Citation
Ensayo histórico de la isla de Cuba

Material Information

Title:
Ensayo histórico de la isla de Cuba
Running title:
Ensayo histórico de Cuba
Creator:
Pezuela, Jacobo de la, 1811-1882
Place of Publication:
Nueva York
Publisher:
Impr. española de R. Rafael
Publication Date:
Language:
Spanish
Physical Description:
1 online resource (xiii, 631 pages) : ;

Subjects

Subjects / Keywords:
History -- Cuba ( lcsh )
Cuba ( fast )
HISTORIA -- CUBA ( renib )
Genre:
History ( fast )
Temporal Coverage:
Abolition of the Atlantic slave trade ( 1836 - 1867 )
Abolición de la trata de esclavos en el Atlántico ( 1836 - 1867 )
Spatial Coverage:
Cuba

Notes

Bibliography:
Includes bibliographical references.
Citation/Reference:
Sabin, 61329
System Details:
System requirements: Internet connectivity; Web browser software.
General Note:
Reproduction of original from The American Antiquarian Society.
Statement of Responsibility:
por Don Jacobo de la Pezuela.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
UF Special Collections
Rights Management:
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Resource Identifier:
035641042 ( ALEPH )
765813450 ( OCLC )
Classification:
AC1 .S225 ( lcc )
991.81 P469e ( ddc )

Full Text
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Special Collections
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I
ENSIYO HISTORIC
DE LA
ISILL Irk ciallBlam







I
DE LA
ISLA DE CUBA,
POR

DON JACOBO DE LA PEZUELA.
MUV& WORM.
IMPRENTA ESPAROLA DE R. RAFAEL,
CALLE DE LIBERTY, NO 49.
1842.







AL

ESCELENTISIMO SENOR
D. GERONIIO VALDES.
a yeoaP eia/ edrca / 6' /e7 d/ /e /no com ,aa/acean/ ow p/ mezca/ Wa/d aoco, arw
dod como ,,anal a da/ a/ 4a/ ezall oeo X a leae / 4cm/

EL AUTOR.







HACIA algunos meses que me hallaba en la Habana, cuando escitado con la lectura de varios articulos de peri6dicos y otras publicaciones relativas a la historia de la Isla de Cuba, trat6 de saber si esta la tenia. Supuse que los fragmentos que habia leido, tan curiosos algunos como incoherentes todos entre si, derivarian de alguna relacion antigua que, bajo un titulo cualquiera, resumrniese por 6rden cronol6jico todos los hechos y sucesos que han ocurrido en la grande Antilla, desde la primera venida de Colon: acudi la Biblioteca phiblica y A otras de particulares en que creia encontrar algun escrito hist6rico por el estilo del que escribi6 el Padre Charlevoix sobre la Isla de Santo Domingo; pero mis dilijencias fu&ron vanas. En una 6poca en que no hai en el mundo




R 6 LOGO.

un islote, un pefion, que no tenga su historia, la privilejiada tierra del azhear y del tabaco, una de las mas vastas y ricas Islas que comprenda el Globo, se encuentra aun sin la snya.
Asi es en verdad, porque no creo que puede concederse el titulo de historia 4 las antiguas publicaciones del Obispo Morel, de Urrutia y del Rejidor Arrate que ya apenas circulan. La obra titulada Llave del Nuevo Mundo, epigrafe aleg6rico de la Isla de Cuba, presenta escelentes noticias y juiciosas observaciones, pero sin acomodarlas al 6rden del tiempo.
En 1813 se imprimi6 en la capital de la expresada Isla un libro de 400 pijinas, que su autor Don Antonio J. Valdes denomin6 Historia de la Idla de Cuba y en especial de la Habana. Hizome este titulo suponer que habia encontrado el escrito que buscaba; pero su lectura, si bien me indic6 muchas referencias y escelentes indicaciones, confieso que no me dej6 nada satisfecho. Bien ffcilmente lo comprenderA4 el lector que conozca dicha historia, de la cual sin embargo he sacado algunos datos fitiles.




PROLOGO.

Ciertamente no he aspirado yo a tanto como la gloria de escribirla, porque ese dificil empefio aunque no fuese superior a mis deseos, si lo era mis fuerzas; pero al coordinar la escasa tarea que ahora tengo el honor de ofrecer al puiblico, pretendo esencialmente lamar la atencion de todos los C.ubanos ilustrados sobre la falta que experimentan, y excitar el celo de alguno que otro que ya se haya distinguido por sus publicaciones y se sienta capaz de remediarla. No retroceda ante obsti'culos, que siempre la imajinacion abulta, el que se sienta dotado de las luces y conocimientos del pais que requiere tan fitil trabajo. A haber yo reconocido en mi tales ventajas, a mi poco mfnos que transeunte en Cuba, me bastaran para formar una relacion mucho mas amplia y circunstanciada que la presente los escritos que he consultado. Estos han sido los siguientes: los Diarios de Colon publicados por el Sr. Navarrete; la Vida y Viajes del mismo y de sus compaiteros que escribi6 no ha much el Americano Washington Irving; la Conquista de Mgjico de Solis; las Decadas de lerrera; la Vida de Las C6sas en los EspaRoles Cglebres




PROLOGO.

de Quintana; las Obras del mismo Las C6sas; la Historia de la Florida que escribi6 el Inca GarciLaso de la Vega; la de Santo Domingo 6 Haiti del Jesuita Charlevoix; el libro ya mencionado de Don Antonio J. Valdes; y algunos cuadernos fidedignos que han legado A mis mnanos y que tratan cada uno de su 6poca. Pero la principal fuente. en donde puede beber el que se dedique escribir la historia de Cuba, son los preciosos apuntes que ha publicado y publica la laboriosa Sociedad Patri6tica de la Habana.
Entre los documentos y trabajos que se hallan insertos en esta utilisima coleccion, se encuentran algunos mui curiosos: como el Mapa antiguo de la Isla con las derrotas que sigui6 Colon al redor de ella, debido a la laboriosidad de Don Jos6 Maria de la Torre, la causa del Gobernador de Cuba Don Juan de Prado, y otros. Bien se ve que el editor de dichas memorias, Don Joaquin Jos& Garcia, rno omite medio de enriquecerlas y hacer interesante su lecture.
Teniendo a la vista estas obras para tratar de undas materias que ellas mismas explican con toda




PR6LOGO.

maestria, claro es que temeroso de faltar A la verdad hist6rica, me habr6 visto precisado mas de una vez a imitar en la mia sus narraciones; y en este mismo defecto han incurrido 6 incurrirdn cuantos han escrito y escriban sobre cosas escritas: pero como no pretendo la palma de historiador, ni ann la de orijinalidad, sino ]a satisfaccion de ser fitil, he imitado sin temor alguno de vituperio algunos trozos de aquellos autores. Ojala' hubiera encontrado otros mas A quienes seguir para ilustrar mas de lo que he alcanzado hacerlo, algunas 6pocas de la historia de Cuba que apenas son conocidas! Pero debe tambien advertirse que aquella Isla tan notable y envidiada hoi dia por su prosperidad y sus riquezas, desde mediados del siglo 16 hasta principios del 18 apenas fij6 1a atencion y el jenio aventurero de los Espafioles, que preferian ir A labrar sus fortunas en las vastas y ricas rejiones que poseian en el continente Americano. Durante aquel dilatado curso de afios 1de qu6 otro modo podia aparecer la descuidada y solitaria Cuba, al lado de IM1jico y otros dominios, sino como un palido satblite al lado de las mas lumi-




PR6OLOGO.

nosas estrellas ? Asi es que hasta que el brillo de estas comenz6 A eclipsarse para Espaia, no comenz6 lucir el &uyo. Esta consideracion me consuela algun tanto de no haber podido dilucidar bien ciertos periodos de mi narracion; porque la Isla de Cuba, pobre en tanto tiempo de poblacion y aun de jente que se ocupase de ella, lqu6 sucesos notables pudo presenciar ? Mui pocos: la fundacion do tal 6 cual aldea con el nombre de sus primeros vecinos, tal 6 cual privilejio concedido a tal 6 cual villa, y cosas que no son las de mayor interes en la historia de una gran colonia. Sin embargo de que yo me habia propuesto no hablar mas que de lo puramente peculiar de la Isla, por no cargar y acaso obscurecer mas mi escrito, he creido conveniente apuntar algunos accidentes de paises vecinos, que me parecibron formar sus mas interesantes episodios. Tambien hago frecuentes indicaciones de los sucesos quo ocurrieron en la Florida en diferentes 6pocas, porque este pais ha estado en muchas comprendido en el Gobierno de Cuba, y porque en casi todas peleiron en sus campos tropas




PR6LOGO.

que de esta Isla se enviaron. Para ello me han servido esencialmente algunos documentos y noticias, que he debido la obsequiosa amistad del apreciable Coronel Don Fuljencio Silas, Jefe de Estado Mayor que fu6 de la filtima expedicion MNjico, del ya citado Sr. Garcia y de algunos otros favorecedores.
Poco mas he hecho, al trazar este .incompleto trabajo, que entrctener agradablemente algunos ocios por saber de un pais tan interesante para todos los Espafioles; pero ya que me determine publiearlo, ruego a los que le lean que le consideren solo como un bosquejo, un perfil, que alguna mano mas diestra que la mia se dedicarat a rellenar con el esplendor de sus colores verdaderos.

Nueva York, 30 de Junio de 1842.







CAPITULO I.

Primera venida de Crist6val Colon 6 la Isla de Cuba.-Reconocimiento de sus costas por el Norte.-Segunda venida.-Costia la Islo por el Mediodia en su tercera y i~ltima venida.-Reconocimiento hecho por Sebastian de Ocampo.-Naufrajio y trabajos de Ojeda y sus compageros en Cuba.
NINGUNA luz ha podido divisarse en medio de la obscuridad y embrollo de las tradiciones que los habitantes de la grande Antilla conservaban 6 la primera l1egada de los Europ6os. El juicioso Herrera, Coronista de Felipe II., que escribi6 con mas seguras noticias que otro alguno sobre las cosas de Am6rica, teniendo i la vista los mismos manuscritos de sus descubridores, nada dice con respecto 6 la historia de Cuba anterior al arribo de Colon. Sus decadas y otras cr6nicas hablan, aunque todas difusamente, de sucesos ocurridos desde los tiempos mas remotos en M6jico, el Peri y otros paises del continente americano; pero nada nos refieren de aquella Isla, en donde un c]ima ardiente y aquietador de las pasiones, un suelo sobrado f6rtil para alimentar A sus habitantes, y la total incomunicacion en que vivian con aquellas otras rejiones, eran seguros elementos para conservarlos en nunca turbada paz.




ENSAYO HISTORICO0 DE CUBA.

Crist6val Colon, cuando en su primer viaje descubri6 el Nuevo Mundo 6 India Occidental, despues de haber visitado varias de las Islas Lucayas, fu6 informado por los naturales de la de Saometo 6 Isabela de que acia el Sud Oeste encontraria una tierra inmensa, rica y mui poblada. Los anuncios que alli recibi6 abri6ron campo en su imajinacion & las briIlantes ilusiones, que le habia sujerido la lectura de los escritos del veneciano Marco Polo,* y del ingles Mandeville, antiguos viajeros que habian visitado vastos paises de Oriente, much mas alli de donde' fu6 Alejandro el Grande. Crey6 Colon que aquella tierra que los Lucayos lamrnaban Cuba fuese la maravillosa isla de Cipango, descrita por Polo; 6 cuando m6nos un vasto territorio de los lfmites orientales del Asia, en los Estados del gran Khan de las Indias. No satisfecho con la gloria de haber descubierto un nuevo mundo, quiso patentizarla mas, entregand6 las cartas que traia de sus Reyes g aquel monarca de rejiones tan remotas, para despues levar la respuesta 6 los soberanos de Castilla como credencial de haber puesto en feliz ejecucion la empresa mayor que fuera ejecutada per los hombres.
El inclito navegante, con sus tres carabelas la Pinta, la Santa Maria, y la Nifia, sali6 de la Isabela en la noche del 24 al 25 de Octubre de 1492, en requerimiento de aquella costa que tan brillante le pintaba su. imajinacion. So dirijia acia el S. O. E. llevando 6. sun bordo varios indios Lucayos' que ganados por la suavidad y las- d6divas de los espaioles, habian querido seguirles; unos por aficion y otros por la curiosidad, que les inspiraban aquellos hombres tan extraordi* Vease la Nota la en el Ap6ndice.




ENSAYO HIST6RICO DZ CUBA.

narios como nuevos 6- sus ojos. Pasados tres dias de una navegacion no mui favorecida por el tiempo, y en cuyo curso descubri6 multitud de islas pequefias y arenales que en el dia se 1laman las Muicaras, Colon divis6 por la proa poco 6ntes del anochecer del Sibado 27 de Octubre, una tierra elevada, montafiosa y tan vasta que no se percibian sus tdrminos por el horizonte. Temeroso de arribar de noche 6 una costa desconocida, se mantuvo al reparo 6 6 la capa (segun la expresipon ngutica), y aproximindose 6 tierra en la mhaiiana si. guiente, entr6 en un rio bastante caudaloso que denomin6 de San Salvador y fonde6 comodamente con los tres buques en la misma embocadura.
Eran cristalinas sus aguas y frondosi'simas sus riberas; cual ninguno era variado y pintoresco el paisaje que alcanzaba 'i contemplarse, quebrado en unas partes, llano por otras, florido y riquisimo de vejetacion en todas. Las amrnenas vistas, las risuefias florestas que por alli se vian, 1 que especticulo no ofrecerian 6. los ojos de aquellos Espaiioles tanto tiempo entristecidos con el de la soledad de ignorados mares ? La natufaleza ostentaba sus pompas mas lozanas. aquellos audaces navegantes, cual trof6os del mundo virjinal que acababan de descubrir; enseiiibiles tierras feraces, 'un clima suavisimo, (en aquella :estacion) estrafias y cantadoras ayes, majestuosas palmas y las variadas plantas, que crecen en el suelo Cubano. Colon, al tomar posesion de aquel pais encantador, que en un principio crey6, como ya he dicho, fuese la misma Cipango, le llam6 Isla Juana. en honor del principe D. Juan, hijo de los Reyes Cat61icos.
Cuando se aproximiron las carabelas, salibron de la costa




ENSAYO HIST6RICO DE CUBA.

dos can6as de indios naturales que, asi que vi6ron dirijirse acia ellos los botes que iban A reconocer el fondeadero, se alej6iron con precipitacion. Solo se encontrdron en aquel paraje dos chozas de caiia, en donde habia algunos arpones de huesos, redes y otros objetos propios para la pesca.
Solazironse todo el dia los Espaiioles en aquel apacible sitio que, tanto por su novedad como por las circunstancias en que ellos se encontraban, les pareci6 tan delicioso como el paraiso habitado por los primeros padres de los hombres. Hablando de la isla dice el mismo Colon en su diario: "es la mas hermosa que jamas vibron ojos humanos," y concluy6 desde luego que alli encontraria minas de oro, ricas especerfas y abundancia de perlas en las claras corrientes de sus rios, siendo, como presumia, la portentosa Cipango.
Influido de tan halaguifias esperanzas, sigui6 navegando el 26 acia Occidente, y por mui cerca de la costa entre isletas, y bancos de arena, pas6 delante de las embocaduras de dos pequefios rios y fonde6 en la de otro mas ancho que llam6 rio de Mares. No 16jos de su mirjen apareci6ron varios conjuntos de casas semejantes A pequefias ald6as, pero diseminadas sin formar calle: eran de injeniosa hechura, construidas con brazos de palmas en forma de pubellones, mas todas se hallaron abandonadas de sus habitantes que debian dedicarse 6 la pesca, 6 juzgar por las redes, anzuelos y demas avios que en ellas se halliron. Reinaba el mayor as6o en lo interior de las habitaciones, dentro de las cuales tambien se vi6ron al mismo tiempo algunas estatuas de madera de tosca construccion que representaban idolos de diversas.formas, m6scaras y otros trabajos de igual materia entallados con




ENSAY0 HIST6RIGO DE CUBA.

perfeccion. El Almirante mand6 que a nada se tocase, pero guard6 los objetos que le pareci6ron mas curiosos para presentirselos 6 los Reyes.
Prosiguiendo la navegacion por la costa, dobl6 Colon un cabo 6 punta que llam6 de Palmas por las muchas que en 61 se divisaban; esta punta forma la entrada oriental de lo que hoi se conoce por Laguna de Moron. Los indios que le acompaiiaban, indiciron quo no 16jos de este cabo se hallaria la boca de otro rio que solo distaba algunas jornadas de Cubanacan, tierra abundante en oro segun las sefias que daban. Las dos ilitimas silabas de esta palabra, que en el antiguo dialecto de los indios significaba medio 6 enmedio, podian interpretarse como dando A entender que las minas de aquel precioso metal se hallarian en lo interior de las tierras de Cuba; ademas Colon se equivoc6 con una engailosa consonancia, al oirles repetir muchas veces la terminacion de can, y se ratific6 en la lisonjera id6a de que habia llegado 6. la isla de Cipango 6 del Japon, situada en los estados del gran Khan de las Indias. Contaban las leyendas de la 6poca mil caprichosas fibulas sobre aquellas ignoradas tierras. El comandante de la carabela Pinta, Martin Alonso Pinzon, abundaba en los mismos errores que Colon, y crey6 como 61 que ese pais en que indicaban los Lucayos que estaba el oro, seria la gran Quinsay, opulenta capital en donde aquel deseado Principe residia. Sigui6ron, pues, adelante en la navegacion con nuevo empefio. Pero al paso que siempre aparecian nuevos eabos que doblar, ni hallaban el rio anunciado por los indios ni aun un mediano surjidero: ademas los vientos se hici6ron contrarios y se carg6 el cielo en anuncios de tempes-




ENSAYO HIST6RICO DE CUBA.

