Obras de la Avellaneda

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Material Information

Title:
Obras de la Avellaneda
Physical Description:
v. : front. (port.) ; 27 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Gómez de Avellaneda, Gertrudis, 1814-1873
Aramburo y Machado, Mariano
Publisher:
Impr. de A. Miranda
Place of Publication:
Habana
Publication Date:

Notes

General Note:
"La comisión directora de esta labor editorial compuesta de los Señores Aurelia Castillo de González, José Manuel Carbonell, Carlos de Velasco, doctor José A. Rodríguez García y doctor Mariano Aramburo ha tomado por base y guía para el cumplimiento de su empeño la edición de 1869"--Advertencia preliminar.
Statement of Responsibility:
Ed. nacional del centenario.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 22612836
ocm22612836
Classification:
lcc - PQ6524 .A1 1914
System ID:
AA00022055:00005

Full Text

















OBRAS DE LA AVELLANEDA.
















OB.RAS.



DE




LA AVEL.LAN.E.DA




EDITION NACIGNAL DEL CENTENARIO.




Tomo V.

NOVET-jAS Y I BYBNDAIS
















IMPRCWTA Ot AURELIO MIRANDA
TCRICUTE REV. 27.
1914










LM14 AVDICA



















DOS MUJERES




A su respectable amigo el Sr. D. Juan Nicasio Gaflego, Gertrudis G6mez de AveHaneda.








Publicada en Madrid eu 1842.
Gabinete Literario, Calle del Principe, 25.




















RX 0LOGO


Si la ben&ola acogida que el pfiblico de Madrid ha concedido a lanovelita intitulada Sab, impusiese solamente a su aurora la obligaci6n de presentable otra obra de mAs studio y profundidad, acaso no se atreveria a dar a la prensa su segundo ensayo en tan dificil g6nero, desconflando de Ilenar debidamente aquella obligacion.
Pero como quiera que no cree menos imperioso el deber de ofrecer a tan indulgence pfiblico un testimony de su gratitude, y no alcanza otro que el de presentable sus ligeros trabajos, se determine a publicar la present novel, sin careers en la precision de hacer alarde de una falsa modestia, rebajando el m6rito que pueda tener, ni menos atribuirle algwio de que acaso carezea.
Dirfi finicamente que ]a presented obrita no pertenece al g6nero hist6rico descriptive que inmortalizarg el nombre de Walter Scott; ni tampoco a la novel draindtica, por decirlo asi, de Victor Hugo.
No hay en ella creaciones, tales como el Han de Islandia y Claudio, ni ha intentado la aurora desentrafiar del secret del coraz6n human el instinct del crime. M s humilde y menos profunda, se ha limitado a bosquejar characters verosimiles'y passions naturales; y los cuadros que ofrece su novel, si no son siempre lisonjeros, nunca son sangrientos.
A los critics abandon los defects numerosos que deben contener estas pfiginas como obra literaria, y previene cualquiera interpretaci6n ligera o rigurosa, que pueda deducirse de su lecture, declarando que ningfin objeto moral ni social se ha propuesto al escribirlas.
La aurora no se cree en la precision de profesar una doctrine, ni reconoce en si la capacidad necesaria para encargarse de ninguna misi6n de cualquier g6nero que sea. Escribe por mero pasatiempo, y seria dolorosamente afectada si a1gunas de sus opinions, vertidas sin intenci6n, fuesen juzgadas con la severidad que tal vez merece el que tiene la presunci6n de dictar mfiximas doctrinales.

























DOS MUJERES





-Te repito por cent6sima vez, hermana, que es absolutamente precise que mi hijo conozea un poco el mundo antes de contrary empefios tan solemnes como los del matrimonio.
-Si, torque arrojar a un pobre muchacho de veinte aflos, que sale de un colegio, en esa. Babilonia de Madrid, paxa, que le perviertan y corrompan, es el mejor medio de prepararle a ser -un buen marido.
A la verdad hermano, que discurres con un acierto!
-Leonor, tfi interprets mis palabras con una arbitrariedad que me pasma. jQui6n.trata de arrojar a Carlos, como dices tfi, para que le perviertan y corrompan? 1 No puede mi hijo ir a la. corte recomendado a sujetos appreciable y prudentes, que le sirvan de gula en era que tfi llamas Babilonia? Ademfis, en. Madrid como en Sevilla hay bueno y malo: no s6 por qu6 se ha de suponer que todo el que vaya, habra de pervertirse forzosamente. 1 Tienes unas preocupaciones tan injustas y tan tenaces!
-Y tfi unos caprichos, tan inconcebibles!.... Conquer en fin, Francisco, jestAs resuelto, a pesar de las repetidas reflexiones que te hago, a enviar al chico a Madrid arenas Regue a Sevilla?
-No digo yo que sea precisamente arenas Ilegue a Sevilla, no por cierto. Hace ocho aflos que no veo a Carlos y....
-Gracias a la loca manfa que tuviste de queer hacer de tu hijo un revolucionario, un hereje, un franc6s. No fu6 ciertamente mi dictamen el que seguiste cuando enviaste a Carlos a tomar lo, que tfl llamas una brilliant educaci6n a un colegio de Francia; de









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esa nueva Ninive, de ese centre de corrupci6n, de hereilas, de....
-Por el amor de Dios, hermana, suspended tus calificaciones y d6jame concluir lo, que iba diciendo. Repito qjie hace ocho aflos no. veo a mi hijo y que es natural desee tenerlo a mi lado algunos meses antes de volver a sepaxarme de 61.
Pero despu6s, es cosa decidida, despu6s irh a Madrid, irA a tomar ese baffito de corte que sienta tan bien a un joven de su clase, y que en nada, asi lo espero, podr& perjudicar a sus sentiments y buenas costumbres.
i Hermana Leonor! uing-dn Silva ha sido picaro ni libertine y yo juro, vive Dios, que no serh Caxlos el primer.
-Pero jqu6 necesidad tiene Carlos de ese bafiito de corte, como tfi dices? Porque se quede tranquil en su. patria al lado de su padre y de su esposa, cuidando, de sus interests, que a Dios gracias son considerable, serh menos caballero, menos estimado de sus, com.patriotas? jPierde algo con no ir a Madrid?
-Si, sefiora, torque este paseo, que por otra parte nd.serA largo, le proporcionarh revivir fitiles relaciones, que yo tengo muy descuidadas; podrd, por medio de ellas, vestir el distinguido hhbif6 de Carlos III que yo obtuve a su edad, pues mi hijo no ha de ser menos que yo; se darit a concern y cult ivarh la amistad de su primo que es CapellAn de la Reina, anciano valetudinario y poderoso, que no ticne parents mis pr6ximos.... en fin, suponte que ninguna ventaja resulted de este viaie, yo lo quiero y eso basta.
-Esa es la raz6n que tfi acostumbras opener a todas las que yo te present para apartarte de algunos de los proyeetos desatinados que forms cada dia. A la verdad, hermano, que a los cincuenta y cuatro aflos eres mfis loco que fuiste a los veinte.
-Y t-ft mks tenaz y dominate a los cincuenta que a los diez y ocho cuanAo te casaste con aquel pobre hombre a quien chaste a la sepulture a fuerza de impertinencias. Estas beats o devotes son mfis temibles que una legion de demonios.
-i Hermano Francisco!
-1 Hermana Leonor!
-Tfi te excedes.
-Tfi me precipitas.
En el moment en que el debate de los dos hermanos llegaba a esta linea peligrosa que divide el terreno de la discussion y el del agravio, abri6se Sin ruido una puertavidriera cubierta de cortinas de tafetfin verde, y asom6 por ella una rubia y ang6lica cabezadigna del pincel de Urbino o del Correggio.









NOVELS Y LEYENDAS

Qu6 es esto, mi querida mamfi? 1 qu6 tiene usted, mi amado tio? 6estfin ustedes rifiendo? 1Ah! iy yo me aflijo tanto siempre que tienen ustedes estas disputes que terminal por enfadarse!
Al oir estas -palabras, pronunciadas con un ligero y gracious acento andaluz por una voz musical, desaxrug6se I& frente de don Francisco de Silva, y una sonrisa de orgullo maternal asom6* a los pfilidos labios de dofia Leonor, que un moment antes'temblaban de c6lera.
-Ven, Luisitaj--exclam6 la buena sefiora, removiendo en un ancho sill6n de dai aasco enearnado con gal6n de plata, su cuerpo enjuto y acartonado.-Ven y trAeme agua de colonial, 6ter, cualquier cosa, torque me siento muy mala. I Ay, Dios mio, qu6 flato! Estas cosas me asesman.
-Hermana,--,dijo Francisco mirAndola con inquietud,-yo siento mucho,.... pero tfi me insults de un modo.... en fin, olvidese esto, si te he ofendido perd6name. Ya sabes mi genio.... soy una p6lvora.... pero repito que me perdones.
Mientras el caballero tartamudeaba estas palabras, sintiendo sinceramente lp indisposici6n de su hermana, aunque debla estar acostumbrado a tales escenas que eran demasiado frecuentes, Luisa saH6 del gabinete con un frasquito de 6ter, y poni6ndose en una banquetita delante de su madre, acerc6 su linda cabeza para examinax con tierno sobresalto las facciones de la anciana, alteradas adnpor la c6lera, pero en las que se traslucia la satisfacei6n que le causaba la victoria que, merced a su. flato, acababa de obtener sobre su. antagonist.
Luego la hermosa nifla aplic6 el frasquito a la nariz de la enferma y volviendo a su tio dos bellisimos ojos azules.Ilenos de ternura y mansedumbre, pareci6 decirle con ellos:-bPor qu6, por amor a mi, no es usted mds dulce con mi madre?
Don Francisco se levant de su silla, no ya con las cejas fruncidas ni la frente arrugada, sino con aire contrite y avergonzado, y tomando una mano de su hermana
-Leonor,-Ia dijo,--dime que me personas. De todos modos Carlos no irA ya a Madrid.
Estas palabras fueron un himno de triunfo para dofia Leonor, que apparent, sin embargo, no tender a ellas, y hacienda alarde de generosidad.
-Yo te perdono, Francisco, excl=6-y espero que t-ft tambi6n....
-No digas mAs, mi buena Leonor, olvidese esto; gestAs mejor?









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-Quisiera irme a la cama, hermano mio, necesito repose. i Hace tres dias que me siento tan mala!
-Y yo i bfirbaro! que sin consideraci6n al estado de tu salud, te doy a cada hora un nuevo disgusto.. .
-Vamos, tio, ya usted ha dicho que no se hable mks de eso. Venga usted; Ilevemos a mamh a su cama y lucgo.... luego le dar6 a usted un abrazo en premio de-lo bien que ha reparado su falta.
-i Hechicera!
Y el caballero miraba cay6ndosele la baba, como, suele decirse en su pais, a la linda nifia, hasta que dhndole 'un golpecito en el hombre, le record 6sta que era precise conducir al lecho a la anciana.
Mientras que descansa en sus bien mullidos colchones la respetable y doliente sefiora; que se march don Francisco despu6s de recibir el prometido abrazo; y que Luisa aprovecha el moment en que se ve sola para leer a hurtadillas, detrds de las cortinas de la cama de su madre, el libro de Pablo y Virginia que por pertenecer al anatematizado gremio de las novels, era en el concept de 6sta una obra prejudicial a la juventud, nos tomaremos sin disgust el trabajo de dar al lector una breve noticia de las personas que le hemos presented. Poco hay que decir de don Francisco de Silva: era ni mks ni menos, lo que aparece en la eseena anterior. Coraz6n bueno y generous, alma chndida, caxhcter vivo, un poco caprichoso, pero f6cil de dominar pasado el primer impulse. No era la prudencia su cualidad mks sobresaliente, y solia tomar las resoluciones mks extravagances y peligrosas con una ligereza que los afios no habian podido destruir y hacian re'saltar. Rara vez consultaba otra opini6n que la suya propia; irrithbale la contradiction manifiesta; no cedia jamAs a los arguments; pero nunca supo resister a la sfiplica, y un niflo podia gobernarle a su antojo por medio de la dulzura. Vfistago de una familiar antigua y ponderosa de Sevilla, cas6 con una mujer de ggual clase, de la que no tuvo mfis hijos que Carlos. Su esposa habia muerto poco despu6s del nacimiento de 6ste, y dofia Leonor, finica hermana de don Francisco, se encarg6 entonces del nifio, que no conoci6 otra madre. Don Francisco,. no obstante sus eternas disputes con su hermana, crey6 no poder conflar su hijo a mejores manos. Devote, r igida, several, dofia Leonor era una mujer de cuya virtue la misma envidia no se atrevi6 a dudar en ningfin tempo. Tenia toda la prudencia que faltaba a su hermano, era tan reflexive como 61 precipitado, y si tomaba sus resoluciones con menos energia, sabla sostenerlas con mks tes6n. Don Francisco, cen-









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surando sin cesar la inflexibilidad del carficter de su liermana, era sin que 61 lo conociese dominado por este mismo carActer. -Dofia Leonor jamfis retroc6dia en un. camino tomato con madura deliberaci6n; y su oposici6n grave, constant, immutable a todo lo que contradecia sus principios o contrariaba sus proyeetos, quedaba siempre vencedora, ganando a su. contrario, de cansado, muchas veces.
De seis hijos que tuvo dofia Leonor, no le quedaba mfis que uno a la muerte de su esposo, y la p6rdida de tantos queridos objets ha, bia hecho mds precious para ella ailuella Altima prenda de su uni6n.
Luisa, la linda Luisa era esta cara prenda, y su madre habia tenido en su educaci6n el mfis, incansable develop. No entraba en sus ideas el adornarla de talents distinguidos, y la educaci6n de Luisa fu.6 mfis religious que brilliant, a pesar de la oposici6n de don Francisco a un sistema tan rigid. No tuvo maestros de m-ftsica, ni de baile, ni de ningfin g6nero de habilidad;'pero en compensacion conocia todos los secrets de la economic dom6stica, era sobresaliente en el bastidor y la almohadilla, sabia los primers rudimentos de la aritm6tica y la geografia, podia recitar de memorial la historic sagrada y estaba medianamente instruida en la profana; con lo cual nada le faltaba, segfin decia s madre, pa'xa poder l1amarse una mujer instruida. Ademds, aunque dofia Leonor hubiese anatematizado todos los libros de novels y poesias amatorias, solia permitir a Luisa obras en su concept tan arenas como instructivas, y aprovechando la nifia esta concesi6n leia y releia en sus horas de descanso Las Tardes de la Granja, la Vida de las Santas, el Almac6it de wifts, Eufenzia o La mujer verdaderamente instruida, y aun las composiciones de Fray Luis de Le6n, con tal que no fuesen de aquellas en las que el poeta se dejaba inspirar algfin tanto por la ternura de su coraz6n. Ademfis, su tio solia.darla a hurtadillas algunas n ovelas como el Bobins6n, Pablo y Virginia, etc.
Luisa no tuvo amigas de su edad; dofia Leonor no gustaba de dar por compafieras, a su hija j6venes del dia, tal era su. expresi6n, que se educaban en los teatros y en los bales, y que a los trece afios salian a la reja a p'elar la pava con sus amantes. EscandalizAbase de la libertad que las padres dejaban a sus hijas, sostenia que en su tempo era muy different y terminaba por maldecir muy devotamente a la Francia y a los franceses, pues creia y probaba que de ellay de ellos, habia recibido Espafia el contagion fatal de las malas. costumbres. Dofia Leonor era en alto grado espafiola y realist. El culto que daba a Fernando VII estaba como en lazado al que tributaba a Dios, y la desafecci6n al Rey legitimo y absolpto era par4









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ella un pecado de herejia,,de tal modo se confundian en su cabeza el altar y el trono. Durante el reinado de Jos6 Bonaparte en Espafia, habiase confinado en un pueblo pequefio de la sierra, viviendo en el mis absolute retire, para evitar de este modo el oir hablax de .aquel usurpador hacid el cual conserve toda su vida un odio tan grande como el que profesaba a la Francia, siendo a sus ojos una de las mayors faltas de su hermano el que no participate de sus sentimientos en este punto. Don Francisco, aunque adicto sinceramente a la causa del Rey, no era en mantra, alguna un enemigo de los Bonaparte; y aun no pocas veces habia exaltado la bilis de su hermana, asegurando, a fuer de hombre previsor y politico, que conform o no a sus intenciones, ellos habian traido ventajas a la Espafia que debian hacerse palpable mAs taxde. Nunca olvidaba, el noble caballero contar entre estas ventajas la abolici4n del tribunal terrible de la Inquisici6n, y era entonces cuando dofia Leonor poni a el grito en los cielos, pues la piadosa seflora no dej6 de rogar devotamente cada dia, despu6s del rosario, por la restauraci6n del Santo Oficio y exterminio de los herejes; asi como por la vuelta de Fernando y caida de Bonaparte, a quien nunca, nombr6 de otro modo que Malaparte, bien que su hermano se burlase claramente de una puerilidad tan ridicule.
Dofia Leonor volvi6 a Sevilla a mediados del aflo 1814, para solemnizar con fiestas religious, que hizo celebrar a su costa en varios -conventos, la vuelta del Rey.
Tres afios habian transcurrido desde dicho dia hasta aquel en que comienza, nuestra relaci6n, y aunque el enthusiasm popular por el restituido monarca se hubiese aJgfin tanto entibiado durante este tempo, no sucedia lo mismo con el de dofia, Leonor, qup por el contrario, se exaltaba, cada dia mfis, como su devoci6n religious, Ilegando ambos sentiments al grado del fanatismo.
Es de suponer que su casa y su familiar, hubieran podido transportarse al siglo XVII sin que desdijesen en nada. El aire que alff se respiraba tenia un olor antiguo y monacal, los muebles, el qrden interior, todo en casa de dofia Leonor de Silva, era espafiol puro, antiguo y acendrado. Comiase a la una del dia, merendkbase chocolate y dulces a las cinco de la ta'rde, cenAbase a las nueve de la noche, y a las diez en punto, en verano o en invierno, todo el mundo estaba en la cama.
Dofia Leonor trataba a pocas personas y no tenia intimidated -con nadie. Su finica, diversi6n era jugar a1gunas tardes a la malilla, con dofia Beatriz y d9fia, Serafina, sefloras madras y devotes cQ,









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mo ella, y sus tertulias del otro sexo eran u hermano, su venerable confessor el cura de las Capychinas, y dos galanes que se acordaban del casamiento de Carlos IV con Maria Luisa, a cuyas fiestas asis ti6 dofia Leonor al prin ero y finico baile que habia visto 6n su vida. Esta mundane diversion, "i tomo la del teatro, estaban proscriptas de la casa de la austere dama, y Luisa no sabia. arenas qu6 significaban tales nombres. Bien es verdad que en compensaci6n solia dejarla ir su madre algunas tardes a ver las corridas de toros, y todos los afios la conflaba una noche a sus amigas dofia Serafina y dofia Beatriz, para que la Ilevasen a la velada de San Juan en. la alameda de los 116rcules, a dAr un paseo y a comer un par de bufluelos. A esto se reducing todos los placere.s de Luisa, pero, a falta de ellos llenaban su vida mil pequefios deberes que su madre la hacia cumplir escrupulosamente.
Ningfin shbado dejaba de confesar y comulgar en-las Capuchinas, ningfin domingo, de oir dos misas en la cathedral. Habia ciertos dias del aflo destinados a visitor hospitals para consular y socorrer a los enfermos, otros que madre e hija consagraban a trabajar con sus manos ropas para los niflos de la cuna, de cuyo establecimiento era especial protectors dofia Leonor; en fin, la multitud de novenas, las varies fiestas que se ofrecian ya'a un santo, ya a una santa, las visits a los convents de monjas, en cada uno de los cuales tenia dofia Leonor una parental o una amiga, todas estas cosas unidas a los cuidados dom6sticos, ocupaban la vida de Luisa lo bastante para preservarla tal vez de esos 6xtasis ardientes, peligro de la juventud en inacei6n, de esas vagas cavilaciones de la vida eontemplativa que sullen extraviar las imaginaciones mfis puras. Ademfis, nada anunciaba en Luisa una de aquellas almas de fuego, una de aquellas imaginaciones poderosas y activas que se devoran a si mismas si carecen de otro alimento.
Aunque nacida bajo el ardiente sol de Amdalucia, no tenia ni fisica ni moralmente los rasgos que caracterizan a las mujeres meridionales. CAndida y pura como su tez era su alma, y su carficter dulce y humilde como su mirada. La inocencia brillaba en cada una de sus facciones como en cada uno de sus pensamientos, y cuan do sus ojos azules y serenos se levantaban a lo alto, y un rayo de luz argentaba su blanca frente, diriase que recordaba en la tierra la existence del Cielo.
Parecia cercar a aquella figure. pfidica e ideal, una atm6sfera de divine poesia, y que en torno suyo se respiraba un aroma de pureza.
La imaginaciOn mpno.q casta concebia al verla pensamipntos v4.









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gos de un amor timid y religioso, el coraz6n mfis gastado, se sentia reanimar al aspect de aquella juventud tan bella y tan efindida. Parecia que las; passions de los hombres no podian tener influence sobre una criatura toda celestial, y que la voz humana debia herir aquellos oidos acostumbrados a los cknticos de los Angeles.
Todo, en ella correspondia a su divine figure: tierna, suave, benigna, siempre con la sonrisa en los labios y la paz en el corazo'n; no habia conocido ni los placeres ni los dolores de la vida, y l1evaba en su frente el sello de un alma virgin. Sin embargo, si-nadie contemplfindola se atreveria a imaginary que pudiesen hallar entrada en aquella existence apacible, fogosas y terrible passions, cualquiera al observer la dulzura melanc6lica de su frente y la exquisite sensibilidad que se traslucia en su mirada, hubiera comprendido que aquella alma todavia serena, habia sido formada paxa, amar; amar con toda la pureza del Angel y toda la abnegaci6n de la mujer. Ella emperor lo ignoraba i pobre nifia! 6 Se habia atrevido nunca a preguntar a su corazo'n por que palpitaba a1gunas veces cuando las tortillas arrullaban en torno de sus nidbs, cuando escuchaba.en el silencio de la noche los amorosos trinos del ruisefior, o cuando vagando solitaria por el jardin a la luz de la hina, veia temblor las ramas halagadas por el viento, y producer un sonido vago y melanc6lico que semejaba un suspiro 7
Tenia solamente siete ahos, y diez Carlos su primo, cuando los' dos hermanos concertaron unirlos. Aquel enlace era bajo todos aspectos proporcionado: ambos eran hijos unions, ambosricos y anfilogos en edad; Luisa y Carlos se habian criado como dos hermanos y como tales se amaban. Los padres no vieron en lo future nada que pudiera contrarian aquel proyeeto, pero don Francisco quiso enviar a su hijo a educarse a un colegio de Francia, y desde que realize este pensamiento dofia Leonor pronosticaba sin cesar que aquel deseado enlace no se verificaria.
Y a la verdad la buena seflora hubiera sentido con extreme que se cumpliesen sus pron6sticos, pues sea por apego a su familiar, sea 'por el largo tempo que alimentaba el proyeeto de dicha uni6n, o torque vi6ndose anciana y enferma quisiese asegurar cuanto antes a su hija un protector, dofia Leonor deseaba ardientemente no g6lo realizax, sino tambi6n apresurar en lo p osible el casamiento de Luisa con su primo. Con -la: considerable dote de 6sta y su m6rito es de suponer que no faltarian muchos interesados por su. mano, pero el conocimiento que todos tenian de su. proyeetado enlace y el absoluto retire en que vivia, no hanbian permitido hasia entonces qu ,








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ninguno sepresentase como aspirant, y dofia, Leonor temblaba al pensar que podia morir sin haber colocado a su hija.
Sin duda estas considerations la hadian oponerse con tanto tes6n al paseo que don Francisco queria hiciese su hijo a Madrid, y su coraz6n no descans6 completamente ni aun despu6s de haberle oido ofrecer que desistiria de tal pensamiento.
Tendida en su cama daba vueltas a un lado y a otro sin poder sosegar y entre los ayes que le axrancaban. de vez en cuando sus dolores reumhticos y sus access de hist6rico, la oia Luisa exclamar con voz destemplada:-No, no -estar6 tranquila hasta verlos volver del altar.




He api que en una hermosa maflana del mes de mayo del afio de 1817, cuando los colorings saludan a la primavera, en los ricos caanpos de Andalucia, y Sevilla, recostada como una, reina oriental en el centre de su f6rtil Ilanura, se perfume de azahares y jazmines; cuando, empiezan a adornarse los moriscos patios con macetas de poreelana sembradas de geranios, heliotropes, clavellinas y rosas; que las aguas de las fuentes sultan murmurando en giros caprichosos de sus surtidores de mirmol; que el Guadalquivir se cubre de ligeros botes y veleras lanchas, mientras envanecidos de mirarse en sus celebradas linfas los naranjos y granados levantan en la gorilla sus cabezas floridas; cuando el sol parece sonreir con amor a la vegetaci6n que reanima; cuando las hermosas salen con la aurora, tan risuefias como ella, a pasearse por las gorillas del r1o; en fin, cuando todo en Sevilla es vida, placer y poesia; he aqui, repito, que un buque fondea en la ribera y dos minutes despu6s don Francisco de Silva abraza a su hijo. Carlos habia hecho su viaje por mar, de Francia a Cfidiz, en donde arenas se habia detenido a1gunas horas anhelando el moment que entonces gozaba.
No tarda dofia Leonor en recibir oficialmente el aviso de la feliz Ilegada de su sobrino y future yerno, y de que aquel dia vendrh eon don Francisco a comer con ella. A pesar del hist6rico y el reumatismo, se pone al instance en movimiento, y hace poner igualmente a toda su servidumbre para. obsequiar, dignamente a tan queridos hu6spedes.
Era fama que los mueblesantiguos y venerados de aquella casa tan constantemente tranquil, se espantaron al ver el inusitado
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movimiento de aquel dia, y la vieja ama de Haves que en treinta 4flos que servia a dofia Leonor no se acordaba de haber presenciado iguales gastos y profusiones, se santigu6 devotamente y dijo en voz baja al mayordomo:
-No hay remedio, nuestra ama va a morir pronto, Tad.eo, pues cuando, las personas hacen cosas extraordinarias, nada bueno para, ellas puede esperarse.
Luisa no tenia ning-6n adorno, que pareciese bueno a la mamfi, y bien que hasta entonces hubiese sido ac6rrima enemiga de las modas, en obsequio de tan gran dia permiti6 que su oficiosa amiga dofia Seralina recorriese varies tiendas para compare mil chucherlas del ornato mujeril. La pobre Luisa, que hasta aquel dia habia oido, decir que era un grave pecado perder los moments en el tomdor, hubo de someterse en aquella memorable maRana a dos largas horas de toilette. No aseguraremos que su prendido pudiese aspirar a la calificaci6n de elegant, pues nos costa que fu6 dirigido por la, respectable seflora dofia Serafina, que aunque se hubiese acreditado, hacia treinta afios de manejar con mucho salero su mantilla de raso, no estaba muy al corriente de las alteraciones que tan a menudo, experiment el voluble 1dolo de la moda. Lo que si sabemos es que salieron aquel dia de sus acerados cores todos los diamantes de su, bisabuela, y que Luisa cargada de todos ellos se quejaba por la noche de una horrible jaqueca. Pero en fin, lo cierto es que concluido el tocador, dofia Serafina declare que estaba tan hermosa y tan bien prendida, como lo estuvo la misma dofia, Leonor el d1a que di6 su mano al difunto, y que la ama de Haves, el mayordomo, la donceIla y hasta la cocinera, quedaxon deslumbrados a la vista de tanta hermosura y de tantos diamantes.
La hora de la vista se, acercaba; dofia Leonor, habiendo ya concluido, todos sus preparations, se habia sentado, majestuosamente en su enorme sill6n de damasco encarnado con gal6n de plata, recogiendo, cuidadosamente su vestido de raso de color de hoja seca, y, acomodfindose sim6tricamente en los hombros su pafiuelo de c'resp6n de, la India. Dofia Serafina y dofia Beatriz, sus 1 nicas amigas, Ilenaban un canaP6 o sofk que formaba juego con el sill6n, adornadas tam.bi6n con lo mfis select de sus guardarropas; y junto a su madre, en un taburete antiguo, Luisa estaba sentada con timidez y abrumada bajo el peso de sus joyas, oyendo, las prudentes advertencias que la hacian alternativamente su madre y sus amigas. Mientras tanto la pobre nifia allk en sus adentros se miraba sin poder comprender a qu6 se dirigia tanta solemnidad. Se le habia dicho mil veces que estaba








NOVELS Y LEYENDAS

destinada a casarse con su primo, pero la innocent no data a esta palabra un significado tan terrible como debiera. Se acordaba & un muchacho muy bonito, que le rompia sus, mufiecas, pero en cambio la regalaba pajaritos y dulces, y nada vela que la espantase en la idea de vivir siempre junto a aquel compafierito de su infancia. SPara qu6 tantos consejos, tantas prevenciones? Nada comprendia Luisa y empezaba a senior una vaga inquietud que procure. disipar repiti6ndose a si misma, que aquel novio tan desperado, aquel marido tan solemnemente anunciado no era otro que su amigo Carlos, su gracious Carlos, el cuel se representaba todavia con su carita redonda y blanca, sus largos cabellos, sus grades ojos negros Ilenos de candor y alegria, y su risa infantile y estrepitosa. Casi se le figuraba que al verle, a pesar de todas las advertencias del venerable triunvirato, no podria contenders sin corner a abrazarle.
Mientras ella pensaba esto, la repetia su madre por cent6sima ve:-Nifia, es precise no estax ni tan seria que parezea que no tomas parte en el placer de la familiar ni tan risuefla y content que pueda careers que te halls con el derecho de manifestar que recibes la mayor parte. Compostura, Luisita, moderaci6n y sobre todo silencio. Una doncella bien educada no habla sino lo indispensable, mayormente en la primer vista de su. future esposo.
En el moment en que se terminaba esta arena, probablemente para volver a comenzarla, oy6se el ruido de un coche que paxaba a la puerta, y las tres sefloras exclamaron a la vez, arreglando sus toquillas con majestuosa y casi solemn compostura:-Ya estfin aqui.
Los hermosos ojos de Luisa se dirigieron involuntariamente hacia la puerta, pero dofia Leonor la di6 un golpecito con el abanico en el hombre, dici6ndola con Qeveridad:-l Nifia, nifia! esos ojos bajos.Obedeci6 Luisa, y qued6se inm6vil hasta que oy6 la voz de su tio gritar junto a ella:-Luisita, saluda a tu primo.-Levant6 entonces la cabeza y flj6 su dulce y candorosa mirada, en la persona que don Francisco le presentaba, pero en el mismo instance y sin necesidad de nueva orden maternal, volvieron a inclinarse al suelo sus hermosos ojos, tifi6ndose de p xpura su rostro. i
La causa de tan sfibita turbaci6n no es impossible de adivinar. Luisa no habia hallado a su Carlos. El objeto que estaba delante de ella no era el mismo de quien se habla separado ocho afios antes. El alegre, el gracious Carlos habia desapareeido; la nifia no habia encontrado sus redondas y frescas mejillas, sus largos cabellos castafios, sus ojos vivaces, y su boca risuefia y diminuta.
Bucles de un negro perfecto sombreaban una frente morena y









