Citation
Episodios de la revolucion cubana

Material Information

Title:
Episodios de la revolucion cubana
Creator:
Cruz, Manuel de la, 1861-1896
Márquez Sterling, Manuel, 1872-1934
Figarola-Caneda, 1852-1926
Place of Publication:
Habana, Miranda, Lopez Seña y ca.
Publisher:
Publisher not identified
Publication Date:
Language:
Spanish
Edition:
2. ed., -- corr. y aum. Prologo de Manuel Marquez Sterling y notas biograficas por Domingo Fiagarola-Caneda.
Physical Description:
1 online resource (xvi, 141 pages, 1 3/4.) : frontispiece (portrait) ;

Subjects

Subjects / Keywords:
1868-1878 ( fast )
History -- Cuba -- Insurrection, 1868-1878 ( lcsh )
Cuba ( fast )
Insurrection (Cuba : 1868-1878) ( fast )
Guerra de los Diez Años, 1868-1878 ( fast )
Genre:
History. ( fast )
Historia ( qlsp )

Notes

Statement of Responsibility:
por Manuel de la Cruz.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
UF Latin American Collections
Rights Management:
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Resource Identifier:
692157594 ( OCLC )
036230342 ( ALEPH )
Classification:
F1785 .C9 ( lcc )
972.9105 C957e ( ddc )

Full Text



UNIVERSITY
OF FLORIDA L I B R A R I E S
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IEPISOIDIOS
"D IG 11, A
IREVOEUCION CUBANA










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10 v




DE LA
REVOU~JO GUB
MANU3EL DE LA CRUZSEGUNDA EDICION, CORREGIDA Y AUMENTADA
PROLOG0 DE YANUEL MARQUEZ STERLING
Y NOTAS BIOGRAFICAS POR
DOMINGO FIGAROLA -CAINEDA
MIRANDA, LOPEZ SERA Y CA., EDITORES







MANUEL DE LA CRUZ
M ANUEL DE LA CRUZ! Conquer emotion tan profunda evoco sus cenizas! Lo veo resurgir. 'a' ]a vida, y me figure que, viene a' mis brazos como si regresara de un largo viaje. Lo descubro reanudando su diaria labor, de otros tempos, en el afa,n sin cansancio de su f'rtil actividad. Sien'to sobre mi espirl*tu la mirada intensa, honda, investigad-ora, -de sus grades ojos tropicales. Imagine que tropiezo con 61 a' la puerta de una imprenta y Ileva, bajo la carter roja, los escritos de sus ,veladas, los documents de su historic de Agramont-e, el suen o de su trunca juventud, Ale seduce y conquista para hacerle compan--fa, durante largas horas, 'a' travel's de la ciudad, siguiendo su itinerario,'y juntos, hablando
A
'I y escuchando yo nos dirigimos a casa Meza, el autor de Flores y calabazas, con quien tiene a1gun. asunto pendienCe. Vamos de allf al, encuentro de Hernandez Miyares, que aguarda el arti"culo de costumbre para La Habana Elegante; 'a' la oficina en que trabaja Roa para pedirle un dato secret de la Revolucion, cuyas glo-




vi
tiene 'a' veces modules de prifficipe y 'a' ratos sacude la cabel lera,,de saves ondas, con el impulse del gladiator que se decide a' acometer, subimos las escaleras del Colegio de Abogados, en busca de Varela Zequeira. El delicadi'simo poeta camagUeyano, me'dico lustre y, no obstante, bibliotecario de aquel centre de juristas, nos recipe con placida sonrisa que traduce el ,flexible encase de su espfritu. Los dos publicists, estrechaffidose las'manos, comentan las novedades politicas e comunican sensaciones literarias y, apartindose de mi', siguen conversando y diri 0 ase que conspiran. Decline la tarde y asaltamos la buhardilla de julian del Casal. La anticuada puerta, que recuerda las de alguna sacristia castellana, gira con fuerza y nos abre paso. El bardo de Hojas al viento, satisfecho en su. miseria, como si habitara el mas hermoso castillo de marfil, nos brinda las viejas sills de su. ajuar de bohemio y ocupa la mas peligrosa de todas, el. balance, de rejilla despedazada, que, frente 'a' un pequeno bufete del siglo xviii, colabora a' la inspiration de alados cantos. Casal. sonrle y calla, pero, el resort que torna expansivo- al. artist lo mania Cruz con destreza, y la mustia reserve se desvanece en deshilvanadas confesiones. Odia la necesidad ineludible de escribir quintillas jocosas para la Caricalura; el. oficio, de periodista se le antoja abominable y detest sus propias cr Onicas, firmadas con el. pseud 'nimo, de -Hernani; se indigna recordAndo'se eflmero burocrata en el. department de HacieDda, y s'lo concise' la existence en su. adorable
A
escondrijo, puliendo las estrofaS que lo, habrian de conducir a' la fama en los hombros de un nu"cleo de convencidos. En su pobreza de 61udadano del mundo, resaltan la opulencia de su. fantasia y la exquisite filigrana de sus gusts. Aponas estima capaces de llegar a su. admirable Paralso, a raros personages que en los ritmos se le parecen, y el mundo que se forja, solemn y triste, es el altar de unos. cantos intellectuals. Se enferma y no consented mas me'dico que Ar 5stegui, lector de




Pronto se borra de mi mente la reproduccio"n iinaginaria de esa 6poca que en. la historic tiene caraicter propio. Que cambio tan absolute del amplio scenario y del medio ambience! Alo-unos actors sobreviven y no parecen los mis'mos hombres. La tragic rupture' con la corona espan'ola 'a' todos los ba transformed. Ninguno conserve, su, pesto ni persisted en 'sus antiguas ocupaciones. De lo Intilno de cada cubano ha brotado un individuo distinct, con ot.ras energlas. y diferentes anhelos. La independence polftica ha barajado los resorts socials. -Si no hubieran-ios presenciado los unos la evolucio"n de, los otros, el pensador se iiegaria a reconocer al pol'Itico, el periodista al tribune, el poeta al diplomatic, el obscure rebelde a] military audaz, el campesino bumilde al he'roe que fascina y suggestion. Hasta' la ciudad se despoja de sus nnatices peculiares. La recordamos aristocratilea residence del Cap itan -General, qiie gobernaba con redobles de tambor. El tinte sombri"o lo daba la tropa dispe-rsa que entraba y sall'a de los cafes, atravesaba las calls 6 itiundaba las plazas. Alla corrie un grupo alboroutdo. Afas lejos, a" la vista del official. que Ilevaba, un r.am o de violet2s para su criolla, los reclutas se ciiadrabari y rectos, clavados en el suelo, como figures te nhiidas de azul, producfan la sensacionde un museo tirade sobre ell arroyo.
Qui 6' n es aquel caballero de grave aspect y "-deman x 4-7
reposado que pasea vestido, de. armin*-o con spin brero Pa-nama."?)) El Secretar*o del Gobierno General 0" el Intendente de Hacienda Presidente de la Real Audiencia el Director de la junta de la Deuda, el jefe del Partido Integrista, alg *'n Cordnel de Voluntarios, acaudalado comerciante, o" todos ellos reunidos hajo el cielo del tr(opico, nomenclaturA de simbolos inquisitoriales que ]a gente pronuncia con toda la boca, entrant enferma del dominion europeo -que. caduca, degeneraci6n irritate




Carlos V. El cubano intellectual no crustaba de ostentarse. La lucha por la, exisbencia Ic exigila el constant sacrifice de los placeres. Ilacla versos, escribia peri6dicos de intention separatist 0" defendfa principios auton6micos, preparaba conferences de arte y filosoffa y se afanaba on ahogar 61 dolor de su esclavitud. en una hermo's a expansion literaria y cientiffica. Si 'ulaba el tipo del hombre' libre en la'tierra cautiva, del propio modo que ahora se obstinan los improbos en remedar al colony p6stumo sobre la patrla''amenazada. En el semblance reflejababienestar inver'osfinil y en torno suyo era el mundo estampa de amiable pobreza. Requeria el saber de Leroy Beaulien para que no fallase' su. regimen financier en el. orden ang'stioso' de la economic dom'stica. No tenfa mando sobre nadie, ni influence en las altas esferas del Obierno. Su. traje no segul"a las variacioues de la moda, y sti sastre no era otro que la vol-Lible inclemencia del tempo. No sonaba con' el coche de-pareja, ni le'inquietaban las coinpanias de, opera', ni viajaba en Pullman de cabo a cabo por la isla. Su oficio., principal no traspas6 la arena del periodismo; pero su i za de p riodista en nada privan e asemejabase 'a' Ia toga que hoy usa el meno's diligetlte de nuestros gacetilleros. Era periodista por la tolerancia del proc 'nsul. El m'As ruidoso exito lo obtenfahiriendo al Fiscal que lo acusaba. Y en' ese laboratory conni ovedor se fundfan varon'es ilustres. Siendo menester vivir de los goces del espi ritu, con el. alma satisfecha y el estimulo le una esperanza insondable, no cuajada. en forms precises y definitivas, el cubano conocia, tal vez mejor que ahora, el destiny moral de su existence
ponlase, con mas facilidad, en sincere acuerdo con su conciencia. Ciudadano 'a' media, no era directamente responsible, y se empefiaba en serlo por opuestos me,dios y al amparo de doctrines parallels. Cubano hasta la medula, pugnaba por aumentar su cubanismo, y, aun convencido dela Reforma, adoraba en su. fuero intern los destellos-de la heroic Revolucion.




En una pequefia casa de madera, alla' por jesis del Monte, el barrio donde se creerfa que solo habitat millares ae sagrados abuelos, cenaculo de mornias que el viento y la llu via' desfigurani-en una species de templo diminuto, fabricado con tables que antes sirvieron para envase, reliquia deshecha por el crepusculo de tantos dfas de -olvido cuyas ruins desaparecieron. como si ]as hubiera dev'orad6 la tierra por piedad,
-o guarecido en las tinieblas de una, noche de verano cargara con ellas: su. duen'o antiguo para lejanas regiones, citabanseunos-cuantos devotes del genio rebelde y cultivaban, entTe sf, la gallarda plant del recuerdo. Por el reducido tablero, entire columnar de libros y papeles, herrAmientas indispensable del obrero que allf teni" a su taller, desfilaban las sombras de nuestros caudillos fabulosos; encontra-banse patriots y realists y al punto se acometian; vencedor y' erect en su potro de combat, destaeabas'e manigua arriba, m -a's elegante que ni-nguno, Agramonte; al pie de verde colina el campamento se fficendial a en un baffo. dulce de puesta de sol y entonaban los legionaries cAnciones de selvaltica melodfa; la cornea sonora de Palo Seco, tocando 'a' carga, suspendfa a' los graves espectadores de aquel sueno, y un segundo despues de contempladas las pj.-oezas romanticas de Julio Sangtifly; preparabase la toma de Victoria de las Tunas, produciendo arrebatado entusiasmo al auditorio.. Duerme'entre tanto el Virrey a friend suelta en su Palacioo La junta Central del Partido Autonomista hace prodigies de talent en su famo'0
so peri'dico EI'Pals Orad
-ores de magical y deslumbradora palabra, cubanos 'ineritisimos, abogan. en el Parliament espanol por un regimen democratic para las atormentadas Antillas. Toda el alma polftica, del problema colonial se desarrolla, sin embargo, en obs-




suntuosa Catedral que se compare con ventaja 'a' los tabiques de aquel refugio adorable, la vieja casa de Manuel de la Cruz donde revivian las temerarias haza-as y reton-aba espl6ndido el ardor separatist.
IV
Llego, asl, el generous escritor, a' i entificarse con la historic del soldado cubano, y sus tendencies literarias se impregnaron de altivez. El cr'tico de arte se encamino' hacia el apostolado incierto, y, perdido en un caos de resplandores, softflo con la reivindicacio'n de su pueblo. En una bella pAgina de su hirviente fantasia, que- tiene grits de tabia y acentos de ternura, se le advierte enloquecido bajo las garras de diab6lica esperanza. Los Episodios de la Revoluclo'111 Cubana f ueron st! obra de texto, su tribune, su cAtedra. Pare.c a que en ellos vaciaba memories de espectad or. Era un libro de vu-Igarizaci6n, y a' un tempo el zarpazo mas terrible sobre la piel ensangrentada de la colohia, un gran combat en plena paz. 'Fue escrito con fervor, con alegria, con bravura. Y estremeci6 'a' la indolente juventud. Los Croinitos cuballos, mAs tarde, sirvieron de program A las doctrines del hombre politico. En el ambience de Cuba esclava quenia desmenuzar los g6rmenes futures de Cuba libre. Y la revolution, como antorcha en la obscuridad colonial, descubrirla tinmundo de maravillas, en el alma cubana. 'Leyes inmutables del destiny, pro"ximas a' cumplirse, trastornarian el orden social, y bajo, el imperio de tales mudanzas brotarian. -1o
por su prop
desarrollo, los factors esenciales de la independence.
El patriotism absorbiendo todas las facultades de aquel visionario pugnaba por dirigirlas 6 iinpLilsarlas; y en esa voragine de passion se forjaron sus molds literarios. Muri6 de su"bito, sin haber sentido los primers temblo'res del escepticisn-io sin haber observado en su




XT
vista A los nimbos de la ininortalidad. Expir6 entre ]as nieves del norte devorado por un bostezo de bru-,, mas. Desapareci6 como un lirio que nunca se marchita en el recuerdo...
MARQUEZ STERLING. Nov. 1910.







NOTAS B106RAFICAS
CUDENA nosotros la senora vinda y los j6venes hijos A de Manuel de la Cruz para honrarnos con la miA
sion de escribir la parte biografica que debe preceded a
segunda edici on de los Episodios de la Revoluclo'll Cubana. Y, obligados por el reconocimiento que nos inspire esa honra, sacudimos el polvo 'a' viejas notas publicadas en Europa hace ya catorce afts, despertamos recuerdos de different tapas de nuestra vida telacionada con la breve y extraordinariamente laborious. de Manuel de la Cruz, y con aquellas y con 6stos escribiremos unas notas' biogr afficas. que, si no pueden ser lo que debieran, seran sin duda lo que podamos hacer.
En carta del 2 de Febrero de 1896 saludaba nuestro (Itierido amigo desde Nueva York la apariclo'n de Lei Re-ppiblica Cubana, perio"dico que publica'bamos entonces en Paris, nos autorizaba para la publicacio"n en el folletin del mismo, y traducidos al frances, de sus celebrados LPlsodios, y se dispon.1a 'a' escribir con igual clestino tina relation historico-cubana. de grandisimo interest en aquellos moments. .. y el dia 17 cala herido por un ataque, fulminate de pulmonia, el ig sucumbila, y era enterrado el 21 en el Cementerio de Greenwood,
Ir ir I I A I I




x1v
qne, no contando mas de treinta y cinco a'os de edad, comenzaba a' ser considered un leg-ltimo cardcter y un ejemplo de patriots.
Manuel de Ia Cruz y Fernandez naci 0" en Ia Habana Cl 17 de Septiembre de 186 11, pertenecio a" Ia generation literaria y polftica que hubo de darse a' concern despues, de Ia.. Paz del Zanjon, y solo contar'a veinte a-nos citan, do ya hab'a publicado algunos ensayos literarios, entre otros Ia narracio"n tan pintoresca y cubana La hy'-d del mon'tero, a' Ia par'que sin haber ingresado nunca en el Partido Autonomista, iba estudiando sus hombres y stis procedimientos, y con ello formando Un jUiCiO cabal de todo lo in'til que tendria que r-,,=,sultar, al fin, cuanto no fuese trabajar por ]a libertad de Cuba con las armas en Ia mano.,
Mas tarde dio a' Ia esta'mpa su folleto Tres caraclert"s Cortina, Varona y Sanguily ), o' sean tres pers:)n-)1idades con' las que podl**a contar Cuba para su redenci o*n; a Ia vez qu'e' en La Habana Eleganle, El elgwro, RevisItz C'Ubana, El Paz s, El Cu.bano," El Ahnc;zdares, L(I 1histraci'l Citbana y El Porven1r,. de Nueva York este Llltimo,' colaboraba con su propia firma 0* con los pseudo"nimos de Jsal'(7s, Juan Sliiccro, J)onif(icl'o Sancho y Juan de las
-vor aliento, y que m Is notoPero sus trabajos de ma a
.Tiedad ledieron dentro y fuera de Ia Isla, son Ia Carl i ablerta al Sr. Barrantes, su rese-a critico-histo"rica del movimiento intellectual de Cuba, que sirve de introduccion a' Ia parte correspondiei te 'a' nuestra patria que figura en La A ine'rica Literari'(i, editada en Ia Repu"blica Argentina por el Sr. Lagomaggiore, y resef-la que el autor tenia determined refundir en historic de nuestra literature.;* y por 111timo, sus Epl*so(hos de la RevolitCitban,,7 obra esta "Itima de Ia qi1e dijo en su oportunidad y con mucho acierto el ya difunto y venerable patriots Sr. juan Frapra, qiie ayuclo" mucho ((a* former el coraz6n de ]a juventud que hoy combat heroicamente por Ia independence de Ia patria)), y de




xv
por nuestro public y tambien por el extranjero. Muy pronto desaparecieron de matio en mano los ejemplares de la primer, y esto explicard las frecuentes solicitudes de compra a' precious verdaderaniente elevados. Tambie n"publico' un volume de Croini'los cubanos y el folleto La RevoluclWil Cubwzay la tie color, firmado este 111timo con el pseudonimo de Utz cubano sin odios.
Mas el libro que hubiera sido la' obra maestra'de Manuel de la Cruz, aquel donde hubieran resplandecido en notable conjunto sus ventajosas facultades,
entre las q' e sobresall'an. la de investigator sagaz, expositor precise y fecundo, fu.6 Agramonte,
el libro que la- muerte le impidio terminal. Para.61, rotular su Ilibro: Agramonte, era hacerlo con la- misma propiedad y con igual justificaci'n de forma y fondo que pueden existir Para poner por titulo a un libro: If7.shington, y a' otro: Bolivar. Nadie como 61 studio aque'lla c olosal figure de hombre, de patriots, y de guerrero ni nadie ma's que 61 eseudrin'o afanoso hasta lo itidecible, ni bebio en fuentes tan abundantes y ricas, acudiendo a. los testigos mas competentes y autorizados, ni reunion" el precios'simo tesoro de documents p-Ciblicos y privados, Anicos muchos de ellos, y todos indispensable Para escribir la vida de Ignacio'Agramonte., Una correspondence extensa y voluminosa, viajes largos y penosos 'a' different lugareg de la Isla, 10 mistno que 'a' ]a ciudad, al pueblo, y al i'gual que a" la loma, al valle, al.bosque, 6 junto Al humilde. riacbue101, 6 hasta el mismo pie de.gigantesca Palma, sacrificios
'de salud yde repose, como de tiemp* y de dinero... i que no ideo y que' no-llevo a' cabo Manuel de la Cruz para recover, como insatiable avaro, cuanto algo de verdad dijera a' contar desde la cuna hastcL la ho zuera en que hubo de ser "uemado Ignacio Agramonte!
Esta fue, brevemen'te expuestq.,,Ia labor literaria de nuestro amigo y companhero. La po1't Cai:.nO bubo de ser menos meritoria, por mas que, como toda.conspira-




xvT
pudieran ser conocidos y apreciados por sus trabajos. De acuerdo con el siempre llorado Apo'stol Marti, viajo por la Isla, conference' con Mass 0', Guillerm6n y otros jefes dispuestos para la guerra'de 1895; despues se traslado' a' Cayo Hueso, y luego, instalado en Nueva York', hubo de ser elegido como ((persona intelligent, discrete, laborious y honrada')), para 6esempenar el pesto de Secretario del entonces Ministro Plenipotenciario de Cuba Sr. Toma's Estrada Palma. Era, ademas, por esta 6poca redactor de Patria, el 6rgano official de los revolucionari's cubanos en Nueva York, y por U'Itimo, como corresponsal del acreditado diario La NaC1 011, de Buenos Aires, sus carts habran de ser consultadas cuando se escriba la historic del U"Itimo movimiento, de la independence de Cuba, el cual constituyo su anhelo perenne, y al que hubo de consagrar basta el poster instance de su corta y fructiffera existence.
D. FIGAROLA-CANEDA.
Enero igii.