tades; vi6ronse obligados i retroceder viniendo 6 anclar otra vez en la misma embocadura del rio Mares, de donde habian salido tres dias 6ntes.
Habi6ndose esta segunda vez hallado los caseiios abandonados lo mismo que en la- primera, destac6 Colon por el rio adentro un solo bote en que iba de int6rprete uno de los Lucayos, i quien encarg6 persuadiese 6 los habitantes no solo de las intenciories pacificas de los espafioles, sino de su prop6sito de regalarlos. Hizolo el indio con tan buen efecto que por la tarde regresiron con el bote de quince 6 veinte can6as Ilenas de salvajes, acerc6ndose sin temor acia las carabelas; traian abundancia de algodon y algunos otros j6neros; mas Colon prohibi6 6 los suyos que traficasen como no fuese por oro; de este modo crey6 inducir 6 los indios que adquiriesen por medio de aquel metal, los cascabeles, cuentas de vidrio y otros- objetos de tan poco valor como nuevos y admirables para ellos, con que se procuraba alucinarlos. Mas fu6 en van6 porque no tenian oro alguno que ofrecer, y 6 escepcion de uno que Ilevaba en la nariz una pieza de plata labrada, no traian tampoco adornos de metales preciosos. SParecian estos indfjenas ser de la misma raza que los de las Lucayas, y como ellos, tenian el pelo ispero, negro y lacio. No usaban traje alguno: varios traian plumas de diferentes ayes, atadas, como un adorno, en la cabeza; pero todos se habian pintado el cuerpo con porcion de colores y andaban enteramente desnudos. Las mujeres, sin embargo, se cubrian desde el vientre basta la rodilla con un grosero tejido de algodon, 6 bien con ojas de plitano sujetas por la cintura. Eran los Cubanos de ojos grandes, nariz ancha, frente aplas-




ENSAYO HIS'TORICO DE CUBA.

tada y mediana estatura; pero Ajiles, graciosos en sus movimientos y mui semejantes en la expresion fision6mica 6. los antiguos habitantes de las islas Canarias; su condicion se mostraba pacifica y sencilla,
Crey6 Colon deducir de la confusa explicacion que los indijenas tuvi6ron con los Lucayos, que el Principe de aquella nacion habitaba 6 cuatro jornadas de distancia acia lo interior, y que ya se le habia hecho saber por diferentes mensajes la aparicion de los estranjeros por la costa; que se esperaban 6rdenes suyas y tambien que viniesen 6 traficar con los biugues muchos indios mercaderes. "Asi," dice Wdshington Irving, "le engaiaba 6 Colon su fantasia 6. cada paso, y le "urdia con los mas pequefios accidentes una uniformne tela de "falsas conclusiones. Contemplaba sin cesar un mapa de "las Indias Orientales levantado por el je6grafo Toscanelli, "aplicindole los c6lculos de su viaje; 6 interpretando siem"pre a favor de sus des6os el obscuro lenguaje de los indios, "creia encontrarse cerca de las orillas;del Cathay y 6 unas "cien leguas de la corte del Khan."
Creyendo de una vez terminar sus conjeturas y sus dudas, determin6 Colon comisionar 6 Rodrigo Jerez y A Luis de T6rres, judio convertido que entendia de lenguas orientales, para que, guiados por un Cubano. y un Lucayo fuesen A saludar en su nombre al Principe de aquella nacion; y le anunciasen que 61 habia venido de parte de los Monarcas de Espaia 6 ofrecerle su amistad y su proteccion. Encarg61es asimismo que observasen con el mayor cuidado todo cuanto viesen y mayormente las riquezas que encontraran. Sin embargo de que Colon no anduvo ent6nces desacordado al hacer




ENSAYO HISTORIC DE CUBA.

este mensaje, mueve abora 6 risa el que tomase 6 un desnude salvaje por un prineipe asi6tico! Los comisionados march6ron bien surtidos de cuentas y baratijas que debian servirles de moneda para cubrir sus gastos y hacer presentes; y tambien de muestras de especias y drogas para indagar, present6ndolas, si las producia el pais.
Mi6ntras se evacuaba la mision, utiliz6 toda la jente el tiempo, reparando los naves y reconociendo cuidadosamente las inmediaciones del rio. Una vejetacion robustisima y frondosa, cuando la de Europa se marchita y muere, revestia las riberas del Mares. Mas en vano busc6 ron los Espaioles los preciosos articulos de comercio que producen los climas orientales : no hall6ron por alli ni canelos, ni ruibarbos, ni nuez moscada. Habiendo ensefiado el Almirante 6 los indfjenas algunas muestras que de dichas especias habia traido de Espaiia, 6 fin de inquirir en que tierra las habria, juzg6 que le decian que acia el S. O. hallaria aquellos productos. Tambien hubo algunos indios ancianos que en cuanto les enseiiiron perlas y algunos objetos de oro, indic6ron, repitiendo muchas veces la pabras bohio y babeque, que hablia acia el Oriente un pais cuyos habitantes usaban mucho de aquellos adornos.
Al encender fuego para la comida y para calentar la brea necesaria para carenar las carabelas, hall6ron los marineros que la madera destilaba una odor ifica y abundante alm6iciga. Crey6ron todos hallar con este encuentro un principio de riquezas, por la multitud que alli habia de brboles que producian aquella preciosa goma.
No tard6ron Jerez y T6rres en regresar masque seis dias.




ENsAYO HIST6RIcO DE beA.

Habian andado unas dos jornadas regulates y ilegado una poblacion como de cincuenta casas, hechas de caia, madera y ojas de palma; pero much mas espaciosas y mejor construidas que las que habia en la costa. Este pueblo estaba habitado por mas de mil Indios, quienes despues que les fu6 anunciada la venida de los dos Espailoles por los int6rpretes que les acompaiaban, sali6ron & recibirles con gran regocijo y solemnidad, conduci6ndoles 6 la cas de mejor apariencia, en donde se les invit6 / tomar asiento en una especie de sillas, labradas de una sola piema, que formaban figuras de vuadr6pedos. Luego les fuaron ofrecidos los mismos alimentos de los indfjenas, frutas y legumbres de estrailo peroe buen sabor. Acabado el banquet, uno de los int6rpretes pronunci6 en dialecto Indio un discurso en que di6 4 conocer sin duda el poder y munificencia de los blancos; pues que los dos representantes de esta privilejiada 'casta fubron seguidanvente objeto de adoracion, primero para los hombres, despues para las mujeres. Besironles pies y manos con gran devocion, reconoci6ndo]es atentamente el cfitis y los vestidos.
Las armas que l1evaban los Indios eran una especie de maza de madera durfsima y labrada que Ilamaban macana, flechas que remataban en un arete de pescado mui agudo, y dardos 6 lanzqs que se componian de un palo recto con algun hueso mui aguzado sujeto 4 su estremidad. No se veia oro, hierro, cobre ni rastro de metal alguno. Todos los naturales eran semejantes 4 los que levaban vistos. Las tierras que lhabian recorrido abundaban de arbolado y ann de labranzas, on que se cultivaban el age, el muniato, raices de buen sabor que so comian cocidas, el maiz, y una especie de frijo-




10 ENSAYO HIST6RICO DE CUBA.

les de color morado oscuro. Vi6ron grandes campos de Yuca, cuyo fruto servia para hacer el pan, que los Indios lIlamaban Cazabi; tambien abundaba el .algodon en todas formas, sembrado, en rama, hilado, y aun en groseros tejidos: las hamacas 6 camas de los Cubanos eran unas redes del mismo algodon que colgaban por los dos estremos; su alimento consistia, ademas de las raices y frutos que dejo expresados, en peces, hutias, especie de raton de buen gusto, y algunos pijaros. El cuadripedo dom6stico que mas abundaba tenia por nombre Guaniquinoje, animal semejante al perro pequefio, pero que no ladraba. Una de las cosas que mas llamdron la atencion de los dos exploradores, fu6 ver que muchos Indios Ilevaban en la boca unos rollitos de una yerba seca que nombraban tabac; encendfanlos por un estremo y chupdndolos por el otro despedian despues el humo que aspiraban. Esta yerba era el tabaco, y este ejercicio era la accion de fumar, cuya viciosa practica tanto se ha jeneralizado ya en el mundo.
No qued6ron satisfechos los des6os de Colon y de sus compafieros con las noticias de Jerez y T6rres. Perlas, diamantes, oro, era lo que buscaban. Bast6 el vago anuncio que habian hecho los naturales sefialando acia Orionte y pronunciando Babeque y Bohio, para variar las id6as y el rumbo de Colon. 'Sali6 del fondeadero de Mares en '12 de Noviembre: diriji6se con sus naves por la costa abajo al Sudeste, la que reconocida mui de cerca, dobl6 un cabo mui alto que llam6 de Cuba, y 6 las veinte y tantas leguas, despues de apercibir un ancho canal que penetraba entre dos sierras elevadas, los vientos le apart6iron de las costas obligdndole 6. andar cerca de sesenta millas al Nordeste; por fin




ENSAYO HIST6RICO DE CUBA.

I
volvi6 d tomar su direccion, y en 19 de Novieribre entr6 por un canal espacioso en una babhfa sembrada de muchas y floridas isletas. El espect6iculo de esta hermosa ensenada, abundante en mariscos. de toda especie, le convid6 6 detenerse en ella cinco dias. Nombr61a mar de Nuestra Seiiora. Los terrenos que completaban tan vistoso paisaje, aparecian coronados de palmas y de irboles de maderas preciosas, en mucho mayor niimero que en los otros parajes visitados. Al puerto que se hallaba al fondo de aquella bahbia, le di6 el nombre do Puerto Principe.
Asemej6bise bastante la situacion del c61ebre navegante y de sus compafieros 6 la de un nifio, que introducido en un almacen de variados juguetes, de todos se admira y no sabo cual elejir. Agolp6ronseles 6 un mismo tiempo mil pensamientos, mil esperanzas; pero como la escasez de su nimero no les permitia ensefiorearse de una vez de tantas tierras desconocidas, escoji6 Colon el partido que le pareci6 mas provechoso, y se determine seguir acia el ansiado Bohio que le indic6ron los Indios; levantada el ancla en 19 de Noviembre, sali6 del mar de Nuestra Sefiora siguiendo su prop6sito de navegar acia Oriente. Una cruz de madera fijada en un paraje elevado, 6 la boca de Puerto Principe, fu6 la primera seal de quedar la dilatada Cuba bajo el dominio de la Corona de Espaiia, y un anuncio de que en breve sus naturales abririan los ojos 6 la luz de la fe Cristiana.
Colon se vi6 precisado por la contrariedad de los vientos aproximarse nuevamente 6 las bocas de Nuestra Sefiora, siempro deseoso de reconocer las costas orientales de Cuba, cuando en la madrugada del 23 de aquel mes se le separ6,




12 ENSAYO HIST6RIGO DE CUBA.

despreciando sus sefiales, la carabela Pinta, el mas velero de sus buques. La causa de esta repentina separacion fuw la codicia,. Martin Alonso Pinzon levaha 4 su -borydo varios esturales de San SalvadoT, y seis Cua*aos de lo recibidos on el fondeadero de lares: habiendo aado d ~us c nfusas explicaciones alguaa?, noticiae maw sobre Rabeqne y Bohio de las qiueo habia recibido el Almiraate, confiado en la lijereza de su nave, tuvo la, ida de ir el pimewo 4 recjer tesoros i aquellas rejiones. Colon, ao pdiendo alcanzarle, no desisti6 del lisonjero pensamiento de cotinunar receooeiendo las costas de Cuba: dobld4 otra vez el eabo de este nombre en 24 de Noviembre, y ancl6 on la boea de an rio al que puso el nombre de Sa.ta Catalina. La naturaleza, si no tan risueia como en otroo parajes, se presentaba alli man majestuosa y poblada de pinos y 0rboles de bastante elevacion para servir de missiles 6. os buques. Del fondo de aquel rio fu6tron sacados varios guijarros, con partfculas de oro.
Colon, prosiguiendo en los siguientes dias el reconocimiento de las costas, hall6 pot todas partes amenos paisajes, aguas cristalinas, muclhos y nui c6modos puertoso. Vi6 grandes can6as capaces de contener ciento y cincuenta personas, y entre diferentes objetos encontrados en las cabaijas, una torta de eera que reserve para presentirsela sus Soberanos; opinando que en donde habia de esta materia se hallarian tambien otras mejores. El diat 5 de Diciembre descubri6 el t6rmino oriental de Cuba, suponiendo que lo fuese tambien del Asia; nombr61e Agfa y Omega, queriendo con esta aplicacion de las letras primera y illtima del alfabeto griego, dar i entender que alli estaba el principio y el fiA d




ENSAYO HIST6ICO0 DE CUBVA.

las tierras del Asia. Llegado 4 aquel punto, dud6 en continuar el reconocimiento de Ia costa meridional; y se decidi6 buscar, prolongano su riumbo acia Oriente, las imajinarias is de Babheque y de Bohio. En al direccion se hallaba cuando descubri6 inmediatamente .Is isla Espaiola, que ape, nas vista pox los Indios que iban 6 bordo, fu6 saludada de ellos con la esclamacion de Bohia: Colon, crey6 por fin hallar en ella la tierra del oro.
No entra en mi prop6sito, que solo comprende la narracion hist6rica de la Isla de Cuba, describir las diferentes correrfas de Colon por el mar de las Antillas, Cu6ntanlas bastantemente la; aenas relaciones d2o errera, y las que ha publicado en nuestros dias el Anglo-americano Washington Irving. Baste decir que Ia atencion de aquel gran descubridor, distraida con tantos objetos y tantas esperanzas, no volvi6 6 fijarge en Cuba, hasta que despues de haber encontrado las Islas Caribes en su segundo viaje a las Indias, en 1494, vino Scolonizar 6 la Isabela.
En 24 de Abril de aquel ailo, escoji6 tres carabelas, la Niha 6 Santa Clara, la San Juan, y la Cordera, y sali6 de la Isabela con rumbo acia Occidente, deseoso de esplorar todas las costas meridionales de Cuba para ver, tenaz siempre en sus ilusiones, si le conducian 6 10s bordes del Cathay y 6 las maravillosas rejiones anunciadas por Marco Polo. Despues de haber tocado un dia en la Isla Espaiiola, al liegar desde un puerto de ella que habia nombrado San Nicolas, apercibi6 la punta oriental de Cuba, la misma que habia designado en su primer viaje con las letras griegas de Alfa y Omega; y se conoce per punta de Maisi. Tomada la vuelta,




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meridional de este cabo, naveg6 seguidamente sobre treinta leguas acia Poniente, A la vista de las costas, y despues ancl6 en un vasto fondeadero que apellid6 Puerto Grande, y hoi se llama Guantinamo, cuya entrada aunque no ancha, se dilata despues apareciendo la bahia como un.espacioso lago entre inmensas selvas y pintorescas montaias. Aquellos contornos se encontriron desiertos; pero dos chozas de Indios, algunas hogueras y porcion de comestibles que se vi6ron, indicaban que los habitantes de aquel sitio al ver aproximarse los buques, se habian huido aterrorizados 6 los bosques en ocasion de estar preparando algun banquete.
Despues de haberse saboreado los Espafioles con los manjares que hall6ron, al recorrer los inmediatos parajes, desde una eminencia, divis6ron entre un promontorio de rocas un numeroso grupo de Indios, que les observaban con la mas exquisita atencion. Apenas se les llam6 cuando se ocultiron ripidamente entre las brefias. Uno, sin embargo, mas dominado por la curiosidad que por el miedo, se mantuvo sin huir. Dispuso Colon que un Indio Lucayo, ilamado Diego, de los que desde el principio de sus descubrimientos llevaba consigo y que era su mejor int6rprete, saliese 6 hablar con el salvaje. Qued6 este tranquilizado despues de un breve di6logo, y fuese 6 participar 6A sus compafieros que nada tenian que temer. No tard&iron mucho en presentarse porcion de Indios, que se aproxim6ron 6 los extranjeros con las mayores muestras de veneracion mezcladas de curiosidad. Segun expres6 el int6rprete Diego, habian sido enviados 6 aquel punto por su Jefe 6 Cacique i buscar pesca y provisiones para un gran banquete. Ningun sentimiento manifest6ron al encontrar




ENSAYO HIST6RICO DE CUBA.

consumidas las provisiones que tenian acopiadas en la ribera para celebrarlo, intes de que ]legasen las carabelas; pero Colon les indemniz6 de su p6rdida, mand6ndoles repartir cuentas, avalorios y varios objetos de poco valor, que recibi6ron con tanto regocijo como admiracion ; en efecto aquellas baratijas por su novedad les parecian un tesoro, mi6ntras con un solo dia de caza y pesca reponian los perdidos comestibles.
El Almirante sali6 de Guant6namo en 1 de Mayo, continuando su navegacion acia Poniente i la vista de una costa montafiosa y frecuente en rios de c6modo forndeadero: acerc6ibanse muchas veces 6 las carabelas las can6as de Indios que venian i ofrecer frutas y pescado 6 los Espafioles, quienes siempre les renumer6ron con sus cuentas de vidrio, y aun con pedazos de vasijas rotas, y siempre los dejaban mui satisfechos.
Al poco tiempo emboc6 Colon en una ensenada tan espaciosa como la de Puerto Grande, pero de mas risuefio aspecto. Cercibanla por una parte altas y arboladas montaias, y por la otra alegraban sus riberas grandes terrenos cultivados, porcion de caserfos y hermosas florestas. Era este puerto el que despues se llam6 Santiago de Cuba; alli pas6ron los Espafioles una noche en medio de sus hospitalarios habitantes. Habi6ndoseles hecho 6 estos la eterna pregunta de que en donde se encontraria oro, todos sefialdron un6nimes acia el Sur, y manifest6ron que en esa direccion se encontraria una isla grande y rica. Crey6 Colon que seria esta la tierra que le habian designado con el nombre de Babeque, y su des6o de encontrarla le hizo mudar de rumbo en 3 de Mayo, apartindose de Cuba. Ent6nces fu6 cuando en aquel mismo




