Citation
Cuba independiente

Material Information

Title:
Cuba independiente
Creator:
Collazo, Enrique, 1848-1921
Place of Publication:
Santiago de Cuba
New York, N.Y
Publisher:
Editorial Oriente
Distribuido por Ediciones Vitral
Publication Date:
Copyright Date:
c 1981.
Language:
Spanish
Physical Description:
1 online resource (154 pages) : ;

Subjects

Subjects / Keywords:
1895-1898 ( fast )
History -- Cuba -- Revolution, 1895-1898 ( lcsh )
Cuba ( fast )
Historia -- Cuba -- Revolución, 1895-1898 ( qlsp )
Genre:
History ( fast )
Temporal Coverage:
Wars of independence ( 1868 - 1898 )
Guerras de independencia ( 1868 - 1898 )
Spatial Coverage:
Cuba

Notes

Statement of Responsibility:
Enrique Collazo.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
UF Latin American Collections
Rights Management:
Copyright, Cuba. Permission granted to University of Florida to digitize and display this item for non-profit research and educational purposes. Any reuse of this item in excess of fair use or other copyright exemptions requires permission of the copyright holder.
Resource Identifier:
035612093 ( ALEPH )
613778412 ( OCLC )
Classification:
F1786 .C59 1981 ( lcc )
972.91/05 ( ddc )

Full Text
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CUBA INDEPENDIENTE
Enrique Collazo

Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1981




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I.ATIfN
AMIERIA
EDICION: Esperanza Mart6n Rivera DISERO: Gotelinda Solis Carbonell REALIZACION: Bertha Cala

Primera Edici6n: 1900
Q Sobre la presente edici6n,
Editorial Oriente, 1981

EDITORIAL ORIENTE Jos6 Antonio Saco N9 356, Santiago de Cuba




A mi mujer y a mis hijos: A ustedes a quienes por servir a mi patria dej6 criminalmente en tierra extranjera, sin recursos y sin amigos, condendndolos a la miseria y a la orfandad. Dedico este trabajo como acto justo de desagravio.
Enrique Collazo.







[NDICE
Nota Editorial .................................................... 9
Pr6logo .............. .. .............................. it
La Conspiraci6n ............... ........................ 15
Jos6 M arti .. .............. ................................ 20
El plan de Fernandina ..................................... 46
La Revoluci6n ................ ...... ........................ 56
La Asamblea de Jimaguay6 ................................ 104
La Invasi6n .............................................. 1t7
Resumen de la Invasi6n ................................... 133
La em igraci6n ............................................ 142







NOTA EDITORIAL

Enrique Collazo naci6 en Santiago de Cuba el 28 de mayo de 1848. En 1857 embarc6 para Espafia, donde ingres6 en el Colegio de Artillerfa en Segovia en enero de 1862.
AliW le sorprendi6 la Revoluci6n de Yara y por creer como cubano que debia defender a su patria, escap6 para Francia, de alli a Nueva York, e inmediatamente se alist6 como soldado en la expedici6n que organizaba el general Thomas Jord6n.
Bravo soldado de nuestra epopeya revolucionaria, ciudadano honorable durante la etapa republicana, cubano siempre rebelde contra todo lo que pudiera empafiar en Io mbs minimo nuestra libertad, por la que ofrend6 su sangre en la guerra y en la paz, supo tambi6n defedenderla constantemente con su pluma y palabra.
Nos leg6 una cuantiosa obra escrita en libros, folletos, peri6dicos, algunos discursos parlamentarios y una autobiografia incompleta.
Si como militante de dos guerras cubanas Collazo asumi6 cumplidamente sus deberes -lo que le vali6 la estimaci6n de los mds altos jefes revolucionarios-, como historiador 61 se inserta en una tradici6n de historia peleadora, a la cual comunica nuevos brfos. Es 16gico que Collazo contara la historia revolucionaria aprovechando sus experiencias personales.
Se puede decir tambi6n que supo cumplir con este deber revolucionario, aun cuando ellos hagan al mismo tiempo una especie de historia de su acci6n y de su pensamiento; esto puede ser para los investigadores y los lectores del futuro, un elemento fundamental en la reconstrucci6n critica del pasado.
Por otra parte, Collazo no fue un escritor de especial calidad -ni pretendi6 serlo-, public6 sus obras en momentos adecuados at objetivo que tenian, o sea, no escribi6 al azar, ni por irreprimible don literario, sino por una necesidad de comunicar a los demos aquello que no era tan fdcil decir por la palabra o por la prensa, en medlo




de la dominaci6n extranjera y del progresivo deterioro de la vida nacional.
Es por ello que cuando se lean sus obras, el lector debe ubicarse en el autor y, fundamentalmente, en el tiempo en que los escribi6. Hoy, con mbs claridad sobre hechos y personalidades y a la luz del materialismo dial6ctico e hist6rico, comprendemos sus limitaciones en toda una serie de criterios y conceptos planteados por 61 en aquel entonces.
Pero se debe hacer un balance de lo que Collazo y su obra significaron, ya que fue marginado por los intereses econ6micos y politicos de los imperialistas y do sus aliados en el pais, aunque no pudieron acallar su vcz. Es justo que en estos momentos en que en la Patria se disfruta de la verdadera independencia, pongamos en manos del pueblo estas obras para que lo valore y lo reconozca, sin apologia ni exaltaci6n, como el hombre que vio mds claro que muchos de sus contempor6neos, antimperialistas consecuentes, del periodo de la Rep6blica mutilada y se le ratifique como uno de los mds cabales representantes de la tradici6n ideol6gica revolucionaria cubana.




PROLOGO

Parece il6gico e improcedente publicar en [a 6-poca actual y durante el regimen establecido en Cuba por la Intervenci6n Americana, un trabajo con el titulo que encabeza dste: Cuba Independiente.
Y me parece necesario adelantarme a las preguntas que esto pudiera sugerir a mis lectores.
Cuba independiente parece ser hoy un sarcasmo: viviendo en este ambiente saturado de desengafios, de desconfianzas y de miserias.
Pero creo que precisamente en las epocas desgraciadas y de decaimiento moral, es cuando debe habldrsele a los pueblos de sue 6pocas de gloria y engrandecimiento; de los h6roes- que cayeron en la jornada 6pica y de los que ban sobrevivido para las luchas del porvenir.
Ademas, este trabajo s6lo se concreta a las labores preparatorias para el advenimiento de la Repiblica de Cuba, y del tiempo que 6sta vivi6, por el esfuerzo de sus hijos, como naci6n libre e independiente; porque era duefia de la mayor parte de su territorio, con leyes propias; imponiendo contribuciones, sosteniendo un ejdrcite bastante fuerte para arrollar en todo el t6rmino de su tierra a un poderoso ej6rcito europeo y Ilamar la atenci6n del mundo entero sobre sus heroicos hijos.
Voy a narrar hechos y a dar a conocer en partey a la lgera los hombres, las causas de su desgracia actual y ta desaparici6n de Ja naciente Repi'blica de Cuba, no muerta por debilidad o falta de decisi6n de sus defensores; sino desaparecida por la falacia del Gobierno americano; que esta vez ha burlado Tas aspiraciones de su noble pueblo, dejando en tela de juicio su honradez political, y a pueblo cubano torpe y vilmente engaiado hasta ahora.
0 bien por la ceguedad y torpeza, siendo benignos, de los hombres en que el pueblo de Cuba deposit su confianza, dendoles su gobierno y representaci6n. La intervenci6n americana no exlstirfa




boy si ambos factores no hubieran concurrido al engaio, como lo comprobaremos al terminar este trabajo, publicando los documentos necesarios.
El Ej6rcito cubano no podia dudar del Ej6rcito americano a quien recibia comrno aliado, cuando conocia las negociaciones existentes con el general Miles, y que 61 noblemente ha confesado en su Report Oficial, como General en Jefe del Ej6rcito americano, y del cual extractamos:
En la pdgina 16, de su informe anual a la Secretaria de la Guerra, correspondiente a 1898 (Annual Report of The Major General Commanding the Army to the Secretary of War) dice el general Miles como sigue:
Debe observarse que el general Garcia consider6 como 6rdenes
mis instrucciones y que inmediatamente dio los pasos necesarios para poner en ejecuci6n el plan de operaciones. Envi6 3.000 hombres a oponerse a cualquier movimienlo de los 12.000 espai*oles concentrados en Holguin. Una parte de esta iltima fuerza emprendi6 marcha para auxiliar la guarnici6n de Santiago, pero fue con 6xito contenida y obligada a retroceder por las fuerzas cubanas alas 6rdenes del general Feria. Tambidn envi6 el general Garcia 2.000 hombres al mando de P6rez, a oponerse a 6.000 espaioles que habia en Guant6namrno, y obtuvieron 6xito en su empresa. Envi6 asi mismo 1.000 hombres, mandados por Rios, contra los 6.000 que habia en Manzanillo. De esta guarnici6n salieron 3.500 para reforzar la de Santiago, y tuvieron que sostener no menos de treinta combates con los cubanos, en su marcha, antes de Ilegar a Santiago, Y HUBIERAN SIDO DETENIDOS SI SE HUBIERA CONCEDIDO LO QUE PIDIERA EN 27 DE JUNIO EL GENERAL GARCIA. Con una fuerza adicional de 5.000 hombres,. el mismo General Garcia siti6 Ia guarnici6n de Santiago, tomrn6 una fuerte posici6n del lado oeste y muy pr6xima al puerto y despu6s recibi6 al general Shafter y al almirante Sampsom en su campamento cerca de aquel lugar. Tenia tropas suyas a retaguardia, Io mismo que a ambos lados de la guarnici6n de Santiago antes de la legada de las nuestras.
" Ms adelante publicaremos la comunicaci6n oficial que el general Miles remiti6 al general Garcia, y que trajo el coronel Charles Hern.ndez.
No podia dudar cuando el. general Shafter, durante el sitio de Santiago, hacia manifestaciqnes diarias y el 15 de julio escribia la siguiente carta:




Julio 15.

Querido General Garcia:
Yo creo que el fin se aproxima; los jefes espafioles no consentir6n la marcha de 24.000 soldados para Espafia, de donde no volv.erian, sino estuvieran determinados a dejar a Cuba. Yo espero pronto poder saludar la hermana Repdblica de Cuba en
plena posesi6n.
Mientras tanto, querido General, conserve estrecha vigilancia
sobre el norte para evitar cualquiera sorpresa.
Con verdadero respeto, queda de usted,
W. R. Shafter.
Y mucho menos podia desconfiar, cuando de su gobierno y de los hombres de su confianza, tanto en el interior de la Repiblica como en el exterior, recibia 6rdenes y comunicaciones como la que va a continuaci6n:
El Consejo de Gobierno, en sesi6n celebrada el dia diez del
corriente, acord6 sancionar el compromiso que el Sr. Tomds Estrada Palma, en su cardcter de representarnte autorizado de nuestra Repdblica, ha contraido con el Presidente los E.E. U.U. de Am6rica, Sr. William Mc Kinley, y que consiste en que los Generales americanos en campafia tengan el mando manteniendo nuestro ej6rcito su organizaci6n propia: pero dispuesto siempre a ocupar las posiciones y prestar los servicios que aquellos determinen; a cuyo efecto el Consejo acord6 tambidn que por esta Secretarfa se diesen -como ahora se hace- 6rdenes al General en Jefe y a Vd a fin de que ajusten su conducta a lo expuesto.
Lo que traslado a usted para su mis exacto cumplimiento y para
que dicte a su vez las 6rdenes conducentes a que se ponga en ejecuci6n to dispuesto, significdndole que el Delegado Plenipotenciario ha indicado al Presidente Mc. Kinley la conveniencia de que la Escuadra Americana tome ciertos puertos para descargar por ellos, armas y municiones de guerra y boca para ambos ej6rcitos. -De Vd., con toda consideraci6n.- Sebastopol,
Mayo 12 de 1898.
El Secretario de la Guerra Int.*, Domingo M6ndez Capote.AI Mayor General Calixto Garcia, Lugarteniente General del
E. L.




Solamente asi, con datos como los que anteceden, y que ampliaremos m~s tarde, pudieron el pueblo en armas y el Ej6rcito de Cuba Ilegar mansamente a la situaci6n actual, despu6s de tantos sacrificios, de tanta ruina y de tanta sangre derramada.
Esclarecer los hechos es mi prop6sito para que el pueblo cubarno aprenda en su pasado a trazarse su linea de conducta para lo porvenir.
El Autor.




LA CONSPIRACION

Terminada la guerra que inici6 Carlos Manuel de C6spedes en la Demajagua, Manzanillo, con el convenio del Zanj6n, y rendidas las fuerzas de Oriente que habian protestado en Baragu6, prolongando la lucha algunos meses, habia quedado el pais falto de fuerza vital, abatido el dnimo; pero latente el fuego de la Revoluci6n, y multitud de sus hombres resueltos a combatir de nuevo.
En Oriente, cuna y 6ltimo baluarte de la Revoluci6n Cubana, era donde habia mbs personal apto y dispuesto a la lucha; algunos en Las Villas a cuyo frente estaba Francisco Carrillo.
La parte occidental que habia permanecido indiferente y hasta hostil, conservaba sus riquezas y sus esclavos, aumentados con los que de Oriente se Ilevaron a esas fincas.
En el extranjero pululaban los jefes, entre una emigraci6n escasa en nimero, pobre y dividida, pero se conservaba en Nueva York un centro donde existia el p.op6sito firme de emprender la obra de nuevo.
La Ilegada a este punto de Calixto Garcia, que acababa de ser puesto en libertad en Espaila, reanim6 el espfritu y se emprendieron los trabajos que secundaban, desde Jamaica, Benitez y Maceo, apoyados por aquella emigraci6n; se iniciaron trabajos de propaganda en La Habana por Marti y Juan Gualberto G6mez, que, mal dirigidos y poco prdcticos, dejaron ver pronto la trama al general Blanco, dando lugar a varias prisiones en La Habana y Santiago de Cuba, donde se ensaliaba en demostrar su ferocidad el general Polavieja.
Escasa de recursos, falta de direcci6n y con poca cohesi6n, naci6 la que en Cuba se llam6 la Guerra Chiquita.
Josd.Maceo y Quintin Bandera (26 de agosto de 1879) arrastran a Guillermo Moncada, y casi puede decirse que se Io Ilevan desde las calles de Santiago de Cuba; secundan el movimiento Jiguani y Bayamo; los sigue Tunas, aunque con flojedad; fracasa casi el movi-




miento en Guantdnamo, y poco despu6s desembarca Gregorio Benitez en Bayamo con 6nimo de pasar y sublevar at Camagiey.
En Las Villas se sublevan Carrillo y Serafin S6nchez, y los secunda
Emilio N(fiez.
Mientras tanto, en el extranjero se movia Calixto Garcia con poco 6xito, y tropezando con grandes inconvenientes que retardaban su Ilegada al campo, perdiendo con esto el movimiento la cohesi6n que era necesaria para aprovechar el entusiasmo de los primeros momentos.
Jos6 Maceo, Guillermo Moncada y Rabi, nunca se pudieron poner de acuerdo, y faltaba el jefe por todos reconocidos.
Antonio Maceo desde Jamaica nada hizo, y la Revoluci6n se debilitaba diariamente, mientras Polavieja, en Cuba, se baiaba en sangre cubana, y Pando desde Las Tunas trataba de atraerse a Belisario Peralta que se habia levantado en Holguin.
Por fin logra Calixto Garcia (en abril de 1880), acompatiado de un escaso n6mero de hombres, salir de Jamaica, y desembarcar en la costa de Manzanillo, internindose en la sierra y aproximdndose a Bayamo.
Gregorio Benitez se habia internado y Ileg6 a Camag0ey, en el que no pudo quedarse en vista de la falta de apoyo y la manifiesta hostilidad con que fue recibido, retornando hacia Bayamo.
Nunca pudo ponerse Calixto Garcia en relaci6n con los otros Jefes de Oriente que flaqueaban ya a su Ilegada y a quienes tendia la celada en que debian caer, el falso e innoble Polavieja.
Simultdneamente fueron capitulando unos tras otros, colmados de promesas y distinciones, ofrecidndoseles ser trasladados al extranjero al entregar las armas.
Pronto vio el engaio la mayoria de ellos, que fueron a poblar los presidios africanos que se Ilenaban de cubanos.
Mientras tanto, Calixto Garcia habia quedado casi solo con dos compafieros; los otros habian caido parcialmente muertos en la montafia, como Jos6 Medina y Jhonson, o fusilados como Benitez, Pio Posada y Ram6n Guti6rrez, y 61 vagaba errante por los alrededores de Bayamo, haciendo una vida horrible, Ilena de privaciones y en la mayor de las incertidumbres, sin noticias de nadie y sin saber el giro que habian tomado los acontecimientos.
Por conducto de Esteban Estrada, de Bayamo, se enter6 de los sucesos y se puso al habla con el general Varela (dominicano) y poco despu6s salia para Espafia.
Carrillo y N~fiez habian capitulado en Las Villas y asi termin6 la Guerra Chiquita, que sirvi6 a Polavieja y a Pando para derramar mucha sangre cubana, y Ilenar los presidios de Africa de patriotas cubanos como muestra de su falta de caballerosidad y buena fe.




El pals, que en su mayor parte se habia mostrado indiferente al movimiento, qued6 postrado y casi convencido de su impotencia para conseguir la libertad.
Los jefes cubanos que quedaron en libertad se agruparon al lado de Marco A. Soto, a la saz6n presidente de Honduras, que los acogi6 y coloc6 en los mejores puestos. G6mez, Antonio Maceo, Rafael Rodriguez y otros m6s, encontraron en 61 un protector decidido y eficaz.
Lentamente empezaron a volver a Cuba algunos jefes; otros se escapaban de los presidios y acudian a reforzar las emigraciones.
La paz parecia asegurada, el pals desangrado y pobre, parecia desesperanzado de mejores dias, y el entonces Partido Liberal empezaba su trabajo de espafiolizar a los cubanos prometiendo una era de paz y de justicia.
Timidos los liberales no supieron aprovecharse de los primeros momentos en que la Guerra de los Diez Afios habia hecho comprender a Espafia la fuerza vital de Cuba y la facilidad que existia de perderla, y nada mds habia logrado promesas y reformas falsas, sin consecuencias provechosas para el pais.
El fracaso del movimiento de 1880 hizo perder la fe a muchos cubanos, y los espalioles creyeron que el pals estaba completamente vencido y que podia hacerse de 61 teatro de todos los crimenes y de todas las concupiscencias; cayeron las caretas; dejaron ver el desprecio que les inspiraban los liberales y establecieron el robo como base de la administraci6n y el favor para cubrir los destinos pdbliTos, inundando a Cuba de empleados, testaferros de los ministros con quienes compartian sus robos.
El Banco Hispano Colonial y la deuda de Cuba fueron los dos manantiales de donde debian formarse grandes fortunas en Espaia. La situaci6n econ6mica de Cuba habia Ilegado a ser desesperada; la abolici6n de la esclavitud vino a remachar su pobreza; la riqueza que estaba en poder de los cubanos en el afio 1868 habia pasado a poder de los espafioles; el pals yacia agobiado con presupuestos de 42 6 40 000 000 de pesos, y se vivia del cr6dito.
El pais estaba verdaderamente aniquilado, y se podia contar cor algunos afios de paz y de tranquilidad. Las fincas de Occidente daban mbs az6car; Camagiey se reconstruia y en Oriente se empezaba a vivir; el Gobierno estaba convencido de su dominio cierto, y algunos desgraciados volvieron de los, presidios de Africa a su tierra natal.
Llega el afio 1884; G6mez y Maceo, alentados con alg6n dinero, que consiguen en Honduras, van a los Estados Unidos; se unen en Nueva York con Marti, y empiezan a mover la opini6n en el extranjero; Key West los recibe como siempre y el entusiasmo de afuera los anima; Antonio Maceo con el doctor Eusebio Hern6ndez, va a Sur Am6rica y se empiezan los trabajos en la Isla.




El pais estaba completamente muerto. Las tentativas revolucionarias fueron indtiles, pronto empez6 a escasear el dinero; vinieron las desavenencias mbs tarde; Marti abandon6 a G6mez y Maceo, y el movimiento iniciado muri6 sin eco en el pais y sin otro resultado que el gasto del dinero reunido.
Las esperanzas se perdieron por completo; en el interior nadie pensaba en nuevas guerras, y en el exterior quedaron solo algunos impenitentes como el Club de los Independientes que casi sin personal sostuvo siempre su existencia, pobre y precaria; pero siempre con algo de vida.
Tan visible era la paz y la tranquilidad del pais que el gobierno de Espaia abri6 Ia mano y los timidos liberales se atrevieron a declararse autonomistas, a pesar del cacareo de la masa inconsciente que formaba el Partido Conservador.
Los jefes cubanos parecian condenados a morirse de miseria, y en el Canal de Panamd fueron a buscar trabajo en gran nimero.
Se habia perdido la fe casi por completo, el Partido Revolucionario parecia muerto, tanto en el interior del pais como en el extranjero, y el desorden en Cuba tom6 mayor vuelo ain si era posible; la ley era una farsa y las elecciones eran una burla cruel alas aspiraciones de los cubanos.
Los Capitanes Generales y los altos empleados se enriquecian r6pidamente, sin ocultar sus fraudes, que eran apoyados por los ministros en Madrid. El pueblo agobiado y convencido de su impotencia, sufria y callaba, entreteniendo su espiritu en las reuniones politicas de los autonomistas, que envalentonados con la pasividad del Gobierno, iban dando notas cubanas en busca de aplausos y popularidad; sin darse cuenta de que Io que hacian era preparar al pais para la Revoluci6n que no esperaban y a la que combatfan.
Resueltos a apoyar al Gobierno espafiol, jams fueron creidos y sus pueriles protestas de patriotismo, nunca produjeron efecto alguno; la conducta ambigua que segufan era la causa real; enemigos de la Revoluci6n, vestian sus colores, y en sus discursos y trabajos dejaban entrever al pueblo un mis all6 que los hacia populares.
Aqui no hubo nunca mds autonomistas que los directores; las masas populares siempre fueron separatistas, aunque el temor a la guerra por un lado y la falta de recursos per otro, las obligaban a ocultar sus deseos, los autonomistas inconscientes trabajaron por la Revoluci6n que, de buena fe, trataron de combatir y matar; ciegos, olvidaban la historia de Espafia y esperaban de ella justicia, o cobardes, estaban dispuestos a sufrirlo todo antes que arrostrar los peligros de la guerra.
Pero el malestar era tan grande, la injusticia tan notoria y tal era el estado de desmoralizaci6n, que obligaba a la Metr6poli a hacer alardes de liberalismo y ensayar reformas politicas.




Los Capitanes Generales se sucedfan unos a otros sin que variara la situaci6n political del pais. Blanco, Pjl .aieja, Chinchilla, Salamanca, Calleja, reemplazdbanse sin otro resultado que dar algunas muestras de honradez aparente, poniendo de manifiesto la gangrena social que corrompia a la poblaci6n cubana. Podia decirse sin exagerar que la desmoralizaci6n habia germinado de tal manera, que tenia pervertido el sentido moral del pueblo. Asumian la representaci6n de Cuba, no los m~s aptos y meritorios, sino los mis audaces o los mas cinicos. La defraudaci6n al Estado, que no se ocLAtaba, era normal, haci6ndose gala de elia. El contrabando era cosa tan corriente que to realizaban aun aquellos mismos a quienes repugnaba. Los capitales se hacian en grande escala por medio de destalcos enormes en el ej6rcito, en la marina, en las aduanas y en la c6lebre Junta de la Deuda.
La administraci6n del general Salamanca remrnovi6 el cieno, conmoviendo esta sociedad de ladrones con empleo; pero su muerte prematura paraliz6 su acci6n, y pudieron muchos continuar sus antiguas fechorias. La necesidad de las reformas era tal que se decidieron en la Metr6poli a emprender algo, y Maura se encarg6 de ello. Sus reformas raquiticas y mezquinas, eran una verdadera farsa politica; pero afn asi fueron bastante para exaltar el sentimiento de los conservadores, que le hicieron una oposici6n sistem~tica y tenaz evitando su planteamiento.
Los cubanos, por el contrario, que s6lo aspiraban a obtener algo, fundaban en ellas sus esperanzas, y el fracaso fue una decepci6n mis, que exasperando los 6nimos, los acerc6 a la Revoluci6n; la fuerza de 6sta adn latente se presentia ya, y en el extranjero se empezaba a sentir una pequefia agitaci6n, tomando nuevas formas a impulso de sus nuevos directores.




JOSE MARTi
El malestar que se sentia en el pais habia repercutido en el extranjero, y la idea, que parecia muerta ya, empezaba a tomar cuerpo en el Club de los independientes a cuyo frente estaba Juan Fraga, inicidbase, aunque lentamente, una nueva vida para el Club, y aumentaban sus socios; los emigrados que desde Key West habian cambiado su residencia por Tampa, se agrupaban de nuevo, y en Key West renacia la idea revolucionaria y aumentaba el entusiasmo. Llamado Marti a Tampa, habla y comienza a congregar dispersos; acude a la cita que desde Key West le hacen algunos j6venes, entre ellos Gualterio Garcia, y es acogido con entusiasmo. Comienza a surgir la idea del Partido Revolucionario Cubano, que va a formar el nuevo .ap6stol. En Nueva York habla Marti en el Club de los independientes, ,da nueva vida a la idea y pronto inaugirase una era de trabajos preliminares para la gran empresa.
Constitdyense los clubs revolucionarios y se dan a la luz las bases del nuevo partido, siendo aprobadas por todas las emigraciones, sobre las cuales en poco tiempo habia adquirido Marti gran ascen,diente.
Las bases propuestas por la emigraci6n de Key West y aceptadas por todas las emigraciones son las siguientes:
Articulo 19 El Partido Revolucionario Cubano se constituye
para lograr, con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba
y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico.
Articulo 29 El Partido Revolucionario Cubano, no tiene por
objeto precipitar inconsideradamente la guerra en Cuba, ni lanzar a toda costa al pais a un movimiento mal dispuesto y discorde, sino ordenar de acuerdo con cuantos elementos vivos y




honrados se le unan, una guerra generosa y breve encaminada a asegurar la paz y el trabajo en la Isla de Cuba.
Articulo 39 El Partido Revolucionario Cubano reunird los elementos de revoluci6n hoy existentes y alegar6 sin compromisos inmorales con pueblo u hombre alguno, cuantos elementos nuevos pueda, a fin de formar en Cuba por una guerra de espfritu y m6todos republicanos, una naci6n capaz de asegurar la dicha durable de sus hijos, y de cumplir en la vida hist6rica del Continente, los deberes dificiles que su situaci6n geogr6fica le sefiala.
Articulo 49 El Partido Revolucionario Cubano no se propone perpetuar en la Rep6blica Cubana, con formas nuevas o con alteraciones mds aparentes que esenciales, el espiritu autoritario y la composici6n burocritica de la colonia, sino fundar en el ejercicio franco y leal de las capacidades legitimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud.
Articulo 59 El Partido Revolucionario Cubano se establece para fundar la patria una, sagaz y cordial que desde sus trabajos de preparaci6n y en cada uno de ellos vaya disponi6ndose para salvarse de los peligros externos e internos que la amenacen y sustituir el desorden econ6mico en que agoniza con un sistema de Hacienda piblica que abra al pais inmediatamente a la actividad diversa de sus habitantes.
Articulo 69 El Partido Revolucionario Cubano no tiene por objeto Ilevar a Cuba una agrupaci6n victoriosa que considere la Isla como su presa y dominio, sino preparar con cuantos medios eficaces le permita la libertad del extranjero, la guerra que se ha de hacer para el decoro y bien de los cubanos, y entregar a todo el pais la patria libre.
Articulo 79 El Partido Revolucionario Cubano cuidard de no atraerse, con hecho o declaraci6n alguna indiscreta, durante su propaganda, la malevolencia o suspicacia de los pueblos con quienes la prudencia o el afecto, aconseja o impone el mantenimiento de relaciones cordiales.
El Partido Revolucionario Cubano, tiene por prop6sitos concretos los siguientes:
19 Unir en un esfuerzo continuo y com6n la acci6n de todos los cubanos residentes en el extranjero.
29 Fomentar relaciones sinceras entre los factores hist6ricos y politicos de dentro y fuera de la lsla que puedan contribuir al




triunfo rdpido de la guerra y a [a mayor fuerza y eficacia de las instituciones que despuds de ella se funden, y deben ir en g6rmen en ella.
39 Propagar en Cuba el conocimiento del espiritu y los m6todos
de la Revoluci6n y congregar a los habitantes de la Isla, en un Animo favorable a su victoria, por medios que no pongan innecesariamente en peligro las vidas cubanas.
49 Allegar fondos de acci6n para la realizaci6n de su programa,
a la vez que abrir recursos continuos y numerosos para la guerra.
59 Establecer discretamente con los pueblos amigos relaciones
que tiendan a acelerar, con la menor sangre y sacrificios posibles, el 6xito de la guerra y la nueva repdblica indispensable al
equilibrio americano.
69 El Partido Revolucionario Cubano se regird conforme a los
Estatutos secretos que acuerden las organizaciones que Io formen.
Con entusiasmo y rapidez surgi6 el nuevo partido con una organizaci6n completa; en todas partes se crean clubes regidos por los cuerpos de consejo de las localidades; se empiezan a organizar colectas, se establece una contribuci6n fija y se nombran los que han de dirigirlo, siendo electos: delegado, Jos6 Marti; tesorero, Benjamin Guerra y secretario, Gonzalo de Quesada.
Tan rdpida e imprevista fue la organizaci6n que en los primeros momentos se le dio poca importancia al hecho, juzgdndolo la mayoria como un acto manifiesto de locura.
Marti se multiplica, a todas partes acude y su palabra f~cil gana sectarios y voluntades que le obedecian ciegamente, y sin preguntar el uso de los fondos ni la indole de los trabajos. El hombre personificaba la empresa, y la confianza en 61 puesta por la emigraci6n era Iilmitada.
Salen Gerardo Castellano y otros a recorrer la Isla, Ilevarido la buena nueva y a explorar los 6nimos.
Los primeros resultados fueron poco satisfactorios: habia algunos elementos dispuestos; pero exigian se pusieran al frente jefes de la pasada Revoluci6n, especialmente M~ximo G6mez, o en algunos puntos Maceo; entre el elemento revolucionario que habia quedado en la Isla, Marti era poco conocido y poco simpAtico por sus antecedentes, juzgindosele mal; se sabia que con edad suficiente y maltratado por el Gobierno espafioi, al salir de presidio, so habia ido a M6xico en lugar de tomar parte en la Guerra de los Diez Afios; su actitud en Madrid en esa 6poca era poco conocida; sus trabajos en La Habana en el afio 1880 dieron poco resultado, y los fracasos an-




teriores en Nueva York le habian dado poca notoriedad; su conducta con los generales G6mez y Maceo en Nueva York en el ao 1884, y su retirada de ese movimiento en los momentos en que la realiz6, lo hacian poco simpitico para los jefes de la Revoluci6n de 1868.
El, por su parte, tenia contra ese elemento sus prevenciones, y los juicios que hizo en su trato con ellos, le obligaron a pensar que debia dejarlos a un lado.
Con Roloff y Serafin S6nchez se puso de acuerdo en Key West, y en Oriente con los hermanos Sartorius, Angel Guerra, Mir6 y otros a quienes la impaciencia y la falta de pr~ctica, prec.ipitaba, y sin base alguna, querian adelantar los sucesos.
Era Marti un hombre notable y de condiciones excepcionales y poco comunes, tenia alientos para concluir como loco o como h6roe y termin6 mejor que como 61 habia sofiado: como heroe y soldado, cayendo en medio del combate, en el fragor de la pelea y con el ruido que sirve de salva a los h6roes y a los buenos. Su apoteosis la hardn los cubanos mis tarde, conservando su efigie y su memoria entre sus grandes hombres. Cuando todos desmayaban Marti levant6 de nuevo el pabell6n; de un grupo de cubanos dispersos en la emigraci6n cre6 un pueblo entusiasta, y dio vida a la nueva Revoluci6n que debiera Ilevar a la pr6ctica el general M6ximo G6mez.
Era Marti pequefio de cuerpo, delgado; tenia en su ser encarnado el movimiento; era vario y grande su talento, vefa pronto y alcanzaba mucho su cerebro; fino por temperamento, luchador inteligente y tenaz, que habia viajado mucho, conocia el mundo y los hombres; siendo excesivamente irascible y absolutista, dominaba siempre su cardcter, convirti6ndose en un hombre amable, carifioso, atento, dispuesto siempre a sufrir por los demds, apoyo del d6bil, maestro del ignorante, protector y padre generoso de los que sufrian; arist6crata por sus gustos, h6bitos y costumbres, Ilev6 su democracia hasta el limite;. dominaba su caricter de tal modo que sus sentimientos y sus hechos estaban muchas veces en contraposici6n; ap6stol de la redenci6n de la patria logr6 su objeto.
AI terminar el afio 1892 el Partido Revolucionario y la propaganda de Marti habian adquirido fuerza tal que puso en cuidado al Gobierno espafiol. Ya en Key West, en sus primeros discursos, habia puesto Marti de manifiesto su politica y sus prop6sitos; para todas las clases sociales de Cuba estuvo atrayente y ben6volo; s6!o para el elemento de la guerra anterior, juzgando con ligereza y apasionamiento, estuvo agresivo y duro; y su pensamiento lo condens6 en la frase:



