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Revista de la Biblioteca Nacional

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Material Information

Title:
Revista de la Biblioteca Nacional
Physical Description:
Serial
Creator:
Biblioteca Nacional (Havana, Cuba)
Biblioteca Nacional José Martí
Publisher:
La Biblioteca ( Habana, Cuba )
Publication Date:

Subjects

Genre:
serial   ( sobekcm )

Record Information

Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 2459262
System ID:
AA00019219:00084


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U










Revista


de la Biblioteca Nacional


IttJos e


Marti"








Revista

de la Biblioteca Nacional "Jose Marti


Anio 59


3ra. epoca-vol. X


Cada autor se responsabiliza
con sus opinions


Nfimero 3
Septieiribre-Diciembre 1968
La Habana ,Cuba.


TABLA DE CONTENIDO


Fidel Castro Ruz
Cien anios de lucha
Cintio Vitier
Marti como critico
Cisar Garcia del Pino
Un documento inedito de la guerra de los Die
Occidente: El testimonio de Gonzalo Castillo
Luis F. Le Roy y Gdivez
Las heridas de Maceco en la Guerra de 1868
Leopoldo Horrego Estuch
Prim y el 68 ..........................
Zoi/a Lapique Becalf
La msica en las revistas cubanas del siglo xrx,
Jose' Lpez Sdnchez
Panorama de la ciencia en Cuba al comienzo de
de los Diez Afios. .....................
Juan Pirez de ta Riva
Miguel Aldama: Tres Cartas y una respuesta ...


. i


z


Afios en


1822-1868

la Guerra
-1 . 4 + .


CR6N ICA
Salvador Bueno
En la muerte de Ram6n Men6ndez Pidal ..........
Juan Prez de la Riva
Treinta afios con la poesia: Homenaje a Cintio Vitier
INDICE DE ILUSTRACIONES ......... ..... .


Pko.

5

19


39

63

69

89


105

139


159

162
171













DIz=R R: JuAN imzz Dz LA RxvA



CONSE; 0 DE REDACQ6N:

Luisa Campuzano, Eho Diego, Fina Garcia Marruz, Jorge Ibarra,
Manuel Moreno Fraginals, Graziella Pogolotti, Cintio Vitier, Juana
Zurbarln.



Secretaria de la Redacci6n: Siomara Sinchez.






Canje: Biblioteca Nacional "Jos6 Marti" Pla de la
Revoluci6n. La Habana, Cuba.



Pri.era Epoca: 1909-1912
Segunda Epoca: 1949-1958
Tercera Epoca: 1959-..











Cien a os de lucha








Fidel Castro Ruz


FRAGMENTO

del discurso pronunciado pot el Comandante Fidel Castro,
Primer Secretario dl Partido v Primer Ministro del Go-
bierno Revolucionario en el restmen dc la velada conme-
morativa de los cien afios de luclha."

.... Qu significa para nucstro pueblo el 10 de octuhre de 1968?
, Que significa para los revolucionarios de nuestra Patria esta gloriosa
fecha? Significa sencillamente el comienzo de cien afios de lucha, el
comienzo de la Revoluci6n en Cuba, porquc en Cuba s6lo ha habido
una Revoluci6n: la que cone=76 Carlos Manuel de O6spedes el 10 de
octubre de 1868 y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes.
No hay, desde luego, ]a menor duda de que Cespedes simboliz6 el
espiritu de los cubanos de aquella epoca, simboliz6 la digniclad y la
rebeldia de un pueblo -heterogeneo todavia-- que comenzaba a nacer
en la historia.
Fue Cspedes, sin discusi6n, entre los conspiradors de 1868, el mas
decidido a levantarse en armas. Se han elaborado algunas interpreta-
ciones de su actitud, cuando en la realidad su conducta tuvo una exclu-
siva rnotivaci6n. En todas las reuniones de los conspiradores GUspedes
siempre se habia manifestado cl mas decidido. En la reunion efectuada
el 3 de agosto de 1868, en los mites dc Tunas y Camaguiey, G6spcdcs








propuso eI levantamiento inmediato. En renniones ulteriores con los
revolucionarios de la provincia de Oriente, en los primeros dias de
octubre, insisti6 en !a necesidad de asar inmediatamente a la acci6n.
Hasta que por fin el 5 de octubre de 1868, en una reunion en el ingenio
-si ral no recuerdo- "Rosario", los mas decididos revolucionarios se
reunieron y acordaron el aizamiento para d' 14 de octubre.
Es conocido hist6ricamente que Cspedes conoci6 en este lugar de
un telegrama cursado el 8 de ese mismo mes por el Gobernador General
de Cuba dando instrucciones a las autoridades de la provincia de arres-
tar a Carlos Manuel de Cespedes. Y Carlos Manuel de Cespedes no les
dio tiemp a las autoridades, no les perriti6 a aqudllas tomar la inicia-
tiva, e inmediatamente, adelantando Ia feclia, curS )as instructions
correspondientes y el 10 de octubre, en este mismo sitio, procIam6 ]a
independencia de Cuba.
Es que la historia de muchos movimientos revolucionarios termino,
en su inmensa mayoria, en la prisi6n o en el cadalso.
Es incuestionable que Cespedes tuvo la clara idea de que aquel
alzamiento no podia esperar demasiado ni podia arriesgarse a recorder
el largo tra.mite de una organizaci6n perfect, de un ej6recito armado.
de grandes cantidades de armas, para iniciar Ia lucha, porque en ]as
condiciones de nuestro pals en aquellos instantes resultaba sumamente
dificil. Y Cespedes tuvo ]a decision.
De ahi que Marti dijera que "de Cespcdes el impetus y de Agramonte
la virtud", aunque hubo tambic$n mucho de Impetu en Agramonte y
mucho de virtud en C6spedes. Y el propio Marti express en una ocasi6n,
explicando la actitud de Cespedes, sus discrepancias sobre el aplaza-
miento del movimiento con otros revolucionarios, diciendo que "aplazar
era darles tal vez la oportunidad a las autoridades coloniales vigilantes
para echarseles encima".
Y los hechos hist6ricos demostraron que aquella decision era nece-
saria, que aquella resoluci6n iba a prender precisamente la chispa de
una heroica guerra que dur6 diez afios; una guerra que se inici6 sin
recursos de ninguna clase por un pueblo practicamente desarnado, que
desde entonces adopt ]a c!asica estrategia y el clisico meitodo para
abastecerse de aras, que era arrebatAndoselas al enemigo. [ ...
Nuestra Revoluci6n, con su estilo, con sus caracteristicas esenciales,
tiene races muy profundas en la historia de nuestra Patria. [...]







Quizas para muchos Ia naci6n o ]a patria ha sido algo asi Como
un fen6mero natural, quizas para muchos Ia naci6n cubana y Ia con-
eiencia de nacionalidad existieron sivmpre, quizas muchos pocas veces
se han detenido a pensar c6mo fue precisamente que s c gest6 Ia naci6n
cubana y c6mo se gest6 nuestra conciwncia de pueblo y c6mo se gest6
nuestra conciencia revolucionaria.
Hace 100 afios no existia esa conciencia., hace 1O) afios no exisia
i nacionalidad cubana, hace 100 afios no existia in pneblo con pleno
sentido de un interns comihn y de un destino conuin. Nuestro pueblo hace
100 afios era una masa abigarrada, constituida, en primer t6rmino, por
los ciudanos de Ia potencia colonial (ie nos dominaba; una masa enorme
tambien de ciudadanos nacidos en este pails, algunos descendientes direc-
tos de los espanioles, otros descendicrites mi5s rernotos, de los cuales algu-
nos se inclinaban a favor del poder colonial y otros eran al!rgicos a
aquel powder; una masa considerable de esclavos, traidos de manera cri-
minal a nuestra tierra para explotarlos despiadadamente cuando ya los
explotadores habian aniquilado virtualmente ia primitiva poblaci6n
aborigen de nuestro pals.
Y desde luego, los duefios de las riquezas eran, en primer lugar, los
espafioles; los duefios de los negocio y los ducfios de las tierras. Pero
tambin habia descendientes de los cspafioles, liamados criollos. que
posean centrales azticarcros y quc poscian grandvs plantaciones. Y por
s1upuesto que en un pais en aquellas condiciones (,n que ]a ignorancia
era enormc, el acceso a los libros, cl acceso a ia cultura to tenian un
nurmero exiguo y reducido de criollos Procedentes, precisamente, de esas
familias acaudaladas.
En aquelas primeras d6cadas del siglo pasado, cuando ya el resto
de la America Latina se habia independizado de la colonia espafiola,
permanecia asentado sobre bases Slidas elI poder de Espan"a en nuestra
Patria, a )a que Ilarnaban la fltima joya y la mals preciada joya de la
Corona espafiola.
Fue ciertamente escasa la influencia que tuvo en nuestra tierra Ia
ernancipaci6n de America Latina.
So sabe que en Ia mente de los libertadores de Ameirica Latina se
alberg6 tambi6n Ia idea de enviar a Cuba un cjercito a liberarnos.
Pero ciertamente aqui todavia no habia una naci6n que liberar sen-
cillamente porque no habia naci6n, no habia tin pueblo que liberar







porque no existia pueblo con la conciencia de la necesidad de esa
libertad. [., .j
Por aquellos tiempos se discutia fundamentalmente el problema de
la esciavitud. Y los terratenientes, los ricos, la oligarquia que dominaba
en nuestro pals, bien espafiola o bien cubana, estaba poseda de un
enorme temor a la abolici6n de la esclavitud; es decir, que sus intereses
como propietarios, sus intereses cono clase, y pensando exclusivamente
en funci6n de esos intereses, la conducia a pensar en la soiuci6n de la
anexi6n a los Estados Unidos deNorteamerica.
Asi surgi6 una de las primeras corrientes politicas, que se dio en
Ilamar la corriente anexionista. Y esa corriente tenia un fundamento
de caricter econ6mico: era el pensamiento de una clase, que conside-
iaba ef aseguramiento de esa instituci6n oprobiosa de ia esclavitud
por la via de anexionarse a Estados Unidos, donde tin grupo numeroso
de Estados mantenia la misma institucin. Y como ya se suscitaban
)as contradicciones entre los Estados del Sur y del Norte por el problema
de Ia esclavitud, los politicos esclavistas del Sur de Estados Unidos
alentaron tambien la idea de la anexi6n a Cuba, con el prop6sito de
contar con un Estado mas que ayudase a garantizar su mayoria en el
seno de los Estados Unidos, su mayonra parlamentaria.
Esa es la ralz de aquella expedici6n a mediados de siglo, dirigida
por Narciso pez. [ .
En determinados mornentos las corrientes anexi6nistas fueron per-
diendo fuerza, y surgieron entonces otras corientes frente a la political
espaniola en nuestra Patria, que se dio en Ilamar el reformismo, que
propugnaba no [a lucha por la independencia de Cuba, sino por deter-
minadas reforms dentro de ]a Colonia espaniola.
Todavia realnente no habla surgido en la realidad una corriente
independentista, una corriente verdaderamente independentista. Los
engafios y las burlas reiteradas del regimen colonial espaniol Ilevaron
al Ainimo y a ]a conciencia de un reducido grupo de cubanos, de
criollos pertenecientes por cierto a sectores acomodados, poseedores
de riquezas, poseedores a la vez de cultura, de amplia informaci6n
acerca de los procesos que tenian lugar en el mundo, a que concibieran
por primera vez la idea de ]a obtenci6n de sus derechos por la via
revolucionaria, por la via de las armas, en lucha abierta contra el poder
colonial. [...]






Y entre los sectores que ostentaban la riqueza de origen criollo,
habia un factor que los dividia profundamente. Los espaiiolks !6gica-
mente estaban contra ]as reformas y am imas, contra ]a independencia,
Pero muchos criollos ricos estaban ambi6n contra ]a idea de la idte-
pendencia, puesto que los separaba de Ias ideas mr'Is radicales el
problema de Ia esclavitud. Por Io que puede decirse que ei problema
de la esciavitud fue una cuesti6n fundamental qlue dividia profunda-
mente a los elemnentos mais radicales, mas progresistas, de los criollos
ricos. de aqueilos elementos que, calificandose t unbicn de criollos
--todavia no se hablaba propiamente de cobans- ....sc preocupaban
por encima de todo de sus intereses econi6micos. como es 6gico; se
preocupaban por encima de todo por mantener La instituci6n de la
esclavitud. Y de ahi que apoyaran el anexionisnio primero, e0 refor-
mismo luego, y cualquier cosa menos la idea de ia independencia y Ia
idea de la conqui.ta de los derechos por ]a via de ia lucha armada.
Y hoy tal vez pueda parecer fricil aquella decision, pero aquella
decision de abolir la esciavitud constituia la medida mis revolucionaria,
la medida mas radicalmente revolucionaria que se podia toniar en el
seno de una sociedad que era generainmentec esclavista.
Por eso 1o que engrandece a Cespedes es io soln la decision adop-
tada, firme y resucIta de levantarse en anrna., sino el acto con que
acompai6 aquelia decisi6n -q--lue fti cel primer acto despues de la
proclamaci6n de la independencia-, qite fuc concederles la libertad
a sus esclavos, a la vez que proclamar su criterio sobre la esciavitud,
su disposici'n a ]a abolicion de la esclavitud en nuestro pais, aunque
si bien condicionando, en los primeros moments, aquellos pronun-
ciamientos a la esperanza de poder captar (A mayor apoyo posible
entire el resto de los terratenientes cubanos.
En Carag "ey los revolucionarios, desde el primer momento pro-
clamaron la abolici6n de la esclavitud, y ya la Constituci6n de GuAi-
maro, el 10 de abril de 1869, consagr6 definitivamente el derecho a ]a
libertad de todos los cubanos, aboliendo definitivamente ]a odiosa y
secular institucion de la esclavitud.
Esto, desde luego, dio lugar --como ocurre siempre en muchos de
estos proceso- a que rnuchos de aquellos criollos ricos, que vacilaban
entre apoyar o no apoyar a la Revoluction, sc abstuvieron de ayudar a la
Revoluci6n, se apartaron de Ia lucha, y de Itecho comenzaron a cooperar








con la colonia. E.- decir, qiie en ]a medida en que la Revoluci6n se
radicaliz6 se qued6 rms aislado-aqul grupo de cubanos, aquet grupo
de criollos qtve, desde hiiego, ya crnpewaron a contar con Jos unicos
capaces de lievar adelante aquelia Revoiuci6n, quec eran los hombres
humildes del pueblo y los csclavos reci6n liberados.
En aquellos primeros momentos del inicto de la lucha revohucio-
naria en Cuba, empezaron a cumplirse indefectiblenentc las leys de
todo proceso revolucionario, empezaron a producise las contradicciones,
y comenz6 el proceso de profundizaci6n y radtcalizaci6n de las ideas
revolucionarias que ha Ilegado hasta nuestros dias.
En aquel tiempo, desde luego, no se discutla el derecho a la propie-
dad de los mcdios de producci6n. Se discuta el derecho a la propiedad
de unos hombres sobre otros. Y al abolir aquel derecho, aquella
Revoluci6n -revoluci6n radical desde el instante en qUe suprime un
privilegio de siglos, dcsde el momento en que suprime aquei suptiesto
derecho consagrado por siglos de existencia. tlew a cabo un acto
profundamente radical en la historia de nuestro pals, v a partir de
ese momento, por primera vez, se empez6 a crear el concepto y la
conciencia de [a nacionalidad, y comrenz6 a utilizarse por primera vez
el calificativo de cubano para comprender a toclos los que levantados
en arrnas luchahan contra la colonia espanfola. [..]
Y empezaron a surgir del seno del pueblo mias humilde, de entre
los combatientes quo venlan del pueblo, do entre los campesinos y de
entre los esclavos liberados, empezaron a sumgir por primera vez del seno
del pueblo, oficiales y dirigentes y a surgir los patriotas mrIs virtuosos.
los combatientes mais destacados, y asil surgieron los hermanos Macco,
para citar el ejetnplo que simboliza a aquellos hombres extraordinarios.
Y al cabo de diez an-os aquelta lucha heroica fue vencida no por
las arnmas espaniolas, sino vencida por uno de los peores enemigos que
tuvo siempre el proceso revolucionario cubano., vencida por las divisiones
de los mismos cubanos, vencida por las discordias, vencida por el regio-
nalismo, vencida por el caudillismo, es decir, ese enernigo -que tambi~n
fue un elemento constante en el proceso revolucionario- dio al traste
con aquella lucha.
Sabido es que, por ejernplo, MAximo G6mez, despues de invadir ]a
provincia de Las Villas y obtencr grandes 6xitos militares, fue pr~cti-
camente expulsado de aquella provincia por eI regionalismo y por el


10







b-alismo. No cs 6sta la oportunidad de analizar el papel de cada hombre
en aquella lucha, interesa analizar ol proceso y dejar constancia de
que ]a discordia, el regionalismo. el localismo y eI caudillismo dieron al
traste con aquet heroico esfuerzo de diez aiios.
Pero tambien es foroso reconocer que no se ]es prlia pedir a
aquellos cubanos -a aquellos prirneros Clihanos quo comenzaron a
fundar nuestra Patria--. el grado de conocirniento y experiencia politica,
F a, +.+
el grado de conciencia politica: ina qItic concdencia --porque eilos
tnfan profunda conciencia patri6tica- el grado de. (esarrollo de las
ideas revolucionarias en la actualidad. porqv' nosotros no podemos
analizar los hechos de aquella epoca a la hiz dc ios conceptos de hoy,
a ]a luz de las ideas de hoy. Porque cosas que boy son absolutamente
claras, verdades incuestionables, no Io eran ni lo podian ser todavia en
aquella poca. Las comunicaciones eran dificiles. los cubanos tenian
que luchar en medio de una gran adversidad, incesantemente perseguidos
y, desde luego, no podia pedirseles que en aquel entonces no se suscitaran
estos problemas -problemas que se volvieron a suscitar en la lucha del
95, problemas que se volvieron a suscitar en la segunda mitad de este
siglo a lo largo del proceso revolucionario.
Pero cuando debilitadas las fueuzas cubanas por la discordia arreci6
ci enemientonces tambin empezaron a evidenciarse las
vacilaciones de aquellos clementos que habian ienido menos firmeza
revolucionaria. Y es en esos instantes --,n c instante de la Paz del
Zanj6n, que puso fin a aquella heroica guerra- cuando emerge, con
toda su fuerza y toda su extraordinaria talla, el personaje mas represen-
tativo del pueblo, el personaje mias representative de Cuba en aquella
gterra, venido de las filas mas humildes del pueblo, que fue Antonio
Maceo.
Aquefla d6cada dio hombres extraordinarios, increiblemente merito-
rios, comenzando por Cespedes, continuando pot Agramonte. Maiximo
G6rmez, Calixto Garcia, e infinidad de figuras que serial interminable
entimerar. Y no se trata de medir ni mucho menos los mrnritos de cada
cual --que fueron meritos extraordinarios--, sino simplemente de ex-
plicar, c6mo se fue desarrollando aquel proccso y cornO, en el moniento
en que aquelia lucha de diez afios iba a terminar, surge aquella figura,
surge el espiritu y ]a conciencia revolucionaria radicalizada, simbolizada
en ese instante en la persona dc Antonio Macco, que frente al hecho

11







consumado del Zanj6n -aquel Pacto que mas que un pacto fue real-
mente una rcndici6n (Ic las armas cubanas-- expresa en ]a hist6rica
Protesta de Baraguai su proposito de continuar la lucha, expresa el
espiritu minis s6lido y nais intransigent de nluestro pueblo declarando
que no acepta el Pacto del Zanj6n. Y efectivanente, continkIa la guerra.
Y" a incuso despu6s de haberse I legado a los acm ierdos, Macco libra
una series de combates victoriosos v aplastantes contra las fuera-s espa-
fiolas. Pero en aquci momento Maceo, reducido a su condici6n de jefe
de una part de las itropas de ]a provincia de Oricnte. Macco negro
--cuando todavia smbsistla mucho cl racismo y los prcjuicios- no pudo
contar naturalnente con el apoyo de todo ci 1esto de los combatientes
revolucionarios, porque desgraciadamentc tolavia. entre muchos com-
batiente. y muchos dirigentes de aquellos conibatientes, subsistia el
prejuicio reaccionario e injusto. Por eso, aunque Maceo en aquel mo-
mento salva [a bandera, salva la causa v sittia c espiritu revolucionario
del pueblo nacientu dr Chuba en su nivel mAs alto, no ptdo, pese a su
enorme capacidad y lieroismo. seguir mantenincdo aquella guerra, y
se vio en la nccesidad de hacer un receso en espera de ]as condiciones
que le permitiesen reanidar otra vcz c combate.
Pero la- derrota de las fuelzas revolucionarias en 1878 trajo tabi6n
sus secuclas political. A la sombra de ]a derrota. a Ia sombra del desen-
gano, otra vez de nuevo aquellos sectors, representantes d6cadas atra's
de la corriente anexionista y de ]a corriente reformista, volvieron a la
carga para propugnar una nueva corriente politica. que era la corriente
del autonomismo, para oponerse, naturalmente, a las tesis radicales de
la independencia y a las tesis radicales acerca del metodo y del i'nico
camino para obtener aquelia indcpendencia, que era la lucha armada.
Do mantra quc despuis de ]a Guerra de los Diez Anios, en ei
pensainiento politico. o en la historia dcl pensamniento politico cubano,
surge de nuevo la corriente pacifista, Ia corriente conciliatorita, la co-
rriente quc se opone a las tesis radicales quc habian representado los
cubanos en arrmas. De la misma niancra vuelven a surgir las corrientes
anexionistas en un grado determinado, corrientes incluso en los primeros
tempos de la Guerra de los Diez Afios, cuando todavia muchos cubanos
ingenuamente vefan en la nacion norteamericana el prototipo del pais
libre, del pais democr-itico, y recordaban sus luchas por ]a indepen-
dencia, ia Dectaracion de la Independencia de Washington, la politica









de Lincoln; todavia habia cubanos a principios de la guerra de 1868
que tenian resabios o residuos de aquel!a corriente anexionista, que fue
desapareciendo en ellos a lo largo de la lucha armada.
Se inicia una etapa de casi 20 afios entre 187 v 1895. Esa ctapa
ticne tambicn una importancia muy grande en el desarrollo de )a
conciencia political. del pa's. Las banderas rev olucionarias no fueron
abandonadas, las tesis radicales no fueron olvidadas. Sobre aquella
tradici6n creada por el pueblo de Ciba, sobre aquella conciencia
engendrada en el heroismo y en la lucha de diez anios. comenz6 a brotar
el nievo y aun imis radical y avanzado ptcesamiento revolucioiiario.
Aquella guerra engendr6 nurn iesos lider-s dce extraccio(n popular,
pero taIlbi"i aquella guerra inspire a quien fitc- sin duda el ins genial
y el mais universal de los politicos cijbanos, a Jose Marti.
Marti era muy joven cuando se inici6 Ia Guerra de los Die, Afios.
Padecio carce, padeci6 exilio; su salud era mui deibil. peo, si inteli-
gencia extraordinariamente poderosa. Fite en aquellos aiios de estu-
diante paladin de la causa de ]a independencia, y fue capaz de escribir
aigunos de los mejores documentos de ]a historia politica de nuestro
pais cuando pricticamente no habia cumplido todavia 20 afio.
Derrotadas las arnas cubanas por las causas expresadas, en 1878,
Marti se convirti6 sin duda en el te6rico y en el paladin de las ideas
revolucionarias. Marti recogi6 las banderas de C6spedes, de Agramonte
y de los heroes que cayeron en aquella lucha de 10 aios; y llev6 las
ideas revolucionarias de Cuba en aquel periodo a tt mas alta expresi6on
Marti conocia los factores que dieron at traste con la Guerra de los
Diez Afios, analiz6 profundarmente las causas, y se dedic6 a preparar
]a nueva guerra. Y la estuvo prepaxando durante casi 20 anios, sin
desmayar un solo instante, desarroflando la teoria revolhcionaria, jun-
tando voluntades, agrupando a los combatientes de ]a Guerra de los
Diez A-nos, combatiendo de nuevo ---tambin en el campo de las ideas--
a la corriente autonomista que se oponia a la conimte revolucionaria,
combatiendo tambien las corrientes anexionistas que de nuevo volvian
a resurgir en la palestra politica de Cuba despues de ]a derrota y a la
sombra de la derrota de la Guerra de los Dicz Afios.
Marti predica incesantemente sus ideas; Marti organiza los emi-
grados; Marti organiza practicanente el primer partido revolucionario,


i3







es decir, el primer partido para dirigir una rcvoluci6n, el primer partido
que agrupara a todos los rcvolucionarios. Y con una tenacidad, una
valentia moral y un heroIsmno extraordinarios, sin otros recursos clue su
inteligencia, su convicci6n y su ra6n, se dedic6 a aquella tarea. [.

No teneinos la nienor duda de que Marti ha sido el mis grande
pensadov politico y revolucionario de este continente. No es necesario
hacer comjparaeiones hist6ricms. Pero si analizamos las circunstancias
extraordinariarnente dificiles en que se desenviaelve la acci6n de Marti.:
desde ia emigraci6n luchando sin ningfin recurso contra el poder de la
Colonia despueis de una derrota militar, contra aquellos sectors que
disponian de la prensa y disponlan de los recursos econ6rmicos para
combatir las ideas revolucionarias: si- tenemo-s en cuenta que Marti
desarrollaba esa acci6n para libertar a un pais pequeno doninado por
cientos de miles de soldados arnados jasti los dientes, pais sobre el
cual c cernia no s6lo aquella dominaci6n, sino un peligro mucho
mayor todavia: el peligro de ]a absorci6n por un vecino poderoso,
cuyas garras imperialistas comenzaban a desarrollarse visibltiente; y
que Marti, desde alli, con su pluma, con su palabra, a la vez que
trataba de inspirar a los cubanos y fornar stu conciencia para superar
las discordias y los errores de direcci6n y de inetodo que dieron al traste
con la Guerra de los Diez Ai'os, a la vez que unir en un nuismo pensa-
mnento revolucionario a los enligrados, a la vieja generaci6n que inici6
l- lucha por [a indepedencia y a las inevas generaciones, unir a aquellos
destacadisimos y prestigiosos heroes militares, se enfrentaba en el terreno
de las ideas a las campafias de Espah'a en favor de la Colonia, a las
canipafias de los autonomistas en favor de procedimientos leguleyescos
y electorales y engaihosos que no conducirLan a nuestra Patria a ningin
fin, y se enfrentaba a las nuevas corrientes anexionistas que surg"an de
aquella situaci6nl y se enfrentaba al peligro de la anexi6n, no ya tanto
en virtud de ]a solicitud de aquellos sectores acomodados, que d'adas
atr-is ]a habian solicitado para mantener ]a instituci6n de ia esclavitud,
sino en virtud del desarrollo del poderio econ6mico y politico de aquel
pais, que ya se insinuaba conio la potencia imperialista que es hoy/
Teniendo en cuenta esas extraordinarias circunstancias, esos extraordina-
rios obstculos, bien podemos decir que el Ap6stol de nuestra indepen-
dencia se enfrent6 a dificultades tai grand es y a problems tan dificiles
como no se tuvo quie enfrentar jams ningin dirigente revolucionario
y politico en ]a historia de este continente ..

