto de su trabajo; el derecho de los nios a la educacin; el derecho de los enfermos a la asistencia mdica y hospitalaria; el derecho de los jvenes al trabajo; el derecho de los estudiantes a la enseanza libre, experimental y cientfica; el derecho de los negros y los indios a la dignidad plena del hombre; el derecho de la mujer a la igualdad civil, social y poltica; el derecho del anciano a la vejez segura; el derecho de los intelectuales, artistas y cientficos a luchar, con sus obras, por un mundo mejor; el derecho de los Estados a la nacionalizacin de los monopo lios imperialistas, rescatando as las riquezas y recursos nacionales; el derecho de los pases al comercio libre con todos los pueblos del Mundo; el derecho de las naciones a su plena soberana; el derecho de los pueblos a convertir sus fo rtalezas militares en escuelas, y a armar a sus obreros, a sus campesinos, a sus estudiantes, a sus intelectuales, al negro, al indio, a la mujer, al joven, al anciano, a todos los oprimidos y explotados, para que defiendan por s mismos sus derechos y sus destinos. 7 La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba postula: El deber de los obreros, de los campesinos, de los estudiantes, de los intelectuales, de los negros, de los indios de los jvenes, de las mujeres, de los ancianos, a luchar por sus reivindicaciones econmicas, polticas y sociales; el debe r de las naciones oprimidas y explotadas a luchar por su liberacin; el deber de cada pueblo a la solidaridad con todos los pueblos oprimidos, colonizados, explotados o agredidos, sea cual fuere el lugar del mundo en que stos se encuentren y la distancia geogrfica que los separe. ¡ Todos los pueblos del Mundo son hermanos! 8 La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba reafir ma su fe en que la Amrica Latina marchar pronto, unida y vencedora, libre de las ataduras que conviert en sus economas en riqueza enajenada al imperialismo norteamericano y que la impiden hacer o r su verdadera voz en las reuniones do nde Cancilleres domesticados hacen de coro infamante al amo desptico. Ratifica, por ello, su decisin de trabajar por ese comn destino latinoamericano que permitir a nuestros pases edificar una solidaridad verdadera, asentada en la libre voluntad de cada uno de ellos y en las aspiraciones conjuntas de todos. En la lucha por esa Amrica Latina liberada, frente a los voces obedientes de quienes usurpan su representacin oficial, surge ahora, con potencia invencible, la voz genuina de los pueblos, voz que se abre paso desde las entraas de sus minas de carbn y de estao, desde sus fbricas y centrales azucareros, desde sus tierras enfeudadas donde rotos, cholos, gauchos, jbaros, herederos de Zapata y de Sandino, empuan las armas de su libertad, voz que resuena en sus poetas y en sus novelistas, en sus estudiantes, en sus mujeres y en sus nios, en sus ancianos desvelados. A esa voz hermana, la Asamblea del Pueblo de Cuba le responde: ¡Presente! Cuba no fallar. Aqu est hoy Cuba para ratificar, ante Amrica Latina y ante el Mundo como un compromiso histrico, su dilema irrenunciable: Patria o Muerte. 9 La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba resuelve que esta declaracin sea conocida con el nombre de Declaracin de La Habana. CUBA La Habana, territorio libre de Amrica, septiembre 2 de 1960.

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SEGUNDA DECLARACI"N DE LA HABANA DEL PUEBLO DE CUBA A LOS PUEBLOS DE AMRICA Y DEL MUNDO. Vsperas de su muerte, en carta inconc lusa porque una bala espaola le atraves el corazn, el 18 de mayo de 1895, Jos Mart, Apstol de nuestra independencia, escr ibi a su amigo Manuel Mercado: Ya puedo escribir... ya estoy todos los das en peligro de dar mi vida por mi pas y por mi deber.. para impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Uni dos y caigan con esa fuerza ms sobre nuestras tierras de Amrica. Cuanto hice hasta hoy y har es para eso... Las mismas obligaciones menores y pblicas de los pueblos ms vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexin de los imperialistas, el camino que se ha de segar y con nuestra sangre estamos segando, de la anexin de los pueblos de nuestra Amrica, al Norte revuelto y brutal que los desprecia, les han impedido la adhesin ostensible y pate nte a este sacrificio que se hace en bien inmediato y de ellos. Viv en el monstruo y le conozco las entraas; y mi honda es la de David. Ya Mart, en 1895, seal el pelig ro que se cerna sobre Amrica y llam al imperialismo por su nombre: imperialismo. A los pueblos de Amrica advirti que ellos estaban ms que nadie interesados en que Cuba no sucumbiera a la codicia yanqui despreciadora de los pueb los latinoamericanos. Y con su propia sangre, vertida por Cuba y por Amrica, rubric las pstumas palabras que en home naje a su recuerdo el pueblo de Cuba suscribe hoy a la cabeza de esta Declaracin. Han transcurrido sesenta y siete aos. Puerto Rico fue conv ertida en colonia y es todava colonia saturada de bases militares. Cuba cay tambin en las garras del imperialismo. Sus tropas ocuparon nuestro territorio. La Enmienda Platt fue impuesta a nuestra primera Constitucin, como clusula humillante que consagraba el odioso derecho de intervencin extranjera. Nuestras riquezas pasaron a sus manos, nuestra historia fue falseada, nuestra administracin y nuestra poltica moldeadas por entero a los intereses de los interventores; la nacin sometida a sesenta aos de asfixia poltica, econmica y cultural. Pero Cuba se levant, Cuba pudo redimirse a s misma del bastardo tutelaje Cuba rompi las cadenas que ataban su suerte al imperio opresor, rescat su s riquezas, reivindic su cultura, y desple g su bandera soberana de Territorio y Pueblo Libre de Amrica. AMRICA CONTRA CUBA, PLAN YANQUI. Ya los Estados Unidos no podrn caer jams sobre Amrica con la fuerza de Cuba, pero en cambio, dominando a la mayora de los dems Estados de Amrica Latina, Esta dos Unidos pretende caer sobre Cuba con la fuerza de Amrica. Qu es la historia de Cuba sino la historia de Amrica Latina? Y qu es la historia de Amrica Latina sino la historia de Asia, frica y Oceana? Y qu es la historia de todos estos pueblos sino la historia de la explotacin ms despiadada y cruel del imperialismo en el mundo entero? A fines del siglo pasado y comienzos del presente, un puado de naciones econmicamente desarrolladas haban terminado de repartirse el mundo, sometiendo a su domin io econmico y poltico a las dos terceras partes de la humanidad, que, de esta forma, se vio ob ligada a trabajar para las clases domin antes del grupo de pases de economa capitalista desarrollada. Las circunstancias histricas que permitieron a ciertos pases europeos y a los Estados Unidos de Norte Amrica un alto nivel de desarrollo industrial los situaron en posicin de poder someter a su dominio y explotacin al resto del mundo. Qu mviles impulsaron esa expansin de las potencias industrializadas? Fueron razones de tipo moral, civilizadoras, como ellos alegaban? No : fueron razones de tipo econmico. Desde el descubrimiento de Amrica, que lanz a los conquistadores europeos a travs de los mares a ocupar y explotar las tierras y los habitantes de otros continentes, el afn de riqueza fue el mvil f undamental de su conducta. El propio descubrimiento de Amrica se realiz en busca de ru tas ms cortas hacia el Orie nte, cuyas mercaderas eran altamente pagadas en Europa. Una nueva clase social, los comerciantes y los productores de artculos manufacturados para el comercio, surge del seno de la sociedad feudal de seores y sier vos en las postrimeras de la Edad Media.