Asi como en el extranjero el desarrollo de la Revoluci6n habfa sido sorprendente y rdpido, en el interior de la Isla era lento y poco efectivo, pues el elemento que se movia inspiraba poca confianza; de Holguin habia salido Angel Guerra, comisionado por los que alli conspiraban y se habia visto con Marti en Cayo Hueso, las impaciencias de aqudl y el car6cter de Marti hicieron esta unidn poco efectiva, y Guerra tuvo que irse a Sur America desesperanzado y desacreditado.
En las Villas, emisarios dirigidos por Serafin S~nchez, recorrian el territorio con poco 6xito, produciendo excitaci6n, pero ningOn trabajo prdctico; en el Camagiey habia tenido poca resonancia y en Ta parte occidental no existia casi nada real, fuera de un pequeiio grupo que por iniciativa propia habifa empezado a trabajar en Matanzas y Jagiey Grande.
A fines del afio 1893, hizo Marti un viaje a Santo Domingo, y puesto de acuerdo con G6mez, public6 una carta de dste dando su conformidad al movimiento; desde ese momento el antiguo elemento revolucionario empez6 a tener fe.
Reunidos en el hotel Roma, Pedro Betancourt, Dominguez, Joaquin Pedroso, Juan Gualberto G6mez y Enrique Collazo, resolvieron mandar al primero a Nueva York para que se avistase con Marti, darle aviso de lo hecho en Matanzas y obtener recursos para darle mayor impulso, a la vez que entrar en el movimiento general que se iniciaba bajo una nueva faz.
Betancourt volvi6 de su comisi6n, con ofertas de Marti y con instrucciones para aquel grupo que desde entonces entraba en el concierto general, y reanud6 sus trabajos de acuerdo con el doctor Marrero que los efectuaba en Jagiey Grande.
La labor revolucionaria iba tomando incremento y Marti la explotaba; su falta de conocimiento real de las cosas, las noticias exageradas de los exaltados y el deseo y malestar general, dieron lugar a la intentona de los hermanos Sartorius en Purnio, Holguin, a quienes un falso aviso remitido desde Sancti-Spiritus por un emisario de Marti, precipit6 un fracaso initil y que por fortuna fue poco sangriento.
Los informes exagerados y las impaciencias de Zayas y la gente de Cienfuegos, hicieron a Marti mandar a Esquerra y dos comisionados mds a Cruces, donde se agitaba una masa de gente dispuesta, y se decia era indispensable el alzamiento; efectuado 6ste por Zayas, muri6 al nacer falto de recursos y de vida.
Estos ensayos y fracasos, y la poca importancia de los movimientos, asi como la falta de correspondencia en otros puntos de la Isla, convencian al Gobierno espaiol de la impotencia y escasez de recursos del elemento revolucionario, envalentondndolo para seguir el camino de la explotaci6n del pais, que vefa completamente sojuzgado y muerto.




El Partido Liberal se crefa duefio de la opini6n cubana, y esos fracasos los atribufa a su gesti6n espafiolizante, queriendo que el Gobierno los tomara como servicios suyos y diera al pais alguna migaja de libertad y justicia.
Marti, que apoyaba estas intentonas, hijas de la poca experiencia, negaba luego de haber tenido participaci6n en ellas, y fueron sirviendo de provechosa lecci6n para lo sucesivo, moderando a los impacientes y a los exaltados.
Entre los liberales cada fracaso era un consuelo, pues le parecia una garantia de su futuro predominio y de futuras influencias con el Gobierno espaiol.
Marti supo aprovechar estas circunstancias para no despertar las sospechas en la isla; a la vez que conservar la fe en las emigraclones, en las que cada fracaso hacia despertar mayor entusiasmo y deseo.
El Gobierno espafiol hacia inconscientemente todo lo que podia para ayudarlo con su political torpe, a la que como siempre cegaba la avaricia, teniendo por consecuencia la corrupci6n tanto en la justicia como en la administraci6n; haciendo sentir su peso abrumader sobre el pueblo cubano, agravando la situaci6n y el malestar econ6mico del pais, matando la industria azucarera, destruyendo la del tabaco, que, a pesar de su gran vitalidad y riqueza, se arruinaba en manos de la Administraci6n.
El Partido Liberal 6nica agrupaci6n cubana que hubiera podido ejercer alguna influencia sobre el Gobierno espafiol, era mirado por 6ste con desconfianza y hasta con desprecio, a pesar de sus continuas protestas de espatiolismo y sus repetidas pruebas de fidelidad y sumisi6n a los poderes metropoliticos. Influfan en esto la conducta de sus hombres, la ambigUiedad de -sus declaraciones, la timidez con que procedia ante los abusos de las autoridades, la pasividad con que toleraba la ultrajante omnipotencia del partido Ilamado espafiol; cosas todas que Io incapacitaban para todo empefio grande y generoso. Asi veia agonizar su personalidad a pesar de sus esfuerzos por vivir, sin conseguir que Io comprara no obstante sus ardientes deseos de venderse. Los recelos que inspiraba al gobierno lo desconcertaban cada vez que intentaba realizar algo en favor del pais.
Componia la Junta Central del Partido Liberal un grupo de hombres inteligentes e ilustrados, pero en su mayoria sin capital. Necesitaban por consiguiente vivir del Gobierno, y sacaban de 6ste Io que podian, sin perder su cardcter de antigubernamentales. Los que poseian alguna fortuna solicitaban cargos gratuitos que halagaban su vanidad.
A pesar de su talento, aquellos hombres cometieron un error muy grave; para hacer sus ideas y su conducta m~s simpdticas al pais se fingian cubanos de coraz6n, y tanto como el Gobierno espafiol se lo permitia, sefialaban los errores de la Metr6poli; empleaban en




sus discursos frases ambiguas que exaltaban el entusiasmo de las masas inconscientes. Pretendfan ensefiar al pueblo cubano el camino que ya habia recorrido y franqueado la Revoluci6n de 1868. En sus reuniones pdblicas usaban los colores cubanos, y cada vez que querfan obtener un aplauso de sus oyentes, fingian un arranque revolucionario. Crefan al pais tan postrado, que no concebian la Revoluci6n, y esa political de engafio para con los espatioles y de doblez para con los cubanos les permitia medrar entre los primeros y hacerse populares entre los segundos.
Sin darse cuenta de ello y contra su voluntad, fueron auxiliares eficaces de una Revoluci6n que odiaban y temian y que m~s tarde habia de conducirlos a la triste y desairada situaci6n en que se vieron. Mal vistos por los cubanos y por los espaholes, fueron, ante los primeros, responsables de la sangre cubana derramada desde noviembre de 1898 en que se presentaron a servir de juguete al Gobierno espaliol, aceptando la irrisoria autonomfa con que aqu61 crefa eludir parte de la responsabilidad de sus crimenes cometidos en Cuba; y ante los segundos, porque con sus engaios y falsas promesas no hicieron otra cosa que prolongar la lucha est6rilmente, haciendo mayor y mas inevitable la cat6strofe final y la ruina del poder colonial de Espafia.
Mientras que en el extranjero, las emigraciones adquirian fuerza y cohesi6n, el descontento y la incertidumbre aumentaban el malestar de los cubanos en la Isla. La lucha provocada por las raqufticas Reformas de Maura y su fracaso, habia convencido al pueblo de que nada debia esperarse ya de Espafia. La deuda abrumadora cuyos intereses pagaba Cuba exclusivamente, la situaci6n creada por la inoportuna y disparatada recogida del billete del Banco Espaliot de la Habana, los enormes fraudes que se cometian en todos los ramos de la Administraci6n Ptbiica, determinaban un malestar y una creciente miseria que debian ser poco tranquilizadores para los habitantes de la Isla.
A principios del aio 1894, el general Maximo G6mez, Ilamado por Marti, abandonaba su residencia de Montecristi, Santo Domingo, para conferenciar en Nueva York. En abril del mismo aflio, y ya de acuerdo ambos personajes, se ponia el general G6mez al frente de los trabajos militares de la conspiraci6n; ponidndose en comunicaci6n con los jefes de la pasada guerra, que deberian iniciar en sus respectivas localidades el movimiento a su debido tiempo.
Los generales Roloff y Serafin Sdnchez, desde Key West se entendian con los hombres de Las Villas. Maceo y Flor Crombet, desde Costa Rica se ponian al habla con la gente de Oriente. En Santiago de Cuba, mandado por Marti, se hallaba Rafael Portuondo; y el general G6mez se comunicaria oportunamente con Mas6 y Guillermo Moncada. Holguin y Tunas se entendian con los jefes de Bayamo y




Manzanillo. En CamagOey se establecian comunicaciones con Salvador Cisneros, Emilio Luaces y Enrique Mola.
Las 6rdenos que se publican a continuaci6n fueron traidas a La Habana en el mes de mayo de 1894 por Charles Hern6ndez, quien portaba tambi6n las de Puerto Principe que fueron Ilevadas a este punto y entregadas personalmente por Jos6 Maria Trevifio que retorn6 a La Habana con las precauciones que eran del caso.
Dicen asi esos documentos:
-Central Valley., Abril 12 de 1894.
Sr. Enrique Collazo.
Mi querido Enrique: Mi silencio de tan largo tiempo hasta ahora, y que tal vez a rafz de tanta labor revolucionaria, no tuviere explicaci6n satisfactoria para ti, no lo dudes, era intencional.
Tu me conoces y sabes que yo se ocupar mi puesto, Ilegada la hora, y debia dejar a Marti que l61 sin obstdculos ni estorbos realizara la obra estupenda de unificaci6n y concordia de los elementos dispersos de fuera, que deben en un momento dado unirse con el elementc sanu y dispuesto de dentro, para salvar a Cuba. A mi entender este trabajo est6 ya terminado, y urge
que entremos en el terreno de los hechos positivos.
Asi, pues, Enrique, la Revoluci6n (y 6sta es mi opini6n] cuenta
con dos hombres en primer t6rmino para Occidente, de los que
se encuentran en esas comarcas, que son tW y Carrillo.
Est6 P...I pero como yo conozco su caricter exaltado, seria expuesto para l61 mismo decir!e una palabra la vispera, y no debes, pues, sino comunicarte en absoluto con Carrillo. Pocas palabras.
Arreglen y combinen todo Io que puedan.
Si necesitan armas pidelas o mindalas a buscar pues como ustedes son los que deben asumir la responsabilidad de la introducci6n, es a quienes toca estudiar y prever todo para ese caso.
O si tu crees que puedes conseguir algunas ahi mismo, aunque costasen m~s caro, hazlo porque de ese modo queda mds garantizada su seguridad.. Tu avisards de la suma que necesites y
del modo o oonducto de hacerla Ilegar a tus manos.
Oye bien, pues esto es lo mis importante. De ningLin modo
deben ustedes mover una paja en Occidente, mientras los fuegos del Centro y del Oriente, que yo mismo personalmente pienso dirigir, no les quite much onemigo de encima. Pero jc6mo nos salvaremos del peligro personal que conocemos, por m s quietos que nos propongamos estar con esa situaci6n encima? De un modo sencillisimo: como en tu plan y organizaci6n debe estar
I Josd Maria Aguirre.




previamente previsto ese caso, debes tener preparados tres 6, cuatro hombres de confianza, bien armados, para que en el momento dado, se oculten en el campo, aunque para ello tengas que unirte a Manuel Garcia. Esa situaci6n de espera, que bier, entiendo te serfa angustiosa, debe ser poco duradera y el estado de la comarca hard conocer la hora o el momento de hacer sentir tu presencia en el campo. Tomada esa actitud, ya lo demds tu sabes como se hace; mucho dafio al enemigo procu-rando recibir el menos posible.
En cuanto a los m6todos y modos, ni una palabra tengo que decirte: conozco muy a fondo tu honradez y pundonor, para que puedas tolerarte ningTn acto que quite honra y prestigio a la Revoluci6n y manche nuestro nombre.
A otra cosa: un dia, no lo olvidar6 jambs, en horas tristfsimas de mi vida, me tendiste tu mano amiga, hoy s6 que estds mas pobre que entonces, alld pues te mando $400. Tu familia, cuando quieras y de un modo h6bil para que su salida no te haga sospechoso, haz si quieres, que se traslade a Cayo Hueso, pues alli habr6 6rdenes y medios de atenderla.
Y cerrando 6sta con un abrazo, te quiere tu viejo General.
M. G6mez.
Necesito que me acuses recibo de 6sta carta. Cambia la letra y firma -Aguas Verdes.. Serafin S6nchez en Cayo Hueso es buen conducto.
Yo estoy muy vijilado fuera.
G6mez.
Sr. Enrique Collazo.
Mi muy estimado amigo: con alegria grande, cumplo hoy por medio de la carta adjunta, los avisos que de tiemrnpo en tiempo, he enviado a ustedes en estricto acuerdo, con el desarrollo del plan; seguro a la vez que, vigilante de sucesos que sabfa yo bien que a la hora precisa, la de la acci6n cercana, sin demasiada preparaci6n posible, habian de pasar por sus manos. De mi particular gusto en ello, y aun dir6 que de mi parte en ello, usted tiene ya pruebas bastantes, aunque no Ilegue tal vez a entender todo el afecto y especial cariio conque veo 6sta por principal puesta en usted. -Yo le dir6 que usted es como nosotros, me dijo una vez el General G6mez hablando sobre usted. Usted 10 ha sentido ya y v6 en mi un hermano.
Cuanto dijese sobre otras cosas serfa redundante; y va explicado en la carta adjunta, escrita de acuerdo con la Delegaci6n




y por esta suscrita y confirmada. Debo s6lo regocijarme de que sea usted hoy, ya la certeza de ese sistema de prudencia, concordia y division de trabajo conque en tan breve tiempo hemos Ilegado de tan poco a tanto.
Tenia usted raz6n por los engahios y cobardias de la 6poca pasada, en temer que yo en mi humilde parte, no fuese el hombre de verdad y sencillez que soy, sino un Ilena p6ginas, ambicioso y sin rifi6n: 6 que era yo victima del patriotismo inactivo y de miedos literarios, a la obra fecunda y sana que hay que hacer. Pero yea ahora la fuerza y terminard conque se unen sin un solo embozo, ni semilla de separaci6n futura, los elementos necesarios y que a usted mismo pudieran parecer opuestos de la Revoluci6n.
Ni en espiritu, ni en detalle me separo un 6pice del vigor y la nobleza del General G6mez. Asi le envi6 a decir al anunciante, para calmar su duda natural la situaci6n pr6xima que hoy le va la prueba. Con la fuerza de to hecho puedo asegurarle que me empleo ahora mismo cuidando, por la isla y el mismo respeto a las vidas en ella que he demostrado hasta hoy. Sigo viaje a cubrir mi trabajo verdadero, y hacer de camino parte de 61. Pero antes voy al Cayo a esperar respuesta de usted, que me puede ir por el portador de 6sta y aguardo con la natural impaciencia.
Por otra mano remiti a usted los 400 pesos que le anuncia el General y aquf incluyo orden al portador por 75 pesos para que sin el peligro a que estaria hoy expuesta cualquier comunicaci6n mia, por portador at Camagiey envie usted por mano en primera via, esa carta del General y mia al Marquds. Aqui he aguardado hasta dar con hombre totalmente seguro. Pero esto no tiene raz6n natural para seguir al Principe. Usted escogerd alli bien su mensajero.
Para mayor tranquilidad de usted y para el 6xito de sus labores debo decir a usted que de ningiTn modo intervendr6; ni en cosas de acci6n, armas etc. me he permitido intervenci6n anterior en la organizaci6n que ahi desea usted darse. Las personas todas que a mi hayan venido, recibirdn recado de ponerse alas 6rdenes de usted y s6lo dar6 ese recado a gente de toda seguridad. De Matanzas D. y B?. piden sin cesar armas, sin que hasta hoy yea yo modo cierto de su arribo, ni creo deba obrar en esto aparte de usted, to cual les dird usted que los conoce, si le parece bien decirselo por que yo no usar6 con ellos el nombre de usted si usted no me autoriza. Usted est& ahi y usted conoce mejor los peligros que hay que obviar. Pero desearia respuesta sobre to de Matanzas, o que usted los acalle para
2 Dominguez y Betancourt.




que no crean desden o debilidad Io que no es mns que 6rden y disciplina. Deseo tambi6n su autoridad para hablar de usted
a J. G. G.3
Para el mi6rcoles pr6ximo de la entrante semana habr6 Ilegado
al Cayo y allf desearia hallar respuesta de usted al General y a mi, para seguir viaje. Solo me queda espacio para felicitarlo con calor por su publicaci6n Oltima que tan eficazmente contribuye a echar por tierra en el instante de la arremetida, al unico enemigo que verdaderamente tiene la felicidad de nuestra
patria, la soberbia incapaz de esos hombres timidos.
Aguarda impaciente y carifioso noticias de usted su amigo.
Jos6 Marti.
En vista de 6stas 6rdenes se &vis6 a Francisco Carrillo que estaba en Remedios y vino a La Habana. Reunidos 6ste, Jos6 Maria Aguirre y Enrique Collazo se pusieron de acuerdo para dar cumplimiento a las 6rdenes recibidas y activar los trabajos preliminares del ya pr6ximo alzamiento.
Por conducto de Eduardo H. Gato, de Key West, se recibieron dos mil pesos oro americano, que fueron repartidos en tres partes iguales y cada cual march6 a su pesto, retornando Carrillo inmediatamente a Remedios, debiendo Aguirre trabajar en Matanzas y Enrique Collazo en La Habana y Vuelta-Abajo.
Puestos de acuerdo con Juan Gualberto G6mez y Pedro Betancourt, se empez6 a activar la compra de armas y municiones, emple6ndose en Matanzas a L6pez Coloma y ios Acebedo que debian entenderse con el doctor Martin Marrero; Aguirre hizo dos viajes a Cienfuegos para preparar el terreno, y se prosiguieron los trabajos en La Habana y Vuelta-Abajo; mandando emisarios a Pinar del Rio, Vifiales, Bahia Honda y Cabafias, donde habia elementos dispuestos a concurrir a la obra general.
La situaci6n era tan transparente que en todas partes se hablaba del movimiento pr6ximo, se hacian las cosas tan a las claras que no parecia 16gico suponer que fuera cierto, la policia perseguia a los mds sefialados pero, en vano, pues no encontraba rastro alguno, no habia reuniones, ni juntas, ni lista que denunciara, varias veces el general Calleja intent6 hacer algunas prisiones, pero no encontraba ningein hecho real en que basarias.
No habia en La Habana ninguna persona de posici6n que juzgara la cosa con seriedad, y los que tenian que hacerlo eran acogidos con burla o menosprecio, tomindolos como locos o especuladores que explotaban la idea como medio de vivir.
3 Juan Gualberto G6mez




Con objeto de poner en conocimiento de la Junta Central del Partido Autonomista, para cumplir fas 6rdenes del general G6mez, para propagar y ultimar la Revoluci6n en La Habana que la Revoluci6n se efectuaria con o sin el concurso del Partido Autonomista, que el objeto no era comprometerlos ni exigir su concurso, que inicamente, y atendiendo a su condici6n de cubanos, se pretendfa que acto de tanta transcendencia, no se verificase sin su conocimiento. Que si estaban conformes se les tendria al tanto de los progresos de la Revoluci6n para que ellos acentuando su political, y aprovechando los continuos atropellos del Gobierno espaiol, buscaran el medio de que los encontraran disueltos, ayudando asi indirectamente a la Revoluci6n y salvando ellos una situaci6n dificil.
Aplazada la contestaci6n para ocho dias mds tarde, la dio Govin afirmativa, y el peri6dico El Pais en esos dias, en su sesi6n de fondo, aprovechando la destituci6n del Alcalde de Cartagena, se expresaba en los tbrminos convenidos.
Se crey6 que podfamos marchar de acuerdo, lo que hubiera side ventaja grande para el pals y para los autonomistas; pero por desgracia no fue asi. En los editoriales siguientes de El Pais se acentu6 de manera clara y terminante su political contraria, dejando ver no s6lo que no permanecerfan neutrales, sino que harian a la Revoluci6n una guerra dura y activa.
Aclarada la situaci6n; el peri6dico La Igualdad que dirigia Juan Gualberto G6mez y La protesta, abrieron la campatia contra los autonomistas, pusieron de manifiesto su cubanismo de double y su espafiolismo de ocasi6n, sus pr6cticas y sus reuniones desautorizaron sus actos, haciendo ver sus falsos idolos y poniendo en claro su political falsa e inmoral, basada en el engaio y el dolor, pues no eran ni cubanos de veras, ni espaioles sinceros.
Se empez6 a producir una agitaci6n general y constante que sostenia al pais en sobrexcitaci6n perenne y no se hablaba de otra cosa que del movimiento pr6ximo.
Disputas acaloradas, articulos incendiarios, eran la comidilla del dia; revolucionarios de abolengo, combatfan en el peri6dico y con la palabra, de manera dura, el movimiento considerado por la mayoria como locura insigne o mala fe marcada.
Realmente en la poblaci6n de La Habana entre la gente de posici6n, la Revoluci6n no s6lo no encontr6 apoyo, sino mnanifiesta hostilidad, mientras que la juventud esperaba con ansias la sefai y la gente del campo estaba a la expectativa esperando el momento, aunque con desconfianza. Mientras tanto, en el extranjero crecia el entuslasmo y aumentaba la fe en el 6xito, y el hombre que la representaba para ellos era Marti; el obrero se quitaba el pan de la boca para aumentar el caudal revolucionario, sin quejas y sin preguntar su inversi6n ni




el camino andado. El trabajo se hacia en el mayor sigilo y casi puede decirse que s6lo Marti lo conocia y a nadie daba cuenta.
En el mes de septiembre Ilevaba Gato a La Habana cinco mil pesos, que en la redacci6n de La Igualdad se le entregaron a Dominguez y Betancourt en presencia de Gato, Juan Gualberto G6mez y Enrique Collazo, dando 6ste t1timo recibo a Gato; tenian por objeto activar el movimiento en Matanzas.
De acuerdo con J. G. G6mez se procedi6 a la compra y remisi6n de armas y pertrechos que se embarcaban por el ferrocarril de Bahia como efectos de ferreteria.
Para Vuelta-Abajo se compraron algunos armamentos y pertrechos que se mandaron a Santiago de las Vegas, la Gira y Bahia Honda; entendi6ndose con J. G. G6mez que se movia en su esfera de acci6n con la buena fe y talento que 61 sabe tener siempre.
Para mandar algunos armamentos a CamagOey, Marti aprovech6 el viaje de Enrique Loynaz del Castillo a Nueva York.
Loynaz Ileg6 a Camagiey con sus armas y parque felizmente; pero las personas de quienes se confiara para su desembarco, unos por impericia, otros por miedo y otros por mala fe, se unieron para perder aquel armamento ya salvado; la alarma que produjo este hecho fue grande; era la primera manifestaci6n real de la tormenta pr6xima; la traici6n y el odio a la Revoluci6n se encubri6 con el deseo de salvar a Loynaz, el que despu6s de muchas peripecias y disgustos logr6 escapar al extranjero.
La opini6n en Camagey estaba perfectamente dividida y definida, la juventud, como en todas partes, esperaba la sefial con impaciencia; pero los sabios de la localidad, algunos poseedores de vacas, y los duefios de los dos ingenios de la provincia veian la Revoluci6n como un crimen para el cual no habia castigo suficiente.
Alarmados ya a fines de agosto y con pretexto de acabar con el bandolerismo vinieron Fabio Freire y Antonio Aguilera a La Habana para obtener del Capit6n General, que reforzase aquellas guarniciones con objeto de amilanar al pueblo y matar en germen la Revoluci6n que suponia en estado naciente, haciendo que se recogieran los armamentos que el general Gasco habia dado anteriormente para la persecuci6n de los bandoleros.
La excitaci6n en Occidente era grande y creciente; la tranquila Vuelta-Abajo, el antiguo continente negro, queria borrar su pasado, como lo ha hecho, Ilegando en el sufrimrniento hasta el limite del desinter6s y la abnegaci6rn y en valor hasta el heroismo 6pico.
En Oriente el fuego era latente, pero seguro y en calma; era donde se sentian menos impaciencias y con tranquila resoluci6n se esperaba la orden, Las villas reflejaba el estado de Oriente, y en Matanzas, como conspiradores noveles, mostraban una impaciencia e imprevisi6n capaces de echar a rodar por completo todo lo edificado.