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espaciosa, en medio de I a cual se sefialaba distintamente una azulada vena; facciones varoniles y bien pronlinciadas formaban un rostro de fisonomia meridional fogosa y altiva; en fin, Luisita al bugcar la sonrisa del niflo, habia hallado s-ftbitamente la mirada del hombre.
Un sentimiento sin nombre, una mezela confuse de sorpresa, placer, tristeza y temor, embargo en aquel moment su coraz6n.' Los cumplimientos entre Carlos, don Francisco y las tres sefioras, se habian empezado y concluido por tres veces; los reci6n Ilegados se habian ya sentado y la conversaci6n habia agotado todos los lugares communes, todas las vaciedades que se emplean en semejantes casos, antes de que la pobre Luisa se hubiese atrevido a volver a mirar a su primo. Por fin, aprovechando un moment en que Carlos contaba a las sefloras los pormenores de su. viaje, y en el que pens6 Luisa que no repararia en ella, levant lenta y timidamente sus beHos ojos, dirigi6ndolos, como a hurtadillas hacia 61, pero.... i terrible casualidad 1 arenas su mirada se habia detenido un instance en el rostro del mancebo, cuando la de 6ste volvi6se a ella sfibitamente, tan direct, tan brilliant, tan ardiente, que Luisa paS6 de la turbaci6n al desconcierto. Inclin6 sobre el pecho agitado su rostro encendido de rubor, y sin saber qu6 hacerse, comenz6 a romper las vanillas de nficar de su abanico. Pareciale que nunca hasta enton ces habia sido mirada, que nunca habia visto ojos hasta, entonces.... en fln, pareciale que aquella mirada pesaba sobre su corazon y que iba a ponerse mala. Dofia Leonor, que por muy ocupada que estu'viese en complimentary a su sobrino, no dejaba de mirar disimuladamente a su hija, not6 el poco econ6mico divertimento de la nifia, que iba hacienda trizas el precious abanico que dofia Leonor conservara cuidadosamente hacia diez y ochoafios (pues era ni mis ni menos el mismo que habla usado el dia de su boda) y no pudo contener su enfado, gritando con impetuosidad:-6 Qu6 haces nifia 7-Un truenono asusta mfis al viajero descuidado, que lo fu6 Luisa al oir aquella repentina interpelaci6n, Iqu6 hacia? 1por ventura lo sabia ella MI'sma? El fatal abanico cay6 de sus manos, al movimiento de susto que no pudo dominar, y viendo volverse hacia ella todas las miradas, y notando entonces que habia roto su abanico, y sin saber qu6 hacer ni decir,,Ia pobre criatura volvi6 hacia su tio sus ojos eon. fusos y preflados de lfigrimas, como, si implorase un defensor contra el extraflo sentimiento que la conturbaba. Pero antes que don Francisco, acudi6 Carlos a levanter el caido abanico, y al present tfirselo a Luisa, como si fuese contagious la turbaci6n de 6sta, tam-









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bi6n se puso encendido y baj6 sus soberbios ojos negros como ella baiaba sus dulces ojos azules. 1 Oh, moment primer de un primer amor! 1 Qu6 pluma habri que acierte a describirte I Cuando, un rayo del c ielo baja y enciende a la vez dos corazones virgenes, los fingeles sonrien batiendo con languidez sus blancas alas, y ellos solos pueden comprender los casts misterios que entonces encierra el alma y qae la inocencia oculta cbn su efindido velo.
Gracias a la oportuna intervenei6n de don Francisco, no se trat6 mfis del abanico; la conversaci6n volvi6 a entablaxse y Luisa pudo reponerse poco a poco de su primer emoci6n. Las tres sefloras se habian situado por -61timo en su terreno; es decir, comenzibase a hablar de jaquecas, hist6ricos y reumatismos, y se hacia la proliJa enumeraci6n de todas las recetas probadas o no probadas, que podian convenir. Don Francisco las oia mezelfindose de vez en cuando en la conversaci6n para conflrmar la infalibilidad de las unas o softener la ineficacia de las otras, y Caxlos y Luisa, sentados Uno frente del otro, callaban y se miraban alternativamente; y digo.alternativamente torque es de notar que como por un reciproco convention evitaron ambos que volviesen a encontraxse sus ojbs. Cuando, Carlos f1jaba en Luisa su mirada apasionada, la nifia mantenia la suya inclinada hacia el suelo, y cuando Carlos notaba con disimulo que Luisa alzaba hacia 61 sus modestos ojos, dirigia los suyos a dos grandes cuadros al 6leo que adornaban las paxedes, y que representaban el uno el prendimiento de Jesfis, y el otro, la Asunci6n de Maxia.
Dos o tres, eces pareci6 que el joven intentaba dirigir alguna palabra a su prima, pero esta palabra, que casi asomaba a sus labios, quedkbase helada entre ellos, sin llegar a ser proferida. Por fln Heg6 la.hora de la comida, que aquel dia por extraordinary fU6 a las tres, excess que produjo un c6lico a dofia, Leonor, cuyo est6mago, por el largo hfibito de ser satisfecho a la, una en'punto, no se someti6 impunemente a la dilaci6n de dos horas. Quiso la buenaseflora que en conmemoraci6n del -61timo dia que su sobrino habia comido con ella en la misma mesa que entonces, antes de su ida al colegio, ocupase la silla que en aquel dia habia ocupado, y que Luisa se sentase junto, a 61, de la misma manera que entonces..
Esta vecindad no fu6 la invenci6n mfis propia para dar apetito a los dos j6venes, pues uno yptro se quedaron sin comer. Carlos por mifar a Luisa, Luisa por no mirar a Carlos.
Dofia Leonor express al final de la comida cuin agradecidos debian estar a Dios de que les hubiese dado vida para volver a reunirse en familiar, del mismo modo y con igual placer que lo hablan









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hecho hacia ocho afios.-Si, mi querido sobrino,-dijo despu6s dirigi6ndose a Carlos,-yo doy gracias a la Providencia torque te haya vuelto al seno de tu familiar, y a mi me haya concedido ver este dichoso dia. En los ocho afios que ha dorado tu ausencia, nunea me he seutado a la mesa sin mirar con tristeza el sitio que.tfi ocupabas en ella, y acordfibame con emoci6n de tus traVesuras y donaires.
Carlos se atrevi6 entonces por primer vez a dirigir la palabra a su prima.-Y usted Luisa,-dijo con voz baja y algAn tanto tr6mula,-Iy usted no se ha acordado nunea de mi? Su nombre pronunclado por Carlos hizo estremecer a la doncella, y la conclusion de su pregunta la puso en un embarazo inexplicable. Quiso contestar, y el monosilabo, si sali6 de sus labios con un sonido tan tenue. que -Carlos pudo adivinarle mfis bien que oirle.-Yo tambi6n,-afiadi6 61 con a1guna inds osadia,-yo tambi6n me acordaba de usted; pero, a la verdad, no de usted Como es ahora, sino Como era cuando nos separamos.
--IAh!-exclam6 con candidez la nifia,-Icon qu6 le ha sucedido a usted lo mismo que a m! 7
Las sefloras y don Francisco se levantaban de la mesa, pero d istraidoe los dos j6venes quedironse sentados.
-Yo la recordaba a usted tan pequeffita y tan linda Como era cuando tenla ocho afios, Luisa, pero ahora es usted tan hermosa!
Luisa volvi6 a ponerse encendida, pero acert6 sin embargo, a responder:
-i Tambi6n usted ha variado tanto!
-YO quisiera ser siempre el mismo Carlos a quien usted tfiteaba, a quien usted Hamaba hermano. g Se acuerda usted, Luisa 7
-1 Ali! si; pero,....
-Pero ahora soy otro a sus ojos de usted I no es verdad 7 ahora, prima, no me trata usted ya Como a hermano, ahora no me quiere usted Como entonces.
-Yo siempre....-le quiero a usted, iba a afiadir Luisa, pero como en aquel instance encontr6 otra vez aquella mirada del mancebo que tanto la habia turbado, qued6se sin concluir la comenzada frase. Carlos tampoco acert6 a decir nada mfis; pero estAvose mirfindola largo espacio taia distraido en su contemplaci6n que no oy6 a dofia Leonor que le invitaba a pasar con su padre a un gabinete para descansar un rato, pues no podia la buena se:aora ni aun a favor de tan gran dia, pasarse sin su suefio de la siesta. Tres veces repiti6 su indicaci6n antes que el joven la oyese; y acasio aun la harfa infitilmente por cuarta vez, si Luisa, que no podia'ya re-









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sister por mfis tempo el rubor y la emoci6n que experimental, al senior, por decirlo asi, el fuego de la tenaz mirada del joven, no se hubiese levantado y entrfidose precipitadamente en su alcoba.
Entonces Cdrlos se dej6 conducir al gabinete, y al verse solo con don Francisco:
-1 Padre mio 1-exclam6 en un exabrupto de entusiasmo,-I qu6 feliz soy! 1 Qu6 felices seremos!
El joven pensaba sin duda en aquel moment que aquella divina criatura le estaba destinada; mientras estuvo junto a ella no habia pensado, sino en verla tan bella y tan pu'ra como un Angel.
Y Luis a 1 en qu6 pensaba mientras dormlan la mami y venerables colegas, y ella echada en un sill6n leia su libro de Pablo y Virginia.... ?
No lo s6, pero me costa, que aunque estaba, ya en el pasaje mfis interested de la novel, en el moment en que los dos amantes. se separaban, la siesta se pas6 sin que aun hubiese leido la nifia el embarque de Virginia. Verdad es que debemos confesar que mfis de una vez se escape el libro de sus manos, y que otras muchas aunque estuviesen fljos en 61 sus bellows ojos largo espacio, de tempo, no se la veia volver una pfigina. Es indudable que en algo pensaba mas interested ya para ella que los; mores de los dos criollos; pero 6 qui6n se atreverh a expresar en el lenguaje human los pensamien-' tos de una virgin que comienza a amar I
La siesta pas6; las sefioras dejaron sus lechos, y Luisa y.Carlos se volvieron a ver, si no con tanto embarazo, con mayor agitaci6n. Pero don Francisco, a quien le era tan impossible el dejar de dar a1gunas vueltas todas las tardes de verano por la alameda, como a su hermana el dejax de dormir sus dos horas de siesta, manifesto a su hijo (no s6 si con gran. satisf4cei6n de 6ste) que, era ya tempo de despedirse de las damas.
Volvi6ronse entonces a repetir todas las hienvenidas y ofrecimientos que a la Ilegada, se habian dirigido, las personas visitadas y las visitantes, y dofia Leonor las, termin6 convidando con mucha instancia a su sobrino, a venir a acompaharlas por las nochesr--Auiaque no sea mi casa,---dijo,-una de aquellas en que hay reunions numerosas, no se pasa mal el rato. Mis dos appreciable amigas que esthn presents (y aqui dofia Beatriz y dofia Serafina hicieron Una Hgera cortesia), el cura don Eustaquio, sujeto de amabilisimo trato, y algfin otro amigo, sullen venir a favorecernos, y, aunque no tengamos bales ni concertos, ni otras de esas diversions mundanas, jugamos nuestra malilla, y aun a1gunas notches la loteria. Asi, pues,









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mi querido sobrino, no te faltarA en qu6 entretenerte, sin ofensa de Dios ni perjuicio, del pr6jimo, y si te fastidiase el jugar.... Carlos interrumpi6 con viveza a su tia paxa asegurar que lejos de fastidiarse, se prepaxaba a divertirse muchisimo, pues, tenla una decidida afici6n a la malilla y la loteria. Dofia Leonor, sin embargo, coneluy6 su prospect diciendo:
-Si te fastidiase el juego alguna noche, Luisita te dari conversaci6n, pues ella nunca juaga.
-Si tuvieras un piano en tu casa, como debias,-dijo don Franciscoj--y si no te hubieses encaprichado en que la nifia no aprenthese mfisica, bien podriamos ahora tener muy buenos ratos, pues, segfin tengo entendido, Carlos es un filarm6nico consumado. Pero tfl, hermana, has privado a Luisa de toda agradable habilidad, y con la educaci6n que la has dado....
-Hermano,--exclam6 dofia Leonor con algfin enfado,-al oirte pensark mi sobrino que la nifia es una ignorance, una est6lida, y a la verdad que no torque no haya querido hacer de ella una profesora de mfisica, ni una bailarina, creo que pueda tachfirseme de haber dado a mi hija la educaci6n correspondent a su sexo. Otro dia enseflark Luisa a su. primo el mantel que ha hecho para el altar de Nuestra Seflora del Amparo, que es la admiraci6n de cuantas personas le han visto, y las dos imAgenes de la Dolorosa y-de Santa Teresa de Jesfis que ha bordado sobre raso blanco con sedas, y que tal parecen pintadas con pincel. Pues no digo nada de las flores que hace, que casi va uno a olerlas, tan naturals estin i y eso que es de pura afici6n! Ella lee que da gusto oirla, ella describe bastante claro, ella ejecuta a la perfecei6n toda clase de obras de aguja, ella sabe las cuatro primers reglas de aritm6tica como cualquier comerciante y puede relatar de memorial una porci6n de libros que ha leldo. Digo, creo que no es tan ignorance como tfl lo supones.
-jHe dicho yo acaso semejante cosal Hermana, contigo no se puede hablar, pues das a la palabra mfis sencilla una interpretaci6n absurd.
-Hermano, es que tfi....
Verosimilmente iba a entablarse' un. aJtereado de los de cos- I tumble entre los dos hermanos, cuando lleg6 felizmente la amabilisima persona del cura don Eustaqui6, que cort6 con su presencia el comenzado debate.
Despu6s de otra media docena de felicitaciones y bienvenidas del reverend cura a la familiar, y contestadas una por una con es-









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crupulosa exactitud, se despidieron padre e hijo y se encaminaxon a la alameda diciendo el uno:
-1 Mi hermana es insoportable!
Y el otro:
-1 Mi prima es encantadora!




Carlos de Silva era uno de aquellos hombres que las mujeres juzgan a la primer mirada, y de los que sullen decir en su. interior:
-1 Feliz aquella a quien ame I
En effect, sus ojos revelaban un alma axdiente y apasionada, y un coraz6n generous, Reno de fe y Mcil db exaltaxse, asi como su frente Ilevabi el sello de la intelligence y de una noble altivez.*
Habia en su fisonomia todo el ardor, todo el entusiasmo de la primer juventud, templados ligeramente por una tintura de orgullo y de melancholia. Era un hombre hermoso en toda la extension de la palabra, pues su hermosura era enteramente vaxonil, y observando aquel rostro tan joven, presentiase que mAs tarde deberia tener un gesto de severidad. Pero entonces Carlos no tenia m" que veinte aflos.
Los doce primers de su vida los habia pasado cerea de su tia, en la atm6sfera de devoci6n y de austeridad que la rodeaba. Habianse formado sus primers ideas anfilogas a las de las personas con quienes vivia. Los principiog severs de dofia Leonor, su rigid moral, sus hhbitos religious y su inflexible caricter, habian presidido, por decirlo as!, al desarrollo del coraz6n de Carlos, ejerciendo su influencia sobre toda su vida.
En la. 6poca mfis brilliant para la Francia y cuando el gran drama politico comenzado con la Revoluci6n, acababa de terminal con la caida del imperio; en aquella 6poca de las nuevas ideas y los nuevos principios, Carlos a cuya natural comprensi6n se unia un carficter reflexive, no habia dejado escapax los varios'acontecimientos de un period tan fecundo en grades instructions.
Sus ideas se habian modificado y engrandecido, ilustrado, su raz6n y extendido su intelligence, sin que por eso se corrompiese su. coraz6n ni viciase su caricter.
Sin duda al volver al lado de su tia no le aedmDafiaban las mismas preocupaciones que ella le habia inculcado, pero conservaba intacta la fe religious y la several moral que distinguia a la respqta-









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ble seflora. Aunque dotado de un temperament sanguine, irritable y violentG, y de passions muy vivag-acaso Infis vivas que profundas-manteniase constaaite en sus principios, su conduct era regular y consecuente, y la franqueza impetuosa de su caxicter era temperada por la energia de su. raz6n. Verdad es que hasta entonces aquellos principios y aquella raz6n no habian tenido que sostener ninguna lucha tenaz con sus passions. Carlos era, pues, una. beIla y fuerte organization, que aun no se habla ejercitado; un ardiente coraz6n que aun no habia vivid; un. elevado juicio que aun no podia juzgar con acierto y exactitude; una alta capacidad que aun no se conocia a si misma; era en fin, un hombre de veinte aflos, con los nobles instincts. de aquella edad feliz, con las illusions y las teorias de las almas ardientes, con todos los peligros de la inexperiencia y con aIgunas de las preocupaciones recibidas en una primera educaci6n.
Desde muy niflo habia oido repetir a su alrededor que Luisa debia ser su esposa; en el colegio no dej6 de pensar alguna vez en esto. Cuando su coraz6n empez6 a hablax, cuando la juventud. circu16 ardiente e impetnosa por sus venas, entonces pens6 muchas veces en que estaba ya elegida la que debia ser compafiera de su vida. La images de Luisa tal cual 61 la habia dejado, no bastaba ya a la ambici6n de su alma apasionada, no era el objeto de sus sueflos, de amor. Tenia el joven allk en su mente el tipo de una muier hermosa, pura, radiant, con la dignidad en la frente y la ternura en la mirada, creibase una esposa ideal que su coraz6n reclamaba, y a veces se.decia a si mismo:-1 Y no podr6 buscarla! 1 Y habr6 de aceptar otra que no sea elIa!-Pero por un. acaso feliz y raro, la mujer elegida por su padre para Carlos, era sin que 61 lo, sospechase, la realidad de sus illusions, el original del retreat que le bosquejaba su ardiente imaginaci6n. Carlos vi6 a Luisa y la conoci6; conoci6 a su creaci6n, a su esposa ideal; aquella era la virgin sin mancha que le sonreia en sus 6xtasis solitarios, la hechicera vision que entrevela en sus suefios. Carlos vi6 a Luisa y la am6; la a3naba ya hacia tempo; la amaba con un doble affect. Luisa era la amante que hasta entonces 61 no conocia; en la nifia, en la hermana, habia encontrado a su ideal compaiiera; y aquella virgin adorada, y aqueIla hermana, querida, era la elegida para 61 por su familiar; la mujer que le daban era la muier que 61 hubiera buseado por todo el mundo. Carlos era feliz!
Ficil es adivinar que no ecb.6 en olvido la invitaci6n de su tia, y que fu6 exact en concurrir todas las notches a su casa. No hizo,









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es verdad, grande empefio en participar de la divertida, malilla que dofia Leonor le pint6 como una distracci6n tan grata como honesta, prefiri6 el segundo prospect de su tia: dar conversaci6n a Luisa. Sin embargo, en honor de la verdad confieso que la tal conversaci6n no era de las mfis animadas. Mientras jugaban las tres, -sefloras, y el reverend cura se paseaba eon don F rancisco a lo largo de la sala discutiendo questions teol6gicas o political, o acaso declamando el uno contra la corrupci6n de las costumbres y haciendo el otro la defense, s6lo por espiritu de contradicei6n, Luisa, sentada en un taburete junto a un veladorcito de caoba, se entretenia en tejer media o en hacer flores, y Carlos en otro taburete junto a ella la miraba trabajar en silencio. De vez en cuando, Luisa consultaba el gusto de su primo sobre tal o cual- color, o le preguntaba si le parecian bastante finas las media que tejia. De vez en cuando tambi6n Carlos hacia alguna corta observaci6n sobre la variedad que ostenta la naturaleza en sus obras, y la difficult de imitar con el pincel o con la aguja la frescura y colorido de esas flores con que alfombra pr6digamente nuestro suelo, y tambi6n solia admirer la ligereza con que su prima ejecutaba su labor. Si una tijera o una aguja se caia, Carlos se bajaba a cogerla, atrevi6ndose tal cual vez a engafiar a Luisa retirando el objeto presented en el moment en que ella iba a tomarlo. Entonces la nifia se sonreia avergonzbndose; 61 volvia a presenter y a retirar el objeto una o dos veces, y la nifia comenzaba a impacientaxse tomando un empeflo infantil en quitfirselo. Si en esta, species de uego la casualidad bacia rozar su mano con la de Caxlos, Luisa al punto la retiraba tifi6ndose de p-drpura su rostro, y Carlos agitado y tr6mulo cesaba en el juego. Asi pasaban las notches en casa de dofia Leonor, hasta que Carlos obtuvo permiso de su t1a, para enseflar a Luisa a pintar flores. y pAjaros. Desde ent onces no se tejieron media, ni se hicieron flores. Sentados los dos delante de una mesa de torma antigua, daba Carlos a su amada largas lecciones que Luisa recibia con docilidad y com- placencia. Durante el dia el jov'en se entretenia en pintax bonitos ramos y pfijaros de toda species, que Ilevaba para models por la noche a su discipula.,
Era el mes de julio, tan caluroso en Sevilla, y segfin Ia. costumbre del pals, las families establecian ru domicilio, en las habitaciones bajas, y los patios se adornaban con primer. El de la casa de dofia Leonor no sobresalia por el lujo de sus muebles, pero si por la abundancia y variedad de flores que Luisa cultivaba en jarrones azules y blanco, y cuyos aromas perfumaban el aire. En aquel









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patio.estaban las mesas en que jugaba su malilla dofia. Leonor, y en la que pintaba Luisa. El ambience fragante de aquel recinto parecia la finica, atm6sfera en que debia vivir aquel ingel, y cuando Carlos, apoyado en el respaldo de su. silla inclinaba. la cabeza, para seguir de mfis cerea los movimientos de la linda mano que se ensayab a en imitar los pijaxos pintados, por 61, las auras solianagitax los rabies eabellos; de Luisa, que tocaban un moment la frente del joven.
I Si entonces su. coraz6n latia, con violencia, y sus labios, axdiau, fividos de devorar aquel hermoso pelo y aquellos, hombros de nieve, cuando Luisa volvia hacia 61 sus ojos serenos y apacibles, la frente del hombke se inclinaba, confuse, y respetuosa, a la mirada, inocente de aquella virgin querida.
Junto a ella el alma mfis que los sentidos eran sensible, y las tempestades del coraz6n se serenaban al aspect de aquella. reunion de lo mfis dulce y mfis poderoso que qxiste sobre la tierra: la inocencia y la hermosura.
El contemplarla en un mudo y religioso 6xtasis; al oir de vez' en cuando, su voz musical profiriendo palabras tiernas y expresando pensamientos tan puros como su coraz6n; al respirar junto a ella aquel ambience de flores bajo el cielo po6tico de la Andalucia; el recibir una sonrisa, una mirada; eran placeres tan intensos para Carlos, eran una felicidad tan perfecta que no podia acordarse de si existia otra mayor. Y Luisa, ah! y Luisa.... sentla, la inocente una nueva vida en su coraz6n; un manantial de sensaciones desconocidas brotaba en su seno, como a la luz del sol se despiertan los colors que dormian en la noche; y sin com'prender lo que sent1a.ni lo que inspiraba, hallfibase, sin embargo, dichosa y agitada almismo tempo. Asustibale su propia ventura, y quando una mirada de Carlos la decia con respetudsa pasi6n: ite amo! y sentla la nifia. inundarse de felicidad su coraz6n, levantaba al cielo sus ojos para preguntarle si no era un crime ser tan dichosa, en la tierra. En aquella alma casta y religious, todos los sentiments tenian un carficter mistico, y muchas veces mientras sus ojos quedaban dulcemente clavados en el rostro dorado, su. pensamiento se elevaba al cielo para buscar mfis allh de la vida terrestre el porvenir de su amor. Cuando Carlos no estaba, con ella, Luisa sentla, un placer infantil en tocar todos los objets que 61 habia tocado, en ocupar la silla que 61 habla ocupado, en repetir las palabras que 61 habia pro'ferido, y en imitar todos sus gestos y las inflexiones, de su voz; pero cuando, ella misma advertia su locura, ruborizada y arrepentida









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se postraba delante de una images de la virgin, invoefindola por protectors y sus votos puros y sus esperanzas timidas, subian al cielo en alas & la oraci6n.
El sentimiento nuevo y poderoso que Ilenaba su coraz6n, lejos de entibiar su piedad la habia exaltado; torque el amor en las almas que aun no se han corrompido, es tambi6n una religion, Una fe.
6 Y d6nde estfi el hombre que al amar por primer vez en su vida, cuando aun no ha visto y sentido que el amor tiene cansanclo, que la felicidad tiene limits, no ha credo estrecha la tierra y breve la vida para el sentimiento que le engrandece? I D6nde estb. aquel que no haya necesitado entonces del Dios paternal que ofrece una vida eternal para un eterno amor?
Por eso ningfin hombre es materialist a los veinte aflos. 861o se deja de creer cuando se deja de amar.
Pero ellos, con sus corazones virgenes, con su ponderosa juventud, ellos que se amaban sin crime, que en breve harian un deber sagrado de su ardiente y pura pasi6n, ellos tan casts y tan dichosos crelan en todo. En la eternidad de la vida; en la eternidad del amor. i Oh! No ser6 yo ciertamente quien se burle de ninguna fe. Veo en todas las creencias una virtue y una felicidad. B-hrlense4en buenhora los corazones desgastados y frios de esos elevados instintos del hombre que Haman illusions. Venid a mi, verdaderas 0 falsas, venid a mi, dulces creencias de la primer juventud! I Qu6 le queda al hombre cuando os ha perdido 7


IV

Dos meses habian corridor, desde que Carlos-lleg6 a Sevilla, y don Francisco aun no habia dicho ni una sola palabra, relative al enlace de los dos primes. Este silencio molestaba ya a dofia Leonor, tanto mfis cuanto que por ciertas expressions que se escapaban a su hermano tenia fundadas sospechas de que aun no habia desistido enteramente de su proyeeto de enviar a Carlos a Madrid. Proyeeto que, como ya hemos visto, desagradaba altamente a la buena senora, que temia que una ausencia, una larga dilaci6n en el, proyeetado enlace, acarrease alg6n contratiempo que pudiera frustrarlij. Como, a pesar de su vida monfistica, no estaba destituida de aquel conocimiento que se adquiere con los aflos, por poco que se frecuente la sociedad de los hombres, conocia dofia Leonor que en la edad de'su sobrino, si bien muy vivas las impressions, iio son siempre las mfis- profun-









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das, y que no era cosa prudent poner a prueba su constancia, mayormente antes de haberle ligado con un vinculo indissoluble. Dofia Leonor, cuya salud era cada dia mds delicada y por consiguiente mfis vivo el deseo de establecer a su hija, observaba cuidadosa mente los ripidos progress que bacia el amor en los dos.j6venes, y se los hacia notar a su hermano para provocar por este medio una resoluci6n decisive. Pero don Francisco no hablaba y dofia Leonor comenzaba a enfadarse seriamente. Carlos no limitaba ya sus visitas a dos o tres horas de la noche; casi todo el dia estaba en la casa de su tia, siempre junto a Luisa, mirando a Luisa, enajenado con Luisa. La nifia, por su parte, descuidaba medianamente sus ocupaciones dom6sticas, y aunque siempre dulce, humilde y afectuosa, parecia melanc6lica y sin sosiego los moments en que no vela a Carlos; dofia Leonor, cuya severidad y maternal vigilancia, eran irrelajables, veiase obligada a descuidar tambi6n muchas de sus devociones para estar continuamente en guard de los amantes, pues a pesar de la conduct respetuosa del joven y el perfecto recato de la doncella, hubiera credo falter a todas las leyes del decor y hacerse culpable del pecado de omisi6n, si no vigilaba todas sus acciones, movimientos y aun miradas. duando su hist6rico o su reumatismo la imposibilitaban de Ilenar exactamente sus deberes de madre cuidadosa y prudent, la reemplazaba la respectable viuda dofia Serafma.
Dofia Beatriz no recibi6 nunca tan augusto cargo, pues, no obstante sus cincuenta afios, su estado de doncella no la daba a los ojos de la escrupulosa madre un carActer bastante respectable. Canshbase ya dofia Leonor de la sujeci6n en que la constituia el cuidad.o de vigilar a su hija, y aun escrupulizaba de permitirla un trato tan frecuente con su novio, cuando aun no sabla si se efectuaria pronto aquel deseado consorcio.
Estos motives por una parte, y por otra'su temor de que volviese don Francisco a su tema de enviar a Carlos a la corte, y de que pudiera sobrevenir algfin obstficulo a la realizaci6n de sus deseos, la determination a tomar por fin un expedience formal, que sacase de la inacci6n a su hermano. Antes de poner en ejecuci6n su pensa, miento, observe detenidamente a su sobrino, para confirmarse en el juicio que tenia ya formado de que estaba locamente enamorado.
En effect, iao podia dudarse que de dia en dia se aumentaba el cariflo, del joven. Era cosa digna de verse como pasaba horas tras horas sentado junto a su prima, embebecido en mirarla y como, olvidado del mundo enter. Sus conversations, que eran regular-








