Cuaderno de Pedagogía Universitaria

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Material Information

Title:
Cuaderno de Pedagogía Universitaria
Physical Description:
Serial
Language:
Spanish
Creator:
Universidad Católica Madre y Maestra. Programa de Superación del Profesorado.
Publisher:
Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, 2004-
Place of Publication:
Santiago, República Dominicana
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Caribbean Area   ( lcsh )
Teachers -- Training of -- Dominican Republic -- Periodicals.
Education, Higher -- Dominican Republic -- Periodicals.
Universidad Católica Madre y Maestra -- Periodicals.
Genre:
serial   ( sobekcm )
Spatial Coverage:
Dominican Republic

Notes

General Note:
In Spanish; some abstracts in English and Spanish.
General Note:
Issues also have theme titles.

Record Information

Source Institution:
Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra
Holding Location:
Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra
Rights Management:
All rights reserved by the source institution.
Resource Identifier:
oclc - 868024666
System ID:
AA00021937:00009


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2 1 CONTENIDOEl Cuaderno de Pedagoga Universitaria es un espacio abierto que pretende colaborar con la formacin permanente de los docentes en el rea pedaggica, proporcionndoles lecturas, reexiones y testimonios que les ayuden a renovarse y actualizarse personal y profesionalmente. EDITORIAL VOCES DE NUESTROS LECTORES VENTANAS ABIERTAS A LA PEDAGOGA UNIVERSITARIA Leer la Mater et Magistra con la Mater et Magistra Pablo Mella, s.j. Un nombre que nos compromete Ricardo Minio Elementos para construir una identidad y un sentido de pertenencia en el profesorado de la PUCMM Prudencio Miguel Pia, s.j. ECOS DESDE LAS FACULTADES El currculo de la PUCMM y la educacin de la conciencia social a la luz de la encclica Mater et Magistra P. Ramn Alfredo de la Cruz Interculturalidad: una asignatura pendiente en el currculo acadmico Mara Virtudes Nez Fidalgo PASOS Y HUELLAS In memriam de Jos Luis Alemn Dupuy, s.j. (1928-2007) NOTAS BIBLIOGRFICAS La Encclica que bautiz nuestra Universidad Manuel Maza Miquel, s.j. CMICS P ARA EMILIO Juan La Mur . . Pg. Pg. Pg. Pg. Pg. Pg. 19 Pg. 23 P g. Pg. Pg. C uaderno de Pedagoga Universitaria Ao 5 Nmero 9 enero junio 2008 ISSN 1814-4144 D irectora General Ana Margarita Hach de Yunn D irectora E jecutiva Marta Vicente de Snchez C onsejo E ditorial Carmen Prez Valerio Rosario Olivo de Regalado Luz Eneida Rodrguez D iseo y D iagramacin Thais de Andrade Impresin Impresora Editora Telo, S. A. Cuaderno de Pedagoga Universitaria es una publicacin semestral de la Ponticia Universidad Catlica Madre y Maestra coordinada por su Centro de Desarrollo Profesoral. Todos los ejemplares estn en lnea con el texto completo en hp://www.pucmmsti.edu.do/psp/oferta/ publicaciones/default.htm y aparecen en el directorio de Latindex: Sistema Regional de Informacin en Lnea para Revistas Cientcas de Amrica Latina, el Caribe, Espaa y Portugal, en hp://www.latindex.unam.mx/ Los artculos son indizados en la Red Latinoamericana de Informacin y Documentacin en Educacin (REDUC). Se agradece la divulgacin para nes formativos. Los puntos de vista de los autores no expresan necesariamente la opinin del Consejo Editorial. Ponticia Universidad Catlica Madre y Maestra Centro de Desarrollo Profesoral Repblica Dominicana Telfono en Santiago: 809-580-1962 Extensin: 4315 Telfono en Sto Dgo.: 809-535-0111 Extensin: 2270 hp://www.pucmmsti.edu.do Email: cuaderno@pucmmsti.edu.do

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2 1 E DITORIAL La eleccin de la temtica de este nmero del Cuaderno de Pedagoga Universitaria fue sugerida de manera espontnea a partir de una serie de talleres de estudio sobre la Encclica Mater et Magistra, coordinados por Serafn Coste, s.j. Los participantes eran miembros de la comunidad universitaria, tanto acadmicos como administrativos, y en el compartir de las ideas se vio la posibilidad de continuar las reexiones desde la escritura, utilizando esta publicacin como medio. As, abrimos la convocatoria de artculos para recibir a toda persona interesada en el tema. En primer lugar, nos interesa ofrecer una gua de lectura de la Encclica, a manera de motivacin para adentrarse personalmente en el texto. Para esto, Manuel Maza, s.j., se encarga de llevarnos de la mano y recorrer, con su agudo ojo histrico, la estructura conceptual del documento. Otro de nuestros propsitos iniciales consiste en testimoniar la profunda inuencia dejada en la Universidad por Jos Luis Alemn, s.j. durante los aos de su vida. En la seccin Pasos y Huellas, personas muy cercanas a l comparten con nosotros recuerdos personales que atesoran con cario y admiracin. Dado el carcter eclesial de la temtica de este ejemplar, podra pensarse que comentar un documento papal es una tarea propia de telogos. Pero siguiendo el llamado de la Iglesia a la participacin activa del laicado, pretendemos aportar diversas lecturas y experiencias de este documento papal desde otras vocaciones. Queremos tambin aprovechar la ocasin y volver a la esencia de nuestra Institucin, en momentos en que estamos involucrados con procesos de auto-evaluacin y planes de mejora. El padre Alfredo de la Cruz nos da ejemplos concretos de cmo la PUCMM se ocupa de hacer eco de las ideas de la Encclica a partir de diversos ngulos de su accionar. Pablo Mella, s.j. sin embargo, nos alerta a que, desde nuestra condicin formativa, analicemos hoy con ojos crticos la doctrina social de la Iglesia para poder hablar signicativamente a los seres humanos del tiempo presente. Tal como dice este autor, la Iglesia se pronuncia sobre los problemas acuciantes del momento con nuevas miradas. La reciente V Conferencia General del Episcopadao Latinoamericano y del Caribe se reere en su documento conclusivo a una nueva visin de la realidad: La novedad de estos cambios, a diferencia de los ocurridos en otras pocas, es que tienen un alcance global y afectan el mundo entero (34). Este hecho nos ha enseado a mirar la realidad con ms humildad, sabiendo que es ms grande y compleja que las simplicaciones ideolgicas con que solamos verla en un pasado an no demasiado lejano (36). Por otra parte, consideramos que es esencial re-pensar de manera constante y reexiva el sentido de pertenencia a la Universidad. Creemos que s es posible seguir construyendo nuestra identidad en torno a la encclica papal que nos nombra como institucin y que nos fundamenta como universidad catlica, tal como lo desarrolla Prudencio Pia s.j. en su artculo. Y por ltimo, estamos convencidos de la vigencia de los planteamientos sociales que Juan XXIII quiso plasmar en aquel momento. Una frase como el ser humano es necesariamente fundamento, causa y n de todas las instituciones sociales (219), constituye un concepto cristiano transversal en cualquier poca o geografa. En efecto, desde la perspectiva de la enseanza de idiomas, Mara Virtudes Nez habla de interculturalidad, inclusin y consenso, palabras que reeren directamente al llamado humano de la Encclica. La vigencia de re-leer la Encclica es importante, no solamente para el presente, sino para iluminar el camino hacia donde debemos continuar. Ricardo Minio nos deja en su ltimo prrafo una visin positiva y esperanzadora de todo lo que nos queda por hacer: La PUCMM es, y est dispuesta a seguir siendo, una Universidad dinmica, creativa, crtica de s misma, evolutiva, abierta y audaz.

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2 3 2 3 En cuanto a la ltima edicin del Cuaderno, consideramos que Ana Margarita y su equipo hacen un trabajo de mucha calidad tanto en la seleccin de los temas como en el cuidado de la edicin. Nos parece excelente la iniciativa de publicar en Pasos y Huellas un In memriam del Padre Alemn.C armen Prez Valerio Comunicaciones Corporativas, SantiagoLes felicito por este valioso medio de comunicacin. Los artculos son muy edicantes. T helma R omn Humanidades, SantiagoMe gust mucho el ambiente profesional y a la vez espontneo en que se desarroll la IV Pea Pedaggica. Los profesores tenemos que contribuir para que ese espacio, que es nuestro, se siga fortaleciendo. Vale la pena!A ris L eida Pea Lingstica Aplicada, SantiagoEstimado equipo directivo del Cuaderno de Pedagoga Universitaria: No he querido pasar por alto la publicacin del ejemplar no. 8 sobre La Interdisciplinariedad en la Educacin Superior sin expresar lo importante del tema y lo bien logrados que estuvieron los artculos. Se abarcaron aspectos desde epistemologa y accin educativa hasta perspectivas de la educacin superior en nuestro pas. Los artculos, que le con detenimiento, llevan a la reexin sobre la funcin del profesor en los procesos curriculares, visualizndolos como un desarrollo integral de los estudiantes en su trascendencia a la sociedad. Haciendo eco de las palabras de Miguel Escala, el profesor se convierte en agente de desarrollo cuando hace de sus clases interacciones de sujetos en un aprendizaje continuo, para ser ms productivos y mejores ciudadanos. La interdisciplinariedad, a mi humilde entender, es una forma de lograrlo. Quiero destacar el artculo El reto de la interdisciplinariedad: desde su concepcin hacia la prctica pedaggica, de Chiarina Zrate, por considerar, igual que ella, que el verdadero reto que tenemos como Universidad es dar el salto desde la formulacin de las ideas a la accin pedaggica. Para ello, los docentes debemos convencernos, prepararnos y asumirlo. Espero muy pronto la convocatoria a los docentes que quieran implementar esta prctica de investigacin-accin, que en principio puede ser un ensayo institucional. Le saluda,O neida Jimnez Ciencias Bsicas, SantiagoRetroalimentacin recibida desde la comunidad acadmica sobre el ejemplar anterior La interdisciplinaidad en la educacin superior, correspondiente a julio-diciembre 2007V OCES DE N U ESTROS LECTORES

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2 3 2 3 L A I V P EA P EDA G G ICA: U N ES P ACIO ABIERTO AL DLO G OEste conversatorio, de caracter informal entre el profesorado de la PUCMM, se organiza dos veces al ao para compartir ideas y opiniones sobre los artculos del ltimo ejemplar del Cuaderno de Pedagoga Universitaria. El tema anterior fue La Interdisciplinariedad en la Educacin Superior y el encuentro se llev a cabo el 25 de abril de 2008, en la sala de profesores de la PUCMM de Santiago. A continuacin reseamos las ideas principales, dialogadas en esa ocasin.S obre el concepto de interdisciplinariedadUno de los primeros cuestionamientos que el grupo plante fue la diferencia de matices semnticos entre los conceptos de interdisciplinariedad y multidisciplinariedad. En este sentido, la relacin entre las reas del conocimiento se podra entender desde dos posiciones, con diferencias de fondo. Por una parte, cuando se utilizan mtodos de pensamiento de un mbito en otro y, por otra parte, cuando se extrapola informacin de varias disciplinas para enriquecer la propia. Un ejemplo del primer caso podra ser el de un bilogo marino que analiza las estructuras de los sistemas de vida a partir de programas computacionales. En el segundo caso, la historia del arte enriquece la enseanza del diseo arquitectnico al analizar la evolucin del concepto de esttica. Para dilucidar alguna respuesta, el grupo se reri a las ideas de los articulistas. Chiarina Zrate y Guillermo van der Linde comienzan sus artculos con la inquietud por las acepciones semnticas. Ellos se dirigieron a diccionarios no especializados, por tanto, su pregunta no qued respondida. Se podra plantear que la multidisciplinariedad implica la utilizacin de enfoques paralelos que no pretenden encontrar una forma de trabajo nica. La interdisciplinariedad supone que de antemano se tiene un objetivo y se busca solucionar una problemtica a travs de diferentes ngulos. La transdisciplinariedad o la metadisciplinariedad sera cuando se ha encontrado un procedimiento comn que supera las disciplinas especcas. Sin embargo, parece ser que de manera general, en todos los artculos, estos matices de fondo se usan sin correspondencia a los trminos a los que pertenecen. En la resea que hace Daro Jerez sobre el libro de Edgar Morin, ste autor plantea que los problemas actuales son complejos y por tanto, la extremada especializacin acadmica es cuestionable. Segn l, la educacin universitaria debera organizarse alrededor de problemticas para las que se buscan soluciones. Por ejemplo, en la contemporaneidad, mbitos nuevos como la biotica o la ecologa se conciben en su esencia de forma interdisciplinar. Los comits de biotica y los consultores ambientales deben tomar decisiones y estn compuestos por personas que provienen de varias perspectivas. Tambin una ciencia como la arqueologa es fundamentalmente interdisciplinar. Morin advierte, sin embargo, que las disciplinas deben mantenerse. En este sentido, Leonardo Daz muestra en su artculo un agudo punto de vista, al sealar que la interdisciplinariedad debe ser tratada con cautela en contextos donde no est fortalecida la disciplinariedad misma. Un caso interesante de cmo las disciplinas pueden combinarse es la forma en que se concibi desde sus orgenes la educacin superior alemana. Wilhelm von Humboldt pens una universidad donde el estudiante estudia lo que quiere y el profesor ensea lo que quiere. No existe pensum o currculo, la inscripcin se hace en un rea o en tres, que pueden ser diferentes. Slo hay exmenes al nal del proceso. El perl de egreso es multidisciplinario; sin embargo, este tipo de universidad es un problema para reas como la medicina. En tal caso, uno se pregunta cmo sera posible inscribir a un estudiante en ciruga si no sabe anatoma. L a mirada desde las disciplinasEl grupo consider que los artculos estaban bien hechos. Cada articulista tiene su estilo, unos son ms claros y otros ms obtusos. El ejemplar completo tiene la debilidad de que nadie se ocup de diferenciar claramente un trmino de otro, lo cual da pie a la futura publicacin de un artculo que aborde este aspecto. El proyecto pedaggico que describe Elvia Ojeda en su artculo, sobre la bsqueda de nodos de conexin entre las asignaturas, fue implementado en la docencia y esto le permiti examinar la temtica desde la perspectiva de los estudiantes. Los resultados de la experiencia la hicieron volver a la fundamentacin del proyecto, haciendo nfasis en cmo las potencialidades del estudiantado se revelan a partir de una clara intencin pedaggica. Fue un descubrimiento apreciar hasta dnde el estudiante era capaz de realizar relaciones conceptuales. V OCES DE N U ESTROS LECTORES