14









dY que sr puede parecor im-Its a auella lucha die ideas de entonces
que la lucha dc las ideas hoy? Que st. puede parecer m As a aquella
incesante predica martiana por la 2.uerra neccsaria y tii como finico
casino para obtener la libertad, aquella tesis martiana vn favor de la
lucha revolucionaria armada, que las tesis qiw Itivo qItc ,antner en ]a
iltirna etapa deI procesco el movimimnto revolucionari IniwtIta Patria.
enfrentandose tambin a los grupos elcctoralistas, a los politiperos, a los
leguleyos, que yenlan a popon-rkl al pals rimedios (lLh dtirante 50 afios
no hablan sido capaces de solucionar uno soky du stus wiakls, y agitando
e' tmnor a ]a Iucha, cl temor al camino rewolicionari-o \erdadcro, que era
cl camino de la lucha armada rev:olucionaria? t-Y quv se upitede parecer
nIffs a aquella predica incesant d(- Mart' qut la pr dica de los verdade-
ros revolucionarios, que en el Amhito d otros paiws de Amevrica Latina
tienen tambi6n ]a necesidad de defender sus tesis rvolucionarias,
frente a ]as tesis leguleyescas, frente a las tesis reformistas, frente a las
tesis politiqueras?
Y es que a Io largo de estc proceso las misnas luchas se han ido
repitiendo en un periodo ti otro, aunque --desde luego--- no en las mis-
mas circunstancias ni en el mismo nivel.
Marti se enfrenta a aq LcIlas ideas. Y se inicia ]a Guenra de 1895,
guerra igualmente liena de pAginas extraordinariamente heroicas. !lena
de increibles sacrificios, Ilena de grandes proezas militarcs; guerra que,
Como todos sabernos, no cutlmin6 en los objctivos que puwrsCguian nues-
tros antepasados, no culmin6 en el triunfo definitivo de ]a causa, aunque
ninguna de nuestras luchas culmin6 realmente en derrota. porque cada
una de ellas fue un paso de avance, un salto hacia cl futuro. Pero es
h, cierto que al final de aquella lucha la Colonia espaiiola, el dorninio
espaniol, es sustituido por el domino de Estados Unidos en nuestro
pais, donmnio politico y militar, a trav6s de [a intervenci6n.
Los cubanos habian luchado treinta afios; decenas y decenas de
miles de cubanos habian mucrto en los campos de batalla, cientos
de miles perecieron en aquella contienda, micntras los yanquis perdieron
apenas unos cuantos cientos de soldados en Santiago de Cuba. Y se
apoderaron de Puerto Rico, se apoderaron de Cuba, aunquc con un
"statu quo1 diferente; se apoderaron del archipieilago de Filipinas, a
dicz mi kil6metros de distancia de Estados Unidos, y se apoderaron
de otras posesiones. Algo de Jo que nmIs tenian Marti y Macco. Porque
ya ]a conciencia politica y el pensamiento revolucionario se habian

15








desarrollado tanto, que los dirigentes fundamentals de la guerra de
1895 tenian ideas clarisimas, absolutamente claras, a-erca de los objetivos,
y repudiaban en lo ms profundo de su coraz6n ]a idea del anexionisno;
y no s6lo ya el anexionismo, sino incluso la intervenci6n de Estados
Unidos en esa guerra. [...]
Es posible que la igorancia de la actual generaci6n, o el olvido de
la actual generaci6n, o Ia euforia de los kxitom actuales, puedan ]levar
a la subestimaci6n de lo inucho que nuestro pueblo les debe, de todo
lo que nuestro pueblo les debe a estos luchadores.
Ellos fiteron los que prepararon el camino, elios fueron los que
crearon Jas condiciones y ellos fueron los que tuvieron que apurar los
tragos zns amargos: el trago amargo del Zanj6n, el ce. de la lucha
en 1878; el trago amargs ,imo de lah intervenci6n yanqui, el trago
amarguisirno de Ia conversion de este pais en una factoria yen un
pont6n estrategico ---como teiia Mart-; el trago amarguisimo de ver
a los oportunstas, a los politiqueros, a los enemigos de la Revolucion,
aliados con los inmperialistas, gobernando este pais. Ellos tuvieron que
vtvir aqcuella amargLusiima experiencia de ver c6mo a este pa's 1o gober-
rnaba un embajador yanqui; o c6rmo un funcionario insolente, a bordo de
tin acorazado. se anclaha (n ia bahia de La Habana a dictarle instruccio-
nes a too el iundo: a los ministros, al jefe del ej'rcito, al presidente,
a la Cmara de Representantes. al Senado.
Y lo quei decimos son hechos conocidos, son hechos hist6ricamente
probados. Es decir, no tanto conocidos como probados, porque realmente
las masas dutrante mucho tiempo los ignoraron, durante mucho tiempo
las engan'aron. Y es necesario revolver los archivos, exhumar los docu-
mentos para que nuestro pueblo, nuestra generaci6n de hoy, tenga
una clara idea de c6mo gobernaban los imperialistas, qu6 tipo de
memorAnndums, qu6 tipo de papels y qu tipo de insolencia usa-
ban para gobernar a este pals, al qe se pretendlia liamar pais
"libre", independiente&, y "soberano"; para que nuestro pueblo co.
nozca que clase de libertadores eran esos, los procedimientos burdos y
repugnantes que usaban en sus relaciones con este pals, que nues-
tra generaci6n actual debe conocer. Y si no los conoce, su con-
ciencia revolucionaria no estara suficienternente desarrollada. Si las
races y la historia de este pais no se conocen, la cultura political de
nuestras mass no estara suficientemente desarrollada. Porque no p-


16







driamos siquiera entender el marxismo, no podriarnos siquiera calificarnos
de marxistas si no empezisemos por comprender el propio proceso de
nuestra Revoluci6n, y el proceso del desarrollo de la conciencia y del
pensamiento politico y revolucionario en nuestro pais durante cien anos.
Si no entendemos eso, no sabremos nada de politica. [...]
Sornos hoy la comunidad humana de este continente que ha Ilegado
al grado mas alto de conciencia y de nivel politico: isomos el primer
Estado socialista! Los filtimos ayer, los primeros hoy en el avance
hacia la sociedad comunista del futuro!, )a verdadera sociedad del horn-
bre para el hornbre, del hombre hermano del hombre.
Y ya no s6lo luchamos por erradicar los vicios y las instituciones
que tienen una relaci6n negativa del honbr con los medios de pro-
ducci6n, sino que tratamos de Ilevar la conciencia del hombre a su
grado mis alto. Ya no SOlo la lucha contra las institucliones que
esciavizaban al hombre,sino contra los egoismos que esclavizan todavia
a muchos hombres, contra los individualismos que apartan a algunos
hombres de la fuerza de la colectividad. Es decir, ya no-1s6lo preten-
demos librar al hombre de la tirania que las cosas ejerclian sobre el
hombre, sino de ideas seculares que todavia tiranizan al hombre.
Por eso podemos afirmar que desde el 10 de Octubre de 1868 hasta
hoy, 1968, el camino de nuestro pueblo ha sido un carnino ininterrum-
pido de avance, de grandes saltos, rpidos avances, nuevas etapas de
avance y nuevas etapas de avance.
Tenemos sobrados motivos para contemplar esta historia con orgullo.
Tenemos sobrados motivos para comprender esa historia con profunda
satisfacci6n. Nuestra historia cumple cen afios. No la historia de la
Colonia, que dene mhs; i ]a historia de la naci6n cubana, la historia
de la Patria cubana, la historia del pueblo cubano, de su pensarmiento
politico, de su conciencia revolucionaria!
Largo es el trecho que hemos avanxado en estos cien aios y larga
tambi6n la voluntad y la decisi6n de seguir adelante ininterrunpida-
mente. [nconmovible el prop6sito de seguir construyendo esa historia
hermosa, con mas confianza que nunca, con mas trabajo que nunca,
con mas tareas por delante que nunca: enfrentAndonos a] imperialismo
yanqui, defendiendo ]a Revoluci6n en el campo quc sea necesario;
enfrentandonos al subdesarrollo para Ilevar adelante todas las posibili-


17








dades de nuestra naturaleza, para desplegar plenamente todas las ener-
gias de nuestro pueblo, todas las posibilidades de su intcligencia.
Y e'sas serin las tareas: defender Ia Revoluci6n frente al imperia-
lismo, profundizar nuestras conciencias en la marcha hacia el futuro,
fortalecer nuestro pensamiento revolucionario en el estudio de nuestra
historia, ir hacia las races de ese pensamiento revolucionario, y Ilevar
adelante la batalla contra el subdesarrollo. [...]
Por eso hoy nosotros, los revolucionarios de esta generaci6n, nuestro
pueblo revolucionario puede sentir esa Intima y profunda satisfacci6n
de estarles rindiendo a Cespedes, a los luchadores por nuestra indepen-
dencia, el U nico tributo, el mas honesto, el mas sincero, el ans profundo:
*iel tributo de un pueblo quc recogi6 los frutos de sus sacrificios, y al
cabo de cien aiios les rinde este tributo de un pueblo unido, de un
poder del pueblo, de un pueblo consciente, y de una Revoluci6n victor.
riosa dispuesta a seguir indoblegablemente, firmemente e invencibleniente
la marcha hacia adelante!
Gritemos hoy con legitimo derecho:
Que viva Cuba Libre!
i Que viva el 10 de Octubre!
Que viva la RevoluCI6n victoriosa!
Que vivan los Cien Anios de Lucha!

iPatria o Muerte!
Venceremos!


18












Marti como critico*








Cintio Vitier


Hemos visto a nuestra critica, disputada a lo largo del siglo'por las
corrientes roinnticas y positivistas, moverse entre dilemas sucesivos o.
simultaneos: utilitarismo y esteticismo, sociologisuTo e individualismo,
analisis cientifico e intuici6n personal. A la fuerza "civilizadora" del
arte literario, preconizada por ]a escuela de Del Monte y correspon-
diente a una clase criolla en ascenso econ6mico y politico, posici6n
espontanea de la sacarocracia, sucede con Pifieyro, discipulo de Luz, el
discrimen de lo moral y lo estetico, propio de un mayor desarrollo
espiritual, desligado de intereses paternalistas. La experiencia del 68
plantea el problema national cubano con mucha mayor amplitud y
profundidad, a la vez que deja un sedirnento de amargura, de escep-
ticismo y pesimismo en los espiritus mejor dotados: Varona y Sanguily,
avocados sin embargo a ]a acci6n intelectual y political bajo la divisa
que el primero de ellos escoge para su generaci6n: Spe labor lers, "la
esperanza facility el trabajo" (en su articulo La nueva era, 28 de febrero
de 1879). No se trata ya de salvar a un patriciado dirigente, sino de
salvar a la sociedad cubana integra. La sociologia, cultivada profesio-
nalbiente por Varona, se torna un imperativo generacional, muy en
consonancia, en el aspecto critico, con las teorlias de Ia escuela de Taime.
Del ambito espafiol pasamos al francs y un poco al inges, conjugandose
nuestro proceso con el europeo, si bien como rezago afin irreductible

Secci6n del Pr6logo al segundo tomo de La critica literaria y estdtica en el
siglo XIX cubano, de pr6xima publicacion.

19








de la tradici6n peninsular queda ]a tendencia a una critica preceptiva
y conservadora en el campo cstilIstico. El cientificismo positivista intenta
apoderarse de nuestra critica, pcro queda tambien el cabo suelto de lo
subjetivo( es decir, de Jo nativo), quc no logra integrarse satisfacto-
riamente dentro de estructuras analiticas y tknicas irnportadas. Las
contradicciones de todo cste dcvenir, culminantes en las dos Uiltimas
decadas del siglo, se resuelven y superan lejos de ]a isla, como por
encantarniento, en la obra de Jose" Marti.
Despreocupado de los dilemnas rnetodol6gicos tanto como de los
sistemas estdticos, el secreto de la obra critica de Martd hay que buscarlo,
sencillamente, en su capacidad y voluntad de "participacion". Hasta
ahora hemos visto a criticos quoc s situ-an frente a la obra, pertrechados
de unos u otros criterios, a partir de los cuales valoran sus logros y
fallas. Matl se situia intuitivamente dentro de la obra, en su centro
cordial, y desde alli descubre las eyes que la rigen. Esta verdadera
cornuni6n estefica le permite comprender las necesidades intrinsecas del
creador, el ser efectivo de la creaci6n y no el presunto deber ser de la
critica normativa, salvo, en todo caso, el deber ser que el impulso creador
lieva en si y que no siempre alcarza a realizar. De este modo en Marti
la penctraci6n se torna com-penetraci6n, lo cual no significa que no
haya en 61 criterios previous, y alin ma's, toda una teoria de la valoraci6n
estetica y de la expresi6n artistica y literaria. Pero estas concepciones
suyas no ic son nunca ohstaculo para ponerse en el lugar del otro;
antes bien, por la profundidad y amplitud de sus principios, le facilitan
una comprension quc no excluye, en segunda instanclia, el libre juego
de los gustos y rechazos, ni la lucidez "teknica", qe suck desdeiiar, ni
el sefialamiento Ultimo de to que, a su juicio, esta. en el camino de la
mayor plenitud artistica y humana.
Los principios rectores de ]a concepci6n estetica martiana est~n
dispersos en sus caudalosos escritos y no es nada f~cil sistematizarlos,
aunque a ellos nos ayuda el excelente Esquema ideol6gico (1961) com-
pilado y glosado por Manuel Pedro Gonzalez e Ivan A. Schulman.
En primer tkrmino, para el, no solo porque 1o diga en mil formas
sino porque asi se desprende de su misma obra de creador, el Arte es
inseparable de la vida, fuente a su vez de toda verdad. Cierto que en
la vida humana se dan la verdad y [a mentira, to bello y lo feo, pero
esto ocurre en cuanto ]a vida se separa de la naturaleza, entendiendo
por naturaleza lo puro, prirrugenio y nativo del ser humano. Jamas

20






crey6 Marti en ]a fealdad ni en el mal sino como deformaciones, nunca
corno esencias. En Ia esencia de lo humano "la hermosura es un derecho
natural", un derecho intrinseco a su naturaleza, y en ella estai Ia verdad,
que el arte expresa mejor quc Ia raz6n. Por eso dice que "Ia vercad
quiere arte", y tarnbien: ",Que es el arte, sino el modo mas corto de
Ilegar al triunfo de Ia verdad?" Porque la verdad de que nos habla
no es categoria l6gica sino Jo especifico y nativo del hombre, el ser
"por si "de s": Ia naturaleza intima. propia, v a ]a vez unitiva de los
hombres. Aquil entra tambin la creencia en un carActer o alma national,
en un ser patrio quo no es aldeanismo sino prenda de autenticidad y
por lo tanto de universalidad. De Ia ierra propia de ]a persona arraigada
a una patria que no excluye sino completa )a patria universal, nace Ia
expresi6n artIstica mas valedera. "El Arte ha de madurar en el Arbol,
como la fruta", reflejando individualmente el car6icter national con
la misma espontancidad con que "se sale el alma a[ rostro". Ese trans-
parente rostro es Ia forma, quo Martl en un Apunte conipara a un
c'liz "donde se alberga el pensamiento hermoso como para los cat6licos
se alberga en el cfliz el cuerpo de Cristo". Si recordarnos que Cristo
para los creyentes es Ia verdad y Ia vida, el simil es perfecto. Ese caliz
de ]a forma, a su vez, posee dos caracteristicas: en cuanto continente
de una sustancia, tiene que consistir en una medida: en cuanto dicha
sustancia es preciosa, es justo que tambifn 41 sea precioso. Lo primrero
se relaciona con Ia insistencia de Marti en "Ia moderaci6n, que es el
genio del arte", --si bien no se trata ya, por suerte, de la moderaci6n
programatica del "buen gusto" neoclasico y preceptivo (estilo Moratin),
sino de la genial mesura que, "como en Goethe, ha de ser constante e
invisible". Moderaci6n, medida y, por lo tanto, armonia, cuya raiz no
estA en la Ret6rica sino en el reino de las Madres, de las "ideas madres",
done se superan las contradicciones, donde todo es "anadlogo". Lo se-
gundo se relaciona con su insistencia en el aspecto pIAstico y musical
del lenguaje: "En todo gran escritor hay un gran pintor, un gran
escultor y un gran mulsico". Su mayor belleza, sin embargo, ]a obtiene
Ia forma de su perfecto ajuste a Ia idea de Ia cual es vehiculo: "El
lenguaje ha de ser matematico, geometrico, escult6rico. La idea ha de
encajar exactamente en ia frase, tan exactamente que no pueda quitarse
nada de la frase sin quitar eso inismo de la idea." Tal identificaci6n
absoluta, orginica, casi dirfamos biol6gica, y por otra parte, sorpren-
dentemente, comfin al mundo de Ia maquina en cuanto creaci6n humana








(segi'n el propio Marti 1o observe en otro Apunte), constituye la clave
de ]a beleza, es decir, de la verdad vital, natural, nativa. Esa verdad
de ]a belleza es historicamente eterna: "Troya estA en ruins, no ]a
Ilada", pero ademis, en cuanto resulta siempre insuficiente para satis-
facer el impulso creador y la esperanza humanos, alude a una vida
futura o trascendente. Ateni6ndonos a 6sta, en ]a uItc hay el deer de
librar ]a batalla por ]a justicia, si bien jerArquicamente "la expresi6n
es la hembra del acto", es decir que debe cederle el paso o servirla
corno a sefior y ser fecundada por 61, tambi6n la belleza creada por el
hornbre es un mnodo de actuar, aliviando y mejorando. La "hemb:ri
del acto" puede tener virtudes maternales e incluso heroicas. Por eso
apunta Marti: "Un objeto bello ine conforta corno un balsamo". Y
tambien: "Un canto hermoso es una buena acci6n".
En cuanto a la critical, cuando a sus veintid6s anios empez a ejercerta
en la Revista Universal de Mexico, ya tenia esbozados su concepci6n y
su carnino. Fueron los dramas de Echegaray la piedra de toque. At
enjuiciar El libro talonario y La esposa del vengador, experiment6 la
pugna entre el enthusiasm por las aspiraciones y posibilidades creadoras
latentes en esos dramas y la lucidez acerca de sus qiliebras y defecto.
Sin omitir ]a gravedad de estos 61timos, prefiri6 conscientemente, no
s6lo Ia mayor lucidez cognoscitiva de aquel entusiasmo participante,
sino )a interpretaci6n de las "caidas" como pruebas de la alteza dI
empefio. El desden en que hoy tenemos la obra de Echegaray nos
empafia la lectura de estos artilculos. Encontramos alli, sin embargo,
definido el principal rnrito de sus dramas: la "potencia de causalidad",
y sefialados los defectos capitales, piadosa y genialmente redimidos It
esta observaci6n que revela ya al critico de otra estirpe, de otro ambito:
"'pero tiene esa confusion de inteligencia que revela entendimiento
grande". No falta el simil romatntico del Aguila que antes de alzarse a Io
alto "desgarra con sus pies ia superficie de ]a tierra", y ello para
pedirnos, en nombre de ese vuelo, que scan "entendidos" e incluso
"apreciados" los defectos de Echegaray. Pero es que no se trata aqui
de buscar los "puntos vulnerables" codiclados por una "critica ligera y
punzante", sino de afirmar los "motivos de indagaci6n y de esperanza"
que desea encontrar "una critica estudiada y bienhechora!f. He aqui
ya dos conceptos germinales: 1) Critica estudiada. En otro articulo
sobre Echegaray dice Marti: "Creo que la critica es el examen, sin
que obligue a la severidad ni a la censura." Mais tarde habr6. de decir:


22e









"Callar es ml modo de censurar". Esto es verdad sobre todo en la
elecci6n de temas; sin embargo, auin en aquellos elogios suyos que
parecen mros dictados por ]a generosidad, hallamos siempre, en adjetivos,
frases o giros incidentales que a primera vista no se advierten, los
reparos que indican una lucidez incesante. En 61, la fusi6n de lucidez y
generosidad es la clave del examen, dei estudio. 2) Cr0itica bienhechora.
Ya aqui tocamos otra dimensi6n, la apost6lica de toda su vida. Hacer
bien con la critica no se limita en 6 a un nicro quchacer literario. Se
trata de despertar, aumentar, encender el bien en el mundo. Tambien
la critica, como la creaci6n, ha de wr una buena acci6n. Tambien ella
debe partir del amor, ya que el amor es para 61, esencialmentc, cono-
cimiento, se ggn lo precisa en un Cuaderno de sus iltimos anios: "Por
el amor se re. Con el amor se ye. El amor es quien ve. Espiritu sin
arnor, no puede ver." Por eso en los Propositos dc .a Revista Venezolana
(1881) escribe: "Amar: he aqull]a critica", apotegma prodigioso. Y en
los apuntes para el discurso sobre Echegaray que pronunclo en el Liceo
de Guanabacoa el 21 de junior de 1879, aparece tin paxrafo que con-
densa todas estas ideas rectoras de su concepto y ejercicio de la critica:

A hacer critica viniera yo y no justicia, si por critica luhiera
de entenderse ese mezquino afan de hallar defector, ese celo
del ajeno bien, ese placer del mal ajeno, h le..spcldes ciertamente
indignos de pechos generosos. Critica es ef ejercicic del criterio.
Destruye los idolos falsos, pero conserva en todo su fulgor a los
dioses verdaderos. Criticar, no es order, ni tonacear, ni clavar
en la Aspera picota, no es consagrarse impliamente a escudrifiar
con miradas avaras en la obra bella los lunares y manchas que
)a afean; es senalar con noble intento el lunar negro, y desva-
necer con mano piadosa la sombra que oscurce la obra bella.
Criticar es am ar: y aunque no lo fuera, no est'. en que iniciemos
epoca favorabi a la agitadora y dura critica: que en las
horas de riesgo y de combate, cuando las penas de la lucha
vienen y tintan el nimo sereno, cuando no sobre firme tierra
sino sobre arena movilisima, fresca a trechos y oscura, descansa
el pie agitado, es ley suprerna, urgenle y salvadora la hermosa
Icy de amar.
Si seguimos como hilo conductor Io que hemos subrayado en este
parrafo, tendremos completa Ia concepci6n mariana de la critica. No
fue, como nada lo fue en 61, una concepci6n te6rica, abstracta, desligada
de las necesidades eicas de la acci6n; pero en verdad, como esas nece-
sidades son siempre en principio las mismas: unir y mejorar a los hombres,


23








tiene vahdez perdurable. Muchbs aflos despues, en pleno v6rtice de
la predica revolucionaria, public Marti en Patria un articulo titulado
Sobre los oficios de laalabanza (3 de abril de 1892), que parece sacado,
con otro fulgor, de las Em presas de Saavedra Fajardo, y en el cual
vuelven madurados los argumentos quo. hemos visto en su apunte juveni
sobre Echegaray. Probablemente se le censuraba a Marti, tanto en el
plano literario como en el politico, el exceso de gencrosidad de sus
juicios. El articulo, insertado sin justificaci6n aparente en el 6rgano del
Partido Revolucionario Cubano, tiene el aire de defender ina posici6n
frente a ataques mas o menos encubiertos. Su defensa muestra dos
planos: uno psicol6gico, otro hist6rico. En el primero afirma con pro-
fundo con-cimiento de la naturaleza humana:

La generosidad congrega a los lhombres, y la aspereza los
aparta. El clogio oportuno fomenta c m6rito; y .!a falta del
clogio oportuno lo desanirna. S(lo cl corazon heroico puede
prescindir de Ia aprobacion huimana; y Ia faita de aprobaci6n
mina cl mismo coraz6n heroico. El velero de- mejor madera..
men cubre mas millas cuando Ileva el viento con las velas
cue cuando lo oleva contra las velas. Fue suave el yugo de
J.esfs, que junt6 a los hombres. Ia adulaci6n es vii, y es
necesaria Ia alabanza.
En el piano bist6rico, ya especificadas como tarea concreta "las
horas de riesgo y de combate" del apunte juvenil, advierte con precision
de guia politico y apost6lico: "Y cuando a tin pueblo se le niegan las
condiciones de car~icter que necesita para [a conquista y el manteni-
miento de Ia libertad, es obra de political y de justicia ]a alabanza pot
donde se revelan, donde m's se las niega, o donde menos se )as sospecha,
sus condiciones de carterr" Estas palabras amparan, no Slo las rei-
teradas ponderaciones que hizo Marti en Patria de los caracteres cubanos
en la emigraci6n, sino tambi~n las crIticas de e sritores cubanos y
latinoamericanos que no siempre estaban a ]a altura de su elogio. Pero
serla puerile atribuir a exigencias politicas la fundamentaci6n ltima
de esa actitud realzadora del m6rito y piadosa para el defecto: la vimos
surgir espontAneamnente a prop6sito de autor tan ajeno a nuestra Am&
rica como Echegaray; la veremos funcionando siempre que sea menester
para el restate de zonas salvables del genin human. De esta political
superior, sin near Ia otra inmediata, se trata sobre todo en Marti:
de la political de salvacion de Io mejor humano, a cuyo servicio han de
ponerso "cl ejercicio del criteria" y Ia fucrza cognoscitiva del amor.


24









El amor no es s6o piedad; es tambin, y sobre todo, participaci6n.
Cuando Marti no tiene que ejercer la primera, queen 61 nunca es
istima o paternalismo sino respeto, simpatla y entusiasmo sincero por
las posibilidades creadoras latentes; cuando tiene que ha.Wrselas con
n creador entero y verdadero, su capacidad de participaci6n se expande
gozosa. La primera vez que asistimos a ese espectculo, auique en la
lorma fragmentaria que corresponde a unos ripidos apnes, sin duda
es en los que durante su segunda deportaci6n a Espalia (1879) dedic6
a algunos lienzos de Goya. En esas pocas p.ginas advcrtimas la pupila
de un critico poderoso capaz d entar efectivamente en el atormentado
mundo goyesco, de escribirlo Como si volviera a pintarln con palabras,
de sintetizar ei misterio de La Maja ("voluptuosidad sin erotismo") y
de Ilegar, despues de vivir artistica y humanamente los horrors pintados,
a este diafano juicio: "Cada aparente error de dibujo y color de Goya,
cada monstruosidad, cada defonme cuerpo, cada extravagante tinta,
cada linea desviada, es una a'spera tremenda critical Esa crifica en el
sentido de censura y satira ("yo no conozco obra mas complete en la
.satira humana"), que parte de la bondad indignada y se vierte en
convulsa creac6n, si la comparte Mar, porque tarmbien ella sufre
'en ansias de salvar al hombre. Si Ia creaci6n, romo en el Quijote, la
"pintura negra" de Goya o Bouvard y Pecuchet. puede ser critica, ino
podr i ser la critica, tambin, creaci6n? La pregunta nos acude ya
leyendo estas lineas de recreaci6n literaria del mindo de Goya, y ten-
dremos que responderla afirmativamente cmando, a partir de 1880,
desde Nueva York, empiece Martl a despiegar sus ones de crftico
genial. Todo lo anterior -los articulos sobre teatro, pocsia, pintura y
mnsica en la Revista Universal, asi como sus discursos en el Liceo de
Guanabacoa, done defendi6 el idealismo artistico frente al realismo-
queda como preludio de su obra critica mayor, cuyo comienzo puede
setxalarse, aunque todavia sin alcanzar su mas alto nivel, en ]a cronica
sobre Pushkin, publicada en ingles en The Sun de Nueva York el 28
de agosto de 1880.
Hemos dicho "cronica". y hay que recordar que ]a obra critica de
Marti, como buena parte de su pensamiento filos6fico, estkico y politico,
debe buscarse en sus trabajos periodisticos de corresponsal de grandes
diaries norteamericanos (The Sun, The Hour) y latinoamericanos (La
Opinion Nacional de Caracas, El Partido Liberal de Mxico, La Nacion
de Buenos Aires). El aire de "cr6nica". e incluso de "reportaje", le

25







quita todo profesionalismo a su c tica literaria y estetica; le da, en
cambio, -. calor de la vida, del suceso palpitante. de Ia experiencia
inmediala, aunque muchas veces image nara, del cronista clue se dirige
a un vasto px'iblico no especializado, al que hay que captar con el
relieve noticioso, la resonancia sentimental o el detalle pintoresco. Todas
cstas exigencias fueron aprovechadas maravillosamente por Mare. Muy
pocas veces pudo, como en su propia Revista Venezolana, escribir de
veras a sus anchas. All foinvuI6 stI teorla de la expresi6n americana
nLcva, phlstica y can-biante.seg n los asuintos, v dio a la estampa su
primer gran retrato critico, el de Cecilio Acosta (15 de julio de 1881 ).
De aquella teoria queremos s6lo recordar un pasaje resumidor: "-...y cs
fucrza que se abra paso esta verdad acerca del estilo: el escritor ha de
pintar, como el pintor. No hay raz6n para que el uno use de diveos
colores y no el otro. Con las zonas se cambia de atm6sfera, y con los
asuntos de lenguaje." Antes habia dicho: "Uno es el lenguaje del ga-
hinete: otro el del agitado parlamento. Una lengua habla la aspera
pole"mica: otra la reposada biografia." Por otra part, en un apunte
sobre "lo quc por fuerza ha de ser la lengua en America" escribe:
"Reflejo de nuestro caracwer autoctono, de niestro clima y abundancia,
de nuestra educaci6n niezclada, de nuestro cosmopolitismo literario, de
nuestros habitos ficros e independientes, de nuestra falta de costum-
bre dc reglas largo tiempo imperantes, de nuestro amor natural, como
reflejo de nuestra naturaieza, a ]a abundancia, tujo y hermosura." Se
refiere tambiein al influjo de Francia, sensible en varios de sus
artIculos de estos aios, como aquel en que habla de Sully-Pi-udhomme
v los parnasianos (La Opinion Nacional, 1882), donde repite su idea
central dele.stilo: "El pensamiento ha dt' encajar en ]a frase como
joya en corona." Y en otro apunte titulado Prosa de pr6ceres sintetiza
su concepcin estilistica def mundo nuevo americano, en que la sen-
cillez natural y la riqueza nativa no se estorban:

El mundo nuevo es terso y sencillo. Cansan el pensamiento
chu rrigueresco, y ]a sintaxis indirecta. La mujcr bella y sana,
aunqie decir sana es decir bella, no anda con menjurjes y
retoques: La frente, lisa. L a boca, sin colorete. La oreja, sin
aretes. Esos abalorios y transposiciones del a frase son como
los pingos que se ponen las pobres solteronas, para conservar
el favor fugitivo de los caballeros, o como los encajes y flores
de trapo con que ie tapan al descote los huesos. Musica, en lo
natural. Arte, en lo simple. Y la frase, 16gica y cerrada, de modo


26







que como quiera que se la ponga quede compieta y gramatical.
Ser acadermico, no da licencia para hablar mal el castellano.
Y para hacerlo hablar real a los otros.
Es evident el ataque a la prosa rancia espafiola; y la comparaci6n
del estilo y la mujer, y las cosas quc de ambos dice, indican plena con-
ciencia de la renovaci6n expresiva qu cesti lievando a caho antes que
Dario y adelant~indose a) segundo modernisno, cl de la madurcz de
Juan Ram6n Jimenez, Miguel de Unamuno y Antonio Machado.
Muchos afios despues, en una de las1 filtimas paimnas criticas que escribi6
(Patria, 31 de octubre de 1893), atribuvndole a Caeal lo que s 6lo
en parte ie correspondia, se refiri6 sin inimo de jefattira y sin nomnbrar
escuela, a ese movimiento de r"novaci" a Ia.* 'E, couo una
fnovacin am-rn Ano. ica eOltiO'un
faiilia en Am ica esta generaci6n literaria, quc! principio por el rebusco
irnitado, y esta ya en la elegancia suelta y concisa, y en la expresi6n
artistica y sincera, breve v tallada, del sentiento personal y del juicio
criollo y director Pero en 41 no hubo esa primera fase del "rebusco
imitado" de lo francis, de lo parnastano y lo simbolista, aunque lo
conoci6 y lo asimil6 antes que nadic y como nadie; y si queremei.;
ejemplo sumo de esa prosa nueva quc clogia en Arnrica, tenemos que
semialar sus cr6nicas o ensayos, a partir de los qute en la Rcvista Vene-
zolana dedica a Miguel Peiia y Cecilio Acosta.
Las paginas sobre este 4ltirno pr6cer ven-zolano s61o son compara-
bles, por la grandeza, con los retratos de Plutarco o las oraciones fHine-
bres de Bossuet. Siempre nos ocurre Io mismo con Marti" empezamos
aceptando que fue un maestro del modernipmo en su mis amplia acep-
ci6n y acabamos comprendiendo que s6lo se ce puede comparar con los
cl'sicos universales de la Antigiuedad o de los siglos de oro. El elogio de
Cecilio Acosta es un texto lapidario, lleno de aut~ntica majestad, com-
penetrado con su asunto hasta ]a identificaci6n estilistica, y todo 61
como grabado en tablas de marmol. Sin duda Mart' 1o engrandece,
pero no lo traiciona; sin duda proecta en 61 sus propios ideales, su
imagen a la vez legendaria y prof6tica del hombrc magno americano,
pero no lo suplanta. Alli esta Ceci]io Acosta recibido en Marti, Como
en brazos de hijo y de padre. Las observaciones critical que figuran en
ese grandioso epitafio, estan dominadas por la corrienie de fijaci6n y
arquetipo que lo impulsa desde la prinera hasta la iltina palabra:
"No escribi6 frase que no fuese sentencia, adjetivo que no fuese resumen,
opinion que no fuese texto. Se gusta como un manjar aquel estilo; y


