Citation
La Habana antigua

Material Information

Title:
La Habana antigua la Plaza de armas
Series Title:
Cuadernos de historia habanera, dirigidos por Emilio Roig de Leuchsenring ... 2
Creator:
Roig de Leuchsenring, Emilio, 1889-1964
Place of Publication:
Habana
Publisher:
Municipio de la Habana
Publication Date:
Language:
Spanish
Physical Description:
1 online resource (100 pages, l leaves) : including plates. ;

Subjects

Subjects / Keywords:
Streets -- Cuba -- Havana ( lcsh )
Streets ( fast )
Calles -- Cuba -- La Habana ( qlsp )
Cuba -- Havana ( fast )

Notes

Statement of Responsibility:
por Emilio Roig de Leuchsenring; ilustraciones de Caravia.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
University of Florida
Rights Management:
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Resource Identifier:
609232693 ( OCLC )
36372313 ( ALEPH )
Classification:
F1799.H3 R73 ( lcc )
972.91 ( ddc )

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CUADERNOS DE DISTO II IA HABANERA Dirigidos por Emilio Roig de Leuchsenring Historiador de la Ciudad de La H ab ana 2 / LA HABANA ANTICUA: UA PLAZA DE ARMAS Emilio Roig de Leaehsenring Ilustracin es de Caravla MUNICIPIO DE LA HABANA Administracin del Alcalde Dr. Guillermo Belt y Ramrez 1935

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Palabras 1 Jemos querido aprovechar la actualidad que nos ofrece Ea inauguracin de las obras de restauracin y embellecimiento que por iniciativa felicsima del actual Alcalde de La Habana, Dr Guillermo Bell y Ramrez se han realizado en el parque de la Plaza de Armas, para ofrecer en este CUADERNO la historia de dicha, Plaza, la ms antigua e importante de las que ha tenido, desde sus primeros tiempos coloniales hasta los presentes republicanos ? nuestra ciudad de San Cristbal de La Habana Pero no nos limitamos a narrar las diversas transformaciones que la mencionada Plaza ha experimentado con el correr de los aos, sino que tambin presentamos la historia de los edificios pblicos que la circundan: el castillo de La Fuerza; El Templete; La Intendencia y Casa de Correos o Palacio del Segundo Cabo, hoy residencia del Tribunal Supremo de Justicia; y la Casa de Gobierno o Palacio Municipal Y no podamos dejar de hablar, igualmente, como lo hacemos, sobre la Parroquial Mayor, que se levant en parte del terreno que hoy ocupa el Palacio Municipal En esta Plaza de Armas y en sus edificios circundantes puede decirse, sin exageracin, que se ha desarrollado la historia no slo de La Habana, sino tambin de toda la Isla, tanto en la colonia como en la repblica pues en los primeros siglos de la colonizacin, Cuba estaba reducida, en lo que se refiere a las actividades comerciales y principalmente polticas, a La Habana, y por residir casi habualmmte en la Plaza de Annas y sus alrededores, el Gobernador, el Cabildo, las Autoridades Militares y el Cura Prroco, de esta Plaza irradiaban las rdenes y disposiciones para el gobierno de la Isla, en todos esos ramos diversos.

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Continuaron morando en la Casa de Gobierno los capitanes generales espaoles durante los siglos XVIII y XIX y tambin los gobernadores militares norteamericanos y los tres primeros presidentes de la Repblica Todos estos supremos gobernantes convertidos a veces en verdaderos monarcas absolutos disponan desde esta Plaza de los destinos de la Isla y de la suerte, ms adversa que feliz, generalmente, de sus habitantes Hoy, slo reside aqu la primera autoridad municipal A ella debe corresponder f por tanto t el cuidado conservacin y embellecimiento de la Plaza de Armas Por haberlo entendido as, certeramente, el actual Alcalde ha llevado a cabo con la colaboracin del jefe del Departamento Municipal, arquitecto Emilio Vasconcelos ¡, las obras de restauracin de la Plaza, que kan de ser inauguradas el 16 de noviembre de este ao de 1935, en la fiesta de San Cristbal, patrono de La Habana En este trabajo, que ver la luz pblica en esa fecha no hemos pretendido ni mucho menos, agotar la materia, sino tan slo divulgar, compendiadamcnte hechos personajes, noticias y documentos no bien conocidos de la actual generacin y de los que nos proponemos tratar con mayor amplitud en sucesivos CUADERNOS Emilio Boig de Leuchsenking, Historiador do la Ciudad do La Habana*

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La Plaza. Muy escasas son las noticias que han llegado hasta nosotros de los primeros anos de la historia colonial de La Habana. De las dos fuentes documentales de investigacin de que podemos echar mano — los Libros de Actas del Cabildo habanero y el Archivo General de Indias, de Sevilla — nada encontramos en los primeros antes del 30 de julio de 1550 en que comienzan los Libros existentes, pues los anteriores a esa fecha se perdieron Cuando el incendio de la poblacin por el pirata francs Jaeques de Sores, en 1555. En el Archivo de Indias, segn recientes investigaciones de la historiadora norteamericana Irene A. Wright (1), no son muy abundantes los documentos all conservados que tengan fecha anterior al ao 1550. Declara dicha historiadora que no ha encontrado documento alguno relativo a las expediciones de Narvez en 1513‘1514, ni tampoco referente a la fundacin de La Habana ni a su traslacin a la costa septentrional Descubierta la isla de Cuba en 1492, Cristbal Coln explor entonces parte pequea de su costa Norte, y dos aos ms tarde, en 1494, la costa Sur, hasta, ms all, por el Oeste, de la isla de Pinos. A fines de 1510 o principios de 1511, Diego Velzque, atrado por ]as noticias de marinos nufragos sobre la riqueza de la Isla, trat de explorarla, partiendo, al efecto, con una expedicin de Salvatierra de la Sabana. (1) Irene A. Wright, Historia Documentada de Ban Cristbal de Iai Habana en el siglo JCVI t basada en los documentos originales existentes en el Archivo General de Indias en Sevilla, La Habana, 1927. 2 t

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8 CUADERNOS DB HISTORIA HABANERA En 1518, Pnfilo de Nar vaez, Fray Bartolom de las Casas y un grupo de espaolea, emprendieron la conquista de Cuba desde la parte Occidental, llegando hasta Cienfuegos, donde se reunieron con Velzquez, dirigindose despus a la costaSur, fundando una poblacin que ms tardo sera La Habana. Da Miss Wright como fecha posible de la fundacin de La Habana la de 25 de julio de 1514, basndose en una comunicacin del Gobernador y Oficiales Reales dirigida al Rey desde Santiago de Cuba, en 1* de agosto de 1515 (2), “Parece — dice dicha historiadora, especulando con los datos que ofrece este documento— fijar la focha de la fundacin do Cuba en 25 de julio de 1515, Afirma que en V> de agosto de 1515 haba siete iglesias en la Isla; se sabe quo una era la de la Asuncin de Baracoa, y otra la del Bayamo, y es lgico suponer que las dems fueran las de Ja Trinidad, Sancti SpMtus, Puerto Prncipe y La Habana, respectivamente. La sptima y ltima estara probablemente en la sptima y ltima poblacin establecida, que era Santiago de Cuba. La Habana debi haber sido fundada, con su iglesia, entre mero de 1518 y L de agosto de 1515, En vista del nombre que lleva es lgico suponer que fue fundada en el da de San Cristbal, que es el 25 de julio, y necesariamente del ao 1514, porque, dada la distancia quo media entre La Habana y Santiago de Cuba, m hubiera sido del ao 1515, no era posible informar al Gobernador y Oficiales que all estaban en el breve perodo de tiempo entre 25 de julio y el 1* de agosto. 1 No fu, como se ha visto, la hoy capital de la Repblica de Cuba, la primera de las poblaciones fundadas en la Isla por su primer teniente gobernador Diego Yelzquez de Cullar, ni se encuentra situada, tampoco, actualmente, en el primitivo lugar que para erigirla escogi Velzquez. En efecto, en la fecha probable ya citada, erigi ste, con la autoridad do su alto cargo, en nombre de los Reyes de Espaa, la villa de San Cristbal de la Habana, en la costa Sur del Cacicazgo indio de La Habana, junto a la desembocadura del ro Gines, May ab que u Onieajinal. Necesidades de la navegacin hicieron que La Habana se fundara en la costa Sur, de manera que su puerto sirviera de refugio a los barcos nufragos que regre(2) Irene A. WrJght, o), cit. t. T P p. fi.

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IiA PLAZA DE ARMAS 9 saban del Istmo de Darin y de base de operaciones y aprovisinala lento a los navios que iban en busca de oro. Se le dio ese nombre en atencin ? como indica Miss Wright, a la fecha en que tuvo lugar el acontecimiento, y tambin ai nombre del Primer Almirante y a la denominacin que de ios siboneyes reciba aquella comarca* Pero bien pronto pudo comprobarse que el lugar elegido era inadecuado, ya por lo bajo y malsano, ya por la existencia de plagas de hormigas y mosquitos, ya por otras causas poderosas, qu% hacan imposible la vida de sus habitantes y por ende la probabilidad de que la nueva poblacin, creciera y progresara; y en vista de todo ello se traslad la villa a la desembocadura del ro Cac guaguas, Chorrera o Almendares* Mas no pareciendo tampoco reunir este sitio las condiciones que sus moradores anhelaban para su seguridad y vida tranquila y estable, resolvi Velzqnez trasladar, esta vez definitivamente, la villa de San Cristbal de La Habana al puerto de Carenas, descubierto por el capitn Sebastin de Ocampo en la expedicin que por rdenes de! en comen dador don Nicols de Ovando emprendi en 1508 con objeto de averiguar si Coba era o no una Isla, puerto que era conocido de Fernndez de Crdoba, Gri jaiva y otros marinos. Solemnemente debi celebrarse en 1519 el establecimiento de Ja Villa on este Lugar, que es el mismo que hoy ocupa nuestra capital Segn la tradicin, se eligi para solemnizar ese suceso el ib de noviembre, por ser esa la nueva fecha ele la festividad de San Cristbal, patrono de La Habana* Y cuenta la misma tradicin que consisti ese trascendental acto en la celebracin, al pie de corpulenta ceiba, de una misa y un cabildo, en el mismo sitio, donde, para rememorarlos, se levant en 1754 una pilastra, y despus, un templete inaugurado el 19 de marzo de 1828, segn a todo ello nos referimos pormen erizadamente en este trabajo. Ademas de ese acto solemne inaugural debieron tomarse por Velzquez aquellas disposiciones acostumbradas de la poca para la creacin de villas en el Nuevo Mundo. Emeterio S. Santovenia (3) ha dejando grficamente descrito (3) El destino histrico de La Habana antigua. En la revista Z7tverxidad de Tm Habana, La Habana, 1935, nm. 8-9, p. 58.

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10 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA cmo m creaba una villa en los das de la conquista. 'Lo primero — dice — consista en escoger el paraje, que no siempre resultaba el ms adecuado. Luego, sobre el terreno, quien baca de cabeza en el grupo de pobladores castellanos, trazaba las calles perpendicularmente, aunque sin cuidarse mucho de hacerlo con absoluta exactitud. Al centro, en la convergencia de las vas principales, se dejaba espacio para una plaza. En torno a la plaza eran elegidos sendos solares para la casa del gobierno municipal, para un templo del culto catlico y para un edificio destinado a las granjerias reales* De esta manera, en la disposicin de cada villa, los tres soportes de la conquista — el Rey, la Iglesia y el Municipio — tenan asiento fijo y preferente* Por ltimo, cuando iban alzndose las sencillas casas de la villa — casi todas, si no todas, de tabla y guano o yagua y paja — en lo cimero de cada una se clavaba una cruz. La cruz anunciaba que all contaba con seoro propio la doctrina de la fe catlica, nica admitida y propagada por los virreyes, gobernadores, justicias, oficiales, caballeros, escuderos y hombres buenos de ios tiempos en que los monarcas espaoles empezaban a acostumbrarse a que el sol no se pusiera en sus dominios. J? As ocurri en la fundacin de la villa de San Cristbal de La Habana. Vclzqucz, gobernador, asign vecindades y encomiendas en las inmediaciones de la actual Habana* Y entre esas, en primer trmino, a su primo Juan de Rojas, pensando Miss Wright que fuera adems este designado teniente de guerra, en 1519, y que el tener ms intereses en la costa Norte que en la Sur influyera en la traslacin de La Habana a su emplazamiento definitivo* Afirma la mencionada historiadora, basndose en documentos dei Archivo de Indias, que en 1519 Grijalva encontr vecinos en la costa Norte que le vendieron bastimentos, y Cortes tambin, en la costa Sur los encontr, y entre ellos a Juan Xez Sedeo, uno de los primeros nombres de vecinos que ha llegado hasta nosotros. Hasta 1538 no se decidi la Corona a fortificar La Habana, segn documento, el primero por Miss Wright citado, que se guarda en el Archivo de Indias, de fecha 20 de marzo de 1538, encomendando la Reina al adelantado don Hernando de Soto, gobernador de la Isla, la construccin de una fortaleza en La Habana, segn veremos al hablar del castillo de La Fuerza*

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LA PLAZA DE ARMAS 11 Dos motivos poderosos contribuyeron a que el nuevo lugar elegido para el establecimiento de la villa de La Habana tuviese el carcter de permanente y definitivo : la magnificencia del puerto, dotado de admirables condiciones de amplitud y segurr dad, as como su estratgica colocacin; y las condiciones topogrficas del terreno, llano en una gran extensin, y de clima benigno y saludable para los extranjeras y con inmediato acceso a Ja baha y boca del puerto, lo que facilitaba el embarque y desembarque de las mercancas* La pennsula donde se asent definitivamente La Habana, era tan frtil que dice Jos Mara de la Torre (4), “no slo abundaban, en ella arbustos como tunas, h i cacos, uvas caletas y otros frutales, sino aun rboles mayores como jago as, anones, mamones, ceibas y aun cedros; jobos y caobas *\ Tambin eran abundantes las tortugas y los cangrejos. Sobre estos ltimos cita dicho autor que segn un viajero en 1598, “abundaban tanto que hacan ruido como las tropas cuando de noche iban a la poblacin en busca de desperdicios, lo que no debe extraar — agrega — al que los haya visto por el puente de Chvez y sus cercanas (que tomaron el nombre de los Cangrejos) ” ; y en cuanto a las tortugas, relata Prez Beato (5) que “era uno de los ramos de ms consumo en la Isla, y en forma de tasajo para las tripulaciones de los buques,*, en diferentes ocasiones tuvo el Cabildo que dictar providencias para que no se mataran las tortugas en parajes inmediatos a la poblacin, y en 1590 &e mand que no se matasen en la proximidad de San Francisco, sino ms adelante, por el perjuicio a la salud y el mal olor de sus despojos 5 esta abundancia de tortugas di lugar a que durante el siglo XVI se llamara Playa de las Tortugas a la playa donde despus estuvo, al comienzo de la calle de Cuba, la Cortina de Valds He los documentos encontrados en el Archivo de Indias por Miss Wright, puede deducirse que (6) “los primeros alcaldes y regidores fueron nombrados probablemente por Velzquez o su teniente de La Habana,*, que Diego de Castaeda era alcalde (4) Jos 6 Mara de la Torre, Lo que fuimos y lo que somos o La Habana antigua y moderna ; La Habana, 1857, p, 8. (5) Manuel Prez Beato, Habana histrica y tradicional. En Archivo del Folklore Cubano La Habana, 1925, vol. I, nm. 3, p. 216. (6) Irene A Wright, ob, eit., t I, p. 8-10*

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12 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA de La Habana cuando Juan Ponce muri all; Juan de Ohas era tenedor de difuntos. En 1532 Domingo de Queso y Francisco de Madrid eran alcaldes; regidores, Juan de Hojas y Juan de B&Yn en 1533 Juan Bono de Quexo era teniente de gobernador.,' y se le haba acusada de embarcar el oro para Espaa de manera que defraudaba a la Corona. Los Quexos (Domingo era hijo de Juan) parecen haber sido conquistadores de la regin de La Habana. Eran poderosos y prsperos; y eso tal vez explica por qu eran tambin reaccionarios 7 '. Presume la historiadora que ‘‘un alcalde primero y otro segundo y tres regidores constituan el primitivo cabildo, el cual lo presida ei teniente a guerra”, que haba escribanos y alguacil, pues de un documento aparece que Diego de Oabad i lia fue nombrado escribano del numero y consejo de La Habana en 12 de octubre de 1523. El procurador era elegido por el Cabildo. Despus de 1578 S. M. nombraba regidores perpetuos. En 1528 ia Corona dispuso la eleccin de procurador por sufragio popular el primero de cada ao, sin que ello se cumpliese estrictamente, pues el Cabildo sigui eligindolo, convertido, como lo estuvo, en una pequea oligarqua dictatorial, contra la cual se levant, en la primavera de 1528, una asamblea reunida en Santiago de Cuba, que recurri, en protesta a la Corona. La camarilla, de esta dictadura oligrquica habanera, imitada despus tantas veces en ia colonia y en la repblica, estaba dirigida por los Quesos, por Juan de Hojas y por Juan de Bazan. La Habana de entonces era un pobre casero de bohos que Mm Wright coloca “a lo largo de la orilla de la baha 7 desde el sitio donde estuvo, en la antigua calle de Tacn, la Secretara de Estado destruida por el gobierno de Machado, hasta donde se encuentra ia Lonja. Los vecinos principales moraban en ios alrededores de la plaza. Las ocupaciones preferentes de los habitantes eran la ganadera y la agricultura. La carne de vaca era adobada para exportarla, y de las cosechas de sus estancias se provisionahan Jos navios de trnsito que hacan escala en la baha de La Habana. Ai hecho de elegir el Dr. Gonzalo Prez de Angulo, que desde 1550 era gobernador de la Isla, la villa de San Cristbal de La Habana para su residencia, y de que despus, en 1556, el entonces gobernador capitn Diego de Ma^ariegos, cumpliendo lo

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LA PLAZA DK ARMAS 13 dispuesto por el Rey, fijase su residencia oficial en La Habana, “por ser el lugar de reunin de las naves de todas i as Indias y la llave de ellas”, se debe, as como a las ya mencionadas condiciones topogrficas especiales del lugar y principalmente de su puerto, el que quedase ya convertida definitivamente La Habana en capital de la Isla, morando en ella ininterrumpidamente todos los sucesivos gobernadores, representantes de los Reyes de Espaa. Pero a pesar de sto no fue muy notable que digamos el progreso alcanzado por La Habana, pues en las elecciones para alcaldes y regidores celebradas en V> de enero de 1554 solo votaron 34 vecinos, incluyendo entre ellos al propio gobernador Gonzalo £S6rez de Angulo, segn consta en el acta del cabildo correspondiente. En cabildo de 3 de marzo de 1559 se seal nueva plaza de la villa, “pues que la fortaleza que se tace ocupa la que de antes haba para ello digeron que sea la plaza de cuatro solares tanto en ancho como en largo en que estn los bu j ios de Alonso Indio la calle en medio qued que hoy la estacasen para que ninguno se meta en ella a hacer casa que lo seale el seor teniente Juan de Rojas Antonio de la Torre todos los dems justicia regidores hoy dicho da”. Esta nueva plaza u abandonada tambin, segn aparece de las declaraciones que hizo el gobernador Francisco Carroo en el cabildo celebrado el 13 de septiembre de 1577, recogidas en el acta de dicho cabildo, en la siguiente forma; “En este da dijo el Seor Gobernador que ya sus mercedes saben como la plaza que esta sealada para esta villa esta llena, do monto y que al presente parece que el pueblo se va estendiendo acia la fortaleza vieja que la plaza que esta junto la iglesia la fortaleza con las casas que se han de derribar por razn de la dicha fortaleza sera muy bastante plaza para esta villa aunque tenga muchos vecinos mas le parece que todas los solares que fueren en la dicha plaza dejando sus calles formadas en ella so den censo perpetuo para propios dcsta villa para qutf si fuere necesario andando el tiempo que aquella sea plaza quede esta villa la propiedad de los dichos solares; que en esto se provea por los dichos Seores lo que les pareciere que conviene’*.

