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Revista de la Biblioteca Nacional

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Material Information

Title:
Revista de la Biblioteca Nacional
Added title page title:
Revista de la Biblioteca Nacional (Havana, Cuba)
Physical Description:
50 v. : ill. ; 26 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Biblioteca Nacional (Havana, Cuba)
Biblioteca Nacional José Martí
Publisher:
La Biblioteca
Place of Publication:
Habana, Cuba
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Bibliography -- Periodicals.
Cuban literature -- Bibliography -- Periodicals.
Cuba -- Bio-bibliography -- Periodicals.
Genre:
serial   ( sobekcm )

Notes

Citation/Reference:
Also, Biblioteca Nacional "José Martí". Revista de la Biblioteca Nacional "José Martí" (OCoLC)2454556
Bibliography:
Indexes: T. 1-4, 1949-53 with t.4.
General Note:
Title from cover.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All rights reserved by the holding and source institution.
Resource Identifier:
oclc - 2459262
System ID:
AA00019219:00055


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Full Text








ARO DIEL CENTENARIO DIE MARTI



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ti) o iu can$








4


SEG UNDA SERIE t. IV n. 2


Revista


de


A BRIL-JUNIO


Ia


Biblioteca Nacional


Liia


Castro


de Morales


DIRECTOR










LA HABANA
S1(2,ANE. FERNANDEZ Y CIA.
1 mpr"1c,- CCampostela i6I
1953









Revista de /a Biblioteca Nacional

Esta Revista no se vende. Se reparte gratuitamen.-
te entre las Instituciones Culturales que la soliciten.
Las opiniones expresadas en los articulos son de la
responsabilidad del autor y no representan el criterio
oficial de este Centro.
No se mantiene correspondencia sobre origmiales
no solicitados. La redacci6n se reserva el derecho
de admitir o rechazar un articulo. Para cualquier
asunto relacionado con esta publicaci6n, dirigirse a:
Revista de la biblioteca NaCional, Blioteca Nado-
nal, Castfllo de la Fuerza, Habana.

DJincroR: LILIA CASTRO DE MORALES.
REACTOR: DR. RODOLFO TRO.


Colaboran en este numero:

Victor Agostini.
JoaquinJ Argote.
Lilia Castro de Morales.
Julio Febres Cordero G.
Arturo G. Lavin.
Luis F. Le Roy y GAIvez.
Nivio L6pez PeU6n.
Rafael Nieto y Cortadellas.
Aristides Sosa de Quesada.
Tomas A. Terry.
Rodollo Tro,
Manuel de Ximeno.








Indice:
PAG.

Lilia Castro de Morales. Nuestro Prop6sito.. 3
Nivio L6pez Pell6n. Marti y la mujer ......... 5
Tomas A. Terry. Primeras publicaciones sobre
aeronutica en Cuba...........4*........ 20
Aristides Sosa de Quesada, Presencia de Agra-
monte y de Varona en la Vida de Marti ... 40
Rodolfo Tro. Vicente Benito Valds.. ....... 49
Victor Agostini. Acercandose a William Faulkner 68
Joaquin 1. Argote. White ......... ........... 80
Luis F. Le Roy y GAIlvez. Breves consideraciones
airededor de la acci6n de San Pedro .1... ... 100
Manuel de Ximeno. Papeletas bibliograficas de
Cirilo Villaverde ............... ..... 133
Arturo G. Lavin. Familia del pintor habanero
Don Vicente Escobar ...... ............. 154
Julio Febres Cordero G. Las cosas de Noda .... 190
Rafael Nieto y Cortadellas. Documentos sacra-
mentales de algunos cubanos flustres (con-
tmuaci6n27 ..... ... 277
Nota aclaratoria. Hortensia Rodriguez Acosta.. 287
Bibliograficas 28q.9
Relaci6n de obras cientificas y literarias inscriptas
en el Registro de la Propiedad Intelectual, du-
rante los meses de Octubre, Noviembre y Di-
ciembre de 1952 ..I..*a&* ..*. 292













NUES TR O PROPOS ITO


Un trimestre mas del ario del centenario del naci-
rinento de los Marti. Mientras la Repiblica ha celebra-
do el aniversario gloriosisimo, la "Revista de la Bibliote-
ca Nacional" ha ofrecido con su primer numero del 1953,
su homenaje al Maestro. Pero como toda ocasi6n es
buena para su exdgesis y como cualquier detalle incita a
penetrar en ese bosque maravilloso, aprovechamos la
oportunidad para traer a nuestras paginas otros trabajos
de re[erencia martiana.
Como es Jacil ver, la Revista de la Biblioteca Na-
cional cumple la trayectoria que se ha propuesto: Ser la
expresi6n dinamica de las actividades de la cultura cu-
bana, como si [uera el espejo de la cartografia intelectual
de la Isla. Referencia que no halle un eco en ella es
porque ha estado ausente de su 6rbita.
Pero la Revista de /a Biblioteca Nacional hace suya
la [rase de Jose Marti: Embellecer la vida es darle objeto.
Y para eso, para embellecer La vida q darle su sentido
trascendente, abre el ventanal de sus pa-ginas a la mirada
dia"ana de todos los horizontes. La misi6n de la cultura
es, en definitiva, superponer mundos y entrecruzar cami-
nos. Atar, fundir, soldar. Acrisolar, troquelar, crear.


3--










Asi, con el mismo entusiasmo q con iddntica fe, se
publica este nu'mero de la Revista de la Biblioteca Nacio-
nal, correspondiente al segundo trimestre de 1953, aiio
del centenario de lose Marti.

LILIA CASTRO DE MORALES.


-4-











Marti y la mujer

Por Nivio L6pez Pell6n

Recojo las palabras con las cuales comenz6 Jose-
Marti uno de sus mdts brillantes trabajos periodisticos (el
retrato de R. W. Emerson): "Tiembla a veces la pluma,
dice,como sacerdote capaz de pecado que se cree indigno
de cumplir su minister (1); porque un escritor, al tratar
sobre el tema: "Marti y la Mujer",. debe creerse capaz
de pecado, indigno de oficiar en el rito de ]a pluma, si
no Ilega a traducir toda la belleza que encierra la obra li-
teraria de Marti cuando habla de la mujer. Ademas, si el
concepto de mujer es idea que no se asoma facimente al
barandal de la palabra, el pensamiento martiano resulta
en este sentido algo primorosamente indecible, y s6lo lo-
graremos dejar ver a media persiana a quien escribi6:
"iQu6 templo, una mujer que ha dado hijos'" (2); como
un homenaje, no solamente a todo vientre fecundo, sino a
toda mujer: "El nibo nace para caballero q la nifia, para
madre'" (3).
Todo hombre que viene a la vida, ilega de la mano de
una mujer-la madre -y cuando quiere andar por el mun-
do, llama a otra mujer- la novia -iquiza tenga miedo
caminar solo!, y asi. con ella, -la esposa- logra sus em-
presas; y cuando Dios le paga la vocaci6n a que todos
somos llamados -ser padre- es de mujer de quien se re-
ciben los hijos. Mas, al morir, si hay una mano femenina
que cuida y reza, "si se tiene un rinc6n de paredes blancas,
y una mano pura que apretar" (4), la despedida tiene en-
tonces un velo religioso que impide rebelarse contra el
misterio hondo que nos espera en el retablo de la vida.


-5-






Y sin que sea lenguaje cargado de ditirambos, sino
palabras acusando recibo a la verdad, nos atreveriamos a
traer aqui unas frases de Madame Stael: 44Elegimos nues-
tras amistades; ef amor nos lo da Dios t; y siendo amor y
mujer sin6nimos en el vocabulario humano, resulta que el
mas santo de los amores: el de la madre, el mas alado: el
de la novia, el mas creador: el de la esposa, son una
misma cosa -mujer- algo desprendido de la mano de
Dios, algo que El puso en la tierra cuando quiso hablar a
las almas, algo con lo que todos tenemos una deuda que
pagar: besarla de ninlo, defenderla de joven, quererla de
hombre; es la madre a la que se acaricia, la hermana o
dama a quien se cuida, la esposa a quien se ama. No es de
extrafiar, pues. que el concepto de "mujer" sea, en los es-
critos de Marti, banda de honor cruzada al pecho.
El tema no es una biografia de J. Marti y de su
esposa, Carmen Zayas Bazan, ni tampoco los nombres fe-
meninos que englosan algunos capitulos de su vida. La
madrilefia de los "labios rojos, muq rojos'" (5), las ara-
gonesas, para quienes tiene "'en su coraz6n, un tugar todo
Arag6n'" (6), la dulce muchacha de Southampton; la de
w'una luminosa media hora (7), Rosario de la Pefia, Con-
chita Padilla, las guatemaltecas, que "'si dijeran amor.
quemarian" (8). Sarah Bernhardt, Helen Hunt Jackson,
Carmen Miyares o Mantilla, son todas puertas femeninas
por donde entra Marti confesando que "'Amor es senti-
miento tal que no se puede sentir mas que una sola vez en
la existencia q... conclude con la imposibilidad de desu-
nirse" (9); pero, esas no son las bisagras de la puerta que
nos abre el Marti que nosotros debemos ver ahora, el
Marti que nos va a dar bellisimos conceptos sobre la mu-
jer, el Marti que en su obra literaria nos dej6 palabras
para la mujer en todos sus estados, en todas sus edades.
en toda su entereza femenina.
Ademais del ideario politico de Marti, de su obra de
redenci6n e independencia, de la herencia literaria que de
di nos ha quedado, tenemos un verdadero c6digo martia-







no para nuestro culto a la mujer, cuando leemos al Apps-
to]$ y esas sus espirituales palabras, las guardamos celo-
.os. como de las mas puras, de las mas sustantivas de
verdad, como poderoso imain que cada dia nos atrae mas
y mas a querer a quien tanto nos di6 de su cr~neo "po-
blado de estreflas'. (10).
Haqamos ahora una lamada general: vengan todas
nuestras mujeres a colocar cada una, en el pecho de Jos,
Marti, una flor de agradecimiento por lo que sobre todas
elias escribi6 el Ap6stol.
Primero, las ni-as.
Esas cabecitas pequefias, de blondos cabellos o ne-
gros rizos, esas cabecitas infantiles de ojitos vivos, locua-
ces, esas cabecitas de nuestras nifias, vengan primero, v
formen un coro nutrido. Venqan con un libro .nuy bo-
nito entre las manos, ufanas de tener paginas tan bellas:
La Edad de Oro. Alli Marti les dijo cosas muy Iindas,
que las nifias cubanas deben aprender y recordar. Alli
Marti, les dujo: "'Las nifias deben saber to mismo que os
rihos, para poder hablar con ellos como amigos cuando
rayan creciendo" (11I). "'Nunca es un niio mds bello que
cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una 7/ot"
para. su amiga, o cuando Ieva del brazo a su hermana,
para que nadie se la ojenda1" (2), donde Marti invita a
los nifios a que cuiden y defienden a las nifias, como algo
sagrado. y ali rmismo les dice: "Sin las ninas no se puede
vivir, como no puede vivir [a tierra sin !uz"P, (13), porque
en las almas de las ninias sucede algo parecido a lo que
yen los colibries, cuando andan corriendo por entre las
floresAP (14), en ellas ve Marti "'cosas muy delicadas 'Y
tiernas que las ninias entienden mejor" ( 15) que los niiios;
por eso, les dice cosas especiales J4como para que las
leyesen los colibries si supiesen leer" (16). Y asi. les
cuenta "como se hace una hebra de hilo, como nace una
violeta, como se fabrica uta aguja, como tejen las vie jeci-
tas de Italia los encajes". ( 17).
Por eso, si los nilios son, segun escribiera H. Mon-







therland, unos inspirados, medios que Dios toma para
expresarset, si las nifias son "Icolibries que corren por
entre las flores, hebras de hilo con que la Patria teje su
mas fino pa-io, no es de extrafiar que Marti escriba que su
mayor placer al viajar por el mundo, sea encontrar "'un
nin-o de America que le apriete mucho la mano como a un
viejo amigo" (18).
Por esa "Edad de Oro", por esas manecitas de nifias
lievadas par nifios galantes, pot esos colibries de nuestra
tierra, pongase una flor de las ninias cubanas en el pecho
de Jose Mari, donde d el aroma de un pueblo aqra-
decido.
Ac~rquense despu s, las novias.
Esas lindas mujeres de nuestra Cuba, bellas criollas
tropicales, de labios rojos, muy rojos, de ojos negros como
nuestras noches, glaucos como el verde de nuestra espe-
ranza, azules como nuestro cielo; esas lindas mujeres a las
que el sol besa cada mafiana, envidioso de que un hom-
bre se Ileve las primicias; esas muchachas ardientes y
dulces de nuestra Cuba querida, las que van a casarse
-las novias- y las que estan en edad de ello, todas ellas,
perfumes, flores de nuestros jardines, acerquense y for-
men una coral de virgenes envidiables que con manos de-
licadas ofrendar"n tambien su flor martiana. Elias, como
las nifias, vendra'n con otto libro entre las manos: la en-
cuadernaci6n en lujo de la Carta que Marti escribi6 a su
hermana Amelia, cuando 6sta le cont6 que va a tener
pretendiente. En esa carta, Marti habla: "Toda Ia felici-
dad de la vida esta, dice, en no confundir el ansia de
amor que se siente a tus aiios con ese amor soberano,
hondo y dominador que no florece en el alma sino des-
pues del largo examen, detenidisimo conocimiento, _, [iel
y prolongada companiia." (19). "'No creas, mi hermana,
continula. en los carin-os que se pintan en las novelas
vulgares... copian realmente la vida ni son ley de
ella.. (20). eiTti yes un rbol? T6 yes cuznto tarda
en colgar Ia naranja dorada, o la granada roja, de la rama








gruesa? Pues, ahondando en la vida, se ve que todo sigue
igual proceso. El amor, como el a"rbol, ha de pasar de se-
inilla a arbolillo, a flory a fruto". (21 ).
Y estas manos temblorosas de las novias cubanas,
de las lindas muchachas de nuestra tierra caliente, deben
poner hoy los petalos perfumados de la rosa de su ju-
ventud en ia negra solapa de quien tan bonito escribi6
para ellas: "La conversaci6n con las daenas ha de ser
plata fina, q trabajada en fitigrana breve," (22) 'Son las
rniradas de mujer, premio gratisirno" (23). "El de diez Y
ocho es afecto pueril celaje de primavera, .q es bueno
aguardar a mas, por vet si el celaje hermoso resiste al sol
de estio y a las nieves de invierno" (24) "Qu6 sera' de los
hombres, se pregunta Marti, el dia en que no puedan apo-
ijar su cabeza en un seno caliente de mujer?'" (25).
Siqan en turno, en este dia. las hermanas.
Vengan ellas ya, las que han crecido junto a nos-
otros, en el mismo hogar, las que Ilevan en sus venas la
misma sanqre nuestra, pero, a quienes la vida llama por
caminos distintos, por inctinaciones diversas, pot vocacio-
nes distintas, las que yen en nosotros la defensa de su
castidad; redinanse ahora, y reclamen para si esa carta
escrita para Amelia, porque alli Marti escribe su c6digo
de carifio hacia las hermanas. "'No soy, le dice, tu censor,
ni tu examinador, sino tu hermano. .." (26) Itun exce-
lente medico" (27), y para ella, para la herrnana querida:
"'Nadie ha dado mejor abrazo que e'ste que le man-
da". (28).
Vengan pronto esas hermanas nuestras, y traigan
consigo tambien las escrituras de muchos pensamientos y
versos martianos; aprendan de memoria muchas de las
cosas bonitas que el les dedic6. La "Revista Universal"
recogi6, a la muerte de su hermana, el dolor martiano,
y en e' se difunde el alma tierna de nuestro Ap6stol.
Para el, sus hermanas son "'como lirios .. que tienen sus
races donde las tiene su vida" (29) y "'son como mi san-
gre los que se han ligado a ellas" (30).


9-









En la poesia: "'Linda hermanita mia"0, Marti deja ver
su alma clara como el aqua, y de todas las coronas:

"'Las mas bellas serian
las que tus lindas manos me darian,
los mis consoladores tus laureles,
al perdonarme por haber perdido
aquel que, por ser tuyo, hubiera sido
el mcs bello papel de mis papeles. ( 31)
Y asi, siempre; para las hermanas: "'cada frase
un abrazo; cada letra un beso" (32).
Por estas todas tan bellas palabras, vengan las her-
manas a depositar su flor en el pecho del Ap6stol, y el
olor de sus pitalos pague con mistica devoci6n al her-
mano que tanto quiso a sus hermanas.
Acerquense despues las obreras, las mujeres que en
la calle trabajan, que buscan el pan que el brazo del hom-
bre, ausente o debil, no puede dar. Son ellas tambien
flores, no de invernaderos, sino de parques y plazas, pero,
no por eso menos virtuosas. Esas flores, al rocio de la
mariana y al sereno de las noches, tambien depositen
ahora una rosa de amor y agradecimiento a quien para
ellas escribi6: "Mientras mas desgrefiadas y p~lidas va-
yan, q mis lleven la marca del rebanio en la frente mar-
chita o en la risa pueri!, mAs deseos dan de abrirse las
venas y; vaciar la sangre propia en las suyas empobreci-
das. De manera que todo lo que haga para mejorar ia
vida en los talleres es una obra que debe verse con respe-
to religioso" (33).
Y junto con ellas, las obreras, vengan las mujeres
todas que cada dia se adentran mas en la Ilamnada "vida
moderna venqan de la mano las muleres de nuestros
dias, y diganse unas a otras aquellas palabras martianas:
"Con que tendencias y para que, [in debe educarse ia
mujer?... Ahi caben todas las ilusiones y todas las expc-
riencias'". (34) Pero, sepamos que "funa cosa es que la
mujer aprenda lo que eleva la mente. y Ia capacita para








la complete felicidad, por entender q acompaiar en todo
al hombre, q otra cosa, que la fuente de todas las /uerzas,
el cariio entre hombre y mujer venga a parar en un con-
trato de intereses sentidos" (35), porque debemos en-
tender que como mujeres que somos, la "'naturaleza fina
y sensible nos seniala quehaceres mas di[iciles q superio-
res (36).
Y todas las mujeres, las obreras y las que andan por
la calle, las que se lanzan a expansiones cada vez mas
insospechables, mujeres todas del siglo 20, deben venir
hoy tambien, bonitas y arregladas, sin afeites excesivos:
"'No hay regalo mayor para los ojos de los hombres que
una cabeza sin mas adorno que su propio pelo" (37), y
depositen todas a la par una flor viva y fresca en el
pecho de hombre del que tanto las quiso, y mientras pon-
gan en su coraz6n estos pitalos de recuerdo, vayan re-
cordando este triptico de pensamientos martianos que
ahora les brindamos, como tres verdes hojas, la que deben
nacer siempre al lado de cada flor que entre los hombres
se Ilame mujer: "Con cosmeticos no se crian las nacio-
nes'" (38); -,En las mujeres, el desarrollo de la raz6n no
ahogara jamas Ia ternura" (39); y "'Son las flores de la
castidad l egado el mais hertnoso que hacen las madres a
las hijas'" (40).
Mujeres bonitas, no por mascaras de aceites; mujeres
cultas, sin dejar de ser iujeres; mujeres castas y hermo-
sas; venid corriendo, ya os habl6 el Maestro: os dijo que
fuerais bonitas, pero, que el cosmutico no sentara las
bases de la naci6n; os dijo que fuer~is cultas, pero, que no
ahogarAis vuestra ternura femenina: os dijo tambien que
fuerais hermosas con la hermosura de la castidad: venid.
ya sabeis el triptico, poned ahora vuestra ofrenda oloro-
sa en el pecho de Marti, para que toda flor de mujer de
hoy ahi su mds exquisita fragancia. Sign en turno ahora,
las esposas.
Aquellas que un dia fueron novias, las que nuestro
coraz6n eligi6 --"Una mujer buena es un perpetuo arco


-11-







iris" (41) aquClas que comparten nuestra vida, y con
carinio endulzan nuestros afios -gota de miel en el pan
de cada dia-, aquellas en cuyos ojos nos miramos y de
cuyos labios oimos las palabras mas sinceras, si no es que
son las ulnicas, salgan todas, todas las esposas de sus ca-
sas, vistanse de fiesta, como en el amanecer de una noche
de bodas, y vengan presurosas a colocar sus flores, con
mas raz6n que otras, en el pecho de Marti, porque para
ellas el Apostol escribi6: "Crece el esposo con los mereci-
mientos de ia esposa; y-ysta, con ellos, echa raises de 61.
Lo cual es bueno: el finico placer que excusa la vida dolo-
rosa y la per[uma, levanta y [ortifica, es el de sentir que,
como un Arbol en la tierra, se han echado raices en unal-
ma caliente y amantet. (42).
Acerquense contentas las esposas: "Enamorarse in-
tensamente, les dice Marti, es signo de personalidad. Ca-
sarse joven, es signo de nobleza'" (43). "Construir: he
ahi la gran labor del hombre: consolar, que es dar [uerzas
para construir: he ahi la gran labor de las mujeresP" (44).
Y est-n muy contentas las esposas: "4Asi se entiende,
dice en otro lugar, que se ponga de pie en el cielo con el
amor de la casa!"' ( 45).
Y previendo c6mo es el matrimonio feliz la celula de
la patria dichosa, escribe: "'Nadie pregunte el secreto de
tanta existencia desperdiciada, desviada, [rustrada, in-
completa; es el desarreglo del hogar". (46). "'No esta en
el divorcio el remedio de los males, sino en escoger bien
la dama". (47).
Y alentando a la mujer en su misi6n educadora, en
una linea describe pormenores: "Casa limpia y ventiiada
es una escuela (48), y ya se sabe que para Marti "'una
escuela es una fragua de espiritus. (49).
Si Marti no fue feliz en su matrimonio con la ele-
gante, pero altiva camaguiyana Carmen Zayas Bazan,
"'a hfdate de mi, escribe a su hermana Amelia, para set
venturosa, que yo no puedo ser feliz, pero se la manera
de hacer [eliz a otros" (50); y es que el amor que di


-12-








busc6, no se lo supieron dar, porque en Carmen eI forj6
una ilusi6n y acarici6-una felicidad que no encontr6: se
la imagine, como muy bien dice Gonzalo de Quesada y
Miranda, como ""Un cesto de cintas'" (51), pero, c1 zra
poeta, ilevaba por el mundo un canto, tenia una misidn
que cumplir con Cuba, y no fue 'omprendido; por eso,
porque era un ap6stoly era un alma poeta, sinti6 la triste-
za infinita de no ser feliz, y 1 lo escribe, explicando la
raz6n: creemos los poetas hallar como un perfume na-
tural (en las mujeres) ... y como en sus mentes las hacen
depositarias de todas las grandezas q claridades que ape-
tecen, cuando creen ver que no las tienen,... creen que se
derrumban como un monte roto, por la tierra, y mueren
aunque sigan viviendo, abrazados a las hojas caidas de
su rosa blanca'" (52).
Corran aprisa las esposas cubanas a depositar su
ofrenda floral a Marti, vengan contentas de estar ca-
sadas, repitiendo aquellas palabras martianas: "'La U'nica
almohada en que se descansa de la pena y fealdad que se
ve, es el hogar donde la modestia se ha puesto la corona
de ia honra, q s6lo hay sonrisas para la abnegaci6n y !a
sinceridad." (53); y asi, jubilosas y alegres, pongan su
flor olorosa en el pecho de nuestro inmenso Marti.
Venga despu.s a honrar al Maestro, acerquese, no
tenqa miedo, la Ni-ia de Guatemala.
Ella, que, sin dejar de ser nifia, fue mujer, y la mu-
jer que mias am6 Marti, venga pronto tambien a poner
su flor, porque su frente, fue la "4[rente que ms d am6
en su vida". (54). No tema, ella le debe a i1 ser cono-
cida mundialmente, Y querida por todas las ninias de Am&-
rica; ella le debe a Marti, ademtts el carifio puro y sano
que le prodigy, ser ilevada por todos los libros de
versos y ser presentada a toda Cuba como el coraz6n
de mujer que mis am6 Marti:

"Como de bronce candente
al beso de despedida


----3-








era su frente jLa frente
que mis he amado en. mi vida" (55); y le
debe tambi~n, morir como ningfin mortal pudiera soniar:
"Dicen que muri6 de [rio, yo se que muri6 de amor"
(56). Y si Marti no la escogi6 a ella por esposa, la qui-
]a quiso sin embargo con otro amor:

Y a ti va alegre mi canci6n de hermano,
iCuan otro el canto fuera
si en hebras de tu trenza se tan-era"'. (57)

Deposite la Nifia de Guatemala este dia una flor es-
pecial, primorosamente brotada para ella en el jardin de
la vida; y si en el conflict de la bella camagieyana que
esperaba en Mexico con el dorado pulso en su blanco
brazo donde Marti mand6 grabar: Esp rameI, y la bo-
nita de Guatemala que se despite del Ap6stol, dandole
una almohadilla de olor y diciendole: "Gurdela, Pepe...
da buena suerte" (58), Marti eligi6 el "deber" prometido
antes elIquerer surgido, haciendo predominar d'el sen-
tido del honor antes que el sentimiento del amor" (59);
venga en buena hora Maria Garcia Granados, y traiga
una rosa muy grande, con el perfume que darn siempre
los versos inmortales que le fueron dedicados para su
gloria, belleza y bondad.
Y cuando el pecho del ap6stol este' Ileno ya de flores.
de rosas y botones, de p-talos y de hojas que nuestras
mujeres hermosas, hermanas, obreras, mujeres todas, no-
vias y esposas, han ido depositando, temblorosas de amor.
olorosas de gratitud, venga despu's el cortejo de otras
mujexes singulares, el cortejo de las madres, con unos
petalos nuevos, con una fragancia exquisita, entonando
un cantico, el mas dulce de todos el canto de las
madres.
Formen ellas dos procesiones: de un lado, nuestras
padres, las que nos dieron el ser; de otro, las madres de
nuestros hijos.








