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Revista de la Biblioteca Nacional

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Material Information

Title:
Revista de la Biblioteca Nacional
Added title page title:
Revista de la Biblioteca Nacional (Havana, Cuba)
Physical Description:
50 v. : ill. ; 26 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Biblioteca Nacional (Havana, Cuba)
Biblioteca Nacional José Martí
Publisher:
La Biblioteca
Place of Publication:
Habana, Cuba
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Bibliography -- Periodicals.
Cuban literature -- Bibliography -- Periodicals.
Cuba -- Bio-bibliography -- Periodicals.
Genre:
serial   ( sobekcm )

Notes

Citation/Reference:
Also, Biblioteca Nacional "José Martí". Revista de la Biblioteca Nacional "José Martí" (OCoLC)2454556
Bibliography:
Indexes: T. 1-4, 1949-53 with t.4.
General Note:
Title from cover.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All rights reserved by the holding and source institution.
Resource Identifier:
oclc - 2459262
System ID:
AA00019219:00149


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Full Text





ARO 90, No. 4 OCTUBRE -, DICIEMBRE 1999
ISSN 0006-1727 RNPS 0383




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DE LA BIBLIOTECA NATIONAL JOSE MARTI






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ETABLO DE IARAVILLAS
ella Pogolotti

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110






















Aho 90/ Cuarta poca Octubre-diciembre 1999 Numero 4
Ciudad de La Habana ISSN 0006-1727 RNPS 0383



Director anterior: Julio Le Riverend Brusone (1978-1993)

Director: Eliades Acosta Matos

Consejo de Redacci6n:
Rafael Acosta de Arriba, Salvador Bueno Menendez, Ana Cairo Ballester, Tomas Fernandez Robaina, Josefina Garcia Carranza, Zoila Lapique Becali, Enrique Lopez Mesa, Francisco Perez Guzman, Sioniam Sdnchez, Emilio Seti&i, Carmen Suarez LeonEduardo Torres Cuevas

Jefa de Redacci6n: Araceli Garcia Carranza Edici6n: Marta Beatriz Armenteros Diseho e ilustraci6n: Luis Garz6n Masab6


Composici6n electr6nica: Departamento de Ediciones de la Subdirecci6n de Promoci6n y Desarrollo Biblioteca Nacional Jose Marti


Canje: Revista de la Biblioteca Nacional Jose Marti Plaza de la Revoluci6n Ciudad de La Habana

Fax: 816224 / 33 5938 Email: bnjm(Ojm.lib.cult.cu En Internet puede localizamos: htp/binanet. lib. cult. cu

Primer poca 1909-1912 Segunda poca 1949-1958 Tercera poca 1959-1993 Cuarta poca 1999La Revista no se consider obligada a revolver originals no solicitados.
Cada autor se responsabiliza con sus opinions.

















Indice General


ELIADES ACOSTA MATOS
E d ito ria l .................................................................................................. ........................ 5
ALEJO CARPENTIER
C apitulo de novela ............................................................................................................9
LILIA ESTEBAN DE CARPENTIER
Palabras de la directora de la Fundaci6n Alejo Carpentier al recibir
la Orden del Libertador conferida al autor de El reino de este mundo...................14
GRAZIELLA POGOLOTTI
U n retablo de m aravillas ............................................................................. ................15
ARACELI GARCIA CARRANZA
G rande y sencillo ...................................................................................................... 18
ANA CAIRO
Historia de lunas: una clave para El reino de este mundo ...................................22
ANILDA BLANCO PADILLA
Cervantes en El reino de este mundo ....................................................... ................28
A URELIO HORTA MESA
iM ackandal sauv6!... y apaguen la sala .................................................... ................37
YOLANDA WOOD
El espacio haitiano en El reino de este mundo......................................... ................45
LUISA CAMP UZANO
Traducir Am6rica: los c6digos clisicos de Alejo Carpentier..................................50
ELINA MIRANDA
Carpentier, el teatro griego y la recepci6n de los textos clisicos.............................63
AMA URY B. CARBON SIERRA
La cultura grecolatina en El siglo de las luces, de Alejo
Carpentier ............................... ................ ............... .....................77
ALBA PARDO PROL
La fraseologia en la obra de Alejo Carpentier (primer acercamiento)..................... 81
ALEJANDRO CA IOVAS
El mito en "Los advertidos", de Alejo Carpentier..................................... ................92
MARCIA LOSADA
Semiosis de una estructura ausente (El acoso) ...............................100
EMILIO ICHIKA4WA
U n a le ctu ra fe liz .............................................................................................................1 1 4
ROGER AVILA
Alejo Carpentier: raices de una visi6n postmodernista (cultura, historia, estilo) ............................................................................................118
















VICTOR FOWLER
Un diccionario para Carpentier: estado del proyecto .................................................125
FERNANDO RODRIGUEZ SOSA
Aproximaci6n a la Fundaci6n Alejo Carpentier ....................................129
CENTENARIO DE LYDIA CABRERA (1900-1991)
ALEJO CARPENTIER
Los Cuentos negros de Lydia Cabrera ......... ...............................131
U n m undo arcano ................................................................................ . . .. ................135
E lm on te ................... ......................................................... ......................................136
Refranes de negros viejos ........................................................................ ..................137
RESENAS
AMA URY B. CARBON SIERRA
C arpentier entonces y ahora ......................... ............................................. ................139
ANA CAIRO
Nuevas ediciones de Carpentier: Edici6n facsimilar de El reino de este mundo; La consagracidn de la primavera; los tres nuevos Letra y solfa y Visi6ndeAm rica .............................................................. ...................140
Alejandro Garcia Caturla, de Antonieta Henriquez ..............................143
RobertDesnoes et Cuba, de Carmen V isquez........................................................143
BIBLIOGRAFIA
ARACELI GARCIA CARRANZA
Bibliografia de Alejo Carpentier. Suplemento II............... ...................145














de entonces, como se consultant boy con
Editorial avidez, a pesar de su sobrio disefio rayano en lo asc6tico, la Revista Bimestre
Aunque con alg6n retraso y la Cubana o las publicaciones del Archipromesa cierta de mejorar en breve vo Nacional de hace cincuenta afios. la calidad de su impresi6n, la Revista
de la Biblioteca Nacional Jos Marti Y mientras no logremos el milagro que vuelve a la calle para encontrarse con vive en los personages protag6nicos sus files lectures y tratar de sumar de los cuentos de Andersen; mientras nuevos. La tenacidad con que pers 'iSte no podamos contar con la ideal conen su prop6sito de continuar el didlogo junc16n de lo bueno, lo util y lo bello, interrumpido hace cinco aftos la hace optaremos por seguir publicando nuesespecialmente notable a la altura de sus tra Revista... y proclamando, desanoventa aftos de existencia. fiantes, dispuestos a defender lo dicho
ante cualquiera que accept el reto, "a
En los 61timos tempos ban proliferado en pie o a caballo, con espada o lanza", Cuba, y es deseable que asi sea, una gran que es "la mds fermosa". cantidad de publicaciones pefi6dicas de
todo tipo. Vinculadas con frecuencia al El presented numero de nuestra Revissector emergence de la economic que se ta..., el cuarto de su cuarta 6poca, hace asienta sobre la moneda convertible, ban honor a lo dicho. Estoy seguro, y asi asediado virtualmente al lector cubano se lo escn*bi en nota a la doctor Aracell con sus ejemplares coloridos e irre- Garcia Carranza cuando revis6 el indiprochables, desde el punto de vista de la cc que me proponia, que se trata de un impresi6n. Pero tal despliegue de tecno- n6mero de colecc16n, de los que enselogia, tal derroche de buen disefio, tales fiardn con orgullo sus poseedores y alardes de imagination y glamour sue- buscardn con ansiedad los estudiosos de len dejar insatisfechos a quienes buscan medio mundo. Debe esperarse menos ese "algo inds" que depended de la de un exemplar de la Revista de la Bjpluma de los authors y del calado de blioteca Nacional de Cuba que se delos temas que se abordan antes que dique a Alejo Carpentier? de los cromos o el colofido deslumbrante.
Este jubileo tiene van os motives, todos
Para esos que leen mds con la raz6n respectable y vdlidos. En primer lugar, que con los Ojos continuaremos en la la conmemorac16n en 1999 del noventa porfia de sacar la Revista de la Biblio- y cinco aniversano de su natalicio, ocuteca Nacional cada tres meses y su- rrido en La Habana el 26 de diciembre mamos a ese pequefio, pero combativo de 1904. No todos los authors tienen el grupo de revistas cubanas que, sin dis- inmenso pfivilegio de segwirviviendotras poner de abundantes recursos ni porta- su muerte fisica, ni seguir enamorando das de IUJ o, estdn seguras de cumplir un a los lectures con su prosa y sus rol insustituible. Son las que dentro de fabulaciones, cuando estas ya no puediez o quince afios, dentro de un siglo, den seguir crescendo ni rehaci6ndose al serdn consultadas por los estudiosos compds de los tempos cambiantes.

5














Cudl seria, entonces, el secret de la que, medrando de su grandeza y puluperdurabilidad, la piedra filosofal que lando en sus inmediaciones sin derecho, asegura la etema juventud a las obras empequefiecian la perspective. de contados escfitores como Alejo?
Para suerte y orgullo de los cubanos, la
Con una pasmosa prodigalidad se suele obra de Carpentier ha soportado la pruedispensar, en nuestros dias y entre no- ba del tempo y sigue deslumbrando a sotros, la condici6n de "cldsicos litera- nuevos lectures de todo el mundo. Siendo nos" a authors vivos o muertos con una como es, un cldsico de verdad, tal conobra mds o menos reconocida, mds o dici6n se fundanienta en su fidelidad a menos aceptada por segments de la cri la 6poca hist6fi ca en que vivio, su aspitica o los lectures; con una obra, en re- rac16n a lo universal desde Cuba y sumen, mds o menos viva o mas o menos Am6fica, su coherence entre lo dicho muerta. Pero pocos de los que reciben y lo hecho, su atrayente y elegant protan elevado honor en referendos donde fundidad conceptual sin populismos, sin vota solaniente quien propane, y que mas concessions a las modas, sin demagoque referendos recuerdan a los golpes gia ni didactismo, sin frontiers estrechas de estado, pasan glonosafnente la prue- ni poses vanidosas. Cuando un autor ba del tempo. como 61 puede ser a la vez leido y estudiado, citado y disfrutado, estafnos ante
La mezcla de elements extralitera*Os un cldsico. Lo demas es filantropia alde todo tipo complica afin mds la situa- deana y autoconsuelo. c16n: no seria exagerado afinnar que
nuestro Olimpo literario, nuestro La segunda raz6n para hacer este hoParnaso, estd bastante necesitado de menaj*e aAlejo CarpentierennuestraRejerarquizaci6n, o dicho en buen cubano, vista de la Biblioteca Nacional radical de un figuroso desyerbe que pennita se- en que en este propio ano se conmemoparar lo verdadero de lo falso, lo aut6n- ra tafnbi6n el cincuenta aniversano de tico de lo coyuntural, lo genial de lo la publicaci6n en M6xico de su novel artesanal, lo cldsico de lo efimero. El reino de este mundo, obra hennosa y vital, texto de elecciones y disyuntivas,
Cuando ese moment Ilegue, y que na- en cuyos protagonists nos reconocemos die tenga la menor duda que Regard mds todos. Escfita desde la geografia indotemprano que tarde, cuando la obra es- mable del hombre amencano, es una escueta en sus mediaciones temporales, pecie de loa a nuestra condici6n humana en su context hist6rico, en sus hallaz- real, alej ada de tanta pose simplista y tugos y aportes est6ticos, en sus valores ristica de las literatures europea y nortehumanos, sea el verdadero objeto del anieficana sobre el tema. No es casual referenda, entonces figures como la de que la Biblioteca Nacional Jos6 Marti Alejo Carpentier podrdn bfillar y respl- bautizase con el nombre de esta obra su rar mejor en su glona, como esas cate- reci6n inaugurada Galena de Arte, podrales majestuosas o esos edl*fic*Os ni6ndola baj*o los auspicios de quien, espl6ndidos que redescubrimos al ser como Alej o, no solo fuera un gran escii demolidas otras edificaciones menores tor, sino tafnbi6n un gran critics de arte.

6














Y por si lo dicho no fuese suficiente para Para honra de esta Revista.... no es la que nos sumdsemos con todo derecho pfimera vez que le dedica uno de sus a los homenaJes que se le tributan a nAmeros a AleJo Carpentier. El corresCarpentier en todo el mundo, nues- pondiente a enero-abn* I de 1975 (nAmetra condici6n honrosisima de instituci6n ro 1, volume 18 de su tercera 6poca) depositana de unagran parte de sus ofi- baj* o la direcci6n del slempre recordado ginales, de sus f6tografias y apuntes, y Juan P6rez de la Riva, constituy6 un moaun de sus in6ditos, nos concede este mento de homenaJe al escntor en su seprivilegio y deber. tenta cumpleaftos. Las palabras de Luis
Pav6n Tamayo al inaugural la exposiEn un bien resguardado sitio de nues- c16n "Un camino de medio siglo", que tro edificio, bqJo la mirada amorosa y en la propia Biblioteca Nacional permiel celo de la doctor Aracell Garcia t16 exhibir una parte de los condos relaCarranza, gracias a la deference de cionados con Alejo; lo dicho por Juan la entraftable Lilia Esteban de Carpen- Marinello sobre el novelist en nombre tier, incansable en su misi6n de seguir del Comit6 Central del Partido y las pauniendo a este conjunto tanto de labras de agradecimiento del propio holo credo por Alejo, y por express dis- menaJeado; el texto del catdlogo editado posici6n del autor, conservamos, como por el Consei o Nacional de Cultura para blas6n y titulo de nobleza, estas pdgi- dicha exposition, a cargo de Salvador nas hist6ricas que bastarian por si SO- Bueno y la bibliografia de Aracell Garcia las para consagrar a cualquier Can-anza, clan un lustre precedent al nfiinstituci6n bibliotecan a del mundo que mero de la Revista que boy ponemos en las tuv*ese a su cuidado. Aqui estdn, susmanos.Esnuestrodeseom fe iente en maravillosa convivencia que pare- que, en el dia de mariana, sea tan requecc fruto de alguna de sus propias no- ndo y estimado como este de 1975. velas y relates, texts tan asombrosos
como sus "Apuntes para una cantata" Nadie mejor que el propio Alejo basada en un discurso de Raul Roa pro- Carpentier para terminar de prologar nunciado el 25 de agosto de 1961 en este n6mero de nuestra Revista dediSan Jos6 de Costa Rica; libretos para cado a su memona. No me siento caballet como La casa de baile o La paz de hacerlo, aunque creci bebiendo hija del ogro; la correspondence sos- de cada una de sus palabras en los tiemtenida con sus traductores al italiano, pos, que ya se me antoj an prehist6ficos, ingl6s y francs; notas de viaJes y re- en que ingenuamente crei poder Ilegar corridor por Praga o el Alto Orinoco a escnbir tan bien como mi idolo, o al venezolano; el texto original de su 6pe- menos, Ilegar a decir las mismas verdara Manita en el suelo con irmsica de des que aunque de otra mantra, fuesen Alejandro Garcia Caturla y la de El igual de hermosas y convincentes, igual milagro de Anaquilk, con m6sica de de universales y cubanas. Como ya s6 Amadeo Rolddn; los texts pfimigemos a conciencia que tal suefio no lo alcanzade Los pasos perdidos, de El reino r6 en esta reencamac16n, espero al mede este mundo, El siglo de las luces, nos elhonorde poderle contaraAlejo, si y tantos otros. me es permitido encontrarlo en el sitio

7














donde los Grandes reciben ciclicamente una masa de lectures, aqui donde casi el homenaj*e de sus pequefios admirado- nadie leia mis libros antes de la victona res en la Glona, en lo que adivino, sea de nuestra Revoluc16n... Han terminado una especie de besamanos versallesco para el escntor cubano los tempos de del talent, que sus palabras de 1974, di- la soledad. Para 61 han comenzado los chas en medio de la emoc16n al recibir el tempos de la sohdarjdad ...... homenaj*e de los lectures cubanos y de todo el mundo en su setenta cumplea- S6 que esta constatac16n le va a guitar fios, guardian en nuestro suelo toda su a Alej o Carpentier. validez y la rotundidad con que fueron prominciadas hace ya veinticinco afios:

"Y hoy, hablando como novelist que ELIADEs AcosTA MATos soy, dire' que me siento rodeado, leido, Director de la Biblioteca Nacional entendido, por millares y millares de Jos6 Marti lectoresporunamultitudde lectorespor














im ac16n de Bouckmann volvia a su
C apitulo de m*ePmrocn*a: "ArroJen el retreat del dios de
los blanco, que tiene sed de nuestras
novel Idglimas; escuchen, en si mismos, la Ilamada de la libertad". Am6lica no neceAlejo Carpentier sitaba hacer grades esfuerzos para
crear cosas sorprendentes, de un terlible valor po6tico.
Resbalando, trepando, volviendo a resbalar, agarrdndose a la roca pulida con Ahora se abria ante sus CJos la mole rcja los cascos desherrados, arafidndose la de la Cludadela de Chnstophe. Rojas las cinchera y la vena de la espuela, topan- torres; rojas las murallas, baJo un cielo trddo con la cruz en ramas baJas, sudando, gicamente cerrado por nubes negras. Las resoplando, lanzando elj*inete de la cnn a proporciones del castillo eran de orden casi grupa, romplendo aciones y ladeando geol6gico y laperspectiva contrariaba sus monturas, los Jamelgos ascendian hacia proplas leyes por una construccl6n la cima del Mole La Ferli 6re. Una densa pyramidal que desafiaba los hdbitos de la neblina azul demoraba en las hondona- mirada. Latorre flanqueante, que se apodas. El guia cantaba una extrafta y mis- yaba en un espol6n enorme, era cono tronteriosa copla que hablaba de un "sol chado a una altura que no era ya, siquiera, enfermo, sol que va monr", y que luego la del mundo de las aves. se perdia, para Lucas, en las lei anias del
patu6. Montados sobre pilots se alza- Cuando Lucas penetr6 en la Cludadela, ban dep6sitos de grants en las onllas del se detuvo con asombro. i La luz! Como camino. De trecho en trecho donna un y por qu6 reinaba semei ante luz en el intecafi6n de bronco, abandoned. Ante la nor de aquella montafta de ladnllos?... La profundidad de la vegetac16n, Lucas re- luz de acuano; luz verde, posada, tangible, cordoba las Ilanuras herrumbrosas de la de fondo de mar. Luz que parecia adhemeseta central, en cuya entrada se er- nrse al cuerpo, esculpiendo en vacio el guian doce celbas plantadas en redondo contorno de los seres. Y sin embargo las
-Ujleres de prodigies, guardians del vasto murallas interiors tambi6n eran rojas; silenclo rojo. Aquella mariana, nombres rojas por la fabulous proliferaci6n de un de genlos poblaban su mente: Ogun hongo, de color de sangre fresca, con ceFerraille, Climinel Petro, Erzulle, Gued6 rraz6n y lisura de brocade. Arliba, el cleI'Orage, Mani e Louise, Toreau Duchene, lo, como visto desde el fondo de un pozo. Femme Cheche, Rol d'Angole... i Que A los lados, los arcos de mazmorras, cootros pensaran en el surrealismo!... La munlcdndose entre si por puentes tendidos sobre Cies de carretas empotrados
en la pared. AbaJo, una alfombra de he*Carpentier entreg6 esta narraci6n a la revista lechos, temblorosos, impalpables -polvaGaceta del Caribe numbero 4, mayo de 1944, reda verde suspendida en el vacio. pp. 12-13), publicaci6n cultural orientada por
el Partido Socialista Popular. Este "Capitulo de Por escaleras in *adas se accedia a una novel" puede considerarse un texto precursor 01
de El reino de este mundo (1949). sala abovedada, interminable, reino de

9














penumbras, en que enormes caftones negras, hoyas tenebrosas, pozos en que de brazos en jarras descansaban sobre se perdia la voz, despu6s de rebotar larcurefias chats. El Escipi6n, el Anibal, gamente hacia las profundidades. Haabrian sus bocas negras sobre los va- cia fuera, caidas de mil metros sobre un Iles vertiginosos, en tanto que uno, plo- tapiz de drboles, arenas diferenclados mizo, yacia al pie de una tronera, unos de otros. Las nubes barrian la mole ostentando el lema enigmdtico de Fiel de ladrillo, mortero y sangre, cuyo aispero desdichado. Con soles victolio- lamiento ponia en el dnimo una especle sos por luz, se afianzaban los caftones de terror continuo y silencloso. de Luis XIV, pregonando su Ultima
cogino Regis, Junto a La atm6sfera de Edgar
los de la Revoluc16n Poel -exclafn6 Lucas,
Francesa, marcados dando de pronto con
en el lomo al grito de algo que se insinua
Libertad, Igualdad. f, ba en su espiritu des4
de hacia rato. iEl
Un terremoto habia,
cast*Ilo de la muerte
desordenado el all.. 0 roj a!... La cludad inexneamiento de las pie,
pugnable, fuera del mundo,
zas, haci6ndolas rodar
mds cielo que barro,
en todas direcciones
Lucas pens6 en una donde solo la
noche poblada de muerte puede pet e in b I o r e s netrar sin permiso del amo.
estriada por el
rayo, en que los
Y la muerte
broncos hublehabia peneron de
entrechocarse trado, en
effect, en la
al pie del altar
c ludadela
de los artilleros; La Ferri6re.
dando bandazos a Habia penetralas paredes y arro- V do en la propia
idndose unos sobre \11 persona de quien
otros, mientras miIla
quiso desafiarlo todo, sores de bolas de hierro, litario, por encima de las nucaidas de los dep6sitos de municiones, bes. Habia penetrado a la luz de se precipitaban, escaleras abaj*o, con un antorchas, poco antes del filo de una fragor de trueno. medianoche, escoltada por pajes africanos, reci6n traidos del continent leArliba, Lucas anduvo por el tope de las jano, que se Ilamaban Delivrance, murallas, con el v6rtigo asido a las sle- Valentin, La Couronne y BlenAIM6. Ell nes. A la izquierda, tirando de su cuer- una hamaca, Ilevada por los Royals po con manos de humedad, habia simas Bombons yacia Henry Christophe, el

10














hombre que un dia habia clamado, con cada tarde, hasta el fin de su existencia. los pufios alzados, de cara al cielo: "iAl Corneille se habia negado a probar alldiablo, canalla!... Se atreve San Pedro mento alguno, munendo unasemanadesa hacenne la guerra?". pu6s. Entonces lo sobrenatural entr6 en
escena.
Horas antes, Lucas habia atravesado las
minas del Palacio de Sans Soucl, de cuya lba a festeiarse la Asuncion. Esa fecha terraza de audienclas se iniciaba la as- concordaba con el aniversalio de la Relcensl6n hacia la Cludadela. Con sus pi- na Maria Luisa, y debia tener la cludad sos hundidos y sus estancias invadidas del Cabo por marco de ceremonlas. Pero por las espinas, la residence de Millot Chnstophe manifiesta, de pronto, una no habia logrado entuslasmarlo. Pero extrafta voluntad. No es en la capital, ahora, situado al horde de los precipi- sino en Limonade, donde quiere celeclos, viendo a la vez clerta masa de mor- brar la ceremonia religiosa. Es contratero gns, petrificada, en el centre del no a la tradici6n. i No importa!... i Si patio de honor, todo un mundo trdgico Notre Dame quiere fiestas, que me se animaba en su mente. Nada se habia siga!" -clama el monarch, que ya parecido, jamds, a la corte del rey desafi6 una vez a San Pedro-. Y parte Christophe. Corte hecha operetta negra el cortejo, clarinet y tambores a la capor unos cantos viajeros europeos, dvi- beza, hacia el villorno, cuyas campanas dos de acotaciones spirituelles, que al echan a volar. Oficia Juan de Dios hablar de los Duques de Mermelada y Gonzalez, capelldn de la Reina. Todo Limonada, no recordaban que esos nom- march blen hasta el Ofertorio. De bres corresponding a localidades bauti- pronto, Juan de Dios, que lba a escalar zadas asi por sus proplos antepasados. las grades, se detiene espantado. Hay No. Habia algo grandloso y dramatic otro sacerdote frente al altar Y ese en ese reino negro, con carrozas de oro, sacerdote... ies Corneille Brelle!... La caballos ligeros, cantatas, orquestas de rema no comprende. No ha visto. Y precdmara a lo Mozart, cuerpo de baile, aca- gunta al oficiante: Qu6 clase de misa demias de pintura, Te Deums solemnes, dice usted hoy, padre?". Pero Chnstophe ingenieros, artesanos y ninjeres que, du- ha visto. Su cabeza cae sobre los terrante aftos y afios, subleron una pledra, clopelos del dosel. Un rostro nuevo, cli sslempre igual a la anten or, a la cima de pac16n irifn6vil, pone mascara a su rostro. La Ferli6re, con la continuidad de un Sus brazos cuelgan como blelas rotas. cj6rcito de hormigas, para edificar aquel Estd paralizado. retire incredible, montafia sobre montafia.
Los m6dicos se inclinan sobre su lecho.
Mistefiosas voluntades comenzaron a Del cuerpo, pesado como saco de cadeactuar el dia en que Christophe tap16 nasbrotatodaviaunavozdesafianteque las puertas y ventanas de la vivienda quiere culpar a a1guien de su misen a: "Sl de Corneille Brelle, duque del Anse, salgo de esta, ya no cantardn capelldn de Sans Soucl, condenando al los gallons en Limonade". El espectro del vlej o capuchin a no recibir inds que un capuchin estd sentado, holizontalmenjarro de agua y un pufiado de casabe, te, sobre una viga del techo y mira a

I I














Christophe: "Si salgo de esta ya no can- Rojas las murallas que debieron aislarlo tardn los gallons en Limonade". Los ve- de Ia mucite. Pero Ia mucite habla ahora cinos, aterrorizados, atrapan los gallons por su propia mano. El estruendo de los y gallinas, para conjurer Ia c6lera del tambores arenas si deja escuchar una soberano. Ocultan las aves bqJo cestas detonac16n que repercute largamente cublertas de pafios, para que Ia luz del por las salas desiertas de Sans Souci. dia no los anime a canter. Con tiras de Henry Chnstophe, rey de Haiti, yace lana se amordazan los caballos para pro- atravesado en una butaca, con Ia cabeza hibirles el relincho. Los asnos, cuyo re- rota por una bala. Salpicaduras de cerebuzno podrian saludar el sol, son bro se confunden con los arabescos arrastrados al monte, baJo una Iluvia de de Ia alfombra. palos, y ocultos en Ia espesura.
A las doce de Ia noche, mientras, abaj*o,
Chnstophe es Ilevado a Sans Souci. Ya Ilega una iniplorante comitiva a Ia Ciudano desafia a San Pedro ni a Notre dela La Ferr6ire, inicidndose el saqueo. Dame. Sabe que ahora sus enemigos Por Ia gran puerta cublerta de tuercas se aprovechardn de su mascara. El do- penetran los pajes afficanos, Ilevando una mingo siguiente se hace frotar con una hamaca en hombros. La luz de los mezcIa de ron y pimientos y, como un hachones hace bn*llar el pelo lustroso de gran automata, se asoma a una ventana tres muieres agotadas por Ia ascension. para asistir al desfile de Ia guardia. Son Ia Rema Maria Luisa y las princess Pero ocurre algo raro. Apenas salen Amatista y Atenais. Al fondo de las balos soldados del area dominada por los rrancas rueda el trueno de los tambores. oJos del monarch, los tambores se Un soldado clama, mirando las plaffidedesacompasan, dando un somdo in- ras resales: "En tierra de blanco cuando habitual. Ya no redoblan en dos por cua- muere un Jefe se corta Ia cabeza a Ia tro, sino en cinco por ocho. En el rostro muier y a sus hijos". El conde Ner6, gopetrificado del Rey se encienden In- bernador de Ia fortaleza, agarra al vuelo ces de ira: "iEstdn redoblando el esta alus16n al 93. Para evitar toda promanducum6n!... fanac16n, el cadaver de Chnstophe es
hundido en un mouton de mortero fresA estos tambores responded otros, y co, destinado a las obras de Ia Ciudadeotros, y otros... El honzonte se puebla Ia. Y baJo cement amasado -por de tambores. Tambores en Haut-le- voluntad real- con sangre y pezufias de Cap. Tambores en Ia Ilanura que Ilega buey, desaparecen los rests del mds soral mar. Tambores en los mores. Sobre prendente monarch de Am6rica. S61o le los tambores recent enormes Ilamara- falta el meffique de Ia mano derecha, que das. El incendio avanza hacia Millot, en Maria Luisa habrd de Ilevarse a Pisa, redondo, apretando su cerco, levantan- como reliquia de su remade. do trombas de lenteJuelas ardientes
sobre los sembrados resales. Chnstophe Lucas sentia, ahora, intensos deseos de contempla lanoche roia. Rojas son tarn- escnbirlahistonade Chnstophe, Rey del bi6n las torres de Ia Citadelle, que de- Cabo. En eso pensaba cuando Ia luz bieron ser el reducto final de su remade. del crep6sculo espigaba Ia silueta de su

12














caballo en lo alto de las cuestas, revelando la presencia de cafiones acostados entre las hierbas.

-iTierra de prodi- V
gios!... "La princess estd triste..."
Versalles... El 1jr6foro celeste... iMedio siglo perdido en ese almac6n de trastos! ... iY aqui se vivia en un mundo de m*lagros! ... i Melgarej o y su caballo Holofernes! ... iRobins6n y su escuela! ... iLa corona de Azurduy, dialogando con una cabeza cercenada, en presencia de su ej*6rcito! ... i Mackandal! ... i Henry Christophe!... %Recuerdas que queries ser.. una Marganta Gautier?" iRastacueros!... i Sofiaban con el Cqf Procope delantales sucios, carries manoseadas, versos aj*enos- y habian tenido la suerte de nacer en Am6n*ca!...

Detrds del horizonte del Cabo debia dibujarse, por alguna parte, la silueta de la Isla de la Tortuga. El guia seguia canturreando:
Soleil malady,
Soleil qui va mourjr!...















Palabras de la director de la

Fundacio"n Alejo Carpentier al recibir la Orden del Libertador

conferida por el gobierno de

Venezuela al autor de El reino de este mundo*

Lifia Esteban de Carpentier Director de la Fundaci6n Alejo Carpentier

Excelentisimo Sefior Jos6 Vicente Rangel, Canciller de la Rep6blica de Venezuela Compafteras y compafteros:

Constitute un gran honor para mi recibir esta tarde la Orden del Libertador de Pnmera Clase, concedida post morten, a Alej o Carpentier. Fue en Venezuela donde Alejo encontr6 el afribiente necesano para desarrollar su obra literana. Ya que fue alli donde escn*b16 sus novels El reino de este mundo, Los pasos perdidos, El acoso y El siglo de las luces, sus relates Guerra del tempo, y su obra de teatro La aprendiz de bruja, junto a su column penodistica Letra y Solfa, en El Nacional, de Caracas. Nunca, en realidad, Alejo y yo nos fulmos de Venezuela. En todos estos afios, slempre hemos tenido un contact muy director y fraterno con ustedes. Para el venezolano, el tempo transcurrido no disminuye la afnistad. Al contrano, ese tempo ha acrecentado los afectos que nos unieron y nos unen. Muchas gracias

Lilia Carpentier



* La Orden fue otorgada de acuerdo a una resoluci6n firmada por el ministry del interior y justicia, Ignacio Arcaya, y por disposici6n del president de la Repnblica, Hugo Chavez. El acto de condecoraci6n tuvo lugar en la Casa de las Americas de La Habana, el 18 de noviembre de 1999.

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de Affica. Era necesano proyectar haU n retablo cia denltro y hacia fuera, las imagines
de tenitofios en active process de consde truccl6n y de autorreconocirmento. Esa
fue la tarea asumida por Carpentier en
su condici6n de novelist, critic, penom aravillas dista y ensayista.

Graziella Pogolotti Pero sabia Carpentier que, en tales cirProfesoraypresidenta de la Catedra cunstanclas, no podia detenerse en el
Carpenter de la Universidad de La Habana ejercicio estficto de la praxis literana.

Pfimero vim eron los indianos de "el cami- Otras urgenclas eran apremiantes. Los no de Santiago". Luego fue el propio Cli s- proyectos elaborados en el siglo xix, la t6bal Colon. Qulzds habria que afiadir apanc16n de la cr6nica pen odistica por tambi6n a ese otro indiano, de ofigen obra de los maestros del modemismo, diferente, nacido ya en Am6rica y en el apuntaban hacia una voluntad de demorejuego de la plata que inicia el viaj*e a cratizar la culture. Este deseo cobr6 Europa con un servidor negro -al modo forina en el manifiesto programdtico, en de la picaresca- convertido, segun Con- el surgirmento de institutions culturacierto barroco, en verdadero protago- les de distinta indole, y en la political cultural de la revolucl6n mej icana.
nista del relate. Unos y otros, en tres
moments decisivos de la obra Ell 1959, despu6s de sus afios venezocarpenteriana, eran portadores entre lanos, Carpentler desembarc6 en Europa y Am6fica de un retablo de ma- La Habana. Para los esclitores y los arravillas. Antes de Ilegar a la letra, se tistas, su regreso fue un verdadero aconiba constituyendo, en fenas y a veces tecirmento. Traia en carter, aun in6dito en cortes, el imaginalio popular de un El siglo de las luces, que se publicaria universe reci6n descublerto. Al choque, en La Habana con un hermoso disefio hecho de deslumbramientos y decepcio- de Raul Martinez. Como el retablo de nes por los primers navegantes, habria maravillas se transforina en Concierto de corresponded su reinvencl6n legiti- barroco, en medio del carnival ma por parte de los artists. veneciano, en fastosa improvisaci6n

Habrian pasado algunos siglos cuando percutante graclas al cubano Salvador
-nacido en las pdginas de Espejo de
todavia Am6fica seguia slendo para el paciencia el cubano Alejo Carpentier resto del mundo un tenitofio pefif6fico, nos habia traido la primicia de uno proveedor de matenas plimas. Desde la de sus texts fimdamentales, El siglo de distancia y el confinamiento, a pesar del las luces. apparent traslado de models europeos,
el continent habia ido configurando su Pero, junto a su obra, Alejo Carpentier propla culture. Ell el siglo que ahora ter- trajo otro retablo de maravillas. Era un mina, se reivindica, junto a la herencia Festival del Libro Cubano. Dos colecprehispdnica, aquella que habia venido clones, formadas cada una de ellas por

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diez titulos, integraban una plimera bi- texto original y ya no solo desde la zarblioteca bdsica de authors cubanos, con zuela. Reaparecia Alvaro de la Iglesia, tirades masivas de doscientos cincuenta portador de leyendas. Era sin dudas, una mil ejemplares al precio irnsono de trem- primer muestra, que aunaba el valor ta centavos por libro. Los paquetes, que simb6lico y el real. A trav6s de la Reno habian perdido su caracteristico olor pAblica, algunos especialistas se habian a imprenta, invadieron los s6tanos de la ocupado de rescatar en los archivos BibliotecaNacional. Alli, donde el silen- muchos texts olvidados, que alcanzaclo, la soledad y el aburnmiento habian ron ediciones Atiles, pero restlingidas. dominado por tanto tempo, la march Ahora estaban en medio de la calle. La pausada file sustituida por el cubano literature national encontraba su verdatrajin. Entraban y salian los bultos, des- dero espaclo. tinados a la venta callejera en las esquinas de los barrios populares de la Tan adusta entre sus muros recubiertos cludad. Al frente de la empress, Alejo de mdrmol la Biblioteca Nacional se convirtI6 en visitante cotidiano de la redisefiaba sus funciones. A las que le Biblioteca, vinculo que nunca habria de correspondia en tanto que guardian del perder. Hombre de letras, tambi6n lo era patrimonlo, se afiadian las corresponde accl6n. dientes a una biblioteca pAblica. Obras
de arte contempordneo iban a circular
La iniciativa de Alejo coincidia con el muy pronto, mediante pr6stamos simiproyecto de democratizac16n de la cul- lares a los utilizados para los libros en la tura, promovido por la Revolucl6n triun- sala dedicada a este fin. Tambi6n se difante. Las transformaciones econ6- fundia la m6sica. Los nifios acudian al micas y sociales desencadenaban un dfnbitoj*uvenil. Intellectuals venidos de affin de saber, estimulado por la afirma- todas parties dictaban conferences. cl6n de un sistema de valores slempre La transfonnac16n social encontraba su latentes, pero soterrado baj*o las decep- correlate en el cafnpo de la culture. clones sucesivas padecidas por la voluntad liberadora. Las jerarquias ya no La culture no significaba ya una posada estaban suietas al vinculo con los pu- carga dirigida a eruditos y escolares. dientes. Responderian a la capacidad de Vivia, alegre como un Festival, en la cada cual. ocasl6n de un reencuentro plivilegiado.
Volvia a ser parte de la vida. Con su
Como otro retablo de maravillas, las presencia, borraba la falsa imagen de calls se Ilenaron del alegre cololido de elitism, sin caer por ello, en err6neas las portadas, en una operacl6n destina- posiciones populistas subestimadoras de da a recuperar para nosotros la litera- las capacidades del pueblo para captar tura cubana. Selecciones de Jos6 Marti lenguaj*es mds complejos. acompaAaron las antologias del cuento,
la poesia y el ensayo. Cecilia Vald6s Con su proyecto de Festival, Alejo esaparec16 nuevamente en la Loma del taba contribuyendo a dar las sefiales Angel y volv16 a encontrar su sitio en la de una nueva 6poca. No sabia entonmemoria national y lo hacia desde su ces que muy pronto le tocaria dingir, en

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el moment de su fundac16n, la Edito- dactaba algunas lAcidas cuartillas, que nal Nacional de Cuba y asumir en ella aparecerian sin firnia. Constituyen tola realizaci6n de los mismos prop6sitos davia una parte desconocida de sus que animaron el festival. A buen precio obras completes. El trabaj*o fue siemaparecerian los cldsicos y los contem- pre para 61 tarea de enthusiasm. Asi pordneos, la herencia cultural decanta- aparecia slempre en la Biblioteca. Entre dapor el tempo y lo mejor de latradici6n la pas16n y el fervor con su concept national, Thomas Mann y Jos6 Marti. de la vida como aventura del permanenCada volume contenia una introduc- te enthusiasm, sus brazos se moving como, c16n. Cuando no habia qui6n la hiciera, aspas, en un gesto, en una acc16n conalausanzade los vicjos penodistas, co- creta que acompafiaba siempre a locaba su saco en el respaldar de la silla la palabra. y en una antigua mdquina de escribir re-














Ministro Consei ero de la Embaj ada de
G rande y Cuba, la Biblioteca le finde especial homenaje con motive de sus 45 aftos de
vida intellectual. A prop6sito del missencillo mo es publicado un primer catdlogo biAraceli Garda bliogrdfico, de 2 000 ejemplares,
Carranza prologado por la doctor Graziella
Pogolotti y compilado por la doctor
Jefa del Dpto. de Bibliografia Cubana Marina Atia. Este bellisimo catdlogo,

de la Biblioteca Nacional Jos Allatfi previa consult con el propio Carpenter, se organza por secciones
En julio de 1959 Alejo Carpentier re- de acuerdo con la publicaci6n de sus gresa definitivamente a Cuba, despu6s obras hasta mediados de los aftos 60. de 14 afios de intense trabajo en Ve- En cada secc16n aparece, en primer nezuela (1945-1959) y de inmediato es- lugar, y en orden cronol6gico la pritrecha relaciones con la Biblioteca mera edici6n de cada obra, y baj*o esta Nacional de Cuba din gida por la docto- informaci6n las ediciones y traducciora Maria Teresa Freyre de Andrade nes correspondents, seguidas de las (con quien tenia amistad desde los afios bibliografias pasivas o secundan as. En treinta en Paris) y su subdirectora, doc- el caso de El siglo de las luces (1962) tora Maruja Iglesias. Desde entonces se aftadieron fuentes consultadas y esCarpentier apoya la promoc16n y exten- tudiadas por Carpentier antes de ess16n de la Biblioteca. El archive f0to- cnbir esta espl6ndida novel. De una grdfico de la Biblioteca Nacional Jos6 de estas fuentes'se utiliz6 la mayor Marti lo confirm si hojeamos sus dlbu- parte de las ilustraciones para este camesa partir de 195 9. tdlogo, ademds de los grabados de
Bolofia (s. xix), y las f6tos de Paolo
Del primer jurado del Premio Casa Gasparini seleccionados por el de las Am6ricas (febrero, 1960), los no- disefiador Jos6 M. Villa. Esta obra bivelistas Miguel Angel Astunas y Car- bliogrdfica, ya rara y/o vallosa apoy6 los Fuentes prominciaron sends una espl6ndida exposici6n que se monconferencias en nuestro Salon de ac- to e inaugur6 el 30 de noviembre de tos, por solo mencionar algunas perso- 1966, en la boy Galena "El reino de este nalidades que Carpentiertrae y present mundo" de la Biblioteca Nacional. en nuestra instituci6n.
Con estos antecedents a mediados de
De su participaci6n direct como confe- 1973, en carta fechada el 10 de julio de rencista recuerdo "Verdad y ficc16n en ese afio le escn*bo a Carpentier a FranEl siglo de las luces", charla que nos cia y le infornio que el director de la ofreciera el 9 de diciembre de 1963. La Biblioteca Nacional Jos6 Marti, el poeimagen de su presencia se respite en ta y critics Luis Suardiaz, habia autonnuestra histona grdfica de los 60 y exac- zado que yo continuara la compilaci6n tamente en 1966 antes de cumplir de su obra. La respuesta a mi carta fue su misi6n diplomdtica en Francia como inmediata, y Carpentier me ofrece todo

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su apoyo. A partir de entonces me en- Y no solamente he dado mis apunvia cuanto exemplar de su obra se publi- tes, notas, manuscripts, sino docucara en el extranjero. Asi iniciamos una mentors iconogrdficos, f6tografias, correspondence de accuses de recibo, y retreats, y references critics y pede preguntas y respuestas de ambas par- nodisticas. tes.
Soy cubano, y como tal quise que
Un afio mds tarde, en el verano de 1974, toda documentac16n relative a mi Carpenter y su esposa Lilia Esteban vi- vida y obra que pueda solicitor un sitan la Biblioteca Nacional, y asi, cada estudioso pueda encontrarse en la verano, lo harian hasta muy avanzada BibliotecaNacional de Cuba. la d6cada de los 70. En la vista initial,
ya quedaria concertado el primer dona- Por lo tanto, cuando alg6n estudiantivo de su papeleria con la doctor Ma- te se dirija a esa Biblioteca, en busria Lastayo, trabaj*adora gigante, y ca de datos acerca de mi, le ruego admirable jefa de Selecc16n y Adquisi- que le haga saber d6nde se hallan c16n de la Biblioteca por esos aftos, en- las fuentes mds completes de una intraftable amiga de los Carpentier. En su formac16n que incluye, incluso los propia casa el autor de El reino de este manuscripts de dos novels m6ditas' mundo nos llen6 cajas con manuscri- y que no Ilegu6 nunca a publicar por tos, recortes, impresos y f6tografias con haberlasjuzgado como fallidas en su una sencillez real-maravillosa, y nos planteamiento structural. confess que habia decidido que toda su De mantra que, parallel al trabaj*o papeleria permaneciera para siempre en bibliogrdfico '4 confeccion6 un catdlogo la Biblioteca Nacional de Cuba. de manuscn*tos, recortes, revistas dediPosteri ormente en 1977, lo ratificaria en cadas integramente a Carpentier, imprecarta dirigida al senior Howard G. sos y f6tografias, afin no publicado. Este Gotfields, director de colecciones espe- inmenso donativo que durante casi una ciales de la Universidad de Boston d6cada harian career Alejo y Lilia se que desde 1971 se interesaba porque convertiria en una de las mds valiosas y Carpenter depositary su papeleria en millonarias colecciones que integra actan prestigiosa instituci6n. Esta carta tualmente nuestro patrimonio bibliogrdprueba la voluntad del gran nove- fico national (colecc16n que ennquece lista quien depositary en vida, su obra, Lilia Esteban de Carpentier desde 1980 en el tesoro de la nac16n a la cual deb16 la hasta nuestros dias). conciencia de su ser.' En ella express: La papeleria organizada, seg6n tipos de

Soy cubano y como tal, a pesar de documents, aparece descnta en un caque mucho me hublese halagado ha- tdlogo diccionafio que pennite fficilmenher donado mis manuscntos y docu- te la recuperac16n de la infonnaci6n.
mentors a la Biblioteca de Boston, los La organizaci6n de esta coleccio n, imprehe dado ya a la Biblioteca Nacional sa y no impress, nos abri*6 puertas al desJos6 Marti, de Cuba. cubn*r la imensa bibliografia utilizada

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por Carpentier cuando escribiera cada incomparable, capaz, de maneiar su inuna de sus grades novels. Carpenter mensa erudici6n con amenidad y sin crea, recrea, adapt, y vuelve sobre sus vanidad, y slempre orgulloso de ser cuprimeras ideas hasta convertirse en bano. Su entraftable amor a Cuba estufuente de si mismo. Y, mientras donaba vo muy por encima de su empefio de sus papeles y recortes a la Biblioteca ser escfitor, como declarara en una enNacional y recibia en pr6stamo la obra trevista. de Nlafiano Pic6n Salas, o de Arturo
Uslar Pietri, y un dia muy apurado me Por excepc16n ful testigo de otra de sus dijera que iba a Regla a visitor la casa muestras de sencillez y amor a Cuba: de Lidia y Clodomira, recuerdo que me su alegria era evidence si uno de sus pid16 le compilarabibliografias selecti- alumnus de la Universidad de La Havas sobre el 10 de marzo de 1952 (gol- bana al verlo lo saludaba en mi cubicupe de Estado de Fulgencio Batista); lo, o en la Sala Cubana de la Biblioteca el 26 de julio de 195 3 (asalto al Cuartel Nacional. Recuerdo, entre otros, su enMoncada); el 2 de diciembre de 1956 trafiable encuentro con la histonadora (desembarco del Granma); el 17 de ene- Olga Cabrera. En la papeleria que atesoro de 1957 (suspension de garantias ra la Biblioteca Nacional aparecen sus constitucionales); el 13 de marzo de 1957 charlas y notas de classes sobre histona (asalto al Palacio Presidencial); el 2o de la culture impartidas en la Universide abfi I de 195 7 (huelga general); el I de dad de La Habana a los entonces futuenero de 195 9 (triunfo de la Revoluc16n); ros licenciados en Historia (curso y sobre eljuego controlado por la mafia 1962-1963). Fueron sus alumnus entre en algunos hotels de lujo de La Haba- otros, Pedro Pablo Rodriguez, Leyda na en la d6cada del 50. Estas Oquendo y Carlos del Toro.
compilaciones fueron selectivas torque
a Carpenter solo le interesaba la infor- Como usuafio o lector no resultaba difimac16n mds impactante de la 6poca, los cil servirlo, pues, sabia lo que queria, y titulares de pfimera pdgina, los leads en en cuanto a su erudici6n esta no era el lenguaj e pen odistico. aplastante, sabia transmitir la solidez de
sus conocirmentos, torque era un maesPosteriormente al donar Lilia a la Bi- tro, verdadero "evangelio vivo", y era adeblioteca Nacional los ofiginales de La mds el mds ameno de los conversadores. consagraci6n de la primavera, entre Slempre trat6 de no interrumpirlo para capitulos escfitos a mano y a mdquina, no compete un crime de lesa humaniaparecian los mecanuscfitos de estas dad. Ejercia el magisterio con fdcll exbibliografias cuya utilizaci6n ya yo pres16n y s6lida enjundia, era un habia descublerto cuando reci6n pu- conversador delicioso e inagotable a blicada La consagraci6n... (1978) lei quien se podia oir durante horas enheen los capitulos correspondents el uso brar recuerdos y an6cdotas. intertextual de los leads.
Bondadoso, affable, de trato natural y
Pero c6mo era y c6mo recuerdo a Ale- muy cubano, en occasions por no saber jo Carpenter? De grandeza intellectual que venia a la Biblioteca Nacional yo

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no estaba en la puerta, y me buscaba avec des details sur les Indies de la Guiane et les
como cualquier otro usuario en los pa- Wgres / trad. d I'Anglais par P. F.Henry. Paris: skills de nuestra querida instituci6n. Chez F. Buisson, 1802. t. I : il. Recuerdo una ocas16n, precisamente Wase esta carta en: Garcia Carranza, Araceli.
cuando su 70 aniversano, que baj*e ca- De la colecci6n Alejo Carpentier Valmont: un sualmente al pnmerpiso de laB*bl* inmenso y creciente donation. Revista de la
I 10te- Biblioteca Nacional Jos Allarti (La Habana) ca y me enconti-6 con el autor de El (2):37-39, mayo-ag., 1984.
siglo de las luces, quien estaba vien- Se referia a El clan disperse y a El aho 59. do la exposici6n que sobre su vida Y La primer de estas novels habria de evocar la
obra habiamos montado en el vestibule 6poca de creaci6n y actividades del Grupo
para homenajearlo, y al dirigirme a 61 Minorista, y algunos elements de la misma le pregunt6 %Por qu6 no me aviso pasaron, casi textualmente, a distintos pasajes
de El siglo de las luces y de El recurso del de su vistaa" Y me dii o: "Hij a, si ya he nu todo, su primer capitulo, titulado "Laconjura venido varias veces, por lo que me gus- de Parsifal" fue publicado por la Revista de la ta esta exposici6n, y te aseguro que no Biblioteca Nacional Jos Allarti (1975). es vanidad, sino es estar content con Fragmentos de El aho 59 tueron publicados en lo que he hecho". la revista Casa de las Am&icas (1964) y en la
revista Bohemia (1965), en esta ultima bajo el titulo "Los convidados de plata". Todos los que tratamos a Carpentier sa- 4 Garcia Carranza, Araceli. Biobibliografia de bemos que nadie estuvo inds alejado de AlejoCarpentier. Ciudad de La Habana: Editorial la pedanteria intellectual y de las falsas Letras Cubanas, 1984. 644 p. vanidades. SuplementoT Ciudad
de La Habana: Biblioteca Nacional Jose Marti, Sencillez, grandeza y maestri caracte- 1989. 5 p. nzaron a este hombre excepcional, uno En estaRevista aparece publicado el Suplemento de los mdximos artifices de la prosa cas- 11. tellana contempordnea que supo elevar la histoiia a un rango po6tico, ya que todo cuanto escn*b16 lo hizo contando con la histoii a. Por eso su obra posee la calldad de lo verdadero y de lo vivo. Parafraseando su "Cervantes en el alba de hoy", discurso prominciado al recibir el Premio Miguel de Cervantes Saavedra, quiero decir que ese Alejo, grande y sencillo, como lo calificara Ren6e M6ndez Capote, fue, y serd un Cervantes en el alba de siempre.

NOTAS

Stedman, J. G. Voyage a Suriman et dans 7Vinteri urde laGuiane: contenantlareldtion de cinq ann es de courses et d'observationsfaites dans cette, contr e intOressante etpeu connue

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H 0 0
istoria de lunas, una dave


para El reino de este


mundo

Ana Cairo
Professor y secretariat de la Ccitedra Alejo Carpentier de la Universidad de La Habana A la memorial de Salvador Redonet (1946-1998)


Cuando se lee el colijunto de los articu- Literatura negra hecha por Blaise los de Alejo Carpentler entre 1925 y Cendrars para d1fundir los altos valo1928, se aprecia como sus preocupa- res po6ticos de un continent, cuya proclones musicales y literarias se van duccl6n cultural se subestimaba en enrumbando hacia una convergencia de Europa. Tambi6n se interest por la juiclos eficientes para normal su praxis obra de Paul Morand, otro creator de como creator vanguardista cubano. avanzada. Con "La Europa galante 114 inicI6 las resefias eloglosas. Ell octuEll "La irmsica cubana" realz6 las PO- bre de 1925, redact6 el mecanuscnto sibilidades del son, al cual consideraba "Paul Morand, el cosmopolitan de las como un complejo polirritmico capaz de 'Noches 1115 del cual utiliz6 las ideas lograr la internacionalizaci6n de nues- matrices para dos texts de mejor factra m6sica. Su desarrollo podia tura: "Le boudha vivant de Paul Mocontrapuntearse con el del jazz en los rand 116 y "La s6ptima noche de Paul Estados Unidos. Por lo mismo, incitaba Morand".' a un studio de ese fen6meno sonoro
como una de las coordenadas cultura- Ell los antenores texts, 61 estimaba que les de maxima avanzada. el exotismo (hij o de la literature romantica de viajes) proponia una images
Por otra parte, en "Una obra sinf6nica asombrada, e stdtica, reductora por simcuband" utiliz6 la descn*pc16n del escdn- plista. El autor exotista se esmeraba por dalo suscitado en el estreno de Ober- ensefiar a sus lectures la otredad cultutura sobre temas cubanos (29 de no- ral, que se fundaba en prejuiclos cuallviembre de 1925) de Amadeo Rolddn tativos suyos. El mundo cultural del para exponer los punts cardinals de creator se ofrecia como superior, Coun proyecto de nacionalismo sinf6mco, mo civilizado, torque se dignaba a sormodalidad de un program de renova- prenderse sobre lo aj*eno, lo subalterno, cl6n vanguardista al que despu6s tarn- o lo diferente inferior. bi6n se sum6 Alejandro Garcia Caturla.
Carpenter simpatizaba con un cosmoCarpentler, como critics literano, exalt6 politismo autoral en cuyas propuestas en "Literatura africana" la antologia narratives se rechazaban los prejuiclos

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culturales. Los creadores debian sen- abandoner la dicotomia exotismo-costirse coparticipes de realidades dindmi- mopolitismo. Los elements que lo ayucas y plurals; no eran espectadores; daron a esa revision de cntenos, fueron buscaban el 6nfasis en lo esencial hu- los relatives a los debates que presenmano dentro de la diversidad de espa- 66 en tomo a cuddles eran los factors clos. Cendrars y Morand ilustraban un 6tnicos legitimos parajustipreciar el pacosmopolitismo de gran conciencia in- tnmonio del pueblo cubano. ternacional affirmative.
A partir de la fundac16n de la Sociedad
En el articulo ... Castilla' y el paisaj* e en del Folklore Cubano (6 de enero de la mAsica nueva",' Carpentier utiliz6 1923) por iniciativa de Fernando Ortiz, como lema esta idea de Miguel de habia comenzado un deslinde y una exalUnamuno: "Es dentro y no fuera donde tac16n de los tipos de races culturales. hemos de buscar al Hombre: en las en- No habia discrepancies sobre la traftas de lo local y circunscnto, lo uni- dignificaci6n de lo popular de origin versal; y en las entraftas de lo temporal europeo; sin embargo, se desataban las y pasajero, lo etemo".9 Al aproplarse pasiones, cuando se evaluaban, se rede latesis de Unamuno, concluia un pro- colectaban o se difundian informacioceso de reqjuste de sus opiniones al nes sobre lo popular de ongen africana.

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El racism mds fmibundo polanzaba las con los mAsicos franceses, y darse a coposiciones mds reaccionanas. Se juz- nocer como escntor. gaba lo negro como infenor, bdrbaro,
extranjero. Se incitaba al desprecio Entre los texts de particular inter6s de esas versions de nuestra memona que public podrian mencionarse los arcolectiva. Fernando Ortiz se convirtI6 ticulos "Lettre des Antilles" y "Les en uno de los intelectuales mds admira- points cardinaux du roman en Amen que dos por Carpentier, cuando encabez6 Latine"." El objetivo fundamental del las huestes de los que exigian una acti- primer era -desde una est6tica tud democrdtica, ecum6nica y surrealista- una descn*pc16n de los asantirracista, como fundamento de un pectos mdgicos involucrados en las nacionalismo cultural renovator para creencias religiosas populares. Por colectar el patrimonio oral de los anti- ejemplo, traduio la "Oraci6n del Justo guos esclavos y sus descendientes.10 Juez"; enumer6 los doses sincr6ticos de un pante6n cat6lico y de la Regla
En la problemdtica cubana de 1927, de Ocha; comment las asociaciones o Carpenter suscfib16 la tesis de Unamuno, potencias fidfilgas; y por 61timo, se torque lo estimulaba a la b6squeda de lo adentr6 en el micromundo de los chinos etemo human dentro de una recreac16n en La Habana. artistic de inidgenes plurals de lo popular cubano democrdticamente En "Les points..." argumentaba el prorej erarquizado. Cuando inici6 la escritu- ceso hist6fico de Am6fica Latina desde ra de los pfimeros fragments de "Chivo el period colonial hasta las expenencias, que rompe tambor" (entre julio y agos- entonces actuales, de los goblemos dicto de 1927) ya habia madurado su po6ti- tatonales. Resefiaba la evoluc16n narraca narrative vanguardista para contar tiva a partir del ciclo de obras romdnticas una histona de personages negros con y se detenia con enthusiasm creciente roles protag6nicos. en los m6ritos de Don Segundo Sombra, Doha Barbara, La vor6gine, Los
El 6 de junio de 1926, Carpentier lleg6 de abajo y Las lanzas coloradas. Dipor tren a Ciudad de M6xico para una chas novels constitution los punts carestancia de quince dias. Alli crey6 que dinales de una fase de modernizaci6n comenzaba a concern la expenencia de literana, en la que se combinaban teAm6fi ca," y pudo conversar con Diego mdticas nacionales con una t6cnica arRivera, uno de sus paradigmas de inte- tistica mejor asimilada y mds efficient. lectual vanguardista nacionalista y lati- Estas obras merecian una amplia difunoamencano. s16n, torque ilustraban nuevas calidades
dentro de los spacious legitimadores de
En marzo de 1928, 61 aprovech6 las fac Ii- una producc16n literal a mundial. lidades del congress de los delegados de
la prensa latina en La Habana, para mon- Carpentier elogiaba el ascenso cualltarse en el barco y marcher a Paris. tativo de la narrative latinoamencana, Hasta 1930, sus preocupaciones fueron torque se reconocia como parte de ese la sobrevivencia economic, los vinculos gremio de intelectuales. Pero aderads,

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aspiraba a escribir una novel diferen- y en finiciones de tal vagaba v entraba te a las anteriores, pero parigual como en las casas para brindar placeres logro artistic por su onginalidad temd- sexuales a distintas muj*eres. tica y structural.
El narrator -con perspective
Por lo mismo, en 1933, redact6 la ver- equisciente- asum16 el punto de vista s16n final de su novel Chivo que rom- de Atilano en la presentac16n del conpe tambor, a la que finalmente le cafnb16 flicto. Despu6s, la voz narrative se mulel nombre para publicarla como iEcu tiplicaba para simultanear la vision de yamba-6! en Madnd. Atilano con la de otros personaJes participantes.
Salvador Redonet13 logr6 desentraftar
muy bien las dificultades t6cnicas de un El protagonista, sus defensores y eneminarrador novicio. Las principles defi- gos, compartian un universe religioso ciencias se encontraban en los cafnbios sincr6tico. A partir de ese hecho colectiabruptos del punto de vista en el siste- vo, el narrator generaliz6 un tono, ir6nico ma del narrator; en la contradicci6n in- hacia las versions de una verdad multisalvable entre las calidades de un ple, legitimada por las acciones de cada discurso de un narrator omnisciente de bando, en sus respectivos espacios. gran culture y el que correspondia a un
protagonista analfabeto; en el abuso de El sistema de personaJes se structure contexts innecesarios para la fdbula. con un disefio de contexts ideol6gicos totalmente ajustado a los intereses de
En 1933 y al afto siguiente, Carpentier las caractenzaciones. Hubo un empleo hablaba de iEcu ..., con un tono de sa- de los contexts muy precise. La perstisfacci6n, torque se habia pectiva ir6nica contrarrest6 cualquier autoconvencido de la profunda verdad desequilibno en la tension drafndtica interior de que queria ser un buen na- hasta la muerte de Atilano. rrador. Por lo mismo, una vez ya en
la imprenta, madnlefia iEcu ..., retom6 Historia de lunas podria considerarse un boceto narrative 14 titulado Histoire un texto cualitativamente superior a de lunes para hacer una version defi- iEcu ... Fue una cota que logr6 vennitiva en francs, que se public en la cer; y que le facilit6 una mds precise y revista Cahjer A Sud (diciembre de orgdnica autoconciencia de que solo 193 3) de Marsella. La edici6n, ya tradu- deberia a la discipline ser un mejor y cido el texto al espahol como Historia mds severe critic de lo que no podia de lunas, demor6 casi cincuenta afios." publiCar.16

El protagonista de Historia de lunas era Carpentier se autoimpuso un silencio Atilano el limplabotas de un pueblo cu- narrative de casi once afios (1933bano. tl se convertia en un drbol a de- 1944). Con "Capitulo de novel" y tenninadas horas del dia, y a otras ya 61 "Viaj*e a la semilla", regres6 triunfalse sabia autotransforinado en un "escu- mente. Por la edici6n facsimilar de la mdizo" (una especie de hombre-majd) primer mexicana de El reino..., se

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supo que el manuscript se termin6 el al montage de plans. Acept6 que bubo 16 de marzo de 1948. un vanguardismo fecundo por sus modos de ver y de hacer; despu6s, la rutiEl 18 de abfil del mismo afio public el na, los dogmas arbitrarios (hijos de falls ensayo "De lo real maravilloso amen- imaginativas) lo hicieron est6fil y hasta cano" en el per16dico El Nacional, decadence por estancamiento como opcomo pr6logo future de la novel. En c16n artistic. marzo de 1949 ya circulaba El reino...
Y, con posteriondad en el mismo afto, Los mecanismos de disefio de personahizo impnmir (como folleto) Trist6n e Jes en Historia... y en El reino... fueIsolda en tierra firme. Ambos ensa- ron los mismos. Tanto Atilano, yos podrian leerse de modo sucesivo pensdndose y sinti6ndose drbol, o accomo claves de una continuidad tuando como un "escurridizo", y
programdtica vanguardista. Mackandal, con sus poderes
licantr6picos, respondieron a la misma
En Trist6n... realiz6 una autocritica al dindmica de creencias religiosas colecvindicar con grades elogios los apor- tivas. tes del romanticismo; al exaltar
los valores del paisaje y sus funciones El salto cualitativo de El reino... en comcontextualizadoras para la caracten action paracion con Historia... radIC6 en el earnde personages; al pfivilegiar las histonas bio de selecc16n de nuevas fuentes de locales y nacionales como fuentes fdbulas. Carpenter encontr6 nuevos imanutricias de una identidad propia. Tam- ginanos, mas proteicos como metarrelatos bi6n reiter6 las censures a los exotismos. para construir la histona de Haiti (entre Revalid6 los hallazgos de motives y per- las d6cadas de 1750 y 1830) y su evolusonajes populares, que -de todos modos- c16n de colonia francesa a nac16n indelas vanguardias democratizaron inds. pendiente. Estos imaginarios nuevos facilitaron la invenci6n de mej ores perRomdnticos y vanguardists gestaron sonajes, que refimcionalizaban lo mitico, una tradici6n integrativa de mitos, le- lo legendano, como la mds perdurable yendas, personages, reftincionables den- redimensi6n de una 6pica de justicia netro de los g6neros literarios, o de otras cesafia para un pueblo y un continent, artes. Ambos coincidieron en los gus- que culturalmente tenia que reafirmarse tos por afirmar programs de rupture a si mismo. y en los excess pasionales de
autoestima.Los vanguardistas mds 16- Otro avarice cualitativo entre ambas cidos comprendieron las interrelaciones obras se identific6 en el plano entre ambas po6ticas; y aceptaron el composicional, pesto que result de parentesco de familiar. maxima eficiencia la yuxtaposici6n
de plans espaciales y temporales, hiEn "De lo real..." Carpentier enumer6 Jos de los montaJes vanguardistas. Quilos aportes indudables de las vanguar- zds el 61timo avarice podria centrarse dias en la aparici6n de nuevas frientes en el mayor equilibfio de escenas de disde Undgenes, en los advances en cuanto tintos 6nfasis, ya satin cos, ya trdgicos.

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La evolucl6n narrative de Historia de interns en el articulo "Lo local y el localismo,
lunas a El reino de este mundo debe- colecci6n de articulos de "Letra y Solfd', Caracas,
ria resaltarse mds, torque obligaria a peri6dico El Nacional, 29 de noviembre de 1952.
j Ustipreciar mej or la gran riqueza te6ri- Colecci6n Carpentier, Biblioteca Nacional Jose ca y t6cnica que tuvo la praxis de Marti.
Carpenter como vanguardista cubano Ortiz, Fernando. Cuentos afrocubanos.
y latinoarnencano. ArchivosdelFolklore Cubano (LaHabana) abr.jun., 1929, pp. 191-192.
Se public originalmente en la revista Social, mayo de 1927, pp. 58, 73.
NOTAS "Baquero, Gaston. Carpenter y dos carts
in6ditas. En: Lafuente inagotable. Valencia
El Pais (La Habana) I jul., 1925:3. Editorial Pre-textos, 1995. pp. 175-184.
(No se ha republican complete). Wase una cita Baquero reprodujo un fragments de la carta amplia en: Cairo, Ana. La d6cada gen6rica del enviada a Paris por Carpentier al periodisintelectualCarpentier(1923-1933). En:Letras. ta nicaragilense Eduardo Aviles Ramirez (fechada Cultural en Cuba. La Habana: Editorial Pueblo y el 26 de julio de 1926) contdndole las primers Educaci6n, 1988. t. 5, pp. 3-38. impressions de su viaje a Mexico.
'Social (La Habana) febr., 1926. Bifur (Paris) (3):91-105, 30 sept., 1929 y
Adem6s en: Carpentier, Alejo. Cr6nicas. La Le Cahier (Paris) 3(6):19-28, nov. 193 1. Habana: Editorial Arte y Literatura, 1975. t. 1, 11 Redonet, Salvador. Un dilemma entre contexts, pp. 39-42. narrator y personages. En: Letras. Cultural
en Cuba. La Habana : Editorial Pueblo y 'El Pais (La Habana) 6 jul. 1925:3. Educaci6n, 1988. t. 5, pp. 71-83.
4 lbidem, 20 jul. 1925:3. 14 Colecci6n Carpentier, file n. 1, mecanuscrito

' Colecci6n Carpentier, file 8, n.1, Biblioteca n. 3 Biblioteca Nacional Jose Marti. National Jose Marti. 11 Carpentier, A. Historic de lunas. En su: Obras
6 Diatio de IaAllafina (LaHabana) I I scpt. 1927:42. co-plelas. Mexico : Editorial Siglo XXI, 1983.

'Ibidem, I en. 1928:33. t. 1, pp. 221-238.
La traducci6n es de Marti Soler.
lbidem, 26 jWIL. 1927:33.
16 Carpenter, A. Capitulo de
Carpenter reitei-6 su novel. Gaceta del Cafibe (La
solidaridad con estas tesis de Habana) 1(3):12-13, mayo,
Unamuno en otras 1944.
occasions. Tiene particular










. ...........





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Cervantes


en El reino
aft
de este


mundo

Nilda Blanco Padilla
Professor de la Universidad de La Habana

El Pr6logo que acompaAa la primer A- A,
edici6n de El reino de este mundo' (1949), ha sido asediado por la critical especializada tanto como el texto mismo del relate, y quizd inds, debido a sus postulados programdticos. Una cita f
cervantina tomada de Los trabajos de Persiles y Segismunda lo encabeza: "Lo que se ha de engender de esto de conver- suyo- el que se burla y el que aconsej a, tirse en lobos es que hay una enferme- el que promincia el prop6sito fundamendad a quien Haman los m6dicos mania tal del libro; el que caracteriza lo que lupina". leeremos como una "simple y sencilla
h1storla" que debe ser escnta con "palaEl motive por el cual la cita del bras Ilanas y significantes". Persiles... encabeza el Pr6logo, qu6 hay de conum entre Cervantes y El reino de Por su parte, la voz autoral se deja eseste mundo y en qu6 media se "apoya" cuchar arremetiendo contra las reglas al Carpenter en otros texts del escntor uso -mds bien, contra la estncta obserespaftol, es de lo que se tratard a conti- vancia de ellas-, e insta al final a que se nuac16n. le agradezca dar a concern a Sancho
Panza. El lector se va a enfrentar, seg6n En primer lugar, debe compararse el el Pr6logo, a una obra nueva, distinct; a Pr6logo de El reino... no con el que una nueva mantra de narrar. acompaAa al Persiles..., sino con el de El Quijote de 1605. En ambos, sus En el Pr6logo a El reino..., Carpentier, respectivos authors se encuentran ante sin intennediarios, tambi6n se enfrenta el problema de la novedad y la tradici6n. a las reglas vigentes, sobre todo en Europa, la cual estd agotada, ha perdido Para enfrentarse a la tradici6n en su Pro- la fe, la ingenuidad, y se respite a si mislogo, Cervantes utiliza el recurso del ma descrey6ndose. No se trata -dice interlocutor. Es ese amigo -alter ego Carpentier-, de una vuelta al realismo;

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sino de "concebir una mistica vdlldd'y los hombres de este mundo tienen aAn de abandonerr los mds mezquinos hdbi- en sus destmos literarios y vitals. tos parajugarse el alma sobre la terrible
carta de una fe".2 Se trata de una "filosofia de la historia"4 en la que el contrapunto EuropaEs la fe en si mismo del artist; la fe Am6n ca es esencial. La estrategia que que le pennite percibir las "maravillas sigue Carpentier es la de naturalizar lo resales" de la histona de Haiti, las del sobrenatural y viceversa, con lo cual Canbe y Am6ncatoda. Por eso, advier- las creencias de los negros haitianos en te en el Pr6logo que, en contra de lo el vodA se inscriben como naturals y sucedido en Europa, el recuento de las se les "descarga de todo significado de I.cosmogonias americanas" aAn no se bestialidad o atraso"; ellas resultant el ha Ilevado a cabo. Tambi6n, al igual motor impulsor de la liberaci6n. que en el Pr6logo a El Quijote, aparecc la ironia: En el Pr6logo, Carpentier afirma que el
relate "narra una suces16n de hechos
en 1780 unos cuerdos espafio- extraordinanos [ ... ] en una histon a imles, salidos de Angostura se lanza- possible de situar en Europa". Dicha ron todavia a la busca de El Dorado, suces16n de success, ocunidos en la hisy en dias de la Revoluc16n Fran- ton a de Haiti, es presented "deidndose cesa -ivivan la Raz6n y el Ser Su- que lo maravilloso fluya libremente de premo!- el compostelano Francisco una realidad estrictamente seguida en toMen6ndez [anduvo] por tierras de dos sus detalles".'
Patagonia buscando la Ciudad Encantada de los Usares.' En un labofioso trabajo de investigation
que ha cotei ado fechas hist6ficas y croAm6fi ca, tierra de promisiones, guarda- nologias del texto carpenter ano, Roberba la esperanza para los de alld. Frente to Gonzalez Echeverria 6 Ilega a la a heroes "rocambolescos" de la maravi- conclusion de que los hechos y los perIlosa literature europea, se levantan h6- sonaJes, los success, existieron a lo larroes americanos de aut6ntica grandeza, go de 75 aftos de la historia de Haiti y cargados de fuerza "por la fe de sus con- fueron reelaborados por Carpentier. tempordneos", como Mackandal, el
haitiano, que con sus poderes licantr6pi- Toda la reflex16n de Gonzalez cos, surge de las entraftas de lo mitico y Echeverria se Ileva a cabo, entre otras acMa, desde ese mito, en la histon a. cosas, torque result evidence, en la afirmac16n del Pr6logo, una responsabillSi Cervantes se enfrent6 a la tradici6n dad, una actitud de "traductor" de la con la "simple y sencilla histon a" de un histonaen lanovelao relate. Es que lo hombre conum, tocado de locura imagi- maravilloso "fluye libremente" o, como native, Carpentier va al pasado desde el dice este investigator, se express a trapresente para descubrir, en ambos, las v6s del texto, se "Inscribe" en 61 sin potencialidades que perviven en nues- hab6rselo propuesto deliberadamente el tro continent americano, y la fe que autor? La respuesta del specialist en

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el barroco espafiol no podia ser otra: fe: la del artist en si mismo, que es, en Carpenter nos engafia, se constitute "en effect, un "dios menor", capaz de crear un dios menor borgeano, y se enmasca- otra realidad -la textual-; y la de los ra detrds del [falso] postulado de creyentes, fe que los mueve a actual o una ontologia afnericana, de la presen- les ensefia a descubfir que latienen que cia [ap6cn*fa] de lo real maravilloso". tener en ellos mismos.

Creo que cuando Carpentier reclama la Cuando se relee El reino... a partir de lo verdad hist6fica y documented de IOS que Colon [Carpentier] nos confiesa en hechos que aparecen en El reino..., no El arpa y la sombra, queda claro que estd quefiendo decir que su relate sea cre6 una realidad-otra a partir de los douna copia fiel. No podria serlo, torque cumentos, torque descubr16 una mds ya su "fuente" es una documentac16n ela- maravillosa afin de lo que habia leido en borada. La refigurac16n a que estdn so- los libros. metidos los matefiales hist6ficos prueba
que hay una intencionalidad explicit: Lo cierto es que Carpentier, con la esponer de manifiesto lo maravilloso coti- critura de El reino..., se enfrentaba a una diano en la histofi a amen cana. Sin em- lucha a muerte como creator: o daba un bargo, son los Ojos y el trabajo de vuelco a los postulados europeos, utillcreac16n del autor los que nos hacen zdndolos, o se convertia en un simple percibir esa realidad de una mantra continuador de lo ya hecho. Al propomaravillosa. Es 61 quien la toma asi. NO nerse desplazar el Cie de interns hacia es que su "Imaginativa" est6 perturba- Am6fica, y otorgarle a su escntura una da, pero es afin, en ciertos aspects, al carta de identidad que le permitiera diproceso que se nos muestra en El Quj- namitar el eurocentrismo, debia buscar jote. una formula. La que encontr6 fue eficaz

Don Quijote tambi6n es un artist. Crea y cumpI16 su cometido. otra realidad a partir de su imagination. Si Cervantes, a lo largo de su obra, se Pero creac16n. Cervantes, aun cuando planted una nueva mantra de novelar y utiliza todas las mediaciones posibles present problems tan acuciantes como para el distanciamiento con el relate y los limits entre la naturaleza de la fielos personaJes, se mantiene controlando c16n y sus relaciones con la vida; toda la realidad. Carpenter, desde su Pr6logo, defend16
la po6tica de lo real-maravilloso como
Carpenter toma la misma position. un m6todo de configurac16n artistic, de control y se alej a. Es la forma de eva- indagaci6n en la realidad y de la expreluar -por ejemplo-, la escena de la inci- s16n literaria de esa realidad. Al insistir nerac16n de Mackandal en la cual el
narrator se distancia, asume otra pers- en que los elements maravillosos estdn pectiva y no la de los creyentes, para en la propia realidad y que el artist los reafirmar la ambigiiedad, para mante- recoge en su obra, Carpentier, al igual nerse dentro y fuera de las creencias. que Cervantes, se estd planteando los Carpenter estd presentando dos tipos de limits y la naturaleza de la obra artisti30














ca, el problema de la ficc16n como "Ver- de escena despu6s de su muerte, pero dad" dentro del texto. queda vivo en la mentalidad mitica del
pueblo. Otros personages conducen la
En Persiles..., lo que se narra no tiene acc16n como suede en la H ston* a; pero que ver con hechos resales, n1 sl*qul*era quien estd guiando todos los acontecicon los que debieron o pudieron ocurrir mientos en el texto es el narrator, cuya en muchas occasions; se trata de suce- oninisciencia se traslada -de acuerdo con sos en que lo fantasioso, lo "Increible" lo que interest al mundo narrado- dentro
-como el vuelo y la transfonnac16n de de los personages o muy cerca de la vila bruja en lobo-, se convierten en ve- s16n de estos, como en el caso de Ti Noel. rosimiles dentro del texto gracias al nuevo uso que de la verosimilitud impose Carpentier converted la historia docuCervantes; aunque el autor racionaliza mentada en hecho po6tico. El texto es, todo lo que pudiese parecer incredible a como toda obra lograda, una novel trav6s de los comentarios de otros per- "Intelectual". Aunque el autor insisted sonajes o del propio narrator. Pero, al en que toda la histona de Am6rica es mismo tempo, dej a en suspense muchos un acontecer de hechos maravillosos, elements y, sobre todo, impone la na- su relate se encarga de hacernos partirrac16n de esos hechos. Carpenter, en cipes del asombro ante esos hechos, y su relate de aventuras de tono 6pico que al mismo tempo naturalize lo maravies El reino..., parte de hechos resales, Iloso o lo sobrenatural. pero privilegia, al contrario de
Cervantes, las creencias de los esclavos Un buen ejemplo de esto es el episodio en los process licantr6picos y Jos po- de la ifimersi6n de los brazos de Mamam deres mdgicos de Mackandal. Por eso el Loi en aceite hirviendo. El hecho es naotro model, el quijotesco, es el que le tural para ella y Mackandal, iniciados y sirve para delinear, en buena media, la creyentes; el asombro se instala en Ti relac16n Mackandal-Ti Noel. Noel -escogido por el narrator, toda vez
que estd contando en tercera persona
La critical se divide a la hora de decidir omnisciente- y al acoger su perspective el protagonista de El reino... Consider nos la traslada: que no estamos solo ante una narrac16n
de personal es, sino ante una en la cual se Ti Noel observe que su cara [la de pretend mostrar la vigencia que lo miti- Maman Loi] reflejaba una tersa inco tiene en Am6n*ca. Serdn pues los su- diferencia y, lo que era inds raro, que cesos, el acontecer, las "aventuras", lo que sus brazos, al ser sacados del aceite, se destaque. No quiere esto decir que no no teman ampollas ni huellas de quese concede importancia a los personages. madras, a pesar del horroroso rujPor el contrario, Mackandal nge la ac- do deftitura que se habia escuchado c16n desde sus poderes y por la creencia un poco antes. Como Mackandal que en estos tienen los esclavos. Ti Noel, parecia aceptar el hecho con la m6s quien hila la acc16n aunque no la pro- absolute calma, Ti Noel hizo esfuermueve, es una species de testing que pa- zos por ocultar su asombro.' dece los acontecimientos. Mackandal sale

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La naturalidad de lo sobrenatural es solo de la inclusion de documents y de la consustancial a la fe. Ti Noel estd en un oposici6n que otros personaJes Ilevan a process de aprendizaj*e. Tanto los lecto- Cabo ante la histoii a de Rutilio. 10 res, como el narrator y el autor implicito descubren un mundo distinct. Todos El personae ha contado que una bruja estdn igualmente asombrados. Los ob- lo sac6 de la cdrcel, lo llev6 en su manto servadores "extemos", aj*enos a la fe, a tierras n6rdicas y, una vez alli, se transdevelan el aspecto po6tico" de los he- fonn6 en lobo. La histon a, "tan fidedigchos. En este caso, fundamentalmente, na para Carpentier" en opinion de De el narrator y el autor implicito. Annas, funciona en Persiles... -tambi6n

Mackandal y Maman Loi conservan el segAn el investigador- como la de un poeta que la ha inventado, como una
legado de ese otro Gran Alld, el africa- .me -ra nti credible Es l6gico que est6 reno, que instalan en Am6rica y lo probada desde el punto de vista de la mixturan con el sustrato indigena y el catolicidad en los arguments del orfeeuropeo. Am6n*ca es un continent mes- bre y del cri stiano Maun cio; pero lo mds tizo, una simblosis de cultures. important es que estd utilizada por

Europa, en el tempo de la escntura del Cervantes para destruir la unidad 6pica relate, ha perdido la fe en sus ongenes, y que sea un gesto contra las reglas. La en su Histoiia. Tambi6n sus creadores verosimilitud, en manos de Cervantes se ban refuglado "en una trascendencia cambia de signo: no se trata de lo que est6tica" que es reflejo "del desencanto puede ser represented como mimesis, del mundo". sino de lo que fimciona como verdad artistica y coherent dentro del texto y de
Carpenter "ha planteado la dimension la ficc16n. Hasta aqui los cnterios del 6pica de la novel contempordnea" y con investigator norteamen cano. ella ha insuflado una "lecc16n de optimismo".' En El reino... esa dimension Las palabras de Carpentier en el Pr6lo6pica estd presented, una 6pica de raiz go, y la propia existence de la cervantina y quij otesca. licantropia en el relate, se toman inquietantes, si no advertimos que el autor estd
Antes de comentar algunos aspects don- por encima de sus personal es como creade esa raiz cervantina que apunto se ob- dor de una ficc16n en la cual no se nos servant claramente, me detendr6, de nuevo, pide que creams en la licantropia. Opien la cita que encabeza el Pr6logo. no que dentro de la revision de los c6diFredeiick de Annas' parte de la cita en gos que separan lo natural de lo cuesti6n para analizar el uso que hace sobrenatural, debemos atendertambi6n a la intenci6n del artist y a esos podeCervantes del mito de la licantropia y res que poseen quienes configuran la del viaj*e demoniaco que ocurre en I
Persiles..., y Como se logra "suavizar el realidad textual. Esa realidad no tiene choque entre lo mim6tico y lo mitico en que atenerse a reglas o m6todos dictael episodio de lo maravilloso", a trav6s dos por otros, scan estos los

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neoaristot6licos del siglo xvii o los modo diferente, ajena a las expeneneurocentristas descreidos del siglo xx. cias de sus authors, pero de la que dejan constancia como una vision
Carpenter estd consciente de Io mara- alternative de ella. Comparto esos crivilloso" en la licantropia. En el episodlio trios. del vuelo de Mackandal, en el que creen
los que estdn en la plaza, el narrator Discrepo, en cambio, cuando el ensasefiala que unos soldados recogieron el yista afirma que "el ambiente maravicuerpo y lo incineraron, pero que esto Iloso es de origen demoniaco en ambos solo lo vieron "unos pocos"; entre esos libros". Se basa para ello en la cita de estd el narrator, en infima distancia de Lope que precede el relate, en la cual la voz autoral y del autor mismo que es el diablo, rey de Occidente, declare que quien lo "copia" de los documents his- posee sus dominios en Am6rica. t6n*cos. Tambi6n estdn, entre "esos pocos", todos los lectures. Si se toma en consideraci6n la identificac16n entre Colon y Carpentier, preEn el ensayo citado, De Annas planted sentada en los comentanos anteriores, que lo observamos asi torque la aclara- quien viene a Am6rica, de otro modo c16n se hace no a trav6s de la fe imagi- es Carpentier, quien la estd "descunativa, ni siquiera del narrator, sino que briendo", con su escritura es el autor. parte, seg6n 61, de la "reflex16n hist6n* El diablo, rey de Occidente, podria ser ca". Y afiade que Carpentier "dej a a sus interpretado en este nivel, como las personaJes su fe, pero salva su propia normal est6ticas, los movirmentos y las desconfianza como narrator". po6ticas a las que Carpentier se estd
enfrentando.
A trav6s del narrator Carpentier nos
da, no la desconfianza, sino la duall- Tampoco coincido con el investigador dad de perspectives ante un mismo he- en la igualdad establecida entre cho. La realidad hist6nca, como tal, no Mackandal y el diablo. Al referir es variada: Mackandal fue incinerado; Carpentier, por boca de su narrator, que pero los esclavos creian que se habia Mackandal es mandinga y que como tal transformed. El texto hace hincapI6 en "ocultaba un cimarr6n", agrega: "Decir esa fe, torque esa creencia los impul- mandinga es decir discolor, revoltoso, sard en sus acciones rebeldes. demonio". De Arnias interpret la cita
haci6ndola concordar con la ya refer da
Si Rutilio se compare con el poeta, es de Lope, y asegura que "Mackandal redecir, con el creator, Mackandal com- cibe su poder de este Rey" (el diablo). partird ese status. Seg6n De Annas,
Cervantes utiliza a Rutilio como guia Dentro de las creencias africanas, sin por las tierras demoniacas (no cristia- embargo, no se produce, como en otras nizadas); mientras, Carpentier se vale religiones, la dicotomia entre el bien y el de Mackandal en las haitianas. Ambos, mal entendidas como pertenecientes a dioRutilio y Mackandal, son figures ses o figures excluyentes. Al ser sus proteicas que perciben la realidad de doses reflejos de la condici6n humana,

33














son ambivalentes y lo mismo pueden ha- modo, en ese juego, los escritores laticer el bien que el mal, en dependence noamen canos que imponen nuevas norde las acciones y/o el comportarmento mas, torque, ellos tambi6n, como Colon, queelcreyentetengahaciaellos." Cuan- descubren nuevas rutas escriturales, desdo Carpenter adiciona el calificativo pojarian al diablo de sus posesiones en "demonio" al mandinga, lo que estd rea- Am6n*ca. lizando es una amplificaci6n de "discolo" y "revoltoso" y no otorgdndole una De Annas, en su lecture, ha equiparacondici6n de cardcter religioso como la do, a Rutilio con el poeta, como ya se que encierra una conception maniquea. vio, y lo iguala a Mackandal en sus poderes "diab6licos". Me result mds proPara avalar esta lecture, me remito a los ductivo, hacerlos coincidir solo en studios de Leonardo Acosta. En el capi- cuanto a creadores de otra realidad dontulo titulado "La epopeyatrunca y la his- de pueden suceder (como en la literatutona recobradd"12 el investigator cubano ra) cosas que no suceden en el mundo se refiere a la lucha haitiana. Sefiala que real, pero que permiten evaluar ese munun mandinga, en la propia Africa, era do desde otras perspectives, desde la visto como un espintu maligno torquee perspective mitica o imaginaria. habian sido los creadores del impeno de
Mall, en el Suddn Occidental". La meta- El reino... ha sido considerada una nomorfosis de Mackandal es similar, ade- vela de aventuras." Tanto por esto como inds, a la de Tezcatlipoca, en la mitologia por la epicidad que recorre ambas obras ndhualt, caractenzado como "espantable -aunque de signo diferente- El reino... demonio por los cronistas de Indias". El es deudor del Persiles... Pero tambi6n vocablo mandinga, aderads, aparece de- lo es de El Quijote, al que se alude en el finido como demonio en los diccionaii os Pr6logo: "m los que no son Quijotes puede la Real Academia y en el Espasa den meters, en cuerpo, alma y bienes, Calpe, como un reflejo de los "antiguos en el mundo de Amadis de Gaula o Tjcolonialistas", afirma Acosta. rante el Blanco"."

Es l6gico, entonces, que Lope de Vega El Quijote permea algunos aspects de hiciese al diablo commandant de esas re- El reino..., subyace como corriente giones en las cuales se "metamorfosea- inspiradora. Lo es precisamente de la ban" los lideres de los indigenas, torque concepc16n de lo maravilloso que defiencomo diablos habian sido caractenza- de Carpentier, torque si lo maravilloso dos por los cronistas. I.comienza a serlo de mantra inequivoca cuando surge de una inesperada alteMe incline a considerar la cita de Lope rac16n de la realidad (el milagro)"," hay como unjuego de espejos en manos de que admitir que Don Quijote vive en una Carpenter o como una ironia con la cual realidad maravillosa, con la diferencia se logra subverter la lecture que se hizo de que el milagro lo produce 61 mismo, de Am6rica, hacer relevant los poderes lo promueve a trav6 s de su imagination del escntor y girar el Cie de la ficc16n y solo se realize para 61, hasta cierto narrative de Europa a Am6rica. De este punto. Su "Imaginativa" estd perturba34














da' 6 y trastrueca las informaciones que bres, no para deserter del terreno de los le bn*ndan los sentidos. hombres".

Es esa misma "Imaginativa" perturba- En arenas unas pdginas, la transforfnada, en canibio, la que pennitird a San- c16n de Ti Noel ha pasado del rechazo a cho y a los lectures descubrir "las la integraci6n. Rechaz6 el mundo, fue riquezas de la realidad", inadvertidas rechazado por los gansos, se reintegr6 para aquellos que no posean la capaci- al mundo. Puede advertirse la dad quij otesca. La imaginaci6n, nos en- "circularidad" spenglenana en algunos sefia El Quijote, es otra mantra de ver, enunciados, incluso un cierto tono peside percibir la realidad, que result am- mista: pliada "en virtud de una exaltac16n del
espintu que lo conduce a un modo de el hombre nunca sabe para qui6n
lestado limited." padece y espera. Padece y espera y
trabaj* a para genes que nunca conoLa relac16n Mackandal-Ti Noel posee cerd, y que a su vez padecerdn y esreminiscencias quijotescas. Mackandal perardn y trabaj*ardn para otros que tiene un profound saber que ird trasla- tampoco serdn felices, pues el homdando a Ti Noel, personaj*e de filiaci6n bre ansia siempre una felicidad sisanchesca en su configurac16n. Ti Noel tuada mds alld de la porc16n que le busca la mantra de estar slempre con el es otorgada." manco, es su mej or discipulo en el aprendizaj* e de la mitologia africana que ate El narrator oninisciente, situado desde sora Mackandal y que 61 heredard. Al la perspective de Ti Noel, se separa de igual que el escudero cervantino, gusta 61 y se acerca a la voz autoral. Su retanto de la compaffia de su seniorr" flexion es la del propio Carpentier, quien, que se lament de su partida y de su despu6s de esa sensac16n ciclica, abre abandon torquee hublera aceptado con hacia el future, hacia la acc16n del homj 6bilo server al mandinga" (capitulo iv), bre en la histona, el final de este parlaquien Ilenara su imaginaci6n con un mentO: mundo de cosas desconocidas por 61 Pero la grandeza del hombre estd
hastaentonces.
precisamente en queer mejorar lo
La metamorfosis estd, efectivamente, que es. En imponerse Tareas. [ ... ] Por estructurando todo el relate y promo- ello, agobiado de penas y de Tareas, viendo la rebell6n. Pero no se trata solo hermoso dentro de su miseria, capaz de la metamorfosis de Mackandal; Ti de amar en medio de las plagas, el Noel tambi6n se transforina. Incluso pre- hombre solo puede hallar su grandetende hacerlo igual que su maestro, en za, su maxima media en el Reino el 61timo capitulo. Pero su "metafnorfo- de este Mundo." sis" es mds racial y humana. Al comprobar que los gansos no le admiten en Julio Le Riverend comment este final. Se su clan, comprende que la licantropia no senate dice, impresionado por la "proes vdllda sino para serverr a los hom- fundidad critical (obj etivo -social) y

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autocritica (subj etivo-social) de la exis- Conz6lez, R. Alejo Carpentier.- el peregfino tencia del personal e" y afiade: "Es cosa en su patria. Mexico : UNAM, Direcci6n de de preguntarnos si todo -como ha sido Literatura, 1993. pp. 169-181.
dicho en comentarios excesivos- era lo Op. cit. (1). p. 74.
mismo que al comenzar el relate si Los subrayados son mios.
[ ... ] Ti Noel [ ... ] ha vuelto a su punto de I Portuondo, Jose Antonio. Un camino de medio partida o si es otro que vislumbra nue- siglo. La Habana: Editorial Orbe, 1976. p. 77. vos remos de este mundo" .20 9 De Armas, Frederick. Metamorphosis as
Revolt: "Persiles y Segismunda" and Ti Noel abandon la licantropia y pasa Carpentier's "El reino de este mundo". Hispanic
a la rebell6n. Ahora luchard contra Review 3(49):297-316,1981.
"los mulatos investidos". W ere con 10 El episodic en cuesti6n estd en el capitulo VIII,
la conciencia de que la acc16n debe del Libro Primero de Persiles.... pp. 1546-1547.
continual. En consult con la doctor Ldzara Menendez,
specialist en sincretismo religioso, me tueron Al apoyarse en una cita de Persiles... para corroborados los criterion que aqui expongo. uno de los episodios mas importance 12 Acosta, L. AlIusica y pica en la novelistic
dentro de los "Increibles" y "maravill0- deAlejo Carpentier La Habana: Editorial Letras sos" de su texto; al utilizar elements Cubanas, 1981. cap.2, pp. 40-45. como las creencias, la fe, el poder de la 13 Alegria, Fernando. Alejo Carpentier: realism imagination y de la palabra, y reminis- magic. En: Homenaje a Alejo Carpentier: cencias de los personages centrals de El variaciones interpretativas en torno a su obra. Quijote, para procurer la nueva lecture New York: Las Americas Publishing, [c. 1970]. de Latmoam6fica que nos propane con P. 45.
El reino de este mundo, Carpentier se 1, Op. cit. (1). p. 54.
siMa en una encrucijada similar a la de 15 idem. Cervantes cuando de acreditar un mievo 16 Avalle Arce, Juan Bautista. Locura e ingenio
g6nero se trataba. Un mievo discurso en Don Quijote. En: Historia y critical de la
narrative nacia en nuestra Am6rica y literature espahola. Barcelona : Ed. Critical,
Carpenter era uno de los iniciadores de Trupo C-Trijalbo, 1980. p. 45. la nueva po6tica. 11 idem.
11 lbidem, p. 185.
19 idem.
NOTA 20 Le Riverend, Julio. Acerca de la conciencia
hist6rica en la obra de Alejo Carpentier. Inicin
1 Carpenter, Alejo. El reino de este mundo. En (La Habana) 3(3):[39]-55, 1986. su: Novelasy relates. La Habana: Edic. Union, 1974. (Bolsilibros Union)
2 lbidem, Pr6logo, p. 55.
3 lbidem, p. 56.
' Chiampi, Irlemar. Historicidad y mitologismo en "El reino de este mundo". La Gaceta de Cuba (La Habana) dic. 1989.
5 Op. cit. (1). p. 58.

