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Revista de la Biblioteca Nacional

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Material Information

Title:
Revista de la Biblioteca Nacional
Added title page title:
Revista de la Biblioteca Nacional (Havana, Cuba)
Physical Description:
50 v. : ill. ; 26 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Biblioteca Nacional (Havana, Cuba)
Biblioteca Nacional José Martí
Publisher:
La Biblioteca
Place of Publication:
Habana, Cuba
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Bibliography -- Periodicals.
Cuban literature -- Bibliography -- Periodicals.
Cuba -- Bio-bibliography -- Periodicals.
Genre:
serial   ( sobekcm )

Notes

Citation/Reference:
Also, Biblioteca Nacional "José Martí". Revista de la Biblioteca Nacional "José Martí" (OCoLC)2454556
Bibliography:
Indexes: T. 1-4, 1949-53 with t.4.
General Note:
Title from cover.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All rights reserved by the holding and source institution.
Resource Identifier:
oclc - 2459262
System ID:
AA00019219:00073


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Full Text















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Alo 56 3ra. epoca-V. Vii Numeros 1-2
Enero-Junio.
;Revista

de la Biblioteca Nacional "Jos Marti"


Cada autor se responsabiliza
-/ con sus opiniones.










TABLA DE CONTENIDO Pag.

Manuel de Zequeira y Arango, en su bicen-
tenario, por Fina Garcia Marruz ...... 5

William Cullen Bryant, Thanatopsis, traduc-
ci6n de Roberto Friol ................ 32
La Isa de Cuba en el siglo XX vista
poar los extranjeros:
William Cullen Bryant, por Roberto Friol 37
Cartas de un viajero, traducci6n de Luisa
Campuzano .. .. ... .. .. .. .. 41
Un cuento inedito de Anselmo Sucrez y
Romero: Instinto de un perro .......... 69
La Real y Pontificia Universidad de San
Ger6nimo: Sintesis hist6rica, por Luis F.
LeRoy y Gilvez .... ............. 79

Critica Bibliogrdfica .................... I11
Libros del trimestre, por Miguel Jimenez, 117


















DIRECTOR: JuAN PEREZ DE LA RIVA


CONSEJO DE REDACCION:

Maria Teresa Freyre de Andrade, Salvador Bueno, Argeliers
Leo6n, Manuel Moreno Fraginals, Mario Paraj6n, Aleida Pla-
sencia, Graziella Pogolotti, Amalia Rodriguez.

Secretaria de la Redacci6n: Luisa Campuzano.

Canje: Aida Quevedo.



ADMINISTRATION Y REDACCI6N:

3er. Piso de la Biblioteca Nacional "Jose Marti". Plaza de la
Revoluci6n. La Habana. Cuba.


Publicaci6n al cuidado de Emilio Seti6n.











Manuel Zequeira y Arango

en su bicentenario (1764?-1846)



FiRna Varca Marruz


DATOS BIOGRAFICOS

Aunque para casi todos sus bi6grafos -Calcagno, Mitjans,
Chac6n y Calvo- naci6 Zequeira en el a-io 1760, Pedro Guiteras,
Cuevas Zequeira, Carbonell, Salazar y Henriquez Urefia afirman
que naci6 cuatro afios mas tarde, en 1764. L6pez Prieto en su
Parnaso Cubano (Introd., XLVI) reproduce una partida de
bautismo de Manuel Tiburcio Zequeira y Arango, nacido el 15
de agosto de 1760, pero el biznieto del poeta, Sergio Cuevas
Zequeira, public a su vez otra partida de nacimiento en la
revista Las Antiltas (Habana, 1921) en que aparece como fecha
de nacimiento de Manuel Augusto Zequeira, el 28 de agosto de
1764. Calcagno afirma como L6pez Prieto que naci6 el 15 de
agosto de 1760, "fecha por otros equivocada y que puede
confrontarse en la parroquia del Espiritu Santo, L. 9, folio 21,
NQ 129". En el Archivo Escoto de la Biblioteca Nacional, caja
14, sobre 122, hay una copia de esta inscripci6n de bautismo.
Mitjans por su parte, afirma que si hubiera nacido en 1774
-fecha que por cierto da la antologia de Fornaris y Luaces
Cuba poetica- "mal podia ser cadete y entrar en el Regimiento
de Soria en 1780", segdn afirma su hijo en la edici6n segunda, de
sus versos que public en 1852.
De estas opinionep contrastadas parece la mas segura la de
su biznieto Cuevas Zequeira, al probar que la primera partida de
bautismo reproducida por L6pez Prieto y por Calcagno, no era
la del poeta. A esta opinion se adhiere un critic tan seguro
como Max Henriquez Urefia en su reciente Panorama historico
















DEL CORONZL



Don Li afle bt Zequefn g Scaugo,


NATURAL


DI LAA BA'aNA.


PN ikcadas pw un ppuseo aspy,


MVEVA-TORK, 1829.








de la Ziteraturao cubana, que da el afio de 1764 como el del
nacimiento del poeta.
Zequeira naci6 en La Habana y procedia de una familiar
distinguida y noble. Fueron sus padres D. Simo6n de Zequeira
y Le6n y Da. Sebastiana Arango y Meireles. En el Archivo
Escoto hay una pagina de La Novela cubana, que reproduce la
partida de matrimonio de los padres de Zequeira, en numero
dedicado al poeta. Segun esta partida, el matrimonio tuvo lugar
en La Habana, el 2 de octubre de 1754. En el propio Archivo
hay una copia de la petici6n hecha por Zequeira de una beca al
Seminario San Carlos, en que leemos de sus padres que eran
"Cavalleros, nobles hijosdalgo havidos y tenidos por tales en
esta ciudad, que todos sus ascendientes colaterales han obtenido
y obtienen los mas distinguidos empleos de esta ciudad". El
document tiene la fecha de 19 de enero de 1774, la Habana.
En su Diccionario biogrdfico cubano, (p. 594-595) Francisco
Calcagno afirma que el apellido Sequeira era oriundo de Galicia
y muy comun en Portugal, que "debi6 en su origen ser con S y
asi lo escriben Vasconcellos, Soarez, Linneo, y cuantos se han
ocupado de Portugal; el poeta escribia con Z, segun autografos
que hemnos examinado y segun lo revela el anargrama que us6
algunas veces, mas en la 2a. edici6n de sus poesias su sobrino (1)
Manuel Zequeira y Caro, 1840, restaur6 el apellido y lo escribi6
con S. Nosotros seguiremos la ortografia que usaba el poeta, el
cual algunas veces firm6 M. Z."
Zequeira fue bautizado en la Iglesia del Espiritu Santo el
13 de septiembre de 1764, (L. 9, f. 188, N9 1193). Adquiere una
educaci6n rudimentaria en su propio hogar. Desde nifio, compone
ya versos. Concluida esta educaci6n ingresa en el Seminario
San Carlos. Remos da el 1773 como la fecha de su ingreso en
el Seminario; Calcagno, Carbonell y otros bi6grafos afirman que
ingres6 en 1778, pero en la petici6n de beca a que nos hemos
referido, cuya copia se encuentra en el Archivo Escoto, vemos
el anio de 1774. Alli1 en San Carlos, estudia filosofia y
adquiere una s6olida cultural en humanidades. Zequeira poseia

(1) En esta obra Zequeira y Caro se refiere a Zequelra como a
su padre. El proplo Calcagno (Ob cit., p. 720) lo llama, poateriormen-
te, hijo de Zequeira.








perfectamente el frances y se dice que leg6 a alcanzar una
erudicion poco comun en Historia y Literatura. De las dos
carreras a que inclinaba la epoca, la military o la eclesiastica,
Zequeira, inducido por sus padres, por su imaginaci6n y por su
character, que segfin su hijo, "se avenia mal con las formas
escolasticas", se decide por la carrera de las armas. Joven anm,
abandon el Seminario.,
En 1780 se alista como cadete en el Regimiento de Infanteria
de Soria. En Calcagno aparece otra fecha: 18 de Agosto de 1774,
pero la biografia de su hijo consigna la anterior. En el Archivo
Escoto hay una hoja suelta que da como fecha de su ingreso en
el Regimiento de Soria la del 18 de Agosto de 1784 "dias antes
de cumplir los 20 afios", y su hijo cuenta que siendo subalterno
se ensayaba en composiciones festival imitando a Go6ngora y
Quevedo, las cuales eran aprendidas no solo por sus compafieros
de armas sino por toda la juventud habanera.
En julio de 1793 pas6 a la isla de Sto. Domingo en una
expedici6n que fue en auxilio del cuartel Cahobas, atacado por
los franceses, los que se hallaban en guerra con Espafia. Zequeira
se comport6 heroicamente en las acciones del rio La Matrie
y en Yacci, al lado del Mayor General de quien era ayudante de
campo, ascendiendo al grado de subteniente de granaderos.
1796: Cuevas Zequeira reproduce en su folleto Manuel de
Zequeira. y Arango y los albores de la literature cubana la partida
del matrimonio del poeta, que tuvo lugar en la Habana, el 13 de
septiembre de 1796. Su esposa se llamaba Maria del Belen Caro,
y era dominicana.
En el Archivo Escoto de la Biblioteca Nacional, caja 14,
encontramos los siguientes datos de Zequeira relatives a este
afio de 1796:
"Volvi6 a Cuba en la Fragata Perpetua en la que tom6 cl
pasaje el Dr. Jose Ignacio Rendon y Manuel Zequeira, con cinco
de familiar, en 23 de julio de 1796". (Escoto dice haber tornado
el dato de los Papeles sobre Santo Domingo que copi6 D. Antonio
Lopez Prieto en el Archivo General de la Isia de Cuba).
"En las Noticias Particulares de la Habana que dio el Papel
Peri6dico del dia 25 de Agosto de 1796 figure la de que:








"Entre los ascensos que el Rey confirio en los Campos Fixos
y de Milicias, para la Ayudantia Mayor en el Regimiento de la
Havana a D. Manuel Zequeira".
A su regreso toma parte principal en las actividades de la
Sociedad Patri6tica, de la que fue miembro relevant. Tomas
Romay da cuenta de ellas en Rasgo de amistad (Honores
tributados en el sepulcro del Sr. Coronel D, Manuel de Zequeira
y Arango. En: Poesias del Coronel D. Manuel de Zequeira y
Arango. Habana, Imprenta del Gobierno y Capitania General,
1852, paginas 11-14).
Toma parte active en las distintas publicaciones periodicas
de la epoca (Vease la relacion de estas colaboraciones en Labor
pertodistica, que aparecera en el proximo nuimero de la Revista).
En 1800 obtiene la plaza de Redactor del Papel Periodico
de la Habana, que ocupa hasta 1805 en que, no se sabe por que
causa, abandon su direccion. En el nimero del 24 de mayo de
1805 aparece su despedida del peri6dico en forma de una Carta
del antiguo Redactor al Interino.
En 1809 desempena el cargo de Vicecensor en la Junta
Directiva de Ia Sociedad PatrioStica de Amigos del Pais.
En 1810 por Real Orden del 14 de Enero es nombrado
Comandante Militar de Coro (Venezuela), no llegando a tomar
posesion de aquel destino.
Parte en abril de 1813 para el Nuevo Reino de Granada a
servir a las 6rdenes del Capitan General D. Francisco Montalvo
y Ambulodi, como Teniente Coronel, sirviendo alli en la guerra
que sostenia el gobierno contra los disidentes.
Estando desempefiando Zequeira el cargo de Sub-inspector
de tropas, es nombrado en 1814 Gobernador de la provincia de
Rio Hacha. Alli se ocupa de facilitar a los vecinos el abasto
permanent de viveres, acaba con su monopolio; establece una
carniceria public para que las classes menesterosas pudiesen
alcanzar la came en pequefias cantidades, evitando que por
arrobas se las llevasen a los mas acomodados, arregla los aranceles
de todos los viveres, evitando la alteracion de su precio por los
revendedores. Se ocupa de la defense de la plaza. Visita
personalmente toda la provincia. Organiza una expedicion a
Chiriguana y Valle de Dupar para marchar contra los insurgentes








de Monpox. Fortalece el castillo de San Jorge con una estacada
alrededor, muy bien construida, explorando el campo de las
inmediaciones de la ciudad para despojarlo de todo obstaculo
que impidiese su defense. Su esmero en la administration de
justicia hizo que el vecindario del Rio Hacha, acudiese por medio
de los alcaldes ordinarios al Capitan General suplicAndole que
no se lo destinase a otro punto, conservandolo en el gobierno
para bien de la provincia. El Capitan General accedio, clavandose
carteles en toda la ciudad para comunicar su decision.
Sin embargo, siendo necesarios sus servicios en Monpox fue
trasladado. Zequeira s6lo ocupo el cargo de Gobernador de Rio
Hacha el corto espacio de once meses. Con anterioridad a ser
nombrado para el gobierno del Rio Hacha ya habia desempeniado
interinamente el cargo de Gobernador de Santa Marta. Su hijo (Ij
-del que tomamos el dato- no precisa la fecha.
Terminado en 1815 su mando en el Rio Hacha, se le
destiny a Monpox, sitio cuya conservacion era imprescindible
para mantener cortadas las comunicaciones de la Capital con
Cartagena, de modo que esta no pudiese tomar auxilios de
aquella. Zequeira organize el ejercito, forma tres compafnias
de voluntarios en los pueblos de San Juan, Fonseca, Barrancas y
Valle de Dupar, trabajo que concluye en el escaso termino de
doce dias. Form6 la companiia de Urbanos de Santa Marta, la
cual subi6, gracias a su eficiencia, a 879 plazas.
En los sucesos de Madgalena, ocurridos en 1815, tomo parte
decisive ayudando al triunfo de las armas reales sobre los
rebeldes y fue premiado con la medalla concedida a los que mis
se distinguieron.
Queriendo premier Montalvo los servicios de Zequeira, del
que era ademas gran amigo, lo nombro Teniente Rey de Cartagena
en enero de 1816, con retencion de la Sub-inspeccion general de
las tropas del Reino que ejercia con aprobacion del rey,
nombramiento que se confirm por el Supremo Gobiemo en
(1) Ademas de editar las obras de su padre, escribloi una Bio-
graJia del Excelentisimo Sefir Brigadier de los Reales Ejercitos
Don Antonio Garcia Ofta (Matanzas, Impr. del Cobierno por S. M. y
de Marina, 1855), y tradujo una obra titulada Influenci del cristia-
nismo en el Derecho Romano, obra escrita en frances por Mr. Trop-
long. (Habana, Impr. de Oobierno, 1847).


10







junio del mismo aiao. Es nombrado tambi6n president de la
Junta de Real Hacienda que provefia el general Morillo.
Regresa a fines de 1817 a la Habana con el grado de Coronel
de Infanteria. Escribi6, dice su hijo "un folleto sobre tActica y
un plan y distribuci6n por mayor de un ej6rcito que dejando los
dos tereios de la infanteria espafiola en su pais, durante diez
meses, llenase las exigencias de la Monarquia en paz y en guerra
con el menor gravamen possible de la poblaci6n y del erario".
Parece que no lo lleg6 a imprimir. Zequeira sirvi6 en total
46 afios en la Milicia.
En 1821 pasa a la ciudad de Matanzas a desempefiar el empleo
de Coronel en aquellas Milicias provinciales. Alli se notaron los
primeros sintomas de la locura que padeci6 hasta su muerte.
Uno de los rasgos de esta locura era creerse invisible cuando se
ponia el sombrero (de aqui la frase, popular en su tiempo, de
"ponerse el sombrero de Zequeira" cuando se queria pasar
inadvertido) y tambi6n el creerse miembro de la familiar de los
Borbones. El ultimo canto que escribio, ya demente, fue dirigido
a la Sra. Dolores Herrera, con motivo de un articulo necrol6gico
que le dedicara Luz. En Colecci6n de poesias arreglada poar un
aficionado a las musas (Habana, Oficina de Jos6 Bolona, 1833,
p. 337-338) estan la octava y las tres d6cimas que escribiera
Zequeira encabezadas por estas lines: "Un sugeto muy bien
acreditado en la poesia (C. M. Z.) habiendo oido leer la necrologla
de Da. Teresa Herrera de la Barrera, que falleci6 el 2 de mayo de
1832, dicto las siguientes octava y decimas publicadas el dia
20 del mismo mes y afno, cuyo gran m6rito nos hace cada dia mis
sensible la desgracia de su autor".
Despu6s de una larga enfermedad muri6 el 19 de abril
de 1846. Fue conducido en hombros de sus amigos y otras
personalidades, de la calle de Ricla n4mero siete a la parroquial
del Espiritu Santo. Despu6s de solemnes exequias fue conducido
al cementerio Espada (Ver libro 21 de entierros de blancos
espafioles, fol. 64, N? 284), donde Romay ley6 unas palabras y sus
amrnigos Giuel y Rente, Miguel de Cardenas y Chavez, Jose S.
Bobadilla y Jos6 Carcases y Guerrero le dedicaron sentidas
poesias, las cuales pueden leerse en la introducci6n de las Poesias
de Zequeira editadas por su hijo en 1852.


11








Se sabe que era monarquico, "realista y patriota hasta la
exageracion", segtun dice Bachiller y Morales. "La Patria y el
Rey; Pro rege et patria -era su lema en todo".
Si Calcagno afirma que fue Zequeira "nuestro primer poeta
en orden cronol6gico", Menendez Pelayo cree que hasta la
aparici6n de Zequeira y Rubalcava en la poesia cubana del
XVIII s6lo se podian encontrar versoss y no poesias", siendo
estos los dos primeros poetas cubanos "rigurosamente hablando".
Asi los consider a su vez L6pez Prieto, recogiendo el juicio
comun de la e poca. Su poema A la piia marca el inicio de
la poesia nativista. Luaces dijo de esta composici6n: "Apolo la
inspir6'y la embellecieron las Gracias". Menendez Pelayo prefiri6,
pese a las influencias de Gallego y Quintana, sus cantos epicos
a la manera de la Batalla naval de Cortes o el Primer sitio de
Zaragoza. De ellos escribi6: "Falta much a estas composiciones
para la perfecci6n clasica, pero no le falta a Zequeira el os magna
sonaturum, y de todos los cubanos anteriores a Heredia es, sin
duda, el mas poeta".

ANALYSIS DE SUS EDICIONES

Los redactores de El Patriota Americano publicaron un
prospect que se reparti6 con El Mensajero (N9 72, t. 3) que
se llamo6: "Prospecto para la suscripci6n de las poesias de
D. Manuel Zequeira y Arango que abren various amigos
apasionados. Suscriben los Editores de El Patriota Americano".
(Habana, Impr. de D. Pedro Nolasco Palmer).
"Esto demuestra, dice Bachiller, que no fue miembro de Ia
redacci6n del celebrado peri6dico de nuestros mayores el
Sr. Zequeira, aunque sea exacta, si lo es, la manifestaci6n de
Guiteras de que ilustr6 sus paginas". Se ofreci6 publicarlo, cuando
se reunieran bastantes suscriptores, a $3, el volume. El primer
tomo se pens6 publicar con el titulo de Entretenimientos Poeticos
y en el se incluirian sus poesias Jfricas y sus poemas heroicos
dejando para el future la publicaci6n de sus otras composiciones.
"Este proyecto -dice Bachiller- de los editors de El
Patriota Americano no se que se llevase a cabo; pudiendo
consistir la causa en la que motive la suspension de sus trabajos
6 la falta de acogida por los que habian de costear el libro".


12








"El Sr. Zequeira resisti6 el deseo de sus amigos: se neg6 ai
principio a facilitarles sus manuscritos, pero al fin cedi6
-manifestando que jams habia escrito para merecer el titulo
de autor, sino con el fin de entretenerse en los moments de
soledad y reposo.- Parece mas que el titulo de Entretenimientos
Poeticos fue el que deseaba el autor que llevase su obra". A
continuacion cita Bachiller el Indice de las Poesias liricas que
flevaba el Prospecto (Ver Revista de Cuba, t. V. 1879, p. 296-298).
Es de notar que dicho Indice tenia 64 composiciones, en tanto
que la primera edici6n de sus Poesias, de Nueva York, 1829, solo
recoge 51. Entre las composiciones que figuran en el Indice que
no estan en esta primera edici6n encontramos:


1. Al molino del universe.
Soneto.
2. A Belisa. Octavas.
3. Despedida de Lanza.
Cancion.
4. El Canto de Nise. Saficos.
5. A. mi pastora. Madrigal.
6. A la ausencia de Nino*
Sonet6. (Debe ser errata de
Nise).
7. Al cautivo ignorante.
Soneto.
8. Al canto de Nise. Oda.
9. A la rosa. Soneto.
10. A la ausencia de Belisa.
Endechas,
11. La brevedad de la vida.*
Soneto.
12. Albano y Galatea. Glosa.
13. A mi morena. Cantinela.
14. Los luceros. Octavas.
15. El delirio. Soneto.
16. A Rosa. Soneto.
17. Caprichos de la fortune.
Letrilla.


18. Preguntas y respuestas.
Redondillas.
19. A la tristeza. Cancion
funebre.
20. La Aurora. Romance.
21. A la esperanza de la vida.
Soneto.
22. Amarilis. Oda.
23. Despedida de un amigo.
Endechas.
24. La carrera military. Deci-
mas.
25. La inconstancia. Soneto.
26. El sinsonte. Decimas.
27. El Cometa. Soneto. *
28. Mi rabeL Letrilla
29. La vida del muchacho.
Romancillo,
30. El bello jazmin.
31. El desgraciado. Soneto.
32. A la condeza de Santa
Clara. Liras.
33. Mi barquilla. Oda.
34. A Fileno. Anacre6ntica.
35. El canto de Isabel. SAWfi-
cos.