27







asombra aquella naturalisima manera de dar casa a lo absoluto y forma
visible a lo ideal, y de hacer inocente y amable to grande." En Cecilio
Acost~a hall Marti oportunidad para ]a critica que mias le placia, [a
de total alabanza, e incluso afinidad con su modo natural de ver el mcr-
rito ajeno: "Andaba buscando quien valiese, para decir por todas partes
bien de 61. Para Cecilio Acosta, un bravo era un Cid; un orador, un
Demn6stenes; un buen prelado, un San Ambrosio. Su timidez era igual
a su generosidad...." No por ca tegorico resulta falso el retrato, porque
esta cogido por dentro, desdc el temblor del alma; y no faltan las notas
pintorescas personales que hacen verosimil, y animan, su monumental
sencillez: "Visto de cerca ; era tail hurnilde! sus palabras, que -con
ser tantas, que se rompian unas contra otras, corno aguas de torrent-,
cran menos abundantes que sus ideas, daban a su abla apariencia de
defecto flsico, que le venia de cxceso, y hacia tartamudcz la sobra de
diccion." Entregado a ese viril enanioramniento de la veneracion abso-
luta y del orgullo nobilisimo ante un hornbre equilibrado, sabio y bueno
de nuestra Am6rica, Martil transfigura el anallisis en himno, la sintesis
en c6digo de humanidad, la critica en creaci6n.
El mismo transito se advierte, con las diversas caracteristicas que
exige el tema, cuando anios despues se enfrenta con El poeta Walt
Whitman, en cr6nica publicada en La Nacion de Buenos Aires el 26
de junio de 1887. "S61o los libros sagrados de [a antigiicdad -escribe
alli- ofrecen una doctrina comparable, por su prof6tico lenguaje y
robusta poesia, a la que en grandiosos y sacerdotales apotegmas emite,
a manera de bocanadas de luz, estc poeta viejo, cuyo libro pasmoso esti .
prohibido." Lo que primero to cautiva en 6l, como antes en Victor
Hugo, es la fuerza de irrupci6n natural: "Sti irregularidad aparente,
que en el primer momento desconcierta, result luego ser, salvo breves
instantes de portentoso extravio, aquel orden y composici6n sublimes
con que se dibujan hs curnbres sobre el horizonte." Refiriendose a ]a
lectura que hizo Whitman de su clegia por la muerte de Lincoln, es-
cribe: "Todo lo culto de Nueva York asisti6 en silencio religioso a
aquella plitica resplandeciente, que por sus sfibitos quiebros, tonos
vibrantes, himnica fuga, olimpica familiaridad, parecia a veces como
un cuchicheo de astros. Los criados a leche latina, acadermica o fran-
cesa, no podrian, acaso, entender aquella gracia heroica." Percibimos
enseguida los puntos de contacto de la Po6tica whitmaniana con ]a
Poetica de los Versos libres y Flares del destierro. Lo que a Marti entu-


28









siasma de Whitman es Io americano comrin al norte y at sur, lo salvaje,
franco y virgen de su canto. Intuye lo que mucho despues la estilistica,
por boca de Leo Spitzer, llamarai la "enuineraci6n ca6tica" en el verso
de Whitnan, y lo expresa en el pairrafo recreador del poemTa dedicado
a Lincoln. Asume su tema multitudinario, c6smico y prof6tico de tal
modo, que sentimos la equivalencia de su prosa, como si leer estas pgi-
nas fuese repasar Hqjas de yerba, sin perder el fuego de sus emociones
e im~genes, en dimensi6n conceptual. Porque aqui las im-Agenes tienen
tanbi6n un sentido exegetico, como cuando dice: "En occasions parece
el lenguaje de Whitman el frente colgado de reses de una carniceria;
otras parece un canto de patriarcas, sentados en coro, con ]a suave
tristeza del mundo a la hora en que 0huniio se pierde en las nubes;
suena otras veces como un beso brnsco, como un forzamiento, como el
chasquido del cuero reseco -cue revienta al Sol; pero jainas pierde la
frase su movirniento ritmico de ola." De pronto la observaci6n, des-
provista de imaigenes, alcanza una agudeva inolvidable: "Por repeticio-
nes atrae la melancolia, como los salvajes." 0 bien [a sintesis critica, en
medio del pairiafo tumultuoso de aciertos, resplandece: "Acumular le
parece el mejor mnodo de describir, y su raciocinio no toma jamas las
fornas pedestres del argumento ni las altisonantes de la oratoria, sino
el misterio de la insinuaci6n, e lervoi- de la ceridumrbre y e giro fgneo
de la profecia" Pero no son los aciertos de esta cr6nica lo que ws nos
deslumbra, sino la participaci6n entraniable de que ellos surgen, ese
recibir y asumir y comprometerse hasta los tueitanos con la palabra del
viejo rapsoda que nunca supo qui6n fue su mis amnoroso defensor, ni
quin izo, en su nombre, la ma's vehemente defense de la esencial
utilidad de la poesia:

Quien es el ignorante que mantiene que Ia poesia no es indis-
pensable a los pueblos? Hay gentes de tan corta vista mental,
que creen que toda la fruta se acaba en la cascara. La poesia,
que congrega o disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala
o derriba las almas, que da o quita a los hoinbres ]a fe y el
aliento, es nis necesaria a los pueblos que la industria misma,
pues 6sta les proporciona el modo de subsistir, nientras que
aquela les da el desco y la fuerza de Ia vida.
Otro ejemplo memorable de fa critica literaria en Marti, ya dentro
del Aimbito cubano, es su enjuiciamiento de Heredia en el articulo
(1888) y el discurso (1889) que le dedic6. Sobre Heredia habia caldo,


29







por su carta a Tac6n y venida a Cuba en 1836, la c61noda desaproba-
ci6n de Del Monte y varies de sus amigos; por otra parte, aunque
sienipre se le reconoci6 su eminencia poetica, fue victima tambien.
desde los tiempos de Lista hasta los de Menendez Pelayo, de la tradi-
cional critica espaniola, iinitada por los hispanoarnericanos, basada en
el "huen g tsto" y en el scialamiento de aciertos, defectos e influencias.
La primera rnezquina actitud la supera Marti do un phimazo en su
articulo cuando al referirse a la patria dolorosa e iniposible de Heredia,
exciama: "i Mucho ban de perdonar los que (-n ella pueden vivir a los
que saben morir sin ella!"; y en el discurso, con !a piado a evocaci6n
del poeta "que habla tenido valor para todo, enicos paa morir sin
volver a su inadre y a sus yalmas". Lo fundamental, lo inolvidable, to
que vence a toda flaqueza, es que Heredia fue "el que acaso despert6
en mi alma, coino en la de los cubanos todos, la pasi6n inextinguible
por la libertad". En cuanto al aspecto literario, Martd rompe y supera
tambien toda la trama analItica tradicional, a la que seguir,. atado
Pifiyro refutando afios mas tarde los juicios do Men6ndcez Pelayo. Marti
sencillamente descubre, de tn solo golpe intuitivo, la categoria de lo
heridico, frente a la cual toda !a critica herediana anterior y posterior
necesariaimente palidece. lmp6nesc aquil la cita completa:

Lo que es suyo, lo heredico, es esa tonante condicion de su
espiritu que da conio beldad imperial a cuanto en moments
feliccs toca con sti mano, y difundc por sus mnagnificas estrofas
un poder y splendor sel ecjantes a los de lat obras ms bellas
de la Naturaleza. Esa alma que se consuine, ese movimiento a
]a vez arrcbatado y armonioso, ese leng-taje que centellea como
]a h6vcda celeste, ese pcrlodo qie se desata como tna capa de
batalla y se pliega como un manto real, eso es Io heredico, y el
Iki to desorden, grato en la obra del hombre como en la dei
Univcrso, que no consiste en echar petias abajo o nubes arriba
]a fantasia, ni en simular con artificio poco visible el trastorno
lirico, ni en poner globes de imaigenes sobre hormigas de pen-
saliento, sino en alzarse de sfibito sobre la tierra sin sacar de
ella las races, como C linonte que la encuinbra o el bosque que
Ia interrumpe de iriproviso, a que el aire la oree, la argente
]a luvia y ]a consagre y despedace el rayo. Eso es Io heredico,
y la imagen a la vez esmaltada y de relieve, y aquella frase
imperiosa y fulgurante, y modo de disponer como una batalla
la oda, por donde Heredia tiene un solo semejante en literatura,
que es Bolivar. Olniedo, que cant6 a Bolivar inejor quc Here-


30









dia, no es eli primer poeta amcricano. El primer poeta de
Arn6rica es Heredia. S6oo V1 ha p Lsto en sus versos la subli-
midad, pompa y fuego de su naturaleza. El es volcthico tomo
sus entranas, y sereno coino sus alturs.
La pietora de imagenes y ]a complejidad sint~ictica suelen ocultar
ce pensamiento de Marti. No nos perdamos, en cste pasaje nmagistral,
las especies criticas reahnente iluminadoras. Lo heridico, como expre-
si6n intna y formal de la naturaleza americana, consist, en laf usi6n
de caracteres generalmente contrapuestos: el arrebato y la armonia, lo
volcainico de las entrafias y la serenidad de las cuttbres, el estilo cuya
imagen visible estal dada por el Ixtaccihuati y (! 1PpocatepcLl dcl poenia
antologico dc su adolescencia. Por eso en el disCU1so dice Mari:
"Desde los primeros afi'os habl6 o61 aquel lenguaje exattado y natural,
que es su mayor novedad po"tica." Junto a esa majestad dc la natura-
lcza americana, conio consecuencia tambi6n de ella (pIes Martt crey6
firmemente en la teluricidad del espiritu), disciernc el inipetu boliva-
riano: ese "modo de disponer como una batalla Ia oda". En el discurso
daral un salto intuitivo mayor, auin mis genial, y dira": "Con Safo s6lo
se le puede comparar, porque SOo ella Luvo su desorden y ardor."
Y descendiendo a sus poemas amorosos nienores, wra capaz de encon-
trar este rasgo cubanisimo: "Algo hay de nuestro campesino floreador
en aquel amante desaforado que dobla la rodilla y pone a Los pies de su
amada la canci6n de pufio de oro." Pero es sobre todo la americanidad de
Heredia lo que subraya, valiendose incluso de la peregrinaci6n ameri-
cana de su vida, y blandi .ndola en el discurso de 1889 (anmo de la Con-
ferencia Internacional Americana' como cscu do antimperialista: "que
si un pueblo osa poner la maino sobre otro, no Io ayuden al robo, sin
que te salgas, oh Niagara, de los hordes, los hernanos del pueblo
desamparado!"
Ahora bien, equiere todo esto decir que Mari vio a Heredia ulnica-
mente como slimbolo y poeta intachable, desconociendo sus falias? No
s6lo las conoci6 sino que, por su misma excelencia, no ]as excus Nm-
gun critico al uso podria scfialar mais flaquezas que las enumeradas en
el pairrafo que comienza: "Ni todos sus asuntos fueron felices y propios
de su genio; ni se igual6 con Pindaro cuantas veces se 1o propuso.."
y en el cual, despues de hacer la antologia minima esencial de Heredia,
puntualiza: "Suele ser verboso. Tiene versos rellenos de adjetivos. Cae
en los defectos propios de aquellos dempos en que a] sentimiento se







decia sensibilidad: hay en casi todas sus palginas versos debiles, desinen-
cias cercanas, asonantes seguidos, expresiones descuidadas, acentos mal
dispuestos, diptongos asperos, aliteraciones dura-s", aiadiendo a pairrafo
continue que esos defects "no han de excus6.rsele, a no ser porque
estaban consentidos en su tiempo, y aun se tenian por gala: porque a la
poesia, que es arte, fno vale disculparla con que es patri6tica o Jilos6fica,
sino que ha de resistir como el bronce y vibrar como ia porcelana:
y bien pudo Heredia evitar en su obra entera lo que evit6 en aquellos
pasajes donde despliega con todo su lujo su estrofa amplia, en que no
cuelgan las imigenes como dijes..." En lo subrayado por nosotros esta
el esteta riguroso y siempre liUcido que hay dentro del critico apost61ico
que quiso ser Mardt. Muchas otras ensefianzas encierran este articulo
y este discurso complementarios, como su idea de que hay primero que
"mirar en las races de cada persona poetica" para atreverse despu6s
a hablar de "influencias"; y su conciencia dolorosa de pertenecer,
cono Heredia, a "un pais rudimentario", sin derecho por ello a opinar
en los temas universales a que aspiraba su genio: "A Heredia le sobra-
ron alientos y le falt6 mundo." Pero to decisive de estas piginas es ]a,
captaci6n, por participaci6n de sumos quilates critics, del mundo
propio del poeta cuya voz err6 de cadalso en cadalso "hasta que un dia,
de la tiniebla de la noche, entre cien brazos levantados at cielo, tron6
en Yara". Lo decisivo de estas paginas es el amor como conocimiento.
Ese metodo Uinico sera el mismo que hallaremos en sus criticas de
pintura, arte que conoci6 m'.S a fondo que la misica, aunque 6sta, en
sus juveniles cr6nicas sobre White en Mexico, le arranc6 los mayores
elogios: "El color tiene limites: la palabra, labios: la musica, cielo. Lo
verdadero es lo que no termina: y la nisica esta perpetuarnente pal-
pitando en el cspacio." "La mn'sica es la mas bella forma de lo bello."
"La musica es el hombre escapado de si mismo... Su conocimiento
de la pintura, sin embargo, desde sus visitas estudiosas a los museos
espafioles, no se movi6 en esos Ambitos especulativos sino que alcanz6
base firme, concreta y variada. Como ya vimos en sus apuntes sobre
Goya, tuvo pupila para lo sensual y To espiritual fundidos en la gran
pintura; conoci6 bien su historia y sus problems expresivos. Por eso
cuando habla de Madrazo o de Fortuny o de Detaille o de El desnudo
en el sal6n o de Los acuarelistas franceses, to hace con informaci6n y
autoridad. Dos cronicas suyas son famosas: El Cristo de Munkacsy
(1887) y La exhibicin de pinturas del ruso Verescha gin (1889). En


32







las dos parts de una captaci6n intuitiva central: cl Jesis de Munkacsy
es "cel Cristo humano, rational y fiero" que representa "el poder de ia
idea pura"; la obra de Vereschagin se cxplica por el caos primigenio
del alma rusa, de IA quc en el segundo p.Arrafo de esta cronica hace
urna descrip-ci6n inolvidable, y por el r'girncn de oprobio en que vivia
aquel "pueblo espantado y deforme", que le hace exclamar, en re1mpago
iluminador de sus jerarquias decisivag: "i La justicia primero y el arte
despu S!" Mis importante, por serlo tambi6n su tema, nos parece
el articulo dedicado a la Nuez'a exhibicion de los pintores impre-
sionistas, publicado en La Naci6n el 17 de agosto de 1886. La
Juz, tan imperiosa como ia minsica en la propia obra de Marti, es
ahora el protagonista: "Ellos ]a asen por las alas inmpalpables, ]a arrin-
conan brutalmente, la aprietan entre sus brazos ... "; y dentro de ]a luz,
los colores: "rios de verde, Ilanos de rojo, cerros de amarillo". No
campean tambiin los colores impresionistas en ]a prosa y el verso de
Marti? Despu~s de la primera inpresion sensual, que espontaneamente
nos recuerda lineas de las lluminaciones de Rimbaud ("hay mares
cremas; hay hombres morados; hay una familia verde") ; despues de la
admiraci6n y la ternura que en e1 despiertan esos fraternos obreros de
Ia luz y del color, pasa a precisar su filiaci6n v su linaje:

Los pintores impresionistas vierjen, quicn no lo sabe?, de los
pintores naturalistas: -de Courbt, bravo espiritu que ni en
arte ni en poiftica entendi6 de mais autoridad que ]a directa
de la Naturaleza; de Manet, que no quiso saber de. mujeres de
porcelana ni de hombres barnizados; de Corot, que puso en
pintura, con vibraciones y misterios de lira, Ias voces veladas
que pueblan el aire.
De Velizquez y Goya vienen t6dos, -esos dos espafioles gigan-
tescos: Ve!azque7 creo de nuevo los hombres olvidados; Goya,
que dibujaba cuando ninio con toda la dulcedumbre de Rafael,
baj6 envuelto en una capa oscura a las entrafias del ser hu-
mano y con los colores de elias cont6 el viaje a su vuelta.
Velzquez fue el naturalsta: Goya fue el impresionista: Goya
ha hecho con unas manchas rojas y parduzcas una Casa de
Locos y un Juicio de la Inquisici6n que dan frilos mortales...

Unicamente en las cr6nicas de arte de Charles Baudelairc podria-
mos hallar una semejante autoridad critical de raiz potica. LCjos esta-
mos aqui de los met6dicos pasos inculcados a mas de una gencraci6n

33








por la Filosoflia del Are de Hip6iio Taine, cuya edici6rn de 1872 nos
consta que fue leilda por Marti. Conocia desde luego la orientaci6n
sociol6gica de Ia critica de arte, pero no la practice. Ante Ia pintura
se situaba como poeta, como conocedor y casi didiamos coino catador,
pues tuvo esa especial voluptuosidad de la pintura que fue tambien
caracteristica de Baudelaire (recurdense, por ejemplo, las paginas de
rste sobre Delacroix). Como poeta captaba intuitivament la esencia
y en cierto modo reescribia los lienzos; como conocedor, seiialaba la
genealogia, los paralelos y contrastes, los problems: como catador,
comunicaba la calidad del intenso placer que entraba por sus ojos. No
faltaba nunca tampoco, en la sntesis de su vision, Ia filosofia propia,
intrinseca, de Ia obra. En los impresionistas discierne en seuida su base
epocal agn6stica, su naturalismo c6smico, su adoraci6n del instante
fugitivo de ]a luz: "Quieren pintar como el sol pinta, y caen." Esa
condici6n de "Angeles caidos del arte" los Ileva a simpatizar con "los
Angeles caidos de la existencia", y a pintar "con ternura fraternal, y
con brutal y soberano enojo, la miseria en que viven los humildes".
tQuifn en su epoca vio esta relaci6n dial6ctica entre los gloriosos ven-
cidos de la luz y los miserables vencidos de Ia vida? Todavia hoy suele
hablarse del impresionismo como de un moviniento meramente est6-
tico, es decir, inmanente al arte. Mart" saba que "es, por esencia, tras-
cendental ei espiritu humano" y que "toda rebeli6n de forma arrastra
una rebeli6n de esencia"' p'or eo es capaz de ver que "de esas mozuelas
abrutadas, de esas madres rudas de pescadores, de esas coristas huesu-
das, de esos labriegos gibosos, de esas viejecitas santas, se Jevanta un
espiitu de humanidad ardiente y compasivo". Pero tampoco pretende,
como pretenderia el critics demagogo, reducir todo el arte de los im-
presionistas a una denuncia social. Mucha delicia y ji"bilo del undo
hay tambien alli: "Los Renoir lucen como una copa de borgonia al sol:
son cuadros claros, relampagueantes, ilenos de pensamicnto y desafio."
Muy sensible es Marti al desafio, al atrevimiento, a la fiera insolencia
del creador: a ella responde personalmente, como en dueld en que
vence el que mis ama, el que ms ve. "Hay un Scurat que subleva",
y lo describe para vencerlo. Pero en medio de tanta audacia, tanta
belleza y tanta sensualidad, descubre Marti el eje que siempre salva de
Ia corrupci6n y la miseria: Ia presencia del hombre integro, "Ia figure
potente del remador de Renoir". Termina el articulo con este simbolo
no declarado, tipico de muchos finales martianos, prenda aqui de salud


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y esperanza en un mundo de trabajadores equivalentes al esplendor de
la naturalcza:

Las mozas, abestiladas, contratan favores a un extremo de ]a
mesa improvisada bajo el toldo, o desgranan las uvas moradas
sobre el mantel en quc se apilan, con luces de piedras preciosas,
los restos del alruerzo.
El vigoroso remador, de pie tras elias, oscurecido el rostro vifil
por un ancho sombrero de paja con una cinta azul, levanta
sobre el conjunto su atl6tico torso, alto el pelo, desnudos los
brazos, realzado el cuerpo por una camisilla de franela, a un
sol abrasante.

Volviendo al piano literario, jqu6 decir de aquellas pa-ginas en que,
proyectandose irresistiblemente a trav6s de la obra comentada, asu-
mi~ndola como punto de partida de su propio pensamiento, se le trans,
figura la critica en inspiraci6n y videncia, conio en el Prologo al Poema
del Nidgara de Juan Antonio P6rez Bonalde (1882), o en tratado com-
pleto de su propia Po6tica, como en el ensayo sobre las poesilas de
Francisco Sellhn (1890)? Es el primero un texto visionario, destinado
a revelar el sentido de "los tiempos de reenquiciamniento y remolde"
y en que "el genio va pasando de individual a colectivo", de los tiem-
pos dolorosos como de parto y anunciadores de tin crecimiento espiritual
ecumnico: texto que resume tumultuosarnente el credo hist6rico tras-
cendente de Mart (su fe en "la elaboraci6n del nuevo estado social"
planetario), proyentandolo adema's hacia la trascendencia metafisica
y religiosa a partir de la poesia: "La imperfecci6n de la lengua humana
para expresar cabalmente los juiCios, afectos y designios del hombre, es
una prueba perfecta y absoluta de fa necesidad de una existencia veni-
dera." Por segunda vez el Niaara sirve a un cubano para su mayor
confesi6n y catarsis, porque en estas prof6dticas paiginas Mart no habla
tanto del poema de Bonalde como del torrente mismo, en cuanto simbolo
del "oleaje sa'nultaneo de toxo 1o vivo, que va a parar, empujado por
lo que no se ve, encabritfndose y rcvolvi~ndose, allat en lo que no se
sabe". Y en ei ensayo sobre Francisco Sell6n -a quien parece que
elogia desmesuradamente por lo mucho que Io quiere y lo respeta como
hombre de ]a estirpe del sacrifici, pero a quien no deja de sefialarle
una sola de sus deficiencias o fallas formales- encontrarnos el credo
potico de Marti, incluso el cuadro de sus rechazos literarios, expresa-
dos con singular franqueza y plenitud. Rechaza, en suma, Io insincero


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y vano; acoge y ampara, mayor o menor, lo que es fiei a la vida. Su
idea fundamental ya la conocemos: la identificaci6n viviente del poeta
con su asunto, identificaci6n intimnamente creadora de la fidelidad cam-
biante de ]a forma, es el mayor sello de excelencia artIstica y humana:

Cada cm'i6n tiene sus pies, y cada hora del dia, y un estado
de amor quiere daictilos, y anapestos la cerernonia de las bodas,
y los celos quieren yambos. Un juncal se pintarai con versos
leves, y corno espigados, y ei tronco de un roble con palabras
rugosas, retorcidas y profundaus. En el lenguaje de la emoci6n,
como en la oda griega, ha de oirse la ola que estalla. y la que
le responde y luego el eco. [...] Cada cuadro tleva las voices del
color que le est' bien; porque hay voces tenuei, que son como
el rosado y el gris, y voces esptendorosas y voces hftimedas. Lo
azul quiere unos acentos rfipidos y vibrates, y 1o negr otros
dilatados y oscuros. Con unas vocales se obtiene un tono, que
quedaria con otras falso y sin vigor la idea: porque este arte de
los tonos en Poesia no es nada menos que cl de decir lo que se
quiere, de modo que alcance y perdure, o no decirlo.
Vemos claramente en estas citas el paso de la emoci6n al arte,
de la sinceridad del sentitmento a la fidelidad de la forma. Sinceridad,
en este caso, implica participacion. En cuanto a los recursos expresivos
de ]a sinestesia (correspondencia mutua entre los sonidos, los colores, los
olores, las sensaciones tactiles N los estados animicos), anunciados en
Francia por [a SyTmphonie cn blanc majeur de T6ophile Gautier (1852),
formulados en los sonetos Corre.pondances de Charl" Baudelaire
(1857) y Voyeles de Arthur Rimbaud (1871), expuestos corno teoria
por Rene' Ghil en su "lrait du vwrbe (1886-1888), ya Marti habia
revelado su asimilaci6n en u pasaje de la Secci6n constante que es-
cribia para La Opini6n Nacionai de Caracas (1881): "Entre los colores
y los sonidos hay una gran relaci6n. El cornetin de pist6n produce
sonidos aarillos; la flauta suele tender sonidos azules y anaranjados;
el fagot y el violin dan sonidos de color de castai'a y azul de Prusia,
y el silencio, que es )a ausencia de los sonidos, el color negro. El blanco
lo produce el oboe." Su especial referencia a las vocals en la critica
de Selln nos rectierda desde luego cl soneto de Rimbaud y tambi6n,
en nuestras letras, una curiosa carta ie jos6 Silverio Jorrin a Vidal
Morales, fechada en La Habana, el 10 de octubre de 1889 y publicada
en la Revista Cubana (Tomo X, 1889) on el titulo de Sobre el uso
euf6nico de las vocals. En ella dice Jorrin: "Entiendo que las vocals

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forman desde ]a a la u un a.scala musical descendente... Creo tambien,
que al par de los colores, pueden provocar con sus combinados y mIltiples
matices, todas Ias impresiones gratas o ingratas (1d(l oik y de la vista.
Considero en fin, que no s6lo responden las vocalcs a ]a material
sensaci6n que causan en nLlCstrO 6rgano auditivo, sino que con la di-
veridad de su timnbre, despiertan en el animo, por no se que asociaci6n
misteriosa, emociones variadisimas. Asi, por ejemplo, la a y ]a i, a fuer
de melodiosas y resonantes, imuplican ideas de alegria, majestad y valor;
fa o y la u, pensamientos liugubres u horribles; mientras la e, de suvo
modesta y semivelada, se prodiga en todo lo apacible, dulce y sereno, o
se mezcla conl sus hermanas para rnodificar, suavizindolos, sus prinor-
diales caracteres." A continuaci6n ejemplifica sus observaciones con voca-
blos, frases y fragmentos de Gil Polo y Juan Nicasio Gallego. De este
modo, a sus 73 afios, un hornbrc de la gencraci6n de Milanes viene a
emparentarse con Marti en el descubfirniento de una verdad est6tica tan
vieja como el lenguaje de la poesia, pero que el simbolismo frances y
cl modcrrnismo hispanoamericano pusieron de moda. S6io que en Marti,
como en los otros verdaderos maestros de esos i novimientos, no fue
moda sino conciencia de un recurso que podia profundizar y enriquecer
fa expresion literaria, siempre en 61 al servicio del syrupathos, del reino
de las analogias universales, de la naturaleza humana corno meta'fora del
cosmos.

La n6mina de autores y artistas que pasaron por [a palabra de
Marti, es pasmosa. NingIrn critico cubano se le acerca siquiera en la
cantidad de nombres, obras y temas barajados; y no vale decir que en
muchos casos les dedic6 s6lo una atenci6n ocasional o dc pasada, pues
rara vez toc6 un nombrc sin iluminarln con un juicio original, de los
que pudiera hacerse nutrida y sorprendente colecci6n. En cuanto a la
intensidad y calidad critica, menos admite paralelo. Su clave, ya lo vimos,
no estar en ningt'n metodo, en ningiin sistema. Su secreto de critico,
como todos los otros, esta' en su coraz6n. Cuando Marti nos dice:
"Amar: he aqui la criltica", parece scnalarnos una modificacidn del
camino spinoziano: un cierto "amor intellectual '" dirigido a los hom-
bres, ya que en el creador ve ante todo al honbre, a un cierto tipo
especial de hombre que necesita un cierto tipo especial de arnor,
precisamente el "amor intelectual", que es la esencia del alma, es decir,
tambin spinozianamente, el conocimiento. Y nos recuerda la idea griega
del amor, segin la resume Jose Ferrater Mora: "En ]a concepci6n


37







antigua, el amor es, en filtima iinstancia, lo que conduce a ]a justicia,
esto es, lo que hace que cada una de las cosas sea lo que es dentro de
la jerarquia del universo, Io que da a cada ser lo que le pertenece
en verdad y en instransferible propiedad." (Diccionario de Filosoffa,
1958). Y no podenos desligarlo de la concepci6n cristiana dcl amor
cono eridad entre los pr6jimos y participaci6n fraternal. Ese arnor
que es conocimiento, justicia y paricipaci6n, es el secreto de la critical
martiana: critica que, como su creacion en palabras y en actos, muchas
veces creaci6n ella misma, hizo inspiradamentc para nosotros, para
que ganaramos grados en el ser de la cultura, para que aprcndi6ramos
a similar el mundo y a ser files al genio de nuestra tierra, para que
crecieramos en el culto de la libertad y Ia universidad del espiritu.


38







Un documento inidito sobre

la guerra de los Diez Anos en

Occidente: El testimonio de

Gonzalo Castillo

Presentacio'n y notas

Cisar Garcia del Pino

El author del documento que presentamos a continuaci6n, Gonzalo
Castillo, parece ser un canipesino con alguna ilustraci6n y nos llama
la atenci6n que su lexico no concuerda con su ortografia, esta es la
de una persona casi analfabeta, mientras su vocabulario no es el de
nuestros guajiros.
Poco sabemos de este olvidado mambi, desconoccmos su origen,
lugar de nacimiento, edad, etc., s6lo podemos conjcturar, por su cono-
cimiento del terreno, que procedia de la zona note de la provincia
vueltabajera.
En esta Memoria, Castillo nos relata sus ope raciones durante dos
afios en Vuelta Abajo y la misma queda inconclusa a principios del
aio 1871.
Deducimos que fue por esta epoca que pas6 a los Estados Unidos
-la presencia en New York de su compafiero Antonio Socarras asl lo
confirma- y por otra parte, en la !isa de pasajeros procedentes de La
Habana llegados a New York a bordo del City of Merida, publicada
por un peri6dico cubano', aparece mencionado un G. Castillo que
bien podria ser nuestro personaje.
Posiblemente fue durante su estancia en New York, que redact6
Ia relaci6n que aqui presentamos, probablemente a solicitud de los
agentes revolucionarios en aquella ciudad.