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mente en presencia de un respectable auditorio, se reducing a naderias o palabras insignificantes en si, pero en aquellas plAticas tan indiferentes i habia tantos medics de entenderse dos amantes! Una mirada timid y furtive, un suspiro ahogado, las inflexiones de Ia voz, mks dulce, mfis lenta, mfis expresiva, cuando se dirigian Uno al otro Ia palabra.... todas las pequefleces que son tan grades en el amor, venian nAturalmente al auxilio de nuestros heroes, y sin que jamfis se hubiese pronunciado Ia. palabra amor, ni por uno ni por otro, ambos sabin que eran amados.
Las lecciones de pintura clue Carlos continuaba dando a su prima les proporcionaban a1gunos moments de menos sujeci6n, porque entonces estaban algo mfis separados, aunque nunca fuera de Ia vista de Ia vigilante mamfi. Pero sucedia, que Ia mayor libertad los hacia mAs timidos. Muchas veces al verse espiado, por decirlo asi, por las miradas inexorable de dofia Leonor, imposibilitado de poder decir a su prima una palabra que ella sola oyese, deseaba Carlos y promovia Ia lecci6n de dibujo, pareciendole que tenia. mil y mil cosas apasionadas que decirla; pero, luego, que se veia en Ia posici6n deseada, intentaba en vano expresar lo que con tanta vehemencia sentia. TurbAbase, temblaba, Ia voz expiraba en. sus labios, y algunas veces que se violentaba y hacia un esfuerzo para decir algo, sus palabras eran tan incoherentes que 61 mismo no podia darse raz6n de lo que habla querido expresar. Si entonces Luisa volvia hacia 61 sus modestos ojos Ilenos de serenidad y de ternura, y deseaba oir su voz tan dulce, tan musical, el joven Ia miraba y Ia escuchaba extktico; su agitaci6n sd calmaba, su desconcierto desaparecia y embelesado, subyugado por el encanto de aqljella hermosura tan apheible y tan pura, s6lo sentia. Ia necesidad de amarla como se ama a Dios: tributkndole un culto, silencioso. Entonces volvia a'enajenarse, a ser feliz con s6lo contemplarla, entonces su mirada fija en ella con una expresi6n de ternura, mezelada de respeto, hacia sonreir aIguna vez a los espectadores y sonrojar'a Ia modesta doncella.
Dofia Leonor, que en vistade todos estos sintomas no dud6 ya de que Carlos amaba verdaderamente a su hija, resolvi6 dar un pa, so prudentemente meditado hacia el blanco de, sus degeos, y cuando vi6 m6s enamorado a su sobrino, le declar6 seriamente que su decoro y el de su hija exigian que hiciese menos largas y frecuentes sus. visitas.-No puedes figurarte,--afladi6-cudnto siento el verme en Ia precision de hacerte esta sfiplica,.mi querido sobrino, pero ha.1legado a mis oidos que las genes empiezan a murmurer Ia intimidated









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que te permit con Luisa, pues aunque nadie ignore la intenci6que hace muchos afios tenemos ambos hermanos de estrechar n nuestros vinculos, por medio de un enlace entre nuestros dos hijos, todos extraflan, y con raz6n, el qye sin ningfin motive conocido se retarded tanto la realizaci6n de este matrimonio. El honor de mi hija exige, pues, que se limited vuestro trato hasta que no haya obstficulo que se oponga a vuestra uni6n. 41
Caxlos, que hasta entonces no habia sentido una gran impaciencia por ver Ilegar el did de aquella uni6n, torque la certeza de ella le quitaba toda inquietud, qued6 dolorosamente sorprendido al oir aquel discurso de su tia, y entonces, por primer vez, pens6 en que podia ya estar casado y que no lo estaba. Turb6se algfin tanto y dijo despu6s, con bastante emoci6n:
I -i Dejar de verla todos los dias, a todas horas! 1 oh! 1 Seria una
crueldad! 1 Obstficulo, dice usted! g Cuil es 7 1 Qu6 puede impedir que se verifique muy pronto esa uni6n concertada hace tanto tiempo, y en la que cifro yo la felicidad de mi vida.?
-Estoy en ese punto tan ignorance como tfi mismo,-respondi6 la astute devota-por mi parte hoy mismo pudieras casart e.
-6 Qui6n es, pues.... 7
-Tu padre tendrA acaso algfin motive para ese retaxdG, que extrafia toda Sevilla y que da margin a los ociosos para mil suposiciones y comentarios, poco honorificos a la verdad para 61 y para mi. Pero Francisco no reflexiona en nada de esto y sospecho qde su intenci6n es enviarte a la corte y....
-i Enviarme a la corte!-interrumpi6 con impetuosidad el mancebo.-I Separarme de Luisa! i oh 1 1 no! i no consentir6l
Trabajo le cost6 a dofia Leonor disimular su gozo al oir esta declaraci6n que disipaba todos sus temores; procure hacerlo, sin embargo, y dijo con fingida severidad a su sobrino, que un buen hijo no debia resister a la voluintad de su padre, aun cuando esta voluntad fuese tirfinica y caprichosa.-No poco se murmur de esta resoluci6n de mi hermano,-ahadi6,-y no poco harA padecer a mi coraz6n que anhela darte el nombre de hijo, pero no me corresponded a mi el empefiarme en apresurar ese dia, como si me pease mi hija y quisiera a toda costa descargarme de ella. A Dios gracias estoy muy lejos de este caso.
-6Qui6n duda de ello?-exclam6 Carlos con vehemencia:1 Luisa es un Angel i 1 Querer descargarse de ella! i oh! A QuiAn puede pensar semejante cosa? Pero usted dice bien, no es a usted a quien corresponded apresurar ese dia, que debe haceime el mfis fe-








NOVELS Y LEYENDAS

liz de los hombres; si me lo permit usted, yo ser6 quien hable a mi padre hoy mismo, quien le suplique de rodillas. que no dilate mis mi ventura. & Consiente usted en ellb, tia m1a I
Dofia Leonor apareAt6 vacilar, y viendo'la decision del joven, fu6 recogiendo velas hasta el punto -de decir, que acaso convendria mejor que se tomasen mfis tempo de meditar en ello, antes de echarse un yugo tan duro, como el del matrimonio.
-Pero continuaxemos como hasta ahora,-exclam6 Caxlos--INo es verdad, mi amada tia 7 Yo esperar6 todo, el tempo que usted quiera; har6 cuanto usted me ordene; pero permitame usted ver a Luisa todos los dias.
Dofia Leonor, que no esperaba tanta resignaci6n, se guard bien de consentir en lo que su sobrino le pedia, y como este por su parte no suscribiese a ver con menos frecuencia, a Luisa, M precise por fin, acceder a su primer proposition; pero supo hacerlo dofia Leonor de un modo tan decoroso, coin tanta maestri, que su sobrino la dej6, persuadido de que cedia casi a pesar suyo, y ella qued6 muy segura de.que no habia comprometido en nada su dignidad, ni rebajado un Apice su orgullo.
Carlos habI6 aquel mismo dia a su padre manifestAndole su de- seo de que se realize cuanto antes el casamiento. En vano el anciano le di6 las razones buenas o malas que le moving a no queer casarle tan joven. El apasionado amante las refute victoriosamente. i Se tiene tanta elocuencia para defender la causa del coraz6n 1'. En tales casos el hombre mAs limitado encuentra recursos estupendos. El pap&, que sin ser muy prudent, era por fin un papi, que habia tenido veinte afios y tenia ya cincuenta y cuatro, no dej6 de hablar mucho de la solemnidad del empeflo que iba a contrary, de la necesidad de reflexionarlo maduramente, de concern un poco el mundo antes de queer ocupar en 61 el augusto rango de esposo y padre, de lo horrible que seria un arrepentimiento tardio.... pero todo esto no hizo mella alguna en su hijo.
lArrrepentimiento! Cuando e tienen veinte a-nos Ise concise nunca el arrepentimiento? ISe prev6, cuando se ama, la posibilidad de cesar de amar I
1 La juventud! 1 El amor! Si tuvieran por compafieras a la prudencia y a la previsi6n, no producirian tantos errors, tantos arrepentimientos, tantos dolores; pero 1 ah! ltendrian entonces tantos encantos?
Don Francisco racilocinaba; Carlos sentia; Carlos debia triunfar y triunf6.
T. V.








34 OBRAS DE LA -AVELLANEDA

Quince dias despu6s, a las siete de Ia maiiana se celebr6 en Ia cated;A Ia ceremonial que unia a dos personas hasta Ia muerte. Ceremonia solemn y pat6tica en el culto cat6lico, y que jamfis he presenciado sin un enternecimiento profound mezelado de terror.
Al salir de Ia iglesia, Carlos, que daba el brazo a su joven esposa, estaba radiant de alegria; Luisa tenia los ojos bajos, Ia frente y las mejillas bafiadas de rubor, y en toda su persona so advertia una species de vaga inquietud y dulce melancholia; pero, solamente cuando de vuelta a su casa fu6 conducida con Carlos por los padrinos al. sill6n en que estaba su madre (c-uyo mal estado de salud no le permiti6 aquel dia acompaflarla a Ia iglesia), s6lo entonces se vi6 una cristalina Ifigrima deslizarse lentamente por su mejilla. Dofia Leonor, cuyo rostro descarnado y amarillo contrastaba de una mantra singular con el semblance puro y hermoso de su hija, tendi6 sus brazos enflaquecidos hacia los dos j6venes, que doblaron las rodillas delante de ella para recibir su bendici6n. Las facciones enfermizas y adustas de Ia anciana, se suavizaron y reanimaron en aquel moment, y poniendo sus manos tr6mulas sobre las cabezas de ambos j6venes, Ievant;6 al cielo una mirada que jamfis hasta entonces se habla visto en sus ojos: Ia mirada de una madre que pide al cielo Ia felicidad de su hija: 1 mirada elocuente, indescribible, sublime! Luego con voz d6bil, pero con acento solemn y profundo, dirigi6 a los reci6n casados un.largo discurso sobre las obligaciones que acababan de contrary. Su tono grave y severe fu6 suavizAndose gradualmente, y al terminal aquel discurso con estas palabras que dirigi6 a su yerno:-Cons6rvala pura y piadosa como te Ia entrego; ha sido una buena hija, pr6miala tfi haci6ndola Una feliz esposa,-su fisonomia tom6 un carficter verdaderamente. pat6tico. Carlos conmovido tom6 una de sus manos enAaquecidas, y uni6ndola entre las suyas con las de Luisa, las apret6 sobre su coraz6n, exclamando:
-1 Yo lo juro!
-Tfi, hija mia,-prosigui6 dofia Leonor,-no olvides nunca que despu6s de Dios tu primer amor debe ser tu. maxido; female, obed6cele en todo aquello que no se oponga a Ia salvaci6n de tu alma.
Luisa Ievant6 hacia su esposo una mirada de ineffable ternura; Carlos enajenado la-estrech6 entre sus brazos; y ella reelinando Ifinguidamente su cabeza sobre el pecho de su marido, pro-nunci6 con Yoz tan dulce, que s6lo 61 pudo oirla:
-S!, siempre te amar6: 1Dios y tfi!
Bra Ia primer palabra de amor que pronunciaban aquellos Ia-









NOVELS Y LEYKNIjAS 35

bios tan puros. Carlos fuerade si, imprimi6 un beso de fliego en su frente virginal; era la primer vez que el-joven veia en sus-brazos a una mujer amada.
-Ahora,-exclam6 dofia Leonor con tono, solemne-yo os bendigo, hijos mfos, que Dios os haga virtuosos y felices, y que vuestros hijos sean para vosotros lo que hab6is sido vosotros para vuestros padres.-Y los circunstantes respondieron a coro: Amen.
El finger de los castos mores debi6 desde su asiento de nubes palpitar de placer en aquel moment.




Si existed una felicidad paxa los hombres, si es possible alcanzarla sobre la tierra, la uni6n del amor con la virtue puede solamente darla. El amor santificado por la religion, el amor templado, por la seguridad y la costumbre, el amor constituido en deber, el deber embellecido por el amor.... i Qu6 sublime, qu6 santa ammoniaa! 1 Por qu6 la naturaleza en su eternal mudanza arrebata al hombre este estado divine de ventura? I Por qu6 no nos es dado hacer estable la concordancia del sentimiento y de la obligaci6n 7 1 Oh imperfecei6n e inconsecuencia de la naturaleza humana! i Que el amor eterno, que es el voto &I alma, no pueda ser cumplido por el coraz6n.... !
1 Pero Carlos y Luisa son tan dichosos 1'. . 1 oh! alejaos, frias reflexiones, alejaos, tristes luces de la verdad, que quiero recrearme en el espectAculo encantador de un amor feliz y casto. Mas no intentar6 pintarle; las almas puras y amantes le adivinan, y jamfis puede hacerse- que le comprendan los seres insensibles o depravados.
Los primers meses pasaron para los dos esposos.en una embriaguez divina;*Ios segundos en una calma delicious. Hacia mks de un aflo que estaban unidos'y no hablan tenido una sola hora de fastidio ni pesar por el contrario, parecia que eran cada dia mds felices y se comprendian mejor.
La salud de dofia Leonor, que decaia rkpidamente, y el hfibito de una vida recogida, hacian que Luisa no saliese casi minca de su casa, y Carlos, feli' con su vida dom6stica, se habia separado tambi6n de toda sociedad. Pero I qu6 necesidad hay de placeres cuando se tiene ventura 7 Luisa que habia sustituid6 a su madre (ya postrada en cama constantemente), en los cuidados dom6sticos, y que asistia a la anciana con esmero y ternura verdadbramente Mial, sa-









36 OBRAS DE LA AVELLANTEDA

bia cumplir estos deberes sin descuidar un moment a su maxido. Y era tan hermosa, tan sublime, 6uando descendia de su esfera de fingel para ocuparse en los mks pequeflos detalles de la vida dom6stica! Todo marchaba en aquella casa con un orden admirable.
Todos los moments estaban empleados, todos los acontecimientos previstos, todas las atenciones preparadas. Habiase mudado, don Francisco en casa de su hermana, y era una sola familiar doblemente enlazada y perfectamente unida; hasta los pequeflos debates de los dos hermanos eran ya raros, y la paz, la monotonia de aquella ,7ida innocent y sosegada, era tan inalterable que parecia, Ilevar un sello de eternidad.
Lleg6 enero; hacia quince meses que estaban casados Carlos y Luisa, y les parecia que habia sido la vispera. Las largas notches de invierno eran para ellos deliciosas. Era un cuadro digno de ser inmortalizado por el pincel de Murillo, si Murillo hubiese vivid entonces, el que presentaba aquella familiar patriarcal. En medio de una espaciosa alcoba, una ancha copa de bronco, en la que ardia un abundance fuego. En torno de ella. una joven hermosisima v'estida sencillamente y ocupada en las laborers de su sexo, y un gentile mancebo qup junto a ella lela en alta voz una novel de Richardson, interrumpiendo por moments la lecture para hacer una caxicia a su linda vecina; un poco mks lejos, en tres c6modos sillones, un anciano todavia robust en medio de dos rev6fendas damas: dofia Beatriz y dofia Serafina, constants tertulias de dofia Leonor, escuchando los tres con silenciosa atenci6n lo que Carlos leia, impacientAndose con sus interrupciones, e interrumpiendo ellos mismo.s muchas veces con exclamaciones de admiraci6n o de Ihstima, segfin la posici6n en que se hallaban los heroes de la novel. i Cufintas reflexiones no promovia la virtue de Pamela y la altaneria de su cuflada; premiada la una y humillada la otra i i CuAnta indignaci6n la perversidad de Lovelace! 1 Cufinta piedad la desventura de Clara! Luisa Horaba con frecuencia durante. iquellas lectures, y como, nunca era tan bonita como cuando Iloraba, su maxido dejaba suspense mu. chas veces la curiosidad de su auditorio en los pasajes mks interesantes, para deleitarse en contemplar a su mujer. Luisa se avergonzaba de que se rephrase en su sensibilidad, las dos damas se en. fadaban de que se interrumpiese la lecture, don Francisco aprovechaba aquel moment para critical la obra, aunque nadie le aten. these ; y era precise que dofia Leohor sacase fuera de la cama su mano afilada y transpaxente, y dijese en tono, absoluto:-i adelan.









TOMAS Y LEYENDAS 37

te!-para que el auditorio volviese a sosegarse y el lector a continuar su taxea.
El destiny mir6 con cefio aquella dulce serenidad de una vida dichosa y bien pronto las veladas fueron interrumpidas. Una carta. de Madrid Ikv6 a Sevilla la noticia de haber muerto el capellfin de la reina, primo hermano de don Francisco, y que habfa instituido a 6ste y a dof3a Leonor sus universales herederos. El difunto dejaba un considerable caudal en casas, alhajas y deudas, que tenian hacia 61 vaxios sujetos de la Corte; sus asuntos no quedaban tan arreglados que no fuese precise, seg-fin escribian sus albaceas a los herederos, que fuese alguno de ellos a arreglaxlos por si mismo. Don Francisco, que no habfa perdido nunca completamente el deseo de enviax a su. hijo a tomar como 61 decia, un baflito de Corte, declare que era absolutamente precise que Carlos ese el enc
gado de este negocio. Hubo por parte de dofia Leonor sus dificultades, por la del joven una manifiesta repugnandia, p6r la de Luisa una timid oposici6n, pero al fin, despu6s de a1gunos dias de discusiones, qued6 decidida la cuesti6n a favor de don Francisco, y Carlos se someti6 con disgust a separarse de su esposa, con la esperanza de que seria por poco tempo, pues se proponia ocuparse exclusivamente en Madrid en terminal con prontitud el asuntD que le Ilevaba. Se comenzaron los preparations del viaje y se escribieron carts de recomenddei6n. Estaban en la Corte dos sefloras enlazadas con la familiar de Silva, y a las cuales debia ser efleazmente recomendado -Carlos, pues Luisa temia que tuviese una, enfermedad lejos de ella, y para un caso de esta naturaleza juzgaba mdispensable que hubiese a1gunas personas de su sexo interesadas en favor del joven. Se escribieron, pues, por los dos hermanos dos largas cartas a las parents por afinidad, pero suscit6se una discusi6n con este motive, que termin6 por rasgarse una. De las dos d as era la una dofia Elvira de Sotomayor, viuda de un primo hermano de dofia Leonor, y que aunque no era conocida personalmente de 6sta, pues jamfis habia salido de Madrid la una, ni la otra. de Sevilla, habla sostenido largo tempo correspondence epistolary con ella, aun despu6s de muerto su marido. La otra. era la condesa de S.... viuda tiunbi6n de un pariente cereano de los Silva, pero cuyo matrimonio habia sido, muy a disgust de dofia, Leonor. El motivo de este desafecto hacia la condesa no era otro que el de haber nacido en Francia; naci6n, como ya hemos dicho, aborrecida por dofia Leonor. ( El conde de S.... cas6 en Paris en 1811 eon Catalina de T.... cuya madre, espafiola, habla dado la mano al vizconde de









38 OBRAS DE LA AVELLANEDA

T...., estando 6ste de secretary de la embajada francesa en Espafia, pero habiendo regresado poco despu6s a su patria el vizconde con su esposa, Catalina habla nacido en aquel pais execrado por dofia Leonor. Cuando el conde de S.... la particip6 su enlace eon una francesa, la respectable sehora le contest aconsejfindole que la sacase cuanto antes de aquella tierra maldita, y no perdon6 nunca a su pariente el desprecio que hizo de este consejo. Viuda la condesa y heredera de un parte considerable de los bienes que su marido poseia en Espafia, determine establecerse en Madrid, donde se haIlaba a la muerte del conde. Sabia todo esto dofia Leonor por su hermano que solia escribir de vez en cuando a la condesa, pues. ella por su parte no habla querido jamfis entablar correspondence con aque.v ; y es de advertir que al designer dofia Leonor con este Ila extranjer C,
nombre a Iquiera persona, era un modo breve y decoroso de manifestar el mfis absolute desprecio. Asi, piaes, cuando don Francisco la ley6 la carta que dirigia a la condesa, recomendfindola su hijo, dofia Leonor declare que no tendria Carlos necesidad ninguna de la amistad de la extranjera., y que recibiria un mortal disgust en que su yerno cultivate semejante conocimiento. Don Francisco record6 en aquel dia su antiguo sistema de oposici6n y sostuvo que ninguna persona podia ser mks fitil a su hijo en Madrid, que una seflora relacionada con las casas mks distinguidas, habituada a la mejor sociedad y que, segfin estaba informado, reunia a su perfecto conocimiento del mundo, un talent extraordinary. Pero esta species de elogio no era el mks aprop6sito para reconciliar a dofia Leonor con su prima political, y todo lo que su hermano la dijo eon respect a 6sta, s6lo sirvi6 para aumentar la antipatia instintiva que desde que oy6 por primer vez su nombre le inspiraba Catalim Don Francisco, pues, hubo de ceder esta vez como otras; la carta para la condesa se rasg6 y Carlos no fu6 recomendado a otro individuo del bello sexo que a dofia Elvira de Sotomayor, que al fin.
i
(como decia dofia Leonor) era espanola y se habia criado como, Dios manda, y no en tierras donde se profanaban altars, y se guillotinaban reyes, y reinaban soldados.
Lleg6 por fin el dia de la, partida de Carlos; muchos hacia ya que Luisa no cesaba de Ilorar, y su dolor se manifestaba de una manera tan viva, que la several mam& hubo de refiirla seriamente, desp As de haberle hecho infitiles reflexiones sobre la grave culpa que es'a los ojos de Dios la falta de resignaci6n, y-lo que se ofende su Divina Majestad de que se emplee en un mortal ese amor inmenso que 61 solo merece y que a 61 solo debemos. La pobre nifia escucha-.









XOVELAS Y LEYENDAS so

ba a su madre con su acostumbrada humildad y pedia perd6n de su dolor, pero peshrosa de sentirle no podia siquiera ensayar el vellkcerle. Como si la inmensidad de los mares, hubiese de separarla de su marido, su imaginaci6n midi6 con espanto la distancia de Sevilla a Madrid, y pareciale que habla un mundo de por medio. Cuantas tiernas aprensiones y cuantos tristes presentimientos acompaiian comfinmente a la primer separaci6n de un objeto querido, se apoderaron a la vez de la timid y apasionada esposa y parecia que iba abandonando la vida a media que se aproximaba la hora fatal de la partida de Carlos. Aquel era su primer dolor, y el primer dolor si no siempre es el mAs, grande, es indudablemente el mfis sensible.
Cuando arreglaba las maletas de su marido, besaba sus ropas humedeci6ndolas con sus, Ifigrimas, y pens6 con una species de celos que otras manos que las suyas plegarian en lo sucesivo aquellos pafluelos que ella habia bordado para Carlos, y se encargaxian de todos los pequeflos cuidados que solamente ella debia prestarle. Cuando le abrochaba su chaqueta de viaje y le cepill aba su capa,-Carlos,
-le dijo llorando-no, ser6 yo en adelante...,-y no pudo concluir, embarazada su voz por los sollozos. Carlos la tom6 en sus brazos y quiso en vano consolarla; 61 mismo lloraba como un niflo, y casi estaba ya a punto de tomar la resoluci6n de flevarse a Luisa, cuando compareci6 dofia Leonor apoyada en el brazo de su hermano, tan pilida, tan enferma, que el joven al verla se avergonz6 de haber pensado en privar de su bija a aquella anciana madre a quien el sepulcro reclamaba. La salida de los criados que conducian las maletas a la diligencia el vibrant sonido, del reloj de la cathedral que daba distintamente la hora temida, anunciaxon a Carlos que habia llegado el moment. de una separac16n a la que aun no se habia res gnado. Cubri6 de besos la rubia cabeza dq su esposa y hacienda un esfuerzo doloroso, pronunci6 la terrible palabra:-Adi6s.
Luisa se estremeci6; levant sus bellows ojos y los flj6 con avidez en el rostro de Carlos, y quitando de su cuello Una cinta, negra que sostenia un escapulario de la Virgen, bordadol por su mano, lo puso, en el de su marido, pudiendo arenas articular':-Ella te proteja.Intent6 luego repetir, mas no pudo, las recomendacione-s mA veces hechas ya, de que se preservase del aire suti I de Madrid, de que no hiciese ningfin g6nero de excess En fin, aquellas'prevenciones que s6lo se current a una mujer y que son tan pueriles com.o. tiernas.
-Ea, hijos mlos,--dijo don Francisco--I valor! pronto, muy pronto volver6is a reuniros.









40 OBRa DE LA AVELLA.NEDA

-Asi sea,-pronunci6 dotia Leonor acerckndose para abrazar a su yerno.
Pero Carlos no podia apartarse de Luisa, que enlazhndose a su cello repetia entre sollozos la palabra fatal -Adi's.
-No irriffis al cielo, hijos mios,-dijo la anclana-no os atraighis en castigo de un dolor sin causa, un dolor mfis justo. .
A esta intimaci6n, Luisa estremecida se apart de su marido, exclamando:-Perd6n, Dios mio, y hfigase tu voluntad.
Carlos desvi6 los ojos de ella torque c-onocia que mientras la viese no podria tener valor para paxtir.
-Va a salir la diligencia,-grit6 el mayordomo desde la puerta.
Carlos bes6 la mano de su padre, abraz6 a su tia, y sin mirar a Luisa se lanz6 fuera de la sald.
Quiso ella corner al balc6n para verle a-fin, para decirle mil cosas que en aquel moment se le ocurrian, Pero la pobre nifia no pudo Ilegar al sitio a que se encaminaba; sus. fuerzas la abandonaron y cay6 desfallecida en los brazos de su madre.
-1 Luisa! 1 Luisa!---exclam6 don Francisco conteniendo sus I& griMas--l No piensas en el estado de tu pobre madre Quieres acabar de matarla con tu dolor?
-i Yo I i Yo 1-grit6 temblando la nifia-- ah 1 1 No! madre mia, que tome Dios mi vida en cambio de la vuestra, Pero que me conceda verle aun otra vez.... 1 un moment, un solo momento.... 1
-Pronto volveri a tu lado, hija mia,--dijo conmovida dofia Leonor.
-Muy pronto debe ser,-exclam6 la deacon sfada esposa--si quer6is que me encuentre viva.


VI

Era un bello dia de invierno, de aquellos dias de invierno que 961o se concern en Madrid, cuando Carlos entrando por la puerta de Atocha, vi6 por primer vez aquella vida active que circula, por decirlo, asi, en todas las calls de la coronada villa, y que sorprende de pronto al que viene de una tranquila ciudad de provincial.
Durante el viaje su pensamiento, ocupado solamente en Luisa, no le habla permitido ningfin g6nero de distracei6n, y apenas la 'vista grandiosamente pintoresca de Sierra Morena, que siempre Ila, ma la atenci6n aun de aquellos que la ban contemplado muchas ve, ces, logr6 sacafle un moment de su profunda tristeza. Pero al lie-









NOVELAS Y LFMXDAS 41

gar a Madrid, el movimiento y el bullicio vinieron a despertarle de su melanc6lico letargo, y acostumbrado, ya a la silenciosa grandeza de.Sevilla, no pudo dejar de sorprenderse agradablemente con la impression que le caus6 una poblaci6n sonora y animada. En el camino habia hecho, conocimiento con un madrilefio que volvia a su patria despu6s de dos aflos de ausencia, y el enthusiasm que la vista de ella excite en su alma, no pudo menos de comunicarse por un instance a'Carlos.
-i Hela alli!-gritaba su compafiero batiendo las manos de alegria:-hela alli, a la villa real, a .1a hermosa villa! con su brillante irregularidad, sus numerosos passes, sus cuarenta y dos plazas, sus innumerable fuentes, sus genes siempre afanadas como las hormigas. Madrid no es Espaiia; Madrid es Madrid; fuera de aqui no se vive.
-1 Sabe usted Silva,-afiadia dirigi6ndose a Carlos-que he estado tambi6n en Paris en los primers aflos del imperio, y he estado en Londres y en Edimburgo, y Viena 7 Pues bien, en esas cortes extranjeras suspiraba por Madrid. Un espafiol no puede vivir sin Madrid si una vez le ha visto; el Prado y Za Puerta, del Sol son para 61 cosas tan necesarias para la vida como el aire y el alimento. Salud mil veces, 1 oh reina de la Nueva Castilla!
El enthusiast madrilefio pregunt6 a Carlos si pensaba hospedarse en fonda o en casa particular, y conociendo por su contestaci6n que aun no tenia tomada ninguna resoluci6n respect a esto, le propuso que, viniese con 61 a un cuarto principal de una de Jas mejores casas de 4quellas que en Madrid se concern por Casa de hugspedes, donde P"or cincuenta, resales diaxios, serial servidos a satisfacei6n. Carlos accept y arenas salieron de la aduana se dirigieron ambos a la calle de Fuenearral seguidos de tres robustos gaIlegos que lievaban al hombre sus maletas. A pesar de los elogios que durante el camino, le habla hecho su compafiero de viaje, de la casa en que iban a habitat, pareci6le a Carlos bien mezquina, acordAndose de la elegancia y buen aspect que present esta clase de establecimientos en Francia, aun en las ciudades de segundo orden. La distracei6n momentfinea que habia production en 61'la Ilegada a Madrid, desapareci6 tan luego, como se vi6 instalado, en una salita pobre de adorns, y asaz obscure para quien traia en la memoria las numerosas y rasgadas ventanas que en las casas de Sevilla permiten al sol inundarc'on su luz todas las habitaciones.
Carlos volvi6 a caer en su tristeza, y anhelando concluir cuauto, antes el. negocio que tan a pesar suyo le habla conducido a Madrid,









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se visti6 inmediatamente y sali6 con su compafiero, que se ofrecio' a acompafiarle, para ir a ver a los albaceas & su difunto paxiente e informarse de lo que tenia que hacer. Luego que hubo dado este primer paso que le infundi6 la esperanza de que no seria larga su permanencia en la corte, se dirigi6 a la casa de sii prima political, dofia Elvira, para presentarla la cuta que le habia dado su suegra y tia dofia Leonor.
No habi6ndola encontrado dej6 la carta a su doncella con las sefias de su habitaci6n.
Cansado, pensativo, prercupado, pero menos triste por la grata esperanza de volver pronto al lado de los objets de su carino, entr6 en su casa y se encerr6 para evitar que le impidiese su compafiero pensar exclusivamente en Luisa. I
Ya coordinaba en su imaginaci6n cuanto debia decirla en su primera carta; pues aunque le habia escrito desde C6rdoba y Ocafia, pareciale transcurrido un siglo desde que no le comunicaba sus pensamientos, sus pensamientos que todos eran por ella y para ella. Ya calculaba los dias que deberia pasar sin veria, y se transportaba a aquel en que la sorprenderia arrojAndose en sus brazos inesperada! mente; ya en fin, trataba de adivinar lo que ella haria, lo que pensaria en aquel moment, y al decirse a si mismo:-I acaso Ilora!no pudo 61 tampoco detener sus lkgrimas.
Embebecido en estos pensamientos, estaba todavia, medio recostado en un sofh, cuando Ilamaron suavemente.a su puerta, y Una criada de la casa pas6 a anunciarle que una seflora solitaba verle.
Carlos pens6 que no podia ser otra que dofia Elvira, y sali6 a recibirla, maldiciendo en su interior tan inoportuna vista.
No se engaflaba: era efectivamente su prima political y bien o mal procure disimular su disgust, para corresponded como era debido a su carifiosa urbanidad. Habia oido a su padre y a su tia hablar repetidas veces de aquella dama, sin prestar a sus discursos bastante atenci6n, y sin saber por qu6 se habia imaginado en dofia Elvira una respectable matron, con corta diferenoia del tempo de dofia Leonor y don Francisco. Qued6se por lo tanto un poco sorprendido al encontraxse con una mujer de treinta aflos, a lo mfis, de gracious figure y elegant porte, tan viva en sus maneras que arenas le vi6 corri6 a abrazarle, haci6ndole con extreme volubilidad un mill6n de preguntas.
-i Mi querido primo! 1 CuAnto placer tengo en conocer a un pariente tan pr6ximo de mi difunto y eternamente Horado Silva! Conquie es usted el hijo de su'primo predilecto, de su amigo de la









