Obras de la Avellaneda

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Title:
Obras de la Avellaneda
Physical Description:
Book
Language:
Spanish
Creator:
Gómez de Avellaneda, Gertrudis, 1814-1873
Aramburo y Machado, Mariano
Publisher:
Impr. de A. Miranda ( Habana )
Publication Date:

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Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 22612836
System ID:
AA00022055:00006

Full Text























OBRAS DE LA AVELLANEDA
























T. V1.










































































GERTRUDIS GOMEZ DE AVELLANEDA
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MI ULTIMA EXCURSION POR LOS PIRINEOS





























Bilbao.-La Plaza Nueva.-El Hospital.-El Colegio.-El Teatro.
-Las nmjeres.-La Plaza Vieja y sus tradiciones.

Reunidos en Alzola mi marido y yo-despu6s de haber tomato 61 las (Acbres aguas de Panticosa, y terminado yo mi anual excursi6n por los bafios de Guipfizcoa-, determinamos visitor la provincia de Vizcaya, pasando de ella a Bayona. y recorriendo en seguida inia parte de Ios Pirincos franceses.
En effect, breves horas de c6modo y agradable viaje nos transportaron como por arte mfigico a las pintorescas gorillas del NerviOn, donde se asienta blanca y risuefia-cual una joven en su dia de boda-la Iinda capital de la. mfis famous de las provincial vascas, bajo un cielo alegre y benign que parece acariciarla con amorosos destellos.
La vista de la gran ria, poblada de embareaciones; de las caIles, tirades a cordel y empedradas de menudas guijas, entre las que se distinvue la. Ilamada de la Estufa-situada. entre bosqueeiIlos y jardines-; de las casas, la. mayor parte hermosas y con tres o cuatro pisos; de la elegant Plaza Nueva-que cuenta 234 pies de ]on,,itud y 196 de anchura-con sus arcos, sus columns d6ricas y sus preciosas fuentes: todo forma un conjunto bellisimo, prestando al aspect de Bilbao cierto carficter de regularidad y simetria que no es muy coffin en las poblaciones espafiolas.
En la mariana misma de nuestra llegada pudimos visitor la casa de la Diputaci6n, que es la. mks notable de cuantas adornan la Plaza Nueva, y en una de euyas salas nos fueron ensefiados dos







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magnificos jarrones, regal de los emperadores francesez, cuyos retratos se ostentan, admirablemente pareeidos, sobre la riquisima porcelana.
Vinios en seguida el afamado Hospital, el nuevo Instituto y Colegio, y por la tarde el lindisimo paseo que se denomina, no s6 porqu6, del Arenal, pues infis bien. pudiera Ilamarse oasis.
El Hospital es un vasto edificio costeado por la caridad pfiblica, y cuya fachada--que corona el escudo de la villa-presenta cuatro bells coluninas d6ricas, de treinta y dos pies de altura, y elegantes cornisas. Costa el edificio de cuatro cuerpos-.en el principal estfin !a sala de juntas, el archive, la capilla, el laboratory, la botica, el anfiteatro anat6mico, las habitaciones de los empleados, la reposteria, la cocina, etc. El segundo y tercero los ocupan los enfermos, colocados c6modamente en salas muy ventiladas, con extensas galerias. La parte baja es la destinada a tiendas y oficinas, haIlAndose ademfis en ella los lavaderos y otras dependencies.
Un hermoso patio, con jardin y fuente, facility a los convalecientes la ventaja de poder pasearse al aire libre; por mantra que nada se echa de menos en aquel ben6fico establecimiento, que debe contarse entre los mejores de Espafia, donde por desgracia no son muchos los buenos.
Respect al colegio, ninguno he visto que pueda comparfirs-ele en ciudades secundarias, y muy pocas de las de primer orden ofrecerdn casas de educaci6n mejor montadas. El aspect de la de Bilbao es verdaderamente majestuoso, y despu6s de emplear muchw; horas en recover sus salas todavia no pudimos hacer infis que atravesar, sin casi detenernos en ninguna, las de matenifiticas, historic natural, fisica, nhutica, in-fisica y dibujo, notando en todas ellas un orden admirable.
Por la noche asistimos al teatro, donde trabajaba a la saz6n una buena compaiiia italiana; pero lo que llam6 particularmente nuestra atenci6n en aquel coliseo, que aunque pequefio es bonito, fu6 la numerous y escogida concurrencia, cuya tereera parte. por lo menos, la componian clegantes mujeres dotadas todas de ese g6nero de several hermosura, tipo inalterable de la raza vascuence, y cuyas correctas lines nos recuerdan la estatuaria griega.
Donde mejor puede admirarse la belleza de las bilhainas es bn el pa-seo del Arenal, nombrado antes. Alli, con preference a otro verge no menos ameno que Ilaman de los Cafios, se refine cada tarde, a la sombra de la-9 alamedas que bordan las infirgenes del Nervi6n, una tropa de esbeltas j6venes y juguetonas nifias que se pa-







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scan solas, sin mfis guard que su decor virginal y Ia honradez vizcaina. No hay miedo de que encuentren insolentes polls (1) que las hisulten con sus groscros chistes, ni gallons de espol6n que ]as asedien con insidiosas galanterias, como suede en Ia coronada villa. En Vizcaya, lo mismo que en Inglaterra, las doncellas gozan de una libertad que estA garantida por el respect pfiblico, y asi en el paseo como en el vapor que hace cada mariana Ia encantadora travesia a Portugalete, por las tranquilas aguas de Ia ria pueden sus amigos acompafiarlas y servirlas sin temor de empafiar por ello su linipja reputaci6n: honni soit qui nial y pense.
El seaundo dia de nuestra estancia en Bilbao nos inutiliz6 Ia i-nafiana una importune. Ilovizna, que s6lo hizo tregua, pasado el medio dia. Visitamos entonces las iglesias, sin hallar ninguna que ine pareciera digna de especial menci6n, si bien en Ia de Santiago, que es Ia xn s antig-ua, de Ias parroquias, el altar mayor se distingue por su clegante sencillez, y Ia custodial, obra de Garin, es riquisiina, midiendo scis pies de altura.
Dondc me detuve con particular eomplacencia fu6 en Ia Plaza Mayor, boy del 'Mereado, pues, aunque nada de attractive y ameno ofrezea su aspect a las miradas, posee para Ia imaginaci6n un encaiito poderoso en su tesoro de viejas tradiciones.
-LVe usted aquel vicjo caser6n, hacia Ia esquina de Ia carmiceria'l-)DC decia mi amiable e intelligent cicerone, que era una disthi.-tiida sefiorita-. Hubo un tempo en que se le Ilamaba palacio, torque decorado con ma.-iiificencia servia de morada a Ia bella Toda de Larrea, aquella siren encantadora que logr6 hacer infield. (si ]a tradici6n no mienfe) nada menos que al augusto consorted de Ia ,.,ran reina Cat6lica. INfire usted esa puerta: por ella Ia sacaron con eii,-afio, l1evaiido en sus brazos a su bija-a quien Ilamaban en el pals Ia exceleWa-para, sepultar a ambas, por disposici6n superior, ezi tin conveiito de 'Madrigal, que rigi6 mfis tarde como abadesa, Ia bastard del monarea aragon6s. Su bermosura, segfin fama, fu6 tan extraordinary que le mereci6 el dictado de manja angelica.
Eii Ia torre que se divisa al lado opuesto-afiadia mi companera-se di6 muerte, por mandate de Pedro I de Castilla, a su primo el infortunado don Juan, y si nos acereamos mfis puede usted distinf,uir el bale6n por donde arrojaron su cadAver sangriento. Pero

(1) El nombre de polls, aplicado en Madrid a los mozalbetes pretensiosos, fu6 una gracious ocurrencia de Ia emperatriz de Ios franceses, entonees condesa de Teba.







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veo que rehusa usted abandoner el centre de la plaza, como si la fijase en 61 un encanto secret: su coraz6n de poeta adivina quizh que en el mismo sitio en que usted sienta sus plants coloca otra tradici6n-muy triste tambi6n-el comienzo de una de las eseenas mAs caracteristicas de los tempos de que hablamos. Si usted quiere entrar, la octogenarian habitadora del cuarto bajo le referirfi. a su modo, pero sin olvidar detalle, la lamentable historic del caballero de Avendaho y su bellisima Elvira, pues de tan noble pareja descended la vendedora de hortaliza a quien -%ramos a visitor.
Segui a mi amiga, penetramos en la vieja casa, y he aqui lo que en pocas palabras oi de boca de la anciana verdulera, cuya merienda interrumpi6 nuestra inesperada vista (1).


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Cuando termin6 la verdulera su relate, que, aunque en distinct estilo, acabo de transcribir fielmente, desaparecian los filtimos crepAsculos de la tarde, y las sombras de la noche, que iban envolviendo aquellos sitios de trAgicas tradiciones, les prestaban a los ojos de mi imaginaci6n cierto po6tico horror.
Comprendiendo mi compaiiera las disposiciones de mi espiritu, guardaba respetuoso silencio, ambas salimos del ruinoso caser6n y nos estuvimos paseando por la antigua plaza pensativas y melanc6licas. Nos retiramos tarde y lentamente, filosofando sobre las visicitudes de los tempos, que nos presentaba al filtimo vAstago de una familiar lustre en aquella vieja vendedora de hortalizas (2) que habitaba como arrendataria una parte de la mansion de sus abuelos, mansion consagrada por recuerdos tan solemnes.



(1) Sigue la leyenda, de.Avendailo y Blvira, la misma que con el nombre de Los doce jabalies aparece en ]as Obras completes, antecedida de otra tradici6n, tambi6n de la Plaza Vieja de Bilbao, y ambas bajo el doble titnlo La bella Toda y Los doce jabalim En ]a misma forma se hallan reimpresos en ]a presente edici6n: tomo V, pfig. 617.
(2) Este personae fu6 suprimido en la narraci6n que como definitive se ineluy6 en las Obras completas.-Nota de la comisi6n editor.







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II

Durango.-Guernica.-Su c6lebre drbol.-Improvisaci6n pogtica.Elorrio.-Sus bafios.-bos sepulcros de San Adridn.

Huyendo de las fiestas que se iban a celebrar en Bilbao, y que se reducing a fuegos artificiales y corridas de toros, que me son antipdticas, dejamos la capital del antiguo sefiorio precisamente cuando acudian a ella enjambres- de forecasters atraidos por aquellas diversiones, celebradas infaliblemente todos los afios en el 12timo tercio del mes de agosto. El dia 22 del mismo nos trasladamos a Durango en medio de un soberano aguacero que no nos permiti6 continuar nuestra excursion, como habiamos pensado, hasta alounos dias despu6s.
Destdcase Durango sobre la gorilla derecha del rio, de su. nombre en una fertilisima vega, defendida or la hermosa, cordillera en que descuellan pintorescamente las cumbres de Amboto, Campazar, Udala y Urquiola. Ha sido aquella villa honrada con la vista de muchos monarcas, entre ellos la grande Isabel 1, que entr6 a caba11o, Ilevfindole el Alcalde las brides del palafr6n, y los regidores el rico palio extendido sobre su. cabeza. Mas antes de entregarle las doradas Haves de la villa se le habia exigido juramento solemn de guardar intactos sus fueros y privileges, a lo cual dicen que se prest6 la reina mostrando en ello singular complacencia.
Durante la filtima guerra. civil el pretendiente estuvo varies veces en Durango, y tuvimos ocasi6n de visitor la modest, casa en que siempre era hospedado.
Si se exceptfian estos recuerdos no ha116 en Durango nada que mereciera consignarse en mi libro de apuntes, si bien recuerdo que es notable, principalmente por su soberbio atrio, la iglesia de Santa Maria de Uribarri, y que el jue,-,o de pelota-una de las glories de la villa-pasa por el mejor de la provincial (1).
Punzhndonos el deseo de saludar el c6lebre Arbol de las libertades vascas salimos de Durango tan pronto como nos lo permiti6 el temporal, que nunca es breve en aquellos passes, y el mismo coche particular que nos habia pesto en la nombrada villa nos condujo en pocas hor-as-y atravesando deliciosos campos-a la famous de

(1) Refiftese sin duda ]a aurora al front6n, edificio destinado al juego de pelota.








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Guernica. HAllase 6sta reclinada, por decirlo asi, en la rica f alda del Monte Cosnoaga, dominando un bellisimo valle, y presentando el aspect mfis risuefio que puede concebirse; pero alli nada llama la atenci6n ni excite interns, torque lo, absorbed todo el roble inmortal que represents la historic enter de aquella raza, model de patriotismo y de fidelidad a sus leyes; de aquel pueblo tan sobrio, tan constant, tan pobre, tan laborious, que se ha hecho digno de ser siempre hijo predilecto, de la libertad y de la gloria.
Apenas se me ocurre apuntar que vimos la casa de las juntas, el vasto anfiteatro en que se colocan los apoderados y padres de la provincial, el sencillo altar de la Virgen donde se celebra la misa antes de comenzar las deliberations, las hermosas silIas de caoba y terciopelo destinadas a la diputaci6n general y al corregidor, las tribunal pfiblicas, en que caben mds de quinientos espectadores, los retreats de los antiguos sefiores de Vizcaya, el cuadro que representa el acto solemn de jurar los fueros don Fernando el Cat6lico ... Todo, ello no alcanz6 a detener nuestras miradas, ansiosas de fijarse en el 6rbol de los silos, a cuyo sombra se ban reunido, generaciones tras generaciones, desde la infancia de la sociedad, los venerables patriarchs de aquella tierra lustre, para discutir gravemente los interests pfiblicos, iniciando el sistema que s6lo en edades muy posteriors habia de ser la ensefia de las naciones mAs cults, que no ban alcanzado, sin embargo, a conservarle su primitive pureza.
Delante del hist6rico roble de Guernica se levant un solio de piedra, en medio de ancho estrado defendido por verjas de hierro. Costa dicho solio de veintid6s columns corintias, de diez pies de elevaci6n, con capiteles, trofeos y escudos, y bajo 61 se halla colocada la gran mesa de jaspe, cereada de asientos de lo mismo, en que depositan sus poderes los representatives de la provincial, a media que los llama, desde la tribune que ocupa, el secretario del gobierno. El Arbol que preside aquellos solemnes actos yergue su soberbia copa sobre la altura del solio, y acompaiia con el bland susurro de sus frondosas ramas la voz de los generosos hijos de aquel suelo, en que son eternal sus races.
Admirable debe ser el especthculo que presented el recinto en la celebraci6n de las juntas generals, pues ademfis de la diputaci6n, con todas sus dependencies, se trasladan alli los apod6rados de los pueblos, los padres de la provincial, los candidates para cargos pfiblicos, y la multitude curiosa de naturals y forecasters que no falta nunea en tales solemiaidades.
La tarde en que visitamos nosotros el sencillo temple de la li-







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bertad vizcaina nada habla, en verdad, que nos these idea de la aniinaci6n y bullicio que coneebiamos transportAndonos con la mente a Jas 6pocas indicadas; pero la misma soledad silenciosa que rei-naba en torno del Arbol de los, silos aumentaba el misterioso, encanto de sus solemnes recuerdos. Alli sentada, junto a la mesa de los poderes, bajo el p6treo solio en que se quebraban los filtimos rayos del sol poniente, respirando cierto aroma de sencillez primitive que parecia extenders con los efluvios del roble traditional, cuyo secular ramaje se agitaba lentamente a mi vista, como si el viento le arrancase, en suspiros, secrets de su vida inmensurable; alli donde imaginaba ver vagar, entre los moribundos crepfisculos, las sombras venerable de los patriarcas vascos, guardadores celosos de la dignidad humana alli, digo, volvi a sentirme poeta y-escribi6ndolos mi marido con un Idpiz en la copa de su. sombrero-pronun66 los siguientes. versos, cuyas filtimas silabas se perdieron entre las densas sombras que envolvian ya a nuestra vista todos aquellos objets, cuya memorial no perder6 nunea (1).
Al dia siguiente nos trasladamos a la villa de Elorrio, sin visitar antes, como al principio nos proponlamos, la de Bermeo-patria del autor de la Araucana-, pues las modifleaciones que hubo de sufrir nuestro plan de viaje nos imponian la no muy ingrate fatiga de volver a Guipfizcoa para entrar por tierra en Francia, en vez de hacer la travesia de Bilbao a Bayona.
La situaci6n de Elorrio es bellisima, y no se conciben mfis ame nos campos que los que rodean aquella vieja poblaci6n, ni clima mAs agradable; por mantra que, sun sin la riqueza de las aguas minerals que posee, deberia atraer gran number de forecasters durante la estaci6n calurosa. El establecimiento de bafios sulfurosbs es tan bueno como los de Santa Agueda, Arechavaleta, Alzola y Cestona, favoreci6ndole durante toda la temporada numerous concurrencia. Las fuentes ferruginosas abundant tambi6n, lo mismo que en Gui-D-6zcoa, oper6ndose transformaciones maravillosas con el uso de ellas en las personas linUticas y de pobre constituci6n.
En la ermita de San Adrifin vimos various antiquisimos sepulcros, de una sola piedra toscamente labrada, que opinan algunos exceden en antigiiedad a la del cristianismo, en Vizcaya; pero yo distinguish la forma de una cruz en la tapia de uno de ellos, coronando una inscripei6n latina que no es ya legible.
Atravesando poblaciones de la pintoresea Guipficoa-que ya he

(1) Sigue el himno Al drbol de Guernica, insert en el tomo I, pig. 316.







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hecho concern a mis amigos en mis cartas de otros afios-, llegamos 9 San Sebastifin en uno de los primers dias de septiembre sin haber tenido otro descanso que el de una hora pasada en el hermoso convent de San Ignacio de Loyola, que es de aquellas cosas que ilunca, se cansa uno de admirer. Recientemente habia visitado yo aquel edificio, en Ia gratisima compaiiia de mi buena amiga, Ia ilustre escritora dofia, Carolina Coronado de Perry, y del actual ministro plenipotenciario de Espaiia. en Franckfort, el distinguido publicist, don Manuel Ranc6s. Ademds, por tanto, del interk que inspire el convent mencionado por sus propios recuerdos, tenia entonces para mi los de aquella, excursion agradable, de Ia que haIlaba huellas por todas parties. Todavia, alfombraban el pavimento de Ia linda, capilla las. flores esparcidas por Ia mano de Carolina; todavia Ia ventana que presta, principal luz al retreat del c6lebre fundador de los jesuitas se hallaba, entornada como Ia puso Ranc6s para sombrear un poco Ia demasiado iluminada frente de aquella. venerable ima-en. Y todavia, en fin, se me present Ia gracious nifia, ostentando en sus manecitas los guantes que yo dej6 olvidados en Ia fonda. donde comimos.
San Sebastidn afin conservaba, a mi Ile.-ada bastante animaci6n, si bien los bahistas inconstantes han abandoned en gran ni5mero sus arenas playas en los dos 10timos afios, para honrar Ias de Deva, que tuve Ia dicha de hacer mks conocidas con mis cartas el. peri6dico EZ Estado. A pesar de este involuntario perjuicio que me dicen haberles eausado, los ambles habitadores de Ia capital de Guipihzcoa me recibieron tan lisongeramente como siempre, y afin tuve que volver a visitor el castillo, las encantadoras quints de los alrededores y Ia f6brica de porcelana, de Pasajes, que rivalize ya con las de Francia.
Nos trasladamos a Bayona, en Ia misma. semana, en que eran esperados en aquella reiva del Adozir el emperador Napole6n y su bella, consorted, para cuya recepci6n se estaban hacienda grades preparations, aunque no Ilegaron hasta aIgunos dias despu6s de lo que generalmente se creia.
En Ia siguiente pfigina comenzarAn mis apuntes sobre los Piri-n os franceses, que no son por cierto menos pintorescos y magnificos que los espafioles que acabo de recorder por su parte occidental. De Ia oriental dar6 despu6s alguna idea en las notas de mi viaje por Catalufia.







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III

Bayona.-Biarritz.-Los Emperadores franceses y eZ Principe 1wiperial.-Pau.-Ef I castillo de Enrique IV.-Excelentes hotels.
-Magnificos alrededores.

Nadie ignore, que Bayona, Ciudad de veinte mil habitantes, por lo menos, con subprefectura y obispado, es easi tan espafiola como francesa. En los veranos, sobre todo, cuesta trabajo a un hijo de Castilla persuadirse de que se halla en pais extranjero, pues en paseos, baflos, 6innibus, etc., se oye hablar la lengua de Cervantes tanto o mds que la de Corneille. En tal concept 6 qu6 dir6 de aquella ciudad que no sea sabido de todos? jQui6n ignorark los trabajos utilisimos llevados a Cabo por Napole6n III en la barra, trabajos que han hecho del puerto de Bayona, uno de los mejores de Francia? Qui6n no ba admirado alguna, vez el magnifico puente sobre el Adour, euya longitude excede de doscientos metros? 1A qui6n coogerA de nuevo la noticia de que la Catedral pertenece al estilo g6tico del sigio XIII; de que la ciudadela--obra de Vauban-merece elogios de los intelligence; de que otro tanto suede con el Arsenal; de que la Plaza de Armas-donde se hallan el teatro y la Aduana, y de donde sale la mayor parte de las diligencias-es un Centro de ale-re movimiento y de continued ruido? I Qu6 apAtico ser encerrari Espafia que no conozea los incomparable alrededores de Bayona, sus quints entre sardines, sus Colinas arboladas, sus alamedas inmensas, sus bosqueeillos misterio.sos, sus praditos tapizados de fresea yerba de pasto 7 1 Cufil serh tampoco el que haya olvidado que las grisetas de la patria, de Laffite son muy bonitas, y los jamones deliciosos?
Lo que si no habrhn visto todos son los soberbios arcos de triunfo, los obeliscos de verdura, las banderas flotando sobre los, eastillos de luces, con que la Ciudad semiespaiiola se ha ostentado engalanada, al entrar en ella el vencedor de Solferino y la hermosa deseendiente de los Guzmanes. Nosotros, si lo vimos, y puedo asegurar que Bayona, en aquel dia y en aquella, noche, parecia una region encantada, de los cuentos orientals.
La familiar imperial qe traslad6 a Biarritz y aprovechando la Continua, salida de carruajes-que hacen en una hora el agradable Camino de Bayona a aquel sitio de bafios--estuvimos en 61 a1gunas tardes.







