Citation
La Habana

Material Information

Title:
La Habana apuntes históricos
Series Title:
Colección Documentación histórica
Creator:
Roig de Leuchsenring, Emilio, 1889-1964
Place of Publication:
La Habana
Publisher:
Editora del Consejo Nacional de Cultura, Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana
Publication Date:
Language:
Spanish
Edition:
2. ed. notablemente aumentada.
Physical Description:
1 online resource (volumes) : illustrations, maps, portraits. ;

Subjects

Subjects / Keywords:
History -- Havana (Cuba) ( lcsh )
Cuba -- Havana ( fast )
Historia -- La Habana (Cuba) ( qlsp )
Genre:
History. ( fast )
Historia ( qlsp )

Notes

Bibliography:
"Las Declaraciones de La Habana": v. 3, p. [261]-292.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
University of Florida
Rights Management:
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Resource Identifier:
36372453 ( ALEPH )
1019678539 ( OCLC )
Classification:
F1799.H3 R72 1963 ( lcc )

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COLECCI"N DOCUMENTACI"N HIST"RICA 28 LA HABANA APUNTES HIST"RICOS POR EMILIO ROIG DE LEUCHSENRING Historiador de la Ciudad de La Habana SEGUNDA EDICI"N Notablemente aumentada TOMO II EDITORA DEL CONSEJO NACIONAL DE CULTURA OFICINA DEL HISTORIADOR DE LA CIUDAD DE LA HABANA 1963 AO DE LA ORGANIZACI"N

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32 ULTIMA VISION RETROSPECTIVA En el tomo I de esta obra dimos tres visiones de la antigua Habana, correspondientes a diferentes momentos de la historia habanera. Dos de ellas fueron trazados por hijos de la Ciudad; la tercera, o ms bien la primera, por ser la ms antigua, es obra de un criado —recordemos el amplio significado que tena entonces la palabra— de un personaje importante entre los colonizadores, que por ello residi ms o menos tiempo en aqulla. Queremos ahora completarla con otra contempornea de esta ltima, pero obra de un completo extranjero, un marino que visit La Habana por breves das, y cuyo inters se completa con el plano que la acompaa, y que es ms bien un croquis como apunte de derrotero, sin escala ni medida, hecho a ojo, para dar una impresin de la pequea villa segn era en aquel entonces; y es el ms antiguo que se conoce de La Habana. Como fue hecho, no slo por un extranjero, sino, adems, en el extranjero, el de Cristbal de Roda, que anterior mente reprodujimos, sigue siendo el primer plano verdadero de La Habana, hecho en La Habana. Pero el que ahora presentamos a nuestros lectores es de una deliciosa ingenuidad, con su grfica visin de los bohos, la iglesia, el rbol, —que aparece, por cierto entre aqulla, situada donde hoy se halla el Palacio Municipal, y La Fuerza, es decir, en lugar muy distinto del de la ceiba tradicional—, su muelle primitivo, su fuerte nuevo, que era La Punta, porque ya entonces se llamaba a La Fuerza la fortaleza vieja, y la torre de viga levantada por el gobernador Mazariegos en la altura donde luego se construira el Castillo del Morro. La pobreza y pequeez de la Villa quedan bien de manifiesto. El hecho de aparecer terminada la iglesia demuestra que el plano no es anterior a 1574. Es probable que uno de los tres buques representados perteneciera al autor del plano, ya que ste —y el de la descripcin a que acompaa— no era otro que un piloto portugus del que se dice que tena cuarenta y ocho aos de experiencia nutica, y cuyo apellido ignoramos, pero que responda al pintoresco sobrenombre de Cargapatache. Este avezado marino redact un derrotero ilustrado con rudimentarios mapas y planos de un viaje redondo que realiz de Espaa a los golfos de Honduras y Mxico, cuyo original se perdi, pero del que existe una copia en la Academia de la Historia de Espaa, hecha en 1660 por Cristbal de Uzelos; el plano fue a su vez copiado del cdice correspondiente por don Domingo del Monte y publicado en las Memorias de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas del ao 1848. En cuanto a la descripcin que hace Cargapatache de La Habana es la siguiente: Desde la tierra y mesa del Marien hasta la boca y entrada del puerto de La Habana, no hay ninguna tierra alta, antes es la tierra ms baja que hay en todo el pas. Yendo a luengo de costa, cercano a tierra, luego se ve el morro de La Habana; yendo en alto mar, miran la tierra adentro, se vern dos montes de tierra, a manera de dos tetas, los cuales en demorando al Sur, sern seas ciertas y verdaderas que estn Norte-Sur con el mismo puerto de La Habana; el cual tiene a la boca de la entrada, de la banda del Leste, un morro redondo de seborucos negros, del cual sale una serrezuela, que va a la vuelta del Sur, por el pie del cual va corriendo hasta el puerto de La Habana. Encima deste morro est una torrecilla blanca, que de alta mar parece una nao, que va a la vela, donde residen las guardas y centinelas que guardan el puerto, y es baja de poca agua; y habiendo entrado para adentro, se puede surjir frontero del pueblo, o de la fortaleza o de la parte donde cada una quisiere, porque es todo fondeable y seguro. Este puerto y pueblo de San Cristbal de La Habana, est en altura de 23 grados largos 55 leguas del cabo de San Antn, casi al este-oeste. Es el ms cursado puerto de nuestras naos de todos cuantos hay en Indias; porque vienen aqu a hacer escala, tomar agua y lea y mantenimiento casi todas las naos que vienen a Espada de casi todas las partes de las Indias. Hay en l el ordinario hasta 150 vecinos que los ms dellos parece vivir del hospedaje que hacen a los que por all pasan, y asimismo de su labranza y crianza y de otros de algn comercio y contratacin que tienen. Tiene una fortaleza de las mejores que sabemos porqus muy seora de la tierra y de todo su puerto, residen en ella su gobernador ques el alcaide; tiene ordinariamente mucha y muy buena gente de precidio. Asimismo el gobernador y el alcaide es cabo de dos galeras muy bien aderezadas y armadas que recorren y guardan aquella costa. Es del districto de la Real Audiencia de Santo Domingo. Asimismo se va haciendo o debe de estar ya hecho otro fuerte ms hacia el mar que no es de menos provecho e importancia, enfrente del cual est de la otra banda del puerto, hacia la parte del Leste, la torrecilla del morro, que se ha dicho, a la cual recorren guarniciones de soldados como a todas las dems postas que hay en este distrito. Y es evidente que aunque no fuese Cargapatache un maestro de la descripcin literaria, sus palabras nos ofrecen una visin muy vivida de aquella Habana primitiva, y nos dan la idea de una poblacin mucho ms importante de lo que muestra la escueta realidad del plano.

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Plano de la ciudad y baha de La Habana impreso en Londres por Robert Sayer, 1788.

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33 DESARROLLO DE LA CIUDAD. BARRIOS Y REPARTOS Afortunadsima fue en verdad la decisin tomada por los vecinos de La Habana al fijar el asiento definitivo de su villa precisamente a la entrada del puerto y al lado occidental del canal. Basta, para apreciarlo, considerar cunto habra perdido nuestra capital en belleza de paisajes, en frescas brisas martimas, en accesibilidad, en gracia acogedora, si como sucede con casi todas las ciudades portuarias, sus fundadores la hubieran situado junto a alguna de las ensenadas que forman el fondo de la baha. Qued, pues establecido, como en una pequea pennsula orientada al Noroeste, el ncleo de lo que luego sera la Ciudad. A fines del siglo XVI tena unos 4,000 habitantes y su zona urbanizada ocupaba poco ms de un tercio de kilmetro cuadrado. Tras un lento crecimiento, ya en 1750, el recinto amurallado de la Ciudad intramuros tena casi forma e lptica, con su eje mayor de unos 1,800 metros, y su eje menor unos 1,000 metros, la que encerraba una superficie de l kilmetros cuadrados, con una poblacin de un poco ms de 50,000 habitantes. Desde entonces el ritmo de crecimiento y el progreso general se aceleraron notablemente. En 1759, cuando contaba Cuba 140,000 habitantes, 70,000 de ellos, la mitad del total, residan en La Habana. En 1762 nuestra capital contaba con diez conventos, Universidad, 1 hospital, 4 iglesias intramuros, 2 iglesias extramuros, 1 ermita intramuros, 3 ermitas extramuros, 1 oratorio, 2 co legios, hospicio y otras 25 construcciones de importancia. Desde 1772 se prohibe construir casas con techos de guano en las calles de intramuros, y en 1779 se edifican las primeras casas con dos pisos altos, uno de ellos el llamado entresuelos. En 1796 los habaneros han visto ascender el primer globo aerosttico lanzado en Cuba. La libertad de la trata de esclavos, otorgada en 1790, ha aumentado la prosperidad; florecen los ingenios de azcar, que modestamente haban empezado a es tablecerse desde fines del siglo XVI. A fines del siglo XVIII, La Habana es la ciudad ms populosa y la mejor fortificada de toda la Amrica. En 1810 haba circulado por las calles habaneras el primer quitrn; en 1819, entraba en el puerto de La Habana el primer buque de vapor. La poblacin iba en aumento, as en Cuba como en La Habana, pero la proporcin haba variado: en 1827, de los 700,000 habitantes de la Isla, solamente 100,000 correspondan a la Capital. Del total, como resultado de la libertad de la trata, que acabamos de mencionar, solamente un 44% perteneca a la raza blanca, lo que explica el terror que inspiraban en aquella poca las sublevaciones de los esclavos, aunque no justifica la crueldad de su represin. Adems, desde 1837 en adelante empezaron a funcionar varias lneas de ferrocarril dirigidas hacia el Oeste y hacia el Sur, que; al cruzar las afueras de la Ciudad fomentaron la aparicin y el crecimiento de ncleos de poblacin en torno de sus vas. Los ferrocarriles que llegaban hasta la estacin de Villanueva, cruzaban por el Paseo de Tacn, la Quinta de los Molinos, la Calzada de la Infanta, y la calle de la Zanja. Tambin exista el ferrocarril de Marianao, que por la parte occidental del Cerro llegaba hasta la estacin de Concha, junto al Paseo de Tacn; y el ferrocarril del Oeste, que cruzaba la Calzada de Jess del Monte y terminaba en la Estacin de Cristina, cerca del Castillo de Atares, con un ramal que llegaba hasta los almacenes de Hacendados. En 1850 la urbanizacin haba llegado a la Calzada de Galiano, y el rea urbanizada total alcanzaba a unos cuatro kilmetros cuadrados, y la poblacin habanera llegaba a unos 140,000 habitantes. Muy poco despus, en 1863, eran derribadas las Murallas, ya intiles para la defensa de la Ciudad y molestas para sus actividades y su desarrollo, y se pavimentaron los caminos que daban salida al ncleo antiguo de aquella. Continu ininterrumpidamente el desarrollo urbano, siempre hacia el Oeste: en 1870, el rea urbanizada pasaba de la Calzada de Belascoan, con un rea total de unos siete kilmetros cuadrados que albergaba a 170,000 habitantes extramuros; en 1874, est encerrada por el ro Chvez, la Calzada de Belascoan y el mar; en 1890 aquella rea haba avanzadoÂ’ hasta la Calzada de la Infanta, y cubra un total de 10 kilmetros cuadrados, en tanto que la poblacin haba llegado aproximadamente a 200,000 almas. En 1902, sobreponindose el ritmo de crecimiento urba no a todos los perjuicios y las vicisitudes de la Guerra de Independencia, la poblacin llegaba al cuarto de milln.

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Como dice el distinguido ingeniero y arquitecto Carlos M. Maruri en su excelente estudio La Habana de 1956, que con provecho hemos consultado para esta parte de nuestro trabajo: En este perodo se construyeron muchos locales para comercios y viviendas a lo largo de las antiguas Calzadas de Luyan, Jess del Monte y del Cerro, se continu la urbanizacin del Litoral hasta el ro Almendares (lmite de la Ciudad por el Oeste y el Sur) impulsada por las grandes mejoras en el transporte y a la terminacin del Acueducto de Albear (1893), que dot a la Ciudad de magnfica y abundante agua. Iniciada la era republicana, el ritmo de crecimiento se hizo tan vertiginoso que llegaron a unirse unos con otros los barrios extremos hasta entonces desarrollados principalmente slo en sentido longitudinal sobre vas divergentes entre s. Despus de cubrir toda el rea asignada a su trmino Municipal, la Ciudad empez a invadir los colindantes: estaba crendose ya, de hecho, la Gran Habana a la que el Gobierno Revolucionario est dando realidad oficial. Se observar que todo este crecimiento se realizaba, hasta fecha muy reciente, siempre hacia el Oeste y hacia el Sur. Desde la cuarta dcada de este siglo, La Habana con la aparicin y rpida proliferacin de sus seudorrascacielos —hasta ahora no hemos pasado de los tr einta pisos, y esto en casos contadsimos—, empez a crecer verticalmente. Al Norte nos detienen las aguas del golfo; el Este y el Nordeste se hacan muy difcilmente asequibles, debido a las dificultades para cruzar la baha o la demora que significaba contornearla. Pero transcurrida ya la mitad del siglo XX se proyect y se llev a cabo la construccin de un tnel que cruza la boca del puerto; proyecto auspiciado por polticos y especuladores que se prometan fabulosas ganancias en la compraventa de los terrenos situados entre el Morro y Cojmar: ya se hablaba, inclusive de fabricar nuevos edificios para los Ministerios y para otras muchas importante dependencias del listado, en La Habana del Este. Pero el triunfo de la Revolucin ech abajo aquellos planes. En aquella rea se ha levantado ahora gran cantidad de bloques de apartamentos, con una planificacin de que hasta ahora no haba ejemplo en Cuba y que esperamos llegar a formar un excelente conjunto dedicado a vivienda popular. Plano de la ciudad y puerto de La Habana en 1838. Jess del Monte El hoy extenssimo barrio de Jess del Monte fue en sus comienzos un pequeo casero independiente antes de que el crecimiento de la Ciudad lo convirtiera en parte integrante de sta. La que es hoy Calzada de Jess del Monte, o, ms bien Avenida Diez de Octubre, no era sino un tramo de la calzada que conduca a las poblaciones, pequesimas, de Santiago de las Vegas y Bejucal, y que era, en los primeros tiempos la nica que partiendo de la Ciudad se adentraba en el campo. El casero exista ya desde

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mediados del siglo XVII en terrenos del antiguo ingenio de San Francisco de Paula, perteneciente a don Francisco de Lara; en 1695 se construy all la pequea iglesia que aun subsiste, y luego el obispo de Compostela la design parroquia auxiliar de una de las de La Habana; creca Jess del Monte en vecindario y en relativa prosperidad debido a las siembras de tabaco que lo rodeaban: entonces haba vegas junto a los arroyos, hoy cegados, de Agua Dulce y de Maboa. De los rboles de la Calzada de Jess del Monte, entonces camino de Santiago, fueron colgados los doce vegueros mrtires de su rebelda contra el estanco tabacalero espaol, segn referimos en otro captulo de esta obra. En 1762, Jess del Monte fue lugar estratgico de ataque y de defensa, por su posicin en una altura frente a la Ciudad, y por ser la va casi nica de abastecimiento de sta; en sus cercanas muri Pepe Antonio, que fue, con don Luis de Velasco, el hroe ms brillante de la resistencia habanera al invasor. Desde 1765, el pueblo fue declarado cabeza de partido rural; luego el obispo Espada otorg a su iglesia la categora de parroquia independiente, y en 1820 la poblacin fue declarada municipio independiente tambin, de acuerdo con la Constitucin de Cdiz, gracias a la poblacin con que contaba; privilegio que perdi, por lo visto para siempre, en 1823. Pezuela dice: Pero el pueblo, en lugar de decrecer, fue prosperando con una causa de fomento ms permanente que su antiguo trnsito de viajantes, carretas y arriera. La pureza de su atmsfera y la amenidad de su paisaje fueron impulsando a multitud de pudientes de La Habana a sustituir con graciosas casas y quintas de recreo los defectuosos y pobres edificios de antes, Jess del Monte empieza ya a disputar (en 1863) al Cerro y Puentes Grandes la animacin y concurrencia de las temporadas de verano. Y agrega se compona la jurisdiccin territorial de su partido de una superficie de cinco leguas cuadradas, en las cuales se comprendan las aldeas de Arroyo Naranjo, Arroyo Apolo, San Juan, La Vbora y otros muchos caseros. Su poblacin particular llegaba en 1858 a 4,200 almas. Esta poblacin nos parece ridculamente exigua si la comparamos con la de hoy, ya que Jess del Monte es precisamente, no slo una de las barriadas ms extensas, sino la ms populosa de La Habana propiamente dicha; nicamente puede superarla, en este sentido, Marianao, de gran amplitud y que era, debido a sus varios repartos, el segundo municipio de la Repblica. Jess del Monte no sustituy nunca al Cerro como barrio elegante, ya que ese destino estaba reservado a El Vedado; y, si se exceptan algunas residencias levantadas en la Loma del Mazo, la Loma de la Luz y algunas otras avenidas, tampoco se ha distinguido por mansiones de opulencia excepcional. Pero, a la vez que creca su poblacin de ingresos escasos y viviendas humildes, fue aumentando en proporcin mucho mayor, la de una clase media cada vez ms rica, ms progresista y ms amante de la vida embellecida por las comodidades; y Jess del Monte fue colmndose de viviendas risueas, hermosas, confortables, que hoy forman un muy hermoso conjunto. Comprende actualmente las barriadas o repartos de Santos Surez, Luyan, Loma Chaple, La Asuncin, San Miguel, Mendoza, Lawton, Batista, Santa Ins, Santa Amalia, Vbora Sevillano, El Rubio, Mirador de Lawton, Arroyo Apolo, Vista Alegre, Poey, Arroyo Naranjo, y algunos ms, hasta los de Naranjito, Los Pinos, Miraflores, Nueva Habana, hacia la carretera de Vento, y por donde la poblacin se prolonga entre dicha va y la de Rancho Boyeros, en los de Casino Deportivo y Mart. El Cerro En 1863, el historiador Jacobo de la Pezuela, en su Diccionario que muchas veces hemos citado, afirmaba que ni El Cerro ni Jess del Monte podran confundirse con el cuerpo unido de La Habana, porque an los separan largos espacios despoblados; vease, no obstante, obligado a reconocer que el primero haba sido declarado barrio extramural de la Ciudad y que sus casas se enlazaban ya por su extremidad con las del tambin barrio extramural, mucho ms antiguo, llamado del Horcn. Fijaba su origen en los primeros aos del siglo XIX, cuando empez a cruzar su actual localidad la calzada que conduce desde la capital de la Isla a Marianao y a la Vuelta Abajo. En 1807 se alz all una iglesia de madera, la que en 1843, habiendo quedado inservible, fue sustituida por otra de mampostera, dedicada a San Salvador, por haberla patrocinado el capitn general don Salvador de Muro, Marqus de Someruelos. Volvamos a Pezuela: La poblacin del Cerro desde su primera poca se ha ido componiendo con las casas que han ido fabricando en este sitio los habitantes ms acomodados de la Capital. Unos pasan en ellas los meses de mayor calor, y otros las habitan todo el ao, trasladndose a La Habana nicamente para sus ocupaciones y negocios. Despus de citar las principales quintas existentes en la poca, como las de Carvajal, del Conde de Fernandina, del Conde de Santovenia, de doa Leonor de Herrera, del Conde de Lombillo, de Pealver y

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del Marqus de Esteban, sealando que a la penltima a veces se retiraba el famoso obispo Espada y Landa, agrega: Hemos mencionado estos edificios por ser los ms notables. Pero apenas aparece en toda la extensin del pueblo, a lo menos en las fachadas que miran a la carretera, uno que no sea correcto, espacioso y elegante, y son muy pocos los que carecen de jardines por su espalda. Este pueblo, aunque algo sujeto a fiebres por la abundancia de su vegetacin y el paso de las aguas del Acueducto y de la Zanja, es acaso el punto ms ameno y la mejor residencia de recreo que se encuentra en toda la Isla. Nada mas animado que su aspecto cuando, sentadas las familias, por la tarde bajo los cobertizos de sus casas, concurren por la calzada muchas de la Capital en carruaje descubierto. Excepto la del Tulipn, que se destaca por la derecha en direccin de la quinta del seor Conde de Pealver, y la de la esquina llamada de Buenos Aires, apenas tiene otra calle este risueo pueblo que la que forma la calzada. Sase porque con los aos fue aumentando la fama de insalubridad que ya recoga un tanto Pezuela, o por cualquiera de las razones que guan la preferencia general, ello es que El Cerro pronto fue decayendo en su esplendor aunque algunos de sus ms ilustres vecinos no lo abandonaron y muchsimas de sus quintas pueden admirarse todava-, y su ritmo de crecimiento ha sido muy inferior al de otros sectores de la Ciudad. No obstante, varias de sus calles llegan hoy hasta la Avenida de Rancho Boyeros o de la Independencia, y cuenta con los repartos de Buenos Aires, que ya linda con el de Santos Surez, Las Caas, y Palatino. Muchas de sus espaciossimas residencias fueron siendo adaptadas, a lo largo de los aos, para empresas industriales, y aunque la noble arquitectura subsiste, no luce ya la elegancia y el esplendor de otros tiempos. El Vedado El primer barrio habanero que, aunque no recibi el nombre de reparto, se cre y desarroll segn las normas que luego habran de seguir los que as fueron llamados, es decir, sujeto a reglamentacin y planificacin —al contrario de los de crecimiento espontneo, como El Cerro y Jess del Monte, etc., —fue El Vedado, que se extiende desde la costa del Golfo, frente al mar libre, fuera del litoral de la baha, hasta las lomas que ocupan el Castillo del Prncipe y la Universidad de La Habana, y desde la Calzada de Infanta hasta la orilla occidental del ro Almendares. Debe su nombre a hechos histricos acaecidos en el siglo XVI y de importancia en la historia primitiva de la Villa: desde 1537 comenzaron los sangrientos ataques de piratas y corsarios a la poblacin, y con tal motivo, en el acta del Cabildo de 10 de diciembre de 1565 se dice: Se acord que por quanto hay noticias o se tiene por cierto que como este puerto e pueblo de la Havana en das e aos pasados ha sido de corsarios franceses sequestrados e robado e despus ac han venido navios de los dichos corsarios franceses sobre l, e porque el tiempo en que este pueblo fue saqueado e robado de franceses entraron por el camino que viene de la Caleta por el monte a esta villa, e para que de aqu en adelante los dichos corsarios no puedan venir por el monte como lo hicieron, acordaron e mandaron: que es til e provechoso para la seguridad de esta villa que los dichos caminos que van a la Chorrera e salen a la playa que va al Pueblo Viejo, que se cierren los dichos caminos e que ninguna persona sea osada de los abrir ni hacer otros nuevos caminos ni veredas que salgan a la playa ni vengan a esta villa, so pena de cinquenta pesos para gastos de guerra, e si no tuviere de qu pagar, pena de cien azotes... Y asimismo se acord que se pregone que de aqu en adelante ningn ganado vacuno se pueda apacentar en esta parte de la Caleta lo qual mandaron guarden e cumplan so pena a su amo dell tal ganado de doce ducados aplicados para gastos de guerra. Para los que no conozcan detalles de nuestra antigua historia local diremos que la Chorrera se hallaba al fin del Vedado actual, y que all se surta de agua la Villa; que el Pueblo Viejo era el nombre que se daba a los restos de la primitiva poblacin que se haba establecido all despus de trasladarse La Habana o, ms bien, San Cristbal, de la costa Sur de la provincia, y antes de pasar a su establecimiento definitivo junto al puerto de Carenas, que es el de nuestra Habana actual; y que los ms viejos habaneros recordamos todava las aguas de la llamada Caleta de Juan Guillen llegar hasta muy cerca del antiguo Torren —tambin edificado para defensa contra los piratas y corsarios—, donde ahora se extiende el Parque Maceo. Qued, pues, vedado residir, abrir caminos y establecer cultivos o potreros en aquella zona peligrosa que poda facilitar el acceso a los asaltantes. Pero el tiempo fue atenuando el rigor de las prohibiciones.

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En 1559 se hizo all la primera merced de un lote para criar ganado a Alonso de Rojas, miembro de la ms poderosa familia de vecinos de la Villa. Y a lo largo del siglo se efectuaba —aunque en exigua parte, de los aguadores que traan del Almendares, entonces La Chorrera, —as llamado por unas pequeas cascadas que presentaba a la altura de lo que hoy se llama Puentes Grandes—, las botijas para abastecer a la Villa. En la ltima dcada del siglo XVI ya haba all algunas otras estancias para cra de ganado. Y a principios del siglo XVII el lugar adquiri fama de muy saludable por haber devuelto la salud al obispo Almendriz que haba llegado a Cuba gravemente enfermo y a quien llevaron, por excepcin, a residir all; al ro se le conoci desde entonces por el nombre del Obispo, que luego se transform en Almendares. Pero en 1646 los continuados ataques de los piratas hicieron que el gobernador, don Alvaro de Luna, construyese a la desembocadura del ro el castillito de La Chorrera, que desempe despus buen papel durante el ataque de los ingleses a la Ciudad, en el siglo XVIII. Y desde mediados del siglo anterior se haban establecido, cerca del ro, varios ingenios azucareros; se extraa madera, para todos los usos, de los espesos bosques que an existan, y en el siglo XVII comenz la explotacin de numerosas canteras que suministraron la piedra de sillera para los edificios habaneros; en una de ellas, la de San Lzaro, realiz ya en el siglo XIX, trabajos forzados, como presidiario, en 1870, Jos Mart, condenado por sus ideas separatistas. -/La creacin del Vedado como barrio residencial, comenz en 1858 al aprobar el Ayuntamiento la parcelacin de la estancia El Carmelo, propiedad de Domingo Trigo y Juan Espino, y que comprenda desde el ro Almendares, las calles 21, Paseo y la lnea de la costa, en un total de 105 manzanas. Pero adquiri mayor importancia cuando, en 1859 el famoso economista y publicista Conde de Pozos Dulces, y sus hermanas Dolores y Ana de Fras obtuvieron la parcelacin de su esplndida finca El Vedado, originalmente en 29 manzanas, entre las calles G y 9 y los antiguos terrenos de El Carmelo. Hasta aqu casi mediado nuestro siglo poda verse en la manzana formada por las calles 11, 13, C y D, la tpica casona criolla en que residi la familia Fras. Las manzanas medan uniformemente 100 m. por cada costado, y por primera vez se introdujo el uso, muy racional, de nmeros y letras para distinguir las calles, en lugar del antiguo, indudablemente ms pintoresco, que se empleaba en La Habana Vieja y sus primeras ampliaciones. ‘ La calle de Lnea fue la pr imera en trazarse, y por ella comenzaron a circular tranvas tirados por caballos, a los que sustituy la cu caracha, una maquinita de vapor que fue el primer vehculo de traccin no animal que tuvo La Habana, y que sala de la esquina del Paseo del Prado y la calle de San Lzaro, y circul hasta 1900, en que se introdujeron los tranvas movidos por electricidad. En El Vedado fue donde, desde 1868, se empez a jugar bisbol, y donde se estableci el primer terreno adecuado para el juego, con glorieta para los espectadores, en la manzana comprendida entre Lnea, Sptima o Calzada, G y H. Tambin se establecieron en la costa, desde 1864, los baos de mar El Progreso, frente al comienzo de la calle £, que por eso era llamada Baos; y a fines de la dominacin espaola los de Las Playas, frente a la calle D, y los de Carneado, frente a la de Paseo. En el Vedado se edific, desde 1883, un hotel de lujo, el Hotel Trotcha, as llamado por el nombre de su propietario, y que an subsiste, sumamente maltratado por el tiempo, ya que su construccin es de madera. Con el comienzo de la Repblica El Vedado adquiri auge inusitado; muchos de los jefes libertadores que haban recibido la paga de sus haberes compraron all terrenos para levantar sus casas; y, adems, se fue volcando all, en chalets, palacetes, y residencias diversas en tamao, lujo y estilo, muchsimo de la riqueza, de todas procedencias, que iba dando a La Habana un aspecto de prosperidad ms o menos falsa o exclusiva. El Vedado sustituy al Prado y al Cerro —salvo algunos tradicionalistas que en este ltimo permanecieron— como residencia de los ricos de abolengo, y los nuevos ricos se apresuraban a erigir all la muestra mejor de su prosperidad, hasta el punto de que, en una poca, el pueblo llamaba el barrio de los apaches a una zona cercana a la Universidad, donde haban erigido sus mansiones unos cuantos afortunados aprovechadores de la poltica. Ms tarde, con la creacin de los repartos del otro lado del ro Almendares, muchas familias acaudaladas fabricaron residencias hasta ms suntuosas que la mayora de las del Vedado, en Miramar y en el Country Club, y El Vedado, entretanto, se fue llenando de comercios, colegios, oficinas, lo mismo que una generacin antes, haba sucedido con el Paseo del Prado, hoy de Mart. En el Vedado fue tambin donde se elevaron los primeros seu do-rrascacielos habaneros, con altura de ms de cuatro pisos, pero de no ms de veinte, y de los cuales el primero, y uno de los ms estticamente concebido, el Edificio Lpez Serrano, todava existe en perfectas condiciones, casi a la entrada del Vedado, muy cerca del Mar. Y as como all se construyera en otra poca el hotel ms de moda, el Trotcha, en el siglo XX se elev precisamente al comienzo del Vedado el que fue por muchos aos, sin comparacin, el mejor hotel habanero, el Hotel Nacional, y todava hoy, all es donde estn los hoteles que fueron ms suntuosos, y que hoy albergan a estudiantes becados por la Repblica o a huspedes distinguidos del Gobierno: el Habana Libre, antiguo Hilton, el Capri, el Riviera... El Vedado se ha prolongado despus, por detrs del Cementerio de Coln, en los repartos Nuevo Vedado, Hidalgo y Ensanche del Vedado, hasta la Avenida de la Independencia o Calzada de Rancho Boyeros.

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Los Repartos de Marianao. Pero haca el oeste del Vedado es donde se realiza el desarrollo ms espectacular en cuanto a que por aqu la Ciudad cruza el ro Almendares que era la frontera de su trmino municipal, invade el territorio del entonces vecino municipio de Marianao, que haba sido el Mayanabo de los indgenas, y crea all todo un racimo de hermossimos repartos para residencia de sus familias ms acaudaladas, dando as el primer paso hacia la creacin de la Gran Habana. Porque no se trata de un nuevo fenmeno de crecimiento de la poblacin: es la deliberada seleccin de un territorio ajeno, por la cual todos aquellos vecinos oficiales de Marianao trabajan, compran, tienen sus ocupaciones y sus diversiones en La Habana, y viven de espaldas a su propio municipio, con la que no tienen otra relacin que la de pagarle las contribuciones. Verdad, tambin, que estos repartos se hallan a mitad de camino de la Playa de Marianao y de Jaimanitas donde los ricos de Cuba fueron estableciendo sus clubs elegantes, lujosos, para su goce exclusivo de las aguas del mar... Estos son los repartos Miramar, Kohly, Nicanor del Campo, La Sierra, Almendares, Ampliacin de Almendares, Alturas del Bosque, Querejeta, La Playa, cuyos nombres desaparecieron oficialmente al efectuarse la rotulacin general de las calles de todo el municipio de Marianao, durante la tirana batistiana. De este grupo de repartos, todos ellos ms o menos bellos y lujosos el de mayor suntuosidad, el ms aristocrtico era el de Miramar, con residencias de una fastuosidad hasta entonces nunca vista en Cuba, y que muy bien habra podido llamarse el Reparto de los Palacios; lo cruzaba una hermossima y ancha va, la Quinta Avenida fue planeada segn las mejores normas urbansticas, porque sus opulentos propietarios podran siempre permitirse la amplitud que se negaba a los de pocos recursos, a quienes era preciso extraerles la ganancia por medio de la estrechez y la aglomeracin. Sin embargo, los dos principales promotores de este magnfico reparto cuya organizacin, a todo lujo, cost un caudal, —Ramn Mendoza, miembro de una familia y figuraba en primera fila en la sociedad rica y elegante de La Habana, y un hombre de negocios gallego, Jos Lpez, a quien todo el mundo daba el apodo de Pote, y que comenzando en el giro de libros con La Moderna Poesa haba acumulado una enorme fortuna con la explotacin de los libros de textos y luego otros de mayor envergadura— se suicidaron, al poco tiempo, por temor a la ruina. Por lo menos en el caso de Lpez el temor era infundado, pues dej una herencia de varios millones. Algn tiempo despus se cre otro reparto an ms extenso, ms ultra-elegante, ms aristocrtico que Miramar: el Country Club, todo a semejanza de los anglosajones, cuyas residencias casi todas ms amplias y ms hermosas que las de Miramar, o por lo menos tanto, lucan ms suntuosas por hallarse todas rodeadas de espaciosos parques privados. Los Barrios de Indigentes. Uno de los contrastes fatalmente inevitables en la sociedad capitalista se evidenci en el hecho de que, as como en las casonas coloniales chocaba la esplendidez de los salones con la mezquindad asfixiante de las barbacoas y otros mseros locales destinados a alojamiento de los esclavos, as tambin durante la era republicana, mientras las zonas de residencia de la clase rica florecan en moradas palaciales, en La Habana creca, extendindose por entre las zonas ms nobles, esa mancha leprosa, que son los barrios de indigentes: agrupaciones o ms bien amontonamiento de viviendas heterogneas, compuestas de los materiales ms pobres, ms dismiles a veces ms imprevistos, que slo tienen en comn su repulsiva fealdad, fruto de su extrema miseria; viviendas tan mezquinas e insalubres que parece imposible que puedan morar en ellas seres humanos, frgilmente adosadas unas a otras o separadas por veredas fangosas y ftidas; sin agua, sin alcantarillado, sin pavimentacin, sin proteccin contra los elementos naturales y cuya nica ventaja consiste en que no fue preciso pagar su construccin, porque las hicieron sus propios vecinos con lo que encontraron a mano, y en que no hay que pagar contribucin por ella porque no ocupan en firme un terreno no urbanizado, zonas donde en peligrosa promiscuidad se aglomera una poblacin de mendigos, de hampones, de las diversas capas sociales que se nombran con el calificativo de lampen, confundindose con familias desamparadas a quienes desdichadas circunstancias han lanzado hacia all; y que sometidas a esa vecindad y a la absoluta carencia de los ms elementales servicios de higiene y de salubridad, quedan expuestas a los peores contagios fsicos y morales. Estos eran los barrios de indigentes que fueron formndose en diversos lugares de la Ciudad, especialmente en los bajos y anegadizos lugares situados en las faldas de la loma del Castillo de Atares o de la que ocupaba la Ermita de los Catalanes: eran Las Yaguas, Isla de Pinos, Cueva del Humo, Pan con Timba, y entre otros ms, el que haba recibido el expresivo nombre de Llega y Pon, que habra podido aplicarse a todos los dems. En 1947 se intent extirpar de la Ciudad este cncer de miseria y de vicio; se inauguraron ms manzanas de un futuro barrio Obrero, pero el mal sigui extendindose. Al mencionar aquel intento de Barrio Obrero es oportuno sealar que mucho antes, y no lejos de un barrio popular, Buenavista, que linda con lo que fue luego la Ampliacin de Almendares, se cre, por iniciativa del representante a la Cmara Luis Valds Carrero, un barrio obrero, que result pequeo y de malas condiciones urbanas y sanitarias, pero

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que an subsiste, con el nombre oficial de Redencin, y que el pueblo ha llamado siempre Pogolotti, por el nombre del contratista que lo construy, y hasta tal punto empeoraron las condiciones que en aos posteriores a aquel intento de mejoramiento el barrio de Las Yaguas, por s slo —y haba unos quince semejantes en la Ciudad— contaba con 6,000 habitantes viviendo en esas condiciones subhumanas. La Revolucin ha cambiado en mucho la fisonoma de estos barrios y repartos habaneros. La inmensa mayora de las suntuosas residencias, han sido abandonadas por sus dueos al salir del territorio nacional, y el Gobierno las utiliza para fines nuevos, para organismos de nueva creacin: as en Miramar alternan las Escuelas para Instructores de Arte con los albergues para becados campesinos que se preparan a estudiar diversas carreras; y el Country Club, hoy Cubanacn, est consagrado por completo a la Escuela Nacional de Arte. No se ven ya barrios de indigentes; se ven en cambio comienzos de barrios, muy risueos, formados por grupos de edificios del Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda, a los que el pueblo llama cariosamente las casas de Pastorita, por el nombre de la ferviente revolucionaria Srta. Pasto-rita Nez, que con tanto entusiasmo inicio esas obras.

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Plano de La Habana con los nmeros de las casas, por B. May y Ca., 1853.

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34 LAS CALLES Y SUS NOMINACIONES En las Actas Capitulares de los primeros tiempos de nuestro municipio no hemos encontrado dato alguno que nos indique la imposicin, por el Cabildo, de nombres a las calles primitivas de la poblacin, sino que stas iban quedando denominadas a travs de los aos, por alguna circunstancia especial; ya el nombre de un vecino, ya un suceso que despertara el inters general, ya un rbol existente en aquellos lugares, ya una iglesia o establecimiento comercial cercanos, etc., etc. Quien acometi felizmente la obra de pavimentacin, rotulacin y numeracin de las calles de La Habana, fue el capitn general D. Miguel Tacn, que como todos los dspotas, si atropello la libertad y la justicia, favoreci las obras pblicas. El mismo dice, en una relacin oficial que hizo al entregar el mando: Carecan las calles de la inscripcin de sus nombres y muchas casas de nmeros. Hice poner en las esquinas de las primeras, tarjetas de bronce y numerar las segundas por el sencillo mtodo de poner los nmeros pares en una acera y los impares en otra. La ltima rotulacin y numeracin de las calles se hizo bajo la administracin del alcalde Antonio Beruff Mendieta, en 1937. Despus del cese de la dominacin espaola en la Isla, comenzaron a ser cambiados, mediante acuerdos del Ayuntamiento habanero, los nombres de las calles del trmino municipal, de manera caprichosa e inconsulta muchas veces, y no obedeciendo a plan, orden ni sistema algunos, sino habitualmente a intereses personales, de vanidad, adulonera o politiquera, cuando no a pasajeros impulsos de buena voluntad inconsulta, y muchas veces con protesta del vecindario. A esta prctica se opusieron, infructuosamente, algunos alcaldes, como Julio de Crdenas y Fernando Freyre de Andrade. Basndonos, entre otras fuentes, en los trabajos de la Comisin de Historia, Ornato y Urbanismo creada en 1928 por el alcalde Miguel Mariano Gmez, de la que formamos parte, presentamos, como Historiador de la Ciudad, en 1935, al alcalde Guillermo M. Belt un informe sobre la denominacin de las calles de La Habana y restitucin de sus nombres antiguos, tradicionales y populares, en que decamos, entre otras cosas, lo siguiente: nos permitimos recomendar a la Alcalda acometa la restitucin de los nombres antiguos, tradicionales y populares de las calles habaneras, por juzgar que ello es patritico, cultural y prctico. Es patritico, no slo porque al restituirles los nombres privativos a las calles se recoge, respeta y conserva la tradicin y la leyenda populares, que son parte principalsima de la vida de los pueblos y esencia de su carcter y de su espritu, sino que, adems, al quitarles a las calles los nuevos nombres que nadie conoce y nadie usa, se acaba con el contraproducente resultado que se ha obtenido al ponrselos, y se terminan la diferencia, el desprecio o la burla que en realidad es lo que se ha logrado para esos nombres de personalidades nacionales y extranjeras y de pases amigos —al no usarlos el pblico— y no el homenaje, el respeto y la consideracin, que es lo que se persegua. Muchos de esos nombres antiguos de nuestras calles no fueron puestos por gobernante alguno, sino por el propio pueblo, debido a circunstancias o acontecimientos de la localidad. Como se ha visto, esos nombres antiguos de nuestras calles datan de muchos aos, de varias generaciones; de abuelos a padres y de padres a hijos han venido conocindose las calles habaneras por los nombres antiguos y tradicionales. Y al cambiarlos, de 1899 a la fecha, por otros nombres, no ya los mal puestos —los de algunos gobernantes y polticos y los de desconocidos— sino tambin los de personalidades y naciones, merecedoras aqullas y stas de dicho homenaje, el pblico no ha hecho caso del cambio, y forzado por el hbito, la costumbre y la tradicin, ha prescindido de l, se ha rebelado contra el mismo y sigue denominando a esas calles, no por sus nombres nuevos, sino por sus nombres primitivos. A las personalidades nacionales y extr anjeras que se ha querido honrar, a las fechas o acontecimientos patriticos que se pretende rememorar, y a los pases amigos que se trata de rendir tributo y prueba de simpata, slo ser posible lograr que reciban en realidad esa pblica consagracin, cuando esos nombres los lleven calles nuevas, innominadas. Es cultural esa restitucin de los nombres primitiv os y populares de las calles, porque cada uno de ellos, recogiendo tradiciones, leyendas, sucesos o person ajes de pocas pretritas, es parte integrante de la historia de nuestra Capital, que el nombre de esa ca lle seala a las generaciones presentes y futuras.

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As, los habaneros y vecinos visitantes de nuestra Ciudad, de hoy, y de maana, la calle de Muralla, les recuerda la gruesa muralla de piedra que circundaba y defenda la vieja ciudad de San Cristbal de La Habana; Luz, al Regidor y Correo Mayor de la Isla, D. Jos Cipriano de la Luz, que en ella vivi; Acosta, a D. Flix Acosta y Riano, Regidor y Depositario General, vecino de la misma; Compostela, al obispo D. Diego Evelino de Compostela, que habit la casa nmero 155; Inquisidor, a D. Antn Claudio de la Luz, Comisario Segundo de la Inquisicin, que en ella vivi; Chacn, a D. Laureano Chacn, uno de los hroes del sitio de La Habana, que viva en la esquina de Cuba..., Y la calle de Tejadillo, se denomin as por la nica casa de techo de teja que primitivamente en ella exista; Empedrado, por haber sido la primera calle de la poblacin que se empedr con chinas pelonas; Picota, porque en su esquina a Jess Mara estaba la picota donde se, azotaba a los reos; Animas, por lo solitario y desamparado qu era ese sitio; Mercaderes, por ser sus vecinos casi todos mercaderes ... No es necesario ponderar el encanto, el atractivo, la poesa y el inters folklrico de estos nombres que rememoran hechos menudos o trascendentales de la vida de una poblacin o sus tradiciones y leyendas. Y es cultural tambin el que los nuevos nombres los lleven calles nuevas, porque es sta la nica manera de que el pblico conozca, respete y admire a los prceres nacionales y a las personalidades extranjeras cuyos nombres se quiere perpetuar, y haga ostensible sus simpatas a los pases amigos que se desea honrar. Es prctica esa restitucin, porque realizndose se termina con la confusin lamentable que hoy existe entre el nombre oficial y el popular, confusin en la correspondencia, confusin para el trnsito, confusin en las inscripciones de las fincas, confusin en las relaciones comerciales e industriales. Pero aun siendo patritica, cultural y prctica, como hemos demostrado que es, esa restitucin de los nombres antiguos de las calles habaneras, no todos deben conservarse, porque algunos de esos nombres hieren los sentimientos patriticos del pueblo de Cuba, por pertenecer a personalidades o instituciones oficiales espaolas que durante la poca colonial representaron el Estado y Gobierno de la Metrpoli, sus injusticias, abusos, atropellos, explotaciones, contra los que Cuba luch e hizo las revoluciones emancipadoras de 1868 y de 1895. Y as como deben suprimirse esos nombres que no pueden ser gratos a los cubanos ni a la Repblica, tales como Reina, Tacn, Cristina, Prncipe de Asturias, Vives, Enna, etc., es preciso conservar, en cambio, ya en las calles que lo tenan, ya trasladndolos a otras nuevas, los nombres de aquellos espaoles insignes para los cuales no podemos tener ms que cario y reconocimiento por que en plena poca revolucionaria supieron hacernos justicia a los cubanos: Pi y Margall, Labra, Capdevila. Y por la misma razn debemos sacar del olvido el nombre de otro espaol a quien, por su conducta en la Colonia, los cubanos debemos gratitud y respeto: Nicols Estvanez, merecedor del homenaje de que su nombre lo lleve una calle de La Habana. Y establecamos para su denominacin futura las siguientes Bases Generales: Primera: Se conservar o restituir el nombre antiguo, tradicional y popular, siempre que no hiera el sentimiento patritico cubano. Segunda: Se suprimir todo nombre antiguo que hiera el sentimiento patritico cubano. Tercera: Ninguna calle llevar el nombre de persona que se encuentre viva. Cuarta: no se dar a calle alguna el nombre de persona que tenga menos de diez (10) aos de fallecida. Quinta: Los nombres de grandes figuras de la revolucin libertadora o de prceres de la Patria, ya en las ciencias, las letras o las artes, que sea necesario suprimir para conservar el nombre antiguo tradicional, sern dados a calles innominadas o nuevas, a no ser que ya algunos de dichos nombres se encuentren impuestos a calles importantes de los repartos urbanizados del Trmino Municipal. Sexta: A fin de salvar del olvido en que se encu entran numerosos cubanos, cuyos nombres preclaros inexplicablemente no figuraban en las calles de La Habana, se denominarn con aquellos, las calles antiguas que, atenindose a estas bases, quedaron sin denominacin, o calles nuevas que carecan de nombres. Sptima: Se conservar en los barrios de El Vedado, Medina, Carmelo y sus ampliaciones el sistema de nmeros y letras que desde su fundacin se ha usado para denominar sus calles. Octava: No podr dejarse al capricho de los dueos de los repartos que de aqu en adelante sean urbanizados la denominacin de las calles, sino que stos deben ser sometidos al estudio y resolucin de una Comisin especial que al efecto cree la Alcalda, y en la que estn representadas las corporaciones y asociaciones con intereses vitales en el Trmino Municipal. Novena: Se simplificarn los nombres extensos y complicados que ostentan algunas de nuestras calles, a fin de hacerlos ms fcilmente utilizables por el pblico, logrando que con ello adquieran rpida y permanente popularidad.

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A base de este informe, en 13 de enero de 1936, y a propuesta del alcalde, —miembro del Consejo de Secretarios bajo el rgimen entonces existente—, el Presidente de la Repblica, Jos A. Barnet, promulg un decreto-ley que daba carcter oficial a casi todas las propuestas restituciones de nombres antiguos a las calles de La Habana, y a aquellas bases para su determinacin. Bases que, en general, consideramos merecen conservar su vigencia, si bien el requisito de la espera de diez aos despus de la muerte del personaje cuyo nombre quiera emplearse no nos parece necesario cuando se trate de hroes cados en el cumplimiento del deber patritico o de figuras cuya importancia nacional e imperecedera sea innegable. Y tambin consideramos que en poca de cambios tan radicales como la presente son admisibles aquellos cambios que imponga el genuino fervor popular. A continuacin sealamos el origen de los nombres de muchas calles de La Habana: ACOSTA. — En honor de D. Flix de Acosta y Riaza, regidor que actualmente se distingui durante el sitio de La Habana por los ingleses, y que en esta calle tena su residencia. AGRAMONTE — Por el hroe magnfico de la Guerra de los Diez Aos. Vase Zulueta. AGUACATE — Se dio a esta calle dicho nombre por un frondoso rbol de aguacate que existi en la huerta del antiguo convento de Beln, donde precisamente termina la va. Antes se nombr calle Del Aguacate de Beln. AGUIAR — Por D. Luis Jos de Aguiar, uno de los regidores habaneros que extraordinariamente se distinguieron en la defensa de la ciudad contra los ingleses. AGUILA —Segn La Torre, por un guila que pintaron en una de las tabernas que haba en ella. ALAMBIQUE — Por uno que exista antiguamente en ella, propiedad de Toms Guimbal; antes se haba llamado Cerrada de Diaria. ALCALDES, AVENIDA DE LOS —Se ha dado este nombre a la calle de Paseo en el Vedado, y en ella se alza un monumento al general del Ejrcito Libertador, Alejandro Rodrguez, primer alcalde de La Habana despus del cese de la dominacin espaola. ALCANTARILLA — Por una que haba junto al arsenal. AMISTAD — No hemos hallado dato que explique el origen de este nombre. ANGELES —Por unos ngeles que haba pintados en una de sus esquinas. La continuacin de esta calle, de Gloria a Tallapiedra, se llamaba de Florida, porque en ella se establecieron unos emigrados procedentes de esta regin cuando dej de ser espaola.

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ANIMAS — Por lo solo y desamparado del lugar. ANT"N MOCO —Por Antn Moco, o sea, Mozo, Antn Recio uno de los primeros vecinos de la villa; con el tiempo dej de escribirse y pronunciarse la cedilla. Tambin se la llama Antn Recio. Y muy antiguamente, de los Pinos, por varios que la adornaban. APODACA —4 Por el capitn general Juan Ruiz de Apodaca, conde de Venadito, que gobern acertadamente la Isla de 1812 a 1816. AYESTARN, CALZADA DE — Desde 1904 lleva el nombre del gran patriota Luis Ayestarn y Moliner, miembro de la Asamblea Constituyente de Guimaro, y ejecutado en las faldas del Castillo del Prncipe en 1870. BARATILLOS — Por los muchos pequesimos comercios al por menor que en ella existan. Habitualmente se la llama Baratillo. BAYONA, CALLEJ"N DE — Por el conde de Casa Bayona, Jos Bayona Chacn, propietario de la estancia donde se abri esa va. BELASCOAN, CALZADA DE —El capitn general don Leopoldo O’Donnell, uno de nuestros ms tirnicos gobernantes de la poca colonial, conocido en la propia pennsula por el apodo de el tigre de Lucena, le hizo dar durante su mando (1843-48) este nombre por su amigo el teniente general D. Diego Len, conde de Belascoan, que muri trgicamente en Madrid en 1841. Desde 1911_ se nombra Padre Vrela, en homenaje al gran pensador y precursor revolucionario. Blgica, Avenida de — Vase Egido. BERNAL — Por el apellido del francs Dominique Bernard, procedente de Santo Domingo. Tambin se la llam de los Perros; stos, por lo visto, pupulaban en la ciudad. BLANCO — Por el blanco o espaldn que haba all, en la Escuela Prctica de Artillera. BOLVAR, AVENIDA DE — Vase Calzada de la Reina. BOMBA — Segn Jos Mara de la Torre, se denomin as por una bomba que durante el sitio de La Habana por los ingleses cay en una de sus casas que se encontraba llena de milicianos, y habiendo reventado, no mat a nadie. Pero Manuel Prez Beato afirma que es lo cierto que a la terminacin de esta calle, donde est el parquecito nombrado De Jerez, existi un polvorn del que en un plano de principios del siglo XVIII, se deca: Almacn de plvora a prueba de bomba. Se denomin con anterioridad Del Padre Snchez, por el sacerdote de este nombre, apoderado del Hospital de Paula, que all viva; Del Viga del Morro, por el vecino D. Francisco Evia, que tena este cargo; Cerrada de Santa Catalina; De la Plvora; y, por ltimo, Del Progreso, nombre que tuvo rpida aceptacin por haber estado antes habitada por mujeres pblicas y ocurrir en la misma frecuentes escndalos y rias, todo lo cual quera olvidar el pueblo junto con los nombres anteriores. Hoy se llama San Juan de Dios. BRASIL, AVENIDA DEL — Es el nombre oficial que lleva la calle de Teniente Rey. CAMINO DE LA RONDA — Vase Ronda o Labra. CAMPANARIO — Denominada antes Del .Campanario Viejo, por el primitivo campanario que tuvo la iglesia parroquial de Guadalupe, cuyo fondo da a esta calle en uno de sus ngulos con la de Salud. CAPDEVILA — Vase Crcel. CRCEL — Por el antiguo edificio de la Crcel, construido por el desptico gobernador Tacn. Por encontrarse muy cerca del lugar donde se efectu el horrendo crimen del fusilamiento de los estudiantes de Medicina en 1871, lleva, desde 1922, el nombre de Capdevila, apellido del pundonoroso y valerossimo militar espaol que ante el consejo de guerra defendi, con peligro de su vida, a los inocentes jvenes. CRDENAS — Antes se la haba llamado Calle Ancha y Calle del Basurero, Carlos Manuel de Cspedes, Avenida de — Vase Malecn. CARLOS III, AVENIDA DE — Se dio a este paseo, que antes se denomin De Tacn, aquel nombre en homenaje que aparece, segn la inscripcin existente en el pedestal de la estatua levantada en los comienzos de la va, tributado por el pueblo de La Habana a dicho monarca el ao de 1803. En 1902 se le cambi este nombre por el de Avenida de la Independencia. Pero en 1936 se le restituy el antiguo, en atencin a los muchos beneficios que, por destacadsima excepcin, proporcion a Cuba-el gobierno de aquel monarca; y con el propsito de imponer el nombre moderno a alguna de las mejores avenida de futura creacin. Despus del triunfo de la Revolucin, se viene llamando Avenida de la Independencia a la gran calzada que, partiendo de Carlos III y Calle G se extiende en direccin a Rancho Boyeros.

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CARPINETTI, CALLEJ"N DE — Por un italiano de este apellido, que all viva. CIENFUEGOS — Por el teniente general Jos Cienfuegos, que gobern a Cuba de 1816 a 1819. Tambin llamada de Cervantes, porque atravesaba tierras que en 1809 fueron adjudicadas a Toms Agustn Cervantes cuando se hizo la ltima divisin de la gran estancia que haba pertenecido a Diego de Soto, uno de los primeros vecinos de la villa. COL"N — Por el descubridor de Amrica. Antes se llam sucesivamente, de los Vidrios, de la Laguna Seca, y de las Canteras, dndosele este ltimo nombre por las de San Lzaro, a las que conduca. COMPOSTELA —i En homenaje al virtuoso y activo prelado Diego Evelino de Compostela, que fund en ella cinco iglesias y varios conventos. Antes se haba llamado de San Diego. CONCHA, CALZADA DE — Por el tirnico y cruel capitn general Jos Gutirrez de la Concha, de funesta memoria para los cubanos. Desde 1955 lleva el nombre de la ms ilustre de sus vctimas, Ramn Pint, el cataln culto y rico que muri por nuestra independencia en 1855. CONDE, CALLEJ"N DEL — Por el conde de Casa Bayona, cuya morada daba por un costado a esa callejuela. Tambin se le llamaba Callejn de Bayona, por la misma causa. CONSULADO — Debe su nombre a que al constituirse por Real Cdula de ereccin de 4 de abril de 1794 el Consulado de La Habana, que tan sealados beneficios produjo a nuestra expansin comercial, el capitn general e insigne gobernante D. Luis de las Casas procur que las pocas viviendas que existan en este lugar se alineasen en una calle con aquella denominacin. Los barracones de negros bozales que all se encontraban fueron destruidos en 1822, casi en su totalidad, por un incendio, desapareciendo el ltimo de ellos en 1836. CORRALES — Por los corrales para reses que en ella existan entre las calles de Aguila y Angeles, al fondo de la iglesia de Guadalupe. Se denomin tambin De Vives o De La Habana, el primer nombre por el capitn general Vives, y el segundo, segn afirma La Torre, porque teniendo ms sombra que la Calzada del Monte, van por ella a La Habana los de la barriada del Sur, logrando acortar una cuadra que se perda por la indicada Calzada (pues haba que hacer un rodeo) hasta 1855 en que se ha dado mayor rectitud a la Calzada por la Puerta de Tierra. CRESPO — Segn Jos Mara de la Torre, debe su nombre al abogado, oidor, sndico y catedrtico D. Ignacio Crespo y Ponce de Len, natural de La Habana y uno de los fundadores de la Academia de Jurisprudencia, de la que fue secretario en 1831. Se denomin tambin Del Recreo, por los baos de mar titulados El Recreo o De Romaguera. CRISTINA, CALZADA DE — Vase Avenida de Mxico.

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CRISTO, DEL —Antes Nueva del Cristo, por haber sido abierta despus de otra que tambin conduca a la iglesia y plazuela de ese nombre. CUARTELES— Por los de San Telmo y de Artillera, ste ltimo en la esquina de Aguacate. Antes se la haba llamado del ngel, por su proximidad a la iglesia de ese nombre. CUBA — Por el nombre de la Isla. Antes fue llamada de la Campana y de la Fundicin CURAZAO — Era as llamada por sus vecinos, en su gran mayora de color, sin que sepamos que relacin tiene el nombre, en este caso, con el de la isla que figura entre las Antillas Menores. CHAC"N — Por el apellido de D. Laureano Chacn, otro regidor habanero que defendi heroicamente la ciudad en 1762. CHVEZ — Por Macedonio de Chvez, que viva en ella a principios del siglo XIX. Tambin se la llam de los Perros ¡eran muchos los perros habaneros! CHORRO, CALLEJ"N DEL — Este cortsimo callejn que desemboca en la Plaza de la Catedral debe su nombre a que all desaguaba la Zanja, segn lo prueba una lpida colocada en el lugar. CHURRUCA, CALLEJ"N DE — Por el famoso marino espaol Cosme Damin de Churruca, que muri en la batalla de Trafalgar. DAMAS — Por las muchas jvenes que vivan en ella. DESAMPARADOS — Porque lindaba por uno de sus lados con la muralla del Sur y. era muy solitaria. DESAGE — Porque en ella se hallaba uno de los de la Zanja. DIARIA—Porque en ella estaba la Casa de Provisin donde se despachaba la racin diaria de carne para la armada. Primeramente se la llamaba de San Juan de la Diaria. DIECINUEVE DE MAYO, AVENIDA — En memoria del da infausto de la muerte de Mart en 1895 se nombr esta amplia va que desemboca en la Plaza de la Revolucin. DIEZ DE OCTUBRE, CALZADA DEL — Es la antigua Calzada de Jess del Monte, que ha recibido esta nueva denominacin en homenaje al da glorioso en que Carlos Manuel de Cspedes y sus heroicos compaeros se alzaron en 1868 contra el podero espaol, comenzando la Guerra de los Diez Aos. DRAGONES — Por el cuartel de Dragones? y despus de Lanceros, hoy estacin de Polica, que existe en dicha calle entre las de Lealtad y Escobar. ECONOMA — Por la excesiva que emple un dueo de un taller de maderas, Cndido Rubio, para fabricar unas casitas en dicho lugar. EGIDO — Antiguamente estuvo ocupada por la muralla y las puertas de la misma De Tierra, Del Arsenal y Puerta Cerrada. All comenzaban los ejidos de la ciudad. Por disposicin del Ayuntamiento tuvieron en este lugar su residencia muchos de los cabildos de nacin de los esclavos africanos. Hoy, con continuacin de la de Monserrate, lleva el mismo nombre de Avenida de Blgica, y parecera muy justo cambiar ste por Avenida Patricio Lumumba, en honor del patriota congols asesinado por los imperialistas. EMPEDRADO— De lo Empedrado o Del Empedrado se denomin antes, por haber sido la primera calle que se empedr en La Habana con chinas pelonas, segn Manuel Prez Beato con anterioridad al ao 1642, quien atribuye el hecho de haberse elegido esta calle para iniciar tal clase de pavimentacin, a la gran corriente de aguas que por la misma bajaba en tiempo de lluvias. Al comienzo de la calle estuvo La Pescadera. ENNA—En honor del militar espaol Segundo Cabo de la Isla, en tiempos del gobernador Jos de la Concha, general Manuel Enna quien muri el 18 de agosto de 1851, de resultas de las heridas recibidas en la accin del Cafetal de Fras, combatiendo contra el general venezolano, y uno de los precursores de nuestra independencia, Narciso Lpez. Se llam antes El boquete de la Seiba, por encontrarse junto a la ceiba debajo de la cual consideran algunos historiadores, aunque sin fundamentos para prob arlo, se dijo la primera misa. Muy justamente se le cambi el nombre por el de Narciso Lpez. ENRIQUE BARNET — Vase Estrella. ESCOBAR — Por el regidor D. Jos Mara de Escobar, que vivi en una de las primeras casas que se construyeron en esta calle, esquina a la calle de Zanja, y gozaba de popularidad y simpatas en la barriada. Se llam antes De Matamoros, por el vecino D. Jos Matamoros.

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ESPADA, CALLEJ"N DE — Por el ilustre obispo Juan Jos Daz de Espada y Landa que residi en l. Anteriormente se le llamaba del Atad, por la forma de las dos medias manzanas que la componen. A su interseccin con las calles de Compostela y Chacn se le llamaba Las cinco esquinas del ngel. Se le haba llamado tambin del Cayo, porque a la media manzana oeste, que era muy pequea, se le deca El Cayo. ESTRELLA — Porque en la primera casa de esta va, esquina a la calle del guila y frente al Campo de Marte, exista un gran farol en forma de estrella. Se llam antes Del Sol. Hoy se llama Enrique Barnet, para honrar al notable mdico cubano de ese nombre, que mucho se distingui en la labor de sanidad pblica. ESPERANZA — Por la que concibieron sus vecinos de que se abriera el muro que para gran molestia de ellos, la cerraba por el Este; lo que, efectivamente se realiz. Llambase entonces de San Juan, por una urna con una imagen del santo que haba en ella. FACTORA — Porque conduca a la antigua factora de tabacos situada donde despus se construy el Hospital Militar d San Ambrosio. Tambin se la nombr del Farruco, sobrenombre de Jos Brito, que all viva y” daba frecuentes bailes. FIGURAS — Por unas que existieron en una casa de Vicente Segundo, a la que por ello se llamaba la casa de las figura s; antes se nombr de la Caada, por una que all existi hasta 1857. Tambin se la haba llamado de los Mandingas (una tribu africana) y de Pealver. FINLAY — Vase Zanja. FLORIDA — Por haber venido a residir en ella unos que haban sido vecinos de aquella regin, al dejar de ser espaola. GALIANO, CALZADA DE — Por D. Martn Galiano, ministro interventor de obras de fortificaciones, que construy un puente, que llev su nombre, sobre la Zanja Real en la direccin del antiguo trazado de esta calle, varandose la posicin de dicho puente en 1836 por el general Tacn y reemplazndose en 1839 por otro para colocar el ferrocarril. Estuvo cerrada en la calle de San Miguel hasta 1842. El terreno donde se encuentra la iglesia de Monserrate y una parte inmediata se conoci por el nombre De la Marquesa, por pertenecer a la marquesa viuda de Arcos. Desde 1917 se llama oficialmente Avenida de Italia, aunque el nombre nuevo no ha arraigado en la costumbre popular. GENIOS — Por la Fuente de los Genios que estaba en el antiguo Paseo del Prado, en la interseccin con esa calle. GERVASIO — Se denomin as por D. Gervasio Rodrguez, empleado de Hacienda y propietario en esta calle, esquina a la de Lagunas, de una estancia en la que tena una famosa conejera. En sus Cuadros viejos, Alvaro de la Iglesia, dice que este D. Gervasio, que era jardinero de Da. Micaela Jstiz, sembr en la estancia que dicha seora posea cerca de la iglesia de la Salud una semilla de mango de las primeras que introdujo en Cuba D. Felipe Alwood, cosechando el primer ao de produccin cinco mangos, de los que dos se vendieron a una onza de oro cada uno. Se llam tambin De las Animas, porque en la casa esquina a la calle de Salud, de Da. Cipriana de Castro, haba un retablo de Animas. HABANA — Por el nombre de la ciudad. HEREDIA — En homenaje al gran poeta nacional Jos Mara Heredia se ha nombrado esta calle de la barriada de La Vbora, que es la continuacin de la de Jess del Monte. HOSPITAL — Porque conduca al antiguo hospital de San Lzaro, para reclusin y atencin de los leprosos, situado cerca de la antigua caleta de ese nombre, donde hoy se encuentra el Parque Maceo. INDEPENDENCIA, AVENIDA DE LA— Vase Paseo de Carlos III. INDIO — Por Toms Curiel, indio mexicano, de Puebla de los Angeles, que fue gobernador del Morro. INDUSTRIA — Porque los agentes que en 1830 tuvieron a su cargo el fomento del reparto donde se encuentra esta calle, hicieron de la venta de solares y fabricacin de casas, una industria. Se denomin tambin Del Diorama, porque en ella se encontraba el Diorama que construy en 1827 el pintor Juan Bautista Vermay, director que fue de la Academia de San Alejandro y autor de los cuadros histricos que adornan el Templete, y fue destruido en 1850. INFANTA, CALZADA DE LA — Por la infanta Isabel, hija de Fernando VII y Mara Cristina, despus reina con el nombre de Isabel II (1843-1868). Equivocadamente suponen algunos que esta calle lleva ese nombre por la infanta Eulalia, la que lleg a La Habana en compaa de su esposo D. Antonio de Orleans, el 8 de mayo de 1893, cuando ya naca muchos aos que dicha va se denominaba Infanta. Desde 1921 se llama, injustamente tambin, Avenida Menocal, por el presidente de la Repblica general Mario G.

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Menocal, sin que tuviera xito, por causas de mala poltica, la propuesta hecha en 1928, por la Comisin de Historia, Ornato y Urbanismo del Municipio, de nombrarla Avenida de Calixto Garca. INQUISIDOR — Por haber vivido en ella un representante de la Inquisicin establecida en Espaa y todos sus dominios para impedir la libertad de conciencia: era Antonio Claudio de la Luz, antepasado del gran pedagogo y liberal pensador cubano Jos de la Luz y Caballero. Italia, Avenida de — Vase Galiano. JESS DEL MONTE, CALZADA DE — A esta calle, que conduce al barrio de ese nombre, que antao era una loma o monte despoblado, y lo atraviesa en toda su extensin, el Ayuntamiento, accediendo a solicitud de la Asociacin de Emigrados Revolucionarios Cubanos, le vari el nombre por Avenida Diez de Octubre. Su primer nombre lo debe a la ermita, luego parroquia de ese nombre, situada sobre una eminencia, a la vera de dicha calzada, en lo que era entonces un casero separado de la ciudad. JESS MARA — Porque cruza frente al parque e iglesia de ese nombre. El verdadero nombre de todos estos lugares es el de Jess, Mara y Jos. JESS PEREGRINO — Por un retablo de Jess Peregrino que tena el famoso negro conspirador Aponte, que vivi en esa calle y fue ahorcado el ao 1812. Se llam tambin De Interin, por Pedro Interin, dueo principal de aquellos terrenos. JOS DE SAN MARTN — Es la antigua San Jos, que ahora lleva el nombre del gran paladn de la Independencia de Suramrica. JOVELLAR — Por el capitn general Joaqun Jovellar y Soler, que gobern la Isla de 1873 a 1874 y de 1876 a 1878, e hizo, por lo tanto armas contra los libertadores cubanos en los aos finales de la revolucin de Yara. Hoy ostenta el nombre de Veintisiete de Noviembre, impuesto por acuerdo del Ayuntamiento de 26 de noviembre de 1903, en rememoracin de la luctuosa fecha del fusilamiento, el 27 de noviembre de 1871, de los 8 estudiantes mrtires de la Facultad de Medicina, sacrificados por la barbarie de los Voluntarios espaoles de La Habana; y porque esta calle conduce a la antigua entrada de la actual Universidad, construida en los terrenos de lo que fue Pirotcnica militar. ]STIZ, CALLEJ"N DE — Porque en la esquina con la calle de Baratillo vivi el marqus de Casa Jstiz y Santa Ana. En esta calle estuvo la primitiva Casa de Comedias, que serva de teatro antes de construirse el Principal. LAGUNAS — Por tres que haba en ella. Se haba llamado de Anfitrite y de los Combatientes. LABRA — En honor del gran publicista y abolicionista cubano Rafael Mara de Labra. Es la antigua Ronda o Camino de la Ronda, por la que efectuaban los centinelas de la Pirotecnia Militar, situada donde hoy se encuentra la Universidad. LAMPARILLA — Por una lamparilla que un devoto de las Animas encenda todas las noches en su casa, esquina a la calle de Habana. En documentos de fines del siglo XVIII se la llamaba de las Caas Bravas, por las muchas que haba en una esquina de ella. LEALTAD — Por la cigarrera que con ese nombre existi en la esquina a la calle de Salud, propiedad en 1831 de Jos Mara Morejn y Rojas. Se llam antes De Leal, segn La Torre tal vez por alguno de este apellido; de San Francisco; y tambin De Fideos, por una fbrica de fideos que en ella haba y fue destruida por un incendio en 1818. LEONOR PREZ — Es la antigua Paula, a la que se ha dado nuevo nombre en homenaje a la madre del Apstol Mart. LNEA — Esta, la ms importante del barrio del Vedado, es ejemplo patente del error de dar, festinada o arbitrariamente, nuevas denominaciones a las calles: en 1918 se la nombr Avenida Presidente Wilson, y bajo la ltima dictadura fu rebautizada, —con su prolongacin del otro lado del Almendares, en el Reparto Miramar— Avenida General Batista, nombre que el pueblo repudi. Nunca se la ha llamado sino Lnea, apelativo que debe al hecho de que por ella corran, primero los pequeos trenes que salan de cerca de La Punta, y ms tarde, hasta ms de la mitad del siglo xx, los tranvas elctricos. Luz — En homenaje a Jos Cipriano de la Luz, regidor y correo mayor de la Isla; antes se llam del Correo, por la estafeta all fundada por Antonio de la Luz y De Cao, primero de la familia que vino a Cuba. En esa casa, que era la solariega de la familia Luz, estuvo luego durante muchsimos aos el Hotel Luz; y este apellido tambin dio nombre al muelle cercano de donde salan los vapores para Regla y Casa Blanca, y tambin a la plazuela contigua, que hoy se llama Plaza Aracelio Iglesias en recuerdo del dirigente obrero, jefe de los estibadores cubanos, vilmente asesinado cerca de all, en 1948. MACEO, AVENIDA DE — Vase Malecn. En honor del inmortal caudillo, Lugarteniente General del Ejrcito Libertador, Antonio Maceo y Grajales.