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14 CUADERNOS DE HISTORIA KABAHERA El Cabildo se mostr de acuerdo con estas indicaciones del Gobernador, y despus de “visto e platicado sobre lo susodicho digeron los dichos Seores Justicia 6 Regidores que les parece ser cosa conveniente al bien pro desta villa el que se sealen los dichos solares en la dicha plaza se den a censo para los dichos propios que para sealar los dichos solares los pueda sealar el diputado que es fuere 6 que para hacer esto se desmonte la plaza costa de la villa los Seores Alonso de Rojas Francisco de Aval os Rodrigo Carroo Bartolom Cepcro despus de la limpia tracen los solares que hubiere en, ella por la medida que las pareciere en que mas aprovechamiento sea desta villa ans mismo mandaron el procurador desta villa tenga cargo de hacerlo desmontar limpiar luego ” Como dice La Torre (7), la Plaza de Armas, o Plaza de la Iglesia, “fue el centro de donde irradi ta poblacin. Extendindose primero desde all por las calles de los Oficios y de los Mercaderes* como ms prximas al punto de desembarque de los bajeles: por la calle Real (llamada despus de la Muralla), que daba salida al campo en un principio (no por la Calzada del Monte, sino por el Camino de San Antonio o sea callo de la Reina) ; en seguida por la parte Norte de la. calle de la Habana y despus por las de Aguiar y Cuba, porque conducan al torren de la Caleta, donde de da y noche haban vigilantes para avisar la llegada de piratas, y adems serva entonces de paseo su ("alzada, orillada de uveros y otros arbustos”. Notable era el progreso que, dentro de la poca, haba alcanzado ya la villa de San Cristbal de La Habana a fines del siglo XVI. Frecuentado su puerto, por el refugio seguro que ofreca a los barcos que regresaban a Espaa y la facilidad de hacer aguada y aprovisionarse; resguardada, mejor que las dems vilas de la Isla, de los ataques de piratas y corsarios, gracias al castillo de La Fuerza, terminado de construir hacia el ao 1577; ventajas que, como expresa. Guiteras (8) produjeron que “la poblacin afluy a vivir en ella y sus cercanas, donde ya empezaban a dedicarse al cultivo del tabaco y la caa eon auxilio de negros esclavos; y de catorce a diez y seis mil almas que quizs (7) Ob. cit. t p. 17. (8) Pedro Jos Guiteras, Historia de la' isla de Cuba, La Habana, Ed. de 1928, t II, p. 90,

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LA PLAZA DE ARMAS 15 tena entonces la Isla, Ja mayor parte se hallaba concentrada en esta jurisdiccin 5 Â’; establecido en La Habana el Gobierno y Capitana general, como residencia oficial de los gobernadores; ce menzada ya la construccin de las fortalezas de El Morro y La Punta, que prometan hacer inexpugnables el puerto y la ciudad; prestos a terminarse los trabajos de la Zanja Real para proveer de agua abundante a los habaneros y a los navios que hicieran escala en su puerto; por todos estos progresos, mejoras y ventajas que a moradores y visitantes ofreca La Habana, colocndola como una de las primeras poblaciones de Amrica, el Rey de Espaa, Felipe II, resolvi acceder a los reiterados ruegos que, tanto los vecinos de La Habana, como sus autoridades le haban hecho de que se le concedieran los honores y prerrogativas de ciudad, los que al efecto le fueron otorgados por Real cdula de 20 de diciembre de 1592, que copiada a la letra dice as: w I)on Phelipe por la gracia de Oos, Rey de Castilla, de Len, de Aragn, de las dos Sicilias, de Jerusacn, de Portugal, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdea, de Crdova, do Crcega, de Murcia, de Jan, de los Algarves, de Algeeira, de Gibraltar, de las Islas de Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, Islas y Tierra firme, del Mar Ocano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoa, de Bravanle y Miln, Conde de Abspurg, de Mandes y de Ti rol y de Barcelona, Seor de Vizcaya y de Molina, etc Por cuanto teniendo consideracin a lo que los vecinos y moradores de la Villa de S. Christoval de la Habana de la, Ysla de Cuba me han servido en su defensa, y resistencia contra los enemigos, ya que la dha. Villa es de las principales Poblaciones de la dha Ysla, y donde residen mi Gobernador y Oficiales de mi Hacienda, deseo que se ennoblezca, y aumente. Por la presente quiero y es mi voluntad que ahora y de aqu adelante para sienr pre jamas, la dha. Villa sea y se yntitule la Ciudd. de Hn, Chrktoval de la Habana de la dha Ysla de Cuba, y as mismo quien) que sus vecinos gocen de todos las privilegios, franquezas y gracias de que gozan y deben gozar todos los otros vecinos de Suntr xantes Ciudades y que esta pueda poner el dho. Ttulo y se ponga en todas las scrituras Auttos, y lugares pblicos y ans se lo llamen los Reyes que despus de mi vinieren a los quales en-

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10 riTADKRNOS DE HISTORIA H ABANTARA cargo que amparen y favorezcan estta nueva Ciudad, y m le guarden y llagan guardar las dichas gracias y privilegios y mando a todos mis sbditos y Naturales de mis Reynos y de las dhas. Indias eclesisticos y seglares de cualquier dignidad, preemineneia y calidad que sean, que llamen e yntitulen a la dim. Villa la Ciudad de S n. Christoval de la Havana y que ninguno vaya ni pase contra, estte mi privilcxio el qual hagan guardar todas y qualesquiera justs, de estos dhos mis reinos y de las dhas Yndias como s en particular fuera dirixido a qual quiera de ellas, a quien fuere mostrado, y pedido su cumplimiento: De lo qual mand dar la preste, firmada de mi mano y sellada con mi sello en lleras, a veinte de I)ire. de mil quinientos nobenta y dos aos,— Yo El Rey — Yo Joan de Ybarra, Secretario del fev nro Sor Ja. hize escribir por su mandato”. Con esta extraordinaria merced recibi tambin La Habana otra no menos sealada: la del escudo de armas. Por causas qne no se han podido esclarecer, ni tampoco la fecha en que ocurriera, desapareci el documento o prueba de esta distincin, por lo que despus de largas gestiones realizadas por el Cabildo, S, M, la Reina Gobernadora doa Maria de Austria, viuda de Felipe TV, confirm aquella merced, reconociendo como autntico escudo de armas de la ciudad de La Habana, el que vena usando de los tres castillos y la llave en campo azul, representativos aqullos de las tres primeras fortificaciones que posey y simbolizando sta el de ser su puerto la llave del Nuevo Mundo antemural de las Indias Occidentales, todo segn consta de la siguiente Real Cdula de 30 de noviembre de 1665: "La Reyna Gobernadora: por cuanto la ciudad de S. Cristbal de la Habana en carta do 22 de mayo de este ao ha representado que cot el transcurso del tiempo no se ha podido hallar, aunque se haba buscado el origen de la merced que le est hecha de tener por armas tres castillos y una llave en campo azul, seal de su fortaleza y del valor con qne sus naturales y vecinos la defendieron en las ocasiones que se ofrecieron; y para honor y lustre de dicha ciudad en los siglos venideros suplicaba que en premio de su lealtad se le confirmase la dicha merced, pues el descuido que haba habido en guardar los papeles de su origen, no haba de defraudarla de este honor, que haba merecido. Y habindose visto por los del Consejo de las Indias, teniendo consideracin

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LA PLAZA DE AEMAS 17 a los servicios de la ciudad de Ja Habana y a la fuerza con que los ha continuado, he tenido por bien hacerle merced, como por la presente so la hago, de qufc de aqu adelante use y pueda usar de Jas mismas armas que constare haber usado hasta aqu, en Ja misma forma que va. referido, que yo lo tengo as por bien; y mando que ninguna persona le ponga impedimento a ello, que as procede de mi voluntad. Fecha en Madrid a SO de noviembre de 1665.— Yo la Reyna. — Por mandato de S, M.— D, Pedro de Medran”. Posteriormente, el Ayunt amiento de la Ciudad de la Habana, dirigi instancia al Monarca suplicndole la concesin de la gra ca de que el escudo do armas de que ya gozaba la ciudad 4 'se le aada la banda y cruz do la Real Orden Americana que ha tenido a bien crear, a fin de que esta distincin y honor sirva de smbolo y timbre resplandeciente de la lealtad imperturbable del vecindario de esta Isla 1 ', Pero el Rey, visto el escrito en el Consejo Supremo de las Indias, y de acuerdo con el dictamen del Fiscal, no accedi a la gracia que solicitaba el Ayuntamiento habanero, “por no ser propia de un cuerpo sino do personas particulares el obtener as de esta clase 5 *; pero, no obstante esta dificultad que motiv tal negativa, “teniendo en consideracin los distinguidos servicios y constante lealtad de ese pueblo ”, el Soberano, por Real Cdula de 14 de marzo de 1876, acord “conmutar dicha gracia en la de una orla con el mote de “Siempre Fiel” u otra equivalente cotl forme a los usos del blasn ” La necesidad de instalar la casa del gobernador y la do los capitulares en edificio adecuado, y la concesin que por Real Cdula de li de julio de 1772 hizo el Soberano de Ja Iglesia del Colegio de la Compaa de Jess para Parroquial Mayor, provoc el arreglo y mejoramiento de la que hasta, entonces slo tena de plaza el nombre. A este empeo se consagr el gobernador y capitn general Felipe Fondesviela, marqus de la Torre, quien en cabildo extraordinario de 28 de enero de 1773 dio a conocer una representacin en la que se daba cuenta de] propsito Real, ya citado, de demolicin de la antigua Parroquial Mayor de la Plaza de Armas y su construccin, en el terreno que sta ocupaba, do “las casas capitularos y crcel, con agregacin de viviendas para los gobernadores, ocupando el testero principal de la citada Plaza,

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18 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA a imitacin de la Rea] Casa de Correos, que se est construyendo magnifica en el lado Norte con que mejorarn de situacin respecto a la que lioy tienen 7 \ y otra parte de dicho terreno se consagrara f para extensin de la Real Plaza de Armas”. Aunque el marqus de la Torre anunci al Cabildo que estas obras se realizaran de acuerdo con un plano, se reserv manifestar el modelo y circunstancias del mismo, lo cual no fu obstculo para que los seores capitulares folie tasen al Gobernador por eso proyecto 7 por estar el Gobierno de la Isla en mano “diestra, activa o infatigable”; De las investigaciones practicadas el ao 1929 en los Archivos Municipales por los seores Jos Manuel de Ximeno y Evelio Govantcs, stos llegan a la conclusin de que aunque unos historiadores indican a Silvestre Abarca, otros a Fernndez T re ve jos y otros al arquitecto Podro de Medina, fue el habanero don Antonio Fernndez de Trevejos y Zaldvar, teniente coronel del Fjer~ cito espaol, que ya se haba distinguido brillantemente por sus hazaas militares y por su direccin en varias obras pblicas habaeras, el autor de los planos que se reserv el marqus de La Torre y del proyecto del Palacio Municipal, segn veremos oportunamente (9). Refirindose a estas obras de reconstruccin de la Plaza de Armas, dice el propio marqus de La Torre, en el captulo 23 de a memoria de su mando que este gobernador entreg a su sucesor en once de jimio de 1777 (10); “al mismo tiempo que solicit de la Corte a aprobacin de las casas capitulares propuse la formacin de una plaza donde ahora est la de Armas, con edificios uniformes e iguales al que se est haciendo para administracin de Correos, entre los cuales haban de estar un Cuartel de infantera, la Aduana y la Contadura”. El proyecto para estas obras en la Plaza de Armas, presentado por el marqus de La Torre, fu aprobado por el Rey en 26 de jimio de 1774 y comunicado as en 21 de diciembre del mismo ao por el R. Fr, Julin de Arriaga al marqus de La Torre, se(9) Memoria de los trabajos realizados por la Administracin del alcalde Dr. Miguel Mariano Gmez Arias, durante el ejercicio de 1929 a 1920. Departamento de Fomento, La Habana, 1920, p + 129 (10) Jacobo de la Pezuela Diccionario geogrfico estadstico histrico de la isla de Cuba, Madrid, 1863, t. III, p* 79.

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LA PLAZA VK AKJI A£? 19 gn aparece en el expediente que se conserva en el Archivo Naden ai de La Habana con el ttulo de “Plano N* 4 y explicacin N* 5 ele la plaza de armas de La Habana en la poca del Sor Marqus de la Torre y otros antecedentes sobre el particular. Originales ” (Gobierno General, Leg, 321, nm* 15512.) En ese documento se expresa que S. M. aprob el proyecto pa' ra las obras de “exteneion de Plaza de Armas en el terreno desfinado para ella y construccin en los restantes de Casas de Cabildo, Aduana, Carscl y (cartel con decente habitacin para su Gobernador y dems oficinas JJ 3 ordenando “se esoocute esta idea con arreglo a la demostracin de los planos que incluye Y. S. dando principio a las referidas Fabricas pr. la mas urgente y subcos i v amen te con proporcin al fondo de los ar vi trios propuestos pr. esta Ciudad en que igualmente conbiene S, M. y a fin de que tenga efecto la importancia de comenzar y seguir dhas. obras, se ha servido resolverse prevenga al Ynten dente de EL Hacienda de esta Ysla, como se escecuta pr. orden de esta fecha, entregue todo el producto del dro. de sisa de Zanja, establecido el Ao 1563 con objeto de Obras Pblicas qe. en el de 763 aplic su antecesor a la RL Hacienda en concepto de Ramo de ella y lo que rindiese en adelante : queriendo >S. M. que as estos caudales, como los qc. procediesen de ios dems arvitrios consignados a 'beneficio de la construccin se ponga en eaxa de 3 Llaves y manejen con economa dando cuenta de ello en la forma que se practica en los otros de Jl. Hacienda dirigiendo a esta va de 6 en 6 meses Relacin de Estado y costo de las escccutadas r \ En el mismo expediente aparece la transcripcin del proyecto referido que formul el marqus de lia Torre y aprob la Corona para la realizacin de obras en la Plaza do Armas. Por el inters extraordinario quo dicho proyecto tiene y no haberse divulgado nunca, lo ofrecemos a continuacin, ntegramente : tf Proyecto para la formacin de una Plaza en la Ciudad de La Sabana proporcionada a su numeroso vecindario y a los magnficas edificios que los particulares van construyendo con demos¡.racin de la hermosura de ella y utilidades que se seguirn al RL servicio y al bien pblico.

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20 CIUDEINOS DE HISTORIA. HABANERA “A. — Casa de Correos magnifica que se est construyendo y debe servir de modelo para las otras que se han de fabricar en la plaza todas uniformes en sus fachadas para mayor hermosura, £C B. — Iglesia Mayor como hoy existe, la que se debe demoler y dividiendo su terreno en dos partes, la una que es C queda para aumentar la Plaza de Armas, y la otra ha de venderse a beneficio de la fbrica de la Iglesia Mayor que se construye en la que perteneca a los Regulares de la Compaa, En este terreno que es K agregndole la isleta L se puede formar la Gasa de Ciudad y Carec aprobado por S. M. y a ms construir una Casa para el Gobernador y de este modo se liberta el El. Horario de pagar dos mil pesos anuales para habitacin de dho. Gobernador. La compra de este terreno no aumenta gasto, antes bien puede hacerse con alguna utilidad pues el valor del que ocupan actualmente la Crcel y la Casa de Ciudad Importa mucho mas que aquel y habr varios compradores a causa de ser el paraje uno de los mejores y mas cmodos de la Poblacin y al valor de este Terreno se aade el que producir la venta del que se agrega al quarto lado de la Plaza y va sealado con la letra N. Las casas de Ciudad, Gobernador y Caree! unidas formaran una Isleta de que resulta mas segura la prisin que en ei Terreno antiguo que se abandona por tener este casas contiguas que siempre son perjudiciales y arriesgadas a las crceles publicas. Este edificio formar un lado de la Plaza y se pondrn en l los oficios pblicos de escribanos pa. utilidad y conveniencia de la Ciudad, as como se proyect en el otro terreno. “E. — Terreno perteneciente a S. M. anexo al Castillo de la Fuerza en el que ningn particular puede fabricar. F. Almacn de Vveres que es de S. M. C. Casas de particulares de muy poco valor. En este terreno Y se puede hacer un cuartel para un Batalln y con la Casa de Correos quedar formado el segundo lado de la Plaza y parte del terreno como se demuestra sobre el Plano. Con este Cuartel se redime al RL Horario de 1780 ps. que paga de alquiler anualmente por las casas que ocupa un Batalln del Regimiento Fixo que est con mucha incomodidad como se dexa conocer en la poca salud de las Tropas, pues solo este Batalln suele tener mas enfermos que el Regimiento entero, de Bombarda, y la cansa de esto segn la opinin de los Mdicos y la ex-

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IA FJjA DE ARMAS 21 periencia, es la estrechez del Alojamiento y la humedad de sus piezas baxas. Agregar que como ha de ser preciso en brebe que en el Morro y Coa aa exista siempre un Batalln, servir el nuevo Quartel para que la guarnicin se pueda mudar con comodidad sin que sea necesario que los batallones anden variando cada seis meses de vivienda, pero an ser mucho mayor la utilidad de este edificio quando llegue el caso de aumentarse, como es indispensable; en esta Plaza otro Batalln, pues escusara a la Il. Ilacda. el alquiler de las casas suficientes a su alojamiento y al vecindario la escasez que ya empieza a sentirse de viviendas por el grande incremento que ha tenido el nmero de los Habitadores. “Lo restante del tercer lado de esta Plaza que va distinguido con la letra J y actualmente est ocupado con las casas, en que con mucha incomodidad e indecencia imponderable estn las oficinas de la Contadura geni, de esto, y RL ITazda. Aduana y Administracin de Correos, se destina para Casa de Aduana.^ La situacin no puede ser ms aproposito a este intento, pues es sobre los Muelles del desembarcadero, y el corto pedazo de playa que hay entre estos y aquel Terreno es muy til para la provisional colocaeion de los efectos, y frutos que se embarcan y desembarcan de continuo por el gran trfico que se hace actualmente en este Puerto. Este edificio deber tener todas las oficinas necesarias para el Despacho de la Administracin geni, de Rentas y del oficio de Rexistros, y podrn a mas hacerse Almacenes para el deposito de Comisos y Presas, y tambin de Vveres y Pertrechos para la Plaza, y escusara a la Itl. Hazda. el gasto de setecientos pesos que paga anualmente por alquileres de la casa qe. en el da se emplea en estas oficinas, el que ocasionan los continuos reparos que es necesario hacer en ella por ser muy vieja, y estar amenazando ruina; y el importe de los alquileres de otros Almacenes, que se calcula no bajaran de tres mil pesos. Podra hacerse habitacin para el Administrador Geni, y el frente de este edificio formara el tercer lado de la Plaza, quedando su espalda mirando a los Muelles sealados con la M. “El cuarto lado que es H lo ocupan unas casas arruinadas pertenecientes al Mayorazgo de Oquendo, de las cuales hay muchos compradores; y se vendern con la condicin de que deban formar el frente igual al de las casas de Ciudad, Aduana, Correos y Quartelcs. Y de esta forma quedar una Plaza de Armas muy