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4 5 4 5 Los docentes pueden descubrir cosas que tienen en sus manos y que favorecen el aprendizaje. Cada profesor escoge un camino. Puede ser de carcter conceptual, como el de Elvia, pero tambin eminentemente prctico, como reeja ser el proyecto multidisciplinario de Rafaela Carrasco, en el Departamento de Humanidades. Una profesora de Espaol relat cmo llev a cabo el aprendizaje de textos argumentativos a partir del diseo de un proyecto multidisciplinar sobre publicidad nociva para la juventud. El proceso inclua tcnicas diferentes de presentacin: fundamentacin terica, elaboracin de collages, realizacin de videos y entrevistas, y hasta una actividad fuera del aula orientando a otros jvenes, para terminar con un auto-anlisis del proceso realizado. Un profesor de Estomatologa present la experiencia de la universidad estatal dominicana, la UASD, que se lanz a una reforma en esta rea durante los aos 60 y 70. En la concepcin del plan de estudios se dena al ser humano como un ser bio-ticosocial, por lo que era preciso abordar el conocimiento desde esos ngulos. El primer mdulo acadmico era sobre estomatologa y sociedad. Causaba impresin que el primer libro que se usaba en la carrera era de sociologa. En ese momento cost entender el enfoque y an no se entiende, luego de tantos aos. Es comn que un docente auto-exigente con ensear su asigntarua lo mejor que puede, muchas veces pierda de vista que sus estudiantes no hacen conexiones entre lo que aprenden, con verdadera autonoma. La academia tiene la responsabilidad de ensear a hacerlas en este caso. La interdisciplinariedad o la multidisciplinariedad no es slo una posicin frente al conocimiento, se debe hacer realidad a travs de la investigacin. Es preciso abordarlas desde la dimensin del profesor pero tambin, de manera ms amplia, englobando a toda la institucin, pues es un problema de foco, mtodo y voluntad. Una reforma institucional requiere de la participacin activa de todos los estamentos. La transformacin se da en los actores, en los mtodos, en los contenidos, en la estructura de gestin. Un profesor de Ingeniera conrma la idea de que es necesario ayudar a los estudiantes a relacionar las asignaturas. Ellos perciben los conocimientos aislados dentro de la carrera; slo al nal, cuando son profesionales, toman conciencia de muchas cosas que sus profesores intentaron hacerles ver en clase. Quizs dentro de cada pensum hace falta una asignatura que integre todas las reas para que el estudiantado se lleve una visin ms holstica. El grupo cuestion el hecho de que en la PUCMM se desestiman cada vez ms los exmenes nales, conteniendo todo el material dado. Podra ser una herramienta til para esos nes. Esta Pea Pedaggica termin siendo valorada por el grupo como la ms dialogante y abierta. Se sugiri que cada uno se comprometa a conquistar a sus amigos colegas para asistir a otras invitaciones de este tipo. Para comentar cualquier artculo puede referirse a: cuaderno@pucmmsti.edu.do

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4 5 4 5 Leer la Mater et Magistra con la Mater et Magistra suena a pleonasmo, pero no es as. Apunta directamente a un aspecto fundamental que nos ensea esta Encclica, y quin sabe si podramos decir que all reside su aporte fundamental para la historia de la Doctrina Social de la Iglesia (DOSOI). La Mater et Magistra (MM) de Juan XXIII nos ensea un mtodo de lectura de la DOSOI que me parece el ms apropiado para hacer del magisterio social de nuestra Iglesia un aliado en nuestro caminar, como cristianos y cristianas comprometidos con una sociedad ms justa. Tambin un aliado para poder hablar, desde nuestra praxis de fe, con otras personas que quieran comprometerse en serio con la transformacin de la sociedad en que vivimos. Lo que intento en estas pginas es sugerir cmo se debe leer la Encclica misma de acuerdo a ese mtodo. Eso quiere decir leer la Mater et Magistra con la Mater et Magistra. En realidad, viene a ser lo mismo que decir cmo se debe leer todo el magisterio social de la Iglesia. Vamos a dividir este artculo-ejercicio siguiendo paso a paso la manera en que se desglosa ese mtodo de acuerdo a los nmeros 46 a 50 de MM. Este anlisis nos llevar directamente a las reexiones conclusivas.1. Primer paso: referencia al corpus completo de la Doctrina social, en perspectiva histrica (46)1 No se puede leer una Encclica social sin hacer referencia a los dems documentos del magisterio social de la Iglesia. Pero al mismo tiempo, esta referencia no puede hacerse de manera a-temporal, como si nada hubiese pasado en la historia entre la publicacin de un documento y de otro. En ese sentido, Juan XXIII nos ensea a leer la DOSOI en perspectiva histrica, tomando en cuenta la temporalidad del discurso que se plasma en cada documento. Las grandes encclicas sociales se pronuncian sobre temas del tiempo en que fueron publicadas y llevan dentro de s las marcas de su contexto. No proeren verdades atemporales que debern ser interpretadas y aplicadas de la misma manera para siempre. Se trata de un magisterio humilde, que asume la condicin pasajera de su discursividad. Sin embargo, ellas siempre se escriben conmemorando la Rerum novarum (7), que la MM calica como prueba insigne de que la Iglesia est seriamente preocupada por las cuestiones de este mundo. Es decir, al realizar un juicio contextual, el magisterio social se arriesga y asume la propia contingencia. Por esto, no se puede tildar este ejercicio de simple relativismo. Sera absurdo pensar una epistemologa relativista dentro de nuestra Iglesia; pero sera obcecado creer que en la Iglesia no exista la posibilidad de asumir el propio contexto, as como los lmites de las propias reexiones normativas en temas sociales. En denitiva, se trata de tomarse en serio las cuestiones de este mundo, a pesar de su condicin efmera, empeando la propia palabra, las propias creencias y la propia vida. Con esta actitud, el magisterio social nos dice que la eternidad, lo denitivo, la comunin de Dios, est presente en la historia haciendo VENTANAS ABIERTAS A LA P EDA G O G A U NI V ERSITARIAL EER LA MATER ET MA G ISTRA CON LA MATER ET MA G ISTRAPablo Mella, s. j.* Sacerdote jesuita. Doctor en Filosofa Poltica, Universidad Catlica de Lovaina, Blgica. Director del Instituto Filosco Pedro Francisco Bon y editor de la revista Estudios Sociales.1 Los nmeros entre parntesis indican los prrafos correspondientes de la Encclica, numerados de la misma forma en todas las ediciones completas.Lo que intento decir en estas pginas es que la Mater et Magistra de Juan XXIII nos ensea un mtodo de lectura de la Doctrina Social de la Iglesia que me parece el ms apropiado para hacer del magisterio social de nuestra Iglesia un aliado en nuestro caminar, como cristianos y cristianas comprometidos con una sociedad ms justa. No puede la Iglesia ser madre y maestra si, en dialogo esotrico con su propio lenguaje, es incapaz de hablar signicativamente a los seres humanos del tiempo presente.

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6 7 6 7 trascender desde dentro los mismos acontecimientos sociales, en su delimitada concrecin, sin identicarse mimticamente con ellos. O dicho ms claramente, en un contexto como el que primaba en tiempos de la Guerra Fra, el magisterio social de la Iglesia siempre pens (y sigue pensando) que ni el capitalismo ni el socialismo son el Reino de Dios; pero que Dios est actuando en ambos, haciendo trascender la situacin social hacia relaciones de mayor justicia. Podemos concluir, por tanto, que la enseanza magisterial de la Iglesia en asuntos sociales es histrica en tres sentidos: a) porque remite al cristiano a la historia, a los avatares del tiempo en que vive b) porque se pronuncia, consonantemente con lo anterior, sobre los problemas acuciantes del momento; no se pronuncia como una palabra atemporal, para todos los tiempos; es una palabra empeada c) porque reescribe constantemente su propia historia a partir de reinterpretaciones o puestas al da de la Rerum novarum, fecha en que se inicia la solicitud de la Iglesia por la cuestin social Una palabra ms sobre este punto c, para cerrar este primer paso metodolgico de la Doctrina. Los temas abordados por la DOSOI se desarrollan dentro del esquema que Paul Ricoeur denomina identidad narrativa. Los temas se autocomprenden dentro de una tradicin escrita que arranca con la Rerum novarum, es decir, ocupndose siempre de la cuestin social; pero al mismo tiempo, se siente la necesidad de reescribir esa escritura previa, para poder alcanzar una comprensin ms cabal (y actual) de su accin en el tiempo que les toca vivir. De esta suerte, no hay DOSOI sin hermenutica, o lo que es lo mismo, no hay DOSOI si simplemente se repiten los temas abordados por las anteriores encclicas de manera fundamentalista, como si la historia se hubiese detenido. La mera repeticin bloquear la posibilidad de que el amor cristiano pueda amar en los nuevos contextos de justicia planteados por la cambiante cuestin social.2. Segundo paso: anlisis del contexto histrico (47-49)El segundo paso es consecuencia lgica del primero. Si se admite que el magisterio social de la Iglesia est marcado por el contexto histrico, cuando la Iglesia se pronuncia sobre el mismo debe hacer un esfuerzo por analizar el contexto social sobre el que quiere ofrecer una gua para la accin. Esta llamada a la contextualizacin alcanz a muchos grupos eclesiales a travs del mtodo adoptado por la Juventud Obrera Catlica, con el famoso ver, juzgar, actuar, ideado por el sacerdote belga, Monseor Cardijn. El magisterio social la asume a su manera en este nmero de la Encclica. Todos los grandes documentos emanados de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM), incluyendo el reciente de Aparecida, siguen ese esquema. La MM analiza la sociedad contempornea atendiendo a tres aspectos fundamentales: primero, el campo cientco, tcnico y econmico; segundo, el campo social mundializado y tercero, el campo poltico

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6 7 6 7 Cabe resaltar algunos puntos en este esquema. Primero, el hecho de que se comience con el anlisis de la ciencia y la tcnica y, adems, que el campo de la economa est integrado a la ciencia y la tcnica. Ciertamente, la economa de hoy da se mueve en estrecha vinculacin con el desarrollo tcnicocientco y ha tenido como resultado una mayor interconexin a escala planetaria. Es verdad que en las dcadas posteriores a la MM, el capital nanciero ha cobrado mucha importancia, creando las famosas burbujas econmicas que no tienen sustento en la produccin de riqueza material. Sin embargo, la crisis econmica ms reciente a escala mundial asocia el capital nanciero con la biotecnologa. Ante la crisis del petrleo, que explica, entre otras cosas, la Guerra de Irak y el terror antiterrorista auspiciado por Estados Unidos, buena parte de las inversiones (y de la especulacin nanciera) est trasladndose hacia la produccin de combustibles a partir de granos o de caa de azcar. En parte, el reciente grito de alerta contra la crisis de alimentos puede estar asociado a esta transformacin de las inversiones en la economa global. Cabe referir tambin el incremento exponencial de las telecomunicaciones, que asocian tecnologa informtica de punta y la necesidad creciente de tener un mundo interconectado a escala planetaria. Buena parte del nmero 47 de la MM funciona casi como una profeca de lo que se ha venido a agudizar en el curso de los aos. Este dinamismo de la tecnociencia, asociado a los intereses econmicos, constituye un punto de partida para entender el momento histrico que nos toca vivir. La Encclica sugiere, por tanto, que el anlisis del campo social no puede disociarse del modo en que se reorganiza el capital poniendo a su servicio el avance tecnocientco. Adems, nos recuerda que el mismo dinamismo tecnocientco hace que el crecimiento econmico de algunos pases tenga como consecuencia mayores desequilibrios sociales tanto a escala nacional y regional como planetaria. De esta manera, la Encclica despoja este crecimiento de su carcter mesinico, auspiciado por la ideologa del progreso. Por eso, la esfera poltica aparecer en estrecha relacin con las transformaciones anteriores. No se le negar a lo poltico una cierta autonoma en relacin a las otras esferas. Los deseos de autodeterminacin, de libertad, de igualdad, de participacin y tratamiento justo no se explican directamente desde la infraestructura econmica, como haca el marxismo. Sin embargo, las luchas especcamente polticas no aparecen desvinculadas de las transformaciones tecnocientcas, econmicas y sociales. La Encclica llama la atencin sobre la formacin de instancias supra-nacionales como respuesta a los nuevos desafos que se plantean a la humanidad como un todo; es decir, llama la atencin sobre el hecho que la accin poltica alcanza un carcter realmente mundial.3. Especicacin y renovacin de los motivos de la accin social (50)El resultado del ejercicio de diagnstico es la capacidad de empatar con los motivos, ocultos o no, que realmente se encuentran en la base de nuestra accin como colectivo social. Una doctrina social

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8 9 8 9 insensible a lo que se vive en el contexto histrico de su auditorio sera una pieza de museo que incumplira, en su mismo movimiento de salida, con el objetivo que se ha trazado. Juan XXII lo dice solemne y poticamente, hablando de los motivos por los cuales escribe la Encclica: Nos, por tanto, a la vista de lo anteriormente expuesto, sentimos el deber de mantener encendida la antorcha levantada por nuestros grandes predecesores y de exhortar a todos a que acepten como luz y estmulo las enseanzas de sus encclicas, para resolver la cuestin social por los caminos ms ajustados a las circunstancias de nuestro tiempo. Para el Papa, MM se justica no slo para conmemorar la Rerum novarum, sino tambin para que, de acuerdo con los cambios de la poca, subrayemos y aclaremos con mayor detalle, por una parte, las enseanzas de nuestros predecesores, y, por otra, expongamos con claridad el pensamiento de la Iglesia sobre los nuevos y ms importantes problemas del momento. Esta cita nos guiar para realizar algunas reexiones conclusivas para nosotros, que padecemos, tanto en la Iglesia como fuera de ella, de entusiasmo por la cuestin social.4. Reexiones nalesEl primer punto que nos lleva a concluir Juan XXIII es la necesidad de mantener encendida la antorcha de la cuestin social. Los temas sociales cansan, porque exigen demasiada abnegacin. Nadie ha dicho que la bsqueda del bien comn sea ms evidente que la bsqueda del bien privado. El segundo punto es la llamada a respetar o vislumbrar los caminos ms ajustados a la circunstancia de nuestro tiempo. Ciertamente, el compromiso social de la Iglesia necesita de ajustes, de respeto a los caminos histricos. La Iglesia no puede cerrarse a novedades histricas, como la emergencia de nuevas guras, de nuevos movimientos sociales o de demandas que superan la defensa de la nacionalidad. Hoy en da, un nacionalismo poco discernido puede llevar al irrespeto de la dignidad de muchas personas que se ven forzadas a migrar de su pas de origen, como explic Benedicto XVI en su reciente visita a las Naciones Unidas. De paso, se puede perder ese motivo tan bblico como es el reconocimiento del derecho del extranjero. Este segundo punto, puede plantearse tambin as: un compromiso social que no sepa acompaar los cambios histricos, no tendr ningn motivo para existir y no podr motivar realmente a los eles cristianos: mucho menos a las personas de buena voluntad que no sean cristianas. En tercer lugar, est la demanda de aclarar con detalle y exponer con claridad. Un discurso social pertinente no puede caer en generalidades. Tiene que proceder a analizar con paciencia, haciendo distinciones, matizando y sealando lo nuevo. El resto de la MM se organiza justamente de esa manera. Este esfuerzo analtico es un signo de respeto por la misma historia y los actores histricos. El refugio en grandes declaraciones abstractas, moralizantes, est llamado a caer en el vaco. Frases como este mundo perdido, estos avances pecaminosos no tienen sentido ni provocarn el compromiso social sino vienen acompaado de anlisis explicativos de la situacin. En n, una vez realizado el anlisis, todo debe ser expuesto con claridad. No puede la Iglesia ser madre y maestra si, en dilogo esotrico con su propio lenguaje, es incapaz de hablar signicativamente a los seres humanos del tiempo presente.

