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Revista de la Biblioteca Nacional

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Material Information

Title:
Revista de la Biblioteca Nacional
Added title page title:
Revista de la Biblioteca Nacional (Havana, Cuba)
Physical Description:
50 v. : ill. ; 26 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Biblioteca Nacional (Havana, Cuba)
Biblioteca Nacional José Martí
Publisher:
La Biblioteca
Place of Publication:
Habana, Cuba
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Bibliography -- Periodicals.
Cuban literature -- Bibliography -- Periodicals.
Cuba -- Bio-bibliography -- Periodicals.
Genre:
serial   ( sobekcm )

Notes

Citation/Reference:
Also, Biblioteca Nacional "José Martí". Revista de la Biblioteca Nacional "José Martí" (OCoLC)2454556
Bibliography:
Indexes: T. 1-4, 1949-53 with t.4.
General Note:
Title from cover.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All rights reserved by the holding and source institution.
Resource Identifier:
oclc - 2459262
System ID:
AA00019219:00045


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2 Ao 97 / Cuarta pocaJulio-Diciembre, 2006Nmero 3-4Ciudad de La HabanaISSN 0006-1727RNPS 0383 Director anterior : Julio Le Riverend Brusone (19781993)Dir ector: Eliades Acosta Matos Consejo de redaccin:Rafael Acosta de Arriba, Salvador Bueno Menndez, Ana Cairo Ballester T oms Fernndez Robaina, Josefina Garca Carranza, Zoila Lapique Becali, Enrique Lpez Mesa,Francisco Prez Guzmn, Siomara Snchez, Emilio Setin, Carmen Surez Len, Eduardo T orres Cuevas Jefa de r edaccin: Araceli Garca Carranza Edicin y Composicin electrnica : Marta Beatriz Armenteros T oledo Idea original de diseo de cubierta: Luis J. Garzn V ersin de diseo de cubier ta: Dayami Padrn Martnez V ietas: Rolando Vzquez Hernndez Canje: Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart Plaza de la RevolucinCiudad de La HabanaFax: 881 2428 / 33 5938Email: revbnjm@bnjm.cuEn Internet puede localizarnos:www .bnjm .cu Primera poca 1909-1912 Segunda poca 1949-1958 T er cera poca 1959-1993 Cuarta poca 1999La Revista no se considera obligada a devolver originalesno solicitados.Cada autor se responsabiliza con sus opiniones.

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3 ndice General UMBRALEl doctor Jos Antonio Portuondo y las virtudes de lo incmodo 7 E LIADES A COST A M AT OS ANIVERSARIOSJos Antonio Ramos (1885-1946) La r ecur va de Jos Antonio Ramos: expresin de una poca 10 I RAIDA D. R ODRGUEZ F IGUEROA Dcimo aniversario de la muerte de Jos Antonio Portuondo (191 1-2006) El her osmo intelectual, una obra poco recordada de Jos Antonio Portuondo 15 A RMANDO C RIST"BAL P REZ A Berta, compaera 26 L UIS T OLEDO S ANDE Jos Antonio Portuondo: un testimonio 30 E USEBIO L EAL S PENGLER Doctor Jos Antonio Portuondo 31 D AISY R IVERO A L VISA Poema “Las voces” de Luis Suardaz (1956-2006) Suardaz 33 L UIS M ARR “Las voces” 35 Desembarco del yate Granma (1956-2006) El desembarco del Granma y la crisis institucional cubana 37 J ORGE R ENA TO I BARRA G UIT AR T Reajustes de la poltica militar norteamericanahacia la dictadura de Batista (1956-1958) 51 S ER V ANDO V ALDS S NCHEZ Rumbo a la guerra 59 M A YRA A LADRO C ARDOSO Las Fuerzas Armadas de Cuba ALER T AS en diciembre de 1956 71 M ARIL U RALDE C ANCIO

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4 “Moncada”, Granma, Sierra Maestra: surgimiento de un nuevo Ejrcito 79 J OS R. H ERRERA M OLINA MEDIT ACIONES La dialctica, Herclito, Luis Suardaz y el ro que fluye 89 V IRGILIO L "PEZ L EMUS Almendra, las identidades culturales y el “choque de civilizaciones” 101 E LIADES A COST A M AT OS Cristbal Coln: su vida en el tiempo 108 J ULIO L E R IVEREND Los niveles, fases y etapas del fenmeno bibliogrficoy la disciplina que lo estudia 121 E MILIO S ETIN Q UESADA T OMS F ERNNDEZ R OBAINA Y A RACELI G ARCA C ARRANZA Aproximacin a la verdadera historia de Cayo Confites 142 E LENA A LA VEZ Alejo Carpentier el musiclogo 150 R AL M AR TNEZ R ODRGUEZ Fernando Ortiz. Una metodologa que funda y arrasa 153 J UDITH S ALERMO I ZQUIERDO El camino de las definiciones. Los intelectuales y la polticaen Cuba (1959-1961) 165 J ESS C SAR G UANCHE Mart suicida? 179 J ESS D UEAS B ECERRA Ctedra Mara V illar Buceta: homenaje a una bibliotecaria excepcional 183 V ILMA P ONCE S UREZ Identidad de dos pueblos: Cuba y V enezuela 190 R OBER TO V ALDS CR"NICASLa maestra de Cintio V itier 194 M ERCEDES S ANT OS M ORA Y Recordando a Panchito Prez Guzmn 196 Z OILA L APIQUE

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5 Por qu as? 198 M AR TA B. A RMENTEROS T obn Meja en Cuba 200 N YDIA S ARABIA DOCUMENT OS RAROS Y V ALIOSOS T raduccin al espaol de dos textos en latn de Jos Rubinos 203 A MAUR Y B. C ARB"N S IERRA LIBROSElogio de un Bemb... (a propsito del ltimo libro de la doctora Ana Cairo) 206 A MAURI F RANCISCO G UTIRREZ C OTO

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7 UMBRAL E l dcimo aniversario de la muerte del doctor Jos Antonio Portuondo V aldor se cumpli el pasado 19 de mar zo. T ambin el veinte aniversario del momento en que le fuese otorgado elPremio Nacional de Literatura. La Revista de la Biblioteca Nacional, con la que Portuondo colabor de maneraregular se honra en dedicar a su memoria el presente nmero. Fue el doctor Portuondo un intelectual de raigambre cubana, representante deesa estirpe seorial de las letras que noha dudado nunca en ponerse al serviciode las mejores cau sas, que no por casualidad siempre son las ms cercanasal pueblo. Este hombre sabio, fino ysensible cumpli un destino muy nues-tro, el mismo que llev al poeta CarlosManuel de Cspedes a morir peleandoslo ante los soldados del Batalln deSan Quintn, en un remoto paraje de laSierra Maestra; a Jos Mart, orgullode la lengua espaola, inquieto y reno-vador a caer de tres balazos en la llanura de Dos Ros, o a Pablo de laT orriente Brau, periodista impecable, narrador acerado e irnico, a perder lavida por la Repblica espaola, enfren-tando, con las armas en la mano, aquienes no la queran. Desde su ms temprana juventud, Portuondo inici su camino literario im-pregnando a su obra con inquietudessociales y un enfoque filosfico marxis-ta. Sus juicios acerca de cualquierasunto, por trivial que pudiese parecer(es fcil apreciarlo ahora releyendoaquellos trabajos primeros), eran muchoms profundos y acabados que los queentonces publicaba la prensa. Siemprefue fiel a esa lucidez y claridad concep-tual. Nunca la sinti reida con labelleza o la amenidad. Su coherenciaejemplar lo salva de los reproches detantos dilettantes veleidosos, de ayer y de hoy que mezclando autoridades mal digeridas y plegndose a las modas li-terarias de turno sienten, no sin razn,que alguien como Portuondo les agua-ba, y les sigue aguando, la fiestafcilmente. Con apenas veinticinco aos ya figura impartiendo por radio, en la Hora cubana de cultura popular un curso introductorio a la Historia de Cuba. Enese mismo ao de 1936, en el volumencorrespondiente a enero-febrero, la exi-gente Revista Cubana publica su “Astrolabio de la moda”, codendosecon escritores de la talla de HenrquezUrea, Maach, Mrquez Sterling, El doctor Jos Antonio Por tuondo y las virtudes de lo incmodo Eliades Acosta Matos Historiador ensayista y escritor

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8 Novs Calvo, Lizaso y BorreroEchevarra. “La moda no es ms que unreflejo de la lucha de clases […] crcu-lo cerrado, lucha defensiva de la s clases superiores ante el empuje de lasde abajo […]” afirmaba ante la previ-sible boca abierta de los cronistassociales, siempre envueltos en tules yensoaciones azuladas. Y debi de hacerse notar y mucho, este joven que proclamaba semejantes verdades, tandiferentes a las hipocresas y frivolida-des habituales, citando a Simmel y aSan Francisco de Sales, a Sombart, aAmrico Castro y a V arela, para concluir en lo que debi caer como unagota fra sobre los plcidos burguesesde la poca, tras examinar las chinerasy orientalismos que permeaban la modaoccidental: Fuga al Oriente, segn HenriMassi, rebelin de los pueblos infe-riores para Spengler el prusiano. Para nosotros, anuncio de los nue-vos tiempos en que la mujer sabr[lo est sabiendo ya] del chino tra-bajador que sirve en los arrozales, deotra manera que por la estampa y elsombrero aln y puntiagudo que laembellece en la playa. T iempos nuevos en que la moda no venga a poner barreras entre grandes y pe-queos, sino que alce un unnimecanto de exaltacin al hombre re-nacido. Otro de sus escritos, el texto de la conferencia sobre Casal pronunciadaen el Palacio Municipal a fines de 1936o principios de 1937, responde a unaconvocatoria de Emilio Roig, el histo-riador de la ciudad de La Habana,dentro del ciclo “Conferencias de his-toria habanera”. T itulada “Angustia y evasin de Julin del Casal”, evoca ele-gantemente al poeta como pocas vecesantes, y casi ninguna despus, se hahecho. A la erudicin precoz, capaz de recrear de forma magistral la pocaen que este vivi, suma Portuondo unaredaccin brillante e imaginativa, repa-rando en detalles de la vida familiar deCasal que marcaran su obra de ma-nera indeleble. En texto tan detalladocomo este hay lugar para revelarnosel plan original que Casal se propona con la serie “La sociedad de La Ha-bana”, la cual deba figurar en diecisisnmeros sucesivos de La Habana Elegante, donde abarca desde el anlisis del entorno familiar del generalSabs Marn, hasta los crculos artsti-cos, literarios y deportivos de la ciudad,pasando por lo que denominaba la “Altaburocracia, la antigua y nueva noble-za”. Las motivaciones intelectuales de Portuondo asombran, an en nuestrosdas, cuando casi todos los temas yahan sido escrutados al detalle, y se hacemuy difcil deslumbrar por la novedadde los enfoques. De Mart a LuisaPrez de Zambrana; de Maimnides alPapel Peridico de la Havana; de V arela a la poesa de Nicols Guilln; de la familia de los Urbach a la teoraleninista del reflejo, Portuondo nosadentra en mundos fascinantes, siem-pre a la luz del compromiso con sutiempo y la redencin humana; siempreprofundo, siempre cubano. Puede de-cirse que jams escribi sin sentido, sinbuscar con ello la complicidad, la acti-vacin y el compromiso del lector En eso, y no en otra cosa, consiste la ver-dadera unidad entre la cultura y lapoltica, o dicho con palabras del doc-

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9 tor Armando Hart, “el arte martiano de hacer poltica”. Casi testigo presencial del asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de1953, en su natal Santiago de Cuba,particip Portuondo de las convulsionesrevolucionarias de su tiempo, y no losorprende el triunfo de la Revolucincomo espectador pasivo. Ocup cargosimportantes en el gobierno revolucio-nario, desde rector universitario hastaembajador V iaj por el mundo llevando la voz de la intelectualidad cubanacomprometida. Fue vicepresidente dela Unin de Escritores y Artistas de Cuba y del Instituto de Literatura y Lingstica. En 1975 hizo el panegrico deAlejo Carpentier en ocasin del otorga-miento a este del ttulo de DoctorHonoris Causa de la Universidad porLa Habana. En 1986 recibe el PremioNacional de Literatura. Muere diezaos despus, el 19 de marzo, a la edadde ochenta y cinco aos. El doctor Jos Antonio Portuondo nos leg una obra de solidez ejemplar pero ms que ello, la demostracin deque se puede servir con el talento pro-pio a la causa comn, sin menoscabopara el rigor ni temer al compromiso.“El socorrido profesor” lo llama uno de sus detractores desde la lejana deltiempo y la distancia, reprochndole,precisamente, lo que lo hace ms gran-de si cabe: su historial al servicio de laRevolucin y al pueblo cubano, la mo-destia y sencillez de un hombreenciclopdico, de uno de los cubanosms sabios que hayan nacido en estesuelo. Molesta la coherencia intelectual a quienes han pasado de publicar exalta-dos poemas jacobinos en los sesenta aditirambos napolenicos en los noven-ta. Molesta la integridad a los que jams la han tenido, ni entre nosotros, nicontra nosotros, y hoy maldicen condecadente galanura, bien lejos de no-sotros. Molesta la humildad a las vedettes que mutuamente se enjabonan en laspginas de publicaciones pagadas condinero ajeno, donde se intenta reescribirel pasado de Cuba. Molesta la sabidura a tanto idolillo de barro que usurpa la silla de los orcu-los. A esta fauna, el doctor Portuondo les molestaba, y les sigue molestando. Una razn ms para dedicarle el presente nmero de nuestra Revista.

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10 ANIVERSARIOS Jos Antonio Ramos (1885-1946) J os Antonio Ramos constituye uno de los ms aguzados ejemplos del ascendente proceso de ideologizacinque se produce en los aos convulsosque median entre los aos 1923 y 1940.Proyectndose sobre la base de un pa-triotismo irrenunciable, ir transformandosu pensamiento y su actuar desde un in-dividualismo cargado de eticidad, intelectualizador y pesimista, hasta elconfiado entusiasmo por las ideas so-cialistas y la actividad poltica de lasmasas proletarias. La obra creadora de Jos A. Ramos ser ininterrumpida tarea por conseguirexpresar la situacin cubana en toda sucomplejidad, intentar su comprensin yatisbar posibles soluciones. Distintosgneros serviran a este propsito, peroentre ellos habr siempre uno que sersu ms dctil material: el teatro. Curio-samente, una de las ms claraspercepciones de este fenmeno lo ofre-cer un artculo escrito no por uncrtico literario, sino por un lder obre-ro: “A la muerte de Ramos”, de LzaroPea, secretario de la recin nominadaConfederacin de T rabajadores de Cuba, quien en 1946 public en la revista CTC una breve semblanza donde, entre otras reflexiones, sealaba: Jos Antonio Ramos tuvo en su vida dos grandes amores: Cuba y el T eatro, por la primera quebr lanzascontinuadamente a travs de sus 61aos de vida, fustig a los vende patrias,acus sin reservas y con valenta a losque un da y otro se empeaban en opa-car el brillo de nuestra nacionalidad […]por el segundo trabaj incansablemen-te, dndole su ms enardecidoentusiasmo y con l su talento […]. Efectivamente, el teatro era para Jos A. Ramos la otra gran prioridad de entrega, despus de su patria. A l va a dedicar sus esfuerzos en cuantainstitucin para su desarrollo se cree, enel trabajo de lectura y conocimientos,la labor autoral y el auspicio y partici-pacin en proyectos de actividades ygrupos teatrales. Pero siempre con unaconcepcin muy precisa de lo que lconsideraba deban ser sus objetivos enuna sociedad como la cubana de supoca, los que expresar ntidamente enel prlogo a su ltima obra teatral: FU3001 de 1944: “A m me importa el teatro como arte social en accin, como La recurva de Jos A. Ramos: expr esin de una poca Iraida D. Rodrguez Figueroa Profesora de la Universidad de La Habana