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La sed de oro fue el resorte que movi los esfuerzos de esa nueva clase. El afn de ganancia fue el incentivo de su conducta a travs de su historia. Con el desarrollo de la industria manufacturera y el comercio fue creciendo su influencia social. Las nuevas fuerzas productivas que se desa rrollaban en el seno de la sociedad feudal chocaban cada vez ms con las relaciones de servidumbre propia del feudalismo y su ideologa poltica. LA REVOLUCI"N Y LA BURGUESA. Nuevas ideas filosficas y polticas, nuevos conceptos del derecho y del Estado fueron proclamados por los representantes intelectuales de la clase burguesa, los que por responder a las nuevas necesidades de la vida social, poco a poco se hicieron conciencia en las masas explotadas. Eran entonces ideas revolucionarias frente a las ideas caducas de la sociedad feudal. Los campesinos, los artesanos y los ob reros de las manufacturas, encabezados por la burguesa, echaron por tierra el orden feudal, su filosofa, sus ideas, sus instituciones, sus leyes y los privilegios de la clase dominante, es decir, la nobleza hereditaria. Entonces la burguesa consid eraba justa y necesaria le re volucin. No pensaba que el orden feudal poda y deba ser eterno, como piensa ahora de su or den social capitalista. Alentaba a los ca mpesinos a librarse de la servidumbre feudal, alentaba a los artesanos contra las relaciones gremia les y reclamaba el derecho al poder poltico. Los monarcas absolutos, la nobleza y el alto clero de fendan tenazmente sus privilegios de clase, proclamando el derecho divino de la corona y la intangibilidad del orden social. Ser liberal, proclamar las ideas de Voltaire, Diderot o Juan Jacobo Rousseau, portavoces de la filosofa burguesa, constitua entonces para las clases dominantes un delito tan grave como es hoy para la burguesa ser socialista y proclamar las ideas de Marx, Engels y Lenin. Cuando la burguesa conqui st el poder poltico y estableci sobre las ruinas de la sociedad feudal su modo capitalista de produccin, sobre ese modo de produccin erigi su Estado, sus le yes, sus ideas e instituciones. Esas instituciones consagraban en primer trmino la esencia de su dominacin de clase: la propiedad privada. La nueva sociedad basada en la propiedad privada sobre los medios de produccin y en la libre competencia qued as dividida en dos clases fundamentales: una poseedora de los medios de produccin, cada vez ms modernos y eficientes, la otra desprovista de toda riqueza, poseedora slo de su fuerza de trabajo, obligada a venderla en el mercado como una mercanca ms para poder subsistir. Rotas las trabas del feudalismo, las fuerzas productivas se desarrollaron extraordinariamente. Surgieron las grandes fbricas donde se acumulaba un nmero cada vez mayor de obreros. LA EXPLOTACI"N DEL TRABAJO. Las fbricas ms modernas y tcnicamente eficientes iban desplazando del merca do a los competidores menos eficaces. El costo de los equipos indust riales se haca cada vez mayor; era pr eciso acumular cada vez sumas superiores de capital. Una parte importante de la produccin se fue acumulando en un nmero menor de manos. Surgieron as las grandes empresas capitalistas y ms adelante las asociaciones de grandes empresas a travs de cartels, sindicatos, trusts y consorcios, segn el grado y el carcter de la asociacin, controlados por los poseedores de la mayora de las acciones, es decir, por los ms poderosos caballeros de la in dustria. La libre concurrencia, caracterstica del capitalismo en su primera fase, dio paso a los monopolios que concertaban acuerdos entre s y controlaban los mercados. De dnde salieron las colosales sumas de recursos que permitieron a un puado de monopolistas acumular miles de millones de dlares? Sencillamente, de la explotacin del trabajo humano. Millones de hombres obligados a trabajar por un salario de subsistencia produjeron con su esfuerzo los gigantescos capitales de los monopolios. Los trabajadores acumularon las fortunas de las clases privilegiadas, cada vez ms ricas, cada vez ms poderosas. A travs de las instituciones bancarias llegaron a disponer stas no slo de su propio dinero sino tambin del dinero de toda la sociedad. As se produjo la fusin de los bancos con la gran industria y naci el capital financiero. Qu hacer entonces con los grandes excedentes de capital que en cantidades mayores se iba acumulando? Invadir con ellos el mundo. Siempre en pos de ganancia, comenzaron a apoderarse de las riquezas naturales de todos los pases econmicamente dbiles y a explotar el trabajo humano de sus pobladores con salarios mu chos ms mseros que los que se vean obligados a pagar a los obreros de la propia metrpoli. Se inici as el reparto territorial y econmico del mundo. En 1914, ocho o diez pases imperialistas haban sometido a su dominio econm ico-poltico, fuera de sus fronteras, a territorios cuya extensin ascenda a 87, 700, 000 kilmetros cuadrados, con una poblacin de 970 millones de habitantes. Sencillamente se haban repartido el mundo. LA PREVISI"N DE CARLOS MARX. Pero como el mundo era limitado en extensin, repartido ya hasta el ltimo rincn del globo, vino el choque entre los distintos pases monopolistas y surgieron las pugnas por nuevos repartos, originadas en la distribucin no proporcional al poder industrial y econmico que los distintos pases monopolistas en desarrollo desigual haban alcanzado. Estallaron las guerras imperialistas que costaran a la Humanidad 50 millones de muertos, decenas de millones de

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invlidos e incalculables riquezas materiales y culturales destruidas. An no haba suced ido esto cuando ya Marx escribi que el capital recin nacido rezumaba sangre y fango por todos los poros desde los pies a la cabeza. El sistema capitalista de produccin, una vez que hubo dado de s todo lo que era capaz, se convirti en un abismal obstculo al progreso de la humanidad. Pero la burguesa desde su origen llevaba en s misma su contrario. En su seno se desarrollaron gigantescos instrumentos productivos, pero a su vez se desarroll una nueva y vigorosa fuerza social: el proletariado, llamado a cambiar el sistema social ya vi ejo y caduco del capitalismo por una forma econmico-social superior y acorde con las posibilidades histricas de la socied ad humana, convirtiendo en propiedad de toda la sociedad esos gigantescos medios de produccin que los pueblos y nada ms que los pueblos con su trabajo haban creado y acumulado. A tal grado de desarrollo de las fuerzas productivas, resultaba absolutamente caduco y anacrnico un rgimen que postulaba la posesin privada y con ello la su bordinacin de la economa de millones y millones de seres humanos a los dictados de una exigua minora social. Los intereses de la humanidad reclamaban el cese de la anarqua en la produccin, el derroche, las crisis econmicas y las guerras de rapia propias del sistema capitalista. Las creciente s necesidades del gnero humano y la posibilidad de satisfacerlas exigan el desa rrollo planificado de la economa y la utilizacin racional de sus medios de produccin y recursos naturales. EL PRIMER ESTADO SOCIALISTA. Era inevitable que el imperialismo y el colonialismo entrar an en profunda e insalvable cr isis. La crisis general se inici a raz de la Primera Guerra Mundial con la revolucin de los obreros y campesinos, que derrot al imperio zarista de Rusia e implant, en dificilsimas c ondiciones de cerco y agresin capitalista, el primer Estado socialista del mundo, iniciando una nueva era en la historia de la humanidad. Desde entonces hasta nuestros das, la crisis y la descomposicin del sistema imperialista se han acentuado incesantemente. La Segunda Guerra Mundial desatada por las potencias impe rialistas, y que arrastr a la Unin Sovitica y a otros pueblos de Europa y de Asia, criminalmente invadidos, a una sangrienta lucha de liberacin, culmin en la derrota del fascismo, la formacin del campo mundial del socialismo, y la lucha por su soberana de los pueblos coloniales y dependientes. Entre 1945 y 1957, ms de 1,200 millones de seres humanos conquistaron su independencia en Asia y en frica. La sangre vertida por los pueblos no fue en vano. El movimiento de los pueblos dependientes y colonizados es un fenmeno de carcter universal que agita al mundo y marca la crisis final del imperialismo. Cuba y Amrica Latina forman parte del mundo. Nuestros problemas forman parte de los problemas que se engendran de la crisis general del imperialismo y la luch a de los pueblos subyugados: el choque entre el mundo que nace y el mundo que muere. La odiosa y brutal campaa de satada contra nuestra patria expresa el esfuerzo tan desesperado como intil que los imperialistas hacen para ev itar la liberacin de los pueblos. Cuba duele de manera especial a los imperialistas. Qu es lo que se esconde tr as el odio yanqui a la Revo lucin Cubana? Qu explica racionalmente la conjura que rene en el mismo propsito agresivo a la potencia imperialista ms rica y poderosa del mundo contemporneo y a las oligarquas de todo un continente, que juntos suponen representar una poblacin de 350 millones de seres humanos, contra un pequeo pueblo de slo 7 millones de habitante, econmicamente subdesarrollado, sin recursos financieros ni militares para am enazar ni la seguridad ni la economa de ningn pas? Los une y los concita el miedo. Lo explica el miedo. No el miedo a la Revolucin Cubana; el miedo a la revolucin latinoamericana. No el miedo a los obreros, campesinos, estudi antes, intelectuales y sectores progresistas de las capas medias que han tomado revolucionariamente el poder en Cuba; sino el miedo a que los obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales y sectores progresistas de las capas medias tomen revolucionariamente el poder en los pueblos oprimidos, hambrientos y explotados por los monopolios yanquis y la oligarqua de Amrica; el miedo a que los pueblos saqueados del continente arrebaten las armas a sus opresores y se declaren, como Cuba, pueblos libres de Amrica. LA REVOLUCI"N NO ES MERCANCA. Aplastando la Revolucin Cubana creen disipar el miedo que los atormenta, el fantasma de la revolucin que los amenaza. Liquidando a la Revolucin Cubana creen liquidar el espritu revoluciona rio de los pueblos. Pretenden en su delirio que Cuba es exportadora de revoluciones. En sus ment es de negociantes y usureros insomnes cabe la idea de que las revoluciones se pueden comprar o vender, alquilar, prestar, exportar o importa r como una mercanca ms. Ignorantes de las leyes objetivas que rigen el desarrollo de las sociedades humanas, creen que sus regmenes monopolistas, capitalistas y semi-feudales son eternos. Educados en su propia ideologa reaccionaria, mezcla de supersticin, ignorancia, subjetivismo, pragmatismo, y otras aberr aciones del pensamiento, tienen una imagen del mundo y de la marcha de la historia acomodada a sus intereses de clases explotadoras. Suponen que las revoluciones nacen o mueren en el cerebro de los individuos o por efectos de las leyes divinas y que adems los dioses estn de su parte.