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I de congregaciones humans, atm6sferas
;M ackanda y relaciones temporales a todas luces inF I comparable, al punto de estimular una
sauve.... categoria de rango/distancia en el pensain ento filos6fico contemponineo de trasapaguen la cendencia para la culture: la alten dad.
La "Creac16n de Formas de nuestra nasalal turaleza -con todas sus metamorfosis
y simbloSIS-112 como sefiala el pr6loAurelio Horta Mesa go-declarac16n a El reino de este munProfesor del Instituto Superior de Arte do (1949), se orienta en direccl6n opuesta -no contraria- a la de voces
Ell las rutas simb6licas que traza toda vanguardistas, hasta clerto punto slemcultura, en la acumulacl6n de sus prdc- pre fisgoneadas hacia el espectdculo ticas sociales, imaginanos, tradiciones, europeo. Si este buscaba en un tempo reverberanclas mitol6gicas y premom- nuevo la recuperac16n de una lejana clones, asaltan moments donde la eru- autenticidad, de ahi las irreverencias dici6n y el decurso hist6rico estallan de sus asoclaciones imaginales; en la dentro de sus estancos epistemol6gicos. po6tica carpenteriana, se trata de alEs la hora de una nueva representac16n canzar esa autenticidad a trav6s de un propla del sentido y espintu de una con- Planteamiento civilizatorio, donde la clencia est6tica en b6squeda de su Ilamada de atencl6n sobre una suficabalidad metaf6rica, que en lo real clencia productive e intelectiva del maravilloso americano distingue un hombre latilloamericano pretend detiempo/espacio de excepc16n en la here mostrar el triunfo de su escala moderdad can6nica occidental del siglo xx, na. Por esa raz6n, el cosmopolitismo prueba de su aura fundacional. que flora de estas ruptures e innovaclones en el campo de la culture artisDespu6s de veinte ahos de intense activi- tica, disefian "una structural de ej *on"' que en el caso de Am6nca
dad socioarfisticadondeAl *oCarpentier emoci reconoce los ifnpulsos y tendenclas en las debl6 filtrarse a trav6s de sus cuerpos cuales quedan inscnptas las atracciones mds frdgiles, nesgosos y desconocidos, y repulsiones del arte y la literature de la torque, ubicados en el subsuelo social, gran vanguardia, percibe asimismo el desencadenan la crisis y la gloria del desorden afectivo que la construccl6n de hallazgo de una decisive autenticidad, la modemidad genera en su mundo lati- revelada por la energia spiritual, finoamericano, mas aun en los espaclos ur- sica y cromdtica que el contrast de banos, ahora de reciente incorporation a los cuerpos y almas negras descubren una tentative de desarrollo social. Hasta en su apasionante hibridaci6n con el entonces, el imag*a*o altisticollabiapri- entretejido cobrizo/blanco-sucio que vileglado aquellos otros espaclos subur- predisponen la sensibilidad, instinct, banos o males, en los que se centraba humor y temple de la culture latinoauna druca Idea sobre este Otro Mundo mericana.

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Lo real maravilloso afnericano del que que la ideologia constitutive del canon tanto hemos conocido y del que tanto nos predispone. El env6s de este asunto en falta por descubrir, viene desenmasca- lo real maravilloso amencano es el que rando desde su lecture total, es decir, establece una simetria cultural, no siemaquella que consider el corpus complete pre avizorada por la insistencia de evade su dial6cticat6orico-creadora, c6mo luar su artisticidad desde o en atenc16n el imaginary o ftmdador de su texto cons- con su natural filiaci6n a la Gran Vantituye inds un acto de emancipaci6n cul- guardia, de la que conserve un esprit de tural que una alternative ventajosa a la corps -expre s16n de Gramsci citada por desordenada metdfora y al cardcter re- Bloom refin 6ndose a la relac16n intelecgional de la literature latinoamencana tual-ideologia dominante-' que su ande a mediados de siglo. Su repercus16n t6noma voz canoniza en el asentamiento y vigencia en las redes de los discursos de unapoeisis inaugurada desde su profilos6ficos, antropol6gicos, est6ticos, y pia histon a subalterna en colisi6n. Cirartisticos del pensamiento cultural con- cunstancias y events que desentraftan tempordneo, que mucho deben a la esen- un acontecimiento-mito, enunciador del cialidad latinoameii cana en su pauta de sentimiento comdn de esa inteligencia y postmodemidad, traza con su enuncia- structural silenclosa que solo el arte c16n simb6lica una paradoi a que ha de puede explicitar sobre los conflicts de rivado multiples entradas y desaciertos la histon a, y afin mejor, sobre la identien su studio desde una perspective dad de los hombres, leimotiv arqueol6culturol6gica. Aquella que reafirma la gico del discurso en lo real maravilloso no desviaci6n del cardcter asim6tn*co de afnen*cano. su producc16n, siendo sim6tn*co en la
polifonia universal de su escntura. El reino de este mundo despliega un esquema cognoscitivo de fuerte apanenEsto se explica en un primer moment, cia teatral, que nace del mismo espacio por la misma contradicci6n gen6tica que de ficcionalizaci6n hist6ri ca ubicado en trasunta el epos y el ethos de lo real Le Bonnet c I'EvOque y La Citadelle maravilloso entre Am6rica y Europa, de La Ferrj rre, donde acaso la reallfrente a la dindmica competitive de un dad pretend desaprender su dato hist6juicio critic hegem6nico o tradicional, rico, para proclamar a partir de una desconocedor de la regencia de gusto o escritura autoetnogrdfica, los fragmendistinci6n que en la creac16n establece tos de una acumulac16n de simbolos coel grupo y la tendencia est6tica domi- lectivos. La novel en su maestri nante. Es conocido que los movirmentos narrative, emprende desde sus inicios a artisticos que presumed adschbirse a un mantra de exergum, sentenciado ademds particular program est6tico, quiebran en la entrada al capitulo IV final, una o abandonan su fe colectiva de asocia- manifiesta predisposici6n a la estructudos, cuando sobresale el talent ra drafndtica, que no solo denuncian la diferenciador de una personalidad artis- presencia de Lope de Vega y Calderon tica, que irremediablemente no accept la respectivamente, sino que excusan otros poca o instificiente contemplac16n de su vanos recursos expresivos, que central obra dentro de la supuesta exclusividad el ca6tico entramado hist6n*co que va

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de 1757 a 1820 en el record insular-pe- como el promisono y desconocido imaiano, como configurac16n de gin io subalterno latinoame icano, de un escenano emblemdtico donde acon- determinate inclusion en los repertonos tece el pnmer Gnto de hidependencia Ia- de pluralidad discursiva de los Estudios tinoamencano, un pnmero de enero de Culturales. 1804.
La raz6n carpentenana de que "el conoCon estos elements se complement una cimiento de un arte que no es el suyo es especie de situac16n drafndtica, donde las sumamente Atil,"' ha sido ampliamente condiciones espacio-temporales estdn valorada, asimismo como ha quedado determinadas en el lapso de coloniza- demostrado el nivel de jerarquizaci6n c16n-descolonizaci6n que comprenden que este process asume en Ia los tres ciclos hist6n cos de Ia novel (el cosmovisi6n y dial6ctica de lo real made los colons franceses, el del Rey Ne- ravilloso.' El dieciochesco afnericano, gro y el de los mulattos republicans) por el que transcurre gran parte de Ia encamados por Mackandal, Bouckman, narrative carpenteriana, represents un Paulina Bonaparte, Henry Chn stophe y espacio de preeminencia para el desenel raisonneur Ti Noel .5 En El reino... el mascaramiento de las claves simb6licas pathos 6pico que provocan los tres dra- del Nuevo Mundo, que tanto sus hommas exige de una distension, resuelta en bres ilustrados como escarpados inauguIa structural narrative por Ia diferencia- ran en un convulse process de c16n de los cuadros-escenas que consti- subsistencia y autosuficiencia en Ia que tuyen cada uno de sus capitulos, el mito instaura su prosapia al descifrar ensamblados por Ia misma unidad una ontologia d6bil o intencionalmente
cronol6gicahist6n*co-argumental rechazada. En las leyes de transferencia
escritural de esa existencia, Carpentier
Carpenter invierte el process conocido sefiala en el mito una "cn stalizacion, en en el teatro como epizaci6n, intervention acc16n de personaJes, en una acc16n depor Ia cual Ia structural dramdtica es tenninada, en un psicodrama o una acasaltada por resorts 6picos que coar- c16n dramdtica o en una acc16n novelesca tan Ia tension desubicando Ia ilusi6n tea- de las apetencias profundas del hombre."9 tral, process anunciados y reconocidos
en Shakespeare y Goethe.' Para el no- Cada uno de los relates ofrece un envelista Carpentier, queda claro que el cadre orgdnico de relaciones entre esargumento germinal de su teoria una vez pacio, movinuento, iluminaci6n, luces, proclafnada, propane una suerte de epi- con un sinn6mero de sentidos en Ia fdfania para Ia autonomia de Ia palabra hula, delineadores de una arquitectura latinoamencana, y mds, para Ia decisi- esc6nica. En "Las cabezas de cera", pn va universalizaci6n de una epopeya his- mera narrac16n del capitulo inicial, se t6nca, donde el encantanuento alcanzado suede una clase de imagen-attrezo que por lo real maravilloso, constituird una es- salta de Ia yuxtaposici6n de atm6sferas pecie de reconciliaci6n entre Ia tradici6n aportadas por Ia peluqueria, Ia camiceelitista de Ia alta culture occidental y las ria y Ia quincalla con postales, todas huestes de lo que mds tarde se aceptard contrastantes en esa galeria de retreats

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que se nos present cmematogrdficafnente estrato de la culture popular desde los a trav6s de "los n zos de las pelucas, [ ... ] conflictivos marcos de un sincretismo las cabezas de terneros, desolladas, con religioso, propiciador aderads de un un tallito de perejil sobre la lengua, [ ... ] desplazamiento de manifestaciones los grabados en colors, de una factura folkl6ricas, representadas por el voA, inds ligera, en que se veian religion afficana de on gen dahomevano
libertines hundiendo la mano en el escote procedente de la culture Egwe-Fon de una cafnafi sta"" En "La poda", (arard). Mackandal aparece
como verdadero actor, Para el Caribe en esya que "Era fama que special, estos elemensu voz grave y sorda tos son connotativos
le conseguia todo de del cardcter sensolas negras. Y que sus perceptive, hist6ficoartes de narrator, ca- cultural, que decide
ractenzando los perso- una mantra de ser
naJes con muecas imperativamente
terfibles, imponian el detenninada por el
silencio a los hom- folklore y de gananbres..."," inds adelan- cia para la "vivencia
te una images cinesica teatral", donde la inpresenta al h6roe t e r p r e t a c 1 6 n
cuando la mano iz- del acontecimiento
quierda "se habia i1do social occasion un
con las caftas, arras- necesano intercamtrando el brazo hasta bio entre actor y esel hombre", 12 acaso pectador. La casual
tnunfo de un imagina- equivocaci6n de los
no cuyas significaciones metaf6ficas animals, seg6n Ti Noel, de tomar "por decidirdn postenonnente en un ideal es- sabrosas bnznas ciertos retofios que les t6tico, asimilado por la novel epigonal emponzofiaban la sangre",14 reafinna en latinoamericana, no sin traslucir la di- la acc16n del texto-escena el tfiunfo de ficil tarea de emular una escfitura de una humanidad marginada, a veces destan alta conjunc16n de procedures de la de sus convicciones mitico-mdgicas, creac16n artistic, a mantra de "teatro otras desde sus atronadoras prdcticas, total"." pero slempre a favor de una fuerza espiritual que da fe a la literature torque
El cldsico motive del envenenafniento existiendo, prueba su confidence en la y su impecable trayectoria en la litera- realidad, 6nica expefiencia que puede tura can6nica occidental, introduce aqui dar vida al teatro, y que Ti Noel parece el contrapunto entre la "alta" y "baj'a" constantemente intuit: "Ahora, los Grancultura, uno de los 6rdenes presents des Loas favorecian las annas negras. en lo real maravilloso amen cano, pero Ganaban batallas quienes tuvieran dioahora invertido al situar este 61timo ses guerreros que invocar. Ogun Badagn

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gulaba las cargas al alma blanca contra la realidad postulada de una alta sugeslas Altimas trincheras de la Diosa Ra- t16n y espectaculandad, la ficcionallz6n"." zac16n descubierta en un teatro de drama
y opera en la calle Vandreuil, del Tivoli
Al igual que su amigo Michel Lein s con de guano en Santiago de Cuba, de la la aventura investigative que produjo el Mademoiselle Flofidory lacantante vesestucho etnogrdfico de L Aftique Fant6me tida con traje de Dido, inds el mAsico (1934), al que propane como dato cuno- alsaciano Lafont, actor amante de so un esbozo de novel, Carpentier con Paulina, y las orquestas de cdmara El reino... se adelanta a ese texto hibfi do de Sans Souci, Junto a Atenais pianist y contempordneo que encara al unison la Amatista cantante, testimonian una sinantropologia, la literatUra, el arte y OtraS teSiS privilegiada de asociaciones disciplines sociales, sincronizando des- socioculturales que evidencian la compleplazamientos y transferencias de identi- jidad ideol6gica de una alegoria de la dades en un siglo que inds tarde hablard transculturac16n subalterna cafibefia. de cultures globules. Una via de fusion
excepcional de estos discursos es la que En este sentido, el fito y la figurac16nofrece la teatralizaci6n por su posibili- personal e, constituent la verdadera apodad de visualizar scenarios y actors teosis de la emoc16n, por esa mantra de con una marcada intenci6n dranidtica y volcanizar la imagen artistic en la con6pica alrededor de un conflicto" a lo troversia de sentidos que logran los acque adiciona Clifford sobre el particu- tos ceremoniales o de conjure, Junto a lar, c6mo Leiris antes de partir para los vestuanos-disfraces con su infinitud Africa, "habia quedado impresionado de relaciones dificiles de aprehender, por por la histon a de aventuras de William ese montage de rostros y voces revelaSeabrook sobre el vod6 haitiano, en The dores de un anacr6nico mosaic humaMagic Island (traducida al francs no, que desde sus diferencias communes en 1929)"." admiten como propios la conveniencia
del 6xtasis y el desafio tnunfante de un
Claro que en la novel carpentenana, contradictorio espintu, el del barroco. la teatralidad de los success se debe a En "De profundis," uno de los relates una interrelaci6n de personaJes y acciO- inds retadores en la recepc16n literana, nes proplos de la prdctica teatral por un la narrac16n 6pica desencadena un sislado, y al contrast de los h6roes-tipos tema de imdgenes solo apreciable en la que aporta la misma histona, confun- gestualidad y visualidad esc6nicas: "A di6ndose el espacio 6pico en una filia- la sombra de las cruces de plata que Than c16n escenogrdfica que proviene de la y venian por los cameos, el veneno vermisma trama con el cafnpo proplafnente de, el veneno amanllo, o el veneno que teatral. Si por una parte, la metafnorfo- no teffia el agua, seguia reptando, basis y salvac16n aclamada de Mackandal, i ando por las chimeneas de las cocinas, el sacrifice de los toros en la construe- coldndose por las hendijas de las puerc16n de La Citadelle, la llamada de los tas cerradas, como una incontemble encaracoles, la muerte de Henry redadera que buscara las sombras para
Christophe concretan moments desde hacer de los cuerpos sombras"." Lo in41














descliptible trastocado en la accl6n as- la muier sentida como una Venus de cendente de distintos dramas dado el Cdnova, donde la realizaci6n hist6lica impact de una desconocida realidad, con el cuerpo parece en este caso no esasume en la novel portico de lo real tar despoi ado de ropas. Se trata de permaravilloso amencano, un desafio a las sonajes anti-ret6ncos que represents recurrenclas mim6ticas para exaltar un seres maduros, contradictions, de doimaginano de incontemble expresividad, lores inmensos, de 6xtasis profundos y maravilloso ahora desde su significaci6n plenos de fe, hombres de huracanadas de incontemble cr6nica. conmociones, donde los gestos resuelven attitudes casi iconogrdficas, homUna mantra categ6ri ca, irreemplazable bres de turbaciones y mundos barrocos de admitir el suceso en su dindmica re- hijos de la cliollez, hombres con "una presentativa, se debe a la suspicacia de nueva mantra de sentir y de pensar, hutransmisl6n que en el teatro alcanza el manista, latinista, espiritu universal", cardcter particular del personal e con sus proplo de la epopeya que le correspond16 l6gicas relaciones extenores que lo ubi- esclibir. can y aseguran en la accl6n. Este determinante papel es funcl6n del vestuario, Epopeya investigada, estudiada, anticlelemento codificador de la temporalidad, pada por Carpentler desde su plimera sensibilidad y jerarquia del ser etapa pansina, aquella donde el taller protag6nico, que al desempefiarse casi surrealista o las emergenclas de prograslempre fuera de contextso" y Alem- mac16n de laPoste Parisien le permitiepos", suele aparentar como lo son, pu- ron ser active protagonista de producros disfraces, que se podrian ilustrar con clones como La grande complaints de una amplia galeria, qulzds suficiente con Fant6mas, de Robert Desnos, dingidapor esta escena de Sans Souci en la que Ti Antonin Artaud, a quien escuch6 sus Noel sacado de su conversac16n con las acertos e interrogaciones sobre su teohormigas, es atronado por ruldos des- ria del teatro de la crueldad. tpoca esta conocidos que descubre al volver la ca- que le trajo la amistad y suerte de combeza y percibir que "Hacia 61 venian, a poner para el gran director y actor Jean todo trote, valios jinetes de uniforms Louis Barrault, la irmsica de la puesta resplandecientes, con dormanes azules en escena de laNumancia de Cervantes cublertos de aguj* etas y paramentos, cue- en 193 8 y de quien mucho estIM6 su ofiIlo de pasamaneria, entorchados de mu- clo y facultades intelectuales, presents cho fleco, pantalones de gamuza acaso en el subtext del drama de El
galonada, chac6s con penacho de plu- reino.... si nos confiamos en algunos de mas celeste y botas a lo h6sar."'9 los julclos enviados por Barrault a Carpenter como este de que "el teatro
Otra mantra de reconocer la func16n del es cosa de sensac16n, no de pensamienvestuario en la integralidad de la repre- to [se hace necesano para ello] no persentac16n, se debe a la coherence que el der, en el camino de lo intellectual, lo que desnudo logra en el cifrado de la ima- la vida nos ha dado por alimento. Ell magen artistic a trav6s de la Paulina des- telia de teatro, lo que cuenta es la sannuda como la Galatea de los gliegos o gre del hombre"."Y esa ha sido una

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testificac16n de lasiomadas haitianas de situaci6n. Nunca es uno de los protagonists de Carpenter encabezadas en primer or- la obra, sino una figure marginal y neutral que
den por Louis JOUVet,2' a quien j unto a da su opinion autorizada e intent una sintesis o una reconciliaci6n de different punts de
Leiris, Artaud y Barrault invitamos vista.
para el apag6n de la sala. i Mackandal, Para extender la comprensi6n de este process estd salvado! escritural v6ase: "Epizaci6n del teatro", en: Op.
cit. (5). t. 1, p. 170.
NOTAS Carpentier, Alejo: Del mito, de la magia, de la
fantasia, habla Alejo Carpentier. En su:
Entrevistas. Compilaci6n, selecci6n, pr6logo y
Conference impartial el 4 de noviembre de notas de Virgilio Lopez Lemus. Ciudad de La 1999 en la Fundaci6n Alejo Carpentier, en Habana: Editorial Letras Cubanas, 1985. p. 197. ocasi6n del curso de postgrado "Aproximaciones
a Alejo Carpentier. 50 aniversario de El reino Justamente, este tema constitute un interest de de este mundo investigation de quien describe. Al respect,
apart de otras publications peri6dicas podrd
Carpenter, Alejo. Pr6logo a El reino de este consultarse: Horta, Aurelio. Mon defondo: Premundo. En su: Dos novels: El reino de texts artisticos carpenterianos. [En process
este mundo. El acoso. La Habana: Editorial Arte editorial por Letras Cubanas. Institute Cubano y Literature. 1976. p. 10. del Libro. Ciudad de La Habana].
I A la muy armada definici6n de Raymond 9 Op. cit. (7). p. 197. Williams en The Country and the City (1973): 10 structurala de sentimiento", citada por James Op. cit. (2). pp. 19-21. Clifford en: Dilemas de la culture. Barcelona: 11 lbidem, p. 25. Editorial Gedisa, S.A., 1995, he credo
converriente sustituir "sentimiento" por 11 lbidem, p. 26. "emoci6n", tomando en cuenta que Clifford se 13 En la ya referida serniologia est6tica de basaba en su serio an6lisis sobre la fuga Pavis a mantra de diccionario, el teatr6logo y desarraigo de autenticidad en la modemidad, se refiere al "teatro total" (tomo 2, pp. 492de la repercusi6n de este fen6meno en la culture 495) y ejemplifica c6mo "es sobre todo a de un primer mundo. Este mismo an6lisis desde partir de Wagner y su Gesamtkunstwerk la plataforma latinoamericana, donde ann no se cuando esta est6tica adquiere su forma en la han alcanzado en muchos estratos socials una, realidad y en la dimension imaginaria del prdctica modern, la preceptive carpenteriana, teatro". Pro sigue explicando c6mo "Artaud no represents, una, cruzada de 6poca -en muchos hace sino sisternatizar esta concepci6n 6rdenes, de avanzada- al significar una resolute semirrealista, semifant6stica: Lo que aspiraci6n de esperanza y optimism en el deseamos es romper con el teatro considered descitramiento de una verdad est6tica que desde como un g6nero distinct y actualizar la vieja su autenticidad no descuida su ser dial6gico, idea, en el fondo nunca realizada, del diriamos hoy intercultural, que dota a su espectdculo integral. Sin que, bien entendido, discurso de una sefia particular de emoci6n. el teatro se confunda en ningun moment con 4 Bloom, Harold. El canon occidental. Barcelona la musical, la pantornima o el baile, y en Editorial Anagrama. 1997. pp. 25-54. particular con la literature". Vale traer ajuicio
la importance que para Carpentier adquiere
5 Segftn Patrice Pavis en: Diccionario del Teatro. la revoluci6n artistic wagneriana, detonate La Habana : Edici6n Revolucionaria, 1988. t. entre otras muchas considerations de la 2, p.395, el raisonneur (o razonador), es un importance del mito en la trascendencia de personae que represents la moral o el la obra latinoamericana, de sus imbricaciones
razonamiento correct, encargado de dar a y desacatos artisticos, asi como la articulaci6n concern a trav6s de su comentario, una vision que se desprende de los razonamientos de "objetiva" o la que el "autor" tiene de la Antonin Artaud, quien fuera parte cercana del


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contertulio anticipador de lo real maravilloso a aquella otra de "la Iluvia de flores" en Los americano. pasosperdidos, y que reaparece en el Macondo
14 Op. cit. (2). p. 33. de Cien ahos de soledad.

lbidern, p. 87. 11 lbidern, pp. 97-98.
Op. cit. (3). pp. 203-213. '0 Carpentier, Alejo: Una carta de Barrault. En
su: Letray Sol/a. Teatro. 4. La Habana: Editorial
Clifford alude a c6mo "El bosquejo de la novel Letras Cubanas, 1994. p. 75. de Leiris include la laborious documentation de 11 Actor y director trances quien en su paso por una historic de vida, el lie de cualquier version La Habana en 1943 con destiny a Haiti, donde singular, y eljuego mutuo de personae, escritor
I se presentaria con su compahia, invite a su y audiencia en su mise en scMe. Una conception arnigo Carpentier a la ternporada teatral, ocasi6n teatral del terna aparece mais tarde en la que desencadena, la revoluci6n po6tica de lo real evocaci6n acad6mica de su investigation sobre maravilloso. Jouvet, es de suponer, tambi6n el zdr su arnbiguo y pertubador juego de roles: Ilevaria consigo, si no las ideas o parte del La possession et ses aspects thMtraux chez les manuscript, uno de los texts rnas referenciales Ethiopiens de Gondar (1958)". acerca de la dicci6n del actor: El actor
lbidern, p. 208. desencamado, motive de no poco interest que
Op. cit. (2). p. 36. La magnificencia se suma a la revelaci6n conocida de la Ciudad espontdnea e ingenue de esta metafora, nos atrae del Cabo.





























jr-














desde el borde hasta le pays de d dans.
E l espad o Carpentier recorre el camino de los deshaitiano cubfimientos.
La Ciudad del Cabo es el espacio inaugural del texto narrative. Con sus mAlen E l reino triples nombres a trav6s del tempo, la
reference al Cabo Franc6s -su nombre
de este primitive era Bas du Cap- indica el periodo hist6rico de la colonizaci6n francesa. La cmdad habia sido fundada en
inundo 1670, pero en 1711 por decreto official

Yolanda Wood adquin*6 la condici6n de villa colonial.
Fue despu6s del incendio de 1734 que
Professor de la Universidad de La Habana se reorganiz6 segAn el proyecto de Charlevoix realizado en 1720. El Cabo

En esta singular novel, Al *oCarpentier fue desde entonces, segAn el investigaej dor Daniel Ell, "la villa colonial por exintercepta la histona de Haiti a trav6s de celencia" de Haiti.1 personages y situaciones que marcaron
hitos en el acontecerde laveciaislacom- Como centre commercial, la cludad prospartida. La revoluc16n y los acontecinuen- Pero intensamente por las plantaciones tos ligados a ella, forman parte de una de caf6 y azAcar asociadas a un execexplorac16n consciente en el entretejido lente Puerto que por su favorable ubicade lo 6pico, lo mitico y lo hist6nco en la c16n instaur6 contacts intensos con conciencia haitiana. Unas semanas en Europa y el sur de los Estados Unidos. Haiti fii eron suficientes al escritor Para Alli precisamente inicia su relate Alejo que naciera esta novel y con ella un con- Carpentier. En la zona portuan a -enclacepto operacional Para la hennen6utica ve economic de emission y recepcionaniencana: lo real maravilloso. Lenormand de Mezy, acompaAado de su

Haiti es el espacio donde se desenvuel- esclavo Ti Noel ha venido a elegir uno ve la narrac16n, y de alli el norte legen- de "los veinte garaftones traidos al Cabo dano y mitico, heroico y trdgico. No se Franc6s por el capitdn del barco... Sodetiene el escn*tor en las descriptions bre una bestial importada inicia el nadetalladas del medio fisico -construido rrador su recorrido desde la zona limited o natural. El espacio vive en el conflict d e la frontera commercial hacia el intenor, desde la cludad al canipo, del espaintrinseco de la obra. Por eso es intere- cio urban al rural: "Monsieur sante observer el modo en que se articu- Lenormand de Mezy y su esclavo saliela su relac16n con la structural narrative. ron de la cludad por el camino que seEn e se sentido la pn mera parte del rela- guia la on Ila del mar". to es fundamental, pues en ella el escritor define una trayecton a de entrada al "La poda" es un titulo Ileno de ironia texto desde lapenferiahasta el interior, Para refer la tnturaci6n del brazo de

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Mackandal en el trapiche azucarero. empleado: de la dimension urbana de El relate se sitfia en la hacienda. El ne- contact y transacc16n (amplia y abiergro amputado, infitil para los trabaJos ta) a la dimension natural de del ingenio, hace penetrar al lector al es- encerramiento y protecc16n (oscura y pacio fisico natural, alli donde las "sen- cavemaria). sitivas se doblaban al mero somdo de la
voz humana". Paso a paso la narrac16n Desde alli -"De profundis"- comenz6 se ha internado en el lindero del valle y el movimiento a la inversa (zoom back). en las faldas de los montes. La desapa- Del fondo de la tierra emerge el veneno rici de Mackandal que
. *on de Mackandal y el mensaje de "la inaugural un trayecto
viej a de la montafia", conducen a Ti Noel tr4gico: caverna-montaha-valle-hacienhasta "una cavern de entrada angosta, da-ciudad, y que concluird en el poste Ilena de estalagmitas, que descendia has- de tortures de la Plaza Mayor del Cabo. ta una oquedad mds honda, tapizada de El regreso al interior se realize baj*o el murci6lagos colgados de sus patas". De effect de una profecia. Este trayecto, la mano del esciitor hemos Ilegado al retomo verdadero always A d dans, se espacio oculto de los mistenos, alli don- realize baj*o el signo de la conciencia de Mackandal prepare sus brebaj*es mor- mitica de una profunda creencia: tales. 1. i Mackandal sauv6! ".

Despu6s se inicia un trayecto a la inver- Estos enclaves especiales interactfian en sa: el veneno de Mackandal salido de lo diferentes moments de la narrac16n y profound de la tierra: "se arrastraba por se desplazan por diferentes circunstanla Llanura del Norte, invadiendo los cias del relate. Ti Noel volverd al Cabo potreros y los establos [ ... ] Pronto se a buscar unos arreos de ceremonial ensupo [ ... ] que el veneno habia entrado cargados a Paris, la ceremonia de Bois en las casas". Desde la hacienda a la ciu- Caimdn y el levantaimento de los escladad fueron Ilevados los negros a presen- vos redimensionan el espacio natural y ciar la quema en la hoguera del negro rural haitiano. Mientras que el autor rebelde. Carpenter describe c6mo se ofrece una nueva perspective cuando la ennegrec16 la Plaza Mayor del Cabo con "revelac16n de la Ciudad del Cabo y de los hombres de las plantaciones. Y la la Llanura del Norte, con su fondo de primera parte terminal con el regreso de montafias difuminadas por el vaho de los los esclavos "iiendo portodo el camino, plantios de cafia de az6car encant6 a por la seguridad que tenian de que el Paulina [Bonaparte]". manco se quedaba en "el reino de este
mundo". En la tercera parte de la novel la tension
espacial centripetal aumenta. El trayecto
En esta pnmera parte, Alejo Carpentier se desarrolla, igualmente, del borde al ha elaborado a modo de presentac16n la interior. Desde su Ilegada al puerto Ti topografia simb6lica de su espacio na- Noel se sorprende y se confide. Las adrrativo: puerto-ciudad-hacienda-valle- vertencias de los cameos le daban la alemontaha-caverna. Un trayecto gria de saber que estaba en "la tierra de cinematogrdfico por el effect de zoom in los Grandes Pactos", pero la escala mo46














numental de las ins6litas construcciones con Puerto Principe. En su moment de Sans Souci y la Citadelle de La de mayor splendor la cludad Rego ateFerri6re lo impactan profundamente. ner 20 000 habitantes de los cuales El espacio hist6nco construido por el 5 000 eran blanco, 3 000 libertos y Emperador que camb16 el nombre de la 12 000 esclavos (seg6n datos ofrecidos Ciudad del Cabo francs por el de Cabo por el propio autor). Henry, me refiero al cocinero devenido
Emperador por obra y gracia de lo real La villa se erigi6 sobre un plano en maravilloso amen cano, a Henry 1, crea- damero, lo que le ofrece una gran reguba en el negro reci6n Ilegado una rara landed a la structural urbana. La arvision. quitectura hist6rica contribute
fuertemente a realzar la coherencia amEl espacio construido se revela en tres di- biental del conjunto por la reiterada comensiones que en el context haitiano in- existence de viviendas biplantas con dican un process de elevac16n en tres amplios vanos y balconies. La plant alta plans: costa-meseta-montaha. La Ciudad genemlmente se empleaba como residendel Cabo, con su frente maritime en el pla- cia, y el piso insert or, con amplias puerno costero, es recurrence en la novel y se tas, pennitia el uso de los salons para revela en ella con toda la prosper dad que diferentes funciones commercial y sohabia alcanzado durante el siglo xviii, ciales. cuando sus vecinos la llamaban el "Paris
de Saint Domingue". "Casi todas las ca- Lamentablemente estavisi6n de conjunsas eran de dos pisos con balconies de an- to arm6nico de la Ciudad del Cabo ha chos alarms en vuelta de esquina y altas Ilegado hasta nuestros dias fracturada por puertas de medio punto, omadas de finos IOS acOntecimientos sociales que afectaalamudes o pemlos trebolados". La villa, ron su desenvolvimiento econ6mico ducomo otras de Haiti, tiene la peculiar dad rante las luchas antiesclavistas, por la de encen-arse en un entomo natuml de mar crisis econ6mica que sobrev Mio a la indey de altas montaftas. (Recu6rdese que el pendencia y por el terremoto que azot6 la pais estd forinado por tres cuartas parties cludad en 1842. No obstante puede el de montaftas y una cuarta parte de Ilanu- visitante hoy comprobar el alto valor paras costeras). trimonial de esta cludad dado fundamentalmente por la arquitectura, testimony
Si bien diversas razones determinaron hist6n*co de las n*quezas que acumu16. que el crecimiento urban se viera detemdo, su nqueza original deJ6 "unahue- El escntor privilegia en la imagen del Ila que forma todavia el conjunto espacio haitiano la cludad de Milot y en arquitect6nico mds aut6ntico y mds lin- ella aquellas construcciones que dejaron do de nuestro pais", afinna el investiga- maravillado a Ti Noel: Sans Souci y la dor Didier Dominique en su trabaj* o Cap Citadelle de La Ferri6re. El palacio del Haitien 1978. Podria aftadirse a esta Emperador Henry I se ubic6 a veinte kiobservac16n la particulandad del con- l6metros de la Ciudad del Cabo, al pie junto arquitect6nico en relac16n con otras del camino de access a la alta montafta cludades haitianas y muy especialmente de La Femi 6re coronada por la Citadelle,

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situada a 900 metros de altura sobre darian fortificadas como punts de md:xiel nivel del mar, monument desafiante ma visibilidad y protecc16n defensive. por su escala y dimensiones. Verdadera
hazafia constructive que ha sido decla- Saris Souci es un gran conjunto arquirada Patii monio de la Humanidad. tect6nico que reunia en tomo al palacio real las funciones administrativas y de
goblemo. El palacio, inaugurado en
1813, dominaba el
conjunto con su escalera monumental
de doble entrada y
fuente al centre. La
capilla realzaba el
conjunto con su cApula de veinte me
tros de didmetro.
Los j sardines y cascadas artificiales
completaban el panorama. La Citadelle, como su
nombre lo indica,
es mucho mds que un castillo o fortaleAmbas construcciones se encuentran in- za en su sentido tradicional. Debia cum tegradas al conjunto defensive mIlItar plir la func16n de concentrar la poblac16n desarrollado por Henry Chn stophe en el para la subsistencia colectiva y la resisnorte haitiano con el prop6sito de defen- tencia military. Distribuidos por los difeder la revoluc16n de cualquier possible ata- renters flancos, el conjunto estaba que exterior. Si se compare este sistema protegido por 142 cafiones de grueso cacon el que realizaron los franceses du- libre con un peso aproximado de tres torante la colonizaci6n, podrd apreciarse neladas. Todavia es possible observer una diferencia fundamental: este 61timo muchas de estas piezas colocadas sobre tiene un cardcter eminentemente costero- sus z6calos onginales de madera y tomaritimo, mientras el concebido por dos sus sistemas de funcionamiento inChn stophe, tomaba en cuenta un canibio tacos. de estrategia que se oni entaba desde aden- El impresionante monument estd protetro hacia afuera. La meseta rodeada de gido por un velo de moisten o que lo hace montafias seria un refugio natural para mds ins6lito a los Ojos del investigator. preparer la resistencia masiva y expul- Nada se conoce de sus ingenieros ni sar a los invasores en una avanzada Pro- disefiadores. Algunas references parecen yectada desde el coraz6n mismo del pais conducir a Jean Etienne Barr6, a quien se hacia la costa. Las altas montafias que- dice que Chnstophe confi6 la concep48














c16n del proyecto, pero hasta boy nada A lo largo del texto, Africa se revela se ha podido confirmar al respect. El como el espacio de la conciencia ancesbaluarte en forina de proa de navio es tral y de la memon a hist6nca, un espasin duda uno de los dngulos visuales mds cio -otro de la nostalgia y el recuerdo... impresionantes por su verticalidad, su Desde la primera parte de la novel se altura y su maciza solidez, conocida manifiesta como el espacio del deseo, y como la bacteria de Coidavid o La Tour se contrapone simb6licamente al aqui de Utperon, se integra al conjunto por -conocido- haitiano, y alld -desconociuna rotunda que atraviesa las nubes para do- europeo. Es en fin el espacio de la crear una sugestiva atm6sfera interior. utopia en la conciencia de los negros esclavos, el de los grades impenos de
Estos tres niveles de spacious construi- guerras seculares, y de reyes guerreros dos quedan simb6licamente remataclos en que fundaban estirpes de heroes, "la cima del Gorro del Obispo" por este El Gran Alla es un espacio de sensibilimonumento insospechado en el cual con dad mitica donde viven Damballah y toda certeza puede afirmarse boy, a par- OgAn. Los loas reencamados en la natir de las pruebas de laboratono realiza- turaleza prodigiosa haitiana que dotan das, que la argamasa de su constituc16n de fuerza mdgica sus cameos y sus enfue mezclada con sangre de procedencia crucijadas, sus drboles y animals, y imprecise, pero sangre al fin con la que hasta sus heroes torque "[Ti Noel] saobtenia la expres16n simb6lica y mitica bia -y lo sabin todos los negros frande una culture de resistencia. ceses de Santiago de Cuba- que el
tnunfo de Dessalines se debia a una preEl reino de este mundo es una obra de parac16n tremenda, en la que habian inintensos desplazamientos y trayectonas tervenido Loco, Petro, OgAn Ferraille, dentro del norte haitiano que le sirve de y todas las divinidades de la p6lvoescenano a la narrac16n. Por esa raz6n ra y el fuego... el espacio de los caminos, los tnllos y
los senders adquiere una importance El espacio haitiano en El reino de este fundamental. En ese ir y venir se va te- mundo es real y metaf6n*co, hist6n*co e jiendo la intense actividad que caracte- imaginario. Su fimc16n narrative estd riza la dindmica internal del relate. Pero orgdnicamente integrada al relate para los caminos en Haiti son portadores de dibujar una cartografia simb6lica que raros sortilegios y sus punts de union intercept6 la epopeya desde la costa estaban protegidos por el loa mayor, hasta la cavern, desde el Ilano hasta Legba, duefio de las encrucijadas como la montafta, desde lo fisico construido signos de una profunda fe en los pode- hasta lo mitico imaginado. Por los irmlres sobrenaturales de todo lo natural. triples senders que Carpentier recorr16 "El suelo se habia Ilenado de adverten- en Haiti, descubr16 la advertencia mdcias: Tres piedras en semicirculo, un gica de los caminos, y con ellos las bronco enzado de agujas negras se veia maracas de los hombres que, en aquel rodeado de ofrendas. Las cruces de ca- espacio, hicieron historic. mino ...... Los cameos en Haiti estdn cargados de una profunda energia.

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el autor asume la vision de Am6n* ca coTraducir dificada por los Cuadros de la naturaleza del alemdn, y de paso nos ofrece un
A m erica: resume i actualizado de la cuest16n
carpenteriana, donde se deslindan, deslos co"digo S de la perspective parcial de la aurora,
los pnncipales cntenos contrapuestos:

d a SiCOS [ ... ] Carpentier se consider a si mismo como un sujeto transcultural

de A lejo euroamencanounaencrucijadacnoIla que reflex a iradgenes hacia ambas
mdrgnes del Atldntico con e spontaC carpenter* neidad vertiginosa. Para algunos,
esta subj etividad transcultural encarLuisa Campuzano na una herencia colonial de
Professor y vicepresidenta de la Ctitedra autoalienaci6n; para otros, constituCarpentier de la Universidad de La Habana ye la esencia de la culture en las Am6ncas. Elegir un lado u otro de
esta dicotomia deterfnina lectures
Uno de los aspects mds debatidos por muy diferentes la critical carpenteriana es el relative al
destinatano implicit de sus novels y Conocer t6cnicas ejemplares para relates, y a la perspective desde la cual tratar de adquirir una habilidad pael mundo amen*cano es represented en ralela, y movilizar nue stras energies sus obras. Asi, muchos de sus estudio- en traducir Am6rica con la mayor sos consideran que no solo destina sus intensidad possible: tal habrd de ser texts a lectures del Viejo Mundo, sino siempre nuestro credo mientras que su escritura parte de una vision eu- no dispongamos en Am6n*ca de una ropea;1 y, entre otras razones, encuen- tradici6n de oficio. 4 tran justificac16n a estos juicios en la
constant inclusion de citas, alusiones y iNosotro lo latino.1, afirmaba un nereminiscencias literanas, artisticas, fi- gro cubano desde la tribune de un los6ficas e hist6iicas europeas en sus pa- meeting politico, sin pensar hasta qu6 ginas, mientras que la presencia de obras punto podia estar acertada la idea latinoamen*canas es mucho menor .2 implicit en e ste arbitraii o concept de latinidad.1
Hace pocos afios Mary Louise Pratt, en
un excellent libro sobre viaJeros, tras Esos critenos no solo pueden server de estudiar los texts de Alejandro de ilustraci6n a dichos models contrapuesHumboldt, en un Postscriptum dedica- tos de autorrepresentac16n cuya sintesis do exclusivamente a ello, nos propane acabamos de reporter, sino que permiuna lecture de Los pasos perdidos como ten considerar que desde fecha muy temnovela de viaj* e autoblogrdfica en la que prana su autor tenia conciencia

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de movers en el estrecho y peligroso la "antropofagia" brasilefia (1928), y lo filo de esta dicotomia, lo cual en buena "real maravilloso" (1949) o el "barroco media motivard sus b6squedas expre- amencano" (1964, 1975) de Carpentier sivas y su obsesiva tematizaci6n de las -para emplear unos pocos ejemplos-; relaciones entre Europa y Am6n* ca.' como en teorias como la de la transculturac16n, de Fernando Ortiz
Pero, aderads, el substrate de esa aludi- (1940) -emitida desde la antropologia, da actitud dicot6mica y de sus distlntas relacionada con el espacio afrocubano, forms de expres16n son muy ant'guOs. y despu6s adaptada a la literature por Hecha came y letra, desde los pnmeros Angel Rama (1982)-, la de la heterogeafios de la Conquista, en la obra del Inca neidad cultural, de Antonio Comejo PoGarcilaso de la Vega (1539-1616), y lar (1977-1994) y la de las literatures asumida lingiiisticamente en la mezcla altemativas, de Martin Lienhard (19 8 9) de castellano, ndhuatl y voces africanas -ambas construidas a partir de la en villancicos y alguna pieza de teatrO alteridad indigena-, la de las cultures de Sor Juana In6s de la Cruz (1651- hibridas, de N6stor Garcia Canclini 1695), se transmutaba en el siglo xix en (1990) -que abre espacio a las nuevas proyectos politicos antag6nicos, Como condiciones impuestas por la globallel que sustentara Domingo Faustino zac16n-, y, por 61timo, la propuesta por Sanniento (1811-1888), quien median- los studios poscoloniales, adoptados te el ideologema "civilizaci6n y barba- mds recientemente en el Caribe ne"estableciaunadiferenclaj*erdrquica angl6fono y franc6fono, se evidencia a entre Europa y la Am6rica Hispana lo largo de este siglo la vanedad de
-legitimadora de su program de extin- paradigms con que las distintas literac16n de los "bdrbaros" indigents o mes- turas y cultures del Continente se pientizos argentinos y su sustituci6n por san y se define a si mismas, siempre en civilizados" immigrants europeos-; 0 b6squeda de lo que pueda explicar y leaquel con que le respondiera Jos6 Marti gitimar una otredad que varia mucho aun (1853-1895) enNuestraAm rjca, don- dentro de un propio pais. de tras afirmar: "No hay batalla entre la
civilizaci6n y la barbane", proponia una Es, pues, en este doble context: el relatif6nnula que pnvilegiara lo amencano vo al presunto europeismo carpentesin subestimar lo europeo: "inj6rtese en nano, y a las distintas reflexiones y elabonuestras rep6blicas el mundo; pero el raciones te6ncas latinoamencanas en tortronco ha de ser el de nuestras rep6bli- no a la identidad cultural del Continente, cas".' En el siglo xx esta paradox ica ubi- que pretend recorder en hdbito de "lectocac16n intermedia del latinoamencano ra impura7-ese comfortable albomoz criproducird importantes desarrollos en la tico sacado del cl6setpor Boitani-'y como reflex16n cultural y la critical literati a; y "int6rprete de interpretaciones" -ese ya no solo en el dmbito hispano del Con- modesto estatuto operacional recordatinente. do por Steiner-,9 cinco novels de
Carpenter: Lospasosperdidos, ElacoTanto en el "anelismo" de Rod6 (1900), so, El siglo de las luces, El recurso del la "raza c6smica" de Vasconcelos (1925), m todo y Concierto barroco,

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con la intenci6n de anotar a titulo de in- -fue escritatres veces a partirde unproventario los intertextos cldsicos y las yecto interrumpido: La Gran Sabana, references a authors, artists, obras de un libro de viaj* es por la selva venezolaarte, hechos hist6ncos, heroes, doses y na-," Los pasos perdidos es una novemitos de la antigiiedad grecolatina que la poblada de voces provenientes de en ellas se encuentran, con el fin de do- todas las cultures: la Biblia, el Popol cumentar c6mo se produce un evidence Vuh, los Libros de Chilam Balam, el desplazarmento desde la que parece ha- Siglo de Oro espafiol, cronistas, viaj*eber sido su asunc16n mds plena de los ros, pero que se organza a trav6s de tres c6digos cldsicos, hasta su desacrall- grades mitos cldsicos. En pnmer lugar, zac16n a trav6s de la critical demoledora el mito de Ulises, que configure el largo de las manipulaciones de las cuales fue y azaroso viaj*e del protagonista-narraobjeto, precisamente en Europa, el mds dor hacia su infancia y, despu6s, hacia elevado, marm6reo y can6mco simbolo el possible restate de su ser alienado; viaj*e de la culture europea. que avanza en el espacio mientras retrocede en el tempo, desplazdndose desde
Creo que con ello, a mds de ponderer en la modernidad hasta el "Cuarto Dia de qu6 media el c6digo cldsico o algunos la Creac16n",12 y constituyendo el eje de sus registros conthbuyeron a la Ara- diacr6nico del texto. Mas este mito tarnducc16n" carpenter ana de Am6n* ca, qu6 bi6n se "corporiza" en otros personaJes grado de dependence de una perspective como Rosario, asimilada primer a europea ellos testimonian, y hasta C1116 NausiCaaI3 y de quien se dice al final punto su empleo muestra la existencia de que no es una Pen6lope;14 y muy partiun inocente destinatario exclusivaulente cularmente en Yannes -a veces UJISeS,15 europeo, tambi6n hago un modesto apor- otras, Eumeo-, 16 un minero gn ego que te al studio de lo que Jos6 Lezama Lima recorre la selva con un exemplar bilinIlamara, en 194 1, el moistenn o del eco" y giie de la Odisea, proyectando en accio"las invisible Iluvias y cn stales" que ta- nes y ademanes episodios y characters mizan la recepc16n de la culture metro- del poema, que en multiples occasions politana y propician su transmutation en es recitado por 61, o citado y aludido por afnencana, es decir, de ese compleJO Y el protagonista. Mezclando costumbres traumdtico process de acercamientos Y y estilos del Mediterrdneo con las adquirechazos que constitute la construcc16n ridas en su nuevo dmbito, Yannes y sus de una voz propia en la Am6n* ca Latina; hermanos Ilegan a ilustrar, con su vida torque como dijera el autordeParadiso, transculturada, todo un sincretismo inhe"Una culture asimilada o desasimilada rente alacondici6n amencana que el napor otra no es una comodidad, nadie la rrador se encarga de subrayar" y que ha regalado, sino un hecho doloroso, Carpentier teon zard mds adelante. igualmente creator, creado".1'
En segundo lugar, encontramos el mito
de Sisifo, aludido en moments cruciales
de la trama por el narrador,19 y que, al
Publicada en 1953, tras un largo y com- subrayar la monotonia de una vida vaplejo process de creac16n y recreac16n cia y la imposibilidad de todo intent

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por liberarse de ella, conforina el eje mAltipes y varladisimas references al sincr6nico del texto, conjuntamente y en Existenciali SMO,21 I I la mera presencia de
contrapunto con el mercer mito, el de este nombre no remitiera a ese ensayo. Prometeo, el cual express el Ilamado a Ello se hace afin mas evidence si comuna lucha y a una liberaci6n que acaban partimos la lecture propuesta por Brunel por resultar inalcanzables. para el Sisjfo de Camus como "una posible figure del artista",21 y se acrecienPero mientras que el mito de Ulises Pro- ta si comparamos el Prometheus viene directamente del texto hom6rico Unbound de Shelley, con el "Prom6th6e
-ostensiblemente presented en la novel aux Enfers" (1946) de Camus, pues y tambi6n fuera de ella, en sus referen- mientras que aquel expressa una contes externos, como veremos mas ade- fianza optimista en la trinidad romdntilante-, los de Prometeo y Sisifo, ca: perfectibilidad del hombre, clencia y expre sl6n de la tension independence/ raz6n", y su h6roe "confia en una hudependencia, dilema del hombre moder- manidad capaz de ablirse camino por si no, que arranca con toda llusl6n en el misma hacia el blen y laJusticia"'21 eSte, Romanticism para arrojarse a las si- situado "en el centre del dilema de la mas de la angustia en el Existencialismo, civilizaci6n modema",21 estd obligado a se articulan a trav6s de sus interpreta- subordinar el arte a las t6cnicas, que es clones por Shelley y por Camus. lo que le suede al protagonista de

Enelcaso de Shelley, estahi otextualidad Los pasos perdidos, quien debe regrelp sar a la gran cludad en bAsqueda de los
es marcada, y se explicit no solo en el medlos t6cnicos necesarlos, imprescinepigrafe que antecede al segundo capitu- dibles para realizar su obra. Nuevo 10,20Sino que se tematiza por el protago- Orfeo, perderd el Ed6n recuperado al nista, quien para ganarse la vida, habia volver la vista atrds .27 abandoned su condici6n de compositor
cuando preparaba una obra basada en el Mas en una "Nota" afiadida a mantra Prometheus Unbound del poeta ingl6S,2' de epilogo a su libro, donde el autor idenconflictiva situac16n sobre la que vuelve tifica las locaciones de la novel y dice en distintas circunstanclas, y que no solo que los personaJes secundanos arenas le hace citar con frecuencia la pieza dra- "son los [ ... ] que encuentratodo viaj*ero mdtica, sino que lo conduce a intentar en el gran teatro de la selva", se expose retomarla cuando ha decidido recuperar algo del mayor inter6s en lo que no creo su libertad al final del largo viaj*e. Pero que haya reparado la critical: se verd obligado a abandonarla mievamente, por no tener el texto en esa aldea Ell cuanto aYannes -dice-, el minereci6n ftmdada en el linc6n mds alej ado ro gri ego que viaj* aba con el tomo de del mundo .22 La Odisea por todo haber, baste decir que el autor no ha modificado su
De El mito de Sisifo, publicado por nombre, siquiera. Le falt6 apuntar, Camus en 1942, no hay ninguna cita, solamente, que junto a La Odisea, ninguna alusl6n, pero es impossible pen- admiraba sobre todas las cosas La sar que en una novel que ostenta An6basis de Jenofonte .28

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Y esta aviesa reference a la mds famosa de las retiradas, en la Altima finea de
la Altima pdgina de este libro hecho de A partir de El siglo de las luces, publicalibros mds que cualquier otro libro, nos da en 1962, hay camblos muy notables indica que el fracas de su protagonista en la utilizaci6n que da Carpentier al ya estaba "escfito" no en el mito, sino mundo cldsico, aunque este sigue desemen la histofi a. pefiando funciones muy relevantes y complej as que en esta novel serdn multiples
En El acoso, novel contempordnea de y obligaian a un andlisis mds detenido. Lospasosperdidos, publicada en 1956, Asi pues, antes de ocupamos de la preel tour de force de su structural musi- sencia y el sentido de la antigiiedad cIdsical -una sonata- y del encuadre de su ca en El siglo... es necesafio apuntar tempo narrado dentro del tempo de Cie- algunos de sus rasgos mds notables, a los cuc16n de la sinfonia Eroica, tan que ahora solo voy a esbozar. obsesivamente exhibidos por Carpentier
en sucesivos epitextos, no impiden per- Para comenzar, debe recordarse que es cibir todo el pathos composicional de la la primera novel hispanoamericana tragedia, la intense confrontac16n del donde se realize una lecture de la histoprotagonista con su destino, sino que, na europea desde una perspective latipor lo contrano, lo enfatizan. noamericana al tempo que se
redimensiona, universallzdndola, lahisEl horaciano leitmotiv de la novel: hoc tofia de Am6fica y, en particular, la del erat in vons, sefiala tanto hacia el dmbi- Cafibe. to universitario, uno de los escenafios
del drama -puesto que un edificio de la Segundo, dicha "Iectura desde otra persUniversidad de La Habana ostenta esta pectiva" equivale a la "mirada desde inscri pc16n-, como hacia la anank trd- abaJ o" o la "Iectura al rev6 s" o, siguiengica del i oven revolucionan o converti- do la metdfora propuesta por Walter do en traidor. Benjamin en sus "Tesis sobre la filosofia de la histofia", al "cepillado a conLa Electra que se represents -drama trapelo" adoptado por los estudios dentro del drama- por el teatro univer- poscoloniales. En el campo de la Histositano, junto a cuya escena pasa en su na, nficleo original de estos studios que huida el protagonista, subraya esta at- boy se extienden a otros dominios, el m6sfera de tragedia: objeto privilegiado de estas lectures al

Bramaron los altavoces en alterado rev6s lo constituent las fuentes coloniadiapason de Atfidas, y bram6 el coro les a partir de las cuales debe reschbirse una estrofa que detuvo al fugitive a la historta de los pueblos colonizados.'O la on Ila de una cuesta yerma, eriza- No creo haber sido demasiado osada al da de espinos: "Las imprecaciones se haber dicho que Carpentier practice en cumplen; vivos estdn los muertos El siglo... una especie de "Iectura desde acostados baJo tierra; las victims de abaJo" avant la letter, y que a trav6s de ella remsert6 en la Historia, por el caayer toman en represalia la sangre
11 29 mino de la fiction, a quienes consider
de sus asesinos...

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sus verdaderos protagonistas: las gen- Es possible ilustrar, con algunos de los tes sin historic. muchos ejemplos que ofrece la novel,
el papel que desempefia la Antigiiedad en
Y por 61timo, que la mds important con- la emblemdtica revolucionaria. A6n secuencia de esta lecture al rev6s del de- en Paris, dice Martinez Ballesteros a Essarrollo de la Revoluc16n Francesa en el teban: "Hoy cualquier mequetrefe se cree dmbito americano es la deconstruc- hecho de la madera de los Gracos, Caton c16n, la descalificaci6n de la idea de que o Bruto".11 El narrator, en la nave en que la historia latinoamericana es depen- viaj*an los protagonistas hacia las Antidiente de la europea. Y esto lo hace Has, acota: "Discutian los jefes y comiCarpentier mediante la reincorporacion sarios, en gran tremolina de sables, estrat6gica del concept de cima- gallons, bands y escarapelas, largando rronada." Asi, el suizo Sieger, perso- tantas palabras gruesas como podia denaje que en occasions sirve de vocero cirlas un francs del Afio 11, despu6s de al yo-carpenteriano, les dice a los fran- haber invocado a Temistocles y ceses: "Todo lo que hizo la Revoluc16n Leonidas"." Esteban, por su parte, testiFrancesa en Am6rica fue legalizar una monia acerca de las modificaciones y de Gran Cimarronada que no cesa desde la populandad que adquieren las tragedies el siglo xvi. Los negros no los espera- de tema cldsico: "en el remozado BrjOnjron a ustedes para proclamarse libres co de la Comedia Francesa, Agnpina era un n6mero incalculable de VeCeSII.12 calificada de 'ciudadana' "; y en los textos que debia traducir en Bayona, descuDe acuerdo con todo lo anterior no es bre la impostura de este constant recum* r de extraftar que en El siglo de las luces al mundo antiguo: "[ ... ] la prosa los references cldsicos contribuyan a la afnazacotada de quien invocaba continuapre sentac16n de la parad6j ica acc16n de mente las sombras de los Tarquinos, de la Revoluc16n Francesa en Am6nca, por Caton y de Catilina, le parecia algo tan una parte, subrayando las camale6nicas pasado de moda, tan falso, tan fuera de
36
mudanzas de su personae hist6rico actualidad". protag6nico: Victor Hugues, antiguo
panadero de Marsella, pnmero conver- En lo que respect a las mdscaras cldsitido en prometedor comerciante de Port- cas que con tanto placer asume Victor au-Piince y, sucesivaniente devenido en Hugues, es bueno recorder que cuando representative en el Caribe de la Con- aun los i 6venes protagonists, que acavenc16n, el Directorio, el Consulado y baban de verlo por pnmera vez, no sael Impen o; y, por otra parte, develando bian pronunciar su nombre, ya conocian
-mediante la exhibici6n de su indole claraniente sus disfraces. Dice el narrador, contando las incidencias de esta
caricaturesca, carnavalizada- el cardc- ter de farsa que asume en la ret6n*ca primer vista de Victor: "Monsiur hug, revolucionaria la apropiaci6n de los evidentemente affect a la Antigiiedad, grades personaJes antiguos, en espe- hizo de Mucio Sc6vola, de Cayo Graco, de Dem6stenes -un Dem6stenes prestacial de la rep6blica roman, de los mente identificado cuando se le vio salir tiranicidas, de los grades oradores. al patio en busca de pledrecitaS".31

55














La parabola vital de Victor, su carrera Mas ese severe tratarmento de las refe"dranidtica", sus juegos de disfraces, rencias cldsicas del que arenas acabaterminan, en lo que a la novel se refie- mos de ver unos pocos ej employs, se pone re, con el episodio de la peste, de tan muy de relieve cuando analizamos el compleja urdimbre alusiva, de una empleo de otras references cldsicas en intertextualidad y una interdiscursividad esta misma novel, pero en contexts tan vanadas, que quisiera detenerme ajenos al propiamente revolucionano. brevisimamente en 61, aunque solo sea
como ej emplo, para enumerar lo que alli Asi, en los recuerdos de lo que decia el confluye, desde Los novios, de Manzoni, padre muerto, o en los proyectos de viay parte de su tradici6n, las fdbulas de jes o lectures de los16venes, antes de la La Fontaine, el Cor6n, la Biblia, Ilegada de Victor, las alusione s a temas himnanos medievales, hasta, por supues- y authors grecolatinos no implican ninto, las cr6nicas, relates, carts de la earn- gAn tipo de connotation, son meras repafia de Egipto y, por encima y por ferencias hist6ncas, parte del moblaj*e detrds, como tel6n y en todas parties, el de la 6poca. Cuando Esteban logra desgran lienzo de Gros: Bonaparte visitan- ligarse de la decepcionante farsa revodo a los apestados de Jaffa, en cuyo co- lucionaii a montada por Victory sale de londo, en cuya teatralidad, me parece Pointe-a-Pitre, tambi6n el mundo cldsiver inscrito aVictorHugues. Y este "per- co adquiere otro sentido, sus viejas resonaje" lo es aqui, en este pasaje, mds sonancias de aventuras y de libertad: que en cualquier otra parte de la novel. "Ahora -acota el narrador- se iba hacia
mismo lo sabe y dice: el mar, y mds alld del mar, hacia el Oc6ano inmenso de las odiseas y andbasIS11.40
En menos de diez aftos, creyendo Cuando Ilegado a Paramaribo comment mamobrarmi destiny, ful Ilevado por los mores de los grades sefiores del los derads, por esos que slempre nos lugar con sus esclavas, dice: "Grato pahacen y nos deshacen, aunque no los pel era para el Amo actual de Toro y de conozcamos siquiera, a mostranne en Cisne y de Lluvia de Oro 11,41 con lo que tantos scenarios que ya no s6 CUM el mito cldsico recupera su riqueza me toca trabaj*ar. He vestido tantos fantasiosa, regresa a su Imaje, vuelve a traces que ya no s6 cudl me corres- ser patnmonio de todos, como piensa ponde." Sofia al meditar, acodada en la borda
del Arrow, en tomo al libro de mapas
Sofia, al verlo salir de donde el m6dico celestes que habia quedado en su biblioacababa de curar sus Ojos con lascas teca de La Habana: de came de tempera, fresca y sangrante,
le dice cudl es el personae que verda- Por el nombre de las constelaciones deramente ha represented, al traicio- remontdbase el hombre al lenguaj*e de nar los ideales de la Revoluc16n, de sus sus pnmeros mitos, pennaneci6ndole primerosiefes, de Robespierre: "Pare- tan fiel que cuando aparecieron las ces un parricida de tragedia antigua"," genes de Cristo, no hallaron cabida un Edipo, pues, al que ella ya no va a en un cielo totalmente habitado por guiar. genes pagans. Las estrellas habian

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sido dadas a Andromeda y Perseo, a de muebles rotos y trastos inservibles, H6rcules y Casiopea. Habia titulos pasillo descublerto, separado de la de propiedad suscritos a tenor de abo- calle por una estrecha veil a cubierta lengo, que eran intransfenbles a sim- de enredaderas, por el que nadie paples pescadores del Lago saba desde hacia muchos aftos. El
Tibeiiades ... 42 m6dico insistI6 en ser Ilevado alld.
Despu6s de dar un rodeo por el cuarPero no solo estardn presents los auto- to de Remigio, que estaba fuera en res antiguos en las ocasiones de felici- busca de alguna p6cima, abrieron dad, de plenitud. En moments de una puerta chirriante, pintada de
angustiosa rememorac16n, de penoso re- azul. Lo que pudo verse entonces fue cuento, vienen tambi6n a la memona, tra- muy sorprendente: sobre dos largos yendo el sosiego de los dolores remotes. canters parallels crecian perejiles Asi Esteban, el dia de su regreso a La y retamas, ortiguillas, sensitivas y Habana, "comprendiendo que Ulises no hierbas de traza silvestre, en tomo a se librarian, esa noche, de la obligaci6n de varias matas de reseda, esplendoronarrar su Odisea, dij o [ ... ] a Sofia: 'Trde- samente florecidas. Como expuesto me una botella del vino mds corti ente, y en altar, un busto de Socrates, que pon a refrescar otra para luego, torque Sofia recordaba haber visto alguna el relate sera largo' 11.4' En estas pala- vez en el despacho de su padre, cuanbras, que son una pardfrasis de los pri- do nifia, estaba colocado en un nimeros versos del libro 11 de la Eneida, cho, rodeado de extrafias ofrendas, que son unapardfrasis de otros versos de semejantes a las que ciertas genes la rapsodia VII de la Odisea, que son un hechiceras usaban en sus ensalmos: remedy de sabrd usted qu6 otros cantos jicaras Ilenas de grants de maiz, piede viejos aedas, hay todo un poderoso ho- dras de azufre, caracoles, limaduras menace a unatradici6n solemn y al mis- de hierro .44 mo tiempo viva.
De inmediato se precede a la destrucY como de una tradici6n viva se trata, el c16n de todas esas plants que hacian mundo antiguo comienza a andar tarn- dafio a Esteban, y cuando Ilega el sirbi6n por otros vencuetos que para noso- viente, enfurecido por lo que ha pasado, tros resultant del mayor interns. CuandO descubrimos que tambi6n por este caOg6, m6dico haitiano doctorado en Pa- mino se ha producido un raro, un extraris, pero practicante de una medicine al- Ao sincretismo: Remigio, el esclavo temativa, es traido por Victor Hugues negro, habia identificado a Socrates con para que ponga fin al memorable ataque Ogg6n, el onsha de los mosques y del de asma de Esteban, inicia de inmediatO saber, y como tal lo honraba .41 la b6squeda del ongen de la crisis y pregunta qu6 hay detrds de la habitac16n Llegados aqui, podemos concluir parcialdonde se encuentra el enfenno: mente que si en Los pasos perdidos la
presencia del angel de las maracas '46
Carlos record que ahi existia un an- images que encuentra el protagonist en gosto traspatio, muy h6medo, Ileno una iglesia de empaque medieval situada

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en los pr6dromos de la selva, al ser una que a partir de temas, heroes o motivos transgres16n del model de concerto de de la culture grecolatina, escribieron dngeles tradicional, con todos sus ins- authors europeos de distintas 6pocas y trumentos europeos, puede ser leida Imajes. Se trata de dos ejemplos empleacomo muestra de lo real maravilloso dos por el novelist con similares objeamericano -la po6tica que Carpentier tivos, pero procedimientos bien distintos: formulary a fines de los 40-, como una uno de El recurso del m&odo y otro de evidencia de la yuxtaposici6n, simulta- Concierto barroco, texts con los que neidad y coexistencia de cultures, tiem- se abre un nuevo ciclo en su narrative, pos y spacious distintos en la Am6n*ca donde el humor alcanza una singular diLatina; en la identificaci6n de Socrates mens16n y la texture literana, siempre con Oggdn que acabamos de ver, me densa, ostenta un dialogismo mds eviparece asistir a una ilustraci6n del con- dente, en muchos casos marcadamente cepto de transculturac16n tal como lo pol6mico o ir6nicamente par6dico. concibiera Fernando Ortiz, amigo y
maestro de Carpentier. Por otra parte, En El recurso... (1974), el personae podria afiadirse que lo que en el primer protag6nico, un d6spota ilustrado, guscaso se present como una fonnulac16n ta de presumir de su culture, pero los o una interpretaci6n mecdnica -hemos europeos no le perdonan su hablado de yuxtaposici6n, coexistencia, rastacuensmo, por lo que decide vengarsimultaneidad- de las relaciones de Eu- se de ellos golpedndolos donde mds les ropa y Am6rica, en el segundo se pre- duele: en sus glon as y en su conocirmensenta como una formulac16n dindmica y to; y asi, el dia de la inauguraci6n del mutuamente fecundante de las relacio- Capitolio Nacional, lee ante todo el cuernes de ambos continents. Y, por 61ti- po diplomdtico largos pasaj* es de la Plemo, en lo que concerned especificamente garia sobre la Acr6polis, de Ernest a nuestro andlisis, puede leerse este pa- Renan, como si se tratara de un discursaj e como una species de contradiscurso so propio. Ante el pompierismo desafoetnocultural en relac16n con la utiliza- rado del texto, embaj*adores, ministers, c16n dada al c6digo cldsico por el dis- conseJeros, secretaries y c6nsules dificurso politico de la Revoluc16n cilmente pueden repnmir la nsa, y este
Francesa, que postenormente se expan- es el moment que espera el orador para dird en toda la novel de acuerdo con la informarles que lo leido no se debia a su lecture que propusimos al pnncipio: la pluma, sino a la de Renan .41 recuperac16n estrat6gica del concept de En Concierto barroco (1974), noveleta cimarronada.
contempordnea y en cierta media complementaria de El recurso del m&odo, son
muy frecuentes sus references y critics
Arribamos, por 61timo, a un mercer mo- a la utilizaci6n dada por la irmsica y la mento de la relac16n de Carpentier con literature europeas a la culture de la Anel mundo cldsico: el de las desacrall- tigiiedad. Pero en el ejemplo en que vazadoras lectures que hacen algunos de mos a detenemos, la burla apunta a un sus personages de los texts literanos autor muchisimo mas important

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que Renan, y se destiny fundamental- -dijo [el presto] Antonio, mordiendo mente a poner de relieve el tratamiento la que acababa de sacar -una mdsdado por Vivaldi al tema de la Conquis- delacestadelasmonjitas. -"iYhay ta de N16xico y, en segundo lugar, a re- quien dice que esas son costumbres forzar la confrontac16n entre Europa y de negros! -pen[s6] el negro Am6ri ca Latina que, en el cafnpo de los
temas artisticos y literarios, se ha vem- Como deciamos al comienzo de esta seedo desarrollando a lo largo del sexto c16n, si bien son similares los objetivos capitulo. de esos dos largos pasajes de El recurso
del m&odo y de Concierto barroco, los Con un graciosojuego de espejos el pres- procedirmentos empleados, aunque pate Antonio censure en Shakespeare lo recidos en un aspect sumamente impormismo que es incapaz de ver en su 6pe- tante: el gran espacio que se concede en ra Montezuma. Leamos la synopsis de ambos a la recepc16n de los textsos, del Titus Andronicus ofrecida por el monje material literario reportado, sin embarpelirrojo: go difieren mucho en los modos de presentac16n de este material.
la hij a de un general romano a
quien arrancan la lengua y cortan las En el pnmer caso, en El recurso..., endos manos despu6s de violarla, aca- contramos una larga cita textual sui bando todo con un banquet donde generic, pues no se present como tal ni el padre ofendido, manco a seguidas aparece marcada -entrecomillada o en de un hachazo dado por el amante de cursiva-, y se utilize para jugar su muier, disfrazado de cocinero, aviesamente con el horizonte de expechace comer a una Reina de Godos tativas de los receptors, lo que se exun pastel relleno con la came de sus plica dada la gran carga ir6nica con la dos hijos -sangrados poco antes, cual el autor debe suplir la imposibillcomo cochinos en visperas de boda dad de identificarse con su personae aldeana..." protag6nico, el dictador ilustrado, quien,
sin embargo, en muchas ocasiones fraLa recepc16n, tambi6n aqui, result de gua y vehicula la burla y la critical gran interns: carpenterianas. En Concierto barroco

iQu6 asco!" -exclam6 el saj*6n se trata de una sintesis que sobredimensiona aspects del significado de una [Haendel]-. "Y lo peor es que en el obra y pasa por alto todo lo relative al pastel se habia usado la came de las significant, pues se pretend deconscaras -narices, orejas y garganta- truir el ideologema de civilizaci6n y barcomo recomiendan los tratados de barie mediante la confrontac16n de las artes cisonas que se haga con las pie- reacciones del compositor veneciano
zas de finavenateria..." [dijo Vivaldi] y el negro cubano.
-%Y eso com16 una Reina de
Godos?" -pregunt6 [el negro] pero 10 inds important es descubn*r la Filomeno, intencionado- "Como me structural profunda, la matnz de estas estoy comiendo esta ensaimada" ideas que para mi se relacionan con

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dos aspects, uno sincr6nico y otro dia- t6nninos de Santo Oficio. Todas las cr6nico, que atrajeron mucho a razas del mundo antiguo se habian
Carpenter y estuvieron presents en dis- malaxado en la prodigious cuenca tintos registros de su quehacer mediterrdnea, madre de nuestra culensayistico. Por una parte, la especial tura. Tremenda cama redonda habia situaci6n del intellectual latinoamefica- sido aquella, de romano con egipcia, no en relac16n con el europeo, se expre- de troyano con cartaginesa, de helena sa simplemente en el hecho de que famous con gente de color quebrado.
mientras este piensa que solo debe o tie- Varias tetas habia temdo la Loba de ne que concern su culture, aquel estd obli- R6mulo y Remo [ ... I para cuanto gado a concern la propia y la europea. cholo o zamba se colgara de ellas. Y, por otra parte, y para eso le es muy Decir Latinidad era decir mestizaje, important el papel que como punto y todos 6ramos mestizos en la Am6de reference y como centre adquiere rica Latina; todos teniamos de negros en sus texts el mundo cldsico, el ca- o de indios, de fenicios o de moros, rdcter perif6rico que en su moment y de gaditanos o de celtiberos [ ... ] en relac16n con aquel tambi6n tuvieron i Mestizos 6ramos y a mucha honra! las naciones europeas que posteriormente se constituyeron a su vez en pun- IV
tos de reference y en centers para la
nueva penferia: la Am6n ca Latina. Una bu i ena conclusion, bastante carpentenana, seria marcar aqui un da
Deconstruir esta concepc16n de falsa capo, y empezar de nuevo. Porque todo lo dependence, esta relac16n presuntamen- que se ha dicho y se ha hecho, podria volte estdtica de centre y pen fen a, y resca- verse a decir y a hacer con otros texts: tar la naturaleza transcultural y con "Semejante a la noche" y El reino heterog6nea del arte, la literature y el de este mundo; con "Los advertidos", pensamiento de las nuevas configuracio- con El arpa y la sombra y La consanes socioculturales que son los pueblos graci6n de laprimavera... En la fliada, emergentes de la Conquista y la Coloni- que sirve de tema, lema y titulo a "Sezac16n de Am6nca,'O fue uno de los ob- mejante alanoche", relate donde sejunjetivos de la narrative y tambi6n de la tan soldados de Grecia, de EspaAa, de ensayistica de Alej o Carpentier, expre Francia, de los Estados Unidos; en la sado con gran humor y, por supuesto, reception por parte de los esclavos con mucha ironia por su Primer Magis- haitianos de El reino de este mundo de trado de El recurso del m&odo, el cual, la Fedra de Mlle. Flon dor, que es la de enfrentado coyunturalmente al racism Racine, que es la de S6neca, que fue la pangemidnico de comienzos de siglo, de Euripides; en Deucalion y sus herdescubre que en la latinidad puede en- manos indiosJudios, chinos, egipcios del contrary su divisa: diluvio universal en "Los advertidos";
en laMedea del trdgico latino que anunAl fin y al cabo, "latinidad" no signi- cia nuestras nuevas tierras; en El arpa y fica pureza de raza ni limpieza de san- la sombra; en los himnos de Prudencio gre -como solia decirse en desusados de La consagracj6n de la primavera;

60














en muchas pdgmas tan memorable Giovannini, Arno. Entre cultures. Los pasos
como las que hemos glosado, estd la per&dos de Alejo Carpentier Bema: Peter Lang,
grande, la profunda, la bien vivida cul- 1991. p. 164. tura cldsica de AlCio Carpentier, sabio 'PIA Mary Louise. ImpefialEyes: Travel Wfifing Araductor" de Am6rica. and Transculturation. Londres-Nueva York
Routledge, 1992. p 196.
Pero tambi6n en estos texts, como en La traducci6n es mia.
los que revisamos antes, se express una 4 CarpentierAlejo. America ante lajoven literature concepc16n mucho mds ecum6nica de la europea. En su: La novel latinoameficana en
culture, que trasciende la unicidad, el visperas de un nuevo sigloy otros ensayos. Mexico monologismo de un canon eurocentrista : Editorial Siglo XXI, 1981. p. 57.
5
y excluyente, y la concise como botin Y El moment musical latmoamencano.
patrimonio universales. Union (Mexico) (2):56,1991.
6 Campuzano, Luisa. Relaciones/revoluciones de Por eso tienen en parte raz6n quienes Europa y America. En: Am ricalEuropa. De
airman que en la obra de Carpentier hay encuentros, desencuentros y encubrimientos. mds references al resto del mundo que Mexico: UAM-L 1993. pp. 144-151.
a la Am6rica Latina, vasta fracc16n de Marti, Jose. Nuestra America. En su: Obras
todo un Continente, en la que, cast sin escogidas. La Habana : Editorial de Ciencias excepc16n, se ban volcano todos los pue- Sociales, 1992. t. 2, pp. 482-483. blos del planet. Boitani, Piero. The Shadow of Ulises. Figums of
a Allyth. Nueva York : Oxford University Press,

Por eso tambi6n en gran media los des- 1994. pp. vii-viii. tinatanos implicitos de Carpentier son 'Steiner, George. Antigones. Londres : Oxford
europeos a los que, sin embargo, no se University Press, 1984. p. 1.
dinge para halagarlos ni complacerlos, 10 Lezama Lima, Jose. Julidn del Casal. En su: Confluencias. La Habana : Editorial Letras sino para interpelarlos, para recordar- Cubanas, 1988. p. 184. les su responsabilidad en relac16n con el 11Gonz6lez Echevarria, Roberto. El peregfino Nuevo Mundo, hechura -o malhechura- en su patria. Mexico : UNAM, 1993. pp. 203del Viejo, y para subrayar la arrogance 204,208. ignorance de quienes, como algunos 1, Carpentier, Alejo. Los pasos perdidos / ed.
grades nombres entre los estudiosos de d, Roberto Gonz6lez Echevarria. Madrid la tradici6n cldsica, no recogen en sus Cdtedra, 1985. p. 247. eruditos, pero muengos trabaJos, la es- "Ibidem, p. 194. pl6ndida cosecha de la que sigue siendo 14 lbidem, p. 328. para muchos nuestra Terra Incognita.
15 lbidem, p. 251.
NOTAS 16 lbidem, p. 215.

'Alegria, Fernando. Alejo Carpentier: En: "Ibidem, p. 200. Homenaje a Alejo Carpentier. Nueva York: Las 18 Raz6n de ser. La Habana: Editorial Americas Publishing, 1970. pp. 36-69. Letras Cubanas, 1984.
Verdevoye, P. Las novels de Alejo Carpentier. 190p. cit. (10). pp. 73, 99, 330. Revista Iberoamericana (Pittsburg) 48(118- 201bidem, p. 103. 119):329,1982.

61

















21Ibidem, pp. 77, 83. 33Ibidem, p. 133.
22Ibidem, pp. 276-277. 34Ibidem, p. 156.

23Op. cit. (9). p. 207. 35Ibidem, p.147.
24Brunel, Pierre. "Prometeu" y "Sisifo". En: 36Ibidem, pp. 189-190. Diccionario de mitos literarios. Brasilia-Rio de bidem, 45. Janeiro : Editora UnB-Josd Olympio, 1997. pp. 784-793, 840-846. 38Ibidem, p. 398.
25Ibidem, p. 792. 39Ibidem, p. 399.
26 idem. 40 Ibidem, p. 208.

27 Morell, Hortensia R. De Los pasos perdidos 41Ibidem, p. 287. a La consagraci6n de la primavera a travds de Orfeo. Hispanic Journal (Estados Unidos) 42Ibidem p 358. 7(2):106; 1986. 43Ibidem, p. 309.

28Op. cit. (10). p. 332. 44Ibidem, p. 54.
29 Carpentier, Alejo. El acoso. La Habana : 45Ibidem, p. 55. Instituto Cubano del Libro, 1969. p. 76.
46Op. cit. (10). pp. 179, 183.
30Ashcroft, Bill, Gareth Griffiths y Helen Tiffin, Caentier Aleo. El recurso del todo. ed. The Post-Colonial Studies Reader Londres 47 Carpentier, Alejo. El recurso del mtodo. y Nueva York: Routledge, 1995. Mdxico : Editorial Siglo XXI, 1974. pp. 171174.
31 Chevigny, Bell G. Historia e imaginaci6n en "El camino de Santiago". Imaen. Anuaio (La 48 Concierto barroco. Mdxico : Editorial Siglo "El camino de Santiago". Im6n. Anuario (La X,17.p52 Habana) 3:181; 1986. XXI, 1974. p. 52.
32 Carpentier, Alejo. El siglo de las luces. La 49 idem. Habana : Ediciones R, 1963. p. 276. s50Ribeiro, Darcy. LasAmdricasy la civilizaci6n.
La Habana : Casa de las Amdricas, 1992. 51 Op. cit. (44). p. 126.








U t A














Cuenta Enrique, en los esfuerzos
uno de los protago- del tambi6n reci6n
nistas de La con- C carpenter estrenado Teatro
sagrachin de la niversitario, enprimavera, novel elteatro c'abezado por el
publicada por director ausAlejo Carpentier griego y triaco Ludwig
en 1978, c6mo el Schajowicz, quien
grupo de j6venes se afanaba en el
estudiantes pam el la recepcio"n montage y presencual 61 habia tac16n de tragedies
devenido renovado de los texts gnegas' entre otras
Ulises -al volver a obras del repertola universidad no universal.
habanera despu6s d a Sicos
de su experiencia Efina Miranda De esta 6poca tarnen la Europa de los bi6n ofrece testiaftos precedents Cancela monio Carpentier
al estallido de la Profesora de la Universidad de La Habana en uno de los doSegunda Guerra cumentales -conMundial, en la ferencias filmadas
Guerra Civil Espafiola-, se vio forzado por el ICAIC, baj*o la direcci6n de H6ctor a ceder su pesto en el patio universita- Veitia en 1973-, al reveler en el cortono "de los laurels" ante los enthusiasts metraj e subtitulado Sobre su novelistica, esfuerzos de quienes se preparaban para c6mo la idea de la novel El acoso, puhacer resonar los claustros acad6micos blicada en 195 6, se remitia al moment con los versos de una tragedia griega: cuando, desde su cabana de sonido, pre"Y era maravilla ver a los personages de senciaba la puesta en escena de Esquilo entre columns cldsicas con fon- Las co foras, entre las columns do de palmers, baj*o un lento vuelo de neocldsicas de los edificios de la colina auras tifiosas acaso atraidas por los ca- universitaria. Refiere en el texto, compiddveres de latragedia, rodeados de car- lado afios mds tarde en un libro, que prepinteros negros que acababan de annar, cisamente al Ilegar el punto de la muerte a sierra y martillo, los elements com- de Clitemnestra, se sintieron unos dispaplementanos del decorado, mientras so- ros: a1guien, perseguido por la policia, naban desgarrados lafnentos en torno de era abatido "en plena func16n detrds del Polinice insepulto".1 pAblico, es decir, en plenatragedia gfiega. superponiendo unatragediareal yverEsta descripci6n, en la cual la propues- dadera a la tragedia gfi ega". 2 ta carpentenana sobre lo real maraviIloso parece evidence, no hace mds que Pero si en El acoso traspone e sta acc16n trasponer al plano literano recuerdos a una sala de concerto, tampoco presvividos de la etapa en el escfitor, reci6n cinde de hacer patented el punto de partiIlegado de Europa, mientras colaboraba da, pues como el mismo autor refiere

63














en una entrevista, quizas un poco mas ex- representacibn 61 directamente colaborara, plicita que el testimonio ofrecido en la aunque por el paso del tempo se conference: "Hay un capitulo en El aco- desdibuj e la precision de otros, como el so, en que, cuando el acosado es perse- afio exact de la presentac16n o la naguido, que ya va a ir a la sala de cionalidad del director, y se disipa la concertos, oye que se estd representan- duda expuesta por Salvador Arias, Iledo una tragedia griega en la Universi- vado por el enthusiasm, al recuperar los dad".' Y en effect, aunque la reminis- texts prdcticafnente perdidos que el escencia es breve, arenas una parrafada, critor publicara en el pen 6dico Dempo la imagen de las columns, los clients Nuevo y en el semanano Dempo, desde espectadores, los estudiantes "vesti- pu6s de su regreso a Cuba en 1939,' dos de Mensajeros, de Guardas y de sobre si el hecho que inspire El acoso Wroes",' la representac16n trdgica, con- ocurn6 en la representac16n de Antigona tiene en embr16n las pdgmas que en y no de Las co foras, como evocara La consagraci on... dedicard a la reso- Carpentier en su conference cinematonancia en los protagonistas del queha- grdfica: cer dramdtico en la acad6mica colonial
habanera. Y uno de los pnmeros espectdculos
que mont6 Tchaiovitch [sic] fue la
Este fructifero vinculo en escena de los tragedia Las co foras, de Esquilo. Lo Siete contra Tebas, la tragedia de Es- represents en la Plaza Cadenas, usanquilo a la que se hace reference en La do la gran columnata de fondo como consagraci6n de laprimavera, no pasa escenano, y yo era el encargado de de ser una licencia po6tica, pues nunca la sincronizaci6n musical del especesta obra estuvo en el repertorio de Tea- tdculo. Me habian construido una tro Universitano y su selecc16n posible- caseta de sonido, unos altoparlantes, mente obedezca al necesafi o engarce con habia sincronizado irmsica de Dan us el tempo propio de la novel, en tanto Milhaud, pnncipalmente, con la acel texto de laAntigona no ofrecia la co- c16n de la tragedia de Esquilo, y harrespondencia requenda a los effects bia al final incluso una imprecacion del escritor; la otra obra mencionada en que tenia que caer por altoparlantes el capitulo en cuesti6n, la Ifigenja en desde lo alto de las columns .6 Taurida, de Goethe, constituy6, Junto
con Las co foras de Esquilo, el segun- En effect, el propio Schajowicz, al evodo program teatral presented por car muchos aftos despu6s, en el pr6logo Shajowicz, el 4 de diciembre del propio de uno de sus libros, su experiencia afio, en el cual fimg16 como asesor mu- habanera, menciona a Carpentier como sical Alejo Carpentier, tal como costa un animoso y enthusiast colaborador: en el pequefio folleto de presentac16n Gratos recuerdos guard de aquel tiempreparado para la ocas16n. po, como el de la muy intelligent critiEste ultimo dato a su vez confinna la fiabi- ca de Alejo Carpentier que, Junto a lidad de los recuerdos de Carpentier, al Gonzalo de Quesada yAngel Ldzaro, menos en cuanto a la obra misma en cuya me alentaron mucho en mi empefio

64














de exponer a un Vald6s-Rodriguez y
public universi- Luis Amado Blanco,
tano la tragedia como consigna Rine
gnega, asi como Leal.'
otras grades
obras de la La Cueva, a pesar de
dramaturgia eu_ sus buenas intencioropea Espe- nes, fracas; pero las
c 1 a I in e n t e inquietudes se manteCarpentier me nian latentes. La conayud6 entonces junc16n de estas con
eligiendolamA- un buen director
sica grabada como Schajowicz, fue
para Las co fundamental para la
foras, y estimu- creation y arraigo de
lando a los Teatro Universitan*o,
gradese" de la creac16n musical en cuyos origenes descnbe Luis A. Baralt:
La Habana -Ard6vol, Gramatges,
Julian Orb6n- a colaborar en este in- El Teatro Universitario surgio como tento mio de representer los cldsicos siempre ocurre, por generation esen Cuba.' pontdnea y de abaj* o a arriba. En 1941
un grupo de estudiantes enthusiasts
Schajowicz lleg6 a Cuba en 1938, im- de diversas facultades quisieron "hapelido, como tantos otros que por en- cer teatro". Tocaron a mi puerta tones arrostran el exilio en tierras encabezados por Luisita Caballero. de Am6n* ca, por los tristes acontecimien- Yo, cansado y un tanto desilusionatos que agitaban a Europa. Con un doc- do por la expenencia de La Cueva, tornado en Filosofia de la Universidad de no quise asumir la improba tarea y la Viena, estudiante de psicologia con Karl responsabilidad, sm asegurarme preMililer y de arte dramdtico y direction con viamente de una cooperation eficaz. Max Reinhardt, habia difigido la compa- Ludwig Schajowicz, compaftero a ffia Theatre Bleu y la Dramaturgisches la saz6n en otra empress andloga -la B&o. Por ello no es de extraftar que a su A.D.A.D.-, alumni en Viena de Max Ilegada a La Habana rdpidamente trabe Reinhardt y hombre de gran culture y contact con aquellos intellectuals cuba- talent, tuvo inds coraje -no inds fenos que en 193 6 habian intentado Ilenar el que yo. Baj*o su intelligent direcci6n vacio teatral, ahondado por la contracc16n empez6 el grupo a laborer. 9 econ6mica y el machadato, con la funda- En estas circunstancias podemos entenc16n de La Cueva y, postenormente, de la der mejor el regocijo de Alejo Academia de Artes Dramdticas, nacida Carpentier ante una puesta de seriedad en 1940 y que cont6 entre sus iniciado- professional y cuyo 6xito permitI6 la res a Alejo Carpentier, Jos6 Manuel fundac16n de Teatro Universitano como empress durable. Mas los aciertos no

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hacen perder perspective critical al es- su cardcter de verdadero espect6culo, critor, sino que fraguan la base, no tanto subrayado con mayAsculas por el autor, para el enjuiciamiento de la representa- da pie a la reflex16n y a cuestionarse proc16n, sino para exponer su propuesta blemas est6ticos. Fue sin duda este redramaturgica con vistas a una reception conocirmento y el respect mostrado por contempordnea de la tragedia cldsica; el modo en que Schajowicz plasma la por otra parte, quizds mucho mds cer- tragedia, con el que en todo moment cana al modo de representac16n original, muestra Carpentier su desacuerdo, y ello pesto que si aun boy en dia, acostumbra- le granj e6, a su vez, la complacencia del dos a la blancura de los mdnnoles, nos director quien mds de cuarenta afios desresultadificil imagmar los fiisos y metopas pu6s evoca la muy intelligent crifica del del Paiten6n pintados de vivos colors, ro- escritor como el mejor homenaje a sus jos y azules, c6mo hemos de aceptar sin esfuerzos de entonces. cuestionamiento el estatismo y la seremdad apolineas en la representac16n, un si- En primer lugar repair Carpentier en glo despu6s de que Fedefico Nietzche la traducc16n, quizds el 6nico aspect develara la cara dionisiaca de la tragedia. del cual Schaj owicz no era responsible.
Indudablemente la selecc16n de la verEl "amplio reportage critico, como lo s16n del doctor Juan Miguel Dihigo, que califica Salvador An as, 10 que Carpentier por entonces frisaba los setenta y cinco public en el semanano Dempo sobre afios de edad, eraun homenaje a la obra la puesta en escena de la Antigona de de este professor al que tanto debe la enS6focles en la Universidad, comienza sefianza humanistica en Cuba, y que con con la satisfacc16n express no solo ante su enthusiasm habitual apoyara el proel espectdculo brindado, sino por el pa- yecto dramdtico, pero a quien, obpel asumido por la instituci6n, para in- viamente, no se le podia pedir una mediatamente recrear la acc16n traducc16n acorde con los nuevos posdramdtica que tenia lugar en el portico tulados que sobre este arte se Than imneocldsico del edificio Felipe Poey, in- poniendo. No hay que olvidar que cada terrumpida unicamente por la voz del di- 6poca require versions adecuadas con rector: "Nervioso, slempre descontento, los tempos que corren, mucho mds ante cornendo de los reflectors a los artis- la inmediatez implicita en el hecho teatas, del maquillador a la orquesta, tral. Ludwig Schajowicz iba ensamblando
con lentitud y segundad los detalles ar- Ciertamente, al igual que ha ido hacienquitect6nicos del monument trdgico de do co-star al referirse a la actuac16n, S6focles..."11 por ejemplo, lo que interest a
Carpenter es hacer notar c6mo ante
Esta reconstrucc16n del ensayo teatral cierta ret6fi ca que se ha generado en el sirve de predmbulo y presentac16n para manejo de los cldsicos, se impose una someter ajuicio la puesta, aunque siem- rupture con tales anquilosamientos para pre advirtiendo que es precisamente la propiciar una recepc16n adecuada del calidad alcanzada la que pennite la cri- verdadero valor del texto. Senate que la tica sin indulgence, en la media que

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traducc16n, sen a y rigurosa, sin embar- modo en que se ban de enfocar los texgo no ayuda a poner de relieve "el con- tos cldsicos; concept que, por cierto, temdo human de los confliCtOS11,12 de una forina u otra propugnaba ya cuanlastrada por la rigidez declamatoria. do, muy i oven aun, comienza a publicar sus primers trabaj*os penodisticos.
Ese mismo estatismo es lo que censure
a la concepc16n de la puesta en escena En 1992, con dieciocho afios y solo uno del director austriaco, comparable con despu6s de haber matn culado arquitecuna column blanca. Esta inmovilidad, tura en la Universidad, studios que, por acceptable, seg6n Carpentier, si fuera un derads, pronto abandon, comienza recurso usado en la pnmera parte para Carpentier a publicar una sene de coluego subrayar el moment en que se mentarios sobre libros, en la secc16n desatan los conflicts, no debe ser la Obras Famosas, del pen 6dico habanero t6nica de representac16n de la tragedia La Discusi6n, iniciada precisamente por gnega, en tanto esta encierra passions 61. Entre el 23 de noviembre de ese afto intensas generadoras de violencia, luchas y el 16 de abril del siguiente, public fratficidas, horribles abismos del ser con cierta regularidad sus comentarios, human, problems vitals, que deben a los cuales habrd que agregar uno mds representarse con las entrahas. De ahi en el mes de Julio. El tercero de los arque estime que el coro, para concretar ticulos, publicado el 10 de diciembre, su mantra de aprehender la tragedia, estd dedicado a Las ranas, de "debe e stremecerse de horror, rodar a lo An st6fanes, y lo encabeza, a mantra largo de los peldafios, movers, como se de exergo, con el cuestionamiento de moveria la masa que realmente repre- Anatole France: Crees que hay musenta". 13 cha libertad en las aprobaciones que damos a los cldsicos griegos y latinos?",
Estd consciente de las distintas inte'Pre- pregunta que inniediatamente nos impotaciones possible: "Porque si bien Pue- ne sobre el inter6s que subyace en la sede concebirse una Antigona desorbitada, lecc16n delioven Carpentier. ardiendo en el fuego sagrado del odio y
del anhelo de venganza, tambi6n puede Tal como se rebels casi veinte afios desverse a la hij a de Yocasta como muier pu6s contra la vision ret6rica que cubre de un temple de acero, cegada por el e impide la verdadera intelecci6n y disamor fraternal hasta el punto de inmo- frute de la tragedia cldsica, en sus imlarse por cumplir con su deber hasta el clos como critics senate la necesidad de final"." Frente al camino, de gran acier- un replanted del prejuicio cultural que to pldstico pero de serenidad apolinea, impide censurar o polemizar alrededor elegido por Schajowicz y que este, in- de un texto considerado can6mco, puesnovador tambi6n en muchos aspects y to que nadie se atreve a desafiar el Ilasustentador de una nueva lecture de los mado fallo de la posted dad, sin tener en cldsicos, basada en un dinamismo inter- cuenta que esta es "una reunion de seres no, defended apoydndose en arguments humans suietos a los mismos errors, dignos de consideraci6n," Carpentier a las mismas ideas preconcebidas", 16 al opone su propia lecture y concept del tempo que se proclaim una admiraci6n

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mds por imitation que verdaderamente pectdculo teatral se refiere. Por ello resentida. sulta muy interested que en 1922
Carpenter advirtiera que a las obras
En lugar de esta aceptac16n critical, pro- de Anist6fanes no se les podia aplicar pone el escntor que las obras cldsicas para su enjuiciamiento la observance de scan analizadas con una actitud tan fi- los cdnones dramdticos establecidos, gurosa como la que mantenemos ante sino que su propuesta era buscar "los una obra contempordnea. Para rasgos que pintan la vida e ideas de los
Carpenter "cuando se ha temdo en cuen- contempordneos de sus authors". Baj*o ta la 6poca en que fueron escritas, las este punto de vista Las ranas le result multiples ideas que pudieron actual so- interesantisima. bre la mente de sus authors, las malas
influences est6ticas de un siglo, debe- Resefia brevemente el argument y ellrian de cfiticarse, no con la intenci6n de ge pasajes que ponen de manifiesto hallarlo todo mal [ ... ] pero ya con el n- characteristics que el autor desea resalgor con que analizariamos un libro de tar en la media que a 61 mismo lo atraen Pio Baroja o D'Annunzioll.17 y despiertan su enthusiasm, como: lo extrahamente irrespetuosa que se muesPara ilustrar sus palabras se refiere a tra la comedia con su p6blico o los Aves, la comedia de An st6fanes que el contrasts curiosos que se establecen, Ilamado "fallo de lapostendad"hacon- pues unas veces fidiculiza hasta a los sagrado como la mejor obra de este an- doses, mientras que en otras pretend tor por ser la mds teatral, lo cual para moralizar a sus concludadanos y les cenCarpentier es una gran equivocaci6n. Y sura sus costumbres political. Pero evino le falta raz6n cuando asiente que dentemente es el debate po6tico entre "Ani st6fanes no es nuncateatral ni Pue- Esquilo y Euripides, que central la obra, de serlo", si entendemos el t6nnino en el el foco de atenc16n. Destaca el cardcter sentido que tradicionalmente se le ha de sdtira consustancial a toda la obra; confefido. reconoce que junto a grocer I as i mperdonables, hay moments de gran finuEn effect, la comedian an stofanesca su- ra; para terminar subrayando la risa fri6 por siglos la incomprensi6n mds franca y estrepitosa que la comedian proabsoluta de todos aquellos que laj*uzga- voca. ban a partir de un concept teatral que
supone una acc16n coherentemente de- Carpentier, como Arist6fanes, slempre sarrollada. S61o los studios realizados tiene presented a su p6blico y el effect en los 61timos decemos de este siglo, ban que desea provocar en este, a fin de que mostrado que las obras c6micas del si- se sienta estimulado a la lecture a partir glo v atemense mds se asemejan a la de los presupuestos que el escntor conmodema revista musical que a nuestra sidera necesanos para su disfrute y su idea de comedian, y en gran media las efectividad cultural. Por ello conclude: piezas del comed16grafo atemense, se el que lea a An st6fanes, no debe busban reivindicado a la luz de las actuales car virtuosidades teatrales, y si no tiene tendencies imperantes en cuanto al es- idea preconcebida de admirarlo torque