Las primeras vengan recitando en voz alta muchas
cosas de Marti; lean unas aquella carta, !lena de unci6n.
que Marti escribe. ya triste en la vida, escribe a su Leonor
Perez: ""Yo sin cesar pienso en Ud..... Conmigo va
siempre en mi creciente y necesaria agonia, el recuerdo
de mi madre... No saldrai del coraz6n de su hijo, obra
sin piedad + sin iimpieza" (60); otras recuerden aquellos
lindos versos:

A Dios pido constantemente
para mis padres vida inmortal,
porque es muy 9rato, sobre la frentc
sentir el roce de un beso ardiente
que de otra boca nunca es igual. (61).

otras madres traigan otros versos primorosos:

"'Mirame, madre, y por tu amor no llores"
Si esclavo de mi edad y mis doctrinas,
Tu mcrtir coraz6n llene de espinas,
Piensa que nacen entre espinas flores; (62).

otras recuerden, de la composici6n: Madre Mia, aquella
honda exclamaci6n de su alma:
"Es que mi alma si me miras, crece.
1Y no hay nada despus que me has mirado!" (63);
y aquellos otros versos de la misma composicion:

"Y si (en tu amor) no creyera,
La serie de las vidas viviria,
Y como alma perdida vagaria
Y eterno loco en los espacios fuera.
iAmame, amame siempre, madre mia! (64).
Esas madres que se sacrifican, gloriense esta noche
con el hijo bueno: ZPor qu6 naci de Ud. (madre), con


-15..-









una vida que ama el sacrificio?" (65) y estin ufanas del
hijo que pide:

Dadme el yugo, ioh, madre!, de manera
que puesto en e'l de pie, luzca mi frente
mejor Ia estrella que ilumina q mata'" (66).
Vengan, si, vengan pronto, todas las mares cuba-
has a ponr en el pecho de Marti la flor ternisima de un
amor purisimo. Dem6rense bastante con el hijo que dijo:
"La tierra, cuando ella (a madre) muere, se abre debajo
de los pies" (67).
Y sigan despues las mujeres nuestras, a las que hi-
cimos madres de nuestros hijos, el cortejo de las que al
darnos un pedazo, un hijo, se hicieron sagradas. Sigan
esas madres, recitando de memoria un salmo hieratico:
"'Qu tempo una mu jer que ha dado un hijo!"" (68).
"'Toda mujer debiera lamarse maravilla" (69),
"Las madres lloran por todos los hombres desde que tie-
hen hijos' (70).
Los brazos de ia madre son cestos [loridos'" (71)
Esas madres, esas que nos han dado los hijos para
la Patria, Ileguen temprano hoy para colocar su corona
fragante en el coraz6n del Maestro. Recuerden que para
un buen padre, para Marti, es un hijo algo saqrado:
"'Nada hay que regocije tanto como ver a un alma que
nace con nuestros besos q a nuestro calor (72); i recuer-
den todas las hijas, que para su padre, es una hija el inico
retrato que esta' junto at coraz6n a la hora de morir, el
retrato de Maria Mantilla, que Ilevaba Marti en su pecho
como un escudo contra las balas", segun el mismo es-
cribiera. Vengan las hijas, si, junto con las mares, ven-
gan las que nos dieron el ser, y las que nos dieron retofios
de nuestra alma, vengan a Marti, agradecidas, y sepan
nuestras hijas que "No hay manos mejores que las manos
de la madre" (73).
Y cuando todas las mujeres de nuestra tierra, ninias
y novias, esposas y madres, todo lo que hay de femenino


-16--







en la tierra, haya ido dejando en este dia su ofrenda, como
!iuvia de rosas que cayera de tanto pecho de mujer -nube
cargada de amor para refrescar la tierra-, los hornbres
iremos al lado de ellas, pregonando nuestras crencias:

Creemos en el amor, porque tenemos madre;
Creemos en la vida, porque tenemos esposas;
Creemos en el deber, porque tenemos hijas;
y asi, voces viriles, montar n guardian junto a las mujeres:

Creemos en la inocencia, porque vemos ninas;
Creemos en la caballerosidad, porque tenemos hermanas;
Creemos en ]a belleza, porque tenemos novias;

hasta que una voz, triste, pero lena de un acento muy
humano se deje oir tambien: "No cree el hombre de veras
en la muerte hasta que su madre no se le va entre los
brazos'" (74).
Y al Ilegar junto a Marti, muda el habla, fija la mi-
rada, dejemos los hombres que sean las mujeres las que
besen al Ap6stol: "'Besos recogera quien siembre be-.
Sos (75); y cuando ellas vuelvan de entregar al Maestro
sus flores y sus perfumes, sus rosas y sus besos, nos
dirfin a nosotros, los hombres, que Marti les dijo al oido,
muy en secreto, a cada uno en particular:
iTii s6lo (mujer!), s6lo tu? sabes el modo
de reducir el Uniuerso a un beso.P (76).

INDICE DE CITACIONES
(1) "R. W. Emerson", trabajo periodistico, publicado en '"La
Opini6n Nacional"t, Caracas, 1882.
2) C6digo Martiano (C. Martinez Fortdin). Art. 962.
3) "La Edad de Oro", introducci6n al nt'mero 1.
(4) C6digo Martiano (C. Martinez Fortfin). Art. 897, frag-
mento.


-1 7-










5) Del drama
Quesada.


44AduItera


" (apuntes).


Cita de Gonzalo


Versos Sencillos.
Gonzalo de Quesada y Miranda. citaci6n en
Marti", cV. p. 31.


8) Gonzalo de Quesada y Miranda. citaci6n en
Marti" c. !X.


"Mujeres de

"'Mujeres de


W. Emerson", trabajo periodistico, Caracas,
Edad de Oro"', introducci6n al Ndimero 1.


1882.


F ,


Carta a su hermana Amelia.


F. F


Sfi
(Martinez


Fortfin).


F r


(9)
(10)

(12)
(13)
(14)
(15)
(16)
(17)
(18)
(19)
(20)
(21)
(22)
(23)
(24)
(25)
(26)


Art, 878.
,, 880.
918.
S921.


(28) Citaci6n de "Marti y la Mujer", de Armando Guerra. PA-
gina 13.
(29) Citaci6n de "Marti y la Muier", de Armando Guerra. PA-
gina 13.
(30) Poesia de Marti: "Linda hermana mia'.


(32) Citaci6n de "Marti y ]a Mujer", de Armando
gina 25.
(33) Citaci6n de "Marti y ]a Mujer", de Armando


(34)


gina 8.
Citaci6n de


Guerra.

Guerra.


"Marti y la Mujer", de Armando Guerra.


gina 30.
(35) Citaci6n de "Marti y ]a Mujer". de Armando
gina 30.
(36) Citacion de "Marti y ]a Mujer", de Armando
gina 29.
(37) C6digo Martiano. (Martinez Fortin). Art. I


(38)


I p


Guerra.

Guerra.


182.


Al 933.


6)
7)


44La


I # FF
Carta a Amelia.
Carta a Amelia.


C6digo Martiano
ik 41


pa-
Pa-

PA-


I


m.


a










(39) ,, p, ,' 4' 937.
(40) .1 r 915.
(41 ) Del articulo de Marti: "Una distribuci6n de diplomas en un
colegio de los Estados Unidos"t, 1884.
(42) C6digo Martiano. (Martinez Fort}in). Art. 889.
(43) to + ,M. ,, 893.
(44) 'Marti y la Mujer". Armando Guerra. Pigina 28.
(45) C6digo Martiano. (Martinez Fortfn). Art. 899.
(46) ., J+ ., F. 917.
(47) p 901.
(48) ,, .to.. 1727.
(49) Carta a su hermana Amelia.
(50) "Las mujeres de Marti,. Gonzalo de Quesada. p. 43.
(51) De ]a novela martiana: "Amistad Funesta".
(52) C6digo Martiano. (Martinez Fortiin). Art. 895.
(53) "La Nifia de Guatemala", poesia.
(54) 4 9p ,,
(55) 4, ,, ,, .!
(56) "Marti", obra del Dr. Jorge Mafiach, p. 113. citaci6n.
(57) P, p 116, ,,
(58) "'Espafiol", Oscar Fernalndez de ]a Vega. tomo 2. ler. Afio.
p. 263.
(59) "Mart"' de M. Isidro MCndez, p. 172--3 y 171.
(60) Carta de Marti a Leonor Prez.
(61) Versos martianos: "Ruego".
(62) Versos de Marti. en una dedicatoria.
(63) Poesia martiana: "Madre mia".
(64) ,. ,, p, p 1
(65) Carta de Marti a Leonor Perez.
(66) Poesia: "Yugo y estrella$.
(67) C6digo Martiano (Martinez Forton). Art. 969.
(68) 962.
(69) Cita de Gonzalo de Quesada, en "'Mujeres de Mart', p, 12.
(70) C6digo Martiano (Martinez Fortfin). Art. 964.
(71) to ,, ,$ ,, 966.
(72) p$ pp 982.
(73) of t 967
(74) tt 970,
(75) ,, or ,, ,, 957.
(76) Poesia: "Copas con alas










Priimeras pubicactones sobre
aeronautica en Cuba

Por Tomds A. Terry

Cuando se remont6 en Cuba el primer aerostato
con su tripulante coincidiendo con los festejos que ce-
lebraban la inauguraci6n del Templete de la Plaza de
Armas, qued6 satisfecha la gran expectaci6n de los
habaneros que presenciaban aquel acto a principios
del siglo pasado.
Justificaban aquella expectaci6n, las noticias que
se recibian a travis de la Gaceta de Madrid y Correo
de Ultramar de los progresos que se obtenian en Eu-
ropa por lQs hermanos Montgolfier con globos eleva-
dos por medio de aire caliente, poniendo en practice
la idea fundamental del sacerdote brasilenio padre Bar-
tolomi Lorenzo de Guzman, haciendo una realidad la
ilusi6n de varias generaciones que, hasta aquellos mo-
mentos en que por primera vez se vencian las eyes
de la gravedad, ,se creia sto possible Unicamente por
medios misticos o de magia.
Estos hechos eran comentados con frecuencia en
los editoriales del Papel Peri6dico de La Habana como
noticia de mayor interns, debido posiblemente a la plu-
ma de su principal redactor padre Agustin Caballero,
a cuyo agudo instinto y marcado interns por todos los
progresos cientificos no podia escapar la enorme tras-
cendencia de las primeras demostraciones que se rea-
lizaban con los Ilamados 4aparatos voladores" que
efectiia con todo exito el aeronauta frances Eugenio


-20-








Robertson en la tarde del 19 de Marzo de 1828, par-
tiendo desde los terrenos del Campo de Marte, lo cual
aniadia inusitado interns a ]a poblaci6n por los festejos
que conmemoraban la primera misa y que podemos ver
reproducida en admirable lienzo de Juan Bautista Ver-
may, siendo de lamentar que no se hubiese perpetuado
en igual forma la primera ascension aeronaoutica que
se presenciaba en nuestra "tsiempre fiel isla".
Aquel acto ha ilegado a nosotros en todos sus de-
talles a trav~s de los cronistais de la epoca que conce-
den en sus gacetillas prioridad a estas exhibiciones y
muy especialmente en una obra publicada por un es-
critor france.s, amigo de Robertson, Mr. Eugene de la
Roch (1) ciue describe sus ascensiones en Lisboa, Opor-
to, New Orleans, New York y La Habana.
Sus trabajos aeronauticos en los Estados Unidos
y ]a Habana levan a Robertson P. Mexico, contratado
por el empresarlo Gral. Manuel de la Barrera, para
efectuar su cuarta ascension en este hemisferio desde
ia Plaza de Toros de San Pablo de aquella capital.
Como parte de la propaganda que precedi6 a la
llegada del aeronauta, fiu publicado el folleto de La
Roch (2), traducido al castellano pot nuestro compa-
triota Jose Maria Heredia que encuentra tiempo en sus
funciones de rector del Colegio del Estado de trans-
cribir impecablemente del frances las proezas de Ro-
bertson en dcD continentes, afiadiendo una "'Adverten-
cia del Traductor", donde justifica su trabajo, que pre-
sumimos haya sido gratuito, por reiterada petici6n de
un amigo de Robertson el cual, segun dice, tambien lo
(1) "Essais sur les voyages a~riens d'Eugene Robertson en Europe, iiux Etats
Unis D'Amerique et aux Antilles, Suivis d'Observation sur La Course
de Chevaux libres dits Barberi" par Eugene de [a Roch, Imp. Landoucis
et Bigots, Paris 1831.
(2) Bosquejos de los viajes aereos de Eugenio Robertson en Europa, los
Estados Unidos y las Antillas, por Eugenio la Rock, traducido del fran-
c~s por d. Jos6 Maria Heredia, Mjico, Imprenta de Galvan a cargo
de Mariano Ar~vaIo, 1835, 84 p.


-21--








es suyo, explicando la variacion en el titulo por abre-
viaci6n del texto por haber suprimido muchas disen-
clones de la edici6n francesa", adem-s de las notas
sobre las carreras de caballos Ilamados Barberi conte-
nidos en la edici6n original, pot lo cual le parece mas
apropiado adoptar el titulo de "Bosquejo". Finalmen-
te expone el objeto principal de la traducci6n "para dar
a conocer la circunstancia del Sr. Eugenio Robertson
antes de presentar su pr6xima ascension en Mejico".
Es muy posible que el "amigo de Robertson", at
que se refiere Heredia, fuese el empresario Gral. Ba-
rrera y que este haya sufragado los gastos de la edi-
ci6n en castellano, aunque otros autores como Arman-
do de Maria y Campos (3) senialan al impresor Gal-
van como editor del folleto k4que el puiblico devor6 y
aqot6 en e scasas tres semanas
Ademas de ]a mencionada "Advertencia" como
pr6logo a la edici6n castellana, afiade Heredia oportu-
na ""Notas del Traductor", donde haciendo gala de sus
conocimientos en la materia rectifica a La Roch, cuan-
do afirma que las 7200 varas alcanzadas por Gay Lu-
ssac es la "maxima" altura que se haya alcanzado,
estimando Heredia que "el autor ignora u olvida que
Brioschi. astr6nomo milanes, que se elev6 en Padua en
1808, super6 al primero en mas de mil varas".
En otra "nota" hace saber Heredia a lcs mejica-
nos que habia sido testigo de algunos de los hechos que
se mencionan en la obra como la ascension de Ro-
bertson en Castle Garden, New York, el 9 de Julio de
1825, que presenci6 "en companiia del anciano La Fa-
yette y la lustre viuda del Heroe de Iguala".
Conteniendo el texto original en frances algunas
poesias mediocres del portugues Jose' Daniel Rodrigo
Da Costa, dedicada a la ascensi6n en Lisboa (10 de
Octubre de 1826). y de Alvarez Alsiano a la exhibi-
(3 La Navegaci6n A6rea en Mdxico por Armando De Mairia y Campos.
Conipain de Ediciones Populres, S, A. M xico. 1944.


....-22--








ci6n area en New Orleans, tenia Heredia que aiadir
algo de su cosecha y nada mejor que hacerlo inspiran-
dose en la ascensi6n de New York que presenci6, se-
gun dijimos, en buena compafiia.
No lievamos nuestro patriotismo at extremo de
calificar estos versos como uno de sus mejores, ya que
es posible que su autor haya procurado ponerse a tono
con la calidad de los bardos que con d1 comparten la
secci6n po~tica de la obra, pero trataindose de una de
sus composiciones menos conocidas la reproducimos a
continuaci6n para que el amable lector juzgue con mas
autoridad y no menos benevolencia:
ASCENSION DE NEW YORK.
9 DE JULIO DE 1825
De blanda seda refulgente globo
Hinche ligero gas en el suspenso
Deja tierra el fisico atrevido
Con rhpido volar hiende las nubes
Muy mas allia de su regi6n oscura
Bebe del Sol purisima ]a lumbre
Y sobre un horizonte ilimitado
Los desiertos del eter sefiorea.
La ascension de Robertson en ciudad Mexico se
efectiia felizmente en la mafiana del 12 de Febrero de
1835 desde ]a Plaza de Toros seguin nos lo muestra
una estampa popular, en la que aparece de pie en su
barquilla con chistera y una bandera en cada mano
que suponemos francesa y mexicana; y fue oportuni-
dad para publicar un nuevo folleto el mismo anio en
Paris. (4)
La primera obra que se publica sobre aeronautica
en Cuba no corresponde como era de suponer a la
(4 Relation du Premier Voyage Aerostatique cxecute dins ]a Republique
Mexicaine, le jeudi 12 Fevrier 1835, par Eigene Roherton Fils, De
Paris. Paris De L Imprimerie de Dazzauche, Fiubouirg Montmarthe
No. 11, 1835.


--23--







primera ascensi6n, y se debe precisamente a Ia se-
gunda demostraci6n area que presencian los habane-
ros dos anios mas tarde efectuada por Adolfo Theodore,
mestizo frances nacido en Lyon el 7 de Julio de 1793,
titulado sucesivamente oficial del ejprcito, soldado de
Napole6n, fabricante de espejos, profesor de fisica y
finalmente aeronauta. De esta relaci6n de actividades
disimiles, s6lo se ha comprobado que fuese sirviente de
Robertson, a cuyo servicio adquiri6 su afici6n y es-
casos conocimientos de aeronautica, crue utiliza para
efectuar varias exhibiciones en New Orleans, la Ha-
bana y Mexico donde sus informalidades fueron una
verdadera pesadilla para el promotor Gral. Barrera.
Disfrutando de Ia propaganda efectuada dos afios
antes por Robertson, realiz6 Theodore tres ascensio-
nes en Cuba, una en la Habana y dos en Matanzas en
su globo "Habanero"t, de 1,500 pies cuibicos de capa-
cidad, efectuando el primero de estos vuelos el 30 de
Mayo de 1830 44en ocasi6n de los cumpleafios del Rey
N.S.", partiendo de Ia Plaza de Toros que, al igual que
en Mexico, resultan los aeropuertos de Ia poca, y des-
cendiendo a los pocos minutos en pleno mar frente al
Castillo del Morro donde fue rescatado, segfin dijo, al
grito de "Viva el Rey, Viva Ia Marina Espaliola", re--
presentada en esta ocasi6n por el pequenio bote de dos
honrados pescadores.
Efectu6 su principal ascension en Matanzas, bajo
los auspicios del Gobernador Militar y Civil de aque-
Ila ciudad, Don Cecilio Ayllon, para celebrar, ,segiin
expone en Ia prensa local, en los mas gruesos carac-
teres, "los dias de nuestra adorada Reina Dolia Maria
Cristina", demostrando que Theodore a falta de gran-
des conocimientos en su arte sabia al menos escoger
la fecha apropiada para sus exhibiciones, para las cua-
les exiqia como minimo "tres mil duros para cubrir
gastos".








Las demostracionecs de Theodore en Cuba mere-
cieron, segfin 6ste, ser recogidas en un folleto que pu-
blica en Paris en 1830 (5), el cual fu& traducido el mis-
mo afio (6) y constituye la primera obra sobre aero-
nautica publicada en Cuba y en la America Latina,
siendo publicada la segunda en Mexico en 1833 por el
propio Theodore, en 1841 en el Brasil, tratando por
primera vez de reivindicar para el padre Guzma'n ia
prioridad (1709) en la invenci6n de los 1obos, apa-
reciendo las publicaciones siguientes en la Argentina
en 1871 y en Chile en 1878.
Un aio mas tarde publica Theodore un nuevo
trabajo sobre su ascensi6n en Matanzas (7), prece-
dido de una carta del Sr. Lorenzo Fernandez de Teran,
presentando el aeronauta a los matanceros y una de-
dicatoria al Gobernador Ayllon, ofrecindole la ascen-
sion que efectu'a en "los dias de la Reina"'; haciendo a
continuaci6n una pintoresca descripci6n del globo y
barquilla que "estaba adornada de ricos escudos de
"armas y de los retratos de nuestros Augustos SodF
"beranos guarnecido de grandes espigas de trigo
4de plata emblema de la abundancia agricola y
"de la prosperidad, la antorcha de Himeneo con
"el cetro Real y dos ramos de flores de fis ornaban
(5) Rapport de la premiere ascension aereostatique de Mr. Adolphe Theo
dore execute a ]a Havanne le 30 mai en celebration de la fete de
S.M. Catholique le Roi d'Espagne Ferdinand VII de Bourbon. (Signed
Theodore) Havanne, De Imprimerie de L.M. de Teran. Juin de 1830.
14p4,
(6) Relaci6n de todo lo procedido, acompafiado y seguido a la primera
ascensi6n aerost.tica de D. Adolfo Theodore, ejecutada en Habana ei
dia 30 de Mayo de 1830 en celebridad a nuestro cat61ico monarca el
Sr. D. Fernando VIL Con superior permiso por Theodore. Matanzas:
Impr. de la Real Marina. 1830.
(7) Relaci6n de la segunda y tercera ascensi6n aerostitica de D. Adolfo
Theodore, verificada en Matanzas los dias 15 de Agosto y 15 de Oc-
tubre del afio de 1#30 en celebridad de nuestra reina Doia Maria Cris-
tina de Borb6n, y cumpleafos de nuestro augusto monarca el senor
D. Fernando VII rey de Espafia e Indias. Con superior permiso. Im-
prenta de gobierno y real hacienda. Puerto Principe,. 1831 12 p., 2
1. port., lust. 19cm.