NOMAS Y IjEYENDAS 43

nifiez, de su querido Francisco, de quien me hablaba sin cesar? Mi marido era id6latra de su familiar. IY mi amiable prima Leonor? 1 Qu6 carta tan innecesaria ha dado a usted 1 A Preciso era recomendarle a usted conmigo 7 A No bastaba que me dijese simplemente: va a esa corte mi sobrino? Sin embargo, mucho placer he tecibido con su precious carta. L Conque est6 tan mal de salud la buena se:fiora:l Acaso la mudanza de aires la convendria. I Por qu6 no se viene a Madrid? Y usted primo mio: 6serg nuestro por mucho tempo? Leonor me dice que le traen a usted asiantos de interests; serA la herencia del primo 6 no 1 es verdad? Creo que ha dejado muy embroIlados sus negocios. i Qu6 hombre era tan original 1 Usted no le habrA conocido.
Todo este raudal de palabras cay6 sobre Carlos antes de que hubiese tenido tempo para desplegar los labios, y aprovech6 el primer moment de tregua para rogar a Elvira passe a la sala.
-En mantra alguna consiento en ello,-respondi6 con la misma vivacidad atolondradora que tenia at6nito a Carlos-he venido para llevkrmelo a usted. 1 El hijo de don Francisco de Silva en una casa de hu6spedes, teniendo Elvira de Sotomayor la suya? Eso no puede tolerarse. i Y qu6 inflames que son las tales casas de hu6spedes en Madrid!
Ya quedaban mis criadas disponiendo su habitaci6n de usted, y no hay que demorarnos, pues son la cinco, que es mi hora de comer. AIIA abajo esth mi lacayo que IlevarA su maleta do usted; asi pues, partamos.
Diciendo estas palabras se asi6 del brazo de Carlos, y todo cuanto dijo para excusarse de admitir aquel obsequio, que en mantra, alguna deseaba, fu6 trabajo initial. Elvira Ilev6 hasta la obstinaci6n su empeflo y Carlos tuvo que ceder a pesar suyo.
Entr6, pues, con ElviTa en su coche despu6s -de despedirse de la ama de casa y de su, nuevo amigo, al que ofreci6 visitarle algunas veces, y se resign a sufrir la forzosa compaffia, de su locuaz parienta los dias que permaneciera en Madrid.-S61o me faltaba el vivir con una mujer atolondrada y habladora,--pens6 61-para que fuese complete el torment de estar lejos de aquella que es la delicia de mi coraz6n.
Elvira, a pesar de la malisima gracia con que su primo le sostenia la conversaci6n, no desmay6 un minute. Su pasmosa loquacidad dejaba al joven estupefacto. En el corto espacio que divide a la calle de Fuencarral de la del Principe, en la cual estaba situada la casa de Elvira, espacio que corri6 el coche con mis que me-









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diana velocidad, hizo ella la enumeraci6n de todos los parents, vivos y difuntos de su marido; relate todas las caxtas que habia recibido de dofia Leonor, habl& de Madrid, de su. casa, de sus hijos, de sus visits, de sus criados, de sus caballos y hasta de sus gatos. Pasaba de un asunto a otro conuna incredible volubilidad, decia, mil naderfas sin pararse a mirar si las oia Carlos, pero, en medio de aquel flujo de palabras vacias, insignificantes, conservaba cierta gracia de lenguaje que haria que un auditorio menos, preocupado que el que entonces tenia, la escuchase sin fastidio y aun con placer.
Por otra parte tenia, sin ser hermosa, un rostro muy a gradable, y su carficter ligero, frivolo y atolondrado, daba a su fisonomia Una gracia casi infantile. Cuando Ilegaron a su casa condujo a' Carlos a un bonito gabinete con su alcoba, dispuesto para 61.
-Aqui,-Ie dijo-estarA usted mejor que en casa de su. gruesa patron. lJes-ds! y cufin pr6diga de cares ha sido la naturalez& con la buena mujer!-Este balc6n es un coche parade; la calle del Principe es de las mAs concurridas, de Madrid. Vea usted el teatro, gle agrada a usted el teatro? Yo soy enthusiast por la tragedia; preflero la tragedia a la comedian; sin embargo, las de Moratin me hacen reir como una loca. 1 Qu6 graciosisimo personae es el de dofia Irene en El A de las nifts! i Y su bar6n i i A Jfi! 1 Qu6 solemnisimo tunante!
gA qu6 hora acostumbra usted comer? En provincial creo que se come, temprano. Mi hora es 6sta 6 le acomoda a usted ? Voy a mandar que se sirva la sopa, mientras tanto tome usted posesi6n de su nuevo domicilio. Aqui gozara usted de absolute libertad; no quiero que en nada se contrarie usted, salga usted y entre cuando le acomode, reciba usted a las personas que le agraden; tiene usted un criado consagrado exclusivamente a su servicio.
_Sali6 concluidas estas palabras y Carlos la sigui6 con los ojos preguntfindose a si mismo si le seria possible acostumbrarse al trato de aquella muier.
Durante la comida, Elvira habl6 mucho y dijo mil sandeces pero Carlos crey6 descubrir suma bonded y dulzura de carficter en medio de su. excesiva ligereza. Tenia Elvira dos hijas, pero ambas se educaban fuera de su casa, y aunque Carlos juzgase al pronto. aquello como un desprendimiento culpable en una madre, la I visible emoci6n con que habl6 de ellas, la species de orgullo que se pintaba en su semblance siempre que decia -mis hijas,-Ie hicieron juzgaria con menos severidad.
Elvira le dej6 a Im siete para ir al tcatro, despu6s de hacerle








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infitiles instancias para que le acompaflara; y Carlos arenas se vi6 solo se encerr6 en su gabinete para escribir a Luisa, aunque aebian pasar dos dias antes de que saliese el correo.
1 Qu6 carts las primers que se escriben dos amantes en su primera separaci6n! Un indifferent no pudiera leerlas sin reirse desde la primer linea. i Qu6 detalles! 1 Qu6 minuciosidades!. 1 C6mo un mismo pensamiento se deslie de mil. maneras, se reproduce bajo mil forms! 1 Cu&nto papel empleado paxa no expresar en resumidas cuentas mfis que una sola idea:-te am.o!-I Cu&nta profusi6n de dulces mentiras, que cree verdades el mismo que las describe 1 Y sin embargo, estas caxtas tan cansadas y tan pueriles -para los indiferen. tes, son la vida para un amante ausente; son mfis que la vida, son la felicidad. Mientras se leen se cree, se ama, se espera, se goza; mientras se leen ellas Henan el vacio del mu-ndo y del coraz6n.
Carlos empleo algunas horas de la noche en tan deliciosa tarea,' y a las once toc6 la campanilla y pregunt6 si habia venido Elvira. El criado se sonri6.
-IA las once!--dijo-no, seflor nunca viene la seflora tan temprano, despu6s del teatro va a la tertulia; pero tenemos orden de server a usted la cena cuando guste, y puede acostarse sin esperar a la sefiora, pues acaso no venga hasta el dia.
Carlos sigui6 el consejo, pidi6 una taza de t6 y se acost6 e.n seguida, rendido de cansancio, en el. elegant lecho que le hablan dispuesto, y en el cual el sueflo le halag6 duleemente transportfindole a Sevilla al lado de su adorada Luisa.
El suefio es un gran encantador, al cual todos debemos, unos mfis otros menos, dulcisimos favors. Los poets le han Ilamado muchas veces amigo de los desgraciados, y bien pudiera, tambi6n invoefirsele con el nombre de adulador de los amantes. 1 CuAntas veces no engafia a la ausencia! i Cufintas no se burla Ael rigor de la ingratitude 1 1 Cuhntas no nos venga del olvido I
Sonrie, pues, dulce y silencioso Morfeo, a nuestro enamorado Carlos y embrifigale con el aroma de tus innocents mentiras; mientras que nosotros para no mirar los fantasmas de fuego del insom.nio, tu enemigo, vamos, a escribir fielmente todo lo que sabemos o suponemos que hacia y pensaba Luisa, desde el moment en que perdi6 de vista al caro objeto de su primer y finico amor.









46 OBRAS DE LA AVELLANEDA


VII

Una de las particularidades que se observant en las personas MEgidas o tristes, es la sorpresa que les causa el placer o la mera indiferencia de las demfis. Cuanto padecemos se nos hace dificil creer que nuestra pena no sea un mal general, y como que no se comprende que lo que es causa de nuestro profound dolor pueda ser un aeontecimiento insignificant para, otros.
Cuando Luisa dej6 de ver a Carlos no fu6 solamente su coraz6n el que qued6 vacio: pareciale que lo estaba igualmente la casa que ya no habitaba, la ciudad que bajaba desierta.' Antojibasele que, como si la ausenciade su marido fuese una calamidad pfiblica, Sevilla habla tomato un aspect de luto, y que el trastorno verificado en su felicidad era un trastorno universal. La voz de una vecina que cantaba al piano una alegre canci6n andaluza, la hiri6 el oido y el coraz6n, y se dijo con una species de dolorosa sorpresa:-I Hay 4uien cante cuando 61 se ausenta!-Por la noche vinieron con la acostumbrada puntualidad dofia &rafina y dofia Beatriz, y Luisa al verlas prorrumpi6 en amarguisimo Ilanto.
-1 Eh 1 1 Conque se ha ido Carlos I-dijo una de las dos sefl-oras.
-Ya lo dicen esas lagrimitas. Vamos, nifia, no hay que afligirse, que eso no vale nada. Un mes o dos de separaci6n para despu6s verse con mayor placer. Vamos, vamos,-aiiadi6 enjugando con su pafiuelo los ojos de Luisa,--serenarse, pues, ya que nos falta esta noche nuestro lector, justo es que su amada esposa le reemplace: de otro modo pasariamos la noche bien sosamente. bNo es verdad, Leonor?
-La he dicho 10 mismo que ust ed, mi querida Serafina, pero esta nifia se estfi hacienda en demasia mimosa: la culpa la tienen su suegro, y su marido, que la han acostumbrado a salirse siempre con su gusto y no a contrariarse en nada. Pues no, antes de casarse no era asi Luisita, ni lo hubiera sido nunca si yo 6nicamente hubiera vivid siempre con ella. Pero los mimos, las adulaciones, las excesivas condeseendencias....
Luisa aument6 su llanto y don Fr I ancisco se apresur6 a defenderla, l1amando a su hermana cruel, injusta y dura.
-jNo es natural,--dijo, besando la frente y los cabellos a la Ilorosa nifia,-no es natural que sienta mucho la primer separa. ei6n de su marido 1 6 Qu6 hay en esto de malo 7 1 Es possible, Leonor, que de todo saques argument, para mortificar a tu. hija y calum-








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niar a tu hermano? Consulate, hija mia, no Bores mfis: hazlo, por mi, no hagas caso de lo que dice tu madre: su propia pena le hace hablar asi. No te aflijas, Luisita.
Y el anciano caballero conducia a Luisa lejos de la enferma para que 6sta no notase el poco fruto de suis conseJos.
-Vamos, vamos, no se hable m6s de esto--dijo a la saz6n dofia Beatriz-y aprop6sito de ausencias, isabe usted amiga Leonor, como nuestio buen amigo el cura don Eustaquio se nos march tambi6n a Madrid?
-i C6mo! 1 Es possible!
-Si, seflora, le contar6 a usted la historic: torque es una historia el motive de su march.
-Diga usted, diga usted,-exclamaron a un tempo las dos sefioras, y dofia Beatriz comenz6 su historic despu6s de sacar su ca, ja de oro con el retreat, de lord Wellington, y ofrecer un polvo a sus oyentes.
Luisa sentada en un rinc6n del aposento procuraba serenarse, y don Francisco, despu6s de darla al oido algAn consuelo con la seguridad de la pronta vuelta de Carlos, se acerc6 tambi6n a la na'rradora para oir la historic de la partida del padre don Eustaquio.
La conversaci6n se sostuvo mks de una hora sobre este asunto; luego se hab16 del tempo frio quo estaba hacienda; de las enfermedades que producia en Sevilla, segfin relate del m6dico de dofia Leonor; de la madre abadesa de las Capuchinas, que padecia horriblemente todos los inviernos; de una vista q'ue la habian hecho dofia Serafina y dofia Beatriz; de lo que pensaban hablar en otra vista. que proyeetaban hacer a la referenda madre; en fin, la noche se pas6 con corta difereucia como las anteriores, y. la pobre Luisa vi,6 con sorpresa y dolor que lo que era poderoso a destruir su felicidad, era un acontecimiento muy indifferent en si. Mientras tanto ella apacentaba su dolor con la. contemplaci6n de todos los objets que le recordaban mfis vivamente a su marido. La silla que acostumbraba ocupar, los libros que habia leido y que aun estaban esparcidos sobre la mesa.... Luisa not6 que uno de ellos tenia mareada con una cintitd la pAgina -filtima que habia leido Carlos, y tom6 con disimulo la cintita que desde entonces no se apart nunca de su pecho. Al despedirse las dos sefloras no dej ron de repetirle los consuelos de costumbre, y dofia Leonor la exhort despu6s seriamente a moderax un excess de sensibilidad peligros6 si no culpable, habiendo conseguido con su discurso si no calinar el dolor de Luisa hacer16 parecer extremado e injusto a sus propios ojos. Acost6se pen-








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sando en ello y diciAndose a si misma que era en effect una locura afligirse tanto por una corta, separaci6n, pero a pesar de sus exactos raciocinios, su tierno coraz6n continuaba opreso de un sentimiento doloroso, y como que una voz interior le gritaba sin cesar.que aquella separaci6n destruiria para siempre Ia felicidad de su vida.
gY por qu6 hemos de combatir como una. locura los presentimientos? El coraz6n tiene un instinct particular y previsor, y muchas veces lo que no parece una aprensi6n de Ia. fantasia, suele ser el anuncio anticipado por 61 de una enorme desventura.
Desde el dia en que sigui6 al de Ia partida, de Carlos, todos los de Luisa fueron iguales, sin otro interns, sin otro objeto, sin otro pensamiento que el de recibir las cartas de su dorado; eran para ella otros tantos silos los dias que separaban aquellos en que Ilegaba el correo de Madrid. La finica ocupaci6n a que se entregaba sin repugnancia era a Ia de escribir larguisimos diaxios para su marido, todo lo que no tenia relaci6n con 61 le era insoportable. Lo's cuidados que exigia el estado, de su madre, cuidados que le eran tan dulces cuando los dividia con Carlos, Ilegaron a fatigarla. No era por esto menos diligence y esmerada en Ia asistencia. de Ia enferma, pero no tenian ya sus acciones para ella Ia misma facifidad. y dulce encanto. Esforzkbase cerea de su madre en disimular su tristeza, y esta sujeci6n Ia hacia penosa Ia asistencia. continua junto a ella. Muchas veces, despu6s de todo un dia de violencia pasado a Ia cabecera de Ia enferma, procurando distraerla con conversations indiferentes, retirfibase poi Ia noche a su cuarto con el coraz6n. hincha do de Ifigrimas, y se desquitaba. de Ia sujeci6n del dia consagrando toda Ia noche a escribir y a Ilorar. Su timidez natural parecia, aumentarse con su tristeza, y ocultando sus penas, como una. falta, arenas se atrevia a levantax del suelo sus hermosos ojos casi siem.pre encendidos por el Ilanto.
Ajibase Ia tez y enflaquecia visiblemente, en t6rminos que al mes de Ia partida de Carlos, su hermosura. habla sufrido una notable alteraci6n.
Sin embargo, las cartas de.su marido eran largas y frecuentes, en todasrespiraba Ia misma pasi6n, el mismo dolor de no ver a su Luisa, en todas se Ia aseguraba de un pronto regreso, y en medio de sus penas, Ia pobre nifia no tuvo por lo menos Ia terrible y devorante de los celos. Una sola. vez no le pas6 por el pensamiento Ia idea de que su marido pudiese amar a otra; nunca pens6 en Ia posibilidad de que Ia ausencia entibiase el affect que Ia habla jurado, y Ia menor sospecha respect a esto Ia hubiera parecido un crime.









NOVMAS Y LEYE"AS 49


Viii

Carlos conoci6 que se habia engafiado al temer hallarse en inc6moda sujeci6n en la casa de su prima political. Muchos dias pasaban sin siquiera ver'a Elvira sino a la hora de comer,. ocupada enteramente como lo estaba de sus numerosas visits y diversions, y cuando era invitado por ella a un rato de conversaci6n por las mafianas, no hallaba tan insoportable como al principio la habia j'uzgado, su voluble locuacidad.
Elvira e a una persona tan dulce y complaciente, de trato tan franco y fficil que no imponia ninguna species de sujeci6n, y cuando se la habia conocido lo bastante paxa. hacer justicia, a su buen coraz6n, se perdonaba f6cilmente la frivolidad y ligereza de su carficter. Carlos Ileg6 hasta guitar de su insustancial y voluble chfichara, y no evitaba ya log moments raros en que podia verla en su. casa, pues aunque ella le instase repetidas veces a acompafiarla a los teatros y tertulias que frecuentaba, se neg6 siempre a complacerla, alegando, sus muchas ocupaciones y el poco gusto que sacaba de diversions e'n las que no habia de encontrax amigos ni conocidos- Elvira se chanceaba sobre su migantropia y se marchaba alegremente, sin darse por ofendida de su. poca complaceneia. Carlos admiraba aquel g6nero, -de vida disipada, tan distinct del que ha, bia encontrado establecido en casa de su suegra, y aunque cada dia fuese tomando mfis affect a Elvira, juzgaba n general muy severamente a las mujeres que como ella hacen de la vida una partida de placer. El orden immutable, la sensate economic que habia observado en casa de dofia Leonor le parecian mfis dignos de elogio euando log comparaba al desarreglo que reinaba en la de Elvira, que por otra parte, sabia Carlos no era bastante rica para que su fortune resistiese mucho tempo a su abandono'Aquella ligereza con que una madre arruinaba alegremente a si-A hijos, le parecia. inconcebible como criminal.
Carlos no qued6 poco sorprendido cuando supo despu6s que aqueIla mujer despilfarrada e imprevisora, en su concept, habil salvado la herencia de sus hijas a costa de grades sacrificios y privaciones, que habia satisfecho ell pocos afios deudas considerable, que quedatan a la muerte de su marido, y que era tan active y apta para hacer productions sus bienes, que sus dispendios siempre eran inferiors a sus rentals. Verdad es que quien di6 a Carlos estos informes no olvid6 indicar,, vaga y confusamente, quemadie crefa que
T. V, 4









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dofia Elvira por si sola hubiese levantado, en poco tempo su decalda fortune, y que era probable la hubiese auxiliado algu'n amigo poderoso. Mas esto no disminuy6 el buen effect que hizo en Carlos la relaci6n anterior, y desde entonces estim6 sinceramente a su prima.
Procuraba, pues, un rato de conv6rsadi6n con el misnp empefio que tuvo, antes para evitarla, y aquella diAracci6n le era tanto mfis necesaria, cuanto que arenas salia de su casa cuando lo exigia el interns del negocio que lo habia conducido a Madrid. Solia por la mariana ir a encontrar a su amigo en la Puerta del Sol y pasearse con 61 un rato, y por las notches iba de vez en cuando a visitor a la esposa de don Eugenio de Castro, albacea de su difunto pariente del cual eran herederos su padre y tia. A nadie mfis veia, con nadie trataba, y la ocupaci6n de escribir a Luisa, por larga que fuese, le dejaba muchas horas libres que no sabia en qu6 emplear.
El dia en que se cumplia exactamente un mes de su salida de Sevilla, hall6se mAs triste que de costumbre, y pens6 para distraerse en rogar a Elvira le permitiese estar con ella aquel dia, pero cuando iba a pasar a su habitaci6n con este objeto, recibi6 una atenta esquela de la seflora de Castro, en la que, le rogaba fuese a las cinco a comer a su casa, pues con motive de ser aquel dia el'de su cumpleaflos, habia convidado a various amigos. Carlos, que deseaba cualquiera novedad que disipase un tanto su profunda tristeza, accept la invitaci6n y fu6 exact en acudir a casa de don Eugenio a la hora designada. Sin embargo, bien pronto conoci6 que la socie-dad en vez de distraerle, aunientaba su disgust, y durante la comida se esforz6 en vano para imitar la jovialidad y estudiado buen humor de los convidados. Servianse los, postures y Carlos anhelaba el moment de poder evadirse sin llamar la atenci6n, cuando la sefiora de la casa le dirigi6 una pregunta que le puso, en la precision de disimular su impaciencia.
-s Va usted esta noche al concerto que' da en su casa la condesa de- S....
-No tengo el honor de conocerla,-respondi6 Carlos.
-i C6mo asi! &No conoce usted a la condesa siendo la amiga, intima de su prima de usted, dofia Elvira?
-Y la infis hermosa y distinguida dama de la corte, afia& con viveza uno de los caballeros de la reunion.
Sus palabras produjeron un movimiento simultAneo en las damas-presentes, que se miraron unas a otras y se hablaron al oido con muestras de viva impaciencia, y a1gunas con sonxisa de desd6n. La









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sefiora de Castro tom6 la palabra y con un, tono ir6nico pregunt6 al caballero que habia cometido aquel. crime de lesa galanteria. en qu6 sentido usaba el. adjetivO distinguida, aplicado a la condesa. En manto a su problemAtica hermosura,-afiadi6 sonriendoj--no ser6 yo quien la analice.
-La Ilamo distinguida,-contest6 algo turbado el caballeroen atenci6n a sus brillantes talents, sobresaliente educaci6n, exquisita elegancia y bellisimas cualidades, que por mfis que quieran denigrarla sus envidiosas rivales....
El orador fu6 interrampido por el sordo murmullo de muchas vocecitas, tr6mulas de indignaci6n que repetian con fbigido desprecio:-i Envidiosas! 1 Envidiosas de la condesa 1
-Sefioras,-repuso mAs y mhs turbado el cal #Ilero-no ha sido mi Animo offender a nadie, y s6lo he querido decir que Hamaba distinguida a la condesa por su....
-jPasmosa coqueteria?-dijo con viveza. una soltera. cincuentona, que sin duda en sus tempos felices habia sido buen juez en. la material.
Esta ingenious salida, pues por tal. fu6 reputada se celebr6 con estrepitosas risas que probaban. las perfectas simpatias de la concurrencia femenina.
-No niego,-repuso el caballero-que la condesa es algo coqueta....
-i Algo! 1 algo!-repitieron en. coro las sefioras.-I Y no lo niego! I Oh! 1 Qu6 concesi6n tan meritoria! 1 No negar que la condesa es algo coqueta! .
Y la risa y la burla se aumentaron en t6rminos que el pobre caballero tuvo a bien aband6nar el. campo a sus contraries, diciendo humildemente que su opinion no era infallible y que como amigo de la condesa no podia ser un. juez im racial.
p
-1 Amigo, de la condesa 1-dijo la dama que estaba a la. derecha de Carlos, acercando su boca al oido de 6ste:-18abe usted. el origen de esa amistad? Pues no es otro sino que este caballero solicit, un empleo, y la condesa tiene vara alta, segfin se dice, con el ministro.-Y usted condej--afiadi6 volvi6ndose 'a un joven rubio que probablemente era su amante:-& es usted tambi6n campe6n del distinguido m6rito de la condesa de S.... ?
-Yo,--contest6 con aire de s uficiencia el interpelado-yo detesto a esas muieres hombres que de todo hablan, que de todo entienden, que de nadie necesitan....
-1 Oh! en cuanto a no necesitar de nad ie-repuso maliciosamen-









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te una de las sefloritas-usted se enga:fia y no hace justicia a Catalina. A Cree usted que pudiera pasarse esa deidad sin el culto de sus numerosos adoradores? Ya ve usted que los busca con empeflo.
-Y los encuentra,-afladi6 una casada, cuyo noveno amante la habia abandoned por la condesa, peror que no obstante, merced a su gran prudencia y several mAximas, que sabia ostentar en las grades. occasions, pasaba por una virtue ejemplar.-La condesa,
-prosigui6 con refinada malignidad-es, digan lo que quieran, una mujer poco comfin. No hay en Madrid quien cante con tanto gusto y maestri como ella. La bailarina mks aplaudida de nuestros teatros no la aventaja en esta habilidad; me costa que dibuja y pinta con primer, y se dice que es tan instruida que sostiene con los hombres mks sabios questions de moral, de religion y de political. Distinguida por todos los talents no lo es menos por su caxActer independent, y yo dudo que eidsta en Espafia mujer de opinions tan libres. Confieso que no puedo sufrir que se interpreted siniestramente, lo que en ella pueda parecer equivoco; en tal caso yo me inclino siempre al lado favorable, y a veces prescindo de mis propias convieciones para tomar su defense.
-No es extraflo, sefiora,-dijo con respetuosa y afieja galanteria un septuagenario, que aspiraba a consolax a la dama del abandono de su noveno infiel:-no es extiaflo en usted esa adorable indulgencia, muy propia de la acendrada virtue y caridad cristiana que a usted distiAgue.
-No ciertamentej--repuso la dama con una humildad tan hechicera que le vali6 generals elogios-no creo que mi virtue sea tan rara en mi sexo, que pueda distinguirme. Yo no soy en nada una mujer notable, cedo ese honor sin pesar a la, brilliant condesa de S.... y me doy por satisfecha con mi oscura mediania. Ella no me permit el constituirme juez de la conduct ni de las opinions de los otros, y s6lo levantar'6 mi voz para predicar la indulgencia. En cuanto a la amistad que el caballero que ha promovido esta eonversaci6n profess a la condesa, digo que es muy natural y digna de excuse. Yo no me admire que la condesa tenga muchos amigos aunque confieso no la elegiria para amiga de mis hijos.
-Pienso 10 mismo que usted,-dijo entonces una joven de aspecto sentimental-la condesa es una persona de trato tan franco, tan fficil, tan ameno, que debe agradax infmito a los hombres. Lo Anico que en ella censure amargamente es que no use de algfin miramiento, de alguna prudencia.... en mi jiqicio s6lo el escindalo es imperdonable. I Oh! yo respect mucho la opinion.









XOVPLAS Y LEYtXDAS

Al oir estas palabras parece que algunos de los coneurrentes se miraron sonri6ndose con disimulo y con intelligence, como si recordasen algdn hecho qiie pudiera desmentir aquella aserci6n. Un caballero de los presents se apresur6,.sin embargo, a probar lo que acababa de decir la hermosa sefiorita. Era un afrancesado, ac6rrimo bonapartista en el aflo de 1809, y legitimista y absolutist exaltado despu6s de 1814.
Levant6 con afectaci6n la cabeza, que hasta entonces mantuvo en la posici6n mfis propia para masticar c6modamente, y baciendo una imitaci6n graciosisima del acento defectuoso de un extranjero que habla en castellano, dijo con decision:
-1 Oh! esta sefiora tiene sobradisima raz6n y yo soy do su aviio en todo. El decor en la mujer y la'consecuencia en el hombre: he aqui cuales son las cualidades que yo aprecio, en mks. La condos de S.... no piensa y habla como, debiera, y esta es una falta remarcable; y a la verdad que en esto es una excepci6n de la regla general en la naci6n en que ha nacido, torque las francesas son modelos de prudencia y saben muy bien tender a las conveniences sociales. Yo que conozco a la Francia mks que si hubiera nacido en su suelo, declare que la condesa habrA sido en ella tan severamente juzgada como en Espefia.
-Ustedes hablan con demasiado rigor de la condesa,-observ6 en este punto el dueflo de la casa-y creo que el senior de Silva tiene vinculos de parentesco con esa sen-ora.
Todas las damas miraron a Carlos, que habia oido en silencio la conversationn, y esperaron su respuesta con algfin embaraz'o, coino personas de buen tono que temen haber faltado a los miramientos socials.
Pero Carlos habia oido demasiado bien lo que se habia dicho, de la condesa, para confesar sus parentescos con ella, y poni6ndose encendido, contest un no breve y claro.
-Pues ahora que no temo que se hiera a nadie,--prosigui6 el seflor de Castro-me.permitirfin ustedes que les pregunte, sefloras I qu6 gran falta, qu6 escandalosa aventura ha habido en la vida de la condesa que tanto la ha perjudicado en el concept de ustedes 7
Las damas vacilaron algfm tanto, y se miraron como para consultarse la contestaci6n que debian dar a esta inesperada, interpelaci6n. Por filtimo, la misma viva tom6 la palabra.
-1 Gran falta!-r.epiti6-!Pues qu6! las coquetas com'eten grandes faltas 7
Tienen demasiado frio el coraz6n y 'demasiado ligero e inconstante el caricter para que puedan compete grades faltas.