La situaci6n para el Gobierno espafiol, era critica y dificil. Se presentia la Revoluci6n, pero no habia una causa real que justificara medidas de rigor; los trabajos no pasaban en apariencia de meras habladurfas y conversaciones de caf6.
Los robos de la administraci6n puestos en claro, con escdndalo por el general Salamanca, la falta de cr6dito, las torpezas cometidas al hacer los tratados internacionales que mataron la industria del aztcar y el tabaco, y la crisis monetaria como 61ltima gota, pusieron tan de manifesto la necesidad de traer algo nuevo que sirviera de coesuelo o de esperanza a aquel pueblo rico hasta entonces y que no vefan mds porvenir que la miseria, que se habian lanzado al viento Las Reformas de Maura que en realidad no eran ms que una farsa que nada bueno ni itil podfan traer, pero sin embargo trajeron dos cosas: halag6 a los liberales que querfan hacer creer que eran ventajas obtenidas por ellos, y fraccionaron a los espafioles en reformistas y conservadores.
Verdaderamente las reformas hubieran sido un juguete que hubiera engaiado un poco mis las esperanzas de los cubanos, y hubieran retardado la Revoluci6n, pero como Espafia, o mejor dicho sus gobiernos han estado siempre a gran distancia de la 16gica, disputaron a los cubanos esas migajas de libertad, y con sus escarceos lograron aumentar el ntimero de los descontentos y dar mayor fuerza al elemento revolucionario.
Transcuria el tiempo, crecia la excitaci6n y casi se fijaba la 6poca del movimiento, estdbamos en octubre y los de Matanzas apuraban haciendo presente que se vefan en peligro y hacian presi6n para precipitar el movimiento; Moncada desde Cuba hacia ver lo dificil de su situaci6n, pero decia que esperaba hasta recibir la orden.
La situaci6n era tan transparente que el capit6n general interino Arderfus, reuni6 en junta en Palacio a jefes caracterizados como separatistas; d6ndoles cardcter y condici6n social, pues con excepci6n de Calvar, Ramirez y Marcos Garcia, no tenfan los demds otra condici6n que su historia revolucionaria. Habl6 sobre el estado de los negocios del pais, casi todos expresaron su opini6n con franqueza. Juan Ramirez habl6 largo de asuntos generales y propios, y Marcos Garcia despu6s de exponer el justificado descontento del pais, concluy6 con estas frases: -Mi lealtad me obliga a esta franqueza; creo que realmente no hay mds que dos caminos, o las reformas tan amplias como el pals las necesita, o la Revoluci6n inevitablemente.A la Ilegada del general Calleja, por invitaci6n del general Arderius fueron los mismos lamados a Palacio y repitieron con pequeias variantes lo dicho anteriormente a Arderius, ni una ni otra reuni6n dieron resultado alguno, ni fueron nada positivas, Tnicamente ante la opini6n los separatistas ganaban la representaci6n que el mismo Gobierno les daba.




La situaci6n econ6mica empeoraba, las malas zafras y la falta de mercados Ilevaban al pals a la ruina, el remedio no se encontraba y la Revolucl6n iba ganando terreno en los dnimos, pues unos la empleaban como amenaza poco probable, otros como ideal de sus deseos y los menos como deber ineludible.
Al empezar el mes de noviembre se crefa por los conspiradores que ya no se podia esperar mis tiempo sin que el Gobierno espaiol empezara a prender a algunos de los comprometidos; de Jagiey Ilegaron algunos a pedir se precipitara el movimlento, los de Matanzas, capitaneados por P. Betancourt y Dominguez, apremiaban a Juan Gualberto G6mez que los contenia, y fue preciso para evitar la desconfianza que empezaba a inspirar las dilaciones anteriores, fijar como fecha improrrogable el 30 de noviembre de 1894.
Lacret sali6 para Santiago de Cuba levando la noticia y la orden para el movimiento definitivo.
Los rumores que venian del Camag~ey eran alarmantes, se supo que Alejandro Rodriguez habia salido comisionado para Santo Domingo, a ver al general G6mez y manifestarle que el pais era refractario a la Revoluci6n, y se le pedia no emprendiese nada, asegurdbase que el general no se moverfa si realmente el pais en masa no pedia la guerra.
Por indicaciones de Jos6 Maria Aguirre y Enrique Collazo acababa de ser nombrado jefe de Occidente el general Julio Sanguily, y en vista de las circunstancias decidieron que. saliera Enrique CoIlazo a ver al general G6mez, enterarlo de la verdadera situaci6n a fin de que apresurara el movimiento, cuya demora creaba un estado insostenible, que arriesgaba el 6xito de la empresa.
Los trabajos antirrevolucionarios de la gente del Camaguey hacian temer que el general G6mez dudase del 6xito, y, no creyendo ipterpretar los deseos del pats, al traer la guerra, desistiera de sus prop6sitos. De Manzanillo habia Ilegado Calvar con varios amos de ingenios, pidiendo el retardo del plazo marcado del 30 de noviembre que se juzgaba prematuro.
Por otro lado, las distintas pr6rrogas dadas por Marti a las fechas indicadas, sembraban aqui la duda y la incertidumbre de to que resolviera el general G6mez, marcaban un malestar profundo: la escasez de recursos y el pequeio ndmero, de armas compradas era motivo de disgusto. Al mismo tiempo se esperaba de un momento a otro que empezaran las prisiones. Se sabia que el general Calleja habia consultado dos veces a Madrid para hacer algunas detenciones en La Habana y Holguin, y se habian ocultado para no declarar al pais en estado de guerra y producir alarmas antes de tiempo, provocando por el p6nico, el aumento de los revolucionarios. La Revoluci6n se presagiaba, pero adn era impalpable, ninguna prueba efectiva habiase podido coger hasta entonces.




El dia 15 de noviembre se embarcaba Collazo rumbo a Nueva York para que, viendo a G6mez y a Marti, pintara a ambos la verdadera situaci6n y adelantaran el momento de la Revoluci6n que crefan imposible retardar sin ser presos, a la vez que demostrarle la necesidad de remitir dinero a Cuba donde podrian conseguir el armamento y municiones con mayor seguridad y prontitud aunque a mis costo.
En Santiago de Cuba la espera era dificil a pesar de la calma y aparente actitud de Moncada, que con astucia e inteligencia sobrelevaba con 6xito la situaci6n en Manzanillo. El apresuramiento de algunos a vender sus ganados habia Ilamado la atenci6n. Camag(ey decia claramente que era reacio a la Revoluci6n, el Gobierno realmente fiaba en 61, crey6ndolo la Have del movimiento; la 6nica entidad revolucionaria alli era el marqu6s de Santa Lucia; Las Villas aparentemente en calma, pero resuelta, sostenido el espiritu alli por la presencla de Serafin Sdnchez, Roloff y Carrillo. En Matanzas algunos alardes belicosos, aunque poca fuerza y estusiasmo reales. VueltaAbajo en espera, y dispuesto para cooperar al movimlento.
Este era el estado real de la Revoluci6n a la salida de Collazo para los Estados Unidos. Este pas6 por Key West y Tampa, encontrando a Marti en Filadelfia donde habia ido a esperar al comisionado de Cuba.
El estado de la Revoluci6n en el exterior revestfa un car6cter original y especial: nadie sabia nada, eran muy pocos los que crelan en ella; pero la masa obrera daba, sin preguntar, su 6bolo con absoluta confianza y con fanatismo clego por su fdolo Marti.
Collazo no conocia a Marti; su entrevista en la estaci6n de Filadelfia fue cordial, y un abrazo leal de ambos fue la Ifnea de conducta para lo porvenir.
Marti era un hombre ardilla; queria andar tan deprisa como su pensamiento, Io que no era posible; pero cansaba a cualquiera. Subia y bajaba escaleras como quien no tiene pulmones. Vivia errante, sin casa, sin baIl y sin ropa; dormia en el hotel mds cercano del punto donde to cogia el sueflo; coma donde fuera mejor y mds barato; ordenaba una comida como nadie; coma poco o casi nada; dias enteros se pasaba con vino Mariani; conocia a los Estados Unidos y a los americanos como ning(In cubano; queria agradar a todos y aparecia con todos compasivo y ben6volo; tenia la mania de hacer conversaciones, asf es que no le faltaban sus desengaios.
Era un hombre de gran coraz6n que necesitaba un rinc6n donde querer y donde ser querido. Trat6ndole se le cobraba caritio, a pesar de ser extraordinariamente absorbente.
Era la Onica persona que representaba la Revoluci6n naciente; los demds eran instrumentos que el movia; Benjamin Guerra era la caja; Gonzalo de Quesada era parte de su cerebro y de su coraz6n; pero en realidad era su discipulo. Marti Io era todo, y ese fue su error, pues por mis que se multiplicaba era imposible que Io hiciera todo




61 solo. Dormia poco, comia menos y se movia mucho; y, sin embargo, el tiempo le era corto. Se puede concretar diciendo que el Pdrtido Revolucionario era Marti.
Collazo, segin sus instrucciones, debia seguir a Santo Domingo para ponerse al habla con el general G6mez; pero se esperaba en esos dias un mensajero que enviaba fl General desde Santo Domingo. A su tiempo lleg6 6ste con poderes amplios del general G6mez. Era el brigadier Jos6 Ma. Rodriguez. Con 61 vino la seguridad de que, a pesar de la Ilegada de Alejandro Rodriguez, comisionado de Camag(ey, el General estaba dispuesto a la Revoluci6n y que Jos6 Ma. Rodriguez estaba autorizado para determinar y representarlo en todo.
A la salida de Collazo de Cuba, se convino que por conducto de Juan Gualberto G6mez, con quien estaba en relaci6n directa Marti, se comunicarian Jos6 Ma. Aguirre y Julio Sanguily, a quien 6ltimamente se le habia indicado al estado de la Revoluci6n, y a quien el general G6mez habia mandado el nombramiento de Jefe de Occidente, debiendo ponerse al frente del movimiento en Matanzas. A la Ilegada de Rodriguez y Collazo a Nueva York, nada pudieron averiguar del estado real de la conspiraci6n, pues se concretaron a oir Io que Marti les quiso decir, que fue bien poco o nada. Respecto al dinero, menos a6n; pues la caja revolucionaria era un pozo donde caia el dinero, sin que, fuera de Benjamin Guerra, nadie haya sabido el montaje de lo ingresado ni de Io que se gastaba.
En los meses de diciembre y enero se movi6 Marti con rapidez inusitada. De noche no dormia, sino viajaba. De Cuba las correspondencias, cada dia mds exigentes, apremiaban el movimiento y pedianse recursos; especialmente las cartas de Julio Sanguily, que parecian escritas por un loco, y cuyas correspondencias no podian armonizarse con las noticias de Aguirre y Juan Gualberto G6mez, sensatas y claras.
Reservada. -Viernes. Cerro Enero 1/95.
Sr. Aguas Verdes. -Tampa.
Querido amigo y compafiero: Hace dos o trees dias que me
dice Miguel Angel que se piensa ir mafiana para Tampa. Yo le he dicho que bueno y que antes de resolver nada definitivo
me yea esta noche por si recibo el telegrama.
Caso de que yo no reciba nada lo autorizard para que 61 se
vaya y 61 serd el portador de 6sta.
Es buen chico y puede uno confiarse de 61 para todo. La ida
de 61 te probar6 que se van cansando de esperar y que s6lo mi proposici6n es salvadora. Ahora bien, hasta para la proposici6n se va pasando el tiempo: que anden pronto sino todo




esti perdido. En estos momentos se deja todo a un lado por atender la medida salvadora. La medida tinica salvadora es la
proposici6n.
A lo Onico seg6n me decfa Nell4 ayer, que estd sorprendido,
Io mismo que Jole que no hayan aceptado ya -a que puedan poner obstdculos, es a la Ilegada aquf que yo exijo- del viejo, quince dias despu6s de la cosa. Eso dice Nell que yo debi indicar que ocho o diez dias mas no importaba. Y aqui asi lo hago constar. Esta carta es para los tres, para M. Mayia y para tf y tambi6n serd ya mi iltima, instdndoles a que acepten
mi proposici6n.
Ayer me decia Nell que no concebia que no se hubieran ustedes apresurado a aceptar con alegria eso. Adembs en la I1tima de M. que hace ya tres o cuatro correos que no escribe, nos decia que le contest6ramos enseguida, si queriamos esperar a mejores tiempos, o hacer la cosa enseguida como asi lo esperdbamos -en el correo anterior habia ido mi proposici6nes decir que antes de recibir su carta ya le habiamos contestado. La gente aqui se desespera cuando le contestamos: uEsperemos,. La situaci6n es insostenible. Pronto empezardn las
prisiones; tengan eso en cuenta y resuelvan.
Ascuy a quien se le ha dado una porci6n de armas, a6n no
se sabe que hayan Ilegado a su destino. Y de Mata habia de recibir mds que fueron en una goleta y no estuvo a tiempo. El capitin sigui6 con ellas hasta San Cayetano para entregarlas con otras que Ilevaba a Jos6 Azcuy, y 6ste se resisti6 a recibir.
las. Asi es que lo que yo pronostiqu6 suceder6: que si no caen en manos de los espafioles caerdn al agua, pues el capit~n las tirard como es 16gico; por eso he pedido la direcci6n suprema. A Azcuy lo vigilan segin el mismo dice, y que sabe tratan de prenderlo, y yo tambi6n Io creo pues por su modo de ser debe haberse hecho sospechoso y sobre todo por su lengua.
J. de Mata fue a unirse a Paco Maza; se le dieron doce centenes para el viaje, porque decia que en Calabazar lo vigilaban y pensaban prenderlo. All no fue a tiempo a recojer las armas, sino se meti6 en el campo, y aunque el bueno del capit~n espafiol sali6 a caballo en busca suya no lo encontr6 y cuando supo que Io buscaban entonces fue, pero ya el capitdn se habia marchado. Vino aqui a dar cuenta, y se le facilit6 modo de volver para que se viese con el capit6n. Dice que cuando Ileg6 Io detuvieron y Io hicieron salir. Paco Maza se meti6 segon dice en la montafia, con once hombres armados para esperar; pero ya estdn en el Calabazar donde decian que los iban a pren4 Juan Gualberto G6mez




der. Dice Maza que los once hombres los mand6 diez leguas de
allf a esperar.
El seg6n me dice Nell estaba con Carlos Socarrbs -creo.
S6 positivamente que en estos dias se trat6 de matarme por
eso ando con cuatro ojos, y que determinen una cosa u otra.
Se me dice que el Gobierno sabe de quien eran las armas.
Tambidn me dicen que Rafael Acosta ha desaparecido de su casa, eso me to ha dicho un amigo suyo -Mola- sobrino de Enrique, y creo se ha embarcado. Si Ilega alld deben atenderlo, es un gran cubano. Ayer me decia Nell que debiamos levantarnos nosotros busc6ndonos recursos; le dije que no lo hacia sino conforme a mi proposici6n. El sabe que de otro modo no
puede ser.
Tenemos vigilantes que no me asustan; pero le temo a la
deportaci6n.
Dice Nell que el cree que M. no mande el telegrama diciendo que acepta, sino que me mandard el comisionado directamente como lo indicaba yo. Yo lo que creo es que no aceptard
mi proposici6n; el cree que si.
Si acaso la aceptan acu6rdate de la familia para buscarle una
casita, y mi recado a Teodoro, porque dado el estado de cosas, si aceptan me parece que no se pasan seis dias sin que ya la cosa estd andando y serdn tantas las cosas que yo tenga en
la cabeza que no podr6 escribir por falta de tiempo.
A Miguel Angel le recomend6 que yea a tus hermanas antes
de iree, y a tu madre para que te Ileve noticias de ellas. Tambi6n le avisar6 a Nell y a Jole, aunque tengo la esperanza de que
mafiana venga el comisionado con las 6rdenes y el dinero.
Te advierto que debes, si aceptan la proposici6n, mandarme
una direcci6n telegr~flca a Tampa, el Cayo y New York, de M.
por si tengo algo urgente que comunicar. Que la direccl6n sea
nombre ingl6s; yo entonces firmar6 Smith.
Dale un abrazo a M. que debe el pobre estar abrumado, otro
a Mayia, y carifiosos recuerdos a tu familia.
Un abrazo de tu affmo.
Gener?
7 de la mafiana. S~bado,
Ayer cit6 a Miguel Angel para ac6 temprano ya dispuesto
para irse. Sino recibimos el comisionado luego se ird para all.
Yo tengo cita con Nell a las once para 61 escribir tambin.
s Julio Sangully.




Conste, querido compaitero, que esta es mi iltima carta pidi6ndoles que acepten mi proposici6n. SI no la aceptan entonces den por terminado aqui todo. No se que serd de nosotros entonces. Espero ansioso pues, la determinaci6n de M.
Affmo. amigo y compafiero.
Gener.
Esta es solo para ti y para Marti.
Reservada. -Lunes.-Cerro.-Enero 28.-1895
Muy querido Aguas Verdes: Hace un momento me mand6 Nell tu carta desde Tampa, fecha 25 del corriente.
Son las 8 y media de la noche. Aunque 6sta no ird al correo hasta el Mi6rcoles 30, empiezo a escribirte desde boy para que no se me quede nada en el tintero de lo que tengo que decirte, que es mucho.
Yo supongo que t6 le habrds escrito a Nell tambi6n. Ver6 esa carta mafiana. Hace dos dfas que no salgo de mi casa. Ir6 mafiana solo por ver tu carta y saber algunas noticias. No be salido por esperar el telegrama que al aprobar mi proposici6n M. debia, mandarme. Yo desesperaba ya de recibirlo pero tu carta me da nuevas esperanzas, puesto que me dices que no has visto a M. y una de las condiciones que yo le pon[a sobre mi proposici6n era que fuese aprobada, no tan solo por 61 sino por ti y por Mayia, y al aceptarla me pusiese un telegrama en estos t6rminos -Mercedes de Armas- Falgueras 24. -CerroEstoy enfermo.- Panchito.
Si al recibirlo yo, no habia variado en nada mi proyecto, mejor dicho, mi proposici6n. le contestaria -Flinted. -Para Armas.
-New York. -Que enfermedad tienes. -Mercedes. Para cuyo efecto debia avisar a Panchito de Armas en casa de Flint & Co. 68 Broad St. N. York, que ese telegrama era una contrasefia entre M y yo, que se Io mandara enseguida.
Como pudiera suceder que 61 est6 en Tampa cuando t6 recibas 6sta, y me ponga 61 desde alli el telegrama convenido, entonces que no se ocupe mucho de mi contestaci6n, pues hoy m6s que nunca hago buena mi proposici6n.
Estdn completamente de acuerdo conmigo Jole y Nell. Creen como yo que es lo 6nico salvador.
La proposici6n es la siguiente: que se mande enseguida la orden para sublevarse firmadas por 61, Mayia, como representante apoderado del viejo, y tu. Una en patricular para Guillermo, otra particular para Carrillo, otra particular para Camagiley




y otra particular para Mass6 en Manzanillo, dicidndole a todos que yo les sefialaria el dia. Ademds una orden general para que todos los otros Jefes me obedeciesen. Yo respondo que a m6s tardar doce dias despu6s estamos aqui peleando, y solo asi encontrarian ustedes cuantos recursos necesiten para venir, y tambi6n asi la atenci6n del Gobierno, que boy est6 fija en ustedes, se distraeria. Tambi6n exijo que quince dias despu6s de estar nosotros peleando venga el viejo; quince dias a mas tardar.
Si aceptan, entonces pondrdn el telegrama a Mercedes, entendidndose que el viejo ha de estar aqui quince dias despu6s de estar nosotros peleando, esa es la Ilave de todo. Tan pronto yo reciba esas 6rdenes, mando emisarios a Ilevar las mias, fijando yo el dia, que comunicar6 a M., y yo me voy enseguida al campo a preparar las cosas.
Al aceptar mi proposici6n, que no deben saber m6s que ustedes tres, me ponen el telegrama, el de Mercedes, y en el primer vapor me mandan un comisionado que me traiga las 6rdenes y que me vea en mi casa a mi solo, y ese mismo dia que regrese a la una, en el mismo vapor. Con 61 escribir6 y que sea de mucha confianza. Eso que propongo es lo 6nico que salva la situaci6n, si no la aceptan se acaba por mucho tiempo la revoluci6n en Cuba.
La gente est6 desesperada, quieren una cosa u otra.
Y eso que propongo ha de ser muy pronto resuelto, de lo contrario serd tarde. Ya desde que la hice se ha pasado mucho tiempo. Si no aceptan, que me contesten pronto; es necesario; esta situaci6n de espera es insostenible para todos y se pierde el entusiasmo y se separan, y esos serdn enemigos.
Gener.
Enero 30/95. -Mi6rcoles.
Ayer cref que me morfa con un dolor que me di6 en un costado y una jaqueca feroz. -Pancho Zayas, el Dr. vino dos veces. He pasado una noche de perros. He amanecido mejor. Sd que Nell no recibi6 carta. El sigue mejor. Son las 8 y media de la mafiana y a cada momento que entra alguien, me parece que debe ser mandado por M. en el vapor de hoy, si no resuelven mi proposici6n favorablemente entonces d4nlo todo por terminado. Ya sabes lo que propongo: que me manden con un comisionado las 6rdenes para J. M. C. y Camagiey y una 6rden general para todos los otros Jefes. Que venga todo con un comisionado, derecho a mi casa para despacharlo en el mismo vapor.




Con 61 escribo y digo el dia. A los doce diae a m6s tardar de recibir las 6rdenes y el dinero estamos luchando. Quince dias despuds debe estar aqui el viejo. Ya ves que tiene 27 dias para prepararse.
Debe ser cuanto antes, pues de lo contrario estamos mal. La vigilancia es grande. Yo necesito saberlo cuanto antes para resolver. Si deciden que sea, hdblale a J. y a F. que me tomen una casita limpia y bonita para Matilde y que le recuerden sobre todo a Teodoro su compromiso conmigo. Matilde est6 muy delicada. Dicen Jole y Nell que si ustedes no aceptan es porque son egoistas y perder6n la 6nica oportunidad. Matilde y Merceditas te mandan recuerdos como tambi6n a tu familia. D6selos de mi parte. Espero ansioso esa resoluci6n. Muy tuyo.
Gener.
Febrero 2/95.
Mi querido amigo Aguas Verdes: en mi poder su carta la que entregu6 a Gener, como usted me pedia. La situaci6n ha variado. He estado enfermo y no me he ocupado gran cosa del negocio en esta semana Oltima, por hallarme en cama. Pero urge que ustedes resuelvan la situaci6n. Aqui no se pueden demorar las compras, so pena de ir cada dia a un fracaso como el de 16, 6, 40, 23, 6, 24, 2, donde como usted sabrd se 17, 18, 30, 18, 6, 34, 18, 6, 34, 18, 35, 10, 21, 28. 2, 41 cogieron armas.
Es preciso pu6s, que ustedes nos ayuden a vencer solos las dificultades, para lo cual, y con objeto de aprovechar los trabajos ya hechos, lo importante es mandar las 6rdenes para que todas las compras sean simult6neas y los dem~s corresponsales de acuerdo con nosotros, procedan a la operaci6n el mismo dia.
Gener nos ha informado de proposiciones; que ha hecho, y con las que estamos aquf todos conformes, puesto que seg6n Io que de elias s6, se trata de hacer pronto las compras que es lo esencial. Si 6ste o aquel detalle de esas proposiciones, que desconozco; podria no parecer a ustedes acertado, todo serfa cuesti6n de modificarlo, conservando lo esencial que es la necesidad de hacerlo todo pronto. Si ustedes no encuentran aceptable lo de Gener, hay que decirlo francamente. Si no pueden ayudar a nuestra iniciativa tambi6n hay que decirlo para ver lo que hacemos los de la 23, 22, 32,10 (isla) que tenemos ahora que velar por dos cosas que conviene conciliar, la seguridad 32, 6, 40, 30, 18, 29, 2, 32 (personal) y la salvaci6n de la 17, 2, 42, 30, 2 (causa) cosas ambas que han de peligrar si se 18, 6, 34, 26, 21, 15 (demora) la soluci6n.




De Io suyo en particular las noticias solo son regulares.
Entregu6 a N.6 70 tercios (rifles) y $14,000 torcidos (tiros).
De esa cantidad 40 tercios con 8.000, estdn seguros; pero el
resto precisamente lo destinado a B. H. no lileg6 a su destino por falta de quien debia recibirlos que no estuvieron a tiempo en el sitio de recibo. De donde resulta que despu6s de haber pagado yo sesenta pesos de flete y de haber dado mds de cien a varios emisarios, por negligencia se ha dejado que los 30 y los 6.000 destinados a B. H. est6n todavia paseando por esos mundos y to que es mbs grave, en poder de un 19, 22, 38, 10, 17, 30, 13 (espaiiol pariente de N. muy bueno y todo to que se
quiera, pero, al cabo, que no est6 en el negocio).
Ahora me preocupo de esa situaci6n; pero no tengo un real
para moverme. Es preciso escribir a Williams 21, 2, 42, 26 (Gato) de mi parte -yo no lo hago porque no tengo clave con l61- dici6ndole que me mande los $400 que restaban; pues aparte de que los gastos han superado a lo que calculamos, resulta que por 6rden de 28, 2, 40, 31, 10 (Marti) que ofreci6 reponer m6s tarde, se dispusieron de $500 de la suma que 61 me dej6, y este d6ficit de $900 no Io puedo soportar. Al proveedor de 15, 21, 34, 10, 22 (armas) solamente debo m6s de $300.
Procure que aunque sean !os $400 que debe Williams, Ileguen pronto a mi poder, pues no tengo ni con qu6 mandar un recado
urgente.
Adi6s mi amigo. Crea siempre en mi sincero afecto y ayude
all& a su amigo que to quiere.
Nell.
Si puede comuniquele noticias de 6sta a 28, 2, 40, 31, 10
(Marti) pues yo no le escribo hoy por esperar contestaci6n a
dos cartas mias.
Las anteriores cartas reflejan bien claramente el estado de los Animos en La Habana. Todas las comunicaciones que recibiamos de otros puntos de la Isla expresaban del mismo modo la mayor incertidumbre e impaciencia.
Aislados y casi siempre escondidos, Rodriguez y Collazo permanecian en Nueva York, sin saber una palabra de to que ocurria fuera, pues Marti, aunque cada dia se movia m6s, cada dia se mostraba menos comunicativo.
Dispuestos come si fu6ramos a salir de un momento a otro, acudiamos, sin resultado, a frecuentes citas que se nos daban, siempre esperando el dia de la partida, que no acaba de Ilegar.
6 Nemeslo Azcuy.




Conociendo como conociamos el estado real de las cosas en Cuba no querfamos precipitar una explicaci6n con Marti, que nervioso y sin un dia ni una noche de reposo, veiasele constantemente taciturno y preocupado. Parecianos increible que los sucesos no se hubieran precipitado en Cuba. Hasta entonces no se nos habia sorprendido una sola correspondencia, y ni una sola indiscreci6n de nuestros hombres habia puesto sobre la pista a la numerosa policia que tanto en la Isla, como en el extranjero, sostenia el Gobierno espafiol.
No teniamos con quien enterarnos de la marcha de la conspiraci6n. Benjamin Guerra y Gonzalo de Quesada nada sabian en realidad; aunque aparentaban que no querian hablar. El resto de la emigraci6n esperaba y confiaba en Marti; Mayia Rodriguez y CoIlazo, si de algo pecaron, fue de sufridos y prudentes. Sabian Io que buenamente se queria que supieran; nada preguntaban y dejaban pasar el tiempo sufriendo resignados el aislamiento a que los tenia sometidos Marti, que a veces parecia un loco, victima de un delirio de persecuci6n, que Io hacia ver espias y detectives por todas partes.
Aun no se sentia escasez de dinero. La Revoluci6n tenfa cuatro nicleos importantes en el exterior; uno en Nueva York, dirigido personalmente por Marti; otro en Key West con Roloff y Serafin Sdnchez; otro en Costa Rica con Maceo y Flor Crombet, y el filtimo en Santo Domingo con el general G6mez. Cada uno de estos centros se comunicaba directamente con Marti.
A fines del mes de diciembre salieron Rodriguez y Collazo de Nueva York con direcci6n a Jacksonville, recibiendo orden de permanecer ocultos, hosped6ndose con nombre supuesto en el hotel Duval hasta la Ilegada de Marti, que debia ser en la mafiana del domingo pr6ximo. Alli permanecieron seis dias, y en el fijado se present6 Marti, quien les dijo que tenia muy malas noticias que comunicarles.
En efecto, alas once de la mafiana lIeg6 al hotel Charles Herndndez, enviado por Marti para decirles que todo habia fracasado, y que tanto 61 como los que le rodeaban estaban expuestos a todo g6nero de peligros, que mds que nunca se hacia necesaria una gran prudencia y que permanecieran en su habitaci6n hasta la noche que se verian en el hotel Travellers, en que se hospedaba Marti, donde tambi6n se hallaban Herndndez, Enrique Loynaz y Tomds Collazo.
Ante la noticia de aquel fracaso de algo que, excepto Martfi, todos ignoraban, Mayfa Rodriguez y Collazo lamentaron amargamente eu anterior prudencia; de un modo indirecto, los hacia en parte responsables de Io ocurrido. Nada habian preguntado hasta entonces, pero comprendfan que habia Ilegado el momento de las explicaciones. En su consecuencia se dirigieron, acompafiados de Hernindez, al hotel Travellers. Alli encontraron a Marti presa de una extraordinaria excitaci6n nerviosa. Revolviase como un loco en el pequeio espacio que




le permitia la estrecha habitaci6n. Su escaso pelo estaba erizado, sus ojos hundidos parecian pr6ximos a Ilorar.
De sus labios no salian mds que estas palabras repetidas con tenaz insistencia: < A la vista de Mayfa, que entraba en la habitaci6n con el rostro alterado y duro, Marti corri6 hacia 61 y se ech6 en sus brazos. Aquel dolor tan profundamente retratado en su fisonomia desarm6 a los que, momentos antes, querian exigirle explicaciones claras y concretas de su conducta. Todos comprendieron que algo muy grave habia ocurrido, y que aquel fracaso, de que se habia hablado hacia un instante, era desgraciadamente cierto.
Sin pretender averiguar nada, Mayia y Collazo se limitaron a tranquilizar a Marti, asegurdndole su mds completa adhesi6n. No habia que perder la esperanza. Por rudo que fuera el golpe sufrido, era preciso seguir adelante y sin desmayar ni decaer un momento. Algo mbs tranquilo Marti con aquellas muestras de simpatfa y respeto que de todos los presentes recibia, declar6 que ann cuando todo se habia perdido, atn cuando no habia un real para continuar los trabajos revolucionarios, no era posible abandonar la empresa acometida con tanta decisi6n y entusiasmo.
Horacio Rubens, el buen amigo de los cubanos, y Gonzalo de Quesada, que legaron en aquellos momentos, contribuyeron con su presencia a reanimar los abatidos espiritus. Quesada, en nombre de su sefiora madre political, ofreci6 dar todas las confianzas que se necesitasen. Rubens puso a disposici6n de Marti sus servicios como abogado.
Preocupaba tambi6n a Marti lo que el general Mdximo G6mez pudiera pensar de lo ocurrido, y demostraba con frases Ilenas de sentimiento el temor que sentia de que el General se negara a ir a Cuba en circunstancias tan desfavorables.
Tanto Rodriguez como Collazo aseguraron a Marti que G6mrnez, a quien conocian muy bien, iria a Cuba cualesquiera que fuesen las condiciones en que Io hiciera. Era preciso pensar en buscar pronto remedio al dafio sufrido, en vez de abatirse y desconfiar tan pronto del 6xito de la empresa.
Todos los presentes hicieron a Marti ardientes protestas de su lealtad y adhesi6n incondicional.
No habia transcurrido una hora desde la Ilegada de Rubens y Quesada, y el estado de los 6nimos habia cambiado por completo. Al abatimiento producido por el golpe del fracaso tremendo e inesperado, habia sucedido la fe que conforta y la resoluci6n en6rgica de seguir luchando hasta conseguir el 6xito.
No habia dinero, pero Quesada confiaba obtenerlo de las emigraciones de Suram6rica. Marti tenia seguridad de conseguirlo en Mdjico. Pero para ello se necesitaban tres o cuatro meses, y los hombres de Cuba querian o no podian esperar m6s tiempo, y por otra




parte era imposible explicarles la verdadera situaci6n del Partido Revolucionario, porque ello traeria, como consecuencia inevitable, la ruina total del proyecto.
Por lo pronto lo m6s preciso era burlar a la policia que olfateaba el rastro de los conspiradores; y mis tarde sacar a Manuel Mantilla y a Patricio Corona que estaban a bordo del -Lagonda. cuando fue sorprendido el barco, y a quienes Charles Herndndez habia escondido preventivamente en casa de un americano amigo suyo.
Entre tanto la policia practicaba registros en algunas casas cubanas, mis por fortuna nadie conocia en Jacksonville ni a Marti, ni a sus compafieros, que por otra parte figuraban con nombres supuestos en los libros de los hoteles.