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11 creacin artstica, como expresin endilogo –forma platnica, universal einsuperable– de todo lo que siente ypiensa un pueblo, a travs de sus msamorosos y profundos exgetas”. Ramos va a entregar al teatro cubano el motivo recurrente de caracterizaruna familia en la que se definen lascontradicciones fundamentales de lanacin en cada poca representada. Laprimera gran realizacin en este senti-do lo alcanza con T embladera, premio de la Academia Nacional de Artes y Letras en el concurso de literatura1916-1917. En ella, a travs de un con-flicto familiar hbilmente delineadomediante personajes particularizados,social, poltica y psicolgicamente, seofrece una gran sntesis de los elemen-tos que actuaban en la sociedad cubanay de lo que constitua la misin funda-mental del momento: mantener la tierracomo propiedad cubana y hacerla avan-zar mediante el trabajo productor nico medio de salvacin social. La obra tie-ne un desenlace simblico cuando lafinca familiar que contina en sus manos, deja de llamarse “T embladera” para, por su nuevo estado, denominar-se “T ierra firme” o “Esperanza”. Otras obras repetirn el procedimiento, pero en ninguna Ramos volvera alcanzar la intensidad de T embladera, hasta que en 1939 escriba, especialmente para ser estrenada porel Grupo T eatro Popular de Paco Alfonso, su pieza La r ecur va. En La r ecur va vuelve a utilizar la peripecia de una familia para corporeizaren ella los conflictos de la sociedad cu-bana. Esta vez la poca his trica corresponder a octubre de 1936, pre-cisin temporal que el autor dejar explcita en las acotaciones iniciales.Ha ocurrido, por tanto, la “ida a boli-na” de la Revolucin del 30, lamediacin, el alzamiento de las clasesy soldados del 4 de septiembre, el Go-bierno de los 100 das con los decretosnacionalizadores de Antonio Guiteras y el golpe de estado que instaur la dic-tadura Mendieta-Batista-Cafferi paraahogar en sangre el movimiento popu-lar Haba sobrevenido la huelga general de 1935, aplastada por la im-placable ola represiva que estableci latirana para mantenerse en el poder y ya se haba producido el asesinato deGuiteras Holmes, con lo que quedabacerrado el ciclo revolucionario de laetapa. Precisamente, este entramado histrico va a proporcionar sustentacin alconflicto familiar condensado en lostres personajes principales, fundamen-talmente en los dos hermanos queocuparn los polos opuestos en el afron-tamiento de la situacin histrico-socialy dramtica. El detonante de la contra-diccin pugnaz ser un fenmenonatural –y aqu podemos usar el trmi-no en su doble acepcin de referentea la naturaleza y de naturalidad o sen-cillez–, un cicln, que constituye unaalegora imperfectible de la situacin: A una primera fase de vientos fuertes ha-ba sucedido su recurva, que es msviolenta y destructiva. As, en el tiempo histrico, al torbellino machadista, despusde la breve calma del vrtice u ojo de latempestad, haba sobrevenido la recurvade la tirana, ms empecinada y sangrienta, pues ya conoca la fuerza latente enlos sectores revolucionarios. Si en este sentido la obra es una expresin reveladora de la poca, tambin

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12 l o es desde el punto de vista del trabajo autoral, ya que constituye elaporte de Jos Antonio Ramos al proceso de renovacin del teatro cubanoque hace de este perodo –iniciado al-rededor de 1936– el de la constitucin de una gran dramaturgia cubana mo-derna. Slo entrelazando estos doselementos de anlisis puede accedersea la justedad valorativa de esta piezadramtica. La r ecur va es la obra de construccin estructural ms lograda de Jos A. Ramos, con la utilizacin impecable dela tcnica del one act play del teatro norteamericano, tan bien conocida pornuestro escritor Ella supone que la accin se inicie sin una fase de exposicindel conflicto y se ofrezcan de manerainmediata las contradicciones que locomponen y los personajes comiencensu desempeo a partir de una trayec-toria anterior plenamente asimilada.Para alcanzar estos presupuestos, Ra-mos adoptar diversos recursos: Antecede el texto dramtico con acotaciones psico-biogrficas de lospersonajes que son demostrativas de larepresentatividad de estos. Una snte-sis apretada de la biografa de los tresprincipales verificar este aserto: Juan de la Maza es veterano de la guerra de independencia a la que mar-ch en 1985 y termin con el grado deCapitn. Es un hombre de trabajo sen-cillo e ingenuo. Sirvi en la guerra a lasrdenes de Eulogio Pradillo, hroe ymrtir de la causa. An trabaja con cierta tolerada categora de arrendata-rio, siembra y recoge modestascosechas y cra algunos animales. Juan, su hijo. Naci en 1897, en plena manigua. Laborioso y sencillo pero despierto a los acicates de la poca.Miembro de la Guardia Rural, en la quellega a Sargento, hasta 1920. En la“Danza de los Millones” deviene colo-no de un central azucarero con la ayudadel poderoso Jacinto Pradillo. En 1931,la baja del azcar lo deja arruinado ycon deudas. Por desesperacin se tor-na conspirador y revolucionario. Con lacada de la tirana y el auge econmi-co de los aos siguientes pide suingreso en el nuevo ejrcito. Su exce-lente hoja de servicios le abre elcamino. Aparece en escena con corta licencia de dos o tres das. Eulogio Pradillo de la Maza. Naci en los mejores das de la casa, el aode 1912: el padre en la plenitud de suvigor con todas las tierras del antiguo ingenio de los Pradillos como suyas ysocio industrial de Don Jacinto en crasy otros negocios. Demuestra desdenio una precoz inteligencia y se le des-tina con el bienestar de la familia, a unacarrera universitaria. En 1929, con 19aos termina brillantemente su bachille-rato. Pero las circunstancias de lafamilia son entonces otras. Las relacio-nes paternas con el antiguo protectorse redujeron al mero inquilinato infor-mal de la casa de tablas y tejasocupada por l desde el final de la gue-rra y al usufructo, sin contrato deninguna clase, de algunas tierras cir-cundantes. No obstante, el joveningres en la Universidad en 1930. Latirana imperante le cierra las puertasy le abre el ancho camino de las vio-lentas utopas sociales. Conspira contrael tirano y entra valientemente en ac-tos y demostraciones revolucionarios allado de su homnimo Eulogio Pradillo,hijo de Don Jacinto, a la sazn tambin

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13 en rebelda contra el gobierno. En 1933se salv milagrosamente de la tortura yla muerte con una escapada a Mxicoque gestiona y costea el poderoso DonJacinto para su hijo y su supuesto pri-mo. Dos aos ms tarde, apenas curadode las decepciones y la miseria, de suexacerbacin revolucionaria, regresa a lapatria, pacificada a medias. La polica alverlo junto a sus amigos de otros tiem-pos, reanuda su persecucin. A raz de un nuevo atentado, en el que se le su-pone implicado, huye de La Habana yva a refugiarse en el que considera ansu hogar junto a sus padres. Con estas detalladas acotaciones cuando se inicia la escena ya estos per-sonajes tienen conformados unaexperiencia, postulados ideolgicos,frustraciones, anhelos, enemistades,sospechas y rencores que comenzarna funcionar en sus relaciones interper-sonales. Despus de una detallista descripcin ambiental que sea capaz de dotaral escenario de la concrecin realistadel desastre natural, el cual est tenien-do lugar as como del estado fsico y psicolgico de los personajes, la accincomenzar con dos bocadillos que es-tablecen la situacin y a la vez dancuenta de sus antecedentes: Dice la madre: Y a est como anoche. O peor Y la nuera subraya: Ms fuerte que antes. Este temor producido por las circunstancias fsicas que los amenaza ser eldetonante para liberar las oposicionesentre los personajes, que resultanmulticategoriales. Las hay familiares yhasta se insinan las de celos amoro-sos. Las posiciones de estos personajes se clarifican y aumentan de intensidad,rpidamente, hasta el clmax que lesdemanda una determinacin conclu-yente: EULOGIO:Si ustedes no se atreven yo ir solo. ¡Para algo servir la dinamita de lostraidores a la revolucin! JUAN:(Luchando con su padre) ¡Djame viejo! De aqu no sale vivo eldesgraciao ese… EULOGIO:¡Si t has prohibido que se hable de la alcantarilla esa, es porque sabes de-masiado que es la ruina del viejo! Y yo s cmo hay que manejar esos cartu-chos: ¡hasta debajo del agua! EL VIEJO:(Encarndose con su hijo a quien aguanta vigorosamente) ¡Pues yo voycon l, pa que lo sepa! JUAN:¡Adonde l va es a la casa, a volarla con esa dinamita que yo he querido en-tregar y t no me has dejado! Lo quel quiere no es salvarte de la ruina.¡Mentira! Sino acabar con la casa delotro. l ya no piensa en ti ni en noso-tros, ni en nadie. No sabe ms queodiar No tiene ms impulsos que matar que acabar con el mundo. ¡Malnaco! EL VIEJO:¡V amo lojtre-jentonse! JUAN:¡De aqu no sale nadie!EL VIEJO:¡No, asina no! Que aqu estoy yo…Es importante sealar cmo esta obra cuyo desarrollo fundamental se pro-duce a travs del lenguaje, sin ape nas

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14 otro recurso donde se concentre la ac-cin, logra a travs de un manejoefectivo del dilogo –y vase que no esni siquiera un dilogo cortado, sino conalgunos parlamentos marcadamenteextensos– mantener la atencin dram-tica en ascenso ininterrumpido hasta sufinal. El desenlace no se produce en trminos tradicionales: Se esboza en unaaccin fsica final en la que dos de los personajes, Eulogio y el padre, salen ala tempestad para destruir lo que signi-fica el peligro inminente de sersepultados por el agua y se ven slosus sombras movindose fuera. La in-terpretacin que cada receptor d aesta salida ser “su desenlace” de laobra y “su anticipacin” de lo que con-sidere pueda ser la salida de lacoyuntura histrica reflejada. Inteligen-te recurso dramatrgico este que sirve,histrica y teatralmente, a Ramos parapreservar la veracidad de su propues-ta artstica: un final feliz, hubieraconstituido una frivolizacin de la p-tica del anlisis situacional; un finaladverso hubiera denotado la negacinabsoluta de las reservas revolucionariasdel hombre para sostener el proceso deascenso social. Jos Antonio Ramos, quien haba quebrado lanzas por la accin revolu-cionaria de su pueblo, por laindependencia nacional y un futuro me-jor para su pas, logra con La r ecur va la expresin ms exacta de la contin-gencia de la poca que abordadramatrgicamente. Como autor no po-da ofrecer una salida que no seavizoraba an en la realidad, como hom-bre anhelaba que esa salida fuera la deltriunfo de las masas obreras, de lasideas revolucionarias, del progreso hu-mano. Como gran gesto demostrativode su afn de servir a esa causa, en-tregar su tesoro, su biblioteca, el nicotesoro que acumul en la vida, a la Cen-tral de T rabajadores de Cuba (CTC). La r ecur va es una obra injustamente desatendida por la crtica literaria –sinos atenemos a la triste realidad, hayque decirlo, casi toda la labor intelec-tual de Jos A. Ramos lo es–. Un anlisis detallado y profundo de la ar-quitectura dramtica de ella develarala madurez y eficacia artstica alcanza-da por el teatrista a la vez quereafirmara el honesto, noble, sincero ytenaz humanismo con el cual am a supatria y trabaj por ella este intelectualcubano.

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15 L os ensayos que integran El her osmo intelectual, redactados a lo largo de tres lustros, constituyen –comoexplica su autor–, “[...] diez variacio-nes sobre el tema [...]”. Algunos de ellos han sido publicados con posterio-ridad, fuera de contexto, en otrasselecciones editoriales. Pero lo verda-deramente significativo de la edicinprncipe ms all del valor intrnseco de cada ensayo, es la aguda y descarna-da valoracin que se desprende delconjunto, en cuanto a un asunto de per-manente importancia, y que Portuondosintetiza de la manera siguiente: “En lashoras de crisis en que el hombre se de-bate en la encrucijada de concepcionesantagnicas de la realidad, la expresinliteraria comporta un indudable heros-mo”. 1 Pero, antes de dar atencin a El her osmo intelectual, resulta indispensable referir someramente la trayectoriade Portuondo y su labor intelectual an-teriores a la publicacin del libro. Al nacer Portuondo, el 10 de noviembre de 191 1, apenas haban transcurrido doce aos desde la inter-vencin estadounidense en la isla.Slo diez, desde que la Asamblea Constituyente se viera obligada aaceptar la Enmienda Platt. Nueve,desde la toma de posesin de T oms Estrada Palma como primer presidente de la repblica. Ocho, de unasegunda intervencin estadounidense.Dos, desde que el interventor Magoondejara el gobierno en manos del nuevopresidente electo, Jos Miguel Gmez. Apenas tena Portuondo un ao de nacido, cuando se produjo el levanta miento Dcimo aniversario de la muerte de Jos Antonio Por tuondo (191 1-2006) V ersin ligeramente reducida y modificada de la publicada originalmente con el ttulo “Sobre el herosmo intelectual de Jos Antonio Portuondo. La crtica y el ensayo ”, en el libro del autor Literatura y sociedad en Cuba: seis aproximaciones, publicado por Ediciones Libertarias, Madrid, en el 2003.Agradecemos al profesor Pedro Mndez Daz su iniciativa de recordar al doctor Portuondo en nuestraRevista. [Nota de la Redaccin] El herosmo intelectual, una obra poco r ecordada de Jos Antonio Portuondo* Armando Cristbal Prez Escritor ensayista y crtico literario

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16 de los “independientes de color”, “[…]movimiento que agrup a muchos cu-banos negros y mestizos, que influidospor elementos polticos y sin tener ellosmismos una clara conciencia de cmodeba librarse esa batalla, se lanzarona la lucha contra la discriminacin ra-cial”. 2 Y de nuevo intervinieron los marines en Cuba. Al gobierno de Gmez sucedi el de Mario Garca Menocal, quien se reeli-gi fraudulentamente en 1917, originandoun alzamiento de sus opositores. El go-bierno estadounidense, con el pretextode la Primera Guerra Mundial y el alza-miento de los liberales, desembarc unavez ms sus tropas en la isla, donde per-manecieron hasta 1920. Y a entonces haba cumplido Portuondo nueve aos.Este haba sido el entorno de su niez.Ahora se iniciaba su adolescencia. Los dos perodos de Menocal, el inicio de la organizacin de los trabajadoresy las grandes batallas de la clase obre-ra, el impacto de la gran revolucin deloctubre sovitico y la miseria del pue-blo cubano, como apunta Julio Le Riverend, 3 originan el ascenso del movimiento popular De las lecciones brindadas por Zayas en 1921 a la for-zada y fraudulenta eleccin deMachado en 1923, este ascenso fuemayor Es conocido cunto significaron en ese contexto la fundacin en 1925del Partido Comunista y la Confedera-cin Nacional Obrera de Cuba. Fue entales circunstancias que se desenvolvila feroz tirana de Gerardo Machado. La nueva intelectualidad cubana –tras un perodo de frustacin bastante gene-ralizado– atesoraba la memoria de Jos Mart, el ejemplo de Antonio Maceo, la solidaridad de Mximo Gmez y la integridad de Enrique Jos V arona. El pensamiento de Flix V arela y las legendarias tertulias de Domingo delMonte se unan en el recuerdo a la obraliteraria de Cirilo V illaverde, Jos Mara Heredia y Ramn de Mesa, paraestablecer una tradicin. BonifacioByrne y sus versos devenan en para-digma patritico. En medio de esos momentos de ebullicin intelectual, nacional y patritica,Portuondo cumple sus veintitrs aos yconcluye el bachillerato en el ColegioDolores de Santiago de Cuba. Su largaactividad cvica arranca –recuerda Ro-berto Fernndez Retamar– “[…] consu participacin en el seno del Ala Izquierda Estudiantil de Santiago deCuba, durante la tirana machadista ylo lleva desde 1936 a una firme militancia marxista”. 4 A partir de su llegada a La Habana, Portuondo se vincular ms estrecha-mente con el movimiento intelectual yrevolucionario de la poca. T iene en tonces veinticinco aos, una slidaformacin acadmica y una muy de-finida proyeccin poltica, quedemostrar durante la primera tiranade Fulgencio Batista. La revista Cuba Contempornea (1913-1927), expresin de la generacinanterior haba desaparecido. Pocos aos antes (1923) haba irrumpido en la vidapblica la actuacin del Grupo Minoris-ta. Es el natural relevo que se manifiestacon la aparicin tambin de la Revista de A vance (1927-1930). De 1927 son Azcar y poblacin en las Antillas de Ramiro Guerra y el poema La zafra de Agustn Acosta, referentes intelectuales sobre la situacin econmico-socialdel pas. En 1929, por rdenes de Ma-