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-La condesa es una mujer muy sagaz,-afladi6 otra-sabe hacer las cosas con mucho talent.
-Crela,--observ6 el senior de Castro-que ustedes habian condenado a la condesa por imprudent, y encuentro una maniflesta contradicei6n en....
-1 Basta!-interrumpi6 su seflora lanzando una mirada aterradora sobre su indiscrete c6nyuge.-No es necesario examinax los fundamentos de ninguna opinion. Siempre es justa cuando es general.
Carlos no pudo sufrir mAs; estaba avergonzado de que la mujer de quien se hablaba, estuviese enlazada con su familiar. Pareciale que si en aquel moment se le presented la volveria la espalda con el mfis soberano desprecio, y sin embargo, comenzaba a sentirse indignado contra sus detractors, y mfis de una vez se contuvo con difleultad para no insuiltarlos.
Pretext hallarse indispuesto y obtuvo el permiso de marcharse.
Cua ndo entr6 en su cuarto, el ayuda de.chmara le advirti6 que dofia Elvira le esperaba en su tocador, y que habia encargado decirle que tenia que hablarle. Carlos se present de mal humor a su parental, a la que encontr6 delante de un espejo, magnificamente ataviada y dando la filtima mano a su tocado de baile.
-Bien venido, mi, estimado primo,-Ie dijo sin interrumpir su ocupaci6n--esperaba a usted con impaciencia.
-jEn qu6 puedo server a usted, amiable prima?
-1 Oh I eso lo veremos despu6s; lo que ahora import es que me d6 usted su voto sobre mi traje; A qu6 tal, me halla usted bien 7
-Entiendo poco de esto, querida prima, no obstante me parece' usted muy hermosa.
-Es la primer vez que le he oido a usted galante con su querida prima; pero, a prop6sito de parentescos, sin duda ignore usted que hay en Madrid otra persona ligada a usted como yo, por alianzas con su familiar, Catalina viuda del conde de S.... ha extraflado el saber que un hijo de don Francisco de Silva se halla en esta corte, y que no tiene aun el placer de conocerle. Esta alusi6n no podia ser mfis intempestiva. Carlos contest, disculpindose-con excuses frivolas y casi insignificantes.
-Aunque una persona several y escruplosa en punto a etiquetas,
-repuso sonriendo dofia Elvira-no se daria por satisfecha con iales disculpas yo que conozco a Catalina declare que las estima suficientes, y en nombre suyo convido a usted para el concerto que. tiene esta noche en su casa.









I;OVELAS I LEYP"AS

-Prima mia,-respondi6 con viveza Carlos-me es impossible aceptar ese honor. Agradezco a usted y a la condesa una atenci6n tan poco mere ida, Pero usted no ignore que en Madrid me ocupa exclusivamente el asunto que me ha traido, y que sy ademks, po, o aficionado a reunions.
-La de la condesa serh de las mks selectas; un dia cada semana da concertos en su casa, en la que refine el circulo mks brilliant de Madrid.
-Esa es una raz6n mks Para no ir,-dijo friamente el jovendebiendo ser corta mi permanencia en Madrid no trato de adquirir conocimientos, ni introducirme en ese circulo, brilliant que no debe guitar mucho, por otra parte, de un pobre mozo de provincial, que suspira por volver a ella.
-Es usted original,-dijo friend dofia Elvira-y ya que ite manifiesta con tan poco embarazo, el deseo de dejarme, quiero vengarme obligfindole a que confiese que no es Madrid una mansion tan insoportable como usted juzga ahora. Esta noche debo asistir a la reunion de nuestra parental y le embargo a usted para que me acompafie.
-Prima....
-1 Chist! no vnlen excuses; si usted se negase a acompaflarme, me obligaxia a no ir.
-Irk usted, prima, la acompafiar6 aunque serA ciertamente un sacrifice.
-No hay modo de hacerle a usted galante, lo veo, Pero en fin, a pesar de esa brusca franqueza, estoy cierta que agradark usted infinite a Catalina; s6lo de oirme referir algunos rasgos del singular carficter de usted, ha concebido una vivisima curiosidad de co-nocerle.
-Conque, seg-ftn eso, usted me quiere llevar a esa reunion como un objeto raro, curioso, destinado a server de diversion a la brillante condesa de S.
-Primo, es usted insufrible a1gunas veces; A de d6nde ha sacado usted esa consecuencia.... ?
-No se enfade usted-dijo Carlos sonri6ndose;-estoy pronto a ir con usted a donde guste conducirme, y no compraria earo el placer de darla esta prueba de mi obediencia, aun cuando hubiese de ser el objeto de la burla de veinte coquetas.
-Es usted severe, con mi amiga, Carlos, y no conoci6ndola ignoro en qu6 se funda para creerla una coqueta.
-No he dicho tantio, seflora, he hablado en general.









56 013RAS DE LA AVELLANEDA

-I ero vam6s, confiese usted, algo ha oldo que le haya inducido a no formal de Catalina el concept mAs ventajoso.
-Prima mia, hoy por la primer vez he oido hablar de la condesa, y las personas que sostuvieron esta conversaci6n convenian todas en concederla el m6rito de un talent brilliant y de una fini. sima educaci6n.
-Es poco.
-Se sabe generalmente, segfin creo, que la condesa cultivar todas las artes con 6xito.
-Tambi6n habrAn dicho a usted que es hermosa.
-Asi opinaron algunos.
-Que su trato es hechicero.
-Si.
-Y en esa larga conversaci6n ., de que parece fu6 el objeto Catalina, no dejarian de atribuirseles defects poderosos a deslucir todo el m6rito que no podian negarla.
-Veo, querida prima, que usteA conoce perfectamente la sociedad en que vive.
-No, no tanto como, Catalina, pero en fin, veamos. si adivino. jNo han dicho que la condesa es ligera, inconsecuente, burlona y frivola I
-Se dijo algo mks.
-IMfist veamos pues.
-No, no quisiera creer que la mujer a quien un pariente de mi padre di6 el titulo de esposa, fuese reputada la mfis fria, y sagaz de las coquetas.
-i AM i Es eso todo 1-dijo ri6ndose Elvira-y bien, si asi fuese tauto mejor para su marido. Todo 61 mundo sabe que el .. conde nunca tuvo celos.
-INo tuvo celos!
-NO; la mujer que necesita, los homenajes de todos, no concede preference a ninguno.
-IY el conde veia friamente a su mujer buscar y aceptar esos homenajes I
-EI conde, mi querido Carlos, era un hombre de mundo.
-Confieso, seflora, que no comprendo esa species de hombres; en cuanto a la condesa, ya pudiera reunir todos los talents, todas las gracias de su sexo, que yo jamfis po&ia queer ni estimar a semejante muier.
-Severo por demfis esti usted,-dijo Elvira-y no quiero au-, mental el mal humor que parece se ha posesionado, de usted ests









I-TOMAS LEYENDAS 57

noche. Voy a la comedian; le dejo a usted para que se disponga. Dentro de tres horas vendr6 a buscarle para llevarle a casa de la condesa, y espero, reconciliarle a usted con ella.
Carlos la llev6 al coche y volvi6se a s4 liabita'ci6n asaz disgustado del compromise, en que se veia de acompaflar a Elvira.
Mientras llegaba la hora sefialada por 6sta, ocup6se escribiendo, a su esposa una extensa, carta, cuyo pfirrafo mfis notable era 6ste:
"Esta noche asistir6 por primer vez a una reunion de Ma. drid, no habiendo podido excusarme de acompafiar a nuestra prima Elvira. La reuni6n es en casa de la condesa viuda de S.... mujer que inspire a nuestra amada madre una desafecei6n mlstintiva, que creo ver6 justifleada, pues por todo, cuanto he oido respecto a su marketer, la condesa, Luisa mia, no se parece en nada a mi angelical compaflera, ni a nuestra respectable mamfi."
Cerr6 esta carta que terminaba con los juramentos de costumbre, de amor eterno, inviolable fidelidad, etc., etc.; mandfindola a la estafeta y se visti6 de mala, gana para esperar a Elvira. No tard6 6sta en llegar; mand6 Hamar a Carlos sin bajar del coche, y apenas hubo 6ste entrado en 61, cuando empez6 a inundarle con elogios de la condesa, pero debemos confesar que estos elogios no eran de naturaleza que pudieran recomendarla en el concept de Carlos.
Enumer6 Elvira con su genial locuacidad todos los adorador6s de su amiga, ponder su influjo sobre various personages de la corte, influjo tanto mfis admirable, cuanto que la condesa bacia profesi6n de opinions contraries al gobierno, actual. Elev6 a las nubes el talent, la amabilidad y discreci6n de Catalina, y refiri6 como peregrines rasgos de ingenio, a1gunas travesuras con las que se burlaba de sus adoradores.
-Es una mujer singular,-dijo-ha sabido inspirar violentas pasiones sin participarlas nunca; no ama sino a sus amigos; la amistad es su 1dolo; su coraz6n es inaccessible al amor, y por eso juega con sus amantes como con las pizzas de ajedrez. Nadie sabe edmo ella desconcertar a un temeraxio, humillar a un soberbio, hacer desatinar a un sabio y pretax m6rito a un tonto. Ella se rie de todos sin malquistarse con ninguno. Nadie tampoco se venga con tanto talent de una rival celosia, obligfindola- al mismo tempo con devolverla, cargado de desdenes y de ridicule, al amante que le habia robado. i Oh! es una diversion seguirla eu el oc6ano de sus c'oqueterias, y ver con qu6 calma y serenidad presencia desde el puerto las tempestades que excite.
-Es decir,-repuso Carlos con ir6nica sonrisa-que es un ver-









58 OBUAS DE LA AMtAXEDA

dugo insensible que se hace una fiesta de las convulsiones & sus victims.
-No por eierto; Catalina tiene un bellisimo coraz6n, pero dice ella, y con raz6n, que es una habilidad fitil y permitida la de saber volver con nuestros enemigos las armas con que quieren herirnos. Pero nada tiene de cruel, i A 1 es una -persona buena y caritativa. Su dinero, y su amistad esthn a la disposici6n de todo el Tnundo, y su trato es tan fAcil, es tan franco.... es tan poco irritable su amor propio, que rarisima vez se consigue ofenderle. Su indulgencia es tan grande, se halla siempre tan dispuesta a perdonar, que muchas personas la creen inuy humilde. Pero Ino le parece a usted Carlos, que esta species de indulgencia tan lata con los defectos de los hombres, es hija de un desmedido orgullo? Catalina tiene tan intima convicci6n de su superioridad unida tal vez a una tan exagerada idea de la imperfecci6n humana, que su bonded para con todos, a veces me parece infis bien desprecio, que generosidad.
-No puedo ahora juzgar a la condesai--dijo Carlos con desd6n
-ni creo que jamfis me intimar6 lo bastante con ella para concern. la a fondo.
Hablando asi Ilegaron Elvira y Carlos a casa de la condesa, y a pesar, del disgust con que aqu6I asistia a la fiesta, no pudo menos de senior una grata impresi6n al entrar en la sala resplandeciente de luces y de hermosuras. Todo en casa de la condesa, llevaba el sello del buen gusto y de la infis exquisite elegancia; todo lo que se veia y -aun el aire que se respiraba en aquel recinto, es, taban como impregnados de perfumes. La sociedad que la condesa leunia en su casa era la inds select y brilliant de Madrid, y habla introduced aquella species de franqueza delicada y elegant sencillez que hace tan fficiles y arenas las tertulias de Paris.
Carlos no pudo dejar de confesarse a si mismo, al verse en medio de aquel brilliant circulo, que a falta de felicidad real la imaginaci6n, y aun el coraz6n, deblan necesitar de aquel embriagador perfume del lujo y de la armonia, de aquellas fugaces impressions que no dejan lugar al fastidio evitando la meditaci6n. Elvira present6 a Carlos a la condesa, que se habia adelantado algunos pasos para recibirlos, y no obstan'te los motives de queja que Catalina debia encontrar en las desatenciones de Carlos para con ella, su acogida fu6 tan lisonjera y gracious, que se avergonz6 61 de aquella indulgencia que le hacia mAs culpable. Hall6se embarazado y casi confuse, y el vivo carmine que tiR6 por un moment su. tez, di6 a sus soberbios Ojos mfis animaci6n. Todas las damas'que se halla-









NOVPYAS Y LPYENDAS

ban cerca paxecieron admiradas de su expresiva y varonil hermosura, y aunque se advertia cierta timidez en sus maneras, era tan noble y majestuoso su aspect que aquel. defecto parecia. contribuir a hacerle mfis amiable. La condesa flj6 en 61 por un moment su mirada, pero habiendo encontrado la suya desvi6la, y Carlos pudo entonces examiner por primer vez a aquella c6lebre extranjera. La estatura de la condesa arenas era median, y sus formas'mfis notables por la delicadeza qup por la perfecei6n. No hubiera sido una hermosura entre los egipcios, ni debia agradar a aquellos hombres que gustan de un exterior robust y exuberance de salud, por decirlo asi. Era delgada y aunque su espalda y garganta eran muy bien. formadas, y su talle extremadamente gracious, se advertia a primera vista que carecia de aquella majestad voluptuous que tienen. comunmente las mujeres corpulentas. No tenia tampoco una fisonomia proniinciada; la rapidez de sus sensaciones se pintaba en. su semblance, cuya expTesi6n era tan fugaz, tan variable, que en un moment la prestaba di ferentes fisonomias. Sus grades ojos pardos, centelleantes de ingenio, tenian naturalmente una mirada rfipida y casi deslumbradora, pero cuando esta mirada se fijaba, era dificil defenders de la impresi6n que producia su expresi6n. a la vez altiva y apasionada. Por lo demfis, nada habia en ella de sobresaliente, sus facciones no, eran agad6micas y s6lo cuando, se ani maba en. la conversaci6n, se podia concern el admirable effect de su conjunto. Era de notar que a pesar de la rara movilidad de aquel rostro, y del gracious desgarbo que hibia en toda. su persona, la forma de su cara y la posici6n. natural de sus labios, le daban, cuando estaba distraida, un gesto, admirable de axistocracia, y que sin ninguna afectaci6n. habia en sus maneras una como inesperada dignidad, mezelada con el mfis amiable abandono.- El traje que Ilevaba era a prop6sito para realizer aquel g6nero de hermosura, pues consistia en. un vestido de encaje sobre raso de un'color de rosa caido, que convenia al de su tez blanca, pfilida y casi transparente, y entre su profuse cabellera negra se entrelazaban con apparent descuido gruesos hilos de perlas. Su pie, calzado con ra-, so blanco, podia competir con el mfis pulido de una gaditana:, y sus manos, cubiertas de un ligero y perfumado guante, eran pequeflas y lindas. Carlos se decia a si mismo al examinarla, que a no ser tan bella como Luisa, ninguna mujer podria parecer mfis seductora; pero sin embargo, no cometi6 la profanaci6n, que tal. hubiera sido, en su concept, de hacer ningfin g6nero de comparaci6n entre la amiable y elegant figure que estaba mirando y la image









60 013RAS DP LA AVEIIANWA

celestial que tenia grabada en su coraz6n. Acaso en el. instance mis. mo que admiraba las gracias de la condesa, el recuerdo querido de su idolatrada compafiera vino a turbax su pasajera distracci6n, p'Ues Elvira que le seguia con los ojos, le vi6 apartarse hacia el extreme de la sala y sentarse en el. parade menos visible con aire melanc6lico y pensativo.
-Mira a nuestro sevillano,-dijo. entonces sonriendo a la condesa-mira como va a buscarse una soledad en medio de un baile. No puedes formaxte idea de un carficter mfis esquivo y huraflo, y es listima a la verdad, pues convendrAs conmigo en que es muy guapo.
-7Si,-contest6 con una species de gracious desd6n-no es desagradable.
-1 No es desagradable! .... muy parca eres en tu aprobaci6n, prima,-repuso Elvira fijando en Carlos los ojos-y creo que serfis la primer mujer que no le crea digno de una calificaci6n mis lisonjera. Has visto en tu vida, amiable descontentadiza, unos ojjoS mfis bellows, un cuerpo mis airoso, unas forms mAs perfectas 7
-No he reparado en verdad-respondi6 la condesa arrojando una rfipida ojeada hacia el objeto de la conversaci6n, y afiadiendo en seguida.-i Pero qu6 insoportable impertinencia, querida mia! retirarse como fastidiado cuando aun no hace diez minutes que se halla en nuestra sociedad !
-No te habla advertido que es un original, una mezela de orgullo, de timidez y de extravaganza 7
-j Ohl tu protegido, querida Elvira, me parece un fatuo de provincial solamente.
-Te engaiias; de nada tiene menos que de fatuidad; si le trataras ya verlas que tiene talent, imaginaci6n, y sobre todo modestia, aunque con bastante m6rito para- que pudiese perdonfirsele el career de ella. Pero veo, que es ciertisima la ley de las sim atias
p
y antipatias, pues tid, tan indulgence con todo el. mundo, juzgas desventajosamente a primer vista a un joven que yo pens6 te habla de fascinar, y 61 aun sin'conocerte te cobr6 una insuperable, adverlsi6n.
C6mo!-dijo la condesa volvi6ndose con viveza hacia su interlocutora-i A mi 1 i Insuperable adversi6n!
-Quiero decir, que lo que habia oido de tu catheter, le previno tan fuertemente en contra tuya, que no te perdonaba el atrevidiIlo ni aun a favor de tus talents y gracias, y no me ha costado po. co trabajo el obligarle a que me acompaiiase a tu cas&
-1 Es posible!-dijo la condesa, volviendo a mirar a Carlos, que









NOVELAS Y LEYENDA 61

aun permanecia en su actitad pensativa, y desviando lentamente su mirada torn6 a f1jarla en Elvira, con una expresi6n de interns.
-IPues qu6! Itan peligrosa me juzgaba?
1 Peligrosa! nada de eso; si te he dicho que es un original;
1 sabes lo que me decia hablando de ti esta noche 7
-I Qu6 te decia?-pregunt6 con viveza la condesa.
-Que jamfis podria amar ni estimar a semejante mujer.
La tez de la condesa se encendi6 ligeramente y su fisonomia en aquel moment transparent, por decirlo asi, un mal reprimido despecho.
-i Tan mal le han hablado de m! 1 6 Pues qu6 le han dicho ?
-Necedades. Pero 61 parece enemigo declarado, de la coqueteria. I Oh! Es un hombre que tiene poblado el cerebro de sus suefios de entusiasmos, y que habla sin cesar de amor, de felicidad, de virtue.
-1 Ah!-dijo la 6ondesa sonriendo con tristeza.-I Cree en el amor, en la virtue, en la felicidad.... 1 Qu6 feliz es!
-Cree en todo, menos en que haya algo grande y bueno en el alma de una coqueta. Es severe, muy severe, en 'sius juicios, aunque tiene naturalmente un fondo de bonded que me encanta.
-i Tiene enthusiasm !-repiti6 con distracci6n la condesa-I cree en el amor y en la felicidad.... 1 Hace bien entonces en despreciar a los corazones desgastados o frios, hace, bien.
Y su mirada, que volvi6 a dirigir a Carlos, se mantuvo flja en 61, mientras decia Elvira con su natural volubilidad:
-Es triste ademhs, siempre estfi, pensativo, aunque nunca de mal humor; y te aseguro que tiene un bellisimo coraz6n. Except de ti, de nadie le he oido, hablar mal; cualquier cosa le conmueve; y en medio de esa apparent esquivez y h1irafieria, es en el trato intimo la persona mks dulce y complaciente, en fln....
Catalina no le dej6 acabar la comenzada frase.
-Elvira,-Ia dijo-pasado maiiana es tu dia, si mal no me acuer do, y te ofrezeo, ir a comer contigo. Quisiera que no tuvieras convidados, que estuvi6ramos solas. El podri estar, sin embargo, viVe, contigo y es forzoso; pero nadie mfis. tMe darbs ese placer? f,4- .
-Con mil mores, prima mia, pero temo que tendr6is ambos, quiero decir tfi y Carlos, un mal rato, si no pod6is veneer la reciproca antipatia que parece os divide.
En aquel moment comenz6 el concerto, y la condesa, desentendi6ndose de las filtimas palabras de su amiga, pareci6 prestar toda su atenci6n. a la mAsica. Carlos emperor permanecia en la isma









62 OBRAS DE LA AVELLANEDA

actitud y como enteramente extraflo a cuanto le rodeaba. 1 Oh! en aquellos moments su. imaginaci6n estaba en Sevilla. Cantaron sucesivamente a1gunas sefioras y caballeros de la reunion, y Carlos arenas daba las sefiales de aprobaci6n que exigia la urbanidad, volviendo en seguida a su primer distracci6n. Por filtimo, vinieron a rogar a la condesa'que cantase, y se dej6 conducir al piano sin apartar los Ojos del rine6n en que se habia sentado Carlos, y colochndose de modo junto al piano que pudiese continuax mirbndola. Eligi6 un aria de Rossini, y su voz tan enter y armoniosa fu6 un poco d6bil e insegura al principiar el canto. Mas venci6 pronto tan inexplicable emoci6n, y su admirable talent y sus grades facultades, recobraron su indisputable superioridad. A los ecos deliciosos de su canto levant Carlos los ojos hacia ella y no pudo ya apartarlos. El rostro de la condesa era divine mientras cantaba. Jamks facciones tan expresivas acompaflaron a una mfisica deliciosa. Mientras cant6 Catalina, Caxlos no respiraba, subyugado completamente por el poder de la ammonia. La mfisica que ejecutaba, no tenia nada de pat6tica, y mhs bien podia Ilamaxse brilliant que apasionada; pero hay aun en la alegria expresada por el canto, una indefinible impresi6n de melancholia. Aquella dicha fugaz, como todas las dichas de la tierra, deja en el alma una impresi6n de tristeza, y como que quisiera el oido detener en el aire los sonidos halagiieflos, que semejantes a las illusions de la esperanza, se desvane-. cen en el moment en que creemos gozarlos.
Cuando ces6 de canter Catalina mdekronla sus numerous adoradores, cuyos estrepitosos aplausos parecieron a Carlos una muy vul. gar y mezquina manifestaci6n del enthusiasm que debia* sentirse oy6ndola. Por un movimiento involuntario, acerc6se, algunos pasos, aunque sin finimo deliberado de hablar a la condesa. Esta, que aunque ocupada en corresponded a las galanterias de sus admiradores, no perdia uno solo de los movimientos de Carlos, se volvi6 hacia 61 como para animarle con su mirada, pero aquella mirada produjo.un effect precisamente contraxio al que se proponia. Carlos, que vi6 se habia notado en 61, volvi6se inmediatamente a su pesto, y -Catalina no pudo reprimirun movimiento de despecho.
Las damas quisieron valsar, y Catalina que deseaba ostentar delante de Carlos su admirable habilidad, condescendi6 gustosa. Eligi6 por su pareja al joven marquis de.... que segfin se decia, era entonces su predilecto adorador, y ambos Ilamaron la atenci6n por su superioridad en el baile. Catalina se detuvo al pasar por delan-









NOVELS Y LEYENDAS 63

te del sitio en que habia visto a Carlos al comenzar el vals, pero al busearlo sus ojos, vieron-vacia la silla que habia ocupado.
Carlos se habia marchado del sal6n, y un observador hubiera fAcilmente conocido que la condesa bai16 desde aquel moment con menos animaci6n. Concluido el vals, sali6 ella tambi6n fuera de la sala y encontr6 a Carlos en una galeria apoyado en, el antepecho de una ventana, y al parecer bien ajeno de todo lo que pasaba a pocos pasos de 61. Acerc6se lentamente Catalina, y al Ilegar junto a 61, dijole con una voz tan dulee que renov6 la impression que habia production con su canto.
-Parece que el senior de Silva no es aficionado al baile; gqu errA por ventura darnos el placer de servirnos de tercio en. una partida de tresillo 7
Volvi6se Carlos y entoces por vez primer oy6 su voz la cqpde. sa.-Estoy fan ignorance de toda erase de juego, sefiora,-Ia dijoque no puedo aceptar ese honor.
La condesa tom6 una silla que coloc6 junto a la ventana, y sentAndose en ella invite a Carlos con la mano a ocupar otra queestaba a su lado.
-Creo que hace a1gunas semanas que esth usted en Madrid, y sin embargo, no recuerdo haberle visto ni en paseo ni en teatros. 6mi amada Elvira se descuida en proporcionar a usted distrac,. clones? En ese caso yo celebraria poder enmendar su falta. Telago palco en el teatro del Principe y me seria-de mucha satisfacei6n que usted aceptase un asiento en 61.
Carlos di6 gracias con bastante sequedad, y manifesto que se hallaba demasiado ocupado del asunto que le habla conducido a la corte para poder pensar en distracciones. La condesa le pregunt6 por su familiar, a la que dijo se envanecia de -]ftirtenecer; y C arlos pudo concern, sin embargo, que estaba muy poco enterada de todo lo concerniente a ella. Contest lac6nicamente a;sus preguntas, y como si se hallase einbarazado con la conversaci6n de Catalina, aunque 6sta fuese la mfis sencilla y fficil, manifesto en seguida que deseaba volver junto a Elvira, para saber de ella, si queria ya retirarse.
Catalina le dej6 entonees y volvi6 al sal6n a tiempo-que Carlos y Elvira-salian de 61.
-me march, amiga mia,-dijo 6sta-porque mi compan-ero emI
pieza a fastidiarse grandemente con tu brillante tertulia, pero para compensarme del disgust de dejarte tan temprano, ya.sabes que te espero a comer pasado maflana.









64 OBRAS DE LA AVELLANEDA

La condesa despidi6 afectuosamente a Elvira, pero, su saludo a Carlos fu6 mhs frio y seco de lo que debia esperar 6ste, en vista de la amabilidad que habia usado con 61 durante la reciente conversaci6n. Como estaba presented el maxqu6s de.... atribuy6 la reserva de la condesa al temor de disgustarle, pero cuando comunic6 au observaci6n a Elvira, 6sta se ri6 a carcajadas.
-i Catalina g-Rardar considerations a su amante! qu6 locura, querido Carlos. Ella es reina desp6tica que no tiene que dar ciwnia de sus acciones a nadie, y cuyos caprichos. son leyes para !a ilumilde grey de su'adoradores. Ademds, el maxqu6s es un amiable calavera, que I no aspire mfis que a poder adornarse en los salons con el titulo de amante de la condesa de S.... I Piensa usted que la ama?
1 Qu6 necedad 1
Carlos creia sofiar; una mujer que permitia se Ilamase su amante un hombre a quien no respetaba; un hombre'4ue tomaba, or g'ala la caprichosa preference de un.a coqueta a quien no amaba; otra mujer que hablaba de tan inconcebibles relaciones, como de una cosa naturalisima.... todo esto le parecia tan raro y escandaloso, que durante el camino guard un obstinado sileneio, como si temiese el ser iniciado en los seer6tos metquinos de aquella, brillante vida de la corte.
Sin embargo, no- fueron estos pensamientos los que le desvelaron aquella noche. Pens6 en su esposa, en su padre, en su apaci* ble e innocent felicidad dom6stica, y se prometi6 a si mismo de'Jai 41cuanto antes a Madrid y sus corruptores placeres.


Ix

El dia del cumpleafios de Elvira, Carlos fu6 advertido de que comeria con ellos la oondesa, y aunque en maiAera, a1guna le fuese lisonjero el aviso, fu6 exact enacudir a 19 hora sefialada.
Encontr6 a las dos arias solas en-el gabinete de Elvira, y vista a la luz del dia Catal'i con -un sencillo y elegant traje de alepin oscuro, y sin mAs aAno en la cabeza que los profusos rizos de sus negros cabellos, le pareci6 mfis bonita que con todas su's galas de baile.
Carlos, aunque al prine ipio algo embarazado, no tard6"'en senior. la influencia del trato fficil y franco dd la condesa, que sin hacer studio para conducir a la conflanza parecia inspirarla involuntariamente. Durante la comida, y despu6s de ella, supo Catalina








NOVELS Y LEYENDAS 65
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mante i ner una conversaci6n tan variada como entretenida, y Carlos se admire de no encontrar en nada de cuanto decia, ni la pedwitesca pretension de una mujer instruida, ni la locuacidad insustancial de Elvira. Habia una magia indelible en la elegancia. natural con 4ue se explicaba la condesa, y los asuntos mks triviales de conversaci6n eran revestidos por ella con una gala de accesorios originales, y observations momentAneas y felices. Elvira junto'a ella hablaba menos,,,que de costumbre, tauto era el placer que tenia en oirla, y el mismo Caxlos empez6 a comprender el poder de atracci6n que se atribuia a ia condesa. Las horas que pas6 con ella no se le hicieron largas, y aunque era naturalmente silencioso cuando se hallaba con personas de quienes no tWa un largo conocimiento, tuvo un placer aquel dia en mantener la conversaci6n a Catalina, dAndola con esto motive para que conociese asi la. vivacidad y peiieGici6n de su taleilto, cdfno la exactitude de su juicio. Catalina pareefia gozar tambi6n en obligarle a hablar, y Para animarle en la conv*e-rsaci6n aparentaba, a1gunas veces contradecirle; Pero siempre con tanta fimeza, con tan exquisita y natural urbanidad, que Carlos no hallaba en su oposici6n sino nuevos motives de admirarla.
Elvira estaba at6nita al'ver cufin bien se encontraban juntas dos personas a quienes suponia antipfiticas; alegrfibala tanto est a observaci6n que deseando acabar de reconciliarlas, rog6 a Carlos la acompafiase a la comedian. No se neg6 6ste y Caialina no pudo, ocultar la satisfacci6n que le inspiraba lo que creia su triunfo. AqueIla alegria de la vanidad. satisfeAa no se le escape al joven y estuvo a punto de retractor su pinmesa. Mientras las dos damas se disponian Para el teatro, pasefibase descontento por su aposento, procurando explicarse a si mismo la causa de'aqueHa imprudent alegria que mostraba la condesa al oir su asentimiento a la sfiplica de Elvira.
Tenia Carlos' polisima. vanidad, y aun diremos, sobrada sencillez y modestia Para poder interpreter a su favor aquel movimiento de la condesa, y en vw.de sopechar pue la lisonjease ir con 61 al teatro, ocurri6sele que nolra mks que:un objeto de burla pa,: ra la artificiosa coqueta.-Acaso-se propandri, pensaba 61, sacar partido, de mi carficter que Elvir'a le -pinta-do como raroysextravagante, Para divertirse en sus moments de fastidio; acaso el Placer de ridiculizar'5a unffombre que no la-ha tributado ningfin homenaje, serh triunfo apetecido de su mezquina vanidad de mujer.
Y Carlos se decidia -casi a mandar sus excuses ia Elvira, cum-,, do 6sta' Ileg6 ya vestida a la puerta de su aposento, clici6ndole'..
T V.