13








36. Lamentos de un pastor.
Letrilla.
37. Al tumulo de Excmo. Sr.
D. Luis de las Casas. Soneto. *


38. El llanto paternal. Ele-
gia 1.
39. El llanto paternal. Ele-
gia 2.


Con un asterisco van indicadas las poesias de este Indice que
incluyo la 2a. edicion. Notese que hay 3 composiciones que no
incluyeron la primera ni la segunda edici6n. Algunas, como se
vera, aparecieron en los periodicos. Otras se han perdido.
La edicion del 29 recogio en cambio composiciones que no
figuran en este Indice, tales como:
1. Batalla naval de Cortes 14. El valor.
en la Laguna. 15. Epistola a Ramirez.
2. El cementerio. 16. Si algun galan o mozuela.
3. Primer Sitio de Saragoza. Letrilla.
4. A Daoiz y Velarde. 17. Si alguien de mis tijere-
5. A la nave del vapor, tas. Letrilla.
6. El triunfo de la lira. 18. Imitacion de Gongora.
7. Esclamacion poetica, con joo-serias.
motive de la prison de Fer- 2. E Banquets. SAtira.
nando VII por Napole6n. .
8. Ataque de Yacsi, Canto 21. Epigramas.
heroico. 1. Como suele en viva lla-
9. Al autor de las pinturas ma
de la Iglesia Catedral de la 2. Rezaba un sepulturero
Habana, y de otros edificios 3. Encontrose un bandole-
que ha decorado su pincel. ro
10. Traduccion de Horacio. 4. Para una enferma apu-
SAficos ad6nicos. rada
11. El motive de mis versos. 5. Un acreedor eficaz.
12. El novelero. 6. Cierto alcalde corcobado
13. Al mismo asunto. 7. A visitor un vicario
En el Indice aparece un Epigrama, pero sin titulo. No sabemos
si se trata de otra composici6n. En cuanto al primer poema que
cita el Indice, A quien leyere, parece ser el mismo poema que
en las ediciones del 29 y el 52 apareci6 bajo el titulo de
IntroducciuI, ya que la misma esta dirigida tambien al lector.
Las poesias de Zequeira fueron impresas pot primera vez
en libro por el Padre FMlix Varela que habia sido su condiscipulo


14







en el Seminario de San Carlos. (Poesis del Coronet D. Manuel
de Zequeira y 4rango. Publicadas por un paisano suyo. Nueva
\Tork, 1829). En la advertencia preliminary se hacia constar que
dichas poesias salian al publico "sin recibir la ultima mano del
autor", ya que Zequeira por entonces "habia perdido sus
facultades mentales". Muchas de estas poesias habian sido
publicadas ya en peri6dicos o en folletos como El triunfo de Lyra
(Habana, Impr. de la Cap. GraL, 1805), El cementerio (Habana,
Impr. de Bolofia, 1806), A la nave del vapor (Habana, Oficina
de Arazoza y Soler, 1820). Otras, a pesar de haber sido publicadas
con anterioridad, no fueron recogidas en el libro, comino Espafia
libre. Poema. (Habana, Oficina de Arazoza y Soler, 1820) y los
Geroglificos que contenian los cuadros y targets del timulo y
de various parajes de la Iglesia de San Agustin donde se celebraron
Las Exequias del Excmo Sr. Don Luis de las Casas, hecha por,
A. Manuel de Zequeira y Arango, publicados en Elogios finebres
del Excmo. Senor D. Luis de las Casas y Aragorri... (Habana,
Impr. de la Capitania General, 1802).
Entre los aparecidos anteriormente en el Papel Periddico
figuran el Soneto contra la guerra, firmado con el seud6nimo de
Ezequiel Armnuna y que viera la luz en el Papel Periodico de la
Havana, 1799, NQ 1, p. 3; el soneto A la injusticia aparecido en el
Papel Periodico NI 83, anio 1801, p. 350; y la letrilla Si alguien
de mis tijeretas, que fue publicada por Zequeira con el seud6nimo
El Observador de la Havana en el Papel Periodico de agosto
28, 1803, N9 70, p. 273.
El poema en octavas reales titulado Batalla naval de Cortes
en La Laguna, lo public Zequeira con su nombre en el Papel
Peri6dico correspondiente al 27 de Febrero de 1803. Es un canto
unico de ochenta estrofas y ha sido comparado con dos poemas
sobre el mismo tema escritos en el siglo XVIII titulados ambos
Las naves de Cortes destruidas. escritos por Moratin y por
Guzman Vaca. Calcagno llama al poema de Zequeira "imitacion
feliz" de los de Moratin y Guzmin Vaca. Remos, ademas de
estas dos obras, da como antecedentes Las Luisiadas de Camoens,
considerandolos los verdaderos models de Zequeira, mas que
La Araucana de Ercilla, como afirmaba Manuel de la Cruz.
La edici6n de Varela no recogio todos los poemas publicados
por Zequeira en los periodicos, much de los cuales


15








habian aparecido en forma an6nima o con seud6nimos que se.
identificaron con posterioridad a la impresi6n de este libro.
Los poemas, a diferencia de la 2a. edici6n, no llevaban el
nombre de su editor y compilador sino que aparecieron con Ia
simple anotacion "Publicadas por un paisano suyo" (aunque se
sabe que este era el Pbro. Felix Varela) y una breve Advertenci
preliminary.
Esta edici6n es much mas pulcra y cuidadosa que la segunda,
"correjida y aumentada" no siempre afortunadamente por su hijo
y en la que se notan omisiones y alteraciones de versos y de
puntuacion. Pasemos a analizarla.

ANALYSIS COMPARATIVE DE LAS EDICIONES
DE 1829 Y 1852

En 1852 Manuel Zequeira y Caro public una 2a. edicion
corregida y aumentada de las poesias de su padre (Poesias del
Coronet D. Manuel de Zequeira y Arango. Habana, Imprenta del
Gobierno y Capitania General por S. M., 1852), para la cual
escribi6 un pr6ologo y una biografia, recogiendo ademas los
trabajos que se leyeron a su muerte con el titulo Honores
tributados en el sepulcro del Coronet D. Manuel de Zequeira y
Arango, entire los que se encontraban: Rasgo de amistad de
Tomas Romay; Habana 21 de abril de 1846 por Manuel Costales;
los Versos leidos por D. Juan Giiell y Rente; los Versos leidos
por su author en la tumba del poeta Zequeira de Miguel de
Cardenas y Chavez, seguidos de unos versos de Jose S. Bobadillia
y un Soneto de D. Jose Carcases.
Desde el primer poema, Introducci6n, ya notamos diferencias
importantes con respect a la primera edici6n. En la 4ta. estrofa,
versos 5 y 6 leemos:
No es madre, que es madrastra
la suerte...,
en tanto que en la edicion de Varela del 29 decia:
No es madre, que es madrastra
la patria...
No olvidemos que Varela public estos poemas en forma
anonima y en Nueva York, mientras que el hijo de Zequeira los
publicaba en la Habana, donde no cabian estas libertades.


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Entre las diferencias mayores encontradas en la Batalla
naval de Cortes en la Laguna estan las siguientes: La tercera
estrofa en la 2a. edici6n aparece entire admiraciones que no
figuran en la primera. Hay otras diferencias menos importantes,
de puntuacion. En cuanto a los versos tenemos que en la estrofa
22, verso 8vo. de la edici6n de Varela, se leia:
No quede un espafiol en mis distritos.
Verso que sustituye la edici6n del 52 por:
No quede un enemigo en mis distritos.
La 2a. edici6n conserve las anotaciones al poema de la
primera.
No podemos hacer aqul el cotejo minucioso de las dos edicio-
nes. Baste sefialar entire las alteraciones mas importantes, por
dar idea de la censura a que era sometida toda publicacion, las
siguientes, anotadas por Moreno Fraginals:
En Primer sitio de Zaragoza, p. 74, edici6n de 1852, leemos:
No importa, dijo que el presagio horrendo
males anuncie: nuestro bien consiste
en santa lealtad.
Y en la misma pagina:
Que el licor de las venas fertilice
de honor y lealtad el drbol grande
En la primera edici6n se leia libertad en vez de lealtad:
No importa, dijo, que el presagio horrendo
males anuncie: nuestro bien consiste
en santa libertad
Y luego:
De honor y libertad el drbol grande
En el mismo Sitio de Zaragoza, p. 55 de la edici6n del 29
leemos:
El vil lauro del despota que made,
Io cual fue sustituido en la 2a. edici6n, p. 84 por:
El lauro vil del invasor que made.
Tambien en la poema A Daoiz y Velarde, p. 83, de la edici6n
del 52, leemos:
Los heroes respetad que han ilustrado
El tempo de Belona, y el camino
De lealtad al orbe han indicado,


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donde en la edici6n del 29 decia:
De libertad al orbe han indicado
La (nica alteracion important que hallamos en los Sonetos
es la siguiente:
En Contra Ia guerra, edici6n del 29, 4to. verso del 29 cuarteto
leemos:
Solo esgrime el rumor sangrienta espada,
que cambia desafortunadamente la 2a. edicidon en:
Solo esgrime el valor sangrienta espada.
En cuanto a sus famosos sAficos A la pinia, la segunda edicion
sencillamente omite una estrofa entera, la 19, que aparecia asi
en la edicion de 1829:
Asi en tu rededor jamrs Belona
Tifia los campos con la sangre humana,
Ni algun tirano asolador derribe
Tu trono con su espada.

Poesias de Zequeira que aparecieron en la segunda edicidon de
1852, no incluidas en Ia edicion primer de 1829

1. Descripci6n exacta en la colocaci6n de la estatua de Carlos III.
2. Geroglificos colocados en el tuimulo del Excmno. Sr. Don Luis
de las Casas.
3. A la vida.
4. Las mujeres amrnan a los hombres solamente por interest.
5. La aparici6n del cometa.
6. A Narcisa en sus dias.
7. La ronda.
8. Ddcimas con motivo de cierta reunion de sugetos de buen
humor.

Poesias de Zequeira que aparecieron en la Ia. edicion de 1829 no
incluidas en la 2a. edicion de 1852. Solo estas dos:

1. El petimetre. Soneto.
2. A la paz. Liras.
En cuanto al soneto La ilusion, que aparecio en las dos
ediciones y que se tiene poer iun poema de Zequeira, fue atribuido
por Luis Alejandro Baralt a Rubalcava. En el pr6logo a las


18








poe-sias de Rubalcava afirma Baralt: "en Santiago de Cuba,
desde prmincipios del siglo, por lo menos, no ha cesado de ser
conocido, recitado y encomiado por toda clase de personas, letras
o no, bajas o elevadas, siervos o seniores, lo mismo en la ciudact
que en los campos, como de Rubalcava y no mas que Rubalcava,
sin que se haya levantado sobre esto sombra de duda antes ni
despues de la dicha publicaci6n habanera (la de los versos de
Zequeira), que se creyo en esta parte".
Sin embargo, en Diferentes epocas de la poesia en Cuba,
dice Ram6n Zambrana: "En' Ia Habana, desde los afios det
present siglo, se corre por muy valido que el Ilustrisimo Obispo
Sr. Espada, de eterna y bendecida memorial para nosotros, di6
un dia como tenma torzado a Zequeira para que compusiese dicho
soneto el verso qclue concluye "Asi pasan las glorias de este
mundo", lo cual asegur6 muchas veces a personas que viven
todavia el benemerito presbitero Caballero. ZPor que el Sr. Barait
y los demnas que han tornado parte en este asunto, no han ventilado
tambien a cual de los dos vates pertenece el soneto titulado La
vida del avaro que, como el anterior, se encuentra insertado en
las colecciones de ambos? Seguramente porque es muy inferior
en merito a aquel y poco importa que a cualquiera de los dos se
atribuya".
Segun la tradici6n, Zequeira lo improvise en el palacio
episcopal inspirado por el texto latino "Sic transit gloria hujus
mundi", que ie ofreci6 un prelado. Que ese prelado haya sido el
Obispo Espada es lo que esta en duda, ya que segun observa el
biznieto del poeta, Sergio Cuevas Zequeira, en su ensayo Manuel
de Zequeira y Arango y los albores de la literature cubana, en
diciembre de 1798, epoca en que apareci6 el soneto en el N9 30
del Papel Peri6dico con el seud6nimo de Ezcquiel Armuna, no
habia llegado a la Habana el Obispo Espada, lo que le hace pensar
que mas bien pudo haberlo inspirado el Iltmo. Sefior Don Luis
Pefialver y Cardenas.
Lo que si parece improbable es que viviendo los dos poetas,
apareciera el soneto en el Papel Peri6dico con un seud6nimo
conocido de Zequeira, sin que ello diera lugar a la menor
reclamaci6n. Para Men6ndez Pelayo esta es prueba concluyente
de que el soneto era de Zequeira. Varela, que fue condiscipulo


19








del poeta, no dud6 en incluirlo comno suyo en la edici6n que hizu
de sus poesias en Nueva York, 1829. Bolofia tambi4n lo incluy6
en su Coleccion, y en nuestros dias, Max Henriquez Urefia
tampoco duda que el soneto sea de Zequeira.
En Cuba poetica y en el Parnaso Cubano de Lopez Prieto
aparece como de Zequeira, opinion que sostienen, a mas del
citado Varela, Luaces, Zambrana, Pifneyro y Guiteras.
El soneto apareci6 entire los papeles de Zequeira.
Con ligeras variantes y el titulo de Sueno fue incluido en
las Obras escogidas de Claudio Mamerto Cuenca, escritor
argentino (1812-1852), atribuci6n que no vale la pena refutar ya
que el soneto aparecio en fecha anterior a su nacimiento.
Calcagno afirma que Jos6 D. Cortes en su America poetica
entiree sus numerosos errors tiene la humorada de atribuirlo con
ligeras variantes a un poeta de Buenos Aires, Claudio Mamerto
Cuenca, que florecio much despues". Lo curioso es que en la
misma America poetica aparecio como obra de Don Daniel de
Zequeira el soneto La ilusion y como de Cuenca El suenio. Lo que
si parece inaceptable es la pretension de Baralt de que el soneto
tiene "el sello de la inspiracion y la manera de Rubalcava".
Ha sido senalado ya por Samuel Feijoo en su Poetica cubana
de los sonidos en el siglo XIX como una caracteristica distintiva
de Zequeira el gusto por lo ruidoso. En numerosos versos aparece
este "terrible estruendo" zequeirano: "el horrido estampido del
canon", las trompas y los yunques retumbantes, "las maquinas
tronantes de Belona". Feij6o lo llama el Gran Introductor del
Ruido en Cuba. El estr6pito de la Batalla Naval de Cortes es tal
que el propio Zequeira afirma que llega a estremecer "los montes
de la luna". Sabido es que cambio despues Zequeira el "rigor de
Marte" por el de las Ninfas de Helicona, convirtiendose en el
cantor de la paz, del Triunfo de la lira, del idilio A la vida del
campo y de las ligeras anbcre6nticas.
Much mas propio de Zequeira que del suave Rubalcava,
cuya poesia no sufrio evolucion parecida, es este "estruendo
furibundo" que aparece en el soneto, unido al tema del desenganio,
ya que no en balde fue Zequeira el cantor de las glorias militares
de Espafia a la vez que el cantor de El cementerio.


20









De aqui que no puedan sino ser suyos estos versos:
Despertome el estruendo furibundo,
Solt e la risa y dije en mi sentido:
Asi pasan las glorias de este mundo.
N6tese ademas en estos versos otro rasgo de Zequeira: la
vena satirica.

DOCUMENTS RELATIVES A ZEQUEIRA
PERTENECIENTES AL ARCHIVO ESCOTO
DE LA BIBLIOTECA NATIONAL

[Caja 14. Sobre 15]
1.-Manuscrito conteniendo los nombres de los ascendientes de
D. Manuel de Zequeira y Arango por las lines paterna y
materna.
2.-Paginas 19-31 de la revista La novela cubana conteniendo
reproducci6n del document en que consta la partida de
matrimonio de los padres de Zequeira y de poesias suyas
aparecidas en distintos periodicos. Van acompafiadas de dos
paginas manuscritas conteniendo el indice de las poesias
incluldas en el cuaderno y dos paginas de otra revista con
un poema de Zequeira titulado El gusto del dia, epistola a
un amigo mio. (El Critic6n de la Havana, nuimero 7,
correspondiente al 27 de noviembre de 1804).
3.-Copia de su inscripci6n de bautismo.
4-Retrato de D. M. Zequeira y Arango. Es un manuscrito
describiendo sus rasgos fisicos.
5,-Manuscrito con los anagramas en que descompuso su
nombre el poeta.
6--Papel suelto conteniendo la fecha en que ingreso como
cadete en el regimiento de Soria.
7.-Copia manuscrita de la petici6n de una beca en el Colegio
Seminario de San Carlos, por D. Manuel de Zequeira y
Arango.
&.-Papel suelto conteniendo fecha de su viaje en la Fragatc
Perpetua. Otro papel conteniendo datos acerca de su viaje
a la Isla de Sto. Domingo y su viaje a Cuba en la Fragata
Perpetua.


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del 21 y 25 de Agosto de 1803. Tiene al pie la nota siguiente:
"Este aiticulo parece de redacci6n y no copiado y era
redactor de este diario en dicho aiio Don Manuel de
Zequeira y Arango, lo que hace career fuera de su cosecha".
El otro pArrafo que Ie sigue aparece tachado,
22.-Copia manuscrita de una Oda Al Templo de la fortune
aparecida en el Papel Periodico del 1 de Marzo de 1804.
23.-Dos copias manuscritas del poema de Zequeira titulado
Madrigal. Esta firmado con el seud6nimo El observador de
la Havana. Apareci6 en el Papel Periddico de la Havana del
26 de abril dIe 1804.
24.-Copia manuscrita de una oda A Ic envidia aparecida en el
Papel Periodico del 3 de Junio de 1804.
25.-Copia manuscrita de dos anacre6nticas de Zequeira
publicadas en el Papel Periodico del 5 de julio de 1804 y 12
de agosto de 1804.
26.-Copia manuscrita de un epigrarma La mujer del mundo
firmado M. Z., Publicado en el Papel Periodico de la Havana
del 31 de enero de 1805.
27.-Copia manuscrita de un Papel remitido a la caxa del Aviso
sobre la utilidad del cementerio ptblico, seguida de una
poesia sobre el mismino asunto firmado por El Marquez Nueya
(seud6nimo de Zequeira). Apareci6 en El Aviso del 26 de
mayo de 1807.
28.-Copia manuscrita del soneto El Cometa remitido al redactor
de El Aviso por M. Z. (Manuel de Zequcira), Publicado en
El Aviso del 13 de octubre de 1807.
29.-Hoja manuscrita conteniendo relaci6n de los ministros que
nombr6 el Cuerpo de Ia Sociedad Patri6tica para el bienio
de 1809 y 1810. Aparecido en El Aviso de la Habana del 3
de enero de 1809.
30.-Copia manuscrita de una Decima en just celebraci6n del
juiciosisimno discurso de D. IM. Z. inserto en El Hablador,
N" 2, firmada por El ingenuo. Apareci6 en el Diario de Ia
Havana del 10 de marzo de 1812.
31.-Copia manuscrita del poema A la constituci"n espanola de
Zequeira publicada en el Diario del Gobierno de la Habana
del 25 de julio de 1812.


23








32.-Copia manuscrita del soneto Al inmortal Wellington de
Zequeira, publicado en el Diario del Gobierno de la Habana
del 17 de octubre de 1812.
33.-Copia manuscrita del poema de Zequeira Despedida,
triunfante deli alto y sobojado D. Jose Bonaparte de Madrid.
Aparecido en el Diario del Gobierno de la Havana del 2 de
noviembre de 1812.
34.-Copia manuscrita de un Soneto a la muerte de la Sra. Da.
Maria Isabel Francisca Reyna de Espaiia, colocado en la
parroquial de Matanzas el dia de sus funerales. Apareci6 en
el Diario del Gobierno de la Havana del 1Q de mayo de 1819.
35.-Copia manuscrita de una decima de Zequeira dedicada a
Massena y publicada en El Hablador del 20 de mayo de 1811.
36.-Copia manuscrita de un poema a D. Jose Arango firmado
por M. Z., que apareci6 en El amigo del pueblo, papel politico,
civico y literario de la Habana, del 20 de septiembre de 1821.
Hay otras copias y trabajos relatives a Zequeira en las
siguientes cajas del archivo:
Caja 19, sobre 174.
1.-Relaci6n de las poesias de Zequeira aparecidas en el Papel
Periodico en el ano 1792.
2.-Copia manuscrita de un fragmento del trabajo de T. Romay
titulado Rasgo de amistad, publicado a la muerte de Zequeira
y reproducido en las Obras de Romrnay, p. 432-433.
3.-Copia manuscrita del poema El gusto del dia, aparecido en
El criticon de la Habana el 27 de noviembre de 1804. Lo
acompana una nota manuscrita atribuyendo el poema a
Zequeira y refiriendose a la posibilidad de que uno de sus
versos en que alude a "la humanidad cautiva" reflejase sus
ideas anti-esclavistas.
4.-Copia manuscrita de la 6gloga Albano y Galatea y nota
acerca de los lugares en que se public.
5.-Nota manuscrita sobre el empleo de Alferez conferido por
el Rey a D. Gabriel Palomino, amigo de Zequeira y sobre
la forma en que se hacian los ascensos en la carrera military
o se pasaba de un regimiento movible a un regimiento fijo,
como pas6 Zequeira.


24








6.-Piginas sueltas de la revista El Kaleidoscopio, dirigida por
Ram6n Zambrana y Pr6spero Massana, Tomo 1, Entrega 4a,
Habana, 1859, donde se reproducen las Octavas que escribio
Zequeira en contestacion a las que le remiti6 desde la
Florida Don Manuel Maria Perez elogiando su Batalla Naval
de Cortes. Lo acompafia una nota manuscrita, referida
seguramente a la publicacion del poema, en que se lee:
"Con Licencia: =Havana 13 de Marzo de 1803". Tiene iv
paginas asi numeradas.
7.-Paginas sueltas de revista reproduciendo el trabajo de
Luaces sobre Zequeira que aparecio en la Floresta Cubana
en 1856.
8.-Copia manuscrita del Canto a la apertura del cementerio
general el dia 2 de febrero de 1806. Esti incomplete.
9.-Copia manuscrita de dos Sonetos de Zequeira, una
anacre6ntica y una estrofa A la muerte de un amigo,
aparecidas en el Papel Periodico en septiembre 6 de 1792,
mayo 17 de 1804, julio 22 de 1804 y 3 de enero de 1805.
10.-Copia de Ia poesia a Maria Luisa O'Farrill firmada con el
seud6nimo de Filesimolpos que apareci6 en el Papel
Periodico del 12 de enero de 1792. Al final viene una nota
en que se atribuye el poema a Manuel de Zequeira. No hay
noticia de otro autor que haga esta atribucion.
ll.-Dos notas manuscritas sobre el tema de la 6gloga de
Zequeira Albano y Galatea.
Caja 49, sobre 536.
En el sobre aparece escrito: Datos para la biografia de Manuel
Se Zequeira, Archivo Escoto, y contiene:
1.-Dos copias manuscritas de dos trabajos aparecidos en el
Papel Periodico de la Havana. El primero, sin titulo,
aparecido el 14 de febrero de 1805. El segundo, tituladt
Rasgo Politico e Histdrico Cristiano, aparecido el 11 de abril
de 1805.
2.-Manuscrito sobre ia educacion que recibio Zequeira en su
hogar y en el Colegio San Carlos.
3.-Tres hojas manuscritas con datos acerca de la constitucion
de la familiar en los tiempos anteriores al siglo XVIII, las
nuevas ideas en la Espafia del XVIII y su repercusion en la


25








America espafiola. Modo como se reflejan estas ideas sobre
la educaci6n y las costumbres en el Papel Periodico y en la
egloga de Zequeira Albano y Galatea.
4.-Manuscrito titulado La mujer y las costumbres de aquella
epoca. C6omo concibe el poeta Zequeira a la mujer. (Es so10
el sumario del trabajo).
5.-Hoja suelta sobre un possible anagrama de Rubalcava: Miguel
Anibal de Marca. Posibilidad de que Zequeira poseyese
borradores de Rubalcava y existiese correspondencia entire
ambos. Nota final excluyendo la posibilidad de que fuera
Miguel Anibal de Marca tin seudonimo de Rubalcava.
Nota: Los documents de este archivo son todos copias, no
originales.

BIBLIOGRAFIA ACTIVE DE MANUEL DE ZEQUEIRA
Y ARANGO
(Libros y folletos).

GerogLificos que contenian los quadros y targets del Tumulo
y de various parages de la Iglesia de San Agustin donde se
celebraron las Exequias del Excmo. Sr. D. Luis de las Casas,
hechos por D. Manuel de Zequeira y Arango, Ayudante
Mayor del Regimiento Fixo de esta Plaza, y Socio Numerario
de la Real Sociedad Econ6mica.
En: Elogios funebres del Excelentisimo Senior D. Luis de las
Casas y Aragorri ... Habana, Impr. de la Capitania General,
1802. xxiii p. 29 cm. (Colecci6n facticia Vidal Morales).
Batalla Naval de Cortes en La Laguna. Havana, 1803.
Se imprimi6 y reparti6 con el Papel Peri6dico de 27 de
febrero de 1803. (Trelles).
El triunfo de la lyra; poema. Habana. Impr. de la Capitania
General, 1805. 36 p. 21 cm.
El cementerio. Poema. Habana, en la Impr. de Don Estevan
Joseph Bolona, 1806. 18 p. 18 cm.
America y Apolo. Drama lirico heroyco en celebridad del
nuevo empleo de Gran Almirante con que S. M. se dign6
condecorar al Serenisimo Sefior Principe de la Paz,
Generalisimo de mar y tierra. Havana, Imprenta de ]a
Capitania General, 1807. En 4", M. 15 p.