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El lindo palacio que Ileva el nombre de Villa EWenia no es la
-6nica cosa digna de ver-se en Biarritz, pues tambi6n es notable el faro, colocado en un pefiasco, a cerca de cincuenta metros de elevaci6n, y afin-segfin dicen-las grutas que dieron al lugar su primera nombradia. Por lo demfis, la naturaleza no se present en Biarritz tan risuefia y caprichosa como en la mayor parte de aquel bello pais, y sin la vida y la alegria que lleva a sus playas la anual residence de la corte, pocos serial los espafioles que no prefiriesen tomar los bafios de mar en las de Deva o San Sebastifin.
La Emperatriz, emperor, todo lo embellece y ameniza, y Biarritz viene a ser una mansi6n encantada durante la temporada en que ella la favorece.
1 Qu6 movimiento continuo en los hotels! i Qu6 ir y venir carruajes! 1 Qu6 elegant cone-urrencia en los passes! Y-aparte de ]as soir6es de la Ville Eugenie-1 qu6 dichosos bales de nifios en la fresca alfombra del prado que se extended al frente del palacio! Alli vimos al Principe imperial confundido entre multitude de chicos, con los que corrie y emprendia luchas a cada paso, tirando furiosillo su sombrero de pluma azul cuando no lograba echar por tierra a un adversario que le doblaba la estatura. El Emperador, mientras tanto, se paseaba en derredor del prado, platicando familiarmente con uno de sus generals, a cuyo brazo, iba asido, y volvia' de vez en cuando su mirada afectuosa hacia la Emperatriz, sentada en medio de sus damas, cerca de la turba inf antil, con sencillo traie de tarlatana blanca, albornoz de cachemira y chambergo, de reco6 alas y larga pluma celeste.
El sol de Italia habia impress visible huellas en el semblance de Napole6n 111, que formaba contrast con el de su esposa, blanco como el alabastro.
Pocos dias despu6s de la instalaci6n de la familiar imperial en Biarritz, salimos de Bayona en una deliciosa madrugada, y empezando a atravesar las Landas, columbramos el hermoso castillo de Biaudos, y admiramos el indescriptible espectficulo de la confluencia del Adour y del Gave, que present sin duda cuanto de mfis pintoresco puede sofiar una ponderosa fantasia.
Almorzamos lue.-o en Peyrehorade, cuya vieja fortaleza, flanqueada de torres, s6lo a distancia contemplamos: se hizo cambio de tiro en la coqueta villa de Puyoo: pasamos de largo por la triste de Ortbez, donde Catalina de Foix agot6 sus filtimos esfuerzos y perdi6 sus filtimas esperanzas de recobrar la Navarra, y donde aun se







MISCELLANEA 17

ven las ruins de la real residence Ramada castillo de Moneada, entrando por Altimo en Pau a la caida de la tarde.
La situaci6n de la antigua capital del Bearn, boy cabeza de prefectura, sobre una eminencia que corta un barranco profundo, y dominando el riquisimo valle regado por el Gave, es singularmente bella, presentando toda la ciudad algo de original y characteristic. Par6cele al viajero haber retrocedido tres silos, pues -en Pau se lialla por doquiera un no s6 qu6 de los tempos de Enrique IV, cuya estatua se levant majestuosa on la explanada que hace frente a Ja iglesia, ya ruinosa, en que se dice comulg6 por primer vez la c6lebre Juana de Albret, despu6s de abrazar la r ligi6n reformada.
Desde dicha explanada se goza uno de los mfis notables punts de vista de los muchos que afrece aquel pais incomparable. Cadenas de collins que se despliegan escalonadas con su espl6ndido manto de verdura; los Pirineos dibujando al fondo sus azulados contornos, que parecen a la pklida luz de la tarde caprichosos groups de fantasmas; el pico de Ossau levantkndose como un gigante de entre aquellas indefinidas sombras... todo es alli sorprendente, pintoresco, magnifico.
El benign clima de, Pau goza merecida reputaci6n que atrae a ;miumerables enfermos de toda Europa, particularmente de Inglaterra, y no creo que ninguno de tantos extranjeros como forman su flotante poblaci6n deje de visitor la iglesia de San Juan, cuya bonita efipula ostenta graciosos frescos; el Hotel de Ville, donde vimos im bello cuadro representando el nacimiento de Enrique IV; el Pa!aeio do Justicia, en que se reunia antes el Parlamento de Navarra; ]a Prefecture, donde se conservan los curiosos archives del Bearn; la easa en que naci6 Bernadotte (aquel tamborilero que lleg6 a ceflirse la corona de Suecia ... ) ; pero lo que hay verdaderamente di.-no de verse es el castillo y el parquet. La forma irregular del primero, visto desde el valle (con sus torreones avanzando al Oeste, y su gran torre de robustez de mal gusto, mandada edificar por el infortunado Gast6n Febo), tiene algo, de original y agreste en ararmoiiia con el pais que domino. Aquella arquitectura, en la que cada si.-I, parece haber depositado un recuerdo, causa, cuando se le ve do lejos, cierta confusion al espiritu; pero de cerea la vista se complace en su singularidad capriehosa, que no carece de encanto. Afide el edificio 160 metros de longitude y sobre 60 de anchura, baf ando los pies de su terrapl6n las cristalinas aguas -del Hedas.
Eli el primer cuerpo del castillo se ensefia al forastero, antes que todo, la cuna de Enrique IV, que es una enorme concha de torT. V1. 2






18 OBRAS DE LA AVELLANEDA

tuga, y entre otros muebles y. adorns de aquella, 6poca el sill6n de Juana de Albret.... de aquella princess. que, segun expresi6n de un escritor modern, no tenia de mujer sino el sexo; de aquella amazona que atraves6 la Francia para parir a su hijo en el castillo de Pau, y le salud6, mientras le arrojaba. al mundo, entonando uu cAntico guerrero.
Napole6u III ha hecho grades obras de restauraci6n en lo exterior e interior del edificio, completando su mueblaje con singular acierto, pues nada desdice alli del gusto severe de los tempos de que es aquel alcfizar monument. En sus sombrias salas se os disipa completamente de la memorial que vivis en el siglo de los ferrocarriles y los alambres el6etricos. Todo( es alli antiguo y caballeresco. Cada sitio os recuerda un hecho de armas o una aventura amorosa. Creeis a cada paso que vais a encontraros con la eIe.crante Margarita, arrastrando su traje de terciopelo escarlata, y con su gran tocado de plumes y pedrerias, se-fin la describe Brantome, "semejfindose a la bella aurora cuando se asoma anunciando el dia". Os parece que aun circula en torno vuestro el suave aliento de la tierna Fosseuse, aquella rival tan querida de la reina que di6 una hija a Enrique en los brazos de su mujer real.
AM tocAis tejidos y bordados hechos por las blancas manos de aquellas mujeres c6lebres; alli podr6is sentaros en el lecho de la madre del buen rey, y contar las horas por el mismo p6ndulo por el que las contaba. el augusto bearn6s.
La capilla, adonde entra ]a luz por hermosos cristales de Bevres, es la misma en que oraba la duquesa de Vandome. El vasto comedor ha encerrado muchas veces en su recinto a la decaida familia de aquel a quien Ilamaban los destines al solio de Clodoveo. En el bello sal6n que posteriormente sirvi6 de prisi6n a Abb-el-Kader se han bailado muchas veces las danzas espaiialas por Margarita y sus damas.
Cuando salis del castillo, llena la mente de tan romAnticos recuerdos, os encontrdis en seguida, con el famous Parque, que no los present por cierto menos e-uriosos. En aquel mosque inmenso, vestidura de una colina magnifica, rodeada de praderas y misses, al pasearos por solitarias alamedas, bajo b6vedas de encina que pueblan troops canoras de malvises y ruisefiores, -6nicos seres que turban el silencio solemn de aquella soledad encantadora, jc6mo no recorder que muchos de los firboles que os prestan su sombra son contemporAneos del h6roe cuya memorial Ilena aquel-los sitios? 6C6mo no pensar en las alegres cacerias de que han sido teatro 7 1 Qui6n







MISCELINEA 19

alcanza a detener el vuelo de la f fantasia, que busca entre los misteriosos silos del sombrio recinto secrets de las citas de amor que ha cobijado en los tempos de su gloria, y cuyo suspiros voluptuosos aun nos parece senior en los blandos solos de las auras perfumadas?
Y despu6s, cuando a los pocos pasos os encontrAis a las gorillas del Gave, en un paraiso en que os parece impossible pueda habitat nunea el dolor, c6mo no conmoveros a la idea de que alli, sin embargo, han debido corner algunas veces las amargas lkgrimas del F-mir argelino, a quien solia permitirsele extender hasta aquel paraje sus melanc6licos passes?
Pocos fueron los dias que pasamos en Pau; pero nos-bastaron para cobra affect a aquella agradable poblaci6n, donde la vida es tan fheil y tan divertida, en el verano por lo menos, como en cualquiera de las principles ciudades de Francia.
JTarios son los hotels en que puede hospedarse perfeetamente el forastero, y entre los que se distinguen el de Francia, el de la Posta y el de Europa, cuyos duefios son espafioles; mas las families, que permanence largas temporadas toman por lo coffin habitacioiies amuebladas apartmentss garnish) teniendo muebas para escoger y a precious nada exagerados. Nosotros vimos una lindisima casa, en situaci6n admirable y decorada con magnificencia, por la cual nos pidieron tres mil francs anuales (menos de seiscientos pesos).Otras muy w7ifo-rtables, pero mks pequefias, no exceden de mil quinientos a dos mil francs.
Los alrededores de la ciudad gozan de justisima nombradia. Nada mks ameno y encantador que el valle regado por el Soust, a cuvas gorillas esthn sembradas deliciosas casas de campo. Tambi6n se ,oza de bermosisimos punts de vista desde el collado de Jurancon, (Iiie tapizan en toda su extension las ricas vifias de que se hace el himoso vino tan celebrado por los bearneses.
Anbelantes nosotros de recorder algunos de los sitios de bafios mAs concurridos de los altos Pirineos, aprovechando para ello los filtimos dias de la buena estaci6n, salimos de Cauterets, en un coche particular de los muchos que alli se proporeionan y en una de ]as mis frescas y serenas mafianas de fines de septiembre, no sin dar antes un largo paseo de despedida por el magnifico parquet, a cuya po6tica soledad me habia aficionado.







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IV

Lourdes.-La roca de la aparici6n.-Cauterets.-Sus aguas.-Sus
paseos.-Visita a Saint-Sauveur, doqide. habia tomato baffas Za Eniperatriz.-Excur&i6n a Gavarnie.-Salida para Bagngres-deBigorre.

Pasando antes par una pequefia poblaci6n de cuyo nombre no tom.6 nota, pero que me parece era Betheram, a cosa parecida, y en que visitamos una. capilla consagrada a la. Santisima Virgen (cuya efigie se vende en medallions y brazaletes de mil classes, a la puerta de la. iglesia), Ilegamos a comer a Lourdes, antigua. capital del Lavedan de Bigorre, que afin conserve rests de fortific-aciones romanas. Situada sabre la Gave de Pau, aquella pequefia ciudad ostenta pintorescos y risueflos alrededores, que ciontrastan con la tristeza de su aspect general, y particularmente con el. de su. viejo castillo, que se levant. austere y Ifigubre sabre una roca aislada.
Durante la. comida (que nos fu6 par cierto muy bien servida. en el Hotel Laffite) se nos presentaron varies chicks del pais ofreci6ndosenos par ciaerone, y al preguntarles, ri6ndonos, si eran muchas las curiosidades que encerraba, Lourdes, nos llam6 la atend6n el. desparpajo con que exclam6 uno de ellos:
-Pues qu6! 1 Piensan ustedes que el buen Dios no nos ha concedido. nada que mostrar con uf ania a los extranjeros que nos visitan 7 Sin mencionar nuestrasfAbricas de lienzo yde pafiuelos, que son tan dignas de verse coma otras cualesquiera, poseemos un tesoro que debe envidiarnos hasta el misma Paris: si, seflores: tenemos en Lourdes la roca de la aparici6n, donde brota la fuente milagrosa, que sana todas las enfermedades de los ojos a los que se baflan con fe en sus benditas aguas.
Rogfindole que nos explicase qu6 roca y qu6 fuente eran aquellas. nos refiri6 en su. gracious patois-rindiendo testimony a su veracidad los otros chicks y criados del hatel-que hacia cerea de dos
-thos que una. nifia pobre y hu4rfana, gravemente afectada par una (..ftalmia cr6nica, suplic6 con fervor a la. Santa Virgen se dignase ser su m6dico, suministrAndole el remedio que conviniese a su estado. En vos sola tengo mi esperanza-repetia la nifia, juntando sus manecitas, y alzando al. cie-lo sus ojos llagados-, porque vos sois sal-ad de los enfermos y madre de los desamparados.
Hacia esta sencilla. plegaria mientras guardaba la ropa deposi-







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tada. por una lavandera, parental suya, en la cavidad o gruta que forman a poca. distancia del rio unos pefiascos abovedados, entre. los que brotan algunas plants silvestres, y arenas hubo terminado su filtima. palabra. cuando vi6 clarisimamente aparecer, por entre las ramas de aqu6lla, a una hermosa dama, vestida, toda de blanco, y tan resplandeciente su mirada que ilumin6 de repented toda la 5-ruta sombria. "Bfiflate en las aguas que brotan a mis pies (le dijo con voz dulce la maravillosa aparici6n), y verfis cumplida tu esperaiiza." Desvaneci6se al punto la. eklica. fig-ura, y brot6 con sonoro murmurio un cristalino manantial al que se precipit6 la nifia con fervorosa, fe. Al regresar a su easa, sus ojos, completamente sanos, despedian un brillo que no habian tenido hasta entonces, y el ruido del milagro, eundiendo con rapidez por toda. la ciudad, atrajo al instance la multitude asombrada, que durante muchos dias no se eans6 de contemplar la fuente milagrosa, en cuyas aguas han-encontrado la. salud cuantos enfermos de los ojos han ae.udido a ellas.
Tal fu6 el relate que nos hizo el muchacho de Lourdes, y que bast6 a decidirnos a pasar la noche en su fea ciudad, para visitor al dia. siguiente la Roca de la aparici6n, aunque algo desmintiese la autenticidad del milagro la. circunstancia de no haber podido averi--uar-no obstante nuestras repetidas pregunta.3-que el prelado de aquella di6cesis hubiera hecho nada para escla eurla.
Aceptado como cicerane el historiador del prodigio, nos dirigimos muy de mafiana al teatro de 61, y fuerza es confesar que, a pesar de nuestras dudas, nos sentimos vivamente impresionados por la a.-reste majestad de su aspect, y por la veneraci6n Ilena de fe con que multitude de enf ermos se acereaban de rodillas al manantial salutifero. No son ya solamente los atacados de oftalmia los que acuden a la fuente milagrosa ", pues alli vimos cojos, sordos, herp6ticos, todos animados de una. misma esperanza, todos refiri6ndonos a porfia. maravillas operadas por las "benditas aguas".
Nuestro cicerove trep6 por las pefias para. arrancar a1gunas ramas de un arbusto arraigado en ellas, y que se hallaban, segfin aseguran, en el mismo sitio en. que apareei6 la Virgen.
Al hacernos aquel regalo-que conserve con amor-nos invite a visitor a la nifia favorecida. por Nuestra. Sefiora, y cuya morada, no esti distance de la gruta. Le seguimos con gusto, y pasamos a1gunos minutes con la. joven lourdesa. (que nos pareci6 tener de 12 a 13 afios), oyendo de sus labios la repetici6n exacta del relate que nos hiciera nuestro guia. El aire de sincere. sencillez con que acompafiaba sus palabras, la seguridad con que contestaba a todas nues-







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tras preguntas, y la recomendaci6n que le prestaba, su fisonomia candorosa, no nos permitiero-n couservar recelos de una supercheria, por manera, que despu6s de felicitar cordialmente a la venturosa nija-a y a su tia-que nos pareci6 una excellent mujer-, nos dirigimos a nuestro coche de viaje, bendiciendo al Seflor por -la sefialada predilecei6n que dispense a los d6biles y humildes, a la par que compadeciendo a los esprits forts, que esthn privados del placer que causan siempre a nuestros corazones creyentes todas las piadosas tradiciones del ben6fico poder de la Madre de los Desamparados.
Dejamos, pues, a Lourdes, poseidos de una grata emoci6n, atravesamos el celebrado valle, de Argel6s, uno de los m6z hermosos de los altos Pirineos, refrescamos en Pierrefitte, y entrando por la gar'franta d4e una mao-nifica, montafia, y siguiendo una ruta estrecha y umbria Ilena de pintorescos accidents, Ile.-amos a Cauterets, entre las frescas auras de una serena tarde.
Desde que uno se aproxima, a aquel paraiso de delicias, en que el aire es tan puro, la. temperature tan suave, el cielo tan apacible, la tierra tan variada, si6ntese de un modo notable la dilataci6n de los pulmones y cierto bienestar general que nos presta alegria y actividad constant. Cauterets es una pequefia poblaci6n; pero pod6is estar seouros, al ir a ella en la estaci6n de bafios, de encontrar tan numerous yselecta soededad como la mejor que pudi6rais proporcionarnos en las primers cortes de Europa. De todas parties del globo acuden a aquellos c6lebres manantiales aristocrhticas familias que no todas Ilevan enfermos, pues la amenidad del sitio atrae a muebas que, aunque gozando de perfecta, salud, tienen el hAbitode pasar en los establecimientos termales los meses mks calurosos.
Aunque a nuestra Ilegada ya habia terminado la temporada oficiaZ, todavia nos reuniamos en el hotel en que nos alojAbamos mds de sesenta personas, sabiendo no ser menor la concurrencia en los demAs hotels.
Las numerosas fuentes sulfurosas que enriquecen a Cauterets se ban conducido todas-por medio de admirable trabajos-a un soberbio establecimiento monumental que contiene mfis de veinte
binetes de bahos, al-unos de ellos de chorros. Recuerdo que uno de los departments lleva; el nombre de Jiaio Usar, y otro es liamado el de los Espaffoles.
Puede decirse que Cauterets casi se compose de una sola calle;
-Dero 6sta es tan extensa, tan bella, tan alegre y elegant que al pasear por ella os hac6is la ilusi6n de que en vez de hallaros en una pequefia villa de lo interior de los Pirineos os encontrdis en una de








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las m" lindascallesde Paris. Cauteretses una poblaci6n de hermosos hotels todos moderns, bien montados y concurridos: asi es que son constants la animaci6n y el movimiento: a cualquiera hora que salgAis a pasco, o que os asom6is al balc6n ver6is omnibus y coaches que se cruzan. en varies direeciones, y groups de genes que transitan a pie por las limpias aceras, sombreadas por bellows Alamos. En el circulo o sal6n de reunion, en los gabinetes de lecture, en los caf6s, que no son pocos, siempre hallAis sociedad, siempre vida. La que se hace en los amenos sitios de baflos, que: son tesoro de los Pirineos, es verdaderamente deliciosa: alli se tienen a la vez los goces refinados de la sociedad y los sencillos del oampo. i Y qu6 campo! i Qu6 pa.seos! Los mosques agrestes poblados de phjaros cantors, las colinas frondosas, los barrancos pintorescos, las cascades que os salen al paso por todas partes... Es impossible coneebir nada mks romhntico qu(. aquel trozo de naturaleza several, y atrevida, en que se halla recostada, por decirlo asi, la villa de Cauterets, arrullada por los mil rumors de las selves y las caseadas.
Nosotros, tourists, vagabundos que s6lo busekbamos impresiones variadas, nos vimos asaltados por grades vaedlaciones a los dos dias de hallarnos reposando, como aves fati-adas de volar, en aquel bello nido de la montafia.
La concurrencia bafiista se mostraba, entonces dividida: una parte de ella nos invitaba, a acompaiiarla en el delicioso viaje del lago de. Gauve; la otra se iba a Saint-Sauveur para pasar de alli a Gavarnie, y era de parecer que no mereceriamos perd6n si no nos apresurAbamos a ser de la partida. Nuestra curiosidad, que no acababa de decidirse a renunciar algo, nos suscitaba penosas incertidumbres y veleidades, hasta que al cabo nos arrastr6 el turbi6n mhs pr6ximo: es decir, nos fuimos con los primers que salieron, y nos encontramos en un abrir y cerrar de ojos, como quien dice, en el sitio que pocos dias antes abandonara, la familiar imperial.
Suede en los Pirineos que lo filtimo que se ve parece siempre mAs hermoso. Aquel pais de encantos os halaga por donde quiera con tan varia y caprichosa pompa que no acertAis a fijaros en paraje alruno. Saint-Sauveur, con sus casas que parecen suspendidas sobro precipicios y su aspect un tanto salvage, nos agrad6 sin embargo mAs que cuanto hasta entonces habiamos, adinirado. No mencionar6 sus termas-aconsejadas por los esculapios parisienses para toda clase de afeeciones nerviosas-ni su bonita iglesia, ni sus hoteles y caf6s numerosos; pero si consignar6 en estos apuntes que las risuefias praderas que, le siren como de cintur6n florid, las crista-







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linas aguas que riegan con abundancia, aquellos vergeles magnificor', la multitude de bosquecillos embalsamados que brindan por todas parties al viajero sus misteriosas soledades, los passes del Jardin ingl6s y de la roca de San Pedro, hacen aquel sitio digno como el que mks de las simaptias del tourist, y digno tambi6n de haber servido de morada, durante algunas semanas a la bella consorted del tercer Napole6n, euya- huellas encontrkbamos recientes. Los habitantes de Saint-Sauveur nos las hacian notar a cada paso que dAbamos. Bajo aquel krbol, nos decian al recorder el Jardin ingl6s, se sent6 la Emperatriz la vispera de dejarnos. Esta es la fuente cuya agua usaba S. M., nos advertian cuando visithbamos el establecimiento, thermal. 1 Quieren ustedes ver el bosquecillo del Principe imperial? nos proponia luego el cicer"&: todavia, estfinesparcidas por la herbosa alfombra, las filtimas ramas de acacia que arranc6 S. A. levantAndole en brazos su augusto padre. En fm, hasta el asno que me llev6 lenta, y majestuosamente a la roca de San Pedro, habia. tenido la lionra, segfin testimony de su alquilador, de Per montado una vez por el vAstago napole6nico.
Pero ni estos region recuerdos, ni la encantadora, situaci6n de Saint-Sauveur y los atractivos de la po6tica soledad que alli goz& bamos fueron bastantes a suspender nuestro curso vagabundo. Ga-. varnie excitaba, vivamente el interns de la sociedad tourist, y unos de buena y otros de mala gana emprendimos todos la peligrosa excursi6n, provistos, por supuesto, del correspondent guia.
1 Oh! precise me es ahora exclamar a semejanza de Mine. Roland despu6s de recorder la Suiza, que "el que puede y no vista aquel lugar es un cobarde indigo de llainarse hombre."
No esperen, sin embargo, mis ami-os que intent describirles el espectAculo que la naturaleza present a mis miradas, no; vayan a contemplarlo si tienen corazon, si sienten vibrar en su alma la cuerda armoniosa que responded a todo lo bello, a todo lo sublime. Tendrkn que afrontar dificultades y fatioas, es cierto; tendrAn que seguir angostos desfiladeros, sends que serpentean por los flaws de la, cordillera suspendidos sobre abismos en cuyo fondo se oye mugir incesantemente el Gave Bearn&s que va socavando los robustos cimientos de las montafias que comprimen su leicho; palidecerin alguna vez, por valientes que sean, al verse como sepultados bajo inmensas b6vedas de colosales peflascos que amenazan 'desplomarse sobre sus cabezas... Pero en cambio de estos peligros-que no carecen de halago para los espiritus aventureros-i culintas impresiones les guardian aquellos lugares que ninglin pincel, que ninguni








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pluma, acertari nunca, a describir! La cascada de G6dres, caprichoso juego de la naturaleza que parece una Iluvia de diamantes y perlas sostenida, y balanceada en los aires sobre alas de silfos juguetones; el Caos, aquel desordenado agrupamiento de enormes masas de granite que se diria fueran hacinadas alli por brazos de los titans en su aspiraci6n de escalar el cielo, y que correspondiendo a su nombre indican ser obra de una, naturaleza afinno sujeta a ninguna ley de ammonia; Gavarnie con sus eklebres torres del Marbore, imponentes promontories de bancos calcAreos que se pierden en la regi6n do las nubes; las eternal nieves que listen como inmenso suda1,10 SUS cuspides y una parte de sus desnudos flancos; los numerosos torrents que se desatan atronadores del seno de aquella frigidas alturas, cayendo en brillantes caseadas que pasan luego bajo puentes de hielo; el famous Circo, recinto maravilloso, cerrado por Una inuralla natural do unos, quinientos metros de elevaci6n, cuyas selvAticas bellezas no aleanzaria a sofiar la mks atrevida, f antasia... todo es alli sorprendente, arrebatador, sublime. Nadie puede dar idea exacta ni aun aproximada, de aquel Circo, en que la mano de Dios ha alzado torreones y almenas colosales s6lo accessible a los hiclos que sempiternamente los corona; ha. derramado torrents quo se desprenden con impetus de los muros, y se eruzan en espumosos salts, formando cambiantes infinitos, por las leaders de dos barrancos, entre musgosas rocas, a la sombra, de seculares senos; ha precipitado el Gave con fragor espantoso, de una altura de mfis de cuatrocientos metros, extendiendo su espl6ndido arco, iris entre montes helados, que a los rayos del sol hieren los ojosj con su resplandeciente blancura.
Pero no es eso s6lo: si los amigos a quienes invite son mds audaces que yo, y pasando, del Circo Ilegan, trepando, vericuetos "I, aciales, hasta la Brecha de Roland, verAn a sus pies una alfombra de torrents que aparecen confundir-segfin dicen-sus matizados vapors, y saltarA a su vista la Catarata oriental, de la que se cuentan maravillas.
La tradici6n asegura que el bravo Roland se abri6 con su espa. da, entre hielos y rocas, aquella brecha de cien metros, dejando impresas en el cascajoso suelo--que las conserve todavia-las sefiales de las herraduras de su corcel vigorous. Nosotros renunciamos al gusto de contemplar dichas huellas y ser imitadores del h6roe que recuerdan: contentfimonos; con pasar algunos minutes en el Ciren de Gavarnie, admirando aquellos ras-os de la mano divine, ante los que son mezquinas las mks grandiosas obras del genio human.






