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Necesidades de Cuba

Material Information

Title:
Necesidades de Cuba
Creator:
Pezuela, Jacobo de la, 1811-1882
Place of Publication:
Madrid
Publisher:
Imprenta del Banco Industrial y Mercantil
Publication Date:
Language:
Spanish
Physical Description:
1 online resource (238 pages) : illustrations ;

Subjects

Subjects / Keywords:
1810-1899 ( fast )
Economic history ( fast )
Politics and government ( fast )
Politics and government -- Cuba -- 1810-1899 ( lcsh )
Economic conditions -- Cuba ( lcsh )
Cuba ( fast )
Historia económica ( qlsp )
Política y gobierno ( qlsp )
Condiciones económicas ( qlsp )
Temporal Coverage:
Abolition of the Atlantic slave trade ( 1836 - 1867 )
Abolición de la trata de esclavos en el Atlántico ( 1836 - 1867 )
Spatial Coverage:
Cuba

Notes

System Details:
System requirements: Internet connectivity; Web browser software.
Statement of Responsibility:
por Jacobo de la Pezuela.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
UF Special Collections
Rights Management:
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Resource Identifier:
035640963 ( ALEPH )
839029611 ( OCLC )
Classification:
JL1003 1865 .P4 ( lcc )

Full Text



S E.%. LIBIS
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Special Collections
RARE BOOKS
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Biblioteca de
ALBERTO PARRENO




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NECESIDADES
DE CUBA.
POR
D. JACOBO DE LA PEZUELA.
MADRID, 1865.
IMPRENTA DEL BANCO INDUSTRIAL Y MERCANTIL,
A CARGO DE D. J. BERNAT,
Costanilla de Santa Teresa, nmun. 3.







PROLOGO.
CUANDO preludian en los Cuerpos Colegisladores discusiones sobre reformas en las provincias ultramarinas; y cuando su estado, sus condiciones especiales y sus verdaderas necesidades son aun materia poco conocida por la mayor parte de los l1amados A tratarla, el facilitarles ese conocimiento parece un deber muy natural en quienes la hayan estudiado.: El cumplirle es cooperar d que no se estravie la opinion. Tal es el objeto esclusivo de este corto libro, aunque solo en la parte referente d la mas importante de aquellas provincias, que es la Isla de Cuba, porque es la sola que su autor conoce. En cuanto A Puerto Rico y al archipi6lago Filipino, no faltarLa plumas entendidas y patri6ticas que, siguiendo el presente ejemplo, las espliquen tambien en forma compendiosa y ficil de ser estudiada en breve tiempo.




Para no salir de este reducido y sencillo plan
tocante d Cuba, me limito 6 esponer sint6ticamente sus principles vicisitudes pasadas, su ser actual, su estadistica, su gobierno, su administracion, las cuestiones primordiales que deban resolverse para mejorarla, la urgentisima necesidad de reducir sus presuuestos, y la no menos urgente tambien de reformar
y decretar una legislacion que las sea propia para cada una de las tres clases distintas de una poblacion, que presenta el fen6meno de tres pueblos muy diferentes habitando un solo suelo.
Espongo las materias con la separacion que exige su mayor claridad, procurando que mis demostraciones se apoyen siempre en numeros y sean concisas; porque los argumentos largos envuelven dos grades obstdculos, que suelen malograr su objeto: el cansan,. cio de los lectores 6 de los oyentes, y la facilidad que prestan d su refutacion en unos tiempos en que la pluma y la palabra se emplean con la misma facilidad fy desembarazo en el servicio de lo bueno que en el de lo malo.
Solo he tenido que estenderme tocante d presupuestos, porque tratando de demostrar la necesidad y la facilidad de reducirlos mucho, no podia justificarlas con palabras solamente. Menester me ha sido examinarlos seccion por seccion, capitulo por capitulo, partida por partida. Como no ha llegado d mi conocimiento que se haya tomado ese trabajo nadie hasta




ahora, lo he tenido por imprescindible para justificar las reducciones y supresiones que propongo, y que el estado del Erario y el bien do la nation reclaman imperiosamente, sin miramiento A clases ni A personas.
Mi coria-tarea se divide en seis capitulos, comprendiendo el primero ligerbs nociones geogrificas, hist6ricas y estactisticas de la Grande Antilla; esplica el segundo las condiciones de su gobierno antiguo y del modern; manifiesta el tercero. las grandes diferencias entre las distintas clases de la poblacion de Cuba y la necesidad de organizar su trabajo; se esponen en el cuarto las variaciones del comercio y la conveniencia de la reforma arancelaria; el quinto se consagra A Ia indispensable reduccion de los gastos piblicos; y por ultimo, desenvuelve el sesto las reducciones y aumentos indispensables en los presupuestos de la citada Isla, concluyendo con el plan general de los que muy ventajosamente podrian sustituir 6 los actuales.
Basta la indicacion del pensamiento que lo ha inspirado, para justificar el prop6sito de este breve libro y garantizar A su autor la indulgencia de sus lectores. No s6 si su patri6tico fin se cumplird con, las reformas que propongo en un rdpido bosquejopara aquella leal y riquisima provincia, despues de haberla estudiado muchos afios. Pero sino esas, que sean otras andlogas las que se adopten para promover su prosperidad y




afianzar su conservacion; y que se adopten pronto, si, muy pronto, las que mas convengan. Que ya, no se remita mas su urgente aplicacion A tiempo indefinido. para que no tengamos que esclamar como Eneas al referir 6 Dido la ruina de su pueblo:
aTrojaque, nunc stares! Priamique arm alta, maneresi
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CAPITULO PRIMERO.
Condiciones geogrificas y ffsicas de Cuba.-Division territorial.Res6men histdrico y polftico.-Causas determinantes del desarrollo de su produccion.-Los propietarios de Cuba fueron emancipadores de sus esolavos antes que los de las posesiones estranjeras.Facilidad para la manumision.-El Abolicionismo ingl6s.-Insurreccion de la esclavitud Dominicana.-Aumento de brazos africanos en Cuba.-Conveniencia de la cesion de Santo Domingo i la Francia.-Escelentes resultados de la libertad de comercio con todas las banderas concedida 6 Cuba en 1818.-Gastos hechos por el gobierno espafiol en Cuba.-Poblacion actual.-Riqueza territorial.
-Clases de fincas.-Rentas pfibhlicas.-Servicios de los cubanos.Su constant lealtad.
La Isla de Cuba, la mayor y mas occidental del archipidlago de las Antillas, se estiende por la region boreal de la zona t6rrida entre los 230 40' 22" de latitud septentrional y los 780 40' 22" y 670 51' 8". Sus estremnos mias salientes por los cuatro puntos cardinales son: el cabo de San Antonio por. el 0; el lamado Punta de Maisi por el E; la punta de Hicacos por el N. y la del Ingl6s, inmediata al Cabo Cruz por el S. Bafiada por el At1intico en todo su litoral,




se aproxima por su estremidad oriental, por la punta de Maisi, ihasta d catorce leguas maritimas do la estremidad occidental de Santo Domingo, 6 Haiti; y porel 0. por el cabho de San Antonio, penetra en el golfo Mejicano,, quedando 6 menos de cuarenta leguas del continent de Amdrica y de su pehinsula de Yucatan. A diferentes distancias de las costas septentrionales de Cuba se Pstienden los numerosos accidentes del archipi6lago de las Lucayas 6 Bahamas que pertenecen en gran part la Inglaterra. Es secundario del do las Antillas. Las islas mas notables 6 inmediatas 6 Cuba son las Ilamadas Inaguas, Atkins, Crooked, Larga, Ensuma, Kay-West, 6 Cayo-Hueso, islote que por abandono de los espaffoles ocupan los anglo-americanos hace mas de medio siglo, con un dep6sito comercial, guarnicion militar y fortificaciones, sirviendo p6r su proximidad d la Habana de refuoio la mayor parte de los pr6fugos de esta capital. Entre las Lucayas y la parto mas 6edntrica de la dilatada costa septentrional de Cuba, se estiende el canal -viejo de Bahama, orillado por bancos y bajos peligrosos, y cuya navegacon solo en casos urgentes se permiti6d nuestros buques de guerra hasta hace pocos affos. Hoy es ya muy conocida y frecuentada por los de todas clases y baqderas. Por el S. miran las costas de Cuba en-tre otra multitud de cayos y de islotes, 4 las islas de Pinos y Jamaica, de la cual la separan unas veinte y cinco leguas maritimas hdoia la longitud de Cabo Cruz.




La estension litoral de Cuba en toda su caprichosa figura, prolongadisima de E. 6 0. y muy estrecha de N. 6 S., mide hasta 630 leguas maritimas de veinte al grado, sin incluir en esta medida las sinuosidades internas y salientes de las costas. De esa estension corresponden la septentrional 306 leguas, y 324 d la meridional, que es mas arqueada 6 irregular que la otra. Despues de muchos studios de medida, en 1854 fij6 el ge6grafo Pichardo la superficial de Cuba en 34,416 millas maritimas, 6 sean 3,824 leguas cuadradas de la. misma clase, sin incluir 1,780 millas correspondientos las islas y cayos adyacentes la Grande Antilla y do su misma nacionalidad.
iEl clima, en general, presenta todos los caract6res propios do los limites septntrionales de la zona t6rrida, siendo en razon de su mayor altura latitudinal, algo menos desfavorable al desarrollo de la raza europea que el de las otras Antillas, todas mas interns en tan edlida .region. Pero sobre la vasta superficie de Cuba se observan todas las diferencias que 6 una misma distancia del Ecuador produce, segun su mayor 6 menor elevacion, los accidentes topogrificos y los diversos vientos 6 que estin sujetos. Asf, en muchos puntos habitados de las sierras, se siente d veces duranto la 6poca del ailo que solo por imitacion se llama invierno en aquella isla, la misma temperature que en Sevilla por diciembre y enero, cuando en las poblaciones septentrionales de la costa se siente calor. Las brisas del E., 6 sean




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los vientos aliseos, mitigan el ardor del sol en las horas de su mayor fuerza, contribuyendo la mayor salud de los pueblos de topograffa alta y despejada, que desgraciadamente son pocos. Los mas importantes, como la Habana, Matanzas, Santiago de Cuba, Cirdenas, Trinidad y Cienfuegos, radican sobre el litoral; y escepto durante las pasajeras influencias de los vientos del Norte, nunca disfrutan de una temperatura enteramente fresca. El clima de la Isla estd muy estudiado.y conocido para que haya que esplicarlo mas. Sus habitantes muy propiamente dividen el ailo en dos lnicas estaciones: la lamada de la seca, que suele durar desde principios de octubre hasta fines de abril, y la de las aguas, que son muy frecuentes y muy abundantes en todos los restantes meses. De este fen6meno perenne resulta una constante alternativa de calor y de humedad en la atm6sfera general de la Isla Sin embargo, durante sus estios, casi perp6tuos, cuando en muchos puntos de Espafia, Portugal, Italia y aun de Francia, Ilega el term6metro de Rhdaumur hasta 32 y 33o, no suele pasar en Cuba de los 30; porque siempre, mas 6 menos, la favorecen las influencias de las brisas del E. y de la humedad. As! es que, eo t6rmino medio de la temperatura general, calcul ndola entre la de 15 que suele ser la mas baja, y la de 300 que suele ser la mas alta, resulta en unos 23 de Rh6aumur, que es la que domina durante una buena parte del affo en el mayor nimero de poblaQiones y localidades.




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Siempre se conocieron en Cuba fiebres de muchas clases y gran predisposicion al desarrollo de afecciones m6rbidas. Pero el v6mito negro, 6 sea la fiebre amarilla, no la invadi6 hasta el verano de 1761, en que hizo tan triste presente i su capital un destacamento de presidiarios enviados de Veracruz con destino d las fortificaciones de la Habana. No traspas6 de su rddio durante muchos aflos aquella plaga. Solo d fines del pasado siglo se sabia que se habia comunicado tambien d otras poblaciones litorales, especialmente d Santiago de Cuba, donde muri6 del v6mito en 1791 su obispo don Antonio Felidi y Centeno. Es heocho sabido que estdn eseeptuados de esta enfermedad, ya end6mica en el pais, sus naturales y los individnuos procedentes -i originarios deo la region mas clida del Africa, 6 sean los negros y los de color. Acomete las dos terceras partes de los peninsulares, europeos y norte-americanos de los Estados mas septentrionales, y en general 6 todos los forasteros no aolimatados, que proceden do climas frios 6 menos cdlidos que el d e Cuba.
Riegan 6 la Isla en sularga longitud do mas de doscientas leguas, mas de doscientos rios, aunque muchos ni por su estension ni por su caudal merocen este nombre, que usurpan tambien muchas corrientes que hasta desaparecen durante la estacion lamada de la seca. Su longitud, siempre proporcionada d la estension continental del territorio que recorren, com o demuestra una sola ojeada sobre el mapa, es mayor donde esa region se ensancha mas,




y consiguientemente menor donde mas se estrecha. Los rios principales que desembocan en la costa del Sur son: el Cauto, el Salado, el Saza, el Agabama, el Jatib6nico del Sur, el Yateras, el Cuyaguateje, el Najaza, el Hatiguinico, el Jobabo, el Damuji, el Arimao, el San Diego y el de Gilines. Los mas notables que desaguanpor la costa del N. son: el Marianao, elYumurf, el Canimar, el Almendares, el de las'Cruces, el Jatib6nico del Norte, el de la Palma, el Mdximo, el Mayarn, el Toar, el Naranjo, y los tres l1amados Sdgua de Tnamo, Sagua la Grande y Sigua la Chica. Escepto el Cauto, que es el mayor, y otros dos 6 tres, como estas corrientes tienen que sujetarse d la ley de la angosta geograffa que recorren, su caudal apenas puede compaarse con el de los mas medianos rios que bafian d las regiones continentales. Pero si, hubiera mas brazos en el pais, podrian ser grandemente aprovechables para la irrigacion y fecundacion de estensos territories incultos.
Por ambas costas favorecen 6 Cuba numerosos y escelentes puertos, sin que se aplique este nombre 6 mas de doscientos surgideros que lo merecerian en otros paises, y que facilitan la navegacion de su estenso bogeo. Los puertos prin'cipales de la costa septentrional son: los de Bahfa-honda, la Habana, Matanzas, Nuevitas, Manati, Puerto del Padre, Naranjo, .Levisa, Tnamo, Baracoa, Gabafias, Mariel, Cabarien, Guanaja, Nuevas Grandes, Malagueta, Gibara, Jururni, Bariay, Vita, Sama, Banes, Cabonico, Cebollas, Cananova, Yaguaneque, Nava, -Maravi y