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8 9 8 9 Juan XXIII: evocaciones y semblanzaLo primero que me viene a la mente al disponerme a releer la encclica Mater et Magistra es la gura de su autor. Los recuerdos me llevan al 28 de octubre de 1958: atardece y el humo blanco acaba de anunciar que hay nuevo Papa. Me encontraba con varios compaeros del Colegio Po Latinoamericano, junto a una de las fontanas de la Plaza de San Pedro. Recibimos con jbilo la fumata, ansiosos ante la incgnita de quin era el elegido. Haba oscurecido por completo cuando Angelo Giuseppe Roncalli se asom al balcn de la Baslica, para ser presentado al mundo como Juan XXIII. El nuevo Papa, se empez a comentar, ser un Papa de transicin. Anciano y achacoso, decan, le corresponde mantener las cosas como estn, hasta que venga un sucesor ms avisado y avezado. Sin embargo, no tardara en ser reconocido el perl de gigante que el humilde campesino Roncalli haba incubado en decenios de servicio a la Iglesia en puestos de avanzada. Lo vi entrar en la Baslica de San Pedro, al son de las trompetas de plata, sobre la silla gestatoria, que todava se usaba. Los portadores hicieron alto al llegar al pasillo que lleva a la capilla del Santsimo. Juan XXIII, el sucesor de Pedro que inauguraba su andadura esa maana, descendi, y lo vimos avanzar, casi al alcance de la mano, hasta el pie del sagrario, donde or de rodillas. La impresin de ese instante se grab como huella imborrable en mi memoria. Ante el estupor de muchos y el alborozo de los ms, el nuevo Papa se dispuso pronto a saltar los muros del Vaticano para visitar crceles, hospitales, centros de estudio, las parroquias de su dicesis romana. Ms adelante, queriendo congregar junto a s todo el orbe, convoc el Concilio Vaticano II. Eran los tiempos del aggiornamento, de la sacudida del polvo. Los Padres conciliares no se reuniran para condenar, sino para renovar. No era el momento de sealar adversarios, sino de encontrar nuevos modos de expresin para una Iglesia que no es del mundo, pero vive en el mundo, cosa que no puede ignorar o aparentar que la ignora. Angelo Giuseppe Roncalli fue un hombre sabio, con la sapiencia que nace de la conanza en Dios y la aceptacin de sus designios. Conocedor de las realidades terrenas, pero no atrapado en sus redes, nos dej dicho en uno de sus pensamientos espirituales: Es conveniente, s, conocer y valorar la realidad en que se vive, pero el corazn debe permanecer libre, anclado con tranquila seguridad en las promesas divinas de Cristo, y en una visin sobrenatural de la vida y del mundo. La prisa por lograr el xito podra esconder la pretensin de hacer alardes, mientras ciertamente se concilia mal con la accin de la Providencia que siembra la calma, la conanza y la mesura (GonzlezBalado, 2000, p. 85). Es cierto que determinados sectores reaccionaron con suspicacia ante las iniciativas y propuestas de Juan XXIII, pero el juicio que predomina es fue y sigue siendo uno de los hombres ms queridos del mundo. Inaugur una nueva era en la historia de la Iglesia catlica. (...) Cuando muri en 1963 el corazn de los hombres estaba con l (Santidrin, 1995, p. 256).Esta colaboracin se inicia con una evocacin de algunos rasgos de la personalidad del beato Juan XXIII y de su innovadora actividad papal. En la segunda parte se ofrece una somera resea de las principales ideas de su encclica Mater et Magistra, de contenido social. La parte nal se dedica a comentar el compromiso con la Iglesia y con su doctrina social que le corresponde a una universidad catlica, denominada precisamente Madre y Maestra, e inspirada en los principios del documento ponticio reseado.VENTANAS ABIERTAS A LA P EDA G O G A U NI V ERSITARIAUN NO M BRE Q U E NOS CO MP RO M ETERicardo Minio** Licenciado en Filosofa por la Ponticia Universitas Gregoriana, Roma y en Filologa Clsica por la Universidad Ponticia de Salamanca, Espaa. Ha ejercido las funciones de Vicerrector Acadmico y de Director del Departamento de Humanidades en la Ponticia Universidad Catlica Madre y Maestra, campus de Santiago. Actualmente es profesor de dicho Departamento.

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10 11 10 11 No es preciso acumular datos para dejar mostrado el cario de que fue objeto el Papa bueno. En la homila pronunciada en la ceremonia de beaticacin de Juan XXIII, el 3 de septiembre de 2000, armaba Juan Pablo II: Ha quedado en el recuerdo de todos la imagen del rostro sonriente del Papa Juan y de sus brazos abiertos para abrazar al mundo entero. Cuntas personas han sido conquistadas por la sencillez de su corazn, unida a una amplia experiencia de hombres y cosas! Ciertamente la rfaga de novedad que aport no se refera a la doctrina, sino ms bien al modo de exponerla; era nuevo su modo de hablar y actuar, y era nueva la simpata con que se acercaba a las personas comunes y a los poderosos de la tierra (Juan Pablo II, 2000, prrafo 5). Ejemplos memorables del modo de ensear de Juan XXIII son sus encclicas Mater et Magistra (1961) y Pacem in terris (1963). Mater et Magistra, una encclica socialMater et Magistra se inscribe en la serie de las encclicas llamadas sociales. Su aparicin coincide con el septuagsimo aniversario de la Rerum novarum de Len XIII, texto fundamental de la doctrina social de la Iglesia. Sin embargo, la intencin de Juan XXIII no es meramente conmemorativa, como aclara al exponer los motivos de su documento: Juzgamos, por tanto, necesaria la publicacin de esta nuestra encclica, no ya slo para conmemorar justamente la Rerum novarum, sino tambin para que, de acuerdo con los cambios de la poca, subrayemos y aclaremos con mayor detalle, por una parte, las enseanzas de nuestros predecesores, y por otra, expongamos con claridad el pensamiento de la Iglesia sobre los nuevos y ms importantes problemas del momento (50)1. Un calicado lector espaol, de primera mano, comentaba: Entre los rasgos ms salientes de esta gran encclica de Juan XXIII hay dos que sintonizan especialmente con la actitud espiritual de nuestro tiempo: su estilo de profunda comprensin humana y su sensibilidad para percibir los sntomas de la evolucin histrica (Ruiz-Gimnez, 1968, p. 407). En sintona con anteriores documentos ponticios, Mater et Magistra rearma que el hombre y no el Estado es el centro y n de la vida social e insiste en el principio de subsidiariedad: ningn nivel asociativo puede arrogarse las funciones del nivel inferior, ni tampoco las que corresponden a la actividad libre de la persona humana. Asimismo, reconoce la propiedad privada como un derecho individual, pero sin dejar de recalcar que el provecho privado debe subordinarse al bien comn (Cf. 11 Grandes Mensajes, p. 125). La encclica proyecta el concepto de bien comn sobre el plano internacional. Aborda con detenimiento los desniveles socioeconmicos que existen tanto dentro de una misma nacin, como entre las distintas naciones del mundo. Subraya el deber de la colaboracin internacional, insistiendo en su necesidad y conveniencia, pero advirtiendo contra el riesgo de que la ayuda encubra intenciones colonialistas. Desvirta ciertas angustias relacionadas con el crecimiento demogrco, y precisa que la nica solucin del problema consiste en un desarrollo econmico y social que conserve y aumente los verdaderos bienes del individuo y de toda la sociedad (192). Comparando la Mater et Magistra con otras encclicas sociales, no falta la opinin de que el tema central de sta es la situacin del sector agrcola se ha llegado a calicarla como Carta Magna de la Agricultura (cf. Gorosquieta, 2002, p. 623 y Martn-Snchez, 1968, p. 545). Luminosa en su tratamiento de los problemas del campo y de positivas repercusiones para la promocin rural, resulta patente, 1 Los nmeros entre parntesis indican los prrafos correspondientes de la Encclica, numerados de la misma forma en todas las ediciones completas. El rector Monseor Hugo E. Polanco Brito reunido con los primeros benefactores, profesores y estudiantes de la PUCMM, en el local de la Calle Mximo Gmez, Santiago de los Caballeros, a principios de los aos 60

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10 11 10 11 sin embargo, que la encclica no aborda el asunto como centro focal nico, sino que lo encuadra dentro de un horizonte acotado por la bsqueda de relaciones de justicia y equidad en el interior de los diversos sectores productivos, a escala nacional y mundial, y de todos ellos entre s. Cubre la encclica, en consecuencia, un amplio espectro de cuestiones generales y particulares, tanto de orden propiamente econmico y social, como de fondo losco y teolgico, unas ms desarrollados que otras, pero todas perladas y expresadas con certera agudeza. No se trata de un documento apresurado o improvisado. El mismo Juan XXIII conesa que un largo tiempo de su solicitud por la Iglesia universal lo consagr a esta carta encclica (263). Los lmites de esta exposicin impiden referir en detalle el contenido de cada una de las cuatro secciones del documento. El lector/a puede encontrar el sumario en alguna de las introducciones existentes y comprobar directamente la expresin del Pontce a travs de la lectura personal del documento (ver, por ejemplo, 11 Grandes Mensajes, 2002, pp. 123-129). Se ha sealado que una de las palabras clave de la Mater et Magistra es socializacin (cf. Ponticio Consejo Justicia y Paz, 2005, p. 49). El trmino se aplica a la multiplicacin progresiva de las relaciones de convivencia; sta se maniesta en las formas de vida, de actividad asociada y de institucionalizacin jurdica. En cualquiera de sus modalidades y manifestaciones la socialzacin debe estar al servicio de la persona humana. No pasa por alto el Papa la importancia de los procesos educativos para la promocin de los individuos y las comunidades. Una formacin adecuada le permitir al hombre comn insertarse en el entramado social y laboral en condiciones ms favorables para disponer de su vida con mayor libertad, ecacia y responsabilidad. En cuanto a las comunidades, stas quedan al margen de los benecios que proporciona el avance de las ciencias y las tcnicas, salvo que se pongan al da en cuanto a conocimientos y destrezas. Hay que ofrecer respaldo material, cientco y tcnico a los ms desfavorecidos, respetando, en todo caso, el derecho que les asiste de actuar como protagonistas de su propio desarrollo. Juan XXIII pondera el valor permanente de la doctrina social de la Iglesia. Debemos instruirnos en ella y practicarla. Su enseanza debe estar presente en todos los niveles de la educacin catlica (223). Para la Iglesia, dice el Papa, los progresos cientcos y tcnicos y el consiguiente bienestar material que de ellos se sigue son bienes reales. Pero la Iglesia ensea tambin que los bienes producidos en estos rdenes deben valorarse como lo que son, es decir, bienes instrumentales puestos al servicio del hombre, para que ste alcance con mayor facilidad su n supremo. (246) Termino esta somera relacin temtica evocando la bella imagen de la antorcha de la caridad, con la que el Papa simboliza el amor fraterno, predicado y convertido en accin por la Iglesia, as como las profundas reexiones dedicadas a recordarle al cristiano que el trabajo hecho en unin con Cristo perfecciona al que lo realiza y redunda en accin salvca para la humanidad.Fidelidad a la Mater et MagistraEl ao de la Mater et Magistra es un ao marcado en la historia dominicana por la caducidad de una era y la irrupcin de expectativas de reordenacin del pas. La accin de la Iglesia dominicana en esa crucial etapa es estudiada por el Padre Jos Luis Alemn en el artculo Religin y Sociedad Dominicana en los Aos Mil Novecientos Sesenta. La Iglesia se empe entonces, explica el autor, en la legitimacin de los principios de la doctrina social de la Iglesia. (Alemn, 1982, pp. 391-416) Los obispos dominicanos se mostraron sensibles en grado sumo al signicado de la enseanza de Juan XXIII, cosa que se hizo Proceso de construccin del campus de Santiago

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12 13 12 13 patente en numerosas iniciativas, siendo tal vez la ms notable el nombre que le dieron y el espritu que le quisieron infundir a la Universidad Catlica que fundaron en septiembre de 1962. La naturaleza catlica de nuestra Universidad y la particular vinculacin que nos une con la encclica Mater et Magistra son realidades que conllevan, para ser eles a ellas, adhesin irrestricta a la Iglesia, Madre y Maestra de pueblos, y, de modo particular, un rme compromiso con los principios y directrices de la Iglesia en materia social. O sea, nos incumbe, por el doble ttulo de ser una universidad catlica y de llevar el nombre que llevamos, coadyuvar a la comprensin, difusin y realizacin de los postulados de la doctrina social de la Iglesia, y esto con los medios y estilo que son propios de una universidad. El autor de la Mater et Magistra sabe y apunta que la misin primordial de la Iglesia es de orden espiritual, pero tambin sabe y recalca que la Iglesia siempre se ha ocupado con solicitud de las necesidades que la vida diaria plantea a los hombres, no slo de las que afectan a su decoroso sustento, sino de las relativas a su inters y prosperidad, sin exceptuar bien alguno y a lo largo de las diferentes pocas (3). Donde se dice sin exceptuar bien alguno, leamos que se abre un espacio legtimo para los bienes que son conservados, transmitidos y creados por la educacin superior en su triple faceta de docencia, investigacin y servicio. Todo proyecto encaminado al verdadero bien del hombre o de la sociedad, por trivial o profana que pueda parecer la tarea, lleva una simiente de Evangelio con fuerza para germinar en la proporcin del amor que hayamos puesto en ella. Nuestra Universidad naci en un contexto peculiar, cuando al pas se le abran nuevos horizontes de libertad y de esperanza, segn recordaba Mons. Agripino Nez Collado, en la celebracin del jubileo de plata de la Universidad, para detallar a seguidas, entre otros rasgos connaturales de la Madre y Maestra, la intencin de servir al desarrollo dominicano en lo material y en lo espiritual, la vocacin de colaborar en la creacin de nuevos modos de convivencia que hagan posible la paz en la justicia y la misin Vista actual noctuna del edicio de la Biblioteca, campus de Santiago Uno de los primeros edicios de aulas en el campus de Santiago

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12 13 12 13 Bibliografa T exto de la Carta Encclica Mater et MagistraTexto latino y traduccin espaola de Jos Luis Gutirrez Garcia, revisada por Luis Ortz Muoz. En: Instituto Social Len XIII, (1968). Comentarios a la Mater et Magistra, 3. edicin, Madrid: BAC, pgs. 1-109. Texto espaol, precedido de una introduccin, en Iribarren, J. y Gutirrez Garca, J. L., eds. (2002). 11 Grandes Mensajes, reimpresin, Madrid: BAC, pp. 121-200. Versin electrnica vaticana. En: hp://www.vatican.va/holy_father/john_xxiii/encyclicals/documents/ hf_j-xxiii_enc_15051961_mater_sp.html. Observacin: Algunas ediciones populares contienen un texto parafrstico y/o resumido.Referencias bibliogrcas Alemn, J. L. (1982). Religin y Sociedad Dominicana en los Aos Mil Novecientos Sesenta. En: 27 ensayos sobre economa y sociedad dominicanas, UCMM, pp. 391-416). Arnaiz, F. J. (1988). Espaldarazo a la Madre y Maestra. En: Varios, Ponticia Universidad Catlica Madre y Maestra, 25 Aniversario, 2. edicin, PUCMM, Santiago, pp. 81-86. Gonzlez-Balado, J. L., seleccin y traduccin (2000). Juan XXIII, Orar, Su pensamiento espiritual. Barcelona: Planeta. Gorosquieta, J. (2002). Encclica Sollicitudo rei socialis. En el vigsimo aniversario de la Populorum Progressio: Introduccin. En: Iribarren, J. y Gutirrez Garca, J. L., eds, 11 Grandes Mensajes, 2002, pp. 623-641. Juan Pablo II (2000). Beaticacin de cinco siervos de Dios: Homila del Santo Padre Juan Pablo II. Extrado el 7 de enero de 2008 de: hp://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/homilies/2000/documents/hf_jp-ii_hom_20000903_beatication_sp.html Martn-Snchez Juli, F. (1968). La Carta Magna de la Agricultura. En: Instituto Social Len XIII, 1968, Comentarios a la Mater et Magistra: 3. edicin, Madrid: BAC, pp. 545-554. Nez Collado, A. (1988). Discurso de bienvenida. En: Ponticia Universidad Catlica Madre y Maestra, 25 Aniversario, 2. edicin, PUCMM, Santiago, pp. 13-18. Ponticio Consejo Justicia y Paz (2005). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Ruiz-Gimnez, J. (1968). La propiedad. En: Instituto Social Len XIII, 1968, Comentarios a la Mater et Magistra: 3. edicin, Madrid: BAC, pp. 407-467. Santidrin, P. R. (1995). Diccionario breve de pensadores cristianos: 2. edicin. Estella: EVD. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Documento conclusivo: Aparecida 13-31 de mayo de 2007. Coedicin Amigo del Hogar y Ediciones Paulinas, Santo Domingo, 2007. de preparar profesionales altamente calicados, con sentido de proyeccin social, con nfasis en los principios y valores del humanismo cristiano. (cf. Nez Collado, 1988, p. 16) Un valioso reconocimiento de que nuestra Universidad ha caminado por la ruta correcta la encontramos en su elevacin a la categora de Universidad Ponticia con la que fue honrada, al cumplir los 25 aos, por Su Santidad Juan Pablo II. Cercana ahora la Universidad al medio siglo de existencia, el personal directivo y los profesores han iniciado un proceso de relectura de la Mater et Magistra, para profundizar una vez ms en la riqueza del documento y, para revisarnos, a la luz de su magisterio. El nuevo encuentro con la encclica ha dado lugar ya a varias propuestas e iniciativas, que estn llamadas a seguir multiplicndose. Entre ellas no ha de faltar el contacto con los textos que dan continuacin a la Mater et Magistra. Tampoco ha de faltar, como es obvio, la participacin en el proceso de los estudiantes, el personal administrativo y los sectores allegados de la comunidad. Me permito ver en esta vuelta a la Mater et Magistra una seal ms de que la Madre y Maestra es, y est dispuesta a seguir siendo, una Universidad dinmica, creativa, crtica de s misma, evolutiva, abierta y audaz, como la describiera Mons. Francisco Jos Arnaiz hace unos cuantos aos (Arnaiz, 1988, p. 85), y consciente en todo instante, por decirlo con una glosa al documento de Aparecida, de las responsabilidades evanglicas que le competen (ver Documento conclusivo, # 342).