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17 chado haban asesinado en Mxico aJulio Antonio Mella. En junio de 1936 Portuondo se integra al comit editor fundacional de larevista Meridiano del que formaran parte tambin ngel Augier Carlos Rafael Rodrguez y Juan Marinello, conNicols Guilln como presidente. Al ao siguiente, Jos A. Portuondo da a conocer su primer libro: Angustia y evasin de Julin del Casal, 5 texto de alta significacin tica, incluso desde el ttu-lo. En 1938 publicar Pr oceso de la cultura cubana; 6 y en 1939, casi simultneamente, Notas so br e el pr oblema epistemolgico en la filosofa deMaimnides 7 y Pasin y muerte del hombr e. 8 De manera paralela y conjuntamente con su participacin en Medioda, Portuondo comienza a dirigir el quince-nario Baragu en el que colaboran –entre otros– Ral Roa, Regino Pedroso,V ir gilio Piera y Eugenio Florit. El nombre de la publicacin es definitoriamente unitario y explica el porqu de la plu-ralidad intelectual de su redaccin. A pesar de tan intensa y mltiple actividad, Portuondo no haba dejado dededicar el necesario tiempo a su laborcientfica, y en 1941 obtuvo el docto-rado en Filosofa y Letras en laUniversidad de La Habana con una te-sis –“pequeo libro orgnico”, comoposteriormente le llamara su autor– quefue publicada en 1945 por el Colegio deMxico con el ttulo de Concepto de la poesa, 9 libro capital en la etapa fundacional de la teora literaria en elcontinente, sobre el que volver. Poco antes, en 1944, Portuondo participara en un nuevo empeoperiodstico, el de la fundacin del mensuario Gaceta del Caribe, en el que se agrup lo ms destacado de laintelectualidad marxista del pas, enca-bezada por Nicols Guilln, ngelAugier Mirta Aguirre y Flix Pita Rodrguez. Mientras, tras la Convencin Constituyente de 1940, la repblica comienzaa desplomarse en medio de regmenespolticamente corruptos que acelerada-mente pierden el apoyo popular con quellegaran al poder y se entregan al om-nipresente podero econmico y polticode los Estados Unidos. Comienza en-tonces un perodo en el que lasfuerzas coercitivas del Estado actansistemtica y brutalmente contra losrepresentantes de la izquierda, en es-pecial contra los afiliados al PartidoComunista y sus colaboradores. Es entonces cuando Portuondo recibe una invitacin para realizar estudiosen Ciudad de Mxico en colaboracincon uno de los ms importantes porta-voces de la revolucin mexicana yfundador del que llegara a ser conoci-do como el Colegio de Mxico, donAlfonso Reyes. Portuondo siempre re-conoci la significacin de este breve(1944-1946), pero intenso perodo for-mativo con el autor de V isin de Anahuac No en balde, en La historia y las generaciones, publicada en Santiago de Cuba en 1958, al dirimir losencontrados criterios de W Dilthey y A. I. T oynbee sobre la compleja relacin entre historia y poesa, Portuondoacude a Reyes, para subrayar con sumaestro, que “Es en la intencin en donde descansa, en realidad, la diferen-cia entre historia y poesa, ya que, enciertos instantes, ambas se apoyan enel suceder r eal”. 10

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18 En 1946, concluida la Segunda Guerra Mundial, Portuondo recibe otrainvitacin, esta de la Universidad deNuevo Mxico, que aceptar y dondeejercer la docencia hasta 1947, fechaa partir de la cual sucesivamente des-empear el magisterio en otrasuniversidades estadounidenses hasta suprimer retorno a Cuba. Con su llegada a los Estados Unidos se inicia un nuevo perodo en la vidaprofesional del doctor Jos Antonio Portuondo. Durante casi siete aos par-ticipar activamente del mundo docente,acadmico e intelectual estadouniden-se de la poca, y tendr la posibilidadde conocer directamente el estado dela literatura de ese pas en el idioma ori-ginal y al momento mismo de suaparicin. Durante su estancia, Portuondo obtiene una beca de la FundacinGuggenheim (1949-1950) que le permi-te no detener su propia labor creadora.As, a los numerosos artculos en revis-tas especializadas, se unen los libros En torno a la novela detectivesca 11 y Jos Mart, crtico literario. 12 La sociedad estadounidense atraviesa en esos momentos por grandestransformaciones. Con el fallecimientode Roosevelt en 1945 y su relevo auto-mtico por T ruman, se inicia el llamado proceso de reconversin postblico. Seproduce una desmovilizacin masiva demilitares, una dinamizacin del Estado yuna orientacin estatal-monopolista. En las elecciones de 1946 la mayora deambas cmaras del Congreso pasa alPartido Republicano. En 1947 se creala Agencia Central de Inteligencia (CIA) y desaparece la corriente del li-beralismo en cuestiones sociales. Los Estados Unidos esgrimen como polti-ca la defensa de sus “interesesnacionales”. Se promulga la legislacinantisindical y se inicia la limpieza deelementos “no leales” en el aparato es-tatal. Entre 1947 y 1948 la marea conservadora y la “limpieza” ideolgica lleganhasta la intelectualidad liberal deHollywood, a las universidades, a losinstitutos superiores de investigacin yenseanza, a las organizaciones socia-les de todo tipo y a los rganos deprensa. Se produce el procesamientojudicial al Partido Comunista. Seincrementan las “listas negras” y el“antisovietismo”. En 1947 se acuerdael Pacto de Ro, que deja en manos delos Estados Unidos la soberana efec-tiva del resto sureo del continente. El12 de mayo de ese propio ao, T ruman da a conocer la doctrina identifica da desde entonces con su nombre y que esuna actualizacin de la Doctrina Monroe:“Amrica para los americanos”. En 1949 se crea la Organizacin del T ratado del Atlntico Norte (OT AN) y por primera vez el gobierno norteameri-cano decide establecer un compromisocon Europa para la defensa en tiemposde paz. La URSS anuncia que posee labomba atmica, con lo cual desaparece el monopolio estadounidense en tal sen-tido. En 1950 se inicia la guerra de Coreay el McCartismo crece como reflejo dela psicologa social de las capas medias y la gran burguesa estadounidense, que“no podan adaptarse a la realidad delcapitalismo de Estado”. Por sus trabajos sabemos que Portuondo ha venido siguiendo muy decerca la produccin literaria latinoameri-cana –incluyendo por supuesto la de

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19 Cuba–, y que de igual modo ha podidoaprehender de primera mano la litera tura realizada en los Estados Unidosdurante esa etapa. En 1949, Faulkner daa conocer Intruso en el polvo y recibe el Premio Nobel. En 1952, Hemingwayda a conocer El viejo y el mar En 1954 tambin recibe el dicho premio por esaobra. En 1953, Portuondo retorna a San-tiago de Cuba para trabajar en laUniversidad de Oriente. En octubre de1954 da por terminado El her osmo intelectual, que ser publicado en Mxico al ao siguiente. Hasta aqu hemos esbozado algunos de los contextos en que Portuondogest El her osmo intelectual. Detengamos ahora el recuento y analicemosla proyeccin del conjunto de la obrade Portuondo hasta ese momento, en loque interesa a nuestro objetivo. Pode-mos establecer un primer perodoiniciador con la publicacin del traba-jo sobre Casal en 1937 y concluira consu viaje a Mxico en 1944. Un segun-do perodo abarcara desde 1944 hasta1953, fecha de su regreso a Cuba. Esteperodo podra subdividirse en una fase“mexicana” y otra “estadounidense”. A partir de 1953 se abriran nuevos pero-dos, los cuales no constituyen objeto deestas reflexiones y por lo tanto no ana-lizaremos, salvo en lo relativo a los aos1954-1955 de manera puntual, por ra-zones que se vern. El primero de tales perodos (19371944) abarcara cuatro ttulosfundamentales, todos publicados enCuba. Dos dedicados a temas de la cul-tura cubana y dos dentro del mbitofilosfico. De los cuatro, solamente unoser seleccionado por Portuondo –die-cisis aos despus de su aparicin– para incluirlo en El her osmo intelectual: Pasin y muer te del hombr e. 13 El segundo perodo (1944-1953) en su fase “mexicana”, da inicio con El contenido social en la literatura cu-bana (1944), seguido de La expr esin potica (1944). Concepto de la poesa (1945), En torno a la novela detectivesca (1947), “Perodos y generaciones” en la historiografaliteraria hispanoamericana (1948), Situacin actual de la crtica litera-ria hispanoamericana (1949) y Crisis de la crtica literaria hispanoameri-cana (1952). T odos fueron publicados en Mxico. Pero slo el ltimo ser se-leccionado para formar parte de El her osmo intelectual. De la segunda fase de ese perodo, que transcurre en los Estados Unidos,son publicados en ese pas Anglica y la libertad (1946), Lino Novs Calvo y el cuento hispanoamericano (1947), Elogio del “dilettante” (1948), W illiam Faulkner y la conciencia sur ea, originalmente titulado “Retrato deFaulkner” (1951), T emas literarios del Caribe en los ltimos cincuenta aos(1951), El rasgo pr edominante en la novela hispanoamericana (1952), La r ealidad americana y la literatura, cuyo ttulo original fue “V erdad en la ficcin” y apareci sin notas (1952), Pr oceso literario de Ernest Hemingway el cual se edit por primera vez en una versinextractada con el ttulo La obra de Ernest Hemingway (1953) y La “pasin” expr esionista de W illiam Faulkner (1954). El primero de ellos, y el ltimo, fueron escritos en Cuba. El sexto fue publicadopor primera vez en un volumen de un co-lectivo de autores, La novela

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20 hispanoamericana, impreso por la Universidad de Nuevo Mxico. El resto, enrevistas especializadas estadounidenses.T odos fueron seleccionados por el autor para integrar El her osmo intelectual. De los tres libros impresos en Cuba por Portuondo durante 1953,ninguno de sus textos pas a formarparte de El her osmo intelectual. Evidentemente, el autor se cie a unobjetivo y este se focaliza en los tex-tos publicados durante su estancia enlos Estados Unidos. T eniendo en consideracin las fechas de cuando fueron escritos y las de suprimera publicacin, se aprecia que losonce trabajos integrantes del libro es-tn colocados –salvo una excepcin– enorden cronolgico. La excepcin es,precisamente, La “pasin” expr esionista de W illiam Faulkner escrito y publicado en 1954, pero situado a la mi-tad del libro que nos ocupa, entre dostextos escritos en 1950 y publicados ini-cialmente en 1951. Esta excepcin seexplica en una carta dirigida a sus edi-tores donde dirime algunos problemasde la edicin. Es precisamente en oc-tubre de 1954 (cuando da por terminadala versin definitiva del libro), quePortuondo decide incluir una valoracinsobre la entonces ms reciente novelapublicada por Faulkner A Fable (1954). “Una simple resea”, dice el propioPortuondo, para aadir a continuacinque, de esa manera, completa su ante-rior reflexin sobre la obra del autorestadounidense. 14 Resulta interesante esta insercin, pues por una parte, contribuye a hacerms abarcador su criterio sobreFaulkner y por otra, enriquece el volumen al incluir junto a trabajos de teora y crtica literaria, estudios comparadosde envergadura, y estudios –en profun-didad– de autores o temas (esa “simpleresea”) lo que permite apreciar en todo su despliegue, las posibilidades tc-nicas y creadoras de Portuondo. Pero, ello tambin permite asegurar que los textos seleccionados seestructuran en el libro con carctercronolgico (en realidad “la excepcin”contribuye a mantener tal criterio en susentido ms profundo) –esto consecuen-temente permite analizar la evolucin enel pensamiento del autor sobre el tema,as como la del enriquecimiento de suarsenal tcnico y terico–, y reafirmaque, en realidad, el ltimo trabajo “org-nico” de la concepcin original del librofue, precisamente, el dedicado aHemingway el cual se convierte en el motivador y punto focal del volumen. Es decir la conjuncin de factores histricos, de poca, metodolgicos y te-mticos que contribuyeron a concebiresta obra con textos aparentemente“heterogneos” tiene como punto inicial ordenador las circunstancias de toda ndole que para Portuondo resultaronsignificativas entre 1953 y 1954, y entrelas cuales El viejo y el mar – ese texto tan controvertido por diversos motivos–,devino en catalizador crtico en el pen-samiento ideoesttico de Portuondopara exponer estas once “variaciones” sobre el tema, del que el autor sitacomo su primer acercamiento terico eldel trabajo sobre el joven escritor ita-liano Leo Ferrero en 1938. Al parecer la concepcin y gestacin del proyecto en su fase msconcreta, debe haberse producido en-tre mediados de 1952 (durante laelaboracin del trabajo sobre

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21 Hemingway) y algn momento de 1953,tras su regreso a Cuba, cuya poblacinse encontraba sumida en el horror dela nueva tirana batistiana y la sorpre-sa esperanzadora del asalto a loscuarteles “Moncada” y “Carlos Manuelde Cspedes” por un grupo de revolu-cionarios comandados por Fidel Castro. Los textos son antecedidos en el volumen por una llamada “Explicacin” dePortuondo, quien define en ella su po-sicin tica literaria. A pesar de su diversidad de origen y no obstante abar-car el trabajo de tres lustros, esostextos –segn el autor– constituyen“diez variaciones sobre el tema del he-rosmo intelectual”. Adems, “[...] todos coinciden en la preocupacin por la actitud del escritor ante la realidad circundante”. Y tal herosmo consiste en “[...] revelar con absoluta franque-za, la personal visin del mundo, lapropia confusin o la angustia”. De igual modo, significa “[…] sostener sin quiebras la inevitable par cialidad que engendra –inevitablemente tambin–el silencio y la hostilidad de ‘la otra par-te’. Y adems, mirar de frente la realidad en crisis, cuando resulta a veces mscmodo y siempre menos riesgoso,escamo-tearla tras la alusin oscura o laevasin formalista”. Herosmo, en fin, de “decir lo que se ve” y “lo que se siente”, de “descubrirlas propias vivencias”, de ser “simpley llanamente, sinceros”. O sea, todo uncdigo marcadamente cvico, aunquedado en el contexto de la poesis. Pero El her osmo intelectual no puede considerarse una simple recopilacinafortunada de textos coyunturales. Msall de las motivaciones circunstancialesque dieran lugar a su aparicin, el hecho mismo de que el autor haya selec-cionado –con rigor cuyas pautasdesconocemos– de entre el conjunto desu obra, once trabajos dismiles, escri-tos de maneras diversas, en unmomento especfico de su vida y de lahistoria, reviste el valor de fijar una po-sicin sobre la problemtica de laactitud del escritor ante la realidad cir-cundante. Es as cmo en este libro,Portuondo asume como crtico y teri-co, de manera consciente y personal, su herosmo intelectual. Dos son las cuestiones esenciales alrededor de las cuales se articula eldiscurso que subyace en El her osmo intelectual. Una de ellas, el problema tico referido a la actitud del escritorante las circunstancias en que debe vi-vir La otra, la creciente necesidad de otorgar a la literatura, como objeto deinvestigacin y anlisis, la determinacincientfica. Estas dos direcciones se articulan de maneras diversas y primaca distinta enlos once trabajos que integran el libro;pero, ambas se encuentran siempre pre-sentes, otorgando as al conjunto noslo la solidez de la unidad en la varie-dad, sino la trascendencia del todo porsobre las partes. De tal modo, se esta-blece un dilogo –por sobre el tiempo ylas especificidades de los textos–, paraentregar una reflexin no exenta de ten-siones y momentos contradictorios, peroplena de matices enriquecedores alrede-dor del tema. No es de otra manera quepuede entenderse la conjuncin de esosagudos e implacables estudios sobre laobra de Ferrero, Novs Calvo, Faulknery Hemingway con los admirables acercamientos comparativos a la litera-tura del subcontinente y su crtica.