26








Exclamaci6n poetica. Habana, Imprenta del Gobierno, En 49, 8 p
Paralelo military entire Espafia y Francia. Por Enrique Aluzena.
[anagrama de Manuel Zequeira] Habana, Oficina del
Gobierno y Capitania General, 1808. 14 p.
Primer sitio de Zaragoza. Habana, Oficina de la Capitania
General. [1809]. En 41, 3-27 p.
A la nave del vapor. Poema. Habana, Oficina de Arazoza y Soler,
1819. 12 p. 20 cm.
Espaiia libre. Poema. Habana, Oficina de Arazoza y Soler, 1820.
12 p. 22 cm.
Poesias. Publicadas potr un paisano suyo. Nueva York, 1829.
vii, 193 p. 15 cm.
Poesias del coroner D. Manuel Sequeira y Arango. 2a. ed. corr.
y aum. por Manuel de Zequeira y Coro. Habana, Impr. del
Gobierno y Cap. General, 1852. 224 p. 22 cm.
Oda a la pinia. La Habana, 1962, 17 p. (Cuadernos de poesia, 4).

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Y ARANGO
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ZQUEIRA Y ARANGO, MANUEL. En el Archivo Escoto de la
Biblioteca Nacional, Caja 14, Sobre 122.


31













Thanatopsis



A aquel que por amor a la naturaleza mantiene
una comuni6n con sus formas visibles, ella le habla
un lenguaje divers; para sus horas mds felices
ella tiene la voz de la alegria, y una sonrisa
y la elocuencia de la belleza; y se desliza
efi sus meditaciones rans sombrias con una suave
y consoladora simpatia que borra
su aspereza antes de que Ol la note. Cuando los pensamrnientos
de la uIltima, amarga hora vengan como una plaga
sobre tu espiritu, y las tristes imdagenes
de la dura agonia, y la mortaja, y el sudario,
y la oscuridad intense, y la pr6xima morada,
te hagan temblar, y desfallecer tu corazon; -
Avanza, bajo el cielo abierto, y escucha
la doctrine de la Naturaleza, mientras de lo que te rodea
-la tierra y sus aguas, y Las profundidades del aire-
surge una voz tranquila. Pasardin unos dias, 9 a ti
el Sol que todo lo ve no te verd mads
en toda su carrera; ni aun en la fria tierra
en la que con muchas Idgrimas colocaron tu forma pdlida,
ni en el abrazo del oceano existird
tu imagen. La tierra, que te nutri6, reclamard
tu crecimiento, que te resuelvas en tierra otra vez;
y perdida toda traza humana, rindiendo
tu ser individual, irds
a mezclarte para siempre con los elements,
a convertirte en hermano de la insensible roca,
de la tarda tierra que el rudo zagal
voltea con su arado, y huella. El roble
alargard sus raices y traspasard tu sustancia.


32








A ese lugar de eterno descanso, empero,
no te retirards tu solamente ni podrias desear
un echo de mayor magnificencia. Reposards
con los patriarcas de la infancia del mundo con los reyes,
los poderosos de la tierra los sabios, los buenos,
bellas formas y canosos profetas de las edades preteritas,
tOdos en un sepulcro enorme, Las colinas
afianzadas en las rocas y tan antiguas como el Sol, los values
que se extienden entire ellas con quietud pensativa;
los bosques venerables los rios que se deslizan
majestuosamnente, y los arroyos que se quejan
y reverdecen las praderas; y alrededor de todo esto
el derroche melancolico y gris del viejo oceano;
no son sino el solemne ornament
de la gran tumba del hombre. El sol de oro,
los planets, todos los infinitos huespedes del cielo,
brillan sobr i la triste morada de la muerte
a traves del lapso tranquilo de las edades. Todos los que huellan
el globo, no son sino un pu iado en comparaci6n con las tribus
que duermen en su regazo. Toma las alas
de la mailana, y atraviesa el desierto Barcdn,
o pierdete en los bosques interminables
que el Oreg6n atraviesa, sin escuchar ninggn sonido,
except el de sus propios embates.-Los muertos -empero-
(estdn alii;
y millones en aquellas soledades -- desde que
el vuelo de los afios comenz6 los han coiocado alli
para dormir el giltimo suco.,-Solo los nmuertos reminan afli.
Y de igual modo tu descansards (4Y que sucederia
site apartaras de los vivos sin que ellos lo notasen, y ningun
Amigoo
advirtiese tu muerte?) Todo lo que respira
compartird tu sino. Los alegres se reirdn
cuando ya estes muerto, la solemne estirpe de la zozobra
continuard trabajando con ahinco, y cada uno como antes
(peTseguird
su vision favorite; todos estos, emperor, dejardn
ss alegrias y sus ocupaciones, y vendran
y hardn sus lechos junto a ti. Mientras el largo tren


33







de las edades se desliza hacia lo lejano, los hijos de los hombre,
los jovenes en la verde primavera de 'a vida, y aquel
cumplido de anios, y la matrona, y la doncella,
y el bebe encantador, y el hombre de cabeza gris,
uno a uno serdn colocados a tu lado
por aquellos que a su debido tempo han de seguirlos.
Vive, pues, de modo que cuando te llegue la citacion para unirte
a la caravana innumerable que march hacia
ese reino misterioso en el que cada uno
ocupard su estancia a lo largo de los silentes corredores de 4

(muerte.
no vayas, como el esclavo picapedrero por las noches
va, azotado, a la mazmorra, sino sostenido y confortado
por una verdod inquebrantable, acercate a la tumrnba
como aquel que arregla las ropas del lecho
en torn suyo, y se echa a dormir pladcidos suenios.


William Cullen Bryant.
Traduccion de Roberto Friol.


3A












La Isla de Cuba en el
vista por los


Siglo XIX
extranjeros















William Cullen Bryant


De todos los poetas de Nueva Inglaterra ninguno ha tenido
mayor relacion personal con Cuba que William Cullen Bryant
(1794-1878). A sus dos visits a nuestro pais, efectuadas
respectivamente en los afios de 1849 y 1872, ha de afiadirse como
lazo spiritual mas perdurable y trascendente las paginas que
escribiera acerca de nuestra patria y el sincero interns que en
diversas ocasiones manifestara por nuestra tierra y por nuestras
letras todo ello en perfect correspondencia con la profunda
seducci6n que lo hispanico ejercia sobre Bryant. Traductor a
su idioma natal de Homero y de poetas de lengua tspafnola su
version de EL Huracdn de Heredia merece set destacada-,
traducido el mismo al castellano por various de nuestros liricos
-Zenea entire otros- y por poetas espafioles e hispanoamericanus,
la obra del padre de la poesia norteamericana se situa, como
sefialara Louis Untermeyer, a manera de puente entire la
poesia norteamericana de los siglos XVIII y XIX. No muy
extensa en conjunto, esta obra lirica se distingue pot los genuinos
acentos nativos de que aparece impregnada, por el tono elevado
y majestuoso, por los elements bucolicos omnipresentes
entremezclados a meditaciones filos6oficas, por ]a carencia casi
absolute de verdadera emocion. Thanatopsis, poema cuya primera
lecci6n escribiera Bryant a los diecisiete afos de cdad, uno de
los grandes poemas de la lirica anglonorteamericana, constitute
la cima de su quehacer poetico en el cual es possible encontrar
otras paginas antologicas tales como Himrnno de los valdenses,
A una violeta amnarilla, Roberto de Lincoln, Bosque de otoio, etc.

(*) An Anthology of the New England pocts from colonial times
to the present day. Ed, North biographical and critical commentaries
[New York] Random House Ic 194&1 XX, 636 p.


3/
















44.p


11 W\


'V
* q.


* *~*f


William Cullen Bryant, seg in retrato de Henry Peters Gray ejecutado
al afio siguiente de la visit del poeta a Cuba. (Stanley T. Williams:
The Spanish Background of American Literature, t. 1. New Haven,
Yale University Press, 1955).


38








Mas important que su poesia result en la vida de Bryant
la dilatada y continue labor periodistica que Ilevara a cabo al
frente del Evening Post de Nueva York, periodico del cual fucra
editor-jefe desde 1828 hasta el dia de su muerte. El prestigio
inmenso del periodista, del infatigable batallador civil opaco
los meritos y aciertos del critic y del narrador que tambien
coexistian en Bryant. De sus textos en prosa son particularmente
interesantes para nosotros los cubanos la narracion Un cuento
de Cuba, el ensayo Cuba y los cubanos y las paginas que en sus
Cartas de un viajero (la. ed. 1850) dedicara a la Perla de las
Antillas. A est& libro pertenecen las cartas que transcribimos.
De las cinco epistolas datadas en territorio cubano (de la XLV
a la XLIX inclusive) solo nos es possible por razoncs de espacio
ofrecer las tres intermedias. Si se repara en que Bryant
desembarco en La Habana el miercoles 4 de abril de 1849 y que
la ulItima de sus cartas cubanas corresponde al dia 22 del mismo
mes y anio, no podrA dejar de asomrnbrarse nadie de que en un
lapso tan breve haya podido el viajero de Avidas pupilas hacer
tanto acopio veridico de datos y realidades de Ia Isla. La
descripci6n de los oficios religiosos y de las fiestas profanas de
Ia Semana Santa en Cuba, del camposanto habanero, de bailes,
de cafetales, de ingenios, del Valle del Yumuri, de las viviendas
y costumbres de los criollos y las criollas en ciudades y campos
(con la revelaci6n incredible de que las cubanas habitualmente
no se lavaban con agua y se limitaban a "frotarse el cuello y las
mejillas con un poco de aguardiente"), etc. poseen, creemos,
suficiente amenidad y gracia de estilo para atraer y mantener
aun en nuestros dias la atenci6n de los lectores.

Roberto Friol


39












Cartas de un viajero
CARTA XLVI

La Habana



La Habana, 10 de abril de 1849.


He descubierto que se necesita una dosis mayor de valor
para sentarse a escribir una larga carta en este clima suave, que
en el pais que acabo de dejar. Siento la tentaci6n de sentarme
reposadamente y dejar que el agradable viento del mar, que
ilega a traves de las anchas ventanas, fluya a mi alrcdedor, o
leer, o conversar,- si por casualidad tengo un libro o un
acompafiante. Bien puedo career que hay algo en un clima tropical
que lo indispone a uno para un esfuerzo vigoroso, desde el
moment en que lo experiment en mi mismo y lo veo a mi
alrededor. Las sefioras no parecen hacer el menor ejercicio, no
salen nunca, exceptuando una vuelta en coche por el Paseo o
parque pdblico; y cuando van de compras -lo cual aqui no es
menos la vocaci6n de su sexo que en otros pauses civilizados-
Jamas descienden de sus volantas, (-) sino que las mercancias son
llevadas fuera por los serviciales dependientes, y la dama hace
su election y dispute el precio sentada en el carruaje.
Sin embargo las cubanas no dan sefiales de poseer una salud
delicada. En una latitud tan cercana al ecuador no es
caracteristico encontrar una tez sonrosada, pero tienen figures
rollizas, semblantes placidos, tersos, un busto bien desarrollado
y ojos cuya brillante languidez no es la languidez de Ia
enfermedad. Tanto las muchachas como los j6venes, tienen
hombros estrechos, pero seguin avanzan en la vida, el pecho, en
las mujeres particularmente, parece expandirse de afio en afio,
hasta que adquiere unas dimensions nada frecuentes en nuestro


41







pads. Creo plenamente que este efecto, y su salud general, &e
debe, a pesar de la inacci6n en que transcurre su vida, a la amplia
ventilacion de sus habitaciones.
Pues en Cuba, tanto las mujeres como los hombres puede
decirse que viven al aire libre. En toda la Isla no se conocen los
cuartos cerrados ni el aire viciado, y no dudo que tanto por esto,
como por la benignidad de la temperature, debe recomendarse 6
benefico efecto de este clima a los invalidos del Norte: SuS
techos son extremadamente altos y las anchas ventanas,
extendidas desde lo alto de la habitaci6n hasta el suelo y
protegidas por largas barras perpcndiculares de hierro, carecen
de cristales, y cuando estan cerradas, lo estan generalmente s6lo
con persianas quo, mientras impiden la fuerza del viento cuando
es muy fuerte, no interceptan la entrada del aire. Desde que
estoy en la Isla, puede decirse que he desayunado, y almorzado,
y comido, y dormido al aire libre, en una atmosfera que nunca
esta en reposo, except. por un breve tiempo en la manfana,
despu6s del amanecer. El resto del tiempo la brisa esta siempre
active, por el dia trayendo el aire desde el oceano, y por la noche
devolviendolo de nuevo al mar.
Paseando por las cables de los pueblos de Cuba, me he
entretenido con las escenas que a traves de las ventanas he
podido observer de lo que estaba sucediendo en las salas. Algunas
veces, una cortina que colgaba delante de ellas, me permitio
solamente ver pequefias manos que apretaban las barras de la
reja, y rostros morenos y ojos oscuros atisbando la calle y
escudrifiando a los que pasaban. En otras ocasiones he podido
ver la habitacion compieta, con sus muebles y sus formats
fcmeninas sentadas con languidas posturas, dejandose cortejar
por la brisa segun viene de afuera. Al anochecer, mientras
pasaba a lo largo de estrechas aceras de calls angostas, me he
sorprendido al encontrarme a mi mismo casi en medio de umn
alegre fiesta, cerca de la ventana de una habitacion brillantemente
iluminada, y escuchando el suave espafiol de la Isla en voces
que sonaban extrafiamente cercanas a mi. Ya hable de sus
languidas posturas: aman reclinarsc en sofas; sus casas estan
llcnas de sillones importados de los Estados Unidos; les gusta
sentarse en silIas recostadas contra la pared, como algunas veces
hacemos en casa. En verdad, estan mas adelantados que nosotros


42







en este sentido, porque en Cuba han inventado una clase de silla
que bajando el espaldar y subiendo las rodillas, coloca al que
se sienta precisamente en la postura que tomaria si se sentara
en una silla recostando la espalda contra la pared. Debo admitir
que es una actitud de abandon, y no me asombra que sea
predilecta de la gente perezosa, porque lo liberal a uno de todo
esfuerzo por mantener el cuerpo derecho.
Las mujeres son las que forman la gran mayoria de los
feligreses en las iglesias. Llegue a Cuba en la Semana Santa,
y el dia siguiente era Juevcs Santo, en que no se permit que
ningfun vehiculo de cualquier case ruede por las calls, y las
damas, contrariamente a su costumbre durante el resto del afio,
estin obligadas a acudir a las iglesias a pie. Sirvientes negros
de ambos sexos se veian ir y venir Ilevando esterillas en las
cuales sus sefioras se arrodillaban en el servicio de la maiana.
Toda la poblaci6n blanca femrnenina, joven y vieja, estaba vestida
de negro, con velos de encaje negro. Por la tarde tres imagenes
de madera o cera, de tamafto natural, representando a Cristo en
distintos moments de su Pasion, fueron colocadas en la espaciosa
iglesia de Santa Catalina, que estaba tan Rlena que tuve
dificultades para entrar. Cerca de la puerta estaba una figure
del Salvador abatido bajo el peso de su cruz, y los fieles se
arrodillaban para besar sus pies. Negros y negras de edad,
negritos medio desnudos, senoras ricamente ataviadas, nifnitas
con vestidos de Paris, brillantes ojos negros y una profusion de
crespos, calan de rodillas ante la imnagen y apretaban los labios
contra sus pies en el fervor de la devoci6n. Las padres alzaban
a sus pequefios y les mostraban c6mo lievar a cabo este acto
de adoracion. Vi sefioras mayors y j6venes ponerse en pie con
los ojos enrojecidos por las lagrimas.
Al dia siguiente, que era Viernes Santo, cerca del crepusculo,
una larga procesi6n se deslizaba lentamente por las calls bajo
mi ventana, llevando una imagen de Cristo muerto, yaciendo
sobre una tela dorada. Iba acompafiada por un cuerpo de sol-
dados que llevaban sus mosquetes al revs, y por una banda
tocando tonadas tristes: la muchedumbre sc descubria a su
paso. La mafiana del sabado, a las diez, acabaron las solkmni-
dades de Semana Santa, las campanas tocaron un alcgrc repique,
cientos de volantas y carros que se habian quedado ya enjaezados,








se arrojaron a las calls: la ciudad, suibitamente, se lleno de
ruidos con el rechinar de las ruedas y la pisada de los caballos.
Las tiendas que habian estado cerradas los dos dias anterioreg
se abrieron, y las damas. en muselina blanca o de colors claros,
se dirigian a las tiendas en sus volantas a comprar sus ropas.
para las fiestas de Pascua de Resurrecci6n.
Pase la noche en la Plaza de Armas,(j) una plaza puiblica
situada frente a la casa del Gobernador, con palmas y otroi
arboles, pavimentada con anchas losas y bordeada por una hilera
de bancos. Estaba abarrotada de genes con sus mejores trajes,
las sefioras mayormente de blanco y sin sombreros, porque el
sombrero se usa en este pais solamente cuando se viaja. Se
habia colocado una double fila de sillas alrededor del borde de
la plaza, y una hilera de volantas rodeaba la plaza y en cada
una de ellas habia dos o mas damas sentadas con los amplios
plieguts de sus vestidos de muselina flotando a cada lado sobre
los peidafos del carruaje. La banda del Gobernador toc6 various
aires, marciales y civicos, con gran belleza de ejecuci6n. La
musica continue por dos horas, y la multitud, con solo intervals
ocasionales de conversaci6n, parecia entregarse completamrnente
al disfrute de oirla.
Era una noche de brillante luna, tan brillante que casi se
podia leer a su luz, y la temperature, la mas delicada que me es
possible concebir, con una brisa suave susurrando entire las pal-
mas. Me sorprendi al ver a mi alrededor tantos rostros blanco
y cuellos nevados. Es la luz de la luna, me dije, o tal vez el efecto
de los vestidos blancos, porque la tez de estas senoras parecia
diferir por various tonos de la que yo contemplara el dia anterior
en las iglesias. Una amiga me ha dado otra soluci6n del asunto.
"La raz6n", dijo, "de la diferencia que usted percibi6, es
esta: que durante las ceremonies de Semana Santa no usaron
la cascarilla (1) en sus rostros, y aparecieron con su tez
natural'".
Pregunte ei significado de la palabra cascarilla, que no re-
cordaba haber oido antes.
"Es el cosnicmtico favorite de la Isla, y se hace con cascaras
de huevo finamente pulverizadas. A menudo cubren primorosa-
mente sus rostros con ella. He visto a una seniora de piel oscura


44








en un baile casi tan blanca como el marmol. Algunas veces, en
una visit matinal o en una fiesta nocturna, se retiran para
retocarse la cascarila".
No garantizo la veracidad de esta historic, sino la cuento
"como me la contaron". Quizas, despues de todo, fuese la luna la
que produjera esta transformacion, aunque ya habia notado al-
gin aclaramiento en tez, antes del ocaso, en el Paseo Isabel,
tn parque phblico fuera de los muros de la ciudad, bordeado
con hileras de arboles donde, cada tarde, los sefiores de la Ha-
bana van y vienen en sus volantas, cada una con un arnes
resplandeciente y un negro con librea y grandes botas a horca-
jadas sobre el unico caballo que conduce al vehiculo.
La misma tarde visit tambien el recinto al que es llevada
la poblaci6n de la ciudad cuando el juego de la vida ha terminado
-el Campo Santo, (5) como se le llama, o el ccmenterio piblico
de la Habana. Al salir de la ciudad por la puerta mas pr6xima
al mar, pas6 por una calle con las casas mros miserables que
jams he visto; el oc6ano rugia a mi derecha en las rocas de
coral que forman la costa. Dejadas pronto atras las sucias mora-
das, vi las olas, impulsadas por un firesco viento, esparciendo su
espuma casi sobre la calle; despu6s entire por una corta avenida
de irboles y en pocos minutes la vo!anta par6 a la puerta del
cementerio. En un pequefio jardin a la entrada, crecian mus-
tiamente unas pocas flores europeas mientras que en el fertil
suelo del interior las plants silvestres del pais florecian en
profusion. Rodeaba el cementerio un grueso muro en el que
habia hileras de aberturas para colocar los ataudes, una sobre
la otra, donde se sepulta a los mas opulentos difuntos. El ataud
es introducido de punta y la abertura se cierra con una loza
de mArmol que ostenta una inscripci6n.
Estos nichos, en su mayoria, ya estan ocupados, y es abajo,
en la tierra, donde en general son inhumados casi todos los que
mInueren en La Habana, sin un monumento ni una tumba que
se les permit mantener por un tiempo mayor que el necesario
para que sus cadaveres se consuman en la cal viva con que se
les cubre. Todos los dias se abren fosas nuevas en que se echani
los cadaveres, generalmente desprovistos de ataud. Dos de estas
fosas, una junto a cada muro del cementerio, esperaban por los
funerales. Pude ver donde el azadon habia separado los huesos de


45








los que habian sido enterrados alli anteriormente y tirado arriba
los desprendidos fragments confundidos con montones de cal'
guedejas de pelo y jirones de ropa. Fuera de los muros habia
un lugar donde se amontonaban las calaveras y otros huesos
grandes, cubiertos por el oscuro moho de la scpultura.
Cuando llegamos habia solo dos o tires personas caminando
pcr el ccmenterio, pero ya avanzado el dia comenzaron a liegar
los funerales. Traian, primeramente, un rustico atauid negro,
muy ancho en el extremo que corresponde a la cabeza y colo.
candolo en el borde de una de las tumbas, precipitadamente sa.
caron un mnartillo y clavos para asegurar la tapa antes de bajar.
lo, cuando se vio que la caja tenia muy poca profundida en la
extremidad mas angosta. Quitaron la tapa por un moment,
viendose la figure de un viejo con un gastado abrigo negro,
pantalones blancos y botas. Los negros que lo llevaban quitaron
el fondo con un martillo a fin de poder colocar la tapa sobre los
pies. Despues que se aseguro firmemente con gruesos clavos, el
atau'd fue bajado a la tumba, y con una pala se ech6 la tierra
sobre el. Un hombre de median edad, que parecia ser familiar
del muerto, condujo a un nifilto cerca de la tumba y observM
el process de cubrirla. Se hablaron uno a otro y sonrieron, per.
maneciendo alli hasta que la sepultura estuvo cubierta del todo
y los sepultureros se hubieron retirado, entonces se marcharon
a su vez. Esta era una de las classes mas respetables de entierro.
Corrientemente los rnuertos se amrnontonan uno arriba de otro,
sin atauides, en las fosas.
Ahora se multiplicaron los entierros. Lleg6 el cadaver de
un nfiito sin ataid; y otro, el de un hombre joven que segun
me dijeron, se habia degollado por amor, fue llevado hacia uno
de los nichus en la pared. Of grande gritos que parecian proce.
der de la part" oriental del cementerio y que, pense al prin.
cipio, podian provenir del response de algunas exequias, perry
ningunas exequias se llevan a cabo en cstas tumbas y, despues
de un rato, comprendi que venian de las ventanas de un largo
editicio que miraba a uno de los lados del cementerio..Era un
manicomio. Los enfermos, exasperados por el espectaculo que
tenian a su vista, estaban gesticulando desde las ventanas -las
mujeres chillando y los hombres gritando, pero nadie hacia caso
a su alboroto. Sin embargo una sefiora extranjera que visit e.1


46









Campo Santo esa tarde, se afect6 tanto por Jo que pudo oir y ver
en el lugar, que hubo que sacarla deshecha en llanto y casi co-,
convulsiones.
Cuando dejamos el lugar, encontramos una multitud de vo-
lantas cerca de la puerta: un pomposo atau'd, con ricos tapices
negros, subia; un poco mas al!a, encontramos uno do otra case
-una larga caja, con lados y extremes de cristal, en la que
yacia el cadaver de una mujer vestida de blanco, con un velo
negro sobre la cara.
Al dia siguiente comenzaron las fiestas, que servian para
compensar al pueblo por las austeridades de la Cuaresma y de
Semana Santa. Las vallas de gallos permanecian abiertas por el
dia y los bailes de disf races se daban por la noche en los teatros.
Probablemente, usted sepa que la pelea de gallos es la principal







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-. o- - -



WSCSB~t~f~s~ffff 79.h.