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Siempre han credo lo mismo, desde los devotos paganos patricios en la Roma esclavista, que lanzaban a los cristianos primitivos a los leones del circo, y los inquisidores en la Edad Media que como guardianes del feudalismo y la monarqua absoluta inmolaban en la hoguera a los primeros representantes del pensamiento liberal de la naciente burguesa, hasta los obispos que hoy, en defensa del rgimen burgus y monopolista, anatematizan las revoluciones proletarias. Todas las clases reaccionarias en todas las po cas histricas, cuando el anta gonismo entre explotadores y explotados llega a su mxima tensin, presagiando el advenimiento de un nuevo rgimen social, han acudido a las peores armas de la represin y la calumnia contra sus adversarios. Acusados de incendiar a Roma y de sacrificar nios en sus altares los cristianos primitivos fueron llevados al martirio. Acusados de herejes fueron llevados por los inquisidores a la hoguera filsofos como Giordano Bruno, reformadores como Huss y miles de inconformes ms con el orden feudal. Sobre los luchadores prol etarios se ensaa hoy la persecucin y el crimen, precedidos de las peores calumnias en la prensa monopolista y burguesa. Siempre en cada poca histrica las clases dominantes han asesinado invocando su situacin de minoras privilegi adas sobre mayoras explotadas la defe nsa de la sociedad, del orden, de la patria: su orden clasista que mantienen a sangre y fuego sobre los desposedos, la patria que disfrutan ellos solos, privando de ese disfrute al resto del pueblo, para reprimir a los revolucionarios que aspi ran a una sociedad nueva, un orden justo, una patria verdadera para todos. LA HUMANIDAD NO SE DETIENE NI PUEDE DETENERSE. Pero el desarrollo de la historia, la marcha ascendente de la humanidad no se detiene ni puede detenerse. Las fuerzas que impulsan a los pueblos, que son los verdaderos constructores de la historia, determinadas por las condiciones materiales de su existencia y la aspiracin a metas superiores de bi enestar y libertad, que surgen cuando el progreso del hombre en el campo de la ciencia, de la tcnica y de la cultura lo hacen posible, son superiores a la voluntad y al terror que desatan las oligarquas dominantes. Las condiciones subjetivas de cada pas, es decir, el factor conciencia, organizacin direccin, puede acelerar o retrasar la revolucin segn su mayor o menor grado de desarrollo, pero tarde o temprano en cada poca histrica, cuando las condiciones objetivas maduran, la conciencia se adquiere, la organizacin se l ogra, la direccin surge y la revolucin se produce. SE RESISTE A DEJAR NACER LA SOCIEDAD NUEVA. Que sta tenga lugar por cauces pacficos o nazca al mundo despus de un parto doloroso, no depende de los revolucionarios: depende de las fuerzas reaccionarias de la vieja sociedad, que se resisten a dejar nacer la sociedad nueva que es engendrada por las contradicciones que lleva en su seno la vieja sociedad. La revolucin es en la historia como el mdico que asiste al nacimiento de una nueva vida. No usa sin necesidad los aparatos de fuerza, pero los usa sin vacilaciones cada vez que sea necesario para ayudar al pa rto. Parto que trae a las masas esclavizadas y explotadas las esperanzas de una vida mejor. En muchos pases de Amrica Latina la revolucin es hoy inevitable. Ese hecho no lo determina la voluntad de nadie. Est determinado por las espantosas condiciones de e xplotacin en que vive el hombre americano, el desarrollo de la conciencia revolucionaria de las masas, la crisis m undial del imperialismo y el movimiento universal de lucha de los pueblos subyugados. UN IMPERIALISMO FEROZ, DESPIADADO Y PODEROSO. La inquietud que hoy se registra es sntoma inequvoco de rebelin. Se agitan las entraas de un continente que ha sido testigo de cuatro siglos de explotacin esclava, semi-esclava y feudal del hombre desde sus moradores aborgenes y los esclavos trados de frica, hasta los ncleos nacionales que surgieron despus: blancos, negros, mulatos, mestizos e indios que hoy hermanan el desprecio, la humillacin y el yugo yanqui, como los herman a la esperanza de un maana mejor. Los pueblos de Amrica se libertaron del coloniaje espaol a principios del siglo pasado, pero no se liberaron de la explotacin. Los terratenientes feudales asumieron la autoridad de los gobernantes espaoles, los indios continuaron en penosa servidumbre, el hombre latinoamericano en una u otra forma sigui esclavo, y las mnimas esperanzas de los pueblos sucumbieron bajo el poder de las oligarquas y la coyunda del capital extranjero. Esta ha sido la verdad de Amrica con uno u otro matiz, con alg una que otra variante. Hoy Amrica Latin a yace bajo un imperialismo ms feroz, mucho ms poderoso y ms despiadado que el imperialismo colonial espaol. Y ante la realidad objetiva e histricamente inexorable de la revolucin latinoamericana, cul es la actitud del imperialismo yanqui?. Disponerse a librar una guerra colonial con los pueblos de Amrica Latina; crear su aparato de fuerza, los pretextos polticos y los instrumentos seudolega les suscritos con los representantes de los oligarquas reaccionarias para reprimir a sangre y fueg o la lucha de los pueblos latinoamericanos.