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era gnego, gozard de- Siguiendo un patron
liclosamente viendo en semej ante al empleasus obras las preocupa- do en relac16n con
clones dian as y las cos- Las ranas, destaca
tumbres corrientes tres pasajes notonos,
del pueblo mds intensa- deteni6ndose en el
mente artist que haya concerniente a la maexistido"." trona de Efeso, expuesto a mantra de
A diferencia de muchos
narrac16n abreviada,
comentarios que ac- de modo que el lector
tualmente se publican pueda apreclar por si
en la prensa, en los cua- mismo los valores reles el objetivo de incl- saltados y que avalan
tar a la lecture, se plerde su conclusion:
en medio de una parafernalla t6cnica y
de los alardes critics del autor, Todo el Safiric6n estd escrito con haCarpentler en los comentarlos de La bilidad y ligereza, en un lenguaj*e deDiscusi6n nos ofrece una buena mues- purado y flexible; ni por un moment tra de c6mo ha de hacerse la resefia que Petronio incurre en faltas de gusto o procure acercar al lector a la obra lite- torpezas. Es inmoral, torque el merana, sin dejar a un lado sefialamientos dio de observac16n lo era: reflex alas y critenos para su acertada valorac16n. costumbres como un novelist consEll los otros dos comentarios que dedica center. Pero lo que hace las delicias a texts de la antigiiedad grecolatina: de su obra, es sobre todo su personaEl sanric6n, de Petronlo, y los Epigra- lidad; mantra de juzgar el tempo mas, de Marcial, ya no insistird de mane- extrafto en que vivia. ra explicit en la actitud a seguir frente a Por su parte, en el comentano a los Epjlos cldsicos, pero esta subyace implicita grams de Marcial, luego de introdua la hora de abordar el texto. Ell el refen*
do al Safiric6n, publicado el 2 de enero cirnos en la personalidad y ambience en de 1923, recrea el amblente que se vivia que vivI6 el poeta, destaca en primer en Roma en los tempos de Ner6n, cuan- lugar que se ha exagerado la importando Petronio era considerado el drbitro de cia de estos poems en la literature latila elegancia. Refiere los datos conocidos na; pero de nuevo resalta c6mo ha sido sobre su vida, para finalmente destacar, la capacidad de observac16n la cualidad como su mayor acierto, el que escn*b*, Ieshapennitidotr cender.Sonpre "la 6nica novel de costumbres que po- cisamente los cuadntos animados y pillseen las literatures antiguas".'9 De nue- torescos de la vida roman los que vo la observac16n de la vida y las ideas resultant mds atractivos para el autor, en un amblente detenninado, junto a la pues si blen convene, despu6s de bn*nironia y la sonnsa elegant, se resalta dar distintos ejemplos, en que los epicomo m6rito principal y factor decisivo grams son interesantes por en su vigencia. momentss" el espiritu que proyecta

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Marcial en su obra, antip6tico y de adu- prensa habanera, me imagine que Para lador servile, le result bastante repelen- sorpresa de unos cantos lectures de te, a diferencia de lo que le sucedia con Paris o los de La Discusi6n, pesto que la personalidad de Petronio. Se crumple, el propio Carpentier ya en 195 8, diecipues, su precepts de que con los authors siete aftos despu6s de la fundac16n de cldsicos, una vez que se ban temdo en Teatro Universitario, nos ofrece testimocuenta sus circunstancias y condicio- mo de que muchos familianzados con namiento epochal, debe juzgdrseles con la lecture de las tragedies gnegas se sienel mismo rigor que a un contempordneo. ten defraudados ante el estatismo de la mayoria de las representations que por
Lo acendrado de este enfoque, se demues- esos aftos tenian lugar. tra afin mds claramente, si fuera possible,
cuando se refiere a un poema como la En la secc16n Letra y Solfa que por enCanci(in de Rolando, obra slempre cita- tones escribia en El Nacional, de Carada entre los monuments 6picos del me- cas, vuelve al tema en su cr6nica "La dioevo, a la cual censure acremente su tragedia restituida": C6mo es possible, longitude, el falseamiento de los hechos -se pregunta- que un teatro tan dindmihist6n*cos, las costumbres mal observa- co, tan intense, tan estrechamente tenido das y la cansona proces16n de prodigios; a sus temdticas, cuando se le lee, se nos defects que le hacen prefer como lite- vuelvaalgo tan estdtico, tan declamatono, ratura medieval diez veces mds "al po- tan ret6nco, en la mayoria de las reallpulachero y regocijado 'Romance del zaciones escenicas actuales9". .22 Zorro' -uno de los abuelos de las La respuesta a esta y otras interrogates fdbulas de Lafontaine- a la interminable y pesada'Canc16n de Rolando'. 1121 que se hace el critic asi como la matenalizaci6n de su idea de que el monEsta vision desacralizadora que procu- taje esc6nico de unatragedia debe estar ra el disfrute de la obra graclas a sus en func16n de los conflicts humans, cualidades de buena literature a la vez de las pasiones, de la vida que late en el texto, parece finalmente encontrarse
que patentiza el justo aprecio y sin cera en las interpretaciones de Medea, admiraci6n que por si misma suscita y Ifigenja en Aulis y Edipo rey del Teano torque se le catalogue de classic, no tro Nacional Griego, en la gira que ese solo evidencia la madurez critical de afio habia emprendido por distintos paiCarpentier a los dieciocho afios, sino que ses europeos. Las f6tos y las resefias demuestran c6mo losjuicios emitidos en parismas siren de base a Carpentier 1941 sobre la puesta en escena de la Para poner al tanto al lector venezolaAntigona, de S6focles, no estdn motiva- no, Pero tambi6n Para percatarse de la das por el conocimiento de recientes eximportancia de esta nueva propuesta
periencias europeas que menciona en su
articulo, como las mds de seiscientas escenica: exitosas representations de Las aves en Y basta con mirar las f6tografias que Paris o los aportes de Cocteau o de Gide, acompafian las critics publicadas sino que se cirmentan en convicciones hasta ahora en Francia, Para ver cudn ya sustentadas desde los aftos 20 en la distinto puede ser un coro gn ego in70














terpretado por actrices gnegas, de los cuya acc16n transcurre en la Antigiiecoros estdticos que tantas veces he- dad. En estas, Grecia y Roma parecen mos escuchado. Nada diferencia esas escapades de una guia turistica: todo es muieres moderns de las antiguas perfecto, bri Ilante; a diferencia de lo que Tanagras: en la mantra de Ilevar el suede en los proplos texts cldsicos en drapeado, en el modo de peinarse, de los cuales la nota intima, el detalle cotiincrepar, de lamentarse, queda abo- diano, la pintura de las acciones habilido, para ellas, un transcurso de tales, establecen la identificaci6n con veinticinco siglos. Lejos de agrupar- el lector y le permiten disfrutar, sabose en algAn fondo de escenano, se rear segAn dice Carpentier, un texto, dispersan, forman groups distintos, como el Manual de Epicteto "entre cugiran, unas alrededor de otras, cor- yas normal de estoicismo, se deslizan
tando un texto monolithic en una se- deliciosos cuadros de costumbre"."
rie de didlogos, de acciones
secundarias que se entrecruzan y Por otra paite, esta actitud de acercamienmezclan... Pero hay, sobre todo, el to a los classics nos permit advertir la "modo de decir" .23 mantra en que algunos recursos, presentes, por ej emplo, en Esquilo, provocan exCita, entonces, a uno de los critics de trafiezay reacciones airadas en los critics Paris que le ha servido de punto de parti- o en el p6blico cuando los usa un conda para su cr6nica. Este describe c6mo tempordneo y habria que preguntarse si la elocuc16n acorde con los sentiments la gente aun lee a los authors cldsicos. expresados restituye el cardcter huma- Asi el procedimiento que Alban Berg emno de Agamen6n, Jason o Edipo y el plea en su Wozzeck-, un "coro de durmiendrama cobra actualidad. Intuye tes" -una suerte de gemido sordo, de
Carpenter, ajuzgar por la informaci6n respiro cromdtico, logrando un effect pade que dispone, que las puestas del Tea- ralelo, aunque distinto, del canto a "boca tro Nacional Griego logran captar en cerrada" es semejante al usado por Esesencia la tragedia y que este tipo de in- quilo en una escena de Las EumMides; terpretaci jos de empequehecerla, pero nadie se percata. Por ello Carpentier, la humanize y engrandece, por cuanto a mantra de demostrac16n, reproduce el lapone al balance del entendimiento de pasaj*e de la tragedia y finalize su cotodo ser human. mentario sobre la obra de Berg en Ese
mz sjco que Ilevo dentro con una somisa
Borrar la falsa distancia que impone el ir6nica: "iEscn*ba un autor dramdtico estereotipo establecido a la hora de re- modern una escena semejante y verd presenter un cldsico, prescindir "de la como sale manteado de la peor maneret6n*ca literaria y cinematogrdfica, de ra! ". 26 la'reconstrucc16n hist6nca', para situarnos de Ileno en la vida diaii a del hombre Esa contemporaneidad de los cldsicos es de la Antigaedad parecida -tan lo que hace saludar el proyecto de Ilevar
entemecedoramente parecida- a la nues- la Odisea a la pantalla, pesto que esta tra, en muchos rasgos ... 11,24 es lo que es: "el viaj*e del Hombre sobre la tierra hecha de menos en novels y peliculas -la trayecton a de toda vida cumplida en

71














intensidad y fuerza, en presencia de esas Roncesvalles y las felonies de tres ninjeres etemas, simb6licas, nece- Ganel6n"." Los romances de los siglos sarias a toda existence masculine, que xv y xvi, sobre Troya y sobre son Pen6lope, Circe y Calipso"; al tiem- Carlomagno, traidos en boca de los conpo que, al repasar la mantra en que el quistadores, perduraban en la memon a, autor del poema 6pico plasma la acc16n, por transmisi6n oral como en los tiemse pone de manifiesto que la vitalidad pos del vie*o Homero, en parades tan lede Homero lo converted en "el mejor Janos, y constitution parte del acerbo argumentista' para producciones de cultural en tierras ni siquiera imaginagran espectdculo"." das por los gn egos en sus aventuras maritimas, pero que devinieron encrucij*ada
Esta valorac16n del poema 6pico, publi- de hombres y cultures. cadajustamente en 1953, el mismo afio
en que aparece, impresa en M6xico, su Tambi6n tuvo ocas16n de escuchar hisnovelaLospasosperdidos, es un elemen- tonas de los indios plaroas sobre una to relevant para la comprens16n plena guerra sostenida por dos tribes, la cual de la fimc16n que desempefia la Odisea se on*gin6 en el rapto de una hermosa como contrapunto dentro de la novel y muier. "Y a partir de ese moment, coque rebasa la motivac16n que para el per- menta el escritor, empec6 a verlo todo sonaje de Yannes tuvo el encuentro de en func16n amen*cana: la histona, los Carpenter en 1947, cuando remontaba mitos, las vie* as cultures que nos habian el Onnoco, con un "griego buscador de Ilegado de Europa" .3' Enlamismacondiamantes que viaj*aba con una Odisea ferencia, prominciada en 1975 en la en un bolsillo y, en el otro, el An6basis Universidad Central de Venezuela, abunde Jenofonte"," en las cercarias de da sobre esta lecture afnericana de la Upata. culture cldsica:

Fue en este viaj*e por el Onnoco cuando Del mismo modo cuando terminal el escntor tuvo dos expen encias que le Homero la fliada con esta frase: Ilevan a descubn* r, por una parte, el pa- '116ctor, domador de caballos", pienpel de las antiguas creaciones literanas so que domadores de caballos son los en tierras de Nuestra Am6n* ca, para usar hombres del Ilano, los hombres de la la expres16n mariana, y por otra, la pampa. Y asi por el estilo. Cuando dice posibilidad de enfocar los antiguos mi- Homero, Ileno de respect, que el rey tos en func16n ameficana. Priamo de Troyatemacincuentahijos
de los cuales diecinueve de venture leCuenta que en un pueblo venezolano gitimo, pienso que esos dos personages muy apartado, Tunamo, tuvo la opor- queencontramosentodaAm6n*caLatunidad de escuchar a un poeta, analfa- tina, con ese mismo prestigio de vinlibeto que "se quit6 el sombrero, se puso dad que nuestro pueblo suele conceder de cara al mar y nos cont6, en versos a los sumamente fecundos. hechos por 61, el incendio y la caida de
Troya, y despu6s la historia de Y asi sucesivamente. H6ctor arrasCarlomagno, Rolando, la batalla de trado tras del carro de Aquiles me

72














hace pensar en una tal cual la plasmara
pelicula de Euripides; pero de
cangaceiros. Cier- pronto se da cuenta
tas comedies de de que se ha apartaAn st6fanes me re- do del desarrollo cocuerdan las zarzue- nocido del mito con
las political que su veneno y asesinarepresentaban los to de nifios, de modo
"bufos" cubanos, que "el autor, seg6n
en La Habana, a apunta Carpentier, no
comienzos del si- sabe literalmente
c6mo resolver el prog lo. Los comenta- blema de regresar al
nos de Julio Usar
me muestran los mito gn ego, luego de
mecanismos de una habemos presented
Conquista donde la supenondad del una situaci6n que hemos visto, pensaarmamento, el aprovechamiento de do, sentido, con sensibilidad de 1953 11.31
las disensiones locales, una perfidia
tecnificada, son los mismos que n- Sin embargo, en el 6xito de la puesta de gieron la Conquista de Am6fica .31 laAntigona, del mismo dramaturge, resalta la interpretaci6n tan adecuada, soAsi pues, no se trata solo de barrier con los bre todo de la actnz Danielle Condanim, lastres que impiden acceder al contenido que personific6 a la protagonist, con human de los texts cldsicos y percibir una progres16n dramdtica sin grits ni su contemporaneidad, sino de engender la 6nfasis, pero si con una plena culture como base de comprens16n de las inten*on*zaci6n del conflict, con una nuevas circunstancias que ha de afron- actuac16n justa, de gran fuerza y calltar el hombre de Nuestra Am6rica. dad en que se subraya el contenido emocional encerrado en el personaje.33 La Esta necesidad de una lecture de los tex- puesta, por tanto, responded a la sensibitos cldsicos despoiada de encartonados lidad contempordnea y establece la coprejuicios, subyace en el 6xito o el fra- municacion necesana; de ahi su 6xito. caso de tres puestas teatrales comentadas por Carpentier en su secc16n Letra La tercera cr6nica a la que hemos hecho y Solfa, en el afio 53 entre los meses de reference, se central en la representac16n julio y agosto. El fracas de un drama- de la Antigona de S6f6cles que por enturgo tan experimental y c6lebre como tones se hiciera en Port an Prince, Jean Anouilh con su Medea ha de ex- Haiti, no solo en creole y por negros, plicarse, seg6n Carpentier expose, en su sino "con una transposici6n total de fiel affin de mantenerse dentro de los elements de la tragedia al ambience los cdnones de la tragedia neocldsica. de la mdgica isla de ToussaintAcertadamente parte y Ileva a nuestros Louverture y del rey Christophe" .34 Al tempos el m1cleo fundamental de la ac- escntor solo le ha Ilegado la inforniac16n, con su carga altamente humana, c16n a trav6s de la critical haitiana y los

73














comentarios elogiosos de un semanano la expenencia amen cana otorga nueva norteamencano, pero intuye que el in- vigencia a los cldsicos y contnbuye a tento ha de tener un enorme inter6s. que estos texts recuperen su splendor, oscurecido por la patina del tempo y
Recuerda muchas representations con- falsos retoficismos. tempordneas donde los personaJes de la
tragedia gnega revisten traces actuales, Ya en el afio 5 9 Carpentier en "El regrepero piensa que si bien el texto no pier- so de los cldsicos", al constatar en las de belleza en el ambiente modern, los carteleras teatrales el peso que en ellas actors parecen casi slempre sobrepa- ostentan las obras catalogadas como cldsados por la intensidad de las pasiones sicas, advierte la diferencia con las icoencamadas, en tanto el hombre de las noclastas d6cadas de los 20 y los 30. Por grades cludades tiene un temperamen- aquel entonces 61 mismo, admirador de to demasiado analitico, esc6ptico y re- la Odisea desde su adolescence, estimo flexivo que no se adecua al torrent vital anacr6nico y un poco loco a un viejo que entrafia la tragedia griega. Aunque, poeta santiaguero al que una mafiana el critic puede perfectamente imaginary encontr6 releyendo con delete el poema una "Antigona situada en una isla del hom6fico. Al comentarlo con sus comCan be, o en la selva virgen, rodeada de pafieros del circulo literanoj6venes seuna naturaleza paroxistica, cargando ducidos por los "Ismos", el viejo poeta con el peso de un sol implacable, dando devino blanco de sus chistes y an6cdonenda suelta a sus energies instintivas, tas, de mantra que slempre que lo ena su concept elemental y verdadero contraband, le daban saludos para
-maniqueista, por asi decirlo- del Bien Homero. y del Mal ... 11.35
Sin embargo, aun en el fragor de los nueLo important continua siendo por tanto, vos movimientos literanos que caractencomo en su critical sobre la obra repre- zaron los milcios de este siglo, Carpentier, sentada por Teatro Universitario, la ca- reci6n Ilegado al ambiente intellectual y pacidad de lapuestaen escenade expresar penodistico, pesto apromover la lecture la intensidad del conflict y el sentido vi- de obras famosas, desde las pdgmas de tal que este tiene para el espectador, lo La Discushin, no desdefia los cldsicos' cual ofrece una pauta no solo para acer- sino que busca proporcionar una 6ptica carse a los texts cldsicos, sino parajuz- distinta a la que se habia impuesto por gar las nuevas versions. A ello habria siglos y los coloca en pie de igualdad que sumar la interrelaci6n descublerta con los contempordneos ante la critical. porCarpentieren suviaj*e porel Ofinoco Han de leerse y estimarse por ellos misy la renovac16n que los cldsicos expen mos y no torque scan gnegos o consamentan en la exuberance americana, grades por el Ilamado fallo de mds pr6xima en su estadio vital al am- la posteridad. Quizds esta sea una bito que gener6 los mitos y la literature de las razones por las que elige gnega antigua. Por tanto, no solo los a An st6fanes, Petronio y Marcial, quiecldsicos pueden ayudar a unamejor com- nes, apart del atractivo que pudieran prens16n de nuestra realidad, sino que ejercer sobre el hombre actual, son an74














tores a los que su cardcter de cldsicos clan en la mente de los personaJes y tangrecolatinos, no habia salvado de to Ennque como Vera se identifican en incomprensiones y prejuicios; al mis- los versos que Ilenaban el recinto unimo tempo que en los tres resalta, entre versitano por donde afnbos transitaban. otras cualidades, la mantra en que en
sus obras late la vida, las costumbres e Al finalizar esta agitada centun a en que, ideas de su entorno social, sin obviar si bien no faltan propuestas de nuevas defects y problems. lectures de los mitos en la literature y el
teatro actual, la importance creciente de
Esta actitud, desacralizadora, en con- la t6cnica y de los medios, asi como la sonancia posiblemente con el espintu gravedad de los conflicts, cuestionan de bAsqueda y rupture al que Carpentier los studios humanisticos, al tempo que hace reference en su an6cdota sobre el para muchos la lecture de un texto cldviej o poeta lector de la Odisea, eviden- sico es solamente una obligacio n escocia en verdad el affin de una justa re- lar, cuanto inds, y los directors teatrales cepc16n y su propuesta deviene via de ni siquiera piensan en la posibilidad de recuperac16n de los "respetados", pero Ilevar a escena una tragedia gnega, el arrinconados texts cldsicos. Tambi6n replanted que de la recepc16n de los cldLudwig Shaj owicz expenmentaba una sicos fonnula Carpentier, desde sus conecesidad semejante a la expuesta por mentarios Juveniles hasta sus cr6nicas Carpenter, en cuanto la representac16n de madurez, a la par que incide en la debia responder y entregar al especta- apreciaci6n de su propia obra, nos Mindor la fuerza vital del conflict trdgico da un camino vdlido y necesario para el en toda su intensidad. De ahi su enten- enfoque y disfrute de texts que desde el dimiento con Carpentier, aunque el ca- pasado resuenan en nuestro presented y mino elegido por afnbos fuera distinto. enn queen nuestra vida.

La superposici6n de tragedia griega y
tragedia real que Carpentier presenc16
mientras musicalizaba la puesta en es- NOTAS cena de Las co foras, contribuy6 a que 1 Carpentier, Alejo. La consagraci6n de la este se percatara de c6mo el texto y la primavera. La Habana : Editorial Letras realidad circundante pueden iluminar- Cubanas, 1979. p. 203. se mutuamente; percepc16n subyacen --------- Sobre su novelistic. En su:
te en la lecture americana de los vIeJ0s Conferencias. La Habana : Editorial Letras mitos que se le revelardpocos afios des- Cubanas, 1987. p. 99. pu6s al remontar el Orinoco. Vision que 3 Entrevistas. La Habana : Editorial se mantiene consecuentemente en SUS Letras Cubanas, 1981. pp. 381-383. cr6nicas de Letra y Solfa en el pasaje 4 El acoso. En su: Novelas y relates. de La consagraci6n de la primavera, La Habana: Ediciones Union, 1974. p. 263. publicada casi cuarenta afios despu6s, Arias, Salvador. El otro tempo de Alejo cuando el texto de la tragedia griega y Carpentier. En: Cr6nicas del regreso. La Habana las noticias de la guerra que en esos : Editorial Letras Cubanas, 1996. p. 13. moments se libraba en Europa, Se MeZ- 6 Op. cit. (2). p. 9 9.

75

















Schajowicz, Ludwig. De Winckelmann a 21 La Canci6n de Rolando. Ibidem, 5
Heidegger Ensayos sobre el encuentro griego- mar., 1923:6. (Obras Famosas) alemdn. Sto. Domingo: Edit. de la Universadad La tragedia restituida. En: Letra y
de Purto Rco, 186.2p 12. La tragedia restituida. En: Letra y de Puerto Rico, 1986. p. 12. Solfa. Teatro. La Habana : Editorial Letras

SLeal, Rine. Breve historia del teatro cubano. Cubanas, 1994. p. 53. La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1980. 23 bidem, pp. 53-54.
2Ibidem, pp. 53-54.
pp. 120-121.
.24 La camara en el mundo antiguo. En
9 Vida Universitaria (Mexico) 1(2):9, sept., .
1950. su: Letra y Solfa. Cine. La Habana : Editorial
Letras Cubanas, 1991. pp. 28-29.
10 Op. cit. (5). p. 13. 25 idem.
2Idem.
11 Ibidem, p. 72. 26 Esquilo, autor moderno. En su: Ese
12 Ibidem, p. 76. mtisico que llevo dentro. La Habana: Editorial

13Ibidem, p. 77. Letras Cubanas, 1991. p. 43.

14 lbidem, p. 73. 27 Op. cit. (22). pp. 193-194.
15 28 Un camino de medio siglo. En su:
1 Schajowicz, Ludwig. Muerte y renacimiento Ensayos. La Habana : Editorial Letras Cubanas, del Teatro Clasico. En: Programa del Festival 1984. p. 102. de inviemrno en la Universidad de La Habana, 4 de diciembre, 1941. 29 Op. cit. (2). p. 43.
16 Carpentier, Alejo. Las ranas, de Arist6fanes. 30 Raz6n de ser La Habana: Editorial La Discusi6n (La Habana) 14 de dic., 1922:2. Letras Cubanas, 1984. p. 48. (Obras Famosas) 31 Ibidem, p. 49.
17 idem. 32 Op. cit. (22). p. 131.

1 idem. 33 Ibidem, pp. 131-132.
19 ElSatiric6n, dePetronio. LaDiscusi6n Ibidem, p. 133
(La Habana) 31 de en., 1923:5. (Obras Famosas) p
Ibidem, p. 134.
20 -___ Epigramas de Marcial. Ibidem, 31 35lbidem, p. 134. de en., 1922:5. (Obras Famosas)














se impuso el escntor, claramente esboL a culture zados en la cita, y a partir de las referencias explicitas, con lo cual se
grecolatina rescinde de otros possible y necesanos andlisis de la func16n que esta cumple en la novel dentro, de la concepc16n en E l siglo carpenter ana de los cldsicos y de la culde las luces tura n ,n,,I.
Para que pueda comprenderse en toda su dimension la importancia de la cultude A lejo ra grecolatina en El siglo... como elemnto referencial y de contrapunto,
C carpenter sobre todo en la caracterizaci6n de la
6poca y los acontecimientos, debe teAmaury B. Carbon nrse en cuenta que la acc16n transcuSierra rre cuando tiene lugar la Revoluc16n Professor de la Universidad de La Habana Francesa de 1789, la cual cumpl16 la misi6n de su tempo: library de las cadenas a la sociedad burguesa e instaurarla El siglo de las luces (1962), la extraor- en el poder "baj*o el ropaj*e romano y con dinan* a novel de Alej o Carpentier, fue frames romanss, tal como se refinery escrita entre 195 6 y 196 1. Sobre el pro- a esta circunstancia Carlos Marx en "El ceso de composici6n express el autor: 18 Brumafio de Luis Bonaparte 11.2 Este fen6meno por el cual los hombres
Escn*bi El siglo de las luces mds fdcilmente que Los pasos perdidos, se sirven de las tradiciones literarias y artisticas, lo explica Marx con las siaun cuando presentaba dificultades guientes palabras:
mayors, que yo mismo me impuse:
no mencionar cosas que se descono- La tradici6n de todas las generaciocieran en el tempo que tiene lugar la
acc16n de la novel, finales del nes muertas prime como una pesai dilla en el cerebro de los vivos. Y
siglo xviii e inicios del xix -de ahi cuando estos se disponen precisael titulo-; limiter el uso de vocablos mente a revolucionarse y revolucioigualmente conocidos entonces y, de nar las cosas, a crear algo nunca otra parte, la veracidad de los hecho s, visto, en estas 6pocas de cnsis reme obligaba a un minucioso acopio volucionaria, es precisamente cuande documentac16n y a un figor de his- do conjuran temerosos en su auxilio tonador en la narrac16n.' a los espiritus del pasado, toman

Es precisamente en ese sentido que se prestados sus nombres, sus consigonenta este trabaj*o cuya finalidad con- nas de guerra, su ropaje, para, con siste en analizar la presencia de la cul- este disfraz de v *ez venerable y este tura grecolatina dentro de los limits que lenguaj*e prestado, representer

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la nueva escena de la histoiia uni- de Arquimides, etcetera, que Esteban versal. Asi la revoluc16n de habia encargado (p. 20), las cornisas de 1789-1814 se visti6 altemativamen- cl6sico empaque de la casona (p. 10), te con el ropaj*e de la Republica Ro- las sandahas a la griega (p. 186), las mana y del Impeno Romano...' estatuas mitol6gicas que los hacendados engine a la onlla de vegas de taCiertamente al calor de la Revoluc16n baco (p. 24), el busto de S6crates, Francesa se produjo un renacimiento del adomo de la oficina cual altar (p. 39), espintu de Grecia y Roma que alcanz6 los libros adquindos en Paris, Ilenos de todos los dmbitos, desde las letras hasta Patroclos y Eneas (p. 43) y los nomlas samples manifestaciones de la vida bres de embarcaciones de trdfico nordiana, que influy6 en los movimient0s mal en las Antillas Francesas: Thetis, independentistas posted ores. Venus, La Vestale, la Meduse (pp. 75
I y 106).
Al proponerse Carpentier la recreation
de los acontecirmentos y del lenguae, Sin embargo, no aparece la ret6rica tenia que tener igualmente en conside- grecorromana con la que se daba cuenrac16n los aspects de la culture ta de modo enfdtico de los acontecigrecolatina no solo conocidos por en- mientos politicos y sociales del period tones, sino los inds caracteristicos de torque el novelist, segdn express, dela 6poca, aun cuando la vision que in- seaba ocultarlos al lector hasta vencitentaba ofrecer no fuera la de un h*StO- das por lo menos unas ochenta pdgmas hador, sino la de un novelist que se o sea, los diez pnmeros capitulos .5 apoya en la historic para expresar su
modo de ver las cosas, su pensamiento. Con la apanci6n de Victor Hugues, uno de los personaJes protag6mcos que tuvo
Es por ello que en las pdginas iniciales existencia real y extraordinaii a, aumenta de la novel 4 la cual se abre con las el nAmero de references, esta vez con vidas de Sofia, Esteban y Carlos, tres la finalidad de contribuir a la caracteripersonajes de creac16n novelesca, las zac16n de quien pronto abrazaria las references aluden al clasicismo ideas de Robespierre y Ilevaria el espiimperante en el arte y la literature, asi ritu de la Revoluc16n France sa a las Ancomo se caracteriza de igual modo al tillas. En ese process que se venfica Siglo de las luces con la frecuente re- inicialmente enpresenciade lostresj6ferencia a los adelantos scientific en venes, se le oye apuntar una cita cl6siel campo de la quimica, la fisica, el es- ca antes de hablar de su nodriza tudio de la naturaleza y otros, que in- martiniquena negra (p. 27); se dice que fluyeron en la denominaci6n dada al era evidentemente affect a la Anngfiesiglo xviii, utilizada al parecer por dad por su gusto a representer un tanCarpentier en un sentido algo ironic. to en seno papeles de legislators y tribunes antiguos (p. 47); hacer en jueSon frecuentes por eso las menciones go de Mucio Sc vola, de Cayo Graco al gabinete de Fisica, replete de telesco- y Demostenes (p. 3 1); se le sabe partiplos, balanzas hidrostdticas, illos dano del reparto de tierras, la abolici6n

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de fortunes y de la acufiac16n de una sobre la traducc16n de la Teoria del Gomoneda de hierro que, como la bjerno Democr&jco de Billaudespartana, no pudiera atesorarse Varennes acerca de la necesidad de (p. 47), asi como conocedor de las inspirar el amor a las virtudes civiles por Verrinas de Cicer6n (p. 57) y del C6- medio de festejos p6blicos e instituciodigo romano (p. 59), etcetera. nes morales, confiesa que ademds de la
prosa amazacotada por invocaciones
A partir de este moment las mencio- continues a las sombras de los Tarquinos, nes al mundo antiguo giran ya en tOmO de Caton y Catilina, "le parecia tan paa los acontecirmentos que tienen lugar sado de 6poca y tan fuera de actuallen Francia y repercuten en el dmbitO dad" como la letra de los himnos del Caribe. Es asi como a Victor, quien mas6nicos que le ensefiaron a canter ha sido nombrado delegado de la Con- antafio (p. 147). El propio Esteban da venc16n en Guadalupe, se le describe cuenta no solo del iidiculo de ciertas por el narrator inaugurando la Place de ceremonies y de representations grala Victone, antigua Saitines, con una fra- tuitas de piezas estApidas, sino de epilose definidora en sus labios, un concept gos civics que se escn*bian, y de una de libertad y una cita cl6sica (p. 13 1) representac16n en el remozado BrWrematadas brifflantemente con un pasa- nico de la Comedia Francesa donde je de Mcito. El cambio de los nombres Agnpina, la madre de Ner6n, era Ilade las calls, plazas y cludades fue, en mada cludadana (p. 113). effect, una de las pnmeras acciones revolucionaii as al producirse la toma del Como se ha visto hasta aqui, la utilizapoder, hecho destacado por Carpentier c16n que hace Carpentier de la culture en la novel al sefialar que el poblado grecolatina en la caractenzaci6n de la de Baigony se Ilamaba ahora "Las 6poca y los acontecirmentos se ajusta a Term6pilas" (p. 96). sus prop6sitos y a la realidad hist6nca.
Todas las citas estdn atestiguadas en
Mds adelante, cuando se produce en la documents del period y en estudios capital francesa el derrocamiento de sobre el tema. La mayor parte de ellas Robespierre por los termidonanos, repre- corresponded a personaJes de Grecia y sentantes de la parte conservadora y re- Roma defensores o detractors de la reaccionaria de la burguesia, observe el p6blica, especialmente de la roman, narrator en el catdlogo de las naves c6mo model de la fonna de gobierno a la cual la "Calypso" quedaba transformed en aspiraban. Estos personaJes son tomala "Tyrannicide", la "Semillante" dos como simbolos o paradigmas de viren la "Carmagnole", etcetera (p. 155). tudes y defects. De este modo a Bruto, Al propio tempo se refiere al hecho de el conspirador contra Usar, se le conque los nifios reci6n nacidos comenza- sidera el rebelde por antonomasia, al ban a Ilamarse Cincinato, Leonidas y igual que al Bruto que expuls6 al rey Licurgo, y se les ensefiaba a recital un etrusco Tarquino el Soberbio; a Catecismo Revolucionano el cual no se Dem6stenes y Cicer6n, el simbolo de la correspondia ya con la realidad (p. 15 3). elocuencia; al fil6sofo Socrates, de la Asimismo Esteban, en un comentano virtud; al general espartano Leonidas,

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muerto en combat desigual en las de la restituc16n del catolicismo en FranTerm6pilas, del valor. Pero no solo a cia y en Cayena, el cual habia sido reellos, sino que a Tdcito se le cita como emplazado durante la revoluc16n el model de histonador por sus crudas por el culto de los caudillos y republicanarraciones sobre los emperadores; a nos griegos y romans, como tuvo muy los estadistas Licurgo y Solon, como sim- en cuenta Carpentier. bolo de las leyes; a los poets Homero
y Horacio, de las letras; y a Usar, como Por Altimo se deben mencionar entre las premonici6n de un golpe military que aca- citas las dedicadas a destacar los valobaria con la Republica, lo que suced16 res literanos y artisticos de algunas comcon el realizado por Napoleon posiciones como el Magnificat. Sobre
Bonaparte, instaurador del impen o... todo se aprovecha para subrayar la idea deljuicio final con la reiteraci6n del pri
Llama la atenc16n que no haya referen- mer verso del Dies irae (pp. 207, 322) cias al Impen o Romano para caracten el cual sirve de refuerzo argumental de zar ese period de dominaci6n la narrac16n.
bonapartista, el cual, como en Roma,
siguI6 a la Republica y a cuyos cambios En resume, el andlisis somero realizapoliticos Victor tambi6n se acomoda. do no hace mds que corroborar la maesDesde los pnmeros tempos de la revo- tria del autor en el logro de los objetivos luc16n los partidos mds radicales alaba- que propuso y, al mismo tempo, en el ban mds calurosamente a los antiguos, empleo de la culture grecolatina como mientras los mds reaccionaiios tendian element caracterizador en El siglo a rebaj* arlos, pero todo hace suponer que de las luces. esta ausencia se debe a que en esa etapa se produce el ocaso del personae,
transformed de amante de la libertad NOTAS y de los derechos del hombre en un verdadero tirano, y por consiguiente, su Carpentier, Alejo. Sobre novels y relates paso a un segundo plano. breves de Alejo Carpentier. La Habana :
Direcci6n General de Literatura del CNC, 1975.
Hay, sin embargo, otro element p. 17.
definidor del period, y es el empleo con 2 Marx, Carlos. "El 18 Brumario de Luis diferentes fines de un reducidisimo Bonaparte". En: Marx, Carlos y Federico Engels. number de palabras biblicas, himnos, ex- Obras escogidas. La Habana: Editora Politica, ponentes de la influence cultural y es- 1963. t. 1, p. 25 1. piritual del cristianismo. Se deben 'Ibidern, p. 250. mencionar entre ellas los latineS 4 Carpentier, Alejo. El siglo de las luces. La eclesidticos: Preces, nostrae, Habana: Editorial Letras Cubanas, 1979. quaesimus, domine, propitiatus A ella rewrite la paginaci6n.
admitted (p. 294), que apoyan el anuncio 5 Op. Cit. (1). p. 17.




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estructuran sigulendo las nonnas graL a fraseologia maticales de las combinations libres de
palabras establecidas por el cisterna de en la obra de la lengua. S61o algunas, conio exponente de su 6poca de fijaci6n, mantienen rasgos de structures antiguas de la lenA lejo gua que se consideran arcaismos gramaticales o lexicales. Estas unidades C carpenter pueden desempefiar las mismas funciones sintdcticas que la palabra conio sig(prim er no lingiiistico central de la lengua. Su
estiuctura seradtitica ha suffido transIaci6n total o parcial de sus elemenaceream iento) tos que pueden ser de diferentes tipos:
reinterpretaci6n metaf6rica, no Alba Pardo Pro metaf6rica, arcaismo o ellipsis con amProfesora de la Universidad de La Habana plias clasificaciones atendiendo a cada una de ellas.

"La unidadftaseol6gica (UF) es toda Analizadas en el discurso, los especiaunidadpluriverbal de la lengua marcada listas coinciden en atribuir a estas unipor una transformaci6n sem6ntica de sus dades importance valores expresivos: components. "
El fondo fraseol6gico de una nac16n Nazarian, A. G., 19 76, p. 20. constitute una fuente viva e inagotable que garantiza el enn quecimiento de la lengua literana con nuevas El acercarniento sistemdtico a las uni- posibilidades y recursos expresivos. dades fraseol6gicas (UF) ha pesto de La influence de esta fuente confiemanifiesto la comple*idad de este sig- re a la lengua la bn*llantez propia de no lingiiistico cualitativamente diferente y que require de un studio especial.

Las UF son estudiadas por los lingfustas atendiendo a su estructu- ra y naturaleza grainaticales, a las funciones sintActicas que desempeffian en la lengua asi conio a t
la structural senidntica que poseen.Se

81














los rasgos de cardcter national y el cj6n de la primavera, 1978. Dado que colon do que diferencia una de otra.' la utilizaci6n de las UF es un procedimiento estilistico de fundamental imporAl respect, la frase6loga cubana, doc- tancia para esta characterization, tora Antonia Maria Tristd, planted: trataremos de sintetizar los rasgos sefialados por Vald6s Bernal y que consiEs possible encontrar texts y auto- deramos como antecedents y premises
res cuyo estilo no se caractence por para nuestro studio.
el amplio uso de las UF. Esto, sin que
constituya un obstdculo para la co- Sefiala Vald6s Bernal:
municaci6n o la comprens16n de la
idea, sin que pueda considerarse una En su pfimera etapa (d6cada del 3 0), deficiencia, hace menos expresivo el Carpentier expose con habilidad los texto, lo pfiva del colon do tipico na- factors que caractenzan y determicional que estas unidades pueden nan la vida del negro en Cuba duaportar a lo que se express. Ellas rante el period capitalista, el funcionan del mismo modo que las subdesarrollo cultural, manifestaciopalabras y, como estas, intervienen nes primaries y supersticiosas, concomo parte de la orac16n. Se dife- diciones de vida, etcetera:
rencian, sin embargo, en que la mayoria de los fraseologismos no son palabras yorubas, efik y bantu estilisticamente neutral S.2 emerged de los ritos y se confunden
con el espafiol coloquial en los didloEl acercamiento al trabajo estilistico con gos, reflejo en la novel de la exislas UF permit a los specialists tencia real de la interferencia
develar las particulandades creativas de lingiiistica debido al process de un autor con ellas y concern la mantra transculturacion ya mencionados. artistic en que utilize estos recursos de
la lengua fundamentals en la activa- variadas forms del habla popular cj6n del pensamiento por jm6genes. que le siren para caractenzar a sus
personages negros.
En el trabajo titulado "La caractefizac16n lingiiistica en Alejo Carpentler",3 -caractenzac16n generacional. del investigador y prominent lingffista doctor Sergio Vald6s Bernal, aparecido En "Viaj e a la semilla" (1944) y "Los en 1981 en la Revista Universidad de fugitives" (1946) lanarrac16n es mds La Habana, se nos present un deta- que suficiente para descubrir la traIlado studio cronol6gico de los recur- may la actuac16n de los protagonissos utilizados por Alej o Carpentier en la tas principles po lo que el didlogo caractenzac16n lingiiistica de sus per- no es tan necesano como en otras sonajes. Este aspect se desarrolla des- obras debidas a la pluma de de su pfimera novel aparecida en 193 3 Carpentier. iEcu Tamba-O! ( Loado sea el Sefior) En El reino de este mundo (1949), hasta su pemIltima novelaLa consagra- los didlogos entre Mackandal y su

82














gente, asi como los de Ti Noel, se de sus personaJes. En La consagrarealizan en espafiol, sin que se inter- ci6n de la primavera (1978), -tercale una u otra frase o giro en creole mina Vald6s Bernal-, es evidence la por lo que no pudo caracterizar presencia de un mayor trabajo
lingiiisticafnentedemejorfonnaalos autoral en la caracterizaci6n lingiiispersonajes haitianos de procedencia tica de los personaJes sobre todo a africana [ ... ] En el habla de los colo- nivel lexical. nos franceses, Carpentier que domina esta lengua aftade a los didlogos Nuestra relectura de la obra de entre franceses giros en esta lengua. Carpenter, con el objetivo del studio En Los pasos perdidos (195 3) apa- estilistico de las UF, coincide con el recen varias alusiones al subcons- recorrido realizado por el doctor center lingiiistico del protagonista Vald6s Bernal. En las novels anteprincipal. Para el asunto que nos ocu- nores a La consagraci on de la pripa, encontramos en esta novel, una mavera, las UF son casi inexistentes reveladora reflex16n del personaj*e- y seria necesario un studio autor que planted el problema del interdisciplinano de lingffistas, fil6logos subconsciente lingiiistico del hispa- y narrat6logos para Ilegar a conclunoliablante: stones de orden general del porqu6 de
este aspect, objetivo que no nos proAderads, Cudl es mi verdadero ponemos alcanzar en este primer idioma? Sabia el alemdn por mi acercamiento fraseol6gico a la obra
padre, con Ruth hablaba el ingl6s, de nuestro escritor mayor.
idioma de mis studios secundanos; con Mouche, a menudo, el Limitaremos nuestro andlisis al studio francs, el espafiol de mi epitome de las UF en la novel La consagrade granidtica ... 4 ci6n de laprimavera 5 y como corresponde a todo investigador que se
En El acoso (1956), no son nume- respite, limitar6 mis conclusions a los rosos los didlogos -sefiala Vald6s aspects que se refieren al objeto de esBernal- y los personaJes no estdn mi- tudio abordado. nuciosamente caractenzados desde
el punto de vista lingiiistico. El carcicter expresivo de las unidadesftaseol6gicas
En sus novels, se va haciendo una
constant mds que una caractenza- Las UF de transformaci6n sem6nnca c16n lingiiistica de los personal es, una metaf6rica son elements expresivos reflex16n acerca del idioma, del pa- que van difigidos fundamentalmente al pel afectivo que constantementejue- pensamiento por jm6genes del lector ga la lengua maternal y c6mo se contranamente a las palabras libres que reflejan en ella los estados de dni- se difigen al pensamiento l6gico. Las UF mo. En El siglo de las luces (1962) presentan diversos grades de expresise descn*be, con acotaciones, o de vidad que permiten clasificarlas en tres forina larga y argumentada, el habla grades groups: neutral, cults y popu83














lares. Al definirlas, ejemplificaremos con Un segundo aire: Pero pronto corneUF extraidas del corpus de la novel ron noticlas que dieron como "un seestudiada. gundo aire" a quienes parecian
sofiolientos y cansados. (p. 463)
UF de car6cter neutral: Son las que
menos cardcter expresivo poseen, pero I UF de car6cter culto: Se utilizan fulldemuestran la necesidad que la lengua damentalmente en los texts escritos y tiene de utilizarlas para transmitir un en contexts culdados o elevados. No concept de forina mds expresiva que sullen aparecer en contexts de cardccon una palabra sin6nima. A veces, la ter popular salvo si hay una intencl6n UF, es el 6nico medio de expresl6n de del autor de ofrecer un matiz determiese concept que posee la lengua. nado. Las fuentes de estas UF son hist6n* cas, literanas, o culturales en general
Hornbre fuerte: -Atrds habian queda- y suponen un nivel de culture desarrodo los generals y doctors, los "horn- Ilado en el que las utiliza asi como la bres fuertes", los trepadores de capacidad de reconocerlas y apreciarretumbante verbo. (p. 271) las en el que las recipe.

A tiro hecho: Pero ese viaj*e, lo haria De la Ceca a la Meca: ... de los trees sola. -Yendo a New-York lbas a tiro subterrdneos donde el viaj* ero era Ilevahecho -decia Ennque... (p. 297). do de la Ceca de la Bastilla a la Meca de Notre-Dame... (p. 5 8)
Tener madera: ... no, bastantes privaclones se habia impuesto para descollar Tocar a cuatro manos: ... ni nos inteen un oficio donde, si no se tenia "ma- resaban los libros que no pudi6semos dera de grande", estaba una conde- leer a cuatro manos... (p. 77) nada a arrastrar una vida de miselia...
(p. 299) Echar los dados: iUn cuartelazo! ...
aqui, donde habiamos permanecido al
Gente de color: ... temendo que refu- margin de la end6mica pesadilla de la giarse, con su mando, en el ghetto de Am6nca Central, de Bolivia, de otros "la gente de color"... (p. 320) passes del continent. Pero ahora esA la buena de Dios: Ni las casas, ni On los dados echados. (p. 264) la iglesia parroquial, siquiera, tienen es- Vender su alma al Diablo: "Lo dudo" tilo. Nacieron asi, a ambos lados de ca- -dij o Erin* que: torquee t& como yo, venIles totalmente desprovistas de rasgOs, diste tu alma al Diablo. (p. 289) memorable, a la buena de Dios... (p.
377) Caceria de brujas: ... Richard Nixon,
habia desencadenado lo que en su pais,
Mala palabra: ... que a todo pulm6n evocdndose los siniestros dias de los procantan bullangueras canciones de tropa cesos de Salem, Ilafndbase ya "la caza con mds de una mala palabra encaj*a- de las brujas". (p. 295) da en las coplas. (p. 393)


84














11 faut cultivar notre jardin: Espere- A la lantern: mos pues, y volvamos a nuestro huer- Ah, ca ira, ca ira, ca ira,
to, como Cdndido. (p. 4 10) tous les bourgeois a la lantern!

Despu s de mi, el Diluvio: ... una eco- A la guerre comme A la guerre: ... se nomia [ ... ] entregada al circuit cerrado nos aparec16 con cuatro botellas de de las ganancias rdpidas e inmediatas [ ... ] "cordonlu"- champafia cataldn, a falta y "despu s de mi, el Diluvio". (p. 425) de champafia de Champafia, pero... "a la guerre comme a la guerre"...
1. 1 UF en lengua francesa: Estas uni- (p. 143) dades son introducidas por los personaJes directamente en francs, o por S'en future: "Amusez-vous; foutezcanciones que personages de lengua vous de tout", cantdbase en los cabafrancesa canton. rets de Montmartre... (p. 168)

(En algunos ej employs, la entrada se rea- Taper la cloche: "Maintenant, fini les liza por la UF francesa, aunque el autor regimes pour maigrir. Je me tape la la haya utilizado traducida al espafiol). cloche". (p. 299)

A ravir: ... baj* o la vigilancia de Madame Gueule de bois: Estoy sorprendida de Labrousse-Tissier, la modista de boga, sentinne tan bien, a pesar de que este quien, habiendo entrado quedamente ha- sea el cldsico "morning after the night cia un rato, dirigia la operac16n. "Elle before"- si se premiere: el amanecer en vous va A ravir" dijo... (p. 3 1) 1. gueule de bois"... (p. 349)

Fris& comme un mouton: ... una can- A prix Wargent: Cc n'est qu'a prix tante vestida de smoking, cublerta por d'argent qu'on dort en cette ville. un canotier amarillo en chillona (Boileau). imitaci6n a Maun* cc Chevalier:
Elle avait Citadelcapitulo "Interludio". (p. 361)
de tous petits petons, 11 faut cultivar notre jardin: EspereValentine, mos pues, y volvamos a nuestro huerValentine. to, como Cdndido. (p. 4 10)
Elle &ait
Frisie comme un mouton... (p. 3 3) Sabler le champagne: ... y me divierCheveux Wor: Y, tras de ellas habian to, de pronto, al observer que en franaparecido los j6venes corsarios c6s no se dice "beber champafia", sino corsairs aux cheveux Wor, hublese saberr le champagne"... (p. 473) dicho Lautr6amont... (p. 63) 1.2. UF en otras lenguas

Roseau peasant: ... se ve como el Mann military: Adolfo [Hitler] ocupa"junco pensante" de Pascal... (p. 89) ba, manu military, el consulton*o de Segismundo [Freud]. (p. 88)

85














Sotto voice: Y mi tia, [ ... ] se crey6 fumando ciganillo tras ciganillo, obligada a larganne, sotto voce, una de hablando entre dientes (p. 63) sus lapidan as sentences de matron acostumbrada a intervenor perentonamente en Perdonar la descarga: "Perd6name vidas ajenas... (p. 190) la descarga" -como dicen ustedes los
cubanos: peromeeranecesaria"(P. 89)
The morning after the night before
/ gueule de bois: Ver context en la Envueltas en cares: Decididamente UF francesa. Gaspar era aficionado a las mujeres
1. envueltas en carne", como decimos
;Qu viva la Pepa!: Y ya que las cosas por alld... (p. 97) son como son, y que ni t& ni yo vamos a
cambiar nada, pues... lqu viva la Poner la bala donde se pone el ojo Pepa!, como dicen los espafioles. (p. 88) ser un fen6meno: Nunca se vio un lanzador de granadas con semejante pun(La hemos ubicado aqui dado que el pro- teria. Donde ponia el ojo, ponia la pio Carpentier sefiala que es utilizada granada Decian que era un fen6por los espaholes) meno... (p. 13 9)

UF de car6cter popular: Se utilizan Ni chicha ni limonada: "Por eso es fundamentalmente en el discurso oral. que, no soy nada. Ni burgu6s ni proletaPueden expresar estilisticamente los no. Ni chicha ni limonada, como se mds stiles matches del pensamiento: iro- dice". (p. 233) nia, aniargura, familiandad, vulgandad, Un clavo saca a otro (clavo): "Te ha maneras de ver la vida, de pensar, etc6- dado por la tristeza. A mi me pasa altera. Estas UF no solo trasladan mati- gunas veces cuando bebo. Pero un ces expresivos, sino que son portadoras clavo saca a otro clavo. Sube a mi de importance rasgos valorativos de apartment para que te tomes la 61tila situaci6n, el hecho, el fen6meno que ma... o la perulltima"... (p. 233) se present en la narrac16n. Por su cardcter crudo y las jm6genes concretes Vender a su madre: Aderads, esos puque produced dan al texto toques blicitarios no tienen moral. Venden a inigualables de colondo national y de su madre para Ilevarse la cuenta del pintoresquismos. Son las que, en mayor Bacardi. (p. 279) grado, se dingen al pensamiento por
imdgenes del lector. En la novel estu- Meterse (le) por los ojos a a1guien: diada son numerosas. Gaspar tenia celos de mi amistad con
Jos6 Antonio, como yo sentia celos, reHablar hasta por los codos: La mu- pentinamente, de una Teresa que, [ ... ] Jer para la quien hablo esta noche ( Y habia tratado, como suele decirse, de hablo "hasta por los codos", como "entrarle por los ojos", putedndole suele decirse... (p. 5 5) visiblemente... (p. 280)

Hablar entre dientes: ... esas muJe- Estar fuera de cancha: Si no lo creres de raza nueva pasaban sus dias yera, te diria que estAs fuera de can86














cha y mejor debleras dedicarte exclu- fraseol6gicas (UF) fundamentalmente sivamente a entrenar a las sefioritas... de cardcter metaf6rico. Fueron consi(p. 286) deradas las nominales cuando son el
unico element 16xico o el inds frecuente
Mandar (algo o a1guien ) al diablo / con que cuenta la lengua para expresar al c ... : "para retirarme cuanto antes, el concept. mandarlo todo al cuerno y consagrarme a la pintura" (p. 289) Las UF caracterizadas en el sistema,
por la fijaci6n inalterable de sus elemenAhora es cuando es: "El asalto a pa- tos (a riesgo de su incomprension), son lacio fue hace inds de un mes" -decia sometidas, en el discurso, a variaciones Enrique con la voz alterada "iy ahora que van, de las inds sencillas y obligaes cuando es!" (p. 334) das por las reglas sintdcticas -concordancia de g6nero y n6mero, regimen
Pan con pan, corrida de bobos: verbal, etc6tera-, pasan portransformaEstate tranquila. Me quedo aqui esta clones 16xicas mucho mds osadas que noche [ ... ] Si fuses un hombre, no muestran la agudeza del autor al adapdigo... Pero nunca me ha dado por tar la imagen de la UF a su context ahi ... Como dice la gente del pueblo: specific, y pueden Ilegar a una trans,. pan con pan, corrida de bobos". formac16n parcial o total de sus elemen(p. 357) tos que hace que muchas veces la UF

ArrancArsela a a1guien: "Es una de solo sea reconocida a partir de la remiesas, que salleron zancando de su pais, niscencia de la imagen pnmana, en la cuando se la arrancaron al Zar" -sell- conciencia del lector. tenc16 un fil6sofo de tertulla bodeguera- Asi es interested estudiar las transfor(p. 380) machines temporales o autorales de las
UF que ponen de manifiesto la soltura
Tirar a mondongo: "El General nos ha en sumanejo y alavez el enfiquecimiento tirade a mondongo" -dice uno, pron- expresivo infinite de estas unidades to callado por irrespetuoso. (p. 440)

De madre: "Pues, lo que vas a ver es Las transformaciones autorales que hedel carajo, oiste?... Porque esto se va mos encontrado en la obra son: a poner de madre. (p. 452) UF entrecomilladas y cuyo locator se

Meter la cabeza en un cubo: "Que- explicit: do como una mierda, con los de aqui, y Aunque estas UF son oportunas y excon los de enfrente. iLa cabeza en un presivas, el hecho de que se cubo! (p. 471) entrecomillen y se explicit qui6n suele

Variants autorales decirlas nos hace asociarlas al recurso
de distanclarse para explicar un recurEll la novel La consagracj6n de la so de la lengua o dejar constancia de 61 in que sea asu *do d*
primavera, encontramos 71 unidades s mi irectamente por
el personae o el autor. Con este proce87














dimiento el autor interrumpe, a menudo, Ni chicha ni limonada: "Por eso es que con su presencia explicativa, la fluidez yo no soy nada. Ni burgu6s ni proletade la UF en el context: no. Ni chicha ni limonada, como se
dice". (p. 233)
Hablar hasta por los codos: La muj er para quien hablo esta noche (y hablo (La UF verdaderamente popular es: Ni "hasta por los codos", como suele de- chicha ni almond) cirse... (p. 5 5)
Meters (le) por los ojos a a1guien:
Cheveux Wor: Y tras de ellas habian apa- Gaspar tenia celos de mi amistad con recido los j6venes corsan*os -"corsaires Jos6 Antonio como yo sentia celos reaux cheveux Wor", hublese dicho pentinamente, de una Teresa que Lautr6amont. (p. 63) habia tratado, como suele decirse, de
I.entrarle por los ojos", putedndole vi;Qu viva la Pepa!: Y ya que las co- siblemente... (p. 280) sas son como son, y que ni t& ni yo vamos a cambiar nada, pues... lqu viva Moros y cristianos: QuV iNo iba a la Pepa!, como dicen los espaftoles. poner mis "moros y cristianos" -como (p. 88) Ilamaba Gaspar a la gente de mi conjunto, donde blanco, negros y mulattos,
Roseau peasant: ... se ve como el 'Jun- andaban juntos y revueltos -a bailar El co pensante" de Pascal... (p. 8 9) lago de los cisnes! (p. 287)

Perdonar la descarga: "Perd6name A tiro hecho: Pero ese viaJe, lo haria la descarga" -como dicen ustedes los sola.-"Yendo a New-York ibas a tiro cubanos; pero me era necesaria"- hecho, decia Enrique... (p. 297) (p. 89)
Pan con pan, corrida de bobos:
Envueltas en cares: Decididamente Estate tranquila. Me quedo aqui esta Gaspar era aficionado a las mujeres noche [ ... ] Si fuses un hombre, no I.envueltas en caress, como decimos digo... pero nunca me ha dado por ahi... por alld... (p. 97) Como dice la gente del pueblo: "pan con

A la hora de los mameyes / a la hora pan, corrida de bobos". (p. 357) de la verdad:Y a la hora de los ma- La procesi6n va por dentro: ... y vaya rneyes (es expres16n cubana, pero di- usted a saber la "procesi6n que cada remos, para no complicar demasiado, uno Ileva por dentro". Y esto de "la que es la misma "hora de la verdad" procesl6n" pas6 de Imagen verbal y de los toreros) (p. 114) refranera a... (p. 3 8 0)

Sacar de quicio (a alguien): Era urbe En edad de mercer: Las Princesas que sacaba de quicio -valga la mani- son bonitas, y mds aun las mayors, da expres16n-... (p. 224) Tatiana y Anastacia, ya en edad de
mercer, como se dice. (p. 384)


88














11 faut cultivar notre jardin: Espere- mas fijas neutrals y menos efectivas mos pues, y volvamos a nuestro huer- estilisticamente. to, como Cdndido. (p. 4 10)
Tener madera: ... no, bastantes privaSabler de champagne: ... y me divier- clones se habia impuesto para descollar to, de pronto, al observer que en fran- en un oficio donde, si no se tenia "mac6s no se dice "beber champafia", sino dera de grande", estaba una conde1. saber le champagne" -que es como nada a arrastrar una vida de misena... decir en-arenar, poner en arena... (p. (p. 299) 473)
Cogerse algo para uno: ... el Jos6 An(Dicho sea de paso, a esta UF, tonio ese, que se habia cogido la reCarpentler atnbuye una fuente perso- voluci6n para M solo... (p. 47 1) nal que no se encuentra atestada en los
diccionarlos franceses y que pudiera La procesi6n va por dentro: ... y vaya explicarse por interference del espafiol) usted a saber la "procesi6n que cada uno Ileva por dentro". (p. 380)
2 -Rompimiento de la UF: Se produce
por la irrupci6n en ella de elements del Al pan, pan y al vino, vino / hora de context y que no son obligados la verdad: ... donde al pan se le llama sintdcticamente. El procedimiento pro- pan y vino al vino y, cada vez que se duce la rupture de la secuencia fija de alza el tel6n, el hombre vive en la "hora la unidad. Esta suspension en su reall- de la verdad"... (p. 113) zac16n la hace centre adicional de atencl6n y la destaca en el context. (La Varjaciones lexicales: Pollen de maniexpansion se sefiala entre corchetes) fiesta la creatividad del autor y sus posibilidades de utilizaci6n de los mechanisms
De la Ceca a la Meca: ... de los trees metaf6n*cos del lenguaj*e. Este procedisubterrdneos donde el viaj*ero era Ileva- miento sobrepasa los limits del contexdo de la Ceca [de la Bastilla] a la to oracional y se vincula al context Meca [de Notre-Dam6]... (p. 5 8) social o hist6nco que puede ser individual, collective, regional, national.
Difusi6n de la norma de la UF: Consiste en una aplicaci6n de su context Tocar a cuatro manos: ... ni nos inteinterno a trav6s de palabras libres y si- resaban los libros que no pudi6semos guiendo las reglas sintdcticas de las sig- leer a cuatro manos. (p. 77) nificaciones libres de palabras. Da
como resultado un ennquecimiento in- Poner la bala donde se pone el ojo temo de la UF y su integraci6n al con- ser un fen6meno: Nunca se vio un lantexto se hace mds orgdnica al zador de granadas con semejante pulldesdibujarse los limits normativos de teria. Donde ponia el ojo, ponia la la UF. Este procedimiento express la granada.[ ... ] Decian que era un fetendencia del autor a renovar las for- n6meno... (p. 13 9)



89














Tout le monde: ... y recibo en mi casa The morning after the nigth before al tout Paris... (p. 301) gueule de bois: Estoy sorprendida de
sentinne tan bien, a pesar de que este
Recreacj6n de la UF: Camblos libres sea el cldsico "morning after the night en la UF que se reconocen a partir del before" -o si se premiere: el amanecer prototipo que estdn guardados en la en "gueule de bois"... (p. 349) memona del lector.
UF en lenguas extranjeras: Estas UF
Moros y cristianos / juntos pero no tienen una onentac16n functional. Se conrevueltos: QuV iNo iba a poner mis sideran una interference semdntica y I.moros y cristianos" -como Ilamaba un medio de caractenzaci6n cultural del Gaspar a la gente de mi conjunto, don- autor. de blanco, negros y mulattos andaban
juntos y revueltos- a bailar El lago (Ver acdpite de UF de cardcter culto) de los cisnes! (p. 287)
Conclusions
Agrupaciones de UF: Este procedimiento result de gran expresividad al La utilizaci6n de un tono mayor, caracunir en un solo context dos o mds imd- ter'st1co de la obra de Alej o Carpentier, genes que mantienen en tension el me- refleja las posiciones existenciales del canismo metaf6n*co del lector. Es por autor ante su creac16n, ante el mundo esta raz6n que al lector de este estudio que su obra represents, ante el hombre, se le ban presented en diversas oca- ante la histon* a: Un hombre universal en stones el mismo context, con diferen- un tempo infinite en su ansia de saber. tes objetivos de andlisis. Pareceria que la obra de Carpentier
-como la de los grades fil6sofos del
Jugarse la cabeza / el todo por el Siglo de las luces- fuera tomando cuertodo: ... se jugaba la cabeza, -el todo po en la media violent en la que el por el todo- en cada frase arrojada a autor, fue sintiendo, hasta la exasperala luz del tnbunal. (p. 68) c16n, esta vital necesidad de saber. En
este largo recomido narrative, las uniAl pan, pan y al vino, vino / hora de dades fraseol6gicas estdn prdcticafnente la verdad:... donde al pan se le llama ausentes hasta que se Ilega a La conpan y vino al vino y, cada vez que se sagraci6n de la primavera (1978). alza el tel6n, el hombre vive en la "hora
de la verdad"... (p. 113) Las UF de transformacj6n sem6ntica
metaf6rica son elements expresivos
Poner la bala donde se pone el ojo / que van dingidos al pensamiento por ser un fen6meno: Nunca se vio un Ian- jm6genes del lector, contranamente a zador de granadas con semejante pun- las palabras libres que se dingen alpenteria. Donde ponia el ojo, ponia la samiento 16gico. Constitute un elemengranada.[ ... ] Decian que era un fe- to a investigar, de mantra mds profunda n6meno... (p. 13 9) y por los m6todos correspondents, el
interns de Carpentier de dingirse con


90














mds fuerza al pensamiento l6gico que I Valdes, Sergio. La caracterizaci6n lingiiistica en al pensanuento por Undgenes, lo que ex- Alejo Carpentier. Universidad de La Habana. plicaria la no presencia sistemdtica de (214):[134]-150, mayo-ag., 198 1. las UF en su obra. 4 Carpentier, Alejo. Los pasos perdidos.
La Habana: p. 3 3 3.
Por el grado de expresividad las UF Se 5
_. La consagracion de la primavera.
clasifican en tres groups: de cardcter La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1979. neutron, culto y popular. El corpus eStu- A continuaci6n solo se pondrd el nnmero de la diado estd aniplianiente represented en p6gina en la que aparece la UF citada. los tres groups.

Es interested sefialar que de las 71 UF, BIBLIOGRAFiA extraidas en context y que constituent el corpus de andlisis, 12 aparecen en CARPENTIER, ALEJO. Dos novels: El rejfranc6s (16,90%), 4 en otras lenguas no de este mundo y El Acoso. La Ha(5,67%) y el resto en espafiol (77,33%). bana: Editorial Arte y Literatura, 1976. Las UF en lenguas extranjeras ponen Concierto barroco. La Haen evidencia, por un lado, la pluralidad bana: Editorial Arte y literature, 1975. de la conciencia lingiiistica (espafiol/ francs) del autor y, por otro, su vasta Letra y Solfia. Literature.
culture universal. Y deben ser conside- Autores. La Habana : Editorial Letras radas de cardcter culto. Cubanas, 1997.

Se destaca la abundance tafnbi6n de UF de cardcter popular que dan al texto un Letra y So fa. Mito e histocoloni do national y penniten disfi7utar del rias. La Habana: Editon al Letras Cumatiz valorativo de los fen6menos, si- banas, 1997. tuaciones y hechos que se narran. Letra y Solfia. Literature.

El autor produce siete tipos de vanantes o Libros. La Habana : Editon*al Letras transforinaciones tempomles que demues- Cubanas, 1997. tran no solaniente el dominion que tiene del valor expresivo de las UF, smo su capaci- ALONSO, M. Encyclopedia del idioma. dad para producer, con ellas, effects ex- Madnd: Aguilar S.A., 195 8. presivos adicionales que satisfagan las R-Y, A. Dictionnaire des expressions necesidades de su oficio creator. et de locutions franchises. Paris

NOTAS Robert, 1986.

1 Babkin, A. M. Fraseologia rusa. Leningrado: 1970. p. 8.
1 Trist Ana Maria. Lafraseologia en la obra de Raid Roa. La Habana: MINCULT, 1987. P. 10.


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Por su concepc16n de la culture,' Alej 0
E l m ito Carpentier -para abreviar- revisa en el
amplio catdlogo de conocirmentos que,
ehn "L os el mundo europeo, en un constant mirarse a si mismo, consolid6 hacia el siglo xviii como lo cl6sico. Busca, remega,
advertidos", afirma, pero toma de este, el saber "refinado", tamizado, por centuries de
de A lejo montagess" de structures cognoscitivas,
sintesis unas de otras, summa que es en

C carpenter' fin de cuentas, la culture europea, como
lo son igualmente el resto de las culturas humans.
Alejandro CAnovas Por tanto, no es de extrafiar que en el
Wrez repertono artistic cairpentenano lo c16Fundaci6n Alejo Carpentier sico entendido en este context, aparezca muchas veces ya sea como
reference, ya como recurso tecnol6giPero ni Deucali6n, ni No ni co. Hay quien dice que esto es lo que
Unapishtim, ni los No chinos o egipcios debe Ilamarse canon, otros lo nombran de'aron su rfibricafijada por los silos c6digo, mientras que prefenmos Ilamarlo un recurso de la composici6n, por
en el lugar de arribo... iderar que el problema se repartee
Los pasos perdidos consi
por igual en estos tres dominios de clasificaci6n. Lo de recurso de la comEl asunto de la vigencia del clasicis- posici(in significa de todos modos que mo gTecolatino en la obra de Alejo nuestro punto de vista le alcanza como Carpenter element de creac16n -o de pensamiento
y mMer, al mismo tiempo- en la obra
La tan manoseada condici6n de los gran- carpentenana. La definici6n del concepdes escritores que los sitfla como "cld- to composici6n de una obra de arte sicos -haciendolainclus*6nrespectiva literario, en general, es algo que no es de Carpentier- es un t6pico en la criti- pertinente aqui y sin embargo, nos perca, sobre todo de este siglo que fence. mitiremos una pequefia digression en aras Sin embargo, el clasicismo hace inevi- de la mejor comprens16n de esta catetable la idea de que existen creadores goria. Se trata en breves palabras de cuya obra genera una nueva 6poca de considerarla como principio pedag(jcomposici6n artistico-literana, en espe- gico del studio filos6fico y al mismo ra de que otros "cldsicos" conviertan en tempo, instrument, en si mismo, de la pasado una t6cnica y una est6tica co- creac16n literana. Se alude pues, a c6mo rrespondiente a un period de la histo- el concept de composici6n puede cona del arte human. quetear perfectamente con la preceptiva y las posibilidades de transfonnac16n

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y recreation de una obra terminada en es herencia, el nuestro, context hispael tempo, desde el punto de vista del noamen cano y cubano, en pnmer lugarlector. A semejanza de las otras artes, de sus contends pnmeros de explicala literature tiene rasgos a los que se les cl6n del mundo, y de sus usos religiosos puede reducer pedag6gicamente. Es lo y across, de todo tipo. El clasicismo que podemos Ilamar composici6n con- grecolatino les impose a sus propios misiderdndola como un process. La pala- tos, una sucesiva demitificaci6n. Es la bra composici6n, viene del latin suerte del desarrollo del mito, que cumpositio, lo que quiere decir, exac- emboca de esta mantra hacia la filosotamente lugarjunto a. Empleada aqui fia, la histon a, y las clenclas en general. en su sentido t6cnico, composici(in li- Al respect, es ilustrativo el andlisis que teraria es la colocacl6n con un cnteno el gran especialista George Thomson functional, de cadauno de los elements dedica al mundo de Esquilo. Para de un sistema te6rico que interpret la Thomson, el mito surge y se desarrolla structural, primer apparent, y luego, en una colectividad pequefia relatiesencial, de la obra literaria. El centre, vamente, para luego, hacerse parte de pues, del andlisis composicional, son los una sociedad enter. Ell el decursar de hechos que permiten hacer un model Esquilo y Atenas, terminal afirmando ideal o abstract que sera tomato por que Esquilo difiere en la interpretaci6n una verdad clentifica. De mantra que del mito de Prometeo en relac16n con la las numerosas veces en que se toward opinion de Hesiodo.' Obs6rvese que esta palabra, la de composici6n, ambos, Esquilo y Hesiodo pueden conpi6nsese en la definici6n que acabamos siderarse de cierta mantra, escritores de dar. que se permiten un nivel de apreclac16n
distanclada del mito, pesto que para
Ell lo que respect al mito, indudable- ellos ha dejado de ser lo que era en un mente en este se enclerran las concep- iniclo. De esto se deduce que la conclones cosmog6nicas de los hombres; cepc16n del mito no solo depended de una la creacl6n y orden del universe es el historicidad, sino del grado de desarrocentro del cual divergen, de modo ge- Ilo de la culture que lo engendr6. Ahora neral, las ideas sobre el mundo que tie- blen, al alejarse de sus origenes el mito nen los pueblos. Se unen en esta se integra dentro de cada sistema categoria muchos de los recursos del cognoscitivo-civilizaton o como una uniarte y de la clencia, todavia informes, dad de ese conjunto. Ese camblo de ftmtales como la generalizaci6n-particula- clones lo reserve como reference de nzac16n, las relaciones causas-conse- sabres que se relacionan con 61, que cuenclas, hiperbolizaci6n (exagera- van desde el religioso, el filos6fico, hascl6n)-minimizaci6n, el arquetipo: ya sea ta el artistic. El mito se converted ya en la figure humana o en un dios, o en desde el clasicismo en reference. ambas cosas, etcetera.
Y es en este punto de la reflex16n donEl mito en el clasicismo gri ego y latino, de nos detenemos para afirmar que el se despoia por vez pnmera en el con- mito aparece como reference en la obra texto cultural hist6nco europeo, -del cual de Carpentier, y ese status devela

93














que no es mds que un recurso de la fica. Una e specie, si usted quiere, de composicicin caracteristico de este an- sublimaci6n del comic, de nuestras tor. La reference en Carpentier, per- acciones cotidianas ... 4 mite la relac16n cognoscitiva anahigica por parte del lector dentro de su texto En esta reflex16n estd claro que quien
-v6ase en la pnmera nota su concept habla express una opinion desde un punde cultura- por tanto infenmos que es to de vista mds cercano al creator litetknica artistico-literaria. rano, no sin dej ar de ponerse, a encontrar
la permanence de toda su obra, si nos
El porqu del mito en la obra prevenimos de esta forma. Pero, igualcarpenteriana y en particular en mente, Carpentier genera 61 mismo su to I itos
"Los advertidos propiomitodeescn rytamb*6nm*
sobre modos de decir y hacer artisticos,
Quienes conocieron a Carpentier test'- culturales y filos6ficos acerca del munmonian su faceta bromista y tal vez do sobre el que C*erce su condici6n humit6mana. oLos advertidos>> (1965) im- mana. Su noc16n de mito aderads, cia una sene de obras "divertimentos" corresponded con su particular forma de que pasando la novel Concierto ba- expres16n del tratamiento del tempo rroco (1974), culmina en El arpa y la Como recurso de la composition en su sombra (1979). Pero, las "InvencioneS narrative y al mismo tempo con su idea humoristicas carpenterianas" corres- de la histon a, ya sea Como creator lite ponden, desde luego, a un modo de ser ran*o, ya sea Como histonador, ya sea reflexive que se manifiesta de igual for- Como fil6sofo. ma en los temas sen*os de la vida filos6fica y political de su obra.

En la definici6n que hace Carpentier del ZONAS DE MANIFESTACION DEL mito, podemos hallar una respuesta acer- NHTOENCARPENTIER(flemplos) ca de su empleo en toda su obra: CARPENTIF-RYSUMrrODEESCRITOR El autor sobre si mismo
El mito es la cn* stalizaci6n, en acc16n
de personages, en una acc16n deter- ELMTrOYELTIEMPO
minada, en un psicodrama o en una CA"ENTEPJANO
acc16n drafndtica o en una acc16n Recurso de la composici6n dentro del
novelesca, de las apetencias profun- sistema temporal de cada obra y1o
das del hombre. En realidad el mito ensayistica (poMca)
de Prometeo responded a la apeten- MITOYFILOSOFiAEN
cia que tiene todo hombre digno de CARPENTIER
ese titulo de alcanzar el cielo y pro- Elemento del sistema te6rico elaborado
bar el fuego mdgico de los dioses. por / Como cultur6logo
Es el ongen de los inventos, es el
ongen de todas las grades cosas De esta mantra y brevemente, consideque ha hecho el hombre. Los mitos rar la presencia del mito en Carpentier, no son sino una representac16n grd- nos planted por una parte, el problema de

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la forina con que es elaborado por este mejor de "lo que es y que, en el caso escritor, y por otra, la autoconciencia de de "Los advertidos", el "hombre" ha general. Para esto es necesano recor- sido represented como personae "addar nuevamente las ideas culturales de vertigo", no es causal que cada "elegiAlejo en relac16n con el model europeo do", su pueblo y su dios respective, scan y el model latmoamencano: evaluados en fimc16n de la idea esencial que aporta el relate: la relatividad
Una vez inds, Am6nca reclama su In- del conocirmento poseido por una cultugar dentro de la universal unidad de ra, un pueblo, un individuo.
los mitos, demasiado analizados en func16n exclusive de sus races semiticas De modo que el andlisis denvado de las o meditert-dneas. Aqui sigue tan vigen- imdgenes de "Los advertidos" se dinge te el mito de Amalivaca -mito que es a la deconstrucc16n de los mitos del Ditambi6n el de Shamash, el de No6, el luvio en las vani antes universales aludide Quetzalcoatl- que en dias de la En- das. El resultado es no solo la ciclopedia y de los Di6logos de demitificac16n s mc, la inauguraci6n de un Diderot, el padre Filippo Salvatore Gilli nuevo mito: el de los "elegidos" universe oy6 preguntar por un indio si sales cuya condici6n es absolutamente Amalivaca, modelador del planet, es- ir6nica. Es, tambi6n, el de un mito
taba arreglando algo en Europa: es demitificador
decir, en la otra onlla del oc6ano.'
El mito del diluvio griego:
Vision del mito y vision mitica: la Deucah6nyPirra demitificaci6n conscience de Permitasenos hacer un breve recuento Carpenter del mito gn ego del Diluvio, con el fin de

Los mitos relatives a la destruccl6n-re- comprender mej or su fimc16n dentro de generac16n de la Humanidad como el la obra que nos ocupa: Deucalion era del Diluvio, Ilamaron poderosamente la hijo de Prometeo y Climene, y esposo atenc16n de Carpentier. Y la selecc16n de Pirra, hij a de Epimeteo, monarch de de algunos de estos para estar presen- Pitia, en Tesalia. Cuando Zeus decide tes en "Los advertidos" denuncia las in- destruir con un diluvio la degenerada tenciones de su autor. De entre ellos, raza humana, Deucalion, por consejo podemos mencionar el de la gran cuen- de su padre, construy6 un area de maca afnaz6nica: de Amalivaca, el hebreo: dera, en la que se salvo con su esposa de No6, el gn ego: de Deucalion y Pirra, de la destrucc16n general. Despu6s de el babil6nico: de Our-Napsihtim y de S *in, nueve dias, desembarc6 en el monte que es el chino. Como pienso que el tema Parnaso y ofrec16 un sacnficio a Zeus general de la obra de Carpentier con- Fixio (quien le env16 ayuda desde el siste en calificar la actitud social del aire). Habjendo, consultado, el or6cuhombre cubano, latinoamericano o, lo de Temis, en De fos, sobre el medio universal, en condici6n de sujeto en de renovar a la humanidad, este le inel problema del conocimiento enten- dic6 que Pirra y 61 se cubriesen sus cadido como transformaci6n en algo bezas con un velo y arrojasen de si

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los huesos de su madre. Ellos enten- Funci6n compositional del mito del dieron que la sacerdotisa se referia Diluvio -enparticular del griego-y a Gea, es decir, a piedras, las cua- de los personages extraidos de cada les, Ilegado el moment, arrojaron una de las versionespor Carpentier tras de A Las piedras lanzadas por para "Los advertidos Deucalion fueron convirti6ndose en
hombres, mientras que las Pirras en Es un relate que basa su composici6n muieres. Con esta raza, Deucalion en unidades cognoscitivas que funciofund6 un reino en Locris, donde en nan a modo de un esquema que expreotros tempos se exhibI6 la sepulture sa una 16gica artistic. El esquema del de Pirra. Se decia que la de mundo composicional-cognoscitivo de la
Deucalion podia verse en Atenas, en obra muestra que el autor implicito fael antiguo temple de Zeus Olimpico, vorece la concentrac16n del lector en los el cual se suponia que 61 habia cons- elements sefialados como m1cleo, pritruido.' mero a Amallwak, despu6s, a otro elegido, y luego, al resto de los elegidos y a
Sin embargo, Carpentier se pennite ambos lados, arriba: a los doses, y abaalterar la secuencia y los datos del J 01 a los pueblos, respectivos. mito griego e incluso su an6cdota Por una parte, la posici6n central para como en otras muchas de sus obras, los advertidos-elegidos revela el porqu6 para poner en func16n artistic las co- del titulo del relate, la advertencia -correspondencias resales y las imaginanocimiento y alert seg6n los diccionarias. Un ejemplo con el que se puede nos de la lengua espafiola- es un recurso establecer la comparac16n es el del composicional usado a menudo por caso de la utilizaci6n de la historic en Carpentier (v6ase su otro relate "Oficio la novel El reino de este mundo; de timeblas", de 1944, donde las adverCarpentier menciona a casi todos los tencias pueden considerarse personaJes). personages hist6ricos decisions para iCarpentier advierte aqui sobre los adese moment en Haiti except vertidos! Por otra, el movirmento del
Toussaint Louverture. Es de esa ma- saber-no saber se establece en una dinipulaci6n de la realidad que nace ndmica sumamente interested y divercons e cuentemente una possible res- tida: el Dios, sabe lo que no saben ni el puesta al problema de la func16n Elegido, ni su humanidad correspondiencomo element de la composici6n del te; sin embargo, no sabe lo que si conomito griego del Diluvio para "Los ad- cen tanto el Elegido como su pueblo; por vertidos". Wase c6mo subrayamos su parte, el Elegido conoce lo que no saaquellos arguments donde Carpen- ben ni su Dios, ni su humanidad y descotier difiere o manipula, provenientes noce lo que saben el Dios y su pueblo del mito original griego para hacerlo respectivo... y asi sucesivamente. La semejante al resto de los mitos, en relaci6n cognoscitiva deviene ir6nica total cinco, dentro de su relate de los pesto que Io que se muestra alude a elegidos. un nivel distinct de cosas.


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ESQUEMAS DE LAS RELACIONES COGNOSCITIVAS-COMPOSICIONES EN "LOS ADVEPMDOS"

ESQUEMAGENERAL PARTIES DEL
DE RELATE
RELACIONES


I IV


Quien-todo-lo- Quien-todo-lo- Dioses Dioses respectivos
Dios dosese) hizo (refereincia) hizo respectivos (referidos)lQuien (referidos) todo lo hizo

Elegido AniaWak/Hom- Deucafi6n/Our(Elegidos) Amaliwak Anialiwak bre de SiivNo6 Napisli[WAmahwak

Humanidades
Humanidad Indigems Su pueblo y los Humanklades (referidas)
de"s (referidas) Indigems
recreados



Quisl6ramos ante todo destacar la posi- Es Deucalion -o mej or dicho su mitoc16n del advertido o elegido, Deucalion. quien viene a dar culminaci6n a la criObs6rvese que se encuentra ififnerso en sis de las contradicciones que han en16n de mitos, convertidos
una enumerac trevistolosante iores eleg idos: trajo una
aqui en pen pecias dentro del sistema de nave "de una admirable finura de lila acc16n. Sin embargo, el mito gnegO neas", "se arnm6 ligeramente" (in* se encuentra en la secuencla slgulente: tras que tanto la de Amallwak, del Amallwak encuentra al hombre de Sin, hombre de Sin, como la de No6 son ambos elegidos a No6; los tres se re- pesadas y maniobran mal); 61 no tiene 6nen con Deucalion y cuando son cua- indicaciones de su dios para salvar a tro, aparece el 61timo de los advertidos: los animalss' ni a su familia -salvo a Our-Napishtim; es decir, asi: Pirra, pero esto se da por supuesto, ya

Amahwak- Hombre de Sin -No6- que lo ha acompafiado. Ha sido "enDeucali6n-Our-Napishtim-Amaliwak- cargado por el Dios del Cielo y de la Luz de repoblar el mundo cuando terCulturas amazonicas-Civilizaci6n chl- mine este horrible diluvio", afirma, y na-Civilizaci6n hebrea-Civifizaci6n para colmo se pennite calificar de hogriega-Civilizaciones mesopotdmicas- rrible un acto de su propio dios. Cultures amaz6nicas

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Es evidence que, sin detallar inds, mitos universales. Debemos mirar a la Deucalion es una imagen creada por verdad profunda de nuestras cosas, sin Carpenter cuya ironia se entree mas -1 alld del discurso cultural. Lo que di dejamos encandilar por embadumos y 'cc y abalon*os... No vayamos a un velono alhace Deucalion da cima por contrast deano para hacer apuntes pintorescos y
-en lo que se Ilama la etapa de la acc16n: costumbri stas: lo que debe Ilevamos a tal culminacj6n-- al conflict cognoscitivo lugar es el anhelo de saber qu concepde los elegidos: la sospecha de que los to se nene alli de la Muerte doses respectivos se han equivocado,
la viene a confirmer el griego. El re- Se trata muy claramente de que ferente cultural: la fama de cultivo de la Carpentier consider al continent amel6gica, del pensamiento exact y nguro- ncano como una encruciJ ada cultural. No so i para deschbir el mundo que tienen los basta el mestizaJe 6triico, social y cultugnegos cldsicos, se manifiesta aqui como ral si todo quedara hasta aqui, seria muy un recurso de la composici6n del texto. simple. La raz6n pnmera que hace de lo La alus16n no puede ser mds clara: i hay local, un hecho universal, es precisamente un error cognoscinvo! la analogac16n de la verdad cognoscitiva

Esta parece ser la fimc16n compositional particular con la general, la que es vdlida del mito del Diluvio gn ego en su version para todos los hombres. carpentenana. El resto es mds que evi- El classicism considerado como un condente: las diferentes forms del Diluvio junto de hechos culturales de valor durauniversal confrontadas en el relate se en- dero, un conocimiento que nos deja cuentran en func16n de mostrar una teo- como Altimo sabor el de una conception ria cultural que trasciende "Los humanist del mundo, hace que confieadvertidos" y hace de estajoya narrati- mos en la continuac16n de la Utopia de va un cldsico de la literature latinoamen- un Hombre mei or, torque tl se ha mej 0cana del siglo xx. Se trata de que rado al transforinar su propio entomo. ninguna culture es superior porque Porque es Dios, advertido y humanidad, cree poster la verdad absolute sobre todo a la vez, sin engano, ni errors prelos conocimientos humanos... pues, no visible. Porque en una Trinidad lovable existent las verdades absolutes en el transit hacia un future que no habla mal terreno del saber: el unico reconoc'- de su pasado. Tal es la pretension del miento v6lido es el convencimiento de uso de los mitos de regenerac16n humala realidad de toda creencia, tradi- na en "Los advertidos", y probablemenci6n, sabiduria, comparfidos por igual te en toda la obra de AIM Carpentier.
-tambjM con sus errores- por todos
los hombres.
NOTAS
Carpenter clcisico y mito: un clasicismo cubano 1 Presentado como ponencia en el Consejo
International Contemporaneidad de los C16sicos:
"Nuestros mitos deben ser confronta- La tradici6n grecolatina ante el siglo =, Facultad dos, afirma Carpentier, con los grades de Aries y Letras, Universidad de La Habana, 2-5 diciembre de 1998.

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' "Yo diria que culture es: el acopio de Thomson, George. EsquiloyAtenas. La Habana:
conocimientos que permiten a un hombre Editorial Arte y Literatura, 1982. pp. 153, 455.
establecer relaciones, por encima del tempo y 4 Carpentier, Alejo. Entrevistas. La Habana: del espacio, entre dos realidades semejantes o Editorial Letras Cubanas, 1985. p. 197. an6logas, explicando una funci6n de sus
similitudes con otra, que puede haberSe 5 Carteles (La Habana) 29(8):30, 22
production muchos silos atras". febr., 1948.
Carpenter, Alej o. La novel latinoamericana en I Seyffert, Oscar. Encyclopedia c1cisica de visperas de un nuevo siglo. En su: Ensayos. mitologia-religi6n-biografias-literatura-arte-y La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1984. antigvedades. BuenosAires: LibreriaElAteneo pp. 155-156. Editorial, 1947.
3 11 ... el ritual dio origin al mito, que reproduce I Sobre esto nos dicen Sandra Rossi y Gustavo todos sus rasgos en forma narrative. A menudo Blanco: "...que Deucalion sea el unico que no se dice en tales casos que el mito es la explicaci6n tuera, "advertido" por sus doses, de los animals, del ritual-, pero por lo menos en sus fases evidencia c6mo fueron de antropoc6ntricos los primitives, es mas bien la forma hablada del acto griegos". Curiosa la reference cultural y su ritual, la expresi6n collective de una experience interpretaci6n en relaci6n con 'Los advertidos'. inolvidable, compartida peri6dicamente por los Esto viene a demostrar que Carpentier cuenta participants del mismo rito. Posteriormente, con la competencia cultural de su lector cuando el sistema del clan estd ya en decadencia, depositdndola en su t6cnica compositional como el mito puede separate del ritual y desarrollar reference a un estado de opinion sobre la Grecia rasgos independents y propios. [ ... ] La historic Cl6sica que viene de silos atras y est6 de Prometeo se habia Ilenado ahora de un generalizado. Y no se equivocal.
contenido intellectual que iba ma s aII6 del cuento Rossi, Sandra y Gustavo Blanco. Las references referido por los rudos campesinos de Beocia, c1cisicas en la narrative de Alejo Carpentier. pero el process que la nueva interpretaci6n marca Trabajo de Diploma. Facultad de Artes y Letras, sobre Hesiodo, no menos que su progress sobre Universidad de La Habana, julio de 1990. p. 5. el nucleo primitive del mito solo tue possible por
el advance de la propia sociedad". Op. cit. (4). p. 5 0.
















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2 Director anterior : Julio Le Riverend Brusone (1978-1993)Director: Eliades Acosta MatosConsejo de Redaccin:Rafael Acosta de Arriba, Salvador Bueno Menndez, Ana Cairo Ballester, Toms Fernndez Robaina, Josefina Garca Carranza, Zoila Lapique Becali, Enrique Lpez Mesa, Francisco Prez Guzmn, Siomara Snchez, Emilio Setin, Carmen Surez Len, Eduardo Torres CuevasJefa de Redaccin: Araceli Garca CarranzaEdicin : Marta Beatriz ArmenterosDiseo e ilustracin: Luis Garzn MasabComposicin electrnica: Departamento de Ediciones de la Subdireccin de Promocin y Desarrollo Biblioteca Nacional Jos MartCanje: Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart Plaza de la Revolucin Ciudad de La Habana Fax: 81 6224 / 33 5938 Email: bnjm@jm.lib.cult.cu En Internet puede localizarnos: htp/binanet.lib.cult.cuPrimera poca 1909-1912Segunda poca 1949-1958Tercera poca 1959-1993Cuarta poca 1999La Revista no se considera obligada a devolver originales no solicitados. Cada autor se responsabiliza con sus opiniones. Ao 90/ Cuarta poca Octubre-diciembre 1999 Nmero 4 Ciudad de La Habana ISSN 0006-1727 RNPS 0383

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3ndice GeneralELIADES ACOSTA MATOS Editorial ..................................................................................................................... .......... 5 ALEJO CARPENTIER Captulo de novela .......................................................................................................... .. 9 LILIA ESTEBAN DE CARPENTIER Palabras de la directora de la Fundacin Alejo Carpentier al recibir la Orden del Libertador conferida al autor de El reino de este mundo .................... 14GRAZIELLA POGOLOTTI Un retablo de maravillas ................................................................................................ 15 ARACELI GARCA CARRANZA Grande y sencillo .......................................................................................................... .. 18 ANA CAIRO Historia de lunas : una clave para El reino de este mundo ...................................... 22 NILDA BLANCO PADILLA Cervantes en El reino de este mundo .......................................................................... 28 AURELIO HORTA MESA ¡Mackandal sauv!... y apaguen la sala ....................................................................... 37 YOLANDA WOOD El espacio haitiano en El reino de este mundo ............................................................ 45 LUISA CAMPUZANO Traducir Amrica: los cdigos clsicos de Alejo Carpentier ..................................... 50 ELINA MIRANDA Carpentier, el teatro griego y la recepcin de los textos clsicos.............................. 63 AMAURY B. CARB"N SIERRA La cultura grecolatina en El siglo de las luces, de Alejo Carpentier ..................................................................................................................... ........ 77 ALBA PARDO PROL La fraseologa en la obra de Alejo Carpentier (primer acercamiento)...................... 81 ALEJANDRO CNOVAS El mito en “Los advertidos”, de Alejo Carpentier ........................................................ 92 MARCIA LOSADA Semiosis de una estructura ausente ( El acoso ) ....................................................... 100 EMILIO ICHIKAWA Una lectura feliz .......................................................................................................... ... 114 R"GER VILA Alejo Carpentier: races de una visin postmodernista (cultura, historia, estilo)................................................................................................... 118

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4 VCTOR FOWLER Un diccionario para Carpentier: estado del proyecto ................................................... 125 FERNANDO RODRGUEZ SOSA Aproximacin a la Fundacin Alejo Carpentier ............................................................. 129CENTENARIO DE LYDIA CABRERA (1900-1991) ALEJO CARPENTIER Los Cuentos negros de Lydia Cabrera ........................................................................... 131 Un mundo arcano.............................................................................................................. 135 El monte .................................................................................................................. ........... 136 Refranes de negros viejos ................................................................................................ 137RESEAS AMAURY B. CARB"N SIERRA Carpentier entonces y ahora ............................................................................................ 139 ANA CAIRO Nuevas ediciones de Carpentier: Edicin facsimilar de El reino de este mundo ; La consagracin de la primavera ; los tres nuevos Letra y solfa y Visin de Amrica ........................................................................................................... 140 Alejandro Garca Caturla de Antonieta Henrquez ............................................... 143 Robert Desnoes et Cuba de Carmen Vsquez............................................................. 143BIBLIOGRAFA ARACELI GARCA CARRANZA Bibliografa de Alejo Carpentier. Suplemento II .......................................................... 145

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5 Editorial Aunque con algn retraso y la promesa cierta de mejorar en breve la calidad de su impresin, la Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart vuelve a la calle para encontrarse con sus fieles lectores y tratar de sumar nuevos. La tenacidad con que persiste en su propsito de continuar el dilogo interrumpido hace cinco aos la hace especialmente notable a la altura de sus noventa aos de existencia. En los ltimos tiempos han proliferado en Cuba, y es deseable que as sea, una gran cantidad de publicaciones peridicas de todo tipo. Vinculadas con frecuencia al sector emergente de la economa que se asienta sobre la moneda convertible, han asediado virtualmente al lector cubano con sus ejemplares coloridos e irreprochables, desde el punto de vista de la impresin. Pero tal despliegue de tecnologa, tal derroche de buen diseo, tales alardes de imaginacin y glamour suelen dejar insatisfechos a quienes buscan ese “algo ms” que depende de la pluma de los autores y del calado de los temas que se abordan antes que de los cromos o el colorido deslumbrante. Para esos que leen ms con la razn que con los ojos continuaremos en la porfa de sacar la Revista de la Biblioteca Nacional cada tres meses y sumarnos a ese pequeo, pero combativo grupo de revistas cubanas que, sin disponer de abundantes recursos ni portadas de lujo, estn seguras de cumplir un rol insustituible. Son las que dentro de diez o quince aos, dentro de un siglo, sern consultadas por los estudiosos de entonces, como se consultan hoy con avidez, a pesar de su sobrio diseo rayano en lo asctico, la Revista Bimestre Cubana o las publicaciones del Archivo Nacional de hace cincuenta aos. Y mientras no logremos el milagro que vive en los personajes protagnicos de los cuentos de Andersen; mientras no podamos contar con la ideal conjuncin de lo bueno, lo til y lo bello, optaremos por seguir publicando nuestra Revista... y proclamando, desafiantes, dispuestos a defender lo dicho ante cualquiera que acepte el reto, “a pie o a caballo, con espada o lanza”, que es “la ms fermosa”. El presente nmero de nuestra Revista... el cuarto de su cuarta poca, hace honor a lo dicho. Estoy seguro, y as se lo escrib en nota a la doctora Araceli Garca Carranza cuando revis el ndice que me propona, que se trata de un nmero de coleccin, de los que ensearn con orgullo sus poseedores y buscarn con ansiedad los estudiosos de medio mundo. Debe esperarse menos de un ejemplar de la Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba que se dedique a Alejo Carpentier? Este jubileo tiene varios motivos, todos respetables y vlidos. En primer lugar, la conmemoracin en 1999 del noventa y cinco aniversario de su natalicio, ocurrido en La Habana el 26 de diciembre de 1904. No todos los autores tienen el inmenso privilegio de seguir viviendo tras su muerte fsica, ni seguir enamorando a los lectores con su prosa y sus fabulaciones, cuando estas ya no pueden seguir creciendo ni rehacindose al comps de los tiempos cambiantes.