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deun vHa.d' "
I, :" '. -







Exterior de una valla de gallos. (Fragmento de la Vista de la ciudad
de Matanzas. de Bourrelier),

diversion de la Isla, habiendo suplantado por complete el espec-
ticulo national de la corrida de toros. Cuba, en efccto, me dio
la impresi6n de ser un gran gallinero. Oi el cantar de los ga-
llos en todos los barrios, pues el gallo de pelea es la mas ruidosa
y copetuda de las ayes, y constantemente esta profiriendo sus
notas de desafio. En los pueblos he podido ver a los vcteranos


47








de la valla, una raza de patas fuertes, con las crestas cortadi
pegadas a la cabeza, desprovistos de plumas except en las alas
y con la cola rebajada como la de los caballos de tiro, picoteand
comida por los trillos entire los pollos. Recuerdo haber visto
el pueblecito de Giines un viejo gallo tullido, torpe por laI
heridas recibidas en el combat, a quien probablemente se huj
biese licenciado de por vida y que, mientras cojeaba entire la
gallinas, mantenia una suerte de contoneo en la march y do
cuando en cuando se paraba para cantar desafiando al mundo)
Los campesinos crian sus gallos de pelea y los ilevan al mercado;'
los aficionados en el pueblo los preparan para su entrenamiente
particular. Abundan tanto los negociantes de gallos de peleai
como entire nosotros los postillones, y cada localidad tiene sa
valla de gallos.
El lunes fui a la Valla de Gallos (r) situada en esa part
de La Habana que se encuentra fuera de la muralla. Aqui, en
un local espacioso, habia dos graderias de bancos, techadas, pero
sin paredes, con un Area circular en el medio. Cada una estaba
abarrotada de gene que miraba la pelea de gallos, la mitad vocid
ferando con todas sus fuerzas. Subi a uno de los bancos exterio-
res y, a los pocos minutes, vi caer a una de las ayes muerta por
la otra. Se oyo entonces el resonar de piezas de oro y de plata,
a media que los apostadores se dirigian al patio y pagaban sus
apuestas; el gallo muerto fue sacado del lugar y tirado en el
suelo, y el ganador, tornado en las manos de su dueino, canto
ruidosamente celebrando su victoria. Trajeron otras dos aves
y por todas parties se escucharon los gritos de los apostadores,
Al fin cesaron, y los gallos fueron puestos en tierra para comen-
zar la pelea. Lucharon cautelosamente al principio, pero despu&s
comenzo la lucha de veras, la sangre rnanaba y se oia guitar a
los espectadores "ahi estd peleando" "imata! imata! imata!" (7)
gesticulando al mismo tiempo con gran violencia, y haciendose
nuevas apuestas seguin crecia el interns de la pelea. En diez
minutes una de las ayes fue despachada, porque la lucha nun-
ca terminal hasta que una de ellas tiene una herida mortal.
Mientras tanto otras peleas habian comenzado en vallas mas
pequenias que se encontraban dentro del mismo local, aunque no
estaban rodeadas con circulos de bancos. Mire a la gente entre-
tenida en esta brutal diversion, con gestos fogosos y estruendo-

48








sos gritos, y no pude dejar de pensar en lo pronto quo esta
ruidosa multitud podria yacer amontonada en las fosas del
Campo Santo.
A prima noche hubo un baile de disiraces enc el Teatro
Tac6n, un espacioso edificio, uno de los mayors de su clase en
el mundo. El lunetario echado abajo, con todd la cavidad del
scenario abierta hacia la pared del fondo del edificio, ofrccia
un salon de baile de inmonsa magnitude. Las gentes con mas-
caras grotescas, vestidos de caperuzas o de fantasia, se mezclaban
con una muchedumbre vestida con su ropa ordinaria, y numero-
sas bandas de muisica ofrecian danzas espaniolas. Una bien vestida
multitud llenaba la primera y segunda fila de palcos. Ei criollo
fuma en todas parties y parecia asombrarse cuando el soldado
que permanecia en la puerta le ordenaba que botara su tabaco
encendido antes de entrar. Una vez dentro, encendia otro tabaco
desafiando la prohibicion.
Las danzas espafiolas, que con sus graciosos movimientos
recuerdan las ondulacioncs mas apacibles del inar, no se bailan
en ningun lugar con mas donaire que en Cuba, por las jovenes
nacidas en la Isla. Sin embargo, no pude dejar dc pensar, mien-
tras miraba este alegre gentio, con singularus mascaras y a aque-
ilos que bailaban, cuyos flexibles miembros parecian inclinarse
para un lado y para el otro segun el aliento de la muisica, que
todo esto pronto iba a acabar en el Campo Santo, y me pregunte
que cuanta gente de sta t veria mczclada, sin ataudes, cuando
sus diversiones hubieran pasado, en las hcdiondas tumbas del
cementerio publico.

CARTA XLVII

Paisaje de Cuba. Cafetales.

Matanzas, 16 de abril de 1849

Mis esperanzas acerca del paisaje do la isla dc Cuba y de
la magnificencia dc su vegetaci6n no han sido suficientemente
satisfechas. Este lugar esta s6olo a sesenta millas al cste de la
Habana, pero el ferrocarril que lo trade a uno aca, recorre unad
extension de ciento treinta millas, a travys de uno de los mas


.9







fertile distritos del interior de la Isla. Hice una excursion de
La Habana a San Antonio de los Bafios, un agradable pueblecito
a nueve leguas de distancia al sudeste de la Capital, en lo que
se conoce por Vuelta Abajo. Acabo de regresar de una visit
a algunos hermosos centrales azucareros del sudeste de Matan.
zas, por lo que puedo pretender haber visto algo del aspect
del pals del que les hablo.
En esta estaci6n, las colinas cercanas a la Habana y los
pastos de todas parties tienen una apariencia Arida, un tono
amarillento, como nuestras praderas en invierno. Como quiera
que sea, esta es en Cuba la estaci6n de ]a seca, y cuando me
dijeron que desde octubre s6lo habian caido dos aguaceros, no
pude menos que maravillarme de que tanta vegetaci6n haya
perdurado, y que la verbena y otras hierbas que visten el suelo,
todavia conserven, como pude apreciar al mirarlas mas deteni-
damente, una inextinguible vitaiidad. Y para colmo de males, he
tenido la desventaja de ver a Cuba no solamente en la estaci6n
de la seca, sino ya al final de una extremada estaci6n de Ja
seca. La estaci6n de la liuvia comienza el mes pr6ximo, cuando
toda la Isla -me han dicho- hasta en las parties mas esteriles,
se inunda de una espesa vegetaci6n, las enredaderas trepan sobre
todas las rocas y ascienden a los Arboies, y las enormes palmas
se visten con un nuevo follaje.
La sombra, en todo caso, es el mayor placer en un climi
calido, y confieso que no comprendo por que Ia gente de Cuba
no rodea sus casas en el campo, en las villas y en los airededores
de los grandes pueblos con la densa sombra de los arboles. En
su rico suelo, en su perpetuamente cordial clima, los arboles
crecen con gran rapidez, teni6ndolos de gran nobleza, tanto por
el tamafno como por el follaje. La palma real, con su blancuzca
cstatura de recta column trunca, s6lo levanta en alto el capital
corintio de sus hojas, proyectando una estrecha sombra, pero
confundida hermosamente con otros arboles y sembrada en las
avenidas, forma una columnata mas generosa que cualquiera
de los p6rticos de los antiguos temples egipcios. No hay follaje
mas espeso ni verdor mas refrescante que el mango, que diaria-
mente, y durante various meses al afio, deja caer su ?bundante
fruto, y el mamey y el zapote, tambien fruta]es, se mantienen
con hojas durante la estaci6n de la seca; hasta el tamarindo, que


50







i 4 ,* .~

xaza y fatiga a los arboles mayores del bosque, tomando al
fitV' su lugar, hasta este majestuoso Arbol de fornido tronco
rtxestra sus hojas perennes de brillante verdor.
Es impossible evitar una expresi6n de disgusto al ver que
esos arboles no han sido sembrados en grupos alrededor de las
casas, para protegerlas con su sombra, o forrnindo arboledas a
traves de las cuales no puedan filtrarse los rayos de un sol tan
fiero al mediodia como el de Cuba. En efecto, en Cuba no hay
cultivos ornamentales, exceptuando solamente los del tipot mds
formal. Hay algunos jardines privados cuidadosamente man-
tenidos, pero todos siguen el patron ma's rigido, no ha-
biendo nada que de a la inmensa vegetacion de la region
la grandeza y la magnificencia que podrian pcrtenecerle. En la
Quinta del Obispo (") o Jardin dei Obispo, que esta abierta al
public, se puede dar con la sombra que uno no ha podido en-
contrar en otros lugares, pero los arbole estan plantados en
calls rectas, y los neniutares, una especie de flor de loto de giran
tamafio, fragantes y rosadas, crecen en un tanque cuadrado, que
se alimenta por un recto canal con bordes de piedra labrada.
Dire, si se me permit, que cuando pregunte6 por los arboles,
me hablaron de los huracanes que recientemrnente han barrido
la Isla. Uno de estos azot6 a Cuba en 1844, arrancando de raiz
las palmas y los naranjales, y dejando por el suelo las avenidas
de arboles de los cafetales. El Pasco Isabel (") un paseo piblicu
situado entire la muralla de La Habana y las calls del barrio
nuevo, habia sido adoselado antiguamcnte con altivos y fron-
dosos arboles que esta tempestad ech6 por tierra. Ahora ha sido
remozado con hileras de arboles jovcnes que ofrecen una ma-
gra sombra. En 1846 vino otro ciclon, aun ma's terrible, destru-
yendo la mayor parte de la belleza que el anterior habia
respetado.
En los ultimos afios tanto los naranjales que no fueron tum-
bados por el ciclo6n como los que se sembraron recientemente,
han sido atacados por el insecto que hace algunos anfios fuera
igualmente nocivo a esta clase de arboles en la Florida. Su efecto
sobre la plant recuerda al del pulg6n: las hojas crecen marchi-
tas, y las ramas mueren. Asi pues, se puede imaginar que me
senti algo contrariado al no encontrar el aired imnpregnado por
el olor de los azahares, como sucede por esta 6poca en el sur


5J












I


A'


Paseo de Isabel II. Federicoo Mialhe, Isla
La Habana, 184-.

52


de Cuba pintoresci








de Italia. En la actualidad, las naranjas son escasas y no mrnuy
buenas en la I'Habana y Matanzas, como ocurre en las fruterias
de Nueva York. Ahora bien, he oido dccir quo hay porciones de
la Isla que fueron respetadas por los ciclones y otras done los
destrozos causados por los insects en Los naranjalcs, han ccsado,
como me han dicho que tambicn ha sucedido en la Florida.
Ya mencione mi excursion a San Antonio. Fui alli por tren,
en un carro construido en Newark, conducido por una locomotora
hecha en Nueva York y guiada por un mraquinista americano.
Pasamos a traves de. campus de boniato -que aqui nunca ne-
cesita una segunda siembra, y se propaga a si mismo perpetua-
mente en el suelo-, tablas de maiz, sembrados de platano man-
zano, con sus tallos oscuros, y de platano macho, con sus vcrdes
frutos, y largos trechos de pifias, sembradas en hileras como las
zanahorias. Despucs vienen los cafiaverales, con sus hojas como
de juncia de un verde phlido, y luego los extensos trechos de
pasto, con arbustos dispersos, altos hierbajos muertos, crecidos
en el verano pasado, y una delgada hierba mordisqueada a ras
de tierra. Aparecia por cualquier parte un cafetal abandonado,
donde pacia el ganado entire arbustos medio marchitos e inte-
rrumpidas vallas de pifia silvestre, piia rat6n, (I) como la Ilaman
los cubanos.
Algunas veces pasabamos por las cabalas de los monte-
ros (11) o campesinos, construidas en su mayoria con hojas de
palma: las paredes formadas con yaguas amarradas a postes
de cafia brava y el techo cubierto con largas pencas semejantes a
penachos. En algunas ocasionles la puerta estaba cubierta con
ma especie de cortina para protegerse del sol, que mujeres y
nifios de rostros morenos levantaban para mirarnos pasar. Estas
viviendas eran frecuentemente de aspect pintoresco, con un
platanal al fondo, un matorral de cafiabrava como portico, on-
deando su ramaje como de sauce en el aire, un par de matas de
mango cerca, cargadas de frutos madurando y dCie rojizos capullos
abri6ndose, y uno o dos cocoteros alzando sus inmensas hojas
empenachadas y sus racimLos de verdes frutos sobre el resto de
los &rboles.
En diversas oportunidadc-s hemos encontrado a los misrnos
mnonteros corriendo en sus pequefios caballos con ese paso que
nosotros lamamos "rack" ( '). Su atavio consiste en un sombrero


53








de Panama, una camisa usada por fuera de los pantalones, ur
ruistico par de zapatos de vaqueta -uno de ellos armado con
una espuela- y un machete colocado sobre el costado izquierdo,
colgando de un cinturon de tejido de algod6n. Son hombres de
porte varonil, delgados, pero de buena figure, con hombros bien
desarrollados, que sin embargo, se yen encorvados, contraidos,
me imagine que por montar siempre con estribos cortos.





7 a TJ'd b .-*-- -











Un montero (Fragmento de la Vista de la ciu dad de Matart7A
de Bourreiler).

Tambien pasarnos por los bosques. tisted sin duda supone
que un bosque en un suelo y uni china como este debe ser una
densa espesura de ar'boles con colosales troncos y coposas cimnas.
En Cuba un bosque -todos los que he visto son por el estillo-
es un matorral de arbustos y plants trepadoras por entire las
cuakes se puede suponer que hasta los gatos jibaros del pais, ten-
drian diticultades para atravesarlo. Por cualquier lugar de esta
selva intransitable se aiza la palma, o la gigantesca ceiba o arbol
de algodon, pero en mayor proporcion se encuentran arboles
much menos hermosos, poco esparcidos y con escasas ramas,
In .n

























dispuestas sin simetria y, en esta estacion, a inenudo sin hoj as.
Liegamos a San Antonio a las nueve de la mafiana, y fuimos
al hotel de La Punta, donde almorzamos arroz y huevos frescos,
:.-.. 44 .,







M -


Un montero (Fragmento de la Vista de la ciudad de Matanza
de Bourrelier).

Tambi~en pasamos por los bosques. Usted sin duda supone
que un bosque en un suelo y un clima como e'ste debe set una
densa espesura de a rboles con colosales troncos, y coposas cimas,
En Cuba un bosque--todos los que he visto son por el estilo--
es un matorral de arbustos y plants trepadoras pot entire las
cualks se puede suponer que hasta los gatos jibaros del pal's, ten-
drian dificultades para atravesarlo. Por cualquier lugar de esta
setva. intransitable se alza la palma, o la gigantesca ce-iba o a rbol
de algodo'n, pero en mayor proporcion se encuentran A'rboles
much menos hermosos, poco esparcidos y con escasas ramas,
dispuestas sin simetria y, en esta estacio'n, a menudo sin hojas.
Llegamos a San Antonio a las nueve de la man-ana, y fuimos
al hotel de La Punta., donde almorzamos arroz y huevos frescos,


54








y un plato de carnet tan excesivamente sazonada con ajo, que
era impossible distinguir a que animal pertenecia. Junto al hotel
habia una valla de gallos rodeada de jaulas en que estos canta-
ban vigorosamente. Dos o tres personas parecian no tener nada
que hacer salvo atenderlos, y en particular uno de barba gris,
aspect serlo y solido porte que entr6 a trabajar con una resc-
lucion y una solemnidad que para mi, que habia visto reciente-
mente los apresurados sepelios del Campo Santo de la Habana,
fueron altamente edificantes. Habia un hombre entrenando un
gallo de pelea en la valla, le daba lecciones sobre el valor de la
perseverancia. Sostenia otro gallo frente a l61, al cual le estaba
ensefiando a perseguirlo y, para provocarlo, le golpeaba ocasio-
nalmente la cabeza con el ala del animal que tenia en la mano;
durante media hora lo hizo correr detras de 61 alrededor de la
valla.
Me habian hablado much acerca de los cafetales cubanos, y
en la vecindad de San Antonio hay algunos considerados muy
hermosos. Un joven, con una camisa de cuadros blancos y azu-
les, usada como un sayo sobre los pantalones a cuadros, con una
espuela en un solo tal6n, nos prometi6 conseguirnos una volanta
y lo contratamos. Nos trajo una de dos caballos, con un postill6n
negro montado en uno de ellos y las varas del vehiculo sosteni-
das por el otro. Salimos, pasando a traves de campos bordeados
por vallas de pifia rat6n de duras hojas, sobre caminos tan ma-
los que si el movimiento de la volanta no fuese el mas facil del
mundo, hubiiramos tenido un desagradable traqueteo.
Las tierras cultivadas de Cuba se dividen en coloradas y
negras; estabamos en medio de las tierras coloradas, que con-
sisten en una fina tierra de un intenso color ladrillo, que des-
cansan en un lecho de suave, porosa y gredosa piedra caliza. En
la estaci6n de la seca la superficie se dispersa facilmente en
polvo, y tinhe las ropas de un rojo oscuro.
Un recorrido de cuatro millas por un campo lleno de palmas
y cocoteros nos lleva a la entrada del cafetal, que nos abre nues-
tro amigo de la camisa de cuadros, por quien estamos acompa-
fiados. Subimos a la casa atravesando lo que fue una avenida
de palmas y que ahora no es mas que dos hileras de Arboles a dis-
tancias muy desiguales, mostrando aqui y allA un naranjo en-
fennrmizo. A cada lado crecen los arbustos de cafe, cargados con


55








flores de blancura de nieve, pero no podados y llenos de ramitas
secas y deshojadas. En cualquier direcci6n hay hileras de arbo-
les, apreciados o por ser ornamentales o por sus frutos, y arbus-
tos entire los cuales hay magnificas adelfas cargadas de flores,
plantadas de manera que rompan ]a fuerza del viento y parcial-
mente protcjan las plants de los demasiado fieros rayos del
sol. El cafetal es, en efecto, una especie de bosque con Atrboles y
arbustos dispuestos en linea recta. El mayoral, (111) o administra-
dor de la finca, un apuesto cubano, con blancos dientes, una agra-
dable sonrisa y una pronunciaci6n precisa de su lengua native,
nos recibi6 con gran cortesia, ofreciendonos cigarrillos, (14) aun-
que nunca fumaba, y licor de carna, aunque nunca bebia. Usaba
un machete y portaba un gran latigo flexible, doblado convenien-
temiente en la mano. Nos mostr6 las plants de cafe6, las anchas
plataformnas con lisas superficies de cemento y levantados bordes,
donde los granos se secan al sol y los molinos donde los negros
trabajan separando la semilla de la pulpa que la envuelve.
















vista de un Cafetal. (En: "Mapa pintoresco modern de la Isla de
Cuba". Rodeado de 15 l1minas con temas cubanos).

"Estos cafetales", dijo, "ya estan arruinados, y los duefios
los abandonana tan pronto como pueden; en cuatro afios mas no
habra un solo cafetal en la Isla. No pueden hacerle frente al
cultivo del cafe6 de acuerdo con el precio que este alcanza en
el mercado".


56








Pregunte la causa. "Es", me contest, "la extremada sequoia
que hay en la epoca en que la plant florece. Si tenemos lluvia
en esta epoca del afio, estamos seguros de una buena cosecha,
pero si no Ilueve, la recogida sera pequefia, y la falta de lluvia
es una circunstancia tan comun, que vamos a tener que dejar
el cultivo del cafe a la gene de Santo Domingo y del Brasil".
Le pregunte si no se podia convertir la plantacion en un
ingenio.
"No esta", contest, "se ha cultivado demnasiado. La tierra era
originalmente rica, pero esti exhaust -"muerta de cansancio"
fue la expresion que uso- podemos cultivar maiz o arroz, pues
el cultivo seco del arroz tiene exito aqui, o la podemos dejar
para pastos. Actualmente conservamos algunos negros aqui,
solo para recoger los granos que maduran, sin que se preocupen
por cuidar las plants o reemplazar aquellas que mueren".
Por lo que he podido ver en esta finca, llegaria fakci]mente
a career que un cafetal bilan cuidado puede ser extremadamente
hermoso por su vegetaci,.., pero el disefio formal segun el cual
esta esta dispuesta, las calls derechas y las hileras de irboles,
los cuadrados y paralelogramos, me mostraron que no habia
ninguna belleza en su arreglo. Coincidimos con el propietario,
una persona de aspect delicado, con delgadas manos blancas
y que se habia educado en Boston, hablando ingles como si nun-
ca hubiese vivido en otro lugar. Sus modales, comparados con
los de su administrador, eran excesivamente frios y repulsivos
y cuando le hablamos de la cortesia que nos habia mostrado,
su aspect parecia indicar que hubiera deseado que fuese de
otro modo.
Habiendo regresado a nuestro hotel cenamos, y como ano-
checiera, salimos para inspeccionar el pueblo. Esta situado junto
a un claro arroyo sobre el que estan construidas varias casas de
bafios, con sus pilares levantados en medio de la corriente. Antes
de llegar al pueblo el arroyuelo fluye entire bancos rocosos, bor-
deado por arbustos, mnuchos de ellos florecidos; y ya pueblo
abajo, despues de serpear por un breve trayecto, entra en
una caverna abierta en la roca caliza, sobre la cual se alza una
inmensa ceiba que tiende sus brazos Ilenos de hojas hacia el
cielo. For esta abertura el rio se sumerge y no se le vuelve a ver.
La Isla esta llena de cuevas y aberturas en las rocas, y me han


57






















































"Vista de la Ceiba done se consume el tic de S. Antonio", de Eduar-
do Laplante.iEn: Garay y Echevarria: Hisloria (escriptiva de la villa
dle S. Antonio Abatd de los Bafios, Habana, Impr. de la viuda
de Barcina, 1859),


58








dicho que hay muchas corrientes que encuentran pasos subte-
rrineos hacia el mar. Hay un pozo en el hotel de La Punta en el
que se oye constantemente el fluir del agua. Es el sonido de
una corriente subterranea moviendose a lo largo de un paso
entire las rocas, y el pozo es una abertura en su techo.
Al pasar por el pueblo me impresiono el impiQ atuendo de
los que viven en las humildes viviendas. En la puerta de una
de las cabafias vi un grupo de nifios de distintas edades, todos
muy lindos, con rostros ovalados y brillantes ojos negros, con
limpios y frescos vestidos, que uno no podia imaginarse como
no estaban manchados por el fango del piso de la casa. El pue-
blo de Cuba es ahorrativo en sus abluciones; los hombres no se
lavan la cara y las manos hasta cerca del medio dia por miedo
a los espasmos, y me han dicho que las mujeres no se bafian
nunca, contentandose con lavarse las mejillas y el cuello con
un poco de aguardiente; (') pero la pasion por la ropa limpia,
y entire los hombres por los pantalones blancos limpios, es uni-
versal. El mismo montero ostentara una camisa del mejor lino,
perfectamente planchada y tiesamente almidonada por comple-
to del cuello para abajo.
Al dia siguiente a las once y media dejamos nucstro hotel,
qde era tambien lo que nosotros Ilamamos en los Estados Uni-
dos una tienda rural, donde los dependientes, acabados de la-
varse y peinarse, estaban haciendo tabacos con hojas de Vuelta
Abajo, detras del mostrador, y regresamos por tren a la Habana.
Nos procuramos licencias de viaje al precio de cuatro dolares
y medio cada una, pues le da la gana al gobierno de exigir este
impuesto a los extranjeros que viajan, y temprano a la inanana
siguiente tomamos el tren para Matanzas.