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No habldbamos, no nos comunickbamos, ni aun por un gesto, las impressions de nuestras almas. Alli, donde no hay ni vegetaci6n que susurre, ni phjaros que canton, ni insects que oculten sus amores en las hendiduras de las peflas y en el musgo de las gorillas de las murmurantes aguas; alli, donde la naturaleza no tiene otra voz que la de los dos torrents devastadores cuyas nieblas nos envolvian; alli, donde se aglomeran ruins de los silos sin alterar el agreste primitive aspect que aun se ostenta como en el dia primer de la creaci6n; alli, a presencia de aquellas cumbres, de aquellos hielos tan antiguos como el mundo, y en el seno de la augusta soledad de que parecen guardianes, todos observdbamos involuntariamente respetuoso silencio, reconoci6ndonos indignos de asociar nuestro, d6bil acento al eco sublimemente aterrador que proclamaba &ica la omnipotencia del Artifice Eterno.
No hay compaiieros de viaje coino los franceses: enthusiasts, pe, netrantes, intelligence, cosmopolitan por instinct y por educaci6n, y poseedores de ese tacto exquisite que aprecia y comprende todos los caprichos del sentimiento y de la imaginaci6n, ellos no se quejan nunca de las molestias de una penosa march, que saben amenizar con su verbose esprit; ellos gozan de todo con expansion ardiente, se comunican a la vez que son participles de las arenas impressions, instantAneamente adivinan.
Asi no tennis que recelar de parte suya ninguna importunidad, y sentis establecerse naturalmente cierta concordancia de sensaciones e ideas que multiplica los goces de cada uno con la certeza del goee general. Tres dias hacia arenas que nos hallAbamos asociados a las doce o quince personas de la excursi6n a Gavarnie, y en tan corto ni mero de horas reinaba ya entre todos, no esa intimidated de conflanza afectuosa a que somos propensos los espafioles, pero si la ammonia de gusto, la comuni6n de impressions, la reciprocal necesidad de agradarnos, que ahuyentando contrariedades contribulan poderosamente a prestar encantos a nuestra expedici6n, y a hacer.
I .
nos senior penosamente su t6rmino proximo. Contrastando con la identidad de deseos y de interests que unia ya a los individuals de ambos sexos, que visithbamos gustosos a Gavarnie, iban tres ingle. ses, y aunque formaban parte de la caravana, no podia decirse con exactitude fuesen de la compaiiia, pues se conservaban constant. mente desviados de ella y ajenos a todas sus impressions. Aquellos hombres, que casualmente venian desde Bayona siguiendo el itinerario nuestro, hospedlindose en los mismos hotels que nosotros, y de Cauterets a Saint-Sauveur hasta ocupando asientos en el mismo







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carruaje que nos conducia, no habian, sin embargo, trocado con mi marido ni conmigo una sola palabra de urbanidad, un mero saludo silencioso. Sin saber c6mo nos hallamos con ellos entre los compafieros de la excursion filtima; mas ninguno de 6stos los conocia, ni Jos habia invitado, ni les era merecedor de la mAs leve de aquellas atenciones tan communes entre genes que viajan juntas. Los tres hijos de Albi6n formaban siempre grupo apart: jamAs emitian uil parecer, ni aventuraban una observaci6n, ni mostraban con una mi. rada siquiera ser participles de nuestros temores y placeres. lbarl en la animada expedici6n como las maletas del equipaje, mudos, impasibles, cual en movimiento involuntario a cuyos accidents no eran accesible.q.
Curioso era por cierto observarlos (mientras nos arrobhbamos todos en el Circo de Gavarnie) pasekndose indiferentemente envueltos en sus capas cenicientas y masticando de vez en cuando con majestuosa calma bizcochos que sacaban del bolsillo, sin cuya operaci6n los hubi6ramos podido tomar por fantasmas que fingian los vapors de los torrents, o por masas de hielo movidas a capricho por la fuerza del viento. Durante nuestra silenciosa contemplaci6n nadie se ocup6 de ellos; pero recuerdo que, al re(rresar a la villa, un joven burdel6s, de vivisimo ingenio, nos dijo con tono jocosamente tr6gico:
-ii0h! Esos desventurados insulates son vaciados sin duda por el mismo molde de cierto conocido mio que viniendo de recorder la Suiza, y preguntAndole qu6 era lo que mAs le habia Ilamado su atenci6n en aquel romAntico pais, respondi6 chupdndose los labios: los quesos de Gruyere: tqu6 duda cabe?
De vuelta a la villa de Gavarnie visitamos la iglesia, en que se conservan y ensefian varies calaveras de los Templarios decapitados cuando se destruy6 dicha orden, y entre las que cuenta la tradici6n que se halla la lustre cabeza de un principle de sangre real.
Nuestros ingleses se separaron alli de la caravana, y sin cuidarnos de la direcci6n que tomaban seguimos nosotros la de SaintSauveur, donde dejamos a los demAs compafieros preparando su retorno a sus respectivas ciudades, y emprendimos nosotros la traslaci6n a Bagneres-de-Bigorre, sitio predilecto de mi marido y que yo no conocia afin, pues en mis excursions anteriores s6lo me habia extendido hasta Eaux Bonnes y sus pintorescos alrededores.
Atravesamos por Luz, gracious villa sobre la Gave; otra vez por Pierrefite, pueblecillo ale.-re como todos los de los altos Pirineos; descansamos en el ya tambi6n conocido Lourdes, y pasando rkpida-







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mente por Angles y Montgayllaxd, entramos sin contratiempo en la agradable poblaci6n que es Ilamada, por algunos "metr6poli de los sitios termales de la Francia y reina de los Pirineos."


V

Bagn res de B- gorre.-Su situaci6n.-Su aspecto.-Afluencia de
baftistas de todas las nacioves.-Plaza de Cowt Toust.-Termas.
-Alojanzientos.-Vida sibarita.-IRestos de antigiiedades.-Visitas a la marmoletia, fdbrica. de. papel, alnwen-es do laiia, etc.
-Paseos y excursio-nes.-An6cdota do Mme. Cotton.

Bajo un cielo limpido y apacible, en una temperature, suave en que no se sufren jamAs ni frios ni calories excesivos, a la embocadura de un precious vaJle, al pie de una oolina revestida, de exuberante vegetaci6n, cerea del Adour, cuyas corrientes sonoras se dividend en cristalinas lines para re.-ar mejor tan bello territorio, levant Ba-neres de Bigorre su coqueto caserio de alegres colors, formando calls bien trazadas y extremadamente limpias.
Tiene aquella pequefia pero bonita ciudad su prefecture, tribunal de comercio, colegio y teatro, aseendiendo su poblaci6n fija a unas nueve mil almas. Pero I qui6n seh alarfi. el nfimero de su poblaci6n flotante de esa multitude viajera que colma todos los veranos los sitios termales de los Pirineos y que ama con preference las ben6ficas nhyades de Bigorre, que le brindan en sus cilidas urnas variedad maravillosa de linfas medicinales 7
Durante los meses de junio, julio, agosto y septiembre, y en los afios en que se prolon.-an los calories, como en el presented de que hablo, hasta fines de octubre, veis constantemente circular por las caIles aquella poblaci6n anual de ciudadanos de todas las naciones, presentando tipos de todas las classes: principles rusos que ostentan el lujo national en magnificas carretelas; despreocupadas damas inglesas que con escurridas traces de Mah6n y sombreros de anchas alas se dirigen al baflo, o a paseo, en pacifloos jumentos; ancianos enfermos y perezosos que son conducidos en c6modas sills de mano; cabalgatas de j6venes delegates de ambos sexos que hacienda galopar briosos corceles y luciendo toi7ettes de fantasia, emprenden excursions por los risuefios valleys del contorno; contrabandists aracroneses con sus fajas enearnadas y sus pafluelos de seda envolvi6ndole pintorescamente la cabeza, que a ]a vez que traflean en los







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luoares mks pfiblicos Con SUS riCos chocolates y sus descomunales navajas, bacon la corte a las vendedoras de objets de lana confeccionados en tricot de mil colors, que ellas ostentan sobre sus cabezas como nubes matizadas; perfumistas argelinos instalando en cada esquina sus cajas de esencia de rosa y pastilles del serrallo; titiriteros y mfisicos ambulances poniendo, en contribuci6n todos los bolsillos; conductors de carruajes y alquiladores de caballerias que asedian al transeunte brindfindole (au bow march) facilidad para Jas excursions distantes... Una barahunda, en fin, en que se cruzan palabras de diversos idioms y se mezelan contrasts en extrafia confusion.
Por las notches toda aquella Babel se traslada, a la hermosa plaza de Costous, donde respire las balshmicas auras de las praderas cercanas, paseindose entre alamedas de eDrpulentos filamos, y apaga el bland rumor de la bella fuente que las decor eon la ale(rre algarabia de conversations y risas.
Tal es el aspect que present Bigorre en Ins dias de su gloria, dias que aun nos permiti6 alcanzar en toda su brillantez la extraordinaria prolongaci6n del verano del 59.
No es en verdad extrafia la predilecci6n que obtiene de los bafiistas la pequefia capital de aquel department de los altos Pirineos, pues, como antes dije, ningfin sitio thermal refine la variedad do aguas que enriqueeen a Bigorre. El Gran Establecimiento eontiene baflos de las fuentes de la Reina, del Delfin, de San Roque, do Fotil6n, de Rock-Lagnes, de Carr6re Lagnes y de los Ojos.
Otros llenan sus pilas; eon Ins caudales de la Puente Nueva-LagittWre, Grand PH, Lasserre, Mora, Theas,. Pinac, SaZut, pequego Barr gztes, Versalles, y quizfi algunas mhs que no recuerdo. De las nombradas fuentes, unas son frias, otras infis o menos clients, y Im hay stilfurosas, salinas, ferruginosas y aun creo que acidu.las.
En todos Ins establecimientos encuentra el bafiista comodidades no communes, y en el de Frascatti recreos de todo genero, pues reune sal6n de mfisica, gabinete de lecture, pillar, caf6, sardines, etc.
En punto a alojamientos tambi6n es Bigorre digno de particular menci6n, pues son muy buenos todos Ins hotels abiertos para Ins forecasters, sobresaliendo el de Paris--donde nos hospedamos-, y cuya situaci6n sobre el paseo, de Ins Costous, no puede ser infis amena. Adem6s de los grades hotels, y de las casas amuebladas quo so alquilan por la temporada, los mismos establecimientos de baflos tienen bonitas habitaciones propias para Ins enfermos que necesitan la comodidad del lecho al moment de dejar la bafiadera,







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y abundant restaurants y nwisows bourgeoises, que ofreeen a los menos ricos econ6micos medics de vivir agradablemente.
En ninguna parte es Ia vida tan sibmita, como en Bigorre. Nadie piensa mfis que en divertirse. Bales, comedies, concertos, festines campestres sobre Ia hierba, a Ia sombra de seculares hayas, tiro de pistola, en que hombres y mujeres compiten en destreza, deliciosos passes a pie, excursions ma.-nificas en carruaje, a caballo o asno, todo se suede incesantemente en aquella sociedad de delegates ociosos.
Antes de dejarnos arrebatar por el turbi6n de placeres, quisimos ver tranquilamente cuanto digno de atenci6n encerrase Ia ciudad, y aunque no somos apasionados por Ia arqueologia. comenzamos por examiner los rests de monuments romans que nos dijeron existing. Redficense a tres piedras con inscripciones latina-S, de las cuales una-que adorn6 el frontispicio de un temple de Dianade que no quedan vestigios-se halla ahora deeorando una fuente; otra, que dicen ser Ia mfis antigua, se ostenta sobre el dintel de Ia puerta de una casa particular; y Ia tercera hace parte de una pilastra en el jardin de Cuzer.
Visitamos en seguida Ia iglesia de San Vicente, obra del siglo XIII; otra muy bonita recientemente concluida, ouya advocaci6n no recuerdo; una species de obelisco desde cuya altura se domino los valleys y las montaiias vecinas; Ia c6lebre marmoleria de Guerucet, donde admiramos abundance variedad de' magnificas piedras, desde el ckndido jaspe de Gabas y Ias, cristalinas estalactitas hasta los bellows mhrmoles verdes, negros, amarillos y abigarrados que suministran las canters de Campan y Beaudean. A favor de mhquinas hidrAulicas de poder en6rpqco y rapidisimo, se trabajan con facilidad y prontitud aquellas duras masas, formando toda clase de muebles y adorns, basta lindos brazaletes y ele.-antes guardajoyas. En el mismo dia recorrimos Ia notable f6brica de papel de Mr. Lasserre-en Ia que tambi6n se emplean mAquinas que simplifican en ,gran mantra ]as operaciones-y los almacenes de tejidos de lana, en que se puede uno proveer de birretes, chaquetas, paholones, manteletas, media, pantuflas y sobre todo vistosisimas colchas, o cubrepi6q, sermn alli las Ilaman. Nuestra curiosidad nos Ilev6 despu6s a los oratorios de los protestantes, euyos mejores oradores tuvimos ocasi6n-de oir. En estas visits, y en trabar conocimiento con los babitantes de nuestro botel que se nos mostraron mks simphticos, empleamos los tres primers dias pasados en Bagneres de Bigorre, comenzando luego a tomar parte en lo passes y en las exeursiones







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que est6n siempre a la orden del dia en aquella, mansion del movimiento. 6C6mo apuntar siquiera los numerosos sitios deliciosos que recorrimos sucesivamente en el breve curso, de una semana 7 6 C6mo hacer apreciar el encanto de aquellas correrias con una sociedad escogida, en que reina la libertad y la franqueza de la vida, del camPo? Imposibilitada de describirlo todo, pasar6 en silencio los amenos contornos del Monte Oliver y del Bedart, sin fijar mi atenci6n ni aun en las grutas que taladran las faldas de este filtimo en sus dos vertientes oriental y occidental: no me detendr6 en las umbrias y frescas alamedasquevistiendoun blanco del primer se extienden hasta mds alld de la fuente ferruginosa, formando, uno de los passes mAs hermosos de los que pueden hacerse a pie a cualquier hora del dia: no celebrar6 como merece la po6tica soledad de Metaon, en la que he pasado al.-linas horas. leyendo, las poesias de Lamartine entre las ruins de una ermita de capuchinos bajo la b6veda de centenarios castaflos: no transportar6 a los amigos para quienes trazo estas desalifiadas lines al bosquecillo de Mentiol, donde he bebido una tarde excellent leche a gorillas de un arroyuelo murmurante, ni al pintoresco valle de Salut, para el que salein. por moments comodisimos omnibus y donde me bafiaba, cada mariana, en linfas puras y tibias que produclan en todo mi ser un bienestar ineffable, ni siquiera al monticulo de soberbio arbGlado desde el cual he podido abarcar de una ojeada, toda la poblaci6n de Bagn6res entre sus verjeles matizados, y al fondo del valle en que se asienta alumbrado por la reverberaci6n de la luz en las elevadas cumbres de las montafias... no Ilevar6 a mis lectures a este agradable sitio, a pesar de que lo honra el nombre de la c6lebre Maintenon, que favoreci6 singularmente aquellas alamedas frondosas los afios en que visit a Bigorre acompahando al duque de Maine. Dir6, si, que almorc6, en una hermosisima mariana y en agradable compafila, delicadas truchas de la fuente de Medoux, a la sombra de un gigantesco, castafio que ha visto pasar sin duda muchas generaciones; que descansamos en seguida en una bella y herbosa gruta refrescada por corrientes de aire subterrkneo; que montando despu6s en los d6ciles jumentos que noF, Ilevaron a Medoux, y cruzando por el sender que pasa entre Camarous y Pucheton, nos trasladamos alegremente al lu,-Iar Ilamado Ast6, donde rezamos el rosario al pie de la afamada images de la Virgin Madre que posee su antigua iglesia, y para disipar de nuestro Animo la desagradable impresi6n que nos produio la vista de los habitantes de la villa, que todos estAn enfermos de papers, nos fuimos a visitor los rests del Castillo de Grant-Mont, residence,







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segfin tradici6n, de la bella Corisandra D'Andoins, objeto por algfm tempo del fogoso amor de Enrique IV, que la visitaba, con frecuenctia, en aquel retire solitario. El riachuelo que lame los cimientos del arruinado aleAzar, y en cuyas ondas hacia baflar su caballo el regio amante de la hermoga castellana, conserve, todavia con tal motivo el nombre de Lago de Borb6n. Al regresar a Bagn res pasamos por Estanfires, descansamos algunos minutes en Guerde, en la linda quinta de Mr. Dauphole, y saludamos de paso a Bars.
Otra de las excursions. que quiero mencionar, si bien ligeramente, es la que hicimos al Eliseo Cottin, subiendo por el blanco oriental de Bedat y tomando el camino de MGuly, desde cuya garganta se precipita, espumoso un riachuelo que riega con sus turbias aguas la entrada de aquel pequeflo valle, sombreado de frondosos fresnos y ele.-antes sicomoros, y defendido. por las pendientes casi verticals que le rodean, fornifindole alta muralla, de verdura salpicada de silvestres flores. Halagador es sin duda aquel asilo misterioso y fresco, en que os arrullan incesantemente el. rumor de las aguas y los gorgeous de los phjaros que pueblan a toda hora las espesas copas de los hrbol-es; pero constituia, para mi su principal attractive, el saber que en su recinto silencioso medit6 algunas de sus interesantes pfiginas la c6lebre novelist que le di6 el nombre que aun conserva. Sentada en el tronco de un Alamo tronchado, que hasta hace pocos aflos ostentaba en su corteza el lustre nombre de la aurora de Matilde y Clara de Alba, oi con singular placer a nuestro locuaz guia referirnos curiosas tradiciones del tempo en que aquella habitaba en Bigorre. He aqui, reproducida a mi mantra, una de Im mAs verosimiles.
"Sabido es que Mine. Cotton vestia comi5nmente con extremada sencillez, y si hemos de former juicio por la an6edota, que vamos a contar, y por otras de indole an6loga, hasta con cierta pobreza. PaseAbase un dia, la escritora en su retire predilecto, en su grandiose Eliseo, cuandofu6 invadido 6ste por una tropa de bahistas delegates de ambos sexos, que venian alli precisamente a leer en sociedad los mores de la bella hermana de Ricardo y el gallardo hermano. de Saladino. Vieron, sin parar la atenci6n en ella, a una mujer casi humildemente vestida, que descan-saba silenciosa al pie del Arbol a que mfis tarde venian los curiosos a leer el nombre que traz6 por entonces con su mano, y coloefindose casualmente al frente de dicho Alamo, comenz6 la lecture el joven de mhs robustos pulmones sin honrar nadie a la desconocida con un saludo, de cortesia.
Profundo. silencio, revelador de vivo interns, sucedi6 al punto al







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bu llicio que acompafi6 la entrada de aquella, turba juvenile, y no transcurrieron muchos minutes sin que se oyeran a breves intervalos exclamaciones de dulee emoci6n. La novel que se leia estaba entoneeS en el apogee de su boga: las doncellas se peinaban y prendian a lo Matilde: los mancebos usaban bigots a lo Malet Adel.
La impresi6n producida por su obra sac6 al cabo a la aurora de sus meditaciones, y pareci6 prestar curiosa, atenci6n a lo que ocurriera cerea de ella.
6No os decia-exclamaba el lector, encantado por las emociones de su auditorio-que es el libro mfis interested que ha salido de la prensa ?
-1 Oh! prorrumia una linda, dama: i es sublime 1 Nadie, ni aun Juan Jacobo, ha pintado de ese modo, la mks tierna de las passions.
-1 Cudnto daria por concern a la mujer dichosa a quien dispens6 el cielo tan singular ingenio!--decia otra.
-Yo la adivino-pronunciaba un joven sentimental-. El genio, la poesia de que estkn impregnadas estas deliciosas pfiginas, debe brillar en el rostro inspirado de la lustre novelist.
-Para comprender la magia de esa obra-observaba otro-no bay sino notar que ba animado nuestra lecture, el frio semblance de aquella pobre mujer que tenemos al frente y que hace pocio me parecia una estatua.
-Y eso-dijo una sefiorita-que poco entenderh ella de lo que leemos: su facha nos anuncia que sabe mfis de sembrar coles y lechugas que de las guerras de las Cruzadas.
Estas palabras, que se acogieron con risas, provocaron otras chanzas an6logas.
-Apostaria un almuerzo en Chateau de Cassau a que es arrendataria, de a]guna de las nietairies pr6ximas.
-Quizhs raye mfis alto: ese vestido color de hoja seca y esa postura majestuosa pueden convenir muy bien a la respectable maestro (le escuela de alguna aldea vecina.
-Sin embargo, nos mira. en este, moment con cierta sonrisilla un poco malicious.
-1 Bah! tfi poetizes, Alfredo; esa sonrisa es la de la beatitude de la ignorancia".
Nuevas carcajadas interrumpieron el difilogo. Y volvi6se en seguida a la lecture, y se acrecent6 mfis el interns hasta el punto de bacer olvidar la march de las horas. Pero comenzo' de pronto a Iloviznar, y la desconocida, tom6 entonces el sender, que por SerraMea conduce al de Labass6re. Su movimiento fu6 el que sacando de
T. V1. 3







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su. arrobamiento a. la sociedad de j6venes baflistas, les hizo advertir que caian menudas gotas que podian convertirse en verdadera Iluvia.
-Marchemos, dijo, una dama: insensiblemente hemos pasado mis de cinco horas entretenidos con la Matilde, y siento que mi est6ma.-o me avisa que pronto se comer& en Bagn6res. Adembs, ya veis que el cielo nos refresca, con un riego inesperado.
-Es una nube que pasarA al moment, repuso otra, y aun cuando se alargue un poco nuestra, march de regreso, pido la emprendamos por el mismo camino, que sigue la silenciosa, bourgeois que nos ha acompaiiado durante toda nuestra lecture.
Tengo, euriosidad de saber su opinion sobre la obra maestro de Mme. Cotton, y prometo preguntfirsela.
-i A ello! i a ello! orit6 ale-remente la compaiiia.
Sin mfis ni mfis tomaron sus caballerias, y partieron en pos de 19 que era objeto de sus chanzas.
Presto la descubrieron dando zancadas por aquellos vericueto's, con sus gruesos zapatones de cordobhn blanco, que dejaba descubiertos al reco.-er la falda de su vestido, color de hoja seca, un tanto deteriorado.
La risa, de los j6venes baffistas se renov6 estrepitosamente con tal motive, hastael punto de ahogar la voz de aquella curiosa, hermosura que habia anunciado su resoluci6n de preguntar a la desconocida, cuhl era su juicio respect al libro de moda. Varies veces comenz6su interrogaci6nacereandosu palafr6n ala viajera pedestre, y varies veces le impidi6 concluirla el impulse de risa general. Por filtimo tom6 la palabra el mancebo lector, y sacando de apuros a su bella, compafiera, dijo descaradamente a Mme. Cottin-mientras todos se aproximaban a su espalda, reteniendo, las cabalgaduras a fin de escuchar el difflogo, que iba a establecerse-: Buenas tardes, sefiora: estas nobles damas, que han observado el interns con que aparentemente atendiais a la lecture que yo tenia el honor de hacerles en el fresco retire oue acabamos de abandoner, desean saber, si no os desa-rada su curiosidad, qu6 es lo, que penshis respect a la obra en cuesti6n, que ellas declaran reina de todas las novels caballerescas, iserk ese mismo vuestro ilustrado parecer?
La inte-rrogada levant los ojos; hacia el que le hablaba, y volvi6 a bajarlos despu6s de bacerle un mudo saludo.
-iTendremos la des.-racia de que tom6is a mal nuestro desco de, entablar convers-.ci6n con vosl-dijo entonces la dama iniciadora de la pregunta.







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-Perdonad, articuM por filtimo la aurora de Matilde: me haIlaba muy lejos de sospechar ese deseo, y en cuanto al juicio que me pedis debo declararos que no puedo ser juez en la material.
_Os mostrais excesivamente modest, repuso el joven interrogador: la atenci6n con que escuchfibais la lecture, y que notaron todas estas damas, prueba que comprendlais perfectamente el m6rito de la obra.
-Pues os aseguro-dijo al punto la novelist con una gracious sonrisa-que lo que echaba dever mientras leiais eran los numerosos defects que se le escaparon a la aurora al escribir esas paginas -que logran la dicha de interesaros tanto.
-1 Oh! i Magnifico! grit6 con nueva carcajada el principal sostenedor del dihlo,o: he aqui, sefioras, que quedAis declaradas gentes de malisimo gusto, Y madame Cottin una ignorance que debiera entretenerse en tejer calcetas o birretes de lana, en vez de perder su tempo escribiendo novels.
-1 Sab6is-dijo a la escritora la dama curiosa--que no es muy conform a la excuse que ale-fibais antes la decision que acabAis de pronunciar?-i Bah! exclam6 un joven aristoerfitico, sin dejar tiempo a Alme. Cotton para responder al anterior cargo; yo hallo muy iiatural, muy 16,gico, que esta sefiora juzgue desventajosamente nuestro libro. Los que ella debe engender y amar son, estoy seguro, el Arte de canseguir gruesas patatas, y las Recetas para preserver las gallivas de pepitas y otras dolencias.
-I, Qui6n sabe?-dijo otro: yo leo en su cara que tambign es capaz de comprender a las mil maravillas las Avgcdotas honestas y recreativas de Mr. Crochg.
-Sin duda, la sefiora debe tener tan buen gusto en literature como en toilette.
-A prop6sito de toilette; Lquerri tener la amabilidad de deeirnos qu6 figurin le ha dado el model del magnifico calzado que trae ?
-Sin duda el mismo que ha iniciado, la encantadora novedad del color de la hoja seca.
-1 Ah! Mme. Cotton seria muy feliz si tomase lecciones de esta sehora tan distinguida en todos concepts.
Este diluvio de epigrams y hasta de burlas groseras, que era acompaiiado con risas insultantes, cay6 sobre la novelist sin alterar en lo mas minimo la calma de su fisonomia; pero su impasibilidad acrecent6 la insolencia de aquellos j6venes atolondrados y aque-







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Has mujeres frivolas, que no podiah perdonarle la impertinent audacia de haber hallado defects en la obra que admiraban.
Nuevos sarcasmosnuevos chistes de mala ley iban por consiguiente a serle lanzados, cuando las nubes empezaron a deshacerse en agua, y la turba burlona tuvo que meter espuelas a los caballos a fin de ganar pronto un asilo. Nadie se curo ya de la desconocida: s6lo hubo una sefiorita que aventurara cierta exclamaci6n de lfistima por la pobre mujer que iba a enlodar sus cdndidas zapatowes en aquellos senders cenagosos.
La cabalgata hizo altodelante de una casita aseada y agradable que encontr6 en su camino como brindAndole albergue, y fu6 acogida hospitalariamente por un anciano conserve y su robusta mitad. Apenas instalados nuestros viajeros en un gracious saloncillo, c&nfortableniente amueblado, torn6se a la lecture favorite para esperar sin enfado que passe el chaparr6n importuno.
Mientras tanto, los dos criados de la casa se mantenian de pie a respetuosa distaneia; pero luego que pudieron engender los nom.bres de Matilde, Lusignan, etc., se dijeron uno a otro con muestras de alegria:-10yes? sin duda son amigos de la sefiora, pesto que tilenen su libro.
-Ella sentirA mucho no estar aqui para hacer los honors de su casa.
Llegaron estas palabras a oidos de uno de los j6venes, y pregunt6 al conserve qui6n era la sehora, de quien hablaban.
-i Toma! exclam6 la mujer: 1 pues no lo sab6is 7 Es ella la que describe esas bonitas cosas.
-i C6mo! I qu6 dices ?-gritaron a la vez varies voces. b La persona en cuya morada nos hallamos es ella? ... bEs Mme. Cotton?
-Claro estA, repuso el conserve: como no vista a nadie ni se mezela en barullos, es possible que no sepan en el pueblo que habitat en estos campos; pero, yo creia que eran ustedes conocidos suyos.
-i Ah! no tenemos esa gloria; pero, la alcanzaremos hoy: lo, espero. i Qu6 felicidad!
Tras esta exclamaci6n brotaron iDnumerables de jubilosa sorpresa, cundiendo 616ctrico movimiento por toda la reunion.
-Estamos, pues, en casa de la esclarecida escritora!... i Ah! Me parece un sueflo.
-La mano que escribi6 estas p lginas que nos encantan estrecharh las nuestras dentro de algunos minutes! ... Este es verdaderamente un dia venturoso.
-b D6nde estA? I Cufindo la veremos?