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MALEC"N — Comenz a construirse esta amplia y hermosa avenida durante el Gobierno norteamericano de ocupacin militar, recibiendo el nombre oficial de Avenida del Golfo, y el popular de Malecn, con el que siempre ha sido conocida en su primitivo tramo de la Punta a lo que era antes caleta de San Lzaro, frente a la Beneficencia. Posteriormente este tramo ha recibido los siguientes nombres: por acuerdo de 12 de junio de 1902, el de Avenida de la Repblica; por el de 2 de diciembre de 1908, el de Avenida del General Antonio Maceo; y, finalmente, por el de 6 de diciembre de 1909, nmero 204, aprobado el da 18, el nombre, que hoy tiene, de Avenida Antonio Maceo. Cuando se le dio este nombre, el Malecn llegaba solamente hasta la estatua del prcer; en 1936 se le dieron, oficialmente los de Avenida Washington, Avenida P y Margall y Avenida Aguilera a los tramos que se proyectan hasta la desembocadura del Almendares, que ya se han construido pero sin que se les apliquen esas denominaciones. En cambio, s se ha dado el nombre que tambin se propuso entonces, de Avenida Carlos Manuel de Cspedes al tramo anterior que se construy desde donde se hallaba la Capitana del Puerto hasta el Castillo de la Punta. MALOJA — Porque en aquellos alrededores existan extensas siembras de malojas, y por ello los malojeros vendan en la esquina del Pen sus sobrantes, y en la segunda cuadra despus de este lugar habitaba un cadete de caballera dedicado tambin a la venta de este forraje. MANRIQUE — Por el presbtero D. Jos Mara Manrique, natural de Gines, que viva en la esquina de Zanja. Se nombr tambin Del Campanario Nuevo, por el campanario nuevo de la iglesia de Guadalupe, terminado en 1838. Antes se llam De Terranova. MANUEL SANGUILY — Ha sido redenominada as, despus del triunfo de la Revolucin, y en honor del combatiente de la Guerra de los Diez Aos y gran antimperialista durante toda su vida, la calle que hasta entonces llevara el nombre de Roosevelt, el presidente norteamericano, durante cuyo perodo de gobierno se instaur la Repblica de Cuba en 1902; y, anteriormente el del desptico capitn general espaol Miguel Tacn, que gobern a Cuba de 1834 a 1838, gran constructor y administrador, pero figura siniestra en nuestra historia MARINA — Por su inmediata proximidad al mar, y residir en ella primitivamente numerosos pescadores y hombres de mar que guardaban sus botes y redes en estos lugares. Hoy se llama oficialmente todava Avenida Washington, aunque nadie le ha dado jams este nombre. Forma parte ahora del Malecn. MARQUS DE LA HABANA — Era el nombre antiguo de la que ahora se llama Poey, y lo llevaba en recordacin de uno de los gobernantes espaoles de ms siniestra memoria para los cubanos: el teniente general Jos Gutirrez de la Concha, Marqus de La Habana, que gobern sanguinariamente la Isla de 1850 a 1852, de 1854 a 1859 y de 1874 a 1875, ejecutando entre otros patriotas, en 1855, a los esclarecidos revolucionarios Ramn Pint y Francisco Estrampes. MART, PASEO DE — La antigua Alameda de Isabel Segunda, la reina espaola de funesta recordacin, no fue llamada popularmente sino El Prado, y despus del cese del rgimen colonial se le dio el nombre de Paseo de Mart, en honor del Apstol de nuestras libertades. MXIMO G"MEZ, AVENIDA DE — En honor del inmortal caudillo, General en Jefe del Ejrcito Libertador. Vase Monte, Calzada del. MENOCAL, AVENIDA — Vase Calzada de la Infanta. MERCADERES — Porque durante los primeros tiempos de la villa se hallaban establecidos en ella casi todos los comerciantes. MERCED — Por la iglesia y convento de ese nombre, uno de cuyos costados cae sobre ella. MXICO, AVENIDA DE — Desde 1921, el Ayuntamiento dio este nombre, en homenaje a esa querida repblica hermana, a la antigua Calzada de Cristina, que se denominaba as por la reina Mara Cristina, esposa de Fernando VII el funesto monarca espaol, que comparti con este el Trono desde 1833 hasta 1843. MISI"N — Por la que se encarg a Juan Antonio Unzueta y Gaspar Chaple, consistente en arreglar las calles de aquel barrio. MONSERRATE __Se denomin as por la ermita de Monserrate, que exista en la plazuela de las puertas de la muralla, con este nombre, fundada segn Jos Mara de la Torre, en 1695, destruida en 1836 y reedificada en extramuros en 1844. Lleva ahora el mismo nombre de la que es su continuacin — Egido — y creemos que debe ser sustituido, por la misma razn que damos al hablar de aqulla MONTE, CALZADA DEL — En poca colonial se le llamaba Prncipe Alfonso, por el prncipe Alfonso de Borbn, despus rey de Espaa, con el nombre de Al fonso XII (1874-1885). Por acuerdo de 10 de junio de 1902, el Ayuntamiento le dio el nombre del Generalsimo Mximo Gmez, que hizo por esta calle, al

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frente del Ejrcito Libertador, su entrada en la capi tal, el 24 de febrero de 1899. Conserva oficialmente esta denominacin; pero la popular sigue siendo la de Calzada del Monte, en recuerdo de alguno de los que rodeaban a la villa primitiva; y tambin, segn La torre, porque por ella se iba al ingenio y despus barrio de Jess del Monte. Primitivamente se haba llamado tambin Calzada de Guadalupe por la ermita que en ella estaba situada, en la esquina de guila, antes de pasar fundindose con la del Cristo de la Salud a formar la iglesia de este nombre. MORRO — Porque desde ella se divisaba muy cercano el castillo de ese nombre antes de que se construyese la Crcel de Tacn. Ahora ha recobrado esa vista. MURALLA — Primitivamente se la llam Calle Real, porque era la principal salida al campo que tena la Villa; cambisele este nombre por el de Muralla, cuando se abri al final de ella, en 1721, una puerta a la muralla, que se llam Puerta de Tierra; en 1763 fue nombrada Riela en honor del conde que llevaba ese ttulo, el primer gobernador espaol despus que abandonaron La Habana las fuerzas inglesas que la haban tomado en 1762. Se le ha restituido su nombre de Muralla, nica por la que el pueblo la designaba NARCISO L"PEZ — En honor del protomrtir de las libertades cubanas, el primero que hizo ondear la actual ensea nacional sobre territorio cubano, en 1850. Vase nna. NEPTUNO — Porque sala a la fuente de Neptuno, existente en la antigua Alameda de Isabel II. Se llam antes de la Placentera, y de San Antonio. OBISPO—Jos Mara de la Torre atribuye el origen de esta calle a que acostumbraba frecuentarla en sus paseos el obispo D. Pedro Agustn Morell de Santa Cruz, que viva en la calle de Los Oficios nmero 94, donde muri. Pero Manuel Prez Beato afirma que es ms antigua la causa, y que se debe a que el obispo Fray Jernimo de Lara viva por los aos de 1641 en esta calle, esquina a la de Compostela. Se llam antes Del Obispo. En 8 de febrero de 1897 el Ayuntamiento acord unnimemente, en rasgo de repulsivo servilismo, cambiarle el nombre por el de Weyler, que en esa fecha gobernaba desptica y sanguinariamente la Isla, y colocar en el saln de sesiones el retrato de este ilustre gobernante. Al ocurrir en 1898 la evacuacin espaola, el pueblo de La Habana arranc y destruy las tarjetas que ostentaban el nombre de Weyler en esta calle. Ya en la poca republicana, el Ayuntamiento, por acuerdo de 27 de marzo de 1905, le dio el nombre, que hoy ostenta, de P y Margall, en homenaje al defensor entusiasta y constante, en Espaa, durante nuestras luchas emancipadoras, de los derechos y libertades de Cuba. Pero, atendiendo a la invariable costumbre popular, ha vuelto a llamarse oficialmente Obispo. Tambin se la llam de la Casa Capitular a la ermita de Monserrate, y aun antes, de Su Seora llustrsima. OBRAPA — Por la casa, llamada de la Obrapa, en la esquina de Mercaderes, as llamada porque su propietario, Martn Calvo de la Puerta, impuso sobre ella un gravamen con objeto de dotar anualmente a cinco hurfanas. Tambin se llam de la Artemisa y de San Felipe; dndosele este nombre porque all estaba el oratorio de los padres filipenses, despus convento de frailes carmelitas de San Felipe de Neri. OFICIOS — Dcese que porque desde la Plaza de San Francisco hasta la de Armas se encontraba llena de menestrales; era en 1584, segn ya vimos, la ms importante de las cuatro calles de que entonces contaba La Habana, y en ella estuvo, frente a la Plaza de San Francisco, la Casa Consistorial. Pero investigadores muy autorizados afirman que el nombre se debe a los oficios de escribanos y otros funcionarios que en ella estaban establecidos; y esta opinin parece ms justificada. Se llam antes De la Concepcin. O’REILLY,— Debe su nombre a que por esta calle hizo su entrada en la ciudad el general Alejandro O’Reilly, subinspector de las tropas espaolas cuando la restauracin de La Habana en 1763 y la retirada de las autoridades inglesas de ocupacin. Despus de terminar la organizacin del ejrcito, el general O’Reilly abandon la Isla, viniendo a ella ms tarde su hijo y afincndose aqu, creando una familia que ha sobresalido, por la posicin preeminente que siem pre ocuparon durante la poca colonial y la primera republicana, por los cargos desempeados y por sus acciones benficas, en la historia de este Trmino Municipal. Se llam antes Calle Honda y Del Sumidero, Del Basurero y De la Aduana, los primeros nombres por el mal estado del terreno y fines a que la destinaban los vecinos, y el ltimo por haberse encontrado situada durante algn tiempo en esta calle las oficinas de la Aduana, en la proximidad de los muelles. Hoy lleva el nombre de Presidente Zayas. PADRE VRELA — Es la antigua Belascoan, rebautizada en honor del gran pensador y patriota habanero, que actu en la primera mitad del siglo XIX, Flix Vrela y Morales. PAULA — Porque en su extremidad Este se encontraban la iglesia y el hospital de San Francisco de Paula. Se llam antes De San Francisco de Paula. Por haber nacido en ella, en la casa nmero 102, Jos Mart, lleva ahora el nombre de Leonor Prez, la madre del Apstol.

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PEALVER — Porque conduca a unas tierras que eran propiedad de la familia de este apellido. PEA POBRE — Por el primitivo nombre que llevaba la loma que est muy prxima y que ahora se llama del ngel. PERSEVERANCIA — Porque los propios ingenieros encargados de trazar las calles en 1818 quisieron que quedase perpetua memoria de la constancia y tesn con que realizaron aquel trabajo. PICOTA — Porque en ella y en la esquina de Jess Mara, estaba la picota o estaca donde se ataba a los reos para azotarlos; luego fue trasladada a la Plaza Vieja donde permaneci hasta 1836. Tambin se llam a esta calle de la Sabana, porque llevaba el nombre de Sabana de la Tenaza una plazuela prxima, que daba a la puerta de la muralla conocida con este nombre. POCITO — Por un pozo pequeo que haba en ella. Tambin se llam de Cervantes, por Toms Agustn Cervantes, yerno de un gran propietario de aquellos alrededores; y, antes, de San Miguel. POEY — En homenaje al sabio naturalista habanero del siglo XIX, Felipe Poey. Es la que antes se llamaba Marqus de La Habana. PORVENIR — Es el nombre que lleva desde 1899 el antiguo callejn de la Samaritana, como demostracin de la expectacin que dominaba en el nimo del pueblo al cesar la dominacin espaola. PRADO, PASEO DEL — Vase Paseo de Mart. PRESIDENTE G"MEZ, AVENIDA DEL — Es la antigua calle de Correa, en Jess del Monte, a la que se dio el nombre del presidente de la Repblica y general de la Guerra Independencia, Jos Miguel Gmez, quien fue Jefe del Estado desde 1909 hasta 1913. PRESIDENTE ZAYAS — Es la antigua O’Reilly, rebautizada con el nombre del Dr. Alfredo Zayas, patriota e intelectual cubano que ocup la Presidencia de la Repblica de 1921 a 1925. PRESIDENTES, AVENIDA DE LOS — As se nombra a la calle G, del Vedado, y all se han erigido estatuas a los presidentes de la Repblica Toms Estrada Palma y Jos Miguel Gmez. PRIMELLES — Por el patriota Osear Primelles. PRINCIPE ALFONSO, CALZADA DEL — Es la Calzada del Monte, hoy Avenida Mximo Gmez, a la que se dio aquel nombre por el hijo de Isabel II, que luego rein con el nombre de Alfonso XII. PROGRESO — Vase San Juan de Dios. Puerto, Avenida del — Vase Malecn. RAM"N PINT", AVENIDA — En homenaje a un muy distinguido espaol que muri por la libertad de Cuba. Vase Concha, Calzada de. RANCHO BOYEROS, AVENIDA DE — Porque conduce al pueblo de este nombre, en el municipio de Santiago de las Vegas, que formar parte de la Gran Habana. Ya hemos dicho que ahora se la nombra Avenida de la Independencia. RAYO — Por una terrible descarga elctrica que cay en ella, entre las de Reina y Estrella. REFUGIO — Segn La Torre, porque pasando por ella el capitn general Ricafort, se levant una tempestad que le oblig a refugiarse en casa de una seora viuda de un tal Mndez, a la cual hizo varias visitas el seor general, agradecido de la buena acogida que dicha seora le hizo en aquella ocasin, y mand a que a dicha calle se le impusiera el nombre de Refugio, Se llam tambin de la Merced. REINA, CALZADA DE LA — En 1844 fue muy hermoseada, y se le dio el nombre de calle de la Reina, por Isabel II, de tan infausta memoria. Se llam primero Camino de San Antonio, por el ingenio de San Antonio el chiquito, propiedad del regidor D. Blas de Pedroso, que exista en aquel lugar. Esta calle constituy hasta 1735, en que se hizo un puente en la Calzada del Monte, la principal salida de la ciudad para el campo. Naca en la antigua Calle Real (Muralla), atravesaba el Campo de Marte y segua hasta el citado ingenio. Se llam tambin de San Luis Gonzaga, por la ermita consagrada a este santo, que haba en la esquina de la Calzada de la Beneficencia. En 183*5 fue prolongada la calle al construirse el Camino Militar o Paseo de Tacn. Desde 1918 se llama Avenida Bolvar, en homenaje al Libertador de nuestra Amrica. REVILLAGIGEDO —Por D. Juan Francisco Gemes y Horcasitas, conde de Revillagigedo, capitn general que gobern discretamente la Isla de 1734, a 1745, durante cuya poca, aunque comenz el monopolio de la Real Compaa de Comercio de La Habana, creada por la Corona, Gemes reorganiz el

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Ayuntamiento habanero, hizo erigir el Hospital de San Lzaro, regulariz la justicia y organiz la limpieza de la capital y su puerto. RONDA — Vase Labra. SALUD — Por la antigua ermita del Seor de la Salud, que fue luego la Parroquial de Guadalupe y hoy es el templo dedicado a Nuestra Seora de la Caridad. SAMARITANA — Opina La Torre que esta calle debe su nombre a que en ella viva una beata que llamaban as. Prez Beato afirma que el nombre se lo debe a que las monjas surtan de agua a los vecinos, tomndola del enorme aljibe del convento. Se llam antes De la Huerta del Campo, porque en la parte del convento de Santa Clara correspondiente a esta calle tenan las monjas una huerta. Se llama, desde 1899, Porvenir. SAN IGNACIO — Porque a ella daba el costado de la ermita y convento que fabricaron los jesutas ponindolos bajo esa advocacin y que luego se convirti en catedral, residencia de los cannigos, etc. Haba sido llamada de la Cinaga, por la que haba cerca de la Catedral. SAN ISIDRO — Por la iglesia y hospital del mismo nombre. Tambin se la llam de la Tenaza, porque sala a la puerta de la Muralla que llevaba ese nombre. SAN JOS — Por el intendente D. Jos Valiente. Tambin se llam de Dolores y de Santa Rosa. Hoy lleva el nombre de Jos de San Martn, en homenaje al prcer argentino, libertador de Sudamrica. SAN JUAN DE DIOS — Esta calle slo tena una cuadra, entre las de Habana y Compostela, y se denomin as porque frente a ella se encontraba el fondo del hospital de San Juan de Dios. SAN LZARO, CALZADA DE — Porque conduca al hospital de este nombre. Se le nombr despus Calle Ancha del Norte, aunque nadie la denominase as, y luego por sucesivos acuerdos del Ayuntamiento, Avenida de Maceo y Avenida de la Repblica; pero en 1936 se le restituy el primitivo, con el propsito de destinar aquellos otros a vas ms importantes. SAN MIGUEL — Por D. Miguel de Castro Palomino, propietario de una estancia que esa calle atravesaba. SAN NICOLS —Por encontrarse en ella la iglesia de este nombre. Se le denomin antes de San Cayetano. SAN PEDRO — Los marinos dieron este nombre a dicha calle —que est muy prximaal mar—, por la devocin que tenan a aquel santo. Se la llam de San Pedro del Molinillo, porque conduca al molino de tabaco que haba en la calle de Luz; y tambin de VMalta, por el marqus de ese ttulo, que en ella resida. SAN RAFAEL — Nombre arbitrario dado por los comisionados para la delineacin de esta calle. Se llam antes De Los Amigos; Del Monserrate, porque conduca a la puerta de este nombre, de las murallas; y Del Presidio porque en el lugar donde despus se fabric el teatro de Tacn, hoy Nacional, haba una casa de correccin a cargo de un tal Juan Naranjo. SANTA CLARA — Antes, Cerrada de Santa Clara, porque efectivamente cierra ante dicho convento. Primitivamente, Cerrada de las Redes, por ser muy frecuentada por pescadores. SITIOS— Se llamaba Cerrada de los sitios de San Jos, porque llevaba hacia el placer de Pealver, donde los dueos del terreno, tenindolo abandonado, dejaron establecer all, formando sitios o conucos a muchos negros libres que se llamaban de Carraguas, y que al ser luego expulsados de aquel lugar pasaron al que lleva este ltimo nombre. La primitiva barriada conserv el nombre de los Sitios. SOL — Por uno que haba pintado en una de las esquinas con la calle de Aguacate. Tambin se la llam del Comps de Santa Clara, por ser terreno aledao al convento de este nombre. SOLEDAD — Por la que en ella reinaba hasta ya muy mediado el siglo XIX. SOMERUELOS — Por el teniente general Salvador de Muro y Sala-zar, marqus de Someruelos, que gobern la Isla desde 1799 hasta 1812. SUREZ — Porque en varias casas de ella vivan familias del Dr. Miguel Surez, cirujano mayor del Hospital Militar. Tambin se la llam del Palomar, por haber existido uno all, del To Juan Domnguez. TAC"N __ Vase Manuel Sanguily. TALLAPIEDRA — Por el apellido de un contratista de tabacos, con la Real Hacienda, Jos Tallapiedra, que construy el muelle de ese mismo nombre. Primeramente se la llamaba del Pilar.

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TEJADILLO — Debe su nombre a la nica casa con techo de teja que en ella exista, siendo de guano los techos de las dems casas. TENIENTE REY — Por D. Flix del Rey y Boza, teniente de gobernador y auditor de guerra, que vivi en la esquina de Habana. Se llam antes del Basurero, de Santa Teresa y de San Salvador de Horta. Su nombre oficial actual es Avenida del Brasil. TROCADERO — Por haberse recibido en esta ciudad la nueva de la toma del Trocadero de Cdiz, el ao 1823, cuando se trataba de darle nombre a esta calle. Era conocida antes por Del Len de Oro. VEINTE DE MAYO — En conmemoracin de la fecha de la instauracin de la Repblica de Cuba en 1902, se ha dado este nombre a una amplsima avenida, an en construccin, que desemboca en la Plaza de la Revolucin. VEINTISIETE DE NOVIEMBRE — En memoria de los ocho estudiantes de Medicina de la Universidad de La Habana fusilados inicuamente el 27 de noviembre de 1871. VEINTITRS — Durante la dictadura machadista recibi esta calle, que es, despus de Lnea, o al lado de ella, la ms importante del barrio del Vedado, el nombre de Avenida Gerardo Machado, que el pueblo repudiaba. VILLEGAS — Por Raimundo (Mundo) Villegas, que vivi en ella. Tambin se llam de la Condesa de Bayona. VIRTUDES — Por la logia masnica de las Virtudes Teologales, que celebraba sus reuniones en la casa esquina a la calle de Industria, nica existente en aquel lugar. Se llam tambin Del Sacramento o Del Sentimiento, y de la Cuerera, por conducir a la tenera de D. Francisco Cairo. VIVES, CALZADA DE — Porque se construy despus del segundo incendio de Jess Mara, en 1828, durante el gobierno del Capitn General D. Francisco Dionisio Vives, (1823-1832), en cuya poca fueron perseguidos, encarcelados y desterrados numerosos cubanos revolucionarios, y ejecutados en horca en la plaza mayor de Puerto Prncipe, el 16 de marzo de 1826, los patriotas Francisco Agero y Velazco y Andrs Manuel Snchez, protomrtires de la independe ncia de Cuba. En nuestro informe pedamos que se denominase Avenida Repblica Espaola; oficialmente recibi el nombre de Avenida de Espaa, pero sigue siendo designada con el primitivo. ZANJA — Porque en ella corra la Zanja Real que surti de agua a esta ciudad. Tambin se llam Lnea del Ferrocarril de Gines, que corra por ella, lo mismo que despus corran los trenes que iban por La Ceiba, Puentes Grandes, etc., hasta la Playa de Marianao. En su primitiva poca tena tres puentes para cruzar la Zanja: el de Sedao en la esquina de Lealtad, el de Manrique en la de este nombre y el de Galeano, primera forma del nombre de la de Galiano. Hoy es el corazn del barrio chino de La Habana. En 1916 se le dio el nombre de Finlay, en homenaje al ilustre mdico cubano Carlos J. Finlay, descubridor del agente trasmisor de la fiebre amarilla; en 1936 se le restituy el primitivo, y hoy se la designa por ambos. ZULUETA — Por D. Julin Zulueta y Amondo, coronel de voluntarios, presidente del Casino Espaol, teniente alcalde municipal, gobernador poltico interino varias veces, que aunque prest indudable-mes servicios a la ciudad en asuntos de beneficencia y obras pblicas, y desaprob el fusilamiento de los estudiantes el 27 de noviembre de 1871, se pronunci en favor de la trata y esclavitud, como aprovechado negrero que era, y en contra de la independencia de Cuba, expresando, segn afirma D. Francisco Calcagno en su Diccionario Biogrfico Cubano, al conde de Valmaseda, que le consult sobre asuntos de la insurreccin: A los cubanos conviene darles todo, todo menos la independencia. Se le dio en 1909 y se le ratific en 1936 el nombre de Agramonte, en memoria del prcer camageyano, pero esta denominacin an no ha arraigado. Para los datos referentes a nombres antiguos de las calles, nos hemos servido en la inmensa mayora de los casos, a los que recopilaron dos meritsimos investigadores: Jos Mara de la Torre en La Habana antigua y moderna, y Francisco Gonzlez del Valle en La Habana en 1841. En el reparto Ensanche del Vedado se ha designado las calles nuevas con los nombres de libertadores o distinguidas personalidades cubanas que se haban dado despus de 1899 a muchas antiguas calles a las que en 1935 se les devolvieron sus nombres tradicionales, as queda su memoria mucho ms honrada. Son los siguientes: En las calles transversales a Ayestarn: Enrique Villuendas. General Aguirre. Mora Delgado. General Surez.

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Perfecto Lacoste. Marta Abreu. Con las paralelas a Ay estarn: Mas Panchito Gmez. Pedro Prez. Aranguren. En otras calles del mismo Reparto: Plcido. General Riva. Enrique Nez. Raimundo Cabrera. Nstor Sardinas. General Emilio Nez. Los Nodarse. Y por existir en Jess del Monte dos calles denominadas Dolores, una de ellas ha recibido el nombre de Rab, en recuerdo del general Jess Rab, combatiente y mrtir de la Guerra de Independencia. Existen, en cambio, en nuevos repartos, nombres de calles que debern ser cambiados, como por ejemplo, en el llamado Ensanche de La Habana, donde, junto con apellidos de patriotas se han utilizado, para honrarlos, algunos de prohombres del autonomis mo, tales como Bruzn, Montoro, etc., que si bien brillaron por mritos intelectuales, tuvieron —y esto es infinitamente ms importante— una actuacin totalmente negativa para la formacin de nuestra nacionalidad y el logro de nuestra independencia.

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35 LUGARES Y EDIFICIOS HABANEROS QUE OFICIALMENTE HAN SIDO DECLARADOS MONUMENTOS NACIONALES Nos parece conveniente, antes de entrar a sealar y describir aunque sea someramente, los edificios ms notables de La Habana, as antiguos como modernos, ofrecer la relacin de aqullos y de otros lugares de la Ciudad que, por su valor histrico han merecido, en distintos perodos, ser declarados oficialmente monumentos nacionales, y colocados bajo la especial custodia de Ia Nacin, por constituir parte preciadsima del patrimonio cultural nacional. Son los siguientes: 1. a) E1 espacio que comprende la Plaza de la Catedral de La Habana. b) La Iglesia Catedral, el Sagrario o Capilla anexa y el antiguo Seminario de San Carlos, que completan el conjunto de edificios eclesisticos. c) Las casas que enmarcan la Plaza y las que forman las bocacalles de las esquinas o entradas a la misma y que son: el Palacio que fue del Conde de San Fernando, situado en la calle de San Ignacio nmero 22; la casa que perteneci al Marqus de Aguas Claras, en la calle de San Ignacio nmero 54; las casas marcadas con los nmeros 56, 58 y 62 y 68 de la propia calle, estas ltimas formando el callejn del Chorro; la marcada con el nmero 16 que hace esquina a la Plaza, conocida como la casa del Conde de Bayona; la marcada con el nmero 151 de la calle Empedrado, donde vivi el Conde de Lombillo, y la nmero 152 de la calle de Empedrado que hace esquina a la de Mercaderes, as como el llamado Palacio del Marqus de Arcos, cuya parte posterior forma uno de los frentes de la Plaza y cuya fachada principal forma el nmero 16 de la calle de Mercaderes, entre Empedrado y OÂ’Reilly.

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d) Aquellos edificios que situados en la cercana de la Plaza o en las calles aledaas, cuyo inters histrico y artstico contribuye a armonizar los accesos de la Plaza y a la conservacin del carcter o estilo arquitectnico en la zona arqueolgica de la ciudad colonial y que estn situadas en: la calle de Mercaderes nmero 24, antigua casa del Conde Fernandina; la nmero 16 de la misma calle conocida por el Palacio del Marqus de Arcos; los nmeros 9 y 11 de la propia calle, casas que fueron del Conde de Pealver y las marcadas con los nmeros 13 y 17 de la propia calle de Mercaderes, que forman la esquina; la marcada con el nmero 113 de la calle de Empedrado, entre la de Mercaderes y la antigua calle de Tacn, hoy de Roosevelt; las marcadas con los nmeros 2, 6, 10, 14, y 15 o sea el edificio eclesistico del Seminario Conciliar, en la calle de San Ignacio; las situadas en dicha calle, entre las de Tejadillo y Chacn, marcados con los nmeros 18, 76, 78 y 77; las marcadas con los nmeros 222, 218, 208, 210, 215 (o casa que fue del Conde la Reunin); 207 y 205 de la calle de Empedrado entre San Ignacio y Cuba; las marcadas con los nmeros 170, 172. 166, 162, 161 (o antigua Universidad Pontificia), y el resto del Convento de Santo Domingo situado en la calle de OÂ’Reilly, entre San Ignacio y Cuba; y por ltimo las marcadas con los nmeros 4, 6, 10, 12 y 14 de la antigua calle de Tacn, hoy de Sanguily. 2. La antigua Iglesia de Paula, situada en la calle de este nombre esquina a la de San Ignacio. 3. a) El espacio que comprende la Plaza de Armas, hoy denominada de Carlos Manuel de Cspedes. b) El Castillo de la Fuerza y sus pertenencias con sus fosos y espacios abiertos, circundados por rejas. c) El Palacio de la Intendencia o del Segundo Cabo, hoy ocupado por el Tribunal Supremo. d) El Palacio de los antiguos Capitanes Generales, hoy Palacio Municipal de La Habana, con la estatua de Cristbal Coln y las obras de arte que contiene. e) El edificio conmemorativo de El Templete, con los cuadros histricos que la decoran, la columna de Cajigal de la Vega, y el monumento natural de la Ceiba, ms los jardines y explanada exterior comprendidos dentro de las rejas que lo encuadran. f) El Palacio que fue del Marqus de Santovenia marcado con el nmero 9 de la calle de Baratillo.

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4. a) El espacio que ocupa hoy la plaza de San Francisco, y los espacios ocupados por las plazoletas de Luz y la plazoleta junto al callejn de Jstiz al costado del Ministerio de Agricultura. b) El edificio que ocup el convento e iglesia de San Francisco, comprendiendo: los claustros y sus patios, las fachadas de la iglesia y del convento, junto con la nave principal y su esbelta torre. c) La casa situada en la calle de Oficios nmero 152, esquina a Amargura. 5. El edificio llamado Hotel Luz, con sus arcadas, entresuelos y planta principal, en la plazoleta de Luz: los edificios que forman la esquina de la calle de Oficios y Luz, a ambos lados, y los edificios que completan el segundo frente o fachada de la plazoleta de Luz y que son: las casas Oficios nmeros 359, 406, 408 y 362; las casas marcadas con los nmeros 2, 4, 5 y 6 de la plazoleta de Luz, las casas marcadas con los nmeros 358, 356 de la calle de San Pedro (esta ltima por estar fuera de lineacin deber ser reconstruida con las servidumbres del estilo de la plazoleta de Luz, cumpliendo adems con la condicional del portal); la casona que fue de los Condes de Moriera, situada en la Avenida Carlos Manuel de Cspedes. 6. a) El espacio en la llamada Plaza Vieja hoy ocupado por un parque cuya reconstruccin deber efectuarse en el estilo arquitectnico imperante en la plaza. b) Las casas que forman el frente de dicha plaza, dando a la calle de Muralla y marcadas con los nmeros 101, 105, 107 y 109 (estas dos ltimas las casas del Conde de Jaruco); las que forman otro frente de la plaza, dando a la calle del Brasil, antes Teniente Rey, y marcadas con los nmeros 113, 109 y 60; las situadas en el frente de la plaza dando a la calle San Ignacio y marcadas con los nmeros 352, 356, 360, 364 (casa del Conde Jibacoa) y 368; y, por ltimo, las que dan frente a la calle de Mercaderes, marcadas con los nmeros 317, 315 y 307. 7. a) El espacio que ocupa la plazoleta frente a la Iglesia de la Merced. b) El convento e iglesia de la Merced, y las obras de arte que contiene. c) Los edificios que hacen frente a la plazoleta de la Merced, marcados con los nmeros 759 y 801 de la calle de Cuba, las casas marcadas con el nmero 120 de la calle de la Merced; con los nmeros 760, 758, 756, 820, 822, 824 y 854 de la calle de Cuba; con los nmeros 153, 159, 163, 114 y 112 de la calle de la Merced; con los nmeros 62, 64, 66, 68, 63, 65, 103, 105, 107, 109 y 111 de la calle de Jess Mara; con los nmeros 765, 810, 812, 853, 855, 912, 910 y 909 de la calle de Damas; y con los nmeros 57 y 59 de la calle de San Isidro, no podrn ser demolidos o reconstruidos sin conservar las servidumbres estticas de estilo arquitectnico imperante en las edificaciones de esa zona. 8. a) El espacio ocupado por la plazoleta del Espritu Santo, frente a la iglesia de su nombre. b) La iglesia del Espritu Santo, y las obras de arte que contiene. c) La casa marcada con el nmero 705, con portal frente a a plazoleta y la marcada con el 703 que forman el frente principal de la plazoleta, ambas situadas en la calle de Cuba.

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9. E1 antiguo convento de Santa Clara, donde hoy se encuentran instaladas dependencias del Ministerio de Obras Pblicas, con sus patios interiores y las construcciones en ellos existentes, la torre y los artesonados de la nave principal de la iglesia y del coro. Asimismo, fue declarada, adems, y con carcter oficia l, zona de excepcional valor histrico y artstico toda la parte de la Ciudad comprendida entre el mar y las antiguas murallas, es decir la que popularmente se conoce por La Habana Vieja, especificndose lo que sigue: Esta zona se considera dividida en dos secciones: la primera, o Zona A abarcar la parte de la ciudad comprendida entre la calle Cuba en toda su prolongacin y el mar. La otra seccin, o Zona B, abarcar la parte de la ciudad comprendida entre la calle Cuba desde sus extremos hasta el lmite exterior que formaron las antiguas murallas. La primera seccin, o Zona A, es la ms rica en reliquias y monumentos, pues ella comprende: el antiguo paseo de la Alameda de Paula y las antesalas de la ciudad viniendo por mar que son: la Plazoleta de Luz, la Plaza de San Francisco y la Plaza de Armas, estos conjuntos y la nueva Avenida del Puerto forman la fachada principal de toda esta parte antigua de la urbe. Se completa esta Zona con la Plaza de la Catedral, la llamada Plaza Vieja y las Plazoletas junto a las iglesias de San Francisco, Santa Clara, Espritu Santo, la Merced y la Iglesia de Paula. La segunda seccin o Zona B, comprende desde la calle Cuba hasta el lmite ya citado que abarcaron las murallas; menos rica en monumentos histricos y artsticos contiene la plaza parque de San Juan de Dios; la Plaza del Cristo, junto a la Iglesia del Santo Cristo del Humilladero; y la plaza de las Ursulinas, donde estuvo el colegio y convento de las monjas; ms la plazoleta del Angel, junto a la Iglesia de su nombre; la plazoleta junto a la Iglesia que se llam de Santa Teresa; la plazoleta de Beln; y la plazoleta hoy modernizada, junto a los solares que ocup la Iglesia y Convento de Santa Catalina.

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36 PLAZAS DE LA HABANA ANTIGUA Muy acertada es la relacin y breve descripcin que hizo hace aos el arquitecto cubano Abel Fernndez y Simn, y que a continuacin reproducimos, por considerar que no es posible hacerla en mejores trminos: Ya desde mediados del siglo XVI contaba la villa de La Habana, humilde casero formado por bohos con techos de paja y de guano, habitados por escaso vecindario, con tres plazas pblicas que estaban convenientemente situadas en la ribera del puerto, las que eran enlazadas por las cuatro calles reales —de las Redes, de la Concepcin, Calle Real y del Sumidero, hoy Inquisidor, Oficios, Muralla y O’Reilly, respectivamente. Dichas plazas eran las siguientes: 1.—La primitiva plaza, llamada Plaza de la Iglesia, que ms tarde pas a ser la llamada Plaza de Armas. 2.—La Plaza de San Francisco, situada frente al Convento del mismo nombre. 3.—La Plaza Nueva, llamada despus la Plaza Vieja, cuyo nombre an conserva. Muchos aos despus se construyeron la Plaza de la Catedral, de gran belleza arquitectnica y valor histrico; la Plaza de las Ursulinas, qu fue un ensanche d la plazuela de la Puerta de Tierra al ser prolongada la alineacin oriental de la calle de Bernaza hasta la calle de Sol, y la Plaza de Bayona, que estuvo situada entre las calles de Picota,, Compostela, Merced y Paula, nico lugar yermo, que exista en los Intramuros en el ao 1740, al terminarse las Murallas del Recinto, lugar que fue subdividido y edificado, formndose cuatro pequeas manzanas, tal como hoy se encuentra. Dentro del recinto amurallado existan, a mediados del siglo pasado, hasta unas catorce plazuelas y compases, los que fueron construidos frente a los diferentes templos y junto las Puertas de las Murallas de mar y de tierra. Algunas de estas plazuelas, las ms espaciosas por cierto, como la de Beln y la de Santa Clara, fueron formadas retirando la alineacin de las aceras opuestas a los edificios de los templos, obteniendo as un buen espacio para el trnsito de los carruajes. En otros casos, como sucedi con las plazuelas de Santa Catalina, Santo Domingo y Santo Cristo, los espacios para las plazuelas se obtuvieron retirando las alineaciones de los edificios de los propios templos.

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Las referidas plazuelas (la del Espritu Santo es la ms antigua) eran, en general, de muy reducidas dimensiones, ya que su utilidad se limitaba a ofrecer un circunstancial estacionamiento a los vehculos que se detenan por un instante en las puertas de las iglesias para desembarcar los fieles que a las mismas acudan. Alrededor de algunas de estas plazuelas, tales como las del Santo Cristo, las Ursulinas y Beln, se construyeron casonas coloniales de portales bien proporcionados de altos puntales, los que completando la recia arquitectura de dichos edificios han prestado gracia y nobleza a estos tpicos lugares, que, indudablemente, constituyen amables rincones de la vieja ciudad, los que deben ser conservados a toda costa. En las Murallas del Recinto existan tambin algunas plazuelas, tales como las llamadas Puerta de Tierra y Puerta de Monserrate, en la parte del campo, y la llamada de Luz, en la parte del mar, o sea en el propio puerto. Antigua Plaza de la Iglesia, Despus Plaza de Armas, Hoy Plaza de Armas Carlos Manuel de Cspedes. Ya hemos dicho que el centro de la primitiva villa era la plaza, donde se levantaban las modestas moradas de sus principales vecinos, hombres inteligentes y trabajadores y no menos testarudos y soberbios. Dos acuerdos tomados por el Cabildo el 25 de febrero y 3 de marzo de 1559 nos permiten localizar el emplazamiento de esta primitiva plaza en el lugar que hoy ocupa el castillo de La Fuerza. En efecto, en la primera de dichas fechas se provey por el Ayuntamiento. que el seor Gobernador y regidores vean el sitio donde se ha de dejar plaza en el lugar conveniente atento que no se pueden servir de la plaza que en el pueblo haba a causa de la fortaleza. Y en 3 de marzo se seal dicha nueva plaza de la villa, pues que la fortaleza que se hace ocupa la que de antes haba, e para ello digeron que sea la plaza de cuatro solares tanto en ancho como en largo en que estn los bujos de Alonso Yndio la calle en medio e qued que hoy la estacacen para que ninguno se meta en ella a hacer casa e que lo seale el Seor teniente Juan de Rojas Antonio de la Torre todos los dems Justicia regidores hoy dicho da. De esta segunda plaza, que ya era llamada Plaza de la Iglesia, se dice en cabildo de 13 de septiembre, presidido por el gobernador Francisco de Carreo: que al presente paresce quel pueblo se va estendiendo hacia la fortaleza vieja, e que la plaza questa junto a la iglesia, hazia la fortaleza, con las casas que se han de derribar por razn de la dicha fortaleza, ser muy bastante plaza para esta villa, aunque tenga muchos vecinos ms; e les parece que todos los solares que cupieran en la dicha plaza, dejando sus calles formadas en ella se den a censo perpetuo para propios desta villa. Ms tarde, el gobernador Gabriel de Lujan tuvo graves diferencias con el alcaide de La Fuerza, capitn Diego Fernndez de Quiones, que haba sido nombrado para ese cargo por el Rey en 1581; ambos pugnaban por la supremaca en el mando de la guarnicin de la fortaleza, que ya contaba con 200 hombres en armas. Esta lucha produjo, entre otros resultados el de que el Alcaide ocupara la Plaza de la Iglesia con el fin de utilizarla para los ejercicios militares de la tropa, y de aqu que cambiara su nombre por el de Plaza de Armas. El Concejo, por su parte, resolvi sealar un nuevo lugar apropiado para piaza,— que sirviera de recreo y comercio a la villa, en cabildo de 22 de noviembre de 1584, y trat de la adquisicin de un terreno propiedad de Alonso Surez de Toledo; en el acta de dicho cabildo se deca: e porque esta villa no tiene plaza, porque la que tena la ha tomado e desecho el Alcaide Diego Fernndez de Quiones diciendo que la quiere para plaza de armas con la fuerza que tiene de gente ha defendido defiende la ejecucin de la real justicia ... La compra no lleg a realizarse, como casi siempre suceda en los asuntos del cabildo habanero, por escasez de numerario por parte de los presuntos compradores, que no queran pagar lo que el propietario peda. As pues, la plaza sigui siendo Plaza de Armas; pero al correr del tiempo, se construyeron nuevas fortalezas, con amplios campos militares adyacentes, y entonces el vecindario pudo volver a disfrutar de aquel lugar, al que, de aquel destino a que lo haba forzado el belicoso Quiones, no le qued, y por lo visto para siempre, ms que el nombre. La necesidad de instalar la Casa del Gobernador y la de los Capitulares en edificios adecuado y la concesin que por Real Cdula de 1772 hizo el Soberano de la iglesia del colegio de la Compaa de

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Jess para Parroquial Mayor, provoc el arreglo, ampliacin y mejoramiento de la que hasta entonces slo tena de plaza el nombre., A este empeo se consagr el gobernador y capitn general Felipe Fondesviela, marqus de la Torre, segn proyecto aprobado por el Rey en 1774. Posteriormente los gobernadores marqus de Someruelos, Juan Ruz de Apodaca y Francisco Dionisio Vives realizaron diversas obras de embellecimiento de la plaza, dotndola de fuentes, arbolado y canteros floridos. Cronistas, historiadores y viajeros reconocen unnimemente la importancia extraordinaria que como lugar de esparcimiento tuvo en los tiempos coloniales la Plaza de Armas y, desde luego, su parque, y Durante muchos aos se celebraron retretas nocturnas, a las que asista, desde el balcn de Palacio, el Capitn General, y por sus calles circundantes discurra, en sus carruajes, la aristocracia femenina habanera, y los caballeros paseaban por el parque o permanecan sentados en los bancos o las sillas de alquiler que all existan. Ildefonso Vivanco, en el Paseo Pintoresco por la Isla de Cuba, publicado precisamente en 1841, da una entusiasta descripcin de la plaza en las noches de retretas, cuando, dice: La encantadora msica tan amada de los hijos de la zona trrida lleva a la Plaza de Armas una linda y elegante concurrencia que entre el susurro de la brisa en los rboles y las flores, el murmullo de las fuentes y los sones de la msica, discurre dulce y apaciblemente por sus calles, departiendo, bien de amor, bien de empresas mercantiles. Destaca, adems, la gran animacin de las dos principales retretas que se efectuaban durante el ao: las del Jueves y Viernes Santo. Y un ao antes, la Condesa de Merlin, en su Viaje a La Habana, dice, hablando de los conciertos de msica militar que se daban en la Plaza: Hermosos rboles, una fuente de saltadores, y los palacios del Gobernador y del Intendente circundan este grande espacio, haciendo de l un paseo encantador y enteramente aristocrtico. Las reuniones pblicas tienen aqu un aspecto de buen gusto exclusivo del pas; nada de chaqueta ni de gorra; nadie viste mal; los hombres van de frac, con corbata, chaleco y pantalones blancos; las mujeres con traje de linn o de muselina: estos vestidos blancos que respiran coquetera y elegancia, armonizan perfectamente con las bellezas del clima, y dan a estas reuniones el carcter de una fiesta. En los ltimos aos de la dominacin espaola, la Plaza de Armas y su parque fueron vctimas de lamentable abandono. Ni all se celebraban las retretas de antao, ni los habaneros lo frecuentaban como lugar preferido de esparcimiento. La ocupacin militar norteamericana y la Repblica quitaron por completo a aquel parque toda su caracterstica de bello rincn colonial, hasta que en 1935, durante la administracin del alcalde doctor Guillermo Belt y Ramrez, se realizaron en el parque de dicha plaza atinadas obras de restauracin y embellecimiento, segn los grabados de la poca, presentndonos hoy la Plaza de Armas un aspecto muy semejante al que tena en 1841. En 1955, fue desalojada del lugar que injustamente haba ocupado en el centro de la plaza durante largos aos la estatua de Fernando VII, el ms odioso y odiado de los monarcas espaoles, y se erigi en el mismo sitio, la de Carlos Manuel de Cspedes,.el Padre de la Patria, cuyo nombre glorioso llevaba la vieja Plaza de Armas, desde 1923, por acuerdo del Ayuntamiento, debido a iniciativa de la meritsima revista Cuba Contempornea. Plaza de San Francisco La segunda plaza habanera, por orden de antigedad, es la que se llama de San Francisco, si bien en sus comienzos no pudo llevar ese nombre, porque sabemos que exista desde antes de 1559, y, en cambio fue de 1574 a 1591 cuando junto a ella se edific el convento de franciscanos, tan a la orilla del mar — (dice un escritor antiguo— qu sus cimientos le han quitado algo de jurisdiccin a las olas. Segn el plano del ingeniero Cristbal de Roda, que aparece en el primer tomo de la presente obra, y que fue trazado en 1603, la llamada Plaza de San Francisco era simplemente una angosta faja de terreno situada entre la calle de los Oficios y la Marina, a-‘modo de playa, faja que se extenda entre el atrio de la iglesia y la calle de la Lamparilla. Fue, en los comienzos de la vida habanera, el mercado pblico hasta que ste se traslad, por peticin de los frailes franciscanos, a la plaza que entonces llamaron Nueva, y que nosotros conocemos precisamente por lo contrario: la actual Plaza Vieja. En el frente del Norte de esta plaza se levantaba una amplia casa de gran valor histrico, la de Arstegui, donde residieron los capitanes generales de la Isla desde 1763 hasta 1794 cuando se termin la Casa de Gobierno, actual Palacio Municipal. Esta plaza, de la que dice el historiador Jacobo de la Pezuela que no tiene un solo lado que sea regulan, era durante la Colonia el centro de la zona comercial y de toda clase de transacciones; lugar de espera, carga y descarga de los carretones que acudan al muelle y a los almacenes que rodean aquel lugar; depsito de mercancas y frutos, a pesar de haberse trasladado de all el verdadero mercado. Todo era all, en los das laborables, ruido, movimiento, vida; ir y venir de blancos y de esclavos negros, carretas, carretones, quitrines, carretillas. Por ella desembarcaban tambin los inmigrantes que venan

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de la Pennsula a hacer dinero en Amrica... o a mori r de fiebre amarilla, sin ha ber logrado sus ansias de riqueza. En 1836 fue erigida, en el centro de la plaza, por el Conde de Villanueva, ‘una muy bella y artstica fuente llamada de Los Leones, obra del afamado escultor italiano Gaggini, autor de la estatua de la India o de la Noble Habana; esta fuente fue trasladada, en 1844, a la entonces llamada Alameda de Isabel II, por temor a que fuese destruida por algn accidente, dado el intenso trfico que se desarrollaba en aquel lugar. Hasta el ao 1963 estuvo instalada en el Parque de la Fraternidad siendo trasladada recientemente a su lugar de origen en la Plaza de San Francisco. Segn Pezuela, en 1843 aproximadamente, el cuerpo de ingenieros fabric casi al centro de la plaza un edificio militar, cuadrado y de buena arquitectura, de piedra y mampostera, donde qued establecida desde entonces la guardia principal de la plaza, por lo que se llama vulgarmente el Principal. Este edificio fue demolido posteriormente, al construirse nuevos muelles y el edificio de la Aduana de La Habana en las cercanas de la plaza. Durante largos aos del perodo colonial, esta plaza serva de escenario a las ferias de San Francisco, que comenzaban el tres de octubre y proporcionaban por varios das esparcimientos ms o menos lcitos a pobres y ricos, y durante los cuales imperaba, por encima de todo y en todas sus manifestaciones, variedad y clases, el juego:’ en la plaza misma, en multitud de mesitas se jugaba a la lotera de barajas, al gallo indio y el negro, la perinola y los dados; y en el caf del Len de Oro, y en otras casas de los alrededores, hacan su agosto en numerosas bancas, a costa de la clase distinguida y culta, multitud de astutos talladores, habindose establecido en aquel caf, parece que por primera vez en Cuba, la ruleta. En un momento anterior de la vida colonial, esta plaza recibi, pero muy fugazmente, el nombre del tirano” Fernando VII, uno de los ms execrables, si no el ms, en la serie de los monarcas espaoles. Mucho ms tarde, ya avanzada la era republicana, en 1947, el entonces alcalde de La Habana, Nicols Castellanos, dio cumplimiento, y an dej memoria, por medio de una tarja al efecto, del acuerdo del Ayuntamiento por el cual se le cambiaba el nombre a esta antiqusima plaza A por el de Plaza de Key West (¡ni siquiera de Cayo Hueso, como siempre han dicho todos los cubanos!), en recuerdo a la labor revolucionaria de los cubanos emigrados y residentes en aquella ciudad floridana, antes y durante la Guerra de 1895. Pero el pueblo creemos que ni se enter del pretendido cambio. Y la plaza tan saturada de viejsimas memorias histricas, ha seguido siendo siempre la Plaza de San Francisco,. Plaza Vieja.

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Esta plaza fue, en su principio, llamada Plaza Nueva porque, segn el historiador Arrate, se form en 1559,,} cuando ya existan las dos que acabamos de citar; si bien el tambin historiador Prez Beato, dice que solamente se le deca Nueva con relacin a la Vieja, que era la de la Iglesia, pues, segn l, la de San Francisco an no exista; lo que acaso se basara en el hecho de que, como ya hemos apuntado, esta ltima, en sus comienzos, era apenas algo ms que una muy delgada faja de tierra sin edificios fabricados. La Plaza Vieja ocupa el cuadriltero formado entre las calles de San Ignacio a Mercaderes y de Teniente Rey a Muralla, que en la poca de la creacin de aqulla, llevaban casi todas, como ya hemos dicho, otros nombres. Esta plaza, a lo largo de su muy dilatada existencia, tuvo diversos nombres que pasamos a enumerar: Plaza Nueva, Plaza Real, Plaza Mayor, Plaza de Roque Gil (a principios del siglo XVII), Plaza del Mercado, Plaza de la Verdura, Plaza de Fernando Vil, Plaza de la Constitucin, Plaza de Cristina, Plaza de la Concordia, Plaza Vieja y Parque de Juan Bruno Zayas. Los diferentes nombres de esta plaza se han debido, en varios casos, a los vaivenes polticos. Por ejemplo, en las Actas del Ayuntamiento de La Habana consta que en la sesin de 13 de noviembre de 1812 se acord que fuera llamada Plaza de la Constitucin, y que se colocara al efecto una lpida en uno de sus costados. Pronto, desgraciadamente, hubo de suceder a este nombre, entonces glorioso, el odioso de Plaza de Fernando Vil, al entronizarse la reaccin terrible que conden a muerte al esclarecido cubano Flix Vrela y a tantos otros polticos de ideas ms o menos liberales. Pero, en el poco tiempo—y aunque tambin por breve plazo— volvi a ser Plaza de la Constitucin, con nueva lpida conmemorativa, puesto que en 1942 se propuso esta plaza como el lugar ms adecuado para levantar un monumento a los masones cados en las luchas por la independencia de Cuba, debido a haber sido el primer sitio en que, en 1820, los miembros de la Masonera salieron en procesin, adornados con todos sus atributos, a proclamar pblicamente su adhesin a los principios de constitucionalidad y libertad. Mas, triunfando de nuevo el oscurantismo, vemos que en esta plaza, donde desde remotos tiempos haba existido la venta pblica de artculos alimenticios, se erigi, en 1835, por instrucciones del desptico general Tacn —uno de los ms feroces representantes de la represin colonial—, un edificio cuadrangular de mampostera, en el que habra de funcionar el que fue oficialmente llamado Mercado de Cristina, en homenaje a la entonces reina de Espaa, smbolo de la reaccin fernandina. “”””Vinieron luego tiempos ms bonancibles, y la antigua plaza —que de Nueva haba pasado a ser llamada Vieja al establecerse, no a mucha distancia, la que se nombr Plaza Nueva del Cristo, que tambin sirvi como mercado extraoficial desde mucho antes de crearse el de Cristina— pas a ser, con ms hipocresa o floja buena voluntad que realismo, Plaza de la Concordia. Entrada la Repblica, en 1908 el Ayuntamiento de La Habana acord convertir la plaza en parque y darle el nombre ilustre de un combatiente mrtir de la Guerra de 1895: el general habanero Juan Bruno Zayas. Pero, tambin en este caso el buen deseo se estrell contra la realidad. El parque nunca se construy, y la plaza ha seguido siendo hasta nuestros das la Plaza Vieja. El gran novelista y costumbrista cubano Cirilo Villaverde nos ha dejado una vivida descripcin del viejo Mercado de Cristina, de la que extractamos algunas frases rebosantes de colorido: Era —dice— un hervidero de animales y cosas diversas, de gente de todas condiciones y colores, en que prevaleca el negro; recinto harto estrecho, desaseado, hmedo y sombro... En el centro se hallaba una fuente de piedra, compuesta de un tazn y cuatro delfines que vertan con intermitancia chorros de agua turbia y gruesa, que sin embargo recogan afanosos los aguadores negros en barriles, para venderla por la ciudad a razn de medio real plata cada uno. De este centro partan radios o senderos, nada rectos por cierto, en varias direcciones marcadas por los puestos de los placeros, al ras del piso, en apariencia sin orden ni clasificacin, pues al lado de uno donde se vendan verduras y hortalizas, haba otro de aves vivas, o de frutas, o de caza, o de races comestibles, o de pjaros de jaula, o de legumbres, o de pescado de ro y mar todava en el cesto o en la nasa del pescador.... y todo respirando humedad, sembrado de hojas, cscaras de frutas, y de maz verde, plumas y barro, sin un cobertizo, ni un toldo, ni una cara decente: campesinos y negros, mal vestidos unos, casi desnudos otros; vahoradas de varios olores por todas partes; un guirigay chilln y desapacible, y encima el cielo siempre azul. La Plaza Vieja ha conservado en gran parte su aspecto tpicamente colonial, debido a las antiguas y espaciosas casas que la cercan, de las que dijo el propio Villaverde, quizs las ms alterosa de la poblacin, todas o la mayor parte de dos cuerpos, el bajo con anchos portales de alto puntal, que sostenan balcones corridos de madera, y tambin o posteriormente, espaciosas galeras cerradas de persianas sobre las que lucan los tpicos arcos de cristales llamados mediopuntos; estas eran las mansiones seoriales de la vieja aristocracia habanera, entre las cuales se destacan, por su valor histrico, la de la esquina de San Ignacio y Muralla,

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casa solariega de los Condes de Jaruco, donde naci la que haba de ser famosa escritora, la cubana Condesa de Merln, y la de San Ignacio y Teniente Rey, que alberg a la primera Sociedad Filarmnica habanera, en el primer tercio del siglo XIX. Constituye la plaza uno de los rincones ms atractivos de la Habana Vieja, si bien su conjunto queda un tanto afeado por el edificio moderno, de varios pisos, erigido en la esquina de Mercaderes y Teniente Rey, que en otros aos alberg sucesivamente a Correos y Telgrafos y al Ministerio de Comercio; y porque, adems, si no la historia, la esttica ha estado sufriendo con la pobreza y sequedad del pretenso parque, superpuesto a un parqueo subterrneo, que ocupa el centro. ltimamente esta plaza ha recibido el nombre del heroico mrtir de la tirana franquista Julin Grimau, asesinado en 1963 en Madrid, y se la ha dotado de arbolado y de un pequeo anfiteatro para representaciones artsticas. Plaza del Cristo. Esta plaza fue formada por acuerdo del Cabildo habanero de 3 de marzo de 1640, sealndose en la sesin del 13 de dicho mes y ao la disposicin que debera tener, al costado de la iglesia del Santo Cristo, hasta la actual calle de Teniente Rey, y desde la de Villegas a la de Bernaza. Ya sabemos que se la llam Nueva, por contraposicin a la que desde entonces fue Plaza Vieja. Desde 1814, por lo menos, funcion en ella extraoficialmente un mercado, y, tambin en 1836, el general Tacn orden que se llamara Mercado del Cristo al conjunto de casillas de mampostera que erigi en el lugar. Cuenta Federico Villoch que a esta plaza se la llamaba el Mercado de las Lavanderas, por ser all donde se reunan las negras viejas que entonces, en su inmensa mayora, se dedicaban al oficio, y casi todas, si no todas, hablaban el lenguaje africano llamado de nacin. Todas llegaban a la Plaza a las primeras horas de la maana, en animados grupos, y oan misa de siete, ‘de la iglesia que da nombre a aqulla, y cuyas sonoras campanadas les sealaban la hora de ir entrando en el templo. Las casas ricas o pudientes enviaban all sus criados en busca de una buena lavandera: entonces se lavaba la ropa sucia en casa y se tenda en la azotea. Entre los edificios que rodean esta plaza —de las pocas de la Habana antigua que desde hace largusimo tiempo cuenta con arbolado—, el ms notable es la casona situada en la esquina de Teniente Rey y Bernaza, que fue, hasta mediados del siglo XVII, el Palacio Episcopal de La Habana. En 1865 se form en esta plaza un pequeo parque, al que se le dio el nombre de Michelena, por entonces gobernador civil de La Habana, Jos Mara Michelena? pero el nombre no ha perdurado, pues nunca lleg a popularizarse, como sucede con todos los nuevos que se aplican a lugares antiguos que el pueblo se ha acostumbrado, a travs de los siglos, a denominar de un cierto modo. Actualmente en la Plaza del Cristo existe un pequeo monumento a la memoria del infortunado poeta cubano Plcido. Plaza de la Catedral, Antes Plaza de la Cinaga. Este lugar, hoy, sin duda, uno de los ms bellos, si no el ms bello de La Habana colonial, era, en su principio, una malsana cinaga, por lo que su primitivo nombre fue, efectivamente, Plaza de la Cinaga.En aquel terreno anegadizo fabric el gobernador Gabriel de Lujan, hacia 1587, un amplio algibe o cisterna que se alimentaba de unos manantiales que brotaban en ese sitio, y cuyo abundante caudal de agua fue aprovechado mucho despus, ya en el siglo XIX, para surtir unos baos, llamados de la Catedral, que existieron en la esquina del callejn del Chorro. Segn Pezuela, en su obra varias veces citada, Diccionario Geogrfico, etc., esta plaza es otro cuadrilongo, ms caracterizado, aunque de menor extensin que la Plaza de Armas, porque mide cien varas de largo de N. a S., y 80 de E. a O. Es singular, tanto por su forma como por las fachadas de los edificios de sus lados, especialmente el de la Catedral, que ocupa toda la del N. En esta plaza desembocan las calles de San Ignacio y de Empedrado; y tambin un callejn, el del Chorro, donde an se conserva la lpida conmemorativa de la prolongacin de la Zanja hasta aquel lugar, en 1597, si bien ha desaparecido el boquern, dcese que de tamao como de una vara en cuadro, por donde se verta el agua. En los primeros aos de existencia de la Villa era este terreno tan sumamente anegadizo que en acta del Cabildo de 23 de agosto de 1577 se dice que la cinaga que pasa por medio desta villa, que va a desaguar al puerto, por estar mucha parte del pueblo de la otra vanda della, hazia la fortaleza vieja, y por no aver puente por donde pasen, quando

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hay muchas aguas no pueden pasar muchas mugeres e gentes que biven de la otra parte no pueden venir a misa, e que es necesario que se haga una puente de madera por donde pasen. E visto por los dichos seores en cabilde acordaron... en quanto a lo de la puente de la cinaga, que se notifique a los vecinos que biven de la otra parte de la cinaga hazia la fortalefea vieja, que vean los jornales que podrn dar para hazer la puente como conbiene. Esta cinaga, en efecto, era tan grande, que en 1587 dice el gobernador Gabriel de Lujan: En medio de este pueblo ay una cinaga y laguna que se avan de rodear tres calles para poder pasar; y la aprovech para hacer aquel gran estanque a que ya nos henos referido que siempre tiene cerca de dos baras de agua de que hacen las galeras aguada, y se provee todo el lugar y se podrn proveer todas las flotas. Pero a la vez manifiesta haber ido reparando y animando a los vecinos para que edifiquen, y an hecho algunas casas buenas y cada da las van haziendo, con que este lugar se va ennobleciendo. En efecto: con el correr del tiempo, secbanse poco a poco las tierras y se construan casas, hasta el punto de que ya en actas de 1623 se hablaba de la plazuela de la cinaga, y en 1625 se prohiban las mercedes de solares en algunos lugares centrales de ella, para que agora y para todo tiempo sirba de plaza y adorno de aquel barrio, y no se labre ni conceda para edificio a ninguna persona. Pero, en 1636, uno de los solicitantes de terrenos se expresaba en trminos muy enrgicos sobre las verdaderas condiciones de la plazuela: que llaman la Plazuela de la Cinaga, respecto de ser anegadiza. La qual no sirve de otra cosa que de muladar y basurero que con el agua que en ella se recoge se pudre e ynficiona la ciudad, criando cangrejeras, dems de que el agua de la xanja que por ella passa no viene a ser de ms consideracin que desage a la mar de algunas zanjas de la Chorrera, porque donde se coge el agua que vebe la vecindad es donde llaman la Madre del agua. E porque es cosa de mucha fealdad a una ciudad que se va ilustrando y hermoseando de edificios que la dicha plasuela este disierta sin que sirva de otra cosa ms que de causar los perjuicios que tengo referidos y de criar un yervazal continuo. As pues, ya entrado en segundo tercio del siglo XVII era la Plazuela de la Cinaga lugar muy poco estimado por los habitantes de la ciudad de San Cristbal. Pero la situacin haba variado notablemente un siglo despus. Amaban y defendan entonces esta Plaza de la Cinaga los habaneros, y les era sumamente til, segn se desprende del informe que present el Procurador General de la Ciudad, Luis Gonzlez de Carvajal, en cabildo de 24 de octubre de 1704, oponindose a la peticin de los padres jesutas para construir iglesia en ese lugar. : Afirmaba el Procurador que en las dos terceras partes de la Ciudad no haba otra plaza donde hallar esparcimiento los vecinos —recordemos que la principal haba sido enajenada al pueblo por el ejrcito, para utilizarla exclusivamente como Plaza de Armas—; que

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serva para fiestas y ensayos dellas, para actos festivos y militares; y que hasta poda utilizarse como mercado, ya que la que especficamente se destinaba a ello estaba muy remota y distante; adems, segn el Procurador, era el general desage de las lluvias, y, por tener La Habana muy pocas marinas, la Plaza de la Cinaga prestaba, o poda prestar, gran servicio a las armadas para coser velas, torcer jarcia, tener la pipera de sus aguadas, etc. Por ltimo, en Real Clula de 20 de diciembre de 1632, el Rey, manifestando que, en vista de que en la Ciudad est una placeta que llaman de la Sinaga, que algunos vecinos siendo de particulares la compraron para que sirviesse de Plaza, y no se labrase en ella ningn edificio por ser necesaria para el bien comn, y particularmente para la aguada que se hase de las armadas y flotas, y que habiendo intentado algunos vecinos pedir el dicho sitio y plaseta para fabricar en ella, se han ofrecido sobre ello pleitos, y para que estos se excusen, ordenaba que no se venda ni se enagene por va de merced, sino que se conserve para el comn de ella en la antigua posesin en que estaba. Mas, sin embargo, se levant un plano de la plazuela, y se concedieron en merced algunos terrenos aledaos que no perjudicaban a su trazado. De aqu, al cabo, provino, la mayor belleza y esplendor de la en un tiempo tan despreciada plazuela que —segn tambin dice un acta de 1636— les resultaba a los vecinos muy a propsito para sustentar los ganados que se traen para el matadero desta villa. Porque, interesadsimo el venerable prelado habanero Don Diego Evelino de Compostela en establecer —entre las numerosas fundaciones religiosas que realiz— una mi sin y colegio de padres jesutas, adquiri en 1700, por 10,000 pesos, a la orilla del mar, en lo que se llam la Cinaga, porque en tal lo convertan las aguas al invadirlo, un terreno donde slo se levantaban algunas chozas de pescadores ... y all ... fabric a San Ignacio de Loyola una humilde ermita de horcones y techo de guano u hojas de palma. Los jesutas, casi enseguida, despus de la muerte de su protector el obispo de Compostela, quisieron convertir la pobre ermita en amplia iglesia, convento y colegio. El Procurador de la Ciudad continu oponindose enrgicamente a toda nueva fabricacin en la Plaza, agregando a los argumentos expuestos en ocasiones anteriores la razn, muy convincente para l, de que, por su situacin, aqulla resultara convenientsima, e incluso necesaria —en lo que no andaba muy errado, por cierto— para la defensa militar de la Ciudad. Pero, al fin, ganaron los jesutas la partida, y por Real Cdula de 19 de diciembre de 1721 se les concedi el ansiado permiso, aunque sin especificar lugar, lo que al cabo se logr mediante otra Real Cdula de 5 de abril de 1727, y en i-1748 se puso la primera piedra del oratorio de los hijos de San Ignacio, ponindolo bajo la advocacin de Nuestra Seora de Loreto, y nombrndolo Santa Casa Lauretana. En 1767, ya terminado el colegio y an no concluida la iglesia, fueron expulsados los jesutas de Espaa y sus posesiones, por Real Decreto del rey Carlos III; pero a la construccin elevada en la Plaza de la Cinaga le esperaba un destino mucho ms brillante: en 1772, en vista del estado de ruina y peligrosidad del primitivo edificio de la antigua Parroquial Mayor, frente a la Plaza de Armas, se acord trasladarla provisionalmente, al Oratorio de San Felipe de Neri, y en 9 de diciembre de 1777 se traslad solemnemente a la iglesia de los jesutas. Pero hubo mucho ms: al ser dividida la Isla en dos dicesis, siendo la segunda la de La Habana, y nombrndose obispo de ella a Don Jos de Trespalacios, ste realiz con sus rentas y con las de su prelacia la transforma cin y reconstruccin del oratorio de San Ignacio en Catedral dedicada a la Santsima Concepcin, hasta dejarla terminada. Por otra parte, el colegio establecido por los jesutas fue ampliado, mejorado y convertido en el que habra de ser famoso Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Cambi entonces por completo, no slo el aspecto, sino tambin el carcter de la Plaza. Se olvid su antiguo nombre, un tanto despectivo, para conocerla slo con el de Plaza de la Catedral. Ya exista all alguna que otra casona de buen estilo, edificada por aquellos vecinos que primeramente se haban interesado por construir en torno de ella; pero entonces, ya todas, en torno suyo, fueron mansiones seoriales, de personajes que ostentaban ttulos nobiliarios de Castilla; y el antiguo desaguadero, medio mercado y medio corral de ganados, y sitio de reunin de pescadores, se convirti en uno de los sitios ms elegantes de la Habana escenario de brillantes fiestas y ceremonias religiosas, que le disputaba a la Plaza de Armas el primer lugar en la vida social de la Ciudad. Ms tarde, con el crecimiento de La Habana, la actividad se fue desplazando, extendindose a un radio mucho ms amplio, y la Plaza de la Catedral, aunque conservando su prestigio, perdi auge y animacin, llegando hasta ser vctima del descuido que por largo tiempo sufrieron nuestras piedras viejas. Pero felizmente, en 1934-35 la entonces Secretara de Obras Pblicas decidi emprender la restauracin de la antigua plaza, encomendndola a un muy distinguido, arquitecto y entusiasta urbanista cubano, Luis Bay Sevilla, quien realiz all una labor verdaderamente encomiable, devolviendo a la Plaza de la Catedral la prestancia de su aristocrtico tipicismo: los que llamamos Palacios de la familia de

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Lombillo, del Marqus de Arcos, de los Condes de Pealver, de los Condes de Casa Bayona, parecieron volver a la vida. Aunque, por desgracia todava afea un tanto sus perspectivas un edificio moderno, de varios pisos y sin estilo, que el propio Arzobispado hizo construir a un costado de la Catedral, y que fue imposible echar abajo. Falleci unos aos despus el arquitecto Bay Sevilla, y por iniciativa del Colegio de Arquitectos de La Habana, fu colocada, sobre una ^pared exterior del Palacio del Marqus de Arcos, una lpida, en merecidsimo homenaje al restaurador de la Plaza de la Catedral. Pero el-mejor recuerdo es su obra misma, de inteligente y fervoroso amor a uno de los ms bellos lugares de nuestra ciudad, que, gracias a l, perdurar para las futuras generaciones. En 1950, al terminarse las obras de renovacin de la Catedral, stas aadieron tambin a la Plaza algo ms de belleza y seoro. Otras Plazas de la poca Colonial. Ya se han mencionado, al comienzo de este captulo, las restantes plazas de La Habana antigua. Slo nos queda mencionar la Plaza de San Juan de Dios, que ocupa el cuadriltero comprendido entre las calles de Aguiar, Habana, Empedrado y San Juan de Dios o Progreso, en el lugar donde antiguamente se levantaba el Hospital de San Juan de Dios, el primero que mereci —aunque muy imperfectamente, por supuesto, llevar este nombre en la Ciudad; en tiempos republicanos se ha erigido all la estatua de don Miguel de Cervantes Saavedra; y, aunque pretendi drsele este nombre, y anteriormente se le dio, de modo oficial, el del patriota, mayor general del Ejrcito Libertador, Emilio Nez, el pueblo nunca le ha llamado sino -Parque de San Juan de Dios. Asimismo existi en tiempos coloniales, y existe todava, la Plazuela de Luz, frente a donde por mucho tiempo existi el muelle del mismo nombre, y que no tiene nada de notable, salvo alguna que otra casona ms o menos seorial y ms o menos mal conservada, a no ser, precisamente, que aquel nombre lo debe a una de ellas que ha entrado en nuestra historiarla casa solariega de la familia De la Luz, que, despus de haber producido algunos individuos distinguidos, dio de su seno a uno de los hijos ms ilustres de La Habana, y de Cuba, don Jos de la Luz y Caballero. Tambin queremos agregar aqu, como dato curioso, que fue precisamente en el lugar que luego se llamara Plazuela de las Ursulinas cuando all se elevara el convento de las monjas de esta orden, pero que entonces era slo un amplio espacio abierto, sin gran extensin, junto a la Muralla, fue donde se efectuaron por largo tiempo las ejecuciones de justicia, hasta que en 1810 se dispuso que se realizaran frente al Castillo de la Punta; y en 1830 se prohibi el oprobioso espectculo de los ajusticiamientos en pblico Pero, muy poco despus, el encarnizamiento contra los partidarios de la independencia habra de restaurar tan brbara costumbre, y aquella misma explanada de La Punta fue testigo de la muerte de muchos mrtires de nuestras luchas libertadoras. Y este ltimo tema nos lleva, como de la mano, hacia otro rincn del pasado. Dediquemos aqu un recuerdo a un pequeo parque colonial, modesto pero simptico y alegre, desaparecido desde hace largos aos, pero cuya imagen acaso todava perdure en la memoria de algunos viejos habaneros. Se trata del Parquecito de La Punta, situado frente al castillo del mismo nombre, por el costado de ste, y delante de la fachada principal de la Crcel de Tacn, muy cerca del mar. Este parque fue destruido en 1935 para ampliar el Malecn, que entonces empezaba en aquel sitio; y que fue comenzado por el gobierno norteamericano de ocupacin militar. Pero se cuenta que haba ya sufrido muchas peripecias: entre otras, en 1887 fue totalmente arrasado por el pnico sufrido por la multitud ante el desorden pblico que se origin —con motivo de la feroz resistencia del reo— en el acto de ajusticiamiento de un temido bandolero, de apellido Machn: fue una escena, dicen, espantosa, como nacida de la salvaje costumbre de las ejecuciones en pblico. El parquecito fue pronto reconstruido, y, ya bien lejos de aquellos horrores, en los primeros tiempos de la Repblica fue el primer lugar de emplazamiento de la estatua del insigne educador Don Jos de la Luz y Caballero —cuyo nombre recibi por un tiempo— hoy situada en uno de los tramos de la Avenida del Puerto. Pero, si bien todas estas plazas, o mejor dicho, plazuelas, carecen de toda importancia, en cambio merece, s, mencin especialsima en amplsimo espacio el que a lo largo de las peripecias de su existencia ha sido conocido con nombres diversos, y, a veces, hasta antagnicos. Nos referimos al Campo de Marte, Campo Militar o Parque de Coln, Hoy, Plaza de la Fraternidad Americana. Paraje cenagoso, anegado y cubierto de mangles, y por ello apenas transitable, de la Villa de San Cristbal de La Habana; convertido en estancias, despus, en las que abundaban los cocales y otros rboles frondosos; desmontado, luego, y abierto al trnsito, ostentando un molino de viento y que era

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lugar de reunin de los pelucones de la poca que acudan a chismorrear y refrescar en un despacho que all haba de zambumbia, escenario, al aire libre, en otra poca, de las primeras representaciones cmicas en la Villa. En 1740 fue creado como campo para ejercicios militares, y ampliados en 1763 por el ingeniero belga Agustn Cramer, quien, para ello, demoli la primitiva Ermita de Guadalupe en 1771, al hacerse cargo del mando de la Isla el Marqus de la Torre cobr mayor importancia el lugar dedicado a dichos ejercicios militares que realizaba frecuentemente y con gran aparato y esparcimiento de los vecinos, la escasa guarnicin de entonces. Por necesidades del trnsito, a medida que creca y se poblaba La Habana, el Campo de Marte fue perdiendo en dimensiones. Segn Villaverde, en tiempos del Marqus de la Torre. era un cuadrilongo, que se extenda sin interrupcin N. S. desde la Punta hasta el Arsenal limitado al E. por la estacada de los fosos de la Ciudad; y al O. por los barrios d Jess Mara, Guadalupe y la Salud, partiendo de la puerta traviesa de la Factora por la calle de Palomar, plaza del Vapor a la Calzada de Galiano, cuyo puente de piedra se construy en 1790. Reducido poco a poco en sus lmites y sin que en l se realizara obra alguna de embellecimiento, fue el primero que de ello se ocup el obispo Espada, al mudarse a la casa del seor Rent, en la esquina de Amistad y San Luis, haciendo que se construyeran calles y se sembraran plantas y rboles y se colocaran algunos faroles. Por esta poca, eran vecinos notables del Campo de Marte, adems del Ob ispo Espada, el rey Carlos III, cuya estatua se levant en la parte llamada Paseo Pblico de Extramuros, en 1803, y dos personajes muy visitados: la plaza de Toros, que se levantaba en el ngulo suroeste, y el caf Atenas en el ngulo del Paseo con la Calzada del Obispo. La verdadera construccin y embellecimiento del Campo de Marte se debi al capitn general Miguel Tacn, que desde que tom posesin del mando de la Isla se propuso transformarlo por completo, lo que termin de realizar, segn Pezuela en 1835, segn Snchez de Fuentes, en 1837, utilizando la parte de aquellos terrenos que sus propietarios cedieron para campo militar, trasla dando la estatua de Carlos III al nuevo Paseo Militar, donde se encuentra todava, y cercando el campo, que entonces lo form un trapecio de 250 varas en el lado mayor por 150 en el menor, segn Pezuela, con envergaduras de lanzas de hierro con mampostera de un slo metro de elevacin para no privar a los transentes del espectculo de los ejercicios militares a que est principalmente dedicada esta localidad, envergaduras que estaban interrumpidas por pilares coronados por una bomba en unas y morteros en otras, y tenan cuatro puertas en cada uno de sus frentes que ostentaban sendas inscripciones en honor de Coln, Corts, Pizarro y Tacn, porque este gobernante megalmano quiso unir su nombre a los del Descubridor y de los ms famosos conquistadores. A los costados del campo no haba ms adornos que la Fuente de la India, la Alameda de Isabel II, que se extenda por el lado oriental, los almacenes del Camino de Hierro, con su casa de Parada, en los llamados terrenos de Villanueva, el Palacio de Aldama y otros edificios de menor importancia. Durante muchos aos existi frente al Campo de Marte, en la esquina de Amistad y la Calzada del Monte, un famoso caf, Marte y Belona, escenario de muy diversos episodios de la vida habanera, que fue demolido en 1954. Posteriormente se pens levantar en el centro del Campo de Marte un monumento a Coln de cuya obra, nos refiere Snchez de Fuentes, se desisti por oponerse el obispo de la Dicesis se sacaran de la Catedral las supuestas cenizas del gran Almirante y haber amenazado los donantes de los terrenos con la retrocesin si se destinaban a otro fin que no fuera el de la donacin, o sea, campo de ejercicios militares. Pero el Campo de Marte, aunque sin la estatua de Coln, fue conocido por el nombre del Gran Almirante. En 1892 se realizaron obras, por el alcalde Segundo Alvarz, de hermoseamiento de esos terrenos que estaban convertidos en un lodazal. Durante la primera intervencin norteamericana, volvi a ser utilizado como campo militar, acampando all varias unidades de las tropas de ocupacin. En la Repblica, se construyeron canteros, avenidas y fuentes y una tentativa de jardn zoolgico, hasta que el cicln de 1926 volvi a transformarlo en erial y lodazal. Tampoco tuvo xito el propsito de levantar en aquel lugar el monumento al Generalsimo Mximo Gmez, sacado a concurso durante la Presidencia del General Menocal. Por fin, en 1928, esos terrenos fueron total y atinadamente convertidos en una gran plaza moderna, a la que se dio el nombre de Plaza de la Fraternidad Americana. El entonces secretario de Obras Pblicas, Dr. Carlos Miguel de Cspedes, plane el embellecimiento de aquella parte de La Habana que, con la construccin, en sus cercanas, del Capitolio Nacional, haba adquirido rango prominente en la urbe capitalina.