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dia descubri6 la grande isla de Jamaica, cuyos habitantes le recibi6ron hostilmente en un principio.
No habiendo hallado tampoco en ella el codiciado metal, aprovech6 Colon un viento favorable para tornar 6 la eploracion de las costas de Cuba, deseoso de saber si esta era isla o parte de un continente. La pequefia escuadra torci6 acia su Norte, y divisando otra vez las tierras Cubjanas, descubri6 en 18 de Mayo un elevado promontorio, que fu Ilamado Cabo de la Cruz y aun conserva el mismo nombre. Despues de doblar este cabo, desemnbarc6 cerca de una poblacion grande de Indios, situada en un territorio nombrado por ellos Macaca. Ya babia cundido por aquel pais la fama de un6s barcos de extraia forma, y de unos hombres maravillosos por su presencia y por su bondad; asi es que recibibron A los Espaioles con la mas cordial hospitalidad. Pregunt6 Colon al Cacique y A los suyos si Cuba era isla 6 tierra firme; y le contestfiron que era isla, pero de tanta extension que no conocian 6 nadie que hubiese visto su t6rmino. No podia deducirse de esta obscura respuesta sino que aquella pacifica indiada vivia sedentariamante y en oompleta ignorancia con respecto 6 las demas jentes y tierras de Cuba,
Al otro dia continu6ron su navegacion acia Occidente., reconoci6ron el golf formnado por aquellas tierras que desde el Cabo de la Cruz A su Nordeste figuran un semi-circulo, y se vi6ron acometidos de una furiosa tormenta que pudo, si hubiera sido m6nos breve, serles funesta entre los muchos y peligroses Cayos que infestan aquellas aguas. Aumentibanse estop 6 medida que iban navegando, y poco despues se avistiron numerosas isletas, bajas y arenosas las unas, verdes y




ENSAYO HISTORIC DE CUBA.

arboladas las otras. Su niimero so multiplic6 tanto que iendo difuso dar nombre 6. cada una, el Almirante les puso el de. Jardines de la Reina colectivamente 6 todas ellas. Previendo cuan dificil le seria navegar al traves de aquellas islas, su primer pensamiento fu6 dejarlas 6 la derecha; mas le vino 6 la memoria que Mandeville y Marco Polo habian escrito que la costa oriental del Asia estaba bordada de millares de isletas, y como no era ciertamente hombre 4 quien los obst6culos arredraban, olvid6 el anuncio que le habia sido hecho per los Indios de Macaca de que Cuba era isla y determin6 seguir 6 Ia vista del supuesto continente.
So le hizo, empero, mui penoso continuar su viaje al Poniente por medio de aquel archipi6lago; muchas veces se le encallaban las naves en ocultos bancos de arena, muchas fu6 preciso apurar los esfuerzos de la jente para desprenderlas. Las variaciones atmosf6ricas arreciiron tambien las dificultades de tan penosa navegacion. Mas el espl6ndido paisaje que presentaban varias de aquellas islas cubiertas de flores y arbustos, la variedad y hermosura de las ayes que discurrian por sus aires, todo corroboraba 6" Colon en la persuasion de que se hallaba pr6ximo al archipi6lago Asittico; id6a que le hacia sobrellevar gustoso aquellos trabajos.
En 22 de Mayo desembarc6 en una de las islas mayores, la sola en donde hall6 caserfos; pero abandonados de sus habitantes. Segun el repuesto de pescado y provisiones que se endontr6 en las casas, debian estos subsistir de la pesca; encontr6ronse loros dom6sticos y otros animales. Habia tambien en esta isla, que Colon nombr6 de Santa Marta, una




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especie de cigieiias de color de escarlata y multitud de tortu, gas grandisimas que cubrian las orillas.
No estaban enteramente desiertas estas islas: un dia se dejrxon percibir varias can6as 1lenas de Indios, ocupados en, pescar, que se acerciron con mucha serenidad las.naves y surti6ron de peces las tripulaciones. Por los informes'que di6ron al Almirante, vino este i saber que las islas so aumentaban mas y mas acia Oriente, y que Cuba continuaba estendi6ndose sin limites en la misma direccion.
Al salir del archipid6]ago naveg6 la escuadrilla catorce leguas acia el Norte, y fonddo en 3 de Junio la boca de un riachuelo que salia por un terreno montaioso cerca de .una crecida poblacion de Indios. Hospitalarios estos y apacibles como todos los de Cuba, se apresuriron i traer i los Espaiioles porcion de comestibles, entre otras cosas una especie de palomas mui grandes y de sabroso gusto. Yo creo que estas ayes, que el Almirante apellid6 palomas, son las que se conocen por gallinas guin6as, que abundan mucho por aquella parte de la Isla. En los buches de estos pjaros se ballron ricas y variadas especias, excelente indicio de que los productos de aquella comarea eran diferentes de las otras ya recorridas.
Inform6se Colon de que el territorio en donde estaba se llamaba Ornafai, y que los naturales, mas ignorantes aun que los de Macaca, no ,sabian que Cuba tuviese t6rmino por la parte de Occidente,. Dij6ronle que los indfjenas de un territorio de la costa adyacente al de Ornafai, que llamaban Mangon, le darian mas amplias noticias sobre Cuba.- Imajin6se al punto Colon que el nombre de Mangon significaria lo. is-




ENSAYO IIST6RICO DE CUBA.

mo que Mangui, la mas rica provincia del imperio del Khan, segun Marco Polo y encendi6sele mas y mas la fantasia.
No tard6 Colon en seguir el rumbo acia Poniente, costeando con pr6spero viento un espacio de treinta y cinco leguas, limpio de bancos de arenas y 6 ]a vista de un litoral cubierto de amenas florestas y sembrado de ald6as de Indios. Como iban mui cerca de tierra, la vista de las carabelas l1enaba do admiracion y alegria 6 los habitantes, que se precipitaban todos a las playas saludar con grandes estremos de admiracion y de gozo 6. aquellos prodijiosos seres 6 quienes, les decia la fama, que acompaiiaban todas las bondades, todo el poder del cielo.
En dos dias atravesiron los buques el ancho golfo de Jagua; pero no tard6ron en verse sucesivamente embarazados centre rocas y Cayos, aiiadi6ndose el inconveniente de que el mar comenzaba 6 tener mui poco fondo. Hizose mas inminente '6 cada paso el peligro de encallar y tuvi6ron forzosamente que acojerse a. un surjidero no mui bueno que so descubri6 en una isleta cercana. Sin embargo de tantas dificultades, y de que la jente exhausta ya de fuerza para tanta faena clamaba por que se desistiese de la empresa, persever6 Colon en ir reconociendo el nuevo archipi61ago. Fu6le preciso caminar cori mil precauciones y siempre con la sonda; con toda su vijilancia var6 mas de una vez su nave entre los arenales encubiertos por las aguas. Con todo logr6 arribar 6 una punta baja de Cuba que 1lam6 del Serain. Era esta punta el. t6rmino de una gran lengua de tierra que se adelanta en las aguas de E. 6 0. E., y figura una bahfa tan vasta que navegando en la misma direccion no se descubre tierra alguna por la derecha. Colon se diriji6




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acia el N. O. E., en cuya direccion se columbraba un pais montafioso, y vino i fondear en una pequeila rada (que despues se ha lamrnado de Bataban6) y cuyas riberas estaban ent6nces cubiertas de espesos palmares. Encontr6se alli cerca un abundante manantial de agua dulce entre las palmas.
Mi6ntras so hacia la aguada y provision de alguna leia, un castellano que habia entrado en un bosque inmediato, 6 buscar caza, vino 1leno de espanto 6 pedir socorro 6 sus compafieros. Segun pudo explicarse acababa de ver entre la espesura varios hombres con h6bitos blancos. Mand6 en consecuencia el Almirante que saliese a internarse por tierra adentro una partida bien arniada, con el objeto de saber no solo que hombres vestidos de blanco andaban en aquella comarca, sino sf, mas all6 de las montafias y bosques de la costa, existia alguna ciudad principal. Anduvo esta partida alguna distancia por lo interior, pero retrocedi6 6i las carabelas, rendida de cansancio por haber tenido que andar siempre ontre pantanosas espesuras, sin descubrir otra cosa en su fatigante correrfa que una naturaleza inculta y salvaje pero de espl6ndida vejetacion. Los hombres vestidos de blanco que se habian aparecido en el bosque, no eran sino cigtueiias que por alli abundaban, y 6 cierta distancia parecian personas. Continu6se la navegacion acia Occidente, y se lleg6 6 una costa donde apareci6ron algunos habitantes pescadores. Por una fatalidad, el dialecto de estas jentes no fu6 entendido por los int6rpretes Lucayos que Ilevaba el Almirante, quien alucinado por esta causa y las vagas indicaciones que hici6ron, y con sus jestos inexactos, comprendi6 que en unas montafias que se descubrian 6 lo 16jos acia O., existia un rei mui poderoso




ENSAYO HISTORICO DE CUBA.

que mandaba en muchas provincias: que sus vasallos usaban ropajes blancos y talares. Asi era como su caprichosa imajinacion interpretaba siempre en favor de sus dorados errores cuantos signos equivocos se le hacian y cuantas voces incomprensibles escuchaba.
Llev6se Colon consigo i uno de aquellos Indios, y navegando en direccion de las montaijas, no tard6 en experimentar que de nuevo se le alzaban obsticulos del mnismo j6nero que los que tan penosa hici6ron su derrota por medio de los Jardines de la Reina. En efecto, vefase progresivamente disminuir el fondo, y A medida que las naves se aproximaban 6 aquella costa elevada, iban tocando en infinidad de bancos que formaban entre si peligrosos canales. La esperanza, la constancia y las precauciones, logr6ron superar algunas de tantas dificultades. Acerc6ronse las carabelas a la costa, que era la de la antigua provincia de Guaniguanico, mas apareci6 inaccesible y bordada de extensos pantanos y terrenos anegadizos. Cost6 no poca faena que algunos hombres destacados en botes en busca de agua dulce, atracasen 6 una gorilla algo mas firme y la tomasen en medio de un palmar que estaba pr6ximo.
Muchos dias emple6 Colon en el reconocimiento de aquellas solitarias costas. Cre6 que el arrogante pensamiento que por ent6nces le sobrevino de regresar A Europa por Asia y Africa, fu6 parto del amalgama que formarian en su imajinacion las lecturas de los viajes de Oriente, las noticias que recibiera en varias indiadas y las cavilaciones de su fastidiosa marcha. Suponia ciertamente aquel hombre tan audaz como fant6stico, que ya no estaba A much distancia de los niares




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de la India Oriental; tan errado era el juicio que tenia formado de la extension del Mundo, que ignoraba totalmente la inmensa que abrazan el continente Americano, el mar Pacifico, el Asi6ttico y la vastisima peninsula del Africa.
Sin embargo tuvi6ron que ceder sus ricas ilusiones & pobrisimas realidades. Las carabelas se hallaban averiadas con una navegacion tan larga y tan dura; apenas quedaban cordajes fitiles y los viveres escaseaban ya tanto, que las fatigadas tripulaciones apenas recibian otro alimento que un poco de vino y un poco de galleta casi podrida; estimfibase como un gran regalo el menor pececillo que se cojia. -Los mas de la jente, que ni tenian tanta ambicion de gloria ni tanta constancia como el Almirante, murmuraban de su empeio en seguir aquel rumbo, igualmente que de las penalidades y privaciones que sufrian.
No permiti6 pues la fortuna, que continuara el cost6o de Cuba durante dos 6 tres cingladuras mas: ent6nces se habria desengafiado de que no eran las tierras del continente Asidtico, y no hubiera muerto en esta errada opinion.
Deseoso, 6ntes de tomar la vuelta, de precaver que la malicia 6 la envidia de sus contemporaneos combatiesen aquella id6a que tan verosimil le parecia, mand6 al escribano Hernan P6rez de Luna, que de cuantos iridividuos se hallaban en los tres buques tomase un formal testimonio de que aquellas costas, cuyo t6rmino no encontraban nunca, eran los lindes del Asia.
Vir ron las caravelas al Sud Este en 3 de Junio. No llevaban muchas horas de navegar en este rumbo, cuando entre varias isletas ,y cayos se ofreci6 4 la vista de los Espafioles




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una Isla montuosa y grande 6. la que puso Colon el nombre de Evanjelista y hai lleva el de Pinos. Despues de hecho su repuesto de lefia y agtia, pero sin haber encontrado viveres, naveg6 acia el Mediodia con el prop6sito de encaminarse 6 la Espafiola por el Sud de Jamaica; pero como siguiese la costa de la Evanjefista, se hall6 cercado de tierras en el seno de Siguanca que tan adentro se introduce entre las de aquella; y prefiri6 6 los azares de otro mar desconocido seguir el derrotero mismo que habia observado 6 su venida.
Inmensos fu6ron los trabajos que padeci6ron en su retorno, sobre todo al atravesar los infinitos bancos que median entre aquella isla y Cuba. El 30 de Junio bar6 la carabela en que iba Colon y fu6 preciso emplear la fuerza de los brazos para desenredarla. Rendidos por la fatiga, azotados constantemente por el Sol abrasador de los tr6picos, el insigne navegante y sus Espafioles se vi6ron bien pr6ximos 6 sucumbir al hambre, 6 la sed, al forzoso trabajo, 6 todos los males !
La vista de la hospitalaria costa de Ornafai puso t6rmino 6 tanto padecer. El 7 de Julio ancl6ron en la embocadura de un rio, y acojidos con el entusiasmo mas verdadero por los Indios de aquel pais, solazironse alli aquellos hombres de hierro, dentro de espaciosos bohios y frondosas arboledas, y se restauriron regaladamente con la caza, pesca y frutas que les fu6ron traidas i porffa.
Colon deseoso de celebrar la festividad del Domingo, mand6 que se aderezase un altar para decir misa en el mismo paraje en que se hallaba puesta la Cruz que '61 hacia fijar siempre en todos los sitios notables que visitaba.
Entre la multitud de indijenas que asisti6ron 6 la cat6lica




ENSAYO HIST6RICO DE CUBA.

ceremonia, uno de ellos mui anciano y respetado de todos los demas, luego de concluida, se aproxim6 i Colon con grandes muestras de cordialidad y con tono solemne le diriji6 una arenga, cuyo sentido segun explic6 el int6rprete venia 6 ver el siguiente:
"Me parece que acabas de hacer una obra buena por que "has adorado a tu Divinidad. Aurique segun dieen has ve"nido de tierras extraias, con gran armamento 6 conquistar "muchos pueblos y paises, no por eso to envanezcas. Sabe que hai en la otra vida dos puntos i donde van las almas: "el uno, 11eno de goces y venturas, se destina i los que fu6"ron buenos: en el otro, tenebroso y horrendo, jimen los ma"los. Si td eres mortal y themes los etefios castigos, no ha"gas nunca mal i los que no to le hicieren, y cuenta con. que "seris recompensado." Estas palabras tan anilogas 6 los dogmas cristianos y pronunciadas por un salvaje, conmovi6ron al Almirante. Contest6 al venerable Cubano que se alegraba de que los hombres de aquella tierra tuviesen creencias tan verdaderas. Que los Reyes de Espaiia le habian enviado, no sojuzgar, sino para ensefiarles la verdadera relijion y defenderlos de los ataques de sus crueles enemigos los Caribes, y que asi todos los Cubanos deblan tenerle por su amigo y protector. La repuesta de Colon, transmitida por el int6rprete, y lo que este aiiadi6 sobre el poder y riqueza de sus Reyes, lleniron al anciano de tal admiracion y alegria, que dese6 embarcarse en las naves para ir & visitar las rejiones Europ6as; mas los ruegos de su esposa y de sus hijos le hicibron, con mucho dolor suyo, desistir de su improvisado proyecto. El entusiasmo y admiracion de aquellos Indios por los Espailo-




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les solo podria compararse con el sentimiento que manifestaron al verlos alejarse de sus playas en 16 de Julio, dirijiendo las proas acia Jamaica y otras islas.
Colon en su tercera venida a las Indias Occidentales, en medio de sus correrfas por el mar de las Antfllas, no arrib6 nunca g la Isla de Cuba, aunque frecuentemente navegaba g poca distancia de sus costas; pero en su cuarto y iltimo viaje en fines de Julio de 1502, cuando se dirijia 6 reconocer las de Honduras, toc6 en varias de las isletas del Mediodia de Cuba, las mismas que en 1494 habia lamado Jardines de
-la Reina. Por fines de Mayo del siguiente aifio de 1503, la necesidad le oblig6 visitarlas de nuevo en fin de Mayo, al venir del que hoi Ilamamos Golfo de Darien para la Isla de Santo Domingo. Hall6base ent6nces reducido al illtimo estremo; habia tenido que abandonar uno de sus tres buques, destruido por la podredumbre; traia los otros dos que le restaban en un estado poco m6nos lastimoso; las tripulaciones venian enfermas y se habian consumido ya todas las subsistencias. Alas pocas horas de anclar en uno de los fondeaderos de las Isletas, aument6 sus averfas y sus males una repentina y recia tempestad; y se vi6ron precisados 6 detenerse seis dias en el mismo sitio, no solo para trabajar en la mas urjente compostura de las maltratadas carabelas, sino para esperar tambien 6 que los vientos se aquietasen. Logr6 con mil penalidades llegar 6 uno de los puntos de la costa meridional de Cuba, en donde babia tocado en 1494, A Macacd, cerca del cabo Cruz. Los vientos que continuaban si6'ndole contrarios para su navegacion 6 la Espaiiola, le di6ron ocasion de recibir por segunda vez la hospitalidad de aquellos




ENSAYO HISTORICO DE CUBA.

buens Indios, que prodigiron jenerosamente los hambrientp~ mripos su cazabi y sus peces. Al cabo de algunos dias intent6 Colon continuar en demanda de la Espai'iola; pero a constante contrariedad del viento, le forz6 6 tomar la direp iopn'de Jamaica 6 donde arrib6 en 23 de Junio. Des, ues d,ste penoso viaje no volvi6 Colon 6 percibir las tierp Cybanas.*
)ingpno de los historiadores de Am6rica nos explica por qq causj, habiendo sido la grande Antilla entre las primeras Aer a1decubiertas una de las mas f6rtiles y amenas que se h a))4ponqtard6 tanto en ser ocupada y colonizada por los Espa~i9; .sin embargo de que estos despues de los reconoci nietj oshechos en sus costas por Colon, suponian que era upa lengua del continente Americano. Yo creo que pudo ~i~f R para esta neglijencia el que no hallasen en Cuba las
_pipa, reciosas que con tanto afan buscaban y que aun te~pp idas en sus fecundas entrafias. Llamiron primero la~igpcipp de los conquistadores las Islas de Santo Domingo
eJamica.
-rgun a &, entender HIerrera, la tardanza en acabar de reAB9 laIsla fu6 calificada de descuido por el mismo Rei fgngpdP, el Cat61ico. En 1508 orden6 este Principe al AdlTpd% Nicolas de Ovando, Gobernador de la Espailola, q~ ~oiiejpe bojar cuidadosamente todas sus tierras. En aquel j1ijA 9, fu6 cumplido el mandato por un marino intelijpx t ,pl Papitan Sebastian de Ocampo, que habia sido uno 4,19a p;eros pobladores de la Isla de Santo Domingo.
enAotpf g s Vease la Nota 2a en el Ap6ndice.