Mata. Los de la costa meridional son: Puerto EsconEd Guantinamo, Santiago de Cuba, Casilda 6 Trinidad, Jagua 6 Cienfuegos, Baitiqueri, Manzanillo, Santa Cruz, Cochinos, Cort6s y Corrientes.
La Isla, dividida desde principios del siglo XVII en dos departamentos con jurisdicciones separadas en los ramos del gobierno politico, se dividi6 on 1827 en tres, as para este mando como para el military y el administrativo. Razones de manifiesta conyeniencia y aunde economia, demostraron luego la ventaja de reproducir la division antigua, asimildndola al territorio de las dos ~Di6cesis. Div'dese hoy, pues, en dos departamentos 11amados el Occidental, cuya capital es la Habana, y el Oriental, cuya capital es Santiago de Cuba. Las poblaciones mas notables del Occidental, ademis de la Habana, son: Matanzas, Cienfuegos, Cdrdenas, Guanabacoa, San Juan de los Remedios,,Giiines, Puerto-Principe, Villa-Clara, Sancti-Spiritus y Trinidad; y del Oriental, Bayamo, Holguin y Baraeoa que, sin merecer apenas-ese titulo, se llaman ciudades. Tales son, en braves t6rminos, las condiciones geogrdficas de la Isla, cubierta do accidentes montalosos en una tercera parte, pero 1lana y despejada on su mayor superficie, que descubri6 el grand Colon en 27 de octubre de 1492, en su primer viaje 6 las Indias, y que luego reconoci6 eon largos espacios de su litoral. Como en los primeros aios del descubrimiento era mucho lo que habia que desoubrir y los descubridores eran pocos,. los espafioles retardaron




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la ocupacion de Cuba hasta que en 1511, de 6rden de don Diego Colon, salieron de Santo Domingo trescientos castellanos mandados por Diego Velazquez, que en algunos meses se ensefiorearon del pais con poca resistencia de sus indol~ntes y apdticos indigenas. Desde los primeros afios de la ocupacion creci6 considerablemente el nimero de pobladores espafloles, atraidos por la bondad. de la tierra, por la facilidad con que se reproducian los ganados peninsulares y gran ndimero de granos, legumbres y frutas. Bajo estos auspicios se fundaron los pueblos de Baracoa, Santiago, Bayamo, Trinidad, la Habana, PuertoPrincipe, Sancti-Spiritus y San Juan de los Remedios, todos con municipios organizados con el mismo cardeter y las mismas facultades que los de la metr6poli. Pero el descubrimiento de Yucatan y del Imperio Mejicano paraliz6 la naciente prosperidad de estas primeras fundaciones, inspirando d sus aventureros moradores un vivo afan de conquista y de enriquecimiento mucho mas breve que con las tranquilas tareas de la agricultura y la ganaderia. Desde 1517 hasta 1524 en que muri6 Velazquez, hasta seis espediciones salieron para el continente de los puertos de la Isla. La mas famosa fu6 la que, acaudil1ada por Cortes, conquist6 d M6jico asombrando al mundo, y la mas considerable la que luego fu6 enviada 6 cargo de Pdinfilo de Narvaez para someter 6 aquel h6roe d la obediencia de Velazquez, pero en realidad para ayudar 6 su feliz adversario d rematar aquella conquista prodigiosa




Iisminuidos asi los pobladores y casi desapare-s ciendo en breves afios los indigenas que preferian el suicidio 6 la espatriacion d las tareas agricolas, menester fu6 traer brazos forasteros; y esta es la esplicacion de las primeras introducciones de africanos hechas en Cuba y las demis Antillas por contratistas flamencos y portugueses durante el reinado de C~rlos I; porque la altivez y el decoro de los espatioles desde un principio los apart de tan odioso trifico. Abandonronselo la codicia estranjera; y luego procuraron monopolizarlo y exajerarlo los ingleses, que blasonan ahora de tan humanitarios. \ Sometida Cuba n las restricciones comerciales que poco despues de la conquista del gran imperio colonial de Espafia en Am6tica rigieron para todas las nuevas posesiones, y sin gente para esplotar su riqueza rural, acaso hubiera sido abandonada como otras muchas islas, sino so reconociese el puerto de su capital como utilisimo para servir de escala las flotas que na-vegaban entre los dos continentes; si el trifico de los habaneros con esas mismas flotas no les hubiera permitido enriquecerse lentamente; y, en fin, si la abundancia de carnes, comestibles y maderas preciosas no hubiera alimentado continues contrabandos con los ingleses y holandeses que ocupaban las pequefias Antillas, y que compraban d los moradores do los demis pueblos sus efectos con dinero 6 en cambio de sus articulos de industria. Claro es que, no pudiendo remediar sus necesidades por las vias lfcitas, tenian quo recurrir d las ilicitas cuando
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las guerras internacionales con los estranjeros no se lo estorbaban tambien y cuando no sobrevenia A afligirlos algun saqueo alguna sorpresa de los filibusteros 6 piratas de todas las naciones que dominaron el mar de las Antillas en la segunda mitad del siglo XVII.
Contaba cerca de dos siglos de colonizacion, y todavia no habitaban en todo su vasto suelo cien mil almas, sin que en ese ulimero ilegasen A 20,000 los eselavos aplicados 6 la esplotacion rural. El cambio de dinastia en el trono espafio con el advenimiento de Felipe V acompafiado de un decidido apoyo de la Francia, facility mientras dur6 la guerra de sucesion algunas entradas de africanos mas numerosas que antes; ytom6 mayor impulso la agricultura cuando, despues de las paces generales de Utrech, (1) se'\ (encarg6 ln Inglaterra de surtir de brazos africanos A nuestras Atfitillas y posesiones de la Am6rica cen(1) El movimiento de las antiguas introducciones de africanos en la Isla estd bienD calculado, tanto en los Documentos sobre el trdfico y esclavitud de los negros, que public en 1814, en la imprenta de Repulids, en Madrid, el Excmo. senor don Francisco Arango y Parrenfo, como en el curiosfsimo trabajo que sobre la esclavitud do Amrica publied en Paris en 1858 el senior don Jose Antonio Saco en el segundo tomo de su Coleccion de papeles cientificos, hist6ricos, politicos sobre la Isla de Cuba.-Imprenta de D' Aubusson y Kugelmann.Grange Bateliere, 13. Pareciendome fundadas y casi concordes las conjeturas y dates de ambas publicaciones, ajustAndose ademds d las noticias que arrojan sobre el particular muchas obras estranjqras, que hube de consultar tambien para escribir la Historia general de Cuba, aun inedita, he aceptado los guarismos de los dos publicistas, y tambien puede aceptarlos e1 lector para mcuanto aparezca en este escrito relativamente 6 introducciones de africanos en la Isla.




tral. Con esa condicion firm6 aquel tratado que la permiti6 Ilevar en algunos aEos al nuevo continente y6 sus islas mas de 60,000 individuos de aquella procedencia, sin que en ese nimero toc~iran apenas 5,000 6 Cuba, donde ya el valor de las fincas rurales no se calculaba sino por el de los escla'vos que las cultivaban.
No era este ntimero suficiente para que se estendiese mucho el cultivo de la cafia, desnaturalizado desde un principio en nuestras posesiones; porque siempre se asoci6 en unas mismas manos 6 la costosa y complicada elaboracion del jugo de esa misma caila, que es el azticar; tomando as! desde luego el nombre de Ingenios las fincas destinadas 6 ese doble objeto. Por esa razon necesitaron desde entonces contar con un caudal crecido los que emprendian la especulacion de los ingenios.
No sucedia lo mismo con la esplotacion de los demis productos del suelo cubano, principalmente del tabaco, que se obtiene sin fuerzas y sin miquinas- y solo necesita cuidado y vigilancia. Asi se esplica c6mo en la primera mitad del pasado siglo aparecia en Cuba mayor riqueza en 6sas siembras que en las de caiia, d pesar de ser. estas, no solo de cultivo libre, sino favorecidas por grandes pri-vilegios, y de estar aquellas estancadas por el Erario, que compraba todas las cosechas y las vendia en Espafia por su cuenta.
Aunque empezaron 6 disiparse densas tinieblas administrativas duranto los reinados de Felipe V v




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de Fernando VI, continuaron sin ningun intbrvalo de respiro las restricciones y los monopolios en el comercio hispano-americano. Fud preciso una leccion inesperada y dura para que empezdramos d abrir los ojos. En 1762 se apoderaron los ingleses de la Habana despues de un latgo sitio, y perdimos con ella grandes caudales y una escuadra de doce navios de lfnea. Durante los nueve meses que dominaron d la capital de Cuba aquellos estranjeros, introdujeron cerca de un millar de embarcaciones con cargamentos, en un puerto que apenas habia recibido hasta entonces diez 6 doce al aio. Los ingleses, despues de arrebatarlo alli todo con una mano, con la otra ensefiaron d los habitantes el camino de reponer en breve tiempo,, no solo lo.que habian perdido, sino el de multiplicarlo. Introdujeron algunos millares de negros; empez d formarse una estensa agricultura; crecieron sus productos, y la esportacion; conocid el Gobierno las ventajas de permitirla, y asf empez6 6 tomar cuerpo el comercio.
Despues de restituida la Habana d Espafia, en el siguiente afio, por la paz de Versalles, ast que se asegurd su posesion con las soberbias fortificaciones esteriores que la defienden, empezaron muy paulatina y recelosamente a concederse las primeras franquicias comerciales. Se siguieron recibiendo negros suministrados por contratistas estranjeros y aun algunos espafioles; se disminuyeron algun tanto los derechos de importacion y esportacion, y el privilegio de comerciar con Am6rica que Cadiz monopoli-




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zaba, se bizo estensivo d otros tres 65 cuatro puertos deo los mas importantes de Espafia. Aunque el conercio siguio siendo esencialmente prohibitivo, bastaron estas ligeras modificaciones para que en las primeras noticias estadisticas (1) que se recogieron en Cuba once aflos despues de la recuperacion de su capital, apareciese enriquecida ya con mas de seis-. cientos ingenios, aunque tan inferiores & los de la 6poca presente, que producian poco mas doe cincuenta mil cajas anuales. .En la sola jurisdiction 4e la Habana qu e se componia entouces de la mitad Occidental de la isla seo contaron cerca de doscientas mil cabezas de g'anado vacuno, sin incluir en este &nimero el que existia en los ingenios y las fincas no destinadas d su cria. De tabaco se recolectaron en 1773 muy cerca de 300,000 arrobas; y siendo esta cantidad muy superior i la que necesitaban los estancos de Espafia y sus posesiones ultramarinas, se prohibit severamente el aumento de sus siembras: asi se seguia discurriendo en administracion y comercio en pleno reinado de Cirlos IIL.
El censo de poblacion levantado tambion en
(1) Esta primer estadfstica de la poblacion, publicada entonces en una sola hoja, se ha insertado despues en muchos libros, entre otros en el Ensayo econdmico y politico de la Isla, por el c6lebre baron de Humboldt, y on la Historia econdmica, etc. de la misma por don Ramon de La Sagra. Todos los demas datos de aquel primer trabajo que se refieren d la riqueza piiblica, los public6d con juiciosas observaciones el seflor don Jos6 Antonio Saco, desde la pdgina 385 hasta la 407 del primer tomo de su ya citada Coleccion de papeles sobre Cuba.