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Con amplias avenidas y aceras, rodeando las distintas divisiones que en ese lugar se realizaron, ostenta en su parcela mayor el rbol de la Fraternidad Americana, que es una ceiba que haba sido sembrada en El Tulipn, Cerro, el 20 de mayo de 1902, da de la instauracin de la Repblica, y que se traspas all el 24 de febrero de 1928 abonndola con tierra de cada una de las repblicas americanas, trada por los Jefes de Misin que acudieron a la Sexta Conferencia Internacional Americana. La Fuente de la India, fue cambiada de posicin, una vez ms, con su frente hacia el mar; fue trasladada all la Fuente de los Leones, obra del escultor Giuseppe Gaggine, que exista en el Parque de Trillo; y colocado un pequeo busto del patriota y revolucionario Miguel Aldama, frente al Palacio de su nombre. Posteriormente, y por iniciativa de la Sociedad Cubana de Estudios Histricos e Internacionales, se han ido colocando sendos bustos de preclaras figuras representativas del pensamiento y la fraternidad americana: Jurez, Bolvar, Lincoln, Petin, Artigas, Miranda, Hostos y Morazn. El principal vecino de la Plaza de la Fraternidad es, sin duda alguna, por la importancia y belleza artstica del monumento, la Fuente; de la India, o de la Noble Habana, smbolo representativo de nuestra Ciudad.

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37 PARQUES Y PLAZAS DE LA HABANA MODERNA La Habana antigua, en realidad, no posey parques, pues solamente fueron arboladas, simplemente, dos de sus plazuelas: la del Cristo y de San Juan de Dios; y ya casi al final del siglo XVIII se adorn de rboles y canteros floridos la ms importante de todas las plazas de la poca: la Plaza de Armas. En cambio, en La Habana moderna se hace difcil la distincin, ya que, si bien carece nuestra ciudad casi por completo de los amplsimos parques que embellecen otras poblaciones, es muy rara la plaza habanera que no cuenta con el adorno de rboles, arbustos y flores, y por eso mencionaremos conjuntamente plazas y parques, comenzando por el que fue sustituyendo poco a poco a la Plaza de Armas como centro de las actividades. Parque Central. Situado exactamente en la frontera entre La Habana antigua y la moderna, es decir, inmediatamente ms all del recinto que encerraron las viejas murallas, el Parque Central no fue, en sus principios, ms que el comienzo del famoso Paseo de Extramuros o Alameda de Isabel II, hasta que poco a poco fue adquiriendo personalidad propia. Durante largos aos separaba los dos tramos del Paseo del Prado, hoy Paseo de Mart, cuando ste se extenda as en direccin al mar como hacia la actual Plaza de la Fraternidad; este segundo tramo desapareci al ser construido el Capitolio Nacional. El Parque Central, en cuyo centro se alz, hasta el cese de la dominacin espaola, la estatua d tina reina de nefasta memoria, Isabel II, se convirti poco a poco en el lugar ms frecuentado de La Habana durante las ltimas dcadas del perodo colonial y el primer medio siglo de la era republicana. En l fue erigida en su centro la primera estatua que en nuestro pas se levant como homenaje al Apstol Jos Mart, y que an all se conserva como el primero y ms espontneo tributo popular a su memoria excelsa. Por su situacin, entonces efectivamente central, por su carcter de punto de reunin favorito de los habaneros, y por la excelsa imagen que lo presida, fue, hasta 1959, escenario de innumerables ceremonias oficiales, y paradas escolares, de las ms resonantes asambleas polticas —que entonces llambamos, a la americana, mtines— y tambin de las ms encendidas protestas populares, especialmente durante las luchas contra las tiranas de Machado y de Batista. Hoy, el desarrollo amplsimo de la Ciudad va dejando muy atrs al Parque Central, como antes dej a la Plaza de Armas. Parque Mximo Gmez. Situado frente al mar, al comienzo de la Avenida de las Misiones que termina en el Palacio Presidencial, y construido en torno de la estatua del inmortal General en Jefe del Ejrcito Libertador, que all se erigi en 1935, ha sido notablemente mutilado al emplazarse all, ltimamente, la entrada del tnel que une a La Habana con la costa del otro lado de la baha, donde se alzan los Castillos de El Morro y La Cabaa. Pero su situacin privilegiada y la belleza arrogante del monumento en que culmina le conservan gran hermosura. Parque Antonio Maceo. Este parque se construy frente al mar, al final del primer tramo del Malecn, y a la altura de la Calzada de Belascoan o Avenida Padre Vrela, para emplazar en su centro el monumento erigido, el ao 1916 en homenaje al egregio caudillo Mayor General Antonio Maceo y Grajales, el hroe cubano por excelencia en nuestras guerras de independencia. Cuenta con una amplia fuente, y ha sido objeto de diversas modificaciones, siendo realizada la ltima de ellas por el actual Gobierno Revolucionario. Su amplitud y su situacin le otorgan una cierta grandiosidad y belleza. En el lugar que hoy ocupa existi, en lejanos tiempo coloniales una fortaleza espaola, la Batera de la Reina J y tambin una entrada de mar, la vieja Caleta de San Lzaro, que se ¡ menciona en las ms antiguas crnicas de la Villa de La Habana. Destacaremos, asimismo, la Plaza o Parque de la Fraternidad Americana. Pero solamente para sealar que ya hemos mencionado esta plaza al referir, en la parte consagrada a las plazas de La Habana antigua, la historia, un tanto accidentada, del viejo Campo de Marte. Aqu agregaremos que, por supuesto, el permetro de la plaza actual no sigue exactamente las lneas del antiguo campo para ejercicios militares. La plaza actual confina, por el Norte, con los jardines del Capitolio Nacional y la calle de Dragones; al Sur, con la Calzada del Monte o Avenida de Mximo Gmez; por el Este, con el ltimo tramo de lo que antes fuera prolongacin del Paseo de Mart, y

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donde desembocan las calles de Dragones y Monte; y por el Oeste con la calle de la Amistad. Desde que ces de ser campo militar fue poblndose de rboles, plantas y flores, siendo lo que ms se asemeja a un verdadero parque entre todos los espacios abiertos de la Ciudad, exceptuando sus barrios extremos. Y las necesidades del trnsito han mermado su extensin, cortndolo para dar paso a algunas calles o avenidas. Otros Parques, desde la Baha hasta el Paseo de Mart. Dentro de lo que formaba el permetro de la antigua ciudad, es decir, entre la lnea que corre a la altura del hoy Paseo de Mart y el litoral de la baha, se encuentran otros parques de no gran importancia: EL pequeo “Parque de Albear, que fue llamado de Monserrate hasta que se erigi en l, el ao 1895, la estatua de ese esclarecido hijo de La Habana; est situada frente al Parque Central, entre las cuadras finales de las calles de Obispo y O’Reilly. El minsculo Parque Pepe Jerez, tringulo situado en Monserrate, frente al comienzo de la calle de Neptuno y el final del callejn de San Juan de Dios; as nombrado por un famoso y popularsimo Jefe de la Polica Secreta de La Habana en los primeros tiempos republicanos, que haba sido valeroso oficial del Ejrcito Libertador; en 1951 fue colocado en l un busto del Alcalde de La Habana Dr. Manuel Fernndez Supervielle. El Parque Alfredo Zayas, al fondo del Palacio Presidencial, creado en 1925 para erigir en l la estatua del intelectual y conspirador independentista de ese nombre, que fue el cuarto Presidente de la Repblica de Cuba. El Parque de los Mrtires, al final del Paseo de Mart, y frente al Castillo de la Punta, creado en 1939, en los terrenos donde se levantaba el ttrico edificio de la antigua Crcel de La Habana. Como importantsima reliquia histrica, de valor inapreciable, se conserva, precisamente en este parque una parte de aquel edificio: la capilla y las celdas bartolinas donde guardaron prisin, durante la poca colonial, numerosos patriotas revolucionarios, y entre ellos Jos Mart, el mximo apstol de las libertades cubanas; y donde tambin sufrieron condena y pasaron los ltimos momentos de su vida los precursores y mrtires de nuestra epopeya emancipadora: Graciliano Montes de Oca, Narciso Lpez, Eduardo Facciolo, Ramn Pint, Francisco Estrampes, Francisco Len, Agustn Medina y Domingo de Goicoura, ejecutados todos —menos el ltimo que lo fue en la Loma del Prncipe— en garrote vil, frente a la Crcel, en el Campo de la Punta; e igualmente, los ocho estudiantes de Medicina fusilados por los voluntarios espaoles, el 27 de noviembre de 1871. El Parque Luz Caballero, frente al tramo de la antigua Avenida del Puerto donde se encuentra desde el ao 1926 la estatua de este insigne educador cubano. El Parque del Anfiteatro, tambin sobre la Avenida del Puerto, frente al Anfiteatro Municipal construido en 1936. El Parque Amrica Arias, minsculo, frente al de Alfredo Zayas, homenaje a una dama cubana de altos sentimientos altruistas, esposa del general Jos Miguel Gmez. El Parque de Jess Mara, minsculo, situado a un costado de la vieja iglesia de su nombre, y que en la poca republicana ha recibido el nombre de Parque del Padre Dobal, en recuerdo del virtuoso sacerdote, brillante orador y decidido patriota que durante largos aos fue prroco de dicha humilde iglesia, y en cuyo honor se ha levantado all un pequeo monumento. Y la Plazuela de Tallapiedra, frente al antiguo muelle de este nombre, construida al llevarse a cabo el plan de avenidas de circunvalacin de la Ciudad, de que hablamos en otro lugar. Del Paseo de Mart a la Avenida Menocal. Entre los escasos parques que se encuentran en esta amplsima zona de la Ciudad mencionaremos los siguientes: Parque de Finlay, que va de la Calzada de Belascoan —Avenida Padre Vrela— a la calle de Divisin, y de la calle de Estrella —Enrique A. Barnet— a la de Maloja, donde se alzan la estatua del eminentsimo sabio cubano, descubridor del agente trasmisor de la fiebre amarilla, y los bustos de sus principales colaboradores; este parque, creado en 1921 se halla frente a un vasto edificio que durante muchos aos ocup la Secretara de Sanidad, hoy Ministerio de Salud Pblica. Parque de la Escuela Normal, formado por dos manzanas distintas, una al frente y otra al costado — que es, con mucho, la mayor— de aquel edificio; muy acertadamente se trat de dar oficialmente a este

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hermoso parque el nombre de Manuel Valds Rodrguez, el gran propugnador de la enseanza popular, pero la iniciativa no lleg a hacerse realidad. Parque de Trillo, que debe su nombre a un rico propietario de la barriada en que est enclavado — de San Miguel a San Rafael y de Aramburo a Hospital—, y que don el terreno para ese fin; este parque es relativamente antiguo, pero ms tarde, en 1948 se levant all la estatua del valiente libertador general Quintn Banderas. El Parque de Pealver, cerca de Belascoan o Padre Vrela, y el Parque de Garcini, creado en los terrenos de la antigua quinta de este nombre, fueron destruidos durante la tirana batistiana para elevar, en los sitios que ocupaban, sendas estaciones de polica: la Undcima y la clebre Quinta, que fue teatro de muchos de los horrores perpretados por uno de los peores esbirros de Batista: el tristemente famoso Esteban Ventura. Hoy, totalmente renovado este edificio, funciona en l, siguiendo el lema revolucionario de Convertir los cuarteles en escuelas, la Escuela Secundaria Bsica William Soler, nombre de una de las vctimas juveniles de aquel rgimen atroz. Y dentro de esta extensa zona habanera, pero en uno de sus lugares ms transitados, a lo largo de la calle de Galiano o Avenida de Italia, dos parques recientsimos nos hablan de la actual etapa histrica en que vivimos, que es de progresos, de esfuerzos, de herosmos. De San Rafael a San Miguel, en el sitio que ocupaba el establecimiento de modas ultraelegante de nuestra repblica burguesa, El Encanto —destruido por obra de terroristas contrarrevolucionarios—, el risueo Parque Fe del Valle rememora el nombre y luce el busto de la mujer ejemplar que en un acto de valor heroico perdi all la vida en el incendio. Ms all de la calle de Dragones a la Avenida Simn Bolvar, el Parque 1 Amrica Libre comienza a lucir arbustos y flores en el amplsimo cuadriltero donde se alzaba la vieja Plaza del Vapor, el mercado que con mucha razn hizo arrasar el Gobierno Revolucionario; all se pens elevar una enorme casa de apartamentos; pero, tambin acertadamente, hay que dar ahora la preferencia a escuelas, hospitales y fbricas. Y no sobran lugares para esparcimiento y juegos dentro del casco de la Ciudad. En los Barrios Extremos. El Vedado cuenta con varios bellos parques, aunque no de gran extensin: Parque del Maine, este parque se encuentra a la entrada del barrio del Vedado, en frente del comienzo de la Calle Lnea, habiendo desaparecido, gracias al Gobierno Revolucionario, la monstruosa falsedad en que consista el monumento que le d nombre. Parque Mariana Grajales que se honra, desde 1936 con la estatua de la ms grande de las cubanas, la madre de los Maceo, nuestra herona nacional. Esta situado, de la calle 23 a la 25 y de la calle C a la D. Anteriormente se llam Parque Medina, por el nombre de esa barriada, en la parte superior del Vedado. Parque Gonzalo de Quesada, situado de la Calzada del Vedado a la calle Quinta y de la C a la D; primeramente se llam Parque Villaln, por el apellido de un Secretario de Obras Pblicas durante el gobierno del mayor general Mario G. Menocal, que tena frente a l su suntuosa residencia; y se efectu el cambio de nombre en 1915 cuando se erigi en terrenos del parque un sencillo monumento en homenaje al esclarecido patriota Gonzalo de Quesada y Arstegui, el ms devoto discpulo de Mart. Este parque luce, adems, una prgola, y una antigua estatua de Neptuno, procedente de la poca colonial. Parque Menocal, donde se ha erigido un busto al mayor general de la Guerra de Independencia Mario G. Menocal, que ocup la presidencia de la Repblica desde 1913 hasta 1921, con deplorables resultados para la Patria. Parque Vctor Hugo, de la calle 19 a la 21 y de la calle H a la I, que lleva ese nombre desde 1935 cuando por iniciativa nuestra como Historiador de la Ciudad, la Alcalda de La Habana le dio oficialmente esa denominacin y erigi all un monumento a la memoria del ilustre poeta francs, defensor de las libertades del Mundo. Parque Jos Mart. Es un vastsimo espacio, frente al mar y a la calle G o Avenida de los Presidentes, con extensin hasta la calle J, donde en tiempos del presidente Grau San Martn se construy un parque de recreo infantil. Pasaron los aos, y el parque se hallaba totalmente descuidado, casi en ruinas, cuando fue totalmente renovado y ampliado por el Gobierno Revolucionario, que lo ha convertido en gran campo deportivo, con amplsimo stadium, gimnasio, piscinas, etc., para nios y para adultos, a diferentes horas del da. Parque Camilo Cienfuegos. Frente a la calle Primera, muy cerca del mar, entre las calles 6 y 8, se encuentra este novsimo parque deportivo infantil creado por el Gobierno Revolucionario, el cual tambin est utilizando a ese objeto diversas parcelas en muchos lugares de la Ciudad.

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Parque del Init, En la calle L. entre las calles 21 y 23, y extendindose hasta la calle K, en los terrenos que durante largusimo tiempo ocupara uno de los ms renombrados establecimientos hospitalarios de La Habana, el Hospital Mercedes, ha construido un organismo del Gobierno Revolucionario, el Instituto Nacional de la Industria Turstica, un hermoso parque, con restaurante y locales para exposiciones. Parque Eduardo R. Chibs. Y precisamente al otro extremo de esa barriada —la ms elegante y suntuosa de La Habana en los ltimos tiempos coloniales, y, sobre todo, en los primeros de la Repblica— se ofrece hoy al pblico un novsimo parque que tiene un hermoso significado histrico y revolucionario. Al final de la Calle Veintitrs, frente al Puente Almendares, que une a La Habana propiamente dicha con Marianao, se alzaba un edificio nada notable en su exterior —‘muy semejante al de todas las estaciones de polica construidas o renovadas por la tirana batistiana; albergaba al llamado Bur de Investigaciones, y, junto con sus fuertes alambradas —de las que se deca que estaban electrizadas, para impedir ataques o fugas, como los campos de concentracin hitlerianos—, lo rodeaba tambin una atmsfera de repulsin y terror, ya que todo el mundo contaba o repeta episodios de su historia siniestra de crmenes y torturas de que la polica de Batista haca vctimas a los adversarios de aquel rgimen brbaro. Al caer ste, el Jefe de la Revolucin triunfante, comandante Fidel Castro, decidi que, como smbolo del cambio radical realizado en la vida cubana, fuese arrasado el ttrico edificio, y en su lugar se construyese un parque donde el pueblo, en un ambiente de grato esparcimiento y de risas infantiles, enterrase para si empre los terribles recuerdos. En el Cerro queda, un tanto solitario, un poco melanclico, y como dormido soando viejos esplendores, el Parque del Tulipn, testigo de la poca en que la rica burguesa y la seudoaristocracia criolla vivan vida suntuosa en las amplias y hermosas casonas que haban edificado en el barrio que todava los cronistas de hace cincuenta aos llamaban el aristocrtico faubourg. En la extenssima barriada de Jess del Monte y sus varios repartos adyacentes existen, en Santos Surez, el Parque de Santa Emilia, as nombrado por una de las calles que lo limitan; en el Reparto Mendoza, el amplio y moderno Parque Mendoza, formado por dos hermosas manzanas que, por excepcin, no son adyacentes, sino que estn separadas por otra manzana compuesta por residencias particulares; en el Reparto Lawton, el parque de su nombre; en el barrio del Luyan, el bello Parque Felipe Poey, construido en 1938 entre las calles Justicia y Fbrica, Santa Felicia y Herrera, y nombrado en homenaje al ilustre sabio y naturalista habanero, una de las lumbreras de la ciencia americana; y en La Vbora, el tambin de bella apariencia, Parque Emilia de Crdova, construido en el ao 1928, en torno de la estatua de aquella infatigable patriota. Y en el viejo Jess del Monte, el Parquecito de la Iglesia, que hoy lleva el nombre del buen escritor y buen patriota Manuel de la Cruz. Y no seguimos, porque se hara interminable esta relacin, en la que s hemos incluido todos aquellos lugares de este tipo —plazas, parque, plazuelas— que tienen algn inters histrico, consideremos que en 1946 se declaraba oficialmente que La Habana posea setenta parques y paseos, con un rea de 600,000 metros cuadrados de superficie ... Si bien en la enumeracin se inclua hasta el ms insignificante tringulo en la interseccin de varias calles, tales como el que se halla en Dragones, Zanja y Lealtad, donde antes se encontraba un busto del eximio Flix Vrela y hoy existe un pequeo monumento a la ciudad mrtir checoslovaca, Ldice; o bien el que en la Calzada de Infanta rodea al busto del presidente del Ecuador, amigo de Cuba, Eloy Alfaro; o los que, en El Vedado, sirven de marco a los bustos de Luis Pasteur, de Rafael Montoro, y al monumento a los valerosos chinos que pelearon por la independencia de Cuba; el que en la Va Blanca luce una bella estatua La Virgen del Camino, original de la talentosa escultora cubana Rita Longa; o, en fin, el que, con el nombre de Parque Mella, posee, precisamente enfrente de la Universidad de La Habana, un busto del gran luchador antimperialista y una historia de rebeldas estudiantiles y patriticamente revolucionarias. Parece oportuno sealar tambin, puesto que la Gran Habana est ya en vas de creacin, que en el hermoso barrio o reparto de Mira-mar se destacan el bellsimo Parque de la Quinta Avenida, que adornado por sus poderosos banianos, se extiende a ambos lados de esta amplia va, y el Parque de la Fuente Luminosa, precisamente a la entrada de dicha barriada; en La Sierra, el largo y estrecho de este nombre; en el Reparto Almendares y su Ampliacin, el Parque Coyula, en la Calle 30 y la Avenida 19, que tambin lleva el nombre de Miguel Coyula, el repblico de limpia memoria, cuyo busto ha sido colocado en dicho parque; el antiguo Parque Japons, hoy renovado, entre las calles 46 y 48 y las Avenidas Diecisiete y Quince; el muy amplio que se extiende entre las Avenidas Once y Trece y las calles 74 y 76; el Parque Infantil, entre 64 y 66, Novena y Sptima A; y otro Parque de la Fuente Luminosa, entre aquellas mismas Avenidas y las calles 64 y 66; todos estos parques son bastantes modernos, como lo son los barrios en que estn enclavados. Y, por ltimo, la Escuela Forestal Conde de Pozos Dulces, en la Avenida Veintisis y la cada da ms esplndida Ciudad Deportiva que, —despus de echar abajo, justificadsimamente, un llamado Palacio de los Deportes, edificado junto al mar en el Vedado y que con total carencia de sentido urbanstico afeaba el comienzo de la Avenida de los Alcaldes— se ha construido sobre la Avenida de Rancho Boyeros, desde la de Agua Dulce hasta la de Santa Catalina.

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Esta Ciudad Deportiva tiene una extensin total de casi dos caballeras, y cuenta con campos cada vez mejor preparados para toda clase de deportes terrestres y con un gran stadium circular con capacidad para 12,000 a 15,000 personas. Tambin debe mencionarse el Stadium del Cerro, o ms bien Stadium de La Habana, que es su verdadero nombre, especialmente empleado para los juegos de base-ball, y que se encuentra emplazado en una vasta extensin de terreno, frente a la calle Consejero Arango, en el barrio a que debe su nombre popular, fue construido por Max Borges hijo, en 1950. Es interesante mencionar aqu que el gran edificio y terrenos anexos que hasta algn tiempo despus del triunfo de la Revolucin estuvo destinado a Cindromo, donde diariamente perdan su dinero los ciudadanos en las carreras de perros, y que haba sido construido a todo lujo en la Rotanda de la Playa de Marianao, casi frente al antiguo Havana Yacht Club, hoy Crculo Social Obrero Julio Antonio Mella, ha sido transformado y notablemente ampliado por el Gobierno Revolucionario, a fin de dedicarlo a Campo Deportivo para Becados del Gobierno. Mencionaremos, como recuerdo interesante, que en la barriada de La Ceiba existe un parque en cuyos terrenos, hace largos aos, se celebraban los juegos de pelota entre los primitivos clubs Almendares y Habana, a quienes se llamaba los eternos rivales, y que este parque se llama todava Parque del Club Almendares. Igualmente debe sealarse, como excepcin a lo que anteriormente indicbamos sobre la diferencia entre las plazas antiguas y las modernas, que existen unas cuantas plazas de relativamente muy reciente construccin, que carecen de todo arbolado, pero que contribuyen grandemente, no slo a facilitar el trnsito, sino tambin a la amplitud de perspectivas de la Ciudad. Son la Plaza de Agua Dulce, en la interseccin de las Calzadas del Diez de Octubre y de Cristina con las Avenidas de Agua Dulce y de Gancedo; la que se ha creado en el cruce de la Avenida de Rancho Boyeros con la de Agua Dulce y la Avenida Veintisis, del Vedado; otra, relativamente prxima, y ms pequea, en la interseccin de la misma Avenida Veintisis con la Calzada de Puentes Grandes, y alguna ms. Estas plazas fueron construidas cuando, bajo el gobierno del Dr. Grau San Martn, se realiz un vasto plan de ampliacin o creacin de avenidas, tanto en torno al litoral habanero como a travs de las barriadas ms extensas de la Capital. Claro que seguramente la realizacin de este plan, en manos honestas, le habra costado al pueblo de Cuba incomparablemente menos de lo que entonces se gast; pero sus resultados han sido muy beneficiosos para el mejoramiento urbano de nuestra Ciudad en desarrollo continuo. Tambin es digno de mencin el hecho de que fuera del casco de la urbe existen unas cuantas amplsimas reas verdes, que no pueden propiamente llamarse parques, pero que desempean, o desempearn, algunas de las funciones propias de stos u otras anlogas. En primer lugar, los terrenos de algunas casas de salud de antiguas sociedades mutualistas como los de La Benfica del Centro Gallego en Luyan, La Pursima Concepcin, del Centro de Dependientes, en Jess del Monte. La Covadonga, del Centro Asturiano, en El Cerro, eran hasta hace poco para uso exclusivo de sus socios respectivos, pero que despus de haber sido nacionalizadas por el Gobierno Revolucionario, ampliarn seguramente su utilidad pblica. Y tambin los antiguamente llamados Jardines de la Tropical y Jardines de la Volar, verdaderos lugares de pblico o semipblico esparc imiento, antiguamente propiedad de dos grandes empresas cerveceras rivales, y que hoy se hallan en manos del pueblo, por haber sido nacionalizadas aqullas. OTROS PARQUES, PLAZAS Y JARDINES IMPORTANTES Con esto pasamos a la somera descripcin de unas cuantas plazas, parques o reas verdes situados en lo que hasta no hace muchos aos eran las afueras de la Ciudad, y que especialmente se destacan por algunas caractersticas especiales o por su importancia histrica o urbana. Son la Quinta de los Molinos y Jardn Botnico, el Parque Zoolgico, el Bosque de La Habana, hoy Parque Almendares y, en fin, la Plaza Cvica, hoy Plaza de la Revolucin. Quinta de los Molinos, o Quinta de Recreo de los Capitanes Generales. En terrenos de la antigua estancia de Arstegui, muy cerca de la Zanja Real y de las faldas del Castillo del Prncipe, existan en tiempos remotos dos molinos de tabaco arrendados por don Martn Arstegui a la antigua Factora. Cuando se empez la obra del Paseo de Tacn, hoy Avenida de Carlos III, se haba hecho preciso que desapareciese el primitivo Jardn Botnico, y entonces el capitn general Miguel Tacn dispuso, en 1837, que se trasladasen las plantas, arbustos, etc., a aquel lugar que, por la razn antes dicha, llamaban Los Molinos, y que tambin se construyese all una pequea quinta, de planta baja, para residencia veraniega de los capitanes generales y tambin para que pudiesen stos residir all mientras, despus de entregar el mando, esperaban su salida para Espaa. De acuerdo con estas instrucciones, fue fabricada la casa de la que despus se llam Quinta de los Molinos, por los ingenieros Flix Lemau y el

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famoso Manuel Pastor, a quien se deben tantas obras importantes; y otra, muy pequea, que haba servido a los antiguos empleados de los molinos, fue reformada para habitacin de la servidumbre, cuadra y cochera de los gobernadores. Todo se realiz con modestia, y en 1844, segn dice el historiador Pezuela, el capitn general OÂ’Donnell reconoci que era demasiado modesta para su objeto esta casa de recreo, all donde muchos particulares tenan quintas mucho ms vastas y hermosas que la destinada al primer funcionario del pas. Fue ampliado entonces con un piso alto, se embellecieron sus galeras y se introdujeron otras reformas, bajo la direccin del general de ingenieros Mariano Carrillo de Albornoz, uno de los grandes urbanistas de aquella poca. Sin embargo, y por razones que desconocemos, el edificio de la Quinta de los Molinos no lleg nunca a rivalizar en grandiosa belleza con residencias como la de Santovenia y otras palaciegas mansiones del Cerro. Era, s, un lugar muy agradable, y en 1841 e! novelista cubano Cirilo Villaverde la describa as: Era un lugar precioso, que en un principio fue un terreno erial y pantanoso, que mediaba entre las calles laterales y la Zanja, y que, merced a los esfuerzos del hombre, en breve vise convertido en uno de los jardines ms amenos y extensos de las cercanas de La Habana, donde las fuentes rsticas, las montaas artificiales, las grutas misteriosas, los saltos de agua, cenadores, y otros caprichos y rarezas que deleitan al espritu, encontrbanse all reunidos. Y la Duquesa de Medina Pomar, en sus Memorias, reiteraba este elogio, y agregaba una nota imprevista, al decir: pude observar que era un sitio primorosamente adornado de flores y arbustos, de algunos vegetales comestibles, de unos cuantos bustos y estatuas, de un bello surtidor de agua, de una laguna de veinte pies cuadrados con su canoa; y, para completar esta breve descripcin, all vi una valla de gallos, para diversin exclusiva del Gobernador, en las horas que las opresivas atenciones del Estado lo dejaban libre. Mucho despus, el capitn general Sabas Marn cerc los terrenos de la Quinta de los Molinos con las verjas y torreones que primero haban cerrado el Campo de Marte. Algunas de las pequeas estatuas que adornaban la Quinta de los Molinos se encuentran ahora en el Museo de la Ciudad de La Habana, anexo a la Oficina del Historiador de la Ciudad. La Quinta de los Molinos, aparte de su uso como lugar de veraneo y de esparcimiento de los Capitanes Generales de la Isla, se halla ligada a dos momentos muy importantes de la historia de Cuba.

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Conocido de todos es el trgico suceso del 27 de noviembre de 1871, en que ocho estudiantes de Medicina de la Universidad de La Habana perdieron la vida, fusilados como vctimas de la furia sanguinaria de los voluntarios espaoles; los que podramos llamar supervivientes de aquel crimen, los otros treinta y un jvenes tambin acusados, a los que se conden a varios aos de presidio, pasaron, despus de trabajar cincuenta das en las Canteras de San Lzaro —tan pavorosamente descritas por el Apstol Mart en su primera obra El presidio Poltico en Cuba —‘, unos a la Quinta de los Molinos, y otros a diversos talleres del Presidio. Segn lo ha recogido Eugenio Snchez de Fuentes en su magnfica obra Cuba Monumental, Estatuaria y Epigrfica, Los que fueron a la Quinta de los Molinos tenan que cortar la yerba de los jardines por las maanas y barrer las alamedas por las tardes, viviendo en una especie de almacn o barracn que an existe (1916), bajo la vigilancia de los escoltas del Presidio, y en ntimo consorcio con varios reos de delitos comunes, a los cuales se les permitan ciertos beneficios. Habindose descubierto que los jvenes estudiantes preparaban su fuga de la Quinta de los Molinos, fueron rpidamente recluidos de nuevo en el Presidio. Despus de que, en 1898, los Estados Unidos se interpusieron en la contienda entre Cuba y Espaa, impidiendo que nuestras fuerzas armadas independentistas alcanzaran la completa victoria que ya tenan muy prxima, y se instalaron en todas las ciudades importantes de la Isla, el 24 de febrero de 1899, aniversario del comienzo de la Guerra de Independencia de 1895, hizo su entrada en La Habana el General en Jefe del Ejrcito Libertador, el nclito Mayor General Mximo Gmez: entrada bajo la cual lata un dolor contenido, ya que penetraba nuestro caudillo en la Capital de Cuba ocupada ya por tropas extranjeras; pero, sin embargo, entrada triunfal, por el delirante entusiasmo con que el pueblo todo acudi a recibirlo, en manifestacin —hoy diramos concentracin— tan populosa y ferviente como hasta entonces no se haba conocido nada ni siquiera comparable en toda nuestra historia. Rodeado de aquella multitud innumerable que incesantemente lo aclamaba, el General en Jefe se dirigi hacia la Quinta de los Molinos, que, en inusitado gesto de muy significativa cortesa, le haba sido asignada como residencia oficial. Y all permaneci durante la primera etapa de su estancia en La Habana. Durante la poca republicana la Quinta de los Molinos —ya no utilizada por las primeras autoridades del pas—, ha servido, junto con el Jardn Botnico en medio del cual se encuentra enclavada, al Instituto de Segunda Enseanza de La Habana, para prcticas, a la Secretara, hoy Ministerio, de Agricultura para diversas exposiciones, y desde hace tiempo es dependencia de la Escuela de Agronoma de la Universidad de La Habana. Esperamos que por el rango histrico que le confiere, principalmente, el hecho de haber sido la primera residencia del General en Jefe del Ejrcito Libertador en la capital de Cuba, el edificio principal de la Quinta de los Molinos, al que da entrada una ancha y umbrosa avenida, tambin digna de perdurar por su belleza, ser siempre conservada cuidadosamente como interesante reliquia histrica. Jardn Botnico. El Jardn Botnico aparece ante el pblico en general como sin personalidad, como fundido en la Quinta de los Molinos, que ha gozado siempre de ms nombre; pero la realidad es que ha tenido su existencia propia, y aun anterior a la de la misma Quinta. Desde sus comienzos, la Sociedad Econmica de Amigos del Pas se preocup de promover el estudio de nuestra flora, especialmente con fines de aprovechamiento agrcola; pero hasta 1817 —y debido entonces al inters mostrado por el Superintendente de Hacienda, el famoso Alejandro Ramrez—i no pudo adquirirse y fomentarse un pequeo terreno, de media caballera de extensin, en extramuros, a poca distancia de las Puertas de Tierra, dice Pezuela, y, decimos nosotros, en parte de los terrenos que hoy ocupa el Capitolio Nacional; estaba destinado a servir para prctica de la enseanza que habra de impartir el joven J. Est vez, nombrado profesor de la materia; desde 1824 hizo progresar esos estudios el profesor espaol Ramn de La Sagra, extendindolo al de la agricultura en general. En 1834, ya con el nombre de Instituto Agronmico, pas a un lugar mucho ms amplio y adecuado, en la estancia llamada Los Molinos, junto a las faldas del Castillo del Prncipe, donde ha permanecido hasta ahora. Bajo la direccin del profesor Alejandro Auber, sustituto de La Sagra se hicieron notables adelantos en la enseanza que all se imparta. Ms adelante, en 1860, se cre la Escuela de Agronoma, y al incorporarse estas enseanzas a la Universidad de La Habana el Jardn Botnico qued como dependencia de sta. Jardn Zoolgico. El actual Jardn Zoolgico cuenta con algunos antecedentes histricos.

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En la Quinta de los Molinos sabemos que existan, habiendo sido llevados all para recreo de los Capitanes Generales, muchas aves, especialmente acuticas, y algunos otros animales; pero no puede llamarse aquello ni siquiera un comienzo de verdadera coleccin zoolgica. Sabemos que, largo tiempo atrs, aunque en fecha ms cercana que la de los tiempos de esplendor de la Quinta de los Molinos, existi lo que quizs s pudiera llamarse, si no un zoolgico, un proyecto de zoolgico, en la finca que posea la Compaa de Jess en la barriada de Luyan. La carencia de datos sobre el mismo nos impide dar las fechas de su inauguracin y su supresin; suponemos que, dado que los padres jesutas mantuvieron, hasta que se realiz la nacionalizacin de la enseanza un gran colegio, el famoso Colegio de Beln, para educacin de los nios y jvenes de las clases ms adineradas de Cuba, es lo ms probable que este zoolgico se estableciera con fines instructivos, cuando el Colegio, antes de construir el soberbio edificio que hoy se llama Escuela Tecnolgica Hermanos Gmez, en Marianao, estaba ubicado en plena Habana Vieja, en el edificio que ahora ocupa el Ministerio del Interior, y los alumnos acudan a la finca La Asuncin para prctica de deportes, das de campo, etc. No sabemos que aquel incipiente zoolgico tuviera alguna vez carcter pblico. Lo que s es positivamente cierto es que desde 1909 La Habana cont con lo que poda considerarse como un buen comienzo de parque zoolgico, de carcter pblico y gratuito, aunque producto de una laudable iniciativa particular: una excelente y bien cuidada coleccin de animales, creada y mantenida por el esfuerzo del ciudadano Jos Daz Vidal, en el que entonces era todava el Campo de Marte y hoy es la Plaza de la Fraternidad; lleg a contar hasta con 900 ejemplares de animales de diversas clases; pero, por falta de apoyo, especialmente oficial, este primer zoolgico habanero, producto de un meritsimo empeo individual, desapareci en 1920. Luego fue creado el que se llam Parque Zoolgico, en octubre de 1938, por decreto del presidente provisional de la Repblica, Dr. F. Laredo Bru, respondiendo a iniciativa del Dr. Nicols Puente Duany. Este Parque Zoolgico se hallaba situado en parte del lugar que ocupa en la actualidad el jardn Zoolgico, cerca del llamado Crucero de La Cinaga, adjunto al Vivero Forestal o Vivero de Obras Pblicas, y cerca tambin de la carretera de Aldecoa; lindaba, asimismo, con la finca La Rosa, entonces de propiedad Municipal, y poda considerarse como un adjunto del Bosque de La Habana, entonces en formacin. Contaba con un patronato formado por individuo e instituciones particulares, y con la cooperacin econmica del Gobierno Municipal de La Habana, del Gobierno Provincial, y de ciudadanos y agrupaciones privadas. Su director era el Dr. Carlos Aguayo, profesor Titular de la Ctedra de Zoologa de la Universidad de La Habana; y siempre cont este Parque Zoolgico con la entusiasta cooperacin del Sr. Jos Daz Vidal, ya citado, y que para entonces era Director del Vivero Forestal. En 1941 contaba ya con 500 ejemplares, de 200 especies diferentes; pero, a pesar de los esfuerzos de los que estaban a su frente, luego no continu progresa ndo, sino que a veces atraves —y siempre por falta del apoyo oficial— momentos sumamente difciles, hallndose en ocasiones al borde de su total extincin, y llegando al extremo del abandono, que casi lo hizo desaparecer, cuando estuvo, durante la dictadura de Batista, hasta 1956, bajo la jurisdiccin de una organizacin llamada ONPAV (Organizacin Nacional de Parques y reas Verdes), de funesta memoria. Bajo el Gobierno Revolucionario, el ahora llamado oficialmente Jardn Zoolgico de La Habana ha experimentado una transformacin extraordinaria, hasta el punto de que hoy se le considera como el mejor de la Amrica Latina. Bajo la direccin del Dr. Abelardo Moreno Bonilla, ha sido, en primer lugar, ampliado, gracias, especialmente, al traslado del Vivero Forestal de Obras Pblicas a una finca prxima, hasta alcanzar una extensin de 1 y % de caballera, o sea, 55 acres, y se prepara una mayor ampliacin en un futuro prximo, con terrenos del ferrocarril de la Cinaga, del reclusorio de Aldecoa y otros colindantes; se han realizado numerosas obras nuevas, y se han reconstruido todas las que antes existan; se ha aumentado el nmero de animales hasta llegar, a fines de 1961, a un total de 5,057, todos esmeradsimamente atendidos, con 188 nacimientos en ese ao dentro del Jardn Zoolgico; y se han multiplicado las facilidades para el pblico, especialmente para los nios, existiendo un buen servicio de guas y un amplio parque infantil. Hoy en da, el Jardn Zoolgico de La Habana constituye un orgullo para la Ciudad y para Cuba. Bosque de la Habana, hoy Parque Almendares. El Bosque de La Habana fue un proyecto muy antiguo, que fue experimentando sucesivamente muchas modificaciones y ampliaciones en la mente de los que por l se interesaban y que, al fin, no lleg a cristalizar en realidad concreta. Desde 1912, aquel meritsimo publicista que fue Carlos de Velasco, desde las pginas de su inolvidable revista Cuba Contempornea, abogaba ya por la construccin de un gran parque a orillas del Almendares. Lo incluy, aunque no con las proporciones que se pretendi darle despus, el famoso urbanista francs M. Forestier, —cuando fue consultado, en tiempos de la dictadura de Machado, por el entonces Secretario de Obras Pblicas, Carlos Miguel de Cspedes—, en su plan de mejoramiento urbano de la Ciudad.

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Antes, en 1917, lo haba propuesto el publicista y urbanista Camilo G. de Castro, y en 1926 habase tratado tambin del proyecto en Obras Pblicas. Pero cuando pareci empezar a cobrar visos de realidad fue despus de la cada de la dictadura machadista. En 1936, la agrupacin nombrada Amigos de la Ciudad empez una fuerte campaa en su favor. Era entonces un proyecto sumamente ambicioso, de un vastsimo parque a ambas mrgenes del ro Almendares, desde su desembocadura hasta el lugar donde se encuentran los manantiales de Vento; se extenda por detrs del Cementerio, en el lugar donde hoy se encuentra el reparto Nuevo Vedado, y hacia el Sur su extensin quedara cruzada por la Carretera de Rancho Boyeros, ya que se pretenda que llegase hasta donde entonces se encontraban la Loma y Ermita de los Catalanes, y hoy se hallan la Plaza de la Revolucin y el Monumento a Mart. Segn este grandioso plan, el Bosque de La Habana habra sido quizs el mayor del mundo, pues se pretenda que abarcase un permetro de 58 caballeras de tierra. Al fin, en 1937, en virtud de un decreto del presidente provisional de la Repblica, Dr. Laredo Bru, el Secretario de Obras Pblicas, ingeniero Max Borges, inaugur oficialmente el Bosque de La Habana, por el momento slo con 8 caballeras de extensin, y en 1940 el Estado se apropi de dos fincas de propiedad del Municipio de La Habana —aunque situadas fuera del que era entonces Trmino Municipal de La Habana, llamadas La Rosa y La Cinaga, de cerca de catorce caballeras de extensin, en conjunto, para agregarlas al Bosque de La Habana. Pero no se haba contado, al parecer, con la avaricia y el afn de especulacin de los propietarios particulares de los dems terrenos que habra sido preciso expropiar para llevar adelante el ambicioso proyecto, o el posible negocio no dejaba margen suficiente a los interesados intermediarios. El hecho es que desde 1941 ya se declar pblicamente que el Bosque de La Habana haba muerto; y efectivamente, no slo no continu su construccin, sino que fue perdindose hasta casi todo lo que en l haba empezado a realizarse, que nunca fue mucho. El Gobierno Revolucionario, reconociendo que ya es de imposible ejecucin el Bosque de La Habana segn originalmente se haba proyectado, puesto que casi la totalidad de los terrenos de la margen derecha del ro Almendares se han convertido en repartos residenciales o en lugares donde se han levantado grandes edificios pblicos, ha llevado, sin embargo a la realidad, lo que todava era hacedero, dentro de aquel plan, con la construccin, por el INIT (Instituto Nacional de la Industria Turstica), del bellsimo Parque Almendares, con un profundo sentido de servicio al pueblo. El Parque Almendares, llega actualmente, por ambas mrgenes, pero con mucho mayor anchura por la margen izquierda del ro, desde algo antes de debajo del Puente Almendares —continuacin de la Calle Veintitrs del Vedado— hasta la altura de los Jardines de la Tropical, y constituye ya un esplndido lugar de expansin para nios y adultos, con parque infantil, cafetera, casa club, embarcadero, astillero, varadero, laberinto, piscinas, reas de descanso, terrenos preparados para la prc tica de casi todos los deportes, y se proyecta su ampliacin gradual para incluir muchos otros sitios de recreo. El actual Parque Almendares nos parece — moderno, sencillo, muy bello, muy lleno de risas infantiles— una de las ms gratas expresiones de la alegra revolucionaria. Parque Histrico. Actualmente se proyecta la construccin de un gran Parque Histrico, de unas25 caballeras o 320 Has. que se extender, primeramente desde El Morr o hasta las construcciones del INAV en La Habana del Este, y desde el litoral Norte hasta la baha y el barrio de Casa Blanca. Incluir los Castillos de El Morro y La Cabaa, el Fuerte de San Diego y un polvorn al Noroeste, el Observatorio Nacional, y la Estacin Cuarentenaria de Tiscornia. Plaza de la Revolucin Jos Mart, antes Plaza Cvica. Desde los ya muy lejanos tiempos, bajo la tirana de Machado, en que el famoso arquitecto y urbanista francs M. Forestier fue consultado sobre planificacin de La Habana, se proyect construir un gran Centro Cvico all donde dicho profesional situaba —y no se haba equivocado— el centro de la ciudad futura: all donde, en medio de terrenos yermos y sobre una pequea colina, se elevaba entonces la Ermita de Montserrat, llamada popularmente la Ermita de los Catalanes. El proyecto qued engavetado durante largos aos, a pesar de que el concurso para elevar un monumento a Jos Mart, que implicaba la construccin del proyecto premiado precisamente en aquel lugar, debieran haber llamado la atencin sobre l; despus de las peripecias que en otro lugar reseamos, se haba adjudicado el primer premio en el concurso al proyecto de los artistas Aquiles Maza y J. J. Sicre, durante el perodo presidencial primero de Fulgencio Batista (1940-1944); pero absolutamente nada se realiz durante todo el perodo presidencial de Grau San Martn; y cuando, despus de trabajos preliminares, y al parecer, perjudiciales, bajo el gobierno de Carlos Pro, empez a realizarse bajo la dictadura de Batista, despus del golpe de Estado de marzo de 1952, ni su propio autor —quizs ste menos que nadie— lo habra reconocido. Donde se proyect el ms armonioso de los conjuntos, y este plan inicial se haba) ratificado con la aprobacin del monumento concebido por Maza y Sicre para centro de la Plaza, se haba ido creando una mezcla heterognea de grandes edificios, sin conexin alguna entre s, algo semejante a un vasto desierto en que aparecen oasis, no de palmas sido de

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concreto, y con la ms diversa orientacin; o ms semejantes an a un ancho ocano de donde surgen impensados arrecifes. El Gobierno Revolucionario ha tenido que aceptar y adaptar aquellas estructuras y su heterclito conjunto, para no perder totalmente el ro de millones volcados all. Preciso es, sin embargo, detenernos a describirlo, por que, adems de la importancia que le otorga su magnitud, es uno de los elementos, o, ms bien, en primer lugar, el elemento que ms ha hecho cambiar, en los ltimos tiempos, la fisonoma de la Ciudad. En el centro de aquel vastsimo espacio, a donde convergen, desde los cuatro puntos cardinales, amplias avenidas que lo enlazan con La Habana propiamente dicha —por lo que fue antes el suburbio de El Prncipe—, con el Vedado, con el Cerro, con la amplsima va que va hacia Rancho Boyeros y al Monumento Funerario a Maceo en El Cacahual, se alza, como centro aproximado, o ms bien, ideal, de aquel enorme polgono irregular, el nuevo Monumento a Mart, y ms o menos en torno suyo, aunque algunos a muy gran distancia, un conjunto de edificios que describimos en otro captulo; todos de importancia, as en el conjunto arquitectnico urbano como en la vida pblica de la Ciudad. Son: el Monumento en s, el Palacio de Justicia, los Ministerios de Comunicaciones, de Industrias y de Obras Pblicas, hoy de la Construccin; la Biblioteca Nacional, el Teatro Nacional, el edificio hoy llamado Sierra Maestra, que alberga las oficinas del INRA (Instituto Nacional de la Reforma Agraria), las del Premierato y otras importantes dependencias oficiales, y el que fue antes de la Renta de Lotera y hoy pertenece al INAV (Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda). Los describimos en el lugar correspondiente. No puede pedirse un conjunto ms imponente, y si a su construccin y agrupacin hubiese presidido un sentido de armona, tendramos all uno de los lugares ms hermosos de que pudiera envanecerse una capital. Pero, antes de entrar en estos detalles, necesario es dar una idea de la Plaza en s. Tiene por lmite, en su extremo Norte, la rotonda situada casi al pie del Castillo del Prncipe, donde convergen las Avenidas de Carlos III, de Zapa ta y de los Presidentes, o calle G, que viene del Vedado; al Este, por la Avenida de la Independencia y al Oeste por la Avenida Carlos Manuel de Cspedes, que parten ambas de la rotonda ya citada, en la cual se ha proyectado elevar un monumento a Carlos Manuel de Cspedes, al Padre de la Patria; al Sur, por estas dos mismas avenidas, que se juntan detrs del Palacio de Justicia para formar la gran Avenida de Rancho Boyeros, camino del Aeropuerto Jos Mart. En la Avenida de la Independencia desemboca la nueva Avenida Veinte de Mayo, que viene da la Calzada del Cerro, es decir, del Sureste; y en la Avenida Carlos Manuel de Cspedes desemboca la Avenida de los Alcaldes, o Calle Paseo, que viene del Vedado, o sea, del Noroeste; la Avenida Carlos Manuel de Cspedes y la Avenida de la Independencia se unen, a travs de la Plaza, por otra gran avenida, a diferente nivel. Hagamos ahora un poco de historia, ya que esta inacabada plaza del siglo XX cuenta ya con una ms larga y ms accidentada que la de aquellas que nos quedan como reliquias de La Habana colonial. Desde 1905, un ingeniero cubano, Ral Otero, en su tesis de grado de Arquitectura, seal como centro de La Habana futura aquella eminencia, no lejana del Castillo del Prncipe y cerca de la Calzada de Ayestarn, donde entonces se encontraba situado un interesante edificio, no terminado, por cierto, de estilo algo morisco, y de aspecto ms militar que religioso, pero que, sin embargo, estaba dedicado al culto catlico bajo el nombre de Ermita de Nuestra Seora de Montserrat; haba sido construido por la colonia catalana en Cuba y se la llamaba la Ermita de los Catalanes. El ingeniero Otero propona crear all una gran plaza cuyo centro ocupara el Capitolio Nacional, y de la cual partiran cuatro avenidas orientadas hacia los cuatro puntos cardinales, enlazando as a la Ciudad con sus barrios colindantes. En 1916, el urbanista Camilo Garca de Castro tambin puso de relieve la excepcional importancia de dicho lugar. En 1922, el ingeniero Enrique J. Montoulieu de La Torre y el arquitecto Pedro Martnez Incln propusieron la creacin de un gran parque en aquel lugar, siempre considerndolo como el gran centro de la urbe futura. En 1926, contratado por el gobierno del dictador Machado para organizar la planificacin y el embellecimiento de La Habana segn las mejores normas urbansticas de la poca, el gran urbanista francs J. C. N. Forestier, como resultado de sus trabajos en colaboracin con varios arquitectos cubanos, entre ellos Enrique Vrela y el propio Ral Otero y el francs Jean Labatut, entreg un plan en el que figuraba como centro geomtrico del entonces Trmino Municipal de La Habana la colina de la Ermita de los Catalanes, que debera convertirse en Centro Cvico, enlazado con avenidas radiales y de circunvalacin que unieran a todos los barrios habaneros; este plan comprenda la Gran Plaza Cvica, epicentro de circulacin de la Ciudad y lugar de ubicacin de numerosos edificios pblicos; con una Zona de Acceso y dos Plazas, Alta y Baja, y, como centro de la primera de stas, un gran Monumento a Mart; si bien el ingeniero y arquitecto Otero afirma que fue suya la idea de colocar all ese homenaje permanente a nuestro Apstol. En 1937, por decreto del presidente provisional F. Laredo Bru, se dispuso erigir un nuevo monumento a Mart, no a la altura de su gloria —que esto sera imposible—, pero al menos de acuerdo con el desarrollo que haba adquirido La Habana; y a la comisin designada al efecto se le encarg viabilizar la fusin de ese proyecto con el de la creacin de una Plaza Cvica en el lugar ocupado por la Ermita de los Catalanes, en cuyo centro se emplazara dicho monu mento. Se efectuaron tres concursos, entre 1938 y 1942, para la eleccin de un proyecto de Monumento a Mart; pero desde el primero se eligi, para la

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Plaza Cvica en que se situara aqul, el proyecto presentado por los ingenieros y arquitectos Enrique Luis Vrela, Ral Otero y Jean Labatut, que desde tiempo atrs venan interesndose en el asunto. En 1941 y 1942, bajo la presidencia constitucional de Fulgencio Batista, que desde 1937 haba calorizado la idea del Monumento a Mart, se dictaron decretos sobre expropiacin de terrenos para la Plaza Cvica, lo que se consideraba como de utilidad pblica. Pero es muy de notar que, mientras el proyecto original de Forestier y sus colaboradores, en 1926 propona un rea de 2.305,000 m2, y el de Vrela, Otero y Labatut, en 1941, una de 2.023,000 m2, ya el decreto presidencial de 1942 limitaba el terreno del Gran Centro Cvico Jos Mart, prcticamente a la mitad de los antes proyectado: a 1.049,841 m2. Durante el Gobierno de Grau San Martn (1944-1948), absolutamente nada se hizo en cuanto a Plaza Cvica y Monumento a Mart, por la muy mezquina razn de que como, en 1937, haba sido Fulgencio Batista el primer propulsor de aquel monumento, su sucesor y enemigo no dara un paso por llevar ste adelante; sin apreciar la distancia inmensurable que los separaba a ambos de aquel a quien se trataba de honrar. Bajo el gobierno de Carlos Pro Socarras (1948-1952), el Presidente de la Cordialidad (cordialidad que, no sabemos cmo, armonizaba con el asesinato de dirigentes obreros), se reanudaron los estudios y proyectos en torno a la Plaza Cvica, pero con estos resultados desastrosos: en 1951, por medio de trabajos de nivelacin, despus de demoler, o, ms bien, de desplazar la Ermita de los Catalanes, se redujo notablemente la altura de la colina donde aqulla haba estado emplazada, y, por decreto refrendado por el entonces Ministro de Obras Pblicas Manuel Febles, se redujo el rea de la futura Plaza Cvica a ¡casi la mitad del proyecto de 1942 y casi la cuarta parte del primitivo proyecto de Forestier!: ¡a 580,000 m2! Entretanto, la voz pblica hablaba, y bien alto, de especulaciones escandalosas en torno a la expropiacin de terrenos para la Plaza por altas figuras de la situacin gubernamental, con la connivencia —segn qued expuesto por el entonces Ministro de Obras Pblicas Luis Casero, en justificacin propia— con miembros del Poder Judicial. A paletadas se verta el fango sobre el terreno en que habra de levantarse la estatua del Apstol. Y, entretanto, se justificaba la mutilacin de la Plaza Cvica por ¡razones de economa!, mientras el presupuesto de aquel ao, 1951, era de $232 millones, frente al de 1942, de menos de la mitad, de $89 millones, cuando se proyectaba una Plaza Cvica del doble de extensin, y cuando aquel ao de 1950 haba dejado, al menos en los clculos, un supervit de ms de $60 millones. Pero an se hizo algo peor. Frente al hecho, al parecer inexpugnable, de que el proyecto de Monumento a Mart premiado en el concurso definitivo —obra del arquitecto Aquiles Maza y del escultor J. J. Sicre— prevea la construccin, en torno de aqu l, de varios edificios, ms o menos similares en su aspecto externo, que albergaran diversas instituciones oficiales, y seran como perenne guardia de honor en torno al Monumento, el propio gobierno comenz, en terrenos muy prximos a ste, la construccin de otras estructuras que violentamente contrastaban con l, por su estilo, su forma, sus dimensiones: el Palacio de Comunicaciones y el Tribunal de Cuentas. Y no slo destrua totalmente la perspectiva de la Plaza Cvica por la gran doble va de Rancho Boyeros con la aprobacin del proyecto de construccin del Palacio de Justicia en el lugar donde hoy se encuentra, sino que autorizaba la ereccin de la bella estructura de la Biblioteca Nacional, cuya primera piedra fue colocada el Io de enero de 1952, en sitio distinto del propuesto en el proyecto de Monumento a Mart, acabando as con toda posibilidad de formar un Centro Cvico de verdadera grandiosidad y armona, tal como lo idearon los colaboradores cubanos de Forestier y lo haba impulsado un numeroso grupo de intelectuales, artistas y urbanistas de nuestro pas. El ministro Luis Casero, ya citado, ofreca terminar la Plaza Cvica —sin monumento todava, por supuesto— para el 20 de mayo de 1952; pero el 10 de marzo ya Carlos Pro no era Presidente de la Repblica. Y con el golpe militar de Batista vinieron a acumularse nuevos episodios sensacionales en la accidentada historia de la Plaza Cvica. A las seis semanas de declarar en pblico que inmediatamente se procedera a erigir el Monumento a Mart, segn el re ferido proyecto premiado, el dictador dispona un cambio radical: dicho proyecto sera sustituido —.con cambios notabilsimos, por supuesto, en el aspecto general de la Plaza futura— por otro totalmente distinto. Se trataba del que haba obtenido el tercer premio en el citado concurso definitivo del Monument o a Mart, original de los arquitectos Otero, Vrela y Labatut, uno de los cuales, Vrela, acababa de ser nombrado Ministro de Obras Pblicas. Las razones que se aducan eran las siguientes: la Primera, que este ltimo proyecto de forma vertical, corresponda mejor a las dimensiones a que haba quedado reducida la Plaza Cvica —tengamos en cuenta que dicha reduccin haba comenzado por obra del propio Batista en 1942 y que ella no haba sido ni fue obstculo para que en dicha rea se elevaran otros grandes edificios—; y la segunda, que dicha forma vertical armonizara mejor con la horizontal del Palacio de Justicia, —que haba empezado a construirse en la Plaza en contradiccin con todos los proyectos que para sta se haban trazado desde 1926, y especialmente en el propio ao de 1942. El lector juzgar. Ya dentro de este plan de innovaciones, que mejor llamaramos de destruccin de todos los planes anteriores, y mientras se iniciaban los trabajos preparatorios para el Monumento —notemos que pas la fecha sealadsima del Centenario del Nacimiento de Mart, en 1953, sin que el Apstol tuviese ni monumento ni plaza edificados en su honor—, se construy, aparte de la Biblioteca Nacional, ya comenzada, e inaugurada en 21 de Febrero de

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1958, toda una serie de edificios: el Tribunal de Cuentas, el Teatro Nacional, an no terminado; el edificio de la Renta de Lotera; se inaugur solemnemente, en 1957, el Palacio de Justicia, construido por J. Prez Benitoa, socio y pariente por afinidad del dictador Batista; y hasta se estaba levantando, en 1958 un alto y estrecho edificio, que destruye toda la perspectiva de la Plaza Cvica y del Monumento a Mart desde la Calzada de Ayestarn y la Avenida Veinte de Mayo, y que el entonces Alcalde de La Habana, Justo Luis Pozo, proyectaba convertir en nuevo Palacio Municipal. Ms all, otro edificio en que se ha instalado el Ministerio de Obras Pblicas. Pero todo ello sin orden ni concierto; cada edificio no guarda ni sombra de armona con los dems ni por su aspecto ni mucho menos por su orientacin. Perdida quedaba toda esperanza de que la Plaza Cvica fuese la Acrpolis de Amrica que muchos haban soado para la cuna de Mart. Entre tanto, poco a poco se levantaba la enorme columna pentagonal que el — pueblo, identificndola entonces con el gobierno que la eriga, llamaba despectivamente la raspadura; y a su frente se colocaba una figura no prevista en el proyecto original: como compensacin al escultor Sicre, era, en escala menor, la que ste haba ideado para el interior del templo que constitua el proyecto premiado primero y desechado despus. El 31 de diciembre de 1958, al huir Batista, quedaban sin terminar Plaza y Monumento. Desprovista casi totalmente de vegetacin, en las que deberan ser sus reas verdes, sin pavimentacin sus polvorientos caminos, sin acabar algunas de sus avenidas, con abruptas rupturas de perspectiva a cada paso, la Plaza Cvica no era bella entonces, ni hoy lo es, ni lo ser nunca ya como podra haberlo sido. Pero es algo ms. La Revolucin dignifica cuanto toca, y el destino que ha dado a la Plaza, al escogerla como verdadero corazn de la Ciudad, y de la Patria nueva, ha hecho olvidar, no solamente sus defectos estticos, sino todas las sombras de su historia. Por eso, el pueblo mismo, antes de que ningn decreto oficial lo dispusiera, empez a darle su verdadero nombre, Plaza de la Revolucin, al que se agrega, como homenaje al excelso revolucionario que la preside, el de Jos Mart. Olvidemos a la Plaza Cvica: pudo ser bella, y no lo fue. La Plaza de la Revolucin es infinitamente ms que bella, porque all sentimos palpitar el alma de la nueva Cuba. Sobre la meseta pedregosa corre un aire vivo y fuerte que avienta todos los malos recuerdos y que nos colma de aliento vital; cuando miramos la efigie de Mart, sentimos que ha salido del estrecho recinto en que lo encerraba la Repblica mediatizada, a vivir en un mbito infinitamente ms vasto; cuando va la mirada hacia los dispares edificios, ya no los vemos en desarmona, porque nos los unifican sus enorme murales patriticos; aquellos inacabables espacios yermos que daban a la Plaza, a medio construir, un aspecto tan vaco y desolado, estaban crendose, sin que nadie lo sospechara, para que sobre ellos se desbordaran las muchedumbres frvidas y enhiestas, hechas de patriotismo puesto en pie, sobre las cuales la vi sta se pierde en un hor izonte de hombres... La Plaza de la Revolucin no es ya un gran conjunto urbano que pudiera ser mejor: es el lugar sagrado, y por lo tanto, mucho ms que hermoso, donde late el corazn de la Patria; es el palpitar sin fin de las concentraciones populares; es un mar de sombreros de yarey y de machetes en alto, de los campesinos que vienen a apoyar la Reforma Agraria; es el ro de banderas, de hombres y mujeres, de lemas y de msicas, del Primero de Mayo; es la unin entraable del lder revolucionario con su pueblo revolucionario; es el discurso vibrante que avanza, no cortado, sino coreado por un eco inmenso de gritos apasionados; es Fidel pronunciando, y toda una multitud sin trmino aclamando, con estruendo de ocano, cada prrafo de las Declaraciones de La Habana....