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14 15 14 15 Muchos estudiantes y profesores de la PUCMM se consideran catlicos con identidad denida, pero, qu implica esto?, una aceptacin pblica de la institucin eclesial?, una participacin en sus rituales y celebraciones?, una identicacin con sus estilos culturales de vida?, un apoyo a la comunidad de obispos en sus pronunciamientos?, una determinada postura crtica ante temas que afectan a todos? El contexto en el cual naci la Carta Encclica Mater et Magistra fue de alta tensin poltica internacional. La Guerra Fra marcaba una delicada convivencia poltica, en la cual, la paz era mantenida por el poder destructivo del contrario. Si las grandes naciones no podan enfrentarse, se enfrentaban las pequeas, detrs de las cuales estaban estos grandes bloques polticos. Esto, adems, implicaba una carrera por demostrar qu sistema econmico era el ms rentable, el ms justo, el ms libre, el ms adecuado para la convivencia humana. Unos reforzaban la justicia del convivir, otros alentaban la libertad del decidir. Los discursos a gran escala se hacan a espalda de la poblacin, que cada vez tena menos incidencia en las grandes decisiones de los Estados. La Universidad eligi la Encclica Mater et Magistra para que el espritu que animaba esta propuesta de desarrollo humano marcara el derrotero de su crecimiento. Con todo derecho podramos preguntarnos si la Encclica tiene vigencia hoy, si este texto puede iluminar el desarrollo de la sociedad mundial, la subsistencia de una comunidad nacional e incluso la vida de una institucin educativa como sta. Han pasado ms de cuarenta aos y la pregunta puede hacerse con todo derecho. Por otro lado, se percibe en los animadores de esta institucin universitaria una necesidad de crear sentido de pertenencia entre los docentes y profesores. Los miembros de esta Institucin buscan un sello, una identicacin que los haga decir que pertenecen a un estilo de respuesta social reconocible Es la Encclica, todava, capaz de iluminar estos perles? El educador ensea por lo que dice, pero, sobre todo, por lo que es, por su sntesis de principios interiorizados y apropiados. La identidad de los profesores es la que educa, la que marca a los estudiantes. La identidad compartida de los profesores ser la que logre un impacto suciente en el carcter de los estudiantes. Pueden los educadores y directivos tomar elementos de la Encclica para construir y comunicar una identidad? La identidad como aspiracin urgente La identidad es una tarea difcil. Formar la identidad es uno de los grandes retos de la educacin del Siglo XXI (Morin, 1999). Hoy existe una crisis de identidad, no slo a nivel de paradigmas sociopolticos, o de comunidades nacionales, sino tambin a nivel de grupos y personas. El sujeto est saturado, desbordado por la multiplicidad de solicitudes y exigencias para ser en medio de los dems (Gergen,1992). Pero, adems, existen urgencias de nuevas identidades que La identidad es una bsqueda y construccin constante en la postmodernidad y est mostrando signos de tocar todos los mbitos de la sociedad dominicana. La identidad es un concepto en reconstruccin social que necesita componentes adecuados para que los sujetos puedan asimilarlos. La Encclica Madre y Maestra tiene elementos ms que sucientes para iluminar la construccin de una identidad y de un sentido de pertenencia para los integrantes de la Pontica Universidad Catlica Madre y Maestra (PUCMM). En el estudio reexivo de ese documento papal los docentes y los directivos pueden enriquecer su mundo interior y mostrar una postura de renovacin ante la sociedad donde les ha tocado vivir. VENTANAS ABIERTAS A LA P EDA G O G A U NI V ERSITARIAE LE M ENTOS P ARA CONSTR U IR U NA IDENTIDAD Y U N SENTIDO DE P ERTENENCIA EN EL P RO F ESORADO DE LA PU CMMPrudencio Miguel Pia, s.j.** Sacerdote jesuita. Candidato a Doctor en Educacin por la Universidad de Murcia. Maestra en Educacin por la Universidad Pedaggica Nacional de Bogot. Profesor del Departamento de Humanidades y encargado del Programa de Seguimiento en la Formacin Docente del Centro de Desarrollo Profesoral, Ponticia Universidad Catlica Madre y Maestra, campus de Santiago.

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14 15 14 15 otorguen sentido a la vida, que permitan utilizar los materiales culturales que disponemos, que contribuyan a fortalecer las nuevas estructuras sociales y culturales que estn surgiendo (Rodrguez Rojo, 1998). El nuevo rostro del mundo vuela a tal altura econmica, cultural y social que los organismos, microsistemas e instituciones, an vigentes, se han quedado obsoletos. En ese sentido, el resultado es una sociedad donde se han disuelto las identidades compartidas, lo que equivale al peligro de la disolucin de la sociedad como sistema social (Rodrguez Rojo,1998). Qu es la identidadSe tiende a identicar el rol con la identidad: lo que hago es lo que soy. Se percibe, as, un vaco interior del sujeto en sus mltiples bsquedas, en un discurso que repite tpicos que todos esperan. Se insiste en la necesidad de distinguirlos para el bien de los sujetos. En la tabla 1 se muestra cmo Lapresta Rey (1995) lo hace: T abla 1. D iferencia entre roles e identidades Roles Identidades Estn relacionados con Estn relacionadas con los servicios sentidos propios e interiores de los actores Se denen por normas Se denen cuando se estructuradas interiorizan y cuando se reexionan Son organizados Se organizan los sentidos socialmente propios y se construye en torno a esa interiorizacin del sujeto Inuyen en las conductas En cuanto nacen de la dentro de las instituciones autodenicin pueden inuir en la postura personal frente a las instituciones Estn determinados Estn determinados por por los acuerdos que los valores ms establecen los individuos fuertes de los sujetos con las organizaciones, ideologas o instituciones sociales Implican pautas de accin Implican procesos de interiorizacin Giddens (1995) comenta que el proceso de conguracin de la identidad se produce mediante la articulacin de tres dimensiones. La construccin de la identidad tiene: Un componente temporal o biogrco, el cual reere a la trayectoria personal del sujeto y a la sucesin de hitos en dicha trayectoria personal que, desde el punto de vista del sujeto o de los otros, son signicativos. El proceso aparece, as, atravesado por una tensin entre la continuidad y el cambio. Un componente espacial o relacional, el cual reere a la insercin, pertenencia y participacin en diversos escenarios sociales. El proceso est atravesado por una tensin entre la identicacin y la diferenciacin, entre la pertenencia y la singularidad. Resulta evidente, por tanto, que las tareas evolutivas de denicin de la identidad variarn mucho en funcin a la pertenencia grupal y la ubicacin social del sujeto. Es el caso, por ejemplo, de la pertenencia a diversas clases sociales y, dentro de stas, a diversos grupos. Un componente cognitivo o de interiorizacin, el cual reere a la capacidad de auto-mirada del sujeto sobre su estructura interna, sus objetivos personales y cmo los proyecta, la seleccin que hace de su tesoro de experiencias personales, as como la forma de asimilar los modelos que la sociedad le ofrece. A manera de resumen se podra decir que la identidad es la manera en que nosotros mismos nos percibimos reexivamente. sta conforma una especie de gua mental que acta tanto a nivel consciente como inconsciente. La misma inuye en los tipos de motivacin, preferencias, identicaciones, prejuicios, acciones y, en consecuencia, es aquello que podemos y debemos seguir o esperar, tanto de nosotros mismos como de los dems (Lapresta Rey, 2003) L a identidad como quehacerPero, cmo componer una identidad? Castells (1998) habla de tres tipos de identidades desde la forma de integrar los elementos que habitan en los sujetos: Identidad legitimadora. Es la introducida por las instituciones dominantes para extender y racionalizar su dominacin frente a los actores sociales. Este tipo de identidades generan un tipo de sociedad civil, es decir, organizaciones y actores que reproducen, si bien de modo conictivo, la identidad que legitima las fuentes de dominacin. Identidad de resistencia. Es la que generan las comunidades o los individuos que se encuentran en una posicin devaluada por los mecanismos de dominacin. Por esta razn, construyen trincheras de resistencia en las que sus valores son estigmatizados (opuestos o diferentes) respecto a los que imperan mayoritariamente en la sociedad. Identidad de proyecto. Se produce cuando los actores sociales, basndose en los materiales culturales que disponen, construyen una nueva identidad que redene su posicin en la sociedad y, al hacerlo, buscan la transformacin de toda la estructura social. La identidad de proyecto es la que correspondera a docentes que trabajan en una institucin con el inters de dejar una huella social. Los docentes que desean impactar a la sociedad en la que

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16 17 16 17 viven necesitan tomar conciencia de los elementos que tienen a su disposicin y organizarlos hasta el punto de sentir que no se dejen llevar por un entorno que los maneja, sino que imprimen una huella en las comunidades sociales donde participan. Qu elementos estructurales tienen a su mano los docentes y los directivos de esta institucin? Qu visiones puede darles la Encclica Mater et Magistra para sus proyectos de identidad comn? La Encclica Mater et Magistra como documento programtico Juan XXIII fue un extraordinario lder poltico por su gran visin intuitiva sobre lo que poda beneciar el desarrollo de las comunidades humanas. Demostr esta cualidad en la animacin de la Iglesia Catlica con el Concilio Vaticano II. La demostr, tambin, en sus gestos oportunos y discretos para la promocin de la concordia a nivel mundial. Uno de ellos fue la Encclica que da nombre a esta Universidad. Vivimos a 45 aos de los acontecimientos que rodearon la publicacin de la Encclica y las condiciones sociopolticas han cambiado. Pero para un lector crtico, es evidente que algunas advertencias del Papa Juan XXIII sobre el futuro fueron certeras, ya que sus propuestas siguen teniendo una vigencia asombrosa. Algunas de ellas irradian una concepcin antropolgica luminosa, capaces de encauzar comunidades humanas que quieran ser inspiradas. A continuacin se mencionan algunas de ellas: acomodarse mutuamente de forma que todas las categoras sociales tengan participacin adecuada en el aumento de la nacin. La prosperidad econmica de un pueblo no se mide por la cantidad de bienes sino por la distribucin justa de ellos (73) .1 construir entre todos. No se le puede dejar su gestin a los capitales en su carrera desenfrenada por los mercados (65). pero tambin la privada, la cual tiene una clara responsabilidad de llevar el bienestar a las comunidades humanas (120). colaboracin, en el campo econmico, de los particulares y de los poderes pblicos (56,66). de las personas, en especial los llamados derechos econmico sociales (61). de todos (89). empresas donde trabajan. Esta participacin implica: respeto, comprensin, voz, educacin, implicacin en el desarrollo de la empresa (91, 96). todos los campos de la sociedad. Se hace urgente armonizar todos los derechos e intereses de todas las categoras econmicas profesionales y subordinar los unos a los otros a las exigencias del bien comn (146-148, 155). 1 Los nmeros entre parntesis indican los prrafos correspondientes en la Encclica, numerados de la misma forma en todas las ediciones completas.

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16 17 16 17 bienes, capitales y hombres. Adems, esforzarse por reducir las desigualdades entre las diversas naciones (153-156). generaciones para que todas sus cualidades estn orientadas al servicio de la vida; superando las distintas formas de ruina y violencia (195-199, 205-206). Si se leen con atencin estos extractos de la Encclica, Juan XXIII quiso promover un desarrollo saludable, digno y adecuado para todos. Adems, adverti sobre lo que poda llevar a un enfrentamiento devastador. El texto parece decirnos: Si nos ponemos todos de acuerdo, es posible. En el documento se muestra una esperanzada visin de la persona humana, de sus posibilidades en medio de las comunidades. Sigue siendo un viento fresco, una mirada aguda a las carencias humanas, una muestra de cmo se puede tender las manos para salir adelante en medio de los conictos. Se necesita un sujeto que comparta, que construya en comn; con un concepto de desarrollo de todos para todos. L neas de construccin para un sentido de pertenencia Cabe preguntarse si nuestros profesores ofrecen una imagen tan apropiada de las ideas de la Encclica que los estudiantes pudieran, a travs de ellos, valorar un tipo de liderazgo hacia una sociedad ms justa y ms desarrollada. En efecto, hoy la Guerra Fra no existe, pero permanece la ambicin por el control del poder, el deseo de consumir, el desbalance de las riquezas. La identidad sociocultural de los profesores de esta Institucin tendr una gran incidencia sobre los estudiantes si muestran una vocacin al desarrollo de todos y para todos. La Universidad hara un gran servicio a la nacin si, inspirada en la Encclica, intenta superar las losofas de mercados que tienden a convertir a los ciudadanos en competidores, en escaladores sociales. Con Gavilondo (2003), se puede creer que las identidades docentes con visin de futuro pueden recongurar nuestro ocio de ensear en el presente. Los docentes y directivos de esta Institucin pueden tomar desde la Encclica Mater et Magistra inspiraciones personales y asimilarlas como sentidos personales para incidir en un mundo mejor desarrollado. Los rasgos pertinentes podran ser: legado bsico. cotidiana, en la cual la voz de todos tiene un peso, un respeto, una riqueza. reaccin ante las soluciones necesarias. que piensa, donde todos se benecian.