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22 Como no es casual –por otra parte– larelacin Faulkner-Hemingway-NovsCalvo, tan paradigmtica en trminosliterarios para el resto del continente. Esah donde se dan las claves para el en-tendimiento de la seleccin de lostextos del libro y consecuentemente, el propsito del libro en s mismo. Porque esas dos direcciones en el pensamiento terico de Portuondo senuclean alrededor de temas funda-mentales para la literatura –sobre todoen momentos de crisis–: la esenciabi lidad de la cultura, la caracterizacinde la poiesis, el ejercicio de la crtica y los lmites del realismo. El nivel va-riable en amplitud y profundidad conque se conjugan en el anlisis concretoestos cuatro factores en cada uno delos textos que se proponen a indaga-cin, arroja al propio tiempo resultadosvariables, parcialmente diferentesfenomnicamente, pero idnticos en loesencial, no a la manera existencialistasino desde posiciones creadoras de ladialctica materialista del marxismo. Bastara volver a ese texto capital y antolgico, Concepto de la poesa, para constatar que cuando Portuondose refiere a la cultura como la categora ms amplia para desplegar lateora, de inmediato recuerda que […] ella aparece, en primer trmi-no, como algo diferente de lacircunstancia natural, opuesta perono ajena en lo absoluto a la naturaleza, dependiente de ella en cuanto existe como superacin pro-gresiva de sus resistencias y senutre de su savia. No es por lo tan-to, un orbe metafsico, sino uncomplejo de fenmenos que hundensus races en la circunstancia natural y que no escapa, aunque la su-pere alguna vez, a las leyesnaturales. Por otra parte, la cultura se presenta ante nosotros como descubrimiento y realizacin perma-nente de valor es. 15 En cuanto a la poesa, […] ha llegado a ser a travs del desarrollo, esfera autnoma de lacultura que se goza en el cuidadoy perfeccionamiento del propio ins-trumento. No se piense por ello quela poesa abandona sus propsitosexpresivos para deleitarse ahora ensimples juegos formales, envirtuosismos lingsticos: Lo queocurre es que si primitivamente elinstrumento rudo de la lengua esta-ba enteramente sometido ycondicionado por la intencin expre-siva, ahora la lengua en plenodesarrollo de sus capacidades est-ticas –pero tambin, para tormentodel artista, universalmente utilizadacomo instrumento de comunicacin designante– es la que determina ycondiciona la intencin expresiva delpoeta. 16 Sin embargo, este aporte –preciso, especfico– que deja fijados los marcosdonde se desenvuelve la poesa, no pue-de, por razones obvias, hacerseextensivo por s mismo a toda la litera-tura en la diversa variedad de susgneros y en el complejsimo procesode sus interrelaciones, especialmenteen la prosa narrativa. Aqu se torna indispensable el acercamiento desde laspremisas de la ciencia y Portuondo in-siste: Pero la primera demanda modernade un estudio cientfico de la litera-tura, apartada definitivamente la

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23 retrica tradicional es, en Hispano-amrica, la formulada por RobertoBrenes Mesn: “En vista de lasobras literarias de todas las pocas–escriba Brenes Mesn– crear unateora del arte que d cuenta de laestructura interna de todas ellas –con todo cuanto esto implica– eslabor que aguarda su Humbolt, suDarwing, su Spencer Habra que encararla sin pre-doctrinas, sin pre-ceptos literarios de ningunaespecie. 17 El desarrollo de los estudios cientficos de la literatura –a los cuales lacontribucin del propio Portuondo nofue ajena–, en los cincuenta y un aosque nos separan de la primera edicinde El her osmo intelectual y los sesenta y uno de Concepto de la poesa ha logrado avances en la delimitacin desu objeto, en la expansin de la rique-za instrumental, en la elaboracin decategoras que permiten enfrentar elproblema en mejores condiciones. Perodel texto de Portuondo que hemos ci-tado continan vigentes por sobre tododos condicionamientos. El primero de ellos, la referencia a la especial necesidad que de tales estudioscontina teniendo Hispanoamrica. El se-gundo, expuesto por Brenes Mesn ycompartido por Portuondo que lo cita: rea-lizarlos sin predoctrinas ni preconceptosliterarios de ninguna especie. Abordando el tema central que nos ocupa, Portuodo precisar que La crtica literaria –por otra parte–comporta un doble quehacer cien-tfico y esttico. Como quehacercientfico, la crtica literaria, arma-da de un mtodo preciso y riguroso,que debe apoyarse en una firme concepcin del mundo, analiza losobjetos literarios, descubre y reve-la sus peculiares estructuras,expone los rasgos caractersticos delos estilos personales, respetando entodos los casos la unidad esencial,la totalidad de la obra de arte lite-raria y su relacin dialctica con su contexto histrico (econmico, po-ltico, cultural). Como quehaceresttico, la crtica literaria no es –no debe ser–, de modo optativo, ocientfica o esttica y adems, no es tampoco quehacer aparte, aje-no y externo a la literatura, sinouno de los gneros o formas de ex-presin literaria, y en consecuencia,participa de los caracteres propiosde toda obra u objeto literario.Como tal, la crtica literaria refleja,informa, crea. 18 Pero no basta a Portuondo referirse a la crtica como actividad de creacinhumana. T ambin debe hacerlo respecto a quien la ejerce, por lo que dice:“Rescatar al crtico literario del compli-cado escondrijo de su modelo cibernticoy sin mengua del rigor cientfico del anlisis, devolverle la humanidad y su fervorde orientador su pasin de hombre de partido, de militante”. 19 Queda pues por resolver el tema que ya entonces era objeto de polmicas ydiscusiones sin fin y que se hace parti-cularmente lgido en los gneros de laprosa narrativa: el r ealismo. Despojado del condicionamiento epocal, tanto elpoltico y el sociolgico como el estti-co, el realismo como categoraartstica contina siendo elementoconstitutivo –a favor o en contra– detoda concepcin o teora en el cam-po de la literatura.

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24 No ser remiso Portuondo a enfrentar un debate de tanta significacin. Enuno de los textos de El her osmo intelectual, el asunto se vuelve preeminente. De hecho, forma parte dela esencia misma de todo el libro.Portuondo volver al tema muchas ve-ces con posterioridad, y siempreresultarn ms ricos por precisos, msclaros, los conceptos. Mucho tiempodespus de regresar a Cuba y de dara conocer el libro que comentamos,sentenci –de manera magistral– suconcepcin al respecto: Nosotros creemos que r ealismo es, ante todo, una categora histrica quedesigna el estilo de una determina-da poca, caracterizado por losrasgos sealados por Engels: exac-titud en los detalles y presentacinde caracteres tpicos en circunstan-cias igualmente tpicas. Pero, comoocurri igualmente con las categoras de clsico, bar r oco, etctera, originalmente histricas, r ealismo designa igualmente una categoraesttica, una poca en todos los es-tilos, que corresponde a su etapa deequilibrio clsico, es decir aquel en que la exacta correspondencia en-tre el artista y su circunstancia,entre la voluntad de expresin y eldominio de los medios expresivos,determinan un reflejo perfecto de larealidad en el arte. El artista ha su-perado su incapacidad decomprender la esencia de esa mis-ma realidad en su aparienciacotidiana, universalmente compren-sible, eminentemente comunicativa[...] No conviene olvidar que lo abstracto es tambin una categora esttica, con tanta validez como lo concr eto sensible y por lo tanto, el deber del esteta y del crtico es ex-plicarlo y no siempre condenarlo [...]Cmo se traducir todo esto en larealidad del arte es cosa que tocadescubrir a los artistas. En tiempos como los que vivimos no son slolos cosmonautas los que han de salira explorar las rutas estelares. Y para ese viaje no hay mapas pre-vios ni es posible sealar el msfcil derrotero. 20 Algn tiempo despus, y en un contexto diferente, precis an ms lostrminos de su manera de pensar: Queda superada as la concepcinestrecha del realismo como expre-sin suprema del arte, y de stecomo simple reflejo de la realidadque, partiendo de incompletas y malinterpretadas referencias de Lenin,pretendi confundir el que hacer esttico con la pasiva funcinespecular que Stendhal asignaba a la novela. Ese concepto limitado delr eflejo haba comen zado a ser superado por diversos tericos yestetas marxistas, a la luz de lareflexologa pavloviana. 21 De manera tica tan coherente con su vida y con su obra, Jos Antonio Portuondo continu todava durantemuchos aos, con rigor cientfico y eldesenfadado caracterizador de sucubana, siendo paradigma de integri-dad personal e intelectual en elejercicio del criterio hasta el ltimominuto de su vida.Notas1 Portuondo, Jos A. “Explicacin”. En: El her osmo intelectual. Mxico: Est. T ezontle, 1955.

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25 2 Le Riverend, Julio. Breve historia de Cuba. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1997.p. 82.3 Ibdem, p. 83. 4 Fernndez Retamar, Roberto. “Prlogo”. En: Portuondo, Jos A. T eora y crtica de la literatura. Mxico, DF .: CEESTEM, Edt. Nueva Imagen, 1984. (Col. Cuadernos Americanos, 7) 5 Portuondo, Jos A. Angustia y evasin de Julin del Casal. La Habana: Imprenta Molina, 1937. (Cuadernos de Historia Habanera) Conferencia leda el 10 de febrero de 1937 enel Palacio Municipal dentro de la Serie“Habaneros Ilustres”. 6 _______. Proceso de la cultura cubana (esquema para un ensayo de interpretacin). La Habana: Imprenta Molina, 1938.7 _______. Notas sobre el problema epistemolgico en la filosofa de Maimnides Revista de Estudiantes de Filosofa (La Habana); 1939.8 _______. Pasin y muerte del hombre Revista de Estudiantes de Filosofa (La Habana); 1939. 9 _______. Concepto de la poesa. La Habana: Instituto Cubano del Libro, 1972. (ColeccinArte y Sociedad)10 Reyes, Alfonso. El deslinde. Pr olegmenos a la teora literaria. Mxico, D.F .: Colegio Nacional de Mxico, 1944. 11 Portuondo, Jos A. En torno a la novela detectivesca. La Habana, 1947. (Coleccin Sij) Reditado en Astrolabio La Habana: Editorial Arte y Literatura, 1973. 12 _______. Jos Mart, crtico literario. W ashington: Unin Panamericana, 1953. (Pensamiento de Amrica No. 3) 13 Para la relacin detallada de todos los ttulos, ver Diccionario de Literatura Cubana. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1980. t. 2,pp. 313-317.14 Portuondo, J. A. Op. cit. (9). p. 18. 15 Consultar archivo de Jos A. Portuondo (JAP/ JAP) del Instituto de Literatura y Lingstica,La Habana.16 Ibdem, p. 83. 17 “ Alfonso Reyes y la teora literaria ” Ibdem, p. 167.18 Portuondo, Jos A. La crtica y los modos de interpretacin de la obra literaria. La Habana: Ediciones Unin, 1979. p. 211. (Orden del Da)19 Ibdem, p. 217. 20 _______. “En torno al realismo”. Ibdem, p. 235.21 _______. “Crtica marxista de la esttica burguesa contempornea”. Ibdem, p. 106.

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26 A Berta,compaera Luis T oledo Sande Investigador ensayista y escritor Madrid, 26 de julio de 2006 Querida Berta:Llevo algunos meses pensando qu escribir para responder a la invitacincon que me ha honrado y alegrado ladireccin de nuestra Biblioteca Nacio-nal Jos Mart, la cual ha decidido –yeso habla muy bien de ella– enaltecersu revista dedicndole un nmero aJos Antonio Portuondo. Iba a escribir “a su Jos Antonio Portuondo”, y me percat de que la ambivalencia de eseposesivo en espaol habra puesto aPortuondo a pertenecerle tanto a esainstitucin como a usted. La anfibolo-ga encarnara realidad, pues a lnicamente la muerte pudo separarlo deusted, y nada, ni la peor ingratitud, po-dra marginarlo de lo mejor de la culturacubana, representada en lo ms visible,si de Portuondo se trata, por institucio-nes como esa Biblioteca –donde nosconsta que a l se le ha tenido y se letiene bien presente– y las universida-des de Oriente y de La Habana –en lascuales sus lecciones brillaron–, y demodo especialmente emblemtico por elInstituto de Literatura y Lingstica, queen sus mejores frutos seguir llevandola impronta de su magisterio, insustitui-ble, y para dar pblica fe de su lealtadal maestro fue, como un templo, el lugar adonde acudimos para ver por lti-ma vez su cuerpo ya sin vida, y luegoasumi su nombre. No, aunque seraenteramente vlido hacerlo, no hablarde un homenaje “a su Portuondo”, sino “a nuestr o Portuondo”. As y todo la justiciera ambigedad viene a confirmarque se trata de una pertenencia quepodemos reclamar sin arrogancia todoslos que lo quisimos, y nadie con msderecho para eso que usted, quien rei-n en los dominios de sus afectos. No s, Berta, si usted era consciente de que los alumnos de Portuondo –ypersonalmente me creo discpulo suyo,aunque pueda ser un exceso de mi par-te– nos percatbamos de que en ciertasocasiones a usted se le encendan lasmejillas, aunque intentara disimularlocon el donaire de saln que le es pro-pio desde la cuna. El fuego sedesataba en sus mejillas, por ejemplo,cuando al guna de nuestras muchachas, actuando desde la admiracin, el res-peto y el cario que Portuondosuscitaba, crea que no despertara enusted celos y piropeaba a un maestroa quien la vejez, si es que en l fuecierta, no haca ms que ennoblecerlela figura y subrayarle el garbo, la gra-cia de cubano esencial, de santiagueroa quien una sabidura enciclopdica yun amplio desempeo internacional ledieron rotundez de mundo, sin menguar-le nunca su delicioso sentido del humor tan culto como chispeante. Pero usted, Berta, ante aquellos requiebros discipulares que se ledestinaban al maestro reaccionabacomo lo que era y sigue siendo: ade-ms de la esposa inseparable, la eternanovia, la flor en el tronco del rbol, la rei-na que no pierde el encanto ni la be lleza

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27 de la muchacha que le rega l al novio la foto de Mart que desde entonces lllev en su billetera hasta el ltimo da desu vida. Y luego de esa irreparable pr dida, cmo no agradecerle yo a ustedque me hiciera el impagable, inolvidablehonor de entregarme a m la foto? Laguardo entre un grupo reducido de obje-tos materiales asociados a mis mayoresquerencias. Ms que motivos para hacer-lo tengo, pues, el deber de rogarle a ustedque me perdone el no haber sabido “fa-bricar” el tiempo y la concentracin quehabra necesitado para escribir como la memoria de Portuondo merece, el artculopedido por nuestra Biblioteca Nacionalcuando me diriga ya a vivir una experien-cia laboral en la que el recuerdo delmaestro, tambin diplomtico ejemplar me estimula da a da. Acpteme esta disculpa personal como parte del homenaje, que no ha deinterrumpirse, al maestro a quien tan-tos debemos tanto: el homenaje de lalealtad. De haber cumplido con el en-cargo del artculo, tampoco sera laprimera vez que escribiera acerca denuestro Portuondo. l est, con “sussesenta y cuatro aos y unos ojos denio”, en la dedicatoria de mi primer li-bro publicado, cuyos manuscritos mehizo el honor de leer cuando yo empe-zaba mis estudios universitarios con elprivilegio de que l figurase en el claus-tro de profesores. Para l es la“Siempreviva del profesor amigo” queaparece en mi decimario Flora cubana Cira Romero ha tenido la gentileza de desenterrar una carta que le envia Portuondo cuando l nos representa-ba en el V aticano, hacia donde parti luego de la despedida que le organiza-mos en el aula sus alumnos, para la cual mis compaeros me hicieron el regalode encargarme las palabras de la oca-sin. A raz de su muerte publiqu en Casa de las Amricas una versin del texto con que tuve la alegra de inter-venir en el homenaje que le tribut –apropsito de sus ochenta esplndidosaos de vida– la Biblioteca Gener y DelMonte, de Matanzas. Cunto disfrutviajar junto con ustedes dos ese da ala hermosa ciudad. Quiero olvidar lascausas tristes que me impidieron entre-garle personalmente a mi maestro, enel hospital donde no alcanc a verlo,una copia de aquellas palabras. La versin publicada en Casa la titul “Jos Antonio Portuondo, martiano y marxista”, para subrayar dos vertien-tes –de actitud y pensamiento ambas–que se fundieron frtilmente en l. Hanpasado los aos, y no hallo un ttulomejor para esas pginas, lo que no ha-bla precisamente de un acierto mo, sinode la solidez de las ideas que el maes-tro abraz y de los actos que lodistinguieron. V iene bien recordarlo ahora, cuando convicciones como esasson ms necesarias que nunca y no tie-nen ni siquiera de su lado la aureola yla comodidad de estar de moda en elmundo. Portuondo no las hizo suyasguiado por los efectos de ninguna onda–ahora recuerdo su personal modo dehablar–, sino por una honrada identifi-cacin con lo mejor de la historia y delos ideales humanos. Claro que una actitud como la suya no se asocia a lo cmodo, sino al her osmo intelectual para recordar uno de sus ttulos. A l le toc car gar con las consecuencias de orientaciones que,por ejemplo, provocaron en una obracomo el Diccionario de la literatura

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28 cubana a cargo del Instituto que hoy lleva su nombre, muchas ms ausenciasque las justificables por criterios que sequedaron sin que l pudiera dedicarlesotra crtica de la poca Y car g con esos dficits –muchos de ellos ajenosa su labor y a su sabidura– con unaentereza explicable nicamente por suhonrado sentido de la disciplina. Perosus alumnos somos testigos de la am-plitud y la limpieza de su mirada. Conl haba ideas y principios clarsimos,pero no haba nombres ni ttulos pros-critos. Recuerdo los rostros de algunoscondiscpulos cuando l en sus clases,y en las opciones de trabajos que asig-naba, sobresala, entre otras cosas, porun abarcamiento que ahora no tienegracia, pero que en aquellos aos enque se me dio el privilegio de ser sualumno, y de que l me propiciara elhonor de colaborar con el Instituto deLiteratura y Ligstica –a inicios de losaos setenta–, poda resultar una “he-reja”. Y a sabemos cuntos cambios de casaca ha habido y ha seguido habien-do en el planeta desde entonces, sinque hayan desaparecido las casaquitasvacas de siempre, esas que ni siquieratienen aire por dentro, aunque se cor-ten en los tejidos y con los moldesimpuestos por ciertas modas. A ese Portuondo no debemos olvidarlo. Semejante olvido nos empobrecera:nos privara de una leccin de poltica yde cultura, y de poltica cultural, que nosresulta necesaria. T ambin por ello deploro no haber podido escribir un nuevoartculo con que contribuir a que perma-nezca en nuestra memoria colectiva elejemplo de alguien que fue un maestro de veras, un ser humano extraordina-rio. Y nadie con ms derecho que usted, Berta, para recibir la constanciade mi tristeza por el deber que no hecumplido, y del que no creo que me li-bre de veras lo que ya en otras parteshaya escrito acerca de su y nuestr o Jos Antonio Portuondo. T engo otro motivo particular para que usted sea la destinataria de estaslneas, y es saldar una deuda personalcon el maestro. La nica vez que re-cuerdo que l me desaprob a fondoalgo, ocurri ya en mi desempeo pro-fesional, y tuvo que ver directamentecon usted. Como responsable de pu-blicaciones del Centro de EstudiosMartianos tuve el placer de encauzar aunque no me tocaba atenderla ensus detalles, la edicin de su volumenMar t, escritor r evolucionario que incluy el texto homnimo y otras va-liosas contribuciones suyas alconocimiento de la obra martiana.Cuando el libro estuvo ya impreso,me recrimin, ms con la insatisfaccin de su mirada que con las pocaspalabras con que lo hizo, que no se lehubiera puesto la dedicatoria que llevantodos los otros suyos que haba publi-cado: “A Berta, compaera”. l no haba indicado que se le pusiera tambin a esa coleccin de ensayossuyos, pero daba por sentado que na-die deba ignorar que esa dedicatoria nosera un acto de inercia, sino el testi-monio de gratitud y amor a lamuchacha que lo acompa y le alegrlo mejor de su vida, y lo apoy en losmomentos de peligros y tristeza. Ahora intento paliar en lo que me corresponde personalmente, la ausen-cia de la dedicatoria que de todasmaneras lectores y lectoras habrnpercibido como una magnitud latente