EL PLAN DE FERNANDINA

Pocas veces en la historia de las revoluciones se combine un plan m6s vasto ni mds secretamente elaborado que el que titulamos Plan de Fernandina.
El momento hist6rico no podia ser mds propicio.
Nunca el Gobierno espaiol habia estado mis confiado en la debilidad e inercia del pueblo cubano. Los trabajos revolucionarios en el extranjero inspiraban a las autoridades espafiolas mbs bien desprecio que temor. Para el gobierno, en el esfuerzo de los tabaqueros de Key West y Tampa, no habia otra cosa que un engaiio para robarles el producto de su trabajo; Marti no pasaba de ser un farsante o un loco, y G6mez un viejo ambicioso a quien la edad incapacitaba para toda empresa militar.
El despertar hubiera sido terrible si la suerte nos hubiese sido propicia. La Revoluci6n, que fue impelida a paso de carga por el talento militar del general Mdximo G6mez, sin el fracaso del Plan de Fernandina, hubiera sido un huracAn, un torrente devastador que habria hecho tremolar al pabell6n cubano en toda la Isla, antes que Espafia se hubiese dado cuenta de su desgracia.
He aquf el proyecto tal como se conoci6 despuds de su fracaso: Consistia en primer t6rmino en invadir la Isla, con pocos dias de diferencia, por tres puntos distintos con gente y armamento sobrados para ayudar a los que dentro del territorio debian Ilevar a cabo el movimiento preparado.
Contando en Oriente con Guillermo. Moncada y Bartolom6 Mas6 unidos alas fuerzas de Holguin, desembarcaria en la costa norte de Santiago de Cuba una expedici6n mandada por Antonio Maceo y Flor Crombet, Ilevando un nutrido grupo de jefes orientales.
El general G6mez con doscientos o trescientos hombres saidria de Santo Domingo y desembarcarfa en Santa Cruz del Sur, en la provincia de Puerto Principe; en tanto que Roloff y Serafin Sdnchez




debian desembarcar en Las Villas sublevdndose Cienfuegos, Jagfey Grande y Matanzas, alas 6rdenes de Jos6 Maria Aguirre y Julio Sanguily.
Para Ilevar a cabo este proyecto, Marti se habia puesto al habia con mister Borden, de Fernandina, quien por sus condiciones en el comercio era el hombre indicado, puesto que podia transportar armas y municiones en linea propia y en carros fletados hasta su propio embarcadero, en Fernandina sitio aislado, y de muy poca importancia por su escasa poblaci6n. Ademds mister Borden, en su calidad de comerciante, podia realizar fletamentos de barcos sin despertar sospechas, como lo hizo.
Habianse tomado todas las precauciones del caso. Nada hacia sospechar ni temer un fracaso. Los barcos estaban listos, la carga en el muelle y los hombres esperando la primera sefial. Todo hacfa suponer que el 6xito coronaria la empresa.
Para Ilevar el cargamento a Costa Rica, el general Maceo habia designado al coronel Patricio Corona, quien hacia muy pocos dias que habia Ilegado a Nueva York.
Roloff y Serafin Scinchez, para la compra de armas y su conducci6n, habian indicado a Fernando L6pez de Queralta.
El barco que habia de ir a Santo Domingo debia Ilevar a Marti, Jos6 Maria Rodriguez y Enrique Collazo.
Se tenfan fletados tres vapores, el .Amadis-, el -Lagonda, y el ,Baracoa=, y atendiendo alas circunstancias del lugar y tiempo, el primero que debia hacerse a la mar era el .Lagonda- y en consecuencia Marti despach6 desde el Norte a Manuel Mantilla, master Mantells, y a Patricio-Corona para que, como duefios o fletadores del barco, fueran a tomar su carga a Fernandina.
Entre tanto, Marti se habia avistado con L6pez Queralta, comisionado por los que debian salir de Key West.
Los contratos estaban redactados en una forma perfectamente legal. Los barcos saldrian fletados por un mes para recoger trabajadores en cualquiera de las Antillas, y Ilevarlos al puerto que se les indicara. Una vez los expedicionarios a bordo y el barco en alta mar, el jefe de cada expedici6n deberia entregar mil pesos at capitdn a condici6n de que condujera la expedici6n alas costas de Cuba, caso de que se negase a aceptar el capitin, se le obligaria por la fuerza.
Explicado este plan a L6pez Queralta, esper6 este hasta los tiltimos momentos para contestar que no lo crefa bueno, y que 61 no emprendia el viaje en tales condiciones. Afiadi6 que tenia un capitin, que conociendo el plan en todos sus pormenores, lo Ilevaria directamente a Cuba, con tal de que se pagasen cien pesos diarios. Contest61e Marti que lo crela dificil y peligroso, pues se hacia sabedor a un extrafio de un secreto que 61 habia guardado tanto; mis en vista de las seguridades que le dio Queralta; acall6 sus temores




y convino en que al siguiente dia celebraria una conferencia con el capitdn indicado.
Conducido Marti a una oficina de corredores de buques, a quienes Queralta habia enterado del asunto en todos sus detalles, haci6ndoles saber la indole y prop6sito del negocio, asi como lo que se proyectaba sobre Cuba, comprendi6 desde el primer momento que la empresa habia fracasado. Uno de los corredores habia intervenido en el fletamento del cLagonda,, por parte del comprador. Este dio aviso al dueio del barco, quien a su vez hizo reclamaci6n a Washington. La compafiia de seguros hizo otro tanto, legando asi el proyecto a conocimiento del representante de Espafia, que hasta entonces habia estado ignorante de todo.
El =Lagonda, estaba ya cargado en Fernandina, cuando recibi6 la orden de detenci6n y registro. Los que se hallaban a bordo, al ver Ilegar a los oficiales de Aduana, echaron al agua parte del cargamento entre tanto, el =Amadis. y el cBaracoa,, que debian Ilegar de un momento a otro, considerados como barcos sospechosos, recibieron orden de confiscaci6n, haciendo m&s completo y terrible el fracaso.
La magnitud de la empresa dej6 asombrado al Gobierno espafiol, que hasta entonces habia considerado a los cubanos incapaces de nada prdctico, e infundi6 nuevo Animo a los revolucionarios, que no midieron la importancia del fracaso, sino la grandeza del esfuerzo.
Para la emigraci6n, lo ocurrido en Fernandina, vino a demostrar que las privaciones y sacrificios que se imponian hacia tiempo, empezaban a dar sus resultados, y que la Revoluci6n era un hecho.
Los enemigos de Marti, como Enrique Trujillo y otros entendieron que habia Ilegado el momento de hacer un cambio de frente, y comenzaron a dar sus primeros pasos en sentido revolucionario.
Desde entonces la situaci6n para los jefes de la conspiraci6n fue verdaderamente angustiosa. No habia dinero ni forma de conseguirlo en cantidad suficiente para las primeras necesidades. Era preciso esperar, y entre tanto dar conocimiento al general G6mez de Io ocurrido, y levantar nuevos fondos, para to cual conceptuaba Marti necesario por lo menos tres meses.
Desde el siguiente dia se ocup6 Rubens de dar los pasos necesarios para salvar el cargamento embargado por las autoridades americanas. Se acord6 que salieran de Jacksonville Rubens, Quesada, Marti y Mayfa Rodriguez con rumbo a Nueva York, y Collazo, Enrique y Tomis, Loynaz y Charles Herndndez con direcci6n a Tampa.
En aquellos dfas parecia que todo el edificio revolucionario habia venido a tierra. Los recursos estaban agotados y los que pudieran adquirirse en los primeros momentos no bastarian a cubrir los gastos judiciales que ocasionarfa levantar el embargo del cargamento depositado y detenido en los almacenes de mister Borden. Era de




temerse que aquel gran fracaso desanimara a las emigraciones e hiciera perder toda esperanza a los comprometidos en la Isla.
Mantilla y Corona salieron ocultamente para el norte; Marti busc6 refugio en casa de Quesada. Las dificultades en las comunicaciones con Santo Domingo retardaban el aviso a G6mez, y por consiguiente la contestaci6n de 6ste.
La policia americana buscaba en Jacksonville el rastro de los comprometidos en la empresa, y la prensa, dando a la publicidad los pocos detalles que conocia, abultaba las cosas, empeorando la situaci6n.
La sorpresa producida en Cuba, por las noticias que se recibian de Fernandina, produjo un resultado favorable. Se crey6 a los revolucionarios mds fuertes de lo que realmente eran, y, sobre todo, m6s ricos; lo que en vez de abatir el espiritu de los simpatizadores lo exalt6 m6s ain.
En Oriente continuaron en su actitud pasiva y resuelta. En Camag0ey, reacios siempre, se excusaban con la falta de armas y municiones. Los de Matanzas y Jagiey Grande, por lo contrario, con impaciencia de noveles revolucionarios, declaraban en todas sus comunicaciones que no podian esperar mds tiempo, y que temian ser presos de un momento a otro. En los ltimos dias de enero se recibieron cartas de Juan Gualberto G6mez en las que manifestaba que no obstante sus esfuerzos no le era posible contener a los impacientes que se disponian a celebrar una junta que le constaba no tenia otro objeto que acordar sublevarse en el mes de febrero, aunque nadie los secundase.
Julio Sanguily enviaba carta sobre carta, encareciendo lo dificil de la situaci6n, y exigiendo la orden de sublevarse, pues de lo contrario lo haria 61 solo, y hasta fijaba la forma en que deberian ir extendidas las 6rdenes y por quien habrian de ser firmadas.
Los trabajos antirrevolucionarios de los liberales de Cuba se haclan cada dia m6s activos Ilegando casi hasta disimuladas delaciones contra los mds comprometicios, difamdndolos en la mejor forma que les era posible, a fin de quitar fuerza al movimiento que vefan cercano. Solicitaban el apoyo de revolucionarios caracterizados, tales como Marcos Garcia y Manuel Sanguily, para desviar la opini6n p(iblica, en tanto que el Gobierno procuraba atraerse a algunos de los que suponia complicados, por medio de ofertas y d6divas.
Collazo, que se hallaba en Thmpa, fue Ilamado por Marti desde Nueva York a donde lleg6 el 30 de enero, y aquella misma noche, unidos ambos a Mayia Rodriguez en casa de Gonzalo de Quesada, expuso Marti la situaci6n de Cuba y de la conspiraci6n en los t6rminos mds claros y precisos.
Las correspondencias de la Isla ponian de manifiesto que los esfuerzos de Juan Gualberto G6mez para contener a los impacientes de Matanzas eran ya infructuosos, declar6ndose incapaz para imponer




su voluntad. Julio Sanguily exigia un levantamiento inmediato, y |as cartas de Costa Rica expresaban una impaciencia muy marcada. Se carecia de recursos para emprender algo serio; y mucho menos para lanzar a los comprometidos a un prematuro movimiento, sin poderlos auxiliar con la necesaria rapidez y sin conocer el criterio del general G6mez. Por otra parte, si se iniciaba el movimiento en la provincia de Matanzas sin que fuese secundado por el resto de la Isla, vendria, como inevitable consecuencia, el fracaso total de la Revoluci6n, anulando las energias del pais para muchos afios.
Come se ve, el estado de las cosas exigia que aquella misma noche se adoptase una resoluci6n, por grave y trascendental que fuese.
Casi a la madrugada, puestos de acuerdo los cuatro conferenciantes se resolvi6 dar la orden y el aviso en toda la Isla para el movimiento, dejando a Juan G. G6mez y a Sanguily que fijaran, de acuerdo con la gente de Matanzas, el dia definitivo del alzamiento, debiendo sefialar la fecha a todos los comprometidos, al mismo tiempo que se hicieran circular las 6rdenes, comunicdndolo a Marti para que desde Nueva York se pasara aviso a Santo Domingo.
La fecha no deberia ser anterior a la segunda quincena de febrero.
En su consecuencia Marti y Collazo redactaron las correspondientes 6rdenes que fueron dirigidas una a Guillermo Moncada, en Santiago de Cuba, otra al Marqu6s de Santa Lucia, en Puerto Principe, otra a Francisco Carrillo, en Remedios y otra a Juan G. G6mez, para que la comunicara a Sanguily y a Aguirre.
He aqui una de las copias de la referida orden:
Al C. Juan Gualberto G6mez y en 61 a todos los grupos de
Occidente.
En vista de la situaci6n propicia y ordenada de los elementos Revolucionarios de Cuba, de la demanda perentoria de algunos y el aviso reiterado de peligros de la mayoria de ellos y de las medidas tomadas por el exterior para su concurrencia inmediata y ayuda suficiente, y luego de pensar los detalles todos de la situaci6n, a fin de no provocar por una parte con esperanzas engafiosas o dnimo d6bil una rebeli6n que despu6s fuera abandonada o mal servida, ni contribuir por la otra con resoluciones tardias a la explosi6n desordenada de la rebeli6n inevitable, los que suscriben, en representaci6n el uno del Partido Revolucionario Cubano, y el otro con autoridad y poder expresos del General Mdximo G6mez, para acordar y comunicar en su nombre desde New York, todas las medidas necesarias de cuyo poder y autoridad da fe el comandante Enrique Collazo, que tambi6n suscribe; acuerdan comunicar a usted ias resoluciones
siguientes:




I. Se autoriza el alzamiento simultdneo o con la mayor simultaneidad posible, de las regiones compromtidas, para la fecha en que la conjunci6n con la acci6n del Esterior sera ya fdcil y favorable, que es durante la segunda quincena y no antes, del mes de Febrero.
II. Se considera peligroso, y de ningdn modo recomendable,
todo alzamiento en Occidente que no se efectie a la vez que los de Oriente, y con los mayores acuerdos posibles en Camagiley
y Las Villas.
Ill. Se asegura el concurso inmediato de los valiosos recursos ya adquiridos y la ayuda continua e incansable del esterior, de que los firmantes son actores o testigos, y de que con su honor dan fe, en la certidumbre de que la emigraci6n entusiasta y compacta, tiene boy la voluntad y capacidad de contribuir a
que la guerra sea activa y breve.
Actuando desde este instante en acuerdo con estas resoluclones, tomadas en virtud de las demandas expresas y urgentes de la Isla, del conocimiento de las condiciones revolucionarias de dentro y fuera del pais y de la determinaci6n de no consentir engai~o o ilusi6n en medidas a que ha de presidir la mds desinteresada vigilancia por las vidas de nuestros compatriotas y la oportunidad de sus sacrificios; firmamos reunidos estas
resoluciones en New York en 29 de Enero de 1895.
En nombre del general G6mez El Delegado del P. R. C.
Jos6 Maria Rodriguez Jos6 Marti
Enrique Collazo
Al siguiente dia deberian embarcar a bordo del vapor -Atlas= con rumbo a Cayo Haitiano, Marti, Rodriguez y Collazo. Gonzalo de Quesada se dirigia a Tampa y Key West donde recogeria dos mil pesos que por cable debia girar al doctor Dellund6 en Cabo Haitiano. Eran los inicos recursos con que se contaba para comenzar los trabajos en Santo Domingo.
La salida de Marti de los Estados Unidos dejaba hu6rfano de representaci6n en aquel pais al Partido Revolucionario, si bien 61 entendia que todos los emigrados aceptarian a Quesada como su sustituto y representante.
Y no se equivoc6. La emigraci6n de Florida no le pregunt6 a su legada con qu6 derecho se dirigia a ella; lejos de eso, abri6 su bolsa, lo recibi6 como buen mensajero, y Marti y sus compafieros encontraron en Cabo Haitiano el dinero que se les habia ofrecido.
El dia seis de febrero Ilegaron a Santo Domingo emrbarcdndose inmediatamente en una lancha que los Ilev6 a Montecristi, donde en-




contraron al general Mdximo G6mez. El viejo general habia sufrido durante este periodo, con la incertidumbre, las mayores torturas. Halldbase resuelto a marchar a Cuba aunque fuese en un bote. Conservaba integro el dinero que en distintas partidas le habia enviado Marti desde Nueva York, lo que se agreg6 a los dos mil pesos que se habian recibido de la Florida.
G6mez aprob6 en todas sus partes la determinaci6n tomada el 30 de enero, y di6se principio desce este momento a los trabajos necesarios para salir en momento oportuno, es decir, tan pronto como se recibiera de Nueva York la noticia de la fecha fijada por los de Cuba para la sublevaci6n.
Pocos dias despu6s sali6 Mayia Rodriguez para la capital con 6rdenes especiales del general G6mez, al mismo tiempo que Ilegaban a Montecristi los generales Francisco Borrero y Angel Guerra.
A mediados de febrero se recibi6 Ia ansiada noticia de que el dia fijado para el levantamiento era el 24 del mismo mes, que todas las 6rdenes se habian entregado y que se habia recibido en Nueva York un cablegrama de Juan G. G6mez que decfa: ,Giros aceptados", lo que significaba que todo estaba dispuesto.
El conductor de las 6rdenes a Bartolom6 Mas6 y Guillermo Moncada habia sido Manuel de la Cruz, a quien se las habia enviado Gonzalo de Quesada desde Key West.
El general G6mez envi6 a Pablo Borrero a Santiago de Cuba con pliegos en que ratificaba ia orden y la fecha para el levantamiento. Pablo Borrero fue preso por las autoridades espafiolas a su Ilegada a la Isla.
El dia 25 regres6 a Montecristi Mayfa Rodriguez con la noticia de que el dia antes habia estallado en Cuba la Revoluci6n.
La embarcaci6n estaba comprada. Era una pequefia goleta de poco calado, conducida por un negro de las islas Turcas. Habianse conseguido un corto nimero de armas y algunas municiones, parte en Santo Domingo y parte en Cabo Haitiano a donde habia vuelto Marti por tierra desde Montecristi.
Proponiase el general G6mez marchar inmediatamente a Cuba acompaiado de Borrero, Rodriguez, Guerra y Collazo, coii ocho o diez hombres mis, en tanto que Marti con M. Mantilla regresaria a los Estados Unidos a agitar la opini6n entre los emigrados, organizando una gran expedici6n que podria llevar 61 mismo mds tarde.
Oponiase Marti a este plan, a quien su amor propio inspiraba la idea de acompafiar a G6mez y desembarcar con 61 en las costas de Cuba.
La Ilegada de Mayfa Rodriguez y las noticias que lievaba de la capital de Santo Domingo, vinieron a reforzar las razones del general G6mez y a quebrantar la tenaz oposici6n de Marti. En su consecuencia, se celebr6 una junta en la que se resolvi6 la salida de Marti para los Estados Unidos.




Desgraciadamente aquel mismo dia se recibieron noticias de Nueva York. El Herald de aquella ciudad publicaba un telegrama de la Florida, firmado por Fernando Figueredo, en que se aseguraba que G6mez, Marti y Collazo irfan inmediatamente a Cuba. Ese telegrama ech6 por tierra el plan de G6mez y desde ese momento fue imposible detener a Marti.
El general dio orden a Mayfa Rodriguez para que se dirigiera enseguida a la capital con el fin de preparar la salida. Collazo acompafiado de M. Mantilla saldria para Nueva York; el primero marcharia mds tarde a Cuba y desembarcaria en Vuelta-Abajo, y el segundo, puesto alas 6rdenes de Roloff y Serafin Sdnchez, Ilevaria a 6stos a la Isla.
Embarc6ronse en el vapor -Clyde., que los dej6 en el puerto de Nueva York el dia 27 de marzo de 1895.
En ausencia de Marti quedaba falto de direcci6n el Partido Revolucionario Cubano, pues el inico miembro electo era Benjamin Guerra, quien ni por su cardcter ni por su inteligencia podia reemplazar al Maestro. Por otra parte Gonzalo de Quesada, aunque era casi el designado por Marti, encontraba la tenaz oposici6n del Tesorero, que lo conceptuaba, recurso torpe, demasiado joven para un puesto de tanta responsabilidad.
Mantilla fue despachado inmediatamente por Guerra para Key West a cumplimentar la orden recibida en Montecristi. Collazo, a su vez, march6 a Tampa Ilevando el nombramiento oportuno y la orden precisa de sublevar Vuelta-Abajo.
He aqui esa orden:
Monte Cristi 10 de Marzo de 1895.
Sr. Comandante Enrique Collazo.
Comandante:
Como a raiz de la ligera y reparable interrupci6n de los movibles y preparados auxilios para la Revoluci6n de Cuba, ha surgido ya el levantamiento prevenido, muy urgente es y necesario, volar, como se pueda el modo mejor en auxilio de nuestros compaieros ya en armas en los campos de la Patria. Y siendo V.
uno de los jefes prominentes designados para dirigir y ordenar el movimiento en la parte Occidental de la Isla, y aqui en desempefio de comisi6n especial, de parte de los conjurados se encuentra V. fuera; se hace preciso que a la mayor brevedad posible y lo mejor armado que se pueda conforme a los Recursos que la Tesoreria del Partido ha de poner inmediatamente a su disposici6n, marche V. a ponerse de acuerdo con los jefes sublevados y con el car6cter de jefe de operaciones en cualquiera zona de las comarcas Occidentales.




Las dotes militares justificados en su hoja de servicios prestados en la guerra de los diez afios, su discreci6n y prudencia, y sobre todo su patriotismo y valor probados, hacen esperar a esta Jefatura con fundamento, que mientras no lo sea a V. posible ponerse al frente, o en comunicaci6n directa con ella, all6, en los mismos campos de ia lucha, hard V. la guerra, fuerte y en6rgica segdn las fuerzas de que pueda disponer y organizar, pero guerra humana con los vencidos, y respetuosa y salvadora a la vez para con todas las entidades leales, o que puedan serlo e intereses radicados en la Isla cruelmente lastimados por el
poder opresor de la Colonia.
Esta Ifnea de conducta military political, que s6 que estd muy
mal al alcance de su propio criterio y en armonia con nuestras altas miras revolucionarias, para el 6xito del momento y la ventura futura de Cuba independiente, cuidese muy mucho de inculcarlas en la mente de todos sus subordinados; haciendo de todo ello base inquebrantable de 6rden y disciplina, sin la cual la victoria seria dudosa, perdidos, nuestros esfuerzos y sin gloria alcanzada para nuestra reputaci6n y nombre.
Es tan limitado el tiempo de que podemos dispcner, para acudir presurosos al reclamo que de todas partes de la Isla se nos hace, nos es por tanto, tan sumamente preciso obrar con tanta actividad, que es por lo que concluyo aquf mis instrucciones, seguro ademds que su inteligencia y propia iniciativa, suplirdn todo lo que a mi en estos instantes supremos no me es dado
prevenir.
Con Patria y Libertad.
Gral. Jefe. -Miximo G6mez.
La noticia del alzamiento habia producido en el extranjero un entusiasmo loco; los pobres tabaqueros, los que habian tenido fe en Marti y en los destinos de la patria, estaban orgullosos porque no habian depositado mal su confianza. Sus esperanzas de triunfo se aumentaban cada dia, pareci6ndoles pocos los sacrificios hechos hasta entonces.
Las listas de expedicionarios aumentaban diariamente, y la precipitaci6n por liegar al teatro de la guerra era general; j6venes y viejos se encontraban aptos para la lucha.
La mujer cubana figuraba a la cabeza de aquel movimiento de entusiasmo. La madre vefa marchar con orgullo a sus hijos a cumplir con su deber; la esposa al marido, la hermana al hermano, y la novia al elegido de su alma; mientras ellas con la miseria como porvenir y la soledad como Onica esperanza, se esforzaban en trabajar cada una en su esfera, para Ilevar su 6bolo a la obra comtin.




De la Isla empezaban a salir los incrddulos; unos por temor, otros por vergienza, algunos por patriotismo, pero ain les quedaba la duda; imoriria en germen como los anteriores aquel nuevo intento? Los jefes principales, G6mez, Martf y Maceo, an estaban fuera. ILlegarian a tiempo para dar vida al movimiento? ,Podrian vencer los obstdculos que a su paso oponfa el Gobierno de Espaia con actividad extraordinaria y con decisi6n sin ejemplo?
La duda abatfa el espiritu de los d6biles, multitud de rumores circulaba a diario segn el optimismo o pesimismo del noticiero; noticias contradictorias publicaban a diario los peri6dicos y los hechos mis absurdos se comentaban, de mil maneras distintas.
En Espafia el aizamiento produjo un movimiento, primero de sorpresa, luego de indignaci6n inmensa. El entusiasmo para concluir en breve tiempo la guerra se despert6 violento, y gran n6imero de hombres y dinero surgieron de momento avivados por Cdnovas, que se veia secundado admirablemente por el entusiasmo popular.
Acabar pronto, antes que tomara cuerpo la Revoluci6n, era su programa; circunscribirla a Oriente era su objetivo; y ganar tempo antes que G6mez y Maceo pudieran desembarcar en Cuba.
Cuarenta barcos para la custodia de las costas fueron comprados con rapidez y a cualquier precio.
Su mejor general, Martinez Campos, fue mandado a Cuba y el general AzcArraga, ministro de la Guerra, haciendo prodigios de organizaci6n, alistaba 100 000 hombres que Ilegaban al teatro de la guerra con pasmosa celeridad.
En el extranjero semejantes prodigios no disminufan el entusiasmo cubano, la fe era inmensa, pero en Cuba la mayorfa le parecia imposible la victoria, y que la Revoluci6n no muriera aplastada ante aquel enorme alarde de soldados y recursos de guerra.
Los cubanos esperaban con ansia la Ilegada de G6mez, Marti y Maceo con los cuales crefan asegurado el 6xito.
Maceo y Flor Crombet pugnaban por salir de Costa Rica; G6mez y Marti luchaban en vano con los obstdculos que presentaba su salida de Santo Domingo, y Roloff y Serafin Sanchez estaban a6n detenidos en Key West.
El Gobierno americano empez6 a guardar desde los primeros momentos la m~s extricta neutralidad, y los inconvenientes para salir expediciones de los Estados Unidos eran costosos y dificiles de vencer.