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6Cul sera, entonces, el secreto de la perdurabilidad, la piedra filosofal que asegura la eterna juventud a las obras de contados escritores como Alejo? Con una pasmosa prodigalidad se suele dispensar, en nuestros das y entre nosotros, la condicin de “clsicos literarios” a autores vivos o muertos con una obra ms o menos reconocida, ms o menos aceptada por segmentos de la crtica o los lectores; con una obra, en resumen, ms o menos viva o ms o menos muerta. Pero pocos de los que reciben tan elevado honor en referendos donde vota solamente quien propone, y que ms que referendos recuerdan a los golpes de estado, pasan gloriosamente la prueba del tiempo. La mezcla de elementos extraliterarios de todo tipo complica an ms la situacin: no sera exagerado afirmar que nuestro Olimpo literario, nuestro Parnaso, est bastante necesitado de jerarquizacin, o dicho en buen cubano, de un riguroso desyerbe que permita separar lo verdadero de lo falso, lo autntico de lo coyuntural, lo genial de lo artesanal, lo clsico de lo efmero. Cuando ese momento llegue, y que nadie tenga la menor duda que llegar ms temprano que tarde, cuando la obra escueta en sus mediaciones temporales, en su contexto histrico, en sus hallazgos y aportes estticos, en sus valores humanos, sea el verdadero objeto del referendo, entonces figuras como la de Alejo Carpentier podrn brillar y respirar mejor en su gloria, como esas catedrales majestuosas o esos edificios esplndidos que redescubrimos al ser demolidas otras edificaciones menores que, medrando de su grandeza y pululando en sus inmediaciones sin derecho, empequeecan la perspectiva. Para suerte y orgullo de los cubanos, la obra de Carpentier ha soportado la prueba del tiempo y sigue deslumbrando a nuevos lectores de todo el mundo. Siendo como es, un clsico de verdad, tal condicin se fundamenta en su fidelidad a la poca histrica en que vivi, su aspiracin a lo universal desde Cuba y Amrica, su coherencia entre lo dicho y lo hecho, su atrayente y elegante profundidad conceptual sin populismos, sin concesiones a las modas, sin demagogia ni didactismo, sin fronteras estrechas ni poses vanidosas. Cuando un autor como l puede ser a la vez ledo y estudiado, citado y disfrutado, estamos ante un clsico. Lo dems es filantropa aldeana y autoconsuelo. La segunda razn para hacer este homenaje a Alejo Carpentier en nuestra Revista de la Biblioteca Nacional radica en que en este propio ao se conmemora tambin el cincuenta aniversario de la publicacin en Mxico de su novela El reino de este mundo obra hermosa y vital, texto de elecciones y disyuntivas, en cuyos protagonistas nos reconocemos todos. Escrita desde la geografa indomable del hombre americano, es una especie de loa a nuestra condicin humana real, alejada de tanta pose simplista y turstica de las literaturas europea y norteamericana sobre el tema. No es casual que la Biblioteca Nacional Jos Mart bautizase con el nombre de esta obra su recin inaugurada Galera de Arte, ponindola bajo los auspicios de quien, como Alejo, no slo fuera un gran escritor, sino tambin un gran crtico de arte.

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7Y por si lo dicho no fuese suficiente para que nos sumsemos con todo derecho a los homenajes que se le tributan a Carpentier en todo el mundo, nuestra condicin honrossima de institucin depositaria de una gran parte de sus originales, de sus fotografas y apuntes, y aun de sus inditos, nos concede este privilegio y deber. En un bien resguardado sitio de nuestro edificio, bajo la mirada amorosa y el celo de la doctora Araceli Garca Carranza, gracias a la deferencia de la entraable Lilia Esteban de Carpentier, incansable en su misin de seguir uniendo a este conjunto tanto de lo creado por Alejo, y por expresa disposicin del autor, conservamos, como blasn y ttulo de nobleza, estas pginas histricas que bastaran por s solas para consagrar a cualquier institucin bibliotecaria del mundo que las tuviese a su cuidado. Aqu estn, en maravillosa convivencia que parece fruto de alguna de sus propias novelas y relatos, textos tan asombrosos como sus “Apuntes para una cantata” basada en un discurso de Ral Roa pronunciado el 25 de agosto de 1961 en San Jos de Costa Rica; libretos para ballet como La casa de baile o La hija del ogro ; la correspondencia sostenida con sus traductores al italiano, ingls y francs; notas de viajes y recorridos por Praga o el Alto Orinoco venezolano; el texto original de su pera Manita en el suelo con msica de Alejandro Garca Caturla y la de El milagro de Anaquill con msica de Amadeo Roldn; los textos primigenios de Los pasos perdidos de El reino de este mundo El siglo de las luces y tantos otros. Para honra de esta Revista..., no es la primera vez que le dedica uno de sus nmeros a Alejo Carpentier. El correspondiente a enero-abril de 1975 (nmero 1, volumen 18 de su tercera poca) bajo la direccin del siempre recordado Juan Prez de la Riva, constituy un momento de homenaje al escritor en su setenta cumpleaos. Las palabras de Luis Pavn Tamayo al inaugurar la exposicin “Un camino de medio siglo”, que en la propia Biblioteca Nacional permiti exhibir una parte de los fondos relacionados con Alejo; lo dicho por Juan Marinello sobre el novelista en nombre del Comit Central del Partido y las palabras de agradecimiento del propio homenajeado; el texto del catlogo editado por el Consejo Nacional de Cultura para dicha exposicin, a cargo de Salvador Bueno y la bibliografa de Araceli Garca Carranza, dan un ilustre precedente al nmero de la Revista que hoy ponemos en sus manos. Es nuestro deseo ms ferviente que, en el da de maana, sea tan requerido y estimado como este de 1975. Nadie mejor que el propio Alejo Carpentier para terminar de prologar este nmero de nuestra Revista dedicado a su memoria. No me siento capaz de hacerlo, aunque crec bebiendo de cada una de sus palabras en los tiempos, que ya se me antojan prehistricos, en que ingenuamente cre poder llegar a escribir tan bien como mi dolo, o al menos, llegar a decir las mismas verdades que aunque de otra manera, fuesen igual de hermosas y convincentes, igual de universales y cubanas. Como ya s a conciencia que tal sueo no lo alcanzar en esta reencarnacin, espero al menos el honor de poderle contar a Ale jo, si me es permitido encontrarlo en el sitio

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8donde los Grandes reciben cclicamente el homenaje de sus pequeos admiradores en la Gloria, en lo que adivino sea una especie de besamanos versallesco del talento, que sus palabras de 1974, dichas en medio de la emocin al recibir el homenaje de los lectores cubanos y de todo el mundo en su setenta cumpleaos, guardan en nuestro suelo toda su validez y la rotundidad con que fueron pronunciadas hace ya veinticinco aos: “Y hoy, hablando como novelista que soy, dir que me siento rodeado, ledo, entendido, por millares y millares de lectores, por una multitud de lectores, por una masa de lectores, aqu donde casi nadie lea mis libros antes de la victoria de nuestra Revolucin... Han terminado para el escritor cubano los tiempos de la soledad Para l han comenzado los tiempos de la solidaridad ...”. S que esta constatacin le va a gustar a Alejo Carpentier. ELIADES ACOSTA MATOSDirector de la Biblioteca Nacional Jos Mart

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9 Captulo de novela *Alejo CarpentierResbalando, trepando, volviendo a resbalar, agarrndose a la roca pulida con los cascos desherrados, arandose la cinchera y la vena de la espuela, topando con la cruz en ramas bajas, sudando, resoplando, lanzando el jinete de la crin a grupa, rompiendo aciones y ladeando monturas, los jamelgos ascendan hacia la cima del Mole La Ferrire. Una densa neblina azul demoraba en las hondonadas. El gua cantaba una extraa y misteriosa copla que hablaba de un “sol enfermo, sol que va morir”, y que luego se perda, para Lucas, en las lejanas del patu Montados sobre pilotes se alzaban depsitos de granos en las orillas del camino. De trecho en trecho dorma un can de bronce, abandonado. Ante la profundidad de la vegetacin, Lucas recordaba las llanuras herrumbrosas de la meseta central, en cuya entrada se erguan doce ceibas plantadas en redondo –ujieres de prodigios, guardianes del vasto silencio rojo. Aquella maana, nombres de genios poblaban su mente: Ogun Ferraille, Criminel Petro, Erzulie, Gued l’Orage, Marie Louise, Toreau Duchene, Femme Cheche, Roi d’Angole... ¡Que otros pensaran en el surrealismo!... La imprecacin de Bouckmann volva a su memoria: “Arrojen el retrato del dios de los blancos, que tiene sed de nuestras lgrimas; escuchen, en s mismos, la llamada de la libertad”. Amrica no necesitaba hacer grandes esfuerzos para crear cosas sorprendentes, de un terrible valor potico. Ahora se abra ante sus ojos la mole roja de la Ciudadela de Christophe. Rojas las torres; rojas las murallas, bajo un cielo trgicamente cerrado por nubes negras. Las proporciones del castillo eran de orden casi geolgico y la perspectiva contrariaba sus propias leyes por una construccin piramidal que desafiaba los hbitos de la mirada. La torre flanqueante, que se apoyaba en un espoln enorme, era cono tronchado a una altura que no era ya, siquiera, la del mundo de las aves. Cuando Lucas penetr en la Ciudadela, se detuvo con asombro. ¡La luz! Cmo y por qu reinaba semejante luz en el interior de aquella montaa de ladrillos?... La luz de acuario; luz verde, pesada, tangible, de fondo de mar. Luz que pareca adherirse al cuerpo, esculpiendo en vaco el contorno de los seres. Y sin embargo las murallas interiores tambin eran rojas; rojas por la fabulosa proliferacin de un hongo, de color de sangre fresca, con cerrazn y lisura de brocado. Arriba, el cielo, como visto desde el fondo de un pozo. A los lados, los arcos de mazmorras, comunicndose entre s por puentes tendidos sobre ejes de carretas empotrados en la pared. Abajo, una alfombra de helechos, temblorosos, impalpables –polvareda verde suspendida en el vaco. Por escaleras mojadas se acceda a una sala abovedada, interminable, reino de *Carpentier entreg esta narracin a la revista Gaceta del Caribe (nmero 4, mayo de 1944, pp. 12-13), publicacin cultural orientada por el Partido Socialista Popular. Este “Captulo de novela” puede considerarse un texto precursor de El reino de este mundo (1949).

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10penumbras, en que enormes caones de brazos en jarras descansaban sobre cureas chatas. El Escipin el Anbal abran sus bocas negras sobre los valles vertiginosos, en tanto que uno, plomizo, yaca al pie de una tronera, ostentando el lema enigmtico de Fiel pero desdichado Con soles victoriosos por luz, se afianzaban los caones de Luis XIV, pregonando su Ultima cogitio Regis, junto a los de la Revolucin Francesa, marcados en el lomo al grito de Libertad, Igualdad. Un terremoto haba desordenado el alineamiento de las piezas, hacindolas rodar en todas direcciones. Lucas pens en una noche poblada de temblores, estriada por el rayo, en que los bronces hubieron de entrechocarse al pie del altar de los artilleros; dando bandazos a las paredes y arrojndose unos sobre otros, mientras millares de bolas de hierro, cadas de los depsitos de municiones, se precipitaban, escaleras abajo, con un fragor de trueno. Arriba, Lucas anduvo por el tope de las murallas, con el vrtigo asido a las sienes. A la izquierda, tirando de su cuerpo con manos de humedad, haba simas negras, hoyas tenebrosas, pozos en que se perda la voz, despus de rebotar largamente hacia las profundidades. Hacia fuera, cadas de mil metros sobre un tapiz de rboles, apenas diferenciados unos de otros. Las nubes barran la mole de ladrillo, mortero y sangre, cuyo aislamiento pona en el nimo una especie de terror continuo y silencioso. –¡La atmsfera de Edgar Poe! –exclam Lucas, dando de pronto con algo que se insinuaba en su espritu desde haca rato. ¡El castillo de la muerte roja!... La ciudad inexpugnable, fuera del mundo, ms cielo que barro, donde slo la muerte puede penetrar sin permiso del amo. Y la muerte haba penetrado, en efecto, en la ciudadela La Ferrire. Haba penetrado en la propia persona de quien quiso desafiarlo todo, solitario, por encima de las nubes. Haba penetrado a la luz de antorchas, poco antes del filo de una medianoche, escoltada por pajes africanos, recin trados del continente lejano, que se llamaban Delivrance, Valentn, La Couronne y Bien Aim. En una hamaca, llevada por los Royals Bombons yaca Henry Christophe, el

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11 hombre que un da ha ba clamado, con los puos alzados, de cara al cielo: “¡Al diablo, canalla!... Se atreve San Pedro a hacerme la guerra?”. Horas antes, Lucas haba atravesado las ruinas del Palacio de Sans Souci, de cuya terraza de audiencias se iniciaba la ascensin hacia la Ciudadela. Con sus pisos hundidos y sus estancias invadidas por las espinas, la residencia de Millot no haba logrado entusiasmarlo. Pero ahora, situado al borde de los precipicios, viendo a la vez cierta masa de mortero gris, petrificada, en el centro del patio de honor, todo un mundo trgico se animaba en su mente. Nada se haba parecido, jams, a la corte del rey Christophe. Corte hecha opereta negra por unos cuantos viajeros europeos, vidos de acotaciones spirituelles, que al hablar de los Duques de Mermelada y Limonada, no recordaban que esos nombres correspondan a localidades bautizadas as por sus propios antepasados. No. Haba algo grandioso y dramtico en ese reino negro, con carrozas de oro, caballos ligeros cantatas, orquestas de cmara a lo Mozart, cuerpo de baile, academias de pintura, Te Deums solemnes, ingenieros, artesanos y mujeres que, durante aos y aos, subieron una piedra, siempre igual a la anterior, a la cima de La Ferrire, con la continuidad de un ejrcito de hormigas, para edificar aquel retiro increble, montaa sobre montaa. Misteriosas voluntades comenzaron a actuar el da en que Christophe tapi las puertas y ventanas de la vivienda de Corneille Brelle, duque del Anse, cape lln de Sans Souci, condenando al viejo capuchino a no recibir ms que un jarro de agua y un puado de casabe, cada tarde, hasta el fin de su existencia. Corneille se haba negado a probar alimento alguno, muriendo una semana despus. Entonces lo sobrenatural entr en escena. Iba a festejarse la Asuncin. Esa fecha concordaba con el aniversario de la Reina Mara Luisa, y deba tener la ciudad del Cabo por marco de ceremonias. Pero Christophe manifiesta, de pronto, una extraa voluntad. No es en la capital, sino en Limonade, donde quiere celebrar la ceremonia religiosa. Es contrario a la tradicin. ¡No importa!... “¡Si Notre Dame quiere fiestas, que me siga!” –clama el monarca, que ya desafi una vez a San Pedro–. Y parte el cortejo, clarines y tambores a la cabeza, hacia el villorrio, cuyas campanas echan a volar. Oficia Juan de Dios Gonzlez, capelln de la Reina. Todo marcha bien hasta el Ofertorio. De pronto, Juan de Dios, que iba a escalar las gradas, se detiene espantado. Hay otro sacerdote frente al altar. Y ese sacerdote... ¡es Corneille Brelle!... La reina no comprende. No ha visto. Y pregunta al oficiante: “Qu clase de misa dice usted hoy, padre?”. Pero Christophe ha visto Su cabeza cae sobre los terciopelos del dosel. Un ros tro nuevo, crispacin inmvil, pone mscara a su rostro. Sus brazos cuelgan como bielas rotas. Est paralizado. Los mdicos se inclinan sobre su lecho. Del cuerpo, pesado como saco de cadenas, brota todava una voz desafiante, que quiere culpar a alguien de su miseria: “Si salgo de esta, ya no cantarn los gallos en Limonade”. El espectro del capuchino est sentado, horizontalmente, sobre una viga del techo y mira a

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12Christophe: “Si salgo de esta ya no cantarn los gallos en Limonade”. Los vecinos, aterrorizados, atrapan los gallos y gallinas, para conjurar la clera del soberano. Ocultan las aves bajo cestas cubiertas de paos, para que la luz del da no los anime a cantar. Con tiras de lana se amordazan los caballos para prohibirles el relincho. Los asnos, cuyo rebuzno podran saludar el sol, son arrastrados al monte, bajo una lluvia de palos, y ocultos en la espesura. Christophe es llevado a Sans Souci. Ya no desafa a San Pedro ni a Notre Dame. Sabe que ahora sus enemigos se aprovecharn de su mscara. El domingo siguiente se hace frotar con una mezcla de ron y pimientos y, como un gran autmata, se asoma a una ventana para asistir al desfile de la guardia. Pero ocurre algo raro. Apenas salen los soldados del rea dominada por los ojos del monarca, los tambores se desacompasan, dando un sonido inhabitual. Ya no redoblan en dos por cuatro, sino en cinco por ocho. En el rostro petrificado del Rey se encienden luces de ira: “¡Estn redoblando el manducumn!...”. A estos tambores responden otros, y otros, y otros... El horizonte se puebla de tambores. Tambores en Haut-leCap. Tambores en la llanura que llega al mar. Tambores en los mornes. Sobre los tambores crecen enormes llamaradas. El incendio avanza hacia Millot, en redondo, apretando su cerco, levantando trombas de lentejuelas ardientes sobre los sembrados reales. Christophe contempla la noche roja. Rojas son tambin las torres de la Citadelle, que debieron ser el reducto final de su reinado. Rojas las murallas que debieron aislarlo de la muerte. Pero la muerte habla ahora por su propia mano. El estruendo de los tambores apenas si deja escuchar una detonacin que repercute largamente por las salas desiertas de Sans Souci. Henry Christophe, rey de Hait, yace atravesado en una butaca, con la cabeza rota por una bala. Salpicaduras de cerebro se confunden con los arabescos de la alfombra. A las doce de la noche, mientras, abajo, llega una implorante comitiva a la Ciudadela La Ferrire, inicindose el saqueo. Por la gran puerta cubierta de tuercas penetran los pajes africanos, llevando una hamaca en hombros. La luz de los hachones hace brillar el pelo lustroso de tres mujeres agotadas por la ascensin. Son la Reina Mara Luisa y las princesas Amatista y Atenais. Al fondo de las barrancas rueda el trueno de los tambores. Un soldado clama, mirando las plaideras reales: “En tierra de blancos cuando muere un jefe se corta la cabeza a la mujer y a sus hijos”. El conde Ner, gobernador de la fortaleza, agarra al vuelo esta alusin al 93. Para evitar toda profanacin, el cadver de Christophe es hundido en un montn de mortero fresco, destinado a las obras de la Ciudadela. Y bajo cemento amasado –por voluntad real– con sangre y pezuas de buey, desaparecen los restos del ms sorprendente monarca de Amrica. Slo le falta el meique de la mano derecha, que Mara Luisa habr de llevarse a Pisa, como reliquia de su reinado. Lucas senta, ahora, intensos deseos de escribir la historia de Christophe, Rey del Cabo. En eso pensaba cuando la luz del crepsculo espigaba la silueta de su

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13 caballo en lo alto de las cuestas, revelando la presencia de caones acostados entre las hierbas. –¡Tierra de prodigios!... “La princesa est triste...” Versalles... El lirforo celeste... ¡Medio siglo perdido en ese almacn de trastos!... ¡Y aqu se viva en un mundo de milagros!... ¡Melgarejo y su caballo Holofernes!... ¡Robinsn y su escuela!... ¡La corona de Azurduy, dialogando con una cabeza cercenada, en presencia de su ejrcito!... ¡Mackandal!... ¡Henry Christophe!... “Recuerdas que queras ser... una Margarita Gautier?” ¡Rastacueros!... ¡Soaban con el Caf Procope – delantales sucios, carnes manoseadas, versos ajenos– y haban tenido la suerte de nacer en Amrica!... Detrs del horizonte del Cabo deba dibujarse, por alguna parte, la silueta de la Isla de la Tortuga. El gua segua canturreando: Soleil malade, Soleil qui va mourir!...

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14Lilia Esteban de CarpentierDirectora de la Fundacin Alejo CarpentierExcelentsimo Seor Jos Vicente Rangel, Canciller de la Repblica de Venezuela Compaeras y compaeros: Constituye un gran honor para m recibir esta tarde la Orden del Libertador de Primera Clase, concedida post morten, a Alejo Carpentier. Fue en Venezuela donde Alejo encontr el ambiente necesario para desarrollar su obra literaria. Ya que fue all donde escribi sus novelas El reino de este mundo, Los pasos perdidos, El acoso y El siglo de las luces sus relatos Guerra del tiempo y su obra de teatro La aprendiz de bruja junto a su columna periodstica Letra y Solfa, en El Nacional, de Caracas. Nunca, en realidad, Alejo y yo nos fuimos de Venezuela. En todos estos aos, siempre hemos tenido un contacto muy directo y fraterno con ustedes. Para el venezolano, el tiempo transcurrido no disminuye la amistad. Al contrario, ese tiempo ha acrecentado los afectos que nos unieron y nos unen. Muchas gracias Lilia Carpentier* La Orden fue otorgada de acuerdo a una resolucin firmada por el ministro del interior y justicia, Ignacio Arcaya, y por disposicin del presidente de la Repblica, Hugo Chvez. El acto de condecoracin tuvo lugar en la Casa de las Amricas de La Habana, el 18 de noviembre de 1999. Palabras de la directora de la Fundacin Alejo Carpentier al recibir la Orden del Libertador conferida por el gobierno de Venezuela al autor de El reino de este mundo

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15 Un retablo de maravillas Graziella PogolottiProfesora y presidenta de la Ctedra Carpentier de la Universidad de La HabanaPrimero vinieron los indianos de “el camino de Santiago”. Luego fue el propio Cristbal Coln. Quizs habra que aadir tambin a ese otro indiano, de origen diferente, nacido ya en Amrica y en el rejuego de la plata que inicia el viaje a Europa con un servidor negro –al modo de la picaresca– convertido, segn Concierto barroco en verdadero protagonista del relato. Unos y otros, en tres momentos decisivos de la obra carpenteriana, eran portadores entre Europa y Amrica de un retablo de maravillas. Antes de llegar a la letra, se iba constituyendo, en ferias y a veces en cortes, el imaginario popular de un universo recin descubierto. Al choque, hecho de deslumbramientos y decepciones por los primeros navegantes, habra de corresponder su reinvencin legtima por parte de los artistas. Habran pasado algunos siglos cuando todava Amrica segua siendo para el resto del mundo un territorio perifrico, proveedor de materias primas. Desde la distancia y el confinamiento, a pesar del aparente traslado de modelos europeos, el continente haba ido configurando su propia cultura. En el siglo que ahora termina, se reivindica, junto a la herencia prehispnica, aquella que haba venido de frica. Era necesario proyectar hacia dentro y hacia fuera, las imgenes de territorios en activo proceso de construccin y de autorreconocimiento. Esa fue la tarea asumida por Carpentier en su condicin de novelista, crtico, periodista y ensayista. Pero saba Carpentier que, en tales circunstancias, no poda detenerse en el ejercicio estricto de la praxis literaria. Otras urgencias eran apremiantes. Los proyectos elaborados en el siglo XIX, la aparicin de la crnica periodstica por obra de los maestros del modernismo, apuntaban hacia una voluntad de democratizar la cultura. Este deseo cobr forma en el manifiesto programtico, en el surgimiento de instituciones culturales de distinta ndole, y en la poltica cultural de la revolucin mejicana. En 1959, despus de sus aos venezolanos, Carpentier desembarc en La Habana. Para los escritores y los artistas, su regreso fue un verdadero acontecimiento. Traa en cartera, an indito El siglo de las luces que se publicara en La Habana con un hermoso diseo de Ral Martnez. Como el retablo de maravillas se transforma en Concierto barroco en medio del carnaval veneciano, en fastosa improvisacin percutante gracias al cubano Salvador –nacido en las pginas de Espejo de paciencia– el cubano Alejo Carpentier nos haba trado la primicia de uno de sus textos fundamentales, El siglo de las luces Pero, junto a su obra, Alejo Carpentier trajo otro retablo de maravillas. Era un Festival del Libro Cubano. Dos colecciones, formadas cada una de ellas por

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16diez ttulos, integraban una primera biblioteca bsica de autores cubanos, con tiradas masivas de doscientos cincuenta mil ejemplares al precio irrisorio de treinta centavos por libro. Los paque tes, que no haban perdido su caracterstico olor a imprenta, invadieron los stanos de la Biblioteca Nacional. All, donde el silencio, la soledad y el aburrimiento haban dominado por tanto tiempo, la marcha pausada fue sustituida por el cubano trajn. Entraban y salan los bultos, destinados a la venta callejera en las esquinas de los barrios populares de la ciudad. Al frente de la empresa, Alejo se convirti en visitante cotidiano de la Biblioteca, vnculo que nunca habra de perder. Hombre de letras, tambin lo era de accin. La iniciativa de Alejo coincida con el proyecto de democratizacin de la cultura, promovido por la Revolucin triunfante. Las transformaciones econmicas y sociales desencadenaban un afn de saber, estimulado por la afirmacin de un sistema de valores siempre latentes, pero soterrado bajo las decepciones sucesivas padecidas por la voluntad liberadora. Las jerarquas ya no estaban sujetas al vnculo con los pudientes. Responderan a la capacidad de cada cual. Como otro retablo de maravillas, las calles se llenaron del alegre colorido de las portadas, en una operacin destinada a recuperar para nosotros la literatura cubana Selecciones de Jos Mart acompaaron las antologas del cuento, la poesa y el ensayo. Cecilia Valds apareci nuevamente en la Loma del ngel y volvi a encontrar su sitio en la memoria nacional y lo haca desde su texto original y ya no slo desde la zarzuela. Reapareca lvaro de la Iglesia, portador de leyendas. Era sin dudas, una primera muestra, que aunaba el valor simblico y el real. A travs de la Repblica, algunos especialistas se haban ocupado de rescatar en los archivos muchos textos olvidados, que alcanzaron ediciones tiles, pero restringidas. Ahora estaban en medio de la calle. La literatura nacional encontraba su verdadero espacio. Tan adusta entre sus muros recubiertos de mrmol la Biblioteca Nacional rediseaba sus funciones. A las que le corresponda en tanto que guardiana del patrimonio, se aadan las correspondientes a una biblioteca pblica. Obras de arte contemporneo iban a circular muy pronto, mediante prstamos similares a los utilizados para los libros en la sala dedicada a este fin. Tambin se difunda la msica. Los nios acudan al mbito juvenil. Intelectuales venidos de todas partes dictaban conferencias. La transformacin social encontraba su correlato en el campo de la cultura. La cultura no significaba ya una pesada carga dirigida a eruditos y escolares. Viva, alegre como un Festival, en la ocasin de un reencuentro privilegiado. Volva a ser parte de la vida. Con su presencia, borraba la falsa imagen de elitismo, sin caer por ello, en errneas posiciones populistas subestimadoras de las capacidades del pueblo para captar lenguajes ms complejos. Con su proyecto de Festival, Alejo estaba contribuyendo a dar las seales de una nueva poca. No saba entonces que muy pronto le tocara dirigir, en

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17el momento de su fundacin, la Editorial Nacional de Cuba y asumir en ella la realizacin de los mismos propsitos que animaron el festival. A buen precio apareceran los clsicos y los contemporneos, la herencia cultural decantada por el tiempo y lo mejor de la tradicin nacional, Thomas Mann y Jos Mart. Cada volumen contena una introduccin. Cuando no haba quin la hiciera, a la usanza de los viejos periodistas, colocaba su saco en el respaldar de la silla y en una antigua mquina de escribir redactaba algunas lcidas cuartillas, que apareceran sin firma. Constituyen todava una parte desconocida de sus obras completas. El trabajo fue siempre para l tarea de entusiasmo. As apareca siempre en la Biblioteca. Entre la pasin y el fervor con su concepto de la vida como aventura de l permanente entusiasmo, sus brazos se movan como aspas, en un gesto, en una accin concreta que acompaaba siempre a la palabra.

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18 Grande y sencillo Araceli Garca CarranzaJefa del Dpto. de Bibliografa Cubana de la Biblioteca Nacional Jos MartEn julio de 1959 Alejo Carpentier regresa definitivamente a Cuba, despus de 14 aos de intenso trabajo en Venezuela (1945-1959) y de inmediato estrecha relaciones con la Biblioteca Nacional de Cuba dirigida por la doctora Mara Teresa Freyre de Andrade (con quien tena amistad desde los aos treinta en Pars) y su subdirectora, doctora Maruja Iglesias. Desde entonces Carpentier apoya la promocin y extensin de la Biblioteca. El archivo fotogrfico de la Biblioteca Nacional Jos Mart lo confirma si hojeamos sus lbumes a partir de 1959. Del primer jurado del Premio Casa de las Amricas (febrero, 1960), los novelistas Miguel ngel Asturias y Carlos Fuentes pronunciaron sendas conferencias en nuestro Saln de actos, por slo mencionar algunas personalidades que Carpentier trae y presenta en nuestra institucin. De su participacin directa como conferencista recuerdo “Verdad y ficcin en El siglo de las luces ”, charla que nos ofreciera el 9 de diciembre de 1963. La imagen de su presencia se repite en nuestra historia grfica de los 60 y exactamente en 1966 antes de cumplir su misin diplomtica en Francia como Ministro Consejero de la Embajada de Cuba, la Biblioteca le rinde especial homenaje con motivo de sus 45 aos de vida intelectual. A propsito del mismo es publicado un primer catlogo bibliogrfico, de 2 000 ejemplares, prologado por la doctora Graziella Pogolotti y compilado por la doctora Marina Ata. Este bellsimo catlogo, previa consulta con el propio Carpentier, se organiza por secciones de acuerdo con la publicacin de sus obras hasta mediados de los aos 60. En cada seccin aparece, en primer lugar, y en orden cronolgico la primera edicin de cada obra, y bajo esta informacin las ediciones y traducciones correspondientes, seguidas de las bibliografas pasivas o secundarias. En el caso de El siglo de las luces (1962) se aadieron fuentes consultadas y estudiadas por Carpentier antes de escribir esta esplndida novela. De una de estas fuentes1se utiliz la mayor parte de las ilustraciones para este catlogo, adems de los grabados de Boloa (s. XIX), y las fotos de Paolo Gasparini seleccionados por el diseador Jos M. Villa. Esta obra bibliogrfica, ya rara y/o valiosa apoy una esplndida exposicin que se mont e inaugur el 30 de noviembre de 1966, en la hoy Galera “El reino de este mundo” de la Biblioteca Nacional. Con estos antecedentes a mediados de 1973, en carta fechada el 10 de julio de ese ao le escribo a Carpentier a Francia y le informo que el director de la Biblioteca Nacional Jos Mart, el poeta y crtico Luis Suardaz, haba autorizado que yo continuara la compilacin de su obra. La respuesta a mi carta fue inmediata, y Carpentier me ofrece todo

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19su apoyo. A partir de entonces me enva cuanto ejemplar de su obra se publicara en el extranjero. As iniciamos una correspondencia de acuses de recibo, y de preguntas y respuestas de ambas partes. Un ao ms tarde, en el verano de 1974, Carpentier y su esposa Lilia Esteban visitan la Biblioteca Nacional, y as, cada verano, lo haran hasta muy avanzada la dcada de los 70. En la visita inicial, ya quedara concerta do el primer donativo de su papelera con la doctora Mara Lastayo, trabajadora gigante, y admirable jefa de Seleccin y Adquisicin de la Biblioteca por esos aos, entraable amiga de los Carpentier. En su propia casa el autor de El reino de este mundo nos llen cajas con manuscritos, recortes, impresos y fotografas con una sencillez real-maravillosa, y nos confes que haba decidido que toda su papelera permaneciera para siempre en la Biblioteca Nacional de Cuba. Posteriormente en 1977, lo ratificara en carta dirigida al seor Howard G. Gotfields, director de colecciones especiales de la Universidad de Boston que desde 1971 se interesaba porque Carpentier depositara su papelera en tan prestigiosa institucin. Esta carta prueba la voluntad del gran novelista quien depositara en vida, su obra, en el tesoro de la nacin a la cual debi la conciencia de su ser.2 En ella expresa: Soy cubano y como tal, a pesar de que mucho me hubiese halagado haber donado mis manuscritos y documentos a la Biblioteca de Boston, los he dado ya a la Biblioteca Nacional Jos Mart, de Cuba. Y no solamente he dado mis apuntes, notas, manuscritos, sino documentos iconogrficos, fotografas, retratos, y referencias crticas y periodsticas. Soy cubano, y como tal quise que toda documentacin relativa a mi vida y obra que pueda solicitar un estudioso pueda encontrarse en la Biblioteca Nacional de Cuba. Por lo tanto, cuando algn estudiante se dirija a esa Biblioteca, en busca de datos acerca de m, le ruego que le haga saber dnde se hallan las fuentes ms completas de una informacin que incluye, incluso los manuscritos de dos novelas inditas3y que no llegu nunca a publicar por haberlas juzgado como fallidas en su planteamiento estructural. De manera que, paralelo al trabajo bibliogrfico,4confeccion un catlogo de manuscritos, recortes, revistas dedicadas ntegramente a Carpentier, impresos y fotografas, an no publicado. Este inmenso donativo que durante casi una dcada haran crecer Alejo y Lilia se convertira en una de las ms valiosas y millonarias colecciones que integra actualmente nuestro patrimonio bibliogrfico nacional (coleccin que enriquece Lilia Esteban de Carpentier desde 1980 hasta nuestros das). La papelera organizada, segn tipos de documentos, aparece descrita en un catlogo diccionario que permite fcilmente la recuperacin de la informacin. La organizacin de esta coleccin, impresa y no impresa, nos abri puertas al descubrir la inmensa bibliografa utilizada

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20por Carpentier cuando escribiera cada una de sus grandes novelas. Carpentier crea, recrea, adapta, y vuelve sobre sus primeras ideas hasta convertirse en fuente de s mismo. Y, mientras donaba sus papeles y recortes a la Biblioteca Nacional y reciba en prstamo la obra de Mariano Picn Salas, o de Arturo Uslar Pietri, y un da muy apurado me dijera que iba a Regla a visitar la casa de Lidia y Clodomira, recuerdo que me pidi le compilara bibliografas selectivas sobre el 10 de marzo de 1952 (golpe de Estado de Fulgencio Batista); el 26 de julio de 1953 (asalto al Cuartel Moncada); el 2 de diciembre de 1956 (desembarco del Granma); el 17 de enero de 1957 (suspensin de garantas constitucionales); el 13 de marzo de 1957 (asalto al Palacio Presidencial); el 20 de abril de 1957 (huelga general); el 1 de enero de 1959 (triunfo de la Revolu cin); y sobre el juego controlado por la mafia en algunos hoteles de lujo de La Habana en la dcada del 50. Estas compilaciones fueron selectivas porque a Carpentier slo le interesaba la informacin ms impactante de la poca, los titulares de primera pgina, los leads en el lenguaje periodstico. Posteriormente al donar Lilia a la Biblioteca Nacional los originales de La consagracin de la primavera entre captulos escritos a mano y a mquina, aparecan los mecanuscritos de estas bibliografas cuya utilizacin ya yo haba descubierto cuando recin publicada La consagracin ... (1978) le en los captulos correspondientes el uso intertextual de los leads Pero cmo era y cmo recuerdo a Alejo Carpentier? De grandeza intelectual incomparable, capaz, de manejar su inmensa erudicin con amenidad y sin vanidad, y siempre orgulloso de ser cubano. Su entraable amor a Cuba estuvo muy por encima de su empeo de ser escritor, como declarara en una entrevista. Por excepcin fui testigo de otra de sus muestras de sencillez y amor a Cuba: su alegra era evidente si uno de sus alumnos de la Universidad de La Habana al verlo lo saludaba en mi cubculo, o en la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional. Recuerdo, entre otros, su entraable encuentro con la historiadora Olga Cabrera. En la papelera que atesora la Biblioteca Nacional aparecen sus charlas y notas de clases sobre historia de la cultura impartidas en la Universidad de La Habana a los entonces futuros licenciados en Historia (curso 1962-1963). Fueron sus alumnos entre otros, Pedro Pablo Rodrguez, Leyda Oquendo y Carlos del Toro. Como usuario o lector no resultaba difcil servirlo, pues, saba lo que quera, y en cuanto a su erudicin esta no era aplastante, saba transmitir la solidez de sus conocimientos, porque era un maestro, verdadero “evangelio vivo”, y era adems el ms ameno de los conversa dores. Siempre trat de no interrumpirlo para no cometer un crimen de lesa humanidad. Ejerca el magisterio con fcil expresin y slida enjundia, era un conversador delicioso e inagotable a quien se poda or durante horas enhebrar recuerdos y ancdotas. Bondadoso, afable, de trato natural y muy cubano, en ocasiones por no saber que vena a la Biblioteca Nacional yo

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21no estaba en la puerta, y me buscaba como cualquier otro usuario en los pasillos de nuestra querida institucin. Recuerdo una ocasin, precisamente cuando su 70 aniversario, que baj casualmente al primer piso de la Biblioteca y me encontr con el autor de El siglo de las luces, quien estaba viendo la exposicin que sobre su vida y obra habamos montado en el vestbulo para homenajearlo, y al dirigirme a l le pregunt “Por qu no me avis de su visita?” Y me dijo: “Hija, si ya he venido varias veces, por lo que me gusta esta exposicin, y te aseguro que no es vanidad, sino es estar contento con lo que he hecho”. Todos los que tratamos a Carpentier sabemos que nadie estuvo ms alejado de la pedantera intelectual y de las falsas vanidades. Sencillez, grandeza y maestra caracterizaron a este hombre excepcional, uno de los mximos artfices de la prosa castellana contempornea que supo elevar la historia a un rango potico, ya que todo cuanto escribi lo hizo contando con la historia. Por eso su obra posee la calidad de lo verdadero y de lo vivo. Parafraseando su “Cervantes en el alba de hoy”, discurso pronunciado al recibir el Premio Miguel de Cervantes Saavedra, quiero decir que ese Alejo, grande y sencillo como lo calificara Rene Mndez Capote, fue, y ser un Cervantes en el alba de siempre. NOTAS1 Stedman, J. G. Voyage a Suriman et dans l’interiur de la Guiane: contenant la reltion de cinq annes de courses et d’observations faites dans cette, contre intressante et peu connue avec des details sur les Indies de la Guiane et les ngres / trad. d l’Anglais par P. F.Henry. Paris : Chez F. Buisson, 1802. t. 1 : il.2 Vase esta carta en: Garca Carranza, Araceli. De la coleccin Alejo Carpentier Valmont: un inmenso y creciente donativo. Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart (La Habana) (2):37-39; mayo-ag., 1984.3 Se refera a El clan disperso y a El ao 59 La primera de estas novelas habra de evocar la poca de creacin y actividades del Grupo Minorista, y algunos elementos de la misma pasaron, casi textualmente, a distintos pasajes de El siglo de las luces y de El recurso del mtodo ; su primer captulo, titulado “La conjura de Parsifal” fue publicado por la Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart (1975). Fragmentos de El ao 59 fueron publicados en la revista Casa de las Amricas (1964) y en la revista Bohemia (1965); en esta ltima bajo el ttulo “Los convidados de plata”.4 Garca Carranza, Araceli. Biobibliografa de Alejo Carpentier Ciudad de La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1984. 644 p. _________. _________. Suplemento I Ciudad de La Habana : Biblioteca Nacional Jos Mart, 1989. 5 p. En esta Revista aparece publicado el Suplemento II.

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22Cuando se lee el conjunto de los artculos de Alejo Carpentier entre 1925 y 1928, se aprecia cmo sus preocupaciones musicales y literarias se van enrumbando hacia una convergencia de juicios eficientes para normar su praxis como creador vanguardista cubano. En “La msica cubana”1 realz las posibilidades del son, al cual consideraba como un complejo polirrtmico capaz de lograr la internacionalizacin de nuestra msica. Su desarrollo poda contrapuntearse con el del jazz en los Estados Unidos. Por lo mismo, incitaba a un estudio de ese fenmeno sonoro como una de las coordenadas culturales de mxima avanzada. Por otra parte, en “Una obra sinfnica cubana”2 utiliz la descripcin del escndalo suscitado en el estreno de Obertura sobre temas cubanos (29 de noviembre de 1925) de Amadeo Roldn para exponer los puntos cardinales de un proyecto de nacionalismo sinfnico, modalidad de un programa de renovacin vanguardista al que despus tambin se sum Alejandro Garca Caturla. Carpentier, como crtico literario, exalt en “Literatura africana”3 la antologa Literatura negra hecha por Blaise Cendrars para difundir los altos valores poticos de un continente, cuya produccin cultural se subestimaba en Europa. Tambin se interes por la obra de Paul Morand, otro creador de avanzada. Con “La Europa galante”4inici las reseas elogiosas. En octubre de 1925, redact el mecanuscrito “Paul Morand, el cosmopolita de las ‘Noches’”5 del cual utiliz las ideas matrices para dos textos de mejor factura: “Le boudha vivant de Paul Morand”6 y “La sptima noche de Paul Morand”.7En los anteriores textos, l estimaba que el exotismo (hijo de la literatura romntica de viajes) propona una imagen asombrada, esttica, reductora por simplista. El autor exotista se esmeraba por ensear a sus lectores la otredad cultural, que se fundaba en prejuicios cualitativos suyos. El mundo cultural del creador se ofreca como superior, como civilizado, porque se dignaba a sorprenderse sobre lo ajeno, lo subalterno, o lo diferente inferior. Carpentier simpatizaba con un cosmopolitismo autoral en cuyas propuestas narrativas se rechazaban los prejui cios Historia de lunas una clave para El reino de este mundo Ana CairoProfesora y secretaria de la Ctedra Alejo Carpentier de la Universidad de La HabanaA la memoria de Salvador Redonet (1946-1998)

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23culturales. Los creadores deban sentirse copartcipes de realidades dinmicas y plurales; no eran espectadores; buscaban el nfasis en lo esencial humano dentro de la diversidad de espacios. Cendrars y Morand ilustraban un cosmopolitismo de gran conciencia internacional afirmativa. En el artculo “‘Castilla’ y el paisaje en la msica nueva”,8 Carpentier utiliz como lema esta idea de Miguel de Unamuno: “Es dentro y no fuera donde hemos de buscar al Hombre: en las entraas de lo local y circunscrito, lo universal; y en las entraas de lo temporal y pasajero, lo eterno”.9 Al apropiarse de la tesis de Unamuno, conclua un proceso de reajuste de sus opiniones al abandonar la dicotoma exotismo-cosmopolitismo. Los elementos que lo ayudaron a esa revisin de criterios, fueron los relativos a los debates que presenci en torno a cules eran los factores tnicos legtimos para justipreciar el patrimonio del pueblo cubano. A partir de la fundacin de la Sociedad del Folklore Cubano (6 de enero de 1923) por iniciativa de Fernando Ortiz, haba comenzado un deslinde y una exaltacin de los tipos de races culturales. No haba discrepancias sobre la dignificacin de lo popular de origen europeo; sin embargo, se desataban las pasiones, cuando se evaluaban, se recolectaban o se difundan informaciones sobre lo popular de origen africano.

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24El racismo ms furibundo polarizaba las posiciones ms reaccionarias. Se juzgaba lo negro como inferior, brbaro, extranjero. Se incitaba al desprecio de esas versiones de nuestra memoria colectiva. Fernando Ortiz se convirti en uno de los intelectuales ms admirados por Carpentier, cuando encabez las huestes de los que exigan una actitud democrtica, ecumnica y antirracista, como fundamento de un nacionalismo cultural renovador para colectar el patrimonio oral de los antiguos es clavos y sus descendientes.10En la problemtica cubana de 1927, Carpentier suscribi la tesis de Unamuno, porque lo estimulaba a la bsqueda de lo eterno humano dentro de una recreacin artstica de imgenes plurales de lo popular cubano democrticamente rejerarquizado. Cuando inici la escritura de los primeros fragmentos de “Chivo que rompe tambor” (entre julio y agosto de 1927) ya haba madurado su potica narrativa vanguardista para contar una historia de personajes negros con roles protagnicos. El 6 de junio de 1926, Carpentier lleg por tren a Ciudad de Mxico para una estancia de quince das. All crey que comenzaba a conocer la experiencia de Amrica,11 y pudo conversar con Diego Rivera, uno de sus paradigmas de intelectual vanguardista nacionalista y latinoamericano. En marzo de 1928, l aprovech las facilidades del congreso de los delegados de la prensa latina en La Habana, para montarse en el barco y marchar a Pa rs. Hasta 1930, sus preocupaciones fueron la sobrevivencia econmica, los vnculos con los msicos franceses, y darse a conocer como escritor. Entre los textos de particular inters que public podran mencionarse los artculos “Lettre des Antilles” y “Les points cardinaux du roman en Amerique Latine”.12 El objetivo fundamental del primero era –desde una esttica surrealista– una descripcin de los aspectos mgicos involucrados en las creencias religiosas populares. Por ejemplo, tradujo la “Oracin del Justo Juez”; enumer los dioses sincrticos de un panten catlico y de la Regla de Ocha; coment las asociaciones o potencias igas; y por ltimo, se adentr en el micromundo de los chinos en La Habana. En “Les points...” argumentaba el proceso histrico de Amrica Latina desde el perodo colonial hasta las experiencias, entonces actuales, de los gobiernos dictatoriales. Reseaba la evolucin narrativa a partir del ciclo de obras romnticas y se detena con entusiasmo creciente en los mritos de Don Segundo Sombra, Doa Brbara, La vorgine, Los de abajo y Las lanzas coloradas Dichas novelas constituan los puntos cardinales de una fase de mo dernizacin literaria, en la que se combinaban temticas nacionales con una tcnica artstica mejor asimilada y ms eficiente. Estas obras merecan una amplia difusin, porque ilustraban nuevas calidades dentro de los espacios legitimadores de una produccin literaria mundial. Carpentier elogiaba el ascenso cualitativo de la narrativa latinoamericana, porque se reconoca como parte de ese gremio de intelectuales. Pero adems,

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25aspiraba a escribir una novela diferente a las anteriores, pero parigual como logro artstico por su originalidad temtica y estructural. Por lo mismo, en 1933, redact la versin final de su novela Chivo que rompe tambor a la que finalmente le cambi el nombre para publicarla como ¡Ecuyamba-"! en Madrid. Salvador Redonet13 logr desentraar muy bien las dificultades tcnicas de un narrador novicio. Las principales deficiencias se encontraban en los cambios abruptos del punto de vista en el sistema del narrador; en la contradiccin insalvable entre las calidades de un discurso de un narrador omnisciente de gran cultura y el que corresponda a un protagonista analfabeto; en el abuso de contextos innecesarios para la fbula. En 1933 y al ao siguiente, Carpentier hablaba de ¡Ecu ..., con un tono de satisfaccin, porque se haba autoconvencido de la profunda verdad interior de que quera ser un buen narrador. Por lo mismo, una vez ya en la imprenta madrilea ¡Ecu... retom un boceto narrativo14 titulado Histoire de lunes para hacer una versin definitiva en francs, que se public en la revista Cahier du Sud (diciembre de 1933) de Marsella. La edicin, ya traducido el texto al espaol como Historia de lunas demor casi cincuenta aos.15El protagonista de Historia de lunas era Atilano el limpiabotas de un pueblo cubano. l se converta en un rbol a determinadas horas del da, y a otras ya l se saba autotransformado en un “escurridizo” (una especie de hombremaj) y en funciones de tal vagaba y entraba en las casas para brindar placeres sexuales a distintas mujeres. El narrador –con perspectiva equisciente– asumi el punto de vista de Atilano en la presentacin del conflicto. Despus, la voz narrativa se multiplicaba para simultanear la visin de Atilano con la de otros personajes participantes. El protagonista, sus defensores y enemigos, compartan un universo religioso sincrtico. A partir de ese hecho colectivo, el narrador generaliz un tono irnico hacia las versiones de una verdad mltiple, legitimada por las acciones de cada bando, en sus respectivos espacios. El sistema de personajes se estructur con un diseo de contextos ideolgicos totalmente ajustado a los intereses de las caracterizaciones. Hubo un empleo de los contextos muy preciso. La perspectiva irnica contrarrest cualquier desequilibrio en la tensin dramtica hasta la muerte de Atilano. Historia de lunas podra considerarse un texto cualitativamente superior a ¡Ecu... Fue una cota que logr vencer; y que le facilit una ms precisa y orgnica autoconciencia de que slo debera a la disciplina ser un mejor y ms severo crtico de lo que no poda publicar.16Carpentier se autoimpuso un silencio narrativo de casi once aos (19331944). Con “Captulo de novela” y “Viaje a la semilla”, regres triunfalmente. Por la edicin facsimilar de la primera mexicana de El reino ..., se

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26supo que el manuscrito se termin el 16 de marzo de 1948. El 18 de abril del mismo ao public el ensayo “De lo real maravilloso americano” en el peridico El Nacional como prlogo futuro de la novela. En marzo de 1949 ya circulaba El reino... Y, con posterioridad en el mismo ao, hizo imprimir (como folleto) Tristn e Isolda en tierra firme Ambos ensayos podran leerse de modo sucesivo como claves de una continuidad programtica vanguardista. En Tristn... realiz una autocrtica al vindicar con grandes elogios los aportes del romanticismo; al exaltar los valores del paisaje y sus funciones contextualizadoras para la caracterizacin de personajes; al privilegiar las historias locales y nacionales como fuentes nutricias de una identidad propia. Tambin reiter las censuras a los exotismos. Revalid los hallazgos de motivos y personajes populares, que –de todos modos– las vanguardias democratizaron ms. Romnticos y vanguardistas gestaron una tradicin integrativa de mitos, leyendas, personajes, refuncionables dentro de los gneros literarios, o de otras artes. Ambos coincidieron en los gustos por afirmar programas de ruptura y en los excesos pasionales de autoestima.Los vanguardistas ms lcidos comprendieron las interrelaciones entre ambas poticas; y aceptaron el parentesco de familia. En “De lo real...” Carpentier enumer los aportes indudables de las vanguardias en la aparicin de nuevas fuentes de imgenes, en los avances en cuanto al montaje de planos. Acept que hubo un vanguardismo fecundo por sus modos de ver y de hacer; despus, la rutina, los dogmas arbitrarios (hijos de fallas imaginativas) lo hicieron estril y hasta decadente por estancamiento como opcin artstica. Los mecanismos de diseo de personajes en Historia... y en El reino... fueron los mismos. Tanto Atilano, pensndose y sintindose rbol, o actuando como un “escurridizo”, y Mackandal, con sus poderes licantrpicos, respondieron a la misma dinmica de creencias religiosas colectivas. El salto cualitativo de El reino ... en comparacin con Historia... radic en el cambio de seleccin de nuevas fuentes de fbulas. Carpentier encontr nuevos imaginarios, ms proteicos como metarrelatos para construir la historia de Hait (entre las dcadas de 1750 y 1830) y su evolucin de colonia francesa a nacin independiente. Estos imaginarios nuevos facilitaron la invencin de mejores personajes, que refuncionalizaban lo mtico, lo legendario, como la ms perdurable redimensin de una pica de justicia necesaria para un pueblo y un continente, que culturalmente tena que reafirmarse a s mismo. Otro avance cualitativo entre ambas obras se identific en el plano composicional, puesto que result de mxima eficiencia la yuxtaposicin de planos espaciales y temporales, hijos de los montajes vanguardistas. Quizs el ltimo avance podra centrarse en el mayor equilibrio de escenas de distintos nfasis, ya satricos, ya trgicos.

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27La evolucin narrativa de Historia de lunas a El reino de este mundo debera resaltarse ms, porque obligara a justipreciar mejor la gran riqueza terica y tcnica que tuvo la praxis de Carpentier como vanguardista cubano y latinoamericano. NOTAS1 El Pas (La Habana) 1 jul., 1925:3. (No se ha republicado completo). Vase una cita amplia en: Cairo, Ana. La dcada genrica del intelectual Carpentier (1923-1933). En: Letras. Cultura en Cuba. La Habana : Editorial Pueblo y Educacin, 1988. t. 5, pp. 3-38.2 Social (La Habana) febr., 1926. Adems en: Carpentier, Alejo. Crnicas. La Habana : Editorial Arte y Literatura, 1975. t. 1, pp. 39-42.3 El Pas (La Habana) 6 jul. 1925:3.4 Ibdem, 20 jul. 1925:3.5 Coleccin Carpentier, file 8, n.1, Biblioteca Nacional Jos Mart.6 Diario de la Marina (La Habana) 11 sept. 1927:42.7 Ibdem 1 en. 1928:33.8 Ibdem 26 jun. 1927:33.9 Carpentier reiter su solidaridad con estas tesis de Unamuno en otras ocasiones. Tiene particular inters en el artculo “Lo local y el localismo”, coleccin de artculos de “Letra y Solfa”, Caracas, peridico El Nacional, 29 de noviembre de 1952. Coleccin Carpentier, Biblioteca Nacional Jos Mart.10 Ortiz, Fernando. Cuentos afrocubanos. Archivos del Folklore Cubano (La Habana) abr.jun., 1929, pp. 191-192. Se public originalmente en la revista Social mayo de 1927, pp. 58, 73.11Baquero, Gastn. Carpentier y dos cartas inditas. En: La fuente inagotable. Valencia : Editorial Pre-textos, 1995. pp. 175-184. Baquero reprodujo un fragmento de la carta enviada a Pars por Carpentier al periodista nicaragense Eduardo Avils Ramrez (fechada el 26 de julio de 1926) contndole las primeras impresiones de su viaje a Mxico.12 Bifur (Pars) (3):91-105; 30 sept., 1929 y Le Cahier (Pars) 3(6):19-28; nov. 1931.13 Redonet, Salvador. Un dilema entre contextos, narrador y personajes. En: Letras. Cultura en Cuba La Habana : Editorial Pueblo y Educacin, 1988. t. 5, pp. 71-83.14 Coleccin Carpentier, file n. 1, mecanuscrito n. 3 Biblioteca Nacional Jos Mart.15 Carpentier, A. Historia de lunas. En su: O bras completas. Mxico : Editorial Siglo XXI, 1983. t. 1, pp. 221-238. La traduccin es de Mart Soler.16 Carpentier, A. Captulo de novela. Gaceta del Caribe (La Habana ) 1(3):12-13; mayo, 1944.

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28 Cervantes en El reino de este mundo Nilda Blanco PadillaProfesora de la Universidad de La HabanaEl Prlogo que acompaa la primera edicin de El reino de este mundo1(1949), ha sido asediado por la crtica especializada tanto como el texto mismo del relato, y quiz ms, debido a sus postulados programticos. Una cita cervantina tomada de Los trabajos de Persiles y Segismunda lo encabeza: “Lo que se ha de entender de esto de convertirse en lobos es que hay una enfermedad a quien llaman los mdicos mana lupina”. El motivo por el cual la cita del Persiles... encabeza el Prlogo, qu hay de comn entre Cervantes y El reino de este mundo y en qu medida se “apoya” Carpentier en otros textos del escritor espaol, es de lo que se tratar a continuacin. En primer lugar, debe compararse el Prlogo de El reino... no con el que acompaa al Persiles... sino con el de El Quijote de 1605. En ambos, sus respectivos autores se encuentran ante el problema de la novedad y la tradicin. Para enfrentarse a la tradicin en su Prlogo, Cervantes utiliza el recurso del interlocutor. Es ese amigo – alter ego suyo– el que se burla y el que aconseja, el que pronuncia el propsito fundamental del libro; el que caracteriza lo que leeremos como una “simple y sencilla historia” que debe ser escrita con “palabras llanas y significantes”. Por su parte, la voz autoral se deja escuchar arremetiendo contra las reglas al uso –ms bien, contra la estricta observancia de ellas–, e insta al final a que se le agradezca dar a conocer a Sancho Panza. El lector se va a enfrentar, segn el Prlogo, a una obra nueva, distinta; a una nueva manera de narrar. En el Prlogo a El reino... Carpentier, sin intermediarios, tambin se enfrenta a las reglas vigentes, sobre todo en Europa, la cual est agotada, ha perdido la fe, la ingenuidad, y se repite a s misma descreyndose. No se trata –dice Carpentier–, de una vuelta al realismo;

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29sino de “concebir una mstica vlida” y de “abandonar los ms mezquinos hbitos para jugarse el alma sobre la temible carta de una fe”.2Es la fe en s mismo del artista; la fe que le permite percibir las “maravillas reales” de la historia de Hait, las del Caribe y Amrica toda. Por eso, advierte en el Prlogo que, en contra de lo sucedido en Europa, el recuento de las “cosmogonas americanas” an no se ha llevado a cabo. Tambin, al igual que en el Prlogo a El Quijote, aparece la irona: [...] en 1780 unos cuerdos espaoles, salidos de Angostura se lanzaron todava a la busca de El Dorado, y [...] en das de la Revolucin Francesa –¡vivan la Razn y el Ser Supremo!– el compostelano Francisco Menndez [anduvo] por tierras de Patagonia buscando la Ciudad Encantada de los Csares.3Amrica, tierra de promisiones, guardaba la esperanza para los de all. Frente a hroes “rocambolescos” de la maravillosa literatura europea, se levantan hroes americanos de autntica grandeza, cargados de fuerza “por la fe de sus contemporneos”, como Mackandal, el haitiano, que con sus poderes licantrpicos, surge de las entraas de lo mtico y acta, desde ese mito, en la historia. Si Cervantes se enfrent a la tradicin con la “simple y sencilla historia” de un hombre comn, tocado de locura imaginativa, Carpentier va al pasado desde el presente para descubrir, en ambos, las potencialidades que perviven en nuestro continente americano, y la fe que los hombres de este mundo tienen an en sus destinos literarios y vitales. Se trata de una “filosofa de la historia”4 en la que el contrapunto EuropaAmrica es esencial. La estrategia que sigue Carpentier es la de naturalizar lo sobrenatural y viceversa, con lo cual las creencias de los negros haitianos en el vod se inscriben como naturales y se les “descarga de todo significado de bestialidad o atraso”; ellas resultan el motor impulsor de la liberacin. En el Prlogo, Carpentier afirma que el relato “narra una sucesin de hechos extraordinarios [...] en una historia imposible de situar en Europa”. Dicha sucesin de sucesos, ocurridos en la historia de Hait, es presentada “dejndose que lo maravilloso fluya libremente de una realidad estrictamente seguida en todos sus detalles”.5En un laborioso trabajo de investigacin que ha cotejado fechas histricas y cronologas del texto carpenteriano, Roberto Gonzlez Echeverra6 llega a la conclusin de que los hechos y los personajes, los sucesos, existieron a lo largo de 75 aos de la historia de Hait y fueron reelaborados por Carpentier. Toda la reflexin de Gonzlez Echeverra se lleva a cabo, entre otras cosas, porque resulta evidente, en la afirmacin del Prlogo, una responsabilidad, una actitud de “traductor” de la historia en la novela o relato. Es que lo maravilloso “fluye libremente” o, como dice este investigador, se expresa a travs del texto, se “inscribe” en l sin habrselo propuesto deliberadamente el autor? La respuesta del especialista en

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30el barroco espaol no poda ser otra: Carpentier nos engaa, se constituye “en un dios menor borgeano, y se enmascara detrs del [falso] postulado de una ontologa americana, de la presencia [apcrifa] de lo real maravilloso”. Creo que cuando Carpentier reclama la verdad histrica y documentada de los hechos que aparecen en El reino... no est queriendo decir que su relato sea una copia fiel. No podra serlo, porque ya su “fuente” es una documentacin elaborada. La refiguracin a que estn sometidos los materiales histricos prueba que hay una intencionalidad explcita: poner de manifiesto lo maravilloso cotidiano en la historia americana. Sin embargo, son los ojos y el trabajo de creacin del autor los que nos hacen percibir esa realidad de una manera maravillosa. Es l quien la torna as. No es que su “imaginativa” est perturbada, pero es afn, en ciertos aspectos, al proceso que se nos muestra en El Quijote Don Quijote tambin es un artista. Crea otra realidad a partir de su imaginacin. Pero creacin. Cervantes, aun cuando utiliza todas las mediaciones posibles para el distanciamiento con el relato y los personajes, se mantiene controlando toda la realidad. Carpentier toma la misma posicin: controla y se aleja. Es la forma de evaluar – por ejemplo–, la escena de la incineracin de Mackandal en la cual el narrador se distancia, asume otra perspectiva y no la de los creyentes, para reafirmar la ambigedad, para mantenerse dentro y fuera de las creencias. Carpentier est presentando dos tipos de fe: la del artista en s mismo, que es, en efecto, un “dios menor”, capaz de crear otra realidad –la textual–; y la de los creyentes, fe que los mueve a actuar o les ensea a descubrir que la tienen que tener en ellos mismos. Cuando se relee El reino... a partir de lo que Coln [Carpentier] nos confiesa en El arpa y la sombra queda claro que cre una realidad-otra a partir de los documentos, porque descubri una ms maravillosa an de lo que haba ledo en los libros. Lo cierto es que Carpentier, con la escritura de El reino ..., se enfrentaba a una lucha a muerte como creador: o daba un vuelco a los postulados europeos, utilizndolos, o se converta en un simple continuador de lo ya hecho. Al proponerse desplazar el eje de inters hacia Amrica, y otorgarle a su escritura una carta de identidad que le permitiera dinamitar el eurocentrismo, deba buscar una frmula. La que encontr fue eficaz y cumpli su cometido. Si Cervantes, a lo largo de su obra, se plante una nueva manera de novelar y present problemas tan acuciantes como los lmites entre la naturaleza de la ficcin y sus relaciones con la vida; Carpentier, desde su Prlogo, defendi la potica de lo real-maravilloso como un mtodo de configuracin artstica, de indagacin en la realidad y de la expresin literaria de esa realidad. Al insistir en que los elementos maravillosos estn en la propia realidad y que el artista los recoge en su obra, Carpentier, al igual que Cervantes, se est planteando los lmites y la naturaleza de la obra artsti-

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31ca, el problema de la ficcin como “verdad” dentro del texto. En Persiles... lo que se narra no tiene que ver con hechos reales, ni siquiera con los que debieron o pudieron ocurrir en muchas ocasiones; se trata de sucesos en que lo fantasioso, lo “increble” –como el vuelo y la transformacin de la bruja en lobo–, se convierten en verosmiles dentro del texto gracias al nuevo uso que de la verosimilitud impone Cervantes; aunque el autor racionaliza todo lo que pudiese parecer increble a travs de los comentarios de otros personajes o del propio narrador. Pero, al mismo tiempo, deja en suspenso muchos elementos y, sobre todo, impone la narracin de esos hechos. Carpentier, en su relato de aventuras de tono pico que es El reino... parte de hechos reales, pero privilegia, al contrario de Cervantes, las creencias de los esclavos en los procesos licantrpicos y los poderes mgicos de Mackandal. Por eso el otro modelo, el quijotesco, es el que le sirve para delinear, en buena medida, la relacin Mackandal-Ti Noel. La crtica se divide a la hora de decidir el protagonista de El reino... Considero que no estamos slo ante una narracin de personajes, sino ante una en la cual se pretende mostrar la vigencia que lo mtico tiene en Amrica. Sern pues los sucesos, el acontecer, las “aventuras”, lo que se destaque. No quiere esto decir que no se conceda importancia a los personajes. Por el contrario, Mackandal rige la accin desde sus poderes y por la creencia que en estos tienen los esclavos. Ti Noel, quien hila la accin aunque no la promueve, es una especie de testigo que padece los acontecimientos. Mackandal sale de escena despus de su muerte, pero queda vivo en la mentalidad mtica del pueblo. Otros personajes conducen la accin como sucede en la Historia; pero quien est guiando todos los acontecimientos en el texto es el narrador, cuya omnisciencia se traslada –de acuerdo con lo que interese al mundo narrado– dentro de los personajes o muy cerca de la visin de estos, como en el caso de Ti Noel. Carpentier convierte la historia documentada en hecho potico. El texto es, como toda obra lograda, una novela “intelectual”. Aunque el autor insiste en que toda la historia de Amrica es un acontecer de hechos maravillosos, su relato se encarga de hacernos partcipes del asombro ante esos hechos, y al mismo tiempo naturaliza lo maravilloso o lo sobrenatural. Un buen ejemplo de esto es el episodio de la inmersin de los brazos de Mamam Loi en aceite hirviendo. El hecho es natural para ella y Mackandal, iniciados y creyentes; el asombro se instala en Ti Noel –escogido por el narrador, toda vez que est contando en tercera persona omnisciente– y al acoger su perspectiva nos la traslada: Ti Noel observ que su cara [la de Maman Loi] reflejaba una tersa indiferencia y, lo que era ms raro, que sus brazos, al ser sacados del aceite, no tenan ampollas ni huellas de quemaduras, a pesar del horroroso ruido de fritura que se haba escuchado un poco antes. Como Mackandal pareca aceptar el hecho con la ms absoluta calma Ti Noel hizo esfuerzos por ocultar su asombro .7

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32La naturalidad de lo sobrenatural es slo consustancial a la fe. Ti Noel est en un proceso de aprendizaje. Tanto los lectores, como el narrador y el autor implcito descubren un mundo distinto. Todos estn igualmente asombrados. Los observadores “externos”, ajenos a la fe, develan el “aspecto potico” de los hechos. En este caso, fundamentalmente, el narrador y el autor implcito. Mackandal y Maman Loi conservan el legado de ese otro Gran All, el africano, que instalan en Amrica y lo mixturan con el sustrato indgena y el europeo. Amrica es un continente mestizo, una simbiosis de culturas. Europa, en el tiempo de la escritura del relato, ha perdido la fe en sus orgenes, en su Historia. Tambin sus creadores se han refugiado “en una trascendencia esttica” que es reflejo “del desencanto del mundo”. Carpentier “ha planteado la dimensin pica de la novela contempornea” y con ella ha insuflado una “leccin de optimismo”.8 En El reino... esa dimensin pica est presente, una pica de raz cervantina y quijotesca. Antes de comentar algunos aspectos donde esa raz cervantina que apunto se observan claramente, me detendr, de nuevo, en la cita que encabeza el Prlogo. Frederick de Armas9 parte de la cita en cuestin para analizar el uso que hace Cervantes del mito de la licantropa y del viaje demonaco que ocurre en Persiles... y cmo se logra “suavizar el choque entre lo mimtico y lo mtico en el episodio de lo maravilloso”, a travs de la inclusin de documentos y de la oposicin que otros personajes llevan a cabo ante la historia de Rutilio.10El personaje ha contado que una bruja lo sac de la crcel, lo llev en su manto a tierras nrdicas y, una vez all, se transform en lobo. La historia, “tan fidedigna para Carpentier” en opinin de De Armas, funciona en Persiles... –tambin segn el investigador– como la de un poeta que la ha inventado, como una “mentira creble”. Es lgico que est reprobada desde el punto de vista de la catolicidad en los argumentos del orfebre y del cristiano Mauricio; pero lo ms importante es que est utilizada por Cervantes para destruir la unidad pica y que sea un gesto contra las reglas. La verosimilitud, en manos de Cervantes cambia de signo: no se trata de lo que puede ser representado como mmesis, sino de lo que funciona como verdad artstica y coherente dentro del texto y de la ficcin. Hasta aqu los criterios del investigador norteamericano. Las palabras de Carpentier en el Prlogo, y la propia existencia de la licantropa en el relato, se tornan inquietantes, si no advertimos que el autor est por encima de sus personajes como creador de una ficcin en la cual no se nos pide que creamos en la licantropa. Opino que dentro de la revisin de los cdigos que separan lo natural de lo sobrenatural, debemos atender tambin a la intencin del artista y a esos poderes que poseen quienes configuran la realidad textual. Esa realidad no tiene que atenerse a reglas o mtodos dictados por otros, sean estos los

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33neoaristotlicos del siglo XVII o los eurocentristas descredos del siglo XX. Carpentier est consciente de “lo maravilloso” en la licantropa. En el episodio del vuelo de Mackandal, en el que creen los que estn en la plaza, el narrador seala que unos soldados recogieron el cuerpo y lo incineraron, pero que esto slo lo vieron “unos pocos”; entre esos est el narrador, en nfima distancia de la voz autoral y del autor mismo que es quien lo “copia” de los documentos histricos. Tambin estn, entre “esos pocos”, todos los lectores. En el ensayo citado, De Armas plantea que lo observamos as porque la aclaracin se hace no a travs de la fe imaginativa, ni siquiera del narrador, sino que parte, segn l, de la “reflexin histrica”. Y aade que Carpentier “deja a sus personajes su fe, pero salva su propia desconfianza como narrador”. A travs del narrador Carpentier nos da, no la desconfianza, sino la dualidad de perspectivas ante un mismo hecho. La realidad histrica, como tal, no es variada: Mackandal fue incinerado; pero los esclavos crean que se haba transformado. El texto hace hincapi en esa fe, porque esa creencia los impulsar en sus acciones rebeldes. Si Rutilio se compara con el poeta, es decir, con el creador, Mackandal compartir ese status. Segn De Armas, Cervantes utiliza a Rutilio como gua por las tierras demonacas (no cristianizadas); mientras, Carpentier se vale de Mackandal en las haitianas. Ambos, Rutilio y Mackandal, son figuras proteicas que perciben la realidad de modo diferente, ajena a las experiencias de sus autores, pero de la que dejan constancia como una visin alternativa de ella. Comparto esos criterios. Discrepo, en cambio, cuando el ensayista afirma que “el ambiente maravilloso es de origen demonaco en ambos libros”. Se basa para ello en la cita de Lope que precede el relato, en la cual el diablo, rey de Occidente, declara que posee sus dominios en Amrica. Si se toma en consideracin la identificacin entre Coln y Carpentier, presentada en los comentarios anteriores, quien viene a Amrica, de otro modo es Carpentier, quien la est “descubriendo”, con su escritura es el autor. El diablo, rey de Occidente, podra ser interpretado en este nivel, como las normas estticas, los movimientos y las poticas a las que Carpentier se est enfrentando. Tampoco coincido con el investigador en la igualdad establecida entre Mackandal y el diablo. Al referir Carpentier, por boca de su narrador, que Mackandal es mandinga y que como tal “ocultaba un cimarrn”, agrega: “Decir mandinga es decir dscolo, revoltoso, demonio”. De Armas interpreta la cita hacindola concordar con la ya referida de Lope, y asegura que “Mackandal recibe su poder de este Rey” (el diablo). Dentro de las creencias africanas, sin embargo, no se produce, como en otras religiones, la dicotoma entre el bien y el mal entendidas como pertenecientes a dioses o figuras excluyentes. Al ser sus dioses reflejos de la condicin hu mana,

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34son ambivalentes y lo mismo pueden hacer el bien que el mal, en dependencia de las acciones y/o el comportamiento que el creyente tenga hacia ellos.11 Cuando Carpentier adiciona el calificativo “demonio” al mandinga, lo que est realizando es una amplificacin de “dscolo” y “revoltoso” y no otorgndole una condicin de carcter religioso como la que encierra una concepcin maniquea. Para avalar esta lectura, me remito a los estudios de Leonardo Acosta. En el captulo titulado “La epopeya trunca y la historia recobrada”,12 el investigador cubano se refiere a la lucha haitiana. Seala que un mandinga, en la propia frica, era visto como un espritu maligno “porque haban sido los creadores del imperio de Mali, en el Sudn Occidental”. La metamorfosis de Mackandal es similar, adems, a la de Tezcatlipoca, en la mitologa nhualt, caracterizado como “espantable demonio por los cronistas de Indias”. El vocablo mandinga, adems, aparece definido como demo nio en los diccionarios de la Real Academia y en el Espasa Calpe, como un reflejo de los “antiguos colonialistas”, afirma Acosta. Es lgico, entonces, que Lope de Vega hiciese al diablo comandante de esas regiones en las cuales se “metamorfoseaban” los lderes de los indgenas, porque como diablos haban sido caracterizados por los cronistas. Me inclino a considerar la cita de Lope como un juego de espejos en manos de Carpentier o como una irona con la cual se logra subvertir la lectura que se hizo de Amrica, hacer relevante los poderes del escritor y girar el eje de la ficcin narrativa de Europa a Amrica. De este modo, en ese juego, los escritores latinoamericanos que imponen nuevas normas, porque, ellos tambin, como Coln, descubren nuevas rutas escriturales, despojaran al diablo de sus posesiones en Amrica. De Armas, en su lectura, ha equiparado, a Rutilio con el poeta, como ya se vio, y lo iguala a Mackandal en sus poderes “diablicos”. Me resulta ms productivo, hacerlos coincidir slo en cuanto a creadores de otra realidad donde pueden suceder (como en la literatura) cosas que no suceden en el mundo real, pero que permiten evaluar ese mundo desde otras perspectivas, desde la perspectiva mtica o imaginaria. El reino... ha sido considerada una novela de aventuras.13 Tanto por esto como por la epicidad que recorre ambas obras –aunque de signo diferente– El reino... es deudor del Persiles... Pero tambin lo es de El Quijote al que se alude en el Prlogo: “ni los que no son Quijotes pueden meterse, en cuerpo, alma y bienes, en el mundo de Amads de Gaula o Tirante el Blanco ”.14El Quijote permea algunos aspectos de El reino... subyace como corriente inspiradora. Lo es precisamente de la concepcin de lo maravilloso que defiende Carpentier, porque si lo maravilloso “comienza a serlo de manera inequvoca cuando surge de una inesperada alteracin de la realidad (el milagro)”,15 hay que admitir que Don Quijote vive en una realidad maravillosa, con la diferencia de que el milagro lo produce l mismo, lo promueve a travs de su imaginacin y slo se realiza para l, hasta cierto punto. Su “imaginativa” est perturba-

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35da16 y trastrueca las informaciones que le brindan los sentidos. Es esa misma “imaginativa” perturbada, en cambio, la que permitir a Sancho y a los lectores descubrir “las riquezas de la realidad”, inadvertidas para aquellos que no posean la capacidad quijotesca. La imaginacin, nos ensea El Quijote es otra manera de ver, de percibir la realidad, que resulta ampliada “en virtud de una exaltacin del espritu que lo conduce a un modo de ‘estado lmite’.”17La relacin Mackandal-Ti Noel posee reminiscencias quijotescas. Mackandal tiene un profundo saber que ir trasladando a Ti Noel, personaje de filiacin sanchesca en su configuracin. Ti Noel busca la manera de estar siempre con el manco, es su mejor discpulo en el aprendizaje de la mitologa africana que atesora Mackandal y que l heredar. Al igual que el escudero cervantino, gusta tanto de la compaa de su “seor” que se lamenta de su partida y de su abandono “porque hubiera aceptado con jbilo servir al mandinga” (captulo IV), quien llenara su imaginacin con un mundo de cosas desconocidas por l hasta entonces. La metamorfosis est, efectivamente, estructurando todo el relato y promoviendo la rebelin. Pero no se trata slo de la metamorfosis de Mackandal; Ti Noel tambin se transforma. Incluso pretende hacerlo igual que su maestro, en el ltimo captulo. Pero su “metamorfosis” es ms raigal y humana. Al comprobar que los gansos no le admiten en su clan, comprende que la licantropa no es vlida sino para “servir a los hombres, no para desertar del terreno de los hombres”. En apenas unas pginas, la transformacin de Ti Noel ha pasado del rechazo a la integracin. Rechaz el mundo, fue rechazado por los gansos, se reintegr al mundo. Puede advertirse la “circularidad” spengleriana en algunos enunciados, incluso un cierto tono pesimista: [...] el hombre nunca sabe para quin padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocer, y que a su vez padecern y esperarn y trabajarn para otros que tampoco sern felices, pues el hombre ansa siempre una felicidad situada ms all de la porcin que le es otorgada.18El narrador omnisciente, situado desde la perspectiva de Ti Noel, se separa de l y se acerca a la voz autoral. Su reflexin es la del propio Carpentier, quien, despus de esa sensacin cclica, abre hacia el futuro, hacia la accin del hombre en la historia, el final de este parlamento: Pero la grandeza del hombre est precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse Tareas. [...] Por ello, agobiado de penas y de Tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre slo puede hallar su grandeza, su mxima medida en el Reino de este Mundo.19Julio Le Riverend comenta este final. Se siente dice, impresionado por la “profundidad crtica (objetivo-social) y

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36autocrtica (subjetivo-social) de la existencia del personaje” y aade: “Es cosa de preguntarnos si todo –como ha sido dicho en comentarios excesivos– era lo mismo que al comenzar el relato [...] si [...] Ti Noel [...] ha vuelto a su punto de partida o si es otro que vislumbra nuevos reinos de este mundo”.20Ti Noel abandona la licantropa y pasa a la rebelin. Ahora luchar contra “los mulatos investidos”. Muere con la conciencia de que la accin debe continuar. Al apoyarse en una cita de Persiles... para uno de los episodios ms importantes dentro de los “increbles” y “maravillosos” de su texto; al utilizar elementos como las creencias, la fe, el poder de la imaginacin y de la palabra, y reminiscencias de los personajes centrales de El Quijote para procurar la nueva lectura de Latinoamrica que nos propone con El reino de este mundo Carpentier se sita en una encrucijada similar a la de Cervantes cuando de acreditar un nuevo gnero se trataba. Un nuevo discurso narrativo naca en nuestra Amrica y Carpentier era uno de los iniciadores de la nueva potica. NOTA1 Carpentier, Alejo. El reino de este mundo En su: Novelas y relatos La Habana : Edic. Unin, 1974. (Bolsilibros Unin)2 Ibdem Prlogo, p. 55.3 Ibdem p. 56.4 Chiampi, Irlemar. Historicidad y mitologismo en “El reino de este mundo”. La Gaceta de Cuba (La Habana) dic. 1989.5 Op. cit. (1). p. 58.6 Gonzlez, R. Alejo Carpentier: el peregrino en su patria Mxico : UNAM, Direccin de Literatura, 1993. pp. 169-181.7 Op. cit. (1). p. 74. Los subrayados son mos.8 Portuondo, Jos Antonio. Un camino de medio siglo. La Habana : Editorial Orbe, 1976. p. 77.9 De Armas, Frederick. Metamorphosis as Revolt: “Persiles y Segismunda” and Carpentier’s “El reino de este mundo”. Hispanic Review 3(49):297-316; 1981.10 El episodio en cuestin est en el captulo VIII, del Libro Primero de Persiles... pp. 1546-1547.11 En consulta con la doctora Lzara Menndez, especialista en sincretismo religioso, me fueron corroborados los criterios que aqu expongo.12 Acosta, L. Msica y pica en la novelstica de Alejo Carpentier. La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1981. cap.2, pp. 40-45.13 Alegra, Fernando. Alejo Carpentier: realismo mgico. En: Homenaje a Alejo Carpentier: variaciones interpretativas en torno a su obra. New York : Las Americas Publishing, [c.1970]. p. 45.14 Op. cit (1). p. 54.15 dem .16 Avalle Arce, Juan Bautista. Locura e ingenio en Don Quijote. En: Historia y crtica de la literatura espaola. Barcelona : Ed. Crtica, Grupo Grijalbo, 1980. p. 45.17 dem.18 Ibdem, p. 185.19 dem .20 Le Riverend, Julio. Acerca de la conciencia histrica en la obra de Alejo Carpentier. Imn (La Habana) 3(3):[39]-55; 1986.

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37 ¡Mackandal sauv!...y apaguen la sala 1Aurelio Horta MesaProfesor del Instituto Superior de ArteEn las rutas simblicas que traza toda cultura, en la acumulacin de sus prcticas sociales, imaginarios, tradiciones, reverberancias mitolgicas y premoniciones, asaltan momentos donde la erudicin y el decurso histrico estallan dentro de sus estancos epistemolgicos. Es la hora de una nueva representacin propia del sentido y espritu de una conciencia esttica en bsqueda de su cabalidad metafrica, que en lo real maravilloso americano distingue un tiempo/espacio de excepcin en la heredad cannica occidental del siglo XX, prueba de su aura fundacional. Despus de veinte aos de intensa actividad socioartstica, donde Alejo Carpentier reconoce los impulsos y tendencias en las cuales quedan inscriptas las atracciones y repulsiones del arte y la literatura de la gran vanguardia percibe asimismo el desorden afectivo que la construccin de la modernidad genera en su mundo latinoamericano, ms an en los espacios urbanos, ahora de reciente incorporacin a una tentativa de desarrollo social. Hasta entonces, el imaginario artstico haba privilegiado aquellos otros espacios suburbanos o rurales, en los que se centraba una nica Idea sobre este Otro Mundo de congregaciones humanas, atmsferas y relaciones temporales a todas luces incomparables, al punto de estimular una categora de rango/distancia en el pensamiento filosfico contemporneo de trascendencia para la cultura: la alteridad. La “Creacin de Formas de nuestra naturaleza –con todas sus metamorfosis y simbiosis–”2 como seala el prlogo-declaracin a El reino de este mundo (1949), se orienta en direccin opuesta –no contraria– a la de voces vanguardistas, hasta cierto punto siempre fisgoneadas hacia el espectculo europeo. Si este buscaba en un tiempo nuevo la recuperacin de una lejana autenticidad, de ah las irreverencias de sus asociaciones imaginales; en la potica carpenteriana, se trata de alcanzar esa autenticidad a travs de un planteamiento civilizatorio, donde la llamada de atencin sobre una suficiencia productiva e intelectiva del hombre latinoamericano pretende demostrar el triunfo de su escala moderna. Por esa razn, el cosmopolitismo que aflora de estas rupturas e innovaciones en el campo de la cultura artstica, disean “una estructura de emocin”3 que en el caso de Amrica debi filtrarse a travs de sus cuerpos ms frgiles, riesgosos y desconocidos, porque, ubicados en el subsuelo social, desencadenan la crisis y la gloria del hallazgo de una decisiva autenticidad, revelada por la energa espiritual, fsica y cromtica que el contraste de los cuerpos y almas negras descubren en su apasionante hibridacin con el entretejido cobrizo/blanco-sucio que predisponen la sensibilidad, instinto, humor y temple de la cultura latinoamericana.

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38Lo real maravilloso americano del que tanto hemos conocido y del que tanto nos falta por descubrir, viene desenmascarando desde su lectura total, es decir, aquella que considera el corpus completo de su dialctica torico-creadora, cmo el imaginario fundador de su texto constituye ms un acto de emancipacin cultural que una alternativa ventajosa a la desordenada metfora y al carcter regional de la literatura latinoamericana de a mediados de siglo. Su repercusin y vigencia en las redes de los discursos filosficos, antropolgicos, estticos, y artsticos del pensamiento cultural contemporneo, que mucho deben a la esencialidad latinoamericana en su pauta de postmodernidad, traza con su enunciacin simblica una paradoja que ha derivado mltiples entradas y desaciertos en su estudio desde una perspectiva culturolgica. Aquella que reafirma la no desviacin del carcter asimtrico de su produccin, siendo simtrico en la polifona universal de su escritura. Esto se explica en un primer momento, por la misma contradiccin gentica que trasunta el epos y el ethos de lo real maravilloso entre Amrica y Europa, frente a la dinmica competitiva de un juicio crtico hegemnico o tradicional, desconocedor de la regencia de gusto o distincin que en la creacin establece el grupo y la tendencia esttica dominante. Es conocido que los movimientos artsticos que presumen adscribirse a un particular programa esttico, quiebran o abandonan su fe colectiva de asociados, cuando sobresale el talento diferenciador de una personalidad artstica, que irremediablemente no acepta la poca o insuficiente contemplacin de su obra dentro de la supuesta exclusividad que la ideologa constitutiva del canon predispone. El envs de este asunto en lo real maravilloso americano es el que establece una simetra cultural, no siempre avizorada por la insistencia de evaluar su artisticidad desde o en atencin con su natural filiacin a la Gran Vanguardia, de la que conserva un esprit de corps –expresin de Gramsci citada por Bloom refirindose a la relacin intelectual-ideologa dominante–4 que su autnoma voz canoniza en el asentamiento de una poeisis inaugurada desde su propia historia subalterna en colisin. Circunstancias y eventos que desentraan un acontecimiento-mito, enunciador del sentimiento comn de esa inteligencia y estructura silenciosa que slo el arte puede explicitar sobre los conflictos de la historia, y an mejor, sobre la identidad de los hombres, leimotiv arqueolgico del discurso en lo real maravilloso americano. El reino de este mundo despliega un esquema cognoscitivo de fuerte apariencia teatral, que nace del mismo espacio de ficcionalizacin histrica ubicado en Le Bonnet l’ Evque y La Citadelle de La Ferrirre donde acaso la realidad pretende desaprender su dato histrico, para proclamar a partir de una escritura autoetnogrfica, los fragmentos de una acumulacin de smbolos colectivos. La novela en su maestra narrativa, emprende desde sus inicios a manera de exergum sentenciado adems en la entrada al captulo IV final, una manifiesta predisposicin a la estructura dramtica, que no slo denuncian la presencia de Lope de Vega y Caldern respectivamente, sino que excusan otros varios recursos expresivos, que centran el catico entramado histrico que va

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39de 1757 a 1820 en el recodo insular-perifrico haitiano, como configuracin de un escenario emblemtico donde acontece el primer Grito de Independencia latinoamericano, un primero de enero de 1804. Con estos elementos se complementa una especie de situacin dramtica, donde las condiciones espacio-temporales estn determinadas en el lapso de colonizacin-descolonizacin que comprenden los tres ciclos histricos de la novela (el de los colonos franceses, el del Rey Negro y el de los mulatos republicanos) encarnados por Mackandal, Bouckman, Paulina Bonaparte, Henry Christophe y el raisonneur Ti Noel.5 En El reino ... el pathos pico que provocan los tres dramas exige de una distensin, resuelta en la estructura narrativa por la diferenciacin de los cuadros-escenas que constituyen cada uno de sus captulos, ensamblados por la misma unidad cronolgica histrico-argumental Carpentier invierte el proceso conocido en el teatro como epizacin, intervencin por la cual la estructura dramtica es asaltada por resortes picos que coartan la tensin desubicando la ilusin teatral, procesos anunciados y reconocidos en Shakespeare y Goethe.6 Para el novelista Carpentier, queda claro que el argumento germinal de su teora una vez proclamada, propone una suerte de epifana para la autonoma de la palabra latinoamericana, y ms, para la decisiva universalizacin de una epopeya histrica, donde el encantamiento alcanzado por lo real maravilloso, constituir una especie de reconciliacin entre la tradicin elitista de la alta cultura occidental y las huestes de lo que ms tarde se acep tar como el promisorio y desconocido imaginario subalterno latinoamericano, de determinante inclusin en los repertorios de pluralidad discursiva de los Estudios Culturales. La razn carpenteriana de que “el conocimiento de un arte que no es el suyo es sumamente til,”7 ha sido ampliamente valorada, asimismo como ha quedado demostrado el nivel de jerarquizacin que este proceso asume en la cosmovisin y dialctica de lo real maravilloso.8 El dieciochesco americano, por el que transcurre gran parte de la narrativa carpenteriana, representa un espacio de preeminencia para el desenmascaramiento de las claves simblicas del Nuevo Mundo, que tanto sus hombres ilustrados como escarpados inauguran en un convulso proceso de subsistencia y autosuficiencia en la que el mito instaura su prosapia al descifrar una ontologa dbil o intencionalmente rechazada. En las leyes de transferencia escritural de esa existencia, Carpentier seala en el mito una “cristalizacin, en accin de personajes, en una accin determinada, en un psicodrama o una accin dramtica o en una accin novelesca de las apetencias profundas del hombre.”9Cada uno de los relatos ofrece un encuadre orgnico de relaciones entre espacio, movimiento, iluminacin, luces, con un sinnmero de sentidos en la fbula, delineadores de una arquitectura escnica. En “Las cabezas de cera”, primera narracin del captulo inicial, se sucede una clase de imagen-attrezo que salta de la yuxtaposicin de atmsferas aportadas por la peluquera, la carnicera y la quincalla con postales, todas contrastantes en esa galera de retratos

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40que se nos presenta cinematogrficamente a travs de “los rizos de las pelucas, [...] las cabezas de terneros, desolladas, con un tallito de perejil sobre la lengua, [...] los grabados en colores, de una factura ms ligera, en que se vean [...] jvenes libertinos hundiendo la mano en el escote de una camarista”10 En “La poda”, Mackandal aparece como verdadero actor, ya que “Era fama que su voz grave y sorda le consegua todo de las negras. Y que sus artes de narrador, caracterizando los personajes con muecas terribles, imponan el silencio a los hombres...”,11 ms adelante una imagen cinsica presenta al hroe cuando la mano izquierda “se haba ido con las caas, arrastrando el brazo hasta el hombro”,12 acaso triunfo de un imaginario cuyas significaciones metafricas decidirn posteriormente en un ideal esttico, asimilado por la novela epigonal latinoamericana, no sin traslucir la difcil tarea de emular una escritura de tan alta conjuncin de procederes de la creacin artstica, a manera de “teatro total”.13El clsico motivo del envenenamiento y su impecable trayectoria en la literatura cannica occidental, introduce aqu el contrapunto entre la “alta” y “baja” cultura, uno de los rdenes presentes en lo real maravilloso americano, pero ahora invertido al situar este ltimo estrato de la cultura popular desde los conflictivos marcos de un sincretismo religioso, propiciador adems de un desplazamiento de manifestaciones folklricas, representadas por el vod, religin africana de origen dahomeyano procedente de la cultura Egwe-Fon (arar). Para el Caribe en especial, estos elementos son connotativos del carcter sensoperceptivo, histricocultural, que deciden una manera de ser imperativamente determinada por el folklore y de ganancia para la “vivencia teatral”, donde la interpretacin del acontecimiento social ocasiona un necesario intercambio entre actor y espectador. La casual equivocacin de los animales, segn Ti Noel, de tomar “por sabrosas briznas ciertos retoos que les emponzoaban la sangre”,14 reafirma en la accin del texto-escena el triunfo de una humanidad marginada, a veces desde sus convicciones mtico-mgicas, otras desde sus atronadoras prcticas, pero siempre a favor de una fuerza espiritual que da fe a la literatura porque existiendo, prueba su confidencia en la realidad, nica experiencia que puede dar vida al teatro, y que Ti Noel parece constantemente intuir: “Ahora, los Grandes Loas favorecan las armas negras. Ganaban batallas quienes tuvieran dioses guerreros que invocar. Ogn Badagr

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41guiaba las cargas al alma blanca contra las ltimas trincheras de la Diosa Razn”.15Al igual que su amigo Michel Leiris con la aventura investigativa que produjo el estudio etnogrfico de L’Afrique Fantme (1934), al que propone como dato curioso un esbozo de novela, Carpentier con El reino... se adelanta a ese texto hbrido contemporneo que encara al unsono la antropologa, la literatura, el arte y otras disciplinas sociales, sincronizando desplazamientos y transferencias de identidades en un siglo que ms tarde hablar de culturas globales. Una va de fusin excepcional de estos discursos es la que ofrece la teatralizacin por su posibilidad de visualizar escenarios y actores con una marcada intencin dramtica y pica alrededor de un conflicto,16 a lo que adiciona Clifford sobre el particular, cmo Leiris antes de partir para frica, “haba quedado impresionado por la historia de aventuras de William Seabrook sobre el vod haitiano, en The Magic Island (traducida al francs en 1929)”.17Claro que en la novela carpenteriana, la teatralidad de los sucesos se debe a una interrelacin de personajes y acciones propios de la prctica teatral por un lado, y al contraste de los hroes-tipos que aporta la misma historia, confundindose el espacio pico en una filiacin escenogrfica que proviene de la misma trama con el campo propiamente teatral. Si por una parte, la metamorfosis y salvacin aclamada de Mackandal, el sacrificio de los toros en la construccin de La Citadelle, la llamada de los caracoles, la muerte de Henry Christophe concretan momentos desde la realidad postulada de una alta sugestin y espectacularidad, la ficcionalizacin descubierta en un teatro de drama y pera en la calle Vandreuil, del Tvoli de guano en Santiago de Cuba, de la Mademoiselle Floridor y la cantante vestida con traje de Dido, ms el msico alsaciano Lafont, actor amante de Paulina, y las orquestas de cmara de Sans Souci, junto a Atenais pianista y Amatista cantante, testimonian una sntesis privilegiada de asociaciones socioculturales que evidencian la complejidad ideolgica de una alegora de la transculturacin subalterna caribea. En este sentido, el rito y la figuracinpersonaje, constituyen la verdadera apoteosis de la emocin, por esa manera de volcanizar la imagen artstica en la controversia de sentidos que logran los actos ceremoniales o de conjuro, junto a los vestuarios-disfraces con su infinitud de relaciones difciles de aprehender, por ese montaje de rostros y voces reveladores de un anacrnico mosaico humano, que desde sus diferencias comunes admiten como propios la conveniencia del xtasis y el desafo triunfante de un contradictorio espritu, el del barroco. En “De profundis,” uno de los relatos ms retadores en la recepcin literaria, la narracin pica desencadena un sistema de imgenes slo apreciable en la gestualidad y visualidad escnicas: “A la sombra de las cruces de plata que iban y venan por los caminos, el veneno verde, el veneno amarillo, o el veneno que no tea el agua, segua reptando, bajando por las chimeneas de las cocinas, colndose por las hendijas de las puertas cerradas, como una incontenible enredadera que buscara las sombras para hacer de los cuerpos sombras”.18 Lo in-

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42descriptible trastocado en la accin ascendente de distintos dramas dado el impacto de una desconocida realidad, asume en la novela prtico de lo real maravilloso americano, un desafo a las recurrencias mimticas para exaltar un imaginario de incontenible expresividad, maravilloso ahora desde su significacin de incontenible crnica. Una manera categrica, irreemplazable de admitir el suceso en su dinmica representativa, se debe a la suspicacia de transmisin que en el teatro alcanza el carcter particular del personaje con sus lgicas relaciones exteriores que lo ubican y aseguran en la accin. Este determinante papel es funcin del vestuario, elemento codificador de la temporalidad, sensibilidad y jerarqua del ser protagnico, que al desempearse casi siempre fuera de “contextos” y “tiempos”, suele aparentar como lo son, puros disfraces, que se podran ilustrar con una amplia galera, quizs suficiente con esta escena de Sans Souci en la que Ti Noel sacado de su conversacin con las hormigas, es atronado por ruidos desconocidos que descubre al volver la cabeza y percibir que “Hacia l venan, a todo trote, varios jinetes de uniformes resplandecientes, con dormanes azules cubiertos de agujetas y paramentos, cuello de pasamanera, entorchados de mucho fleco, pantalones de gamuza galonada, chacs con penacho de plumas celeste y botas a lo hsar.”19Otra manera de reconocer la funcin del vestuario en la integralidad de la representacin, se debe a la coherencia que el desnudo logra en el cifrado de la imagen artstica a travs de la Paulina desnuda como la Galatea de los griegos o la mujer sentida como una Venus de Cnova, donde la realizacin histrica con el cuerpo parece en este caso no estar despojado de ropas. Se trata de personajes anti-retricos que representan seres maduros, contradictorios, de dolores inmensos, de xtasis profundos y plenos de fe, hombres de huracanadas conmociones, donde los gestos resuelven actitudes casi iconogrficas, hombres de turbaciones y mundos barrocos hijos de la criollez, hombres con “una nueva manera de sentir y de pensar, humanista, latinista, espritu universal”, propio de la epopeya que le correspondi escribir. Epopeya investigada, estudiada, anticipada por Carpentier desde su primera etapa parisina, aquella donde el taller surrealista o las emergencias de programacin de la Poste Parisien le permitieron ser activo protagonista de producciones como La grande complainte de Fantmas, de Robert Desnos, dirigida por Antonin Artaud, a quien escuch sus acertos e interrogaciones sobre su teora del teatro de la crueldad. poca esta que le trajo la amistad y suerte de componer para el gran director y actor Jean Louis Barrault, la msica de la puesta en escena de la Numancia de Cervantes en 1938 y de quien mucho estim su oficio y facultades intelectuales, presentes acaso en el subtexto del drama de El reino..., si nos confiamos en algunos de los juicios enviados por Barrault a Carpentier como este de que “el teatro es cosa de sensacin, no de pensamiento [se hace necesario para ello] no perder, en el camino de lo intelectual, lo que la vida nos ha dado por alimento. En materia de teatro, lo que cuenta es la sangre del hombre”.20Y esa ha sido una

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43testificacin de las jor nadas haitianas de Carpentier encabezadas en primer orden por Louis Jouvet,21 a quien junto a Leiris, Artaud y Barrault invitamos para el apagn de la sala. ¡Mackandal, est salvado! NOTAS1 Conferencia impartida el 4 de noviembre de 1999 en la Fundacin Alejo Carpentier, en ocasin del curso de postgrado “Aproximaciones a Alejo Carpentier. 50 aniversario de El reino de este mundo”.2 Carpentier, Alejo. Prlogo a El reino de este mundo. En su: Dos novelas: El reino de este mundo. El acoso La Habana : Editorial Arte y Literatura. 1976. p. 10.3 A la muy atinada definicin de Raymond Williams en The Country and the City ( 1973): “estructura de sentimiento”, citada por James Clifford en: Dilemas de la cultura Barcelona : Editorial Gedisa, S.A., 1995, he credo conveniente sustituir “sentimiento” por “emocin”, tomando en cuenta que Clifford se basaba en su serio anlisis sobre la fuga y desarraigo de autenticidad en la modernidad, de la repercusin de este fenmeno en la cultura de un primer mundo. Este mismo anlisis desde la plataforma latinoamericana, donde an no se han alcanzado en muchos estratos sociales una prctica moderna, la preceptiva carpenteriana representa una cruzada de poca –en muchos rdenes, de avanzada– al significar una resoluta aspiracin de esperanza y optimismo en el desciframiento de una verdad esttica que desde su autenticidad no descuida su ser dialgico, diramos hoy intercultural, que dota a su discurso de una sea particular de emocin.4 Bloom, Harold El canon occidental Barcelona : Editorial Anagrama. 1997. pp. 25-54.5 Segn Patrice Pavis en: Diccionario del Teatro La Habana : Edicin Revolucionaria, 1988. t. 2, p.395, el raisonneur (o razonador), es un personaje que representa la moral o el razonamiento correcto, encargado de dar a conocer a travs de su comentario, una visin “objetiva” o la que el “autor” tiene de la situacin. Nunca es uno de los protagonistas de la obra, sino una figura marginal y neutra que da su opinin autorizada e intenta una sntesis o una reconciliacin de diferentes puntos de vista.6 Para extender la comprensin de este proceso escritural vase: “Epizacin del teatro”, en: Op. cit. (5). t. 1, p. 170.7 Carpentier, Alejo: Del mito, de la magia, de la fantasa, habla Alejo Carpentier. En su: Entrevistas. Compilacin, seleccin, prlogo y notas de Virgilio Lpez Lemus. Ciudad de La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1985. p. 197.8 Justamente, este tema constituye un inters de investigacin de quien escribe. Al respecto, aparte de otras publicaciones peridicas podr consultarse: Horta, Aurelio. Teln de fondo: Pretextos artsticos carpenterianos [En proceso editorial por Letras Cubanas. Instituto Cubano del Libro. Ciudad de La Habana].9 Op. cit. (7). p. 197.10 Op. cit (2). pp. 19-21.11 Ibdem p. 25.12 Ibdem p. 26.13 En la ya referida semiologa esttica de Pavis a manera de diccionario, el teatrlogo se refiere al “teatro total” (tomo 2, pp. 492495) y ejemplifica cmo “es sobre todo a partir de Wagner y su Gesamtkunstwerk cuando esta esttica adquiere su forma en la realidad y en la dimensin imaginaria del teatro”. Prosigue explicando cmo “Artaud no hace sino sistematizar esta concepcin semirrealista, semifantstica: Lo que deseamos es romper con el teatro considerado como un gnero distinto y actualizar la vieja idea, en el fondo nunca realizada, del espectculo integral Sin que, bien entendido, el teatro se confunda en ningn momento con la msica, la pantomima o el baile, y en particular con la literatura”. Vale traer a juicio la importancia que para Carpentier adquiere la revolucin artstica wagneriana, detonante entre otras muchas consideraciones de la importancia del mito en la trascendencia de la obra latinoamericana, de sus imbricaciones y desacatos artsticos; as como la articulacin que se desprende de los razonamientos de Antonin Artaud, quien fuera parte cercana del

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44contertulio anticipador de lo real maravilloso americano.14 Op. cit. (2). p. 33.15 Ibdem, p. 87.16 Op. cit. (3). pp. 203-213. Clifford alude a cmo “El bosquejo de la novela de Leiris incluye la laboriosa documentation de una historia de vida, el lie de cualquier versin singular, y el juego mutuo de personaje, escritor y audiencia en su mise en scne. Una concepcin teatral del tema aparece ms tarde en la evocacin acadmica de su investigacin sobre el zr, su ambiguo y pertubador juego de roles: La possesion et ses aspects thtraux chez les Ethiopiens de Gondar (1958)”.17 Ibdem p. 208.18 Op. cit. (2). p. 36. La magnificencia espontnea e ingenua de esta metfora, nos atrae a aquella otra de “la lluvia de flores” en Los pasos perdidos y que reaparece en el Macondo de Cien aos de soledad .19 Ibdem, pp. 97-98.20 Carpentier, Alejo: Una carta de Barrault. En su: Letra y Solfa. Teatro. 4 La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1994. p. 75.21 Actor y director francs quien en su paso por La Habana en 1943 con destino a Hait, donde se presentara con su compaa, invit a su amigo Carpentier a la temporada teatral, ocasin que desencadena la revolucin potica de lo real maravilloso. Jouvet, es de suponer, tambin llevara consigo, si no las ideas o parte del manuscrito, uno de los textos ms referenciales acerca de la diccin del actor: El actor desencarnado motivo de no poco inters que se suma a la revelacin conocida de la Ciudad del Cabo.