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el afo 1774, al paso que di6 6 conocer los pogresos que habia alcanzado el pafs en aquel breve intermedio, puso asimismo en evidencia un hecho imporLantfsimo. Tal parece el de que, 6 pesar de las numemerosas introducciones de esclavos, en las cuales solo las de los contratistas de Cadiz figuraron con mas de 4,000 desde 23 de setiembre de 1773 hasta que se levant aquel censo, resultaron en Cuba 96,440 individuos blancos, 44,333 eselavos, y para estos esclavos 30,847 libres de color. Estos eran lostres guarismos en que se dividia el total de 171,620 habitantes de las tres clases en Cuba,- cuando en Jamaica, en la parte francesa de Santo Domingo y en todas las demis Antillas estranjeras, por el afan de sus colonos y aun de sus gobiernos por aumentar el nidmero de esclavos, aparecian diez negros 6 mulatos para un blanco; y ni la d6cima parte de los esclavos habian podido hacerse libres 6 emanciparse. AQu6 prueba resultaba de un contraste tan manifiesto y conocido? Asi comb el padre Charlevoix y otros autores estranjeros, y por consiguiente nada partidarios del regimen colonial de Espafa, lo tenian ya confesado, luego tuvieron tambien que reconocer Raynal y otros detractores de aquel r6gimen, que el trato que daban los colonos espafioles i sus esclavos era mucho mas humano y mas benigno que el de los ingleses, los franceses y los holande-. ses con los suyos. En efecto, desde mucho antes de aquel tiempo y sin que ningun precepto legal se lo0 exigiese, para los propietarios de Cuba el negro afri-




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cano, masque un esolavo, era un dom6stico que se identificaba con su caudal y hasta con su familia, porque era parte de aquel y parte de esta. A los negros do cam'po nunca so les imponian mas horas de tr~abajo que las compatibles con su vigor; y esta pr~dctica, ademis de la humanidad, se la inspiraba sus amos el interns mej or entendido, el de la mayor conservacion posible de un individuo que representa un capital que mas rendimiento di cuanto mas dura. Las mujeres siempre trabajaron menos, y su trabajo cesaba on los cuatro iiltimos meses de su embarazo, y durante los seis primeros despues de su parto. Por iuna m6dica cantidad entregada 6 su duefo durante la lactancia, por cincuenta pesos, quedab su prole declarada libre. A los matrimonios esclavos destinados d las fincas rurales, y aun 6 los c6libes cuando so portaban bion, se les designaba un pequEo espacio de tierra para cria do cerdos y gallinas, 6 para cultivarlo y se les concedia un dia franco por semana para atender i ese cuidado. Vendian sus productos, y asi se emancipaban muchos, siendo en todo tiempo muy contados los que despues do emanciparse salian de las fincas para ir d vivir on otra parte; porque tenian alli asegurada una subsistencia, que fuera de ellas era aventurada. Para los esclavos destinados ql servicio dom6stico en las poblaciones 6 en las industrias comunes, los medios de manumision eran y son aun mas prontos y seguros. Los del servicio familiar se consideraban como individuos de la misma familia, y hasta so apellidaban con su




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Oportuno es ahora recordar una catistrofe que sirvi6 de dolorosa enseiianza 4 todo el mundo culto, y de tristisima refutacion 6 las teorlas de los abolicionistas estranjeros cuando empezaban i formarlas. Hablo de la ruina de la parte francesa de Santo Domingo, que ocurria cuando ya se patentizaban los progresos de Cuba en su segundo censo.
Aquel territorio estranjero usurpado hacia mas de un siglo 6 las posesiones ultramarinas de Espafia por los, antiguos Flibusteros, y reconocido como propiedad de la Francia desde la paz de Ryswick en 1697, con apenas mil leguas cuadradas de superficie, contaba 40,000 blancos, 60,000 negros libres y 600,000 esclavos en 1789 cuando tuvo su principio la revolucion fundamental de su metr6poli. Esta exageracion en la esclavitud, constantemente renovada y aumentada con remesas de Guinea y aplica-. da siempre 6 rudas faenas, habia producido en menos de un siglo tan enorme suma de riqueza agricola, que bastaba ya aquel suelo reducido, pero todo cubierto de valiosos ingenios y cafetales, para suministrar d Europa la mitad de la azdicar y del caf6 que consumia; para alimentar con Francia un comercio mayor que el de Espafia con su imperio colonial entero. De todo 61 recibia Espafa menos reatas que las quoe recibia la Francia de aquel solo rincon. Tal era su prosperidad, cuando la Asamblea constituyente de Francia al discutir su primera Constitucion politica, el pr6logo de sus prontas y sangrientas reformas, reconoci6 6 sus colonos en




las Antillas los mismos derechos deo iudadania que 4 los habitantes metropolitanos. Pero una furiosa oposicion, la que tan triste celebridad adquiri6 despues con el nombre de la ((Montaia,) la que abrigaba en su seno 4 Danton y d Robespierre, esclamaba ique alia mas la p6rdida de las colonias que la de un solk principio revolucionario; y no se conform6 con aquella declaratoria perfectamente imitil, porque en realidad los colonos de las Antillas francesas, ademis de ser tan ciudadanos como los habitantes de la metr6poli, eran verdaderos seliores de tierras y de esclavos en la mas lata extension de su derecho dominical. Los esfuerzos de la Montafia pronto consiguieron de la acobardada mayoria de aquella Asamblea que declarase tambien la igualdad absoluta entre las distinmtas razas de sus AntiHas, donde no tenian aquellos demagogos ni un palmo de tierra ni un eselavo que perder. Por eso la emancipacion de la eselavitud fu6 decretada. Por eso 660,000 negros quo de repente se encontraron libres y con los mismos derechos que los 40,000 blancos que acababan de ser sus sefiores, inauguraron el uso de su libertad degollando 4 cuantos cayeron en sus manos, incendiando sus edificios y sus plantaciones, y convirtiendo en escombros y cenizas en un solo dia la prodigiosa riqueza all acumulada por un siglo. Su opulenta capital, Cabo Franc~s, fu6 devorada por las llamas encendidas por aquellos sal-vajes, y otros muchos florecientes pueblos tuvieron igual suerte.




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Pero no fau6 aquella inmensa catistrofe obra esclusiva de los faniticos decretos de la Asamblea constituyente. Tuvo una causa auxiliar muy inmediata en la imprevisora desproporcion que alli existia entre un solo blancd para diez y seis africanos. Asi la fuerza pudo avasallar al derecho con facilidad, y levantar acaso para. siempre en. medio de la culta Am6rica ese baluarte de barbirie que se llama Haiti, -reconocido luego por las naciones como potencia independiente. Los abolicionistas que en Inglaterra empezaban entonces 6 dar la primera forma d sus doctrinas, enmudecieron algun tiempo ante el especticulo de tan sangrienta refutacion de sus teorias.
La Inglaterra no era emancipadora, distaba mucho de serlo todavia. Los primeros clamores oidos en su parlamento h6cia 1790, se lanzaron mas que contra la esclavitud contra el comercio de negros. Durante muchos afios despues, no solo no sua-viz6 las duras condiciones 6 que Vivian reducidos sus eselavos en sus posesiones cuando mas de la mitad de los existentes en las de Espafia se habian emancipado, sino que continu6 aumentando su nmiero con espediciones de negros muy repetidas y considerables. Casi todos los 63,000 (1) esportados de Africa para las Antillas estranjeras entre 1788 y 1808 fueron l1evados & Jamaica, Barbada,
(1) Coquelin et Guillaumin. Dictionnaire d'Economie Politique. Art. Esclavage. i




aplicado




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absoluto 6 todas sus colonias no se resignaron los sibditos ingleses que eran propietarios en Jamaica, en la Barbada, la Antigua y otras pequeifas Anti1as; porque por mucho que ganasen los intereses nacionales de su metr6poli con tan vasta combinacion; siempre habian de perder ellos los suyos cuando se convirtiese en hecho aquel proyecto. Lo combatieron, pues, con todo su poder, con toda su energia despues que en 1791 ocasionaron los desaciertos de la Repdblica francesa la emancipacion de la numerosa esclavitud de la parte que posefa en Santo Domingo. La ensefianza que recibi6 el mundo civilizado con el ejemplo de aquella gran catdstrofe, la ruina de aquella fecundisima colonia, fu6 el elocuente pretesto 6 que apelaron para retardat la emancipa cion de su esclavitud-en aquollas islas, y aun para no aceptarla sino despues que su gobierno los indemniz6 con dinero de la p6rdida de sus caudales en esclavos. Ni en justicia podia ser redimida la esclavitud de otra manera que la que emple6 el gobierno ingl6s, siempre observador de la justicia y de sus eyes, aun en medio de sus combinaciones mas perjudiciales para las demis po-: tencias.
Habi6ndose suspendido en 1790 el trifico de negros en handera estranjera precisamente cuando empezaba 6 conocerse la gran riqueza agricola de Cuba, no era natural que se paralizase desde sus principios. El Gobierno espafiol deseando darla impulso, concedi6 solo desde entonces 6 todos sus ibditos




la facultad de dotarla de brazos africanos, solicitada antes por muy pocos contratistas.
Como en Cuba no habia que temer que pudiese ser imitado el horrible ejemplo de Santo Domingo por queo si aquf hubo diez y seis negros para un blanco, alli habia ya como hoy, dos blancos para un negro, ningun recelo inspiraba un moderado aumento de africanos; y se atendi6, sin ninguna preocupacion contraria, d propagar el cultivo de la cafia y del caf6 que, con la destruccion de aquel gran centro productor, tomaron de repente en todos los mercados un aumento de precio. estraordinario. Evidentemente era el suelo de Cuba el mas ilamado Areemplazarlo, 6 lenar aquel vacio surtiendo 6 Espaia, y por la via de Espaia i Europa, de dos grandes renglones de consumo que apenas se podian entonces adquirir en otra parte. De esta necesidad dimanaron la elevacion repentina de los precios y la conveniencia. de aumentar la produccion de aquellos articulos; y como no podia obtenerse con prontitud ese resultado sin que se aumenthra tambien ahora en mucho mayor escala que en todas las 6pocas anteriores la introduccion de brazos africanos, hlbo deo ser muy 16gica y forzosa la autorizacion para.traer 6 Cuba negros de Guinea sin limitacion de nimero. Asi se esplica c6mo desde el referido afio de 1792 hasta el de 1802 entraron ei la Isla solo por el puerto de su capital hasta 59,150. Sin incluir en este guarismo los que entonces recibi6 por sus demis puertos, result siendo superior en aquellos once ai~os la masa de in-




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troducciones africanas i todas las recibidas en todo lo demdis del siglo anterior. Esto sucedi6 durante dos guerras apenas interrumpidas que paralizaron muncho el movimiento de ese trifico como el de todos los demis comercios: la guerra con la Repliblica francesa desde principios de 1793 hasta mediados de 1795 y la que nos declare la Gran Bretafia, que duro desde 1796 hasta la pasajera paz de Amiens en 1802. Estos dos acontecimientos tuvieron para Cuba consecuencias muy trascendentales que merecen esplicarse.
Por uno de los articulos del tratado de paz con Francia en 1795, quo se lam6 de Basilea, la Espafla se oblig6 d cederla todo su territorio de Santo Domingo, que era cuatro veces mayor que el que alli poseia aquella reptiblica; y se comproneti6 a formalizar su entrega de dominio asi que se presentiran los comisionados del Gobierno francs para la toma de posesion. Pero esos comisionados no 1legaron jamds d presentarse. Los negros de la part francesa, sublevados contra la.raza blanca desde 1791, no era natural que despues de degollar 6 cuantos blancos habian caido en supoder, y do destruir sus propiedades, volvieran d someterse 6 su imperio aunque por pura conveniencia continufiran conservando su pabellon.
Los dirigia en esesentido una inteligencia muy especial en la ruda raza africana, la del famoso Toussaint Louvoerture, que asf como Napoleon pasaba entonces por el primero de los blancos, pretendia con algunos titulos tambien, pasar por el primero de los







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Muy censurado habia sido en Espaia el tratado de paz de Basilea por las conoesiones que la Rep-iblica francesa obtuvo en 61 de Espafia, y mayormente por el articulo de la cesion absoluta de Santo Domingo. Pero la generalidad de los censores de aque11a paz, que se calific6 despues de ignominiosa, y que acaso 1o fu6 en otros conceptos, entendia poco de cosas de Am6rica; ignoraba la historide nuestras posesiones ultramarines en general, y en particular la de aquella isla. Al ceder Espaila en Basilea 6 Santo Domingo, cedi6 solo lo que ya no la convenia bajo ningun concept conservar; no cedi6 mas que un dedo gangrenado del gran cuerpo de su imperio colonial; y por ese hecho el ministro Godoy, en lugar de vituperio mereci6 alabanzas, porque bastaba para escusar los verdaderos defectos de aquel tratado. Lo demostrar6.
Desde que d consecuencia del do Ryswick en 1697 habia entrado la Francia en posesion de toda la faja occidental de aquella Antilla, fu6 el inico suelo hispano-americano en donde ondeasen dos banderas de metropolis distintas. Con toda su gran fuerza de colonizacion porque no poseia en Am6rica ningun otro territorio estenso, lIev6 alli la Francia un r6gimen, unas leyes, unas costumbres y miras muy diferentes de las que regian on el territorio de los colonos espafioles; y con tan vecinos ejemplos y por medio de una comunicacion constante, se fueron paulatinamente volviendo los Dominicanos menos espailoles que los habitantes de las demas regiones de Espafa




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cia, sin marina 6 la sazon bastante para hacer rostro 6 la inglesa, y agobiada por sus guerras en Europa, no pudiese tomar posesion de Santo Domingo, y asegurarla toda entera en su domino.
Tal fu6 su objeto al enviar 6 las Antillas 6 principios de 1802 una formidable espedicion de mar y tierra acaudillada por el general L4clerc, cuhado del primer c6nsul Bonaparte. Un paseo militar de aquel arrogante ej6rcito de mas de 30;000 veterans, bast6 para facilitarle la ocupacion del pafs.y para que venciese eh todos los encuentros 6 las hordas negras. Toda la isla, asi en la parte francesa como en la espanola, se someti6 al dominio de la Francia. Pero las tropas francesas, vencedors alli siempre con las armas, como ahora lo han sido tambien las tropas espaaolas, lo mismo que estas, no pudieron vencer d un enemigo much mas temible que los salvajes habitantes de aquel suelo: un clima homicide 6 incontrastable donde un verdor eterno oculta las fiebres mas malignas. Despues de sometidos los negros y de esportado para Francia su caudillo Toussaint, al l1egar el otofio de aquel mismo afio, apenas quedaban site mil soldados franceses para conservar1o conquistado. Todos los demas, sin incluir entre ellos cerca de seis mil marinos, habian sucumbido al -v6mitG 6 yacian postrados en los hospitales. El mismo general en jefe L6lere fu victima de aquella enfermedad el 2 de noviembre en lo mejor de sus afnos, y cuando ensefiado ya porla esperiencia del chlima habia dispuesto el iinico plan capaz de asogurar con el




tiempo el dominio de aquella isla: establecer d las tropas en puntos fortificados del litoral, desde los cuales pudiesen siempre rechazar al enemigo: no emprender ninguna operation interior y bloquear las costas con cruceros permanentes que impidiesen las introducciones de vi-veres. No quiso adoptar esas ideas su fogoso sucesorel general Rochambeau; y el pronto resultado de la segunda campaia que emprendid poco despues de la muerte de L6clere para conseguir con aquel putiado de hombres lo que no habia logrado in numeroso ejercito, fu6 que 6 los pocos meses tuviesen sus reliquias que capitular con la marina inglesa y abandduar desastrosamente el territorio (1). Entonces, cuantos blancos cayeron en poder de los negros, y pasaron de diez mil, fueron inhumanamente asesinados. Solo evitaron esa suerte unos treinta mil, que pudieron refugiarse en la vecina Cuba, donde el gobierno espafiol los socorri6 generosamente 6 todos. Esta numerosa espedicion de Dominicanos franceses, que los mas se fijaron en
(1) Son tan conbeidos los hechos de la espedicion de Leclerc Santo Domingo en 1802, que no he considerado necesario justificar mis asertos Con la infinidad de tes.tos estranjeros y aun nacionales que los autorizan. No sucede 1o mismo con respecto al conocimiento de los progress que obtuvo la riqueza pblica de Cuba desde que acogi6 la emigracion francesa de aquella isla, despues de destruida aquella espedicion. Pude, sin embargo, esclarecerlo para escribir los capfitulos de la Historia de Cuba que se refieren al mando del marquis deo Someruelos, habi6ndo consultado toda la documentacion oficial de aquella epoca que existia en 1845 en el archivo de la Capitanfa general en ia Habana y que sin dada se seguird conservando en la rfiisma oficina.