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22 CUADERNOS DB HISTORIA HABANERA capaz y magnfica con edificios proporcionados a la grandeza de esta ciudad, y con la efectiva utilidad de siete mil quatr ocientos ochenta pesos a favor del RL Erario que dejara de satisfacer los Alquileres de las Casas del Gobernador. de la Administracin y Contadura del Quartel del Baton fixo y de los Almacenes de Vi veres y Pertrechos de la Plaza que ascienden a esta cantidad ’ L Tambin en el mencionado expediente se encuentra unido el plano del proyecto a que se refiere la memoria que acabamos de copiar. De este proyecto slo se construyeron las Casas Capitulares o Casa de Gobierno, o sea el actual Palacio Municipal, residencia entonces del Gobernador y de las oficinas del Ayuntamiento y otras dependencias, y el edificio destinado a la Administracin, de Correos y la Intendencia, mas tarde Palacio del Segundo Cabo, hoy residencia del Tribunal Supremo, Hasta 1793, durante el gobierno de don Luis de las C&aas, no se terminaron esas obras. Los gobernadores marqus de dmemelo# y Juan ltnlz de Apodaca hermosearon La Plaza de Armas con faroles, bancos do piedra y rboles. Durante el gobierno de don Francisco Dionisio Vives se realizaron tambin obras de embellecimiento de la Plaza de Armas, confiadas por dicho Gobernador a don Jos Bulnes, segn aparece del expediente que obra en el Archivo Nacional de La Ha baa, con el ttulo de “Documento sobre nombramiento de don Jos Bubjcs para la composicin de la plaza de Armas 7 (Gobier no Superior Civil, Leg. 1309, miro. 50856.) En este documento, que es la minuta de la comunicacin oi ciaL se le participaba al referido seor Jos Bu tries, con fecha 23 de mayo de 1826 que haba sido nombrado “como persona apropoxito” para la direccin de la obra ; de la composicin de la Plaza de Armas para hermosura del frente del RL Palacio del Cobo, y como primera entrada, a la Ciudad, esperando desempee este cargo con el mismo celo, esquisito gusto, economa e inteligencia con que en otro tiempo de mi basurero inmundo hizo un paseo delicioso”. En dicha comunicacin se hacen resal tur los propsitos que se perseguan con la realizacin de esas obras, “Decorar — se aiiv ma— como corresponde uno de los sitios mas preciosos de esta ciudad, donde pueda el vecindario gozar el fresco saludable de las tardes y noches, proporcionndose irn punto de recreo y reu-

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LA. PLAZA DE ARMAS 23 p : \ V O? x nin, ha sido hace mucho tiempo objeto de mis deseos en beneficio de esta capital”. abiendo concebido el insigne intendentedon Claudio Martnez de Pinillos, conde de Villanueva, desde 1827 el proyecto de honrar pblicamente la memoria del Rey Fernando VII en La Habana y encargada la construccin de una estatua pedestre en mrmol al escultor Antonio Sola, quien la construy en Roma y remiti a Cdiz, embarcndose con direccin a esta ciudad en 1834, no quiso que ese monumento fuese colocado en el lugar que eligi, el parque de la Plaza de Armas, sin realizar en el mismo obras que la transformasen, embellecindola. Para ello cont con la colaboracin de los seores coronel Manuel Pastor, Ignacio Gonzlez Cadrana y Ramn de la Sagra. Sacadas a subasta las obras, alcanz la ejecucin de las mismas el seor Gumersindo Corral. Se levantaron las losas de San Miguel que tena el parque en las calles del centro y se colocaron de nuevo en las laterales, arreglndose el nivel de stas para que las aguas cayeran a los cuadros o a la plaza a fin de que no se formasen hoyos ni lagunas que impidiesen el trnsito. Tambin encarg el conde de Villanueva cuatro fuentes pequeas de mrmol blanco, que se instalaron, aunque aos ms tarde desaparecieron, sin que hayamos podido descubrir ol motivo ni el lugar adonde, fueron destinadas; cuatro canaps de mrmol blanco con bocel redondo y filete en la curva interior y costados; diversas piezas de marmol para la banqueta y zcalo en que haba de colocarse la estatua. El costo total de las obras ascendi a. $21,000. Por la estatua se le abonaron a don Antonio Sola 3,171 pesos 12 reales y 28 maraveds y 26,660 reales con 23 maraveds. Don Gumersindo Corral obtuvo por las obras de reparacin del parque la suma de 2,400 pesos. El. descubrimiento de la estatua de Fernando VII y la inauguracin de ls obras de embellecimiento del parqu de la Plaza de Armas se celebraron solemnemente el 24 de julio de 1834, con la presencia del eapitn general don Miguel Tacn, autoridades militares y civiles y numeroso pblico. En el frente principal del pedestal de dicha estatua se lee la siguiente inscripcin, que segn refiere el Diario de la Habana, al dar cuenta del acto de descubrir dicha estatua fu dictada por el mismo monarca: ‘‘Ferdmandus VII Rex / Habanensi Populo / Desiderio Fidelitatc Clarissimo / Imagine Corde / Perpetuo Adesse Voluit / MDCCCXXXIII’’. % vV

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24 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA En ia parte superior de los paos de la verja de hierro que cir candaba el pedestal apareca la siguiente inscripcin: 4 ‘La sicrn pre fiel ciudad de La Habana ai Rey Fernando VXIY (11) Cronistas, historiadores y viajeros reconocen unnimemente la importancia, extraordinaria que como lugar de esparcimiento tuvo en ios tiempos coloniales la Plaza de Armas y, desde luego, su parque. As encontramos que Ildefonso VI vaneo (12), dice que “su posicin aparente por estar en el centro de la poblacin comermerciante y sobre todo, su bella perspectiva y dulce ambiente hacen de la Plaza de Armas el rondez-voiis, de todos los extranjeros residentes en La Habana de intramuros ”, y que el viajero que visita por primera vez La Habana, si desembarca, como era antao lo que regularmente aconteca, por el muelle de Caballera, apenas pise tierra y encamine sus pasos hacia el interior de la ciudad, 4 ‘quedar sorprendido al verse en medio de un bonito jarifo y arbolado, eternamente verde y florido a influjos de la dulce temperatura del clima tropical”. Agrega el cronista Yi vaneo que “slo en noches de retreta la encantadora msica tan amada de los hijos de la zona trrida lleva a la Plaza de Armas una linda y elegante concurrencia que entre c! susurro de la brisa en los rboles y las flores, el murmullo de las fuentes y los sones de la msica, discurre dulce y apaciblemente por sus calles departiendo, bien de amor, bien de empresas mercantiles”. De esas noches de retreta, los das ms concurridos en aquella poca — 1841 — eran el Jueves y Viernes Santo, acudiendo entonces a la Plaza de Armas enorme concurrencia a or el concierto sacro que all se daba, y sin que se permitiera, como en los dems das del ao, el paseo de carruajes por sus calles laterales* “Nada hay comparable, termina Vivanco, al golpe de vista y a la inmensa concurrencia que acude en estas dos noches a la Plaza de Armas; si la luna, como suele acontecer con frecuencia, en estos das, ilumina el cuadro, nada hay ms sorprendente, nada ms agradable. La msica toca melanclicamente, como llorando la muerte de] hombre Dios, ni un ca(11) UhigcnQ Snchez de Fu cates y Peiez, Cuba monumental, estatuara y epigrfica La Habana, 1916, p, 515-529, (12) Paseo pintoresco por la Jala de Cuba, La Habana, 1841, p, 129 132

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I:A PLAZA de armas 25 rruaje viene a alterar el sordo murmullo que slo se percibe ; todo all es igualdad y fraternidad, dulce recuerdo de la santa ley que instituy aquel muerto sacrosanto. Los rboles parecen susurrar ms lnguidamente, las fuentes no corren sino llorar] gota a gota y la luna derrama sobre todo aquel conjunto su blanca y sulfurosa luz formando en las flores, en los grupos y en las fuentes sombras vaporosas que hacen concebir la bella idea de un jardn de fadas”. Nuestra compatriota Mara de la Merced Santa Cruz y Monta! vo, condesa de Merlin ( 1 Ti ) T dedica elogiosas frases a las retretas que en 1840 se celebraban en el parque de la Plaza de Armas. “Al volver de paseo, dice, nos dirigimos a la Plaza de Air mas, donde el gobernador da todas las noches en frente a su palacio un concierto de msica militar. All se rene la poblacin blanca de todas clases* Hermosos rboles, una fuente de saltadores, y los palacios del gobernador y del intendente, circundan este grande espacio, formando de l un paseo encantador y enteramente aristocrtico, Las reuniones pblicas tienen aqu un aspecto de buen gusto exclusivo del pas; nada de chaqueta ni de gorra; nadie viste mal; los hombres van de frac, con corbata, chaleco y pantalones blancos; las mujeres con trajes de linn o de musolina, fetos vestidos blancos que respiran coquetera y elegancia, armonizan perfectamente con las bellezas del clima, y dan a estas reuniones el carcter de una fiesta”. Como puede descubrirse por las palabras de la condesa de Merlin, no era solamente la poblacin de color, esclava, la excluida de estas retretas, sino tambin la clase popular blanca, quedando por tanto consagrado el parque al esparcimiento de Ja burguesa espaola y la cubana adineradas y elementos oficiales y militares peninsulares. Haca 1850 se conservaba an esta costumbre de las retretas nocturnas en la Plaza de Armas, pues el viajero y cronista espaol Antonio do las Barras y Prado, en sus memorias, publicadas en 1926 por su hijo Francisco de las Barras de Aragn (14), al referirse a la Plaza de Armas en la poca en que visit esta ciudad califica aquella de “bonito pasco con jardn es ”, y dice que “en (13) Viaje a La Habana por la Condesa de Merlin, La Habana, 1922, p. 67. (14) La Habana a mediados del siglo XIX Memorias de Antonio de las Barras y Prado, Madrid, 1926, p, 60.

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26 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA este paseo hay retreta todas las noches de 8 a 9, por una banda militar. Durante ella se llena la plaza de gente y los alrededores de carruajes con seoras, que van a or la msica. Concluida aquella, cada cual desfila por su laclo y se queda la plaza desierta, pero los cafas y casas de refrescos que hay en la acera de enfrente al palacio conservan su animacin hasta las 10 10 y media en que se cierran. Este es uno de los puntos ms concurridos do la poblacin tanto de da como de noche por estar cerca del muelle de Caballera y ser uno de Jos centros de movh miento ms importantes del comercio”. Ms explcito an en su descripcin de la Plaza de Armas y encomio de sus bellezas y atractivos, es Samuel Hazard, el cronista extranjero que ms extensa y edmentc ha relatado los usos y costumbres cubanos de los tiempos coloniales, quien en su obra Cuba a pilona y lpiz (15), recoge de esta manera sus impresiones sobre la Plaza de Armas cu los meses anteriores al estallido de ¡a guerra del 68, poca en que visit nuestra isla: “Ya estamos en la Plaza de Armas, que as el principal lugar pblico de la ciudad, ocupando el espacio comprendido entre las calles de Obispo y FIteilly, frente al palacio. Forma un bonito cuadrngulo, a cuyos lados hay bancos de piedras tras los cuales se eleva una verja de hierro y dentro de sus lmites cuatro jardimllos, separados unos de otros por cuatro sendas que se renen en el centro, formando una glorieta o crculo interior, en medio del cual se ha erigido una estatua de mrmol a Femando VTL Los jardines estn llenos de plantas y flores, prestando mayor gracia a la escena las altas palmas reales”. Explica, despus, Hazard la razn de que ia Plaza de Armas fuera en aquel entonces lugar preferido de esparcimiento habanero : los ya citados conciertos militares nocturnos que all se celebraban, y los que se ejecutaban £ en beneficio del pblico y para satisfaccin del capitn general”. Era costumbre que las seoras m sus carruajes dieran vueltas alrededor de la plaza en los intervalos de las piezas musicales o recibieran las atenciones de sns galanes. Los caballeros paseaban por el parque fumando sus tabacos o permanecan sentados en los bancos o las sillas de alquiler (15) Samuel Hazard, Cuba a pluvia y lpiz, traducido del ingls por Adrin del Valle, La Habana, 1928, t I, p. 211.

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LiA PLAZA. Ot AIIMAS 27 qae all existan. Algunas seoras, si iban acompaadas de un caballero, bajaban de sus voluntas y se paseaban por e parque. Hazand seala la extrafieza que le causo observar “la falta de atencin hacia las damas que mostraban los hombres, pues os muy raro ver a un caballero acercarse a los carruajes y charlar con las damas, como es la costumbre en los Estados Unidos 1 \ Las detalles ceremoniosos con que se celebraba la retreta militar quedan descritos por Hazard en esta forma: f Todas las noches, poco antes de las 8, un piquete de algn regimiento, compuesto de un sargento y varios soldados, seguidos de la banda, generalmente corno de unos 5D o 60 msicos, marchan ai travs del parque y se estacionan en un lugar determinado, permanec cndo en actitud de descanso r7 hasta que un redoble de tambor pro veniente del cercano cuartel da la seal de “atencin' 7 en espera de! caonazo del Morro, Inmediatamente que ste ha sonado comienza el concierto. La guardia, con las armas al lado, permanece en actitud firme mientras toca la banda, y de descanso durante los intervalos de una pieza a otra. La msica que se oye es generalmente escogida, selecciones do las principales peras cu buena parte. A las 9 en punto las cometas y tambores de los diferentes cuarteles tocan a retreta y en seguida la guardia y la banda marchan hasta situarse frente a la puerta de palacio, tocando all la ltima pieza, como un especial cumplimiento al capitn general, y como queriendo evidenciar que mientras la banda toca una hora para el pblico, slo se reserva una pieza aquel para sus goces particulares. Terminada sta, la tropa se dirige a su cuartel, a los sones de una alegre marcha. La fiesta ha terminado 77 Hazard declara que era sta “una agradable manera de pasar la noche 77 Despus de la retreta la mayora de los concurrentes tomaba un refresco o coma algo en los cafs de moda entonces, de los que era el preferido el caf El LouvTe t por sus helados y granizados exquisitos, “tan buenos como en los Estados Unidos 77 y adems por ser entonces “el mejor lugar de La Habana para observar la alta vida social durante la noche 77 En los ltimos aos de la dominacin espaola, la Plaza de Armas y su parque fueron vctimas de lamentable abandono. Ni all se celebraban las retretas de antao ni los habaneros lo frecuentaban como lugar preferido de esparcimiento. La ocupacin militar norteamericana y la Repblica quitaron por completo a

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28 \ U).ERNOt) DE HISTORIA HABANERA aquel parque todas sus caractersticas de bello rincn colonial. Desaparecieron las fuentes los bancos de piedra, los jardincillos y hasta tres de las cuatro palmas, conservndose slo en el centro la estatua del dspota borbnico, como smbolo de un rgimen que desgraciadamente no ha desaparecido en los tiempos contemporneos. A iniciativas de la revista Cuba Contempornea el Ayuntamiento, en sesin de 8 de enero de 1923, acord dar a la Plaza de, Armas el nombre de Carlos Manuel de Cspedes, acuerdo que es ejecutivo, denominndose, por lo tanto as, oficialmente, esta plaza, aunque el pueblo sigue conocindola por su nombre antiguo y tradicional de Plaza de Armas En los edificios circundantes de la Plaza de Armas se han realizado en Jos ltimos tiempos adecuadas restauraciones: fu primero el palacete de la Intendencia o del Segundo Cabo, dedicado al Senado republicano, hoy residencia del Tribunal Supremo; despus El Templete, y por ltimo la Casa de Gobierno o Palacio Municipal ; dirigidas y ejecutadas todas esas obras restauradoras por la pericia y buen gusto de los seores Evelio Go van tes y Flix Cabarrocas. Durante el ejercicio de 1928 a 1929 proyect la administracin del alcalde I)r + Miguel Mariano Gmez Arias la restauracin do la antigua Plaza de Armas, encomendando los proyectos y pa-, nos a los arquitectos Govantes y Cabarrocas, quienes los formularon, segn aparece de la copia fotogrfica de los mismos publicada en la Memoria Municipal correspondiente al ya mencionado ejercicio; pero por falta de crditos adecuados fu imposible llevar a cabo dichas obras. Cbele a la actual administracin del alcalde Dr. Guillermo Belt y Ramrez la gloria de haber podido convertir en realidad el proyecto de restauracin de la Plaza de Armas, aunque limitado hoy al parque que se levanta en su centro. Para ello el Departamento de Fomento de nuestro Municipio que dirige el muy competente arquitecto Emilio Vasconcelos ha tenido a la vsta diversos grabados antiguos de dicho parque que nosotros le ofrecimos, entresacndolos de los mejores que poseemoks en nuestro archivo de grabados antiguos cubanos. De todos ellos se ha elegido uno del dibujante P. Mialhe, de! ao 1838, por ser el que ofrece no slo mayores garantan de exactitud con

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LA PLAZA DE ARMAS 29 4 la realidad de la poca, sino tambin porque en l aparecen, perfectamente reproducidos todos ios pormenores del parque. Slo lian sido a i tenidos o modificados algunos detalles, por as exigirlo impras 'ind ib 1 emente las necesidades de los tiempos presentes. Por la importancia que tiene esa obra restauradora del parque de Ja Plaza de Armas y por publicarse este Cuaderno aprovechando la actualidad que ofrece la inauguracin de dichas obras, creemos oportuno reproducir aqu ntegramente la memoria de las mismas: Memoria descriptiva de las obras de reeonstmccin del parque de la Plaza de Armas Antecedentes La Iniciativa del actual Alcalde de la Habana, Dr. Guillermo Bell y Pamrez, de embellecer, restaurndola a su antiguo aspecto colonial, la actual Plaza de Armas o Carlos Manuel de Cspedes, ha sido objeto de un estudio detallado por el Departamento de Fomento, consultando grabados y fotografas de distintas pocas, d fin de que las obras se ajusten lo ms posible al carcter y costumbres de nuestros tiempos coloniales. En efecto, |la Plaza de Armas, tal vez el ms antiguo de loa en tros de reunin de los vecinos de esta Ciudad, est enmarcada por sus distintos frentes por los ms importantes edificios de nuestra poca colonial; teniendo por su frente a la calle Tacn el bello Palacio de los Capitanes Generales, hoy Ayuntamiento; el del Segundo Cabo, en el que se ha instalado el Tribunal Supremo do Justicia y el Castillo de la Fuerza, una de nuestras reliquias de las fortificaciones de la Habana, por la calle de OTleilIy; el histrico 1 (implte y la residencia de los Condes de Santo venia por i a de Baratillo y finalmente, viviendas de menor importancia por la de Obispo, con la sola excepcin de la moderna construccin erigida en la esquina de Oficios, que viene a romper, junto con ] incesante "transitar de mnibus, automviles y tranvas, la placidez y quietud de este rincn histrico que tan vinculado se encuentra a nuestra historia. Trazado. Hasta los comienzos de nuestra era republicana, su trazado cruciforme caracterstico de las plazas espaolas, con sus paseos