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PROL060 DEL AUTOR
STE LIBRO, primer tonio de una serie dedicada a'
re-tinir episodios de la. Revolucion Cubana, es el primer tribute -a' la cr6nica de la guerra. Reclactado sobre autenticos datos de actors y abonadi"simos testi(-Yos utilizando ademas las noticias depuradas de la tradition oral, cuyos bardos van des apareciendo en la cinia del o1vido con los recuerdos de su epoca; la. idea predominante e'n la composicio"n no ha sido otra que la de fijar el hecho, el, cuadro 0' la linea, Como la flor 0" la inariposa en el escaparate del museo, procurando reproducir" la impression original del que palpit6 sobre el tragico scenario. No hemos aspirado mas que a escombrear en la magnffica y olvidada 'u*na, a retratar contornos, relieves 6 aspects aislados, en tapto otros con mas tfftulos y aptitudes, reconstruyen el grande y A complicado organism, sacando del polvo del osario el drama m lltiple, intense'' y rebosante de vida.
Lo que hasta hoy seha dado a' la estampa por los revolucionarios, biograffas de personages ma's 6" menos prominentes, muy pocas porcierto, y entre las que de.scuella la dc-, Mo rales, Lemus, por Enrique Pifieyro; monografl'as de success culminates, cables process de las tapas de decadencia1, preclosas desde este punto




y extraRos puedan crease opinion acerea del per 10do mas interested de nuestra historian, y menos aun. para formarse concept, de la fisonom'a peculiar, distinct y propia de'la Revoluci6n. A que se pueda redlizar esto U"Itimo, asociando materials que a ello co-ntribuyan, tienden nuestro esfuerzos.
Para lo primer, esto'es, para lucubrar la historic complete, cr'tico-filosofica, minuciosamente documentada, la historic elevada a' minister, la opinion, por talcito sufragio, ha designado al superior'simo escritor Manuel Sanguily, que 'a' costa de inenarrable's sacrific'ios ha logrado, atesorar un caudal de datos, y qiie 'a' la au-' toridad que ha conquistador con su elevation moral v su pluma, reur%..O"la que le da su ejecutoria de soldado.
En cuanto 'a' nosotros, que somos la posteridad de aquellos hombres, hemos aceptado fa honrosisima tarea sin consular nuestras I'Lacultades ni el balance de nuestras fuerzas, que el que no puede levanter en el sepulcro de sus mayors, atrevido mausoleo de riquisimo marmol, no los magnifica menos si sob-re el yermo de la huesa deposit pobre coronal de rosas blancas. Hay afectos que no impetran favors ni necesitan e-.-plicar la razon de su existence; manifestarlos es ganar en honra; ser ido"latra en el fetichismo de nuestros martires', eleva y depura la conciencia. Somos apasionados ne6fitos en la religion de nuestro pasado: este libro es nuestra fervorosa ofrenda.
No disputamos con los que creen que debe rodearse cl inmenso pante6nde las victims de nuestra epopeya de los huesos y guijarros que delatan la macula y execraci6n de la luente en que ha bebido el paria; antes bien, juzgamos-y ella es la U"nica ensen-anza de esta obra-que e el santuario que guard en concha de oro el'w agua purisima del jordan, en que han lavado sus culpas todos los pueblos redimidos de la America, Y que, sea cual. fuere la suerte que le, est.-" deparada en lo porvenir 'a' la familiar cubana, aquellos que fueron dtirante una decade su inas genuine exponent, seran .0
sienipre el emblem de su gloria, su mas limpio, blason




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NARRATION DE UN EXPEDICIONARIO
STABATVIOS en la peniffisulad el Ramon, enareado br'a''zo de tierra cuyo contorno exterior lamen las olas del puerto de Banes, mientras el interior es arrullado por las agtias de la inmensa y majestuosa bahia de Nipe. En la playa, riscosa y cubierta de mangles que azota espumante el bravo mar del Norte, rodeado de su Estado Mayor y de un grupo de norteamericanos, hallalbase el general Thomas Jordan, el veteran guerrero sudista, qtie acaso madrugo para venir a' defender con su espada la causa cubatia. Avanzaado, tierra adentro por un carnino que es como el eje de la peninsula, a' doscientos metros del cantil, en la meseta de un cerro que corona un bohl"o, 'e habl"a instalado el colonel Bobadilla con un pun-ado de expedicionarios. En la gorilla opuesta del camino hay otra altura desde cuya cu"spide se otea el pi6lago de zafiro de la bahla y sus selvaticos contornos, y en donde, 'a' penas pusimos pie en tierra, se Install el primer cuerpo de guardian. Siguiendo la leader sur de esta altura, y 'a' la margin derecha del camino, en un terreno sinuoso y hondo, ele'vase tin vasto cocal; a' cien metros de los u"Itimos cocoteros, en tina




-4
eminencia 'a' o uisa do castifl1o roquero, se habian acuartelado muchos expedicionarios al mando de Cristobal Acosta, y mas hacia lo interior, como pesto avanzado, en un casar6n"de guano, se ballaban los Rifleros de la Libertad al mando del canario Manuel Su rez. Frente al casaro"n, del otro lado del -camino, limitado en Iontananza por el rl'o Tacaj4, dilatabase quebrado terreno, de desmonte, en forma de rectaffigulo, cuyas lines eran hileras de gigantescas palms resales tirades 'a' cordel, y que vistas de frente pared 0 an paredones de piedra
A
marmorea, jaspeada de gris por la intemperie, semejando sus penachos festones de parasita.s. Al termino del palmer se divisaba el brocal de un pozo. A uno y otro lado del camino que unia la playa con el pesto avanzado', entie los prominentes sitios que hemos destaCado en la description, y exceptuando el terreno ocupado por el cocal, en todo el suelo, de la peninsula crccia la veo etacion con exuberancia y proporciones de. selva, latrineada, lujuriosa, orillaida en ambos lados por una iple cadena, de mangles arrecifes y blondes de espumas.
El camino en toda su longitude estaba obstrul"clo Por monti'culos de barriers, piralmides de cajas, rimeros de balas de caE6n, pizzas de artilleria, cuerdas enrosc...das, sacos apiffados y otros titensilios del alljo. Recuerdo que en el grupo de norteamericanos, quo rodeaba al general Jordan babl"a tin joven de rostro aguilenho, ojos azuIes y cabello rubio, que durante U guerra de secesi6n hab a desertado de s-u hocrar y sentado plaza de tabor, y que xehiffi cojaio, ordenanza del general. Aquel jovenzuel', verdadero aguiluclio del Norte, seria mas tarde aguila reina, unirka su nombre al de los mas austeros paladins de la causa cubana, por la cual sucumbi 6 gloriosamente- Era Henry M. Reeve. Recuerdo A un h-dngaro cuyo nombre., he olvidadol, y cuyo fin iio me fue' dable averiguar, y A tin polaco, Estanislao Melowicht, que murio a-nos desPues en el ataque de Baraja.(Yua. El insigne mejicano Rvnito juarez nos enviaba dos veterans, de la (epica con'*tienda que sostuvo




a Gabriel Gonzalez,'hombrc dic gran coraz6n y al captain P .1
erez, que tenfa una pierna de palo, que no le quitaba irnpavidez en el combat ni humor para el chiste en todas las circunstancias. Entre los m'dicos recuerdo 'a' Antonio Luakes, distinguido camagu**eyano con aspect d,(3, diplomatic ingles, a' Sebastian Amabile, que serfa una de las primers vfIctimas, Y a' Miguel Parraga; y entre los inzenieros 'a' Mendive, Caffals y Cisneros.
Viendo el grupo. de' hombres fornidos, sangufneos, rubies, armados de cuchillos Y revo'lveres, oyendo su acento guttural, se les creerl'a una gavilla depiratas del Siglo xviii. Todos los qu' estabamos acampados en la peniiisula e5ramos, segln las, leyes espan--olas, hordes de filibusterss. Hablamos venido a' bordo, del Perrit al mando del ingeniero Francisco Javier Cisneros, habi'l y afortunado conductor de esta expedition. Cuando el vapor levo' anclas y en medio, de un murmullo, de exclamaciones se fu6 alejando con rumbo 'a' las' playa's del Norte, hasta que se borr6 en la lejanfa el celaje gris de su penacho de humo, lo eStuvo contemplando con tin vago sentimiento de nostalgia m._-azclado'al sentitniento de legitimo orgullo quEn., nace asf que empieza la emancipacion individual. -.-,Estabamos en tierra de Cuba, lejos de nuestros hogares, pensabamos en las la'grimas que ban-arl'an Ias mejillas de nuestras padres, 'en los afectos que dejalbanios para ir espontaneamente al sacrificio; pronto nuestra sangre tenf-irl"a la gallarda bandera de la patria que copia. en sus col.ores el azul de nuestro cielo y la estrella m-elanc6lica de nuestr ?s crepusculos. Poner' pie en tierra, era ganar una batalla al azar. A-1 alejarse el barco pirate parecifa decirnos: Todo depended Ahora de vuestro brio.
Era el mes de Mayo. Los mangles abrfan al sol sus flores de nieve y. oro, las parasites sus p6talos de forms caprichosas y de I saves tintas, los aguinaldos sus c allices color de rosa 6 1-i'vidos, las abejas de color leonado 6 de 6bano con las lib6lulas de color de lila, se confundfan con las makpo8as que parecian petalos de toda




tanto que por los aires se cernfa majestuosa el aura entre el gavildn y la gaviota. En la noche surgian de entre la espesura miriadas de, cocuyos- como fosforeseencia de aquel rumoroso mar de vendor; posalbanse a' chupar las melifferas flores de las paImas, semejando, a",. veces manojos de fulgidas esmeraldas..
El dfa 14 l1eg6 a' nuestro campo el colonel Mercier,al frente de una legion de holguiner'o's, todos desarma'dos. El dfa 15 habfa ya en el area de la"peniffisula mil hombres, desarmados como la hueste de Mercier. De un dia A otro podia venir el etiemi o, atacarnos por mar y tierra para ver de arrebatarnos la expedici on, Y sin embargo, permanecian cerradas las cajas que contenfan el parquet y los f usiles. Por quo' esta apati"a frente A un, peligro inminen'te? Por que no armar aquellas legions de inermes,, que venfan en busca de un fusil y un punhado de po'lvora para ir a cumplir el sacrosanto deber de morir luchando por la salud de la patria? Por el endiablado personalismo que tantos niales habr'a de acarrearnos ma's tarde impidie-ndo la tinidad de mando,_ torque la colectividad. salfa de su infancia y, como es ley, tenfa que adquirir la expel cn c i a 'a' precio de cal"das, dolores y cruelest desenganos.
Al amanecer del dfa 16 circulo" la noticia de que el enemigo babl'a desembarcado en Punta de Tabaco. A las scis de la, man'ana salio a ekplorar el teniente Coppinger con ocho riflero's. A las siete se ofan los primeros disparos en direcei6n del palmer. Tres buses de Inontaffa, que habl"an Ilevado Ja vfspera al pesto avanzado, f ueron colocados delante de la cerca que se alzaba frente al casaro"n de guano, de'tra's de la'cual se hablan desplegado los rifleros. Coppinger se batfa en'retirada famos ma tinto el f Lie
por el palmer; cada vez o" s dis 0-0
de los espa-oles que avanzaban y que a poco aparecleron en el horizonte, correctamente* desplegados en
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Se orde-no al cabo Enrique Collazo hacerse cargo del servicio de los buses; como no hab'l'a artilleros,' un norteamericano se ofreci6 'a' server el obu"s de la izquiercia; el cornea Antonio Durio el del centre y CoIlazo el de ]a derecha. Cerea de las pizzas estaban Manuel Su*a*rez'y Gabriel Gonzilez. El enemigo hizo alto y rompi6el fuego. Los rifieros contestaron Ilenos de animacion. Algunos, gritaron:
i Fueo-o A-la bandera,
Y 'a' poco, en el ruido del tir6teo, 'cay6 al suelo el oriflama. El enemigo sigui6 avanzando hacia el pozo;
-1 al-ravesar la-canada recibi6 un chaparr6n de balas,, pero no vaciI6, siguio su advance, arrogance, impa'vido, con martial lentitud. Refuerza su ala izquierda, de la que so destaca, un gru. po, como de treinta bombres al mando de un alf6rez; excitados por la cornea que ordena la' carga a' la bayonet, viene sobre miestras piezas liaciendo converged sus fuegos hacia ellas. El artiIlero norteamericano, que se disponfa, a' disparar su. ob-Lis, es derribado por un balazo en medio de la f rente. Al mismo tempo Drtrio, que ten'a enlension la correa del flector, recipe una herida, vacila, se banibolea, cae cle espaldas y, al caer, como no abandon la correa, dispara su obls. Collazo, herido en una pie-rna, dispara la pieza que custo.dia. Estos disparos hacen cejar al enemigo que retrocede i incorporars6- all ala de que habl"a salido.
No habl'a con qu6 cargar de nuevo los buses. Durio, vuelto en si, hecha -- andar y se incorpora a' los rifleros. Collazo arrastra u obu"s hasta.-el camino y so A '
une alos rifleros que comlenzan a replegarse hacia la casa en que se halla Crist6bal Acosta. Los primers en el desfile Ilevan en hombros various heridos, entre ellos a G--,I)riel Gonzalez. El enemigo avanzaba restieltamente hacia !as piezas, los ocbo rifleros que quedaron a' retaguardia se retiran hacia la casa de Acosta, abandonando el pesto avanzado en el que quedaba. Castro agonizanclo, atravesado el pecho de un balazo; a' sti lado el cadaver de Rueda con el crane despedazado;




ven Abreti, y nias lejos, entre surcos de hortalizas, tendido boca arriba, el del mulatto Chatnizo, segundo, cornea. de los Rifieros.
El enemigo Rego al. pesto avanzado, se apoder 0' de ntiestros buses lanzando estruendosos vivas, enarbolo" su bandera en lo alto del casar6n y poco despu6s lanzaba rachas de balas y torrents de metralla sobre la casa de mamposteria en, que nos habl'amos, asilado con los treinta y seis hombres de Acosta, el cual diirante la primer parte de la acci6n, babfa- perrnalnecido allf sin enviarnos refuerzos ni quemar tin cartucho.
Embriagado por su primer triunfo, el. enemigo, 'a' paso de carga, bayonet calada, arremeti6 con tal finpetu y bravura sobre la- casa de Acosta, que se la abandonamos precipitadamei te, dejando en sti poder un expedicionario herlido y llevandonos 6 cuesta y a duras penas lun soldad'o negro. Nuestro horizonte se nublaba, y como la nube de oro y grana de nuestro ocaso, se alz6 en el terrado de la casa de piedra el pabell6n de Espafla
Nos replegamos hacia el cocal, parapetaffidor.os trcas de una cerca que lo acotaba. La cabeza de nuestra ala cala sobre' el camino, de'tac4ndose en ella, caballero en hermoso alaz6n, la varonil. figure del doctor Sebastian Amabile. Resueltos .4 sostenernos en aquel sitio protegidos por los broncos de los cocoteros, rompimos el fu.ego sobre la casa. Crist6bal Acosta, aprovechando el estado de los animos, nos decfa:
--0 nos s.alvamos con la expedition o perecemos con ella,
En esto, del lado del Nipe se oyeron nuevos rugidos de canoes. Dos buques de guerra que cruzaban frente al cocal, empezaron a' fogtiearnos, con tan mala fortuna por la posici6n desventajosa que octi.paban y lo bajo del, terreno en que nos hallabamos, que las balas de sus canoes pasaban rasando por las copas de los cocoteros, arrancandoles aigunas pencas que cal'an oscilcando como enormes plumes verdes, y amenazando tali de veras la casa de Acosta, que 'a' las dos de la tarde.




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tiroteo, abandon" esta position volviendo al que Etc' nuestro pesto avanzado.
Corrimos 'a' la casa: el expedicinario berido que babfamos tenido que abandoner, hab'*a sido descuartizado a machetazos. El cafioneo de los buques, que amenazaba demoler la casa, y la-nictralla'que desde el casaron nos lanzaban con.nuestros buses, -nos impidieron volvernos a nuestras posiciones del cocal. En el extreirio de la cerea, al lado de AmSbile, siempre caballero en su alazan, estaba- Valento n Goicour'pa. Los rifles segufan replicando "a' los buses. De pronto vimo& el caballo, de Amibile, sueltas al viento las profusas crimes, enarcadas las orejas, que hu 0 a espantado a' lo largo de la cerca. Al mismo, tempo oimos a' Acosta que gritaba:
Socorran 4 Sebastian, AmAbile!
Collazo ,'Ca als'y un soldado, corrieron al lugar'en .0
que hab'a ca'do Amabile, y como se a'pres.taran a cargar] o:
-Dejenme,-Ies dijo-puedo andar.
Canals y Collazo revelaban en sus fisononifas el horror y la lastima. Lo asieron por-los brazos y lo encaminaron hacia 61 pesto de Bobadilia. Cuando vi" el rostro de AmAbile quede" petrificado de espanto. La bala hablia penetrado por el p (omulo -izquierdo y salido por la frente, el ojo h ibfa saltado del c6neavo 'y le colgaba sobre la mejilla. Por la. grieta de la frente se vela la sustancia del cerebro, del profound y rojizo concave manaba sangre y un Ifquido viscose, que borraba la morada, aureola de la grieta del p6mulo. Como al andar, el ojo le azotabael ro!Aro, rapidamente y sin que P.adie pudiera impedirlo, se lo, arranc6 de tin tir6n y lo arrojo' entre el monte.
-i Por Dios, Sebasti An !, -exclam6 Collazo -eso es matarte.
-No, lo creas, _r% puso Amabile, -mis horas est an contadas.
Al Ilegar con el estoico herido, cerea del pesto de Bobadilla, se nos unio, affable y solfcito, el doctor Lua0 FIR Nn Prn nri-irlp-nfp nprmnnpopr n1lf ncir P1 on Inkn




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un pelot6n de norteamericanos, al mando do dos oficiales, sub'an 6 punos por la leader del cerro en cuya cumbre estaba, Bobadilla, relumbrante pieza de bronco. Uno de los officials pregunt6'a' Collazo que posici*on
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ocupaba el enemigo; Collazo, indicaffidole una linea gris que asomaba por encima. del monte.el caballete del
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casaron de guano que.tendria unas sels, varas de altura
-le dijo que allf se habl'an replegado .1as fuerz'as espanolas.
Dejamos 'a' Amdbile, que se hab'a desmayado, en el sombrl'o del mosque, y volvimo S* al camino. La p'leza de bronco, agazapada en lo alto del cerro como un tigre, era cargada 'a' toda pr. i sa. En el cocal el fuego era mis intense y continuo: Acosta y sus hombres mantenian su. decision con gallardi"a.
- Co mo va esto?-dijo Collazlo 'a' Goicourla.
-Creo que el enemigo se retire, he visto pasar dos grupo s cargad.os como acemilas.
-No puede ser que se alejen, mira allf la bandera.
Un trueno interrumpi6 el dialog.
- Q-uef* es eso?-iiiterrogo Goicoutfa.
-Los yankees que-empiezan a batir el cobre.
Moments despue's se oyo el segundo rugido del tigre del cer'ro.
-- Negaris que se van? Mi"ralps, ahora atraviesan el camino, se van por el palmer.
-No puede ser, te digo. C'mo habri"an de olvidar la bandera?
- Su fuego ha cesado. Se van, te rel)ito. Vatnos a' la casa de Acosta?
'-iVamos!
En compal-11a de Collazo y GoicouriA y sin recibir un solo disparo, Ilegamos 'a' la ca'sa de'Ac osta. Los buques haclan proa. hacia la costa opuesta de Nipe.' De ,una carrera, y seguidos por los que estaban en, lel co'cal, Ileganlos al casaron. Goicouria, que iba el primero, arrebato la bandera lanzando un desesperado i Viva la. Repu"blica! LaTetaguardia cneniiga desfilaba entre
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A la entrada del casaro11, apoyado en un taburete de cuero, estaba el, alferez Bonavia, deshecho uno de los hombros por tin balazo; a su lado Abreu en ]a misma posicion en que le dejamos al.abandonar el pesto; a' Castro le hab'an hendido el rostro a machetazos; cerca del cadaver de Rueda, tin soldado, herido en un muslo,
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se querellaba amargamente; mas lejos'agonizaba. un sargento en me.dio de un charco de sangre; entre las astillas de = taburete sa.ngra*ban los palpitantes miembros de un capitaffi-graduado commandant, hecho pedazos por tina de las balas de la pieza de bronco., En torno del casaron la apotheosis del triunfo era mas impoiiente todavia. Tendidos en todas las attitudes, en la lacia de lalmuerte instantanea, en las crispaturas de la agoni'a resignada 05 iracunda., yac P an eincuenta cada'veres. Otras victims, escalonadas desde el palmer hasta el caslaron 7 marcaban como jalones, los empeAos del primer advance. En el pozo habiffin arrojado tambien algunos muQrtos.
A las cuatro de la tarde todo hab'a terminado. IIAliarbolamos nuestra ensefia en el mismo a'stil en que habl"a flameado el orifial-na espaRol, como emblel-na do victoria y de sehal, para los, disperses. Recuperamos, los 1"tiles que juzgabamos perdidos, except la maleta de Manuel SuArez en que se guardaba la bandera de los Rifleros de la Libertad que, inmaculada, pase6 luego el enemigo por las. calls de Santiago de Cuba.
No se", decir 'a' punto fijo el numero de los contraries; despue's he ofdo repetir que eran dos compafiffas del Regimiento de la I Corona, al mando del commandant Mozo Viejo.
Sepultamos cerca del cocal siete expedicionarios, i I inicas baJas definitivas en aquel, dfa. Ell el hospital hab'l'a diez y nueve heridos mas 6 menos graves. De los heridos del enemigo que hallamos en el casar6n, y que mas tarde, con los nuestros, trasladamos al hospital del Jucaro, el soldado muri6 de gangrene, poco despues el sargento, y el alfe'rez Bonavia, que retuvimos prisio-




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Los clesarmados procedentes de Holgu ln, con-Lo no se les provey6 de armas, se retiraron. por el monte al com.1-nzar el. combat, menos ocho que permanecieron al lado de. los RiflOros. Tampoco el. general Jordan p-tido tomar parte en la acci6n, torque el guffa s,,-, extravio con el en el, mosque.
E I d *I' a 20 :abandonamos la peninsula del Ranion y marchamos para el jucaro, silatilendo desp-Lic-'s 'a' Bijar6l. Aqul, transetirridos catorce dfas del combat, murio el v les padoctor S-,-bastian Amabile. Sobrelle o stis crue decimientos con admirable entereza y pasmosa resiornac i On. Sti poster radio's fue 1-in grito de gloria.