--25-







"la popa de la barquilla y a su popa estaban si-
de m tricamente colocados un altar moderno con ]as
"amorosas cifras de Fernando y Cristina sosteni-
"dos de una nube con dos palomas acariciandose.
"En la parte superior del altar se elevaban dos co-
zones encendidos y heridos de la misma flecha
"que iluminaba una aureola de gloria. Guirnal-
"das de flores. coronas de siemprevivas, ricos cor-
'tinajes de razo, carmesi y amarillo guarnecidos
"de flores de plata estaban repartidas con mucha
"elegancia. El fondo de dicha barquilla represen-
"taba una nube azulada salpicada de estrella de
"dplata bordadas. El gran globo color de fuego te-
nia fijado en el alto de su parte superior una ban-
"dera de color marino con un letrero en oro: el
"HABANEROt.
La ascension de Matanzas anunciada originalmen-
te para el 15 de Agosto fue. transferida para el 23 de
Septiembre y nuevamente para el 3 de Octubre. se
efectu6 finalmente el dia 14 desde la Plaza de Armas
de aquella ciudad elev~ndose 4'perpendicularmente con
la velocidad del relmpago" a una altura de dos leguas
y tires cuartos donde. ,seg'in nos dice, "hice resonar los
mis entusiasmados vivas a Fernando y Cristina y a
las Diosas matanceras "donde precisamente nadie lo
escuchaba, pero acto seguido efectuia su propaganda
en forma m~s efectiva, Ianzando a los matanceros aque
en toda la ciudad no lo pierden de vista"' flores y poe-
sias en "alabanzas a sus habitantes y en gloria del rei-
nado de Fernando VII".
Ademcis de la mencionada propaganda, pretende
haber efectuado profundas observaciones cientificas"
a grandes alturas hasta donde se lo permitieron, con-
fiesa, suis "cortos conocimientos" pero por lo visto es-
tos fueron suficientes para observar que "el reloj se
ha detenido a la maxima altura suponiendo sea por
conqelaci6n de sus aceits"


-26-







Otra importante observaci6n cientifica se efectfua
cuando para cerciorarse si el liquido tenia en aquella
altura el mismo sabor espirituoso que le encontraba en
la tierra y tambien para fortificarme quise beber tin
poco de ron y lo encontre casi tibio aunque el pomo
estaba muy frio"
Observa con interns igualmente que ]a mayoria
de los "pajarimos que llevaba en la barquilla "queda-
ron tiesos y s6lo se reanim6 y Ileg6 a tierra sin no-
vedad un toti que seguramente carg6 la culpa. Termi-
nando sus comprobaciones con diversos y curiosos ex-
perimentos "sobre variaci6n de pesos a diversas al-
turas y encontrtndole un gusto muy agradable y mu-
cha ligereza a un pedazo de panetela".
Despues de una viva descripci6n de un recorrido
de mas de diez leguas sobre el Pan, el Valle del Yu-
muri y la gran Ilanura de La Mocha" y los detalles del
soberbio espectaculo de "una tempestad tropical des-
de el espacio" nos ofrece un divertido relato de los
incidentes que siguieron a su aterrizaje "a ]a orilla de
un arroyo muy enfangado" en un potrero propiedad
de Don Pedro Roque y como compensaci6n a estos
agobios su triunfal regreso a Matanzas en la mariana
siguiente 'a caballo y precedido de un piquete de la
Benemerita Reserva Militar que habia salido a su
encuentro.
De todas estas obras que hemos mencionado so-
lamente esta iltima ha podido ser localizada en Cuba
hasta el presente, encontrandose un ejemplar en la bi-
blioteca de la Sociedad Econ6mica de Amigos del Pas.
procedente de la colecci6n Sinchez Roig, ameritando
dicho ejemplar el aut6grafo de Adolfo Theodore en
dedicatoria "Ofrecido por el autor al Sr. Don Juan
de la Torre, Coronel del Rqto. de Espafia en prueba
de la consideraci6n distinguida del Autor".
Complementa La obra el finico grabado que se co-
27






noce de una ascension en Cuba pot aquellos afos, ya
que esta oportunidad escape a Vermay, ademas de una
portada con el retrato de Theodore de medio cuerpo en
uniforme de gala emergiendo como aparici6n sobre las
nubes.
En el grabado publicado a toda pagina vemos a
Theodore elevandose en el Habanero desde la Plaza
de Toros de esta ciudad frente al palacio de las autori-
dades donde se destaca claramente el escudo de la
Habana.
En 1833 public6 Theodore, segiun dijimos, un ter-
cer folleto en Mexico(8), el cual es una reimpresi6n,
segfin se indica; suponemos se trate de un resumen de
los dos folletos anteriors y tuvo el mismo objetivo co-
mo medio de propaganda que determine la traducci6n
de la obra de La Roch sobre Robertson por Jos( Maria
Heredia.
Del folleto de Theodore publicado en frances en
1830 en la imprenta de Teran, y su traducci6n e impre-
si6n en Matanzas el mismo anio, no se conocen hasta
este momento ejemplar aluno y solamente tenemos
noticias de su existencia por su menci6n en el diccio-
nario de Joseph Sabin (9).
Referente a la edici6n de 1831, publicada en la
Imprenta del Gobierno y Real Hacienda de Puerto
Principe, adem ts del mencionado ejemplar en la Bi-
blioteca de la Sociedad Econ6mica, se nos sefialan otros
ejemplares en la biblioteca de la Asociaci6n de Prhcti-
(8) Memorias del fisico aeronauta D. Alfonso Theodore. sobre las varias
circunstancias que precedieron y acompafaron sus ascensiones aerosta-
ticas, verificadas, en los aios de 30 y 31 en Ia isla de Cuba, y narraci6n
de los fen6menos que ha observado en las m~s remotas reoiones, segui-
das de la descripcid6n de su naufragio en la mar con su primer globo, y
anuncio de su sexta a.scensi6n en MWxico, ]a primera en esta Reptiblica,
que se efectuar6 el 10 de Mayo pr6ximo. Mxico: 1833. Reimpresa en
casa de Galv~n calle de Cadena nfmero 2 por Mariano Ar~valo. 101 p.
illus. 8.
(9) Dictionary of books relating to America. from its discovery to the present
time, by Joseph Sabin, New York 1862-1937+


-28

























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-29-






cos del Puerto de la Habana, Bibhoteca del Congreso
de Washington y de la Universidad de Bancroft. En-
contrindose igualmente en estas dos iItimas bibliote-
cas el folleto editado en Mexico en 1833.
No tenemos noticias de la existencia en Cuba del
folleto de La Roch traducido por Heredia el cual he-
mos leido en una copia en micro-film, reproducci6n de
un ejemplar en la biblioteca del Congreso de Washing-
ton. donde ademas se encuentra un ejemplar de la edi-
ci6n original en francs, procediendo ambo ejemplares
de ]a colecci6n del famoso aeronauta frances Gaston
Tissandier.
Por aquellos aios efectia su ascension el primer
aeronauta cubano Jose Domingo Blino y ocupa la aten-
ci6n del public la suerte del popular Matias Prez,
primera victima de la aeronatutica en Cuba, tque vo16"
y desapareci6 para siempre en una tarde del mes de
Junio de 1856...
Sucesivamente efectiian demostraciones aerostAti-
cas en la Habana con mAs o menos suerte los franceses
Monsieur Pullin y Luis Godard, el norteamericano Hu-
go Parker, los cubanos Eusebjo Ibaniez y Rodriguez
Palomino, el espaniol Victor Verdalle y otros muchos
que popularizan y cooperan a medidas de sus posibili-
dades al progreso del transporte aereo en esta isla, al
extremo que algunos aios mas tarde hay quien concibe
y expone en un libro, distintas aplicaciones pricticas a
estas ascensiones que. hasta aquel momento, se consi-
deraban como un simple espectiiculo piiblico.
Estos prop6sitos se manifiestan entre nosotros por
primera vez en una pequefia obra de Ubaldo Pasaron
y Lastra(10), que se nos presenta como "Descubridor
de ]a Navegacicn Atmosfierica" e imprime isu libro en
(101 Pilotage Aeroncutico par D. lbaldo P. Pasaron y Lastra, Decubrido,
de la Navegaci6n Atmosdrica, 21 Edici6n corregida y Ampliada. Ha-
bana. Imp. de la viuda de Barcina y Comp., calle de la Rcina No. 6 1862


-30-















.


C'", IL + + .. .. :: +


..UBIJ ft "ARII6V ISdWI,


RIDP$R.P A.


M = 10 Mtn. ..A .


Imp. doIs v~t'z4.a d(.,, Prciiis y camP9







la imprenta de la Viuda de Barcina de la calle Reina,
que guarda al parecer alguna relaci6n con los aeronau-
tas de la poca, pues siempre es sefialada en la prensa
como uno de los principles sitios para la adquisici6n
de las entradas y localidades para presenciar las ascen-
siones de Blino, Matias Perez, Morat, etc. a raz6n de
S4 reales fuertes la entrada general, los nin-os, solda-
dos y gente de color 2 reales y 4 duros los palcos"...
Poco se sabe de la personalidad de aquel "inven-
tor", segun su nombre completo Ubaldo PNrez Pasaron
y Rodriguez de Lastra, de 35 afios de edad en el mo-
mento de publicar su libro, y ostentaba el grado de
capit-n de infanteria del ejercito espafiol, siendo her-
mano y subalterno del Brigadier Benito Pasaron y Las-
tra, bajo cuyas 6rdenes oper6 en ]a provincia de Santa
Clara durante la Revoluci6n del 68, sin que podamos
explicarnos como pudo permanecer en el ejercito y ac-
tuar responsablemente en campafia un official que, seis
afios antes, demostraba por su libro tener sins faculta-
des mentales un tanto perturbadas.
De acuerdo con estas condiciones que resaltan a
Ia lecture de las primeras lineas, concibe el Capitan
Pasaron un sistema de transporte aereo que expone en
su teoria esencial que califica como "sencilla".
"Se funda en lo que yo creo a saber: si un volu-
4men de gas encerrado en una vasije o binza en
equilibrio dentro del aire admosfera, esto es si
iun globo estitico o cautivo herido en un punto
"de superficie, con la salida del gas o perdida del
equilibrio interior, obtiene su equivalencia en re-
"sultante de fuerza veloz en el punto de su super-
":icie opuesto o antipoda. En todo caso, la pre-
ision del aire admosf6rico, abundante en todas
partes sin tributo, utilizado por la maiquina que
inventada acompafio en ia kImina, resuelve la
cuesti6n de veloz movilidad con absoluta inde-
pendencia de la tierra"'.


-32-







Ilustra Pasaron su proyecto con un bosquejo ple-
gadizo insertado al final del libro donde expone gra-
ficamente.uno de s "flotadores" cuyas dimensiones
pueden apreciarse sobre una casa rodeada de un Arbol
y la tipica palma real.
Segfin se deduce, no sin dificultad, de su "teoria
esencialIt y examen del referido bosquejo concibe el
inventor un globo de 34 6 50 varas de largo y 500.000
pies clabicos de gas "de gasometro movido por un sis-
temna de reacci6n, conocido actualmente por propulsi6n
a chorro, con el cual espera obtener una velocidad de
150 pies por segundo que le permitira realizar el viaje
a Mexico en 10 6 15 horas.
Obtenida la "navegaci6n admosf rica" pot ste
medio, enumera una serie de aplicaciones pricticas que
expone a la reina Isabel, las cuales abarcan desde su
utilizaci6n para los fines de la guerra y "transporte
ripido de los ej rcitos de Su Magestad" a la organiza-
ci6n de un servicio regular de correo aereo con las cin-
co partes del mundo, y cuyo servicio, seguin c~alculo
exacto, debera producir a la empresa por cada viaje "de
circunvalaci6n" la surna de cinco millones de pesos,
que se obtienen en buena parte mediante el pago de
una tasa U'nica para el franqueo del correo afreo a raz6n
de "medio real vell6n la carta de 4 onzas a cualquier
distancia.
En otra parte de su informe propone un sistema de
Tren Aereo por medio de varios "flotadores" que im-
pulsa por el mencionado sistema de retropulsi6n un
"flotante remolqueI, los cuales estara-n provisto de una
red de c n-amo o una plataforma por el "transporte de
cargamentos de azficar y tabaco en rama, desde los in-
genios hasta el puerto o almacenes
La publicaci6n de esta obra que pretende ser una
2t' edici6n corregida y ampliada" y vendida "en todos
los puntos con los bosquejos en $1.00" el ejemplar, fue


-33-







celebrado con una muy concurrida cena por un grupo
de amigos y admiradores. De sobremesa el coroner
Francisco Montaos, director del peri6dico Prensa de
]a Habana improvis6 los siguientes versos:


A lo cual


Desde Suez hasta Pekin
Desde el Amur al Guadiana
Al Norte desde la Habana
Y desde el Sur a Baffin,
Desde el Ant~rtico a Dublin
Y desde Australia hasta Annobon
Ira' a todo confin
El globo de Pasaron.
contest6 (ste en la misma forma:
Cuando mi globo se eleve
Surcando esos horizontes
Salvando mares y montes
Con aguas o eterna nieve.
No fuf Ubaldo Pasaron,
DirE, quien di6 tal invento
Ha sido el gran sentimiento
Del orbe en su coraz6n.


Estos asombrosos proyectos, para aquellos ahios0
y hasta el referido homenaje incitaron a otros "inven
tores" tal vez en las mismas condiciones mentales que
Pasaron y Lastra a exponer pfiblicamente sus teorias
entre los cuales se destaca Don Augusto Argonautas
que en un comunicado publicado en La Prensa expone
con toda sinceridad su proyecto para mejorar el isiste-
ma de Pasaron de "navegacion area con rumbo fijo"
utilizando rinocerontes dada la "propiedad de batir las
patas y levantar el rabo tan luego como pierde el pun-
to de apoyo o es suspendido en el aire" basado en esta
propiedad declara "he fundado mi prodigioso sistema.
Otra teoria algo rns razonable se expone en un
suelto del peri6dico EL Siglo como antitesis a los pun-
tos de vista de Pasaron, expuesta por Don Victor Ar-


34








nao que propone un aparato para volar 41sustituto de
los globost por medio de "unas ruedas espada que gi-
ran en sentido longitudinal hendiendo el espacio hacia
arriba, mientras que otra rueda girando verticalmente
en combinaci6n con una especie de proa servira para
comunicar la direcci6n al aparato". No obstante la con-
fusa exposici6n de Don Vicente podemos identificar
los principios bdsicos del helic6ptero, siendo por tanto
el primer proyecto en Cuba que busca en los aparatos
mas pesados que el aire la soluci6n adecuada al trans-
porte aereo.
El estilo fantastico que caracteriza la exposici6n
de aquellos "cientificos" se repite en menor escala en
un librito publicado en 1912 por Oscar Gispert( 11)
que dedica 63 de las 73 p ginas de que consta la obra
a una interesante historia de la aeronAutica mundial
y las diez pdginas restantes a la descripci6n de el 'Ae-
ricolo" aparato de su invenci6n.
Corrian los afios que comprenden el period ex-
perimental de la aviaci6n y se registraban en conse-
cuencia una interminable sucesion de accidentes con
un caso ocurrido en Cuba desde 1908. cuando muere el
aviador frances Marcel Pennot en San Antonio de los
Bafios.
Se produce elinvento de Gispert como posible so-
luci6n a estos accidentes pues dedica su folleto "A la
memoria de Jos que perecen por dar al hombre el domi-
nio del aire" creyendo el problema resuelto por medio
de un sistema mixto de gtobo y aeroplano que resume
en el "AericoloPt con el cual pretende obtener la per-
manencia esta'tica en el aire en el caso rnuy frecuente
de desarreglos en los motores de aquella poca. No
obstante estas venta"as no creemos que se prestara mu-

11 I El Aricolo" y La Conquista del Aire pot Oscar Gispert. Irp. Raimblia.
Bouza y Cia, Ohispo 35. Habana 73 p. ilst.


....-35-







cha atenci6n al proyecto contenido en este folleto ni
fuese considerado seriamente.
Los dos folletos publicados por orden cronol6gico
despuis de las obras de Pasaron y Gispert no tratan ya
de divulgar proyectos fabulosos ni inventos fantdsticos
y, por el contrario, recogen la vida y proezas de dos
cubanos, Agustin Parla y Domingo Rosillo, que, con-
juntamente con el cienfueguero Jaime Gonzalez, com-
ponen el trio de precursores de la aviaci6n cubana.
Se public6 primeramente, segun tenemos enten-
dido, el folleto dedicado a Domingo Rosillo y su vuelo
Key ,West-Habana(12), figurando como su autor el
popular cronista deportivo Victor Munioz, aunque hay
quien atribuye la iniciativa y texto de la obra al her-
mano del aviador Sr. Deogracias Rosillo.
Contiene el folleto una efusiva dedicatoria de Ro-
sibo al Alcalde de la Habana Gral. Freire de Andrade
seguido de una carta a manera de pr6logo de Agustin
ParI& donde destaca "la gran maestria y valor de que
Rosillo ha hecho gala".
En sus 38 paginas ise menciona con lujo de detalles
el aprendizaje del "intr~pido y her6ico piloto" en la
Escuela Morane Saulnier de Paris, sus demostraciones
en los terrenos de la Bien Aparecida y Columbia, el
memorable vuelo Key 1West-Habana y el correo aereo
Pinar del Rio-Habana.
El folleto homenaje a Rosillo es considerado hoy
como una rareza bibliografica pues no se conoce del
mismo ma's de dos o tres ejemplares, uno de ellos en
poder del propio aviador, lo cual no se explica pues di-w

(12) La Aviaci6n en Cuba. Un recuerdo del Famoso aviator Cubano Do.
mingo Rosillo. Su Arriesgado vuelo Key West-Habana que Di6 Gloria
a la Patria Cubana en el Sublime Sport, por Victor Munoz, Habana
Imprenta y Fapeleria de Rambla, Bouza y Ca. Obispo, nimeros 33 y
35, 1914. 38 p. illst.


-36-







cho folleto debe haber tenido gran circulaci6n por aque-
llos afios, dada la gran popularidad de Rosillo, y como
obra supuesta de Victor Munioz, aunque es possible, te-
niendo en cuenta su editor, que la casi totalidad de la
edici6n haya permanecido en ]a imprenta por incum-
plimiento en las condiciones de pago y se haya consu-
mido totalmente en el incendio que destruy6 la impren--
ta y papeleria hace algunos anos.
Por Jo tanto es de suponer que de estas dos obras
publicadas en 1914 solamente lleg6 al pi*blico y sirvi6
a los fine de propagar la historia de nuestra aviaci6n,
el libro dedicado a ParlA por el redactor del peri6dico
La Discusi6n, Sr. Camilo P"rez (K.Milo), gran ami-
go de nuestro gran pionero(13).
Esta obra, como su nombre lo indica, trata de la
carrera como piloto aviador de Agustin Parl- desde
sus primeras experiencias areas en el biplano de Mr.
Charles ,Walsh, sus ra'pidos y notables progresos en Ia
Escuela Curtiss de Miami, su regreso a Cuba y pre-
paraci6n para el magistral vuelo Key ,West-Mariel,
que bate el record mundial existente para vuelos sobre
el mar, y reconocido hoy como una de las grandes
proezas en la historia de la aviaci6n mundial, lo cual
nuestra repuiblica ha conmemorado recientemente con
la emisi6n de dos ,sellos para el servicio aCreo.
Finaliza ia obra con un trabajo de Parla que ti-
tula "La Aviaci6n y sus primeros pasos, recopilaci6n
de datos" y breves notas sobre "El Notable vuelo de
Cienfuegos" por Enrique Gay Galbo, siendo repro-
ducido el librito afios mais tarde en Ia mayor parte de
su texto y fotografias en un ndimero especial dedicado
a Paria de ]a revista "El Autom6vil de Cuba", editado
(13) Agustin Parl y La Aviaci6n en Cuba, Recopilaci6n Hist6rica por Jos]
C. Prez (K.Mflo) 1914. Habana Imprenta "La Prueba" de Benigno
Alvarez y Ca. Obrapia naimero 99. 126 p. ills.


-37-







por el Sr. L6pez Ortiz, que coopera en esta forma al
mayor conocimiento de )a vida y gloriosa carrera del
primer aviador cubano.
Desde el anio en que fueron publicados estas dos
trabajos o sea pocos meses anteriores a la primera
guerra mundial, hasta el presente nada se ha publica-
do de verdadera importancia sobre el tema que nos
ocupa, quedando por tanto a los escritores del pasado
el mayor esfuerzo realizado y a quien debemos los pocos
datos con que contamos para mejor conocimiento de
nuestra participaci6n en los progress de la navega-
ci6n area.
Por algunos profesores de las distintas escuelas
de aviaci6n, civiles y militares, que aqui tenemas, se
han echo buenos traducciones de obras t(cnicas ex-
tranjeras sobre mecainica, navegaci6n aCrea etc. y el
Dr. Pablo Carrera Justiz actual Ministro de Comuni-
caciones y Transporte public en 1928 un folleto(14)
al quedar establecido en Rancho Boyeros Ia primera
escuela de aviaci6n establecida en Cuba a cargo de la
Compaiia Curtiss, que comenzaba a operar en aquellos
momentos las primeras lineas areas internacionales y
que tenian a nuestro capital como centro geografico en
nuestro hemisferio.
Esta situaci6n previlegiada de nuestra isla en las
rutas maritimas y areas de nuestro continente, segfin
comprueban los primeros navegantes y confirman los
pioneros de nuestra aerona-utica desde Robertson y
Theodore, hace interesante y necesario un mayor co-
nocimiento de ]a historia de nuestros medios de co-
municaci6n, lo que se dificulta, en lo que al transporte
aereo se refiere, por carecer casf en 1o absoluto de una
f:141 La Aviacion, Notas y Avisos por el Dr. Pablo Carrera Justiz Abogadu
de la Universidad de la Habana. Piloto Aviador Graduado en la Es-
cuelh "Curtiss Flying Service" de Miami, Estados Unidos. Editorial
Hispano Americana, San Lzaro 85. Habava. 45 p. illst,








obra que recoja desde la hist6rica ascension de 1828 al
presented, los hechos fundamentals desconocidos para
el pfbiico, ya que estos datos se encuentran en su ma-
yor parte afin dispersos.
Actualmente creemos cooperar a esta reaizacid6n
ampliando y completando un breve trabalo hist6rico
publicado en 1948(15), dedicado a la Convenci6n en
la Habana de la "American Air Mail Society" y espe-
rando ofrecer pr6ximamente una modesta contribuci6n
a ]a historia de la aeronutica y correo aereo en Cuba.