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30 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA exteriores limitados por un mrete de piedra que a modo de baneo serva para descanso de los concurrentes al mismo, y rematado por una verja que serva de respaldo, y bis aristas o canteros tambin enverjados, concurriendo las calles centrales al lugar do emplazamiento del monumento de Femando VII, teniendo, adems, cuatro pequeas fuentes de piedra en los centros de cada uno de lew? canteros. Son las caractersticas esenciales y que segn hemos expresado constan en los grabados y fotografas antiguas. Posteriormente por los gobiernos de la Repblica se han realizado sucesivas transforma, ci on es hasta su estado actual. Pisos Aunque en sus antiguos trazados este Parque careca de lodo pavimento, pues sus paseos eran de tierra y continuacin del pavimento de la calle, sin siquiera una acora o conten, ya que los moretes y pilares tenan guardacantones para evitar su destruccin por los vehculos, sin embargo, las necesidades de la circulacin moderna que exige la. existencia de una acera como refugio de los peatones de un lado y^los inconvenientes en la poca de las lluvias exige la construccin de pavimentos, dejando id exterior las aceras de hormign actual y al interior se construirn los paseos y senderos con losas de f San Miguel naturales o artificiales, tomando sus juntas a la manera que se haca en aquella epoea, con cementa coloreado en rojo. Estas losas se asentarn con mortero do cemento sobre un atezado de hormign hidrulico. Mreles* En todo su permetro se construir un mrete de piedra de Jaimanitas, de buena calidad, de gran dureza, teniendo la forma y perfil diseados en el plano; este mrete ser interrumpido par las entradas que estarn limitadas por pilares de piedra de la misma calidad, y terminando por unas copas o remates que remeinoran los existentes en el Templete. Estos murctes llevarn ma plancha de 2 y medio centmetros de espesor, con una ligera inclinacin para mayor comodidad y limpieza de los que los utilicen Adems, se colocar en su parte superior una ver ja de hierro formada con cabillas de media pulgada y planchuelas de una y media por media pulgadas con sus brazos para que a modo de respaldo, ofrezcan mayor comodidad.

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LA PICAZA DE ARMAS 31 Callen y Senderos. Los paseos exteriores tendrn 8 metros de ancho, circundando la plaza ; en el sentido de los dos ejes so construirn calles de (5 metros, quedando as dividida Ja plaza en cuatro secciones; formndose en su centro un crculo de 14 metros de dimetro, coincidiendo su centro con el de la estatua de Fernando VII, Se construirn pequeas senderos ele 1.50 metros en cada uno de los cuatro canteros. Todos asios paseos 7 senderos se pavimentarn en la forma que ya se deja explicado. Verjas. Adems de la exterior, se colocarn verjas en los bordes de cada una de las calles centrales y paseo exterior ¡ limitando los canteros a los que se tendr acceso por una pequea puerta eo“ locada en una de las calles interiores; esta verja tendr el mismo diseo de la antes deseripta. Igualmente se colocar otra verja, de mayores dimensiones e importancia, alrededor de la estatua. Be ha tenido mucho cuidado al proyectar estas verjas de ajustarse en un todo a los modelos antiguas, copindolos de los grabados y descripciones antiguas. Estas verjas sern pintadas con una mano de minio y otra de pintura de color verde antiguo. Canteros. Los cuatro grandes canteros, sern, a su vez, divididos en cuatro ms pequeos para plantar en ellos flores y arbustos de nuestra flora tropical; tales como ‘embelesos 7 adelfas, marpaeficos ,, etc„ Estas especies tienen la ventaja de florecer en todan las estaciones del ao por lo que la variedad del colorido le darn alegra al conjunto. Tambin se restablecern las cuatro palmeras que existieron alrededor de la estatua. Fuentes. Siguiendo los antiguos grabados, se restablecern las pequeas fuentes que existan en el centro de cada cantero. Estas fuentes sern de piedra do Ja imn i tas y de la forma adecuada, con sus correspondientes entradas de agua, desage y rebose, conectado al alcantarillado de la, Ciudad,

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32 r APEENOS DE HISTORIA HABANERA Alumbrado* Para el alumbrado de esta Plaza, tanto interior como de las calles limtrofes, se han emplazado 20 farolas del tipo de los primitivos postes de gas que existieron en los distintos parques de la Ciudad, adaptndoles una farola de estilo colonial con cristales esmerilados y bombillos de 200 watts, dando una iluminacin perfecta a todos los lugares, en cuanto al interior; para las calles exteriores se lian provisto las 12 farolas que recientemente fueron retiradas de este mismo parque por la Compaa Cubana de Electricidad, restaurndolas y rematndolas con el mismo tipo de farol antes descrito. Arbolado. Aun cuando en los grabados antiguos el arbolado del parque estaba por su parte exterior, debido a la amplitud de las calles y a las pocas necesidades del trnsito de la poca, es lo cierto que en la actualidad es prcticamente imposible, por lo que se han situado, en el interior, aproximadamente en el mismo sitio que ocupan las “Picus Benjaminus”, recientemente plantados; estimando que o bien pueden ser de esta misma clase o bien los “Ficus Ntida”, o sea el vulgarmente conocido por “Laurel de Indias”. Las obras expresadas en la anterior Memoria se presupuestaron por el Departamento de Fomento del Municipio en la cantidad de $15,748.67. E1 2 de j 11150 dd presente ao se realiz el acto do la subasta, adjudicndose la ejecucin de las obras a los arquitectos contra tistas seores Pascual de Rojas y Fernando Martnez Campos, por la suma de $14,832.05. Se iniciaron los trabajos en 20 de agosto inmediato, La inauguracin de las obras ha de tener lugar ol 16 de noviembre, da de San Cristbal, celebrndose con ese motivo diversos festejos organizados por el alcalde Dr. Guillermo Belt y Ramrez.

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La Parroquial Mayor, La destruccin en 1555 — cuando el asalto, toma o incendio de La Habana por el corsario francs Jacques de Sorcs^-de los Libros de Cabildos anteriores a 1550, nos impide conocer los pormenores de la construccin, de la primitiva iglesia parroquial de esta Villa en el tercero y definitivo lugar elegido hacia 1519 para su emplazamiento. Las muy escasas noticias que de esa iglesia tenemos dbense a datos existentes en. el Archivo General de Indias en Sevilla, recogidos y publicados por la historiadora norteamericana Irene A. Wright en su valiossima Historia Documentada de San Cristbal de La Habana en el siglo XVI, ya citada. ‘'La primera iglesia de La Habana — dice sta (16) — era un boho. Consta que en 1524 le fueron destinados 32 pesos; desde el ao 1519, por lo menos, se cobraban diezmos”. Manuel Prez Beato, en su Habana Histrica y Tradicional (17), afirma que ‘ £ ei msero boho en que se celebraban los oficios divinos antes de 1550 tuvo su localizacin en el terreno que ocupa hoy el Senado (actualmente el Tribunal Supremo), que estuvo destinado a los Tenientes de Gobernadores en poca del gobierno espaol”. Durante el perodo de gobierno fiel “muy magnfico seor Gobernador y Justicia Mayor de esta Isla”, doctor don Gonzalo Prez de Angulo, fu destruido el boho que serva de iglesia, ni(16) Oh. cit t t. I, p. 20-21, (17) Archivos del Folklore Cubano, La Habana, 1926, vo. I, ntn. S, p. 204.

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u CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA cindose despus* de agosto de 1550 obras para la construccin de una iglesia de cal y canto que segn el propio Angulo, al atribuirse la iniciativa de osas obras, dice £ que el cuerpo della tiene cien pies antes ms que menos y la capilla rnjayor cuarenta pies y de ancho cuarenta pies” Miss Wright (18) que nos ofrece estos datos, agrega que la sacrista se encontraba a espaldas de la capilla y que a fines de noviembre de 1552 las paredes se hallaban a dos estados sobre el sucio. Los enemigos de Angulo sostenan quo cuando el litig a La Habana ya estaba empezada la iglesia y slo haba entorpecido la obra, acusndolo tambin de haberse embolsado Jos fondos de la misma. Angulo se defenda sosteniendo que empez la construccin de la iglesia con trescientos noventa y cinco pesos que le entreg el mayordomo, ms las limosnas recaudadas de los vecinos y transentes de la Villa. Mientras se construa la iglesia, parece que la misa se cantaba en el hospital, existente antes de 1538 aproximadamente en el sitio que ocup aos ms tarde la iglesia de Santo Domingo. En el cabildo de 22 de agosto de 1550 que presidi el go~ bemadr Angulo se nombr, a propuesta de ste, mayordomo para que tuviese a su cargo las cuentas de la obra de la iglesia, a Juan de Hojas; y en el cabildo siguiente del da 29, los alcaldes ordinarios Juan de Hojas y Pero Blasco exhibieron la memoria de dicha obra y dieron cuenta, de tener como fondos recaudados para la misma /8G posos de oro f con los cuales les pareca que se puede comenzar muy bien la dicha obra ans propusieron se de con toda brevedad comensairuento ? \ La iglesia sera edificada de piedra teja de manera que mejor ms al servicio de Dios nuestro seor sea pro 6 autoridad desta villa”. Eu cabildo de 10 do octubre se sustituyo a Juan de Iojas, por f su enfermedad y ocupaciones que ha tenido tiene”, por Alonso de Aguijar, cmo mayordomo de la recaudacin y recta distribucin de las limo&iias y ni and as para las obras le la iglesia. El 31 se acord comprar 8 negros para ios trabajas de fabricacin por creerse ms conveniente hacer esta obra de esta inane; a, £ no jornales ni i Ies t jo o ( .esj > i js de ; c a b ac la i.r. niel ia o 1 >r< i los d io h cus n cg ros queden por de la dicha iglesia para que se disponga dellos como ms conviniere al provecho y utilidad de la dicha iglesia”. El 1L (U) Ob. eit, t. i, p. 21.

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LA PLAZA DE ARMAR 35 P. Francisco de Ledesma “cura vicario desta dicha villa.. hallse presente este acuerdo dijo que era muy bien acordado”. En 1* de enero de 1553, no estaba an terminada la parroquial, pues las elecciones de esc ao, celebradas despus de los divinos oficios, lo fueron “en el hospital desta dicha villa donde al presente se celebran los divinos oficios”. Y en 22 do julio de 1554 el Cabildo suplic a S.M. “sea servido de hacer merced y limosna la iglesia desta villa de algunos dineros para la acabar y para algunos ornamentos”.. Asaltada la villa el 10 de julio de 1555 por el famoso corsario Jaeques de Sores, valiente y experimentado marino que haba sido almirante con Francs le Clerq {Pie de Palo), el gobernador Angulo huy cobardemente, refugindose en la aldea de indios de Guanabacoa, con su familia y algunos vecinos, por lo que el regidor Juan de Lobera tom a su cargo la defensa de ¡a poblacin, rechazando heroicamente tres ataques de los asaltantes, que se haban hecho fuertes, segn nos cuenta M isa Wright, tomndolo de los documentos inditos del Archivo de Indias (19), en la ermita de la villa, derribando la bandera que los franceses haban izado all, pero al fin Lobera, muy contra su voluntad, vas obligado por su gente, se rindi en condiciones honrosas, asegurndosele su vida y la de los suyos y el respeto al honor de las mujeres, pues Sores qued asombrado del valor de Lobera, llegando a preguntar si era loco el que mandaba la fortaleza de la villa. Concertada una tregua para acordar la ascendencia del rescate, Angulo la quebrant, c intent, sin resultado, sorprender a Sores, quien indignado por esa traicin y por “los miserables mil pesos” que le ofrecieron los vecinos, prendi fuego a la poblacin, destruyndolo todo, inclusive la iglesia, quemando las embarcaciones que haban en el puerto, y las estancias vecinas, colgando a los negros de ellas, ultrajando las imgenes de los santos y las sagradas vestiduras, perdindose en el incendio tambin, segn expusimos, los archivos del Cabildo habanero anteriores a 1550. En 5 de junio de 1556 recibi el Cabildo al clrigo Agustn Prez, designado por don Fernando Uranga, obispo de Cuba, residente en Bayamo, para hacerse cargo de la iglesia parroquial; y el 25 de septiembre de 1556 nombr el Cabildo mayordomo de (19) Ob. ctt, t. 1, p. 24-31.

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$1 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA la iglesia a Antonio de la Torre, y atendi al pago del sueldo reclamado por el sacristn Rodrigo Martn, Hacia 1560, y ya gobernando la Isla, desde 8 de marzo de 1556, Diego Mazar! egos, el pueblo estaba an sin iglesia, debido a la pobreza de los vecinos, y hasta so careca de ornamentos y dems necesario al servicio religioso, lo cual no fu obstculo para que en 1566, en cabildo de diez de marzo, se acordase que no existiendo entonces “obispo ni prelado que lo provea 3 ', y habindose despedido al P. Antonio Vicente, se recibiese por cura de la villa al P. Hernando Rodrguez, clrigo sacerdote chantre, Apersona docta de buena vida y ejemplo”. En cabildo de 28 de mayo de 1574 encontramos la noticia de haberse terminado ese ao la obra de la iglesia, comenzada tres aos antes por el alcalde ordinario Gernimo de Rojas Avellaneda, pues en dicho cabildo se tom el siguiente acuerdo: “que por cuanto la flota de que es general Francisco de Luxan esta de camino para los Reinos de Espaa que se escriba una carta por este Cabildo Su Magostad haciendo relacin del beneficio que ha recibido esta repblica su Ma gestad servido de Gernimo de Rojas Avellaneda de haber hecho obra tan sealada, como ha sido de cubrir acabar la Santa Iglesia desta villa su costa en que ha tardado tres aos gastado nueve o diez mil ducados 7 % dndole tambin la villa poder al mismo Rojas Avellaneda para que gestionase en la Corte, a donde pasaba, “se haga merced a esta Isla de las cosas contenidas on un memorial que se le dar”. En sustitucin de Rojas Avellaneda se nombr alcalde ordinario por el resto del ao a Bartolom Cepcro. Esta nueva iglesia ya no se encontraba en el lugar que ocup el primitivo boho, sino en parte del sitio en que se levant ms tarde la Casa de Gobierno, pues, como ya hemos visto, ora otro en esa fecha el emplazamiento de la plaza de la Villa. Ya en 1574 nos encontramos, segn datos existentes en el Archivo de Indias, recogidos por la historiadora Wright (20), con la opinin del obispo Castillo sobre esta iglesia, “puesta en perfeccin a mucha costa”. En 1575 dicho obispo proyect la construccin de una torre y se inici la construccin de la sacrista y tribuna, contribuyendo S. M. con limosna de cal y ladrillo y el (tt) on. elt, t I, p. 77-78.

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LA PLAZA DE ARMAS 37 uso de una docena de esclavos de La Fuerza ; pero an la iglesia no tena “ni retablo ni libros ni ornamentos ni campanas”. Conseguida ma campana, los vecinos quisieron tener tres ms. En 1579 la renta de la iglesia no alcanzaba a quinientos dueados al ao. Existan dentro del templo sepulturas que se vendan, teniendo sus propietarios el derecho, mientras vivan, de sentarse sobre ellas durante los servicios, pero el obispo Castillo se opuso a que las mujeres utilizasen en vida como asiento Ir sepulcros, aun poseyendo alguno, pues crea que aquellos asientos deban ser reservados para “personas ilustres que han tenido oficios preeminentes”. Por esta poca, las fiestas principales celebradas en La Habana. eran las del culto catolice, organizadas por la iglesia. La celebracin de la misa los das festivos constitua un acontecimiento social de importancia, al que asistan las autoridades, tropas y vecinos. Las procesiones se realizaban con gran esplendor y solemnidad, con el aditamento de corridas de toros y juegos de caas. Slo la Parroquial Mayor celebraba, segn el historiador Jos Martn Flix de Arratc, 57 festividades religiosas en el ao (21), “con vsperas, salvas, misas y sermones, y otros requisitos de mucha gravedad y pompa”. Casi un siglo despus, y segn nos refiere Arrale (22), “la reedific y ampli el seor obispo Don Juan de Santos Matas, con auxilio de limosnas de los vecinos por ios aos 1666”. Se compona este templo segn la descripcin que de l hace Arate, “de un can principal y un orden de capillas a la parte del Norte anchuroso y capaz, y aunque no a lo moderno, fu para aquella edad como dice el Maestro Gil Gonzlez, noblemente edificado. tiene coro alto y bajo y un reloj en su torre. hay fundadas en ella siete cofradas. tiene esta parroquial dos curas beneficiados cuya renta excede de dos mil pesos, y dos tenientes que asisten por semanas para la administracin de Ir Sacramentos: un sacristn mayor que goza de casi igual renta que la de los curas: doce capellanes de coro y cuatro clrigos presbteros para llevar las varas del pio siempre que su Divina Majestad sale en pblico a visitar a ios enfermos, con dotacin de (21) Jos Martn Flix de Arrate, Llave del Nuevo Mundo antemural de las Indias Occidentales. La Habana descriptor noticias de su fundacin aumentos y estarlos. 1761, La Habana, 1876, 1). 478-479. (22) Ob. cit., p. 387-389.