L-L IINIENTE SALAZIAR
N OS BATfIAMOS en.-tetirada. El fuego habla cesado. Son6 en el aire un grufiido, sentf en la pierna derecha un" ligero' golpe, frio,' un dolor agudisiilio..-. Cal" desplomado. Era la 111tima bala del combate, destinada A fracturarme un hueso.
-Pero no hay peligro. el m6dico, al partir, le dijo a Emilio que usted sanarfa *por complete.
-Xu ndo vuelve Emilio?
-Ni e'I misn-io lo sabe. March en commission al Camaguey para segtiir tal vIez A Oriente.
--Es ciCarto, olvidaba que yo deb-a former parte dc,, esa comisi6n. iDios quiera que pronto I -pueda incorporarme a ellos!
- Tanto le fastidia mi compafffa?
Nlo, senora, Yo no olvidar" flunca stis infinitas bondades, pero si anhelo estar restablecido es por relevarla A usted de su penoso trabajo, torque ya tardo en ir A ocupar ini pesto de honor.
Un ruido sordo y lejano interrumpi6 el dialog. Pasado un moment, la voz de mujer que respondia al la voz del herido, lo reanud6 diciendo:
-Son iinetes esDaRoles aue hacen rumbo al Ilano.




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cho, hacerme prisionera, ulltrajarair--. iy Il'ited no ve el moment de deja'rme sola!...
.El teniente, po.niendo en tela de juicio lo primer, y viendo en lo deniAs desmedido afan de cambiar el giro de la convers'aci6n, respondi6 con cierta. aspereza y'desculdol:
MiOntras yo e'ste aquf, nadie osara poner mano sobre twisted. Si7 Por desgracia, cuando yo este lejos., cae en poder del enemigo, la llevara*n 'a, la ciudad sin hacerlc dal-'Io. Mujeres como u.,sted, Rosa, imponen hidalgo respect 'a' los hombres m ds depravados,
No tardo" mucho en advertir el teniente, con cr'eciente asombro y honda tristeza,' que cada, dia iba haciendo Rosa menos divine su piados'simo papel de hermana de caridad. Pretextando casualidad 0" sin parar rnientes en ello, no temla rozar los'retorcidos rizos de su nuca con la sedosa barba del berido; ofrecerle, en estudiado aban-dono' el cuelloAesnudo, impldico y ti-bijo Para provocar el beso; mostrarle al descuido la, pureza intaebable de sus 11"neas 6 la estatuaria morbidez
sus contornos. Porque Rosa, morena. y corpulent, erauna mujer formidable por la gentileza y la plastic, de su 'cuerpo robu8to y delicado, algo -asi como la estatua de Ia tentaci'n vaciada en ainbar, animada por los falgores de esos ojos cubanos que tienen centelleos sombyas, majestades y ardo'res de las notches festivals de nuestra zona.
La lucha, aunque silenciosa, estall6 entre ambos rivales. Rivals, porq'e el teniebte Salazar, hombre do correct apostura y bien delineadd cara, con ojos, color y barba de. Arabe, rizosa y selvAtica cabellera, parecTa predestinado para oponer-su varonil y t1pica belleza 'a' la belleza de Rosa, flor y nata do su sexo; torque el teniente era la voluntad reflexive y austere, y Rosa la carne llet-la'-de gracia y fuego. En aquel drain Sin palabras, automatic, incruento, -Cl hoinbre de armas, sobrecogido, se reSigD6 'a' resister con todas sus energlas hasta que pudiese apelar al supremo recurso de la fuga.




faiAes sits doseos, iba estrechando el corco al. inva-ido, asedi ndolo implacable con refinamientos de ternura, consagrandoseA 61 con ardorosos mimos de enamorada, con abnegation y solicit-Lid cuasi maternales. El teniente, viendo latir bajo el. fuego dle aquella pasi6n ind6mita la 1iviandad del in'tinto animal, oyendo entre las melodfas de S'U voz el. grito imperioso y avasallad'or
0luptuosa, sinti*
do la hembra v' 0 Como suya, \ propla la
tremenda decepci6n que agobiarl'a:pl altiimot, .& su conmilit6n y amigo si, como 6"l, hubiera sondeado el anim o'.' de aquella intijer; mas luego, irritado, en I"iiipctus de angustia y* desesperaci6n. acrecentados, por su impotencia y postraci6n, ma de una vez estuvo, A, punto do apostrof arla., de escupirle all rostro la, prestinta culpa paraque volviese en su. actierdo y no tomase p"or aquies cencia *a,' sus seducciones lo que era tolerancia por no abordar'de frente y en crudo la espinosa prucba; pero teiniendo que la reacci6n del orgullo herido excedies'. a sits provisions, por un sentimiento de. galanteria, desistio' siempre del propo"sito conRando en la rigidez de su cargeter, 'en que su indiferencia, A la posture, lo emanciparl'a de aquella singular tiranifa,, si &ntes no reciiperaba la salud.
Posel"do unas veces por la conmiseraci6n. ma's sinccra otras segln el. matiz de las ideas qne predominaban on su conturbado espiritu, por la repurynancia mas hoada 6 la serenidad mas complete, raras veces, si algiifla's, cruzaban por sudnimo, como luminaries de relat-npagos, cosquilleos de vanidad, sombras de pavura cotilo el. que senate el. vAtigo de los abismos.
Lentamente, coino para hacer ma's cruel el. ins6lito torment que padecla, fue el herido recobralido salud y fuerzas, y en aquella restatiraci6n do vida, que resurgia mas vrigorosa, como la vegetaci'n al. beso fecundador de la primavera,- Ro'a avigoro" sus balagos, prosigui" la porfiada lucha con mayor audacia y desenvoltura.
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incorporarse con el intent, de si salla airoso huir de aquel sitio para siempre jam6s. Mueba- era su f uerza, inquebrantable su lealtad, pero aquella soberana de belleza empezaba a" fascinarlo, sentfa ante ella que su vigor declinaba, y vacilaba su firmeza y en tales momentos,' aniodorrado, pensaba que quizis aquella vehemencia no serla'A secas fi ebre de la carne, sino embriaguez de sus sentidos; pasi6n desbordada, insane, criminal, pero espoi-aAnea', slncera, capaz de realizer el sacrifice. Prob6 A incorporarse y con gran sorpresa suya se mantuvo erguido sin apoyo alguno, y sin senior inalestar ffsico recorri6 la"estancia sin vacilaciones ni tropiezos.- RetozAndole el gozo por el cuerpo f u6 'a' cenirse sus armas con extreme agilidad, pero al poner las manos sobre ellas, Rosa, agarrAndose A su brazo hasta clavarle las un'as, crispado, el labio, con voz que empez6 arrullo det6rtola y acab6 rugido de pantera:
-No'!-gimi&-No te vayas! Quiero que seas mffo, ,si, lo quiero, loe.x.ijo-!-' Yo, soy tuya, no m6s que tuya...
Y echAndole los- brazos al cello imprinii6 siis queMantesAabios en la tr6mulalboca de su v'lctima.
-Ro.-'Ja!.. .-balbuco 6 el teniente.
Era la hora- de la siesta. L.& naturaleza, conio en el desmayo deinefable deliquio, Ia'nguidecla en vol-uptutooso sopor. Re verberaba la atmosfera, los ruidos se desvanecian en apagados murmullos, en mon6tona y vaga melopea; los Arboles permanecfan inm6viles como si tuviesen follaje de plomo; las plants, se doblegaban abrasadas por el beso del so.1; el pajaro yacfa adormilado en la rama umbrosa; de un espasmo espiraba en s u ta lamo de p6talos la irisada mariposa. A la turbaclon y somnolencia que produce el bochorno del medio di"a, sucedi6 el vaho hu'imedo y tibio, de la primer brisa, baWmico y resinoso, como una oleada de incienso...
Vino la tarde con su bacanal de colors. El teniente, como el que vuelve de un letargo despertando de una sacudida, clavo en Rosa los extraviados ojos y mascu11ando las frasias le dijo:
_Lo jur6 el caballero al calor de tus besos y el ca-




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guardare' hipocrita silencio, callare' tu critnen y mi infamia. Cada vez que el me hable de ti le cantare esta mentirosa letania: Rosa es una santa, te es fiel como un perro, nunca dudes de ella, ni de m # ; ella es la -pureza, yo soy el honor. La mentira na abrasa el labio, t A
u y yo tendrl'amos'bocas de calaveras. En la pelea, cuando yo iba el primer, Emilio me''disputaba el puesto, no para disputarme la gloria. sino para servirme de escudo. Como es mAs gordo que yo... Cuando calf herido no quiso.,que me"internasen en el monte, torque cotrfa el riesgo de que me amputasen la cabeza o me de'jasen rno'rlr de hagibre. Ale trajo 'a' su, hogar, te hizo mi enfermera. Umo dudar de tu virtue ni de mi fortale'za?. Nadie sabra t
lo que ha pasado, -6 y yo
guardaremos el secre.to y seguiremos viviendo como enmascarados entre tanta gente consagrada. al sacrifice y. a la abnegaci6n.
Rosa, arrugando un panuelo entre stis crispadas, nian-os, macilenta, gemi"a sordamente, dejaba corner stis lagrimas, sin replica 'a' los, amargos sareasmos de su complice. Este, cambiaiido de tono, con voz mals, rme y se-mblante menos, hosco, prosigui6:
-Tluye a' la ciudad, apArtate de Emilio. Sigue mi consejo como'si fuese el mandate de tu madre moribunda. Pidele. 'a' Dios que una I*a posture a' Emilio en ell. campo antes que conozea mi traici6n, asl' morira tranquil, bendicie'ndote, consagraffidome su ultimo recuerdo.
Cifio"se stis armas y saliendo bruscamente, sin mirar
se encami o n una arboleda. cercana, perdlicndose entre sus tenebrosas naves.
Paso" un mlomento. Son6 un tiro. Y siguio,'reinalido el silencio melanco"lico y profound del creplisculo. .................
La noche de aquel di a un official quIe se encalminaba al rancho de Rosa, al atravesar la arboleda, not6 que su caballo se encabritaba y detenia de su'bito. Busco ansioso la causa del espanto y pronto paro los ojos en el li'vido cadaver del teniente Salazar, iltiminado por la




la bala de un rev, O"Iver que resaltaba sobre tin charco de negruzca sangre. Echo" pie 'a' tierra, se descubrio con religioso respect, contemplo"'U'll illstante, abismado, el cuerpo del suicide, y registrandole los bolsillos del pantal6n hall(5 una boja de papel donde ley 6, escritas con Iapiz y mano segura, las siguientes palabras:
Emilio:
((Te he inferido la ofensa ma's odiosa que puede' inferirse a' un amigo, pero un resto de pundonor me manda ofrecerte est'a cumplida satisfacci6n: mi cadaver.
((SALAZAR.




DOS -AM160S
L A LUNAacababa de ocultarse tras las cumbres de las
montaffas banando en rosicler las ingentes alturas de las villas orientals, produciendo su Qcasoq ;--espejismo de aurora-un oriented de estrellas que, como lirios
A Ib
de luz q- ie de slbito abrieran. sus aureos chalice, centeIleaban sobre, el fondo turquif de un cielo de estTo esplcndoroso y serene.
A poca distancia de las fragorosas montanas, en medio de: pomposo lauredal, sobre un otero, Alzase tin edificio de piedra cubierto. de lamas negruzcas y verdegay, con puertas y ventanas color de almao-re, gacho, extenso y s6lido, construido con elements "sacados del provide patrimonio, rocas de la sierra y Arboles del mosque, hierro y cobre. vegetal. En torno del '1*ndico arbolado, la Ilanura cubierta' de hirsute hierba, elevada y prof usa, ocupando vasti'simo terreno, como imponente arroyada de vegetation que crece vertiginosamente, y A lo lejos, el mosque negro 6 inm.6vil como una prolongaci6n de la sierra, sumergida en la sombra.
Mo'mentos antes de la alborada, una column espanola desembocaba en la Ilanura, quedando la reserve en las estribaciones de la sierra, yendo la descubierta, 'a'




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tras los robustos broncos de los arboles. La column hab'a salido de la vecina poblaci6n de Trinidad, pisandole los talons A unos fugitives que hablan escapade a milagro de entre las garras del leon, y volaban 'a' consumar el delito que no era hasta entonces sino anhelo pliat6nico. Acaecfa lo, que vamos -narrando en 1869, el--.oca en. que, I e1pueblo de las Villas, siguiendo el ejeniplo, de 'rientales y camagueyanos, realize su asombroso aunque esteril 6xodo, saliendo al-campo, el 6,de Febrero, en numero de catorce- mil. ho mbres, vagando como beduinos 6 romeros, sin gulas en 1*nnumeras
y sin armas
caravans, 6 emprendiendo arriesgadas peregrinacionos A las comarcas del Este, en demand de pertrechos .0
de guerra, Para volver A la regi*6n natal a 'of rendarse en aras de la patria. Volaban los fugitive s a' unirse a las caravans de desa'rmados, pero no- pudiendo despistar a' sus pers'eguidores que se les venian encima, decidieron hacerles fre'nte ocupando y abarrotando la casa del lauredal, abandoned por sus due-nos desde, el comienzo de la rebeli6n.
Creyendo el jef e de la descubierta que los, f tigiti vos
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se hablan, incorporado A a1gunas de las gavillas qil.c pululaban por aquellos contornos y que iban -a' hacerle resistencia en el. edificio, orden6 romper el fuego, sobre las parties mas vulnerable de la casa.. Con gran estri El fuego que partial de lacasa fue siendo cada vez menos, continuAdo y nutrido, 'a' ratos un relampago rojizo que pareda brotar de las paredes como la explosio"n de una grieta volca n ,ca, una onda de humo, un sonido sordo, luego un receso-prolongado, hasta que volvia 'a' repetirse el.tilismo espectaculo de pi-roteenia, que ya empezaba a' amoscar a' la tropa sitiadora.




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tantos heridos para la reserve, y Como transcurriera largo rato sin que los sitiados diesel senate's de vida, ordeno" el jefe que, cesarean los fuegos para dar el asalto A los -primeros esplendores del alba. No hab'l*a acabado de circular la orden, cuando se oyo" en lo interior de la Casa el. trueno de una detonaci6n, al.,que sigui6, otro, mAs, estruendoso, reinando despues, en el, acribillado edificio, cien veces fusilado, el, medroso silencio de los sepulcros.
A, la tremula luz de la alborada algunos groups de ififantes fueron acercaffidose cautelosamente 'a' la silenciosa Casa. Como intimasen repetidas veces la, rendici6n s-in qu e nadie respondiese, enarbolaron los fusiles comogarrotes emprendiendola 'a' culatazos con puerta s y ventanas. Cedi6 una puerta, triscando en cien asti11ASI y por aquella, brecha, tras un rayo, de, luz, entr6
-tin sargento, seguido de algunos soldados. Cuando fleg'O el jefe de los asaltantes, al. r6seo resplandor de la, madragada s6lo haI16 en el, vasto y hu"medo salon un cadaver tendido al pie de uti.a ventana, y -tin moribund
-acurrucado en un affigulo sombrfo.
Bl, que yacfa junto 'a' la ventana era un joven Como de treinta anos, delgado, de median estatura', Cabello corto,' bigoted espeso, y bermejq y ojos vidriosos de un gris azulado. Estaba tendido boca arriba,- los brazos en Cruz, una, pierna estirada, la otra contraida en angulo agudo, las balas enemigas le hab'an horadado muslos, venture y clavicula, ostentando en medio de Ia frente un agujero circui'do, de un halo de pArpura-Y hollin.
El herido, mAs joven que el finado, era triguefid, alto, enteco, de ojos negros, barbiponiente; tenia, una herida en el c6stado, dos en ambas plernas, y en la barba una cavidad informed y negruzea que destilaba sangre y de la que pendfan aristas. de huesos y desga-"',
rr(-)nP.q HP. niP.1- C011IT111.040- a ovq.ncIn.qP. con -rnqno in.qo-




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su opaca mirada de agonizante sin e xhalar una queja. Al acceder A las reiteradas instancias del jefe y del 'irujano de la clolumna, con el tartajeo del senil y el anh6lito del t'sico, silbando 'las frames entre prolongados
A
suspensivos, respondio:
Ibamos a incorporarnos a' las filas -cubanas. Viendo que no podfamos seguir, nos encerramos aqui. . Acordamos disparar sobre ustedes hasta el penuiltimb cartucho. juramos. Ese tiro que tiene en la frente mi companero se lo dispare yo. este que tengo en la barba me lo di pare. para mor1r. .. antes de rendirme. No habia m a*'s cartuchos. .
El cirujano intent curarle las heridas, pero resistie'ndose el moribund, fijo en 10 alto la wablosa mirada, suspir6 con acento cavernous:
-Asi 0 se muere! -y cay6 pesadamente sobre el bra-, zo del me'dico.