(5} Acrividades Filatdicahs Nos,, 42. 43.









Presencia de Agramonte y de Varona
en la vida de Marti

Por Aristides Sosa de Quesada

Nuestro trabajo de hoy s61o pretende destacar,
con mirada entrafiable, la presencia de Agramonte y de
Varona en aquel espiritu, abierto constantemente al
sol, que era MARTI.
No haremos labor critica. No entraremos en la
vida gloriosa -y por gloriosa inmortal- de estos tres
grandes de la Patria; no penetraremos en ninguno de
los rasgos geniales -y por geniales multiformes- de
sus preciosas existencias; no nos detendremos en nin-
guno de aquellos destellos maravillosos que brotaron
de la pluma, de ]a palabra o de la acci6n de aquellos
pr6ceres. Sencillamente queremos acentuar la influen
cia de Agramonte y de Varona en ]a formacion ideol6-
qica del Apofstol que, acaso, determinara rumbos de-
finitivos en Ia pardbola deslumbrante de su vida.
MARTI, ya lo hemos dicho, es una cantera inago
table. Siempre tiene un mas ala; siempre hay una la-
dera inexplorada, siempre se encuentra un valle virgi-
nal, siempre un remanso idilico, siempre una rompien--
te tajada a zarpazos de mi'sica; siempre un MARTI
mcis, porque e' era una suma de sumas humanas.
Fst;-s paqinas del General Aristides Sosa de Quesada son un aniticipo de
un trabajo mis extenso sobre el mismo tema. Buen catador de vinos marti-
nos, la bibliografia del Ap6stof le debe calgunos estudios oriqinales. La "Re-
vista de ia Biblioteca Nacional" se conplace en la publicacin de este trabajo.
N.de R.


-40--








Cada MARTI es una arista de la grandeza, un
soplo ecumnnico de Ia gloria...
Pero, repito, no trataremos hoy de descubrir nue-
vas aristas, ni rebuscar, en la maravillosa mina de -su
espiritu, vetas auriferas todavia inexploradas. S61o de-
seo detenerme, como en estancias de sosiego, en dos
camaguieyanos ilustres, a quienes el Ap6stol rindi6 el
homenaje de su admiraci6n y su carifio: Agramonte,
"un diamante con alma de beso"', y Varona, al que
veia "como una flor de mArmol entre las penas de la
Patria".
Y transportermonos, en alas de la fantasia, al Puer-
to Principe de principios del siglo XIX:
Ciudad recoleta, romdntica y cat6lica. Calles an-
gostas y tortuosas, como meandros, sombreadas por
anchos aleros de tejas criollas; casas espaciosas, de am-
plio patio central, con ]a cochera al frente y el quitrin
reluciente y dispuesto, y el negro calesero acicalado,
obsequioso y gentil, celoso guardian del resplandor del
apellido de sus duenios. Ambiente cortesano, de natural
refinamiento, donde los jovenes reciben cursos de ga-
lanteria y las damas teen sus rondas de ensuefios junto
a lais balaustradas de los grandes ventanales. Vida
amable y opulenta hecha en el respeto a las tradicio-
nes familiares. (De ese contrapeso espiritual surgi6 una
estirpe. Y el Camagfiey marca, en hitos de luz, nombres
preclaros).
En las primeras d(cadas del siglo XIX, a pesar
de ]a muralla intelectual que Espafia habia levantado
en todo el litoral de ]a isla, el oleaje revolucionario de
Amrica habia salpicado la conciencia cubana. Don
Gaspar Betancourt y Cisneros (mas comtunmente cop-
nocido por el Lugarefio), habia ido a pedir a Bolivar la
independencia de Cuba. La juventud camagiieyana se
sabia los Derechos del Hombre, y mentores avisados
dejaban en discipulos despiertos las simientes de la fu-


-41-







tura rebeldia. Va naciendo entonces la preocupaci6n
politica a influjos de una dual motivaci6n: el concepto
nacionalista de una parte, que surge espontaineamente,
cuando un grupo ha Ilegado a adquirir caracteristicas
diferenciales; y de otra parte, la incomprensi6n de los
gobernantes de la metr6poli, mandones obstinados, in-
diferentes a los naturales anhelos de un conglomerado
con derechos que creia indiscutibles y que, no obstante
les eran caprichosamente escamoteados.
Asi surgi6 una generacion de camagieyanos ex-
cepcionales, hechos en la amalgama de ese ambiente de
severa austeridad familiar pero influidos por las in-
quietudes de la Cpoca. Un patriciado, criollo hasta ]a
medula, se veia renovado en una juventud que haria
suya la gloria... (Joaquin de Agijero no es un mero in-
cidente en nuestra Historia: responde a su region y a
su hora). Sintetizando todas las excelsitudes de su tiem-
po se destaca desde temprana edad, quien debia ser
gui6n y emblema, estimulo y ejemplo en la redenci6n
de un pueblo: Ignacio Agramonte y Loynaz.
Por eso MARTI am6 tanto a Agramonte. Eran
dos almas paralelas. Y dice de e1: "El extraflo, el am-
bicioso o el pedante puede escribir su nombre sin tem-
biar- el buen cubano no. De Cespedes el impetu y de
Agramonte ia virtud. El uno es como el voica-n que vie-
tc. tremendo c imperfecto. de las entrafias de la tierrao
v el otro es como el espacio azul que lo corona. De Ces-
pedes el arrebato, y de Agramonte la purificaci6n. El
uno desafia con autoridad como de rey; y con fuerza
como de luz el otro vence. Vendrd ]a historia, con sus
pasiones y justicias; y cuando los haya mordido y re-
cortado a su sabor, aufn quedarA en el arranque del
uno y en la dignidad del otro, asunto para ia epopeya>
Y continue xa escribiendo: "Las palabras pomposas
son innecesarias para hablar de los hombres sublimes.


-....4 2 -.







Otros hagan, y en otra ocasi6n, la cuenta de los yerros,
que nunca sera tanta como la de las grandezas .
Y expresa despues MARTI, en su famoso articulo
de 10 de Octubre de 1888:
"BY aqu"l era el que a paso de gloria mandaba el
ejercicio de su gente. virgen y gigantesco como el
monte donde escondia la casa de palmas de su compa-
fiera. donde escondia "El Idilio"? Aquel el que aren-
gaba a ,sus tropas con voz desconocida. e inflamaba su
patriotismo con arranques y gestos soberanos? lAquOI
el que tenia por entretenimiento saltar tan alto con su
alazain mambi Ia cerca, que se le veia perder el cuerpo
en la copa de los arboles? iAqu-l el que jams permite
que en la pelea se le adelante nadie, y cuando le viene
en un encuentro el Tigre al frente, e Tligre jamais ven-
cido brazo a brazo, pica hondo el Mambi para que no se
Jo sujeten, y con la espada de Mayor, y la que le relam-
paguea en los ojos, tiene el machete del Tigre a raya?
iAque1 que cuando le profana el espaniol su casa nup-
cial, se va s6lo, sin mags ejercito que Elpidio Mola, a
rondar, mano al cinto, el campamento en que le tienen
cautivos sus amores? jAquel que cuando mil espafioles
le Ilevan preso a] amigo, da sobre ellos con treinta ca-
ballos, se les mete por entre las ancas, y saca al amigo
libre? -Aque1 que, sin m.As ciencia militar que el genio0
organiza la caballeria, rehace el Camaguey deshecho,
mantiene en los bosques talleres de guerra, combina y
dirige ataques victoriosos, y se vale de su renombre
para servir con i'I at prestigio de la ley, cuando era el
6nico que, acaso con beneplicito popular, pudo siem-
pre desafiarla?
"iAquel era; el amigo de su mulato Ram6n Agfiero:
el que ensefi6 a leer a su mulato con la punta del cu-
chillo en las hojas de los Arboles; el que despedia en sigi-
1o decoroso sus palabras austeras, y parecia que curaba
como medico cuando censuraba como general; el que


-43-







cuando no podia repartir, por ser pocos, los Z4 buniatos"
o la miel, hacia cubalibre con la miel para que alcanzase
a sus oficiales, o le daba los "'buniatos"? a su caballo, an-
tes que comerselos 4l s6Io; el que ni en si ni en los de-
mas humill6 nunca al hombre! Pero jamis fue tan gran-
de, ni auin cuando profanaron su cadaver sus enemigos,
como cuando al oir la censura que hacian del gobierno
lento sus officials, deseosos de verlo rey por el poder
como lo era por la virtud, se puso en pie, alarmado y
soberbio, con estatura que no se le habia visto hasta
entonces, y dijo estas palabras: "iNunca permitire que
se murmure en mi presencia deliPresidente de la Re-
puiblica!"
iEsos son, Cuba, tus verdaderos hljos!1
Ya en agosto de 1887, en un articulo que publicara
MARTI en "El Economista Americano", exalta a Varo-
na en E poeta anPnimo de Polonia", a prop6sito del
famoso estudio del gran critico y pensador camagu-eya-
no sobre la vida de Kraziniski. Y dijo entonces:
"Habla el cubano Varona una admirable lengua,
no como otras acicaladas y lechuguinas, sino de aquella
robustez que nace de la lozania y salud del pensa-
miento. Vuela su prosa, cuando la levanta la indig-
nacion, con la tajante y serena ala del Aguila: globos
brufiidos parecen sus pdrrafos: la continua nobleza de
la idea la da a su lenguaje: y es su realce mayor la
santa angustia con que, compuesta en la mente la ima-
gen cabal del mundo libre y armonioso ve a su pueblo,
cual Krazinski al suyo, padecer bajo un r4eqimen que
lo injuria, como un ente maldito y deforme. Las llamas
son ]a lengua natural en desdicha semejante! Su belle-
za y su fuego tienen los parrafos de Varona en este es-
tudio artistico y ferviente".
Enrique Jose' Varona mantuvo con MARTI cons-
tante correspondencia. Se querian y admiraban mu-
tuamente. Por eso, en carta escrita en Nueva York el


-44-







17 de Marzo de 1889 le dice el Ap6stol en tono frater-
nal: "C6mo, pensando en usted todos los dias, he po.-
dido dejar pasar tantos sin contestar su apreciadisima
carta?"
Varona le encomienda sus libros, y su desterrado
amigo gestiona una casa editorial que los publique.
Mas tarde, en carta del 22 de Mayo empieza di-
ciendo: iY c6mo le pago yo su arranque del alma?
Yo no se si merezco premio alguno por haber servido
de lengua a nuestra tierra, amenazada y ofendida; pe-
ro el gusto de verlo a usted tan noble como se muestra
en su carta, seria el premio mayor que yo pudiese ape-
tecer. Incredible es que nos esperen mayores desdichas;
pero parece de veras que nos estin reservadas humilla-
ciones y angustias ma's temibles, por menos remedia-
bles, de las que le tienen a usted atribulado el coraz6n,
y a mi como un muerto en vida. iQue alegria vero a
ousted entre estas penas como una flor de marmolU"
Y continfia MARTI escribiendo:
"No quiero mas que decirle que quedo enorgulle-
cido con su carta y con ]a fe que he contribuido a ins-
pirarle, y yo no tengo por fanatismo mi ceguera sino
porque se que en mi tierra hay afin hombres como usted
que le mantengan el coraz6n, y le saneen el aire po-
drido".
En Enero de 1888 public MARTI en "El Eco-
nomista Americano", el mas acabado estudio de nues-
tro fil6sofo, al comentar sus famosas Seis Conferencias
"forma propia de la energia intelectual en un pals don-
de 'sta es tan decidida y robusta como aspero el re-
gimen que ]a coarta y donde los hombres isuperiores,
que ]a Isla produce en abundancia notable, luchan por
acomodar su fuerza inuitil a un pueblo tan imperfecto
y heterogineo como amado".
Mas no puedo dejar pasar estas paginas maravi-
Ilosas del Ap6stol sin transcribir algunos parrafos por-
-45-









que, con mucho que sean mis enderezos, jams alcan-
zaran el sentido expresivo de aquel verbo inimitable
y finico.
"Suele la erudici6n, si es mas que el talento, des-
lucirlo en vez de realizarlo; o se despega de 61 si es
mera ciencia de pr6logo, mal habida a filtima hora.
cuando Hlaman al circo los clarines dorados, y no de
oro, de Ja fama; pero lo mucho que sabe Varona no le
estorba, porque lo sabe bien, y se ve en todo el libro
aquella paz mental que solo viene del saber seguro, y
da a Jo escrito autoridad y hechizo. Ni es tampoco en
Varona ]a imaginaci6n, mas embarazosa que apeteci-
ble para las tareas criticas, de aquella especie que va
engarzando, con terquedad de tAbano, alusiones que
pudieran desmontarse del discurso, como las piedras
de una joya; sino aquel otro modo del imaginar, tal
vez superior, que percibe las leaves supremas, y con el
auxilio posterior de la ciencia las afirma y compulsa;
pues icuando el decorador fue' ins apreciado que el
arquitecto? Y de ese conocimiento, desapasionado co-
mo todo saber real, y de la gloria que inunda la mente
subida por el saber a aquella cuispide serena donde se
ve Io uno de todo, viene a este cubano admirable ]a
condici6n esencial para los trabajos de examen fecundo
y juicios definitivos, que es ]a de conocer la raz6n de
cuanto es, puesto que e~s, y ]a mera apariencia de Io
contradictorio, y la unidad cierta, venturosa y luminea
de lo que, por vanidad de los sofistas o por requeri-
miento de estado, resulta opuesto o insensato en la
Naturaleza.
"Y el lenguaje, al que es el pensamiento Io que la
salud a la tez, liega por esas dotes en este escritor a una
lozania y limpieza que recuerdan la soberana beldad
de las mujeres, (picas y sencillas, de la tierra del Ca-
magiiey, donde naci6 Varona. De la fijeza del conoci-
miento le viene la seguridad del estilo, de su certidum-


-46-








bre del valor de cada detalle la flexibilidad y la majes-
tad de la que indudablemente tiene en si acrecentada
con su noci6n bella y solida de la del mundo
Y mis adelante continfta diciendo:
"Pero este Iibro, a pesar de las condiciones de me-
rito constante que por sus seis discursos se confirman,
no se hubiera librado acaso de cierto desmayo comun a
las colecciones de trabajos de temas diversos, si en to-
do e' no resplandeciese, sin pecar una vez sola contra
Ia moderaci6n artistica, aquel purisimo amor al pals,
mayor en ]a desgracia, que es la expresion m~is bella
V vehemente del amor a] hombre. Fundar, mals que agi-
tar, quiere Varona, como cumple, afin en las pocas
mds turbulentas, a aquellos a quienes el desinteres acon-
seja el tinico modo Uitit de amar a la patria, en Cuba
-como en todas partes- menesterosa de espiritus
creadores: iinfundir, como el aire, la decisi6n de vivir
puro en todos los corazones! Mis que estremecer sin
sentido, ifortificar, sembrar, unir como una red de al-
mas Ia tierra!
"Y Jo que, con superior unidad, liga esos diversos
estudios aun mas que el amor a la patria, con ser tan
ferviente. es aquel paternal v doloroso carifio, don
peculiar de las almas ilustres, por la humanidad dkbil
o infeliz, que s6io en la hora suprema de amargura
vtielve los ojos, para lapidar despues, a los que acaso
no viven sino porque en si Ilevan. premieseles o no, a]
mandato de servirla. En todo es Cuba desdichada, me-
nos en el esplendor de su naturaleza, la bondad de sus
mujeres y el m6rito de sus hijos!P.
"Por sus frutos, le conocereis', dice ia voz eterna.
Y Cuba, Arbol tetfirico. ha dado frutos de ora. Savia
de Dios corria en ellos. Tengamos el orgullo de nues-
tros dioses fares. Y, frente a esta ola barbara que azota
al mundo, haqamos con los hombres inclitos ]a muralla
insalvable. Ellos nos guian, en el exodo dificil. Depu--


- 47.







remonos en su recuerdo. Cuba, abonada con una san-
gre asi, sera' siempre digna de aquellos sacrificios.
Ellos son nuestra reserva moral; el oro depositado
en el z6calo de la historia. Mientras haya un derecho
conculcado, se levantarai en Ia vida espiritual el gesto
conminatorio de Agramonte; mientras haya una orilla
de sombra, bracearat en la noche ]a palabra orientadora
de Varona; mientras haya una justicia que reparar, re-
gir, a plena vigencia, la doctrina Martiana. No se lu-
cha en vano, no se isuefia en vano. Todo revierte al
punto de partida. Ellos fueron los forjadores y resuci-
tan a diario, ante el altar supremo de la Patria, porque
ya se han fundido, como esos Arboles centenarios que
en la selva entrecruzan sus raices.
Al caer ,sobre la tierra estremecida, y como opri-
mida de peso tan glorioso, el polvo fue a fundirse al
polvo de su tierra. Pero sus almas iban a sumarse al
alma de la patria, a su paisaje exuberante: a aplaudir
la libertad con las manos verdes de las palmas; a ente-
rrarse en Ja came geol6gica de la Isla con las raices de
las ceibas; a cantar en la cristal andarin y sonoro de
sus rios; a beisarla, en la eterna ronda de azahar de las
olas; a hacerse miel en la esmeralda de los cafiavera-
les; a hacerse espiral de ensueio en las vegas opulentas;
a sonreir en lais escuelas; a alentar en los talleres; a
acariciar el aire en Ia estrella ideal de la bandera...










-48-










vicente Benito Jaldes*

Por Rodolfo Tro
Una fria mariana de Febrero de 1897, asistia a
la Real Casa de Beneficencia de la Habana selecta
concurrencia, en la que se destaca nutrida representa-
ci6n de las autoridades de la ya ag6nica colonia. Les
dirigia la palabra, un hombre de estatura algo menos
de mediana, enjuto de carnes y de apariencia endeble y
quebradiza. En su faz cetrina, adornada de patillas cua-
dradas y bigote que le caian sobre las comisuras de los
labios, ,s6lo Jiamaba la atenci6n la mirada relampa-
gueante y el firme ment6n que denotaba la ferrea vo-
luntad de su duefio.
Aquella d'bil envoltura humana, aquel poco de
materia, encerraba un espiritu vigoroso, leno de acti-
vidad y de mttodo, fertilizado por gran caudal cienti-
fico al que servia de sosten una voluntad energica
y perseverante. Era un hombre que se habia hecho a
si mismo, que habia triunfado en la lucha contra su
propio destino, Ilegando a ser respetado y elogiado,
al elevarse desde su obscuro y humilde origen hasta
el reconocimiento y !a admiraci6n de suss contempo-
riineos.
El doctor Vicente Benito Valdes, cque era el que
les dirigia la palabra; hablaba de los nifios, declaraba
como el m-s solemne momento de la existencia, "aquel
en que rompiendo las ligaduras de su misterioso para-
sitismo con el seno materno, inicia su vida indepen-
Conferencia pronunciada en el Ateneo de ]a Habana el dia 22 de
Abril de 1952.


-49-







diente". desde ese primer momento afiadia, con velada
alusi6n a su propio destino, "puede asegurarse si el sol
de la felicidad resplandecera en el hogar, y, lo que es
mas importante en la sociedad", apelaba a esta Odtima,
para que ayudara al nuevo ser en ]a tita'nica lucha con
las resistencias del ambiente, aligerAndolo de Io que iI
Hlamaba "1alforja cargada de los yerros e impurezas del
pasado que gravita sobre los infantiles hombros del
nuevo peregrino y terminaba con un fuerte apostro-
Fe "Herodes de la Humanidad, franqueadle el paso.
,Dios os lo manda? (1)
Estas patCticas palabras reflejaban el "pathos" de
su existencia, su lucha incesante de hijo exp6sito, que
no se conforma con su destino y sin mas ayuda que la
materna, franquea todos los obstcuios, vence todas las
resistencias, doblega todas las voluntades y escala ci-
meras posiciones en Ia sociedad que en aquellos mo-
mentos le escuchaba complacida.
La lucha con un ambiente lieno de prejuicios, in-
justicias y conveniencias, hacia explicable el carter
de este hombre extraordinario, juzgaindolo exterior-
mente, se le hubiera tornado por un espiritu seco, frio,
inmutable, inace:ible a todas las ternuras, pero a poco
que -se tratara, se descubria bajo la fria correcci6n de
su empaque de caballero, un coraz6n puro como el de
un infante, que sabia lorar y reir con las cosas huma-
nas. Su alma. como se decia en un articulo necrol6gico.
"4era fresca y tierna y vibraba tranquila como el agua
de los manantiales por debajo de la roca".
En 21 de Marzo de 1837 naci6 en la Habana.
Jose Vicente Benito Valde's, (2) fuC bautizado en 19 de
Abril del misnio aio, siendo su padrino el Dr. Don jo-

!I Sinite paruvlos venire ad me. E1 Figaro. ; XIII, n. 11/12. Mar. 21 .
28. 1897. p. 135.
(2) Libro 26 de Bautismos, Folio 181, ntim. 159, Archivo de la Capi~ll
de la Ci de Beneficencia y Maternidad de La Habana.




























































Vicente Bemito Vaid~s (1837.,1903).








se Matias Quintero. Desde pequeio, su madre, Doiia
Antonia Zerquera, realiz6 indecibles esfuerzos por edu-
carlo. Hizo el aprendizaje de las primeras letras en
una escuela gratuita de los padres Agustinos, donde ya
se destaca por su aplicaci6n y conducta, lo que le val-
drai para entrar como alumno pobre en el Seminario
de San Carlos. Alli intenta prepararse para el sacerdo
cio, carrera hacia la cual lo llevaban sus primeras in-
clinaciones o quizes el natural temor de ponerse en con-
tacto con una sociedad, de la que recelaba pudiera te-
ner en desdenioso menosprecio la humildad de su origen.
En el Seminario de San Carlos cursa como alumno
externo y durante los afios de 1856 al 1858, dos afios
de latinidad y los tres primeros de filosofia, alcanzan-
do en todos ellos la nota de sobresaliente, pero no pue-
de graduarse en aquel establecimiento, se le presenta
como muralla insalvable, ia necesidad de presentar un
certificado de limpieza de sangre, que a todas luces le
es imposible justificar.
Abandonado ,su prop6sito de hacerse sacerdote de
la Religion Cat6lica, e influenciado su espiritu por las
sabias lecciones del siempre admirado Dr. Ram6n Zam-
brana, encamina sus pasos hacia otra actividad y decide
estudiar la carrera de medicine, en la que una vez grao-
duado servird con espiritu verdaderamente -sacerdotal.
En Septiembre 14 de 1858, dirige una instancia a!
Capitain General de la Isla, solicitando pot mediaci6n
del Rector de la Universidad de ]a Habana, su ingreso
en esta en la clase de pobre. El Rector en vista de la
brillantez de los estudios realizados en el Seminario de
San Carlos, recomienda a! Capit~n General por oficio
de Septiembre 27 del mismo aflo, que le sea concedido
y el Capita-n General resuelve favorablemente su sol-
citud en 21 de Septiembre, por lo que el Claustro Uni-
versitario acuerda en 7 de Noviembre del mismo aio,
"4admitir como alumno insolvente al aspirante Vicente

-52-









Benito Valds, permitiendole cursar sus estudios exen-
to de pago por ser pobre de solemnidad"'.(3).
Ya en ]a Universidad estudia Moral, Literatura
primero y segundo curso, Relig9i6n, Mineralogia, Qui-
mica primero y segiindo curso, y Bot Anica y despues
de obtener la nota de sobresaliente en todas las asig
naturas, se graduia de Bachiller en Ciencias el 23 de
Julio de 1859 tambien con nota de sobresaliente.
Durante los aios que van del 1859 al 1863, estu-
dia los cuatro aios de que se componia en aquel enton-
ces la carrera de Medicina. En el primer ano, su
prodigiosa actividad lo impele a matricular griego pri-
mero y segundo curso, en estas asignaturas, asi como
en todas las de la carrera de Medicina, solidamente
estudiadas realiza su vehemente aspiraci6n, trabajando
sin trequa, dia por dia, durante todo el curso alcanza
la codiciada y honrosa nota de sobresaliente, a pesar
de que le era necesario atender a ]a subvenci6n de las
primordiales necesidades de la vida, sobre todo las de
su madre, persona en quien concentr6 todos sus afectos
y con quien vivi6 haista su muerte. Estas actividades
le obligaban a dedicar gran parte de su tiempo en dar
lecciones en diversos colegios.
Terminado el filtimo curso de la carrera toma el
grado de Bachiller en Medicina en 3 de Noviembre de
1863 y el de Licenciado en Medicina el dia 30 de Sep-
tiembre del mismo anio. Le toca disertar sobre un tema
grato a los medicos cubanos, sobre una enfermedad qui-
zas mejor estudiada en Cuba que en ningcin otro pais,
es decir sobre la Fiebre Amarilla, consistiendo el ejer-
cicio quirfirgico en una disertaci6n sobre la ligadura de
]a iliaca externa.
Una vez graduado y en posesi6n del ansiado titulo
y despu~s de la solernne investidura que tiene lugar en
8 de Octubre de 1865, obtiene ia plaza de medico interno
(3) Archivo Nacional. Fondo de Instrucci6n Piblica. Leg. 133, No. 8108.