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En febrero de 1872 permanece en New York, donde Francisc,
Vicente Aguilera le confiere cl grado de Capitain de Caballeria, a la
vez que 1o designa segundo al mando de Carlos Garcia, que viene
a Cuba como jefe de operaciones de Vuelta Abajo. 2
Desembarcados en Cuba a principios dE rnarzo, obligan al mando
espafiol a ta.nzar en su persecucion numcrosas y fuertes columnas, piro
a pesar do esto, existe el testimonio de quc en el rues de noviembrc
continuaba "G. Castillo con partidas pr.Guanajay y S. Antonio".2'
Con posterioridad acompano a Carlos Garcia cn todas sus em-
presas, hasta ei 30 de marzo de 1874, en que frcron sorprendidos,
quizes victimas de una dellaci6n, rn Ia Calzada de JesSzs del Monte
No. 100, por veinte Guardias Civiles inandados por el Capitin Fran-
cisco Oliveros, a ]as 6rdenes del Tenientv Gobernador de Santa Mar _
dcl Rosario, Don C~'ndido de Ia Torre. En el encuentro consiguiente
muri6 Castillo, y Garcia pudo abrirse paso, aunque herido.
Es de notar que los espaiiolcs lo nombran en ss despachos de
prensa Gonzalo Gonzlez, aunque dicen haberle ocupado su nombra-
miento dc Capitan dot Ejercito Libertador a nombre de Gonzalo Cas-
tillo; que estc era su nombre lo prueba el que asi lo llame un diario
espaiol al hacer, meses mrns tarde, un recuento de estos sucesos. Perry)
hay algo mas, el Celador dcfl Barrio de Villanueva, notifica SuI defun-
ci6n al P r-co del Pilar, corno el ". .. de una persona que falleci6
sin haber sido 1dentificada" y que hay algo irregular lo evidencia el
enfasis con quo dicho Pfrroco hace co-star, que reclarn6 del Celador
la filiaci6n, qu0 (ste no se la remiti6 s e obligado a asntr la
partida sin mas datos porqnu no los ban sitministrado".
Finalmente, el 31 de marmo era sepultado en el Cementerio de
Col6n con la notaci6n marginal de "Sin nombre". IPor qu6? Sus
razones tendrian las autoridades espaniolas.
La Memoria esta escrita en cuatro pliegos, de 13 por 20.5 cm, que
hacen un total de dieciscris p1ginas nurneradas, y perLenece a la Colec-
ci6n de Manuscritos de Nestor Ponce d Lc6n, existente en la Biblioteca
Nacional "Jose Marti", en ]a que figira con el No. 248.
Finalmente, queremos advertir qua, para hacer mls ficcil Ia lectura
de este documento, nos hemos tornado ]a librrtad de hacerle algunas
enmiendas y correcciones al trarmscribirlo, pero respetando, en Jo possible,
Ia ortografia y puntuac6n originales.

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Memorial de operaceones pr/acticadas por Im- jefes C. Jose/ Maria
Aurrecoechea y C. Maria/no Lonio; principiadas en/febrero dcl 69,
en el partido/ de La Salud adondc nos iTIcororramos con los citados Cn./
Cuando Ilegamos a G(i.ira/ de Mehen haha una gran./wxcitaci6n
y partidas de/ 12 y 14 se levantaron con po/cas arma-s ;inentras tanto/
los Jefes ordenaron al C. pr/;Ictico (arlos Garcia las di/riiviee y
acamparanos al/ mogote de Candelaria que/ alli nos debhi auardar
un/ gran No. de hornbres arm/aclos, (coinpiroiso qcpe con/trajo el C.
Carlos Balifio)./8
Emprendimos la marcha/ desde Giira de Melena a lasi Lomas y
solo doce hombres/ Ilegamos [a] aquel lugar sin cn/contrar ningun
obstteuio en/ el camino, infortunadamente n /adie nos agtardaba
colno/ esperabamos, pues en esos dias/ ya habia preso en Guana/jay
a los cabecillas que contra/jeron el compromise y que te/nian un gran
partido m/oral en aquella jurisdiccion/, corno nada de Io ofrecido/
tuviera efecto por inciden/te citadoi los GC. Aurrecoechca/ y Loiio
ordenaron enarbolar/ la bandera cubana y que/ picstasernos el jura-
mento de [morir todosl* o combatir p/or la patria hasta morir. Hu/bo
entusiastas vivas a Cuba/ independiente y todos Ilenos de fc/ juramos
combatir al enemi/go espafiol hasta morir f ve n/cerlo: ste suceso
ocurri6 co/mo 20 de febrero a las 8 sutna/5ana pero como nada hiciera!
mos en aquel lugar tan cor/to nulmero de patriotas orde/naron los
Gejes bajar pa/ra el lano y recorder las co/imacas que habiarnos
deja/do en rrfobimiento, coino las/ 3 de Ia tarde llegamos al/ potrero
Itabo y se orden6 a]/ duefio nos diese comida y en/ efecto lo verific6,
concluimo/s de comer partimos asil/a las mnga : pero ape/nas hubimos
camino un/ cuarto de legua nos vino el/ aviso que el Cornandante/
Espaiol Adblfo S. Arcillas/ nos perseguia con una/ gran columna
de soldados/ compuesta por 350 hombres:/. 300 infanteria y el rest
Caba/leria de sorpresa se nos pre/sent6 a la vista caballeria/ y el
cornandante (que esperabhaosi por otro lado) / 6stc se apresur6/
hacia nosotros en tanto un p/atriota se hablia caido de su/ caballo y
cuando 1leg6 bien/ cerca pues tuvo tiempo mien/tras se levant6 el
caido, ma/nd6 preparar su tropa pa/ra hacernos fuego, pero una

Tachado en el texto.








del/ patriota Garcia embosc/ada nos grit6 desde atras,/ contuvo su
fuerza el co/mandante creido que era/mos muchos y entonces cs/per6
ia infantetia en No./ de 300 hornbres: pa6 como/ un cuarto de hora
y si/tiO el pequeno monte don/de creia coparnos; pero fue/ en vano,
los patriotas habiamo/s salido en el instante y/ ya estabamos como
una/ legua; Ileg6 Ia noche y/ con ella nos transportamos/ nueve
lkguas, el comandante/te aci6 siu ira de enganio/ para 6I deseado en
pronder/ al ducio y a muchos vecinosi que en nada habian tom/ado
parte; llcgayno. a Iols/Chivos, partido de Las L'I/angas y C. Aurrt-
coechea 10 par/ti6 hacia la Habana con objeto de tomar providen/cia
sobre el asunto. E1 C./ Lofio 1' qued6 con nosotros/ corno quince dias
y habien/dose enfermado nos dijo/ que alli nada podia ha/cer, que
nos quedisemos con/ et C. Carlos Garcia y bp artiria a Ia Habana y de
es/ta a New York y nos lieva/ria armas y un no. de hombres y las
6rdenes necesa/rias del Gobierno para c-ta/blccernos en forna, todos
que/damos contentos porquc nos! ofrcci6 volver [enj breve, pero/como
pasaron cinco meses/ y no tuvimos noticias algu/na, ia poca gente que
tenia/ Garcia se fue dispersando,/ al cumplimiento de este ti/empo
se fonn6 otro nuevo/ alzamiento que practlc6/ Garcia y hermanos
Quifio/nes, Jos6 y Pedro 12 y no. de 18/ a 20 hoinbres, dirmos otra
vez/ el grito de independencia/ y repetirmos el juramento an/tes hecho,
en el potrero La/ Paz, en Guanilmar, a partido/ de Alqulzar, ese dia
tubirnos la desgracia que el/que hadia de Gefe, Pedro/Quifone se
hiriesc el mis/mo una mano y fue/ io bastante para quei la mitad de
los que monie/entos antes eran patriots/ tomasen temor y algunos se/
nos escondicron y notando/ esto Garcia nos di6 la or/den a los C. Anto-
nio Soca/rr6s y Pedro Lc6n y Gonza/Io Castillo que al que bi/rase
para atras Io fusila/semos. Con este temor sigu/ieron hasta la noche
comno/quince hombres diferente/mente armados, se/ mand6 preparar
comi/da y todos rendidos de/ sueiio [y] cstropeo dorniamos/ en medio
de ta montania,/ pero cuando despertamos que/ nos Ilamaron y era
a ia co/mida ya de 15 quedamos/ solo seis, habian fug/ado a presen-
tarse; en el ac/to salimos y traspusimos/a Quiniones despues de cu/rado;
enprendirnos mar/cha para el partido [de] Arte/misa merodeamos
por aque/itas comarcas como cinco/ meses con una gran per/secucion
y los partes del / Gefe de la columna cran/ mnediados aunque falsos,/
todos los dIas estaban en/gran movimiento y en esto/ solo los soldados
moria/n del b6mito y birue/las y sin hacerle un solo/ disuaro tuvo


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]a columna/ m~is dc 40 bajas, en tanto/ que las awt r;Aude esp/afiolas
civiles, judici/ales y boluntarios estab/an en continuo mobi/rniento;
pasaron algi nos/ dias y nos fuiimos aigunos/ de los que acompaiiamos/ a
Garcia y solo qied6 con/ cuatro hombres que fueron/ los C. Antonio
Socarrts,/ Pedro P. Le6n y Jos6 L. Be/nitc. el C. Carlos Garda
que/ nos es un hombre de los co/nocimientos necesarios pude/ con-
quistarlo que se )rc/sentase al Gobierno espa/fiol infundiendole que
nu/estra casa estaba per/!dida y qucie sacase a su/ esposa y familia de
]a! Circel donde se allahan/ 'presas v tin hijo aquien/ no conocia y
ofreciendole/ de Rodas" su palabra de/ Caballero se present; sin/hacer
mal a nadie Nino/ sacando a mr lhos de/ la carcel, pero aciendo/ mal
a su casa a fucr [de] in/norante pues Rodas le di6/ ima comisi6n
para pr!esentar a indulto a todos/ los quec estubieran es/condidos en la
juris/dicci6n de Buelta Abajo/ y entonces present6/ corno/ 20 indibiduos;
dias/ despuis Garcia/ engaii6 al Gral. abi6ndo/lo hecho antes el C.
Soca/rris que fue a monte/ adonde estabamos los/ C. Gonzalo Castillo,
Sirmo/n Padr6n. hetrmano Eligio/ Encinosa v Bello y dicign/dole estos
que no podian/ tener confianza en hom/hre que tuviese docu/mentos
de los espafioles,/ Socarri sts'6 al acto sac6/ su salvoconducto! y le hizo
mil pedasos,/ en todo de nuevo las ar/mas, diciendo que lo ha/ban
engaiado, que como/ era un hombre (lte no/ conocia aquel terreno
tubo/ cque seguir a Garcia/ pero/ que ahora juraba/ moti rcien veces
si era/ necesanio/ y no presentarse mas/ a los espafioles./
Pasaron cinco/ meses, los tropiezos y encu/entros con el enemigo
fuer/on varios 1)ero con la for/tuna de salir po patrte/ nuestra siempre
bien, pic/s nunca tubimos p~rdi/das que lamentar: en estei tiempo
ti-anscurrido fie ima/tado al machete el traidor Francisco Madrazo por
de/nunciante, fue matado/ del mismo modo Antoni/o Cartalla igutal-
mente/ lo fue Vicente Llanes y / algunos otros hechos que recor/damos
ahora. [Sel bolvi6 a fug/ar el C. Carlos Garcia! y reuni6 10 hombres
de/ los mismos qiue antes le/ habiamos acompai-ado y s/alimos a hengar
Ia muerte/ del C. Gral. Luis de la M./ Arredondo'I entregado por
dos/ isleFlos hermanos Diego y/ Sebasti:in Padilla, esto/ fue en bano
pues ya los cita/dos mitregantes, se hablian/ marchado a Canarias. Re/
gresamos a Buelta Abajo/ lugar de donde salimos y/ estuvimos como
ciete mess/ junto con Garcia. la pcrse/cuci6n era grande y Gar/cfa
quiso soltar los caba/llos y estar a pie para/ estar oculto en el partido/
de San Antonio de los Bafios;/ entonces nos disgustainos/ varios con







las 6rdenes del/ que nandaba y ros separ/aro s cinco por tin lado/ a
las 6rdenes del C. G. Castillo/ y Garcla1I con trs. Tom6 entonces ia
direcci6n hacia Las/ Pozas v como era vastantei p'rActico por todos
[iosj luigares desde el Puerto de La/ Mulata asta la Hlaba/na merodi6
a sud y xio/rte unas veces con seis/ y otras asta dost hombresi bicn
armados. Los hecho.s/ durante esc period fue/ron los siguientes, en
Enero del/ setenta v uno tome" el muelle/ de San Luis'"' hice career
que era/ un desembarque y puse en! obimicnto co 809/hombres
persiguiendo a/ unos insurrectos perdi/dos, pero yo y los que me/
acompafiaban estabayios! como [a] diez legtas; Ilcgu6 a/ Guanajay y
supC dc un/ enemigo nuestro que se a/llaba en 'l pkieblo y p1o/nto
partirla a Cabafias,/ lugar adonde antes nosl'labla dcnunciado;/ to
espieranos y en efectoi a nadie puede aserei/ hoy niial, fme matado al/
machete; a los nueve di/as de esta ocurrencia se/ tom6 mucha parte
[sic] un/ bodeguero del Paralzo/ y nos desafi6, fuimos asi/a Cl y lo.
gramos tratarlo/ dando Ile cinco tiros y cie/[dol rido dos boluntarios/
mas, que con el norn/bre. de baliente tenia! en su casa, este se la/maba
Santiago Olea/mes, disputes matarnos/ a tin guarda bolante/ del Gua-
vabal Fransis/co Montollo; 20 dias dis/pus matamos al bo/deguero
que estaba in/mediato a Santiago por4que e tambiuhi dijo que queria/
batirse con los mambises,/ pero esr.- lo pillamos ell/ni elcamiifo dc
Guana/jay y fue matado at/ machete y d~ndole tin tiro/ se llamaba
Manuel Gu/ticrre. Tambi f inue pasa/do por las armas el bolu/ntario
de ]a 2a. compa-ii/a de infanteria de Guana/jay Jose Maria Carrefio...


NOTAS

1) La Revoluci~n, New York, junjo 29 de 1871.

2) AcuILERA ROJAS, ELoA=. Fri)aCiSCO V. Aguilera y ia Rek'ohiciton de Cuba
de 1868, t. I, p. !14, La Habana. 1909.
2-a) Instituto de Historia. Cartas de Carlos M. de Cspedes a u sposa Ana
de Quesada, p. 245, La Habana, 1964.

3) Diario de [a Marina, ma,-zo 31 de 1874, p, 3, col. 4,

4) Diario de la Marina, abril 1' de 1874, p. 3, col. 3.

5) La Voz de Cuba, diciembre 2 de 1874.


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6) Habana. Iglesia Parroqujial de Nuestra Se'iora del Pilar. Libro II de De-
Iunciones, folio 14, No. 45.


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7) HabwAna. Cementerio de Col6n. Libro 9 de A'ntierros de Blancos, folio 261,
No. 2036. Sin howbre.

8) Carlos Balin'o y Piloto, natur.t de Cayajahios, hijo de Gaspar Baliiio y
Petrona Pilow, nacido hacia 1818, inestro de obras o "arquitecto" y vecino de
Guanajay.
Era casado con Dolores L6pez, natural de Guayabal, con la que tuvo tres
hijos, Carlos Benigno ---que tan relevante papel desempe'ara en cl desarrollo del
mGarxismo en Cuba a Gspar y Dorila.

Baliiio disfrutaba de una situaci6n desabogada, que le perrnitio6 educar bien
a sus hijos, y goaba de prestigio y autoridad en I-a jurisdicci6n de Guanajay,
donde ejercia su profesion y poseia dos casas, que se hallaban hipotecadas en 1869,
que le fueron confiscadas por Decreto de octibrC P de 1869, publicado ena
Gaceta del siguiente dia y verificado el embargo el 19 de junior de 1870,
Exp. 1225; es posible que pignorara dichos inmuebles para dedicar el producto
a la compra de material de guLerra, pues se sabe invirti6 sus utilidades, como
contratista, de )a construcci6n de los puentes de la caizada de Guanajay al Mariel
en la cornpra de fusiles, que ocult6 en una cueva de la Cordillera de Guaniguanico.
Segfin confidencia de Baliffo (padre) a Julio Rosas, de punto de reunion para
los compronetidos en el aizamiento, era "El Mogote de Manantiales" (actuales
lomas de Soroa), lo que coincide con lo que afirrna Gonzalo Castillo en su
Memoria-


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El 7 de febrero de 1869 fun arregtado, en uni6n de los demnwis conspiradores
guanajayenses, al efectuar tai autoridades espinolas la gran rcdada que debeI6
el alzamiento general que -e proyectaba en Vuelta Ahajo. I)eportado a Fernando
Poo en el San Francisco de Borja, sali6 de La Habana en una partida de 250
duportados, en medio de los insuttos y umcnazas de los voltintarios, el 21 de mamz
y tras una travesia espantosa, arrib6 a su infernal destino el 28 de mayo.
De Fernando Poo esciparon, en tires grupos, algunos de los deportados con
recursos econ6micos que tuvieron oportunidad para ello: en el fiItin-to de estos
grupos figuraba Balifio.
Con motivo de Ia huida de los grupos anteriores, el :4utrxrnador de la isla
hizo reunir a los restantes confinados, para decirles: "E que sea sorprendido en
el acto de la fuga, scri apaleado."
Balii'o obtuvo --posibleinente de los nativo.--- una espingIard;k y afirin6 a sus
curnpafieros de empresa- "La cargar6 bien al einprender la fuga. Si nos sorpren.
den, disparo a boca de jarro sobre el soldado qfte me qied nA:; cerca. Asi no
me mataran a palos como a un perro y tendri ]a gloria de morir peleando."
Tras cortas estancias en Irlanda, Inglaterra y Franci:, encontramos a Balifio
en New York en diciembre de ese mismo aflo.
Posteriormente vive en los Estados Unidos, ricsidiendo en Nueva Orleans, e
insistiendo con los dirigentes cubanos para que se le elVie en una expedici6n a
Vaelta Abajo.
Muri6, en el exilio, el 24 de octubre de 1874. RosAs, jut.to. Carlos Balinio,
El Congteso Cubano, octubre 30 de 1905; diciembre 30 de 1905; enero 31 de
1906; y febrero 28 de 1906; BALAIASEDA, FRAiNco JAVIrl, Los confiados a
Fernando Poo e impresiones de un viaje a Guinea. La Iabana, A. M. Lamy, 1899;
MACAs, J. M. Relacion nominal de los depotados pfiticos con expresion de
proJesiones, edad, naturalidad y fecha de prision, fuga y faltecimi nto, an'o de
1869. New York, 1882; BiBLIOTEGA NACtONAL "JOSi MARTCI". Documentos de
Carlos Batiio. La Habana, 1964; Datos y Noticias Oficiales Referentes a los Bie-
nes Mandados a Embargar en La Isla de Cuba por Disposici4a del Gobierno
Superior Politico, La Habana, 1870; Baliho: Apuntes hitorieos sobre sus acti-
vidades revolucionarias. La Habana, folleto, 1967.

9) Coinandante Adolfo Stuichez Arcilla, Jefe de la Columna de Operaciones
de Vuelta Abajo. Boletin del Archlvo Nacional, t. X, p. 93, La Hahaaia, 1911.

10) Jose Ma"ia Aurrecoechea e Irigoyen, nacido en Cartas. Venezu~a,
hacia 1842, hijo del Dr. Fernando Aurrecocchea, es uno entree los innulIierables
venezolanos que han venido a Cuba a luchar por ]a libertad, en cumpliriento
de los ideales bolivarianos.
Aurrecoechea que seguin Vidal Morale era priao henxnano de Crist6bal
Acosta- se habia distinguido en Venezuela en has luchas politicas y guerras
civiles, particularmente cuando como capitin del batallon "Convvnci6n", se neg6
a apoyar un cuartelazo y areng6 a sus hombres en defensa de la cunstituci6n.

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Su participaci6n en el levntaniiento de Vuelta Abajo, cstL confirmada por el
peri6dico La Revolucio'n que publica un despacho, de febrero del 69, donde se
afirma quie las operaciones en esa regi6n le han sido encomendadas. Al fracasar
oe emiipeio, embarca para Estados Unidos y vuelve a nuestras playas al mando
dei contigente cubano en la expedicion del Perrit.
Eli julio de 1869, se le confiere el grado de General de Brigada y se le des-
tina a Oriente, coino segundo al mando de Donato Mirino! en ]a Divisi6n de
Cuba, al frente de la cuial qued6, interinamente, en el mes de noviembre.
Sus servicos cn i I)ivisi6lk de CUba fLieron scialados, destacndose los corn-
bates que diriigi6 los dias 2 y 5 de febrero de 1870 y el ataque y toma del ingenio
ArmonA. qie rcaliz6 el 2 de mamo1 al frente de ns fnerzas de los tenientes coro-
neles Pacheco y Antonio Maceo, donde caus6 al enemigo 14 nuertos y capture
dos prisioncros, ocho fusiles, dos machetes,k rn botiquin, viveres y otros efectos.
Tras ocupar el ingenio durante dos horas, se retir6 incendifndolo.
Posteriormente se le confi6 el mando de la Divi.ki6n de Holguin, en sustituci6n
de Grave de Peralta, para que la reorganizase y al frente de la nisma le inflingi6
una aplastante derrota al general Ferrer, caus'ndole varios cientos de bajas.
En diciembre 9 de 1870 es sorprendido su camparnento, situado en los miontes
de Ia Baja debido a la traici6n del sargento Antonio Balha--- por fuerma de la
colunina mandada por ci comandante Jose" Gallo; tras una reci liwcha, en Ia que
muere el comandante culano Guillot, Aurrecoechea es hecho prisioncro, despuis
de ircibir nin culatazo eo ]a cabeza, en uni6n de su jefe de Estado Mayor, el
holguiucro don Facundo Cable, y conducidos a Ilolguin -donde entraron el
dia 10-. furon sometidos a Consejo de Guerra Verbal y fusilado "en el lugar
de costumbre". cI 11 de diciembre a las cuatro de la tarde, mandando el cuadro
de fusilanziento el capitaln Antonio Pumariega.
Comentando su ejecuci6n. el peri6dico de Ilolguin El Periquero, fecha 15 de
diciembre, dijo que era4 '. de simpitico aspecto, de finos modales, y deniostr6
h;sta el 6itino montento serenidad sin cinicos alardes". (En: Carias del General
Donato Mdrmoi, actubre 29 y diciembre 6 de 1869, La Revolucidn, enero 4 de
1870, p. 3. col. 4 y enero 15 de 1870, p. 2, col. 3; La Revoluciin, New York,
septiembre II de 1869, p. 1, coL. 2; junio 23 de 1870, p. 2, col. 3 y junio 25
de 1870, p. 3, col. 2: Diario de Ia Marina. La Habana. diciembre 17, p. 2, col. 4
y 22 de 1870, p. 3, col. 3; CIs.-qEos, FRANCISCO JAVIER, Relacidn Documentada
de Cinco Expediciones, Nueva York, 1870, p. 66; PiRAILA, ANTONIO. Anales de
la Guerra de Cuba. Madrid, 1895, t. 1, p. 853 y 854; MORALES V MOALtS,
VIrAL. Hombres del 68: Rafael Morales y Gonzdlez, La Habana, 1904, p. 264:
Academia de la Historia de Cuba. Anales, t. IX, La Habana. 1927, p. 146;
IRAzo's, ANTONIo. Los Generates del Sesenta y Ocho, Diario de la Marina, La
Habana, octubre 10 de 1942, p. 4; Bohemia, La Habana, diciembre 14 de 1952,
p. 138.

11) Mariano Loflo, naci6 en Holguin el 26 de julio de 1838, oficial de
carrera del ej6rcito espafiol, fue alumno distinguido del Colegio Militar y par-
ticip6 en la guerra de Africa, donde fue ascendido en el carnpo de batalla. Tom6


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parte en el primer movimiento insurreccional de Prinm, escapando a Mexico al
fracasar el mismo; al triunfar ia Revoluci6n de Septiembre en Espaia es ascen-
dido a Teniente Coronel, pero a! estallar en Cuba la revoluci6n no vacila y pone
su espada al servicio de la Patria.
Al fracasar el levantamiento general de Vuelta Abajo, marcha a New York
y vuelve a Cuba en ]a expedici6n del Perrit, desemnbarcada en a peninsula del

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Ram6n, Nipe, el 11 de mayo de 1869, en la que figura como jefe de uno de los
cuatro grupos en que se dividen los expedicionarios cubanos. Lofio fue el primero
en desembarcar, al frente de los exploradores, y es designado al siguiente dia
para que, acompafiado de una pareja, sadiese a buscar las fuerzas cubanas.
En julio de 1869, le fue concedido el grado de Coronel del Ej6cito Libertador
y se le destina a la Divisi6n Cuba, a las 6rdenes del General Donato Mfirmol,
donde se distingue por su valor y pericia, disfrutando de ]a confianza de dicho
jefe.
Por estar carentes de mateial de guerra las fuerzas a sts 6rdenes, el General
MgArol lo comnisiona para pasar al extrainjero, con el fin de traer expediciones
que debian deseinbarcar por la costa sur de Oriente. Con este prop6sito embarca
en un "cayuco" de 24 pies de largo, hecho con el tronco de una ceiba, acom-
pafiado de Amnbile, Gordon y el Capitin Ing. Manuel Mestre y arriba a Jamaica
el 6 de enero de 1870. En prueba de sus dotes de organizador, el 27 del mismo
mes zarpaba de Jamaica, junto con Mestre, con una pequefia expedici6n, que
alijaba en las costas de Cuba el dia 30.
El 28 de febrero Ilega a New York --al parecer despus de haber enviado
o conducido otro embarque de pertrechos desde Jamaica- y se dedica al empe~o
de preparar otra empresa de mayor envergadura y sabemos que a fines del rnes
de marzo, todavia se encontraba en esa ciudad.
El 2 de marzo el gobierno espafiol disponia la confiscaci6n de sus bienes,
apareciendo el Decreto en la Gaceta dels iguiente dia y es verificado el embargo
correspondiente el 12 del mismo mes, dando lugar a la forrnaci6n del Exp, 1970.
Con fondos recaudados entre la emigraci6n de New York, prepar6 una expe-
dici6n que parti6 de Colon, Panama, en el vapor George B., Upton -segunda
de este buque- y por falta de prctico, no pudo hacer el alijo en el lugar con-
venido de ]a costa sur de Oriente, teniendo que hacerlo por -a costa norte, en
la Boca de Saml, donde desembarca el 13 de junior de 1870. El haber Ilegado
a Cuba por donde no se le esperaba, impidi6 que fuese auxiliado por las fuerzas
libertadoras, lo que hizo que @e viese duramente perseguido por elenemigo,
cayendo por fin en combat, con fuerzas del batall6n de Ntpoles, en "Los Peder-
nales", Holguin, el dia 24 de junio, tras haber herido a un Cabo enemigo, segu'n
el parte oficial, que como es sabido solian disminuir lIs bajas sufridas. BiBLiOTEGA
NACIONAL "JOSE MARTI". Colecci6n de Manuscritos de Ndstor Ponce de Lean,
No. 106; Carta de Donato Ma.rmoi a Francisco Javier Cisneros; La Revoluci6n,
New York, enero 29 de 1870, p. 4, col. 2; febrero 22 de 1870, p. 3, col. 1; marzo 3
de 1870, p. 4, col. 2; narzo 5, de 1870, p. 2, col. I y marzo 31 de 1870, p. 3,
col. 4; Diario de Ia Marina, La Habana, juiio 5, p. 2, col. 5 y 17 de 1870,
p. 1, col. 2; CISNEROS, FRANOISCO JAVIER. Relacion Documentada de Cinco
Expediciones, Nueva York, 1870, p. 24, 25, 68 y 111-120; Datos y Noficias
Oficiales Re/erentes a los Bienes Mandados a Embargar en la Isla de Cuba por
Disposici6n del Gobierno Superior Politico, La Habana, 1870; Almanaque Cu-
bano para 1871, New York, 1871, p. 35;Album de El Criollo, La Habana, 1888,
p. 175; RouSSET, RICAR O V. Historial de Cuba, La Habana, 1918, t. 111, p. 131.


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12) Jos4 y Pedro de la Osa Quifiones, el primero de los cuales fue condenado
a muerte por un Conscjo de Guerra, efectuado en San Antonio de los Bafios, por
el delito de infidencia, si~ndole conmutada esta pena p r Ia de diez aris de
presidio con retenci6n que pas6 a cumplir a Ceuta; le fueron confiscados sus
bienes.
La Revoluci6n, New York, febrero 18 de 1871, p. 1, col. 3 y marzo 23
de 1871, p. 2, col. 1.

13) Segfin documentos oficiales, este hecho ocurri6 el 11 de mayo de 1869
y los aizados "...recorrieron e) cuart6n con banderas desplegadas". Archivo Na-
cional. Bienes Embargados, Jegajo 21, No. 14, folio 3 vto.

14) Pedro P6rez Le6n, tabaquero de profesi6n. que en mayo 17 de 1869 el
Tenlente Gobernador de San Antonio de los Bafios informaba estaba aizado con
Carlos Garclia. En agosto de 1872, un Consejo de Guerra lo condenaba -en
rebeldia- a muerte en garrote vii y le confiscaba los bienes. Botelin del Archivo
Naciona!, t. X, p. 90; Archivo Nacional. Bienes Embargados, legajo 167, No. 69,
folio 7.