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38 CAMINOS, PUENTES Y TNELES Antes de entrar en la descripcin de los Paseos de La Habana antigua y de las Avenidas de La Habana moderna, creemos interesante dar siquiera una muy sucinta idea de los caminos que salan en la villa y caminos primitivos al campo que hoy constituye variedad de barrios y repartos cruzados por aquellas avenidas y paseos. Y porque La Habana de otros tiempos era tierra hmeda y anegadiza, tierra de cinagas, de manglares, de arroyos, diremos tambin unas palabras sobre los puentes que los cruzaban y que hoy son, casi absolutamente todos, vas de trnsi to muy slidas cuyo primitivo destino se ha olvidado. CAMINOS Y CALZADAS. Tres eran los viejsimos caminos que salan de la antigua ciudad amurallada a los campos que hoy, cruzados por amplias vas, forman parte de La Habana moderna; todos ellos simples caminos, carreteras, sin pavimentacin alguna: El Camino de la Playa o de la Caleta, que parta de la puerta de la Punta, siguiendo a lo largo del litoral hasta encontrar la Caleta de Juan Guillen (luego de San Lzaro), la que rodeaba para continuar por la playa, pasando al pie de los riscos de Oliver (hoy Hotel Nacional) y por la llamada Punta Brava, para seguir la lnea de costa del Monte Vedado hasta alcanzar el casero del Pueblo Viejo, lugar donde tuvo asiento la primitiva poblacin de La Habana al ser trasladada, desde la costa sur, a la desembocadura del ro Casi-guaguas o de la Chorrera. A esta senda fragosa y llena de malezas se le conoca, durante los primeros tiempos, con el nombre, muy apropiado por cierto, de El Arcabuco. Este camino se convirti con el correr del tiempo, en la actual Calzada de San Lzaro, as llamada por el hospital de ese nombre, al que conduca; ahora se prolonga hasta la Universidad; el Ayuntamiento le dio durante la Colonia, el de Ancha del Norte, y bajo la Repblica el de Avenida de la Repblica, que no pasaron de denominaciones oficiales. Esta calzada disminuy mucho en importancia al construirse, bajo la ocupacin militar norteamericana el vecino Paseo del Malecn o Avenida del Golfo. El Camino de San Antonio, que era el ms antiguo de salida al campo, parta del extremo occidental de la calle Real o de la Muralla y cruzaba en diagonal hasta la actual esquina de Reina y guila, desde donde segua la trayectoria actual de la primera de stas, continuando en la misma direccin de la que es hoy Avenida de Carlos III, y siguiendo el mismo trazado de la que es hoy Ca lzada de Zapata y, por detrs del actual Cementerio de Coln llegaba junto a la orilla derecha del Almendares, para continuar tambin hasta el asiento del Pueblo Viejo. Se utilizaba principalmente para llevar a la Ciudad las aguas de los manantiales de la Chorrera. A este camino se le llam despus, especialmente en el tramo equivalente a Reina —hoy Avenida Bolvar—, Camino de San Luis Gonzaga, por la ermita de ese nombre erigida en el cruce con la futura Calzada de Belascoan. Despus de la loma del Prncipe, entonces de Arstegui, dicho camino cruzaba junto a un ingenio llamado San Antonio el Chiquito, por una ermita cercana, y como quiera que era, ya convertido en Calzada de Zapata la nica va hacia el Cementerio de Coln hasta la poca, muy tarda, en que se desarroll la parte alta del Vedado, recordamos que en tiempos de nuestra infancia, irse para San Antonio Chiquito era frase que se usaba entre los habaneros como sinnimos de morirse. El Camino de Guadalupe sala tambin del extremo de la calle de la Muralla —despus de la Puerta de Tierra, y era as llamado porque pasaba junto a la primitiva ermita de Nuestra Seora de Guadalupe, que ocupaba la actual esquina de Monte y guila. Despus, su primer tramo, es decir, hasta el Puente de Chvez, recibi el nombre de Calzada del Monte; nombre que provino, segn Pezuela, de la viciosa interpretacin de llamar monte, en nuestra isla a todo lo que no est poblado; y en un tiempo esta calzada —entonces camino— conduca a todos los ingenios de azcar que se fomentaron cerca de La Habana a principios del siglo XVII; el segundo desde Chvez hasta el barrio del Pilar, entonces del Horcn, se le llam Calzada del Horcn; al tercero, desde el lmite del Pilar hasta el Puente de Cotilla, fue la Calzada del Cerro; y en su cuarto tramo, desde all hasta el cruce del ro Almendares, Calzada de Puentes Grandes. En adelante se le conoca por Camino de Guanajay o Camino Real de la Vuelta Abajo. Hasta el ao 1835, en que se construy el Puente de Chvez, la Calzada de Guadalupe slo llegaba hasta la que es ahora calle de Carmen; en esta empezaba una gran cinaga que impeda el paso hacia El Cerro y Luyan. En cuanto al arroyo de Chvez, hasta muy mediado el siglo XVIII, era un brazo de mar de ms de 80 varas de ancho por el que navegaban buques de alto bordo, que atravesando el manglar penetraba tierra adentro hasta alcanzar el lugar donde, ms tarde, se construy el Puente de Villarn, en la moderna Calzada de la Infanta. Adems, muy pronto se cre otro camino hacia el Sur, que sala de lo que fue luego la llamada Esquina de Tejas (interseccin de la Calzada del Monte con la Calzada de la Infanta que se llam despus Calza-

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da de Jess del Monte por haberse construido una ermita en la pequea eminencia donde se encuentra la iglesia parroquial de Jess del Monte. Este camino revisti muy pronto gran importancia, porque de l salieron, en el lugar que ahora se nombra la Esquina de Toyo (interseccin de las actuales Avenidas del Diez de Octubre y Calzada de Luyan), dos ramales, uno hacia el Sur, (la misma Avenida del Diez de Octubre), que llevaba hacia Calabazar, Bejucal y San Antonio de los Baos, y el otro hacia el Este, la Calzada de Luyan, que iba hacia Guanabacoa y Gines. Pero la Calzada del Monte fue desde remotos tiempos hasta no hace mucho la va principal de entrada y salida entre la poblacin y el campo. Adems de estos primeros caminos, todos trazados como radios que partan de la ciudad amurallada, desde tiempos de mucha antigedad, una va transversal que saliendo tambin de la futura Esquina de Tejas, y, siguiendo ms o menos la trayectoria de la Calzada de la Infanta —actual Avenida Menocal—, una el Camino de San Antonio con el Camino de Jess del Monte, y que se llam Camino del Cristo de las Animas, porque pasaba junto a un cerro de ese nombre, el cual a su vez parece debera corresponder a alguna ermita all erigida, pero de la que no hemos podido hallar noticia cierta. El hecho de que empezramos hablando de caminos y continuemos hablando de calzadas responde a la realidad de que desde mediados del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX aquellos rsticos caminos fueron recibiendo unos tras otros empezando por la Calzada del Monte, la pavimentacin que los convirti en buenas vas urbanas. Ya se ha visto como una parte del Camino de San Antonio fue luego Camino y despus Calzada de San Luis Gonzaga; por una ermita que desapareci desde 1835; entonces, al formarse a continuacin de ella el Paseo Militar, o Alameda de Tacn, recibi el nombre de Calzada de la Reina, en honor de la infausta hija de Fernando VII, Isabel II. Bajo le Repblica, el Ayuntamiento de La Habana la llam, primero Avenida de Simn Bolvar, y luego Avenida Bolvar; pero los viejos nombres, aunque encierren una injusticia, poseen una frrea tenacidad para mantenerse en la memoria y en los labios del pueblo. En cuanto a las vas transversales, fueron construyndose poco a poco, a medida que se iban poblando ms y ms las cercanas de las grandes vas longitudinales y se haca ms necesaria la comunicacin entre ellas. La Calzada de Galiano, la primera gran transversal fue la sucesora de un camino bastante accidentado que una, a travs de puentes, alcantarillas, etc., el viejo camino del Arcabuco con el de San Luis Gonzaga. Pero en 1860 era ya la ms hermosa calle de la Ciudad, segn Pezuela, quien atribuye su supremaca de belleza a sus edificios, muchos de dos pisos, y todos de esmerada construccin entre los cuales apenas aparecen algunos que no estn adornados por portales de columnas y barandillas, donde las familias que los habitan, se sientan por las tardes disfrutar de la brisa y del espectculo de los carruages, que viniendo de la calzada de San Lzaro y de las vas paralelas que atraviesan de E. O. a esta de Galiano, tuercen luego por la calle de la Reina hacia el Paseo Militar. Uno de esos edificios, situado al lado derecho de la iglesia de Nuestra Seora de Monserrate era la residencia verdaderamente palacial, y ya desaparecida de la Condesa de Buenavista, que despus ocup hasta fecha muy reciente, luego de haberle hecho sufrir grandes transformaciones, el peridico El Pas. As vemos, que hasta 1782 no se abri la que an hoy es conocida como Calzada de Belascoan, y entonces solamente como calle, y con el nombre de Gutirrez por un isleo de ese apellido, que la construy para beneficio de un molino de tabaco que all poesa; despus fue llamada Calle de la Beneficencia, porque sobre ella daba el costado del edificio de este establecimiento benfico. Ms adelante, en 1843, estando ya casi completamente terraplenada, el capitn general Leopoldo O’Donnell le dio el nombre de un amigo suyo, don Diego Len, Conde de Belascoan que haba sido trgicamente muerto, fusilado por el general Espartero, en Madrid en 1841; resulta incongruente que un gobernante capaz de tan cruel ferocidad como la que mostr en 1844 en la represin de la Conspiracin de la Escalera, no solamente hiciera de la amistad un culto tan ferviente, sino que se empease en inmortalizar a un hombre que haba perecido vctima de sus ideas liberales. Y ms que incongruente, otro hecho es repulsivo a nuestra sensibilidad: que ya bien pasada la primera mitad del siglo XIX, precisamente frente al costado del edificio de la Beneficencia, sobre la banda opuesta de la Calzada de Belascoan, entre Virtudes y Concordia, muy cerca de las nias asiladas se hallase situada —procedente de las cercanas del Arsenal— la odiosa Plaza de Toros. Durante aquella poca esta calzada gozaba de arbolado. En la poca republicana desapareci oficialmente el nombre de Calzada de Belascoan, sustituido por Avenida Padre Vrela; pero todava este nombre glorioso no ha prendido en el habla popular. Al parecer estaba el edificio de la Casa de Beneficencia destinado a sufrir la proximidad de centros dedicados al vicio del juego, porque mucho tiempo despus, en la poca republicana, cuando las corridas

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de toros no eran ya ni siquiera un mal recuerdo en la memoria de los habaneros, una manzana casi contigua al fondo de la Beneficencia, formada por las calles de Concordia, Marqus Gonzlez, Lucerna y Virtudes, estuvo ocupada por el famoso Frontn Jai Alai, espectculo de pelota vasca, que goz entonces de gran auge: all actuaban los mejores jugadores — pelotaris — de Vizcaya, y se cruzaban crecidsimas apuestas. La otra gran va transversal, muy posterior a la Calzada de Belascoan, es la que haba sido por largo tiempo la Calzada de los Pontones, por los muchos puentes que la cruzaban. Tambin estaba arbolada a mediados del siglo pasado. El tramo comprendido entre la Avenida de Carlos III y la Esquina de Tejas se termin en 1843, y la segunda desd e la Avenida de Carlos III, hasta muy cerca de la batera de Santa Clara donde hoy se levanta el Hotel Nacional. Al efectuarse esas obras, se dio a esta va el nombre de Calzada de la Infanta por la infanta hija de Fernando VII que luego fue la reina Is abel II. En nuestra poca el Ayuntamiento le ha dado el nombre de Avenida Menocal, por el apellido del general Mario Garca Menocal que ocup la Presidencia de la Repblica desde 1913 hasta 1921, y que no creemos merezca este homenaje porque su gobierno result desastroso para Cuba. Otras calzadas de menos importancia como las de Concha, as llamada por el sanguinario capitn general de ese apellido, y luego transformada en Avenida Ramn Pint, y la de Cristina, por el nombre de la esposa de Fernando VII, serva esta ltima como auxiliar de la Calzada del Monte, y la primera de la del ramal Sur de la Calzada de Jess del Monte, o sea de la Calzada de Luyan, cuando el trnsito fue aumentando por aquellas primeras vas. No es posible, cuando en los tiempos actuales se habla tanto de planificacin urbana, y recordando cmo por muy largos aos sufri La Habana molestsimas congestiones de trnsito por falta de vas adecuadas, dejar sin consignar un hecho curioso. En 1862, hace ms de un siglo un hombre progresista quiso dotar a nuestra capital de una gran va, concebida con verdadero sentido urbanstico, y con un amplio concepto realista de que despus carecieron los gobernantes de la Repblica. En aquel entonces el arquitecto municipal Saturnino Martnez propuso al Ayuntamiento un proyecto audaz y grandioso: crear una anchsima avenida que desde el entonces Palacio de Gobierno, hoy Palacio Municipal, llegara hasta el Parque Central, mediante la demolicin de todas las manzanas existentes entre las calles de Obispo y O’Reilly; del Parque en adelante, la Avenida continuara en la misma direccin y por el mismo procedimiento de derribo de las manzanas aproximadamente entre las calles de Neptuno y San Rafael, hasta la Calzada de Belascoan: con un poquito ms de visin del futuro, el arquitecto Garca habra dicho: hasta la Calzada de la Infanta. Cierren los ojos los habaneros, e imaginen ese panorama. La magnfica va se llamara Avenida Serrano, sugerencia encaminada a lograr ms fcilmente la aprobacin del que era entonces Capitn General de la Isla, el general Francisco Serrano Domnguez, Duque de la Torre. Esto se proyectaba en La Habana veinticinco aos antes de que en la capital de la Metrpoli se abriese la famosa Gran Va, y treinta y dos aos antes de que en la libre Repblica Argentina se crease en Buenos Aires, la Avenida de Mayo: en verdad, siempre han sido muy progresistas los cubanos. Desgraciadamente, la realidad inmediata y pequea se impuso. El Ayuntamiento cort bastante las alas al proyecto, y no acord ms que la ampliacin de la calle de Obispo y su prolongacin por San Rafael o San Miguel. Mas ni an as se logr que fuera adelante; el general Serrano no lo aprob de inmediato, pronto fue relevado de su cargo, se impuso, en 1863, como ms urgente, la gran obra del derribo de las Murallas; en 1868 estall la Guerra de los Diez aos, y desde entonces el gobierno colonial tuvo que enfrentarse con problemas muchsimo ms graves que los del trnsito... PUENTES En cuanto a los antiguos puentes, casi todos, como hemos dicho, desaparecidos, eran, sobre la Calzada del Cerro, entonces de Guadalupe. Puente de Antn Mozo, en la calle de Antn Recio, nombre de uno de los primeros vecinos de la Villa antes Antn Mozo, conocido desde principios del siglo XVII, y probablemente muy anterior a esta fecha; Puente de Chvez, sobre el arroyo de Chvez o del Matadero, existente desde 1641, cuando se le nombraba Puente Nuevo, y reconstruido de mampostera en 1798 cuando tom su nombre del de Miguel Chvez, administrador de las Rentas Reales; junto a l se colocaron, en 1835, dos gruesas caeras que conducan el agua del Acueducto de Fernando VII. Puente de Cotilla en la Calzada del Cerro, entre la Calzada de Palatino y la calle de Zaragoza, para el pase de las aguas de la Zanja; reconstruido de mampostera en 1830. En el barrio del Cerro existieron tambin estos: Puente de Orengo, sobre el ro de este mismo nombre, o ms bien, arroyo, en el camino que contina la Calzada de Buenos Aires. Puente de Piera en la calle de este nombre. En el extenso barrio de Jess del Monte y sus vecinos, Concha, Cristina y Luyan se conocen los siguientes: Puente de Agua Dulce, donde hoy se encuentra la gran plaza de este nombre, en el cruce de la Calzada del Diez de Octubre, Avenida de Agua Dulce, Calzada de Cristina y Va Blanca; el arroyo de ese nombre

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fu canalizado mucho aos atrs. Puente de Maboa, tambin sobre la Calzada de Jess del Monte, sobre el arroyo de ese nombre, asimismo desde hace tiempo canalizado. Puente de Concha, sobre la Calzada que llevaba este nombre del capitn general Gutirrez de la Concha, odioso a los cubanos, y hoy ostenta el del mrtir Ramn Pint; cruzaba al desaparecido arroyo de Agua Dulce. Puente de Pastrana, sobre el arroyo de ese nombre, afluente del ro Luyan, en la Calzada del Luyan, entre la Avenida de Ramn Pint y la calle Porvenir. Puente de Cristina, sobre la Calzada de este mismo nombre, as llamados ambos por la reina esposa del tirano Fernando VII; inaugurado en 1832 por el capitn general Francisco Dionisio Vives, y reedificado en 1844 por el capitn general Leopoldo O’Donnell: en verdad recuerda a toda una serie de personajes repulsivos para todos los cubanos. Puente del Mayito al principio de la calle de Santos Surez, sobre un arroyuelo de ese nombre, afluente del Maboa. Puente de Mara Ayala, en la calle de Concepcin entre San Lzaro y San Anastasio, sobre el arroyo de aquel nombre, que era el mismo que luego tomaba el nombre de Pastrana. Entre todos ellos se destaca el Puente de Alcoy, sobre el ro Luyan, en la calzada de este nombre, muy cerca de su entronque con la Carretera Central, en el lmite de los antiguos municipios de La Habana y Guanabacoa; fue construido por la clebre Junta de Fomento, bajo la direccin del gran ingeniero cubano don Francisco de Alber, en los gobiernos de don Federico Roncaly, Conde de Alcoy, cuyo nombre lleva, y de don Jos Gutirrez de la Concha, varias veces mencionado; mientras avanzaba su construccin ocurrieron, pues, sucesos tan importantes en nuestra historia como el desembarco de Narciso Lpez en Crdenas, donde onde por primera vez nuestra actual ensea nacional y la muerte en el patbulo de este protomrtir de las libertades cubanas; dicho puente se conserva en buenas condiciones en la actualidad, y hasta 1845 fue la nica va terrestre de comunicacin entre la ciudad de La Habana y las cuatro provincias de Matanzas, Las Villas, Camagey y Oriente. Otros puentes eran los que cruzaban la Zanja Real por el trayecto que sigue hoy la calle de este nombre, a la que se ha dado luego el nombre del sabio cubano Finlay. En primer lugar, el Puente de Galiano, construido por Juan Martn Galiano, inspector de fortificaciones, sobre la calle que haba de llevar tambin su nombre, hoy Avenida de Italia, para sustituir a uno muy primitivo que all exista, varias veces renovado, desde 1576; en 1836 se reemplaz por otro, a fin de dar paso al ferrocarril que iba a instalarse, por primera vez en Cuba, y luego desapareci, como tantos otros, al empuje del progreso urbano. Puente de Escobar y Puente del Padre Manrique en las intersecciones de dichas calles con la de Zanja. Tambin se recuerdan el Puente de Armenteros o Puente de la Espaola en el cruce de la calle de Figuras y la de Gloria, sobre una caada tambin llamada de las Figuras; el Puente de San Lzaro y el Puente de las Animas ambos sobre una corriente de la Zanja que iba a desaguar a la antigua Caleta de Juan Guillen; estaban situados sobre las calles que llevaban sus respectivos nombres. Nada hemos dicho, limitndonos a esta mera mencin, de los puentes que existieron en los primersimos tiempos de la Villa de La Habana, como, por ejemplo, el que se estableci en alguno de los ngulos de la cinaga que era por aquel entonces la actual Plaza de la Catedral; la razn de ello es que se hacan de material tan deleznable que su existencia resultaba por dems efmera, y muy pronto slo quedaba de ellos apenas ms que una vaga referencia en el enmaraable texto de las viejas Actas Capitulares. Pero s nos falta contar que existi —y an queda un muy slido ejemplo de ellos, toda una serie de puentes, o, ms bien, puentecillos que servan para cruzar los varios arroyos o arroyuelos que atravesaban la que es hoy Calzada de la Infanta o Avenida Menocal, y que entonces —nos referimos al siglo XVIII— era llamada, precisamente por esa causa, el Camino de los Pontones. El nico de ellos que se conserva, aunque cegado desde hace tiempo el arroyo que cruzaba, sin comparacin el mejor de ellos, es el que se nombra Puente de Villorn, fue construido, dentro del tramo que va de la Avenida de Carlos III a la Esquina de Tejas, a la altura de las calles de Amenidad y Manglar, el ao de 1843, por el general subinspector de ingenieros don Mariano Carrillo de Albornoz, durante el gobierno del general Jernimo Valds, Conde de Villarn, a quien debe su nombre. Corresponde ahora hablar de los puentes modernos, es decir de los que, solidificado ya casi absolutamente todo el permetro de La Habana propiamente dicha, unen, o han unido a la Ciudad con el vecino trmino de Marianao, cruzando el ro Almendares o Casiguaguas, que tal fue su antiguo nombre entre los indgenas. La primera mencin ser para los dos que permiten franquear el ro por la Calzada de Puentes Grandes y el otro por la calle 44; el primero de ellos, muy antiguo fue precisamente el que dio nombre a ese pequeo poblado, contiguo a la Ceiba. Los primitivos, muy frgiles, fueron destruidos por un temporal, reconstruidos por disposicin del capitn general Marqus de la Torre, de nuevo deshechos en 1791, y definitivamente reedificados por el benemrito gobernador don Luis de Las Casas. Ya dentro de la era republicana, la comunicacin cada vez ms intensa entre La Habana y el vecino trmino de Marianao hizo imperiosa la construccin de un slido puente-viaducto de mampostera, para sustituir al de barcas que de antiguo exista sobre el ro Almendares; fue edificado por el Gobierno Provincial, siendo gobernador el general del Ejrcito Libertador Ernesto Asbert; en el ao de 1909; une la

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calle 23 del Vedado con la Avenida de los Aliados, hoy Avenida 41 de Marianao, en el Reparto Kohly; se conserva en perfecto estado, habiendo sido ampliado en la dcada del 40, y siempre ha sido conocido por Puente Almendares. Anteriormente la Havana Electric Railway Co. haba construido dos, de tipo muy primitivo, para el cruce de sus lneas. Mucho despus, al fomentarse el lujoso Reparto Miramar sus constructores edificaron uno de armazn de hierro y de verdadera belleza y elegancia, al que se dio el nombre de Puente Miramar. Todos estos puentes se abran por el centro para dar paso a embarcaciones que cruzan el ro. Al construirse los dos tneles por debajo del ro de que hablaremos oportunamente, fueron demolidos el hermoso Puente Miramar, y el de polines de la antigua empresa de tranvas —estos haban dejado de circular desde 1950—; y slo queda el otro tipo primitivo. En 1951 la reconstruccin y ampliacin de la carretera a Rancho Boyeros, que une a la Ciudad con su aeropuerto, llev a la construccin de un hermoso puente de hormign que cruza el Almendares en las cercanas de Vento, y de otro sobre el ro o arroyo Orengo, su afluente. Y en 1957 se construy uno, de anchura excepcional, no sobre ninguna va de agua, sino, como parte de la preparacin de lo que entonces se llamaba Centro Cvico o Plaza Cvica, para unir la calle de Paseo, o Avenida de los Alcaldes, del Vedado con la Calzada de Ayestarn, cruzando por sobre la Avenida Carlos Manuel de Cspedes. Tambin existe, no en el antiguo Municipio de La Habana, pero s dentro del permetro de La Gran Habana, el Puente de La Lisa, en Marianao, sobre el ro Quib, como prolongacin de la Calzada Real de Marianao, hoy Avenida 51. TNELES En esta resea, de calles, caminos, calzadas y puentes nos parece que faltara algo importante, que da una nota muy moderna, si dejramos de mencionar los tres tneles que se han construido recientemente para facilitar el trnsito con sectores extremos de la Ciudad. Dos de ellos, los que primero se construyeron, respectivamente en 1953 y en 1958, cruzan por debajo del ro Almendares y ponen en comunicacin el barrio habanero del Vedado con el municipio de Marianao, que cada vez se ha integrado ms con el de la capital y que ahora entrar a formar parte de la Gran Habana; el primero va de la calle de Calzada en el Vedado a la Quinta Avenida del antiguo reparto Miramar, y el segundo, de la calle de Lnea, en el Vedado, a la Sptima Avenida de Miramar. En cuanto al tercero, fue un proyecto ms ambicioso, muy felizmente realizado: este tnel, mucho ms extenso que los antes mencionados, cruza el fondo de la baha, casi por la misma boca del puerto; sale de la Avenida del Puerto, all Avenida Mximo Gmez, junto a la base del monumento de este prcer, y desemboca por detrs del Castillo del Morro, en la ancha carretera que entronca con el inicio de la Va Blanca, o sea, la ms nueva va de comunicacin, muy junto a la costa Norte, entre La Habana, Matanzas y Crdenas. Este tnel, inaugurado en 1958, fue construido por una empresa francesa, la Societ des Grands Travaux de Marseille, y la obra fue dirigida por el ingeniero Jos Menndez. Une a La Habana propiamente dicha con La Habana del Este, la nueva ciudad, en construccin que comenz por ser un gran pretexto para especulacin a base de creacin de repartos lujosos, y que el Gobierno Revolucionario, a travs de su Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda, en una hermosa ciudad residencial popular admirablemente planificada, formada por edificios de apartamentos cuya propiedad estar al alcance de los presupuestos familiares muy modestos.

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39 PASEOS Y AVENIDAS PASEOS El ms antiguo de los historiadores cubanos, Jos Martn Flix de Arrate —a quien varias veces hemos citado en el curso de esta obra— nos habla, en su famosa historia, de los lugares que utilizaban all por el ao de 1871 los vecinos de esta ciudad para su esparcimiento, o sea, de los primeros paseos habaneros de que se tiene noticia. Aunque La Habana, dice, no goza de los clebres paseos de otras regiones y ciudades ms opulentas.. ac la misma amenidad de los sitios suministra la parte principal para el recreo, siendo innegable que, aun sin incluir el paseo de la baha, que no est en uso y fuera de extremado placer si se practicase, porque en la ribera opuesta a la poblacin brinda la apacibilidad de algunos parajes, incentivo bastante para un honesto pasatiempo.. tenemos, sin numerar ste, otros por la parte de tierra, que son los acostumbrados, ya tomando por la puerta de la Punta el camino de la caleta, que es una alameda natural en que se disfruta, con el fresco sombro de los uveros y limpia llanura, de la senda ms deleitable: la vista del mar por una banda, y por la otra la de las huertas que estn asentadas por aquel paraje; ya saliendo por la puerta de Tierra a la calzada en que hoy se van plantando rboles que le den sombro por donde encaminar el paseo a los cocales y a los dos barrios inmediatos de Nuestra Seora de Guadalupe y Santsimo Cristo de la Salud; o ya, ltimamente, eligiendo para el recreo el Arsenal, donde sus mquinas y trfago pueden divertir y ocupar el tiempo y la atencin con gusto mucho rato, no slo a los inclinados a la nutica, sino a los que no lo son. De esta descripcin colegimos que los dos paseos que en aquella poca estaban en uso se hallaban, el uno, donde luego se construy la calzada de San Lzaro, todava existente, y el otro arrancaba del comienzo de la hoy Calzada del Monte, continuando luego por la que por tanto tiempo se llam de la Reina y hoy lleva el nombre de Simn Bolvar.

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Los paseos que ms adelante fueron construidos y que hoy tiene o ha tenido La Habana se citan en el captulo dedicado a las calles, pero hemos credo que debamos destacarlos de modo especial en una obra d esta ndole. Nos parece oportuno advertir aqu lo que sin duda los ms avisados de los lectores ya habrn supuesto: que en estos captulos que pudiramos llamar descriptivos, que dedicamos a calles, plazas, parques, paseos, edificios, etc., no pretendemos dar una enumeracin total, usurpando las funciones de una Gua de la Ciudad, especialmente en los momentos en que esta ltima se ensancha y transforma con tan exuberante dinamismo, sino sencillamente contar las vicisitudes histricas de los principales lugares de La Habana y dar, sobre otros muchos, detalles que puedan interesar a los futuros historiadores y, en general, a los estudiosos de la Historia. Comenzaremos, pues, por referirnos a los tres paseos ms antiguos de que se tiene noticia en nuestra ciudad, despus de aquellos innominados que describiera Arrate: ALAMEDA DE PAULA Debise la construccin de esta Alameda al capitn general Don Felipe Fons de Viela, Marqus de la Torre, de quien con justeza ha dicho la historiadora de arte Marta de Castro que fu nuestro primer urbanista. El muy distinguido arquitecto y tambin urbanista, Jos M. Bens, nos ha trazado, a grandes rasgos, el panorama de lo que era nuestra capital a la llegada de este gobernante y de cules fueron sus primeros propsitos y empeos, que con xito llev a cabo: Por los alrededores de 1770, preocupada La Habana en aumentar sus medios de defensa, a causa de las continuas guerras, expediciones y saqueos, solo haban construido los castillos, el recinto amurallado, y un respetable nmero de iglesias y conventos. Como plazas existan, con las de Armas y de San Francisco, la del Cristo y la llamada Vieja, que se utilizaban para mercados; pero no se pensaba en trazar paseos ni se tena la remota idea de edificar un teatro, reducindose el solaz del vecindario a las fiestas y procesiones religiosas, paradas y desfiles militares, y a recorrer las calles de los Mercaderes o de la Muralla, que presentaban en las noches, con sus numer osas tiendas alumbradas por lmparas y quinqus, el espectculo de un gran bazar o de una feria. An j no estaban construidos el templo de la Catedral, ni el Palacio de i los Gobernadores, y sus plazas respectivas eran terrenos cenagosos y yermos. En estas condiciones se encontraba La Habana cuando se nombr Capitn General al bien recordado Marqus de la Torre, que proc eda de la ilustrada cort e de Carlos III, prdiga para nosotros en adelantos y mercedes. Desde su llegada prohibi el uso del guano en la poblacin, r pues la mayora de las pequeas casas se levantaban con paredes V de tapia o embarrado y techos de ese material... y proyect acometer diversas obras, entre ellas, dotar a la ciudad de un paseo, levantar un teatro, una Casa de Gobierno y disponer la demolicin de la antigua parroquial para dar impulso, con el producto de la venta del terreno, a los trabajos que estaban paralizados en la iglesia de los jesutas, la cual fu ms tarde nuestra Catedral. Aquel primer teatro fue el que recibi el nombre de Principal, y el primer paseo, la Alameda de Paula, as llamada porque frente a uno de sus extremos se levantaba el hospital erigido bajo la advocacin de San Francisco de Paula., Fue construida la Alameda por el ingeniero Antonio Fernndez Trevejo, que muchas muestras de su capacidad dej en importantes obras de nuestra ciudad. Segn el historiador Jacobo de la Pezuela en su Diccionario que varias veces hemos citado, el paseo se redujo primitivamente a un terrapln adornado con dos hileras de lamos y algunos bancos de piedra, en el trnsito de la continuacin de la calle de los Oficios hasta el Hospital de Paula, si bien el mismo Pezuela agrega que el pensamiento del Marqus era hermoso, pues era su propsito sembrar de frondosos rboles todo el paseo, situado en el lugar que antes haba sido conocido por Basurero del Rincn. La transformacin fue tan extraordinaria que ms adelante dira el propio Marqus en las Memorias de su gobierno: No hay paraje ms agradable en La Habana por su situacin y por sus vistas: expuesto a los aires frescos, descubriendo toda la baha, y colocado en el lugar ms principal de la poblacin, logra el pueblo, dentro del recinto donde antes haba un muladar, el sitio de recreo ms propio para un clima tan ardiente y que pareca elegido para este fin desde la fundacin de la Ciudad. Algunos sucesores del Marqus de la Torre se preocuparon por embellecer y mejorar aquel primer paseo de La Habana colonial. De 1803 a 1805, por rdenes del capitn general Don Salvador de Muro y Salazar, Marqus de Someruelos,, fue embaldosado y adornado con una sencilla fuente y provisto de asientos de piedra con respaldo enverjado. En 1841 el capitn general Gernimo Valds dispuso otras mejoras, entre ellas la ampliacin de las estrechas escaleras que tena el paseo a los costados. Pero su mayor embellecimiento se debi al ingeniero Mariano Carrillo de Albornoz, natural de Mxico, quien, en tiempos del desptico capitn general Don Leopoldo OÂ’Donnell mejor, en 1845, su terrapln, sus

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escaleras, sus asientos, y erigi una linda glorieta sobre el parapeto que caa sobre el mar; con tal motivo recibi la Alameda el nombre de Saln O’Donnell, que no perdur. En 1847 fue adornado con la fuente, muy ornamentada, de mrmol, y de la cual, despus de diversas peripecias, entre ellas un cicln que la derrib en 1910, destrozando la taza, —todava se conserva en pie la columna central—, que describimos entre los monumentos de la Ciudad. El eminente historiador Francisco Gonzlez del Valle, en su interesantsimo libro La Habana en 1841 dice que despus de las mejoras introducidas por Valds, el paseo haba recibido el nombre de Nuevo Saln, y agrega: Era lugar favorito escogido por los habaneros para su solaz y distraccin; las damas acudan a l en quitrines y volantas para tomar, durante la noche, el fresco del terral que haca en esa parte de la Ciudad. Sin embargo, desde 1837 haba disminuido gradualmente un tanto su boga, a causa de la alcanzada por la Plaza de Armas, reformada en aquel ao; y ya no alcanzaba el esplendor que luciera durante las primeras dcadas del siglo. Desde 1850, segn Pezuela qued formando una continuacin de la Alameda otro paseo, nombrado Saln Roncali, por el apellido de este gobernante; lo separaba del primero el Hospital de Paula y llegaba hasta el llamado Baluarte del Matadero. Pero nada queda ya de este Saln, y numerosos edificios se levantan desde hace muchos aos sobre los terrenos que ocup. En los tiempos del esplendor de la Alameda de Paula se levantaban en sus inmediaciones muchas de las ms lujosas residencias habaneras de aquel entonces, tales como las de la familia Luz, los condes de O’Reilly, de Barreto, de Jibacoa, de Casa Bayona, de Vallelano y Pealver, los marqueses de Campo Florido y de la Real Proclamacin. Ms tarde, con la ampliacin de la ciudad y el auge creciente de su puerto y de su comercio, las familias ricas se alejaron, en busca de lugares ms tranquilos, y la Alameda se convirti, especialment e, en lugar de reunin de los marineros de muy diversas naciones, cuyos buques tocaban en La Habana. Este paseo, el ms antiguo de todos los de La Habana, an se conserva, y esperamos que por siempre se conservar, como valiosa reliquia histrica que es. Como era de presumir, a lo largo de su prolongada vida ha sufrido muchas visicitudes, llegando a veces hasta verse en estado de ruina; especialmente violenta fue la mutilacin que sufri en 1911, cuando la compaa norteamericana Havana Central instal frente a l sus muelles y almacenes. Pero en 1946 fue objeto de una acertada restauracin; y hoy, aunque escassimo de la vegetacin que lo hara mucho ms grato, contina ofreciendo algo de su encanto arcaico el paseo que atraa en su juventud a nuestras bisabuelas. Cortina de Valds. Este es el ltimo paseo de La Habana de intramuros, construido durante el mando del general Jernimo Valds. Jacobo de la Pezuela dice de el en su Diccionario Geogrfico de la Isla de Cuba: En 1841, entre las muchas obras de ornato pblico que dispuso durante su corto mando el general don Jernimo Valds, fue una de ellas la de esta Alameda, embaldosada sobre un terrapln de ms de dos varas sobre el nivel del suelo. Traz su plano y dirigi la ejecucin el subinspector de ingenieros don Mariano de Albornoz. Ocupa esta cortina una longitud de 200 varas castellanas sobre el mismo lienzo de la muralla de mar que se extiende entre la batera de San Telmo y el edificio del parque de Artillera. Conducen a ella dos anchas escaleras de piedra por sus dos extremos, y cien su anchura, de unas 30 varas, dos barandillas de hierro, asientos de piedra equidistantes y una hilera de rboles. Adems de disfrutarse en este paseo de las brisas del E. en toda su plenitud, es muy preferido por los que andan a pie, as por sus preciosas vistas a la entrada de la baha, al Morro, la Cabaa y a todo el puerto, como por su proximidad a la Plaza de Armas y a los puntos principales de la poblacin. Esta alameda o paseo existi hasta terminar la dominacin espaola. Se encontraba en las cercanas de donde hoy se halla el seudocastillo, de modernsima construccin, que actualmente ocupa la Jefatura de la Polica. Por cierto que consideramos un grave error urbano, el hecho de haber erigido una imitacin de castillo antiguo a pocos pasos, como si dijramos, de donde se conserva un verdadero castillo, el ms antiguo que an perdura en Amrica, la verdadera reliquia histrica que es el Castillo de la Fuerza. Alameda de Extramuros, Alameda de Isabel II, hoy Paseo de Mart, corrientemente llamado El Prado. Es el que tambin se llam Paseo del Prado, Paseo del Conde de Casa Mor, y en la Repblica ha recibido el nombre del Apstol de nuestras libertades. Se extiende desde el actual Parque o Plaza de la Fraternidad hasta el Parque Central, que lo divide, y desde ste hasta el actual Malecn. Acerca de l nos dice Gonzlez del Valle en su obra ya citada:

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Fue llamado tambin Nuevo Prado, y lo empez el marqus de La Torre en 1772, y sus sucesores hasta Ricafort lo fueron mejorando, especialmente don Luis de Las Casas y el conde de Santa Clara. La antigua alameda qued hermosamente transformada por el ensanche que le dio el general Tacn durante su mando. Pero este desptico gobernante afe, a la vez, el hermoso paseo, erigiendo frente a uno de sus extremos el macizo y ttrico edificio de la Crc el, donde se efectuaron numerossimas ejecuciones y donde sufrieron prisin y martirio muchos patriotas c ubanos por el hecho de ansiar la libertad de Cuba y combatir por ella. t40 Prosigue Gonzlez del Valle diciendo que el general Valds, que continu las obras de embellecimiento de la ciudad, aument los atractivos de aquel ancho y bello paseo que, adems, volvi a ser embellecido por orden del capitn general Prncipe de Anglona, en 1840, cuando se le dio el nombre de la Reina. Esta reina era nada menos que la famosa Isabel II, que Jamo contribuy a acabar de aruinar los restos de prestigio que pudieran quedarle a la Monarqua —despus de la vil conducta de su padre y abuelo—, con sus errores polticos y su vida escandalosa. MO En La Habana de 1841 dice el autor que por aquellos aos el paseo por esta alameda empezaba a competir y acaso a sustituir en Doga al de la Plaza de Armas, por su mayor extensin y amplitud, ms adecuadas a la importancia y poblacin que iba adquiriendo la ciudad. Jacinto de Salas, en 1840, hablaba con elogio de este paseo, diciendo en su obra Viajes por la Isla de Cuba que era tan grande en La Habana el nmero de quitrines, que se haca necesaria la atencin ms rigurosa para no ser atropellado, y explicaba: Realmente son muy curiosos, y llaman la atencin del viajero sus riqusimos estribos y dems adornos de bruida plata, el radio inmenso de sus ruedas de dursima cana, su tapacete de pao finsimo con que se preservan del sol o de la lluvia los que van dentro; las varas de flexible majagua, el traje curioso del calesero, el breve pero brioso caballo, todo con remates de blanca plata... Cuando a cierta hora de la tarde en que el sol ha cado y el calor cesado, echado el fuelle y el tapacete, se ve discurrir por el hermoso paseo a uno de esos ligersimos carruajes, llevando dos o tres bellas cubanas, de que ve el observador desde el bien calzado pie hasta el rico y abundante cabello, cree que no es posible inventar carruaje ms elegante y lindo, en un pas en que abunda la hermosura y es necesario dejar que el viento gire y refresque.

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Un viajero norteamericano, autor de unas Notes of Cuba (Notas de Cuba) a quien cita sin nombrarlo, Eugenio Snchez de Fuentes en su obra Cuba Monumental, Estatuaria y Epigrfica, haba dicho de este paseo en 1836: Ningn carruaje de alquiler admitase en esta alegre carrera de moda (referase al paseo de los das de fiesta por la tarde), siendo por otra parte muy fatigoso el ir a pie desde el centro de la ciudad hasta su exterior.(La Alameda tiene aproximadamente una milla de largo y es bastante ancha) para permitir a los paseantes cambiar saludos de un lado a otro con sus conocidos, que las seoras hacen graciosamente con el abanico y los caballeros con un movimiento de mano, viste paseo cuenta con acera cmodas y asientos distribuidos en todo su largo, que utilizan las personas de a pie..). Cinco bandas de msica, situadas en los puntos ms favorables del recorrido, tocan exquisitamente... En este sitio (junto a la estatua de Carlos III todava situada all) ha sido estacionada la mejor de las bandas militares, y conforme las volantas pasan alrededor del mrmol, los caballos se asustan al punto de impedir a los caleseros mantenerlos en fila, resultando todo ello un agitado y esplndida exhibicin y un paseo interesantsimo ... Cada carruaje mantinese en su orden, y marqueses y condes, caballeros y plebeyos, con tal que tengan medios suficientes para mantener una volanta propia, figuran en este animado y brillante concurso. Las capotas de todos estos vehculos mantinense cadas, exhibindose ya un caballero solo, ms frecuentemente una seora y un caballero, y algunas veces tres personas, que circulan, miran, hablan y rien en alta voz, siendo vistos por todos y saludadas, sin parar, slo cuando la msica toca, todos la escuchan con atencin. La Alameda, se extenda de una parte hasta cerca de la Punta, y de la otra hasta un costado del Campo Militar o Campo de Marte, y formaba parte de un gran plan de paseos que haba trazado el gran urbanista de la poca, el mariscal de campo don Mariano Carrillo de Albornoz. En 1863 la describa Pezuela de este modo: Desde aquella poca, (fines de 1800) la Alameda de Isabel II propiamente dicha, qued ocupando una longitud de 1800 varas provinciales de N. a S. al O. del recinto, con una anchura rectilnea de 125 abierta entre el costado de la crcel y la entrada de la Calzada de San Lzaro. Contina en lnea recta esta Alameda hasta llegar al espacio comprendido entre las dos manzanas laterales que atraviesa la calle de las Virtudes. Pasadas esas manzanas > cuadras, forma un espacio circularmente arbolado en forma de rotonda, en cuyo centro se coloc en 1857 una estatua colosal y palestre de S. M. la Reina Isabel II ejecutada en mrmol blanco. Desde esta rotonda, la lnea del paseo oblicua, siguiendo la paralela de las cortinas del recinto hasta llegar a alinearse en su estremidad meridional con la enverjadura del costado S. del Campo Militar. Al terminar su segunda seccin, que empieza en el espacio comprendido entre el gran teatro de Tacn y la Puerta de Monserrate, vuelve a interrumpir agradablemente a este paseo, otra rotonda entre el costado E, de aquella enverjadura y la salida por la puerta de Tierra. En el centro de este segundo crculo ar bolado, aparece una sencilla fuente llamada la India. La alameda forma una reunin de cinco calles paralelas en su primera seccin, a saber: dos empedradas a la macadam, en la contigidad de las casas de los dos costados; otras dos terraplenadas entre las hileras de rboles, para los que pasean a pie, y una central mucho ms ancha que las otras, para el trnsito y concurrencia de los carruages y ginetes. De intervalo a intervalo hay bancos de piedra junto a las hileras de los rboles y delante de la fachada del teatro de Tacn se colocan sillas por las tardes, siendo ese habitualmente el lugar ms concurrido del paseo. De este paseo, segn era ya en la segunda mitad del siglo pasado, nos dice Carlos Robreo: Acaso por su semejanza con el que de igual nombre se extiende en el castizo Madrid desde la fuente de la Cibeles hasta la estacin ferroviaria de Atocha, fue por lo que al paseo que construy en La Habana transcurrida ya la primera mitad del siglo pasado se le llam tambin Prado. ¡El Prado de La Habana! Desde entonces, aquella amplia avenida que recordaba mucho las Ramblas barcelonesas qued convertida en el ms concurrido lugar de esparcimiento, a donde acuda toda la poblacin para buscar alivio a los rigores estivales de las noches del trpico. Ciertamente, en sus primeros tiempos, segn cuen tan los historiadores el Prado, aunque tena esa peculiar estructura que. ha conservado a travs de los aos, no ofreca al transente en la parte central un piso pavimentado, pues era de tierra y en sus bordes, a todo lo largo del paseo se admiraban frondosos rboles. Durante los ltimos aos de la colonia, ya el Prado era el paseo por excelencia de los habaneros, pero lleva de tal poca el amargo recuerdo, de que sobre las calles que se extienden a ambos lados, en tardes tristes, paseaba impune y jactanciosamente a caballo, seguido de sus ayudantes, el repudiado Valeriano Weyler.

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Durante la ocupacin militar norteamericana fue rehecho y se sembr de lamos; en tiempos del presidente Alfredo Zayas se le plantaron pinos. Hoy se extiende desde el Parque Central hasta la pequea esplanada donde comienza la parte primitiva del Malecn, frente al Castillo de la Punta. En otros tiempos ya vimos que tuvo una segunda seccin que se extenda en direccin contraria, es decir, del Parque Central, hasta el principio de lo que es hoy el Parque de la Fraternidad; esta seccin fue destruida al construirse el Capitolio Nacional, y al mismo tiempo, tambin bajo la dictadura de Machado, la seccin restante del Prado o Paseo de Mart fue reconstruida por el entonces Secretario de Obras Pblicas, Carlos Miguel de Cspedes; cuando muy bien dijo Jos M. Bens: trajo los laureles de la finca La Coronela, y ya crecidos fueron sembrados en el Prado, al cual se le dot de artsticas farolas con excelente iluminacin, bancos de piedra y mrmol, copas y mnsulas de bronce, con una riqueza y profusin tal, que sumado al bello piso de terrazo hicieron de l uno de los ms tpicos e interesantes paseos de las ciudades americanas, y el Prado vino a ser desde los comienzos del siglo el Gran Saln, el Palco escnico de la urbe, alrededor del cual tenan lugar las famosas fiestas de nuestros carnavales y los diversos desfiles cvicos y militares, a tal extremo que hoy no se concibe una Habana sin nuestro Prado, como tampoco sin la Plaza de Armas y sin el Parque Central. Durante las ltimas dcadas del siglo XIX y las primeras del XX, el Prado, luego Paseo de Mart, fue la va aristocrtica por excelencia; a ambas aceras se elevaban las ms suntuosas y elegantes mansiones de las clases acaudaladas; los domingos, especialmente, paseaban por l innumerables carruajes, en su mayora de propiedad particular, y durante la temporada carnavalesca, que aqu se prolongaba casi hasta el que en la liturgia catlica se llama el Domingo de Pasin, esta avenida era el punto culminante de aquellos famosos Paseos de Carnaval que dieron renombre a La Habana y que, antes de que el afn comerciador los desnaturalizara; asemejndolos a las incontables parades norteamericanas, constituan un espectculo sui gneris, de color, belleza y alegra excepcionales, solamente comparables a los de Niza, en la mundialmente afamada Costa Azul francesa. El xodo de las ricas familias haca los nuevos repartos, y la invasin de comercios de lujo, dedicados especialmente a los turistas, seguido de numerosas oficinas, hoteles, cafs, etc. cambi profundamente el carcter del viejo paseo, que hoy conserva slo la belleza de sus proporciones, la nobleza de sus edificios ya anticuados, el encanto de sus altos rboles/ y la leve nostalgia que evoca en quienes lo conocieron en los tiempos de su esplendor. Pero tambin guarda recuerdos trgicos. En 1913 fue teatro de uno de los crmenes ms sensacionales hasta entonces. El general Armando de J. Riva, Jefe de Polica de La Habana, el ms joven de los generales de la Guerra de Independencia, figura de gran

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relieve social y de brillantsimas cualidades personales, paseaba por el Prado, el 7 de julio, en su coche acompaado de dos nios: su hijo y un amiguito de ste. Al llegar frente a la residencia del Sr. Goicoechea, senador de la Repblica, se le encim en un automvil el tambin general de la Guerra de Independencia, Ernesto Asbert, Gobernador de la Provincia de La Habana —quien vena acompaado de dos ‘representantes a la Cmara, Eugenio Arias y Vidal Morales—, y le dispar a quemarropa varios tiros, causndole las gravsimas heridas en la cabeza y en el vientre que le produjeron la muerte dos das despus. Aquel asesinato produjo horror y consternacin en toda la Ciudad, tanto ms cuanto que se trataba de dos altos veteranos de la Independencia, y que el mvil que se atribua al asesinato no poda ser ms escandaloso: la persecucin que Riva, como Jefe de la Polica, haba emprendido contra las casas de juego alcanzaba a unas cuantas que Asbert, como Gobernador, protega, con fines pecuniarios o polticos. La causa criminal fue ruidossima, y seguida con el ms intenso apasionamiento por el pblico; desfil una multitud de testigos falsos y, por ltimo, sensacionalmente Eugenio Arias se declar culpable del asesinato. El tribunal, sometido a las ms fuertes presiones, conden a Arias y tambin a Asbert —las pruebas en su contra eran demasiado fuertes—, pero no a toda la pena ( que el ltimo mereca. Mas faltaba el ltimo escndalo: el Congreso promulg poco despus una ley de amnista expresamente destinada a Asbert y su cmplice, y la ratific, por encima del veto del presidente Mario G. Menocal. Al ao y medio de ser condenados, Asbert y Arias quedaron en libertad. Pero entonces todava era preciso contar un poco con la opinin pblica: y el vendabal del proceso tronch para siempre la hasta entonces brillantsima carrera poltica de Ernesto Asbert, de quien se aseguraba que era el candidato favorito del expresidente Jos Miguel Gmez, y de grandes ncleos de liberales para la Presidencia de la Repblica. El segundo episodio sangriento ocurri bajo la tirana batistiana. Sabido es que Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952 no ocult sus intenciones, menos a los que cerraban los ojos para no verlas: ese mismo da nombr para los puestos clave de las fuerzas represivas, a tres criminales que pblicamente se haban manchado de sangre durante el gobierno de Carlos Pro: el Coronel Martn Prez, el comandante Rafael Casals, y el Coronel Rafael Salas Caizares. Un da de 1957, a media tarde, Martn Prez atac a tiros, en pleno Prado, con unos cuantos sicarios, a varios jvenes oposicionistas; se form la confusin consiguiente; el esbirro, en persecucin de sus vctimas penetr en el edificio que, sobre el Paseo, ocupaba entonces una compaa norteamericana de aviacin la Pan American Airways Co., y all, ante el espanto de los empleados y del pblico, abati, y ya en el suelo, ultim a balazos, a pesar de sus desesperadas protestas, a un desdichado joven que para gestionar algn asiento, se encontraba en las oficinas. ¡Esas eran la ley y el orden que muchos hipcritas haban fingido esperar de Batista despus del desgobierno, tambin veteado de sangre, de Carlos Pro! Alameda de Tacn o Paseo Militar, luego Pase o de Carlos III, hoy Avenida de Carlos III. Al plan de embellecimiento de La Habana trazado por don Mariano Carrillo de Albornoz perteneca tambin la construccin de un buen paseo, tan cmodo como hermoso, que al par que sirviera de esparcimiento a los vecinos de la ciudad de La Habana, ya que sta se extenda cada vez ms por los llamados Extramuros, procurase una mejor comunicacin a las fuerzas militares estacionadas en el Castillo del Prncipe; que apenas podan llegar a aquella sino por un camino existente desde 1829, bajo cenagozo y siempre anegado en poca de lluvia. Probablemente por esta razn fue por lo que su realizador el capitn general Miguel Tacn lo llam Paseo Militar, sin embargo, parece que su nombre oficial fue el de aquel gobernante cruel y tirnico, y a la vez —como tan amenudo sucede— infatigable constructor, pues Alameda de Tacn es como lo llamaba el Historiador Pezuela en 1860; pero debido a haber sido colocada al frente del Paseo, en 1836, la estatua que desde 1803 la gratitud de los habaneros haba erigido al segundo de los reyes borbnicos, espaoles, el nombre que al fin le qued a aquel fue el de Paseo de Carlos III. Las obras iniciadas durante su mando hubieron de continuar en el de sus sucesores el Duque de Tetun y el Conde de Alcoy, terminndose en 1850, siempre bajo la direccin de Carrillo de Albornoz. El camino a que nos hemos referido se iniciaba en la interseccin de la Calzada de San Luis Gonzaga con la de Belascoan, atravesaba los sitios llamados de Pealver y segua en lnea recta hasta la Fortaleza del Prncipe. Tena en total, una extensin de mil doscientos diez metros y un ancho de cincuenta y uno. Esta ruta acortaba grandemente la distancia hasta la Fortaleza, y evitaba el rodeo que era necesario dar por el camino de San Lzaro y las canteras. El mismo general Tacn deca refirindose al Paseo Militar. Careca la capital de un paseo de campo, donde se pudiera respirar el aire puro y libre, y me resolv emprenderle desde el campo que llaman de Pealver, hasta la falda de la colina donde se halla el Castillo del Prncipe. Qued realizado el Paseo con arboleda, jardines, fuentes, cascadas y estanques, que, sirvindoles de adorno, hacen la atmsfera fresca y agradable y satisfacen a la concurrencia, que es siempre numerosa, particularmente en los das festivos.

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Pero para construir el Paseo fue preciso modificar los niveles de la Calzada de San Luis Gonzaga que luego se llam de la Reina, en aquel entonces llena de desigualdades y barrancos, que no podan hacerse desaparecer sin destruir o dejar enterradas las casas de los puntos ms bajos, fue absolutamente indispensable elevar en el centro una calle de cuarenta varas de ancho con muros de sillera, resguardada con verjas de hierro y canaps de piedra, conciliando el ornato de la obra y la comodidad de los carruajes, y dejando a los costados dos calles laterales de diez varas de ancho para el trnsito de carretas y carretones de la misma anchura que casi todas las de la ciudad. El Paseo comenzaba al final de la Calzada de la Reina, en su interseccin con la Calzada de Belascoan. Constaba de tres calles de 60 varas de anchura general, con cuatro filas de rboles para dividirlas, las dos laterales con bancos de piedra en sus intermedios, para los transentes a pie, y la central, de triple espacio que las otras, para el paso de los carruajes. Se hallaba embellecido con cinco glorietas o rotondas, trazadas a distancias distintas y rodeadas de enverjados y de asientos circulares, siendo de sillera las dos primeras y las dems de banquetas de piedra, adornadas unas y otras con pinos de Nueva Holanda. La primera rotonda era la ms decorada por ser el comienzo del Paseo. Ostentaba dos pilares de piedra a cada lado, sosteniendo dos leones tallados en mrmol que miraban al Oriente. En cada uno de estos pilares podan leerse unas lpidas de mrmol con las siguientes inscripciones: En la de la derecha: ESTA OBRA LA PRINCIPIO EL EXCMO. SR. CAPITN GENERAL DON MIGUEL TAC"N EN EL AO 1835 CONTINUANDO HASTA 1838 QUE CESO EN EL MANDO

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Y en la de la izquierda: SE CONCLUYO POR SU SUCESOR EL EXCMO. SR. D. JOAQUN DE EZPELETA EN 1839 Existan tambin, y se conservan en la actualidad, dos columnas dricas de piedra, estriadas desde la base hasta dos terceras partes de la misma, rematndola un capitel sencillo, y sobre l un jarrn bastante bien proporcionado. En sta primera rotonda fue donde se coloc la estatua de Carlos III. Dos columnas exactamente iguales a estas fueron colocadas al final del Paseo, cerca de donde existi la Estatua de Esculapio, pero desaparecieron desde hace algunos aos, retiradas por las necesidades mayores cada vez del trnsito urbano. Como a ciento cincuenta metros de la estatua se coloc la columna o fuente de Ceres, siguindole en el orden en que van expresadas la Fuente de los Aldeanos o de las Frutas; la Fuente de los Stiros o de las Flores y la Fuente de Esculapio. Por la segunda glorieta o rotonda cruzaba al Paseo la Calzada de Infanta. Y es curioso recordar que la ltima glorieta o rotonda de donde arrancaba hacia un lado la Calzada de Zapata, nico camino existente entonces para llegar al Cementerio de Coln, se hallaba adornada ni ms ni menos que con una estatua de Esculapio, ¡el dios griego de la Medicina! Era una burla inconsciente que inspir a aquel finsimo espritu que fue el Dr. Jos Antonio Gonzlez Lanuza una pgina rebosante del ms delicioso humorismo. El Paseo de Carlos III ha sufrido vicisitudes de diversa ndole a lo largo de la era republicana. Desde el mismo ao de 1902 el Ayuntamiento de La Habana se apresuraba a despojarlo de su nombre tradicional y darle, en su lugar? el de Avenida de la Independencia, con el que nadie jams la design. .En 1936 tuve el honor de presentar, como Historiador de la Ciudad y la satisfaccin de ver aceptada por la Cmara Municipal y por el Alcalde, la proposicin de que se le devolviera al antiguo Paseo el nombre de Carlos III. Me haba basado en estas razones: De todos los monarcas que gobernaron en Espaa durante los cuatro siglos de su dominacin en esta Isla, Carlos III es el nico que mere ce reconocimiento, gratitud y cario por parte de los cubanos, porque l aprob y dio curso a varias y muy laudables medidas acordadas por sus ministros liberales en favor del comercio, la industria, la educacin, la cultura y la beneficencia en Cuba; medidas, muchas de las cuales fueron puestas en prctica durante el gobierno del benemrito don Luis de las Casas, el mejor de los gobernantes de Cuba colonial. Debido a las acertadas disposiciones ya referidas de Carlos III, se inici en Cuba el desarrollo de la cultura; se crearon en Espaa las Sociedades Econmicas, que en La Habana y en Santiago de Cuba recibieron primeramente el nombre de Sociedades Patriticas; vio la luz el primer peridico, no de noticias oficiales sino literario, que ha existido en Cuba: el Papel Peridico de La Habana; se fund la Casa de Beneficencia; se inaugur la primera biblioteca pblica; se decret, mediante el establecimiento del Real Consulado, el comercio libre de Amrica con Europa, que abri la Isla al comercio mundial, suprimindose para ello el monopolio de la Casa de Contratacin de Sevilla y la concesin hecha a Cdiz; y se derogaron innmeros impuestos perjudiciales a la industria. Aunque algunas de estas disposiciones no llegaron a implantarse en Cuba sino en tiempos de Carlos IV y Fernando VII, es a Carlos III y a sus ministros liberales a quienes corresponde la gloria de las mismas y el reconocimiento de los cubanos, y recordaba las palabras del insigne hombre de ciencias y de progreso, don Toms Romay, al sostener que era la estatua de Carlos III la que deba colocarse en el Paseo de Extramuros, —de donde pas luego al Paseo de Tacn—: deca Romay, en el estilo pomposo y altisonante de la poca— El Reinado de Tito no fue mas feliz a los romanos que el de Carlos III a los habaneros. Calculad sus das y sabris el nmero de las gracias que nos dispens. Pero el 16 de octubre de 1765, el 26 de mayo del 68 y el 5 de julio de 1770 sobresaldrn tanto en los fastos de nuestra prosperidad, como el sol y la luna entre los astros del firmamento. Entonces fue cuando rompiendo las antiguas y gravosas cadenas de nuestro comercio, le franque los principales puertos de la Pennsula, suprimi una multitud de derechos que aprisionaban la industria y enervaban la actividad, y con un solo rasgo de pluma nos hizo a todos felices proscribiendo aquel detestable monopolio que enriqueca a cuatro particulares con detrimento de toda la Isla. Esta es la poca de la igualdad de nuestras fortunas, este es el fecundo cauce de donde han manado tantos y tan grandes beneficios. De aqu el fomento de trescientos y ms ingenios de fabricar azcar, de aqu esos edificios que decoran La Habana, honran las artes, protegen

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la humanidad. De aqu la feliz metamorfosis que la ha convertido en una ciudad culta, brillante y populosa. Por cierto que esta Memoria del doctor Romay fue condenada por el reaccionario obispo Trespalacios por contener conceptos subversivos, acusando al progresista gobernador don Luis de las Casas de alentar en los cubanos ideas perjudiciales a la soberana espaola. En 1955, la Avenida de Carlos III fue vctima de uno de los ms lamentables desaguisados urbansticos: su arbolado, antiguo y frondoso, fue arrancado sin piedad, dando a la Avenida un tristsimo aspecto de lugar yermo, que an conserva, a pesar de los raquticos arbolillos que en ella se sembraron despus. Tambin se la despoj de algunas columnas —muchas de las estatuas y fuentes haban ido desapareciendo al correr del tiempo—, que le fueron restituidas en 1956. En 1957 fue ampliada su anchura, desde la Calzada de Infanta hasta el pie de la loma del Castillo del Prncipe, para lo cual se expropiaron terrenos pertenecientes a la Universidad y al Instituto Nmero 1 de Segunda Enseanza de La Habana desde la Calzada de Infanta hasta la entrada del Jardn Botnico y desde la entrada de la Escuela de Agronoma hasta la Avenida de los Presidentes, ms con este motivo se destruy la bella y antigua reja ornamental de la Quinta de los Molinos. Avenidas. Anteriormente hablamos de algunas de stas, de las que no son sino las nuevas formas asumidas por viejos caminos o calles. Ahora mencionaremos las verdaderamente modernas. La primera entre las que merecen este calificativo fue construida durante el perodo de ocupacin militar americana, y no con intencin de mejorar el trnsito sino por razones de salubridad y ornato pblico: el Malecn, en su primer tramo, que se extenda desde el Castillo de la Punta hasta la Calzada de Belascoan. Fue una obra que embelleci notablemente a La Habana, adems de proporcionar a sus vecinos el mejor lugar de esparcimiento, siempre batido por las frescas brisas marinas: en lugar del feo espectculo del fondo de las casas de la Calzada de San Lzaro, y de los arrecifes ms o menos cubiertos de inmundicias, la Ciudad ofreci desde muy pronto, a su entrada, un amplio semicrculo bordeado de nuevos edificios y a toda hora, especialmente por las noches, un panorama de excepcional hermosura. Su nombre fue, en un principio, Avenida del Golfo, pero el pblico prefiri siempre llamarla por el genrico de Malecn. En su comienzo, frente al extremo del Prado, hoy Paseo de Mart, se elev una pequea glorieta de cemento, de discreto estilo griego, donde se situaba la Banda Municipal para ofrecer retretas algunas noches a la semana, y el lugar se convirti en uno de los ms frecuentados de la Capital. En 1921, bajo el gobierno de Alfredo Zayas, se prolonga el Malecn hasta la entrada del Vedado, donde se emplaza el monumento al Maine; en 1930,

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Carlos Miguel de Cspedes lo lleva hasta la calle G, o Avenida de los Presidentes, y en 1950, bajo el gobierno de Carlos Pro, el Ministro de Obras Pblicas, Manuel Febles, lo hace llegar a su trmino natural: hasta las inmediaciones del Castillito de la Chorrera, junto a la desembocadura del ro Almendares. Unos cuantos han soado con prolongarlo a lo largo de toda la lnea costera de los repartos marianenses, hasta la Playa de Marianao; pero hay muchsimas, incontables obras tiles que es preciso hacer primero. As como al construirse el primer tramo de la entonces llamada Avenida del Golfo, fueron demolidas las instalaciones, muy rudimentarias, de los primeros establecimientos de baos de mar fundados en La Habana, los Baos de Las Delicias, de Romaguera y de San Rafael, de igual modo, en 1954, al ampliarse el Malecn desde la calle G hasta la calle 12 de El Vedado, fue preciso destruir dos balnearios, los llamados El Progreso y Las Playas, establecidos respectivamente, desde 1895 y desde 1901; el primero se hallaba al principio de la calle E, y por l se conoca a esta calle por el nombre de Baos; el segundo estaba a la altura de la calle C; y al comienzo de la calle de Paseo, o Avenida de los Alcaldes haban existido los Baos de Carneado, que en otro lugar mencionamos. Al comienzo de la calle 2 existi, hasta la dcada del 40, un cuartel al que se conoca por Batera de Ingenieros. Pero el Malecn, a la vez que pierde su glorieta —en mayo de 1926, y desde entonces aquella esplanada nos luce muy vaca— se ha prolongado tambin desde 1927, en direccin opuesta, hacia dentro de la baha. El mismo Carlos Miguel de Cspedes —‘recordemos, una vez ms, la mana constructora que afecta a los dspotas—, crea, desde el Castillo de la Punta hasta el lugar, al comienzo de los muelles, donde se hallaba la vieja Capitana del Puerto, que desaparece, un nuevo Malecn que, si carece de la ancha perspectiva del mar libre, que es la belleza mayor de la Avenida del Golfo, posee, en cambio, el encanto de la vegetacin y la amplitud que permite que junto a l se extienda un parque, el de Luz Caballero, todo sembrado, no slo de rboles, sino de estatuas, y donde encuentra ancha cabida un bello teatro al aire libre, al estilo griego, el Anfiteatro Municipal. Esta nueva avenida es la Avenida del Puerto. Mas poco despus se decide oficialmente dar un nombre nuevo al Malecn, o, ms bien una serie de nombres: un nombre para cada uno de sus tramos. Desde el lugar de la vieja Capitana hasta el Castillo de la Punta, ser la Avenida Carlos Manuel de Cspedes, como para decir que el Padre de la Patria es la raz, y porque su estatua se levanta no lejos de all, la Plaza de Armas, la que actualmente lleva su nombre, y por que ese paseo, de tan reciente creacin, tiene un no sabemos qu de deliciosamente antiguo, de muy siglo XIX. De Prado, del Paseo de Mart, a la Calzada de Belascoan o Avenida Padre Vrela, el Malecn ser la Avenida Maceo —smbolo, con el Apstol, de la segunda etapa de la guerra independentista—, porque acaba en el Parque Maceo, dominado por el gran monumento al Hroe. Luego, se imponen las verdades oficiales; el tramo siguiente ser la Avenida Washington, que termina en el

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Monumento al Maine; el siguiente desde el Parque del Maine hasta la Avenida de los Presidentes, Avenida P y Margall; y volver la evocacin patritica con el nombre de Avenida Aguilera para el ltimo tramo, que termina en el ro. /Desde los primeros aos republicanos, en el terreno yermo entonces existentes desde el Mercado de Coln, o Plaza del Polvorn —an no exista el Palacio Presidencial—, hasta la entrada del Puerto, se haba construido una graciosa avenida, con algo de agreste y de risueamente cubano, la Avenida de las Palmas; en 1928, dentro del plan constructivo de Machado, fue ampliada, embellecida, bellamente pavimentada, con la idea, suponemos, de convertirla en digna va de acceso hacia el Palacio Presidencial, y se la rebautiz con el nombre un tanto pomposo de Avenida de las Misiones. Ya desde 1925 se haba demolido el pequeo edificio de dos plantas que ocupaba, muy al extremo y sobre el lado correspondiente a la prolongacin de la calle de Monserrate, el Necrocomio Municipal, que haba fundado, en 1880, y en otro local, el Dr. Antonio Daz Albertini, trasladado despus a un edificio construido en la finca La Cinaga, de propiedad municipal. La Habana no interrumpe su desarrollo; pero para llegar a otro perodo caractersticamente constructivo es preciso esperar a 1944-1952. Entonces se recuerdan y tratan de llevarse a la prctica las sugerencias formuladas ms de veinte aos antes por un tcnico francs, J. N. C. Forestier, trazando una serie de grandes vas en direccin Norte a Sur, que liguen entre s las grandes barriadas que se han ido formando ms o menos a lo largo de las que siguen la direccin de Este a Oeste. Y, ante todo, crear la gran lnea de circunvalacin en torno de la Habana Vieja con la que todas aquellas se conectan. El Secretario de Obras Pblicas del presidente Grau, Jos de San Martn, siguiendo los planes trazados por el arquitecto e ingeniero Emilio Vasconcelos, emprendi la construccin de la avenida que, comenzando junto a la ensenada de Atares, y despus costeando el litoral y utilizando, notablemente ampliadas, las calles de Tallapiedra, Desamparados, San Pedro, entroncara al fin con la Avenida Carlos Manuel de Cspedes; para ella se ha dejado el nombre de Avenida del Puerto; muchos de sus tramos carecen de belleza, en parte por los lugares que atraviesan, en parte por que los muelles, los depsitos y las diversas dependencias aduanales le obstruyen casi en su totalidad la vista de la baha; pero adems de su enorme utilidad para el trnsito, aun desde el punto de vista esttico ha representado un avance considerable. Y tanto ms, cuanto que por el Sur, por las grandes vas en que se convirtieron las antiguas Calzadas de Atares y calle de Fbrica, desemboca en otra gran arteria de nueva construccin: la Va Blanca, construida en aquel mismo perodo, que arrancando de la Plaza de Agua Dulce se dirige hacia el Este desde su cruce con la Gancedo hasta despus de la carretera de Cayo Cruz, el llamado Paso Superior, para llegar hasta la famosa Playa de Varadero, en la provincia de Matanzas. Y se cre, en sentido transversal, la Avenida Gancedo —que suponemos cambiar de nombre— para unir, la que pudiera llamarse Avenida Fbrica, con aquella Gran Plaza. El ltimo semicinturn que corra de Norte a Sur era el formado por la lnea Avenida Menocal y Avenida Diez de Octubre —antigua Calzada de Jess del Monte—, que la altura del reparto Barrio Azul se bifurcaba, convirtindose el ramal oriental en Carretera de Managua, y el occidental en Carretera de Bejucal. Pero antes, a la altura de Loma Chaple —otro reparto de Jess del Monte— se ampli la antigua calle de Dolores para convertirla en la anchsima Avenida de Dolores, hoy Avenida Camilo Cienfuegos, de extraordinaria extensin, que baja en direccin Sureste hasta terminar en la Carretera Central, cruzando los repartos Lawton, Batista, Mirador de Lawton, y Vista Alegre. En sentido opuesto, desde Loma de Chaple, parti como continuacin de la Avenida Dolores, la Avenida Lacret, hacia el Noroeste para terminar en otra gran va nueva, la Avenida de Agua Dulce que, naciendo en la plaza del mismo nombre, llegaba hasta la rotonda de la Avenida de Rancho Boyeros donde termina la calle 26, hoy Avenida Veintisis de Julio, procedente del Vedado. Asimismo se ampli entonces y se modific el trazado de la Calzada de Puentes Grandes, que enlaza la Calzada del Cerro —de la que es prolongacin—, la Avenida de Rancho Boyeros y la Avenida Veintisis de Julio, con la calle 44 y la venida 51, esta ltima una de las ms importantes que cruzan la poblacin de Marianao. En aquella misma poca se crea otra gran lnea de Norte a Sur —la direccin de los sucesivos cinturones o semicinturones de Galiano, Belascoan, Infanta—, constituida al comunicar la Avenida de los Presidentes, del Vedado con la Calzada del Cerro mediante la creacin, igualmente en 1950, de la Avenida Veinte de Mayo que nace en la Avenida de la Independencia, de la Plaza de la Revolucin. Y se amplan, en Jess del Monte, otras tres grandes transversales: la Avenida Santa Catalina, que enlaza tambin, pero ms all de Loma Chaple, a la Avenida Diez de Octubre con la Avenida de Rancho Boyeros, que ha sido hermossimamente ampliada en 1950; y en la que termina la Calzada de Palatino, que viene del Cerro; la Avenida de Acosta que une a la Avenida Dolores con la Carretera de Vento, cruzando la Avenida Diez de Octubre, y de la que en este cruce, arranca un ramal, la Avenida Andrs, que llega hasta la de Rancho Boyeros; y la Avenida General Lacret, que, como prolongacin de la Avenida de Dolores hacia el Noroeste, muere en la Avenida de Agua Dulce. Tambin en 1950 se convirti en amplia

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doble va la vieja Calzada de Zapata que, como prolongacin lateral de la Avenida de Carlos III, llega hasta la calle 23 de El Vedado. Por cierto que aqu resulta oportuno mencionar que a esta calle 23, en tiempos de la dictadura machadista, un Ayuntamiento servil le impuso el nombre de Avenida General Machado, y entendemos que asimismo por acuerdo del Ayuntamiento marianense este nombre haba de extenderse a la que, del otro lado del Puente Almendares, continuaba esa va, es decir, a la Calzada de Columbia; el pueblo, por supuesto, repudi todo esto. En cambio, fue aceptado por todos el nombre, no oficial, de La Rampa, que, por su acentuada inclinacin, se aplica al tramo de la calle 23 desde la Avenida Menocal hasta la calle L de El Vedado. Esta ltima recibi, fugaz y no oficialmente el nombre de Avenida Chibs, en recuerdo del que haba sido lder estudiantil antimachadista y luego poltico combativo que se hizo muy popular por su denuncia de las inmoralidades del gobierno autntico que l mismo haba ayudado a llevar al poder: Eduardo R. Chibs, que se suicid, en 16 de agosto de 1951, para dar el ltimo aldabonazo en la conciencia pblica. Y como la Historia se repite, en 1953 la calle Lnea, del mismo Vedado —que a la terminacin de la Primera Guerra Mundial haba recibido, sin xito el nombre de Avenida Presidente Wilson —, fue oficialmente denominada Avenida General Batista, lo mismo que su prolongacin en Marianao, la Avenida 31, con la ausencia de aceptacin popular que el lector supondr. Tambin fue mejorada, durante el perodo a que nos referimos la Carretera de Vento, que nace en la Avenida de Santa Catalina, cerca de donde termina la Calzada de Palatino. Comoquiera que las tres grandes vas de El Vedado hacia el Sur —Avenida de los Presidentes, Avenida de los Alcaldes, Calle Veintisis, hoy Avenida Veintisis de Julio, con su ramal de la Calle Conill—, desembocan en la Plaza de la Revolucin unas y en la Avenida de Rancho Boyeros la tercera, las tres grandes barriadas de El Vedado, El Cerro y Jess del Monte han quedado perfectamente comunicadas entre si, hacindose innecesarios los rodeos hacia La Habana propiamente dicha, o sea la zona desde la Avenida Menocal hasta el mar; y la ms extensa de aquellas, Jess del Monte, ha sido provista de una excelente red de intercomunicacin. La Habana actual est, pues, dotada de un buen sistema de avenidas, que se complet con la construccin de la llamada Va Monumental que comienza del otro lado de la baha detrs del Morro, llega hasta Cojmar, y se enlaza, antes, por una bifurcacin con la Va Blanca que sube de Guanabacoa, y se enlaza con las Avenidas Maceo y Carlos Manuel de Cspedes por el tnel de que inmediatamente hablaremos. Justo es, por lo tanto, declarar que si bien los dos gobiernos autnticos fueron funestos para la Nacin, y se asegura que sus obras pblicas dieron ocasin a grandes malversaciones, los Ministros San Martn y Febles, sobre todo, realizaron una labor urbanstica que ha sido de beneficio perenne para la Ciudad.