-53-







del hospital de San Felipe y Santiago. establecimiento de
noble antigqiedad y de gran importancia en la historia
hospitalaria de nuestro pais.
El Hospital de San Felipe y Santiago o de San Juan
de Dios como era conocido pot los miembros de la or-
den que lo servia, tenia una leyenda sobre su fundaci-n.
Se decia que en 1593 afin llegaba el aqua de la bahia
hasta el lugar de su emplazamiento y que alli se encon-
traba la choza del botero que hacia ]a travesia hasta el
Castillo del Morro. Un piadoso ermitafio de la orden
tercera de San Francisco, Fray Sebastian de la Cruz,
lieg6 a la Habana y consiguid levantar en aquel lugar
una casa particular" en donde, segfin el historiador
Arrate, Iasistia y curaba con la mayor caridad y regalo
a cuantos forasteros y desvalidos pot el sobrescrito de
sus semblantes, reconocia estar enfermos, solicitando a
costa del propio afan el alivio ajeno".
Infortunadamente ]a fria obietividad de los docu-
mentos hist6ricos ha echado por tierra esta leyenda y
si es verdad que SebastiAn de la Cruz existi6, no es me-
nos cierto que lo fuC casi un siglo despues, y que en 1678
su casa de curar di6 oriqen a que el benem-rito Obispo
Compostela fundara et Hospital de Convalescientes de
Bekn y no el de Felipe y Santiago.
E1 Hospital de San Juan de Dios debe su fundaci6n
a la Ileqada en 14 de Octubre de 1602 de los hermanos
Fray Dieqo de la Puente, Fray Andres de Alcaraz, Fray
Gonzalo Gonzhlez y Fray Andrs de la Paz, pero a pesar
del- celo de la orden religiosa que lo servia, arrastr6 una
vida casi miserable y en tiempos en que Vicente Benito
Valds lleqa a sus salas, haciendo :sus primeras armas
a] lado de Don Manuel Jbarrola y Esteban Gonzalez del
Valle, medico y cirujano primero de dicho hospital, es-
taba en las peores condiciones de su historia, amenazaba
ruina, el hedor que despedia, obligaba a los transeuntes
a apartarse de su ruta y NicolAs Jose Gutierrez pedia en









un celebre informe al Ayuntamiento, que ie tomara la
medida higle nica de destruirlo. Veamos Io que un autor
de la epoca dice de su regimen.
Veis ese edificio cuya sencilla torte ocupa el an-
gulo del Sur coronada algunos dias de varias y
numerosas banderas?
Trets puertas conducen a su interior; por la pri-
mera la humanidad va a buscar alivio a sus con-
tinuas y profundas congojas; por otra el espiritu
acongojado implora del eterno, paz y sosiego a sus
tribulaciones y amarguras; en la tercera no veis
un carro que despu-s de atravesar lentamente las
calles parece no saciar nunca la voracidad de ia
tierra? Lleva siempre cadaveres hacinados y
todos los dias, sin cesar, a una hora misma los
demanda; para que nada fate en este lugar de
miserias y dolores, prolongados calabozos encie-
rran en su reja multitud de criminales.
La religi n y el tormento; la caridad y la indo-
lencia. todo se reline en el Hospital de San Juan
de Dias que mas de una vez ha arrancado Ikigri-
mas a nuestros ojos y suspiros a nuestros cora-
zones,
Indolencia hemos dicho, e indolencia repeti-
mos, porque ahi en los salones de un hospital
cubierto de camas a uno v otro lado. ahi donde
el hombre pobre y desvalido es arrastrado por
su indigencia, no es ]a caridad la que calma sus
angustias v agonias; no, que acaso ahi mais que
en otras partes se apagan suts divinos resplan-
dores. Sin afecciones del alma, sin latidos del
corazon, sin que vinculo alguno lique a esos
infelices con Jos que a impulsos de su necesidad
se encargan de asistirlos. Como encontrar aque-
Ila dulce y tierna solicitud que tan s6lo nace del
afecto? Como hallar mansedumbre, resignaci6rn.
tolerancia, cuidados y caricias. cuando el ha-


55-







bito mismo de contemplar este cuadro a cada
instante aleja hasta ]a idea de conmiseraci6n y
piedad". (4)
Es en este medio hospitalario que se pone a prueba
la ferrea voluntad y el deseo de servir del recien gra-
duado Vicente Benito VaId s y entre todas las mise-
rias e infecciones de los viejos hospitales, piemias, gan-
grenas gaseosas, tetanos, erisipelas, en medio de la po-
dredumbre hospitalaria se ternpla su car cter y se
airman sus conocimientos.
Despu~s de casi tres anos de dura practica en aquel
hospital, en 1868, renuncia a su cargo y se dirige al
poblado de la Gdiira donde se inicia en el rudo ejercicio
de Ja medicina rural, era como ha dicho muy acerta-
darnente el Dr. Saturnino Picaza, la edad heroica de la
medicine, porque valor era necesario para visitar en
horas de intervalo, casos de c6lera, fiebre amarilla, vi-
ruelas, crup. disenterla, fiebre tifoidea y fiebre perm-
ciosa e infecciosa, formas estas iltimas de nuestro pa-
ludismo maligno. E1 c6lera se hizo endkmico en la de-
cada del 50 y dos nuevas entidades clinicas, el muermo
y el beri-beri, comenzaron a proyectar su fatidica som-
bra en nuestra demografia1r.
La epidemia del C61era que azotara a nuestra pa-
tria en el mismo aiio lo sorprende en el campo, an-os
mas tarde relatarai al Dr. Santos FernA-ndez los horro-
rets de esta, la muerte de los esclavos y sus esfuerzos
por sorprender el sintoma prodromal, la diarrea pre-
monitoria, que los esciavos ocultaban en sus esfuerzos
por evitar de que se le privara de los alimentos. A los
ocho meses de permanecer en la Gijira, retorna a la
capital, ya los cuatro jinetes apocalipticos; el hambre.
la guerra, la muerte y la peste corrian por los campos
de Cuba.
Terminaba el ano de 1869, cuando despues de
14) PRseo Pintoresco por la Isla de Cuba, Habana. Imp. de Soler y Cia, 1841.


-56-








algin ejercicio en el Barrio de Monserrate, es nombra-
do m udico interno del Hospital de Enajenados de Ma--
zorra, su estancia en este "iltimo hospital le proporciona
]a oportunidad de adquirir grandes conocimientos sobre
lais enfermedades nerviosas y mentales, de los que hard
gala ma's tarde en sus mfiltiples informes m~dico-lega-
les a la Academia de Ciencias.
En 1872, Vicente Benito Valdes consigue por me-
diaci6n de su amigo Don Francisco Calder6n y Kessel,
varios contratos o igualas en los ingenios de las cer-
canias de Arcos de Canasi, en Matanzais, entre ellos
el Ingenio San Luis (a) Boloix. Renunciando a su po-
sici6n en el Hospital de Mazorra, se dedica por se-
gunda vez al duro ejercicio de ia profesi6n en el campo,
Mientras permanece en esta regi6n donde el pa-
ludismo era end(mico, estudia detenidamente los 396
casos que se le presentan y anota cuidadosamente las
horas en las cuales se presentaban los access febriles.
Le intrigaba un fen6meno, cuya raz6n de ser le impor-
taba descubrirt44a nuestro juicio", decia, "4el conoc-
miento de las horais en que tienen lugar los accesos, no
es asunto de mera curiosidad cientifica, ni en su favor
militan s6lo consideraciones especulativas, sino que su
utlidad se refleja en ia cabecera del enfermo". Estos
estudios publicados en 1876 en el tomo segundo de la
Cr6nica Medico Quirfirgica, nos muestran en todo su
esplendor, sus grandes dotes de clinico apoyadas por
las mas profundas observaciones, sus amplices conoci-.
mientos de la bibliografia extranjera sobre las fiebres
palfidicas y ,sobre todo su fina intuici6n.
Despues de pasar revista a las mids notables opi-
niones extranjeras, concluye que estais son s6lo hipo-
teticas y que aunque deben considerarse estos esfuer.-
zos como laudables, la poca fijeza de las horas de los
accesos demostraba que habia at'n mas de una inc69-
nita por despejar.


-57-







Mientras ejerce en Arcos de Canasi, acude a ia
Universidad de ]a Habana, en demanda del titulo de
Doctor en Medicina, el que obtiene en 21 de Marzo
de 1872, a] desarrollar el tema de "Reactivos por la
via hfimeda, medios de preparar los principales". La
investidura del grado de doctor tiene lugar en 14 de
Abril del mismo afo, sirviendole de padrino el Dr. Fe-
lipe F. Rodriguez. Ante el tribunal compuesto por Fer-
nando Gonz 'ez del Valle, Pedro Martinez Sianchez,
Joaquin Lando, Jose Pulido Pages y el ya citado Dr.
Felipe F. Rodriguez desarrolla con gran brillantez el
siquiente tema "Es admisible la locura parcial o tran-
sitoria en el estado actual de la ciencia", tesis que mis
tarde sera publicada en tin folleto de quince paginas.
Durante su estancia en la Universidad tiene como
compafiero a un oven, Enrique Agramonte, cuyo her-
mano Ignacio "El Bayardo Camaguieyanot no so1o 1o
honrarhi con su amistad, sino que influirdi en su espiritu
y lo hard mezclarse con los pr6ceres de la guerra re-
dentora del 68, Vicente Benito Valdes perteneci6 a
]a Junta Revolucionaria con Sixto Guereca y Jose" Do-
lores Ponce. Paladin de todas las causas justas y no-
bles, ]a de Ia libertad de Cuba encontr6 en 'I siempre
un entusiasta auxiliar y si bien su cuerpo enfermizo y
endeble no le permiti6 servir con las armas en la mano.
colabor6 en muchas empresas y ayud6 con cuantos
recursos le fu dable disponer.
En 1874, recibe terrible golpe, su madre, faro de
luz que guiara su existencia, fallece tras corta dolencia.
que la ciencia del hijo, que tantas veces triunfara de
Ia muerte. fuera incapaz de veneer. Juan Santos Fer-
nfndez en su necrologia del Dr. Valds pone de re-
lieve toda su piedad filial cuando dice: "Hijo ejemplar,
consagro a la que le guard en su seno y lo amamant6.
todo el fruto de sus vigilias, el producto de sus pri-
meros lucros. La acaricio ,siempre tierno y bondadoso
y, cuando todavia no era medico de la capital cubri6 su


- 58








sepulcro del campo donde ejercia, de flores y de Ii-
grimas, como tributo y homenaje a que fue su amor y
0, (5)
veneracion (
Tras el fallecimiento de su madre, abandona Ar-
cos de Canasi y se traslada a ]a Habana instalndose
en el Barrio de Monserrate por segunda vez. Pasan
dos afios de terribles estrecheces y de ejercicio profe--
sional casi nulo. Recurre de nuevo a la autorizaci6n
que le habia sido concedida por el Capitan General
en Marzo de 1869, para dar lecciones de segunda en-
sefianza en colegios privados y en su domicilio, previo
el informe de policia en que se hacia constar: 4'que ei
Dr. Vicente Benito Valde-s, vecino de la calle de Ani-
mas 116, es de buena conducta y adicto al gobierno
constituido' .
Al fin consigue empleo en el establecimiento hi-
droterapico del Dr. Belot. Este establecimiento situado
en la ensenada de Marimelena, en el lugar que auin se
conoce con este nombre, fu fundado por el Dr. Char-
les Belot, medico francs que vino a ejercer a ]a Haba-
na en 1836. Muy celebrado en isu tiempo, fue ]a pri-
mera clinica privada que ofreciera a los enfermos cuar-
tos separados. Al morir el Dr. Belot, pas6 a su hijo
el tambien medico Dr. Eduardo Belot, que fue quien
contrat6 a nuestro biografiado.
Mientras tanto, se dedica con intensidad creciente
al ejercicio privado de la medicina. Como dijera Ru-
bEn Dario de nuestro }osC Marti, la garra siempre es
garra y a la postre se impone, asi ia idoneidad, el ca-
rtcter y la voluntad de Vicente Benito Valdis se im-
ponen adquiriendo gran clientela hasta liegar a ser
el consultant mis solicitado de a capital. Ya liberado
de sus necesidades y alcanzando exitos que le propor-
cionan con justicia reputaci6n y nombradia. compra
(5) Juan Santos Fernandez. Homenaje al doctor VicenteB enito Vatdes.
ales de la Real Academia de Ciencias Mddicaq, Fisicais y Naturd-.iIv
de ]a abana, t. XL. (1903-4) 1907. p. 3539,


- 59









en uni6n del Dr. Emiliano Ntfiez el establecimiento
de Belot, que por dificultades econ6micas pasa de
nuevo a poder de este, ya que como dice Escobar "lo
pag6 muy caro y dejaba a la Habana bafiarse muy
barato". (6)
El Doctor Vicente Benito Valdes fue un medico
cubano en toda la extension de la palabra, producto
genuino de la Universidad de ]a Habana, duplico la
hazania de Toma's Romay al demostrar que sin salir de
Cuba, con dedicaci6n y estudio, puede alcanzarse el
nivel de los mejores de isu 4poca, ya que la ciencia no
es patrimonio de ningfin pals, sino de los que la culti-
van con devoci6n y esfuerzo.
Como clinico, supo aprovechar las ensenianzas y
seguir ia ,senda de aquel otro grande de la medicina
cubana que fui el Dr. Fe1ix Giralt.
El Dr. Enrique Barnet en su Elogio Fiinebre del
Dr. Vicente Benito Valdes pinta de mano maestra este
aspecto especial suyo, cuando dice:
"Supo seguir la ,senda trazada pot su eminente
maestro para continuar entre nosotros la pre-
ponderancia y la ventaja de la clinica ante la
cabecera del enfermo, sin menoscabo, sin em-
bargo de las grandes conquistas del Laboratorio
o de la Bacteriologia como auxiliares poderosos
de aquella. Ni el quimico ni el bacteri6logo po-
dran jams anular al medico, que a isu expe-
riencia clinica auine los recursos valiosos que
para el diagn6stico y tratamiento le aporten
aquellos nuevos elementos de juicio. Valdes era
el clinico que sabia aprovecharse oportunamen-
te de estos recursos, y de este modo constituia
el tipo de practico sagaz e ilustrado, tipo que va
haci~ndose cada vez mAs raro y que no seria
(6) B. Escobar. Nuestros M~dicos. Habana. Tip. de la Lucha. 1893
p. 133.


-60-









extranio desapareciera por completo, merced a
las exageraciones o entusiasmos con que se to-
man por lo general los progresos y adelantos de
las ciencias, ,sobre todo de la Medicina.
A la cabecera del enfermo recurria Valdes al
caudal inmenso de sus conocimientos, de una
manera tan propia, tan especial, que le daba un
sello peculiarisimo, haciendolo aparecer como
en el cumplimiento de una mision evange!ica.
A todos cuantas le rodeaban junto a un lecho
de dolor inspiraba respeto; a los familiares es-
peranza, a los enfermos consuelo, a los compa-
fieros afecto y veneraci6n. Parecia que entraba
circundado de luz para hacer desaparecer las
sombras de ]a duda, de ]a desesperaci6n y de
Ia muerte". (7)
Hombre generoso de su tiempo y de su dinero,
Vicente Benito Valdes dedica grandes esfuerzos al auge
de las mas destacadas instituciones cientificas y cu!-
turales del pais, ya desde el 11 de Agosto de 1867 ha-
bia sido nomnbrado socio facultativo de la Secci6n de
Ciencias del "Liceo Artistico v Literario" y en 24 de
Noviembre de 1878 reorganiza en uni6n de distingui-
dos mdicos de la Capital ]a "Asociaci6n Medica de
Socorras Mutuos" que aunque habia sido fundada en
3 de Octubre de 1868, no habia funcionado a plenitud
y s6lo arrastrado una vida kInguida e initil para el fin
que se proponian sus gestores.
En Noviembre de 1878 funda en uni6n de Agustin
W. Reyes, Banqo, Nfiniez, Babe, Espada y otros ]a
"Gazeta M(dica" peri6dico cientifico que public muy
valiosos trabajos sobre la Fiebre Amarilla y en el cual
a mas de servir de editor, Vicente Benito Valdes pu-
blicd su trabajo intitulado "Epidemia de fiebre larva-
(7) Enrique B. Barnet. Elogio hinebre del Dr. Vicente B. Valds, Revista
M6dica Cubana, Habana, 1906, p. 255/263.


--61-







da". Esta publicaci6n de grata memoria por los ser-
vicios que prest6 a la ciencia cubana de su opoca dejo
de existir el 28 de Julio de 1881, al crease por el Ayun-
tamiento de ]a Habana, una contribuci6n a los peri6-
dicos cientificos que los editores estimaron injusta y
consideraron obstdculo insalvable para la buena di-
vulgacidn de la ciencia, por lo que hicieron constar
su protesta con el cese de su publicaci6n.
En I1 de Octubre de 1879 funda en uni6n de Se-
rafin Gallardo, Fernando Gonz~ez del Valle, Antonio
Diaz Albertini, Antonio Mestre, Joaquin Garcia Le-
bredo, Raimundo Castro y Allo, Manuel V. Bango y
Claudio Delgado, "La Sociedad de Estudios Clinicos
de la Habana la cual elige para su primer presidente
y secretario a los doctores Serafin Gallardo y Claudio
Delgado respectivamente y a Vicente Benito Valdes
como vocal de la junta de Examen y Publicaciones.
En la Sociedad de Estudios Clinicos lee en la se-
sion pfiblica de 16 de Noviembre de 1902 su trabajo
intitulado "Accidentes de la dentici6n", (8) trabajo
en que niega la influencia de la dentici6n en los tras-
tornos que corrientemente se le achacan y declara que
su experiencia en la clinica del Dr. Jose R. Montalvo
en la Casa de Beneficencia y Maternidad, le Ilevan a
afirmar que los trastornos son debido al destete pre-
maturo y a la ingestion de allmentos poco apropiados
en calidad y cantidad. Este tema. que a primera vista,
pareceria un poco anticuado para la poca, no lo es,
ya que aun en uno de los filtimos nuimeros del Journal
of the American Medical Association, a mas de cin-
cuenta afios de distancia de aquella conferencia, un
medico americano pregunta sobre la influencia que tie-
ne Ia dentici6n en los trastornos gastro-intestinales de
la infancia.
(8) Archivos de la Smiedad d oEstudios Cifnicos de ia Hah nii, T. XIII,
1903, p. 35/41-









Tambien toma parte activa Vicente Benito Val-
d;s en la Sociedad Econ6mica de Amigos del Pais,
de ]a que fu nombrado socio numerario en 31 de
Enero de 1881. Desde su fundacion perteneci6 a la
Sociedad Antropol6gica de la Isla de Cuba, de la que
fue vocal de publicaciones y en Ia que ley6 el 2 de
Marzo de 1879 un trabajo sobre itLa Patologia de la
Raza Negrat en la que refuta algunas consideraciones
hechas por el Dr. Montane en un trabajo anterior.
Gracias a sus gestiones se funda ]a "Asociaci6n
M!dico-Farmaceutica de la Isla de Cuba"6 que tenia
como primordial objetivo estrechar las relaciones en-
tre eestas dos profesiones, siendo su Presidente Fun-
dador y mas tarde su Presidente de Honor. En 28 de
Junio de 1900, al cesar en la presidencia, ley6 un ma-
gistral discurso de despedida que fuera recordado por
largo tiempo.
Pero las dos instituciones a que se entrego con mas
amor y devoci6n, fueron sin duda A#La Junta Superior
de Sanidad y la Real Academia de Ciencias Medi-
cas, Fisicas y Naturales de la Habana.
En la primera fuie nombrado para substituir a aquel
gran higienista que se llam6 Ambrosio Gonz'lez del
Valle, de cuyos amplios servicios y estudios hizo cum-
plida apreciaci6n en un folleto intitulado "Higiene Pi-
blica" publicado en ]a Habana en 1903. Pedia el re-
9lamento de la Junta Superior que cada dos afios se
renovaran sus miembros. Todos los periodos fue pro-
puesto y re--elegido en el cargo, haciindose menci6n en
]a mayoria de las ocasiones, de la puntualidad de su
asistencia y del celo y diligencia con que rendia los
informers que se le eacomendaban y efectuaba las ins-
pecciones que se le encargaban. Eran tales sus mri-
tos que al terminar la dominaci6n espaiola y advenir
]a intervenci6n americana, fue propuesto y nombrado
para el cargo de vocal que conserv6 hasta su muerte.
En 20 de Julio de 1879 fue nombrado en virtud