ENSAYO HISTORICO DE CUBA.

Este, despues de tener bien preparadas y abastecidas las dos carabelas que so le di6ron, emprendi6 aquella larga y dificil' navegacion en que tanto habia padecido el Almirante, Ijpezando el boj6o por las costas del Norte. Herrera y los demias escritores hablan mui poco del viaje de Ocampo, p ~ io sabe que toc6 en Mares, Puerto Principe y otros fondeadio visitados por Colon en su primer viaje, y que sigui6 sui' 23 cha siempre 6 la vista de tierra hasta Ilegar 6 uno el'ni extenso, el mas c6modo, y el mas seguro que hasta entoc4& se hubiese descubierto en el Nuevo Mundo. Despues q46e 'Ye hubiron reconocido, determindron los Espaiioles servirse para carenar los buques, averiados con la navegacion quoe por medio de bancos y bajos acababan de hacer, der u 1 sustancia betuminosa que abundaba en una hoya inmediat~a al fondeadero y que les pareci6 excelente. En cuanto furon carenados, sali6ron de aquel hermoso surjidero quo fu6 nombrado por Ocampo Puerto de Carenas, en cuyas orillas debia levantarse con el tiempo una de las mayores y mas ricas ciudades de Am6rica. Continu6 Ocampo navegando acia Occidente, y 6 las pocas cingladuras 6 mas de cincuenta leguas al O. de aquel Puerto, descubri6 los t6rminos de Cuba" que remataban en una punta que fu6 lamada Cabo de &'n Antonio, como aun se llama.
Doblado este cabo, tom6 Ocampo la vuelta siguiendo las costas meridionales, pas6 con los mismos apuros que Colona por entre los archipi6lagos de isletas de aquel mar, y deseoso de reponer viveres y aguada, entr6 por un brazo de mar en otro puerto tan espacioso y bello como el de Carenas, situado en una comarca que sus naturales Ilamaban Jagua. Sin'




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embargo de que habian transcurrido catorce afios desde que Colon y sus compafieros habian visitado otros puntos de aquel litoral, aun duraba en la memorial de los Indios, cual recuerdo de una aparicion tan sobrenatural como placentera, la de aquellos seres que les habian parecido tan maravillosos. La jente de Ocampo fu6 acojida en Jagua con la misma cordial hospitalidad, las mismas muestras de curiosa veneracion, que lo habia sido la de aquel gran descubridor. Pasiron alli muchos dias los Espaioles en el descanso, la abundancia y el regalo de sus obsequiosos hu6spdes.
Encontrironse en aquel pais una especie de perdices de tan buen sabor como las de Europa, pero algo menores, y unos peces de mas de un pie de largo y de un gusto mui delicado, que alli abundaban mucho, Eran los que se conocen por lizas 6 mujoles, (Mugil Cephalus,) y los Indios los conservaban en grandes dep6sitos preparados con cieno y rodeados de caia.
Desde el puerto de Jagua hizo Ocampo rumbo directo 6 la Espatiola, habiendo tardado cerca de ocho meses en la navegacion que verific6 primero que otro alguno al rededor de la prolongadisima Isla de Cuba.
Aun despues de este boj6o transcurri6 mucho tiempo intes de que los Espaioles determinaran ni aun pisarla, ni de que Ilevase otras sefiales de su dominio que unas humildes cruces de madera.
El primero que despues de Ocampo permiti6 la casualidad que abordara sus costas, fu6 el intr6pido Alonso Ojeda, uno de los primeros compaRleros de Colon, y cuyo nombre se ve asociado i las empresas mas arduas y gloriosas de los conquistadores.




ENSAYO HISTORICO DE CUBA.

Acababa de salir de la colonia de San Sebastian, recien fundada por 61 en Costa-firmne, y se dirijia 6 Santo Domingo en busca de socorros, 6 bordb de una carabela corsaria que habia ajustado 4 un tal Bernardino Talavera, aventurero de los que en aquella 6poca comenzaban A correr el mundo por su cuenta y emancipados de today autoridad. Acostumbrado ya aquel A usar de la suya como Jefe de colonia, quiso 6 poco de embarcarse tomar el mando de la nave, mas no quiso consentirlo Talavera ayudado de la tripulacion. El recio altercado que entre ambos se orijin6, vino A finalizar en que Ojeda, sin que atendieran a que aun estaba convaleciente de peligrosas heridas, fu6 cobardemente encadenado. Iap habiendo poco despues sobrevenido una furiosa borrasca acordironse todos de cuanto les aventajaba el preso, no solo en conocimientos niuticos, sino en el de las aguas por donde iban. La necesidad los volvi6 mas humanos, 6 invitado Ojeda 6 dirijir la maniobra por los mismos que le tenian aprisionado, se di6 tal maila que cuando mas inevitable parecia el peligro y ya el buque se iba 6 fondo, logr6 tocar en la costa meridional de Cuba en una playa solitaria 6 algunas leguas al E. de Jagua.
Dos aios Antes como ya he dicho, el Capitan Ocampo y los suyos habian sido recibidos en el Sur de la Isla, con un agasajo que rayaba en adoracion; pero la suerte de Ojeda y los que le acompaiaban fu6 bien diferente. Por el tiempo de su naufrajio ya habian emigrado. Cuba muchos Indios de Santo Domingo que huian de los castigos y opresion de sus sefiores, y en algunas partes de la Isla en donde sus noticias y su justo resentimiento inflauy6ron mas, convirti6se en




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odio y temor 6 los Espaiioles lo que intes era admiracion y benevolencia. Tales fu6ron los efectos de la dura administracion de Ovando y de las demasias de Bobadilla. Quiso la mala estrella de los niufragos que en el momento de saltar g tierra fuesen vistos por algunos de aquellos infelices, quienes suponiendo que serian enviados por sus amos en su busca, se prepardron 6 hostilizarlos en lugar de socorrerlos; y aunque fu6ron ficilmente ahuyentados no dej6ron de incomodar 6 los de Ojeda con sus flechas y pedradas. Acaso no previno tampoco mucho en favor de estos su aspecto miserable y andrajoso, tan diferente del de los otros Castellanos que habian sido vistos ya en aquella costa: tenian la barba larga, macilento el rostro, flaco el cuerpo con las hambres y trabajos, y no Ilevaban mas cosa de valer que las armas, porque sus escasos vettidos venian hechos pedazos.
Por fortuna de Ojeda y de los compafieros suyos, que sobrevivi6ron 6 la desastrosa peregrinacion por Cuba, 6 no cundi6 por toda la costa el fatal cambio de espiritu en los indijenas, 6 no todos di6ron cr6dito 6 las quejas de los de la Espafiola. Los niuufragos hallindose como he dicho d6biles y enfermos, dese6ron evitar todo encuentro y caminar siempre por las orillas del mar. Mas despues de andadas con gran fatiga y poco que comer unas cien leguas, se les atraves6 un cenagal que forzosamente tenian que pasar para seguir adelante. Llegibales el fango 6 la rodilla,.pero suponiendo que seria breve la travesia del pantano, marchdron sin inquietud por tan insegura via: 6 medida que iban adelantando se profundizaba mas y mas el lodo bajo sus plantas, y mas y mas veian dilatarse el pantano. Bien porque les




ENSAYO HIST6RICO DE CUBA.

alentase la esperanza de hallar pronto su t6rmino 6 les acobardase la id6a de deshacer lo andado, treinta dias enteros con sus noches permaneci6ron aquellos infelices sepultados en el fango hasta la cintura: treinta dias y treinta noches sin un pedazo de tierra seca en donde descansar, sin una gota de agua dulce que beber, y sin otro alimento que la escasa provision de cazabe y de raices que cada uno l1evaba en su talega. Cuando en medio de tan penoso caminar tenian la suerte de hallarse con algun manglar, alli sosegaban algun tanto entre los troncos 6 ramos, y venerando todos una imijen de la Virjen que Ilevaba Ojeda, regalo del obispo Fonseca, pedian 6 su celestial patrona que pusiera fin 6 tan angustioso padecer. El pantano que atravesaban tenia mas de treinta leguas castellanas de extension, en la costa meridional de la provincia india de Camagiiey.
Al cabo de un mes de suplicio, y habiendo sucumbido 6 los tormentos del hambre, de la sed, y' del cansancio mas de treinta Espafioles, lleg6 Ojeda con los restantes 6Alas tierras de las provincia de Cueiba.
Cuando desembarc6ron cerca de Jagua, su aspecto barbudo y fiero aunque derrotado y pobre, babia atemorizado 6. los Indios, pero ahora tan solo listima les caus6 la vista de unos hombres desfallecidos y cay6ndose de inanicion. Recibi6ronles con. la mayor humanidad y viendo que ya ni andar podian, Ilevironlos 6 cuestas 6 sus bobios: yendo tambien 6 buscar, y traer cuestas 6 muchos castellanos que se habian quedado entre en los cenagales.
Al cabo de muchos dias de descanso y de regalo logrdron Ojeda y sus compaileros recobrar algun tanto la salud y las




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fuerzas. Durante sus trabajos en el pantano habia echo voto de dejar su im6jen de Nuestra Seiora en el primer pueblo que encontrase, y cumpli6 relijiosamente su promesa. Obtuvo del cacique que le permitiera fabricar una hermita con el trabajo de algunos dias; y terminada que fu6, se instal6 en ella con toda solemnidad y compostura la misma imajen que habian adorado los Espatloles en medio del desierto anegadizo: con la permanencia de estos los Indios de Cueiba recibi6ron algunas nociones vagas del rito Cat61ico, y despues aquel sagrado objeto fu6 siempre mirado por ellbs como el primero de su culto y devocion.
Luego que los Espafioles se repardron de sus desastres, se diriji6ron por la costa de Levante A la provincia de Macaca, cerca del Cabo Cruz, cuyos naturales les acojibron benignamente; y como sabian que desde alli estaba mui poco distante la Isla de Jtmaica en donde habian empezado 6 poblar los de su nacion, comisionaron A un tal Pedro de Ordas para que con una buena can6a bien tripulada de Indios, pasase 6 dar aviso de su existencia y de su situacion aislada 4 Juan de Esquivel que mandaba en aquellartierra. Este recurso surti6 el efecto deseado. 'Esquivel aunque de intes de pasar 6 Jamaica, abrigaba fundados y afiejos imotivos para mirar
-como enemrnigo 6 Ojeda, no bien stipo su desgracia cuando olvid6 su resentimi~nto, enviando con la comision de recojerle i 61 y d sus companies al castellano P6infilo de Narvie !que Ileg6 con su carabela & Cabo Cruz pocds dias despues que habia salido Ordas. Dificil serial pintar la alegrfa de los rdesterrados al columbrar el buque que venia '6 restituirlos al mundo y uis cotiquistas. Aparttron~e de las costs Cuba-




ENSAYO HIST6RICO DE CUBA.

nas, Ilevando recuerdos de dolorosos sufrimientos y del triste fin que habian tenido sus hermanos; pero otros mui gratos del jeneroso hospedaje de los Indios de Cueiba y de Macaca.
Despues de Ojeda aun arribiron i las costas de Cuba, intes de que fuese enteramente ocupada, otros Espatioles en otros puntos de ellas y en diferentes 6pocas; pero siempre obligados 6 por la tormenta 6 por el mal estado de sus buques. Rodrigo Enriquez Colmen6res y Juan de Caicedo, procuradores que del Darien enviaba ent6nces a la corte el Adelantado Vasco Nilez de Balb6a, aport6ron en un punto de la Isla en donde los naturales los acoji6ron benignamente, subministrindoles abundantes vfveres por cascabeles y otras cosas de tan poco valor.
Por 1511 venian del Darien, en direccion de ]a Isla de Santo Domingo, el bachiller Martin Fern6ndez de Enciso, que acababa de ser destituido del mando, y el alcalde Zumudio, cuando el viento 6 la torpeza de sus marineros les hici6ron arribar 6 las playas de la provincia de Macaca. Recibidronlos los Indios con el acostumbrado agasajo: pero i cual no seria su sorpresa al encontrarse alli donde no creian que hubiese aun pisado planta cristiana, con una hermita y una estampa de la Virjen, que adoraban aquellos naturales ? Un marinero, sin duda de los niufragos de Ojeda, que por hallarse enfermo no pudo seguirlos I Jamaica, les habia dado A sus hu6spedes aquella imn6jen y les habia enseiado algunos preceptos de la verdadera relijion: prueba irrecusable de la docilidad y buena condicion de aquella jente.
Aunque se cree tambien que el desdichado Juan de Nicuesa, Gobernador de la Veragua, que en principios de aquel




34 ENSAYO HISTORICO DE CUBA.
mismo ai'io sali6 huyendo de Costa-firme con diez y siete compafieros, naufragase y pereciese en las costas de Cuba, no se habla de su muerte en ningun escritp. A otros mas cupo sin duda igual desgracia.




CAPfTULO II.

Venida del Adelantido Diego Velizquez.-Derrota y muerte del
Cacique Hatuey.-Fundacion de Barac6a.-Expedicionzs de Narvdez por lo interior de Cuba.-Fundaciones de otrox
pueblos.
Hall6base en 1511 en la Espaiiola el Almirante D. Diego Colon, que hacia dos aios que habia sido revestido de todos los cargos y honores de su fnclito padre, muerto en 20 de Mayo de 1506, y pens6 aquel j6ven por ent6nces en asegurarse de la posesion de la Isla de Cuba, temeroso de que Fernando el Cat61ico no la separara de la jurisdiccion de su gobierno, encomendando 6 otro su conquista. Su proyecto fu6 aplaudido de todos los pobladores de Santo Domingo; no solo por los mas codiciosos aventureros, sino por los de mas cuenta y riqueza en Ia colonia. Asi es que en cuanto se extendi6 por ella la noticia del armamento que se preparaba, y de que iria mandado por el Capitan Diego Velzquez, fua6ron muchos los que corri6ron i inscribirse para la empresa, deseosos de ganar honra y provecho. Era dicho Vel]zquez un buen castellano, natural de Cu6llar, que habia acompaiado en su segurido viaje al descubridor del Nuevo Mundo 6 la




ENSAY0 HISTORICO DE CUBA.

Espafiola, y despues habia legado 6 ser el mas rico y estimade todos los vecinos de aquella Isla. Coloc6ronse i sus 6rdenes en la villa de Salvatierra de la Sdbana unos trescientos voluntarios, que se embarciron por Noviembre en cuatro carabelas. Iban entre los expedicionarios el j6ven Hernan Cortes y el padre Las Casas, poco conocidos aun y destinados, el uno 6 asombrar el mundo por sus hazaiias y el otro por sus virtudes.
De cuantas conquistas hici6ron los Espaiioles en el Nuevo Mundo, ninguna les di6 minos que hacer que la de Cuba. Parece fabuloso que bastasen 6 someter un territorio de trescientas leguas trescientos hombres La pequeifia expedicion desembarc6 en el puerto de Palmas, asi nombrado por las muchas que en 61 habia, cerca de la punta Oriental de la Isla en la provincia de Magui.
Hacia tiempo que se habian venido 6. refujiar en aquel territorio un* Cacique llamado Hatuey y muchos Indios de la Espaiiola, no pudiendo resistir 6 los trabajos y sujecion que les imponian sus conquistadores. No bien supi6ron que habian desembarcado algunos, cuando se reuni6ron y les acometi6ron con flechas y piedras, pero no tarddron en ser derrotados; y pocos dias despues cay6 prisionero el mismo Hatuey que fu6 sentenciado 6. morir en las llamas, como esclavo rebelde A sus seiores. Cu6ntase que en sus tiltimos momentos, cuando un relijioso le revelaba las verdades cristianas, halagindole con la esperanza de ir al cielo, le pregunt6 Hatuey si alli encontraria espai~ioles : que el fraile le respondi6

* Vease la Nota 3a en el Ap6ndice.