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el territorio oriental de la isla, en la jurisdiction de Santiago, correspondieron muy provechosamente para el pais 6 la hospitalidad que les di6. Aunque los mas eran pobres 6 despojados de la mayor part de sus bienes, todos se manifestaron afanosos de reconquistar sus perdidas fortunas, asi que comprendieron que muchas localidades de aquella zona dela isla eran escelentes para el cultivo del caf6, que tanto habia prosperado en su antigua y arruinada colonia. A a industria y d sus esfuerzos se debi6 en efecto quo tomase aquel grano desde entonces en Cuba un fomento estraordinario. Se establecieron gran nimero de estensos cafetales, y un r'englon que alli no soe conocia cuarenta afios antes; que luego se habia siempre cultivado en pequeia escala ann con las franquicias y proteccion que se le dieron enteramente iguales 6 las de los ingenios de azjecar, y cuya esportacion nunca habia pasado de ocho mil arrobas anuales, leg6 en pocos afios 6 cuatrocienLas mil. Quizd hubieran continuado sus progresos con la misma rapidez, si al prinucipiarse la guerra de la Independencia contra Franeia, el patriotismo que con tanta justicia establ6 en aquella gloriosa 6poca contra los franceses armados, no so, hubiera entonces enconado en Cuba contra colonos indefensos, confundiendo asi en una misma persecucion los espaioles 6 los. amigos Litiles con los enemigos declarados.
I Por el mismo tiempo que aquel episodio feliz para la agricultura y la colonizacion blanca de Cuba,




ocurria otro acontecimiento politico que tambien contribuy6 4 fecundarla, aunque c on resultados muy inferiores d los de la emigracion Dominicana. Hablo de la que atrajo 6 la Habana y d la parte occidental otra cesion territorial tambien hecha la Francia: la de la Lisiana, vendida por la misma potenacia lo Estados-Unidos inmediatamente despues de adquirida en 1803. Tambien entonces y en los inmediatos aros se trasdaron de aquel pais la Isla crca de veinte mil individuos que no quisieron mudar de dominio y de bandera.
La estrella de Cuba ya no parecia set0tra que la de prosperar con las desgracias y la ruina de otros paises. Acab6 de confirmarse esta observacion desdo muy pocos aios despues de empezar i sublevarse las inmensas posesiones de nuestro imperio colonial de Am rica en 1810. M6jico, el Peri, Chile, Buenos Aires, Quito, Nueva-Granada, Costa-Firme, todo, menos nuesras Antillas, preservadas del general contagio por la lealtad de sus habitantes y la vigilancia de sus autoridades, todo fu6 alli sucesivamente invadido y conquistado por la revolucion en el espacio de doce afios. En ese largo intrvalo, en esa per6roga gloriosa que nuestras armas y nuestras victorias obtuvieron alli 6 nuestro domino, multitud de families 6 individuos y no pocas fortunas considerables se refugiaron en la Grande Antilla, y sobre todo en su capital, desde los puertos mas vecinos del continente. El concurso de este elemento inesperado, fu6 tanto mas titil y opor-




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tuno, cuanto quo en 1818 se habia en -fin decretado para Cuba la libertad commercial con todas las banderas, quedando desde entonces estinguido para siempre el antiguo prohibicionismo mercantil con todos sus absurdos.
Esta providencia fu6 el principio verdadero de la prosperidad de Cuba; aunque la humanidad invocada por la Gran Bretafia hubiese obtenido del rey Fernando VII en el afiio anterior un tratado internacional prohibiendo el trifico de negros, que por odioso que fuese, habia indisputablemente traido su mayor agente de riqueza 6 Cuba.
Desde la concesion del comercio libre, escepto duraute las agitaciones y des6rdenes de la segunda 6poca constitucional desde 1820 6 1823 y algunos graudes desaciertos administrativos de 6pocas recientes; no ha sobrevenido ninguna causa 6 paralizar los progresos de Cuba en riqueza y poblacion. Consider6ndola solamente bajo su faz rentistica, bajo la de su reproduccion pecuniaria al Erario Nacio nal, es un hecho incontestable que la Isla desde su descubrimiento hasta 1820 para su colonizacion y su custodia habia costado 6 Espata mas de ciewto sesenta y site millones de pesos efectivos (1). Des(1) Este guarismo no puede ser de una exactitud absoluta; pero estA juiciosamente conjeturado. En mi numerosa Coleccion Ilisidrica de Cuba, formada para escribir sa historia con todos los datos que encontrO en el Archivo general de Indias en Seyilla, y en casi todos los archives de Espafia, de Paris, de Ldndres y de Nueva-York, aparecen documents de todas las 6pocas, que hablan de los suministros hechos i Cuba por su metrdpoli. Todos esos datos concuerdan con otros




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do 1821 hasta 1826 sostuvo sus gastos pxiblicos, ya grandes, con sus propios recursos. Desde 1827 empez6 d reintegrar 6 su madre patria una part de los beneficios recibidos, enviando 6 su Erario su primer millon de pesos; y posteriormente sus remesas liquidas se calculan por t6rmino medio, un anor con otro, en dos millones y medio de pesos.
4 Ese tributo ordinario, incluyendo el millon de 1827, ha ascendido 6 89.107,287 pesos fuertes. Pero nos demuestra que en 1865 la faltan todavia Cuba para saldar su cuenta con su Erario Nacional unos 78.000,000 pesos fuertes, sin contar los enormesintereses parciales de lIas consignaciones anuales do tres siglos, ni los sacrificios de cientos de milares de peninsulares devorados por su colonizacion, porque esos sacrificios son inapreciables.
Veamos ahora si corresponde aquel reintegro la suma de su riqueza y poblacion actual revelada al piblico eu 1864 con datos oficialmente recogidos por la Administracion en 1862, que son dignos de studio. Para que se comprendan las materias con la precision y la exactitud necesarias, tengo que esponer separadamente los guarismos averiguados en las Noticias Estadisticas de la Isla, recogidas en aquel afo y publicadas por el gobierno en el de 1864.
que encierran la Llave de Indias, escrita en 1760 por el regidor de la Habana don Jos6 Martin de Arrate, la Hlistoria Eeondmica -del senoqr La Sagra, y otras mniuchas publicaciones y tareas. Con todas esas noticias d la vista, calcul en 167.000,000 de pehos efectivos los suministros hechos pot Espaifa d Cuba desde 1511 hasta 1821.




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POBLACION. Ascendia en junio de 1862 6 1.359,238 habitantes de todas clases, sexos y condiciones, aunque sin concluir en este mimero ni al ej6rcito, ni la marina do guerra y mercante de todas banderas, ni 6 la poblacion transeunte. Aquel total de habi-tantes presenta un aumento de 460,486 sobre el censo levantado en 1846, es decir, en solo diez y ocho aios; y se dividia en 764,750 blancos, 368,550 esclavos, y 225,938 libres de color. El tiltimo censo nos demuestra, pues, una vez mas, que la emancipacion gradual de la esclavitud sigue en Cuba su curso ordinario, y que regard en breves affos 6 su estincion absoluta, si se quiere obtener s6riamentela estincion radical de la trata de Africa, mucho menos dificil de obtener de lo que en Espaia se supone. Tambion revela el censo que la poblacion blanca era mucho mas numerosa que la de color, con mas de dos libres para cada tres esclavos. A demis de los detalles que justifican este resiimen de pohblacion general, contienen aquellas Noticias Estadisticas una muy curiosa, por ser la primera vez que sale 6 luz y una prueba irrefutable de la superioridad verdadera y prdctica de los espaTioles sobre los estranjeros para llegar al abolicionismo complete. Es un res-imen del mniimnero de cartas de libertad otorgadas 6 los esclavos de toda la Isla durante el quinquenio conmprendido entre 1858 y 1862. Con esa prueba se establece que, sin contar gran nimero de manumisiones ignoradas 6 irregulares, que siempre son muy nu-




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merosas en Cuba, eun 1862 se habian otorgado 1,866 cartas de libertad entre 368,550 esclavos. Comprese este mimero con el que arroj6 la Estadistica de los Estados-Unidos en 1850 antes de desunirse con la guerra que aun sostienen los del Sur con los de1 N., y se ver quple en una poblacion esolava de 3.204,313 individuos, solo se habian alli emancipado en aquel aflo 1,467. No negard asi ni el mas terco pirronismo que eanla monrquica Cuba se libertaban anualmente mas de cincuenta en cada diez mil, cuando en aquela region republicana no Ilegahan 6- libertarse ni cinco en igual nimero. Conviene, fijarse mucho en esta observacion.
RIQUEZA TERRITORIAL. La riqueza territorial explotada por la poblacion general que queda espuesta, se compone en Cuba de siete clases de fincas i saber: hatos 6 sitios de crianzh, ingenios, cafetales, potreros, sitios de labor, estancias y vegas de tabaco. A estas siete clases se han afadido de pocos alos 6 esta parte otras dos, que todavia figuran en muy corto niuero: las de cacaguales y algodonales.'
Los hatos y haciendas de crianza son grandes terrenos generalnaente incultos y destinados A pasto de ganaderfas. Mas quoe como fincas do rendimiento, pueden considerarse como propiedades cuya paralizada esplotacion espera d tender brazos que la emprendan.
Los ingenios de az-icar son las fincas que por el gran valor de sus edificios, sus dotaciones de esclaYos, adquinas, animales y campos cultivados, cons~-




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tituyen el principal renglon do la riqueza agricola .del pafs..
Los cafetales son fincas en general de menos estension que los ingenios. Empezaron 6 introducirse en Cuba 6 fines del pasado siglo, y se han pronunciado en plena decadencia desde hace mas de veinte afios, cuando empez6 d fomentarse ese cultivo en otras. regiones de Am6rica, que producen mucho mejor grano como Puerto-Rico, varias Antillas es tranjeras y el Brasil. Donde todavia se conservan con 6xito muchos cafetales, esplotados en gran parte por trabajadores libres, es en la parte oriental de la Isla, en el territorio de Santiago, en localidades mas propias que las de la parte Occidental para esa esplo tacion agricola.
Los potreros tienen en Cuba un objeto muy andlogo al de las dehesas en Espata, aunque son en general de. menos estenion: la cria de reses y animales y el cultivo de los granos y productos mas comunes en el pals, si bien se dedican mas d la cria.
Los sitios de labor son haciendas mas pequefias que lbs potreros, y destinadas d siembras de los mismos productos, como maiz, arroz, etc.
Las estatncias radican generalmente cerca de los centros de poblacion donde puede asegurarse el consumo de los granos, frutas, legumbres y hortalizas, 6 cuyo cultivo estdn destinados estos predios de corta estension y de un objeto muy semejante al de nuestras huertas, aunque por lo comun sean mayores.




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mando, se decidan los agricultores de Cuba ~ fomentar un cultivo que, ademids de ser el menos costoso de todos para ellos, podrd constituir un renglon inuy importalte de la riqueza ptiblica de la Isla.
En las mismas Noticias Estadisticas se presentan en guarismos separados los colmenares, las quintas de recreo, los alambiques, los tejares, las caleras y otras esplotaciones rurales que no pueden considerarse como fincas, sino como industries agri colas.
jTambien nos detallan con los siguientes mimeros todas las cases de fincas que existian ela Isla en 1862.
FINCAS.
2,712 hatos 6 haciendas de cria.
1,521 ingenios.
782 cafetales.
6,175 potreros.
18 cacaguales.
35 algodonales
22,748 sitios de labor.
11,738 estancias.
11,541 vegas de tabaco.
1,731 colmenarbs.
153 quintas 6 casas de recreo.
243 alambiques.
468 tejares.