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29 al inicio del volumen citado. Por eso me he permitido ponerla –como si fuera un ttulo– a la cabeza de esta carta escrita por aadidura cuando nuestro pueblo,con el entusiasmo de sus hermanas y hermanos del mundo, celebra otro aniver-sario de los sucesos del 26 de Julio de 1953, de los cuales Portuondo y ustedfueron testigos en Santiago de Cuba, y a cuyos fundamentos y orientacin seransiempre fieles. Suyo, Luis T oledo Sande

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30 D ebo a Emilio Roig de Leuchsenring, entre muchas cosas, la aproximacin a algunos de los intelec-tuales ms prominentes de nuestrotiempo. Luego de su deceso en agostode 1964, la restitucin de su Oficinapas necesariamente por el trance dereunir ms all del desaliento y de la tristeza motivadas por su partida, noslo sus pertenencias personales, queen definitiva no eran otra cosa que elMuseo de la Ciudad, su Archivo y Biblioteca. A Mara Bentez, amiga y preceptora, agradecer eternamente la amistadde Jos Antonio Portuondo y de Berta, que fuera despus consagrada por unarelacin siempre generosa y fecunda. Un da escuch a Ral Roa llamarle “el cura”, evocando aquel tiempo de suvida en que permaneci en el Semina-rio San Basilio el Magno, de Santiagode Cuba, su ciudad natal. Y Pepe, siempre generoso y gentil para todos, meofreci su amistad leal y sincera. Su manera de hablar su prestancia impecable, su nvea cabellera, su voz suavemente modulada y sus acentostan cubanos, hicieron de l maestroideal de generaciones. No pocas veces le visit en el Instituto de Literatura y Lingstica, en laCalzada de Carlos III y sin proponr melo, me hice deudor de su pinacoteca,lo cual me declar por escrito en la be-lla dedicatoria de una de sus obrasfundamentales: El her osmo intelectual Una vez viv bajo su techo en la Ciudad Eterna; a lo que, por cierto, noestaban obligados los embajadores deCuba ante la Santa Sede. l y ella meacogieron ofrecindome su paternalamparo. Con ambos particip en las solemnes ceremonias de la Pascua en la Basli-ca de San Pedro, donde el mselegante de todos los embajadores erael de Cuba. He tratado de ser fiel a su laureada memoria, una de las buenas motivacio-nes que hered de Emilito paraperseverar en mis inacabables batallas. Jos Antonio Por tuondo: un testimonio Eusebio Leal Spengler Historiador de la Ciudad de La Habana

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31 Doctor JosAntonioPortuondo Daisy River o Alvisa V icepr esidenta de la Academia de Ciencias de Cuba C onoc personalmente al doctor JosAntonio Portuondo cuando en 1982 se me pidi que accediera a la so-licitud de pasar a la Academia de Ciencias de Cuba y dejara de ser como hasta ese momento, profesora y cua-dro de direccin de la Universidad deLa Habana. Como ya lo conoca por sus obras publicadas, debo decir que me preocu-paba mucho el hecho de que siendo lentonces el director del Instituto de Li-teratura y Lingstica, y yo una simpleiniciada en el campo de las humanida-des, pasara a ser alguien que tuvieraentre sus funciones “atender a ese Ins-tituto”. Cul no sera mi asombro alver que desde la primera entrevista(que yo consider un verdadero honor),el doctor Portuondo, con la caballero-sidad que lo caracterizaba, me hicierasentir como si lo conociera desde ha-ca muchos aos y adems, me ofreciera con absoluta sinceridad, sudisposicin a colaborar sin cortapisas enla tarea que me haba sido encomen-dada? T al fue mi sorpresa y mi alegra que esa primera entrevista qued grabadapara siempre en mi memoria y hoy la recuerdo como uno de los momentosms importantes de mi quehacer pro-fesional y de direccin. Al pasar los aos, en lo cuales conoc todas sus virtudes como serhumano, caballero intachable, intelec-tual comprometido, humanista de primernivel, y tantas otras que ahora sera in-capaz de expresar aprend a verlo en su verdadera talla intelectual, humanay revolucionaria. Aprend, desde luego, a quererlo inmensamente, y a justipre-ciar en toda su grandeza, cunto habahecho ya y estaba an haciendo por eldesarrollo de la literatura y la lingsti-ca en Cuba, y en general por la culturacubana. A l le debo muchas cosas, pero slo quiero referirme a las enseanzasque me brind como cuadro de direc-cin. Jams lo vi dirigirse a sussubordinados con autoritarismo o confalta de sensibilidad ante los problemasque los aquejaban. Nunca falt en susanlisis el aliento necesario para aque-llos que mostraban en su trabajo msdificultades y a la vez, como quien desconoce sus propias virtudes, nun-ca dej siquiera mostrar el msmnimo asomo de la grandeza querealmente atesoraba como hombre deinmensa cultura. Cuando con los aos ech a un lado mis temores y nos tratbamos como lquera de igual a igual (cuestin quesiempre sigui siendo para m muyembarazosa, pues saba que no eracierta desde ningn punto de vista), so-la llamarme con alegra “mi jefa”. Estono lo olvidar jams, pues el doctorPortuondo ser por siempre mi ejem-plo a seguir como dirigente y sobre todo, como ser humano.

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32 Un da me ense tambin que la alusin a personalidades de la culturao la ciencia no deba hacerse expresan-do en su totalidad sus nombres yapellidos, sino tal y como su trayecto-ria intelectual los haba caracterizado.Por eso hoy al evocar a esta ilustre figura de la cultura cubana, slo lo re-cuerdo como el doctor Jos Antonio Portuondo, sin ms apellidos ni adjeti-vos. Para l mi ms sentido y clido recuerdo, as como para Berta, su queriday siempre respetada compaera.

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33 E ste ao 2006, adems del setenta aniversario del nacimiento del poeta Luis Suardaz, celebramos los cincuenta aos de su debut en las pginas de una revista literaria y los cuarenta de la aparicin de su primer libro. En su nmero de septiembre de 1956, la revista Cicln, a continuacin de un lar go poema de Antn Arrufat y otro del que escribe esta nota, public “Las voces”, poema que no tiene otra importancia en la obra de Luis Suardaz que la dehaber aparecido en las pginas de una revista donde colaboraban Bor ges, Cortzar Aleixandre, Paz, Piera y otros importantes escritores de nuestra lengua, as comoaparecan traducciones autorizadas por autores de otras literaturas. Slo dos aosms tarde, ya nuestro poeta escriba poemas tales como “Un instante que sostienetoda la luz”, con el cual inicia una brevsima antologa titulada La simiente, aparecida pstumamente. No puedo evitar la tentacin de transcribir esos bellos versos:Alguna vez,maana,levntame y disprsame,entrgame con el tringulofatal de tu inocenciael continente oscur o y br eve de tu vida.Y que la sangr e suba entonces,mientras la carne dejasu existencia en el tiempo.Sin un asombr o, sin un grito, cir cundando el vaco. Camagey 13 de agosto de 1958 En octubre de 1966 apareci Haber vivido, que obtuvo mencin en el Concurso Casa de las Amricas, celebrado a principios de ese mismo ao; encontramos en sus pginas una madurez nada frecuente en primeros libros Poema “Las voces” de Luis Suar daz (1956-2006) Suardaz Luis Marr Poeta

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34 con poemas de sostenida calidad, algunos de imprescindible mencin cuando se escribe de la poesa de la llamada Generacin de los aos cincuenta: entre esospoemas antolgicos, yo citara los titulados “El venado” y “La simiente”, ademsde los doce del ciclo titulado “Correspondencia acumulada”, que est entre loms logrado de la tendencia coloquial y signa la mayor parte de la obra de lospoetas de la generacin. Algunos crticos, a partir de Haber vivido, sealaron cierto impulso whitmariano en la obra de Suardaz; cierto, nuestro poeta admirla poesa del americano, pero hasta en los poemas ms discursivos, como porejemplo, los doce de “Correspondencia acumulada”, hay siempre un personal acen-to lrico que lo distingue, adems de evitar la acumulacin de enumeraciones, tanfrecuentes en el discurso potico de Whitman. Su obra potica cuenta con cerca de una decena de ttulos, sin contar que algunos de sus libros comprenden varios cuadernos, como en el caso de Como quien vuelve de un lar go viaje, con cinco ciclos de poemas. Notable ensayista y crtico, prolog antologas o recopilaciones de la obra de autores tan diversos como Cernuda, Eliot o Whitman. Nuestro poeta nos dej una cuidadosa seleccin de su escritura en verso, Biografa del tiempo; a pesar de la descuidada edicin (pstuma), el prlogo, por V ir gilio Lpez Lemus, nos entrega el estudio que se le deba a tan valiosa obra.

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35 Las voces que me llamanhoy intraducibles.Las voces, ni ar r epentidas, ni amar gas, ni omnipotentes. Sueltas como luces blancas.Ignorando mundos de espacioy movimiento. No me saben,ni estn para el incesante caracol de mis odos.Soportando estaciones,mrmoles viciados, gusanosde humedad, gritos desgajados. V oces: moradas concur r encias, vaciada estancia, flancos r epentinos, delirantes. Nos conocimos arrastrando cscaras sedientas? En estos mismos cobr es, puntuales, desgastados, cribis anchos designios,ignorados mandatos.Millonsimas, inslitas;vosotras tambin soismoradoras del cr epsculo. II Incoloras o inyectadas deinvisibles fenmenos; hurfanas de color ante nuestra ceguedad imponderable. Las voces que me llaman hoy que sacuden mi accidentado cuerpo, Las voces* Publicado en el nmero cinco de la revista Cicln en septiembre de 1956.

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36 que inauguran intangibles ritos, que amontonan la densidad del miedo. ¡ V osotras tambin burlis el olfato de la muerte! LUIS SUARDAZ Camagey 1956.

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37 Desembar co del yate Granma (1956-2006) Adis al Fr ente nico de los par tidos tradicionales Hacia marzo de 1956 en el Dilogo Cvico convocado por la Sociedad deAmigos de la Repblica (SAR), los co-misionados del gobierno y la oposicinno pudieron encontrar una frmula parauna transaccin poltica debido a la pos-tura intransigente de los personeros dela dictadura, por tanto qued demostra-do que no haba una salida pacfica ala crisis nacional. El conflicto polticocomenz a polarizarse entre las fuer-zas revolucionarias decididas asolucionar el dilema cubano empuan-do las armas y la dictadura obstinadaen mantenerse en el poder al precio demuchas vidas. De esa manera el terre-no quedara abonado para queprosperara la resistencia activa al r-gimen dictatorial del 10 de marzo. El Frente nico burgus de los partidos tradicionales que se conform amediados de 1955 entr en crisis, for-malmente queran aparecer unidos entorno a las demandas tradicionales dela Sociedad de Amigos de la Repblica, pero en la prctica cada partidointerpretaba estas demandas a su ma-nera. La ausencia de Cosme de la T orriente, presidente de la SAR, acentuara an ms esta situacin. El 8 dediciembre de 1956 muri T orriente, y en su testamento poltico –recogido por elnotario Lincoln Rodn– expres: “Unir-se y reunirse es lo que deben hacergobierno y oposicin”. “Justicia y cum-plimiento de la ley”. “Cuando se renanque se acuerden de m y de mis prdi-cas”. “Olviden sus cosas particulares ypiensen en Cuba”. 1 Hasta el ltimo aliento Cosme de la T orriente sostuvo que la bur guesa, como clase representada polticamen-te por la oposicin y el gobierno, debaconcertar un arreglo que asegurase laestabilidad de la repblica neocolonial.Se trataba de consolidar los pilares b-sicos sobre los que se asentaba eldominio neocolonial de Cuba, de ah sullamado al cumplimiento de la ley repu-blicana. Ocup el cargo de Cosme dela T orriente, Rogelio Pina. El alzamiento del 30 de noviembre en Santiago de Cuba dirigido por Frank Pasy el desembarco del Granma encabezado por Fidel Castro, generaran unaconmocin en el mbito poltico cubano.La SAR no fue ajena a ello y emiti otromanifiesto donde insista en proclamar El desembar co del Granma y la crisis institucional cubana Jorge Renato Ibarra Guitart Historiador

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38 que s lo bajo las bases que ella haba sustentado, se podra solucionar la gra-ve crisis cubana. No le faltaba aldocumento un marcado matiz pacifista. 2 El Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) [PPC (O)] histrico respondial manifiesto de la SAR exhortndoloa que rechazara hasta las ltimas con-secuencias el Plan V ento, el cual promova las elecciones parciales apo-yadas por los polticos de la dictadura.As las cosas, las demandas ortodoxasconduciran a la SAR a una posicinradical desde donde no podra unir a to-dos los dems partidos. La ortodoxiaconsignaba: Entendemos, sin embargo, que nobasta que los partidos y sectores dela oposicin acepten la consigna deelecciones generales, sino que esindispensable que los mis mos acuerden, para evitar una falsa, einoperante unidad, que la consignade elecciones generales conlleva alabsoluto repudio a las proyectadaselecciones parciales o a cualquier otra frmula unilateral de este tipo,as como los trmites electorales deinscripcin y reorganizacin de par-tidos. 3 En efecto, la unidad en torno a la SAR era inoperante y falsa, pero erauna unidad al fin y al cabo. Si la SARoptaba por las demandas mximas dela ortodoxia histrica, la unidad no se-ra ni siquiera formal. La SAR esperabapor una circunstancia poltica que favo-reciese su frmula de eleccionesgenerales inmediatas con las cuales po-dra unir de nuevo a toda la oposicin.Pero esta circunstancia no acababa depresentarse. En esta situacin, y con laausencia de Cosme de la T orriente, el papel de la SAR pas de activo a pa-sivo. El momento histrico conspirabacontra ellos; haba llegado la hora de laR evolucin. Luego se sucedieron diversas pugnas entre los partidos polticos de oposicinburguesa. 4 Unos a otros se acusaban de traicionar a la SAR y a su postulado derechazo a las elecciones parciales; cadapartido interpretaba los postulados de laSAR segn su conveniencia. Y la SAR, en el medio, no haca nada por poner enorden las cosas; saba que eso era impo-sible y se limitaba a esperar De hecho, la tctica de T orriente de inscribir a los partidos para forzar a Batista a un arre-glo, haba sido abandonada por completoante la intransigencia de los ortodoxos his-tricos y del Partido Revolucionario Cubano (Autntico) [ PRC (A) ] de V arona. Incluso se avivaron las querellasentre estos ltimos cuando T ony V arona propuso invitar a una faccin ortodoxa, ladel PPC (O) inscripto, a participar en las deliberaciones de la SAR. En medio de esta situacin los lderes de la SAR buscaron una salida.Pensaron revivir los tiempos en queante la presin de la lucha popular Ba tista accedi a entrevistarse con T orriente. Se plane un contacto directo con el gobierno. Antes se convoc a una reunin y en ella Rogelio Pinaexpuso: Seores, si siguen apareciendomuertos esto desemboca en unasituacin de terrorismo perenne,que slo terminar con la cadaviolenta del gobierno, al igual queen los tiempos de Machado. Losasesinatos de oposicionistas no lo-gran otra cosa que reforzar lainconformidad y la violencia. ¡Este