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40 LA ARQUITECTURA COLONIAL HABANERA Antes de entrar en la somera descripcin, desde el punto de vista histrico, de los edificios principales de La Habana, nos parece conveniente —aunque no sea el presente libro obra que trate propiamente de arquitectura o de urbanismo—, dar una ligera idea del desarrollo de nuestra capital desde el punto de vista arquitectnico, para que puedan nuestros lectores apreciar y distinguir, con mejor conocimiento de causa, aquellas construcciones a las que se acerquen por inters histrico. Como no somos peritos en la materia, nos atenemos a seguir la clasificacin trazada por los ms destacados conocedores de nuestra arquitectura colonial, los notables profesores y urbanistas, arquitectos Joaqun E. Weiss, Silvio Acosta, Jos M. Bens y Arrarte y Abel Fernndez y Simn, quienes distinguen claramente, en aqulla, tres perodos, con acusadas caractersticas propias, si bien indican que ciertos edificios pudieran considerarse como de transicin. Dichos perodos —prescindiendo de las primitivas construcciones del siglo XVI, casi todas de rafas, tapias y teja, y de las que han desaparecido todas, salvo algunas porciones de fortalezas que se hicieron de piedra— son los siguientes: el perodo formativo, correspondiente al siglo XVII; el perodo barroco, en el siglo XVIII; y el perodo neoclsico, desarrollado en el siglo XIX. I. Perodo formativo. Es distintivo de este perodo un estilo sobrio, c on caractersticas del arte rabe-andaluz, y que se manifest en templos y casas seoriales, construcciones de gran solidez —con gruesos muros hasta de una vara de espesor—, de las cuales an perduran algunas, aparte de las iglesias, en las ms antiguas calles de la Ciudad, resistiendo vigorosas a los embates del tiempo. Los templos eran de una sola nave, de planta rectangular, con una sola torre lateral, y de aspecto macizo; caracterizados especialmente por sus alfarjes o techumbres de cedro o de maderas duras del pas, como cana, jiqu, jcaro, un falso techo horizontal, tambin de maderas, llamados hornezuelo —ambos muchas veces primorosamente tallados— y techos exteriores de pesadas tejas espaolas. En cuanto a las casas seoriales —recalquemos que no se conserva de aquel perodo, salvo los templos, ningn edificio de carcter pblico—, eran ya, al igua l que las iglesias, de mampostera y sillera, y, como dice Abel Fernndez en su estudio sobre La arquitectura colonial cubana, cubiertas ya de tejados o de terrados; casas modestas y sencillas, a veces provistas con portadas decoradas con pilastras, simples en tablamientos y escudos nobiliarios; edificios que se fueron distribuyendo entonces por las calles de Oficios, Baratillo, Mercaderes, San Ignacio, Tacn {Manuel Sanguily} y otras alrededor o cerca de la antigua Plaza de San Francisco y de la entonces Plaza Nueva, luego llamada Plaza Vieja. Presentaban, asimismo, alfarjes y hornezuelos, y, adems, tpicos balconajes moriscos, tambin de madera, que por su fragilidad han desaparecido casi todos al correr de los aos. Describiremos ligeramente estas casonas y sealaremos las principales que hoy existen, al entrar a sealar los principales edificios coloniales de carcter civil y domstico. Consagremos ahora un recuerdo a los primeros maestros, constructores, maestros de obras, ingenieros y arquitectos que, despus de los albailes de los primeros das, aparecen en la historia de nuestra ciudad. Muy pronto fue creado en la villa de La Habana el cargo de alarife municipal, y sabemos que lo desempearon, en el siglo XVI Francisco de Carvajal y Esteban Gutirrez. Otros constructores cuyos nombres han llegado hasta nosotros son, en el siglo XVI: Mateo Aceytuno, maestro albail, capitn del ejrcito constructor de la primitiva Fortaleza, terminada en 1540. Miguel de Espila, maestro de albailera, que actu en la construccin de la primera Parroquial Mayor, en 1551.

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Bartolom Snchez, a quien se califica de ingeniero, que vino a La Habana para construir el Castillo de La Fuerza en 1558 y fu relevado de dicho cargo en 1560. Francisco de Calona, titulado maestro mayor de las fbricas de la Ciudad, que continu la obra de La Fuerza desde su llegada en 1562 hasta terminarla en 1577; estudi la obra de la Zanja, para traer el agua desde La Chorrera hasta la Ciudad; trabaj en las obras del convento de San Francisco y en otras importantes, y muri en La Habana en 1607. De Francisco de Calona es interesante recordar sus querellas con el ingeniero italiano Antonelli, de quien se quejaba al Rey, acusndolo de haber ocasionado, por su impericia, un derrumbe parcial en el Castillo de la Punta, el ao 1595, y diciendo: Si vuestra majestad quiere hazer mande hazer a quien las sepa fabricar, y no a yngenieros, y ms si son extranjerosÂ…Â….

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Francisco Claro, maestro de obras de la Real Fuerza, auxiliar de Calona, que tom parte en la construccin de la fortaleza y en el estudio de la Zanja, en 1566. Y el ms famoso de todos, Juan Bautista Antonelli, que lleg a Cuba en 1587, y levant los castillos de El Morro y La Punta, hasta que fue relevado de su cargo en 1596; termin la obra de la Zanja Real, el primer acueducto habanero y construy la primera re presa de El Husillo, sobre el ro de La Chorrera. En el siglo XVII se recuerda a: Cristbal de Roda, ingeniero, autor del primer plano de La Habana en 1603, sobrino de Antonelli que trabaj a sus rdenes y luego continu la obra del Castillo de El Morro. Juan de la Torre, maestro de obras y sucesor de Calona como maestro mayor de las fbricas de la Ciudad, desde 1607 y auxiliar de Roda en la obra de las fortalezas y en otras. Francisco Silleros Alaryos, maestro de obras, present en 1608 un proyecto. Andrs Valero, maestro de obras, sucesor de La Torre en su cargo desde 1627. A fines del siglo XVII y principios del XVIII, se destaca la figura del arquitecto Pedro Hernndez de Santiago, nativo de Islas Canarias, que dirigi la construccin de importantes obras de carcter religioso y de carcter civil en La Habana. II. El perodo barroco. Siguiendo a Fernndez y Simn y a las dems autoridades citadas, diremos que despus del siglo XVII la arquitectura habanera va transformndose gradualmente al impulso de las influencias que venan de Espaa. No nos llegaron las de los estilos isabelino y plateresco, que tan bellas obras produjeron en la Metrpoli; pero s la del herreriano —por el famossimo arquitecto Juan de Herrera, a que corresponden las torres de los conventos de San Francisco y de Santo Domingo, desdichadamente desaparecido este ltimo. Este estilo fue poco variado hasta convertirse en barroco propiamente dicho, al perder su rigidez con la introduccin de adornos, de columnas oblicuas o esquinadas, de nichos empotrados, ocupados por estatuas de santos, y de diferentes ornamentos de entablamientos cornisas y frontones; todo lo cual le daba un aspecto extraordinariamente movido. Pero el barroco habanero conserv siempre una sobriedad que lo diferencia muy definitivamente del europeo; y si bien algunos crticos lo califican de herrerianochurrigueresco, otros lo consideran muchsimo ms prximo a Juan de Herrera y sus discpulos que a Borromini, Ribera y Churriguera. El estilo barroco habanero tuvo dos fases: a) El herreriano barroco, correspondiente a la primera mitad del siglo XVIII, que se caracterizaba especialmente por los altos pedestales que sostienen las columnas que se superponen en las fachadas, los frontones a veces curvos, los nichos, cuadrifolios, pirmides, y el movimiento de los entablamientos, situados en diferentes posiciones en los distintos pisos. Como ejemplos de este estilo pueden presentarse las fachadas de los conventos de San Francisco y Santa Teresa as como las de las casas solariegas de los Condes de Jaruco y de Jibacoa, sobre la Plaza Vieja. b) El barroco cubano, que se desarroll en la segunda mitad del siglo XVIII, y que ‘se caracteriza porque las columnas de los diferentes rdenes carecen de pedestales, arrancando del piso, y porque las jambas de puertas y ventanas, que en el perodo anterior eran lisas o muy sencillas, lucen cada vez mayor ornamentacin; surge la jamba habanera, as calificada, con elogio, por uno de nuestros mejores urbanistas, J. M. Bens y Arrarte; y son muy distintivos en l los lambrequines y los balcones mixtos de piedra y barras de hierro. En los templos, los frontispicios adquirieron mucho mayor importancia y mrito, y los techos se transformaron radicalmente, sustituyndose los alfarjes de madera por las pesadas bvedas de sillera, sobre lo cual dice el eminente profesor Weiss: El techo de piedra, en compensacin a la prdida de individualidad y de ligereza, da al edificio mayor monumentalidad y consistencia. Este brillante perodo arquitectnico habanero culmina en tres magnficos edificios, admirables ejemplares, dos de ellos, de arquitectura civil, y el terc ero, de la religiosa: la Casa de Correos o Palacio de la Intendencia, luego Palacio del Segundo Cabo; el Palacio de Gobierno, luego Palacio Presidencial, hoy Palacio Municipal; y la Catedral de La Habana, el ms famoso y notable de nuestros templos. Son tres prototipos acabados de las edificaciones barrocas del siglo XVII, que, como en felicsima frase dijera el propio profesor Weiss, forman, en conjunto, el dorado trptico de nuestra arquitectura colonial. Los grandes constructores habaneros del perodo barroco fueron Jos Arces, Jos Quirs, Jos Perera, Pedro Medina, Lorenzo Camacho, algunos jesutas cuyos nombres no conserv la historia, y, muy destaca-mente, Antonio Fernndez de Trevejos y Manuel Pastor, del cuerpo de ingenieros del ejrcito espaol.

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III. El perodo neoclsico. Bajo la influencia de la Revolucin Francesa, tan amante de lo griego y de lo romano y de todo cuanto representara severa sencillez —alguien ha dicho que todas las revoluciones son puritanas—, el gusto artstico se aleja rpidamente de todo el exceso de ornamentacin y las curvas y retorcimientos de lo ultrabarroco, que ya haba parado —diramos degenerado?— en rococ, y que tan fielmente reflejaba la exquisitez, a punto de ser enfermiza, de una sociedad que se hunda en la decadencia. Y en casi todos los pases, aun en los que no seguan los derroteros polticos republicanos, se buscaban formas artsticas ms puras, ms nobles y aun imponentes: va a reinar, al entrar el mundo en el siglo XIX, el neoclasicismo, al que luego se llamar, ya con un sentido crtico que roza lo despectivo, academismo. En Cuba, en La Habana, muy pronto el nuevo estilo hizo surgir majestuosas edificaciones, con magnficos prticos formados por columnas sin pedestales, segn los estilos griegos y romanos, de los que dice el eminente urbanista Jos M. Bens y Arrarte que dieron el germen de una de las principales y bellas caractersticas de La Habana, que son sus portales. Y otro arquitecto y urbanista notable, Silvio Acosta seala que Las grandes residencias de Mercaderes, Cerro y otros sitios importantes abandonaron los violentos movimientos del barroco para adoptar la marcialidad de los rdenes clsicos y el linialismo severo de este estilo. Dcese que uno de los ms fervorosos propulsores del nuevo estilo fue el benemrito obispo Jos Daz de Espada y Landa, por muchos motivos famoso en la historia de La Habana. Durante el perodo neoclsico se distingui en La Habana una brillante plyade de arquitectos e ingenieros compuesta por Mariano Carrillo de Albornoz, Francisco de Albear y Fernndez de Lara, Jos Mara Ozn, Calixto de Loira, Eugenio Rayneri Sorrentino, Francisco Marcotegui, Manuel Jos Carrera, Ciraco Rodrguez y Pedro Tom y Verecruisse. Y con motivo de la extensa construccin, en aquella etapa, de importantes piezas artsticas y ornamentales, como estatuas, fuentes, monumentos conmemorativos o sepulcrales, La Habana se embelleci, a lo largo del siglo XIX con las obras de notables escultores, desde el italiano Guiseppe Gaggini hasta el cubano Jos Villalta de Saavedra, pasando por los tambin italianos J. Cucchiari y Pietro Costa, el francs Philippe Garbielle y los espaoles Cosme Velzquez, Antonio Sola y Agustn Querol. Entre los edificios habaneros ms notables del perodo neoclsico se destacan el Mercado de Coln y el edificio de la Real Aduana, desdichadamente ya destruidos, los Palacios de Aldama, del Marqus de Villalba y del Marqus de Almendares. El Mercado de Coln, popularmente llamado Plaza del Polvorn era quizs el ms notable de ese estilo entre los de carcter civil. Debemos mencionar aqu que en Cuba, en La Habana, el siglo XIX, bajo el signo del estilo neoclsico, con su magnificencia que siempre pareca natural, no hinchada ni pretenciosa, fue tambin la edad de oro de las plazas y los paseos, muy especialmente de estos ltimos, a los que al tiempo de su construccin se les dot de bellos adornos arquitectnicos, tales como balaustradas y escalinatas, adems de las ya nombradas estatuas yfuentes. Y fue tambin poca de varias imponentes construcciones civiles, aunque no llegaran, ni con mucho, a la importancia y la belleza del perodo barroco. Las residencias particulares, en cambio, fueron ms amplias y suntuosas en casi todos sus aspectos, culminando en el Palacio de Aldama, que constituye el ejemplar ms esplndido de arquitectura

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residencial habanera de toda la poca colonial, como el barroco Palacio de Gobierno lo es de la arquitectura de tipo civil.

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41 EDIFICIOS DE CARCTER RELIGIOSO Comenzamos la somera descripcin, casi exclusivamente desde el punto de vista histrico, de los principales edificios de La Habana por los destinados a fines religiosos, porque iglesias y conventos fueron las construcciones que primero se erigieron en la villa primitiva —salvo las casi siempre modestas y siempre sencillas viviendas de sus primeros vecinos y moradores, y, que por lo dems, han desaparecido—, y, hasta bien mediad o el siglo XVIII, las nicas construc ciones de cierta importancia en la ciudad colonial. De acuerdo con la clasificacin de la arquitectura colonial habanera que hemos ofrecido a grandes rasgos en el captulo anterior, sealaremos que en La Habana pertenecen: 1. Al perodo formativo — las iglesias del Espritu Santo, del Santo Cristo del Buen Viaje, los conventos de Santa Clara, de San Juan de Letrn, de San Agustn, de Santa Catalina de Sena y la iglesia de San Isidro Labrador. Slo perduran las tres primeras de estas edificaciones. 2. El perodo barroco — el oratorio, despus iglesia, de San Felipe de Neri, el hospital de Nuestra Seora de Beln, despus iglesia y colegio de los jesutas, los conventos de Santa Teresa y de Nuestra Seora de la Merced, el hospital e iglesia de San Francisco de Paula, el convento de San Francisco de Ass, el colegio de San Ambrosio, —despus Seminario Conciliar de San Carlos y San Ambrosio—; y, por fin, el ltimo, pero, sin comparacin, el ms famoso de todos: la Catedral de La Habana. Tambin se construyeron durante el siglo XVIII, es decir, bajo el reinado del barroco, las iglesias de Nuestra Seora de Regla, en el barrio ultramarino de ese nombre; de Jess del Monte, de Nuestra Seora de Guadalupe y de Jess Mara, la ermita de San Luis Gonzaga —hace largos aos demolida—i y la iglesia del hospital de San Lzaro, que tambin desapareci hace mucho tiempo. Pero, por su pobreza arquitectnica, no se adaptaron para ellos las formas barrocas, ms difciles, si no otras ms sencillas, correspondientes al perodo formativo. Igualmente pertenecen al estilo barroco las portadas de la capilla de la Orden Tercera de San Agustn. 3. Al perodo neoclsico — la gran reforma interior de la Catedral, realizada por el obispo Estrada, que sustituy los altares y estatuas barroco, incluso el Altar Mayor y el de la capilla de Nuestra Seora de Loreto; el convento e iglesia de las Ursulinas, hoy completamente transformados; y las iglesias de El Salvador, en el Cerro, de San Nicols de Bari y de Nuestra Seora del Pilar, en los barrios de sus respectivos nombres, la de Nuestra Seora del Carmen en Casa Blanca, y la de Nuestra Seora de Monserrate en la calle de Galiano o Avenida de Italia. Todos estos templos no pueden compararse, ni en grandeza ni en belleza, con los del perodo barroco. 4. Durante el perodo republicano, y dado que ste ha carecido de estilo propio, se han levantado algunas iglesias de estilo gtico, o, ms bien, imitacin del gtico, como son la del Sagrado Corazn en la Avenida Bolvar, cerca de la Avenida Padre Vrela, y la de San Juan de Letrn, en la calle 19 entre I y J, en el Vedado, una cuantas romnicas, como la iglesia, convento y colegio de La Inmaculada, en la Calzada de San Lzaro, prximo al lugar donde se hallaba la Casa de Beneficencia; y una de un estilo exageradamente barroco, tal como nunca se conoci en nuestro siglo XVIII, que muestra claras influencias del barroco mexicano: la iglesia del Carmen, en la Avenida Menocal, entre Neptuno y Concordia. Adems, hay muchas construidas en estilo moderno. LA PARROQUIAL MAYOR Las muy escasas noticias anteriores a 1550 que de la primitiva iglesia de La Habana tenemos dbense a los datos existentes en el Archivo General de Indias de Sevilla, recogidos y publicados por Irene A. Wright en su obra, ya citada, Historia Documentada de San Cristbal de La Habana en el siglo XVI: La primera iglesia de La Habana —dice— era un boho. Consta que en 1524 le fueron destinados 32 pesos; desde el ao 1519, por lo menos, se cobraban diezmos. Manuel Prez Beato, en su Habana Antigua, afirma que el msero boho en que se celebraban los oficios divinos antes de 1550 tuvo, su localizacin en el terreno que ocup luego el Palacio del Segundo Cabo, en la poca colonial, y, bajo la Repblica,

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sucesivamente, hasta 1961, fue sede del Senado, del Tribunal Supremo de Justicia y de las Academias de la Historia, Nacional de Artes y Letras y Correspondiente de la Lengua. Durante el perodo de gobierno de Gonzalo Prez de ngulo fue destruido el boho que serva de iglesia, inicindose, despus de agosto de 1550, obras para la construccin de una iglesia de cal y canto, de la que dice el propio Prez de ngulo, al atribuirse la iniciativa de dichas obras, que el cuerpo della tiene cien pies antes mas que menos y la capilla mayor quarenta pies y de ancho quarenta pies. Miss Wright, que nos ofrece estos datos, agrega que la sacrista se encontraba a espaldas de la capilla, y que a fines de noviembre de 1552 las paredes se hallaban a dos estadios sobre el suelo. Los enemigos de Prez de ngulo sostenan que cuando l lleg a La Habana ya estaba empezada la iglesia, y que slo haba entorpecido la obra, acusndolo tambin de haberse embolsado los fondos de la misma. ngulo se defenda, alegando que empez la construccin de la iglesia con 395 pesos que le entreg el mayordomo, ms las limosnas recaudadas de los vecinos y transentes de la Villa. Mientras se construa la iglesia, parece que la misa se cantaba en el hospital, existente antes de 1538 aproximadamente en el sitio que ocup aos ms tarde la iglesia y convento de Santo Domingo, donde radic luego la Universidad, y que hace muchos aos fue derribado. El 1ro. de enero de 1553, no estaba an terminada la Parroquial, pues las elecciones de ese ao, celebradas despus de los oficios religiosos, lo fueron en el hospital desta dicha villa donde al presente se celebran los divinos oficios. A fin de adelantar la obra, se dispuso en 9 de enero la inspeccin semanal de los trabajos por cada uno de los seores Capitulares, as como tambin que dichos seores recogiesen limosnas en todos los navios que anclasen en el puerto; y en 8 de junio de 1554 se acord pedir a S. M., para acabar la iglesia y para ornamentos, mil pesos de limosna, como lo suele hacer todas las otras iglesias de las Yndias, reiterndose ese acuerdo el da 22 de ese mes. Asaltada la Villa el 10 de julio de 1555 por el corsario Jacques de Sores, —como en otra parte hemos expuesto— los franceses se hicieron fuertes, segn nos cuenta Miss Wright tomndolo de los documentos inditos del Archivo de Indias, en la ermita de la Villa, izando en ella su bandera, que el regidor Lobera les derrib en una de las peripecias de la larga y enconada lucha que sostuvo con los piratas. Despus de la rendicin de Lobera y quebrantamiento de la tregua por parte de Prez de ngulo, los franceses, al negrseles tambin el rescate que haban exigido, prendieron fuego a la poblacin, perdindose en el incendio la iglesia y ultrajando las imgenes de los santos y las vestiduras sacerdotales. De una de las relaciones enviadas por el Cabildo a S.M. sobre este ataque de los piratas aparece que de la iglesia nueva slo quedaron en pie las paredes; detallando, a su vez, el gobernador Mazariegos, en la relacin que tambin envi a la Corona, que robaron aqullos de la iglesia todo quanto en ella haba, ansi hornamentos, clices y custodias, y lmparas de plata, y hasta desnudaron un bulto [sic] de la imagen de Nuestra Seora,.noticia que confirma el Cabildo, agregando que un crucifijo se hall quemado quebrados los brazos, y rob la custodia del Santsimo Sacramento y clices, y de los ornamentos de la iglesia hicieron los soldados ropas y vestidos. Tambin aparece que existan en la Villa, varias ermitas, las cuales sufrieron estragos enormes. Hacia 1560, y ya gobernando la Isla, desde 8 de marzo de 1556, Diego Mazariegos, el pueblo estaba an sin iglesia, debido a la pobreza de los vecinos, y hasta se careca de ornamentos y dems utensilios necesarios al servicio religioso. En el acta del cabildo de 28 de mayo de 1574 hallamos la noticia de haberse terminado ese ao la obra de la iglesia, reanudada tres aos antes por el alcalde ordinario Gernimo de Rojas Avellaneda, pues en dicho cabildo se tom el siguiente acuerdo: que por cuanto la flota de que es General Francisco de Luxan est de camino para los Reinos de Espaa que se escriba una carta por este Cabildo a Su Magestad haciendo relacin del beneficio que ha recibido esta repblica e su Magestad servido de Gernimo de Rojas Avellaneda de haber hecho obra tan sealada, como ha sido de cubrir e acabar la Santa Iglesia desta villa a su costa en que ha tardado tres aos e gastado nueve o diez mil ducados. Gernimo de Rojas termin la construccin, con el dinero que para ello dej su pariente Juan de Rojas, uno de los vecinos ms ricos de La Habana de aquellos tiempos; puso el escudo de armas de la familia Rojas en la fachada, sobre el sitio ms prominente, dando ello lugar a una ruidosa controversia con el Cabildo, la que termin con la sustitucin de aquel escudo por el de S. M. el Rey. Esta nueva iglesia ya no se encontraba en el lugar que ocup en el primitivo boho, sino en parte del sitio en que se levant ms tarde la Casa de Gobierno, pues desde 1559, segn nos enteramos por el acta del Cabildo de 3 de marzo de ese ao, se dio nuevo emplazamiento a la plaza de la villa, por ocupar el anterior lugar la fortaleza que se estaba construyendo.

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Ya en 1574 nos encontramos, segn datos existentes en el Archivo de Indias recogidos por la historiadora Wright, con la opinin del obispo Castillo sobre esta iglesia, puesta en perfeccin a mucha costa. En 1575 dicho obispo proyect la edificacin de una torre y se inici la construccin de la sacrista y tribuna, contribuyendo el Rey con limosna de cal y ladrillo y el us de una docena de esclavos de la Fuerza; pero an la iglesia no tena ni retablos ni libros ni ornamentos ni campanas. Conseguida una campana, los vecinos quisieron tener tres ms. En 1579 la renta de la iglesia no alcanzaba a quinientos ducados, al ao. Existan dentro del templo sepulturas que se vendan, teniendo sus propietarios el derecho, mientras vivan, de sentarse sobre ellas durante los servicios; pero el obispo Castillo se opuso a que las mujeres utilizasen en vida como asientos los sepulcros, aun poseyendo alguno, pues crea que aquellos asientos deban ser reservados para personas ilustres que han tenido oficios preeminentes. Casi un siglo despus, refiere la reedific y ampli el seor obispo Don Juan de Santos Matas, con auxilio y limosnas de los vecinos por los aos 1666. Estaba dedicada a San Cristbal, patrn de la ciudad y su titular, y desde que se establecieron las parroquias del Espritu Santo, del Cristo del Buen Viaje y del Santo ngel Custodio, tom el nombre de Parroquial Mayor. El historiador Antonio J. Valds cen sura con dureza expresiva la falta de arte que caracteriz a esta parroquia: su exterior —dice— era tan ordinario que por la parte oriental y meridional ms bien pareca casa de cualquier particular que templo de Dios. El interior, por s solo mirado, tampoco encerraba objeto en que la curiosidad pudiese detenerse; y en una palabra, en aquella iglesia se port tan groseramente la mano de su artfice, que desnuda del ornato del culto, se tomara por una hermosa bodega ms adecuada para parroquial del puerto de Carenas que para la ltima parroquia de La Habana. Entre los tesoros que posea se contaba un sagrario hermoso de plata que cost ms de diez mil pesos y es correspondiente a la lmpara mayor, que es muy exquisita y ostentosa, donado por Fr. Juan Lazo, quien la enriqueci de alhajas y de ornamentos y de un retablo dorado primoroso. Con motivo de la voladura, por un rayo, del navio Invencible, anclado en puerto, el 30 de junio de 1741, se resquebrajaron muchos edificios de la Ciudad, entre otros el de su Parroquial Mayor, que qued amenazando ruina, aunque continuaron celebrndose en la misma los cultos religiosos. La demolicin total tuvo efecto durante el mando de don Francisco Gemes y Horcasitas. Cuando en 1772 fue aprobada, por Real Cdula de 11 de julio, la instalacin de la Parroquial Mayor en la iglesia del colegio de la Compaa de Jess, y la demolicin de la antigua Parroquial para la fabricacin, en parte del terreno que ocupaba, de un edificio destinado a Casas Capitulares, Casa del Gobernador y Crcel, se estableci provisionalmente el culto en el oratorio de San Felipe de Neri, que qued [transformado en parroquial, hasta que en 9 de diciembre de 1777 se realiz el traslado de la Parroquial Mayor, de este oratorio a la mencionada iglesia de los Padres Jesutas, transformada ms tarde en Catedral, en el mismo sitio “que ocupa en la plaza que hoy lleva su nombre. LA CATEDRAL En 1788, por orden del obispo Felipe Jos de Tres Palacios —rico hidalgo salamanquino, segn el historiador Jacobo de la Pezuela—, comenzaron las obras de reconstruccin y transformacin del hasta entonces oratorio de San Ignacio en la Iglesia Catedral, dedicada a la Pursima Concepcin, cuya imagen se alza en su altar mayor. Durante la prelaca del obispo Juan Jos Daz de Espada y Fernndez de Landa (1802-1832),se llevaron a cabo importantsimas reformas en el edificio, destruyendo cuanto en ella se consider entonces de mal gusto en adornos, altares, estatuas de santos, y sustituyendo stas por cuadros al leo copias de originales de Rubens, Murillo, y otros grandes maestros, pintados por el artista francs Juan Bautista Vermay, que vivi largo tiempo en La Habana, y sus discpulos. Pero nosotros no podemos menos de lamentar que el amor a la sencillez y a las lneas regulares que distingua a Espada, nos haya privado de poder contemplar los adornos gticos que distinguan a esta iglesia, y arrancara de la Catedral el cuadro que representaba —seguimos a Pezuela— el forzoso embarque del obispo Morell de Santa Cruz en 1762 y la violencia que con este prelado cometieron entonces los ingleses; obra de arte muy pintoresca sin duda y que suponemos hoy en el Palacio Arzobispal de La Habana. El templo forma un rectngulo de 34 x 35 metros, dividido interior mente por gruesos pilares en tres naves y ocho capillas laterales. El piso es de baldosas de mrmol negro y blanco. Entre sus capillas se destacan la muy antigua de Nuestra Seora de Loreto, consagrada por el obispo Morell de Santa Cruz en 1755, es decir, mucho antes de la transformacin del oratorio en catedral; y la llamada del Sagrario, con entrada independiente, que corresponde a la parroquia anexa a la catedral.

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El eminente arquitecto cubano, Joaqun M. Weiss, que fue Profesor de Historia de la Arquitectura de la Universidad de La Habana, nos dice: Ninguna noticia tenemos del proyectista de la Catedral, y slo se mencionan, en relacin con su construccin, al arquitecto habanero Lorenzo Camacho, a quien se atribuye la hermosa portada de la capilla de Nuestra Seora de Loreto; y a Pedro de Medina, maestro de alguna reputacin, que ejerci en La Habana, durante la segunda mitad del siglo XVIII, y a quien, por lo menos, se encargaron las reformas realizadas a fines del mismo. Sin embargo, para nosotros es evidente que los jesutas tenan un plan perfectamente detallado antes de comenzar las obras, tal vez trazado por un miembro de la misma Orden; y que los maestros que intervinieron en la construccin no hicieron otra cosa que ajustarse al proyecto original: tal abonan los documentos, el carcter netamente jesutico, y la unidad arquitectnica de la obra. Con respecto a la fachada s asegura el distinguido arquitecto y urbanista Luis Bay Sevilla: La actual fachada de la Catedral, puede asegurarse que es obra del arquitecto gaditano Pedro Medina, que trabaj en el Palacio Municipal, el Arco de Beln y en otros edificios importantes de la Capital. Un contemporneo suyo, el ilustre mdico cubano Dr. Toms Romay, lo proclam as en la oracin fnebre que en honor a su memoria pronunciara en la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, meses despus de ocurrida su muerte en esta capital, el 27 de septiembre de 1796, contando cincuenta y ocho aos de edad. Las obras de escultura y orfebrera del altar mayor y su tabernculo, en ricos mrmoles y metales, son casi todas, obra del artista italiano Bianchini, ejecutadas en Roma en 1820, bajo la direccin del famoso escultor espaol Antonio Sola. Tras de dicho altar mayor se conservan tres grande s frescos, originales del ilustre pintor italiano Giuseppe Provani, que inspiraron una oda altamente elogiosa a nuestro primer poeta, Manuel de Zequeira y Arango. Son, con los cuadros de Vermay, las obras ms notables de este gnero que encierra ese templo. Y los frescos debidos al pincel de Provani tienen, adems de su mrito artstico, un cierto valor histrico, ya que de este artista se tiene noticia de que fue el primero que se dedic a la enseanza de la pintura en La Habana. Asimismo tiene gran valor histrico un, tabernculo situado al lado izquierdo del altar mayor, regalo de uno de los ms ricos e influyentes entre los primeros vecinos de la entonces villa de La Habana, el muy nombrado Juan de Rojas, a la vieja Parroquial Mayor, que, por lo dems, como sabemos, era un templo pobrsimo. En la nave central catedralicia se alzaba, hasta el cese de la dominacin espaola, un imponente monumento funerario erigido poco antes en homenaje a Cristbal Coln, obra del artista espaol Arturo Mlida, y que contena las supuestas cenizas del Gran Almirante —objeto de interminables polmicas sobre su autenticidad—, que haban sido tradas de Santo Domingo en 1796, al ser cedida dicha isla por Espaa a Francia, y que fueron trasladadas en 1898 a Sevilla en cuya catedral reposan, encerradas en aquel mismo mausoleo. Pero quedan en la Catedral varias tumbas interesa ntes, sobresaliendo, en la citada capilla de Santa Mara de Loreto, la del obispo que fue de La Habana Don Apolinar Serrano, sobre la cual se levanta la estatua orante de dicho prelado. Desde 1941 cuenta la Catedral con un Museo Capitular donde se han cogido las muchas interesantsimas y muy valiosas obras y joyas que posee, entre las cuales se destacan varios sagrarios o custodias de gran mrito, como la que fue donada por el obispo Morell de Santa Cruz, una coleccin de retratos al leo de los obispos de la dicesis habanera y un cuadro muy pequeo, que representa el Papa celebrando la Misa ante el Emperador y grandes dignatarios eclesisticos y civiles, y que se dice fue pintado en Roma en l478, es decir, catorce aos antes del descubrimiento de Amrica, y que no sabemos cmo hubo de llegar a Cuba. De 1946 a 1949, la Catedral fue sujeta a un amplsimo proceso de restauracin, o, ms bien, de renovacin, dirigido por el arquitecto Cristbal Martnez Mrquez, con el fin de remediar graves defectos que presentaba en su construccin, debidos al hecho de que la falta de fondos impidi que la primitiva iglesia del oratorio de los jesutas— pudiese ser totalmente reconstruida segn los planes de los obispos Morell, Tres Palacios y Espada, aparte de que tampoco los jesutas haban llegado a terminar su plan primitivo. Para estas obras, ejecutadas por iniciativa del Cardenal Arzobispo de La Habana, Manuel Arteaga, el gobierno del Dr. Ramn Grau San Martn aport la cantidad de $’250,000. Esta reconstruccin fue un verdadero xito, pues el templo, gracias a ella, gan mucho en luz, ventilacin, seguridad, belleza y, sobre todo, en grandiosidad. En esa ocasin fueron colocadas, en dos nichos de la fachada, las estatuas de Cristbal Coln y el Padre de -Las Casas, originales del escultor cubano Sergio

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Lpez Mesa, buenas obras de arte, pero cuyo estilo moderno contrasta con la vieja fachada. Posteriormente el Gobierno Revolucionario suprimi estas estatuas inadecuadas al lugar.

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La Catedral forma, con el convento de San Francisco, la iglesia de Paula, la de la Merced y acaso la del ngel, el grupo de templos habaneros de la poca colonial que merecen conservarse como monumentos representativos de aquella poca de nuestra historia. A la Catedral la favorecen, adems, el aspecto interesantsimo y tpicamente colonial de la plaza frente a la cual se levanta, y que lleva su nombre, y los edificios, bellas casas netamente habaneras de antao que, en torno de la plaza, parecen hacer permanente guardia de honor al viejo templo. De su exterior, donde resalta la asimetra de sus dos torres tan notoriamente desiguales, dice acertadamente Weiss: Estilsticamente este edificio va mucho ms all que cu alquier otro monumento de nuestro sobrio barroco setecentista: la concavidad de su muro de fachada, con las columnas dispuestas en ngulo; el grado a que han sido llevadas la inscripcin e interseccin de los elementos arquitectnicos; y el contorsionismo de sus lneas, lo hermanan a las obras ms radicales de la escuela barrominesca. La Catedral de La Habana, no slo prestigia la antigua Plazuela de la Cinaga que sin ella perdera mucho de su venerable personalidad, sino que ha trascendido a nosotros como smbolo espiritual de nuestro pasado y blasn inapreciable de nuestra arquitectura colonial.

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IGLESIA Y CONVENTO DE SAN JUAN DE LETRAN O DE SANTO DOMINGO. Si bien se ha dicho con razn que la labor misionera de los frailes dominicos u Orden de Predicadores es en Amrica contempornea del descubrimiento del Continente por los espaoles, y que desde 1515 establecieron misin en Cuba, no fue sino hasta 1578 cuando lograron erigir su primera estructura para iglesia y convento en La Habana; y para ello tan pobre que se dice era de tablas con techo de guano, por lo que hubo de ser reconstruida en 1587. Al efectuarse en este edificio labores de demolicin en el siglo XX, se encontr en una pared la sepultura del ingeniero y arquitecto Cristbal de Roda, autor del primer plano que se conoce de la ciudad de La Habana, trazado en 1602, y que se cree fue tambin quien ide y dirigi la construccin de la iglesia y convento, y muri en nuestra capital entre 1603 y 1613. Los frailes dominicos trasladaron las cenizas de Roda a su nuevo templo y la lpida de su sepultura pas al Museo Nacional. La iglesia y el convento fueron objeto de una amplia reconstruccin en 1777, bajo la direccin del arquitecto habanero Ignacio Jos Balboa. El edificio ocupaba una manzana entera, comprendida entre las calles de Mercaderes, calle Honda o del Sumidero —que despus recibi el nombre de O’Reilly—, Calle de la Cinaga —despus San Ignacio por el oratorio de jesutas que existi donde hoy se alza la Catedral— y calle del Obispo, que as se llam por los obispos Jernimo de Lara y Pedro Morell de Santa Cruz. La iglesia tena primeramente una sola nave, pero al ser reconstruida en el siglo XVIII se le agreg otra consagrada a Nuestra Seora del Rosario. Desde el principio fue puesta bajo la advocacin de San Juan de Letrn, pero el pueblo siempre la llam de Santo Domingo, por ser ste el fundador de la Orden de Predicadores. En el exterior luca una hermosa torre de varios cuerpos, una cpula, no muy amplia, pero recubierta de losetas rojas, a semejanza de algunas de Mxico, la puerta ornamental aunque sencilla, que daba a O’Reilly, y era la entrada principal, y otra lateral pero mucho ms hermosa, sobre Mercaderes, donde aparecan, talladas en piedra, las imgenes de Santo Domingo, Santo Toms de Guzmn Aquino y San Pedro Mrtir. En su interior, eran de notar, en la poca de su mayor esplendor, sus bellos y suntuosos altares barrocos, y sus primorosos techos tallados en madera. Es sabido que en el siglo XVIII fueron los principales protectores de esta iglesia los primeros Conde de Casa Bayona, don Jos Bayona y Chacn y su esposa, quienes recibieron sepultura en ella. El convento era de arquitectura sencilla y severa, muy amplio, con tres hermosos claustros, y una puerta por la calle de O’Reilly, ms pequea que la de la iglesia. Existe la leyenda, no confirmada de que en el siglo XVI vivi en este convento un dominico de muy altas virtudes que luego fue canonizado con el nombre de San Luis Beltrn. En 1728 fue fundada en el convento de Santo Domingo la Real y Pontificia Universidad de La Habana, bajo la advocacin de San Jernimo y la direccin de los dominicos. En 1841 el gobierno espaol se incaut de los bienes temporales de las comunidades religiosas; los dominicos fueron expulsados de casi todo el convento, donde se instal el Cuerpo de Ingenieros del Ejrcito. En 1842 fue laicizada la Universidad, cambiando su nombre por el de Real Universidad Literaria. En 1863 se estableci el Instituto de Segunda Enseanza de La Habana en la parte del edificio que daba sobre Obispo y San Ignacio, y all permaneci hasta que se le construy uno nuevo y muy hermoso en la manzana comprendida entre las calles de Monserrate, Zulueta, San Jos y Teniente Rey. La Universidad permaneci en Santo Domingo hasta 1899. En 1898 regresaron los dominicos a una parte de su convento, y a cambio de ste y de la iglesia recibieron la parroquia del Vedado, donde construyeron un bello templo de estilo gtico inaugurado en 1915. adems, los frailes dominicos revivieron por decirlo as, a su antiguo San Juan de Letrn, al edificar, tambin en el Vedado, en la calle 19 entre H e I, una hermossima iglesia bajo aquella advocacin; es un amplio templo de tres naves, de estilo gtico, con una muy bella fachada. Junto a la iglesia se construy un nuevo convento para los frailes que ocupa la esquina de 19 y H. En 1917 la vieja edificacin fue vendida a particulaes y empez le demolicin, que por siempre haba de ser lamentada, de una de las ms interesantes reliquias habaneras de la poca colonial. En 1941 se levant, por Mercaderes, un edificio moderno, pero cuyo estilo armonizaba con el del Palacio Municipal, que se alza enfrente. Dicha construccin, y los ltimos restos de la iglesia y el convento fueron definitivamente arrasados, bajo la tirana batistiana, para levantar una estructura ultramoderna que detona estrepitosamente frente a la serena y robusta arquitectura de la seorial antigua Casa de Gobierno, y que se pretenda fuera dedicada a una Estacin Terminal de Helicpteros que nunca se cre. El Gobierno Revolucionario, ante tal hecho consumado, utiliza el edificio para oficinas pblicas, y los —de cinco pisos, construida por Luis Echeverra para la Cmara de Comercio, Industria y Navegacin— habaneros deploran la desaparicin total del viejo Santo Domingo, tan unido a la historia de la ciudad y de la cultura cubana.

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IGLESIA Y CONVENTO DE SAN FRANCISCO Jacobo de la Pezuela, en su Diccionario de la Isla de Cuba, dice que en 1574 se fund en La Habana una comunidad de frailes franciscanos, y que muy poco despus comenz junto a la parte occidental de la baha, para su iglesia y convento, una edificacin de amplias proporciones, a la-que dio el nombre de San Francisco, inicindose las obras hacia 1584 y no terminndose sino despus de una amplia reforma que dur desde 1731 hasta 1738. Su fachada mira a la calle de Oficios, su espalda al muelle y uno de sus costados a la plaza del mismo nombre. En la fachada se observan todava tres estatuas de piedra que representan a la Inmaculada Concepcin, San Francisco de Ass y Santo Domingo de Guzmn. En esta iglesia fueron enterrados, en 1752 el obispo Fray Juan Laso de la Vega, que llev a cabo la reforma del edificio; y en 1765 el gobernador Diego Manrique, quien muri de fiebre amarilla a los pocos das de haber tomado el mando. Asimismo fueron inhumados en San Francisco los restos del valeroso militar espaol Luis de Velasco, jefe del Castillo del Morro, que muri el 31 de julio de 1762 en le heroica defensa de dicha fortaleza contra los invasores ingleses. Y, en general, fue esta iglesia la sepultura de casi toda la nobleza habanera de los siglos XVII y XVIII: gobernadores, generales, comandantes de la flota, poseedores de ttulos de Castilla y hasta una virreina del Per, marquesa de Monte Claro. Tambin se asegura, con mucho fundamento, que en este convento residi un virtuossimo fraile que fue luego canonizado por la Iglesia Catlica, San Francisco Solano; en sesin de 6 de febrero de 1632 el cabildo habanero haba acordado que de ser canonizado dicho sacerdote, La Habana lo adoptara como Santo Patrono. Lo ms notable del edificio, compuesto en su interior de tres espaciosas naves —sostenidas por doce columnas en cada una de las cuales se ergua un apstol—, es la torre —con cuarenta y ocho varas de altura— levantada con slidos sillares sobre el cerco de la puerta principal, y que fue durante los tiempos coloniales, como afirma Pezuela, la ms alta torre que se conozca en la Isla, y cuya solidez hasta ahora, ha salido victoriosa de tantos torbellinos equinocciales como han bramado a su alrededor. La torre est rematada por una estatua de San Francisco de Ass, en piedra, cuya cabeza fue arrancada por la fuerza del viento durante el famoso huracn de 1846. La iglesia tena tambin otra puerta ornamental sobre 1 plaza de su nombre. Desde 1608 exista, adjunta a la iglesia, la capilla de la Orden Tercera de San Francisco, donde se veneraba la imagen del Cristo de I la Vera Cruz, que era sacada en procesin por las calles el Viernes I Santo, detenindose en estaciones que luego se sealaron con cruces | esculpidas en las paredes de las casas: la nica de estas cruces que subsiste se halla en la esquina de Mercaderes y Amargura. El convento era muy vasto y hermoso en su sencillez, con tres amplios claustros, una puerta ornamental sobre la calle de Oficios, varios patios y ciento once celdas para los religiosos. Los franciscanos mantuvieron por largo tiempo en este convento clases de Gramtica, Filosofa, Teologa y Matemticas, y estaban autorizados a expedir ciertos ttulos acadmicos. All curs, desde

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1814 gran parte de sus estudios Jos de la Luz y Caballero, el que luego sera gran educador y pensador cubano, y en 1838 actu all como profesor, dando clases de Filosofa. En 1841, al incautarse el gobierno espaol de los bienes de las comunidades religiosas, los frailes se trasladaron a Guanabacoa y a la iglesia y convento de San Agustn, en Cuba y Amargura, con su Orden Tercera. El templo y el convento de San Francisco fueron destinados a depsito de mercancas. Desde 1856 funcionaron all el Archivo General de la Isla y la Aduana de La Habana. En 1907, fue ocupado por la Direccin General de Correos y Telgrafos, y en 1916 fue objeto de una amplia y acertada adaptacin para albergar la Direccin General de Comunicaciones, y luego la Secretara, despus Ministerio de Comunicaciones. En 1941 y en 1944 se le hicieron muy acertadas restauraciones, una de ellas por el arquitecto Julio Alemany. En 1957 se traslad el Ministerio de Comunicaciones al nuevo edificio que ocupa actualmente en la Plaza de la Revolucin Jos Mart, y el antiguo convento de San Francisco de donde ha sido desalojada una pequea oficina que all quedaba, va a ser dedicado, como un gran acierto del Gobierno Revolucionario, a lo que, sin comparacin mejor se adapta su dignidad histrica: a Museo de Historia Colonial. Hay que agradecer al Destino que no se realizara el deseo del historiador Jacobo de la Pezuela, quien, al componer en 1863 su Diccionario abogaba porque fuesen derribados iglesia y convento, ¡para dar mayor amplitud a la plaza! ¡Buena muestra del desprecio que a tantos suele merecer lo viejo, mientras no logra el calificativo de antiguo! IGLESIA Y CONVENTO DE SAN AGUSTN, HOY DE SAN FRANCISCO Ocupa esta iglesia y convento un amplio espacio sobre la calle de la Amargura, desde la de Cuba, a donde da el frente, hasta la de Aguiar. La primitiva edificacin fue comenzada en 1608 y terminada en 1633, para los religiosos ermitaos de San Agustn. En 1842 pas a la Orden Tercera de San Francisco y en 1844 a ser residencia de los frailes franciscanos, de la Primera Orden, y desde antes fueron tambin trasladadas all muchas de las imgenes del antiguo templo de San Francisco, entre ellas, el famoso Cristo de la Vera Cruz. Asimismo, se le dio al convento, con su iglesia, el nombre de San Francisco. Por la parte que da a Aguiar, se encuentra todava la capilla y otras dependencias de la Tercera Orden Franciscana. La iglesia, que siempre fue muy amplia y hermosa, hubo de ser objeto de importantsimas reconstrucciones en 1925 y en 1947; su estilo es renacentista, cuenta con un bellsimo retablo, obra del taller de Miguel Consistre, y una elevada cpula adornada de pinturas, as como vistosos ventanales de colores. IGLESIA Y CONVENTO DE SANTA CLARA DE ASS Lo mismo que el primer convento de frailes, tambin pertenece a la Orden Franciscana el primer convento de monjas que se estableci en La Habana. Su fundacin fue dispuesta desde 1603 por el gobernador Pedro de Valds, pero no comenz su edificacin hasta 1638, siendo inaugurado en 1644, cuando las monjas franciscanas entraron a residir all bajo el priorato de Doa Catalina ele Mendoza, con varias compaeras procedentes de Cartagena de Indias. La edificacin es amplsima, pues ocupa, si bien con anchos espacios que las monjas destinaban a jardn y huerta, todo el vasto cuadriltero contenido entre las calles de Cuba, Habana (frente a las tapias del convento se cerraban las calles de Aguiar y Damas), Sol y Luz. La iglesia, de una sola nave, era muy sencilla; daba a la calle de Cuba, sobre la pequea plazuela de Santa Clara. En el altar mayor se hallaban las imgenes de la Pursima Concepcin, al centro, y San Francisco y Santa Clara a los lados; estas imgenes, as como otras del templo, el hermoso retablo del altar mayor y los primorosos tallados del techo fueron obra del maestro escultor Juan de Salas y Arguello, quien muri en 1649 y fue enterrado en la propia iglesia. En el vasto espacio central, al aire libre, se hallaba tambin el cementerio de las monjas, y algunas edificaciones del siglo XVIII entre ellas la que se conoce con el nombre de la Casa del Marino porque la leyenda cuenta que fue construida por un riqusimo armador —hay quien dice que fue capitn de corsarios— para su nica hija que all entr monja, a pesar de todos sus esfuerzos por apartarla de la vocacin religiosa. Se asegura que en aquel cementerio, fueron enterrados los muertos de ambos bandos que fallecieron a consecuencia del ataque y toma de La Habana por los ingleses. Las monjas abandonaron el convento, refugindose en lugar que les pareci ms seguro, mientras dur la dominacin britnica. Exista tambin en uno de los jardines del convento una fuente, llamada de la Samaritana, de la que se surta el vecindario, y que dio nombre a un callejn prximo. El convento de Santa Clara figura en la literatura cubana porque all residi durante su infancia una de nuestras ms conocidas escritoras de la poca colonial, Mara de las Mercedes Santa Cruz y

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Crdenas, la despus famosa Condesa de Merlin, quien en sus obras Mis doce primeros aos e Historia de Sor Ins recogi los recuerdos de su vida tras de los muros conventuales. En 1922 las monjas de Santa Clara vendieron la iglesia y convento a particulares y se trasladaron a un nuevo y tambin muy amplio edificio en la barriada de Luyan, o Reparto Batista, a donde trasladaron el retablo y las imgenes a que nos hemos referido.1 En el antiguo convento, que haba sido adquirido por el Estado bajo el gobierno del Dr. Alfredo Zayas, se instal en 1926 la Secretara, despus Ministerio de Obras Pblicas, efectundose en ios edificios y los jardines amplias obras de adaptacin, no todas acertadas. El Ministerio permaneci all hasta 1959, \ en que fue trasladado a un gran edificio moderno cerca de la Plaza Cvica, hoy Plaza de la Revolucin Jos Mart. Entonces se realiz la demolicin de las construcciones modernas que se haban agregado en 1926, y se instal all el Ministerio de Bienestar Social. Extinguido en 1961 este ministerio, no se sabe, cuando este libro va a la imprenta, cual ser el destino final de este viejo edificio —hoy ocupado parcialmente por dependencias del Ministerio de Obras Pblicas, y por el Teatro Musical de La Habana— que muchos quisieran ver dedicado a museo. Iglesia Parroquial del Espritu Santo. En 1635 fue autorizada una cofrada compuesta de personas de color para construir una ermita en la esquina de la actuales calles de Cuba y Acosta, la que en 1648 fue reconstruida y muy ampliada, y adems destinada a parroquia, la ms antigua de La Habana despus de la Parroquial Mayor. Ms adelante fue mejorada por los obispos Gernimo Valds y Pedro Morell de Santa Cruz, a pesar de todo lo cual, y de otras mejoras posteriores, nada hay de notable en su exterior o en su interior salvo su vetustez y el hecho de que por muchos aos fue su torre la altura mayor de la ciudad, despus de la de San Francisco. En esta iglesia se bautizaron muchos ilustres habaneros, entre ellos el gran educador Jos de la Luz y Caballero. Durante la poca colonial tuvo esta iglesia excepcional importancia debido a que por Bula Papal de 1772 y Real Cdula de 1773, del re y Carlos III, fue declarada nica igle sia inmune en la ciudad de La Habana, es decir, el nico templo donde cualquier individuo perseguido poda hallar amparo contra la accin de las autoridades o de la justicia. En 1936 fueron hallados en su interior los restos del obispo Gernimo Valds, fundador de la Casa de Beneficencia y Maternidad; y en 1953 se descubri, bajo la nave lateral izquierda una gran cripta que guardaba muchsimos restos humanos, junto con diversos objetos: era el cementerio, que exista all como en todas las iglesias de la poca. Iglesia y Convento de Santa Catalina de Sena. Por iniciativa de tres jvenes hermanas habaneras, de apellido Archaga, que queran profesar en esta ciudad como monjas dominicas efectu el obispo Diego Evelino de Compostela en 1688 la fundacin de este convento, en las calles de O’Reilly, Compostela y Aguacate. La Iglesia adjunta, muy sencilla, tena una puerta monumental, de muy severas lneas, sobre la calle de O’Reilly, y contaba con una torre. En el amplio huerto exista, por supuesto, el cementerio de las monjas. Residieron stas all hasta 1918, en que se trasladaron al Vedado, luego de construir un conve nto muchsimo ms amplio, con una bella iglesia de estilo gtico, en la manzana comprendida entre las calles de Paseo, A, 23 y 25. La vieja edificacin fue arrasada, sin que nada se perdiera con ello, pues careca de todo valor artstico; en aquel terreno se levantaron dos amplias construcciones modernas, dedicadas una a la compaa de Seguros La Metropolitana, y otra, de aspecto ms suntuoso, al National City Bank de Nueva York; hoy funciona en sta una agencia del Banco Nacional. Iglesia del Santo del Buen Viaje. En el lugar donde hoy se levanta esta iglesia y su edificios adyacentes —junto a la plazuela del mismo nombre, por un costado, y dando los otros sobre las calles de Villegas, Bernaza y Lamparilla—, erigieron en 1604 los congregantes de la Orden Tercera Franciscana una ermita que llamaron del Humilladero, donde terminaba la procesin del Va Crucis que sala del templo de San Francisco de Ass, hasta que el nombre y la funcin pasaron a la ermita predecesora de la iglesia de San Francisco de Paula. Es reconstruida y convertida en auxiliar de la Parroquial Mayor, en 1693, por el obispo Diego Evelino de Compostela, quien la elev a parroquia en 1703. Fue objeto, ms adelante, de nuevas reparaciones. Y en 1899 entregada a los padres agustinos norteamericanos, quienes, adems de realizar en el templo una amplia restauracin, construyeron al fondo y al costado un extenso edificio que contena el convento residencia de los frailes, una escuela parroquial gratuita y el colegio privado San Agustn, de primera y

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segunda enseanza, ya nacionalizado en 1961. Estos mismos frailes fueron los creadores de la Universidad de Villanueva. El templo conserva su fisonoma antigua; tiene dos torres, y la fachada da sobre la calle de Villegas; en el atrio se hallaba siglos atrs el cementerio de la iglesia. Iglesia y Convento de San Felipe de Neri. En la esquina de las calles de Obrapa y Aguiar, con frente sobre esta ltima fueron construidos en 1693 una iglesia y convento para los miembros de la congregacin de San Felipe de Neri, quienes residieron all hasta 1784 cuando la ocuparon los frailes capuchinos. En 1841, como las dems iglesias con convento, fue incautado San Felipe por el Estado espaol, y en 1844 funcion all la Sociedad Econmica de Amigos del Pas. En 1887 es entregado a los frailes carmelitas descalzos, quienes hermosearon notablemente el templo y permanecieron en ese lugar hasta 1923, cuando obtuvieron el disfrute de la parroquia del Carmen, y edificaron el lujoso templo de este nombre en la Calzada de Infanta, de Neptuno a Concordia, a donde se traslad la comunidad. La del Carmen es una iglesia muy amplia y ornamentada, en el mismo estilo barroco del interior de San Felipe, y con una elevada torre sobre la que se alza una imagen en bronce de la Virgen del Carmen, esculpida en Italia, obra del artista napolitano Guido da Michel, que es una de las estatuas ms grandes de La Habana. En cuanto al viejo templo de San Felipe, convertido en sede principal del Banco del Comercio, sufri en su interior solamente las modificaciones ms indispensables, y su fachada, desprovista de su torre, luce un barroquismo quizs un tanto exagerado. Fue as reconstruido por el arquitecto Goyeneche. Despus de la incautacin de la banca privada por el Gobierno Revolucionario, el edificio que fuera iglesia de San Felipe alberga una sucursal del Banco Nacional. Iglesia y Convento de Santa Teresa. Desde 1647 exista, cerca de donde hoy se encuentra el Parque de San Juan de Dios y anteriormente se alz el hospital del mismo nombre, un Beatero de Teresas. Pero fue en 1700 cuando, bajo los auspicios del obispo Diego Evelino de Compostela, se erigi para las monjas carmelitas el convento a que se dio el nombre de Santa Teresa, en la calle hoy de Compostela, esquina a la de Teniente Rey, donde est la iglesia. La edificacin se extiende por una parte hasta la calle de Villegas, y por la otra, hasta la mitad de

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cuadra de la misma calle de Compostela que va hacia Muralla. En la iglesia, que es muy sencilla, de una sola nave, y con fachada sobre Compostela, se encontraba el ms interesante de los sepulcros antiguos existentes en Cuba, con excepcin del que guarda los restos del obispo Serrano, en la Catedral: el del obispo Compostela, erigido en 1704. A la calle sobre la cual da la fachada de esta iglesia se le dio el nombre de este prelado, entre otros mritos —pues fue ejemplo de virtudes y de actividad—, por haber construido en ella cinco iglesias: las de El Santo ngel Custodio, Santa Catalina, Santa Teresa —estas dos con conventos—, la de Beln, con su asilo para convalecientes, y la de San Isidro, con el hospital de su nombre. En 1923, las carmelitas construyeron un nuevo edificio para su residencia en el barrio del Vedado, en la calle 13, de 20 a 22, junto a la antigua casa de la Nunciatura del Papa; al trasladarse a l, en 1929, se llevaron los restos del obispo Compostela, colocndolos bajo el altar mayor del nuevo templo. La vieja edificacin de Santa Teresa, vendida a particulares, fue toda ella dedicada a almacenes, pero despus la iglesia ha vuelto a abrirse al culto, dedicada a Mara Auxiliadora. Iglesia y Convento de la Merced. El edificio actual est construido en el mismo lugar donde en 1637, en el entonces barrio de Campeche, quiso erigir un templo y convento para los frailes mercedarios el miembro de esa orden Fr. Gernimo Alfaro, y donde en 1755 qued efectivamente levantada una iglesia, con convento, para aquellos bajo la advocacin de San Ramn Nonnato; de la calle de Cuba a la de Damas y de Paula a Merced. Fue edificado de 1865 a 1867 por iniciativa de Gernimo Vilads, Superior de los frailes misioneros pales a quienes se haba entregado poco antes la construccin primitiva de la que haban salido los mercedarios en 1820. Contribuyeron ampliamente a esta edificacin los nobles de la poca, y hasta muy entrada la era republicana, fue el templo elegante por excelencia, donde se celebraban las bodas ms suntuosas. El templo tiene una hermosa fachada sobre la calle de Cuba, consta de tres amplias naves, un bello altar mayor y una majestuosa cpula. El interior, imitacin de las iglesias italianas construidas segn el modelo de San Pedro, de Roma, muestra exceso de ornament acin. Contiene pinturas de Esteban Chartrand. En 1913 se cumplieron los deseos del Padre Vilads, de ser enterrado en La Merced: a los treinta aos de su muerte fueron depositados sus restos en la capilla de Nuestra Seora de Lourdes, de dicho templo. Los padres pales continan a cargo del templo. Iglesia y Hospicio de San Isidro. Estuvo situado en la calle de su nombre, esquina a la de Compostela, donde a fines del siglo XVII aquel obispo cre primero una huerta de recreo con una pequea casa; luego una ermita, y despus la iglesia de San Isidro, con su adyacente hospicio, que por su situacin ms resguardada, sirvi de asilo al Gobernador y a la Junta de Guerra durante el sitio de La Habana por los ingleses. Los frailes franciscanos, a quienes despus de un litigio se les haban adjudicado los edificios, los cedieron al Gobierno para hospital militar; y despus volvi a ser hospicio por largo tiempo, ya que estuvo all establecida la Casa de Maternidad hasta su incorporacin a la Casa de Beneficencia en 1852, ms adelante fue demolido el edificio, con su iglesia adjunta, que, segn los historiadores de la poca, jams ofreci belleza alguna.

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Iglesia y Convento de Beln. Situado en la calle de Compostela, desde la de Luz hasta la de Acosta, y por el fondo hasta la de Picota. Fue comenzada su edificacin a fines del siglo XVIJ por el ilustre obispo Diego Evelino de Compostela, quien lo destinaba a refugio de convalecientes pobres, pero el fundador no vio terminada su obra. Ya desde 1704 se hallaba ocupado por frailes belemitas, bajo la advocacin de San Diego de Alcal; los frailes, adems de atender a enfermos y heridos, distribuan alimentos a los pobres y mantenan una escuela gratuita para ms de 500 nios.; En 1842 fueron desalojados los frailes belemitas y el edificio fue ocupado por oficinas del Gobierno espaol, salvo la iglesia) En 1854 fue entregado a los padres jesutas, quienes establecieron all su famoso colegio donde en la poca colonial y en la primera parte de la republicana se educaban los hijos de la seudoaristocracia y de la alta burguesa. Los jesutas realizaron numerosas ampliaciones y mejoras, as en el convento como en la iglesia, colocando en sta varios altares de mrmol. El edificio del convento avanza sobre la calle de Acosta, formando el nico arco que existe en La Habana. Se asegura que no estaban muy claros los ttulos de propiedad de los jesutas sobre esta edificacin, pero al fin, en 1913 el Tribunal Supremo de Justicia se la concedi en firme. Desde 1925, cuando se inaugur el magnfico edificio del nuevo Colegio de Beln en Marianao, la antigua estructura fue arrendada al Estado, el que la utilizaba, y an la utiliza, para albergar distintas dependencias oficiales. Especialmente la Secretara de Gobernacin, hoy Ministerio del Interior. Durante largos aos, por la parte que da a la calle de Acosta, funcion all la Academia Nacional de Artes y Letras. Al promulgarse, en octubre de 1960 la Ley de Reforma Urbana, el Estado, como inquilino, obtuvo la propiedad del edificio. En cuanto al nuevo Colegio de Beln, en Marianao, era, en el momento de su inauguracin el mayor y el ms lujoso de todos los edificios de colegios privados de toda la Amrica Latina. Del cuerpo central, salen, como radios de un semicrculo, ocho cuerpos laterales, de dos plantas, destinadas la inferior a aulas, museo, etc. y la superior a dormitorios. En el cuerpo central se construy una vasta capilla, y se hallaba la administracin, etc. Tambin este edificio ha pasado al Estado en virtud de la Ley de Nacionalizacin de la Enseanza. Actualmente funciona con el nombre de Instituto Tecnolgico. Hermanos Gmez. Su nombre actual honra la memoria de dos de los mrtires del Moneada, los hermanos Manuel y Virgilio Gmez. Iglesia y Hospital de San Francisco de Paula. Una de las ms atrayentes reliquias de nuestra poca colonial es la parte que an se conserva en pie, muy cerca de los muelles, de la iglesia adjunta al que fuera antiguo Hospital de San Francisco de Paula. La institucin fue fundada por el sacerdote Nicols Estvez Borges, en el barrio llamado entonces de Campeche —antigua residencia de indios procedentes de Mxico y otras partes—, donde se encontraba la primitiva ermita del Humilladero, en la que terminaba la procesin del Va Crucis que sala de San Francisco; y las obras comenzaron en 1668, abrindose al culto y al servicio pblico en 1672. Destruidos iglesia y hospital por un cicln, fueron levantados de nuevo en 1745.

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Cerrados desde mucho antes hospital e iglesia, la edificacin fue vendida en 1907 a una empresa particular. En 1937 los propietarios, que eran los Ferr ocarriles Unidos, pretendieron derribarla toda, a lo que se opuso el Ayuntamiento de La Habana. Despus de una larga pugna entre ambos, en la que intervino a favor de la vieja iglesia la Junta Nacional de Arqueologa y Etnologa, la parte correspondiente al Hospital fue demolida, y lo que quedaba de la iglesia, que ya haba sufrido ciertas mutilaciones y que desde 1944 haba sido declarada Monumento Nacional, en 1946 ha sido expropiada, reconstruida y restaurada. Se alza entre la Alameda de Paula y las calles de Desamparados, San Isidro y Cuba. Se dice que su graciosa cpula presenta gran parecido con la del templo de La Misericordia, en Mxico; en general, recuerda al antiguo templo de San Francisco. Est incorporado a la literatura cubana, porque el hospital a que corresponda figura en las pginas de la gran novela cubana Cecilia Valds, de Cirilo Villaverde. Actualmente abriga entre sus bicentenarias paredes al Instituto de Investigaciones Folklricas, dirigido por Odilio Urf. Varios crticos de arte han elogiado esta iglesia, y en especial el ex-profesor de Historia de Arquitectura de la Universidad de La Habana, Joaqun Weiss y Snchez, en su obra Arquitectura cubana colonial, afirma que la cpula de esta iglesia es, probablemente, la ms interesante de las pocas que nos ha legado la colonia, y la composicin de masas de la cabecera de la iglesia, reflejando en su desnuda reciedumbre el temple de los hombres de la poca, es, aun en su actual estado ruinoso, del mayor efecto.

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Iglesia de Nuestra Seora de la Caridad, Anteriormente de la Salud y de Guadalupe. En la esquina de las calle s de la Salud y Campanario exista a principios del siglo XVIII una ermita consagrada al Cristo de la Salud, que le dio nombre a una de estas calles; y en Monte y guila, otra ermita dedicada a Nuestra Seora de Guadalupe. Destruida la primera por el fuego en 1765, fue reedificada en 1779, levantndose entonces el primitivo campanario que dio nombre a la otra calle. El obispo Juan Jos Daz de Espada y Landa —nombre ilustre en la historia de Cuba— uni ambas iglesias en un solo templo, efectuando en l una reconstruccin completa, y convirtindolo en parroquia, si bien desde mucho antes la ermita haba servido de auxiliar parroquial, pues su primer libro de bautizos data de 1739. Las obras de reedificacin duraron desde 1819 hasta 1839, aunque el frontispicio no qued terminado hasta 1843. De la poca del obispo Espada datan los hermosos cuadros que adornan la iglesia, originales del pintor francs Claudio Luis Vermay, o copias hechas por ste de obras de Rafael y de Mengs. Ya en la era republicana, en 1915, y bajo los auspicios de Doa Amrica Arias, esposa del ex-Presidente de la Repblica general Jos Miguel Gmez, este templo fue nuevamente objeto de una amplsima reconstruccin, que lo embelleci grandemente, y consagrado a la Virgen de la Caridad del Cobre, a la que se llama Patrona de Cuba. Iglesia de Nuestra Seora de Monserrate. Existi primitivamente, desde 1675 una pequea ermita bajo esta advocacin, en las cercanas de donde hoy se encuentra la plazuela de Albear. Fue demolida por orden del capitn general Miguel Tacn en 1836, y reconstruida en el lugar en que hoy se encuentra, Avenida de Italia entre Concordia y callejn de Caongo, y en la forma que hoy presenta, de 1841 a 1843, bajo los auspicios de la Marquesa de Arcos, el gobernador Joaqun de Ezpeleta y el Prncipe de Anglona. En 1845 fue constituida en parroquia, y se traslad all la imagen de la Virgen de los Desamparados, Patrona de Valencia, que se conservaba en el convento de Santa Clara. Ni externa ni internamente ofrece esta iglesia ningn atractivo artstico. Iglesia del Santo ngel Custodio. En 1695 edific el obispo Compostela, precisamente al comienzo de la futura calle que luego llevara su nombre, y sobre una loma a la que entonces se llamaba de la Pea Pobre, un pequeo templo donde estableci una auxiliar de la Parroquial Mayor. Daada la iglesia en 1846 por el terrible huracn de ese ano, fue totalmente reconstruida al ao siguiente por el obispo Jacinto Mara Martnez, en el bello estilo gtico en que todava se conserva. En su interior fue muy embellecida, ya en nuestro siglo, por su prroco de muchos aos, monseor Francisco Abascal. En este templo fueron bautizados dos de los tres hijos ms ilustres de La Habana: Flix Vrela y Jos Mart. Y tambin se halla incorporado a nuestra literatura, porque la gran novela cubana del siglo xix, obra del insigne literato Cirilo Villaverde, lleva precisamente por ttulo Cecilia Valds o La Loma del ngel. Villaverde sita la casa de su herona en una callejuela que da a esta loma, y la escena culminante del relato tiene por escenario el prtico de la iglesia. Convento e Iglesia de las Ursulinas. En 1803, con motivo de haber pasado la Luisiana a manos francesas, la comunidad de Madres Ursulinas, residentes en Nueva Orleans y donde se contaban algunas monjas habaneras, se traslad a nuestra capital, siendo las primeras religiosas que aqu se dedicaron a la enseanza. Se le dio para albergue, por el obispo Juan Jos Daz de Espada y Landa, la parte de la Casa de Recogidas correspondiente a la calle del Egido; en 1815 se les concedi todo el local, ampliamente restaurado; y en 1850, con el auxilio de Doa Mara Josefa Santa Cruz de Oviedo, construyeron la iglesia contigua al colegio y monasterio. No hace muchos aos, este colegio y convento se trasladaron a un hermossimo edificio en Alturas de Miramar, que el Gobierno Revolucionario ha nacionalizado recientemente, instalando all escuelas para la educacin popular. El primitivo edificio situado en las calles de Egido y Sol, frente a la plazuela que lleva el nombre de las Ursulinas, donde antao se alz la llamada Puerta de Tierra, no ha sido demolido, esta ocupado por viviendas y comercios, y en el local de la antigua iglesia funciona el Cine Universal. Otras Iglesias. Existen en nuestra capital otras iglesias coloniales, entre las que merecen mencin algunas parroquiales: la de Jess del Monte, situada sobre la pequea colina que le da nombre, famosa por su antigedad, donde el primer bautizo fue inscripto en 1690, y que guarda en su archivo la partida de defuncin de los valerosos protomrtires de la lucha cubana por las libertades, los vegueros rebeldes de Santiago de las Vegas, ajusticiados en 1723; la del Vedado, erigida en 1875 en terreno donado por el Conde de Pozos Dulces, y reconstruida en bello estilo gtico en 1892, y ahora a cargo de los frailes dominicos; la de Jess, Mara y Jos, erigida en 1756 en el barrio llamado entonces del Manglar, muy

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ligada a la vida popular de la Ciudad y que en los ltimos tiempos coloniales y los primeros republicanos fue regida durante largos aos por el Padre Dobal, sacerdote cubano, uno de los pocos miembros del clero que se puso decididamente al lado de la lucha independentista; la del Cerro, que contrasta por su modestia con las lujosas mansiones que en esa barriada, entonces aristocrtica, levantaron durante el siglo XIX los ricos de la poca; la de San Nicols y la de Nuestra Seora del Pilar de Carraguao, ambas cercanas a la Calzada del Monte, en el centro de barriadas populares y populosas, y ambas, como la del Cerro, pequeas y de pobre apariencia. Mencin aparte merece, especialmente por las circunstancias que rodearon su construccin, la iglesia del Carmelo, edificacin de lneas sencillas dentro de un estilo a imitacin del gtico, situada en el barrio del Vedado, en la calle 16, entre las de 13 y 15. Fue comenzada, ya muy avanzado el siglo XIX, por la familia del Conde de Pozos Dulces, propietaria de la vasta estancia donde se haba creado dicho barrio; por lo que parece, aquellos patricios pretendan erig ir un gran templo, de imponente proporciones, que sirviera de iglesia parroquial a la extensa barriada ya en pleno desarrollo; y se dice que realizaron los trabajos los canteros que acababan de construir la bella portada del Cementerio de Coln, bajo la direccin del arquitecto que la termin a la muerte de su autor, Calixto de Loira. Pero, porque la familia perdiese sus caudales, o por cualquier otra razn —aunque sa parece la ms verosmil—, la obra se qued mucho menos que a medias, y por muchsimos aos permaneci con aspecto de ruina, hasta que, en 1918, un fraile dominico, el padre Reginaldo, abri al culto la parte disponible, y, adems, se empe en terminarla, a base de las limosnas que con ese objeto recoga, y trazando l mismo los planos complementarios, y realizando tambin l mismo todo el trabajo material, con slo un auxiliar. Fue extraordinario lo muchsimo que as logr; pero la muerte no le dej acabar su obra que, por lo visto, otros no quisieron seguir; y hoy, cerrada y enmohecida, vuelve a parecer una ruina la iglesia del Carmelo, que tan poco vivi. DE LA POCA REPUBLICANA Al referirnos al traslado de antiguos conventos hemos mencionado algunos templos erigidos despus de 1902, especialmente en los que durante el primer cuarto de nuestro siglo se consider como barrios extremos de la capital: el Vedado, la Vbora, etc. Pero el templo ms hermoso de La Habana construido en la era republicana, la que conceptuamos como la ms bella construccin de tipo religioso en Cuba, por su simple arquitectura y sus amplias y justas proporciones, se alza dentro del casco de la ciudad, en la Avenida Simn Bolvar, cerca de la Avenida del Padre Vrela. Es la iglesia del Sagrado Corazn de Jess, erigida, con un convento adjunto, tambin de muy acertada construccin, por los padres jesutas, de 1914 a 1923. Es un edificio realmente magnfico, siendo solamente de lamentar que carezca de suficiente espacio al frente para poder apreciarlo con la debida perspectiva, y que no se halle debidamente separado de las construcciones colindantes. Es de estilo gtico, con tres bellas puertas, tres naves, soberbias columnas interiores, un amplio crucero, tres capillas absidiales, lucientes ventanales en colores, de 9 m. y medio de altura y una esbelta torre de 77 m. de alto, que es una verdadera joya arquitectnica, y a la que remata una cruz de bronce de 4 m. El soberbio altar mayor es obra del padre Basilio Granda, y el templo luce dos artsticas imgenes en mrmol: el Sagrado Corazn, en el portal, y el Cristo del altar mayor. Tambin desde la poca de la ocupacin militar norteamericana (1899-1902) hasta ahora se han erigido en La Habana templos de diversas sectas protestantes, como la Iglesia Bautista, en Zulueta y Dragones, la Iglesia Metodista en Coln e Industria, y la Catedral Episcopal, que primero ocup un hermoso edificio en Neptuno y guila, y luego pas a otro an ms amplio y de ms bella arquitectura, en el Vedado, en la calle 6 entre 11 y 13, que se inaugur en 1946; el primer templo fue demolido y en el lugar que ocup se alza ahora un establecimiento comercial. EN LA GRAN HABANA La definitiva creacin oficial de La Gran Habana, que si no est ya convertida en realidad cuando circule este libro, creemos que lo estar muy pronto, incorporar a nuestra capital varias hermosas iglesias levantadas recientemente en los repartos o suburbios de bella construccin, tales como la de Corpus Christi, en el reparto Cubanacn; la de la Trinidad, en el Reparto Nicanor del Campo; el Santuario de San Antonio de Padua, en la Calle 60 esquina a 5ta. Avenida en Miramar, muy hermoso, cuya arquitectura, muy moderna, como la del anterior, tiene, no obstante, ciertas reminiscencias de Ass; la iglesia de Santa Rita, edificada en 1944 por Vctor Morales, tambin en estilo muy moderno, en la Quinta Avenida esquina a la calle 26, en cuya portada aparecen las figuras de los cuatro Evangelistas, y posee tambin una bella estatua de la Santa, original de Rita Longa. Hay algunas ms, como la Iglesia de la Santa Cruz de Jerusalem, en la calle 64 entre las Avenidas 16 y 17. Sobre todas se destaca la gran edificacin, en estilo bizantino-romntico, del templo de Jess de Miramar, perteneciente a los padres capuchinos, y enclavado en la Quinta Avenida de dicho reparto: se trata de una gran obra artstica.