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38 CUADERNOS DE HISTORIA. HABANERA capellanas para esto: hay en ella cuatro mozos para el servicio de la sacrista y dems concerniente a la iglesia, los cuales y el teniente de cura asistente tienen habitaciones contiguas al cementerio de dicha iglesia”. Entre lostesoros que posea se contaba “un sagrario hermoso de plata que cost ms de diez mil pesos y es coi respondiente a la lmpara mayor que es muy exquisita y ostentosa” donado por Fr. Juan Lazo, quien la enriqueci de alhajas y de ornamentos y de “un retablo dorado primoroso”, debido al pincel de Juan Camargo. La iglesia estaba dedicada a San Cristbal, patrn do la ciudad y su titular, y desde que se establecieron las parroquias del Espritu Santo, del Cristo del Buen Viaje y del Samo Angel Custodio, tom ci nombre de Parroquial Mayor. El historiador Antonio J. Valds (23) censura con dureza expresiva ia falta de arte que caracteriz a esta Parroquial Mayor. “Su exterior— dice — era tan ordinario que por la parte oriental y meridiouaf ms bien pareca casa de cualquier particular que templo de Dios. El interior por s solo mirado, tampoco encerraba objeto en que la curiosidad pudiese detenerse; y en una palabra, cu aquella iglesia se port tan groseramente la mano de su artfice, que desnuda del ornato del culto, se tomara por una hermosa bodega ms adecuada para parroquial del puerto de Carenas, que para la ltima parroquia de La Habana”. Cuando Gernimo de Rojas termin la construccin, con el dineto que para ello dej su pariente Juan de Rojas, uno de los vecinos ms ricos de La Habana de aquellos tiempos, puso el escudo de armas de la familia Rojas en la fachada, en el lugar ms prominente, dando ello lugar a una ruidosa controversia con el Cabildo, la que termin con la sustitucin de aquel escudo por el de S. M. el Rey. Entre las particularidades interesantes y dignas de mencin que ofreca la Parroquial Mayor debemos citar las siguientes: El monumento erigido en 1557 a la memoria do doa Mara Copete, seora principal de La Habana, hija del gobernador don Diego de la Rivera y Cepero, la que fu herida de muerte por una* bala de arcabuz, mientras so encontraba arrodillada en la iglesia asistiendo a una fiesta religiosa que ella haba costeado. (23) Antonio J. Valds, Historia de la isla de Cuba y en especial de La Habana 1813, La Habana, 1877, p. 461-452.

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LA PLAZA DE ARMAS 39 En el mismo sitio en que sufri este casual y desgraciado accidente, la hicieron su sepultura, colocando en el referido monumento una lpida con una inscripcin latina que traducida al castellano deca: “Aqu muri Doa Mara Ccpero herida casualmente por un disparo de arcabuz. Ao 1557, Padre Nuestro y Ave Mara :I Cuando en 1777 se derrib la Parroquial fueron trasladados el monumento y la lpida a la esquina de la casa solariega de loa Cepcro, Oficios y Obispo, frente a la Plaza de Armas, donde estuvieron hasta 1914 en que, al reformarse esa casa, pasaron monumento y tapida al Museo Nacional, donde hoy se encuentran (24). Aunque no ha llegado hasta nosotros el detallo de la inscri pemil sepulcral, afirma Prez Beato, tomndolo de Arrale (25) que en la Parroquial Mayor existi el sepulcro de Antn Recio! ilustre patricio que fund el primer mayorazgo en la isla de Cuba y ocup los primeros cargas pblicos en la villa de San Cris tbal do La Habana. y que en la orla de la losa que cubra su sepulcro. constaba que haba sido uno de los primeros pobladores ue ia Isla falleciendo en el mes de enero de J 575. A pesar de no encontrarse perfectamente esclarecido, puede afirmarse, como lo ha hecho al arquitecto Evelio Govantea (26) que en la Parroquial Mayor fu sepultado el gobernador Gonzalo Prez ce Angulo, que falleci antes dei 25 de septiembre de 1556 posiblemente en La Habana pues “no pudo ocurrir su muerte en Espaa, porque no haba materialmente tiempo de que para asta iccna llegase a La Habana ¡a noticia de su defuncin, ya que tuvo que permanecer aqu hasta el 18 do abril de 1556 y la primera flota que se hizo a la vela con rumbo a Europa fu con posterioridad a i V*? 10 C G f y not e a su fallecimiento aparece en el cabildo de 25 de septiembre de 1556 en que ^ adopt el acuerdo siguiente: “En este dicho cabildo fu acordado por sus merco es de los dichos Seores Justicia regidores, que por cuanto el doctor Gonzalo Prez de Angulo, Gobernador que fu desta IsladcGuba por Su Magostad, fu el que trat de cgecutar la Ig c <2 4) Jos M. de la Torre, La Habana Antigua y Moderna cit n ira/™,” P S*t “““• '”*<“ ’ lo. ,Zo.xvl ™ y XYin, La Habana, 3915, p. (a, 5) Manuel Prez Beato, Inscripciones. eit* jx. g t Memoria de los trabajos realizados por la administracin del alcaide Dr. Miguel M. Gmeg (1928-20) La Habana, tS^TuSSi

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40 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA sia de piedra que est empreneipada fundada en esta villa, hata cu el estado en que est y el por su persona ha andado pidiendo limosna c por haber siempre hecho buenas obras a la dicha Iglesia, por tanto que por la sepultura que se le dio en el Coro no se pida ni pague cosa alguna della sus herederos, que se le haoc gracia delia M Segn nos refieren los historiadores Arrute y Valdes, el obispo Fr. Juan Lazo de la Vega que rigi la dicesis de Cuba de 1732 hasta su muerte en 1752, pretendi derribar La Parroquial, construyendo otra en su sitio, pero sin conseguirlo* De este proyecto poseemos nosotros tres interesantes copias fotogrficas do loa planos que existen en el Archivo General de Indias de Sevilla (Seo* 5 Aud. de Sto, Domingo, leg. 531), que fueron remitidos con carta del Obispo de Cuba de 20 de julio de 1735 y presentan, respectivamente, una vista general del “proyecto del plano de la Yglessa mor* que se pretende hacer en la ciudad de la Uavana*’, “Frontispicio que deve mirar al Oriente 7 \ y “Perfil por todo el largo dla YglessiaV La construccin proyectada teTila des torres zales, cpula central y tres naves, y fue gran suerte que no llegara a realizarse pues, por lo menos cu su frontispici, era de tan mal gusto que bien puede calificarse de verdadero adefesio arquitectnico. El 30 de junio de 1743, segn cuenta el historiador Pezuela (27), f estando anclada en el puerto la escuadra de Torres, sobreviene una tormenta, y cao un rayo que incendia al navio Invencible, donde arbolaba aquel general su insignia. Xo se pudo cortar el fuego que se comunic a la Santa Brbara e hizo volar a buque a las 4 y cuarto de la tarde* Con su voladura, ocasion la muerte a 16 personas y heridas a 21, Adems se resquebrajaron muchos edificios de la dudad, entre otros el de su Parroquial Mayor, que ocupaba los mismos solares donde hoy se alza la Casa de Gobierno* Qued amenazando ruinas, y aos despus fu necesario derribar] a ? \ Que este accidente no impidi se continuaran celebrando Jos cultos religiosos en dicha Parroquial Mayor, lo demuestra el que no hemos encontrado en las Actas Capitulares de los aos inmediatos a 1741 noticia alguna referente a la clausura y traslado de (27) Diccionario. ct., t. III, p. 36*

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LA PLAZA DE ARMAS 41 la Parroquial a otra iglesia; y ? por el contrario, hallamos noticias que demuestran que continu aqulla abierta al pblico para todos los actos y ceremonias religiosos. En efecto, en el cabildo de 15 de lebrero de 1742 se ley una peticin de Don Ilartholom Garca Menocal, mayordomo de propios y rentas, participando que el Preb. D. Andrs Lpez le haba manifestado “tener en su poder cien pesos destinados por el YUmo. br. Obispo de esta Dicesis para hazer una Palma de Plata al glorioso Mrtir Sor. Sn. Xptoval dignsimo Patrono de esta Ciudad y que haviendo consultado con muchos mrs. de platera esta obra quedando perfecta y con combiniencia han resuelto ser necesarios einquenta pesos ms”, lo que comunicaba al Ayuntamiento para su resolucin. Acordse ordenar la. entrega de dicha cantidad, del cauda] de propios y rentas, por “ser muy conforme que el dignsimo Patrono Seor Sn. Xptoval tenga una alaxa tal”. Ese mismo ao vemos tambin, leyendo el acta del cabildo extraordinario de 18 de diciembre, que se celebrarn exequias “en la Yglesia Parroquial Mayor de Sn. Christoval” segn expresamente se hace constar en dicha acta, el jueves 20 de ese mee, en sufragio por el alma del teniente coronel Don Joaqun de Horcasitas y Giiemes, sobrino carnal del gobernador don Juan Francisco de Giiemes y Horcasitas, acordndose que los seores comisarios asistiese!) a las referidas exequias. Tambin consta que recibiera sepultura en la antigua Parroquial Mayor el obisj>o Pedro Agustn Mord de Santa Cruz, famoso prelado que escribi la Historia de la Isla y Catedral de Cuba, y fu el primer obispo que fij su residencia, hacia 1756, en la ciudad de La Habana, distinguindose, adems, por su actitud de violenta y sistemtica oposicin mantenida en 1762 contra las autoridades militares britnicas que ocuparon La Habana, la que le vali su prisin y deportacin de la Isla, regresando de nuevo a esta ciudad el 3 de mayo de 1763 y falleciendo el 30 de diciembre de 1768, siendo enterrado, segn aparece de la partida de defuncin publicada, por el historiador F. de P. Coronado (28), en esta Ig* Parroq! mor de Sn Xptovl en Ja pared del Presbyte(28) Prefacio a la Historia, de ta Isla y Catedral de Cuba, clt-, La Habana, 1929, p. XXVII-XXVIII.

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CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA rio al lado del Evangelio ? \ Los restos de dicho prelado se supone, sin que exista constancia plena, que fueron trasladados aos despus por el obispo Heehavarria, su protegido, a la Catedral, aunque se ignora el lugar exacto donde all se encuentren. Cuando en 1772 fue aprobada, por Real Cdula de 11 de julio, la instalacin de la Parroquial Mayor en la iglesia del colegio de la Compaa de Jess, y la demolicin de la antigua parroquial para la fabricacin en el terreno que ocupaba de un edificio destinado a Casas Capitulara, Casa del Gobernador y crcel, se estableci provisionalmente el culto en el oratorio de San Felipe de Mor, que qued transformado en parroquial, hasta que en 9 de didiciembre de 1777 se retliz el traslado de la Parroquial Mayor, de este oratorio a la mencionada iglesia de los Padres Jesutas, transformada ms tarde en Catedral, en el mismo sitio que ocupa en la Plaza que hoy lleva su nombre. En el Archivo Nacional de La Habana hemos encontrado un, expediente del Gobierno General (Leg. 45, nm. 1905) en el que aparece la transcripcin del oficio dirigido en 18 de marzo de 1775 al Obispo Diocesano, acompandole copia de la Real Orden de 21 de diciembre de 1774, ya citada, “a fin de que pueda imponerse radicalmente de todo el proyecto y tomar con este conocimiento las medidas oportunas para concurrir en lo que respecta a V.S.Y. con el celo y eficacia que acostumbra al cumplimiento de la suprema voluntad de SM.’\ Le agrega el Gobernador al Obispo que lo ms urgente de esas obras, y por lo que, segn la E.O. se debo empezar, son f Ias Casas de Cabildo por estar amenazando ruina las que hoy existen y las de la Crcel por no haberlas en el da y estar sirviendo de tal unas casas particulares nada propias a este intento, debindose construir una y otra en el sitio que ahora ocupa la Iglesia Parroquial Mayor, trasladndose sta a la que fu de los regulares extinguidos' \ Por ello, niego a Y.S.Y. quiera providenciar que con la brevedad posible quedo aquel terreno en disposicin de poderse comenzar en l los edificios en que ha de emplazarse despus de profanado; y de practicarse las medidas y tasacin para pagar su valer a favor de la nueva Parroquial que se est construyendo con arreglo a lo dispuesto en la Real Cdula de 11 de julio de 1772 J \

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LA PLAZA IS ARMAS 43 Tambin existe en nuestro Archivo Nacional (29) una Real Orden de 18 de noviembre de 1776 por la que se resuelve la peticin que en 9 de agosto hizo el Obispo Diocesano al Rey de que se le indemnizase por la apropiacin de los terrenos colindantes con la Iglesia Parroquial Mayor, en la Plaza de Armas, a fin de poder disponer de fondos suficientes para la terminacin de las obras que se realizaban en la antigua Iglesia del Colegio de la Compaa de Jess, dedicada a Parroquial Mayor, disponiendo S. M. que, “en inteligencia de todo lo referido, he venido en aprobar, que la venta del terreno de que trata el nominado Prelado, se haga por el precio legal de la tasacin y en conceder para el preciso, y piadoso obgeto de la conclusin de la mencionada Iglesia Quairo mi! pesos por una sola... del Ramo de Vacantes Mayores y menores de esa Isla. Y en su consecuencia os mando dispongis lo conveniente a fin de que se entreguen por esas Caxas a la Persona que destinase el propio Obispo, la expresada cantidad del producto del citado R amo 1 (29) Boletn i del Archivo Nacional, La Habana, 1909, t. VIH p 136-136.

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El tastillo de La Fuerza* Dibajo de Cara va.

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La Fuerza, Desde los primeros tiempos de la colonizacin espaola en Amrica constituy una de las ms graves preocupaciones de los gobernantes de estas tierras y de los propios monarcas los daos enormes que causaban, principalmente en las poblaciones martimas, los 1 recuentes asaltos y saqueos do los piratas y corsarios extranjeros, que no slo robaban e incendiaban los indefensos poblados, sino que tambin asesinaban a sus habitantes. Pero las medidas para precaverse de estos daos, a pesar de la gravedad e importancia de los mismos, tardaron, como todo cuanto tocaba resolver al Gobierno de la Metrpoli en relacin a sus colonias de Indias, .muchos aos y fueron objeto de largas y a veces enconadas polmicas. A ello se debe que La Habana sufriera reiterados ataques y saqueos antes de poseer fortificaciones adecuadas para su defensa. Y fue necesario, para que la Corona se decidiese a fortificar esta villa que, en 1538 unos piratas asaltaran La Habana, matando a muchos de sus iiabitautcs y arrasando con cuantos hallaron a su paso, robando lo de valor y utilidad, incluso las imgenes de los santos, e incendiando, por ltimo, la poblacin, dejnuola, ai retirarse, casi toda reducida a conizas.* Ante este desastre, y segn documento que se conserva en el Archivo de Indias, de Sevilla, y cita la historiadora Misa Wright (30), la Iteina en 20 de marzo de 1538, encomend al adelantado don Hernando de Soto, gobernador de la Isla, la construccin do u na fort aleza en La Habana, “as para guarda della como para (30) Ob. cit, t I, p. 184.

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48 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA amparo y defensa de los nauios que van y vienen a las yndias. con toda breuedad”, encargndole le informase ''si sera cosa ms conveniente hazer en lugar de la dicha fortaleza vn cortijo a manera de cibdadela en el morro que esta cerca del puerto do se Recogcsen o poblasen los moradores que all hoviese ... y escogendo lo ms seguro y menos costoso aquello porneys por obra”. Despus de varias dificultades con que tropez de Soto en lo que se refiere a la recaudacin del dinero ofrecido por la Corona y a 1a. oposicin que hizo el Cabildo de Santiago de Cuba al proyecto de fortificar La Habana, por estimar que Santiago y no La Habana “es lo que ha de permanecer en esta Isla”, de Soto, al embarcarse en La Habana con direccin a la Florida, en mayo de 1539, para no volver ms, dej encomendada la obra de la fortaleza al vecino de Santiago, Mateo Aceituno, con un sueldo de cien mil maraveds al ao, quien la construy en siete meses, dejndola, segn su propio dicho, en 12 de marzo de 1540, “acabada y para se poder habitar y morar y fender y defender”. Esta primitiva fortaleza de La Habana se encontraba a trescientos pasos del sitio que ocupa La Fuerza, “a la banda del puerto”, y no obstante los elogios que de ella hizo su constructor y despus “alcaide y tenedor”, el gobernador Juanes de Avila, sucesor de de Soto, declar en 31 de marzo de 1545 que do fortaleza no tena m que el nombre, encontrndose, adems, mal situada, pues quedaba dominada por un cerro que so supone fuera la llamada Pea Pobre, desaparecida posteriormente con el ensanche y construcciones de la ciudad, as como que era innecesario alcaide para, mandarla, y en efecto, Avila sustituy a Aceituno por Francisco ci Parada, corno representante en La Habana del Gobernador. Juan de Lobera, hermano poltico de Juan de Rojas, que fu alcaide antes de 1548, particip tambin del pobre juicio pblico que so tenia de la fortaleza. De 1539 a 1550 fueron suministradas por la Corona, en di-, versas ocasiones, ballestas, arcabuces, falconctas, balas, una culebrina grande y un can de 47 quintales de pesos que llamaron “el salvaje”. El importe de lo pagado por Sevilla, de la artillera que compr Lobera en Espaa por este tiempo, ascendi a 576,470 maraveds. La importancia que con el descubrimiento del canal de Bahamas adquiri el puerto de La Habana como lugar donde se con-

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LA PLAZA DE ARMAS 49 grcgaban las flotas y navios sueltos, mercantes y de guerra, que hacan la ruta desde Santo Domingo, Nombre de Dios, Honduras y Mxico a Sevilla, y la actividad demostrada por los corsarios franceses, impulsaron a la Corona a mejorar las defensas de La Habana, acordndose primero, hacia 1550, reparar o reconstruir la fortaleza existente, cuya obra fue confiada a Juan de Rojas y a Juan de Lobera, inspeccionando la existente los capitanes generales Diego Lpez de Roelas, en 1550, y Sancho de Viezma en 1551, originndose largas discusiones sobre si deba reconstruirse la existente o construirse una nueva fortaleza. Durante el borrascoso gobierno de don Gonzalo Prez de Angulo se tomaron diversas medidas por el Gobernador y Cabildo sobre la fortificacin, vigilancia y seguridad de La Habana, con motivo de la guerra con Francia. As, en el acta del Cabildo de 3 de marzo de 1552, encontramos la constancia de que el gobernador “trat e platic eon los dichos seores Alcaldes y Regidores cerca de la prevencin y buen aparejo que es menester tener cerca de la buena guarda desta villa y fortaleza”, transcribindose en el acta de esa sesin municipal las ordenes detalladas de Perez de Angulo tendientes a esos fines, estableciendo guardas permanentes en la altura de El Morro para que avisasen la presencia de navios, servicio de recorrido a caballo por la noche en la villa, obligacin de portar armas todos los vecinos y de acudir a la sena! de navios a la vista, y prohibicin de salir de la villa s¡n licencia del Gobernador, y otras ms anlogas. Durante la ausencia de Angulo cu Santo Domingo, en 1553, el Cabildo se preocup tambin de la fortificacin de la villa, y en la reunin de 8 de marzo de esc ano se acord hacer un repartimiento entre los vecinos para la terminacin del baluarte en la playa, que requera “alzarle el pretil de delante para que la artillera que en l est (4 piezas), pueda aprovechar”, contribuyendo cada vecino eon sus negros y “herramientas, bateas, azadones e machetes”, y los que no tenan negros, eon dinero, a razn de un real diario, encargndose a Juan Daz “que de la forma como se ha de hacer la obra e ande sobre la dicha obra”, ge acord tambin en dicho cabildo que una vez terminado el baluarte, toda la gente de a pie ''no sealada para ir a la fortaleza cuando se tire tiro”, a la seal de navios, “vaya e acuda con sus ar-