15) Antonio Caballero y FernAndez de Rodas, naci6 en Madrid el 3 de abRil
de 1816 y en 1835 ingres6 en Ia Academia de Ingenieria, pasando despues--a
instancia suya- a Ia infanterla, con el grado de subteniente; participa en las
u'lItmas campanias de Ia primera guerra carlista, en 1a que se distingue, y alcanza
notoriedad en 1854, al pasarse, con sus tropas, a los sublevados en medio de la
batalla de Vic.lvaro, ejerciendo una influencia decisiva en el resultado de aqueila
acci6n.
Toma parte en la Guerra de Africa, en la que alcanza el grado de Brigadier
y al regresar a Madrid se bate con el orador y dirigente dem6crata Don Nicolis
Maria Rivero-idolo del pueblo madriefio- al que hiert, lo que afect6 nega-
tivamente su popularidad.
Mis tarde fue desterrado a 1as Islas Canarias junto con Serrano y otros
Generales desafectos a Isabel II, con los que regres6 a Espafia, en el Buenaven-
tufa, al tener lugar Ia Revoluci6n de Septiembre de 1868, de a que es uno de
los dirigentes; es firmante del Manifiesto de C-diz y a tmando de una divisi6n
participa en Ia batalla de Alcolea.
Al triunfar Ia revoluci6n se ic asciende a Teniente General y se le designa
Director General de Artillera; despu6s es hecho Capit'n General de Andalucla
y adquiere trigica fama al debelar implacablemente el levantamiento republican
en aquella regi6n. Cfdiz, Jerez y MAiaga fueron testigos de su ferocidad, espe-
cialmente Ia filtima en Ia que us6 "un ardid impropio de un soldado, como es
el de colocar a las mujeres, madres e hijas de los insurrectos, a la cabeza de las
columnas que marebaban al ataque". Este era el hombre que por Deereto de
mayo 28 de 1869, se designaba eoino Capitln General de Cuba.
Durante su mando en Cuba, si bien es verdad que control a los voluntarios
de La Habana e impidi6 los excesos que caracterizaron al gobierno de Dulce, no


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es menos cierto que permiti6 que qe lievase a cabo una gtterra de exterminio
contra los cubanos, sin respetar ni edad, nisexo.
At fracasar en el empe'o de poner fin a ]a guerra el humor criollo lo
'idiculi26 con el remoquete de Caballo de Ruedas--- es relevado de su cargo el
15 de diciembre de 1870, regresa a Espafa, donde pasa oscuramente 1w iitlnos
afios de su vida, y muere en Madrid el 26 de diciembre de 1876. Diccionario
Saluat, Barcelona [s.a]; Diccionario Enciclopldico Hispano-Americano de Lite-
ratura, Ciencia, Artes, etc.; Enciclopedia Uniersal Iiustrada, Barcelona: Censo
de la Repulblica de Cuba afo de 1919. La Habana, 1919, p. 968; Gacea de La
Habana, junio 29 de 1869, p. 1, col. 2; La Revoluci6n, New York. osto 11
de 1869 p. 3, col. 4.

16) Antonio Soearris y Acosta. Nada e sabe del origen de este vaieroso sol-
dado de la independencia; suponemos que pertenece a la familia vueltabajera de
ese apellido, establecida desde el siglo xvw en la region aledafia a Bahia fonda.
Despau-s de sus campafias con Castillo en Vuelta Abajo, volvemos a encontrar
a S'carris, en la primavera de 1871, en Niw York, donde firma el siguiente
compromiso:
"Los que suscribimos nos/ obligamos i ir ;h Cuba incor/porarnos en el
ej6rcito liberta/dor, costeandonos un arma/mento completo con el par/que
necesario, siendo de cu/enta de )a rep6blica e- tras/portarlos I Cuba debiendo/
advertise que el arrnamento/ y equipo no costarf mfs de/ cincuenIa pesos. ($50)
cuya/ suma se consignark en/ manos del agente al sus/cribirse- New York Abri 7
de 1871-----." [Firmado] Antonio Socarrfis. Al margen: Blceker 31, $50-P-
De la anotaci6n que aparece en el margen inferior izquierdo del documento
anterior, se deduce que Socarris habitaba en la calle Bleecker 51, en aquella
ciudad.
La siguiente noticia que tenemos de 61, e de L3 Habana. donde el 20 de
octubre de ese mismo afio, es sorprendido, en uni6n de su hermano Manuel y
de Jos6 Perfecto L6pez, por ]a policia espaiiola. en una casa de Neptuno entre
Perseverancia y Campanario, se baten a tiros con la misma y Antonio cae malhe-
rido, en su poder, L6pez es hecho prisionero y Manuel logra abrirse paso,
quedando heridos dos agentes policacos.
Segon las autoridades, los tres conspiradores habian Ilegado a La Habana
procedentes de Estados Unidos, con el prop6sito de reclutar hombres para ilevar-
los a Vuelta Abajo y adern-s incendiar la ciudad. Se les ocup6 una credencial
revolucionaria, del siguiente tenor:
"Por acuerdo del Comit Ejecutivo de la Sociedad Autxiliadora de Cuba
encargado de la oficina general de la Repihlica suplico los patriots cubanos
1 quienes los ciudadanos Perfecto LOpez, Antonio y Manuel Socarrlis muestren
la presente, les presten los auxilios que esten A su mano, plara que puedan
cumplir la comris6n de que van encargados a la referida Isla, seguro de que
har iun servicio A ia patria.
Dios, Patria y Libertad.- Nueva York Julio 27 de 1871.-De orden del
ciudadano Presidente.- I. G1lvez, Secretario."


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Este document present un seUo de la Agencia General de ia Rep(biica
de Cuba.
A consecuencia de sus heridas. falieci6 Socarris en el Hospital de San Felipe
y Santiago y fue sepultado el 21 de octubre en el Cementerio de San
Antonio Chiquito, y su comafiero. Jose Perfecto L6pez, condenado a muerte








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2 .
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en Consejo de Guerra Verbal, morita en el garrote, en la faldas del Castillo
del Principe al.s siete de )a mariana del da 27,_ZAAOOZA, JuSro..Las___u-
r1 e
rre6tofles en Cuba, Madrid, 1873; t. II, p. 593 y 594: PIRALA, A ro~io. Anales


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de la Guerra de Cuba, Madrid, 1895; t. II, p. 286; Diario de la Marina, sep-
tiembre 29 de 1869, p. 1, col. 2; octubre 22 de 1871, p. 2, col. 6; octubre 25
de 1871, p. 2, col. 4 y octubre 28 de 1871, p. 2, col. 5; BIBLIOTCA NAcIONAL
"JOSE MARTP', Coleccion de Manuscritos de Nistor Ponce de Le6n, No. 355;
Habana. Iglesia Parroquial de Nuestra Sefiora de Monserrate. Libro 8 de Delun-
ciones de Blancos, folio 168 vto., No. 1248. D. Antonio Socarrs.

17) Luis Pablo de la Maza Arredondo y de Entralgo, hijo de Fernando de
la Maza Arredondo y Perdomo y Mariana de Entralgo y de los Hijuelos, naci6
en La Habana el 17 de Agosto de 1825.



































Curs6 estudi*s de Filosofia y Letras, en la Universidad de La Habana, sin
Ilegar a concluirlos y con posterioridad trabaj6 como official de causas en ]a
Escribania de Entralgo, hasta 1857 en que se recibi6 de Escribano y pas6 a
ejercer su profesi6n en Cienfuegos, donde disfrutaba de grand prestigio.

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Al sublevarse Las Villas en Febrero de 1869, se lanza a ]a Revoluci6n y
dada su posici6n social y arraigo, recibe el grado de Coronel,
En Mayo 12 de ese mismo anio, el Gobierno Espaniol dispone el embargo
de sus bienes, por Decreto de esta fecha, publicado en ha Gacela del mismo dia
y cuyo embargo se verifica en Septiembre 21, dando lugar a la formacirn
de expediente No. 86.
Por haberse distinguido en varias acciones de guerra, en Julio de 1869,
es ascendido a General de Brigada.
A principios de 1870, concibe el plan de avanzar sobre Vuelta Abajo y
establecer contacto con Us partidas que operaban en esta region y autorizado
por el General Cavada, part de Macagua, zona de Los Arabos, el 4 de Marzo,
con unos 150 hombres.
Alarmadas ante esta invasion las autoridades espafiolas, pues si iograba
alcanzar su objetivo podria crear un poderoso foco revolucionario en Occidente,
lanzaron en su persecuci6n todas las fuerzas disponibles en las provncas de
Matanzas y la -abana y batallones completes de voluntarios fueron movilizados
con este prop6sito.
Combatiendo incesantemente atraves6 Matanzas y ya con sus fuerzas diez-
madas penetr6 en Ia Habana el 10 de Marzo; en las proximidades de Giincs,
tiene un encuentro en el que se le separan los practices -Capote y Oriz-
hecho que ejerci6 influencia decisiva en su suerte posterior.
Acompafiado de un grupo reducido, logra Ilegar al tirmino de Bataban6,
acampando en la noche del 15, en la finca "Rabo de Zorra", pero delatado
por los Padilla, es sorprendido y trash una breve reffiega hecho prisionero por
los Bomberos -voluntarios negros- de Bataban6, quienes lo fusilaron, en ia
madrugada del 16, en uni6n de algunas de sus compalieros. Archivo Central
de la Universidad de La Habana. Expediente de Estudios No. 8324, anfiguo,
perteneciente a Luis de la Maza Arredondo y de Entralgo; Datos y Noticias
oficiales referentes a los bienes mandados a embargar en la Isla de Cuba pot
disposicidn del Gobierno Superior Politico, La Habana, 1870; Album de El
Criollo, La Habana, 1888, p. 229; PIRALA, ANTONTO. A nales de la C uerra de
Cuba, Madrid, 1895, t. I. p. 853 y 854; PONTE Y DOMfNGUJZ, FRANCISCO -J.
La Idea Invasora y su DesarroUo Histrrico, La Habana, 1930, -p. 28 y sig.;
GuER Y SANOnZ, RAMIRO. Mudos Testigos, La Habana, 1948, p. 198 y sig.
y Guerra de los Diez A os, La Habana, 1952, t. II, p. 45 y sig.

18) Carlos Ildefonso Garcia y de Sosa, naci6 en Corralillo, Bauta, el 23
de enero de 1836; fueron sus padres Carlos Garcla y Rodriguez Prieto, natural de
La Habana, y Juana Dominga de Sosa y Peez, oriunda del Guatao.
Los primeros veinte afios de su vida pasan oscurarnente, s61o sabemos que
era primo de los Fuentes Prieto, hermnanos que so encontraban fuera de ]a ley
y recorrian con una partida los campos habaneros, y que por este motive fue
victima de las cd~sicas persecuciones de la Guardia Civil, que finalmente, en
1856, lo hicieron lanzarse al monte con sus pariente-, temeroso por su libertad
o su vida.


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Al embarcar los Fuentes Prieto para el extranjero, qued6 Garcia al frente
de Ia partida y durante )a- decada de los 60 convirti6 la misqia en "una original
policla rural", que cobrando igualas a hacendados. comerciantes y campesinos,
los protegla de cuatreros, rateros y seciiestradores, a ]a vez que frenaba los
desmanes de la Guardia Civil, con la que chocaba frecuetemente.
Esto lo hizo sumamente popular entree todas 1is clases que vivian en el
campo, que se sintieron protegidas por uno de los suyos, rodeado ademrs por Ia
aureola rorintica de ser victima de persecuciones injustas, que lo hablan obligado
a adoptar aquel g'nero de vida.
A) estaUar la Guerra de I Dicz Afio, Lersundi comprende que aquella
partida constitu'a un foco peligroso en Occidente y no tenielido Garcia causas
importantes en su contra, segfin una fuente espafiola, lo indulta, con to que
puede decirse que termina la etapa del bandolerismo en su vida. Todcas sus
empresas en el futuro, se realizarin hajo la bandera de Cuba y los ctdifkiativos
de los espafloles, harin comentar a un cerrcspoi~sa1 de La RevoluciOn: "Dicen
que son bandoleros. iQu6 han de decir?". Otro, de La Jndependencia, seriaC
mas explicito y diria: "no son bandidos; porque no se sabe que roben a nadie
del vecindario y porqie :tuando matan resulta qke los -mertos won de la policia
o del ejkrcito [...] nada significant los calificativos de los peri6dicos de Cuba
espaiiola, pues hasta a los mismos caudillos de la Revoluci6n los tratan de
bandidos, cuatreros e ncendiarios.
No se linit6 Lersundi a indultarlo, sino trata de captarlo para la causa
espafiola, ofreciendole un:a comisi6n a las 6rdenes del Comandante S nchez
Arcilla, la que emple6 Garcia para ei mejor desarrollo de sus planes, alzhndose
poco despaus a las 6rdenes de Aurrecoeehea.
Al embarcarse Miar.ano Lofio, en vista del fracaso de este movimiento. lo
deja al fr nte de los pocos alzados de Occidente. Garcia hizo cuanto estuvo
de su parte por nmantener latente la Revoluci6n en estas regiones- y propicia ei
nuevo levantarniento de Guanimar, que conmovi6 la zona limitrofe entre las
actuales provincits de la Wabana y Pinar del Rio. Corno represalia, cl gobierno
detuvo, a principios de mayo, a la nsposa y dos hermanas de Garcia, que
residian en ias proximidades de Gijira de Melena, y las hicieron recorrer a pie
y fuertemente amarrades cinco leguas hasta San Antonio de los Bafios, en cuya
c rcel las recluyeron en uni6rn de los press comunes, "por s61o el delito de
ser de la famiiia de Garcia, de ese latrofaccioso segin los gorriones, de ese buen
pat-riota, segfun los cubanos".
A partir de ese moment, la prensa cubana de la ernigraci6n, public conti-
nuamente noticias de sus operaciones y se le ve en continuo niovimiento por las
dos provincias occidentales y Ilega en su audacia hasta penetrar en Guanajay
y saquear el almac6n de vlveres de Martinez Rico, ilevndose toda la existencia
de comestibles.
En junio 7 de 1869, se dispone el embargo de sus bienes, apareciendo el
Decreto en la Gacea dcl dia 20 y verificfndose el embargo el 27 de dicho
mes, dando lugar a la formaci6n del expediente No. 275.


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Se sabe quie en el mes de agosto estuvo en la ciudad de La Habana, en ]a
que siempre se movieron 6l y sus hombres, qtie mantivieron a 1as autoridades
espafiolas en continue sobres-alto. Posiblemente i ste viaje tuvo la finalidad de
contactar con los conspiradores de la capital.
Las actividades de Carlos Garcia, Ilegaron a constituir una fuente de continues
preocupaciones para las autoridades espafiolas: C1 patentizaba su- impotencia
y que en Occidente, donde alegaban contain con )a fidelidad de I totalidad
de la poblaci6n, se podian mover inipunemente partidas insurectas, i las que
evidentemente auxiliaba el c.ampesinado. Se repetla la situaci6n de tiempos de
Lersundi, con ]a agravante de que ya estas partidtas tenian tin indiscutible
caricter independentista. "A tal punto se estim6 grave, el peligro, que en 1869
el Capit~n General Caballero de Rodas [...] trat6 dc lograr que Garlo.q Garcia
se acogiese a un indulto que no vacil6 en ofrecerle.7
Garcia, aconsejado pox Gonzalo Castillo y con el prop6sito de obtener la
libertad de su familia, acqpt6 la oferta del gobierno, per nIo sin dcrnandar
"condiciones que no podian dejar de ainientar la admiiraci6n que ya inspiraba
y de reazar su personalidad"; aceptadas las nmisinas, el 26 de septieinbre "El
Capitfn General, envi6 uno de sus ayudantes al paradero de Gabriel, situado
entre La Salud y GUiira de Melena, lugar al cual debn'a acudir Carlos Garcia con
algunos de sus parciales. En compafiia del Capitin de los Voluntarios Ilarnados
"Cufas", don Jose Olano, el citado ayiidante recibi6 a Carlos Garcla y a tres
mlembros de su partida, con los cu.ldes se traslado por ferrocarnil a La Habana. De
la Estaci6n de Villanueva se dirigicron directamente al Palacio de ]a Capitania
General, donde Carlos Garcia y sus tres comnpaicros hiejeron entrega de sus
armas, ante la primera autoridad de ]a isla."
Que el CapitAn GCneral no obtuvo los frutos que esperaba del indulto, se
desprende del resultado de ]a entrevista que sostuvieron en aquel acto, pues al
pedirle a Garcia le revelase quicnes lo auxiliaban, tstc le contest: "que nadie;
que cuintos Io habian hecho se habian visto obligados a elio bajo la amenaza
de su trabuco". Quedaba sentado que las autorldades no sabrian quicnes eran
los simpatizantes que le hablan ayudado; lo 6nico que obtuvieron de 61, fue que
presentase una veintena de individuals quo andaban "escondidos" por Vuelta
Aajo, gente posibleniente initil para la vida de campaiFa, cuando no estaban
incorporadcs a las partidas, que podian asil curarse --en el caso de heridos o
enfermos- o engrosar las filas de sus parciales en los campos y ciudades
--caso de los que que carecian del valor fisico para enfrentar al enemigo,
tipico del "maja" de nuestras guerras- para cuando 6 se lanzase nuevamente
a la manigua. Que 6ste era su proposito, pronto sc evidenci6, se dedic6 a
recorrer "los campos precedido de ]a fama que ya gozaba y aunque figuraba
hacerlo en serial de j~ibilo y agradecimiento no era ese su nitno, sino el de
buscar adeptos a )a causa".
Se prepaba en esa 6poca un important movimiento para la Nochebuena
de 1869, que tenia ramificaciones desde Sagua la Grande hasta San Antonio
de los Bafios, y que fracas6 debido a] eficiente espionaje de las autoridades,
pero estas no pudieron capturar a Garcia que volvi6 al campo seguido de un

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grupo de partidarios y poco despu6s la prensa cubana informaba que por
Guayabal, Caimito y lHoyo Colorado "varios mercenarios han mordido el polvo."
Al producirse, en marzo de 1870, la invasion del Brigadier de Ia Maza
Arredondo, parece que por cuesti6n de horas no lleg6 a establecer contacto
con Carlos Garcia, pues los supervivientes de su fiterza, lograron reunirse con
este, que enbarc6 a algunos para Estados Unidos, liegando tres de ellos a
New York en el res de abril.
Si los Padilla pudieron escapar de ]a justicia mambisa no ocurri6 otto anto
con los responsables de la matanza de la finca "Rabo de Zorra". Garcia -que
siempre tuvo por politica destruir a los agentes destacados de la reprei6n
colonial- se dedic6 a acechar al Jefe de los Bomberos de Bataban6 quc at fill
capture en uni6n de uno de sus mas importantes a Igtere, "al sorprenderlo en
la bodega de carnino conocida por "Punta Brava", situada en el cruce del
arroyo Guanabo, en el callej6n que de Pozo Redondo se dirige al oeste"
y dispuso su inmediato ahorcammiento.,"La orden fue cumplida en presencia
de Carlos Garcia, y Arredondo y el Joven Fernandez quedaron vengados.
El justo castigo, y Ia forma en que fue impuesto, determinaron una mayor
admiraci6n a Carlos Garcia de la que ya gozaba." Este afio le fue enviada una
expedici6n, a Ins 6rdenes de Rafael Lanza, conduciendo 50 fusiles Sharp y
municiones, pero debido a una serie de contratiernpos y haber arribado a un
lugar de las costas vueltabajeras que no era el convenido, la misma tuvo que
regresar a Estados Unidos.
En septiembre de ese afio, tiene un encuentro con los voluntarios de Gua-
najay y 6stos dicen haberie dado muerte al abanderado de la guerrilla; al mes
siguiente se reporta que se ha corrido hasta jagiley Grande, para entrevistarse
con el Coronel Jesfis del Sol. Es probabiemente en esta oportunidad que Se le
incorpora "el intr~pido" Benito Noa Palmer, "Jefe Insurrecto de la Juris-
dicci6n de Cienfuegos", que meses antes habia alcanzado notoriedad al tomar
y destruir el poblado de El Salto, haciendo algunos prisioneros y ocupando
arias, municiones y gran cantidad de viveres, a no ser que Noa fuese uno
de los supervivientes de la columna de Arredondo.
Casi simultineamente se anunciaba la presencia de una partida por Wajay,
Vento y Arroyo Apolo, en el Diario de ta Marina del 12 de octubre, mientras
por otra parte se dice que opera en Guanajay, donde temen enfrentirsele por
su buena punter4a. Estos rApidos desplazamientos eran una de sus caracteristicas
y contribuia a atimentar el desconcierto del enemigo, su costumbre de dislocar
su fuerza en pequenias guerrillas que aparecian y desaparecian por distintos
lugares de las provincias occidentales, obligando al mando espafiol a mantener
en esta regi6n fuerzas que tan necesarias le eran en Vuelta Arriba.
El primero de noviembre se presentaba en el potrero Santa Teresa, de don
Jos6 de ]a Portilla, Ilevindose todas las armas que alli habia y a fines de mes,
el Herald de New York publicaba una carta de su corresponsal en Santiago de
las Vegas, reportando que "una banda de insurgentes" operaba en las proximi-
dades de esa poblaci6n; esta noticia la ampliaba dias mis tarde el corresponsal
de La Revoiucin, al informar que Carlos Garcia habia partido de las lomas del


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Cttzco y realizado una incursi6n hasta Santiago de las Vegas, done l eg6 el
18 de noviembre, reclutando gene y matando soldados y voluntarios; march
despu& hacia San Antonio de los Bafios, donde repiti6 la mismo operaci6n. El
dia 19 salian a perseguirlo fuerzas de Bejucal, Giiines y La Habana.
Volvia la prensa norteamericana a ocuparse de Garcia y ante unas criticas
del World, respondi6 el General Thomas Jordan con una carta, plbiihada en
el mismo el 10 de diciembre, en la que decia el vencedor de Guiimaro, que las
ejecuciones realizadas por J efis del Sol y Carlos Garcia, cran solamente repr.
salias por ]as crueldades cometidas por el enemigo y se apoyaba en hechos
semejantes de la Guerra de Independencia de Estados Unidos.
Los dias 13 y 14 de diciembre aparecia, en el Diario de la Marina, una
informaci6n sobre un fuego sostenido por una partida, en Arroyo Naranjo, con
fuerzas de la Guardia Civil, donde caia un individuo de apellido Vigoa, armado
con un rifle de 18 tiros, cuyo valor celebraban sus JImatadores. Este apellido
indudablemente vueltabajero y el modernisimo armacanto, hacen suponer que
se trata de uno de los honbres de Carlos Garcia, Posiblemente a esta acci6n se
refiere el corresponsal de La Revolucion, al mportar que Garcia habia tenido
un encuentro a una legua de Santiago de las Vegas, y a comienzos de 1871 el
mismo decia: "Carlos Garcia se pasea por todas partes sin novedad".
Con poserioridad se traslada a Estados Unidos y en cl mes de septiembre se
encuentra en Cayo Hueso, preparando una expedici6n que debla desembarcar
en Vuelta Abajo; frustrados estos planes pasa a New York y, en nero de 1872,
se le ofrece a Francisco Vicente Aguilera para realizar dicha empresa y iste
deleg6 a Hilaria Cisneros, para que se encargase de los preparatives. Lista ya
la expedici6n, en el res de febrero, Aguilera reuni6 a los expedicionarios "para
darles sus instrucciones. Les dijo que todos iban a las 6rdenes de Carlos Garcia",
a quien concedi6 el grado de Comandante de Caballeria y comision6 como
Comandante General de Vuelta Abajo; "su maisi6n era formar varies partidas
en Vuelta Abajo, capitaneando cada uno ia suya con objeto de entretener 2.I
las fuerzas espaiiolas".
En preparar esta expedici6n se invirti6 la modesta surna de $1,378.43, 1o
que hace pensar que el material que trafa era escaso y anticuado.
El 12 de marzo desembarcaba Garcia con veinte hombres, por la costa norte
de Pinar del Rio, e inmediatamnente los espafioles lanzahan varias columnas en
su persecuci 6n; el dia 25 se reportaba su presencia entre Guanajay y San An-
tonio de los Banios.
Carlos Manuel de CUspedes concedia gran importancia a su empresa y su
inter&s en la misma, se manifiesta en su correspondencia y en )a orden que Ie
expidi6, el1 0 de mayo desde Corojo de Caoba, Oriente, al Coronet Jos6 Gon-
zilez Guerra, para que con part de las fuerzas villare'as, cntonces en Cama-
giey, avanzase hacia ocidente y apoyase las operacion s de Carlos Garcia, pero
este, por causas aun no bien aclaradas, se vio obligado "a regresar a los Estados
Unidos con el prop6sito de reunir mayores elementos" y que los obtuvo parece
indicarlo que a fines del anlo siguiente, o principios de 1874, volvi6 a desen-


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barcar cn Cuba, por las costas habaneras en csLa o cas6n. y reanud6 s incesante
hostigamiento a las fuLe-rzas coloniales.
Fue por entonces, que estiivo en una oportunid::d en el cafetal Jesits Naza-
reno, Bataban6, y corno Garcda y sus honibres lievaban en el sombrero 1a escara-
pela mambisa, las muchachas de la casa mostraron curiosidad por ellas y 61,
galantemente, las obsequi6 con dos de las pequeiias banderitas cubanas y un
billete de a peso de Cuba Libre, de los impress en Estados Unides por la
Agencia Cubana.
A fines de marzo se prodcita la emrboscada de jcsius del Monte en que nioria
Castillo y Car'los Garh se abria paso, aunque gr-Wernente herido en el brazo
derecho, que le quedo casi inutI, pero esto no afecta la actividad de sus parti-
das y dias mas tarde una de Cstas sostiene un fuego con la Civil, en San Miguel
del Padr6n, cayendo cuatro de sus hornbres prisioncros; dos de ellos (Cristi6bal
Moscoso y Angel P6ez M rida) son fusilados, en La Punti el 6 de niayo y sus
compafiero condenados a 8 afios de presidio, por haber hecho fuego a la Guar-
dia Civil.
El II de agosto toma y saquea los pueblos de Managua y San Jose" de las
Lajas y un telegraina del 17 informa de tin encuentro en cl que ha inuert'. tn
vohntario.
Por esta 6poca habia liegado a Cuba como Capitin General- -por tercera
vez- el tristemente celebr( Jos6 Gutic7z de la Concha, y Garcira concibi6
hacerle un atentado, que fue realizado por su segundo, desde la inuerte de
Castillo, el valcroso mulato Antonio Diaz, quien en Ia propia Quinti de lot
Molinos, dispar6 una noche dos tiros al snguinario pro-c6'isul. Meses m s
tarde moria Diaz, victima de una delaci6n, bati ndosc con la fuerza pi'zblica en
la calle Jes6s Peregrino.
Concha, oliendo ain la p6lvora de los disparos que Ie habian hecho y "pre-
viendo Ias consecuencias que ptidi-era traer en Vuelta Abajo ]a presencia de
aqua6 con su partida al romper la molienda los ingenios, al fin de salvar por c
pronto la situacion" ie ofrece el indulto, con el prop$sito de deshacerse Ms
adelante y por otros medios de aquel pertinaz euemigo.
Carls Garca, que necesitaba atenderse el brazo lisiado y al que le era U'til
una tregua para reorganizar sus fuerzas, que se hallaban gastadas por las con-
tinuas operaciones contra un emeigo poderoso, acept6 el nismo y se present6,
con s6o siete hombres, el 20 de diciembre. dejando a Benito Noa a! frente de
los que quedaban en el monte.
Garcmia aprovech6 bien el tiempo; le fue colocado un aparato ortop6dico que
le permitia alan movirniento en el brazo y preparaba "algunos planes", cuando
el gobierno "confi6 a) jefe de la police la misi6n de deshacerse del terrible
enemigo" y dicho funcionario dispuso "'por primera medida el envenenamiento
de Carlos Gacia". quien, siempre en guardia, esquiv6 la asechanza. Que Garcla
estaba con un pie en el estribo, lo denuestra que csa misma norhe tenia a su
alrededor 19 hombres, bien armados y montados, con los que se lanz6 inmedia-
tamente a una nueva campaila, reasumiendo el mando de la gente que habia
dejado en la manigua.


60








Nwamente ha prensa comenza a hacerse eco de las continue operaciones
de sus guelTrillas, se dice a la vez que opera por Bataban6 y que esti par Ma-
nagua, y el batall6n de Orden Pblico tiene various encuentros con las indestruc-
t1l-s partidas, que operan desde la costa sur lmsta Bejucal, Jaruco y Santa
Maria del Rosario.
En uno de estos combates, por Meletia del Sur, muere el connotado criminal
y Segundo Jefe de la Guerrilla de Durante (banda patibularia que asesin6 a
;nnumerables patriotas en )a regi6n sudeste de La Habana) Capit~n Francisco
Tejada y con Ml caen ailgunos de los esbirros a ius Ardenes.
El 13 de octukbre de 1875, Carlos Garcia tom:ba el poblado de Corral Falso,
u anaaxcia, y despues de desarmar a los voluotaro:i Se retiraba, pero seguia
operando pr los alrededores, poes todavia cl dia 17 estaba pot las sitierlas
vet-inas recolectando azmamentos, seguido por 36 hombres bien montados y
amnados de rifles Winchester.
A fines de otubre parece haber concentrado todas sus fuerexs, pues presenta
combate con 70 hombres a una columna de 200, formada par tropes del batall6n
de Orden Pblico y Guardia Civil, en Palo Seco (debe ser Paso Seco), entire
Arroyo Naranjo y Calabazar.
l)espaL s se repliega hacia el Guanam6n de Herrera, intrincada regi6n de la
costa de Giines, posibkn-ente con el prop6sito de dar descanso a la caballada
y a los hombres tras ia intensa incusi6n que habilan realizado, y alli, victima de
una vi! traici6z, cae en una emboscada, preparada por el Teniente Coronel de
]a Guardia Civil Rafael Escasena, el 21 de novieirbre de 1875: entre los articulos
que le ocuparon, aparecian una bandera cubana y su nombramiento de Coman-
dante Genet-al de Vuelta Abajo firmado pol' Francisco Vicente Aguilera. Sus
resios fueron sepultados el siguiente dia en el cementerio de Gilines.
"Slete afios habla durado la lucha de Carlos Garcia contra )a metr6poli en
las provincias de Pinar del Rio y La Habana"
La inportancia que las autoridades coloniales le dieron a su muerte, la
d-nwestra el telegrama que el Teniente Gobernador de Giines se apresur6 a
remitirle al CapitAn General, informnndole de ia misma y se patentiza en el
parte del Tte. Coronel Escasena a sus superiores. Por 61timo, un autor espafiol
diria: "Con la muerte de Carlos Gardla [se] libr6 al pais tie un enemigo
terrible."
El pun~to de vista cubano to manifestaria La RevolueiJn de Cuba, at decir:
"1 Ha muerto Carlos Garcia! Treinta y cinco balas atravesaron su cuerpo en-
vuelto en Ia bandera cubana. Maldici6n para la traiec6n que haya hecho
desaparecer un prictico que nos hace falta.
Descanse en paz." Iglesia Parroquial de Bauta. Libro 3 de Bautismos de
Espaoles, folio 53, No. 211, Carlos l1defonso Garcia; La Revoluciin, New York,
mayo 15 de 1869, p. 3, cal. 4-; mayo 22 de 1869, p. 3, col. 5; junio 9 de 1869,
p. 2, col. 6; agosto 7 de 1869, p. 3, col. 3; agosto 21 de 1869, p. 2, co). 5;
octubre 23 de 1869, p. 3, col. 2; febrero 19 de 1870, p. 3, col. 2; marzo 19
de 1870, p. 4, cal. 1; abril 23 de 1870, p. 2, cot. 4;,septiembre 24 de 1870, p. 1,

61








col. 3; octubre 18 de 1870, p. 2, col. 4; octubre 27 de 1870, p. 2, col 3; noviembre
8 de 1870, p. 2, col. 1; noviembre 15 de 1870, p. 2, col 2; novienibre 29 de 1870,
p. 2, col. 4; diciembre 1-? de 1870, p. 1, col. 4; diciembre 3 de 1870, p. 2, col 1;
diciembre 6 de 1870, p. 1, col 2; diciembre 24 de 1870, p. 2, col 2 y febrero 16
de 1871, p. 2, col. 4; Diario de Ia Marina, septiembre 29 de 1869, p. 1, co!. 2;
abril 24 de 1874, Cr6nica local; mayo 5 de 1874, Cr6iiica general, y Inayu 7 de
1874, Cr'nica general; El Republicano, Cayo hueso, febrero 12 de 1870, p. 3,
col 2 y febrero 19 de 1870, p. 3, col 2; Dalos y noticias oficiales relerentes a los
bienes mandados a embargar en La ILsa de Cuba por disposicidn del Gobierno
Superior Politico, La Habana, 1870; La Independencia, New York, agosto 21
de 1874, p. 1, col. 1; octubre 21 de 1875, p. 3, col. 1 y 6; octubre 28 de 1875,
p. 1, col. 3 y p. 4, col. 2; noviembre 4 de 1875, p. 1, cot. 4 y p. 4, col. 1 y
noviembre 25 de 1875, p. 2, col. 5; El Eco de Cuba, La Habana, noviembre 25
de 1875, p. 3, col. 3 y diciembre 5 de 1875, p. 3, col. 1; Iglesia Parroquial de
GaUines, Libro 17 de Defunciones de Espanoles, folio 279, No. 2041, Don Carlos
Garcia. Judicial; La Revoluci6n de Cuba, New York, diciembre de 1875, p. 1,
col. 1; GELPI Y FERRO, GIL. Los criminales de Cuba y el Inspector Trujillo,
p. 32, La Habana, 1881; URRUTIA, CARLOS. Los criminales de Cuba y D. josi
Trujilo, p.. 119, 132 y sig., Barce1ona, 1882; CSPESPS Y Q ESA_A, CARLOS
MAN UEL DE. Carlos Manuel de CGspedes, p. 197, Paris, 1895; GIRALT, P., His-
toria Contempordnea de la Isla de Cuba, p. 30 y 36 La Habana, 1896; AGUILERA
RoJAs, ELADto. Francisco Vicente Aguilera y La Revoluci6n de Cuba de 1868,
t. I, p. 92, 114, 436, t. II, p. 409; Boletin del Archivo Naciona!, t. X, p. 87, La
Habana, 1911; UnIETA, ENRIQUE. Elemirides de Ia Revoluci6n Cubana, t. IV,
p. 161, La Habana, 1920; PoNCE Dz LE6N, PEDo, Historia del Tirmino Mu.
nicipal de Nueva Paz, p. 37, La Habana, 1946; GUERRA Y SNCHEz, RAMIRO.
Mudos testigos, p. 184 y sig., La Habana, 1948.