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18 19 18 19 elemento cultural es una ocasin de aprender, disfrutar y compartir. Frente al actual ambiente de competicin global, las respuestas en la lnea de la Madre y Maestra seran en el tono de un desarrollo en la colaboracin, en la integracin, en la contribucin, en el acuerdo. Frente al actual ambiente de desafo, de sospecha, de suspicacia, las expresiones en la lnea de la Encclica necesitan ser en el tono de la conanza, la concordia, la armona y la lealtad. Frente al actual ambiente de xenofobia y discriminacin, las armaciones que necesitamos dar en los ambientes educativos, y que van en la misma lnea de la Encclica, son de respeto, consideracin, tolerancia y solicitud. En esta Institucin, los profesionales que inspiran necesitan mostrar a los estudiantes que se puede apostar por una sociedad que es ms que un conjunto de empresas que compiten por obtener mejores benecios. Los educadores de la Universidad necesitan proponer una identidad comn colaborativa; no de suspicacia, sino de conanza; no de clasicacin monetaria, sino de respeto; no de autoritarismo, sino de participacin. Referencias bibliogrcas Carta Encclica Mater et Magistra de su Santidad Juan XXIII sobre el reciente desarrollo de la cuestin social a la luz de la doctrina cristiana. Extrado el 26 de marzo de 2008 de: http://www.vatican.va/holy_father/john_xxiii/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater_sp.html Castells, M. (1998). La era de la informacin, econmica sociedad y cultura. Vol. II: El poder de la identidad. Madrid: Alianza. Gavilondo, H. (2003). Recongurar el ocio. Identidad docente en cuestin. La Educacin en nuestras manos, 68. Extrado el 27 de marzo de 2008 de hp://www.suteba.org.ar/archivonotas/Suplemento-2-961N0.htm Gergen, K. (1992). El yo saturado. Dilemas de la identidad del mundo contemporneo. Barcelona: Paids. Giddens, A. (1995). Modernidad e identidad del yo. Barcelona: Pennsula. Lapresta Rey, C. (2004). La identidad colectiva en contextos plurilinges y pluriculturales. El caso del Valle de Arn. Tesis doctoral no publicada, Universidad de Lleida, Barcelona. Rodrguez Rojo, M. (1998). Dialogicidad versus comunicados de la sociedad global. Revista Interuniversitaria de Formacin del Profesorado, 33, 37 52. Un encuentro de profesores que componen la pastoral universitaria

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18 19 18 19 La Ponticia Universidad Catlica Madre y Maestra surge inspirada por la Encclica Mater et Magistra de su Santidad Juan XXIII, quien en 1961, observando el creciente desarrollo industrial y social de la poca, presenta ante el mundo un anlisis social de dicho desarrollo. El papa fundamenta su anlisis retomando la temtica social, planteada setenta aos atrs (1891) por el papa Len XIII en su encclica Rerum Novarum, as como el aporte de la doctrina social de la Iglesia hasta ese momento. Uno de los objetivos principales de la Mater et Magistra es hacer un llamado a la conciencia universal, para que toda la humanidad se esfuerce en la formacin de una nueva sociedad, la cual est basada en el bien comn y en la preocupacin por el desarrollo de la sociedad humana. Con ella, la Iglesia rearma su inters en la promocin del bien comn y del desarrollo de los pueblos. Su santidad Juan XXIII hace un llamado a la integracin de todos los sectores sociales, con el n de promover, con toda la capacidad, el desarrollo social como una oportunidad para poder vencer los obstculos de la pobreza. De este modo, la Encclica se hace eco de la preocupacin social, desaada por el rpido crecimiento del mundo industrial, desligando de dicho proceso a los hombres y mujeres del campo, el cual, a su vez, se converta en un sector deprimido (123)1. La consecuencia de tal desarrollo no se dej esperar: una gran ola emigratoria del campo a la ciudad caracteriz las dcadas de los sesenta y setenta del siglo XX, provocando una disminucin de la poblacin rural y un aumento desproporcionado y antihumano de las grandes urbes. Acogiendo el llamado de la Mater et Magistra de promover el desarrollo social de los pueblos, la Conferencia del Episcopado Dominicano funda la Universidad Catlica Madre y Maestra. Por medio de la docencia, la investigacin y la extensin, la Institucin se compromete a promover en el pueblo dominicano la nueva conciencia social e impulsar su desarrollo social, econmico y cultural. Es as que la Universidad, desde su comienzo, ofrece aquellas carreras que se consideran prioritarias para el desarrollo del pas y, en un proceso continuo de actualizacin, ofrece programas y actividades que van directamente a presentar soluciones a los problemas del presente.Concepto de CurrculoEntendemos como currculo todos aquellos elementos que contienen un n educativo, ya sea implcito o explcito. Por lo tanto, todas las actividades acadmicas quedan incluidas en un concepto amplio de currculo (Sevillano, 2004). Si bien es cierto que el currculo encuentra su mayor concrecin en los programas de las asignaturas, ste se quedara estrecho si solo permaneciera a nivel de los mismos. En consecuencia, es necesario complementarlo a travs de otras actividades que dinamicen y promueven la vida acadmica (Flrez Ochoa, 2005). El currculo no es incorporado a la institucin acadmica, l debe ser toda la academia. La universidad es lo que sea su currculo.Este artculo ofrece una visin general de lo social como eje transversal de la Encclica Mater et Magistra, lo cual permite un acercamiento al currculo de la Pontica Universidad Catlica Madre y Maestra. Se pregunta si el currculo de la PUCMM fomenta en sus estudiantes y docentes la conciencia social, como una actitud que lleva a la persona humana a actuar buscando siempre el bien del otro, su crecimiento y promocin. Es, sin duda, algo arriesgado y a la vez desaante, pues como universidad le corresponde su rol de profesionalizar. Sin embargo, su misin como universidad catlica la obliga a no olvidar que la profesionalizacin ser tal, si promueve el crecimiento en el ser humano y si los estudiantes, al terminar sus estudios, evidencian una clara conciencia social. ECOS DESDE LAS F AC U LTADESE L C U RRC U LO DE LA PU C MM Y LA ED U CACIN DE LA CONCIENCIA SOCIAL A LA L U Z DE LA E NCCLICA MATER ET MA G ISTRAP. Ramn Alfredo de la Cruz** Sacerdote diocesano. Doctor en Teologa (Pedagoga Religiosa) por la Universidad Rheinische Friedrich-Wilhelm de Bonn, Alemania. Director del Departamento de Educacin y profesor a tiempo completo de la PUCMM.1 Los nmeros entre parntesis indican los prrafos correspondientes en la Encclica, numerados de la misma forma en todas las ediciones completas.

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20 21 20 21 La conciencia socialAl hablar de conciencia, siempre se hace referencia a un conocimiento que implica un saber distinguir entre dos o ms realidades. Tener conciencia de algo es conocer lo que ese algo es y poder vivenciarlo en su ser (incorporarlo al yo). Es decir, la conciencia implica tener una vivencia de algo y poder, a la vez, interiorizarlo y exteriorizarlo de tal manera, que la realidad conocida o vivenciada no estn separadas (Brugger, 2003). La conciencia social es la conformidad entre el bien deseado y el bien realizado. Es una actitud que lleva a la persona humana a actuar siempre buscando el bien del otro, su crecimiento, la promocin del otro. En consecuencia, en la bsqueda del bien siempre se trata de alcanzar el progreso social. La conciencia social siempre indica una actitud volcada a una accin-reexin y viceversa. Dada esta dimensin, se hace difcil hablar de la educacin de una conciencia social, ya que ella es un valor y, como tal, ms que enseada por medio a una ctedra, ella debe ser vivida, pues los valores solo se aprenden por medio de la experiencia compartida con personas concretas en un tiempo y espacio denido. La palabra conciencia aparece diez veces en la Mater et Magistra y en ninguna de las menciones se seala como conciencia social. De ah que tenemos que verla en relacin al llamado a la conciencia que se hace en la misma y su abstraccin se realiza mediante el n que la conciencia busca, lo social. Por otra parte, es ante los problemas acuciantes de la sociedad de entonces que la Encclica hace el llamado a despertar la conciencia frente a las diferentes situaciones que afectan a la poblacin, de manera muy especial a los ms pobres y marginados de la sociedad (158). Esto se reeja mayormente en los hombres y mujeres del campo, a quienes el Papa invita a tener conciencia clara de la nobleza de su profesin, pues ellos trabajan en el templo majestuoso de la Creacin (144). Aqu el documento incursiona en una teologa de la creacin que exalta el trabajo de la tierra. Ante este llamado, el Papa reconoce los esfuerzos que se estaban realizando a favor de la justicia social: Sabemos perfectamente cmo en estos ltimos aos ha ido profundizndose en muchos hombres la conciencia de la obligacin que tienen de ayudar a los pases pobres, que se hallan todava en situacin de subdesarrollo, a n de lograr que en stos se faciliten los avances del desarrollo econmico y del progreso social (164). PUCMM, currculo y conciencia socialVisto el eje transversal de lo social en la Encclica, queremos acercarnos a la hoy Pontica Universidad Catlica Madre y Maestra y preguntarnos si el currculo de la misma fomenta en sus estudiantes y docentes la conciencia social, como una actitud que lleva a la persona humana a actuar siempre buscando el bien del otro, su crecimiento y promocin. Esto es, sin duda, algo arriesgado y a la vez desaante, pues como universidad le corresponde su rol de profesionalizar. Sin embargo, su misin como universidad catlica le obliga a no olvidar que la profesionalizacin ser tal, si promueve el crecimiento en el ser humano y si los estudiantes, al terminar sus estudios, evidencian una clara conciencia social. La Mater et Magistra insiste incluso en este sentido: Como ya hemos recordado, los hombres de nuestra poca han profundizado y extendido la investigacin de las leyes de la naturaleza; han creado instrumentos nuevos para someter a su dominio las energas naturales; han producido y siguen produciendo obras gigantescas y espectaculares. Sin embargo,

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20 21 20 21 mientras se empean en dominar y transformar el mundo exterior, corren el peligro de incurrir por negligencia en el olvido de s mismos y de debilitar las energas de su espritu y de su cuerpo (242). Es propio de una universidad catlica presentar una estructura orgnica de la doctrina social de la Iglesia (Ponticio Consejo Justicia y Paz, 2005), con el objetivo de desarrollar en sus estudiantes el espritu crtico social (I Concilio Plenario, 1537) de tal manera, que ellos crezcan en la conciencia social, que desarrollen competencias que les ayuden a actuar y decidan de acuerdo a la justicia social. Y es aqu donde se le presenta el principal desafo a la universidad catlica: dar testimonio de la justicia social. Sin duda alguna, frente al desafo de un mercantilismo antihumano, que inculca en los estudiantes un pensamiento puramente mercantil y mecanizado, se hace cada vez ms difcil salir de las sospechas de que las universidades catlicas no cumplen con su compromiso social frente a la Iglesia y a la sociedad, ya que en sus aulas no se brinda el espacio para el crecimiento de una conciencia social y ms bien fomentan el acomodamiento hacia lo que pide el mercado. Consciente de esta situacin, la PUCMM ha estructurado su currculo con ejes transversales, tanto de manera vertical como horizontal, de tal manera que permita a los estudiantes un acercamiento personal y una reexin activa sobre la realidad de su contexto social e histrico. Asignaturas tales como: tica de las Profesiones, Moral Mdica, Antropologa Cristiana, Matrimonio Sacramento de Amor, La Persona de Jess, Doctrina Social de la Iglesia, Iglesia en el Mundo Actual, Introduccin a la Biblia y Filosofa, ms que una simple ctedra se convierten en espacios de discusin seria donde docentes y estudiantes interactan de manera crtica en la bsqueda de soluciones a las problemticas actuales. Junto a las asignaturas, se encuentran las actividades culturales promotoras de la responsabilidad social e identidad con la nacin. Del mismo modo, se resalta el trabajo de la pastoral universitaria, la cual involucra a los estudiantes, docentes y personal administrativo en los procesos de reexin personal, en vista de un compromiso como cristianos. Sin embargo, es notable que an el currculo de la PUCMM no permite la total integracin de todas las actividades al sistema de enseanzaaprendizaje, pues si bien est estructurado de manera vertical y horizontal, no es abierto y an tiene que superar las barreras de la inexibilidad. No se puede dejar de mencionar que tambin pertenecen al currculo todas las actividades que la Universidad realiza con otras instituciones educativas, gubernamentales, empresariales y sociales. Gran reconocimiento es el aporte que brinda la PUCMM al dilogo nacional, como espacio de entendimiento entre los dominicanos. Adems, se resaltan los seminarios, simposios, conferencias y talleres celebrados dentro de la Universidad, en los cuales siempre se ha garantizado una presencia cristiana. Muchos de los egresados de la PUCMM dan testimonio de su compromiso social, apego a la tica y a los principios cristianos. Esto es ya signo del grado de toma de conciencia que comienza ya en las aulas. Junto a esto, es notable la identicacin del profesorado con los principios que dieron origen a la academia y se observa que muchos de ellos promueven en las aulas el compromiso social. No obstante, existe en la actualidad una gran preocupacin por parte de los docentes frente a los estudiantes. Los docentes observan la carencia de juicio crtico frente a los problemas sociales que afectan la sociedad actual. Ellos indican que gran parte de los estudiantes centran su preocupacin en la formacin

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22 23 22 23 profesional, dejando en segundo plano su formacin humana. Sin embargo, cuando ellos experimentan situaciones de conicto en sus vidas, vuelven su mirada hacia la persona, su crecimiento y su papel a desempear en la sociedad. Es aqu donde los espacios de crecimiento, mencionados anteriormente, son de gran ayuda a la formacin personal. Es al nal de la Encclica que el Papa hace referencia al papel educativo de la Iglesia y de su funcin de maestra, cuando escribe: Es bien sabido que la Iglesia ha enseado siempre y, sigue enseando, que los progresos cientcos y tcnicos y el consiguiente bienestar material que de ellos se sigue son bienes reales y deben considerase como prueba evidente del progreso de la civilizacin humana (246). El nmero 246 de la Mater et Magistra ha orientado y seguir desarrollando la actividad curricular de la PUCMM: Pero la Iglesia ensea igualmente que hay que valorar ese progreso de acuerdo con su genuina naturaleza, esto es, como bienes instrumentales puestos al servicio del hombre, para que ste alcance con mayor facilidad su n supremo, el cual no es otro que facilitar su perfeccionamiento personal, as en el orden natural como en el sobrenatural (246). Al nmero 246 de la Encclica, le corresponde el artculo 3, prrafo E de los Estatutos de la PUCMM. Ambos hacen girar la mirada del currculo. Se quiere aanzar que la Universidad, dentro de su aporte al desarrollo de la ciencia, no olvide el n supremo que es la perfeccin del ser humano. En este sentido, debe formular su currculo de tal manera que ofrezca el mayor espacio posible a la conciliacin de la ciencia con el crecimiento integral de la persona humana. Esta es una tarea siempre activa e inconclusa, pues ella orientar el currculo universitario para el logro de los nes que la misma Universidad se plantea.Referencias bibliogrcas Brugger, W. (2003). Diccionario de filosofa. Barcelona:Herder Conferencia del Episcopado Dominicano. (2000). I Concilio Plenario Dominicano. Santo Domingo: Susaeta. Flrez Ochoa, R. (2005). Pedagoga del Conocimiento. Bogot/Buenos Aires: McGraw Hill. Juan XXIII (1991). Encclica Mater et Magistra. Bogot: Paulinas. Ponticia Universidad Catlica Madre y Maestra (1988). Estatutos. Santiago: PUCMM Ponticio Consejo Justicia y Paz. (2005). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Santo Domingo: Amigo del Hogar. Sevillano, M. L. (2004). Didctica en el siglo XXI. Ejes en el aprendizaje y enseanza de calidad. Madrid/Buenos Aires: McGraw Hill. Zabalza, M. A. (2004). La enseanza universitaria. El escenario y sus protagonistas. Madrid: Narcea.