CARTA XLVIII

Matanzas Valle de Yumuri.

Los Giines, 18 de abril de 1849.

En el largo trayecto de ferrocarril que conduce de la Ha-
bana a Matanzas no vi nada notablemente distinto de lo que
habia observado en mi excursion a San Antonio. Hlabia el mismo


59






















































Vista de la ciudad de Matanzas, "L. Barafiano lo dibujo,
lier lo Litog9" Habana, Litografia de la Marina,


E. Bourre-
1856.


60








campo llano, de gran fertilidad evidence, algunas veces interrum-
pido con suaves ondulaciones y alziandose algunas veces en la
distancia, en colinas cubiertas con matorrales. Pasamos por cam-
pos de color verde oscuro sembrados de yuca, una raiz comesti-
ble de la que se hace el pan de casabe; campos verde palido de
cainas, tramos pardos de pasto formados parcialmente de cafe-
tales abandonados, de los que atm qucdan en pie palmas y dis-
perses frutales, y bosques de arbustos y enredaderas creciendo
en su mayoria entire rocas. Algunos de esos tramos rocosos tienen
una apariencia peculiar. Consisten en asperos salientes de roca
de uno o dos metros de aitura, de forma irregular y llenos de
huecos, llamados diente de perro (1 ). Y en ellos los Arboles y
las enredaderas encuentran aberturas llenas de tierra con que
nutrirse. Pasamos por dos o tres cementerios rurales, donde las
mas odiosas de las ayes, las auras tihosas, se yen posadas sobre
los muros de yeso blanco o volando con sus asperas alas en
circulos sobre ellos.
Paseando por la vecindad del pueblo en el que ahora escri-
bo, me encontre con las tierras negras de la Isla. Aqui la rica
tierra negra de la llanura descansa sobre un lecho, de cal tan
blanco como la nieve, corno podia apreciarse en los sitios en que
se habia excavado a cada lado de la linea del ferrocarril, para
former el camino por el que este corria. Arroyos de agua trans-
parente, desviados a la izquierda de un rio, atravesaban eli llano
con su rApida corriente, casi a ras del suelo, manteniendolo en
perpetua humedad. Seguin nos acercabamos a Matanzas veia-
mos tramos mas extensos de cana vistiendo los anchos declives
con sus apretadas hojas, como si el ordinario junco del rio hu-
biera sido trasplantado a los terrenos altos.
Al fin la bahia de Matanzas se abri6 ante nosotros: un largo
trecho de agua que se extendia hacia el nordeste, en el que various
rios desembocaban. La ciudad esta situada en el extreme sudoc-
cidental, protegida por elevaciones desde donde el San Juan y
el Yumuri iluyen hacia el mar. Es una ciudad pequefia pero
pr6spera, con un comercio considerable, como indican las embar-
caciones ancladas en el puerto.
Cuando pasamos por el puerto me fij6 en un extenso y fron-
doso platanal que crecia en uno de esos tramos que llaman diente
de perro. No pude ver nada mAs que los mellados dientes blancuz-


61








cos de la roca y los verdes tallos turgidos de los platanos, de diez a
quince pies de altura, y tan gruesos como la pierna de un hom-
bre, o mas. Los tallos del platano son jugosos y herbaceos, y de
una textura tan blanda que con una hoz usted podria cortar en-
teramente el mas grueso de un solo golpe. No me es possible
concebir c6mo tal cantidad de lujuriosas plants podian encon-
trar alimento en lo que parece a la vista poco menos que una
roca esteril.
Al dia siguiente de nuestra llegada a Matanzas hicimos una
excursion a caballo a la cima de una loma que domina la ciudad,
llamada la Cumbre. Nos trajeron ligeros pero fuertes caballos
del pats, con sillas con altos pomos del arz6n, las que tambikn
estaban levantadas en la parte posterior a fin de hacer dificil la
caida del jinete de su asiento. Un negro me coloco una espuela
en el tal6n derecho, y subiendome por los cortos estribos, cruce
el rio Yumuri con mis compafieros, y comence a ascender la
Cumbre. En Matanzas se enorgullecen de la perpetua frescura
de la temperature que se disfruta en la extensa cima de esta
elevaci6n, donde muchos de los opulentos comerciantes de ]a
ciudad tienen sus casas de campo, a las que no pueden Ilegar
los mosquitos y jejenes que abajo infestan la ciudad, y done,
como me contara uno de ellos, se puede jugar billar en agosto
sin sentir la molestia del sudor.
Desde la Cumbre puede verse la complete extension del
puerto: la ciudad descansa a sus pies con su arboleda de misti-
les y su polvoriento paseo (17) de tierra colorada donde estAn
sembradas hileras de pinos de Cuba. En la orilla opuesta llama
la atenci6n una grieta entire las altas rocas por donde el rio
Canimar sale a traves de bancos de romantica belleza -asi me
los describieron- y se mezcla con el mar. Pero el paisaje a la
izquierda es much mas hermoso: el valle del Yumuri, por verlo
vale la pena el viaje a la Isla. Al contemplarlo, mis ilusiones no
se vieron defraudadas.
Delante de mi reposa el profundo valle rodeado por todas
parties de lomas y montafias, con el pequeio rio Yumuri serpen-
teando en el fondo. Redondas colinas que se alzaban en la parte
mas cercana a mi, cubiertas con palmares, y los riscos del extre-
mo sudeste del valle se vestian con un bosque de verde intense,
donde casi se podia ver cada hoja resplandeciendo al sol. Abajo,


62








en los anchos campos, ondeaban Ia cafia y el maiz, y se veian los
bohios de los monteros dispersos entire ellos, cada uno con su
penacho de canas bravas y sus pequefios platanales. En algunos
lugares los pefiascos casi parecian amagar sobre el valle, pero
hacia el oeste, en medio de una neblina lcvcmcnte dorada, se ele-
vaba una cima tras otra, y sobre todas, soberbia y remota, se
alzaba la montania Ilamada el Pan de Matanzas.
Paramos por breves minutes en una casa de campo en la
cima de la Cumrnbre, donde esta hermosa vista se encontraba
constantemente ante los ojos. La rodeaba un jardin, cultivado
con las mas suntuosas plants de los tropicos, pero atrajo mi
atencion una pequefia plantacion de rosas de Damasco que flo-
recian profusamente. No tenfan olor: el clima que proporciona
al azahar un intense perfume, debilita la fragancia de la rosa.
A la caida de la noche -en esta latitud la noche cae repentina-
mnente- estabamos de nuevo en nuestro hotel.
Pasamos el domingo en una plantacion cafiera, en la hospita-
laria casa de un colono norteamericano, como a quince mills
de Matanzas. La casa esta situada sobre una elevaci6n en otro
tiempo cubierta de arboles que los ciclones han derribado, domi-
nando un ancho valle, donde las palmas estaban diseminadas en
Iuaquier direccion, puesto que la finca habia sido con anterio-
ridad un cafetal. En los grandes edificios que albergan las ma-
quinas y otros aparatos de fabricar azucar, que estaban situados
al pie de la elevacion, las maquinas de vapor que habian estado
trabajando toda la semana ahora descansaban. Como se acercara
la puesta del sol, se vio salir humo de su chimenea; inmediata-
mente bocanadas de vapor brotaron de la maquina, se empezo
a percibir su actividad, y los negros de uno y otro sexo fueron
convocados para comrnenzar el trabajo de la semana. Algunos
alimentaban el fuego echando carbon bajo la caldera; otros se
veian correr hacia ei trapicho con los brazos llenos de cania, re-
cientemente cortada, que cogian de una alta pila cercana al
edificio; otros encendian fuegos bajo una hilera de grandes
pailas con el bagazo de las cafias a las que habian extraido su
jugo en el trapiche. No habia visto en Cuba una exhibicion de
actividad semejante a esta.
El sonido de la rrmquina se escucho durante toda la noche,
porque la molienda, una vez comenzada, continue dia y noche,


63









con la excepci6n de los domingos y algunos otros dias festivos
Temprano a la mafiana siguieate me encontraba en el ingenio.
El guarapo que salia de las mazas corria por un largo canal hasta
un recipient donde era clarificado con cal, despu6s se le hacia
pasar, sucesivamente, de una caldera hirviente a otra, obtenien-
do una consistencia mas espesa al evaporarlo. Los negros, girando
sobre si mismos, lo echaban de caldera a caldera, y finalmente lo
pasaban a un canal principal que lo conducia a unos tanques de
poca profundidad colocados en otro local, donde al enfriarse se
convertia en azuicar. Despues otra cuadrilla de trabajadores la
revolvian con bombones (18), alzando una masa compact, Ia lie-


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Vista de una Casa de Calderas (En: "Mapa pintoresco modern de la
Isla de Cuba" Rodeado de 15 laminas con temas cubanos).

vaban en baldes por una escalera no muy alta y la vaciaban en
grandes barriles con el fondo agujereado. Estos estan colocados
sobre un gran tanque en el que se recoge el liquid que gotean
los barriles, obteniendose asi las miles.
Este es el metodo de fabricar azuicar conocido por masca-
bado. Se escurre durante unos cuantos dias y entonces los trenes
la transportan a Matanzas o La Habana. Despues visitamnos una
plantaci6n en la vecindad, en la que se fabric azticar purgada.
Nuestro anfitri6n nos proporcion6 caballos para hacer el viaje,
y tomamos por un camino sinuoso, sobre la montafia y el valle,
a traves de plantaciones y bosques, hasta que ilegamos a la puer-


64








ta de un extenso sembrado de pasto. Un negro viejo, cuyo bohio
estaba cerca, nos abrio, inclinandose con respeto cuando pasamos.
Despues de andar media milla mas a caballo, se nos ofreci6 la
vista de los cafiaverales de la plantaci6n llamada Saratoga, que
pertenece a la casa Drake y Compafila de la Habana, y es con-
siderada como una de las mejores de la Isla. Presentaba un as-
pecto diferente al de cualquiera de las plantaciones que habiamos
visto. No habia ninguin Arbol ni arbusto, sino las canas, que con
excepci6n de los lugares en que habian sido cortadas para trans-
portarlas al ingenio, vestian los declives y las hondonadas del
terreno con sus hojas de verde claro, semejante a la yerba de
una pradera.
Fuimos recibidos cortesmente por el administrator de la
finca, un inteligente vizcaino que nos mostr6 todo el process
de la fabricaci6n del aztcar purgada. No difiere de Ia fabrica-
ci6n del mascabado en lo que respect a la molienda y concen-
traci6n. Sin embargo, cuando el azuicar esta casi fria, es vaciada
en recipients de hierro, de forma c6nica, con una abertura en
su parte inferior, colocandolos con la base hacia arriba (19). La
superficie del azucar se cubre entonces con una especie de fango
negro y espeso, que Ilaman barro y que es varias veces renova-
do segun se va secandb. El liquido que escurre el barro pasa a
traves del azucar arrastrando las porciones mas crudas y for-
mando las miles. En unos pocos dias la purga esta complete.
Vimos a los trabajadores del central Saratoga preparando
para el mercado el azucar asi purificada, si es que podemos
aplicar la palabra a un procedimiento como este. Con una tosca
cuchilla de hierro dividian un gran pan de azucar, acabado de
sacar del molde, en tres parties llamadas primera, segunda y ter-
cera clase, de acuerdo con su blancura. Estos se secan al sol
sobre plataformas de madera separadas con un borde levantado;
las mnujeres los pisan y caminan sobre los fragments con sus
pies desnudos y sucios y los desmenuzan con golpes de mazos
y palos. Entonces el azucar de primera calidad se amontona y
se coloca en cajas, la de segunda y tercera, como es humeda, se
manipula por tercera vez, y se coloca en el secadero, donde es
expuesta al calor de un horno y cuando esta suficientemente
seca, se envasa para el mercado al igual que la otra.


65







La vista de estos process no fue de la naturaleza que le per-
mite a uno pensar con much satisfacci6n acerca del azuicar pur-
gada como ingredient de la comida, pero los habitantes de la
Isla estdn por encima de estos prejuicios y Ia usan con tan pocr
escruipulo como si no supieran c6mo se fabric.
Por la tarde regresamos a la casa de nuestro anfitri6n nor-
teamericano, y tomando un tren en Caobas, -asi ilamado a cau-
sa de que algunos irboles de 6sos habian crecido ali- estaba-
mos en Matanzas una hora despues. A la mafiana siguiente el
tren nos llev6 a este pueblecito situado a mitad de camnino entire
Matanzas y La Habana, pero a una considerable distancia al sur
de ambas (%")
Traducci6n de Luisa Campuzano.


66













NOTAS


(1) Letters of a traveller; or, notes of things seen zn Europe and
America, by William Cullen Bryant. 3a. ed., New York, George P. Put-
nam, 1851. 442 p. lams. 21 cm. p. 358-388.
(2) En espafiol en el original: volanies. De esta form aparece
la palabra en I1s anuncios del PapeZ Periodico de la Havana.. Dice
RODRIGUEZ HERRERA, ESTEBAN, LUxico mayor de Cuba, La Ha-
bana, Editorial Lex, 1959, t. 2, p. 622: "Unos decian Volanta y otros
Volante al carruaje de lujo, pero con el tiempo prevaleci6 la forma
volanta, fern., que aun se recuerda como carruaje tipico de nuestros
tiempos pasados de feliz recordacion en gran parte".

(3) En espafiol en el original.
(4) En espafiol en el original.
(5) En espafiol en el original,
(6) En espafiol en el original.
(7) En espafiol en el original.
(8) En espafiol en el original.
(9) En espafiol en el original.
(10) En espaf.ol en el original.
(11) En espanol en el original.
(12) En The American College Dictionary, Clarence L. Barnhart,
editor in chief. New York, Random House, 1957, p. 997: rack: The gait
of a horse in which the legs move in lateral pairs but not quite
simultaneously. (Marcha de un caballo en la que las patas se mueven
por pares laterales, pero no de una forma totalmente simultanea).
(13) En espafiol en el original,
(14) En espafiol en el original.
(15) En espafiol en el original.
(16) En espafiol en el original.
(17) En espafiol en el original.
(18) MORENO FRAGINALS, MANUEL. El lngenio; el complejo
econ6mico social cubano del azfcar. La Habana, Comisi6n Nacional
Cubana de la UNESCO, 1964. t. 1, p. 114: "El trasiego de los caldos
de una paila a otra se ejecuto normalmnente mediante un especial
cuchar6n de mango largo llamado bomba, bombo o bombon",


67








(19) RODRIGUEZ HERRERA, ESTEBAN. op. cit. t. 2, p. 104: "Vas-
ja de barrio de figure conica, de menos de una vara de alto y de media
de diametro en su base cuyo vertice tenia un agujero llamado furor;
ste se tapaba para echar el liquid preparado ya en temple y grano
de azfcar, y despues se destapaba para que destilara o purgara la mnlel
cuando aquel estaba coagulado o cristalizado". MORENO FRAGINAILS,
MANUEL. op. cit., t. 1,p. 123. "Inicialmente las hormas fueron de barro.
El process industrial llev6 a la fabricacibn en grande de- las hormna
metalicas a partir de la decada de 1830".
(20) Giines, en donde redacta esta carta.


68











Un cuento inedito

de Anselmo Sudrez y Romero




El instinto de un perro


Recientemente ha sido reimpresa la Coleccion de Articulos
de Anselmo Sudrez y Romero, (1) ya rmds que centenaria y
verdadera rareza bibliogrdfica. Es sin duda, un gran acierto del
Consejo Nacional de Cultura, (-) pues esta obra, ademds de su
incuestionable valor literario, es una fuente de primera magnitude
para el studio de la estructura socio-economica de nuestro
pueblo.
No nos toca a nosotros valorar a Sudrez y Romero como
representante del romanticism literario en Cuba, ni calibrar su
aporte importantisimo, a las letras cubanas; pero si debemos
destacar el valor de su obra costumbrista como fuente para la
historic de la sociedad cubana en el period esclavista.
Francisco, su novela abolicionista, es lo mds conocido y tal
vez lo menos bueno de su obra literaria, aunque haya en ella
esplendidas descripciones y retratos magistralmente trazados. Son
sus cortos bocetos Costumbres del campo y Cuadros de la
naturaleza cubana (:I) lo que hay de mds valioso y perdurable
en su obra. Pero hay otras pdginas magnificas, como El
cementerio del ingenio, que no han vuelto a ser reproducidas y
que lo merecerian ampliamente, y tambien muchas pdginas
(1) Coleccion de Articulos de Anscino Sudrez y Romero. Habana.
Establecimiento Tipografico La Antilla, 1859. 276 p. 20.5 cm.
(2) Colecci6n de Articulos de Anselmo Sudrez y Romero. Habana,
Consejo Nacional de Cultura, 1963. (Biblioteca basica de autores cu-
banos). 330 p. 18.5 cm.
(3) Coleccidn ,e Articulos. Consejo Nacional de Cultura. p. 205-330.


69








ineditas, o que creemos tales, que merecen rescatarse del olvido.
Entre ellas seleccionamos hoy el cuento Instinto de un perro,
que debe leerse a continuaci6n.
La Biblioteca Nacional conserve nueve volumenes de
nmanuscritos de Anselmo Sudrez y Romero. Estdin copiados de
mano del propio autor o de su amigo Vidal Morales y contienen
abundante material inedito. Estos manuscritos fueron estudiados
hace algunos atios por Manuel Moreno Fraginals, quien public
en esta misma revista, en 1950, (1) un importante trabajo sobre
Sudrez y Romero, seguido de un indice descriptive del contenido
de cada volumen.
La Colecci6n Cubana de la Biblioteca Nacional se propone
editor, proximamente, un volume donde se recogerdn las
"Paiginas Negras" de Suarez y Romero, todo cuanto escribio sobre
la esclavitud, y que la censura espaniola no dej6 publicar, asi
como la polemica con Enrique Pifieyro, y otros studios y
correspondencia relacionados con el autor. (-)

J. P. R.










(4) MORENO FRAGINALS, MANUEL. Anselmo Sudrez y Romero.
Seguldo de: Indice de los manuscritos de Anselmo Sudrez y Romero
que sc Conservan en la Biblioteca Nacional.
En: Revista de la Biblioteca Nacional. La Habana, segunda
series t. 1. no. 2. Febrero 1950. ). 59-121.
(5) Anselmo Suarez y Romero naci6 en La Habana en 1818, su
padre Jose Ildefonso Suarez Pren (m. 1843) fue un personaje official
Intimamente relacionado con el gobierno del general Tac6n, y cuando
el relevo de cste fue duramente atacado por la burguesia cubana,
El joven Anselmo, entonces de 20 afos, tuvo que refugiarse con su
madre y hermano en el ingenio familiar Surinam, pasando una
vida de estrecheces, para pagar las deudas paternales. Public en-
tonces su primera composici6n literaria.Carlota Valdes, y colabora
en los principles periodicos y revistas literarias de la 6poca. No fue
un revolucionario, ni tampoco un abolicionista militante, pero muchos
de sus escritos fueron eficaces armas en la lucha ideol6gica por la
liberacion de los cubanos blancos y negros. Muri6 el 7 de enero de 1878.


70













Instinto de un perro





(A mi discipulo Joaquin Alfonso
y Madan)(')


Por San Jose de las Lajas vivia un guajiro poseedor de
bastante riqueza para la indolencia casi general de nucstr-os
hombres del campo. Era de carActer sumamente violento, el
especial con sus inferiores, llegando asi a merecer el nombre de
tirano, porque en mi.concepto lo es todo aquel, que careciendo
de valor para resistir a los que consider en posici6n mas elevada,
prime a los infelices. Ejercia principalmente su crueldad
respect de los esclavos con cuyo sudor habia llegado a adquirir
un potrero de diez caballerias de tierra, trabajaban aqueljos d,:Ide
antes de amanecer hasta una hora muy adelantada de la noche,
interrumpiendo sus faenas un breve rato para corner al mediodia
un poco de harina de maiz. Los vestia mal, no les daba calzado,
y ninguin m6dico habia ido nunca a curarlos, sino a extender,
nerced a una exigua remuneracion, el certificado que se exige
)ara que pueda ser admitido en el cementerio un cadaver. No les
)ermitia tender mas que un cerdo dentro del chiquero, en sus
Zonucos ap6nas cosechan maiz y arroz, y malaventurado el
que, acosado por el hambre, tomaba aunque fuese cualquiera
fruta silvestre. No los dejaba cazar. Por faltas las mas leves los

(I) Hijo de Julian Luis Alfonso y Soler y de Antonia Maria
Madan y Madan, Julian Alfonso y Madan se cas6 en La Habana,
en 1860, con Maria de los Dolores Gilel y Rentt, hermana del ha-
cendado, poeta y politico liberal, casado a su vez con una infant
de Espafia en condiciones tales que Ie valieron su destierro de la
Peninsula.


71




















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El Guardiero, de Juan Jotge Peoli.
t. I, mayo,


(En: La Revista de
1855).


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castigaba, y como las considerase graves, los bocabajos, (2) eran
hasta desmayarse los negros. Siempre habia alguno con grills.
Cuando iban o regresaban de los trabajos, se colocaba detrais
en su caballo para que anduviesen aprisa, y solia a latigazos
obligarlos '. comer. (:) Odiabanlo por consiguiente cuanto unos
hombres abyectos pueden odiar al que de continue los maltrata;
pero su rencor no se manifestaba por ningan acto exterior,
y quien los hubiese visto reirse en presencia de aquel despiadado,
obedecer instantaneamente todas sus 6rdenes, y mostrarse
satisfechos y carifiosos, 'se habria figurado que a fuerza de tantos
rigors habian llegado a perder ese gran sentimiento divino con
que repelemos Ia injusticia. La esposa de este campesino, ya
porque su sexo se incline mas A la bondad, ya porque
naturalmente fuese benigna, desaprobaba muchas de las cosas
que su marido hacia por career que a la raza de color no se la
debe gobernar sino con dureza; mas su piedad era por lo comun
esteril, y ami sucedia, que irritado el campesino al escuchar
palabras de suavidad y de perd6n, desahogaba su enojo en los
desgraciados por los cuales se habia intercedido. El coraz6n de
este tirano no parecia latir sino por un perro, llamado Fortuna,
que habiendose entrado un dia en el potrero, pequefo todavia,
muy flaco y con un arique(4) atado al pescuezo, se atrajo Ia
simpatia de Don Pedro, nombre del terrible campesino, ya que
es preciso mentarlo. Aquel animal fu6 desde entonces el mas
feliz de todos los moradores del potrero, porque al moment
descubri6 su particular instinto para seguir por el olfato el rastro
de los negros cimarrones. Nadie Ie daba de comer sino Don
Pedro, debajo de su cama dormia, acompafiabale como la sombra

(2J Bocabajo. Consistia en tender al esclavo en el suelo, bocaba-
Jo, a veces amarrado a los peldaftios de una escalera portitil y azotarlo
en las nalgas con un iatigo de cuero trenzado, llamado cascara de vaca.
Mvias de 25 azotes representaban un riesgo mortal del 50 Pocos
hacendados Ilegaban a estos extremos, salvo en casos de sedici6n.
La muerte de un esclavo representaba una perdida de 400 ps. en Ia
6poca a que se refiere el relato.
(3) Lo usual era sonar el cuero, como hacen hoy dia los arrieros,
pero sin aplicarle el latigo al esclavo, para no cstropCarl', por las
mismas razones que los arrieros lo hacen con lIs mulos. Ilacc cin-
cuenta afios todavia era popular en Cuba la frase "Ahi viene eli ma-
yoral sonando el cuero" que se aplicaba al president Mario G. Me-
nocal por sus pujos aristocratico-latifundistas.
(4) Arique. Tira de yagua que los campesinos cubanos usan en
lugar de cuerda de caffiamo; tambien puede ser de fibra de majagua.