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-1161a aqui ya!-pronunciaron a la vez el conserve y su esposa, en el moment en que aparecia en el umbral la mujer de los zapatos de cordobfin blanco y el vestido color de hoja seca.
-b Es possible ? i Ella!
Todos se acercaron a la escritora, balbuceando disculpas de su conduct, y alegando la difficult de adivinar el talent que se ocultaba bajo aquel exterior casi humilde.
-Querido-s j6venes-dijo por toda respuesta la aurora de Matiide, acompafiando sus- palabras con la misma sonrisa de ig-wrancia beatific que le habian notado antes sus hu6spedes-: no tengo motivos sino para daros gracias por la excesiva benevolencia que dispensAis a mi novel. En cuanto a lo demfis, ya estAis viendo que en el mundo todo mal aleanza compensaci6n: si un traje feo y un calzado ordinario nos exponent al disgust de ser juzcados indignos de la consideraci6n de personas tan comm'il faut cual vosotros, proporciona en cambio las ventajas de poder andar a pie por esas brefias, con Iluvias y con lodos, sin echar a perder telas cuyo imported seria la felicidad de una familiar, y sin que mojAndonos los pies nos resulted cuando menos un inc6modo catarro."


vi

Los tres higleges.-Nwevas excitrs es.-Ascensi6n al Pico del Mediodia.-El Campo de Cgsar.-El lago azul.-Un ene"Wro.Curiosidad mia y condescandencia de nwstro g7tia, qu-e se dispoiie a referirnie, ura historic extrafia .. ... ... .........

Volvimos de nuestro paseo al Eliseo Cottin por el mismo camino que lo liable hecho la cabalgata de burlones bafiistas en pos de aquella distinguida mujer, cuyo retrato---que se conserve en la, casita que habit, y que ocupa hoy un honrado, paisano--tuvimos el gusto de contemplar al paso.
EntrAbamos en el hotel precisamente cuando, iba a servirse la comi(b, y al acerearnos a la mesa lo primer que vimos fu6 a los tres ingleses de la excursion de Gavarnie, sentfindose tan series, tan estirados como de costumbre, sin mirar, ni hablar a nadie, pero, haciendo honor a los apetitosos manjares de que se cubre cada dia abundantemente la mesa redonda del hotel de Paris. Trat6se durante la comida de la excursion de aquel dia y de la que deblamos hacer al siguiente: nuestros insulates no prestaban al parecer el







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menor interns a la conversaci6n; pero cuando al despertar la aurora nos reuniamos los expedicionarios en el sal6n del hotel para tomar caM y emprenderen seguida nuestra alegre correria, hallamos alli, de los primers, a los tres fantasmas de capas cenicientas y sombreros hongos, dispuestos a seguirnos mudos, sin deponer en lo mfis minimo -sa gravedad albionesa.
Eran las cinco de la mariana cuando los carruajes que nos conduclan tomaban ruidosamente la direcci6n del valle de Campam, cuya antigua celebridad ha decaldo bastante sin que por eso pierdan los baflistas el hfibito de contarlo entre los sitios mfis dignos de ser visitados. La madru,,ada era deliciosa: el aire puro de las montafias dilataba nuestros pechos, mientras la vista admiraba las beHas franjas de plata, zafiro y rosa, que se extending sobre las cumbres, de oriented, suavemente iluminadas por los primers rayos del astro del dia, y el. oido se recreaba con los efinticos de los pajarMos que poblaban las frondosas arboledas, dilatadas por ambos lados del camino, los susurros de las ramas que cimbraban destilando rocio, los zumbidos de los mil ins ectos albergados bajo las hierbas floridas, y el d6bil rumor de los p6quefios manantiales que brotan invisibles de entre la maleza, formando a poco trecho. charquillos euyas turbias aguas baten los finades silvestres con sus alas tornasoladas. La naturaleza parecia sonreirnos regocijada con sus galas matinales, y saludarnos con las armonlas inefables de sus misteriosas voces.
iCuin irida, cuAn fria tiene que ser el alma que no ama los campos, que no ha sabido gozar nunca de los encantos de una alborada, o de una puesta del sol, en la risuefia soledad de los valleys, o en el grave silencio de las montafias! Yo formo desde luego tristisima idea de esos seres sin instinct po6tico, cuyo espiritu. no encuentra. asueto sino en el tumult de las grades ciudades, cuyo coraz6n s6lo se agita al impulse de passions egoistas, de interests mezquinos, sin comprender los latidos de la vida intim a que ensanchan el pecho a presencia de Dios, en medio de sus magnificas obras, sin concebir la necesidad de poseerse a si mismo en el seno de la naturaleza, de que es rey el hombre por el pensamiento, que la sujeta y se la explica.
Arrobada por el especticulo de un bello amanecer entre paisajes encantadores, no me daba cuenta ni aun del nombre di los sitios que ibamos atravesando, y asi me encontr6 en Beaudean, sin apercibirme de que dejaba a mi espalda punts que ya me eran conocidos. En aqu6l nos detuvimos poco, y lo mismo en Campam,







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pues Suantes, famous gruta que han celebrado los viajeros por sus b6vedas y decoraciones de brillantes estalactitas, se halla al presente tan despojada que no merece se empleen horas preciosas en examinarla despacio.
Continuamos por tanto nuestra march, dirigi6ndonos a Gripp, y pronto echamos de ver que sucedia la several, y majqstuosa. naturaleza de las regions. elevadas a la lozana y gracious de los bajos valleys, que hasta entonces nos habia sonreido.
Caminfibamos mirando a un lado grupos de seculares Arboles que guarnecen pendientes rocallosas, y al otro veiamos desenvolverse progresivamente el fondo del valle, ahondado, por las rfipidas corrientes del Adour, cuyos ecos parecian rodar a nuestros pies.
La cafiada se va estrechando mds y mds, en t6rminos. que Ilega uno a encontrarse como oprimido en la estrechura de una garganta sombria; pero en el moment en que empezfiis a senior cierta pavura (que no carece de halago) os anuncia el gula que vais a Ilegar a la hospitalaria posada en que se os prepare para el regreso un opiparo banquet.
Nosotros aplaudimos jubilosos'tan buena noticia: trocamos los c6modos coaches por mal perjefiados asnos (en los que era un gusto ver montados majestuosamente a nuestros tres ingleses, que ni por eso soltaban una palabra o dejaban vislumbrar una sonrisa), y continuamos la march dkndonos reciprocal bromas sobre el aspect que presenthbamos en nuestras rozagantes cabalgaduras.
El trecho que tenlamos que andar no era largo, pero si penoso. Trepkbamos una cuesta empinada que fatigaba, mucho mfis que a nosotros los espafioles, a los franceses, acostumbrados a excelen-tes casinos. Nadie emperor se quejaba; antes bien, cantaban y reian todos, amenizando el mal paso con chistes, muchos de ellos a costa de las capas cenicientas, que conservaban su imperturbabilidad maravillosa. Present6senos de pronto un lindo verge sembrado de algunas chozas de pastors, y que es conocido por el nombre de Cabafias de Artigues.
Nada mAs bonito que aquel pequeflo oasis atravesado por argentadas cintas de cristalinas aguas, y cuyo attractive aumentaba para mi la idea de que en breve serial abandonadas aquellas pintoreseas chozas y eonvertida la verde hondonada, en que se asientan en una never intransitable. A breve distancia de las Cabaflas de Artigues nos hallamos a gorillas. del Adour, pasamos dicho, rio por un puente de madera, y no tardanios en contemplar las graciosas caseadas, t6rmino por entonces de nuestra, excursi6n. Descansamos un







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rato en aquel agradable sitio, hasta. que el sol, acariciindonos demasiado, nos oblige a abandonarlo, no sin volver la cabeza mientras pudimos distinguir los bellows cambiantes que formaban los rayos del padre de la luz en las espumosas linfas que escapan, resucitfinddse con estruendo, de los flancos de los picos de.,Bastanute.
De vuelta a la posada. despachamos alegremente las ricas magras de jam6n, los huevos, las truchas y los polls de que fu6 cubierto en un abrir y cerrar de ojos el blanco mantel que ya se ostentaba, cuando llegamos, tendido sobre anch-i mesa de pino.
La tarde la entretuvimos en recorder a pie las cereanias, y las primers horas de la. noche se pasaron sin fastidio en juegos de prendas y en proyeetos de futures expediciones. Luego eada mochuelo se recogi6 a su olivo, segfm la. frase andaluza, y debo decir, en honor de la posada de Gripp, que nada nos impidi6 dormir como unos principles, si es que los princ ipes duermen bien.
Muy de madrugada, nos volvimos a reunir, dispuestos todos pa.ra. la nueva. grandiose excursi6n sefialada. para. aquel dia. lbamos a verificar la asceusi6n del Pico del Mediodia (Pie du Midi), uno de los punts mds altos de los Pirineos.
La niebla era tan espesa cuando emprendimos la march que nos envolvia. como un tupido velo, al trav6s del cual todos los objetos tenian algo de vago y de finUstico; por mantra. que nos pareeiamos unos a otros fantasmas silenciosos cabalgando en los vapors de aquellas, veredas solitarias. Pasamos, sin verlos, por parades conocidos del dia anterior, y dejando a la. izquierda las Cabafias de Artigues, comenzamos a subir la. agria cuesta Ilamada L'Escalette, a cuyo t6rmino un primer rayo de sol, que logr6 hacerse paso un instante por entre las brumas, nos permiti6 distinguir el vallecito de Tramesaygues, y en lontananza los confuses contornos de la. gigantesca. cumbre que ibamos a visitor. Nuestros oldos fueron casi al mismo tempo atronados por no s6 cufintos salts de agua, que uniendo sus vapors a los de la atm6sfera, a tales horas y en aquellas, alturas, nos hicieron completamente impossible el vernos los unos a los otros. Cada cual se entreg6 a ciegas al conductor de su caballeria, y bajo tan expert direcci6n seguimos por largo tempo, los pliegues y repliegues de un hermoso sender, pareci6ndonos nuestros abrigos --- que eran todos de paflo-ligeros tules que traspasaba. a su placer el. aire frio y punzante del puerto de Tourmalet y el que sopla de la helada cima del Pie de Espade, que domino. aquel trozo de naturaleza. salvage.
Descendiendo en seguida por ramps un poco violentas fuimos







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a salir al camino de Barejes, y'algo despu6s-comenzando ya. las nieblas a ser mfis dififanas-nos encontramos a las gorillas del lago de Oneet, donde hicimos alto para dar descanso a las caballerias y tomarlo nosotros.
Puestos de nuevo en march. nos trasladamos al p4raje conocido por el nombre de Horquilla de los cinco osos, y sigifi6do el zig-zag de asperisima pendiente, ganamos por fin la meseta. que antecede a la cumbre pyramidal y, que pretendiamos ver. Dejamos AM las caballerias y a pie, y le-ntamente-pues algunos de los expedicionarios eran personas de pecho delicado-subimos al poster tramo, por decirlo asi, de aquella altura, de 2,877 metros.
i EstAbamos ya en el Pico del Mediodia!
1 Qu6 panorama magnifico se despleg6 a nuestros ojos, iluminado por resplendent sol, que parecla, haber reservado de intent los tesoros de su luz a fin de derramarlos con mfis munificencia en. aquel cuadro grandiose!
Veiamos a nuestros pies el. verge de Luz y las asperezas de la garganta de Bareges, y en diversos t6rminos encontraban nuestras miradas, al tenders por -el rico pais que dominibamos, los firtiles valleys de Bigorre, los prados y las collins de Bearn, y ciudades que semejaban pequefias manchas blanqueemas, y cadenas de picachos caprichosamente cortados que nos deslumbraban con su manto de perdurables nieves...
i Oh 1 El hombre menos pensador se senate sin duda alguna ffi6sofo al respirar en la majestuosa. soledad de las grandiosas alturas.
AM, donde las miradas se pierden por inmensos horizontes, i4qu6 pequefias parecen las aspiraciones de aquellos que por un. palmo mfis de tierra sullen derramar la sangre de los pueblos! Alli, donde no Regan los ruidos de las ciudades, donde 6stas se os presentan. como pimtos casi imperceptibles, i qu6 risibles se nos figuran sus pompas, sus convenciones sociales!... i Qu6 desprendidos nos hallamos de las mezquinas passions, de los frivalos interests que agitan aqueHos hormigueros humans que vemos a nuestros pies!
El alma parece que se senate menos oprimida, por los lazos del cuerpo-que indudablemente se aligera en aquel ambience rarefacto
-y cual el figuila, cuando se remonta libre. por las regions del aire, puede mirar al. --ielo y beber los destellos de su luz.
Los habitantes de las montafias deben. aer naturalmente religiosos: el infinite se les revela de manera mfis sensible, mfis continua que a los que s6lo ven el. cielo desde terrenos bajos. Cerca de una. hora pasamos embelesados en aquel magnifico observatorio, desde el.







42 OBBAS DE LA AVFajLANEDA

cual los que me Ilevaban la ventaja de poster una buena vista distinguian-segfin aseguraban--sin auxilio de anteojos, no solamente a Bagn6res y Lourdes sino tambi6n a Tarbes, Pau, St. Gardens, Miranda y Gavarnie con sus torres de Marbor6 Y la Brecha de Roland.
Al retornar a Bagn6res bajamos hasta la Horquilla de los cinco osos, y tomando alli el sender de Tramesaygues, penetramos-no sin fatigarnos bastante-hasta el fresco seno de Arises, desde donde, costeando la izquierda del r1o, fuimos a salir cerca de las ya conocidas Cabaflas de Artigues, ganando poco despu6s la carretera de Gripp, por la que llegamos a Bagn6res mucho antes de la hora de comer.
El cansancio production por aquella magna excursion nos oblige a limitarnos al dia siguiente a un corto paseo en jumento a la graciosa colina que Ileva el nombre del h6roe de Farsalia. Una inscripci6n roman y algunos trofeos de guerra encontrados en aquel sitio dieron origin a la no muy justificada creencia de que el veneedor de los galos habia tenido alli campamento. Lo que nos pareci6 fuera de duda es que el Campo del C6sar-conv6n-ale o no esta denominaci6n-es un lugar encantador, donde pasamos deliciosamente algunas horas comiendo melocotones riquisimos, regalados por nuestro galante guia, que se me habia aficionado singularmente por la aflci6n e interns -con que yo escuiohaba los relates que nos hacia de tradiciones antiguas y an6cdotas moderns, pues de todo estaba pro, visto aquel model de cieerovi.
Amaneci6 un nuevo dia, y con sus primers albores emprendimos la filtima de las excursions que pudimos hacer en los alrededores de Bagn6res. Tratkbase aquella vez de contemplar los dos hermosos lagos, cuyas aguas presentaban el mks hermoso azul del cielo, y el mks lozano vendor de las campiflas. Los tres ingleses fueron, por supuesto, de los primers expedicionarios, y, por supuesto tambi6n, ostentaban sus capas cenicientas y sus caras purpfireas y respectable.
Tomamos la ruta de Campam, atravesamos a Beaudeau, seguimos la gorilla izquierda del Adour, y no tardamos mucho en respirar las saves auras matinales en el bellisimo valle de Lespone, cu-yas faldas cubren gigantescos pinos, mientras los copudos nogales, las majestuosas hayas y los delegates Alamos sombrean su fondo, arrullindole con el susurro de sus hojosos ramajes.
Pasando el Adour, y a la entrada de la garganta que sube hasta el Lago Azul, se present a la vista un bosquecillo incomparable, donde tomamos un corto refrigerio, halagados a la vez por el balsk-







MISCELINEA 43

mico olor de las hierbas aromdticas que nos prestaban alfombra y por el lindo espec tAculo de numerosas cascaditas, que Regan con agradable ruido a saludar la encantada soledad de aquel misterioso oasis.
Terminado nuestra frugal desayuno seguimos flanqueando, el rio por un sender algo, molest en que encontramos sucesivamente dos obsUculos que a primer vista parecen insuperables: 11hmanse el Paso del Cabr6n y el Paso del Oso, y consisted el primer en una altura perpendicular que se os present, como cerrando el camino, y el otro en un precipicio que de pronto os horripila, torque no veis modo de salvarlo sin peligro. Todo ello ampliamente compensado por el encanto que embargo duleemente vuestra alma contemplando aquel inmenso y magnifico lago, cuyas ondas han robado al ci-lo su color mfis hermoso (1).


VII

Partida de Bagn res.-Llegada a Tarbes.-Breve descripci6n de
aquella antigua capital de Bigorre.-El caballo, de Abd-el-Kader.-Las "coquilles aux Champignms".-Otra vez los tres ingleses.-Mont de Marsan.-Regreso a Bayona.-Salida para Espaiia.-Aun todavia los ivgleses.

Carts recibidas de Espafia habian inspirado a mi marido la resoluci6n de volver a Madrid cuanto antes.
Dejamos, pues, a Bagn6res el siete de octubre, y emprendimos nuestro regreso, dirigi6ndonos a Tarbes pAra tomar alli el ferrocarril y entrar en Bayona atravesando a Mont de Marsan. La antigua, capital del Bigorre es una poblaci6n de unos catorce a quince mil habitantes, situada deliciosamente sobre el Adour, erigida en Obispado desde el siglo IV, y poseedora, actualmente de una prefecture, un gran semi.nario, un liceo y una escuela de dibujq y de agricultura, una sociedad de bells letras y otra de agriculture, teatro, biblioteca y un magnifico establecimiento de cria caballar. Las calls
-re.-adas muehas de ellas por las cristalinas aguas del rio-son anchas, limpias y bien empedradas; las casas en su mayoria de


(1) Sigue La ondina del lago azut, insert en la presented edicift, tomo V, pig. 663.







41 OBRAS DE LA AVELLANEDA

agradable. aspect y buenas luces; los passed pfiblicos bonitos y esmeradamente cuidados.
Aunque s6lo nos detuvimos en Tarbes menos de cuarenta y oeho horas, visitamos la cathedral, donde admiral los viajeros una soberbia efipula sostenida por columns de bellisimo mfirmol antiguo, importado de Italia; el palacio episcopal, de majestuosa fachada; la plaza de Maubourget, junto a la cual se ostenta una de las mejores casas de baflos que he visto en los Pirineos; otra plaza hermosa donde se celebrant grades mercados dos veces al mes; el paseo flamado del Prado, que es muy agradable; y ademAs various sardines graciosos que adornan las cercarias, deteni6ndonos por filtimo algunos instances en el acaballadero, mencionado antes. Alli nos mostraron soberbios caballos padres que han costado al gobierno ciento cincuenta y hasta doscientos mil francs, pero ninguno nos llam6 la atenei6n como uno drabe, de color blanco y elegant cabeza, que fu6 el filtimo montado por Ab-el-Kader durante la guerra, y que es el primer que yo he visto presentando exteriormente sefiales caracteristicas de la vejez. Aquel hermoso bruto, que aun conserve. su poder prolifico, como la fogosidad de su mirada intelligent, esti ya deslustrado, el belfo caido, salpicada ]a piel de manchas anormales, que a no ser blanco el color general del caballo podrian distinguirse como canas.
Tiene el venerable cuadrfipedo su correspondent genealogia documented, como comprobante de la pureza de su raza.
Eran las seis de la tarde cuando terminfibamos nuestras pequefias correrias por la ciudad, y acudimos de prisa a nuestro hotel curiosos de poder explicarnos ]a solemnidad con que habiamos sido advertidos, primer por la camarera, despu6s por uno de los sirvientes de la mesa, y filtimamente por la misma sefiora de la casa, de que aquel dia tendriamos en la comida "coquilles aux champignon".
Sirvi6se, en effect, el tan anunciado plato, y no necesit6 mfis que probarlo para declarer justisima la importance prestada a su aparici6n. Aquel plato es la especialidad de Tarbes, su timbre mfis afamado, su gloria mfis indisputable. Todo forastero debe reputar, y repute obligatorio, como se detenga alli siquiera una hora, 61 hacer honor con su buen apetito al manjar privilegiado.
Menos perderia cualquiera en el concept de un hijo de Bigorre confesando haber estado en Roma sin ver la basilica de San Pedro, en Granada sin concern la Alhambra, en Ginebra sin visitor su dlebre lago, en Egipto sin pararse delante de las Pirfimides, que si







MISCELiNEA 45

dejase traslucir que sali6 de Tarbes sin Ilenar su. est6mago, una vez al MenoS, de coquilles aux champignan.
En honor de la verdad debo decir, y digo, que Is cosa merece su fama, y que no acabo. nunca de admirer c6mo un gpiso de mariscos y setas alcanza en Tarbes cierto sabor delicioso que no se asemeja al de los mariscos y setas de cualquiera otra parte. Estaba yo dando excellent cuenta de la raci6n que me cupo, cuando not6 que mi marido me tocaba con el codo repetidas veces.
Volvime a 61, segui la direcci6n de sus ojos, y tropezaron los mlos inmediatamente con nuestros ya conocidisimos ingleses, que se acercaban a tomar pesto en Is, mesa. Aquellos tres hombres eran nuestra sombra. A pesar de toda su gravedad no pudieron dejar de sonreirse, como nosotros, en vista de Is constancia de Is casualidad que se empefiaba en reuDirnos. Aquella vez es precise convenir en que dicha casualidad perseverance les sirvi6 a maravil-la, pesto que les proporcion6 Is dicha de comer coquilles aux champions acabando de Ilegar a Is venturosa ciudad que Ileva el cetro de Is coiifecei6n mencionada.
Cuando ibamos a tomar el tren, al dia siguiente, lo primer que vimos en Is calle fu6 la trinidad albionesd, y creyendo yo que se iba con nosotros exclam6 exabrupto, dirigi6ndome a ellos: i Qu6 I tambi6n vienen ustedes a Mont de Marsan?... jEstarh escrito que seamos inseparable?
El de mfis edad me contest en castellano-aunque yo habla usado franc6s:-No tenemos esa buena suerte, seflora; pero nos serA muy lisonjero que sun volvamos alguna otra vez a encontrarnos por este mundo.
-Hasta el otro me parece a mi que han de seguirnos ustedes les contest sonriendo-; asi es que deseo doblemente que no me toque allA mal parade.
Realizada, c6moda, rApida y divertidamente por la via Urrea, nuestra traslaci6n a Mont de Marsan, estuximos alli las horas necesarias pars, poder decir que su aspect es agradable, y que uno de sus passes, Hamado Is Petimi6re, es verdaderamente fresco, variado y lindo. Por lo demfis I qui6n ignore que aquella cabeza de las Lands posee prefec.tura, Cour d'assises, colegio, teatro, biblioteca Pfiblica, establecimientos de bafios, y todo lo bueno y comfortable que se halls, siempre en Francis, sun en poblaciones de tercer orden?
Volvimos a entrar en Bayona el mismo dia en que se preparaba Is partida de Is familiar imperial pars, Paris. Nosotros, por nuestra parte, aprovechamos el primer carruaje que salia pars, Vitoria-







46 OBRAS DE LA AVELLANEDA

pues las diligencias de Madrid todas estaban tomadas-, a fin de irnos aproximando a la coronada vi-Ila. 6Y qu6 objets presumes, queridos lectures, que lialagarian nuestra vista en el moment de poner el pie en el estribo? 1Ali! ya lo habr6is adivinado, torque el picaro azar se ha complacido, durante mi filtima excursion por log Pirineos, en mostrarse capaz de una tenacidad invincible. Si; no os en-afidis; los tres ingleses fuerou nuestros compafieros de viaje al regresar a Espafia, como lo habian sido durante nuestras excursiones al Mediodia de Francia.