504 caleras y yeseras.
63 carboneras.
54 casaberfas 6 fibricas rurales pan de yuca.
81 tenerfas.
GANADERIA.
246,856 bueyes.
178,428 toros ~y vacag.
215,813 aojos.
282,192 caballos y yeguas.
44,960 mulos y mulas.
5,139 asnos y burras.
722,516 cerdos.
51,872 cabezas de ganado lanar.
27,041 de ganado cabrio.
Segun las Noticias, el capital de esta masa de fincas y ganaderfas en 1862 se estimaba en 380. 554,527 ps.; y sus rentas Ifquidas aseendieron en el mismo aflo 6 38.055,452 ps. 10 es.
No puedo conformarme con los guarismos que fijan las Noticias d la riqueza rdstica de la Isla, capitalizndola sobro un 10 por 100 de sus rendimientos; porque, escepto las -egas de tabaco, y aun esas no todos los aios, no hay alli fineas que rindan anualmente ese 10 por 100 por t6rmino medio de su vida absoluta, como deben calcularse sus rentas. Las mas valiosas de todas, que son los ingenios, no pa-




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san de un 7. La mayor parte de los cafetales y potreros no legan al 3; y, hatos de gran valor por su estension, no producen ni un 1 por 100 6 sus propietarios. Por esta razon, en lugar de la de un 10, adopto la renta de un 5 para capitalizar el valor de la riqueza ristica de Cuba, que indudablemente puede estimarse en mas de 761.109,054 ps.
Consultando siempre las iltimas Noticias Estadfsticas de la A-dministracion de Cuba, nos encontramos con que existian en toda. la Isla 61,839 edificios 6 .asas de todas clases, cuyo producto anual calcul6 aquel libro oficial en 17.040,083 pesos 34 c~ntimos. Repitiendo con esta suma de productos la misma operacion practicada con las rentas liquidas de la riqueza ristica, es decir, capitalizando tambien su valor productor en un cinco por ciento, resulta que la riqueza urbana inmueble, ascendia en Cuba i 348 001,660 ps., que unidos al valor de la riqueza rtistica, nos manifiestan un capital de 1,109.110,714 ps.
Las Noticias, estimaron tambien en 1862las rentas de la industria, del comercio y de la propiedad moviliaria en 77.384,649 ps. 65 es., que capitalizados por un diez por ciento son el producto de 773.846,496 ps. 50 es. (1)
Aceptando los tres grandes guarismos de la riqueza ristica, de la urbana y de la moviliaria, los
(1) Para esta clase de rentas solamente puede acepiarse en Cuba el 10 por 100.




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tres muy moderadamente calculados, nos. encontraremos con un total de 1,882.957,210 ps.
Sin exageracion puede computarse la riqueza geieral de la Isla sumando la imponible con la no imponible en mas de tres mil millones de duros 6 pesos fuertes. Y no doy cabida on este c6mputo conjetural 6 cuantiosisimoQs valores, como los de las fortificacio-, nes entre las cuales figura una sin rival en la peninsula, la de la Cabafia; los almacenes y edificios militares; el arsenal, los edificios y el material de Marina: los templos y los edificios del Estado. No he comprendido, en fin, tampoco en aquel cilculo, mas bien inferior que superior d la realidad, el valor inapreciable do las cuatro quintas partes del territorio de la Isla, que siguen aun sin roturarse por falta de brazos, y cuya-mayor estension es tan f6rtil como la parte cultivada. En esas tres mil leguas cuadradas aun incultas, hay, si, rocas y pantanos que esterilizan cmo unas trescientas; pero icuainta vegetation perenne, lozana y poderosa, cuntos mosques de preciosisimas maderas 6 impenetrables al mismo sol del tr6pico; cuantas riquezas minerales no estin l1amando
la labor, la industria de los hombres en aquel estenso espacio que aun sigue como estaba cuando la creacion di6 forma al caos!
Dejo esplicada 6 Cuba bajo el solo aspecto de su interns material, y en rasgos generales. De la misma manera voy d esponer ahora quo, si por sus riquezas necesita su metr6poli administrarla bien y fomentarla, no es menor su interns moral en corres4




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ponder dignamento A la lealtad inalterable de sus habitantes, tan autigua casi como la colonizacion de la misma isla.
Pocos en nimero, pero fuerteds por su decision y patriotismo, se armaron todos en masa como un solo hombre en 1586 al di'visar al frente deo la Habana cl armamento del c6lebre Francisco Drake, que victorioso en otras partes, retrocedi6 ante un pueblo,que no contaba entonces con mas defensas que los pechos y los arcabuces do sus moradores. Sus nietos supieron luego repetir su ejemplo, y d veces escederlo en las muchas ocasiones posteriores de amenazarlos fuerzas enemigas, sobre todo cuando duefios los bajeles de Holanda del mar de las Antillas d mediados del siglo XVII entre 1625 y 1650, bloqueaban 6 la isla, intimaban la rendicion 6 su capital, desembarcaban gente, y eran sus agresiones siempre rechazadas.
Desde aquella 6poca, y mas aun desde que la Habana tuvo su primer recinto amurallado y dos casti11os, y contd6 Santiago con algunas fortificaciones esteriores, no se limitaron los Cubanos d la defensa de sus hogares. Durante las largas y sucesivas guerras de su metr6poli con la Francia, la Gran Bretafla y la Holanda, sus intr6pidos corsarios invadieron y saquearon d las mismas posesiones del enemigo on las Antillas.
A principios del siglo XVII al empezar la famosa guerra de sucesion, dos numerosas escuadras inglesas intimaron A la Habana el reconocimiento del Archidu-




os y un mal recinto con menos ae es veteranos y cinco mil voluntarios cesitaron los ingleses cerca de treinates, treinta buques de guerra y mas e transportes. Despues de sacrificar tres meses de asedio sus -vidas y sus os estrech6 el vencedor ~ que recorey al de Inglaterra, le contestaron por el 6rgano del mismo municipio ie no reconocerian jamIs i otro moEspaia (1).
de 8 de setiembre de 1762 en el libro capitular la Habana de aquel ano., En ela consta la resre de la corporacion, dirigi6 al misino conde de [on Pedro Santa Cruz.




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Devuelta la Habana en 1763 su metr6poli, no fueron menores que antes los sacrificios de los Cubanos en su obsequio. Cuando estallaron luego nuevas luchas de Espaiia con la misma Gran Bretafifa y con la Francia, que casi duraron sin interrupcion desde 1779 hasta. 1814, largos y penosos alojamientos de grandes fuerzas militares de mar y tierra, continuos servicios de armas por las milicias voluntarias enlas fortificaciones, puestos y destacamentos cuando faltaban tropas veteranas: suscriciones pecuniarias, cuantiosos donativos tanto para las necesidades civiles como para las de las. guerras de la metr6poli en Europa. Durante la de la Independencia, mas de 5,000 combatientes militaron en Espafia desde 1809 d 1814, sostenidos con donativos de propietarios y habitantes de Cuba. Rec6rranse las listas de las suscriciones patri6ticas que contienen las Gacetas de aquella 4poca insigne. Ni es preciso recordar sus donativos antiguos, cuando recientemente ha suministrado Cuba para la ghierra de Africa casi tanto con un solo millon de habitantes, como su metr6poli entera con diez y siete.
iY qu6 conducta la de aquellos habitantes cuando estaba Espaia sin marina y sin fuerzas esteriores, y empez6 romper los lazos que le unian con ella desde 1810 todo su imperio colonial tan inmediato 4 Cuba! A mil y qunientas leguas de su metr6poli, casi sin fuerzas veteranas que la defendiesen, sin que alcanzasen aun sus recursos propios para sus cargas locales, la lealtad de sus moradores fu6 en-




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tonces su solo olemento de defense. Acabaron luego de acrisolar su sensatez y su cordura, cuando desde 1820 llev6 la metr6poli 6 su suelo la Constitucion politica de 1812 que peligrosa, 6 inaplicable en la misma peninsula, bastaba ella sola para servir de perdicion A la Isla.
La reaccion de 1823, 6poca de furor y de persecuciones en Espaila, fu6 paira Cuba, en. donde no existian partidos, el principio de una prosperidad que solo podia crecer con la quietud ptiblica, aunque la detuvieron deplorables errores administrativos. Hubo paz y 6rden, se foment6 asi la agricultura; conocieron los habitantes que todo lo podian esperar de su fidelidad y sumision, que todo lo podian perder sin esas condiciones; y asi se esplica el prodigioso desarrollo que ha tomado desde entonces su riqueza.
.Este convencimiento suyo es tan profundo, que no han bastado d alterarlo, ni las mas poderosas sugestiones, ni las mas bellas ofertas de. los estranjeros.
Desde que en 1846 ermpez6 la gran Confederacion anglo americana li practicar activamente la doctrina de su antiguo presidente Monroe, la de oponerse 6 la intervention do toda potencia europea en toda re-: gion de Am6rica invadiendo 6d M6jico; desdoe que naci6 en los Estados del Sur el pensamiento do promover con criminales gestiones la anexion de Cuba 6 su federacion, todas, sin esceptuar una sola, se estrellaron en la fidAlidadcl inalterable de los Cubanos; por. ,que para cada djez inquietos 6 perdidos que desearon la satisfaccion de su capricho 6 de sus necesidades en




el *6xito de aquella novedad, hubo m ilque la rechazaron con desprecio; y no logr6 propagarse entree los mas la mala doctrina de los menos. Por eso, cuando el desleal Narciso Lopez invadi6 d Cdrdenas enmayo de 1850 con quinientos aventureros, fu6 rechazado en pocas horas por algunos soldados veteranos y los campesinos de las cercanias. Por eso sucumbi6 en su segunda invasion en agosto del siguiente ailo, y qued6 entonces destruida toda la fuerza con que vino. Por eso la mucheduinbre Habanera presenci6 el fltimo suplicio de aquel caudillo, la primers esperanza de los anexionistas, 6 con muda compasion, 6 con la mas fria indiferencia.
Antes y despues de aquellos dos incidentes, muchos hechos revelaron en Am6rica el espiritti de esclusivo imperio, de absorcion completa, de usos, leyes, habla y costumbres, lo mismo que do territorio, de aquellos Estados del Sur en sus numerosas anexiones del continente. Vi6se despues que Ia colosal Union quo habia crecido tanto, en lugar de esten derse nmas, tendia A dividirse por la incompatibilidad de car cter, de doctrinas y de intereses de sus dos grandes seciones, la del Norte y la del Sur. Una guerra gigantesca y sin ejemplo por su estruendo y por la sangre quoe derrama, ha venido d confirmar esa incompatibilidad. Cuba, sin elementos ni deseos de constituirse auton6micamente, sabe ya que volveria lIa nada volvi6ndose anglo-americana, y que solo puede conservar su opulencia, permaneciendo fiel y unida como siempre d Espafia.




CAPITULO II.
Causes determinantes de la paz quie eonstantemente ha reinado en Cuba.-Su Gobierno antiguo y su Gobierno moderno.-Consulta Fernando VII al Consejo de Indias sobre la conveniencia de conceder facultades omnimodas Alos Capianes Generales de Cuba, y respuesta negative de esta Gorporacion.-Necesidad de restituir d los Capitanes Generales 6 sus antiguas condiciones de mando.-Ligeras modificaciones political que requiere el sistema de Gobierno de Cuba.-Conveniencia de la supresion de los Capitanes doe. Partido y de varias dependencias.-Antiguos Diputados de Cuba.-Perjuicios de la aplicacion de la ley electoral de Espana en la Isla.- Supresion del derechode Voto oen Cdrtes de 10 de febrero de 1837. -Facilidad do una ley electoral paeffica y propia para Cuba.-Verdaderas causas de la suspension de la concesion de leyes especiales prometidas desde 1837.-Malas consecuencias de las medidas aisladas.-Necesidad de una reforma orgdnica y combinada en todos los ramos legislativos y administrativos.
Es opinion de muchos escritores y estadistas, que todos los paises pueden prosperar bajo las mas diferentes formas de Gcbierno; y esa opinion la justifican superabundantes y perennes ejemplos, no solo de tiempos pasados, sino del mundo present.




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te. En Amdrica, -los Estados-Unidos han prosperado con instituciones republicanas lo mismo que Cuba y el Brasil con formas mondrquicas. En Europa tambien asi prospera la Rusia con su r6gimen autocirtico, como la Suiza con su r6gimen republicano. Cier tamente se fomentard mejor todo territorio con instituciones mas andlogas 6 su situacion y al caricter de sus habitantes, que con otras que les sean antipiticas. Pero no ha de oponerse esta verdad i que sea muy practicable su desarrollo material cuando su situacion geogrdficea y la fertilidad de su suelo le dotan do ventajas para el comercio esterior, aumentando su produccion interior. Asi, pues, no ser6 su sistema de gobierno el principal agente de la prosperidad de un pais. Cuando posea elementos propicios para promoverla, la conseguirdi lo mismoicou un gobierno mondrquico que con uno republicano, con tal que asegure 6rden y paz; porque sin paz ni pueden recogerse los frutos de la tierra, ni -venderse, y sin 6rden no puede ni vivirse.
Siempre entre mas 6 menos peligros esteriores y con mayores 6 menores desaciertos en su administracion interior, Cuba constantemente ha prosperado, porque ha conservado 6rden y paz; y de tan grandes bienes ha sido deudora la fuerte unidad do su gobierno cuya action ejercida con mas 6 menos acierto por una sola mano, ha podido en todo tiempo dominar A todo elemento de perturbacion en aquel suelo.