OBRA13 DE LA AVELLANEDA

-Estamos a las 6rdenes de usted, querido primo, vanidosas coll tener el placer de ten6rle por nuestro caballero esta noche.
La condesa se present al mismo tempo y Carlos no tuvo ya medio de evadirse. Present6las el. brazo en silencio y march c ellas, bien resuelto a desconcertar cualquier plan que la condesa, pudiera haber formado, observando con ella en. el teatro una con. ducta en extreme reservada y fria. Y a la verdad cumpli6 exapta. mente su prop6sito.
Colocado en el palco junto a Elvira y frente a frente con la con. desa, evit6 cuidadosamente que jamfis se encontrasen sus ojos em los de 6sta, y au-nque las dos damas hablasen con frecuencia de m a. nera que 61 pudiese tomax parte en la. conversaci6n, hizo partipi lar studio en no dirigir la palabra nunca, a la condesh.
Una vez, en un entreacto de la comedian, Elvira dijo friend:
-He observado, querida Catalina, que nAe con*iene traer con. tigo al teatro a nuestro primo, pues te usurpa muchas miradas que cuando estamos solas te son casi exclusiva.mente dirigidas. Noto muchos anteojos flechados de los palc s hacia el nuestro y fljos, 6' no me engaflo, en la nueva y bella figure. que boy le -adorna, y at tus adoradores examinan con una curiosidad inquieta al. que aca.: so suponen un nuevo competitor.
-En tal caso,-respondi6 la condesa ugando distraidamente con su abanico-su suposici6n es tan err6nea como impertinente)su curiosidad.
-EI que no se cuida en manera alguna de nosotras,--afiadi6 Elvira-es el marquis de.... creo que ni aun nos ha visto; edi esta noche muy asiduo, en el palco de la duquesa de R. I lie has notado 7
-No ciertamente,-respondi6 con indiferencia Catalina, y volvi6ndose a Carlos de repented le pregunt6 con un. gracious mohfni-I Le parece a usted muy bella esa seflorita 181glesa, a la que mira tan atentamente hace una hora?
-Es en effect hermosa,-respondi6 61 sin dejar de mirar a la dama que motive la pregunta-peko lo que en ella atrajo mi atenci6n, sefiora, fu6 menos su hermosura que la semejanza Rue crel nqtar entre su rostro y el de otra persona ausente que me es muy' querida.
La condesa se turb6 un popo y tafd6 en hablax; recobrando, en seguida su sonrisa hechicera, aunque go desdeflosa, dijo a Carlos:
-IConque gusta usted de las rubies? En effect, no falta poesia en esos ojos celestes, y en esos cabellos que paxecen en tor-









NOVELS Y LEYENDAS 67

no de una frente de nficar una diadema de oro. En Espafia, en Andalucia sobre todo, son raras estas figures y deben tener todo el m6rito de la novedad. Seon he oido a Elvira, uste&se ha educado en Francia. &Serh bajo aquel cielo, menos ardiente que el de Espafia, donde usted ha conocido la persona cuyo recuerdo le es tan caro?
-No, sefiora,-contest6 friamente Carlos-ella ha nacido en el suelo andaluz, pura y fragante como, sus flores.
-Ya comprendo,- dijo Catalina, deshojando con precipitaci6n y sin advertirlo el ramillete de, flores que Ilevaba en la mano, segfin estilo de su pais-ya comprendo porqu6 est& usted tan triste y retirado de li sociedad. Ama usted y est& sepaxado del objeto de su amor.
-i De mi primer y unico amor.... 1-exclam6 61 con fuegosi, seflora, estoy hac6 un mes lejos de ella, de mi Luisa.
-1 Su Luisa!-repifi6 Catalina, poni6ndose pfilida y dejando caer su destrozado ramillete-Pues 1 qu6! g es cierto que ama usted 7
-INo lo sabia usted? repuso 61 con un tono de sorpresa muy natural.
-Es verdad,-dijo friend Elvira-ahora me acuerdo que no he dicho nada a Catalina. El caso, es I que yo, misma lo olvido sin cesar; pero luego la referir6 cuanto s6 de la historic de usted.
Mientras hablaba Elvira, Carlos miraba a la condesa at6nito al observer la repentinamudanzade su fisonomia. jPor qu6 ge ha, bia demudado Catalina? 1 qu6 le importaba a ella que Carlos amase o no? 6 Seria possible que aquella mujer tan ind6mita y tan lisonjeada, hubiese concebido una afici6rt seria por un joven sin mundo, sin celebridad, a quien no habia visto mfis que dos veces 7 Estos pensamientos pasaxon en propel por la imaginaci6n de Carlos, y sus ojos fijos en Catalina procuraban hallar en su rostro la explicaci6n de sus dudas, cuando la puerta se abri6, y el mapqu6s de.... se present perfumando, el palco, con su almizelado pafiuelo de batista, y con una rosa que traia.al ojal.
La condesa hizo un gesto de disgust, y arenas se hubo acercado a hablaxla su amante le dijo en voz bastante alta, para que Carlos pudiese oirla:
A qn6 viene usted, caballero 7 '1 C6mo se ha determined usted a dejar un instance a I duquesa? jAcaso le advirit6 ella que yo.habfa notado la gracious amabilidad con que acaba.de otorgar a la sfiplica de usted esa rosa que hace un moment adornaba su seno, Y que ahora luce sobre el de usted I I Le ha dicho ella que vinie-









68 OBW DE LA AVELLAWERA

se por compasi6n a dirigir algLma galanteria a la mujer que festi. go de su inconstancia de usted y del triunfo de una rival, no ha tenido el tar6nto de saber disimular el despecho y la sorpresa que a pesar suyo se ha debido pintar 6n su rostro.... 7
El maxqu6s at6nito al oir estos terrible cargos, se esforz6 infitilmente en refutarlos, jurando por su honor que aquella rosa no habia pertenecido jamfis a la duquesa, y que 61 la habia traido al-I teatro con Animo deliberado de regalarla a Catalina, pues 6sta i o le eseuchaba y parecia tan poseida de c6lera, que Elvira que jamfis la habia visto dar tal importance a las infidelidades del marquis, crela estax sofiando. Por lo que hace a Carlos las palabras de Ca. talina le hablan descubierto toda la necedad de sus primera4s conjeturas, y convencido de que la sagaz coqueta observaba a su amante mientras finga ocuparse de 61, se volvi6 bacia la escena y se ocup6 excl sivamente de la comedian, cuyo segundo acto com.enzaba.
Afientras tanto Catalina y el maxqu6s seguian en voz baja una conversaci6n muy animada, reducida toda ella a acusaciones y quejas de la una parte, y a humildes excuses de la otra.
Elvira, que no perdia una palabra, se inclin6 al oldo de Carlos y le dijo:
-Apostaria cualquier cosa a que la orgullosa Catalina empieia a enamorarse de veras de este tronera. Nunca le he oido las cosas que estfi diciendo esta noche.... y si ha de casarse algfm dia, al fin vale mfis que sea con el marqu6s, que aunque es una mala cabeza, es rico y Ileva un lustre apellido. A No piensa usted lo mismo, Carlos I
-Poco import, seflora,-respondi6--que la condesa ame o no ame al marquis, y que sea o 'deje de ser su esposa.... pero creo que si existed una mujer capaz de representer tales escenas de celos en una publicidad, por un hombre a quien no ame y con el cual no piense enlazarse, es indudablemente una-loca.
-Hable usted mfis bajo, por Dios.... i qu6 mania tiene usted de guitar! Creo, ojal6 me engan-e, que ha oido a usted Catalina; no hay duda; vea usted, vea usted como le mira; se ha distrafdo completamente de lo que la dice el marquis y no hace mfis que mirarlo a usted con unos ojos.... 1
-D6jela usted,-dijo Carlos sonriendo y,,volvi6ndose al escenario, con una afectaci6n de desd6n digna de la misma Catalina.
-tTendr6 el honor de que usted me reciba despu6s del teatrof
-pregunt6 el marquis.
-Esto es insoportable,--contest6 con distraci6n la ondesa. -Vfjto es un m#Xcado desprecio.








XOVMAS Y LV7VWDAS 60

C6mo, seflora! g Es possible que usted interpreted asi mi natural pretensi6n? El s6lo anhelo de justiflcaxme a los ojos de usted....
-Marqu6s,-interrumpi6 Catalina, tomando sAbitamente un aspecto risueflo-habia, pensado no ir esta noche a la tertulia de la seflora de B pero he mudado de intenci6n. Espero a usted en mi casa despu6s de la comedian, para. que me acompafie.
El marquis, aunque sin duda conocia muchos de los capnichos de la condesa, no sabia qu6 pensar de todo lo que la oia decir en aquella hoche. Era para 61 un enigma, cuanto pasaba, y s6lo pudo deducir de ello su vanidad que habia por fin esclavizado aquel voluble coraz6n.
Sali6 pues del palco hinchado de satisfacei6n, y dando una mirada desdefiosa a Caxlos cuya hermosa. figure habla l1amado su. atenci6n, pero cuya nulidad para. con la condesa. acababa de concern en las mues tras de preference que en presencia, suya acababa 6sta de concederle.
Y 1 cufintos hombres tan sagaces como 61 no fundan sus pretendidos triunfos en datos aun mfis equivocos 1 1 CuAntos se verian desengaflados de sus vanidosos suefios si pudieran adivinax los motivos secrets a que deben muchas veces las sefiales de preference que les dispense una mujer!.... Pero no es de nuestro interns el descubrir todos los pequefios e invisible resorts de la astucia y el talent femenino, y nos contentaxemos con tributarle el justo. homenaje de nuestra admiraci6n.
Cuando el marquis sAH6 del palco de la condesa finalizaba, el segundo acto, y Carlos, cuyos ojos no tenian ya un pretext para. permanecer clavados en la escena, se volvi6 hacia Elvira. kn haeer atenci6n de su compafiera.
-Dejo a usted un moment, amiable prima,-la dijo-para; -ir a saludar a la sefiora de Castro que eat! en. el palco del frente.
-Vaya usted con Dios, pero creo,--alaadi6 a media voz Elvira
-que haria usted bien en decir antes a1gunas palabM conciliatorias a Catalina. Es indudable que oy6 lo que usted decia y que se ha enojado de veras.
-Haria mal en enojaxse de una4 observaci6n que* otro cualquiera en mi lugar hubiera. hecho,-contest6 Carlos-y como no s6 de qu6 palabras podr6 valerme ,para disipar su. enfado, que por otra parte no me import nada, ruego a usted me dispense de intentarlo.
Sali6 al concluir estas palabras hacienda, wia. ligera cortesia. a la condesa, y 6sta le sigui6 con los ojos hastai que la puerta, del pal-









70 OBRAS DE LA AVMA"EDA

co se cerr6 tras 61. Entonces dijo. a Elvira con un tono de mal humor que hasta entonces no habia usado, con ella:
-IPor qu6 has querido traer al palco a ese insoportable y gro. sero andaluz 7
-Perdona,-respondi6 desconcertada, Elvira-como tfi n-xisma le invitaste y me mostraste tanto empeflo....
-1 Empefio.... desatinas, Elvira, 1 y bien! b qui6n es esa divinidad de quien se muestra tan enamorado?
gEres tfila confidence de ese sin igual y amartelado amante? Creo que has dicho que me referirias la historic de su coraz6n. Veamos, debe ser curiosa, po6tica.
-No, es sino muy comfin y prosaica,-contest6 Elvira, volviendo a mirar a Carlos que hablaba en el palco del frente con la sefiora de Castro.-A mi me da Idstima que tan joven, tan sin experience le hayan metido en empeflos tan formales, torque creo...
-Pues Iqu6?-Ia interrumpi6 con un gesto de impaciencia la condesa:-ison tan series sus compromises! IEn qu6 consistent?
6 CuAles son?
En aquel moment entraron a saludar a las dos amigas various caballeros y no pudo satisfacer Elvir6 la curiosidad de la condesa.' LevantAbase el tel6n y salian los nuevos visitantes, cuando volv16 Carlos, y estando, tomato, por otro el asiento que habia ocupado antes junto a Elvira, se mantuvo de pie cerca de Catalina.
Esta no podia disimular la species de inquietud que la dominaba, y despu6s de haberse esforzado infitilmente en mostrarse atenta a la representaci6n, se volv16 a Carlos y le dijo:
-Seflor de Silva, me siento indispuesta, y no quisiera distraer de su diversi6a a Elvira. IQuerri usted hacerme el favor de aeompaflaxme fuera? Necesito respirar el aire libre un moment.
Carlos con poquisima gracia la ofreci6 el brazo, y diciendo, una palabra en voz baja a su amiga, sali6 con 61 la condesa sin que ni uno ni otro se dijesen nada. Bajando la escalera. fu6 cuando hab16 Carlos, preguntfindola secamente ad6nde queria que la condujese.
-A mi casai--respondi6 con impetuoso despecho:-a mi casa.... el coche aun, no habrA venido; pero no import, ir6 a, pie.
-Como usted guste,--dijo Carlos, y continuaron andando en silencio.
Cerea ya de casa de la condesa, dijo 6sta a su taciturn compafiero:
-Caballero, pido, a usted mil perdones por el mal rato que le he dado, alejfindole del teatro donde tan agradablemente, p6dia oeu-









IiOVELAS It LEYtNDAA

parse en contemplar a la hermosa rubia qu e tan dulces recuerdos, le propordionaba.
-Sefioraj-respondi6 61, siempre con su tono seco y desabrido-esos recuerdos son compafieros inseparable de mi coraz6n y mi memorial.
_jTanto ama usted a su Luisa?-dijo esforzfindose para sonreirse Catalina.
Y animfindose sfibitamente Carlos, y dando a su. semblance y a su voz una expresi6n de enthusiasm y de ineffable y. sublime ternura, contest:
-i Que si la amo! i Si, sefiora! Y compadezco a todos los corazozones que fallen ridicule o exagerada, mi constant, mi inextinguible y acendrada, pasi6n. La amo, si, como se ama a la vida, a la felicidad.... mfis todavia! La amo como un fanAtico puede amar a Dios, con un amor ciego, absolute, inmenso. La amo como a mi primer y filtimo amor, como al origin de todos mis placeres y virtudes, como al. consuclo de todas mis penas, como a la tierna, compafiera de toda mi vida.... Que si la amo, dice usted 7 1 Ah, sefiora'! Pregfintele ust.ed a esta emocio'n que a pesar mio me ha dominado al oir pronunciar a usted el nombre dorado de Luisa.
Y Carlos volvi6 la cabeza para ocultar una Ifigrima, que se asomaba a sus pfirpados, avergonzado de una ternura que en su concepto debia parecer ridicule a la condesa.
Nada respondi6 6sta, pero su brazo que se apoyaba en el de Carlos tembl6 un moment, y al. Ilegar a la puerta de su casa, se detuvo como fatigada, Ilevando la mano sobre su coraz6n.
-Sefior de Silva,--dijole con voz mal segura y que revelaba, su emoci6n-un amor como el de usted es raro, muy raro en la vida, y nunea lo senate un coraz6n vulgar; pero el amor por grande que pueda ser, no es eterno a la edad de usted. A veces, el coraz6n nos engafia.... de todos modos es feliz, muy feliz sin duda la mujer que ha sabido inspirarlo, y si es digna de 61....
-i Digna de 61!-exclam6 Carlos presentfindola la mano para ayudarla, a subir a la escalera-I sefiora! mi esposa es un Angel.
-1 Su esposa, 1-repiti6 ella retirando su mano, como si la hu-' biese picado una. vibora.
Pues i qu6! I Esth usted casado 7 Diga. usted, 6 esth usted, casado.... 7
-1 QU6 nuevo artificio es este 7--se preguntaba a si mismo Carlos, at6nito de la acci6n y del acento tr6mulo, de Catalina. 1 Qu6 pretende esta muJer ? t Qu6 intent, aparentar 7









72 OBRAS DR LA AVELLAMDA

-Responda usted,--repiti6 ella con I a misma ansiedad, inm6vil en mitad de la escalera, como si la hubleran clavado; en ella. LES usted casado I
-SI, sefiora,-respondi6 sin turbarse, aunque sorprendido cada vez mfis del tono de su. interlocutor.
ilace wfis de un aflo que los lazos mfis Santos e indisolubles me ligan con la mujer mfis bnena y mfis amada.
-Basta.-Dijo secamente la condesa, volviendo a dar su. mano a Caxlos, y continue subiendo la escalera de prisa, aunque conoci. damente tr6mula. Llegando a la puerta, despidi6le con Una muda cortesia.
Volviendo al teatro atravesaba Carlos las calls maquinalmente! y sin acertar a darse cuenta a si mismo de lo que acababa de presenciar.
La conduct de la condesa le parecia tan extravagant, tan enig. mAtica, tan incomprehensible, que cuanto mfis querfa explicirsela, mfis se perdia en ellaberinto de sus conjeturas. *'
Lleg6 al teatro sin haber sacado nada de an largo examen, y a]. subir la escalera encontr6 a Elvira.
-La comedian se ha concluido,-le dijo ella-y no quiero, que. darme al baile y al sainete.
Cuando, no esti conmigo Catalina todo me fastidia. Pero Id6nde esth 7 1 No vuelve 7 1 Qu6 tiene 7 Me dijo que salia a tomar un rato el aire.
-La dej6 en su casa,--dijo Carlos-y creo que su indisposici6n no serh nada; sin duda esth, ya disponi6ndose para esperar al marqu6s que debe Ilevaxla a una reunion.
-Lo que es yo no la acompafiar6 esta noche, y asi ruego a usted me Ileve a mi casa.
Carlos, destinado a ser conductor de damas aquella noche, la di6 el brazo y todo el camino s6lo contest por monosilabos a las innumerables preguntas de Elvira, que no ces6 de hacer comentarios sobre la conduct de su amiga con el marquis, pieguntando, su opini6n a Carlos.


X

Ocho dias hablan pasado desde aquel que ocupa todo el flltimo capitulo que acaban de ver nuestros complacientes lectures, durante los cuales Caxlos, arenas habla visto tal cual vez a la condesa,









NOVELS Y LtYMDAS 73

por encuentros casuales en el teatro a donde concurri6 a1gunas noches, pues Catalina no abia vuelto a casa de Elvira, ni Carlos se habia determined, a pesar de las repetidas instancias de ista, a acompaflarla otra vez a la de la condesa, que continuaba su Vida brilliant y disipada, aumentando cada dia el n-fimero de sus adoradores.
Pero cuando ambas amigas se engolfaban mks descuidadas en el oc6ano de sus diversiones, Elvira fu6 sfibitamente atacada. de una enfermedad peligrosa, que se anunci6 desde sus principios con sintomas alarmantes.
En tal circunstancia, Carlos crey6 un deber suyo dedicarse exclusivamente al cuidado de su prima, y o -hizo con tanta asiduidad como cariflo. La condesa por su parte, arenas supo la enfermedad de an amiga vo16 a su lado red6blando sus cuidados a medida que parecia agravarse la dolencia.
EncontrAbanse ella y Carlos con frecuencia junto al lecho de Elvira, pero como, si ambos hubiesen olvidado lo ocurrido en. su lutima conversaci6n tratfibanse reciprocamente con fria urbanidad.
El tercer dia de la enfermedad aument6se tan considerablemente la postraci6n de Elvira, que los m6dicos que la asistian la declararon en. haminente riesgo, y por la noche se temi6 una crisis peligrosa. La condesa de clar6 que velaria toda la noche a la cabecera de su amiga, y por su orden se recogieron. a descansar las criadas de Elvira, fatigadas de la asistencia que la habian prestado en las notches anteriores. Caxlos crey6 no deber dejar, a. la condesa. sola el. cuidado de la enferma, y la pidi6 permiso de velar con ella, cuando vi6 que era initial intentar persuadirla, a que le conflase a 61 su asistencia.
De esta mantra encontrironse juntos por toda una noche a la cabecera de una mujer enferma, y unidos en cierta mantra por un mismo cuidado y un-mismo inter6s.
Hallibase 61 algfin tanto embarazado al verse en. semejante posiei6n. Casi le paxecia mentira que veia a la mks brilliant mujer de Madrid constituida con 61 en. enfermera, y pensaba que a pesar de toda la amistad que Catalina podia profesar a Elvira, se encontraria violent y como, fuera de su element.
Hacia la media noche la doliente'paxeci6 mks agitada, y la *condesa, que hasta entonces no habia hecho mks que espiar sus mks leves movimientos, con muda y pasiva atenci6n, tom6 entonces tambi6n actividad. Caxlos se admire al ver el desembarazo y esmero con que atendia multiplicindose, por decirlo asi, a todo lo que podia









74 ODRA$ nM ILA AVMLA"WA

ser provechoso a su amiga. Ella variaba su posici6n, mullia sus almohadas, preparaba y le ofrecia las medicines, adivinaba lo que querfa, evitindola cualquier molestia con un infatigable esmero.
Carlos, que deseaba ayudarla, siempre Ilegaba tarde. Catalina lo preveia todo y todo lo ejecutaba, con una vivacidad sin aturdimiento y una vigilancia sin afectaci6n.
Al verla con su sencillo peinado de indiana y su gorro de punto, ponerse de rodillas para calendar los pies de la enferma, o atizar por s! misma la lumbre en que se calentaban las bebidas, en fin, aescender a todas las molestias que trae consigo la asistencia de un enferm6, Carlos no reconocia a la bella condesa S .... de quien hasta entonces habia evitado cuidadosamente la amistad, y comenz6 a sospeebar que no era juzgada con justicia, y que 61 mismo era culpable por la dureza con que la habia tratado. Conmoviale la ternura que mostraba a su amiga, y durante las largas horas de aqueIla penosa noche, mfis de una vez flj6 en ella sus ojos con una expresi6n de benevolencia que no habia usado hasta'entonces.
La agitaci6n de la enferma crecia por moments, y comenz6 a delirar.
Catalina multiplica sus cuidados y Carlos, que so vela initial, limitibase a softener en sus brazos la cabeza de Elvira, que parecia hallarse mejor de aquel modo. En su delirio no la abahdonaba su locuacidad natural. Hablaba de bales, de traces, de sus compafieras de placeres, y seguidamente y sin ningfin g6nero de transici6n ni ligament, de sus hijas, de su. enfermedad y de la muerte que se pronosticaba.
Carlos intentaba en vano hacerla caller.
-D6jeme usted caballero,--decia ella fijando sus ojos, ardientes con la fiebre, en el rostro de Carlos-d6jeme usted, jqui6n es usted para venir a dar 6rdenes en mi casa? No puedo ya ni aun hablar de mis hijas? Mis hijas que van a quedar hu6rfana.-! porque yo muero.... no hay remedio: yo muero! Que venga Catalina; que vayan a traerla al moment; estarA en su casa o en el teatro o en el paseo.... no importa- vendrk, estoy cierta. Quiero recomendarle mis hijas. gNo sabe usted, caballero, que ella es su. madre mks que yo? Si, seflor, torque ellas y yo estfibamos arruinadadas .... los acreedores Ilovian y no habia remedio. Estfibamos arruinadas .... !
-Por Dios, Elvira,-dijo interrumpi6ndola la condesa y asiendo entre las suyas una de las manos de la enferma -.-calla, tranquilizate.









MOVELAS 'V LPY]INDAS 76

-Pues bien, que traigan a Catalina. g No lo he dicho ya,, caballero 7-proseguia la delirante.-6 No fu6 ella quien salv6 a mis hijas de la ruina? 6 No fu6 ella quien pag6 muchas de mis deuda's, quien me perdon6 las que tenia mi. marido con el suyo, quien administr6 mis bienes hasta entregArmelos libres, aumentados.... 7 jNo es ella quien ha sido constantemente mi bienhechora, mi consuelo, mi apoyo.... ?
-Elvira! Elvira!-exclam6 la condesa:-aqui estoy, aqui a tu lado, pero si no callas me marchar6 traspasada de dolon
-D6jela usted hablar,-dijo Carlos con emoci6n-d6jela usted hablar. Lo que acaba de re*elar en su delirio, responded victoriosamente a todas las viles imputaciones de sus enemigos de usted y de ella. Sefiora! yo debia tambi6n oirla paxa saber apreciar a usted y arrepentirme de mis ligeros juicios.
A la agitaci6n de Elvira sucedi6 una gran debilidad y un abundante sudor, que fu6 para su mal una feliz crisis. Sobre la madrugada qued6se profundamente dormida, y la condesa, fatigada, se sent6 en una banquetita a los pies de su cama.
-EI peligro, ha pasado a mi entender,-Ia dijo Carlos que acababa de tomar el pulso a la doliente.-Procure usted tambi6n descansar; ha tenido usted una noche cruel.
-Ciertamente,-respondi6 Catalina-es cosa cruel ver sufrir a quien se ama sin tener el poder de participar de sus dolores.
-Ah!-dijo Carlos-tiene usted buen coraz6n.
-Hable usted mfis bajo, por Dios,--&jo ella con inquietud:estA dormida y ha padecido, tanto! I
Carlos cal16, pero se coloc6 de, mantra que pudiera ver el rostro de la condesa, que habia reclinado la cabeza en el borde del lecho de su amiga.
La d6bil claridad del dia, que comenzaba apengs, penetraba por las junturas.de los balconies y se debilitaba al trav6s de las cortinas que cerraban las puertas de crystal del aposento; la luz del quinqu6, que ardia aun sobre una mesa, estaba tambi6n cubierta por un espeso velo de cresp6n verde, para que no ofendiese los ojos de Elvira; y en la claridad leve de la estancia resaltaba sobre la colcha carmesi de la cama, el blanco y pfilido rostro de Catalina, que sucumbiendo a la fatiga se habia adormecido.
Carlos observe la inc6moda posture en que se hallaba, vaci16 un moment y por fin se decidi6 a aprovechar su sueflo para proPOrcionarla mayor comodidad. Acerc6 unos cojines que puso en torno de la condesa, y advirtiendo que tenia los brazos y la espal-









76 Ma Dt LA AVIIJANMA

da descubiertos, la abrig6 cuidadosamente con su. capa. Despert6 ella algo asustada.
-Ah'! es usted, seflor de SilvaY
-Catalina,-respondi6 61, y era la primer vez que la Ilamaba por su nombre de bautismo:-estk usted muy molest; la ruego que me permit acerearla un sill6n en el cual puede descansax mejor.
Ella consinti6 y Carlos la ayud6 a acomodarse en un sill6n que rode6 con los cojines de seda, cubri6ndola otra vez con su capa, y se sent6 en un taburete junto a ella, apoyando tambi6n su cabeza en el respaldo del sill6n. Ella volvi6 en breve a dormirse. Carlos sentia en la frente su respiraci6n un poco fatigada, y tenia clavados los ojos en sus soberbios ojos dulcemente cerrados.-MAs hermosa esth asi, pensaba 61, que cuando se present deslumbrante y radios en medio del circulo de sus adoradores.
Poco despu6s afiadia:-No es Luisa mks hermosa: le6mo no to he notado hasta ahora?-Continuaba mirfindola y casi aspirando su aliento, y comenzo a sentirse agitado. Esta vez su boca pronunci6 claramente y sin el consentimiento de su voluntad, el pensamiento que le ocupaba.
-Niiigfin coraz6n libre,---dijo-podrfi conocerla impunemente.
Y se apart de Catalina, descontento de si mismo aunque sin darse cuenta de lo que sentia a su lado.
Sali6 a ]a sala y sd pase6 algfin tempo con un extrafio apresuramiento, atusando maquinalmente los profusos rizos de sus cabeIlos negros. Pensaba en lo que habia hablado Elvira en su. delirio, y gozhbase en tener un motive para estimar a la condesa, de cuyo buen coraz6n no podia ya dudar'. Despu6s de dar veinte vueltas alrededor de la sala volvi6 al aposento de la enferma, y haI16 a Ca-. talina todavia dormida. Estuvo contemplfindola un moment y repiti6 involui3tariamente --Es impossible que no sea buena, siendo tan hermosa.
En aquel instance volvi6 a despertar Catalina.-Ha hablado Elvira?-pregunt6 con inquietud.
-No, sosi6guese usted, he sido yo.
-Usted!
-Si, pero no volver6 a interrumpir su sosiego de usted.
-No, ya es de dia y me march, seflor Silva.
-tPor qu6 no me llama usted Carlos, como Elviral Ino somos tambi6n parents, Catalina?