LA REVOLUCIN

Las 6rdenes escritas en Nueva York, fueron remitidas por Gonzalo de Quesada desde Key West a La Habana, dirigidas a Juan Gualberto G6mez, el que debia darles curso, recoger la conformidad, fijar la fecha exacta y avisar al exterior, conviniendo se pusiera un cable:
-Giros Aceptados>, una vez de acuerdo todos.
Pocos dias despu6s ponia Juan Gualberto G6mez el cable convenido y fijaba la fecha del 24 de febrero para el alzamiento.
Era imposible que la situaci6n del pals pasara inadvertida al general Callejas. Las imprudencias no faltaban, y la pGlicia se movia sin cesar. En la noche del 23 de febrero el Capitdn General publicaba un bando poniendo en vigor la Ley de Orden Piblico de 23 de abril de 1870, y cuatro dias mds tarde declaraba en estado de sitio las provincias de Santiago de Cuba y Matanzas.
En Santiago de Cuba desde el dia 23 el gobernador Capriles esperaba el movimiento.
Eduardo Yero y veinte j6venes mis, que desde el dia 20 habian salido al campo, pedian permiso para salir en el vapor que iba a Santo Domingo, y asf mismo Urbano y Francisco Sanchez Hechavarria dejaban a Cuba con rumbo al extranjero, Gulilermo Moncada estaba escondido.
Lleg6 por fin el 24 de febrero. En La Habana son presos Julio Sanguily y Jos6 Maria Aguirre, cuando se preparaban a salir al campo, Juan Gualberto G6mez con L6pez Coloma y catorce individuos m6s se subleva en Ibarra. La noche anterior habia sido muerto Manuel Garcia, que con cuarenta hombres armados estaba sublevado ya, y disuelta la partida; Joaquin Pedroso y varios j6veres habaneros se unen a Matagds en los alrededores de la Ci6naga de Zapata. El doctor Marrero se subleva con 30 6 40 hombres en Jag0ey Grande.
En Oriente, en la fecha indicada, y en finca de Manzanillo, se levanta Bartolom6 Mas6, acompafiado de Celedonio Rodriguez y su




hijo, de Dimds Zamora, Lorenzo Vega, Pascual Mendoza, Jos6 Mir6, Enrique Cdspedes y Amador Guerra, apoyados por gran nimero de hombres.
En Santiago de Cuba Guillermo Moncada, secundado por Rafael Portuondo, arrastra a muchos al grito de Independencia.
En Guant6namo se alzan Pedro P6rez y Enrique Brooks; en El Cobre lo hacen Quintin Banderas y Alfonso Goulet y en Holguin, los Sartorius.
En Camagiey solamente Francisco Recio y Mauricio Montejo se alzan al frente de grupos insignificantes.
Las Villas y Vuelta-Abajo permanecian tranquilas esperando el movimiento.
La Revoluci6n parecia nacer muerta; pocos dias despu6s desaparecian los grupos de Matanzas; las prisiones de Sanguily y Aguirre habian quitado fuerza al movimiento, el quietismo de muchos de los comprometidos parecia augurar el fracaso del nuevo esfuerzo por la libertad y la justicia.
Los grupos formados en Ibarra, JagOey y Col6n desaparecen unos tras otros en pocos dias, quedando solo Matagds, viviendo como lo habia hecho antes de la Revoluci6n.
En Las Villas nada habia dado resultado. La prisi6n de Carrillo, en Remedios, habia evitado todo intento. En Camag(ey se podia decir que nada habia; la juventud estaba sujeta por los mismos que debieran guiarla.
En Oriente todos los pueblos habian respondido. Las Tunas, Manzanillo, Bayamo, Holguin, Cuba, Guantdnamo y Baracoa estaban Ilenos de partidas numerosas e indisciplinadas y casi sin armamentos, que iban y venian en todas direcciones, recogiendo armas y excitando al pueblo todo.
Pero en ese primer periodo, que era el que debia aprovecharse para coger al enemigo desprevenido y d6bil, nada podia hacerse; harto grave era la empresa que se Ilevaba a cabo, con lograr dar vida al movimiento verificado en circunstancias tan desfavorables.
Guillermo Moncada, en Cuba, poco podia hacer; era un moribundo que venia, en cumplimiento de su palabra, y guiado por su patriotismo a morir a la sombra de su bandera.
Los que se habian alzado en Jiguani y Baire a las ordenes de Rabf y Lora, aparecian en una actitud dudosa. Acampados en el potrero Las Yaguas en Baire, habian levantado la bandera de la autonomia que enarbolaron en su campamento, una bandera espafiola cruzada por dos franjas blancas que se cortaban perpendicularmente en su centro.
En el resto de Oriente las fuerzas cubanas en estado naciente, levantaban el entusiasmo; pero no estaban en condiciones de hacer nada pr6ctico.




Los grupos que mds representaci6n tenfan eran los de Bayamo y Manzanillo a cuyo frente estaba Bartolomb Mas6, al que por sus condiciones y cardcter reconocieron todos en Oriente como jefe.
El mes de marzo abrfa un par6ntesis de tonos sombrios para la naciente Revoluci6n; se sentfa la falta de los que se consideraban como sus jefes naturales, los generales G6mez y Maceo.
El estado de la Revoluci6n trascendi6 bien pronto, y el Gobierno espatiot y los autonomistas trataron de explotarlo, aunque sin 6xito; pues a pesar de to indeciso de los hechos el entusiasmo entre los orientales aumentaba y se adquiria cohesi6n.
Los de Jiguani hicieron saber a Mas6 francamente, su decisl6n por la Independencia y asi contestaron a Alfredo Betancourt Manduley que, mandado por el Gobierno espafiol, habia salido de Santiago a entrevistarse con Rabi con objeto de atra6rselo. El comisionado volvi6 pronto con la seguridad de que la Revoluci6n en aquel territorio era una cosa resuelta.
Mientras tanto, la Junta Autonomista, desde La Habana, despachaba a Herminio Leyva y Aguilera a entrevistarse con Bartolom6 Mas6 e intentar la muerte del movimiento.
Llegado Leyva a Manzanillo en los primeros dias de marzo, obtuvo la entrevista con Mas6 en la finca La Odiosa, estando presentes Celedorjo Rodriguez, Dimas Zamora, Francisco Estrada, Esteban Tamayo, Amador Guerra y un grupo como de 200 hombres mis; entre los cuales habia algunos ya armados con Maussers cogidos al enemigo.
La entrevista fue poco cordial y las ofertas de Herminio Leyva hicieron poco efecto, a pesar de la negra pintura del porvenir que hizo a los sublevados, a los que dijo que eran los 6nicos en armas en la Isla y que nada esperasen del extranjero. Las ofertas fueron rechazadas por Mas6 quien al terminar dijo at comisionado que todos estaban resueltos a conquistar la independencia o morir.
Todavia en camino a Manzan!llo intent6 Leyva de nuevo la empresa; remitiendo la siguiente carta:
Manzanillo 12 de Marzo 1895. Sefior D. Bartolom6 Mas6.Muy sefior mifo. Ya sabr i ousted el resultado de ini viaje a Santiago de Cuba, negativo en absoluto, pues, no solo se resisti6 el senior Comandante General a conceder un minuto siquiera de plazo, sino que dio sus 6rdenes delante de mi para que se emprendiera la persecuci6n de usted con toda actividad.
En estas circunstancias y antes de retirarme a Manzanillo,
quiero hacer el 6ltimo esfuerzo, para evitar que se derrame in6tilmente sangre de hermanos; cuya cantidad sea cual fuere, esti en tiempo todavia de evitarla, porque de lo contrario caerb




gota a gota, sobre el nombre de usted; manchdndolo ante la Historia.
El verdadero patriotismo senior Mas6, es como la valentia, grande, sublime, pero por lo mismo de su grandeza, no hay que confundir, entre ambas cosas con la temeridad; porque en ese caso se empequefiecen hasta arrastrarlas por el suelo.
Es usted hombre de talento y de coraz6n, me consta aunque no he tenido el gusto de tratarlo; a esas dos cualidades de su cardcter apelo para que reflexione y las use en estos momentos criticos en favor siquiera sea de ese ntimero crecido de cubanos inespertos que ha lanzado usted al campo de la insurrecci6n, con la idea patri6tica eso es indudable para mi, pero bajo un concepto completamente equivocado, cuyas madres maldecirdn mafiana el nombre de usted cuando se despeje esta situaci6n y se vea claro en el asunto, si usted insiste enr Ilevarlos a un sacrificio initil; porque la campaia emprendida por usted tras de ser injustificada a todas luces; hoy por hoy tiene que ser est6ril y contraproducente por afiadidura para aIs felicidad de nuestro pals.
Vea usted sino y se lo repito despu6s de nuestra conferencia en aLa Odiosan c6mo no le secundan las otras provincias cubanas; lejos de eso, combatirdn a Oriente; vuelvo a decirle, porque el pais a comprendido que la felicidad de Cuba, no se ha de conquistar por medio de la guerra, siendo asi, que la guerra serd nuestro suicidio, y no hay pals en el mundo civilizado que se suicide concientemente.
Aparte de esto recapacite usted y yea que Espafia, tiene medios sobrados de acabar con el movimiento armado en poco tiempo: de Puerto Rico vienen tropas, de la Peninsula han salido ya ocho batallones y vendrdn todos los que crean necesarios.
La insurrecci6n en cambio no tiene material de guerra, ni lo espere usted del extrangero; yo se Io aseguro.
Por otro lado, la mitad por lo menos de la gente que tiene usted alzada sin armas, volverd a las poblaciones tan pronto como se vea perseguida por las tropas del Gobierno.
Sanguily (don Julio) preso en la Cabafia; Juan Gualberto G6mez presentado; Yero en Santo Domingo; Guillerm6n enfermo, echando sangre por la boca y acorralado en los montes de Guantdnamo; Urbano Sdnchez Hechevarria y dos hermanos euyos en Mfjico.
LQud esperanza le queda a usted rodeado de esa situaci6n?
Ha Ilegado en mi sentir el momento de probar al mundo entero que es usted un verdadero patriota; deponiendo las armas, cuyo acto lejos de ser denigrante para usted en political elevard su nombre en estos momentos a la altura que yo deseo verlo colocado eternamente.




Al dirigir a usted esta carta cumplo con un deber de patriotismo, quedando mi conciencia tranquila al retirarme a la Habana, despu6s de los esfueezos que he realizado para contener la guerra; aunque traspasada mi alma de dolor; pues ademds de ser cubano soy hijo de esta region, apartada hoy del resto del
pais, por un acto de rebeli6n tan injustificado como in6til.
Reciba V. las consideraciones del afecto que le profesa su
paisano.
Herminio C. Leyva.
Al dia siguiente de estar Leyva en la Odiosa estuvo Juan B. Sportorno con igual prop6sito que el anterior y fue igualmente rechazado por Mas6.
Es indudable que la inquebrantable reveli6n de Mas6 y sus compaileros, salvaron entonces la Revoluci6n, y al recorrer nuestros campos la noticia de las conferencias, adquirieron los parciales nuevos brios y mayor fe; a pesar de la negra pintura de Leyva, que no carecia de verdad en su totalidad, con respecto a las personalidades que cita. El mes de marzo de 1895 es caracteristico en la Revoluci6n que nace muerta y casi fracasada y en 61 se afirma y asegura.
Manzanillo es la regi6n donde toma cardcter y fuerza tanto por la residencia alli del jefe de ms prestigio Mas6; como porque alli se dan los combates de mbs resonancia y 6xito para las armas cubanas.
El 28 de febrero, Esteban Tamayo y Tamayo atacaba y tomaba a Veguitas consiguiendo armas y pertrechos.
Amador Guerra al frente de su caballeria entra en Campechuela; derrota las guerrillas espaiolas en la Yaraguana y las amachetea en el Ram6n, cogiendo en esos encuentros armas y parque y levantando el espiritu revolucionario con el 6xito de sus encuentros y con el arrojo e inteligencia demostrados en sus actos.
Mientras tanto el Gobierno espafiol movia las fuerzas que tenia disponibles para ahogar el movimiento insurreccional en Oriente; reconcentrando sobre Bayamo sus mejores fuerzas y sus mejores jefes.
El general Garrich y el coronel Zubekioski desde Holguin cafan sobre Baire; mientras el coronel Santoscildes iba de Manzanillo a Bayamo y de este 6ltimo punto a Jiguani por Santa Rita.
El general Rabi y Lora se hacen cargo de ellos bati6ndolos con notable 6xito, a los primeros er, Los Negros y el Cacao y a Santoscildes en el Guandbano a media legua de Bayamo y a la vista de la ciudad, cuya guarnici6n tuvo que salir en auxilio de la columna espafiola.
La caballeria cubana que con Amador Guerra habia mostrado en los alrededores de Manzanillo su empuje y entereza acab6 de comprobarlos en Guandbano donde tanto Rabi como Lora demostraron su valor indomable.




La situaci6n de los revolucionarios en el extranjero era critica y casi desesperada. Se veian imposibilitados para proteger a los sublevados en Cuba; sin recursos, pues las cajas revoiucionarias habian quedado exhaustas despu6s del fracaso de Fernandina; sufriendo una vigilancia extremada por parte del Gobierno americano que dirigia mister Cleveland; que no parecia un neutral en la cuesti6n, sino un aliado vehemente y leal de Espafia, a cuyo servicio habia puesto la Marina y la Policia americana; haciendo de esta manera ineficaz la buena voluntad del pueblo americano en favor de los revolucionarios cubanos.
La generalidad del pueblo cubano, especialmente las clases ricas, se oponia a la Revoluci6n, unos en pliblico, otros en privado y nadie les prestaba auxilio. La clase pobre emigrada era la 6inica esperanza asi como algunos bien acomodados que tenian fe en Marti. El mundo entero, sino era hostil por lo menos era indiferente.
G6mez y Marti, desde Montecristi, luchaban por butcar los medios de Ilegar a Cuba de cualquier modo, teniendo que cubrir las apariencias; pues aunque Lilis, el presidente de Santo Domingo, aparecia como enemigo declarado de la Revoluci6n Cubana; realmente y por conducto de Jos6 Ma. Rodriguez la ayudaba con dinero y con los recursos que le fue posible poner a su disposici6n, dentro de su neutralidad oficial.
Como dinero disponible contaban con poco, relativamente para lo que querian emprender, pues s6lo tenian la reserva que el general G6mez habia conservado, los dos mil pesos girados por Gonzalo de Quesada y dos mil pesos que Lills habia entregado a Mayfa Rodriguez.
Maceo apremiaba diariamente, porque se le remitieran recursos a Costa Rica; tal vez ignorando la verdadera situaci6n de la Caja Revolucionaria; por lo cual se hizo preciso mandar desde los Estados Unidos a Costa Rica a Frank Agramonte con instrucciones para que de acuerdo con Maceo o con Flor Crombert en su defecto, salieran para Cuba con los menos recursos posibles. Roloff y Serafin Sdnchez intentarian salir de Key West con los recursos que pudieran conseguir entre las emigraciones de los Estados Unidos.
La delegaci6n, ac6fala con la falta de Marti, hacia esfuerzos increibles para sostener y levantar el entusiasmo entre aquellas masas de gente patriota, resuelta y desinteresada, que se privaba de todo para auxiliar y dar vida a la Revoluci6n redentora, multiplicando sus esfuerzos con las dificultades sufridas.
El 25 de marzo de 1895 ya listos para salir G6mez y Marti desde Monte Cristi, lanzaban al piblico el siguiente Manifiesto que habia de ser la carta constitucional primera de Cuba redimida.




EL PARTIDO REVOLUCIONARIO CUBANO A CUBA

La revoluci6n de independencia, iniciada en Yara despu6s de preparaci6n gloriosa y cruenta, a entrado en Cuba en un nuevo perfodo de guerra, en virtud de 6rden y acuerdos del Partido Revolucionario en el extrangero y en la Isla, de la ejemplar congregaci6n en 61 de todos los elementos consagrados al saneamiento y emancipaci6n del pais, para bi6n de Am6rica y del mundo; y los representantes electos de la revoluci6n que se confirma, reconocen y acatan su deber, -sin usurpar el acento y las declaraciones solo propias de la majestad de la repidblica constituida,- de repetir ante la patria, que no se ha ce ensangrentar sin raz6n, ni sin justa esperanza de triunfo, los prop6sitos precisos, hijos del juicio y ajenos a la venganza, con que se ha compuesto, y llegard a su victoria racional, la guerra Inextinguible que hoy Ileva a los combates, en conmovedora y prudente democracia, los elementos todos de la sociedad de Cuba.
La guerra no es, en el c.)ncepto sereno de los que adn hoy la representan, y de la revoluci6n pdblica y responsable que los eligi6, el insano triunfo de un partido cubano sobre otro, o la humillaci6n siquiera de un grupo equivocado de cubanos; sino la demostraci6n solemne de la voluntad de un pais harto probado en la guerra anterior para lanzarse a la ligera en un conflicto s6lo terminable por la victoria o el sepulcro, sin causas bastante profundas para sobreponerse a las cobardias humanas y sus varios descisfra, y sin determinaci6n tan respetable por ir firmada por la muerte que debe imponer silencio a aquellos cubanos menos venturosos que no se sienten poseidos de igual fe en las capacidades de su pueblo ni de valor igual con que emanciparlo de su servidumbre.
La guerra no es la tentativa caprichosa de una independencia m6s temible que itil, que s6lo tendrian derecho a demorar o condenar los que mostrasen la virtud y el prop6sito de conducirla a otra mds viable y segura, y que no debe en verdad apetecer un pueblo que no la pueda sustentar; sino el producto disciplinado de la reuni6n de hombres enteros que en el reposo de la experiencia se han decidido a encarar otra vez los peligros que conocen, y de la congregaci6n cordial de los cubanos de mds diverso origen, convencidos de que en la conquista de la libertad se adquieren mejor que en el abyecto abatimiento las virtudes necesarias para mantenerlo.
La guerra no es contra el espafiol, que en el seguro de sus hijos y en el acatamiento a la patria que se ganen podrd gozar respetado, y ain amado, de la libertad que s6lo arrollard a los que le salgan, imprevisores, al camino. Ni del desorden, ajeno a la moderaci6n probada del espfritu de Cuba, serd cuna la




guerra; ni de la tiranfa. Los que la fomentaron, y pueden a6n Ilevar su voz, declaran en nombre de ella ante ia patria su limpieza de todo odio, su indulgencia fraternal para con los cubanos tfmidos o equivocados, su radical respeto al decoro del hombre, nervio del combate y cimiento de la repdblica, su certidumbre de la aptitud de la guerra para ordenarse de modo que contenga la redenci6n que la inspira, la relaci6n en que un pueblo debe vivir con los demds, y la realidad que la guerra es, y su terminante voluntad de respetar, y hacer que se respete, al espafiol neutral y honrado, en la guerra y despubs de ella, y de ser piadosa con el arrepentimiento, e inflexible s6lo con el vicio, el crimen y la inhumanidad. En la guerra que se ha reanudado en Cuba no ve la revoluci6n las causas del jobilo que pudiera embargar al heroismo irreflexivo, sino las responsabilidades que deben preocupar a los fundadores de pueblos.
Entre Cuba en la guerra con la plena seguridad, inaceptable s6lo a los cubanos sedentarios y parciales, de la competencia de sus hijos para obtener el triunfo por la energia de la revoluci6n pensadora y magndnima, y de la capacidad de los cubanos, cultivada en diez afios primeros de fusi6n sublime, y en las prdcticas modernas del gobierno y el trabajo, para salvar la patria desde su rafz de los desacomodos y tanteos necesarios at principio del siglo, sin comunicaciones y sin preparaci6n, en las repiblicas feudales y te6ricas de Hispano-Am6rica. Punible ignorancia o alevos[a fuera desconocer las causa a menudo gloriosas y ya generalmente redimidas de los trastornos americanos, venidos del ajustar a moldes extranjeros, de dogma incierto o mera relaci6n a su lugar de origen, la realidad ingenua de los paises que conocian solo de las libertades el ansia que las conquistas, y la soberania que se gana con pelear por elias. La concentraci6n de la cultura meramente literaria on las capitales; el err6neo apego de las republicans alas costumbres sefioriales de Ia colonia; la creaci6n de caudillos rivales consiguiente al trato receloso e imperfecto de las comarcas apartadas; la condici6n rudimentaria de la (inica industria, agricola o ganadera; y el abandono y desd6n de la fecunda raza indigena en las disputas de credo o localidad que esas causas de los trastornos en los pueblos de Am6rica mantenian -no son, de ning6n modo los problemas de la sociedad cubana. Cuba vuelve a la guerra con un pueblo democrdtico y culto, conocedor celoso de su derecho y del ajeno; o de cultura mucho mayor, en lo mds humilde de 61, que las masas Ilaneras o indias con que, a la voz de los heroes primados de la emancipaci6n, se mudaron de hatos en naciones las silenciosas colonias de Am6rica; y en el crucero del mundo al servicio de la guerra, y a la fundaci6n de la naclonalidad le vienen a Cuba del trabajo creador y conservador




en los pueblos m6s h6biles del orbe, y del propio esfuerzo en la persecuci6n y miseria del pais, los hijos lucidos, magnates o siervos, que de la 6poca primera de acomodo, ya vencida, entre los componentes heterog6neos de la naci6n cubana, salieron a preparar, o en la misma Isla continuaron preparando, con su propio perfeccionamiento el de la nacionalidad a que concurren boy con la firmeza de sus personas laboriosas, y el seguro de su educaci6n republicana. El civismo de sus guerreros; el cultivo y benignidad de sus artesanos; el empleo real y moderno de un nomero vasto de sus inteligencias y riquezas; la peculiar moderaci6n del campesinado sazonado en el destierro y en la guerra; el trato intimo y diario, y r6pida e inevitable unificaci6n de las diversas secciones del pais; la admiraci6n reciproca de las virtudes iguales entre los cubanos que de las diferencias de la esclavitud pasaron a la hermandad del sacrificio; y la benevolencia y aptitud crecientes del liberto, superiores a los raros ejemplos de su desvio o encono, -aseguran a Cuba, sin ilicita ilusi6n, un porvenir en que las condiciones de asiento, y del trabajo inmediato de un pueblo feraz en la rep6iblica justa, excederdn a las de disociaci6n y parcialidad provenientes de la pereza o arrogancia que la guerra a veces cria, del rencor ofensivo de una minoria de amos caida de sus privilegios; de la censurable premura conque una minoria ain invisible de libertos descontentos, -pudiera aspirar, con violaci6n funesta del albedrfo y naturaleza humanos, al respeto social que sola y seguramente ha de venirles de la igualdad probada en las virtudes y talentos; y de la sjbita desposesi6n, en gran parte de los pobladores letrados de las ciudades, de la suntuosidad o abundancia relativa que boy les viene de las gabelas inmorales y f6ciles de la colonia, y de los oficios que habrian de desaparecer con la libertad. -Un pueblo libre, en el trabajo abierto a todos, enclavado a las bocas del universo rico e industrial, sustituir6 sin obst6culo, y con ventaja, despu6s de una guerra inspirada en la mis pura abnegaci6n, y mantenida conforme a ella, al pueblo avergonzado donde el bienestar s6lo se obtiene a cambio de la complicidad expresa o tdcita con la tirania de los extranjeros menesterosos que los desangran y corrompen. No dudan de Cuba, ni sus aptitudes para obtener y gobernar su independencia, los que en el heroismo de la muerte y en el de la fundaci6n callada de la patria, yen resplandecer de continuo, en grandes y en pequefios, las dotes de concordia y sensatez s6lo inadvertibles para los que, fuera del alma real de su pais, lo juzgan, en el arrogante concepto de sf propios, sin mds poder de rebeldia y creaci6n que el que asoma timidamente en la servidumbre de sus quehaceres coloniales.




De otro temor quisiera acaso valerse boy, so pretexto de prudencia, la cobardfa: el temor insensato, y jams en Cuba justificado, a la raza negra. La revoluci6n, con su carga de m6rtires, y de guerreros subordinados y generosos, desmiente indignada, como desmiente la larga prueba de la emigraci6n y de la tregua en la isla, la tacha de amenaza de la raza negra con que se quisiese inicuamente levantar, por los beneficiarios del r6gimen de Espafia, el miedo a la revoluci6n. Cubanos hay en Cuba de uno y otro color. olvidados para siempre, -con la guerra emancipadora y el trabajo donde unidos se gradan, -del odio en que los pudo dividir la esclavitud. La novedad y aspereza de las relaciones sociales, consiguientes a la mudanza sobita del hombre ajeno en propio, son menores que la sincera estimaci6n del cubano blanco por el alma igual, la afanosa cultura, el fervor del hombre libre, y el amable caricter de su compatriota negro. Y si a la raza le naciesen demagogos inmundos, o almas dvidas cuya impaciencia propia azuzase la de su color, o en quien se convirtiera en injusticia con los demds la piedad por los suyos, --con su agradecimiento y su cordura, y su amor a la patria, con su convicci6n de la necesidad de desautorizar por la prueba patente de la inteligencia y virtud del cubano negro la opini6n que adn reine de su incapacidad para ellas, y con la posesi6n de todo lo real del derecho humano, y el consuelo y fuerza de la estimaci6n de cuanto en los cubanos blancos hay de justo y generoso, -la misma raza extirparia en Cuba el peligro negro, sin que tuviera que alzarse a 61 una mano blanca. La revoluci6n lo sabe, y lo proclama; la emigraci6n to proclama tambi6n. Alli no tiene el cubano negro escuelas de ira, como no tuvo en la guerra una sola culpa en ensobercimiento indebido o de insubordinaci6n. En sus hombros anduvo segura la rep6blica a que no atent6 jambs. S6lo los que odian al negro ven en el negro odio; y los que con semejante miedo injusto traficasen, para sujetar, con inapetecible oficio, las manos que pudieran erguirse a expulsar de la tierra cubana al ocupante corruptor.
En los habitantes espafioles de Cuba, en vez de la deshonrosa ira de la primer guerra, espera hallar la revoluci6n, que ni lisonjea ni teme, tan afectuosa neutralidad o tan veraz ayuda, que por ellas vendr6 a ser la guerra mis breve, sus desastres menores, y mis f~cil y amiga la paz en que han de vivir juntos padres e hijos. Los cubanos empezamos la guerra, y los cubanos y los espaioles la terminaremos. No nos maltraten, y no se les maltratar6. Respeten, y se ies respetard. Al acero responde el acero, y la amistad a la amistad. En el pecho antillano no hay odio; y el cubano saluda en la muerte al espafiol a quien la crueldad del ej6rcito forzoso arranc6 de su casa y su terrufio




para venir a asesinar en pechos de hombre la libertad que 61 mismo ansfa. Mds que saludarlo en la muerte, quisiera la revoluci6n acogerlo en vida; y la rep6blica serd tranquilo hogar para cuantos espafioles de trabajo y honor gocen en ella de la libertad y bienes que no han do hallar ain por largo tiempo en la lentitud, desidia y vicios politicos de la tierra propia. Este es el coraz6n de Cuba, y asf serb la guerra. gQu6 enemigos espafioles tendrd verdaderamente la revoluci6n? ,SerA el ej6rcito, republicano en mucha parte, que ha aprendido a respetar nuestro valor, como nosotros respetamos el euyo, y mds siente impulsos a veces de unirsenos que de combatirnos? ,Serdn los quintos, educados ya en las ideas de humanidad, contrarias a derramar sangre de sus semejantes en provecho de un cetro indtil o una patria codiciosa, los quintos segados en la flor de su juventud para venir a defender, contra un pueblo que los acogerfa alegre como ciudadanos libres, un trono mal sujeto, por la naci6n vendida por sus gulas, con la ?omplicidad de sus privilegios y sus logros? ,Serd la masa, hoy humana y culta, de artesanos y dependientes, a quienes so pretexto de patria, arrastr6 ayer a la ferocidad y al crimen el inter6s de los espafioles acaudalados que hoy, con Io m~s de sus fortunas salvas en Espafia, muestran menos celos que aquel conque ensangretaron la tierra de su riqueza cuando los sorprendi6 en ella la guerra con toda su fortuna? ,O ser6n los fundadores de familias y de industrias cubanas, fatigados ya del fraude de Espafia y de su gobierno, y como el cubano vejados y oprimidos, los que, ingratos e imprudentes, sin miramientos por la paz de sus casas y la conservaci6n de una riqueza que el regimen de Espafia amenaza mAs que la revoluci6n, se revuelvan contra la tierra que de tristes risticos los ha hecho esposos felices, y duefios de una prole capaz de morir sin odio por asegurar al padre sangriento un suelo libre al fin de la discordia permanente entre el criollo y el peninsular; donde la honrada fortuna pueda mantenerse sin cohecho y desarrollarse sin zozobra, y el hijo no yea entre el beso de sus labios y la mano de su padre la sombra aborrecida del opresor? jQu6 suerte elegirdn los espafioles: la guerra sin tregua confesa o disimulada, que amenaza y perturba las relaclones siempre inquietas del pals, o la paz definitiva, que jambs se conseguird en Cuba sino con la independencia? ,Enconar~n y ensangrentardn los espafioles arraigados en Cuba la guerra en que pueden quedar vencidos? INi con qu6 derecho nos odiar6n los espafioles, si los cubanos no los odiamos? La revoluci6n emplea sin miedo este lenguaje, por que el decreto de emancipar de una vez a Cuba de la ineptitud y corrupci6n irremediables del gobierno de Espafia, y abrirla franca para todos los hombres al mundo nuevo, es tan terminante como la voluntad de mirar como