73








al cuerpo, su alimento era carnet de puerco, jams se le espantaba
del lugar que habia escogido para echarse, si ladraba cou
pctulancia, se le dejaba ladrar, y muchas veces acontecio quc,
puesta la comida en la mesa, salt sobre una silla, coloco en
aquella las paitas delanteras, metio boca en los platos y se engull6
lo que mejor le parecla. Proclamaba incesantemente Don Pedro
las proezas de su porro, y decia que no se desprenderia de 61
no por treinta onzas. Era efectivamente extraordinario el finisimo
olfato con que, en habiendose fugado algun negro, husmeaba en
todas direcciones hasta dar con las huellas, y luego corriendo
unas veoes, detenicndose otras y ladrando siempre, venia a
pararse delante del matojo 6 debajo del Arbol donde se habia
ucultado el negro huido.
Una noche, despues de haber regresado del pueblo, encargo
eficazmente i uno de sus esclavos liamado Tiburcio, el cual era
quien Ic quitaba '1 albarda al caballo y lo ataba 4 la estaca, que
lo amarrase con cuidado no fuese a soltarse y comerse las
labranzas. Pcro el negro at6 mal la soga 6 esta se hallaba podrida.
Lo cierto es que cl caballo se solto, y se meti6 en una tabla de
maiz, y por consiguicnte hizo en ella grandes d.strozos,
Lcvantarse muy de madrugada el campesino y ve r el c aballo
hartatndose en la tabla de maiz, fue todo uno. Aquella misma
mafiana recibio Tiburcio cincuenta cuerazos, y por espacio de
nueve dias mas continue irecibiendo veinte y cinco en cada
madrugada. Cerca de dos meses estuvo sin poder salir al campo.
Otros bocabajos habia sufrido quizas con menos motivo: pero
la media de la paciencia suele agotarse ei dia menos pensado,
y un pueblo o un hombre que habian tolerado, al parecer
insensibles, todo linaje de ignominias y martirios, se sublevan
para romper, como quiera que sea, sus cadenas. Nunca trabaj6
Tiburcio con el vigor que el primer dia despues de haber
permanecido metidos los pies en el ccpo, mientras sanaba de
las liagas producidas por los cuerazos; nunca se habia mostrado
tan complaciente con su amo, y nunca apareci6 mas placentero
y tranquilo. Su diligencia, su humildad y su content se
prcltongaron do modo que lleg6 a ser para Don Pedro el mejor
negro que tenia, y en tal concept lo sac6 do los trabajos en el
campo, y quiso que en lo sucesivo no le sirviese mas que en la


74







casa de vivienda y en el batey. Tiburcio fue desde entonces objeto
de todas aquellas distinciones y elogios que los tiranos conceden
al que mas se doblega a su voluntad. Y tan enganiado se hallaba
Don Pedro que en todas sus conversaciones pregonaba la
conveniencia de tratar a los negros con much vigor, diciendo
que la mejor prueba era el cambio efectuado en Tiburcio, el cual
de perverso y descuidado se habia convertido en honrado y
laborioso.
Asi transcurrieron como dos afios hasta una noche en que
Tiburcio, que habia estado atisbando desde la puerta de su
bohio el moment en que salia a dar una vuelta por los linderos
acompaiiado de sus perros y montado a caballo, se metio
cautelosamente por entire los matorrales en cuanto lo vio partir,
y'fue a treparse en un frondoso tamarindo cuyos extensos ramos
cubrian el trillo formado junto a la cerca del potrero. Por aliil
precisamente habia de pasar Don Pedro. Despues de algun rato
de estar aguardandolo sintio Tiburcio las pisadas del arrenquin.
Agarro fuertemente su machete de calaboso (") afilado como una
navaja, se coloco en el gajo mas grueso del tamarindo, y al ir a
cruzar por debajo Don Pedro, le descarg6 un golpe tan recio
en la cabeza que aquel, sin exhalar siquiera un gemido, cayo de
un lado, y habiendose quedado con un pie metido en los estribos,
fue arrastrado por el caballo hasta que rotas las correas cayo
exanime a larga distancia del lugar en que habia recibido el
machetazo. Mientras los perros ahullaban a su airedcdor, cntraba
Tiburcio en su bohio.
Nadie sospecho al principio que e61 hubiese sido el asesino.
Llamaba la atencion el haber recibido Don Pedro Ia herida en
la parte superior de la cabeza, de lo que se inferia que era
menester que se le hubiese dado desde otro caballo; pero como
el dia anterior habia llovido y no encontraron en el trillo rmas
huellas que la del arrenquin y las patas de los perros, la familiar,
los vecinos y el capitan del partido no sabian que pensar.
Afiadiase que por robarlo no lo habian matado, supuesto que
no le habian quitado ni las espuelas ni el machete de concha de
plata. Todos los esclavos declararon hallarse durmiendo en sus

(5) Machete cuadrado que se afila por dos lados y se utiliza para
chapear entire dos tierras, parecido a la mocha de cortar cana, pero
algo ms estrecho.


75








hohios at ocurtJr la c.at.strofe; y Tiburcio repitio lo mismo sin
mostrar ia -mcnu"r pe.rpicjidad :f.n sus palabras ni turbaeon
ningunic, ci.;. .,*.- s-,nbiante.. Ya la ta;iii habia peirdido la esperanza
de descuibrir a' .rirninal, y auinqae s haObia mandado por el juez
quo sc an.p.iia.s-n las declarationec y se evacuasen otras
di~ig. s, 1: ib1i a so'.-rcsser en la causa, cuando uno de los
ys qiu,,. dc Doin Pedro comunico a su m.:-dre haber
av,,"-,. r.uuchaB s v..:-: que ei peirro Fortuna daba carrcras desde
l tam.mrdroII hI.a Ia puerta del bohio de T'iburcio, que en
_lhgyndo alli ladraba petulatAemente. que !e ladraba tambi6n a
lquc*l, y que euando trataba ide agasajarlo para que se callase,
e1 pecro al contrajrio se trri1.ibav y amenazaba mord:rlo. Esto di6
lugaa v :.. lu t nasm d. la famiiia y algunos amigos observasen
Ic mismo, y tU dia qtIe sii .SmU a ie pregunto6 a Tiburcio porque lo
odiaba tanto .ort.al,, le visible su inmutaci6n
irt'ciposc; a I epitirt del partido todo lo que se habia iotado,
SOS.o SUCOi 1 tO iabal.entec n circunstancias en que la Audiencia
dc Pctt -im.ip, (" ireyendco imposiblc cque con mas sagacidad
L..: se hubi:se i',.'ado -n la sumal-ia descubrir el roo, habia
disp)u'. .(,, qite .-aotit7Huasen las averiguiwciones. No quetdiundole al
capitan Jel partido nmguna duda acerca de la ojperia con que
Fortu-tna m 'iv.-a 'a Tibrcko), tanto por los informes que tomo como
por las o W.isrvaciones ,taCct 6-i risrno hizo, someti6 a aquel a un
pro ijo io int.-'-ogato.i'i y ta.mbii) 'a dos negrcs que habitaban en
su bolhio. La tutWitcitOn de Tibucio ria evidence en cuanto se Le
nablaba del pert'o, y Josc dos negros dijerorn que lo oian por ia
oca.-: habiar i ,: igo mnismo en voz baja, si bien no Ie ecitendian
.f : EL .. inc. .ItjU paar agunos dia s-,ii volver al potrero;
pero u._i n.r ^ -- a[tIc:io "a cso de las dos de la madrugada e
compaiia .c os ttigo de asistcc ydeYCe( dos vecinos, llamo a
S o]. aa u do o .d eI
'tU io a.zuzo, y ste se dirigio a Ia puerta del bohio d
Ajieb o Ca, 'adradu, ptptOiiazmeit- y da dando despues varia-
.-.rci--s ",.i I;,a t tamrido En el bohio habia una de i, claridad
pi.voci&.,i pka !1, .ama de la loi a que casi sie-mpre mantienen
LiVtcnciUia if-; negros, y junto I5 eila se distinguin, .-cntacdb sobr'e
aIibuH. hste hablaba co n los dos compaiieros.

( '60 .L L.i iiina iue i a La 1 ..m- ,, 1839, ic cial
Sit'I ceia i at ir. lda &p..-., de Tac y hae aas verosinliles
de t.u,.; de tlles.








Con el profundo silencio de la noche se pudo discernir que el
asunto de la conversaci6n era el asesinato de Don Pedro. Es el
caso que Tiburcio, acosado por los remordimientos y horrorizado
con los ladridos del perro, les estaba confesando que nadie sino
"l habia matado a Don Pedro descargandole un machetazo dcsde
los gajos del tamarindo. En el acto fue reducido a prison y
confes6 el crime con todos sus detalles.
A los pocos dias, aunque realmente no habia otra prueba
que su confesi6n, fu6 condenado a la pena de ser ahorcado en el
batey del potrero en presencia de los csclavos de la finca y de los
de los predios circunvecinos, y debiendo ser colocada su cabeza
dentro de una jaula cerca del tamarindo. (7) Yo no vi el suplicio
de Tiburcio; pero si me acuerdo, que siendo todavia nifio y
cruzando por el camino, volvia horrorizado los ojos al mirar su
cabeza dentro de la jaula clavada en el tronco de una palma.
AliR estaba la cerca del potrero, alli estaba el trillo en que Don
Pedro cay6 de la albarda y enredado en el estribo habia sido
arrastrado, y alli estaba el tamarindo como Antes con sus dilatadas
ramas y sus hojas infinitas.

(1860)
















(7) Este era el procedimiento usual que empleaba la jusiticia
espafiola cuando se trataba de casos de edicion de esciavos o asesi-
natos de hacendados. Asi se realize con Aponte y mis tarde en 1835,
con various negros ajusticiados en La Habana, con motivo de una
asonada en un barrio extramuros de la capital. En la 4poca en que
el autor describe, la practice habia caido ya en desuso.












La Real


de


San


Pontiftcia
Ger6nimo


Luis F. LeRoy y GdaIvez


Universidad












La Real y Pontificia

Universidad de San Ger6nimo

Sintesis Historica. (*)

I

Luis F. LeRoy y Gdlvez


La Universidad de la Habana fue durante sus ciento catorce
primeros anos una instituci6n pontificia, tambien de carActer
real por su dependencia de la Corona y regida por los dominicos.
Aun antes de aprobados sus Estatutos, desde el propio moment
de su fundaci6n se Ia llam6 Universidad de San Ger6onimo, en
honor del santo patrono que le escogieron dichos religiosos.
La historic de esta Universidad pontificia es la que pasamos a
relatar sucintamcnte en las paginas que siguen.

0 0 0

Los religiosos de la Orden de Predicadorcs, establecidos en
la ciudad de La Habana desde mediados del siglo dieciscis
vinieron a tener iglesia propia en el afio de 1578, o para expresarlo
con mas precision el 3 de junio de dicho afib, cuando el dominico
fray Diego de Carvajal obtuvo la posesi6n legal de la ermita
o iglesia de Nuestra Sefiora de la Consolaci6n, que fabric el
clerigo Andres de Nis y que existia en La Habana de aquel
entonces desde antes de 1569, ocupando algun lugar de la manzana
que hoy se halla comprendida en esta capital entire las calls

(*) Este trabajo constitute una apretada sintesis del tomo pri-
inero de una Historia Documentacla de la Universidad de La Haba.na
escrita por el autor y que se halia aun inedita. En la selecci6n del
material utilizado, se ha suprimido todo lo que pudiera constituir
exposiel6n hist6rica erudita.


81








de O'Reilly, Mercaderes, Obispo y San Ignacio. Dicha iglesia ya
por esa fecha se la denominaba de San Juan de Letran y tambien
iglesia de Santo Domingo, que es como fue muy comutnente
conocida mas tarde. El convento anexo se empezo a construir
hacia mediados de 1587, segfn consta en un pasaje de una Real
Cedula expedida en Madrid a 16 de diciembre de ese afio, donde
al comienzo de ella se dice que en Ia villa de la Habana se
"esta comenzando a edificar un monasterio de la dicha Ordeiin,
llamado San Juan de Letran". Debe significarse claramente que
desde esa fecha (1587) los dominicos no tuvieron otra casa en
esta ciudad, ni dicho convento se traslado a ningun otro punt
de la urbe, es decir, que el primitive Convento de San Juan de
Letran mas conocido despues como Convento de Santo Domingo,
siempre permanecio ubicado en el mismo sitio. Y fue alif donde
mas de sigio y medio despues habria de fundarse y establecerse
la Real y Pontificia Universidad de San Gerornimo. Esta, aun
despues de secularizada en 1842, continue radicada en el mismo
local del ya entonces ex-convento de San Juan de Letran, hasta
que en mayo de 1902 se la traslado al lugar que ocupa actualment"
en lo alto de la colina universitaria, antiguamente una parte
la meseta de la Ilamada loma de Arostegui.
Sin que se tenga certeza documental, es sin embargo muy
factible que los dominicos de La Habana ya tuvieran noviciado
en su Convento de San Juan de Letran hacia mediados del siglo
diecisiete. Es tambien muy probable que ya desde entonces se
hubieran establecido y dado comienzo a los studios conventuales.
Y siendo la comunidad de los dominicos una orden mendicante
y no monacal debio estar siempre en intimo contact con
la poblaci6n seglar, en virtud de su sagrado ministerio de
predicacion y labor de evangelizacion. Es presumible tambien
que al igual que tenia lugar en los conventos de los dominicos en
Puerto Rico, en Santa Fe de Nueva Granada, en los de CumanA
y Caracas en Venezuela, y en el de Manila, islas Filipinas, la
matricula de las aulas conventuales de los dominicos de La
Habana fuera desde sus propios comienzos una matricula mixta.
Es por eso que las ensenianzas que en ellas se impartian
-latinidad, filosofia y sagrada teologia- fuesen no s6lo para
los religiosos y estudiantes del noviciado sino tambien para
estudiantes seglares. Esta suposicion aparece tanto mas fundada,


82








cuanto que los dominicos permitieron al Bachiller en Medicina
por la Universidad de Mexico y distinguido habanero, don
Francisco GonzAlez del Alamo y Martinez de Figueroa, explicar
cursos de Medicina en su Convento de San Juan de Letran de
La Habana, en 1726, es decir, dos afios antes de que se fundara
en el la Universidad. Nada es, pues, mas natural, que los religiosos
de la Orden de Predicadores siempre hubiesen abrigado el
deseo de fundar en su convento de La Habana una Universidad,
a semejanza de la que ya desde 1538 existia en su Convento de
Santo Domingo, de la ciudad del mismo nombre en la Isla
Espafiola, y que a partir de la epoca en que se cree quedaron
eitablecidos en el Convento de San Juan de Letran de La Habana
el noviciado y los studios conventuales (1650) estuviesen
concibiendo las iniciativas a tomar para lograr de las autoridades
eclesiasticas y civiles la concesi6n de poder establecer en su
convento un Studium Generale con la facultad de conferir en 1el
grades acad6micos.
No es pues de extrafiar que la primera gesti6n de que se
tiene constancia documental de haberse llevado a cabo para fun-
dar en La Habana e Isla de Cuba una Universidad fuese hecha
por un fraile dominico, y que se hiciera precisamente en la
segunda mitad del siglo diecisiete. El hecho ocurri6o con motiv)
de haber sido electo Padre Provincial de la provincia eclesias-
tica de Santa Cruz de las Indias, perteneciente a la Orden de Pre-
dicadores, el Padre Maestro fray Diego Romero, en 14 de
agosto de 1670 en un Capitulo de la Orden, que se celebr6 ese
afio en el Convento de La Habana. Al mes siguiente, el 12 de
septiembre de 1670, segun consta en el acta del Cabildo secular
celebrado en esa fecha, se leia una petici6n del referido domi-
nico fray Diego Romero, solicitando que el Ayuntamiento ha-
banero elevara un informed al Rey manifestando la conveniencia
de fundar en el Convento de San Juan de Letran de los domini-
cos de La Habana una Universidad, a semejanza de la existente
en Santo Domingo en la Isla Espafiola. Aunque segun se lee en
las Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana Origi-
nales, se tom6 en esa sesi6n el acuerdo de que los Comisarios
del anio escribiesen a Su Majestad sobre lo solicitado, hubo de
transcurrir dieciocho anios antes de que el Cabildo secular sc
ocupase nuevamente del asunto, y no fue sino hasta la sesi6n


83








del 9 de julio de 1688 donde el Procurador General, tenientt
don Luis de Soto, elevo una peticion expresando la utilidad y
bien ptiblico que significaria que en los studios del Convento
de San Juan de Letran de La Habana se pudieran dar grades
mayores y menores al modo que en la Universidad de Santo
Domingo, por lo que sugeria que la Ciudad elevase una solicitud
al Gobernador y Capitan General y otra al Obispo de Cuba,
para que el primero hiciera la peticion al Rey y el segundo im-
petrase de Su Santidad la gracia pedida.
Es de career que esta primera gestion de 1670 result fallida
y no fue sino hasta treinta afios mas tarde que volvio a hacerse
una nueva diligencia, esta vez por el tambien dominico fray
Diego de la Maza, Prior del Convento de Santo Domingo de la
ciudad del mismo nombre en la Isla Espafiola, y parece haber
sido hecha en el afio 1699. For lo que se infiere de la lectura
de documents existentes en el Archivo de Indias esta nueva
instancia tampoco llego a fructificar, posiblemente por falta de
diligencia del propio fray Diego de la Maza, a quien se le entre-
garon los Reales Despachos para el Duque de Uzeda, Embaja-
dor de Espafia en la Corte de Roma, con el fin de que gestionase
la concesion del rescripto pontificio que habria de conceder la
gracia apostolica que se solicitaba. Mas no por ello quedo aba-
tida la aspiracion de los religiosos a fundar una Universidad en
La Habana, diecisiete afios despues de este segundo fracaso un
tercer dominico, esta vez el Procurador General de la Orden
en las Filipinas, M6xico, y La Habana, Padre Maestro fray Ber-
nardo Mendrive, elevo un Memorial al Rey en que exponfa las
gestiones realizadas en 1699 y como a pesar de la diligencia de
Su Majestad no se habia ejecutado afn lo pedido, por lo que
suplicaba se diese un nuevo despacho. En consideracion al Me-
morial presentado, el Rey Felipe V de Borbon en carta a su
Arzobispo, el Cardenal Aquaviva, de fecha 9 de octubre de 1717,
le encargaba que intercediera en su nombre cerca de Su Santi-
dad, para que se le otorgara a los dominicos de La Habana la
gracia pedida. Las gestiones hechas por tercera y ulitima vez se
vieron coronadas por el e xito, y el 12 de septiembre de 1721 el
Papa Inocenclo XIII expedia en Roma, en Santa Maria la Mayor
sub annulo piscatoris, un Breve por el que se concedia a los do-
minicos de La Habana la autorizacion para conferir grades en


84








las ciencias y facultades que se ensefiasen y leyesen en su Con-
vento de San Juan de Letran, al igual que en la Academia del
Convento de Santo Domingo de la misma Orden de la Isla Es-
pafiola, y con los mismos privilegios, honors y gracias de que
este gozaba y disfrutaba.
El pastor diocesano que entonces regia la Isla de Cuba y
que di6 el informed favorable a Su Santidad para el estableci-
miento de la Universidad habanera, lo era fray Ger6nimo Val-
des, Obispo de Cuba, Jamaica y la Florida, quien muy pronto
habria de tener disenCiones con los dominicos y procurar entor-
pecer la fundaci6n de la Universidad de La Habana en el Con-
vento de San Juan de Letran. El Obispo Valdes, cuyo verdadero
nombre y apellidos eran Ger6nimo de Nosti y de Valdes, ceiiia la
mitra de su dilatada di6cesis desde el afio de 1706. Nacido en el
poblado de Aramil, Concejo del Siero, en el antiguo Principado
de Asturias, hacia 1646, tenia unos sesenta afios cuando vino a
ocupar la sede episcopal de la Isia de Cuba. Asturiano de origen,
religioso de la Orden de San Basilio y Maestro en Sagrada Teo-
logia, el diligente Pastor vio con buenos ojos la pretension de los
dominicos de fundar una Universidad en su Convento, y no
sabemos si a impulses de vanidad personal -asociando su nom-
bre a la instituci6n que habria de fundarse- si por generoso y
genuine deseo de servir a su grey, o si para subsanar serious
defects de que adolecieren los studios y ensefianzas que im-
partian los dominicos, lo cierto es que el prelado diocesano Aizo
donaci6n al Convento de San Juan de Letran y su Comunidad,
de una iglesia, huerta y casas altas y bajas que habia fabricado a
su costa en un arrabal de La Habana de entonces que llamaban
parade de San Isidro, lugar en que hoy todavia se conservan la
fachada y campanario de la antigua iglesia. Esta donaci6n inter-
vivos la hizo el Obispo Vald6s a los dominicos por escritura pu-
blica de fecha 20 de enero de 1720, ante el Escribano Publico don
Bartolom6 Nunffiez, para que alli estableciesen un Colegio donde
se leyesen catedras de GramAtica, Filosofia y Sagrada Teologia,
y donde ma's tarde se fundase la Universidad cuando se hubiere
logrado la autorizaci6n correspondiente. Esto utltimo se consig-
naba expresamente en la clausula d6cima y final de la referida
.scritura de donaci6n.