Nota additional.

El 23 de octubre, a las doce del dia, pr6ximamente, desatracaba del muel-le de Alicante el vapor de guerra San F4rancisco de Borja, y hacia rumbo a CAdiz, surcando majestuosamente las olas como orgulloso de la lustre carga, que Ilevaba.
Todos saben que venian en aquel buque el Excelentisimo seflor Capitkn General don Francisco Serrano y su bellisima consorted la joven Condesa de San Antonio.
Various sabrdn tambi6n que tocamos en Chdiz para recoger viveres que alli habia preparados y a1gunas personas destinadas a acompafiar al General.
Lo que de seguro no sabe nadie-y yo quiero decir hoy a log que se hayan tomato la molestia de leer log desalifiados apuntes de viaje cuyas filtimas pfiginas insert el presented nfimero del Diario de la Marina-es que cuando desembarcamos en las risueflas playas gaditanas, el dia 28 del citado mes, vimos, sin poder dudar de ]a verdad de la -.-isi6n--que los tres ingleses nos aguardaban en ellas.
Hospeddmonos en una fonda, la primer que hallamos de las muebas que cuenta aquella ciudad, tan favorecida por bu6spedes transeuntes, y al sentarnos a la mesa nos encontramos al frente. a los tres ingleses.
Estoy segura de que el dia menos pensado, a la vuelta de cua& quier esquina en la Habana, o a la salida de alguno de los cenadorcillos de la Plaza de Armas de Cienfuegos, o aun aqui, en el herinoso potrero de la Esperanza (donde trazo estas liness, surgiendo sfibitamente detrfis de algfin mangle, o tamarind, he de ver a log tres ingleses con sus capas cenicientas y sus sombreros hon-os (1).

(1) Esta narraci6n vi6 ]a luz en publicaci6n discontinue que empez6 el 19 de Junio y termin6 el 28 de Julio de 1860, en el Diario de la Marina, de 19








MISCELINEA 47


Habana. Fu6 insertada en forma de folletin, y se divide en ackpites sef alados con n6meros romanos hasta el X, que es el filtimo, siendo notable ]a omisi6n del nfimero IX. El nfimero II contiene la leyenda de Avendaflo y Etvira. Suprimidas en el presented esta leyenda y La ondina del lago azul, per haber sido ya incluidas entre las obras del mismo g6nero que eontiene el tomo V, la numeraci6n ha tenido que ser a la par alterada y reducida.
Por lo que so vork en ]a carta que sigue, con quo aparece encabezada ]a narraci6n en el Diario de la Marina, la aurora no puli6 mucho el lenguaje de esta obra, liecha mAs para ]a vida efimera del peri6dco que para la permanento del libro, aunque, hallAndose en el texto los earacteres propios del estilo do ]a Avellaneda, parece indudable que algo mfis que notas debi6 remitir al D ario, o que, ellas ya impress, hubo de enlazarlas con mfis o menos cuidado a] corregir ]as prueba.9, dotAndolas de la unidad y del orden con que fueron publicadas. El ffltimo p[Lrrafo de la earta pareee indicar lo primer. En cuanto al desaliflo de que se acusa la escritora, si puede notarse en alganos pasajes de esta narraci6n, do ningfin modo se advierte en las dos leyendas o tradiciones que ingert6 en esta obra, y que con alguna muy leve modificaci6n, y sin mayor pulimento, pasaron al tomo V do sus Obras campletas: su gusto exigento y su juicio severe no ]as encontraron indignas de ]a colecei6n.

Dice as! ]a carta que arriba so cita:
"Seflor Director del Diario de Ta Marina:
I'Afi estimado amigo: Como si presintiese quo habia de abandoner pr6ximamente el suelo de Europa, quise en mi excursion veraniega del afio filtimo recorder los sitios mAs notables do los Pirineos capaiioles y franceses, tomando notas de ]as tradiciones que los poctizan. Mi prop6sito era escribir mfis tarde algunas curiosas pfiginas de impressions y recuerdos, para corresponded a los amigos que se reunion en mi modest easa una vez per semana, amenizando nuestra pequefia reunion con la lecture de sus trabajos literarios in6ditoo.
"El prop6sito indicado no pudo realizarse, torque a Ios diez dias de mi regreso a Afadrid me hallaba con mi marido a bordo del San Franci8co do Borja, destinado a condueir al lustre caudillo que boy rige los deatinos do la Mantilla reina de estas bermosas playas, en que plugo al cielo, colocar mi euna.
"Revueltos entre fbrragos de manuseritos venian conmigo los ligeros apuntes tomados en mi indicada excursion, tan borrosos por cierto, y tan poco intelligible, que sun yo misma he necesitado esfuerzos de mernoria para descifrarlos, cuando se me ocurri6 la idea de que acaso no le vendrian mal a usted para folletines de su appreciable Diario.
"Mi primer intenci6n de fundar sobre aquellas notas un extenso y agradable relate do mi filtima correria, realzando cuanto pudiera el interns, de las tradiciones (recogidas en tin pais en quo son tan abundantes), me pareei6 imposible despuAs do haberse borrado do mi mente multitude de datos con quo contaba para auxiliaT IOS consignados en el papel, que eran por desgracia los menos. Pero a falta do bonitas narraciones poda dar a usted, amigo mio, los Inismos apuntes destinados a servirles de base, pues lo que desmereciesen per incompletos y desalifiados lo ganarian acaso por la sencillez y verdad que earacteriza todo lo que se describe para si mismo, sin pretensions de embellecer y abrillantar ]as cosas eon ropajes de la fantasia.
"Esto pens6 y esto hago. AhI van mis borradores; usted les dark el destine quo mejor le parezea, come tambi6n a estas lines que les siren de eneabezamiento.-B. S. M.-Nota do la comisi6n editor.



























PAGINAS CRITICS



















T. V1.
























ASPASIA


Naci6 Aspasia en Mileto, ciudad de Jonia, y recibi6 su educaP.i6D en Atenas. La extraordinary belleza con que la favoreci6 el cielo no debe ser apreciada como su primer titulo a la fama que alcanz6 entre los griegos y que nos ha sido transmitida al trav6s de las edades: la lustre mujer que enriquece hoy la interested Galeria que vamos presentando a nuestros lectures (1), fu6 tambi6n uno de los mks bellows talents del siglo de Pericles, uno de los astros esplendorosos que brillaron en el cielo de la Grecia en aquellos filtimos tempos de su dominaci6n y de su gloria.
La morada de Aspasia, temple de la hermosura y de las artes, reuni6 desde luego cuanto de mks select encerraba en su recinto la ciudad de Minerva; y S6crates, Pericles y Alcibiades no se desdefiaban de recibir de la joven milesiana leeciones de elocuencia. Honrfibanse igualmente con tenerla por maestro las doncellas mks distinguidas, y esta circunstancia presta grande apoyo a la opinion de los que juzgan calumnies de la envidia y de la maledicencia cuantas acusaciones se lanzaron. contra las costumbres de Aspasia; pues-como observe con justicia uno de sus bi6grafos-o su conduct no era en realidad la que sus enemigos le atribuian, o toda Atenas era tan corrompida como ella, pesto que los hombres mks ilustres enviaban sus hijas para que se instruyesen en su escuela.
Prendado ciegamente Pericles de los encantos de la bella preceptora, repudi6 a su muier para elevarla a su thlamo, redoblfindose entonces, oomo era consiguiente, las ensafiadas censures. El partido

(1) La que publicaba el Album cubano de lo bueno y de lo bello.-Nota de la COmWn editor.







52 OBRAS DE LA AVELLANIEDA

adversario de aquel grande hombre, queriendo herirle en lo mks vi, vo, del alma, llev6 su encarnizamiento hasta el extreme de acusar a
-A.spasia ante el Areopago como corruptora de las costumbres pfi glicas. Pericles se present al tribunal acompaiiando a su nueva esposa, y 6sta, alentada en vista del tranquilo e imponente aspect del que tenia en sus manos los destines de Grecia, pronunci6 su defense con elocuencia tan irresistible que, d6jando confundidos a sus acusadores, arranc6 de los juices complete justificaci6n.
No desistieron, sin embargo, los furiosos contraries de Peri. cles, y en otra ocasi6n volvi6 a ser acusada, la mujer por cuya in. fluencia le supGnian dirigido. Pretendiase probar entonces que As. pasia era impia, pues no prestaba cr6dito, al poder de los doses y se burlaba de los effects que eran atribuidos a las constelaciones celestes: acusaci6n que si era fundada nos prueba boy la superioridad de la que fu6 objeto de elia. Severe el Are6pago respect a esta clase de faltas, oy6 sin desarrugar el cefio un bello discurso en que Pericles intent justificar a su esposa, y notfindolo ella, y vivamente afectada por el recuerdo de ]as graves penas con que era castigada, la impiedad, prorrumpi6 de repented en Ifigrimas y sollozos. Pericles-que sabia por propia experience cuhn bella era Aspasia cuando la poetizaba el dolor-se aprovecha hibilmente de aquel instance, y arrancando el velo que cubre a la acusada, muestra su rostro hechicero inundado, en cristalino Ilanto. Los aeropagitas, fascinados y conmovidos, decretan al punto la absoluci6n.
El poder de Aspasia sobre el coraz6n de su marido fu6 verdaderamente ilimitado, segfin los historiadores, y aun parece cierto que abus6 de 61 alguna vez para satisfacer venganzas imprudentes. Se le acusa de haber hecho emprender a los atenienses una guerra, origin de otra mfis larga que la c6lebre de Troya (1), por castigar a unos j6venes megarienses del rapto de dos discipulas suyas. Sea de esto lo que fuere, nadie puede negarle a Aspasia la gloria de haber contribuido, poderosamente a inspirar a los atenienses; el gusto por las bells artes, de haberles dejado una academia de elocuencia, y poesia, de que durante su influence, en fin, alcanz6 aquel pueblocuya decadencia fu6 luego tan rhpida-el brilliant apogee de su ilustraci6n y de su gloria (2).


(1) Album cubano de lo bueno y lo bello. Pfigs. 300-301.-N. de la C. B.
(2) La guerra del Peloponeso, que fu6 emprendida por mocorrer a los megarienses, e indemnizarlos do los estragos que hizo Pericles on su torritorio.





















CATALINA 11


Pocas figures nos present la historic, que igualen en brillantez a la de la segunda, Catalina que empufi6 el cetro de Pedro el Grande. Hija del Principe de Anahalt Zerbst, vi6 la luz en Stellin el 25 de abril de 1729 y se cas6 con el heredero de Rusia en 1745, contando por eonsiguiente diez y seis afios.
No eran las cualidades ni la conduct del principle Pedro Alexiowitsch las mis propias para inspirar respect y amor a un alma superior como la que poseia Catalina, de lo que result que aquel matrinimio present desde su principio sintomas indudables de desave.iencia y discordia. Fu6 mds ostensible esta desgracia cuando por muerte de Isabel-emperatriz reinante, e hija de Catalina primera--cifi6 sus scenes con la corona, de aquellos vastos dominion el sobrino a quien design para sucederla, y que no era por cierto menos digno de tal honra que la de poster a la princess mis bella y distinguida de su siglo.
Coronado Pedro en 1761, di6 a engender bien a las claras, en el absolute desprecio con que trataba a su esposa y al hijo que de ella tenia, que no estaba remote el moment en que se la viese lanzada por un repudio del solio que abrillantaba. con su talent y sus gracias; pero no habia contado sin duda con la. varonil energia de aquella audaz mujer. Aprovech6ndose sagazmente Catalina del descontento general que concitaban los desaciertos y vicious del marido, a cuyos desprecios correspondia con creches, supo ganarle de mano suplantkndolo en el trono, del que fu6 ignominiosamente despojado. Hizose esta gran revoluci6n con rapidez y facilidad tan incredible que pasmada Europa, arenas acert6 a comprender si debia condenarla o aplaudirla.
El desposeido Czar fu6 obligado, a renunciar solemnemente sus







54 OBRAS DE LA AVELLANEDA

dereehos, y Catalina-como representative y sostenedora de los de su hijo-empufi6 el cetro de Rusia y supo mostrar desde sus pri. meras disposiciomes que no era indigna de aquella gloria.
b-Serg ciertoque la manch6,sinembargo, con la sangredel hombre cuyo tilamo habia compartido I La muerte de Pedro, acaecida siete dias despu6s de firmer su deshonra, I deberh ser atribuida-como juzgan algunos-al dolor violent de su inaudita caida, o-como piensan los nifis-a los effects de un t6sigo, que indudablemente no pudo administrArsele sin consentimiento de la Czarina?
No atrevi6ndonos a resolver tan delicada cuesti6n, nos limitare. mos a decir que-como si quisiera borrar todos los recuerdos qu6 reconocia nublos de su esplendor-Catalina despleg6 tan fecundo anhelo por la prosperidad del imperio, tan extraordinarias facultades para alcanzar su objeto, que no tard6 en conquistarse el cariflo y la admiraci6n de sus sfibditos.
Asombra la extension de sus miras y ]a intelig ncia de sus disposiciones. Las artes, las ciencias, el comercio, la naciente industrial, todo crece, se extended, echa races en aquella regi64 en que poco tiempoptes reinaba la barbaric; y no content la nueva soberana con elevar sus Estados. a un grado de prosperidad y de splendor que hubiera parecido impossible a no haberse tocado, ostenta el poder de sus armas, ensancha sus limits con la injusta cuanto c6lebre repartici6n de la infortunada Polonia, y amenazando a Tur. quia, hue comprender a Europa todo lo que tiene que temer del espiritu de dominaci6n' que enciende con su soplo en la naci6n que tanto ha engrandecido.
Entre el aplauso y el respect con que es pronunciado el nombre de aquella lustre prince.9a, por -todos los modernos historiadores I c6mo prestar oidos a las voces que nos dicen tambi6n que su gloria de monarca fu6 deslustrada no po as veces por sus extraviog de mujer? Tendamos piadosamente un velo sobre esas miseries reveladoras de la imperfecei6n humana, y acord6monos solamente de que al desapaxecer Catalina de la escena del mundo, en 1796, para presentarse a render cu6nta al rey de reyes de sus actos de pecadora, el Twindo, que la juzg6 s6lo por sus actos de reina, le di6 los gloriosos titulos de Licurgo del Norte y Madre de Busia (1).



(1) Albuin cubano de Zo bueno y 10 bello. Pigs. 369-360.-N. de la C. R.



















APUNTES BIOGRAFICOS

DE LA SERORA CONDESA DE MERLIN (1)


En medio de las varies causes que se reunen para impedir que Ios hijos de Cuba, dotados en general de una viva y brilliant imaginaci6n, hayan podido aclimatar, por decirlo asi, la literature en su suelo, pmde vanagloriarse nuestra isla de presenter a Europa un nombre lustre, que brilla ventajosamente colocado entrt los mAs distinguidos de los escritores contemporAneos.
Las obras de la sefiora condesa de Merlin, si bien las vemos con disausto destinadas a enriquecer la literature francesa, son timbres honorificos para el. pais que la vi6 nacer, y cuyo sol enceAcU6 aqueIla lozana imaginaci6n, que aunque, entibiada algfm tanto bajo un cielo extranjero, todavia lanza destellos refulgentes, que siren a su patria de magnifica aureola.
Desuracia es de Cuba que no florezean en su suelo muchos de los aventajados ingenious que'sabe producer. Heredia vivi6 y muri6 desterrado, y arenas Ilegaron furtivamente a sus compatriots los inspirados tonos de su lira. La sefiora Merlin describe' en un pais extranjero y en una lengua extranjera, como si favoreciesen diferentes circunstancias la fatalidad que despoja a la reina de las AntiHas de sus mfis esclarecidos hijos.
Sin embargo, aquellas glories tras-plantadas a extrafias regions no son por cierto infitiles a la patria: no son por cierto ingrates al cielo privilegiado que les di6 la vida (2).

(1) Viaje a la Habana por is eondesa do Merlin, precedido de uns biografia de esta lustre cubana por la Srta. dofia Gertrudis G6mez do Avellaneda. Madrid, 1844, Betista de Madrid, seganda 6poca, tomo II, pAginas 69 a 79. N. de la C. B.
(2) De no poco prestigious sirvieron al nombre de Cuba la residential y los







56 OBBAS DE LA AVELLANEDA

El poeta proscripto cant6 en el contineiite mejicano a la rica per. la de sus mares, y entre los tronantes raudales del Nifigara resonaron melanc6licamente recuerdos tiernisimos del perdido Almen. dares.
La escritora traza a las gorillas del Sena cuadros deliciosos de su hermosa patria: en ella piensa, con ella se envanece, a ella consagra los mfis dulces sentiments de su P-oraz6n y los rasgos mfis beIlos de su pluma, hacienda envidiar a Europa el pals que produce tan hermoso talent y el talent que puede pintar tan hermoso pals.
La aurora de estas lines, que no intent disimular su ardiente afeeto a 6ste, ni las vivas simpatias que le inspire aqu6l, se propone comprendiar en a1gunas phginas las noticias que de si misma ha dado en sus Mentorias la distinguida criolla, complaci6ndose en tributarle este ligero homenaje, que no menos le debe como amante de la literature, que como apasionada compatriot.
La sefiora dofia Mercedes de Santa Cruz, hoy condesa de Merlin, naei6 en la ciudad de la Habana hacia los aflos de'1794 a 1796. Precisados sus padres, los sefiores condos de Jaruco, a emprender un viaje a Europa, a causa de sus interests, conflaron la nifia, que estaba afm en edad muy tierna, a los afectuosos cuidados de su bisabuela, anciana respectable, a quien consagra en sus M&morias los mfis tiernos recuerdos.
Al lado de aquella dama vivi6 feliz y adorada hasta la edad de nueve afios, 6poca en que volvi6 a la Habana el conde de Jaruco, y en que su hija experiment los primers sinsabores de su vida. Habia sido hasta entonces tan entrafiablemente querida por cuantas personas la cereaban, gozando de ta n absolutea libertad, y aun podemos decir de tan acatado imperio, que a pesar de sus pocos afios veiase desenvuelto su carActer noble, franco, resuelto, con aquel espiritu de independence que no es cualidad demasiado exceptional entre las hijas de Cuba, pero si siempre temible para la propia ventura en las mujeres de todos Jos passes.
La seflora Merlin reconoce, en various pasajes de su primer obra literaria, la necesidad de una perfecta ammonia entre la educaci6n y la posici6n social a que estA destinado el individuo, y


trabajos de ]a condesa de Merlin en Paris, como gloria le causaron la estancia y las obras del poeta Heredia (el de los Trofem) y del m6dico y eatedritico Albarrftn, que tambign encontraron en ]a capital francesa el eampo propio do su genial activiaad.








MISCELLMA

cuando nos pinta su caricter natural, desarrollado sin ningfin g6nero de contradicei6n, impetuoso, ind6mito, conflado y generous, pensamos con tristeza en lo mucho que le habrh costado acomodarse a los deberes socials de la mujer y ajustar su alma a la media estrecha del c6digo que los prescribe.
Acaso por effect de esta prevenci6n nos conmueven dolorosamente a3gunas pfiginas de sus Memorias en que la aurora habla de su pais, de su infancia, de su coraz6n, y donde al trav6s del exact, raciocinio de un espiritu elevado, eselarecido y modificado por el conocimiento de la vida y de los hombres, pensamos ver chispear las centellas de una imaginaci6n de los tr6picos, revelando los instintos atrevidos de un alma ardiente como aquel cielo, valiente y vigorosa como aquella naturaleza, tempestuous e ind6mita como aqueHos huracanes.
Si embargo, el estilo de la sefiora Merlin es en general templado, fAcil, elegant y gracious. Se encuentra en sus escritos un juicio exact y una admirable armonia de ideas. Grades modificaciones, como ella misma confiesa, han experimental el talent y el carieter de la persona que nos ocupa, y, si no han sido ventajosas a su originalidad como escritora, creemos que le debieron ser fitiles en su destiny de mujer.
Poco despu6s del arribo del conde de Jaruco a su I his natal, las influences de una sefiora de su familiar, devote, rigid y algfin tanto fanhtica, alcanzaron que la nifia Mercedes entrase de pensionista en el convent de Santa Clara, como finico medio que podia, en la opinion de la religious dama, destruir los malos effects de una primer educaci6n libre en demasia, y en muchos punts descuidada.
La met6dica vida del claustro fu6 en breve insoportable para la nueva pensionista, bien que en un principio la hubiese aceptado sin repugnancia; y habi6ndose negado su padre a las reiteradas sfiplicas que le dir-igi6, para que le permitiese volver a su lado, concibi6 la atrevida resoluci6n de fugarse del convent.
"Abrac6-dice en sus Memorias-la firme determinaci6n de huir de aquel encierro, aunque no alcanzaba todavia los medics. El poder de la voluntad es inmenso, y cuando ella ejerce su imperio absolute, un impulse desconocido hasta entonces nos asegura la eflcacia y el poder de nuestras fuerzas."
En effect, auxiliada por una joven religious, interested personaie que ocupa en sus Memorias un episodic Ileno de sentimiento,







58 OBRAS DE LA AVELLANIODA

logr6 escaparse del convent, y volver a la casa, de su indulgence vwntita, que este afectuoso-nombrb: daba a su. bisabuela.
Merced a la eslremada 66 I*era de la abadesa, que rehus6 reci. birla segunda vez, se v i6 libre del disgust de volvq a Santa Cl pero no goz6 la dieha de permanence con la excellent anciana a quien tanto amaba, pues, siempre diAgido por los consejos de la sefiora que motive su primer. separaci6n, coloc6la, el conde, cerea de la marques de Castelflor, su tia, en cuya. casa pernimneci6 hasta la proximidad de aquella 6poca en que resolvi6 su padre regresar a Espaiia, donde habia dejado a,*su esposa.
Nada de particular contiene este tempo de su vida que pas6 con su t1a: en sus Memorias refiere algunos pormenores interesantes, pero de poca importanciai en los que no nos permit detenernos la naturaleza de nuestro escrito, destinado solamente a dar algunas noticias de nuestra c6lebre compatriot a aquellos lectures de su filtima obra que no hayan tenido la, satisfacci6n de concern las pri-' meras.
Poco, antes de abandoner segunda vez su patria, Ilev6 el conde a su. hija junto a si, y volvi6 a gozar de una libertad complete, hasta que Ileg6 el dia sefialado para la partida.
Bellisimas y tiernas son las lines en que la se'ora Merlin nos indica su&,emociones en aquel. dia solemn.
"A.ejkndome de mi pais-dice--dejaba todo cuanto amaba y a todos aquellos de quienes era querida. En U na edad en que los hfibitos tienen todavia tan escasas races, ya sentia mi alma lo muy doloroso que es tender una linea divisoria entre los afectos pasados y los futures. El coraz6n me decia que las personas queridas que dejaba no serial en adelante el origin de mis mfis vivaces impresiones, y que mi felicidad iba a defender de un nuevo circulo que me juzo-aria con la severidad de la indiferencia."
Venturoso-ha dicho el cisne de *Cuba-venturoso aquel que no conoce otro sol que el de su patria!
Nada, en effect, es tan amargo como la expatriaci6n, y siempre hemos pensada coio la gran escritora que juzgaba los viajes uno de los mfis "tristes placeres" de la vida.
IQu6 pedirfi el extranjero a aquella nueva sociedad, a la que Ilega sin ser Ilamado, y en la que nada encuentra que le recuerde una felicidad pasada, ni le presage un placer future 7 1 C6mo vivirb. el coraz6n en. aquella atm6sfera, sin amor?
Existencia sin comienzo, espectficulo sin interns, detrfis de si unos dias que nada tienen que ver con lo presented, delante otros