a cubanos, sin tibio coraz6n ni amargas memorias, a los espafioles que por su pasi6n de libertad ayuden a conquistarla en Cuba, y a los que con su respeto a la guerra de hoy rescaten la sangre que en la de ayer man6 a sus golpes del pecho de sus hijos.
En las formas que se d6 la revoluci6n, conocedora de su desinter6s, no hallard sin duda pretexto de reproche la vigilante cobardia, que en los errores formales del pais naciente, o en su poca suma visible de republican, pudiese procurar raz6n con que negarle la sangre que le adeuda. No tendrd el patriotismo puro causa de temor por la dignidad y suerte futura de la patria. La dificultad de las guerras de independencia en Am6rica, y la de sus primeras nacionalidades, ha estado mis que en la discordia de sus heroes y en la emulaci6n y recelo inherentes al hombre, en la falta oportuna de forma que a la vez contenga el espiritu de redenci6n que, con apoyo de impetus menores, promueve y nutre la guerra, y las prdcticas necesarias a la guerra, y que 6sta debe desembarazar, y sostener. En la guerra inicial se ha de hallar el pais maneras tales de gobierno que a un tiempo satisfagan la inteligencia madura y suspicaz de sus hijos cultos, y las condiciones requeridas para la ayuda y respeto de los demos pueblos, -y permitan- en vez de entrabar- el desarroIlo pleno y t6rmino rdpido de la guerra fatalmente necesaria a la felicidad piblica. Desde sus races se ha de construir la patria con formas viables, y de si propia nacidas, de modo que un gobierno sin realidad ni sanci6n no la conduzca alas parcialidades o a la tirania. Sin atentar, con desordenado concepto de su deber, al uso de las facultades integras de constituci6n, con que se ordenen y acomoden, en su responsabilidad peculiar ante el mundo contemporineo, liberal e impaciente, los elementos expertos y novicios, por igual movidos de impetu ejecutivo y pureza ideal, que con nobleza id6ntica, y el tituio inexpugnable de su sangre, se lanzan, tras el alma y gufa de los primeros heroes, a abrir a la humanidad una republican trabajadora; s6lo es licito al Partido Revolucionarlo Cubano declarar su fe en que la revoluci6n ha de hallar formas que le aseguren, en la unidad y vigor indispensable a una guerra culta, el entusiasmo de los cubanos, la confianza de los espafioles, y la amistad del mundo. Conocer y fijar la realidad; componer en molde natural la realidad de las ideas que producen o apagan los hechos, y la de los hechos que nacen de las ideas: ordenar la revoluci6n del decoro; el sacrificio y la cuitura de modo que no quede el decoro de un s6lo hombre lastimado, ni el sacrificio parezca indtil a un s6lo cubano, ni la revoluci6n inferior a la cultura del pals, no a la extranjeriza y desautorizada cultura que se enajena el respeto de los hombres viriles por la ineficacia de sus resultados y el contraste lastimoso entre la poquedad real y la arro-




gancia de sus estdriles poseedores, sino al profundo conocimiento de la labor del hombre en el rescate y sosten de su dignidad: 6sos son los deberes, y los intentos, de la revoluci6n. Ella se regird de modo que la guerra, pujante y capaz, d6 pronto casa firme a la nueva repdblica.
La guerra sana y vigorosa desde el nacer con que hoy reanuda Cuba, con todas las ventajas de su experiencia, y la victoria asegurada a las determinaciones finales, el esfuerzo excelso jams recordado sin unci6n, de sus inmarcesibles heroes, no es s6lo hoy el piadoso anhelo de dar vida plena al pueblo que, bajo la inmoralidad y ocupaci6n creciente de un amo inepto, desmigaja o pierde su fuerza superior en la patria sofocada o en los destierros esparcides. Ni *es la guerra insuficiente prurito de conquistar a Cuba con el sacrificio tentador, la independencia politica, que sin derecho pedirfa a los cubanos su brazo si con ella no fuese la esperanza de crear una patria mds a la libertad del pensamiento, la equidad de las costumbres, y la paz del trabajo. La guerra de independencia de Cuba, nudo del haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos alios, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroismo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de ias naciones americanas, y al equilibrio adn vacilante del mundo. Honra y conmueve pensar que cuando cae en tierra de Cuba un guerrero de la independencia, abandonado tal vez por los pueblos incautos o indiferentes a quienes se inmola, cae por el bien mayor del hombre, la confirmaci6n de la repdblica moral en Am6rica, y la creaci6n de un Archipidlago libre donde las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer sobre el crucero del mundo. Apenas podrfa creerse que con semejantes mdrtires, y tel porvenir, hubiera cubanos que atasen a Cuba a la monarquia podrida y aldeana de Espafia, y a su miseria inerte y viciosa.
A la revoluci6n cumplird mafiana el deber de explicar de nuevo al pals y alas naciones, las causas locales, y de idea e interns universal, conque para el adelanto y servicio de la humanidad reanuda el pueblo emancipador de Yara y de Gudimaro una guerra digna del respeto de sus enemigos y el apoyo de los pueblos, por el rigido concepto del derecho del hombre, y su aborrecimiento de la venganza est6ril y la devastaci6n in6itil. Hoy, al proclamar desde el umbral de la tierra venerada el espiritu y doctrina que produjeron y alientan la guerra entera y humanitaria en que se une ain mds el pueblo de Cuba, invencible e indivisible, sdanos licito invocar, como gufa y ayuda de nuestro pueble, a los magn&nimos fundadores, cuya labor renueva el pals agradecido, y al honor, que ha de impedir a los cubanos herir, de palabra 6 de obra a los que mueren por ellos. Y al declarar




asi en nombre de la patria, y de deponder ante ella y ante su libre facultad de constituci6n, la obra id6ntica de dos generaciones, suscriben juntos la declaraci6n, por la responsabilidad comin de su representaci6n, y en muestra de la unidad y solidez de la revoluci6n cubana, el Delegado del Partido Revolucionario Cubano, creado para ordenar y auxiliar la guerra actual, y el General en jefe electo en 61 por todos los miembros activos del
Ej6rcito Libertador.
Montecristi, 25 de Marzo de 1895.
Jos6 Marti. M. G6mez.
Una vez Ilegado Frank Agramonte a Costa Rica y recibidas por Flor Crombet las instrucciones de Marti, organiza la expedici6n que pone a las 6rdenes de Antonio Maceo; salen de Puerto Lim6n a bordo de un vapor americano; desembarcan en las Bahamas, en la isla Fortuna; se reembarcan en la goleta inglesa Trafa consigo Maceo un corto ntmero de expedicionarios: veinte o veintiuno; pero casi todos veteranos, jefes escogidos de la pasada guerra y algunos extranjeros; quizds el Onico recluta era el joven Frank Agramonte que se le habia incorporado en Costa Rica como emisario mandado por la delegaci6n para arreglar la salida.
Apenas habian desembarcado Maceo y sus compafieros y ya tenian que combatir con el enemigo a cuya vista habian tornado tierra. La espera, despu6s de hacer el primer almuerzo en tierra cubana, y entablando el combate; Baracoa at6nita veia volver en completa derrota a los que habian salido en persecuci6n de los cubanos.
Los expedicionarios emprenden la marcha al interior sin prdcticos; sin recursos y presintiendo la persecuci6n incesante de que iban a ser objeto. La marcha que tenian que emprender era terrible, tanto por la escasez de recursos como por lo accidentado del terreno, que presenta obst6culos insuperables a los que no est6n acostumbrados a caminar por aquellas montafias.
La noticia del desembarco de Maceo fue para los enemigos de Cuba tn golpe terrible, y fuerzas del Regimiento de Simancas y las guerrillas de Yateras, mandadas por el feroz Garrido, emprendieron una persecuci6n activa y tenaz. Al cansancio y al hambre vino a unirse el combate casi continuo y el tener que burlar aquella persecuci6n constante hecha en su mayor parte por fuerzas compuestas de soldados criollos.
Poco a poco van cayendo los expedicionarios, unos prisioneros como Patricio Corona y Frank Agramonte, y otros, que fueron trasladados a las fortalezas de Guantanamo y Cuba; otros caian como h6roes combatiendo por su pais en aquella lucha tit6nica por lo de-




sigual. El ndmero de expedicionarios mermaba notablemente; pero el resto seguia su rumbo a Guantinamo sin encontrar otra cosa que enemigos en aquella tierra inhospitalaria.
Casi fraccionados encuentran al enemigo en Palmito y el combate empieza fuerte y rudo. Flor Crombet y Jos6 Maceo estaban juntos y peleaban con su valor acostumbrado, tratando de abrirse paso por entre el enemigo que los acosaba.
Por fin cae Flor Crombet y Jos6 Maceo se retira solo; Antonio Maceo, acompaliado del coronel Pefia, colombiano, y de Arseno, dominicano, sigue la montafia en otra direcci6n. Los restantes expedicionarios se dispersan. Cebreco se ve s6lo tambi6n en la montafia durante muchos dias.
La muerte de Flor Crombet fue una gran p6rdida para la Revoluci6n; era una esperanza; valor, honradez, patriotismo e inteligencia, todo lo reunfa; como soldado una hoja de servicio brillante y limpia; sus hechos de armas demostraron siempre su intrepidez y prevision; su actividad extraordinaria lo habia hecho notable entre sus compafieros desde que, siendo capit~n, mandaba las fuerzas de la Loma del Gato: estaba Ilamado a ser mno de los primeros jefes, y su desinterds le hubiera hecho muy til a Cuba. En su tumba ignorada, si hay justicia, tendr6 el reposo de los buenos. Plegue al cielo que sus paisanos premien en sus hijos la abnegaci6n y patriotismo del padre mdrtir.
Los cubanos habian tenido por conducto espafiol la noticia del desembarco de Antonio Maceo y sus compafieros de expedici6n. Las fuerzas de Guantdnamo alas 6rdenes de Pedro P6rez se adelantaron a protegerlos y poco a poco fueron a incorporarse a ellas los expedicionarios.
Antonio Maceo y sus compafieros fueron a salir a Jarahueca donde encontraron al prefecto Rafael Peaket que trasmiti6 la noticia.
Jos6 Maceo despu6s de vagar solo por la montafia, rendido, desmayado, destrozados los pies, fue encontrado al fin por Pedro Pdrez en Vuelta Costa.
A la muerte de Jos6 Maceo, el general G6mez, refiri6ndose a su encuentro y a aquella terrible odisea dice lo que sigue:
El General Antonio Maceo al frente de reducidisimo nemero
de compafieros, entre ellos Jos6, desembarcaba en pleno dia Junto a la plaza enemiga de Baracoa. Se arman al saltar a tierra, y manteni6ndose siempre a la vista de la ciudad, marchan a ocupar una casa situada en una pequefia eminencia del terreno, posici6n que juzg6 ventajosa para repeler el ataque de que indudablemente serian objeto por parte de la guarnici6n espafiola. Alli acudieron algunos jefes subalternos que adn permanecian indecisos a quienes dio sus 6rdenes y por los que fue informado que en Baracoa hacia su apresto de salida una co-




lumna espafiola; confirmados en sus sospechas aguardaron resueltos; vieron salir de sus trincheras un enemigo diez veces mds numeroso y esperaron. Al pisar la fuerza espaiola el pie de la pequefia loma la minima linea de combate de aquellos once hombres, la salud6 con una descarga, y no apagaron sus fuegos hasta que el enemigo no se retir6 a sus trincheras, abandonando todo intento de avance; celebraron, pues, su entrada con un combate, rechazando el enemigo a las pocas horas de poner pie en tierra firme.
Despu6s se internaron sirvi6ndoles de prdctico un hombre que, disgustado o perverso, al tercer dia los abandona dej6ndolos perdidos en Io mds intrincado y desierto de las c6lebres, altas y vastisimas montafias de Baracoa.
Desde aquel instante principi6 para aquellos veteranos, que a poco se vieron perseguidos por el enermigo, la campafia m6s desesperada y ruda. Solamente el renombre de los Maceo, los Crombet y los Cebreco, a mi juicio, contribuy6 sin duda, a que los espaioles anduviesen con pies de plomo y aquel grupo de valientes no fuese hecho prisionero y conducido derecho al cadalso. Durante aquella marcha a rumbo, el general Jos6 ayudaba el primero a dirigirla, y asi se continu6 desorientando muchas veces a sus perseguidores que perdian a cada momento la pista, mientras ellos adelantaban terreno, hasta que despu6s de varios dias de marcha tan incierta como fatigosa, Ilegaron a una casa donde trataron de descansar. iEn mal hora lo hicieron y ojal6 no lo hubieran pensado nunca. Allf fueron sorprendidos por los espatioles y aquellos hombres extenuados, con una carga enorme sobre sus espaldas y los pies ensangrentados, se baten como leones y se defienden cuerpo a cuerpo. Alli es muerto el nunca bien Ilorado Flor Crombet y algunos caen prisioneros -el General Antonio Maceo se escapa con un grupo que se dirige siempre a la jurisdicci6n de Cuba y Jos6 qued6 solo, peregrino errante, en las desiertas sierras de Baracoa-. Ofr de sus propios labios como nos la cont6 a mi y a Marti, la historia tristisima de sus trece dias de soledad y desamparo; oir aquella narraci6n del episodio mcs interesante de su vida tan accidentada y dicho todo con la sencillez de un hombre que no podia rebuscar frases ni galanuras, era sentirse conmovido profundamente, como si se estuviese participando o palpando aquella dolorosa realidad que sin embargo habia pasado ya.
Para mayor desgracia y como para poner a pruebas m6s duras su valor y sus fuerzas, el Destino dirige su rumbo por una zona sin agua y desprovista de frutas silvestres, y en tal situaci6n, el desamparado ha tenido que botar toda su carga que consistia en 400 c6psulas, ropas y otras prendas de campafia, reservdndose Onicamente 100 c~psulas y el rifle, con el firme




prop6sito de morir peleando. Todo lo demds ya era una carga insoportable para aquel hombre de hierro. Jos6 sigue caminando o mejor dicho arrastr6ndose con rumbo incierto; y ya postrado, en un estado de extenuaci6n tal, que empieza a sentir v6rtigos y alucinaciones de que 61 mismo no podia darse cuenta. Un dia -Jos6 era un gran tirador- siente revoletear una paloma por encima de su cabeza y la v6 a buen tiro; pero al preparar el rifle para dipararle le ocurre que un tiro en aqueHas alturas podia perderle, pues denunciaba su presencia en las serranias plagadas de guerrillas enemigas. Sin embargo, se dijo: Y alentado por esa racional resoluci6n, hizo el disparo y la paloma vino al suelo a sus pies, comi6 de ella un poco -por supuesto cruda- y continu6 su rumbo un tanto mis repuesto: asi anduvo alimentado por la esperanza y una que otra fruta silvestre que escasamente encontraba a su paso.
No tuvo tanta dicha que cayera en un camino cualquiera o serventia que Jo condujera a cualquier lado; toda la zona que fatalmente atravesaba era montafiosa virgen a donde se pueden desafiar las furias de Ej6rcitos aliados que siempre se podrdn combatir. Yo despu6s, que tambi6n atraves6 con Marti y compafieros por una parte de esas montafias, les he puesto el nombre de La Vend6e Cubana.
El General Jos6 Maceo, ya en la vispera de su resurrecci6n
-que asi me permito yo lamar su aparici6n entre sus compafieros- sali6 a un camino ancho y trillado; como era natural se detiene a examinar aquella rastreria y pronto, por las huellas de caballos herrados, conoce que por alli solo transitan fuerzas espafiolas. Resuelto emprende su marcha rifle al hombro, paso lento, pues apenas podia m6s, pero con ojo avizor a todas partes, dispuesto a no hablar sino a morir callado, pero en la lucha como un le6n enfermo. Aquel camino, conato de carretera, pues Espafia en cuatro siglos no ha podido atender mds que un pedacito de Occidente, to tom6 el General Maceo casualmente hacia el Norte y es el camino que conduce de Guant6namo a Sagua. Habia caminado m6s de 40 leguas; si te fijas en el mapa las puedes apreciar si le concedes adem6s las vueltas y revueltas que como extraviado debi6 jirar. Parece mentira que un hombre que no fuera de la madera y el temple de Jos6 Maceo, pudiera resistir y escapar de situaci6n tan desesperada y dificil.
Le hemos dejado en mitad del camino y me vas a acompafiar a seguirlo conforme a la relaci6n que me hizo 61 mismo, y que escuch6 y anot6 en mi diario con sumo inter6s. Despu6s que anduvo como a distancia de media legua con el dedo en el




gatillo de su rifle, hizo alto y quiso reconocer sus contornos, dici6ndose para si: Resguard6ndose por entre la frondosa espesura de un platanal que terminaba muy cerca de aquella vivienda, Iogr6 acercarse lo bastante sin ser sentido hasta Ilegar a algunos pasos pr6ximos a ella y alli aguard6 un instante, al cabo del cual una mujer hizo salida de la casa por la parte en que 61 se encontraba en acecho, quiso Ilamarla y apenas pudo articular palabra; pero que caus6 ruido suficiente para Ilamar la atenci6n de la sefiora que con marcado recelo y a instancias de 61 se le acerc6.
Su didlogo de preguntas y respuestas fue breve, pues 61, ya resuelto, le comunic6 todo en dos palabras, menos su nombre que tuvo la precauci6n de ocultarle. La campesina entre asustada y esquiva le condupo a la casita y le ayud6 a sentarse en un viejo sill6n que alli habia, dici6ndole: Estese usted ahi mientras Ilega mi marido que no dilata, y mientras le preparo algin alimento. Apenas habian transcurrido algunos minutos y se habia descalzado el General los botines pues tenia destrozados los pies se present6 un hombre que era el duefio de la casa y enterado por su mujer de Io que ocurria, se dirigi6 sobrecogido entonces al aparecido y con espiritu espantado le notici6 c6mo andaban las guerrillas por todas partes en persecuci6n de los Maceo ya dispersos, y como prueba de ello la notoria muerte de Flor Crombet, la captura de Corona y compafieros, y hasta la de Cebreco, y concluy6 dici6ndole que alli no podia permanecer, pues la aparici6n repentina de una guerrilla lo comprometia; que las esperanzas eran bien tristes, o




mejor dicho, perdidas, pues Pedro P6rez apenas contaba ya con treinta hombres porque todos se habian presentado, y los espaioles Io persegufan tenazmente; y diciendo asi, Io invit6 a que Io siguiera para ocultarlo en el platanal como a un leproso a quien debia huirsele.
El General quiso ponerse de pie y le di6 trabajo hacerlo, tan entumecido se encontraba, mucho menos pudo calzarse los botines, despubs que sus pies frios y lastimados se habian adolorido m6s. El hombre de la casa entonces le facility unos chanclos viejos con los que pudo arrastrarse detrds de su guia que lo condujo a lo mds espeso del platanal y alli lo dej6 medio aturdido. Los botines abandonados del General que quedaron en un rinc6n de la casita, contribuyeron no en poco, como tW verbs mds adelante, para que no se prolongaran mds sus sufrimientos y desamparo; sin embargo cuando hubo quedado s6lo vari6 de lugar y se puso en guardia, y lo que era natural, la desconfianza y la duda principiaron a atormentarle tenazmente porque no podia penetrar los designios de aquel hombre y su mujer a quienes no conocia y se habia confiado.
Por otra parte todas las noticias que habia ofdo de boca del campesino y que desde el dia de la separaci6n violenta de sus compafieros no habia podido saber con certeza de ellos, debieron causar honda impresi6n en su Animo durante aquella noche triste y pavorosa. Pudo muy bien creer que todo estaba perdido: los principales hombres habian desaparecido, y desamparado el pueblo, falto y hu6rfano de sus viejos directores, no seguiria mucho tiempo en la lucha desigual y desesperada, someti6ndose nuevamente a la servidumbre. La Revoluci6n estarfa perdida. Mientras tanto y en el interior de la casita pasaba otra escena de confusi6n y espanto porque marido y mujer no acertaban la manera de salir del paso con la presencia en su casa de un expedicionario que les comprometia de modo serio, y la infeliz consorte se enredaba en las faenas de la cocina que al fin termin6 invirtiendo un tiempo mds largo que el necesario. El marido sali6 enseguida a Ilevarle un poco de alimento al General el que apenas prob6 las primeras cucharadas de caldo, sinti6 un desmayo. Despuds un tanto repuesto convers6 un poco con su hubsped y qued6 concertado y resuelto que a la mafiana siguiente le conduciria hasta ponerlo en una vereda que le debia poner muy cerca de una zona en donde seguramente debfa encontrar gente de Pedro Pdrez.
La noche tendi6 su negro manto sobre la tierra y mis que negro, finebre, sobre aquel platanal que envolvi6 con su obscuridad profunda a aquel guerrero intr6pido y disperso, preso de las mds fundadas incertidumbres. N o olvido sus palabras textuales al referirme esta parte de su episodio.




-General, me decia, me sucedi6 una cosa extrafia esa noche, y fue que las anteriores que pas6 en las montaias desiertas del Toa, mi suefio era m6s tranquilo y por Io mismo reparador, mlentras que en esta iltima noche de mi peregrinaci6n apenas pude conciliar el suefio. El reflejo de la luz que despide en su vuelo incierto el cocuyo, el ruido que al posarse en las hojas del pl~tano producen las ayes nocturnas, el canto del gallo, el ladrido del perro en la casa vecina, todo me imponia recelos en aquella noche sospechosa y en que s6lo contaba por compafiero un rifle para defenderme, teniendo a la espalda un monte y de frente una casa habitada por personas que yo no tenia ninguna seguridad de su lealtad y mi suerte estaba absolutamente confiada a su voluntad o a su capricho. Nunca jambs en mi vida me pareci6 noche tan larga. Por fin amaneci6 y el dia con sus claridades debi6 desvanecer un poco las nubulosidades en que estaba sumergido su espiritu; en este estado, el hombre se le present6 con un poco de caf6 que tom6 con insaciable deseo y a poco emprendieron la marcha por una vereda estrecha y continuada por derechos y revueltas del monte firme que debfa conducirlo a la zona ya indicada. Media legua caminada y a esa distancia le deja el prdctico y apenas el General camina algunos kil6metros se siente fatigado y tanto por esto como por precauci6n para esperar si alguien viene detrds o delante; se interna un poco al monte dando vista a la vereda y espera. Luego sinti6 suefio y durmi6 un rato, segin 61, de seguro debi6 ser mucho mds de to que pens6 puesto que hubo tiempo suficiente para el encuentro casual e inesperado a ia vez, que sucedi6.
Mientras el duefio de la casa conducia al General hasta el punto donde lo dej6, dos hombres montados y bien armados Ilegaron a 6sta y con notable insistencia preguntaban e indagaban por el duefio de la casa y por alguien desconocido que hubiese andado por allf. La pobre mujer temblando con la presencia de aquellos dos guerrilleros, no sabia que contestar, y a lo poco que respondia era de un modo confuso y vago. Este palo tiene jutia dijo uno de ellos y la infeliz mujer tembl6, pero tembl6 m6s adn cuando vio que uno de aquellos hombres fij6ndose en los botines del General que todavia permanecian en un rinc6n, se apoder6 de ellos y preguntdndole por su dueflo, la infeliz no sabia que debia contestar; pero la presencia instant6nea de su marido la sac6 del apuro y respirando, como el que se viera libre de una mano de hierro que Io estrangula, le dijo a su marido: enti6ndete tW con esos hombres. Del didlogo que hubo entre los tres a seguidas result6 que el pobre campesino se vio obligado a confesarlo todo y marchar at trote largo a ensefiar o alcanzar y hacerle entrega del General Jos6 Maceo,




ignorando lo que era. Los de a caballo detr6s y 61 de a pie delante en un instante a paso vivo recorrieron la distancia hasta donde qued6 el General, a la saz6n que 6ste salia del monte para tomar la vereda y continuar; pero sinti6 ruido y se prepar6. No le qued6 tiempo ni espacio para ocultarse, tambi6n hubiera sido indtil, pues ya los tenia encima y se dispuso a correr todo peligro y terminar, (sus palabras textuales cont6ndome ese lance). Ya estaba cansado de una vida tan triste. iAlto? LQui6n va?, dijo: y le contestaron: Cuba; ,qu6 gente?, repuso; de Periquito P6rez; adelante uno, y avanz6 uno que a poco cay6 en sus brazos, despu6s el otro. Y esta escena heroica y tierna a la vez yo no intento describirtela, pues solo 61 mismo como nos la relat6 a mi y a Marti pudiera haberlo hecho. Yo le dije a Marti: Usted que escribe de manera que encanta, va a tener que narrar la vida errante del General Jos6 por las montafias, con los pies ensangrentados, extenuado por el hambre, desamparado y solo, con un solo pensamiento en el alma, la redenci6n de la Patria. Marti me ha contestado: ,,Es tan alto y sublime cuanto a este hombre, escogido por el Dios de la guerra, le ha pasado que no importa la manera de ser dicho, pues que siempre aparecer6 interesante y conmovedor.>
Sigue conmigo un poco m~s al General; para que sepas que cuando ya hubieron pasado los primeros transportes de alegria de aquel feliz encuentro, pudieron notar con extrafieza que el gufa estaba notablemente conmovido y derramando 16grimas. Confes6 entonces que hasta aquel mismo instante habia creido que aquellos dos soldados leales no eran otra cosa que dos guerrilleros disfrazados que le obligaban a cometer la villania de entregar a un insurrecto y ese insurrecto era nada menos que el General Jos6 Maceo a quien 61 habia admirado tanto y deseaba conocer.
El General entonces lo tranquiliz6 y console poniendo en sus manos algunas monedas de oro americano que adn le quedaban en su bolsillo.
Desde aquel instante el General Jos6 Maceo se sinti6 hombre nuevo e irgui6ndose encima de uno de los caballos que montaban los ginetes les dijo: ,adelante, muchachos, y vamos a reunirnos con nuestra gente>>.
Efectivamente con tan buenos guias y columna tan exigua y de pie tan firme, antes que la noche de ese dfa le envolviera en nuevas tinieblas, el guerrero intr6pido habia verificado su entrada a un campamento cubano de pocos hombres, pero de coraz6n bien puesto y probada resoluci6n. Habia caminado veinte leguas. Con la aparici6n, o mejor dicho, la resurrecci6n del General Jos6 Maceo en Ia comarca de Guant6namo y coincidiendo el acto de presencia del General Antonio Maceo en la




de Cuba, el entusiasmo fue tal y de tal manera sentido en todo Oriente que un sacudimiento revolucionario se efectu6 de manera tan sorprendente que el Gobierno espafiol en Cuba, representado por el General Martinez Campos, qued6 aturdido y confuso, extendidndose hasta el de la Peninsula tan acentuada situaci6n en que se colocaba el partido separatista en armas.
En tan solemne momento y en noche obscura, empujado por las olas y en las playas desiertas de Batiquiri, yo y el nunca bien sentido Marti y dem6s compafieros, pisamos la tierra cubana.
Como se deja consignado, al dia siguiente de la entrada del
General Jos6 Maceo at campamento cubano se difundi6 la noticia de tan fausto acontecimiento y la reacci6n producida hizo temblar a los espafioles que en vano hicieron esfuerzos para
contrarrestarlos.
La Revoluci6n se levant6 entusiasta y poderosa reaccionando
los espiritus muertos o sin fe y afianz6 sus races con la firme convicci6n en la mente popular, de que Espafia ha perdido ya
su poder en Cuba.
No he querido yo contarte las peripecias y las desdichas
que junto con mis compafieros tambi6n sufrimos desde aquella noche amarga y dolorosa que el destiny me arranc6 de tus brazos y me lanz6 a la mar en d6bil barco, hasta pisar esta tierra que he venido a ayudar a redimir. Todo eso lo sabres alg(in dia y s6lo puedo aladir para terminar esta carta que te envio con mi carifio, que despu6s de varios dias de marchas terribles por las mismas montafias de Baracoa, nos reunimos con el General Jos6 Maceo que ya at frente de 500 hombres marchaba en auxilio de nosotros, previo aviso. En un lugar poblado que se llama Arroyo Hondo y a corta distancia ofmos un fuego bastante nutrido y cuando ya pr6ximos al lugar supimos que fuerzas al mando de Pedro P6rez se batman, tuve la agradable sorpresa de encontrarme at General Jos6 Maceo triunfador glorioso, pues acababa de derrotar a los espafioles que a
marcha forzada se refugiaban en la ciudad de Guantanamo.
El dia 20 de Abril ya estaba Antonio Maceo en la jurisdicci6n de Cuba.
La noticia cundi6 con extraordinaria rapidez; la Revoluci6n cobr6 vida; las poblaciones de Oriente enviaban sus contingentes y Antonio Maceo se vio pronto rodeado de los mejores j6venes de Santiago; de todas las clases sociales. Encontraba, es verdad, el caos en aquellas fuerzas cuya organizaci6n inici6 desde su Ilegada, con su acostumbrado acierto y actividad. El pueblo en armas Io reconoci6 como Jefe; pero ya 61 con anterioridad habia asumido tal cargo dando 6rdenes precisas para que se castigara con la muerte al que iniciara trato alguno con el enemigo.