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Pero sobre todo quedar entonces dentro del permetro capitalino la ms linda reliquia del tiempo colonial, la joya ms exquisita del arte barroco en Cuba: la iglesia de Santa Mara del Rosario, con su amplio retablo y sus altares y sus techos primorosamente tallados y sus expresivas imgenes esculpidas, obra de los siglos XVII y XVIII. Esta iglesia, verdaderamente excepcional en nuestro pas —pues solamente la de San Juan de los Remedios, en Las Villas, pudiera comparrsele— fue declarada Monumento Nacional en 1947, y ha sido objeto de una amplsima restauracin que incluso restituy a los altares y retablo sus colores y dorados primitivos.

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42 EDIFICIOS DE CARCTER CIVIL Y DE CARCTER DOMESTICO EN LA POCA COLONIAL I PERIODO FORMATIVO Ya se ha dicho que durante este perodo no se realizaron construcciones de tipo civil que revistieran importancia ni que hayan llegado hasta nosotros. Por lo tanto, el inters se concentra, por entero a las de tipo domstico, es decir, a LAS CASONAS SEORIALES DEL SIGLO XVII. Estos edificios tienen por caractersticas su reciedumbr e, que haca de ellas verdaderas fortalezas, en contraste con la comodidad y alegra de su interior; como muy bien dice Fernndez y Simn, eran viviendas moriscas dotadas de amplios zaguanes, con sus mixtilneos arcos de piedra, con patio, rodeados de galeras protegidas por tejadillos, grandes salas y aposentos cubiertos por alfarjes y cpulas lignarias, barandajes, cancelas, puertas, etc., del ms puro ambiente rabe-andaluz. Estas espaciosas moradas constaban de dos plantas. La planta baja comenzaba por un zagun de grandes proporciones, del que se pasaba, por debajo de un ancho arco, a la galera principal que rodeaba al patio; y se completaba con varias habitaciones; de las que daban a la calle, las de un ala, dedicadas al despacho de los negocios del dueo de la casa, y las de la otra, a depsito de mercancas o frutos con que se traficaba; las habitaciones interiores eran para’ el mayordomo y la servidumbre; en el centro, el patio rectangular, alargado, rodeado en tres frentes por galeras sostenidas por gruesos horcones de madera, y adornado de canteros floridos, y a veces de una fuente; al fondo del patio, servicios y lavaderos, y detrs un traspatio, a donde, en las casas de esquina, daban las cocheras y caballerizas, con una puerta lateral sobre la otra calle. En la planta alta se hallaba otra amplia galera, que serva de comedor, y donde desembocaba la ancha escalera que arrancaba de la inferior; la gran sala y gabinete, que daban sobre la calle, los dormitorios de la familia, la cocina, el bao y las habitaciones de los sirvientes. Los techos de la planta baja eran planos, de gruesas vigas de madera dura; y los de la alta, en parte de alfarjes o tambin de madera plana; al exterior, el techo era de tejas. Las fachadas ostentaban casi todas balconajes mltiples, de tipo morisco, que casi todos han desaparecido. Estos balcones, como las puertas, ventanas —muchas de ellas voladas—, cancelas, barandas, eran todas de madera ms o menos labrada, y han inspirado al profesor Weiss esta alabanza: Dnde encontrar en Espaa ejemplares comparables a esas monumentales ventanas y balcones de madera de nuestras residencias coloniales del siglo XVIII? Si la influencia musulmana nos liego a travs de Andaluca… tendramos que remontarnos hasta El Cairo o Bagdad para hallar algo tan hermoso, pintoresco y sugestivo como esas ventanas y balcones que constituyen un patrimonio muy nuestro. Las portadas se adornaban con sencillas pilastras, sin jambas. Los pisos eran, en las piezas principales, de mrmol; de hormign en las habitaciones; de losas de barro cocido rojo en los corredores y piezas menos importantes; y en los zaguanes y los pasos de la escalera, de duras losas isleas de pizarra. Es enormemente lamentable que la inconsciencia unida al afn de lucro, haya destruido o mutilado salvajemente casi todas aquellas mansiones que daban carcter tan tpico a nuestra ciudad. De las casonas del siglo XVII, que an perduran, ms o menos desfiguradas, citaremos las siguientes: La casa de don Gaspar Riberos de Vasconcelos, en la esquina de Obrapa y San Ignacio, posiblemente la ms antigua de todas, reconstruida en 1637; tiene en la puerta un escudo nobiliario de los Vasconcelos, fue despus propiedad del primer Marqus de San Felipe y Santiago. La casa de don Melchor de la Torre, en la pequea manzana existente entre la marina y las calles de Obrapa, Baratillo y Carpineti. La casa del Conde de San Juan de Jaruco, en Muralla esquina a Mercaderes, frente a la Plaza Vieja, edificada en 1670, pero cuyos portales son de 1773.

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La casa de la Obrapa de Pealver, en Tacn y Empedrado, donde vivi el obispo don Luis de Pealver y Crdenas, y que tambin luce en la portada el escudo nobiliario de la familia. La casa del Obispado, en Oficios nm. 2, cerca de la Plaza de Armas, reconstruida en 1685 por el obispo Don Diego Evelino de Compostela para Palacio Episcopal de La Habana, y donde despus vivieron los famosos prelados Gernimo Valds, Juan Lazo de la Vega y Pedro Morell de Santa Cruz, por quien se le dio su nombre a la calle del Obispo, y que se haba hecho famoso con motivo de la toma de La Habana por los ingleses. Esta casa haba sido anteriormente la casa solariega de la familia Cepero, que figur en primera fila entre los vecinos ms antiguos e importantes de la primitiva villa. Desde 1614 haba residido en ella el tambin clebre obispo Alonso Enrquez de Armendriz, que dio nombre al ro Almendares. La casa de la Obrapa de Calvo de la Puerta, en Obrapa y Mercaderes; as llamada por la fundacin que hizo el alcalde y regidor Martn Calvo de la Puerta para dotar a varias doncellas pobres; la estructura fundamental de esta mansin es la misma que le diera aquel personaje habanero a fines del siglo XVI; pero en el siglo XVIII se le agreg una portada barroca muy bella. La casa del Marqus de Jstiz de Santa Ana, en Baratillo esquina al callejn de Jstiz. Es una de las ms antiguas de la Ciudad, pero el ttulo por el cual se la conoce no fu otorgado hasta el siglo XVIII. Sus primitivos balconajes han desaparecido, pero conserva bellos alfarjes moriscos, una fachada lateral netamente espaola, y luce hacia el fondo una torre-mirador, que es de las pocas atalayas que restan de las que servan antao a los vecinos para observar el movimiento de buques por la boca del puerto. En este edificio funcion la Casa de las Comedias, en que se ofrecan representaciones dramticas antes de la construccin del Teatro Principal. La casa de la esquina sureste de las calles de Teniente Rey y Aguiar, verdadero prototipo de las residencias habaneras del perodo formativo, y la ms representativa del arte mudjar en nuestra ciudad. Se destacan sus labrados balconajes de madera. Tambin son dignas de mencin dos casonas de sendas esquinas de las calles de Obrapa y Oficios, una de las cuales luce un bello patio; las de la calle de Obispo, nmeros 117 y 119, y las de Cuarteles 9 y 11.

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II PERIODO BARROCO 1. A este perodo pertenecen los ms importantes edificios de carcter civil que se construyeron en La Habana durante la poca colonial, revestidos, adems, del ms alto inters histrico. Citaremos, en primersimo trmino la CASA DE GOBIERNO, PALACIO DE LOS CAPITANES GENERALES DE ISA ISLA, LUEGO PALACIO PRESIDENCIAL DE LA REPBLICA, y hoy PALACIO MUNICIPAL DE LA HABANA. Pero, antes de entrar a hablar de este hermoso palacio, expresamente construido para servir de morada a los gobernadores de la Isla y de sede al Ayuntamiento habanero, conviene referir cules fueron las residencias que unos y otros emplearon antes de pasar a tan suntuosa mansin. En los primeros das de existencia de la Villa en el lugar que hoy ocupa nuestra ciudad, los capitulares no tenan sede propia, sino que celebraban sus reuniones en la casa del Gobernador, la que, por otra parte, era un boho. As vemos que en el cabildo de 19 de abril de 1566 se acord el arreglo y reparacin de las casas de tabla y guano, las quales son de Su Magestad e sirvieron de aposento a Diego de Mazariegos en tiempo de su gobernacin, e que en todas las partes dlas Indias hay casas de Su Magestad en que se aposenta a los gobernadores que Su Magestad enva a gobernar las dichas gobernaciones, y que estas dichas casas estn diputadas para el dicho efecto en el entretanto que la fortaleza que por mandato de Su Magestad se hace se pone en defensa e las dichas casas tendrn necesidad de algn reparo para que estn siempre en pie e sirvan a lo susodicho... Tambin existen en los documentos conservados en el Archivo de Indias referencias a la morada del Gobernador y Casa de Cabildo. En 22 de diciembre de 1602 —segn cita de Irene A. Wright en su obra Historia documentada de San Cristbal de ha Habana en la primera mitad del siglo XVII— el gobernador Pedro Valds escriba al Rey sobre el mal estado de aquel primitivo edificio: Ansimismo han hecho sentimiento... las Casas de Cabildo en que viven los governadores por quatro o cinco partes, por ser de teiado y trasvenirse con las muchas aguas, y habiendo visto el Ayuntamiento... y los alarifes de la Ciudad, con acuerdo de todos se han comenzado a reparar porque no se cayesen... Esas casas del Cabildo desaparecieron cuando en 1559 se form nueva plaza en la Villa. Entonces, como refiere Evelio Govantes el distinguido arquitecto y urbanista, al demolerse las casas capitulares comenzaron los cabildos a celebrarse en casas alquiladas a Juan de Talavera, a Juan Bautista de Rojas, a Isabel Nieto y a Francisco Acevedo, viuda del contador Moncaya, o en la morada de Juan Recio o en la Aduana o en el Castillo de la Fuerza. Estas no fueron las nicas peregrinaciones de los capitulares, ya que en otros tiempos tuvieron la costumbre de reunirse en la casa del gobernador o de su teniente, o en la crcel, o en la vivienda del capitular que se encontrase enfermo, peregrinacin que se repiti a fines del siglo XVIII. Despus de construido el Castillo de La Fuerza, los gobernadores lo utilizaron como residencia, aunque tambin algunos vivieron segn afirma certeramente Evelio Govantes, en las casas capitulares de la Plaza de San Francisco, en la de doa Ins de Acosta, en la del coronel don Bernardo Ramrez, que abandon en seguida el gobernador Cabello, por encontrarla improporcionable y llena de habitantes rsticos, y en la de don Santiago de Castro Ferrer, en la Plaza del Mercado, que ocup el capitn general don Luis de las Casas antes de trasladarse al Palacio Municipal. Jos Manuel de Ximeno, el erudito historiador, fija, en su trabajo titulado Casas Capitulares de La Habana, de los siglos XVI y XVII, que, aunque las Ordenanzas de Alonso de Cceres prescriban que todos los viernes a las ocho de la maana se juntase el Cabildo en sus casas propias .. era La Habana tan pobre que aun para hacer casas de cabildo y arca no haba de poderlo hacer, y que salvo el cabildo de 10 de diciembre de 1574, reunido en la morada de don Diego de Soto, por encontrarse ste enfermo, todos los dems se celebraron en la casa del Gobernador, hasta 1582, en que desapareci esta construccin para hacer la Plaza de Armas del Castillo de la Fuerza. Tambin determina Ximeno que desde noviembre de 1584 efectuaron sus sesiones los capitulares en casa alquilada al tesorero Juan Bautista de Rojas, y antes, en las de Juan de Talavera; que a fines de 1588 pasaron a la de Isabel Nieto, donde tambin fue a residir el gobernador; que en 1589 y 1590 se celebraron

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cabildos en el Castillo de la Fuerza; y en este ltimo ao en la morada del regidor Juan Recio; que desde 1595 pasaron el Cabildo y el Gobernador, Maldonado, a vivir en las casas de doa Francisca de Acebedo, la viuda de Moncayo, en los alrededores de la plaza que luego se llam San Francisco, y que algn tiempo despus las adquirieron en propiedad. Era —dice Ximeno— una pobre construccin de tierra, de dos pisos y azotea, con un gran balcn de madera en la segunda planta y un boho que serva de caballerizas al gobernador, demolido en 1655, conjuntamente con algunas indecencias que en l se conservaban en deservicio de Dios Nuestro Seor. El Palacio Municipal, en la actualidad. Los pisos primitivos eran de madera o de tierra, y en 1613 se sustituyeron por pisos de hormign. Y agrega Ximeno: Su construccin era tan mala que un poco de lluvia o de viento le producan graves daos, y a veces sin haber causa de tiempo se vena abajo uno de los cuartos o amenazaba desplomarse el balcn. En 1625 el estado de las casas era tan ruinoso que en su interior llova tanto como a la intemperie, por lo que se hicieron grandes reparaciones y se arreglaron con la mayor decencia... Al desembarcar, en 1626, don Lorenzo de Cabrera {el nuevo gobernador}, acompaado de numerosa familia, se encontr con que en La Habana no haba casa suficiente para alojarlo. Se pidi al Cabildo, para el Gobernador, las posesiones que ocupaba la crcel, y al fin Cabrera quit de las dichas casas los presos y en ellas vivi todo el tiempo de su gobierno Pasaron aquellos a la casa del Cabildo, mas luego parece que se juntaron todos, pues hay referencias en las Actas Capitulares a lo incmodos que estaban Gobernador, Capitulares y presos bajo el mismo techo. Sin embargo, esta misma conjuncin se repiti en el magnfico palacio construido en el siglo XVIII, lo que repugna a nuestra sensibilidad. Es de presumir que, al principio se hiciese por razones de seguridad: habra muy pocos edificios a prueba de ataques contra los gobernantes y de fuga de los presos. .. Mas siempre nos preguntamos por qu no encerraban a stos en las fortalezas, lo que habra sido ms adecuado. Agrega Ximeno: En las casas compradas a la viuda del contador Moncayo permaneci el Cabildo casi dos centurias. Ellas fueron testigos de los acontecimientos ms importantes de la Ciudad desde 1595, y en sus humildes aposentos se ‘desenvolvieron las actividades administrativas de La Habana durante algunos aos del siglo XVI, durante todo el XVII y la mayor parte del XVIII. Con motivo del cicln de Santa Teresa, en 15 de octubre de 1768, los regidores se vieron obligados a abandonar la casa que por tanto tiempo haban utilizado, y que debi haber sido notablemente mejorada al correr de los aos, ya que el historiador Arrarte, en su obra que varias veces hemos citado, adems de

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decir que se hallaban dichas casas en la Plaza de San Francisco, que es casi el mejor sitio de la ciudad, agrega que despus de reparado tras el estrago que caus al edificio la voladura del navio Invencible, en 1741. ha quedad o lucido y vistoso su frontispicio con los dos rdenes de arcos de piedra que se le formaron a todo su portal y sirven de adorno y de seguridad a las casas. El Cabildo, entonces pas a celebrar sus sesiones a una de las salas de la casa de Arstegui, situada tambin sobre la Plaza de San Francisco, al norte de sta, y donde desde 1763 residan los gobernadores. El problema se agudiz, pues: aquella casa, por buena que fuera, no poda albergar tambin a los presos, que pasaron provisionalmente, al Castillo de La Fuerza, y la importancia que la Ciudad y la Isla haban adquirido impona la necesidad de una morada verdaderamente digna de sus respectivas mximas autoridades. As pasamos a la construccin de la Casa de Gobierno en la Plaza de Armas. En 23 de enero de 1773, el gobernador y capitn general Marqus de la Torre present al Cabildo la representacin que haba presentado a la Corona sobre la traslacin de la Parroquial Mayor a la iglesia de los jesutas, la demolicin de aqulla, y la construccin, en parte en el lugar que ocupaba, de un edificio para residencia del Gobernador, Casas Capitulares y Crcel. Con la aprobacin del Rey y la viva complacencia de los capitulares, en 1776 comenz a levantarse el Palacio. Los planos, segn los datos ms fidedignos, haban sido trazados por uno de los mejores, si no el mejor, de los arquitectos que trabajaban en esta ciudad, el coronel de ingenieros Antonio Fernndez de Trevejos y Zaldvar. Tambin hay pruebas irrefutables de la participacin del arqu itecto Pedro Medina en esta importantsima obra. Esta avanz con cierta lentitud, pero no excesiva, ni mucho menos, si consideramos las circunstancias de la poca y la magnitud del empeo. En 1790, al llegar a Cuba, el gobernador don Luis de las Casas pudo en breve plazo instalar su vivienda en el Palacio, an sin terminar; y a fines de 1791 se bendijo la sala que utilizaran los capitulares para sus sesiones, aunque, como bien seala Govantes el Palacio no pudo considerarse como terminado hasta la ejecucin de las obras que le hizo el general Tacn en 1834. Entonces fueron desalojados los presos de la Casa de Gobierno, siendo enviados provisionalmente al Prncipe, mientras terminaba de construirse la que se llam Nueva Crcel o Crcel de Tacn. El edificio, segn los crticos ms autorizados, mejor muchsimo con las modificaciones que entonces en l se realizaron, bajo la muy acertada direccin del coronel de ingenieros Manuel Pastos; slo observa Jos M. Bens a quien varias veces hemos citado, que la colocacin de una portada de mrmol, obra esmerada pero mediocre, en el frente principal, que da a la Plaza de Armas, no fue afortunada ya que no responde al estilo y el carcter general del Palacio.

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Este, segn el historiador Pezuela, es un cuadriltero de ochenta varas exteriores por cada uno de sus lados, todo de zcalos granticos y en su mayor parte de gruesa y solidsima mampostera, de 22 varas de alto, y terminado por una espaciosa azotea circuida de barandas de hierro con almenas intermedias. El frente de la Plaza de Armas cuenta nueve elegantes huecos, de los cuales son miradores los dos ms inmediatos a los ngulos; y por el piso inferior presenta una galera o portal de diez columnas de piedra bien labradas que forman hasta nueve arcos iguales, aunque irregulares en sus intermedios. A la entrada principal del edificio que abre a la citada Plaza de Armas, se halla, a derecha e izquierda la localidad para la guardia de la capitana general. Pasada esta entrada, se encuentra una vasta galera de arcos y

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columnas que se extiende por la mayor parte de las lneas que corresponden a los frentes de la Plaza de Armas y a la calle e O’Reilly. A la izquierda de esta galera, desde su entrada abre entre columnas una espaciosa escalera de ms de cuatro varas de ancho y de escalones de mrmol, que conduce a los entresuelos ocupados por la secretara militar, y ms arriba al piso principal, todo cerrado en lo interior por una simtrica galera cuadrilonga que mira al vasto patio interior. Segn todas las autoridades —que en esto coinciden con el gusto popular—, la puerta lateral del Palacio, que da sobre la calle de Obispo, y que era la que se utilizaba para entrar a las oficinas del Ayuntamiento cuando el edificio era, adems, Palacio Presidencial, es de extraordinaria belleza. De su construccin dice Govantes: sus proporciones son admirables y difcilmente se encontrar en La Habana algn otro edificio, de cualquier poca, que se le iguale en la distribucin armnica de las masas. Y despus de observar ciertos detalles de irregularidad en su construccin, agrega: A esta obra, que es barroca por corresponder a las lneas generales de este estilo, no le falta originalidad, pues no recuerdo ninguna otra anterior en su construccin que se le parezca. Para ser ms cubana, hasta su autor es un habanero, el coronel Fernndez Trevejos y Zaldvar. El arquitecto y urbanista Pedro Martnez Incln, en su obra de 1925, La Habana actual, considera el Palacio Municipal como el mejor edificio que nos leg la Colonia, y afirma que ser el que represente siempre a nuestra ciudad por razones de antigedad e historia, que respetan todos los pueblos cultos de la Tierra. Y el eminente Joaqun Weiss dice, de este palacio y de el del Segundo Cabo, que constituyen los ms sustanciales exponentes de nuestra arquitectura barroca. Agregando, especficamente sobre el Palacio, este supremo elogio: Nuestro mximo palacio barroco, cuya excepcional personalidad y unidad de carcter, en nuestro concepto, lo hacen trascender de nuestra modesta esfera arquitectnica al dominio del arte universal. A lo largo de su existencia, este palacio se ha visto adornado con numerosas obras de arte. Desgraciadamente han desaparecido los numerosos cuadros —que formaban una verdadera galera—, retratos al leo de sucesivos capitanes generales de la Isla, que comenzaban por el del Marqus de la Torre, Don Luis de las Casas, el Conde de Santa Clara y el Marqus de Someruelos, pintados por el artista habanero Vicente Escobar, los de Apodaca, Cienfuegos y Cagigal, obra del francs J. B. Vermay —y, segn Pezuela, superiores a los cuatro primeros —, y seguan con las efigies de algunos que han dejado fuerte huella, y muy dura en nuestra historia, como Vives, Tacn, O’Donnell, Concha y unos cuantos ms. S se han conservado, en cambio los dos cuadros monumentales que el opulento y patriota don Miguel Aldama encarg, para donarlos al Ayuntamiento habanero, en 1880, primero a un buen pintor italiano, refugiado en Cuba, por sus ideas liberales, pues era defensor de la unidad de Italia, Hrcules Morelli, quien no pudo realizarlos porque rpidamente muri, vctima de la fiebre amarilla; y luego al artista espaol Francisco Sans y Cabot y al belga Gustave Wappers; para mostrar vividamente el contraste que l imaginaba entre la feroz colonizacin espaola y la supuesta pacfica colonizacin de Norteamrica, el primer cuadro representaba la belicosa entrada de Hernn Corts en Mxico, y el segundo, el desembarco de los puritanos en Plymouth. Hoy, con un mejor conocimiento histrico, Aldama habra tenido que rectificar, y reconocer que ambas fueron brbaras. Pero queda su gesto de censura al rgimen espaol, que es bien extrao que el Ayuntamiento autorizara. Desde 1862 haba sido colocada en el hermoso patio del Palacio la estatua de Cristbal Coln, obra del escultor italiano J. Cucchiari, que todava se encuentra all, y que completa bellamente aquel conjunto colonial. Tambin el mismo Miguel Aldama, en aquel mismo ao de 1880, don al Ayuntamiento dos bellos medallones de mrmol cincelados en bajorrelieve por Bartolom Thorwaldsen, el famoso artista dans, notable representante del arte neoclsico; estos medallones, que tambin se conservan hasta la actualidad, representan El Da y La Noche. En 1909, fue colocado en lugar principal del Palacio, donde an se encuentra, otro cuadro monumental, La muerte de Maceo, obra del pintor cubano Armando Menocal. El Ayuntamiento adquiri, en 1910, una coleccin de 104 retratos al leo de prceres cubanos luchadores por la Independencia, originales del artista, tambin cubano, Federico Martnez, que, ya no se encuentran en el Palacio, habiendo pasado en su mayora algunos de ellos a la Oficina del Historiador de la Ciudad, cuando era dependencia de dicho Ayuntamiento. Y desde 1937, por gestiones realizadas por mi como Historiador de la Ciudad fue colocado en la pared de una de las galeras inferiores que circundan el patio, el monumento funerario ms antiguo que existe en

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Cuba, erigido en 1557 a Doa Mara de Cepero, y que primitivamente estuvo situado en aquel sitio u otro muy prximo, cuando exista all la Parroquial Mayor. La Oficina del Historiador de la Ciudad guarda hoy tambin, en sus locales del Palacio de Lombillo, Plaza de la Catedral, dos tesoros que durante siglos se conservaron en el Palacio Municipal: la coleccin de las Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana desde 1550, manuscritos de valor histrico incalculable; y las bellas mazas de plata que empleaban los maceros —empleados o sirvientes de alta categora del Ayuntamiento—, en los actos pblicos solemnes, desde 1632, y que se consideran como las obras de arte ms antiguas existentes en Cuba. El Palacio o Casa de Gobierno haba ido sufriendo alteraciones que afeaban su apariencia y mermaban su carcter arquitectnico, especialmente cuando, ya despus que empez a utilizarse como Palacio Presidencial, se le agreg el ms impropio de los aditamentos: un tercer piso de bajsimo puntal y estilo supuestamente moderno, sobre la azotea monumental. Pero, felizmente, en 1930, bajo la administracin del alcalde Miguel Mariano Gmez Arias, despus Presidente de la Repblica, fue objeto de la ms admirable restauracin, bajo la direccin acertadsima de los arquitectos Evelio Govantes y Flix Cabarrocas que, en este magnfico edificio, lo mismo que haban hecho inmediatamente antes en el llamado Palacio del Segundo Cabo, realizaron una verdadera obra de arte, devolviendo a dichas construcciones toda su tpica majestad y belleza. En cuanto a la vida y a los hechos que, a lo largo de los siglos, se han desarrollado en el Palacio, bien podemos decir que sus muros y sus salones estn cargados de historia. Muchsimos sucesos trascendentales han ocurrido all. Hemos dicho que desde el ao 1834 adquiri nueva dignidad el edificio al cesar de albergar a los delincuentes comunes. Hacia 1841, contena, adems de las habitaciones particulares del Capitn General y su familia, las oficinas del Gobierno Poltico y Militar y la Real Audiencia Pretorial, que ms adelante pas al edificio de la Crcel; en sus salones se celebraban las sesiones de la Junta Real de Fomento y de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas. El Ayuntamiento tena una sala especial para sus juntas capitulares. El lugar antes destinado a los presos haba sido adaptado para arrendarlo a diversos establecimientos, como sastreras, relojeras, imprentas. Y tambin en el piso bajo del edificio se hallaban los oficios de escribanos y de hipoteca; todo lo cual haca del edificio y de sus portales un bullente centro de animacin y de vida. En el ltimo cuarto del siglo XIX, ya se haba prestigiado el edificio con el desalojo de los locales ocupados por comerciantes, industriales y escribanos, acentundose poco a poco, hasta la total exclusividad, su carcter de sede de organismos oficiales. Y cuando recordamos la larga lucha de los cubanos por su libertad e independencia, la imaginacin va ms all de las ceremonias solemnes, de los graves besamanos y los brillantes saraos que tenan por escenario el suntuoso Saln del Trono, con sus muebles de damasco rojo y de maderas doradas, y donde el Capitn General, bajo regio dosel, reciba los homenajes de los sbditos del monarca espaol; y pensamos cuntas rdenes de exterminio, cuntas sentencias de muerte, se dictaron, cuntas injusticias y cuntas venalidades, y cuntas iniquidades se perpetraron en estos aposentos magnficos, entre estos recios muros soberbios... Pero lo que s puede fijarse con toda exactitud y lujo de detalles es que dos hechos histricos de la ms alta trascendencia se efectuaron precisamente en este hermoso palacio: las ceremonias representativas del cese de la dominacin espaola, en 1899, y de la instauracin de la Repblica de Cuba, en 1902. A ambas nos referimos ms extensamente en el captulo titulado. Otros importantes acontecimientos histricos. Apenas qued establecida Cuba como nacin seudo-independiente, el Palacio de los Capitanes Generales se convirti en Palacio Presidencial, y en l residieron los primeros mandatarios Toms Estrada Palma, Jos Miguel Gmez y Mario G. Menocal, hasta que este ltimo, en 1920, se traslad, dedicndolo al Palacio Presidencial, al edificio que en terrenos de las antiguas murallas se haba construido para Gobierno Provincial, y donde desde entonces han actuado los Jefes del Estado; ese edificio, aunque tiene bellas lneas y aciertos de construccin, carece de la prestancia y, sobre todo, del estilo cubano, habanero, de la vieja Casa de Gobierno. Esta qued, desde aquella ltima fecha, dedicada exclusivamente al Ayuntamiento, a la Alcalda y a las oficinas administrativas municipales. Despus de la Revolucin, la han ocupado los Comisionados Municipales y actualmente es sede de Junta de Coordinacin, Ejecucin e Inspeccin (JUCEI) de La Habana. Confiemos en que esta, la ms valiosa de las reliquias histricas habaneras, y excepcional tambin por su belleza y su tipicidad, ser respetada y amorosamente cuidada por las generaciones presentes y por las venideras.

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Palacio del Segundo Cabo, en la actualidad. Casa de Correos, Palacio de la Intendencia, o Palacio del Segundo Cabo. Este edificio, aunque ms pequeo y destinado a fines menos importantes que la Casa de Gobierno, no le cede su belleza, y aun le aventaja en tiempo, pues es sabido que el gobernador Marqus de la Torre se haba propuesto levantar cuatro edificios de carcter monumental, uno sobre cada lado de la Plaza de Armas, de los cuales solamente llegaron a ejecutarse dos, y que el mayor, o sea la Casa de Gobierno se construy, segn los documentos de la poca, firmados por el propio Marqus, la imitacin de la Real Casa de Correos, que se est construyendo magnfica en el lado Norte. Se edific en 1772, y tambin bajo la direccin y crese que segn los planos de Antonio Fernndez de Trevejos. Pezuela dice: es un edificio regular, de fachada sobre sillares, de las cuales la principal, reposando sobre arcos por su entrada, mira a la Plaza de Armas, formando ngulo con la Casa de Gobierno. El distinguido arquitecto Silvio Acosta, al referirse a este edificio lo elogia vivamente diciendo: este bello Palacio del Segundo Cabo, cuyo autor logra que una fachada sencillsima tenga un poder esttico formidable. Y el profesor Weiss, despus de observar que el edificio, aunque poco movido, posee una gran personalidad, agrega, refirindose a la portada interior: Nadie imaginara que bajo las sombras del soportal se oculta esta mayesttica portada, el fondo de la cual, a travs del arco mixtilneo del zagun, se atisba el patio, en una composicin de puro sabor andaluz. No puede darse nada ms fantstico y ajeno a toda frmula artstica que esta rica modenatura que se retuerce en mil ondulaciones caprichosas y que, flanqueada por las enormes pilastras esquinadas, constituye una verdadera puerta triunfal. Aunque el edificio se conoci primeramente por Casa de Correos, pas a ser instalado inmediatamente all el Intendente de la Real Hacienda, cargo de reciente creacin. Aos ms tarde, la Real Hacienda se reserv el uso exclusivo de todo el edificio; y cuando, a fines de 1853 fue declarada anexa la Superintendencia General de Rentas a la Capitana General, se dispuso que el Subinspector Segundo Cabo estableciese all sus oficinas. Bachiller y Morales, en el Paseo Pintoresco por la Isla de Cuba, dice que el primer intendente que hubo en nuestro pas fue D. Miguel Altarriba, en 1765; explica luego la gran importancia que este cargo adquiri de 1821 en adelante, en que comenz a ocuparlo el Conde de Villanueva, Claudio Martnez de Pinillos; y luego exalta los mritos de Alejandro Ramrez, predecesor de Villanueva en el cargo, para el que haba sido designado en 1816.

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Durante la era republicana el Palacio del Segundo Cabo se convirti en Palacio del Senado; y ocupando la presidencia de este cuerpo colegislador el Dr. Clemente Vzquez Bello, en 1926 dispuso la restauracin del hermoso edificio, la que fue llevada a cabo, con admirables resultados, por los arquitectos Govantes y Cabarrocas. Cuando se construy el Capitolio Nacional, en 1929, el Palacio del Senado pas a ser sede del Tribunal Supremo de Justicia; y en 1952, al levantarse en la entonces Plaza Cvica, hoy Plaza de la Revolucin Jos Mart, una vastsima construccin destinada a Palacio de Justicia, fue entregado el edificio a las Academias de la Historia, Nacional de Artes y Letras, Correspondiente Cubana de la Lengua y Sociedad Geogrfica de Cuba. En la actualidad, habindose fundido estas instituciones en el Instituto Cubano de Artes y Ciencias, que funciona en el Capitolio Nacional, en estos momentos radica la Comisin Nacional de Conservacin y Restauracin de Monumentos Nacionales en el Palacio del Segundo Cabo, bellsima reliquia del pasado habanero. El Colegio de San Ambrosio, luego Seminario Conciliar de San Carlos y San Ambrosio. Este edificio, anexo al de la Catedral, es, en s, obra de los jesutas, pues, segn apunta Joaqun Weiss, data del segundo cuarto del siglo XVIII, antecediendo en algunos aos a la iglesia —hoy Catedral— que aqullos no lograron concluir. Exteriormente no presenta otro punto de inters que la portada, composicin en retablo, que tanto practicaron los discpulos de Churriguera en la Pennsula... la portada del Seminario evoca cierta congneres espaolas, como la de la decana Universidad de Valladolid.

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Tambin, luego de llamar as la atencin sobre esa portada, —que se halla como formando parte del edificio de la Catedral por la calle de San Ignacio, frente a Tejadillo—, los expertos elogian el amplio patio interior del Seminario, patio claustral, dice Weiss, cuyas galeras circundantes nos ofrecen el nico ejemplo colonial existente, que sepamos, de arcadas sobre columnas pareadas, aunque es curioso e inexplicable que este tratamiento haya sido aplicado nica y precisamente en el piso alto... y tambin la escalera, verdaderamente monumental, de anchos pasos de piedra de San Miguel y pesada baranda de caoba, y la hermossima cancela de madera torneada que comunica con la galera superior. En este vasto edificio, de dos plantas, se efectuaron frecuentes reformas y ampliaciones, por lo que su tipicismo fue desapareciendo al correr de los aos. Y ya haba dicho Pezuela, en 1863: Su superficie forma un extenso polgono irregular cerca de la orilla de la baha entre la Cortina de Valds, la calle de San Ignacio, la explanada del baluarte de San Telmo, que la separa de la Maestranza de Artillera y la Pescadera. Por sus lados oblicuos a la calle de San Ignacio, mide 102 varas castellanas; por el costado septentrional, 28 solamente; por su espalda a la Cortina, 160; 44 por el lado de la Pescadera, y 40 por la continuacin de la calle de Empedrado. Resulta, pues, que es este edificio uno de los mayores de la poblacin. Claro que muchas de las referencias de Pezuela han desaparecido. Pero, al edificarse, en el terreno que ocupaba el antiguo Seminario —ste haba sido trasladado anteriormente fuera de La Habana—, el bello Palacio Arzobispal, en estilo neo-barroco, de que hablaremos al tratar de los edificios de la era republicana, se logr, a la vez —aunque se destruyeron lugares de alto inters histrico— una restauracin de algunos de los elementos antiguos ms tpicos que quedaban de la primitiva construccin. Asimismo corresponden al perodo barroco los siguientes edificios de carcter pblico u oficial: El Coliseo o Teatro Principal, construido en 1775, y ya desaparecido; nos referimos a l al tratar de los teatros habaneros. El Cuartel de Milicias, despus Jefatura de la Polica durante muchos aos de la era republicana, y actualmente ocupado por dependencias del Ministerio del Interior. Edificado en 1787, an se conserva en bastante buen estado, habiendo sufrido algunas modificaciones; se atribuye su bella portada barroca al arquitecto habanero Pedro de Medina. El 8 de noviembre de 1933, durante el primer gobierno autntico, los abecedarios que haban anteriormente luchado contra la tirana de Machado, pero que eran contrarios al rgimen instaurado el 4 de septiembre, desataron en La Habana una revuelta armada, que fracas; uno de sus episodios ms salientes fue la toma de algunas estaciones de polica y del edificio de la propia Jefatura, desde donde los enemigos del Gobierno disparaban contra el Palacio Presidencial, que se encuentra muy prximo. Durante la dictadura de Batista, el edificio de la Jefatura de Polica adquiri fama siniestra, pues all fueron torturados muchos adversarios del Tirano, y arrojados algunos por las ventanas, en simulacin de suicidios. La Casa de Beneficencia, construida en 1794, edificio vastsimo, de buenas proporciones, pero sin especial belleza; ya ha desaparecido, y tratamos de l en el captulo sobre Establecimientos sanitarios y benficos. En esta construccin pareca presentirse ya la influencia del estilo neoclsico, pues careca de las curvas graciosas del perodo a que cronolgicamente perteneca. Corresponde tambin a este perodo, y se adelanta en tiempo a todas las construcciones que hemos mencionado, siendo, pues, la primera obra barroca de carcter civil, la columna conmemorativa que en 1754 levant el gobernador Cagical en recuerdo de la fundacin de la villa de La Habana, junto a donde ms tarde se elevara el templete conmemorativo de ese acontecimiento; de una y otro tratamos en el captulo consagrado a los monumentos habaneros. 2. Las construcciones de tipo domstico, para residencia de las familias de la clase rica —ya se haba desarrollado gran prosperidad en Cuba, basada especialmente sobre azcar y esclavitud—, cuyos jefes eran casi todos hacendados o dueos de vastas y florecientes empresas, y ame-nudo obtenan ttulos nobiliarios espaoles, son las que llamamos Palacios y Casas Seoriales del Siglo XVIII Estas hermosas edificaciones, que muchsimo embellecieron la Ciudad, se hallan, relativamente, en buen estado de conservacin —las que han sobrevivido al afn de modernismo y de ganancias—, debido a la excelencia de sus materiales y al esmero de su ejecucin.

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El arquitecto Pelayo Prez, en su trabajo La vivienda de nuestra clase rica, las describe as: Constan generalmente de planta baja, entresuelo y piso principal. Sus puertas, ventanas y escaleras son amplsimas, y no menos amplios son sus salones, dormitorios y corredores. En ellas los techos de azotea sustituyen a los tejados; se generalizan los cielo-rasos de yeso; el mrmol sustituye, en pisos y escaleras, a las losetas de barro cocido y a la piedra toscamente tallada; los zaguanes ostentan zcalos ornados con azulejos; las rejas y barandillas de escaleras son de hierro primorosamente trabajado; y el bao amplio, con baadera de azulejos, forma parte de las principales dependencias de la casa. En los techos se mantuvo por algunos aos el empleo de alfarjes, sustituyndose pronto, en muchos casos, por techos planos de vigas recubiertas de tablones, a los que se llamaba de tirantera. En las portadas, la puerta quedaba flanqueada por columnas o pilastras, que, por su posicin variada, producan un movimiento muy artstico. En algunos casos, descansaba sobre las columnas un pequeo frontn, de forma clsica o de composicin barroca. Los jambajes habaneros con gruesas molduras, variada y artsticamente combinadas, y diversos motivos decorativos completaban, en las fachadas, un conjunto en que vividamente se manifestaba la originalidad, la fantasa y el buen gusto de los arquitectos de nuestra ciudad en aquel perodo. Comenzaremos por mencionar los palacios que se edificaron durante aquella poca en torno de la Plaza de la Catedral. El Palacio del Marqus de Arcos. De la compilacin documental realizada por el acucioso investigador que fue Arturo Lavn tomamos los siguientes datos so bre esta mansin: En 1739 eran vecinas colindantes de la casa de Lombillo las seoras Melchora y Josefa de Avils, las cuales vivan en una casa baja de su propiedad, en el mismo lugar donde fue edificada la de Arcos. En 1741 fabricaba all su fastuosa residencia el Tesorero de la Real Hacienda, Diego de Pealver y ngulo. El hijo del fundador, Ignacio de Pealver y de Crdenas, creado Marqus de Arcos en 1792 por sus servicios durante el sitio y la ocupacin inglesa de La Habana, residi en ella, as como sus descendientes, quienes, a mediados del pasado siglo, se trasladaron para otra propiedad suya de la calle de Inquisidor, y arrendaron sta para la administracin de correos. Se llam de la Tesorera cuando eran Tesoreros los dos Pealver, Diego e Ignacio, el primer marqus de Arcos, y despachaban all sus importantes funciones. Y luego se le dio el nombre de Casa de Correos. La casa de los marqueses de Arcos tiene dos frentes: el que da a la Plaza de la Catedral y el que mira a la calle de Mercaderes, que es y siempre fue tenido como el principal. Contra la opinin del historiador Pezuela, que afirma que su arquitectura es mezquina y de mal gusto, los arquitectos cubanos son unnimes en cuanto a elogiarla. Luis Bay nos dice: El Palacio del Marqus de Arcos es, indudablemente, el tipo ms perfecto de casa colonial que nos queda. Nada hay ms tpicamente habanero que el zagun y las escaleras de este palacio. Si alguna construccin de La Habana merece visitarse es sta, pues posee detalles artsticos que no se ven en ninguna otra casa de la Ciudad. Enrique Luis Vrela alaba la belleza de sus fachadas, como la de la Plaza de Armas, que tiene un amplio soportal, con cinco arcadas sobre las columnas dricas, de ms de 7 m. de puntal; pareca su arquitectura simple, sincera, nacida de las necesidades, sin rebuscamientos efectistas; y, sobre todo, luego de mencionar la riqueza decorativa del balcn, compara la escalera con las de los grandes palacios del Renacimiento italiano, y dice: la impresin que recibimos al ascenderla es de grandeza, de seoro: es la escalera de un palacio. Y para Joaqun Weiss esta casa es, en cierto modo, la ms interesante de las que circundan la Plaza de la Catedral. No cerraremos la mencin de esta casa sin destacar que est en cierto modo unida a nuestra historia independentista, pues en ella estableci en 1844 una institucin cultural, el Liceo Artstico y Literario de La Habana, el patriota cubano, cataln de nacimiento, Ramn Pint, que en 1855 subira al patbulo, vctima de su deseo de libertar a Cuba de la tirana espaola. Esta casa, al lado del Palacio de Lombillo, perteneci despus a la Marquesa de Villada, y desde hace largos aos es una casa de inquilinato. Pero su exterior fue muy bien restaurado, hace ms de un cuarto de siglo, por el arquitecto Luis Bay, restaurador de la Plaza en general.

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El Palacio de Lombillo. Esta casa, es la esquina de la Plaza y de la calle de Empedrado, tambin tiene dos fachadas, y tambin es la menos importante, con todo y ser bella, la que mira a la Plaza de la Catedral. Una parte de la casa ya exista en 1739; fue mejorada en 1741 y definitivamente ampliada con portales en 1746, despus de haber obtenido del Cabildo, no sin dificultades, permiso para tomar cuatro varas del terreno de la Plaza. Era entonces su propietario Jos de Pedroso y Florencia, hijo de Jos Pedroso y Gonzlez de Carvajal, tesorero real. Residi all despus, por 1823, Carlos de Pedroso y de Garro, ya conde de esos apellidos; y en 1874 se encontraba all el escritorio del ingenio de azcar San Gabriel, propiedad del tercer Conde de Casa Lombillo y de su hermano, Jos Lombillo, quien resida en la casa, y estaba casado con una Pedroso. La ltima descendiente de aquella familia vendi la casa al conocido abogado y poltico Dr. Ricardo Dolz, quien residi en ella con su esposa, y adems tena all su bufete, con muchos otros abogados; y se dice que el da en que el tirano Machado, por vengar la muerte de su amigo y compaero Clemente Vzquez Bello, Presidente del Senado, mand asesinar a varios personajes de la oposicin, Dolz —que antes haba ocupado ese alto cargo— debi la vida al hecho de que, avisado a tiempo, logr huir por una de las dos puertas de la casa mientras los asesinos llegaban por la otra. En 1937, fue el Palacio de Lombillo sede de la Secretara de Defensa Nacional. En 1941 pas all la Jefatura de Sanidad Municipal y varias otras dependencias del Ayuntamiento, que casi todas han sido ya trasladadas a otros locales. Pero queda siempre all la Oficina del Historiador de la Ciudad, con el Archivo Histrico Municipal, la Biblioteca Histrica Cubana y Americana y el Museo de la Ciudad. No habra marco mejor para estas actividades que all se desarrollan que la amplia y tpica casona habanera que es el Palacio de Lombillo. Palacio de los Marqueses de Aguas Claras, o Palacio de los Condes de San Fernando. El ex-regidor, Francisco Filomeno Ponce de Len, tercer Marqus de Aguas Claras, contruy esta casa en el siglo XVIII; fue vendida en 1870 a los Condes de San Fernando de Pealver, y por eso se la conoce indistintamente por los nombres de estos dos ttulos. De una particularidad de esta mansin, tan hermosa y de tan apacible aspecto en su exterior, dice el arquitecto Luis Bay, —su acertadsimo restaurador, hace ms de un cuarto de siglo— despus de mencionar el detalle, no frecuente, de que posee una pequea capilla, en el piso principal, frente a la escalera de honor y bveda pintada al fresco, y de elogiar sus bellos techos artesonados de madera: Al resultar pequea esta residencia para alojar a la familia {del Marqus} y su servidumbre, se construy al fondo de la azotea una serie de cuartos para alojar en ellos a la servidumbre esclava, siendo con toda seguridad la vivienda del mayoral o jefe de dicha servidumbre el torren de dos plantas que tiene la casa en la azotea. Produce angustia en el nimo pensar cmo viviran en aquellos cuartos los infelices criados, pues son buhardillas tan pequeas y faltas de ventilacin, que difcilmente podran respirar en aquellos locales. He aqu, muy cerca de la belleza y la serenidad aparentes, el horror de la vida colonial.

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Palacio de los Condes de Casa Bayona. Al fondo de la Plaza, precisamente en el lado opuesto a la Catedral, se alza esta amable casona, que se distingue de todas las dems por carecer de portales; es anterior a la Catedral, pues fu construida en 1720 por don Luis Chacn que gobernaba la Isla de Cuba. Don Jos Bayona y Chacn, primer Conde de Casa Bayona y casado con una hija del gobernador Chacn, dej al morir todos sus bienes al convento de Santo Domingo, al que ya haba hecho en vida grandes donaciones y donde fue enterrado. A principios del siglo XIX fue adquirida por el Colegio de Escribanos, y la Plaza lograba animacin, por el gran nmero de agentes, procuradores y abogados que a ella acudan. Ms tarde era llamada la casa de La Discusin, porque all se edit, durante la poca de su esplendor, al principio de la era republicana, aquel diario cubano para el pueblo cubano, dirigido por Manuel Mara Coronado. Desaparecido el peridico, su ltimo propietario, Toms Julia, la mantuvo por algn tiempo como interesante museo periodstico; y luego fue comprada por la empresa del Ron Arechabala, ya nacionalizada. De desear sera que se le diese un destino ms acorde con su antigua historia. Enrique Luis Vrela, al elogiar la restauracin de este edificio por el arquitecto Enrique Gil Castellanos en 1931, dice que es una de nuestras ms tpicas casonas: por su aspecto exterior, por la simtrica y regular distribucin de sus plantas, y por sus materiales, en los que dominan la piedra conchfera, el rojo ladrillo, las tpicas losas de San Miguel y las maderas preciosas utilizadas en sus ricas techumbres. Tambin cita, como detalle singular, el piso del vestbulo o zagun formado por grandes losas cuadradas de mrmol rojo, y dice de ella y de sus compaeras, que, con sus fachadas de ancestro espaol, eran Casonas de vida adentro, hechas para gozar lo ntimo, que slo brindaban al antiguo transente un fro hermetismo. Mas, ¡qu distinto el interior! Las habitaciones amplias, acogedoras, los patios cerrados, umbrosos, plenos de rumores de fronda y del agua de las fuentes. Las galeras abiertas, rientes de sol o plateadas de luna. Los salones vastsimos, hechos para el suave conversar. Espritu de un pasado que ya no volver.

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Y que no puede ni debe volver. Pero cuyos recuerdos debemos conservar, cuando revisten belleza, como integrantes de nuestro patrimonio nacional. Completa el contorno de la Plaza de la Catedral otra hermosa casa, sin portales, mucho menos palacial y hasta mucho menos tpica que sus compaeras —de construccin relativamente moderna, dice Luis Bay Sevilla—, y a la que se ha trasladado la lpida conmemorativa de la construccin de la., primitiva Zanja que surti de agua a la Ciudad. Pero esta casa merece mencin, especialmente, por la importancia y el desdichado sino de dos de sus propietarios y moradores en el siglo XVII: personajes de prominente posicin social y poltica, murieron ambos en prisin, bajo condena, y lejos de su tierra natal. El Licenciado Antonio Palacin y Gatica, dueo de la casa en 1740, era Teniente de Gobernador y Auditor de la Gente de Guerra, es decir, el segundo en el mando de la ciudad de La Habana; adems, amaba la jurisprudencia y haba fundado una ctedra de leyes en la Universidad habanera; pero, en unin de Gabriel Beltrn de Santa Cruz, present una denuncia contra el gobernador Gemes y Horcasitas, y por ello fue procesado por el gobernador Interino, don Diego de Pealosa, y encerrado en el sombro castillopresidio de San Juan de Ulua, en Veracruz, Mxico. En 1751 pas la casa a poder de don Sebastin de Pealver y Calvo de la Puerta, Regidor, Teniente de Alguacil Mayor, Alcalde de La Habana en diferentes ocasiones, y Coronel de Milicias, por su valeroso comportamiento durante el asedio de La Habana por los ingleses; era, adems, poseedor de grandes riquezas y alto prestigio social; mas todo ello no impidi que, al ser devuelta la Ciudad al dominio de Espaa, fuese acusado de colaboracionista con los gobernantes britnicos, enviado a la Pennsula, all procesado y condenado, recluyndosele en el presidio de Ceuta, donde poco despus muri. Esta casa fu reedificada en poca reciente, agregndosele un segundo piso. Alrededor de 1840 se haban instalado en ella —aprovechando, probablemente, el antiguo desage de la Zanja— los baos pblicos de Guiliasti, primeros de su clase que existieron en La Habana. Otro grupo muy interesante de edificios del barroco cubano es el que rodea a la Plaza Vieja. Entre ellos, en primer trmino, El Palacio del Conde de San Juan de Jaruco, en la calle de Muralla nm. 11, antiguo, 107 y 109 modernos esquina a San Ignacio. La construccin primit iva data del primer tercio del siglo XVII, pero fue reedificada, agregndole los portales y la planta alta, al recibir su propietario, don Gabriel Beltrn de Santa Cruz y Aranda, en 1768, el ttulo de Conde de San Juan de Jaruco, con seoro sobre este trmino, como premio del Rey a los servicios rendidos a la Ciudad con motivo del sitio y toma de La Habana por los ingleses. Sin embargo, el escudo de armas esculpido en la portada de la hermosa casa es anterior a aquella reforma, pues corresponde al apellido Cervelln, perteneciente a alguna rama de la familia del propietario. Esta casa es especialmente notable, no slo por su bella arquitectura, sino porque se asegura que en ella naci la hija del tercer Conde de San Juan de Jaruco y primer Conde de Mopox, Mercedes Santa Cruz y Montalvo, que ms tarde, casada con un noble francs, habra de ser, bajo el nombre de Condesa de Merlin, una de nuestras mejores escritoras, que supo describir los horrores de la esclavitud, abogando por su abolicin, y muchas injusticias del ambiente que la rodeaba, adems de figurar brillantemente, por su belleza, su distincin y sus dotes artsticas, en la ms alta sociedad parisiense. El Palacio del Conde de Jibacoa en la calle de San Ignacio nm 76, con portada semimonumental, y como la anterior, adornada de columnas con pedestal y de un frontn muy interesante, el cual no adopta la forma triangular cortada, como la del palacio del Conde de Jaruco, sino que combina algunos elementos de ste con curvas del ms puro barroquismo. La casa nm. 70 moderno y 83 antiguo de la calle de San Ignacio, esquina a Teniente Rey, cuyo primer dueo haba sido Francisco de Rojas, hijo de Diego de Soto, y que luego fue conocida por Casa de las Beatas Crdenas; fue reconstruida en el siglo XVIII por sus dueos Gabriel, Teresa y Brbara Crdenas. No slo merece mencin por su interesante forma arquitectnica, sino tambin porque en ella funcion por algn tiempo, a partir del primer tercio del siglo XIX, la Sociedad Filarmnica, de gran importancia social y artstica, a cuyas veladas musicales acuda lo mejor de La Habana de esa poca. La casa nm. 76 moderno y 80 antiguo de la calle de San Ignacio, que perteneci a Luisa Pealver y Navarrete, Marquesa de Casa Calvo, fallecida en 1792. Sus portales se llamaron por mucho tiempo de la Virgen del Rosario, por un cuadro con esa imagen, que all haba colocado la familia Pealver. El escudo que luce en la portada pertenece a los Condes de Lombillo, uno de los cuales tambin fue propietario de la casa.

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La casa Muralla nm. 9, cuyos portales han sufrido varias modificaciones; donde vivi el historiador Flix de Arrate, cuya familia era la propietaria de esa residencia. La casa Mercaderes nm. 45, llamada casa de Alfaro, por haber sido propiedad y morada de don Francisco Franchi Alfaro, Maestrante de Ronda y Marqus de Alfaro. Una de las ms bellas caractersticas de estas casas seoriales de La Plaza Vieja, que tambin observamos en algunas otras del siglo XVIII, son sus galeras superiores, situadas sobre los anchsimos portales, y cerradas por persianas a las que coronan las vidrieras semicirculares y multicolores, tan tpicas de nuestra arquitectura colonial, a las que se conoce por el nombre de mediopuntos. Muchas otras casas ms o menos seoriales del si glo XVIII siguen todava en pie, resistiendo los ataques del tiempo y de los hombres, en diversos lugares de La Habana Vieja. Por ejemplo: El Palacio de los Marqueses de San Felipe y Santiago, en Oficios nm. 28, sobre la Plaza de San Francisco, tambin lugar de alta distincin de aquella poca; estos marqueses fueron el cuatro y el quinto, de los cuales el primero obtuvo tambin para su familia el condado del Castillo y la grandeza de Espaa, con seoro sobre la regin de Bejucal, donde construy otro palacio mucho ms esplndido. Hasta no

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hace mucho poda verse sobre la portada del de la Plaza de San Francisco el escudo de armas del apellido de los Nez del Castillo, que era el de los marqueses. El Palacio del Conde de la Reunin, en Empedrado entre Cuba y San Ignacio, con hermoso patio, magnfica escalera y exquisito barandaje. El Palacio del Conde de Casa Barreto, en Oficios nm. 76, esquina a Luz, construido por don Jos Toms Barreto y Arrieta, a quien el Rey de Espaa concedi aquel ttulo por servicios prestados durante el ataque y toma de La Habana por los ingleses. Era este un personaje de perfil siniestro, conocido como uno de los ms crueles negreros, y posea los ms expertos y bien adiestrados rancheadores —que eran solicitados en prstamos por los dems dueos de esclavos, hasta de fuera de la Isla—, para perseguir, por los ms feroces mtodos, a los infelices cimarrones que huan de los castigos y de la opresin. Hasta tal punto se hizo legendaria su crueldad, a la que se dice una una fiera avaricia, que la voz popular afirmaba: Cuando el Conde Barreto se muri, entero el Diablo se lo llev, aludiendo a una supuesta desaparicin de su cadver. El palacio pas entonces a un pariente de Barreto, llamado Nicols Castelln cuya hija Mara Luisa se cas con Miguel de Crdenas, por lo que el edificio fue despus conocido por Palacio del Marqus de Crdenas. Nadie sospechara su lbrega historia, al ver lo amable de su arquitectura en que se destaca un finsimo barandaje. El Palacio del Conde de Lagunillas, en Acosta y Damas. De este conde se dice que tambin obtuvo su ttulo por mritos adquiridos durante los acontecimientos de 1762; y que vivi asimismo en la casa llamada de la Cruz Verde, a la que enseguida nos referiremos. Se llamaba Jos Felipe de Zequeira, y era antepasado de Manuel de Zequeira, nuestro primer poeta, en orden de antigedad. Su palacio es una bella mansin, prototipo de las residencias de la clase rica edificadas en solares de esquina, y sirvi de modelo a las que luego se edificaron en el siglo siguiente. La casa llamada de Aguilera, en Mercaderes y Amargura, una de las mejor conservadas del perodo barroco, debido a la admirable restauracin que realizaron en 1935 los propietarios del edificio, la firma comercial L. G. Aguilera y Ca., all establecidos de sde 1874. Fu construida en 1728 y reconstruida en 1841. La casa del Obispo, en Bernaza y Teniente Rey, as llamada por haber sido Palacio Episcopal del obispo Francisco Fleix y Solans; de arquitectura muy original en sus detalles, aun dentro del estilo barroco cubano, dems se distingue por su monumental portada y sus bellos balconajes. La casa del Obispo Espada, en el callejn que lleva este nombre, y donde residi aquel ilustre prelado; es una vivienda relativamente modesta, pero que se destaca, adems de por su valor histrico, por el estilo de sus jambas, tpicamente habaneras, semejantes a las del Palacio de Gobierno. La casa de don Gonzalo Chacn, de hermosos portales; debe su nombre al que fue su propietario en el siglo XVII. La casa de la Cruz Verde, en Mercaderes y Amargura, que perteneca a una familia de apellido Herrera, as llamada por la cruz que an presenta, esculpida en la pared de la misma esquina, y que representaba una de las estaciones donde se detena la solemne procesin del Viernes Santo, que, saliendo de la iglesia de San Francisco, llegaba hasta la del Cristo.

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La casa de los condes de Casa Bayona, vista desde el portal del Palacio de Lombillo. Y cerramos esta relacin, que podra ser an ms extensa, con la mencin de una casa solariega que tambin merece ostentar el nombre de palacio. El palacio de Pedroso, en la calle de Cuba entre Cuarteles y Pea Pobre. Fu construido en 1780 por el regidor y alcalde ordinario de la Ciudad, don Matheo Pedroso y Florencia, en el solar que fuera de sus mayores. Consta de cuatro plantas, incluyendo el en tresuelo, y su fachada es monumental y sobria a la vez; luce un magnfico balcn corrido, de madera, de tipo morisco; el patio est rodeado de cuatro anchas galeras, y es el ms espacioso de todos los de la ciudad antigua, y las columnas que lo rodean ostentan colosales proporciones. En 1840 esta casa haba sido arrendada ya a don Juan Montalvo y OÂ’Farrill, to, por lnea materna, de la Condesa de Merlin, quien nos ha dejado sus recuerdos llenos de encanto, de la casa de mi to Montalvo, donde residi al visitar La Habana en aquella fecha. En 1854 haba pasado a ser sede de la Audiencia Pretorial, desalojada del Palacio de Gobierno, y que luego pasara al edificio de la Crcel de Tacn; por esa causa, en uno de sus salones fue donde jur el cargo de capitn general de la Isla el que haba de ser uno de los ms crueles y tirnicos gobernantes coloniales: Jos Gutirrez de la Concha, de funesta memoria. En 1897 fue instalada all la jefatura de polica de la Ciudad; en la tercera dcada de este siglo haba vuelto a ocuparla un descendiente de su primer propietario, Francisco de Paula Pealver y Pedroso. Este edificio, cuya primera pl anta es toda de sillera, contndose que para su construccin se emplearon piedras de la misma clase y origen que las que se haban usado para erigir el Castillo de San Carlos de la Cabaa, es el que se encuentra en mejor estado de conservacin entre todos los de su poca, habiendo sido objeto, en 1938, de la ms admirable restauracin por el profesor Joaqun Weiss. Por su rango histrico y por su rango arquitectnico, merece ser cuidado como una de nuestras ms bellas reliquias. Mucho nos hemos extendido al hablar de los edificios habaneros del siglo XVIII; pero queda nuestra larga atencin justificada por el hecho de que representan lo nico genuinamente cubano, lo nico que podemos presentar como expresin propia, si no original, en arte arquitectnico, y, a la vez, el recuerdo ms fiel del perodo caracterstico de la etapa colonial en nuestra historia; despus, ya vendra la luchaÂ… ; pero La Habana del tiempo de esas casas seoriales es La Habana que ha dejado de ser factora, pero que es todava espaola, y, no obstante a la vez, empieza a vivir vida propia: es la que acaba de defenderse briosamente contra el enemigo ingls. Y, atenindonos a lo artstico, Cuba comenzaba a revelar su

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espritu, ese espritu que pronto empezara a florecer a la luz del Iluminismo; recordemos que Silvio Acosta ha dicho: Que Cuba reciba las nuevas corrientes de la antigua metrpoli, es indudable; pero saba adaptarlas a sus necesidades materiales y espirituales, amalgamndolas con expresiones estticas ya existentes, dando lugar a un arte cubano, que si en algo se parece al espaol o al primitivo mexicano, es porque parten de un origen comn. Deseemos, pues, que el patrimonio artstico que nos dej el siglo XVIII sea amorosamente conservado por los habaneros del presente y del futuro, y que ahora que, felizmente, no existen los fieros intereses que arrasaban con todo, lo material y lo moral, para satisfacerse, y que tanta belleza destruyeron, nuestras viejas piezas perduran, como abuelas respetadas y cuidadas por los nietos fogosos. III PERIODO NEOCLSICO 1. La inmensa mayora de los edificios ms o menos importantes de carcter civil construidos durante el perodo neoclsico, infortunadamente no existen ya, aunque es preciso reconocer que muchsimo ms lamentable habra sido la desaparicin de los del perodo barroco, mucho ms interesantes, ms atractivos, y, sobre todo, ms tpicamente nuestros; hay, acaso, unas muy pocas excepciones a esta apreciacin, y la primera creemos que corresponde a LA REAL ADUANA Fue una desdicha para la esttica de nuestra ciudad que defectos de la primitiva construccin obligaran, —segn se dijo— a demoler desde el ao 1946 el muy hermoso edificio colonial existente donde hoy se alza una modernsima construccin que fue primeramente destinada a la Marina Nacional, y que hoy ocupa, frente a la baha, el Ministerio de las Fuerzas Armadas; construccin que detona por completo en aquel lugar tan colmado de verdaderas reliquias del pasado. Aquel edificio, majestuoso y de amplias y bellas construcciones, estaba situado, segn Pezuela, entre el principio del tinglado corrido del muelle principal y los callejones de Jstiz y del Baratillo, ocupando un polgono irregular de ms de 350 varas de circuito. Consta de slida fbrica en gran parte de su extensin, porque no toda es uniforme, de pisos bajos, entresuelos y altos, con algunas dependencias en el segundo. Haba sido reconstruido el ao 1829 por el Conde de Villanueva —segn lpida de mrmol que apareca sobre la puerta principal, con letras de bronce— para instalar all, adems de la Intendencia, la Real Aduana, la Lotera, la Administracin de Rentas, el Banco de Fernando VII y otras oficinas. En la era republicana fue sede de las Secretaras de Obras Pblicas, de Hacienda y de Agricultura, y de la Direccin General de Lotera. Las obras de restauracin y reconstruccin fueron en 1934, por disposicin del entonces Secretario de Agricultura Carlos M. de la Rionda, por el arquitecto Osear Contreras y Moya. A semejanza de la Casa de Gobierno, tambin este edificio, majestuoso por su aspecto y sus proporciones, ostentaba sobre la fachada, muy hermosa y llena de dignidad, que miraba al puerto, un escudo de mrmol blanco de gran tamao con las armas de la corona de Espaa en relieve, el cual hoy se guarda en el Museo Nacional. Asimismo han desaparecido: La Nueva Crcel o Crcel de Tacn, que describimos brevemente en el captulo destinado a Establecimientos penales. Fue demolida poco despus de 1930. Las Puertas de Monserrate, abiertas, el ao 1835, en la Muralla que encerraba la parte ms antigua de la Ciudad, frente a las calles de Obispo y O’Reilly, ms o menos donde hoy se encuentran la Manzana de Gmez y el antiguo Centro Asturiano, hoy Palacio de los Pioneros. Estaban formadas por elegantes arcos de sillares abiertos en la cortina del recinto entre los baluartes del Monserrate y de la Plvora, con un puente exterior de once arcos de sillera que atravesaba el foso. Las dems puertas de la Muralla haban sido construidas en los siglos XVII y XVIII.