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22 23 22 23 Con el mayor respeto, permtame que me presente. Me llamo K. L. y vivo en Denver, Colorado. Soy estudiante de Ciencias Polticas en la Universidad de Clark, Atlanta en Georgia. Tambin estudio espaol. He venido aqu a Repblica Dominicana, a estudiar en el extranjero, para aprender espaol. Al igual que la mayora de la gente, mis razones para querer aprender espaol no son para decir hablo una segunda lengua o para llegar a estar entre la lite. Simplemente quiero aprender espaol, me interesa la riqueza de su herencia, sus valores, sus creencias, la riqueza cultural que poseen todos los hablantes nativos hispanos. La gente que habla espaol tiene una gran cantidad de conocimientos acerca de muchas cosas. Para captar ese conocimiento, necesito aprender la lengua. De todos modos, yo slo estoy siguiendo mi corazn. Con respeto, K. L. Hace algn tiempo recibimos en nuestro departamento esta breve comunicacin escrita por una estudiante annima de Espaol como Segunda Lengua. Hemos querido iniciar esta reexin con ese ejemplo porque forma parte de un aprendizaje intercultural desarrollado a lo largo de ms de media vida compartiendo en varios pases con estudiantes internacionales. Ese sentido de lo intercultural es el principal motor intelectual que anima nuestra tarea cotidiana en el Recinto Santo Toms de Aquino durante los ltimos diez aos. El estudiante habla en su carta de estudiar en el extranjero. Todos conocemos esta sencilla expresin. Cada una de esas palabras encierra la vivencia plena, la oportunidad de renovacin por medio de un gran esfuerzo y la presencia de un andamiaje que usualmente no est exento de sufrimiento. El paso de una cultura a otra tiene un coste que va mucho ms all de lo meramente econmico. El hecho de asumirse como un ser intercultural, implica mirarse en el difcil espejo del extraamiento del ser,1 que se mira a s mismo con ese inexplicable sentimiento que le hace verse como otro, diferente porque participa del conocimiento y de la experiencia vivida en el seno de dos culturas, pero tambin realiza un tremendo esfuerzo intelectual, emocional y espiritual que de alguna manera lo separa de su pasado individual. El otro, el que dice he venido aqu, a Repblica Dominicana, se obliga a s mismo a abandonar su confortable sentido de pertenencia al grupo, a cuestionar los propios valores culturales heredados que haban sido aceptados de manera natural, sin preguntas; a romper costumbres con las que se identica y en las que siempre ha credo. El ser intercultural deber abandonar de manera consciente muchos de los parmetros que haban sido aceptados, de forma acrtica, durante el proceso de aprendizaje realizado durante la niez para entrar en esferas de La carta de un estudiante internacional que se recibi en el Departamento de Espaol como Segunda Lengua del Recinto Santo Toms de Aquino de PUCMM introduce un breve anlisis de los siguientes aspectos: el signicado del ser intercultural, la relacin entre la interculturalidad y el pensamiento de la Enciclclica del papa Juan XXIII, la importancia del conocimiento intercultural en el mundo universitario dominicano y su aplicacin en la sociedad actual. ECOS DESDE LAS F AC U LTADESI NTERC U LT U RALIDAD: U NA ASI G NAT U RA P ENDIENTE EN EL C U RRC U LO ACAD M ICOMara Virtudes Nez Fidalgo** Doctora en Filologa Hispnica por la Universidad Complutense de Madrid. Directora del Departamento de Espaol como Segunda Lengua en la Ponticia Universidad Catlica Madre y Maestra, Recinto Santo Toms de Aquino.1 Este concepto est bien desarrollado en la literatura del siglo XX, a travs de los autores del existencialismo. La metamorfosis de F. Kaa y El extranjero de A. Camus son dos novelas donde se pueden ver, desde distintas perspectivas, a personajes sometidos a un proceso de extraamiento de s mismos. Por otra parte, una aplicacin ms cercana a la pedagoga la encontramos en el artculo de tres profesores de la Universidad de Almera: Checa Olmos, F., Checa Olmos, J.C., Arjona Garrido, A.: El extraamiento cultural en espacios migratorios. La juventud andaluza ante el reto de la multiculturalidad. Rev. Migraciones internacionales, vol. 4, nm. 1, enero-junio 2007 pgs. 111-140. Disponible en Internet: hp://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2380409&orden=136559&info=link

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24 25 24 25 comportamientos que muchas veces no son mejores ni peores, sino diferentes. Es as como se provoca en el interior de las personas un sentimiento de orfandad cultural, un vaco emocional y espiritual generado por el desencuentro de costumbres y tradiciones, por la falta (no prdida, sino inexistencia) de aquellos bienes sagrados no tangibles, no pagables, inherentes a la historia familiar y la vivencia intrapersonal. En su esencia, el ser intercultural est llamado a convertirse en una fuente de luz entre sus congneres. Posee la capacidad del migrante, viaja -a veces sin pensarlono por lo que tiene o con lo tiene, sino con lo que sabe, con la inexcusable certeza de la experiencia vivida. Se reconoce a s mismo dentro de sus limitaciones, dentro de su relatividad cultural. Adems, se convierte en portador de sus tradiciones, en constructor de lo suyo dentro de lo del otro, en partcipe de lo del otro y destructor de lo suyo. La contradiccin adquiere una nueva dimensin en el conocimiento intercultural y pasa a formar parte de una concepcin, donde la verdad absoluta deja su lugar a un conjunto de articulaciones movibles, como si fueran rompecabezas que juegan solos a hacerse y deshacerse dentro de un universo de movimientos, que no siempre deben analizarse desde el pensamiento aprendido en la losofa clsica de Occidente. En este marco, donde las dinmicas de lo humano condicionan el proceso de aprendizaje en jvenes y adultos, La Encclica del Papa Juan XXIII Sobre el reciente desarrollo de la cuestin social a la luz de la doctrina cristiana ilumina al intelectual universitario con una organizacin modlica para manejar las redes del pensamiento intercultural, a travs de un proceso que se sintetiza en tres fases: Ver, juzgar y obrar. Este modelo de accin est contenido en la seccin titulada Necesidad de organizacin de la accin social catlica2 y se detalla en los apartados 236, 237, 238 y 239. Ver es sentir con el cuerpo, el intelecto y el espritu, la compleja realidad de la otra cultura. Ver necesita de un aprendizaje que provea de las habilidades necesarias para disfrutar de la inefabilidad del encuentro. Ver es saber buscar la alteridad, prepararse para encontrar al otro-que-es-diferente, en un ambiente de silencioso asentimiento comprensivo, similar al que se produce cuando se encuentra al otro-que-es-igual, porque ha nacido y crecido en la misma cultura. Despus, Juzgar. Juzgar, pero slo una vez que se ha visto, que se ha vivido, que se ha examinado cuidadosamente el complejo entramado que condiciona el pensamiento, la actitud, la historia del otro. Se trata de reconocer, en un largo proceso de reexin crtica, la realidad del que es diferente para revisarla y mejorarla en lo que sea posible, siguiendo el sentido cristiano. Juzgar es un ejercicio delicado que debe realizarse dedicndole el tiempo necesario y una atencin cuidadosa para no caer en la crueldad del prejuicio. Encierra en sus dominios el poder de la exclusin, con la terrible consecuencia de la discriminacin y debe ser ejercido de una forma (la Encclica tambin lo dice) profundamente responsable. Quien juzga, sin duda, se erige en juez y lo ms seguro es que, en este caso, el juicio siempre adolezca de un porcentaje de error puesto que suele suceder que se es juez y parte. No olvidemos que el prejo inter contiene en 2 La Encclica recoge esta expresin en la seccin 236. Citamos textualmente: Los principios generales de una doctrina social se llevan a la prctica comnmente mediante tres fases: primera, examen completo del verdadero estado de la situacin; segunda, valoracin exacta de esa situacin a la luz de los principios y tercera, determinacin de lo posible y de lo obligatorio para aplicar los principios de acuerdo con las circunstancias de tiempo y lugar. Son tres fases de un mismo proceso que suelen expresarse con estos tres verbos: ver, juzgar y obrar.

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24 25 24 25 su signicado un valor de participacin en ambas culturas que limita la objetividad del juicio certero. De todos modos, la Encclica reere este derecho con nitidez. Nosotros, desde la experiencia obtenida a travs de los aos compartidos con estudiantes extranjeros, recomendamos que sea ejercido con la generosidad que otorga la amistad solidaria. Un juicio crtico que contribuye a mejorar al otro en su condicin es un bien social. Pero el juicio que sirve para rentabilizar el desprecio y socavar la autoestima del que est en condicin inferior, por ser migrante de otra cultura, trae como consecuencia una seria erosin de la calidad de vida, del sentimiento de bienestar y debilita las relaciones en las dos comunidades: la de origen, impotente por saber que su hijo o hija no ha sido aceptado en ese nuevo entorno social y la de destino, incapaz de darle cabida con dignidad o de responder a sus expectativas humanas. Y por ltimo, obrar. La Encclica se reere a este punto con una breve aclaracin determinacin de lo posible y de lo obligatorio para aplicar los principios de acuerdo con las circunstancias de tiempo y lugar. En nuestra lectura cotidiana de la prensa dominicana, observamos el incremento de conictos interculturales, similares a los que se producen en otros pases donde la diversidad cultural tiene un peso signicativo en la base demogrca de su ciudadana. Uno de estos conictos gira alrededor de la reivindicacin del reconocimiento y el respeto a los derechos y la identidad de grupos minoritarios dentro de este pas. Se suceden situaciones que contribuyen a sustituir la vieja ideologa de la homogeneidad cultural por enfoques que atienden a lo diverso, lo diferente. Una manifestacin reciente de tales conceptos se encuentra en la escena sociopoltica del pas con el lanzamiento de un partido poltico bi-cultural. Otro aspecto relacionado con las situaciones mencionadas se reere a la representacin del derecho a la igualdad racial, como parte fundamental de la dominicanidad, problematizada por medio de acusaciones de racismo realizadas en distintos foros internacionales de gran impacto a nivel global. El manejo correcto de situaciones como las que acabamos de exponer difcilmente puede ofrecer la posibilidad de una solucin satisfactoria para todos los implicados. Pero lo que a nosotros nos interesa, como intelectuales y docentes universitarios, es recoger el reto que la sociedad nos lanza desde la realidad circundante; interpretar los signos de nuestro tiempo para encontrar respuestas que proporcionen una mejor calidad y nivel de vida para todos. Nuestra exigente sociedad del conocimiento, en la que nos ha tocado vivir, desea que le enseemos lo que todava no hemos terminado de aprender. Tradicionalmente, en su dimensin formativa, la educacin formal dominicana ha permanecido al margen de la interculturalidad.

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26 27 26 27 Entendemos que este hecho viene a incidir en el incremento signicativo de actuaciones torpes y sin sentido, por parte de profesionales que no han recibido formacin adecuada en el manejo de conictos interculturales y en la solucin de problemas originados por una realidad bicultural interpretada desde la ptica del conicto y no desde la oportunidad del dilogo. La falta de formacin intercultural ha trado decepcin, rechazo, ms ignorancia, incomprensin, respuestas dbiles y dispersas por parte de funcionarios, empresarios e intelectuales ante situaciones como las arriba mencionadas. Por este motivo, pensamos que la inclusin en el medio universitario dominicano de materias dedicadas al conocimiento intercultural y bicultural es una necesidad urgente, a la que hay que responder sin demora con la creacin de programas acadmicos que vayan ms all de la simple capacitacin en el manejo de segundas y terceras lenguas. Los profesionales dominicanos del futuro no pueden quedar al margen de este conocimiento imprescindible, del que deben hacer uso una vez que salen del dominio acadmico universitario. En los distintos campus de PUCMM, observamos cada semestre el crecimiento de la presencia multicultural protagonizada por los estudiantes y el personal docente. En tal sentido, nos sentimos orgullosos ante el xito obtenido por los estudiantes dominicanos en los programas internacionales de pre-grado y postgrado. As mismo, el fuerte crecimiento en la demanda de carreras universitarias, que implican el desarrollo de relaciones profesionales entre personas procedentes de distintos pases, como Hotelera y Turismo, Administracin de Empresas, Negocios Internacionales y Comunicacin Social, entre otras, conrma el hecho de que el camino del futuro se fundamenta en el conocimiento del otro desde una sistematizacin del pensamiento intercultural. La sociedad dominicana, inmersa en las complejas redes de relaciones internacionales, ha sido y ser vctima de fuertes presiones ejercidas desde el exterior que responden a intereses ajenos al bienestar de este pas. Tales intereses aoran de forma espordica para opacar la imagen de Repblica Dominicana en el exterior. Pero nosotros estamos empeados en hacer crecer el frondoso rbol de la tolerancia. Trabajemos con ilusin para formar profesionales resueltos a manejar adecuadamente las mltiples vertientes de lo intercultural; a preparar funcionarios capaces de elaborar propuestas argumentadas en discursos que se hagan or en los grandes foros de la globalizacin; equipos empresariales conducidos por gerentes anes al trabajo basado en el consenso. En n, actores sociales que puedan proyectar polticas incluyentes en todos los rdenes del pas.Referencias bibliogrcas Gimeno Sacristn, J. (2001). Educar y convivir en la cultura global. Madrid: Morata Gudykunst, W. B. & Yun Kim, Y. (1997). Communicating with strangers. New York: MacGraw Hill. Mater et Magistra. Sobre el reciente desarrollo de la cuestin social a la luz de la Doctrina Cristiana. Carta encclica de Santidad Juan XXIII, extrado el 25 de abril de 2008, de hp://www.es.catholic.net/biblioteca/libro.phtml?consecutivo=171&capitulo=2424 Ong, A. (1999). Flexible Citizenship, the cultural logics of transnationality. North Carolina: Duke University Press. OSullivan, K. (1994). Understanding ways: Communicating Between Cultures. Sydney: Hale & Iremonger Pty Limited. VVAA. 2003. Educacin para la no discriminacin, un dilogo con lo diverso. Centro Cultural Poveda. Repblica Dominicana.