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39 pas est al borde de la anarqua!Si las autoridades tienen algn sen-tido de la responsabilidad estnobligadas a brindar una solucin. Lanacin no puede comenzar una za-fra azucarera bajo el terror 5 El presidente de la SAR de manera directa sealaba que haba que salva-guardar los intereses econmicos y elorden burgus por encima de todo, yque para ello era necesario concertaruna solucin poltica. Por eso, Rogelio Pina le envi una carta al primer ministro, Jorge GarcaMontes, en la cual trascenda que sehaba efectuado un encuentro anteriorentre los lderes de la SAR y el altofuncionario del rgimen. Dicha reuninhaba tenido lugar el 1 1 de diciembre, motivada por los acontecimientos entorno al desembarco del Granma. Una comisin de miembros de la SAR, visi-t a Garca Montes, segn lo acordadoen una sesin conjunta de la SAR conlos presidentes y representantes de lospartidos y sectores de la oposicin. Enese momento ya se haba anunciadoque el desembarco haba sido un fra-caso para los revolucionarios. En sumisiva, Rogelio Pina sealaba que ellosle haban indicado a Garca Montes queera “inaplazable detener la efusin desangre” y adems haban “replanteadocon toda amplitud la solucin definitivade la crisis institucional de la Repbli-ca”. En ese encuentro se lleg a lassiguientes conclusiones, segn se con-firma en la carta de Pina: La visita que le hicimos nos hizo con-cebir esperanzas para Cuba.Manteniendo usted sus puntos devista no dio por terminadas las con-versaciones. Seal la conveniencia de reanudarlas porque dentro de las48 horas siguientes dijo: “ puede variar el curso de losacontecimientos ” As lo hicimos saber a los partidos y sectores dela oposicin: Pero al da siguienteapareceran en la prensa diariaunas declaraciones de usted en quese insiste en el plan electoral del r-gimen [...]. 6 La maniobra del Primer Ministro de la dictadura se explica por el hecho deque el rgimen an no se senta segurode dominar el brote insurreccional pro-vocado por el desembarco del Granma, y esperaban que en el plazo de unascuarenta y ocho horas se confirmara sise haba controlado la difcil situacin. Si las fuerzas rebeldes fueran diezmadas,tena previsto iniciar contactos con laoposicin para desviar el parecer de laopinin pblica y utilizar esos encuentroscomo una pantalla poltica que les per-mitiese arremeter con toda fuerza contralos expedicionarios. Pero no hizo falta,pues los partes militares de la dictadu-ra pusieron optimistas a los mximospersoneros del rgimen. Con sus decla-raciones del da siguiente, GarcaMontes elimin todas las esperanzas delos oposicionistas y la SAR. En esas cir-cunstancias la SAR fundamentaba laurgencia de un arreglo en las siguientesrazones: Los hombres y mujeres jvenes nose estn batiendo por subalternasposiciones electorales; no estn re-clamando posesin de cdulas, y lesparece cosa confusa y lejana los mi-nsculos problemas de inscripciones,de afiliaciones, de reorganizaciones.Se hace necesario calar ms hondopara resolver los problemas de Cuba

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40 y para ello es indispensable enca-rar en toda su realidad el momentopoltico partiendo del principio deque la fuente de todo poder justo sehalla en el consentimiento de los go-bernados, libremente manifestado. 7 Estaban en lo cierto cuando describan el estado de nimo poltico de lajuventud, e insistan en que para neu-tralizar la rebelda juvenil era necesariollevar a vas de hecho la frmula quepropugna dan “Calar ms hondo ” significaba restaurar la democraciaburguesa para ellos pero “calar ms hondo” para los revolucionarios signi-ficaba ejecutar cambios estructuralesque resolvieran los problemas del pue-blo. A esta carta de la SAR, donde se ponan al desnudo las maniobras polti-cas que la tirana planeaba a raz deldesembarco del Granma, Garca Montes respondi: Debo recordarle que la audienciaque usted solicit, acudiendo corts-mente en persona a mi casa, tenauna sola nica finalidad: ges tionar seguridad para la vida del diezmado grupo sedicioso que an semantena sobre las armas en la pro-vincia de Oriente. Al pedir usted la entrevista, no fue mencionado enabsoluto el propsito de tratar sobresoluciones polticas a los problemasde nuestro pas. 8 Aunque no disponemos de la documentacin capaz de permit irnos la reconstru ccin de lo ocurrido, lo cierto es que, de acuerdo con las posicionesanteriores del gobierno en similares cir-cunstancias, cabe interpretar queGarca Montes desvirtuaba la realidaden su carta respuesta. La SAR pensaba que la tirana estaba en aprietosante este nuevo brote insurreccional y como en diciembre de 1955, se veraobligada a entablar conversaciones conla oposicin, por tanto, seguramente seplante persuadir a Garca Montes paraque accediera a un arreglo poltico. El gobierno, que antes us el pretexto de la falsa neutralidad de la SARpara no acceder a un dilogo, esta vezusara la justificacin de que la oposi-cin se encontraba dividida: Ni la SAR ni sus dirigentes estn au-torizados para tratar sobre solucionesnacionales en nombre de los partidosoposicionistas, por la sencilla razn deque estos partidos o grupos se en-cuentran profundamente divididos pordiscrepancias insalvables. Qu man-dato serio puede hacer valer la SAR,qu representacin puede alegar qu frmula respaldada de veras por susorganizaciones afiliadas puede plan-tear y defender si los grupos que le han dado apoyo aparente han toma-do diversos caminos, y unos sonpartidarios de las elecciones parcia-les sujetas a condicin, otros hanreclamado su propsito de reorgani-zarse y de abstenerse luego en laselecciones, y otros, en fin, mantienenun absoluto repudio a la reorganiza-cin y a las elecciones y acusan detraidores a cuantos no acepten estatesis radical? 9 La postura del rgimen de no acceder a las demandas de la SAR haballevado a la divisin de los partidos po-lticos burgueses, slo bastaba con queaquel se mostrara dispuesto a accedera unas elecciones generales inmedia-tas para lograr la unidad de todos. Lospretextos de Garca Montes eran fal sos

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41 por completo. A la dictadura le convena perpetuarse en el podermanteniendo dividida a la oposicin bur-guesa. Poco caso se haca a la alertaemitida por los idelogos de la SARdonde advertan el peligro que consti-tua el repudio de la juventud a laselecciones convocadas por Batista: No puede sorprender a nadie quela SAR trate con desdn [...] lostrmites y procedimientos necesa-rios para celebrar elecciones libres,a los que llama “minsculos proble-mas”, ni que califique de“subalternas posiciones electorales”nada menos que a todas las alcaldas de la Repblica, todos loscargos de concejales y la mitad dela Cmara de Representantes. 10 Por ltimo, Garca Montes le reproch a la SAR que no haba hechoesfuerzos suficientes para detener lainsurreccin armada. 11 La SAR reaccion airada ante semejante ofensa, pues haba tratade deevitar el colapso de las instituciones bur-guesas ante una revolucin popular: Desde el momento mismo en que pormedios no consentidos por el ordena-miento jurdico se alter el ritmoconstitucional de la nacin, la SAR noha hecho otra cosa que tratar de im-pedir la contienda armada. Hacondenado la violencia en cualquierade sus manifestaciones, como mediode arribar al poder y como forma deresolver la crisis. 12 Despus de estos intercambios con el Primer Ministro del rgimen, la SARentr en una etapa de decadencia pol-tica definitiva. Esa organizacin noconstitua un vehculo idneo para ca-nalizar un entendimiento poltico por las siguientes razones: en primer lugar no existan posibilidades efectivas para lle-gar a una avenencia con el gobierno,que no haba satisfecho sus demandas;en segundo lugar la coyuntura histrica que se viva conspiraba contra suspropsitos, pues el momento era de lu-cha armada, no de demandas polticas;en tercer lugar la oposicin bur guesa se hallaba totalmente dividida y em-prender un proceso unificador como otrora lo hizo Cosme de la T orriente, resultaba harto difcil; y por ltimo, laSAR, despus de tantos fracasos, es-taba invalidada de obtener apoyo delpueblo, el cual se daba cuenta de queslo una revolucin derrocara la tira-na. Sus lderes intuyeron el fracaso detodas las gestiones y aunque la SAR si-gui existiendo, el eje de las demandasde paz pas a lo que se llam “T ercera fuerza”. El golpe de gracia a la SAR se lo dio el Partido Ortodoxo, que en unacarta donde Pelayo Cuervo anuncique no se reintegrara a las tareas delos partidos adheridos a la SAR hastatanto dicha institucin definiera clara-mente que la aceptacin de lademanda esencial de elecciones gene-rales implicaba un r epudio absoluto al Plan V ento (incluyendo la inscripcin y la reorganizacin de lospartidos). 13 La crisis del paradigma r efor mista Como la SAR era una suerte de cadver poltico, emergieron nuevas fuerzasen el panorama nacional para mantenerviva la alternativa reformista. CuandoFidel Castro, el lder del Moncada, hizorealidad su promesa de reiniciar la lucha

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42 armada en diciembre de 1956, intervi-nieron en el debate poltico lasprimeras instituciones cvicas ubicadasen la regin oriental, alarmadas antela posibilidad de una guerra civil. El 5de diciembre la prensa nacional dabaa la publicidad un manifiesto de quin-ce representantes de institucionescvicas de Santiago de Cuba en el quehaca “[…] un encarecido llamamien-to de toda la ciudadana en el nobleempeo de lograr el definitivo resta-blecimiento de la concordia en lafamilia cubana, recabamos de todosponderacin, mesura y sensatez”. 14 Muy pronto, el 16 de diciembre, la iniciativa de las instituciones santiaguerasser retomada por otras sociedades, lascuales agrupaban a miembros de la bur-guesa y pequea burguesa que, atentosal acontecer de violencia predominanteen el pas, llamaron a todas las institu-ciones cvicas a buscar una solucinpacfica al conflicto cubano: La paz es un ferviente anhelo detodo nuestro pueblo [...] Y para lograrla a cabalidad es necesaria yurgente hoy ms que nunca, unasolucin que proporcione el respe-to pleno a todos los derechosciudadanos, porque de lo contrario,la amenaza continua de una guerracivil destruir la familia y arruina-ra nuestra vida econmica, socialy poltica. 15 En el fondo, sociedades como los Rotarios, los Leones y los L yceums, que se encontraban entre los firmantesde este manifiesto, teman el desenca-denamiento de una contienda civil queafectase sus propiedades. No tenan ensentido general el propsito de gestio-nar la paz a los fines de producir importantes transformaciones socialescomo las demandadas por las organi-zaciones revolucionarias. Su finalidadera el retorno a la normalidad polticapara en ltima instancia no afecta r la estabilidad social necesaria para la pros-peridad de sus negocios. El primerministro, Jorge Garca Montes, para nodar crdito a los reclamos de las i nstituciones c vicas, declar que estas eran utilizadas por algunos sectores polticospara satisfacer intereses propios. 16 El 23 de diciembre, treinta y siete instituciones de Santiago de Cuba pu-blicaban un manifiesto de adhesin a lasgestiones de paz de los Rotarios, Leo-nes y L yceums. 17 Pero los llamados a la conciliacin y la cordura no encontraron eco en las fi-las gubernamentales. La ola de violenciacontinu su curso; a los crmenes come-tidos a los expedicionarios del Granma dispersos en la geogra fa oriental, se sumaron los ocurridos entre el 25 y el 26 de diciembre en el norte de la provinciade Oriente que arroj un saldo de vein-ticinco muertos en lo que se conocecomo las Pascuas Sangrientas y el 30 de diciembre miembros de la policabatistiana dieron muerte en Santiago deCuba a cinco jvenes revolucionarios,entre ellos al adolescente de quinceaos, W illiam Soler A raz de estos hechos, el Bloque Cubano de Prensa, consciente de que laSAR reclamaba un sustituto en la bsque-da de un entendimiento con el gobierno,se ofreci para mediar en el conflicto cu-bano: “Somos periodistas y no polticos.Pero tal es nuestro empeo que sintetizala as piracin de la inmensa mayora de la poblacin republicana de retornar a lanormalidad y al imperio de la ley que nos

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43 ofrecemos como conciliadores en un pla-no de absoluta equidistancia”. 18 Muy pronto las instituciones cvicas, los partidos tradicionales y el BloqueCubano de Prensa pasaran a confor-mar un conglomerado unido de fuerzasen pro de una alternativa reformista. Elmanifiesto de esta ltima institucintuvo la adhesin de numerosas entida-des cvicas y de diversos lderes de lospartidos polticos. 19 Pero esta vez sera Batista el encargado de darle el tiro de gracia a lapropuesta del Bloque Cubano de Pren-sa: “Segn tengo entendido, esasgestiones mediadoras se intentan reali-zar entre facciones oposicionistas y elgobierno [...] El gobierno ha anuncia-do su decisin de resolver losproblemas polticos a travs de las ur-nas, y al despedirnos de 1956 lo hereiterado personalmente”. 20 Quedaba claro que ni la oposicin oficial ni las nuevas fuerzas socialesemergentes podan plantear una alter-nativa de solucin pacfica distinta alcamino de soluciones electorales de la dictadura. Haba que ver hacia dnde seiban a inclinar los sectores reformistassi se sumaban a las frmulas del gobier-no; continuaban insistiendo en salidasnegociadas basadas en la mediacin odesde una posicin aparentemente neu-tral apoyaban a las organizacionesrevolucionarias. A partir de ese momento, los caminos estaban bien delimitados,cada institucin, partido o persona debahacer su propuesta. El gobierno, por suparte, no iba a producir cambios, los de-ms deban de atenerse a esa realidad.Aferrados a los mtodos de represin vio-lenta, personeros del rgimen castrenseadvirtieron: El Bloque Cubano de Prensa antesde proseguir en esas gestiones,debe definir en qu sentido realiza-ra la mediacin y emplazar a losjefes oposicionistas, que han res-pondido tan solcitos, para quedigan concretamente si tienen quever algo con el plan terrorista y siellos pueden comprometerse alcese de ese plan siniestro, si es quetienen autoridad con los que loorientan. 21 De esa manera, los sectores y partidos que alentaban una solucin pacficade tipo reformista eran empujados al te-rreno de los opositores activos a ladictadura, al terreno de la revolucin,aunque temieran sus consecuencias y nocompartieran los mismos principios ideo-lgicos. Un analista poltico de Bohemia precisaba: “Nada haba de equvocoen la actitud de los grupos representativos de la sociedad cubana quesuscribieron la primera apelacin. Noexistan motivos para situarlos en el pa-pel de instrumentos de los sectoresoposicionistas”. 22 En un mensaje de las instituciones cvicas de Bayamo, el 27 de diciembrede 1956, precisaban que la solucin delos problemas nacionales estaba msall de las tcticas e intereses de losdistintos sectores polticos, por lo queplantearon: Aspiramos a un esfuerzo supremopor llevar a la conciencia de todoslos cubanos, la obligacin ineludibleen que estamos de salir a la pales-tra pblica y [...] terciar en losproblemas que por largo tiempo vie-nen debatindose [...] entre lasfacciones polticas de nuestro pas.

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44 Hasta ahora el problema ha estadopor entero en manos de los polti-cos de nuestro pas, y las grandesmasas populares con todas sus ins-tituciones cvicas, sociales,religiosas y econmicas se hanmantenido al margen. 23 Lo cierto era que los partidos oficiales de oposicin, aquejados de unaprofunda crisis, haban dejado de ser ve-hculos efectivos de defensa de losintereses clasistas de la burguesa y lapequea burguesa integrada en diver-sas instituciones cvicas. Estas ltimaspasaron a ser por fuerza de las circunstancias, las entidades voceras de losintereses de la oposicin oficial alarma-dos por el avance de una revolucinimpulsada por organizaciones revolucio-narias emergentes clandestinas y quehaban captado el favor de importantessectores populares: la juventud, los tra-bajadores, campesinos y estudiantes.Era ese el verdadero pueblo que habaconvocado Fidel al combate frontal con-tra la dictadura en La historia me absolver del que, por cierto, no haba excluido a las clases medias. Estasltimas se enrumbaron por el camino dela revolucin por distintas vas, inclusorepresentativos de estas clases pasaronde las instituciones cvicas a apoyarlacuando quedaron completamente con-vencidos de que no haba salida pacficaa la crisis nacional con Batista en el po-der Las instituciones cvicas orientales en nmero de ms de quinientas, encabe-zadas por el gobernador de los clubesRotarios, Mario Manduley convocaron a una Asamblea Provincial de Representativos de las Fuerzas V ivas de Oriente para el 3 de enero de 1957 en Bayamo, que fue prohibida por el rgi-men, y en telegrama a Batista solicitaronel cese de la represin. La asamblea seconvoc nuevamente para el 13 de enero. Segn los organizadores entre losaspectos que se trataran se encontra-ban: El problema del presente y el futu-ro de la juventud; necesidad deorientar a los padres en su conduc-cin.Lo ineludible de ocupar un puestoen el ejercicio cvico [...] con el finde lograr el restablecimiento de lalegalidad y el cese de los brotes deviolencia.Considerar la necesidad de garan-tizar los derechos esenciales delhombre, sin los cuales ningn pue-blo honrado puede vivir en paz. 24 Esta reunin fue impedida por la fuerza pblica. La plataforma de estosseores de las i nstituciones c vicas estaba dirigida a evitar la radicalizacindel proceso revolucionario en marcha,a lograr que los jvenes rebeldes fue-ran “mejor conducidos” por sus padres,y que la sociedad deba retomar la prc-tica de una legalidad inexistente desdeque Batista dio su golpe de estado el10 de marzo de 1952. Cmo hacereso posible? Acaso los problemas so-ciales y polticos de fondo se resolveranapelando a medidas que tendan a re-forzar el orden institucional de unarepblica neocolonial? Sin embargo, elsimple reclamo de los derechos esen-ciales del hombre condujo a Batista aprohibir la segunda reunin de las ins-tituciones cvicas orientales. Cmo nover en el reclamo de estas un llamadoa la conciliacin de la burguesa comoclase con representacin en el gobier-