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Palacio del Marqus de Arcos La Pescadera, construida en 1836, por contrata con Francisco Marty y Torrens, el emprendedor cataln, muy amigo del desptico general Tacn, se hallaba al comienzo de la calle de Mercaderes, al fondo del Seminario Conciliar, fue demolida en 1899. La Casa de Dementes de San Dionisio, construida junto al Cementerio de Espada, por el ingeniero Manuel Pastor, con bella fachada de mrmol. La Maestranza de Artillera, edificio de vastas dimensiones, construido en el lugar donde anteriormente se hallaban los cuarteles de San Telmo, por uno de los grandes constructores del perodo neoclsico, el coronel Manuel Pastor, y por orden del gobernador Jernimo Valds, en 1843. Era un hermoso edificio de dos plantas, construido todo de sillera, que tena por lmites las calles de Chacn y San Ignacio, la muralla que cercaba la Ciudad, y el mar. Era de sobrias y severas lneas, y contaba con un amplsimo patio central; su fachada principal, que daba sobre la calle de San Ignacio, precisamente al frente de donde comenzaba la Cortina de Valds, presentaba una puerta flanqueada por dos columnas, y un bello barandaje corrido. Jos M. Bens elogi las barandas de sus balcones, en hierro forjado, de elegante estilo francs, similares a las de su contemporneo, el Palacio de Aldama. Por el fondo, ya hemos dicho que limitaba con la muralla, y el mar; la muralla se internaba en las aguas de la entrada de la baha, y terminaba en una garita, entonces batida por las olas —segn la recordamos los viejos habaneros— y que es precisamente la que hoy se encuentra en el mismo lugar, pero ahora rodeada de terreno firme, cerca de la actual Jefatura de la Polica. Durante la poca republicana, este edificio sencillo, slido y amplio, cuya sencillez no estaba por cierto, exenta de belleza, fu ocupado por la Secretara, hoy Ministerios, de Obras Pblicas, por el Archivo Nacional y por la Biblioteca Nacional. Fue totalmente demolido en 1938, para construir la Primera Estacin de Polica, y en el lugar donde se hallaba se levant un castillo moderno, a imitacin de los antiguos habaneros, que al fin ha sido destinado a la Jefatura de la Polica, desde 1941, y para cuya construccin —bien innecesaria en La Habana, que cuenta tantos castillos autnticos, y a pocos pasos, la ms antigua fortaleza que se conserva en Amrica— se emple la soberbia cantera de la Maestranza. Entre los edificios desaparecidos que correspondan a este perodo queremos citar el del Gobierno Provincial, llamado La Diputacin Provincial, que hasta no hace mucho se levantaba frente a un ngulo del Parque de San Juan de Dios, en la esquina de Aguiar y Empedrado donde hoy se eleva un edificio construido para oficinas, con varios pisos, de los cual es los inferiores estn destinados a parqueo; aquella construccin no ofreca gran belleza, pero era, s, un vivo recuerdo de nuestra Habana colonial, con su

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arcada, curiosamente asimtrica, en el piso bajo, y su galera cerrada de persianas, con arcos de mediopunto y vidrios de variados colores, en el superior. All, funcion el Gobierno de la Provincia hasta que, poco despus de 1925, pas a ocupar el Palacio de Balboa. Y haba sido tambin aquel vetusto edificio el lugar donde, en 1882, surgi en Cuba le enseanza tcnica, con la fundacin de la Escuela de Artes y Oficios de La Habana, bajo la direccin del benemrito Fernando Aguado y Rico, que ms tarde, en 1890 se convirti en Instituto de Enseanzas Tcnicas Industriales, si bien el pblico insisti en darle siempre aquel primer nombre, con el cual paso, durante el perodo de ocupacin militar norteamericana, a un nuevo y esplndido edificio en la Calzada de Belascoan, hoy Avenida Padre Varela. Y tambin: La Estacin del Ferrocarril del Oeste o Estacin de Cristina, situada al principio de la calzada que todava lleva este nombre, cerca del Castillo de Atares, era la terminal de los ferrocarriles que corran entre La Habana y Pinar del Ro; fue construida algo despus de 1863, y su demolicin es relativamente posterior a la construccin de la Estacin Terminal. El Cementerio de Espada, construido en 1806 y clausurado en 1878; de l hablamos en el capttulo sobre Cementerios. El Asilo de Mendigos de San Jos, construccin admirable realizada por el famoso arquitecto cubano Calixto de Loira, en la Calzada de Belascoan, hoy Avenida Padre Vrela, junto a la Casa de Beneficencia. Se distingua por un prtico colosal, a semejanza del de un templo, de gruesas y altas columnas de tipo muy perfecto, coronadas por un frontn puramente clsico. Fue demolido conjunmente con la Casa de Beneficencia por el actual Gobierno Revolucionario. El Hospital Nuestra Seora de las Mercedes, construido en 1878, en la calle L, del Vedado, de 23 a 25, donde hoy se halla un parque del Instituto Nacional de la Industria Turstica, habindose levantado un nuevo edificio para albergar al Hospital, en el mismo barrio del Vedado. Desaparecieron, igualmente, dos vastsimos y muy slidos edificios destinados a mercados pblicos: el Mercado de Tacn o Plaza del Vapor, y el Mercado de Coln, o Plaza del Polvorn? a ambos nos referimos al tratar sobre esta clase de establecimientos. Aqu solo cabe recalcar que fue sumamente lamentable la desaparicin de su bellsima columnata monumental de la que se asegura que era la ms perfecta entre las de todas las de los edificios civiles de aquel perodo; y tanto ms de deplorar cuanto que el edificio, ya destinado a Museo Nacional, haba comenzado a embellecerse con una muy artstica restauracin, o, ms bien, renovacin, ideada por el distinguido arquitecto Evelio Govantes, a quien La

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Habana, le debe muy buenas obras de esa ndole. Ya haban desaparecido otros tres mercados ms antiguos y de menor importancia: el Mercado de Cristina, el Mercado del Cristo y el primer Mercado de Coln No han sobrevivido, tampoco, el Teatro Villanueva, construido en 1846, con el nombre de Circo Habanero, y definitivamente demolido en 1887 —como antes haba desaparecido El Diorama, teatro levantado en 1828 por el famoso pintor J. B. Vermay, y deshecho precisamente por el terrible huracn de aquel mismo ao de 1846—; ni el Teatro Albisu, que dej definitivamente de existir en 1918, a consecuencia de un incendio. Quedan en pie, de las edificaciones de carcter oficial o pblico erigidas durante este periodo, en primer lugar, el Templete, que describimos en el captulo sobre monumentos; el edificio de los depsitos de agua de Palatino, terminado en 1893 de acuerdo con el hermoso proyecto del gran ingeniero cubano don Francisco de Albear; el Cuartel de Bomberos Municipales, en la calle de Zulueta esquina a Gloria, cuyas columnas han sido modificadas; y un muy amplio edificio, de bella apariencia, situado en la Calzada de Belascoan, hoy Avenida Padre Vrela, que durante la poca colonial era popularmente conocido como La Casa de las Viudas, porque, adems de contener unas cuantas oficinas del Gobierno, gran parte de l estaba destinada a dar alojamiento, no en forma de asilo, sino de habitaciones o pequeos apartamentos independientes, a las familias de empleados civiles o militares fallecidos en el ejercicio de sus cargos; en la poca republicana se le agreg un tercer piso, se instal en ese verdadero palacio por sus dimensiones, —pues ocupa toda la manzana comprendida entre la Avenida Padre Vrela y las calles de Lucena, Barnet, antes Estrella y Maloja— la Secretara de Sanidad, y actualmente contina all su cusedneo, el actual Ministerio de Salud Pblica. Adems, subsisten, como recuerdos de aquella poca ida, tres teatros: el de Tacn, que, despus de haberse llamado impropiamente Teatro Nacional, hoy es el Teatro Garca horca, si bien hay que advertir que de la estructura primitiva solamente queda el interior, remozado hace cerca de cincuenta aos, porque perdi su hermosa portada neoclsica al quedar incluido en el edificio del Centro Gallego, hoy sede de la Sociedad de Amistad Cubano-Espaola, frente al Parque Central; el de Payret, que tambin ha sufrido una total renovacin en su aspecto interior y exterior, si bien, adems de conservar su antigua estructura interna, no ha perdido su personalidad de edificacin independiente, como ha sucedido con el de Tacn; y el antiguo Irijoa, hoy Teatro Mart, nico que subsiste en su forma original. Tambin tratamos de ellos al hablar de Teatros. Tambin se ha conservado el edificio construido en 1851 para el Circo-Teatro Jane, en el Reparto de las Murallas, en la esquina de las calles de Dragones y Zulueta, que en el siglo XX fu vendido a la Congregacin Bautista, que lo ha conservado, restaurndolo y amplindolo. De l dice J. M. Bens: Su arquitectura sencilla, con los portales exigidos por el Reparto, parece haber dado la tnica a los elementos de las otras casas de esta manzana, que es una de las que ms ordenados tiene sus cuatro frentes. Sus arcadas sobre pilares, sus cornisas y balcones y el piso alto con sus ventanas, entablamientos y pretil, y en los edificios colindantes unas esculturas fundidas en hierro al nivel de los balcones representando animales muestran el deseo de sus arquitectos de ornamentar la Ciudad. Existen todava, igualmente un correcto edificio de dos plantas con bien proporcionadas arcadas neoclsicas que ocupa toda la cuadra de la calle de Neptuno sobre el parque Central, y que contina en parte por la de Zulueta y por el Paseo de Mart, en el que funcionaron dos grandes cafs de la poca, y aun del siglo XX en sus comienzos: el Caf Central y el Caf Alemn, y en la planta alta de la parte que da a Zulueta, durante muchos aos, la sociedad masculina ms elegante o aristocrtica de aquel perodo, el Unin Club, que ms tarde construy su edificio propio en el Malecn, para desaparecer ms tarde, al influjo de las transformaciones que iba experimentando la sociedad cubana. Y asimismo se conserva, aunque modificado, el edificio de la esquina de Neptuno y Zulueta, que se prolonga hasta la calle de Monserrate, frente al costado de la Manzana de Gmez. Fue construido primeramente de dos plantas, y en los primeros tiempos del siglo XX lo ocupaba el peridico espaol Diario de la Marina hasta que se traslad a su edificio propio, en Prado y Teniente Rey o Avenida del Brasil, cuando el Marqus de Pinar del Ro adquiri aquel inmueble para, luego de agregarle dos pisos ms, en los que se respet el estilo de la construccin primitiva, instalar en l el Hotel Plaza, que todava subsiste. Es un hecho curioso, digno de mencin, que durante el siglo XIX, reino esplendoroso del neoclsico, se construyeron en La Habana unos cuantos edificios que no correspondan a ese estilo caracterstico de la poca. Los principales fueron, aparte de otro que especialmente sealaremos ms adelante — las edificaciones del Cementerio de Coln —portada monumental y capilla central—, de bello estilo romntico-bizantino; la Estacin de Villanueva, hace tiempo desaparecida, que presentaba detalles de estilo gtico, y que estaba situada frente al Campo de Marte, hoy Plaza de la Fraternidad; y la residencia de la seora Rosala Abreu, en el Cerro, que semeja un castillo gtico francs.

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Como seales de los tiempos es curioso observar que, as como lo que nos queda de La Habana del siglo XVII es principalmente, toda una coleccin de iglesias y conventos, y el siglo XVIII macizas construcciones para sede del poder civil y suntuosas mansiones de aristcratas, as, en cambio, en lo que nos ha dejado el siglo XIX, se destacan, junto a las casas de los ricos, muchos grandes edificios destinados a fines comerciales o industriales, que en las pocas anteriores slo haba merecido modestos y efmeros alojamientos. El ms importante, entre los numerosos de esta ltima clase, es la llamada MANZANA DE G"MEZ Esta construccin, de vastas dimensiones, ocupa el terreno que se extiende de Monserrate a Zulueta y de Neptuno a San Rafael, frente al Parque Central, es decir, en situacin privilegiada, ya que era se el centro de la vida de la Ciudad desde la poca de la edificacin de la Manzana hasta, pudiramos decir, el triunfo de la Revolucin. “’Fue levantado, a iniciativa de un rico de la poca, Julin de Zulueta, por un muy celebrado arquitecto espaol, Pedro Tom y Verecruisse, —que se haba distinguido con excelentes obras en Madrid y por algunas de carcter oficial en La Habana—, para servir de gran centro comercial; pero por su importante arquitectura se le considera como uno de los ms notables edificios de estilo neoclsico en nuestra ciudad. Don Julin de Zulueta recibi el ttulo de Marqus de lava por la construccin del ferrocarril de Caibarin a Zaza; pero sus vastos proyectos de edificacin acabaron con su fortuna, y por mucho tiempo quedaron, en los terrenos de la actual Manzana de Gmez, los restos de la pretenciosa estructura que haba querido erigir, junto a la calle que lleva su apellido, y que el pueblo llamaba las ruinas de Zulueta. Reanudse al cabo la edificacin, y por ltimo qued terminada, con una planta, en el siglo XX, cuando ya era propiedad de un muy acaudalado hombre de negocios del momento, Jos Gmez Mena. Sobre su azotea se constr uyeron dos teatros, los Politeama grande y pequeo, que tuvieron efmera existencia; y luego a la Manzana se le levantaron cuatro pisos sobre la planta baja original, dedicando sta a diversos comercios, y las altas a oficinas de diversas clases; se distingue por sus cmodos pasajes interiores que la cruzan en diagonal. Se le conser v su estilo original, y sus fachadas presentan una admirable composicin neoclsica. Otra construccin neoclsica, entonces de dos pisos, luego de tres, y hoy de cuatro, el actual Hotel Inglaterra, se alza al lado opuesto del Parque Central, en la esquina del Paseo de Mart y la calle de San Rafael; en la poca colonial, el piso bajo estaba ocupado por un caf llamado El Louvre, cuyo nombre ha perdurado en cuanto a que el portal del edificio es todava conocido por La Acera del Louvre, lugar muy popular de la Ciudad y teatro de algunos episodios de la historia habanera. El 27 de noviembre de 1871 all se hallaba un militar espaol, Nicols Estvanez, que luego se hara famoso como escritor y poltico republicano en Espaa, al oir las detonaciones que significaban el fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina asesinados por los voluntarios, rebosante de la ms noble indignacin, rompi all mismo su espada, entre expresiones de la ms viril protesta, e inmediatamente renunci a la carrera de las armas, porque, segn proclam, para l, por encima de la Patria estaban la Humanidad y la Justicia. Desde entonces, y acentundose esta caracterstica a lo largo del tiempo, era La Acera del Louvre el lugar favorito de reunin de la juventud ms rica y distinguida de La Habana: jvenes alegres, rumbosos, ansiosos de placeres, casi todos de chispeante talento y de temperamento tan pronto a la chaza festiva como al puntilloso amor propio y al lance de honor: desbordantes, en fin, de energas que no hallaban cauce adecuado. En 1890, poco antes de que se reanudara la lucha armada por la independencia de Cuba, el Capitn General de la Isla, general Salamanca, autoriz al mayor general Antonio Maceo a visitar La Habana; el impacto de la poderosa personalidad del caudillo, que llegaba aureolado de un inmenso prestigio, fue enorme en la Ciudad, y muy especialmente sobre los muchachos de la Acera del Louvre, sitio al que acudi algunas veces, siempre rodeado de admiracin entusiasta. Ante aquel cuadro, el Capitn General sustituto, —porque Salamanca haba muerto al da siguiente de la llegada del caudillo— se vio obligado a revocar enseguida la autorizacin otorgada, y Maceo se traslad a Santiago de Cuba. Pero no fue impresin fugaz la que dej en los jvenes aquel contacto con la verdadera grandeza: cuando, a poco, prendi de nuevo el fuego emancipador en tierra cubana, el 24 de febrero de 1895, La Acera del Louvre se qued vaca; los muchachos elegantes, a quienes todo el mundo juzgaba irremediablemente frvolos, se lanzaron a la manigua, y all muchos dieron la vida por la Patria, y de all regresaron otros, en 1898 como oficiales de diverso rango en el Ejrcito Libertador. Tambin deben mencionarse entre las construcciones de carcter comercial o industrial de este perodo, varios edificios dedicados a fbricas de tabaco, y muy especialmente el que, en la calle de Zulueta, casi frente al Palacio Presidencial ocup durante largos aos la Havana Tobacco Company, antes Henry Clay and Co. ahora La Corona-Cabaas, hoy nacionalizada; es una construccin un poco maciza, pesada, pero de buenas proporciones, lo que le presta cierta majestad. Fernndez y Simn opina que estas

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construcciones industriales, con sus altos puntales y vastas dimensiones, poseen una caracterstica individual que las hace nicas en su clase. Y tambin cita, como notable construccin neoclsica de este tipo al Hotel Pasaje, con frentes por Zulueta y el Paseo de Mart, con su pasaje muy amplio —y, salvo los de la Manzana de Gmez, el nico en La Habana— que le da originalidad, y sus frontispicios de clsico sabor. Debe tenerse en cuenta que la gran aventura urbana de La Habana desde mediados del siglo XIX hasta los primeros aos del siglo XX fue el derribo de las Murallas y la construccin de las nuevas calles y edificios que en los valiosos solares ocupados por aquellas fortificaciones, ya intiles, se iban a levantar. Desde 1857 el coronel de ingenieros don Manuel Portilla y Portilla haba hecho el trazado del llamado Reparto de las Murallas, y, aunque traz las calles muy amplias para la poca, especialmente las de Monserrate y Zulueta, y asimismo ampli las transversales; pero debera, adems haber continuado la serie de parques y paseos hasta el Arsenal, para darle a La Habana la primera pintura verde. En este reparto se imponan como obligatorios los portales, lo que dio aspecto ms majestuoso a todas las construcciones que all se erigieron. Slo se observa la excepcin en el Palacio de Balboa, pero ste se construy dejando grandes espacios libres en to rno a toda la construccin. En verdad que una caracterstica principal de nuestra Ciudad son los interminables portales acogedores de sus calzadas y principales calles y paseos. Jams la arquitectura tuvo un gesto ms generoso, ms hospitalario. 2. Si bien el perodo neoclsico habanero no produjo soberbios ejemplares de arquitectura civil o religiosa, en cambio la arquitectura de carcter privado, domstico, alcanz en esa poca su mximo esplendor dentro de la era colonial. Se elevaron entonces en La Habana, para residencia de las familias ms acaudaladas, estructuras tan amplias y bellas, de tan admirables proporciones, tan suntuosas en sus materiales y sus ornamentos, de carcter tan rebosante de opulencia y seoro que merecen el nombre de palacios mucho ms que las joyas tan tpicamente exquisitas que nos leg, en sus mansiones aristocrticas, el siglo XVIII. Cmo eran estas viviendas palaciales que caracteriz an a nuestro siglo XIX? Conservaban, claro est, la disposicin general y muchas de las caractersticas; pero all donde no haba cambio, haba al menos modificacin. El Dr. Ramn Meza, distinguido publicista del siglo pasado, en su valioso trabajo sobre Las casas habaneras, nos brinda esta descripcin de las grandes residencias neoclsicas: Construyronse por esta poca casas que ocupaban un cuarto de manzana. Aisladas habran presentado una masa regular, de estilo severo, en el que armonizaban la lnea horizontal y la vertical. Los huecos de las puertas y ventanas se distribuyeron a distancia regular, y todo el adorno exterior del muro fu un marco austero, de uniforme relieve, que corra por las esquinas, bajo los frisos, por el zcalo, en redor de los huecos de aqullas, y tambin de arriba a abajo por toda la fachada, sealando en ella grandes secciones en cuadro. El patio, con una fuente en el centro y su arquera esbelta, pareci ms amplio, lo mismo que el vestbulo y zagun, elevadsimos de puntal. La escalera abandon su obra de macizos y se hizo tan area que, a menudo, convertase en obra atrevida e ingeniosa para guardar admirablemente el equilibrio. Imitaban el estilo griego, tanto en sus regulares y armnicas proporciones como en sus detalles. Y aun hubo edificio que, en su conjunto, a las reglas del arte clsico. El prtico griego orn tramos extensos de principales calles. El marco de las puertas interiores ornadas en sus jambas por una pilastra estrida, sosteniendo una cornisa de lneas puras y regulares, los suelos de mrmol de diverso color y los mosaicos trazando figuras geomtricas, los vistosos frescos de las cenefas y aun las pinturas que ornaban los muros y cielo-rasos, seales son del refinamiento del gusto y del intento de seguir, en lo posible, las reglas clsicas. Las fachadas eran, como se ha visto, muy sencillas de lneas, y para sus elementos principales su usaron generalmente los rdenes toscano y drico, y, por excepcin, el jnico y el corintio. Las portadas son —y aqu seguimos de nuevo a Fernndez y Simn— de imponentes dimensiones, y, a diferencia de las barrocas, de clsica composicin, de sencillas y severas lneas. Fu el drico el orden preferido en estas monumentales portadas. La puerta de madera, tambin de colosales dimensiones, ya que abarca el puntal del piso bajo y del entresuelo, est formado por dos hojas iguales. Los grandes clavos de bronce se mantienen, como adorno, en algunas de las principales, pero luego furonse sustituyendo por un dibujo geomtrico formado por anchos tablones de madera pura, formando recuadros relucientes y lisos. Se introdujo una mejora muy til, al abrir en cada hoja de la puerta, otra de menor ancho y poca altura, a la que se llamaba el postigo, y que se usaba para todas las entradas y salidas corrientes, reservndose la apertura de las grandes hojas slo para los acont ecimientos muy sealados. Las cuatro portadas ms representativas de este estilo son la del Obispado antiguo y las de las casas de D. Jos Ricardo O’Farrill, de los Marqueses de la Real Proclamacin y de D. Joaqun Gmez, a las que nos referiremos ms adelante.

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Los grandes balcones, corridos a todo lo largo del edificio no eran ya de madera o de hierro, sino constituidos por gruesos sillares, y con pisos de mrmol blanco y barandaje de hierro fundido o forjado, de bellsimos y complicados dibujos, y casi todos con airosos pescantes, que constituyen especialsima de estas mansiones. Igual piso y barandaje lucan las escaleras, cuyos gruesos pasamanos eran tambin de mrmol o de moldadura caoba. Los techos se hallaban todos cubiertos por un falso techo o cielo-raso, que haba empezado a usarse en los grandes edificios civiles del siglo XVII, y que en las mansiones neoclsicas, sobre la obra de yeso, de ricas molduras, se adorna tambin con bellas pinturas al leo; entre los dos techos se dejaba una gran cmara de aire, con ventilacin al exterior, que refrescaba notablemente las habitaciones. Los pisos eran de mrmol blanco en todas las piezas principales, a veces con cenefas o formando tableros de damas con mrmol negro. En los pretiles de las azoteas, los pilares se hicieron de menor tamao, pero coronados por copas de terracotta, que rompen bellamente la lnea horizontal. En zaguanes, galeras, escaleras y baos se hizo general la colocacin de zcalos de losa vidriada, en vistosos colores y originales diseos, llamados azulejos. Y tambin se generaliz el uso, no solamente de vidrios de color en los anchos arcos de mediopunto de las galeras, sino de vidrios grabados, en colores, para los huecos de puertas y ventanas, y para las semipuertas ligeras que se colocaban delante de las enterizas de madera, y que se llamaban mamparas. Los patios, que desde los primeros tiempos haban sido —como muy bien dice Weiss— no slo el agente fundamental de la iluminacin y ventilacin de la casa, sino no eran ya el foco de la vida domstica, de estilo rabe formados por pies derechos de madera y tejadillos, ni aun los de tiempo mixto formados por arcos de piedra y pies de madera: se generaliz en la poca neoclsica el patio de forma enclaustrada, con recias columnas de piedra sobre columnas de elevado puntal, y tambin de orden drico y toscano. Y se introdujo el empleo de salas especiales destinadas a comedores, pues anteriormente, aun en las residencias ms lujosas, se utilizaban para las comidas algn lado de las anchas galeras que rodeaban al patio: y se afirma que la nueva costumbre fu introducida por el segundo Conde de Fernandina. La disposicin interior de estas mansiones, ya hemos dicho que se conserv, en general, muy semejante a las que caracterizaban a las del siglo XVIII. Como dice Fernndez y Simn, Las habitaciones de la tpica mansin neoclsica, mezcla de convento y fortaleza estaban dispuestas alrededor de un clsico patio central, de forma rectangular o cuadrada, enclaustrado y rodeado por amplias galeras de las cuales reciban luz y ventilacin del exterior dichas habitaciones. Para dar cabida a tal patio, a la gran escalera, a las galeras y a las habitaciones, era indispensable disponer de un terreno de unos 35 m. de frente por unos 40 m. de fondo, ya que tambin era necesario dejar un pequeo traspatio al fondo para los carruajes y caballerizas. Traspasada la gran portada, se entraba en un amplsimo zagun de gran puntal (piso bajo y entresuelo, en cuyo techo se admiraban gruesas vigas de madera dura, artesanados de igual material o artsticos cielorasos. Anexa al zagun estaba la habitacin del portero. Del zagun, a travs de un ancho arco de medio punto (el mixtilineo haba cado en desuso) se pasaba a la galera que alojaba la gran escalera de mrmol; estaba dotada de un amplio descanso por donde se entraba a los locales del entresuelo; una fuerte cancela de hierro guardaba el tramo siguiente de la escalera, que daba acceso al piso alto, vivienda de la familia. El patio sola tener en su centro una fuente de mrmol o un brocal de un supuesto pozo. En la planta baja haba varios locales destinados al despacho de los negocios del dueo de la casa, y a veces, algunos que se alquilaban para bufetes u otras oficinas; al fondo de este piso, las cocheras y caballerizas; en las casas algo menos suntuosas, que no eran de esquina, el carruaje se guardaba en el zagun. En el entresuelo, cuya construccin se generaliz entonces por completo, se hallaba el escritorio del dueo, con sus auxiliares, y a veces la vivienda del mayordomo de la casa con sus familiares. En el piso alto, el gran saln de recepciones, entre el balcn a la calle y las galeras al patio. A las galeras daban los dormitorios o aposentos; y tambin el comedor, que comunicaba con el saln principal; al fondo, bao, cocina, despensa y repostera. En un piso superior, al fondo de la azotea, algunas habitaciones adicionales, para alojamiento de amas de llaves, nodrizas y sirvientas. A veces estas mansiones seoriales eran tan amplias que contaban, entre salones y habitaciones, ms de cuarenta piezas. Mencionaremos por separado las grandes residencias neoclsicas construidas, como las del perodo barroco, dentro de los lmites de la antigua ciudad, y las que, respondiendo a la gran expansin urbana de aquella poca, se levantaron extramuros, y, sobre todo, en la barriada del Cerro, que fue sustituyendo a la calle de Oficios, la Plaza de la Catedral y la Plaza Vieja como barriada aristocrtica. Pero antes es preciso destacar, como lo merece su rango excepcional, una casa-palacio edificada en la parte qu entonces era moderna, y que en toda su belleza y su grandeza seorial ha llegado a nuestros das como el ejemplar por excelencia de las mansiones habaneras del perodo neoclsico, y como la ms grandiosa residencia particular cubana de todos los tiempo s, prestigiada, adems, por una historia de noble patriotismo. Ya el lector, si es habanero, habr anticipado que nos referimos al

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PALACIO DE ALDAMA As como entre los edificios de carcter pblico hay, entre todos los de La Habana uno que es, sin comparacin, el ms hermoso y el ms caracterstico, y es nuestro Palacio de Gobierno, hoy Palacio Municipal, del siglo XVIII, as entre los de carcter privado descuella igualmen te uno, muy superior a todos los dems: el Palacio de Aldama, del siglo XIX; en el uno culmina, diramos, el estilo barroco en Cuba: en el otro culmina el estilo neoclsico; y es lo cierto que constituyen, dentro de nuestra arquitectura, dos cumbres de belleza. Esta, segn Joaqun Weiss esplndida mansin que bien merece el apelativo de palacio con que se designa, fue construida en 1840 por el ingeniero Carrera, para un acaudalado espaol, el vasco don Domingo de Aldama y Arrchaga. Est situada frente al antiguo Campo de Marte, hoy Parque de la Fraternidad, sobre la calle de Amistad, en la que ocupa toda la cuadra comprendida entre la antigua Calzada de la Reina, hoy Avenida Simn Bolvar, y la calle de Estrella, hoy Barnet. Comprende dos casas contiguas, tratadas como una unidad arquitectnica, de excepcional monumentalidad, como dice Weiss; el dueo destinaba una de ellas para su morada propia, y otra para residencia de su hija, Rosa Aldama y Alfonso, y su yerno, Domingo del Monte, el eminente polgrafo. Esta magnfica edificacin constaba primitivamente slo de dos plantas, con dos portadas, la principal, por la calle de Amistad, y la otra tambin hermosa, por la Avenida Simn Bolvar. Ya sabemos que su estilo es el neoclsico, pero se distingue de otras muchas edificaciones de aquel perodo por mostrar una mucho ms sealada influencia italianizante. De la fachada principal puede decirse que es la ms bella que en su estilo y gnero existe en La Habana, y especialmente el portal, de puntal altsimo, pues abarca dos pisos, el bajo y el entresuelo, con su gran columnata arquitrabada, que sustituy a la de arcadas; es de estilo drico monumental, cuyos capiteles sostienen un bellsimo entablamiento del mismo estilo, exponente de la severidad clsica, propia de las grandes composiciones arquitectnicas realizadas por Palladio o por sus seguidores. Y tambin es muy bella, en su severa sencillez, la portada que tenemos que considerar secundaria, y que honrara a cualquier otro edificio; el segundo piso, apilastrado, de orden jnico, y con los huecos coronados por bellas cornisas clsicas, y balconada corrida, de hierro fundido de fino diseo, completaban un conjunto hermossimo. El muy notable arquitecto Jos M. Bens, en la monografa titulada El Palacio de Aldama, nos dice; Con el mismo acierto de sus exteriores, y empleando tambin la unidad que le dio el proyectista al Palacio de Aldama, ejecutando toda su fachada principal en un mismo plano, sin cuerpos salientes, dejando con la pureza de los perfiles de sus elementos, que estos formasen un

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gran todo, ara que fuese su masa o conjunto el que predominase, y no tal o cual cuerpo ms o menos avanzado, esta cualidad, junto con las majestuosas proporciones de cada uno de los motivos escogidos hacen de este palacio una composicin de primer orden que ornamenta La Habana y crea un acertado fondo, en esa cuadra, a la hoy Plaza de la Fraternidad. Pero si los exteriores son de mano maestra, la decoracin interior fu hecha, al igual, por verdaderos artfices, y se observa que las pinturas pompeyanas de los artesonados son bien de su poca, pero no slo de la poca en que se viva en Cuba, sino de lo que se haca por entonces en Italia. La fina belleza de sus artesonados y la delicadeza de los motivos escultricos de sus frisos bastaran para catalogarlo como una obra de arte; pero hay ms: la variedad de los pisos de mrmol, verdaderas joyas de composicin por sus dibujos y colores, las bellas rejas interiores de estilo Imperio y las jambas de madera que enmarcan los huecos, todo esto reafirma nuestro criterio de que es la ms valiosa obra que se levant en La Habana durante el siglo XIX. Bens elogia asimismo, muy merecidamente, las fachadas, tambin de sillera que enmarcan sus dos grandes patios que recuerdan los de los palacios de Roma, y en cada uno de los cuales se coloc una fuente de mrmol blanca de Carrara; la originalidad de sus majestuosas escaleras, la esquisitez, as de material como de mano de obra, que se observa hasta en los menores detalles de carpintera y herrera. El valioso arquitecto Leonardo Morales deca en 1926: Un cuarto de siglo hemos tenido de nuestra arquitectura republicana, pero seguramente pasarn otros cinco lustros antes que la cultura cubana produzca un palacio particular de la magnitud y belleza del Palacio de Aldama. Las lneas del Palacio de Aldama tienen la sencillez y la pureza clsica de los palacios del Renacimiento de Roma. Y tambin como en stos su belleza depende de sus proporciones admirablemente estudiadas. De su magnitud baste decir que cien comensales podan cmodamente asistir a un banquete en su comedor. Ninguna de estas condiciones renen las magnficas residencias del Vedado. Y Karl Vossler, el eminente humanista e hispanista alemn, al visitar La Habana, corrobor estos conceptos, diciendo que el Palacio de Aldama es de tal majestuosidad y belleza, que no desentonara entre los palacios de las grandes ciudades italianas. Si desde el punto de vista arquitectnico el Palacio de Aldama merece ser considerado como una soberbia obra de arte, como una verdadera joya de nuestra ciudad, desde el punto de vista histrico es un monumento de altsimo valor, en cuanto a nuestra vida cultural, y, sobre todo, a nuestro sentimiento patritico. Y aqu tambin se nos impone una comparacin: en tanto que el Palacio de Gobierno representa el ms alto valor histrico en lo que se refiere a la vida oficial de Cuba, el Palacio de Aldama es un vivo recuerdo monumental de la rebelda cubana y de nuestras heroicas luchas por la independencia. El constructor del Palacio de Aldama fue un arquitecto e ingeniero de gran valor, Manuel Jos Carrera, dominicano de nacimiento, emparentado con las familias de ngulo, de Heredia y Del Monte, de la misma procedencia, y que figuran con brillantez en la historia de nuestro pas; Carrera trabaj como arquitecto en todas las empresas de Aldama y de los Alfonso, con quienes ste se haba unido por su matrimonio, y fueron obra suya las numerosas lneas ferrocarrileras que estas familias construyeron en la provincia de Matanzas. El influyente don Domingo logr que para autorizarle a levantar su casa se derogase la orden que prohiba construcciones de ese tipo en la zona militar adyacente al Campo de Marte; pero, como muy bien observa Bens, es significativo del momento de auge urbanstico que desde 1834 a 1840 vivi La Habana, que al otorgrsele el permiso se le advirtiese que, por presentar su frente al Campo Militar, paraje de gran perspectiva, sean del mayor mrito los edificios que all se establezcan. Pero hay algo an ms interesante: si bien los planos del edificio fueron trazados, y llevados a realidad, por un profesional tan distinguido como el arquitecto Carrera —que dej en l su obra maestra y por ella ha merecido pasar a la posteridad—, otra mano, la de un personaje afamado por su cultura y su gusto refinado, intervino en el proyecto. Por el epistolario de Domingo del Monte se ha comprobado que l mismo dio al arquitecto las ideas generales y muchos detalles de la futura construccin si bien los planes primitivos sufrieron algunas modificaciones, ya que su realizacin habra resultado excesivamente costosa. As y todo, se calcula que el monto de la obra ascendi a un milln de pesos, cantidad fabulosa para aquella poca. Domingo del Monte, despus de haber dado sus ideas para la construccin del Palacio de Aldama, residi en l durante algn tiempo. Y Domingo del Monte fue una de las personalidades ms interesantes de su poca. Aunque nacido en Venezuela, de familia dominicana, desde muy nio fue trado a Cuba, incorporndose definitivamente, ya adulto, a nuestra vida literaria y poltica, y ejerciendo en Cuba, especialmente de 1830 a 1843, profunda influencia en nuestras letras, y aun en la vida social; adems de

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realizar valiosa obra literaria propia, contribuy a la formacin de personalidades intelectuales tan prestigiosas como Jos Jacinto Milans, Ramn de Palma, Jos Antonio Echeverra y otras muchas que brillaron en esa poca; patrocin la publicacin de revistas, y organiz famosas tertulias literarias en los salones del palacio en que habitaba; ayud y aconsej, gui y defendi a sus compaeros en las letras; combati la infamia de la esclavitud, enfrentndose asimismo a los desafueros del dspota capitn general don Miguel Tacn; libr rudas campaas contra el movimiento de anexar la Isla a los Estados Unidos, y sirvi a Jos Antonio Saco de Mecenas para la publicacin de algunas de sus obras. Slo por el hecho de haber vivido en esta casa tan insigne patricio, merecera prestigio en nuestra historia el Palacio de Aldama. Pero ttulos ms altos an tiene a la gloria y a la veneracin nacional. Los debe al excelso patriotismo de su segundo propietario, don Miguel de Aldama y Alfonso, hijo de don Domingo, y figura de primera fila, por su elevadsima posicin y por sus mritos propios, en la sociedad de su tiempo. Ms que esto an, don Miguel de Aldama era espejo de la ms pura y exaltada cubana, y alentaba los ms ardientes ideales de libertad e independencia para su tierra natal. Haba estado fuertemente complicado en las conspiraciones del valeroso e infortunado Narciso Lpez; pero el gobierno colonial, en vez de castigarlo, conociendo su pode r, haba tratado de atrar selo: en 1864, rehus el t tulo espaol de nobleza, Marqus de Aldama, que le ofreca el Rey; en 1868 rechaz tambin el ofrecimiento que le haca el pretendiente al Trono de Espaa, don Carlos de Borbn, brindndole el cargo de Gobernador y Capitn General de la Isla de Cuba, si se una a su causa, y si sta, llamada legitimista, triunfaba. Pero don Miguel de Aldama quera ser nicamente un buen cubano y luchar tan slo por la causa de su patria. Y l y su palacio sufrieron la venganza y la saa espaola. Apenas estall en Oriente la gloriosa Guerra de los Diez Aos, se hizo sentir en La Habana la furia de los intransigentes y, sobre todo, de los voluntarios, las milicias formadas principalmente por los comerciantes espaoles de La Habana, an ms frenticos en la defensa de sus intereses amenazados que los propios miembros del ejrcito de la Monarqua en la de los fueros de la Corona en sus colonias. Comenzaron los graves disturbios en la Ciudad el da 12 de enero de 1869, ocurrieron el da 21 los trgicos sucesos del Teatro Villanueva —que en otro lugar reseamos—, y en la noche’ del 24, despus de tirotear a pacficos vecinos en el caf El Louvre, frente al Parque Central, se encaminaron los voluntarios, en son de guerra, hacia el Palacio de Aldama, al que hicieron vctima de la furia de su dueo; vaca estaba la magnfica mansin, salvo dos o tres miembros de la servidumbre, a quienes, mezquinamente, les fueron arrebatados sus pequeos ahorros. Pero en el Palacio mismo, los destrozos fueron enormes: alegando que buscaban armas ocultas, los furiosos voluntarios destruyeron, junto con una valiossima coleccin de armas antiguas, todo lo que no pudieron robar, como hicieron con las joyas: cortinas, porcelanas, esplndidos cuadros que eran copias de los mejores maestros italianos, lmparas, cristales, vajillas, objetos de arte de todas clases quedaron hechos aicos; puertas y ventanas arrancadas o acribilladas a tiros; e impotente ante la ausencia de los dueos y la inatacable solidez del Palacio, aquella soldadesca ebria de rabia encendi en el Campo de Marte una enorme hoguera donde ardieron los muebles tallados y los tapices orientales, y los espejos de dorados marcos, y las cortinas de damasco o de encajes. Se cree que el general Dulce, capitn general de la Isla reprob aquel salvaje atentado, amigo como era, segn se dice, de la familia de Al-dama, y an ms amigo de su tranquilidad y de los procedimientos ms suaves. Y se asegura que, adems de los motivos evidentes, hubo otro que impuls a los voluntarios a querer destruir, ya que no el palacio, todo cuanto contena: el rumor de que aquella residencia verdaderamente regia haba sido ofrecida por su propietario para Palacio Presidencial de la Repblica de Cuba cuando se lograse la independencia; y es un hecho que cuando, en 1870, el patriota Domingo Goicura, que despus de dar sus energas y su fortuna, iba a dar tambin su vida por Cuba, era conducido al lugar de su ejecucin, en la falda del Castillo del Prncipe, al pasar por delante del Palacio de Aldama, exclam: ¡Este ser el palacio de los Presidentes de Cuba Libre! Las familias de Aldama y Del Monte se haban librado de la muerte o de sabe Dios qu atropellos a manos de aquellos foragidos con uniforme, por el hecho de encontrarse, como todos los das festivos, en su ingenio Santa Rosa; pero ante tan terrible advertencia, embarcaron todos para los Estados Unidos. All Miguel de Aldama, mientras en Cuba todas sus valiossimas propiedades eran confiscadas por el gobierno espaol, se pona al frente de la Junta Revolucionaria que en Nueva York funcionaba como Agente del Gobierno de la Repblica en Armas, y consagraba todas sus energas y cuanto le quedaba de su fortuna a la causa de la independencia de Cuba. En 1871 fue nombrado por aquel gobierno, en virtud de sus excepcionales mritos y servicios, Benemrito de la Patria, y en 1888 muri, en el destierro y la miseria, habiendo sacrificado hasta el fin cuanto era y cuanto tena ante el altar de la Libertad. Qued su

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memoria, ofrecida a la veneracin de los cubanos, en una pgina hermosa de nuestra historia, y qued su magnfico palacio, como smbolo de su ofrenda a la Patria. Mentira parece que, con todo este prestigio patritico con que aureolar su belleza artstica, tan grandiosa reliquia de nuestro pasado sirviera, ya en el ao 1926, para albergar una fbrica de tabacos, de una empresa particular, La Corona, cuyos propietarios no se haban detenido ante aquel atentado monstruoso, todas las instituciones cvivisa y cuide su negocio, todo un piso ms, el tercero, que an existe, y que si bien fue construido en el mismo estilo que el resto del palacio, no ostenta las mismas majestuosas proporciones de los dos primeros, ni el hermoso remate, que antes luca, constituyendo un aditamento inadecuado. Y sube de punto el asombro, convirtindose en indignacin al recordar que, veinte aos despus, en 1946, esa misma empresa particular o la que le sucediera en la propiedad del edificio, pretendi ¡demolerlo! por razones de conveniencia prctica. Afortunadamente, ante aquel atentado monstruoso, todas las instituciones vvicas y culturales del pas se agruparon en torno de la Junta Nacional de Arqueologa, y obtuvieron que el entonces presidente de la Repblica, Dr. Grau San Martn, salvara al Palacio de Aldama, sancionando oficialmente la decisin de la Junta por el que se le declaraba Monumento Nacional. Despus el Palacio pas a manos ms comprensivas —la firma bancaria Mendoza y Ca— que, no solamente lo respetaron, a lo que ya venan obligadas, sino que lo hicieron objeto de una cuidadsima restauracin, efectuada por el arquitecto Bens. Y, frente al Palacio, en un rincn del Parque de la Fraternidad, un sencillo busto renda; homenaje a la memoria de don Miguel de Aldama. Pero no se haba hecho realidad el laudabilsimo proyecto que en aquella ocasin present ante el Senado de la Repblica el entonces Senador Juan Marinello, proponiendo que el Estado cubano adquiriese aquel edificio para que fuese ocupado por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Y el Palacio de Aldama, conservando inalterable su majestuosa serenidad a travs de los ultrajes, grandes o pequeos con que la mezquindad de los hombres, ha querido ofenderle, espera todava, del Gobierno Revolucionario, el definitivo destino glorioso que su belleza artstica y, sobretodo, su historia revolucionaria merecen. Haremos ahora breve mencin de algunas de las principales residencias seoriales habaneras de estilo neoclsico, dentro y fuera de la ciudad antigua que, como sabemos, tena por lmite la lnea de las viejas murallas. a) INTRAMUROS Aqu podemos distinguir dos grupos: las que ostentan amplsimos portales terminados por soberbias columnatas; y las que careen de aqullos, y slo lucen, sobre la fachada, una hermosa portada, casi siempre de mrmol blanco cincelado. Entre las primeras: El Palacio del Marqus de Almendares, en la esquina de Compostela y Luz, frente a la Plazuela de Beln; llamada la antigua casa de Zuazo; obra del arquitecto Ciraco Rodrguez; posiblemente construido en 1801; que, adems de su magnfico prtico y su bello balcn, posee un patio que, segn afirma el profesor Weiss, reviste verdadera originalidad dentro de su estilo. El arquitecto Martnez Incln lo calific de verdadero palacio del Renacimiento. El primer Marqus de Almendares, que adquiri y dio nombre a este palacio se llamaba Miguel Antonio de Herrera y O’Farrill, y obtuvo ese ttulo en 1842 por sus actividades en la construccin del primer ferrocarril de Cuba, que corra de La Habana a Gines, y para el cual regal algunos terrenos de su propiedad. Ms tarde esta mansin despus que el segundo marqus, Ignacio Jos de Herrera y O’Farrill, se arruin por su loco afn de suntuosidades, pas a ser propiedad de la riqusima familia de los ValleIznaga, de abolengo azucarero y trinitario. El Palacio de los Condes de Santovenia, frente a la Plaza de Armas, al lado del Templete, con su bella galera superior de arcos de medio punto y vidrios multicolores. Ocupa el nmero 9 de la pequesima calle de Baratillo. El primer conde haba ido Jos Mara Martnez de Campos, quien recibi del rey feln, Fernando VII, ese ttulo en 1824; en 1833, celebr ante este palacio extraordinarias fiestas en honor de la jura, como heredera del Trono, de la que luego sera Isabel II, tambin de funesta memoria; en dichas fiestas se efectu, por segunda vez en Cuba, la ascensin de globos aerostticos, libres, y esta vez sin aeronautas, y el palacio se ilumin con tres mil vasos encendidos, de varios y vivsimos colores, que seguan las lneas de las doce columnas sobre las que descansan once arcos formando un elegante prtico; adems, la fachada luca -hermosos cuadros transparentes alegricos. Entre los aos 1867 y 68 en aquella mansin se hallaba instalado el Hotel Santa Isabel, que al decir del norteamericano, cronista y dibujante, Samuel Hazard, era entonces el mejor de la Ciudad. En 1888 se constituy all la Lonja de

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Vveres de La Habana. En 1943, por indicacin del Departamento de Urbanismo del Ayuntamiento de La Habana, fue admirablemente restaurado este edificio bajo la direccin de Jos M. Bens. Algunas de estas casas alternan en la Plaza Vieja con las que nos quedan del siglo XVIII: La de la calle de San Ignacio nm. 365, moderno, que ostenta un prtico con columnas adosadas a los pilares que soportan las esbeltas arcadas, y que posee tambin un hermoso patio. La casa nm. 16 de la calle de Teniente Rey, esquina a, San Ignacio, construida en el sitio donde estuvo, entre 1602 y 1620, la ermita del Espritu Santo, por lo cual dicha esquina fue llamada por mucho tiempo la esquina del Espritu Santo Viejo. En el siglo XVII la construccin primitiva haba pertenecido a la familia Prez de Oporto; en el XVIII, cuando fue renovada, al capitn Daniel Rivera; y en el siglo XIX, ya en su forma actual, a la familia Gonzlez Larrinaga. Y en ella, muy hermosa y seorial, funcionaba todava en la primera mitad del siglo actual El Santo ngel, institucin de enseanza pblica creada en 1866 y sostenida por un legado de la seora Susana Bentez de Parejo, y administrada por la Sociedad Econmica de Amigos del Pas; la seora viuda de Parejo haba heredado la casa de su primer esposo, un Gonzlez Larrinaga, y la entreg para ese fin. Con frente a la Plazuela del Cristo, se ven las siguientes: La casa de la calle de Villegas entre Lamparilla y Am argura, y la casa de Ia esquina N. E. de las calles de Teniente Rey y Villegas, ambas con recios prticos de arcadas sobre gruesos pilares de sillera, balcones de piedra y guardapolvos sobre los huecos de las plantas altas, que constituyen un tipo neoclsico inconfundible, segn Fernndez y Simn, que fue adoptado en la segunda mitad del siglo XIX. Entre las casas neoclsicas sin portales se destacan: El Palacio del Obispado, en la esquina de las calles de Habana y Chacn, que fue la antigua casa del brigadier Jos Ricardo OÂ’Farrill, edificio palacial, desde 1860 ltima sede del Obispado, luego Arzobispado de La Habana hasta que, ya bien entrado el siglo XX, se construy frente a la Avenida del Puerto, en el tramo denominado Avenida de Carlos Manuel de Cspedes, el hermoso Palacio del Arzobispado, en admirable estilo neobarroco cubano. La gran casa de Habana y Chacn sigue siendo ocupada por oficinas del mismo Arzobispado. El Palacio del Tribunal Supremo, que fue sede de esta institucin durante los ltimos tiempos coloniales y los primeros republicanos, hasta que el Tribunal Supremo de Justicia pas, en 1929, al edificio que haba ocupado el Senado de la Repblica, en la Plaza de Armas. Desalojado por el Tribunal Supremo, durante algn tiempo la ocuparon el Colegio de Abogados y el Fondo Especial de Obras Pblicas. Esta seorial mansin haba sido propiedad de don Gonzalo OÂ’Farrill, hijo del teniente general del mismo nombre. Y son sta y la anterior dos construcciones de verdadero rango palacial. La casa de don Joaqun Gmez, despus Hotel Florida, en la calle de Obispo esquina a la de Cuba, que slo habra necesitado de un poquito de prosapia en su primitivo dueo o sus subsiguientes inquilinos para llevar el calificativo de palacio, como las anteriores, de las que no desmerece en bella grandiosidad; su portada de mrmol blanco italiano primorosamente tallado, es su detalle ms notable. Fue construida, segn Pezuela, entre 1830 y 1840, por su opulento primer propietario. Actualmente est ocupado este edificio por oficinas pblicas. El Palacio del Marqus de Larrinaga, en la esquina de Lamparilla y Cuba, ocupada luego por el Colegio de Abogados de La Habana; verdadera mansin seorial, que presenta una notable particularidad: siendo de estilo neoclsico el conjunto del edificio, su bella portada es tpicamente barroca, luciendo una hermosa jamba habanera, distintiva de la arquitectura cubana del siglo XVIII. El Palacio del Conde de la Reunin de Cuba, en la calle de Aguiar entre Muralla y Teniente Rey. El nuevo Palacio del Marqus de Arcos, en Inquisidor y Acosta, a donde se trasladaron, a mediados del siglo XIX, los propietarios del palacio de la Plaza de la Catedral. El Palacio del Marqus de Esteban, en la esquina de las calles de Cuba y Lamparilla, cuya fachada conserva todo su aspecto original. La casa solariega de la familia Pedroso-Desvernine, en la esquina de Cuba y Empedrado. La casa de Oficios nm. 110, moderno, notable por las pilastras jnicas de su fachada y su zagun con techos artesonados. El Palacio de los Marqueses de Du-Quesne, en la calle de Habana esquina a Jess Mara. El Palacio de los Marqueses de la Real Proclamacin, en la esquina de las calles de Cuba y Luz. Y tambin las casas de Habana y Lamparilla, Aguiar y Obrapa, Aguiar y Amargura, San Ignacio y Lamparilla, Mercaderes nm. 150, casi esquina a Lamp arilla, Oficios nm. 359, moderno, frente a la Pla-

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zuela de Luz; y muchas otras, no tan espaciosas, pero seoriales e interesantes que a cada paso surgen ante el viandante por las calles de nuestra Habana Vieja. b) EXTRAMUROS A lo largo del siglo XIX, en que ya la Ciudad se haba extendido muchsimo ms all de la lnea de la Muralla, llegando el conglomerado urbano de la ciudad propiamente dicha, por lo menos, hasta la Calzada de Belascoan, hoy Avenida Padre Vrela, toda esa amplsima zona se fue llenando, en sus calles y avenidas principales, especialmente a lo largo del Paseo del Prado, hoy Paseo Mart, y de la Calzada de la Reina, hoy Avenida Simn Bolvar, de hermosas residencias neoclsicas, casi todas ellas caracterizadas por sus portales, no tan amplios como los de las casas de Intramuros, lo mismo que, en general, no eran tampoco tan espaciosos los edificios, en general, pero bellos y elegantes; todava puede apreciarse la doble lnea de ellos que se extiende desde el Parque Central hasta el mar, como en guardia perpetua ante el Paseo, y donde a fines del siglo XIX y principio del XX trasladaron su residencia muchos miembros de nuestra antigua seudoaristocracia o edificaron sus mansiones los ricos de las ltimas promociones; hoy en da casi todas estas moradas en un tiempo seoriales estn ocupadas por comercios u oficinas, ya que sus dueos fueron trasladndose, primero al barrio del Vedado, y luego, a los repartos allende el ro Almendares. Sin embargo, en esa zona quedan todava en pie unos cuantos edificios de muy vastas proporciones e imponente estilo, y en primer trmino, El Palacio de los Condes de Casa Mor, luego llamado Palacio de los Marqueses de Villalba, magnfica construccin solamente inferior, en esa zona y en ese estilo, al Palacio de Aldama, ya descrito. Est situado frente a la Plazuela de las Ursulinas, antigua Puerta de Tierra, en la calle de Monserrate, desde la Calzada del Monte, hoy Avenida Mximo Gmez, hasta la calle de Dragones, y ocupa 2,000 m2 de superficie. Su altsima columnata, por excepcin, de orden corintio, y que cubre los tres frentes, reviste gran belleza, que se completa con los finos hierros del barandaje y las elegantes cornisas que rematan las aberturas del piso alto. Fue construido en 1872 por el arquitecto Eugenio Rayneri Sorrentino; su primer propietario fue el primer Conde de Casa-Mor, Jos Eugenio Mor y de la Bastida, magnate azucarero, fundador del Ferrocarril de Sagua, hombre de vastos negocios, pero de algunas inquietudes cvicas e intelectuales, que al menos realiz la obra provechosa de proteger y mantener econmicamente la Escuela de Agronoma, institucin importante para el pas. Este edificio fue ocupado durante muchsimos aos por una de las empresas extranjeras de mayor enverg adura de nuestra patria: la de los Ferrocarriles Unidos, de propiedad inglesa, y ya nacionalizada. Y en su proximidad se encuentran otros no tan grandiosos ni artsticos, pero s espaciosos, recios, buenos ejemplares de su estilo, como el que le hace frente por la Avenida Mximo Gmez y tambin se extiende por Monserrate, donde se aloj por largo tiempo la Havana Electric Railway, Light and Power, CO. uno de los primeros monopolios norteamericanos esta blecidos en Cuba; al escindirse esta compaa, la empresa de los tranvas pas a una amplsima casona en la esquina de la Avenida Mximo Gmez y la calle de Angeles, y en el edificio primero qued la mal llamada Compaa Cubana de Electricidad, hasta que fabric una moderna construccin, vastsima y de muchos pisos, en la Avenida de Carlos III. Ambas compaas estn desde hace tiempo nacionalizadas. Terminaremos esta enumeracin, que necesariamente tiene que ser muy sucinta citando una casa seorial que posee ciertas caractersticas originales, y que ocupa, diramos, la lnea fronteriza entre Intramuros y Extramuros. Se trata del Palacio de Balboa, fabricado para morada de los marqueses de ese nombre, que ocupa toda la manzana comprendida entre las calles de Egido, Zulueta, Gloria y Apodaca. Lo primero que se destaca en esta regia residencia es su estilo arquitectnico: edificada en 1871, es decir, en pleno perodo de esplendor del neoclsico, se aparta casi totalmente de las lneas de este; su constructor fue el arquitecto espaol Pedro Tom y Verecruisse, ya citado, que haba dirigido parte de las obras de ampliacin del Acueducto de Fernando VII y de canalizacin de la Zanja, y parece que se inspir, para erigirlo, en los bellos palacetes, con marcadas influencias francesas, que entonces se estaban levantando —algunos, quizs, tambin debidos a su talento— en el entonces moderno Paseo de la Castellana de Madrid. Y la segunda caracterstica que distingue al hermoso edificio es la de haber sido el primero de carcter particular que, dentro de la Ciudad, se construy ocupando por entero una manzana, todo rodeado de jardines y con fachada por los cuatro costados, aunque sin portal en ninguna. Este palacio ha sido afortunado en cuanto a su conservacin: cuando dej de pertenecer a la opulenta familia de los Marqueses de Balboa, pas a ocuparlo, desde 1925 hasta fecha recientsima, el Gobierno Provincial de La Habana, y actualmente es sede de su sucesora la Junta de Coordinacin, Ejecucin e Inspeccin de la Provincia de La Habana. Esto ha librado a la hermosa mansin de sufrir la invasin de firmas, compaas y estable cimientos comerciales de todas clases y magnitudes de que han sido tristsimas vctimas tantas artsticas mansiones de La Habana antigua.

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Pero no podemos cerrar esta breve revista de la arquitectura colonial habanera sin referirnos a algo tan caracterstico como las casas seoriales o quintas del Cerro, el barrio hoy en gran parte dedicado a establecimientos industriales, y que fue, para mucho de nuestro siglo XIX, lo que luego sera El Vedado para el primer tercio del siglo XX: la barriada aristocrtica, donde los ricos de la poca, huyendo ya del calor y el bullicio crecientes de la urbe, levantaban mansiones espaciosas, y risueas en medio de su suntuosidad, especialmente dispuestas para la vida muelle y opulenta. De estas edificaciones vastsimas, casi todas de una sola planta, adornadas en su lnea de fachada o circundadas en todo su contenido por pesados prticos de estilo toscano, segn dice Pelayo Prez, hizo este elogio el arquitecto Luis Bay: Las casas quintas de la primitiva barriada del Cerro hacen recordar, por sus estilos arquitectnicos y por su noble vetustez, a las villas italianas de Palladio. Segn Joaqun Weiss reflejaban el movimiento neoclacisista a que se haba sumado Espaa en comunin con las dems naciones del mundo occidental: pero el gusto ms individual y discriminante, as como los ms amplios horizontes artsticos de clientes y arquitectos se traduce amenudo en ella en un suave matiz, ora italiano, ora francs. Y Fernando Alvarez Tavo las describe as: Con el arribo de la opulencia, de origen tabacalero y azucarero y su natural reflejo en las edificaciones particulares, las familias fueron dejando sus antiguas residencias del centro de La Habana Vieja, y se trasladaron en gran nmero al Cerro, barriada aristocrtica que alcanz su mximo esplendor en la segunda mitad del siglo XIX. All se alzaban, entre otras, las quintas de Larrinaga, Villanueva, Bentez, Echarte, Santovenia, de influencia francesa, y Fernandina, de influencia italiana. Estas quintas constituyeron una derivacin de la casona criolla, de pisos de mrmol y altos puntales, y por el carcter de su emplazamiento estaban rodeadas de amplios jardines, decorados con fuentes y estatuas, con sus plantas y flores en canteros y tiestos. Tenan al frente un gran portal, que daba la vuelta a la casa por los costados, soportado por una columnata. Se entraba a una sala espaciosa, a la que segua una saleta que daba directamente al gran patio central. Las habitaciones, a ambos lados de este patio comunicadas entre s y abriendo a la galera que rodeaba al patio. El comedor estaba al fondo, y la cocina y las habitaciones de la servidumbre, que daban a un patio ms pequeo. El bao tambin estaba al fondo; pero en algunas de estas quintas haba en el jardn un pequeo

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pabelln, de forma redonda u octagonal, cerrado de persianas, y ocupado casi todo l por una piscina que se utilizaba para los baos. Las ms famosas de estas propiedades son: La Quinta de los Condes de Santovenia, erigida en 1832-1841 por don Manuel Eusebio Martnez de Campos, segundo de ese ttulo, y situada en la Calzada del Cerro esquina a Patria, casi en el centro de un vastsimo terreno, de una caballera de extensin. A la casa se llegaba a travs de una anchurosa avenida que arrancaba de la Calzada, y a la que daban sombra dos hileras de frondosos y altos rboles; la rodeaban amplios y hermossimos jardines adornados, no solamente de las ms bellas flores y arbustos, sino de fuentes, estatuas clsicas, y otros ebjetos artsticos, todos en mrmol blanco, y hasta de un espacioso estanque o piscina donde navegaban gndolas. El arquitecto Weiss dijo de esta residencia palacial que era un verdadero Trianon, refirindose, no al estilo de las edificaciones, sino al refinamiento exquisito que todo en ella respiraba. Tambin calific como la ms sobresaliente de todas, verdadera mula de las villas italianas. El edificio en s, verdaderamente seorial, era de estilo neoclsico, con insistencia en todos los elementos italianizantes; es de dos plantas, y luce en el piso bajo soberbias columnatas y en el alto una ancha terraza descubierta, terminada en un bello barandaje, lo mismo que la azotea; sus proporciones son extraordinarias, pues la fachada fron tal tiene 40 m. de extensin, y la gran sala de recepcin mide 16 m. de frente por 6 m. de fondo. En esta mansin principesca, donde hasta en los menores detalles brillaba el lujo, se ofrecan, en el siglo XIX, suntuossimas fiestas incluso a un gran duque ruso, el prncipe Alejo, hijo del zar Alejandro II, que, adems, se hosped all durante su estancia en La Habana, y a los prncipes franceses de la Casa de Orleans que fueron luego los reyes Luis Felipe y Carlos X de Francia, y, por supuesto... a los capitanes generales de la Isla, representantes por excelencia de la odiosa monarqua espaola. Despus de que dejaron de habitarla sus opulentos dueos, esta regia mansin fue adquirida por los albaceas testamentarios de otra muy acaudalada seora, para instalar all el Asilo de Ancianos Susana Bentez —que tal era el nombre de la benefactora—, atendido por Hermanas de la Caridad; pero el pblico lo ha llamado siempre, recordando su nombre tradicional, Asilo Santovenia. La Quinta de los Condes de Fernandina, en la Calzada del Cerro nmero 440 antiguo, es una mansin, aunque de proporciones algo ms reducidas, semejante por su belleza y grandiosidad a la que acabamos de describir. Es, igualmente de dos plantas, si bien de arquitectura un tanto menos solemne, ms finamente graciosa, y tambin, en la poca de su esplendor luca estatuas, jardines, fuentes, en su exterior y todo un tesoro de obras artsticas en su interior, no slo en su mobiliario sino en cuadros de famossimos pintores, esculturas, miniaturas, etc. Esta residencia que, segn Luis Bay, se asemeja a las grandes villas de Palladio, fue construida en 1819 por el primer Conde de Fernandina, don Gonzalo Herrera y Beltrn de Santa Cruz, y sus sucesores se esmeraron en enriquecerla, hasta que el tercer conde perdi su fortuna, precisamente por su amor a la vida suntuosa y, especialmente —segn se cuenta— por el loco afn de la Condesa, una bellsima y aristocrtica habanera nombrada Serafina Montalvo, de competir, en las grandes fiestas pari sienses, por el lujo de sus trajes, nada menos que con la emperatriz Eugenia, esposa de Napolen III de Fr ancia. Perdi la familia su princi pal riqueza, y, con ella, el palacio del Cerro. Ms adelante fue destinado, por largusimos aos, a albergar una institucin de servicios mdicos de tipo mutualista, la Asociacin Cubana de Beneficencia, hoy nacionalizada. La Quinta del Conde de Villanueva existe todava, aunque sumamente maltratada por las peripecias que el tiempo le ha trado consigo, en el lugar conocido popularmente por la Esquina de Tejas, en la interseccin donde comienzan la Calzada del Cerro como continuacin de la Calzada del Monte, y la Avenida del Diez de Octubre, ms adelante Calzada de Jess del Monte, como continuacin de la Calzada de la Infanta o Avenida Menocal. Antonio Bachiller y Morales, al describir brevemente esta mansin en el Paseo Pintoresco por la Isla de Cuba, en 1841, censuraba la casa por ser baja de puntal y de poca elegancia en su conjunto —¡todo ello, por supuesto, muy relativo—, s elogiaba sus adornos, sus mrmoles, sus vidrieras dignas de un palacio; y sobre todo en salzaba la piedad filia l del que era entonces su dueo y morador, que no haba querido variar ni las dimensiones ni el aspecto general de la residencia edificada por su padre. Efectivamente: la casa haba sido mandada construir por el primer Conde de Villanueva, Bernab Martnez de Pinillos y Sorrenti-Senz, hijo de Logroo, establecido en Cuba, y se ha hecho especialmente notable por haber vivido largusimos aos en ella el famoso Superintendente General de Hacienda, Claudio Martnez de Pinillos, cuyo nombre surge con suma frecuencia ligado a diversas actividades y progresos de La Ha bana de la primera mitad del siglo XIX. La Quinta de Echarte, en la calle de Santa Catalina nm. 4, fue construida entre 1868 y 1878 por un acaudalado espaol de apellido Bustamante, y despus habitada durante treinta y ocho aos por la familia cubana de los Echarte, cuyo nombre es el que ha conservado; fue restaurada por Joaqun Weiss, quien supo devolverle toda su belleza original; y en 1916 pas a ser propiedad de la Legacin, despus Embajada de los Estados Unidos de Amrica, la que estuvo instalada all hasta que pas al edificio de modernsima construccin erigido especialmente para ella en el Vedado, frente al Malecn y cerca del monumento al Mame.

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La Quinta del Obispo, en el ngulo de las calles de Tulipn y Clavel, residencia de don Ramn de Pealver, miembro de la conocida familia habanera de ese nombre, pero que es conocida, no por el apellido de su propietario, sino por el recuerdo del ilustre y muy querido Obispo de La Habana, Juan Jos Daz de Espada y Landa, que acostumbraba pasar breves temporadas veraniegas en aquella hermosa quinta. La Quinta del Marqus de Pinar del Ro, en la Calzada del Cerro y calle Carvajal, propiedad de dicho marqus, Leopoldo Gonzlez Carvajal, de la firma Cabaas y Carvajal, de tabacos y cigarros y duea de extensas y magnficas vegas en la provincia occidental. Desde hace largo tiempo se ha convertido en el convento de las monjas Adoratrices de la Preciosa Sangre. La Quinta de los Marqueses de San Miguel de Bejucal, en la Calzada del Cerro nm. 525 antiguo, y 1217 moderno, de estilo marcadamente italianizante, residencia del primer propietario de ese ttulo. Aquel marqus, quien mejor la residencia recibida de sus padres, convirtindola en lujosa mansin neoclsica, era un hombre notable: poeta, escritor de costumbres, buen amigo de los principales intelectuales de su tiempo, colaborador de las escacsimas publicaciones de aquel entonces, y firmaba sus escritos simplemente con su nombre y apellidos. Las dos Quintas del Conde de Lombillo, ambas muy espaciosas y muy bellas en su poca, y hoy bastante maltratadas por las vicisitudes que los aos les han hecho sufrir. La una est situada muy a la entrada del Cerro, en la calle de Infanta cerca de la esquina de Estvez, y la otra en la propia Calzada del Cerro, nm. 522 antiguo, entre La Rosa y Lombillo. Esta ltima pas luego a los Marqueses de Argudn, y ms tarde residi en ella, con sus padres y hermanos, el que fuera famoso literato y patriota Jos de Armas y Crdenas, conocido por su seudnimo Justo de Lara. La Quinta del Marqus de la Gratitud, en la Calzada del Cerro entre la calle de Consejero Arango y la Calzada de Buenos Aires; y otras, como la que habit, en la esquina de Cerro y Tulipn el esclarecido habanero Jos Silverio Jorrn, con su esposa, Serafina Moliner; la casa de la familia Ajuria, la Quinta de doa Leonor Herrera, donde luego se instal la Casa de Salud de la institucin mutualista espaola Centro Asturiano, y a la que se llamaba La Covadonga, hoy nacionalizada, y algunas ms, entre las que slo destacaremos la de la Calzada del Cerro nm. 613, por un detalle pintoresco: el arquitecto, cuyo nombre ignoramos, quiso tener un rasgo de originalidad, y form la balaustrada del portal con balaustres de hierro fundido, en forma de largos y cimbreantes cuellos de cisne; pero no fue afortunada la ejecucin, y el pueblo dio, por ello, en llamar a la elegante mansin la casa de las culebras; es lstima que al adaptar, hace ya aos, la casa para uso industrial, desapareciera ese detalle ornamental singularsimo. No pertenece al Cerro, sino al camino de Jess del Monte otra edificacin del siglo XIX que creemos debe mencionarse, sin embargo, en es te grupo. Se trata de la llamada Quinta del Rey, situada sobre la

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Calzada de Cristina, muy cerca del comienzo de la antigua Calzada de Concha, hoy Avenida Ramn Pint. Fue edificada por el Conde de Casa Brunet, de alto abolengo trinitario, que posea un hermoso palacio en Trinidad, y que, en 1839 adquiri, para construirse una buena residencia en La Habana, la que era llamada Estancia del Rey. La Quinta, muy espaciosa y muy bella en sus tiempos, estaba rodeada de amplsimos jardines, y sirvi despus, por muchos aos, de casa de salud. Dado que Marianao forma parte de la Gran Habana, conviene sealar aqu que en lo que constituye la parte ms antigua de ese distrito, en el viejo pueblo de Marianao propiamente dicho, tambin se conservan numerosas mansiones de estilo semejante al de las del Cerro, y construidas en el mismo perodo. Destcase entre todas ellas, por su prestancia seorial, el Palacio de Duraona, sobre la Calle Real, edificado por uno de los marqueses de ese ttulo, sobre quien corren leyendas de cruel dureza; el Palacio de Duraona fue utilizado como residencia veraniega por el presidente de la Repblica Gral. Mario G. Menocal, que gustaba de la vida fastuosa; ms tarde ha albergado a algunas instituciones oficiales de enseanza.