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La intervencin del gobierno de los Estados Unidos en la poltica interna de los pases de Amrica Latina ha ido siendo cada vez ms abierta y desenfrenada. UN APARATO DE ESPIONAJE EN CADA NACI"N. La Junta Interamericana de Defensa, por ejemplo, ha sido y es el nido donde se incuban los oficiales ms reaccionarios y pro-yanquis de los ejr citos latinoamericanos, utili zados despus como instrumentos golpistas al servicio de los monopolios. Las misiones militares norteamericanas en Amrica Latina constituyen un aparato de espionaje permanente en cada nacin, vinculado estrechamente a la Agencia Central de Inteligencia, inculcando a los oficiales los sentimientos ms reaccionarios y tratando de convertir los ejrcitos en instrumentos de sus intereses polticos y econmicos. Actualmente, en la zona del Canal de Panam, el alto mando norteamericano ha organizado cursos especiales de entrenamiento, para oficiales latinoameri canos, de lucha contra guerrillas revoluci onarias, dirigidos a reprimir la accin armada de las masas campesinas contra la explotacin feudal a que estn sometidas. En los propios Estados Unidos la Agencia Central de Inte ligencia ha organizado escuelas especiales para entrenar agentes latinoamericanos en las ms sutiles formas de as esinato; y es poltica acordada por los servicios militares yanquis la liquidacin fsica de los dirigentes antimperialistas. Es notorio que las embajadas yanquis en distintos pases de Amrica Latina estn organizando, instruyendo y equipando bandas fascistas para sembrar el terror y agredir las organizaciones obreras, estudiantiles e intelectuales. Esas bandas, donde reclutan a los hijos de las oligarquas, a lumpen y gente de la peor calaa moral, han perpetrado ya una serie de actos agresivos contra los movimientos de masas. NUEVO CONCEPTO FILI BUSTERO DEL DERECHO. Nada ms evidente e inequvoco de los propsitos del im perialismo que su conducta en los recientes sucesos de Santo Domingo. Sin ningn tipo de justificacin, sin mediar siquiera relaciones diplomticas con esa Repblica, los Estados Unidos, despus de situar sus barcos de guerra frent e a la capital dominicana, declar aron, con su habitual insolencia, que si el gobierno de Balaguer solicitaba ayuda mil itar, desembarcaran sus tropas en Santo Domingo contra la insurgencia del pueblo dominicano. Que el poder de Balaguer fuera absolutamente espreo, que cada pueblo soberano de Amrica deba tener derecho a resolver sus problemas internos sin intervencin extranjera, que existan normas internacionales y una opinin mundial, que incluso existiera una OEA, no contaba para nada en las consideraciones de los Estados Unidos. Lo que s contaba eran sus designios de impedir la revolucin dominicana, la reimplantacin de los odiosos desembarcos de su infantera de marina, sin ms base ni requisito para fundamentar ese nuevo concepto filibustero del derecho que la simple solicitud de un gobernant e tirnico, ilegtimo y en crisis. Lo que esto significa no debe escapar a los pueblos. En Amrica Latina hay sobrados gobernantes de ese tipo, dispuestos a utilizar las tropas yanquis contra sus respectivos pueblos cuando se vean en crisis. Esta poltica declarada del imperialismo norteamericano de enviar soldados a combatir el movimiento revolucionarios en cualquier pas de Amrica Latina, es d ecir, a matar obreros, estudiantes, campesinos, a hombres y mujeres latinoamericanos, no tiene otro objetivo que el de seguir manteniendo sus intereses monopolistas y los privilegios de la oligarqua traidora que los apoya. LAS NACIONES LATINOAMERICANAS DEPAUPERADAS. Ahora se puede ver con toda claridad que los pactos militares suscritos por el gobierno de Estados Unidos con gobiernos latinoamericanos, pactos secret os muchas veces y siempre a espaldas de los pueblos, invocando hipotticos peligros exteriores que nadie vio nunca por ninguna parte, tenan el nico y exclusivo objetivo de prevenir la lucha de los pueblos; eran pactos contra ¡os pueblos, contra el nico peligro: el peligro interior del movimiento de liberacin que pusiera en riesgo los intereses yanquis. No sin razn los pueblos se preguntaban: Por qu tantos convenios militares? Para qu los envos de armas, que si tcnicamente son in adecuadas para una guerra moderna, son en cambio eficaces para aplastar huelgas, reprimir manifestaciones populares y ensangrentar el pas? Para qu las misiones militares, el Pacto de Ro de Janeiro y las mil y una conferencias internacionales? Desde que culmin la Segunda Guerra Mundial, las naciones de Amrica Latina se han ido depauperando cada vez ms, sus exportaciones tienen cada vez menos valor, sus importaciones precios ms altos, el ingreso per cpita disminuye, los pavorosos porcentajes de mortandad infantil no decrecen, el nmero de analfabetos es superior, los pueblos carecen de trabajo, de tierra, de viviendas adecuadas, de escuelas, ho spitales, de vas de comunicacin y de medios de vida. En cambio las inversiones norteamericanas sobrepasan los diez mil millones de dlares. Amrica Latina es adems abastecedora de materias primas barata s y compradora de artculos elaborados caros. Como los primeros conquistadores espaoles, que cambiaban a los indios espejos y baratijas por oro y plata, as comercian con

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Amrica Latina los Estados Unidos. Conservar ese torrente de riqueza, apoderarse cada vez ms de los recursos de Amrica y explotar a sus pueblos sufridos; he ah lo que se ocultaba tras los pactos militares, las misiones castrenses y los cabildeos diplomticos de Washington. PAULATINO ESTRANGULAMIENTO DE LA SOBERANA DE LAS NACIONES. Esta poltica de paulatino estrangulamiento de la soberana de las naciones latinoamericanas y de manos libres para intervenir en sus asuntos internos tuvo su punto culminante en la ltima reunin de Cancilleres en Punta del Este el imperialismo yanqui reuni a los cancilleres para arrancarles mediante presin poltica y chantaje econmico sin precedentes, con la complicidad de un grupo de los ms desprestigiados gobernantes de este continente, la renuncia a la soberana nacional de nuestros pueblos y la consagracin del odiado derecho de intervencin yanqui en los asuntos internos de Amrica; el sometimiento de los pueblos a la voluntad omnmoda de los Estados Unidos de Norteamrica, contra la cual lucharon todos los prceres, desde Bolvar hasta Sandino. Y no se ocultaron ni el gobierno de Estados Unidos ni los representantes de las oligarquas explotadoras ni la gran prensa reaccionaria vendida a los monopolios y a los seores feudales, para demandar abiertamente acuerdos que equivalen a la supresin formal del derecho de autodeterminacin de nuestros pueblos; a borrarle de un plumazo, en la conjura ms infame que recuerda la historia de este Continente. UNA INDISIMULADA COMPRA-VENTA DE VOTOS. A puertas cerradas, entre concilibulos repugnantes, donde el ministro yanqui de colonias dedic das enteros a vencer la resistencia y los escrpulos de algunos Cancilleres, poniendo en juego los millones de la Tesorera yanqui en una indisimulada compra-venta de votos, un puado de representantes de las oligarquas de pases que en conjunto apenas suman un tercio de la poblacin del Continente, impuso acuerdos que sirven en bandeja de plata al amo yanqui la cabeza de un principio que cost toda la sangre de nuestr os pueblos desde las guerras de independencia. El carcter prrico de tan tristes y fraudulentos logros del imperialismo su fracaso moral, la unanimidad rota y el escndalo universal, no disminuyen la gravedad que entraan para lo s pueblos de Amrica Latina los acuerdos que impusieron a ese precio. En aquel congreso inmoral, la voz titnica de Cuba se elev sin debilidad ni miedo para acusar ante todos los pueblos de Amrica y del mundo el monstruoso atentado y defender virilmente y con dignidad que constar en los anales de la historia, no slo el derecho de Cuba, sino el derecho desamparado de todas las naciones hermanas del Continente Americano. La palabra de Cuba no poda tener eco en aquella mayora amaestrada, pero tampoco poda tener respuesta; slo caba el silencio impotente ante sus demoledores argumentos, la diafanidad y valenta de sus palabras. Pero Cuba no habl para los Cancilleres, Cuba habl para los pueblos y para la historia, donde sus palabras tendrn eco y respuesta. CUBA REPRESENT" A LOS PUEBLOS. En Punta del Este se libr una gran batalla ideolgica entre la Revolucin Cubana y el imperialismo yanqui. Qu representaban all, por quin habl cada uno de ellos? Cuba represent los pueblos; Estados Unidos represent los monopolios. Cuba habl por las masas explotadas de Amrica; Estados Unidos por los intereses oligrquicos explotadores e imperialistas; Cuba por la soberana; Estados Unidos por la inte rvencin; Cuba por la nacionalizacin de las empresas extranjeras; Estados Unidos por nuevas inve rsiones de capital forneo. Cuba por la cultura; Estados Unidos por la ignorancia. Cuba por la Re forma Agraria; Estados Unidos por el la tifundio. Cuba por la industrializacin de Amrica; Estados Unidos por el subdesarrollo. Cuba por el trabajo creador; Estados Unidos por el sabotaje y el terror contrarrevolucionario que practican sus agentes, la dest ruccin de caaverales y fbricas, los bombardeos de sus aviones piratas contra el trabajo de un pueblo pacfico. Cu ba por los alfabetizadores asesinados; Estados Unidos por los asesinos. Cuba por el pan; Estados Unidos por el hambre. Cuba por la igualdad; Estados Unidos por el privilegio y la discriminacin. Cuba por la verdad; Estados Unidos por la mentira. Cuba por la liberacin; Estados Unidos por la opresin. Cuba por el porvenir luminoso de la humanidad; Estados Unidos por el pasado sin esperanza. Cuba por los hroes que cayeron en Girn para salvar la Patria del dominio extranjero; Estados Unidos por los mercenarios y traidores que sirven al extranjero contra su Patria. Cuba por la paz entre los pueblos; Estados Unidos por la agresin y la guerra. Cuba por el socialismo; Estados Unidos por el capitalismo. MTODOS BOCHORNOSOS QUE EL MUNDO ENTERO CRITICA. Los acuerdos obtenidos por Estados Unidos con mtodos tan bochornosos que el mundo entero critica, no restan sino que acrecientan la moral y la razn de Cuba, demuestr an el entreguismo y la traicin de las oligarquas a los intereses nacionales y ensean a los pueblos el camino de la liberacin. Revelan la podredumbre de las clases explotadoras en cuyo nombre hablaron sus representantes en Punta del Este. La OEA qued desenmascarada como lo que es —