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de su cargo de vocal de la Junta de Sanidad para in-
tegrar con: Don Marcelino Astray y Caneda, Don An..
tonio Pardifias, el Dr. Emiliano Ndifiez, Don Rafael
Fleytas, el Dr. Joaquin Garcia Lebredo y Don Casi-
miro Roure, la Comisi6n Espaiiola que asistiria a la
comisi6n americana que vino a Cuba a estudiar las
causas generates de la fiebre amarilla, la comisi6n es-
taba presidida por Chaille y contaba con el concurso
de Stenberg y Guiteras y en ella figuraria como ayu-
dante, el entonces estudiante de medicine, Rudolph
Matas.
De los informes rendidos a la Junta Superior de
Sanidad, se destaca, el que redactara con motivo de
la epidemia de triquinosis que afligia al palis en 1881.
En 9 de Abril del mismo ahio entrega su luminoso
informe, (9) en que despues de analizar la enfermedad
en todas sus fases, recomienda las sencillas reglas hi-
gienicas con que esta puede evitarse, es decir; vigilan-
cia de la alimentaci6n de lo cerdos, destrucci6n de las
carnes infectadas asi como la no ingesti6n de carnes
que no hubieran sido suficientemente cocidas al fuego,
medida que cumplida es capaz de evitar ia propagaci6n
de esta terrible parasitosis.
En la Academia de Ciencias Medicas, Fisicas y
Naturales de la Habana, ingresa como academico de
nutmero en 12 de Noviembre de 1876, trabajando acti-
vamente en esta corporaci6n hasta el 13 de Julio de
1902, en que debido a su mala salud, pide se le declare
excedente. La Academia en sesi6n memorable en que
se reconocen sus grandes servicios, le concede la ex-
cedencia, pero a la vez acuerda concederle la honrosa
distinci6n de acad-mico de merito en agradecimiento
a los afios de incesantes esfuerzos en pro del prestigio
y el buen nombre de dicha corporaci6n.
En sesi6n del 8 de Abril de 1877, leyo su discurso
(9) Archivo Nacional. Fondos de Ja Junta Superior de Sanidad. Leg. 9, n. 2.







de recepcin eligiendo como tema, una de las enfer-
medades que mejor estudiara, el paludismo. Su dis-
curso intitulado "Reflexiones en contra de la etiologia
paludea del tetanos" (10) es una disertaci6n cargada
de erudicci6n y tanto mas notable, cuando en aquella
poca auin se ignoraban los germenes causales del pa.-
ludismo y del tetanos.
Fue vice-secretario de la Academia durante los
bienios de 1879 al 1881 y 1883 al 1885 y vice-presi-
dente durante los bienios del 1887 al 1889 y 1891 al
1893. Durante los primers tiempos de su estancia en
la Academia sus trabajos principales se inspiran en el
tema de la estadistica m6dica y en la primera mocikn
presentada en sesi6n pfiblica ordinaria de 26 de Enero
de 1879, pide que ise haga extensiva a esta Isla la Ley
de Registro Civil, lo que fue concedido en 1885, subs-
tituyendo estos registros a los archives parroquiales
en todas sus funciones. Fue autor ademahs de otras
cuatro mociones sobre estadistica m'dica, incluyendo
una clasificaci6n patol6gica lo que hace considerar al
Dr. Vicente Benito Valdes, en uni6n de Ambrosio
GonzMez del Valle y Jorge Le-Roy CassA como los
iniciadores de la Demoqrafia Medica entre nosotros.
Tambi6n ley6 en la Academia diversos trabajos
sobre Honorarios medicos Y jurados calificadores de
estos jurados, sobre el azufre en el paludismo y diver-
sas informes sobre establecimientos de f[bricas.
En ]a Comisi6n de Medicina legal e Higiene P'i-
bMica de la Academia de Ciencias labor intensamente,
le acreditan mAs de cuarenta informes sobre diversos
temas de medicine legal, especialmente sobre estado
mental de diversos procesados.
En las discusiones de la Academia siempre fu muy
oido, como decia Diego Tamayo refiriendose a este
aspecto del Dr. Valdes, t-ste "como contrincante era
(10) Anales de la Real Academia de Ciencias Mddicas, Fisicas y Naturales
de ]a Habana, T. XIII, 1876, p. 595.








temible, porque argumenta bien, con serenidad y 16-
gica, sin locuacidad, pero con palabra domada, obe-
diente y persuasiva". (11)
Ya en 1902, cuando su precaria salud ya no le
permite m-as esfuerzos, va retir "ndose de todas las ago-
biadoras actividades que hasta ese momento le ocupa-
ban. Desde 1888 hacia frecuentes viajes a la Isla de
Pinos con objeto de descansar y en 1898, cuando el
bloqueo se hizo insostenible emigr6 a Mejico, retor-
nando al cese de la guerra Hispano-americana. Fue
su finica salida de Cuba.
A las siete de la tarde del dia 21 de Mayo de
1903, la Ciudad de la Habana se sorprendi6 doloro-
samente con la noticia de la muerte del Dr. Vicente
Benito Valdes. Segun su medico y amigo, el Dr. Mi-
guel Rivas, falleci6 de Angina de Pecho y su casa de
Amistad 88 fu6 pronto invadida por los numerosos
amigos, compafieros y clientes agradecidos que dej6.
Muri6 celibe y pobre, tal como habia vivido, sin ma-s
compaiiia que la de su fiel sirviente y las sociedades
cientificas suspendieron sus sesiones e invitaron a sus
asociados a concurrir a su sepelio, el cual fue iUna ver-
dadera demostraci6n del afecto y agradecimiento de
las numerosas personas que le conocieron.
A poco de morir se public en la Gaceta Oficial
un edicto sacando a pfiblica subasta sus muebles, jo-
yas, instrumentos, coche, caballos y libros, tasado todo
en 2.423.91 pesos oro espaniol para satisfacer los gastos
de su entierro, no dej6 herederos, pues no tuvo mas fa-
milia que su madre. Su verdadera familia eran los
enfermos, los pobres y sus compafieros de profesi6n.
Segiin una de las ma-ximas de Epicteto "No debe
honrarse a los hombres m.s que por lo que I" honra.
La nobleza del hombre depende mts de sus virtudes
que de su rango". A pocos podria aplicarse con mas
(11) FA Figaro, a. IX, n. 23, Jul. 9, 1893 p. 282.


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justicia esta maixima que a Vicente Benito Valdes, su
desinteres, su patriotismo, su caridad cristiana, la con-
sagraci6n de su vida al culto del bien y de la verdad,
su amor a la ciencia, lo convierten en un hombre de
talla superior, en ejemplo digno de imitar y recordar
y en parte principal de la representaci6n permanente y
de ia fuerza vigorosa de nuestra historia cultural.


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Acercdtndonos a William Faulkner

Por Victor Agostini

En filtimo andlisis, el valor de una obra de arte lo de-
termina ]a sensibilidad individual. Este aserto, al pare-
cer audaz, no lo es tanto despues de examinarlo con al-
fgun detenimiento. Veamos.
.Que es Jo que forma el consenso de opinion que im-
pone o hace olvidar cualquier resultado de un esfuerzo
artIstico? Pues to forma la fuerza numrica de reacciones
individuales similares hacia la obra en cuesti6n.
ZY la critica? Bien; examinemos, a su vez, este asun-
to de la critica. Tratemos de aclarar, primero, qu es un
critico. La denominaci6n popular de critico de arte se le
otorga a unos sefioresf, generalmente periodistas, escrito-
res siempre, cuya sensibifidad, conocimientos, talento li-
terario y dedicaci6n de muchos afios, les ha proporciona-
do ciertos derechos de orientaci~n sobre la masa de sus
lectores. Pero es un error dividir el gran mundo de los
interesados en cosas de arte en dos grupos, uno, el de los
entendidos y autorizados a emitir juicios, y a que estos
juicios se les escuchen, y el otro grupo, de enorme ano-
nimidad, que se supone d6cil y sin autoridad., La reali-
dad es harto distinta.
Si se pudiera formar una escala estadistica con las
cantidades de acucioso buen juicio que poseen, desde el
mas ignorante y desamparado de los aficionados, hasta
el mas empinado de los discernidores de arte, se encon-
traria una curva ascendente muy suave, tan suave, que
no habria lugar para diferenciar entre los que se mani-
fiestan pii"ibicamente, y los que no lo pueden hacer. Es


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mas, veriamos algunos criticos bastante mas abajo, en esa
escala, que muchos silenciosos conocedores, los cuales,
bien por falta de habilidad literaria o de oportunidad pe-
riodistica, no se han podido manifestar.
Ahora, tenemos otra fase de la cuesti"n. Dentro de
la misma critica, tomada en sentido plural, nos encontra-
mos con el siguiente fen6meno: ella sirve para orientar
en los casos comunes y corrientes. Dramas ya manosea-
dos, peliculas de segundo orden o exposiciones de ar-
tistas bien conocidos o de poca monta, son analizados a
coro. No hace falta conocer mas de una de estas opi-
niones pfiblicas, para conocerlas todas.
Donde comienzan las dificultades es al tropezarse
esta diosa oriental de muchos brazos, con el escollo de
una obra de trascendental importancia. Entonces -regla
invariabe- jamas estan los critics de acuerdo. Desde
que el mundo es mundo, y acontecen artistas de gran
potencia creadora y tecnicas revolucionarias, han venido
ocurriendo las pugnas y divergencias entre los criticos
mas avezados, y la consecuente confusion entre los in-
cautos seguidores.
iQue hacer, pues? iformar un c6mputo de opiniones,
e inclinarse hacia el que Ileve mayoria? -Extraer de esas
criticas encontradas lo que parece mejor de cada una,
para asi formar una aceptable opinion colectiva?
Nos parece que volvemos, forzosamente, al principio.
Despues de todo, el arte es, eminentemente, intercambio;
una ecuaci6n enteramente personal. Por una parte, el
que produce su obra; por la otra, el que, con el mayor o
menor grado de sensibilidad que Dios le concedi6, ia
aquilata, bien para gozarla o para rechazarla.
Sean estos argumentos absurdos o razonables, ver-
daderos o falsos, tomemoslos, hipoteticamente, por bue-
nos y asi, sigamos nuestra linea de razonamientos. Acep-
temos como base la experiencia de un lector del mont6n,
un lector de obras de ficci6n. Otorgu(mosle cierto buen

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juicio, no demasiado; regalemosle con suficiente tiempo
libre, y con alguin cr~dito en una libreria bien surtida.
Pasados algunos anios nos encontraremos con que el
sujeto de marras, habiendo terminado sus estudios, co-
mienza un interesante curso post-graduado, sin asistir a
las aulas, y que durara, exactamente, el resto de su vida.
Siendo su predilecci6n la novelistica, nos lo hallamos es-
crutando los clksicos. Se He y compadece junto con Cer-
vantes. Bordea las caracterizaciones de Lope y las ironias
de Quevedo. Despues -1oh, formidable aventura!- se
adentra en los romanticos. De Francia, se anonada ante
el imponente Hugo, mientras que Goethe lo entusiasma
con su fecundidad polifac-tica, Al!a, en la lejana Rusia,
Dostoyevski parece derretir la nieve de sus nativas este-
pas con el fuego de su furor creador.
No puede olvidar, sin embargo, el examinar algunos
rebeldes post-romanticos. Luego de deleitarse con la fina
estilizaci45n de Anatole France y de Marcel Proust, en-
cuentra saludable la brutal aspereza con la cual se des-
envuelven los personajes de Emile Zola.
Y de pronto, cuando m-s entusiasmado estada en
su interesante, aunque demasiado raipido paseo cronol6-
gico por los caminos de la literatura novelesca, un dia,
sin previo aviso, estalla una tremenda bomba ante sus
ojos. La bonba se llama "Ulises", y se la envia un irlan-
des., por nombre James Joyce. Desde el momento en que
termina el primer capitulo comprende, su boca dilatada
por el mismo asombro que inund6 a todo el puiblico lector
de sus primicias editoriales, que esta. presenciando el de.
rrumbamiento, diab6lico y premeditado, de toda una tra-
dici6n literaria del mundo occidental.
Durante la lectura de las ochocientas paginas que
dura el extrafio relato de veinte y cuatro horas en la
vida de un judio corredor de anuncios, el lector expe-
rimenta toda una qama de sensaciones diversas, que os-
cilan entre el hastio mhs aplastante ante el diluvio de ex-
travagancias de la subconciencia, y la mas entusiasmada


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admiracion por ]a imaginacion, c6smica y multiforme, del
autor.
Comprende asi, nuestro inocente y ya algo sacudido
lector medio, que acaba de trabar conocimiento con un
hecho trascendental y que, desde el dia del afio 1922
en que surgi6 a la luz tamafia obra, resultaro inevitable
un cambio radical en la tecnica de la novela.
Pero estamos en el anio 1953. El premio Nobel de
literatura, pospuesto en el anio 1950 por dificultades de
juicio, se le entrega, con un afio de retraso, a un norteame-
ricano de ademan tranquilo y de perfil bien recortado, que
se llama William Faulkner. Nuestro aguerrido lector,
en su loable deseo de mantenerse al dia en su especial
afici6n busca, y encuentra fkcilmente, una, dos, tres nove-.
las de ese autor. Las va leyendo una a una, buscando lo
que le ha sido facil encontrar en todos los demas escrito-
res menos Joyce; similitud de forma y de tratamiento.
Y no io halla. Cada una de las tres novelas, aunque todas
manejan personajes parecidos, hombres y mujeres de hu-
milde posici6n que luchan en idfnticos medios y contra
parecidos obstaculos, ignorancia, maldad y miseria, pa-
rece engastada en diferente joyel. Solamente existe una
vena nutricia que corre, latente y profunda, y que abas-
tece de sangre hermana a las tres obras: el estilo.
El estilo -y esta es una manera, como tantas otras,
de entenderlo- es el afloramiento de todo un fermento
creador, tarmizado al trav s de los caracteres intelectuales
y emotivos, peculiares a deterniinada personalidad ar-
tistica. Como tal estilo, digamos que su esencia, siendo
omnipresente, es imponderable, ya que nace de factores
tan abarcadores, reconocibles mas por sus efectos que
por su genesis. Por todo lo cual, es posible estudiar un
determinado estilo desde varios angulos distintos.
Existe el punto de vista mais superficial, el de la
forma, constituida sta por el 1kxico, la peculiar sintaxis
y cualquier orden cronol6gico especial empleado en la
presentaci6n de la obra. Estas caracteristicas, a pesar


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de ser importantes factores en el analisis de un estilo
son, despues de todo, las mas superficiales. Pueden obe-
decer a manerismos estudiados, premeditadamente, para
producir determinados efectos, y constituyen recursos
tecnicos en el escritor. El estrato de mayor calado y que,
naturalmente, embarga por mas tiempo nuestra atenci6n
es el que tiene que ver con el manejo de las ideas, y el
enfoque de las slituaciones, dentro de las cuales se va a
dsenvolver la obra en estudio. Es aqui donde se ilumina,
con luz temblorosa y d-bil, ]a fuente mAs secreta del po-
deroso manantial.
1Qu fue, pues, Io que m s le llam6 la atenci6n a
nuestro lector comuin y corriente, al enfrentarse con las
tres novelas de Faulkner? Primero fue Ia forma. Cada
una de las tres aparecia con distinta presentaci6n. Mien-
tras Yo Agonizo", obra temprana del autor, escrita en las
madrugadas cuando trabajaba en una mina, consiste en
una serie de monologos, que no son mon6logos interiores
como se ha querido hacer ver, por To menos no al estilo
de Joyce, que los usa desnudando el pensamiento de in-
hibiciones sino, mas bien, son relatos de determinados
acontecimientos emitidos por diversos personajes, usan-
do todos, mas o menos, el mismo lenguaje. El autor,
desenvolviendo su trama al ritmo de su reflejo en los
varios espejos personales que manipula, coquetea, por
medio de repetidas soluciones de continuidad, con la nece-
sidad de nuestro lector de visualizar la trauma cohesiva.
En el segundo caso, el de "Las Palmeras Salvajes",
toma otro giro nuevo el planteamiento formal. Ahora se
trata de dos relatos sin coincidencias aparentes, que se
desarrollan simultaneamente. Aunque entre ellosexisten
ciertos sutiles puntos de contacto que examinaremos mas
adelante, son, de hecho, enteramente independientes el
uno del otro.
La tercera obra, la de mayores dimensiones como no-
vela, no posee ningiin lujo de originalidad en su empa-
que general. Esto, si no se toma en cuenta la gracia, hip-


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n6tica en su seducci6n, con ]a cual Faulkner va entrela-
zando las peripecias, y son muchas, de sus personajes.
Mas, sin embargo, todo se desenvuelve en forma l6gica,
desde su apacible principio, hasta su turbulento y trafgico
final.
Ahora bien (asi razona el conejillo de Indias que
hemos tornado como lector representativo) yo nunca me
he tropezado, en toda mi experiencia como devorador de
novelas, aparte de mi tremendo encuentro con "'Ulises",
con mayores libertades literarias. .Seran estas novedades
el producto de un solitario cerebro genial o, por el con-
trario, seguirain la pauta trazada por las urgencias de "la
nueva est~tica", cuyas extralimitaciones se palpan, igual-
mente, en la plAstica y en la miisica? Cualquier que sea ia
respuesta, el hecho indudable es que hemos salido qanan-
do los lectores. Se le ha aniadido al relato en primera o
tercera persona, el poder situarse el lector, subjetivamen-
te, dentro de la propia obra, forzAndolo a poner de su
parte para completar el deseado cuadro. No han sido,
pues, las tecnicas cientificas las tinicas que han progre-
sado con los tiempos modernos.
Hablamos antes de las facetas superficiales del es-
tilo. En Faulkner, estas adquieren divergencias sorpren-
dentes. Si, por un lado, se cuida mucho de representar la
psicologia primitiva de los campesinos de "Mientras Yo
Agonizo' con el k4xico mas rudimentario, en "Las Pal-
meras Salvajes"I nos encontramos con una verbosidad a
veces barroca en sus excesos. De las dos tramas que
aqui desenvuelve, una de ellas tiene muchas mayores com-
plicaciones animicas que la otra.
En una, se trata de la escapatoria de un penado oven
que aprovecha la coyuntura brindada por una enorme
inundaci6n del rio Mississippi, para desaparecer de la
vista de sus guardianes y protagonizar una breve y casi
increible aventura, acompafiado por una pobre mujer, en
avanzado estado de gestaci6n. La fuerza de su humana
piedad hacia el completo desamparo de su sufrida compa-


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iera del momento, sumada a cierta misteriosa displicencia
de encarcelado oven, lo fuerzan a renunciar a toda po-
sibilidad de fuga definitiva, y terminan por Ilevarlo, de
nuevo, a las manos de la justicia que se encargara' de de-
volverlo a uno de esos antros de iniquidad que son las
granjas de presidiarios, en el sur de los Estados Unidos.
La otra trama, desarrollada simultaneamente, es la
mas important. Sin haber todavia terminado su inter-
nado, un medico recien graduado encuentra en la inquie-
ta joven mal casada que le presenta el destino, el objeto
de una intensa pasi6n y, siendo ardientemente correspon-
dido por ella, suelta, tambi~n, sus amarres y comienza a
dar tumbos, no en las aguas turbulentas del enorme rio
desbordado, sino en aguas ain ms revueltas y peli-,
grosas para el, las de la vida.
Despues de repetidos tropiezos la amante mujer, dis-
puesta y valerosa pero bohemia y descuidada, es fecun-
dada por C8. En el ostracismo social al que se ve forzada
la amorosa pareja, 61 ensaya, con su todavia no complete
preparaci6n cientifica, librarla de esta nueva complica-
ci6n y, a consecuencia del desafortunado ensayo quiriir-
gico, ella muere.
Como se vera, hay ciertos paralelismos entre las dos
historias. En ambas hay el proyecto de liberaci6n, frus-
trado por "1o eterno femenino con su secuela de ma-
ternidad, indefensi6n, etc.
Ahora bien, por qu el autor decidi6 utilizar esa pe-
culiar forma verbosa y adjetivada, es uno de tantos mis-
terios de la creaci6n literaria. No obstante, el uso juicioso
de las descripciones involucradas aumenta su peculiar en-
canto ultraliterario, por asi decirlo, que es una de las ca-
racteristicas en la obra de Faulkner. Nos explicaremos.
La inmensa mayoria de los novelistas dependen, para
retener la atenci6n de sus lectores, del interns de su trarna
y de su habilidad para desenvolverla. Ha quedado para
otros pocos, y entre ellos se encuentran Joyce, y sobre
todo Faulkner, el ejercer su hechizo en la parte de su
obra que no es, precisamente, ni nudo, ni desenlace sino,


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sencillamente, arte de confecci6n, de urdimbre, atm6sfera
creada, solamente, por la tecnica novelistica.
Asi se nota, tambien, que nuestro autor nunca pre-
senta las emociones mas conmovedoras en forma directa
y transparente. Su sentido metaf6rico de poeta (no olvi-
demos que su primerapublicacion fue un libro de versos
titulado "El Ciervo de Mrmol"') lo fuerza a adoptar este
procedimiento.
jEjemplos?: tomemos dos trozos del Uinico mon6logo
encabezado por el nombre de la madre muerta en OdMien-
tras Yo Agonizo", y cuyo entierro es el eje de la novela
entera. Esta mujer del campo, cansada, enferma y silen-
ciosa, que parece ser el puro simbolo de la maternidad su-
frida y abnegada, resulta haber albergado resentimientos
y frustraciones capaces de ilevarla al adulterio. Al ha-
blar de sus lejanos dias de soltera, como solitaria maestra
de escuela rural dice. refiriendose a sus alumnas... "Re-
cordaba que mi padre tenia la costumbre de decir que la
finalidad de la vida es prepararse para estar mucho tiem-
po muerta, y cuando pensaba que tenia que verle, dia tras
dia, a cada uno y a cada una (habla de sus alumnos) con
sus secretos y sus egoismos, la sangre de unos extrafia a
la sangre de los otros y de la mia; cuando pensaba que,
aparentemente, era mi inico medio de prepararme para la
muerte, odiaba a mi padre por haberme engendrado.
(Traducci6n de Max Dickmann, pagina 173)
Un poco mas adelante, en el mismo parlamento, y re-
firiendose a sus primicias maternales, se trata de explicar
sus propias angustias, luego de nacer el primogqnito
Cash, hablando de esta manera... Cuando naci6, com-
prendi que la palabra maternidad fue inventada por cual-
quiera que tenia necesidad de una palabra para ello, por-
que los que tienen hijos no se inquietan porque haya a
no una palabra para ello. Comprendi que ]a palabra toiedo
habia sido inventada por alguien que jamas habia tenido
miedo, la palabra orgullo por alguien que no sabe que
es el orgullo. Comprendi que no era en realidad por sus
narices sucias, sino porque nos servimos entre nosotros


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de palabras; como las arafias que, colgadas de la boca a
una viga, se balancean en el vacio sin jams tocar nada; y
que s61o los golpes de latigo pueden hacer correr, como
un solo arroyo, mi sangre con fa sangre de ellos. Com-
prendi que, en realidad, mi soledad habria de ser violada
cada dia, pero que jam-s lo habia sido antes del nacimien-
to de Cash. Ni siquiera por Anse (su marido) durante la
noche". (Pagina 175).
En el aderezamiento recargado de ""Las Palmeras
Salvajes" ocurre algo por el estilo. Aqui parece deleitar-
se el novelista en circunloquios, cuya superabundancia
misma brinda un tono entre burl6n y tierno a todo el re-
lato, tono que sirve para suavizar un poco lo tenebroso
y liigubre en los asuntos. Bastenos citar un pequefio
trozo en el que el penado en fuga se dispone a recibir en
su barquichuelo maltratado a la pasajera que no lo aban-
donarat hasta verlo entregarse a las autoridades. Asi lo
explica Faulkner... "i6 que la mujer se movia, dispo-
nindose pesada y cuidadosamente a bajar -esa pesadez
que no era dolorosa sino atrozmente cuidadosa, esa pro-
funda y casi leta-rgica torpeza que nada afiadia a la suma
de ese primer horrorizado asombro que ya habia servido
de catafalco del invencible suefio, pues hasta en la pri-
si6n habia continuado (y hasta con la antigua avidez,
aunque habia causado su ruina) a consumir las imposibles
f Abulas rudimentarias, cuidadosamente vedadas y cuida-
dosamente contrabandeadas en la penitenciaria; y quin
diria a que Helena de Troya, a que viviente Garbo no
habia soniado rescatar de que escabrosa cima guardada
por dragones, cuando ed y su compafiera se embarcaron
en el esquife". (Traducci6n de Jorge Luis Borges, pagi
na 144).
El mismo penado, mas adelante, ve frustrado su de-
seo de deshacerse de la impedimenta humana que 1o las-
tra. En las palabras del autor .".14Entonces estaba al
abrigo, fuera de alcance, aunque no por mucho tiempo.
Es decir (no decia por que ni d6nde), hubo un momento
en que se detuvo, respir6 un momento antes de sequir co-


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rriendo, remontando la corriente hacia el esquife por el
momento, aunque ain podia oir los gritos a su espalda y
un tiro de vez en cuando, y e'l anhelante, sollozando, con
un tremendo rasgufio sobre una mano, hecho no sabia
d6nde ni cuando, y desperdiciando su precioso aliento, ya
sin hablar a nadie, como el grito del conejo moribundo
no se dirige a oidos humanos sino mas bien es una acu-
saci6n de todo lo que alienta, de su tonteria y su pade-
cer, de esa infinita capacidad para las tonerias y los do-
lores que parece su dinica inmortalidad". (Pagina 166).
Es, por supuesto, tarea dificil transportar, mediante
citas aisladas, las caracteristicas, siempre escurridizas, de
una manera de hacer. Asi se logra, meramente, presen-
tar, como muestras, granos de un arenal. Menos mal que
estos granos, todos, llevan ]a identidad necesitada.