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que no encuentran apoyo en .1o pasado, los recuerdos y las esperanzas divididos por un abismo, tal es Wopierte del desterrado.
Hay aun en aquellos males que puede causarnos la injusticia, de los compatriots: algo de consolad6r: podemos quejarnos y perdonarlos; pero Icon qu6 derecho nos quejariamo% de los que no tienen respect a nosotros ningfin deber, ningfin vinculo? I A qu6 Ilorariamos si nuestras Ifigrimas no podrian conmover? 6 Qu6 valdria nuestro perd6n si no lo concediese el affect sino el desprecio o la impotencia -del odio?
Asi es como en las families hay 4azos de uni6n entre los que comenzaron la vida bajo un mismo cielo: hay simpatias que en vano se quisieran destruir: hay unos mismos hbbitos, y con corta diferencia una misma mantra de ver y de senior. Es fficil hacerse comprender por aquellos de quienes es uno largo tempo conocido; pero el extraniero, necesita explicarse. Faltan la ternura que adivina, la costumbre que ensefia. El extranjero es interpreted antes de ser conocido.
Estos inconveniences anejos a la vida del expatriado son mayo res todavia en las personas que, como aquella que nos ocupa, estAn dotadas de un carficter y de talent extraordinarios, torque tales seres son ya por Au naturaleza extranjeros entre la multitude, y Ilevan consigo una sentencia de aislamiento y un sello de desventura.
Madame Merlin h tenido, emperor la fortune de que la condujese la suerte a una naci6n generous e ilustrada, a la que con orgullo y emoci6n llama su patria adoptive, y donde ha alcanzado su m6rito la justicia que debia esperar.
,Siempre que hemos leido la descripci6n que hace de-su primera navegaci6n de Am6rica a Europa, hemos experimental una emoci6n que no serd comfm a todos los lectures, torque no todos podrkn concern el sentimiento y la verdad que encierran aquellas piginas. Pero 1 ay! nosotros 1ambi6n hemos sureado aquellos mares: nosotros hemos visto el nublado cielo de las Bermudas, y hemos oido bramar los inconstantes vientos de las Azores. Como la c6lebre escritora, hemos abandoned la tierra de nuestra cuna, hemos emprendido uno de aquellos viajes solemnes cuyos primers pasos recibe el oc6ano, y lleno el corazon de emociones de juventud, y rica la imaginaci6n con tesoros de enthusiasm, hemos contemplado, la terrible hermosura, de las tempestades, y la augusta monotonia de la calma "en medio de dos infinitos."
Todas las impressions que pinta la aurora nos son conocidas:







60 OBRAS Dil L& AVELLANEDA

todos aquellos placeres, todos aquellos pesares los hemos experimentado.
Desembareando en Cfidiz recorri6 la seflora Merlin la mayor par. te de Andalucia, antes de reunirse a su madre, que residia en Ma. drid.
Encontr"ice-muy pobre aquel bello pais, comparindolo con el mio. i Cuin pequefios me parecian sus tristes olives reeordando los gigantescos irboles de nuestros campos 1
Es una pfigina hechicera aquella en que habla de si misma, tal cual era en aquella 6poca, y d6l effect que causaba en los que la. veian por primer vez.
"A los once aflos-dice-tenia toda mi estatura, y, aunque muy delgada, estaba ya tan formada como pudiera a los diez y ocho. Mi tez criolla, mis ojos negros y vivos, mis largos y espesos cabellos me daban un aspect semisalvaje, que estaba en perfecta ammonia eon mis disposiciones morales. Viva y apasionada hasta el excess, no sospechaba siquiera la necesidad de reprimir ninguna de mis sensaciones, y mucho menos la de ocultarlas. Franca y conflada por naturaleza y no habiendo sido nunca contrariada, me era desconoeido el arte del disimulo, y tenia tanto horror a la mentira como al mayor de los crimenes. De una independencia'de caricter ind6mita para con los extraflos, era d6bil con las.personas queridas, y pasaba todo un dia Ilorando si la menor sombra de descontento oscurecia la frente de mi padre. Estas predispbsiciones de una naturaleza vigorous, no modificadas por la educaci6n, antes bien en6rgicamente desenvueltas con el libre ejereicio, prestaban a mi humor rfipidas y violentas desigualdades, tan pronto de una alegria bulliciosa como de una melancholia profunda,;,y a veces, como para sentir la vida en todo su poder, experimefitali al mismo tempo entrambas impressions."
La casa de la condesa de Jaruco era por entonces una de aqueHas en que se encontraba mejor sociedad. Los hombres mfis distinguidos se reunion en ella, y, segi5n dice la seflora Merlin, all! se conocian antes que en ninguna parte los bellows versos de Mel6ndez, Arriaga y Quintana. Pero, no obstante las ventajas de una sociedad tan select, estaba triste y decaida la joven americana. Diriase que como Chactas echaba de menos "sus mosques y sus rios", y Iloraba 99por la choza de sus padres".
-Contribuia mucho a prolonger aquella situaci6n de su espiritu la tierna desconflanza que concibi6 del cariflo de su madre. Crease menos querida que sus hermanos, y, tan sensible como orgullosa,







XISCELINEA 61

devoraba sus celos en el secret de su eoraz6n. Unianse a dichas eau.sas el constant studio a que hubo de dedicarse para reparar el descuido de su primer educaci6n, y no tjLrd6 en senior su salud notablemente alterada. Alaunas. semanas pasadas en el campo le restituyeron su lozania, y de vuelta a Madrid se consagr6 casi exclusivamente a la mfisica y a la lecture.
Experiment algfin tempo despu6s la desgracia de perder a su padre, y habiendo resuelto la viuda Ilevar personalmente a su hijo a un colegio de Paris, Mercedes y su hermana fueron confladas a una parental hasta la vuelta de la Condesa.
Por entonces conoci6 al hombre que design en sus preciosas Me)norias como objeto de sus primers illusions. Hallfibase en la edad en que con todo el candor y la inocencia de la infancia, empiezan a sentirse las nuevas facultades de la vida: edad peligrosa que envuelve el juicio entre los brillantes engaflos de una loca fantasia.
Mercedes, como la mayor parte de las mujeres en aquella edad, crey6 amar a un hombre torque amaba al amor, y cuando regres6 su madre, su enlace con el joven marquis de... fu6 tratado. y decidido.
Su alegria por aquella resoluci6n no fu6 sin embargo larga: calm6se su primer exaltaci6n a media. que conocia, mejor al hombre que crey6 ligeramen te duefio de su alma, y se iban disipando con rapidez las lisonjeras esperanzas y los brillantes suefios de ventura que en aquella uni6n hAbla fundado.
Obtuvo, pues, de su bondadosa madre la anulaci6n del compromiso, y bien que aquel primer desengafio le hiciese una impresi6n que turb6 por algi5n tempo la serenidad de su vida, jamfis volvi6 a esetichar ninguna, de lawardientes solicitudes del despedido amante.
Poco despu6s de eAdiVacontecimientos ocurrieron los memorables de la invasion fraii esa, de los cuales habla en sus Memorias madame Merlin con bastante extension, y, salvo a1gunas ligeras inexactitudes, su relate es sumamente interested por la imparcialidad y rectitude de juicio que se encuentra en la apreciaci6n de los hechos.
Los vinculos de parentesco y amistad que ligaban a la condesa de Jaraco con el general O'Farrill, comprometido a favor del gobierno frane6s, le hicieron temer ser comprendida, en las persecuciones que desde la capitulaci6n de Dupont sufrian en Madrid las personas designadas con el nombre de afrawesadas, y paso' con sus hijas a Vitoria, donde permaneci6 hasta la vuelta de Jos6 Bonaparte a la metr6poli de Espaiia.







62 OBBAS DE LA AVELLANWA

Presentada a la corte con sus hijas, y distinguida. bien presto por el particular affect del nuevo rey, fueron reemplazados los antiguos amigos que formaban su tertulia, por los personages franceses que rodeaban a Jos6, entre los cuales se contaba el general Merlin.
Por entonces di6 la hermosa criolla los primers anuncios de sus talents literarios con la composici6n de algunas poesias del ge'nero festive; pero distraj6ronla de su nueva afici6n los preparations de su casamiento, que por voluntad del rey se celehr6 sin tardanza.
Aunque no fuese el amor quien form6 aquel enlace, la joven Santa Cruz se prest6 a 61 sin repugnancia, y en sus Mentori" tributa los mAs f6rvidos elogios al noble carActer y excellent coraz6n del general Merlin.
Dos acontecimientos igualmente memorable para la nueva esposa, aunque muy contrarios en sus effects, se veriflearon un aflo despu6s: fu6 el uno la muerte de su madre y el otro el nacimiento de una-hija.
El placer de la maternidad pudo solamente templar el acerbo dolor de la irreparable p6rdida que habia padecido; pero nuevos disgusts vinieron en breve a acibarar las delicias de su nuevo estado.
Evacuaron los franceses la Peninsula, y el Sr. Merlin no pudo resolverse a dejar en el pais que abandonaba a una esposa adorada y a la tierna hija, que fu6 cofidenada a aiticular sus primers acentos en una lengua extranjera.
Desde su establecimiento en Paris tuvo la lustre criolla la ventajosa aceptaci6n que merecia por sus distinguidas prendas, y su casa fu6 bien pronto el centre de la mis brillante sociedad.
Sus dulces y ele.-antes modules, el encanto de su amena y variada conversaci6n, su agradable y expresiva figure, y su admirable talent para la mfisica, eran circunstancias que deblan forzosamente hacer muy codiciado el honor de ser admitido en su select tertulia; pero a las cualidades brillantes une la seflora Merlin las mfis raras y estimable del coraz6n y del carficter, siendo 6stas las que mfis encomian todos los que han tenido la dicha de tratarla.
Anteg de la primer publicaci6n de una parte de sus Memorias, gozaba la celebridad debida a una voz privilegiada y a su. exquisite gusto para el canto; pero luego que aparecieron aquellas preciosas pfiginas, su nombre adquiri6 mayor brillo, y una nueva flor se enIaz6 a su corona de artist.
Vieron la luz pfiblica primeramente Los doce aftos primeros de







MISCELINEA 63

ini vida y el interested episodic de Sor Lngs; infis tarde public& ronse completes las Memorias de wna criolla, que obtuvieron Ia mis lisonjera aceptaci6n, y posteriormente aparecieron Madame Maiibran, un folleto sobre La esclavitud de Ia raza africana en Ia isla de Cuba, y el Waie a la Habana, que es sin duda alguna Ia infis notable de sus obras, y Ia que con mayor orgullo y player debe recibirse en su patria.
La aurora ha viajado tambi6n por diversos passes de Europa; pero no ha llegado a nuestra, noticia, que dichos viajes inspirasen nin,,una obra literaria, a Ia lustre criolla, que parece no recipe Inspiracion sino con los recuerdos o Ia vista de su pais hermoso.
Sin tener el placer de conocerla personalmente, poseemos Ia ventaja de haber oido, con particular complacencia, a a1gunos de sus mAs apasionados amigos, y sabemos que su conversaci6n no tiene menos encantos que sus escritos, y que refine al celebrado esprit de una parisiense aquella gracia. picante de las espaiiolas y aun un poco dela a.-radable negligencia. y penetrate dulzura de las cubanas.
Nada diremos de sus obras, que el pfiblico ha juzgado, y que nosotros pudi6ramos relatar de memorial: tanto nos hemos recreado leyendo repetidas veces aquellos cuadros de delicadas media tintas, aquellos pormenores Ilenos de interns que deben su principal m6rito a Ia naturalidad y gracia del estilo.
Si no hay en las obras de nuestra compatriot creaciones estupendas, contrasts maravillosos, poseen Ia ventaja de que no dejan en el alma ni terror, ni desaliento. Si no hacen vibrar, hasta romperse, las fibras del coraz6n; si no fascinan el juicio, ni exaltan Ia imaginaci6n, hablan al sentimiento, simpatizan con Ia raz6n, agradan siempre, muchas veces conmueven, y algunas cautivan poderosamente el 6nimo.
I Qu6 se puede pedir al escritor que nos da un libro que despu6s de leido veinte veces todavia se abre sin fastidio I
No terminaremos sin dar las gracias a aquellos a quienes debe]nos Ia esmerada traducci6n de ]a appreciable obra, a cuyo frente ponemos nuestros apuntes biogrdficos, y felicitamos al mismo tempo a nuestra cara patria, a nuestra bella Cuba, por Ia gloria que le cabe en contir entre sus hijos a Ia sefiora condesa de Merlin, a Ia que tributamos este leve testimony de admiraci6n y aprecio, congratuIfindonos de que sirvan estas lines de introducci6n o pr6logo a Ia. mejor de stis bells producciones.






















CARTA PROLOGO


Sr. D. Teodoro Guerrero.
Mi querido amigo:
Desea usted saber mi humilde juicio respect a su novel, Aimtomia del coraz6a, que he leido con mucho placer, y en verdad que con s6lo decir esto filtimo hago de ella el mayor elogio, pues cGnfieso a usted que he perdido gran parte de mi a.fici6n a esta clase de obras, y muy particularmente a las moderns de que -nos inunda la naci6n vecina, y de las que existent entre nosotros no pocos imitadore s. 6 Porqu6 no he de ser franca con usted I He cobrado hastio a esos cuadros, mAs o menos recargados pero siempre antipo6ticos, de las miseries humans y de los vicious de nuestra actual sociedad. Ni Victor Hugo con todo su prestigious de gran talent, ni Balzac con todo el ruido de su pasada boga, han logrado hacerme amena la pintura de las deformidades del hombre moral, o interesarme en el trabajo inglorious de desenvolver ruindades y miseries entre el oro, y ]a pfirpura de eso que se llama el gran mundo en nuestros dias.
Poeta antes que todo, yo amo lo bello, y aunque sepa, por desgracia, que no siempre es lo verdadero, siento repugnancia invencible por esas aiwtamias, cuando s6lo se hacen para presenter asquerosidades. Imagine usted, pues, si el titulo de su. libro debi6 ser para mi. simphtico y atrayente, y comprender6, lo mucho -que digo, en su favor al asegurar que lo he leido con gran satisfacci6n.
En effect: usted no pertenece en mantra alguna a esa escuela bastard de los pintores de lo feo, y yo felicity a usted porr ello eordialisimamente. Lucia es cien veces mfis bella que* desagradable la

(1) A la Anatom(a del coraz6n, por Teodoro Guerrero, Madrid, 1857.N. de. la c. E.
T. V1. 5






66 OBRAS DE LA AVELL&NEDA

Marques del Fresno, pues aun en esta filtima nos present usted el sentimiento triunfante al cabo de la vanidad egoista, justificando asi el dicho de un moralist que define a la coqueta con estas pala. bras: "es la mujer que no ha amado todavia".
Eduardo de -Campo-Real no es tampo-cio odioso: la inconstancia, como ha dicho tambi6n otro fil6sofo, es una desgracia y no un vicio. Si en 6, Conde de Tamaj6n repugna tanto el alma como el cuerpo, usted ha cuidado de ponerle al lado la interested figure, del general Medina, y bien se puede decir que la mala impresi6n que produce aqu6I queda agradablemente borrada por la que nos causa el noble y leal carActer del "h6roe de la guerra civil ". No digo nada de otros personages secundarios, mufiecos de sal6n que usted pinta perfectamente, por mfis que se escapen del escalpelo por su misma genuina insignificancia.
La novel de usted no es por tapto, en mantra alguna, del nfimero de aquellas que dejan despu6s de leidas un sentimiento de disgust y aun pudiera decirse una sensaci6n de asco. (PAseme usted lo vul.-ar de la palabra.) No me ba sucedido ni una sola vez con ella lo que con otros libros, muy ponderados por cierto, que he solido arrojar con ira, maldiciendo al ingenio que s6lo emplea, los brillantes colors de su paleta en retratar monstrous o bichos. (Pfiseme usted tambi6n este sustantivo mal sonante).
A veces me produce ciertos escritos aquella impresi6n de enojo, aun describiendo passions nobles que deberian conmoverme, pero que aquellos brutalizan a fuerza de queer prestarles energia. Recuerdo, verbigracia, al'-Unas pfiginas de un autor ya citado, y cuyo talent soy la primer en reconocer, aunque no simpatizo con sus instincts literarios.
Hablo de Victor Huro, y se me viene involuntariamente a la memorial su mantra de pintar el mfis puro de los afectos, el amor maternal, en su c6lebre novel Nuestra Seijora de Parfs. Vea usted a la madre de Esmeralda, puesta en cuatro pies como una pantera, seon advierte el autor,,espumando, toute heri,?sge, y tendri que exclamar con Girard.in: i Esa no es ni una mujer ni una madre! i Es una bestial feroz! L'ame West pilts!"
No es mis feliz en la pintnra del amor pattern que nos hace en Triboulet y que corre parejas con el que describe Balzac en Goriot, verdadera caricature, degradaci6n repugnant del alto carficter de padre.
Y sin embargo, muchas novels de esta indole ban gozado y go-







MISCELINEA 67

zan todavia de gran reputaci6n, no faltando genes que sostengan que en ellas se pinta con verdad el coraz6n human.
Yo felicity a usted de nuevo, amigo mio, por haber tenido el gusto de no seguir semejante senda, rindiendo culto a lo feo, que tanto domino en la. mayor parte de las novels moderns. Las passions que juegan en la de usted no estfin desfiguradas ni envilecidas: buenas o malas, se presentan siempre verdaderas.
Afiadir6 a todo lo dicho, para. satisfacei6n de usted y en prueba de que en Anatontia del coraz6n no salen las mujeres; tan mal paradas como suponen, que he oido a bocas muy lindas Ilamar a la obra de usted "bellisima. e interestede.
Usted, ademds, se prepare ahora. a una tercera edici6n, cosa fabulosa en estos tempos :bno es esta. otra. prueba concluyente de las simpatias que alcanza ? Despu6s de todo eso, I qu6 puedo, yo decir a usted que sea mks satisfaction y decisive? Nada, en verdad, sino simplemerte lo que manifesto al comienzo de esta carta: que he leido con mucho placer el precious libro con que me ha. obsequiado; que deseo no sea est-a la filtima producci6n con que el talent de usted enriquezea nuestra literature, y que espero sea indulgence en el. desalifio de esta carta, escrita. de prisa por no retarder a usted mks tempo en concern mi franca opinion (1).

Madrid, Marzo de 1857.















(1) Este documents y el que le sigue, eseritos ambos por pura muestra do aniistad, no carecen de inter6s poy expresar rotundas opinions de la aurora sobre Is, literature. do su tempo. S61o per esto ampayo qua lea pres.ta, el nombre do la Avellaneda, podrfin ser recordadas ]as dos mediocre obras de Teodoro Guerrero N. de la C. E.

























CARTA PROLOGO


Sr. D. Teodoro Guerrero:

Recuerdo, mi buen amigo, que harg unos siete afios, hallkndonos los dos todavia en Madrid, tuve el gusto de satisfy acer una lisonjera exigencia de usted, expresdndole en desalifiadas lineas-que usted lionr6 con la publicidad-la impresi6n producida en mi knimo por su popular novel Aiwtowzia del caraz6n. Hoy que en este nuevo mundo, en donde volvemos a encontrarnos, pone usted en mis manos otro libro suyo, de indole mfis precious, pidi6ndome como entonces mi opinion humilde, precise me es tambi6n tomar mi ya olvidada phima para probar a usted que, inalterable en la amistad, a pesar de las diferencias de tempos y lugares, me hago siempre un deber de complacerle.
No me propongo, sin embargo, en mantra al-una formillar un juicio critics, ni tal ha. sido sin duda el deseo de usted, pues seria tan exagerada modestia suya como excesiva. presunci6n mia el suponer de ,rande autoridad mi fallo, tratAndose de una obra que, ademAs de Ilevar al frente el nombre de usted, bien conocido del pfiblico, aparece tan competence y razonadamente juzgada en el informed de la inspecei6n de Estudios que le ha merecido del Superior Gobierno de la isla la honra de ser declarada texto forzoso de lecture en todos los establecimientos de enseflanza.
Al contemplar, amigo mio, la fecunda acthidad del talent de usted, que cobrando nuevo vigor, a impulses de un nuevo sentimiento, sabe aprovechar tan fitilmente los pocos instances de libertad. permitidos por sus obligaciones officials, bqu6 me corresponded ha(1) A las Lecciones de mundo, por Teodoro Guerrero, Habana, 1865.N. de 74 C. E.








70 OBRAS DE LA AVELLANEDA

cer sino envidiarla, yo que siento enseflorearse la est6ril pereza de todas mis facultades bajo la influence de este clima del tr6pico?
S!, lo confleso: cuando recorro las p4ginas que tengo a la vista, brindando no s6lo instrucci6n a la infancia, sino recreo a todas las edades, no puedo menos de experimental, a la vez que agradable so. laz, cderta impresi6n parecida a la envidia, torque yo no hallo en ellas finicamente al hfibil escritor cuyo ingenio flexible se acomoda a cualquier g6nero: veo sobre todo al padre amante, al. padre que, adelantando su sabia previsi6n a la intelligence de la hija que hace sus delicias, se goza en allanarle el Aspero camino de la virtue, para que Ilegue en lo future a una felicidad s6lida, recompense de la inefable que ella derrama. desde ahora en el autor de su vida, con los innocents halagos de sus primers caricias.
Ante esta idea s6lo un alma fria pudiera detenerse a buscar defectos-y aun a analizar bellezas-en las Lecciones de mundo, en esa inspiraci6n de una musa intinza, que usted comunica al pfiblico torque quiere, a fuer de generous y de cristiano, procurer que sean de provecho coffin los mismos bienes individuals.
Por mi parte, amigo mio, deseo muy de veras que nadie comet la. profanaci6n de someter a an6lisis las obras del sentimiento, limitkndose todos en tales casos a lo que yo hago hoy con usted, pues persuadida de que le parecerAn ya impossible las anatomies del coraz611-por revelarle el suyo nuevas fibras secrets de su misteriosa existencia-, s6lo le dir6 implemented, en satisfacci6n de su deseo, que las Pdgivas de la infancia me parecen dignas, por su unci6n religiosa y su moral purisima, de los fingeles terrestres para quienes han sido escritas.
Reciba usted mi felicitaci6n cordial, y oJalh pueda repetirsela por alguna otra producci6n tan bella y tan fitil como la presented, su amiga sincere.




















PROLOGO


"La poesia es la voz de la humanidad pensando y sintiendo: el primer grito que oy6 el Creador elevarse a 61 desde su hechura, y el filtimo que escucharfi a la terminaci6n de los tempos. Balbuciente y vaga en la cuna de los pueblos; narradora y maravillosa, cGmo los cuentos de las nodrizas, en la 6poca de su infancia; pastoral y amorosa en la juventud; arrogance y 6pica en tempos y en naciones guerreras; mistica, sentenciosa y prof6tica en las teocracias, como en el E.-ipto y la Judea; filos6fica y cortesana en civilizaciones avanzadas; rugiente y desordenada en los dias de grades convulsiones y catfistrofes; nueva, incierta, melanc6lica y grave en tempos laboriosos de reconstruccl6n social; triste, Ifigubre y apocada en los presentimientos de la muerte, en la 6poca de ruins; la poesia explica siempre al hombre, es el hombre mismo."
Estas bells palabras de un gran poeta modern, retenidas por mi memorial, no s6 si con rigurosa exactitude, encierran una verdad que no se opone a otra comprobada por numerosos hechos, y es que, si bien la poesia de un pueblo o de una 6poca, considered en su espiritu general, nos present indudablemente la sintesis imperecedera de la vida comfin, de las ideas y las passions dominates en la atm6sfera moral e intellectual en que fu6 producida, en el poeta individualmente examinado, no s6lo nos hallamos siempre la images o la expresi6n de la sociedad en que vive, sino que suele presentfirseDos como su en6rgica antithesis, como herald peregrine y solitario de un orden de ideas mucho mfis avanzado que su naci6n o que su siglo. 1 No nos declare el mismo Lamartine que sus espirituales y religio-sos cantos se exhalaron por primer vez en un ambience impregnado de Algebra y de escepticismol

(1) A las PoesW de LuIsa P6rez de Zambrana. Habana, 1860.-N. de la C. E.








72 OBRAS DE LA AVELLANEDA

Seria superfluo aglomerar ejemplos en demostraCi6n de una verdad que saca su mayor luz de la naturaleza misma del genio po6tico. Esa facultad misteriosa, esencialmente creadora, y como tal dotada del intimo sentimiento de lo bello, de la aspiraci6n eterna, al inflnito, que constitute su fecunda vida y su sublime infortunio, mfis bien aparece apropiada para la misi6n de inspirar, dirigir y fecundizar el espiritu de su epoca que para asimilhrselo meramente, revisti6ndole de forms inmortales. Si esto filtimo suede con frecuencia, torque en su calidad de hombre el poeta estfi sujeto a la violencia de la corriente general, es tambi6n ciertisimo que como ser privilegiado por el poder del pensamiento y de la pasi6n, el poeta desempefia un sacerdocio augusto que debe eolocarle muy por encima de la esfera coffin en que ejerce su influence.
En dias de oscuridad moral, de embotamiento de la conciencia pfiblica; cuando el espiritu fluctuate no encuentra, afirmaciones; cuando se van extinguiendo las elevadas ambiciones para. ser sustituidas por la codicia y el egoismo, cuando una so-ciedad, en fin, se corrompe y desalienta, entonces sullen aparecer providencialmente esos hombres de enthusiast coraz6n y resonate palabra, para revivir con su soplo el moribund fuego del sentimiento y levanter con su elocuencia el imperio de la verdad y la decaida gloria, de la virtue, ora sea hiriendo al vicio con el sangriento lhtigo de Juvenal, ora lanzando en los inspirados acentos de Chateaubriand g6rmenes vivificantes de esperanza y de fe.
La literature ecl6ctica que predomina. en nuestros dias tiende a formarse conditions que no la estrechen en el ciraulo de un pueblo o de una 6poca. Libre de la atm6sfera impure de infecundo materialismo y repugnante impiedad en que la ahogaba la edad precedente, cuya personificaci6n fu6 Voltaire, v6mosIa ensancharse en inquietud vagorosa, esforzfindose por abarcarlo todo, pasado, presente, future, lo real y lo ineligible, lo objetivo y lo subjetivo, como si aspirase a sintetizar no ya una nac16n ni un tempo, sino a la humanidad misma. Este carActer de la. literature actual no contradict sino corrobora las Madas opinions del lustre poeta de Francia, pues estfi en perfecta consonancia con el espiritu modern, evidentemente nivelador y universal. El arte en esa species de agitado movimiento, en esa vaguedad ambiciosa con que camina, buscando los horizontes sin limits de la est6tica entre la multitude de sus manifestaciones, obedece al impulse del mismo principio de vida que anima a la sociedad, dirigi6ndola en agitadas oscilaciones a un porvenir misterioso en que la ciudad parece bosquejarse.