MARM'OL, CONTRA 6RANITO
(I LA HEMORIA DE EL CINAGUEYANO
A LLAMA 'de la hoguera, ondulando, retorciendose f uriosa con crepitantes estallidos, coronada de aborregado penacho de humo negro esmaltado de chispas de rubf y oro, ilumina con su rojo -resplandor los rostros de tres hombres acurrucados A su alredor 'a' la moruna usanza, maniatados, descalzos, harapientos. Son tres prisiQneros: el uno sexagenario, es el padre de los otros, dos mozos de recia complexion cuyas maneras, fisonomias y tenguaje, contrasta'con su aspect de desarrapados labriegos.
Un soldado, envuel-to en una frazada, fusil al hombro, va y viene 'a' espalda'de los press patullando en el herboso suelo, con'la grave insolencia de su oficio, yendo de la zona de luz, ignea 'a' la zona de sombras como andante y fantAstico, espectro. A lo lejos, al resplandor de otras hogueras que flamean y ondulan como cabelleras 6 destejidas banderas de color de ascua, vense los cucuruchos de las tiendas entre los crises para-




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coronas de diamante, las voces de alert de los centinelas 6 el. ruido del piafar de las caballerfas.
El viento de la noche arremolina los blanco cabellos del anciano, alumbrando la luz de la hoguera sus ojos negros, centellantes, su n'ariz aguile-na, corta y fina, su barba de algodon rala y desigual, su frente amplia y lustrosa, su cutis tostado, con estri'as- de pergamino y la apretada trabaz6n del cordaje de nervio's de su. cuerpo magro. Los hijos, copies aumentadas del anciano, morenos, musculosos, -bien proporcionados, ostenta el tino poblada barba de abencerraje de" color castan'o, eStatura mas elevada y fisonomi"a ma's varonil que el otro cuyo labio sombrea fini'simo, bozo, y cuyo se'mblante ofrece expresi6n mAs dulce y apacible. Agullero y sus dos hijos, miembros de una estirpe que, como otras mucbas ctiyos solares radical en los Ilanos del centre y en las montafias de Oriente, podr'an pintar en su escudo, como- blas6n glorios'lsimo, el andamio del pati'bulo m as
en campo azul y bajo, los rayos del pallid, ye,spero; que rebeldes en servicio, de armas, eran aldictos servidores de las legions revolucionarias. HallAndose'los tres en aquel mismo campamento en que estaban cautivos, y en el que habla pernoctado la vispera una f uerza cubana, fueron sorprendidos por las guerrillas del commandant espaffol Romanf, provinciano de Catalun-2, aer6ditado de bravo y tenaz, y que operaba en la zona que corre a gorillas del camino de hierro que va desde Puerto Pri"n cipe a' Nuevitas. Un flan'queo deslizandose siziloso, por- entre la mantgua como una slerpe, los rode6 con su. cadenza de anillos humanlos, y se rindicron sin poder intentar ni la fuga. ni la resistencia, sin negar su abolengo, ni su. oficio., En vano el commandant Romani, fulminando tremebundas amenazas, intent' arrancarles confessions favorable 'a' sus planes; el anclano, y sus hijos respondieron con la negative lac6nica, energica *' iracund.a de la dignidad ofendida. El problema quedaba planteado, el conflict era inevitable, Romanf, terco, volverfa A la carga; ellos, firms, se
d % 1 -N 4" 4' ^ "'I* 4"t I-% +'% Z"% 0% 1-1 rN 4 /- I-, 4 1-% 4% 1-% 1 '1 1 '" 'I r% 4% A 4- fl 4-0-1 1 1-1




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te heroic, oscura 6 ignorada, en el desierto Hano, avara necropolis de anonimos martirios. y desconocidas heroicidades, que no adn-ite, como las olas del ocean, laPidas.ni n-ausole'os. Asl' discurria %an silencio el anclano, cuando viendo, el cielo limpio de estrellas se volvi6 a' sus hijos dici6ndoles de' subito, como si co'ncluyese iin pensamiento interior:
Pro'nto va A qclarar. El commandant insistirA en que cantemos. Ni g* fas, ni delatores, antes mqrir niil veces!
A in lado del campamento, en un yermo calizlo,, v 'ta calvicie de la sabana
as se alinearon los guerrilleros
en correct formacio'n graves e" inm6viles sobre sus cabalgaduras, desnudos los empavonados across, que chispeaban al tibio beso dcl 'ol. Romanf, de pie junto
A
AJa fila de jinetes del primer termino, ordeno a un al-" .ferez condujese allf los prisoners a' la vez que prevenia a un cabo tuviese lists cuatro tiradores para acudir a su Ilamamiento.
Entre un cerco de'bayonetas, descalzos, desnudas, las cabezas (ttados codo con codo, h l
arapientos deniacrados pqr la vigilia, aparecieron los prisoners. El anciano Aguiliero, cuvos blanco cabell'os arrelmolinaba el soplo de la nia-ana en flotantes copos de algod6n, paseo la majestuosa- mirada por la 11"nea de jinetes., avanz6 resueltamente' hacia Romani", cejijunto y con expresi6n de energfa fiera y serelia. La voz del co-' Mandate le detuvo, se par6 como clavado en el suelo, y con arrogante'desden oy6 la pregunta de ordenanza:
-Prisioneros, persistent ustedes en caller?.
_S1, seffor, -repuso el anci a*no, crispado el labio y moviendo la cabeza automAticamentel.
Prisioneros, el silence io es vuestra sentencia de muerte!
Pues que se cumpla. No se muere thAs que una vez.




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-Ya huelffan las amenazas sen~or. Nos sobran valor y vergulienza para sacrificarles la vida.
Romani no replica 05, pero con ademan airado hizo avanzar el gr-upo de ejecutores que se desplegaron delante de la linea, uedando en el'medio, cruzado de brazo, silencioso y-sombrio. el inexorable commandant.' Ri'gidos, absortos, estucados en su grave inmovilidad, subyugados por la tragedia que se.jba a' desenlazar 'a' SU Vista. los dema's testigos de la solemn escena miraJ
ban con ojos desmesurados, siguiendo con viva ansiedad los gestos y movimientos de los actors.
Agullero volvie'ndose al menor de sus hijos:
-Primero t-6, anda!-le dijo.
El.joven, erguida la cabeza de adolescent coronada de negros riz os, fu6 'a' colocarse junto a' las bocas de los r ifles que le fulminaban los tiradores. Cuando tornaba el rostro hacia su padre, patio la descarga horadandole el pecho. El primoge"nito, en el vigor de la edad' viril, que reproducia mejor los firms profiles de su padre, echo" 'a' andar con paso reposado, mir6 un instante el ensangrentado cadaver de su hermano, cuyas ropas ardian, luego clav6 los ojos en los ojos centellan, tes de su progenitor, al que salud6 con reverencia pro-. funda, y cayo' de costado, habi6ndole la descarga heebo' girar sobre sus talons. El anciano miro a Romani con diab6lica mirada, entreabrio" los labios como si fuese a proferir tremenda maldici'n, sigui6 con paso acelerado para donde yaclan sus hijos que formaban como una cruz de cadavers, torno' los ojos al cielo, sacudio la encanecida cabeza con gesto de loco, y en un clamor que mas que grito de hombre era rugido de leon:
Fuevo!-grit6.-; Viva Cuba Libre!...
Y cay6 boca abajo, extendidos los brazos, Como si fuera -a' estrechar contra su pecho aquellos'pedazos de su alma.
Consumado e'l horrendo sacrifice, tras un moment de pavoroso silencio, Romanf, 11"vido, mesandose los cabellos, exclamo con vozarr6n estent6reo:




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el grupo de los muertos que pareelA images de la inmolaci6n que en sus tres, tapas afrontaba aque'lla ge'"I
neraci6n, y afladio:
-iEn march; las auras septiltarAn d esos perros.
..Una man'ana del mes de junio de 1873, Henry M. Reeve, con ciento, veinte dragons, acampaba 'en Ja hacienda Yucatan, situada, entre la ciudad de Puerto Prl'ncipey la Sierra de Cubitas, que era la zona en que operaba el infatigable Romani 0
No habl'an acabado de descabalgar los jinetes de Reeve, cuando la guardian, 'apostada en el Alto Sano en que se alzaban las ruins de la casa solariega, anuncio" la 'aproximaci6n del enemigo, compuesto'de una guerrilla montada y otra de infants. Venfa 'a' su frente elcomandante Romanf, que habla salido en persecuci6n de unos merodeadores que la vispera habian saqueado un suburbia. Reeve, por su parte, habl**a resuelto acampar en Yucatan, conio sitio seguro, para conceder algunos dfas de descanso 6 sus f uerzas. En la m utua sorpresa, mientras los dragons de Reeve obedecianal, toque de botasillas, los jinetes de Romanf disparaban'sobre ellos una granizada de plomo.
El captain Larrieta, conterraneo, de Romanf, que habia pertenecido al cuerpo de la Guardia Civil y que defendio' 'Con bravura y acrisolada lealtad la causa de la e1mancipaci6n de Cuba, recibio en aquella primer y
descarga un balazo en la boca, que le quebrant6 un hileso. El plomo, que le hiri6 de rebate, estaba frfo,' por lo cual el capitdn, chasqueando la lengua, pudo a'r'ro*arlo diciendo:
-Asf escupo las balas, como saliva.
Seguidamente se trab6 la pelea al arma blanca. Sables y machetes centellean al sol, culebr'ean en torno de las cabezas, de agresores y de agredidos como argentados relampagos, se entrechocan con agudas vibracio-




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pesadamente triscando ell la hierba seca si-.Yi exhalar Una qu I eia, derramando silenciosa lagrima; 'a' ratos no hay mas ruidos que el del train animal de la matcanza, sin voces humans, sin notas sonoras de clarines; ayes, estertores, ronquidos, choques, topetazos, alaridos, rua-1clos rumors de piaras -de corral, deleoneras.
Muerto de -un tajo su tordo, enronqu'ecido de tanto vocear, tiznado de p6lvora y manchado de sangre, pa''lido, Romanf en el delirio de la desesperacion, viendo el Ilano cubierto de cadaveres* de sus guerrilleros, mientras otros hui 0 an a' la desbandada, perseguidos por los dragons cubanos, con gesto de furlioso se desgarri,) los pantdlones arrollaindoselo's en las rodillas a mantra de maniotapara-cortarselaretirada. Empul'labaenla diestra el rifle de un guerrillero que cayo 'a' su lado y el cual -dispar' hasta que le abandonaron las fuerzas, no la belica energifa. La sangre que manaba de sus Ip
beridas le hizo tambalearse; len el vertigo del 111timo desmayo-,, se a lz6 sobre los talons, y recordando acaso
A
el poster grito del anciano Aguliero, murmur con voz ronca:
-iViva Espan'a!
Y esputando espumarajos sanguinolentos rod6 'sin vi da sobre el esparto de la 11anura, donde yacfan ciento diez soldados y cinco, capitanes. Sobrevivieron a' la rota, de los que hicieron la def humo, cuarenta guerriIleros y dos officials.




FIDEL ".CESPIDES
UANDO 'se alist6 bajo la bandera tricolor arenas f ue"
desplegada en las llanuras, del Camagu**ey, ya tenia conquistada fama de bravo. Algunos meses antes del grito de Yara, la tarde dt un domingo, 'a' gorillas del Hatibonico, cinco drag-ones, pasa-ndosd de zurnbaticos, se mofaron de e'l llainandole gallo iviico. Acometi('* Fidel al grupo con impetus de toro, abrio ambos brazo,-; A, If
a compass y despatarro' dos dragons; de un mojic6n hizo caer 'a' otro panza al suelo, al cuarto,'de un pun'etazo de pugil, lo echo 'a' rodar como un tonel, haci C*'ndole ver luminarias y quimeras de colors chillones, y al quilito, de una pi-ada, le hizo man.ar dos canos de san10,
gre por las ventanas de la nariz. El salio" ileso, sin un rasguno y coino esperara en vano el mesquite, acabo diciendo con voz ronea y gentile arroyancia, como gallo que campa victorious sobre el serrin ensangrentado de la valla.
-iComo Cstos necesito veinte!
Fidel Uspedes ten'Ta cerea de seis pies de altura, casi una palma real; espaldas anchas y musculosas, un parapet de carne y hueso; sti empuje y sus fuerzas




00
era, ademas, de' presencia alrosa, de color 1-noreno mate, de, ojos y 'abellos negros, bigoted castat-10, voz suavemente' ronca, en el peligro immutable y frfo Como tina mole de granite, en el ataque temerario y descabellado, en el cuartel humanitario, sencillo, generous. Hombre tan bien constit'U''do, en quien el valor era u'n product de su organization privilegiada como la salud y la fuerza, fue ganando grades sin grades empenos, siguiendo a secas sus naturals impulses. Era teniente colonel cuando su superior, el brigadier Benitez, viendo una colu mna enemiga atravesar la sabana, le dijo :
-Metase por la cabeza y salga por la cola, que yo lo apoyo.
Fidel Cespedes requiri6 los arreos de su cabAllo. y volvi6ndose A sus treinta jinetes:
-iOjo 'a' las monturas!-grit6.
Poco despu6s un official le decia:
-i Todos lists!
-iA ellos!-repitio,' Uspedes clavando los acicates y desnudando el tajante acero.
Y al galope, a* la cabeza de los treinta jinetes, arrollo la vanguardia enemiga, abri6ndose camino porentre ella como impetuosa y pujante piara de toros corpulentos y bravos que embistiesen juntos con fiero denuedo, derribando 'a' e'st.os, atropellando a' aque'llos, pisoteando a algunos y estrujando, embutiendo, atravesaron la column, por su eje, saliendo todos ilesos por retaguarclia sin perder un hombre, un caballo ni una espuela. ,
Al acabar la jornada uno de los actors, soldado os'curo, pillar vivo del pedestal en que se yergte 'a' los ojos de la posteridad el pr6cer de la gloria, asombrado de la proeza que 61 mismo hab'a contribu'do A realizer, exclam6:
-iA pulso! Si'cuentan esto en mllibro no va a' ver quien lo crea.
Seguldo de cinco jinctes volv'a Fidel Cespedes de las cercanfas de Puerto Principe, de cuyos fuertes es-




dos le(Y-Lias de la, ciudad. Descabalgo", tiro el rifle a* un lado, ato" el corcel en sitio umbri 0 o y pastoso y se alej6 con rumbo 'a' un grupo de cocoterosenanos, oasis de somVta y frescura, "en medio la caldeada saba-na. Se echo" sobre la hierba, hacienda almohada del sombrem y moments. despues, roncabac'omo un can4nigo.
El estampido de una. descarga le hizo ponerse de pie. Se restreg6 los ojos con los punos y mir6 A su alrededor. Estaba sitiado por una guerrilla; aquellos de sus hombres--que como 61 se entregaron al suen'o, despertaron prisoners, incluso el torpe vigla que pusiera sobre el rastro; su rifle habla desaparecido, su caballo estaba muy distance y dedetras de cada cocotero'partia una bala rozandole el cuerpo., Sin perder su habitual, aplomo emptin5 el machete gritando- a' sus enemio-os:
i Venga uno 'a' uno a pelear al arma, blanca
Hubo entre los guerrilleros un instance de vacilacion, pero un deserter, que dias antes obedecl"a al sitiado, jefe, repuso:
-i No, cuidado no se acerquen 'a' el, miren que es Fidlel Cespedes!
Renovose el fuego con mas furia. La fiera enjaulada' se acercaba A sus sitiadores, cuando un balazo en la pierna izquierda, le hizo caer de rodillas. Entonces oyo una voz que decifa:
i Cojan el caballo!
At oir. esto se incorporo" de s6bito, avanzop bacia el magnifico bruto que lo Ilev6 sobr'e sus lomos en ]a famosa carga, y descargandole un terrible machetazo en !a cabez'a: .,
No gozaran de eI!' exclamo, y sigui6 hacia un macizo de cocoteros, enipunJando el ensangrentado machete y repitiendo el reto: 'i Uno a unoY, al arma blanca!
Pero cay,6 a' la mitad del camin6 acribillado por una Ilu'ia de balas',







CR'OQUIS DE PALO SFCO-.
N EL cielo, de un gris azulado, rutilaba todavi'a la
estrella de' la inaffana, Cuando, el general Maximo G6mez, al frente de tresciento3o jinetes y. cuatrocientos cinctienta infants, emprendio march con rumbo al Este, desde el. po'trero Santa Lucia, d6nde hab*la acampado la vifspera. Las colummas de humoqtie despedfan los tizones de las hogueras del vivae se conf tindian con ]a densa neblina del crep isculo, envolviendo 'a' homVres' y caballos en opa cos y ondulantes velos de gasa de tin.tas de 6palo. Marchaban en silencio, tiritando por la humedad del aire y el gelido, soplo de la madrugada, ignorantes de los designios que abrigaba el general al. emprender la jornada antes del alba.
En medio, un rompimiento de aguas de oro palido y apin-ados copos de rov,,asam6 el so] su disco'de cristal candente. El gendral.'91 filudo hasta entonces como una esfinge, orden6 se destacase una guerrilla mixta sobre el blanco derecho, marchando en 11nea parallel. A poco se oy'6 un tiroteo: la guerrilla habl"a topado con una patrulla eneniiga que forrageaba dn las inmediaciones. Ceso" el fuego y una escolta condujo ante el Estado Mayor prisioneros, caballos v fusiles, trofeos




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dadobreve imperioso, guttural, interrogo a uno de los prisione'MS, el ctial, sin preambulos ni rodeos, le inforrno que. por delacion de un transfuga el batallon (le Valniaseda habla salido- de Gualimaro para las Tunas, con intention do apoderarse de un deplsito do pertrechos de guerra que, como el pirate el tesoro comprado a sangre y fuego, habla sepultado on ignoto lugar de la zona en que operaba, el mayor o general Vicente Garcia. Arlt-e esta'revelacio'n, el general envio' nuevas 01rdenes al jefe de la v"nguardia, sin que so interrumpiese la niarcha, que a' la sazo"n era desfile, por un sender soinbri-0, aromoso, Ileno de, gorjeos, y al-rullos, como que estaba orillado por espesos mosques enA"os que resonaba, grave, sonoro como. el salm'o, en naves (Ile la catedral, el hinino ineffable. de la man-ana.
or a el sender en una sabana cubierta do espartillo ondeante como, tembloroso, Jago verde coii calbriIleos de oro, y a cuyo termino se, alzaba el cainpo atrincherado que protegia el pint.oresco y por tantos titulos hist6rico caserfo de' Guaimaro, en que ]a primera asAmblea elegida por el sufragio, de los puelhlos rebeldes rompio con mano firme el primer eslabo'n de la cadenza del esclavo. Avanz la'colu.na.bacia, el c-serio, orde'na"ndose ]a forina(cio"n en Ifnea de batalla, 11PO 7 .,Ida la cabeza.en un ano-ulo del cemente'rio que so alZaba 'a' la izqi:iierda y a' larga distancia- la poblaci"11.
las corneas cubanas respondio" en el lugar'la (ALroI
nadora al,zrarabla del somaten y en sepruida la artilleria espanola, empezo., a vomitar metralla sobre los:'-sitiadores, cuyo cl arl"n de O*'rdenes lmpuso atenciont
I
silenciq!. Los parapetados se(yuian lanzando granadas, una de las cuales despanzurro un caballo y arranco' de soslayo a' tin official aludnas libras de carne de Ica inaciza espalda, en tanto que los sitiadores pormanecifan inni6viles y mudos corno leo-iones do automatas, sin otra agitation que el piafar de las caballerl'as y el movimiento de marea. de los "rupos en que so desperdigaba la metralla. Como se prolongara demasiado la sinilar pasividad de.las fuerzas cubanas, ded-Lijeron los,




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bablan pesto aTaya y obligaindolas 'a' desistir de todo intent de asalto, y prorr-Limpieron en aclamaciones, dentiestos y cuchufletas que fueron acallados, para coronamiento de tanto., regocijo, con los acordes de la banda military Puso t'rmino al inmaturo y desordenado alborozo de los sitiados para convertirlo, en alhar-ica de freneticos, el, clarion de los sitiadores que ordenaba reanudar la march. Volvieron groups en,' correct formation, dejando a stis espaldas el caser'o inundado de sol, con sus toques de aleluya, el estampido de los canones, el traqueo de los petardos y el coro de gritos y aullidos de Ila muchedumbre, sinfon'a colossal, chabqcana, imponente y ridi"cula. L.a. -61tima
A
granada cayo entre los cascos de los corceles del Estado Jayor, etivolvic*ndolo en una atireola de espeso, humo sin catisar el ma's leve., dai'o. Poco 'a' poco, atenuado, clonfuso, el ruido y el paisaje se fuerlon desvaneciendo en la lejania.
Servia de pr Actico a' la column el capital Mederos, qiie poco.s meses antes habla cafido en poder de una tlguerrilla espat'ola, cuyo jefe sorteando halagos y deslizando amenazas, querfa arrancarle informed acerca de s us conmilitones. A unos y a" otras respondi6 Mederos con rudo laconiismo:
No me da la gana.
Sera' usted ahorcado!
-Cuando i*ted quiera.
El jefe hablo., apart con un sargento, este se encai -lin at c, onvoy del que regrets' trayendo una soga preparada en lazo, corredizo. Lo cin"16 al pescuezo de Mederos, lanzo el cabo por -:encima de la rama de un Arbol y ayudado por un soldado izo en los aires como a' un fardo al imperturbable prisionero., Cuando la vfctima present" los primers sintomas de la estmugulacion, aflojaron la cuerda dando en tierra con su maltrecho cuerpo. Repuesto del trance,' el jef e. le interrog (5 de nuevo:




Ahora, luego y siempre, repuso Mederos.
El salvage simulacro de la horea se repiti 05 seis veces; Mederos, mas muerto, que vivo, f u 6 arrojado sobre un, mont6n de' pajas, no torque lo, tuviesen por dif un to, sino como aplazamiento, de la torture por haber triunfado, de las primers pruebas. Pasadas algunas horas volvi6 en su acuerdo, lel descoyuntado capital, observe* que nadl*e le atisbaba, echo a corner como, un galgo, gan6 el mosque y se incorporo, a sus filas.
Al perder de vista a' Gualimaro el general Gomez llamo a" Mederos.
- Es usted pr'ctico en el territorio, de las Tunas? le dijo.
-No, seffor.
Sabe uste& de a1guno, que lo sea entre los que vienen en la column?
--Tampoco, general.
-Pongrase A las ordenes del jefe de la vanguardia, siguiendo siempre el rastro, del bata116n que ha salido de GuAimaro, para las Tunas..
Parti6 el capital Mederos a' cumplir la orden del general, que di6 al"jefe de la vanguardia, teniente coronel Baldomero'Rodrl'guez, las siguientes inequi 0 vocas instructions:
Aproveche usted los conocimientos de Mederos; bastan para seguir el rastro, del enemigo hasta dar con el. Es precise, encontrarlo, y batirlo. Asi que lo divise, sea cual fuere la posici6n que ocupe, argue usted, que yo, le apoyare en el acto.
Poco, despu6s del medio, dia -la column hizo, alto para repartir raciones en el sitio, denomin'ado El Palciique, junto a'* una aguada y a' la sombra de rala arboleda.
A la& tres se reanudo" la march, yendo, la caballeTia a vanguardia acaudillada por Baldomero Rodriguez; el general Gomez con I sus ayudantes al frente del centre, de la misma arma y' de la infanterfa, escoltada en su extreina por jinete's de Caonao al mando de Manuel Suarez.
A las cinco de la tarde la vamxuardia desembocaba




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de espinos erects y punzantes, piramides de aguzados punales; de yareyes con sus simetricos penachos, de abanicos triangulares; Oe palms canas con sus hojas, colmo manazas esparrancadas; jalones de setos natu-A rales que hacian del llano inmenso estadio e*n forma de circulo irregular; rodeado de ancha zona de Arboles y arbustos aislados, enguirnaldados de campanillas blancas, r6seas y moradas, de retorcidas lianas entretejidas como cordajes de nav'i*os, uniendo sus gargantes y raigambres-manojos de sierpes trepadoras y rastreras que, con las zarza's, la prof usa maleza y la urdimbre apretada 'y -recia de la hierba, component un mosque, enano, espeso,'inaccesible ruina 6 boceto de la selva intrincada y virgin. Al extreme opuesto de la sabana, Abren se dos senders en divergence, ambos orillados de los arboles y arbustos propios de nuestros calcinados Ilanos, rodeados de matorrales, y uno de los cuales lleva en derechura al sitio en que se alzan las ruins de to que fue trincliera de Palo Seco.
Al llegar al centre de la Ilanura, la descubierta de la c6lumna, compuesta de ocho hombres, divisa la del
de Valmaseda; se detained de s'bito, hacen fuego, y huyen despavoridos, sobando con los sombreros las ancas de los caballos para mejor similar el espanto, en la fuga. Atralda la vanguardia espanola por aquel ardid, creyendo, q-ue solo se trataba de grupo de aventlureros exploradores, por ser rara en aquellos lugares la presencia de numerosasIuerzas cubanas, y tambi'n torque la configuration del Ilano no permitia ver
A
los jinetes que les seguian a' distancia, se lanza al galope en persecution de, los fugitives. Cuando ya no era possible desviar ni contender el impetuoso arranque, Baldomero Rodriguez ordena desnudar los across y
fondo la cabeza de los cuarenta dragon
carga a a s quo
component la vanguardia. Chocaron en mitad del Ilano, rebotaron, se acometieron de nuevo en embestidas de hordes, en pugilatos furiosos, desparramandose y reorganizandose, fren e^*ticos, -desmelenados, rugientes. Mientras las dos vanguardias siguen bati6ndose at ar-




tos y marciales, se despliegan al Ia izquierda, apoyados en el boscaje, y rompen nutrido, fuego del lado por donde ha desembocado Ia vanguardia cubana. Vilches, el primer jefe del batallo"n de Valmaseda, que ha perdido en Ia embestida el gigantesco, y leonado corcel andaluz con que entro en Ia liza, sectindado por el capital Aguila, dirige con bizarre bravura el fuego, de los aguerridos infants. El general Gomez, que ha becho desviarse su infantena para que these paso a' Ia. retaguardia, 'a' Ia cabeza del Estado Mayor, desordenado y magnAfico, como fantas'la alrabe, lanza el formidable grito de:-i Al machete!,-y vuela en apoyo de su. v-inguardia. El caballo que montaba el teniente colonel Manuel Sanguily, r1ifoso y desalado, rompe las brides y huye azorado hacia el grueso de Ia caballeria enemiga. Los jinetes de Ia retaguardla van desembocando en el Ilano A friend suelta, cargan sobre Ia izquierda en pelotones, disparan sus rifles a' una sobre ]a compania de 11nea que manda Vilches, described un arco de cfretilo dando una vuelta ra"pida y arriesgada, y acometen de nuevo, repitiendo Ia mistna evolucio"n. A cada descar(Ya el suelo se cubre de cadavers los infants avanzan Ilenan los'huecios y continilan serenos y admirable, contestando a" ple firme el fuego de los pelotones de jinetes. Vilches cae herido, de muerte casi entre los remos del caballo del teniente colonel Enrique '-L,,Tola; ya Ia compani"a, fuerte de cien plazas, es un corrillo; vacila, empieza a' movers indeciso y torpe y uno de los pelotones se abalanza y consume el exterminio 'a' machetazos.
El caballo del teniente colonel Mannel Sanguily sigue en su loca carrera por las tortuosas calls que abren en su desorden y movimientos los jinetes espafioles. El jinete se adhere al ctiello del bruto, abandon \ andose A su instinct. Un soldado se echa el arma a Ia cara para salvar el jinete matando el caballo, pero como, este hufa por sobre los brotes de palms canas con cabeceos de cetaceo, desistio" de su. deseo por miedo de herir a] caballero. Resoplando furioso, siorue 'a' Ia




a un official enemigo que Ileva en la grupa de su montura un herido, su propio hermano; va acortando, su impulse, da una hocicada contra un arbol y cae sobre el tafanario 'a' la vez que el jinete, de un bote, cae en pie 'a' su lado. Lo acaricia, gana la silla, se enrosca los cabos de las brides en los dedos, y yendo casi de braces sobre el animal, lo encamina a las filas c-tibanas. Apenas se hubo incorporado, distingue sobre las malezas del boscaje corpulent mulatto, htindido en la 1-nanigua hasta la cintura, que le bace sen-as para que se le acerque. Creyendo que era tin jinete cubano que babla perdido, el caballo, y que impetraba su auxilio para unirse a" los suyos, se dir*gi6 hacia eI siempre de brtices sobre el rifoso bruto. No habla avanzado dos pasos cuando el inulato levant el rifle y le descarga tin tiro.
No tire, hombre!-le grita Sangtiily, creyendo que el so'ldado sufr'a tina eqtilivocacion, y contintla acercandose d 61. Pero el mulato segula imperterrito, empefiado en cazarlo sobre seo-uro. Vio' el jincte, cuando estuvo, nia's pro"Ximo, el pantalo'n azul del soldado, usual cntre los milicianos espaiioles, pero no piido agredirlo por la position 'a' qtie Io obligaba el nialtrecho rendaje. Baldoincro Rodri"guez, atrai'do por los disparos, va 'a' acometer al 1-nilicialio niachete en tnano, pero, el mulatto lo rechaza a" tiros. Entonces acuden otros jinetes y derriban a' balazos al soberbio infante. El ayudante-secretario del general Gomez ve iin jinete por el mismo lado del Ilano que fue teatro de la anterior escena desmida el machete y hostio-a a' su caballo, para cargarlo, y ya cerea de C'*l ba'a el acero creyendo qve iba a' herir 'a' uno de sus subordinados. El agredido, que era un jinete del batallo'n de Valmaseda, aprovecha el error con destreza, levant el niachete, y al descargar el golp-C, -tina bala le atraviesa de banda 'a' banda y simultaneamente un machete le hiende el crane. El doctor Antonio Luaces, que presenciaba la palpitante escena desde su palaf-ren, amartillo' sti revolver y fue alzandolo a la altura del ojo con piffl-o




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Rodriguez, caballero en su arrogance bridon bautizado C sar, vefifa a escape en persecucion del jinete; la bala de Ludces lo derribo de espaldas y el tajo de Rodn"guez lo alcanzo,' en la eafda hendiendole la cabeza. Joaquin Judas, diabolico matador, bandido yaciado en h6roe,'cay6 del caballo en que cargaba con''satanesca furia. Al. verle caer, Baldomero Rodriguez, exclama:
-1 Pobre Judas! Lo han matador!
El negro, revolviendose entre los calls de las bestias, di6'un bronco de gato, chispeantes los encarnizados ojos, chorreando sangre de la desnuda cabeza y replica, al. compasivo jefe:
Estoy ma's vivo que usted!
'Se agarro 'a' la grupa de otro jinete cubano iba cargando, de un salto cay6 a' plomo a' la zaga del com.panero, y blandiendo el machete siguio aeuchilland' con fiereza, gritando entre risotadas:
-iA mortar cabezas!
La bala que le ech6 por tierra no le bizo otra mell a que aturdirlo, arrollaindole de' refilo"n la piel de la frente. El. nino Mederitos, sobrino del gu'a, tan corto de anos como de talla, amago" al, arma blanca a un dragon enemigo que le hizo fuego 'a' quemarropa, birie**ndole mortalmente. Su jefe inmediato, el colonel. Gonzalez, le increp6 asf:
- C mo siendo un chiquillo te atreves 'a' cargar Al machete A hombres que son gigantes.,para ti?
- Tengo yo la culpa,-repuso el, energico impu",-de que usted mandate tocar degllello?
Mientras tanto, en el centre del Ilano, segul"a la matanza inexorable y tremenda; entre haces de solclados y caballos yacian por tierra veintiseis officials enemigos; Jos corceles cubanos pisaban so'bre un Pavimento de inuertos, chapoteando en-charcos d6 sangre, mientras los across de sus jinetes recorrian. los monotones contraries, rapids y mortifferos como hoces de rayos. Reunidas la vanguardia -yel centre de la column cubana, luego que Vilches mordio el polvo con sus gaI'ardos infants, acometieron, con mayors brios, y a




ido perdiendo terreno, ya pr6ximos I a los senders, re-' troceden, miran hacia atras con ojos de demented, y posefdos del inenarrable vertigo del panico, vuelven groups, espoleando con safla, las caballerias, yendo a' cho'car, como tumultuoso y de.sLordado torrent que se expanded v derrama con atronadora violencia,'Con su 'A
propla infanteria que avanzaba 'a' tomar posiciones, y a la q'e derriba, plisotea, estruia, divide y espanta. La primer fase de la lucha dur6 poco ma's de media hora, la segunda, que empieza con el desbande del enemigo, duro' menos a-6n. f ue un galope apocall'ptico: los jinetes cubanos, sanudos, implacable, como si vengasen en la rota legion los agravios que infiriera en su epoca el implacable caudillo cuyo nombre llevaba. la hueste como siniestro arambel de escarnio, acuchillaban la confuse y revuelta patulea, ya irguiendose sobre los estribos para herir mejor, corriendo 'a' la par de la vl'ctima, pasando por encima del infante caido, magullado por sus conmilitones y rematado por los jinetes que veinfan 'a' la zaga, quedando sobre el rastro bileras de cadavers. Unos huyeron por el sender de la derecha, otros, por el de la izquierda, que era la via que Ilevaba a' la trinchera de Palo Seco. El galopar de los caba:llos que corrian desaforados, sus relinchos y estertorosos, resoplidos, las notas agudas y'vibrantes de los clarinet, el ludir
chirriar de los metals, el chasquido de los machetes segando hombres como canf-as de Miel, los desmayados quejidos y lamentos, lo grits de espanto y el vociferar de los vencedores, formaban --imponente concertan.te, terrible y IU,'g-ubre parodia de la maleante sinfonfa de los regocijados defensores de Guaimaro. Los infantes de Valmaseda que venfan a' la extreme retaguardia, al oir el estrepito del saIvese el que pueda, y ver, Qomo la luz de un relampag(,
la cat'strofe del pnico, los otros infants apin-ados y rotos en lo estrecho del sendero como en una cripta, volvieron la espalda y corrieron a refugiarse como de Una inundaci"n en las ruins de la trinchera Cincuenta y tres soldados, un coniandante y cinco officials, lograron yanar aquel asilo; los




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cumbieron en la hulda. Los persecutors, al mando del brigadier Jose' GonzaIez y del jefe de Estado Mayor Rafael Rodriguez, se desplegaron de frente para acometer 'a' los refugiados en Palo Seco. No habla conclul'd' la formation, cuando Rodriguez, espoleando al. espumante C sar, patio Aescape y Ilegado casi al pie de la ruino'sa, trinchera, les intimo la rendici6n. Hubo una conference brevisima entre los refugiados; tino I alzo la voz y dijo:
-Nos, rendimos si se nos concede la vida.
-Concedida, --replico" Rodrfguez.,
Alguien murmur protests, pero, uno de los, oficiales las aca'116 diciendo':
T
Haran con nosotros, lo que hicieron con los de -"a Sacra. (I)
Y -a' pesar de la energica oposicio'n del commandant Martitegui, jefe de las guerrillas del BarA v segundo del Valmaseda, se consume la rendici6n.
En los mismos moments en que los jinetes espanoles abandonaban el campo de batalla perseguidos por .el grupo de' la. caballer'a cubana, desembocaba en el Ilano la infanteria a paso de carga, desorientada por el cuadro %.W A
que ofrecfa la sabaIna. Sanguily se pone a sti frente y les ordena acometer a' algunas, gavillas de dispersos que iban ganando eI boscaje. Al penetrar en las malezas, 'tin official. enemigo, abandoned po I muerto, empezo, a' incorporarse.
-iA ese que resucita!-grito' un official.
Un soldado le desp4churro" el crAneo, de un culatazo. La lucha habl'a acabado, en' el l1ano: lo que siguio fue ojeo, a'solam'iento, exterminio: se hizo tabla rasa con los que'permaneclan en pie despues del naufragio, se escobo" el batallo"n de Valmaseda, que mals luego f tic' borrado, del institute a' que pertenecia.
El sol habla. pasado de la 1,1'nea deI horizonte. En el ocaso sedilataba, una cordillera de pefiascos de pizarra perfilados de oro v fuego. Donde el. sol.hab'a desapa(i) Los trece prisoners del inaudito combat de La Sacra, entre los
'hnMahn Al nr 1"JarA'n4" f11i:IrrN" "VIPQ+nQ 1_%TI XT fl,- TI1111_




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recido, una montafia, de escorias y ascuas, hendida 10
desde la clspide a' la. base, mostraba a mantra de pedruscos de encendida, lava jirones de nubes color de amaranth vivo 4 atenuado, sobre una niebla tintada de amarillo verdoso, grieta. de volcano en erupci(5n. En el n aciente, en forma de morrow, picachos de nubes que cambiaban desde el rosa. del caracol hasta el rosa'de la pluma del flamenco, y en torno de ellos, como manchas de boo.etos,' celajes de tintas indecisas, violeta oscuro, belesa, verde Nilo, ocre con visos de verde de ruda, nieve estriada, y copos con todos los tonos del gris. A la irisada luz de estos reflejos, atenuados por todos los verdes de ]a vezetacion recorrian la ruta empedrada de"Imuertos y fragments humans, los prisoners d& Palo Seco escoltados por los vencedores. Cuando Ilegaron al centre del llano, inmenso cementerio al aire libre, el commandant Martitegui no pudo reprimir un gesto, de altanera, soberbia, cruz6 los brazos, miro" al clielo y exclam6:
Pobres chicks! Como envidio vuestra suerte!
El teniente colonel Francisco Aguirre seguido de alo-unos explpradores, contaba los cadaveres.1 desde el centre del Ilano hasta las cercanfas de Palo Seco, incluycnclo los del boscaje y los del sender de la derecha, se contaroln quinientos siete muertos. El batall6n de Valmaseda se componfa, de setecientas plazas: muchos de los. que escaparon de la refriega, perecieron en las
-rancherlas, no contando en el cuadro de las bajas del combate. La colum-na cubana, entre muertos -y heridos, solamente suf rip catorce bajas, lo que no sera" una patranfla para el que haya podido presenciar una carga de caballerla en una guerra del calibre y peculiaridad de la que acometio' Cuba por su I emancipaci6n. Bl difunto mariscal de campo don Francisco Acosta y Albear, en su r'idoso folleto sobre. la guerra de Cuba, narrando al volar de -la pluma e'sta misma acci4n de', Palo Seco, corrobora, lo que dejamos apuntado acerca, de la enormisima diferencia, en las perdidas de ambos contenders, bien que su estadi"stica no podfa ser del




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enuncia en su replica el general don jose Gutierrez de 1-t Concha, no es cuerdo y inneho menos patrio"tico que un military relate las derrotas con todos sus pelos y senales por el-efecto enervador y'disolvente que produce en el animo del soldado, lo que no, fue' o5bice para que el mariscal Acosta y Albear, sin falter de plano a' la tradici6n, dejase transparentar la verdad, de aquel y de otros success anaAlogos.
Conducidos los prisoners a' la zona de la llanura limpia de cadaveres, fueron. encerrados en un circulo, de centinelas, en tanto deliberaba un consejo de oficiales convocado, por el mayor general Maxii-no, G6mez.
El archive del batallo"n de Valmaseda, que cay6 en poder de los cubanos en lo mas renhido de la pelea, contenfa una communication, en clave, del general jovellar al brigadier ArminMin, el cual'le daba traslado al comandaDte Martitegui, como jefe de las guerrillas del Baga', en. la que se le ordenaba utilizar los prisioneros y fusilarlos despue's. Entre otros documents de menor importance se hallo' tambien la noticia del f usilamiento, en la ciudad de Santiago de Cuba, de Bernabe' Varona, Washington O'Ryan, jesils del Sol, Pedro Ce'spedes y otros jefes de la expedici6n. que conduel'a el vapor Virginius. Ambas noticias circularon raudas por las filas cubanas, dictando el general G6mez las 6rdenes mas several para impedir las represalias de la tropa. No fue, sin embargo, 'la orden de jovellar ni la c6lera por la matanza de Cuba lo que provoco' el consejo': en el no se audio 'a' lo uno. ni a. la otra, ni atin por aquellos que se sentfan menos incli..lados A la clemencia. El mayor gelieral Maxiltio Gomez, president del Cons'ejo, dijo que aun cuando la ley vigente era harto categorical en la material, pues de todos era conocido el decreto del Ejecutivo que ordenaba juzgar los prisoners en consejo de guerra verbal, sabla por cartas de amigos suyosde mucha autoridad, que el decreto