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50 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA mas al dicho baluarte para que sten en guarda fie la artillera 1 designndose capitn de esta gente al vecino Juan de Inestrosa. En los cabildos de 15 y 22 de abril se tomaron medidas sobre la mejor defensa de la loma de El Morro, adquirindose dos pasamuros y un quintal de plvora y construyndose una casilla de tejas. Ya en La Habana Prez de Angulo, desde enero de 1554, y resueltas a su favor las acusaciones que contra 61 formularon sus enemigos, el 19 del mes citado present al Cabildo, y ste aprob, nuevas medidas de vigilancia, leyendo cu el cabildo de 18 de raai i i r ; c t 1 i b i c > su M :} r J v bre la v i a rd a de 1 os p u e i t os y pueblos de 3a Isla, ordenando se cumpliera. En el cabildo de 22 de junio se acord “suplicar a su magestad que la fortaleza desta villa se haga con toda brevedad”. El asalto y toma de La Habana por el corsario francs Ja tiquea de Sores, el 10 de julio de 1555, sirvi para comprobar lo inadecuada que era la fortaleza entonces existente, para defender La Habana, pues no obstante la tenaz y heroica resistencia que hizo su alcaide Juan de Lobera, se vio obligado a rendirse, quedando aquella prcticamente destruida, pues en 1565 el gobernador Garca Osorio la encontr en tan psimas condiciones que era utilizada como com para guardar el ganado que se destinaba al sacrificio, con solo un terrapleno sobre la boca del puerto y cuatro piezas de bronce, mas otras cuatro que dicho gobernador coloc. -Por Real Cdula de 9 de febrero de 1556, se orden por la Corona la construccin de una fortaleza. El gobernador Diego de Mazar iegos eligi como sitio de emplazamiento el de las casas de Juan de Rojas, o sea el. lugar que ocupa actualmente La Fuerza. La historiadora Wright (31), basndose en documentos del Archivo de Indias cree poder afirmar que la fortaleza vieja, o sea la primitiva, ocupaba el sitio donde estuvo hasta el gobierno de Machado la Secretara de Estado, al comienzo de la calle de Tacn, Para realizar Ja obra de la nueva fortaleza, la Corona nombr a Bustamante de Herrera, “persona de confianza platico y de experiencia en estas cosas de fortificacin 3 *, que no pudo llegar a Cuba por haberle sorprendido la muerte, designndose en su lu(31) Oh. clt, t I F p. 17,

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LA PLAZA DE AK.JM AS 51 gar, a Bartolom Snchez, con el sueldo de 500,000 maraveds por afo, llegando a La Habana en noviembre de 1558, segn se da cuenta en el Cabildo de 29 de ese mes, y empezndose las obras en I o de diciembre. Snchez traa las herramientas necesarias, y Mazar legos deba proporcionarle los trabajadores. Al efecto, ste exigi primero 30 esclavos a los vecinos, pero ante las protestas generales, el Cabildo acord en marzo de 1559 utilizar a los vagabundos negros, mestizos y mulatos, so pena de diez pesos o cien azotes de castigo. Tambin se emple a 14 franceses capturados en la costa Norte de Matanzas, de los que 12 se escaparon el 6 de abril segn se di cuenta on el cabildo de esa fecha y a los presos y a los indios de Guanabacoa; pero esto ltimo ocasion una reprensin do la Corona, ordenando a Mazariegos que slo utilizase a los indios si libremente queran hacerlo, y pagndoles. ^ Las casas expropiadas para levantar La Fuerza, en el lugar que hoy ocupa, segn hemos dicho, eran, adems de las de Juan de Fojas, las de Melchor Rodrguez, Juan Gutirrez, Antn Recio, Alonso Snchez del Corral, Diego de Soto, Juan de Incstrosa, Isabel Nieto y el sacerdote Andrs de Nis, vecinos de los ms distinguidos y ricos, que de aquel lugar haban hecho la barriada aristocrtica de la Villa. SNo todas las casas se derribaron inme< ¡ : ti\ ; de giimm pudieron cobrar indemnizacin sus poseed Muy lentamente marcharon las ser de ios jnup:Nims y esfuerzos de Mazariegos. Este es, d :: duchcz do ser persona ; de mucho trabajo y poco prov y u>;i oficiales de las obras lo censuraban, adems, de pendrv!,orn. dapidador, ‘'hombre de estrafm condicin que no m al) i ene i abendr con nadie 7 \ Fue destituido en 1560, encarganVezar legos la continuacin de la obra y designndose sjo c uerdo^ a Francisco de Caloa. En el cabildo de iy de marzo de 1558 se di cuenta do haberse recibido 12,000 pesos, enviados por la Corona, para ia obra. En 2 de diciembre de 1560 el Cabildo, a peticin del Gobernador, nombr a Juan de Rojas, Alvaro Snchez del Corral y Gernimo de Avellaneda, respectivamente, tesorero, contador y factor, por no haber llegado de Santiago los oficiales de la Real Hacienda. En julio de 1562 se haban gastado 19,000 pesos de los 132,000 recibidos en diversas partidas hasta entonces, sin que an estuviera, colocada una sola piedra. En esc ao se colocaron las pri-

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52 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA meras. De Cartagena se recibieron distintas partidas de negros, y la Corona envi 8,000 pesos ms, Sin embargo, al terminar su perodo Mazariegos, su sucesor Garca Osorio de Sandoval, encontr (diciembre de 1565) que la obra iba muy despacio, pues “por la parte donde se ha leuntado mas esta ygual con la tierra y por algunas no tanto Mientras se realizaban, con la lentitud que hemos visto, los primeros trabajos para la construccin de la fortaleza, Mazariegos, no podiendo lograr auxilios de Sevilla para Ja defensa de ha Habana, adquiri de los navios visitantes algunas provisiones de guerra, tales como plvora, bulas y dos o cuatro caones que estuvieron a cargo del artillero Pedro Andrs. El sucesor de Mazariegos, Garca Osario de Sandoval, durante el breve perodo de tiempo de su gobierno, tom diversas medidas para ia defensa de la poblacin contra el posible asalto de corsarios y piratas: el cierre de los caminos que iban a la Chorrera y salan a la playa y mar, por haberse probado que cuando los corsarios franceses asaltaron ia Villa £ entraron por el camino que viene de la Caleta por el monte 1 \ y se prohibi el paso por dichos caminos y el abrirlos o hacer otros nuevos o veredas que saliesen a la playa, debiendo tomar todos £ por ia propia playa que va al pueblo viejo so pena a los infractores de 50 pesos o 100 azotes si fuere espaol, £ e si fuese negro libre o esclavo o mulato se le pone de pena que sea dejarretado de un pie e si fuese indio que sirva un ao en la obra de la fortaleza* utilizar a los negros borros y mulatos y los iridios para las obras ms urgentes de defensa y fortificacin e incitar a los vecinos a que ayudasen con algunos esclavos; eomlrueen de un “bujo” para que la gente que haga la vela o guarda en la playa y entrada del puerto se guaresca del sol y la lluvia, as como para que no se mojen las municiones, contribuyendo para esta obra los vecinos con sus esclavos para armar y enmaderar el £ bujo y los indios de Guanabaeoa para cubrirlo de guano; proveer a los vecinos que carecieren de armas, de arcabuces y municiones con que acudir a los rebatos; enviar un barco con un piloto y marinero que avisase a la provincia de Yucatn y de ah se trasmitiese la noticia a la de Honduras, de saberse que corsarios franceses e ingleses luteranos se haban apoderado de ia isla de Madera y se armaban 28 o 30 navios para venir a las Indias, segn aviso en carta re-

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LA PLAZA DE ARMAS 53 eibida a mediados de diciembre de 1566, escrita por Pedro de Estopin de Figueroa, juez oficial de la Contratacin de Indias en las Islas Canarias. En 20 de marzo de 1565 fu nombrado Pedro Menndez de Aviles, Adelantado de la Florida, con la misin de limpiar de franceses las aguas de las colonias espaolas del Mar Caribe y guardar las costas y puertos de Indias. En el cumplimiento de tal misin tuvo varios incidentes eon el gobernador Osorio, hasta que en 24 de octubre de 1567 fue designado el propio Menndez, gobernador de la isla de Cuba, y en 24 de julio de 1568 ces Osorio en su cargo, sustituyndolo el doctor Francisco de Zayas, como lugarteniente gobernador y juez de residencia, a las rdenes de Menndez, gobernador en propiedad. Pedro Menndez era un marino valiente y audaz, fiel a su rey, fantico de su religin, honrado a su manera y de acuerdo con el espritu y procedimientos de la poca. Con mano dura persigui a los enemigos de su rey y su Dios, imponiendo su justicia, en nombre y para mejor servicio de ambos. Y no slo consigui impedir que los franceses se apoderaran de las posesiones espaolas, sino que, adems, expuls a aqullos de sus colonias, estableciendo en su lugar nuevos dominios de S. M. Catlica, despus de haber acabado, sangrienta y salvajemente, con los franceses — hombres, mujeres, nios y ancianos — pobladores de la Florida. Para mejor realizacin de este vasto o importantsimo plan se le nombr, segn dijimos, Gobernador de Cuba, sin perder por ello su cargo de Adelantado de la Florida, ejerciendo el mando de la Isla por medio de sus Tenientes Gobernadores. Su mando comenz ya militarmente, desde que Felipe II, satisfecho y encantado de sus heroica? y gloriosas hazaas contra los herejes franceses flordanos, le envi en 1566 con una nutrida armada auxiliar, y la orden de establecer guarniciones en las Antillas y cuidar de sus naves; de manera que Garca Osorio slo ejerci, desde entonces, el gobierno civil de la Isla, ocasionando esa divisin de mandos dificultades e incidentes que fueron cortados por la Corona, confindole tambin el mando civil de la Isla a Menndez. Cuba fu, pues, desde que Osorio entreg al teniente gobernador de Menndez, licenciado Francisco de Zayas,

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54 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA hasfM que tom posesin el gobernador Gabriel Montalvo, un gobierno dependiente de la Florida, asi en lo civil corno en lo militar. Con la expulsin de los franceses de la Florida, coincidi la aparicin en el mar de las Antillas de naves inglesas que ms tarde tanto dao haban de ocasionar a has posesiones espaolas. El primer marino ingls que visit estos mares fu Sir John IlawMm, en 1564, que comerci en esclavos y mercaderas, con los habitantes de Ea Espaola. No obstante la indignacin y protesta de Felipe XI* Hawkins realiz otras expediciones, apealando en isla de Pinos durante una de ellas. En su tercer viaje (1567), fue atacado cerca de Vera cruz por una armada espaola muy superior en numero, siendo derrotado, con prdida do toda le expedicin. A Hawldns siguieron en el trfico por los mares antillanos, otros marinos ingleses, y entre ellos Francisco Dr&ke, que tanta fama llegara a adquirir. No afectaron, como hornos visto, esas expediciones inglesas, las costas de Cuba, pero s llevaron al nimo de Meundz de Aviles y de la Corona la necesidad de la fortificacin de sus puertos, dada la indefensin en que se encontraba la Isla. Menndez, si logz' triunfar en la Florida, no pudo, sin embargo, limpiar de corsarios el Mar Caribe, pues a la presencia de ios ingleses se uni tambin la de marinos holandeses. Se acometi, por tanto, la reconstruccin de La Fuerza. Para ello en 15 de abril de 1570, el teniente gobernador Diego de BE bera expres necesitar 10,000 pesos y 100 negros. Slo existan entonces 8 piezas de artillera. Calculaba aqul que eran indispensables 20 caones ms y una guarnicin de 200 hombres. En 1571 Menndez envi 50 soldados, que se consideraron insuficientes, para relevar a los vecinos de toda prestacin de deberes militares. En ese mismo ao inform el Adelantado al Consejo de Indias que la fbrica iba con lentitud por la falta de dinero y esclavos, y peda 200 de stos y materiales a fin de terminarla en dos aos. En 1573, la Corona situ 2,000 ducados, ms 10,000 enviados de Mxico. En cuanto a los esclavos, to pudiendo realizarse el plan de adquirirlos en prstamo, se hizo arreglo eon Juan Fernndez Espinosa, que en 1572 entreg 191, de los que murieron 13 de viruelas, contagiando a los ya existentes, falleciendo de stos, 10. Ea segunda remesa de 109 esclavos, fue secuestrada en el camino.

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LA PLAZA DK ARMAS 55 La alimentacin de los esclavos di lugar a quejas y polmicas cutre la Corona y los oficiales de La Habana* Al fin se logr* que S. M* Catlica, “ enterada de que sus esclavos no podan asstir a misa por carecer de ropa con que cubrirse, mand que se enviasen p rendas de vestir 71 Sancho Pardo Osario, otro de Jos tenientes de gobernador de Menndez de A viles, di impulso a la obra durante ios anos de 1573 a 74, expresando en julio de 1575, “podramos casi decir que est acabada dicha obra*., si tuviera artillera podra prestar servicio ya ; iodo el Io T a posar de las dificultades para conseguir se Je enviase dinero, lo que ocasion varias huelgas de los obreros, llegando stos a resistirse a continuar el trabajo si no se les pagaba., “pros sois maestro de la dicha obra huzod nos pagar que EK) o u eremos socorros, sino juramos a Dios que aveis do hazer Ir obra v os y el gobernador y los oficiales del rey”* Igualmente mal pagada estaba la guarnicin, a] extremo de que ocurrieron por ello protestas y hasta un motn. Destituido Menndez do sus cargos, por indicaciones hechas al Rey por el Consejo de Indias, fue nombrado gobernador de Cuba don Gabriel Moni alvo, quien lleg a La Habana a principios de marzo de 1575, teniendo que resolver inmediatamente el conflicto existente entre Gmez de Rojas, capitn de La Fuerza, y Diego de Soto, teniente de gobernador. Aqul haba llegado a insubordinarse contra ste, negndose a ser sustituido, £i y se amotin en la fortaleza donde estuvo cerrado cinco das puesto ‘T? bar r s tas puertas cerradas la planchada aleada... de que todo el pueblo estaba escandalizado* 7 Monalvo lo detuvo, prb mero, y mult despus. En la inspeccin que el Gobernador hizo a La Fuerza se convenci de que Caloa llevaba adelante la obra, aunque tambin comprob la existencia de hondas discordias, segn ya apuntamos, entre los trabajadores y Caloa. Aqullos, que no cobraban, fuero n acusados por los oficiales reales do que trataban de “dilatar esta obra de manera que fuese inmortal por tener nna renta cierta como ha diez y seis aos que la tienen 77 ; y asimismo de Caloa se inform al Rey que era “hombre perdido* \ jugador empedernido y un simple “oficial cantero”. Y Montalvo, Caloa y el Tesorero Real se distanciaron, a su vez, por el derecho a mandar sobre los esclavos. En estas discusiones y enredos y cu

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56 CUADERNOS 1>E HISTORIA HABANERA intiles demandas de artillera, plvora y armas para la fortaleza, casi terminada ya, pasaron los ltimos aos del gobierno de Montai ve, siendo nombrado en 13 de febrero de 1577 para sucederle, el capitn Francisco Carroo, quien al llegar a La Habana, se encontr efectivamente que ya en 27 de abril # por la tarde se acabo de cerrar el capialeada de la puerta principal de la fortaleza, con que se acabaron de cerrar todas las capillas y bobedas de los caualleros de la dicha fortaleza ”, Y en 28 de agosto del mismo ao pudo Carreo informar al Rey que la guarnicin dorma en La Fuerza, venciendo la oposicin que los hombres que la formaban haban hecho para vivir en dicha fortaleza, pues la mayora de ellos tena otros oficios y veinte eran casados en la poblacin. En 10 de diciembre escribi el Gobernador que tena la fortaleza “avituallada de carne de montera y maz”, En efecto — dice la historiadora Wright, de *la que tomamos los datos que nos lian servido, conjuntamente con los que aparecen en las Actas del Cabildo habanero, para narrar la historia y i* 8 peri ppelas de la fabricacin del castillo de La Fuerza (32) -—ya esta fortaleza estaba acabada, 1 con un coste de veinte aos de tiempo y una cantidad de dinero que los archivos existentes no nos permite conocer Y Pero, apenas terminada, se iniciaron las crticas contra ella, v fue la primera la existencia de la loma de La Cabaa, “que !a seorea toda y con plecas muy pequeas pueden matar la gente que tuviere jugando el artillera por ser el cerro grande y muy alto Y En cuanto a la fortaleza en s se la censur por Antonio Manrique, comisionado por el Rey para inspeccionarla en 1577, tener el patio muy pequeo, faltarle escaleras, parecer sus puertas ms bien de ciudad que de fortaleza, carecer de agua, tener la fosa tan alta que “sino se baja conforme a la marea no podr tener agua aunque se la echen a m,ano ? \ Adems, “los cubos que tiene que sirven de casamatas estaban altos y abiertos y tenan, las bobedas tan altas y delgadas que entrando las plecas tiembra toda la capilla y en pocos aos podran benr al suelo” ; no ohs~ tanto, Manrique terminaba su informe declarando que “la fortaleza est en trmino que artillndola y Retrechndola de municiones se puede muy bien defender y ofender. al presente tic32) Oh. cit, t I, p. 33-70.