,nder ieron es do, aiios




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Europeos (I). Alli se perdi6 el Vireinato del Perdi, como ya se habia pordido el do Mdjico, A consecuencia dle la sublevacion de Iguala, perpetrada tambien por Indios, quo antes, baj o la bandera de E spafia ha bian siempre vencido A los que habian combatido contra esa bandera.
En el capitulo anterior ya bosquej6 el contraste entire la eselavitud de nuestras Antillas y la esclavitud de las Antillas estranjeras. No fut mas que el resultado de otro 3ontraste todavia mayor: el de la colonizacion espafiola con el de la colonizacion estranjera. Puede demostrarse may fdcilmente con solo comparar los hechos de la emancipacion de las antiguas posesiones ospailolas con los hechos de las antiguas posesiones inglesas, que son hoy losEstadosUnido d o Amrica.
Aquellas necesitaron diez y seis anos para mudar on todas partes de bandera, y siompre defendieron la de su metr6poli con fuerzas oriundas eg gran parte de so mismo suelo, aunque eran mucho mas estensas y lejanas. Estas no necesitaron mas que ocho afios para obtener su completa independencia
(1) No tengo d la mano ningun testo que justifique esta aseveracion; pero o10 mismo que yo, muehos que conocieron at teniente genoral don G r6nimo Valds le habrdn oido decir siem~re upe habiaba de la desgracia de Ayacucho, que habia muchos mas Europeos en las tropas enemigas de Sucre que en las que tan infelizmente defendieron alli la bandera de Espafia. Ademis do un dato tan digno de f como la tradicion verbal del general yaldds, to ihe visto 9confirmado por escrito en una representacion que, despues de su regreso d Espania del perd, dirigid a S. M. en 1826 6 27,




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diesen, y una Constitucion trastornadora para ellas cooperaba eficazmente 6 su p6rdida; y sin embargo, sali6 inc61ume del contagio y del volcan vecinos.
SEl efecto asimilador del sistema colonial de Espala se complet6 luego en las dos islas con la tran. quilidad que disfrutaron despues de aquella gran
borrasca, cuando algunas fuerzas de mar y tierra las preservaroni de peligros esteriores y de las amenazas de los Estados disidentes. Una prosperidad real 6 inesperada convenci6 necesariamente mas 6 los espicitus y d los bolsillos que las sugestiones revolucionarias de aquellos Estados. En Cuba mondrquica crecian la agricultura y el comercio, adelantaban todos. En las ya republicanas M6jico, CostaFirme y el Peri, todo era des6rden y consiguientemente todo decadencia, porque alli la paz y el 6rden eran incompatibles con formas polfticas inaplicables d los h6bitos y d las condiciones de sus habitantes.
El espectdiculo de su constante anarqufa y de su rdpido empobrecimiento demostraba irrefutablemente d los Cubanos lo que habian de perder con imitarlos; y de esta conviccion no ha venido d disuadirles todavia ningun acontecimiento feliz para aquellos Estados Despues de su emancipacion, cuando tuvo Espatia menos posesiones 6 que atender, pudo fijar mejor su atencion, su vigilancia y sus esfuerzos en Cuba y Puerto Rico, menos lejanas de sus puertos que sus antiguos dominios, y mas accesibles para sus comunicaciones ordinarias. La navegacion por vapor ha venido luego felizmente dmultiplicarlas




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eyes -mas indepen

des que los vireyes. Aunque con




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menos representacion, y menos sueldos y derechos, eran presidents natos de las audiencias, gobernadores superiores civiles y militares ~ un mismo ti'empo, superintendents tambien de las rentas y gastos, vice-reales patronos de la jurisdicion oclesidstica. Coo eo las d losa vireyes se centralizaban todas las jurisdicciones en sus manos, y las gobernaban todas, asesorados por las audiencias, las corporaciones y los respectivos letrados consultores.
Con este mismo carter, aunque no con tanta jurisdicion, empez6 6 constituirse la Capitanfa general de Cuba en 1602, y acab6 do estarlo dos-siglos despues, cuando se traslad6 la Gran Antilla la audiencia emigrada de Santo Domingo. Tan sagrada ha parecido en todas 6pocas la necesidad de centralizar la action del poder en una sola'mano en provincias distantes, que ni en los dos periodos constitucionales estendidos 6 Cuba desde 1811 hasta 1814, y desde 1820 A 1823, se alter6 nunca una priotica reconocida por indispensable. En esas dos 6pocas, entre las alteraciones y cambios de todas las demis instituoiones, los capitanes generales de Cuba continuaron siendo tambien sus gobernadores superiores civiles.
Abatida la Constitucion d principios .de 1824, y restituida sin oposicion 6 su cauce natural la corriente de las cosas pibliicas, bastaba que recobrasen el 1eno de sus antiguas atribuciones, para quo recobrasen Lambien los capitanes generales deo Cuba con




es injusticias y -violon-

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fuerzas necesarias para la empresa, quiso el rey tambien trasmitir i la primera autoridad de la Isla el mismo powder ilimitado que 61 ya ejercia en Espaia como monarca absoluto 6 independiente. Quiso asi, que para aquel caso especial, para tan estraordinarias circunstancias, la autoridad encargada de un mando tan espuesto entonces, y de dirigir las hostilidades proyectadas, pudiera mejor sobreponerse i toda aspiracion, d toda comopetencia, 6 today duda, con una accion completamente libre y espedita. Decidido 6 poner en planta esta resolucion de todos modos, dese6 justificarla, sin embargo, con el car~cter de la legalidad y de la conveniencia, y consult6 al Consejo de Indias sobre las facultades omnimodas que se proponia conferir al capital general de Cuba.
La consulta evacuada sobre tan delicada materia por aquel alto Cuerpo (1) en 20 de abril de 1825, merece ser en este lugar reproducida toda enter, asi porque no es larga, como porque ahorra mucha es(1) Este important documento, indito ihasta ahora, fue hecho copiar por mf en el invierno de 1852, cuando me ocupaba en foyrmar la soleccion para escribir la Historia de Cuba. Por iun descuido del que lo copid, se le olvid6 apuntar el lugar y el legajo en donde estaba el original. Pero indudablemente fu, 6 en la Coleccion de MataLinares en el archivo de la Academia de la Historia, 6 en otra coleccion de la misma dependencia, 6 en algun legajo del archivo del. estinguido Consejo de Indias, 6 en el del ministerio de Gracia y Justicia, cuya entrada me facility entonces el bondadoso personaje que era ministro de ese departamento en aquel tiempo. Sea cor ho quiera, muy fcil serd justificar la identidad de este dato, porque su original tione forzosamnente que existir en alguno de los archivos referidos.




plicacion con razones resplandecientes de verdad 6 independencia.
E Gonse jo, Senor, no puede menos de hacer presented d V. M. que, si en circunstancias estraorAinarias y de convulsiones politicas son indispensables medidas proporcionadas d los peligros para evitar que el espiritu revolucionario, que tanto por )desgracia ha cundido en estos tiempos, altered la tranquilidad y obediencia al legftimo Gobierno ode S. M.; no lo es menos el que, restablecida la caloma, se contengan las autoridades'respectivas ~den)atro de los limites prescriptos por las eyes, para que sal paso que el criminal esperimente su castigo, el d6cil y pacfico no sea incomodado arbitrariamente, y se le inspire por estos medios aquella conflanza a)protectora y justa que tanto contribute 6 la estabi))lidad de los gobiernos. Los sucesos de las provincias de Venezuela, sobre que el Consejo ha elevado )) V.M. varias consultas, no podr6n menos de dar 6 conocer esta -verdad, con'venciendo al mismo tiempo )de quo las facultades ilimitadas en los capitanes agenerales, tan lejos doe producir los efectos favorables quoe se apetecen las hace odiosas y muy perju"diciales la arbitrariedad. Cone6danse en buen hora para todos los asuntos del ramo militar porque efecstivamente se necesitan masque nunca, atendido el )estado de la tropa; pero en los de Justicia y Real )Hacienda, ddjense espeditas las funciones de las nautoridades designadas por la ley, para evitar los nescesos que siempre produce el mal uso de tales
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vautorizaciones, y con las que todo es des6rden; enstendi6ndose esto sin perjuicio de que por los respectifvos Ministerios se hagan de undnime acuerdo, ))y cada uno en su ramo, las prevenciones oportunas ))para casos estraordinarios, d fin de que bajo su ressponsabilidad contribuyan todos al grande objeto de la conservacion del 6rden y tranquilidad piblica; se administre pronta justicia, y so franqueen y arbi))tren fondos cuando sea preciso para tan loables fi>nIes. Este es, en sentir del Consejo, el medio mas usencillo y seguro de afianzar la paz y amor al Goabierno deo V. M. en sus dominios de Ultramar; y por )lo tanto, de conformidad con lo informado por la )Gontadurfa y espuesto por vuestro Fiscal, que se nacompaiia, es de dictimen de que deben suspender)se los efectos de las 6rdenes espedidas por el Minisdterio do la Guerra d los g'obernadores capitanes ge))nerales de las islas de Cuba y Filipinas, concedidn))doles facultades ilimitadas sobre, todos los ramos de Ila administracion pdiblica, y declarar que 6stas solo asean y se entiendan para el ramo militar; limitdn)dose en los demAs d las que le estin designadas por ))las eyes y ordenanzas de Intendentes; pues de lo scontrario seria derogar estas disposiciones, y coar)tar las atribuciones del Ministerio 6 quien compete )el conocimiento de asuntos de esta naturaleza, y Y por donde han debido resolverse. Y para evitar cho)ques, siempre de mal ejemplo, pero en el dia .de fuanestas consecuencias, estima igualmente muy oporStuno queo V. M. so sirva mandar quo en observancia




)del Real decreto de 2 de noviembre del afio pasado de 1815, se traten y conferencien los asuntos de esta clase en Consejo do Ministros, d fin de informer as resoluciones y 6rdnes que se estimen convemiaientes para la conservacion de dichas provincias, y quo no haya altercados y competencias que de notro modo pueden ocurrir d tan larga distancia con esposicior~ del hien piblico y del Estado; 6 cuyo objeto diige con esta fecha igual consulta por el nMinisterio de Real Hacienda. V. M. sin embargo, )so servird resolver lo quo fuere de su real agrado. )Madrid 20 do abril de 1825. -El conde de Torre Muzquiz.--Don Ignacio Omulrrian.-Don Antonio Gamiz.- Don Joaquin de Mosquera.-Don Francis>co Ibai ez de Leiva.-Don Francisco Ja-ier Caro.)Don Manuel Maria Junco.-Don Bruno Vallarino.)Don Manuel Marfa Arbizu.-Don Manuel Jimenez Guazo.- Don Bartolom6 Vasallo.n I
Por irrefutables quoe fueson estos argumentos, y por much que demostrason la fuerza del derecho, habia otro superior, el del dercho de la fuerza, el do un poder sin limites entonces, el. de la voluntad del rey Fernando VII, que los desestim6 6 hizo comunicar en 28 de mayo de 1825 por su ministro doe la Guerra don Jos6 Aymerich al capitan general de Cuba, la Real 6rden siguiente (1):
((Minlisterio doela Guerra: -Esoelentisimo senor.
(1) No solo es muy conocida esta Real Orden, sinopque se ha lublicado en varios escritos, entre otros en uno de los del senor don Jos Antonio Saco.




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DEl Rey.Nuestro Senior en cuyo real dnimo han insapirado la mayor conflanza la probada fidelidad ))de V. E., su infatigable celo por su mejor real ser))vicio, las juiciosas y acertadas medidas que, desde ~que le honr6 confirmindole en el mando de esa Isla, ha tomado para conservar su posesion, mantener en )tranquilidad d sus fieles habitantes, contener en sus ejustos limites los que intenten desviarse de la usenda del honor y castigar-4 los que ol'vidados de ))sus deberes se atrevan 4A cometer escesos con in))fraccion de nuestras sabias leyes: bien persuadi)do S. M. de que en ningun tiempo ni por ninguna s circunstancia se debilitarin los principios de reetitud y amor d su real persona quo caracterizan ~' V. E.; y queriendo al mismo tiempo S. M. preca))ver los inconvenientes quo pudieran resultar en. ca))sos estraordinarios de la division en el mando y de ))la complicacion de facultades y atribuciones en los Drespectivos empleados para el importante fin de a conservar en esa preciosa 1sla su legitima autoridad )esoberanay la tranquilidad pAblica; ha tenido A bien, ))coformdndose con el dictdmen de su Consejo de ))Ministros, autorizar 6 V. E. plenamente confiri6n)dole todo el leno de las facultades que por las Rea)les ordenanzas se conceden 6 los gobernadores de ))las plazas sitiadas. En consecuencia, di S. M. 6 ))V. E. la dmplia 6 ilimitada autorizacion, no tan )solo de separar de esa Isla y enviar 6 esta pe))ninsula las personas empleadas 6 no empleao das, cualquiera sea su destino, rango, clase 6 con-