85








Los dominicos, que auin no habian logrado nada, aceptaron
gustosos, y de hecho se fund y funciono el Colegio en el men-
cionado arrabal con la denominaci6n de Colegio de San Basilio
y San Isidro, que regentearon dichos religiosos. Dos afios mis
tarde, sin haberse obtenido an ila real licencia para el Colegio,
sin haberse redactado todavia las Constituciones o Estatutos por
las que habria de regirse, y sin saber el Obispo, ni tampoco los
dominicos, que ya desde el 12 de septiembre de 1721 Su Santi-
dad habia concedido la gracia de poder fundar la Universidad
en el Convento de San Juan de Letran, el Obispo Vald6s suscribi6
otra escritura a favor de los religiosos, esta vez para dotar las
catedras que habrian de establecerse en el citado Colegio de San
Basilio y San Isidro. La referida escritura se hizo ante el mismo
escribano en 14 de enero de 1722. Esta dotaci6n se la comunica-
ba el Obispo al Rey dos dias despues, y en su oficio le expresaba
el ruego "de que en el caso de haberse alcanzado la Bula de
Universidad, se entendiese para el citado Colegio". No cabe pues
la menor duda de que la donaci6n que le hizo el Obispo Valdes
a los dominicos fue con la manifiesta intenci6n de que en esas
casas y Colegio se fundara mas tarde la Universidad.
El original del Breve de Su Santidad fue vertido del latin al
castellano, en Madrid, a 26 de enero de 1722 por don Francisco
Gracian, y el original y el trasunto lograron el Pase por el Con-
sejo Real de las Indias el 27 de abril del mismo afno. Este Pase
Real o visa de las disposiciones pontificias por el Consejo de
las Indias no era otra cosa que un place o vidimus, mediante el
cual tenian validez juridica en los dominicos de Espafia en las
Indias Occidentales los rescriptos de Su Santidad. Y teniendo
en cuenta las muchas semanas de navegaci6n que significaba el
transito maritime en buques de vela en aquellos tiempos, y las
salidas espaciadas de las naves en los puertos del Viejo Conti-
nente, es de career que el original en latin del Breve Apostolico
por el que se creaba la Universidad y su trasunto, todo pasado
ya por el Consejo de las Indias, no Ilegaron a La Habana sino
a fines de 1722 o principios de 1723.
4P
Muy poco tiempo despues de estar los religiosos en posesior,
del referido Breve, comenzaron a surgir desavenencias entire el
Obispo y los dominicos con motive de la fundacion del mas alto
centro de ensefianza de la Isla. El prelado diocesano insistia en


86








el cumplimiento de lo acordado sobre el traslado de la Universi-
dad a las casas del paraje de San Isidro, y los religiosos del Con-
vento de San Juan de Letran se manifestaban renuentes a cum-
plir con lo pactado. Los referidos religiosos tenian concedida la
autorizaci6n pontificia para fundar la Universidad en su Con-
vento, el cual se hallaba ubicado en el mismo coraz6n de la
pequefia ciudad que entonces era La Habana, enfrente de la
Parroquial Mayor y proxima a ella, en su sitio conspicuo y dis-
tinguido. No estaban pues dispuestos a establecerla en unas casas
ajenas, situadas en un arrabal habitado por gene pobre y ruda,
cuyos moradores estaban faltos totalmente de vestidos y media-
namente decentes para poder concurrir a otros desviados tem-
plos -segtin frases textuales de un curioso informed que se
encuentra en las Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Ha-
bana. Las relaciones entire el Obispo y los dominicos, estancadas
en un impasse de tirantez reciproca, hicieron crisis el 22 de oc-
tubre de 1727 en que aqu6l, alegando incumplimiento de lo con-
venido, dict6 un Auto preceptivo por el que practicamente ex-
pulsaba a los religiosos del Colegio de San Basilio y San Isidro,
y de las casas que ellos ocupaban en ese lugar. En vista de lo
sucedido la Comunidad de los dominicos reunida en pleno los
dias 26, 27 y 28 de dicho mes acordaban desalojar y dejar libre
el Colegio, el cual entregaban con todas las formalidades de
estilo el 3 de diciembre de 1727.
Desvinculados los dominicos de su compromise con el Obis-
po desde el 29 de octubre, tuvieron por fin las manos libres para
actuar y desenvolverse sin trabas ni mortificaciones en su an-
helado proposito de la fundacion de la Universidad en su Con-
vento de San Juan de Letran. Espoleado sin duda por los religio-
sos, el Procurador General de la Ciudad, don Antonio de Leyva
y Carvajal present en ei Cabildo celebrado el 31 de octubre
de 1727 por el Ayuntamiento habanero una representaci6n en
que pedia se fundase la Universidad a la mayor brevedad. En el
Cabildo del 28 de noviembre se present un despacho del Prior
de los dominicos y la copia del Breve traducido y pasado por el
Consejo de las Indias, acordandose que en todo lo conducente a
la erecci6n de la Pontificia Universidad que se trataba de fundar
y establecer en el Convento de San Juan de Letran concurriera
el Ilustre Ayuntamiento. En este punto del process que ya es-


87








taba puesto en march para el establecimiento de la Universi-
dad, tanto el Obispo como el Prior del Convento se dirigieron al
Rey pidiendole que se diese por disuelto el contrato celebrado
entire ellos, y aprobase el apartamiento hecho de las obligaciones
contraidas para la traslacion de la Universidad a las casas de
San Isidro.
El paso siguiente despues del acuerdo del Ayuntamiento
y de las cartas a Su Majestad sobre la disolucion del contrato,
fue notificar a Su Ilustrisima el Obispo Valdes y a Su Excelen-
cia el Gobernador y Capitan General Martinez de la Vega, me-
diante Auto dictado por el Prior del Convento, el Padre Pre-
sentado fray Jose Ignacio Fernandez Poveda, en 22 de diciembre
de 1727, que ya todo estaba presto para poder fundar la Univer-
sidad, y pidiendoles que calorizaran tan decoroso empleo, y co-
pias del Auto y del Breve traducido fueron enviados en sendos
despachos a las dos autoridades. El Gobernador contest ense-
guida prestando todo su apoyo a la resolucion. El Obispo se de-
moro mas tiempo, y cuando lo hizo fue mediante Auto de 2 de
enero de 1728, por el que anulaba y suspendia el paso dado por
los dominicos, contradecia la ereccion de la Universidad y man-.
daba a los religiosos que no usaran por el moment del privile-
gio de que gozaban hasta tanto e61, el Obispo, no ventilara en los
Tribunales las razones que le asistian para contradecir la fun-
dacion de la Universidad y se determinara lo mas convenient.
Ante esta respuesta intempestiva del Prelado, el Prior del
Convento, seguro de sus derechos, y contando con el apoyo y
respaldo del Gobernador y Capitan General, asi como del Ca-
bildo secular y la simpatia de los habaneros, despach6 a Su Ilus-
trisima un Auto de fecha 5 de enero de 1728 donde le demostra-
ba palmariamente que no tenia autoridad nminguna, ni can6nica
ni civil para semejante interdiccion, y que al Convento Ie asis-
tia un derecho que le conferia el Breve concedido por Su Santi-
dad, el cual a su vez estaba pasado por el Consejo de las Indias
que lo habia sancionado; y le sugeria a Su Senoria Ilustrisima
que se abstuviese de la suspension y contradiccion que intentaba.
Y ese mismo dia, en uso de las facultades que le conferia el Breve
Apostolico de 12 de septiembre de 1721, dicto Auto fundando
por si mismo, en privado y en la intimidad del Convento, la
Universidad de La Habana; y nombro ademas, tambien en uso


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de las referidas fa'cultades, al Rector Cancelario, y a los cuatro
Consiliarios. Ese mismo dia tuvo efecto despues un acto public
y solemne, llevado a cabo en Ia iglesia del Convento, con asisten-
cia del Gobernador y Capitan General en su calidad de Vice Real
Patrono, del Rector y Consiliarios previamente nombrados, del
Prior del Convento, personalidades distinguidas del Cabildo se-
cular y gran concurrencia de eclesiasticos y seglares de repre-
sentaci6n, ademas de la Comunidad en pleno de los religiosos del
Convento de San Juan de Letran. De esta piblica y solemne
inauguraci6n se levant una diligencia que suscribieron muchos
de los alli presents, y en la que el Gobernador y Capitan Ge-
neral, en nombre de su Majestad, impartia su aprobaci6n a la
fundaci6n de la Universidad previamente hecha por el Prior
del Convento, y aprobaba igualmente los nombramientos efec-
tuados del Rector Cancelario y de los cuatro Consiliarios.
A esta solemne ratificaci6n de la fundaci6n se abstuvo de
asistir el Obispo Valdes, para con su ausencia demostrar el re-
pudio que sentia por dicho acto, y hacerles el desire a las auto-
ridades y personalidades, que su caracter soberbio y autoritario
hubo de dictarle. Pero una vez llevada a cabo la fundaci6n de
la Universidad no le cupo al Obispo mas postura que la de hacer
mnutis frente al hecho consumado. Nunca, sin embargo, le per-
don6 a los dominicos no haberse plegado a su voluntad, y utilize
cuanta oportunidad tuvo a su alcance para procurar desacredi-
tarlos ante los ojos del Rey. Esto puede comprobarse por la
lectura de una extensa carta cuyo original se conserve en el
Archivo de Indias, fechada en La Habana a 20 de enero de 1728
y otra posterior de 22 de septiembre del mismo afio, en la quo
acompafia diversos testimonios de presuntos excess cometidos
por los religiosos en la colacion de los grades y otras faltas.
Lo cierto es que desde el mismo dia siguiente a la fundacion
de la Universidad esta comenzo a incorporar grados extranjeros
y realizar los ejercicios de grades mayores en diversas disciplines.
El dia 6 de enero de 1728 el Prior fray Jose Poveda, empleando
nuevamente las facultades que le conferia el Breve Apostolico
de 12 de septiembre de 1721, le incorporo al Rector Cancelario
que habia nombrado el dlia anterior, Padre Maestro fray Tomas
de Linares, su grado de Doctor en Sagrada Teologia que tenia
ganado en la Universidad de Santo Domingo de la Isla Espafiola,


89








la Universidad Primada del Nuevo Mundo, creada por Bult
del Papa Paulo III de 28 de octubre de 1538. El Rector fray
Tomas de Linares, acto seguido, y como primera ejecutoria
en el cargo de Rector en su funcion de Cancelerio, le incorpor6
a su vez a los Padres Maestros fray Juan de Salcedo y'fray
Francisco de Sotolongo sus respectivos grades de Doctor en
Sagrada Teologia que ambos habian obtenido igualmente en la
supradicha Universidad de Santo Domingo. Estos religiosos
fueron pues los tres primeros graduados de la Universidad de la
Habana, y de ellos, el primer incorporado -fray Tomis de
Linares- fue tambien el primer Rector que tuvo la Universidad,
Y ese mismo dia, el 6 de enero de 1728, abrio puntos para la
Licenciatura y Doctorado en Sagrada Teologia el Padre Maestro
fray Melchor de Sotolongo quien result aprobado nemine
discrepante, es dccir, por unanimidad de los cuatro examinadores
-el prior y los tres Doctores en Teologia recien incorporados.
Este fue pues el primer graduado universitario por ejercicios
de grado. Con posterioridad los dominicos graduaron bien por
incorporaci6n o mediante ejercicios de grado a multitud de
candidates en las cinco Facultades existentes -Artes o Filosofia,
Teologia, Canones, Leyes, y Medicina- y esto tanto en el grado
menor de Bachiller como en los grades mayores de Licenciado
y Doctor y Maestro en Artes.
En 23 de septiembre de 1728 el Rey Felipe V de Borbon
otorgaba en Madrid la Real Cedula de aprobacion y confirmacion
de la fundacion que se habia hecho de la Universidad. Esta real
disposicion no lleg6 a la Habana sino hasta un afio mas tarde,
a mediados de diciembre de 1729, segun se desprende de la
fecha de su registro en las Actas Capitulares del Ayuntamiento
de la Habana. Ya en esa fecha habia dejado de existir el Obispo
Vald6s, quien fallecio en esta capital el 29 de marzo de 1729,
dAndosele sepultura a su cadaver en la Iglesia del Espiritu
Santo de esta ciudad, donde aun se conservan sus restos.
La Universidad, por lo tanto, desde el propio dia siguiente
a su fundacion hasta la llegada a la Habana de la Real C6dula
de confirmacion a mediados de diciembre de 1729 y con mas
motivo despues, desplego una incesante actividad academica,
incorporando grados de universidades extranjeras, confiriendo
otros previo los correspondientes ejercicios de capacidad, y


90








cubriendo (al principio por simple designacion) las catedras que
creaba la citada Real Cedula y que amn no estaban dotadas. Al
propio tiempo, el Rector, junto con sus cuatro Consiliarios y
el Prior del Convento, iban confeccionando los Estatutos por los
que habia de regirse la Universidad, teniendo que redactarlos
de primera mano, porque los de la Universidad de Santo Domingo
de la Isla Espaniola, a cuya semejanza debian ser hechos los
de la Habana, se habian perdido en la invasion y saqueo de la
ciudad por el corsario Drake, o en el curso de las tempestades
que sufri6 la Isla, o simplemrnente destruidos por el comejen
y la polilla, segun distintas versions documentales sobre su
desaparicion.
Entre tanto, los desafectos a los religiosos habian comenzado
a imputarles toda suerte de irregularidades y excess en el
manejo de la Universidad, en la colaci6n de los grades y en los
derechos a las propinas de los mismos. Este estado de cosas lleg6
a su maximo a mediados de 1730, cuando dos personas
influyentes en la ciudad y enemigos de los frailes promovieron
un ruidoso pleito con el fin de despojar a los dominicos del
gobierno de la Universidad y ponerlo en manos seculares. Los
instigadores de todo ello fueron el Protomedico de la ciudad,
el medico abogado doctor don Francisco Teneza y el Cura de la
Parroquial Mayor doctor don Diego Rubi de Zeis, espiritus in-
quietos y litigiosos, cuyos nombres, desde muy antiguo y segin
lo atestiguaban algunos de sus coetaneos, siempre estuvieron
unidos a cuantos hechos de escandalo tuvieron lugar en ]a
reducida y pueblerina Habana de aquel entonces, teniendoseles
por el comun de las gentes como sujetos perturbadores de la
paz e inclinados a concitar discordias. Estos dos individuos
lograron arrastrar a varias personas de distinci6n a suscribir jun-
to con ellos un escrito al Gobernador y Capitan General denun-
ciando arbitrariedades y abusos de los religiosos, y proponiendo
una reform del gobierno de la Universidad. El Rector de esta,
que lo era aun fray Tomas de Linares, al parecer apocado o dis-
gustado por todo lo sucedido renunci6 a su posici6n, y le sustiuy6
en el cargo fray Melchor de Sotolongo, quien ya aparece firman-
do como Rector desde la segunda mitad del afio 1730.
Los cargos que se hacian contra los dominicos en el escrito
presentado ante el Gobernador el 14 de julio de 1730 eran


91







diversos; pero el fundamental y mas grave de todos era que la
Universidad, no obstante los dos afios y medio que llevaba
de fundada, no tenia ain Estatutos por done regirse, a pesar de
habersele requerido muchisimas veces a los religiosos para que
los formasen; y se afiadia, ademis, que estos gobernaban la
Universidad a su arbitrio y despoticamente. Y con arguments
rebuscados y sofisticos conclulan que los oficios de Rector,
Consiliarios y Escribano de la Universidad, jams debian ser
desempefiados por los religiosos, sino por eclesiasticos seculares;
o personas seglares; en una palabra, pretendian despojar a los
dominicos del gobierno de la Universidad. Y terminaban su
escrito pidiendo al Gobernador que mandase a suspender la
colaci6n de los grados en las Facultades de Leyes, Sagrados
Canones y Medicina, alegando que esas ensefianzas no se
impartian en la Universidad.
Aunque el contenido del escrito en si era en muchos puntob
vulnerable, y en gran parte desprovisto de raz6n, habia, no obs-
tante, un hecho concrete respect al cual los dominicos tienen que
haber comprendido en su fuero interno la solidez y el funda-
mento con que se denunciaba. Este no era otro que la ausencia de
Estatutos por los que debia gobernarse la Universidad, con todas
sus implicaciones. Consecuentemente, los religiosos del Conven-
to y Universidad se apresuraron a acabar de redactarlos con el
fin de hacerlos publicos cuanto antes y no ser cogidos en also,
sobre todo teniendo en cuenta que habia arreciado la campafia
desatada contra ellos por el Protomedico Teneza y el Cura Rubi
de Zelis, quienes ya hablan ilevado su protest hasta el Ayun-
tamiento y habian logrado sumar a su causa a cuarenta y una
personas mas, entire clerigos y seglares, casi todos sujetos de re-
presentaci6n en la ciudad. Los habiles dominicos reaccionaron
prontamente y de un modo sorpresivo. Antes de darse. por entera-
dos de un Auto del Gobernador de 25 de agosto de 1730 en que
6ste se declaraba Juez competent en la causa iniciada por los
doctors Teneza y Rubi de Zelis, citaron a Claustro pleno y a
los eclesiasticos y seglares de autoridad y representaci6n de la
ciudad, para la lectura y promulgaci6n de los Estatutos formados%
lo que habria de hacerse publicamente en la iglesia del Convento
en la tarde del dia 31 de dicho mes. Ese mismo dia los doctors
Rubi de Zelis y Teneza, con especiosas razones formulaban pe-








ticion por escrito al Gobernador para que se suspendiera el acto,
a lo que este accedio dictando el Decreto correspondiente.
Siendo llegada la hora de la tarde sefialada para el inicio
del acto, el cual se convoco a son de campana taniida, reunidos
ya en la iglesia del Convento el Claustro universitario en pleno,
los prelados de las demas comunidades religiosas, caballeros del
Cabildo secular y otras muchas personas de representacion en-
tre eclesiasticos y seglares, cuando toda la concurrencia solo es-
peraba a que llegara el Gobernador y Capitan General para
que diese comienzo la lectura de los Estatutos, no s6lo se abstuvo
este de asistir, sino que envio a requerir y notificar al Padre
Prior con el Decreto referido para que suspendiese el acto. Pero
estimando el Prior de la Comunidad, el Rector de la Universidad
y el Vicario in capite del Convento que la citada orden del Go-
bernador adolecia de nulidad e incompetencia por haber sido
hecha sin concurso de Asesor, y ponderando ademas la mala nota
y escandalo public que significaria ya en esos moments poner
en ejecucion semejante mandato, desestimaron la irregular e
intempestiva orden del Gobernador y con sefialado desacato a
su autoridad, ordenaron de por si que se diese comienzo al acto
y se prosiguiese en todo segun se habia anunciado. Y entonces,
en la iglesia, donde todos se habian congregado, subio a la catedra
un Escribano Real y leyo y public los Estatutos, sin que enton-
ces ni despues se formulase ninguna contradiccion o reclamacion
respect a ellos, o a alguna de sus parties, por ninguno de los
asistentes al acto. Bueno es indicar en este lugar que dichos Es-
tatutos fueron hechos y redactados exclusivamente entire el Prior
de la Comunidad y el Rector y los cuatro Consiliarios de la
Universidad, es decir, entire fray Francisco Gonzalez del Alamo,
fray Melchor de Sotolongo, fray Juan de Salcedo, fray Juan
Bautista del Rosario Sotolongo, fray Diego de Escobar y fray
Francisco Martinez, respectivamente, sin intervencion de mas
nadie, firmandose dichos Estatutos en el Convento de San Juan
de Letran el 29 de agosto de 1730.
Despues de esta postura adoptada por los dominicos el pleito
entro en su period de franco desenvolvimiento. Sucedi6ronse
las peticiones de los promoventes ante el Gobernador y los des-
cargos del Prior de los religiosos, asi como los despachos inter-
cambiados entreambas autoridades. Nueve de las personas que


93









habian suscrito un Poder otorgado a los dos promoventes del
pleito, revocaron su autorizaci6n y se apartaron de el cuando
vieron el cariz que iban tomando los acontecimientos, lo que
dio lugar a que el Gobernador comentara en su informed al-Rey
que les reconocia "no s6lo su veleidad sino sus rostros doubles .
Aquel, instigado constantemente por los doctors Teneza y Rubi
de Zelis, tomaba partido por 6stos en contra de los dominicos.
Estos ultimos incurrian -al decir del Gobernador en el mencio-
nado informe- en toda clase de excess y desafueros. Seguin l61
voceaban censuras eclesiasticas por boca de su Prior Provincial
y del Convento, el combativo fray Francisco Gonzalez del Alamo,
quien manifestaba en los estrados, para amedrentar al pueblo,
que la Orden desampararia al Convento y se llevarian en hornm-
bros a la Virgen del Rosario. Aseguraba que decia el Prior que
se gastaria cien mil pesos en llevar adelante el pleito y despues
venderia las limparas de la iglesia. Y como fndice de hasta que
punto lleg6 el estado de los Animos en aquella ocasi6n, debe
senialarse que entire las cuarenta preguntas por donde se interrog6
a once testigos presentados en la litis por el Cura Rubi de Zelis
y el Protomedico Teneza, habia una que decia textualmente asi:
"30.-Si saben que el Reverendo Padre Provincial mand6 subir
un cepo grande del Convento, y lo hizo poner a la puerta del
noviciado, y se dijo piblicamente por los religiosos, que era para
si el doctor don Francisco Teneza entrase en el Convento, cuatro
religiosos legos le cogiesen y metiesen en dicho cepo".
Todo lo que antecede, visto a la distancia de dos siglos, mueve
a diversion y regocijo como una estampa costumbrista festival.
Pero en los tiempos en que estos hechos ocurrieron no pueden
haber ofrecido el mismo aspect. En aquel entonces la vida de
la ciudad desenvolviase dentro de un perimetro muy limitado,
y el ambiente pueblerino y las costumbres de aquella Habana
del primer tercio del siglo dieciocho debieron darle a aquel rui-
doso pleito universitario de clerigos, frailes y seglares, caracteres
de verdadera conmoci6n en todo el Ambito de la ciudad. Si a esto
se une la calidad moral de los promoventes de la litis se tendril
acabada la estampa de la epoca, siendo pertinente sefialar a este
respect, que al doctor Rubi de Zelis se le imputaba que siendo
Cura de la ciudad era habitual en las casas de juego y entrete-
nimiento, con notorio abandon de sus obligaciones de parroco.


94








El 27 de octubre de 1730, estando proximrno a partir del puerto
de La Habana rumbo a Espahia un buque de carga de Su Ma-
jestad, el Gobernador dicto Auto para que se recogiese testimo-
nio de todo lo actuado en el enconado litigio que ya llevaba mas
de tres meses de duracion, para que el Rey, asesorado de su Con-
sejo de las Indias determinase lo que fuera mas de su agrado.
La totalidad de la documentacion presentada se encuentra en e!
Archivo General de Indias de Sevilla y pasa de rmil paginas. El
dictamen del Consejo de las Indias fue que tenian que hacerse
nuevamente los Estatutos, con intervenci6n de los catedraticos
y los graduados de la Universidad, y contar despu6s con la apro-
bacion del Gobernador y Capitan General como Vice Real Pa-
trono. Esta disposicion del Consejo de las Indias fue recogida y
ordenada como Real Cedula de 14 de marzo de 1732, en la que
se disponia, ademas, que mientras tanto, no se confiriesen grados,
ni se realizaran elecciones del Rector y demas oficios, aunque
los catedraiticos debian continuar sirviendo sus catedras.
La referida Real Cedula llego a La Habana cinco meses y me-
dio despues de expedida y prontamente se acometi6 la formaci6n
de los nuevos Estatutos. Mas de tres meses dur6 la sesi6n per-
manente en que se congregaron en Claustro pleno los Doctores y
Maestros con el Rector, Consiliarios y Secretario de la Univer-
sidad. Por fin quedaron terminados el 22 de diciembre de 1732,
y fueron presentados al Gobernador y Capitan General, quien los
confirmo6 en su calidad de Vice Real Patrono de la Universidad,
estipulando que se incluyera en ellos que los que se graduasen
de Maestro o de Doctor prestaran el juramento que se acos-
tumbraba a hacer en otras universidades, de defender el Mis-
terio de la Inmaculada Concepci6n de la Virgen Maria. Con
esta adicion y condition mand6 se publicasen los Estatutos, y
despues de ello que se remitiesen para su examen y aprobaci6n
al Real Consejo de las Indias. Dos dias mas tarde fueron firmados
em el Convento de San Juan de Letran con asistencia del Gober-
nador y Capitan General como Vice Real Patrono, el 2 de enero
de 1733. Un ano despues, tras el informed favorable del Consejo de
las Indias, el Rey Felipe V de Borbon aprob6 los referidos
Estatutos por Real Cedula dada en San Ildefonso a 26 de julio
de 1734, segun consta en el original que se conserve laminado
en el Archivo Central de la Universidad de la Habana. Esta


95








Real Cedula y Estatutos no llegaron a esta capital sino hasti
justamente un anio despues, como se comprueba por las feche
de las toma de raz6n en la Secretaria de Gobierno y Cabildo de
esta ciudad, que son todas de la primera semana de agosto
de 1735
La posesi6n de los Estatutos ya aprobados por el Rey fue
festejada por los Doctores y Maestros del Claustro de la Uni-
versidad con grandes muestras de alborozo y regocijo, solemni.-
zandose la gracia concedida por Su Majestad,"con festive aparato
y pomposas demostraciones de jabilo y reconocimiento", al decir
del historiador Arrate, contemporineo de aquellos sucesos y con
toda probabilidad testigo presencial de los mismos. En dichos
Estatutos se respet6 y mantuvo el privilegio de que los cargos
de Rector, Vicerrector, Secretario y Consiliarios fuesen siempre
desempefiados por los dominicos del Convento de San Juan de Le-
trin, como se seguia en la Universidad de Santo Domingo de la
antigua Isla Espafiola respect a los de su Convento, especifi-
candose terminantemente: "sin que jams los puedan obtener y
regentear otras personas fuera de la Religi6n &." De esa manera
el Consejo de las Indias y el Rey administraban serena justicia,
desestimando las pretensiones interesadas de los promoventes del
pleito, del Cabildo secular y del propio Gobernador y CapitAn
General, quienes habian hecho causa comin para despojar a los
religiosos del Convento de Predicadores de La Habana de un
legitimo y razonable privilegio que en recta equidad les
correspondia.
Debe sefnalarse que la litis iniciada por los doctors Teneza
y Rubi de Zelis, si bien tuvo mo6viles indignos, como el encono,
animo de fomentar discordia, y a no dudarlo, much de rapaci-
dad en el deseo disimulado de querer quitarles el gobierno de
la Universidad a los religiosos para cubrir ambiciones personales,
rindi6 en definitive un buen servicio a esa Casa de studios y
a la poblaci6n habanera. Sin el violent problema suscitado en.
tre estos doctors y el Gobernador frente a los padres dominicos
no puede conjeturarse cuanto tiempo habria estado la Universidad
sin Estatutos por donde regirse, ni hasta que grado de arbitra-
riedad y excess habrian llegado los religiosos en el manejo
de ella.