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un Ministerio de Colonias yanqui, una alianza militar, un apar ato de represin contra el movimiento de liberacin de los pueblos latinoamericanos. Cuba ha vivido tres aos de Revolucin bajo incesante hostigamiento de intervencin yanqui en nuestros asuntos internos. Aviones piratas procedentes de Estados Unidos lanzando materias inflamables han quemado millones de arrobas de caa; actos de sabotaje internacional perpetrados por agentes yanquis, como la explosin del vapor La Coubre, han costado docenas de vidas cubanas; miles de armas norteamericanas de todos tipos han sido lanzadas en paracadas por los servicios militares de Es tados Unidos sobre nuestro territorio para promover la subversin; cientos de toneladas de materiales explosivos y mquinas infernales han sido desembarcados subrepticiamente en nuestras costas por lanchas norteamericanas para promover el sabotaje y el terrorismo; un obrero cubano fue torturado en la Base Naval de Guantnamo y privado de la vida sin proceso previo ni explicacin posterior alguna; nuestra cuota azucarera fue suprimida abruptamente y proclamado el embargo de piezas y materias primas para fbricas y maquinarias de construccin norteamericana para arruinar nuestra economa; barcos artillados y aviones de bombardeo, procedentes de bases preparadas por el gobierno de Estados Unidos han atacado sorpresivamente puertos e instalaciones cubanas; tropas mercenarias organizadas y entrenad as en pases de Amrica Central por el propio gobierno han invadido en son de guerra nuestro territorio, escoltados por barcos de la flota yanqui, y con apoyo areo desde bases exteriores, provocando la prdida de numerosas vidas y la destruccin de bienes materiales; contrarrevolucionarios cubanos son instruidos en el ejrcito de Estados Unidos y nuevos planes de agresin se realizan contra Cuba. Todo eso ha estado ocurriendo durante tres aos incesantemente, a la vi sta de todo el Continente, y la OEA no se enter. EXPULSAN A LA VCTIMA Y PROTEGEN AL AGRESOR. Los Cancilleres se renen en Punta del Este y no amonest an siquiera al gobierno de Estados Unidos ni a los gobiernos que son cmplices de esas agresiones. Expulsan a Cuba, el pas latinoamericano vctima, el pas agredido. Estados Unidos tiene pactos militares con pases de todos los continentes; bloques militares con cuanto gobierno fascista, militarista y reaccionario hay en el mundo: la OT AN, la SEATO y la CENTO, a los cuales hay que agregar ahora la OEA; interviene en Laos, en Viet Nam, en Corea, en Formosa, en Berln; enva abiertamente barcos a Santo Domingo para imponer su ley, su voluntad, y anuncia su propsito de usar sus aliados de la OTAN para bloquear el comercio de Cuba; y la OEA no se entera... Se renen lo s Cancilleres y expulsan a Cuba, que no tiene pactos militares con ningn pas. As el gobierno que organiza la subversin en todo el mundo y forja alianzas militares en cuatro continentes, hace expulsar a Cuba, acusndola nada menos que de subversin y de vinculaciones extracontinentales. Cuba, el pas latinoamericano que ha convertido en dueos de las tierras a ms de cien mil pequeos agricultores, asegurado empleo todo el ao en granjas y cooperativas a todos los obreros agrcolas, transformado los cuarteles en escuelas, concedido sesenta mil becas a estudiantes universitarios, secundarios y tecnolgicos, creado aulas para la totalidad de la poblacin infantil, liquidado totalmente el analfabetismo, cuadruplicado los servicios mdicos, nacionalizado a las empresas monopolistas, suprimido el abusivo sistema que converta la vivienda en un medio de explotacin para el pueblo, eliminado virtualmente el de sempleo, suprimido la discriminacin por motivo de raza o sexo, barrido el juego, el vicio y la corrupcin administrativa armado al pueblo, hecho realidad viva el disfrute de los derechos humanos al librar al hombre y a la mujer de la explotacin, la incultura y la desigualdad social, que se ha liberado de todo tutelaje extranjero, adquirido plena soberana y establecido las bases para el desarrollo de su economa a fin de no ser ms pas monoproductor y exportador de materias primas, es expulsada de la Or ganizacin de Estados Americanos por gobiernos que no han lo grado para sus pueblos ni una sola de estas reivindicaciones. Cmo podrn justificar su conducta ante los pueblos de Amrica y del mu ndo? Cmo podrn negar que en su concepto la poltica de tierra, de pan, de trabajo, de salud, de libertad, de igualdad y de cultura, de desarrollo acelerado de la economa, de dignidad nacional, de plena autodeterminacin y sobe rana, es incompatible con el Hemisferio? LO INCOMPATIBLE ES LA MISERIA. Los pueblos piensan muy distinto, los pueblos piensan que lo nico incompatible con el destino de Amrica Latina es la miseria, la explotacin feudal, el analfabetismo, los salarios de hambre, el desempleo, la poltica de represin contra las masas obreras campesinas y estudiantiles, la discrimi nacin de la mujer, del negro, del indio, del mestizo, la opresin de las oligarquas, el saqueo de sus riquezas por los monopolios yanquis, la asfixia moral de sus intelectuales y artistas, la ruina de sus pequeos productores por la competencia extranjera, el subdesarrollo econmico, los pueblos sin caminos, sin hospitales, sin viviendas, sin escuelas, sin industrias, el sometimiento al imperialismo, la renuncia a la soberana nacional y la traicin a la Patria.

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Cmo podrn hacer entender su conducta, la actitud co ndenatoria para con Cuba, lo s imperialistas; con qu palabras les van a hablar y con qu sentimiento, a quienes han ignorado, aunque s explotado, por tan largo tiempo? Quienes estudian los problemas de Am rica suelen preguntar qu pas, qui nes, han enfocado con correccin la situacin de los indigentes, de los pobres, de los indios, de lo s negros, de la infancia desvalida, esa inmensa infancia de 30 millones en 1950 (que ser de 50 millones dentro de ocho aos ms), s,: quines, qu pas? Treinta y dos millones de indios vertebran —tanto como la misma Cordillera de los Andes— el continente americano entero. Claro que para quienes la han considerado casi como una cosa, ms que como una persona, esa humanidad no cuenta, no contaba y crean que nunca contara. Como supon a, no obstante, una fuerza ciega de trabajo, deba ser utilizada, como se utiliza una yunta de bueyes o un tractor. EXPLOTAN Y MATAN A LOS ABORGENES. Cmo podr creerse en ningn beneficio, en ninguna Alianza para el Progreso, con el imperialismo, bajo qu juramento, si bajo su santa proteccin, sus matanzas, sus pe rsecuciones an viven los ind genas del sur del Contiente, como los de la Patagonia, en toldos, como vivan sus antepasados a la venida de los descubridores, casi quinientos aos atrs? En dnde los que fueron grandes razas que poblaron el norte argentino, Paraguay y Bolivia, como los guaranes, que han sido diezmados ferozmente como quien caza animales y a quienes se les ha enterrado en los interiores de las selvas? En dnde esa reserva autctona que pudo servir de base a una gran civilizacin americana —y cuya extincin se le apresura por instantes— y a la que se la ha empuj ado Amrica adentro a travs de los esteros paraguayos y los altiplanos bolivianos, tristes, rudimentarios; razas melanc licas, embrutecidas por el alcohol y los narcticos, a los que se acogen para por lo menos sobrevivir en las infrahumanas condiciones (no slo de alimentacin) en que viven? En dnde una cadena de manos se estira —casi intilmente, todava, se viene estirando por siglos intilmente—, por sobre los lomos de la cordillera, sus faldas, a lo largo de los grandes ros y por entre las sombras de los bosques para unir sus miserias con los dems que parecen lentamente, las tribus brasileas y las del norte del Continente y sus costas, hasta alcanzar a los cien mil motilones de Venezuela, en el ms increble atraso y salvajemente confinados en las selvas amaznicas o las sierras de Perij, a los solitarios vapichanas que en las tierras calientes de las Guayanas esperan su final, ya casi perdidos definitivamente para la suerte de los humanos? S, a todos estos treinta y dos millones de indios que se extienden desde la frontera con los Estados Unidos hasta los confines del Hemisferio Sur, y cuarenta y cinco millones de mestizos, que en gran parte poco difieren de los indios; a todos estos indgenas, a este formidable caudal de trabajo, de derechos pisoteados, s, qu les puede ofrecer el imperialismo? Cmo podrn creer estos ignorados en ningn beneficio que venga de tan sangrientas manos? Tribus enteras que an viven desnudas; otras a las que se supone antropfagas; otras que en el primer contacto con la civilizacin conquistadora muer en como insectos; otras a las que se destierra, es decir, se las echa de sus tierras, se las empuja hasta volcarlas en los bosques o en las montaas o en las profundidades de los llanos a donde no llega ni el menor tomo de cultura, de luz, de pan ni de nada... QU BENEFICIOS BRINDA LA ALIANZA AL NEGRO? En qu alianza —como no sea en una para su ms rpi da muerte— van a creer estas razas indgenas apaleadas por siglos, muertas a tiros para ocupar sus tierras, muertas a palos por miles por no trabajar ms rpido en sus servicios de explotacin por el imperialismo? Y al negro? Qu alianza les puede brindar el sistema de los linchamientos y la pretericin brutal del negro de los Estados Unidos a los quince millones de negros y catorce millones de mulatos latinoamericanos que saben con horror y clera que sus hermanos del Norte no pueden montar en los mismos vehculos que sus compatriotas blancos, ni asistir a las mismas escuelas, ni siquiera morir en los mismos hospitales? Cmo han de creer en este imperialismo, en sus beneficios, en sus alianzas (que no sean para lincharlos y explotarlos como esclavos) estos ncleos tnicos preteridos? Esas masas, que no han podido gozar ni medianamente de ningn beneficio cultural, social o profesional, que an en donde son mayoras o forman mill ones son maltratados por los imperialis tas disfrazados de Ku-Klux-Klan; son arrojados a las barriadas ms insalubres, a las casas colectivas menos confortables, hechas para ellos: empujados a los oficios ms innobles, a los trabajos ms duros y a las profesiones menos lucrativas, que no supongan contacto con las universidades, las altas academias o escuelas particulares. Qu Alianza para el Progreso puede servir de estmulo a esos ciento siete millones de hombres y mujeres de nuestra Amrica, mdula del trabajo en ciudades y campos, cu ya piel oscura —negra, mestiza, mulata, india— inspira desprecio a los nuevos colonizadores? Cmo van a confiar en la supuesta Alianza los que en Panam han visto con mal contenida impotencia que hay un salario para el yanqui y otro salario para el panameo que ellos consideran raza inferior?