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tas luces y esperiencia, no se comprendi6 una injusticia tan inmotivada como la de mirar d los naturales de Cuba, en todos tiempos leales y sumisos, por el mismo prisma que 6 los de Quito y el Peri que habian sido traidores ~y rebeldes.
Un suceso lamentable di6 luego A conocer el espiritu prevenido y receloso de Tacon. A pesar de sus oportunisimas y repetidas instrucciones y de haber prometido cumplirlas, el mariscal de campo don Manuel Lorenzo, comandante general del Departamento Oriental, al saber que 6 mediados de agosto de 1836 se habia jurado la Constituoion de 1812 en toda Espaia, olvid6 sus promesas la. primera autoridad de no permitir ninguna innovacion political en el territoi~io de su'mando, 6 hizo jurar inmediatamente el cddigo de Cadiz en la ciudad de Santiago de Cuba, en la de Bayamo y otros puntos. Sus vecindarios, 'n general, no tomaron ni la mas pequefia parte en aquel movimiento de escision provocado solo por Lorenzo y algunas cabezas exaltadas, que se lo aconsejaron con buenos 6 malos fines. Al contrario, aquellos habitanutes en cuanto supieron que Lorenzo y sus amigos habian desobedecido las 6rdenes de la primera autoridad de la Isla, influyeron grandemente para que los militares y los funcionarios piiblicos corrigiesen su error someti6ndoso.de nuevo al que en el pais representaba 6 la Corona. Asi so esplic6 c6mo Lorenzo, sin oponer ninguna resistencia armada, ni esperar siquiera d que legasen las fuerzas env'iadas por Tacon 6 re-




ducirle, se embare6 para Jamaica en 23 del siguiente diciembre con todos los comprometidos en aquel aboroto.
Apaciguado tan sencillamente, sin sangr y sin esfuerzos, por pura obra de la loalhad y del buen espiritu de los habitantes, tanto peninkilares como naturales, era en politica lo mas juicioso en aquel caso dar al olvido los hechos de Santiago, donde escepto algunos impresos insensatos y puras alharacas, ningun perjuicio se habia inferido d nadie por sus opiniones. Tacon, sin embargo, no adopt6 esa marcha. A various can6nigos de la Gatedral por una razon, y por otras 6 muchas personas, mas perjudiciales con sus quejidos y murmuraciones en la peninsula quie con su permanencia en Cuba, los espuls6 gubernativamente y sin ningun procedimiento pr6vio. Lo mismo hizo con otros de la Habana, de Matanzas y otros pueblos, 6 porque sus ideas pplfticas no le inspirasen confianza, 6porque su conducta privada no fuese arreglada i las buenas costumbres ni 6 las loyes. Ovid6 entonces Tacon que para reprimir d estos iltimos estaban esas leyes; y que para los primeros sobraba con su 'vigilancia. Todas estas y algunas otras medidas personages en la esfera gubernativa, le enagenaron en general la estimacion de unos naturales inclinados ten6rsela por los grandes beneficios materiales que recibi6 su pafs de aquel general: sin que por eso le granjeiran ]a le muchos peninsulares pensadores 6 imparciales. Choc6 Tacon con el Superintendente de Hacienda conde de Villanueva;




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con el Gobernador do la mitra de la Habana; con el General segundo CGabo de la isla Cadabal; con los principales individuos del Ayuntamiento de la Capital; en fin, en cuanto 4 personas de primer cuenta por su representacion 6 su riqueza, apenas de6 de enemistarse masque con as clases comerciales, las mas activas, las que mas preponderan ei aquella capital.
Las ovaciones que le prodig6 6 su despedida el comercio agradecido 6 sus muchos beneficios, tienen que olvidarse cuando se recorren los voluminosos legajos de las querellas establecidas contra aquel General, desde quo se ahri6 su juicio de residencia. Muri6 el General Tacon hace ya muchos ahios, y aun no ha prlido publicarse la sentencia de ese juicio de su mando en Cuba, porque las diligencias, si se han paralizado, no se ban terminado, ni acaso se terminarin jams.
LY c6mo habia de condendrsele? Para sus resoluciones justas 6 ilegales, le gui6 el mas puro celo por el cumplimiento do los deberes quo, segun su criterio, sus facultades ilimitadas le imponian. No falt6 4 las eyes, porque sobre las eyes estaban esas facultades ilimitadas, y estaba su criterio. Para el ejercicio de las funciones do la primera autoridad de Cuba, las leyes habian quedado derogadas con el decreto do 28 de mayo de 1825. Con el poder discrecional que recibi6 entonces el primer funcionario de Cuba, el primer obligado por lo tanto hacer cuinplir las eyes en todo gobierno juiciosamento constituido,




podia ya dominarins con su inspiracion, con sus pasiones 6 con sus deseos. Quedaba relevado del primer deber que se impone en toda region culta d los que la gobiernan; y aceptado esto echo ineuestionable, ociosas tenian que ser todas las quejas que se presentdran, por legitimas que fuesen; y ociosos per 10 tanto esos juicios 1lamacks de residencia que se abren durante tin sefialado plazo despues de cada mando, que ningun desagravio pueden proporcionar 6 los querellantes, porque ninguna responsabilidad verdedera puede pesar sobre los querelfados.
Este es el defecto radical del gobierno de aqueIla Isla. Que lo examinen todos los juicios imparciales. Aberracion de tn tiempo oscuro, apasionado y reactionario, ni en los mas faniticos afios de la dinastfa austriaca so sancion6 jams medida semejante. Acaso fu6 inspirada por la peligrosa atm6sfera politica que rodeaba 6 Cuba en el afio de so promulgacion. Pero aquellas nubes ya bace muchos alios que se disiparon. Reconocida la independencia de nuestras antiguas posesiones, permaneciendo en paz Espana com esos nuevos Estados do mala organizacion interior y de absoluta impotencia esterior; radicalmento cambiado en la peninsula el regimen absolute de 1825 por un regimen liberal que reconoce todos los dorechos, la conveniencia y la justicia exigen imperiosamente la desaparicion de un poder mas alto que las leyes. Que contintie el Capitan General reconcentrando todas las facultades possible para bacer el bien: pero que no conserve ninguna para hacker




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el mal. Con esta sola reforma, todavfa ganar4 su autoridad mas que sus mismos gobernados. Sin perder ninguna fuerza moral, aumentard su prestigio. Al temor de su poder acompaiard la estimacion que inspire el acierto de sus providencias. Ahora impide que se celebron ni las mas benignas, la facultad que aun conserva de dictar sin relponsabilidad errores 6 injusticias. Felizmente para Cuba han sido, en general, escelentes y justificadfsimos los Capitanes Generales que se han sucedido en su mando superior desdo que se invisti6 al discreto Vives con aquella singular omnipotencia, sin hac6rsela sentir 4 nadie. Pero es seguro acaso que todos los que sigan mandando en Cuba sean como 61? Un arma de fuego, inofensiva en las manos de un hombre juicioso, no hai de ser temible en las deo un atolondrado? Este creo que ,sea el aspect mas legitimo por donde deba considerarse la cuestion do las facultades omnimodas concedidas 4 los Capitanes Generales en dias que se parecen ya muy poco 6 los presentes.
Tanito en la Habana como en Santiago y en todas las demas cabezas de la treinta y una jurisdicciones de los dos departamentos, y las treinta y una jurisdicciones territoriales en que para su gobierno politico y militar se halla actualmente la isla dividida, la representation de la primeraautoridad se' trasmite 4 los gobernadores y tenientes gobernadores de cada cual de esas jurisdicciones. Escepto en el radio -de la capital, que tiene un gobernador polftico especial, los dos mandos estin reunidos en fun-




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cionarios militares, desde la clase de general hasta Sla de cap tan, segun la importancia del territorio en
riqueza, estension 6 poblacion. Esta suma de atribuc iones en un mismo individuo, aunque la califiquen de injusta y defectuosa los que ignore la fuerza que ejerce en nuestra Grande Antilla una prdctica tan antigua, como su misma colonization, se justifica desde luego con dos grandes razones. La primera es que, organizadas muy recientemente las carreras politicas en Espaia con sus estudios respectivos, no cuenta todavia con hombres que tengan derecho para desempefiar mandos civiles. Para ilegar 6 desempefiarlos con la esperiencia necesaria, ni han reunido todavia los conocimientos especiales decretados para esa carrera, ni contraido tampoco por consecuencia los merecimientos que se prenian con los mandos gubernativos civiles. La segunda es que, los militares, aunque tampoco los reunan, tienen sobre los aspirantes 6 mandos civiles una ventaja manifiesta con haber aprendido 6 obedecer desde mucho antes de mandar, y siempre mas 6 menos, hasta los mas injustamente favorecidos por la suerte para sus ascensos. Cuando haya desaVarecido de la metr6poli la odiosa facultad de exaltar de repente al mando civil de una provincia d un individuo sin carrera ni servicios anteriores; cuando esos cargos sean el justo t6rmino de la carrera administrativa muy recientemente organizada todavia para haber producido ya hombres de administracion; entonces ya, no solo no habri peligro, sino que serd justo, y conve-




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niente ecargarles el mando civil de las jurisdiccioRes de Cuba. Pero entretanto, lo convenient 6s
esperar 6 que ese tempo Ilegue, y que continen encargadas ~a los que con los hibitos de la obediencia ha adquirido los del mando.
Razon muy opuesta la quo hasta abora ha conservado en Cuba unidos los dos mandos, abog6 desde un principio por la separacion de la jurisdiction judicial de la gubernativa, porque la carrera judicial es tan antigua casi como la de las armas. Desde los tiempos de la conquista de Amdrica hubo oidores y aun letrados simplemente, que reunieron todas las jurisdieciones en provincias dilatadas; y aun asi sucedi6 (1) en la misma Cuba, desde que en,1539 dej6 encargado su gobierno Hernando de Soto al licenciado Bartolom6 Ortiz, hasta que en 1556 tuvieron que volver d desexupeiarlo ya sin interruption los mili-, tares, porque lo habian desempeiiado, en general, muy mal los abogados. Para que pudiesen los militares resolver en materias judiciales, agenas de su
(1) En efecto: despues que Bartolom6 Ortiz cesd en el mando de Cuba, al saberse que habia inuerto en la Florida el adelanado Soto, en cuya representacion o10 ejercia, entrd I desempeftarlo en 2 de febrere de 1544 el licenciado Juanes Davila, d quien por sus escesos se le forin6d caasa de drden de la audiencia de Santo Domingo, y s e remiti6 preso la penxisula. ,Aunque de muy superiores condiciones, igual suerte tuvo luego su sucesor Antonio de Chaves por su debilidad. Reemplaz6 d Chaves en marzo de 1550 otro licenciado, Gonzalo Perez de Angu9, que empezd Su gobierno prendiendo 6 su antecesor, y lo termin6 encausado tambien despues de haber dejado saquear d la Habana impunemente por el pirata frances Jacques de Sores en agos, to de 1555.




competencia, menester fue que los asesorran letrados consultores; y era de una injusticia manifiesta por lo tanto, qae reunieran asi la judicial A las dos jurisdicciones gubernativa y mnilitar. Este largo error dur6 por espacio de trees siglos; pero en las Antillas espatiolas ya este corregido. En Cuba la justicia ordinaria representada por alcaldfas mayores de entrada, ascenso y t6rmino, funciona en todos los territories con completa separacion 6 independencia del poder civil y el militar.
Los agents subalternos del gobierno civil, son en Cuba los capitanes de partido, lamados antes jueces peddneos. Cuando en la Isla habia muy poca poblacion, y apenas funcionarios ptiblicos, los Capitanes Generales elegian personas de algun arraigo y conocimientos pricticos de la localidad a quienes encargaban de la vigilancia y 6rden de tal 6 cual demarcacion del territories. Se llamaban capitanes-dguerra. Asi que empezaron los pueblos y sus t6rminos muy vastos entonces A crecer en cultivo y vecindario, empezaron, tambien i ser aquellos cargos muy buseados, porlo mismo que rendian pro vechos y no podia ser muy intervenida la conduct de los capitanes por la distante autoridad de los gobernadores de la Habana y de Santiago. El conde de Ricla entre sus reformas dpsde 1763 verific6 una muy perjudicial en los antiguos capitanes d guerra, la de trasladar esos (oficios 6 hombres sin propiedad, y aun algunos sin conocimiento del pafs donde habian de desempeilar las mismas funciones que las justicias ordinarias de




las aldeas y cortos grapos de poblacion en Espafia. Desde aquella 6poca tomaron el nombre de j ueces peddneos de tal 6 cual partido, y recibieron esa comision sin sueldo, pero con derechos retribuidos todos los individuos 6 quienes quisieron favorecer con ella, tanto el Capitan General como el gobernador de Santiago que era independiente de la primera autoridad en todos los ramos de gobierno politico de su vasta jurisdiction, de la mitad oriental de la isla. Todavia contimian esos jueces pedineos 6 capitanes de partido constituidos de la-misma manera, aunque la Isla se haya trasformado y mejorado tanto en todos los conceptos, en poblacion, en riqueza, en cultura, como en instruccion piiblica y en comunicaciones. Mas de una -vez se han -visto hasta dom 6sticos 6 criados de funcionarios de alguna representacion encargados de repente del gobierno y vigilancia de una demarcacion con dos, tres y aun cuatro mi almas 6 mas. A esa position los eleva un simple oficio del Capitan General nombrdndoles para funciones de tanta importancia. Espiden pases y licencias para transitar, actiian civil y criminalmente en toda causa o litigio que se inicie en su territorio, forman empadronamientos y toda la documentacion que les encarga la autoridad de que dependen; y son en una palabra para los gobernados, los mas inmediatos instrumentos del gobierno. En gran parte son peninsulares de los que -van d buscar fortuna en la Isla, y que prefieren esos cargos A un trabajo de retribucion menos cierta en la agricultura, en la industria 6 el comercio. En-




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n los territorios mas distantes, y sier uxilio de la guardia civil, tan itil en ( la Peninsula. Con esa supresion se ah, una partida de los presupuestos 186 en los vecindarios rurales no poco gr. molestias. Lograria tambien el gobiern i mas 6rden, correccion y couocimientc




Incluyendo sus tiltimnas ruedas que aun son los espresados capitanes de partido, y cuyas funciones desempefian en todas las poblaciones de alg'una importancia los comisarios de policia, el gobierno civil de la Isla, bajo los auspicios del gobernador superior que es el Capitan General, funciona con el gobernador especial de la Habana y con treinta gobernadores 6 teniente-goberuadores en todas las demis jurisdiociones. Los gobiernos y muchas tenencias de gobierno tienen secretarfas generalmente con mas personal del necesario. La secretaria del gobierno superior civil, cuyo presupuesto no hace aun muchos afios apenas llegaba i diez mil pesos, es hoy un verdadero ministerio con todas sus formas auton6micas y con un presupuesto todavia mayor que el de algunos ministerios de la meLr6poli. Y d pesar de una reforma tan costosa para el tesoro puiblico, no se despachan mejor ni con mayor pureza los espedientes ahora que antes.
El gobierno militar, cuyas atribuciones superiores residen naturalmente en el mismo Capitan Geral, funciona con los dos comandantes generales de los dos departamentos, y otros tantos gobernadores y comandantes militares cuantos son los distritos 6 jurisdicciones. Los Generales subinspectores de las armas gobiernan las suyas respectivas. El de la de infanterfa, que es la mas numerosa, corre tambien con la de caballerfa y con los cuerpos de milicias de ambos institutos.
El Comandante general del Apostadero de la