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45 El espacio haitiano en El reino de este mundo Yolanda WoodProfesora de la Universidad de La HabanaEn esta singular novela, Alejo Carpentier intercepta la historia de Hait a travs de personajes y situaciones que marcaron hitos en el acontecer de la vecina isla compartida. La revolucin y los acontecimientos ligados a ella, forman parte de una exploracin consciente en el entretejido de lo pico, lo mtico y lo histrico en la conciencia haitiana. Unas semanas en Hait fueron suficientes al escritor para que naciera esta novela y con ella un concepto operacional para la hermenutica americana: lo real maravilloso. Hait es el espacio donde se desenvuelve la narracin, y de all el norte legendario y mtico, heroico y trgico. No se detiene el escritor en las descripciones detalladas del medio fsico –construido o natural. El espacio vive en el conflicto intrnseco de la obra. Por eso es interesante observar el modo en que se articula su relacin con la estructura narrativa. En ese sentido la primera parte del relato es fundamental, pues en ella el escritor define una trayectoria de entrada al texto desde la periferia hasta el interior, desde el borde hasta le pays de ddans. Carpentier recorre el camino de los descubrimientos. La Ciudad del Cabo es el espacio inaugural del texto narrativo. Con sus mltiples nombres a travs del tiempo, la referencia al Cabo Francs –su nombre primitivo era Bas du Cap– indica el perodo histrico de la colonizacin francesa. La ciudad haba sido fundada en 1670, pero en 1711 por decreto oficial adquiri la condicin de villa colonial. Fue despus del incendio de 1734 que se reorganiz segn el proyecto de Charlevoix realizado en 1720. El Cabo fue desde entonces, segn el investigador Daniel Eli, “la villa colonial por excelencia” de Hait.1Como centro comercial, la ciudad prosper intensamente por las plantaciones de caf y azcar asociadas a un excelente puerto que por su favorable ubicacin instaur contactos intensos con Europa y el sur de los Estados Unidos. All precisamente inicia su relato Alejo Carpentier. En la zona portuaria –enclave econmico de emisin y recepcin– Lenormand de Mezy, acompaado de su esclavo Ti Noel ha venido a elegir uno de “los veinte garaones trados al Cabo Francs por el capitn del barco ... Sobre una bestia importada inicia el narrador su recorrido desde la zona lmite de la frontera comercial hacia el interior, desde la ciudad al campo, del espacio urbano al rural: “Monsieur Lenormand de Mezy y su esclavo salieron de la ciudad por el camino que segua la orilla del mar” “La poda” es un ttulo lleno de irona para referir la trituracin del brazo de

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46Mackandal en el trapiche azucarero. El relato se sita en la hacienda. El negro amputado, intil para los trabajos del ingenio, hace penetrar al lector al espacio fsico natural, all donde las “sensitivas se doblaban al mero sonido de la voz humana” Paso a paso la narracin se ha internado en el lindero del valle y en las faldas de los montes. La desaparicin de Mackandal y el mensaje de “la vieja de la montaa”, conducen a Ti Noel hasta “una caverna de entrada angosta, llena de estalagmitas, que descenda hasta una oquedad ms honda, tapizada de murcilagos colgados de sus patas” De la mano del escritor hemos llegado al espacio oculto de los misterios, all donde Mackandal prepara sus brebajes mortales. Despus se inicia un trayecto a la inversa: el veneno de Mackandal salido de lo profundo de la tierra: “se arrastraba por la Llanura del Norte, invadiendo los potreros y los establos [...] Pronto se supo [...] que el veneno haba entrado en las casas” Desde la hacienda a la ciudad fueron llevados los negros a presenciar la quema en la hoguera del negro rebelde. Carpentier describe cmo se ennegreci la Plaza Mayor del Cabo con los hombres de las plantaciones. Y la primera parte termina con el regreso de los esclavos “riendo por todo el camino por la seguridad que tenan de que el manco se quedaba en “el reino de este mundo” En esta primera parte, Alejo Carpentier ha elaborado a modo de presentacin la topografa simblica de su espacio narrativo: puerto-ciudad-hacienda-vallemontaa-caverna. Un trayecto cinematogrfico por el efecto de zoom in empleado: de la dimensin urbana de contacto y transaccin (amplia y abierta) a la dimensin natural de encerramiento y proteccin (oscura y cavernaria). Desde all –“De profundis”– comenz el movimiento a la inversa ( zoom back ). Del fondo de la tierra emerge el veneno de Mackandal que inaugura un trayecto trgico : caverna-montaa-valle-hacienda-ciudad y que concluir en el poste de torturas de la Plaza Mayor del Cabo. El regreso al interior se realiza bajo el efecto de una profeca. Este trayecto, retorno verdadero al pays du ddans, se realiza bajo el signo de la conciencia mtica de una profunda creencia: “¡Mackandal sauv!”. Estos enclaves especiales interactan en diferentes momentos de la narracin y se desplazan por diferentes circunstancias del relato. Ti Noel volver al Cabo a buscar unos arreos de ceremonia encargados a Pars, la ceremonia de Bois Caimn y el levantamiento de los esclavos redimensionan el espacio natural y rural haitiano. Mientras que el autor ofrece una nueva perspectiva cuando la “revelacin de la Ciudad del Cabo y de la Llanura del Norte, con su fondo de montaas difuminadas por el vaho de los plantos de caa de azcar encant a Paulina [Bonaparte]” En la tercera parte de la novela la tensin espacial centrpeta aumenta. El trayecto se desarrolla, igualmente, del borde al interior. Desde su llegada al puerto Ti Noel se sorprende y se confunde. Las advertencias de los caminos le daban la alegra de saber que estaba en “la tierra de los Grandes Pactos” pero la escala mo-

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47numental de las inslitas construcciones de Sans Souci y la Citadelle de La Ferrire lo impactan profundamente. El espacio histrico construido por el Emperador que cambi el nombre de la Ciudad del Cabo francs por el de Cabo Henry, me refiero al cocinero devenido Emperador por obra y gracia de lo real maravilloso americano, a Henry I, creaba en el negro recin llegado una rara visin. El espacio construido se revela en tres dimensiones que en el contexto haitiano indican un proceso de elevacin en tres planos: costa-meseta-montaa La Ciudad del Cabo, con su frente martimo en el plano costero, es recurrente en la novela y se revela en ella con toda la prosperidad que haba alcanzado durante el siglo XVIII, cuando sus vecinos la llamaban el “Pars de Saint Domingue”. “Casi todas las casas eran de dos pisos con balcones de anchos alares en vuelta de esquina y altas puertas de medio punto, ornadas de finos alamudes o pernios trebolados”. La villa, como otras de Hait, tiene la peculiaridad de encerrarse en un entorno natural de mar y de altas montaas. (Recurdese que el pas est formado por tres cuartas partes de montaas y una cuarta parte de llanuras costeras). Si bien diversas razones determinaron que el crecimiento urbano se viera detenido, su riqueza original dej “una huella que forma todava el conjunto arquitectnico ms autntico y ms lindo de nuestro pas”, afirma el investigador Didier Dominique en su trabajo Cap Haitien 1978 Podra aadirse a esta observacin la particularidad del conjunto arquitectnico en relacin con otras ciudades haitianas y muy especialmente con Puerto Prncipe. En su momento de mayor esplendor la ciudad lleg a tener 20 000 habitantes de los cuales 5 000 eran blancos, 3 000 libertos y 12 000 esclavos (segn datos ofrecidos por el propio autor). La villa se erigi sobre un plano en damero, lo que le ofrece una gran regularidad a la estructura urbana. La arquitectura histrica contribuye fuertemente a realzar la coherencia ambiental del conjunto por la reiterada coexistencia de viviendas biplantas con amplios vanos y balcones. La planta alta generalmente se empleaba como residencia, y el piso inferior, con amplias puertas, permita el uso de los salones para diferentes funciones comerciales y sociales. Lamentablemente esta visin de conjunto armnico de la Ciudad del Cabo ha llegado hasta nuestros das fracturada por los acontecimientos sociales que afectaron su desenvolvimiento econmico durante las luchas antiesclavistas, por la crisis econmica que sobrevino a la independencia y por el terremoto que azot la ciudad en 1842. No obstante puede el visitante hoy comprobar el alto valor patrimonial de esta ciudad dado fundamentalmente por la arquitectura, testimonio histrico de las riquezas que acumul. El escritor privilegia en la imagen del espacio haitiano la ciudad de Milot y en ella aquellas construcciones que dejaron maravillado a Ti Noel: Sans Souci y la Citadelle de La Ferrire. El palacio del Emperador Henry I se ubic a veinte kilmetros de la Ciudad del Cabo, al pie del camino de acceso a la alta montaa de La Ferrire coronada por la Citadelle,

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48situada a 900 metros de altura sobre el nivel del mar, monumento desafiante por su escala y dimensiones. Verdadera hazaa constructiva que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad. Ambas construcciones se encuentran integradas al conjunto defensivo militar desarrollado por Henry Christophe en el norte haitiano con el propsito de defender la revolucin de cualquier posible ataque exterior. Si se compara este sistema con el que realizaron los franceses durante la colonizacin, podr apreciarse una diferencia fundamental: este ltimo tiene un carcter eminentemente costeromartimo, mientras el concebido por Christophe, tomaba en cuenta un cambio de estrategia que se orientaba desde adentro hacia afuera. La meseta rodeada de montaas sera un refugio natural para preparar la resistencia masiva y expulsar a los invasores en una avanzada proyectada desde el corazn mismo del pas hacia la costa. Las altas montaas quedaran fortificadas como puntos de mxima visibilidad y proteccin defensiva. Sans Souci es un gran conjunto arquitectnico que reuna en torno al palacio real las funciones administrativas y de gobierno. El palacio, inaugurado en 1813, dominaba el conjunto con su escalera monumental de doble entrada y fuente al centro. La capilla realzaba el conjunto con su cpula de veinte metros de dimetro. Los jardines y cascadas artificiales completaban el panorama. La Citadelle, como su nombre lo indica, es mucho ms que un castillo o fortaleza en su sentido tradicional. Deba cumplir la funcin de concentrar la poblacin para la subsistencia colectiva y la resistencia militar. Distribuidos por los diferentes flancos, el conjunto estaba protegido por 142 caones de grueso calibre con un peso aproximado de tres toneladas. Todava es posible observar muchas de estas piezas colocadas sobre sus zcalos originales de madera y todos sus sistemas de funcionamiento intactos. El impresionante monumento est protegido por un velo de misterio que lo hace ms inslito a los ojos del investigador. Nada se conoce de sus ingenieros ni diseadores. Algunas referencias parecen conducir a Jean Etienne Barr, a quien se dice que Christophe confi la concep-

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49cin del proyecto, pero hasta hoy nada se ha podido confirmar al respecto. El baluarte en forma de proa de navo es sin duda uno de los ngulos visuales ms impresionantes por su verticalidad, su altura y su maciza solidez, conocida como la batera de Coidavid o La Tour de L’peron, se integra al conjunto por una rotonda que atraviesa las nubes para crear una sugestiva atmsfera interior. Estos tres niveles de espacios construidos quedan simblicamente rematados en “la cima del Gorro del Obispo” por este monumento insospechado en el cual con toda certeza puede afirmarse hoy, a partir de las pruebas de laboratorio realizadas, que la argamasa de su constitucin fue mezclada con sangre de procedencia imprecisa, pero sangre al fin con la que obtena la expresin simblica y mtica de una cultura de resistencia. El reino de este mundo es una obra de intensos desplazamientos y trayectorias dentro del norte haitiano que le sirve de escenario a la narracin. Por esa razn el espacio de los caminos, los trillos y los senderos adquiere una importancia fundamental. En ese ir y venir se va tejiendo la intensa actividad que caracteriza la dinmica interna del relato. Pero los caminos en Hait son portadores de raros sortilegios y sus puntos de unin estaban protegidos por el loa mayor, Legba, dueo de las encrucijadas como signos de una profunda fe en los poderes sobrenaturales de todo lo natural. “El suelo se haba llenado de advertencias: Tres piedras en semicrculo, un tronco erizado de agujas negras se vea rodeado de ofrendas. Las cruces de camino ... ”. Los caminos en Hait estn cargados de una profunda energa. A lo largo del texto, frica se revela como el espacio de la conciencia ancestral y de la memoria histrica, un espacio –otro de la nostalgia y el recuerdo... Desde la primera parte de la novela se manifiesta como el espacio del deseo, y se contrapone simblicamente al aqu –conocido– haitiano, y all –desconocido– europeo. Es en fin el espacio de la utopa en la conciencia de los negros esclavos, el de los grandes imperios de guerras seculares, y de reyes guerreros que fundaban estirpes de hroes, El Gran All es un espacio de sensibilidad mtica donde viven Damballah y Ogn. Los loas reencarnados en la naturaleza prodigiosa haitiana que dotan de fuerza mgica sus caminos y sus encrucijadas, sus rboles y animales, y hasta sus hroes porque “[Ti Noel] saba –y lo saban todos los negros franceses de Santiago de Cuba– que el triunfo de Dessalines se deba a una preparacin tremenda, en la que haban intervenido Loco, Petro, Ogn Ferraille, [...] y todas las divinidades de la plvora y el fuego. .. ” El espacio haitiano en El reino de este mundo es real y metafrico, histrico e imaginario. Su funcin narrativa est orgnicamente integrada al relato para dibujar una cartografa simblica que intercept la epopeya desde la costa hasta la caverna, desde el llano hasta la montaa, desde lo fsico construido hasta lo mtico imaginado. Por los mltiples senderos que Carpentier recorri en Hait, descubri la advertencia mgica de los caminos, y con ellos las marcas de los hombres que, en aquel espacio, hicieron historia.

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50 Traducir Amrica: los cdigos clsicos de Alejo Carpentier Luisa CampuzanoProfesora y vicepresidenta de la Ctedra Carpentier de la Universidad de La HabanaUno de los aspectos ms debatidos por la crtica carpenteriana es el relativo al destinatario implcito de sus novelas y relatos, y a la perspectiva desde la cual el mundo americano es representado en sus obras. As, muchos de sus estudiosos consideran que no slo destina sus textos a lectores del Viejo Mundo, sino que su escritura parte de una visin europea;1 y, entre otras razones, encuentran justificacin a estos juicios en la constante inclusin de citas, alusiones y reminiscencias literarias, artsticas, filosficas e histricas europeas en sus pginas, mientras que la presencia de obras latinoamericanas es mucho menor.2Hace pocos aos Mary Louise Pratt, en un excelente libro sobre viajeros, tras estudiar los textos de Alejandro de Humboldt, en un Postscriptum dedicado exclusivamente a ello, nos propone una lectura de Los pasos perdidos como novela de viaje autobiogrfica en la que el autor asume la visin de Amrica codificada por los Cuadros de la naturaleza del alemn, y de paso nos ofrece un resumen actualizado de la cuestin carpenteriana, donde se deslindan, desde la perspectiva parcial de la autora, los principales criterios contrapuestos: [...] Carpentier se considera a s mismo como un sujeto transcultural euroamericano, una encrucijada criolla que refleja imgenes hacia ambas mrgenes del Atlntico con espontaneidad vertiginosa. Para algunos, esta subjetividad transcultural encarna una herencia colonial de autoalienacin; para otros, constituye la esencia de la cultura en las Amricas. Elegir un lado u otro de esta dicotoma determina lecturas muy diferentes [...].3Conocer tcnicas ejemplares para tratar de adquirir una habilidad paralela, y movilizar nuestras energas en traducir Amrica con la mayor intensidad posible: tal habr de ser siempre nuestro credo [...] mientras no dispongamos en Amrica de una tradicin de oficio.4¡Nosotro lo latino! afirmaba un negro cubano desde la tribuna de un meeting poltico, sin pensar hasta qu punto poda estar acertada la idea implcita en este arbitrario concepto de latinidad.5Esos criterios no slo pueden servir de ilustracin a dichos modelos contrapuestos de autorrepresentacin cuya sntesis acabamos de reportar, sino que permiten considerar que desde fecha muy temprana su autor tena conciencia

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51de moverse en el estrecho y peligroso filo de esta dicotoma, lo cual en buena medida motivar sus bsquedas expresivas y su obsesiva tematizacin de las relaciones entre Europa y Amrica.6Pero, adems, el substrato de esa aludida actitud dicotmica y de sus distintas formas de expresin son muy antiguos. Hecha carne y letra, desde los primeros aos de la Conquista, en la obra del Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), y asumida lingsticamente en la mezcla de castellano, nhuatl y voces africanas en villancicos y alguna pieza de teatro de Sor Juana Ins de la Cruz (16511695), se transmutaba en el siglo XIX en proyectos polticos antagnicos, como el que sustentara Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), quien mediante el ideologema “civilizacin y barbarie” estableca una diferencia jerrquica entre Europa y la Amrica Hispana –legitimadora de su programa de extincin de los “brbaros” indgenas o mestizos argentinos y su sustitucin por “civilizados” inmigrantes europeos–; o aquel con que le respondiera Jos Mart (1853-1895) en Nuestra Amrica donde tras afirmar: “No hay batalla entre la civilizacin y la barbarie”, propona una frmula que privilegiara lo americano sin subestimar lo europeo: “injrtese en nuestras repblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repblicas”.7 En el siglo XX esta paradjica ubicacin intermedia del latinoamericano producir importantes desarrollos en la reflexin cultural y la crtica literaria; y ya no slo en el mbito hispano del Continente. Tanto en el “arielismo” de Rod (1900), la “raza csmica” de Vasconcelos (1925), la “antropofagia” brasilea (1928), y lo “real maravilloso” (1949) o el “barroco americano” (1964, 1975) de Carpentier –para emplear unos pocos ejemplos–; como en teoras como la de la transculturacin, de Fernando Ortiz (1940) –emitida desde la antropologa, relacionada con el espacio afrocubano, y despus adaptada a la literatura por ngel Rama (1982)–, la de la heterogeneidad cultural, de Antonio Cornejo Polar (1977-1994) y la de las literaturas alternativas, de Martin Lienhard (1989) –ambas construidas a partir de la alteridad indgena–, la de las culturas hbridas, de Nstor Garca Canclini (1990) –que abre espacio a las nuevas condiciones impuestas por la globalizacin–, y, por ltimo, la propuesta por los estudios poscoloniales, adoptados ms recientemente en el Caribe anglfono y francfono, se evidencia a lo largo de este siglo la variedad de paradigmas con que las distintas literaturas y culturas del Continente se piensan y se definen a s mismas, siempre en bsqueda de lo que pueda explicar y legitimar una otredad que vara mucho aun dentro de un propio pas. Es, pues, en este doble contexto: el relativo al presunto europesmo carpenteriano, y a las distintas reflexiones y elaboraciones tericas latinoamericanas en torno a la identidad cultural del Continente, que pretendo recorrer en hbito de “lectora impura” –ese confortable albornoz crtico sacado del clset por Boitani–8 y como “intrprete de interpretaciones” –ese modesto estatuto operacional recordado por Steiner–,9 cinco novelas de Carpentier: Los pasos perdidos El acoso El siglo de las luces El recurso del mtodo y Concierto barroco

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52con la intencin de anotar a ttulo de inventario los intertextos clsicos y las referencias a autores, artistas, obras de arte, hechos histricos, hroes, dioses y mitos de la antigedad grecolatina que en ellas se encuentran, con el fin de documentar cmo se produce un evidente desplazamiento desde la que parece haber sido su asuncin ms plena de los cdigos clsicos, hasta su desacralizacin a travs de la crtica demoledora de las manipulaciones de las cuales fue objeto, precisamente en Europa, el ms elevado, marmreo y cannico smbolo de la cultura europea. Creo que con ello, a ms de ponderar en qu medida el cdigo clsico o algunos de sus registros contribuyeron a la “traduccin” carpenteriana de Amrica, qu grado de dependencia de una perspectiva europea ellos testimonian, y hasta qu punto su empleo muestra la existencia de un inocente destinatario exclusivamente europeo, tambin hago un modesto aporte al estudio de lo que Jos Lezama Lima llamara, en 1941, el “misterio del eco” y “las invisibles lluvias y cristales” que tamizan la recepcin de la cultura metropolitana y propician su transmutacin en americana, es decir, de ese complejo y traumtico proceso de acercamientos y rechazos que constituye la construccin de una voz propia en la Amrica Latina; porque como dijera el autor de Paradiso “Una cultura asimilada o desasimilada por otra no es una comodidad, nadie la ha regalado, sino un hecho doloroso, igualmente creador, creado”.10I Publicada en 1953, tras un largo y complejo proceso de creacin y recreacin –fue escrita tres veces a partir de un proyecto interrumpido: La Gran Sabana un libro de viajes por la selva venezolana–,11 Los pasos perdidos es una novela poblada de voces provenientes de todas las culturas: la Biblia el Popol Vuh los Libros de Chilam Balam el Siglo de Oro espaol, cronistas, viajeros, pero que se organiza a travs de tres grandes mitos clsicos. En primer lugar, el mito de Ulises, que configura el largo y azaroso viaje del protagonista-narrador hacia su infancia y, despus, hacia el posible rescate de su ser alienado; viaje que avanza en el espacio mientras retrocede en el tiempo, desplazndose desde la modernidad hasta el “Cuarto Da de la Creacin”,12 y constituyendo el eje diacrnico del texto. Mas este mito tambin se “corporiza” en otros personajes como Rosario, asimilada primero a Nausicaa13 y de quien se dice al final que no es una Penlope;14 y muy particularmente en Yannes –a veces Ulises,15otras, Eumeo–,16 un minero griego que recorre la selva con un ejemplar bilinge de la Odisea proyectando en acciones y ademanes episodios y caracteres del poema, que en mltiples ocasiones es recitado por l, o citado y aludido por el prot agonista. Mezclando costumbres y estilos del Mediterrneo con las adquiridas en su nuevo mbito, Yannes y sus hermanos llegan a ilustrar, con su vida transculturada, todo un sincretismo inherente a la condicin americana que el narrador se encarga de subrayar17 y que Carpentier teorizar ms adelante. 18En segundo lugar, encontramos el mito de Ssifo, aludido en momentos cruciales de la trama por el narrador,19 y que, al subrayar la monotona de una vida vaca y la imposibilidad de todo intento

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53por liberarse de ella, conforma el eje sincrnico del texto, conjuntamente y en contrapunto con el tercer mito, el de Prometeo, el cual expresa el llamado a una lucha y a una liberacin que acaban por resultar inalcanzables. Pero mientras que el mito de Ulises proviene directamente del texto homrico –ostensiblemente presente en la novela y tambin fuera de ella, en sus referentes externos, como veremos ms adelante–, los de Prometeo y Ssifo, expresin de la tensin independencia/ dependencia, dilema del hombre moderno, que arranca con toda ilusin en el Romanticismo para arrojarse a las simas de la angustia en el Existencialismo, se articulan a travs de sus interpretaciones por Shelley y por Camus. En el caso de Shelley, esta hipotextualidad es marcada, y se explicita no slo en el epgrafe que antecede al segundo captulo,20 sino que se tematiza por el protagonista, quien para ganarse la vida, haba abandonado su condicin de compositor cuando preparaba una obra basada en el Prometheus Unbound del poeta ingls,21conflictiva situacin sobre la que vuelve en distintas circunstancias, y que no slo le hace citar con frecuencia la pieza dramtica, sino que lo conduce a intentar retomarla cuando ha decidido recuperar su libertad al final del largo viaje. Pero se ver obligado a abandonarla nuevamente, por no tener el texto en esa aldea recin fundada en el rincn ms alejado del mundo.22De El mito de Ssifo publicado por Camus en 1942, no hay ninguna cita, ninguna alusin, pero es imposible pensar que en una novela que ostenta mltipes y variadsimas referencias al Existencialismo,23 la mera presencia de este nombre no remitiera a ese ensayo. Ello se hace an ms evidente si compartimos la lectura propuesta por Brunel para el Ssifo de Camus como “una posible figura del artista”,24 y se acrecienta si comparamos el Prometheus Unbound de Shelley, con el “Promthe aux Enfers” (1946) de Camus, pues mientras que aquel “expresa una confianza optimista en la trinidad romntica: perfectibilidad del hombre, ciencia y razn”, y su hroe “confa en una humanidad capaz de abrirse camino por s misma hacia el bien y la justicia”,25 este, situado “en el centro del dilema de la civilizacin moderna”,26 est obligado a subordinar el arte a las tcnicas, que es lo que le sucede al protagonista de Los pasos perdidos quien debe regresar a la gran ciudad en bsqueda de los medios tcnicos necesarios, imprescindibles para realizar su obra. Nuevo Orfeo, perder el Edn recuperado al volver la vista atrs.27Mas en una “Nota” aadida a manera de eplogo a su libro, donde el autor identifica las locaciones de la novela y dice que los personajes secundarios apenas “son los [...] que encuentra todo viajero en el gran teatro de la selva”, se expone algo del mayor inters en lo que no creo que haya reparado la crtica: En cuanto a Yannes –dice–, el minero griego que viajaba con el tomo de La Odisea por todo haber, baste decir que el autor no ha modificado su nombre, siquiera. Le falt apuntar, solamente, que junto a La Odisea admiraba sobre todas las cosas La Anbasis de Jenofonte.28

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54Y esta aviesa referencia a la ms famosa de las retiradas, en la ltima lnea de la ltima pgina de este libro hecho de libros ms que cualquier otro libro, nos indica que el fracaso de su protagonista ya estaba “escrito” no en el mito, sino en la historia. En El acoso novela contempornea de Los pasos perdidos publicada en 1956, el tour de force de su estructura musical –una sonata– y del encuadre de su tiempo narrado dentro del tiempo de ejecucin de la sinfona Eroica tan obsesivamente exhibidos por Carpentier en sucesivos epitextos, no impiden percibir todo el pathos composicional de la tragedia, la intensa confrontacin del protagonista con su destino, sino que, por lo contrario, lo enfatizan. El horaciano leitmotiv de la novela: hoc erat in votis seala tanto hacia el mbito universitario, uno de los escenarios del drama –puesto que un edificio de la Universidad de La Habana ostenta esta inscripcin–, como hacia la anank trgica del joven revolucionario convertido en traidor. La Electra que se representa –drama dentro del drama– por el teatro universitario, junto a cuya escena pasa en su huida el protagonista, subraya esta atmsfera de tragedia: Bramaron los altavoces en alterado diapasn de Atridas, y bram el coro una estrofa que detuvo al fugitivo a la orilla de una cuesta yerma, erizada de espinos: “Las imprecaciones se cumplen; vivos estn los muertos acostados bajo tierra; las vctimas de ayer toman en represalia la sangre de sus asesinos ... ” 29II A partir de El siglo de las luces publicada en 1962, hay cambios muy notables en la utilizacin que da Carpentier al mundo clsico, aunque este sigue desempeando funciones muy relevantes y complejas que en esta novela sern mltiples y obligarn a un anlisis ms detenido. As pues, antes de ocuparnos de la presencia y el sentido de la antigedad clsica en El siglo... es necesario apuntar algunos de sus rasgos ms notables, a los que ahora slo voy a esbozar. Para comenzar, debe recordarse que es la primera novela hispanoamericana donde se realiza una lectura de la historia europea desde una perspectiva latinoamericana al tiempo que se redimensiona, universalizndola, la historia de Amrica y, en particular, la del Caribe. Segundo, dicha “lectura desde otra perspectiva” equivale a la “mirada desde abajo” o la “lectura al revs” o, siguiendo la metfora propuesta por Walter Benjamin en sus “Tesis sobre la filosofa de la historia”, al “cepillado a contrapelo” adoptado por los estudios poscoloniales. En el campo de la Historia, ncleo original de estos estudios que hoy se extienden a otros dominios, el objeto privilegiado de estas lecturas al revs lo constituyen las fuentes coloniales a partir de las cuales debe rescribirse la historia de los pueblos colonizados.30No creo haber sido demasiado osada al haber dicho que Carpentier practic en El siglo... una especie de “lectura desde abajo” avant la lettre y que a travs de ella reinsert en la Historia, por el camino de la ficcin, a quienes consider

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55sus verdaderos protagonistas: las gentes sin historia. Y por ltimo, que la ms importante consecuencia de esta lectura al revs del desarrollo de la Revolucin Francesa en el mbito americano es la deconstruccin, la descalificacin de la idea de que la historia latinoamericana es dependiente de la europea. Y esto lo hace Carpentier mediante la reincorporacin estratgica del concepto de cimarronada.31 As, el suizo Sieger, personaje que en ocasiones sirve de vocero al yo-carpenteriano, les dice a los franceses: “Todo lo que hizo la Revolucin Francesa en Amrica fue legalizar una Gran Cimarronada que no cesa desde el siglo XVI. Los negros no los esperaron a ustedes para proclamarse libres un nmero incalculable de veces”.32De acuerdo con todo lo anterior no es de extraar que en El siglo de las luces los referentes clsicos contribuyan a la presentacin de la paradjica accin de la Revolucin Francesa en Amrica, por una parte, subrayando las camalenicas mudanzas de su personaje histrico protagnico: Victor Hugues, antiguo panadero de Marsella, primero convertido en prometedor comerciante de Portau-Prince y, sucesivamente devenido en representante en el Caribe de la Convencin, el Directorio, el Consulado y el Imperio; y, por otra parte, develando –mediante la exhibicin de su ndole caricaturesca, carnavalizada– el carcter de farsa que asume en la retrica revolucionaria la apropiacin de los grandes personajes antiguos, en especial de la repblica romana, de los tiranicidas, de los grandes oradores. Es posible ilustrar, con algunos de los muchos ejemplos que ofrece la novela, el papel que desempea la Antigedad en la emblemtica revolucionaria. An en Pars, dice Martnez Ballesteros a Esteban: “Hoy cualquier mequetrefe se cree hecho de la madera de los Gracos, Catn o Bruto”.33 El narrador, en la nave en que viajan los protagonistas hacia las Antillas, acota: “Discutan los jefes y comisarios, en gran tremolina de sables, galones, bandas y escarapelas, largando tantas palabras gruesas como poda decirlas un francs del Ao II, despus de haber invocado a Temstocles y Lenidas”.34 Esteban, por su parte, testimonia acerca de las modificaciones y de la popularidad que adquieren las tragedias de tema clsico: “en el remozado Britnico de la Comedia Francesa, Agripina era calificada de ‘ciudadana’ ”; 35 y en los textos que deba traducir en Bayona, descubre la impostura de este constante recurrir al mundo antiguo: “[...] la prosa amazacotada de quien invocaba continuamente las sombras de los Tarquinos, de Catn y de Catilina, le pareca algo tan pasado de moda, tan falso, tan fuera de actualidad”.36En lo que respecta a las mscaras clsicas que con tanto placer asume Vctor Hugues, es bueno recordar que cuando an los jvenes protagonistas, que acababan de verlo por primera vez, no saban pronunciar su nombre, ya conocan claramente sus disfraces. Dice el narrador, contando las incidencias de esta primera visita de Vctor: “Monsiur Jiug, evidentemente afecto a la Antigedad, hizo de Mucio Scvola, de Cayo Graco, de Demstenes –un Demstenes prestamente identificado cuando se le vio salir al patio en busca de piedrecitas”.37

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56La parbola vital de Vctor, su carrera “dramtica”, sus juegos de disfraces, terminan, en lo que a la novela se refiere, con el episodio de la peste, de tan compleja urdimbre alusiva, de una intertextualidad y una interdiscursividad tan variadas, que quisiera detenerme brevsimamente en l, aunque slo sea como ejemplo, para enumerar lo que all confluye, desde Los novios de Manzoni, y parte de su tradicin, las fbulas de La Fontaine, el Corn la Biblia himnarios medievales, hasta, por supuesto, las crnicas, relatos, cartas de la campaa de Egipto y, por encima y por detrs, como teln y en todas partes, el gran lienzo de Gros: Bonaparte visitando a los apestados de Jaffa en cuyo colorido, en cuya teatralidad, me parece ver inscrito a Victor Hugues. Y este “personaje” lo es aqu, en este pasaje, ms que en cualquier otra parte de la novela. l mismo lo sabe y dice: En menos de diez aos, creyendo maniobrar mi destino, fui llevado por los dems, por esos que siempre nos hacen y nos deshacen, aunque no los conozcamos siquiera, a mostrarme en tantos escenarios que ya no s cul me toca trabajar. He vestido tantos trajes que ya no s cul me corresponde.38Sofa, al verlo salir de donde el mdico acababa de curar sus ojos con lascas de carne de ternera, fresca y sangrante, le dice cul es el personaje que verdaderamente ha representado, al traicionar los ideales de la Revolucin, de sus primeros jefes, de Robespierre: “Pareces un parricida de tragedia antigua”,39un Edipo, pues, al que ella ya no va a guiar. Mas ese severo tratamiento de las referencias clsicas del que apenas acabamos de ver unos pocos ejemplos, se pone muy de relieve cuando analizamos el empleo de otras referencias clsicas en esta misma novela, pero en contextos ajenos al propiamente revolucionario. As, en los recuerdos de lo que deca el padre muerto, o en los proyectos de viajes o lecturas de los jvenes, antes de la llegada de Vctor, las alusiones a temas y autores grecolatinos no implican ningn tipo de connotacin, son meras referencias histricas, parte del moblaje de la poca. Cuando Esteban logra desligarse de la decepcionante farsa revolucionaria montada por Vctor y sale de Pointe--Pitre, tambin el mundo clsico adquiere otro sentido, sus viejas resonancias de aventuras y de libertad: “Ahora –acota el narrador– se iba hacia el mar, y ms all del mar, hacia el Ocano inmenso de las odiseas y anbasis”.40Cuando llegado a Paramaribo comenta los amores de los grandes seores del lugar con sus esclavas, dice: “Grato papel era para el Amo actuar de Toro y de Cisne y de Lluvia de Oro”,41 con lo que el mito clsico recupera su riqueza fantasiosa, regresa a su linaje, vuelve a ser patrimonio de todos, como piensa Sofa al meditar, acodada en la borda del Arrow en torno al libro de mapas celestes que haba quedado en su biblioteca de La Habana: Por el nombre de las constelaciones remontbase el hombre al lenguaje de sus primeros mitos, permanecindole tan fiel que cuando aparecieron las gentes de Cristo, no hallaron cabida en un cielo totalmente habitado por gentes paganas. Las estrellas haban

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57sido dadas a Andrmeda y Perseo, a Hrcules y Casiopea. Haba ttulos de propiedad suscritos a tenor de abolengo, que eran intransferibles a simples pescadores del Lago Tiberiades...42Pero no slo estarn presentes los autores antiguos en las ocasiones de felicidad, de plenitud. En momentos de angustiosa rememoracin, de penoso recuento, vienen tambin a la memoria, trayendo el sosiego de los dolores remotos. As Esteban, el da de su regreso a La Habana, “comprendiendo que Ulises no se librara, esa noche, de la obligacin de narrar su Odisea, dijo [...] a Sofa: ‘Treme una botella del vino ms corriente, y pon a refrescar otra para luego, porque el relato ser largo’ ”.43 En estas palabras, que son una parfrasis de los primeros versos del libro II de la Eneida que son una parfrasis de otros versos de la rapsodia VII de la Odisea que son un remedo de sabr usted qu otros cantos de viejos aedas, hay todo un poderoso homenaje a una tradicin solemne y al mismo tiempo viva. Y como de una tradicin viva se trata, el mundo antiguo comienza a andar tambin por otros vericuetos que para nosotros resultan del mayor inters. Cuando Og, mdico haitiano doctorado en Pars, pero practicante de una medicina alternativa, es trado por Vctor Hugues para que ponga fin al memorable ataque de asma de Esteban, inicia de inmediato la bsqueda del origen de la crisis y pregunta qu hay detrs de la habitacin donde se encuentra el enfermo: Carlos record que ah exista un angosto traspatio, muy hmedo, lleno de muebles rotos y trastos inservibles, pasillo descubierto, separado de la calle por una estrecha verja cubierta de enredaderas, por el que nadie pasaba desde haca muchos aos. El mdico insisti en ser llevado all. Despus de dar un rodeo por el cuarto de Remigio, que estaba fuera en busca de alguna pcima, abrieron una puerta chirriante, pintada de azul. Lo que pudo verse entonces fue muy sorprendente: sobre dos largos canteros paralelos crecan perejiles y retamas, ortiguillas, sensitivas y hierbas de traza silvestre, en torno a varias matas de reseda, esplendorosamente florecidas. Como expuesto en altar, un busto de Scrates, que Sofa recordaba haber visto alguna vez en el despacho de su padre, cuando nia, estaba colocado en un nicho, rodeado de extraas ofrendas, semejantes a las que ciertas gentes hechiceras usaban en sus ensalmos: jcaras llenas de granos de maz, piedras de azufre, caracoles, limaduras de hierro.44De inmediato se procede a la destruccin de todas esas plantas que hacan dao a Esteban, y cuando llega el sirviente, enfurecido por lo que ha pasado, descubrimos que tambin por este camino se ha producido un raro, un extrao sincretismo: Remigio, el esclavo negro, haba identificado a Scrates con Oggn, el orisha de los bosques y del saber, y como tal lo honraba.45Llegados aqu, podemos concluir parcialmente que si en Los pasos perdidos la presencia del ngel de las maracas,46imagen que encuentra el protagonista en una iglesia de empaque medieval situada

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58en los prdromos de la selva, al ser una transgresin del modelo de concierto de ngeles tradicional, con todos sus instrumentos europeos, puede ser leda como muestra de lo real maravilloso americano –la potica que Carpentier formulara a fines de los 40–, como una evidencia de la yuxtaposicin, simultaneidad y coexistencia de culturas, tiempos y espacios distintos en la Amrica Latina; en la identificacin de Scrates con Oggn que acabamos de ver, me parece asistir a una ilustracin del concepto de transculturacin tal como lo concibiera Fernando Ortiz, amigo y maestro de Carpentier. Por otra parte, podra aadirse que lo que en el primer caso se presenta como una formulacin o una interpretacin mecnica –hemos hablado de yuxtaposicin, coexistencia, simultaneidad– de las relaciones de Europa y Amrica, en el segundo se presenta como una formulacin dinmica y mutuamente fecundante de las relaciones de ambos continentes. Y, por ltimo, en lo que concierne especficamente a nuestro anlisis, puede leerse este pasaje como una especie de contradiscurso etnocultural en relacin con la utilizacin dada al cdigo clsico por el discurso poltico de la Revolucin Francesa, que posteriormente se expandir en toda la novela de acuerdo con la lectura que propusimos al principio: la recuperacin estratgica del concepto de cimarronada. III Arribamos, por ltimo, a un tercer momento de la relacin de Carpentier con el mundo clsico: el de las desacralizadoras lecturas que hacen algunos de sus personajes de los textos literarios que a partir de temas, hroes o motivos de la cultura grecolatina, escribieron autores europeos de distintas pocas y linajes. Se trata de dos ejemplos empleados por el novelista con similares objetivos, pero procedimientos bien distintos: uno de El recurso del mtodo y otro de Concierto barroco textos con los que se abre un nuevo ciclo en su narrativa, donde el humor alcanza una singular dimensin y la textura literaria, siempre densa, ostenta un dialogismo ms evidente, en muchos casos marcadamente polmico o irnicamente pardico. En El recurso... (1974), el personaje protagnico, un dspota ilustrado, gusta de presumir de su cultura, pero los euro peos no le perdonan su rastacuerismo, por lo que decide vengarse de ellos golpendolos donde ms les duele: en sus glorias y en su conocimiento; y as, el da de la inauguracin del Capitolio Nacional, lee ante todo el cuerpo diplomtico largos pasajes de la Plegaria sobre la Acrpolis de Ernest Renan, como si se tratara de un discurso propio. Ante el pompierismo desaforado del texto, embajadores, ministros, consejeros, secretarios y cnsules difcilmente pueden reprimir la risa, y este es el momento que espera el orador para informarles que lo ledo no se deba a su pluma, sino a la de Renan.47En Concierto barroco (1974), noveleta contempornea y en cierta medida complementaria de El recurso del mtodo son muy frecuentes sus referencias y crticas a la utilizacin dada por la msica y la literatura europeas a la cultura de la Antigedad. Pero en el ejemplo en que vamos a detenernos, la burla apunta a un autor muchsimo ms importante

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59que Renan, y se destina fundamentalmente a poner de relieve el tratamiento dado por Vivaldi al tema de la Conquista de Mxico y, en segundo lugar, a reforzar la confrontacin entre Europa y Amrica Latina que, en el campo de los temas artsticos y literarios, se ha venido desarrollando a lo largo del sexto captulo. Con un gracioso juego de espejos el preste Antonio censura en Shakespeare lo mismo que es incapaz de ver en su pera Montezuma Leamos la sinopsis de Titus Andronicus ofrecida por el monje pelirrojo: [...] la hija de un general romano a quien arrancan la lengua y cortan las dos manos despus de violarla, acabando todo con un banquete donde el padre ofendido, manco a seguidas de un hachazo dado por el amante de su mujer, disfrazado de cocinero, hace comer a una Reina de Godos un pastel relleno con la carne de sus dos hijos –sangrados poco antes, como cochinos en vsperas de boda aldeana...48La recepcin, tambin aqu, resulta de gran inters: “¡Qu asco!” –exclam el sajn [Haendel]–. “Y lo peor es que en el pastel se haba usado la carne de las caras –narices, orejas y garganta– como recomiendan los tratados de artes cisorias que se haga con las piezas de fina venatera...” [dijo Vivaldi] –“Y eso comi una Reina de Godos?” –pregunt [el negro] Filomeno, intencionado– “Como me estoy comiendo esta ensaimada” –dijo [el preste] Antonio, mordiendo la que acababa de sacar –una ms– de la cesta de las monjitas. –“¡Y hay quien dice que esas son costumbres de negros!” –pen[s] el negro [...].49Como decamos al comienzo de esta seccin, si bien son similares los objetivos de esos dos largos pasajes de El recurso del mtodo y de Concierto barroco los procedimientos empleados, aunque parecidos en un aspecto sumamente importante: el gran espacio que se concede en ambos a la recepcin de los “textos”, del material literario reportado, sin embargo difieren mucho en los modos de presentacin de este material. En el primer caso, en El recurso... encontramos una larga cita textual sui generis pues no se presenta como tal ni aparece marcada –entrecomillada o en cursiva–, y se utiliza para jugar aviesamente con el horizonte de expectativas de los receptores, lo que se explica dada la gran carga irnica con la cual el autor debe suplir la imposibilidad de identificarse con su personaje protagnico, el dictador ilustrado, quien, sin embargo, en muchas ocasiones fragua y vehicula la burla y la crtica carpenterianas. En Concierto barroco se trata de una sntesis que sobredimensiona aspectos del significado de una obra y pasa por alto todo lo relativo al significante, pues se pretende deconstruir el ideologema de civilizacin y barbarie mediante la confrontacin de las reacciones del compositor veneciano y el negro cubano. Pero lo ms importante es descubrir la estructura profunda, la matriz de estas ideas que para m se relacionan con

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60dos aspectos, uno sincrnico y otro diacrnico, que atrajeron mucho a Carpentier y estuvieron presentes en distintos registros de su quehacer ensaystico. Por una parte, la especial situacin del intelectual latinoamericano en relacin con el europeo, se expresa simplemente en el hecho de que mientras este piensa que slo debe o tiene que conocer su cultura, aquel est obligado a conocer la propia y la europea. Y, por otra parte, y para eso le es muy importante el papel que como punto de referencia y como centro adquiere en sus textos el mundo clsico, el carcter perifrico que en su momento y en relacin con aquel tambin tuvieron las naciones europeas que posteriormente se constituyeron a su vez en puntos de referencia y en centros para la nueva periferia: la Amrica Latina. Deconstruir esta concepcin de falsa dependencia, esta relacin presuntamente esttica de centro y periferia, y rescatar la naturaleza transcultural y heterognea del arte, la literatura y el pensamiento de las nuevas configuraciones socioculturales que son los pueblos emergentes de la Conquista y la Colonizacin de Amrica,50 fue uno de los objetivos de la narrativa y tambin de la ensaystica de Alejo Carpentier, expresado con gran humor y, por supuesto, con mucha irona por su Primer Magistrado de El recurso del mtodo el cual, enfrentado coyunturalmente al racismo pangermnico de comienzos de siglo, descubre que en la latinidad puede encontrar su divisa: Al fin y al cabo, “latinidad” no significa pureza de raza ni limpieza de sangre –como sola decirse en des usados trminos de Santo Oficio. Todas las razas del mundo antiguo se haban malaxado en la prodigiosa cuenca mediterrnea, madre de nuestra cultura. Tremenda cama redonda haba sido aquella, de romano con egipcia, de troyano con cartaginesa, de helena famosa con gente de color quebrado. Varias tetas haba tenido la Loba de Rmulo y Remo [...] para cuanto cholo o zamba se colgara de ellas. Decir Latinidad era decir mestizaje, y todos ramos mestizos en la Amrica Latina; todos tenamos de negros o de indios, de fenicios o de moros, de gaditanos o de celtberos [...] ¡Mestizos ramos y a mucha honra!51 IV Una buena conclusin, bastante carpenteriana, sera marcar aqu un da capo y empezar de nuevo. Porque todo lo que se ha dicho y se ha hecho, podra volverse a decir y a hacer con otros tex tos: con “Semejante a la noche” y El reino de este mundo ; con “Los advertidos”, con El arpa y la sombra y La consagracin de la primavera ... En la Ilada que sirve de tema, lema y ttulo a “Semejante a la noche”, relato donde se juntan soldados de Grecia, de Espaa, de Francia, de los Estados Unidos; en la recepcin por parte de los esclavos haitianos de El reino de este mundo de la Fedra de Mlle. Floridor, que es la de Racine, que es la de Sneca, que fue la de Eurpides; en Deucalin y sus hermanos indios, judos, chinos, egipcios del diluvio universal en “Los advertidos”; en la Medea del trgico latino que anuncia nuestras nuevas tierras; en El arpa y la sombra ; en los himnos de Prudencio de La consagracin de la primavera ;

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61en muchas pginas tan memorables como las que hemos glosado, est la grande, la profunda, la bien vivida cultura clsica de Alejo Carpentier, sabio “traductor” de Amrica. Pero tambin en estos textos, como en los que revisamos antes, se expresa una concepcin mucho ms ecumnica de la cultura, que trasciende la unicidad, el monologismo de un canon eurocentrista y excluyente, y la concibe como botn y patrimonio universales. Por eso tienen en parte razn quienes afirman que en la obra de Carpentier hay ms referencias al resto del mundo que a la Amrica Latina, vasta fraccin de todo un Continente, en la que, casi sin excepcin, se han volcado todos los pueblos del planeta. Por eso tambin en gran medida los destinatarios implcitos de Carpentier son europeos a los que, sin embargo, no se dirige para halagarlos ni complacerlos, sino para interpelarlos, para recordarles su responsabilidad en relacin con el Nuevo Mundo, hechura –o malhechura– del Viejo, y para subrayar la arrogante ignorancia de quienes, como algunos grandes nombres entre los estudiosos de la tradicin clsica, no recogen en sus eruditos, pero muengos trabajos, la esplndida cosecha de la que sigue siendo para muchos nuestra Terra Incognita NOTAS1Alegra, Fernando. Alejo Carpentier: En: Homenaje a Alejo Carpentier Nueva York : Las Americas Publishing, 1970. pp. 36-69. Verdevoye, P. Las novelas de Alejo Carpentier. Revista Iberoamericana (Pittsburg) 48(118119):329; 1982.2 Giovannini, Arno. Entre culturas. Los pasos perdidos de Alejo Carpentier. Berna : Peter Lang, 1991. p. 164.3 Pratt, Mary Louise. Imperial Eyes: Travel Writing and Transculturation. Londres-Nueva York : Routledge, 1992. p 196. La traduccin es ma.4 Carpentier, Alejo. Amrica ante la joven literatura europea. En su: La novela latinoamericana en vsperas de un nuevo siglo y otros ensayos Mxico : Editorial Siglo XXI, 1981. p. 57.5 _______. El momento musical latinoamericano. Unin (Mxico) (2):56; 1991.6 Campuzano, Luisa. Relaciones/revoluciones de Europa y Amrica. En: Amrica/Europa. De encuentros, desencuentros y encubrimientos. Mxico : UAM-I, 1993. pp. 144-151.7 Mart, Jos. Nuestra Amrica. En su: Obras escogidas. La Habana : Editorial de Ciencias Sociales, 1992. t. 2, pp. 482-483.8 Boitani, Piero. The Shadow of Ulises. Figures of a Myth. Nueva York : Oxford University Press, 1994. pp. vii-viii.9 Steiner, George. Antigones Londres : Oxford University Press, 1984. p. 1.10 Lezama Lima, Jos. Julin del Casal. En su: Confluencias La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1988. p. 184.11Gonzlez Echevarra, Roberto. El peregrino en su patria Mxico : UNAM, 1993. pp. 203204, 208.12 Carpentier, Alejo. Los pasos perdidos / ed. de Roberto Gonzlez Echevarra. Madrid : Ctedra, 1985. p. 247.13Ibdem p. 194.14Ibdem p. 328.15 Ibdem p. 251.16 Ibdem, p. 215.17 Ibdem p. 200.18 _______. Razn de ser. La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1984.19 Op. cit (10). pp. 73, 99, 330.20 Ibdem p. 103.

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6221 Ibdem pp. 77, 83.22 Ibdem pp. 276-277.23 Op. cit (9). p. 207.24 Brunel, Pierre. “Prometeu” y “Ssifo”. En: Diccionario de mitos literarios Brasilia-Rio de Janeiro : Editora UnB-Jos Olympio, 1997. pp. 784-793, 840-846.25 Ibdem p. 792.26 dem.27 Morell, Hortensia R. De Los pasos perdidos a La consagracin de la primavera a travs de Orfeo. Hispanic Journal (Estados Unidos) 7(2):106; 1986.28 Op. cit. (10). p. 332.29 Carpentier, Alejo. El acoso. La Habana : Instituto Cubano del Libro, 1969. p. 76.30 Ashcroft, Bill, Gareth Griffiths y Helen Tiffin, ed. The Post-Colonial Studies Reader. Londres y Nueva York : Routledge, 1995.31 Chevigny, Bell G. Historia e imaginacin en “El camino de Santiago”. Imn. Anuario (La Habana) 3:181; 1986.32 Carpentier, Alejo. El siglo de las luces La Habana : Ediciones R, 1963. p. 276.33 Ibdem p. 133.34 Ibdem p. 156.35 Ibdem p.147.36 Ibdem pp. 189-190.37 Ibdem p. 45.38 Ibdem p. 398.39 Ibdem p. 399.40 Ibdem p. 208.41Ibdem p. 287.42Ibdem p. 358.43 Ibdem p. 309.44 Ibdem, p. 54.45 Ibdem p. 55.46 Op. cit (10). pp. 179, 183.47 Carpentier, Alejo. El recurso del mtodo Mxico : Editorial Siglo XXI, 1974. pp. 171174.48 Concierto barroco Mxico : Editorial Siglo XXI, 1974. p. 52.49 dem.50 Ribeiro, Darcy. Las Amricas y la civilizacin. La Habana : Casa de las Amricas, 1992.51 Op. cit. (44). p. 126.

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63 Cuenta Enrique, uno de los protagonistas de La consagracin de la primavera, novela publicada por Alejo Carpentier en 1978, cmo el grupo de jvenes estudiantes para el cual l haba devenido renovado Ulises –al volver a la universidad habanera despus de su experiencia en la Europa de los aos precedentes al estallido de la Segunda Guerra Mundial, en la Guerra Civil Espaola–, se vio forzado a ceder su puesto en el patio universitario “de los laureles” ante los entusiastas esfuerzos de quienes se preparaban para hacer resonar los claustros acadmicos con los versos de una tragedia griega: “Y era maravilla ver a los personajes de Esquilo entre columnas clsicas con fondo de palmeras, bajo un lento vuelo de auras tiosas acaso atradas por los cadveres de la tragedia, rodeados de carpinteros negros que acababan de armar, a sierra y martillo, los elementos complementarios del decorado, mientras sonaban desgarrados lamentos en torno de Polinice insepulto”.1Esta descripcin, en la cual la propuesta carpenteriana sobre lo real maravilloso parece evidente, no hace ms que trasponer al plano literario recuerdos vividos de la etapa en el escritor, recin llegado de Europa, mientras colaboraba en los esfuerzos del tambin recin estrenado Teatro Universitario, encabezado por el director austraco Ludwig Schajowicz, quien se afanaba en el montaje y presentacin de tragedias griegas, entre otras obras del repertorio universal. De esta poca tambin ofrece testimonio Carpentier en uno de los documentales –conferencias filmadas por el ICAIC, bajo la direccin de Hctor Veita en 1973–, al revelar en el cortometraje subtitulado Sobre su novelstica, cmo la idea de la novela El acoso, publicada en 1956, se remita al momento cuando, desde su cabina de sonido, presenciaba la puesta en escena de Las coforas, entre las columnas neoclsicas de los edificios de la colina universitaria. Refiere en el texto, compilado aos ms tarde en un libro, que precisamente al llegar el punto de la muerte de Clitemnestra, se sintieron unos disparos: alguien, perseguido por la polica, era abatido “en plena funcin detrs del pblico, es decir, en plena tragedia griega, superponiendo una tragedia real y verdadera a la tragedia griega” .2Pero si en El acoso traspone esta accin a una sala de concierto, tampoco prescinde de hacer patente el punto de partida, pues como el mismo autor refiere Carpentier, el teatro griego y la recepcin de los textos clsicos Elina Miranda CancelaProfesora de la Universidad de La Habana

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64en una entre vista, quizs un poco ms explcita que el testimonio ofrecido en la conferencia: “Hay un captulo en El acoso en que, cuando el acosado es perseguido, que ya va a ir a la sala de conciertos, oye que se est representando una tragedia griega en la Universidad”.3 Y en efecto, aunque la reminiscencia es breve, apenas una parrafada, la imagen de las columnas, los cientos de espectadores, los estudiantes “vestidos de Mensajeros, de Guardas y de Hroes”,4 la representacin trgica, contiene en embrin las pginas que en La consagracin... dedicar a la resonancia en los protagonistas del quehacer dramtico en la acadmica colonia habanera. Este fructfero vnculo en escena de los Siete contra Tebas, la tragedia de Esquilo a la que se hace referencia en La consagracin de la primavera, no pasa de ser una licencia potica, pues nunca esta obra estuvo en el repertorio de Teatro Universitario y su seleccin posiblemente obedezca al necesario engarce con el tiempo propio de la novela, en tanto el texto de la Antgona no ofreca la correspondencia requerida a los efectos del escritor; la otra obra mencionada en el captulo en cuestin, la Ifigenia en Taurida, de Goethe, constituy, junto con Las coforas de Esquilo, el segundo programa teatral presentado por Shajowicz, el 4 de diciembre del propio ao, en el cual fungi como asesor musical Alejo Carpentier, tal como consta en el pequeo folleto de presentacin preparado para la ocasin. Este ltimo dato a su vez confirma la fiabilidad de los recuerdos de Carpentier, al menos en cuanto a la obra misma en cuya representacin l directamente co laborara, aunque por el paso del tiempo se desdibuje la precisin de otros, como el ao exacto de la presentacin o la nacionalidad del director, y se disipa la duda expuesta por Salvador Arias, llevado por el entusiasmo, al recuperar los textos prcticamente perdidos que el escritor publicara en el peridico Tiempo Nuevo y en el semanario Tiempo, despus de su regreso a Cuba en 1939,5sobre si el hecho que inspir El acoso ocurri en la representacin de Antgona y no de Las coforas, como evocara Carpentier en su conferencia cinematogrfica: Y uno de los primeros espectculos que mont Tchaiovitch [sic] fue la tragedia Las coforas de Esquilo. Lo represent en la Plaza Cadenas, usando la gran columnata de fondo como escenario, y yo era el encargado de la sincronizacin musical del espectculo. Me haban construido una caseta de sonido, unos altoparlantes, haba sincronizado msica de Darius Milhaud, principalmente, con la accin de la tragedia de Esquilo, y haba al final incluso una imprecacin que tena que caer por altoparlantes desde lo alto de las columnas .6En efecto, el propio Schajowicz, al evocar muchos aos despus, en el prlogo de uno de sus libros, su experiencia habanera, menciona a Carpentier como un animoso y entusiasta colaborador: Gratos recuerdos guardo de aquel tiempo, como el de la muy inteligente crtica de Alejo Carpentier que, junto a Gonzalo de Quesada y ngel Lzaro, me alentaron mucho en mi empeo

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65 de exponer a un pblico uni versitario la tragedia griega, as como otras grandes obras de la dramaturgia europea [...] Especialmente Carpentier me ayud entonces eligiendo la msica g rabada para Las coforas y estimulando a los “grandes” de la creacin musical en La Habana –Ardvol, Gramatges, Julin Orbn– a colaborar en este intento mo de representar los clsicos en Cuba .7Schajowicz lleg a Cuba en 1938, impelido, como tantos otros que por entonces arrostran el exilio en tierras de Amrica, por los tristes acontecimientos que agitaban a Europa. Con un doctorado en Filosofa de la Universidad de Viena, estudiante de psicologa con Karl Bhler y de arte dramtico y direccin con Max Reinhardt, haba dirigido la compaa Theatre Bleu y la Dramaturgisches Bro. Por ello no es de extraar que a su llegada a La Habana rpidamente trabe contacto con aquellos intelectuales cubanos que en 1936 haban intentado llenar el vaco teatral, ahondado por la contraccin econmica y el machadato, con la fundacin de La Cueva y, posteriormente, de la Acade mia de Artes Dramticas, nacida en 1940 y que cont entre sus iniciadores a Alejo Carpentier, Jos Manuel Valds-Rodrguez y Luis Amado Blanco, como consigna Rine Leal.8La Cueva, a pesar de sus buenas intenciones, fracas; pero las inquietudes se mantenan latentes. La conjuncin de estas con un buen director como Schajowicz, fue fundamental para la creacin y arraigo de Teatro Universitario, cuyos orgenes describe Luis A. Baralt: El Teatro Universitario surgi como siempre ocurre, por generacin espontnea y de abajo a arriba. En 1941 un grupo de estudiantes entusiastas de diversas facultades quisieron “hacer teatro”. Tocaron a mi puerta encabezados por Luisita Caballero. Yo, cansado y un tanto desilusionado por la experiencia de La Cueva no quise a sumir la mproba tarea y la responsabilidad, sin asegurarme previamente de una cooperacin eficaz. Ludwig Schajowicz, compaero a la sazn en otra empresa anloga –la A.D.A.D.–, alumno en Viena de Max Reinhardt y hombre de gran cultura y talento, tuvo ms coraje –no ms fe– que yo. Bajo su inteligente direccin empez el grupo a laborar .9En estas circunstancias podemos entender mejor el regocijo de Alejo Carpentier ante una puesta de seriedad profesional y cuyo xito permiti la fundacin de Teatro Universitario como empresa durable. Mas los aciertos no

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66hacen perder perspectiva crtica al escritor, sino que fraguan la base, no tanto para el enjui ciamiento de la representacin, sino para exponer su propuesta dramatrgica con vistas a una recepcin contempornea de la tragedia clsica; por otra parte, quizs mucho ms cercana al modo de representacin original, puesto que si an hoy en da, acostumbrados a la blancura de los mrmoles, nos resulta difcil imaginar los frisos y metopas del Partenn pintados de vivos colores, rojos y azules, cmo hemos de aceptar sin cuestionamiento el estatismo y la serenidad apolneas en la representacin, un siglo despus de que Federico Nietzche develara la cara dionisaca de la tragedia. El “amplio reportaje crtico” como lo califica Salvador Arias,10que Carpentier publica en el semanario Tiempo sobre la puesta en escena de la Antgona de Sfocles en la Universidad, comienza con la satisfaccin expresa no slo ante el espectculo brindado, sino por el papel asumido por la institucin, para inmediatamente recrear la accin dramtica que tena lugar en el prtico neoclsico del edificio Felipe Poey, interrumpida nicamente por la voz del director: “Nervioso, siempre descontento, corriendo de los reflectores a los artistas, del maquillador a la orquesta, Ludwig Schajowicz iba ensamblando con lentitud y seguridad los detalles arquitectnicos del monumento trgico de Sfocles...”11Esta reconstruccin del ensayo teatral sirve de prembulo y presentacin para someter a juicio la puesta, aunque siempre advirtiendo que es precisamente la calidad alcanzada la que permite la crtica sin indulgencia, en la medida que su carcter de verdadero espectculo subrayado con maysculas por el autor, da pie a la reflexin y a cuestionarse problemas estticos. Fue sin duda este reconocimiento y el respeto mostrado por el modo en que Schajowicz plasm la tragedia, con el que en todo momento muestra Carpentier su desacuerdo, y ello le granje, a su vez, la complacencia del director quien ms de cuarenta aos despus evoca la muy inteligente crtica del escritor como el mejor homenaje a sus esfuerzos de entonces. En primer lugar repara Carpentier en la traduccin, quizs el nico aspecto del cual Schajowicz no era responsable. Indudablemente la seleccin de la versin del doctor Juan Miguel Dihigo, que por entonces frisaba los setenta y cinco aos de edad, era un homenaje a la obra de este profesor al que tanto debe la enseanza humanstica en Cuba, y que con su entusiasmo habitual apoyara el proyecto dramtico, pero a quien, obviamente, no se le poda pedir una traduccin acorde con los nuevos postulados que sobre este arte se iban imponiendo. No hay que olvidar que cada poca requiere versiones adecuadas con los tiempos que corren, mucho ms ante la inmediatez implcita en el hecho teatral. Ciertamente, al igual que ha ido haciendo constar al referirse a la actuacin, por ejemplo, lo que interesa a Carpentier es hacer notar cmo ante cierta retrica que se ha generado en el manejo de los clsicos, se impone una ruptura con tales anquilosamientos para propiciar una recepcin adecuada del verdadero valor del texto. Siente que la

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67traduccin, seria y rigurosa, sin embargo no ayuda a poner de relieve “el contenido humano de los conflictos”,12lastrada por la rigidez declamatoria. Ese mismo estatismo es lo que censura a la concepcin de la puesta en escena del director austraco, comparable con una columna blanca. Esta inmovilidad, aceptable, segn Carpentier, si fuera un recurso usado en la primera parte para luego subrayar el momento en que se desatan los conflictos, no debe ser la tnica de representacin de la tragedia griega, en tanto esta encierra pasiones intensas generadoras de violencia, luchas fratricidas, horribles abismos del ser humano, problemas vitales, que deben representarse con las entraas. De ah que estime que el coro, para concretar su manera de aprehender la tragedia, “debe estremecerse de horror, rodar a lo largo de los peldaos, moverse, como se movera la masa que realmente representa”.13Est consciente de las distintas interpretaciones posibles: “Porque si bien puede concebirse una Antgona desorbitada, ardiendo en el fuego sagrado del odio y del anhelo de venganza, tambin puede verse a la hija de Yocasta como mujer de un temple de acero, cegada por el amor fraternal hasta el punto de inmolarse por cumplir con su deber hasta el final”.14 Frente al camino, de gran acierto plstico pero de serenidad apolnea, elegido por Schajowicz y que este, innovador tambin en muchos aspectos y sustentador de una nueva lectura de los clsicos, basada en un dinamismo interno, defiende apoyndose en argumentos dignos de consideracin,15 Carpentier opone su propia lectura y concepto del modo en que se han de enfocar los textos clsicos; concepto que, por cierto, de una forma u otra propugnaba ya cuando, muy joven an, comienza a publicar sus primeros trabajos periodsticos. En 1992, con dieciocho aos y slo uno despus de haber matriculado arquitectura en la Universidad, estudios que, por dems, pronto abandona, comienza Carpentier a publicar una serie de comentarios sobre libros, en la seccin Obras Famosas, del peridico habanero La Discusin, iniciada precisamente por l. Entre el 23 de noviembre de ese ao y el 16 de abril del siguiente, publica con cierta regularidad sus comentarios, a los cuales habr que agregar uno ms en el mes de julio. El tercero de los artculos, publicado el 10 de diciembre, est dedicado a Las ranas, de Aristfanes, y lo encabeza, a manera de exergo, con el cuestionamiento de Anatole France: “Crees que hay mucha libertad en las aprobaciones que damos a los clsicos griegos y latinos?” pregunta que inmediatamente nos impone sobre el inters que subyace en la seleccin del joven Carpentier. Tal como se rebela casi veinte aos despus contra la visin retrica que cubre e impide la verdadera inteleccin y disfrute de la tragedia clsica, en sus inicios como crtico siente la necesidad de un replanteo del prejuicio cultural que impide censurar o polemizar alrededor de un texto considerado cannico, puesto que nadie se atreve a desafiar el llamado fallo de la posteridad, sin tener en cuenta que esta es “una reunin de seres humanos sujetos a los mismos errores, a las mismas ideas preconcebidas”,16 al tiempo que se proclama una admiracin

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68ms por imitacin que verdaderamente sentida. En lugar de esta aceptacin acrtica, propone el escritor que las obras clsicas sean analizadas con una actitud tan rigurosa como la que mantenemos ante una obra contempornea. Para Carpentier “cuando se ha tenido en cuenta la poca en que fueron escritas, las mltiples ideas que pudieron actuar sobre la mente de sus autores, las malas influencias estticas de un siglo, deberan de criticarse, no con la intencin de hallarlo todo mal [...] pero ya con el rigor con que analizaramos un libro de Po Baroja o D’Annunzio”.17Para ilustrar sus palabras se refiere a Aves, la comedia de Aristfanes que el llamado “fallo de la posteridad” ha consagrado como la mejor obra de este autor por ser la ms teatral, lo cual para Carpentier es una gran equivocacin. Y no le falta razn cuando asiente que “Aristfanes no es nunca teatral ni puede serlo”, si entendemos el trmino en el sentido que tradicionalmente se le ha conferido. En efecto, la comedia aristofanesca sufri por siglos la incomprensin ms absoluta de todos aquellos que la juzgaban a partir de un concepto teatral que supone una accin coherentemente desarrollada. Slo los estudios realizados en los ltimos decenios de este siglo, han mostrado que las obras cmicas del siglo V ateniense ms se asemejan a la moderna revista musical que a nuestra idea de comedia, y en gran medida las piezas del comedigrafo ateniense, se han reivindicado a la luz de las actuales tendencias imperantes en cuanto al espectculo teatral se refiere. Por ello resulta muy interesante que en 1922 Carpentier advirtiera que a las obras de Aristfanes no se les poda aplicar para su enjuiciamiento la observancia de los cnones dramticos establecidos, sino que su propuesta era buscar “los rasgos que pintan la vida e ideas de los contemporneos de sus autores” Bajo este punto de vista Las ranas le resulta interesantsima. Resea brevemente el argumento y elige pasajes que ponen de manifiesto caractersticas que el autor desea resaltar en la medida que a l mismo lo atraen y despiertan su entusiasmo, como: lo extraamente irrespetuosa que se muestra la comedia con su pblico o los contrastes curiosos que se establecen, pues unas veces ridiculiza hasta a los dioses, mientras que en otras pretende moralizar a sus conciudadanos y les censura sus costumbres polticas. Pero evidentemente es el debate potico entre Esquilo y Eurpides, que centra la obra, el foco de atencin. Destaca el carcter de stira consustancial a toda la obra; reconoce que junto a groseras imperdonables, hay momentos de gran finura; para terminar subrayando la risa franca y estrepitosa que la comedia provoca. Carpentier, como Aristfanes, siempre tiene presente a su pblico y el efecto que desea provocar en este, a fin de que se sienta estimulado a la lectura a partir de los presupuestos que el escritor considera necesarios para su disfrute y su efectividad cultural. Por ello concluye: “el que lea a Aristfanes, no debe buscar virtuosidades teatrales, y si no tiene idea preconcebida de admirarlo porque

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69 era griego, gozar deliciosamente viendo en sus obras las preocupaciones diarias y las costumbres corrientes del pueblo ms intensamente artista que haya existido”.18A diferencia de muchos comentarios que actualmente se publican en la prensa, en los cuales el objetivo de incitar a la lectura se pierde en medio de una parafernalia tcnica y de los alardes crticos del autor, Carpentier en los comentarios de La Discusin nos ofrece una buena muestra de cmo ha de hacerse la resea que procura acercar al lector a la obra literaria, sin dejar a un lado sealamientos y criterios para su acertada valoracin. En los otros dos comentarios que dedica a textos de la antigedad grecolatina: El satiricn, de Petronio, y los Epigramas, de Marcial, ya no insistir de manera explcita en la actitud a seguir frente a los clsicos, pero esta subyace implcita a la hora de abordar el texto. En el referido al Satiricn, publicado el 2 de enero de 1923, recrea el ambiente que se viva en Roma en los tiempos de Nern, cuando Petronio era considerado el rbitro de la elegancia. Refiere los datos conocidos sobre su vida, para finalmente destacar, como su mayor acierto, el que escribi “la nica novela de costumbres que poseen las literaturas antiguas” .19 De nuevo la observacin de la vida y las ideas en un ambiente determinado, junto a la irona y la sonrisa elegante, se resalta como mrito principal y factor decisivo en su vigencia. Siguiendo un patrn semejante al empleado en relacin con Las ranas, destaca tres pasajes notorios, detenindose en el concerniente a la matrona de Efeso, expuesto a manera de narracin abreviada, de modo que el lector pueda apreciar por s mismo los valores resaltados y que avalan su conclusin: Todo el Satiricn est escrito con habilidad y ligereza, en un lenguaje depurado y flexible; ni por un momento Petronio incurre en faltas de gusto o torpezas. Es inmoral, porque el medio de observacin lo era: refleja las costumbres como un novelista consciente. Pero lo que hace las delicias de su obra, es sobre todo su personalidad; manera de juzgar el tiempo extrao en que viva. Por su parte, en el comentario a los Epigramas de Marcial, luego de introducirnos en la personalidad y ambiente en que vivi el poeta, destaca en primer lugar que se ha exagerado la importancia de estos poemas en la literatura latina; pero de nuevo resalta cmo ha sido la capacidad de observacin la cualidad que les ha permitido trascender. Son precisamente los cuadritos animados y pintorescos de la vida romana los que resultan ms atractivos para el autor, pues si bien conviene, despus de brindar distintos ejemplos, en que los epigramas son interesantes por momentos,20 el espritu que proyecta

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70Marcial en su obra, antiptico y de adulador servil, le resulta bastante repelente, a diferencia de lo que le suceda con la personalidad de Petronio. Se cumple, pues, su precepto de que con los autores clsicos, una vez que se han tenido en cuenta sus circunstancias y condicionamiento epocal, debe juzgrseles con el mismo rigor que a un contemporneo. Lo acendrado de este enfoque, se demuestra an ms claramente, si fuera posible, cuando se refiere a un poema como la Cancin de Rolando, obra siempre citada entre los monumentos picos del medioevo, a la cual censura acremente su longitud, el falseamiento de los hechos histricos, las costumbres mal observadas y la cansona procesin de prodigios; defectos que le hacen preferir como literatura medieval diez veces ms “al populachero y regocijado ‘Romance del Zorro’ –uno de los abuelos de las fbulas de Lafontaine– a la interminable y pesada ‘Cancin de Rolando’.”21Esta visin desacralizadora que procura el disfrute de la obra gracias a sus cualidades de buena literatura a la vez que patentiza el justo aprecio y sincera admiracin que por s misma suscita y no porque se le catalogue de clsica, no slo evidencia la madurez crtica de Carpentier a los dieciocho aos, sino que demuestran cmo los juicios emitidos en 1941 sobre la puesta en escena de la Antgona de Sfocles, no estn motivadas por el conocimiento de recientes experiencias europeas que menciona en su artculo, como las ms de seiscientas exitosas representaciones de Las aves en Pars o los aportes de Cocteau o de Gide, sino que se cimientan en convicciones ya sustentadas desde los aos 20 en la prensa habanera, me imagino que para sorpresa de unos cuantos lectores de Pars o los de La Discusin, puesto que el propio Carpentier ya en 1958, diecisiete aos despus de la fundacin de Teatro Universitario, nos ofrece testimonio de que muchos familiarizados con la lectura de las tragedias griegas se sienten defraudados ante el estatismo de la mayora de las representaciones que por esos aos tenan lugar. En la seccin Letra y Solfa que por entonces escriba en El Nacional, de Caracas, vuelve al tema en su crnica “La tragedia restituida”: “Cmo es posible, –se pregunta– que un teatro tan dinmico, tan intenso, tan estrechamente tenido a sus temticas, cuando se le lee, se nos vuelva algo tan esttico, tan declamatorio, tan retrico, en la mayo ra de las realizaciones escnicas actuales?”..22La respuesta a esta y otras interrogantes que se hace el crtico as como la materializacin de su idea de que el montaje escnico de una tragedia debe estar en funcin de los conflictos humanos, de las pasiones, de la vida que late en el texto, parece finalmente encontrarse en las interpretaciones de Medea, Ifigenia en Aulis y Edipo rey del Teatro Nacional Griego, en la gira que ese ao haba emprendido por distintos pases europeos. Las fotos y las reseas parisinas sirven de base a Carpentier para poner al tanto al lector venezolano, pero tambin para percatarse de la importancia de esta nueva propuesta escnica: Y basta con mirar las fotografas que acompaan las crticas publicadas hasta ahora en Francia, para ver cun distinto puede ser un coro griego in-

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71terpretado por actrices griegas, de los coros estticos que tantas veces hemos escuchado. Nada diferencia esas mujeres modernas de las antiguas Tanagras: en la manera de llevar el drapeado, en el modo de peinarse, de increpar, de lamentarse, queda abolido, para ellas, un transcurso de veinticinco siglos. Lejos de agruparse en algn fondo de escenario, se dispersan, forman grupos distintos, giran, unas alrededor de otras, cortando un texto monoltico en una serie de dilogos, de acciones secundarias que se entrecruzan y mezclan... Pero hay, sobre todo, el “modo de decir”.23Cita, entonces, a uno de los crticos de Pars que le ha servido de punto de partida para su crnica. Este describe cmo la elocucin acorde con los sentimientos expresados restituye el carcter humano de Agamenn, Jasn o Edipo y el drama cobra actualidad. Intuye Carpentier, a juzgar por la informacin de que dispone, que las puestas del Teatro Nacional Griego logran captar en esencia la tragedia y que este tipo de interpretacin lejos de empequeecerla, la humaniza y engrandece, por cuanto la pone al alcance del entendimiento de todo ser humano. Borrar la falsa distancia que impone el estereotipo establecido a la hora de representar un clsico, prescindir “de la retrica literaria y cinematogrfica, de la ‘reconstruccin histrica’, para situarnos de lleno en la vida diaria del hombre de la Antigedad parecida –tan enternecedoramente parecida– a la nuestra, en muchos rasgos...”,24 es lo que hecha de menos en novelas y pelculas cuya accin transcurre en la Antigedad. En estas, Grecia y Roma parecen escapadas de una gua turstica: todo es perfecto, brillante; a diferencia de lo que sucede en los propios textos clsicos en los cuales la nota ntima, el detalle cotidiano, la pintura de las acciones habituales, establecen la identificacin con el lector y le permiten disfrutar, saborear segn dice Carpentier, un texto, como el Manual de Epicteto “entre cuyas normas de estoicismo, se deslizan deliciosos cuadros de costumbre”.25Por otra parte, esta actitud de acercamiento a los clsicos nos permite advertir la manera en que algunos recursos, presentes, por ejemplo, en Esquilo, provocan extraeza y reacciones airadas en los crticos o en el pblico cuando los usa un contemporneo y habra que preguntarse si la gente an lee a los autores clsicos. As el procedimiento que Alban Berg emplea en su Wozzeck, un “coro de durmientes” –una suerte de gemido sordo, de respiro cromtico, logrando un efecto paralelo, aunque distinto, del canto a “boca cerrada” – es semejante al usado por Esquilo en una escena de Las Eumnides; pero nadie se percata. Por ello Carpentier, a manera de demostracin, reproduce el pasaje de la tragedia y finaliza su comentario sobre la obra de Berg en Ese msico que llevo dentro con una sonrisa irnica: “¡Escriba un autor dramtico moderno una escena semejante y ver como sale manteado de la peor manera!”.26Esa contemporaneidad de los clsicos es lo que hace saludar el proyecto de llevar la Odisea a la pantalla, puesto que esta es: “el viaje del Hombre sobre la tierra –la trayectoria de toda vida cumplida en

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72intensidad y fuerza, en presencia de esas tres mujeres eternas, simblicas, necesarias a toda existencia masculina, que son Penlope, Circe y Calipso” ; al tiempo que, al repasar la manera en que el autor del poema pico plasma la accin, se pone de manifiesto que la vitalidad de Homero lo convierte en “el mejor ‘argumentista’ para producciones de gran espectculo”.27Esta valoracin del poema pico, publicada justamente en 1953, el mismo ao en que aparece, impresa en Mxico, su novela Los pasos perdidos, es un elemento relevante para la comprensin plena de la funcin que desempea la Odisea como contrapunto dentro de la novela y que rebasa la motivacin que para el personaje de Yannes tuvo el en cuentro de Carpentier en 1947, cuando remontaba el Orinoco, con un “griego buscador de diamantes que viajaba con una Odisea en un bolsillo y, en el otro, el Anbasis de Jenofonte”,28 en las cercanas de Upata. Fue en este viaje por el Orinoco cuando el escritor tuvo dos experiencias que le llevan a descubrir, por una parte, el papel de las antiguas creaciones literarias en tierras de Nuestra Amrica, para usar la expresin martiana, y por otra, la posibilidad de enfocar los antiguos mitos en funcin americana. Cuenta que en un pueblo venezolano muy apartado, Turiamo, tuvo la oportunidad de escuchar a un poeta, analfabeto que “se quit el sombrero, se puso de cara al mar y nos cont, en versos hechos por l, el incendio y la cada de Troya, y despus la historia de Carlomagno, Rolando, la batalla de Roncesvalles y las felonas de Ganeln”.29 Los romances de los siglosXV y XVI, sobre Troya y sobre Carlomagno, trados en boca de los conquistadores, perduraban en la memoria, por transmisin oral como en los tiempos del viejo Homero, en parajes tan lejanos, y constituan parte del acerbo cultural en tierras ni siquiera imaginadas por los griegos en sus aventuras martimas, pero que devinieron encrucijada de hombres y culturas. Tambin tuvo ocasin de escuchar historias de los indios piaroas sobre una guerra sostenida por dos tribus, la cual se origin en el rapto de una hermosa mujer. “Y a partir de ese momento, comenta el escritor, empec a verlo todo en funcin americana: la historia, los mitos, las viejas culturas que nos haban llegado de Europa”.30 En la misma conferencia, pronunciada en 1975 en la Universidad Central de Venezuela, abunda sobre esta lectura americana de la cultura clsica: Del mismo modo cuando termina Homero la Ilada con esta frase: “Hctor, domador de caballos”, pienso que domadores de caballos son los hombres del llano, los hombres de la pampa. Y as por el estilo. Cuando dice Homero, lleno de respeto, que el rey Pramo de Troya tena cincuenta hijos de los cuales diecinueve de vientre legtimo, pienso que esos dos personajes que encontramos en toda Amrica Latina, con ese mismo prestigio de virilidad que nuestro pueblo suele conceder a los sumamente fecundos. Y as sucesivamente. Hctor arrastrado tras del carro de Aq uiles me

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73 hace pensar en una pelcula de cangaceiros. Ciertas comedias de Aristfa nes me recuerdan las zarzuelas polticas que representaban los “bufos” cubanos, en La Habana, a comienzos del siglo. Los comentarios de Julio Csar me muestran los mecanismos de una Conquista donde la superioridad del armamento, el aprovechamiento de las disensiones locales, una perfidia tecnificada, son los mismos que rigieron la Conquista de Amrica.31As pues, no se trata slo de barrer con los lastres que impiden acceder al contenido humano de los textos clsicos y percibir su contemporaneidad, sino de entender la cultura como base de com prensin de las nuevas circunstancias que ha de afrontar el hombre de Nuestra Amrica. Esta necesidad de una lectura de los textos clsicos despojada de encartonados prejuicios, subyace en el xito o el fracaso de tres puestas teatrales comentadas por Carpentier en su seccin Letra y Solfa en el ao 53 entre los meses de julio y agosto. El fracaso de un dramaturgo tan experimentado y clebre como Jean Anouilh con su Medea ha de explicarse, segn Carpentier expone, en su fiel afn de mantenerse dentro de los cnones de la tragedia neoclsica. Acertadamente parte y lleva a nuestros tiempos el ncleo fundamental de la accin, con su carga altamente humana, tal cual la plasmara Eurpides; pero de pronto se da cuenta de que se ha apartado del desarrollo conocido del mito con su veneno y asesinato de nios, de modo que “el autor, segn apunta Carpentier, no sabe literalmente cmo resolver el problema de regresar al mito griego, luego de habernos presentado una situacin que hemos visto, pensado, sentido, con sensibilidad de 1953”.32Sin embargo, en el xito de la puesta de la Antgona, del mismo dramaturgo, resalta la interpretacin tan adecuada, sobre todo de la actriz Danielle Condamin, que personific a la protagonista, con una progresin dramtica sin gritos ni nfasis, pero s con una plena interiorizacin del conflicto, con una actuacin justa, de gran fuerza y calidad en que se subraya el contenido emocional encerrado en el personaje.33 La puesta, por tanto, responde a la sensibilidad contempornea y establece la comunicacin necesaria; de ah su xito. La tercera crnica a la que hemos hecho referencia, se centra en la representacin de la Antgona de Sfocles que por entonces se hiciera en Port au Prince, Hait, no slo en creole y por negros, sino “con una transposicin total de los elementos de la tragedia al ambiente de la mgica isla de ToussaintLouverture y del rey Christophe”.34 Al escritor slo le ha llegado la informacin a travs de la crtica haitiana y los

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74comentarios elogiosos de un semanario norteamericano, pero intuye que el intento ha de tener un enorme inters. Recuerda muchas representaciones contemporneas donde los personajes de la tragedia griega revisten trajes actuales, pero piensa que si bien el texto no pierde belleza en el ambiente moderno, los actores parecen casi siempre sobrepasados por la intensidad de las pasiones encarnadas, en tanto el hombre de las grandes ciudades tiene un temperamento demasiado analtico, escptico y reflexivo que no se adecua al torrente vital que entraa la tragedia griega. Aunque, el crtico puede perfectamente imaginar una “Antgona situada en una isla del Caribe, o en la selva virgen, rodeada de una naturaleza paroxstica, cargando con el peso de un sol implacable, dando rienda suelta a sus energas instintivas, a su concepto elemental y verdadero –maniquesta, por as decirlo– del Bien y del Mal...”.35Lo importante contina siendo por tanto, como en su crtica sobre la obra representada por Teatro Universitario, la capacidad de la puesta en escena de expresar la intensidad del conflicto y el sentido vital que este tiene para el es pectador, lo cual ofrece una pauta no slo para acercarse a los textos clsicos, sino para juzgar las nuevas versiones. A ello habra que sumar la interrelacin descubierta por Carpentier en su viaje por el Orinoco y la renovacin que los clsicos experimentan en la exuberancia americana, ms prxima en su estado vital al mbito que gener los mitos y la literatura griega antigua. Por tanto, no slo los clsicos pueden ayudar a una mejor comprensin de nuestra realidad, sino que la experiencia americana otorga nueva vigencia a los clsicos y contribuye a que estos textos recuperen su esplendor, oscurecido por la ptina del tiempo y falsos retoricismos. Ya en el ao 59 Carpentier en “El regreso de los clsicos”, al constatar en las carteleras teatrales el peso que en ellas ostentan las obras catalogadas como clsicas, advierte la diferencia con las iconoclastas dcadas de los 20 y los 30. Por aquel entonces l mismo, admirador de la Odisea desde su adolescencia, estim anacrnico y un poco loco a un viejo poeta santiaguero al que una maana encontr releyendo con deleite el poema homrico. Al comentarlo con sus compaeros del crculo literario, jvenes seducidos por los “ismos”, el viejo poeta devino blanco de sus chistes y ancdotas, de manera que siempre que lo encontraban, le daban saludos para Homero. Sin embargo, an en el fragor de los nuevos movimientos literarios que caracterizaron los inicios de este siglo, Carpentier, recin llegado al ambiente intelectual y periodstico, puesto a promover la lectura de obras famosas, desde las pginas de La Discusin, no desdea los clsicos, sino que busca proporcionar una ptica distinta a la que se haba impuesto por siglos y los coloca en pie de igualdad con los contemporneos ante la crtica. Han de leerse y estimarse por ellos mismos y no porque sean griegos o consagrados por el llamado fallo de la posteridad. Quizs esta sea una de las razones por las que elige a Aristfanes, Petronio y Marcial, quienes, aparte del atractivo que pudieran ejercer sobre el hombre actual, son au-

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75tores a los que su carcter de clsicos grecolatinos, no haba salvado de incomprensiones y prejuicios; al mismo tiempo que en los tres resalta, entre otras cualidades, la manera en que en sus obras late la vida, las costumbres e ideas de su entorno social, sin obviar defectos y problemas. Esta actitud, desacralizadora, en consonancia posiblemente con el espritu de bsqueda y ruptura al que Carpentier hace referencia en su ancdota sobre el viejo poeta lector de la Odisea, evidencia en verdad el afn de una justa recepcin y su propuesta deviene va de recuperacin de los “respetados”, pero arrinconados textos clsicos. Tambin Ludwig Shajowicz experimentaba una necesidad semejante a la expuesta por Carpentier, en cuanto la representacin deba responder y entregar al espectador la fuerza vital del conflicto trgico en toda su intensidad. De ah su entendimiento con Carpentier, aunque el camino elegido por ambos fuera distinto. La superposicin de tragedia griega y tragedia real que Carpentier presenci mientras musicalizaba la puesta en escena de Las coforas, contribuy a que este se percatara de cmo el texto y la realidad circundante pueden iluminarse mutuamente; percepcin subyacente en la lectura americana de los viejos mitos que se le revelar pocos aos despus al remontar el Orinoco. Visin que se mantiene consecuentemente en sus crnicas de Letra y Solfa en el pasaje de La consagracin de la primavera, publicada casi cuarenta aos despus, cuando el texto de la tragedia griega y las noticias de la guerra que en esos momentos se libraba en Europa, se mezclan en la mente de los personajes y tanto Enrique como Vera se identifican en los versos que llenaban el recinto universitario por donde ambos transitaban. Al finalizar esta agitada centuria en que, si bien no faltan propuestas de nuevas lecturas de los mitos en la literatura y el teatro actual, la importancia creciente de la tcnica y de los medios, as como la gravedad de los conflictos, cuestionan los estudios humansticos, al tiempo que para muchos la lectura de un texto clsico es solamente una obligacin escolar, cuanto ms, y los directores teatrales ni siquiera piensan en la posibilidad de llevar a escena una tragedia griega, el replanteo que de la recepcin de los clsicos formula Carpentier, desde sus comentarios juveniles hasta sus crnicas de madurez, a la par que incide en la apreciacin de su propia obra, nos brinda un camino vlido y necesario para el enfoque y disfrute de textos que desde el pasado resuenan en nuestro presente y enriquecen nuestra vida. NOTAS1 Carpentier, Alejo. La consagracin de la primavera La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1979. p. 203.2 _______. Sobre su novelstica. En su: Conferencias La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1987. p. 99.3 _______. Entrevistas La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1981. pp. 381-383.4 _______. El acoso En su: Novelas y relatos La Habana : Ediciones Unin, 1974. p. 263.5 Arias, Salvador. El otro tiempo de Alejo Carpentier. En: Crnicas del regreso. La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1996. p. 13.6 Op. cit (2). p. 99.

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767 Schajowicz, Ludwig. De Winckelmann a Heidegger. Ensayos sobre el encuentro griegoalemn Sto. Domingo : Edit. de la Universadad de Puerto Rico, 1986. p. 12.8 Leal, Rine. Breve historia del teatro cubano La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1980. pp. 120-121.9 Vida Universitaria (Mxico) 1(2):9; sept., 1950.10 Op. cit. (5). p. 13.11 Ibdem p. 72.12 Ibdem p. 76.13 Ibdem p. 77.14 Ibdem p. 73.15 Schajowicz, Ludwig. Muerte y renacimiento del Teatro Clsico. En: Programa del Festival de invierno en la Universidad de La Habana 4 de diciembre, 1941.16 Carpentier, Alejo. Las ranas, de Aristfanes. La Discusin (La Habana) 14 de dic., 1922:2. (Obras Famosas)17 dem .18 dem .19 _______. El Satiricn, de Petronio. La Discusin (La Habana) 31 de en., 1923:5. (Obras Famosas)20 _______. Epigramas de Marcial. Ibdem, 31 de en., 1922:5. (Obras Famosas)21_______. La Cancin de Rolando. Ibdem, 5 mar., 1923:6. (Obras Famosas)22 _______. La tragedia restituida. En: Letra y Solfa. Teatro. La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1994. p. 53.23 Ibdem, pp. 53-54.24 _______. La cmara en el mundo antiguo. En su: Letra y Solfa. Cine La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1991. pp. 28-29.25 dem.26 _______. Esquilo, autor moderno. En su: Ese msico que llevo dentro La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1991. p. 43.27 Op. cit. (22). pp. 193-194.28 _______. Un camino de medio siglo. En su: Ensayos La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1984. p. 102.29 Op. cit (2). p. 43.30 _______. Razn de ser. La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1984. p. 48.31 Ibdem p. 49.32 Op. cit (22). p. 131.33 Ibdem pp. 131-132.34 Ibdem, p. 133.35 Ibdem p. 134.