ENSAYO HISTORICO DE CUBA.

afirmativamente, masque ent6nces le replic6 aquel infeliz que ni 6 sitio tan bueno deseaba ir por no encontrarlos.
Muerto el Cacique y vencida su jente, no hall6 Velizquez mas enemigos: todos los Caciques de la comarca vini6ron unos despues de otros 6 rendirle homenaje, y asi vi6ndose ayudado y servido por los naturales, pens6 seguidamente en establecerse en un sitio que le sirviese de base para posesionarse de todos los demas. Por su proximidad i la Espaiiola, ninguna le pareci6 mas aprop6sito para su objeto que una poblacion de Indios l1amada Barac6a, mui inmediata al mismo puerto de Palmas en donde habia desembarcado. Alli, despues de repartidas las tierras entre varios de los suyos, con los brazos de los Indios esclavos que habia traido y con el trabajo de los mismos indfjenas, logr6 6 los pocos meses levantar una poblacion que denomin6 villa de Nuestra Sefiora de la Asuncion de Barac6a, y que afios despues obtuvo titulo de ciudad. Fu6 como se v6 la primera que se fund6 en Cuba.
La noticia de los adelantos que hacia la expedicion de Ye]6lzquez, no tard6 en divulgarse por las otras Islas; sfipose tambien que era aquella mas productiva y rica de lo que se suponia, y mui en breve corri6ron 6 ponerse i las 6rdenes de Vel6zquez muchos de los que no podian prosperar en otros puntos. Fu6 uno de estos el Capitan P6nfilo de Narviez, paisano de aquel y el mismo que habia venido cuatro afios 6intes 6 socorrer g Ojeda en el Cabo de Cruz: venia acompaiiado de treinta ballesteros. Vel6zquez le hizo la acojida mas favorable y le nombr6 su segundo en el mando de la jente armada; disponiendo que pocos dias despues de su Ilegada




ENSAYO HISTORIC DE CUBA.

saliese con cincuenta hombres i reconocer las tierras de la costa meridional.
En esta incursion fu6ron Narv6ez y los suyos perfectamente tratados y atendidos por cuantas indiadas encontr6ron, y que acudian en gran nmimero 6 ver 6 los Espafioles. Mas en un pueblo, inmediato 6 la marina, en que se hallaban reunidos sobre siete mil indifjenas, viendo estos que los extranjeros eran tan escasos en mnimero, trat6ron de apoderarse de ellos en ocasion de hallarse descansando. El ruido la y algazara de los salvajes dispertiron 6i los Espaiioles: Narv ez casi desnudo mont6 en su yegua y coiri6 por medio de aquella desordenada chusma, que huy6 despavorida 6 los bosques en direccion de una provincia que Ilamaban Camagiiey. Pero no estuvi6ron mucho en ella los Indios fujitivos por que la tierra, que no tenia mas labranzas que las necesarias al nimero ordinario de sus habitantes, no podia sustentarlos. Asi es que poco despues que Narviez, sin haber sacado fruto alguno de su incursion, regres6 6 Barac6a, ellos para precaverse de las venganzas que temian, acudi6ron 6 acojerse i la benignidad castellana, pidiendo perdon de su hostilidad y ofreciendo servir en cuanto les fuere mandado. Fud ent6nces -su intercesor el Padre Las Casas que ya empezaba 6 sentar entre ellos su merecida fama de humano y filantr6pico, y en cuanto se vi6ron perdonados, march6ronse mui quietos, cada cual al pueblo en donde residia.
Orden6 Velzquez que Narviez volviese 6 salir segunda vez para visitar otra de las tierras de los Caciques sometidos 6 pacificar las de Camagiiey, y pasar mas adelante segun las circunstancias se lo prescribiesen. Aument61e la misma




ENSAY0 HIsT6RIC0 DE CUBA.

fuerza que 6intes habia Ilevado con otra igual, mandada por su sobrino y protejido Juan de Grijalva, y mil Indios de servicio; y para evitar los desaciertos de la primera jornada, le di6 por consejero 6 interventor al virtuoso 6 intelijente Padre Las Casas.
Tuvi6ron los expedicionarios que atravesar una gran extension de pais intes de l1egar al Camagiiey: los pueblos del tr6nsito 6 estaban pacificos 6 eran amigos, y en todos eran recibidos con afabilidad y obsequio, en todos les traian con abundancia la caza y frutos que daba el terreno. "La con"ducta de los soldados no correspondia siempre" (dice Quin"tana en la vida de Las Casas), i esta amistosa acojida; y "su violencia y su arrogancia ocasionaban disputas y ten"cillas, en que frecuentemente eran los pobres Indios los que tenian que padecer, Casas, para evitar estas vejacio"nes, dispuso con Narv6ez que los alojamientos en adelante "se hiciesen de modo que al Ilegar los castellanos 6 cual "quiera pueblo, los naturales desocupasen la mitad de 61 "para los hu6spedes, y que bajo graves penas nadie osase "entrar en el cuartel de los Indios. El cr6dito de Las "Casas entre estos era tal, que para que hiciesen cualquiera "cosa que importase 6. la expedicion, bastaba enviarles en "una vara unos papeles viejos que sonaban como 6rdenes del "Padre, y ellos lo ejecutaban luego por complacerle 6 por "no enojarle.
"Todo este cuidado" (continfia el mismo escr tor), "no "era bastante siempre 6a evitar lances desagradaes y de"rramamiento de sangre. Ya habian entrado en la yovincia "de Camagiiey, y sus naturales los recibian con l misma




ENSAYO HISTORICO DE CUBA.

"paz y agasajo que los otros. Un dia, intes de Ilegar 6 un "pueblo que se l1amaba Caondo, hici6ron los Castellanos "parada en un arroyo, donde encontriron piedras aguzaderas "de excelente calidad; y como si presajiaran el funesto uso "en que inmediamente habian de emplearlas, sacaron alli el "filo y acicaliron 4 su gusto las espadas. Entran despues "en el pueblo, los Indios los reciben con la misma buena "voluntad que en otras partes, y mi6ntras se reparten las "provisiones que babian presentado 6 los estranjeros, se "ponen en cuclillas 4 su modo, i contemplar aquellos horn"bres tan nuevos para ellos y 4 examinar los movimientos "de las yeguas. Eran, se dice, hasta dos mil los que alli "estaban presentes, sin otros quinientos que se hallaban "dentro de un bohio. Narviez estaba 4 caballo y Casas, "segun su costumbre, viendo hacer la reparticion de las ra"ciones. De repente un castellano saca la espada, los de"mas le siguen, y se arrojan sobre los Indios hiriendo y ma"tando en ellos, sin que aquellos infelices, sorprendidos y "aterrados, pudiesen hacer otra cosa que dejarse hacer pe"zos y escapar despues como pudi6ron. Narviez estaba i "mirar, sin darse priesa alguna para atajar el daiio; pero Casas con los que tenia al rededor corri6 al instante adonde "hervia el tumulto, y d gran pena pudo contenerle, cuando "ya el dafio hecho era irremediable y grande.
"La ocasion que aquellos homicidas pretext4ron para su "alboroto, era tan frfvola como escandaloso el estrago. De"cian que la atencion de los Indios 4 las yeguas daba que "sospechar en su intencion. Las espinas de pescados con "que tenian adornadas las cabezas, se les figuraban armas




ENSAYO HIST6RICO DE CUBA.

"envenenadas para destruirlos; y unas soguillas que trajan "16 la cintura, prisiones con que los querian amarrar y su"jetar.
"Sigui6ronse 6i este desastre las consecuencias que eran "de esperar, Los Indios desbandados se acoji6ron 6 las "isletas vetinas, la comarca qued6 desierta, y los castellanos "reducidos a solos los recursos que llevaban consigo. Sa"li6ronse del pueblo y sentiron su real en una gran roza "donde se daba la yuca en abundancia, y per lo m6nos no "podia faltarles el pan cazabe, base principal del sustento en "aquellas rejiones. Alli permaneci6ron algunos dias espe"rando en que vendrian 6 parar la soledad y silencio en que "la tierra habia quedado, cuando la humanidad y la tern"planza remediiron al fin el mal hecho por la violencia.
"Lleg6se al Real un Indio come de hasta veinte y cinco "aios, y encaminindose derecho 6. la barraca del Licenciado "Casas, trab6 conversacion con otro Indio viejo que le ser"via de mayordome y se decia Camacho. En ella mani"fest6 el j6ven que si el padre le recibia 6 61 y a otro herma"no suyo, le servirian los dos con mucho gusto, por el con"cepto que tenian de su humanidad y agasajo. Alab6le Ca"macho el pensamiento, dfjoselo A Casas, el cual, regalando "a] Indio y asegurindole de que los recibiria en su casa, tra"t6 tambien con 61 de si podria conseguirse que los demas "volviesen 6 sus moradas, asegur6indoles que no recibirian "mal ninguno; dntes bien hallarian cuanta paz y buen trato "pudieran desear. -Asegur6 el Indio que si, y se ofreci6 6 "traer consigo dentro de pocos dias, cuando viniese con su "hermano, toda la jente de un pueblo, cuya era ia roza en




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"que 6 la sazon se hallaban. Regal6ronle bien, pusi6ronle "por nombre Adrian, y 61 se fu6 mui contento 6 poner en "ejecucion lo prometido.
"Pas6ronse muchos mas dias sin parecer 61 ni otro alguno. "Todos desconfiaban: hasta el Licenciado Casas so daba "por engaiado, y solo Camacho se afirmaba en que Adriani"1o no podia faltar. Con efecto, una tarde, cuando m6nos lo esperaban, compareci6 Adrian acompaiado de su hermano y de otros ciento y ochenta hombres, cargados de sus "bhatos y con presentes de pescado para los castellanos. Fu6"ron recibidos con el agasajo y alegrfa que son de presumir, "y todos enviados i sus casas para que las poblasen, m6nos "los dos hermanos que se queddron 6 servir al Licenciado "en compaia de Camacho.
"Luego que se extendi6 esto por la tierra, los Indios de "los demas pueblos se fu6ron volviendo poco 6 poco habi"tar sus moradas, y a entenderse tranquila y pacfficamente "como intes con los Espafioles. Ya sobraba 6 estos con la "confianza el bastimento; los Indios les daban sus can6as "para que costeasen la isla por mar; sus comunicaciones y "su influjo, merced al buen nombre de Casas, se extendia 6 "mas de cien leguas 6 la redonda. Di6ronles noticia de "hallarse en poder de Indios dos mujeres castellanas y un "hombre, y como, segun las sefiales que se di6ron, estaban 6 "grande distancia, pareci6 conveniente mandar que se trajesen "sin aguardar i Ilegar all. Envi6, pues, Casas sus papeles "en blanco, en virtud de los cuales mandaba que fuesen lue"go restituidas las mujeres y el hombre, pues de no hacerlo "se enojaria mucho, Las mujeres vini6ron de alli 6 pocos




ENSAYO HIST6RICO DE CUBA.

"dias, traidas en una can6a, que 1leg6 6 desembarcar al pie "de la barraca misma en que el Licenciado habitaba. Ve"nian en carnes, sin mas velo que unas hojas con que trafan "cubierta la cintura; la una era de hasta cuarenta ahios, la "otra de diez y ocho; y contaban que viniendo en otro tiem"po con algunos castellanos por una ensenada, que despues "por este caso se llam6 de Mat6nzas, los Indios en cuyas "can6as iban, los matron sobre seguro, anegando 6 unos en "la mar, y asaeteando 6 otros en la playa. Ellas solas ha"bian sido reservadas del estrago comun; y viviendo y sir"viendo 6 los Indios habian prolongado su vida hasta aquel "punto, en que felizmente habian sido rescatadas de su po"der y vueltas entre cristianos. Holg6ronse todos con su "venida; el Licenciado las consol6, y poco despues las cas6 "con dos hombres de bien, que de ello se content6ron. Fal" taba pot venir el castellano reclamado al mismo tiempo, y "remiti6se el mensaje del Padre Casas al cacique que le te"nia en su poder, encargindole que le conservase y mantuviese hasta que los Espaioles l1egasen 6 su pais. El lo "hizo asi, y en persona le vino 6 presentar cuando lleg6 el "caso, haciendo valer mucho el cuidado y esmero con que le "habia tenido y defendido de las importunaciones de otros "caciques, que se le pedian para matarle, 6 le exhortaban "que 61 por sf lo hiciese.
"Lleg6, pues, la expedicion en el curso de su reconoci"miento A la provincia de la Habana; cuyos habitantes, es"carmentados con el acontecimiento de Camaguei, al acer"carse los castellanos desampar6ron sus casas y se acoji6ron "6 los montes. Acudi6se al arbitrio ordinario de los papeles




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" mensajeros, convidando 6 los Indios i que volviesen, y ase"gurindoles 6 nombre del Padre de todo buen tratamiento. "Confiados en esta promrnesa, vini6ron 6 presentarse hasta "diez y nueve de ellos, con algunos bastimentos; y por una "especie de furor, tan imposible de disculpar como de con"pebir, el insensato Pinfilo bizolos prender 6 todos, con pro"p6sito de ajusticiarlos al otro dia. Opfisose Casas i esta "atrocidad, al principio con ruegos, y despues con amenazas. "Record61e las 6rdenes positivas del gobernador, en que no una, sino muchas veces, encargaba el buen tratamiento de "los Indios, prohibiendo expresamente que se les hiciese "hostilidad ninguna, i minos que ellos fuesen los agresores; "y vi~ndole obstinado en su locura, le dijo que de no conte"nerse en su mal prop6sito, partiria al instante 6 la corte, 6 "dar cuenta de aquel desacato, para que se .le castigase co"mo merecia. Pas6se el dia sin alcanzar nada: mas al si"guiente, templada ya la furia del capitan, fu6ron puestos en "libertad aquellos infelices, m6nos uno que parecia el prin"cipal de todos, 6, quien despues el gobernador mand6 poner "tambien en libertad."
Ahora habr6 necesariamente de marcar varios sucesos que ocurri6ron en la Isla un aiio 6intes que estos i1timnos.
Durante las largas expediciones de Narv6ez no rein6 siempre la mejor harmonfa entre los pobladores de Barac6a. Muchos, y entre ellos el Capitan Francisco Morkles, sujeto de autoridad 6 quien el Almirante D. Diego Colon habia destinado en clase de segundo de Yelizquez, se manifestiron resentidos de este por la designaldad con que pretendian que oe habia heeho el repartimiento de Indios y tierras. Deseoso




ENSAYO HIST6RICO DE CUBA.

el Adelantado de pacificar su colonia, hizo sumariar i. Mor les por promovedor de disturbios, y seguidamente le envi6 6 la Espaiola 6 disposicion del Tribunal superior. Pero con esta medida, en lugar de aquietarse los parciales de Mor6les y los demas descontentos, di6ron mayor campo 64 sus quejas y murmuraciones, y mas aun cuando por ent6nces Ileg6 6 su noticia que acababa de establecerse en aquella Isla un Juzgado de Apelacion. Inmediamente resolvi6ron juntar sus memoriales y sus firmas, produciendo en toda forma sus acusaciones contra Vel zquez. La persona que (no se sabe porque causa) tom6 sobre si la arriesgada mision de Ilevarlas, solo en un bote, 6 Santo Domingo, fu6 un mancebo estremeio, secretario y familiar del mismo Vel6zquez, liamado Hernan Cortes, que despues, ocupado en cosas mayores, di6 6. su nombre inmortal lustre.
Estando este ya para entrar en la barca con los papeles de que era portador, acert6 el Adelaritado 6 enterarse de la trama urdida y logr6 que preirdiesen al emisario. En su primer arrebato de c6lera quiso mandar que lo ahorcasen, pero otro j6ven secretario suyo, Andres de Duero, que profesaba al preso la mas cariiosa amistad, y varios sujetos de nota intercedi6ron por 61 tan encarecidamente, que Vel.izqu'ez se consent6 con mandar que fuese Ilevado 6 Santo Domingo bajo partida de rejistro y atado. Pero el travieso C6rtes, salido del riesgo de la primera, no se conform6 tampoco con esta segunda disposicion, y habi6ndose desprendido de sus prisiones, 6 media noche, en ocasion' de estar durmiendo sus guardianes, para escapar 6 tierra se tir6 al agua asido 6 un leiio por no saber nadar. Por espacio de algunas horas es-




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tuvo fluctuando entre las olas con inminente peligro de sumerjirse; pero la Providencia, que le tenia destinada tanta gloria, no permiti6 que fuese pasto de los peces carniceros que tanto abundan en las aguas de Cuba, ni que muriese ahogado obscuramente. La creciente del mar arroj6 6 la playa al desfallecido j6ven cuando ya las fuerzas le faltaban para asir su tronco salvador. Vi6ndose en tierra poco 6ntes de amanecer, y temeroso de que en breve descubriesen su fuga en la nave, tuvo el buen pensamiento de ir 6 tomar sagrado en la Iglesia, proponi6ndose permanecer en ella hasta tanto que los ruegos de Duero y sus amigos le alcanzasen el total perdon de su culpa. Mas luego la enamorada indole del refujiado vino 6 agravar mas su posicion.
Vivia cerca del templo en compaiifa de un hermano suyo, cierta doncella de Granada, noble y hermosa que se l1amaba Catalina Su6rez de Pacheco. Cortes, que ya de intes andaba con ella en galant6os' sin tener cuenta de que los de Vel6zquez estaban acechando el instante en que pusiese un pie fuera de la Iglesia para prenderle, tuvo el atrevimiento de escurrirse 6 casa de su amada en un momento en que se creia mJ6nos vijilado. Prendi61e en seguida en toda forma sujetindole por detras, un alguacil de la colonia Ilamado Escudero (a quien algunos aiios despues mand6 aborcar en M6jico por rebelde,) y fu6 al momento llevado 6 la circel.
Al poco tiempo, su aparente arrepentimiento y su reserva incliniron al Adelantado, que era hombre jeneroso despues de pasados los primeros impetus de su ira, 6 concederle el perdon y ponerle en libertad. Cas6se algo despues con Dofia Catalina, y cuando tuvo el primer hijo rog6 6 Vel6zquez que




ENSAYO HISTORIC DE CUBA.