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45 no y en la oposicin oficial? Con inde-pendencia de que en el contexto de lapoca luchar por una solucin pacficay condenar la violacin de los derechoshumanos era una posicin progresista,no puede escapar a nuestro anlisis quelas instituciones teman tanto o ms ala revolucin que al batistato, si no porqu no intervinieron pblicamente a razdel golpe de estado del 10 de marzo yen los otros cinco aos sucesivos? Supreocupacin, en buena medida, era laseguridad de sus negocios ante el de-sarrollo de una guerra civil con unaparticipacin popular activa. Condena-ban los mtodos represivos de ladictadura, porque ello conducira al de-sarrollo de una espiral de violencia quepoda atentar contra los cimientos de larepblica neocolonial nacida en 1902,aunque muchos lo hicieran por razoneshumanitarias. Sin embargo, Batista, lejos de captar el favor de estas instituciones parareformar el orden neocolonial cubanocomo ya haba hecho en 1940, se deci-di a defender los intereses de la castamilitar que haba hecho de su permanen-cia en el poder el objetivo mximo de su administracin. Si el rgimen golpistaacceda a un entendimiento con estossectores de la sociedad civil, ello hubie-ra conducido necesariamente a algntipo de transaccin que lo afectaba ensus planes de permanecer en el cargo.Cuando el mantenimiento de las insti-tuciones pblicas se convierte enobjetivo ltimo de un rgimen y se pier-den de vista los reclamos de otrosagentes sociales de los sectoreshegemnicos que alertan sobre un co-lapso social, se est apostando a la crisissin salida de un sistema poltico. El asunto se vuelve ms complejo porquela transicin a otro rgimen poltico decualquier manera afecta al grupo quemantiene la administracin del Estado,y de esta forma se cierran las alterna-tivas de futuro para los sectores quepretenden reformar la sociedad desdeadentro atenindose a sus orgenes yprcticas establecidas. Por ello, los gru-pos emergentes que apuestan a laruptura con el pasado y no se encuen-tran orgnicamente vinculados a lasinstituciones y partidos propios de la re-pblica neocolonial, ganan el terrenocedido por las clases y sectoreshegemnicos en crisis y se fortalecenante las contradicciones interclasistasde estos permitindole dividirlas y cap-tar adeptos. Debido a ello y como sedice popularmente: “a ro revuelto, ga-nancia de pescadores”, Armando Hart, a nombre del Movimiento 26 de Julio(M-26-7), envi un comunicado a losdelegados de las reuniones de las lla-madas “clases vivas” de Oriente dondeseal: El gobierno dictatorial impotentepara contener la accin revolucio-naria por las vas legales estrecurriendo al procedimiento de losdbiles: el crimen.[……....]Como sector organizado no revolu-cionario, las fuerzas vivas, lasinstituciones econmicas, mercanti-les, culturales y sociales son enrealidad las nicas autoridades ci-viles que le quedan a nuestradesdichada Repblica. Congreso,Poder Ejecutivo, T ribunal Supremo, Partidos polticos de todas clases[...] han quedado borrados del es-cenario pblico como verdaderas

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46 autoridades [...] Muy por el suelotiene que estar la autoridad de lossupuestos representantes civilescuando su incapacidad frente al crimen ha dado lugar a esta reunin [...]Un gobierno serio y responsable hu-biera renunciado. Frente a todo elloest ms justificada que nunca la Re volucin como nico mediocivilizado de liquidar la opresin.[...]En definitiva, las clases vivas y el 26de Julio persiguen idntico fin: el or-den y la tranquilidad de la familiacubana. Ustedes demandando justi-cia y nosotros interponiendo la accinrevolucionaria. Si ustedes y nosotrosseguimos firmemente por ese cami-no habremos de encontrarnos en unpunto: la libertad de Cuba. 25 El verdadero poder el militar de la dictadura, no tena asidero suficiente enla sociedad civil y ello lo conduca a te-ner que combatir en muchos frentes.Las organizaciones revolucionarias sepercataron de esta situacin y disea-ron una estrategia poltica muy sabia deunidad amplia que condujera lo antesposible al derrocamiento de la tirana deBatista y al triunfo de la revolucin. A la larga, un gobierno revolucionariode cidido a aplicar el programa del Moncada, echara por tierra el rgimenneocolonial bajo el cual seoreaban al-gunos de los miembros de lasinstituciones cvicas. La poltica repre-siva de la dictadura condujo a lasinstituciones cubanas y a las organiza-ciones revolucionarias, al menos deforma global, a una alianza coyuntural.Aunque debe puntualizarse que, si bienambas se pronunciaban contra las me-didas de fuerza de la dictadura, los propsitos polticos eran completamentedistintos, algunas personas decidieronpasarse a colaborar ms activamentecon la r evolucin en el Movimiento de Resistencia Cvica. T ambin otros miembros de la sociedad civilneocolonial colaboraron, de forma ocul-ta, con las organizacionesrevolucionarias por diversas razones:terminar con la inestabilidad que gene-raba para sus negocios el estado deguerra civil, impedir que sus propieda-des fuesen afectadas por los sabotajesrevolucionarios, y apostar por una in-fluencia en un futuro gobierno quesurgido despus de la posible cada deBatista. En ese sentido sostenemos un criterio diferente al de Jos M. Cuesta, quienle asigna a las i nstituciones c vicas un papel de movilizacin y beligerancia contrael rgimen de Batista. En sentido gene-ral, sus posiciones eran ms a favor deuna mediacin que de una lucha frontalcontra la dictadura. Una cosa son las i nstituciones c vicas y otra el Movimiento de Resistencia Cvica, el cual adopt unapostura ms activa en el combate con-tra el rgimen del 10 de marzo. Noobstante, debemos reconocer que ellassirvieron de cantera para captar unabuena parte de los miembros del Movi-miento de Resistencia Cvica ; estos ltimos aspectos se encuentran muy biendemostrados en la obra de Cuesta. 26 El 14 de enero, en medio de la ola de violencias y persecuciones que estabateniendo lugar se suprimen las garantas constitucionales y se implanta la censu-ra de prensa. Entre los meses de enero y febrero se articul el Movimiento deResistencia Cvica como organizacinclandestina y celular cuyo objetivo prin-

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47 cipal era colaborar con el Movimiento26 de Julio ofrecindole ayuda logsti-ca. Sus tareas seran: contribucin enefectivo y en especie; facilitar contac-tos con determinadas personas; elapoyo y ayuda a los combatientes dela clandestinidad y la Sierra Maestra;propagar y cumplir las consignas de re-sistencia a la tirana, y realizar pequeossabotajes. Funcion como organismoindependiente hasta diciembre de 1958,cuando se funde con el Movimiento 26de Julio. 27 El gobierno, con su renuencia a favorecer una solucin negociada a lacrisis cubana, haba llevado a importan-tes sectores de la burguesa y lapequea burguesa al terreno de la opo-sicin y en algunos casos, a contribuir con la insurreccin que gestaban las or-ganizaciones revolucionarias. Por ellopodemos sealar que los continuos fra-casos de la alternativa reformistafavorecieron el fortalecimiento de la al-ternativa revolucionaria. Pero el hechode que desde la base se estuviese pro-duciendo el paso de miembros de lasinstituciones cvicas al Movimiento deResistencia Cvica, torpede los inten-tos de proceder a una mediacinpoltica con el gobierno. Segn estable-ce Cuesta en su obra, la tirana trat delocalizar a la dirigencia del Movimien-to de Resistencia Cvica entre lospolticos y los dirigentes de las institu-ciones y otras personalidades de lacapital de la repblica. 28 Eso contribuy a que la dictadura se mostrase hostilcontra el movimiento de instituciones c-vicas: Batista no poda permitir laconspiracin oculta entre las clasesmedias y la alta burguesa. La tcticade unidad amplia del Movimiento 26 de Julio haba socavado los propsitosmediacionistas de la alternativa refor-mista y haba coadyuvado a que eldictador se mantuviera reticente a unentendimiento que nunca antes habafavorecido. El 26 de febrero finalizaba la censura de prensa, pues por esa fechasesionaba la Sociedad Interamericanade Prensa ( SIP) en Nueva Y ork y el rgimen tema pasar a la lista negra delos pases donde se limitaba la libertadde pensamiento. Sin embargo, se man-tuvieron suspendidas las garantasconstitucionales, entre ellas la libertadde expresin. Por ello Jorge Luis Mart,periodista de El Mundo, sealaba: “Quien puede hablar no puede, sin per miso, moverse ni reunirse, puede serdetenido indefinidamente, registrado sudomicilio y revisada su corresponden-cia [...], la libertad implica la seguridad,o sea, la totalidad de un sistema jurdi-co que no est en vigor No hay libertad de expresin en tanto no rijanlos dems derechos individuales”. 29 Otros proyectos de alternativas a la crisis poltica se estudiaron por parte desectores de la oposicin y del gobierno.A principios de marzo dos congresistasautnticos, Arturo Hernndez T e llaeche y Ricardo Miranda iniciaron una gestinpara lograr un arreglo entre algunos par-tidos. Se dirigieron a Emilio Ochoa, alfrente del PPC (O) inscripto, y a JosPardo Llada, del Partido NacionalistaRevolucionario (PNR), los que apoyaronla nueva frmula consistente en: Convocar elecciones para el ao1958.Expedicin de nuevos carnets.Nuevo cdigo electoral.Amnista de los presos polticos

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48 V igencia de las garantas constitucionales. 30 Las medidas contempladas en el posible arreglo eran una especie de puntointermedio entre las posiciones del go-bierno y la oposicin. Se satisfaca alrgimen castrense en su proyecto deelecciones previsto, pero se le convo-caba a favorecer libertadesdemocrticas que en medio de la repre-sin le era imposible hacer efectivas.Esta frmula fue tambin aceptada porel Movimiento de Liberacin Radical deAmalio Fiallo, quien dejaba a un ladosus posturas de condenas a las media-ciones. Ramn Grau no acept lapropuesta porque rechazaba una expe-dicin de nuevos carnets, pues esamedida poda afectarlo, ya que al tenerinscripto su partido haba acumuladosuficientes carnets electorales. Esta oferta desconoca al movimiento guerrillero de la Sierra Maestra, el cualcon su actividad haba modificado el pa-norama poltico cubano, era una fuerzabeligerante que no se poda relegar a unsegundo plano. El gobierno ignor el plan,pero tambin otros sectores de la oposi-cin lo repudiaron. Ramn Andreu del Partido Democrtico (no inscripto) yT ony V arona por el PRC (A) abstencionista, rechazaron la invitacin. Cuando sedirigieron a consultar la opinin del lderdel PPC (O) histrico, Pelayo Cuervo,este se encontraba detenido en el Depar-tamento de Investigaciones del Serviciode Inteligencia Militar (SIM). Unos dasdespus, a raz del asalto a Palacio el 13de marzo, aparecera su cuerpo sin vida,vctima de un asesinato ms de la solda-desca batistiana. 31 Mientras esto ocurra, el secretario de Estado adjunto, Roy Rubottom, en franco acto de intervencin en losasuntos internos de Cuba, dio pblicoapoyo a las elecciones unilaterales del1 de junio convocadas por el gobiernode Batista. 32 El 12 de marzo el gobernador de los Rotarios, Mario Manduley se entrevist con Ral de V elazco, presidente del Colegio Mdico Nacional y llegaron alacuerdo de reunir a representantes detodas las instituciones cvicas del pas.La reunin se plane para el da 14 demarzo, pero no se pudo efectuar debi-do a los acontecimientos del da 13,cuando un grupo de valerosos jvenespertenecientes al Directorio Revolucio-nario asaltaron el Palacio Presidencialy la emisora Radio Reloj simultnea-mente. Jos Antonio Echeverra, destacado lder estudiantil, caera pe-leando heroicamente. Esta accin dej atnitos y alarmados a los miembros de las instituciones cvi-cas que con mayor urgencia redoblaronsus esfuerzos y pasaron su reunin parael da 18 en el Colegio Mdico Nacio-nal de G y 21. A dicho encuentro asistieron Jos Mir Cardona por el Co-legio Nacional de Abogados ; David Mestre por el Club de Leones; ElenaMoure por el L yceum; Luis de V elazco por la Sociedad de Estomatlogos;Domnguez Mouset por los Farmacu-ticos; Anbal Daz por los pedagogos; Mario Iglesias por los maestros priva-dos; Antonio Daz por la Confederacin de Profesionales Universitarios;Edilberto Marbn por el Colegio Nacio-nal de Doctores en Ciencia y Filosofa y Letras y Jorge Quintana por el Colegio Provincial de Periodistas.Despus de varias reuniones a las quese sumaron otros miembros de las ins-

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49 tituciones cvicas, el 23 de marzo apro-baron un documento que partabsicamente de un proyecto redactadopor Jos Mir Cardona el cual estaba centrado en el propsito de la mediaciny subrayaba el candente tema de la ju-ventud cubana: Cuba consternada ve marchar a lajuventud a la inmolacin y ve conhorror la canalizacin de las fuer-zas juveniles hacia la violencia y asu propia destruccin.[……....]Solicitamos la colaboracin de to-das las dems institucionesprofesionales, culturales, econmi-cas, cvicas y morales que notengan matiz poltico ni partidista,para que, sin criterios preconcebi-dos, a favor de una u otratendencia, vengan a unirse en fren-te comn para lograr con el favor de Dios, una solucin que liquidedefinitivamente nuestra profundacrisis nacional. 33 Aunque el movimiento de las instituciones cvicas haba comenzado porOriente, como reaccin a la sangrientarepresin de la tirana, realmente el ce-rebro de toda la concepcin estratgicade estas agrupaciones fue Jos MirCardona. Este, desde la SAR, como lu-garteniente de Cosme de la T orriente, ya haba planeado emplear a las insti-tuciones cvicas de la burguesa ypequea burguesa para forzar al rgi-men a una transaccin poltica. Enaquel momento, ao 1955, pocos sec-tores de la burguesa se manifestaronpolticamente, estaban seguros sus ne-gocios por el momento y muy pocosprevieron una situacin de peligro fu-turo. Pero ante el empuje de la revolucin y de los sectores populares,decidieron aparecer en la escena na-cional para lograr un arreglo poltico queofreciese proteccin a sus actividadessociales. El gobierno, por su parte, no le prest el ms mnimo caso al documento.Al respecto, Santiago Rey ministro de Gobernacin, plante: He ledo el texto del adolorido do-cumento. [...] T odo propsito en sentido de la paz es loable, pero, ami juicio, para que resulte eficazdebe ser enmarcado dentro de unenjuiciamiento pblico transparente,en que lo mismo se pronuncie laqueja que el gobierno despierta, quese condenen con valor actos comoel reciente ataque al Palacio Presi-dencial. 34 No le bastaba al seor Rey el propsito de las instituciones cubanas delograr una solucin a la crisis “sin cri-terios preconcebidos, a favor de una uotra tendencia”, pues quera que habla-ran el mismo lenguaje de rencor y odiode los tanquistas del gobierno. En definitiva, el curso de todas estas tribulaciones polticas conduca ademostrar que el pas requera de unatransformacin revolucionaria. CuandoFidel Castro se reencontr con su her-mano Ral en plena Sierra Maestra, enel lugar conocido como Cinco Palmas,con slo unos pocos hombres y armas,confirm su fe en la victoria. No eraque estuviera fuera de sus cabalescomo algunos pensaron o se compor-tara como un fantico optimista de lasposibilidades futuras de ese pequeo gru-po de combatientes, sino que conoca afondo la realidad cubana y saba que elpas, como nico poda salir de la crisis

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50 en la cual estaba atrapado, era median-te una verdadera revolucin. En casocontrario el rgimen castrense tenderaa perpetuarse, por eso en una oportu-nidad seal: “En cincuenta y cuatroaos de Repblica, los arreglos, lascomponendas y las mediaciones, al nocurar de raz los males, no han dadootro fruto que la miseria espantosa denuestros campos y la pobreza industrialde nuestras ciudades”. 35 Notas1 El Mundo (La Habana) 7 dic. 1956:A-4, col. 2. 2 Ibdem, p. 70. Copia mimeogrfica.T ambin se puede ver en Diario Nacional (La Habana) 19 dic. 1956. 3 El Mundo (La Habana) 20 dic. 1956:72. 4 Ibdem, p. 73. 5 Ibdem, p. 79. Copia mimeogrfica. 6 El Mundo (La Habana) 30 dic. 1956:77. 7 Ibdem. 8 Excelsior (La Habana) 4 en. 1957:80. 9 Ibdem. 10 Ibdem. 11 Ibdem. 12 El Mundo (La Habana) 9 en. 1957:83. 13 El Mundo (La Habana) 10 en. 1957:85. 14 Cuesta Braniella, Jos M. La r esistencia c vica en la guerra de liberacin de Cuba. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1997. p. 60.15 Ibdem, pp. 381-382. 16 Ibdem, p. 61. 17 Ibdem, p. 62. 18 Bohemia (La Habana) 49(1):61; 6 en. 1957. (En Cuba)19 Bohemia (La Habana) 49(2); 13 en. 1957. (En Cuba)20 Ibdem, p. 62. 21 dem. 22 Op. cit. (18). 23 Ibdem. 24 Cuesta Braniella, J. M. Op. cit. (14). p. 70. 25 Ibdem, pp. 71-72. 26 Ibdem, p. 75. Sin embargo, debemos sealar que en un ar-tculo indito del autor explica mejor los pro-psitos de las instituciones cvicas cuandolas califica como “beligerantes por la paz”. 27 Ibdem. 28 Ibdem, p. 93. 29 Bohemia (La Habana) 49:87; 10 mar 1957. (En Cuba)30 Ibdem. 31 Ibdem. 32 Manifiesto del PSP llamando a la unidad. En: Archivo Nacional. Fondo Especial, Leg. 5, No. 92.33 Cuesta Braniella, J. M. Op. cit. (14). pp. 387388.34 Bohemia (La Habana) 49:90; 31 mar 1957. (En Cuba)35 Castro Fidel “El Movimiento 26 de Julio”. En: Academia de las F AR “General Mximo Gmez”: La Revolucin C ubana (1953-1980) Seleccin de Lecturas. Primera parte. La Habana: Ed. Ministerio de Educacin Superior,1983. pp. 338-339.