MISCFJ"EA 73

Ahora bien, el libro que encabezamos con estas desalifiadas lineas, fruto de un poeta cubano, que es ademis mujer, y como tal poseedor de organization singularmente privilegiada, para el entusiasmo y el ideafismo, nos parece en sumo grado, curioso e interesante, ya busquemos en sus pfiginas la images del estado moral e intelectual del joven pais a que pertenece la aurora, ya esperemos liallar mfis clara y distintamente su propia personalidad, su. alma de poeta cristiano comunickndonos los tesoros de sus inspiraciones, ya, en fin, nos suministren nueva prueba de la universalidad de ese espiritu que hemos observado en la poesia de nuestra, epoca.
Esto filtimo debe considerarse muy extrafio si se sabe que Luisa P6rez de Zambrana no conoce del mundo sino, la encantada region que, habiendo brotado del azulado seno de las olas a una sonrisa del cielo, coronada, como Venus, de juventud y hermosura, parece ostentar todavia sobre su frente de virgin el primer beso armonioso que recibi6 de las brisas: no ha teuido otro maestro que la naturaleza nueva y vigorous de su isla querida: no ha sentido otros af ectos ni estudiado otros interests que los santos de la familiar; no ha pasado en suma los bellows y breves afios que cuenta de existence sino a la tranquil sombra del hogar dom6stico, santuario de sus modestas virtues.
Nosotros, sin embargo, al recorder con viva curiosidad la colecei6n de versos que va a apreciar el pfiblico, hemos hallado con agradable sorpresa que no deja defraudada ninguna. de las esperanzas (Itie puede hacer concebir, ni aun aquella aparentemente mfis aventurada. La sencillez, la ternura, el aroma indefinible de melancolla y de piedad, que son patrimonio de la aurora, se revelan, es cierto, mucho mAs que la vida social que la rodea; pero tambi6n hallamos indicadas en tan varies y ricas melodies la inspiraci6n del cielo de los tr6picos, la juvenile lozania de este hermoso pais, en cuyo seno pulsa la poetisa el arpa de oro con que acompafia los murmurios de sus arroyos y los susurros de sus palmares, ostentando un no s6 qu6 de virginal y primitive que se conserve en la region brilliant de su oriented como en la naturaleza espl6ndida de su patria. Por lo deInfis, en medio de tanta exuberance riqueza que aqui tiende a desarrollar con singular potencia los interests materials tan atendidos en nuestra 6poca y que impregnan la atm6sfera coffin de cierto positivismo contagious, la joven cantor se distingue por su espiritualismo melanc6lico. Aplieables pudieran ser a la misma estas estrofas con que pinta la melancholia en una de sus mfis dulces composlciones:









74 OBRAS DE LA AVELLANEDA

Yo soy Is virgen que en el rostro Ileva la sombra de un pesar indefinable: yo soy ]a virgin pfilida y sensible que siempre am6 el dolor: ]a que suspira en virginal misterio a los rayos tranquilos de ]a luna, sintiendo sobre el seno una por una las Ifigrimas caer.

Si, hay en la. poesia de Luisa esa interested sombra de indefinible pesar, hay ese virginal misterio del alma que s6lo se revela por suspiros melodiosos; hay esa vaguedad de la melancholia que seduce y atrae. Estos son precisamente los rasgos m6s caracteristicos de su talent po6tico herman ndose con purisima filosofia cristiana, y hasta con algo de ese ec-lecticismo y esas graves aspiraciones que forman la fisonomia, digfimoslo asi, de la literature presented. No haIlamos en este precious volume la poesia maravillosa y narradora que observe. Lamartine en la infancia, de los pueblos, y ni aun predomina, la pastoral y amorosa que sefiala su juventud. La. sencilla pero seria musa. de nuestra, hermosa y querida compatriot, participando del espiritu levantado y transcendental a que tfende la literatura de la 6poca, inaugural. sus inspiraciones con un bello canto A

Pios, arranca. seguidamente del coraz6n materno dulces pero graves acentos, lament en pat6tica elegiac la p6rdida del fil6sofo cantor de la Imprerta y del Ociano, y suspendiendo el vuelo despu6s porun instance, en no menos superior esfera, prorrumpe en concepts como 6stos:

1 Oh deliciosa,
A hella soledad, del alma amiga, 1patria del pensamientol 1generosa protectors del genio, donde siempre los hombres mfis profundos desplegaron ]a viva y ponderosa intelligence en todo su splendor! A ti debieron el don de pensar bien, que en ti Is mente en venturosa libertad recipe creaciones del cielo: en mi se mece por spacious sin limits, recorre de los tempos el eampo; del pasado se lanza. al porvenir; del firmament senate dichoss. descender a ella a torrents la luz, y hasta, parece que se le acerea Dios a revelarle con mfis ternura el immortal objeto para el cual le ere6. Por eso al verse










MISCELINEA 75

ante ]a gran naturaleza sola
todas las impressions que recipe
se dirigen a 61.-10h amor Bagrado!!
e6nio abrasas mi peeho, e6mo creches,
e6mo elevas el alma y la engrandeces
aqui lejos del mundol

No canta con tono menos digno a la mfis hermosa de las virtues cristianas, a ]a Caridad santa, que al descender al mundo vi6 que: le sonrieron
los cielo8, y los dngeW gozoso8,
con sim fulgente8 alas la cubrieron.

Tambi6n es reposado y majestuoso, como lo require el asunto, su himno a La entrada del Redentor en Jerusalgw., y llenas de unei6n las pokicas alabanzas que tribute A la Virgem, y sentidisima la ele.gia que ha titulado Sit sombra. Pero a estos graves y aun austeros cantos se asocian melodies suavisimas de femenil dulzura, tales como Flares en su tumba, Un recuerdo, El compo, Noche de luiia, Al sueflo, En la bahia, El caitto de mi nwdre, etc., descollando entre las composiciones de indole mAs ligera la del rapto de su tortolilla, en que hallamos estas deliciosas estrofas:

lPluguiera al cielo que al raptor ingrate
nunea le ostentes tus sencillas galas; que no le arrulles ni a su vista nunea batas tus alas!
jPluguiera al cielo, tortilla bella,
que al ofrecerte el alimento ufano,
tfi fiera, altiva, con profound enojo, piques su mano;
y que refuses sus earicias siempre, y sus halagos con desd6n extrafies,
y que en el agua que te ponga tierno nunea te babies!

En todas las composiciones de Luisa P6rez de Zambrana abunda el sentimiento y resplandece la piedad, pero en la que quizfis despliega mfis galena y espiritualmente estas apreciabilisimas dotes, es en la que dedica a su ciudad natal, de que se halla ausente. AM derrama lkgrimas al recuerdo del cielo en que vi6 la luz, de la tierra en que se imprimieron sus primers pasos, en que fu6 santificada por el augusto sacramento del bautismo; en que hizo con sus hermanas la primer comuni6n; en que oyo de rodillas muchas veces la palabra austere del ministry de Dios, y donde brotaron mfis tarde las








76 OBRAS DE LA AVELIANEDA

flores fragantes de la corona nuptial que recibi6 al pie de los altares. Alli nos transport, al modesto hogar de su nifiez apacible y nos hace simpatizar con todas las impressions que guardian para. ella aquellos lugares, consagrados por tantas memories de inocencia. Reparad, sin embargo, que no se detiene nunca. largamente en ponderaciones y alabanzas de su hermosura; Luisa, al. rev6s de otros poetas cubanos, que enamorados de la fertilidad de su suelo, no aciertan mfis que a expresar sensaciones, Luisa, decimos, saca de todas parties sentim ientos: no son sus sentidos, halagado por los objets exteriors, los que le inspiran sus lindos versos A Cuba; es su alma que sabe derramar, en dichos objets, encantos misteriosos de un orden superior: su alma que, como dice ella misma, recuerda. aqueIlos tempos

en que amaba
una rama de filo, un soto umbrio, un lirio, un pajarillo que pasaba,
una nube, una gota de roelo.

El libro que contiene tales tesoros del coraz6n bien. podri suceder que no sea juzgado por muchos del nfimero de aquellos mfis caraeteristicos de la 6poca, y ni aun del pueblo en que aparece; pero de seguro lo, recibiri 6ste como preciosisima manifestaci6n de una individualidad po6tica que le honra perteneei6ndole, y la naciente literature cubana le conservarh entre sus mejores joyas (1).
Los critics severs podrAn tambi6n fruncir un tanto el cefio indicando que no faltan en tan bells pfiginas descuidos e incorrecciones lamentable; pero de seguro pasarhn muy de ligero sobre esas faltas, inevitable en obras de la juventud y de la inexperience, todos los que aman lo bello aun sabiendo que no puede ser perfecto sino en la. mente increada; y -el buen gusto de Luisa, y su gran talento, que progress. de dia en dia, nos responded de que en las obras sucesivas con que enriquezea a su patria justificarA por comlyleto las brillantes esperanzas que hace concebir con las primers.
Reciba, por tanto, nuestras sincerisimas felicitaciones, y ac6ptelas igualmente el. pfiblico cubano por las grates horas que ha de


(1) No marr6 la profecia, pues el nombre de Luisa P6rez de Zambrana, hoy octogenarian venerable, a quien el Ateneo de la Habana ha dedicado recientemente solemnisimo homenaje, ocupa alto pesto en el. Parnaso eubano, y entre las poetisas de la sierra otro afin mfis eneumbrado, muy pr6ximo a la cima en que brilla el de la Avellaneda.-N. de la C. B.







misCELINEA 77

proporcionarle la lecture del precious volume que hemos recorrido a la liaera, y que creemos le har6. comprender la verdad con que ha dicho el lustre escritor con cuyas palabras comenzamos este pr6logo y queremos concluirlo, que "la poesia es idea para el alma, sentimiento para el coraz6n, images para la imaginaci6n y mfisica para el oido.























CARTA PATRIOTIC


Seflor don Luis Pichardo.-Puerto Principe.-Sevilla, 13 de noviembre de 1867.-Querido amigo y paisano: Me apresuro a darte mil gracias por el peri6dico que me has remitido, y te ruego que en mi nombre se las des tambi6n al ilustrado. Monteverde y a todas las personas ambles y ben6volas que han tenido a bien salir a la palestra periodistica, suscitada por esos peregrines se4i es que, d ndose ellos mismos con singular nwdestia el gran titulo de are6pa.go, han decidido que yo no pertenezeo a la literature cubana. Alis queridos paisanos camagijeyanos, al defender, como lo han hecho brillantemente y en t6rminos tan lisonjeros para mi la verdad ineuestionable de mi nacimiento en esa querida ciudad, no han comprendido, creo, la idea de los que me excluyen de su parnaso; pues ellos no es possible que pretendan negarme mi derecho de nacimiento en Puerto Principe; lo que han querido significar es que no me conceptfian cubana de caraz6n; que no me conceden in&le de poeta cubano.
Tal es en mi concept, la cuesti6n, y tomkndola en este terreno es que me explico y disculpo un tanto la soberana ridiculez del tal are6pago soi distant. La disculpo un tanto, torque creo, querido Luis, que esa ridiculez es hija de un amor propio y de un amor patriot que se considering heridos por mi; y se venga, con poco acierto en verdad, pero, en fin, con alguna apariencia de justicia. Voy a explicarte, y tfi lo harAs a Monteverde, y a mis demfis amigos, la causa, que en mi concept tiene la tonteria que hacen en la Habana algunos poets polls y gallons apollados.






so OBRAS DE LA AVELLANEDA

Hark cosa de seis meses que me haII6 sorprendida, con voces esparcidas aqui y en CAdiz, por ciertos j6venes cubanos, que se hallaban en tierras andaluzas, de que yo decia, que no queria que se me considerate como poeta cubano, sino como espafiola, peninsular, y que decia pests de ]a literature de mi pais, etc., etc. At6nita al saber tan necia v absurd calumnia, que no acertaba a comprender tuviese objeto, inquiry con affin su origin y fundamento, no sin desmentirla desde luego en6rgicamente. Sin gran trabajo descubri, ami.go mio, que, como ya indiqu6, los necios rumores mencionados partisan de s6lo dos bocas, de dos bocas cubanaB, una de las cuales no hacia mks que repetir lo que oia de la otra; por mantra que, en resumidas cuentas, todo tenia por origin una sola persona, pues la otra se limitaba a ser eco de aquella.
Yo no podia sospechar que un coraz6n cubano-aun siendo el de uit joven sin mundo y con la ligereza propia, de los pocos aflos
-fuese capaz de la infamia de inventor una mentira mal intencionada, un falso testimony como lo desi.-na el Dechlogo, Y asi busqu6 y rebusqu6 el error en qiie podia fundarse lo que decia de mi hasta que, en effect, lo comprendi perfectamente. Voy a decir en las menos palabras possible lo ocurrido. Un c6lebre mritor madrilefio, encar.-ado por cierta sociedad editorial de preparer materials para la publicaci6n do una grande obra, enyo objeto era coleccionar composiciones escogidas de los mks notables poets y publicists modernos, tanto peninsulares como hispanoamericanos, vino a verme expresamente para hablarme de dicha obra, consultAndome serbre si seria o no convenience que los escritores hispanoamericanos figurasen todos jiintos, o si pondrian a los cubanos entre los peninsulares y no entre los demfis escritores hispanoamericanos.
Yo le dije muy sencillamente mi verdadera opinion en tal punto, y fu6 que me parecia mejor que los americanos todos figurfisemos juntos, porqne s6lo asi se daria una idea de la indole especial de la literature hispanoamericana, que yo hallaba, muy semejante, pero no id6ntica en conditions a la peninsular. El c6lebre personae con quien hablaba aprob6 mi dietamen; pero al repasar la lista de escritores hispanoamericanos que debian former la colecci6n especial de obras pertenecientes a nuestra literature, ech6 de ver que faltaban nombres muy dignos, entre otros, los de Ventura de la Vega, Baralt, Pezuela, Calixto Bernal, etc.
Crei de mi deber, como americana que se honra con serlo, y desea el mayor brillo y gloria de la parte del mundo en que naci6, reclamar aquellos ilustres nombres para la literature hispanoameri-






MISCELINEA 81

cana, a la que correspondent en justicia. Mi contrincante no aecedi6 a dicha reclamaci6n, diciendo que Vega, Pezuela y otros americanos, aunque nacidos alli, habian vivid y escrito en Espaiia, y debian fl-urar entre los escritores peninsulares, torque para Espaiia y en Espafia habian publicado sus obras. Al oir tan singular idea, no pude menos de hacerle observer que, si en effect los eseritores pertencieran no a su pals, sino al pals en donde escriben, Espaiia tendria que ceder alguna de sus glories literarias a otras naciones, y que con semejante principio ni aun Heredia, ni aun yo, deberiamos fl-urar entre los americanos.
Sobre esto cuestionamos largo rato, en cuyo moment entr6 en la sala en que estdbamos el joven cubano, que parece que tom6 el rdbano por las hojas, como suele decirse, o segfin otro dicho vulgar, oyendo campanas, no supo d6nde era que se repicaba; pero toda la discussion no bast6 a ponernos de acuerdo al tal literate y a mi. El se empefiaba en que Vega y los otros escritores que queria colocar en la literature peninsular no podian mirarse como glories de la literature Iii.spanoamericana; y yo, por mi parte, defendiendo los derechos de 6sta, sostuve que si no dejaban todos los nombres que la honraban y la enriquecian, mfis valia suprimirla.
En fin, recuerdo que dije muy enfadada: "Lo que es yo prohibo que nadie se permit tomar mi nombre para colocarlo a su capricho. Si es verdad que se quiere presenter un cuadro fiel del estado de las letras castellanas en la Am6rica que es o fu6 espaiiola, y si no se quiere sino rebajar la literature hispanoamericana, quitindole muebas de sus glories para dirselas a la Peninsula, que no se deje mi nombre en tal caso, pues no me agrada. Si Vega, Baralt, etc., han escrito y vivid en Europa y no en Am6rica, yo tambi6n me hallo en igual circunstancia, y o se le dejan a Am6rica sus hijos cualquiera que sea, el punto en que hayan vivid y escrito, o, si arbitrariamente le quitan los que quieren, sepan que yo retire mi nombre y no autorizo a nadie a colocarlo a su arbitrio; pues, segfin las regias que dan, debo figurar donde figure Vega, Baralt, etc., y no entre los escritores que han vivid en Am6riea; pero yo, no 'icepto figurar en ninguna parte, si ellos y yo no estamos donde debemos, es decir, e0re los americanos, pero todos los mericanos; si no, 1W."




T. 6






82 OBRAS DE LA AVELLANEDA

Tal fu6 la cuesti6n, y comprendi que no la habia entendido el susodicho joven cubano que oy6 parte de ella; torque saH6 dicien. do sin ton ni s6n que Cuba tenia bastantes buenos poets; aunque al-unos cubanos se desdefiaran de fig-urar en su literature. Ni yo ni mi contrincante paramos minutes en tal sandez fuera del easo; pero a pocos dias de esto fu6 que empez6 a corner la voz de que yo decia pests de los poets cubanos y no queria figurar entre ellos. Vi claro que el pollo cubano no habia entendido palabra de lo que oy6 casualmente; y ahora creo ver claro tambi6n que son chimes suyos los que han dado motive a la puerilidad que estfin hacienda algunos escritores habaneros; puerilidad que me baria reir, a no ver en el fondo de ella una herida que el amor patriot y el amor propio creen liaber recibido de mi maDO. Yo autorizo a mis amigos a desmentir altamente semeJantes calumnias, explicando los hechos; y reservando para otro correo, querido Luis, el hablarte del Dev'ociowario, quedo tu afectisima emiga.-TULA (1).






















(1) Este notable docurnento, en cuya sintaxis se podrh advertir cierto repetido galicismo, muy usual en nuestros dias, constitute un testimony, tan sincere come irrefragable, del cubanismo de ]a Avellaneda, que sin niDguna raz6n le ha sido negado recientemente, renovando los injustos cargos que Is aurora desvirtfia en esta carta y cuyo origin inconsciente ella misma nos revel" en. el. preinserto texto N. de la C. E.





















LA MUJER (1)



I

Mucho se ha escrito sobre la mujer y mucho resta que decir todavia, segfin observe con raz6n un elegant publicist espafiol, que recientemente ha enriquecido la historian del bel-lo sexo con un volume precious, dedicado exclusivamente a su studio (2). No entra, sin embargo, en nuestro hnimo la idea de acompaiiarle por el vasto campo de su filos6fica exploraoi6n, ni la de prestarle nuev0s y desconocidos datos, para ensanche y apayo de sus teorias. Vamos principalmente, por ahora, a echar rA.pida mirada (,abre los antecedents de la mujer respect al sentimiento, comenzando por el religioso; esto es, por el pafpel que le ha cabido representar en el augusto drama de las relaciones de Dios con la humanidad caida y regenerada.




Concedemos sin la menor repugnancia que, en la dualidad que (-'Onstituye nuestra species, el hombre recibi6 de la naturaleza la superioridad de fuerza ffsica, y ni aun queremos disputarle en este breve articulo la mayor potencia intellectual, que con poca mo(1) Articulos pub licados en un peri6dieo el afio de 1860, y dedicados por IR Rutora al bello sexo.
(2) El Sr. A Severo CataUna.






84 OBRAS DE LA AVELLANEDA

destia. se adjifdica. Nos basta, lo declaramos sinceramente. nos basta la eonvicei6n de que nadie puede, de buena fe, negar a nues. tro sexo la supremacia en los afectos, los titulos de su soberania en la inmensa esfera del sentimiento.
"Las almas grandes-ha dicho, un poeta-aspiran a desoender; no por laxitud, sino por instinct, de la verdadera elevaci6n, que consisted en el sacrificeo" Tal es, precisamente, el carficter de Is mujer; ella posee aquella, intuici6n de la verdadera grandeza, aqu6l instinct del supremo heroism, que hace se complazea des. cendiendo; que hace se glorifique en el dolor; que hace, en fin, que consagre su coraz6n altar secret de holocausts continuos. Pero no temfiis que ese gran coraz6n, en que se aposentan los inmengos afectos de hija, de esposa, de madre, exigiendo triple tribute de abnegaciones ignoradas, se posture o, se rompa por no ser bastante a contenerles. Desbordan, es verdad, aquellos sentiments, y se derrarnan y se extienden por el mundo, pero es para server de bilsamo a todas las -filceras que lo corroen; es para former esas instituciones de beneficencia, que todas tienen a la mujer por fundadora o tutelar. 1 Oh! el-la no es madre solamente en el sentido material de la palabra: la maternidad de su alma comprende al universo. La Providencia misma lo indic6 asi, al hacer que naciera del seno virginal de Maria el divine representative del mundo regenerado.



La dolorosa maternidad, expiaci6n en Eva, triunfo en Maria (que fu6, sin embargo, la, mfis mArtir de todas las padres), cifle las stones de la mujer, penitent o santa, con la aureola augusta del sacrificio; la revise del sacerdocio mfis sublime-porque es el que exige mayor abneoaci6n--del sacerdocio del amor. i Oh!, is!! Eva Ilorando la esclavitud de sus hijos, echados al mundo, con dolores de sus entraflas; Maria rescatfindolos, tambi6n con sus ligrimas, Y abri6ndoles las puertas del cielo con la inmolaci6n de, su alma, sintetizan--digfimoslo asi-toda la, historic. de su sexo. i Siempre el sacriflcio, hasta el triunfo! De este modo la muier se alza reina por derecho divino en los vastos dominion del sentimiento; reina como primer. en el dolor expiatorio, reina como, primer, en el dolor gloriosa de la lucha y la victoria.
Notadlo bien vosotros los que records sin cesar la flaqueza de la primer madre, poni6ndola como, indelible stigma sobre la








MISCELINEA 85

frente del sexo; notad que Maria fu6 saludada Uena do gracia por el mensajero celeste, antes de que la gracia se hubiese encarnado en el hombre. Notad tambi6n que Adin delinqui6 con Eva, y con ella produjo descendencia corrompida; pero, Maria vencig sola, y-sin intervenei6n de ningfin Adfin-produjo deseendencia divine. La gloria de Maria borr6 y cubri6 con resplandores eternos la ignominia de Eva. La derrota de Adin neeesit6 de un Hombre-Dios para ser reparada.




El mundo-a pesar de las vultraridades que circular por su seno en detractaci6n del sexo femenino-no, ha podido rehusarle los dictados de bello, tierno y piddoso, si bien desquitindose de este homenaje con Ilamarlo, tambi6n d6bil. Apurado, se veria, sin embargo, si le exigi6semos nos probate la justiciia de esta. filtima calificaci6n con la minoria vergonzosa en que apareciese el sexo en las piginas sangrientas del heroism religioso. i Y eso, que las mujeres no aprenden a ser fuertes y a despreciar la vida!
Mucho tambi6n habria de costarle el encontrar en la historic de las naciones un pueblo, un siglo, que no le suministrasen ejemplos admirable de muieres magninimas, ilustradas por hechos extraor. dinarios de patriotism, que les han merecido de la posteridad el asombro y el aplauso. i Y eso que la mujer no estiL admitida a tomar parte en los interests pfiblicos, ni ha tenido jamits un Capitolio!
No es alli tampoco donde en este moment nos proponemos buscarla, torque no estfin alli los titulos mfis bellows de su gloria.
Evolved, evolved los ojos a aquellos, dias sefialados por el mfis grande de todos los success del orbe; a aqu ellos dias en que bril16 la luz tanto tempo esperada, difundiendo sus resplandores hasta en los que yacian a la sombra de la muerte.




El Redentor recorre la Judea dando voz a los mudos, moviIniento a los paraliticos, vista a los ciegos, salud a los enfermos, y anwiciando el Evangelio a W pores, segfin sus mismas palabms.
Los doctors de la ley le persigaen, acusfindolo de perturbador del orden pfiblico.