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LA PLAZA DE ARMAS 57 ne pocas municiones y son las oeho plecas de artillera medianas y la vna quebrada por la boca”, ninguna de las cuales alcanzaba ms all de la boca del puerto. Al terminarse La Fuerza, su guarnicin se compona de 50 hombres, de los que 19 eran portugueses; los artilleros, 2 flamencos y 1 alemn; y el tambor, 1 viejo negro esclavo. El Gobernador hizo a su hijo de 14 aos, capitn de La Fuerza, aunque asegur que su mando era nominal. Sobre la disciplina de la guarnicin puede juzgarse por el hecho pintoresco de que el Gobernador la encerraba por la noche guardando la llave bajo su almohada. En 1578 se nombr capitn de La Fuerza a Melchor Sardo de Arana, quien tomo posesin de su. cargo al ao siguiente. En julio de 1579, considerando la Corona que La Fuerza estaba "ya en defensa” se di orden que fuese saludada por los navios que entraban en el puerto.En 2 de enero de 1582 se nombr al capitn Diego Fernndez de Quiones, alcaide de La Fuerza, a fin de que sta tuviese un oficial do responsabilidad al frente de ella. Con motivo de este nombramiento, surgieron graves disenciones entre el entonces gobernador, Gabriel de Lujan, y el alcaide, Quiones, que tuvieron eco en la Corte, pues el liey crea que el Gobernador y el Alcaide deban ser una misma persona, y el Consejo de Indias opinaba que deban estar divididos dichos cargos. Fueron intiles las recomendaciones quo el Consejo hizo a Gobernador y Alcaide para que guardaran entre s armnicas relaciones, y desde la llegada de Quiones a La Habana, en 13 de julio de 1582, se sucedieron las disputas entre ste y Lujan, sin que ello impidiese a aqul realizar beneficiosas modificaciones en la fortaleza. A Sardo de Arana io nombr Quiones su segundo, sustituyndolo en 1 de febrero de 1584 por Toms Bernardo de Quirs. Quiones se hizo fuerte contra Lujan, respaldado en una decisin de la Audiencia de Santo Domingo, de diciembre de 1584, privando a Lujan del gobierno en La Habana y sus alrededores, conminndolo Quiones a que abandonase la A illa y se retirase a Bayamo y Santiago, lo que al fin realiz ste, encargndose del gobierno el Cabildo y los Alcaldes Ordinarios hasta 20 de diciembre de 1585 on que lleg a La Habana Pedro Guerra de la Vega con el ttulo de Justicia Mayor de la Villa de La Habana, que present al Cabildo en su reunin de 21 de diciembre, as como el de Alguacil Mayor recado en la per-

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rrADERjsros im historia habanera sona de Pedro Colina, nombrados ambos por la Audiencia de Santo Domingo, a fin de resolver “las diferencias y dicensiones que lia habido y hay entre Gabriel de Lujan gobernador de la dicha Isla de Cuba y el capitn Diego Flores de Quiones alcaide de la fortaleza de esa dicha. Villa”. Guerra, aunque discutido al principio por el Cabildo, al fin fue aceptado por ste, as como el ah guacil Colina, despus que ambos prestaron las fianzas correspondientes, en la sesin del 27 de diciembre, “por la reverencia y respeto que al dicho ttulo se debe e porque no se les atribuya genero de desacato y as en, lo que ha lugar de derecho e son parte o no ms obedecen el dicho ttulo y en su cumplimiento han o reciben por justicia mayor desta villa al dicho seor Pedro Guerra de la Vega sin que sea visto en cosa quitable su jurisdiccin al seor gobernador propietario que en esta Isla reside por S. M. V Ante la presencia do Francia Drake y temor do un asalto a La Habana en 1586, Quiones y Lujan olvidaron sus diferencias, para cooperar ambos, en La Habana y en las regiones Orientales, respectivamente, a la defensa de la Isla, Y aunque al fin el ingls no se decidi ai ataque, de los preparativos result beneficiada La Fuerza con 50 quintales de plvora y 40 de plomo, Y reunidas las autoridades de La Habana, el 15 de noviembre, en junta presidida por Lujan y Quiones, se pidieron al Bey, plvora, cuerda, y municiones para la defensa de La Habana, as como a Mxico, artillera y municiones y 300 hombres armados y con dinero para pagarles sus sueldos y raciones. En la inspeccin que hizo Quiones, levantndose acta de ella, el de enero de 1587, encontr que la fortaleza de La Fuerza se hallaba provista de 13 piezas de artillera de 29 a 40 quintales, una de 75 y otra de 50, 5 f aleones de bronce, 223 arcabuces, 95 mosquetes, 87 picas, 59 lanzas para caballera, ms alabardos, morriones, balas, plomo, cuerda, etc. (33) ¡ pero juzgando insuficiente todo este material de guerra solicit de sus amigos municiones, plvora, cuerda, balas. De estas ltimas slo tena para los caones las que haba mandado hacer de piedra Slo logr, haca 1587, algunas armas de Sevilla, pero no plvora ni cuerda (33) Ireae A. WrigM, ot> cit, t. I T r>. 117 y apndices correa pondientes

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LA PLAZA, BH ARMAS 59 El 2 de julio de 1587, con la armada de Alvaro Plores, lie g a La Habana el nuevo Gobernador don Juan de Tejcda, acompaado del ingeniero militar Batista Antoneli* La Fuerza fue provista entonces de 8 piezas de bronce, municiones, plvora y cuerda y se le construy 'una entrada en cubierta al rrededor de esta fortaloca ? r que Miss Wright (34) supone se hizo de acuerdo con dibujos de Antoneli. Con el nombramiento de Tejcda se unieron en una sola persona los cargos de Gobernador y Alcaide, por acuerdo de la Corona, La llegada de Antoneli, representa, a su vez, el inicio y desarrollo del vasto plan do fortificaciones para La Habana que culmin aos ms tarde en la construccin de las fortalezas de El Morro y La Punta, El sucesor de Tejeda, Juan Maldonado B amuevo, desde que lleg a La Habana el 22 de julio de 1593, dio impulso a las obras de fortificacin que diriga Antoneli, En 1596, y en el informe que sobre las obras de los fuertes de La Habana dio ci capitn general Femar din o de Avellaneda, auxiliado por Luis de Soto mayor, al referirse a La Fuerza expres que era una equivocacin costosa, destinable ms bien que para defensa de La Habana para residencia del Gobernador (35). Por el contrario, el gobernador Pedro Valdfis consider en 1603 (36) que La Fuerza deba ser reparada a fin de Aponerla en el estado q. conuiene Con la mayor breuedad que pueda 77 porque “despus que lo este la tengo por de mucho cffectp pa la deffensa de la entrada deste Puerto y pa que en Vn Rebato de necessidad se puedan recoser a ella con seguridad la Gente de la ciudad Manuel Prez Beato (37) supone que la torre de La Fuerza fue construida en tiempo del gobernador don Juan Bitrin de Viamonte y Navarra (1630-1634), porque en ella existe una inscripcin que dice: “Don Yvan Bitran de Enmonte* con una (34) Ob. cit, t, I, p, 121 (35) Irene A Wright, ob, cit., L I, p. 173. (36) Irene A, Wrlght, Historia documentada e San Cristbal de La Habana en la primera mitad del siglo XVII La Habana, 1930, p. 13. (37) Manuel Prez Beato, Inscripciones cubanas de los siglos XVI, XFI y XVIII, La Habana, 1915, p. 19-20,

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60 CUADERNOS BE HISTORIA HABANERA cruz de Calatrava, a cuya orden., como Caballero, perteneci dicho gobernador* Tambin atribuye al mismo la colocacin en lo alto de dicha torre, que hace tambin las veces de campanario, de una sencilla y bella estatuita de bronce representando una india, pues el adorno que tiene en la mano ostenta igualmente una cruz de Calatrava* Esta estatua se considera tradicionalmente que, como tambin la Fuente de la India, representa alegricamente a la ciudad de La Habana, al extremo de que un dicho popular afirma que “muchos han venido a La Habana y no han visto La refirindose a quienes, aun encontrndose en la poblacin, no han contemplado esa estatua. El autor de la misma fue, segn aparece en el medalln que tiene en el pecho la estatua: “Jernimo Martn Pinzn. Artfice, fundidor-escultor”. Cuando el cicln del 20 de octubre de 1026 azot furiosamente nuestra capital, ech por tierra la referida estatua, arrancndola del sitio donde estaba colocada, siendo despus restituida sobre su viejo torren-campanario* El historiador Arate (38) describe as el castillo de La. Fuerza, segn se encontraba hacia el ao 1761: “Est plantificada la referida Fuerza en esta banda de La baha que cae al Poniente, frontera a la sierra de La Cabaa al mismo labio u orilla del mar y raiz de la poblacin opuesta a la boca del puerto que descubre enteramente* Es una fortificacin regular cuadriltera, con cuatro baluartes uno en cada ngulo; aunque es algo reducida es muy fuerte por ser sus murallas dobles y sus terraplenes de bveda: la aitura de aqullas ser de 24 a 25 varas, y est circundada de un buen foso donde se ha labrado en estos tiempos una gran sala de armas: tiene en el ngulo saliente que mira por un lado a la entrada del puerto, y por otro a la Plaza de Armas, un torren con su campana con que se tocan las horas y la queda de noche, y se repiten las seas de velas que hace El Morro, ponindose en l las banderillas correspondientes al nmero de las que han avistado, con distincin de las que aparecen a Barlovento o reconocen a Sotavento”. La campana del torren tiene una leyenda que dice: “Snete (38) Jete Martn Flix de Arrate, ob. cit., p. 83.

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LA PLAZA DE ABMAS 61 Pctre Ora Pro Nobis. — Gobernando el Mariscal de Campo Don Pedro Alvarez de Viliarn. Ao 1706 Por ser el edificio ms seguro de La Habana, en los tiempos de su construccin, a La Fuerza trasladaron su residencia muchos capitanes generales y gobernadores de la Isla, siendo el primero que la ocup, Tejed a, en 1530, y despus otros de sus sucesores basta que se construy la Gasa de Gobierno en parte del terreno ocupado por la antigua Parroquial Mayor. Cada uno de los gobernadores le hizo ampliaciones y reformas segn sus gustos y necesidades familiares. Guazo, en 1718, le construy rastrillo, cuarteles altos y bajos y caballerizas para el servicio militar. El mariscal de campo don Francisco Cagigal le levant una pieza sobre el caballero que caa al mar, para sala de recibo, y balcn circundante. Tacn, le fabric varios cuarteles. En cabildo ordinario de 10 de enero de 1851, y con motivo del proyecto existente para aislar El Templete, abrindose una calle que lo separase del Cuartel de la Fuerza, se demoli la portada dd referido cuartel, prolongndose la calle de OTieilly hasta el muelle y dndosele el nombre de General Enna al callejn construido a uno de los costados de Ei Templete. El escudo de armas que remataba la antigua portada de ste, despus de una tentativa do secuestro por el comandante del Keal Cuerpo de Ingenieros, a cuyo cargo estuvo la realizacin de estas obras, u mandado colocar, en enero de 1858, por el Capitn General, en el Castillo del Prncipe. En 1851, segn consta en el expediente que se conserva en el Archivo Nacional de La Habana sobre “ Estados de las fortificaciones y edificios militares” (Leg, 40, nm. 34), La Fuerza tena ese ao la siguiente guarnicin : infantera, 650 hombres, 2 caballos; caballera, 200 hombres, 175 caballos de Lanceros del Bey; artillera 350 hombres y 100 caballos; en los pabellones, 21 hombresEn 1854 el marqus de la Pezuela proyect su demolicin, por considerarla intil como fortaleza y constituir adems un obstculo al movimiento comercial de la ciudad en la parte de los muelles. Ese ao el estado de la fortaleza era (Leg. 40, nm. 21) : f Ao de construccin, 1544; nombre, La Fuerza; cuartel; un cuadrado con baluartes; lado exterior, 60 varas castellanas; dk-

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>2 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA Unca al Morro, 1,100; a la Cabaa, 400; guarnicin: actualmente se acuartela parte del resguardo; capacidad, 650 hombres” En 1808. al estallar la Revolucin de Tara, el estado y condiciones de la ms vieja fortaleza habanera, era el siguiente, segn aparece del expediente que obra en el Archivo Nacional de Ea Habana con el ttulo de '"Ingenieros. Comandancia de La Habana y oirs. Estado de las fortificaciones v edificios militares de la Isla” (Leg. 40, nm. 25) : “Est situado intramuros lindando con la baha, cerca de la entrada dl puerto, en el extremo del muelle nombrado de Caballera, Consta de tres partes: 1’. Del cuadro abaluartado llamado antiguamente Castillo de la Fuerza, sobre cuyos terraplenes se formaron los actuales alojamientos; 2\ De los edificios construidos sobre la muralla y patio interior; y 3' una parto del Edificio de tres pisos construido en tiempo y por disposicin del Escmo. fer. Capitn General H. Jos de la Concha en terrenos del mismo Cuartel y del antiguo Cuartelillo de Carabineros que haba ni fondo, cuyo edificio tiene un frente con salida al muelle independiente del cuartel y otro que es el mayor a la prolongacin de la calle de Odteilly, esta parte consiste en la mitad del piso bajo ocupada por la Academia de Caballeros Cadetes, quedando la otra mitad para dependencia de Real Hacienda; los dos pisos altos do ambos frentes estn destinados a pa vellones de Gcfes y Oficiales inclusa la parte primitiva del edificio frente al muelle construido en 1839 en donde hoy se halla establecida la Capitana del Fuerte. Adems de los paveilones referidos escisin tres cuartos en los p .tio.s en que tambin se alojan oficiales. Este cuartel y paveilones pueden considerarse (mino de los ms saludables de la Plaza por su ventilacin y dems condiciones iiij inicas. Tiene un patio de regular eslcncin a la entrada, otro en Jos fosos al lado del Este del cuartel abaluartado y mucho desahogo sobre todo el terrapln y esplanada de la batera de mar anexa ai Cuartel tiene cocinas bastante capaces aunque no libremente ventiladas por hallarse en un eslremo del foso; los escusa dos de la tropa situados sobre Ja muralla desaguan directamente en el mar y tiene paja de agua del acueducto en el primer patio. Respecto a sus fbricas escoplo la de los paveilones un pequeo trozo de la prevencin y de emberjado del frente principal las dems que corresponden hoy al Cuartel son muy antiguas pero se hallan en regular estado a

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LA PLAZA DE ARMAS 63 beneficio de los muchos reparos que de pocos aos a esta parte se han efectuado. Se consideran para el mnimum de camas 1 m. -4 del frente por 2 ni, 7f> de fondo y para el mximum 1 m. de frente por 2 m. 30 de fondo ? Sera muy conveniente demoler el antiguo cuadro abaluartado para construir en el solar disponible un cuartel do nueva planta que cumpliese con todas las condiciones necesarias' b La capacidad en circunstancias ordinarias y extraordinarias era, en esa fecha, de 650 hombres y 3 caballos y 840 hombres y 3 caballos, respectivamente. Estas especificaciones de La Fuerza en el ao de 1868 son las mismas que aparecen en los expedientes anlogos que se conservan en el Archivo Nacional
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64 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA do los parapetos que por la parte del mar la unan a las antiguas murallas, y cercando todos los terrenos a ella pertenecientes con una verja de hierro y cantera. Hoy se encuentra destinada a cuartel del batalln 1 de Artillera, del regimiento 7, Mxima Gmez. Como la ms antigua fortaleza que lia tenido la ciudad, constituye La Fuerza una de las ms preciadas joyas histricas que posee La Habana y figura en el escudo de armas que le concedi la Corona, segn ya vimos, al otorgarle el ttulo de Ciudad por Real Cdula de 20 de diciembre de 1592, confirmndosele aquella distincin, por haber desaparecido el documento oficial de la misma, por Real Cdula de 30 de noviembre de 1665 firmada por la Reina gobernadora doa Mara de Austria, viuda de Felipe IV. As, blasonan el escudo de La Habana, las tres primeros castillos que sta tuvo : La Fuerza, La Punta y El Morro.

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M TkmjUet*, Dibuja d* Crnmvia.

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El Templete. Con objeto de recoger la tradicin existente de haberse celebrado a la sombra de una ceiba que exista al Noroeste de la aetual Plaza de Armas, la primera misa y el primer cabildo en esta Villa, en el mismo ano en que se traslad La Habana al luya r que hoy ocupa, el gobernador don Francisco Cagigal de la Vega erigi el ao 1754 una columna de tres caras que ostentaba en lo alto una pequea imagen de la Virgen del Pilar y en su base dos inscripciones alusivas a esos acontecimientos, una en latn y otra en castellano antiguo. Mucho se ha discutido y escrito por nuestros investigadores histricos sobre la veracidad de estos hechos recogidos y conservados a travs de los aos por la tradicin. Existi realmente la ceiba a cuya sombra se celebraron la primera misa y el primer cabildo en esta Villa! Est comprobada ia celebracin de dichas misa y cabildo! En cuanto a la existencia de una ceiba en los alrededores da la actual Plaza de Armas, no es dudoso que ello fuera cierto, dada la abundante y rica vegetacin que, segn hemos visto, posean en aquellos primitivos tiempos las tierras que se eligieron para lugar definitivo de la instalacin de esta Villa* Pero ello no pernote asegurar que en el sitio preciso en que Cagigal levant el mencionado pilar conmemorativo existiese una ceiba, ni mucho menos que esa ceiba fuese la que se eligi para celebrar bajo ella la primera misa y el primer cabildo. Tres son los historiadores que de manera ms amplia y precisa se han ocupado sobre esta histrica o legendaria ceiba haba-

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68 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA nera: Manuel Prez Beato, Jos Manuel de Ximeno y Fernn* do GrtinPrez Beato, en sus Inscripciones cubanas de los siglos XVI f XVII y XVIII (39) afirma, refirindose al pilar levantado por Cajigal que “sin ningn otro fundamento que el de una tradicin no consignada hasta entonces por nadie, previa orden real, procedi e! seor Oaglgal a testimoniar un hecho de suyo bastante dudoso" y sostiene, fundndose en la noticia que aparece en el cabildo de 8 de febrero de 1556, que s existi una ceiba “en la misma orilla del puerto" y que ello £ habr hecho suponer a algunos que segn costumbre de los conquistadores a su sombra eligieron un altar donde decir misa y reunir el primer cabildo", pero que a esa ceiba, “en vez de veneracin, le guardaran horror los vecinos de la Villa, porque en ella se azotaban los que calan en pena por alguna causa". En efecto, en el acta del referido cabildo de 8 de febrero de 1556 encontramos que s 1 tom en aquella fecha por los seores alcaldes y regidores, reunidos bajo la presidencia del gobernador doctor Gonzalo Prez de Angulo, y con la presencia del escribano Francisco Prez de Borroto, el siguiente acuerdo : “Fu acordado en este dicho cabildo por los dichos Seores -Justicia Regidores que por cuanto algunos negros negras ans de los que son esclavos como de los que se han libertado de poco tiempo esta parte venden cargas de. diciendo que es suyo socolor dcsto urtan sus amos lo cual conviene remediar por tanto ordenaron 6 mandaron que de aqu adelante no puedan v. ningn casabi ni poca, ni mucha cantidad y el que lo contrario hiciere de mas de perder el tal casabi que ansi vendiere si fuere esclavo le sean dados cien azotes atado a la Seiba de la plaza, si fuere esclavo esclavos libres incurra en pena de diez pesos de oro la persona que los dichos esclavos negros comprare el dicho pan incurra en pena de tres pesos las cuales dichas penas se repartan en esta manera : la tercera parte para la persona que lo denunciare las dos partes para el hospital de esta Villa mandse pregonar por que venga noticia de todos." “Nota marginal. Pregonse esto en la Habana en la plaza pblica delia en doce das del mes de Febrero de mil quinientos (8S) Ob. elt, p. 65.

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LA PLAZA DE ARMAS 69 cincuenta sois aos por -voz de Francisco negro testigos Juan de Olivor Francisco Trabaste, Diego de Soto (hay una rubrica) Segn clara y precisamente se demuestra con la lectura de este acuerdo municipal, en el ao de 1556 exista ya en la plaza que entonces tena la villa de La Habana una ceiba que. lejos de ser objeto de respeto y veneracin por parte de los vecinos, se utilizaba para aplicar, amarrados a ella, el castigo de que se hacan vctimas los negros esclavos infractores de disposiciones municipales Pero esta ceiba no es ni puede ser nunca la ceiba que se dice estuvo en el lugar donde Cagigal levant el pilar conmemorativo, adems do por los motivos expuestos, porque la plaza de Ja Villa a que se refiere el acuerdo municipal de 8 de febrero de 1556, no es la Plaza de Armas actual, porque, como ya hemos visto, dicha plaza fue variada de sitio el aal 559, segn acuerdo del Cabildo, de 3 de marzo, “Puez que la fortaleza que se hace ocupa la que de antes haba”, emplazndose en el terreno ocupado por “los bu j ios de Alomo Indio la calle en medio”, y dndoselo el rea de cuatro solares tanto en ancho como en largo”. Y esta nueva plaza fue tambin abandonada, eligindose la de la Iglesia, segn vimos tambin se desprenda de las manifestaciones hechas por el gobernador Francisco Carroo en la reunin del Cabildo de 13 de septiembre de 1577, Valindose de eslaa pruebas documentales podemos afirmar como certeramente lo ha hecho el seor Jos Manuel de Ximeno (40), que esa ceiba a que se refiere el acuerdo municipal de 1556, no pudo ser nunca la ceiba primitiva a que alude la leyenda tantas veces mencionada, por estar situada ese ao la plaza de la Villa en lugar muy distinto al que ocup despus la actual Plaza de Armas. Fernando Ortz ha lanzado (41) una nueva opinin sobre la ceiba habanera de la leyenda, opinin que nos limitamos a recoger, sin comentarla, porque su autor hasta ahora no ha expuesto (40) Memoria de los trabajos realizados por la Administracin del Alcalde Dr. Miguel Mariano Gmez y Arias, durante ei ejercicio de 1929 a 1930, La Habana 1930, p. 141-143. (41) Archivos del Folklore Gubano t La Habana, Yol III, nmu 3, p. 287-288.