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77 La cultura grecolatina en El siglo de las luces de Alejo Carpentier Amaury B. Carbn SierraProfesor de la Universidad de La HabanaEl siglo de las luces (1962), la extraordinaria novela de Alejo Carpentier, fue escrita entre 1956 y 1961. Sobre el proceso de composicin expres el autor: Escrib El siglo de las luces ms fcilmente que Los pasos perdidos, aun cuando presentaba dificultades mayores, que yo mismo me impuse: no mencionar cosas que se desconocieran en el tiempo que tiene lugar la accin de la novela, finales del siglo XVIII e inicios del XIX –de ah el ttulo–; limitar el uso de vocablos igualmente conocidos entonces y, de otra parte, la veracidad de los hechos, me obligaba a un minucioso acopio de documentacin y a un rigor de historiador en la narracin.1Es precisamente en ese sentido que se orienta este trabajo cuya finalidad consiste en analizar la presencia de la cultura grecolatina dentro de los lmites que se impuso el escritor, claramente esbozados en la cita, y a partir de las referencias explcitas, con lo cual se prescinde de otros posibles y necesarios anlisis de la funcin que esta cumple en la novela dentro de la concepcin carpenteriana de los clsicos y de la cultura en general. Para que pueda comprenderse en toda su dimensin la importancia de la cultura grecolatina en El siglo... como elemento referencial y de contrapunto, sobre todo en la caracterizacin de la poca y los acontecimientos, debe tenerse en cuenta que la accin transcurre cuando tiene lugar la Revolucin Francesa de 1789, la cual cumpli la misin de su tiempo: librar de las cadenas a la sociedad burguesa e instaurarla en el poder “bajo el ropaje romano y con frases romanas”, tal como se refiriera a esta circunstancia Carlos Marx en “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”.2Este fenmeno por el cual los hombres se sirven de las tradiciones literarias y artsticas, lo explica Marx con las siguientes palabras: La tradicin de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla en el cerebro de los vivos. Y cuando estos se disponen precisamente a revolucionarse y revolucionar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas pocas de crisis revolucionaria, es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio a los espritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar

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78la nueva escena de la historia universal. As [...] la revolucin de 1789-1814 se visti alternativamente con el ropaje de la Repblica Romana y del Imperio Romano...3Ciertamente al calor de la Revolucin Francesa se produjo un renacimiento del espritu de Grecia y Roma que alcanz todos los mbitos, desde las letras hasta las simples manifestaciones de la vida diaria, que influy en los movimientos independentistas posteriores. Al proponerse Carpentier la recreacin de los acontecimientos y del lenguaje, tena que tener igualmente en consideracin los aspectos de la cultura grecolatina no slo conocidos por entonces, sino los ms caractersticos de la poca, aun cuando la visin que intentaba ofrecer no fuera la de un historiador, sino la de un novelista que se apoya en la historia para expresar su modo de ver las cosas, su pensamiento. Es por ello que en las pginas iniciales de la novela,4 la cual se abre con las vidas de Sofa, Esteban y Carlos, tres personajes de creacin novelesca, las referencias aluden al clasicismo imperante en el arte y la literatura, as como se caracteriza de igual modo al Siglo de las luces con la frecuente referencia a los adelantos cientficos en el campo de la qumica, la fsica, el estudio de la naturaleza y otros, que influyeron en la denominacin dada al siglo XVIII, utilizada al parecer por Carpentier en un sentido algo irnico. Son frecuentes por eso las menciones al gabinete de Fsica, repleto de telescopios, balanzas hidrostticas, tornillos de Arqumides, etctera, que Esteban haba encargado (p. 20), las cornisas de clsico empaque de la casona (p. 10), las sandalias a la griega (p. 186), las estatuas mitolgicas que los hacendados erigan a la orilla de vegas de tabaco (p. 24), el busto de Scrates adorno de la oficina cual altar (p. 39), los libros adquiridos en Pars, llenos de Patroclos y Eneas (p. 43) y los nombres de embarcaciones de trfico normal en las Antillas Francesas: Thetis, Venus, La Vestale, la Meduse (pp. 75 y 106). Sin embargo, no aparece la retrica grecorromana con la que se daba cuenta de modo enftico de los acontecimientos polticos y sociales del perodo porque el novelista, segn expres, deseaba ocultarlos al lector hasta vencidas por lo menos unas ochenta pginas o sea, los diez primeros captulos.5Con la aparicin de Vctor Hugues, uno de los personajes protagnicos que tuvo existencia real y extraordinaria, aumenta el nmero de referencias, esta vez con la finalidad de contribuir a la caracterizacin de quien pronto abrazara las ideas de Robespierre y llevara el espritu de la Revolucin Francesa a las Antillas. En ese proceso que se verifica inicialmente en presencia de los tres jvenes, se le oye apuntar una cita clsica antes de hablar de su nodriza martiniquea negra (p. 27); se dice que era evidentemente afecto a la Antigedad por su gusto a representar un tanto en serio papeles de legisladores y tribunos antiguos (p. 47); hacer en juego de Mucio Scvola, de Cayo Graco y Demstenes (p. 31); se le sabe partidario del reparto de tierras, la abolicin

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79de fortunas y de la acuacin de una moneda de hierro que, como la espartana, no pudiera atesorarse (p. 47), as como conocedor de las Verrinas de Cicern (p. 57) y del Cdigo romano (p. 59), etctera. A partir de este momento las menciones al mundo antiguo giran ya en torno a los acontecimientos que tienen lugar en Francia y repercuten en el mbito del Caribe. Es as como a Vctor, quien ha sido nombrado delegado de la Convencin en Guadalupe, se le describe por el narrador inaugurando la Place de la Victorie, antigua Sartines, con una frase definidora en sus labios, un concepto de libertad y una cita clsica (p. 131) rematadas brillantemente con un pasaje de Tcito El cambio de los nombres de las calles, plazas y ciudades fue, en efecto, una de las primeras acciones revolucionarias al producirse la toma del poder, hecho destacado por Carpentier en la novela al sealar que el poblado de Baigony se llamaba ahora “Las Termpilas” (p. 96). Ms adelante, cuando se produce en la capital francesa el derrocamiento de Robespierre por los termidorianos, representantes de la parte conservadora y reaccionaria de la burguesa, observa el narrador en el catlogo de las naves cmo la “Calypso” quedaba transfo rmada en la “Tyrannicide”, la “Semillante” en la “Carmagnole”, etctera (p. 155). Al propio tiempo se refiere al hecho de que los nios recin nacidos comenzaban a llamarse Cincinato, Lenidas y Licurgo, y se les enseaba a recitar un Catecismo Revolucionario el cual no se corresponda ya con la realidad (p. 153). Asimismo Esteban, en un comentario sobre la traduccin de la Teora del Gobierno Democrtico de BillaudVarennes acerca de la necesidad de inspirar el amor a las virtudes civiles por medio de festejos pblicos e instituciones morales, confiesa que adems de la prosa amazacotada por invocaciones continuas a las sombras de los Tarquinos, de Catn y Catilina, “le pareca tan pasado de poca y tan fuera de actualidad” como la letra de los himnos masnicos que le ensearon a cantar antao (p. 147). El propio Esteban da cuenta no slo del ridculo de ciertas ceremonias y de representaciones gratuitas de piezas estpidas, sino de eplogos cvicos que se escriban, y de una representacin en el remozado Britnico de la Comedia Francesa donde Agripina, la madre de Nern, era llamada ciudadana (p. 113). Como se ha visto hasta aqu, la utilizacin que hace Carpentier de la cultura grecolatina en la caracterizacin de la poca y los acontecimientos se ajusta a sus propsitos y a la realidad histrica. Todas las citas estn atestiguadas en documentos del perodo y en estudios sobre el tema. La mayor parte de ellas corresponde a personajes de Grecia y Roma defensores o detractores de la repblica, especialmente de la romana, modelo de la forma de gobierno a la cual aspiraban. Estos personajes son tomados como smbolos o paradigmas de virtudes y defectos. De este modo a Bruto, el conspirador contra Csar, se le considera el rebelde por antonomasia, al igual que al Bruto que expuls al rey etrusco Tarquino el Soberbio; a Demstenes y Cicern, el smbolo de la elocuencia; al filsofo Scrates, de la virtud; al general espartano Lenidas,

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80muerto en combate desigual en las Termpilas, del valor. Pero no slo a ellos, sino que a Tcito se le cita como el modelo de historiador por sus crudas narraciones sobre los emperadores; a los estadistas Licurgo y Soln, como smbolo de las leyes; a los poetas Homero y Horacio, de las letras; y a Csar, como premonicin de un golpe militar que acabara con la Repblica, lo que sucedi con el realizado por Napolen Bonaparte, instaurador del imperio... Llama la atencin que no haya referencias al Imperio Romano para caracterizar ese perodo de dominacin bonapartista, el cual, como en Roma, sigui a la Repblica y a cuyos cambios polticos Vctor tambin se acomoda. Desde los primeros tiempos de la revolucin los partidos ms radicales alababan ms calurosamente a los antiguos, mientras los ms reaccionarios tendan a rebajarlos, pero todo hace suponer que esta ausencia se debe a que en esa etapa se produce el ocaso del personaje, transformado de amante de la libertad y de los derechos del hombre en un verdadero tirano, y por consiguiente, su paso a un segundo plano. Hay, sin embargo, otro elemento definidor del perodo, y es el empleo con diferentes fines de un reducidsimo nmero de palabras bblicas, himnos, exponentes de la influencia cultural y espiritual del cristianismo. Se deben mencionar entre ellas los latines eclesiticos: Preces, nostrae, quaesimus, domine, propitiatus admitte (p. 294), que apoyan el anuncio de la restitucin del catolicismo en Francia y en Cayena, el cual haba sido reemplazado durante la revolucin por el culto de los caudillos y republicanos griegos y romanos, como tuvo muy en cuenta Carpentier. Por ltimo se deben mencionar entre las citas las dedicadas a destacar los valores literarios y artsticos de algunas composiciones como el Magnificat. Sobre todo se aprovecha para subrayar la idea del juicio final con la reiteracin del primer verso del Dies irae (pp. 207, 322) el cual sirve de refuerzo argumental de la narracin. En resumen, el anlisis somero realizado no hace ms que corroborar la maestra del autor en el logro de los objetivos que propuso y, al mismo tiempo, en el empleo de la cultura grecolatina como elemento caracterizador en El siglo de las luces. NOTAS1 Carpentier, Alejo. Sobre novelas y relatos breves de Alejo Carpentier La Habana : Direccin General de Literatura del CNC, 1975. p. 17.2 Marx, Carlos. “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”. En: Marx, Carlos y Federico Engels. Obras escogidas La Habana : Editora Poltica, 1963. t. 1, p. 251.3 Ibdem p. 250.4 Carpentier, Alejo. El siglo de las luces La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1979. A ella remite la paginacin.5 Op. cit (1). p. 17.

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81 La fraseologa en la obra de Alejo Carpentier (primer acercamiento) Alba Pardo ProlProfesora de la Universidad de La Habana“La unidad fraseolgica (UF) es toda unidad pluriverbal de la lengua marcada por una transformacin semntica de sus componentes.” Nazarian, A. G., 1976, p. 20.El acercamiento sistemtico a las unidades fraseolgicas (UF) ha puesto de manifiesto la complejidad de este signo lingstico cualitativamente diferente y que requiere de un estudio especial. Las UF son estudiadas por los lingistas atendiendo a su estructura y naturaleza gramaticales, a las funciones sintcticas que desempean en la lengua as como a la estructura semntica que poseen.Se estructuran siguiendo las normas gramaticales de las combinaciones libres de palabras establecidas por el sistema de la lengua. Slo algunas, como exponente de su poca de fijacin, mantienen rasgos de estructuras antiguas de la lengua que se consideran arcasmos gramaticales o lexicales. Estas unidades pueden desempear las mismas funciones sintcticas que la palabra como signo lingstico central de la lengua. Su estructura semntica ha sufrido transformacin total o parcial de sus elementos que pueden ser de diferentes tipos: reinterpretacin metafrica, no metafrica, arcasmo o elipsis con amplias clasificaciones atendiendo a cada una de ellas. Analizadas en el discurso, los especialistas coinciden en atribuir a estas unidades importantes valores expresivos: El fondo fraseolgico de una nacin constituye una fuente viva e inagotable que garantiza el enriquecimiento de la lengua literaria con nuevas posibilidades y recursos expresivos. La influencia de esta fuente confiere a la lengua la brillantez propia de

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82los rasgos de carcter nacional y el colorido que diferencia una de otra.1Al respecto, la fraseloga cubana, doctora Antonia Mara Trist, plantea: Es posible encontrar textos y autores cuyo estilo no se caracterice por el amplio uso de las UF. Esto, sin que constituya un obstculo para la comunicacin o la comprensin de la idea, sin que pueda considerarse una deficiencia, hace menos expresivo el texto, lo priva del colorido tpico nacional que estas unidades pueden aportar a lo que se expresa. Ellas funcionan del mismo modo que las palabras y, como estas, intervienen como parte de la oracin. Se diferencian, sin embargo, en que la mayora de los fraseologismos no son estilsticamente neutrales.2El acercamiento al trabajo estilstico con las UF permite a los especialistas develar las particularidades creativas de un autor con ellas y conocer la manera artstica en que utiliza estos recursos de la lengua fundamentales en la activacin del pensamiento por imgenes. En el trabajo titulado “La caracterizacin lingstica en Alejo Carpentier”,3del investigador y prominente lingista doctor Sergio Valds Bernal, aparecido en 1981 en la Revista Universidad de La Habana se nos presenta un detallado estudio cronolgico de los recursos utilizados por Alejo Carpentier en la caracterizacin lingstica de sus personajes. Este aspecto se desarrolla desde su primera novela aparecida en 1933 ¡Ecu Yamba-O! ( Loado sea el Seor) hasta su penltima novela La consagracin de la primavera 1978. Dado que la utilizacin de las UF es un procedimiento estilstico de fundamental importancia para esta caracterizacin, trataremos de sintetizar los rasgos sealados por Valds Bernal y que consideramos como antecedentes y premisas para nuestro estudio. Seala Valds Bernal: En su primera etapa (dcada del 30), Carpentier expone con habilidad los factores que caracterizan y determinan la vida del negro en Cuba durante el perodo capitalista, el subdesarrollo cultural, manifestaciones primarias y supersticiosas, condiciones de vida, etctera: palabras yorubas, efik y bant emergen de los ritos y se confunden con el espaol coloquial en los dilogos, reflejo en la novela de la existencia real de la interferencia lingstica debido al proceso de transculturacin ya mencionados. variadas formas del habla popular que le sirven para caracterizar a sus personajes negros. -caracterizacin generacional. En “Viaje a la semilla” (1944) y “Los fugitivos” (1946) la narracin es ms que suficiente para descubrir la trama y la actuacin de los protagonistas principales por lo que el dilogo no es tan necesario como en otras obras debidas a la pluma de Carpentier. En El reino de este mundo (1949), los dilogos entre Mackandal y su

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83gente, as como los de Ti Noel, se realizan en espaol, sin que se intercale una u otra frase o giro en creole por lo que no pudo caracterizar lingsticamente de mejor forma a los personajes haitianos de procedencia africana [...] En el habla de los colonos franceses, Carpentier que domina esta lengua aade a los dilogos entre franceses giros en esta lengua. En Los pasos perdidos (1953) aparecen varias alusiones al subconsciente lingstico del protagonista principal. Para el asunto que nos ocupa, encontramos en esta novela, una reveladora reflexin del personajeautor que plantea el problema del subconsciente lingstico del hispanohablante: Adems, Cul es mi verdadero idioma? Saba el alemn por mi padre, con Ruth hablaba el ingls, idioma de mis estudios secundarios; con Mouche, a menudo, el francs, el espaol de mi eptome de gramtica...4En El acoso (1956), no son numerosos los dilogos –seala Valds Bernal– y los personajes no estn minuciosamente caracterizados desde el punto de vista lingstico. En sus novelas, se va haciendo una constante ms que una caracterizacin lingstica de los personajes, una reflexin acerca del idioma, del papel afectivo que constantemente juega la lengua materna y cmo se reflejan en ella los estados de nimo. En El siglo de las luces (1962) se describe, con acotaciones, o de forma larga y argumentada, el habla de sus personajes. En La consagracin de la primavera (1978), –termina Valds Bernal–, es evidente la presencia de un mayor trabajo autoral en la caracterizacin lingstica de los personajes sobre todo a nivel lexical. Nuestra relectura de la obra de Carpentier, con el objetivo del estudio estilstico de las UF, coincide con el recorrido realizado por el doctor Valds Bernal. En las novelas anteriores a La consagracin de la primavera las UF son casi inexistentes y sera necesario un estudio interdisciplinario de lingistas, fillogos y narratlogos para llegar a conclusiones de orden general del porqu de este aspecto, objetivo que no nos proponemos alcanzar en este primer acercamiento fraseolgico a la obra de nuestro escritor mayor. Limitaremos nuestro anlisis al estudio de las UF en la novela La consagracin de la primavera5 y como corresponde a todo investigador que se respete, limitar mis conclusiones a los aspectos que se refieren al objeto de estudio abordado.El carcter expresivo de las unidades fraseolgicasLas UF de transformacin semntica metafrica son elementos expresivos que van dirigidos fundamentalmente al pensamiento por imgenes del lector contrariamente a las palabras libres que se dirigen al pensamiento lgico. Las UF presentan diversos grados de expresividad que permiten clasificarlas en tres grandes grupos: neutras, cultas y popu-

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84lares. Al definirlas, ejemplificaremos con UF extradas del corpus de la novela estudiada. UF de carcter neutral : Son las que menos carcter expresivo poseen, pero demuestran la necesidad que la lengua tiene de utilizarlas para transmitir un concepto de forma ms expresiva que con una palabra sinnima. A veces, la UF, es el nico medio de expresin de ese concepto que posee la lengua. Hombre fuerte : –Atrs haban quedado los generales y doctores, los “ hombres fuertes ”, los trepadores de retumbante verbo. (p. 271) A tiro hecho : Pero ese viaje, lo hara sola. –Yendo a New-York ibas a tiro hecho –deca Enrique... (p. 297). Tener madera : ...no, bastantes privaciones se haba impuesto para descollar en un oficio donde, si no se tena “madera de grande” estaba una condenada a arrastrar una vida de miseria... (p. 299) Gente de color : ...teniendo que refugiarse, con su marido, en el ghetto de “la gente de color” ... (p. 320) A la buena de Dios : Ni las casas, ni la iglesia parroquial, siquiera, tienen estilo. Nacieron as, a ambos lados de calles totalmente desprovistas de rasgos, memorables, a la buena de Dios ... (p. 377) Mala palabra : ...que a todo pulmn cantan bullangueras canciones de tropa con ms de una mala palabra encajada en las coplas. (p. 393) Un segundo aire : Pero pronto corrieron noticias que dieron como “un segundo aire” a quienes parecan soolientos y cansados. (p. 463) I UF de carcter culto : Se utilizan fundamentalmente en los textos escritos y en contextos cuidados o elevados. No suelen aparecer en contextos de carcter popular salvo si hay una intencin del autor de ofrecer un matiz determinado. Las fuentes de estas UF son histricas, literarias, o culturales en general y suponen un nivel de cultura desarrollado en el que las utiliza as como la capacidad de reconocerlas y apreciarlas en el que las recibe. De la Ceca a la Meca : ...de los trenes subterrneos donde el viajero era llevado de la Ceca de la Bastilla a la Meca de Notre-Dame... (p. 58) Tocar a cuatro manos : ...ni nos interesaban los libros que no pudisemos leer a cuatro manos ... (p. 77) Echar los dados : ¡Un cuartelazo!... aqu, donde habamos permanecido al margen de la endmica pesadilla de la Amrica Central, de Bolivia, de otros pases del continente. Pero ahora estn los dados echados (p. 264) Vender su alma al Diablo : “Lo dudo” –dijo Enrique: “porque t como yo, vendiste tu alma al Diablo (p. 289) Cacera de brujas : ...Richard Nixon, haba desencadenado lo que en su pas, evocndose los siniestros das de los procesos de Salem, llambase ya “la caza de las brujas” (p. 295)

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85Il faut cultiver notre jardin : Esperemos pues, y volvamos a nuestro huerto como Cndido. (p. 410) Despus de m, el Diluvio : ...una economa [...] entregada al circuito cerrado de las ganancias rpidas e inmediatas [...] y “despus de m, el Diluvio”. (p. 425) I.1 UF en lengua francesa : Estas unidades son introducidas por los personajes directamente en francs, o por canciones que personajes de lengua francesa cantan. (En algunos ejemplos, la entrada se realiza por la UF francesa, aunque el autor la haya utilizado traducida al espaol). A ravir : ...bajo la vigilancia de Madame Labrousse-Tissier, la modista de boga, quien, habiendo entrado quedamente haca un rato, diriga la operacin. “Elle vous va ravir ” – dijo... (p. 31) Frise comme un mouton : ...una cantante vestida de smoking, cubierta por un canotier amarillo [... ] en chillona imitacin a Maurice Chevalier: Elle avait de tous petits petons, Valentine, Valentine. Elle tait Frise comme un mouton ... (p. 33) Cheveux d’or : Y, tras de ellas haban aparecido los jvenes corsarios – “corsaires aux cheveux d’or hubiese dicho Lautramont... (p. 63) Roseau pensant : ...se ve como el “junco pensante” de Pascal... (p. 89) A la lanterne : Ah, ca ira, ca ira, ca ira, tous les bourgeois a la lanterne A la guerre comme la guerre : ...se nos apareci con cuatro botellas de “cordoniu”– champaa cataln, a falta de champaa de Champaa, pero... “a la guerre comme a la guerre” ... (p. 143) S’en foutre : “Amusez-vous; foutez – vous de tout”, cantbase en los cabarets de Montmartre... (p. 168) Taper la cloche : “Maintenant, fini les rgimes pour maigrir. Je me tape la cloche ”. (p. 299) Gueule de bois : Estoy sorprendida de sentirme tan bien, a pesar de que este sea el clsico “morning after the night before”– si se prefiere: el amanecer en “ gueule de bois ”... (p. 349) A prix d’argent : Ce n’est qu’a prix d’argent qu’on dort en cette ville. (Boileau). Cita del captulo “Interludio”. (p. 361) Il faut cultiver notre jardin : Esperemos pues, y volvamos a nuestro huerto como Cndido. (p. 410) Sabler le champagne : ...y me divierto, de pronto, al observar que en francs no se dice “beber champaa”, sino “ sabler le champagne ”... (p. 473)I.2. UF en otras lenguasManu militari : Adolfo [Hitler] ocupaba, manu militari el consultorio de Segismundo [Freud]. (p. 88)

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86Sotto voce : Y mi ta, [...] se crey obli gada a largarme, sotto voce una de sus lapidarias sentencias de matrona acostumbrada a intervenir perentoriamente en vidas ajenas... (p. 190) The morning after the night before / gueule de bois: Ver contexto en la UF francesa. ¡Qu viva la Pepa! : Y ya que las cosas son como son, y que ni t ni yo vamos a cambiar nada, pues... ¡qu viva la Pepa! como dicen los espaoles. (p. 88) (La hemos ubicado aqu dado que el propio Carpentier seala que es utilizada por los espaoles ) UF de carcter popular : Se utilizan fundamentalmente en el discurso oral. Pueden expresar estilsticamente los ms sutiles matices del pensamiento: irona, amargura, familiaridad, vulgaridad, maneras de ver la vida, de pensar, etctera. Estas UF no slo trasladan matices expresivos, sino que son portadoras de importantes rasgos valorativos de la situacin, el hecho, el fenmeno que se presenta en la narracin. Por su carcter crudo y las imgenes concretas que producen dan al texto toques inigualables de colorido nacional y de pintoresquismos. Son las que, en mayor grado, se dirigen al pensamiento por imgenes del lector. En la novela estudiada son numerosas. Hablar hasta por los codos : La mujer para la quien hablo esta noche ( y hablo “ hasta por los codos ”, como suele decirse... (p. 55) Hablar entre dientes: ...esas mujeres de raza nueva pasaban sus das fumando cigarrillo tras cigarrillo, [... ] hablando entre dientes (p. 63) Perdonar la descarga : “ Perdname la descarga ” –como dicen ustedes los cubanos: pero me era necesaria” (p. 89) Envueltas en carnes : Decididamente Gaspar era aficionado a las mujeres “ envueltas en carne ”, como decimos por all... (p. 97) Poner la bala donde se pone el ojo / ser un fenmeno: Nunca se vio un lanzador de granadas con semejante puntera. Donde pona el ojo, pona la granada [...] Decan que era un fenmeno ... (p. 139) Ni chicha ni limonada : “Por eso es que, no soy nada. Ni burgus ni proletario. Ni chicha ni limonada como se dice”. (p. 233) Un clavo saca a otro (clavo): “Te ha dado por la tristeza. A m me pasa algunas veces cuando bebo. Pero un clavo saca a otro clavo Sube a mi apartamento para que te tomes la ltima... o la penltima”... (p. 233) Vender a su madre : Adems, esos publicitarios no tienen moral. Venden a su madre para llevarse la cuenta del Bacard. (p. 279) Meterse (le) por los ojos a alguien : Gaspar tena celos de mi amistad con Jos Antonio, como yo senta celos, repentinamente, de una Teresa que, [...] haba tratado, como suele decirse, de“ entrarle por los ojos ”, putendole visiblemente... (p. 280) Estar fuera de cancha : Si no lo creyera, te dira que ests fuera de can-

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87cha y mejor debieras dedicarte exclusivamente a entrenar a las seoritas... (p. 286) Mandar (algo o alguien ) al diablo / al c...: “para retirarme cuanto antes, mandarlo todo al cuerno y consagrarme a la pintura” (p. 289) Ahora es cuando es: “El asalto a palacio fue hace ms de un mes” –deca Enrique con la voz alterada “¡y ahora es cuando es !” (p. 334) Pan con pan, comida de bobos : Estate tranquila. Me quedo aqu esta noche [...] Si fueses un hombre, no digo... Pero nunca me ha dado por ah...Como dice la gente del pueblo: “ pan con pan, comida de bobos ”. (p. 357) Arrancrsela a alguien : “Es una de esas, que salieron zancando de su pas, cuando se la arrancaron al Zar ” –sentenci un filsofo de tertulia bodeguera. (p. 380) Tirar a mondongo : “El General nos ha tirado a mondongo ” –dice uno, pronto callado por irrespetuoso. (p. 440) De madre : “Pues, lo que vas a ver es del carajo, oste?... Porque esto se va a poner de madre (p. 452) Meter la cabeza en un cubo: “Qued como una mierda, con los de aqu, y con los de enfrente. ¡ La cabeza en un cubo (p. 471)Variantes autoralesEn la novela La consagracin de la primavera encontramos 71 unidades fraseolgicas (UF) fundamentalmente de carcter metafrico. Fueron consideradas las nominales cuando son el nico elemento lxico o el ms frecuente con que cuenta la lengua para expresar el concepto. Las UF caracterizadas en el sistema, por la fijacin inalterable de sus elementos (a riesgo de su incomprensin), son sometidas, en el discurso, a variaciones que van, de las ms sencillas y obligadas por las reglas sintcticas –concordancia de gnero y nmero, rgimen verbal, etctera–, pasan por transformaciones lxicas mucho ms osadas que muestran la agudeza del autor al adaptar la imagen de la UF a su contexto especfico, y pueden llegar a una transformacin parcial o total de sus elementos que hace que muchas veces la UF slo sea reconocida a partir de la reminiscencia de la imagen primaria, en la conciencia del lector. As es interesante estudiar las transformaciones temporales o autorales de las UF que ponen de manifiesto la soltura en su manejo y a la vez el enriquecimiento expresivo infinito de estas unidades Las transformaciones autorales que hemos encontrado en la obra son: UF entrecomilladas y cuyo locutor se explicita : Aunque estas UF son oportunas y expresivas, el hecho de que se entrecomillen y se explicite quin suele decirlas nos hace asociarlas al recurso de distanciarse para explicar un recurso de la lengua o dejar constancia de l sin que sea asumido directamente por el personaje o el autor. Con este proce-

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88dimiento el autor interrumpe, a menudo, con su presencia explicativa, la fluidez de la UF en el contexto: Hablar hasta por los codos : La mujer para quien hablo esta noche (y hablo “ hasta por los codos ”, como suele decirse... (p. 55) Cheveux d’or : Y tras de ellas haban aparecido los jvenes corsarios –“corsaires aux cheveux d’or ”, hubiese dicho Lautramont. (p. 63) ¡Qu viva la Pepa! : Y ya que las cosas son como son, y que ni t ni yo vamos a cambiar nada, pues... ¡qu viva la Pepa! como dicen los espaoles. (p. 88) Roseau pensant : ...se ve como el “ junco pensante ” de Pascal... (p. 89) Perdonar la descarga : “ Perdname la descarga ” –como dicen ustedes los cubanos; pero me era necesaria”. (p. 89) Envueltas en carnes : Decididamente Gaspar era aficionado a las mujeres “ envueltas en carnes ”, como decimos por all... (p. 97) A la hora de los mameyes / a la hora de la verdad :Y a la hora de los mameyes (es expresin cubana, pero diremos, para no complicar demasiado, que es la misma “ hora de la verdad ” de los toreros) (p. 114) Sacar de quicio (a alguien): Era urbe que sacaba de quicio –valga la manida expresin–... (p. 224) Ni chicha ni limonada : “Por eso es que yo no soy nada. Ni burgus ni proletario. Ni chicha ni limonada como se dice”. (p. 233) (La UF verdaderamente popular es: Ni chicha ni limon) Meterse (le) por los ojos a alguien : Gaspar tena celos de mi amistad con Jos Antonio como yo senta celos repentinamente, de una Teresa que [...] haba tratado, como suele decirse, de “ entrarle por los ojos ”, putendole visiblemente... (p. 280) Moros y cristianos : Qu? ¡No iba a poner mis “ moros y cristianos ” –como llamaba Gaspar a la gente de mi conjunto, donde blancos, negros y mulatos, andaban juntos y revueltos –a bailar El lago de los cisnes (p. 287) A tiro hecho : Pero ese viaje, lo hara sola.–“Yendo a New-York ibas a tiro hecho deca Enrique... (p. 297) Pan con pan, comida de bobos : Estte tranquila. Me quedo aqu esta noche [...] Si fueses un hombre, no digo... pero nunca me ha dado por ah... Como dice la gente del pueblo: “ pan con pan, comida de bobos ”. (p. 357) La procesin va por dentro : ...y vaya usted a saber la “ procesin que cada uno lleva por dentro ”. Y esto de “la procesin” pas de imagen verbal y refranera a... (p. 380) En edad de merecer : Las Princesas son bonitas, y ms an las mayores, Tatiana y Anastacia, ya en edad demerecer como se dice. (p. 384)

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89Il faut cultiver notre jardin : Esperemos pues, y volvamos a nuestro huerto como Cndido. (p. 410) Sabler de champagne : ...y me divierto, de pronto, al observar que en francs no se dice “beber champaa”, sino “ sabler le champagne ” –que es como decir en-arenar, poner en arena... (p. 473) (Dicho sea de paso, a esta UF, Carpentier atribuye una fuente personal que no se encuentra atestada en los diccionarios franceses y que pudiera explicarse por interferencia del espaol) 2 Rompimiento de la UF : Se produce por la irrupcin en ella de elementos del contexto y que no son obligados sintcticamente. El procedimiento produce la ruptura de la secuencia fija de la unidad. Esta suspensin en su realizacin la hace centro adicional de atencin y la destaca en el contexto. (La expansin se seala entre corchetes) De la Ceca a la Meca : ...de los trenes subterrneos donde el viajero era llevado de la Ceca [de la Bastilla] a la Meca [de Notre-Dam]... (p. 58) Difusin de la norma de la UF : Consiste en una aplicacin de su contexto interno a travs de palabras libres y siguiendo las reglas sintcticas de las significaciones libres de palabras. Da como resultado un enriquecimiento interno de la UF y su integracin al contexto se hace ms orgnica al desdibujarse los limites normativos de la UF. Este procedimiento expresa la tendencia del autor a renovar las formas fijas neutrales y menos efectivas estilsticamente. Tener madera : ...no, bastantes privaciones se haba impuesto para descollar en un oficio donde, si no se tena “ madera de grande ”, estaba una condenada a arrastrar una vida de miseria... (p. 299) Cogerse algo para uno : ...el Jos Antonio ese, que se haba cogido la revolucin para l solo ... (p. 471) La procesin va por dentro : ...y vaya usted a saber la “ procesin que cada uno lleva por dentro ”. (p. 380) Al pan, pan y al vino, vino / hora de la verdad : ...donde al pan se le llama pan y vino al vino y, cada vez que se alza el teln, el hombre vive en la “ hora de la verdad ”... (p. 113) Variaciones lexicales : Ponen de manifiesto la creatividad del autor y sus posibilidades de utilizacin de los mecanismos metafricos del lenguaje. Este procedimiento sobrepasa los lmites del contexto oracional y se vincula al contexto social o histrico que puede ser individual, colectivo, regional, nacional. Tocar a cuatro manos : ...ni nos interesaban los libros que no pudisemos leer a cuatro mano s. (p. 77) Poner la bala donde se pone el ojo / ser un fenmeno: Nunca se vio un lanzador de granadas con semejante puntera. Donde pona el ojo, pona la granada [...] Decan que era un fenmeno ... (p. 139)

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90Tout le monde : ...y recibo en mi casa al tout Paris ... (p. 301) Recreacin de la UF : Cambios libres en la UF que se reconocen a partir del prototipo que estn guardados en la memoria del lector. Moros y cristianos / juntos pero no revueltos : Qu? ¡No iba a poner mis “ moros y cristianos ” –como llamaba Gaspar a la gente de mi conjunto, donde blancos, negros y mulatos andaban juntos y revueltos – a bailar El lago de los cisnes (p. 287) Agrupaciones de UF : Este procedimiento resulta de gran expresividad al unir en un solo contexto dos o ms imgenes que mantienen en tensin el mecanismo metafrico del lector. Es por esta razn que al lector de este estudio se le han presentado en diversas ocasiones el mismo contexto, con diferentes objetivos de anlisis. Jugarse la cabeza / el todo por el todo : ... se jugaba la cabeza – el todo por el todo – en cada frase arrojada a la luz del tribunal. (p. 68) Al pan, pan y al vino, vino / hora de la verdad :... donde al pan se le llama pan y vino al vino y, cada vez que se alza el teln, el hombre vive en la “ hora de la verdad ”... (p. 113) Poner la bala donde se pone el ojo / ser un fenmeno : Nunca se vio un lanzador de granadas con semejante puntera. Donde pona el ojo, pona la granada [...] Decan que era un fenmeno ... (p. 139) The morning after the nigth before / gueule de bois : Estoy sorprendida de sentirme tan bien, a pesar de que este sea el clsico “ morning after the night before ” –o si se prefiere: el amanecer en “ gueule de bois” ... (p. 349) UF en lenguas extranjeras : Estas UF tienen una orientacin funcional. Se consideran una interferencia semntica y un medio de caracterizacin cultural del autor. (Ver acpite de UF de carcter culto)ConclusionesLa utilizacin de un tono mayor, caracterstico de la obra de Alejo Carpentier, refleja las posiciones existenciales del autor ante su creacin, ante el mundo que su obra representa, ante el hombre, ante la historia: Un hombre universal en un tiempo infinito en su ansia de saber. Parecera que la obra de Carpentier –como la de los grandes filsofos del Siglo de las luces– fuera tomando cuerpo en la medida violenta en la que el autor, fue sintiendo, hasta la exasperacin, esta vital necesidad de saber. En este largo recorrido narrativo, las unidades fraseolgicas estn prcticamente ausentes hasta que se llega a La consagracin de la primavera (1978). Las UF de transformacin semntica metafrica son elementos expresivos que van dirigidos al pensamiento por imgenes del lector, contrariamente a las palabras libres que se dirigen al pensamiento lgico Constituye un elemento a investigar, de manera ms profunda y por los mtodos correspondientes, el inters de Carpentier de dirigirse con

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91ms fuerza al pensamiento lgico que al pensamiento por imgenes, lo que explicara la no presencia sistemtica de las UF en su obra. Por el grado de expresividad las UF se clasifican en tres grupos: de carcter neutro, culto y popular. El corpus estudiado est ampliamente representado en los tres grupos. Es interesante sealar que de las 71 UF, extradas en contexto y que constituyen el corpus de anlisis, 12 aparecen en francs (16,90%), 4 en otras lenguas (5,67%) y el resto en espaol (77,33%). Las UF en lenguas extranjeras ponen en evidencia, por un lado, la pluralidad de la conciencia lingstica (espaol/ francs) del autor y, por otro, su vasta cultura universal. Y deben ser consideradas de carcter culto. Se destaca la abundancia tambin de UF de carcter popular que dan al texto un colorido nacional y permiten disfrutar del matiz valorativo de los fenmenos, situaciones y hechos que se narran. El autor produce siete tipos de variantes o transformaciones temporales que demuestran no solamente el dominio que tiene del valor expresivo de las UF, sino su capacidad para producir, con ellas, efectos expresivos adicionales que satisfagan las necesidades de su oficio creador. NOTAS1 Babkin, A. M. Fraseologa rusa Leningrado : 1970. p. 8.2 Trist, Ana Mara. La fraseologa en la obra de Ral Roa La Habana : MINCULT, 1987. p. 10.3 Valds, Sergio. La caracterizacin lingstica en Alejo Carpentier. Universidad de La Habana (214):[134]-150; mayo-ag., 1981.4 Carpentier, Alejo. Los pasos perdidos La Habana : p. 333.5 ______. La consagracin de la primavera La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1979. A continuacin slo se pondr el nmero de la pgina en la que aparece la UF citada.BIBLIOGRAFA CARPENTIER, ALEJO. Dos novelas: El reino de este mundo y El Acoso. La Habana : Editorial Arte y Literatura, 1976. _______. Concierto barroco La Habana : Editorial Arte y literatura, 1975. _______. Letra y Solfa. Literatura. Autores. La Habana : Editorial Letras Cubanas,1997. _______. Letra y Solfa. Mito e historias. La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1997. _______. Letra y Solfa. Literatura. Libros La Habana : Editorial Letras Cubanas,1997. ALONSO, M. Enciclopedia del idioma Madrid : Aguilar S.A.,1958. REY, A. Dictionnaire des expressions et de locutions francaises Paris : Robert, 1986.

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92 El mito en “Los advertidos”, de Alejo Carpentier 1Alejandro Cnovas PrezFundacin Alejo CarpentierPero ni Deucalin, ni No, ni Unapishtim, ni los No chinos o egipcios dejaron su rbrica fijada por los siglos en el lugar de arribo... Los pasos perdidosEl asunto de la vigencia del clasicismo grecolatino en la obra de Alejo CarpentierLa tan manoseada condicin de los grandes escritores que los sita como “clsicos” –haciendo la inclusin respectiva de Carpentier– es un tpico en la crtica, sobre todo de este siglo que fenece. Sin embargo, el clasicismo hace inevitable la idea de que existen creadores cuya obra genera una nueva poca de composicin artstico-literaria, en espera de que otros “clsicos” conviertan en pasado una tcnica y una esttica correspondiente a un perodo de la historia del arte humano. Por su concepcin de la cultura,2 Alejo Carpentier –para abreviar– revisa en el amplio catlogo de conocimientos que, el mundo europeo, en un constante mirarse a s mismo, consolid hacia el siglo XVIII como lo clsico Busca, reniega, afirma, pero toma de este, el saber “refinado”, tamizado, por centurias de “montajes” de estructuras cognoscitivas, sntesis unas de otras, summa que es en fin de cuentas, la cultura europea, como lo son igualmente el resto de las culturas humanas. Por tanto, no es de extraar que en el repertorio artstico carpenteriano lo clsico entendido en este contexto, aparezca muchas veces ya sea como referencia, ya como recurso tecnolgico. Hay quien dice que esto es lo que debe llamarse canon, otros lo nombran cdigo, mientras que preferimos llamarlo un recurso de la composicin, por considerar que el problema se reparte por igual en estos tres dominios de clasificacin. Lo de recurso de la composicin significa de todos modos que nuestro punto de vista le alcanza como elemento de creacin –o de pensamiento y mtier al mismo tiempo– en la obra carpenteriana. La definicin del concepto composicin de una obra de arte literario, en general, es algo que no es pertinente aqu y sin embargo, nos permitiremos una pequea digresin en aras de la mejor comprensin de esta categora. Se trata en breves palabras de considerarla como principio pedaggico del estudio filosfico y al mismo tiempo, instrumento, en s mismo, de la creacin literaria. Se alude pues, a cmo el concepto de composicin puede coquetear perfectamente con la preceptiva y las posibilidades de transformacin

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93y recreacin de una obra terminada en el tiempo, desde el punto de vista del lector. A semejanza de las otras artes, la literatura tiene rasgos a los que se les puede reducir pedaggicamente. Es lo que podemos llamar composicin considerndola como un proceso. La palabra composicin, viene del latn cumpositio lo que quiere decir, exactamente lugar junto a. Empleada aqu en su sentido tcnico, composicin literaria es la colocacin con un criterio funcional, de cada uno de los elementos de un sistema terico que interpreta la estructura, primero aparente, y luego, esencial, de la obra literaria. El centro, pues, del anlisis composicional, son los hechos que permiten hacer un modelo ideal o abstracto que ser tomado por una verdad cientfica. De manera que las numerosas veces en que se tomar esta palabra, la de composicin, pinsese en la definicin que acabamos de dar. En lo que respecta al mito, indudablemente en este se encierran las concepciones cosmognicas de los hombres; la creacin y orden del universo es el centro del cual divergen, de modo general, las ideas sobre el mundo que tienen los pueblos. Se unen en esta categora muchos de los recursos del arte y de la ciencia, todava informes, tales como la generalizacin-particularizacin, las relaciones causas-consecuencias, hiperbolizacin (exageracin)-minimizacin, el arquetipo: ya sea en la figura humana o en un dios, o en ambas cosas, etctera. El mito en el clasicismo griego y latino, se despoja por vez primera en el contexto cultural histrico europeo, –del cual es herencia, el nuestro, contexto hispanoamericano y cubano, en primer lugar– de sus contenidos primeros de explicacin del mundo, y de sus usos religiosos y sacros, de todo tipo. El clasicismo grecolatino les impone a sus propios mitos, una sucesiva demitificacin. Es la suerte del desarrollo del mito, que emboca de esta manera hacia la filosofa, la historia, y las ciencias en general. Al respecto, es ilustrativo el anlisis que el gran especialista George Thomson dedica al mundo de Esquilo. Para Thomson, el mito surge y se desarrolla en una colectividad pequea relativamente, para luego, hacerse parte de una sociedad entera. En el decursar de Esquilo y Atenas termina afirmando que Esquilo difiere en la interpretacin del mito de Prometeo en relacin con la opinin de Hesodo.3 Obsrvese que ambos, Esquilo y Hesodo pueden considerarse de cierta manera, escritores que se permiten un nivel de apreciacin distanciada del mito, puesto que para ellos ha dejado de ser lo que era en un inicio. De esto se deduce que la concepcin del mito no slo depende de una historicidad, sino del grado de desarrollo de la cultura que lo engendr. Ahora bien, al alejarse de sus orgenes el mito se integra dentro de cada sistema cognoscitivo-civilizatorio como una unidad de ese conjunto. Ese cambio de funciones lo reserva como referencia de saberes que se relacionan con l, que van desde el religioso, el filosfico, hasta el artstico. El mito se convierte ya desde el clasicismo en referente. Y es en este punto de la reflexin donde nos detenemos para afirmar que el mito aparece como referente en la obra de Carpentier, y ese status devela

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94que no es ms que un recurso de la composicin caracterstico de este autor. La referencia en Carpentier, permite la relacin cognoscitiva analgica por parte del lector dentro de su texto –vase en la primera nota su concepto de cultura– por tanto inferimos que es tcnica artstico-literaria .El porqu del mito en la obra carpenteriana y en particular en “Los advertidos”Quienes conocieron a Carpentier testimonian su faceta bromista y tal vez mitmana. Los advertidos (1965) inicia una serie de obras “divertimentos” que pasando la novela Concierto barroco (1974), culmina en El arpa y la sombra (1979). Pero, las “invenciones humorsticas carpenterianas” corresponden, desde luego, a un modo de ser reflexivo que se manifiesta de igual forma en los temas serios de la vida filosfica y poltica de su obra. En la definicin que hace Carpentier del mito, podemos hallar una respuesta acerca de su empleo en toda su obra: El mito es la cristalizacin, en accin de personajes, en una accin determinada, en un psicodrama o en una accin dramtica o en una accin novelesca, de las apetencias profundas del hombre. En realidad el mito de Prometeo responde a la apetencia que tiene todo hombre digno de ese ttulo de alcanzar el cielo y probar el fuego mgico de los dioses. Es el origen de los inventos, es el origen de todas las grandes cosas que ha hecho el hombre. Los mitos no son sino una representacin grfica. Una especie, si usted quiere, de sublimacin del comic de nuestras acciones cotidianas ...4En esta reflexin est claro que quien habla expresa una opinin desde un punto de vista ms cercano al creador literario, no sin dejar de ponerse, a encontrar la permanencia de toda su obra, si nos prevenimos de esta forma. Pero, igualmente, Carpentier genera l mismo su propio mito de escritor, y tambin mitos sobre modos de decir y hacer artsticos, culturales y filosficos acerca del mundo sobre el que ejerce su condicin humana. Su nocin de mito adems, corresponde con su particular forma de expresin del tratamiento del tiempo como recurso de la composicin en su narrativa y al mismo tiempo con su idea de la historia, ya sea como creador literario, ya sea como historiador, ya sea como filsofo.ZONAS DE MANIFESTACI"N DEL MITO EN CARPENTIER (Ejemplos) CARPENTIER Y SU MITO DE ESCRITOR El autor sobre s mismo EL MITO Y EL TIEMPO CARPENTERIANO Recurso de la composicin dentro del sistema temporal de cada obra y/o ensaystica (potica) MITO Y FILOSOFA EN CARPENTIER Elemento del sistema terico elaborado por l como culturlogoDe esta manera y brevemente, considerar la presencia del mito en Carpentier, nos plantea por una parte, el problema de

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95la forma con que es elaborado por este escritor, y por otra, la autoconciencia de generarlo. Para esto es necesario recordar nuevamente las ideas culturales de Alejo en relacin con el modelo europeo y el modelo latinoamericano: Una vez ms, Amrica reclama su lugar dentro de la universal unidad de los mitos, demasiado analizados en funcin exclusiva de sus races semticas o mediterrneas. Aqu sigue tan vigente el mito de Amalivaca –mito que es tambin el de Shamash, el de No, el de Quetzalcoatl– que en das de la Enciclopedia y de los Dilogos de Diderot, el padre Filippo Salvatore Gilli se oy preguntar por un indio si Amalivaca, modelador del planeta, estaba arreglando algo en Europa: es decir, en la otra orilla del ocano.5Visin del mito y visin mtica: la demitificacin consciente de CarpentierLos mitos relativos a la destruccin-regeneracin de la Humanidad como el del Diluvio, llamaron poderosamente la atencin de Carpentier. Y la seleccin de algunos de estos para estar presentes en “Los advertidos” denuncia las intenciones de su autor. De entre ellos, podemos mencionar el de la gran cuenca amaznica: de Amalivaca, el hebreo: de No, el griego: de Deucalin y Pirra, el babilnico: de Our-Napsihtim y de Sin, que es el chino. Como pienso que el tema general de la obra de Carpentier consiste en calificar la actitud social del hombre cubano, latinoamericano o, universal, en condicin de sujeto en el problema del conocimiento entendido como transformacin en algo mejor de “lo que es” y que, en el caso de “Los advertidos”, el “hombre” ha sido representado como personaje “advertido”, no es causal que cada “elegido”, su pueblo y su dios respectivo, sean evaluados en funcin de la idea esencial que aporta el relato: la relatividad del conocimiento posedo por una cultura, un pueblo, un individuo. De modo que el anlisis derivado de las imgenes de “Los advertidos” se dirige a la deconstruccin de los mitos del Diluvio en las variantes universales aludidas. El resultado es no slo la demitificacin sino la inauguracin de un nuevo mito: el de los “elegidos” universales cuya condicin es absolutamente irnica. Es, tambin, el de un mito demitificador.El mito del diluvio griego: Deucalin y PirraPermtasenos hacer un breve recuento del mito griego del Diluvio, con el fin de comprender mejor su funcin dentro de la obra que nos ocupa: Deucalin era hijo de Prometeo y Climene, y esposo de Pirra, hija de Epimeteo, monarca de Pitia, en Tesalia. Cuando Zeus decide destruir con un diluvio la degenerada raza humana, Deucalin, por consejo de su padre, construy un arca de madera, en la que se salv con su esposa de la destruccin general. Despus de nueve das, desembarc en el monte Parnaso y ofreci un sacrificio a Zeus Fixio (quien le envi ayuda desde el aire ). Habiendo consultado el orculo de Temis en Delfos, sobre el medio de renovar a la humanidad, este le indic que Pirra y l se cubriesen sus cabezas con un velo y arrojasen de s

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96los huesos de su madre. Ellos entendieron que la sacerdotisa se refera a Gea, es decir, a piedras, las cuales, llegado el momento, arrojaron tras de s. Las piedras lanzadas por Deucalin fueron convirtindose en hombres, mientras que las Pirras en mujeres. Con esta raza, Deucalin fund un reino en Locris, donde en otros tiempos se exhibi la sepultura de Pirra. Se deca que la de Deucalin poda verse en Atenas, en el antiguo templo de Zeus Olmpico, el cual se supona que l haba construido.6Sin embargo, Carpentier se permite alterar la secuencia y los datos del mito griego e incluso su ancdota como en otras muchas de sus obras, para poner en funcin artstica las correspondencias reales y las imaginarias. Un ejemplo con el que se puede establecer la comparacin es el del caso de la utilizacin de la historia en la novela El reino de este mundo; Carpentier menciona a casi todos los personajes histricos decisivos para ese momento en Hait excepto Toussaint Louverture. Es de esa manipulacin de la realidad que nace consecuentemente una posible respuesta al problema de la funcin como elemento de la composicin del mito griego del Diluvio para “Los advertidos”. Vase cmo subrayamos aquellos argumentos donde Carpentier difiere o manipula, provenientes del mito original griego para hacerlo semejante al resto de los mitos, en total cinco, dentro de su relato de los elegidos.Funcin composicional del mito del Diluvio –en particular del griego– y de los personajes extrados de cada una de las versiones por Carpentier para “Los advertidos”Es un relato que basa su composicin en unidades cognoscitivas que funcionan a modo de un esquema que expresa una lgica artstica. El esquema del mundo composicional-cognoscitivo de la obra muestra que el autor implcito favorece la concentracin del lector en los elementos sealados como ncleo, primero a Amaliwak, despus, a otro elegido, y luego, al resto de los elegidos y a ambos lados, arriba: a los dioses, y abajo, a los pueblos, respectivos. Por una parte, la posicin central para los advertidos -elegidos revela el porqu del ttulo del relato, la advertencia – conocimiento y alerta segn los diccionarios de la lengua espaola– es un recurso composicional usado a menudo por Carpentier (vase su otro relato “Oficio de tinieblas”, de 1944, donde las advertencias pueden considerarse personajes). ¡Carpentier advierte aqu sobre los advertidos Por otra, el movimiento del saber-no saber se establece en una dinmica sumamente interesante y divertida: el Dios, sabe lo que no saben ni el Elegido, ni su humanidad correspondiente; sin embargo, no sabe lo que s conocen tanto el Elegido como su pueblo; por su parte, el Elegido conoce lo que no saben ni su Dios, ni su humanidad y desconoce lo que saben el Dios y su pueblo respectivo... y as sucesivamente. La relacin cognoscitiva deviene irnica puesto que lo que se muestra alude a un nivel distinto de cosas.

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97Quisiramos ante todo destacar la posicin del advertido o elegido, Deucalin. Obsrvese que se encuentra inmerso en una enumeracin de mitos, convertidos aqu en peripecias dentro del sistema de la accin. Sin embargo, el mito griego se encuentra en la secuencia siguiente: Amaliwak encuentra al hombre de Sin, ambos elegidos a No; los tres se renen con Deucalin y cuando son cuatro, aparece el ltimo de los advertidos: Our-Napishtim; es decir, as: Amaliwak— Hombre de Sin —No— Deucalin —Our-NapishtimAmaliwak Culturas amaznicasCivilizacin china-Civilizacin hebreaCivilizacin griega -Civilizaciones mesopotmicasCulturas amaznicas Es Deucalin –o mejor dicho su mito– quien viene a dar culminacin a la crisis de las contradicciones que han entrevisto los anteriores elegidos: trajo una nave “de una admirable finura de lneas”, “se arrim ligeramente” (mientras que tanto la de Amaliwak, del hombre de Sin, como la de No son pesadas y maniobran mal); l no tiene indicaciones de su dios para salvar a los animales,7 ni a su familia –salvo a Pirra, pero esto se da por supuesto, ya que lo ha acompaado. Ha sido “encargado por el Dios del Cielo y de la Luz de repoblar el mundo cuando termine este horrible diluvio”, afirma, y para colmo se permite calificar de horrible un acto de su propio dios. ESQUEMAS DE LAS RELACIONES COGNOSCITIVAS-COMPOSICIONES EN “LOS ADVERTIDOS” ESQUEMAGENERAL DE RELACIONES PARTES DEL RELATO IIIIIIIV Dios (dioses) Quien-todo-lohizo (referencia) Quien-todo-lohizo Dioses respectivos (referidos) Dioses respectivos (referidos)/ Quien todo lo hizo Elegido (Elegidos) Amaliwak Amaliwak Amaliwak/Hombre de Sin/No Deucalin /OurNapishtim/ Amaliwak HumanidadIndgenas Su pueblo y los dems Humanidades (referidas) Humanidades (referidas) Indgenas recreados

PAGE 99

98Es evidente que, sin detallar ms, Deucalin es una imagen creada por Carpentier cuya irona se entrev ms all del discurso cultural. Lo que dice y hace Deucalin da cima por contraste –en lo que se llama la etapa de la accin: culminacin–, al conflicto cognoscitivo de los elegidos: la sospecha de que los dioses respectivos se han equivocado, la viene a confirmar el griego. El referente cultural: la fama de cultivo de la lgica, del pensamiento exacto y riguroso para describir el mundo que tienen los griegos clsicos, se manifiesta aqu como un recurso de la composicin del texto. La alusin no puede ser ms clara: ¡hay un error cognoscitivo Esta parece ser la funcin composicional del mito del Diluvio griego en su versin carpenteriana. El resto es ms que evidente: las diferentes formas del Diluvio universal confrontadas en el relato se encuentran en funcin de mostrar una teora cultural que trasciende “Los advertidos” y hace de esta joya narrativa un clsico de la literatura latinoamericana del siglo XX. Se trata de que ninguna cultura es superior porque cree poseer la verdad absoluta sobre los conocimientos humanos... pues, no existen las verdades absolutas en el terreno del saber: el nico reconocimiento vlido es el convencimiento de la realidad de toda creencia, tradicin, sabidura, compartidos por igual –tambin con sus errores– por todos los hombres.Carpentier clsico y mito: un clasicismo cubano“Nuestros mitos deben ser confrontados, afirma Carpentier, con los grandes mitos universales. Debemos mirar a la verdad profunda de nuestras cosas, sin dejarnos encandilar por embadurnos y abalorios... No vayamos a un velorio aldeano para hacer apuntes pintorescos y costumbristas: lo que debe llevarnos a tal lugar es el anhelo de saber qu concepto se tiene all de la Muerte” .8Se trata muy claramente de que Carpentier considera al continente americano como una encrucijada cultural. No basta el mestizaje tnico, social y cultural si todo quedara hasta aqu, sera muy simple. La razn primera que hace de lo local, un hecho universal, es precisamente la analogacin de la verdad cognoscitiva particular con la general, la que es vlida para todos los hombres. El clasicismo considerado como un conjunto de hechos culturales de valor duradero, un conocimiento que nos deja como ltimo sabor el de una concepcin humanista del mundo, hace que confiemos en la continuacin de la Utopa de un Hombre mejor, porque l se ha mejorado al transformar su propio entorno. Porque es Dios, advertido y humanidad, todo a la vez, sin engao, ni errores previsibles. Porque en una Trinidad loable transita hacia un futuro que no habla mal de su pasado. Tal es la pretensin del uso de los mitos de regeneracin humana en “Los advertidos”, y probablemente en toda la obra de Alejo Carpentier.NOTAS1 Presentado como ponencia en el Consejo Internacional Contemporaneidad de los Clsicos: La tradicin grecolatina ante el siglo XXI, Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana, 2-5 diciembre de 1998.

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992 “Yo dira que cultura es: el acopio de conocimientos que permiten a un hombre establecer relaciones, por encima del tiempo y del espacio, entre dos realidades semejantes o anlogas, explicando una funcin de sus similitudes con otra, que puede haberse producido muchos siglos atrs”. Carpentier, Alejo. La novela latinoamericana en vsperas de un nuevo siglo. En su: Ensayos. La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1984. pp. 155-156.3 “...el ritual dio origen al mito, que reproduce todos sus rasgos en forma narrativa. A menudo se dice en tales casos que el mito es la explicacin del ritual; pero por lo menos en sus fases primitivas, es ms bien la forma hablada del acto ritual, la expresin colectiva de una experiencia inolvidable, compartida peridicamente por los participantes del mismo rito. Posteriormente, cuando el sistema del clan est ya en decadencia, el mito puede separase del ritual y desarrollar rasgos independientes y propios. [...] La historia de Prometeo se haba llenado ahora de un contenido intelectual que iba ms all del cuento referido por los rudos campesinos de Beocia; pero el proceso que la nueva interpretacin marca sobre Hesodo, no menos que su progreso sobre el ncleo primitivo del mito slo fue posible por el avance de la propia sociedad”. Thomson, George. Esquilo y Atenas. La Habana : Editorial Arte y Literatura, 1982. pp. 153, 455.4 Carpentier, Alejo. Entrevistas. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1985. p. 197.5 _______. Carteles (La Habana) 29(8):30; 22 febr., 1948.6 Seyffert, Oscar. Enciclopedia clsica de mitologa-religin-biografas-literatura-arte-y antigedades. Buenos Aires : Librera El Ateneo Editorial, 1947.7 Sobre esto nos dicen Sandra Rossi y Gustavo Blanco: “...que Deucalin sea el nico que no fuera “advertido” por sus dioses, de los animales, evidencia cmo fueron de antropocntricos los griegos”. Curiosa la referencia cultural y su interpretacin en relacin con ‘Los advertidos’. Esto viene a demostrar que Carpentier cuenta con la competencia cultural de su lector depositndola en su tcnica composicional como referencia a un estado de opinin sobre la Grecia Clsica que viene de siglos atrs y est generalizado. Y no se equivoca. Rossi, Sandra y Gustavo Blanco. Las referencias clsicas en la narrativa de Alejo Carpentier. Trabajo de Diploma. Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana, julio de 1990. p. 5.8 Op. cit (4). p. 50.

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100 Semiosis de una estructura ausente ( El Acoso ) Marcia Losada GarcaProfesora de la Universidad de La Habana...imitacin que ha sido hecha o lo es por personajes en accin y no por medio de una narracin... Aristteles. Potica.El arte moderno tiende a ser cada vez ms dialgico. Las relaciones entre las diferentes manifestaciones artsticas, condicionan una lectura recreativa y una labor crtica orientada hacia una recepcin interdisciplinaria de la obra in situ. La bsqueda de citas, referencias tpicas, motivos, alusiones, como puente semntico entre dos obras artsticas revalida, a muchos siglos de iniciada la estrategia exegtica de los fillogos alejandrinos, a la par que nos inscribe a nosotros, receptores y crticos modernos, en la acendrada tradicin latina de composicin-recepcin intertextual de la obra de arte. No puede hablarse de una aprehensin de la estructura profunda de un texto, sin conocer todo el universo correferencial producto de “estas conversaciones”. Por ceirme a ejemplos carpenterianos, la lectura de “El derecho de asilo”, le resultara bastante inexplicable a quien no estuviera al tanto de esta peculiar caracterstica de la diplomacia latinoamericana; igualmente, Los pasos perdidos sin un conocimiento de La Odisea ; “Semejante a la noche”, sin el canto I, de La Ilada ; el sentido satrico de El arpa y la sombra sin la Apocolocyntosis de Sneca, quedara bastante mutilado. Y de una gran densidad intertextual es el dilogo de El acoso con otras obras. A cuarenta aos de creado, el relato puede releerse por ejemplo en estrecha relacin con La Eroica de Beethoven, con la Biblia ; puede mirarse como una recreacin ficcional de hechos ocurridos a propsito del fracaso de la Revolucin del 30; una llave de la semiosis del relato, puede buscarse del mismo modo, en cuentos como “El corazn delator” y “El hombre de las multitudes”, de Poe, o con sus contemporneas La trampa de Serpa, y La noche de Ramn Yenda de Novs Calvo; puede encontrarse en l, adems, mltiples referencias a la arquitectura de nuestra ciudad. Tambin, el sentido trgico de los antiguos griegos, deviene una clave de lectura. Leerse El acoso desde algunas de estas aristas, no agota todo el campo semntico del relato, sin embargo, nos devela gran parte de sus mecanismos semiticos. Pero, debemos tener en cuenta a la hora de aplicar el instrumental crtico, su carcter “narrativo”; es decir, que cualquier compara-

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101cin, debe partir de “esta” forma de relacin de los enunciados, aunque resulten coincidentes con otro modelo estructural, “cuyo contenido” propicia a nivel de sintaxis narrativa “prstamos” connotativos de otras formas artsticas. Si vamos a reflexionar sobre posibles paralelismos entre relato y tragedia, se hace necesario en primer trmino, delimitar los elementos de composicin que los conforman de acuerdo con un sistema relacional de hechos, que constituyen a ambos como modelos. Por tanto, una breve reflexin sobre la composicin resulta obligatoria, pues es mediante este proceso, o en l, que hacen posible los prstamos. La composicin es el resultado de una disposicin coordinada de un conjunto de elementos, en la cual subyace una relacin tanto con el sistema de reglas que hace posible su unidad as como su orden otros modelos metatextuales. Tiene a la autonoma como condicin necesaria; puede concebirse como un conjunto de rasgos pertinentes organizados en jerarquas, susceptibles a descomponerse en niveles vinculados entre s. Es tambin una estructura dinmica en la cual el texto es slo una condicin necesaria en la que se debe tener en cuenta, adems, factores “ajenos” al signo que utiliza como sustento material: la vida del autor, otras obras anteriores o contemporneas que le sirven de fuente, asunto y por ltimo y no por menos importante, la competencia del receptor. Un conocimiento de la vida del autor nos lleva quizs, hasta el umbral de acontecimientos vinculados al asunto –la abortada Revolucin del 30, la participacin de Alejo Carpentier en el teatro universitario– y nos permite constatar cul fue el saldo artstico de la propiocepcin del escritor sobre estas vivencias. Cuando se constatan influencias directas en cualquiera de las gradaciones mencionadas, se entra in mediam rem a la red de significaciones y sentido de la estructura profunda del texto. En el caso de El acoso, La trampa, La noche de Ramn Yenda tienen el mismo asunto, sin embargo, el tema de la obra –la propuesta ()– es diferente y otra es la significacin –y esto a su vez, resulta ms interesante– que se obtiene vistas en su conjunto. El significado de una lectura “trilgica” no est “ubicado” en ninguna de las tres obras como estructura autnoma, o en suma mecnica de una recepcin de A + B + C, sino que se logra a travs de una relacin metatextual. Si tomamos el eje actancial de la comunicacin, emisor-signo-receptor, cuando la obra se termine de escribir, se cierra el canal obra-autor y se mantiene abierto el camino signo-receptor. Y es de acuerdo con la competencia de este ltimo –entindase concepcin del mundo, conocimiento especializado o no del tema, otras obras ledas– que. una obra terminada se recrea, se rescribe, resultando as apropiadsima la denominacin textopalimsepto, o lugar donde se cruzan eventualmente mltiples enunciados. El receptor es el lugar de la composicin donde la imagen artstica alcanza su verdadera expansin y donde se concluye eventualmente el proceso de semiosis que parte de una relacin discursiva

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102intratextual, de un emisor presente en imagen y un receptor que se incorpora al eje de la comunicacin presente, no locuente con un carcter intemporal. Este ltimo factor de la composicin es el que condiciona la estructuracin dinmica de la obra y permite: a) la lectura de un mismo texto a travs de diferentes pocas con diferentes significados como resultante. b ) los “prstamos” de motivos y hasta estructurales evocados, sobre todo estos, en un inicio, por el texto escrito. El relato es una estructura discursiva, que se adecua a varios tipos de discurso. A travs de ella se cuenta una historia, se comunican sucesos que se narran o representan. Los tipos de discurso fundamentales en los cuales se expresa esta estructura, es a travs de la narracin (novela, cuento, relato), la mmesis (representacin teatral) y dentro de la literatura programtica (no literaria) hechos noticiosos, histricos... Para comenzar con los paralelismos que hacen posible en rango de hiptesis, una lectura –entindase un rejuego semntico– relato-tragedia, mencionaremos: a) en ambas existe algn elemento componencial narrativo sobre todo en el caso de la estructura trgica de los griegos, en la que se resolva las limitaciones espacio-tiempo reales, a travs de las interacciones explicativas del coro, los mensajeros; en estos vectores, el grado de mmesis es escaso, no as la presencia del “elemento” relatado, lo que acerca ms a la tragedia a esta variante genrica. b) la forma de progresin de los enunciados, en ambos discursos, est organizada sobre una base lgica temporal y de acuerdo con una concatenacin dramtica, que en el caso de la tragedia, en cada mini-secuencia actancial, se espera tenga un mayor grado de polaridad en el sistema de opciones. c) ambos discursos presentan un conflicto como ncleo semitico estructurador. TeatroRelatoEl acoso rbitro atribuidor del bien destinadorel Alto Personaje Aquel para quien trabaja el hroe destinatario ----Fuerza temtica orientada hroeel Acosado Reduplicacin de una de las fuerzas adyuvante el Becario, Estrella, la vieja Oponenteoponente los perseguidores, el taquillero

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103d) los roles actanciales de los personajes –segn la clasificacin Greimas-Soriau– son prcticamente idnticos: Sin embargo, tambin antes de entrar en una traslacin de estructuras y motivos trgicos, es bueno insistir en nuestra hiptesis ya expresada, de que no se puede pasar a un plano secundario la instancia narrativa ajena al teatro cannicamente hablando, por tanto debemos mencionar tambin, algunos de los ms importantes elementos propios de la narratividad del relato, que lo apartara de una estructura trgica: a) la indefinicin del nombre de la mayora de los personajes excepto Estrella; los personajes se nombran por su discurso, en diferentes estilos que permiten marcar el “yo” a travs de participios sustantivados: el taquillero, el Acosado, el amparado... Vistos as, constituyen una entidad fcilmente diluible en un cambio de narrador que unas veces introduce una distancia retrica en el discurso de los personajes individuales, y otras mediante un rejuego con el pronombre l le habla al lector sobre la base de un “l” mismo, plenamente individual. En una intencin marcadamente mimtica, el uso de este recurso narrativo resulta imposible. b) el contraste intencional entre los diferentes estilos que en El acoso es fuente connotativa de una irona burlona ajena a la tragedia griega. Comprese la actitud de un narrador omnisciente que nunca asume el “yo” explcito, frente al contraste de este mismo narrador en posicin de discurso indirecto libre (DIL), que recoge el ridculo, y a la vez, la grandilocuente y falsa conversacin del Acosado, que transita de pensador filosfico-ladrn de alimentos causante de la muerte por inanicin de su nodriza-converso iluminado, a un monlogo indirecto vertido en tercera persona y pone a continuacin una crinografa de la estancia de la vieja (pp. 112-123), de un naturalismo ms tradicional y minucioso. c) Tambin, la burla al estilo directo bastante ajeno a Carpentier y no al teatro, marca su condicin normativa adems, en la insercin dentro de las reflexiones purificadoras del fuego, de canciones como Tilingo, tilingo (p. 120, II); otro ejemplo podemos encontrarlo en los dilogos insulsos de la prostituta y su cliente (pp. 136-137). d) Un factor ms a tener en cuenta, sera el predominio de la construccin nominal en reiterado uso, tan poco propicia a ser revertida a travs de la mmesis dramtica del teatro, en discurso del personaje del Acosado, en el que abundan las elipsis verbales, o se utiliza con gran frecuencia el verbo ser o se hacen extensas descripciones pictricas. Un buen ejemplo de esta variante del monlogo lrico, puede constatarse cuando el Acosado se refugia despus de precipitada carrera, en el teatro (pp. 91, I). Si se acepta el anlisis de El acoso como una tragedia, desde el punto de vista de su conformacin externa, tendran que trasladarse las funciones del narrador sobre todo, en la seccin II, manejado como hemos esbozado con intenciones estilsticas narrativas al coro de la tragedia y a partir de ah “adecuar” la estructura. De esta manera, la

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104parte I de El acoso, se correspondera con el prlogo, la parte III en su condicin conclusiva con el eplogo griego, sentencioso y conminatorio. Pero... y cmo transformar la parte II en una reminiscencia de episodios y estsimos que se alternan? Revisemos desde un punto de vista crtico la estructura de la parte II, a travs de un censo del narrador y de los tiempos verbales, que es en definitiva lo que Carpentier presenta intratextual en el nivel discursivo: 1. Un narrador en tercera persona ubica el panorama del Acosado en el mirador (pp. 107-111). 2. Un narrador en tercera persona que cuenta la presencia del Acosado en el momento de la partida del pueblo, alternando el presente histrico con matiz de pretrito con tiempo futuro de lo que el Acosado pensaba hacer al llegar (pp. 111-113). 3. Un narrador en tercera persona, presente histrico que nos traslada al pueblo natal del Acosado y conduce la historia hasta el mirador (pp. 113-119). 4. Un narrador en tercera persona en pretrito que cuenta la situacin del Acosado en el mirador y su crisis religiosa. 5. Un narrador en tercera persona en pretrito que nos lleva de nuevo al mundo retrospectivo (infantil) del Acosado, que culmina en el monlogo –y esfuerza adelantarlo– de la falsa anagnrisis religiosa del Acosado (pp. 120-126). 6. Un narrador en tercera persona en pretrito describe la salida del Acosado a travs del narrador hasta la casa de Estrella (pp. 126-133). 7. Un narrador en discurso indirecto, en tiempo pretrito, que muestra las valoraciones de Estrella sobre lo que ocurre (pp. 133-137). 8. Un narrador en tercera persona en pretrito que muestra lo intil de la gestin, con lo que el Acosado tiene que echarse a la calle (pp. 138-139). 9. Un narrador en tercera persona brinda incidentes fundamentales del Acosado (primera cita de la Electra de Sfocles) (p. 140). 10. Un monlogo interior en tiempo presente a travs del cual conocemos el juicio del delator y el sentimiento de culpa del Acosado (anticipacin de su suerte) (pp. 140-145). 11. Narrador en tercera persona en pretrito transmite las acciones del tribunal y el sentimiento del Acosado en un monlogo interior en presente con lo que subraya el vnculo causa-consecuencia ( nmesis-dike). Segunda cita de Electra de Sfocles (pp. 145-147). 12. Un narrador en tercera persona da a conocer la etapa terrorista del Acosado, delacin y plegaria religiosa (pp. 147-153). 13. La entrada a la iglesia y el rechazo del cura al Acosado llegan mediante un narrador en tercera persona, tiempo pretrito (pp. 154-157).

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10514. Un narrador en tercera persona, en pretrito, brinda los ltimos momentos del Acosado, y as, regresamos al escenario inicial en el teatro (pp. 155-161). Como se demuestra en la anterior enumeracin, el narrador toma distancia (objetiva y subjetiva) a travs de los diferentes estilos para alternar la cercana o lejana entre el hecho narrado y el tiempo actual, sumamente concentrado, de la accin en presente del acoso como situacin dramtica. El narrador se diluye y se presenta en juegos pronominales, no slo es un “archilexema” del concepto de relato, sino que en este resulta un importante connotador estilstico. Si tenemos en cuenta la caracterizacin que arroja la modalidad semntica del personaje del Acosado en los puntos 3, 9 y 10, por citar algunos ejemplos, vemos cmo este hombre se desenvuelve como actuante ilocutivo con una posicin psicolgica ante lo que enuncia su propio discurso de expresividad desbordada con un sentido de la determinacin oscilante entre indeciso y categrico, que constantemente problematiza sus acciones (hacer-ser) y sus buenas intenciones como personaje, a un nivel de atributo modal, quedan en la ms absoluta virtualidad (deber-querer). Su penoso camino hacia un final trgico se reviste discursivamente de la polaridad de los juicios de este tipo de actor como sujeto operador, y estn dados precisamente, por las mencionadas alternancias de la narracin. La “tentacin” de repartir la Introduccin, nudo, desarrollo, culminacin y desenlace de El acoso en episodios y estsimos surge, en primer lugar de los factores comunes ya mencionados entre ambos tipos de discurso; pero, sobre todo de “ese lugar de la composicin al que habamos hecho referencia y en el que se realiza el dialogismo”: el receptor. En El acoso la referencia clsica cumple una importante funcin denotativa (referencias tpicas a la arquitectura, a la representacin de la tragedia clsica dentro del conflicto del Acosado, las citas...) y esto nos lleva a re-crear el ambiente trgico, por los ideales de justicia-culpa-castigo-destino, evocados en el relato. Como dijimos al inicio, obra-receptor con su competencia, remite en mayor o menor medida a la tragedia griega. Pero, querer “traslapar una estructura” ya a nivel discursivo, es alterar el sema fundamental de la forma en que nos llegan los hechos –narrados, no representados– y ya no resultara entonces, una decodificacin de sentido, sino una deconstruccin de la obra. Proponemos buscar, entonces, la influencia de la Tragedia en el Relato, no en una equivalencia de su estructura externa, llevando in extremis alguna semejanza en esta arista del anlisis, sino en el sentido trgico de El acoso punto de vista que se apega ms a las reflexiones filosficas carpenterianas.IILa imitacin de una accin de carcter elevado [...] la cual, por medio de la composicin y el temor, obra en el espectador la purificacin propia de estos estados emotivos. Aristteles. Potica

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106En el relato El acoso la intertextualidad –en todas sus gradaciones– se utiliza en funcin de crear el ambiente trgico. Comenzando por las analogas ms sencillas, pudiramos destacar la intencin de enmarcar la complejidad de la accin, en un tiempo mnimo de cuarenta y seis minutos, que es el lapsus de duracin de la sinfona de Beethoven. Para los poetas griegos, la concentracin de tiempo era una condicin natural –no preceptiva– del escenario de representacin y del plazo que “fsicamente” poda abarcar la puesta en escena: se comenzaba al amanecer y con un coro siempre presente, todo deba desarrollarse a la vista del pblico. Los creadores griegos convirtieron tal limitante en un recurso dramtico, concentrando la accin al mximo, con la casi equivalencia en la polaridad de opciones, a la del quinto acto de un drama “moderno”. La relacin evidente relato-msica, msica-tragedia que pervive ms all de sus orgenes rituales, facilita el paralelismo en la concentracin tempo relato-tragedia. En el relato, Carpentier define en cuarenta y seis minutos la posibilidad de salvacin o no, del Acosado y esta gravedad de la disyuntiva y el mnimo de tiempo para resolverlo, lo acerca indiscutiblemente a la polaridad del conflicto trgico. Pero, el carcter narrativo –no mimtico– del relato, le permite adems, –siguiendo muy de cerca la reflexin aristotlica– desarrollar simultneamente, varias partes de la accin, necesarias para la comprensin temtica. De esta manera, conocemos a travs de las introspecciones del Acosado, su infancia, las relaciones con el padre, su ambiente pueblerino; todo esto produce como resultado una concentra cin temporal de las acciones mucho mayor que la que hubiera facilitado la forma mimtica. El drama en El acoso al igual que en La Orestada de Esquilo y en la totalidad de las obras conservadas de Sfocles y Eurpides, se desarrolla con tres actores en los roles actanciales fundamentales: el Acosado como hroe, Estrella como adyuvante, el taquillero como oponente. Estos tres personajes, adems, como Edipo, su padre y Yocasta, en la obra de Sfocles, estn enlazados en un tringulo sexual, en el que los tres fracasan. La ptica griega, presente en la admiracin al cuerpo atltico del Inculpado, a travs de la apreciacin de toda la belleza y armona de un torso praxitlico, es tambin, un puente intertextual con la antigedad grecolatina: “Es el cuerpo que me maravillaba en las duchas del Estadio [...] Quera, para mi propio cuerpo, esos dorsales que tan blandamente se movan sobre su osamenta; ese vientre que se recoga entre las caderas, hasta apretarse en negruras; esas piernas alargadas por el salto [...] bajo un pecho que acababa de soltar un sobrante de energa [...]” (p. 143, parte II). Al ser condenado, sin que se defienda, al ser esta perfeccin destruida, Carpentier subraya la injusticia de esta moderna de dike a travs de un juicio sumarsimo. Las referencias tpicas de la arquitectura se encuentran igualmente recurrentes: “templos griegos de lucetas y persianas” (p. 110), “rdenes que mal paraba un drico” (p. 111),

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107“fustes cu yas estras se hinchaban” (p. 111), “metopas en los balcones” (p. 111), “agona de los ltimos rdenes clsicos” (p. 111), “canteros empavesados de trminos latinos” (p. 139), “siringas y panderos de alegora pompeyana” (p. 152), etcetera, marcan nuestro sincretismo arquitectnico. Se hace mencin, en dos ocasiones, a una representacin en el marco del recinto universitario: Se detuvo sin resuello, al pie de la colina de la Universidad en cuyas luces bramaban los altavoces. La iluminacin, inhabitual a esa hora, le record las representaciones dramticas dadas por los de Literatura, que se ofrecan, de tiempo en tiempo, en el Patio de las Columnas. Centenares de espectadores asistan, sin duda, a alguna tragedia interpretada por estudiantes vestidos de Mensajeros, de Guardas y de Hroes [...] (p. 140) [...] Se detuvo, a poco, para cerciorarse de si aquellos pasos, que sonaban en la otra acera, eran los suyos. La brisa, pasada de sur a norte, volva a traer el bramido de los altoparlantes, con sus coros de mujeres [...] (p. 147) Estas descripciones tienen el doble propsito de que a travs de los recuerdos del Acosado, el lector constate una vez ms la peripecia sufrida por este personaje, quien transita en una misma locacin con status tan diferente. Tambin, por puente dialgico con otras obras del propio Carpentier, se aprecia el leitmotiv de sus reflexiones filosficas sobre el gran teatro del mundo de Caldern en el que el Acosado oye una representacin sobre una venganza y a la vez, es actor simultneamente, de su propia tragedia. Este aspecto marca la irona del aparente obrar humano. La misma propuesta, alcanza su mayor grado de tragicidad en el Edipo Rey obra clsica por excelencia, con lo que la relacin dialgica con la tragedia alcanza una jerarqua textual, ms all de la propia mencin de los coros de mujeres, de columnas y de mensajeros. La tragedia griega es fundamentalmente citadina, pues no hay que olvidar que alcanza su acm muy ligado a los cambios sociales de la polis El relato recoge como asunto histrico la evolucin de grupos como el de La Joven Cuba, fundado por Guiteras para derrocar al gobierno de Caffery-Batista-Mendieta con objetivos insurreccionalistas devenidos grupsculos-terroristas a sueldo. Tragedia y relato critican las relaciones de poder en la especificidad de sus momentos histricos. En El acoso aparecen “textualmente” citas de una tragedia griega, en la que Electra es personaje. Carpentier hablando acerca del momento en que se inspir para escribir este relato, hace referencia a Las coforas de Esquilo, pero por el texto citado, apartando las diferencias lgicas, al traducir de idiomas tan diferentes, no se puede hallar equivalencia de la versin, en la tragedia homnima de Esquilo como se ha tratado de hacer “siguiendo la pista dada” por el propio Carpentier. La primera cita dice as: “Las imprecaciones se cumplen: vivos estn

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108los muertos acosados bajo tierra; las vctimas de ayer toman en represalias la sangre de los asesinos” (p. 140, parte II). En otra cita de El acoso se vuelve a or por los altavoces las palabras: “Volved pronto al vestbulo para terminar con el segundo asunto, as como habis hecho con el primero. Y responda un hombre: no temas que sabremos rematar la tarea. Pero, pronto –aullaba apremiante, alguna Electra. [...]” (p. 147. parte II). Las coforas de Esquilo como obra forma parte segunda, de una triloga en la que el autor, explica su ideal de justicia: hybris engendra hybris y ni la venganza de la gens, ni el derecho de purificacin expiatoria, que se arroga la aristocracia de una sociedad clasista, en el prstino sentido del trmino, resulta suficiente, sino que el ideal de verdadera dike se encuentra en la forma de justicia democrtica de Atenas. Este status superior, reconoce la compasin para con el culpable, junto con el respeto a la autoridad. En esta obra, Electra, al principio tmida e indecisa, despus de un buscar en smbolos, se yergue como fiera vengadora y brinda apoyo moral –entindase tambin, religioso– a Orestes. En la Electra de Sfocles, este personaje es el centro de venganza e impele a Orestes a que no se deje vencer por la debilidad. La venganza personal es el centro de la vida y de los sentimientos de este personaje, y que a diferencia de la Electra de Esquilo, carece de variacin y gradacin de ese rasgo etopyico. Dismil tambin, de la de Esquilo, al consumarse la venganza, la Electra sofclea queda vaca pues pierde el sentimiento que le daba razn a su existencia. En la versin recogida por el Instituto Cubano del Libro en 1972, de la traduccin de parlamentos de la Electra, de Sfocles, el coro recita en dos intervenciones: Ya se han cumplido las maldiciones. Vivos estn los que bajo tierra yacen. Reflejando la sangre derramada, hacen brotar la de los asesinos, vertidas por las primeras vctimas, que realmente estn presenciando el asesinato ( Op. cit p. 199). Coro: Retiraos al vestbulo cuanto ms pronto, y que ahora obtengis tan buen xito como antes. Orestes: ¡nimo! ¡Lo obtendremos! Electra: Date prisa. ( Op. cit p. 200) Estas dos versiones, se acercan bastante a los parlamentos parafraseados por Carpentier de la Electra de Sfocles y no a Las coforas de Esquilo, obra a la que sin embargo, alude. Con la Electra concebida por Eurpides, verdaderamente desquiciada en su ethos y en su psiquis no hay que buscar ningn tipo de paralelo, ni mucho menos en el tremebundismo “ms moderno” del final euripidiano, de un Orestes loco, que se hunde a la par que el techo incendiado de su vivienda... Es una tendencia generalizada del trabajo crtico –casi una tentacin– el querer encontrar estructuras “exactamente

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109equivalentes” cuando se trata de literatura comparada. Como no hemos podido delimitar la traduccin exacta con la que Carpentier trabaj y confrontando el texto griego con los fragmentos citados en el relato, nos atrevemos a indicar que la traduccin del relato pudiera corresponder en alto grado de fidelidad al texto griego de la Electra de Sfocles. Buena parte del inters en encontrar la cita inequvoca que Carpentier utiliz de Esquilo, est espoleado por la insistencia en pensar que Carpentier “dijo Las coforas ”. Si bien l dijo, nos encontramos que el texto seala insistente a la Electra de Sfocles, y, puede haber ocurrido: a) pastiche b) trabajo con una edicin desconocida c) lapsus calami ... del autor, etctera. Entonces?... La contaminatio como mtodo potico es el procedimiento a travs del cual se genera un significado nuevo con la utilizacin artstica, de estructuras o motivos tomados de otra obra o de otras obras. Esta filosofa creativa fue el eje central de la composicin de autores de la talla de Publio Terencio Afer y William Shakespeare. Carpentier evoca la inutilidad de centrar la vida en venganzas disfrazadas de justicia como ocurre en la Electra de Sfocles, y le es necesario para el tema y el conflicto de su relato, insistir en el error de marcar un camino hacia objetivos justos, incorporndose a una cadena interminable de violencias. Todo esto est evocado junto con la consecuente revisin crtica de los efectos transformativos sobre el carcter del individuo, s recogidos en Las coforas de Esquilo. Si recordamos la Yocasta del Agamenn al final de la obra, se jacta de haber hecho justicia, como el Acosado; despus de una confrontacin con el coro, al darse cuenta de que slo ha prolongado los eslabones de la violencia, entonces, pretende salvar su vida y retirarse a vivir en paz, como el Acosado. Si el tema del relato es la frustracin y el terror de un individuo ante la desviacin de sus ideales y el conflicto radica en cmo lo asume “a travs de una reflexin del encadenamiento implacable de los hechos”, entonces, el imbricamiento de las dos fuentes clsicas, lejos de ser una incgnita, puede leerse como una semiosis intencional. Incluso, en el caso de la segunda cita, como una anticipacin de lo que sera el fin del Acosado en el teatro. De todos los puentes dialgicos con la antigedad grecolatina quizs, con el que mantiene una intertextualidad ms cerrada, es con la concepcin trgica de sus personajes: El asunto de una tragedia debe girar en torno a un conflicto humano trascendente (prdida o consecucin de la vida, del honor, del amor); la opcin del hroe ante un conflicto ineludible debe ser consciente; puede tener un final feliz como en la Orestada o terrible como en El acoso Ya hemos mencionado la tragicidad del tema del relato y del conflicto del protagonista. El hroe trgico es un hombre de cualidades –el Acosado lo fue– con cierto

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110fallo ( ) muy humano –el exceso de afn justiciero y el exceso de romanticismo en camino de alcanzar los ideales heroicos en el caso del relato– esto hace que sufra un cambio () en el transcurso de la representacin ( s s s) a travs de una peripecia –el Acosado pasa de fugitivo, ladrn de alimentos, asesina por iniciacin a la vieja, converso, falsamente iluminado y termina siendo de nuevo acosado, con una peripecia nada envidiable a la de Edipo (pp. 120,122, por ejemplo). Estrella, quien en el fondo tena cierta inclinacin afectiva por el Acosado, lo traiciona con una delacin, que moralmente la degrada y que en ese confuso soliloquio con el taquillero, trata de autojustificar (p. 90). El taquillero que lucha por acercarse a sentimientos elevados a travs de la msica, no logra su objetivo, por asumir el conocimiento con toda la pedantera de la diletancia (p. 101). Todos reflexionan de una manera consciente sobre sus fallas (). Todos toman una opcin, la ms fcil a diferencia de Edipo –el terrorismo, la diletancia, la prostitucin– que en el caso del Acosado, lo lleva a un sentido del destino ms latino que griego y a una anagnrisis bastante forzada. Para los griegos destino () era un esquema de sucesos en el cual, una vez elegido un camino, son consideradas irreversibles las consecuencias; los latinos por su parte, pensaban que se naca ya con una meta prefijada (fatum); quizs un ejemplo ilustrativo de ambas concepciones, estn representadas antonomsicamente en Eneas y Ulises. Y a nuestro entender, Carpentier mezcla ambas concepciones en un motivo –ms exactamente un leitmotiv– tomado de la literatura latina: Hoc erat in votis Esta frase, con la que el poeta Horacio manifiesta su complacencia ante el regalo de Mecenas, devino expresin antonomsica de algo que est durante un tiempo en los sentimientos de las personas, y finalmente es cumplido, gracias a alguien o algo. En el relato, adquiere un carcter fatal, sobre todo si tenemos en cuenta, que al igual que en la tragedia clsica, el drama se retoma in media re : Hoc erat in votis cuando reflexiona en la parte I (p. 95) que los papeles estn ya repartidos en este teatro y el desenlace establecido. Hoc erat in votis cuando el Acosado constata lo vano de la ilusin heroica, de lo que l hubiera querido ser, ya irreconciliable con la majestuosidad del recinto universitario (parte II, p. 115). Hoc erat in votis cuando asiste de espectador lejano a una tragedia que habla sobre la inutilidad de la venganza, a la vez que a su propio trgico fin (parte II, p. 140). Hoc erat in votis cuando en la parte II (p. 149), cree ser el instrumento de una justicia heroica e iba iniciando su abismal cada de hroe, con lo que este leitmotiv cobra la agudeza de un sarcasmo. As, esta anfora discursiva, alcanza en el relato el sentido admonitorio de los latinos, con una irona trgica muy propia de los antiguos griegos y del propio Carpentier. Clsico es todo aquello que da origen a una continuidad creadora y es toda aque-

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111lla obra, que tomando lo mejor de la tradicin y adicionndole la experiencia actual, ponga en contacto vivencias culturales trascendentales de diferentes pocas, en busca de constantes histricas que hagan al hombre reflexionar y aprender, porque el hombre –como expresa Carpentier– es semejante a s mismo. Por eso este relato es un clsico dentro de su gnero y su composicin nos remite constantemente a la bsqueda en nuestra competencia textual y cultural, como receptores y rescritores y nos induce con el sentido trgico de los antiguos a travs de la bsqueda de una estructura... ausente.BIBLIOGRAFADe la obra en cuestinGuerra del tiempo, El acoso y otros relatos. En: Carpentier, Alejo. Obras completas. Mxico : Siglo XXI, 1985.Sobre El acosoLVAREZ CLAVEL, OSMAR. El acoso: apuntes en torno a tres elementos esenciales. Santiago (Santiago de Cuba) (256); dic., 1994. CAIRO BALLESTER, ANA. Apuntes para un estudio literario de la Revolucin del 30. Santiago (Santiago de Cuba) (25):91141; mar., 1977. CHVEZ-ABAD, MARA JOS. Ficcin e historia en El acoso : un estudio de la intertextualidad. Revista de Estudios Hispnicos (Alabama, Estados Unidos) 10; 1983. GARCA RONDA, DENIA. El acoso : personajes, signos. Universidad de La Habana (223); sept.-dic., 1984. MARINELLO, JUAN. Sobre el asunto de la novela (A propsito de tres novelas recientes). En: Meditacin americana. Cinco ensayos Villaclara : Universidad Central de Las Villas, Cuba, 1983. PREZ, ARMANDO CRIST"BAL. Un tema cubano en tres novelas de Alejo Carpentier. La Habana : Ediciones Unin, 1994. PORTUONDO, JOS ANTONIO. El retorno literario de Alejo Carpentier. Nuestro Tiempo (La Habana); mar.abr., 1958. REIN, MERCEDES. Texto, subtexto y contextos de El acoso En: Carpentier, Alejo. El acoso Uruguay, 1972. SOTO-DUGAN, LILVIA. El acoso : anlisis de motivos y correlatos. Cuadernos Americanos (Mxico) 218(2); mar.abr., 1978.Lingstica y de anlisis de texto y SemnticaADRADOS, F. Estudios de Lingstica General. Barcelona : Editorial Planeta, 1969. AGUIRRE, M. Los caminos poticos del lenguaje La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1979. APRESIAN, YU. D. I deas y mtodos de la lingstica estructural contempornea La Habana : Editorial de Ciencias Sociales, 1985. AUSTIN, J. L. Palabras y acciones. Cmo hacer cosas con palabras. Buenos Aires : Paidos, 1985.

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114 UNA LECTURA FELIZ Emilio Ichikawa MornEspecialista de la Biblioteca Nacional Jos MartHace unos aos acud a la entrega de los premios “Razn de ser”, que generosamente entrega la Fundacin Alejo Carpentier a aquellos proyectos que amenazan, “razonablemente”, con convertirse en grandes libros o, al menos, en piezas notables de la bibliografa cubana. Imagen del mar en la poesa martiana se titulaba el mo, y el escritor Alberto Garrands, miembro del jurado, me confes que le haba llamado la atencin por parecerle un “trabajo gustoso”. Hablamos entonces, junto a otros asistentes, de la solemnizacin que haba sufrido la obra carpenteriana y del estereotipo de crptica, que manejan desde temprano, y a priori, los estudiantes de la enseanza media, los universitarios y hasta los profesores. Cierto, la obra de Carpentier es “barroca”, monumental y se aprehende en ella una incesante vocacin por la historia; cierto, adems, que se la asimila tras varias lecturas, pero no son estas tareas reiteradas a que se somete el lector castigo penoso sino empeo alegre, disfrute pleno. “Alejo, me dijo aquel da su ms cercano cmplice, tena un exquisito sentido del humor, tanto oral como plasmado en obras”; y esto es algo que se puede corroborar con creces. Se ha dicho, con cierta razn, que la obra de Carpentier pasa por una suerte de insomnio. Y se atribuye el suceso al desbordado compromiso que tuvo con la historia y, sobre todo, con la poltica. Miln Kundera en una de sus conocidas novelas, pone a dialogar a Goethe con Hemingway, lo cual es como enfrentar dos culturas y puede que hasta planteamientos civilizatorios. Discuten, entre otros temas, sobre las implicaciones que las peripecias de la vida de un escritor puede tener sobre el alcance de su obra. Goethe, era de esperar, lo cree un tanto indiferente; Hemingway, quien cosech la fama dependiendo de ese “plus” que una biografa interesante y una ciudadana poderosa sum a su obra, sabe que la invencin de un mito propicia la avidez del lector. De esta manera, y si creemos a Hemingway en aquella conversacin con Goethe, considero que algunos bigrafos del novelista cubano han cargado la mano sobre aspectos “formales” de su vida, su correcto comportamiento ciudadano, su eficiencia como funcionario diplomtico, su fidelidad a la Revolucin Cubana. En principio, no hay nada “rebajador” en ser diplomtico de un pas para la obra de arte, pues diplomticos fueron Daro, Neruda, Buuel, hasta el propio Jos Mart, cierto que fugazmente. Pero es indiscutible que, por alguna razn,

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115el pblico se inclina por aquellos autores de vidas “interesantes”, hasta trgicas. Y aclaro que no es que Carpentier haya llevado una existencia lineal y falta de abismos, sino que (si salvamos sus propias ancdotas) se ha insistido en ese costal “responsable” de su biografa. Digamos que, hoy por hoy, el caso de Reinaldo Arenas se ubica en el lado opuesto; la narrativa de Arenas interesa, su vida fascina. Los crticos y estudiosos deben avanzar en la comprensin de la obra de Alejo Carpentier, pero adems en su encantamiento. De ah emergi mi inters por inventarme un Carpentier alegre, lleno de aciertos en la comprensin de Amrica, pero surtidor de felicidad. Decid, por ejemplo, olvidar por un tiempo el magistral y tremebundo final de El reino de este mundo, que habla de las “tareas humanas” y de la “historia”, para buscar pginas donde pudiera, simplemente, ser feliz. Como casi siempre hago cuando abordo una cuestin carpenteriana, lo converso con el amigo y estudioso, persistente lector, Rger vila, quien me cont que Carpentier tena un agudo sentido del humor; sin chanza, sin irona burda, poda alegrar cualquier dilogo. Entre sus obras, confes, la que ms le divierte y a la vez ensea (como queran Epicuro, Schiller y Caillois) es El recurso del mtodo. En efecto, ya el propio ttulo es una “chinita” tirada a Descartes: el mtodo no puede ser sino un “recurso”, jams un “discurso”, pues quedara entonces el problema de respecto a qu mtodo se puede discursar sobre el mtodo. El mtodo se usa, es un recurso, y ya. La obra de Carpentier est llena de “sabidura indirecta”; como no es un docente, cada vez que detecta un desliz no lo expone, sencillamente “lo trabaja”; se va por el lateral, se divierte o, cuando se trata de un error muy caro, sencillamente, “goza”. S, “goza”, en la ms estricta acepcin freudiana: disfrute que se ubica “ms all del bien y el mal”. Sin embargo, no fue en El recurso del mtodo sino en El arpa y la sombra donde ms he disfrutado la lectura carpenteriana en los ltimos tiempos. Mientras se hablaba con gravedad sobre el quinto centenario, sobre el 98 y en general, la poltica cultural espaola hacia Amrica Latina, Carpentier me haca sonrer; me ofreca paciencia, calma. Tanto que, cuando me sorprendi que la seleccin espaola de ftbol no pasara de la primera ronda en el Mundial Francia ‘98, enseguida me recuper: el “98” no es un buen nmero para la pennsula. Un tributo al escritor y, por qu no, tambin a “la” Francia. El arpa y la sombra, escrita en 1978, es una novela anunciadora; se adelanta incluso a los ensayos de celebraciones del “descubrimiento” o del errtico y eufemstico “encuentro” de “dos” (?) culturas, acontecidos en la dcada del 80. Carpentier, desde la literatura, expone su posicin ante el evento. Ni leyenda rosa ni leyenda negra: muestra la “farsa”, el montaje que lleva a una y a otra. Y al desnudar, al exponer la manera en que se intent construir (o se construy) el mito, logra una “deconstruccin”.