19) Existeute en aquella fecha en Ia Ersenada de San Luis, la que se
encuentra "en la parte S. de 1- Bahia Orozco, entre la punta de su nombre y
la de Sim6n Cordero, distantes 580 yardas entre si; tiene en general profundi-
dades de 10 a 17 pies con una poza de 21 pies en su centro". Esta situada
aproximadamente a los 22' 58' 04" de Latitud y los 83* 00' 21" de Longitud.
La estratagema de Castillo, esti confirm-Lda pot las noticias que recogi6 la
prensa cubana sobre supuestos deseinbarcos en Vuelta Abajo y las reiteradas
negativas de los espafioles que, sin embargo, reconocieron que por aquellas
costas halian perdido una cafionera, al encallar Ia misma; buena prueba de que
estaban explorando y registrando todos los vericuetos de aquel complicado literal.
Repfiblica de Cuba. Marina de Guerra, DeTrotero de Ia Isla de Cuba, Parte
tercera, p. 46 y 316, La Habana, 1952; PcHAm o, ESmEAN. Carta Geo-topo-
grTiica de la Isla de Cuba, h. 1 de 10, La Habana, 1850-62; U. S. Hidrografic
Office, Carta 2210, Puerto de Cabaias; La Revoluci6n, New York, febrero 21
de 1871, p. 3, col. 4y febrero 23 de 1871, p. 3, col. 4.


62










Las heridas de Maceo en


la Guerra de 1868





Luis F. Le Roy y Gdlvez


Antonio Maceo, h,6roe ep6nimo, coloso inigualado en ardor b'lico
en las tres guerras libradas por nuestra independencia, es descrito magis-
tralmente por Piedra Martel en poquisirnas palabras: "Soldado raso a
los 23 afios de edad, era Mayor General a los 32. Habia tornado parte
en varios cientos de acciones de armas, muchas de las mismas dirigidas
por 61 en persona come jefe, y en las que fue herido veintid6s
veces, 1 y al comenzar el aio de 1878 estaba considerado como la pri-
mera espada del ej6rcito"'
Hoy viene a ser algo ya marido el mencionar las veintiseis heridas
recibidas por Maceo en su larga carrera de guerrero por ]a causa de la
libertad de Cuba. Quien prirmero seial6 esta cifra en letras de molde,
fue el general Jose Mir6 Argenter, Jefe de Estado Mayor de Macco,
al publicar en 1909 sus Cro5nicas de la Guerra, editadas en tres tomos.
En el 6Itimo de ellos, en el capitulo titulado "El Heroe", decia el
primer gran bi6grafo de Macco: "Las condecoraciones de este coloso
son de orden muy distinto a los diplomas universitarios. Los timbres
de su grandeza moral estaban unidos a 61, profundamente grabados en
su propio cuerpo, pues ostentaba 24 cicatrices de bala y arma blanca,
distribuidas por el tronco, bravos y extrcmidades inferiores, sin que

PIEDRA MAR1TEL, M. Camnpaga de Maceo etc. p. 17. Se trata de un error
tornado de las Cr6nicas etc.; de Mir6. Al terminar la Guerra Grande contaba 21
heridas. La hcrida n6mero 22 fue la que sufri6 en el traicionero ataque en las
calles de Costa Rica, el 10 de noviembre de 1894.

63







hubiesen alterado su exprcsivo rostro ni achicAdole el coraz6n, y dos
balazos mis, quc recibi6 en el combate de Punta Brava, forxnan un total
de 26 heridas.' iQue personaje ha lucido jam'ts esta profusion de
placas benemeritas? Y el gran cronksta de las acciones beicas de nuestro
primer guerrero, el coronel del Ejtrcito LJibettador y su ayudante de
campo, el general Manuel Piedra Martel, en su libro Campafias de Maceo
en la Wtima Guera de lndependencia, publicado en esta capital, en
1946, sefiala tambicn [a misma cifra, si bien en el prearnbulo llama la
atenci6n respecto a que ha podido fijar con exactitud fechas, escenas
y escenarios, basaindose particularmente en las Cronicas de la Gueria
del gmeral Mir6.
La primera herida recibida por Macco en acci6n de guerra ha sido
a nenUdo objeto de dudas, y su det:rminacton precsa siempre ofrecio
wuchas dificultades por ausencia de infonrinain concreta y fidedigna.
La mayoria de sus bi6grafos, o de los que han escrito sobre Maceo,
dan como fecha de su primera herida en combate la que recibi6 en 0
asalto y torna del ingenio Armonta. Otros no mencionan este asunto
en lo absoluto. a
Debemos a! acucioso bi6grafo de Maceo, el doctor Leopoldo Horrego
Estuch, el haber establecido las fechas y lugares en que aqu6I recibi6
las veintiseiis heridas de que hablaba Mir6, y que nadie antes de Horrego
hablia podido sefialar con ]a precision relativa que cabe en estos casos. '
Este autor, contrariamente a lo afirmado por otros bi6grafos conten-
porneos, da corno primera herida de guierra la recibida en el combate
de MichoacAn, el 16 de enero, de 1869, sin seniaiar el lugar del cuerpo
en que le fue infigida, sin duda por no disponer de mayor informaci6n
al respecto. El balazo que sufri6 en el inuslo derecho en la acci6n del
ingenio Armonia, el 20 de mayo de 1869, viene entonces a ser la segunda
herida recibida en combate.

2 ZARRAGOITTA ILEDESMA, LEOPOLDO. Maceo. La Habana, 1945, 21 ed. 1949,
p. 26; LuC[ANo FRANCO, Josh. Antonio Maceo. Apunes para la historia de su
vida. 3 vols. La Habana, 1951-57. t. 1, p. 51; APARICrn, RAUIL. Hombradia de
Antonio Maceo. La Habana, 1967, p. 61.
3 GallON PERALTA, LEO^ARDo. Antonio Maceo. Andlisis caracterolgico.
La tHabaina, 1936; HoRREoo ESTGuc, Lm.OPOLDO. Maceo. H1roe y tardefer. La
Habana, 1943, 21 ed. 1944, 31 ed. 1946, ed. del Centenario, 1952 y Maceo,
estudio politico y patrifico. La Habana, 1947; MARQUJNA, RAFAEL. Antonio
Maceo, hiroe ep6nimo. La Habana, 1943.
Combates en que fue herido Maceo. Bohemia, 3 de diciembre de 1965,
p. 22.


64















































Sigue enumerando Horrego las otras heridas, todas de bala, que
vran cubriendo de cicatrices cl cuerpo de Macco: 2 v 25 de julio de
1870, herido en Majaguabo Arriba y en cl emcuentro de San Rafael; y
otras dos, ambas en el vientre, y tambi'n c e mismo axio, una de nuevo

65







en Majaguabo Arriba, el 2 de octubre de 1870, y la otra en Nuevo
Mundo, el 28 de dcienmbre.
En 1872 recibe dos balazos en el pecho en La Matilde, el 16 de
enero, y el dia 24 del propio res resulta herido en un brazo en Tigua-
jabos. Finaliza ese aiio con otra herida en la acci6n del ingenio Santa
Fe, el 2 de noviembre.
El anio 1874 es herido levemente en el combate de Las Guasimas.
Hasta este momento el c6mputo arroja la cifra de once heridas, y la
correcci6n enel nuimero de stas nos lo dice el propio Maceo. En efecto,
en la clebre carta que este dirigi6 al Ciudadano Presidente de la
Repuiblica en Armas, que en ese momento lo era Fomis Estrada Palma,
fechada en eI camparnento de Barigua, a 16 de mayo de 1876, expresa
textualmente en uno de sus pasajes, hablando de 61 en tercera persona,
que "... ni estaS inutilizado, a pesar de las once heridas que en su
cuerpo lieva nob lemente, ni est 'cansado. ,
Pero de todos los cornbates en que se hall6 Maceo en la Guerra
Grande, en ninguno fue herido tan gravenente ni tuvo tan peligrosas
consecuencias, corno en el ilamado de Mejia, encuentro sin importancia
b6lica alguna, y que s6lo tendria significaci6n en Ia historia de las
campafias de Maceo, porque poco falt6 para que all. perdiera la vida.
Esta acci6n que tuvo lugar en Mangos de Mejla, provincia de Oriente,
se halla muy bien descrita por uno de sus bi6grafos contemporineos,
Leopoldo Zarragoitia Ledesma en su libro Maceo, en los siguientes
t6rrninos:
"El 7 de agosto de este 1877, a primera hora, se present el enemigo.
Es tropa de infanteria, a) mando del Mariscal de Campo Jose Varela.
La posici6n de Mejia es mala. Tan mala es que G6rmez rehus6 entablar
combate en ella hace apenas tres senanas, retiraindose a Los Indios.
Pero en Antonio Macco hay esa chispa repentina y ofuscadora del
re!ampago, esa inspiraci6n que es el destino o el genio de los grandes
hombres, que le ilevan a cientos de victorias Io mismo que a absurdos
combates. El de Mejia Cs uno de 6stos. Anteponiendo su coraje a la
advertencia de su buena estrelia, monta en su caballo sin apoyarse,
apenas, en el estribo, enrolla las riendas con la mano izquierda y em-
puniando en la derecha el rev6lver clava las espuelas en los ijares de

Publicada en Revista Cubania, 1877, t. 7, p. 536-537.


66



































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su Concha, que vuela mis qur galopa A! enctientro de la fuerza atacante.
Le sigucn, como centauros, sus avudantes y e-coita, Y de pronto, doii-
nando el fragor de la carrera, se o yc una descarga que encabrita a los
caballos y hace detencr la respiraci6n de los quc, en el campamiento.
les siguen con ]a vista. i Han caildo en una cmboscada!
"Atravesado el pecho de cuatro balazos, y heridos el antebrazo y
los dedos que mantenlan el rev6lver en alto, ]a gallarda cabeza siempre
erguida sobre los hombros enormes, el ancho pccho inflamado de brios,
los brazos poderosos y 'en el marco formidable un grand coraz6n', todo
va perdiendo energia y belleza y viene el desplor e raipido, seco. inevi-
table, sin gracia.
"Manando sangre a raudalks del pecho y finos ilillos de los oidos,
Ia nariz y la boca, una de las manos despedazada, la dereclia, 'inano de
la cicatriz', da la impresi6n que la 'ida sec ecscapa por segunclos del
cuerpo robusto de este hombre sin dispute algtnna cxccpcional. Y ante lo
que parece wr el carver de Antonio Macco, en r, edio del abatimiento
de las mujcrcs y el desconcirto de los homics que s agrUpan en
confusion alrededor del guerrero, todas las miradas se vuelven de pronto
hacia quien acaba de descubrir, en una frase el pcnsaniiento que domina
en todos y que nadie se ha atrevido a revelar:"i Muri6 La Rv.oluicion
cubana! vista era su alma!'
"Por fortuna para Cuba, ninguna de[ as balas toca el coraz6n de
Macco. Aunque graves de todos modos las heridas, su recia consti-
tuci6n le permite reaccionar poco a poco (le lo qtue a cualcquier persona
normal hubicra, sin duda. ocasionado la inuerte. A esta mejorfa lcnta,
pero constante, de Maceo, contribien cualio afectos iuy intirnos, dos
de elios fruto del espiritu: Mariana Grajales y Maria Cabrales, y dos de
la m.s acendrada alnistad: F6lix Figueredo y Maxinio G6rnez.
"Tras de aquella escaraintza sin objetivo, salvo el de poner a prueba
una vez mas el valor, se habia. levantado ei campamento de Mejia,
acampando en la loma dc Bio, cerca del rio de su nombre. Aqui montan
perenne guardia junto a ]a canilla del herido, su madre. su esposa. y
los dos citados militares.
"F'lix Figueredo y Maximo G6nez legan a temer seriamente por
la vida de Macco. El segundo sufre la doble pdrdida del amigo, a quien
ojalai que un poco de su sangre pueda servirle de bAlsamo prodigioso,


68






y del inilitar, pues no hay un jefe id6neo a quien pueda encargar del
destino quc deja Macco. Pero con ser mucho su deusco de pernianecer
a su lado, el i-rave estado de Ia revoluci6n -ain mas que e iel herido--
unido a la actividad crecicnte dc los cspaiiolcs, rcclaman su presencia
en otras parts. Y se marcha. Pero Jejos le acilta de continue una in-
quictud profunda por Ia suertc dcl gucrrero, sobre todo cuando al
Mirrchars no pudo reconocer, corno quiso, la zona de Barajagua, para
sabcr si estaba limpia de enemigos. En su d,,velo advierte al doctor
FiigLleredo de quc lc avise cldo quiera moverse de Blo para trasladar
a Maceo, a] objeto dc ,61 cubrir los caminos.
"El General Maximo G6rncz es uno d, esos hombres que dcsdenian
LOS cngaiios. El se percata claramente del peligro que corre Antonio
Nfaceo, mal berido y con una insuficicnte escolta, pudiendo en cualquier
rnornento ser sorprendido, y quiza volveria a repetirsc el triste caso de
Cespedes, o cuando, con mas foriuna, el do Calixto Garcia.
"Mientras, Macco, que ya empieza a ldars cuenta de su critical
sittiaci6n, con ansiedad infinita agarda el momento en que las pcrdidas
fiierias vuelvan a reanimaric. Lo desea vivamente plr ciertos rumiores
que hasta 51 han Ilegado de quo por algtnos militares cubanos se vicne
fraguando un plan para asesinar al General Martinez Campos y, aderns,
por la constant buisqueda de que es objeto nor las fiurzas dol Brigadier
cspaiol Gonz.Adez Munoz que, prctico del higar y conocedor por Ia
delaci6n de dos cubanos infames. del estado Ja.stiroso en quc 5e halla,
no dja ni vereda ni monte por realover. Entre sus Icales soldados,
prontos a. dar por 61 sus vidas, su espiritui m6vil y exasperado por Ia
ficbre les guia en ]a mnanilobra de trasladar su camilla de un punto a
otro de Ia manigua, cludliendo los encuentros.,- Cuinto diera el militar
maltrecho por hallarse sano para convertir a] puntoI a persecucion en
fuga! Pero Ia rcvancha sublime s6lo es viable en su excitada irnag ci6n.
"Una tardc, su field asistente Latorz6n, quo .ha ido cerca en busca
de leche para Ia alimentaci6n del herido, rercesa precipitadamente,
con las facciones descornpuestas. Los espan'oles le vienen encima y 6I
s6o les Ileva escasos minutos de v'ntaja. No hay ticnpo quc perder.
Todos s vuelven hacia Antonio Macco, pidindnko con sus miradas un
supremo esfuerzo. El militar les comprende y con insospechable Thinio
se levanta, poco a poco, de )a camilla de cujes. Los me'dicos que Jo
asisten, Figueredo y Brioso, se qucdan obscrvindole: temiendo lo peor;


69








pero cntrariamente a lo que esperan, no se produce el desmayo. Maceo
les sonrie y busca algo en torno suyo. Es a su hermano Jose, que est6.
alli, con su winchester dando instrucciones a los scis soldados, que por
toda protecci6n tiene el herido. De su valor indomable y de su punteria
certera, sabe Antonio Macco que ahora depende su vida y que por
mantenerla libre del riesgo, aqu6l se comprometera a realizar imposibles.
Mientras, del modo mas aprisa que 1o permite cl herido Ia mi-
nuscula fuerza se interna en el monte, los tiros de Jose Macco y de los
seis escoltas causan ya at enemigo series estragos. Soldado que se pone
al alcance de sus armas, es un enemigo rnenos en Ia persecuciorn tenaz.
Pero, de todos modos, el hostigarniento es terrible, abrumador, sin reposo.
"S6lo hasta bien cerrada [a noche pueden hacer alto los fugitivos.
Esa noche no se duerme, y al arnanecer se reanuda la marcha en di-
recci6n a las aguas del rio Bio, pero con rumbo al potrero de la sabana
de San Miguel. Antonio Maceo espera encontrar alli al Teniente
Coronel Mayia Rodriguez.
"Los dias de fiebre, el agotarniento fisico, ]a falta de alimentos,
Ia sed, todo se confabula contra el military: Tpcro su espiritu es indemne,
y arrastrandose por sobre los brefialcs, se acerca paso a paso al sitio
fijado.
"Llegando todos a corta distancia del rdo, se acampa al fondo del
potrero. Aqui Maceo se ctree seguro, estirnando que Mayia no debe
estar lejos. Sin embargo, el enernigo le sigue los pasos, y pronto sus
descargas atruenan el espacio. De todas parts Ilueven soldados. Nuevo
y violent esfuerzo le es exigido al Brigadier, que tiene ahora que
marchar por un camino malo, lleno de accidentes de tocas clases, de
vegetaci6n intrincada y erizado de peligros. Maria le sigue a pie, silen-
ciosa. A retaguardia Jose se bate fieramente.
"A) fin ganan el cauce de un arroyo que franquea el camino de
Barajagua. Antonio Maceo no puede mas. Sus pies se arrastran pesa-
damente. Va a dejarse caer sobre el polvo del camino? Suibito coraje
le asalta de pronto, y pide su caballo para alejarse de sus perseguidores.
A despecho de sus heridas y de su debil estado, con alguin esfuerzo
pronto es jinete, perdicndose despues, veloz, en las vueltas del sendero...
"No se detiene el guerrero hasta traspasar otro arroyo, donde en el
resto del dia se le van reuniendo los demos integrantes de Ia peque'a


70







fuerza. -Todos estin a salvo! Y en el carnino de Barajagua, Mayia
Rqdrlguez ya en marcha al encuentro del enemigo."
Hasta aqui la vivida descripci6n de Zarragoitia Ledesma de la
acci6n de Mangos de Mejia, y de la odisea de su escape de la perse-
cucidn de las fuerzas espafiolas. En esa escararnuza sin importancia, es,
sin embargo, donde ma's gravemente ha sido herido en la Guerra de los
Diez Anios, y en la que a poco deja ]a vida. En dicha acci6n de guerra
recibe en total ocho heridas, cuyo conocimiento preciso se lo debemos
a su medico en la Guerra Grande, el doctor FTe'ix Figueredo y Diaz.
Este 'Idtimo, en respuesta a ]a carta de Maximo G6mez fechada en
Los Indios, a 11 de agosto de 1877, manifestindole que tiene detenido
el correo para el Gobierno hasta que le diga ei pron6stico de las
heridas,6 le responde ese mismo dia.7
"Mayor General Miximo G6mez. Agosto 11 a las 3 de la maiana.
Querido amigo. El estado del enfermo bastante grave y es de temerse
resultado funesto si no ceden los sintomas. La noche pasada ha podido
muy poco reconciliar el sueio y en los momentos en que dormitaba lo
hacia delirando. La fiebre, que desde el primer dia se present, en vez
de ceder aumenta y su pulso late lo menos 110 veces por minuto. La
lengua pastosa y seca. La sed es intensa. El vientre timpinico y un
estreiiimiento tenaz, que ayer empez6 a ceder mediante lavativas emo-
lientes que yo mismo le puse.
"Las heridas del pecho no supuran y dos de ellas son penetrantes:
las otras de Ia misma regi6n algo inflamadas pero Istas presentan ]a
ventaja que Slo han ofendido )a pie! y que mis obraron por contusion;
de manera que en toda la parte anterior del pecho cuenta 5 heridas:
en la mano derecha trees; una en la palma y el resto en; los dedos anular
y pequefio; que han presentado los primeros sintornas de gangrena que
estoy combatiendo con lociones cloruradas y con separar Ia parte esface-
lada raz6n por lo que se estA limitando. En ]a cura de ayer extraje
de la herida de ia palma de ]a mano una anilla metalica del tamafio
de un medio que examinada result6 ser del revolver con que hacia
fuego cuando fue herido.

0 Publicada en Revista Cuban a, 1878, t. 8, p. 153-154.
7 Archivo Nacional de la Repiblica. Donativos y Remisiones. Caja 470,
no. 41. (Documento original.)







"Distintas veces he tratado de explorar la principal hcrida de pccho
para saber con fijeza los 6rnga os que interest v d6nde qued6 coloca~lo
cl proyectil y aun cuando no he podido dar con 6ste ic he convencido

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prfor6 a su paso el pulrm6n derecho en su parte superior y despues
fue a impiantarse muy cerca de la colurnna vcrtebral de donde por
ahora no se le puede extraer hasta que no former foco purulento para
practicar ]a contra abertura.

73







"En este estado se hace por hoy imposible moverlo y esperaremos
ver si al cesar la fiebre y establecerse una supuraci6n franca toina otro
camino la enfermedad para entonces formar pron6stico ma's favorable.
"El, sin embargo, queda despejado, tanto que ahora me llam6 para
decirme te dijera que no podia moverse hasta tres o cuatro dias pasados
que cree estar mucho mejor; y que por lo tanto podias moverte
mandandole ]as novedades que ocurran y que puedan interesarle.
"Esta carta no es la que debes mandar al Gobierno, pues por su
estilo comprendercis no tiene lenguaje oficial.
"La calentura reinante estA aqul en su apogeo y Maria" participa
ya de la epidernia general.

"Bueno es el mundo, bueno, bueno!

"Tu afectisimo F lix.. a


El 29 de septiembre de 1877 desde El Saito le escribe el doctor
Felix Figueredo Diaz una extensa carta a Maiximo G6rmez, donde
le narra las peripecias de Ia huida de Maceo mal herido, de sus perse-
guidores, y describe c6mo; "En marcha haciendo eses caminando
ientamente, es decir, paso a paso por el fatal estado de Maceo que
seguia falto de fuerzas y con sus pulmones heridos, aunque en vias de
cicatrizaci6n." Y lineas despues comenta la extraordinaria robustez del
herido en estos terminos pintorescos: "-.. este General Maceo, como
todo insurrecto de buen calibre, mejor se cura con agua, con hierro y
con fuego que con balsamos y ceratos; mientras que su m6dico sigue
tomando notas para si se salva del Agarra y sobrevive, preguntar a los
sabios de las Academias y a los Profesores clinicos si puede ser posible
que en esta tierra del pasmo y del paludismo, un hombre postrado en
una ruistica cama de cuijes, mal acolchonada con guajaca pero sin
forro de tela; teniendo sus pulmones interesados por el plomo de una

s Maria Cabralcs, esposa de Antonio Macco.
D Hay una nota debajo de la firma de Felix Figueredo que dice: "Es la
firma del doctor Filix Figueredo, Brigadier del Ejercito Libertador." (fmdo.)
Modesto Fonseca, Brigadier Jefe de Estado Mayor. A la izquierda se encuentra
otra autenticaci6n de Fernando Figueredo Socarrs.
10 Publicada en Revista Cubana, 1878. t. 8, p. 155-160.


74







bala de Remington y e! hierro de ]a manzana de un rev6lver hecha
pedazos; y heridos los dedos de la mano como tambien el antebrazo
derecho en su parte anterior y media, puede levantarse en medio de la
gravedad de sus heridas, caminar leguas a pie, no comer, ni dormir en
tres dias, cruzar rios, montar a caballo, correr y decir al cabo de tan
violentas fatigas, que se encuentra mucho mejor, y espera acabar de
curarse para salir a tomar la revancha en ]a que harA por cobrarse
y con interns ]a deuda que con 61 han contraido los defensores del
absolutismo colonial y de la esclavitud". Y mas adelante concluye con
esta frase tranquilizadora y terminante: "He dejado a Maceo en franca
convalecencia..."
Despues de este desgraciado combate de Mangos de Mejia, donde
Maceo sufri6 el mayor nuimero de heridas en toda su carrera de gue-
rrero, habria de recibir dos mas antes de tenninar la Guerra de los
Diez Anios. Estas les fueron infligidas el 9 y el 12 de febrero de 1878.
La pimera, leve, en la vereda de La Juba, la segunda en un brazo,
en el combate de Llanadas de Juan Criollo. Ninguna de estas doi
6ltimas heridas, las nmeros 20 y 21, las menciona ninguno de sus
bi6grafos, y su conocimiento se debe a la relaci6n de 6stas que public
el doctor Leopoldo Horrego Estuch en 1965, mencionada en nota 4.
Tras el Convenio o Pacto del Zanj6n (10 de febrero de 1878) y la
viril Protesta de Baraguia (15 de narzo de 1878), s6lo pudo seguir
guerreando Maceo por muy poco tiempo ms. "Mientras que el estan-
darte de la Patria es desesperadamente sostenido por Macco -escribe
su bi6grafo Zarragoitia Ledesma- un viejo amigo de 6ste, el doctor
Figueredo, traspone por el sur las lineas espafiolas para celebrar una
entrevista con Martinez Campos. El Gobierno cubano, comprendiendo
que el patriotismo no mueve ya los brazos, que el ideal de libertad se
asesina diariamente con deserciones y renuncias, ha acordado salvar
de la humillaci6n de la derrota a su mas grande campe6n, el General
Antonio Macco, conisionandolo al extranjero en gesti6n oficial .... Con
]a mas liberal autorizaci6n espafiola en sus manos, de dejar salir de la
Isla con cuantas personas quisieran acompaniarle, a su mas terrible
enemigo, el Gobierno llama al General Macco. Tan pronto 6ste Ilega
a Baragua', comparece ante el Gobierno.... Sin reflexionar mucho sobre
la orden que recibe, s6lo hace una objecon: "Obedecere cualquier
"orden del Gobiemo, siempre que rste se comprometa conmigo, caso








"de que abandone el campo, a esperar mi vuelta: o a no capitular sin
"que yo haya expuesto la situaci6n y las esperaizas quc para Ia conti-
"nuaci6n de la guerra ofrezcan las emigraciones. Cree realmente
Macco en la autenticidad del papel que Ic csta cn omendado? Es de
pensar que st, porquc de haber sabido quc s6io se aguarda su salida
para concertar la paz, no dejaria a su hermano representandolo en mna
lucha que va a terminar de una manera tan pobre." 11
En Kingston. Jamaica, fracas6 la misi6n encomcndada a Macco.
La emigraci6n de ese lugar contribity6 con cinco chelines, es (kcir, diez
reales fucrtes, y se inscribieron para venir a Cuba site hombres. Despw"Iw
de este sonado fracaso, el Gobierno Provisional, en mayo de 1878, acordc6
acogerse a la paz.
Estando Macco en Nueva York, donde habla ido a continuar sus
gesfiones fallidas en Jamaica, sc cnter6 en junio de 1878 de ]a capi-
tulaci6n de los cuhanos, y en agosto de dicho afio regres6 a Kingston.
A fines de agosto de 1879, sin esperar lalegada de Calixto Garcia y
Antonio Macco, se alzaban en Ctba varios 'grupos entre Gibara y
Holguin y aim en ]as propias calles de Santiago de Cuba. Era cl incio
de Ia liamada Guerra Chiquita, fracasada por falta de recursos y orga-
nizacion en 1880.
Sin duda le resultari interesante saber al lector, que si bien Macco
no muri6 de herida de bala en los dicz largos afios cIue dur6 ia Guerra
Grande, poco falt6 para que muriese ahogado al tratar de cruz-tr a
caballo un rio crecido, hacia fines de 1876, despu6s del ataque a Ba-
racoa. Este accidente, no mencionado por ninguno de los bi6grafos de
Macco, fuc dado a conocer por el comandante dcl Ej6rcito Libertador,
veterano de la guerra de 1868-78. Mantel 'ala.s y Ooardo, fn Unos
breves episodios sobre la Guerra de los Diez Afios, publicados en 1928.
He aqi como narra el cornandante. Calas ste curioso suceso de la
vida guerrera del Tit an: 12
"Al dia si~giente marchamos por has orillas dcl rio Toa, crecido,
encontrando en nuestro camino muchos pasos infranqucables. Ail suce-
di6 un grave incidente que pudo traer graves perjuicios a la revoluci6n.