fuese su padrino, cuyo favor le fu6 otorgado; mas aunque despues continu6 siendo de 61 favorecido, nunca pudo lograr que le repusiese aquel en su antiguo destino de Secretario, ni le dispensara entera confianza. Este suceso de Cortes tuvo lugar en 1512.
Hallibase por ent6nces Velizquez recorriendo la costa del Mediodfa, cuando por dichos de los mismos Indios tuvo noticia de que habia arribado una nave de Castellanos i Jagua, puerto distante cerca de doscientas leguas de donde 61 estaba. Envi6les sin saber quienes fuesen una can6a bien tripulada de Indios remeros, inst6ndoles por medio de una carta 6 que se allegasen d 61.
Era el Capitan de la anunciada carabela el mismo Sebastian de Ocampo que habia circuido Ia Isla en 1508, el cual habiendo ido de la Espafiola 6 Ilevar provisiones al Darien, al regresar de esta costa se vi6 precisado 6 entrar en Jagua para remediar las averfas de su nave. Asi que recibi6 el inesperado mensaje de Yel6zquez, dej61a con tres pipas de vino y cuatro marineros en su guarda y encamin6se en la can6a con quince de los suyos acia el Adelantado.
A los pocos dias recibi6 este aviso de haber l1egado 6 Barac6a su paisano Crist6val de Cuellar, destinado de Tesorero i la Isla, trayendo consigo una hija suya, Dofia Maria, que despues de concedida por esposa 6 Veldzquez habia venido 6 las Indias con el titulo de Dama de Dofia Marfa de Toledo, mujer del Almirante D. Diego Colon. No tard6 el novio en trasladarse 6 aquel pueblo, celebr6ndose pocos dias despues sus bodas en un Domingo con gran regocijo y aparato. Mas en medio de las primeras suavidades de su nuevo estado, en el




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Sibado inmediato la muerte, que ni respeta juventud ni hermosura, le arrebat6 i su esposa; tan perecederas son todas las cosas de la vida!
Mucho tiempo despues regres6 Narviez con el Padre Casas y su jente, de su larga peregrinacion por la Isla. El resultado de las investigaciones hechas por el eminente relijioso fu6 un c6lculo aproximativo de que aquella tendria como doscientos mil habitantes, que era realmente fertilisima y estaba dividida por sus naturales en porcion de provincias que se Ilamaban de Maisi, Jagua, Bayatiquiri, Macaca, Guacanayabo, Bayamo, Maiyb, Quaimaya, Barajagua, Maguanos, Bani, Maniabon, Boyuca, Cayaguayo, Cueiba, Quaimaros, Camagiiey, Ornafay, Sabaneque, Mangon, Quamuhaya, y IHaniguanica. Cada una de ellas estaba rejida por su cacique particular, cuya sola voluntad era la lei suprema. Componianse los pueblos de toscas cabaias de madera, unas en forma de pabellon que Ilamaban Caney, y otras mayores de figura eliptica, y aun cruadrilitera, que Ilamaban bohios, conforme ya he anotado. Los pocos muebles que en ellas habia eran de grosera construccion: en las casas mas pobres servian de sillas algunos pedazos de troncos; las camas, Ilamadas hamacas, eran unas redes tejidas de algodon que se colgaban por los dos estremos; el alimento jeneral de los indfjenas consistia-en granos, raices, peces y capromys 6 ratones de Indias; cultivaban la yuca, unos frijoles 6 judias de color morado oscuro, el maiz, los ages, especies de iames, el buniato, raiz parecida 6 las patatas, el algodon silvestre, y en muchos sitios el tabaco.
Encontribase por el pais gran abundancia de hutias y de




ENSAYO HISTORIC DE CUBA.

guaniquinages, especie de perritos que no ladraban, de pericos, de papagayos, de otras ayes de sabroso comer y de higuanas, reptiles a manera de lagartos, manjar mui estimado de los naturales.
Encendian siempre estos la lumbre frotando dos palos secos uno con otro; sus armas eran ]as mismas de que queda hablado en el capitulo anterior,
La Isla carecia absolutamente de ganado. Tanto para pescar como para el trdnsito 6 las islas vecinas de la costa, se servian los Indios de can6as ahuecadas y groseramente construidas con piedras cortantes; no se conocia en aquel pais hierro, ni metal alguno. Las diferentes provincias estaban en perfecta paz unas con otras.
No tenian los Cubanos relijion fija, ni templos ni sacrificios, pero sf sacerdotes y unos m6dicos 6 charlatanes 11amados behiques, que pasaban por hechiceros y por comunicarse con los espfritus infernales. Tenian sin embargo id6as mas 6 mrn6nos claras de la existencia de un Ser Supremo, dueiio del cielo y de la tierra,de un jenio mal6fico que compartia el imperio de ]a naturaleza con el jenio del bien. Por iltimo, comprendian la inmortalidad del alma y que habria castigos para los malos y premios para los buenos. Todos creian en la existencia de seres invisibles y en una vida futura: unos se figuraban 6 Dios en forma de estrella, otros creian reconocerle en los fen6menos naturales. Pero lo que mas sorprendente debi6 parecer, fu6 que conservaban ciertas tradiciones acerca de los primeros padres del j6nero humano, sacados de su primitive estado de inocencia y de felicidad; acerca de una inimensa inundacion de que solo pudo preservarse en una




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barca una sola familia; de un inmenso edificio construido por el orgullo de los hombres y anonadado por la c6lera de los Dioses. En fin, tenian indicios de muchos dogmas del cristianismo.
Sabidos eptos detalles por un lado, recibi6 Vel6zquez por otro principios de 1514 una Real C6dula, otorgando mercedes y las mismas franquicias i los pobladores de Barac6a que 6 los de la Espafiola,.y 6 61 mismo la facultad discrecional para repartir Indios y tierras que tenia solicitada.
En aquel mismo afio y despues de reconocida ya toda la Isla, 6 la que mud6 el nombre de Juana en el de Fernandina, determin6 Veldzquez extender su colonizacion ayudado del gran nimero de Castellanos que descontentos en otras, colonias se le habian ido juntando. Dispuso con acuerdo de Narviez, Grijalva, el Padre Juan de Tesin y demas sujetos notables, que se fundasen varias villas: dos en la cqsta del Mediodfa, Ilamadas la una Santiago de Cuba y la otra Trinidad, y cuyos cimientos se ech6ron en localidades, aunque mui separadas, no lejanas de la Isla de Jamaica, en donde tambien poblaban los Espafioles. Despues se sucedi6ron la de Bayamo en la provincia de Quacanayabo, y las de Puerto Principe, Sancti Espiritus y San Juan de los Remedios;
situadas esta en la costa del Norte de la Isla, y las otras dos por el centro.
Despues en el siguiente afio como continuase creciendo el ninero de los Espaioles, que venian de otras partes a poblar y prosperar en Cuba, quiso Vel6zquez que se fundase tambien otra villa mucho mas acia Occidente en la costa del Sur, y cerca del sitio en que hoi vemos la de Bataban6, Di6sele




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desde luego el nombre de San Crist6val de la Habana (que ast se llamaba aquel territorio,) y fu6ron echados sus primeros cimientos en 25 de Julio de 1514; cont6ndose entre sus fun. dadores el Capitan Francisco Montejo, que despues fu6 Adelantado de Yucatan, Diego de Soto, Juan de Nijera, Manuel de Rojas y el piadoso Padre Las, Casas, y muchos de cuenta.
Los Espaioles continuiron en los siguientes anios trabajando con ardor en estas colonizaciones. Sus esfuerzos y sus esperanzas se fijaban ent6nces en la cultura de una tierra apacible y abundante, en donde no era necesario comprar un poco de oro como sucedia en el Darien y en los paises del mar del Sur, 6 costa de diaria sangre y de privaciones sin cuento. Veian regocijados crecer en el suelo Cubano muchas frutas y simientes de Espaila y tambien reproducirse sus ganados; pero ihui en breve se abri6ron 4 su humor aventurero, 6 sus marciales inclinaciones y d su ambicion nunca satisfecha, las puertas de un nuevo imperio en el continente Americano; y mui luego tambien, dej~ron el cayado que les daba riquezas tan ficiles y seguras, por.otras mas dudosas y con mas riesgo adquiridas.
Con las nuevas fundaciones y los nuevos repartimientos de Indios y tierras, tuvo Velizquez ocasion bastante no solo para dejar satisfechos cuantos se habian manifestado quejosos en la de Barac6a, sino para proporcionar hacienda y ocupacion A los muchos que sucesivamente iban llegando de otras partes. Supo ademas recompensar 6 los que habian trabajado en la ocupacion de la Isla, y tambien 6 sus amigos y favorecidos. Las Casas fu6 uno de los mas aventajados en la distribucion




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que se hizo al fundar 6 Trinidad, y Hernan Cortes en la de Santiago de Cuba. Narviez fu6 el que obtuvo mas cuantiosos bienes.
Sino por humanidad al m6nos por propia conveniencia, cuid6 celosamente el Adelantado de que no fuesen sacrificados los Indios al trabajo que se les sefialaba. Estableci6 reglas para que este no excediese nunca 6 las fuerzas de aquellos, y si esta medida tan political como filantr6pica hubiese continuado en observancia algunos aios despues, no hubiera sin duda sucumbido la primitiva raza Cubana 6 la durisima opresion que la extingui6. Velizquez habia observado los crueles efectos causados en los habitantes de la Espaiola por el duro r6jimen del gran Comendador Ovando: de los Indios que no habian perecido abrumados por el trabajo, los.unos se habian fugado 6 otras Islas, y los otros se habian suicidado. La poblacion indfjena habia talmente desaparecido, que para que pudiesen continuarse los trabajos rurales y ordinarios, 6 que no eran en un clima tan ardiente ni bastantes ni idoneos los brazos de los Europ6os, el Mlonarca se habia visto precisado 6 permitir la introducion de negros africanos en aquella Isla.




CAPiTULO III.

Descubrimiento de Yucatan.-Expedicion de Juan de Grijalva.
-Prepdrase en Cuba un armamento para el continente.-M4idase el asiento de la villa de la Habana.-Hernan Cortes.&us disensiones con Yeldzquez.-Muerte de Veldzquez.
Tan grandes eran, por fines de 1516, la escasez y penalidades que sufrian los Castellanos del Darien, que el Gobernador Pedririas D6vila concedi6 licencia para pasar 6"otros puntos 6 cuantos se la pidi6ron. Noticiosos de la buena administracion y trato de Yel6zquez, mas de cien hombres vini6ron de aquella tierra en aquel aio 6 ofrecerle sus servicios. Acoji6los como lo usaba siempre con los Castellanos, y les ofreci6 buen acomodo; pero vi6ndolos mas dispuestos 6 los riesgos y aventuras que 6 poblar pacificamente, y deseoso por otra parte, de hacerse con algunos Indios de otros paises que ayudasen en el trabajo 6 los de Cuba,* les propuso un trato ventajoso si se comprometian 6 procur6rselos. Fu6ron admitidas las condiciones del Adelantado: un animoso hidalgo Ilamado Francisco Hern6ndez de C6rdova, que compr6 y

* Vase la Nota 4% en el Ap6ndice.




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abasteci6 de su cuenta dos navios y un bergantin, fu6 hecho Capitan de aquella expedicion que debia encaminarse 6 la costa de Veragua, 6 6 la de la Florida, aios atras descubierta por Ponce de Leon. C6rdova sali6 de la Habana en 8 de Febrero de 1517 navegando acia Poniente, y al cabo de veinte y un dias descubri6 el cabo Catoche en tierra de Yucatan. Aunque en un principio los Indios del pais sali6ron recibirle con admiracion y algazara, despues cay6ron de repente y en gran nfimero con lanzas y flechas sobre un destacamento de Castellanos que habia ido 6 recorrer el pais; y que sin embargo logrtron rechazar 6 los agresores, mat6indoles diez y siete hombres 6 hiri6ndoles muchos mas. De'los de C6rdova hubo quince heridos en aquel encuentro, quedando en 61 dos Indios prisioneros. Desde Catoche fuese la armadilla bojando por la costa, y 6 los quince dias fu6 descubierta una vasta poblacion cerca de una gran ensenada, que los naturales l1amaban Quimpech 6 Campeche. No les fu6 posible hacer aguada en aquel puerto porque los Indios se presentiron hostilmente y en gran fuerza. Seis dias despues una tormenta oblig6 6 los buques 6 arribar 6 otro punto de la misma costa. La jente desembarc6 en la embocadura de una ria cerca de un pueblo que los Indios Ilamaban Potonchan, y hallados unos pozos cerca de la marina, pudo hacerse sin estorbo un buen acopio de agua dulce. Despues de hecha esta operacion cometi6ron los de C6rdova el desacierto de no retirarse 6 pasar la noche en las naves, sin duda por curiosear en unos adoratorios que encontr6ron, de f6brica de cal y piedra, cosa que les sorprendi6 hallar en tierra de Indios. Rodeironlos estos al amanecer, mui bien armados y divididos en




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grandes grupos cuadrados 6 manera de batallones, y no tard6 en trabarse la pel6a mas refiida y desigual que hasta ent6nces sostuvibron los conquistadores del Nuevo Mundo. Combatibron muchas horas los Espatioles en la proporcion de uno contra trescientos, y despues de increibles esfuerzos logriron abrirse camino para la ribera, pero quedando mas de cincuenta tendidos en ella y todos los demas llenos de heridas. El mismo C6rdova recibi6 doce y solo qued6 sin lesion un Castellano. Sin agua muchas veces y tan enfermos y tan mahltratados, I cuan duras penas no aflijirian i aquellos infelices Antes de terminar su correrna? Al cabo de tres meses de ausencia, rotos los hombres y las naves, logrdron fondear en el puerto de Car6nas. C6rdova al llegar di6 cuenta por escrito 6. Velizquez de su navegacion y sus descubrimientos, pero 6 los pocos dias muri6 de sus heridas intes de haberse visto con el Adelantado.
Sin embargo de la desventura con que fu6 ejecutada esta expedicion que cost6 la vida i cincuenta y seis Castellanos, fu6ron inmensas sus consecuencias. El aspecto de los dos Indios prisioneros, mas altos y robustos que los de las Islas y vestidos con una especie de mantas y jubones, cuando aquelos iban siempre en cueros, y la vista de unas diademas de oro y otros objetos enteramente desconocidos, inspir6ron 6 los pobladores de Cuba un ardiente des6o de ir A conquistar aquellas tierras en donde se prometian riquezas y batallas. Mas que otro alguno, sinti6 Diego VelAzquez despertarse en su pecho una ambicion sin limits en cuanto adquiri6 certeza de que no 16jos de su jurisdicion se hallaba un continente; y desde ent6nces no tuvo otro pensamiento que el de extender




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su gobierno hasta mas alli de los mares. En la corte misma hizo tal efecto la noticia del descubrimiento verificado por los de Cuba, que el mismo Almirante de Flindes, gran privado de Cirlos V., solicit6 se le hiciese merced de la tierra recien descubierta para ir 6 poblarla con Flamencos, d6ndosele tambien el gobierno de aquella Isla; pero este proyecto no fu6 masque pasajero.
Pfisose Velizquez sin tardanza 6 preparar un armamento capaz de acabar lo que C6rdova habia comenzado; y 6 los pocos meses ya estaban preparadas y abastecidas de todas cosas cuatro naves con doscientos cincuenta hombres de armas, entre los cuales iban de Capitanes Alonso Divila, Francisco Montejo y Pedro de Alvarado; sujetos todos de honra y hacienda. El cargo principal de la jornada fu6 encomendado 6 Juan de Grijalva, j6ven de buen linaje y mejores cualidades, Ilevando por piloto mayor 6. Anton Alaminos, experto navegante que habia andado con Crist6val Colon y acompailado 6 Fernandez de C6rdova en su penosa empresa. Las instrucciones que recibi6 aquel le prescribian que no poblase, pero si que traficara por oro y joyas, y reconociese bien las costas y paises.
La expedicion de Grijalva, organizada en Santiago de Cuba, sali6 de este puerto el dia 8 de Abril de 1518, y descubri6 en su larga navegacion la Isla de Cozumel Ilegando 6 las costas de Yucatan. Bojdronlas detenidamente las naves, saltando la jente muchas veces i tierra sin ser hostilizada; acaso fu6 asi porque los de Grijalva en todas partes se apresuraban 6 presentar 6 los naturales las acostumbradas baratijas de los Europ6os, en cambio del precioso metal, que con




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tal afan buscaban y de los comestibles que les eran necesarios; pues por aquellas comarcas abundaban el oro y la comida. Admiribanse los Espafioles de encontrar en muchas partes edificios y aun torres de cal y canto, cuando arribtron al temible Patonchan, que tan fatal fuera los de C6rdova. Una numerosa indiada, ensoberbecida con el triunfo que sobre este habia obtenido, quiso oponerse al desembarco de los navegantes, que mas numerosos y mejor armados esta vez, logrdron dispersarla matando minucha jente, pero 6 costa de tres muertos y sesenta heridos, uno de ellos el mismo Grijalva. Este, despues de haber descubierto, al seguir siempre la direccion Septentrional de las costas, el caudaloso rio de Tabasco, recojiendo en su comercio con los Indios gran cantidad de viveres y de piezas de oro, lleg6 6 un pais que los naturales decian Ulta y fu6 Ilamado San Juan de Uhila, en los Estados de un Principe mui poderoso que tenia por nombre Motezuma. La denominacion que di6ron sus descubridores 6 aquel dilatado pais fu6 Nueva Espaiia.
Grijalva, cada dia mas convencido de que aquel era el continente que adivin6 Colon, permaneci6 algun tiempo en San Juan de U16hia, con el objeto de que los Castellanos aumentasen su tesoro y su despensa, en el trifico que hacian con los indijenas. Su descubrimiento le l1en6 de gozo, mas, no dejindose engreir por su fortuna, conoci6 cuan d6biles eran los recursos con que contaba para establocerse en una tierra en que aun abundaban mas los insectos que las riquezas, y cuyo clima se manifest6 mortifero para sus soldados. Acord6se tambien de que Velizquez le habia prohibido que poblase, y se decidi6 6 pedirle consejo de todo, enviando A