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Qu pueden esperar los obreros con sus jornales de hambre, los trabajos ms rudos, las condiciones ms miserables, la desnutricin, las enfermedades y todos los males que incuba la miseria? Qu les puede decir, qu palabras, qu beneficios, podrn ofrecerles los imperialistas a los mineros del cobre, del estao, del hierro, del carbn, que dejan sus pulmones a beneficio de dueos lejanos e inclementes; a los padres e hijos de los maderales, de los cauchales, de los yerbatales, de las pl antaciones fruteras, de los ingenios de caf y de azcar, de los peones en las pampas y en los llanos que amasan con su salud y con sus vidas las fortunas de los explotadores? QU PUEDE OFRECER EL IMPERIALISMO? Qu pueden esperar estas masas inmensas que producen la s riquezas, que crean los valores, que ayudan a parir un nuevo mundo en todas partes, qu pueden esperar del imperialismo, esa boca insaciable, esa mano insaciable, sin otro horizonte inmediato que la miseria, el desamparo ms absoluto, la muerte fra y sin historia al fin? Qu puede esperar esta clase, que ha cambiado el curso de la historia en otras partes del mundo, que ha revolucionado al mundo, que es vanguardia de todos los humildes y explotados, qu puede esperar del imperialismo, su ms irreconciliable enemigo? Qu puede ofrecer el imperialismo, qu clase de beneficio, qu suerte de vida mejor y ms justa, qu motivo, qu aliciente, qu inters para superarse, para lograr trascender sus sencillos y primarios escal ones, a maestros, a profesores, a profesionales, a intelectuales, a los poetas y a los artista s; a los que cuidan celosamente las generaciones de nios y jvenes para que el imperialismo se cebe luego en ellos; a quienes viven sueldos humillantes en la mayora de los pases; a los que sufren las limitaciones de su expresin poltica y social en casi todas partes; que no sobrepasan, en sus posibilidades econmicas, ms que la simple lnea de sus pr ecarios recursos y compensaciones, enterrados en una vida gris y sin horizontes que acaba en una jubilacin que entonces ya no cubre ni la mitad de los gastos? Qu beneficios o alianzas podr ofrecerles el imperialis mo que no sea las que redunden en su total provecho? Si les crea fuentes de ayuda a sus profesiones, a sus artes, a sus publicaciones, es siempre en el bienentend ido de que sus producciones debern reflejar sus intereses, sus objetivos, sus nadas. La s novelas que traten de reflejar la realidad del mundo de sus aventuras rapaces; los poemas que quiera n traducir protestas por su avasallamien to, por su ingerencia en la vida, en la mente, en las visceras de sus pases y pueblos; las ar tes combativas que pretendan apresar en sus expresiones las formas y contenido de su agresin y constante presin sobre todo lo que vive y alienta progresivamente, todo lo que es revolucionario; lo que ensea; lo que trat a de guiar, lleno de luz y de conciencia, de claridad y de belleza, a los hombres y a los pueblos a mejores destinos, hacia ms altas cumbres del pensamiento, de la vida y de la justicia, encuentra la reprobacin ms encarnizada del imperia lismo; encuentra la valla, la condena, la persecucin maccarthista. Sus prensas se les cierran; su nombre es borrado de las columnas y se le aplica la losa del silencio ms atroz... que es, entonces — una contradiccin ms del imperialismo— cuando el escritor, el poeta, el pintor, el esculto r, el creador en cualquier material, el cientfico, empiezan a vivir de verdad, a vivi r en la lengua del pueblo, en el corazn de millones de hombres del mundo. El imperialismo todo lo trastrueca, lo deforma, lo canaliza por sus vertientes para su provecho, hacia la multiplicacin de su dlar; comprando palabras o cu adros o mudez, o transformando en silencio la expresin de los revolucionarios, de los hombres progresistas, de los que luchan por el pueblo y sus problemas. LA INFANCIA DESVALIDA DE AMRICA. No podamos olvidar en este triste cuadro la infancia desv alida, desatendida; la infancia, sin porvenir, de Amrica. Amrica, que es un continente de natalidad elevada, tiene tambin una mortalidad elevada. La mortalidad de nios de menos de un ao, en once pases, ascenda hace pocos aos a 125 por mil, y en ot ros 17, a 90 nios. En 102 pases del mundo, en cambio, esa tasa alcanza a 51. En Amr ica, pues, se mueren tristemente desatendidamente setenta y cuatro nios ms en cada mil, en el primer ao de su nacimiento. Hay pases latinoamericanos en los que esa tasa alcanza, en algunos lugares, a 300 por mil; miles de nios hasta los siete aos mueren en Amrica de enfermedades increbles: diarreas, pulmonas, desnutricin, hambre; mile s y miles, de otras enfermedades, sin atencin en los hospitales, sin medicinas; miles y miles ambulan, heridos de cretinismo endmico, paludismo, tracoma y otros males producidos por las contaminaciones, la falta de agua y otras necesidades. Males de esta naturaleza son una cadena en los pases americanos en donde agonizan millares y millares de nios, hijos de parias, hijos de pobres y de pequeosburgueses con vida dura y precarios medi os. Los datos, que sern redundantes, s on de escalofro. Cualquier publicacin oficial de los organismos internacionales los rene por cientos. En los aspectos educacionales, indigna pensar el nivel de cultura que padece esta Amr ica. Mientras que Estados Unidos logra un nivel de ocho y nueve aos de escolaridad en la poblacin de 15 aos de edad en adelante, Amrica Latina, saqueada y esqu ilmada por ellos, tiene menos de un ao escolar aprobado como nivel, en esas mismas edades. E indigna ms an cuando sabemos que de los nios entre cinco y 14 aos solamente estn matriculados en algunos pases un 20%, y en los de ms alto nivel el 60%. Es decir, que ms de la mitad de la infancia de Amrica Latina no concurre a la escuela. Pero el dolor si gue creciendo cuando comprobamos que la matrcula de los tres primeros grados comprende ms del 80% de los matriculados; y que en el grado sexto, la matrcula flucta apenas entre 6 y 22 alumnos

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de cada cien que comenzaron en el prim ero. Hasta en los pases que creen habe r atendido a su infancia, ese porcentaje de prdida escolar entre el primero y el sexto grado es del 73% como promedio. En Cuba, antes de la Revolucin, era del 74, en la Colombia de la democracia representativa es de l 78. Y si se fija la vista en el campo, slo el 1% de los nios llega, en el mejor de los casos, al quinto grado de enseanza. FALTAN ESCUELAS, MAESTROS Y RECURSOS. Cuando se investiga ese desastre del au sentismo escolar, una causa es la que lo explica: la economa de miseria. Falta de escuela, falta de maestros, falta de recursos familia res, trabajo infantil... En defi nitiva, el imperialismo y su obra de opresin y retraso. El resumen de esta pesadilla que ha vivido Amrica, de un extremo a otro, es que en este continente de casi doscientos millones de seres humanos, formados en sus dos te rceras partes por los indios, los mestizos, y los negros, por los discriminados, en este continente de semicoloni as, mueren de hambre, de enfermedades curables o vejez prematura, alrededor de cuatro personas por minuto, de cinco mil quinientas al da, de dos millones por ao, de diez millones cada cinco aos. Esas muertes podran ser evitadas fcilmente, pero sin embargo se producen. Las dos terceras partes de la poblacin latinoamericana vi ven poco, y viven bajo la permanente amenaza de muerte. Holocausto de vidas que en quince aos ha ocasionado dos veces ms muertes que la guerra de 1914, y contina... Mientras tanto, de Amrica Latina fluye hacia los Estados Un idos un torrente continuo de dinero: unos cuatro mil dlares por minuto, cinco millones por da, dos mil millones por ao, diez mil millones cada cinco aos. Por cada mil dlares que se nos van, nos queda un muerto. ¡Mil dlares por muerto: ese es el precio de lo que se llama imperialismo! ¡MIL D"LARES POR MUERTO, CUATRO VECES POR MINUTO! Mas a pesar de esta realidad americana, para qu se re unieron en Punta del Este? Acaso para llevar una sola gota de alivio a estos males? ¡No! Los pueblos saben que en Punta