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Habana, que es un verdadero departamento cuya jurisdiccion abraza hasta 4 la isla de Puerto-Rico, gobierna en ella todos los ramos de marina, asi de material como de personal, buques, hombres y maestranzas.
El arzobispo de Santiago de Cuba y su sufragdneo el obispo de la Habana, gobiernan con sus capitulos y vicarios sus dos grades di6cesis divididas en parroquias, que son la mitad oriental de la Isla para el arzobispado, y la occidental para el obispado. En ambas ejerce tambien el Capitan General las atribuciones de vice-real patrono como delegado y representante de la Corona.
Es igualmente superintendente de Real Hacienda, y como tal cabeza 6 inspector de todos los ramos de la administracion de la misma, con un intendente general de Hacienda, jefe de mes de treinta dependencias, y un intendente de ej6rcito que tiene 6 sus rdenes un personal mucho mas numeroso de lo necesario. Sobre esta y otras muchas reformas, tan costosas como sup6rfluas que se han introducido en el pais en los recientes afios, me reservo razonar Tas observaciones correspondientes en la parte que de este libro trata de los presupuestos de gastos 6 ingresos de Cuba.
No pueden esplicarse de la misma manera las grandes cuestiones relativas a las modificaciones de aranceles que necesita la Isla con urgencia, segun la opinion piiblica, y aun segun la opinion del mismo Gobierno de S. M. Mas adelante las indicar6




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potr separado y con toda la sobriedad compatible con la escasez de mis conocimientos en materias reservadas -al criterio facultativQ de los hacendistas.
Queda ya esplicado en sintesis el ca'eter del Go2 bierno actual de Cuba cuyas condiciones esenciales, acomodadas por la misma esperiencia d las del mismo pais donde funciona, no podrian modificarse nunca de un modo radical sin comprometer su porvenir y sus grandes intereses. Exige reformas, sf; pero reformas que lo consoliden en lugar de debilitarlo, reformas que ordenen, que simplifiquen, que abaraten la gobernacion. Esas no se conseguirdn solo con conservar 6 la primera autoridad de Cuba un poder ilimitado; porque mandar no es gobernar; ni es tampoco administrar; y en los presentes tie mpos ya no comprende el mundo culto la accion de mandar sin la de gobernar, sin la de administrar. Solo torque funciona on ella un mando ilimitado sin gobierno calculado ni administracion bien entendida, la Turquia, uno de los mayores imperios de la tierra pot su estension, por su fertilidad y por el nAmero de sus habitantes, es la potencia mas at~asada y la menos considerada de la Europa.
En la esfera gubernati-va de Cuba, las reformas pueden limitarse 6 las siguientes:
1.a Declarar A los Capitanes Generales en la plenitud de todas las facultades que tuvieron hasta fines de 1819; y caducadas, escepto en casos de guerra 6 de alarma piiblica, las facultades onnimodas




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subordinado del que encausa, o10 es de su sucesor ,iene que respetar en aquel i la misma representan de 6ste, cuando no tenga que temer d la natuinfluencia del procesado en la Peninsula, ni al seniento de su presidente en la Habana; porque sujeto ,e tambien en su dia al mismo enjuiciamento, habr6 preferir la lenidad A la severidad del magistrado ;uante. Esto se sieuAe mas bien que se esplica. Paque los juicios de residencia llenen el objeto que propuso la legislacion de Indias al establecerlos, la ion del ministro de aquel tribunal i quien se co.. ta habril de limitarse 6 recibir las querellas en el zo sefialado y 6 dirigfrselas oficialmente 6 la sala Indias del Tribunal supremo de Justicia para que sentence. Este es el lnico tribunal que puede




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sentenciarlas con una competencia y una imparcialidad que sean igualqs 6 su independencia d ela accion de los Capitanes Generales de Cuba.
3.a Suprimir el Consejo de Administracion. ZEs un poder moderador de la autoridad del Capitan General? No; porque seria muy peligroso que en Cuba existiese tal poder. Es una corporacion consultiva? Indudablemente. Pues bajo tal concepto aquel Consejo es initil, porque el Capitan General puede seguir consultando ahora como antes sus principles actos con las antiguas juntas de autoridades; y si no son bastantes sus vocales, aumentar su nimero con todos los senadores, ex-diputados y los altos fuifcionarios 6 notables de su conflanza quoe residan en la Habana. Y siendo initial el Consejo de Administracion, hay que ahorrar inmediatamente al Tesoro los 69,120 ps. anuales ue cuesta.
4.a Suprimir muchas dependencias piibicas innecesariamente ereadas en recibutes aios con gravisimo perjuicio del Tesoro Nacional.
5.a Suprimir la clase de Capitanes de partido 6 jueces ped~ineos, trasladando sus facutltades 6 los alcaldes ordinarios de los ayuntmientos, 6 i alcaldes rurales y gratuitos en las localidades distantes de los municipios.
6.a Declarar tan exentos del servicio militar A los naturales de Cuba que msidan en el territorio de la metr6poli, como lo estin y han estado en todo tiempo los que residen en la misma Isla. Asi podr~n venir i educarse en Espafia sin temor de caer soldados




y reconocer una prueba. mas de la preferencia con
que han sido y son mirados por el Gobierno.
7.a Nivelar los derechos pasivos de todos los jubilados, cesantes, viudas, hu6rfanos y hu6rfanas de todas clases que pereiben su haberes en las cajas de Cuba, y sean 6 no residentes en tla Isla, con los sueld os de los retirados militares y las pensiones del Monte Pio militar que rigen en Cuba. Esta nivelacion podra fdcilmente verificarse, asimilando las distintas clases civiles d las distintas clases militares, y sin atender 6 los especiosos sofismas que alegue el inteS r6s particular para sostener el cansado 6 inadmisible Stema de los derechos adquiridos. Esta justa y utilfsima reforma producird una economfa muy importante
en el presupuesto general de gastos.
8.a Nombrar una comision de personas competentes que propongan las reformas aplicables d las fuerzas terrestres y navales que guarnecen d Cuba, y que funcione con la doble mira de reducir los gastos y de afirmar aun mas la seguridad del pais. Aunque parezean incompatibles estas dos ideas, si no tuviese que reducir esta publicacion d lfmites estrechos, me seria muy fdcil demostrar que pueden hermanarse y producir con su juiciosa combinacion infalibles beneficios al Erario.
Solo con medidas semejantes 6 andlogas las
indicadas, volverb d ser en Cuba una verdad el gran fin que gui6 al gobierno espafiol desde el siglo XVI al establecer en todas sus posesiones de Am6rica el mismo regimen de Espafia. Ese gran fin fu6 el de




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unir 6 identifi~car 6 sus habitantes con todos los de mis espafioles por medio de una absolute comunidad de leyes y costumbres. Pero si por obra natural del tiempo ha tenido que cambiar en la metr6poli su antigua formal administrativa y politica, y si la actual es inaplicable y aun seria funesta on las AntiIlas, no ha de deducirse de ahf que no sea indispensable variar tambien el regimen y la administracion de esas islas en el, sentido que sea para ellas mas propio y ventaj-so en la actual 6poca. El que no se deba variar todo, no supone que no deba variarsenada; y no seri fcil persuadir i gentes p'erspicaces y en perenne contacto con todo el mundo culto, que se las quiere unir y enlazar mas y mas con su metr6poli, mientras en realidad se las desune y separa de ella en lo moral tanto como por desgracia lo estan en lo fisico, imponiendo 4 los productos de su suelo iguales 6 mayores derechos que los estranjeros y suspendiendo indefinidamente la concesion de una promesa solemne de la Corona con las C6rtes hecha en 1837, la de las leyes especiales, que mas puedan convenirles.
Todas las demis reformas que reclama la organizacion gubernamental y militar de Cuba son esencialmente econ6micas, y tienen lugar sus indicaciones respectivas en la parte relativa 6 los presupuestos de ingresos y gastos.
En este capitulo no me rest que esplicar mas que una sola mod.ificacion politica. Cuando queden demostradas su conveniencia y la facilidad de su




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endo del cafion

e aplicar tambien en aquellas y con poblacion y clases tan

ue los naturales de

a siempre sictlo en aquellos pal-




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ses una clase tan privileiada, cuanto que dominaban 4 otras dos classes de hiabitantes, 4 los indios y 4 los oriundos de Africa, cuando entre los de la.Peninsula no habia distincion de color ni aun de derecho ante la ley. Aquella irreflexiva 6 imprudent declaracion, engendrada por una falta absoluta de conocimionto de la fnudole y organizacion de nuestra antigua Am6rica, equivali6 6 persuadir 4 todos sus naturals que habian estado privados hasta entonces de los privilegios sociales que les correspondian; y en lugar de atajar alli una insurreccion que ya cundia, contribuy6 much 4 estenderla.
La Constitucion desde luego reconoci6 el derecho de voto en C6rtes 4 todas las provincias de ultramar, asi en las partes que se rebelaban cornmo en las queo permanecian fieles; y las dot6 de la misma ley electoral que la establecida en la Peninsula para que eligiesen sus diputados. La historia de Espafia no reuerda ninguna otra medida mas impremeditada y mas funesta. No la hubo mas impremeditada, porque no pudo dictarse sino desconociendo absolutamente la heterogeneidad de Ia poblacion hispanoamericana, donde esa ley los igualaba 4 todos; ni mas funesta, porque con esa igualdad inspire alli 4 todos unos mismos deseos; y siendo la rebelion el mas breve camino para satisfacerlos, se propag6 d todas las clases. Asi en la guerra de la Independencia deo nuestras antiguas posesiones, los prinmeros gobiernos insurreccionarios, compuestos .dAe hiji os 6 descndientes de espafioles y por consiguiente blan-




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. . . . . . . J.- . ..

cons-

O'Gavan, y desbaratoda desa de otro diputado americano,




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don Jos6 Mejia. Luego, una vigorosa y fundada representacion del Capitan General Someruelos y otra mas estensa y razonada del ayuntamiento de la Habana, frustraron del todo aquel intento lamentable. AQue sucediera entonces si no0 hubiesen tenido las Antillas representantes en aquel Congreso, que defendieran sus intereses locales y se los hiciesen comrnprender 6 quienes por ignorarlos iban d causar su p6rdida?
El facilitar que en aquella ocasion hubiese diputados por Cuba que rechaz ran aquel golpe mortal, fu6 el solo beneficio que procurase la Constitucion 6 la Isla, en compensacion Ce males de tanta trascen. dencia en aquel suelo .como el de las elecciones; el de las rivalidades de las diputaciones provinciales con los ayuntamientos; de una libertad de imprenta qupa desde el nacer se convirti6 en una licencia abominable; y de, una libertad social, que si no hubiera alli habido cuatro blancos para tres negros y durdran mas los dos periodos constitucionales, induda blemente se habria convertido d los segundos en do minadores de los primeros, y ahora en Am6rica ha! bria dos Haitis en lugar de uno. Entre aquellos principios de disolucion social, se olvid6 todo respeLo no solo al individuo sino 6 la autoridad en un pais acostumbrado siempre d obedecerla. Un intendente, cuya memoria no se olvidard jams en Cuba porque fu6 un modelo de funcionarios ptiblicos, don Alejandro Ramirez, muri6 en 1821 de una fiebre cerebral originada por las calumnias de algunos periodistas;




en el continente y con los

Lente tuvo su prinoipio tijo la era de su en el mismo t6rmino de una libertad po-

ponerse 4 los negros; y no trabajando estos cuando son libres, menester era que fuesen s para que trabajasen.
el primer period constitucional, a queda esla importancia del servicio que prestaron en

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el primer Congreso los primeros dipatados de Cuba, censervando con la esclavitud el elemento indispensable de su s6r material. Aunque menor, no es de olvidarse tampoco el que prestaron en 1821 sus diputados don Jos6 Benitez y el teniente general don Jos6 de Zayas, (ontribuyendo eficazmente d- que no se aplic~ ran nuestras provincias de ultramar unos aranceles generales deeretados por las C6rtes bajo iguales pautas y tarifas para ellas que para la Penfnsula, como Si unos paises y unos mercados tan distintos fueran iguales oen naturaleza y condiciones. El recuerdo solo de este y de aquel hecho bastan para que comprendan todos los hombres imparciales que, si con su presencia en el primer Congreso habian impedido los representantes de Cuba la ruina de la Isla, tambien la preservaron al presentarse de nuevo en aquella gran palestra politica, de un -trastorno commercial y econdmico de muy peligrosas consecuencias.
Desde 1824 hasta mediados de 1836, aparte de algunos errores injustificables, cuyo resultado pernicioso evit6 casi siempre la prudencia de los Capitanes Generales, se decretaron para Cuba providencias reparadoras. Si no hubo lo que ilamamos libertad poUlitica, hubo una verdadera libertad social, pesar de las facultades onnimodas que residian desde 1825 en la primera autoridad. No so opuso estorbo alguno 6 .ninguna publicacion ditil y provechosa, ni aun en la 6poca del susplcaz y vigilante Tacon. En medio de una paz general cuando la metr6poli estaba trastor-