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Cuba Pedro de Alvarado con la relacion de todos los sucesos, con iun parte del oro recojido y porcion de raras telas y otros curiosos efectos tomados 6. los Indios.
El ambicioso Vel6zquez, que ya habia mandado un buque A. inquirir noticias de la expedicion, si bien se ho]g6 sobre manera con el mensaje de Grijalva, se impacient6 vivamente porque siguiendo su propia 6rden no habia desde luego comenzado poblar en tierrra tan rica. Pareciale que la presa se le iba 6 escapar de entre las manos, y al punto empez6 6 preparar otro armamento mucho mas numeroso que el que habia llevado aquel, con intencion de que otro lo mandase.
En cuanto se esparci6 por Cuba y otras Islas la nueva del opulento territorio que acababa de descubrirse, sinti6ron todos los Espaiioles desarrollarse como nunca su codicia y su espiritu aventurero. Asf es que le sobr6 jente al Adelantado para tripular los buques de la nueva expedicion. Antes de elejir al Jeneral que debia mandarla, dud6 muchos dias entre algunos candidatos. Unos le indicaban 6 un rico y noble hacendado, pariente de los Duques de Feria, que se Ilamaba Vasco Porcallo de Figuer6a; otros (y entre estos casi todos los de guerra) al mismo Grijalva; 61 se inclinaba mas acia un tal Agustin Bermlidez y acia Bernardino Velizquez, su pariente; pero las dos personas de su mayor confianza y que mas influian sobre l61, su Tesorero Amador de Lres y su Secretario Andres de Duero, le propusi6ron encarecidamente Hernan Cortes, como hombre el mas adecuado por su entendimiento y brios 6 tal empresa. El astuto estremeio, que para ent6nces ya tenia recobrado con su buena maiia el afecto




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del Adelantado, habia tambien sabido conciliarse el interesado patrocinio de aquellos dos amigos, compromoti6ndose i entregarles una buena parte del botin que ganase en la jornada.
Cortes reunia por cierto muchas de las cualidades que forman 6 los grandes hombres, y babia ya en algunas ocasiones no solo hecho concebir que se podia esperar de 61 mucho, sino que le consideraran capaz de los mas altos hechos. "En 61," dice Robertson, "el ardor de la juventud encon"trando objetos y ocupaciones propias en que ejercitarle, se "habia calmado gradualmente y convertidose en una activi"dad infatigable: la impetuosidad de su caricter, contenida "por la disciplina y suavizada con el trato habitual de sus "iguales, no era otra cosa que la franqueza varonil de un "soldado; i estas cualidades afiadia una prudencia impertur"bable en sus planes, un vigor sostenido en la ejecucion y el "arte de ganar la confianza y dirijir el espfritu de los hom"bres, que es el distintivo de los jenios superiores. Reunia, "finalmnente, 6 tantas prendas los dones de la naturaleza que "hacen impresion y atrien el respeto, como son una figura "noble, una habilidad extraordinaria en los ejercicios milita"res y una constitucion capaz de sufrir las mayores fatigas."
En cuanto Cortes le fu6 indicado, le crey6 Velizquez el mas 6 prop6sito para sus planes, no solo por la aptitud y suficiencia que reunia, sino porque siendo de su entera hechura y no de gran prosapia, no le juzgaba capaz de hacerse nunca objefo de celos para su protector.
Antes de que se hiciese definitivamente esta eleccion y cuando los preparativos del armamento se hallaban ya mui




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adelantados, regres6 Grijalva con el suyo, en los primeros moses de 1518; habi6ndole obligado las tormentas A dejar las costas de Nueva Espaiia y cansado deesperar los avisos que habia pedido i Vel6zquez. No le hizo este ciertamente ]a acojida que la importancia de sus servicios merecia; ni debi6 serle tampoco mui satisfactorio el aspecto que pocos dias despues se present6 6 su vista, de otro Jeneral que iba con otra armada d apoderarse de lo que 61 habia descubierto!
En cuanto Cortes hubo recibido su nombramiento y las instrucciones 6 61 anejas, conociendo la indole variable y caprichosa de su principal, trat6 por cuantos medios le fu6 posible de apresurar la salida, atendiendo con su propio peculio al equipo de muchos de los suyos. Logr6 salir de Santia, go de Cuba con sus naves :en 18 de Noviembre, siendo despedido por el Adelantado con las mayores muestras de confianza y amistad. De alli pas6 6 Trinidad en donde recibi6 un refuerzo de jente y bastimentos que le estaba preparado.
Mas no bien habia Vel6zquez perdido de vista 6 Cortes y su armamento, cuando su natural inclinacion 6 la envidia y las maliciosas sujestiones de algunos, le hici6ron arrepentir de su eleccion. Acaso le anunciaba tambien algun secreto pre, sentimiento que sus naves, sus preparativos y sus esfuerzos, iban 6 emplearse mas que en provecho suyo, en gloria ajena. Lo cierto es que envi6 con toda premura 6rdenes terminantes para que Francisco Verdugo, Alcalde de Trinidad, exonerase al nuevo Jeneral de su encargo; pero este, que todo se lo recelaba, tuvo forma de salir de Trinidad 6ntes de que pudiesen ser ejecutadas. Diriji6se en seguida 6 la Habana, en




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donde se le reuni6 gran n6mero de caballeros y hombres de armas, y le fu6 ficil completar en poco tiempo las provisiones que le faltaban.
Velizquez, entre tanto, maldijo la debilidad 6 lentitud de Verdugo, en no haber l1evado A efecto su providencia, y persuadido ya mas de que no debia contar con un hombre A quien habia hecho conocer su desconfianza, persever6 con el mayor empeiio en despojarle del mando que le habia confiado. Calculando, pues, que tendria que demorarse en la Habana para acabar de reunir la jente y pertrechos que ya he dicho, despach6 precipitadamente el Adelantado al sirviente de mas confianza y desempeiio que tenia, un tal Gaspar Garnica, dindole para Pedro Barba su Teniente en aquella villa un pliego, en gque explicita y severamente le prevenia que prendiese 6 Hernan Cortes, se lo remitiera preso A Santiago con buena escolta 6 hiciera suspender la salida de la flota. Al mismo tiempo remiti6 6rdenes 6 los principales Capitanes para que auxiliasen A Barba en la ejecucion de las instrucciones que le daba. Mas.-siendo avisado oportunamente el feliz Cortes de lo que contra 61 se prevenia, intes de que las 6rdenes Ilegaran tom6 bien sus precauciones. Fu6 una de las mas principales alejar de la Habana, bajo pretexto de enviarle 6 recojer viveres, i Diego de Ordaz, Capitan de mucho m6rito pero de los mas afectos 4 Velazquez. Apartado que fu6 este, el j6ven Jefe reuniendo sus oficiales y soldados, impacientes todos por llevar A cabo una empresa en que habian aventurado sus fortunas, manifest61es con elocuencia y enerjfa de que manejos se valia el Adelantado para despojarle sin motivo de un mando tan honroso, y para suspender la expedicion. Des-




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pues que hubo hablado, la indignacion contra Vel6zquez fu6 jeneral, y todos suplic6ron un6inimemente 6 Cortes que no les privase A ellos, dej6indose exonerar de su glorioso cometido, de un Jeneral en quien tenian depositada toda su confianza; asegurindole que ellos le defenderian 6. toda costa de las arbitrariedades del Gobernador de Cuba. F6cilmente se infiere que Cortes 16jos de resistir 6 unas instancias tan conformes con sus mismos des6os, jur6 no separarse de unos soldados que tan fieles y adictos 6 su persona se mostraban, y conducirlos sin demora 6. la conquista del vasto imperio que halagaba 6 tantos pensamientos y aspiraciones.
Aunque los pobladores de Cuba habian casi apurado sus recursos para el armamento de Cortes, era este poco proporcionado 6 la grandeza de su objeto. Los reveses de C6rdova y la experiencia de Grijalva, daban buen testimonio de que la nacion a. cuya conquista se destinaba, era mas guerrera y mas numerosa que las otras del Nuevo Mundo. Componiase de once barcos, cuatro carabelas cuyo porte no llegaba 6 cien toneladas de nuestros dias, y siete gabarras sin cubierta; de quinientos ocho soldados, y ciento nueve marineros y trabajadores. Aquellos se dividian en tantas compainifas como buques, y cada una 6 cargo de su respectivo Capitan. Como en aquella 6poca aun no se habia jeneralizado en los ej6rcitos el uso de las armas de fuego, solo Ilevaba Cortes trece hombres armados de mosquetes; treinta y dos iban con arcabuces y los demas con lanzas y espadas. Tenian tambien los expedicionarios diez y seis caballos, diez piezas de campaia de poco calibre, y cuatro falconetes 6 culebrinas que calzaban bala de A dos libras y media. Los Capitanes entre quienes




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estaba repartido el mando de las naves y soldados eran Pedro de Alvarado y Francisco Montejo, (que ya habian estado en el continente con Grijalva,) Alonso HIern6ndez Portocarrero, Francisco Morla, Jines de N6rtes, Francisco Salcedo, Juan de Escalante, Crist6val de Olid, Juan Vel]6zquez de Leon, sobrino del Adelantado, y el mismo Diego de Ordaz, de quien por afecto 6 Vel6zquez desconfiaba Cortes, y que vino despues 6 reunfrsele. La artilleria iba mandada por Francisco Orozco, valiente Capitan que habia militado con el gran Gonzalo de C6rdova en Italia. Acompaiiaban tambien Alonso D6vila Sandoval, y otros oficiales de valor y experiencia.
- Estas fu6ron todas las fuerzas con que se lanz6 el heroe estremeio 6 combatir contra un monarca, "cuyos dominios," dice Robertson, "tenian mas extension que todos los del "cetro Espaiol ;" estas fu6ron las que le bast.ron 6 alcanzar lo que no alcanzaria la imajinacion humana 6 comprender, sin la codicia y el fanatismo de los soldados que Ilevaba, y sin la credulidad y el atraso de los antiguos Mejicanos.
La expedicion sali6 de la Habana 6 mediados de Febrero de 1519, sin que se atreviese el Teniente de la villa Pedro Barba, 6. poner en pr6ctica las instrucciones que habia recibido de Velizquez. Cortes, 6ntes de marcharse, sin embargo de la confianza que tenia en su jente, disimul6 su desobediencia al Gobernador, escribi6ndole con repetidas protestas de celo por su servicio y de sumision 6 su autoridad. Tales fu6ron los primeros medios de que se vali6 aquel fnclito y afortunado Espafiol para despues ejecutar tan altos hechos, y engastar en la corona de sus Reyes la joya que mas debia adornarla, siguiendo por los mares de Occidente el glorioso




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rumbo que le habian trazado C6rdova y Grijalva. Castillo, Herrera y Solis, escribi6ron sus hazailas.
En un hombre irascible y tan celoso de su autoridad como 10 era el Adelantado Yel6zquez, mucha impresion debi6 causar el verla por dos veces desobedecida y burlada. A la humillacion moral que habia sufrido en la primera, se agregaba en la segunda, duplicando el pesar mismo, un temor mui fundado por 1o material. Le obedeceria en adelante cuando se hallase 16jos, el que en la misma Isla habia eludido tan artificiosamente sus mandatos ? No siendo esto probable, veia engafiada su ambicion, disminuido su prestijio, tanto como la fuerza de su colonia, y al mismo tiempo perdidos todos los sacrificios pecuniarios que habia hecho, y todos sus personales desvelos por el armamento. Su dolor solo podia igualarse con el ansia que tenia por tomar venganza de siibdito tan poco fiel. Sin embargo le pareci6 mas conveniente y politico suspenderla, fnterin no viese realizados sus presentimientos: aun podia ser que Cortes reflexionase que su Jefe gozaba del favor del Obispo de Bfirgos Fonseca, ent6nces Presidente del Consejo de Indias, y de los personajes mas influyentes en la corte; que el mismo Emperador le habia hecho Adelantado de Yucatan y tierras de Nueva Es~aa; y que asi se retrajese del temerario empefio de emanciparse de su autoridad, si es que le habia concebido, al considerar que aun le restaban en Cuba hombres, armas y naves con que hacerla valedera.
Previendo, sin embargo, que acaso le seria forzoso levantar otto armamento mucho mas considerable, llam6 6 si i a muchos Castellanos de Santo Domingo y de otras Islas, compr6 naves y prepar6se nuevos recursos con la mas viva




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eficacia. No fu6ron vanos sus temores, ni superfluas sus precauciones. En los primeros meses del siguiente aiio de 1519, recibi6 ciertos.avisos de que su artificioso Lugarteniente, i quien ya la fortune concedia los mas raros favores, no solo se habia valido de mil sutilidades para enajenarle la obediencia y voluntad de los partidarios con que contaba en Nueva Espaiia, sino que una junta de enemigos suyos pretendia lejitimar la rebelion, solicitando del Emperador que nombrase d Cortes su Capitan Jeneral y Justicia Mayor en aquel reino. Portocarrero y Montejo, sus emisarios, habian pasado 6 Europa con el memorial; y para mas asegurar su 6xito, Ilevando los mas preciosos presentes para el Monarca. Velizquez, al mismo tiempo que escribi6 ent6nces & la corte con la mayor dilijencia para impedir que fuesen concedidas aquellas gracias, se propuso acudir 6 M6jico sin mas tardanza, mandando l61 en persona el armamento, 6 pesar de sus achaques y aun de su edad ya algo avanzada. En consecuencia, hizo que se reunieran en la Habana con ]a mayor premura todos los buques, todos los soldados y todos los pertrechos de que debia componerse.
En medio de la obscuridad con que Herrera, Bernal Diaz del Castillo y otros escritores de aquella 6poca hablan de la traslacion que se verific6 en 1519 de ]a villa de la Habana desde su primitivo asiento al puerto de Car6nas, yo conjeturo que fuese motivada ent6nces por mui fundadas causas de precision y conveniencia: la insalubridad de su primera situacion, las ventajas de su segunda para las comunicaciones y comercio con la ya descubierta Nueva Espaila y las tierrax del canal de Bahama, y sobre todo la comodidad de aquel




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hermoso puerto, en cuyas alegres riberas ya de muchos afios ntes habian establecido sus habitaciones varios colonos. Fu6ron de humilde construccion, y cubiertas con techos de guano las primeras casas de un pueblo que estaba destinado
6 ser uno de los mas ricos del Nuevo Mundo.
La Real Audiencia establecida en la Isla Espailola, que ent6nces extendia su jurisdiccion 6 todos los demas puntos, viendo con pena que Vel]6zquez armase Espafioles contra Espafioles, comision6 6 uno de sus miembros, al Licenciado Licas Vizquez, para que pasara 6 Cuba y disuadiese de sus violentas resoluciones al iracundo Gobernador. Vizquez, logr6 con ruegos y reflexiones que no privase de su cabeza principal, 6 una colonia que tanto le necesitaba para conservar la confianza entre los Castellanos y la tranquilidad entre los Indios; pero no pudo impedir la salida de una expedicion, que se juzgaba suficiente para someter 6 los de Hernan Cortes sin derramar su sangre, y que abreviaria despues la conquista de las rejiones Mejicanas.
Di6se primero el mando de ella 6 Vasco Porcallo de Figuer6a, uno de los propietarios mas ricos y considerados de la Isla; mas habi6ndose este resentido de ciertas desconfianzas que dej6 traslucir Velizquez, dimiti6 su cargo con desden, y fu6 nombrado en su lugar Pinfilo de Narv6ez, con el titulo de Gobernador de Nueva Espaila. El Licenciado V6zquez quiso ser tambien de la partida, pero solo con el loable objeto de intervenir con su mediacion y precaver desgracias. Las fuerzas de que se componia el armamento, las mayores que hasta ent6nces hubiesen visto los puertos de Cuba, eran once carabelas y siete bergantines, ochenta caballos, ochenta esco-




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peteros, setecientos veinte infantes armados de picas, espadas y rodelas, ciento veinte ballesteros y ademas doce caiiones. Llevaba Narviez, con tan superiores fuerzas para ejecutarlas, las mas estrechas instrucciones del Adelantado para apoderarse de la persona de Cortes y de sus principales oficiales, remitfrselos bien asegurados, y acabar en su nombre el descubrimiento y conquista del pais. Por mas esfuerzos que se hici6ron, no pudo aquella expedicion, tan costosa para una colonia que aun estaba en su infancia, darse 6 la vela hasta fines de Marzo de 1520. Un tiempo favorable le hizo arrib.r A Ulfia i los pocos dias de navegacion. A pesar de su superioridad num6rica y del prestijio de lejitima autoridad con que iba revestido, era el descuidado Narviez 4arto d6bil rival para luchar contra el jenio de Hernan Cortes.
Este que estaba 6 la sazon en M6jico, supo casi al mismo tiempo que Narviez habia desembarcado y que se adelantaba sobre 61 con fuerzas tan superiores. Seguidamente dej6 en aquella capital un d6bil destacamento 6 cargo del valiente Pedro de Alvarado, y reuniendo todas las que pudo, doscientos cincuenta Castellanos, sali6 6 observar A su adversario. Antes de empezar hostilidades que no parecian deberle ser favorables, atendida su infinita inferioridad, logr6 mafiosamrente ganar tiempo, dirijiendo i Narv6ez, que habia llegado A Zempoala, astutos emisarios con las mas racionales proposiciones de acomodo, que fu6ron sin embargo desechadas todas. Pero si los comisionados de Cortes no logrdron su aparente objeto, obtuvi6ron otros mui esenciales. Enajendron 6 aquel Jefe la opinion de muchos de los suyos, que propendian 6 tratar mas bien que A pelear con sus hermanos, entre ellos el