del Este los cancilleres qu e expulsaron a Cuba se reun ieron para renunciar a la soberana nacional; que all el gobierno de Estados Unidos fue a sentar las bases no slo para la agresin a Cuba, sino para intervenir en cualquier pas de Amrica contra el movimiento liberador de los pueblos; que Estados Unidos prepara a la Amrica Latina un drama sangriento; que las o ligarquas explotadoras lo mi smo que ahora renuncian al principio de la soberana, no vacilarn en solicitar la intervencin de las tropas yanquis contra sus propios pueblos y que con este fin la delegacin norteamericana propuso un Comit de Vigilancia contra la Subversin, en la Junta nteramericana de Defensa, con facultades ejecutivas, y la adopcin de medidas colectivas. Subversin para los imperialistas yanquis es la lucha de los pueblos hambrientos por el pan, la lucha de los campesinos por la tierra, la lucha de los pueblos contra la explotacin imperialista. Comit de vigilanc ia en la Junta Interamericana de Defensa, con facultades ejecutivas, significa fuerza de represin continental contra los pueblos a las rdenes del Pentgono. Medidas colectivas significan desembarco de infantes de marina yanquis en cualquier pas de Amrica. LAS REVOLUCIONES LAS HACEN LOS PUEBLOS. Frente a la acusacin de que Cuba quiere exportar su revolucin, respondemos: las revoluciones no se exportan, las hacen los pueblos. Lo que Cuba puede dar a los pueblos y ha dado ya, es su ejemplo. Y qu ensea la Revolucin Cubana? Qu e la revolucin es posible, que los pueblos pueden hacerla, que en el mundo contemporneo no hay fuerzas capaces de impedir el movimiento de liberacin de los pueblos. Nuestro triunfo no habra sido jams factible si la Revolucin misma no hubiese estado inexorablemente destinada a surgir de las condiciones existente en nuestra realidad econmico-social, rea lidad que existe en grado mayor an en un buen nmero de pases de Amrica Latina. Ocurre inevitablemente que en las naciones donde es ms fuerte el control de los monopolios yanquis, ms despiadada la explotacin de la oligarqua y ms insoportable la situacin de las masas obreras y campesinas, el poder poltico se muestra ms frreo, los estados de sitio se vuelven habituales, se reprime por la fuerza toda manifestacin de descontento de las masas, y el cauce democrtico se cierra por completo, revelndose c on ms evidencia que nunca el carcter de brutal dictadura que asume el poder de las clases dominantes. Es entonces cuando se hace inevitable el estallido revolucionario de los pueblos. LA FUERZA POTENCIAL DE LOS CAMPESINOS. Y si bien es cierto que en los pas es subdesarrollados de Amrica la clas e obrera es en general relativamente pequea, hay una clase social que por las condiciones sub-humanas en que vive constituye una fuerza potencial que, dirigida por los obreros y los intelectuales revolucionarios, tie ne una importancia decisiva en la lucha por la liberacin nacional: los campesinos.

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En nuestros pases se juntan las circunstancias de una industria subdesarrollada con un rgimen agrario de carcter feudal. Es por eso que con todo lo duras que son las condicione s de vida de los obreros urbanos, la poblacin rural vive an en ms horribles condiciones de opresin y explotacin; pero es tambin, salvo excepciones, el sector absolutamente mayoritario en proporciones que a veces sobrepasa el setenta por ciento de las poblaciones latinoamericanas. Descontando los terratenientes que muchas veces residen en las ciudades, el resto de esa gran masa libra su sustento trabajando como peones en las haciendas por sala rios misrrimos, o labran la tierra en condiciones de explotacin que nada tienen que envidiar a la Edad Media. Estas circunstancias son las que determinan que en Amrica Latina la poblacin pobre del campo constituya una tremenda fuerza revolucionaria potencial. Los ejrcitos, estructurados y equipados para la guerra convencional, que son la fuerza en que se sustenta el poder de las clases explotadoras, cuando tienen que enfrentarse a la lucha irregular de los campesinos en el escenario natural de stos, resultan absolutamente impotentes; pierden diez hombres por cada combatiente revolucionario que cae, y la desmoralizacin cunde rpidamente en e llos al tener que enfrentarse a un enem igo invisible e inve ncible que no le ofrece ocasin de lucir sus tcticas de acad emia y sus fanfarrias de guerra, de las que tanto alarde hacen para reprimir a los obreros y a los estudiantes en las ciudades. La lucha inicial de reducidos ncleos combatientes, se nu tre incesantemente de nuevas fuerzas, el movimiento de masas comienza a desatarse, el viejo orden se resquebraja po co a poco en mil pedazos y es entonces el momento en que la clase obrera y las masas urbanas deciden la batalla. Qu es lo que desde el comienzo mismo de la lu cha de esos primeros ncleos los hace invencibles, independientemente del nmero, el poder y los recursos de sus enemigos? El apoyo del pueblo, y con ese apoyo de las masas contarn en grado cada vez mayor. LA BURGUESA NO PUEDE ENCABEZAR LA LUCHA. Pero el campesinado es una clase que, por el estado de in cultura en que lo mantienen y el aislamiento en que vive, necesita la direccin revolucionaria y poltica de la clase obrera y los intelectuales revolucionarios, sin lo cual no podra por s sola lanzarse a la lucha y conquistar la victoria. En las actuales condiciones histricas de Amrica Latin a, la burguesa nacional no puede encabezar la lucha antifeudal y antimperialista. La experien cia demuestra que en nuestras naciones esa clase, an cuando sus intereses son contradictorios con los del imperialismo yanqui, ha sido incap az de enfrentarse a ste, paralizada por el miedo a la revolucin social y asustada por el clamor de las masas explotadas. Situadas ante el dilema imperialismo o revolucin, s lo sus capas ms progresistas estarn con el pueblo. La actual correlacin mundial de fuerzas y el movimiento universal de liberacin de los pueblos coloniales y dependientes sealan a la clase obrera y a los intelectuale s revolucionarios de Amrica Latina su verdadero papel, que es el de situarse resueltamente a la vanguardia de la lucha contra el imperialismo y el feudalismo. El imperialismo, utilizando los grandes monopolios cinema togrficos, sus agencias cablegrficas, sus revistas, libros y peridicos reaccionarios, acude a las mentiras ms sutiles para sembra r el divisionismo e inculcar entre la gente ms ignorante el miedo y la supersticin a las ideas revolucionarias, que slo a los intereses de los poderosos explotadores y a sus seculares privilegios pueden y deben asustar. EL SECTARISMO DIFICULTA LA UNIDAD DE ACCI"N. El divisionismo, producto de toda clase de prejuicios, ideas falsas y mentiras; el sectarismo, el dogmatismo, la falta de amplitud para analizar el papel que corresponde a cada capa social, a sus partidos organizaciones y dirigentes, dificultan la unidad de accin imprescind ible entre las fuerzas democrticas y progresistas de nuestros pueblos. Son vicios de crecimiento, enfermedades de la infancia del movimiento revolucionario que deben quedar atrs. En la lucha antimperialista y antifeudal es posible vertebrar la inmensa mayora del pueblo hacia metas de liberacin que unan el esfuerzo de la clase obrera, los campesinos, los trabajad ores intelectuales, la pequea burguesa y las capas ms progresistas de la burguesa nacional. Estos sectores comprenden la inmensa mayora de la poblacin y aglutinan grandes fuerzas sociales capaces de barrer el dominio imperi alista y la reaccin feudal. En ese amplio movimiento pueden y deben luchar juntos por el bien de sus naciones, por el bien de sus pueblos y por el bien de Amrica, desde el viejo militante marxista hasta el catlico sincero que no tenga nada que ver con los monopolios yanquis y los sectores feudales de la tierra. Ese movimiento podra arrastrar consigo a los elementos pr ogresistas de las fuerzas armadas, humillados tambin por las misiones militares yanquis, la traicin a los intereses n acionales de las oligarquas fe udales y la inmolacin de la soberana nacional a los dictados de Washington.