86 OBRAS DE LA AVELLANMA

Las mujeres ignorantes se van en pos suya, bendiciendo el venture donde fu6 concebido.
El fariseo, preciado de justo, que le recipe en su casa, no le ofrece agua para la abluci6n prescripta por el uso.
La mujer pecadora Ilega a lavarle los pies con lAgrimas y a en. jugkrselos con sus cabellos.
Pilatos, d6bil ante el. ciego furor de los ancianos y sacerdotes, que le piden sangre innocent, la hace altar bajo los golpes del litigo, y abandon el. Meslas al escarnio de sus soldados.
La mujer del gobernador romano, salta de su. lecho, perturbada por misteriosos presentimientos, y despacha mensajeros que le supliquen vivamente no permit sea derramada la sangre de aquel justo.
Y Pilatos, y los doctors, y los sacerdotes, y los ancianos, y el pueblo, todos wndenan al Hijo de Dios, todos le envian al suplicio, cargado con la cruz.
Las hijas de Jerusal6n le siguen gimiendo y regando, con sus I& grimes las filtimas huellas del Mkrtir divine.



i Oh! mirad levantada la cruz entre el cielo y la tierra, que une con sus brazos sangrientos. La Victima. santa, enclavada en aquel madero (que de instrument de muerte queda convertido--a su contacto-en simbolo de vida), tiende las moribundas miradas en torno de aquel duro leeho de agonia... 1 Qu6 se han hecho tantos discipulos honrados con su amor, ilustrados con su doetrina? jD6nde estfin los hombres privilegiados, eseogidos por 61 para minister augusto, revestidos, por 61 de potestad contra el inferno ? 1 Uno solo estk alli! ... i uno solo! ... Pero en cambio hay tres mujeres. Nin3,(runa de ellas se haI16 presented a la gloria del Tabor; todas acuden a participar de la ignominia. del G61gota.
Luego, cuando la noche extended su llhgubre manto, sobre la cludad deicida, 1 qui6nes velan en medio, del silencio, preparando perfumes para embalsamar con piadosas manos los sacrosantos restos?-I Mirad! mujeres tambi6n. Por eso merecen que una de ellas escuche antes que nadie aquel nuncio, solemn de felicidad para todas las generaciones humanas.-"iMujer! no estA aqui el que buscas: ha resucitado, como, dijo. "
Y no es esto s6lo: otro jfibilo, otra gracia, nos estaba reservads. La mujer-que fu6 ]a primer en recibir la noticia del triunfo-








MISCMINZA 87

fu6 tambien la primer que contemp16 con sus ojos al. PrImoginito A entre los rawrtos.
Era justo: ella le habia acompafiado en el suplicio y le buscaba en la tumba.




Lemons visto antes a Eva y a Maria -a la madre culpable y a la Aladre Santisima-ofreciendo igualmente al cielo abundance tributo de maternales dolores. Vemos ahora a Maria y a Magdalena
-a la Virgen sin mancha. y a la cortesana arrepentida--ofreciendo )gualmeDte a la admiraci6n del mundo el sublime ejemplo de la fortaleza del amor.
Las dos se nos presentan. al pie de la cruz, y alli la una, y junto al sepulcro la otra, oyen de labios divinos y de labios ang6licos aquel vocativo-i mujer!-que tiene en ambos casos significaci6n gloriosa.
iffitjer! he ahi a tu hijo, le dice el redentor a Maria, simbolizando en San Juan a todos los hombres. Notadlo: no la llama madre suya, torque la Reina de los mhrtires no represents alli solamente a la augusta Madre del Mesias: represents a la ntujer... a la mujer rehabilitada, a la mujer santificada, a la mujer co-redentora, cuyo grande coraz6n puede contender la maternidad del universo.
iffitjer! dice tambi6n el kngel a Magdalena, el que buscas ?w estd aqui: ha resucitado, conto dijo.
Tampoco la amante penitent es llamada. por su nombre; el vocativo de que se sirve el nuncio celeste es el mismo empleado por el Redentor al dirigir a Maria sus Altimas palabras: 1Mujer! porque, lo mismo que la Virgen sin mancha, la. pecadora absuelta parque aW numho, personifica alli a todo el sexo... a ese sexo. que acompafi6 a Jesfis hasta el Calvario, que le bendijo, cuando le maldecian los hombres, que le busc6 en el sepulcro cuando le olvidaba, en 61 uu pueblo enter colmado de sus beneficios, y que-conquistfindose para siempre las calificaciones de piadoso y amante-mereci6 la dicha de ser el primer en saber que la muerte habla sido vencida. por el amor, y abiertas para el amor las eternal puertas de la. gloria.








88 OBRAS DE LA AVELLANZDA



Maria y Magdalena, la pureza y la penitencia, se cifien. -a la par, en la divine epopeya del cristianismo, la corona inmarcesible del sentimiento, sintetizando, a su sexo, grande siempre por el coraz6n.
Leed las sagradas pfiginas del Evangelio y en ellas hallar6is to. da la historic de la muier, y por ellas comprender6is cufin noble, cu6m bello, cuhn augusto es el papel que le ha tocadG representer en la historic de la humanidad.
Maria Ilena de gracia, Magdalena Ilena de amor; Maria madre y model de todas las generaeiGnes redimidas, Magdalena hermana y ejemplo de todas las almas penitents; ambas amantes, ambas do. lorfdas, ambas al pie de la cruz, simbolizan igualmente al sexo, magnfinimo, al que concedi6 el. Eterno la soberania en todos los affects, y-por los merecimientos de todos los sacrificios-las primicias de todos los triunfos.






















En el articulo que antecede s6lo qusimos consider a la compafiera del hombre, bajo el aspect que particularmente la distingue, esto es, en los dominion del sentimiento, que constituent su mfis legitimo patrimonio. Vista de tal manera, y limitfindonos, como, lo hicimos, al ripido examen del papel que le ha tocado representer
-por aquella incuestionable supremacia-en los sagrados fastos de la religion, sentlamos entonces cierta orgullosa complacencia en mostrar desd6n por toda g-oria que no fuese aquella, dejando al que se llama sexo fuerte en. tranquila posesi6n de cuantas exclusivas dotes se atribuye. Hoy, emperor, se nos ocurre echar a la ligera otra ojeada sobre la historic de nuestro sexo dgb-il,, siquiera no sea mis que por curiosidad de encontrar los fundamentos de esa calificaci6n que hace tantos silos venimos aceptando. Si, lo confesamos: nos punza un poco el deseo de averiguar si la mayor delicadeza de nuestra organization Mica es obstficulo insuperable opuesto por la naturaleza al vigor intellectual y moral; si enriquecidas con los tesoros del coraz6n, nos deshered6, en cambio, el Padre universal de las grades facultades de la intelligence y del carficter.
Par6cenos a primer vista, arenas iniciamos esta cuesti6n, que lejos de excluir la superioridad afectiva, otras cualidades preciosas, se derivan de ella estimulos poderosisimos para todos los resorts del alma, y-vini6ndosenos a la memorial tantas mara,611as ejecutadas por el entusiasmo--no s6lo nos sentimo's dispuestas a declarar, con Pascal, que los grades pewamientos ?wxen del coraz6n, sino que nos asalta la idea de que los mbs gloriosos. bechos, consignados en los angles de la human-idad, han sido siempre obra del sentimiento; -que los mfis fuertes heroes ban sido en todo tempo los mfis ricos corazones.
La vasta intelligence asociada a mezquino poder afectivo es-








00 OBRAS DE IAA AVELLANEDA

si existe---una monstruosidad: solemos encontrar genios pervert. dos o extraviados por violentas passions; pero es rarisimo, si no imposible, el hallar gran potencia, intellectual. en desgraciadas organizaciones desprovistas, de sensibilidad apasionada. Del mismo M'). do los vigorosos earacteres, los que son capaces de emprender y realizer grades cosas, los que se atreven a echar sobre si responsabilidades inmensas, no son comunmente propiedad de hombres iridos y frios, en quienes la acci6n no tiene otro m6vil que meras especulaciones.
El poder del coraz6n es, por tanto, origin y centre de otras muchas f acultades, y aunque a veces ese poder pueda dar al caricter y a la. intelligence una iniciativa, errada; aunque mal educado y diri-ido--como lo esti por lo coffin en la mujer-suela emplearse indigna y lastimosamente, no por eso nos es, permitido, rebajar su incomparable importance; antes bien, debemos decir con Lacordaire: Que el que quisiera. despojar al hombre de la pasi6n por los males de que ha sido a veces instrument se asemejarm a un Wensato que rampiera la lira de Homero torque ha servido para cantar falsos doses.



Siendo la potencia afectiva, fuente y motor de otras, resalta la consecuencia, de que la mujer--que privilegiadamente la pos en vez de hallarse incapacitada de ejercer otro influjo, que el. exclusivo del amor, debe a lella y tiene en ella una. fuerza asombrosa, cuya esfera de acc16n seria muy aventurado determiner.
jBuscaremos hechos que justifiquen esta teoria? La difficult que se nos present. consisted en tener que limitarnos a entresacar algunos, de entre los innumerable que nos afrecen la tradici6n y ]a historic.
Nada. parece tan ajeno del tierno coraz6n femenino, nada tan incompatible con el dictado de d6bil con que se nos distingue, como ]as acciones extraordinarias de valor arrojado y de constancia invencible. Sin embargo, mirad a D6bora declarando guerra a los cananeos, bajo la palma. que le sirve de solio cuando administer justicia, a los bijos de Israel, y guiAndolos por si misma al combat en que derrotan al soberbio, enemigo. Mirad a Jahel descargando con firme mano el. martillo que traspasa. las scenes de Sisara; a Judith penetrando en la. tienda de Holofernes para salir de ella con la sangrienta cabeza del invasor; a la madre de los Macabeos presen-







MISCELINEA 91

ciando heroicamente el sacrifice de sus hijos, victims del amor patriot.
Y si apartamos IOS ojos de ese sagrado libro-el mAs antiguo, y aut6ntico del mundo-veremos a las espartanas, quienes, al aproxiinarse Pirro para consumer la ruina de su. ciudad, se resisted a ser transportadas a la isla de Creta-donde para seguridad de sus vidas las niandaba el senado-y presentindose a 6ste, blandiendo espadas en sus blancas manos, le declaran que no obedeeerdn nunca un decreto que las deshonra, pues todas est6m dispuestas a veneer o a morir con sus conciudadanos. Veremos a las hijas del tebano An4,ipedes, inmolfindose sin vacilar cuando declare el orAculo que solo triunfarfi Tebas si se derrama lustre sangre en holocaust a los doses. Veremos a Boadicea vengando la esclavitud de su pueblo con la muerte de 70.000 romans; a las argivas defendiendo la ciu.dad que asalta el rey do los lacedemonios, y rechaz6,ndolo con perdidas enormes; a una princess sfirmata-colocada a la cabeza del gobierno en lo mfis florid de su edad--uo s6lo administrator recta justicia; sino sorprender y derribar del trono a un monarch ambicioso, que habia osado amenazar sus estados burlAndose de la debilidad de su sexo. Veremos a Artemisa combatiendo--como auxiliary de Xerjes-en Salamina, despu6s de ilustrarle con tan sabios consejos que-a se,Uirlos el persa-contaria la Grecia un lauro menos en su corona de gloria. Veremos a la digna esposa de Germ6mico dejar el lecho en que acaba de ser madre, para reanimar con su voz las hiiestes del campamento, y desempefiando, en ausencia de su marido, las veces de general. Veremos a la disoluta Antonina, sieinpre pronta a lavar las manchas del tfilamo nuptial con la sangre enei-niga que sabe verter su espada en los campos de batalla, al lado de su esposo Belisaxio. Veremos a las matrons de Alba Real
---en Hungria-defender heroicamente aquella plaza sitiada por los turcos, ,.-uando ya los hombres desalentados trataban de rendirla. Veremos a Juana de Arco, de cuya maravillosa historic no necesito recordaros hechos. Veremos a aquella lustre griega (1) que desaflaDdo el poder de Turquia-opresora de su patria-arma buques, los capitanea, y eon la divisa do libertad o muerte logra que su pabell6n, triunfante en los mares, difunda espanto dentro de los muros de Constantinopla; y a aquella famous polaca (2) que presentAndose a su marido-gobernador de una plaza sitiada-con dos

(1) Bobolina.
(2) Kazanowska.







92 OBRAS DE LA AVELLANEDA

puftales en la mano, le dice resueltamente: El uno traspasard tu pecho y el otro el mio, si eres capaz de la flagueza de rendirte; y a aquella notabilisima figure de la revoluci6n francesa, que tiene por nombre madame de Roland; y a la no menos extraordinary que tifi6 su delicada diestra con la inmunda sangre de Marat... (1). 1 Para qu6, emperor, recorder los. fastos del mundo, entresacando de ellos heroines 7
Nos basta abrir un moment las piginas nacionales. Ellas nos presentan a la lustre viuda de Padilla, rival de su esposo, en gloria; a Maria Pita, esgrimiendo el acero que abandonan los desfallecidos defensores de la Corufla y lanzindose a la brecha, ocupada ya por los ingleses; a la infortunada Pineda, victim de su amor a la libertad, marchando al suplicio, con serene continent; a la inolvidable Agustina de Arag6n, que arranca la mecha de las moribundas manos del filtimo artillery que defended la Puerta del Portillo, atacada por los franceses en el primer sitio de Zaragoza, y prende fuego al cafi6n, difundiendo el espanto, en las filas enemigas.
Estos ejemplos, y tantos otros que citar pudi6ramos (aun preseindiendo completamente de las innumerable mfixtires de la fe), I pueden dejarnos duda sobre la resoluci6n que debemos sentar respecto, al problema examinado? gge nos acusari de ligereza o de parcialidad, si declaramos que tocante al valor y a la energia, ning(m titulo nos present el sexo fuerte que no pueda disputarle el AW, con derechos incuestionables 7
1 Oh! y no olvid6is que las mujeres en ningfin pais del mundo somos educadas para sufrir fatigas, afrontar peligros, defender intereses pfiblicos y conquistar laurels civicos.



Pero todavia es posible-queremos concederlo-que el entusiasmo, tan propio de IGs corazones apasionados, presto a la mujer en determinadas eircunstancias un valor momentfineo, tanto mis exaltado y violent cuanto sea menos propio de su naturaleza; y en tal concept, los hechos mfis asombrosos de arrojo y de energia no son bastantes a dejar probado, que el sexo dotado privilegiadamente con la hermosura y el sentimiento lo est6 tambi6n con grades cualidades de carficter.

(1) Carlota Corday.






MISCELANEA 93

Los extremes se tocan-pueden decirnos;-la debilidad suele tener arranques de temeraria audacia; y, sin negaros, por tanto, que la muier sea capaz de actos admirable en un impulse de pasi6n, 110 os concederemos que sea tan apta como el hombre para Ilevar a cabo vmPrCs('1s arduas y dilatadas. En una palabra, antes de aceptar la capacidad de la mujer como igual a la del hombre en todos coneeptos, micesitamos, algo, mfis que esos hechos extraordinarios, que s6lo nos convencen de que teniais raz6n en proclamar al entusiasmo, autor de grades prodigies.
Ahora bien,-queridas lectoras: atendiendo, como es justo, a las anteriores indicaciones, vamos a echar otra. mirada rApida sobre los antecedents del sexo, relativamente a la intelligence y al carheter, comenzando por lo que haya de mfis arduo, trascendental y sublime.
Nada require mayoresdotesde talent, firmeza y constancia; nada aparece revestido de tanta gravedad y grandeza como, el gobierno de los pueblos. Regir a los hombres es la mfis dificil de las empresas; regirlos bien es, por consiguiente, la mfis excels de las glorias.
jPuede la mujer alcanzarla? Un solo ejemplo de ello, seria bastante a demostrar que su organization fisica no es incompatible con las mfis poderosas facultades del alma; pero, nosotras desdefiamos soberbiamente-gporqu6 ocultarlol-el acogernos a uno ni a dos ejemplos, por mfis decisions; que parezean, y lanzando-sin elecei6n, en propel, segfin se nos vengan a la memoria-algunos de los infinitos recuerdos, que atesora el mundo, de mujeres famosas en la administration de los grades interests pfiblicos, intentamos probar, no ya la igualdad de los dos sexos, sino la superioridad del nuestro en el desempeflo, de aquella misi6n augusta, la mfis ardua de cuantas plugo, al cielo eneargar a los humans.






















Aunque somos deudoras al Cristianismo de la proclamaci6n so. lemne de la di-nidad de la mujer, cuyos derechos de companera del hombre y su co-habitante del cielo quedaron para siempre consignados; y aunque sea cierto tambi6n que a pesar de ello,-y en deplorable muestra de la resistencia que opusieron las tinieblas de la raz6n humana al luminoso espiritu del Evangelio-todavia fu6 objeto de risibles debates la singular cuesti6n de si debia ser considerado nuestro sexo como parte integrate de la species rational (1), es hecho no menos evidence que desde muy antiguo-y a despecho de todas las egoistas teorias del sexo dominador-cedia 6ste en la prictica a la influence ponderosa del avasallado, y hasta reconocia en 61, como por instinct, cierta grandeza que no acertaba a explicar sino atribuy6ndole inspiraciones divines. La historic de los francos, los celtas y los germanos nos muestra a cada paso la veneraci6n que alcanzaban entre aquellos pueblos las mujeres, en cuyas manos depositaban muchas veces-al ocurrir circunstancias graves- toda la autoridad civil y political. Los francs podian eensurar libremente la conduct de sus magistrados, pero no les era permitido poner en dudal la sabiduria de los consejos femeniles, torque eran reputados orkeulos del cielo.
En las Galias se instituy6 un tribunal de damas, que fu6 por largo tempo el mas lustre y respectable de la naci6n: el alto concept de que gozaba, aun entre los extranjeros, resplandece en el hecho de que, al concluir Anibal un tratado de paz con los galos, estipul6


(1) Dicha cuesti6n fu6 seriamente discutida en un concilio (no ecum6nico), que s6lo despu6s de muchas dificultades pronunci6 la afirmativaWase la Hi8toria de Gregorio de Tours, libro viii, y los En8ayo8 de Saint Foix.







MISCEL-kNEA 915

solenmemente que, si alguno de 6stos cometia ofensa contra un cartagin6s, seria sometido al f allo del senado, de damas, y no a ningfin otro.
i Cosa notable! Cuando decay6 la influencia de la mujer en las Galias, y la administration del pais qued6 exclusivamente en manos de los druids, aquel pueblo-independiente y vencedor hasta entonces-no tard6 mucho en verse tributario de Roma (1).




En ningfin tempo la mujer-no obtante su pasada. degradaei6n-ba dejado de empufiar a1gunas veces el cetro del poder, y icosa tambi6n notable! casi siempre lo ha empufiado con gloria.
Tomiris, a la vez que reina, fu6 legisladora de las escitas. Dido fiind6 la naci6n que lle-6 a ser cion el tempo rival temible de la dominadora del mundo. Semiramis brilla entre los monarchs caldeos con un resplandor que-traspasando sombras de los tiemposha Ilegado a nuestrosdias. D6bora-aquien ya citamos coma belicosa heroina-no se hizo notar menos par su acierto en la administraei6n de justicia. Las dos Artemisas merecieron que aun vivan sus nombres. Zenobia no les prob6 a los ramanas que era un gran capitfin sino despu6s de ser venerada par sus sfibditos coma una grande reina, y A alcanz6 de sus amigos el glarioso titulo, de Augusta.
Si cesando de remontarnas a tan lejanas edades nos fijamos un moment en las del Cristianismo, pres6ntansenos en propel: una Amalasunta, que se conquista el nombre de Salom6n de su sexo; una Alix de Champafia, regenteando con singular acierto la turbulenta Francia durante la minoria de su hijo Felipe Augusta; una liargaritadeValdemarqueune ensus scenes las coronas de Noruega, DiDamarea, y Suecia, oy6ndose aclamar la Semiramis del Norte., una Sancha de Le6n, mercei6ndose el dictada de heroine leonesa; una Berenguela de Castilla, a quien da la historic 'el sobrenombre de Grande; una madre de San Luis, digna de este titulo y del de hermana de la gran Berenguela; una Maria Teresa, cuya figura hist6rica no tiene rival entre los monarchs austriacos; una Isabel de Inglaterra, maestro en la ciencia political; una Maria de Afolina, que empufiando el tim6n del Estado en circunstancias dificiles, hace proverbial su prudencia ..... Valved la vista, en fin,


(1) Historia de las Gagias, por el benediction D Martin, tomo 1.






96 OBRAS DE LA AVELLANEDA

hacia esas ilustres princess de Rusia, continuadoras de la asom. brosa revoluci6n iniciada por Pedro el Grande, y durante su go. bierno femenil mirad abolir suplicios, promoter reforms, cultivar. las ciencias y las artes, llevar a cabo colosales empress que ensail. chan los limits y la preponderance, del Estado, poblfindose el Me. diterrfineo como el Oc6ano, de buques construldos a las gorillas del Bkltico y del Mar Negro.
Despu6s, por conclusion (pues-de seguro no nos pedir6is mis), deteneos algunos minutes contemplando con legitimo orgullo na. cional la magnifica, figure de Isabel la Cat6lica. Miradla-reci. biendo de un rey impotence una naci6n arrastrada a, los borders de su ruina-empufiar con mano vigorous el eetro por tanto tempo juguete de facciones, y-acallando exigencies de un marido que se juz-a desairado dejando a su exclusive cargo las friends del go. bierno--plantear sin descanso larga serie de sabias disposiciones, por medio de las cuales pone freno a ciegas parcialidades; ahoga ambiciones locas de una oligarquia turbulent; anula el anfirquico poder de las 6rdenes militaries, cuyas grades maestranzas resume el trono; echa por tierra los privileges rodados; reform, el elero; institute hermandades que purguen la tierra de malhechores; restablece y asegura, la tranquilidad de los pueblos, y-fomentando el comercio, la navegaci6n, la industrial, la agriculture, y las ciencias
-abre los casinos de los honors y de la riqueza al talent creator y a la virtue laboriosa... Miradla sacar al Erario--con auxilio de las Cortes-de la profunda, extenuaci6n a que lo redujeran p6simas administrations; ordenar la forma y los atributos de superiores tribunals; tirar las primers lines para la magna, obra de una lecislaci6n arm6nica, coffin a todos sus dominion; asentar, en fin, la monarquia sobre s6lidas bases, y-cuando logra, alzarla v1vificada por el nuevo espiritu que la infunde-Ilamarla a las armas, ceffirse el casco guerrero, blandir la espada de Pelayo, y eonducirla-bajo la ensefia, de la cruz-a arrojar a los ismaelitas, que aun mancillan el hermoso suelo de Granada, a los desiertos arenales del Africa.
La Europa entonces saluda con asombro tan excels, gloria, femenil-que hace ya presenter los pr6ximos laurels de Espaiia en el Rosell6n y en Italia-y la Providencia le abre un nuevo mundo donde se extienda triunfante, para constituir aquel imperio grandiose, del que pudo decirse que nunca, el sol cesaba de alumbrarlo.
Despu6s de esto, 1qui6n se atreverA a poner en duda la capac-idad privilegiada de la mujer para los arduous deberes del gobiernol








MISCELIMA 97

privilegiada he dicho-i notadlo bien!-porque 10"s individuals de nuestro sexo que han region naciones estfin en exigua ininoria comparativamente a los del otro, y, atendida esa diferencia, son mis los nombres region femeninos que consagra la historic que los nombres region varoniles.
Podemos tirar el guante al sexo fuerte, provocindole a esta decisiva prueba. Nosotras sentamos sin vacilar que de cada diez reinas por derecho propio sefialaremos cinco, cuando menos, dignas del respect de la posteridad; Ise atreveri 61 a presentarnos, de cada cien reyes, cincu6nta que merezean igual honra?


































T. Yr. 7




















IV


Si aun nemitdsemos nuevas demostraciones de que la fuerza moral e intellectual de la mujer se iguala, cuando menos, con la del hombre, no tendriamos mfis que busearlas-con s6lo otra mirada rapidisima-en el vasto campo de la literature y las artes. No decimos tambi6n de la ciencia, torque estando 6sta basada imicamente en el conocimiento de las realidades-conocimiento que los mayores genius no pueden poster por intuici6n-seria absurd pretender hallar gran nfimero de celebridades cientificas en esa mitad de la species rational, para la que estkn cerradas todas las puertas de los graves institutes, reputfindose hasta ridicule la aspiraci6n de su alma a los studios profundos. La capacidad de la mujer para la ciencia no es admitida a prueba por los que decided soberanamente su negaci6n, y causa sumo asombro que-aun asi y todo-no fallen ejemplos gloriosos de perseverantes talents femeninos que han loarado forzar de vez en cuando la entrada del santuario, para arranear a la misteriosa deidad algunos de sus secrets. Digalo Areta (hija de Aristipo), aurora de cuarenta libros cientificos, maestro de ciento diez 616sofos distinguidos, heredera (segfm deeSan los atenienses) del alma de S6crates y de la facundia de Homero. Diganlo Aspasia-de quien aprendian ret6rica Pericles y Alcibiades, y a la que debi6 Atenas una escuela de elocuencia; y Laura Bassi, no menos celebrada porous contemporaneous como instruida en Is fisica, el iLlgebra y la geometric que como inspirada en la po6tica; y la princess de Piombino, te6loga y fil6sofa; y madame Chatelet, re.conocida como artr6noma, etc., etc.
Si la mujer-a pesar de estos y otros brillantes indicios de Su capacidad cientifica-aun sigue proscripta del temple de los eonoeimientos profundos, no se crea tampoco que data de muchos 69109 su aceptaci6n en el c-ampo literario y artistic: i ah! i no! tambib