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Oidor Vizquez; y corrompi6ron mucha jente del cuerpo invasor con oro y regalos de cuantfa. El valor remat6 cumplidamente lo que la astucia habia empezado. Mi6ntras el irreflexivo Narviez, sin embargo de saber que sa enemigo estaba 6 una legua de distancia, dormia harto confiadamente con sus tropas en el pueblo de Zempoala, sorprendi61e i media noehe en la del 24 al 25 de Mayo su atrevido contrario, atacindole furiosamente con su pufiado de hombres. Fu6 breve la pel6a. Narviez, que era tan valiente como presuntuoso, fu6 herido en un ojo y hecho prisionero con muchos de los suyos; y toda su jente, 6ntes que amaneciera, 6 habia capitulado 6 se habia unido al vencedor, inducida tanto por su ascendiente como por la perspectiva de riquezas y glorias que les revel6. No se detuvo en esto la buena suerte del feliz estremefio. El Adelantado Vel6zquez que conceptuaba infalible el 6xito de la empresa cometida i Narviez, habia poco despues de la salida de este despachado en su auxilio otros dos buques, con nuevas instrucciones y con un refuerzo de jente y pertrechos de guerra. Estos buques, asif como todos los demas de la expedicion de aquel Jeneral, cay6ron en poder de su enemigo. Asi es como logr6 el afortunado Cortes trocar en beneficio y gloria suya lo que tan dispuesto habia sido para su daio, y para eclipsirsela: asi la Isla de Cuba, hija siempre productiva para su madre patria, proporcion6 aquel inclito Capitan con sus naves y su jente los medios finicos que tuvo para conquistar un imperio, de cuya p6rdida debia tambien algun dia indemnizar Espaia con las riquezas de su suelo.
Estos inesperados sucesos angusti6ron sobremanera el




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espiritu altivo de Yelizquez cuya salud, comenz6 desde ent6nces declinar. Sin embargo, 16jos de ceder A tantos contratiempos, hizo redoblar sus jestiones en la corte para que despojasen al hombre que 61 llamaba rebelde sibdito, de lo que la fortuna persistia en asegurarle; y en efecto, se manejiron tan eficazmente sus ajentes y protectores con el Emperador y Rei, que nunca estuvo mas pr6ximo ver cumplido su des6o, que cuando no dispuso flotas ni armamentos para conseguirlo. Podia mas el influjo de Fonseca, Obispo de Bfirgos y Presidente del Consejo de Indias, mas el favor que este Prelado le otorgaba siempre,que sus calamitosas expediciones.
Mas 4ntes de concluir la narracion de las desavenencias de Velizquez y Cortes, tan fatales A los adelantos de Cuba como provechosas la conquista de Nueva Espaia, me parece necesario, para guardar el 6rden cronol6jico, dar alguna cuenta de las primeras instituciones relijiosas de aquella Isla.
En 1518, expidi6 el Papa Leon X., A propuesta del Rei de Espafia, bulas para el establecimiento de un Obispado en la Isla, sefialando para Catedral con el titulo de la Asuncion de Nuestra Seiora la iglesia de Barac6a, sin duda por haber sido el primer templo levantado en Cuba; y nombrando Prelado A un relijioso de la 6rden de Santo Domingo, Juan Garces, que no lleg6 A ocupar su asiento, por que fu6 poco despues trasladado al de la nueva iglesia que se eriji6 en Yucatan. Los escritores de la 6poca hablan tan difusamente sobre esta materia, que no consta que la gracia otorgada d Barac6a Ilegase A realizarse. Es tanto mas probable tal conjetura, cuanto que la concesion hecha por Leon X. fu6




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revocada por su.sucesor Adriano VI., en 28 de Abril de 1522; y que el Obispo Juan de Witte, Flamenco de nacion y relijioso franciscano, obtuvo en Valladolid en 8 de Marzo del siguiente afio la bula que otorgaba la ereccion de la Catedral en la villa de Santiago de Cuba. Este pueblo fu6 sin duda escojido como el mas c6ntrico de los que habia ent6nces en la Isla, y recibi6 tftulo y armas de ciudad. Aunque intes de que se formase Di6cesis no carecian los indfjenas ni los colonos de pasto espiritual, con los muchos relijiosos y cl6rigos que acudi6ron 6 Cuba, no estaba bien regularizad6 el servicio divino ni bien extendida la instruccion relijiosa. El Padre Eartolom6 de las Casas trabaj6 con el mas ardiente celo por ensefiar 6 los Indios Cubanos las verdades del cristianismo, pero no fu6 bien segundado por otros muchos sacerdotes, que guiindose mas por una ambicion incompatible con su estado que por la caTidad cristiana, abandonaban sus ovejas y se iban cuando les parecia i las descubiertas y conquistas que se sucedian ent6nces unas 6 otras. El Obispo Witte hizo un uso bien entendido de las facultades que le habian sido concedidas por la Santa Sede: distribuy6 los vecindarios 6 indiadas en parroquias, que fu6ron encomendadas 6 sacerdotes obligados 6 residir cada uno en la suya: nombr6 misioneros que recorriesen lo interior, en donde se refujiaban continuamente muchos Indios, que perezosos y blandos de condicion, huian del trabajo de los pueblos. Pero Witte, que nunca vino 6. Am6rica, nombrado pocos aios despues confesor y limosnero de la Reina de Francia, renunci6 su mitra, y con su asiento que estuvo vacante hasta 1536, volvi6ron las cosas eclesigsticas i su des6rden primitivo.




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En los iltimos meses de 1522, crey6 el humillado Vel6zquez ver en parte cumplidos los des6os de venganza que abrigaba contra Hernan Cortes. El Consejo de Indias, que aun presidia por ent6nces el Obispo de Birgos, influido por los protectores de aquel para dar una solucion que fuese favorable al Adelantado en el pleito que contra su enemigo sustentaba, habia decretado, con soberana anuencia, 6 mediados de aquel aiio, no solo que le fuese restituido el importe de las costas vencidas, que pasaba de cuatro mil ducados, sino que el Veedor de la Espaiiola, Crist6val de Tapia, marchase a encargarse en nombre del Rei del Gobierno de Nueva Espaia, hiciese satisfacer 6 Vel6zquez las sumas que habia invertido en los armamentos hechos para aquel reino, prendiera 6 Cortes, y tomase cuenta de lo sucedido entre 61 y Narviez para elevarla despues al Soberano. Tapia desembarc6 en Veracruz pocas semanas despues de la toma de M6jico, y cuando el heroe que venia 6 perseguir habia ya subido 6 la cumbre de sus glorias; pero el Obispo Fonseca, gran protector de Velizquez, no babia elejido en aquel comisionado un hombre de la reputacion y talentos necesarios para dar feliz remate 6 la espinosa comision que llev6 6 su cargo. "Cortes," dice Robertson, "ostentando piblicamente el mayor respeto "por la autoridad del Emperador, tom6 secretamente sus "medidas para eludir las 6rdenes que traia Tapia: al efecto "entabl6 con 61 una negociacion tan complicada, multiplic6 "de tal modo las conferencias, supo emplear tan diestramente "las amenazas, las promesas y los regalos, que oblig6 6 aquel "hombre d6bil 6 gandonar un pais que no era capaz de gobernar."




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Cortes, sin embargo, tanto para precaverse de nuevos ataques, como por ver si lograba sancionar una autoridad que 61 mismo reconocia por ilejitima, comision6 i sus amigos Alonso Divila y Antonio Quiii6nes, para que fueran i la corte 6 pleitear en su favor; y opusieran 6 la envidia y sed de venganza de sus enemigos, la historia de sus triunfos y la enumeracion de las riquezas que habia adquirido para su pais. La fortuna le favoreci6 en las negociaciones, como le habia favorecido en los combates, y el j6ven Emperador Cgrlos V,, acord6 por fin en 1522 el tftulo que pretendia, al mas ilustre de los conquistadores del Nuevo Mundo.
Antes de que su enemigo lograse este feliz y merecido resultado, noticioso Velizquez del que habia tenido la comision de Crist6val Tapia y no pudiendo ya mas refrenar su resentimiento, determin6 armar siete naves 6 ir 61 en persona 6 recobrar el gobierno de su usurpado Adelantamiento de Nueva Espafia. Mas los prudentes consejos del Licenciado Parada le retraj6ron de una resolucion, que 6 mas de no presentar probabilidades de buen 6xito, y of mui desfavorables para su persona, hubiera acabado con los recursos de la colonia, tan debilitada ya con los anteriores armamentos.
Estibalo tambien siendo esta 6 la sazon por una causa mucho mas deplorable aun que las expediciones i M6jico: las viruelas, una enfermedad que aun no se conocia en el Nuevo Mundo, vino sin perdonar 4 los Espafioles 6 ejercer sus funestas influencias en la casta indfjena; y fu6 una razon tan triste motivo para disuadir al Adelantado de su marcial proyecto. La 6poca en que habia pensqdo reconquistar sus usurpados derechos, aumentando acaso los males de los suyos,




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fu6 precisamente la que le vi6 ocuparse con mas celo que que nunca en disminuirlas. Pero sus esfuerzos fu6ron ineficaces para equilibrar la falta de recursos m6dicos, y el ningun conocimiento que se tenia ent6nces de aquella violent enfermedad; la que extendi6 sus furores por todas las Antillas y muchos puntos del continente Americano, particularmente M6jico. Solo el tiempo disminuy6 los efectos del contajio.
Dedic6se tranquilamente Velizquez por algun tiempo 6 procurar la riqueza y bienestar de sus gobernados. Estimu]6 6 los colonos i que extendiesen por los terrenos de sus villas la productiva siembra de la caia, mas preciosa que los tesoros de Motezuma; y por otra parte hizo ejecutar todas ]as disposiciones del Obispo Witte, en el definitivo arreglo que hizo este prelado desde Espaila para su jurisdicion eclesiistica: se levantiron varias iglesias, se arregl6 el Cabildo Diocesano, se marc6iron las curatos y parroquias en toda la Isla, y qued6ron sefialados los subsidios y propiedades de su clero. Cirlos V. expidi6 en 1523 para la Isla Fernandina de Santiago de Cuba, que era como ent6nces se Ilamaba, algunas c6dulas importantisimas: masque por la utilidad inmediata 6 su observancia por la que debian transmitir 6 6pocas posteriores. Las mas notables fu6ron las relativas al arreglo del clero, y las que tuvi6ron por objeto extender por el pais ]a siembra de la caiia, cuyas utilidades no se conocian aun bien ent6nces y debian mas tarde aumentarse tanto.
Mand6 aquel Soberano que se reservase para las atenciones del culto divine la tercera parte del diezmo; que de los productos de esta misma renta se cubriese el gasto de las fibricas de iglesias, y que se adjudicasen solares inmediatos 6 los




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templos i los Can6nigos de la nueva Di6cesis y 6 los sacerdotes, para que alzaran sus casas en ellos y viviesen separados de los seglares, con la reserva propia de su estado.
El cultivo de la caia, que hacia mui pocos aios se habia principiado 6 sembrar en Cuba, recibi6 notable incremento con la medida que se tom6 ent6nces, tan acertada como propia de la munificencia Imperial. Vel6zquez recibi6 6rden para adelantar cantidades del tesoro, bajo fianza y con la condicion de que fuesen reintegradas en el t6rmino de dos afios, 6 los pobladores que quisieran formar injenios. El maximum de las cantidades que se prestasen no debia, segun la Real C6dula, pasar de cuatro mil pesos; y los anticipos tenian que ser proporcionados 6 la condicion y necesidad del que los reclamase. De esta manera muchos honrados Espaioles, que de otra no hubieran sido acaso tan felices, pudi6ron labrar al mismo tiempo que sus fortunas las riquezas de un suelo siempre agradecido 6 los esfuerzos del que lo cultiva.
Por fines de Junio de 1523, el Gobernador de Jamaica, Francisco Garai, que hacia mas de un aio hliabia obtenido Real C6dula para posesionarse de la tierra de Panuco, limftrofe de Nueva Espaila, arrib6 con once buques y novecientos hombres 6 Jaragua, puerto de Cuba, en donde supo con gran desconsuelo que el activo y ambicioso Cortes se habia ya anticipado 6 apoderarse de aquella rejion. Vel6zquez aconsej6 6 Garai que se prestase 6 entrar en tratos mas bien que 6 reiiir con aquel hombre temible, y envi6 6 llamar al Licenciado Suazo, que se ofreci6 gustoso 6 pasar 6 M6jico con el encargo de manifestar 6 Cortes los derechos de Garai y conciliar los intereses de ambos Jefes. Mas fu6 infitil su




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viaje y superflua su mediacion, porque otras instrucciones mas recientemente expedidas por el Rei que las que llevaba Garai, habian autorizado al Gobernador de M6jico para ocupar 6 Panuco. Este Licenciado Suazo habia venido mui anteriormente 6 Cuba, delegado por la Audiencia de Santo Domingo, que ent6nces era el tribunal superior que habia en Am6rica, para intervenir en el gobierno de la Isla y en sus asuntos de justicia.
Pocos meses despues de salir de Cuba la expedicion de Garai, arrib6 6 la Habana 6 recojer jente y caballos otra que enviaba Cortes con el Capitan Crist6val de Olid, 6 iba 6 reconocer las tierras del golfo de Hondfiras. Ya los refuerzos que venian 6 buscar estaban preparados por dos emisarios del Gobernador de Nueva Espafia que le habian precedido, Alonso Contr6ras y Alonso Llerena. Herrera habla de los precios 6 que hici6ron estos dos compras para el repuesto de la flota, y da id6a no solo de su enormidad sino de lo abundante de dinero que se hallaban los que venian de M6jico para proveerse 6 tanta costa. Valia dos pesos de oro la fanega de maiz, cuatro la de frijoles 6 judias, nueve la de garbanzos, tres la arroba de aceite y cuatro la de vinagre, nueve la de velas de sebo y jabon, dos una ristra de ajos. Las armas y prendas de uso costaban tambien al tenor de los comestibles: cien pesos una escopeta, veinte y uno una ballesta, y un cuero de vaca doce. Advi6rtase que dichos pesos eran de oro y rnui superiores en valor 6 los de plata. Pero si el coste de todos los artfculos era tan subido, aun parecia bajo en proporcion de los sueldos de los militares y marinos. Cada Capitan de nave 6 carabela tenia ochocientos pesos de oro




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mensuales, y por este 6rden estaban pagadas todas las demas clases.
Crist6val de Olid aunque pasaba por uno de los, mas adictos 6 Cortes y uno de sus intimos confidentes, al ilegar 6 la Habana manifest6 tener motivos de particular resentimient& contra 61, y hallarse mas dispuesto d lenar su comision de Hondfras por su cuenta propia que por la de so principal. Ficil es creer que Vel6zquez, que no podia directamente hostilizar 6 su contir'ario revestido ya ent6nces por el Soberano de una autoridad tan lejftima como la suya, no desperdiciaria tan oportuna ocasion de daiarle, influyendo para que Olid se condujese con el Gobernador de Nueva Espafia como se habia este conducido con el de Cuba. Pero Cortes, feliz en todas sus empresas, pudo mas contra su Lugarteniente de 1o que habia podido Velizquez contra el suyo. No bien supo que Crist6val de Olid, despues de Ilegar a la tierra de Ibugras se habia emancipado de su dependencia con sus tropas, cuando diriji6 contra 61 una fuerte expedicion 6 las 6rdenes de un oficial de toda su confianza, Francisco de Lasc6.sas. Esta flota, fu6 la mayor parte aniquilada por una tempestad, pero Lasc6sas pudo arribar 6 tierra y recordar sus deberes 6 los seducidos soldados de Cortee. Fu6 preso Olid por su misma jente, condenado 6 muerte por rebelde y decapitado algun tiempo despues.
El Adelantado Diego Vel6zquez no vivi6 lo bastante para saber el mal 6xito de su filtima tentativa contra el b6roe quien odiaba. Muri6 en Santiago de Cuba en 1524, causan. do jeneral pena entre todos sus gobernados, de quienes se habia siempre mostrado amigo y buen padrino, sin em-




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bargo de lo celoso que era de su prestijio y autoridad. Fu6 sentida su muerte y honrada su memoria por el mismo Crlos V.
Es dificil formar un juicio tan exacto de sus cualidades personales como de su administracion e la Isla. Esta fu6 tan humana y entendida como cabia en medio del atraso y de las costumbres poco cultas de su 6poca. Fu6 Vel6zquez justo con los pobladores y coihpasivo con los Indios : pocos aiios intes de su muerte le consult6 el monarca sobre si convendria acceder 6 una solicitud en que pedian los colonQs de la Espaiiola que les socorriese con 300 Cubanos, porque los indfjenas habian casi desaparecido de aquella Isla; y no temiendo el Adelantado dar su parecer enteramente contrario, fundindolo tanto en su conveniencia como en la humanidad, impidi6 sin duda que aquellos infelices perecieran agoviados de trabajo. Su interes por la conservacion de los naturales lo acredita patentemente la excesiva disminucion de los Cubanos en los aiios posteriores 6 su muerte. Pero algunos borrones obscureci6ron el m6rito y los servicias de Velizquez : tales fu6ron la atroz muerte que di6 al Cacique Jlatuey por el solo delito de haber combatido contra los que ya habian sido sus verdugos en Haiti; la ingratitud que manifesto 6 su favorecedor Don Diego Colon, procurando emanciparse de su dependencia en cuanto le fu6 posible; y su estrafia conducta con Juan de Grijalva, que tan fielmente habia trabajado en su servicio al descubrir Nueva Espafia.
En cuanto 6 la tenaz persecucion que hizo 6 Hernan Cortes, 6ntes que el hidalgo estremefio se convirtiese en un con-




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quistador esclarecido, pudo dictirsela un principio de justicia; pero despues que 6 fuerza de hazailas agreg6 6 los dominios de su patria el imperio de Motezuma, solo una mezquina envidia de su gloria pudo hacerle perseverar en sus persecuciones y manejos confa Cortes. Hubiera deseado verle sumiso y dependiente, y recojer tantos laureles en su nombre, como si el brillo de los grandes hechos pudiera trasladarse alguna vez del que los ejecuta al que no.
En el aiio de 1810 entre las ruinas de la primitiva Catedral de Santiago de Cuba, que se incendi6 dos afios despues de la
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muerte de Velizquez, se encontr6 una maltratada l6pida que le sirvi6 de losa tumularia, y en la cual se alcanz6 6 leer la siguiente inscripcion latina :
Etiam sumptibus, hanc
Insulam debellavit ac pacificavit,
Ric jacet noilisimus ac magnificentissimus
Dominus Didacus Velazquez, insularum Yucatani proese,
Qui eas summo opere debellavit in honored
Dei Omnipotenti ac (aqul estaba rota) ..
Cui Regis D. (aquf tambien) ivit in
Anno Domini MDXXI. (aqul tambien.)