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28 29 28 29 En diciembre 2007, todos los que integramos la comunidad de la Ponticia Universidad Catlica Madre y Maestra sufrimos la prdida de una de las personas ms queridas y admiradas de la Institucin. Este nmero del Cuaderno de Pedagoga Universitaria quiere testimoniar su paso y sus huellas en la PUCMM aprovechando una temtica relacionada con la Doctrina Social de la Iglesia que le fue siempre de tanto inters, y as, enmarcar con mayor signicacin una despedida a Jos Luis Alemn, s.j. La motivacin para el tema de este ejemplar surgi en el marco de una serie de talleres de estudio sobre la Encclica, dirigidos a la comunidad universitaria y facilitados por Serafn Coste, s.j. Una de las primeras ideas fue pedirle a Alemn relacionar la Encclica con la economa social. A pesar de que la iniciativa no pudo realizarse, hemos querido, de todas formas, abrirle un espacio de recuerdo en el Cuaderno. Para conmemorar su vida y su paso al Padre Celestial, invitamos a varias personas estrechamente relacionadas a l para que relataran, en breves prrafos, la forma en que lo recordaban. Las cuatro personas son: una compaera de trabajo, una alumna, un compaero jesuita y un colega economista. Ellos reejan en sus lneas, escritas con el corazn, las facetas que marcaron la vida del Padre Alemn (como todos lo llambamos): la humana, la espiritual, la social y la intelectual, pero, sobre todo, la del maestro. Introducimos los textos, presentando primero una semblanza de su vida y su obra, a modo de contexto.Semblanza1Hijo del general de las guerras de independencia de Cuba, Jos Braulio Alemn y de la profesora francesa Ivonne Dupuy. Naci en Mxico, D.F., el 16 de septiembre de 1928, donde su padre desempeaba el cargo de embajador. Estudi en el Colegio de Beln (Marianao, La Habana), del que fue Brigadier (alumno excelencia del ao por sus cualidades humanas y sociales y por su capacidad acadmica) y se gradu en 1945. Ingres en la Compaa de Jess en el Noviciado de El Calvario (La Habana) el 8 de septiembre de 1945. Al terminar en aquel centro los estudios de Humanidades, se especializ durante un ao en Lenguas Clsicas (que entonces se llamaba Prcit o perfeccionamiento) en Salamanca, Espaa. Hizo sus estudios de Filosofa en la Universidad de Comillas (Santander, Espaa), de 1950 a 1953. Su etapa de Magisterio la desempe en el mismo Colegio en que se gradu (el Beln de Marianao) de 1953 a 1955, e hizo los cuatro aos de Teologa en Frankfurt (entonces Alemania Federal), de 1955 a 1959, y all recibi el sacerdocio el 31 de julio de 1958. Terminado el perodo de Tercera Probacin en Inglaterra (1959-1960), regres a Alemania en 1960 a hacer sus estudios de doctorado en Economa a la Universidad de Frankfurt, que complet en 1966. A su llegada al pas en 1966 fue Director del C.I.A.S. (Centro de Investigacin y Accin Social) y en esas funciones dirigi la encuesta o Survey Social, siendo luego encargado del secretariado latinoamericano de los CIAS o CLACIAS (1972-1976). Fund y form parte del equipo de redaccin de la revista Estudios Sociales (1968-1980), y a partir de 1968 empez a ensear Economa en la Universidad Catlica Madre y Maestra (UCMM). Fue decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Administrativas (1982-1985), director del Departamento de Economa en Santiago P ASOS Y H U ELLAS I N M E M RIA M DE JOS LU IS A LE M N DUPU Y, s.j. 1 Publicada en Dilogo, noviembre-diciembre 2007, rgano de comunicacin de la Provincia de las Antillas de la Compaa de Jess. Reproducida aqu con autorizacin.Este nmero del Cuaderno de Pedagoga quiere testimoniar las profundas huellas dejadas por el padre Alemn en su paso por la PUCMM. Invitamos a varias personas estrechamente relacionadas a l para que relataran, en breves prrafos, la forma en que lo recordaban. Ellos reejan en esas lneas, escritas con el corazn, las facetas que marcaron su vida: la humana, la espiritual, la social y la intelectual, pero, sobre todo, la del maestro.

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28 29 28 29 (1979) y en Santo Domingo (1992-2007), y director de la Maestra en Economa en el recinto Santo Toms de Aquino (1987-2007). El 17 de diciembre de 1993 la misma Ponticia Universidad Catlica Madre y Maestra le otorg el rango de Profesor Emrito. Adems, fue secretario de la Comisin de Justicia y Paz de Episcopado Dominicano (1967-1975), presidente de la Comisin de Economa de la Academia de Ciencias (1975), miembro de la Junta de Regentes de INTEC (1974-1976), y miembro del consejo de asesores de los gobiernos de Antonio Guzmn (1980-1982) y de Hiplito Meja (2000-2004). Con suma frecuencia, la prensa dominicana se haca eco de sus declaraciones o crticas a la poltica econmica de los gobiernos, y los programas de TV hacen frecuentes invitaciones. Slo repasando sus declaraciones desde 1979 en los matutinos y vespertinos nos facilita una revisin de los errores y aciertos de la poltica econmica dominicana de las tres ltimas dcadas. Adems de cientos de artculos en la prensa y revistas especializadas, public seis obras, empezando por su tesis en alemn (Frankfurt, 1968), entre las que destacan Teora econmica del desarrollo y el subdesarrollo (UCMM, 1978), Crisis de la economa mundial (UCMM, 1985), y Desarrollo con pobreza? Reforma social y disminucin de la pobreza (UCMM, 1997). Por n, el 24 de octubre del ao 2002 sali a la luz pblica su obra De Religin, Moral, Economa y otros caminos (PUCMM, 2002), Su ltima obra publicada fue Pensar Econmico (Centro Fe y Cultura Bellarmino, 2007). Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Ciencias (Academia de Ciencias, 1978), el Premio Nacional Manuel de Jess Pea y Reinoso (Santiago), el Premio Nacional de Economa, entregado por el Colegio Dominicano de Economistas (1986), el Premio Jos Ramn Lpez de APEC (1992), y el Premio CONES a la Excelencia Profesoral (2000). En Mayo 2007 la PUCMM le otorg el doctorado Honoris Causa. Este mismo mes de diciembre (de 2007, N. d. R), la Fundacin Corripio le otorg el premio de Ciencias Sociales (Economa). Los mltiples testimonios recibidos, por e-mail, en las calles, en los medios de comunicacin, en la participacin de los ocios religiosos, destacaban que el P. Alemn era un acadmico, conocedor y buen expositor de la economa; pero que era tambin un hombre humano, simptico y sencillo, que le toc el afecto a tantas personas. Los peridicos Nacional, El Caribe, Listn Diario, Diario Libre y Hoy editorializaron. Trascribimos unos prrafos del Hoy, peridico donde publicaba sus artculos semanales: Al despedirse de entre los vivos, el padre Alemn nos priva de un acadmico de altos mritos, con una hoja de servicio brillante, formador de generaciones de economistas y estudiosos de la realidad social. Pero su partida nos arrebata tambin al humanista, al pastor en la multiplicacin de la fe, defensor de derechos y principios a travs de la doctrina que abraz en su condicin de jesuita. Se nos va con l el crtico certero, formador de opinin pblica, analista acucioso de la realidad dominicana, realidad que conoca hasta en los ms mnimos detalles, estudioso incansable del comportamiento de la economa y su inuencia entre los marginados.Alina Bello, compaera de trabajo No adis, sino hasta luego!!Me han pedido que escriba algo sobre el P. Jos Lus Alemn Dupuy s.j., tarea difcil y lacerante para mi condicin unamuniana de sentidora, que todava agoniza por esta partida que nos deja en la orfandad del amigo sensible y tierno por ms de 12 aos.

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30 31 30 31 El P. Alemn, para m, signica un regalo de Dios a mi vida. Poseedor de una inteligencia superior a la que estamos acostumbrados a ver en el entorno universitario y nacional, nunca alarde de ella ni la puso al servicio del avasallamiento, el abuso o el deseo desmedido de poder y apariencia, tan propios del medio en que vivimos. Nunca fue un manipulador! Siempre se apegaba a lo que consideraba la verdad, sin compromisos ni temores por las consecuencias que sus ideas pudieran acarrearle. Era verdaderamente coherente y libre! De carcter carioso y de una nura de trato poco habitual en nuestro medio, el P. Alemn me permiti entrar en su vida y l entr en la ma de manera entraable, a travs de conversaciones triviales y conversaciones muy profundas. En medio de chistes -de los que a l le gustaban-, o simplemente analizando la compleja naturaleza de nuestro gnero humano. Amaba entraablemente a esta Ponticia Universidad Catlica Madre y Maestra, tanto, que el jueves 13 de diciembre, cuando lo recog en su casa de la Curia Jesuita para llevarlo a Santiago, a casa de su incondicional y entraable Mati Mera y familia, me pidi que quera ir un momentito al Departamento de Economa y casi sin poder caminar llegamos a su ocina, donde se sent en el silln de las visitas, conocedor de que ya no volvera a sentarse en su silln y desapegado de cualquier sentido de pertenencia a puesto o posicin alguna. Tambin recuerdo que en una ocasin cuando analizbamos la realidad del gasto pblico nacional me deca: Hija ma, el problema de este pas es la falta de austeridad. Aqu todo el mundo quiere vivir como si fuera rico, aunque no trabaje. Y es que l era austero hasta rayar en el ascetismo, valor que nos ha legado a los que hemos tenido el inmerecido e invaluable don de su amistad. Siempre atesorar en lo ms profundo de mi corazn su amistad sincera, su cario entraable, sus sabios consejos, sus enseanzas y esa hermosa sonrisa que, espero volver a ver entre los rostros de los que el Seor enve a mi encuentro el da de mi partida a Su presencia.Mara Eugenia Dvalos, alumna y becaria Fulbright de un doctorado en EconomaLa ltima vez que visit al Padre en su ocina me recibi con su amable y cariosa sonrisa de siempre. Empezamos a hablar de mis estudios, de la situacin del pas, de las ms recientes publicaciones en el rea de economa del desarrollo Sus comentarios sobre cada uno de estos temas transparentaban, como siempre, una sabidura y claridad acumulada a lo largo de muchos aos de estudio, constante actualizacin y vivencias personales. Llegamos al tema de mi tesis. Con profunda conviccin, me aconsej que, fuese cual fuese el tema que decidiera trabajar, me preocupara siempre por entender e involucrarme en la realidad del tema ms all de los nmeros y los modelos en papel, que le diera un toque humano a mi investigacin. Este rme compromiso social, que sobrepasa la economa fra que practican algunos economistas de hoy, siempre caracteriz al Padre. Inevitablemente, llegamos al tema de lo difcil y complicada que est la situacin del pas: la criminalidad, la pobreza, la desigualdad, la corrupcin Me concentr en enumerar los problemas que aquejan al pueblo dominicano con, no puedo negarlo, cierto pesimismo y sentimiento de que no haba salida. La respuesta del Padre me sorprendi Con un conocimiento profundo de la realidad socio-econmica del pas, me habl de los retos y problemas que actualmente enfrentamos pero, con el entendimiento de alguien que ha estudiado y vivido tantas etapas de la historia dominicana, muchas de ellas en momentos ms inciertos y, sin duda, ms difciles; me dijo con optimismo

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30 31 30 31 algo como: estamos mejor que hace treinta aos y en treinta aos estaremos mejor; el pas va progresando, poco a poco. Sigo pensando en sus palabras, sobre todo, en estos momentos de desaliento y me digo a m mismahay salida, hay esperanza. Con admiracin y respeto, me despido del Padre Alemn, agradecindole siempre sus enseanzas, sus palabras de motivacin y su inquebrantable amor por el pueblo dominicano. Guillermo Perdomo, compaero jesuita y ex alumnoRecuerdo a Alemn viniendo a la Madre y Maestra desde la Capital. Me llamaba la atencin su vestido sencillo y su carro cepillo. Siempre fue accesible. Su trato era afable y simptico, aunque saba que se mova tambin en ambientes importantes, hasta presidenciales y extranjeros. A travs de su alegra sencilla y de su ejemplo de hombre cultivado, humana, intelectual y espiritualmente, impuls a muchos, tambin a m, hacia un proyecto de crecimiento. Habindole conocido, no me podra conformar con poco: tendra que estudiar ms. Yo me aburra con las elevadas teoras y los modelos economtricos, pero l puso carne y realismo tico-social a aquella abstraccin econmica que me pareca tan rida. l me ayud a avanzar hacia una mayor curiosidad intelectual, incorporando los aspectos histricos, culturales y socio-polticos, donde entraban en escena las lites sociales y sus animal spirits keynesianos. Dirigi Alemn mi tesis de licenciatura en Economa sobre el crecimiento de las ciudades dominicanas. Fue l quien me puso en contacto con el Prof. Jost Hilhorst y me habl del curso de Desarrollo Regional que ofreca el Instituto de Estudios Sociales, de La Haya, Holanda. All acab realizando mis estudios de post-grado. Simptico y fraterno, el Padre Alemn supo poner sus exigencias, decir verdades y mantener su independencia, guardando una distancia proftica, que lo dej libre para acercarse y alejarse, cuestionar y acoger. Desde la PUCMM, me fue abriendo el horizonte hacia el apasionante mundo de la economa informal y su potencial para el crecimiento de una ciudad. En el 1978, siendo yo estudiante de post-grado, me regal su Teora Econmica del Desarrollo y del Subdesarrollo que enmarc por va frtil mi proyecto de maestra. La preparacin acadmica bsica que logr tiene la huella, inspiracin y acompaamiento de Jos Luis Alemn, s. j. Dentro de la gran amistad que nos uni, no me sent nunca atado, ni seguidor, y mucho menos deudor frente a sus aportes impagables de maestro insigne. Siempre encontr espacios de libertad y me admir de que l tambin los asegur para s. No pretendo haber entendido cabalmente la persona del Padre Alemn. Pero pasando balance, me he quedado con su sonrisa caracterstica de hombre comprometido, aquella misma que exhiba su rostro en el fretro, concluidos ya tantos afanes y enfermedades. Verle descansar sonredo, me arranc tambin una sonrisa. Alemn ha sido un verdadero caballero de la Economa, al servicio de muchos. Estoy muy agradecido por esa amistad que comenz en la Madre y Maestra. Gracias a l por entrar en mi vida e impulsarla respetuosamente hacia el magis de Dios en los otros.Pedro Silverio, ex alumno y colega economistaTuve el privilegio de conocer al Padre Alemn en varios ngulos de su extraordinaria vida como sacerdote, economista y, sobretodo, como humanista. Su condicin de maestro fue, a mi modo de ver su vida, el eje central de su propia existencia. El maestro siempre estuvo presente en cada uno de esos ngulos. Mirando hacia atrs, quizs bien atrs, la experiencia de tenerlo como profesor cuando me iniciaba en la carrera de Economa en la entonces UCMM de Santiago fue un hecho que marc positivamente mi vida, tanto desde el punto de vista profesional como personal. Excelente profesor con una inigualable capacidad para provocar un pensamiento crtico ante las ideas, aunque fuesen las que l mismo defenda. Cuando a veces era puesto a prueba por esas preguntas incmodas que en ocasiones se les ocurre a los estudiantes, responda con una picarda propia de su escepticismo: Solo Dios, y con suma dicultad, conoce la respuesta. Como intelectual, el Padre Alemn era una mezcla de Weber, Keynes y Schumpeter. Weber y Schumpeter crean en una ciencia del comportamiento social en la que la conducta econmica quedara explicada. Se trataba de la socioeconoma. l fue, en realidad, un socieconomista con un instrumental de poltica econmica fundamentalmente keynesiano. Podra decirse que fue un hombre del renacimiento que vivi la mayor parte de su vida en el siglo veinte. Sin duda, este maestro del que tuve el honor de ser su alumno y su colega como profesor en la PUCMM de Santo Domingo dej en m un inventario de grandes vivencias, pues fue siempre un faro dando la seal del camino hacia el servicio social, la solidaridad, la integridad y la humildad. Despus de todo, no solo nos ense en el aula, sino a travs de su vida ejemplar como un ser humano extraordinario. Este homenaje al intelectual, al maestro, al sacerdote y al ser humano que fue nuestro querido padre Alemn puede hacerse realidad comprometida a travs de sus propias obras, como estas estrofas arman:2 Si muero y les dejo aqu por un rato, no hagan como otros, que con dolor desgarrador, mantienen largas vigilias cerca de las cenizas silenciosas y lloran. Por amor a m, vuelvan otra vez a la vida y a la sonrisa, alienten su corazn y con mano temblorosa, hagan algo para consolar a otros corazones ms que al mo. Terminen esas tareas queridas e inacabadas mas. Quizs, yo pueda, a travs de eso, consolarlos. 2 Estrofas de un poema de A. Price Hughes. Traduccin de Ana Margarita Hach de Yunn.