NOVELAS- Y LEYENDAS 77

-Pues bien, Carlos, ruego a usted que se recoja a descansar; har6 venir ahora mismo a las criadas de Elvira; esth, mejor y si tuviese alguna novedad me avisarfin al moment. Descanse usted para que esta noche podamos cumplir nuestro deber cerea de nuestra querida prima.
-Se march usted ya....
-Hasta la tarde.
-Adi6s, Catalina.
Ella le alarg6 la mano, esta vez Carlos la Hev6 a sus labios. Ella no se ofendi6, pero al salir se detuvo un moment, en la puerta, y poniendo la mano sobre sn coraz6n paxeci6 queer sepultar en 61 la emoci6n que a pesar suyo revelaba su semblance. Carlos la vi6 alejarse y se sent6 pensativo en el sitio que ella habia ocupado. Entraron poco despu6s las criadas de Elvira, y se march a su aposento, saliendo de aquel en que habia pasado la noche con pensamientos bien different de los que le acompafiaron al entrar en 61.


xi

Elvira estaba fue a de peligro, pero su situaci6n era, seon la opinion de los m6dicos, tan delicada que exigia un incessant cuidado. Por lo tanto aquella noche, como la anterior, Catalina quiso velar a su lado y Carlos, como es de suponer, se present para acompaiiarla.
Las horas pasadas en aquella habitaci6n la noche -61tima hablan establecido entre ellos una cierta confianza, que aflos enters de amistad en medio del bullicio del mundo, no hubieran acaso production.
Volvieron a verse aquella segunda noche don el placer de dos compafleros de trabajos o peligros, que se hubieran separado por largos afios, y se instalaron cerea de la enferma, con la franqueza que inspire la seguridad de ser mutuamente agradables. Como Elvira descansaba tranquilamente, Catalina se apart de junto a ella yendo a colocarse en un sill6n al extreme opuesto del aposento, y dijo a Carlos con dulce familiaridad:-Puesto que hemos de velar y que por ahora no nos necesita Elvira, mientras ella duerme podremos hablar en voz baja.
Venga usted, Carlos, deseo que me refiera usted su historic. Ha-









78 OBRAS DE LA AVELLANEDA

ce a1gunos digs que hubiera maniffestado mi curiosidad, si el obstinado desvio de usted no me lo hubiera impedido.
-- Mi historia!-dijo Carlos, sentkndose en una;";- 'banquetita a sus pies.-ICree usted acaso que serh larga y divertida?
-Por lo menos serk hermosa y pura como su alma de usted, como su vida.
Le creo a usted feliz, y es tan rara la felicidad en el mundo, que mi coraz6n se recrea al respirar ese perfume divine que exhale Una vida dichosa e inocente.
-No se engaiia usted ciertamente en creer que soy feliz,-dijo Carlos-pero mi historic y mi felicidad estfin referidas en dos palabras: amo y soy amado.
-Sin embargo,-repuso Catalina-Elvira me ha dicho que el matrimonio de usted fu6 obra de un convention de families, y como en tales enlaces es rarisima la felicidad.,.,..
-Acaso sea exa'cta su observaci6n de usted,-contest6 Carlospero yo tuve la dicha singular de que la esposa que me estaba destinada Aesde mi infancia, fuese la misma, que yo hubiera elegido entre todas las mujeres del globo. Nos amamos de nifios como tiernos hermanos, nos sepaxamos, Catalina, y cuando volvimos a vernos, ya j6venes y en la edad del. amor, no's amamos tambi6n como amantes, como esposos!
Yo reconoci en ella la mitad de mi alma, ella me di6 toda la suya. Jamfis dos hermanos se han querido tan tiernamente, ni dos esposos se han comprendido mejor y se han hecho mutuamente tan felices. Anfilogos en edades y en sentiments, su caricter tiene toda la dulzura y mansedumbre que falta al mio, y acaso hay en mi alma la fortaleza y el vigor que necesitaba 'por apoyo su d6bil y delicada existence. Ambos nos necesitamos para completer un alma, una vida, una felicidad. El cielo nos ha juntado, y por estrechos y santos que sean los vinculos con que la religion nos liga, lo son mfis sin duda alguna aquellos con que se han unido para siempre nuestros corazones. Esta es mi historic, esto es todo, Catalina. jEsth usted satisfecha? 6Acaso hallaxA ridicule mi enthusiasm conjugal 7
-Es usted en effect dichoso,-dijo la condesa, que habia escu-' chado estas palabras con suma emoci6n.-Esta felicidad que mted ha obtenido 6por qu6 no la concede el cielo a todas las almas capaces de apreciarla 7 y si no debia concederla sino a, los seres privilegiados por su amor & por qu6 al menos; no dot6 a los otros a quienes privara de la dicha, de una aridez de coraz6n que les preservase









NOVELS Y LEYENDAS 79

de necesitarla 7 !Carlos, Carlos!" felices aquellos a quienes cupo el destifio de amar y ser amados y 1 felices tambi6n los que no sienten la estftik- y devorante necesidad de una ventura que les'fu6 rehusada!
Mientras'hablaba asi la condesa, Carlos se habia aproximado a ella, y observando la profunda tristeza que se pintaba en su rostro, sinti6se enternecido' y asJ-6 involuntariamente una de sus manos.
-Pues qu6,-Ia dijo con inter6s-I acaso usted no ha conocido esa ventura? No puedo creerlo, Catalina: digan lo que quieran los enem gos de usted y los espiritus ligeros que juzgan sin comprender, Yo no puedo persuadirme que usted encierre un coraz6n frio, s6lo sensible a las frivolas y efimeras sensaciones de la vanidad. No, Catalina, usted misma no podrA arranearme la opinion que estas horas pasadas junto a usted me han hecho former de la excelencia de su alma y de la exquisite sensibilidad de su coraz6n.
-Yo agradezco, a usted esa opinion,-contest6 ella-aunque creo que me bace justicia solamente; pues es tan rara la justicia que debemos estimarla como un favor. Si, mucho me oblige ese juicio favorable que usted express, torque aunque no U importance por lo coffin al concept que de mi forman las genes, soy muy sensible a la aprobaci6n o desaprobaci6n de mis amigos.... y deseo, Carlos,-afladi6 con alguna turbaci6n,-deseo contar a usted en este nfimero.
-S!,-dijo 61 con vivacidad-de hoy mks quiero yo tambi6n merecer un lugax entre las personas a quienes usted honra con su amistad; y acaso, Catalina, acaso no ser6 el -61timo en saber apreciarla, aunque haya sido el filtimo en obtenerla.
-Lo creo,-repuso ella-porque acaso tambi6n me conozea usted mejor que muchos de aquellos que 'me han tratado aflog enters; creo que usted me puede comprender fficilmente.
-Y por eso, torque comprendo ahora su coraz.p de usted, comprendo, menos que antes c6mo puede vivir content con esa agitada atm6sfera de frivolous placeres, de los que se muestra fivida. Perdone usted mi franqueza, seflora, pero no puedo menos de confesarla que cuanto mks me ensefie usted a estimarla, mks severamente juzgar6 su conduct, y que lo que acaso perdonaria a la coqueta fria y vanidosa, hark culpable, muy culpable a mis ojos, a la inuier de talent y de coraz6n. I
I I Y por qu6 7-pregunt6 ella con una sonrisa en que se mezelaban la ironic y la amargiira:-6seria culpable el que abrumado de un inlhtil fardo que pease sobre 61, le arrojase algunos moments









80 OBBAS DE LA AVELIAAMEDA

para poder respirax 7 1 El talentq,.hl.F1 coraz6n!. tContraen a1gunas obligaciones con el mundo los (flx ecibieron estos fatales; dones 7 Si-asi es, ciertamente que no serAn estas obligacioneq las de ir divulgando por 61 los dolores y amaxguras que esos mismos dones le atraen; no serfin las de maldecirle torque es impotence para dares todo lo que le piden; no serfin las de turbar la felicidad de los otros, con el espectficulo de su profunda desventura. g Qu6 mis pueden hacer que sofocar sus gemidos, endurecer su coraz6n, y admitir la vida tal cual se les da, olvidando como la han concebido 7
Carlos se desvi6 de ella sin p6der reprimir un movimiento de despecho.
-1 Pues qu6, seiiora!-exclam6 f1jando en ella una mirada, severa-I la bonded diVina s6lo habrA dado al. hombre paxa su martirio los dones preciosos que mfis le aproxima a su hiteligencia, suprema 7 6 La facultad de senior y de ewar deberk considerarse coino un inagotable raudal de dolores, y p6dremos suponer que la mayor perfecei6n moral del hombre s6lo sirva p ra hacerle mks desventurado?
-Cuesti6n es esa,-dijo Catalina-que yo no me atrever6 jamfis a resolver, y no torque dude que a la mayor facultad. de sentir sea inherent la mayor facultad de padecer, sino, torque creo en la ley eterna de las compensaciones, y el que es capaz de padecer mucho, puede tambi6n gozar mucho. En cuanto a mi, s6lo s6 decir* que no quisiera haber tenido por dote al nacer, una imaginaci6n que me devora, y un coraz6n que va gastfindose a si -mismo por no encontrar alimento a su insatiable necesidad. No d'si son felices todos los hombres de corazones vulgares: su felicidad. por lo menos no me bastaria. Pero cuando usted me dice que es dichoso, cuando veo ji6sible para otros esa ventura, suspirAda de amax y ser amados con enthusiasm, y pureza, entonces me siento indignada contra el. destiny, y lepregunto: 1por qu6 delito he merecido, el ser privada de esa supreme ventura?
La voz de ia condesa al pronunciar estas -61timas palabras reve.* laba la mAs viva emoci6n, y Caxlos torn6 a su lado, serena. otra vez su frente que por un moment se habia oscurecido.
-E s usted una mujer extraordinaria,-Ia dijo-y cuanto mfis me empefio #n conciliar las contradictions que. observe en usted, menos lo consigo. Si le basta a usted esa felicidad del amor casto, del amor intense, & c6mo la desprecia usted 7 6 C6mo si su eckaz6n tiene sed de ventura puede usted embriagarle con el humo die esos goces ficticios, vacios de verdad y que nada valen paxa el. senti-









NOVELS Y, LEYENDAS

miento? Esta seri mi eterna inte aci6n, torque esta seri siempre mi duda. Usted no es feliz en IVS'Kida brilliant y tumultuous, de la que pare ce enamorada. Pero 1por qu6 la ha elegido usted? 1por qu6 ha sacrificado a ella esa felicidad que su coraz6n anhela? I -Nada he sacrificado,-contest6 la condesa:-nada tenia que

sacrificar. Esa vida no hw sido una elecci6n, sino una necesidad. Cuando se padecen agudos dolores, se suele tomar, opio, no para mitigar su intensidad, sino para entorpecer la facultad de sentirlos. Tambi6n hay opio para el coraz6n y paxa el espiritu; y ese opio es le disipaci6n. Los que son felices harian mal entomarle, pero 6no debe cenced6rsele a los desgraciados?
-&Y es usted desgraciada, Catalina?
-Lo soy.
-jPor qu6, por qu6 es usted desgraciadal-repuso Carlos tomando su mano con visible emoci6n.
-Porque no soy feliz,--re'spondi6 ella.-No extrambe usted esta contestaci6n; creo que hay personas que sin ser felices no se consideran desgraciadas, personas que no se quejan cuando no experimentan positives y materials infortunios. Yo no soy de ese nflmero, y.s6lo puedo explicar mi desventura diciendo que la siento en mi alma.
-1 Pero qu6 le falta a usted para ser dichosa, 1
-Me falta todo, pesto que no lo soy.
-1 Pero cree usted que pudiera serlo con un destiny igual al mio, al de Luisa?
-Ah! si, lo seria!-exclam6 ella sin pensar:-seria co.mpleta. mente feliz, lo creo en este instance, con el destiny de Luisa.... y con el de usted, Carlos,-afladi6 ruborizfindose de las palabras que acababa de proferir. will
-1 No ha sido usted amada de su esposo ? Ino le ha amado a usted, Catalina?
-No.
-6No ha amado usted nunca?
-No lo s6: creo en este moment que no: no he amado. nunea como usted ama a su Luisa, como adivino que ella le ama a usted. No he amado nunca con ese amor que debe hacer la felicidad de toda la vida.
-Y sin embargo, su coraz6n de usted es apasionado;, sin duda no ha stdo impotencia, suya el no haber gozado esa felicidad; acaso no ha hallado usted en ningfin hombre el amor que necesitaba.
-Si he de ser sincere con usted, y si debo descubrirlemi coraT. V. 6









82 OBRAS DE LA AVELILANEDA

z6n todo enter, aun a riesgo de que le juzgue ingrate y caprichoso, confesar6 que he conocido hombres que ban mostrado pot mi Una violent pasi6n, y que no ban rehusado ningfin g6nero de sacrifi. cios para convencerme de ella. Si es crime del coraz6n el no obe. decer al mandate de la voluntad, el m1o es culpable, torque por des. gracia no quiso amar cuando mi raz6n se lo aconseiaba. Hubo una 6poca de mi Vida en la que dando todo mi aprecio a las cualidades del coraz6n, crei que ellas solas bastarian a cautivarme eternamen. te, pero bien pronto conoci que we engafiaba, y que la mks perfee-ta bonded de un hombre y la mds inalterable ternura, si ca rece de las cualidades aventajadas de la intelligence y del carficter, no bas. tan a asegurarle el coraz6n de una mujer que necesita admirar, res. petax y aun te]mar al hombre a quien ama. Saliendo de un error. puede caer en otro; puede dar la superioridad de intelligence de un hombre mAs influencia de la que realmente tiene en la felicidad de la vida de la mujer que le ame. Esta superioridad si no va acompaflada de la del corazon, es mas de temer que de amar. Hay algo de monstruoso en la reunion de una vasta intelligence y de un mezquino o duro coraz6n. La, influence que por s6lo su talent adquiere un hombre sobre el coraz6n de una muier sensible, peg como la tirania y no tarda en hac6rsele odiosa. S61o al amor con. cede el coraz6n el derecho de esclavizarle; y si el amor que carece del apoyo del talent, no siempre lo consigue, nunca lo obtiene el mayor talent cuando no es auxiliado por el amor. En su sexo de usted, Carlos, se teme encontrar en la mujer a quien se ame, una intelligence superior, pero en el nuestro suede lo contrario. La mujer, que por su debilidad busea y require un apoyo, necesita en e 1 objeto que elija una superioridad que la inspire conflanza. For grant que sea el talent de una mujer, y por elevado y aun altivo que sea su carficter, desea encontrar en su amante un talent que domine al skiyo; y si una mujer superior Ilega a amar verdader4mente a un hombre de menores luces, puede asegurarse que hay*en aquel hombre un gran carficter que supla y compense el defect del talent, y que le d6 la superioridad de que carece por otro lado. Pero por dificil que yo crea que una mujer no vulgar pueda apasionarse de un hombre que en todos concepts sea moralmente inferior a ella, aun me parece mfis raro que sea larga la ilusi6n que. un hombre inspire por las solas cualidades del entendimiento Y aun del carficter. La mujer busca antes de todo el coraz6*; quiere admirer sin ser deslumbrada; quiere ser domin ada sin tirania; quier re y necesita ser amada, y s6lo aprecia la superioridad del hom-









NOVELS Y LEYENDAS 83

bre torque la. eleva, torque la engandece a ella misma. Pero esta superioridad cuando no nos engrandece, nos humilla; y siempre nos humillarh si el. amor que inspiramos no es bas I tante poderoso para que cerca, de nosotkas la deponga. el hombre.
-Pero usted, Catalina,-observ6 Carlos-usted que posee cualidades de espiritu tan sobresalientes 1podria consideraise humiIlada por las que poseyese su amante 7 g necesitaria usted que 61 las depusiese cerca, de usted?
-No s6,-contest6 ella-si he de decir verdad, si he reconocido sinceramente en algfm hombre-una superioridad moral sobre mi; puedo asegurar, si, que he deseado encontrarla. Y sin embargo, Carlos, cuando he observado que el gran talent o el gran caxicter de un hombre, muchas veces le dan medics de dominaci6n independientes de los del amor, he cobrado una species de ho ror a esas mismas cualidades; y creo, si he de juzgar por mi, que la mujer perdonari siempre mfis fAcilmeAte la falta de intelligence que la de coraz6n.
-Asi pues,---dijo Carlos-usted no ha amado nunca torque no ha. podido encontrar esa rara reunion de intelligence, y bonded, de fuerza y dulzura, de dignidad y de amor. En effect, dificil. es encontrar esa perfecei6n, acaso impossible, y seria, muy temerario el hombre que osase esperar satisfacer la ambici6n de su coraz6n de usted. I
-Perfecei6n, ha dicho usted 1-repuso ella:-usted no me ha comprendido o yo no he acertado, a explicarme. Dudo mucho que un hombre perfecto me inspirase pasi6n. Hay defects que yo perdonaria fficilmente, mejor dir6, que yo maria con locura., Otros hay emperor, que me alejarian para siempre de un amante. La frialdad o dureza del coraz6n, y la. bajeza del cardeter son defedtos que aborrezco. Al mayor talent y al mfis noble carfict6r respetaria sin anaarles, si careclan de bonded y ternura; la crueldad me horroriza, y eso que Raman los hombres bravura suele pgrecerme ferocidad. Yo no maria, jamfis a un hombre sanguinario.aunque el mundo le Ramase h6roe; ni a un hombre henchido finicamente de ambici6n y destituido de afectos, aunque el mundo le Ilamase genio. Mas tampoco maria, a un cobarde ni a un estfipido, por bueno y tierno que fuese su coraz6n. Por lo demfis, creo muyposible que Yo amase a un hombre que tuviese muchos defects; a un gran carficter perdono fficilmente la altivez y aun. alguna sequedad aparente; a.un brilliant talent no le pido cuenta de sus extravios, y pudiera guitar de sus inconsecuencias. En fin, Carlos,,,jsi encontra-









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se un. hombre que poseyese con un noble carficter y una clara. inte. ligencia, un apasionado coraz6n.... a ese hombre no le pediria mfis. Defectos pudiera tener, y aun virtues, que me inspirasen temor, prero le temeria sin amarle menos, y por mucho que a las veces pudiese padecer seria feliz. Usted serh tachado por algunos. de demasiada tenacidad en sus opinions, y esa impetuosidad de su carheter, que con frecuencia le hace falter a las conveniences so. ciales, y que los hombres de salk Ilamarian falta de finura, pudiera desagradar a muchas mujeres, que tal vez no le perdonarian si. no a favor de su hermosa figure. Yo misma le reprenderia a usted con justicia de la. poca indulgencia con que me ha juzgado al prin. cipio, y hallaria acaso demasiado orgullo en la manera con que se ha reconciliado conmigo. Pero ni la severidad y obstinaci61i de sus creencias de usted, ni su brusca franqueza, ni ese orgullo y rigidez que arenas puede dominar algunas veces la bonded de su. coraz' serfin obstkeulos, estoy cierta, a la feAcidad de su esposa.
-Ah!-contest6 61, suspirando a tan dulce recuerdo:-mi esposa, Catalina, es un ser finico; estoy cierto de que nunca ha preguntado ella a su coraz6n por qu6 me ama, ni si mis defects deben o no influir en su. felicidad. Ella, el Angel dorado, no.piensa sind en la mia; su. felicidad consisted en aquella que me da, y debe ser, por lo tanto, perfecta. Ademfis, los defects que usted me nota bqu6 pudieran contra ella? jNo tengo indulgencia? Ella no la ne-, cesita. 6Mis opinions son tenaces y several? Ella las respect y las participate. jCarezco de finura? En el feliz aislamiento en que vivimos no tenemos censors, y mi carficter impetuoso estk siempre dominado por la serenidad celestial de su mirada. Oh Catalina! que no conozea usted a mi Luisa! la maria usted, estoy cierto, le agra;daria a usted mucho mhs que yo.
La condesa se levant impetuosamente y se alej6 algunos pasos de Carlos sin saber lo que hacia. El joven la mir6 con sorpresa, y ella dominfindose al moment volvi6 a sentarse, diciendo con fingida calma:
-Crei que habia Ilamado Elvira, pero me engaM, esth dormida.
No se le ocurri6 Carlos el dudar de aquella explicaci6n, y prosigui6 volviendo a asir entre las. suyas la mano de la condesa.
-Creo tambi6n, Catalina, que ella es capaz de comprender a usted y de amarla, torque estoy persuadido de que usted posee cud? lidades distinguidas de coraz6n y de carficter., A ella quizi dis pensaria usted una conflanza mfis complete que a mi, y cuando usted descubra toda su. alma estoy cierto que seri precise eatimaria.-'









XOVELAS Y LEYENDAS 85

_M alma!-repiti6 la condesa:-acaso valga mucho, en effect, y aun mi coraz6n es mejor de lo, que convendria a mi felicidad. Pero usted que habla de complete conflanza I desea usted la mia? I HaIlaria yo en su coraz6n esa indulgencia que necesito?
Porque por desgracia no soy como esa Luisa cuya resplandeciente ventura no ha sido jamfis oscurecida; yo he sido desgraciada y debo paxecer a usted culpable.
-1 Culpable.... no, Catalina, no puede usted serlo, -nu-nea en tanto, grado, que no absuelva, a usted mi coraz6n. g La vergilenza de confesax una falta. no es expiarla?
La condesa levant la cabeza con altivez.
-No s6 a qu6 Ilamarh usted. faltas,---dijo-pero yo -nunea me avergonzar6, ni har6 un penoso, esfuerzo al confesar errors de la imaginaci6n que ban podido bacerme infeliz. Nada bajo ni mezquino puede encontrar en mi alma. y en mi vida la observaci6n mfis escrupulosa, y si usted dudandb de ello ha podido, decir que me estimaba, o ha mentido o no es ustedlo que yo creia.
-No, nada indigo de un noble coraz6n he podido sospechar en usted despu6s que la he tratado, Catalina, pero Ino, pueden cometer faltas tambi6n los nobles corazones! Usted que me Hama severo Aquerrh obligarme a hacer la defense de errors que, puedo condenar sin despreciar al que haya sido victim de ellos 7
-Condenar los errors 1-repiti6 Catalina:-es usted severe hasta en su indulgencia. Si se condenan los errors gd6nde'esth el mortal exe to de faltas.... 7 Si existiese, yo no podria. estimable; el que minea se engafia debe ser desde que naci6, malvado. En cuanto a mi, confieso que me he engafiado muchas veces, y que aun no me creo exenta de grades. errors. Quiere usted juzgar por si nLismo si son imperdonables 7 Pues bien, eseficheme -usted.
Carlos la eseuchaba en effect, con vivisimo interns y ella prosigui6, con una serenidad que fu6 perdiendo a media. que hablaba.
-A la edad de diez y seis, aflos me sac6 mi madre del colegio en que me habia educado, para. casarme con el conde de S.... Se me habl6 del matrimonio como de un contract por el. cual una mujer daba su persona a un hombre, en cambio de una posici6n. social que recibia de 61 y esta posici6n que se me ofrecia era brilliant. AE pa-T dre habia muerto, en los aciagos. diasde la Revoluci6n, mirtir de.la causa de su rey, y su viuda nada poseia. El conde era muy rico en Espafia, y vivia en Paris con ostentaci6n deslumbrante. Su enemistad particular con el favorite de Carlos IV le hizo. desagra.dable su permanencia en la corte de Espafaa, y como habi6ndose









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educado en Francia conserv6 sivinpre un gran affect a aquella naci6n, determine vivir en Paris mientras no variase la situaci6n po. litica de su patria. La 6poca en que llev6 a cabo este proyeeto, erg propia para que se aplaudiese de su cumplimiento. El emperador acababa de eelebrax la paz de Tisilt, y con ella parecia consolidarse para siempre la nueva: dinastia, los nuevos principios, y la gran. deza y prosperidad de la Francia.
Cuando el conde Ileg6 a Paris, la capital toda no tenia mas que una voz para celebrar la gloria de las armas francesas, y el genio del grande hombre que dirigia sus destines; y las fiestas que se su. median sin intermisi6n hacian la ciudad mfis alegre de la capital de la naci6n mks ponderosa del globo.
El conde, que ninguna parte active tomaba en las questions politicas, se hall6 bien en Paris y olvidando a Espafia pareci6 que. rer fijaxse para siempre en su nueva patria, tomando en ella una esposa. A principios del aflo de 1811 me conoci6 y pocos dias des. pu6s pidi6 solemnemente mi mano, que le fu6 concedida.
Aunque tan joven y tan ignorance de las passions, no dej6 de observer que no se contaba para nada con el. amor en aquel. contraw to que 61 s6lo debiera. sancionar; pero se me advirti6 qtLe s6lo las que debieron a la suerte un nacimiento humilde tenian el derecho de no consular mks que a su coraz6n al elegirse un duefio por toda la vida; mas yo, miembro de una noble familiar, no era libre en mi elecci6n. El orgullo y la vanidad debian hacerla y la hicieron. Usted sabrfi que su pariente el. conde de S.... no era ya joven ouando me di6 su mano, pero a pesar de sus cuarenta afios conservaba una figure hermosa, aunque marchita, y la exquisite elegancia de sus modules le prestaba An bastante attractive. Creo que hubiere podido hacerse amar si hubiese amado, pero el conde, auuque dotado de un talent brilliant, tuvo siempre un coraz6n de hielo. Habia tenido ademfis una juventud disipada, y no extraviado por vehementes passions, ni subyugado por un temperament fogoso: su libertinaje habla sido mero effect de una juventud ociosa, de grandes riquezas y del contagion de una sociedad corrompida. Asi era que nada habia dispendiado su corazo5n, y su maxchita existence era tanto mfis desagradable, cuanto que no Ilevaba el. sello que u alma de fuego imprime sobre el rostro, de sus victims. Cuando vemos un coraz6n desgastado, pensamos cufinto habri amado y pa, decido.... 1 y se perdona tanto al que ha sido desgraciado!- i y Be adivinan tantos dolores en una existence devorada por terriblW passions! Pero la enervaci6n y el cansancio de un hombre frio, pm








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sentan la huella del vacio en toda su clinic desnudez. Mi marido, que nunea habia amado, decia. que estaba cansado de amor. Asi, pues, yo encontr6 en 61 un amigo flno y obsequioso, y un compafiero amiable y complaciente, pero en vano le hubiera, pedido el entusiasmo del amante, ni la ternura celosia del marido. Habia sido libertino por sistema y por sistema se habid casado, cuando se recono66 inept. para. softener el papel de brillante calavera.
6 No es verdad, Carlos, que era bien, triste la suerte de una nifia que en la edad del amor y de las illusions, veia ligada su pura y florida existence con la existence irida y seca de aquel hombre de coraz6n frio y de sensaciones gastadas?
-Pero usted, Catalina,-respondi6 secamente-usted 4ue se habia vendido por una posici6n social, usted que a los diez y seis aflos especu16 con el vinculo mfis dulce y santo gpodria esperar ni mereda otra suerte 7
-Cruel es esa observaci6n,-dijo la condesa-pero usted olvida que a los diez y seis aflos no tiene una mujer voluntad; usted olvida que yo no conocia. el amor, y que al salir del colegio me -presentaron como una suerte envidiable aquel espantoso destiny.
En effect, envidiable me pareci6 en un principio aun a mi misma. Las riquezas de mi marido me permitian todos los goces que embriagan a un coraz6n tan joven e ignorance como el mio. Coaches, lacayos, bales, passes, teatros, reu'ones, todo lo que satisface la vanidad me fu6 prodigado. En mi casa se reunia una de las mfis delegates sociedades de Paris; las funciones que yo daba eran citadas como las mfis brillantes; mis traces serving de model, y yo misma era reputada una de las mujeres mfis ambles. En effect, mi marido se complacia en adornarme de los talents y habilidades que 61 poseia, y este studio y los placeres ocuparon dos aflos de mi vida, durante los cuales siempre estuve tan distraida que no. tuve tempo, para preguntar a mi coraz6n si era feliz.
-Le bastaba a usted esa vida de tumult y brillantez,-dijo Carlos con algfm enfado.-Ah! Catalina! mucho temo que se engafle usted a si misma cuando la llama insufficient.
-i Plugiese el cielo que su temor de usted fuese fundado!-respondi6 la condesa.-Pero no, Carlos, no me bast6 aquella vida aunque tan Ilena de todo lo que no es amor ni felicidad. Presto mi ardiente imaginaci6n se cans6 de aquellas impressions y mi vanidad saciada dej6 hablar al coraz6n. Entonces coneebi que debla existir una felicidad superior a la que el rango y las riquezas pueden, dar' nOS. Extremada en todo, pas6 en poco tempo de la mfis loca disi-









88 OBBAS DE LA AVELLANEDA

paci6n al mis severe retire. Todos mis placeres y dolores han provenido siempre de una sensibilidad tan viva como delicada, que no recipe nunca d6biles impressions; y'de una imaoinaci6n I que todo lo engrandece o lo disminuye hasta el excess.
La situaci6n que me habia embriagado, que me habla pintado mi imaginaci6n durante dos aflos como el. supremo bien, lleg6 casi de repented a parecerme odiosa. El mfigico pincel que la habia embellecido fu6 el mismo que la tifi6 de colors mAs sombrios. Loscarecteres exaltados rara vez se detienen en los intermedios, y n*o conocen compensaciones. De mi s6 decir que pocas situaciones me parecen meramente grates o desagradables; yo gozo o padezco; soy feliz o completamente desgraciada.
As! cuando mi existence, vacia de afectos.y Ilena de insufleielates placeres, dej6 de enloquecerme, fu6 para inspirarme el mfis profound desprecio y el tedio mks invencible. En vano mi marido y mis amigas intentaron retenerme en ella: me hubiera muerto de fastidio en medio de los placeres y de la alegria. Obtuve pues, del conde, que fu6semos a pasar un verano a una pequefia ciudad del mediodia de la Francia, y pas6 alli algunos meses en un retire absoluto. En -Paris se hicieron. extraflos comentarios de mi ausencia y de mi melancolia. Qui6n suponia que mi marido estaba arruina. do; qui6n que yo alimentaba una pasi6n novelesca, y no falt6 persona que s6lo viese en mi conduct un rasgo de refinada coqueteria, con el objeto de proporcionarme, al volver alegre y brilliant al circulo, elegant que abandonaba, todo el attractive, de la. novedad. Lo cierto nadie lo sospech6; a nadie se le ocurri6 pensak que yo habia sentido pqr fin el vacio de mi coraz6n. Sin embargo, la soledad, la vida ociosa y contemplative que adopt, me hacian mfis daflo que la disipaci6n de que habla huido. Bajo el hermoso cielo de la Pro-, venza, en medio, de los campos que habia elegido para mi domicilio, la vida se me r6velaba, la vida del amor que yo estaba condenada a no concern. Para evitarme el fastidio, que mi marido crefa inseparable de la soledad, me daba libros gue 61. Ilamaba divertidos. 1 Eran novels 1 Era la Julia, de J. J. Rousseau! El Wherter, de Goethe! pfiginas de fuego que me presentaba su mano, fria. y que de-' voraban mis ojos, en las horas de devoiante insomnio. Muchas veces arrojando el libro con desesperaci6n, saliame como loca por A campo, y me embriagaba de las brisas de las notches saves como una esperanza de amor, y me prosternaba delante de la luna, que de lo alto del cielo parecia un faro divine alli colocado para alumbrar la ventura misteriosa de los amantes; y escuchaba tr6mula. el