Despu6s de hecho p6blico por G6mez y Mart! el Manifiesto de Montecristi, trataron de activar sus preparativos y preparar su embarque.
Para conseguir un corto nimero de armas fue preciso que Marti hiciera por tierra un viaje a Cabo Haitiano donde pudo conseguir algunas.
La primera goleta que habfan comprado no era posible utilizarla, bien por torpeza o mala fe del vendedor o del Capitdn que debia lievarlos a Cuba; fue preciso disminuir el ndmero de expedicionarios hasta su minima expresi6n: adembs les era dificil ocultar sus movimientos en aquel cfrculo tan reducido.
Intentaron salir directamente de Monte Cristi pero les fue imposible efectuarlo y tuvieron que desistir del prop6sito, decidiendo hacerlo desde Cabo Haitiano, donde desembarcaron ocultamente, el dia 6 de abril, en distintos grupos, el general Mdximo G6mez y su ordenanza Marcos, dominicano, Marti, Angel Guerra, el general Francisco Borrero y C6sar Salas, que permanecieron alli escondidos hasta el dia once en que se embarcaron para Inagua; su permanencia en estejlugar tuvo que ser corta pues fueron pronto denunciados a las autoridades inglesas, y por fin, el 15 de abril un d6bil bote trafa a playas cubanas, al alma de la Revoluci6n naciente, Jos6 Marti, y al Jefe que habia unido a todos para la obra com6n, al general Mdximo G6mez.
En Sabanalamar Baracoa, toc6 tierra el esqulfe y aquellos seis hombres con sus armas y el poco parque que trafan, cargados con las escasas provisiones que podfan Ilevar, principiaron el viaje por aqueIlos bosques inmensos sin prdcticos y alentados s6lo por su fe y su deseo de servir a Cuba. Las dificultades eran inmensas; las probabilidades de vencerlas eran pocas, con ellas iba la esperanza de Ia Patria, el 6xito de la Revoluci6n, y la estrella de 6sta los protegi6.
El camino era penoso, ninguno de los viajeros estaba en condiclones de emprender tan dura jornada. Aquel!as pendientes ripidas y escarpadas, marchando con aquel peso encima, hubieran sido insoportables para otros hombres que no estuvieran tan poseidos de entusiasmo.
En medio de aquella situaci6n horrible les sorprende el qui6n va; la voz amiga de los cubanos que Ilegaban, el sargento Juan Chiquito, de las fuerzas de Baracoa, era el que daba el alto y tenia la suerte de encontrar a los que a la cabeza de su pueblo armado, iban a luchar por conseguir para Cuba honra y libertad.
El entusiasmo de unos y otros fue indescriptible, todos veian briliar el dia de'la victoria, para los reci6n desembarcados el encuentro era la realizaci6n de su emperio, desde entonces pudieron seguir la marcha rumbo a Cuba custodiados por las fuerzas de Baracoa.
Con noticias los cubanos del desembarco del general G6mez en la costa Sur, salen Jos6 Maceo y Pedro P6rez a su encuentro. En




marcha hacia Arroyo Hondo encuentran una columna espaiola y traban refiido combate, defendiendo el paso del puente y obligando a retroceder a los espaioles, que se retiraron hacia Guantinamo perseguidos por los cubanos, Arcilio Duverger, expedicionario de Maceo, muere en el combate; los cubanos acampan sobre el camino conquistado, rendidos por la fatiga. Alas cuatro de la tarde se oye el alto del centinela del camino de la costa, la fuerza se prepara al combate, de pronto circula la buena nueva. Al alto ha contestado el general G6mez, la sorpresa y el entusiasmo no tuvieron limites, poco despu6s aparecian los viajeros todos a pie, G6mez y Marti con sus Winchesters al hombro. Jos6 Maceo que estaba a caballo se desmonta, casi no podia andar, abraza a G6mez y con delirante entusiasmo carga en sus brazos a Marti entre vitores y alegria general.
La Revoluci6n estaba salvada.
G6mez presenta a Marti como mayor general; durante la noche emprenden marcha y cruzan pot entre Guantdnamo y Caimanera, y el 3 de mayo se reunian en Jarahueca con Antonio Maceo, que estaba alli acampado.
Antonio Maceo contaba ya con gran nimero de hombres armados y desarmados formando un ej6rcito numeroso, aunque poco efectivo, mandado por Joaquin Planas y Alfonso Goulet.
El aspecto del campamento era original, hay pocos sitios en Cuba mds pintorescos que el vallecito de Jarahueca que parece un hoyo profundo, rodeado de altas y verdes lomas, cubierto de frondosos bosques; un rio transparente y pedregoso serpea por medio del valle, Ileno en aquellos momentos, de gentes que se mueven y bullen en centenares de pequefos ranchos de guano, agrupados, formando lo mds caracteristico y tipico de los campamentos cubanos.
El entusiasmo producido por la Ilegada de los expedicionarios rebosaba en todos los semblantes. Se vefa ya el triunfo seguro.
Acampados allif, se hizo la primera justicia revolucionaria. El soldado Masab6 de las fuerzas de Santiago de Cuba, acusado del delito de violaci6n fue juzgado en Consejo de Guerra por orden del general G6mez y sentenciado a muerte por el Consejo. Fue fusilado el mismo difa.
El general G6mez habia sido reconocido tdcitamente, por todos como jefe supremo del ej6rcito.
Marti, tomando por tribuna el secadero que domina al valley teniendo a sus pies y a su alrededor el pueblo en armas, con el que tantos afios habia soilado, pronunci6 un discurso entre las aclamaclones, los vitores y el entusiasmo loco de aquel ej6rcito abigarrado, harapiento y casi desarmado; pero sediento de libertad, fandtico por su independencia, que creia realizada al verse reunido con sus hombres; con sus jefes.
El dia 5 de mayo, reunidos ya todos, emprenden marcha a La Mejorana, donde acampan y hacen noche.




Pocas veces en la historia de Cuba se habrdn combinado planes y sucesos de tanta trascendencia. Casi puede decirse que la suerte de la Revoluci6n se fij6 en ella, desarrollando su marcha futura y fijando su porvenir.
La entrevista debia ser dificil, habiendo Ilegado Maceo el primero, tal vez pas6 por su mente la idea de que G6mez y Marti no pudieran desembarcar, vidndose 61 indudablemente hecho jefe supremo de la Revoluci6n. Su enemistad con Marti era antigua, y habiase avivado recientemente por lo sucedido en Costa Rica, y si Maceo admitia sin esfuerzo a G6mez como jefe superior, no sucedia lo mismo con respecto a Marti. Ademis, para con Maceo, G6mez era complaciente; Marti por el contrario, era celoso de su autoridad. En estas condiciones el choque era f6cil y casi inevitable.
Sin embargo, el patriotismo e inteligencia de los tres, sorte6 las dificultades en cuanto fue posible...
Maceo con leal franqueza signific6 a Marti que su puesto no era aquel; que hacia falta en el extranjero y que debifa embarcarse cuanto antes por las minas de Juragu6, donde el doctor Joaquin Castillo le proporcionaria el medio de salir.
Marti se neg6 a seguir semejante consejo, diciendo que haria su viaje m6s tarde, por lo menos cuando por una o dos veces oyera el fuego del enemigo.
Se empez6 a discutir entonces la marcha futura de las operaciones.
La impresi6n que caus6 a Marti la vista del ej6rcito debi6 ser desconsoladora; el que no ha visto las fuerzas revolucionarias no puede formarse idea de ellas. Sobre todo aquellas masas de gentes mal vestidas, desarmadas en su mayor parte; sin organizaci6n alguguna, y con armamentos de todos sistemas y escasos de parque; aquel desorden natural en una gran agrupaci6n que engrosaba por horas; era un espect&culo que m~s parecia un ej6rcito de locos que de hombres cuerdos.
Sin embargo, su talento y su fe se sobrepusieron.
Maceo afirm6 que para que la Revoluci6n tuviera 6xito, era preciso empezar con rapidez Ia marcha de oriente a occidente, para que, cual reguero de p6lvora incendiara el pais; que su estacionamiento seria prolongar su vida y tras larga duraci6n morir como la de 1868.
G6mez combati6 el proyecto en parte.
Segon su criterio era preciso fortalecer la Revoluci6n en Oriente y hacer el avance del modo mds lento pero m&s seguro pues creia, dijo, que con dificultad pudiera pasar la invasion de Sancti Spiritus, si no se hacia en condiciones especiales.
Marti apoy6 a Maceo, dando su opini6n como 61 sabia hacerlo, la Revoluci6n concretada a una parte de la Isla era su muerte, m6s o menos lenta, pero segura.




Triunf6 el parecer de Maceo, y de common acuerdo se trazo el plan que despu6s se desarroll6 con la marcha triunfal a Pinar del Rio.
Marti qued6 reconocido como jefe supremo de la Revoluci6n, G6mez como general en jefe; Antonio Maceo fue nombrado por G6mez jefe de Oriente y Jos6 Maceo hecho cargo de las fuerzas de Santiago de Cuba.
Gomez y Marti debian seguir hacia el oeste a avistarse con Bartolomd Mas6, que estaba al otro lado del Contramaestre y preparar la marcha a CamagUey del general G6mez, una vez que se embarcase Marti para el extranjero.
Antonio Maceo deberia emprender operaciones activas en Oriente acercandose a las poblaciones, lamando la atenci6n sobre si, para facilitar la marcha que emprendian G6mez y Marti.
Al dia siguiente abandonaban 6stos el campamento custodiado por fuerzas al mando de Quintin Banderas, en tanto que Maceo iniciaba a la vez que operaciones activas, la organizacion del ej6rcito y del territorio.
Mientras la Revoluci6n cobraba fuerza moral con la Ilegada de sus jefes de mds prestigio, C~novas, ayudado por Azc~rraga realizaba increibles esfuerzos, el Gobierno espahol lo jugaba todo a la primera carta.
CAnovas se propuso matar la Revoluci6n antes que tomara empuje, acumulando fuerzas tales sobre ella, que pudieran aniquilarla; inundar Oriente de soldados; encerrar a los revolucionarios en un circulo de bayonetas y caiones, e impedir que cundiera el fuego en el resto de la Isla; era lo opuesto al plan adoptado en La Mejorana.
En los mismos dias que la solitaria playa de Sabanalamar daba hospitalidad al d6bil bote en que Ilegaban los seis heroes, casi sin armas ni provisiones, arribaba a Guantgnamo el general en jefe del Ej6rcito espaiol, don Arsenio Martinez Campos, en poderosa nave, custodiado por barcos de guerra con un contingente de 50 000 hombres que Ilegaban con portentosa rapidez a reforzar el ejdrcito de la Isla; con todos los recursos del arte de la guerra moderna a su disposici6n; el nuevo armamento MaUsser; poderosa artilleria de tiro rdpido, el vapor y el tel6grafo a su disposici6n, en fin, el ej6rcito mas potente que Europa habia mandado a Am6rica, iba a caer sobre las pobres masas de cubanos sin disciplina, casi desarmados y sin municiones.
Pero a6n disponia el Gobierno espaliol de un arma m~s eficaz; el prestigio del general Martinez Campos a quien su conducta en Cuba en la guerra anterior habia hecho popular y querido; a sus talentos militares se unia la seguridad de una guerra humana y civilizada; corriendo la noticia de que traia facultades para plantear en Cuba una nueva era de reformas y justicia; con la cual obtendria un gran contingente cubano, que como en el alo 1868, ayudaria al Ejdrcito espaiol a combatir a sus hermanos y a matar la libertad cubana.




Ese era el peligro mis grave y las apariencias parecian darle fuerzas. En la emigraci6n una gran mayoria permanecia adn retraida y a la expectativa, temiendo comprometer sus intereses. En la Isla las manifestaciones de simpatfa eran claras y terminantes, el Partido Liberal que en occidente aparecia como la gufa polftica del pueblo cubano, adoptaba francamente una actitud decidida contra la Revoluci6n, hombres de la pasada guerra como Spotorno y Marcos Garcia los apoyaban, y el Manifiesto Autonomista firmado por personas de arraigo y talento, condenaba a muerte la Revoluci6n naciente como criminal, torpe y extempordnea.
He aquf el manifiesto que para combatir la Revoluci6n dirigi6 al pals la Junta Central del Partido Autonomista:
LA JUNTA CENTRAL DEL PARTIDO LIBERAL AUTONOMISTA, AL PUEBLO DE CUBA
Aunque condenada a extinguirse la tentativa revolucionaria,
aislada ya y comprimida en la provincia Oriental, ha suscitado dificultades polfticas y econ6micas de tal gravedad para el presente y el porvenir, que a pesar de su verdadera impotencia ha conseguido a favor de fabulosos relatos causar intensa emoci6n en la Peninsula y desconfianza natural en los pauses que con el nuestro comercian. No seria extrafilo repercutiendo en Cuba esas impresiones, se produjesen aquf, como suele en tales casos acontecer, recelos y alarmas en los dnimos desprevenidos, y alguna confusi6n en los espiritus vacilantes A estos queremos dirigirnos para calmar su inquietud, para desvanecer sus dudas, no para hacer nuevas declaraciones o protestas innecesarias, los que ya habiamos manifestado nuestros prop6sitos y fijado nuestra actitud, no s6lo desde el primer anuncio de la actual perturbaci6n, sino desde que a la sombra de la paz, despu6s de una desastrosa contienda, formamos una agrupaci6n politica que ha trabajado muchos aiios para evitar futuras discordias y quitarle justificaci6n y pretexto. Al Partido Autonomista, depositario de las esperanzas e ideales del pueblo cubano, encarnados en la f6rmula mds depurada y m6s persistente de su historia political, y inico partido de razonada oposici6n organizado en este pais, le importa decir con franqueza lo que piensa, y en cuanto de si dependa, unificar la opini6n y el sentimiento de todos los que tienen fe en su lealtad y confianza en su patriotismo, en estos momentos an que si el Gobierno Supremo hace esfuerzos extraordinarios para ahogar en su cuna la rebeli6n, el pals entero y los que genuinamente pretenden representarlo, deben tambi6n por su parte ayudarlo a mantener el orden y a defender los intereses comunes.




Adem6s, las circunstancias son verdaderamente excepcionales. La perturbaci6n ha surgido en el momento de establecerse un orden de cosas al cual han contribuido con pureza y rectitud de intenciones nuestros Diputados y Senadores. El gobierno que presidi6 a esta obra de paz no es el que va a plantearla. La situaci6n econ6mica gravisima por efecto de causas agenas a la acci6n de los gobiernos, se complica con los gastos y las zozobras de la guerra, en el instante en que un acuerdo feliz entre los representantes de los distintos partidos locales, parecia asegurar en breve t6rmino a nuestras amenazadas fuentes de riquezas los limitados auxilios que en crisis tan honda pueden tan s6lo ofrecer los poderes pdblicos, estimulando la iniciativa individual y el fecundo principio de asociaci6n, que Onicamente podrdn, al cabo salvarlas.
Ain sin haber sonado el grito de insurrecci6n, torpemente proferido desde el extranjero, con riesgo de agenas vidas y daio de agenos intereses, por un grupo de conspiradores, irresponsables de hecho que han vivido muchos afios lejos del pals, cuyo verdadero estado desconocen, y al que pretenden librar de males que no han querido compartir, como no compartian boy tampoco su descabellada y culpable intentona, ni quizds los peligros en que envuelvan a los obsecados instrumentos de su locura; adn sin que este trastorno del orden piblico hubiese amenazado los intereses fundamentales y el porvenir de esta sociedad, la Junta Central habrfa cumplIdo el deber de dirigir su voz al pals en vispera de inaugurarse un nuevo regimen a cuya creaci6n han cooperado sus representantes parlamentarios, en medio de una atm6sfera de benevolencia y de concordia que ellos no habian encontrado jamris en la Metr6poli, y de que querian dar leal testimonio ante sus conciudadanos porque si ese cambio en la disposici6n de los 'nimos demuestra que empiezan a desaparecer en grandisima parte, los recelos y los obsticulos con que tantas veces tropezaron las reformas coloniales, justo es y conveniente hacerlo constar, que el verdadero pals cubano, a despecho de los emigrados conspiradores, sabrd corresponder a esta rectificaci6n de la political tradicional, si el Gobierno la mantiene en el mismo espiritu de concordia y de confianza que le dio origen.
Pero es incuestionable que la actual perturbaci6n a todas las dem6s cuestiones se sobrepone y a todas ha de trascender necesarlamente. Ain en el probable caso de que la rebeli6n quede pronto sofocada con el concurso decidido de la opini6n, sus perniciosos efectos habrdn de durar muchos afios. En lo politico se han despertado recelos y suspicacias que en muchas partes habiamos logrado desarmar. En lo econ6mico, ya se ha inferido el cr6dito un dafio Irreparable, y se han acrecentado las dificultades que impedian reconstruir el capital circulante, haciendo ine-




vitable grandes recargos en los impuestos, y aumentando asi las desventajas que abruman a nuestra producci6n en su competencia con la extranjera. En nuestro r6gimen fiscal, no es posible preveer hasta donde podrdn Ilegar el aumento de los gastos y la agravaci6n de las cargas pdblicas.
El Partido Liberal Autonomista que ha condenado siempre los procedimientos revolucionarios, con mds raz6n y energia habia de condenar y condena la revuelta que se inici6 el 24 de Febrero, cuando acababa de votarse con el concurso de sus representantes en Cortes una reforma orgdnica cuya importancia no es necesario exagerar: la han reconocido cuantos la juzgan sin prevenci6n ni malicia, y hasta los mismos que con tan fiero apasionamiento la combatieron. El Partido Liberal Autonomista condena todo trastorno del orden, porque es un partido legal, que tiene fe en los medios constitucionales, en la eficacia de la propaganda, en la incontrastable fuerza de las ideas, y afirma que las revoluciones, salvo en circunstancias enteramente excepcionales y extremas que se producen muy de tarde en tarde en la vida de los pueblos, son terribles azotes, grandes y sefialadas calamidades para las sociedades cultas, que por la evoiuci6n pacifica, por la reforma de las instituciones y los progresos y el empuje de la opini6n legan al logro de todos sus fines racionales y de todas sus aspiraciones legitimas. Pero adem6s, nuestro partido es fundamentalmente espaiol, porque es esencial y exclusivamente autonomista; y la autonomia colonial, que parte de la realidad de la colonia, de sus fines, necesidades y peculiares exigencias, presupone tambidn la realidad de la Metr6poli en la plenitud de su soberania y de sus derechos hist6ricos. Por eso desde que naci6 nuestro partido inscribi6 en su bandera como lemas la libertad, la paz y la unidad nacional; y no ha consentido jambs sino estimado como injuria de sus enemigos, con indignaci6n rechazada siempre, que se pusiese en duda la sinceridad de su adhesi6n a esos lemas invariables, que juntos constituyen su programa y que no pueden separarse sin hacerlo pedazos. A esos principios, a su reciproca compenetraci6n y harmonia se ha consagrado nuestra labor; para mantenerlos sin vacilaciones ni desmayos venimos a la arena political; y desde entonces, cien veces hemos declarado que cuando vi6semos palpablemente la imposibilidad de mantenerlos con decoro y con esperanza, no renegarfamos de ellos, ni aOn en tan extremo caso, sino disolveriamos nuestra hueste.
En la sinceridad de las afirmaciones y en la firmeza de su conducta libran su honor y su crddito los partidos. Las mds injuriosas imputaciones de nuestros adversarios quedarian justificadas si en los momentos mismos en que reservando nuestro inquebrantable culto a la autonomia colonial en toda su pureza,




prestAbamos explicito concurso a la instauraci6n de un nuevo r6gimen insular basado en los principios de especialidad y descentralizaci6n que siempre hemos sustentado, fu6semos tan d6biles o tan desleales que flaquedsemos ante una an6nima e incalificable algarada en que no se sabe siquiera lo que en realidad se pretende, pues ha tenido vivas para todas las causas y banderas para todas las rebeldias.
El Partido Autonomista cumple honrada y virilmente su deber, oponiendo a la audacia de las facciones, como tantas veces opuso a los errores del poder su constante divisa: Orden y Libertad. La revuelta los amenaza conjuntamente. Conviene que esta verdad se diga: s6lo contra los partidos liberales y contra su acci6n saludable y fecunda pudiera aquella tener eficacia y fuerza. Ese movimiento que ha traido ya la suspensi6n de las garantias constitucionales, imposibilitando el ejercicio de las libertades que habiamos conquistado, tan amplias que ban podido usar de ellas a su sabor los mismos factores del desorden para sus fines, no nos han hecho retroceder al estado de sitio con todas sus consecuencias, porque el ilustre gobernante a cuya templanza y serena energia debe Cuba profundo agradecimiento, conserv6 y comunic6 al Gobierno Supremo la confianza merecida por la sensatez de nuestro pueblo, y quiso que las libertades p6blicas no cediesen, sino en to extrictamente necesario a los fines de la represi6n. Mds con eso y todo, no cabe negar que por obra del movimiento insurreccional las garantias de la Constituci6n cuyo valor y eficacia han puesto de manifiesto los mismos separatistas con las exageraciones de su desconsiderada propaganda, a las que nunca falt6 el amparo de las leyes que estaban comprometiendo y desacreditando, han quedado en suspenso y a merced de las autoridades militares, afortunadamente guiadas hoy por las inspiraciones de una political previsora y humana.
El nuevo 6rden establecido por las Cortes, que inaugurado en plena paz y en medio de la poderosa corriente que se habia producido a favor de la concordia y del progreso por la libertad, habria sido desde el primer dia fecundo en inmediatos beneficios, preparando nuevos adelantos, nunca podria dar tales resultados si se plantease entre las ansiedades, las iras, los resentimientos e indignaciones de una guerra civil, en medio de recelos y suspicacias, nuevamente fortalecidos. Todos los trabajos hechos para alcanzar las reformas administrativas, econ6micas y arancelarias que piden como primera condici6n la paz, quedardn por tiempo indefinido aplazadas. En vez de las mejoras y progresos que el pais espera racionalmente, como coronamiento de las importantes conquistas obtenidas en gran parte per el esfuerzo de nuestro partido, y entre las cuales basta re-




cordar la abolici6n de la esclavitud y del patronato, la promulgaci6n de la Ley fundamental del Estado, las libertades de imprenta, reuni6n, asociaci6n, ensefianza y cultos, en el mismo grado y con las mismas garantias que en la Metr6poli; el juicio oral y p6blico, el matrimonio y el registro civiles; toda modern legislaci6n civil y el penal de la madre patria, punto importantisimo para un pueblo que hasta ayer vivi6 bajo leyes anteriores a nuestro siglo; la supresi6n del derecho diferencial de bandera y los de exportaci6n; la rebaja de mbs de un 35 por 100 de los presupuestos que nos leg6 Ia guerra; la aceptaci6n ya pdblica y oficial por todos los partidos, de una gran parte de nuestro programa econ6mico, y el abandono del est6ril principio de la mal Ilamada asimilaci6n por los de especialidad y descentralizaci6n, cuyo desarrollo moral debe conducir 16gicamente a la completa realizaci6n de nuestro programa; en vez de esas mejoras y progresos que tan fundadamente espera, los pretensos regeneradores Iqu6 pueden ofrecernos? Los horrores de la guerra civil, la lucha armada entre los mismos hijos del pais, que acaso en no lejanos dias adquiriese siniestros caracteres; en lontananza, una m6s completa ruina y un retroceso fatal ern el camino de la civilizaci6n.
Pero no sucederd, ipor fortuna! Todos los indicios demuestran que la rebeli6n, limitada a una parte de la provincia Oriental, s6lo ha conseguido arrastrar, salvo pocas excepciones, a gentes salidas de las clases m6s ignorantes y desvalidas de la poblaci6n, victims del lamentable atraso en que se ha dejado a tan hermosa comarca fdcil presa de los agitadores, y que carecen de cohesi6n y de disciplina, por lo que es lfcito esperar que pronto habrdn de dispersarse o rendirse. A eilo habrdn contribuido al mismo tiempo que las fuerzas acumuladas con plausible rapidez por la Metr6poli, la politica cuerda y liberal del Gobierno y de su mds alto representante, y la actitud general del pals, indiferente a las satdnicas excitaciones de todas las intransigencias, fiel a sus ideales de 6rden, progreso y libertad. No cabe dudas que el Pacificador a cuyas inspiraciones debi6se en 1878 el restablecimiento de la paz y del r6gimen representativo juntamente, aportase a la resoluci6n de los problemas planteados hoy, el mismo espiritu de noble, justiciera y generosa confianza en el pals. Pero en 6sta, como en todas las crisis, corresponde el mayor y mds sostenido esfuerzo al mismo pueblo, siguiendo esos elevados designios y adn adelantdndose a ellos, para que en el mds breve t6rmino el 6rden se afiance, cesen las dicenciones y los recelos, se restaure el regimen constitucional y se inaugure el nuevo sistema administrativo de la colonia con aquel espfritu de rectitud y concordia que los partidos gobernantes de la Metr6poli se obligaron por igual a




mantener, y que por nuestra parte ofrecimos secundar si fuese lealmente observado; Onico modo de que resulte fecundo y provechoso y de que se asegure al pals la pronta extirpaci6n de los abusos que undnimemente condena la conciencia pdblica, y ]as reformas del orden diverso que imperiosamente demandan nuestro vetusto r6gimen administrativo, la creciente cultura de nuestra sociedad, y la intensa crisis econ6mica que estd ahogando nuestros g6rmenes de riqueza.
La Junta Central no le habla s6lo a los buenos autonomistas; con su adhesi6n ha contado en todo tiempo y sabe que ahora como siempre ha interpretado fielmente su voluntad y sus deseos. Nos dirigimos al pueblo cubano de todas las clases, de todos los partidos, creyendo que diez y siete aics de esfuerzos consagrados a los intereses y al estudio de sus necesidades y sus problemas pueden darnos algin titulo para merecer su confianza y su estimaci6n.
No como jefes de un partido, no como liberales autonomistas, sino como compatriotas y como hermanos, apelamos hoy al buen sentido y al patriotismo de todos. Nadie nos gana en amor a esta tierra infeliz; en nadie reconocemos m6s hondo anhelo, m6s dolorosa solicitud por su ventura, su dignidad y sus derechos; y si hay quienes se atreven a invocar tan caros intereses cuando van a juzgarlos al azar de una disparatada aventura, nosotros que queremos salvarlos, y como hijos de Cuba, que la amamos con todo el alma y que tambi6n somos los m6s, pedimos al concurso del pals para hacer que su voiuntad, bien conocida ya, se imponga sin vacilaci6n y sea respetada.
El Partido Liberal en 1868 pleg6 su bandera y abandon6 su puesto a los revolucionarios de Yara, porque terminada la Junta de Informaci6n vio burlada sus esperanzas legitimas, y aplazados los mds solemnes ofrecimientos de la Metr6poli. El Partido Liberal de 1878, que mis afortunado, ha visto c6mo se han cumplido y se cumplen aquellas promesas, no rompor6 su bandera, ni cederd el campo a los que vienen a malograr nuestra trabajosa cosecha, a hacernos cejar en la senda del progreso pacffico, a arruinar la tierra y a nublar la perspectiva de nuestros destinos con horribles espectros: la miseria, la anarqufa y la barbarie.
Habana Abril 4 de 1895.
Jos6 Maria Galvez.-Cirlos Saladrigas.-Juan Bautista Armenteros.-Luis Armenteros Labrador.--Manuel Rafael Angulo.-Gonzalo Ar6stegui.-Jos6 Maria Carbonell.-Jos6 de CArdenas y Gassie.-Raimundo Cabrera.-Leopoldo Cancio.-Jos6 A. del Cueto.--Marqu6s de Esteban.-Rafael Fernandez de Castro.-




Crlos Font y Sterling.-Josd Fernandez Pell6n.-Antonio Govin y Torres.-Eliseo Giberga.-Joaquin Guell y Rent.-Jos6 Maria Garcia Montes.-Jos6 Hernandez Abreu.-Jos6 Silverio Jorrin.Manuel el Francisco Lamar.-Herminio C. Leyva.-Ricardo del Monte.-Federico Martinez Quintana.-Rafael Montoro.-Jos6 Rafael Montalvo.-Antonio Mesa y Dominguez.-Ram6n P6rez Trujillo.-Pedro A. Pdrez.-Leopoldo Sola.-Emilio Terry.-Diego Tamayo.-Miguel Francisco Viondi.-Francisco Zayas.-Carlos
de Zaldo.
Vencia la codicia, y el temor a perder el bienestar presente les hacia olvidar los horrores de la dominaci6n espaiola, su espoliaci6n y su falsia. Aun aparentaban tener fe en las promesas de los ministerios espaioles, que jams habian encontrado la hora de la justicia para Cuba; marcando cada esperanza de reformas una nueva burla, una nueva injusticia y un nuevo insulto al pais expirante.
Por fortuna, la mala fe de CAnovas habia de hacer infructuosos el talento y buen deseo del general Martinez Campos y la ceguedad political de los hombres del Partido Autonomista. Las reformas de Maura habian sido una esperanza, pero se juzgaban deficientes; al Gobierno espaiol le parecieron Io contrario y despuds de recortadas le dio forma Abarzuza; con ellas esperaba Ilegar el general Martinez Campos confiando en que la acci6n political ayudando a la actividad de las operaciones militares le daria el 6xito y la victoria como el afilo 1878.
Confiaba, adem~s, en que la rapidez de su viaje y la amplitud de sus recursos le permitieran Ilegar a Cuba antes que G6mez y Maceo y poder evitar entonces su desembarco, privando a la Revoluci6n de Io que con raz6n 61 creia su mayor fuerza.
La fortuna no le acompafi6 esta vez; la perfidia de Cdnovas y su criterio egoista y estrecho inutilizaban la acci6n political, asi como la actividad de los jefes cubanos, adelant6ndoseles, le hacian encontrar constituida y fuerte la Revoluci6n que esper6 encontrar en estado naciente7
El departamento oriental pronto se vio inundado de tropas, especialmente las jurisdicciones de Guantdnamo, Cuba y Holguin; los jefes espafioles que operaban en Bayamo fueron tambidn reforzados y sostuvieron rudos combates en los alrededores de Manzanillo y en el camino de Jiguani.
El dia 6 emprendia Maceo operaciones sobre la via fdrrea de Santiago de Cuba a San Luis, hostilizdndola en distintos puntos y ata7 Martinez Campos dividi6 en tres distritos a Oriente; Santiago de Cuba, Manzanillo y Holguin; pero el desarrollo de la Revoluci6n fue tal que dos meses mds tarde los tres distritos eran el de Santiago de Cuba, a las 6rdenes del general Andr6s Gonzdlez Mufioz; Camagoey, a las del general Mella y Las Villas a las del general Sudrez Valdds.