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43 LA ARQUITECTURA REPUBLICANA HABANERA Por varias razones, la arquitectura habanera de la poca republicana no hallar en este libro resea tan detallada como la arquitectura de la poca colonial. En primer lugar, porque su desarrollo ha sido tan vasto que una mencin que no fuera sumamente esquemtica excedera en mucho los lmites que nos impone este volumen. Adems, porque no ha producido, no digamos ya un estilo original, sino ni siquiera —salvo en un breve momento que luego sealaremos— una adaptacin precisa de un estilo determinado que pudiera considerarse como expresamente distintivo de un perodo. Hasta aqu ha reinado, sobre todo, cuando no la confusin, el eclecticismo; basta una ojeada a las calles de La Habana y de sus suburbios para observar, en todos los edificios anteriores al mo mento de la arrolladora irrupcin del estilo ultramoderno o funcional —que va igualando todas las estructuras, todas las perspectivas— la variedad ms completa en la inspiracin, junto a las mezclas, y hasta mescolanzas ms imprevistas en la realizacin. Vista, panormica de La Habana actual. Hay, sin embargo, influencias predominantes, de modo casi exclusivo, aunque por breve tiempo, en los comienzos del perodo que se inicia con el cese de la dominacin espaola; y, ms tarde, perceptibles de modo ms discreto, en combinaciones ms o menos armoniosas, y seguidas con un cierto intento de originalidad en la adaptacin. En el esbozo que a continuacin muy sucintamente trazamos, hemos seguido las directrices de dos notables arquitectos cubanos ya desaparecidos: Leonardo Morales y Luis Bay Sevilla. Durante el perodo de ocupacin militar norteamericana (1899-1902) no se construy en La Habana, ni en toda Cuba, ningn edificio de carcter oficial o pblico, con excepcin del excelente dedicado a la Escuela de Artes y Oficios, que todava existe en la Calzada de Belascoan, o Avenida Padre Vrela, de la calle Maloja hasta la de Sitios. Fuera de esto, no levantaron los norteamericanos ms que barracas de madera para sus tropas: en el que ellos crearon y nombraron Campamento de Columbia, las que por largos aos sirvieron de alojamiento al ejrcito cubano, donde hoy existe la Ciudad Libertad —siendo sustituidas poco a poco por otras de mampostera; y en las alturas de la antigua Pirotecnia Militar espaola, las que fueron luego las primeras aulas de la nueva Universidad de La Habana, hoy tan bella desde el punto de vista arquitectnico. En cuanto a la arquitectura privada, residencial, por reaccin de desprecio a todo cuanto recordara los tiempos coloniales, cay en la ms servil imitacin de la norteamericana de la poca, erigiendo unas casas de madera o ladrillo, frgiles e incmodas con puntal relativamente bajo, sin patio interior, con ventanas de guillotina, barandas de madera y terrezuelas terminadas en conos de madera recubiertos de zinc y pintados de rojo. Felizmente, como dice Leonardo

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Morales, el comejn, los ciclones y el aire oxidante de nuestro pas acabaron pronto con aquellos castillitos-cottages que infestaban El Vedado y La Vbora, como verdaderos adefesios. Entramos luego en otro perodo, quizs ms desdichado, por cuanto sus obras han sido ms duraderas: la poca catalana, que va desde la instauracin de la Repblica en 1902 hasta el establecimiento de la Escuela de Arquitectura en la Universidad de La Habana el ao 1909. No haba casi arquitectos en Cuba, con una sola excepcin que indicaremos, y atrados por la prosperidad que se anunciaba para el pas, llegaron muchos maestros de obras catalanes, que trasladaron a nuestra ciudad todas las fantasas, las exageraciones y las extravagancias del art noveau que haba nacido en Francia con el siglo, y que si en Pars felizmente apenas dej huella de su efmera boga en una obra duradera, s perdura en grandes edificios barceloneses y en muchos habaneros. Fu la poca de columnas retorcidas, de enmadejamiento de curvas, de exceso de ornamentacin, de desenfreno de formas en el exterior y de colores en el interior —llamado todo ello, despectivamente, estilo de barbera—, que todava el observador puede hallar en muchas residencias de La Habana, y que siguieron tambin, a travs de Francia y de Italia, muchos constructores criollos, y algunos de nuestros pr imeros arquitectos. Como quiera que ese momento coincidi con el primer auge de El Vedado como barrio elegante, all fue donde se elev la mayor cantidad, y an perduran muchos de esos palacios de crocante; pero la obra cumbre de aquel estilo fue, segn Leonardo Morales, la casa-palacio de Velasco, que an puede verse en la calle de Crcel, hoy Capdevila nm. 1 esquina a Zulueta, frente al Parque de los Mrtires y a la Avenida de las Misiones; su propietario era un riqusimo hombre de negocios, Dion isio Velasco, unido en matrimonio a una de las hijas de J. Sarr, familia que antes de la Revolucin, no solamente controlaba en grandsima parte el negocio de droguera en Cuba —que el pueblo llamaba El Trust del Dolor—, sino que era, sin comparacin, la mayor entre los propietarios urbanos, poseedora, especialmente, de numerossimas cuarteras, casas de inquilinato, etc. Fue autor de esta residencia el maestro venezolano Naranjo, quien haba construido asimismo, en igual estilo recargadsimo, el edificio situado en la esquina de Amargura y San Ignacio que durante muchos aos ocup el Retiro Martimo. Tambin es un tpico ejemplar de ese estilo el edificio que afea la Plaza Vieja, en la esquina de Teniente Rey y Mercaderes, y que fu ocupado por las Secretaras, hoy Ministerios, de Comunicaci ones y de Comercio; e igualmente hay que deplorar que se extendiera por la Avenida del Golfo, donde ha dejado varios ejemplares, en especial el de la esquina de la calle de Gervasio, que llega hasta la Calzada de San Lzaro. Apenas hubo ms que una honrossima excepcin en este perodo de desenfreno arquitectnico: un arquitecto cubano, graduado en el extranjero, Jos To raya, que tenazmente luch por introducir un estilo ms severo y ms bello, que poda considerarse como una resurreccin, ms ornamentada, del neoclsico del siglo XIX. Los ejemplares ms notables de ese momento arquitectnico habanero son tres muy hermosos edificios: el primero, obra exclusiva de Toraya, que ocupa la esquina de Obispo y Cuba, en diagonal con la mansin que fuera de don Joaqun Gmez; fue construido para el primer Banco Nacional de Cuba —desaparecido, por quiebra, en 1921—, ocupado despus durante muy largo tiempo por la Secretara, despus Ministerio de Hacienda, y que hoy alberga el Instituto Tecnolgico Julin Grmau para becados de la Repblica; el segundo es el que se fabric en 1909 para la Lonja del Comercio, frente a la Plaza de San Francisco, y en el que Toraya colabor con el arquitecto espaol Toms Muir; este edificio, de cinco pisos, es hermoso, aunque todava un tanto cargado y complicado; luce, como remate de su cpula, una bella reproduccin en bronce del Mercurio del escultor renacentista italiano Juan de Bolonia; el tercero est situado en la calle de Oficios y se construy para la Cmara de Representantes; al pasar sta al Capitolio, la ocup la Secretara e Instruccin Pblica y Bellas Artes, luego Ministerio de Educacin hasta que despus del triunfo de la Revolucin este ltimo fu trasladado al edificio que en la Ciudad Militar hoy Ciudad Libertad, ocupaba el Estado Mayor del Ejrcito. No sabemos qu destino definitivo dar a estas dos construcciones el Gobierno Revolucionario. En 1909 cambia el panorama. Al comenzar el nuevo perodo republicano, bajo la presidencia del general Jos Miguel Gmez, se inicia tambin un nuevo perodo en las construcciones habaneras. Justo es declarar que haba sido acertadamente preparado, durante la segunda intervencin norteamericana en Cuba (1906-1909), por la actuacin del Jefe del Departamento de Construcciones Civiles del Gobierno, un muy buen arquitecto, Mr. Newton, que resucit el clasicismo, ense los estilos acadmicos, y form excelentes discpulos, como Francisco Centurin y Flix Cabarrocas. Newton introdujo en Cuba el austero estilo clsico de que es muestra admirable el edificio del primer Instituto de Segunda Enseanza de La Habana, luego Instituto Nmero Uno, situado en la manzana comprendida entre las calles de Zulueta, Monserrate, Teniente Rey y San Jos, aunque el edificio fue construido en poca muy posterior (1928) por el arquitecto Mario Romaach; este estilo fu el que luego se sigui en

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los Institutos de Segunda Enseanza de las capitales de provincia y en los edificios construidos para las Audiencias Provinciales. Tambin es tpico de este estilo el edificio del Cuartel de Bomberos levantado en la calle de Zulueta, hoy Agramonte, entre Neptuno y Virtudes, al que el Gobierno Revolucionario ha dado el nombre de Cuartel La Coubre y que por mucho tiempo indebidamente llev el de Cuartel Magoon, ya que el inescrupuloso individuo de este apellido que gobern, o ms bien desgobern a Cuba durante el perodo de la Segunda Intervencin Norteamericana (1906-1909) slo merece el desprecio de los cubanos. En el estilo de este edificio parece haberse inspirado el que luego se construy para la Cruz Roja Nacional, tambin en la misma calle de Agramonte entre Teniente Rey Y Dragones, as como el del Consejo Nacional de Veteranos, erigido en esa misma manzana y con frente tambin sobre la Avenida de Blgica y que es de fecha muy posterior (1928). En la poca a que nos estamos refiriendo, se construy, en 1908, otro edificio importante, el de la Sociedad Cubana de Ingenieros, en la Avenida de Blgica entre Neptuno y Virtudes, en un estilo distinto del que hemos dicho que entonces dominaba, pero de verdadera belleza. Tambin influy este estilo, —aun a travs, a veces, de aos de distancia—, muy poderosamente, en las grandes construcciones del que se llam Distrito Bancario, comprendido entre las calles de O'Reilly a Amargura y de Mercaderes a Compostela, que estaban destinadas a las oficinas de las grandes instituciones bancarias extranjeras que sobre todo despus de la desaparicin del primer Banco Nacional —que, por otra parte apenas fue ms que una ficcin—, dominaban totalmente nuestra vida financiera. An pueden admirarse estas soberbias construcciones —casi todas ocupadas actualmente por agencias del actual y verdadero Banco Nacional—, por ejemplo, en Obispo entre Cuba y Aguiar, acera izquierda (antiguo The Trust Company of Cuba); en Aguiar y Obrapa, esquina en diagonal con la del extinguido Banco del Comercio (antiguo Royal Bank of Canada); el hermossimo de O'Reilly y Compostela, levantado en el lugar antes ocupado por el Convento de Santa Catalina de Sena, para el National City Bank of New York; el de Cuba y O'Reilly (que fu del Bank of Nova Scotia), o el edificado en 1908, en Obrapa y Lamparilla, para el Banco Gelats, ms espaol que cubano, Entre las residencias privadas se distingue la majestuosa mansin de la calle 17 esquina a la calle B, en El Vedado, construida por Mr. Newton para los Marqueses de Pinar del Ro, y hoy ocupado por organizaciones revolucionarias. Bajo el gobierno del general Jos Miguel Gmez y luego bajo el del general Mario Garca Menocal dos edificios coloniales fueron reconstruidos, en forma exactamente igual, del Renacimiento italiano, y un tercero erigido especialmente, para dependencias oficiales, a lo largo de la calle, muy corta, que ha llevado sucesivamente los nombre de Tacn y Roosevelt y hoy lleva el del patriota Manuel Sanguily, despus del costado del Palacio del Segundo Cabo. Los dos remozados se dedicaron, respectivamente, a la Secretara de Gobernacin y a la de Justicia. En ste funcion durante algn tiempo la Audiencia Provincial de La Habana. El de nueva construccin fue destinado a la Secretara de Estado. El primero es el nico que subsiste, y en l funcionaba la Polica Secreta. En el ao de 1909 se abre la Escuela de Arquitectura en la Universidad de La Habana y llegan varios jvenes arquitectos cubanos graduados en el extranjero, entre ellos el muy notable Leonardo Morales: las construcciones reciben un poderoso impulso renovador. La firma de Albarrn y Bibal sigui las normas clsicamente severas de Newton. Pero muy pronto, lleg en 1914 —trado paradjicamente por la Primera Guerra Mundial, en virtud de una de las feroces contradicciones del capitalismo—, un nuevo perodo de prosperidad, por parcial que fuera, para nuestro pas, subi el precio del azcar, y muchsimos cubanos volvieron a ser ricos, y a viajar, y a entusiasmarse con Pars; al regreso, satura dos de una confusin de bellezas europeas, quisieron vivir rodeados de ellas en Cuba; y como haba dinero para realizar las fantasas, y como los propietarios ms modestos, los que se haban quedado sin viajar, se empeaban en imitar a los ms acaudalados, los arquitectos tuvieron ancho campo donde mezclar estilos y lograr realizaciones en que ¡a originalidad se obtena de la combinacin de elementos archiconocidos. Predomin, como base, el Renacimiento italiano, pero con introduccin profusa de detalles del Luis XVI francs, del gtico florentino... En estas nuevas construcciones, adems, se rompi con la tradicin de monotona de los techos planos de azotea, apareciendo, como remate de aquellas estructuras, toda clase de torres, miradores y prgolas; caracterstica muy sealada de muchas de estas ed ificaciones son, como apunta Joaqun M. Weiss, las torres cuadradas, sin muros, coronadas por aleros o cubiertas apiramidades de tejas. La primera de las residencias de este tipo fue la que construy Ral Otero en Lnea entre C y D, frente al costado de la Iglesia para el Sr. Jos E. Pedro, y otra muy notable, tambin de las ms antiguas, la de la Sra. Josefina de Mesa, en 13 y D, obra de Leonardo Morales, ambas en el Vedado. Porque como la boga de este estilo, que podramos llamar eclctico, porque es el nico calificativo que le corresponde, coincidi, como el catalanismo, con el auge del barrio que sucedi a El Cerro en la preferencia de las familias acaudaladas

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y de la sociedad elegante, fue El Vedado el lugar donde se erigi la gran mayora de las edificaciones de este tipo. Haba tenido, sin embargo, un precedente, en la casa que el arquitecto Francisco Ramrez Ovando fabric para el Sr. Ernesto Prez de la Riva, desde el ao 1905, en el cuchillo formado por el comienzo de las calles de Aguiar y Habana, con el frente sobre la actual entrada del Tnel de la Baha y el costado sobre lo que despus habra de ser la Avenida de las Misiones; es una bella construccin de dos pisos, en estilo corintio del Renacimiento italiano con detalles franceses y un aspecto general de lujoso refinamiento; el interior corra parejas con el exterior. En aquella residencia se celebraban suntuosas recepciones: una de las ms brillantes se dice que fue la que el Sr. Prez de la Riva, perteneciente a la familia del heroico defensor de El Morro, Luis de Velasco, ofreci al Lord Albemarle de cincuenta aos atrs, descendiente del vencedor que tan caballerosamente honr al valeroso vencido. Cuando la familia Prez de la Riva decidi dejar aquella residencia el Estado la adquiri, en 1936, para el Ministerio de Estado; mas, a pesar de sus suntuosos salones para recibir embajadores, resultaba totalmente inadecuado para las oficinas; el Ministerio ha sido trasladado para la calle G y Calzada en el Vedado, y la mansin de Aguiar-Habana est ocupada actualmente por dependencias del Departamento de Orden Pblico. Y hasta en el viejo Prado, hoy Paseo de Mart, se rindi culto a la nueva modalidad: ejemplo sealadsimo es la opulenta mansin que fue a ocupar, en la esquina de Trocadero, el general Jos Miguel Gmez al terminar su perodo como Presidente de la Repblica, j Tambin adquiri el Estado esta mansin e instal en ella la Junta de Economa; hoy est ocupada por dependencias oficiales. Pero fue en el Vedado, y luego, sucesivamente, en Jess del Monte y sus anexos, y, por ltimo, en los repartos que empezaron a fomentarse al otro lado del Almendares, donde se imit al Vignola, a Palladio, a Sansovino, con una muy marcada preferencia por el famoso arco de la Villa Mdicis de Florencia, que nos aparece en mil lugares, y sealadamente en la mansin de las calles 17 y L, que perteneci en tiempos de la dictadura machadista, al banquero Jos Ignacio Lezama. De esta modalidad eclctica, —porque no podemos llamarla un estilo—, he aqu otros entre centenares: la mansin que fuera de la familia de banqueros Gelats en 17 y H, sede ahora de la Unin Nacional de Escritores y Artistas Cubanos; la que hizo fabricar Jos Gmez Mena en 17 y E, de 1926 a 1927, y donde domina el Renacimiento francs; la de 17 y Paseo, de Mira y Rosich, para un miembro de una dinasta de financieros, Gastn Godoy; la del riqusimo poltico J. M. Cortina, en la calle 27, frente al costado de la Universidad; la del muy acaudalado hombre de negocios Toms Felipe Camacho, en Lnea y N.; la que construy para residencia propia el arquitecto Eugenio Rayneri, en G y 9, el ao 1919. No hay que creer, sin embargo, que dentro de este eclecticismo no se destacasen construcciones de la ms absoluta fidelidad a un estilo puro, bien determinado: no puede haber ms fiel trasunto de una villa renacentista italiana que la mansin construida por Evelio Govantes, en Paseo de 17 a 19 para un riqusimo hacendado, Juan Pedro Bar; nada hay que no sea griego en el exterior de la residencia del polgrafo Fernando Ortiz, en L y 27; y en la calle O entre 17 y 19, frente al que fu Parque del Maine, podemos admirar el ms exquisito palazzo florentino. Mas hay un detalle curioso: a pesar del lujo y el derroche de que haca gala casi todos aquellos edificios, la voz popular que siempre llam palacios a las casonas, generalmente menos ostentosas, de los siglos XVIII y XIX, no dio a estas construcciones del siglo XX —quizs si por su propia ostentacin estridente, o por la rapidez de la fortuna de casi todos los que las erigan— otro apelativo que el de palacetes con cierto dejo despectivo. Claro que el origen de las riquezas es casi siempre, esencialmente, el mismo; pero en los tiempos ms recientes, el procedimiento se haba acelerado y aclarado demasiado, y su producto pareca quizs, efmero o desprovisto de toda dignidad. En medio de este eclecticismo —de que tambin qued muestra en dos edificios tan hermosos como el que fuera Casino de la Playa, en Marianao— adornado con las grciles ninfas de Mario Korbel—, y en el Auditorium Amadeo Roldan, de Calzada y C, en el Vedado, obra muy italiana, de Moenck y Quintana, en 1928—, volvieron los artistas cubanos, all por 1924, a mirar hacia Espaa, pero —cosa curiosa— hacia un estilo que nunca nos lleg en tiempos coloniales: el ms fino Renacimiento, en su forma plateresca, que ha dejado perdurables muestras de su belleza en varias residencias, como la de la antigua Calzada de Columbia, Avenida 41, entre 34 y 36, Marianao, y la que perteneci a Eduardo R. Chibs, en la calle 17 y H, otra obra de Leonardo Morales; as como en dos bellsimos edificios de carcter comercial: el de La Metropolitana, compaa de segur os, en O'Reilly y Aguacate, de Luis V. Betancourt y Gil Navarrete; y el de la Compaa Cubana de Telfonos, en las calles de guila y Dragones, construido en 1927 por Leonardo Morales, y cuya torre es uno de los ms bellos adornos de la Ciudad. Y as andaba nuestra arquitectura republicana, en imitacin constante. Si antes cada estilo duraba un siglo, luego las influencias naca, florecan y se marchitaban en decenios. La caracterstica pareca ser no encerrarse, no

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detenerse en caracterstica alguna. Era como si la arquitectura no se detuviese, aguijoneada por el afn, no vevelado, de encontrar su expresin propia. Compaa Cubana de Telfonos

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Por un momento pareci que iba a tenerla. Y los viejos habaneros se regocijaron. Porque ese estilo colonial, cuya reciente aparicin saludaba jubiloso Leonardo Morales en 1929, no es otra cosa que un bellsimo neobarroco que comenz a surgir en la dcada de 1920 a 1930, hacindonos concebir la esperanza de que La Habana republicana hubiese hallado, en la adaptacin de lo mejor de su acervo tradicional, su tpico estilo arquitectnico. De este seductor neobarroco, que da una impresin de firme robustez, nunca abrumadora, en sus grandes lneas, y de levedad graciosa en los detalles, de algo que llamaramos sinceridad, en la belleza escueta de sus lneas, que rehuyen todo intil adorno sin caer por eso en la severidad del neoclsico; de este estilo que mereca ser por excelencia el estilo criollo, hallar el gustador de bellezas buen nmero de ejemplares esparcidos aqu y all, por La Habana y sus suburbios: de entre todos los dems edificios se destacan, por lo definido y puro de su estilo; ante ellos no es preciso detenerse a desenmaraar influencias: son de un simple barroco cubano redivivo. Lo hallamos en residencias de El Vedado, en una casa comercial de la calle de O'Reilly al costado del Palacio Municipal; en el edificio construido por el arquitecto Hernndez para el Colegio de Corredores de Aduana en la Plaza de San Francisco; en el edificio de apartamentos de las calles 23 y 10, en el Vedado, obra de Emilio Vasconcelos; en los de las calles 23 e I y los de Lnea y 4, en el Vedado; en la Escuela de Ingeniera Agronmica de la Universidad; en la soberbia construccin levantada— en 1945, como un rezago— para el Archivo Nacional de Luis Dauval Guerra, en cien sitios de la ciudad antigua y de la moderna. Desgraciadamente, dur muy poco, arrastrado por la arrolladora invasin del estilo ultramoderno, del estilo funcional que se ha extendido por el mundo entero y que comenz a llegarnos en la dcada del 30. El neobarroco muri en flor, y creemos que sin resurreccin posible: el afn de modernismo, el deseo de aparecer progresistas, la imposibilidad de admitir algo que parezca chocar con el ritmo y el carcter de la vida contempornea, quizs las dificultades prcticas, todo concurre a que haya de quedar como fase fugitiva de la historia en piedra de nuestra ciudad. Pero, antes de desaparecer nos dej, destacndose entre otras muestras exquisitas, dos obras maestras. Una en La Habana Vieja y otra en el Miramar flamante. Aqu, en la Quinta Avenida esquina a la calle 6, el verdadero palacio que en 1928 el mismo Leonardo Morales construy para la Condesa de Buenavista, y donde, en un estilo que tiene no sabemos qu belleza ms delicada an que la de las edificaciones antiguas, llev el refinamiento arcaizante hasta reproducir detalles de las casonas que habitaron en otros siglos los antepasados de la Condesa: este palacio est hoy animado por las risas juveniles de las becadas del Gobierno Revolucionario. Y, frente a la Avenida Carlos Manuel de Cspedes, aprovechando lo ms posible de la venerable pero ruidosa estructura del clebre Seminario de San Carlos, el nuevo Palacio Arzobispal, obra de Cristbal Martnez Mrquez, construido en la dcada del 50, —tambin como rezago, o, ms bien como imposicin del lugar y del carcter del edificio— donde reposa anchamente la vista, y cuya fachada es como una rplica, con un tanto menos de solemnidad, de la tipicsima con que se adorna nuestra Catedral. Hay otro edificio al final de El Vedado, junto a la desembocadura del Almendares, que quisiera quizs ser neobarroco, pero que cae en la exageracin y el pintoresquismo; hoy lo ocupa un CafRestaurant 1830, administrado por el Instituto Nacional de la Industria Turstica. Si lo mencionamos aqu es porque figura en un episodio de la historia habanera. Creemos que su estilo era un discreto neobarroco, y era la residencia principal de Carlos Miguel de Cspedes, Secretario de Obras Pblicas en el gobierno de Gerardo Machado; el 12 de agosto de 1933, al huir el Tirano con sus colaboradores ms allegados, el pueblo prendi fuego a este edificio, el cual qued casi totalmente destruido; lo mismo ocurri con las casas de alqunos otros connotados machadistas, pero el furor popular se ensa especialmente con las del secretario de Obras Pblicas: del mismo modo ardi otra propiedad suya, estilo chalet suizo, que se alzaba en el Country Club, hoy Cubanacn, y cuyo terreno Cspedes, al volver al pas, regal a la iglesia: all se edific el bellsimo templo del Corpus Christi. En cuanto al estilo moderno, sera superfluo describirlo, porque si aquel eclctico habanero era nuestro en virtud de sus propias combinaciones, en otros lugares no ensayadas, y si el neobarroco era netamente cubano, los edificios modernos de La Habana son absolutamente iguales a los de todas las dems ciudades del mundo. Nos limitaremos a unas cuantas observaciones y la mencin de las ms importantes construcciones de carcter pblico que se han levantado en La Habana Vieja, porque en la parte nueva de la Ciudad no hay uno que a el no pertenezca. El estilo moderno, llamado funcional coincidi entre nosotros con la expansin de los edificios de muchos pisos —escasamente se pasaba de tres hasta entonces—, y con la proliferacin de las casas de apartamentos, que haban comenzado a eregirse en la segunda dcada de nuestro siglo, y que desde alrededor de 1950 adquiri an mayor auge con el sistema de ventas a plazos bajo el rgimen de la llamada propiedad horizontal. Los primeros seudorras cacielos habaneros —y los llamamos as porque

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fue preciso esperar hasta 1956 para que siquiera alguno de ellos alcanzara treinta pisos— eran tan antiestticos que bien merecieron ser calificados por el urbanista Martnez Incln como cajones sin estilo indefinido; pero luego adquirieron una mejor apariencia, y en ciertos casos, verdadera gracia arquitectnica, como puede verse en uno ya un tanto antiguo, el Edificio Lpez Serrano, en L y 13, El Vedado, para el hijo del financiero J. Lpez Rodrguez, ya citado, y cuyo piso ms alto fu la ltima residencia que habit el poltico Eduardo R. Chibs. Como obra maestra de este gnero, en el tipo de casas de apartamentos, puede considerarse al Edificio Focsa, hoy Edificio Comandante Fajardo, que ocupa, con sus amplios jardines, piscinas, etc. toda la manzana de El Vedado limitada por las calles 17, 19, M y N. Es obra de Ernesto Gmez Sampera; tiene una superficie de 2,500 m2; y un total de cuarenta pisos; con unos 400 apartamentos, dos pisos para comercios y nueve para usos mltiples; se dice que cost de seis a ocho millones de pesos; y su forma, en Y, adems de tener ventajas prcticas, le da originalidad y belleza. En La Habana, hasta la gran va que es la Avenida Menocal, el estilo moderno tiene sus mejores ejemplares en: El Ministerio de la s Fuerzas Armadas, construido en 1952 para alojar all el Estado Mayor de la Marina de Guerra Nacional, que haba estado instalado en el Castillo de la Punta; la estructura, no carente de armona en si, choca demasiado con el carcter de La Habana antigua, donde est erigida, junto al primero de los muelles. El Ministerio de Hacienda, sede actual, en el edificio que fu erigido de 1956 a 1958, con dolor de todos los amadores de la Ciudad, y por encima de la oposicin de la Junta Nacional de Arqueologa y del Jefe de Urbanismo del Municipio, C. Maruri, en la manzana formada por las calles de Mercaderes, San Ignacio, Obispo y O'Reilly, fronteriza con el Palacio Municipal por su fachada posterior, donde an se conservaban los ltimos restos de lo que fuera Convento de San Juan de Letrn y Universidad; el propsito era llevar adelante uno de los fantsticos negocios de otros tiempos, creando all ¡una Terminal de Helicpteros! El terreno era propiedad del Banco Nacional, para el cual se pens, tambin errneamente a nuestro juicio, levantar all un edificio; pero el Banco lo arrend por treinta aos a una llamada Asociacin de Inversionistas y Propietarios de La Habana Vieja. Despus del triunfo de la Revolucin, el Ministerio de Bienes lo entreg al Ministerio de Hacienda. El Palacio de Bellas Artes, levantado en 1956 por Alfonso Rodrguez Pichardo en el lugar donde antes se encontraba el Mercado de Coln, para albergar el Museo Nacional, las colecciones de arte, celebrar exposiciones, etc. Y tres sobre la Avenida de Carlos III, que corresponden respectivamente a: La Sociedad Econmica de Amigos del Pas. Es ste el ms bello de todos, construido en 1946 por Evelio Govantes y Flix Cabarrocas, con un prtico de hermosa sencillez, y un delicioso patio central; todas sus lneas respiran serenidad; tiene una biblioteca de nueve pisos, con capacidad para 300,000 volmenes. Contiene una coleccin de retratos de antiguos miembros de la Soci edad que, adems de su valor histrico, constituye un panorama de la evolucin de la pintura cubana. La meritsima Sociedad, que primeramente haba celebrado sus sesiones en locales adjuntos a la iglesia de San Felipe, y luego en el de la Academia de Ciencias, ocup este magnfico edificio propio despus de residir durante noventa aos (1856-1946) en un destartalado casern de la calle de Dragones cerca de Lealtad, que comparta con la Academia de Pintura y Escultura de San Alejandro.; La Gran Logia de la Isla de Cuba, obra de Emilio Vasconcelos, edificada el ao 1955 en la esquina de la Avenida Padre Vrela; sus diez pisos se alzan en una armona de bellas lneas. Alberga los organismos superiores, de la Masonera en Cuba, con un soberbio saln de actos, y muchos locales para oficinas. La Industria Elctrica Antonio Guiteras, antigua Compaa Cubana de Electricidad, en la manzana formada por la Avenida de Carlos III con las calles de Soledad, Pocito y Oquendo. Es obra de Jorge Luis Echarte, se inaugur en 1958, y tiene siete pisos. Da la impresin de un enorme bloque de cristal. En El Vedado, calle L y calle 23, se destacan dos grandes edificios modernos que fueron los precursores de los muy numerosos que hoy llenan ambas aceras de la Rampa: son, por la calle 23, hasta la calle M, detrs de Radiocentro, antes Teatro Warner, los estudios de la antigua emisora C M Q, y, por la calle L entre 21 y 23, otro edificio ms reciente, el que fue Retiro Odontolgico, por el que recibi el arquitecto Antonio Quintana el Premio Medalla de Oro del Colegio Nacional de Arquitectos en el ao 1956, por su utilidad, belleza y originalidad prctica. En estilo moderno construyeron tambin en El Vedado, en Marianao, en casi todos los barrios extrem os, para sus nuevas sucursales, la gran mayora de

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las instituciones bancarias que primeramente haban levantado grandiosos edificios de estilo clsico en La Habana Vieja.

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44 EDIFICIOS DE CARCTER CIVI L EN LA ERA REPUBLICANA Solamente nos queda referirnos ahora a algunos edificios, o grupos de edificios de La Habana republicana, que por razones histricas o de otra clase, merecen mencin particular: EL CAPITOLIO NACIONAL Este edificio, sin duda alguna el ms importante por su magnitud y belleza, entre todos los de La Habana, y de toda Cuba, antes de tener una historia lamentable, la de tantas actividades funestas para el pas que dentro de su recinto se fraguaron y realizaron, tuvo otra muy accidentada: la de su construccin. La adquisicin del terreno no se efectu bajo buenos auspicios: se produjo en virtud de una ley del Congreso, sancionada por el presidente general Jos Miguel Gmez, por el que se canjeaban los extenssimos terrenos del viejo Arsenal, desde largo tiempo antes en desuso, y propiedad del Estado, por los muchos ms reducidos pero mejor situados, que ocupaba la Estacin Ferrocarrilera de Villanueva, con sus lugares para vas, depsitos, talleres, pertenecientes a una compaa inglesa, los Ferrocarriles Unidos. Aunque al correr del tiempo los hechos hayan demostrado que el canje result beneficioso para el pas, segn apuntamos en el captulo dedicado al Arsenal, suscit una vivsima oposicin en I muchos peridicos y en un gran sector de la opinin pblica que lo consideraba perjudicial al Estado pero muy lucrativo para el Ejecutivo Nacional y los miembros del Congreso. El escndalo persegua, pues, al Capitolio, desde que diera sus primeros pasos. Porque ni siquiera se trataba an de Capitolio. El Poder Ejecutivo haba obtenido casi enseguida del Congreso un crdito de un milln de pesos para levantar en los terrenos de Villanueva un nuevo Palacio Presidencial. Despus de unas cuantas peripecias, en enero

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de 1912 comenz la construccin de aqul, segn el proyecto de los arquitectos Eugenio Rayneri Sorrentino y Eugenio Rayneri Piedra. Pero al asumir la Presidencia el general Mario G. Menocal decidi paralizar los trabajos, porque se propona levantar el nuevo Palacio Presidencial en la Quinta de los Molinos y utilizar el antiguo terreno de Villanueva para erigir el Capitolio Nacional. Los arquitectos cubanos Flix Cabarrocas y Mario Romaach dispusieron las modificaciones necesarias para que el primitivo proyecto pudiera realizarse para el Poder Legislativo y al fin, se reanudaron las obras, desde 1917 a 1919 en qu nuevamente orden su paralizacin el general Menocal, por razones econmicas: haba costado un caudal demoler lo ya construido, pues hasta se haba hecho volar la cpula, de un peso de casi 1,200 toneladas mtricas, se reanud la construccin sin embargo, hasta 1921, cuando la grave crisis econmica, que afectaba al pas oblig al presidente Dr. Alfredo Zayas a suspender las obras definitivamente: y qued el edificio a medio hacer, con aspecto de ruina, en lo mejor de la Ciudad. Pero era imposible que dos megalmanos como el presidente Machado y su Secretario de Obras Pblias Carlos Miguel de Cspedes, no se sintieron irremisiblemente tentados de acometer el magno empeo. Este se emprendi desde 1926, y muchos arquitectos y proyectistas tomaron parte en la obra, que se basaba sobre lo ya construido pero que sufri grandes y numerosas modificaciones: entre aqullos, especialmente, Flix Cabarrocas y Evelio Govantes, Ral Otero, los franceses F. Forestier —especialmente para los jardines— y Theo Leveau, Jos M. Bens, Eugenio Rayneri, el acuarilista Diego Guevara el proyectista Luis V. Beancourt y algunos ms. La direccin estuvo sucesivamente a cargo de los arquitectos Otero, Bens y Rayneri; y en su aspecto material, la obra fue encomendada a los contratistas Purdy and Henderson una famosa firma norteamericana que durante muchos aos realiz ventajossimos negocios en Cuba, pues se le encargaba la construccin de casi todos los edificios ms importantes, como, por ejemplo, el primer Banco Nacional, la Lonja del Comercio, el Royal Bank of Canad, el Hotel Plaza, el Centro Gallego, el Centro Asturiano, la Metropolitana, el Banco Gmez Mena, y por ltimo, este enorme del Capitolio. Para levantar el Capitolio fue preciso suprimir la segunda seccin del Paseo de Mart, que se extenda desde el Parque Central hasta el antiguo Campo de Marte, y ste fue muy embellecido convirtindose en Plaza de la Fraternidad. El Capitolio Nacional fue solemnemente inaugurado el 20 de mayo de 1929. Est emplezado en un cuadriltero que cierran las siguientes calles: Paseo de Mart, Dragones, Raimundo Cabrera y Jos de San Martn. Su fachada principal mira hacia la primera de las mencionadas calles. Es evidente que ganara enormemente en perspectiva si tuviese delante —como algunos han soado una avenida— obtenida mediante la ampliacin de la calle de Teniente Rey o Avenida del Brasil hasta el doble o ms bien el triple de su anchura actual; pero ese sueo parece irrealizable. El material utilizado es piedra dura de Capellanas, profusamente revestida de mrmol. Es de innegable belleza, serena y majestuosa; de lneas pura y severamente clsicas, de proporciones admirables, en que contrasta la horizontalidad de las fachadas con la elegante esbeltez de la cpula. Est cubierta de planchas de cobre dorado, por su grandeza y elevacin se divisa no solo desde los extremos ms apartados de la ciudad y aun de las poblaciones limtrofes, sino tambin desde una distancia de unas cuantas millas mar afuera. Es la sexta del mundo en dimetro y altura, y su forma recuerda la del Panten de Pars. Su peristilo es del bellsimo orden corintio, y da ligereza al conjunto de la construccin. La fachada principal consta de un cuerpo central bien destacado del resto, con magnfica escalinata de granito, bordeada por macizas guarderas coronadas por dos magnficos grupos de figuras en bronce, que simbolizan, una El Trabajo, y la otra La virtud tutelar del Pueblo, ambas del insigne escultor italiano Angelo Zanelli, en el que se destaca el prtico de entrada, de carcter monumental, soportado por sus altsimas columnas jnicas de granito a igual distancia del cuerpo central, dos cuerpos salientes de menos anchura y elevacin. Entre el cuerpo central y los cuerpos salientes de los extremos, hay dos alas que los unen entre s, formadas por esbeltsimas soberbias columnatas dricas, donde juegan el aire y la luz y completan el frente principal del edificio. Rematando a ambos lados la monumental fachada se hallan aquellos dos cuerpos salientes ya mencionados, tambin adornados de columnas, que sirven de vestbulo a los hemiciclos destinados, respectivamente al Senado y a la Cmara de Representantes. Al extremo de ambas alas se ven dichos hemiciclos, formados por grandes cuerpos de planta semicircular. La fachada posterior est tratada siguiendo el mismo orden drico de la fachada principal, pero con pilastras, que sostienen el mismo coronamiento o cornisa drica con mtulas y dentculas intercaladas, que constituyen una variacin bastante original. En esta fachada posterior hay tambin un cuerpo central saliente con una entrada para carruajes. Este saliente tambin acusa un lugar importante del edificio: la gran biblioteca del Congreso en el piso principal. Y ambas fachadas lucen detalles de exquisita belleza, como son sus metopas, obras admirables de diversos escultores.

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Si el exterior del Capitolio atrae por su severa belleza, su interior bruma un tanto, por su suntuosidad. Despus de un vestbulo monumental se entra en el gran saln central situado bajo la cpula, sobre el que se abren a un lado y otro las inmensas alas de la Sala de los Pasos Perdidos, en la ms soberbia de las perspectivas, bajo la esplendente cpula, una enorme estatua, en bronce dorado, de la Repblica; a sus pies, sobre el piso espejeante, una exquisita estrella de flgidos mosaicos, en cuyo centro refulge un enorme diamante que cost, en total $10,000, y que marca el kilmetro 0 de la Carretera Central; otros tantos alardes espectaculares, gratos a los tiranos. La decoracin no puede ser ms lujosa, y a ambos lados las puertas de los hemiciclos son hermossimas. Y luego, en los hemiciclos mismos, en los despachos, en las salas de conferencias, en las tres amplsimas bibliotecas, un verdadero derroche de rica ornamentacin que cubre techos, pisos, paredes, puertas, y hasta el mobiliario mismo: toda clase de mrmoles y las ms finas maderas se mezclan con bronces, tallas y pinturas cubren las superficies; los ms variados estilos antiguos, se suceden sin confusin, y el conjunto es deslumbrador. Slo que tan hermoso anverso tiene terrible reverso. Empecemos por ese mismo desbordante lujo. El costo de este palacio de palacios, erigido en un pas de atraco, de miseria, de insalubridad, de analfabetismo, de masas casi desnudas, descalzas, hambrientas, ascendi, segn datos oficiales a la cantidad de $16.640,743.30, y constituye un alarde exagerado de suntuosidad, un derroche insensato, muy en contrario, por lo dems con los ideales sencillamente democrticos que persiguieron los apstoles, hroes y mrtires de la Revolucin Libertadora, y que seguramente pensaron constituiran las normas bsicas de nuestra repblica. Pero el reverso tiene relieves ms acusados, ms dolorosos, ms trgicos. Como dijera de Cuba el ardiente e infortunado Jos Mara Heredia, en el Capitolio se juntaron en el grado ms alto y profundo, las bellezas del fsico mundo, los horrores del mundo moral. Aquellos salones soberbios, aquellas columnatas magnficas, aquellas galeras grandiosas, aquel ambiente en que la belleza exquisita y la espaciosidad seorial deberan llevar los nimos hacia la pulcritud y la grandeza fueron teatro de los ms ruidosos escndalos, de las ms bajas intrigas, de los ms viles contubernios; el blanco palacio, todo luces y mrmoles, no fu sino guarida de malhechores; y all, donde todos los das se traicionaba al pueblo, un da se lleg hasta ametrallarle: el 7 de agosto de 1933, cuando los sicarios de Machado vean ya inminente su derrota y su fuga, desde las ventanas del Capitolio se recibi a lluvia de tiros a una muchedumbre desarmada y jubilosa que acuda a exteriorizar su regocijo ante la falsa noticia de la huida del Tirano; rumor que prfidamente se haba echado a rodar para atraer al pueblo a la celada. La historia vergonzosa y tenebrosa del esplndido Capitolio continu hasta el 31 de diciembre de 1958, siempre que all se alz una voz honesta cien gritos malvados la acallaron. Ahora, cuando la Revolucin lo ha convertido en albergue de graves instituciones culturales All funciona la Comisin Nacional de la Academia de Ciencias de la Repblica ce Cuba la cual ha inaugurado el da 26

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de mayo de este ao de 1964 el Museo de Ciencias Sociales y Naturales Felipe Poey, que constituye, adems de magnfico manantial de cultura y conocimientos para el pueblo el mejor homenaje que puede rendirse a la memoria del esclarecido sabio cubano. EL PALACIO PRESIDENCIAL Ocupa casi por entero la manzana comprendida entre las calles de Refugio y Coln, Zulueta y Avenida de Blgica o Monserrate. Fue comenzado a construir para sede del Gobierno de la Provincia por el general Ernesto Asbert en la segunda dcada del siglo XX; pero el entonces presidente de la Repblica, general Mario Garca Menocal decidi su adquisicin por el Estado y su conversin en Palacio Presidencial. Con este carcter fu inaugurado en 1920 por el propio presidente Menocal, el primero de nuestros jefes de Estado que lo habit. Residieron, pues all el Dr. Alfredo Zayas, el tirano Gerardo Machado, el Dr. Grau San Martn como producto del golpe militar del 4 de septiembre de 1933, los presidentes constitucionales Miguel Mariano Gmez (1936), Fulgencio Batista (1940-1944), Grau San Martn (1944-1948) y Carlos Pro (1948-1952) as como tambin los presidentes provisionales: el coronel Carlos Mendieta, Jos A. Barnet, de 1934 a 1936, y el vicepresidente Federico Laredo Br, que ascendi por sustitucin al ser depuesto Miguel Mariano Gmez siendo todos estos ltimos hechura de Batista, que era quien, desde el Campamento de Columbia, verdaderamente gobernaba; y por ltimo el propio Batista despus del golpe militar del 10 de marzo de 1952; si bien Menocal tuvo tambin un palacio de verano, el de los Marqueses de Duraona en Marianao, y Carlos Pro gustaba de residir por das en su lujosa finca La Chata, y Batista en la ms lujosa todava de Kuquine, no muy lejos del Campamento de Columbia, verdadero asiento de su poder. El actual presidente de la Repblica, Dr. Osvaldo Dortics Torrado, es el primero de nuestros Jefes de Estado que ha puesto en prctica la norma verdaderamente democrtica de no utilizar para residencia particular el Palacio de la Presidencia, y ste slo se emplea para las labores y los actos oficiales.

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Durante el rgimen oprobioso de Machado, un grupo numerossimo de mujeres dignas y patriotas que haban acudido, en manifestacin pacfica, ante este palacio, para pedir al Tirano que renunciara para bien del pas, fue violentamente atacado por una tropa de mujerzuelas que la polica haba trado, con ese objeto, de la crcel y vivac y de los peores barrios de la Ciudad. A la cada del Dspota, el pueblo enfurecido por sus crmenes, penetr en el Palacio vaco y saci en ste la ira con que no haba podido castigar a aqul en su persona: en los jardines circundantes ardieron muebles, tapices, cortinas, ornamentosÂ… Tambin ante este Palacio sucumbieron las heroicas y escacsimas vctimas de la resistencia a los golpes de Fulgencio Batista, primero, en 1933, contra el gobierno de Grau San Martn, y despus, en 1952, contra el de Carlos Pro. Sabido es que los suyos decan el antiguo sargento se especializaba en los golpes sin sangre: la sangre corra despus, siempre, y a raudales. El Palacio Presidencial, que cuenta con una esbelta cpula y con una no muy amplia pero bella terraza en su fachada principal denuncia en sus numerosos y pequeos huecos el primitivo destino oficinesco, y en la antiesttica y mezquina cuartera levantada sobre la azotea, que destroza las lneas de su fino remate, las imperiosas necesidades de la adaptacin que fue necesario realizar al destinrsela a residencia oficial del jefe del Poder Ejecutivo. Es obra de dos arquitectos renombrados: el cubano Maruri y el belga Jean Beleau. He aqu como lo describe el urbanista Pedro Martnez Incln: un gran edificio de cuatro pisos, cuadrado al parecer, todo de sillares de piedra blanca, primorosamente labrada, coronado por una linterna que se levanta en su centro a considerable altura, cuya media naranja de terracotta con colores amarillo y azul se distingue desde muy lejos. Sus huecos o vanos, numerosos y pequeos en todas las fachadas menos en la principal estn denunciando su primitivo destino para casa de oficinas. No tiene las proporciones de vanos y macizos de los grandes palacios que dan majestad y nobeza al edificio en que se proyectan. Difcilmente recuerda haber encontrado el autor un edificio moderno cuyas fachadas hablen menos de fuentes a donde sus arquitectos fueron a buscar su inspiracin. Los contrafuertes de las esquinas ornados con trabajos de escultura parecen pertenec er a la arquitectura alemana del siglo XX en lo que tienen de macizos y monumentales. Las torrecillas que lo coronan parecen remates de algunos edificios espaoles militares y civiles. La cpula tiene mucho de espaola. La cornisa revuelta sobre cada una de las pilastras, recuerda tambin la prctica espaola de decoracin especialmente en los edificios barrocos. Las arcadas del basamento con arcos de tres o cinco centros, con columnas gruesas y panzudas, no recuerda el autor haberlas visto en Espaa. Tal vez se trate de una arquitectura flamenca de la poca del dominio espaol. Las mismas arquivoltas con molduras gruesas traen a la memoria los nervios del gtico y parecen flamencos o alemanes. Y termina Martnez Incln con este juicio: A pesar de sus defectos, que no son pocos, cualquier arquitecto moderno pudiera vanagloriarse de haber sido el autor de una obra que es constructivamente una de las mejores de La Habana. Al frente del Palacio se extiende la ancha Avenida de las Misiones, que le proporciona una vasta perspectiva, permitiendo que pueda contemplrsele desde la entrada del puerto, y ofrece un espacio inmejorable para las grandes concentraciones populares que se han celebrado ante la sede del Gobierno desde que la Revolucin lleg al poder. GRUPO DE LA PLAZA DE LA REVOLUCI"N Entre las edificaciones del ltimo, hasta ahora, de los perodos en que puede dividirse la arquitectura habanera de la era republicana, es decir la ultramoderna y funcional, mencin aparte exige el conjunto de edificios de carcter pblico que se ha ido creando en la Plaza de la Revolucin, cerca al monumento al Apstol. Todos estos edificios son de estilo modernsimo, a base de grandes planos ininterrumpidos, paredes de cristales, ausencia casi total de ornamentos, etc. Comenzaremos por el ms importante as por sus colosales dimensiones como por su privilegiada situacin de mayor proximidad a dicho monumento. Es el Palacio de Justicia, quizs si el ms bello de todos, pero cuya belleza queda deslucida por la defectuosa ubicacin con que perjudica a cuanto lo rodea: de una parte se encima demasiado al monumento a Mart y le resta grandeza; de otra, obstruye por compeli la perspectiva de la plaza y del monumento desde el segundo y ms hermoso tramo de la Avenida de Rancho Boyeros, o de la Independencia. Este edificio, verdaderamente grandi oso y de admirables proporciones, nos parece tener adems, por defecto precisamente sus dimensiones excesivas que lo convierten en alarde de lujo y podero, como violento contraste frente a la miseria y el dolor del pas en que se rigi. Y no es posible perdonar a su autor Jos Prez Benito a el grave delito urbanstico y esttico que cometi al emplazarlo en un lugar en que resta importancia, al Monumento a Mart. El proyecto de este edificio se traz en 1943, y su construccin termin en 1957. Tiene una superficie de fabricacin de 72,000 m2, y ocupa un

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permetro de 1 km2, y se compone de tres cuerpos unidos por am plsimas galeras; el cuerpo central, con nueve pisos, estaba dedicado al Tribunal Supremo de Justicia con su Fiscala; el de la derecha, de siete pisos, a la Audiencia Provincial de La Habana, con su Fiscala; el de la izquierda, tambin de siete pisos, a los Juzgados Municipales de Primera Instancia y de Instruccin y al Tribunal Superior Electoral. A la fecha, de 350 m. de extensin, con puertas de bronce se asciende por una escalinata de mrmol de una anchura de 60 m., es decir tres veces mayor que la bellsima de la Universidad. Se ve el empeo de hacerlo todo colosal. Y el costo tambin fu desmesurado: cinco millones de pesos. Ministerio de Industrias, antes Tribunal de Cuentas. Para el Tribunal de Cuentas, organismo creado durante el gobierno del presidente Carlos Pro Socarras, se levant en 1954 este edificio, de estilo ultramoderno —parece una mera estructura de cristas—, segn proyecto del arquitecto Aquiles Capablanca, que obtuvo el Premio Anual Medalla de Oro del Colegio Nacional de Arquitectos. Tiene nueve pisos, y est situado despus del Palacio de Comunicaciones, sobre la avenida transversal que une la de Caries Manuel de Cspedes con la de la Independencia, frent e al Monumento a Mart, y fue el primer edificio levantado en la que entonces se llamaba Plaza Cvica. El Gobierno Revolucionario ha situado all el Ministerio de Industrias y le ha agregado un anexo casi enteramente igual al cuerpo primitivo. Tambin se encuentran en la Plaza de la Revolucin, sobre el lado izquierdo de la Avenida de la Independencia, pero en un plano posterior al que ocupan los edificios de la Biblioteca Nacional y el Sierra Maestra, y cerca de la calle lateral General Surez, el edificio muy ancho y bajo, sin belleza, construido para la Renta de Lotera —que anteriormente haba ocupado uno de varios pisos, en Cuba y Amargura, separado por esta ltima calle de la nueva iglesia de San Francisco—, y donde actualmente funciona el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda; el del Teatro Nacional, todava sin terminar — aunque ya funciona su Sala Francisco Covarrubias —, cerca de la desembocadura de la Avenida de los Alcaldes; y ms hacia el Norte, sobre la misma Avenida Carlos Manuel de Cspedes, pero muy prximo a la Calzada de Zapata, otro de varios pisos y no fea traza y de reciente construccin, pero ostensiblemente de estilo mucho menos moderno que todos los anteriores, y que actualmente utiliza como sede el Ministerio de la Construccin, antiguo Obras Pblicas.

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PALACIO DE COMUNICACIONES Parece ser ste el lugar ms oportuno, dentro del marc o de este libro, para decir unas palabras sobre el desenvolvimiento del Correo en Cuba, especialmente en su relacin con La Habana. En 1755 don Jos Cipriano de la Luz y Do-Cabo, regidor, era Correo Mayor de Indias en la ciudad de San Cristbal de La Habana, y estableci en nuestra ciudad la primera estafeta pblica, en la casa de su residencia, el amplio edificio colonial que ocup durante largos aos el Hotel Luz; la plazuela y la calle de Luz deben sus nombres a esta familia, de la que fue luego descendiente famoso don Jos de la Luz y Caballero. Ms adelante, en 1764, se nombr a don Jos de Armona administrador general de rentas de la isla de Cuba para arreglar el servicio de los primeros correos martimos entre la Pennsula, La Habana y otros puertos importante de la Amrica Central al mismo tiempo que el correo interno de la Isla A l entreg De la Luz su cargo, que haba sido honorfico y anexo al de regidor. Desde entonces hubo comunicacin mensual fija entre Espaa y Cuba, mientras anteriormente slo exista dos o tres veces al ao. La oficina de Correos pas entonces a la llamada casa de Armona, en la plaza de San Francisco, edificio hoy desaparecido al construirse, en 1772, el bellsimo Palacio del Segundo Cabo, en la Plaza de Armas, fue destinado a Casa de Correos, adems de Intendencia; pero muy pronto la Real Hacienda quiso para sus dependencias todo el edificio. Entonces pas a ser Casa de Correos el que nosotros conocemos por Palacio del Marqus de Arcos, en la Plaza de la Catedral, y este ramo permaneci all hasta despus del primer tercio del siglo xix. En la poca de la ocupacin militar norteamericana, se encontraba instalado en un edificio muy antiesttico, de tres pisos, situado a continuacin del Castillo de la Fuerza, y que despus fue demolido para abrir paso hacia la Avenida de Carlos Manuel de Cspedes, donde continu por algn tiempo, bajo la Repblica, ya como Direccin General de Comunicaciones perteneciente a la Secretara de Gobernacin. A fines de 1909 se traslad a un edificio de cinco pisos que todava existe en la esquina de Teniente Rey y Mercaderes, que luego ocup el Ministerio de Comercio, y cuya arquitectura de mal gusto choca con la belleza serena de las casas seoriales de la Plaza Vieja. En 1916, la Direccin General de Comunicaciones, la Administracin de Correos de La Habana, el Centro Telefnico y el Centro Telefnico Oficial fueron instalados en el Convento de San Francisco, que haba sido objeto de una muy acertada restauracin. Durante su permanencia en este edificio la Direccin General fue elevada primero, a Secretara, y despus, en 1940, convertida en Ministerio de Comunicaciones. Permaneci en el Convento hasta que en 1956 pas a ocupar el Palacio de Comunicaciones construido en la que entonces se llamaba Plaza Cvica. Este edificio, de tipo monobloque, ocupa una superficie de 22,000 m2, a un costo de dos millones y medio de pesos; consta de dos cuerpos: uno de diez pisos y otro slo de piso bajo y extenssimos stanos. Est situado sobre el lado derecho de la Avenida de la Independencia, en la esquina de la Avenida transversal de la Plaza de la Revolucin. Biblioteca Nacional. Sobre la Avenida de la Independencia se encuentra el bello edificio de la Biblioteca Nacional, de severa y a la par atractiva sencillez, y obra de los arquitectos Govantes y Cabarrocas que tantas muestras de su noble arte han dejado en nuestra ciudad. El proyecto para este edificio, concebido primeramente para monumento a Mart de tipo funcional, y obtuvo el segundo premio en el concurso definitivo para erigir dicho monumento al Apstol. As, resulta curioso el hecho de que dado que el actual Monumento a Mart corresponde al proyecto que obtuvo el tercer premio, paradgicamente fue el que obtuvo el primer premio, —original de los artistas Sicre y Maza—, galardn que llevaba implcita su ejecucin, el nico que nunca se erigi. Este edificio fue construido (con un costo de casi tres millones de pesos), por la ya extinguida Junta de Patronos de la Biblioteca Nacional, con cargo a los fondos que pona a su disposicin una ley promulgada en 1941; ocupa 22,300 metros cuadrados, tiene dos hermosos cuerpos laterales, de dos elevadas plantas, y una torre almacn de 56 m. de alto; cuya primera piedra se coloc en 1952; fue inaugurada el 21 de febrero de 1958. Edificio 1NRA, hoy Sierra Maestra. Sobre la Avenida de la Independencia en la esquina de la calle General Surez se alza una estructura alta y estrecha, de muchos pisos —ms aun que los edificios ltimamente citados, que todos tienen varios—, recubierto en su basamento de mrmoles negros, y que tambin, por su elevacin y su situacin, obstruye la perspectiva del monumento a Mart desde la Calzada de Ayestarn y las Avenidas Diecinueve de Mayo y Veinte de Mayo. El alcalde de La Habana bajo la tirana batistiana construa este edificio con objeto de trasladar a l las oficinas del Ayuntamiento

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de La Habana; pero el Gobierno Revolucionario ha instalado all el Instituto Nacional de la Reforma Agraria, las Oficinas del Primer Ministro y otras dependencias importantes. LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA. La Universidad de La Habana, que desde su fundacin en 1728 se albergaba en el convento de San Juan de Letrn, fue instalada en la meseta de la antigua Pirotecnia Militar en 1902, utilizndose buena parte de los edificios all existentes, algunos de los cuales haban sido construidos apresuradamente, de madera, para albergar tropas norteamericanas durante la ocupacin militar que sigui a la Guerra Hispano-cubanoamericana. La Pirotecnia haba estado situada sobre una eminencia que se halla a la entrada de la parte superior del barrio del Vedado, y final de la calzada de San Lzaro. Es una situacin topogrficamente privilegiada. Poco a poco, los inadecuados barracones fueron sustituidos por pabellones, y luego por bellos edificios de estilo ms o menos clsico. Entre 1906 y 1911 se levant el Aula Magna, obra del arquitecto Emilio Heredia, en el centro del recinto; edificio que apenas tuvo efmera belleza, pero que guarda muchos recuerdos histricos; en su interior esta adornado con seis grandes frescos del pintor cubano Armando Meno-cal. En 1927 qued construida la gran escalinata de acceso, de nobleza y amplitud excepcionales, que est presidida por la bella, espiritual estatua del Alma Mater, obra del escultor yugoeslavo Mario Korbel, y a la que flanquean cuatro soberbias construcciones idnticas: los edificios dedicados respectivamente a la enseanza de la Fsica, Qumica, Farmacia y Ciencias Comerciales, obra del ingeniero J. R. Villaln, erigidos entre 1934 y 1940. Desde la cima de la escalinata se goza de una vista excepcionalmente hermosa sobre la Ciudad. La escalinata termina en el severo y bello edificio del Rectorado, de estilo a la vez ms clsico y ms moderno que el de aquellos cuatro. La Plaza Cadenas —nombrada en honor de uno de los mejores rectores que ha tenido la Universidad el ingeniero Jos Manuel Cadenas, fallecido en 1939, en el desempeo de su cargo— es otro lugar de nobleza: al Este la lomita, el Rectorado; al Norte los grandiosos edificios de la Facultad de Derecho; al Sur, la Facultad de Ciencias, cuyo bellsimo prtico clsico fue el mejor escenario para las tragedias griegas que dio a conocer a nuestro pblico el Teatro Universitario, y, por ltimo, al Oeste, el que fue levantado expresamente en 1937 para la Biblioteca General de la Universidad, obra del arquitecto Joaqun Weiss y que hasta la construccin de la Biblioteca Nacional no tena ninguno que pudiera siquiera comparrsele en todo el pas; el recinto universitario, con muchas otras atractivas construcciones: Escuela de Ingeniera, Escuela de Pedagoga, etc., algunas de ellas embellecidas con prticos y escalinatas que mucho las realzan, y con sus calles sombreadas por altos rboles, forma un conjunto de que podran' enorgullecerse muchas ciudades. La extensin que fue adquiriendo la Universidad, especialmente desde que obtuvo su autonoma, oficialmente reafirmada por la Constitucin de 1940, oblig a la construccin de varios edificios fuera de los que tradicionalmente se considera como el recinto universitario. Fue primero la Escuela de Medicina, vasto edificio de varios pisos situado en pleno Vedado, en la calle 25, entre I y J, levantada en 1937 luego, la Escuela de Veterinaria y la Escuela de Odontologa, ambas sobre el Paseo de Carlos III construidas en 1944 ambas en estilo muy moderno, obras, la primera, de Manuel Tapia Ruano, y la segunda, de Esteban Rodrguez Castells; la Escuela de Ingeniera Agronmica, realizada en estilo neobarroco por Aquiles Capablanca en 1939, y enclavada en la Quinta de los Molinos; la construccin tambin muy moderna dedicada a la Escuela de Filosofa y Letras, sobre la calle G, del Vedado, que tiene un hermoso anfiteatro para conferencias, y cerca de esta ltima, muy recientemente, las edificaciones modernsimas destinadas a comedores populares estudiantiles. Tambin cuenta la Universidad, desde 1939, con un stadium deportivo, situado sobre la colina, y desde donde se contempla un lindsimo paisaje de La Habana y sus alrededores. Al poderoso mpetu que anima al Gobierno Revolucionario, se est construyendo en los terrenos del antiguo central Toledo, cerca de Marianao, la fu tura Ciudad Universitaria Jos Antonio Echevarra, de la que se espera sea una de las mejores, si no la mejor, de toda la Amrica Latina. Ya estn muy adelantados los trabajos del importantsimo sector que en ella se consagrar a la Tecnologa. Pero confiamos en que su eterna belleza y su heroica tradicin revolucionaria hagan perdurar para siempre en el corazn de La Habana ese lugar de serenidad y de sencilla grandeza que es la ya vieja Universidad, tan enraizada en la historia de nuestra nacionalidad.

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GRUPO DEL CENTRO CVICO DE MARIANAO. Es un grupo de edificios escolares y benficos, todos de estilo moderno, erigidos entre 1940 y 1948 por el arquitecto Prez Benitoa en torno del obelisco situado en el centro de la llamada Plaza Cvica de Marianao al final de la antigua Calzada de Columbia, hoy Avenida 41. Incluye la Escuela Normal de Kindergarten, la Escuela del Hogar, el Centro Escolar Flor Martiana, el Hogar de Ancianos y el Instituto de Marianao. El fondo de la esplanada queda cerrado, a cierta distancia, porel vastsimo edificio del hospital, que por aquella poca comenz a erigirse para Hospital Nacional y que se convirti en Hospital Militar Dr. Carlos J. Finlay. L os CENTROS ESPAOLES. Los espaoles que durante la poca colonial y hasta muy entrada la de la Repblica, emigraban a Cuba, y aqu se vean sin familia, sin amistades y a veces por largo tiempo sin grandes recursos, sintieron la necesidad de unirse para proteccin mutua, y de aqu naci la creacin de los llamados centros regionales, de los cuales fueron los principales el Centro Gallego, el Centro Asturiano, el Centro Castellano y el Centre Ctala, etc., que al principio no admitan socios cubanos, y luego, no los aceptaban para formar parte de sus juntas directivas. Existan, adems, el Centro de Dependientes que como su nombre lo indica, a pesar de ser bsicamente espaol, no mostraba al menos reglamentariamente, aquellos exclusivismos. Tambin se haba fundado, mucho antes, desde la poca de la Guerra de los Diez Aos, en 1869, el Casino Espaol, con otro carcter: sus socios eran en general, gente adinerada que sostena el Casino por sentimiento patritico y como club elegante. Los dems fueron instituciones mutualistas caractersticas de La Habana republicana y con ramificaciones en el interior de la Isla. Como era de esperarse, de lo primero que se preocuparon, apenas se sintieron un tantito fuertes, fue de procurarse buenas quintas o casas de salud, ya que la asistencia mdica y hospitalaria era su principal finalidad, y es justo reconocer que frente a la dejadez mostrada en este terreno por muchos gobiernos republicanos, los centros espaoles resolvieron satisfactoriamente ese problema importantsimo a una buena parte de la poblacin, especialmente a la residente en La Habana. As vemos que el Centro Asturiano, fundado en 1888, tena una buena casa de salud, La Covadonga, desde 1905. Pero luego satisfecha esta primordial necesidad quisieron dejar las casas en que primeramente haban desarrollado sus actividades, y construir verdaderos palacios cuya magnificencia respondiese a la pujanza econmica adquirida por los centros que las erigan. Cuatro son estos palacios, dos de ellos, en el Paseo de Mart y dos en el Parque Central. El primero de todos, en orden cronolgico es el que erigi en 1907 el Centro de Dependientes en la esquina del Paseo de Mart y la calle de Trocadero, tiene cuatro pisos y su estilo se inspira en el del Palacio Vendramini, de Venecia; su escalera monumental y su vastsimo saln de fiestas —todos estos centros celebraban grandes bailes, especialmente durante la temporada carnavalesca—, hicieron sensacin en La Habana que, sufriendo todava las consecuencias de las guerras contra Espaa, no estaba habituada a tales magnificencias. En 1912 se levantaba en el mismo Paseo de Mart, pero en la acera opuesta y en la esquina de la calle de Animas el edificio social del Casino Espaol con un costo de $118,000 oro espaol —todava no posea Cuba moneda propia, y tenan curso legal la espaola y la norteamericana. Su estilo es el ms fino y bello plateresco, que lo hace lucir como una verdadera joya arquitectnica; y en sus salones, adems da las habituales fiestas, se han celebrado, de tiempo en tiempo, interesantes exposiciones de buenos artistas espaoles; ideolgicamente, ha representado siempre, y en particular en los ltimos treinta aos, las tendencias ms regresivas del pensamiento espaol. Muy poco despus qued terminado uno de los dos palacios modernos que en el Parque Central alternan con las columnatas neoclsicas y con el Teatro Payret reconstruido: el del Centro Gallego, que ocupa la manzana formada por el Paseo de Mart y las calles de Consulado, San Rafael y San Jos. Es una estructura de cuatro pisos, en cuyo anterior se encuentra el antiguo Teatro Nacional hoy Teatro Garca horca, y cuya fachada se adorna con varios grupos escultricos en mrmol; su autor fue el arquitecto belga Jean Beleau coautor del Palacio Presidencial, quien lo comenz en 1910; los peritos ante esa obra arquitectnica hablan de muchas influencias: del estilo Renacimiento espaol, del Renacimiento francs, hasta del barroco. Nosotros, profanos, no alcanzamos a ver mas que el estilo recargado y pretencioso. Lo cual no obsta para que este edificio que hoy ha sido entregado por el Gobierno Revolucionario 3 la Sociedad de Amistad Cubanoespaola, contenga verdaderas bellezas.

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El ltimo de estos palacios es el del Centro Asturiano que se alza en la manzana formada frente al Parque Central por las calles de Zulueta, Monserrate, Obispo y San Jos. En este mismo lugar haba adquirido ese centro en 1887 —su fundacin databa del ao anterior el Palacio del Marqus de la Vega de Anzo, vasta construccin neoclsica, de altsima columnata, en el centro de cuya fachada por la calle de Obispo se proyectaba la del Teatro Albisu, que formaba parte del edificio; ste se hallaba entonces arrendado al Casino Espaol, y hasta 1897 no pudieron los asturianos instalar all su domicilio social. En 1918, un incendio destruy toda la manzana, que entonces albergaba tambin al Colegio Jovellanos, para hijos de los socios. El nuevo palacio se inaugur en 1928, cuando el Centro Asturiano contaba 60,000 socios, y luce como el ms grandioso de todos. Se alza a una altura de cuatro pisos, y su autor fue el arquitecto espaol Manuel del Busto. Su estilo es el Renacimiento espaol, de tipo herreriano; se dice que se asemeja mucho a la Casa de Correos de Madrid, y de la altura desigual de las cuatro elevadas torres que adornan sus ngulos se debe al hecho de que simbolizan a las cuatro diferentes provincias que integran la regin asturiana. Actualmente este hermos simo edificio est entregado a la niez cubana: es el Palacio de los Pioneros. LOS HOTELES Si prescindimos de los dos hoteles situados sobre el Parque Central: el Hotel Inglaterra, que viene de la poca colonial, aunque mas tarde se le agregaron dos pisos; y el Hotel Plaza, procedente de los primeros tiempos republicanos; si nos olvidamos del Hotel Sevilla, en Trocadero y Zulueta, que nunca fue bello, y, sobre todo, del desastroso anexo que le fue permitido erigir para romper la perspectiva del Paseo de Mart; si dedicamos tan slo un recuerdo al Hotel y Caf Miramar, en un tiempo —en los buenos tiempos de la Glorieta del Malecn— el ms caro y elegante, y cuyo edificio an se conserva, vaco y desolado, en la esquina del Paseo de Mart y la Avenida Maceo; entonces el primer lugar, por orden cronolgico, entre los grandes hoteles habaneros, corresponde al Hotel Nacional, erigido en 1930, bajo la dictadura de Gerardo Machado; a pesar de su nombre, se basaba precisamente en la cesin, a favor de una compaa extranjera, de un valiossimo terreno situado entre la Avenida Washington, la calle 23, 19 y O del Vedado y la Avenida Menocal; all haba estado emplazada, en los tiempos coloniales, una especie de fortaleza, la Batera de Santa Clara, as llamada porque el capitn general bajo cuyo mando (1776-1779) se construy, Juan Procopio Bassecourt, llevaba el ttulo de Conde de Santa Clara. La compaa hotelera se comprometa, entre otras cosas a reservar, gratuitamente algunos de sus departamentos ms lujosos para los invitados del Gobierno. El edificio es hermossimo, construido en muy bello estilo plateresco espaol. Hay una leyenda relacionada con el lugar en que se construy.

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Debajo del promontorio en que se hunden sus cimientos haba varias cuevas, y una de ellas, existente todava en las primeras dcadas del siglo XIX, era la clebre Cueva de Taganana, as llamada porque una leyenda aseguraba que haba servido de refugio, en el siglo XVI, a un indio de ese nombre; y la leyenda sirvi de base a una narracin del famoso novelista cubano Cirilo Villaverde. El Hotel Nacional ha entrado en la historia de Cuba con motivo del trgico episodio de que fueron protagonistas, en 1933 los oficiales del ya entonces extinguido Ejrcito Nacional, y a que nos referimos en otro lugar: entonces La Habana presenci, por prim era vez en varios siglos, el dramtico espectculo de un combate dentro de su recinto. Aunque despus se han edificado otros hotel es ms grandes, ms alto s, ms modernos, creemos que la belleza exquisita de su arquitectura, la frescura y amplitud de sus portales, el encanto de sus jardines, y, sobre todo, su privilegiada posicin, en una altura frente al Golfo, lo conservarn para siempre en primera fila. Los otros principale s hoteles son el Hotel Vedado, en O entre 25 y 27; el Hotel Rosita de Homedo, al principio de la calle Primera en el Reparto Miramar; el Havana Riviera, en Primera y Avenida de Alcaldes, en El Vedado; el Hotel Deauville, en la Avenida de Italia esquina a Avenida de Maceo; el Hotel Capri, en las calles 21 y N; y el mayor y ms imponente de todos el Hotel Hilton, que ocupa toda la manzana comprendida entre las calles L, M, 23 y 25, que por su elevacin se hace visible desde lugares muy apartados dentro de la Ciudad. Con excepcin de los dos primeros, los restantes, ultramodernos, lujosos hasta el derroche y la ostentacin insolentes, fueron construidos durante los ltimos tiempos de la tirana batistiana, especialmente para casinos de juegos que atrajesen a los elementos que podran llamarse la clase superior del hampa; y efectivamente respondieron a ese propsito con una historia de enormes escndalos, donde no faltaron trgicos hechos de sang re; y como eran de sobra conocidas las vinculaciones de aquellos rufianes con Batista y sus principales secuaces, ello contribuy a arrojar an ms lodo sangrante sobre el rgimen. Cada uno de aquellos hermosos hoteles era una mancha sobre la Ciudad. La Revolucin los ha dignificado: el Habana Hilton es ahora Habana Libre, y alberga a numerossimos

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becados, y sus salones se utilizan para asambleas, actos y reuniones populares; el Rosita de Homedo es hoy Hotel Sierra Maestra, y all radica la Junta Central de Planificacin; en el Habana-Riviera funciona una dependencia del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos; y as todos van encontrando un destino til y noble dentro de la sociedad nueva. LOS CLUBS-BALNEARIOS, HOY CRCULOS SOCIALES OBREROS. No es posible dejar de citar un tipo de edificios que contribuye a dar a La Habana su fisonoma propia. Son los clubs-balnearios del litoral, establecidos para la prctica de diferentes deportes y el disfrute del mar, del sol, de la brisa marina. Se suceden a lo largo de la costa del Golfo, frente al mar libre, brindando el siempre soberbio espectculo de un horizonte de agua y cielo, desde el final de El Vedado, muy cerca de la desembocadura del Almendares, donde luce su alegre elegancia el que fue Vedado Tennis Club hasta ms all de la Playa de Jaimanitas, donde muestra su esplndida arquitectura el que un da se apellidara, orgulloso, Havana Biltmore Yacbt Club, como posados junto a los arrecifes de la lnea costera del Reparto Miramar y recostados luego en torno del amplio semicrculo de la Playa de Marianao. De distintos estilos, entre los que predomina el moderno, ms o menos sencillos, ms o menos suntuosos, son todos ellos hermosos edificios amplios, confortables, risueos, hechos para el reposo y el recreo, y dedicados tambin, antes, al ocio, la frivolidad y la ostentacin. El ms antiguo, y el que se consideraba ms aristocrtico era el Havana Yacht Club, en la Playa de Marianao, de exquisito estilo francs, cuya historia de fiestas elegantes se remonta hasta el siglo xix. El representante de la nueva opulencia era el citado Havana Biltmore Yacht Club; y todos constituan un despojo a las clases populares, a quienes, con la creacin de estas sociedades particulares, se les cerraba el acceso a los buenos lugares de playa. La Revolucin lleg muy pronto a estos clubs, y los ha transformado por completo, abrindolos al pueblo entero, derribando para siempre las odiosas barreras que los convertan en predio exclusivo de los privilegiados, y convirtindolos en Crculos Sociales Obreros. Tambin, borrando sus antiguos nombres, que, adems, conllevaban casi todos ellos un sello de extranjerismo, ha hecho que cada uno de ellos recuerde y glorifique a un mrtir revolucionario. As, el que fue Vedado Tennis Club es ahora Crculo Social Obrero Jos Antonio Echeverra, el Presidente de la Federacin Estudiantil Universitaria asesinado frente al muro de la Universidad; el antiguo Casino Deportivo rememora a Jos Ramn Rodrguez Lpez; el Miramar Yacht Club, a Patricio Lumumba; el Club de Profesionales, al Comandante Fajardo, mdico y gran combatiente del Ejrcito Rebelde; el Balneario Universitario, al estudiante Gustavo A. Mejas; Hijas de Galicia, a Jos Luis Tassende, hroe del ataque al Moneada; Cubaneleco a Otto Parellada; Club de Ferreteros, a Armando Mestro; La Concha, a Braulio Coroneaux; el Havana Yacht Club, al gran lder antimperialista Julio Antonio Mella; el Casino Militar, a Gerardo Abreu Fontn; el Club Nutico, a Flix Elmuza; y, por ltimo, el Havana Biltmore Yacht Club lleva ahora el nombre cubansimo de Cubanacn. Y el pueblo goza en ellos el descanso y el recreo a que tiene pleno derecho. Son stas de las cosas que alegran el espritu en la Cuba Revolucionaria. Lo mismo que, para un habanero, pasar por delante de un gran edificio gris, enclavado entre la Avenida Menocal y la Rampa, que fue primero Cinedromo, y luego Cabaret Montmartre, y ver sobre su ancha puerta un rtulo: Escuela Tecnolgica Manuel Ascunce Domenech: en vez del vicio, la instruccin para el trabajo, bajo el nombre del joven alfabetizador asesinado por los contrarrevolucionarios...

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INDICE 32. –ULTIMA VISION RETROSPECTIVA.........................................................................................3 33. –DESARROLLO DE LA CIUDAD. BARRIOS Y REPARTOS...................................................5 34. –LAS CALLES Y SUS DENOMINACIONES.............................................................................13 35. –LUGARES Y EDIFICIOS HABANEROS QUE OFICIALMENTE HAN SIDO DECLARADOS MONUMENTOS NACIONALES...........................................................................28 36. –PLAZAS DE LA HABANA ANTIGUA.....................................................................................32 37. –PARQUES Y PLAZAS DE LA HABANA MODERNA...........................................................43 38. –CAMINOS, PUENTES Y TNELES.........................................................................................55 39. –PASEOS Y AVENIDAS......................................................................................................... .....60 40. –LA ARQUITECTURA COLONIAL HABANERA....................................................................74 41. –EDIFICIOS DE CARCTER RELIGIOSO................................................................................79 42. –EDIFICIOS DE CARCTER CIVIL Y DE CARCTER DOMESTICO EN LA POCA COLONIAL....................................................................................................................... ...................97 43. –LA ARQUITECTURA REPUBLICANA HABANERA..........................................................133 44. –EDIFICIOS DE CARCTER CIVIL EN LA ERA REPUBLICANA.....................................141 INDICE......................................................................................................................... ......................153