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70 CUADERNOS DE HISTORIA HABANERA las razones en que la fundamenta, “Nosotros opinamos — dice Ortiz -que el simbolismo de la ceiba de El Templete no era de carcter religioso y que representaba por s misma y a virtud de la consagracin cvica que de ella se hizo, algo ms qne un hecho histrico, Sabemos que a los negros recalcitrantes se les condenaba a ser azotados en la ceiba como recuerda Prez Beato, pero no compartimos la opinin de ste en el sentido de que esa ceiba debi eer abominable. No, Creemos que la ceiba de Ei Templete fue el emblema de la municipalidad de la villa de La Habana, y el ms antiguo y permanente emblema de libertades ciudadanas que conservamos en Cuba. A esa ceiba debiera concurrir nuestro pueblo habanero en peregrinacin, cada vez que sienta mermadas sus libertades”, Agrega el Dr. Ortiz que no es sta “una nueva opinin precipitada, aromada por el perfume de lo romntico f \ sino “una interpretacin documentada, basada en la historia de las municipalidades castellanas y americanas, que han olvidado los historiadores locales y los que han tratado de los municipios de Cuba, No es este ei momento oportuno para desarrollar la demostracin, Pero quede afirmada aqu por primera vez la tesis: “La ceiba de El Templete, es el smbolo monumental de la libertad municipal de La Ilabana, es el histrico padrn jurisdiccional de su justicia y seoro 7 \ El Dr, Ortiz a peticin nuestra, ha ofrecido desarrollar su tesis sobre la historia y significacin de la ceiba de la Plaza de Armas, en trabajo al que consagraremos uno de estos Cuadernos de Historia Habanera. En cuanto a la celebracin bajo esa ceiba legendaria de la primera misa y del primer cabildo, no existen tampoco documentos comprobatorios en que basar la autenticidad de tales hechos. Todos nuestros historiadores, an los ms antiguos, como Arrale, no pueden invocar otro antecedente sobre el particular que la ira* dicin, Y el propio Arrale, an en la poca en que escribi su historia sobre Cuba — 1761 — no encuentra prueba alguna que confirme lo que la tradicin *ha recogido, y al hablar de la ereccin de El Templete tiene que limitarse a decir (42) : “Hasta el ao 1753 se conservaba en ella (la Plaza de Armas) robusta y frondosa la ceiba en que, segn tradicin, al tiempo de poblarse La Habana, (42) 0b. eit,, p. 130.

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LA PLAZA DE ABMAS 71 se celebr bajo su sombra la primera misa y cabildo, noticia que pretendi perpetuar a la posteridad el mariscal de campo don Francisco Cagigal de la Vega, gobernador de esta Plaza, que dispuso levantar en el mismo sitio un padrn de piedra que crnerye esta memorial Pezuela, el historiador espaol que, como se sabe, tuvo a su disposicin los archivos de la Pennsula y de la Isla, es ms explcito en la no comprobacin de ese hecho histrico, al afirmar (43) ; “Una antigua tradicin que no encontramos justificada en texto alguno, recordaba a la ciudad que la primera misa celebrada sobre sus solares, lo haba sido a la sombra de !a ceiba secular, qut extenda su follaje por el ngulo JST. O. de la Plaza de Armas”. La no existencia de dato alguno que ni siquiera aluda en lo ms mnimo a la celebracin de esos primeros cabildos y misa, bajo una ceiba, en la villa de La Habana y en los das de su instalacin en el lugar que boy ocupa, nos permiten afirmar, no slo que no estn confirmados esos hechos, sino que nunea existieron, o sea quo no se celebraron a la sombra de una ceiba ni misa ni cabildo con motivo de la referida instalacin definitiva de La Habana, porque de haber ello ocurrido, forzosamente hubieran quedado rastros do esos hechos trascendentales en los documentos que se conservan en el Archivo de Indias, de Sevilla, los que no han podido encontrar, despus de minuciosa bsqueda, ni la historiadora norteamericana Irene A. Wright, ni cuantos eomo los doctores Jos Mara Chacn y Calvo y Nstor Carboncll han realizado investigaciones y recogido documentos en dicho importantsimo archivo espaol. En nuestro Archivo Nacional, tampoco aparece noticia alguna referente a dichos cabildo, misa y ceiba. Y en cuanto & las Actas Capitulares del Municipio de La Habana, si bien pueden haberse encontrado recogidos tales hechos en las primeras actas, perdidas, como ya hemos visto cuando el incendio de La Habana por el pirata Sores en 1555, la circunstancia de que no aparezca en las actas existentes de 1550 en adelante la ms mnima referencia a esos hechos, como tampoco alusin alguna a la ceiba a cuya sombra se isupone ocurrieron, nos inclina a negar la existencia de aquellos y tambin de la dicha ceiba, porque de ser ciertos unos y haber existido la ceiba, alguna constancia hubiera quedado en las Actas Ca(43) Diccionario. cit., t. III, p. 155.

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73 CU ADIARNOS L P: BIBTORLY HABANERA ptulares, las que recogen los ms mnimos e insignificantes acaecimientos de la poca en la Villa; y no era posible que el Cabildo dejase de tratar sobre la conservacin o destruccin de la ceiba o sobre el papel que ella desempe, como liemos visto se habla, en cambio, de esa otra ceiba que sirvi para el castigo de los esclavos infractores de disposiciones municipales. Aclarado, pues, que ni existi la ceiba legendaria habanera, ni se celebraron bajo una ceiba la primera misa y el primer cabildo que la columna levantada por Cajigal quiere perpetuar, limitmonos a hacer la historia de dicho monumento histrico, para despus referir la de la construccin e inauguracin de El Templete Cagigal, al levantar la columna rememorativa de aquellos hechos, hizo grabar en una de las lpidas de piedra que existe en el lado Sur de la misma, escrita en castellano antiguo, la siguiente inscripcin: “Fundse la Villa (oy ciudad) / de La Ilauana el ao de / 1515 y al mudarse de su primi / tivo asiento a la rivera de / ^te puerto el de 1519 es tradi / clon que en este sitio se / hall una frondosa coi / ba bajo de la cual se ce / lebr la primera misa / y cabildo : permaneci / hasta el de 753 que se esteri / liz. Y para perpetuar la / memoria gobernando / las Espadas nuestro ca / tlieo Monarca el / seor Dn. Fernn / do VI, mando erigir / este padrn el seor Ma / riscal de Campo Dn. Fran / cisco Caxigal de la / Vega de el orden de / Santiago gobernador / y Capitn General de es / ta Isla, siendo procura / dor General Doctor Dn* / Manuel Phelp / Arango, Ao de / 1754/ 7 En el lado Norte de la columna se coloc una inscripcin en latn, que en 1903, al restaurarse la lpida correspondiente, fu modificada y puesta en latn moderno por el profesor de esa lengua en nuestra Universidad, Dr. Juan Miguel Dihigo ; inscripcin que traducida por ste al castellano, dice as: “Deten el paso caminante, adorna este sitio un rbol, una ceiba frondosa, mas bien dir signo memorable de la prudencia y antigua religin de la joven ciudad, pues ciertamente bajo su sombra fu inmolado solemnemente en esta ciudad ci autor de la salud, Fu tenida por primera vez la reunin de los prudentes concejales hace ya ms de dos siglos: era conservado por una tradicin perpetua; sin embargo cedi al tiempo. Mira pues y no perezca en lo porvenir la fe

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LiA PLAZA DE ARMAS 73 habanera. Vers una imagen hecha hoy en La piedra, es decir el ltimo de noviembre en el ao 1754”. La pilastra ee encuentra decorada, en lo ms alto, como ya expusimos, ponina imagen de Nuestra Seora del Pilar y en el primer frente del tringulo que mira al Naciente, con un relieve del tronco de la supuesta primitiva ceiba, con las ramas cortadas y cual si estuviera sin follaje, seca* Adems de dicha pilastra, aos ms tarde, entre 1755 y 1757, se sembraron alrededor de ella tres ceibas, de las que dos se secaron al poco tiempo y la tercera fu destruida el ao 1827 para facilitar la construccin de El Templete, Al ao siguiente se sembraron tres nuevas ceibas, de las que solo arraigo una, que es la que existe en la actualidad. Dos ms que se sembraron en 1873, mulleron en 1883 (44). Sobre la supuesta ceiba primitiva, no slo se ha divulgado la leyenda de su existencia, sino otras sobre su destruccin, las cuales recoge y destruye certeramente el seor Ximeno en el trabajo ya citado: 4 4 Con el transcurso del tiempo y la prdida del rbol de la leyenda original del primer cabildo y de la primera misa han nacido otras que" no tienen el ms leve aspecto de veracidad. Se atribuye la desaparicin de la ceiba a que Cagigal de Ja Vega quera tener una mejor vsta del puerto. El autor de esta historia olvid que entonces no estaba construido el actual Palacio del Municipio y que desde la residencia de los gobernadores, en el ao en que Cagigal de la. Vega era capitn general de Cuba, se dominaba ampliamente la rada habanera. La imaginacin popular enva la lea procedente de la ceiba a distintos museos. Un cnsul de los Estados Unidos de Amrica aparece recogindola para guardarla en el Museo de Washington precisamente antes de constituirse esta Repblica y de fundarse la ciudad de Washington. Para otros el cnsul ingls acapar los palos de la ceiba y compenetrado con el valor histrico de estas astillas las remiti al Museo Britnico. En 1753 no haba cnsul ingls en La Habana y no (44) Para conocer detalladamente la historia de estas ceibas, as como de la columna conmemorativa levantada en 1754 por el gobernador Cagigal, vanse las siguientes obras: Eugenio Snchez de Fuentes, Cuba manumental estatuaria y epigrfica, cit. p. 29-46; y Mario Les cano Abelia, El primer centenario fiel Templete La Habana, 1928.

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74 LA PERNOS DE HISTORIA HABANERA fue hasta 1759 que se fund el Museo Britnico con las colecciones de historia natural y bellas artes reunidas por Sir Hans Sloane’’. Con el tiempo se fue desgastando y deteriorando lamentablemente este pequeo y sencillo monumento que* adems, casi desapareca oculto por las casillas y puestos de vendedores que en sus cercanas acostumbraban instalarse, y por el Castillo de La Fuerza y otros edificios, como la Casa de Gobierno y Ayuntamiento y la de la Intendencia, que all se alzaban. Todo ello impuls al capitn general don Francisco Dionisio Vives y Planes a restaurar esa columna y levantar, adems, otro monumento mayor que fuese no slo digno de los hechos que se queran perpetuar, sino tambin de la importancia que haba adquirido la ciudad. Al efecto, en 1827, orden a su secretario poltico, don Antonio Mara de la Torre y Crdenas, dispusiese todo lo conducente a los planos y obras necesarias, lo que as se realiz, quedando stas terminadas el 18 de marzo de 1828, Consistieron esas obras en la restauracin y embellecimiento de la primitiva columna, colocando el antiguo pilar sobre cuatro gradas circulares de piedra y sustituyendo la imagen de la Virgen del Pilar que la remataba por otra dorada a fuego, de una vara de alto; y la construccin de El Templete. Tiene El Templete —dice Pezuola (45) — la figura de un “eiiniritmigQ regular de 32 varas de Este a Oeste y 22 de Norte a Sur cercado de una elegante envergadura de hierro que termina en lanzas de bronce, apoyadas sobre globos del mismo metal. EntiT i k.c enverjado se hallan repartidos 18 pilares de piedra, de base y capitel toseano, siendo de *4 varas de alto los dos de la portada de la verja abierta al Oeste y los 4 de los ngulos y de 3 los dems de los costados. La portada de hierro que pesa 2,000 libras exactas, rueda sobre ejes esfricos de bronce, de slido y buen trabajo, coronando al are su mainel un escudo de 5 pies de altura con las armas de la ciudad doradas a fuego en cuya orla aparecen bis siguiente palabras: t£ La siempre fidelsima ciudad de La Habana... M Los frentes y costados exteriores reposan sobre 3 gradas corridas con boceles de piedra de San Miguel, Entre los pilaras del enverjado exterior median asientos de la misma piedra. (45) Diccionario cit., L III, p. 155.

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LA PLAZA DE ARMAS 75 En las caras exteriores de los dos pilares de la portada, se colocaron estas dos inscripciones: “Remando el seor Don Fernando VII de Borbon, Q. D, GL ? siendo presidente, gobernador y capitn genera!, el Exorno* Seor Don Francisco Dionisio Vives y Planes, Obispo diocesano el Excrno* e Ulmo. Seor Doctor Don Juan Jos Daz de Espada y Landa, Superintendente General de Real Hacienda el Exorno. Seor Don Claudio Martnez de Emilios y Cebados y Comandante General de este Apostadero el seor Brigadier Don Angel La borde y Navarro, se construy este edificio pblico para perpetuar la memoria del principio del cristianismo en este pas, a expensas del Excmo. Ayuntamiento y de los fidelsimos y piadosos habitantes de l. Habiendo sido el director de la obra el Caballero Regidor Don Jos Francisco Rodrguez Cabrera. Ao de MDCCCXXVIIIV “El Excmo. Seor Don Francisco Dionisio Vives y Planes, Caballero Gran Cruz de la Real y distinguida orden espaola de Carlos II f, Caballero Gran Cruz de la Real Orden americana de Isabel la Catlica y de la Militar do S. Hermenegildo, Caballero de Tercera, clase de la Real de S. Fernando, declarado varias veces benemrito de la patria, condecorado con el escudo de fidelidad, la estrella del Norte, y pr. otras nueve acciones de guerra, teniente general de tos reales ejrcitos, gobernador de la Plaza de La Habana, Capitn Geni* de la Isla de Cuba, presidente de la Real Audiencia, etc., ete* Protegi con particular empeo esta obra, cuyos planos proyect y levant el S, D. Antonio Mara de la Torre y Crdenas, del Consejo de S. M., su secretario honorario y efectivo do este Gobierno. Ao de MDCCCXXVIIIV El edificio de El Templete, situado en el fondo del cuadriltero y centro de su lado del Este, mide 12 varas de frente y 8 V 2 por las ¡ios t ostados y 11 de alto, y est compuesto de un arquitrabe de 6 columnas de capiteles dricos y zcalos ticos y 4 pilastras ms en los costados, con otras adornos. En el centro del tringu lo del tmpano hay una lpida conmemorativa de la inauguracin, realizada el 19 de marzo de 1828, que dice as; “Reinando el seor Don Fernando VII, siendo presidente y gobernador don Francisco Dionisio Vives, la fidelsima Habana, religiosa y pacfica, erigi este sencillo monumento decorando el sitio donde el ao de 1519 se celebr la primera misa y cabildo: El obispo don Juan Jos Daz de Espada solemniz el mismo augusto sacrificio el da

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76 i UADERNOS PE HISTORIA HABANERA diez y nueve de marzo de mil ochocientos veinte y ocho". El pavimento de El Templete es de mrbol blanco* En el interior existe un busto de marmol de Coln j 3 lienzos del pintor francs establecido en La Habana desde 1816* Juan Bautista Yermay, representando fantsticamente dos de ellos* la primera misa y el primer cabildo, y el tercero, que se coloc dc^ pues, reproduciendo la inauguracin oficial de El Templete, con las personas principales que asistieron a la misma. Dicha ceremonia inaugural, el da ya indicado* fue solemne j pomposo. Consisti en una misa que dijo ci Obispo Espada y a la que asisti el Capitn General y autoridades eclesisticas, civiles y militares de la ciudad, asi como personas importantes de la misma. Ante todos ellos pronunci Espada un discurso que Pczuda calific de erudito. Colgaduras, iLumin aciones y diversos festejos populares sirvieron para celebrar durante tres das la inauguracin de este monumento, uno de los pocos de carcter histrico que posee La Habana y rememorativo, precisamente, de hechos cuya autenticidad histrica, segn hemos visto, ofrece dudas a todos y es negada por muchos. Como el propio gobernador Vives declara en el informe que dirigi a la Corte sobre los actos realizados con motivo de la inauguracin de El Templete, aquellos tuvieron carcter y orientacin abiertamente polticos, tendientes a distraer al pueblo del gran drama emancipador que se estaba realizando en las antiguas provincias espaolas del Continente, y a presentar igualmente a los cubanos un paralelo entre las luchas y contratiempos que, como en toda revolucin de honda y vital trascendencia, pasaban otros pueblos de Amrica, y la paz, seguridad y prosperidad de que gozaban “los fieles cubanos bajo el imperio de las leyes y del suave y paternal gobierno de 3. M.A En 1844 y en 1849 fue objeto El Templete de reparaciones por daos sufridos, en aquella primera fecha por un cicln, y en 3a segunda por los naturales desperfectos del tiempo y del abandono en que se encontraba. En 1851, como ya vimos, se separ la verja de El Templete del Castillo de La Xfiierza al abrir la ampliacin de la calle de G £ Reilly, quitndosele entonces la pnerta monumental con el escudo que ya mencionamos, y fue colocado en 1853 en el Castillo de El Prncipe.

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LA PLAZA DK ARMAS 77 Diversas pinturas 7 arreglos, inconsultamente realizados, sufri desde entonces, hasta que, a fines de 1927, el entonces alcalde, doctor Miguel Mariano Gmez Arias, dispuso la total y acertad!Â’ ima restauracin de dicho monumento histrico, la cual se ejecut bajo la direccin del entonces jefe del Departamento de Fomento del Municipio, arquitecto Evclio Govantes, en colaboracin con el seor Flix Cabarrocas, liberndolo del repello 7 pintura con que haban sido cubiertas las piedras de su primitiva construccin, limpiando sus lpidas, verjas y dems partes componentes de diho monumento. Coincidieron esas obras restauradoras con el centenario de la construccin de El Templete, por lo que se coloc entonces una tarja de bronce que dice as: f Fara conmemorar el centenario de su construccin fu restaurado este monumento siendo alcalde municipal el doctor Miguel Mariano Gmez 7 Arias y arquitecto municipal el seor Evelio Govantes 7 Fuertes, La Habana, 19 de marzo de 1928 J (46)* (46) A quienes deseen ms amplias noticias sobre la historia de El Templete, les remitimos al trabajo, ya citado, de Mario Lesean o Abella y al capitulo VI de la obra, tambin mencionada, de Eugenio Snchez de frentes.

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La Intendencia o Palacio del Segundo CaboDibujo de CaiÂ’avla i