cando el poblado de El Cristo, produciendo notable alarma en San-tiago de Cuba; retirdndose hacia Guant~namo.
El Ej6rcito cubano adquiri6 un incremento notable aunque escaso de armas y municiones.
El 13 de mayo tiene lugar el combate del Jobito en el cual tuvieron los espafioles bajas de consideraci6n, especialmente la del coronel Bosh; retirdndose en desorden Maceo se adelanta hacia Guant~namo y despuds de hacerse sentir en la poblaci6n, contrarnarcha por la loma de La Tagua en direcci6n a Sagua de Thnamo y pasando por sus inmediaciones se dirige a Mayari, cruzando a poca distancia de esta poblaci6n y se encamina a Santa Isabel de Nipe, poblado que atac6 y tom6.
El movimiento tuvo una importancia extraordinaria, tanto por el n6mero de hombres que se incorporaron, como porque se puede decir que complet6 el levantamiento del pals, recogi6ndose armas y municiones.
En Santa Isabel de Nipe se apoder6 de una buena imprenta que se traslad6 a San Felipe, fundindose el primer peri6dico en terreno revolucionario: El Cubano Libre bajo la direcci6n de Puyes y m~s tarde y hasta la conclusi6n de la guerra, redactado por Mariano Corona.
Ayudado Maceo por su jefe de Estado Mayor, Tombs Padr6, en medio de tan activas operaciones, no descuid6 Ia organizaci6n del territorio sublevado, estableciendo las prefecturas necesarias y un buen servicio de postas para asegurar las comunicaciones en el interior.
Desde Santa Isabel se separ6 el general Jos6 Maceo, con sus fuerzas hacia Cuba y Guantdnamo, mientras Antonio Maceo continuaba su marcha por Holguin con rumbo a Tunas, extendiendo la Revoluci6n por estos territories.
A su paso por Guant~namo se habian impuesto alas fincas, fuertes contribuciones con que poder levantar recursos armas y municlones en el extranjero, las que Ilevaba orden de hacer efectivas el general Jos6 Maceo a quien acompaiaba el coronel Tom6s Padr6.
Mientras tanto, G6mez y Marti habian salido en busca del general Bartolom6 Mas6 que desde Manzanillo venia a su encuentro, verific6ndose dste a orillas del Cauto en Vuelta Grande. Venian con Mas6 las fuerzas de Manzanillo y Bayamo y algunas de Tunas alas ordenes del general Jos6 M. Capote que habia sublevado aquel territorio.
El entusiasmo fue indescriptible y Marti fue aclamado y vitoreado sin cesar, asi como G6mez y Mas6.
Parecia natural que Mas6, sublevado el primero en la Isla, tuviera pretensiones al mando en Jefe de la Revoluci6n.
Afortunadamente es el general Mas6, antes que todo, un patriota sin tacha. En su alma noble y honrada no tiene cabida la ambici6n




malsana, y la dificultad estaba obviada por 61 mismo; Marti y G6mez eran los jefes supremos de la Revoluci6n; pero no estaban en igualdad de condiciones con respecto a Maceo y de ahf surgieron dificultades que pudieron tener fatales consecuencias.
El general G6mez habia nombrado a Maceo Jefe de Oriente, anulando las justisimas aspiraciones de Mas6; mds tarde al avistarse con 6ste y surgir la dificultad, en vez de afrontarla, la rehuy6 nombrando a Mas6 jefe del 2? Cuerpo de Ej6rcito, dejando a Maceo al mando del 19.
No era Antonio Maceo hombre f~cil de engafiar con apariencias, asi es que pronto se puso en claro la dificultad, pues las 6rdenes que a Bayamo y Manzanillo mandara fueron desatendidas, produci6ndose manifiesto disgusto entre Maceo y Mas6.
En la reuni6n de las Vueltas se habia resuelto definitivamente la salida de Marti para el extranjero.
En la mailana del 19 de mayo el entusiasmo en el campamento era extraordinario; casi incesantemente Ilegaban nuevas partidas de hombres que acudian a conocer a Marti.
Pronto Ilega la noticla de que una columna enemiga venia por la margen opuesta del rio, y la gente, delirante de alegria, sale a su encuentro; el general G6mez acompaiiado de Mas6 marcha en los primeros momentos, dejando a Marti en el campamento para que alli los esperase. La gente salia del campamento sin cesar y en desorden, habia que andar aproximadamente una legua hasta Dos Rios, donde se hallaba el enemigo habia que ir costedndolo dej6ndolo a la derecha.
Entre el entusiasmo general, Marti sigue a los demds en su marcha. En el trayecto que habia que recorrer, la gente iba casi a la desfilaba y Marti segufa solo con Angel Guardia, joven de extraordinario valor que muri6 m~s tarde como un h6roe en Las Tunas.
Al Ilegar al fuego casi no tenian a nadie por delante, el camino estrecho en aquel lugar habia sido desechado por los que Iban a la vanguardia y que se habian dirigido por la izquierda, y Marti y Guardia fueron a dar de Ileno sobre el enemigo, que medio cubierto por el alto maniguazo, estaba desplegado, cubriendo el lugar. Irreflexivo Guardia invita a Marti a cargar, y ambos, casi solos, se lanzan sobre el enemigo; un fuego terrible los recibe, Marti cae acribillado a balazos al mismo tiempo que el caballo que montaba Guardia, 6ste intenta entre el fuego horrible Ilevarse el cuerpo de Marti, empresa initil; sobraba a aquel nifo coraz6n, la fuerza material falt6bale, retrocede entonces, y encuentra al general G6mez a quien da la noticia. Sorprendi6ndole a 6ste, pues crefa a Marti en el campamento.
Carga con seguedad y rabia a rescatar el cadaver querido, pero el empefio era vano, en su avance Marti habia caido casi entre el enemigo. La posici6n era infranqueable por el rio, y el esfuerzo era im-




posible. Las fuerzas cubanas se retiraron con la desesperaci6n ert el alma.
Habia caido, para unos, el Ap6stol; para otros, el Maestro; para muchos el alma de la Revoluci6n y para todos el h6roe, que con fe infinita habia sabido inculcar en los corazones el deseo por la Jucha y la fe en el triunfo.
La muerte de Marti fue una verdadera catdstrofe, una crisis de tal megnitud que pudo traer la muerte de la Revoluci6n, que en aquellos nomentos empezaba a tener mayor desarrollo tanto en el interior como en el exterior, donde se puede decir que Marti era el todo y de quien se esperaba que por su inteligencia y sus relaciones Ilevara la nave a buen puerto.
Para el Gobierno espafiol fue una gran esperanza que le dio nuevo aliento, utilizdndola en el extranjero para quitar importancia y representaci6n al movimiento.
Entre la emigraci6n cubana era Marti irremplazable y su falta retras6 en gran parte los sucesos, haci6ndose sentir mis en el periodo de la intervenci6n, donde indudablemente su inteligencia, prdctica y conocimiento de los hombres politicos de Am6rica, nos hubiera evitado las consecuencias que deploramos y de hoy fuimos victimas, debido a la imprevisi6n de los que manejaban nuestros asuntos tanto en la Revoluci6n como en los Estados Unidos.
Resuelta la concentraci6n, march6 Mas6 hacia Bayamo como jefe del 2? Cuerpo y G6mez Io hizo rumbo a Holguin dondd debia ver a Maceo y proseguir su camino hacia Camagiey.
Se imponia la necesidad de la formaci6n de un Gobierno que Ilevara la representaci6n de la Revoluci6n y ya antes de morir Marti se le habia dado forma, conviniendo en que, huyendo de anteriores errores, pudiera tener el elemento militar mayor representaci6n e iniciativa, resolviendo que se nombraran por elecci6n cuatro representantes por cada cuerpo de ej6rcito.
Los del 1" Cuerpo fueron aclamados en GuantAinamo en la Sabana de Iguanabo, a mediados de junio, siendo electos Joaquin Castillo Duany, Rafael Portuondo, Tombs Padr6 Grifidn y Pedro Aguilera y suplente Mariano Sdnchez Hechevarria. Los del 2do Cuerpo seran elegidos en su territorio; mientras tanto el general Jos6 Maceo activa el cobro de las contribuciones impuestas por el general Antonio Maceo.
A fines de junio cruzaba el general Jos6 Maceo a la vista de Guant~namo con su Estado Mayor y escolta. En una altura y volvi6ndose a Tomds Padr6 le indic6 la idea de entrar en la ciudad, y sin esperar la respuesta, dirigi6 su caballo hacia la poblaci6n, escasamente tendrfa unos treinta hombres montados; asi es que a ninguno se le ocurri6 pensar lo que iban a realizar; continuaba la marcha y estaban a tiro de pistola de los fuertes, cuando volvi6ndose el General




orden6 cargar, y el grupo entero atraves6 por entre los fuertes bajo el fuego de los soldados sorprendidos; sigue por la calle principal hasta la plaza y haciendo entrar el caballo en el caf6 m6s pr6ximo, Jos6 Maceo llam6 al mozo aterrorizado, pide cerveza, apura una copa, tira un centen sobre la mesa, y de nuevo sale imp~vido a la plaza. La poblaci6n aterrada se habia encerrado en las casas, la tropa corria a encerrarse a sus cuarteles Ilenas de pinico, entonces el valiente jefe comienza a desandar lo andado. Tenia que salir precisamente por el puente, cuya cabeza estaba protegida por dos fortines, por 61 lanz6 sus jinetes el general Jos6 Maceo pasando como una tromba por entre el fuego enemigo, vi6ndose pronto fuera de la poblaci6n sin haber perdido un solo hombre; cuando el enemigo vino a darse cuenta de lo sucedido el grupo cubano caminaba tranquilamente por territorio libre.
Actos como este y el movimiento continuo de las fuerzas cubanas contenian las operaciones de los espafioles, que se sentian hostilizados por todos lados; pues mientras Jos6 Maceo intranquilizaba a Cuba y a Guantdnamo; Rabi combatia con 6xito entre Jiguani y Bayamo; Amador Guerra derrotaba varias veces al enemigo en las inmediaciones de Manzanillo y Antonio Maceo, recorriendo a Holguin, ponia en jaque alas fuerzas espafiolas mandadas por el general Sudrez Vald6s que no se atrevia a atacarlo.
Ya a fines de junio era manifiesta la actitud hostil que existia entre Mas6 y Maceo: los dos cuerpos de ej6rcito, creados no bien definidos los territorios ni las fuerzas que comprendian, daban lugar a choques y rozamientos. No era Maceo hombre que permitiese se menoscabase en Io m~s minimo lo que 61 creyese sus atribuciones; habia sido nombrado por G6mez jefe de Oriente, y en su criterio las fuerzas todas del primero y segundo cuerpo estaban a sus 6rdenes.
Mas6 por el contrario, se creia segin su nombramiento jefe del 2do Cuerpo, dependiendo Onicamente del General en Jefe, el choque pues debia sobrevenir.
Con este objeto se dirige Antonio Maceo a territorio de Bayamo recogiendo en su marcha las fuerzas de Jiguani al mando del general Rabi y algunas de Bayamo a las 6rdenes de Mas6 Parra.
El 13 de julio estaba ya en el camino de Manzanillo a Bayamo en espera de una columna enemiga que venia en camiro, la espera en Peralejo, donde se da ese dia la famosa acci6n en que muere el general espafiol don Fidel Santocildes, y se ve obligado a refugiarse en Bayamo, en completa derrota, el general en jefe del Ej6rcito espafiol don Arsenio Martinez Campos.
Uri olvido del pr6ctico que levaba el general Maceo permiti6 al general Campos desviarse de la posici6n en que se aprestaba Maceo a esperarlo, y a eso, indudablemente debi6 el jefe espafiol su sal-




vaci6n; cuando Maceo vino a ver el error se habia perdido tiempo y la carga impetuosa que iniciara con la caballeria fue casi infructuosa.
El 6xito de este combate fue extraordinario, abatiendo el dnimo de los espafioles y dando a los cubanos mayor entusiasmo y mayor confianza en su General.
Desde el campo de batalla de Peralejo orden6 Maceo al general Rabi que marchara sobre el pueblo de Baire; lo que efectu6 dste con feliz 6xito, tomando y arrasando por completo el poblado.
Despuds de permanecer algunos dias en los alrededores de Bayamo, donde se encontraba el general Martinez Campos, marcha Antonio Maceo por Jiguani al territorio de Santiago de Cuba.
El cometido encargado al general Antonio Maceo en Mejorana habia sido bien cumplido, su actividad extraordinaria habia tenido at enemigo en continua zozobra, y las fuerzas todas de Oriente se movieron sin cesar en todos los territorios. Esto habia permitido al general G6mez efectuar su movimiento de avance hacia CamaglJey que habia permanecido tranquilo, renuente a moverse hasta tanto Ilegara el general G6mez.
Desde el 24 de febrero s6lo habia en Camagiey grupos insignificantes mandados por Montejo, Recio, Oscar Primelles y Angel Castillo; la Ilegada del general G6mez determin6 el alzamiento incorpordndose el Marqu6s de Santa Lucia, Salvador Cisneros Betancourt, que con el prestigio de su nombre y su historia revolucionaria arrastraba tras si al pueblo camagueyano.
Para realizar esto no habia tenido que vencer pocos obstdculos el general G6mez.
Como el plan del jefe espafiol era circunscribir la Revoluci6n a Oriente; tenia vigilado estrechamente el Cauto hasta su embarcadero y habia reforzado alas Tunas, situando al general Echagbe de manera que el general G6mez, una vez atravesadas las lineas espaliolas en Holguin, tuviese que vencer las de Tunas, territorio abierto y donde la caballeria espaiola podia perseguirlo fdcilmente.
Contaba el jefe cubano con poquisimos recursos y hasta con pocas buenas voluntades entre sus propios subalternos que no se prestaban a darle el apoyo necesario toda vez que conociendo su cardcter, sabian que no se le iba a pedir.
Con su pequeia escolta y 200 hombres mal armados y peor municionados, al mando del general Jos6 M. Capote, emprende la marcha, con su acostumbrada audacia e inteligencia, filtrdndose entre las columnas enemigas que debian sentir su marcha con alg6in golpe contundente y de efecto. A su paso habia dejado en Tunas, como jefe, al general Angel Guerra, uno de sus compafieros de viaje, siguiendo 61 con el general Fl61ix Francisco Borrero.
Apenas puso el pie en territorio camagueyano se empezaron a engrosar sus filas, y el pats entero iba sublev6ndose a su paso sorprendiendo al general Campos que lo creia ain en Oriente.




El jefe espafiol confiaba en Camag(ey, creyendo que los recursos politicos que alli habia desarrollado, le darian eficaz resultado, habia promovido obras ptiblicas de uti!idad general, como el ferrocarril de Santa Cruz, habia inutilizado a los jefes naturales del territorio y contaba con la codicia de los amos de ingenios que le ayudaban eficazmente; reforzados por el elemento autonomista que como en todas partes, combatia de todas maneras la Revolucion.
Una vez incorporado el Marqu6s de Santa Lucia a la tropa del general G6mez podia decirse asegurado el movimiento general del territorio, se inicia la organizaci6n de las fuerzas segin van Ilegando los hombres, la juventud camagieyana rodea pronto al ilustre caudillo, y, como por ensalmo surge pronto un ej6rcito en aquel territorio de que tan seguros se crefan los espaioles.
El dia 17 de julio cae de improviso el general G6mez sobre Altagracia, pueblo situado en la via f6rrea de Puerto Principe a Nuevitas; lo toma recogiendo armas, mun'ciones y algunos prisioneros, teniendo la desgracia de perder al general F61ix Francisco Borrero.
Era el general Borrero uno de los jefes m6s apreciados de la guerra del 68; de figura simpdtica y agradable, modales finos y coraz6n generoso, magnifico tirador, y de valor temerario, al que unia una gran previsi6n, de inquebrantable lealtad, una esperanza en fin, para la Revoluci6n, y para el general G6mez un hombre de confianza a quien podia encargar las m6s arduas comisiones; su p6rdida, fue un golpe fatal para el General y para el amigo.
La toma de Altagracia fue el aviso para los espaioles de que les esperaban nuevas desgracias, y para los cubanos el de que todo Camagiey respondia undnime al movimiento, como asi fue. El Mulato, La Larga, y m6s tarde San Ger6nimo vinieron a demostrarlo, y poco despu6s estaba constituido el ej6rcito y sublevado el pais hasta la trocha de Jcaro a Mor6n.
El primer plan del general Campos estaba roto y la Revoluci6n daba su primer paso hacia occidente.
No habia Ilegado an a cinco meses de vida la Revoluci6n y ya estaba asegurada su existencia en Oriente y Camagey, roto el plan de los espafioles, que tendrian que fijar hoy su objetivo en la trocha de JMcaro a Mor6n a la vez que atender en sus operaciones a un territorio de doble extension para poder sostener sus lineas de comunicaci6n, los tel6grafos habian desaparecido y las escasas lineas f6rreas existentes les robaban gran nimero de soldados para su conservaci6n y defensa.
En la emigraci6n, mientras tanto, se hacian esfuerzos inauditos para obtener recursos y mandarles al campo insurrecto, aunque con poco 6xito.
El Gobierno espafiol sabia gastar dinero a tiempo y con 61 conserv6 un buen servicio de policias que entorpecia los movimientos de los cubanos.




La falta de Marti se hacia sentir por la constitucio6n especial del Partido Revolucionario Cubano; la direcci6n toda estuvo en manos del tesorero Benjamin J. Guerra y el secretario Gonzalo de Quesada, en los primeros dias; vivo an Marti existia la esperanza de su vuelta y ambos pusieron de su parte cuanto les fue posible para Ilenar su cometido y levantar los fondos necesarios, haciendo viajes al sur para arreglar la salida de los generales Roloff y Serafin Sanchez que desde Key West preparaban su expedici6n con anterioridad al 24 de febrero; los obreros cubanos de los Estados Unidos demostraban cada vez mayor entusiasmo y se imponian toda clase de sacrificio, pero las clases ricas en su mayor parte estaban adn renuentes y retraidas. Ademas las relaciones entre Guerra y Quesada empezaron a hacerse dificiles.
Por sus condicioces de carActer, Guerra se encontraba mal cumpliendo lo que Quesada indicaba, y la falta de cohesi6n la sufria la marcha de los negocios p6blicos, aunque las emiggaciones de Tampa y Key West, por conducto de sus consejos de Gobierno, habian significado que consideraban a Gonzalo de Quesada en condiciones de actuar hasta tanto volviera Marti.
No convenfa esto a Guerra, y como el 10 de abril habria de verificarse la elecci6n de Delegado del Partido Revolucionario Cubano, se puso al piblico en la necesidad de reemplazar a Marti por Tomds Estrada Palma, a quien por su historia revolucionaria y por sus condiciones de caricter eligi6 la emigraci6n el dia fijado, 10 de abril de 1896.
Es Tombs Estrada Palma un patriota integro, que oculta bajo su aspecto humilde un cardcter de hierro; de criterio estrecho y de una tenacidad sin limites, minucioso y pequefio. Era el cargo demasiado duro para 61, ademds, hasta entonces habia estado exclusivamente dedicado a una vida laboriosa, y conocfa poco los hombres y las cosas de los Estados Unidos, y mucho menos los del resto de Am6rica. Privado de relaciones y desconocedor de la political general, deficlencias grandes todas ellas en el representante de un pueblo que empezaba a luchar y necesitaba en todas partes buscar amigos y simpatfas. Por su afdn de hacer las cosas con la mayor economic posible, pretendia mezclarse en todas ellas y dirigirlas, cuando por su condici6n especial eran de tan distinta indole que se necesitaba pleno conocimiento de lo que se hacfa. A esto se debieron los primeros fracasos.
La political del Presidente Cleveland nos era francamente hostil. Con objeto de observar una neutralidad extricta, la marina americana y las autoridades ejercian una vigilancia extrema, que si a veces era burlada, debiase s6lo alas manifiestas simpatias que el pueblo todo de los Estados Unidos sentia por la causa cubana desde los primeros momentos de la guerra.




Los generales Roloff y S6nchez tenian ya en marzo recursos de armas y municiones que aumentaban diariamente con os auxilios que les proporcionaban los emigrados; un n6mero excesivo de expedicionarios luchaba por venir a la Revoluci6n y s6lo taltaba el barco que los condujese.
Ademds, en Santo Domingo el general Jos6 Ma. Rodriguez con los recursos que alli se habia proporcionado y algo con que le ayudaba la Delegaci6n desde Nueva York tenia preparada otra expedici6n.
Contra lo natural, la Delegaci6n se hizo cargo de comprar el barco sin que los jefes expedicionarios que iban en 61 tuvieran intervenci6n alguna.
Habian transcurrido los meses de marzo, abril y mayo y nada se habia obtenido atin respecto a barcos.
Las personas comisionadas para la compra eran poco aptas: conocian poco las condiciones que ha de requerir un barco expedicionario y los resultados fueron fatales. El tiempo transcurria, en la Revoluci6n pedian armas incesantemente, y en el exterior se extraiiaban de la tardanza y la lentitud de los movimientos de los jefes que estaban al frente de las expediciones.
En el mes de junio, por orden de la Delegaci6n, fue a Key West Charles Hern6ndez a ponerse de acuerdo con los generales Roloff y Sanchez para traer el barco deseado, siguiendo 61 viaje al norte, empezando ellos a transportar los expedicionarios a los cayos de la Florida siendo el escogido Pine Key, donde la vida era insoportable, tanto por tener que permanecer escondidos, burlando la vigilancia de los cruceros americanos, como por la falta de condiciones para poder vivir en esos cayos inhospitalarios; lo prolongado de la estancia en ellos produjo gran descontento en los expedicionarios cuya existencia alli era horrible y mortificante.
Llegado Charles Herndndez a Nueva York se le mand6 por la Delegaci6n a Filadelfia a hacerse cargo del vapor -George W. Childs. que debia Ilevar la expedici6n.
Desde alli inform6 que el barco no tenia capacidad para el n6imero de expedicionarios que debia conducir, que su mdqumina estaba en mal estado, que el casco del barco era viejo e inservible. De orden de la Delegaci6n se le mand6 hiciera las reparaciones que se pudieran y saliera en 61. Una vez reparado se hizo a la mar y a poco se vio que el barco hacia agua per todas partes siendo preciso entrar en Baltimore, donde se repar6 de nuevo. Charles Hern6ndez inform6 por segunda vez que el barco era inservible.
Benjamin Guerra le contest6 6nicamente que dijera si tenia miedo, para mandar a otro, Hern6ndez contest6 saliendo al mar en aquella jaula que escasamente andaba cuatro millas por hora, y se dirigi6 al punto designado por los generales S~nchez y Roloff, esper6 eR el punto convenido veinticuatro horas reconociendo los alrededores y, no teniendo contestaci6n de tierra, en cumplimiento de 6rdenes de la




delegaci6n, sigui6 viaje a Jamaica donde hizo carb6n y sali6 de nuevo para Baraona, en Santo Domingo, donde debia avistarse con el general Jos6 Maria Rodriguez.
A su Ilegada se puso en comunicaci6n con 6ste, haciendole presente que el barco venia en tal mal estado que era preciso repararlo de nuevo. La casilla del timonel habia que amarrarla para evitar se la Ilevase un golpe de mar, la madera estaba tan podrida que con el mAs ligero choque salian pedazos de la obra muerta, dando al barco el aspecto de haber sido caioneado; se compuso ligeramente y en 61 embarc6 el general Rodriguez con 43 hombres emprendiendo su viaje a Cuba.
El barco no tenia capacidad para la gente que Ilevaba hacinada sobre cubierta, no obstante, burlando el bloqueo de la marina espafiola, reconocieron al fin a punta Lucrecia e intentaron el desembarco.
No tenia el vapor mAs que dos pequefios botes demasiado ligeros, en mal estado, e indtiles para el desembarco, el primero que intent6 hacerlo se estrell6 contra la costa y el segundo se inutiliz6, se intent6 embarrancar el barco, pero el general Rodriguez dio orden de seguir rumbo haci6ndolo por el canal de Bahama hacia Key West.
Una vez alli, Charles Herndndez desembarc6 ocultamente al general Rodriguez y puesto al habla con el delegado de Key West, Jos6 D. Poyo al dia siguiente fueron trasladados a Pine Key donde adn estaba el general Sdnchez, volviendo el -Childs- a Key West, donde despu6s de varias peripecias, fue vendido en 2 000 pesos; el barco cost6 a la delegaci6n por su compra y composiciones cerca de 23 000 pesos.
Mientras esto sucedia, el general Roloff, viendo el retardo, habia salido de Pine Key, e ido a Nueva York desde donde sali6 a Baltimore para comprar un nuevo barco; el -James Woodall-; alli fue a verlo Tomas Collazo para combinar la manera de que el vapor, una vez que los desambarcara, recogieron la expedici6n que en Cedar Key tenia.ya organizada Enrique Collazo, quedando convenida la manera de que Io hiciera el capitdn sin tocar en puerto americano.
Esto era facil y realizable, se necesitaba asi, pues dada la actitud del Gobierno americano, era seguro que el barco expedicionario que tocase en puerto americano seria detenido.
Entre Tombs Collazo y Roloff se convinieron los avisos y sefiales necesarios para el caso, debiendo el barco, una vez desembarcada la expedici6n, dirigirse a Progreso donde esperaria a Collazo que conocia el punto donde estaban los individuos de la segunda expedici6n.
Como los de la primera estaban en Pine Key, Florida, y los segundos debian ir a un cayo enfrente de Cedar Key, uno y otro embarque debfan hacerse en poco tiempo y con facilidad.
A principios de julio sali6 de Baltimore a bordo del ,Woodallm el general Carlos Roloff dirigidndose a los Cayos de Florida. Desde




dos meses antes sufrian las mayores miserias y trabajos los expedicionarios que estaban en Pine Key alas 6rdenes de Serafin Sdnchez, y a los que se habia unido el general Jos6 Ma. Rodriguez con los expedicionarios que decade Santo Domingo habia traido en el Recogidos por Roloff los contingentes y el cargamento, hicieron rumbo a Cuba, teniendo la fortuna de desembarcar felizmente la primera expedici6n que Ilegaba a terreno revolucionario, por la costa sur de Sancti Spiritus, en la noche del 24 de julio de 1895.
Este hecho fue quizds el primer golpe de fortuna que desde el extranjero experimentaba la Revoluci6n, hecho de tal trascendencia y que dio tal empuje a la guerra, sobre todo en Las Villas, que 61 solo fue suficiente a Ilenar de gloria a los generates Roloff, Serafin Sanchez y Mayfa Rodriguez que lo realizaron.
La expedici6n ya en tierra, fue trasladada en carretas a punto conveniente, custodiada por los expedicionrtarios, orgullosos de su 6xito y Ilenos de entusiasmo y ardimiento patri6tico.
La noticia del desambarco de la expedici6n circul6 con celeridad extraordinaria por todo el territorio de Las Villas, completando su total alzamiento y desalentando a los espafioles que vieron con claridad avanzar ripidamente el fantasma de la Revoluci6n por las comarcas azucareras.
Veamos a la ligera el estado de la Revoluci6p en el territorio viIllareio a la Ilegada de esta expedici6n.
Las Villas habia permanecido tranquila al iniciarse en Oriente la Revoluci6n el 24 de febrero, pero el sentimiento revolucionario estaba latente, la falta de comunicaciones y la espera de recursos del exterior habian contenido el sentimiento que fue expresindose por levantamientos parciales.
La prisi6n de Francisco Carrillo habia impedido dar apoyo simultdneo al movimiento como estaba convenido, y a duras penas podfan contener los jefes el ardor patri6tico de las gentes de Las Villas.
Joaquin Castillo, coronel de la Guerra de 1868, se lanza al campo con veinte o treinta hombres el 14 de abril de 1895; en los primeros dias de mayo hace lo mismo el oven doctor Juan B. Zayas y, unidos ambos, se empezaron a sentir las conmociones revolucionarias en Villaclara.
En los 6ltimos dias del mes de mayo forma su partida en Sancti Spiritus Justo Sdnchez y el 12 de junio da Pedro Dfaz en Remedios el grito de libertad, arrastrando gran golpe de gente veterana y entusiasta.
S6lo faltaba ya en Las Villas cohesi6n y organizaci6n y 6stas vino a obtenerlas desde el 16 de juno de 1895 en que el brigadier de la Guerra de 1868 Manuel Sudrez, salia de Villaclara incorpordndose a las fuerzas insurrectas, siendo reconocido como jefe de Las Villas.