Hubo quien dijo que escribir una gran novela era
como crear un mundo. El caso de "Luz de Agosto" co-
rrobora plenamente este postulado. En tiempo cronome-
trico la acci6n no dura n1s que unas pocas semanas. Los
personafes importantes no son muchos. Una mujer sol-
tera, pasada la edad de matrimonio, excentrica, introver-
tida y caritativa; un aventurero audaz y solitario; el alma
buena y generosa de un predicador fracasado, resentido,
y repudiado por la sociedad local completan, junto con
una pareja de rectas almas j6venes que se buscan, sin sa--
berlo hasta, a! fin, encontrarse, los tnicos personajes de
alto relieve en la obra. Mas el relato adquiere proporcio-
nes heroicas at ser descorridos, por las manos geniales del
escritor, los velos que ocultaban origenes e historias per-
sonales. No debe olvidarse que William Faulkner naci6,
y ha vivido casi toda su vida en una pequeiia porci6n del
sur de los Estados Unidos, con toda ia riqueza de tradi-
ciones que este hecho encierra.
Las raices del pasado hincan muy profundo, tanto en
el espiritu de esta novela, como en el espiritu de su autor.
Por eso, antes de presentarnos al advenedizo que, apro-


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vechandose del hambre de amor que su prestancia varonil
ha provocado en Miss Burden, la solterona solitaria, se
instala como su amante disimulado, y termiina por ase-
sinarla, debemos remontarnos al ambiente que lo form.
La crueldad inflexible de un fan~tico puritano que Io
adopt como huerfano y que lo molded a su propia he-
chura petrea, nos explican claramente todos los rasgos in-
transigentes y fatalistas que lo Ilevan a su catarsis final.
Luego estan los antecedentes, interesantisimos, del
reverendo Hightower, cuya bondad sin limites "huele a
ropas interiores sin lavar y que ha desarrollado en la
soledad de su ostracismo un abdomen abultado y flaccido.
Este personae tan antiromantico -como lo son casi todos
los personajes de Faulkner- diremos, de paso, fue. en
una epoca, un joven enamorado de su compafiera, y un
elocuentisimo predicador. Mas no por culpa suya esta
feliz vida conyugal tuvo un sangriento y escandaloso
final. Entonces, la sociedad del pueblo donde el habia
sofiado proseguir, desde el pulpito, las hazanias libertarias
de sus antepasados guerreros, sociedad provinciana y
dogmatica, intent6 alejarlo a la fuerza. Sin embargo, no le
valieron, para lograrlo, ni amenazas ni palizas. Este as-
ceta pobre, abandonado y mal oliente, convierte sus man-
sos consejos de meditador en guia moral para mas de uno
de los personajes.
Tambi'n Miss Burden, refugiada solitaria de la ca-
sona heredada de mAs ilustres progenitores, arrastra toda
una variada cadena de circunstancias familiares fortuitas
Al mismo tiempo .-contrastes tan frecuentes en la vida-
ella atiende por trasmanos (en esas tierras meridionales
es un crimen hacerlo abiertamente) los intereses de fami-
lias negras desamparadas.
En esta atm6sfera equivoca y siniestra se mueve, con
angelical confianza, una jovencita que ileva su sereno
valor a varias puertas, logrando de 6stas el no serle siem-
pre hostiles, y acabando por recibir ayuda en la forma
-7&-








mas inesperada, para traer al mundo el fruto de su equi-
vocacion.
Todos estos hilos que aparecen tejidos para un folle-
tin, en manos del novelista se atendian o fortalecen y se
enredan, para luego separarse y volverse a cruzar mais
adelante, con maestria y sutileza tan geniales que el ter-
minar la lectura de ]a obra es como pasar de un mundo a
otro; del mundo artificial de la ficci6n, de la ficci6n pal-
pable y realista pero al mismo tempo imaginativa y po
tica, al otro mundo, a este nuestro mundo positivo de cada
dia, en el que palpamos Ia ausencia del novelista para que
nos adorne y amenice sus sinsabores.
Este acto de interpretar un mundo, su mundo, a su
modo y manera, que ha sido la misi6n del artista y del
escritor desde tiempo inmerorial adquiere en nuestro
autor una dimension fantasmag6rica especial donde la
distorsi6n desempefia un papel preponderante, distorsi6n
que ha existido en mayor o menor grado siempre, y que se
nos antoja simb6lica de la psicologia del arte que se ha
dado en Ilamar moderno.
De modo que internarse en esta obra literaria, aun-
que sea en pequefia escala, como lo ha hecho el desen-
vuelto lector tornado por nosotros como caballo de prue-
ba, siqnifica entregarse, momentdneamente, en manos de
un desvelador de secretos, secretos subjetivos que suben
a la superficie cuando existe comuni6n en los sentidos,
cuando las cuerdas de ]a sensibilidad vibran en comuin, y
no antes.
Se ha dicho de William Faulkner, con atrevimiento
metaf6rico, que, mas que un escritor, es una fuerza de
la naturaleza. Nosotros nos limitamos a decir que de la
naturaleza tiene la potente luz del mediodia, y tiene la
fertilidad de sus selvas meridionales, tiene la fuerza sor-
presiva de sus cataclismos y tiene, tambien, la inescruta-
bilidad de sus designios Uiltimos.


-79-








WHITE

Por Joaquin J. Argote

Hace mas de tres lustros, el dia 5 de agosto de
1934, la "Orquesta Sinf6nica de La Habana" fue, en pe-
regrinaci6n de amor patrio y artstico, a la noble y sim-
pfitica ciudad de Matanzas, laureada con el titulo de
"Atenas de Cuba", para cumplir el honroso deber, que es-
pontaneanente se impuso, de tributar, a modo de voto u
ofrenda religiosa, un homenaje de gratitud y admiraci6n,
consistente en declarar inaugurada y descubierta a las
miradas de todo el mundo la tarja de bronce incrustada
en la fachada principal de la casa situada en la calle de
Milan~s nuimero 4, como testimonio escrito de que en
ella naci6, el dia 31 de diciembre de 1835, Jos& Silves-
tre White y Laffitte, ungido con el don divino del arte
musical.
Quiso la "Orquesta Sinf6nica de La Habana", a imi-
ciativa de uno de sus miiembros ma's entusiastas, el pro-
fesor David Rend6n, decididamente secundado por su
ilustre director, el maestro Gonzalo Roig, que aquella
sencilla tarja recordara, a quienes hubieran podido olvi-
darlo, y revelara, a quienes no lo supieran, desde enton-
ces y en el transcurso de los afios, que Matanzas, la atra-
yente ciudad, circundada pot la belleza de su valle del
Yumuri, de sus dos ros, de su famoso monte Pan, can-
tado por Heredia; de su hermosa bahia y de otros miri-
ficos paisajes, habia sido cuna de un artista insigne del
siglo XIX, de celebridad mundial, gloria purisima del arte
y de la patria cubana,
Y como nueva prueba de la recordacion m As cordial


-80--






































p














/ A























Joe Silvestre White. (1835-1918)






-81-






de este egregio violinista y muy notable compositor, siem-
pre vivo en nuestra admiraci6n, ofrecemos a su memoria
esta compendiosa exposici6n o somero apunte sobre la
vida y la obra de tan excepcional artista, incorporado,
desde 1918, a la legion gloriosa de los inmortales, por
virtud de su consagraci6n fecunda al cultivo de la belleza
musical.
Cuando s6lo tenia cinco afios empez6 a destellar en
White el genio de este futuro gran artista, que en tan
tierna edad preferia el violin como el mejor juguete,
y se empefiaba en arrancarle acordes musicales. Reve-
lada asi su precoz inclinaci6n artistica, y confirmada mas
tarde su ardiente vocaci6n, recibi6 de su padre, Carlos
White, que era un inteligente violinista aficionado, las
primeras nociones de misica, y comenz6 a estudiar for-
malmente el manejo de tal instrument a los ocho afios,
dirigido eficazmente por el profesor Jose Miguel Romain,
y despues, ocurrida la muerte de ste su primer preceptor
por el ingeniero belga Pedro F. Lecerff, hombre de ex-
tensa cultura, distinguido instrumentista y profesor de
armonia, director de orquesta y propulsor, en Matanzas,
del cultivo de la buena misica; y la primera prueba de
su talento de compositor ia di6 White a los quince afios,
consistente en una Misa para dos voces y orquesta, que
fue estrenada, con general aprobaci6n, en ia parroquia,
boy catedral, de San Carlos, de aquella ciudad. Las ex-
traordinarias condiciones del adolescente se evidenciaron
en sus rapidos y notadisimos progresos, y tres afios mhs
tarde ofrece su primer concierto pfblico en su ciudad
natal, en la noche del 21 de marzo de 1854, en el que
ejecut6 la Gran Fantasia, de Osborne y Beriot, sobre mo-
tivos de Guillermo Tell, de Rossini, asi como die cis'is va-
riaciones, sobre temas de El Carnaval de Venecia, y una
Melodia sobre aires cubanos, obras ambas por -I com,-
puestas poco tiempo antes, acompafiado, en aquel acto,
por el famoso pianista norteamericano Louis Gottschalk,
a la par del cual fue aclamado como gallardo triunfador.







Despue-s de este primer e xito como concertista, fuE
enviado por su padre, para perfeccionar sus estudios, a
Francia, en cuya capital, foco vital del arte, habia de acre.
centar, dos afios mas tarde, y consolidar, prontamente y
para siempre, su fama de artista asombroso.
Mfsico por naturaleza, de percepci6n agudisima,
White logr6 facilmente, antes de los diecinueve afios, en
sorprendente multiplicidad de aptitudes, conocer y tocar
diversos instrumentos musicales, entre ellos y con apre-
ciable suficiencia, el violin, el violonchelo, el contrabajo,
el clarinete, el piano, el cornetin y la trompa. Pero su ins-
trumento predilecto fue el violin, que recoge y traduce,
con excelencia insuperable, las vibraciones del espiritu y
de la voz humana y las inspiraciones del genio musical. Y
en el violin leg6 White a manifestar toda la potencia de
su personalidad de interprete inspirado y de sapiente
maestro, y asi, de triunfo en triunfo, desde el que obtuvo
para proder ingresar en el Conservatorio Imperial de M.i-
sica de Paris, contendiendo a ese fin contra sesenta oposi-
tores de distintos paises, discipulos muy sobresalientes Va-
rios de ellos de los mAs renombrados profesores de la po-
ca, y el que conquist6, en el propio Conservatorio, el 29 de
julio de 1856, al merecer, a los veinte aiios de edad, en
recia y magnifica competencia con diecinueve notabilisi-
mos rivales, y por la decision una-nime de los cinco miem-
bros del Jurado, el codiciado diploma del "primer cran
premio" de violin, por su estupenda interpretaci6n del
Concerto, opus 29, de Viotti, hasta los mas aplaudidos y
comentados de sus numerosos recitales en Europa y Am&-
rica, ascendki6 el muisico matancero a la cumbre radiante
de los grandes virtuosos de ese instrument, y en esa
cumbre fue admirado clamorosamente por todo el mundo
civilizado.
Relatando el mencionado premio del Conservatorio
de Paris, la "Gazette Musicale escribl6o
"...- El discipulo White, que ha ganado el pri-
mer gran premio de violin, era el filtimo de los con-


-83-






currentes opositores. Ya el Concerto, de Viotti, se
habia ejecutado diecinueve veces, y a pesar de las
qrandes bellezas de esta obra clasica, el Jurado co,-
menzaba a escucharla con cierto cansancio y somno-
lencia. Pero al abordar White el eterno Concerto,
en el mismo instante se convierte en una obra com-,
pletamente nueva; el Jurado la escucha con tanto
placer como si la oyese pot primera vez, y apenas ter-
min6 su ejecucion, el Tribunal lo proclama ven-
cedor"
La propia "Gazette Musicale" agrega:
"El jovencito White lleva alta la cabeza y su
mirada es arrogante, intrepida; tan s6lo hace un afio
que entr6 en el Conservatorio para seguir la clase de
Alard; jpero d6nde hizo sus primeros estudios?
oC6mo este nifio de America ha Ilegado a ser el &mu-
lo de los mas grandes violinistas conocidos de Eu-
ropa? Esto es lo que nosotros ignoramos, y lo que
deseamos saber para honra de la escuela americana,
de la cual el virtuoso White es una muestra so-
berbia
Y el diario "LePays en un elocuente articulo, dijo.
entre otras cosas, lo siguiente:
"El concurso de violin ha ofrecido este ano un
bello espectaiculo, siendo la justa de las mis brillan-
tes. El primer gran premio ha sido concedido al
senior White, quien se mostr6 tan superior, que seria
necesario crear en su favor un premio excepcional.
Toco con una animaci6n extraordinaria, no como un
discipulo, sino como un gran artista que domina a su
auditorio. Para powder rivalizar con este joven que
ha electrizado al Jurado, se necesitan verdaderos
maestros ,"
Tan resonante triunfo concedi6 a White el honor de
tocar en el Hotel de Ville; en el Palacio del Louvre; en
el palacio del principe de Orleans; en el de la princesa
Czartoriska, y en la suntuosa residencia del conde de


-84-







Newerkierke; y poco tiempo despu&s tom6 parte nuestro
ilustre compatriota en uno de los famosos conciertos orga-
nizados por el propio Conservatorio Imperial, y entre los
muchos diarios y revistas que resefiaron el acto, convie-
ne citar aqui lo consignado por el "Journal de Paris":
"El oven White, violinista de la mejor escue-
la, que toc6 un aria, con variedades, de Vieuxtemps,
conquist6 todos Jos votos. Al enfrentarse con las
muchas dificultades de esta obra, uni6 a la amplitud
de estilo de los ma's grandes maestros tal sequridad
en la ejecucion, una afinachon tan precisa, tanta exac-
titud y un encanto de expresi6n que s6lo son dotes
de los legitimos artistas. Este joven White, de cara
dorada por el sol de America, que tambien se dis-
tingue por sus finos modales y su modestia de buen
gusto, asi como por su merito serio y brillante, en-
contrar&, al final de sus esfuerzos, la fama y la gloria
irperecedera que merece".
Dos afios mas tarde, el lustre compositor y temible
critico, muy sobrio siempre en el elogio, Gioacchino Ro-
ssini, despues de oirle tocar en un concierto privado en
casa del tambien famoso compositor Fe!icien David, en
Paris, le dirigi6 una carta en la que, entre otras cosas,
le dijo: "Permitidme expresaros todo el placer que expe-
rimente; vuestra calida ejecuci6n, el sentimiento, la ele-
gancia y la brillantez de la escuela a que perteneceis, son
cualidades, en un artista como vos, de que puede enorqu-
Ilecerse la escuela francesa".
Maestro de maestros y entre los mas sabios de Eu-
ropa, enseni6 White la tecnica violinistica y el amor a ese
instrumento, por no pocos meses y en ma-s de una ocasi6n,
en el mencionado Conservatorio de Paris, donde supli6,
interinamente, no obstante su calidad de extranjero y su
condici6n racial, a su gran mentor Delphin Alard, por de-
signaci6n del mismo profesor titular, con el asenso entu-
siasta del Alto Comite de Direcci6n y la aprobaci6n ab-
soluta del Ministerio de Bellas Artes, privilegio honroso.
---85-







merecido por muy pocos en la larga historia de aquel Cen-
tro; y recibi6 luego, de manos del propio Alard, como re-
cuerdo por su brillante Cxito en el desempenio de Ia cai-
tedra, durante el aflo de 1864, un arco guarnecido de oro;
como fu- obsequiado tambi~n, en prueba de afirmado re-
conocimiento, por sus alumnos del curso por eI explicado
en el mismo Conservatorio, en 1896, con un hello y valio-
so busto, en bronce, de Beethoven, obra original del no-
table escultor frances Albert Carrier.
Debe mencionarse, asimismo, que en 1891, al anio si-
guiente de su segundo regreso a Paris, despu"s de una
ausencia de m~s de quince afios, fue Ilamado White para
formar parte como miembro del Jurado del precitado Con-
servatorio, por considera-rsele como uno de los maestros
de mayor autoridad; y que afios mas tarde, en 1905, el
ilustre Ambroise Thomas, director entonces de aquel ce-
lebre institute, le design, escogiendole entre muchos,
para dirigir, interinamente, el curso del gran profesor
Martin Marsick. Como un dato ms, que corrobora la
justa nombradia de que siempre disfrut6, de maestro doc-
tisimo, que Ileg6 a poseer el honroso titulo de Oficial de
Academia, de.Francia, debe del mismo modo, sefialarse
el hecho de que Franois Gevaert, eminente tratadista y
profesor del Conservatorio Real de Muisica de Bruselas,
sucesor del sabio Fran;ois Joseph Fetis en la rectoria del
mismo, le eligi6, preferentemente, para miembro del Tri-
bunal de Oposiciones de esta reputada instituci6n musi-
cal, cargo que ocup6 White en otras ocasiones, ya que tan
acertada designaci6n fue posteriormente confirmada por
el subsiguiente director de dicho Conservatorio, el no me-
nos famoso profesor y didaictico Edgar Tinel.
Fu" tambien White director del Conservatorio Im-
perial de Mifsica de Rio de Janeiro, puesto que desem-
peii6 por varios aios, hasta la extinci6n del Imperio del
Brasil, en 1889, por abdicaci6n de Pedro II de Braganza,
gran admirador del artista cubano, a quien otorg6 el ti-
tulo de Comendador de la Rosa, del Brasil, y le rega16,


-86-








como recuerdo de gratitud por la intensa y continued la-
bor cultural que desarroll6 en el pais y por la educaci6n
musical que di6 a su esposa e hijos, una magnifica batuta
de a-mbar y oro. Igualmente alcanzO White, durante su
estancia en otros paises, honores tan seiialados como el
de que ]a reina Victoria, de la Gran Bretafia, deseosa de
oirlo tocar, le Ilamara, en 1890, a su castillo de Osborne,
asi como el de ser invitado, en Madrid, al exclusivo sal6n
de la condesa de Montijo, madre de Ia emperatriz Euge-
nia; el de haber tocado en el Palacio de las Tullerias, en
presencia de Napole6n III y su Corte, quien le express su
viva admiraci6n despues de escucharle y aplaudirle la
dificil Fantasia, de Alard, sobre motivos de Nabucco, de
Verdi; y ante la reina Isabel II y su Corte, en el Palacio
Real de Madrid, quien le confiri6 el titulo de Comenda-
dor de Nuimero de la Real Orden de Isabel la Cat6lica, a
Ia vez que le obsequi6 con una preciosa botonadura de
diamantes. En aquella ocasi6n y con motivo, asimismo,
de su presentaci6n en el Conservatorio de MUisica de la
propia capital, donde fu6 ilamado al proscenio repetidas
veces por los prodigios que hizo con el violin, al tocar,
entre otras obras, la Fantasia, opus 37, de Alard, y por
el consumado caracter e increible acento que imprimi6 a
su brillante pot-pourri sobre aires populares espafioles,
declar6 la prensa madrilefia, que por entonces consignaba
la admiraci6n justisima que producia el tambien grandioso
violinista navarro Pablo Sarasate, que todo lo que White
ejecutaba tenia el sello del genio.
Mfisicos muy famosos de su epoca celebraron con
unanime entusiasmo al eximio cubano, reconociendo sus
aitas cualidades de intbrprete y creador, y entre sus mans
grandes admiradores figuraban Liszt, David, Auber, Ro-
ssini, Gounod, Berlioz, Thomas, Diemer, Saint-Saens,
Berthelier, Lalo, Reyer, Paderewski y Sarasate. Y a
White acudian artistas de los mais c lebres en consulta de
puntos dificiles de tecnica y en busca de luz para disipar
cualquier sombra de duda, porque White poseia, adema's








de la sensibilidad exquisita de su temperamento, la intui-
ci6n pro funda y luminosa del arte y la exactitud matemao-
tica de la ciencia arm6nica, por lo que puede afirmarse
que fuC uno de los violinistas mxas perfectos e impecables
que el mundo ha conocido y glorificado.
Eminentisimo como virtuoso del violin, no s6lo supo
White conmover con su arco maravilloso el espiritu de las
multitudes sino que tambien dej6 un tesoro pedag6gico en
sus Seis grandes estudios de violin, aprobados como obra
de texto oficial por el Conservatorio de Misica de Paris,
"llamados a fortificar segqin el juicio del Comit& califi-
cador de aquel alto Centro-, el talento de los violinistas",
A raiz de este suceso, Daniel Auber, director del Conser-
vatorio, envi6 su retrato a White, con la siguiente dedica-
toria: "A Mr. J. White, cuyo talento honra al Conser-
vatorio". Es de senialarse, adema-s, que varias escuelas
de misica de otros paises, entre ellas las de Berlin, Viena
y Bruselas, adoptaron ese intodo, al igual que el conteni-
do en su posterior cuaderno de seis nuevos estudios, para
la mas superiativa ensenianza del referido instrumento.
Compuso, asimismo, un concerto, un quinteto, dos
cuartetos, romanzas, fantasias, motivos y variaciones, y
otras piezas para orquesta, para piano, para violin y or,
questa, para uno o ma s violines y para violin y piano,
obras la mayor parte de ellas que lo acreditan como un
compositor de excelente calidad, pues desde su llegada a
Paris, comenz6 White, deseando perfeccionarse en lo ab-
soluto y de manera homog nea, a estudiar armonia con
Henri Reber, y el contrapunto y la fuga con Ferdinand
Taite. Su labor, en este aspecto, es, por tanto, en ge-
neral, de muy legitimo valor, y en la misma se destacan
su brillante Bolero, para violin y orquesta; su Fantasia
sobre un tema original, y su Gran Fantasia sobre motivos
de La Traviata, de Verdi; sus Violinesque y Styrienne,
magistrales piezas de concerto, que representan un ver-
dadero tour de force para el int&prete; su delicada Ro-
manza-Barcarola y su original y admirable Zamacueca,