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All donde estn cerrados los caminos de los pueblos, donde la represin de los obreros y campesinos es ms feroz, donde es ms fuerte el dominio de los monopolios yanquis, lo primero y ms importante es comprender que no es justo ni es correcto entretener a los pueblos con la vana y acomodaticia ilusin de arrancar, por vas legales que ni existirn, a las clases dominantes, atrincheradas en todas las posiciones del Estado, monopolizadoras de la instruccin, dueas de todos los vehculos de divulgacin y poseedoras de infinitos recursos financieros, un poder que los monopolios y las oligarquas defendern a sangre y fuego con la fuerza de sus policas y de sus ejrcitos. EL DEBER DE TODO REVOLUCIONARLO ES HACER LA REVOLUCI"N. El deber de todo revolucionario es hacer la revolucin. Se sabe que en Amrica y en el mundo la revolucin vencer, pero no es de revolucionario sentarse en la puerta de su casa para ver pasar el cadver del imperialismo. El papel de Job no cuadra con el de un re volucionario. Cada ao que se acelere la liberacin de Amrica significar millones de nios que se salven para la vida, millones de inteligencias que se salven para la cultura, infinitos caudales de dolor que se ahorraran los pueblos. An cuando los imperialistas yanquis preparen para Amrica un drama de sangre, no lograrn aplastar la s luchas de los pueblos, concitar n contra ellos el odio universal y ser tambin el drama que marque el ocaso de su voraz y caverncola sistema. Ningn pueblo de Amrica Latina es dbil, porque forma parte de una familia de doscientos millones de hermanos que padecen las mismas miserias, albergan los mismos sentimientos, tienen el mismo enemigo, suean todos un mismo mejor destino y cuentan con la solidaridad de todos los hombres y mujeres honrados del mundo entero. Con lo grande que fue la epopeya de la independencia de Amrica Latina, con la hero ica que fue aquella lucha, a la generacin de latinoamericanos de hoy les ha tocado una epopeya mayor, ms decisiva todava para la Humanidad. Porque aquella lucha fue para librarse del poder colonial es paol, de una Espaa decadente, invadida por los ejrcitos de Napolen. Hoy le toca la lucha de liberacin frente a la metrpoli imperial ms poderosa del mundo, frente a la fuerza ms importante del sistema imperialista mundial y para prestarle a la Humanidad un servicio todava ms grande del que le prestaron nuestros antepasados. Pero esta lucha, ms que aqulla, la harn las masas, la harn los pueblos; los pueblos van a jugar un papel mucho ms importante que entonces; los hombres, los dirigentes importan e importarn en esta lucha menos de lo que importaron en aqulla. ESTA EPOPEYA LA ESCRIBIRN LAS MASAS. Esta epopeya que tenemos delante la van a escribir las masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados, la van a escribir las masas progresistas, los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de Amrica Latina; lucha de masas y de ideas; epopeya que llevarn adelante nuestros pueblos maltratados y despreciados por el imperialismo, nuestros pu eblos desconocidos hasta hoy, que ya empiezan a quitarle el sueo. Nos consideraba rebao impoten te y sumiso; y ya se empieza a asustar de ese rebao; rebao gigante de doscientos millones de latinoamericanos en los que advierte ya a sus sepultureros el capital monopolista yanqui: Con esta humanidad trabajadora, con estos explotados infrahumanos, pauprrimos, manejados por los mtodos de fuete y mayoral, no se ha contado o se ha contado poco. De sde los albores de la independencia sus destinos han sido los mismos: indios, gauchos, mestizos, zambos, cuarterones, blancos sin bienes ni rentas, toda esa masa humana que se form en las filas de la patria que nunca disfrut, que cay por millones, que fue despedazada, que gan la independencia de sus metrpolis para la burguesa; sa que fue desterrada de los repartos, sigui ocupando el ltimo escaln de los beneficios sociales, sigui muriendo de hambre, de enfermedades curables, de desatencin, porque para ella nunca alcanzaron los bienes salvadores: el simple pan, la cama de un hospital, la medicina que salva, la mano que ayuda.. LA HORA DE LA REIVINDICACI"N. Pero la hora de su reivindicacin, la hora que ella misma se ha elegido, la viene sea lando, con precisin, ahora, tambin de un extremo a otro del Continente. Ahora, esta masa annima, esta Amrica de co lor, sombra, taciturna, que canta en todo el Continente con una mi sma tristeza y desengao; ahora, esta masa es la que empieza a entrar definitivamente en su propia hist oria, la empieza a escribir con su sangre, la empieza a sufrir y a morir. Porque ahora, por los campos y las montaas de Amrica, por las faldas de sus sierras, por sus llanuras y sus selvas, entre la soledad o en el trfico de las ciudades o en las costas de los grande s ocanos y ros, se empieza a estremecer este mundo lleno de razones, con los puos calientes de deseos de morir por lo suyo, de conquistar sus derechos casi quinientos aos burlados por unos y por otros. Ahora, s, la Historia tendr que contar con los pobres de Amrica Latina, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su hist oria. Ya se les ve por los caminos, un da y otro, a pie en

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marchas sin trmino, de cientos de kilmetros, para llega r hasta los olimpos gobernantes a recabar sus derechos. Ya se les ve, armados de piedras, de palos, de machetes, de un lado y otro, cada da, ocupando las tierras, fincando sus garfios en la tierra que les pertenece y de fendindola con su vida; se les ve, lle vando sus cartelones, sus banderas, sus consignas; hacindolos correr en el vien to por entre las montaas o a lo largo de los llanos. Y esa ola de estremecido rencor, de justicia reclamada, de dere cho pisoteado, que se empieza a levantar por entre las tierras de Latinoamrica, esa ola ya no parar ms. Esa ola ir creciendo cada da que pase. Porque esa ola la forman los ms, los mayoritarios en todos los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas crean los valores, hacen anda r las ruedas de la Historia y que ahora despiertan del largo sue o embrutecedor a que los sometieron. LA HUMANIDAD HA DICHO ¡ BASTA Porque esta gran humanidad ha dicho: ¡Basta! y ha echado a andar. Y su marcha, de gigantes, ya no se detendr hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto ms de una vez intilmente. Ahora, en todo caso, los que mueran, morirn como los de Cuba, lo de Playa Girn, morirn por su nica, verdadera, irrenunciable independencia. ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos! EL PUEBLO DE CUBA La Habana, Cuba Territorio Libre de Amrica. Febrero 4 de 1962. La Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba resu elve que esta Declaracin sea conocida como Segunda Declaracin de La Habana. trasladada a los principales idiomas y distribuida en todo el mundo. Acuerda asimismo solicitar de todos los amigos de la Revolucin Cubana en Amrica Latina que sea difundida ampliamente entre las masas obreras, campesinas, estudiantiles e intelectuales de los pueblos hermanos de este Continente.

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INDICE 45. MONUMENTOS, ESTATUAS, BUSTOS.............................................................................................. ...................3 46. ACUEDUCTOS................................................................................................................ ........................................40 47. TEATROS................................................................................................................... ..............................................46 48. MERCADOS................................................................................................................. ...........................................56 49. CEME NTERIOS............................................................................................................... ........................................59 50. LOS ASTILLEROS, EL ARSENAL, LA MACHINA.................................................................................. ..........62 51. ESTABLECIMIENTOS PENALES.................................................................................................. ........................68 52. ESTABLECIMIENTOS SANITARIOS Y DE BENEFICENCIA............................................................................7 1 53. TRES OBISPOS Y DOS INTENDENTES............................................................................................. ...................85 54. LA HABANA EN LA CULTURA PATRIA............................................................................................ ................91 55. LOS MAS ILUSTRES HIJOS DE LA HABANA....................................................................................... ...........106 56. LA HABANA EN LA LUCHA POR LA LIBERTAD Y LA INDEPENDENCIA................................................115 57. LA HABANA EN LAS LUCHAS CONTRA LAS TIRANAS DE MACHADO Y BATISTA............................126 58. OTROS IMPORTANTES ACON TECIMIENTOS HIST"RICOS........................................................................131 59. LA HABANA EN EL TRIUNFO DE LA REVOLUCI"N.................................................................................. ..132 60. LAS DECLARACIONES DE LA HABANA............................................................................................ .............136 INDICE......................................................................................................................... ..................................................152