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32 33 32 33 La Encclica Madre y Maestra vio la luz el 15 de julio de 1961, aunque fue fechada el 15 de mayo, para celebrar los 70 aos de la Rerum Novarum encclica pionera de Len XIII (1878 1903) sobre la cuestin social. Segn Ildefonso Camacho, s.j.,1 la Madre y Maestra se public en un mundo optimista, dos dcadas despus de la Segunda Guerra Mundial (1939 1945).2 Con cuatro brochazos, el Dr. Camacho caracteriza aquellos aos: 1. Una clara opcin a favor de la democracia. Las soluciones totalitarias quedaban descalicadas. Los pueblos que nacan a la independencia, en su mayora, imitaban las estructuras propias de las democracias occidentales. 2. Se constataba una alta tasa de crecimiento. Se hablaba del consumo de masas. 3. Se estaba consolidando el Estado de Bienestar. La administracin pblica intervena ms resueltamente para evitar la expansin incontrolada y la recesin. Los Estados se iban dotando de un sistema fiscal potente y ejercan una cierta funcin redistributiva. 4. Se acentuaba el proceso de descolonizacin de muchos pueblos de frica y Asia y, concomitantemente, tambin los pases de Amrica Latina pugnaban por participar en los frutos del desarrollo econmico. Entre 1945 y 1960, por lo menos 40 pases alcanzaron su independencia poltica, hecho que afect a 800 millones de personas, es decir, ms de la cuarta parte de la poblacin mundial de ese entonces. Entre los pueblos recientemente liberados del colonialismo y en algunas de las colonias todava existentes, irrumpa por doquier la rme resolucin de armar la dignidad e igualdad ante naciones ms ricas y poderosas. La Conferencia Afroasitica de Bandung (Indonesia), en abril de 1955, ilustra este propsito cimentado en los famosos cinco principios de J. Nehru: respeto a la soberana, no agresin, no interferencia en asuntos internos, igualdad y benecio mutuo y coexistencia pacca. La Encclica Mater et Magistra no slo conmemor justamente la Rerum Novarum, sino que subray y aclar con mayor detalle las enseanzas de sus predecesores, particularmente la de Quadragesimo Anno (1931), de Po XI. El Radiomensaje (1941), de Po XII, expuso con claridad el pensamiento de la Iglesia sobre los nuevos y ms importantes problemas del momento (50)3. El estilo de la Encclica era novedoso. Hasta Po XII haba predominado un discurso ms bien losco y una argumentacin basada en los principios de la razn. Juan XXIII se apoyaba en lo emprico y lo sociolgico para hablarle al hombre concreto. Su actitud bsica era la serena conanza en la realidad, aceptndola como es, pero buscando tambin en ella lo que esconde de ms positivo.El artculo resume las intuiciones del profesor Ildefonso Camacho, s.j., sobre la Encclica Mater et Magistra. En medio del optimismo de los aos 1960, Juan XXIII denuncia las inmensas desigualdades en la distribucin de los frutos del desarrollo dentro de las naciones industrializadas y entre los pueblos del mundo. Con un estilo cercano a las ciencias sociales, Juan XXIII expone la nueva situacin que enfrenta la humanidad. El artculo presenta la estructura de la Encclica. En ella, Juan XXIII retom los principios sillares de la Rerum Novarum sobre los cuales se ha ido construyendo el magisterio ponticio. El anlisis de la nueva situacin enfrentada por la Iglesia en aquel entonces, sigue vigente en nuestra Repblica, con sus oportunidades y amenazas. stas convergen en la llamada socializacin, un concepto mal comprendido que fue objeto de encendidos debates en 1961. El artculo concluye con tres luces para mirar nuestra situacin nacional desde la Universidad y una exhortacin del Papa a los educadores. Adems, en el Apndice se presentan algunas fechas claves que enmarcan la vida del ahora Beato Juan XXIII.NOTAS BIBLO G RF ICASL A E NCCLICA Q U E BA U TIZ N U ESTRA UNI V ERSIDADManuel Maza Miquel, s.j.* Sacerdote jesuita. Doctor en Historia por Georgetown University, Georgetown University, Washington, D. C. Profesor Investigador de la Ponticia Universidad Catlica Madre y Maestra, Recinto Santo Toms de Aquino, desde 1987.1 Profesor de Doctrina Social de la Iglesia y Moral Social, en la Facultad de Teologa de la Universidad de Granada.2 Toda la obra del profesor Camacho testimonia sus largos aos de investigacin y docencia. Mi artculo resume el captulo de su autora citado en las referencias bibliogrcas, enriquecido con dos o tres aportes. Ojal sea una invitacin a leer una obra que, sin duda alguna, constituye uno de los recuentos ms lcidos, precisos y honestos del Magisterio Social de la Iglesia.3 Los nmeros entre parntesis indican los prrafos correspondientes en la Encclica, numerados de la misma forma en todas las ediciones completas.

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32 33 32 33 Sobrevolando la EncclicaLos 264 nmeros de la Encclica se pueden organizan en cinco secciones. Una introduccin nos presenta a la Iglesia preocupada tambin por el bienestar material de los pueblos. Muestra de ello ha sido su importante magisterio social, inaugurado por la Rerum Novarum (1 -9). a anterior, reconociendo que los cambios cientcos, econmicos, sociales y polticos justican este nuevo pronunciamiento (10 50). anteriores (51 121). de la cuestin social (122 211) Doctrina Social de la Iglesia. cuerpo mstico de Cristo a los que el Papa imparte su bendicin (258 264).El legado de la Rerum NovarumEl Profesor Camacho pone de relieve el resumen que Juan XXIII realizara de los principios bsicos del magisterio social de Len XIII en la Rerum Novarum: 1. El trabajo no es una mercanca; su retribucin debe jarse de acuerdo con las leyes de la justicia y la equidad (18). Juan XXIII otorga al trabajo un papel ms prioritario que el sealado por la Rerum Novarum. 2. La propiedad privada es un derecho natural, pero lleva naturalmente intrnseca una funcin social (19). De nuevo, Juan XXIII da una preponderancia a la funcin social de la propiedad que no se encuentra en el texto de Len XIII. Esta intuicin se ha desarrollado en los ltimos 50 aos, hasta el punto de que autores como Martin Buber y Emmanuel Lvinas llegaron a armar: La socialidad, todava ms que el pensamiento, es la marca de lo humanoel individualismo desvinculado de nuestro tiempo [es] una aberracin humana. (Mardones, 2007, p.146). Sin embargo, se omite una preocupacin de la Rerum Novarum: el que todos tengan acceso a la propiedad. Mater et Magistra considera el derecho de todo ser humano a los bienes que garantizan su subsistencia, como anterior al derecho a la propiedad privada (43; Curran, 2002, p. 179). 3. El Estado no puede permanecer al margen de las actividades econmicas, y debe, ante todo, vigilar sobre las condiciones de vida de los trabajadores y los contratos de trabajo (20 21). 4. Existe un derecho natural de los trabajadores a formar asociaciones propias o mixtas (22). 5. Las relaciones entre trabajadores y empresarios deben fundarse en los principios de la solidaridad humana y cristiana fraternidad (23). En este nmero se aclara con mayor vigor el rechazo de la Iglesia tanto de la libre competencia ilimitada que el liberalismo propugna como la lucha de clases que el marxismo predica. Ambas son totalmente contrarias a la naturaleza humana y a la concepcin cristiana de la vida.A ctualidad de la Mater et Magistra La Mater et Magistra constituye un esfuerzo intelectual consciente de las situaciones inditas que la Iglesia enfrentaba y contina hacindolo. El Dr. Camacho las organiza en tres bloques: 1. Las desigualdades al interior de los pases industrializados que han avanzado en su desarrollo marginando al sector agrcola y regiones enteras. Desigualdades a escala mundial, entre pases poderosos y otros que apenas pueden subsistir. Se anunciaban as las preocupaciones de la Pacem in Terris. 2. Estas desigualdades amenazan la convivencia social al interior de las naciones y entre los pueblos. 3. El fenmeno de la socializacin.Un avispero llamado socializacinEl escndalo provino de la identicacin entre socializacin y socialismo. Algunos comprendan la socializacin como la nacionalizacin de las empresas. En la Mater et Magistra se reere a un rasgo sobresaliente de nuestra poca: al incremento de las relaciones sociales, o sea la progresiva multiplicacin de las relaciones de convivencia, con la formacin consiguiente de muchas formas de vida y de actividad asociada, que han sido recogidas, la mayora de las veces, por el derecho pblico o por el derecho privado ( 59). El escndalo desaparece si por socializacin se entiende un fenmeno sociolgico y no econmico-poltico, que ocurre en una poca determinada, fruto de una tendencia innata al ser humano. Juan XXIII se reere a socializacin como el desarrollo de los derechos econmico-sociales y la concibe como una oportunidad: la facilidad en todo gnero de intercambio y de comunicacin entre los hombres (61). Sin duda, existe el peligro de que la persona humana quede como diluida en esa compleja red de interrelaciones (62). La Encclica aporta los criterios que deben regir los procesos de socializacin: una sana concepcin del bien comn; la libertad y la autonoma de los cuerpos intermedios; el respeto a las personas y su participacin responsable en la vida de las asociaciones; la efectiva coordinacin por parte del Estado (65 66). Por bien comn, la Mater et Magistra comprende, todo un conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo expedito y pleno de su propia perfeccin (65). Toca a cada ciudadano asumir la iniciativa y responsabilidad de su propia existencia. En estos criterios est el principio de subsidiaridad, es decir, garantizar el mximo protagonismo en cada uno de los niveles en que se estructura la sociedad.Mater et Magistra y nuestra Madre y MaestraA los que estamos relacionados con esta pequea repblica universitaria que llamamos la PUCMM, la Encclica Mater et

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34 35 34 35 Magistra nos aporta, por lo menos, tres luces: 1. Vivimos en un contexto que se torna cada da ms conictivo: asistimos al progreso de la Repblica Dominicana mientras aumentan las hirientes desigualdades en una poblacin cada vez ms consciente de sus derechos econmicos y sociales. No es posible una paz duradera y fecunda si las diferencias econmicas y sociales [en una misma poblacin] resultan excesivas (157). 2. La era ciberntica nos convierte en la poca con mayores posibilidades de intercambio y comunicacin. 3. Vivimos sometidos a tal intensidad de intercambios y pertenencias, que nuestra identidad, trabajo e investigaciones se diluyen en una red de interrelaciones. Mater et Magistra nos revela la trascendencia de nuestro quehacer universitario, centrado, en su mayor parte, en una interaccin de seres humanos, el principio capital, sin duda alguna, de esta doctrina arma que el ser humano, es necesariamente fundamento, causa y n de todas las instituciones sociales; el ser humano, repetimos, en cuanto es sociable por naturaleza y ha sido elevado a un orden sobrenatural (219). La Encclica que bautiz nuestra Universidad nos traza este programa: Para actuar cristianamente en el campo econmico y social, difcilmente resulta ecaz la educacin si los mismos sujetos no toman parte activa en el educarse a s mismos, y si la misma educacin no se desenvuelve tambin a travs de la accin. (231). 1881, noviembre 25 Nace Angelo Giusseppe Roncali, el tercero de 13 hijos, en una modesta familia campesina de Soo il Monte, Italia 1905 1914 Secretario del Obispo Radini Tedeschi de Brgamo, famoso por su cercana a los obreros y la cuestin social 1914 -1918 Reclutado por el ejrcito como capelln, conoce de primera mano los horrores de las trincheras durante la Primera Guerra Mundial. Luego de la guerra, en sus ratos libres, investiga sobre San Carlos Borromeo (1538 1584). As, conoce en la Biblioteca Ambrosiana, al erudito Achille Rai, ms tarde Po XI (1922 1939), el Papa que le lanz en su carrera diplomtica 1925 Po XI le nombra Visitador Apostlico, y desde 1931, Delegado Apostlico en Bulgaria 1934 Delegado Apostlico en Turqua y Grecia. En Turqua, establece relaciones cordiales con los funcionarios musulmanes y el todo el cuerpo diplomtico 1941-1944 Durante la ocupacin alemana de Grecia, Roncali alivia los sufrimientos de la poblacin y colabora para que muchos judos no sean deportados 1944, diciembre 22 nombrado Nuncio en Pars, maneja con tacto la delicada cuestin de los obispos franceses, acusados de cooperar con el gobierno lo nazi de Vichy. 1952 Nombrado observador permanente de la Santa Sede ante la UNESCO. 1953, enero 12 nombrado Cardenal y tres das ms tarde, Patriarca de Venecia 1958, octubre 28 En la 12 votacin, elegido Papa de transicin. No se espera que a sus 77 aos sacuda la barca de Pedro 1959, enero 25 Lanza la idea del Concilio Vaticano II, tambin convoca un Snodo diocesano para Roma y la revisin del Cdigo de Derecho Cannico 1961, mayo 15 Firma la Encclica Madre y Maestra, dada a la luz pblica, el 15 de julio 1962, octubre 11 Preside la apertura del Concilio A pndice: A lgunos momentos claves en la vida del Papa B ueno

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34 35 34 35 1962, noviembre 11 Interviene para ordenar que el esquema propuesto sobre la revelacin sea entregado a una comisin, compuesta por tradicionalistas y avanzados, creada por l mismo. Ms de la mitad de los padres haba rechazado el esquema, pero no alcanzaban la mayora de dos tercios necesaria para obligar a su reelaboracin 1963, abril 11 Encclica Pacem in Terris. Por esos das recibe en audiencia privada al yerno de Nikita S. Krushchev, Primer Ministro de la entonces URSS 1963, Junio 3 Fallece. Se le llora como si fuera el prroco del mundo. 2000, septiembre 3 Juan Pablo II lo beatica junto al Papa Po IX (1846 1878). Referencias bibliogrcas Bi, F. (1992). Compendio de la Doctrina Social Catlica. El Compromiso con la justicia como vocacin del laico cristiano. Desde Len XIII a Juan Pablo II (1889 1991). Valencia: Editorial Edicep. Camacho, I. (1991). Doctrina Social de la Iglesia. Una aproximacin histric. Madrid: San Pablo. Carta Encclica Mater et Magistra de su Santidad Juan XXIII sobre el reciente desarrollo de la cuestin social a la luz de la doctrina cristiana. Extrado el 26 de marzo de 2008 de: http://www.vatican.va/holy_father/john_xxiii/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater_sp.html Curran, Ch. (2002). Catholic Social Teaching, 1891 present. A Historical Theological and Ethical Analysis. 1a edicin, Washington, D.C.: Georgetown University Press. Cuadrn, M., Castillejo, S., Escudero, R.M., Sanz de Diego, J.M., Daz Snchez, M.T., Compte, et al. (2000). Una nueva voz para nuestra poca. (PP47). Madrid: Publicaciones Universidad de Comillas Mardones, J. M (2007) Matar a Nuestros Dioses. Un Dios para un creyente adulto. Madrid: Propaganda Popular Catlica. Renau, J. (1994). Desaados por la Realidad. Enseanza social de la Iglesia. Santander: Editorial Sal Terrae.

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36 37 36 37 Juan La Mur*C M ICS P ARA E M ILIO *Juan La Mur es Director del Departamento de Comunicacin Social, Ponticia Universidad Catolica Madre y Maestra, Santiago de los Caballeros

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36 37 36 37 Para actuar cristianamente en el campo econmico y social, difcilmente resulta ecaz la educacin si los mismos sujetos no toman parte activa en el educarse a s mismos, y si la misma educacin no se desenvuelve tambin a travs de la accin Juan XXIII, Encclica Mater et Magistra (231), 1961

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