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en lovable magnanimidad, presumiendo que el no haber llegado 'a' sns manos el texto del nuevo decreto era de atribuirse a' que el enemigo hubiera capturado el correo. Por fuero, de antigulle'dad el teniente colonel Manuel Sanguily us6 de la palabra, diciendo que si era legitimo y natural ejecutar los prisoners, era ma's digno y m.As noble perdonarlos, militando en. favor de esta soluci6n las circunstancias en que se efectu6 la rendici6n en.las ruin I as de Palo Seco. Recogi6 la alusi6n el jefe de Estado Mayor confirmando, lo enunciado por Sanguilyy y narrando brevemente lo acaecid'o sin emitir opinion propia sobre -el, caso. El ayudante secretary Ram6n Roa abogo" resueltamente por el perdo'n de los cautious, arguyendo que despu6s de haber destrozado el batall6n en la saffa de la lucha, el Animo se sobrecogia ante la idea de matar 'a' sangre fria A los supervivientes. El brigadier Jose" Gonzalez opino' que deblan ser pasados
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por las armas asf que amaneciese. Entonces se irgu16 el doctor Antonio Luaces, y en una arena muy sobria, vehement y elocuenti"sima, pidi6 sin vacilar la vida de los prisiontc,,ros, torque crefa que por encima de todas .1as leyes habla que colocar el humanitarismo y el honor del eje'*rcito de la Repu"blica, en aquel lance gravemente empenJado. Produjo la arena el effect que Ludces se habla propuesto alcanzar en un designio de su gran corazon; Sanguily pidio" se decidiese el dilemma por votaci6n, y la junta de consejeros, convertida en consejo de guerra, voto, casi por unanimidad, el perdo"n de los vencidos.
Slerfa I la media noche cuando termin6 el- consejo. La luna derramaba su argentada lumbre sobre el llano, alumbrando aquel campo siniestro en que los vencedores roncabafi junto a los mutilados y ensangrentados cadavers de los vencidos. A'- veces el campamento quedaba en la penumbra, los Arboles entenebrecidos se perfilaban como monuments funeratios, una lechuza pasaba graznando por la sabana. y la luz cal'a de Ileno sobre tantos cuerpos mutilados, rfgidos, frf os, If vidos, como si chase sobre ellos un sudario de impalpable y




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La carencia de agua, pues todos ignoraban que a' pocos pasos de allif hab-ia copiosa corriente; Ia custodia de los prisoners, las fatigas y emociones de Ia jornada, fueron causa de que para los mas el sue-0 Se C011virtiese en desap-acible insomnio.
Salio el sol. El llano despedi"a el vaho a" carne y sangre caracterl"stico de los mataderos. Las auras -revoloteaban en el azul 6 aguardaban posadas, MONT jendo con gravedad sus desnudos cuell'os, Ia m'archa de los vivosparaentr'eoarseasumacabragtila. Lacolurmia sopuso'enmareba. Los prisionerosheridos, curaclos con esmero por el doctor Ludces y sus ayu,-,Iantes, ibaii en camillas. construfdas ell el 'Ciartel cubano. El (yeneral Gomez.ordeno" se proveyesea Martitegui y sus companies de un salvo conduct para que no fuesen hostilizados-, y que una seccio"n de jinetes los escoltase hasta ponerlos en rumbo 'a' Gualmaro. Alartitecy-ui pesaroso y cabizbajo, sali6 al frente do sus honibres, y echaron a I andar hacia el caserio como macilentos naufragos que. vuelven diezmados y tristes al puerto de donde salieron entrtc, in usica-s y flores. El mismo di"a de I -a accion-2 1 Ide Diciembre de 1873'-Ios de maro preparaban luminarias y banquets para solem.nizar Ia pretensa..victoria de la manana; mao tras otro fueron llegando los disperses de Palo Seco que propalaron Ia nueva de la catastrofe, y 'a' Ia vela de 13en-,Yala sucedi' el melanco"lico flamear del cirio a Ia.,-., !L ,L-1ya,:; cortinas el funerario cresp On y a' loS convi(la(los del f eS4-"
Lin el plaBidero cenaculo de dolientes.




Z16=ZA6
A PENAS se extinguio' en los aires el toqiie de pie 'a'
tierra, los asistentes y ]a tropa empezaron a' desensillar las caballerfas* reemplazando, los cellidos frenos con las holgadas jaq-Lii-mas, para que los brutes pastasen a stis anchas. en ]a fertile campin'a. Colocadas en sus puestos ]as avanzadas y la guardian de'p-revencion, el g-eneral. Gomez, rodeado.de su Estado Mayor, record qtle aquel. d-IC -era aniversario, de
1-1-4 de Julio de 1874
la declaracio'n de independence de las trece colonies, y la plastic, animada y amena, se empleo en comentar
tyinas de historic, americana las.batallas ma's celebres Pa.-, & 7
el character d..,-,l inniaculado y severe, Jorge Washington, la admirable sobriedad del acta de emancipacio"n y el. asornbroso florecimiento de Ia nAci6n. No hablan desflOirado el pro"vido tema, cuando el su"bito regreso de los exploradores, al mando del teniente Basulto, anunciando qLle habia fogueado aI enemigg'oque encerraba una piara ell un Potrero cercano, interrainpi 0' el sabroso dialocro.
-- Cualntos seran? -interrogo' Gomez.
-Unos ciento veinte de 'a' pie y de 'a' caballo,-contesto' Basulto. Parece que se han pesto ell mareha y Ilevan miedo.




exploradore's, era el denominator comu'*n de todas sus noticias anteponiendo tal vez 'a' la sospecha--que nadie podfa abrigar, pero que les sugerfa su delicada quisquiIla en achaques-de valor,-de, que- pretendieran determinar el Animo del jefe, por instinct de consetvaci6n 0'
or olganza. a esquivar-el lance.
- Vienen hacia aca?.-interrog6 nuevamente G6mez.
--No, general, cogen otro rumbo. i Qu e-' van A venir ae'a". Esos, no son fainos...
-Cornetal Formaci6n 'a' caballo! Un ayudante!
-Mande, general.
-Al brigadier Reeve que venga con dos escuadrones, y que el otro escuadron permanezca en el campamento-con las mismas guardian, que vamos a derrotar esa tropita mientras preparan el almuerzo.
'Reeve, que era la primer vez que volvia a' la liza despue's de la herida que recibi6 en el ataqur..k. a' Santa Cruz del Sur,~ exclam6 al recibir la orden:
-Celebro esta coyuntura que se me ofrece para demostrar que la perdida de sangre que he suf rido no me ha quitado brfos para la lucha.
Pocos minutes despues se present el ayudante hadendo la venia, indica*ci6n de quedar cumplidas las ordenes. Y en seguida el escuadron acampado vel'a partir a' G6mez y a' Reeve al frente de los designados para la pelea, deplorando la mala suerte que los condenaba
A
a permanence mano sobre mano. Tenfan fe.en la vietoria, y a no ser por el espantajo de la discipline, h-tibieran protestado de su postergacion.,
Al salir del campamento, ypndo el teniente Basulto a la cabeza de,.la descubierta, el clarfn de O"rdenes toco trote, formando vivoy alegre compass las pisadas de los caballos, el chirrfo de las -espuelas y de las argollas de
S usiles con'el crugido, de las monturas y los argentinos:.sones de los frenos.
En la opuesta leader de una eminencia se delineaba enondulosa el callej6n de Camujiro, por donde iba la fuerza enemiga, en n-dmero de ciento cincuenta entre




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dia Civil, custodiando una hilera de carretas. Precise se hacl'*a dares balance antes de que llegasen 'a' un bosquecillo que se columbraba a' la lzquierda y 'a' un vallado quecomo dorso deenorme caiman se prolongaba a la dere6ha, y que con, los so,'lidos,- pesados y crujiente' veh'I'culos, ofree'an abrigo y apoyo a' la infanterfa. Se' ordeno, al effect, al galope, y el enemigo, que noto el, movimiento, empez6a armar bayonets. Aquellos esAdices'de acero'' brunid que iban surgiendo r'pidos Como campo de mies que espigara de improvise, reflejo' r esqtfebranjandolos como en fragments de espejo, 'a' mantra de culebreos de oro, los deslumbrantes y abrasadores rayos del sol. El enemigo, erizado de puas como canaverales de pararrayos, a%--eler^* la march; los escuadrones, al toque de degliello, cargan en medio de una lluvia de balas que partfan 'a' la vez de las carretas, el va"llado y el bosqueeillo, que lograron ganar los infantes al mismo tempo que cal"an sobre ellos los jinetes de G6mez y Reeve. Los dragons espai'oles, que iban de vanguardia, no dieron cara, y entre ellos y el centre solo divisaron los agresores densa nube de polvo, niiebla de los casinos, que crecia y se alejaba rapid brotando de los cascos de los brutes que a' friend tendida volaban con sus cargas rumbo 'a' unas trincheras distantes de allf mAs de un kil6metro.
En el 'mpetu de la carga, Maceo, que acompafiaba al Go:mez con su escolta, no puede contender el i'mpetu de su arriscado caballo, regal precious del''general Sanguily, poseedor de los mejores- corceles de la guerra; en la lucba entre los mu"sculos del jinete. y la dura boca del animal, r6mpense las brides. y ciego y desalado pasa comouna saeta por el campo enemigo, en pos de la nube de. polvT.o que levantaban las caballerfas de I.os dragons. Logra deslizarse por las ancas, caew.de Pic y viielve al callej6n. Un soldado de su escoltct so desmonta, le ofrece su cabalgadura, pero antes Maceo ve a un official enemigo que amenazaba abrir en canal %-V A
de un sabl*, al ordenanza del general Gomez, discard su revolve"r,'SO'bre el y le vuela los sesos.




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reclan en el..,' t6rmino del Ilano, los jinetes cubanos,, -a' media que'llegaban A la liza, echaban los brutes sobre I los def ensures, repartiendo tajos a' destroy y siniestro, hendiendo cranes, derribando, despanzurrando, haciendo prisoners a' los que no, se dispersaban presto, con tanta rapidez y dilizencia que los desorganizados infants no atinaban con las'- inmediatas malezas que les brindaban amparo y parapet. El callejon de Ca-'' muo* to fu A
Jiro, por un momen e la arena del desaf'o entre
el ce'ntauro Agil y brioso, moviendo la hoja flami 0 gera y el infante espaffol, recio y firme como arraigada encina, recibiendo con bl plomo hirviente y silbante, y el acero agudo y luciente, al destroy caballero en su furor sordo a' las balas y ciego 'a' las ferrea' espinas que asp se clavaban en el seno de los hombres como en el musculoso pecho de las bestias. Aquello dur-) lo que dura un abrir y cerrar de ojos: los cubanos quedaron duenllos del campo; cayo Basulto, el jefe de los exploradores, derribado por una bala y rematado de un bayonetazo; el sargento No"brega expire" atravesado por una bayo-' neta; Ladislao Varona, Ilamado el brujo, perforado el venture; gravemente herido el comandante'Eli"as, de la escolta de Maceo; herido taimbi6n en una mano y en el pecho, el brigadier Reeve; y por doquiera heridos de bala, 'de bayonet, de machete, entre caballos en agonia 6 ex Amines, formando marco, fondo y detalle del sangriento cuadro, ochenta cadavers de infants es-, panoles, que cayeron con heroic bizarria. en el pesto de honor en que los abandon" su disparada vanguardlia.
Los rifles, municiones e" impedimenta de los vencidos fueron llevados como trofeo y regal con que se obsequio a' los que permanecieron custodiando el campamento. El 4 de Julio de 1776, fausto. dia en los anales'de la libertad, quedabaconmemorado en los IlaA
nos de la olvidada y huerfana Cuba, con una brega en que el lauro fue de los U"ltimos amer*canos, como podria Ilamarse a' los legionaries de nuestra malograda emancipaci6n.
Pocas horas despues, una fuerza de caballerl'a espa-




las noticias que habl"an Ilevado los disperses. El nUmero de los cadaveres, desnudos y ensangrentados, la disposici"n de los mismos en monotones que dibuj4ban una llnea quebrada, la impresi6n de los fuffitivos vie-ndo r.elumbrar las'hojas en lo mas renhido de.la pelea, la corta duracio"n de, la lucha, hicieron pensar a ma's de uno en que, la robusta mano de un, titAn, blandiendo colossal y vibrant machete de dos filos, dio" un terrible
A
coTte en forma de zig-zag, en medio el callejon*poblado de compacta muchedumbre de soldados.







SHUNDA EXPID1CION D.[ "IL SALVADOR""
(SOBRF NOTAS DE UNA CARTERA-)
v IVIA en Buenos 'Aires, la riberenf*'a metr6poli del
Plata, asistiendo, d la regeneraci6n de aquella sociedad viril que habia teaccionado contra las funestas consecuencias de la brutal dietadura del
Gaucho salvage de la pampa'ruda,
Ilamo' 'a' Rosas el poeta Marmol en su canto de f Uego.
Presidia los destines de la Repulblica el viejo Sarmiento, estadista 'a' lo vankee, hombre practice, de solids principios, q ue en su afaln de propagar y reorganizar la- instrucci6n p-dblica, inund6 la naci6n de niaestros de escuela, mereciendo por ello el calificativo de loco.
A pesar de los poderosos atractivos del character arlcyentino, de la pureza de las costumbres, la belleza de las porten-as, el benign, clima y las ventajas de mi acornodono me sentia ligado al hospitalario suelo, me decia en mis soliloquies que era extranjero de condition .0
inferior, y balagaba la esperanza de poder algun dfa le.vantar mi tienda de peregrine. Predominaba en mi corazon el amor 'a' la tierra, avivado con el ejemplo de aciuel -Dais aue gimi6 esclavo. v un dia se alzo en armas




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states de los faino'sos granade'ros de -a' caballo. No podi-fa remediarlo. Cada vez que atravesaba la plaza de Marte y ve'a el bronce'ecuestre del general San Martin, el 6mulo espartano de Sim6n Bolivar, volvia los ojos 'a' la distance Cuba y bajaba la cabeza, avergonzado. Cada' vez que tenfa que decir ell lugar de mi nacimiento,'la. sangre me latfa en las scenes y me encendia el rostro. Ser cubano equivall'a 'a' c6mitre, 'a' negrero, 'a' sibarita embrutecido, y, cuando mAs, 'a' medroso, ena'orado del derecho, 6 -a' catecumeno de socarrones pagans A quienes el interest del lucro hac'l*a sordos 'a' la razo,'n'y 'a' la justicla. Qu6 podfan significar a te la masa de lacayos con librea y de apaleados siervos, un puffado de descontentos, poets y escritores en su mayorfa, blanco del ridl'culo de dominados y dominadores? La res'ptiesta era clara, terminate, tremenda: el vacio que se hizo en torno de Narei8o L6pez y sus parciale', el tr6gico fin del caudillo y sus c6mplices, proclamaban que la esclava' vivia content de sus cadenzas.
Yo, sin embargo, esperaba que un dia U otro surgiexa el predestinado, un alma del temple del vencedor de Chacabuco o una personaliclad de la elevaci6n y talla del lustre general Belgrano. Los aflos corrfati,'volaba el tempo, no habia indicio I de que se realizara mi,, anhelo, peroyo segufa creyendo, y e'sperando.
Un dia, al atravesar la plaza del- Cabildo hacia el hotel La Paix, vi en una esquina el sumario de las noticias adelantadats por tele'grafo desde Montevideo y llevadas por un correo de Lisboa. Lo primer que lei fu6 este r6tulo: ((Revolucio,'n en Cuba)),' No lei' mas. El coraz6P no me cabl"a en el pecho, me vinieron anto-jos de manotear, de dar grits sin ton ni son, de proclamar A voz en cello que mi patria se habl'a rebelado contra la opresi6n qne sufr'a. Sin darme" cuen.ta de ello me eche 'a' llorar.
Volvien mi acuerdo, vacile' un moment y sal'disparado en busca demi compatriot' Juan Manuel Macfas. Lo hall6, le df la, noticia atropelladamente, fla10 1no




matogradas tentativas de rebeli6n, dijo, frotAndose las, manos:
Esaes la fior, 4e la semitla que sembralmos.
Sall', nervioso y agitado, A hacer los preparations de la partida. Un adi6s a' los am igos, una despedida al viejo, Sarmiento, paternal, carinfloso, disimulando su emoci6n, Uomenor que la mia.
-i Locura, locura,! me deefa.
.--Pre sidente-repuse- cuaffido usted paso los Andes con cuatro. hombres, no iba 'a' acometer una empresa mas descabellada que la ml'*a.? El 6xito la hizo razonable
Me tendio" la mano, se la estreche' con f uerza y partf.
Eli ruta. Escalas: Montevideo, Rfo Janeiro, Bahia, Pernambuco, Para. Trasbordo en San Thomas, Ilegada 'a' New York.
En New York me alisto, en la expedici6n del Lillian'. ,Zarpan-os para Cuba. Fracaso deplorable. A pocas horas de las playas cubanas se agota el combustible y tenemos que regresar. El cargamento va .4 ser rapiffa de miserable mercachifles. Miro, olfateo, observe, y no pudiendo tascar el freno, escribo el process de aquel esfuerzo malogrado. Era una acu'aci6n demostrada y palmaria. La picota no podfa con los fariseos que mi indignacio"n clavaba en ella. Los Companeros, vfcti. mas, como yo, me piden que deshaga mi obra. Los perversos no se enmendavin, los hombres de buena voluntad, alarmados, empezardn a cejar, a negar su concurso y a uxilio. No discuto, me dejo convener, y arrojo el manuscript entre los carbines, de la estufa.
Fuf al meeting. Of discursos, proyeetos, r6plicas, arenas. Sall con la cabeza que me chirriaba en lo interno, como olla de grills, con la convi"',ci6n de que alli no se hacfa nada prActico ni' serio: yo, venfa 'a' luchar como soldado, no a' bu-scar persuasions ni 4 server de escabel 6 estadistas improvisados -y parleros. Resolve ill-1-1-1t. film nilt 4 +nflf% +Vn"fllm T-Tn linlifn AvnrrI;n;A1i tirn.4




de T870, y partf para Nassau. Aquf alquilaria un 'bote y me harfa a** la vela para las costas del Camagfiey.
Llegue a'* Nassau. El agent del gobierno cubano, 10
a quien reveled mi provecto, me dijo:
No comet, usted esa imprudencia. Espere unos dfas, muy pocos, -e" ira ma's c -modo.
- D nde?
-En el vapor Salvador, que se esta. alistando.
Portador de -importantes communications de la jun-ra para el Presidente Uspedes, -por mejor cu,-;-,,fodia de las mismas, me resign a' esperar.
El Salvador ten'a su' leyenda. En 1a guerra entre el Norte y el Sur ba'bia servido *de blockade runizer, 10 que le rodeaba de cierta. fama... p6stuma, y en su primera navegaci6n por aguas cubanas logro" eludir la persecuci6n y dejar en tierra-hombres y -6tiles.
Antes de verle de cerca se me fu6 el gozo al. pozo. La Agencia Cubana. babia adquirido el barco en nove,cientos duros. Tenfa dos chimeneas panzudas y alt'l*simas, desproporcionadas para lo exiiguo del casco. Era 6ste de hierro, muy delgado, corroi'do desde la quilla hasta la borda, por el O"xido y e'l contact del agua salad. Las pails, carcomidas, cubiertas de parches y zurcidos, bacian recorder la historic capa del e'tudiante. Aquel esqueleto 6 ruina flotante era vigilado. de cerca por los agents del gobierno de Espanfla y sus cruceros surtos en el puerto.'
Precise se hacia alistar aquel cascar6n de hierro sin perdida de tiempo. C6mo lograrlo? El f ondo de las pails no resistia- los remaches'de las planchas de cobre destinadas d tapar los huecos debajo de la lfnea de flotaci'n no hab I a espacio para un zurcido mas; d nde apoyarlo?. Pero et patriotism 'a' todo prove: e-'I da habilidad, constancia, fuerzas desconocidas, instincts que maravillan: reemplaza al genio.
Eduardo Toraya, Pascual Ossorio, joaqul"n Pizano, Eduardo BO'tella, Jackson, mechanics, maquinistas y paileros, con escasfs1mos recursos, bajan por la escoti-' Ila, examinan, auscultan, palpan, discuten y a(--uerdan