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116Hace el artista lo que el filsofo propone, ejecuta Carpentier un anhelo de J. Derrida: desmantela un mito cuando desanda su arquitectura. En 1983 Abel Posse publica su novela Los perros del paraso, que es un dilogo fruitivo y “deconstructivo” con la novela carpenteriana. Inventando una suerte de sociologa intimista del erocidio, tirando por el suelo las leyendas de las “vrgenes blindadas”, Posse alcanza a decir explcitamente: Ante ella, la reina, su carne se retrajo sin posibilidad de movimiento alguno”, y agrega: Por eso yerra el gran Alejo Carpentier cuando supone una unin sexual, completa y libre, entre el navegante y la soberana. La noble voluntad democratizadora lleva a Carpentier a ese excusable error. Pero es absolutamente irreal. La intimidacin del plebeyo fue total en el aspecto fsico. Total, en cambio, fue su descaro metafsico y as alcanz la liberacin del panorgasmo.1No quiere, es verdad, desprestigiar a la realeza: quiere elevar a la plebe. Confundir, en carnal promiscuidad, los senderos que hicieron posible una empresa que ms saba a naufragio que a otra cosa. Por qu, preguntaba una vez al escritor Reinaldo Montero, no pidi Coln dinero para su empeo a las clases genovesas?, por qu no insisti ms en Portugal y se fue a solicitar a los catlicos reyes?, y por ltimo, por qu estos le concedieron la ayuda? Pudiera ensayarse una respuesta un tanto inquisidora y hasta ofensiva: la clase comercial genovesa no era lo suficientemente alocada como para correr tal riesgo, cosa posible en una aristocracia parasitaria. Pudiera, en cambio, manejarse esta: por amor. En todo caso, por deseo. Posse se divierte, ataca ms a fondo presumiendo el bloqueo genital de Coln ante una “fornicacin real”; algo que, dice, podra verificar hoy el psicoanlisis. Carpentier “desmitifica” y “desdemoniza” el empeo de Coln; lo torna tragicmico; es decir, lo hace humano. A la vez, ridiculiza, aadindole absurdo y candor, los intentos por beatificarle, lo que aleja definitivamente la posibilidad de creer efectivamente en un Coln beato y luego santo; ms, incluso, que si hubiese fiscalizado en su contra. Derrocha humor “lingstico”; sus combinaciones terminolgicas, tan cultas como inslitas, nos hacen sonrer (rer a veces) desde el interior del lenguaje. Imaginemos unos porteadores sosteniendo un peso enorme por caprichos de Su Santidad, un esfuerzo increble que termina cuando depositan la “augusta carga”; o a una sor Crescencia que por satisfacer los momentos sedientos del Papa con refrescos de horchata, es por ello nombrada “encargada de sus colaciones”. Aqu la situacin es relativamente indiferente en la manera de hacer humor, se logra efectivamente por irrupcin inslita de combinaciones de palabras. Un humor que funciona como virtud potica. Utiliza tambin la introduccin de la inconmensurabilidad del suceso, introduciendo desmesuras que ridiculizan el evento; pero lo ms interesante del caso

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117est en que esas desproporciones son a su vez datos histricos corroborados en una impecable investigacin histrica. Veamos un ejemplo. El documento relativo a la beatificacin apremia, una lista de ilustres personajes claman por un veredicto sobre el expediente; Carpentier enumera la lista de firmantes: Cardenal de Burdeos, Cardenal Arzobispo de Burgos; muy Ilustre Arzobispo de Mxico, todos con sus respectivos cargos y elogios; de pronto, un inusitado firmante: “seiscientos y tantos obispos”. Se cuentan por igual msicos que trabajan en medio de terremotos, piratas catlicos, putas inocentes, etctera. Estn adems la irona ilustrada y la exaltacin del narrador, como cuando establece el paralelo entre Zacatecas y Lima. Pero adems de la “deconstruccin” est la “reconstruccin” del mito: “Entenda el buen juicio de los hiperbreos que –segn me haban contado– llevaban dos cuervos en sus naves para soltarlos cuando en alguna azarosa navegacin se extraviaban sabiendo que, si las aves no regresaban a bordo, bastaba con poner la proa hacia donde haban desaparecido en su vuelo, para hallar la tierra a pocas millas”.2No ataca el mito, como se aprecia; logra el mismo efecto derridiano reinventando el relato. Carpentier utiliza esta tcnica reiteradamente, quizs pueda hablarse hasta de todo un mtodo. De manera anloga a los dos cuervos de los hiperbreos, regresa a una canoa una rata con una mazorca de maz entre los dientes o un maj ronda, inapetente, a un mango o una guayaba. Es verdad No, parece decir, lo que de otra manera. El arpa y la sombra es, si se quiere, una novela histrica. Una instrumentacin de lo que por la misma poca se vena teorizando ya como postmodernismo y que tuviera existencia previa en el arte. Cuando la filosofa teoriza sobre la prctica artstica no podemos decir que redunda, ella tambin deconstruye, desmitifica a travs de la racionalizacin. Comprender un mito es tambin sacrificarlo.3POSTDATA: Hace unas horas regres de un periplo europeo el escritor Reinaldo Montero, con quien suelo discutir asuntos como este. Hemos hablado. Dice, a propsito de estas desfiguraciones carpenterianas, que le resultaron significativos dos monumentos dedicados a Coln. Uno en Sevilla, donde el Almirante le est explicando algo a los reyes catlicos, a ambos; el segundo en Granada, donde le dice algo solamente al rey Fernando. Por qu esa ausencia? Haba descubierto el rey el lance amoroso, o en resolucin machista marginaban a Isabel de los secretos del viaje? Hay dos hiptesis, dos relatos posibles. Hara falta un talento literario y una erudicin histrica como la de Alejo Carpentier para lograrlo. Casi nada. NOTAS1 Posse, Abel. Los perros del paraso. La Habana : Editorial Arte y Literatura, 1989. p. 127.2 Carpentier, Alejo. El arpa y la sombra. La Habana : Ediciones Unin, 1992. p. 61.3 El humorismo cubano es muy propenso a la desmitificacin a travs de la reconstruccin del mito. Marcos Behemaras, por ejemplo, lo utiliz con mucha eficiencia.

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118 Alejo Carpentier: races de una visin postmodernista (cultura, historia, estilo) Rger vila ZaldvarEspecialista en temas de literatura cubanaUna mirada incisiva a la compleja y extensa obra de Alejo Carpentier, demuestra a cualquier acucioso conocedor del mundo cultural latinoamericano la proyeccin culturolgica que, condicionado por la interpretacin del concepto de cultura, ha aportado el autor cubano al panorama de las letras de nuestro continente. Si nos detuviramos en el anlisis de cul era su visin de la cultura, sera imprescindible tener en cuenta la formacin enciclopdica y universal en la que determinados elementos biogrficos jugaron un papel decisivo. Su padre, arquitecto francs, estudi violoncello con el cellista espaol Pablo Casals; su madre y abuela, pianistas tambin, esta ltima continuadora de la escuela de Csar Frank. Este ambiente musical propici que Carpentier desde su adolescencia estudiara y comprendiera los elementos de la msica (sol feo, armona, orquestacin). Entre los 17 y 18 aos, Carpentier compuso varias piezas musicales, obras para piano; pginas para orquestas de cmara, etctera. Segn sus propias palabras, un da entendi que “todo lo que musicalmente haba hecho, no tena valor...” y entonces comprendi que su verdadera vocacin era la literatura. Esta estructuracin de su pensamiento haba desarrollado ya una tensin dialctica entre el teatro y el sonido, tensin basada esencialmente en el hecho de que los componentes sonoros del signo artstico son parte integral de los recursos lingsticos utilizados en su escritura. As, a los 15 aos escribi una novela corta bajo influencia de Flaubert y de Eca de Queiroz. “Cosa curiosa, desde mis primeros balbuceos siempre tuve la seguridad absoluta de que sera escritor...”. A estos se sumaron otros primeros intentos; una novela policaca imitando a Salgari y un pequeo trabajo sobre la Vida de Licurgo de Plutarco, que l consideraba su primera obra ensaystica. El peridico La Discusin en su columna titulada “obras famosas”, le haba publicado (a los 17 aos) una serie de artculos y en 1923 pas a ser jefe de

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119redaccin de Carteles. Para completar este sinttico resumen sobre cul era su visin de la cultura, debemos considerar que por su influencia familiar dominaba perfectamente el francs desde muy nio, aunque el espaol era su lengua nativa y que, dentro de un panorama poltico de instauracin de la repblica neocolonial, lleno de desencanto y frustracin; en la agona del modernismo artstico, del calco a los parnasianos y simbolistas; en una poca de esteticismo total, Carpentier tena una constante preocupacin por el panorama intelectual y social de Amrica Latina y Cuba. En el ao 1927, escribe uno de los textos capitales que perfilan todo su pensamiento esttico y poltico posterior, ese ensayo se conoce como “El meridiano intelectual de nuestra Amrica” y dada su importancia y lo til que resulta para explicar otras lneas de pensamiento del autor cubano, lo analizar ms adelante. La relaboracin conceptual que hace Carpentier de la cultura –la llamada culta y la popular– desgajndola de un solo centro y dando paso al pastiche, al intercambio cultural que permite el coqueteo, la fusin, la coexistencia entre culturas milenarias y contemporneas (ejemplo supremo de este fenmeno Los pasos perdidos ); esta bsqueda de la multiplicidad cultural de Amrica, constante en su quehacer intelectual para llegar a la validez de una cultura, donde todos confluyen y participan; donde no hay cultura hegemnica, ni sometida, donde una cultura “que estuvo empeada en cerrar los ojos a su propia realidad, excluyendo hasta su pasado indgena o ibrico, pretendiendo ignorarlo por considerarlo impropio o ajeno...” al decir del pensador mexicano Leopoldo Zea, comienza a abrir los ojos ante esta infeliz realidad, descubriendo otros centros de conciencia, reconociendo en igual equidad, lo indgena y lo occidental (mestizaje, confluencias, participacin mltiple de culturas) es un salto en el cual se evidencia el trabajo, la obra, la concepcin del pensamiento carpenteriano. En la clebre carta que enviara Carpentier al periodista espaol Manuel Aznar, director del Diario de la Marina considerada como un magistral ensayo al cual me refer anteriormente, el autor le sale al paso de forma precisa al artculo publicado ese ao (1927) por el semanario espaol La Gaceta Literaria donde se presentaba a Madrid como “el meridiano intelectual” para todos los escritores de lengua espaola (sin excluir a los hispanoamericanos). Cuando muchos pretendan ignorar, negar, sus particularidades histricas, culturales, etnogrficas, l reclamaba ya la identidad de los intelectuales latinoamericanos, lejos de toda pretensin egocntrica, pues para Alejo, los problemas ideolgicos que enfrentan el intelectual europeo y el latinoamericano son particulares y muy diferentes; la Amrica se le presenta como un gran crisol, donde el creador latinoamericano puede recrear su vocacin artstica sin recurrir a moldes en boga en otros continentes... “El deseo de crear un arte autctono sojuzga todas las voluntades. Hay maravillosas canteras vrgenes para el novelista; hay tipos que nadie ha plasmado literariamente, hay motivos musicales que se pentagraman por primera vez (recuerdo que Diego Rivera me deca que hasta el ao 1921 nadie haba pensado en pintar un maguey...”).1 Es alentador que en esa poca Carpentier terminara su carta

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120ensayo proponiendo para Amrica un meridiano cultural propio y demostrando la presencia vital y enrgica de una cultura que surge con su fisonoma propia, anteponindola a aquellos que abandonaron sus tierras sin hallar soluciones artsticas a ese entrecruzamiento social y cultural que es Amrica. Porque, si hay algo central en Carpentier es su demostracin, a travs de sus escritos tericos y de sus ficciones, de que la cultura es nica, aunque pueda presentarse de diferentes formas y por diferentes medios, es un cuerpo integrador capaz de recibir todas las opciones en su ncleo. La consagracin de la primavera es un constante aluvin histrico-cultural que ejemplifica cmo Carpentier hizo coincidir, a travs de una lograda galera de personajes y de acontecimientos importantes, una parte central del complejo siglo XX universal. Esta visin de la cultura, como sntesis de los procesos que estn aconteciendo de forma mltiple es un peldao importante que coloca para la adquisicin de la conciencia postmoderna a partir de los aos 60. Hablar de una periodizacin que pueda dar un orden cronolgico, o un punto de origen a la postmodernidad, es correr el riesgo de colocarnos en una historiografa teolgica que implique presentar un perodo cultural como si fuera expresin de una total homogeneidad. En Carpentier confluyen lo moderno y lo postmoderno; en su obra se identifican elementos estilsticos de acento modernista, mientras la identificacin culturolgica que propone puede ser identificada desde la constante cultural que es dominante en el postmodernismo. El reino de este mundo y El siglo de las luces son ejemplos en los que el creador de la esttica de lo real maravilloso, hace alarde de una visin global de la historia desde una perspectiva postmoderna. En El reino de este mundo muestra un pasaje de la historia de Amrica Latina desde una ptica imaginativa donde el hacedor de ficciones simboliza un pasado histrico y cultural real y narra la revolucin haitiana a travs de ese fabuloso personaje que fue Mackandal, ejemplo tangible de lo real maravilloso americano, lder de los esclavos que en su lucha contra los patronos organizara una de las sublevaciones ms importantes de toda la historia americana, haciendo uso del mito; o aquel delirante mundo de Henri Christophe, que edific su famoso palacio para protegerse de Napolen, son construcciones por medio de las cuales Carpentier ilustra “las omisiones del Occidente”, cuando la fuerza del mito se transfiere a la memoria colectiva y surge y se manifiesta una potica donde el Tempo y la Historia ya no existen. El siglo de las luces no es ms que el avatar de Vctor Hughes en el Caribe; el rebote de las ideas de la Revolucin Francesa en las Antillas, el Caribe, y especialmente Cuba, alimentan su relacin con la cultura europea, a travs de los vnculos con Francia e Inglaterra principalmente. As, el sigloXVIII cubano cont con el esplendor de una intelectualidad que se reconoca criolla y que tras el impulso cultural dado por el obispo Espada, comienza a desarrollar una actitud de parodia frente a las imposiciones espaolas. De ah que la contradiccin coloniametrpoli fuera tambin expresin de un contrapunto intelectual, en el cual se funden los intereses locales del Caribe con una oleada de cambio europeo que tienen como centro a Francia. En este contexto,

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121Carpentier se apropia de la historia, la usa, pero liberado de toda tirana referencial, a tono con la visin del Occidente. Si bien sus novelas son modelos de respeto al dato preciso, sealado, es significativo, que su interpretacin de la historia lo hace alejarse cada vez ms de cualquier limitacin del pensamiento histrico en trminos de conti nuidad, pues en su fantasear con los hechos, los reinterpreta y valindose de un depurado y no mecnico estilo artstico, los adecua a su inters esttico. Por eso, su discurso potico posee el ritmo de la vida y no el de la lgica. Vemos cmo en Los pasos perdidos el escritor cubano es capaz de invertir los tiempos histricos, trasladndose de la modernidad al primitivismo, en un tiempo presente, preciso, que demora lo que el narrador necesita para ubicar al musiclogo en otra referencia temporal, desde la cual supera la crisis que provoca en el Occidente, la comprensin de la existencia a travs del tiempo. Sin duda alguna fue Carpentier, el primer escritor latinoamericano en darse cuenta de la simultaneidad de los tiempos histricos; reformulando la historia y la cultura latinoamericanas, utilizando la ficcin como vehculo de accin por medio de su famosa teora de lo real maravilloso. No debe desconocerse, sin intenciones de una valoracin apologtica del papel que ha jugado la obra de Carpentier en la visin de la cultura latinoamericana, que todos los estilos magistrales tienden a rehacer la historia que les ha antecedido, como dijera Eliot: “Los talentos individuales reordenan la tradicin”. Esta verdad cultural ha sido probada por la produccin literaria y visin histrica de la cultura postcarpenteriana. (Por ejemplo, la evolucin que ha alcanzado la llamada novela histrica en Amrica Latina a partir de la dcada del 70: La guerra del fin del mundo de Vargas Llosa, el ciclo de novelas de Francisco Herrera Luque, El general en su laberinto de Garca Mrquez), o el barroco como estilo literario en grandes novelas de los lti mos aos ( Terra nostra de Carlos Fuentes, Paniluro de Mxico y Noticias del Imperio de Fernando del Paso, etctera). Es indudable la conciencia que tiene Carpentier acerca de la relacin entre historicismo e historia, descubriendo el juego cultural de apropiacin en Amrica Latina, donde el simulacro es el modo natural de imposicin y resistencia en el juego de ilusiones en que se expresan la relacin dominantes-dominados. La narrativa de lo real maravilloso crea, adems, una nueva y variada perspectiva de creacin, y hace que se reconsidere todo el sistema literario precedente, lo que provoca la modificacin de los modelos valorativos literarios y hace que se produzcan lecturas en trminos estrictamente literarios de textos pretritos. Por lo que la obra de Carpentier es punto de articulacin de un proceso que dura siglos y contina siendo actual. Es Alejo Carpentier uno de los abanderados en proponer la importancia que, para todo el proceso de formacin y desarrollo de la cultura latinoamericana, ha tenido la coincidencia feliz de una pluralidad de culturas, que le ha dado a la vez, una vitalidad mayor a nuestro continente. Como apuntara Paul Ricaeur: “El descubrimiento de la pluralidad de culturas nunca es una experiencia inocua”. La obra de Carpentier

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122es ms que elocuente de esta realidad, colocando, en relaciones de equidad la lectura de los “centros” y las “mrgenes”; mostrando que el proceso de su validacin respectiva no implica una subordinacin, sino la descripcin de series evolutivas diferentes –aunque no exclusivas entre s– a partir del acto de confluencias culturales que implic el surgimiento de la Amrica Latina actual. Carpentier descubre para la literatura latinoamericana, la presencia de lo alterno y lo centro-hegemnico. En El recurso del mtodo aparece la autoridad y poder cultural como protagonista que estructura el comportamiento de la periferia. En la novela de este autor, no hay rupturas –en el orden estructural– con el tiempo imaginario, sino que, contina la tradicin clsica, aunque en el orden cultural introduce el tiempo real, a travs del enfrentamiento de culturas y nos muestra que no es posible hablar en el transcurso del tiempo, cuando los tiempos histricos son entre s paralelos ( Los pasos perdidos ). Adems, describe el decursar de las culturas milenarias, una diferente ubicacin de la temporalidad, funcional, que utiliza como referencia dominante del tiempo, el presente. Si para el mundo moderno el paradigma filosfico fundamental es la literatura, para el postmodernismo son las artes visuales y la msica, su abanico de posibilidades. Alejo Carpentier desde el acontecimiento literario desarrolla un proceso de reconstruccin expansivo del cosmos audiovisual latinoamericano y cubano y, hurga adems, en el acontecer cultural y social desde una hermenutica que va, de los cdigos antiguos a los textos contemporneos: sus novelas son recreaciones del universo cultural latinoamericano y muchas de ellas han sido estructuradas en forma de piezas musicales. Por ejemplo, El acoso cuya estructura recuerda la Eroica de Beethoven, El siglo de las luces novela donde el leitmotiv principal est inspirado en una pintura famosa, Explosin en la Catedral de Mons Desiderio. Qu puede ser ms ilustrativo, que el personaje principal de su novela La consagracin de la primavera Enrique, fuera un arquitecto? Integrando as, todo su universo cultural en la bsqueda de un vertebramiento de su literatura, no como texto simplemente, sino como expresin de una forma cultural con caractersticas propias. Adems, la eleccin en La consagracin... es un homenaje, desde la realidad cubana, a la magna figura de Stravisnky, coincidente con el diagnstico proftico realizado por Adorno, que coloca al compositor ruso como al verdadero precursor de la produccin cultural postmoderna. Adorno reconoce el papel de Stravinsky como integrador de las voces del pasado, por medio de la imitacin de los estilos muertos y el rescate de todas las mscaras y las voces almacenadas en el museo imaginario de una cultura. A esto se suman los nexos imaginarios y personales de Carpentier con Stravinsky, lo que permiti al autor cubano colocar en la primera pgina de su gran novela, la partitura musical de una pieza fundamental en la historia del arte del siglo XX. Tambin es relevante que Carpentier tome como estilo artstico estructurador de su obra el barroco: no es casual atenindonos a los ejemplos antes mencionados pues, para Alejo, Amrica es la tierra de eleccin

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123del barroco, porque toda simbiosis, todo mestizaje, trae consigo un barroquismo. Porque Carpentier reniega del barroco como “estilo histrico”, para l, es una constante humana, cultural, del espritu: es el rasgo individual de un artista, o la caracterstica de un movimiento, en una poca y en condiciones determinadas. En la obra de Alejo Carpentier, el estilo modernista se transform en cdigo postsmoderno, en l se despliega una amplia gama de expresiones visuales de la experiencia polifnica latinoamericana. La arquitectura, la msica, la pintura, el color y una expresa conciencia cinematogrfica en la construccin de las atmsferas y escenografas. Estos emblemas colocan el total de sus referencias en un campo de heterogeneidad estilstica y de discursos carentes de normas, que no desconoce la presencia de la referencia poltica como organizadora de la superposicin de discursos en Amrica, a travs de amos presentes y sin rostros que organizan el discurso cultural latinoamericano y que Carpentier, desde una visin actual culturolgica, sabe criticar, fustigar, reivindicando la presencia, el papel y las zonas de triunfo que en este dilogo ocupa la cultura latinoamericana. A travs de la obra carpenteriana se presenta un juego entre parodia y pastiche, que se realiza mediante las estrategias de lecturas desde las cuales se asume su obra; exhibe a la manera del pastiche, la presentacin de estilos muertos, de procedencia eurocntrica, para reivindicar con la parodia, el encuentro de culturas que se produce en Amrica, en la que se hayan presentes, a la manera descrita por Adorno, la planificacin innovadora de Schoemberg y el eclecticismo irracional de Stravinsky. En la obra de Alejo Carpentier hay una visin culturolgica desde la cual se muestran, como en la historia de la humanidad, los problemas que se encaminan a hacerse universales. En su trabajo artstico se plantea la necesidad de establecer nuevos modos de participacin en el mundo que se est formando. Presenta, adems, cmo las relaciones verticales (dominadosdominadores) se constituyen como la expresin ms externa de la cultura, de las cuales no se proyectan directamente los modos de existencia de la cultura real, que en sus juegos de superposiciones de valores, descubren la base de relaciones horizontales solidarias que conforman la trama de la cultura viva en Amrica Latina. En su entendimiento y divulgacin de la cultura latinoamericana, est presente su intencionalidad de integracin cultural, el rescate de la otredad y es este un fenmeno donde Carpentier es un adelantado, un precursor, pues trata de llevar al plano de universalidad toda una cultura tradicionalmente negada por la cultura occidental. Su vinculacin con los surrealistas europeos le permiti comprender, que aquello inverosmil, producto de magia, que caracteriz a uno de los ms importantes movimientos artsticos del siglo XX, en nuestro espacio, en nuestro continente, era cotidiano, algo comn. A esto dedic su mayor esfuerzo, a buscar y encontrar las races, la esencia de la verdadera cultura latinoamericana y de aqu se desprendi toda su obra literaria para, a la vez, colocar

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124la llamada cultura marginal, preferida, en su justo lugar. Al parecer, los tericos del postmodernismo ven en las culturas de las mrgenes, slo el sitio para el descubrimiento y la limitan a la comprensin de un acontecimiento localista. Frederic Jameson adjudica el concepto de pastiche a Thomas Mann y es indudable que el Doctor Faustus recrea eclecticismo irracional y planificacin innovadora, sin embargo olvida que Carpentier convierte este presupuesto en una obsesin novelstica, El acoso Concierto barroco La consagracin de la primavera Los pasos perdidos y a la par no olvida, algo que Occidente aprecia en decadencia: la funcin de la parodia, al referirse a una cultura que recicl, desde la copia de los originales y los convierte en razn de ser del propio universo americano. Algunos estudios de la obra carpenteriana intentan objetar la asimilacin por parte de Carpentier de la cultura europea, a partir de su relacin intelectual tan estrecha con el que fue por entonces su centro: Francia. Contraria a esa visin, es precisamente su sabia asimilacin de los aportes europeos lo que permite aquilatar el status de equiparidad con la cultura americana y logra colocarse en una visin de este fenmeno que supera la visin postmoderna del reconocimiento de las mrgenes, mediante una vindicacin de la cultura universal que se reserva considerar al mundo occidental como un acontecimiento en decadencia, pues es precisamente este suceso de integracin la sangre nueva, visin humanstica que supera las limitaciones etnocntricas, geogrficas y econmicas y se encamina hacia la comprensin de la cultura como un hecho global y la validacin de todas sus referencias. Esto ha provocado encontrar en la obra de Carpentier una visin postmoderna para que Amrica pueda realmente inscribir su “meridiano intelectual” en el Occidente, colocando su enclave en Amrica y al autor cubano en esa lnea de los grandes escritores-pensadores que ha dado el siglo XX.

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125 Un diccionario para Carpentier: estado del proyecto Vctor FowlerEspecialista en Promocin de la lectura de la Biblioteca Nacional Jos MartDe la forma futuraEn principio, habr tantos captulos como letras del abecedario correspondan a las entradas que asignemos a los contenidos; en nuestro caso, entendemos por contenido a todos aquellas citas, tomadas de la obra de Carpentier, en donde se definen conceptos relevantes de su potica creativa y teora cultural. Pongamos por caso: barroco, escritor, cubismo, novela, surrealismo, real-maravilloso Para cada una de las anteriores entradas habr una cantidad de citas, momentos en los que, a lo largo de su extensa obra, Carpentier precisa, profundiza, rectifica el concepto en cuestin. Segn ello nuestro conjunto final estara formado por decenas, ms bien centenares de citas que se hace necesario someter a algn tipo de ordenamiento para poder luego recuperar la informacin que contienen. El ordenamiento elegido es el alfabtico y entonces queda algo semejante a lo siguiente: Amrica— Barroco— Cubismo— Escritor— Novela— Real-maravilloso— Surrealismo— No sern pocos los casos en donde veamos que un contenido general se refracta o subdivide en diversas citas, cada una de las cuales introduce pequeas variaciones al tema; nuevamente aqu el ordenamiento elegido es el alfabtico y el material quedara aproximadamente como sigue en este hipottico ejemplo: Libro— Libro Libro (coleccionismo) Libro (crisis del) Libro, libros (escandalosos) Dado que todava aqu es posible la existencia de diversas citas para un mismo concepto, por ejemplo, Revolucin Cubana o Novela picaresca ; en dicho caso no tiene ya sentido pensar en el ordenamiento alfabtico y se pasar a organizar el material segn su fecha de aparicin, colocando primero el ms antiguo. De tal manera es posible seguir el desarrollo de una determinada idea u obsesin a lo largo de la obra de Carpentier. Adems de lo anterior cada

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126una de las citas viene numerada y remite a la ficha bibliogrfica que contiene los datos sobre la publicacin y pgina de la cual fue extrada; las fichas aparecern al final de las citas presentes en cada letra del diccionario. Para comenzar el volumen hemos concebido la colocacin de un ndice de materias, o citas, contenidas y como final la relacin de la bibliografa utilizada.De la necesidad de hacerloSi algo puede decirse que sean los objetivos que demuestra un diccionario, la forma segn la cual queda organizado el pensamiento de un creador al adoptar semejante estructura, es, en todo caso, la coherencia, autorreferencialidad, vas de comunicacin subterrneas entre las ms diversas zonas de dicho pensamiento. En el caso particular de Alejo Carpentier un trabajo de esta ndole se hace imprescindible dada la enorme dispersin de las fuentes desde las cuales reconstruir e identificar el edificio de un sistema; descontando las obras de creacin ficcional, donde las opiniones –por transparentes que las entendamos con respecto a su creador– son siempre interferidas por la voz del personaje. Baste, para dar cimiento a lo anterior, tener presente que su bibliografa comprende ms de 10 volmenes de crtica y prosa ensaystica, 40 colaboraciones y prlogos en libros, folletos y catlogos, ms de 800 colaboraciones en publicaciones seriadas dispersas y ms de 1 900 en el peridico El Nacional de Caracas, durante su larga estancia en Venezuela. La estructura del diccionario permite no slo extraer de aqu conceptos fundamentales, sino inducir la idea de un sistema. A diferencia de Lezama, quien habl de su pensamiento bajo la figura de un “sistema potico del mundo”, Carpentier nos llega bajo la apariencia de la diversidad; la reflexin sobre la novela, la cultura latinoamericana, el barroco, el surrealismo, la msica, la pintura, la relacin del escritor y la poltica, son algunas de sus constantes. Cmo organizar todo esto para que se revele bajo la forma del sistema que es? Claramente el ensayo, con su manera de demostrar las conexiones entre uno u otro aspecto de una obra, es una posibilidad privilegiada, pero en este caso la debilidad consiste en que resulta siempre mediado por la interpretacin del escritor; quizs entonces la nica otra posibilidad sea la del diccionario, dado que en l nicamente escuchamos la voz del autor mismo y, ventaja esta que slo el diccionario tiene, nos es posible tender un hilo que relacione los conceptos en apariencia no conectados. Me estoy refiriendo, en lo anterior, a los llamados vese con los que cualquier diccionario de la lengua nos remite de la significacin de una palabra hacia otras de significacin emparentada; por tal razn el trabajo de elaboracin de un diccionario de autor se encuentra a medio camino entre la investigacin de archivo y el ensayo, pues no se trata tan slo de organizar fuentes originales de determinada manera, sino de establecer conexiones que ataen ya a la significacin y sentido de lo expresado. Semejante volumen sera de potencial inters para investigadores, profesores, estudiantes, pero tambin para un pblico ms amplio que desee acercarse a la obra de una de nuestras ms brillantes figuras; y hay otro aspecto que merece la pena tener presente: un dic-

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127cionario del pensamiento de Alejo Carpentier es el ncleo de una posible base de datos que permita satisfacer consultas de referencias profundas sobre su obra.De los antecedentes y estado presente del trabajoEn la prxima Feria del Libro de La Habana ver la luz el Diccionario de citas de Jos Lezama Lima (Editorial Abril) que realiz la licenciada Carmen Berenguer, actualmente trabajadora del Departamento de Bibliografa de la Biblioteca Nacional Jos Mart y de quien soy esposo; ella insiste en que soy coautor del libro, yo, en considerarme un simple colaborador. El caso es que se trata de la versin ampliada y “profundizada” del trabajo que ella, por entonces trabajadora del Departamento de Referencia de la misma Biblioteca, present en ocasin de un postgrado que, hace aos y sobre la obra de Lezama, impartimos la doctora Margarita Mateo y yo. La historia es importante porque la sorpresa es i mportante; en este caso, la de descubrir cmo las habilidades para el procesamiento y organizacin de la informacin que poseen los bibliotecarios, transformaban en una poderosa herramienta para la investigacin materiales que para m eran pginas de maravillosa y desafiante “literatura” a analizar. Lo pongo entrecomillado porque tanto en el diccionario dedicado a Lezama como en este, ms que la cantidad de trabajo, hemos compartido dos estructuras mentales para el procesamiento de informacin. En aquella pri mera versin del dicciona rio de Lezama las citas elegidas, todas, eran aquellas en las que el autor defina un concepto de modo explcito; en particular los casos en los que afirmaba cosas como “la poesa es un cara col nocturno encerrado en un rectngulo de agua” o “el gozo del ciempis es la encrucijada”. La debilidad de la premisa est en que un sistema de pensamiento se constituye gracias a que esas definiciones explcitas se refractan en dismiles variaciones o afinaciones de la definicin inicial, en una suerte de metstasis de los conceptos dentro del texto; por tal razn nos vimos enredados en profundas discusiones acerca de qu entrada dar a una idea o analizando hasta qu punto una idea hace una descripcin, en tal grado operativa dentro del universo conceptual del autor, que nos obligue a considerarla parte de su potica creativa o teora de la cultura. Lo anterior significa un tipo de trabajo que comparte las habilidades de procesamiento de la informacin con las problemticas del anlisis del texto y, sobre todo, el conocimiento, hasta donde sea posible absoluto, de la obra del autor. En el caso de Lezama, novelista y autor de una lrica marcadamente metapotica, decidimos que si bien personajes y versos mostraban infinidad de ideas coincidentes con las del autor, tambin estaban sujetos a los condicionamientos de toda proyeccin ficcional. Cmo establecer el concepto “aceptado” por el autor en una discusin de tan fino matiz como la que, sobre el tema del homosexualismo, se produce sobre en Paradiso entre Fronesis y Focin? Cmo extraer, sin mutilar el conjunto, las ideas sobre el destino del hombre que el narrador introduce en la conciencia de Ti Noel en el final de El reino de este mundo ? Es por tal razn que, en ambos casos, hemos preferido extraer el aparato con-

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128ceptual de los ensayos, cartas y obra periodstica en general. En estos momentos hemos procesado todo lo publicado por Carpentier, menos el material de los dos volmenes que an faltan por ver la luz de la coleccin Letra y solfa, y estamos terminando de organizar en la computadora las citas que conforman el cuerpo del diccionario; cuando terminemos con esos dos volmenes (que habr que procesar directamente de la revista) el trabajo quedar listo. Hasta ahora son 360 pginas o 360 trozos de ocano.

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129 Aproximacin a la Fundacin Alejo Carpentier Fernando Rodrguez SosaSubdirector de la Fundacin Alejo CarpentierLa antigua mansin de los condes de la Reunin, en el corazn de La Habana Vieja sirve de sede a la Fundacin Alejo Carpentier. Esta institucin, presidida por la viuda del escritor, Lilia Esteban de Carpentier, se dedica al estudio y promocin de la vida y la obra del autor de El siglo de las luces y de la literatura cubana. La Fundacin es de carcter mixto y cuenta con un capital estatal y privado, este ltimo dado por los derechos de autor del escritor. Fue creada en 1993, aunque desde 1982 ya exista el Centro de Promocin Cultural Alejo Carpentier, con similares propsitos. Para dar cumplimiento a sus fines, esta institucin, ubicada en Empedrado 215, en La Habana Vieja, lleva a cabo un conjunto de programas, de libre acceso al pblico, que incluye una amplia gama de ofertas y servicios, en funcin de enriquecer el universo cultural de quienes visiten el centro. Para la labor de asesoramiento a estudiosos, cubanos y extranjeros, en la obra carpenteriana, se cuenta con una sala de informacin que presta sus servicios a los interesados. Un museo presenta al visitante una muestra permanente de la vida y la obra de Alejo. En l se exponen algunas ediciones, en varios idiomas, de sus novelas, ensayos y relatos; objetos personsales, como su mquina de escribir, y el diploma del Premio Miguel de Cervantes, concedido en Espaa, en 1978, para as convertirse en el primer cubano e iberoamericano en recibir tan alta distincin. Durante los ltimos aos, la institucin ha financiado la publicacin, en Cuba, de varias obras de Carpentier, para ser comercializadas en moneda nacional. Bajo el sello de la Editorial Letras Cubanas, se han publicado algunos tomos de la coleccin Letra y Solfa, el volumen de ensayos Visin de Amrica y la edicin facsimilar de la novela El reino de este mundo. Desde 1986, la Fundacin convoca, igualmente, el premio Razn de ser. Este concurso galardona, cada ao, los cinco mejores proyectos de libros presentados al certamen en cualquier gnero literario, a excepcin de la poesa, y entrega a los autores seleccionados una ayuda econmica para que concluyan sus proyectos. La organizacin de cursos, postgrados y ciclos de conferencias es otro de los programas desarrollados por la institucin. Entre los cursos organizados se encuentran los dedicados al Poeta Nacional

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130Niclas Guilln, al escritor Miguel Barnet, a la historia de la filosofa, a los autores galardonados con el Premio Nacional de Literatura y a los grandes periodistas cubanos. La Fundacin posee una biblioteca circulante, con obras de la literatura universal contempornea, la cual est dedicada especialmente a jvenes escritores y a otros interesados en los temas literarios. Presta sus fondos a los interesados, por quince das, de manera gratuita. Cada mes, desde hace un ao, en coordinacin con el Grupo de Desarrollo Sociocultural del Ministerio de Cultura y el proyecto Narrarte, se organiza el programa cultural comunitario “Hoy vamos a leer”, a cargo de la narradora oral escnica Mayra Navarro. Su propsito es fomentar el hbito de la lectura en los alumnos de la escuela primaria Agustn Gmez Lubin, del Consejo Catedral de La Habana Vieja. Vinculado al trabajo con los nios es el centro de documentacin del IBBY que se encuentra en depsito en la Fundacin. Este centro cuenta con libros y publicaciones peridicas relacionadas con la temtica infantil y juvenil y presta servicios a los interesados. He aqu, en sntesis, la labor que se propone, y logra, la Fundacin Alejo Carpentier. Una institucin que mantiene vivo el legado del narrador, periodista, ensayista y musiclogo cubano, quien afirm en una ocasin: “hombre de mi tiempo soy y mi tiempo trascendente es el de la Revolucin Cubana”.

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131 Centenario de Lydia Cabrera (1900-1991) Lydia Cabrera, narradora, etngrafa y pintora, es una de las grandes escritoras cubanas de este siglo. Alejo Carpentier tambin resida como ella en Pars, cuando se publicaron los Cuentos negros y con admiracin, anunci la precisa cualidad de clsico que acompaara la historia de la recepcin de esta gran obra. En este nmero se renen los cuatro textos que Alejo dedic a homenajear los aportes culturales de Lydia Cabrera, una de sus ilustres coetneas de la generacin vanguardista cubana.Los Cuentos negros de Lydia CabreraAcaba de publicarse en Pars un gran libro cubano. Un libro maravilloso. Un libro que puede colocarse en las bibliotecas al lado de Kipling y lord Dunsay, cerca del Viaje de Nils Holgersons de Selma Lagerf... Y ese libro ha sido escrito por una cubana. Percibs toda la importancia del acontecimiento?... Los Cuentos negros de Lydia Cabrera constituyen una obra nica en nuestra literatura. Aportan un acento nuevo. Son de una deslumbradora originalidad. Sitan la mitologa antillana en la categora de los valores universales. Y si me hacen evocar los nombres de Kipling, lord Dunsay y Selma Lagerf, es porque con remotas e involuntarias analogas de propsitos, “soportan la comparacin” con ciertos relatos de estos autores. No impondr barreras a mi admiracin. No quiero atenuar la maravillada sorpresa que me dej la lectura de ese libro, buscando, entre pgina y pgina, detalles susceptibles de inspirar reparos crticos. Los Cuentos negros de Lydia Cabrera salvan los lmites de nuestras fronteras de agua salada. Conquistan un lugar de excepcin en la literatura hispanoamericana. Y, como obra de mujer, crean un precedente. Por lo general, los escritores de nuestra raza han manifestado su personalidad en dos terrenos distantes y antagnicos: el poema lrico o el texto polmico. La prosa ntima, la confesin a media voz, y el artculo poltico, la novela que reclama libertades negadas por nuestros prejuicios atvicos; el canto de amor –a menudo de sensualidad–, la confidencia apasionada, y el grito de rebelda, el panfleto que conduce a la crcel. Admirables o cursis en lo primero, hbiles, ingenuas o sublimes en lo segundo, las escritoras nuestras nos han habituado –salvo en casos aislados– a expresiones que llegaron a representar, para nosotros, sinnimos de una determinada sensibilidad femenina... Lo raro es hallar en este continente una escritora vida de explorar nuestras cosas en profundidad, esquivando aspectos superficiales para fijar hombres y mitos de nuestras tierras con esa finsima intuicin que es la de la inteligencia femenina –inteligencia que siempre sabe mostrarse pragmti ca, aun

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132dentro de un clima fantasioso. El tipo de escritora a lo Selma Lagerlf, a lo Emily Bronte, es casi desconocido en Amrica. Por ello estimo que los Cuentos negros de Lydia Cabrera sientan un precedente fecundo. Libro que no hubiera podido ser escrito por un hombre, y que se aparta totalmente, sin embargo, de las habituales preocupaciones de nuestras escritoras. Libro todo sensibilidad e inteli gencia, que instituye un nuevo diapasn de criollismo, “al margen de todo lo hecho hasta ahora en la literatura cubana”. Libro que –lo espero para bien de nuestras letras–, no ser el ltimo de esa mujer admirable que no presume siquiera de escritora, estando dotada de un formidable potencial de poesa y de una maravillosa riqueza imaginativa. Veinte y tantos relatos componen el libro de Cuentos negros de Lydia Cabrera. Relatos a travs de los cuales, a pesar de la diversidad de lugares de accin, se percibe la constancia de ciertos motivos, el hilo sinuoso e ininterrumpido de una gran leyenda creada por Lydia Cabrera, que se sobrepone a los elementos folklricos que sirvieron de inspiracin primera a los mil detalles integrantes de su vasto fresco del trpico. Lydia Cabrera es la nica mujer de nuestras tierras que haya estudiado, con rigor de etngrafo, las leyendas y mitos afrocubanos. (All por el ao 1927, cuando yo andaba cazando documentos para mi ¡Ecu-Yamba-"! recuerdo haberme tropezado con Lydia Cabrera en un “juramento” igo celebrado en plena manigua, en las cercanas de Marianao)... Pero sera un error creer que la escritora se ha contentado con transcribir ese folklore en sus narraciones. Con notas acumuladas en cuadernillos de colegiala –notas referentes principalmente a los cuentos congos y lucumes, “cuentos con msica”, cuya tradicin est casi perdida en Cuba– ha construido relatos personalsimos, enriquecidos por suntuosas visiones de paisajes y costumbres criollos. Fiel al documento costumbrista en cuentos como “Una tragedia entre compadres”, sabe llegar a las zonas ms extremas de la imaginacin creadora en narraciones maestras como “La loma de Mambiala” o “Pap Jicotea y Pap Tigre”... Todos los elementos de la mitologa antillana viven en los relatos de Lydia Cabrera. Viven, hablan, actan. Jicotea, personaje astuto, bien criollo reaparece varias veces en distintos cuentos. Con la tortuga sabia dialogan el pavo real Tu hurria, el Venado-pata-de-aire, Pap Tigre y sus hijos, el Buey Mariposa, Comadre Vaca, la Cazuela Olla-cocina-bueno, el Manat vengador de esclavos, el caimn, Cristbal Coln, y el capitn general de Espaa, los miembros del Cabildo y el carpintero Noguma, aquel que “saba ms que las cucarachas”. ¡Terrible dificultad la de movilizar tales elementos sin incurrir en humorismos fciles, sin desposeer el cuento de todo valor humano!... Ah es donde Lydia Cabrera demuestra su singular talento de escritora. Sus personajes mitolgicos son tan verosmiles como hroes de Zola, y sus aventuras aparecen baadas en una atmsfera misteriosa y grave. Son criollos hasta en sus reacciones ms nimias. Lydia Cabrera sabe comunicar un tono serio aun a frases como esta: “En tiempos en que la tierra era nueva la rana

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133criaba pelo y se pona papelillos”; sabe mostrarnos a Jicotea leyendo La Habana Elegante ; o el ejrcito colonial, la marinera, el Cuerpo Legislativo y la Asamblea Autonomista, siguiendo a una Guinea bailadora y milagrosa por las calles de La Habana, en tiempo de comparsa, sin perder por ello el acento potico y castigado de su relato... No podra deciros exactamente cul de los Cuentos negros me seduce ms. Gracias a Lydia Cabrera vivimos en aquel prodigioso reino femenino de Cocozumba, regido por un rey Toro, donde, con los hombres asesinados por el autcrata, haban desaparecido hasta los vocablos masculinos del idioma, y se deca “yo cocino en la fogona”, “yo clavo con la martilla”, y “cuatro dedas con la pulgara”. Por ello conocemos a las reinas Eleren Gede y Olalla Guana, que desencadenaron una guerra por asuntos de cocina; vemos la tragedia que se desarrolla entre Apopoito Miama, Greta Garbo de solar, y la mulata Juana Pedroso, en la calle Cruz Verde, con embrujo del congo del Barrio Azul; conocemos el idilio de Soyan Dequin, ahogada en el Almendares, con el calesero Billillo; asistimos a las terribles encantaciones de Osain-de-un-solo-pie, aquel que desembruj una papa habladora, y vena saltando por los caminos al ritmo de su bastn “can-can-can-can”... Esa vez, Osain y Jicotea “encendieron un tabaco, tomaron caf y la noche entera oli a caf...”. Y cmo olvidar la historia de Dol, aquella mulata que slo poda curarse con huevos de caimn, y que nunca pudo poseer el estibador Capinche, porque estaba demasiado presente en su casa la sombra mala de Esvarito, el amante que muri con los pulmones picados por el tabaco?... Todos estos relatos tienen sus colores, sus tonos peculiares. Constituyen siempre algo bellamente logrado... Pero hay dos cuentos en este volumen en que Lydia Cabrera llega ms lejos an, tocando la mdula de mitos grandiosos, a la manera de un lord Dunsay tropical: “Pap Jicotea y Pap Tigre” y “La Loma de Mambiala”. Ninguna descripcin podr daros una idea de la vastedad potica del primer relato. En l vemos llegar a Cuba, all por el ao 1845, a la Jicotea y al Venado, despus de la triple decapitacin de Ani Kosia, muerta bajo nubes de tataguas, el ritmo de un despertar de volcanes. poca de gnesis y de prodigios, cuya descripcin constituye uno de los captulos ms hermosos que haya producido la literatura americana moderna. Aplacada una era de convulsiones geolgicas, en que todo era verde, en que la juta beba cerveza, y el conejo corra sobre los ojos de la luna; era en que el Gigante Morrocoy bendeca las aguas, y existan viejsimos nios muerto-nacidos, juta y Venado se hacen c ultivadores. Desde lo alto de una loma, contemplan esos campos de Cuba, donde se “bebe sol derretido en la pulpa de los mangos”, y los caimitos parecen “bocas de negras”... La belleza de todo aquello despierta la ambicin de Jicotea. Decide deshacerse, por medio de maleficios, de su compadre Venado-pata-deaire. Con sus cuernos fabricar un maravilloso instrumento musical, que querrn arrebatarle sucesivamente el toro llamado Cocoricamo, el Buey Mariposa, el Tigre, el Burro, Comadre

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134Vaca, la Seora Tigre (que sabe tocar en el piano “La Paloma” y “La Monona”), el Conejo, que es presidente del Tribunal Supremo y capitn de bomberos... A travs de mil aventuras, Jicotea logra burlar a los pedigeos por medio de argucias muy criollas. A punto de ser vencida por los tigres y el conejo, Jicotea regresa al agua, elemento ya que nunca abandonar, dejando sus campos y su msica milagrosa... No s exactamente en qu proporcin el elemento folklrico se mezcla con el puramente imaginativo en este cuento maravillosamente trazado. Lo cierto es que en l, Lydia Cabrera realiza una construccin grandiosa con los materiales ms sencillos... Y no se me vaya a decir que la escritora se siente demasiado atrada por los aspectos pueriles de nuestro folklore. Nada se parece menos a los cuentos de hadas que los relatos de Lydia Cabrera. Sus animales filosficos o pcaros son tan “humanos” como los de Kipling. Conviven con el hombre en pie de igualdad, mostrndose tan criollos-criollismo de esencias como el compaero bpedo... Y sobre todos ellos se ciernen las miradas protectoras o vengativas de los dioses catlicos y de las divinidades y orishas del panten afrocubano. Misterioso y duro, lleno de oscuras rebeldas es el relato titulado “La loma de Mambiala”. Historia de aquel Serapio Trebejo, negro miserable, que va un buen da, en busca de ayuda divina, a la loma de Mambiala. All se encuentra con un hada-cazuela, llamada Olla-cocina-bueno, que le promete abundancia y posibilidad de llenarse el vientre hasta la muerte. Pero Serapio comete la impru dencia de ofrecer banquetes al pueblo entero. Se habla de ello “en las cinco partes del mundo”, el papa consagra una encclica al acontecimiento, y los ricos del pueblo solicitan el honor de sentarse en la mesa de Serapio. Entre ellos hay un cierto don Cayetano Zarralarraga, hombre de duro corazn, que “para no perder provecho alguno, venda los pelos, los dientes, la manteca y los huesos de sus esclavos muertos”. Don Cayetano compra a Serapio el hada-cazuela en un milln de pesos. Pero el trato resulta nulo, pues el ricacho deja caer la Olla al suelo, al bajarse de su volanta. Desesperado, Serapio vuelve a la loma de Mambiala. Pero esta vez, lo que acude a su conjuro es un Manat de cuero superior. El negro regresa al pueblo, anunciando nueva fortuna. Invita a todos los que lo haban abandonado en su miseria para asistir a un suntuoso festn. Y cuando los invitados estn reunidos da la orden al manat de comenzar la “reparticin”. Y “pkata, pkata, pkata”, el ltigo se precipita sobre los ricos, el dueo de la funeraria, el director de la Compaa Naviera, el cura don Cayetano, y todos los que quisieron explotarlo en sus das de opulencia. Y cuando ya no quedan sino cadveres en el terreno Serapio Trebejo, sin saber ya qu hacer en este mundo, se precipita en las aguas del pozo de Yaguajay, donde su sombra errabunda aparece an por las noches oscuras... ...Pero veo que me extiendo demasiado. Acabar por narraros todos los cuentos del libro ejemplar de Lydia Cabrera... Y sera lstima, porque nada podr daros una idea del estilo prodigioso de esos relatos llenos de sol y de trpico, que crean un gnero nuevo en los dominios de una poesa esencialmente criolla.

PAGE 136

135A mi juicio –y es sabido que no soy amigo de malgastar elogios–, los Cuentos negros de Lydia Cabrera merecen plenamente el ttulo de obra maestra.Un mundo arcanoCierta vez –me contaba hace das el pintor Wifredo Lam– un “santero” cubano, obsesionado por el deseo de conocer el frica para hallar las “races” de sus artes mgicas en la vasta tierra que los viejos designan todava con el nombre de Guini (Guinea), desembarc en Leopoldville, lleno de ilusiones acerca de lo que all encontrara. Pero, poco tiempo despus, regres a La Habana, confesando que all –en “la Nacin”– las prcticas eran “ms pobres”, menos interesante y activas, que las de sus colegas criollos, maestros en hechiceras, cadas en posesin, uso de plantas curativas y preparacin de “bilongos”. Esto vendra a corroborar la opinin de Villa-Lobos, segn la cual las “religiones” sincrticas de ciertos negros americanos difieren ya totalmente de los ritos ancestrales, trados al continente en los das de la trata. En Hait encontramos, junto a la presencia de nuevos dioses locales, una asimilacin de las prcticas de la hechicera medioeval, parecidas a las que se describen en los tratados del Marqus de Villena. En el Brasil, la creencia en un mesinico regreso de legendarios reyes portugueses se ha unido al ritual de candombes y makumbas. En Cuba, no contentos con crear todo un panten de incontables divinidades, los santeros han llevado la aceptacin de todo prodigio hasta conceder una extraordinaria importancia a la hechicera china. “La bru jera china tiene fama de ser tan hermtica –nos cuenta Lidia Cabrera en su reciente libro El Monte – que el santero Calazn Herrera, ha caminado toda la isla para saberla”. Jams pudo penetrar ninguno de sus secretos, ni aprender nada de ellos. nicamente sabe que comen una pasta de carne de murcilago, excelente para conservar la vista; que confeccionan con la lechuga un veneno muy activo; que la lmpara que le encienden a Sanfancn alumbra pero no arde; que siempre tienen detrs de la puerta un recipiente lleno de un agua encantada que lanzan a espaldas de la persona que quieren daar, y que alimentan muy bien sus muertos. Nada pueden contra los “daos” echados por un brujo chino “pues la magia de los chinos se reputa la peor y la ms fuerte de todas, y, al decir de nuestros negros, slo otro chino sera capaz de destruirla...”. Pero ah no se detiene esa aceptacion de “poderes”. “Muy terrible es tambin –nos cuenta la autora– la brujera de los isleos, naturales de Canarias, quienes nos han transmitido gran numero de supersticiones, y que vuelan –las isleas– como los brujos de Angola”. “Vuelan las isleas –advertame un informador– yo lo puedo jurar. Vuelan montadas en escobas y vuelan sobre el mar...”. Esta creencia denota que, como en Hait, muchas creencias derivadas de los Aquelarres medioevales han pasado a otros lugares de este continente, junto con los textos de La clavcula de Salomn, y otros falsos tratados hermticos, para enriquecer un cuerpo de creencias ya desvinculadas de las religiones africanas, tal como pudo conocerlas, en su estado original, el “santero” visitante de Leopoldville.

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136De ah que no estemos cerca todava de haber alcanzado el trmino de ciertos estudios que, iniciados hace ya medio siglo por Nina Rodrguez, Fernando Ortiz, Israel Castellanos, Herskowitz, y otros especialistas, todava nos reservan sorpresa, por poco que nos adentremos en sus mbitos mgicos. El reciente libro de Lydia Cabrera con las extraordinarias fotografas que lo ilustran, ha venido a levantar el velo que cubra todo un insospechado mundo de prcticas y supersticiones de una impresionante complejidad.El monteAll por el ao 1927, me hallaba una tarde con don Fernando Ortiz en una ceremonia de santera, cuyos tambores sonaban a poca distancia del pueblo de Marianao, cuando vi llegar, con cierto asombro, dos mujeres elegantes y bellas, a quienes vea por vez primera. Pronto se hicieron las presentaciones. Una de las damas era Teresa de la Parra. La otra, Lydia Cabrera, que haba de acompaar a la gran escritora venezolana en los instantes postreros de su existencia. Pero en aquellos aos, Teresa de la Parra no haba sentido an la proximidad del ngel de la muerte. Lo observaba todo, atenta, curiosa, interesada en el ritual, escuchando las explicaciones de don Fernando y de Lydia... Yo no poda sos pechar que aquel da, acaso, haba nacido la vocacin de su amiga, la joven cubana, por el estudio de los ritos de la magia afrocubana. El hecho fue que algn tiempo despus, Lydia Cabrera me sorprendi con la publicacin de unos Cuentos negros de Cuba que tengo por uno de los mejores libros que haya escrito una autora latinoamericana. Expres en el acto mi admiracin por una obra –pronto traducida al francs por Francis de Miomandre– que se cuenta, a mi juicio, entre los clsicos de nuestra literatura... Ahora, Lydia Cabrera acaba de ofrecernos otro volumen, consagrado a las tradiciones negras de su pas: El monte que es, segn nos lo advierte en la portada, un conjunto de “notas sobre la religin, la magia, las supersticiones y el folklore de los negros criollos y del pueblo de Cuba”. A qu debe su ttulo el nuevo libro de Lydia Cabrera?... La explicacin aparece en las primeras pginas: Resiste en el negro cubano –nos dice la autora– con tenacidad asombrosa la creencia en la espiritualidad del monte. En los montes y malezas de Cuba habitan como en las selvas del frica, las mismas divinidades ancestrales, los espritus poderosos que todava hoy, igual que en los das de la trata, ms teme y venera y de cuya hostilidad o benevolencia siguen dependiendo sus xitos y sus fracasos. El negro que se adentra en la manigua, que penetra de lleno en un “corazn del monte”, no duda del contacto directo que establece con fuerzas sobrenaturales que all, en sus propios dominios, le rodean: cualquier espacio de monte, por la presencia invisible y a veces visible de dioses y espritus, se considera sagrado. “El monte es sagrado”, porque en l residen, “viven” las divinidades. “Los santos ms estn en el monte que en el cielo”. El monte encierra esencialmente todo lo que el negro necesita para su magia,

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137para la conservacin de la salud y de su bienestar; todo lo que le hace falta para defenderse de cualquier fuerza adversa, suministrndole los elementos de proteccin –o de ataque– ms eficaces. No obstante, para que consienta en que se tome la planta o el palo o la piedra indispensable a su objeto, es preciso que solicite respetuosamente su permiso, y sobre todo que pague religiosamente con aguardiente, tabaco, dinero, y en ciertas ocasiones, con la efusin de sangre de un pollo o de un gallo, el “derecho”, el tributo que todos le deben. “Un palo no hace el monte”, y dentro del monte cada rbol, cada mata, cada yerba, tiene su dueo, y con sentido de propiedad perfectamente definido... Partiendo de esta nocin. Lydia Cabrera ha escrito un libro de ms de seiscientas pginas, que es una maravilla de investigacin llevada en funcin potica, revelndonos todo un mundo de animismos, pasado del frica a las Antillas por los esclavos de antao –heredado ahora por sus nietos. Las leyendas y divinidades del monte, sus gestas oscuras, sus portentos y milagreras, son examinados con profunda simpata, por quien –como digna sobrina de don Fernando Ortiz– ha consagrado su talento de escritora a una bsqueda exhaustiva, asegurndose, en muchos casos, la colaboracin de los ms capacitados informadores. Una serie de fotografas –algunas de ellas en colores– completan la documentacin de este libro ejemplar, fruto de aos de trabajo, que ha vuelto a situar a su autora entre las mejores escritoras de nuestro continente. El monte es libro que llega a tiempo para colmar una importante laguna en los estudios etnogrficos americanos.Refranes de negros viejosProsiguiendo su trascendental trabajo de recopilacin de tradiciones afrocubanas la admirable Lydia Cabrera –¡por algo es sobrina de don Fernando Ortiz!– acaba de entregarnos un nuevo libro que podra considerarse como un apndice a su reciente obra, El Monte que arroja tantas luces nuevas sobre las creencias religiosas y sincretismo mgico de los negros de Cuba. Refranes de negros viejos se titula este opsculo que encierra un venero de sabidura popular, traducido en adagios, expresiones, proverbios, en los cuales no es difcil identificar, de primer intento, el tono de las viejas sentencias del frica ancestral. Sin embargo, muchos de los refranes recogidos por Lydia Cabrera coinciden con los que hemos podido escuchar fuera de las Antillas. En primer lugar, porque el pensamiento folklrico suele hallar las mismas verdades universales que derivan, en todas partes, del perenne destino del hombre. Adems, porque –como nos dice la autora– “decidores de refranes eran nuestros abuelos blancos y como sucedi en otros aspectos del folklore el negro enriqueci su refranero con los proverbios espaoles que aprenda y repeta a su vez”. De todos modos la herencia lucum dajome o conga, es visible en ciertos giros que emparentan estos proverbios con los reunidos en una obra como la famosa Antologa negra de Blaise Cendrars –libro que abri los ojos del lector de Occidente sobre las fuentes de aeja sabidura africana. Uno de los pintorescos informadores de Lydia Cabrera, T Serapio, convencido de la vanidad de todo esfuerzo, se haba hecho una buena filosofa de holgazn

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138con refranes como estos: “El que nace trae escrito en la espalda su destino”; “Unos nacen con estrella y otros nacen estrellados”; “Buey que no tiene rabo, Dios espanta su mosca”; “De la prisa no sale mas que el cansancio”; “Nunca falta una chancleta vieja para un pie podrido”... La eleccin de tales refranes constituidos en norma de vida, nos habla del hombre que los aplicaba a su cotidiana existencia. Que en materia de refranes, cada cual se inclina hacia los que mejor cuadran con su propia traza: “El perro tiene cuatro patas y slo sigue un camino”; “Jicotea (suerte de tortuga) quiso volar y se rompi el carapacho”; “El mismo bastn que mata perro blanco, mata perro negro”... Y cmo no dejarnos encantar por el tono netamente africano de otros muchos refranes recogidos en ese delicioso libro?... “Cuando el tigre est viejo, come babosa”; “Al que nace para buey, los cuernos le caen del cielo”; “Lo mismo nace y lo mismo muere el negro como el blanco”; “Jicotea no tiene asentaderas y anda buscando taburete”; “Negro persignado, Diablo espantado”; “Quin vio entierro de pobre con coronas de biscuit?”; “En la pesquera del blanco, el negro lleva las redes”; “El cochino gordo que cri el esclavo, a ese quiere comer el amo”; “Ningn rabipelado llora cuando muere el gaviln”; “A los nietos de la negra, el dinero los blanquea”; “Aquel que anda con fieras, a aullar tiene que aprender”; “En tribunal de gallinas, la cucaracha no tiene voto...”. Y no poda faltar, en ese refranero afrocubano, el famoso de “¡Quin fuera blanco aunque fuera cataln!”, que siempre resultar oscuro para aquellos que ignoran que muchos catalanes ejercan, en los das de la colonia, los oficios de baratilleros, de buhoneros, por lo mismo, andaban por las trridas calles de La Habana llevando gruesas cargas en valijas y alforjas –destino este que nadie les envidiaba...

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139 Reseas Carpentier entonces y ahoraAmaury Carbn SierraProfesor de la Universidad de La HabanaEn el “Prlogo” a su libro Quirn o del ensayo y otros eventos (Editorial Letras Cubanas, 1988), la profesora y ensayista Luisa Campuzano (La Habana, 1943), al referirse a las cinco indagaciones sobre teora, lxico e intertextualidad en Carpentier, incluidas en el volumen, declaraba que aquellos trabajos eran “el centro de mis intereses actuales: el vasto mundo de Alejo Carpentier, al cual aspiro a poder acercarme de modo menos fragmentario que hasta ahora”. Fruto de aquel continuado inters y empeo –compartido luego con estudios sobre la mujer– fueron no slo los cursos de postgrado, de maestra y doctorado, y las conferencias que dict en varias universidades americanas y europeas; sino tambin los tres ensayos publicados recientemente por la Editorial Letras Cubanas bajo el ttulo Carpentier entonces y ahora (La Habana, 1997), objeto de esta resea. El primero de esos ensayos, “Carpentier en Orgenes”, –precedido como los dems de un bien seleccionado epgrafe– constituye un verdadero aporte investigativo al conocimiento de la obra de Carpentier al establecer los mltiples vnculos del novelista con algunos de los animadores de Orgenes y con su vasto y polmico campo de resonancia. Pero no slo con ellos, sino que esos nexos parecen constituir las principales y ms fecundas vas de articulacin de su produccin intelectual con el contexto cultural cubano de la segunda mitad de los 40. Para alcanzar este logro la autora se vali de un mtodo que califica de eminentemente arqueolgico, mediante el cual pudo rescatar los puntos referenciales imprescindibles para el trazado del mapa de esas relaciones, a partir de lo aportado por Orgenes y otras publicaciones peridicas y textos de la poca anteriores y posteriores, y con epistolarios de que dispuso o exhum. De esta manera consigui, por una parte, develar un captulo poco conocido de la obra del escritor cubano; y por la otra, rectificar o aclarar aspectos relacionados con el quehacer intelectual de Carpentier en esos aos (1944-1956) en que se reinicia y alcanza definiciones fundamentales su narrativa, acallada durante una dcada. El segundo ensayo, “El sndrome de Merime o la espaolidad literaria de Alejo Carpentier”, se ocupa de uno de los aspectos ms importantes de la creacin carpenteriana: su esencial relacin con la cultura espaola, pese a su imputado afrancesamiento. Ese fructfero vnculo se pone de relieve a travs de un interesantsimo inventario comentado de los escenarios hispanos de su narrativa y sus reencuentros de todo tipo con el ms universal de los hijos de Espaa: Miguel de Cervantes. En l se destaca y queda debidamente demostrado cmo el inters de Carpentier por Espaa no se limita a los cronotopos estrictamente ibricos que

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140ocupan gran dimensin en el mundo narrado, sino que tambin est presente en otros momentos y espacios de su obra a travs de citas, alusiones, parodias, y, en fin, un gran caudal de intertextualidad de procedencia hispana. En el ltimo ensayo, “Releer El siglo de las luces en los 90”, Luisa Campuzano propone una relectura de El siglo ... (1962) desde la perspectiva de un mundo unipolar, y cuando el pensamiento postmoderno anuncia que los grandes relatos legitimadores de la Modernidad y sus posibles correlatos prcticos –la revolucin, por ejemplo– carecen de fundamento. Esta relectura, segn la autora, pretende subrayar el espacio que el texto le concede a la participacin en la historia de los que en los 60 llambamos, con Franz Faron, “los condenados de la Tierra” y hoy llamamos marginales, subalternos y, con ms optimismo, nuevos agentes histricos, los cuales por lo regular han sido ignorados, oprimidos y subvalorados por los proyectos eurocentristas de la Modernidad. Como se ha hecho evidente en la mera resea temtica, estamos en presencia de un ttulo que, a la par que contribuye al conocimiento de diferentes facetas de la obra del gran escritor cubano, enriquece la bibliografa de la autora la cual incluye, a ms de varios libros de texto, los volmenes Breve esbozo de potica preplatnica. (1984), Las ideas literarias en el Satyricon (Premio de la crtica en 1984), Quirn o del ensayo y otros eventos (1988) –ya citado– y Mujeres latinoamericanas: historia y cultura, siglos XVI al XIX (La Habana-Mxico, 1997), del que fue coordinadora. Carpentier entonces y ahora de Luisa Campuzano es, a no dudarlo, el desidertum de todo escritor: un buen libro (til, interesante, imprescindible).Nuevas ediciones de libros de CarpentierAna CairoProfesora de la Universidad de La HabanaFacsimilar de El reino de este mundoPor iniciativa y financiamiento de doa Lilia Esteban, presidenta de la Fundacin Alejo Carpentier, la Editorial Letras Cubanas ha realizado una excelente edicin facsimilar de El reino de este mundo con motivo del cincuentenario de la aparecida en Mxico a cargo de la EDIAPSA (Edicin y Distribucin Ibero Americana de Publicaciones S.A) en 1949. En las dos solapas de la cubierta y contracubierta se reproducen cuatro fragmentos de juicios crticos sobre la novela, escritos por Mariano Picn Salas (uno de los primeros exgetas en 1949), Claude Cuffon (1982), Daniel-Henri Pageaux (1982) y Alexis Mrquez Rodrguez (1983). De este modo se alude indirectamente a la necesidad futura de otro libro complementario: el del proceso exegtico, para el cual podra estructurarse una imprescindible antologa. El libro de Letras Cubanas contiene como importante novedad un apndice conformado por una “Muestra facsimilar al del primer pase mecanogrfico” (seis cuartillas variadas)

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141y por una “Propuesta de El reino de este mundo Fondo de Cultura Econmica”, la prestigiosa institucin mexicana. Dicha “Propuesta...” se integra por dos cartas: la primera de Carpentier al seor Daniel Cosso Villegas (con fecha 11 de abril de 1948) y la respuesta al novelista en nombre del Fondo (28 de abril) firmada por el seor Joaqun Diez Canedo. La carta de Carpentier, indita, resulta utilsima por la sntesis precisa de objetivos que l expone en torno a la escritura de El reino ... y por la lcida conviccin de que la novela era originalsima como texto narrativo y de que se convertira en obra referencial para el conocimiento de Hait y de algunas problemticas de Nuestra Amrica.Los tres nuevos Letra y SolfaEn 1975 el profesor venezolano Alexis Mrquez Rodrguez seleccion la primera antologa de los artculos que Carpentier public en su columna “ Letra y Solfa” del peridico El Nacional de Caracas entre 1951 y 1959. La Editorial Letras Cubanas y la Fundacin Alejo Carpentier unieron esfuerzos para publicar la totalidad de los artculos en una obra con el ttulo genrico de Letra y Solfa y la especificidad por materias acompaada del nmero que indicaba el tomo. Distintos especialistas de la Fundacin asumieron la responsabilidad de los volmenes. As Raimundo Respall prepar los tomos 1: Cine (1989), 2: Ballet (1990) y 4: Teatro (1994); Alejandro Cnovas, 3: Artes visuales (1993); y Amrica Daz, 5: Mito e historias (1997), 6: Literatura. Autores (1997), 7: Literatura. Libros (1997). Cada uno de los siete volmenes incluye un sistema de ndices (onomsticos, por ttulos, o por publicaciones) que facilita las bsquedas mltiples de los lectores. Los siete tomos de Letra y Solfa constituyen un esfuerzo editorial que debe agradecerse por la utilidad prctica del resultado cultural y porque crea una experiencia laboral que debera aprovecharse para continuar publicando la obra periodstica total de Carpentier. Estimo que el conjunto completo de sus colaboraciones para Social, La Discusin, El Pas, Diario de la Marina o El Mundo (entre otras colecciones de su periodismo en Cuba) requerira una solucin similar a la de Letra y Solfa .Visin de AmricaEn 1964, Carpentier escribi el libro de ensayos Tientos y diferencias En 1974, escogi dentro del gran conjunto de crnicas para la revista Social y Carteles (que le haba preparado el investigador y crtico literario Salvador Arias) una muestra de las que consideraba mejores. Con dicha seleccin se hizo Crnicas (1975, dos volmenes). Despus reuni en Razn de ser (1976) las disertaciones de su ltimo viaje a Caracas. Con carcter postmortem, la Editorial Siglo XXI agrup los ltimos textos en La novela latinoamericana en vsperas de un nuevo siglo y otros ensayos (1981). La Editorial Letras Cubanas prepar el libro Ensayos (1984), en el que se ordenaron consecutivamente

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142los materiales de Tientos..., Razn... y La novela... Tambin dicha institucin public las Conferencias (1987) libro en el que se recircularon trabajos olvidados y se dieron a conocer otros inditos. En 1998, dicha Editorial en colaboracin con la Fundacin Alejo Carpentier public Visin de Amrica una antologa muy til de crnicas y ensayos. Alejandro Cnovas agrup los materiales y escribi el “Prlogo”. Orden trabajos provenientes de Crnicas Ensayos y Letra y Solfa Estructur el volumen en cuatro partes; la primera de ttulo homnimo al del libro; la segunda nombrada “Tierra Firme”; la tercera, “El Caribe”; y la cuarta, “Identidad de Amrica”. Una agradable sorpresa se incluy en la primera parte con el texto indito “El pramo andino”, el cual no esta fechado, pero se sabe que pertenece a los textos preparatorios de la novela Los pasos perdidos (1953), al igual que la serie de artculos publicados en la revista Carteles entre 1947 y 1948 bajo el ttulo “Visin de Amrica”. El orden de los textos en las cuatro partes resulta eficiente con respecto a los fines cognoscitivos. No obstante, hubiera sido mejor que al final de cada trabajo se hubieran indicado los datos de la primera publicacin. Precisamente, porque se aspiraba a facilitar la comprensin del pensamiento de Carpentier, la datacin era imprescindible. Quizs hubiera sido conveniente aludir a los lmites del concepto Amrica con que se estructur la antologa. Carpentier coincidi con Mart en una definicin culturalmente ecumnica del continente. Los materiales reunidos en el libro ilustran los espacios de Nuestra Amrica. Pero Carpentier tambin estudi y medit sobre la otra Amrica (la anglosajona), especialmente se interes por los Estados Unidos. Por lo mismo, quizs sera conveniente en alguna reedicin de esta obra aadirle una quinta parte con una muestra representativa de esos textos. Entonces ya s se dispondra de una antologa realmente ecumnica de la visin carpenteriana de Amrica.La consagracin de la primaveraEn 1998, Clsicos Castalia de Madrid public La consagracin de la primavera (1978), una de las novelas fundamentales de Carpentier sobre los ms trascendentes problemas culturales y polticos del siglo XX en Europa y Cuba. La edicin estuvo bajo el amoroso cuidado del doctor Julio Rodrguez Purtolas, catedrtico de Literatura Espaola en la Universidad Complutense de Madrid. El libro se inici con los agradecimientos del profesor Rodrguez Purtolas a doa Lilia Esteban de Carpentier, presidenta de la Fundacin Carpentier, a Araceli Garca Carranza, bibligrafa del novelista y responsable de la Coleccin Carpentier en la Biblioteca Nacional de Cuba, as como a los amigos y colegas de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, entre otros. Rodrguez Purtolas escribi un ensayo bastante extenso con el ttulo de “Introduccin biogrfica y cortica”, al que

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143acompa con una “Bibliografa selecta”. A continuacin, situ la novela con un sistema de notas (a pie de pginas) que alcanz la cifra de setecientas diecisiete. Por ltimo, como apndice, agreg el texto de contraportada (escrito por Carpentier) para la Editorial Siglo XXI con motivo de la primera edicin. Con respecto al corpus de las notas, el nmero podra ampliarse en otras reediciones y, al unsono, subsanar algunos datos errneos que los lectores cubanos podramos detectar. La meritoria labor investigativa y editorial de Rodrguez Purtolas se ha convertido en un valioso aporte, que crea precedentes muy provechosos para las imprescindibles ediciones anotadas de otros textos narrativos de Carpentier.Una biografa imprescindible sobre Garca CaturlaMara Antonieta Henrquez dedic a la memoria de Alejo Carpentier su obra Alejandro Garca Caturla a la cual consagr ms de veinticinco aos de sus investigaciones. Henrquez, profesora y musicgrafa, fund el Museo de la Msica (1971) y despus el Museo Alejandro Garca Caturla, de Remedios (1975) donde justamente surgi la idea matriz de la bibliografa mientras estudiaba la coleccin patrimonial sobre el artista para el diseo de esa institucin. Antes de acometer el proyecto biogrfico, orden en el volumen Correspondencia (1978) todas las epstolas escritas y recibidas por el msico. Esta contribu cin fue valiossima para los estudios sobre la vanguardia cubana. El libro biogrfico se estructur del modo siguiente: El primer captulo se consagr a la ciudad de Remedios y a los antecedentes de la presencia de la familia de los padres del msico. El segundo se dedic al relato cronolgico de la vida de Caturla. Intercal sistemticamente citas testimoniales que enriquecieron lo narrado. En el tercero se orden un conjunto de fragmentos testimoniales importantes no slo para el conocimiento del artista y su obra. A continuacin, en el apndice reuni cartas, artculos, conferencias, discursos y la biografa. Una muestra del testimonio grfico cerr el volumen. Mara Antonieta Henrquez ha demostrado con creces ser una musicgrafa de gran profesionalismo. Ha vencido en este difcil reto de retribuir a Garca Caturla un homenaje digno de su enseanza como creador musical.Robert Desnos y su amor a CubaLa editorial francesa L’Hamattan ha publicado el interesantsimo libro Robert Desnos et Cuba (1999) escrito por la ensayista puertorriquea y profesora universitaria Carmen Vsquez. Carmen estructur su labor en dos partes. En la primera incluy un ensayo,

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144con datos exhaustivos, en torno a la visita que realiz Desnos (poeta surrealista y vctima del fascismo) a La Habana en marzo de 1928. Entonces conoci a Alejo Carpentier, de quien se convirti en amigo entraable. La amistad entre Desnos y Carpentier impuls al poeta francs a mantener una mirada amorosa permanente sobre los problemas culturales y polticos cubanos. Se entusiasm con nuestra msica y practic una solidaridad eficiente con los intelectuales combatientes contra la satrapa de Gerardo Machado (19251933) En la segunda parte, la autora conform una amplia muestra de los textos de Desnos sobre Cuba. Tambin aadi fotocopias de manuscritos inditos. El libro es una excelente muestra de la alta calidad investigativa que preside los esfuerzos interdisciplinarios del Grupo de Estudios sobre las Antillas Hispnicas, proyecto fundado por el profesor Paul Estrade y al cual Carmen se integr desde los inicios. Robert Desnos et Cuba tambin ilustra la conveniencia de proseguir las investigaciones en torno a las interrelaciones entre Francia y Cuba, que se gestaron dentro de las intelectualidades vanguardistas de las dos naciones.

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145Tabla de contenido Breve nota introductoria I. Bibliografa activa I.1. Libros y folletos I.2. Libros y folletos (seleccin) I.3. Carpentier en otros idiomas I.4. Colaboraciones en libros y folletos, (incluye antologas) I.5. Colaboraciones en publicaciones seriadas II. Bibliografa pasiva II.1. Obras de consulta II.2. Valoracin de sus ttulos II.3. Valoracin de su obra (temas tratados por Alejo Carpentier) II.4. Promocin y repercusin de su obra en Cuba y en el extranjero II.5. Relacin con otras figuras II.6. Reseas de libros II.7. Otras valoraciones e informaciones III. Produccin cinematogrfica III. ndice onomstico Bibliografa de Alejo Carpentier. Suplemento II Araceli Garca CarranzaJefa del Departamento de Bibliografa Cubana de la Biblioteca Nacional Jos MartBreve nota intoductoriaLa Bibliografa de Alejo Carpentier Suplemento II es continuacin de la Biobibliografa de Alejo Carpentier (1984)1 y del Suplemento I 2 que publicara la Biblioteca Nacional Jos Mart en 1989. Este nuevo repertorio describe el indetenible movimiento editorial carpenteriano, y como el Suplemento I rebasa lmites cronolgicos al aadir, en ocasiones informacin correspondiente a los repertorios anteriores. Pero, pre cisamente, son los suplementos los que pretenden la exhaustividad, especialmente en figuras de talla universal presentes en las producciones editoriales de Amrica y Europa, fundamentalmente. Es indiscutible que la obra de consulta al lograrse tiene caractersticas propias que dependen de la informacin compilada y de la estructura que la organiza. Ambos factores se interrelacionan y se complementan. Por ello este nuevo Suplemento que sigue el paso al movimiento editorial anterior, coincide en gran medida con los que le precedieron en cuanto a su estructura y lenguaje de bsqueda, entre otros factores. En este caso especfico obviamos los ndices de ttulos y analtico, por razones de espacio, pero el carcter sistemtico del cuerpo bibliogrfico y un ndice auxiliar onomstico satisfacen la demanda que actualmente enfrenta la Biblioteca Nacional de Cuba. Sin desdear la consulta de los repertorios antes citados que con este ya conforman una trada es posible responder a las necesidades de los investigadores que cada da reclaman con mayor rigor datos precisos para el estudio de la obra de Alejo Carpentier, la cual perdurar por su universalidad, y revelar a las nuevas y futuras generaciones, lo que an las nuestras no han descubierto en ella. La creacin carpenteriana crece y crecer por siempre.

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146NOTAS1Garca Carranza, Araceli. Biobibliografa de Alejo Carpentier Ciudad de La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1984. 644 p.2_______. Bibliografa de Alejo Carpentier Suplemento I. Ciudad de La Habana : Biblioteca Nacional Jos Mart, 1989. 235 p.I. Bibliografa activaI.1 Libros y folletos 1979 001. Bajo el signo de La Cibeles : crnicas sobre Espaa y los espaoles / comp. Julio Rodrguez Purtolas. — [Madrid] : Editorial Nuestra Cultura, [1979]. — s.p. 002. El recurso del mtodo — 19 ed. — Mxico : Siglo XXI Editores, 1979. — 343 p. _______. / il.Wifredo Lam. — Madrid : Alianza Editorial, S. A., 1998. — 398 p. — (Biblioteca Carpentier; 0191) _______. 4. ed. — [Mxico] : Siglo Veintiuno Editores, S.A. de C.V., [1998]. — 343 p. — (La creacin literaria. Obras completas de Alejo Carpentier; 6) 1982 003. El siglo de las luces — 2. ed. — Barcelona : Editorial Bruguera, S.A., 1982. — 344 p. — (Club Bruguera; 11) _______. [La Habana] : Unin de Escritores y Artistas de Cuba, / 1993. — 426 p. Impreso gracias a la contribucin solidaria de Arci Nova Liguria, Arci Nova Atahualpa, Gian Giacomo Feltrinelli Editore y Fortune spa Genova. _______. La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1994. — 401 p. 1985 004. Los pasos perdidos / ed. de Roberto Gonzlez Echevarra. — [Madrid : Ediciones Ctedra, S.A., 1985]. — 332 p. — (Coleccin Letras Hispnicas; 211) _______. La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1995. — 374 p. _______1. ed. San Jos, Costa Rica : — EDUCA, 1998. — 268 p.

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147_______. / il. de portada Wifredo Lam. — Madrid : Alianza, 1999. — 284 p.— (El Libro de Bolsillo. Biblioteca del autor; 0194. Biblioteca Carpentier) 1989 005. Letra y solfa : cine / comp. y prl. de Raimundo Respall Fina. — La Habana : Editorial Letras Cubanas, [1989]. — t. 1. _______. [Madrid] : Mondadori, [1990]. — 242 p. — (Narrativa) 006. La msica en Cuba — La Habana : Editorial Pueblo y Educacin, 1989. — 346 p. : ms. Bibliografa y notas. 007. El periodista : un cronista de su tiempo — La Habana : Editorial Pablo de la Torriente, 1989. — 23 p. Incluye: Aniversarios de la obra de Alejo Carpentier en 1959 (Apuntes bibliogrficocrticos / A. Garca Carranza. 008. Poemas de Las Antillas / trad. Carmen Surez Len; il. Jos Prez Olivares. — [La Habana] : Instituto Cubano del Libro, Direccin de Literatura, [1989]. — 21 p. — (Edicin Homenaje Coleccin La Barca de Papel) Textos de los poemas en espaol y francs. 009. El reino de este mundo / il. Manolo T. Gonzlez. — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1989. — 143 p. — (Giraldilla) Notas al pie de las pginas. _______. / il. Cndido Bid. — Mxico : Organizacin Editorial Mexicana, 1993. — 30 p. : il. — (Periolibros) _______. / introd. Federico Acevedo; prl. a la primera ed. por Alejo Carpentier. — Puerto Rico : Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1994. — 136 p. : il. — (Coleccin Caribea) _______. Barcelona : Editorial Planeta, 1997. — 149 p. — (Clsicos Contemporneos Internacionales) _______. Edicin facsimilar. — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1999. — 198 p. 010. Tristn e Isolda en tierra firme / il. Patricia Rej. — [La Habana : Ministerio de Cultura, Direccin de Informacin, 1989]. — s.p. — (Edicin Homenaje. Coleccin) En la cubierta se lee: 85 aniversario Alejo Carpentier. 1990 011. Letra y solfa : ballet / comp. y prl. de Raimundo Respall Fina; il. Mario Ferrer. — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1990. — t. 2 : il. 1991 012. Conferencias — 1. ed. — [Mxico] : Siglo Veintiuno Editores. S.A de C. V., 1991. — 388 p. — (La creacin literaria. Obras completas de Alejo Carpentier; 14). Notas al pie de las pginas. 013. Crnicas del regreso (1940-1941) / sel. y prl. Salvador Arias. — La Habana : Eds. Unin, 1991. — 229 p. — (Contemporneos) Crnicas publicadas en el peridico habanero El Tiempo 1992 014. El arpa y la sombra — [La Habana : Unin de Escritores y Artistas de Cuba, 1992]. — 210 p. : il. Impreso gracias a la contribucin solidaria de Arci Nova Liguria, Arci Nova Atahualpa, Gian Giacomo Feltrinelli Editore y Fortune spa Genova.

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148_______. / il. Wifredo Lam. — Madrid : Alianza Editorial, 1998. — 182 p. — (Biblioteca Carpentier; 0192) 015. Concierto barroco — [La Habana : Unin de Escritores y Artistas de Cuba, 1993]. — 93 p. : il. Impreso gracias a la contribucin solidaria de Arci Nova Liguria, Arci Nova Atahualpa, Gian Giacomo Feltrinelli Editore y Fortune spa Genova. _______. / il. Wifredo Lam. — Madrid : Alianza Editorial, 1998. — 103 p. — (Biblioteca Carpentier; 0193) 1993 016. Guerra del tiempo — Mxico : Alianza Editorial, 1993. — 95 p. — (Alianza Editorial, Cien; 2. Libro de Bolsillo; 1293) 017. Letra y solfa : artes visuales / comp. y prl. de Alejandro Cnovas Prez. — Habana : Editorial Letras Cubanas, 1993. — t. 3. Edicin financiada por el Fondo de Desarrollo de la Educacin y la Cultura (Madrid, Espaa). 018. La palabra y su sombra / diseo y dibujos de Rolando Estvez; Al lector Fernando Rodrguez Sosa. — Matanzas : Ediciones Viga, [1993]. — 62 p.: il. Esta edicin consta de 200 ejemplares. Es una seleccin de crnicas publicadas en la dcada del 50, para su seccin Letra y Solfa; aparecida en el diario caraqueo El Nacional Contiene: La aventura de las palabras, 25 de julio, de 1951 — De lo dicho a lo escrito, 29 de septiembre, de 1951 — El adjetivo y las arrugas, 25 de febrero, de 1953 — Idioma escrito, idioma hablado, 5 de julio, de 1955 — La palabra y su sombra, 5 de abril, de 1956 — De la pureza del idioma, 6 de septiembre, de 1957 — Las frases horribles, 10 de octubre, de 1958 — Los compositores y el idioma, 9 de marzo, de 1959 1994 019. Letra y solfa : teatro / comp. y prl. de Raimundo Respall Fina. — La Habana : Editorial Letras Cubanas. — t. 4. 020. Temas de la lira y el bong / sel. de Radams Gir; nota del ed. Silvana Garriga. — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1994. — 593 p. Bibliografa y notas al pie de las pginas. Contiene: De la msica cubana — De la msica cubana en Pars — De los conciertos — De los msicos 1995 021. Misa del gallo en Santa Mara del Rosario — La Habana : Centro de Estudios Hispnicos Jos Mara Chacn y Calvo, 1995. — 7 p. — (Ediciones Casa Bayona) Tomado de Tiempo Nuevo ( La Habana) 26 de dic., 1940. 1996 022. El acoso / prl. de Armando Cristbal Prez; dibujo de Roberto Fabelo. — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1996. — 152 p. Tomada de la segunda edicin cubana, 1976. Ha sido realizada con el auspicio de la Fundacin Alejo Carpentier. Bibliografas y notas al pie de las pginas. 023. Crnicas del regreso (1940-1941) / sel., prl y notas de Salvador Arias. — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1996. — 259 p. Edicin financiada por el Fondo de Desarrollo de la Educacin y la Cultura. Crnicas de Tiempo (La Habana) 19401941.

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1491997 024. Guerra del tiempo. El acoso y otros relatos — 7 ed. — [Mxico] : Siglo Veintiuno Editores, S.A. de C.V., [1997]. — 237 p. : il. — (La creacin literaria. Obras completas de Alejo Carpentier; 3) Contiene: 1. Guerra del tiempo : Viaje a la semilla — Semejante a la noche — El camino de Santiago — 2. El acoso — 3. Otros relatos : Oficio de tinieblas — Los fugitivos — Los advertidos — El derecho de asilo 025. Letra y solfa : literatura, autores / comp., prl. e ndices de Amrica Daz Acosta. — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1997. — t. 6. 026. Letra y solfa : literatura, libros / comp., prl. e ndices de Amrica Daz Acosta. — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1997. — t. 7. 027. Letra y solfa : mito e historia / comp. y prl. de Raimundo Respall Fina. — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1997. — t. 5. 028. El reino de este mundo Los pasos perdidos — 8. ed. — [Mxico] : Siglo Veintiuno Editores, S.A., [1997]. — 416 p.: il. — (La creacin literaria. Obras completas de Alejo Carpentier; 2.) _______. 9. ed. — [Mxico] : Siglo Veintiuno Editores, S.A. de C.V., 1998. — 416 p. : il. — (La creacin literaria. Obras completas de Alejo Carpentier; 2) 1998 029. Concierto barroco. La msica en Cuba — Madrid : Club Internacional del Libro, 1998. — 414 p. : il. 030. La consagracin de la primavera / Alejo Carpentier; ed., introd. y notas de Julio Rodrguez Purtolas. — Madrid : Editorial Castalia, S.A, 1998. — 768 p. : il. — (Clsicos Castalia) 031. Guerra del tiempo y otros relatos / il. Wifredo Lam. — Madrid : Alianza Editorial, 1998. — 195 p. — (Biblioteca Carpentier; 0190) Contiene: La vanguardia : El estudiante — Milagro del ascensor — Historia de lunas — Guerra del tiempo : Viaje a la semilla — Semejante a la noche — El camino de Santiago — Otros relatos : Oficio de tinieblas — Los fugitivos — Los advertidos — El derecho de asilo 032. Visin de Amrica / prl. Alejandro Cnovas Prez. — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1998. — 174 p. Contiene: I. Visin de Amrica — II. Tierra firme — III. El Caribe — IV. Identidad americana _______. / prl. Alejandro Cnovas Prez. — 1. ed. — Barcelona : Editorial Seix Barral, 1999. — 188 p. — (Biblioteca breve) I.2. Libros y folletos (seleccin) 1989 033. Molire, Jean Baptiste Poquelin. Teatro / sel. de Alejo Carpentier; prl. Elina Miranda Cancela. — La Habana : Editorial Arte y Literatura, 1989. — 688 p. — (Biblioteca de literatura universal) I.3. Carpentier en otros idiomas ALEMN 1966 034. El acoso / aus dem Spanischen von Hans Platschek. — Frankfurt am Main und Hamburg : Fischer Bcherei, 1966. — 14 p. — (Fischer Bcherei; 745) 1976 035. Concierto barroco / aus dem Spanischen von Anneliese Botond. — Frankfurt: Suhrkamp Verlag, 1976. — 111 p. : il. — (Bibliothek Suhrkamp. Band; 508)

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1501977 036. El siglo de las luces / aus dem Spanischen bersetzt von Hermann Stiehl. — Frankfurt am Main : Suhrkamp, 1977. — 379 p. — (Suhrkamp taschenbuch; 370) 1989 037. El recurso del mtodo / roman dem Spanischen von Elke Wehr. — [Frankfurt am Main ] : Suhrkamp Verlag, 1989. — 389 p. CHECO 1977 038. El recurso del mtodo / prelozil Eduard Hodousek. — Praha : Odeon, 1977. — 306 p. 1989 039. La consagracin de la primavera / prelozila Hana Posseltor-Ledererov; ilustroval Boris Jirk, 1989. — Praha : Prce, 1989. — 534 p. : il. FRANCS 1930 040. La mecanisation de la musique: conversation stnographie a Bifur. Bifur (Pars) (5):[121]-129: 30 abr., 1930. Incluye adems conversaciones de Ribemont Dessaignes, Edgar Varse, Vincent Huidobro, Ungaretti, Robert Desnos y Arthur Louri. 1958 041. Chasse l’homme / traduit de l’espagnol par Ren L. F. Durand. — 2. ed. — Paris : Gallimard, 1958. — 203 p. — (La Croix du Sud; 19) _______. / traduit de l’espagnol par Ren L. F. Durand. — France : Gallimard, 1993. — 203 p. — (L’etrangere) 1970 042. Le partage des eaux / roman traduit de l’espagnol par Ren L. F. Durand. — [Pars] : Editions Gallimard, 1970. — 332 p. — (Du Monde Entier) 1976 043. La littrature franaise, L’Amrique Latine et Alejo Carpentier. Le Figaro (Pars) 27 nov., 1976. il. 1982 044. Prface. — En: Cuba — [Pars : Les Editions Arthaud, 1982]. — p. 10-11. 1991 045. Concert baroque / traduit de l’espagnol, prface et annot par Ren L. F. Durand. — [Pars] : Gallimard, 1991. — 185 p. : il. — (Folio bilinge; 20) Notas al pie de las pginas. Texto en espaol y en francs. HOLANDS 1997 046. El reino de este mundo / vertaling Arthur H. Seelemann. — Haarlem : Yn de Knipscheer, 1997. — 160 p. : il. INGLS 1983 047. To Alicia. Pacific Quarterly Moana (New Zealand) 8(3): 112; 1983.

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1511989 048. The Chase / translated by Alfred Mac Adam. — New York : Farrar. Straus. Giroux, [1989]. — 121 p. Ttulo original: El acoso 049. Explosion in a cathedral / translated by John Sturrochk. — New York : The Noonday Press, 1989. — 351 p. Ttulo original : El siglo de las luces 050. The lost steps / translated by Harriet de Ons. — New York : The Noonday Press, [1989]. — 278 p. Ttulo original: Los pasos perdidos. 1994 051. Journey back to the source. — En: Smorkaloff, Pamela Mara, ed. If I could write this in fire : an anthology of literature from the Caribbean — New York : The New Press, 1994. — pp. 197210. ITALIANO 1968 052. Los pasos perdidos / con prefazione di Carlo B; traduzione di Maria Vasta Dazzi. — Milano : Longanesi & C., 1968. — 289 p. — (I Libri Pocket; 122) _______. / traduzioni di Angelo Morino. — Palermo : Sellerio, 1995. — 246 p. — (Il Castello; 80) 1982 053. Alejo Carpentier. — En: Campra, Rosalba. Amrica Latina l’identita e la maschera — [Roma] : Editori Ruiniti, [1982]. — pp. [131]-138. 1990 054. El reino de este mundo / traduzione di Angelo Morino. — Torino : Einaudi, 1990. — 124 p. — (Nuori Coralli; 435) 1991 055. Concierto barroco : romanzi brevi e racconti / traduzioni di Vittoria Martinetto e Angelo Morino. — [Torino] : Einaudi, [1991]. — 249 p. 1993 056. El arpa y la sombra / a cura di Angelo Morino; traduzione di Linda Verna. — [Torino] : Einaudi, [1993]. — 187 p. — (Gli struzzi; 450) POLACO 1988 057. Los pasos perdidos / przelozyla Kalina Wojciechowska; poslowiem opatrzyl. Rajmund Kalicki. — Warszawa : Czytelnik, 1988. — 285 p. 1994 058. El siglo de las luces / przelozyla KalinaWojciechowska. — Warszawa : Muza, 1994. — 382 p. 1997 059. La consagracin de la primavera / przelozyla Janina Carlson. — Warszawa : Czytelnik, 1997. — 814 p. PORTUGUS 1988 060. El arpa y la sombra / trad. Daniel Gonalves. — Lisboa : Editorial Caminho, 1988. — 157 p. — (Uma terra sim amos). Notas al pie de las pginas.