11 ZARRAGOIT[A LpDEs^A, L. Mareo, La Habana, 1949. 24 ed., p. 91-92.
"z CALAs OD^ANo, MANU:L. Rescia historica de episodios de )a Guerra.
1868-1878. Boletfn del Ejircito, sepliernbre de 1928, t. 26, no. I. p. 8r)89.









"El General Macco, a pesar de no saberi nadar. con el arrojo que
siemprc le caracteiwara. pretcndi6 (conflado en ci caballo quc montaba,
LeLIC pot cierto era tl)y lhvmoso y d' tmucho brio, pero de poca expe-
riencia cn aqueIi!os teenos), atravesAr la corriencte, siendo arrastrado
por ella. Se oyo entre [a- filas el griio unzinint: "Se ahoga nuestro
General", salido de t odas las gaivantasde aquellos lonbres que admi-
raban e idolatraban a su jefe. Iiinediatanientecse ianzaron al agua cun
denodado valor los Ca!iltaes Consuegra y Mante1 Caballero y lograron
salvar Ia preciosa vida dei Tit~in. Maceo fue tendido (n el suelo con
los pies nias altos que la caibeza, y al poco rato arojt !r cantidad de
agua y recobro cai enseguida el conocimiento. Se st ito'i, dTo: "odav a
dart6 qwe hacer". Pidi6 su caballo v mont6. Enm!rundimos de nuevo la


Y termina su relato ei comandante Calks con esta frase de epopeya:
"Con hombres corno 6se, teniamos lo, cubarios el derecho do ser
libres."












Prim y el 68








Leopoldo Horrego Estuch


De las figuras principales del derrocamiento, en septiembre de 1868,
de la Reina Isabel 1I de Espania, Serrano, Topete y Prim, este fue la
personalidad mas vigorosa de aqueI movimiento renovador del regimen,
con un prop6sito revisionista, aunque no cuajara plenamente, para
decepciones publicas. Si bien Serrano ostentaba el aparatoso cargo de
Regente, Juan Prim, conde de Reus, tenia practicamente el poder; y se
distinguia del cuadro director por su audacia y liberales convicciones.
En cuanto a ]a guerra de Cuba, emprendida el 10 de octubre, Prim
procur6 solucionarla con ganancias para ambas partes, partiendo de
que a la larga Espaia perderia a la distante colonia y, por tanto, habla
que adelantarse a esa fatalidad con un decoroso ajuste. Ensay6 varies
f6rmulas, y la ltima, la mas beneficiosa a )a insurgencia criolla, por
contraerse a la independencia, no pudo avanzar por su tragica muerte.

Como reflejo de la disposici6n cordializadora de Prim, vino como
Gobernador de Cuba, el 4 de enero de 1869, et general Domingo Dulce,
que participara en la revoluci6n septembrina. Tolerante, estim6 nece-
sario un entendimiento con los cubanos, mediante mejoras instituciona-
les; y como expres6n de su buena voluntad promulg6 la libertad de
imprenta, a cuyo amparo salieron numerosos peri6dicos. Otra media:
una amnistia, para viabiliar mas el buscado acercamiento. Para ini-
ciarlo, envi6 dos comisiones a la manigua. Una a Camagiiey, integrada







por Ram6n Rodriguez Correa, f-orlensio l amayo y jme6 de Armas
Tamayo, que desembarcaria en Nuevitas. Los apegados al sistema coio-
nial liamados ironicarnvite "buenos cspaioles, se opusieron a esta
political V p(3r su cuenta, publicaron per6dicos defensores de sus mai-
sanas conveniencias. Encontraba, pues, Dulce, rudos i m lied imentos en
cl citnpo peninsular.
Esta comisi6n, por ]a actitud afin del cubano Au.sto Arango, de
ascendencia e i la region carag-'wcyarIa, pudo entrevistarse en Imlas con
el (.onii tc Revolucionario, el 18 de cnerk. Salvador Cisnem;osleazciirt.
Ig:icio Agramonte y Eduardo Agrat ionte se nostraron contrarios a
todo acurdo qtue ignorara la indcpendencia. Arango quiso qum tc
asunto se ventiara en una asamblea general, y con un salvoconducto
del teniente gobernador de Ntievitas pa.o a Puerto Principe, para con-
tinuar las negociaciones. J)esde irnias cl 19 de enero la cornisi6n le
envIo a C.spedes uria cartel que tralan de .DLlce.
El Presidente le contcst6 que estaria en Ojo de Agua de Melones,
para la entrevista. El asesinato de Aiango a la entrada de Puerto Prin-
cipe dio tirmino a la actividad de estos colnisionados, por orden del
Comite Revolucionario.
La comisi6n de Oriente, formada por l Ldo. Francisco Tamayo,
Ldo. Joaquin de OIro y Jose Ralnilrez, leg" a general Donato M .rmol,
al que acompaiiahan Maximo G6mez, Caiixto Garcia, Pedro Figueredo,
Plo RIo.ado v otros jefes, en Giro. no lejos de Caney, comarca de San-
tiago de Cuba. Estos cubanos tntinuinmeinefic acordaron qu.- s6Io entra-
ban en ]a paz, coincidiendo con CamagieCy, con el otorgamiento de la
independencia, y la consiguiente abolici6 n de la eavitud. La tesis
gubernamental reformista no encontir el anmbiente que el general Dulce
esperaba.
Esta comisi6n pudo visitar a CMspedes en Ojo d Agua de Melones,
quien recibi6 otra caria de Dulce, expresiva de Ia utilidad del cese de
la guerra, d.structot de riquezas y vidas, en perjuicio de todos:, v que
era su desco balkr una corwergencia political honrosa para tnos y
otros, que devolviera a esta provincia espafiola el tan necesitado sosiego.
En este lugar conoci6 C6spedes de la muerte alevosa de Arango. En la
contestacion a] Capitn General le decia que 6lo podia haber con-


80







cierto con la independencia de Cuba; y que el ascsinato de Arango
impedia se continuara el trato con Ia representacidn gobiemista.1
En la ciudad de La Habana los sucesos del 22 al 25 de enero, del
teatro Villanueva, saqueo de la casa de Leonardo del Monte y asalto
de ]a Acera del Louvre, con muertos y heridos, por los voluntarios,
contradecian abiertamente al general Dulce, con la evidencia de que
no peraitirian ningiln arreglo con los cubanos. Dulce, por la imposici6n
de estos elemento-, reacios a lo que conllevara la p6rdida o menoscabo
de la sobernia hispana en la atormentada Isla, tuvo que dejar el
mando a unos cinco meses de su ejercicio.
Por el tradicional inters de los Estados Unidos en Cuba, al asumir
la presidencia el general Ulises S. Grant, el 4 do mazo, illpuesto de la
favorable disposici6n del Primer Ministro de Espania, Juan Prim, en lo
referente a una inteligencia en lo de Cuba, ofreci6se de mediador.
A este efecto dio instrucciones a Mr. Paul S. Forbes, con el carter
de Agente Especial y Confidencial. En ]a primera entrevista entre Forbes
y Prim se lleg6 a un plan que comprendia tries puntos: "Primero: la
independencia de Cuba. Segundo: indemnizaci6n al gobierno espaiol
por los cubanos, asegurada por el derecho de retenci6n de las rentas,
garantizando los Estados Unidos el pago en calidad de fideicomisario.
Tercero: amnistla." El montante de la indemnizaci6n se calculaba en
ciento veinte y cinco millones de pesos. Se procuraba evitar las valiosas
perdidas de bienes y vidas, e irnplantar una estructura satisfactoria en
la Isla, a unque la naci6n nortefia se reservaba el papel resolutorio del
pi-oblerna insurrecto, de intenciones lucrativas en lo politico y econ6mico.
Mientras Forbes trataba dicho Plan en Madrid, Jos6 Morales Lemus,
Ministro plenipotenciario de la Repilblica de Cuba en los Estados
Unidos, le entreg6 el 23 de junio de 1869 al Secretario de Estado
de esa naci6n, Hamilton Fish, un proyecto para dirimir el conflicto cuba-
no. Se contrala a conceder Espaiia la independencia de Cuba; el pago

2 L; atitud de entendimiento del Capitfn General Dulce, y el nombra-
miento de las comisiones y su resultado, aparecen en MORALES Y MORALES,
VIDAL, Honbres del 68, p. 123 y sigs. Tambikn en GUERRA, RAMIRO, Guerra de
los Diez Aiios, p. 156. Hay autores que opinan que la comisi6n de Oriente se
entrevist6 con otros patriotas y no con CGspedes, pero Mas6 aclara el asunto,
declarando que 61 estaba presente cuando vieron a Cepedes. Archivo Nacional,
t. LIII, p. 121 1956. Narra Mas6 que en esta reunion Estrada Palma tuvo un
incidente, por estar por un arreglo con los cornisionados.







por Cuba a Espafia, en la forma y plazos que se acuerden, de una
suma equivalent al complete y definitivo abandono por parte de ]a
segunda, de todos los derechos sobre la Isla, incluyendo ]as propiedades
puiblicas de toda especie; si Cuba no pudiere pagar la suma a] contado
de una vez, los plazos futures y Ios intereses sc asegurarAn con los pro-
ductos de las aduanas, conforme a lo quc convinieren Las partes; abo-
lci6n de la esciavitud; y un armisticjo durante )as negociaciones. En
este trazado convenio, eliminada la garanda norteamericana., s6lo figu.
raban dos paxtictipantes: Cuba y Espafia.
El presidente CUspedes lo aprob6, por contener, sobre todo, ]a libe-
raci6n de la Isla, estimando, y asi lo comunic6 a Morales Lemus, que
con tal aceptaci6n detentase una guerra que scria desastrosa, en bien
y honor de io sostenedores de a independence. Naturalmente, ]a
cancilieria nortcia no Ic dio calor a este proyecto, y continuaba en la
tramitaci6n de las ya concertadas estipulaciones con Prim,"
En Espaiia impugnaban los designios de avenencia con Ia insurrec-
ci6n. En ei mismo gobierno, los compafieros de Prim no ocultaban su
desacuerdo; y, en Cuba, los voluntarios sc producian abiertamente en
identico sentido. Prim, como prueba de su intirno pensamiento, le con-
fes6 a Forbes: "Por mi parte, si yo decidiera el caso diria a los cubanos:
idos si quereis, pagadnos lo que nos costais, y dejadnos sacar el ejercito
y la escuadra para consolidar las libertades y recursos de la Peninsula."
El presidente Grant sustituy6 a Forbes con e general Daniel
S. Sickles, nombrado Ministro en Madrid. Fue hombre de confianza
de Lincoln, y perdi6 una pierna en la famosa batalla de Getysburg,
teniendo que andar con muletas. El 20 de julio de aquel anio, 1869, se
entrevistaba con el ministro de Estado, Silvela. Por las crifticas encon-
tradas, Prim hubo de modificar el anterior plan, dandole esta forma,
que recogi6 Sickles: "Primero: Deponer las arnas los cubanos. Se-
gundo: Amnistia general y disoluci6n del cuerpo de voluntarios. Ter-
cero: Decidir la independencia por un plebiscito. Cuarto: En caso de

2 Las bases de Morales Lemus en que se apartaba de las de Forbes y Prim
constant en PORTELL VItA, HERMINIO, Historia de Cuba en sus relaciones con
Estados Unidos, t. 2, p. 258.
3 El texto completo de la comunicaci6n a Morales Lemus se encientra en
PORTELL VILA H. op. cit., p. 552. Tambin en dicha obra se encuentra el texto
conteniendo las bases para la terrninaci6n de la guerra.


82?







independencia indemnizar a Espafia bajo ]a garanta de los Estados
Unidos." El Secretario de Estado de la Uni6n Americana, reflejando
el criterio presidential, rechazo el contraproyecte, por impracticable,
aduciendo que los cubanos no depondrian las armas previamente; y que
]a consulta electoral no podria verificarse irnpiamente por el estado del
pals, bajo la violencia gubernamental y los irritados voluntarios.
El peri6dico insurrecto La Revolucion, de New York, combati6 los
dos intercambiados proyectos, tenidos por venta, expresando en un
articulo definidor: "Cuba con las armas en a mano no consentiraS que
la sangre derramada fuese inrtil; y por consiguiente no apoyara. esa
compra, padr6n de vergienza si se le aceptase." En una hoja suelta
numerosos patriotas de ]a misma ciudad criticaban la negociaci6n esta-
blecida, afirmando que no podia haber venta, pues ia firmeza criolla
era conquistar la independencia al noble precio de ia sangre.
Los espaioles intransigentes de Cuba se oponian tambicn at arreglo.
Su mas alto vocero era el Capitan General, Antonio Caballero y Fernan-
dez de Rodas, quien clev6 a Prim este desafiador despacho: "Afortu-
nadarnente Jos espafioles de aqui no nos hernos degencrado, como por
R; visto sucede a los de sa; y mientras haya uno solo que pueda man-
tener enhiesta Ia bandera de Castilla, Cuba sera espaiola por encima
de ese gobierno y de todo el mundo."'' En Madrid, los diarios El Impar-
cial y La lntegridad Nactional daban la nota agreswa contra el preten-
dido traspaso de la Isla, con lo que ratificaban las osadas frases del
Gobernador de Cuba. Los voluntarios de La Habana, los primeros en
ia exageraci6n negative, enarbolaban este excluyente lema: "los espa-
fioles que esttn en Cuba podr~n ser vencidos; cedidos o vendidos jarnas;
Cuba sera espaniola, o la abandonaremos convertida en ccnizas." Real-
mente aparecia Prim como una excepci6n en el panorama espafiol.
Grant apremiaba para tina pronta conclusion, por lo que en vista
de los obstaiculos confrontados separ6se de este inicial intento de soki-

4 En SALAZAR, SALVADOR, La gestirn diplomaitica de Morales Lemus y un
Memordndum de Morales Lemus, Archivo de N6stor Ponce de Le6n.
5 El texto en facsimil de la hoja suelta de los cubanos aparece en PORTELL
VILA, H1. op. cit. p. 288.
'6 PRALA, A., Anales de la guerra de Cuba. Madrid, 1895. t. 1, p. 807.
1 POITELL VILA, H., op. cit. p. 304.


83







cd6n, el 19 de octubre de 1869. No obstante,0 e ministro Sickles conti-
nuaria en sus actividades mediatorias, por el no ocultado interns notteiio
en la cuesti6n de Ctuba. Morales Lemus, conform a las circunstancias,
abogaba por ]a beligerancia de los imsurrectos, significativo de facl! ida-
des para el aprovisionamiento voilitar del mambisado. No tuvo exito.
En el emtenso curso de la emancipaci6n cubana, los Estados Unidos no
se deteriinaron por esa actitud, por sus ulteriores miras interveneio-
nista's o de influencia dominadona.
Prim, pese a las dificultades, desecso de un entendimiento stable
y digno, se decidi6 a tratar directamente con los criollos, aunque de
modo reservado. El minister de Ultramar, Segismundo Moret, qued6
encargado de promover el acemamicnto, comisionando a Nicolas Az.
rate, cubano, de viejas ideas reformistas, para que plantcara Ia cues
ti6n. Arrib6 a Ia ciudad de New York a mediados de 1870. No pudo
dialogar con el comisionado revolucionario Jose6 Antonio Echeverria,
al saber 6ste la naturaleza de su actividad, pero lo hizo con el otro
comisionado, Jose Manuel Mestre. Le comunic6 que podia legarse a
un pacto a tenor de estos extremes: deposici6n de las armas por los
cubanos; amnistia general, con la condici6n de estar fuera de la Isla los
jefes revolucionarios durante un afio; desarme de. los voluntarios, de-
signaci6n de diputados a Cortes; aboliic6n de Ia esclavitud; y estable-
ci iento de una Constitucion, que permiera un sistema auton6mico.
Mestre replic6 que no podia comprometerse a lo proptiesto, pues s6io
estaba autorizado para un convenio que otolala la independence;
pero que to pondria en conocimiento del p resident Cspedes, que no
tard6 en ratificar la conducta de Mestre, por su fidelidad a la invaria-
ble politica insurrecta.
Azcrate confi6 entonces al poeta Juan Clcmente Zenca el traslado
al gobierno cubano de su proposici6n autonomista, y que le razonara
de sus bondades. Lo raro de Zenea que, con esta misi6n, se puso at
habla con el minlistro de Espanha en los Estados Unidos, Mauricio L6pez
Robert, quien le coste6 el viaje y le dio un pasaporte suficiente, para
que recomendara el abandono a los alzados de la manigua, por la
carencia de medios del exterior. A fines de aiio estuvo dos dias en
Cuba, y a su regrso llevaba cartas importantes de C spedes, y acorn-
paniaba a Ana de Quesada al extranjero, esposa del Presidente.


84







Zenea, en una contradictoria embajada, vari6 de gestiones en su
visita a C6spedes. Fue aprcsado pot los espankoles, y trash un dilatado
proceso sufri6 la pena de fusilamiento, como reo de traici6n, el 25 de
agosto de 1871. Conocedor del ingenuo comportamiento de Zenea, por
fiaquezas de caracter, Cespedes hizo esta triste y a la vez terrible cali-
ficaci6n: "Morir odiado do los espafioles y de los cubanos, cuando pudo
tener en la historia un higar distngtuido."'
El president C6specdcs public en El Cubano Libre, peri6dico ofi-
ial de la Revoluci6n, en la edici6n del 26 de febrero de 1871, una
proclamna para irradiar ofrecirnicntos sin separatismo, declarando trai-
dores a todo individuo que propusiera la autonomia, porque no
"... cable ninguin preliminar de paz quc no sea la independencia poll-
tica, pot ]a guorra de exterminio que se esti haciendo a los patriotas.
Los cubanos no admitian, pues, mas soluci6n qu. ]a absoluta libertad,
no importando los sacrificios y las destruccioncs que, corno precio, hu-
biera que pagar.
Prim, variando de tictica, dada )a imposibilidad de ia autonomia,
se determin6 a conversaciones por la independence, sujeta a ciertos
requisitos. A Miguel Jorro, que se habila distinguido por sus trabajos
periodlsticos en favor de Cuba, confi6le la misi6n de llegar a los insu-
rrectos su nueva disposici6n. En cl documento quo lc entreg6, e! 28 de
octubre de 1870, y que con Ol suscribieron los ministros Nicolf.s Maria
Rivero y Segismundo Moret, se declaraba: "Si ]a situaci6n que atraviesa
la Isla de Cuba se prolongara mucho tienp)o, el resultado seria fatal
para los grandes intereses espanioles existentes en aquella Antiila. Pre-
ciso es que so adopte una soluci6n radical, siempre que Ja honra del
pals no sufra desdoro alguno, y se logre armonizar los lazos que hoy
unen a Cuba con Espania. Los gobiernos libres no pueden aceptar los
errors del despotismo. v nosotros, que nos preciamos do haber com-
batido ]a tirania, no queremos para Cuba i que en Espafia hemos
anatcmatizado. Firmes en este prop6sito, confiados en su pericia y
talento, y conociendo las intimas relaciones que le unen a la ernigra-
ci6n cubana, le autorizamos para que se traslade a Washington y con-

e La terrible calificaci6i de Gespedes figtira en carta a su esposa de fecha
18 de octubre de 1871, que aparece en CESPEDES V QUESADA, C. M. DE, Carlos
Manuel de Cspedes, Parls, 1895. p. 124,

85







venga con los representantes de la insurrecci6n las bases para un arre-
glo definitivo, tomando por principio la independencia de Cuba.,,
En Paris se puso Jorro al habla con Carlos Varona, y 61 mismo dio
cuenta a la delegaci6n revolucionaria en New York del reciente giro
de Prim. En estas diligencias vino el atentado criminal de Prim, en la
noche del 27 de diciembre de 1870, ocasionindole la muerte a los tres
dias. Prim, por haber lesionado intereses politicos y dinasticos, tenia
muchos enernigos, por lo que el atentado se estina producto de una
especie de concierto, del que no era ajmno el extrernismo colonial de la
Isla. El president Carlos Manuel de Cespedes, en sit diario, recoge la
opini6n de Ram6n de Cdspcdes, comisionado de la Revoluci6n en cI
extranjcro, quien "atribuye ]a muerte de Prim a los negreros de La
Habana", renuentes a la abolicion, que crelan hacedera por la actitud
dc este hombre p6.blico.
No obstante rsta perdida, indicadora de la frustraci6n de la oferta
hidependentista, Jorro se dirigio a Ia citada ciudad nortearnericana;
y alli, con los comisionados de la R p iiblica de Cuba, Jose Manuel
Mestre y Jos6 Antonio Echeverria, convino el 21 de abril de 1871, en
las bases que se enumeran para finalizar ]a guerra, sujetas a ]a ratifi-
caci6n de sus respectivos gobiernos:
"Primera: Espafia reconocera la independencia de la Isla de Cuba.
Segunda: Cuba pagara a Espafia, en Ia forma y plazos que se acucr-
den, una suma equivalcnte al cornpleto y definitivo abandono, por
parte de la segunda en favor de ]a primera, de todas las propiedades
p6blicas de cualquier genero quw sea; entendic'ndose comprendida en
dicha suma ]a necesaria para garantizar el pago de la deuda que el
gobierno de Espania tenga contraida con el Banco de La Habana, al
ratificarse las presentes bases, asi corno tambien el irnporte total de las
cantidades embargadas o confiscadas por el mismo gobierno, y que
deben devolverse a sus Irgitimos duefios. Tercera: La Repu'blica de
Cuba no reconoceri ni;guna otra deuda de Espafia, cualquiera que sea
su denominaci6n y origin, fuera de las dos mencionadas en ]a base
precedente. Cuarta: Aceptadas y ratificadas estas bases, se suspender~n
inmediatamente todas las hostilidades por una y otra parte, y todas las
med idas adoptadas con motivo de la guerra, contra las pen.onas o con-

0 La declaracion de Prim y otros ministros se hl1a en PORTELLA VILA, H.,
op. cit. p. 333; tambiiin en SANTOVENJA, E mETER1i, Prim, el caudillo, p. 241.


86








tra las propiedades. Quinta: Se celebrara. un tratado de comercio entre
Espania y Cuba, concedi'ndose mutuamente facilidades y franquicias;
cuyo tratado debera ponerse en ejecuci6n dentro de los seis primeros
meses despuf.s de proclamada Ia independencia de Cuba. Sexta: La
Repfiblica de Cuba se compromete a proteger las personas y propieda-
des de los espafioles que residan en la Isla, en cuanto las u!timas no
est6n en oposici6n con las leyes fundamentals de la misma Repuz-
blica."'0
Al gobierno de ]a Repuiblica en Armas se le trasmiticron esas bases,
que habrian solucionado el cruento debate cubano. Jorro, a pesar de la
muerte d Prim, crey6 que por estar en el documento de 28 de octubre
de 1870, daindole poder para las negociaciones independentistas, la
firma de Nicolis Maria Rivero, que figuraba de ministro en el recian
estrenado gobierno, con la exaltaci6n al trono de Anadeo Primero,
trabajarla por el xito de lo que habla suscrito; pero no fue asi. A esto
se unta que el general Serrano, primer ministro, ostensiblemente con-
trariaba las mencionadas bases, sosteniendo que a los que no recono-
cieran surnisos y obedientes el gobierno creado en Espafia, se les pre-
sentaba ]a bandera de la guerra.
Arreciaban los ataques de la inconformidad espafiola, En Cuba, el
Capitain general, conde Valmaseda, rechazaba de piano la concesi6n
de la libertad a ]a Isla, y dispuesto a desacatarla de llevarse a su eje-
cuci6n, contando con el concurso de los voluntarios, los esiavistas y el
integrismo en general. Se malograba el arnplio objetivo independizador.
A las armas quedaba el desenlace de ]a pugna insular.
Este singular esfuerzo de Prim queda ante ]a Historia, para su
g1oria, como un empefio de complacencia a ]as aspiraciones revolucio-
naias de los cubanos, y encaminado a provechos comunes y a los mas
fraternales nexos centre la que volveriase antigua Metr6poli y el retofio
antillano, transformado en Repiiblica por e! separatisino insurrecto.






10 Las bases fueron publicadas en el peri6dico La Revoluci'n de Cuba.
New York, 25 de enero de 1873.


87











La misica en las revistas
cubanas del siglo XIX 1822-1868*







Zoila Lapique Becal;


Introduccrofn
El studio de la mfisica impresa en las publicaciones cubana por
entregas del silo xtx lena una doble finalidad: bibliografica y musi-
col6gica, pues reune toda la muisica que se public en esas condiciones,
destacando ]a importancia bibliogrfica de cada revista, y trata de dar
un reflejo fiel de la seria preupaci6n de los editors or ofrecer nue-
vos atractivos a sus slsciptores.
Como aporte a la historia de ia misica en Cuba recoge la obra
creada por profesionales y aficionados cubanos, extranjeros radicados
en el pais, asi como tambien, la que se importaba del extranjero por
nuestrs casas de muisica; se ofrece, en una visi6n cronol6gica, el gusto
de los aficionados cubanos y la labor de los mrisicos profesionales -;
travs de los afios y de las evoluciones e influencias que recibiamos del
exterior que, al ponerse en contacto con las corrientes criolIas, se mo.
dificaron o fundieron con ellas.
La importancia que para la cultura cubana tienen las publicaciones
por entregas del siglo xix puede constatarse si revisamos ]a rica pro-
ducci'n de titulos editados en ]a Capital. Con sOlo mencionar algunos
de ellos, aparecidos entree 1822 -fecha en que surge ]a primera

Esta introducdi6n forma parte de un trabajo inedito de igual titulo.


89







publicaci6n con pliegos de nii'sica impresa-- hasta 1868, en que se
inicia la Guerra de los Diez Aios, podemos formar una rica biblio-
grafia de ptibicaciones peri6dicas: La Moda o Recreo Semanal del
Bello Sexo, en 1829; El Apolo Habanero, en 1836; El Album, EI Plantel,
La Cartera Cubana y La Siempreviwa, en 1838; El Prisnta, en 18{6;
El Colibri, en 1847; El Artista ....rgano oficial del Liceo Artistico y
Literario do La Habana- en 1849; El Almendares, en 1852; La Re-
z:i.la de La Habana, en 1853; La Piragua, La Revista Jlusical y El
Cesto de Fores, cn 1856: El Album Cubano de to Bueno y lo Bello, en
1860: La Rez,ista Habanera, en 1861. Don Junipero, Camafcos. en 1865
y otra muchas de vida mis efianera.
Las revistas comprendidas abarcan un per'odo de tiempo entre
1822, on quo se publican los prinieros grabados musicales en una
rcvista cabana, hasta fines del siglo x=, por lo que hernos dividido
este trabajo en dos partes: obras corn prendidas de 1822 a 1868 y una
segunda parte que comprende obrax publicadas en 1860 a 1902.
Determinamos llegar en ]a primera parte de este trabajo, hasta
1868 por los profundos cambios e importantes modificaciones quc
sufren nuestras publicaciones peri6dicas a partir de esta fecha. Ires
meses despues do iniciada ha guerra, el General Domingo Duke puso
en vigor un decreto (9 de Lnero de 1869) concediendo la hibertad de
irmnprenta; libertad que dur6 breve tiempo (un ines y dias) pero que
fue Ilo stificiente para quc so desataran las contenidas pasiones politicas
quc agitaban a la Isla desde 1865. Se publicaron numerosos titulos,
de los cuales la mayoria s6Io logr6 sacar un solo mnniero y otros in1s
afortunados. que desaparecieron a Ios pocos dias de su nacimiento.

Los cambios y las modificaciones podemos sintetizarlos en dos as-
pectos: interno y externo. En lo interno podemos observar que:
1Pr' La literature, las ciencias ylas artes se yen desplazadas de sus
paginas para desde .stas desatar furiosas campanas a favor de la
causa cubana o viriliontos ataqpes de [a prensa espafolizante.

2* Las revistas presentan mas ilustraciones porque se utilizan
nuevos procesos t~enicos que abaratan [a edici6n, aunque no se aban-
don6 el uso de la litografia, htas- entonces bastante utilizada, para
i ustrar nuestras publicaci ones.