casco, afanosos, preocupados, infatigables como laboriosas abejas, permanecieron various difas realizando la tarea prodigious de galvanizer un muerto. Un di"a, sudorosos, cubiertos de limalla y tizne, satisfechos y risue-os, saltaron a' tierra.
-Estamos listos- decian. -Hagan la pr-ueba cilando quieran.
Los profanes, por ignorancia, los periods, por excess de enthusiasm, todos convinieron, que el vapor era una joya. En el viaje de prueba por la bahla, I el Salvador ba-bl"a andado once nudos y medio por hora. Oh portent del amor a' ]a patria! La comparacio'n entre la charla excesiva y hueca de los, rabulas de tribune y el martilleo de nuestros obreros endureciendo las costiIlas del barco, se imponi"a desp6tica, Aquella era cascada cantilena de voces aguardentosas: e'ste el canto sano y -potent-e del.'traba*o.
Todavfa transcurrieron algunos d'as mas,.' qne empl eamos en el acopio de armas y municiones, de guerra; en escogitar el thedio de hacernos a*' la mar sin violar el derecho international logrando, al fin, fletar el vapor para la Rep-dblica de Santo Domingo,' con cargamento b6lico, figurando como tripulantes todos los expedicionarios, los que no pudieron exceder de cuarenta, con arreglo 'a' las-toneladas de desplazamiento del menguado buque.
El capital designado por la Agencia,- un norteamericano herc'leo, avezado d los tumbos del ocean y a los combats navales, inspeccion6 detenidamente el bareo y coiidendndolo, como dicen los marines del Nor'p A
te, manifesto a los agents que era impossible zarpar en aquella ruina que amenazaba hundirse por sl'* sola. en el mismo surgidero. A pesar de tan grave pronostico no se interrumpi 0' el embarque de -dtiles.
El pilot, un singles que slempre habla sureado los mares en barcos de vela, y al que juzg albamos dotado de gran experience y osadia en el Oficio, fue invitado a'dar un paseo por los alrededores de la ciudad. Lo Ilevamos en palms, le hicimos zamparse sends tragos




orondo y satisfecho el ingl6s con el inesperado noinbramiento, tom. 6 el mando del inco parable bajel, teniendo a' sus 6rdenes, con gerarqula, de Segundo, iin viejo practice del d6dalo de las Bahamas.
Lev O^'se el ancla, son6. el silbato y partimos. Las, pesadas ruedas del Salvador,' chapaleteando en la bahfa, iban deiando en pos de,,,sl' ancha estela espumante y ruidosa.
Cuando rebasamos de la zona -neutral, el jefe de la expedicion- colonel Fernando Lopez de Queralta, y el jefe econ mico, Juan Ossorio, abrieron el pliego do instructions. Se nos ordenaba, dirigirnos a' la -costa Sur de Cuba,', 'a' determined puerto de la jurisdiccion de Trinidad. El general Federico 'Cavada, desde el campo rebelde, nos habl'a enviado l's pra"eficos indispensables, que se nos habilan reunido en Nassau: Vicente Jimenez para arribar al puerto, Jose' Caridad Carpio para orientarnos en tierra.
Durante el d'a Ilevabamos 1
un vig'a en la serviola:
de noche alternabamos dos en las tamboras.
Al venir la noche, desorientado el viejo pralctico de las Bahamas, fuimos a' dar a' un grupo de cayos. Anclamos. -a' tempo. Como de un momento'a otro podfan acometernos los cruceros espan'oles, cuyos jefes conoclan tan bien como, nosotros las conditions del Salvador, se abrieron las cajas que contenfan los rifles. Armados para cualquier event, rodeado el vapor de bajos y restingas, los..vigfas de las tamboras anunciaron embarcacio-ries menores por ambas bands. Cuhdi6 la alarm: nos aprestamos 'a' la defense, se dio' la voz de alto, y la duda y el temor se disiparoncomo ensalmo. Bran raqueros, -wreckers -piratas tostaneros que, como los cuervosl viven de los'despojos de los desastres marltimos. Vinieron 'a' husmear, hallaron la presa viva, vigorosa y armada y se ofrecieron, como siempre, para sacarnos de aquella peligrosa situation, si
Al-InTnne elle nrn
re #a VnIfniz CIP1




co de a" bordo, que nos sacarl'a del atolladero, rehusamos la oferta con aspereza, intimaindoles que guardsmen la distancia.
Al al-nanecer
mont6 el ancla en la borda el corvo diente,
se au mento" la presi6n del vapor para recuperar en' lo possible el. tempo perdido, Us."ru'eda's chapaletearon en las agitadas olas, crugio el barco arrojahdo, delisas columnas de humo negro por sus altisimlas chimeneaS, y la Proa arrollo las aguas trazando, una Ifnea parallel 'a' las costas cubanas, qne senfan nuestra obligada derrota. Como el. improvisado capital era la vez primer que navegaba sobre un buque de hierro, no podia precisar las oscilaciones de la ag-uja. Navegando, A -toda maquina no recorrimos aquel dia mas que seis mills por hora. Vimos muchas velas, grades y pequefias, torres de Iona en el horizonte cada una era una emoci6n, un drama de ansiedad. Los cruceros sin -embargo, no apareclan. Acaso no se movieron de la rdda torque no dieran ere'dito al lo que pasaba a" su. vista,- tenien.dolo por quijotesea bravueonada de gente inexperta en lances marltimos; acaso se creyeron relevados de la persecution torque juzgando inevitable el'-fracaso, los voraces tiburones darfan buena cuenta de nuestros cuerpos.
En la mariana del mercer di"a, mientras yo, ro**a desco munal galleta, disco de granite, vino, A wl el animoso e imperterrito Juan Ossorio, me toma de la mano y descendiendo por la escalera de la mAquina, hasta la puerta de las fornallas:
-Mire ugted,-me dijo. -Ese boquete que acabo de tapar con una cufla, un colch6n y un trozo de madera, es del diameter de, lacabeza del un muchacho. Por poco nos apaga los fuegos.
Deje caer la granftica galleta. A pesar del tarugo, empezabamos -a' hacer agua, primer 'a' gotas, a hilos, a chorros.
-iAvisemos 'a' la gente!-Ie dije alarmado por
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_ Y como achicar el agtia?, me respondio' Ossorio.
A .
No tenemos boniba ni cubos. El unico cubo que hay a bordo es el de la maqt1ina para arrojar las cenizas, no podemos usarlo torque no podemos parar, y como es muy pesado, si se le escape a alguno de las manos, desfonda el barco. Recuerde visited que Ambron y Botella,'. antes de zarpar, el uno, con un cortaplumas, el otro con un dedo,. abrieron dos buecos en el casco con la facilidad que en un papal de avispas. Solo Dios sabe c6mo se pudieron remendar.
Qu,6 bacemos entonces?
_iAquf la gente!-Yr1t6.-iTra1gan los plates del rancho!
N-os escalonamos desde las fornallas hasta la borda. Los, plates de boja de lata iban pasando de mano en mano. conteniendo muy poco, unos bunches de agua, y asi, lenta, muy lentamente, 1"bamos luchando con el temido element ..que se nos filtraba como manantial y
A A
devolv'amos a su seno a sartenadas.,
Lo siento por las municiones que se mojan,-dijo uno.
Yo por la ropa que visto,-repuso otio, -porque las municiones...
-Yo,-an'adf,-por la correspondence de la junta, la pobre y bnena junta que nos prepare tan valiosos barcos.
Lo triste es, que el agua. salad pone duras ]as gaIletas.
-Ya. no nos guindan de un palo!.
-Pero,' caballeros, cuidado, no raspar el f ondo.
Y embromAndonos y riendonos, entre epigrams sosos y salads, contuvimos el liquid invasor, quedando averiadas las primers camadas de la estiba, y viendonos obligados, mientras duro" la penosa y dramatic travesia, a repetir con frecuencia la enfadosa operation, siempre amenizada por la zumba y el chiste.
El captain, mientras tanto, no dejaba de la mano el mapa, el c6m" pas y el I aipiz, mirando de continuo -a' la costa: ]a mano en la rueca v el oio A la Duerta. como




I Nolk
de la' altura, escupi-fa por el colmill:-. ches de saliva con trituraciones de tabaco de kiliki'mck, en serial de satisfaction y content. Sajon de pura raza, no perdia el tiernpo, repasaba y aumentaba practicamente su leccio'n de n Autica.
A la luz de los faros de la costa forte, entre ban'cos, bajos y arrecifes, mirando siempre los profiles del acantilado, fuimos navegando hacia el este, bajamos al m*edio di"a teniendo 'a' la vista la Punta de Maisf, y segui-' mos trazando una parallel a' la -costa deI sur, limpia 'y prof u nda hasta el cabo de C-ruz, y orillada por la mole estupenda de la Sierra Maestra. i Como envidiamos entonces la suerte d 6 Ibs, que se hallaban del Wo de alla de la Sierra! Tal vez en aque'llce moments eran despedazados por la-metralla espan""'ola: asi y todo preferible era su suerte Anuestro incierto destiny. Las singladuras eran cada vez mAs courts. No andaba mas despacio en sus carabelas, Sebastian de Ocampo cuando bojeo la isla.
Lleg6 el septimo dfa. Habiamos devorado el desayuno, galleta, granftica y tocino de Cincinnati, que eran tambien los manjares del lunch y de la cena, y entre sorbos de cafe, repiq ue de cucharas, sareasmos y puHas lbamos distrayendo la monotonia delviaje y dando al olvido, sus peligros, ctiando se me acerc6 el capital, al que servi"a de int6rprete, y' me dijo comunicase a' los jefes Queralta y Ossorio la siguiente misiva:
-Si viene una suetada el barco se deshace como, pompa de jabo"n. Si hay que torcer el rumbo, no'basta el carbon Para llegar al 'Puerto del desembarco. Solution convenience, 6 indispensable: hacer rumbo a' Jamaica, repa ar el vapor y proveernos de co m-bustible.
Queralta y Ossorio' decidieron convocar un inectz*ng. Reunida la asamblea sob re clubierta, eligio Para presidente 'a' Manuel Pimentel y Para secretary al enarrante.
A
Abierta la session empez"O" Pimentel a exponer los temores y planes del capital. No pudo concluir.
-i Fuera! Eso es miedo! -grit 6 uno.
10 ; O
-Al singles que no arrugue y que arree. Pues no P Is. -1 .0 .




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-No.hay mas que dos casinos: 6 Ilegamos a' Cuba (5 nos vamos 'a' pique con el barco!
--Y es claro, -agrego otro aludiendo al ridiculo en que calan. los expedicionarios malogrados. -Este es un tabaco que debemos desperillar en Cuba. Qtie no se. moje, caballeros!
Se restablecio" el orden. El voto fue undnime: iA Cuba 0" al abismo!
Para que el ingle's no nos jugase una mala partida, con el debido disimulo, le pusimos u n cu'todio 'a' ma.nera de detective, preparado el revolver Para la primer virada sospechosa.
Por la noche, Andre's Pimentbl hada guardian, en una tambora y yo en la opuesta, muerto de suen"10.
- i Mi hermano! --grito" Pimentel rumiando las frases.-Veo -tin barcazo a^' barlovento con cinco luces. Nos ha visto y parece que nos corta por la proa.
-i Caracoles!-exclame' restregandome los Ojos Para ver mejor.
-Baja y dile al ingles-agrego rimentel,,-que pare I a maquina y que sIgamos. A remd torque sino, i nos traiwan!
Riendome de la brava ocurrencia baj e y df avi'o al capit An. Este ech6 la corredera, toco la campana de' alarm, y se forzo" la maquina. Corrifamos 'a' todo vapor andando. i 1 cuatro mills por hora!
Sin darnos aviso, todos nos reunimos sobre cubierta atisbando al monstruo de los cinco fanales. No of palabra ni vf gesto ni actitud que delatara recclo ni teCZY
mor. Paso el monstruo, lento, serene, y nu estra gen0
te se recogi 6" Para restaurar fuerzas, permaneciendo en vela los de ..-guardia y. de servicio. Al dfa siguiente, octavo de la travesia, debl"a verificarse el alijo.
Vino la aurora del octavo. dfa. El desembarco debl'a llevarse a cabo en las primers horas de la noche, sin embargo, despue"s del- cuotidiano baldeo, los expeari los que no cabia el gozo en el cuerpo, se de-




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de vestirse 4as holgadas y ligeras chamarretas. Otros, que tambien tomaron ]as vifsperas con ternprano, ernocionados torque se acercaba la hora de pisar tierra, arenas se clesayunaron o" se conformaron con sorbos de agua caliente filtrada a' trav's de un punhado de polvo de caf e, inodoro y seco como arena, fumando cigarros sin intermisi on hasta acabar -con las reserves.
A las dos de la tarde estabamos frente al pintore.sco laberinto de Las Doce Leguas. Algunos pescadores' empezaron a mirarnos con recelo. Acortamos la marcha y nos fuimos' Alejando. Habla que esperar las sombras de la noche. Los expedicionatios, para matar el tempo, se lanzaban al agua de'sde ]a borda o' las tamboras, con algazara y juegos de pilluelos. Muchos, de entre ellos eran excelentes naaadores.
A las cinco pusimos proa al muelle de Tallabacoa, donde nos aguardaban 75o hombres desarmados Y 150 cabalgaduras. Todo, esto obedlecia a proximos y futuros planes del general mejlcano Tose* Inclan.
El Salvador, 'a' favor de las sombras de la noche, se deslizaba como una brizna por las someras a I guas del Caribe.
-Que orze un poco-decfa el practice Vicente jimenez, o Yin4l. como todos 'Ie llamabamos 'a' bordo.
-Que derribe-repet'a el capital por medio del interprete.-Que orze otro, poco-ahadia.
Y orzando y derribando pas(5 la noche y vino el alba sin que lograsemos dar con el anhelado puerto* Yinz f I que habl"a sido practice de pirates negreros en lo mas a 'Igido de la trata, estaba desorientado. Aconsej6 que nos echasemos mar afuera para volver A la noche en demand del malhada'do muelle.de. Tall'abacoa. Nuevas ansias, mayors zozobras, un di'a m 'as desafiando las c6leras del pi6lago! Nuestra abnegation no tenia Iii-nites, pero ya hab'a declinado la alegr'a. Pasamos el d'a mudos y sombri 0 os. Yiul' avergonzado, no decia palabra, todo el dia estuvo hosco y sahudo. Se estaba comiendo los hl'gados.
Al caer la tarde columbramos la costa. Aquf una
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tn ts lejos la desembocadura de un rfo, por todas parties las roinpientes, alumbradas por la frfa claridad de la luna. YzW', turulato y confuse, no atinaba con el Ittgar. La noche avanzaba y, como la Vispera, andabamos de Herodes 'a' Pilatos, errand al azar en el deteriorado esqu.ife.. No famous, a' repetir la escena del d'a anterior. Resolv'imos' corner la aventura en tierra firme. Divisamos a" lo, lejos resplandores de fogatas, hicimos senales con un farol izado e'n el palo trinquete Y a, poco vimos luces que se moving a distancia. Era .1a una de la' madrugada.
Se echo' un bote al,"gua tripulado por Pepe Botella y Carpio, el practice de tierra, para-- que reconociesen Y diesel aviso allos campamentos cubanos. Mienl[lras el bote bogaba hacia la, costa, empezamos la-descarga de Tiles que fuimos depositando en la playa. Botella
Carpio no volvian.
Al rayar el alba divisamos la te'humbre de una casa 1 ro honi[bres
Sal" A reconocerla por tierra con cuat'
la por mar. ientras un bote bien tripulado lo bac
El bote Ileg6 primer y volvi6 proa mas que de prisa. Yo pude volver sobre mis pasos 6 incorporarme. Aqu..Ila casa era..Ia del calafate 'Mayor de Casilda. Estabamos sobre el puerto habilitado de Trinidad.
Las. sefiales del fandl, en el palo trinquete solo sirvier-on de norte y gul'a 'a los espan oles, que se nos venfan encima. Delante de nosotros tenfainos una espesa faja de mangles, que orillaba un I camino rondado y guarnecido que comunicaba dos campanile ntos enctiligos; .4 nuestra izquierda la boca del rfo Guanayara, pr 'etico.
allf muy caudaloso. No tenfamos a
El capital y los diez y seis tiipulantes, en la inminencia del peligro, saltaron A los botes y remaron mar afuera, Los veintiAn expedicionarios que quedamos en la playa, aba ndonamos el cargamento y nos ocultamos en los.. manglares., A poco, desde nuestro escondrijo, vimos al e'nemigo que reconocia y ocupaba el 541vador medio hundido entre los penascos.
El camino que tenfamos a retaguardia estaba vigi-




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cerca qtie famous stis 5rdenes y sus conversations. Cogido el resuello, libres y cautious 'a' la Vez, esperamos la noche. Vino e'sta cargada de espesos nubarrones, que so deshicieron en torrents de Iluvia. El agua cala a cantaros. Al amanecer se despejo" el cielo. Precise se hacTa romper con todo para salir de aquella ratonera. Nos contamos antes de partir: faltaban dos companies: el chistosisimo Andre's Pimentel y Vicente Rodriguez Perez. Los infelices, extraviados en la oscuridad de la noche, fueron aprehendidos por el enemigo y pocos dfas despueAs pasados -p6r las armas en Trinidad. Botella y Carpio, burlando -la vigilancia, lograron Ilegar a' un campamento cubano.
Antes de aparecer el sol salimos de nuestro escondito. Con gran sigilo echamos a dudar por un sender casi im perceptible, antigua pista de ganado. Llegamos a la gorilla del, Guanayara, que pudimos vadear sin dificultad. Al, coronary la opuesta margin, nos hicieron volver las. caras los agudos sones de una cornea. Era tina fuerza enemiga que'acababa de desembarcar en la boca del rl'o y al divisarnos se preparaba. para atacarnos. Apresuramos, ]a march, traspusimos la montafta y nos internamos en la espesura del mosque.
Calados de agua hasta los, huesos, hinchados los pies por el ir y venir sobre la costa pavitnentada de diente e& ,perro, famelicos, -rendidos por el insomnia de dos noches y ]as fatigas y emociones del desembarco; sin gulas, ignorantes de la topograffa del lugar, errabamos al azar en la eternal penumbra del. mosque. En viano, demacrados y derrotados como caffila de mendigos, atornientados -por la sed, buscamos, un manantial o' charco en que saciarla: el suelo era arido como un arenal, y no lograbamos dar con la salida de aquel laberinto de arboles. A la sed se uni6 el hambre. Para distraer la primer habia. .. gotas-de rocTo medio evaporadas. para entretener el hambre. rafees y hojas. iQue dolores tan punzantes, que v6rtigos, que desequilibrios! No tenfamos fuerzas para pensar, nos hab'la invadido el mutismo de las bestias. Pareciamos una




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el tercer d'a de permanencia en el mosque, pudimos saciar la sed en una corriente; hasta el sexto d'a no engullimos bocado!
Kid, hombre de extraordinary vigor f1sico, siguio" en su hosco mutismo. Cabizbajo, apesadumbrado, acaso creyendose el responsible de aquel fracas, inclin6 la frente y" m*urio de pesar. Lo mat6 el remordiiniento. La culpa de Ila cata'st.rofe fue" de los hados. Ella influyo decis ivamente en la suerte de la guerra en
0
las Villas'y tal vez en' el desenlace de la Revoluci "n
(i) Los 17 tripulantes del Salvador fueronapresadosen el mar. Elinfatigable Juan Ossorio muri6 fusilado en Nuevitas; su hermano Pascual, amacheteado; jos6 Feu y el habanero Jackson, murieron de hambre; Pedro Ambr6n y Joaquin Pizano, ahorcados por el enemigo; Jose' Botella, graduado alf6rez, asistio' JL una acci6n enfermo de flebre, y murio' en ella de un balazo; Manuel Pimentel, teniente, jefe de la escolta de Agramonte, muri de dos balazos en la acci6n del Carmen; Eduardo Toralla, asaltado en un rancho, muri6 defend'e'ndose con un -edazo de machete; Jose' Caridad Carpio, commandant, fu6 asesinado por un chino, su as'st6nte; y Narciso Martf--- C-11--, -- 1-- rn,.--- -1 r-- A- I-- A--A-