96








El nuevo curso 1735-1736 pudo pues inaugurarse con una
base estatutaria y renovar el cuadro de gobierno de la Univer-
sidad mediante eleccion por el Claustro. El Rector electo, que lo
fue fray Juan Bautista del Rosario Sotolongo, propuso que se
designaran como Comisarios del afio, es decir, como sus jueces
de cuentas, al Protomedico Teneza y al Cura Rubi de Zelis, los
dos mas encarnizados enemigos de la Comunidad en el ruid6so
pleito promovido por ellos en 1730. Los inteligentes dominicos
colocaban asi a los desafectos de antafio en situacion de ser exa-
minadores de su manejo econamico de la Universidad. Y por
ello result curioso ver en el Libro I de Cuentas (1736-1792)
de la institucion, las dos firmas aut6grafas de estos personajes
al final del Auto correspondiente, sobre las cuentas del Tesorero
de la Universidad.
En los anios que siguieron se registraron muchos casos de
fricciones entire las autoridades universitarias y los poderes civi-
les y eclesigsticos por razones de esferas de jurisdicci6n. Uno
de 6stos fue motivado por haber sido reducido a prision el gra-
duado de la Universidad don Nicolas del Manzano y haberse
negado el Alcalde ordinario a la solicitud del Claustro, que pe-
dia se le sacase de la carcel "por ser esta ignominiosa y de gents
plebeya". Elevado todo hasta Su Majestad se resolvi6 el asunto
mediante un Real Despacho dado en Buen Retiro con fecha 5 de
noviembre de 1741, concediendole al Rector de la Universidad
de la Habana la misma jurisdiccion que la de los Rectores de las
Universidades de Lima y Mexico en los casos previstos en
las Leyes de las Indias. Y cuando aios mas tarde, en 1753, el
Obispo Auxiliar y Provisor en Sede Vacante don Toribio de la
Bandera, con el auxilio del Gobernador y Capitin General don
Francisco Cagigal de Ia Vega hizo llevar al Castillo de San Sal-
vador de la Punta y ponerle de manos del verdugo un par de
grills al graduado universitario y catedratico sustituto de Me-
dicina don Felix Jose Pifieiro, por una demand matrimonial
que le puso una mujer airada, el Rector y Claustro comunica-
ron a Su Majestad lo sucedido, y despues de visto el asunto en
el Consejo de las Indias se expidieron sendos Reales Despachos,
uno al Obispo de Cuba, entonces el doctor don Pedro Agustin
Morell de Santa Cruz, y otro al Obispo Auxiliar y antiguo Pro-
visor, con fecha 5 de septiembre de 1754, donde despu.s de ca-


97








lificar la diligencia de "impropia e inusitada aun en el hombrt
mas despreciable y facineroso" se mandaba dar la debida pro-
videncia para el alivio de la prision del referido graduado "de
forma que quede restablecido su honor y el de la expresada
Universidad", y se observe la Real Cedula de 5 de noviembre
de 1741.
Otra instancia de litigio entire la Universidad y el Poder
Civil tuvo lugar a principios de 1742, cuando el Gobernador y
Capitan General don Francisco de Giiemes y Horcasitas se in-
miscuy6 en las atribuciones propias del Rector de Ia Universidad
con motivo de la provision de una catedra sacada a oposici6n en
la Facultad de Canones. La controversial que se suscit6 por esta
causa se elevo a la Audiencia de Santo Domingo, al Consejo
Real de las Indias, y dio origen a cuatro Reales Cedulas, durando
todo el asunto cinco anios en resolverse. En ese intervalo desfi-
laron por sus cargos ctatro Rectores en la Universidad de la
Habana, dos Gobernadores y Capitanes Generales en el gobierno
de la Ciudad e Isla, y fallecieron los dos iniciadores y primeros
promotores de problems en la Universidad de la Habana: el
Protomedico Abogado, natural de Cartagena de Levante, en
Murcia, doctor don Francisco Teneza y Garcia (15 de marzo
de 1742) y el Cura de la Parroquial Mayor y habanero doctor
don Diego Rubi de ZeUis y Romero (3 de julio de 1745).
En los funerales de este ulItimo, como si aun despues de
mnuerto quisiera continuar fomnentando discordias, ocurrio un in-
cidente muy de la epoca, entire el Teniente del Rey y el Alcalde
ordinario de la ciudad, al empecinarse este ultimo en presidir
Ia representacion de la Universidad en el acto del entierro. Ante
la insistencia del Alcalde cedio el Teniente del Rey, a pesar de
ostentar la representacion del Gobernador y Vice Real Patrono
de la Universidad. Molestos los domrninicos porque les presidia una
autoridad de inferior categoria pusieron el hecho en conocimien-
to del Rey, so pretexto de que providenciase lo oportuno para
evitar en el future competencias de esa naturaleza. Y como con-
secuencia recayo un Real Despacho dado en Buen Retiro a 27 de
septiembre de 1746, ordenando al Gobernriador que reprendiese
al Teniente del Rey por su demasiada condescendencia, y mas
severamente al Alcalde por el exceso cometido, debiendose ade-
mas imponer a este ulItimo cien pesos de multa en castigo por la


98









falta cometida; finalmente se les indicaba a las autoridades su-
balternas que no podrian asistir a semejantes actos sino como
particulares, sin ocupar ninguan puesto en el cuerpo de la Univer-
sidad. Lo que hoy miramos como puerilidades ociosas de rangos
y lugares en los actos ptLblicos, constitufan la vida misma de-
aquella Habana pueblerina del siglo dieciocho.
De las cuatro Reales edulasC recaidas en el transcurso de
los cinco afios que dur6 en total el problema surgido en la pro-
visi6n de aquella cAtedra de Sagrados Canones, las mas impor-
tantes fueron las dos uItimas, ambas expedidas en Buen Retiro
a 27 de septiembre de 1746, las dos con el mismo contenido,
diferenciandose tan solo en que una iba dirigida al Rector de la
Universidad y la otra al Gobernador y CapitAn General de
la Ciudad e Isla. La referida real disposicion era complementaria
de la primera de 5 de noviembre de 1741 ya que extendia y am-
pliaba atn mas las atribuciones del Rector de la Universidad,
concediendole la misma jurisdicci6n en las causes civiles y cri-
minales, y atribuciones de la provision de catedras y calificacion
de oposiciones, de que gozaba el Rector de la Universidad de
Salamanca y el Maestrescuela de la de AlcalA de Henares. En di-
cho Real Despacho de 27 de septiembre de 1746 se creaba tambi6n
el cargo de Secretario Segundo de la Universidad. Esta real dis-
posicion no lleg6 a La Habana sino hasta mediados de 1748. Si
se hace el recuento de ese lustro de la historic universitaria
se vera que los dos problems que surgieron -la prisi6n del
graduado y la intromision del Gobernador en una provision de
catedra- en definitive favorecieron a la Universidad, pues a
impulso de las complicaciones a que dieron lugar se le concedi6
al Rector de la de La Habana la misma jurisdicci6n de las de la
de Lima y M4xico, y se le invisti6 de las mismas facultades de
que gozaban el Rector de la Universidad de Salamanca y el
Maestrescuela de la de Alcalai de Henares en lo que a la esfera
civil y criminal se referia; y ademas de ello se cre6 el cargo de
Secretario Segundo de la Universidad.
Entre los. afios 1746 y 1748 tambien surgi6 un conato de di-
sensi6n entire el Rector y el Gobernador, motivado por la creaci6n
de las catedras del Texto del Fil6sofo o Texto Aristotelico para
estudiantes de Filosofia, y la llamada de El Maestro de las Sen-


99








tencias por sobrenombre de Melchor Cano para los de Teologia,
fundadas las dos en 1746. Los cursantes del Bachillerato en Artes
y Bachillerato en Teologia estaban obligados por los Estatutos
a concurrir a las classes que se daban una vez a la semana en
las respectivas caitedras. Los estudiantes no asistian a ellas, y
el Rector les conmin6 con la perdida del curso si no cumplian
con ese deber estatutario. Las ensenianzas de Filosofia y Teolo-
gia se impartian entonces en La Habana en el Colegio de la
Companiia de Jesus y en las aulas de los conventos de los francis-
canos, agustinos y mercedarios. Los conventuales convinieron en
la media del Rector y la apoyaron, no asi los jesuitas que la
protestaron, alegando perjuicio a las lecciones de sus aulas y
a su doctrine, y arrastrando al Gobernador y Capitan General a
que sin tomar partido ostensiblemente por ellos informase al Rey
lo inconvenient de la media del Rector de la Universidad. Este,
que Io era entonces fray Jose GonzalIez Alfonseca, inform a
Su Majestad explicandole todo lo sucedido y lo actuado, y en con-
secuencia, despu6s de visto el asunto en el Consejo de las Indias
se dict6 una real disposici6n contenida en sendos Reales Des-
pachos, uno para el Rector y el otro para el Gobernador, dados
en San Lorenzo el 23 de octubre de 1748, aprobando lo dispuesto
por el Rector, y ordenando el cumplimiento de los Estatutos
universitarios.
Pot el contenido de un Auto del Rector fray Juan Francisco
Chaco6n de fecha 29 de abril de 1751 es possible conocer el estado
de progress de la Universidad en esa epoca, a los veintitres afilos
de haber sido fundada, y entire otras cosas se sabe que existian en
ella veinte catedras distribuidas de la siguiente manera: cuatro
caitedras en la Facultad de Teologia, que eran Prima, Visperas,
Sagrada Escritura y la de El Maestro de las Sentencias; dos en
la de CAnones, a saber, las de Prima y Visperas; tres en la de
Leyes, la de Prima, Visperas, e Instituta; cuatro en la de Medi-
cina, que eran, Prima (Fisiologia), Visperas (Patologia), Ana-
tomia, y M6todo Medendi (Terapeutica). Estas catedras corres-
pondian todas a las l1amadas Facultades Mayores en que se
expedia el grado mayor de Doctor. En la Facultad de Artes, o
Filosofia, en que el grado mais alto a que se podia aspirar era
el de Maestro, existian tres catedras, dos de ellas donde se expJi-


100








caban cursos de Artes continues y la catedra general de Texto
Aristotelico, fundada en 1746 al mismo tiempo que la de El
Maestro de las Sentencias. Ademas de estas catedras de Facul-
tad existian las catedras independientes de Matematicas, exis-
tentes una de ellas desde 1729 y que eran en nuimero de dos, y
dos tambien de Gramatica, la una de mayores que inclufa la
ensenianza de la Retorica, y la otra denominada de menores. Este
conjunto de veinte catedras, con solo variaciones en su distribu-
cion, modo de denominarlas y contenido de sus ensefianzas,
persistio hasta la secularizaci6n de la Universidad en 1842. De
todas estas catedras, aquellas que funcionaban por la mafiana
se las llamaba genericamente de Prima, y las que lo hacian por
la tarde, de Visperas. Dichas catedras eran siemnpre las mas im-
portantes en cada Facultad; eran en las que se explicaban las
materials basicas de cada discipline y los temas mas fundamenta-
les e interesantes de las ensefianzas de cada una de ellas.
En todas las Facultades de la Universidad Pontificia, que
eran en total cinco -Teologia, Canones, Leyes, Medicina, y
Artes o Filosoffa- se conferian iel grado menor de Bachiller y los
grades llamados de Licenciado y Doctor, except en la de Fi-
losofia en la que el grado superior al de Licenciado era el de
Maestro, equivalent al de Doctor de las otras Facultades. El
grado de mayor dificultad en los ejercicios era el de Licenciado,
en los que tenian lugar los ejercicios llamados de cuodlibetos, y
el de "abrir puntos" para la leccion oral, cuya descripcion se pue-
de leer pormenorizadamente en el articulado de los Estatutos de
1734. Los ejercicios para ]a licenciatura se efectuaban en el
Aula Magna, o en un aula espaciosa llamada General, y se anun-
ciaban anticipadamente con diversos toques de la campana
mayor del Convento. Una vez obtenido el grado de Licenciado
se podia aspirar al de Doctor o al de Maestro si se trataba de la
Facultad de Filosofia. Dicho grado consistia en un ejercicio que
mas tenia de formalismo que de ejercicio de capacidad propia-
mente dicha. La imposici6n de la borla, es decir, el moment
en que se otorgaba el grade de Doctor o de Maestro en Artes
era un acto revestido de gran pompa y aparato. EfectuAbase con
toda solemnidad en Ia iglesia del Convento, con un ceremonial
perfectamente estatuido, y de un gran efectismo dentro del


101







marco de las curiosas costumbres que constituian la gala y es-
plendor de las universidades pontificias.
Antes de recibir la borla de graduando tenia que sufrir la
simpaitica ocurrencia del Vejamen, que consistia en tener que
soportar un discurso satirico y festive que era el regocijo y
diversion de los asistentes al acto. Era esta una costumbre tradi-
cional y propia de la epoca, que tenia como simbolismo recor-
darle al graduando las muchas contrariedades que el hombre de
carrera tenia que sufrir en su profesi6n, a la vez que hacerle
soportar una lecci6n de humildad -aunque dada festivamente-
contra cualquier sentimiento de vanidad nacido del honor de
borlarse en la Universidad. Los discursos de Vejamen eran pri-
mero pasados por la censura del Rector antes de que se dieran
en public, para que no resultaran demasiado molestos, ni con-
tuvieran satiras ofensivas al graduando ni persona alguna del
claustro. Hasta nuestros dias ha llegado una de estas curiosas
piezas universitarias escrita en 1735 por el religioso juanino fray
Gregorio Uscarres, cuyo contenido permit former una idea del
gusto literario del autor y en general de la epoca, que se refleja
en el61. La aplicacion del Vejamen perdur6 en la Real y Pontificia
Universidad hasta el 2 de febrero de 1795 en que entr6 en vigor
la Real C6dula de 9 de octubre de 1794 que disponia su abolici6n.
El primer grado sin Vejamen fue el del dominico fray Miguel
del Rosario Rodriguez, quien se gradu6 de Doctor en Teologia
y de Doctor en Canones en la primera de las fechas menciona-
das, habiendo sido 61 -seguln anotaci6n marginal en el asiento
de su grado en el Libro Primero de Doctores y Maestros- el
primer religioso que obtuvo en la Universidad de La Habana la
borla en Canones.
Despues de terminado el Vejamen y hecha por el graduando
la protestaci6n de la fe y el juramento de ritual, recibia de manos
del Decano de la Facultad las insignias doctorates y el Rector
le imponia la borla. En ese moment el Bedel repartia las pro-
pinas a los jueces examinadores y guantes a los asistentes, estos
ultimos como obsequio y como un recuerdo que les hacia el
graduando. Con el tiempo el regal de los guantes paso a ser ob-
sequio de pafiuelos y dulces, segutn se desprende de un pasaje
existente en un informed elevado al Rector por el Fiscal Acade-


102








mico de la Universidad, mas de un siglo despueCs -en 1837-
donde refiriendose a esta costumbre estatutaria le dice "que se-
mejante proceder es despreciable y mas propio de nifios que
de hombres circunspectos, que han llegado a ese alto punto de
sus carreras", y que "con tales dadivas se insulta a cada rato a
los mismos que las reciben, pues ya los panfuelos son ordinarios
o podridos, o bien los dulces demasiado malos, efecto del gran
desembolso que exigen por el nutmero del Claustro esas pueriles
frioleras"
Los grades mayores podian tambien obtenerse "a titulo de
catedra", esto es, a virtud de haberse llevado un candidate una
catedra por oposicion. Como el grado de Bachiller bastaba para
concurrir a las oposiciones, muchos grades de Licenciado y Doc-
tor fueron otorgados de esta manera. Y como al cabo de cada
seis anios de estar servidas habia que sacar las catedras a oposi-
cion, pues estas solo daban dcrecho a ocuparlas por un sexenio,
resultaba que cada vez que una misma persona ganaba una opo-
sicion tenia derecho a una borla. Si ya era graduado en esa dis-
ciplina, entonees podia obtenerla en otra Facultad sin pagar
derechos, aunque tenia naturalmente que realizar los ejercicios
de grado correspondientes para acreditar su idoneidad. Y estos
derechos a borla -que era cormo se acostumbraba llamar a estas
exenciones monetarias- gozaban de la propiedad establecida por
la costumbre, ya que nada habia previsto sobre ello en los Esta-
tutos, de ser transferibles a otra persona. En tal virtud podiari
cederse o regalarse (entiendase negociarse las mas de las veces)
para que el agraciado se pudiera graduar sin pagar derechos ni
dar propinas en el grado.
Respecto a los grades de Bachiller se us6 much en el siglo
diecinueve poder hacerlos en algunas Facultadcs a Claustro
Pleno, es decir, con un numero muy grande de examinadores,
todos los cuales presentaban preguntas al graduando. Esta moda-
lidad en la forma de efectuar dichos grades se aplicaba cuando
el aspirante queria terminar en menos tiempo que el normal y
estatutario, es decir, ahorrandose tener que hacer el bachillerato
por cursos completes. Esos grades a Claustro Pleno se efectuaban
sobre todo en los de Bachiller en Leyes, y en los dltimos tiempos
de la Universidad Pontificia se prestaron a abuses por el numero


103









exorbitante de doctors que concurrian a ellos como jueces
examinadores, atraidos por el interns de "tirar las propinas",
seguin pintoresca expresi6n de la epoca con la que se aludia al
hecho de devengar honorarios por la asistencia al acto. Estos
grades llegaron a ser tan costosos en virtud del abuso introducido,
que un aspirante al grado de Bachiller en Leyes a Claustro Ple-
no elev6 una instancia al Rector protestando de aquella desor-
bitaci6n, y las complicaciones que trajo el asunto por raz6n de
los intereses que se lesionaban, dio lugar a un nutrido expediente
que tuvo una secuela de dos afios de duracion.
Para ingresar en la Universidad habfa que demostrar reunir
las condiciones de legitimidad, limpieza de sangre, buena vida y
arregladas costumbres, todo lo cual se acreditaba mediante los
correspondientes documents sacramentales y deposici6on de
testigos que se presentaban al efecto. En lo tocante a la llamada
limpieza de sangre, habia que acreditar -y por eso se llamaba
asi- que los ascendientes por una y otra rama eran "cristianos
viejos, limpios de toda mala raza de moros, judios, herejes, mu-
latos, etc., y que no habian sido nunca castigados por el Santo Tri-
bunal de la Inquisicion, ni por otro alguno, ni incurrido en infa-
mia, ni mala nota, sino antes bien generalmente estimados"-
segun el curioso texto de un informative de limpieza de sangre
de 1777 existente en un expediente universitario de la 6poca.
Debe sefialarse que aunque la condici6n de la legitimidad nc
constituyese un requisito indispensable para cursar studios enla
Universidad -sobre todo en una ciudad y siglo donde tanto abun-
daban los hijos naturales- la ilegitimidad era un obstaculo in-
salvable para la obtencidon de ciertos grados. Los hijos naturaleE
no podian aspirar a los grades mayores de Licenciado y Doctox
en las Facultades de Teologia, Canones y Leyes, en la pontificki
Universidad de San Ger6nimo, porque sus Estatutos expresa-
mente asi lo establecian. Se conoce documentalmente el case
del Maestro en Artes don Jose Manuel Mayorga que tuvo prime
ro que ser legitimado por el Rey para poder obtener en il
Universidad de la Habana los grades mayores en Sagrada Teo
logia. Y debese apuntar, para mejor ilustracion de todo ello, qu(
la Universidad le era deudora a Mayorga de muchos servicios
entire otros haber sido Maestro de Ceremonias cuando se im-


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plantaron los Estatutos en 1735 y haber escrito un opusculo (que
no ha liegado hasta nuestros dias) con motivo de las fiestas
celebradas en esa ocasi6n y que se titul6 La Habana Exaltada y
la Sabiduria Aplaudida. Mas sensible fue lo ocurrido en fecha
anterior a lo de Mayorga, con el Bachiller en Medicina don Jose
Aleman y Salgado, quien aspire en 1740 a obtener los grades
mayores en dicha Facultad. En tal ocasi6n se opuso tenazmente
a ello en un Claustro el doctor don Jose de Arango Barrios y
Siscara, por no ser el Bachiller Aleman hijo legitimo, Y como
detalle ir6nico se puede indicar que quien promovi6 y sostuvo
toda la oposici6n intolerablemente, no tenia su ascendencia muy
inmaculada en cuanto al punto que se debatia, ya que su padre
era hijo natural, como expresamente consta en su partida de
defuncio6n, cuyo detalle es de suponer que el doctor Arango
Barrios no lo desconociese.
El asunto de la legitimidad o ilegitimidad en el nacimiento,
no constituy6 en La Habana del siglo dieciocho un inconvenien-
te gravoso para alcanzar posiciones en las esferas civiles o ecle-
siasticas de la poblaci6n. Son muchos los ejemplos que nos brin*-
da la historic local, de hijos naturales que desempefiaron cargos
distinguidos o de representaci6n en el gobierno de la ciudad o
en el sector eclesiastico. En la esfera universitaria precisamente
se pueden citar dos casos bien ilustrativos: el primero es el de
fray Juan de Salcedo, hijo natural de doiia Juana Jacinta
Salcedo, cuya condici6n no obst6 para que fuese durante dieci-
seis anios catedratico de Filosofia y Sagrada Teologia en la Uni-
versidad de Santo Domingo, la Universidad Primada del Nuevo
Mundo, donde ademas fue varias veces Rector, y posteriormente
Consiliario de la Universidad de La Habana cuando esta se fun-
d6 en 1728. El segundo es el del benemerito dominico habanero
fray Juan Francisco Chac6n y Rodriguez de Paez, el primero
que procure hacer la Reforma de los Estatutos (1751) e introdu-
.r mejoras en el Plan de Estudios (1756), que ocup6 cinco veces
el Rectorado, y el cual era hijo natural del capitan y mas tarde
Castellano del Castillo del Morro, don Luis Chac6n de Narvaez,
el que habria de ser conocido en la historic de Cuba comrno uno
de los dos integrantes del Gobierno cubano interino de Chirino
y Chac6n.


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