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1521989 061. ¡Ecu-Yamba-"! / trad. Mustafa Yazbek. — Sao Paulo : Editora Brasiliense, 1989. — 177 p. 1993 062. El camino de Santiago / trad. y ed. de Xos Neira Vilas. – Sada A. – Corua : Edicis Do Castro, 1993. — 155 p. : il. 1995 063. Guerra del tiempo / il. Jos Prez Olivares; trad. Mario Pontes. — Rio de Janeiro : Bertrand Brasil, 1995. — 172 p. RUMANO 1988 064. El arpa y la sombra / traducere, prefata si note de Andrei Ionescu. — Bucuresti : Editura Univers, 1988. — 173 p. — (Colectia Romanului Istoric) RUSO 1989 065. Viaje a la semilla : maestros del cuento cubano / traducido del espaol. — Mosc : Khudozhestrennaja literatura, 1989. — 524 p. Contenido de inters: V iaje a la semilla — Oficio de tinieblas — Los fugitivos — Semejante a la noche — El camino de Santiago — Los advertidos — El derecho de asilo 1994 066. Obra en cuatro tomos / comp. L. Ospovat; introd. Cintio Vitier. — Mosc : Literatura Artstica, 1994. — t. 1. Contiene: t. 1: Un camino de medio siglo (1976) — El reino de este mundo (1949) — Cuentos (1944-1958) — El acoso (1956) — Ensayos (1925-1963) VIETNAMITA 1986 067. El siglo de las luces / nguroi dich Dang thi Hanh v Dang Anh Do. — Viet Nam : Nh Xat Bn Tc Phm Mot, 1986. — 541 p. 1988 068. Concierto barroco / dich v gis thiu Nguyn Trung Dc. — [Viet Nam] : Nh Xut Bn Tng Hop Hu Giang, 1988. — 103 p. I.4. Colaboraciones en libros y folletos (incluye antologas) 1963 069. Al lector. — En: Daz del Castillo, Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espaa — La Habana : Editora del Consejo Nacional de Cultura, 1963. — pp. [7]-12. 1975 070. Una siempre renovada muestra de artes sugerentes... — En: Cine y Revolucin en Cuba — Barcelona : Editorial Fontamara, [1975]. — pp. 21-23. 1980 071. Cancin. — En: Albornoz, Aurora de. Sensemay: la poesa negra en el mundo hispanohablante / Aurora de Albornoz, Julio Rodrguez Luis. — [Madrid] : Editorial Orgenes, [1980]. — p. 121. 072. Liturgia. — En: Albornoz, Aurora de. Sensemay: la poesa negra en el mundo hispanohablante / Aurora de Albornoz, Julio Rodrguez Luis. — [Madrid] : Editorial Orgenes, [1980] — pp. 118-121.

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1531989 073. [Ensayos]. — En: Skirius, John, comp. El ensayo hispanoamericano del siglo XX. — 2.ed. — Mxico : Fondo de Cultura Econmica, 1989. — pp. 291-310. Contiene: Visin de Amrica — La Gran Sabana: mundo del gnesis — Del folklorismo musical 074. Los fugitivos. — En: Cuentos latinoamericanos : antologa / ed. y prl. Conrado Zuluaga. — Bogot : Editorial Santillana, 1989. — pp. 23-38. 075. El periodismo es algo sumamente importante en mi carrera literaria. — En: Castellanos, Orlando. Formalmente informal. — La Habana : Eds.Unin, 1989. — pp. 153-159. Entrevista. 1992 076. [Cuentos]. — En: Redonet Cook, Salvador. Textos narrativo-literarios en prosa: sel. para narratologa / introd. y comp. Salvador Redonet Cook. — La Habana : Universidad de la Habana, Facultad de Artes y Letras, 1992. — pp. 31-100. Contiene: Oficio de tinieblas — Los fugitivos — Semejante a la noche — El derecho de asilo 077. Fin del exotismo americano. Revolucin y Cultura (La Habana) 31(5): 34-35; sept.oct., 1992. il. Publicado originalmente en El Nacional (Caracas) 7 sept., 1952. 1993 078. Prface. — En: Bailby, Edouard. Cuba — Paris : Guide Arthaud, 1993. — pp. 9-10. Otra ed. : 1985. I.5. Colaboraciones en publicaciones seriadas 192_ 079. Un adis a la Baronesa de Alcahali. Soledad Margarita de Lihory, figura feminista que visit la Habana. Coleccin Alejo Carpentier que atesora la Biblioteca Nacional Jos Mart (En lo adelante nos referiremos a esta coleccin utilizando la sigla CAC). Vase File 25, N 4. 080. Berta Singerman: la virtuosa del verbo. CAC (Vase File 25, N 1). 081. El Concierto de Rubinstein. En La Habana. CAC (Vase File 25, N 1). 082. Eugenia Zuffoli. Cosmopolita (La Habana?) s.a. CAC (Vase File 21, N 2). 083. El mestro Sanjuan y la Orquesta Filarmnica de la Habana. CAC (Vase File 25, N 1). 084. Mauricio Ravel el msico humorista. CAC (Vase File 25, N 3). 085. La pintura de las altas cumbres. Sobre Mara Elena de la Roza, ilustre pintora argentina. CAC (Vase File 25, N 4). 086. “Pulcinella” de Igor Stravinsky. Pro Arte Musical (La Habana) CAC (Vase File 21, N 2)

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1541922 087. El Convento de Santa Clara de Asis. El Pas (La Habana) 5 nov., 1922. 088. Mximas: Oscar Wilde. La Discusin (La Habana) 24 nov., 1922:4. (Obras Famosas) 089. Viajes: Marco Polo. La Discusin (La Habana) 28 nov., 1922: 6. (Obras Famosas) 090. El discpulo: Paul Bourget. La Discusin (La Habana) 1 dic., 1922:9. (Obras Famosas) 091. “Candido”: Voltaire. La Discusin (La Habana) 7 dic., 1922:5. (Obras Famosas) 092. “El gran tacao”: Quevedo. La Discusin (La Habana) 23 dic., 1922:5. (Obras Famosas) 093. El Cdigo de Manu. La Discusin (La Habana) 12 dic., 1922:5. (Obras Famosas) 1923 094. Nitocris: Cuento de una poca en que las princesas tenan carcter. Smart (La Habana) 2(4): s.p.; en., 1923. 095. “Atta Troll”: Heine. La Discusin (La Habana) 12 febr., 1923:12. (Obras Famosas) 096. Garganta y Pantagruel: Rabelais. La Discusin (La Habana) 23 febr., 1923: 6. (Obras Famosas) 097. El milagro : leyenda. La Discusin (La Habana) 26 febr., 1923:9. 098. Los primeros carnavales. Smart (La Habana) 2(5):s.p.; febr., 1923. 099. “Madame Crisantemo”. Loti. La Discusin (La Habana) 19 mar.,1923:8. (Obras Famosas) CAC (Vase File 25, N 5) 100. El neoclasicismo en la msica contempornea. Musicalia (La Habana) (1):3-10; mayo-jun., 1928. Conferencia leda en las Lecturas Musicales del Conservatorio Bach, de La Habana, el 24 de enero de 1928. Los ejemplos musicales fueron interpretados por Mara Muz de Quevedo. 1928 101. ¡Canta el verso! Berta Singermann consquista al pblico de Lutecia con la maravilla de su voz, que tiene sonoridades de orquesta. Excelsior (La Habana) 24 jul. 1928:1,10. il. 102. La nueva enfermedad de los viajes. Excelsior (La Habana) 19 sept., 1928:2. 103. Obras nuevas en la "pera de Pars. El Heraldo Mexicano (Mxico) 14 oct., 1928:5, 13. il. CAC (Vase File 16, N 2) 1930 104. Novela de aventuras. Para Edgar Varese. Orto (Manzanillo, Cuba) 19(2):62-63, febr., 1930. Poesa fechada en Pars en 1930. 1959 105. [Sobre la pintura de Lam] Diario Libre (La Habana) 11 nov., 1959:2. (Seccin Arte. Literatura) 106. Del almacn de libros a la librera moderna. Revolucin (La Habana) 16 oct., 1959:2. 1966 107. Un libro que usted debe leer : “Caballera roja”, de Isaac Babel [opinin]. Juventud Rebelde (La Habana) 25 mar., 1966:5 il. Obra maestra de la literatura sovitica y tambin de la literatura universal.

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1551970 108. Nuestro primer clsico : Bernal Daz del Castillo. Verde Olivo (La Habana) 11(28):24-25; 12 jul. 1970. La primera parte de este artculo aparece como prlogo, sin firma, de la edicin cubana de la obra de Daz del Castillo (1963). 1971 109. Lezama Lima es un pote scandaleusement catholique. Propos recuellis para Guy Le Clec’h. Le Figaro (Paris) 12 mars, 1971. il. Sobre Paradiso. Coleccin Jos Lezama Lima depositada en la Biblioteca Nacional Jos Mart. 110. Preguntas a Alejo Carpentier. Suplemento del Caribe (Barranquilla, Colombia) (76):[1]; 6; 26 en., 1975. il. CAC vase tambin el asiento 1024 de la Bioblibliografa... (1984) Contiene: El siglo de las revoluciones — El relato del mtodo — Lo real maravilloso 1980 111. Alejo Carpentier. Ent. Ramn Chao Triunfo (Madrid) 33(901):[36]-39; 3 mayo, 1980. il. A la cabeza del ttulo: Retorno a la semilla. Contiene: La consagracin — Moctezuma en Venecia — El tirano ilustrado — Guillotina y revolucin — Al servicio de la revolucin — Jugar con el tiempo — Lo real maravilloso — La msica en Cuba — Retorno a la tierra 112. T estimonio de Alejo Carpentier. En: Naranjo, Reinaldo. Me morir en Pars. Culturas (Pars, Francia) 7 (2):188-189; 1980. il. Sobre un encuentro en Espaa, en 1937, con Csar Vallejo. Notas tomadas por Reinaldo Naranjo, de una conversacin que mantuvo con Alejo Carpentier en agosto de 1978. 1986 113. Entrevista a Alejo Carpentier. Diciembre de 1974. Imn (La Habana) 3(3):[326]-333; 1986. No aparece en el volumen Entrevistas (La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1986). Fue transmitida por Radio Habana Cuba. Contiene: Labor periodstica — Amrica Latina en su obra — Cul de sus personajes le gusta ms? — Qu ha representado para usted la Revolucin? 1988 114. La novela de un nio ruso en das de revolucin. Letras Cubanas (La Habana) 2(8):255-259; abr.-jun, 1988. Publicado originalmente en Excelsior (La Habana) 15 sept., 1928: 2. 115. Tres en un stano. Letras Cubanas (La Habana) 2(8):260-263; abr.-jun., 1988. Publicado originalmente en Excelsior (La Habana) 17 nov., 1928. 1989 116. Acoso a Carpentier. Ent. La Gaceta de Cuba (La Habana) (Edicin especial):29-31; dic., 1989. il. Sntesis de su intervencin en la mesa redonda, celebrada el 11 de diciembre de 1976 junto a la Moderna Poesa, en La Habana. Fue publicada originalmente en el Boletn Letras Cubanas de enero-febrero, 1977. Junto a Carpentier participaron Imeldo lvarez, como moderador, y los periodistas Basilia Papastamati, Rosa Elvira Pelez, Elvio Corona, y Pedro Prez Sarduy, a quienes se uni el poeta haitiano Ren Depestre.

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156Temas abordados: el periodismo, lo real maravilloso y problema del tiempo. 117. Historia de lunas / Trad. Mart Soler. Letras Cubanas (La Habana) 3(11):29-43; en.jun., 1989. _______. La Gaceta de Cuba (La Habana) (Edicin especial):26-28; dic., 1989. il. 118. Entrevista inconclusa a Alejo Carpentier por Ada Oramas. Tribuna de La Habana. Dominical 23 abr., 1989:[8]. il. 119. Antgona de Sfocles en la Universidad de La Habana. Universidad de La Habana (236):[207]-212; sept.-dic., 1989. Crnica publicada originalmente en Tiempo (La Habana) 2(5):10-11; 25 mayo, 1941. 120. El ltimo viaje de No: accin radiofnica. Unin (La Habana) 2(8):47-55; oct.-dic., 1989. il. 121. Tristn e Isolda en Tierra Firme. Casa de las Amricas (La Habana) 30(177): 4-26; nov.-dic., 1989. (Pginas salvadas) 122. Verdica historia. Casa de las Amricas (La Habana) 30(177):28-46; nov.-dic., 1989. (Crnica) Texto indito hasta esta fecha sobre lo que iba a ser su prxima novela. 123. Dilogo con Alejo Carpentier. Ent. Ada Oramas. Tribuna de La Habana. Dominical 3 dic., 1989:[4]. il. Publicada originalmente en Mujeres (La Habana) ag., 1965; y posteriormente en Recopilacin de textos sobre Alejo Carpentier Valoracin mltiple, Casa de las Amricas, 1977; y en Entrevistas Editorial Letras Cubanas, 1985. 124. Balance de un movimiento. Revolucin y Cultura (La Habana) (12):26; dic., 1989. il. (Letra y Solfa). Publicado originalmente en El Nacional (Caracas) 12 en., 1952. Sobre el surrealismo. 125. [Cartas a Jos Rodrguez Feo, 1946-1955]. La Gaceta de Cuba (La Habana) (Edicin especial):16-17; dic., 1989. il. Aparecen precedidas por una nota explicativa de Jos Rodrguez Feo. Vase en esta misma bibliografa : Rodrguez Feo, Jos. Carpentier: sin cuello y corbata. 126. Diego Rivera. Ahora (Santo Domingo, Repblica Dominicana) (1136):40-43, 80; dic., 1989. il. Publicado originalmente en Revista de Avance (La Habana) 1(9):232-235; 15 ag.,1927. il. 127. El estudiante. La Gaceta de Cuba (La Habana) (Edicin especial):3; dic., 1989. _______. El ngel (Mxico) (16):14; 20 mar., 1994. Cuento surrealista. 128. Marcel Proust y Amrica Latina. La Gaceta de Cuba (La Habana) (Edicin especial):10-11; dic., 1989. il. Conferencia dictada en el Colegio de Francia como parte de los actos en que se conmemor en ese pas el centenario del nacimiento del autor de En busca del tiempo perdido. Publicada originalmente en: Casade las Amricas (La Habana) 12(69):227229; nov.-dic., 1971. (Al pie de la letra) 129. Presencia de Pablo Neruda. La Gaceta de Cuba (La Habana) (Edicin especial):22-23; dic., 1989. il. Publicado originalmente en: Europe (Paris) 52(537-538):[129]-135; janvier-fevrier, 1974.

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157130. Los valores universales de la msica cubana. La Gaceta de Cuba (La Habana) (Edicin especial):7-9; dic., 1989. il. Publicado originalmente en Revista de la Habana 1(5):145-154; mayo, 1930. Contiene: El problema musical de Amrica Latina — Valores locales, valores universales — El negro de Amrica — Lo afrocubano y el desarrollo sinfnico 131. La vejez de una escuela. Revolucin y Cultura (La Habana) (12):27; dic., 1989. il. (Letra y Solfa). Publicado originalmente en El Nacional (Caracas) 17 febr., 1954. Sobre el surrealismo. 132. La vida de William Randolph Hearst vista por un director genial. La Gaceta de Cuba (La Habana) (Edicin especial):14-15; dic., 1989. Publicado originalmente en Tiempo (La Habana) 13 jul., 1941. Crnica tomada de: Crnicas de regreso (recopilacin de Salvador Arias). 1990 133. Letra y Solfa. Escrito para siempre. Sel. e introd. Wilfredo Cancio Isla. Juventud Rebelde (La Habana) 9 en., 1990:9. Contiene: Juventud y vejez — El “Rock and roll” — Arte y juventud 134. Arte y adivinacin. El Caimn Barbudo (La Habana) 23(266): 21; en., 1990. De la seccin Letra y Solfa. Publicado originalmente en El Nacional (Caracas) el 11 de sept. de 1955. 135. [Carta a Jorge Fernndez de Castro]. Albur (La Habana) 3(10):115-116; mayo, 1990. Fechada en Pars en 1931. Se refiere a Imn Revista de Avance sus crnicas en Social y Carteles ¡Ecu Yamba-"! y Manita en el suelo 136. Nueva York o la nueva mitologa de la publicidad. Revolucin y Cultura (La Habana) 32(7): 4-7; jul., 1990. il. Publicado originalmente en Tiempo Nuevo Magazine (La Habana) 1(4):3; 14 dic., 1940. 137. El momento musical latinoamericano. Unin (La Habana) 4(13):56-67; 1991. il. 1992 138. Bajo el signo del barroco. — En: Cairo Ballester, Ana. Letras Cultura en Cuba / prefacio y comp. Ana Cairo Ballester. — Ciudad de La Habana : Editorial Pueblo y Educacin, 1992. — t. 7, pp. 255-258. Introduccin a la exposicin Pintores Cubanos de Hoy (Museo de Arte Moderno de Pars). Publicado tambin en Prisma Latinoamericano (La Habana) abr., 1978. 139. Carlos Enrquez. — En: Cairo Ballester, Ana. Letras. Cultura en Cuba / prefacio y comp. Ana Cairo Ballester. — Ciudad de La Habana : Editorial Pueblo y Educacin, 1992. — t. 7, pp. 427-428. Publicado originalmente en Diario de la Marina (La Habana) 15 mayo, 1927. 140. La difcil pureza idiomtica. — En: Cairo Ballester, Ana. Letras. Cultura en Cuba / prefacio y comp. Ana Cairo Ballester. — Ciudad de La Habana : Editorial Pueblo y Educacin, 1992. — t. 7, pp. 251-253. Publicado originalmente en Revolucin y Cultura (La Habana) en., 1980. 141. La obra reciente de Carlos Enrquez. — En: Cairo Ballester, Ana. Letras. Cultura en Cuba / prefacio y comp. Ana Cairo Ballester. — Ciudad de La Habana : Editorial Pueblo y Educacin, 1992. — t. 7, pp. 429-432.

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171Tesis para optar al grado cientfico de Candidato a Doctor en Ciencias Filolgicas. Universidad de La Habana, Facultad de Artes y Letras, Departamento de Estudios Literarios. Tutora: Graziella Pogolotti. Coleccin Jos Lezama Lima depositada en la Biblioteca Nacional Jos Mart. 327. Mijares, Malena. El descubrimiento del sueo en El arpa y la sombra Cuadernos de Filosofa y Letras (Mxico) (11):125136; 1985. Datos tomados de un ejemplar que posee la Fundacin Alejo Carpentier. 328. Mller-Bergh, Klaus. Paul Claudel y El arpa y la sombra de Alejo Carpentier: un enfoque intertextual. Imn (La Habana) 3(3):[275]-295; 1986. _______. Revista de Estudios Hispnicos (Puerto Rico) 19(nmero especial):411429; 1992. Vase tambin asiento 495 del Suplemento I Trabajo ledo en el Simposio Cubana y Universalidad en la Obra de Alejo Carpentier. La Habana, 1984. 329. Pacheco, Gilda. El verdadero “yo” en la agona: La muerte de Artemio Cruz y El arpa y la sombra Revista de Filologa y Lingstica de la Universidad de Costa Rica 20(2):109-119; jul.-dic., 1994. 330. Pea Bravet, Mara E. de la. Una nueva caracterizacin de Cristbal Coln? mbito (Holgun, Cuba) 3(9):2,6; en., 1990. 331. Restrepo Toro, Hernando. El arpa y la sombra (Alejo Carpentier 1940-1980). De lo real maravilloso a la nueva historia Vanguardia Dominical (Bucaramanga, Colombia) (457):6-7; 28 dic., 1980. il. CAC Contiene: Introduccin — De lo real maravilloso a la nueva historia — Conclusin 332. Rodrguez, Ileana. Lneas y modos discursivos de la universalidad, en la visin de Amrica de El arpa y la sombra de Alejo Carpentier. Imn (La Habana) 3(3d):[296]-313; 1986. 333. Rubim, Albino. Alejo Carpentier e Cristvo Colombo o descubridor e o poeta. A Tarde Cultural (Salvador, Baha, Brasil) 2 fev., 1991: 8-9. il. CAC 334. Sabourn Fornaris, Jess. Alejo Carpentier en busca de Coln en El arpa y la sombra Imn (La Habana) 3(3):[314]-325; 1986. 335. Suardaz, Luis. El arpa y la sombra : [Poema]. — En: Bertini, Giovanni Ma. Polvo enamorado — Milano : All’inaegna del Pesce d’Oro, 1984. —pp. 47-48. 336. Timossi, Jorge. Carpentier y el soliloquio de Cristbal Coln. Granma (La Habana) 26 febr., 1991:5. il. Comenta adaptacin al teatro del segundo segmento de la parte central de El arpa... bajo el ttulo Yo vi el paraso terrenal Acontecimiento artstico y cultural en Buenos Aires. 337. Tth, Eva. El arpa y la sombra Variacin sobre el tema del descubrimiento. Escritura (Caracas) 9(17-18):21-26; en.-dic., 1984. La aprendiz de bruja (Mxico, 1983) 338. Bez-Jorge, Flix. La aprendiz de bruja : Hernn Corts y la Malinche en el universo de Carpentier. Letras Cubanas (La Habana) 3(9):200-217; jul.-sept., 1988. 339. Orozco Sierra, Guillermo. La aprendiz de bruja mbito (Holgun, Cuba) 6(12):37-50; mayo, 1994. 340. Rodrguez Cuza, Victoria Amparo. La aprendiz de bruja de Alejo Carpentier: una experiencia en el arte de las tablas — 1989. — 108 h.

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172Trabajo de Diploma. Facultad de Artes y Letras. Departamento de Literatura Cubana. Universidad de La Habana.Tutora: Ana Cairo Ballester. 341. Rodrguez Sosa, Fernando. Carpentier de nuevo a escena. Granma (La Habana) 19 febr., 1991:3. _______. Granma Internacional (La Habana) 26(13):5; 31 mar., 1991. il. Puesta en escena en la Sala de Teatro de Estudios Latinoamericanos Rmulo Gallegos (CELARG), en Caracas. 342. Vsquez, Carmen. La aprendiz de bruja drama en tres actos de Alejo Carpentier. — En: Bertini, Giovanni Ma. Polvo enamorado — Milano : All’inaegna del Pesce d’Oro, 1984. — pp. 195-215. _______. Revista de Estudios Hispnicos (Puerto Rico) 13(s.n.):53-70; 1986. Entrevistas (La Habana, 1985) 343. Vargas, Germn. Carpentier desde su propia perspectiva. Cromos (Bogot) (3627):39; 28 jul., 1987. Temas de la lira y el bong (La Habana, 1994) 344. Garriga, Silvana. Temas de la lira y el bong Musicalia Dos (La Habana) 1(1):33; en.mar., 1997. (Libros) Ttulo homnimo contentivo de 78 textos, crnicas, ensayos, etctera, publicados entre 1923 y 1979 por Alejo Carpentier, seleccin confeccionada por Radams Gir. Crnicas del regreso (La Habana, 1996) 345. Arias, Salvador. El otro tiempo de Alejo Carpentier. — En: Carpentier Alejo. Crnicas del regreso: 1940-1941 / sel., prl. y notas de Salvador Arias.—La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1996. — pp. 5-22. Letra y Solfa (La Habana) 346. Rodrguez Sosa, Fernando. Sortilegio de Carpentier. Conjunto (La Habana) (103):94-96; jul.-sept., 1996. il. Crnicas publicadas en El Nacional de Caracas. Obra recopilada y prologada por Raimundo Respall. II. 3. Valoracin de su obra (temas tratados por Alejo Carpentier) Amrica 347. Mrquez Rodrguez, Alexis. Idea y fervor de Amrica en Alejo Carpentier. Casa de las Amricas (La Habana) 35(197):135138; oct.-dic., 1994. La universalidad de la cultura y su concepcin del mundo y de la vida. El barroco y lo real maravilloso 348. Acosta, Leonardo. El sndrome del barroco; respuesta a Alexis Mrquez. Casa de las Amricas (La Habana) 31(181):115-126; jul.-ag., 1990. 349. Asenov Kanev, Venko. Lo real maravilloso: un mtodo definidor en las letras hispanoamericanas. Imn (La Habana) 3(3):[24]38; 1986. ______. Cuadernos de Filosofa y Letras (Mxico) (11):49-65; 1985. Datos tomados de un ejemplar que posee la Fundacin Alejo Carpentier. Vase tambin asiento 630 del Suplemento I. Simposio Cubana y Universalidad en la Obra de Alejo Carpentier, La Habana, 1984. Ponencias 350. Boadas, Aura Marina. Realismo y maravilla en la literatura haitiana: Jacques Stephen Alexis. Actualidades (Caracas) (1):43-48; oct.-dic., 1988.

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173351. Bustillo, Carmen. Barroco hoy. Imagen (Caracas) (100-50-51):24-25; febr.-mar., 1989. il. 352. Carrera, Margarita. El realismo mgico y lo real maravilloso. Desfile (Guatemala) 24 sept., 1995:[1]. il. Datos tomados de una fotocopia facilitada por la Fundacin Alejo Carpentier. 353. Celorio, Gonzalo. Los anteojos de Alejo Carpentier. Cuadernos de Filosofa y Letras (Mxico) (11):29-33; 1985. Datos tomados de un ejemplar que posee la Fundacin Alejo Carpentier. 354. Conte, Rafael. Alejo Carpentier o la transparencia del barroco. Imn (La Habana) 3(3):[84]-87; 1986. 355. Mrquez Rodrguez, Alexis. El barroco literario latinoamericano. Actualidades (Caracas) (2):3-21; en.-mar., 1989. _______. Casa de las Amricas (La Habana) 30(177):58-72; nov.-dic., 1989. 356. Mller-Bergh, Klaus. The Persistence of the Marvelous. Review (Estados Unidos) (28);25-30; January-April, 1981. 357. Padura Fuente, Leonardo. Un camino de medio siglo: Carpentier y la narrativa de lo real maravilloso — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1994. — 392 p. Bibliografa y notas al pie de las pginas. 358. _______. Lo real maravilloso: creacin y realidad — La Habana : Editorial Letras Cubanas, [1989]. — 169 p. Contiene: Lo real maravilloso: Creacin y realidad — Coln, Carpentier, la mano, el arpa y la sombra — “Viaje a la semilla”: primera batalla en la guerra del tiempo — “Semejante a la noche”: el hombre, el tiempo y la revolucin 359. Rojas Mix, Miguel. Otredad e identidad en la percepcin de lo real maravilloso: El Seor Barroco y la reivindicacin del mestizaje. — En: Urquiza Gonzlez, Jos, ed. Lo real maravilloso en Iberoamrica — Extremadura : Universidad de Extremadura, 1992. — pp. 51-87. Sobre coincidencias entre Lezama y Carpentier en lo referente al barroco y puntos en que difieren en sus conclusiones sobre el tema. 360. Sarabia, Nydia. Carpentier y lo real maravilloso. ABC (Madrid) 26 dic., 1994:54. 361. Segre, Roberto. La dimensin ambiental en lo real maravilloso de Alejo Carpentier. — En: Cairo Ballester, Ana. Letras. Cultura en Cuba / prefacio y comp. Ana Cairo Ballester. — Ciudad de La Habana : Editorial Pueblo y Educacin, 1992. — t. 7, pp. 229-249. Vase tambin asiento 4656 en Biobibliografa de Alejo Carpentier (1984) y asiento 579 del Suplemento I 362. Seta, Alejandro. Barroco: figura del arte de Nuestra Amrica. Carpentier: contradiccin dialctica y lucha de clases. Amaru (Buenos Aires) 11(20):29-32; oct., 1986. Este autor afirma que Alejo Carpentier en su prlogo a El reino... implanta las bases de su ideologa respecto a la esttica americana y redescubre a Latinoamrica. Cultura 363. Guadarrama Gonzlez, Pablo. Alejo Carpentier y la autenticidad cultural de Amrica Latina. — En su: Lo universal y lo especfico en la cultura / Pablo Guadarrama Gonzlez y Nikolai Pereliguin. — La Habana : Editorial de Ciencias Sociales, 1990. — 207 p. — (Filosofa) 364. Hart Dvalos, Armando. Alejo Carpentier y el humanismo de Nuestra Amrica: conferencia... en el Ateneo de Caracas — Caracas : [Ediciones Urbe], 1992. — s.p.

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174 _______. Revolucin y Cultura (La Habana)(2):4-8; mar.-abr., 1993. il. Sobre el pensamiento esttico y cultural de Carpentier. 365. Horta Mesa, Aurelio. Coordenadas carpenterianas en la poltica cultural cubana. Universidad de La Habana (244):129140, en.-dic., 1994. 366. ________. Definicin por una identidad nacional. Adelante (Camagey) 8 sept., 1989:2. il. Jornada por el 85 aniversario del natalicio de Alejo Carpentier. 367. ________. El mar: smbolo de la recombinacin cultural en Alejo Carpentier. Actual (Mrida, Venezuela) (30):241-257; mar., 1995. De cmo la imagen del mar establece un dilogo crtico entre el oeste tradicional y la cultura americana. Literatura latinoamericana 368. Dill, Hans-Otto. Alejo Carpentier: la gnesis de su teora de la literatura latinoamericana. Cuadernos de Filosofa y Letras (Mxico) (11):107-124; 1985. Datos tomados de un ejemplar que posee la Fundacin Alejo Carpentier. 369._______. Alejo Carpentier, tcnico de la literatura latinoamericana. Escritura (Caracas) 9(17-18):93-115; en.-dic., 1984. 370. Jackson, Richard. Coming Full Circle: the Polemical Trajectory of Modern Literary Americanism. Revista Interamericana de Bibliografa (Washington, D.C.) 36(3): 285-297; 1986. Ttulo en espaol: “Completando el crculo: la trayectoria polmica del americanismo literario moderno”. 371. Kuteischikova, Vera. La originalidad de la literatura latinoamericana en el pensamiento de Alejo Carpentier. Imn (La Habana) 3(3):[17]-23; 1986. 372. Maldonado-Denis, Manuel. Alejo Carpentier: literatura y sociedad caribea. Escritura (Caracas) 9(17-18):51-60; en.dic., 1984. Narrativa, crtica e interpretacin 373. Bravo, Vctor. Carpentier: el recurso imaginario = El continente narrativo de Alejo Carpentier. Folios (Caracas) (20):2-3; mayo-jun., 1991. 374. Cairo Ballester, Ana. La Revolucin del 30 en la narrativa. — En su: La Revolucin del 30 en la narrativa y el testimonio cubano — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1993. — pp. 169-[263]. 375. Castillo Rodrguez, Luciano. Acosados un escritor y un cineasta. Revolucin y Cultura (La Habana) (2):21-26; mar.-abr., 1998. il. 376. Cervantes Hernndez, Carlos. El maravilloso Alejo Carpentier. Aleph (Mxico) (1): 1-6; jul., 1991. Acercamiento a la novelstica de Alejo Carpentier. 377. Chaple, Sergio. La primera publicacin de Alejo Carpentier. Consideraciones en torno a la gnesis de su narrativa y labor periodstica. Anuario del Instituto de Literatura y Lingstica (La Habana) (19):322; [1990]. _______. Ciudad de La Habana: Unin de Escritores y Artistas de Cuba, 1993. — 37 p. — (Coleccin Ideas). 378. Fama, Antonio. Ficcin, historia y realidad: pautas para una teora de la novela segn Carpentier. Revista Iberoamericana (Estados Unidos) 57(154): [135]-149; en.mar., 1991.

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175379. Garca Yero, Olga. Tres novelistas al trasluz: crtica / il. Ileana Snchez. — Camagey: Eds. cana, 1991. — 54 p. — (Coleccin Suma y Reflejo) 380. Gonzlez Echevarra, Roberto. Alejo Carpentier: el peregrino en su patria — 1. ed. — Mxico : Coordinacin de Difusin Cultural, Direccin de Literatura / UNAM, 1993. — 414 p. — (Textos de Difusin Cultural. Serie El Estudio) Ttulo original en ingls: Alejo Carpentier: The Pilgrim at Home (Ithaca-Londres : Cornell University Press, 1977) Excepto el captulo 3 que se public en espaol en la Revista Iberoamericana (Estados Unidos) (86):9-64; 1974, el resto de los captulos de esta obra fueron traducidos al espaol por Anbal Gonzlez Prez, con la colaboracin del autor. Contiene: Prlogo a la edicin espaola — Prefacio — Captulo I. Prembulo: una reflexin post-carpenteriana — Captulo II. Loado seas, Seor: ¡Ecu-Yamba-"! — Captulo III. Isla a su vuelo fugitiva — Captulo IV. La divisin de las aguas — Captulo V. Los recuerdos del porvenir — Captulo VI. ltimos viajes del peregrino — Bibliografa 381._______. Isla a su vuelo fugitiva: ensayos crticos sobre literatura hispanoamericana — Madrid : Ediciones Jos Porra Turanzas, S.A., [1983]. — 264 p. — (Ensayos). Contenido de inters: Historia y alegra en la narrativa de Carpentier — Isla a su vuelo fugitiva — Carpentier crtico de la literatura hispanoamericana: Asturias y Borges — Borges, Carpentier y Ortega: dos textos olvidados 382. _______. ltimos viajes del peregrino. Revista Iberoamericana (Estados Unidos) 57(154);[119]-134; en.-mar., 1991. Captulo adicional a su libro The Pilgrim at Home 383. Hillman, Richard S. and Margaret V. Ekstrom. Political Cynicism in Contemporary Caribbean Fiction. Secolas (Estados Unidos) (21):71-78; March, 1990. 384. Kuteischikova, Vera y Lev Ospovat. La nueva novela latinoamericana: una nueva visin artstica. — En: Invitacin al dilogo — Mosc : Editorial Progreso, 1986. — pp. 66-[79]. 385. Licea Jimnez, Tania Teresa. Alejo Carpentier: tres relatos, tres anlisis linguoestilsticos / Tania T. Licea Jimnez, Luis E. Rodrguez Surez. — La Habana : Editorial de Ciencias Sociales, 1994. — 71 p. — (Pinos Nuevos. Ensayo) Sobre “Viaje a la semilla”, “El camino de Santiago” y “Semejante a la noche”. 386. Mrquez Rodrguez, Alexis. Alejo Carpentier y la novedad en el arte de narrar. Escritura (Caracas) 9(17-18):7-19; en.-dic., 1984. _______. Imn (La Habana) 3(3):[69]83; 1986. 387. _______. Alejo Carpentier y la renovacin de la novela latinoamericana. Plural (Mxico) (221):22-29; febr., 1990. Datos tomados de Cuban Studies, 22. 388. _______. Ocho veces Alejo Carpentier. — [Caracas]: Grijalbo, [1992]. — 222 p. — (Coleccin Tientos y diferencias) Contiene: Prlogo — Filiacin de los textos — Alejo Carpentier: profeta y oficiante de la nueva narrativa latinoamericana — Alejo Carpentier y la renovacin de la narrativa de lengua castellana — Alejo Carpentier: teoras del barroco y de lo real maravilloso — Americanismo y vanguardismo en la primera novela de Alejo Carpentier — El Mar Caribe en la vida y la obra de Alejo Carpentier — Amrica

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176y el Caribe en el pensamiento de Alejo Carpentier — El concepto de revolucin en la novelstica de Alejo Carpentier — El teatro en la vida y la obra de Alejo Carpentier 389. Martin, Claire Emilie. Alejo Carpentier y las crnicas de Indias: orgenes de una escritura americana. — [Estados Unidos] : Yale University, 1988. — 266 p. Ph. D. diss. Datos tomados de Cuban Studies, 22. 390. Menton, Seymour. La novela de la Revolucin cubana, fase cinco: 1975-1987. Revista Iberoamericana (Estados Unidos) (152-153):[913]-932; jul.-dic., 1990. 391. Oliveira, Miguel. La traduccin en la novelstica de Alejo Carpentier. — En: Bertini, Giovanni Ma. Polvo enamorado — Milano : All’inaegna del Pesce d’Oro, 1984. — pp. 155-161 392. Ospovat, Lev y Vera Kuteischikova. Los hallazgos artsticos de la nueva novela latinoamericana en el contexto de la literatura mundial. Suplemento del Caribe (Barranquilla, Colombia) (191):4-5, 8; 12 jun., 1977. il. CAC 393. Padura Fuentes, Leonardo. Un camino de medio siglo: Carpentier y la narrativa de lo real maravilloso. — La Habana : Editorial Letras Cubanas, [1994]. — 392 p. 394. Pogolotti, Graziella. El teatro en la narrativa de Alejo Carpentier. La Gaceta de Cuba (La Habana) (3):20-21; mayo-jun., 1997. Discurso en el acto de ingreso de esta autora en la Academia Cubana de la Lengua, 19 dic., 1996. 395. Redonet Cook, Salvador Pedro. El acceso a Carpentier y la novela histrica. Ent. Amelia Nora Martnez Snchez. Semana Universitaria (Mxico) 1(12):5; 30 ag., 1993. il. Contiene: Cmo leer a Carpentier — El tiempo — La psicologa del personaje — El lenguaje segn la poca — Humanismo y modernidad — La novela histrica 396._______. Composicin y oposiciones en tres relatos breves de Alejo Carpentier. — Ciudad de La Habana, dic., 1989. — 118 h. Universidad de La Habana: Facultad de Letras: Departamento de Literatura cubana. Tesis para optar por el grado cientfico de Candidato a Doctor en Ciencias Filolgicas. Tutor: Jos Antonio Portuondo. 397. Rodrguez Coronel, Rogelio. Alejo Carpentier: novela y revolucin. — En: Cairo Ballester, Ana. Letras Cultura en Cuba / prefacio y comp. Ana Cairo Ballester. — Ciudad de La Habana : Editorial Pueblo y Educacin, 1992. — t. 7, pp. 165-189. Vase tambin asiento 4748 en Biobibliografa de Alejo Carpentier (1984). 398._______. La novela cubana contempornea: alternativas y deslindes. Revista Iberoamericana (Estados Unidos) (152-153):[899]912; jul.-dic., 1990. 399. Torres-Rosado, Santos. Visin de la mujer en las novelas de Alejo Carpentier — [Los Angeles] : University of California, 1990. — 189 p. Ph. D. diss. Datos tomados de Cuban Studies, 22. 400. Velayos Zurdo, Oscar. Alejo Carpentier: novelista de su tiempo — 1983. — 177 h. Tesis doctoral realizada en Barcelona.

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177401. Zavala, Iris. Estrategias textuales de la novela barroca: Alejo Carpentier. — En: Bertini, Giovanni Ma. Polvo enamorado —Milano : All’inaegna del Pesce d’Oro, 1984. — pp. 221-228. _______. En La nsula sin nombre: homenaje a Nilita Vients, Jos Luis Cano y Enrique Canito. — [1. ed.]. — [Madrid] : Editorial Orgenes, [1990]. — pp. 61-67. — (Tratados de Crtica Literaria). Periodismo 402. lvarez Ros, Baldomero. Grandes del periodismo combatiente — La Habana : Publicigraf, 1993. — 64 p. : il. 403. Cancio Isla, Wilfredo. Arte de costumbrista. La Gaceta de Cuba (La Habana) (Edicin especial):4-6; dic., 1989. il. “El periodismo de Alejo Carpentier afirma la voluntad de un pensamiento que pugna por revelar y vindicar lo nuestro desde una verdadera concepcin universal de la cultura. Pero hemos aprovechado sus lecciones?” Contiene: La asimilacin del oficio — El camino del hallazgo — La maestra periodstica 404. Castellanos Len, Israel. Crnicas carpenterianas. La Revista del Libro Cubano (La Habana) 1(3):12-15; 1997. il. De artes plsticas. 405. Chvez, Armando. La erudita bigamia de Carpentier. Granma Internacional (La Habana) 30(18):12; 26 abr., 1995. il. Literatura y periodismo. 406. Daz, Amrica. Carpentier: periodismo y novela. Revista de Literatura Cubana (La Habana) 9(17):134-140; jul.-dic., 1991. 407. Gonz lez, Reynaldo. El periodismo: Otra razn para escribir. La Gaceta de Cuba (La Habana) (Edicin especial):12-13; dic., 1989. il. A propsito de Crnicas del regreso, recopilacin (a cargo de Salvador Arias) de crnicas, reportajes, apuntes, glosas de programas filarmnicos habaneros y guiones radiofnicos escritos por Alejo Carpentier en los aos 1940-1941, para Tiempo Nuevo diario que luego se convirtiera en semanario bajo el ttulo de Tiempo 408. Hernndez Otero, Ricardo L. Alejo Carpentier y los inicios de la cultura sovitica: dos crnicas olvidadas. Letras Cubanas (La Habana) 2(8):246-254; abr.-jun., 1988. Se refiere a “La novela de un nio ruso en das de Revolucin”, y “Tres en un stano”. Estas crnicas publicadas en Excelsior (La Habana) los das 15 de sept. y 17 de nov. de 1928, respectivamente, aparecen a continuacin de este estudio. 409. Juan, Adelaida de. De cmo Alejo Carpentier fue cronista del arte contemporneo. Imn (La Habana) 3(3):[114]-121; 1986. 410. Lpez Lemus, Virgilio. Alejo Carpentier o el periodista. Revista Iberoamericana (Estados Unidos) 57 (154):[171]-180; en.mar., 1991. 411. Machado Ordetx, Luis. Clasificadas letras del periodista Carpentier. Vanguardia (Santa Clara, Cuba) 14 en., 1990:2. il. Sobre sus crnicas en Social y Carteles 412. Mendoza, Jorge Enrique. El periodismo en la obra de Alejo Carpentier. Imn (La Habana) 3(3):[153]-162; 1986. Vase tambin asiento 826 del Suplemento I Simposio Cubana y Universalidad en la Obra de Alejo Carpentier. La Habana, 1984. Ponencias 413. Oramas, Ada. Los tres OVNI que vio Carpentier. Tribuna de La Habana 15(42):3; 30 oct., 1994. il.

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178Comenta la crnica “Platillos sobre el Orinoco” publicada en 1952, en El Nacional de Caracas (Letra y Solfa) 414. Rodrguez Sosa, Fernando. El recurso del periodista. Bohemia (La Habana) 86(26):64-66; 23 dic., 1994. Glosas al pensamiento periodstico de Carpentier. Vanguardia y surrealismo 415. Garscha, Karsten. Alejo Carpentiers Verhltnis zur europischen, besonders zur franzsischen Avantgarde En: Europische avantgarde imlateinamerikanischen kontext: akten des Internationalesn Berliner Koloquiums 1989 = La vanguardia europea en el contexto latinoamericano: actas del Coloquio Internacional de Berln. 1989 / Harold Wentzlaff-Eggebert (Hrsg / ed.). — Frankfurt (Main):Verouert, 1991. — pp. [511]-520. Resumen en espaol: p. 520. 416. Heydenreich, Titus. Italienische Avantgarden im Blick Alejo Carpentiers. — En: Europische avantgarde im lateinamerikanischen kontext: akten des Internationalesn Berliner Keloquiums 1989 = La vanguardia europea en el contexto latinoamericano: actas del Coloquio Internacional de Berln 1989 / Harold Wentzlaff-Eggebert (Hrsg / ed.). — Frankfurt (Main):Verouert, 1991. — pp. [521]-530. Resumen en espaol: p. 530. 417. Padura Fuentes, Leonardo. Carpentier surrealista. La Gaceta de Cuba (La Habana) (Edicin especial):2; dic., 1989. _______. El ngel (Mxico)(16):12-13; 20 mar., 1994. il. “El estudiante: el fin de un mito. El tributo de Carpentier al surrealismo que durante aos persiguieron crticos y bigrafos”. 418. _______. Carpentier y el surrealismo: de Pars a Puerto Prncipe: en el 85 aniversario del natalicio del gran escritor cubano. Revolucin y Cultura (La Habana) (12): 10-19; dic., 1989. il. 419. Pageaux, Daniel Henri. Du surralisme au roman: Alejo Carpentier, Ernesto Sbato — En: Hommage Jaime Diaz-Rozzotto: l’Amerique latine entre la dpendance et la libration... — Paris : Diffusion Les Belles Lettres, 1990. — pp. 445-454. 420. Vsquez, Carmen. Alejo Carpentier y las vanguardias europeas. Cuadernos de Filosofa y Letras (Mxico) (11):5-28; 1985. _______. Imn (La Habana) 3(3):[88]; 1986. Vase tambin asiento 830 del Suplemento I Simposio Cubana y Universalidad en la Obra de Alejo Carpentier. La Habana, 1984. Ponencias 421.Wentzlaff-Eggebert, Harold. Europische Avantgarde im lateinamerikanischen kontext: akten des Internationalesn Berliner Keloquiums 1989 = La vanguardia europea en el contexto latinoamericano: actas del Coloquio Internacionalde Berln 1989 / Harold Wentzlaff-Eggebert (Hrsg / ed.). — Frankfurt (Main) : Verouert, 1991. — pp. [493]-509. Contenido de inters: Surrealismo y afrocubanismo. — Historia de lunas de Alejo Carpentier / J. Potelet — Alejo Carpentier verhltnis zur europischen, besonders zur franzsischen avantgarde / K. Garscha — Italienische avantgarden im blick Alejo Carpentiers / T. Heydenreich — Cuba y Puerto Rico: de la vanguardia a la tradicin / H. Rogmann. II. 4. Promocin y repercusin de su obra en Cuba y en el extranjero 422. Alejo Carpentier (1904-1980): coloquio homenaje / introd. Mariela Landa. — Matanzas : [s.n.], dic., 1992.

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179Realizado en la Biblioteca Gener y Del Monte. 423. Association France-Cuba Bordeaux. 22 nov., 1984. Programa del homenaje que tuvo lugar en Bordeaux con motivo del 80 aniversario de su nacimiento. 424. Bueno, Salvador. Carpentier y los festivales del libro cubano. Granma (La Habana) 17 nov., 1989:3. il. 425. Castaeda, Mireya. Ctedra Carpentier en Galicia. Granma Internacional (La Habana) 29(22):11; 1 jun., 1994. Ctedra de la Cultura Cubana en Galicia. 426. _______. En el aniversario 90 de Alejo Carpentier. Granma Internacional (La Habana) 28(37):8; 22 sept., 1993. Se destacan las actividades del Centro de Promocin Cultural Alejo Carpentier y las caractersticas del Premio Razn de Ser. 427._______. Un legado real y maravilloso. Granma Internacional (La Habana) 30(13):13; 29 mar., 1995. La Fundacin Alejo Carpentier y su objetivo fundamental de propiciar el surgimiento de nuevos valores de la literatura nacional. 428._______. Razn de ser de un premio. Granma Internacional (La Habana) 28(12):8; 21 mar., 1993. il. Premio Razn de Ser, y Premio Especial Alejo Carpentier. 429. Conferencia cientfica en homenaje al aniversario del natalicio de Alejo Carpentier. Adelante (Camagey) 26 ag., 1989:2. il. 430. Danza Moderna. Programa / notas al programa Alejo Carpentier. — La Habana : [s.n.], 1960. — 1 h. pleg.: il. Actividad efectuada en el Teatro Nacional, Sala Covarrubias, a partir del 1. de julio de 1960. Contiene: Auto sacramental / msica Leo Brower; escenografa y vestuario Jos Miguel Rodrguez, coreografa Ramiro Guerra — Suite yoruba / escenografa y vestuario Julio Matilla; coreografa Ramiro Guerra. — El milagro de Anaquill / msica Amadeo Roldn; libreto Alejo Carpentier; coreografa Ramiro Guerra; escenografa y vestuario Andrs Garca; mscaras Zilia Snchez 431. Ellis, Keith. Prodigioso torrente de cultura e identidad. Ent. Mireya Castaeda. Granma Internacional (La Habana) 33(29):12; 26 jul., 1998. il. Con el promotor de la literatura y las letras del Caribe. 432. Gallego Morell, Antonio. Alejo Carpentier, Premio Cervantes. — En: Bertini, Giovanni Ma. Polvo enamorado — Milano : All’inaegna del Pesce d’Oro, 1984. — pp. 150-154. 433. Garca Albela, Pedro. Alejo Carpentier: 90 primaveras consagradas. Cuba Internacional (La Habana) 32(291):30-32; nov., 1994. il. Fundacin Alejo Carpentier. 434. Guevara, Alfredo. Lilia. La Gaceta de Cuba (La Habana) (s.n.):47; jul.-ag., 1992. Palabras dirigidas a Lilia Esteban de Carpentier en homenaje a los diez primeros aos del Centro de Promocin Cultural Alejo Carpentier. 435. Homenaje de los diputados a Carpentier. Granma (La Habana) 27 dic., 1989:3. En la Asamblea Nacional del Poder Popular. 436. Hoz, Pedro de la. Culmina programa nacional por el 85 aniversario de Alejo Carpentier. Granma (La Habana) 20 dic., 1989:5.

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180437. Lpez Coll, Luca. Una Gaceta para Alejo Carpentier. Granma (La Habana) 14 dic., 1989:4. A propsito de la edicin especial de La Gaceta de Cuba dedicada a Alejo Carpentier con motivo de su 85 aniversario. 438. Llevarn al teatro El siglo de las luces Granma (La Habana) 18 abr., 1989:[1]. Bajo la direccin de Serge Fohr se presentar en la Alianza Francesa de Quito. 439. Mxima condecoracin venezolana a Carpentier y Fernndez Retamar. Granma (La Habana) 11 nov., 1999:6. Orden Libertador otorgada por el gobierno venezolano. 440. Oramas, Ada. Su razn de ser en El reino de este mundo Tribuna de La Habana 15(50):5; 25 dic., 1994. 441. Papastamatiu, Basilia. Carpentier en ediciones italianas. Cuba Internacional (La Habana) 31(266):55; mayo, 1994. il. 442. Pollo, Roxana. Confieren a Lilia Esteban Medalla Alejo Carpentier. Granma (La Habana) 26 dic., 1989:[1]. 443. Rodrguez Sosa, Fernando. Palabras de Carpentier. Granma (La Habana) 26 dic., 1991:3. il. A propsito de un segundo disco editado por Casa de las Amricas en su coleccin Palabra de esta Amrica. Incluye entrevista de Orlando Castellanos. 444. _______. Travesa de Carpentier. Granma (La Habana) 26 abr., 1986:4. il. Sobre documental homnimo, de la televisin francesa (Canal 7) y del ICAIC, bajo la direccin de Franois Porcile. 445. Rojas, Marta. Boom pstumo de Carpentier? Granma (La Habana) 27 jun., 1991:4. il. Comenta ltimos ttulos publicados en lengua inglesa, La aprendiz de bruja en la escena caraquea, exposicin en el Centro de Promocin Cultural Alejo Carpentier, y documentales para la televisin francesa a cargo de Franois Porcile, y para la televisin martiniquea sobre los vnculos caribeos de Carpentier. 446. _______. Alejo Carpentier entre los clsicos mundiales. Granma Internacional (La Habana) 33(29):13; 26 jul., 1998. 447. _________. Dedicado a Alejo Carpentier primer volumen de la coleccin Ceiba. Granma (La Habana) 15 sept., 1989:5. il. Corresponde a las ediciones Caribeennes, de Francia, esta coleccin la dirige Carmen Vsquez. Se publicar en breve a Jos Mart y 150 obras clsicas sobre Las Antillas, entre ellas la novela Francisco de Anselmo Sarez y Romero. 448. _______. Imprimen obras en Nueva York, Hanoi y Francfort. Granma (La Habana) 2 dic., 1989. il. El acoso publicado en Nueva York por Farrer-Straus-Giroux; El siglo de las luces y Concierto barroco traducidos por Nguyen Trug Duc; y El recurso del mtodo impreso por la editora Suhrkamp Verlag, de la Repblica Federal Alemana. 449. _______. Historia latinoamericana en emisiones postales cubanas. Granma (La Habana) 12 oct., 1989:4. il. El sello de Carpentier fue cancelado el 27 de oct. en el Centro de Promocin Cultural Alejo Carpentier.

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181450. _______. La obra de Carpentier reina en este mundo. Granma (La Habana) 8 oct., 1994:6. Jornada de la Cultura Cubana. 451. Santos Moray, Mercedes. Amrica: su razn de ser. Trabajadores (La Habana) 24(52):11; 27 dic., 1993. En el 89 aniversario de Alejo Carpentier. 452. Santos Moray, Mercedes. Revolucin en la novelstica latinoamericana. Trabajadores (La Habana) 14 sept., 1989:10. il. Sobre ciclo de conferencias auspiciado por el Centro de Promocin Cultural Alejo Carpentier en ocasin del 40 aniversario de El reino de este mundo 453. Tabares, Sahily. Diez aos del Centro Cultural Alejo Carpentier. Granma (La Habana) 10 jun., 1992:6. il. II. 5. Relacin con otras figuras454 lvarez-Tabo Albo, Emma. La Habana hablada a tres. 3ZU. Revista de Arquitectura (Barcelona) (3):16-21; mayo, 1994. Por Guillermo Cabrera Infante, Alejo Carpentier y Jos Lezama Lima. 455. Bejel, Emilio. El concepto de barroco en Carpentier y Lezama — Connecticut : Fairfield University, 19__. — 26 p. Ejemplar mimeografiado. Datos facilitados por Abel E. Prieto. 456. Bejel, Emilio. Cultura e historia en Carpentier y Lezama Lima. — En su: Literatura de nuestra Amrica: estudios de literatura cubana e hispanoamericana — [Mxico] : Universidad Veracruzana, [1983]. — pp. 11-24. 457. Blanco Padilla, Nilda. Los atisbos cervantinos de Alejo Carpentier. La Experiencia Literaria (Mxico) (4-5):[27]-39; mar., 1996. 458. _______. Una lectura cervantina de textos carpenterianos: resumen — La Habana : Universidad de La Habana, Facultad de Artes y Letras, 1998. — 26 h. Tesis para optar por el grado de Doctora en Ciencias Filolgicas. 459. Bueno, Salvador. Carpentier y Pushkin. Granma (La Habana) 20 jun., 1998:5. 460. Camacho, Jorge Luis. Los dilogos posibles. El Caimn Barbudo (La Habana) 23(266):5; en., 1990. il. Mart y Carpentier. 461. Campuzano, Luisa. Cervantes en Carpentier: una presencia constante. — En: Los Cervantes en la isla — Alcal de Henares : Imprime Grficas Algoran, 1994. — pp. [33]-48. il. 462. Cancio Isla, Wilfredo. Muy admirado y querido don Fernando. La Gaceta de Cuba (La Habana) (6):2-[7]; [jun.], 1994. Cartas cruzadas entre Carpentier y Ortiz. 463. Cristbal Prez, Armando. Stravinsky en Carpentier. Revista de Literatura Cubana (La Habana) 13(24-26):[130]-136; en., 1995-jun. 1996[i.e.] 1997. (Notas) 464. Chaple, Sergio. Apuntes sobre la presencia martiana en la obra de Alejo Carpentier. Anuario del Instituto de Literatura y Lingstica (La Habana) (26):41-61; 1995. (Estudios Literarios) _______. La Habana : Editorial Academia, 1994. — 31 p. — (Coleccin Ediciones L/L) 465. Hart Dvalos, Armando. Alejo Carpentier y el humanismo de Nuestra Amrica. — Caracas : Eds. Urbe, 1992. — [10] p. Conferencia pronunciada en el Ateneo de Caracas en la que hace referencias al pensamiento de Jos Mart.

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182Publicada tambin en Islas (Villaclara, Cuba) (103):5-17; sept.-dic., 1992; y en Revolucin y Cultura (La Habana) 32(2):48; mar.-abr., 1993. 466. Herlinghaus Jr., Hermann y Svent Plesch. Zur Wirkung des Spanienkrieges auf das Literarische Schaffen von Pablo Neruda un Alejo Carpentier. Weimarer Beitrge (Berln, DDR) (1):57-75; 1987. _______. Islas (Villaclara, Cuba) (89):135153; en.-abr., 1988. Ttulo en espaol: “Espaa en la pluma. Sobre el impacto de la Guerra Civil Espa ola en la obra literaria de Pablo Neruda y Alejo Carpentier”. 467. Herrera, Angela Elvira. El aporte a los estudios musicolgicos de Snchez de Fuentes, Ortiz, y Carpentier con sus crnicas y artculos. — jun. 1990. — 129 h. Trabajo de Diploma. Universidad de La Habana. Facultad de Artes y Letras. Tutoras: Mariana Serra Garca y Guadalupe Ordaz. 468. Mateo, Margarita. Vale la pena mirar hacia atrs? Revista del Libro Cubano (La Habana) 1(1):14-21; 1996. Procedimientos estilsticos en la obra de Piera, Lezama y Carpentier. 469. Pogolotti, Graziella. Cartas desde Caracas. Juventud Rebelde (La Habana) (451):9; 21 mar., 1999. il. Sobre su amistad con Marcelo Pogolotti. Presenta cartas de Carpentier inditas. Fechas: 15 de julio de 1957, 18 de octubre de 1957 y diciembre de 1957. 470. Riccio, Alessandra. El cambio en la fijeza. (Alejo Carpentier y Mons Desiderio). Cuadernos de Filosofa y Letras (Mxico) (11):97-105; 1985. Datos tomados de un ejemplar que posee la Fundacin Alejo Carpentier. _______. Imn (La Habana) 3(3):[182]190; 1986. Vase tambin asiento 829 del Suplemento I Simposio Cubana y Universalidad en la Obra de Alejo Carpentier. La Habana, 1984. Ponencias. 471. Rodrguez Sosa, Fernando. Mart en Carpentier. Granma (La Habana) 10 nov., 1995:6. Comenta Apuntes sobre la presencia martiana en la obra de Alejo Carpentier de Sergio Chaple. 472. Vzquez Prez, Marlene. Mart y Carpentier: una visin de Amrica — Santa Clara, Cuba : Ediciones Capiro, 1997. — 34 p. — (Coleccin Zarapico) II.6. Reseas de libros 473. Barrio Tosar, Adis. Leonardo Padura. Lo real maravilloso: creacin y realidad. Anuario del Instituto de Literatura y Lingstica (La Habana) (22):158-162; 1991. 474. Budig, Valerie Jean. The Self-Reflective Historical Novel: Alejo Carpentier and Claude Simon — [Estados Unidos] : University of Oregon, 1989. — 561 p. Ph. D. diss Datos tomados de Cuban Studies, 22. 475. Bueno, Salvador. Alexis Mrquez. Ocho veces Alejo Carpentier [...] Revista de Literatura Cubana (La Habana) 12(2223):174-175; en.-dic., 1994. 476. Castaeda, Mireya. Ocho veces Alejo Carpentier. Granma Internacional (La Habana) 27(44):11; 1 nov., 1992. Resea obra homnima de Alexis Mrquez Rodrguez. 477. Cerezo, Mara del C., Patricia Rabiv de Lrtora y Richard A. Young. Carpentier ante la cr-

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183tica... Revista de Estudios Hispnicos (Puerto Rico) 13(3):500-503; 1989. 478. Chaple, Sergio. Alejo Carpentier. Letra y solfa. Cine Anuario del Instituto de Literatura y Lingstica (La Habana) (22):117-123; 1991. Resea el texto compilado por Raimundo Respall Fina. 479. _______. L. Padura : Un camino de medio siglo. Carpentier y la narrativa de lo real maravilloso. Anuario del Instituto de Literatura y Lingstica (La Habana) (2728):145-148; 1996-1997. Comenta obra homnima de Leonardo Padura. 480. Le Clerq, Juan Antonio. Viaje al centro de Carpentier. La Jornada (Mxico) (236):11-12; dic. 1993. il. Sobre Alejo Carpentier: El peregrino en su patria de Roberto Gonzlez Echevarra. 481. Menton, Seymour. Cuba’s Hegemonic Novelists. Latin American Research Review (New Mxico, Albuquerque) 29(1):260-266; 1994. Comenta, entre otras las Obras completas: Ensayos (vol. 13), de Alejo Carpentier (Mxico City : Siglo Veintiuno, 1990) 482. Rodrguez Sosa, Fernando. El sorprendente Carpentier. Granma Resumen Semanal (La Habana) 8 jul., 1990:8. il. Comenta obra publicada en Espaa por Anthropos: Editorial del Hombre, titulada Alejo Carpentier: Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes 1977. II.7. Otras valoraciones e informaciones 483. Aiguesvives, Eduardo. Alejo Carpentier indito. Granma Resumen Semanal (La Habana) 25(16):7; 22 abr., 1990. il. Sobre textos que no lleg a publicar. 484. Arias, Salvador. Alejo Carpentier escribe en 1941 sobre teatro griego en la Universidad de La Habana. Universidad de La Habana (236):[203]-206; sept.-dic., 1989. Acerca de la puesta en escena de Antgona de Sfocles en la Universidad de La Habana, crnica de Alejo Carpentier publicada en Tiempo (La Habana) 2(5):10-11; 25 mayo, 1941. 485. Baquero, Gastn. Alejo Carpentier cubano (1904). — En su: Ensayo / ed. a cargo de Alfonso Ortega Carmona y Alfredo Prez Alencart. — Salamanca : Fundacin Central Hispano, 1995. — pp. 177-178. Escrito en 1959. 486. Bimberg, Guido. Herencia del siglo XVIII. Clave (La Habana) (15):3-5; oct.-dic., 1989. il. A la cabeza del ttulo: Una cortesa de la Asociacin de Msicos de la UNEAC en homenaje al 85 aniversario del nacimiento de Alejo Carpentier. Sobre Carpentier, su obra y la cultura musical de los siglos XVII y XVIII en Europa, Amrica Latina y el Caribe. 487. Bueno, Salvador. Facetas mltiples de Alejo Carpentier. Granma Internacional (La Habana) 28(2):10; 10 en., 1993. il. 488. _______. Viejos recuerdos de Alejo. Granma (La Habana) 21 mar., 1990:3. il. 489. Campuzano, Luisa. Carpentier en Orgenes. Unin (La Habana) 7(18):32-39; en.mar., 1995. (Cincuentenario de Orgenes) 490. Cancio Isla, Wilfredo. Los hallazgos de la impaciencia. Unin (La Habana) 4(13):68-73; 1991. il. Apuntes para un estudio de la evolucin ideoesttica del joven Alejo Carpentier hasta su fuga a Pars en 1928.

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184491. Castillo Rodrguez, Luciano. Ese ignorado crtico de cine que todos conocemos. Imn (La Habana) 3(3):[131]-152; 1986. Vase tambin asiento 663 del Suplemento I 492. Claro, Elsa. Eva la de Debrecen. Bohemia (La Habana) 80(32):45-46; 18 mar., 1988. il. Sobre traducciones del espaol al hngaro realizadas por Eva Toth. 493. Depestre, Ren. Biographie d’Alejo Carpentier. — En su: Anthologie personnelle: posie — [Paris] : Gallimard, 1993. — pp. 65-[67]. — (Actes Sud) 494. Daz Ruiz, Ignacio. Alejo Carpentier y la conciencia hispnica. — En su: Cabrera Infante y otros escritores latinoamericanos — Mxico: Universidad Nacional Autnoma de Mxico, 1992. — pp. 99-107. 495. Fernndez Retamar, Roberto. Poltica y latinoamericanismo en Alejo Carpentier. Imn (La Habana) 3(3):[5]-16; 1986. Ponencia inicial. Vase tambin asiento 831 del Suplemento I Simposio Cubana y Universalidad en la Obra de Alejo Carpentier. La Habana, 1984. Ponencias. 496. Fornet, Ambrosio. Las mscaras en el tiempo — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1995. — 187 p. Contenido de inters: III. Carpenteriana: Hacia una esttica de la construccin — Por una visin sin lagunas — Vigencia y leccin de un novelista — Sobre el tiempo y la historia en la obra de Alejo Carpentier — Fuentes 497. Galeano, Eduardo. A don Alejo Carpentier. Suplemento del Caribe (Barranquilla, Colombia) (187i.e.186):6; 8 mayo, 1977. CAC Vase tembin asiento 4094 en Biobibliografa de Alejo Carpentier (1984) 498. Gil Egui, Gisela. Pasiones en sintona. Folios (Caracas) (20):4-5; mayo-jun., 1991. il. Sobre su trabajo radiofnico en Francia, Cuba y Venezuela. 499. Gonzlez Echevarra, Roberto. Gonzlez Echevarra en tres y dos. Ent. Leonardo Padura. La Gaceta de Cuba (La Habana) (6):21-25; nov.-dic., 1995. 500. Gracida Jurez, Ysabel. Alejo Carpentier. Aleph (Mxico) (1):s.p.; jul., 1991. Introduce la figura de Alejo Carpentier en esta revista-homenaje a diez aos de su muerte. 501. Hart Dvalos, Armando. El ciudadano Alejo Carpentier. Juventud Rebelde (La Habana) 25 dic., 1994:12. il. 90 aniversario de su nacimiento. 502. Horta Mesa, Aurelio. Alejo, aquel maestro de arte y de dignidad. Adelante (Camagey) 26 abr., 1989:2. 503._______. Carpentier, entrega y trascendencia. Bohemia (La Habana) 81(40): 6 oct., 1989:12. il. “Ms all de la malintencionada crtica eurocentrista, supo elevar los ms autctonos valores tico-estticos de nuestra Amrica”. 504._______. Carpentier: teora y novela para la posteridad. Adelante (Camagey) 24 sept., 1989:2. 505._______. Coordenadas carpenterianas — La Habana : Editorial Pueblo y Educacin, 1990. — 55 p.—(Coleccin enseanza artstica) Acercamiento al perfil intelectual de Alejo Carpentier como pedagogo y a su literatura como materia de enseanza.

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185506._______. Las dominantes del discurso artstico en Alejo Carpentier — 1992. — 299 h. Tesis para optar por el grado cientfico de Doctor en Ciencias sobre Arte. 507. Klppelholz, Heinz. Alejo Carpentier orphische Beschwrung. = La confirmacin mtica de Alejo Carpentier. Zeitschritt fr Latein-Amerika wien (Viena) (42):1726; 1992. (Etudes) 508. Le Riverend Brusone, Julio. Acerca de la conciencia histrica en la obra de Alejo Carpentier. Cuadernos de Filosofa y Letras (Mxico) (11):67-84; 1985. Datos tomados de un ejemplar que posee la Fundacin Alejo Carpentier. _______. Imn (La Habana) 3(3):[39]-55; 1986. _______. En: Cairo Ballester, Ana. Letras. Cultura en Cuba / prefacio y compilacin Ana Cairo Ballester. — Ciudad de La Habana : Editorial Pueblo y Educacin, [1992]. — t. 7, pp. 151-164. Vase tambin asiento 825 del Suplemento I Simposio Cubana y Universalidad en la Obra de Alejo Carpentier. La Habana, 1984. Ponencias. 509. Lpez Moreno, Roberto. La soledad de Carpentier. Aleph (Mxico) (1):34-48; jul., 1991. El autor parte de una frase de Carpentier: “Han terminado para el escritor cubano, los tiempos de la Soledad”, hasta referirse a la Soledad que romper la Cuba de hoy para que Carpentier “viva plenamente la solidaridad del hombre”. 510. Maach, Jorge. Carpentier en La Habana. Diario de la Marina (La Habana) 5 jun., 1959:4-A (Aguja de marcar) 511. Mrquez Rodrguez, Alexis. A ochenta y cinco aos del nacimiento de Alejo Carpentier. El Nacional (Caracas) 26 dic., 1989:C/11. il. 512._______. Idea y fervor de Amrica en Alejo Carpentier. Casa de las Amricas (La Habana) 35(197):135-138; oct.-dic., 1994. 513._______. Literatura y publicidad: Alejo Carpentier en la historia de Ars. — En: 50 aos de publicidad: un aporte de Ars a la cultura comunicacional de Venezuela — [Caracas] : s.n., [1989]. — pp. 4-5. il. Es un tabloide. Datos tomados de una fotocopia. 514. Mller-Bergh, Klaus. Alejo Carpentier: autor y obra en su poca. La Torre (Puerto Rico) 4(15):263-316; jul.-sept., 1990. 515. _______. Trayectoria vital e itinerario crtico de Alejo Carpentier. Revista Iberoamericana (Estados Unidos) 57(154):[181]-192; en.mar., 1991. Publicado tambin en Separata. 516. Ora, Pedro de. Seudosoneto para Carpentier: [Poema]. — En: Bertini, Giovanni Ma. Polvo enamorado — Milano : All’inaegna del Pesce d’Oro, 1984. — p. 42. 517. Oramas, Ada. Carpentier personaliza la ciudad con pregones y sortilegios. (I-II) Tribuna de La Habana. Dominical 9 jul., 1989:[8] 16 jul., 1989:7. il. 518. Ospina Zapata, Gustavo. Carpentier: inmensa luz que te apagaste en Pars. El Colombiano (Medelln) 14 ag., 1994:5D. il. 519. Padura, Leonardo. Las arcas secretas de Carpentier. Juventud Rebelde (La Habana) 14 en., 1990:4-5. il. _______. Cuba Internacional (La Habana) 30(255):56-59; mar., 1991.

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186Contiene: 1. El periodismo, el cigarro y el mdico chino — 2. La playa, la cocina y los amigos — 3. Los recuerdos y las frases 520. _______. Nosotro lo latino: folclore o sensibilidad? Unin (La Habana) 4(13):45-55; 1991. il. A propsito de “El momento musical latinoamericano”, un hallazgo real-maravilloso en la papelera de Carpentier. 521. Palmero Gonzlez, Elena. Relatar el tiempo: resumen de las tesis en opcin por el grado cientfico de Doctor en Ciencias Filolgicas / tutora Dra. Aime Gonzlez Bolaos. — Santa Clara, Cuba : Universidad Central de Las Villas, Facultad de Ciencias Sociales y Humansticas, Departamento de Letras, 1996. — s.p. 522. Parisot, Fabrice. Pars en la vida y en la obra de Alejo Carpentier. — En: Maurice, Jacques y Marie-Claire Zimmermann, comp. Pars y el mundo ibrico e iberoamericano: actas del XXVIII Congreso de la Sociedad de Hispanistas Franceses — Nanterre : Centre de Recherches Ibriques et Ibro-Americaines, 1998. — pp. 275-283. 523. Pogolotti, Graziella. El Caribe, iniciacin y conquista. Cuadernos de Filosofa y Letras (Mxico) (11):35-48; 1985. _______. Imn (La Habana) 3(3d):[56]-68; 1986. Vase tambin asiento 827 del Suplemento I Simposio Cubana y Universalidad en la Obra de Alejo Carpentier. La Habana, 1984. Ponencias. 524. Puisset, Georges. Structures anthropocosmiques de l’univers d’Alejo Carpentier — Montpellier : Centre d’tudes et de Recherches Sociocritiques, [1988]. — 2 t. — (Etudes Critiques) Datos tomados de un ejemplar que posee la Fundacin Alejo Carpentier. 525. Respall Fina, Raimundo. Alejo Carpentier: el viajero. Resonancias (Camagey) 2(7):96-98; jul., 1989. (Historias vividas) _______. Unin (La Habana) 2(8):52-53; oct.-dic., 1989. 526.Rey Alfonso, Francisco. Concepto carpenteriano de la danza. Imn (La Habana) 3(3):[122]-130; 1986. Fragmento del estudio “Hacia una potica carpenteriana de la danza”, introduccin a la compilacin de textos de este autor organizada bajo el ttulo Oficio de alcin. “La danza en la vida y en la obra de Alejo Carpentier” (Indito) 527. Riquer, Martin de y Jos Mara Valverde. Historia de la literatura universal — [Barcelona] : Planeta, [1986]. — v. 6, 10. Contenido de inters: v. 6, p. 555; v. 10, pp. 284-286, 326-328 528. Rodrguez Feo, Jos. Carpentier: sin cuello y corbata. La Gaceta de Cuba (La Habana) (Edicin especial):15; dic., 1989. il. Sobre cartas que le escribiera Alejo Carpentier entre los aos 1946-1955. 529. Rojas, Marta. Alejo Carpentier, de su vida en Caracas. Granma. Resumen Semanal (La Habana) 24(12):6; 19 mar., 1989. 530._______. La maleta perdida de Alejo Carpentier Valmont. Granma (La Habana) 25 nov., 1989:4. il. _______. La poca (Santiago de Chile) 3(130):[1]-2; 7 oct., 1990. il. Conservada durante ms de 40 aos en un lugar de la campia francesa. Ofrece un caudal biogrfico indito sobre la primera etapa de su vida personal, literaria y artstica.

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187531._______. "leos de Abela de un valor patrimonial y artstico fundamental. Granma La Habana) 20 en., 1990:4. il. A la cabeza del ttulo: La maleta con la papelera y objetos de Carpentier. Declaraciones de Marta Arjona sobre El Gaviln y Mujer con flores y vegetales leos importantes de Eduardo Abela regalados por el pintor a Alejo Carpentier en 1928 o 1929. 532._______. Revela que un joven cubano pele con Sandino y muri en Nicaragua. Granma (La Habana) 16 dic., 1989:4. il. A la cabeza del ttulo: La maleta con la papelera de Alejo Carpentier. Contiene: Los recortes de peridicos, los folletos, revistas y hasta el men de a bordo de un barco, revelan informaciones sobre la relacin de Carpentier con los intelectuales de la Repblica Espaola y sobre su regreso a Cuba — Chismes de Pars: Pola Negri y Rodolfo Valentino — Advertencia a “Toutouche” sobre su novela afrocubana 533. Shaw, Donald L. Alejo Carpentier. La realt e la critica. — En: Bertini, Giovanni Ma. Polvo enamorado — Milano : All’inaegna del Pesce d’Oro, 1984. — pp. 178-181. 534. Suardaz, Luis. El hombre en busca de su verdadera dimensin. Granma (La Habana) 26 dic.,1989:4. Carpentier como pensador. 535. Timossi, Jorge. El ltimo jueves de Carpentier. Plural (Mxico) (230):4855; nov., 1990. ltimas horas vividas por Alejo Carpentier. 536. Valds-Cruz, Rosa E. La poesa negroide en Cuba. — En su: La poesa negroide en Amrica — [New York], [1970]. — pp. [51]-62. Contenido de inters: Alejo Carpentier: novela y poesa 537. Vsquez, Carmen. Jacqueline y su majestad la moda: representacin de Paris como capital de la cultura de vanguardia. — En: Maurice, Jacques y Marie-Claire Zimmermann, comp. Pars y el mundo ibrico e iberoamericano: actas del XXVIII Congreso de la Sociedad de Hispanistas Franceses — Nanterre : Centre de Recherches Ibriques et IbroAmericaines, Universit Paris X, 1998. — pp. 269-273. 538. Vitier, Cintio. Alejo y la msica terrenal. — En: Bertini, Giovanni Ma. Polvo enamorado — Milano : All’inaegna del Pesce d’Oro, 1984. — pp. 216-220. 539.Y edra, Velia. Julin Orbn: a Biographical and Critical Essay — Coral Gables, Florida: Research Institute for Cuban Studies Graduate School of International Studies University of Miami, [c1990]. — 93 p. il. Referencias: pp. 15, 31-32. III. Produccin cinematogrfica 540. Hernndez, Bernab; direccin y guin. La Habana de Alejo Carpentier Documental. 1989. 35 mm. col. 13 min. Equipo de realizadores: Jos Lpez, Orlando de la Huerta, Luis Urra, Mirita Lores, Miguel Navarro. Sinopsis: Muestra lugares que sirvieron de inspiracin al novelista. Incluye fragmentos de entrevista de Alejo Carpentier sobre La Habana de su infancia, y adems narra aspectos de su arquitectura. IV. ndice onomstico Abela, Eduardo; 531 Acevedo, Federico; 9 Acosta, Leonardo; 211, 271, 348

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188Aguilu de Murphy, Raquel, 272 Aiguesvives, Eduardo; 183, 483 Albornoz, Aurora de; 71-72 Alcntara Almnzar, Jos; 285 Alexis, Jacques Stephen; 350 Alonso, Mara Rosa; 245 lvarez, Imeldo; 116 lvarez Ros, Baldomero; 402 lvarez-Tabo Albo, Emma; 454 Apolo; 208 Arenas, Rogelio; 184 Arias, Salvador; 13, 23, 132, 345, 407, 484 Arjona, Marta; 531 Armas Marcelo, J. J.; 267, 286 Arrom, Jos Juan; 162 Ascencio, Michaelle; 163 Asenov Kanev, Venko; 349 vila Zaldvar, Rger; 234 Aznar Soler, Manuel; 305 Babel, Isaac; 107 Bacallao Vliz, David Lzaro; 230 Bach, Juan Sebastin; 231, 317 Bez-Jorge, Flix; 338 Bahamn Len, Carlos; 247 Bahr Valcrcel, Aida; 244 Bailby, Edouard; 78 Baquero, Gastn; 485 Barrio Tosar, Adis; 473 Bejel, Emilio; 455-456 Benedetti, Mario; 287 Bentez Rojo, Antonio; 231 Bermdez, Manuel; 248 Bertini, Giovanni Ma.; 171, 174, 251, 268, 300, 306, 309, 317, 325, 335, 342, 391, 401, 432, 516, 533, 538 Bid, Cndido; 9 Bimberg, Guido; 486 Blanco Padilla, Nilda; 457-458 B, Carlo; 52 Boadas, Aura Marina; 350 Body, Steven; 235 Boland, Roy; 306 Bonaparte, Paulina; 192 Borges, Jorge Luis; 381 Botond, Anneliese; 35 Bourget, Paul; 90 Bravo, Jos Antonio; 185 Bravo, Vctor; 288, 318, 373 Brower, Leo; 430 Budig, Valerie Jean; 474 Bueno, Salvador; 212, 424, 459, 475, 487488 Burgos, Fernando; 273 Bustillo, Carmen; 213, 351

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189Caballero Wangemert, Mara; 319 Cabrera Infante, Guillermo; 454, 494 Cairo Ballester, Ana; 138-142, 162, 212, 275, 290, 312, 314, 340, 361, 374, 397, 508 Calvio Iglesias, Julio; 289 Camacho, Jorge Luis; 460 Campra, Rosalba; 53, 268 Campuzano, Luisa; 290, 461, 489 Cancio Isla, Wilfredo; 133, 249, 403, 462, 490 Canelas Rubim, Antonio Albino vase Rubim, Albino Canito, Enrique; 401 Cano, Jos Luis; 401 Cnovas Prez, Alejandro; 17, 32, 177 Capote, Zaida; 320 Crdenas, Claudia; 274 Carlson, Janina; 59 Carrera, Margarita; 352 Cassies, Jean; 263 Castaeda, Mireya; 236, 425-428, 431, 476 Castellanos, Orlando; 75, 443 Castellanos Len, Israel; 404 Castillo Rodrguez, Luciano; 375, 491 Ctedra Carpentier, Galicia; 425 Celorio, Gonzalo; 186, 353 Centro de Promocin Cultural Alejo Carpentier ; 434, 445, 452-453 Cerezo, Mara de C.; 291, 477 Cervantes Hernndez, Carlos; 376 Cervantes Saavedra, Miguel de; 322, 461 Cspedes, Alba de; 263 Claro, Elsa; 492 Claudel, Paul; 328 Coln, Cristbal; 219, 319, 323-324, 330, 333-334, 336, 358 Collard, P.; 307 Conde Prez, Edelmy; 321 Conte, Rafael; 354 Corona, Elvio; 116 Corts, Hernn; 338 Craig, Herbert E.; 250 Cristbal Prez, Armando; 22, 237-239, 463 Cristfani Barreto, Teresa; 164 Cruz, Artemio; 329 Cuervo Garca, Norka; 177 Chao, Ramn; 111 Chaple, Sergio; 377, 464, 471, 478-479 Chvez, Armando; 405 Chevigny, Bell Gale; 232 Chiampi Cortez, Irlemar; 187 Daleastagn, Regina; 165 Dang Anh Do; 67 Dang Thi Hanh; 67 Dazzi, Maria Vasta; 52

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190De Maeseneer, Rita; 307 Depestre, Ren; 116, 493 Desiderio, Mons; 470 Desnos, Robert; 40 Destom, Catherine; 265 Daz Acosta, Amrica; 25-26, 406 Daz del Castillo, Bernal; 69, 108 Daz-Rozzotto, Jaime; 419 Daz Ruiz, Ignacio; 494 Dill, Hans-Otto; 368-369 Dina Rivas, Olga Mari; 308 Durand, Ren L. F.; 41-42, 45 Ekstrom, Margaret V.; 383 Ellis, Reith; 431 Engelbert, Manfred; 309 Enrquez, Carlos; 139, 141 Espina Prieto, Rodrigo; 275 Esteban, Lilia; 434, 442 Estvez, Rolando; 18 Fabelo, Roberto; 22 Fama, Antonio; 188, 378 Faris, Wendy B.; 214 Farrar-Straus-Giroux; 448 Fernndez de Castro, Jorge; 135 Fernndez Martnez, Mirta M.; 292 Fernndez Prieto, Pilar; 240, 266 Fernndez Retamar, Roberto; 251, 439, 495 Ferrer, Mario; 11 Fetrinelli, Gian Giacomo; 3, 14-15 Flores, ngel; 226 Fohr, Serge; 438 Fondo de Desarrollo de la Educacin y la Cultura; 17, 23 Fornet, Ambrosio; 496 Fuentes, Carlos; 215 Fundacin Alejo Carpentier; 433 Galeano, Eduardo; 497 Gallego Morell, Antonio; 432 Garavito, Julian; 265 Garca, Andrs; 430 Garca Albela, Pedro; 252, 433 Garca Carranza, Araceli; 7, 153, 155-159 Garca Cortias, Ofelia; 256 Garca Viscay, Esther; 154 Garca Yero, Olga; 246, 379 Garciaporra, Jorge; 166 Garriga, Silvana; 20, 344 Garscha, Karsten; 415, 421 Giffuni, Cathe; 160 Gil Egui, Gisela; 498 Gir, Radams; 20, 344 Gonalves, Daniel; 60 Gonzlez, Anbal; 322

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191Gonzlez, Hilario; 216 Gonzlez, Manolo T.; 9 Gonzlez, Reynaldo; 407 Gonzlez Acosta, Alejandro; 217 Gonzlez Bolaos, Aime; 167, 276, 321, 521 Gonzlez Echevarra, Roberto; 4, 253, 270, 293, 323-324, 380-382, 480, 499, 509 Gonzlez Lpez, Waldo; 277 Gonzlez Prez, Anbal; 380 Gracida Jurez, Ysabel; 500 Guadarrama Gonzlez, Pablo; 363 Guerra, Ramiro; 430 Guevara, Alfredo; 434 Guevara, Ernesto Che; 150 Gutirrez Escudero, Antonio; 319 Hart Dvalos, Armando; 364, 465, 501 Hearst, William Randolph; 132 Heine, Heinrich; 95 Herlinghaus Jr., Hermann; 466 Hernndez, Bernab; 540 Hernndez de Lpez, Ana Mara; 189 Hernndez Figuerola, Digna Esther; 154 Hernndez Guerrero, Dolores; 190 Hernndez Otero, Ricardo L.; 408 Herrera, ngela Elvira; 467 Heydenreich, Titus; 416, 421 Hillman, Richards; 383 Hodousek, Eduard; 38 Horta Mesa, Aurelio A.; 269, 365-367, 502506 Hoz, Pedro de la; 436 Huerta, Orlando de la; 540 Huidobro, Vincent; 40 Huizinga; 291 Incledon, John; 218 Ionescu, Andrei; 64 Jackson, Richard; 370 Jirk, Boris; 39 Josef, Bella; 168 Joset, Jacques; 325 Juan, Adelaida de; 409 Kalicki, Rajmund; 57 Kevane, Bridget; 219 Klppelholz, Heinz; 507 Krausz, Luis S.; 169 Kuteischikova, Vera; 371, 384, 392 Labarre, Franois; 294 Lam, Rafael; 147 Lam, Wifredo; 2, 4, 14-15, 31, 105 Landa, Mariela; 422 Laviana Cuetos, Mara Luisa; 319 La Celine, Ibara; 170 Leante, Csar; 191 Le Clec’h, Guy; 109

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192Le Clercq, Juan Antonio; 480 Lenzi, Mara Beatriz; 171 Len del Ro, Yohanka; 310 Le Riverend Brusone, Julio; 508 Levi-Strauss, Claudes; 220 Lezama Lima, Jos; 109, 145, 259, 359, 454456, 468 Licea Jimnez, Tania Teresa; 210, 385 Lihory, Soledad Margarita; 79 Lpez, Jos; 540 Lpez-Baralt, Mercedes; 220 Lpez Coll, Luca; 437 Lpez Lazo, Jos; 221 Lpez Lemus, Virgilio; 410 Lpez Moreno, Roberto; 509 Lpez Sacha, Francisco; 278 Lores, Mirita; 542 Losada Garca, Marcia; 208 Loti, Pierre [seud.]; 99 Louri, Arthur; 40 Luis, William; 182 Llarena, Alicia; 192 Mac Adam, Alfred; 48 Machado Ordetx, Luis; 411 Maffel, Marcos; 172 Maldonado-Denis, Manuel; 372 Malinche o Malinal; 338 Maach, Jorge; 510 Marcelo Prez, Carmen; 254-255 Marco Polo; 89 Marquet, Antonio; 279 Mrquez Rodrguez, Alexis; 193, 347-348, 355, 386-388, 475-476, 511-513 Marrero Fente, Ral; 304 Marrero Fernndez, Marilys; 180 Mart, Jos; 148, 447, 460, 465, 471-472 Martin, Claire Emilie; 389 Martinetto, Vittoria; 55 Martnez, Julio A.; 161 Martnez Echazabal, Lourdes; 256 Martnez Snchez, Amelia Nora; 395 Mateo Palmer, Margarita; 173, 326, 468 Matibag, Eugenio D.; 295 Matilla, Julio; 430 Maurice, Jacques; 524, 539 M’Bouyou-M’Vouo, Albert-Samuel; 257 Medina Martnez, Richard; 230 Melis, Antonio; 174 Mndez, Roberto, 207 Mndez Soto, Ernesto; 258 Mendoza, Jorge Enrique; 412 Menezes, Carlos; 175 Menton, Seymour; 390, 481 Merino Acosta, Luz; 240, 266

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193Mesa Falcn, Yoel; 280 Miampika, Landry Wilfrid; 194 Mijares, Malena; 327 Miranda Cancela, Elina; 33 Moctezuma; 111 Moliere, Jean Baptiste Poquelin; 33 Morales de Font, Hannia; 195 Morales Faedo, Mayuli; 311 Morino, Angelo; 52, 54-56 Morria Rodrguez, Oscar; 209 Mller-Bergh, Klaus; 328, 356, 514-515 Muz de Quevedo, Mara; 100 Naranjo, Reinaldo; 112 Navarro, Miguel; 542 Negri, Pola; 534 Neruda, Pablo; 129, 466 Nguyn Trung De; 68, 448 Nieves Rivera, Dolores; 312 Nova Atahualpa, Arci; 3, 14-15 Nova Liguria, Arci; 3, 14-15 Olivera, Miguel; 391 Ons, Harriet de; 50 Ora, Pedro de; 516 Oramas, Ada; 118, 123, 413, 440, 517 Orbn, Julin; 539 Ordaz, Guadalupe; 467 Orden Libertador; 439 Orozco Sierra, Guillermo; 181, 296, 339 Ortega, Julio; 259 Ortega Carmona, Alfonso; 485 Ortega y Gasset, Jos; 381 Ortiz, Fernando; 146, 462, 467 Ortiz, Mara Salvadora; 297-298 Ospina Zapata, Gustavo; 518 Ospovat, Lev; 66, 313, 384, 392 Otero, Lisandro; 222 Pacheco, Gilda; 329 Padura Fuentes, Leonardo; 178, 196-197, 223, 357-358, 393, 417-418, 473, 479, 499, 519-520 Pageaux, Daniel-Henri; 419 Palmero Gonzlez, Elena; 233, 523 Papastamatiu, Basilia; 116, 441 Parisot, Fabrice; 522 Pavn, Luis; 198 Pelez, Rosa Elvira; 116 Pelegrn, Benito; 281 Pea, Mara Eugenia de la; 260, 299 Pea Bravet, Mara E. de la; 330 Pereliguin, Nikolai; 363 Prez Alencart, Alfredo; 485 Prez Firmat, Gustavo; 214 Prez Olivares, Jos; 8, 63

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194Prez Sarduy, Pedro; 116 Prez Villacampa, Gilberto; 310 Phaf, Ineke; 261 Picn Salas, Mariano; 199 Piglia; 165 Pieiro Fernndez, Ahmed; 314 Piera, Virgilio; 468 Platschek, Hans; 34 Plesch, Svent; 466 Pogolotti, Graziella; 173, 326, 394, 469, 523 Pogolotti, Marcelo; 142, 469 Pollo, Roxana; 262-263, 442 Pontes, Mario; 63 Porcile, Franois; 444-445 Porra Turanzas, Jos; 381 Portuondo, Jos Antonio; 396 Posseltov-Ledererov, Hana; 39 Potelet, Jeanine; 179, 421 Premio Especial Alejo Carpentier ; 428 Premio Manuel Cofio ; 205 Premio Miguel de Cervantes y Saavedra ; 432, 482 Premio Nacional Letra y Solfa ; 264 Premio Razn de Ser ; 426, 428 Prieto, Abel E.; 455 Prometeo; 228 Proust, Marcel; 128 Puccini, Daro; 224 Puisset, Georges; 524 Pushkin, Alexander Sergueievich; 459 Quevedo y Villegas, Francisco de, 92 Quiroga, Horacio; 165 Rabelais, Franois; 96 Rabiv de Lrtora, Patricia; 477 Ravel, Mauricio; 84 Rej, Patricia; 10 Redonet Cook, Salvador; 76, 200, 221, 308, 395-396 Resik Aguirre, Magda; 201 Respall Fina, Raimundo; 5, 11, 19, 27, 315, 346, 478, 525 Restrepo Toro, Hernando; 331 Revuelta, Raquel; 277 Rey Alfonso, Francisco; 526 Rib, Enriqueta; 300 Ribemont Dessaignes, Georges; 40 Riccio, Alessandra; 470 Riquer, Martin de; 527 Rivas Corrales, Jorge Luis; 264 Rivera, Diego; 126 Roa Bastos, Augusto; 287 Robespierre, Maximilien Marie Isidore de; 248 Rodrguez, Ileana; 332 Rodrguez, Jos Miguel; 430

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195Rodrguez, Luis Enrique; 209 Rodrguez Coronel, Rogelio; 194, 397-398 Rodrguez Cuza, Victoria Amparo; 340 Rodrguez de Armas, Jos Luis; 316 Rodrguez Feo, Jos; 125, 530 Rodrguez Luis, Julio; 71-72 Rodrguez Monegal, Emir; 202, 225 Rodrguez Purtolas, Julio; 1, 30 Rodrguez Sosa, Fernando; 18, 159, 341, 346, 414, 443-444, 471, 482 Rodrguez Surez, Luis E., 385 Rogmann, H.; 421 Rojas, Marta; 282, 445-450, 529-532 Rojas Mix, Miguel; 359 Roldn, Amadeo; 430 Rousseau, Jean Jacques; 248 Roza, Mara Elena de la; 85 Rubim, Albino; 333 Rubinstein, Arturo; 81 Ruiz Baos, Sagrario; 317 Ruiz Lidid, Lisette; 301 Ryan, Helen L.; 302 Sbato, Ernesto; 419 Sabourn Fornaris, Jess; 334 Snchez, Ileana; 379 Snchez, Zilia; 430 Snchez de Fuentes, Eduardo; 467 Snchez Ferrer, Roberto; 166 Sandino, Augusto Csar; 532 Sanjun Nortes, Pedro; 83 Santos, Lidia; 176 Santos Moray, Mercedes; 203, 451-452 Sarabia, Nydia; 360 Seelemann, Arthur H.; 46 Segre, Roberto; 361 Serra Garca, Mariana; 170, 467 Seta, Alejandro; 362 Shaw, Donald L.; 535 Silva, Rosa Mara Da; 283 Silva Cceres, Ral; 226 Simon, Claude; 474 Simposio Cubana y Universalidad en la Obra de Alejo Carpentier (La Habana, 1984) ; 232, 328, 349, 412, 420, 470, 495, 508, 523 Singerman, Berta; 80, 101 Skirius, John; 73 Smorkaloff, Pamela Mara; 51 Sociedad Francesa de Producciones ; 263 Scrates; 253 Sfocles; 119, 484 Sol, Humberto; 249, 262-263, 265 Soler, Marti; 117 Stiehl, Hermann; 36 Stravinsky, Igor; 86, 463

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196Sturrock, John; 49 Suardaz, Luis; 335, 534 Surez Len, Carmen; 8 Surez y Romero, Anselmo; 447 Suzzarini Balva, Manuel; 227 Tabares, Sahily; 453 Teja, Ada Mara; 228, 241-242 Timossi, Jorge; 336, 537 Tittler, Jonathan; 161 Torres-Rosado, Santos; 399 Toth, Eva; 337, 492 Ulises; 228 Ungaretti, Jos; 40 Urquiza Gonzlez, Jos; 359 Urra, Luis; 540 Valds-Cruz, Rosa E.; 536 Valentino, Rodolfo; 532 Valverde, Jos Mara; 527 Vallejo, Csar; 112 Varse, Edgar; 40, 104 Vargas, Germn; 343 Vargas Bosch, Alberto; 229 Vargas Jimnez, Roberto; 303 Vsquez, Carmen; 204, 243, 342, 420, 447, 537 Vsquez Zawadski, Carlos; 205 Vzquez Prez, Marlene; 472 Velayos Zurdo, Oscar; 400 Velazco, Salvador; 206 Verna, Linda; 56 Vients, Nilita; 401 Vilas, Xose Neira; 62 Vitier, Cintio; 66, 284, 538 Vizoso, Xose; 62 Voltaire, Francisco Mara Arouet; 91 Wehr, Elke; 37 Wentzlaff-Eggbert, Harold; 179, 421 Wilde, Oscar; 88 Wojciechowska, Kalina; 57-58 Yazbek, Mustafa; 61, 164 Yedra, Velia; 539 Young, Richard A.; 477 Zavala, Iris; 401 Zimmermann, Marie-Claire; 522, 537 Zuffoli, Eugenia; 82 Zuluaga, Conrado; 74

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