IL PASO DI CATANO
RELATEO DE UN AYUDANTE)
ALPITANTES, tre'mulos, of 0 mps la noticia un corrillo
de officials. Aquello, sif era empen-0, -osadfa, traA
vesura epica. El general G6mez iba a" mortar el nudo gordiano, 'a' pasar el Rubicon, o' lo que era menos emblematico y mucho, ma's arduo, a' trasponer la Trocha. Tajo de cI'clope que hendfa la isla desde los playazos del. sur en la costa del J-dcaro, hasta el fuerte. de Moron, teniendo desde: aquf hasta el acantilado del norte, 'a' mantra de prolongacio"n natural, la cuenca' del rfo de Robles; orillada de fuertes, block houses, vallados, zanjas, pozos de lobo, fosos, malls de alambre disimuladas entre las mara-ftas repletas de bien distribul"das guarniciones rigurosament&-vigiladas por numerosas rondas y estrateAgicas emboseadas; teniendo, ademas, sobre el. Camagu*ey ponderosa Ifnea de -observacio'n;-Ia Trocha era para los espanoles de occidente lo que la gran muralla para los chinos, el 'dique opuesto a' las irrupciones de las hordes tartars del centre y oriented, el inexpugnable baluarte de Cuba espafiola, hilera de columns de H(ercules erigidas como el reto y la amenq7,n- (IP In. filpr7,,q. ornilinotentp- Pqrq niiielio.v (IP entire,




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indefinable y extra-no que era a' la vez barricade, trampa de pradera, abismo, castillo, sierra artificial artillada y aspillerada;- para los menos era el finisterre de Cuba libre, escrito por la espada legendaria de los leones de la Conquista para todos era peligro mas serio, que caer en, emboscada 6 habernoslas en campo, abierto con numerous column apoyada, por una escuadra. Y esto no a secas por el valladar de fortificaciones en si, stno, torque a sus espaldas, en el seno de las Villas, segun una frase ti"pica de nuestros soldados, rebull'a ((media, Espana)) armada hasta los dientes; torque allf el enemigo fraguaba sus planes de campan"la, reorganizaba sus huestes con holgada calma y seguridad, cayendo en el centre 0" en oriented cuando mejor cuadraba 10
a sus proyectos y caIculos.. Para malograr y desbaratar todos los programs de pr6ximas y futures batidas, nada tan eficaz-a' juicio del general Gomez como, invadir las Villas, entrando, en ellas a sangre y fuego. Para realizer tan osados propo'sitos acopio' informed y noticias, desech6 combinations, reconstruy6 proyeetos, y al cabo, casi a' la vista de las temerosas fortificaciones, despue's de una breve conference con el sagac simo mejicano Gabriel GonzaIez, decidi6, genial improvisador, que cien infants atravesasen la Trocha cerca de Ciego, de Avila, situado, en ell centre de la Ifnea, en tanto, que 6% aclaudilland02oo j inetes, apoyados por 18o infants, iba 'a' verificarlo.. cerca de'sii extreme meridional, a" inmediaciones del ju'caro.
La emotion reanimada 'a' travel delltiempo y la distancia, ente'nebr*ece los detalles del panorama. Recuerdo que los infants que nos apoyaban, rodilla en tierra, no tardaron mucho en apagar los fuegos del fuerte junto al cu'al pasamos 1,16's jinetes, y que atacaron con tan fiera san a que un capital, en tono de zumba que da, sin embargo, clara idea de la actitud de nuestros tiradores, dijo, por lo bajo: ((Si no los modern se comen el fuerte)).. Recuerdo, que el general G 6mez, montado en indomito y escultu'ral caballo, rivalizando ambos en nerviosidad, se destacaba sobre la silla revolviendo los




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con su gesto caracterl'stico, y sus manos pequen--as y afiladas, el poblado, bigoted y la larga y espesa perilla color de endrina, perfilandose sus anchors hombros, su cabeza correct y morena, su cintura de virgin, entre los membrudos y corpulentos hombrazos de su escolta. Nunca como entonces me Iparecio mas digna del 6leo
o del marmol su militaresca figure. En el moment algido de la brega, cuando pasaba frente'al f uerte, una bala le, hiere en el celloo, Se lIev6 la maho, 'a' la herida y orde-no apresurar ladesfilada. Si la b'ala hubiera
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abondado una linea mas, la -asfixia lo habria matador. Chorreando sangre, dominando, el caballo, que pugnaba por romper el freno, sigui6 al galop e atravesando la linea.
Traspusimos la Trocha. Nuestros corceles hollabar, el suelo de las Villas. Los infants que apoyaron nuestro, paso, sin estar antorizados para ello, pues su consigna era volver sobre sus, huellas, siguieron nuestra niarcha invasora anteponiendo, el amor al terruifio-en su totalidad eran villarenos-al respect y sumision a' la discipline. Reconoentrada la column, el general, todo ensangrentado, se irgui6 sobre estribos y con
af 6 nico acento, orden6:
-Corneta, la march de la bandera I
Cuando, el clarion Imodulaba aquel toque pausado, solemn, 'a' veces vibrant, que el mosque devolvfa con lainguidas cadencias de balada para los que volvi"an A sus lares, apagando la nostalgia y repitiendo, como armonicas remembranzas, ecos del hogar y del pasado; a' Veces grave como, el himno de la victoria mezelado con el requiem de la derrota, miserere de la legi O'n de nuestros muertos;,rapido y aleg"rea intervals como el hosanna de la aurora, como, el canto ineffable del ideal que nos Ilevaba a' la inmol-aci6n; verbo, melodioso de todos nuestr#os anhelos, espera nzas, angustias y zozobras; contrajo todos los semblantes, arraso" los ojos de muchos de aquellos veterans curtidos en el fuego de cien combats, excitando, el enthusiasm por la aventtira
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manando sangre, pero serene y confiado en su. impavida fortaleza; despertando ideas borrosas, presentimientos sombrios, sensaciones desconocidas.. Callo el clarfn y de s'bito vuelve A resonar. ((Marcha: enemigo al frente)). Un nuevo toque, una vibraci"n distinta, y cambia la perspective y mientras se submerge un mundo de ideas por un lado, surge otro por el opuesto con rapidez de rehimpago. Emociones su"bitas, galopeadas, violentisimas; tal es la urdimbre de la vida moral en los campos de batalla.
Partimos dando las espaldas al sol, re,.-orremos cerca de dos leguas y acampamos. El general se acomoda en muelle colch6n. de hojas, ha"ciendose aire con una hoia de palma cana'para ahuyenta r las moseas aniodorradas por la caldeada, atmo"sfera y los fieros y tenaces jejenes. Aqui G6mez entrego el mando de la column al segundo jefe det cuerpo invasor, el intre'pido y gallardo general de caballerl"a julioSanguily, volviendo a ocupar supuest.o antes de Ilegar a' Pozo A .,ul. Ban-o .a'* las caballer'as, la lena empleza a arder, y una hora despu6s devorabamos el primer rancho. Por la noche disparos en la 'a'vanzada sobre.el rastro, reconocimiento y desaparici6n del enemigo, probablemente exploradores. Despues calma y repose, suen-os de primados y ronquidos de- chantres. Las bestias, paciendo 6 rumiando, produclan.ese concerto n-lono"tono, rumoroso, continuo, ronco crujir de dientes que semeja el ruido de lejano torrent que circular en las prof undas entran-as del suelo.
Con el primer arpeggio del pajaro madrugador resono el toque de march. Apenas pusimos pie en territorio villaren'o, el telegrafo denunci6 nuestra presencia y los vapors derramaron torrents de tropa en costas y riberas. La troche, el pavoroso espantajo, era a' los ojos de todos un vallado, inof ensivo, una tapia de corral, el sue.Ao espeluznante y fanta'stico desvahado por la luz
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m6s de veinte escuadrones de jinetes de todos los institutos y de otros tantos batallones de infanterla, que A la menor alarm salian de sus punts estrat6gicos en grades 6 pequefias columns, concentraindose 6 subdividiendose, movi6ndose en territorio indisputado con plena seguridad, como si estuviesen en los Ilanos de la Mancha 6 en las vegas de Granada, auxiliados por todos los adelantos de la eivilizaci6n modern. Y nosotros, que entrabamos en son de conquista, bandera alta, 'a' los sones de nuestro himno guerrero, con escasas municiones, malherido el primer jefe, no Ilegabamos a seiscientas plazas en todo, el territorio, incluyqndo la oficialidad. Por todo lo enarrado el zumbaftico capital que compare los infants con una tra'lla de sabuesos, iba aplicando a Ios montes, caudales y.lugarejos nombres de la geografl'a de Espana -. el S"Imil era perfecto, muchos cre'amos recorder los'ClAsicos solares de nuestros abuelos.
El general G,6mez, que tuvo por lecho de hospital la silla de su corcel, orden6 hacer rumbo al norbeste, pasando ma's arriba, de las fuentes del Guayacanes, y el jatibonico del Sur, que corre parallel. al'. Sasa. Hablarnos vadeado el jicoteas y el rfo de las Vueltas, y en el curso de nuestra march 1 0 bamos salvando arroyos, canadas,. riachuelos rodeados, de vibradoras y sonantes can-as braves, de espigados zitacl'os, camalotes y nelumbios en flor, ascendiendo cuestas, orillando sierras, recorriendo Ilanuras cubiertas de groups de palmeras que parecen presagiar con las lfneas de sus columnas y 61 dibuio de sus capiteles nueva, -original y gracious arquitectura;, viendo a' trechos pomposas seibas, verdaderas, ermitas de hojas, por cuyos broncos se retuercen como cables las para'sitas que se prolongan y estiran como lo's grrifos y slerpes simb6licas de las antiguas cathedrals, colgando de sus ramas, al viento como cabelleras, los mechones de las fibrosis awajacas. En la espesura, despertando siempre melanco"licas renliniscencias, el arrullo de la enamorada
fninvzn P1 ornripn rIP1 vorno o'horro (In nlniqtp.




desapacible deljzidio, la breve y dulce nota de la b lirzla, el zumbido de avispas y moscardones, alados fragm"entos de rechinantes y calcinados metals; el chasquido lingual del leonado y plumoso arri'ero, y cayendo de los aires el gritoprolongado del rapaz cerizicalo, halco r minu"sculo que tiene la nictalope fisonom-la y viste la librea de la agorera lechuza. Los implacable rayos del sol, cayendo sobre la perenne vegetacio"n destellaban resplandores de un verde de oro como las quemantes irradiaciones de un espejo de vidrio verdoso herido por la luz. En medio de aquella naturaleza inculta y ferfiz, entre las notas disparadas de la orquesta de* la espesura, preludios de m-dsicos que ensayan la gran plegaria del ocaso en el prado, en las lines del bosque, al pie de las alturas, famous leyendo con recogimiento los zepitafios, inscritos en el indices de nuestros recuerdos, avocados por los lugare's, de aquellos de nuestros compa-eros de armas que en el primer perfodo de la Revoluci6n regaron con su sabre generous el suelo que a' la sazon liollabamos. i Cuantos de los que murmurAbamos la sentida oraci6n caerfamos como ellos bajo el plomo enemigo!-Por toda aquella risuen-a y muda necropolis, en los lugarejos de casas multicolores y rise's bohlos.que parecen pajares, en todas las direcciones del horizonte, flameaba altivo el pabell6n
Espana, y' por todos los punts del cuadrante se movian a nuestra vista el escuadr6n, la guerrilla, Ol piquete, la column, Arag6n, Castilla, Navarra, Asturias, Catalun'a, reducci6n imponente de I gran mosaico de families de la Vieja Iberia.
Aquf esquiv Abamos el encuentro con lucida tropa de lancers, A pocos pasos, sin interrumpir la march,
mejor, la belica' cabalffata, nos tiroteabamos con unla compania de milicianos; el blanco derecho amagaba un batall6n de infanferla de 11"nea; la retaguardia libraba esca'ramuzas con secciones de artilleria, mientras la vanguardia cargaba al machete a' un escuadro'n de dragons que iba 'a' 6ponerse 'a' su paso. El cabalgar
-Dor tan vasto campo de Marte, viendo en sucesion in-




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caballos, aguzadas lanzas, curves sables, rectas espa. das, estriadas bayonets, fusiles, can-ones, curenas, uniforms color terrizo, aztiles, crises, escarlata, sombreros de paja, de fieltro, kepis, boinas; brillos y ruidos de broncos, de cobre, de hierro, que rechina, de voces, de relinchos; como en desordenada parade, pintoresca, bullente, atronadora; producfa el vertigo, el sonambulismo de atropelladas lectures ae epopeyas, evocadas en el estado, medio entre el suen""o, y el insomnio. Seguimos A inarchas forzadas, deja-mos, las huestes enemigas a' gran, distanc'ia, hacienda, alto en el potrero Pozo Azul. Aqui", mientras los fatigados brutes se atracaban de jugosa hierba, abrevando en I cristalina aguada, y los asistentes pon'fan a cocer el primer rancho, famous apresando, vaqueros y sitieros. El general Gomez sometio a un interrogatorio al ma's avisado de los prisoners con el prop6sito, de que sacase en claro, que sus intents eran entrar a' saco en la cercana ciudad de Sane t;.- Spiritus. Puesto en* libertad en. compan-fa de sus hermanos en cautiverio, con -objeto de que revelasen el manoso, se creto, lo 'que en 'fecto .1levaron 11"L cabo, repuestaslas caballerfas y' abita la column de viatidas, aves y leche-ver'dadero festln a' lo. Camacho se levant el campo.
Nd6nde ir? Por el norte, por el ocaso, por todos ladlos nos seguffan y asediaban las huestes espanolas, amenazando envolvernos y destrozarnos.
-Runabo a' Sancti- Spfritus!-- orden6 G6mez y la vancyuardia march en direcci6n a' la ciudad.
Atravesamos un mosque por una vereda, estrecha como, senda de perdice s, hollando'despiadadamente ]a vegetation de ambas orillas, arrollada y estrujada como, si por cima de Ollas hubieran pasado los disparados furgones de una artiller'a en derrota; los tl'picos seroncs de las noventa ac6milas de la impedimenta. De e"sta pasarnos a un sender, que serpenteaba entre la margin izquierda del Sasa 'V enmarahada yerba de zuinea.




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ullo en fondo. A un ]ado el Sasa, ancho, profound, caudaloso, al otro la entretejida yerba, arraigada en leve capa vegetal sobre un suelo rocalloso dejando asomar picachos, munones de roca y lamosos cantos de lajas, estribos de la sierra de Tahuasco 'a' que conducia aquel camino, de cobras.
El sol corr'a a" su ocaso. Sobre el agua del Sasa se recortaban desmesuradas y temblorosas las siluetas de los jinetes, las de los Arboles empinados 6 achaparrados de las dos riberas, sobre el., fondo, del c 6 ncavo zafiro del cielo que par4 cfa el cauce infinite del rio y que producfa ve'rtigos de altura. A veces el movible espejo reproducl'a la blanca nube, las lines de blanca garza 05 la mancha- negra del 'aura tiziosa. EA ntre las ondas, flotando como largos y erizados cepos cubiertos de limo verdinegro, dis'u'rr'an los cocodrilos saturando el aire de almizclada pestilencia. Un vaho h lmedo so iba exhalandode las ondas, a' veces perfumado por las clavellinas, la pisoteada cana de lim6n y las aromaticas hierbas del suelo; a' veces infiltrado de la hediondez de las plants podridas y del cieno en ferment de los remansos I A media que avanzabamos, las riberas, cada vez ma's'pedregosas, se iban empinando; el agua, ensombrecida por las barrancas, empezaba a' reflejar las nubes de oro, yrosa del'crep-dsculo.
Segufamos_,,de uno en fondo; tina evolution en aquellas alturas, cercadas por'el abismo y las rocas, era absolutamente impossible, el avanzar irremediable. Acaudillaba, la vanguardia, compuesta de 50 jinetes, el viejo brigadier jos6I Gonzalez Guerra, quo habla de sucumbir al termino, de aquella. rudisima campan-a. Ya las gorillas eran crest'as de ramps precipitosas, aquella por ia: cual marebabamos, mas pequena y extendida; la opuest-a presentaba un talud mas elevado, casi vertical y, por ende, de dificilisli-no access. P r 0* xima la',.pa're*a de la descubierta al peligroso vado de Catano, diviso, sin ser vista, al enemigo apostado en la clspide del talud do la margin derecha. La vanguardia, hace alto. El brigadier GonzaIez Guerra re-




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rrar su caballo sobre las dentadas lajas 6 a rodar con
"I al fondo del r* ia que arenas daba paso 'a'
: 10, por la vf
un jinete, pudo Ilegar al centre y ponerse al habla con el general Gomez.
Era el brigadier jole, ast Ilamado torque su inhabit mano siempre convertfa en I la s de su nombre, hombre de cdad provecta, erguido y seco coino un pino, surcado el rostro color de cuero curtido de hondas arrugas semejantes 'a' las resquebrajaduras. del Arbol de oro, torva la mirada de sus ojos grades y negros perdidos entre festones de ve'llos, ronco el acento como el' bramido unisonante del viento en los pinares, el bigoted espeso, bronco, de canas a risaidas la cara mostrando como quebrada de sierra, las angulosidades y munones de los buesos; los dedos nudosos y esparrancados como reto-os atrofiados.; el continent fosco y bravo. Rudo, inculto, insensible 'a' la fatiga, su valor podfa definirse repitiendo un'a frase de nuestros mon'tan-eses de Oriente, con I o que dan a' engender, qtie el hombre tiene fortaleza, frialdad y reslstencia de bloque de basalto: ((Allf no nacia yerba)). Como e-n la jornada de las Guasimas, el brigadier cabalgaba en un caballo, blanco, y vestfa pantal on rojo, y chamarreta azul, asociando asi los tres colors de nuestra bandera.
El general y el brigadier hablaron en voz baja, de prisa, con gestos rapids. GonzIalez Guerra, venciendo los mismos obstaculos, V61vio a, ocupar su pesto en la vanguardia. A media que andaba iba desenvainando maquinalmente el M'achetel' rubicundo de gozo, volvia la cabeza hacia el general y murmuraba:
-Los cargo, -general, los cargo. clumpl-JLre bien sus ordenes!
Se reanudola marcha-aceleradamente. La o-uardia de lafuerza espanflola, compuesta de una companfa de Alc dintara y un piquete de dragons, nos hizo utia descarga. La march Tue' galope, bajamos la quebrada sin disparar un tiro, y los primers caballos, resoplando, erects las orejas, entraron en ell lecho del Sasa. El enemip-o. coronando la crest del escarnado tahirl-




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en la linfa, barriendo con ellas la Aspera pendiente.
I
La corriente era rapid y fort'sima; el lecho, baboso, pavim'entado de arrecifes; los caballos cbapoteaban con el agua al. cello, dejando en pos de si turbia y espumosa estela de cl'rculos conc6ntricos. 'Ibamos en fila, uno, en pos de otro c6mo cadenza de centatiros, clavando recio los acicates, vi6ndose sobre la superficie del agua el cello del bruto y el medio -cuerpo, del jinete. El caballo del brigadier llegaba al. pie del precipitous talud: levant el brazo, armada del machete, solto las brides, hundio" las espuelas en los, ijares y grito".:
Arriba!
El eco, encajonado en la cuenca del rflo, de'olvi6 el grito como un bramido.
Chorreando agua, que inundaba el paramento' y hacia ma's difl'cil el ascenso 'a' los que le seguffan, hundiendo los cascos como garras de feline, el corcel, anheloso, empezo a trepar premiosamente. Todos le'siguieron a la reata. i Magnifico, espectaculo'! Nue.stros co.razones no latfan: suspensos, esperabamos que, un caballo, herido, rodase por aquel. pardon casi vertical, arrastrando en su ca'da toda la hilera, produciendo tremenda, indescriptible catastrofe. No ya la, Iluvia de zunibantes balas, ahora ma's fuerte y nutrida, que nos la'nzaba el enemigo desde la crest; una, pisada en falso, un resbal6n, y los caballeros, atropellados, revueltos, derribados como naipes, se habrian desplothado en el profound lecho del Sasa, que bramaba a' lo lejos. El desmayado lamp'o del sol muriente doraba las hojas de los machetes; de las pandas de las bestias cal'an hilos de agua; los jinetes calados, hasta la cintura descollaban como atrevidas estatuas ecuestres, formando la rampant caballerfa como espinoso vallado de acero tendido entre lasr'iscosas margenes. El caballo, nuestro precious y noble aliado, col-no s.i tuviese empenho en coronary el prodigio de audacia, supo aquel di"a dar a" Sus remos la flexibilidad de las patas del tigre unida A la firmeza de sus cascos.
El general Gomez. A la cabeza del centre, iba rea-