En lo externo obser-vamos quc:
1V Laq revistas abandonan ]a preocupaci6n de mantencr iin for-
mato semejante a los libros, tomando uno mayor, m6 s parecido al
tipo magazine europeo.
Estas publicaciones fueron costeadas por los propios artistas, lite-
ratos y clentificos cubanos que, ante la imposibilidacl dc ver publicadas
sus obras, --por la frrea censura existent que aelogaba todo lo que
reflejara el ambiente cubano, y por ]a falta de recursos econ6rnicos-,
tomaron el camino mas asequiblc a ellos al intentar kin esfucrzo edi-
torial menos costoso que podia ser afin m. harato con a ayuda de
los suscriptores. Prucba de esto es el afan de hacer las revistas con
fonnato de libro, seguin el gusto europeo, pues asl los lectores podian
reunir las separates v encuadernarlas para lograr uma publicaci6n con
aspecto fisico de un libro.
Y, atinque no todas las publicaciones de este period pueden men-
cionarse, por ]a baja calidad de su material y Io efimero de sus vidas,
en general esas revistas tienen un valor extraordinario para el studio
y revalorizaci6n de nuestra ciencia, literatura y en especial, la poesia y
a misica, pues en ellas aparecieron obras que, aunque fragmentadas a
veces por las entregas, son valiosos aportes que se hubicran pcrdido,
o hasta quiza ignorado, de no haber quedado impresas en las mismas.
En nuestras publieaciones por entregas sobresalian adenis sus
grabados. Estos se hacian por varios procesos tfcnicos: sobre madera
(xilograflia), sobre planchas de metal, generalmente cobre, y sobre
piedra litografica. Este "I1timo sistema desplaz6 a los anteriores espe-
cialmente a partir de 1838 cuando la Revista El Plantel la utiliz6 con
profusion para sus ilustraciones.
Los grabados reproducian modas, retratos de cubanos y extranjeros
notables, escenas costumbristas, ejemplares de nuestra flora y fauna,
tipos populares y misica.
Como hemos expresado anteriormente, hasta 1838 se utilize regu-
larmente xilografia y el grabado sobre metal para las, ilustraciones
en general pero no ocurrio asi con los grabados de mutsica.
Hubo en la Habana, desde muy temprano, publicaciones especia-
lizadas en music que repartieron entre sus suscriptores suplementos
musicales grabados en nuestra plaza. En 1822, un frances, Santiago
Lessieur, y el mu'sico Enrique Gonzalez so asociaron para editar el

91








Periodico Ausicai que es nuestra primera reista especializada con
suplercntos de musica impresa.' Tenia por objeto "pubicar piezas
6tiles a Jos aficionados al arte encantador de Ia mlica". Las obras
que lo integraban incluia mfisica vocal (duios, nocturnos, cavatinas,
canciones, romances, boleros y tiranas) con acompanamiento de forte
piano o arpa; la mfsica instrumental abarcaba obertwuas, rondoes,
valses, contradanzas y ininues para guitarra, flauta, forte piano y arpa.
Todas las piezas serliark seieccionadas entre los mejores autores nacio-
nales y extranjcros.
Conocimos los planes de los editores por el Prospecto o aniuncio
publicado antes de ,alir cl primer nnircro" no hemos dado con otros
informes sobirc los restantes ejeniplarcs dc este peri6dico espcciaizado.
Sin embargo, sabemos que se continuoi6 publicancdo puCs encontramos
un recibo de 1823 donde se cobraba ]a suscripci6n correspondiente a
ese ano a la Condesa de Fernandirna.
Como replica a este esfuerzo editorial espccializado, otros xm*sicos,
Antonio Raffelin y Toribio Segura, se asociaron, en el referido afio de
1822, en nuestra ciudad, para sacar c Journal Afusico.* Confiaban
Ios redactores que los habaneros no mirarian con indiferencia la salida
de esta publicaci6n por ser naturaimente inclinado a ella por su deli-
cadeza. En 61 se ofrecia una pieza pequeiIa pero divertida, bien de
canto, bien de b4,de. Este papel saldrd de la Imprenta del Gobierno
dos veces al mes para piano, guitarra y flauta pues para los tres instru.
mentos se admien suscriptore.s en dicha imprenta.
Posteriormenic, en 1826, Toribio Segura se unir'I al musico ingles
Juan Mcztler, para intentar la pubiicaci6n del Peri6dico de Msica.
Constaria de tin cuaderno con cuatro piezas de musica para piano,
canto con acornpaRamiento, un vals y una contradanza para piano
"esta fdItima con flauta ad libitum".

En 1829, ntieve afios antes de publicarse El Plantel, se editaba en
Ia Habana La Moda o Recreo Semanal del Bello Sexo. Esta es nuestra

I No incluimos en este trabajo al Filarimnico Menstcaf, publicado en 1812
y que es por consiguiente nuestra primera publicaci6n peii6dica musical, porque
no edit6 piezas de mfica y sl dos cartillas tnuy simple para aprender Jos rudi-
mentos de la v-oria y Ia lectura musical.
Las rvistas sefialadas con astcrisco no aparecen mnencionadas ni en biblio-
graflas ni en irabajos anteriores.

92







primera revista literaria q,; pudo costear suplclentos grabados para
st' repartidos, como regalo, a sus suscriptores junto con cada n'mero.
Para ello public figurines de modas, piezas de mtsica, un retrato de
la Reina Maria Cristina de Espajia y una irnina de los Siameses
Chang. El proceso tcnico utilizado en los ilmpresos nusicales difiei-
bastante del utilizado en los grabados de modas o figurines. Igual
diferencia podemos observar en los impresos dc inusica posteriormlcntc
publicados en otras revist:is pot entregas, dondL- se hace Ymas ficil )a
conparaci6n. Los grabados musicales de La Al oda y la lamina de los
siameses Chang con litografias rudiincntaias. Los prii veros prescrt tan
unos suiboIos musicales grandes, desiguad(s y biurdos liec:hos pov Ia
niano de un artesano impro-visad. de poca habilidad -tocnica para
la copia de misica, por Io que sus grabados scow nars cxtc-nsos y arriplcos
presentando un forrato mayor que CI de los nurmeros de ia revista
donde se reparticron.
En varias entregas de La Afoda encoitramos jienciones gobre las
litografias de mndsica publicadas en elias. Vainos dos notas qje son
interesantes y esclarecedoras. En la publicada en ia pzigina 173 del
tomo I. los editores expresain Io siguiente:
mds vale tarde que nunca, esto di'ran a!.4unas de nuestra.s awa-
bles suscritptoras at ver la contradanza del Abujor [1ic] que acompa-
natnos a este nuhmeroq es verdad que nositros ofrecimos dos vcce at
mes, que en el primero dimos trees y un equizalente con los dichsos
mellizos que hacen cuatro, en el s:gundo s61o 1a L.grima de Piedad y
en el tercero s6lo daremos dos. E.so lo d'cimos ro for poivadir la o/c-rta
Sino manijestar Io sensible que not es no poder 7nas de Io que ofyecianos
ef nuestro prospecto; pero han sido y son tantos los obstdculos que
presenta el clima para el trabajo Iitogra"Ifico, que a a to mejor cuando
hem os creido tener la Idmina segura, la hemos perdido d ca usa del
escesivo calor, haciendose un borr6n y no poderse tirar los ejemplares.
Para evitar estos contratiempos y otros muchos a qui estd cspusta la
litografia y dar gusto d anuesti os suscriptores, heimos mandado a buscar
al Norte, una nueva maquina, recibiendo la cual podrewos scm anal-
mente presentar msica.
El pairrafo donde se habla de las IAminas tiradas que s, esttropean
tiene suma importancia y nos deten'mos cn e1 para analizar su con-
tenido: 1' expresa que las dificultades del clina impidcn im correcto

93








trabajo litogrdfico; 2 la kmina se pierde por el excesivo calor hacdnth-
dose un borrdn; 39 se hace imposible la tirada de los ejemplares.
Conversando con varios lit6grafos de experiencia pudimos confirmar
que todas las dificultades expresadas anteriornwnte ocurren en el tra-
bajo litogrAfico, aclarandosenos que las piedras litograficas necesitan un
grado regular de humedad y que debido al clima c1ido de Cuba se
altera niticho ese grado de bLimedad pues sta es evaporada por cl calo-.
Esto se evita rnojando continuamente la piedra 1itografica con tin
rodillo lamiado nmojador que tirae ]a -nlquina. Si no se tiene cuidado
de inantener ]a piedra con ese grado de humedad cuando se hac
la tirada, el papel se pega a la piedra haciendose un borr6n.
Como podemos observar, no nos queda aigtina duda sobre las
tiradas litogrMicas en La Moda en 1829. Aden-Is, hemos encontrado
que la primera entrega de nmsica repartida pot ]a revista, la canci6n
Una Verdad, tiene al dorso impreso Lithografia de Louis Caire, gra-
bador francs que estableci6 su taller en Ia Habana en 1829, en la
calle de Santa Teresa [hoy Teniente Reyj No. 13 en el almacen de
muebes de Mr. Perreau.
Posteriormente a La Moda, que dej6 de publicarse en 1831. no
hemos hallado otras revistas con ediciones de niezas de ri'sica hasta
1836 afio en que surges en la Habana varias revistas espceializadas
en la materia. Hasta esta fecha, s6lo se conocda la existencia de
El Apoto Habanero, publicado por Francisco Montero y Pino.3 Sin
embargo, nosotros heinos hallado otra revista titulada Recreo de !as
Filarm6nicas Habaneras, ai como tambi6n el prospecto que anun-
ciaba la salida de El Eco de las Liras Habaneras. El Recrco de las

El A polo Habanero. Peri6dico semanal de msica editado por Francisco
Montero y Pino con ]aLcolabpraci6n del impresor Lorenzo Mier y Tern. Tenia
por objeto la difusi6n de noticias, criticas sobre 6peras y sus arguments, juicios
sobre artistas., teorla de la msica asi corno msica impresa. Entre Wa piczas
publicadas figuraban las contradanzas del aficionado hab.inero Nicolas Mufioz
y Zayas. El Prospecto y la rnisica se imprimieron en colors (Bachiller).
3 Francisco Montero y Pino aficionado habanero nacido en 1771. Si entu-
siasmo por la mnisica Io lIcv6 a asociarse con el impresor Lorenzo Mier y Terfri
para sacar el peri6dico especializado en m6sica El A polo flabanero. Alrededor de
1816, Francisco Montero recibi6 en ,u casa a un grupo de mulsicos eropeos
como Toribio (violista) y el violoncelista Enrique GonzAlez, quienes les futeron
enviados por Jos6 Maria Calvo desde Paris. Con ellos organiz6 dos sesiones
semanalcs de muisica de c~mara (jueveq y domingos) que lograron una gran
audiencia. Falleci6 er el Mariel el 26 de agosto de 1839.


94







Fitarm6nicas Habaneras, estaba dedicado al bello sexo y tenia por
fin fomentar la aficion de las mujeres a este arte encantador a pesar
de reconocer que hasta ed presence ha sido tan precaria la subsistencia
de esa clase de peridicos, al paso que ocasiona cotvos de consideracion
por tener que recurrir al estranjero [sicj para su impresion. Los
editores ingenuam ente esperaban cuhrir stiqu lera 1 ,s gastos para poder
continuar con la publicaci6n. cosa que, pIo sul ttcsto. no lograron.

Y siguiendo la costurnbre de buscar abonados entree las danias para
asegurar la venta de las revistas, se anunci6 en 1836 Ja salida de otro
peri6dico musical, Eco de las Liras Habaneras, dedicado a las darnas
filarm6nicas, aunque esto no tue Io sufficient para lograr su publicaciCsII
y qued6 s61o en proyecto.-
Son tres los peri6dicos especializados en int'Isica que hemos encon-
trado en 1836, pero ninguno de ellos logr6 el 6xito esperado, a pesar
del auge quo tenia la Habana cono plaza musical, a donde Ilegaban
continuamente artistas europeos en giras de concertos o integrando
compailias de 6peras, ciudad que contaba, ademn s, con suficiente entu-
siasnio filarnonico como para fundar, en ese nuiswo afio, una ca-a
editora de mfisica.'
No se vuelve a publican msica en nuestras revistas basta 1838 en
que aparece El Plantel en Ia que encontramos dos piczas musicales
grabadas por dierentes process. La primera El Conde de Alarcos de
Manuel del Monte, csta impresa en una de las misnias hojas de la
entrega o nimero. Para esta tirada se utilize& m1atrices probableinente
importadas de Estados Unidos; ]a segunda, EI Esbelto Talle de S..
se rcparti6 corno suplemento en hoja apalte y se tir6 por el procedi-
miento de la piedra litograiica. A partir do este momento (1838),
con la creaci6n en la Habana de dos talleres litogrzdicos con artesanos
europeos de calidad, el grabado musical gana en belleza: orlas y vifietas

4 No hemos encontrado otra referencia sobre esta revista que el propecto
anunciado en el Diario de la Habana ei 11 de enero de 1836.
Nos referimos a la casa fundada por el miusico Juan Fcderico Edelann
Cayro, natural de Estraburgo, Francia, quien posteriormente reinici6 en ]a
Habana las copias de mfisica impresa tal coino en 1822 y en 1829 hicieron
respectivamente Santiago Lessicur y Louis Cairo. Cuando cesaron las labores
de estos dos copistas la misica tenia que ser editada en .l extranjero genieral-
mente en Filadelfia o importada de Europa.

95







mrs o menos complicadas con flores3 ayes, laos y amorcillos van a
enmarcarlos hasta que el alto costo del sistema litogr fico condena
51 SO.
Result tan valioso a los editors de revistas en el siglo xix, la pu-
blicaci6n de piezas musicales corno sefiuelo para asegurar la venta de
las misznmas, que por 1840 un peri6dico con solvencia econ6mica como
El Nolicioso y Lucero de 1a Habana, comenz6 a publicar mulsica una
vez por semana, para rega1o de sus lectoras. La musica editada, natu-
rahnente, sigui6 el gusto musical del momento: rigodones, galopadas,
values sobre tenas de ]as operas mas escuchadas entonces. Los Puri-
tanos, La Parisina, La No ma, La Stranjera, Belisario y otras. La sabrosa
contiadanza y el vals, ajenos al tema operation, fueron tanbien gencros
que gozaron del favor del pCtblico de ahi su reiterada publicaci6n. Las
piezas pertenecen a .a inspiraci6n de Cicente Peichler, miusico (sta-
blecido en la Habana y Puerto Principe con notable exito.
En 1846 el m('sico santiaguero Laureano Fuentes Matons public
un peri6dico musical en esa ciudad titulado La Lira de Cuba que
te na una frecuencia mcnsuai. En e1 se publicaron algunas composi-
ciones del propio Fuentes y de SiLvano Boudet. La mtisica se imprimia
utilizando planchas de acero cinceladas por Juan Manuel Martinez,
disciputo de escultura en marmoles y metalef de M. Deimes.
En 1847 se public la Revista Pintoresca del Faro Industrial. Se
flamaban entonces publicaciones pintorescas a las revistas ilustradas,
iruy en boga por Europa y los Estados Unidos de Norteamrica. En
esta revista se vuelve a utilizar, como n inica tfcnica para las iiustra-
ciones, el grabado en madera por dos razones importantisimas: 1) el
alto costo de las litografias y 2) el no poderse servir de ellas para
ilustrar plginas con textos sin que resultara de un cost excesivo.
Con los grabados en madera resultaba m s econ6mica la tirada, ya que
el texto y el taco podian usarse a un rnismo tiempo. Aden l Ta mayoria
de los grabados uilizados provenian del extranjero: Madrid, Paris,
Londres y New York, y s6lo los que reproducian lugares, escenas o
edificios del pals se realizaban en la Habana por el grabador y platero
france's Juan Pedro Duplat. Las piezas de mufsica se tiraban con
matrices importadas de los Estados Unidos. Este fue un intento por
abaratar cl costo de las publicaciones peri6dicas en Cuba y aumentar
a su vez el numero de las iluswaciones en cada numuero.


96







Despu's de esta utilizaci6n del grabado en madera, importado o
realizado en nuestra plaza para las ilustraciones, los editors vuelven
al dibujo sobre la piedra litogrfica. La razon es obvia, la inipresi6n es
mucho mis bella y acabada y perrirte al artesano elaborar orlas y
viFietas ma's colnplicadas que dejen constancia de sti habilidad tecnica.
En 1852 se public El Album de Damasf ievista dedicada a bor-
dados, y, por consiguiente, con bastante 6xito entre las mujeres, que
utiliz6 el dibujo sobre piedra para reproducir los bordados y la mrnsica
impresa quo reparti6 entre sus suscriptores. Otro tanto podemos decir
de las revistas publicadas posteriormente conto La Datza (en 1854) y
El Rocio (en 1856), entre otras muchas.
No es hasta 1856 que se public otra revista similar a El Apolo
Habanero, dcdicada exclusivamente a ia inu'sica. Nos referimos a la
Revista Musical Arthtico Literaria e lRustrada, dirigida por el notable
pianist habancro Pablo Desvernie. Esta puhlicaci6n no tuvo exito.
Su vida fue corta, como la de la mayor+a de las revisLas especializadas,
a pesar del mnaterial musical que se publicaba en ella, y de las laminas
itografiadas que reparti"6, como suplementos, entre sus abonados. Esas
L'Aminas reproduclan piczas niusicales y retratos do los artists m~is
celebres, entonces en boga, conio Gioaechino Rossini, Julia Grisi
y otros.
Sin embargo, el entusiasnio de unos pocos lectores no elininaba
las dificultades que tenian que vencer los editores para tirar una pu-
blicaci6n peri6dica con regular frecuencia. A esto se un#a, general-
mente, los escasos recursos econ6micos de los mismos que impedia,
auin m-s, sostener cualquier revista o periudico por mucho tiempo sin
anuncios ni lectores. Por esto la mayor parte de nuestras publicaciones
peri6dicas tienen una vida corta que los editores a veces alargan por
la elirminaci6n de sus grabados -uno de los factores que la encarecen-,
o alteran ]a periodicidad de las entregas o nfimeros antes que desa-
parecer definitivaniente, ya que las suscripciones no podian sostener
a ninguna publicaci6n cientifica o literaria por mucha calidad que
ellas tuvieran.
La vida lainguida de cada revista puede seguirse paso a paso si revi-
samnos cuidadosamente cada ni6mero, desde el optimista prospecto donde
se anunciaban atractivos planes -grabados de moda-s, miica, retratos,

97








etc.-, hasta la Altima entrega con la coletilla cesard de publicarse
hasta nuevo aviso.
Casi siempre los grabados de m~sica se publicaban en suplementos
sueltos con el objeto de poder encuadernarse junta toda la muisica edi-
tada por cada revista. Esto trajo por consiguiente que la mayor parte
de esos grabados no se hayan conservado con las entregas de la publi-
caci6n que les dio vida y muchos se han perdido en algin a"bum fami-
liar viejo, ya en desuso, unido a otras piezas para piano, que no tienen
trascendencia para la historia de nuestra inaSica; o han ido a parar
a catilogos de archivos y bibliotecas como hojas de niusica indepen-
dientes, sin que sea posible determinar -en la niayoria de los casos-
a que pubhcaciones pertenecieron.
Las piezas de mtisica casi sienipre se escribian expresarente para
las publicaciones, lievando la primera -por tradici6n- el nonbre de
la revista: La Piragua, de ierucho Figueredo; El Colibr de Onofre
Morej6n; La Revista de La Habana, de 1afaei Parrado; El Prima, de
Sangwuly; El Rocio, de Juan Garcia Quirds; i Aibum Cubano; lI
v aro Industnal, de Jepitu Uomellas y otros. Unas veces se reierian a
aigin personaje comno el Va6 de la Rena Akaria Grtna a Lspana
puDnicado en La kloda., o mencionaban a gun imienbro de ia redac-
cton como el Dedo de Landaluze de'lrS RuIZ publicado en Don
Jumnpero y La Lira de Otero publcada en ,.l Almendares y dedcada
a Katael ULr, o se relerian a un personaje nagmarno como La Ma-
tilde sacada de una cronica de Donungo del Monte en La Moda, y LIl
Abencertage Lsicj] tornado de la obra de Ghateaubriand. Utras xnencio-
naban en ios utulos algi'n lugar dei pals: El Yumur, pubhcada en La
Fi'ragua, -revista de los siboneistas La lor de la Cumbre- o se com-
ponia sobre aiguna picza de Leatro imuy gustada en alguna tertuia
Iiteraria comno t l Abular y El Conde de Alarcos publicadas en La Moda
de Domingo del Monte y en El Plantel de Ram6n Paiwa y Jose Anto-
nio Echeverria; o twxbienP sobre una pieza de teatro estrenada con
exito en el pais corno La Rueda de la Fortuna publicada en La Piragua;
y Los Amantes de Granada en la Revista del Faro Industrial dse citaba
el libro de algn poeta miembro de la redacci6n como Los Cantos del
Siboney publicada en El Almendares, donde colaboraba Jos6 Fornaris,
autor de los Cantos.







Tambi6n, si visitaba al pais una compaiia de 6pera italiana, sugeria
cl tema para algo, como Rondoletto brillante sobre el Gran dio de
Attila, Recuerdos de Bellini, Fantasia de Nicolas Mufioz y Zayas publi-
cada en El Apolo Habanero, que recogi6 numerosas cr6nicas sobre
operas. Se public6 ademisi una fantasia pianistica salonesa, tan en
boga desde mediados a fin de siglo, como El Ad Libitum, de Pablo
Desvernine, en el 6rgano oficial del Liceo de la Habana, o la trans-
cripci6n para piano del coro de una 6pera francesa (La Dama Blanca)
que en pocos momentos recuerda el original.
En las publicaciones literarias y artisticas de diferentes calidades
como El Colibri, El Almendares, El Plantel, La Piragua y otras simila-
res que circulaban entre una dlite muy reducida por su educaci6n y
refinamiento, se edit6 .m6sica con titulos references a libros, piezas de
teatro, operas, personajes reales o literarios. En las publicaciones de
tipo politico, de un hiriente humorismo anticriollo, espafiolizante, que
agudizaban las contradicciones entire cubanos y espafiolcs, como en Don
Junipero, y en El Almanaque de Juan Palomo, publicada sta en los
anos dificiles de la guerra del 68, se edit6 muisica con titulos en un
lenguaje mis popular, mis callejero que "pinta" ciertos momentos en
la vida del pais -crisis polItica y econ6mica- como en la contradanza
Suelten las pesetas, para seiialar afios dificiles en nuestra economia, o
en la imitaci6n del habla de los negros bozalcs corno en otra contra-
danza Mans Totdn.
Indistintamente nos encontramos que en revistas artisticas y litera-
rias corno las arriba mencionadas, as' como en las tipo magazine poltico
se publicaron contradanzas -preferenternente-- con chispeantes titulos
de colorido criollo tales como: Ahora no, porque miran; No Io puedo
rernediar; La Blandita; Mama, que me van a pintar. Y to curioso es
que esos tiltulos rara vez tienen correspondencia o intervienen en el
aspecto formal de la obraY A veces nos encontramos con una contra-

Ahondando mis en esto de los titulos de las contradanzas nos encontramos
con la opini6n de Francisco Calcagno que en el Diccionario Biogrfico Cubano
(1878), nos dice los titulos utilizados por Saumell para sus contradanzas: "pueriles
y hasta vulgares, sobre todo para un hombre serio, parecen algunos titufos de
sus danzas; no pudo prescindir de la costumbre del pais pues hay quienes n1o
encuentran sabor criollo en una danza, si no ileva por titulo alguna frase de
circunstancia y de intencio~n..!% y en 1828 Joaquin. Gavira al anunciar la
publicacifn de un vals tambi6n critica-esta costumbre: ni se pone a la
sombra de algfin apodo o titulo rebuscado que excite )a curiosidad, pues s6lo
Ileva consigo el nombre oscuro de su autor, por parecer todo lo demis un
fulleria vuIgarisima con que se abusa siempre de ]a credulidad de! puzblico..."


99








danza como la ya mencionada, La Matilde, inspirada en un personaje
de Domingo del Monte, donde su autor ha trabajado la melodia de un
aria de Rossini. Tambidn podemos mencionar La Marietta de Agustin
Cascante dedicada a Marietta Gavzaniga, compuesta con el tema de un
aria de Violeta, protagonista de la 6pera La Traviata, entre otros
muchos ejemplcs.
Pocas veces se puede establecer un vinculo entre el titulo y la forma,
ellocurre cuando el msico utilize sobre tcdo temas deo operas' popu-
lares. Los temas populares aproveichables en las contradanzas eran
tomados de guarachas, sainetes, pregones y bailes. Los temas cultos
gencralmente provenman de arias y oberturas de 6peras, romanzas de
zarzuelas y ballets. Esta costumbre de tomar temas e introducirlos en
una obra, sin alterarlos, caxnbiando s6Io el ritmo, iba a ser usado con
profusion en otros generos como ]a danza y destacadamente en el dan-
z6n, aunque no faltaron valses y fantasias (tipo potpourri) que los
utilizaron (vease por ejemplo la fantasia de Nicolas Munioz y Zayas,
Recuerdos de Bellini, donde sa autor emple6 teas de varias 6peras de
este compositor, y el Vals El Delirio, de Juan de Dios Alfonso, com-
puesto con temas de la 6pera Lucia).
La misica editada en las publicaciones peri6dicas rcfleja el gusto
musical del criollo en cicterminado momento. Asi. en las revistas de
1822 a 1868 se publicaron contradanzas, danzas. canciones y fantasias
para piano. En todos estos g#ncros podeinos observar una lenta evo-
luci6n hacia un acentuado criollisino. La cancion, de suaves acentos
rom~nticos italianizantes y afrancesados, sin el menor asomo de ubi-
cacion que no permiten ilna identificacion con nuestro pais por su
texto o su mfisica, como en las canciones La Mano y Una Verdad
publicadas en La Moda o Recreo Sernanal del Bello Sexo entre 1829
a 1831, so abandona poco a poco perfilindose y pulindose hacia
mediados de siglo. La canci6n, a pesar de sus reminiscencias europeas,
ya se puede identificar por sus aires criollos en el text y en la mfisica.
Con la contradanza ocurre igual proceso evolutivo.
De estos g6neros, la canci6n y ]a contradanza son las que se imponen
en los salones y en nuestras rwistas ".. son los tipos de m6sica local

T "El gusto de la mfisica italiana es tan general como en una ciludad de
Italia: casi todas las 6peras modernas son conocidas aqui; y ia compan'ias
italianas que ajustan todos os afios, estfin muy bien pagadas..." Condesa de
Merlin. Viaje a La Habana, Habana, 1922, p. 71-72.


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Ic bastante considerados para que se les franqueara el umbral de las
residencias burguesas" (Carpentier). En Ia decada del 40 ]a juventud
habanera que se movia en un marco social aburguesado, comcnz6 a llamar
irresistibles a las contradanzas ma6s gustadas, las preferidas de los baila-
dores por su ritmo y sabrosura. Esta frase "prendi6" entree nosotros
pues en afios posteriores se utiliz63 tambien para expresar que una pieza
musical bailable era bella y sus sones tan irresistibles que no sc podia
evitar al escucharla, los deseos de bailar. Fue la revista El Colibr- -e-
dicada a las damas- y dirigida por el pocta I ldefonso Estrada y Zenca
la primera cn utilizar esa frase.
Casi dos decadas despus., en 1857., nos enteramos por otra revista,
esta vez el 6rgano official del Licco Artistico y Litcrario, deli uso de
otra frase similar por los j6venes de igual proccdencia social que los
anteriores, que danzaban en los salones de esa sociedad de recreo, para
distinguir a las danzas breves, cortas, no bailables, que se tocahan en
los entreactos de las puestas en escenas y asi evitar el aburrimiento del
piiblico. Tales piezas recibieron el hombre de danzas homeopdticas.
Los j6venes preferian para bailar, es 16gico, a aquellas que tenian una
desmesurada duraci6n.
Por los titulos de las contradanzas podemos seguir eI latir de todo
acontecer en la vida cotidiana del cubano y reflejar el ambiente cir-
cundante. Esta caracter1stica de la contradanza seria heredada por ]a
danza y el danz6n.
Se hicieron contradanzas sobre personajes populares: Juan Quinio-
nes, Chambombian (el famoso medico chino).; sobre personajes sociales
y artisticos: Las Ninfas del Parque (Dedicado a las Srtas. concurrentes
al parque de Isabel Segunda); La Catalina (dedicada por Brindis padre
a Catalina Calvo de Chac6n) ; La Gassier de Manuel Saumell, dedicada
a la cantante espaniola de ese nombre, que tambi6n aparece mencionada
en una contradanza de Tom6.s Ruis; El triunfo de la Gassier; La
Hurl del Yumurl, de Adolfo Quesada y dedicada a la cantante cubana
Ursula Deville; La Matilde dedicada a la eximia actriz espafiola Ma-
tilde Diez; Toma, Tomds., dedicada al mrisico Toma's Ruiz; Adiks

8 Relativo al metodo curativo del siglo xuc que utilizaba dosis de medica-
carentos en cantidades pequefias. Revolucion6 nuestro iznbiente donde se hizo
muy popular. Desde entonces se 1lam6 homcopktico a las cosas brcves o diminutas.
En este caso se aide a la brevedad de ]a m isica.


10I







Teresita, dedicada a !a pianist Teresa Carrefio; Rita Leonarda cor-
puesta por la exhibici6n de la cantante y bailarina liliputiense Rita
Leonarda Valiente Archiduquesa de Macuriges quc fue litografiqcil
con el retrato de la diminuta y bella macurigiana.
Tambie'n eventos sensacionales en la vida nacional e international
quedaron apresados en los titulos de las contradanzas: La Nueva
canonera; El Poluorin; Los Voluntarios; El cable submarino; El Tren
se va (Un viaje al Carmelo); El Locomotc; Contradanza del Camino
de Hierro; El Zanj6n; La Crisis. La llegada de los capitancs generales
a la Isla nos dej6 entre otras: El Arribo de Alcoy a las playas de Cuba,
dedicada a Federico Roncali, conde de Alcoy y El Triunfo, contra-
danza dedicada al General Lersundi en 1868. "Para solemnizar el acto
dei derribo de las murallas [8 de agosto de 1863] se organizaron bailes
en los que se tocaron las contradanzas El Derrumbe y Voy pa'Ula. En
1844, con motivo del bautizo de los Almacenes de Regla, se estren6
en un baile celebrado en la Calle Real de ese pueblo ultranarino, la
contradanza Los Almacenes de Regla. Como reflejo de la situaci6n
international recordamos: La Toma de Tetudn; La Expedicion de
Marruecos; Sebastopol.
Otros sucesos de tipo local como ]a inauguraci6n de un salon cle
baile, un caf6, tienda de ropa, perfurneria o camiseria dejaron sus
nombres en contradanzas como: El Sal6n de las Ilusiones, La Meri-
diana, El Escauriza, Las Nin(as de Escauriza y Ia Flor de Escauriza,
El Sol de Jesus del Monte, El Buen tono habanero, La Carlota (de.
dicada a un establecimiento de ropa situado en la Calzada de Jesui del
Monte con dicho titulo). El Pavo Real. Tambien los &xitos de un
colegio inspiraron una contradanza: Maquinaria (eompuesta con mo-
tivo de los notables adelantos en los exdrmenes de los alumnos de la
Escuela de Maquinaria, patroeinada pot Id Sociedad Econ6mica). El
servicio del llamado ferrocarril urbano dej6 en 1862 la contradanza
Toquen la campanilla, compuesta por D.B.V. y dedicada a los con-
ductores del ferrocarril.Y

D En )a Gacetaz d ea Habana de 6 de-julio de 1862 aparece mencionada
esta contradanza en una nota de los editores musicales Edelmann: c....ontra-
danza compuesta pot D.B.V. y dedicada A los conductores del Ierrocarril urbano.
Dicha contradanza produce muy buen efecto, particularmente su segunda parte
que perteneciendo al g inero imitagivo parece decir "toca la cam panilla y mira
no descarrile". No hemos podido identificar a su autor B. V. que tambien com-
puso la contradanza La Parodi, dedicada a la cantatriz Teresa de igual apellido
que nos visit6 con gran 6xito.


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