NOVELS Y LEYENDAS 89

silencio de IOS Campos; aquel silencio cuya voz es el susurro de una hoja o la respiraci6n de un pfijaro y en 61 creia, Iistinguir un reclamo mudo del amor que me ofrecia el repose negadd a mi coraz6n; cuaUdo mis cabellos empapados por el rocio dejaban traspasar la humedad a mi cerebro, entonces pareciame que las 1Agrimas del cielo venian a consolarme de mi abandon, y yo Iloraba tambi6n, y pedia ansiosamente amor y felicidad. Aquella flebre de la imaginaci6n era seguida comunmente de largas horas de dolorosa postraci6n; y poco a poco tal g6nero de vida acab6 por destruir mi salud, y aun acaso, por turbar mi raz6n. La soledad, que t&uto' halaga en teoria a las almas tiernas y a las imaginaciones axdientes, y que siendo breve desplega en ellas tan profundas Y Melan7 c6licas impressions, es peligrosa y temible si se prolong a demasiado. La soledad s6lo, puede convenir a las almas resignadas o a las imaginaciones frias, pero, n1inea a la juventud del coraz6n, en la fuerza del pensamiento y de las sensaciones. Entonces, Carlos, lo s6 por experience, la soledad es devorante y terrible. El studio de si mismo puede hacer mucho mal al coraz6n. Si el especthculo del mundo puede desp6jar de muchas illusions y sofocar muchos nobles instincts, la vida solitaria produce forzosamente opinions err6neas y entusia-smos peligrosos, y en una imaginaci6n vigorous acaso tambi6n culpable extravios. Volvimos a Paris en el invierno de 1814 a ser testigos de la caida del coloso imperial.
Parecia que la consternaci6n. dominaba todos los Animos, don aquel trastorno que debia mudar el destiny de la Europa; y esta situdei6n general y el mal estado, en que se hallaba ya la salud de mi marido, me autorizaban a separarme absolutamente de la sociedad; por mantra, que en los cuatro meses que aun estuvimos en Paris, arenas sali de su aposento. Creyendo recobrar su salud con la influencia del clima natal, resolvi6 el Conde venirse a Espaiia, y en el mes de mayo, pis6 por primer vez el suclo en que habian nacido mi madre y mi marido, y hacia el cual tuve siempre un particular cariflo. Pero'el aire patriot no tuvo en la salud del Conde la favorable influence que habla desperado; experiment el pesar de perderle pocos meses despu6s de su Ilegada, a Madrid.
Si, Carlos, tuve un sincere, pesax, pero pasados los primers meses de mi viudez no pude pensar sin secret alegria que ya era libre, y podia lanzaxme al porvenir de felicidad que tanto tempo, sofiaba. Dos afios pas6 de esperanzas, illusions, errors y desengafios; dos aflos durante los, cuales mi coraz6n ivido de emociones, abrasado de deseos de ventura, se asia a cada objeto que por un








OBRAS DE LA AVtLLANADA

moment le faseinaba. Dividi aquellos dos afios entre Paris y Espafia; present6me en todas parties con aquella cAndida credulidad, de la juventud, con aquella imprudent conflanza de un coraz6n noble y bueno. Nada me parecia mks fAcil que hallar en todas paxtes amigos tiernos y sinceros, amantes apasionados y Ilenos de atractivo. Joven, hermosa, rica, enthusiast y generous, me lanzaba eon una temeridad y un abandon, sublimes de inocencia, en busca de un fdolo a cuyos pies pudiera tributary los tesoros virgenes que Ilevaba en mi aJma.
1 Oh! qu6 peligroso es para una mujer de viva imaginaci6n ese period de la vida en que necesita y busca, y espera un ser protector y querido a quien entregar su almh, su porvenir, su existence enter! i Cufinto debe engaflarse a si misma! Y g c6mo evitar esta desgracia forzosa? Si pudiese referir a usted hasta qu6 punto Ilegaron en los primers aflos de mi libertad, las extravagances prevenciones de mi novelesca imaginaci6n, se reiria usted de mi simplicidad y se conmoveria de mi enthusiasm. Un hombre a quien vela por primer vez era a veces el objeto de todos, mis pensamientos durante muchas semanas. Bastaba para hacer tan viva impresi6n en mi fantasia que tuviese un noble aspect, un aire distraido y melanc6lico, que yo calificase como revelator de grades y profundos pensamientos; asi como una tez pfilida, o unos cabellos prematura-, mente encanecidos; eran para mi el anuncio cierto de alon bello'. y po6tico infortunio. En todas parties buscaba y crela encontrar elevados caracteres, ardientes passions, nobles desventuras; mi imaginaci6n inagotable poetizaba todos los obiptos, y de ninguno podia, juzgar con exactitude, hasta; que se disipase el prima color de rosa al trav6s del cual les miraba. Pero por una rara combinaci6n de enthusiasm y justicia, nadie se apasiona mks vivamente que yo por las personas que le agradan, y nadie tampoco descubre sus defectos con mks prontitud. El espiritu de anfifisis instintivo, involuntario, al cual somete mi juicio aun los afectos mks tiernos de mi coraz6n, ha sido un soplo de hielo sobre todos mis enttsiasmos. Sin embargo, he Ilegado a tener amigos y he querido sinceramente a algunos, a pesar de concern sus defects; pero en el amor que s6lo vive de entusiasmos y de illusions, no he encontrado un solo hombre que no perdiese por ser conocido lo que ganaba en ser imaginado. Porque la amistad es, permitaseme esta expresi6n, un lujo de felicidad para el alma, pero el amor es una necesidad. Nos basta poder estimar al amigo, pero necesitamos poder amar tanto como estimar al amante; a la amistad no le pedimos nunca la dicha, nos









!\TOVEYAg 'It LtYEMDAS

basta que 'sepa consolarnos de career de ella; al amor le pedimos la felicidad y nada vale si no puede dirnosla.
Sin embargo, la misma amistad s6lo ha existido pars, mi despu6s que dej6 de ser una passion. Mentras la concede enthusiasm s6lo obtuve decepciones. Ahora que conozco la vida y los hombres, he sabido apreciar ese dulce sentimiento y lo he comprendido tal cual es, como finicamente puede ser; pero en aquel tempo en. que 96lo conocia la vida por mis sensaciones, y en que de nada podia juzgar sino por instinct, el amor y la amistad, me eran igualmente im.posibles de encontrar. Yo buscaba en todo la realizaci6n de un. sue-flo, el cuerpo de un fantasma.... buscaba la. felicidad, que mfis tarde he dudado pudiese dar el amor mismo.
Con tales disposiciones puede usted imaginary cu6mtas falsas creencias, cufintos absurdos entusiasmos debia ofrecerme la Vida, y cufintos ripidos y frios desengaflos debieron seguir a mis brillantes errors. La amiga en cuyo affect descansaba con mis abandono, la que yo elevaba a la esfera mfis alta de mi estimation, Jugaba algfin tempo con mi coraz6n, explotaba Bus tesoros, y luego Be burlaba de mi ciega conflanza, abusab a de mi innocent candor, y ifeliz yo si tambi6n no aprovechaba la imprudent vivacidad de mi apasionado carficter para calumniar mi conduct y mi coraz6n! El amante en quien yo habia credo entrever mi idealism, Be convertia repentinamente en un ser vulgar, odioso, o mezquino. A veces encontraba al libertine marchito y corrompido, en. el. que creia hallar un noble infortunado; la estupidez y frialdad de alma. aparecia bajo la exterioridad en que yo habia leido la bonded y la virWd; la frivolidad. y la tonteria en la figure elegant y gracious que me habla anunciado a primer vista la reuni6n de todo lo mfis amable y attractive; la ridiculez de una vanidad insoportable en el fondo de ciertos caracteres que me habian parecido grades y.originales; la debilidad y el apocamiento en otros que yo habia credo dulces y tiernos; la dureza y la ferocidad en. muchos que por algunos rasgos aislados Be me presentaron como en6rgicos y noblemente poderosos. Carlos, lo repito, para el que conoce ya a los hombres existent muchos en quienes puede encontrar cualidades muy hermosas y dignas de estima, pero para la fogosa y ciega, juventud, que parece afin acordarse del cielo, y que pide tanto a la tierra, la realidad es siempre muy mezquina. Lo imaginado super, siempre a lo real, y s6lo la experience nos hace indulgences.
En aquellos dos afios hice un costoso y triste aprendizaje. Mis afectos fueron decepciones; mis esperanzas, locuras; mis mismas









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virtues Ilegaron a serme fatales. La experience de cada dia, de. bada hora me mostraba que todo lo bueno, grande y bello que habia en mi alma, era un obstficulo para mi ventura; que mi entusiasmo me extraviaba, que mi credulidad me hacia el juguete de: las genes Ilamadas sagaces, que mi sublime imprudencia me atraia la censure de personas que hacian gala de sensatez y aplomo, que mi incapacidad de mentor era llamada indiscreci6n, mi ambici6n de afectos, coqueteria insaciable.... en fin, Carlos, mi misma inteli gencia, ese inappreciable don que nos acerca, a la divinidad, era para los espiritus medians una cualidad peligrosa, que tarde o tem. prano debia perderme.
Con el coraz6n desgarrado me retire por segunda vez de esa sociedad que empezaba a comprender, pero a quien no podia todavia despreciar. Cuanto mks pobre hallaba al mundo y mks injusto, mks sentia la necesidad de un -ser noble y sensible que me comprendiese y me amase, y protegiera, mi existence frAgil y Aislada. Pero 1 ay de mi! en vano le buscaba afin.
Cuando el amor era para mi un crime, creia que nada era tan fficil como amar; libre mi coraz6n parecia impQtente para dax aqueIlo mismo de que estaba exuberance.
Yo no encontraba nunca lo que buscaba con afAn, y llegu6 a culparme a mi misma.
A falta de pasi6n y enthusiasm, que ningfin hombre me inspiraba despu6s de conocido, crei que podria hallar la felicidad en uno de aquellos sentiments dulces y serenos, que Henan la vida de muchas mujeres. Pero no son de mi naturaleza los sentiments templados.
Lord Byron hace notar que en ciertos climes no se conoce la dulce tibieza del crepfisculo: la melanc6lica vaguedad de las, media tintas. El sol no se acerca lentamente al ocaso cansado de su carrera, sino que Ileno de fuerza y de luz, desaparece sfibitamente como si su ponderosa actividad no pudiera someterse a una declinaci6n progressive. 6No suede lo mismo con las almas ardientes y poderosas? La pasi6n en ellas no permit nunca ese estado de sentimientos templados; aman o aborrecen; admiral, o desprecian: van muy lejos o se quedan muy atrAs.
Bien pronto se apoder6 de mi el desaliento; aquellapoderosa imaginaci6n se c a*ns6 de engaflarme; y s6lo conoci la extension de mi desventura cuando senti que el manto de hielo de la duda cubria r4pidamente todas las nobles creencias de mi juventud. Queriendo sacudir a toda costa aquel germen de muerte 4ue brotaba









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en mi coraz6n, busqu6 en la. intelligence lo que en vano habia pedido al sentimiento: yo habia visto al hombre-en el mundo y quise estudiarle en los libros. Persuadime que iluminada, por la experiencia, y los talents de grades moralists, acaso mis ideas alcanzarlan modificaciones ventajosas; y que libre ya del entusiasmo que impede la. exactitude. del juicio, podria encontrar preservativos contra el desaliento en las lecciones luminosas de la. filosofia. Esperaba encontrar, si no la felicidad de las illusions, la calma, de las convicciones, y que la antQrcha de la. verdad me guiaria. al trav6s de ese oscuro oc6ano de las passions humans. He pasado muchas-noches leyendo las obras de los grades moralists y ffi6sokos, anti guos y moderns; he respirado, he querido palpar, por deeir-, lo asi, la poesia de Plat6n; le he seguido en su repfiblica ideal y sublime en delirious; he meditado en mis insomnios los suefios de Rousseau, con 61 me he lanzado ardiente y fivida. al mundo de las teorias, y como 61 he caido desfallecida. desde la cumbre de la inteligencia hasta el abismo de la inconsecuencia humana. As!, despu6s de desvelarme en el examen de las grades questions y embriagarme con el. perfume de las santas teorias, he visto perseguirme, con mayor tenacidad, los phlidos espectros de la duda, y a fuerza de queer comprenderlo, todo, llegu6 A desconocerme a mi misma. Lo justo y lo injusto, el mal y el bien, todo se confundi6 para mi, y en la soledad del coraz6n comenc6 a senior desarrollarsre rApidamente el. coloso de hierro del egoismo; torque cuando analizaba las virtues hallaba. siempre al. interns personal, origin y base de ellas.
Me espant6 de mi misma. y volvi a lanzarme en el mundo; no ya para. pedirle amor, fel icidad, justicia, verdad, sino un opio de placeres y de riquezas que me adormeciera. Volvi a 61 para. oscu-' recer entre el vapor de sus pantanos, el funesto destello de mi inteli.gencia; para quebrantar en su frente de bronco el da rdo punzante de mi sensibilidad.
Desde entonces el mundo que me asesta, sus tiros por la espalI ima
da, viene a verter rosas a mis pies, desde entonces no soy vict torque puedo ser verdugo; desde entonces nadie me compadece, torque algunos me envidian; nadie me desprecia, torque muchos me odian; no tengo desengaflos, porqueen nada. creo; tengo enemigos que me calumnian y a los cuales mi indiferencia, quita el poder de ser felices mortifickndome; tengo amigos que me quieren, torque soy indulgence con sus defects y les doy el placer de censurarme los mios. lQuiere usted saber lo que es para mi la socie-








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dad 7 Lo que para vosotros hombres, una cortesana. La busciis, la prodigfiis mentidos y pasajeros halagos; la pagAis caro los suyos efimeros y mentirosos como los vuestros, y la dejiis desprecifindola.
La sociedad es para mi un mal necesario; yo que no puedo, aceptax su c6digo, no me rcbcl6 cont ra 61, torque soy un ser fuerte y d6bil a la vez, que ni puede ajustar su talla a esa media estrecha de la hipocresia social, ni tiene bastante rico el coraz6n para pr varse de los goces aturdidores de sus brillantes placeres.
Y I qu6 otra cosa puedo desear ni esperar 7 Cuando se Ilega a este estado, Carlos, en el cual las illusions del amor y de la felicidad se nos han desvanecido, el hombre encuentra abierto delante dc si el camino de la ambici6n. Pero la mujer! 1 qu6 recurso le queda cuando ha perdido su finico bien, su finico destiny: el amorl Ella tiene-que luchar cuerpo a cuerpo indefensa y d6bil, contra los fantasmas helados del tedio y la inanici6n. Oh! cuando se senate todavia fecundo el pensamiento, la sangre hirviente, el alma sedienta, y el coraz6n no nos da ya lo que necesitamos, entonces es muy bella la ambici6n. Entonces es precise ser guerrero o politico; es precise crease un combat, una victoria, una ruina. El entusiasmo de la gloria, la agitaci6n del peligro, la ansiedad y el te-. mor del 6xito, todas aquellas vivas emociones del orgullo, del valor, de la esperanza y del miedo.... todo eso es una vida que compren do. S!, moments hay en mi existence en que concibo el placer de las batallas, la embriaguez del olor de la p6lvora, la voz de los eafiones; momentosen que penetro en el tortuoso camino del hombre politico, y descubro las flores que el poder y la gloria presentan para 61 entre las espinas que hacen su posici6n mks apacible.... Pero 1 la pobre mujer, sin mAs que un destiny en el mundo! g qu6 harfi, que serh cuando no puede ser lo que finicamente le esti permitido 7
Hark lo que yo hago y como yo serh desventurada, sin que su desventura pueda ver conflada ni comprendida. AM si a1guien la comprendiera me compadeceria.... y mi orgullo rechaza la compasi6n. Necesito parecer feliz pbrque no puedo serlo.
La condesa cal16 y Carlos permaneci6 inm6vil sin acertar a apaxtar sus miradas de aquel rostro expresivo en el cual se pintaba Una tristeza desdeflosa.
Era rara y terrible aquella amalgam de pasi6n y juicio; de ac tividad y cansancio; de ligereza y profundidad; de indiferencia y orgullo. Catalina le inspiraba un sentimiento de admiraci6n dolorosa; una de aquellas impressions que solemos experimental a 19








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vista de una gran torre que se desploma, o de un vasto incendio que devora grades edificios. Catalina no era ya para 61 la coqueta ligera y fria, ni tam oco la interested calumniada que habia creido ver un moment, antes! Aquella mujer se habia transformed a sus ojos en una terrible desventura, en un drama viviente que a la vez excite la piedad y el terror; en un misterioso emblem de la vida, con sus dos faces, una de oro y otra de hierro. Sin embargo, atrevi6se a hacer una observaci6n a la condesa.
-Sin duda,-Ia dijo-en las brillantes sociedades de las grandes poblaciones, pueden encontrarse vicious y maldades que no se conocen en aquellas donde la vida individual es mfis conocida, y la eivilizaci6n ha introduced menos elements de corrupci6n; pero no puedo, persuadirme, seflora, que en ninguna partetla generalidad de los hombres pierda todo principio de virtue y todo sentimiento de bonded. No puedo hacer a la species humana el agravio de creerla tan mala, que sea una desgracia y una excepci6n el poseer nobles y elevados sentiments; en fin, no comprender6 jamfis que el desprecio hecho de la sociedad pueda ser justificado por las imperfecciones que haya en ella, ni que debamos vivir sin estimar ni queer a nadie por temor de ser engaflados.
La condesa se sonri6.
-Le creo a usted, Carlos,-dijo con dulce y melanc6lico acento;-para usted, joven y puro coraz6n de veinti-dn aflos, que aun no ha padecido, que aun no ha hecho padecer a nadie, la voz dolorosa de una existence herida debe parecer una blasfemia de rabia, y no un grito de dolor. 1 Pres6rveme el cielo de culpable a usted por su noble conflanza, por su, generous creencia, 1 Pero usted se engafia al pensar que yo juzgo al hombre por la sociedad; se engafia tambi6n al suponer que desprecie al hombre o le aborrezea. Ne por el contrario; creo que no existed uno solo que sea completamente malo; creo que en el fondo de la exikencia mfis corrompida, o culpable,-aun podemos hallar nobles y grades cualidades, y que no hay crime ni bajeza que, examinada la causa y las circ-unstancias, no pueda presenter un fuerte apoyo de defense. Los acontecimientos mfis que los instincts hacen al hombre malvado. El germen del bien como en el mal existed en el secret de todas las almas, y yo no admit f6cilmente la hip6tesis terrible de una bonded o de una maldad innate. Esto seria un ultraje a la justicia, del Criador. Porque conozeo, al hombre no le aborrezco, y torque le conozCO Soy indulgence con sus defects. Lo repito, s6lo la juventud que aun no ha vivid ni juzgado, es- several y exigente en este punto.









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M hombre que se conoce y conoce a los demAs persona, muchas cosas. A Cree usted que no encuentro yo bells cualidades en hombres llenos. de defects o que sus defects pesen mks para mi que sus virtues? No, Carlos; ya he dicho a usted antes que hay defects que pueden "Contribuir a hacer a un hombre amiable; y afiadir6 que ninguno existed tan feo y odioso que me preacupe hasta el punto de juzgarle completamente depreciable. Pero si soy indulgence, es torque ya no soy enthusiast; si no desprecio es torque ya no admire; si no pido a la humanidad virtues sublimes, es torque s6 que no las posee, y que s6lo en la primer juventud puede el coraz6n del hombre dar ese perfume de poesia que bien presto la vida axrebata entre sus turbines.
El mdndo, como dice Shakespeare en Hamlet, es un campo inculto y Arido que s6lo abunda en frutos groseros y amargos. Cada hombre aisladamente puede, estudifindosele, presenter a1gunas virtudes mks o menos raras, y defeetos proporcionados a ellas; y aun no dudo que existan seres dotados de buena organization, y favorecidos por felices circunstancias, en los que hallaremos Una bondad inept para ejecutar el mal.
En el hogar dom6stico acaso veamos un padre de familiar, que ama a su espopa y a sus hijos, y que es bueno, pesto que es amado. Pero busquemos a ese hombre en la masa com-6n, Ramada sociedad, y possible es que le veamos intrigar para perder a un rival que sirve de obstficulo a su engrandecimiento. Observaremos a u I n joven en quien hallamos muchos sentiments y honor, que se sonrojaxia si dudhsemos de que es incapaz de una vileza, y en la sociedad le veremos hacer gala de sus vicious, burlarse de la credulidad de un coraz6n innocent, mancillar con lengua inmunda'el nombre de una madre de familiar. La muj*er que ppsea en el fondo mks dulzura, mks amabilidad de caxhcter y aun tal vez cualidades mks bells, despedazarA a una rival a quien acaso estime en secret; y se abatirfi a la mentira y a la hipocresia para engafiar a un marido, y usarh de arteries miserable paxa eneadenar a un amante, y de ealumnias para vengarse de un enemigo, y de astu.cias paxa libertarse de un censor.
A la sociedad nadi.e va a lucir sus virtues; los buenos sentimientos se guardian para la vida privada, para la intimidated, para la conflanza. A la sociedad el hombre va armada de la desconflanza que lo defiende, y de la malicia que le venga. La sociedad, sobre. todo en las ciudades civilizadas y corrompidas, es la cloaca en que se vierten todas las inmundicias del coraz6n human; la roca c6n-








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cava en que hallan eco todas las mentiras; la fragua en que se forjan todos los puiaales que, deben heriral coraz6n gin que se vea el amago. Yo prefiero los crimenes a las bajezas; en el hombre *lado halIar6is acaso ei crime; a la sociedad el crime no Rega, porque el crime es grande y necesita espaci6, pero, ver6isl-sgitar.se las passions mezquinas, los- interests encontrados, las sodas venganzas, las rastreras maquinaciones, las viles intrigas. A favor de su c6digo salvar6is las apaxienclas, y si tennis habilidad para dar un barniz brilliant a vuestras acciones mks feas, f1b se os pedirb, cuenta de ellas.
-Pero, sefioraj--repuso Carlos-I c6mo conociendo esa. sociedad puede usted vivir en ella? Y si cree que existent hombres no indignos de aprecio, g por qu6 no goza usted en el reducido cIrAlo de los amigos elegidos por usted, una sociedad mfis amena y menos peligrosa?
La eGndesa se sonri6.-Donde quiera que se refinan tres personas,-dijo-ya pueden dividirlas interests opuestos, ya serial un fragments de la gran sociedad y vendria contagiado de sus vicious. Pero doy por concedido clue yo reuniese un n-fimero de amigos, y que ellos y yo nos aislisemos de la masageneral y nos hici6semos indiferentes y extraflos para todo lo que no fuera nuestro circulo estrecho; y aun doy por possible que nada nos dividiese y que uno mismo fuese el interns de todos; Iseria felicidad aquella mon6tona existence formada por el egoismo? Carlos! s6lo el amor puede Ilenar la vida y cuando 61 no la Ilena, es precise el mundo enter que nos aturda con su ruido, que nos indigne con sus bajezas, que nos coninueva con sus desventuras; ique nos murmnre, que nos adule, que nos acaricie y nos maltrate, para darnos aun a1gunas emociones.
Yo me habia resignado a este destiny hace algfin'tiempo, pero usted me ha hecho Lin mal, un gran mal. Usted ha venido a. gritarme que existed la felicidad, que existed el amor, que existed la virtud. Carlos! desde que le conozco a usted hallo mi vida bien miserable, y cr6ame usted.... cuando llgue para mi el dia de la vejez y de la soledad, no tendr6 de misOdlas de placer mAs que un recuerdo grato: el recuerdo de estos moments pasados con usted.
Al pronunciar estas Wtimas palabras la voz de la condesa temblaba entre sus labios, y sus oJos se fijaron en Carlos con una melancolla profunda. Paxecia que una Ifigrima templaba el fuego apasionado de sus grades ojos, y Carlos se sinti6 tan hondamente eonmovido que tomando su mano la Hev6 con ternura a sus labios.
Elvira se incorpor6 en la cama en aquel moment. Catalina coT, V. 7









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rri6 a su lado, y Carlos permanecio' absorto en sus reflexiones hasta el moment, en q ue se acerc6 a 61 la condesa para decirle adi6s.
,,Me march, Carlos,-Ie dijo-es ya de dia y Elvira no tiene novedad. Creo habrh sido 6sta la filtima noche en que habremog velado junior en este sitio: Aun le verA, a usted algunos'dias aqui, pero Elvira se pondrh buena y entonces....
-Entonces,-dijo 61 con viveza-espero que me serA permitido. ir a pasar a1gunos moments cerca de usted en su casa.
-Desefibalo,-dijo ella,-pero no me atrevia a pedirlo. Sin embargo, Carlos, por qu6 me privaria usted de este placer 7 Nada arriesga usted en conced6rmelo y yoj--a-adi6 poni6ndose encendida,yo respetar6 siempre la felicidad de usted.
Sali6,-eUa y Carlos se encerr6 en su. cuarto, en el cual, sin embargo, no busc6 el descanso que necesitaba despu6s de dos inches de develop.
Pasefibase por 61 a largos pasos, recordando, cuanto habia oido a la condesa. Estudiaba el alma y la vida de aquella mujer singular, en lo que ella le habla revelado, conmoviase de su sencillez y su franqueza, encantkbase con su talent y la magia de su conversaci6nj y espanthbase de la insaciabilidad de su alma de fuego, y del frio y desolate raciocinio de su implacable raz6n.
-Debe se' verdad todo lo que dice, pensaba 61. Nunca podrh amar; nunca hallarh un hombre que domine a la vez su apasionado coraz6n y su brilliant y ponderosa imaginaci6n. Pero si Ilegase a amar!.... qu6 orgullo, qu6 satisfacci6n comparable a la de hacer feliz a esa criatura tan brillantemente desventurada.
Sin embargo, 6pudiera ser durable ninguna impresi6n en semej ante carheter 7 1 Esa exaltaci6n febril,-continu6,-paraxismo del al-. ma, puede concern jamfis la, dicha tranquil de un amor reciproco y consolidado 7 No, sin duda, Catalina no haxA nunca feliz a un esposo, pero concibo muy ficil que haga delirax a un amante. Vale mks que continfie su frivolo y depreciable papel de coqueta.... vale mks. Catalina, tal cual lo he visto esta noche, es una mujer terrible; una mujer que si no pt6de dar la felicidad ni recibirla, puede abrir para ella y paxa el que la ame un inferno de dolores y de crimenes... i de crimenes!-repiti6 espantado,-I y por qu6 7... Sin duda que no amard ella, a un hombre que no sea libre, y ninguno que lo sea serh criminal en amarla. Podri ser desgraciado, pero.... no habrfi una species de dicha en serlo por ella y con ella.
Su criado entreabri6 la puerta en aquel moment y vi6ndole aun levantado, le dijo:









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-Querfa recorder a usted seflor, que hoy es dia de correo para Andalucia, y que si ha de acostarse, bueno seria me these ahora la carta que he de Ilevar.
Carlosse estre=ci6. Era la vez primer que sus carts para Luisa no estaban escritas desde la vispera de su. salida, y esta vez aun habia olvidado que era dia de correo.
Despidi6 al. criado y se puso a escribir. No sabemos si su carta fu6 tan larga como las anteriores, mas podemgs asegurar que fu6 todavia tierna y sincere.


XII

-Y bien jqu6 tal sigue usted. con Catalina?-preguntaba una maflana Elvira a su. primo. Parece que durante mi enfermedad se han hecho ustedes amigos.
Carlos estaba sentado a alguna distancia del sof& en que se haIlaba tendida la convalescent, se levant y fu6 a colocarse a su lado.
-La condesa,---dijo-tendrfi tantos amigos como personas ten,gan la dicha de tratarla.
-Segfin eso,-repuso Elvira, sonriendo-su opil on de usted respect a ella ha cambiado mucho. Veinte dias hace, un mes a lo m6s, que usted me aseguraba que jamks podria queer ni estimar a semejante mujer.
Carlos se enfad6 de que le recordase-Elvira su. prevenci6n. en contra de la condesa, y respondi6 con bastante sequedad:
-Eso s6lo prueba que si fui entonces sobrado ligero en mis juicios, soy siempre bastante sincere para no queer pasar por consecuente a expenses de la. justicia.
-Ya le habia yo, dicho a usted,-afiadi6 Elvira-que Catalina era una mujer irresistible, y me allegro mucho que por fin est6n. en buena ammonia las dos personas que en Madrid me son mfis allegadas. I*
En aquel moment Ileg6 la con&sa. Ocho dias hacia que se haIlaba de convalescent Elvira, y en. todos ellos su amiga, la habia visitado con la exactitude de un m6dico y con la esmerada y natural afectuosidad de una hermana. Desde las doce del dia hasta las cuatro de la tarde, no salia un moment del aposento de la convaleciente, a la que entretenia con su variada, conversaci6n, o con aiiienas y ligeras lectures. Leia admirablemente; los versos sobre todo eran una mfisica verdadera entonados por su- voz cadenciosa









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y arm6nica. Como poseia con igual perfecei6n las lenguas fran. cesa y castellana, y traducia y hablaba mks que medianamente el ingl6s, el italiano y el alemAn, no le era extraflo ningfin escritor de m6rito. Comprendia igualmente a Corneille, a Schiller, ,a Shakespeare y al Dante y traducialos con inimitable talent y facilida&
Su agradable voz expresaba con tanta dulzura y gracia las ideas de Chenier como, las de Garcilaso; y Racine como COder6n hubi6ranse complacido e s-ds hermosos diAlogos en aquella boca hechicera, que les pr nuevas galas.
Carlos, que se hallaba siempre presented a las lectures y conversaciones de las dos amigas, admiraba cada dia mks el universal talento de la condesa, y su vasta y sin embargo modest erLidici6n. Como 61 'poseia tambi6n various idi mas, podia concern mejor que Elvira todo el m6rito que encerraban aquellas bells e improvisadas traducciones que solia hacer de los poets extranjeros, sin dar a este trabajo, dificil y arduo, la menor importance. No menos le encantaba oirla recital los mks bellows versos de los grades poe-. tas franceses y espafioles, con exquisite sensibilidad y comprensi6n; y cuando discutia con ella sobre el m6rito de unos.y otros, sorprendiase siempre de la rapidez de su an4lisis y de la justicia y exactitud de sus decisions. Reunia la condesa a la ardiente y po6tica imaginaci6n de una espabola, toda la sagacidad y finura de Una parisiense; analizaba como ffi6sofo y pintaba como poeta; tenian sus pensamientos el vigor y la independence de un hombre, y ex.Preskbalos con todo el encanto de la fantasia de una mujer, y aun con un poco de su amiable versatilidad.
Era en fin, un compuesto singular, una amalgam dificil de analizar; mas cualquiera que fuese el fondo del carficter que results de aquella combinaci6n de cualidades opuestas, habia indudablemente una pieante originalidad y un attractive siempre nuevo en sus exterioridades, o por decirlo asi, en su fisonomia; torque tambi6n hay fison6mia en los caracteres, y a veces mks engaflosa que la que present el rostro.
Catalina, condesa de S....Jera lo que suele Hamarse en el mundo un carficter vivo y amiable, pero el que observase las desigualdades que encubria aquel cardeter bajo su apparent alegria, el que notase que aquella mujer era a la vez demasiado fria y demasiado ardiente, que habia en ella como una contradicci6n perpetual entre el coraz6n y la cabeza; no podria menos que estudiarla -con curio-, sidad y acaso con miedo. Hay en a1gunas naturalezas tempestuosas y contradictorias, una species de influence amenazante. Cier-