--88--







las cinco filtimas de las cuales obras tienen acomoafia-
miento de piano, y en las que se aprecian tanto sus va-
rias dificultades tecnicas, como su rica expresion musical.
Y, como creaciones de su elevada inspiraci6n brind6, para
deleite de los espiritus selectos, obras de tanta frescura,
sentimiento y gracia mel6dica como la Romanza sin pala-
bras ntimero 2; La belta cubana y juventud, ejemplares
danzas de concierto, en las que vibran ecos del alma cu-
bana, la suave cadencia de nuestras lindas palmeras y el
encanto y sensibilidad inefables de nuestras incompara-
bles mujeres...
Pero las dos composiciones mAis notables de White
son, sin duda, su Cuarteto en fa, para instrumento de
cuerda, y su Concierto, para violin y grande orquesta,
considerado por la critica como una concepci6n revela-
dora del poderoso talento de nuestro artista. Refiri6ndose
a su brioso y sugestivo Cuarteto, escribi6 "L'Art Musi-
cal", de Paris, al dia siguiente de su estreno en la Sala
Schumann: "Sefialamos esta composici6n a la atenci6n de
la critica y de los buenos dilettanti. Esta obra de White
lo coloca aquil entre los compositores que pueden asegu-
rar una renovaci6n brillante del gonero, tan abandonado
en Francia, de ]a mtisica de ca'mara".
En cuanto a su citado Concierto, para violin y grande
orquesta, los peri6dicos "La France", "La Liberte", "La
Revue", "Le Constitutionnel", "La Semaine Musicale" y
otros hicieron constar con elevados y justos encomios las
cualidades excepcionales de White como compositor, y
consignaron, ademas, que todos los tiempos ejecutados
por su autor, en la Sala Herz, fueron seguidos de repeti-
dos y una.nimes bravos del auditorio, y que al final fue el
virtuoso objeto de una extraordinaria ovaci6n. El repu-
tado music6grafo Antoine Elwart, cuyos articulos en la
"Gazette Musicale" merecieron siempre la mas considera-
ble atenci6n, manifesto: "White se ha colocado con su
nueva obra al lado de los compositores mas distinguidos,
pues su Concierto, pleno de encantadoras melodias epis6-
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dicas, es realmente grandioso. Tanto el majestuoso pri-
mer movimiento Allegro, como el adorable poema del
Adagio, y el vivo y brillante Rond6 con que finaliza la
obra, estan tratados con un cuidadoso extreme, y los
timbres son variados y generalmente nuevos, teniendo las
ideas principales una gracia y seducci6n infinitas. El mun-
do artistico cuenta, pues, con un nuevo compositor, ver-
daderamente digno de este titulo, que una multitud de
muisicos se atreven a usurpar a despecho de Apolo"; y el
no menos distinguido critico Paul Sacome, express: "Ma-
gistral Concierto de una belleza absoluta. Desde los pri-
meros compases se advierte en C1 una fuerte naturaleza
individual, prod ucto de un temperamento artistico de pri-
mer orden. La orquestacion esta trabajada con una sun-
tuosidad tal y sus temas tratados con tan consumada inte-
ligencia, que a veces el Concierto toma el carActer de una
sinfonia comentada por un interprete principal". Del mis-
mo modo, Delphin Balleyguier, muy culto cronista de
arte, dijo: "Concierto de una belleza indecible, sencilla-
mente magistral". Pierre D'Arche, el afamado redactor
de 4dLa France Musicale", escribi6: "Es una de las me-
jores composiciones modernas que hemos oido en su g-
nero. Las armonias son de una finura y elegancia irre-
prochables, y la orquesta esta Ilevada con mano firmisi-
ma". Por -iltimo, la critica de "La Comedie", consiqn6:
"El sefior White ha demostrado como compositor toda la
originalidad que le reconociamos como virtuoso. Su Con-
cierto de violin es capital, y su Rond6 a la turca, que co-
rona su nueva composici6n, se hara clasico. Es una de
las mas bellas pAginas escritas en Francia en este gqnero
eminentemente aleman".
Debe citarse tambi~n que Jean Comettant, renombra-
do cronista musical del peri6dico "Le Siecle", y los de
"Le Journal de ParisTr "La Presse ThCatrale", "L'llustra-
tion" y otros dedicaron a White, como ejecutante y como
compositor, los mas altos elogios, al igual que el critic
musical de "Le MCnestrel", que lo llam6 '"digno rival de
Sivori y de Vieuxtemps"







White lleg6 a disfrutar, durante los muchos afios
que residi6 en Paris, del afecto amistoso y la considera-
ci6n admirativa de las mas superiores clases artisticas y
sociales, y en esa gran capital -donde no se consagran
medianias ni se disimulan deficiencias- fue miembro de
Ia "Sociedad de Conciertos del Conservatorio" por espa-
cio de doce aflos, y en el seno de ]a orquesta de la misma,
compuesta de cien profesores y considerada entonces co-
mo la primera del mundo, se le aplaudi6 ardorosamente
como solista, al igual que lo fue en sus numerosas presen-
taciones en los ma's ilustrados salones de ia sociedad pari-
siense, como concertista, y, especialmente, en las famosi-
simas Salas Ple gel, Erard y Herz, por su admirabilisima
ejecuci6n de la Gran Fantasia, de Ernst, sobre la 6pera
Othelo; la Sonata, opus 18, de Mozart; la Sonata en la
menor ,de Rubinstein; la segunda Sonata, de Grieg; la
Grande Sonata, opus 78, de Raff; el Poeme hongrois, de
Hubay; y el Concerto romantique, de Godard; asi como
en los muy renombrados conciertos Lamoureux, donde
fue oido, a su regreso a Paris, en 1889, obteniendo un
succes fou por su emocionante interpretaci6n del belli-
simo Concierto en re menor; de Wieniawski. Constituy6,
con la valiosa cooperac+on del gran pianista Paul Nux y
del eminente violonchelista Jules Lasserre, la "Sociedad
de trios antiguos y modernos", para dar a conocer las
obras de este genero escritas por los mas grandes com-
positores; y contribuy6, con sus nobles y entusiastas es-
fuerzos, a la fundaci6n de la "'Sociedad de Conciertos
Schumannt, que divulg6 por vez primera, entre otras
obras, las de Brahms, Schumann, Raff y Saint-SaLns, del
iltimo de los cuales fue considerado nuestro compatriota
como interprete inigualable, reconociendolo asi puiblica-
mente el ilustre compositor frances, quien, adem's, le en-
vid su retrato con este elocuente y rotundo aut6grafo: "A
Jose" White, mi primer y glorioso inte"rprete Yen Paris
tuvo White, en medio de su incesante actividad artistica,
muy numerosos discipulos, a los que no s6Io ensefiaba la


-91-







tecnica instrumental, sino que convertia en verdaderos ar-
tistas, y entre otros de los que recibieron sus fructiferas
instrucciones musicales, ora en su salle d'itude, ora, du-
rante varios meses, en su c-tedra del Conservatorio, co-
rresponde citar, especialmente, a los mas tarde eminentes
virtuosos Jacques Thibaud y Georges Enesco; los nota-
bles interpretes Albert Bachmann, Dolores Palatin, Serge
Tenenbaum, Juliette Dantin y Valerio Oliveira, y la ilus-
tre pianista y compositora francesa Cecile Chaminade,
a quien nuestro artista gui6 en sus primeros estudios mu-
sicales.
El concienzudo relator del peri6dico "L'Union", asi
como los severos criticos de "L'Europe Artistique" y "La
France Musicale" publicaci6n esta tiltima tenida como
una de las mas inflexibles y de mayor importancia en ]a
historia mundial de la musicologia, despu's de oir tocar
a White en el gran concierto celebrado en abril de 1861,
en el sal6n de actos del Conservatorio Imperial de MUi-
sica de Paris, donde interpret6, haciendo patente demos-
tracion en todos los pasajes de mayor sutilidad y delica-
deza, como en los mas brillantes, agiles y escabrosos, de
su dificil sencillez, de su voluminoso y excelente sonido y
justeza de sus entonaciones, de su cabal expresion y de
su pasmoso mecanismo, en que se destacaba la formidable
destreza de su mano izquierda y la ran variedad y des-
envoltura de su arco, el primoroso Concierto, de Mendel-
ssohn; las arduas Variaciones, de Paganini, sobre el tema
Di Tanti Palpiti; el Allegro de concierto en re menor, de
Kreutzer, y su rrovedoso y ritmico Bolero, para violin y
orquesta, dijeron, entre otras positivas y conceptuosas
apreciaciones, lo siguiente:
"El concierto del senior White fue realmente ex-
traordinario... Este gran virtuoso pone en su eje-
cuci6n toda su alma de artista.., Se siente que es
ella la que dirige su arco y hace vibrar las cuerdas
de su instrumento... Tiene arranques raros y ca-
prichosos que atraen el oido por su bella y sutil oriqi-







nalidad... Este violinista constituye una sensaci6n,
pues pocas veces hemos oido una ejecuci6n mas ma-
gistral, un estilo mags elegante y amplio, pleno de ha-
bilidad y de ciencia, y un golpe de arco mas nitido y
seguro.. Su perfecci6n en los sonidos jams podrgt
alabarse suficientemente... Imposible seria hilvanar
un staccato con mayor seguridad y rapidez, ni ven-
cer con mayor facilidad una gran dificultad... Todo
ello hizo que este joven artista fuera interrumpido
frecuentemente por las aclamaciones y los bravos del
auditorio y que terminara su concierto en medio de
las mas vivas ovaciones".
En 1858, cuando tenia veintid6s afios de edad,
hizo White un viaje a Cuba, y en este su primer regreso
a la patria, donde no se habia desvanecido a1.n el eco de
su sensacional victoria en el Conservatorio de Mfisica de
Paris, hubo de recibir innumerables pruebas de aprecio y
admiraci6n, y ofreci6, en esta oportunidad, algunos con-
ciertos en Matanzas y en esta capital, donde fue paseado
en triunfo. La noche del 5 de abril de 1859 toc6 en el
"Liceo de La Habana", acompafiado de nuestro notable
pianista Pablo Desvernine, y en la fiesta organizada por
la propia y nunca olvidada instituci6n habanera, para la
coronaci6n de nuestra "altisima poetisa y dramaturga Ger-
trudis G6mez de Avellaneda, efectuada con gran brillan-
tez en el "Teatro de Tac6n", de esta capital, la noche del
27 de enero de 1860, White ejecut6 una hermosa Fanta-
sia, sobre aires cubanos, por el escrita en homenaje a la
gloriosa camagdieyana, de esa cantora extraordinaria
-otro de nuestros blasones mas legitimos-, proclamada
por ia docta critica europea -para honra y orgullo de
todos los cubanos- como "la mas grande entre las poe-
tisas de todos los tiempost.
Meses despues volvi6 White a Francia, en uni6n
entonces de toda su familia, compuesta de su madre y dos
hermanas, para reanudar en Paris sus grandes triunfos
musicales, y alli fue acogido, como siempre, con afectuo-


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so entusiasmo, dejandose oir de nuevo en varios actos
puiblicos y privados. En sus excursiones, pues, de con-
certista, desde el occidente hasta el oriente de nuestra
Isla, recorriendo las principales poblaciones, estuvo dos
veces en Santiago de Cuba, o sea, en marzo de 1860 y
en febrero de 1875, afio ste uiltimo en que efectu6- su se-
gunda y postrera visita a la tierra natal, pues desde en-
tonces vivi6 definitivamente lejos de ella, por haber crea-
do su hogar en Paris, casado con una dama francesa, y
retenerle alli sus deberes profesionales.
Es de significarse que 'White, gran artista, tambin
tuvo coraz6n de patriota, y sinti6 de manera constante las
desventuras y las alegrias de Cuba, aun en medio de su
vida triunfal en el extranjero. A pesar de sus largas au-
sencias y de haber vivido, casi toda su existencia, en un
ambiente de extremado refinamiento, ni ello, ni el supe-
ror prestigio de que gozaba -circunstancia (sta iltima
que, deplorablemente, fascina y envanece a la gran ma-
yoria de los hombres-, lograron modificar su ingenita
cordialidad hacia cuantos compatriotas le visitaban, mos-
trando, en todo tiempo, su vehemente deseo de conocer,
con todos los pormenores posibles, cuanto en su lejana
patria sucedia. A su autLntica personalidad, a su atra-
yente simpatia, a su caracter amabilisimo y a sus dotes
de exquisita urbanidad y educaci6n, agreggbase su con-
natural y alegre campechania criolla, tan efusiva como
respetuosa, reveladora de su sentida y genuina cubani-
dad. Asi tambien, refi rese que, en cierta ocasi6n, al ad-
quirir dos importantes obras, relativas a la [abricaci6n e
historia de los mas valiosos violines, corno observara que
en una de ellas se le hacia aparecer como francs, y en
la otra,_que hemos tenido en nuestras manos, como brasi-
lefio, White, visiblemente contrariado, tom6 inmediata-
mente su Iapiz, y, testando la palabra "francs", escribi6
"cubano", y anot6 asimismo, al margen de la hoja corres-
pondiente de la segunda de dichas obras -ia de Hill,
editada en ingles-, esta mas expresiva aclaraci6n: "Au
lieu de brazilian violonist, lisez: cuban violonist.


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Debe igualmente recordarse que, por sus piblicas
simpatias al ideal independentista de su pais, fu' objeto
White de cierto espionage, en 1875, y tuvo que abando-
nar entonces, precipitadamente y por sugerencia de las
autoridades coloniales, el suelo de la patria, pues Lstas,
ademi's, habian observado con desagrado las exaltaciones
patri6ticas producidas a la terminaci6n del concierto en
que tom6 parte nuestro artista, en el antiguo Teatro de
Tac6n tt, en enero del mismo ano.
Pero, si como hemos expuesto ya, White lieg6 en
Europa a la cimera fama que s6lo pocos logran alcanzar,
debe mencionarse que en su tourn&e por algunos paises de
Am&ica obtuvo igualmente continuos y notabilisimos
triunfos. Asi, el peri6dico "Tribune"., al comentar sus
dos presentaciones en la Sala Steinway, de New York,
donde, acompafiado al piano por el tambien glorio-
so artista cubano Ignacio Cervantes, ejecut6, entre otras
composiciones, la famosa Sonata, opus 47 (a Kreutzer),
de Beethoven; la brillante Fantasia, de Alard, sobre aires
de la 6pera Roberto el Diablo, de Meyerbeer, y la mara-
villosa Chacona, de Bach, que el gran puiblico neoyor-
uino solamente conocia a travs del arreglo orquestal de
affP dijo:
"El senior White, violinista favorite de Paris
durante varios aios, ha causado muy honda impre-
si6n entre los mU"isicos y aficionados americanos. A
su admirable tcnica, su amplisimo estilo y su ex-
traordinaria pureza de tono, se une la insuperable
claridad y delicadeza que imprime a los pasajes
staccato. Su trabajo, en todo sentido, !lega a un al-
tisirmo grado de excelencia artistica.
Debemos advertir que poco tiempo antes habia visi-
tado aquella populosa ciudad el lustre violinista y compo-
sitor Herszel Wieniawski, y que la critica consider6 que
las obras ejecutadas por White eran de mayor impor-
tancia artistica y de ma's dificultades tecnicas que las
ofrecidas por el virtuoso polaco. Y en el "Ateneo" y en la
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" Sociedad Filarm6nica' de la misma New York, como en
las Academias de Mfisica de Washington, de Filadelfia
y de Brooklyn, y en el Teatro de Boston, White alcanza,
de la misma manera, sefialadisimos exitos con su sorpren-
dente interpretaci6n, ademats de algunas obras de su pro-
pia cosecha, del Airs varies, de Vieuxtemps; el dificil
Carnaual, de Paganini; la hermosa Romanza en fa, de
Beethoven, y el bello y fino Concierto, en mi menor, de
Mendelssohn y fu6 tal el soberano arte de que hizo gala
nuestro compatriota, que el critico musical del "Daily
Eagle" proclam6 que su vasta inteligencia, su profundi-
dad de sentimiento y la maestria de su ejecuci6n lo dis-
tingujan sobre todo otro violinista.
Y en sus conciertos en el "Teatro Nacional", de
Mexico, y en el Conservatorio de Mfisica de la propia
capital, donde ejecut6, entre otras obras, su Gran Fan-
tasia sobre temas de la 6pera Martha, de Flotow, acom-
pafiado por el notable pianista mexicano Julio Ituarte,
composici6n sta en la que se advierte la superlativa de-
licadeza de sus arpegios y staccatos, obtuvo White nue-
vas y muy merecidas muestras de admiraci6n. La critica
mas autorizada escribi6, en aquella oportunidad, que su
calidad artistica era muy superior a la de los tambien exi-
mios virtuosos Jehin Prume, Paul Julien y Franz Coenen,
escuchados anteriormente en dicha gran ciudad, y como
prueba de reconocimiento a su esclarecido genjo, los pro-
fesores y alumnos del citado Conservatorio, al finalizar
su segunda presentaci6n en la que asombr6 al culto au-
ditorio por su obtenci6n de los mas diversos matices, por
la sonoridad y armonia admirables que fluian de su eje-
cuci6n en doble cuerda, y, sobre todo, por la impetuosidad
y colosal perfecci6n con que ejecut6, entre otros pasajes,
la escala cromaitica descendente a dio, que recorre todo
el diapas6n del violin, y que es una de las paginas mias
dificultosas de su exquisito morceau de concert titulado
Styrienne. colocaron sobre su cabeza una hermosa coro-
na de laurel de la que pendian cintas con los colores na-
cionales de la hermana naci6n.


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En Caracas fui tambi~n acogido y aplaudido entu-
siAsticamente, siendo condecorado pot el Presidente de la
Repiblica, que auspici6 y asisti6 a su esplndido concier-
to de despedida, con ]a Medalla del "Busto del Liberta-
dor". Y en el Teatro Col6n", de Buenos Aires, y en
Santiago de Chile al igual que en Lima, produjo nuestro
artista l mas ins6lita admiraci6n, como en Montevideo,
donde un numeroso grupo de dilettanti, en medio de las
aclamaciones motivadas pot su exceptional interpreta-
ci6n de la Snata, en la menor, de Beethoven, le obse-
qui6 con una artistica medalla de oro y una 9randiosa
estrella de flores. Y por iltimo, en Rio de Janeiro, donde
White residi6 pot mas de quince afios, y la cual ciudad
fue, despues de Paris, la mas fiel testigo de sus cons-
tantes y sobresalientes triunfos, !leg6 a ser considerado
nuestro eximio compatriota, tanto en concepto de virtuoso
como de profesor y director de orquesta, el verdadero in-
troductor, en todas las clases sociales, del buen gusto y la
alta apreciaci6n de la mtisica cai-sica, especialmente del
genero sinf6nico, hasta entonces casi completamente des-
conocido en aquel pals; y entre los numerosisimos ar-
ticulos y cr6nicas que refieren sus mas esplendorosas ac-
tuaciones como concertista, merecen citarse los de las
efectuadas en el Palacio Imperial, en el Conservatorio
de Mfisica, en el"Cassino Fluminense, en la 'Sociedade
de Concertos Classicos", que d! fund6 y dirigi6; en la
"Sala Flawland" y en el Teatro Imperial, en las que
muchas veces fu "White freneticamente ovacionado por
su insuperable a la vez que impresionante interpretaci6n
de obras tan notables, entre otras, como ia citada Cha-
cona, de Bach; el Concierto, en re may or, de Paganini; el
Concierto, en sol menor, de Max Bruch; Ia Fantasia
Appassionata y la Bata d Polonesa, de Vieuxtemps; el
Scherzo-Tarantella, de Wieniawski el Rondd Capricho-
so, de Saint-Saens, y el Concertstdick, de Raff.
En 1902, cuando ya White tenia sesentiseis anos de
edad, fue especialmente invitado a tocar en uno de los


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grandes conciertos sinf6nicos organizados, en Paris, por
el afamado compositor y director de orquesta Frederic
Le Rey. Nuestro artista, a pesar de su ancianidad, con-
servaba auin aquella su qallarda figura, su natural pres-
tancia y su brilliant lucidez mental, aquel su absoluto do-
minio y seguridad en si mismo, su peculiar estilo, su s6
lida tecnica, su exquisita limpidez de ejecuci6n, en que se
advertia una notable claridad en los detalles, y el vigor
prodigioso de su arco, que poseia, ademnPs, esa estima-
bilisima virtud -a veces defectiva en muy encomiados
concertistas -de decir o cantar las frases musicales -co-
mo lo recuerdan y refieren quienes tuvieron la fortuna de
oirle- con elegancia y expresi6n verdaderamente impon-
derables, cualidades todas que habian causado las mas
honrosas alabanzas de muisicos y dilettanti. Pero el des-
tino habia privado al virtuoso de su joya mais valiosa, de
aquel preciadisimo compafiero de sus dias de apogeo y de
gloria: el maravilloso "Stradivarius" conocido por Le
Chant du Cqggne, uno de los seis violines mas notables y
el -Iltimo que fabricara, en 1737, el mismo anio de su
muerte, el famosisimo luthier. Mas, cuando White as-
ciende al estrado y toma entre sus manos el violin que
entonces usaba, y que el convierte en milagroso, Ia in-
mortal Chacona, de Bach, con todas las inmensas dificul-
tades que presenta, alcanza la suprema perfecci6n y aus-
teridad interpretativa que requiere; y aquel piiblico, tan
entendido como entusiasta, que poco tiempo antes habia
oido aquella misma obra ejecutada por violinistas de la
magna talla de Joachim y Sarasate, sinti6ndose arreba-
tado por el arte indeclinable de nuestro invicto artista, que
tan hondamente compenetrado se mostraba con el espiritu
del sublime maestro, le premi6 con una ovaci6n tan pro-
longada-y estruendosa, que le oblig6 a salir a escena seis
veces. White, intensamente emocionado, toc6, como en-
core, su clebre Zamacueca, que tuvo que repetir tres ve-
ces a instancia del auditorio, clelirante de admiraci6n.
Como hemos visto, los varios diplomas, medallas y


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