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51 A partir de 1956, la permanencia del ncleo guerrillero en la Sierra Maestra, 1 el incremento de la poltica represiva de la tirana de Fulgencio Ba-tista –con el consiguiente aumento dela oposicin popular y revolucionaria–,junto a las presiones de la opinin p-blica norteamericana, entre otrosfactores, influiran decisivamente en ladinmica de las relaciones militares en-tre Cuba y los Estados Unidos. Una de las primeras decisiones tomadas por el rgimen, despus de losacontecimientos del 2 de diciembre de1956, consisti en enviar hacia la pro-vincia de Oriente una compaa ligeradel batalln del Mutual DefenseAssistance Program (MDAP). 2 Al mismo tiempo, en el mes de enero, elministro de Gobernacin Santiago Reyse reuni en W ashington con el subsecretario de Estado Robert Murphy y leasegur que Batista tena aplacada lainsurreccin en Cuba. Rey adopt tam-bin el compromiso de mejorar lacooperacin entre el Bur de Represinde Actividades Comunistas (BRAC) y las agencias de inteligencia norteame-ricanas en la cruzada anticomunista. En principio, los Estados Unidos se esforzaron por mantener una imagenaparentemente neutral ante la crisis cu-bana, sin dejar de prestarle apoyo a ladictadura. Con esa finalidad, fue nom-brado el nuevo embajador Earl Smith, quien al igual que su antecesor Arthur Gardner no era un diplomtico de carrera, pero haba realizado unaimportante contribucin a la campaaelectoral del presidente Eisenhower Si bien Gardner mostr una posicin deabierto apoyo a Batista, Smith vendracon la misin de mantener una supuestaactitud de no injerencia en los asuntosdomsticos de la isla. T odava durante gran parte de 1957, el rgimen continu exhibiendo mues-tras pblicas de sus “buenas relacionesmilitares” con el pas vecino. Nuevostanques “Sherman” tipo medianos, lefueron cedidos al amparo del Progra-ma de A yuda Mutua y en reciprocidad, la tirana condecor con la Legin delMrito al mayor general T ruman H. Landon, jefe del Comando Areo del Caribe, y con la Orden del Mrito Mi-litar al coronel Harold S. Isacson, jefede la Misin del Ejrcito. Reajustes de la poltica militarnorteamericanahacia la dictadurade Batista (1956-1958) Servando V alds Snchez Historiador

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52 El segundo semestre del ao comenz con un paso importante en laplanificacin de la defensa hemisfricaimpulsada por los Estados Unidos. Des-pus de casi seis aos de la presentacindel primer proyecto del Plan Militar Ge-neral para la Defensa del ContinenteAmericano, fue aprobada en la Sesin215 del Consejo de Delegados de la Jun-ta Interamericana de Defensa, del 18 dejulio, la Resolucin XXXII, mediante lacual se dispuso elevar a la consideracinde los gobiernos latinoamericanos el nue-vo Plan Militar Continental. Esto ocurracuando en el plano poltico comenzabana interactuar las presiones del Congresoy de la prensa estadounidenses para laretirada del apoyo a los regmenes dicta-toriales de Amrica Latina. T ales factores determinaron el estancamiento de la gestin de otrostanques medianos M-4 realizada porCuba, lo cual provoc que Batista can-celara las rdenes de compra de losmencionados equipos blindados y le co-municara al gobierno norteamericano suintencin de buscar otras fuentes desuministro. Asimismo, las unidades del MDAP enviadas a la Sierra Maestra,fueron desmanteladas y distribuidas en-tre las diferentes tropas en operaciones.Con esa decisin, Batista trat de mos-trar que, a pesar de sus compromisoscon la estrategia norteamericana, no re-nunciara a sus propsitos por elevar lacapacidad militar del rgimen, ms ancuando enfrentaba una lucha armada. En septiembre de 1957, la repercusin de los hechos de Cienfuegosagudiz las crticas de la opinin pbli-ca de los Estados Unidos, opuesta alempleo, con fines represivos, de las ar-mas entregadas por su gobierno a la tirana. Si la denominada estrategia dedominio hemisfrico haba previsto,adems de los esfuerzos de carctercolectivo, el desarrollo de polticas na-cionales que garantizaran la seguridaddomstica en los pases latinoamerica-nos, apelando incluso a regmenes decorte dictatorial, desde esos instantes laaplicacin de dichas polticas estara li-mitada por las condicionantes internas dela sociedad norteamericana y en consecuencia, el diseo de hegemonaimperialista tendra que establecer deter-minadas prioridades en el continentepara salvaguardar sus intereses bsicos. La asistencia militar norteamericana a la dictadura haba sido una de las ma-yores en todo el Caribe yCentroamrica. Slo en 1956 el Pro-grama de Asistencia Militar a Cuba cost aproximadamente seis millones dedlares, ocupando el segundo lugar enAmrica Latina. 3 Sin embargo, Batista y su Ejrcito resultaban ineficacespara lograr la estabilidad requerida. Por esos motivos, a fines de ese ao el Departamento de Estado elabor losposibles derroteros para la solucin de lacrisis en Cuba, que en esencia conducana tratar de lograr un clima favorable parala celebracin de elecciones y la retiradade Batista de la escena poltica. En casode que el rgimen mostrara falta de vo-luntad para ello, se previ acelerar sucada con el anuncio pblico del cese delos embarques de armas a Cuba y la re-tirada de las misiones militares, tomndosecomo argumento el uso inapropiado quese haca del equipamiento del Programade A yuda Militar 4 Entre tanto, Batista decidi desarrollar su propio juego contando con elapoyo del embajador Smith, quien con

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53 una mentalidad conservadora se iden-tific plenamente con l. En dichoacercamiento tambin influyeron, qui-zs, las exenciones tributarias dictadaspor el batistato en 1955, que beneficia-ron a la Moa Bay Mining Company subsidiaria de la Freeport Sulphur a la cual estaba vinculada Smith por suamistad con John Hay Whitney presidente de esta ltima. El 1 1 de enero de 1958, Smith infor m a sus superiores haber obtenido deBatista la definitiva seguridad de querestaurara las garantas constituciona-les y presion a W ashington para el envo de veinte vehculos blindados so-licitados por el gobierno cubano desdemediados de 1957. 5 El da 25 Batista restableci las garantas constitucionales, pero era tal sudesconfianza que, como haba anuncia-do anteriormente, inici gestiones con elpropsito de adquirir armamento enotros pases. Una comisin de oficialesy alistados del Regimiento Mixto de T anques “10 de Marzo” se traslad, el 1 defebrero, a Nicaragua para negociar lacompra de treinta carros blindados M-6, que suplieran la falta de los solicitadosa los Estados Unidos. 6 De esta forma, seguan aparentemente los derroterosdel Departamento de Estado y continua-ba fortaleciendo las fuerzas armadas. Seis das despus, Smith envi un nuevo telegrama al Departamento deEstado donde consideraba poco realis-ta que el gobierno cubano u otrogobierno se abstuvieran de usar losequipamientos del MDAP contra una rebelin armada. 7 A pesar de esos esfuerzos, el subsecretario asistente paraAsuntos Interamericanos, W illiam P Snow le entreg el 3 de marzo al embajador Campa una nota relacionadacon informes relativos a violaciones co-metidas por el gobierno cubano de lostrminos del Convenio de A yuda Mutua. Campa le pregunt si esa accin repre-sentaba un cambio de la poltica de sugobierno y Snow le asegur que no. 8 Esa actitud del Departamento de Estado fue asumida por Batista condiplomacia. Segn los informes de Smith,el ministro de Estado Gonzalo Gell 9 le haba comunicado que Batista “compren-da la situacin totalmente” y estabapreparado para comprar armas a enti-dades privadas en los Estados Unidos,lo cual era cierto, pues algunas firmascomo la Remington Arms haban mostrado inters en negociar con el rgimen. Pero la dictadura, negada a hacer concesiones a la oposicin reformista yrevolucionaria, volvi a suspender las ga-rantas constitucionales el 12 de marzo, ytraslad las falsas elecciones de junio parael mes de noviembre. El propsito fun-damental de Batista era continuarcontando con el suministro de armas,pues desde principios de ao preparabauna gran ofensiva militar con la que es-peraba aniquilar al Ejrcito Rebelde. La suspensin de las garantas constitucionales volvi a retrasar los planesdel Departamento de Estado. Por tan-to, el 14 de marzo fue emitida una notaen la que se daba a conocer la parali-zacin del embarque de 1 950 fusilesGarand comprados por el gobierno cu-bano. A su vez, Smith recibi instrucciones de comunicar a la tiranael embargo de las armas, y se le aclarque ello no significaba el reconocimien-to del estado de beligerancia. El 17 de marzo, la tirana present una nota de protesta a la embajada

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54 es tadounidense en La Habana por la retencin de los fusiles. Mientras, elembajador Campa se reuni conW illiam P Snow y W illiam W ieland y trat de justificar la actuacin de su go-bierno, responsabilizando, en parte, algobierno norteamericano de la situacinexistente. De esa forma la diplomacia cubana, respaldada por Smith, emprendi unaofensiva contra el embargo. Este se apo-y en los criterios de la Misin Militar la cual sostena que la seguridad internaera parte de la defensa hemisfrica, ascomo en el descontento predominanteentre las jerarquas militares norteame-ricanas, debido a que la suspensin delenvo de armas se haba aprobado sinconsultar a la Junta de Estado Mayor T ambin la dictadura trat de utilizar las influencias del coronel John E. Kief fer uno de los ms destacados geopolticosdel mundo occidental. 10 Entre tanto, a fines de marzo una comisin, encabezada por el coronel RenScott, viaj de forma secreta a Rep-blica Dominicana. Como resultado deesas gestiones, el da 30, la Direccin deOperaciones G-3 del Estado Mayor delEjrcito imparti la orden siguiente: “ Disponga avns necesarios para transportar49875 libras de mercancas desdeRpbca Dominicana”. 11 A partir de esa fecha, la tirana comenz a recibirequipamiento militar desde ese pas. El 3 de abril, el gobierno de Batista orden la cancelacin de los contratoscon los Estados Unidos de un grupo desuministros 12 y se interes por conocer si el embargo inclua las piezas de re-puesto, imprescindibles para lareparacin del armamento. 13 Esto fue resuelto mediante la aprobacin de lo que se denomin, “non-combatequipment” (equipamientos no utiliza-bles en combate), con lo que elDepartamento de Estado dej una ven-tana abierta para continuar laasistencia militar No obstante, la tirana prosegua adquiriendo equipamientos en otros pases.Ese mes, la fragata Mximo Gmez viaj secretamente a Nicaragua paratrasladar TNT y bombas de manufac-tura norteamericana, mientras los vuelosde los aviones de la Fuerza Area del Ejrcito (F AEC) hacia Repblica Dominicana proseguan. A su vez, el gobierno cubano continu cooperando con los planes dedefensa hemisfrica. El 23 de junio, elMinisterio de Defensa Nacional informa-ba al jefe del Estado Mayor Conjunto(EMC) que al delegado jefe de la Dele-gacin de Cuba ante la JuntaInteramericana de Defensa le interesa-ba se gestionara la pronta conformidadpor el gobierno del proyecto de nuevoPlan Militar Continental, remitido desdeel segundo semestre de 1957. En res-puesta, el 17 de julio, Batista firmaba eldocumento que fij la conformidad delrgimen con dicho Plan. 14 La situacin se hizo ms complicada cuando la prensa norteamericana publi-c una noticia sobre la presencia deunidades del MDAP en los combates dela Sierra Maestra. El Departamento deEstado tuvo que ins truir a Smith para la retirada de la unidad con todos susequipamientos, pero Batista aleg quesus fuerzas se encontraban dispersasy haban sido absorbidas por otras unidades del Ejrcito. 15 Un nuevo inconveniente se origin con la denominada Operacin Antiarea,

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55 realizada por las fuerzas rebeldes del IIFrente Oriental “Frank Pas”, que denunci pblicamente la violacin delembargo y los estragos causados sobrela poblacin civil por las bombas de fa-bricacin norteamericana lanzadasdesde los aparatos de la F AEC. V arios ciudadanos estadounidenses fueron de-tenidos con la finalidad de utilizarloscomo testigos, causando ello una reper-cusin internacional. Smith intent aprovechar esa coyuntura para comprometer a su gobiernoen acciones militares conjuntas con elrgimen de Batista, pero el Departa-mento de Estado se mostr contrario alempleo de la fuerza. Durante los dasfinales de junio y poco ms de la pri-mera quincena de julio, los jefes delDepartamento de Estado y el Pentgo-no permanecieron constantementereunidos. Fueron valoradas diferentesvariantes, hasta la de intervencin. La crisis concluy despus de que el Gobierno norteamericano entrara ennegociaciones con la parte rebelde,mediante sus representantes diplom-ticos en Santiago de Cuba. A partir de la Operacin Antiarea, el Departamento de Estado reforz su posicinde mantener el embargo de armas,como elemento de presin, y esto entre otras consecuencias, condujo a quela entrega de diez aviones de entrena-miento T -18, ya pagados por la dictadura, nunca se efectuara y otroslotes importantes de material blicofueron acumulndose en los almace-nes norteamericanos. A medida que los ritmos de la guerra se aceleraban, los requerimientos dematerial blico crecan, no slo por lasp ropias exigencias de las operaciones, sino por las prdidas que se producancuando unidades enteras del Ejrcito eranderrotadas y todos sus equipamientos yarmas caan en poder de los rebeldes, sobre todo durante y despus de laOfensiva de V erano de 1958, lo cual oblig a la dictadura a incrementar lasgestiones que realizaba por diferentesvas desde principios de ao. Adems de Repblica Dominicana, su principal proveedor la tirana logr obtener suministros de la Cuban DevelopmentCompany en La Habana; Levy Auto Part Co. Ltd, en Canad; RobertoHernndez, en Nueva Y ork; Siefried W allner en Italia, e Irving Davidson. Este ltimo utilizaba cheques a nombre del te-sorero de los Estados Unidos y sus envosprocedan de Canad, Nicaragua y Eu-ropa. En total, desde enero a octubreenviaron mate rial de guerra por un valor de $4 705 076. Otros importantesabastecedores eran: Hawker Aircraf, de Inglaterra; Bonifacio Echeverra, deEspaa; Remington Arms, M. Garca, Rey Fraga y Co., E. Jonas, de los Es-tados Unidos, y Comercial Mercedes yGustav V enschow de Alemania. T ambin varias firmas italianas suscribieroncontratos por un aproximado de dosmillones de dlares. 16 Esa diversidad de fuentes de suministros, al margen de que actuaba contrael monopolio estadounidense en la ven-ta de material blico, provoc unaacumulacin importante de armamen-tos de diferentes tipos y calibres y lecre un nuevo problema a la dictadu-ra, la cual tendra que realizar unesfuerzo adicional para mantenerlos enfuncionamiento. Otras dificultades seagregaron por la mala calidad tcnicade algunas armas, como las carabinas

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56 San Cristbal y las granadas de manoy de mortero de procedencia dominica-na. Batista trat de buscar una solucingestionando la compra en Japn de unafbrica de armamentos valorada en diezmillones de dlares que producira fu-siles de acuerdo con los standar d norteamericanos, pero dificultades fi-nancieras impidieron su adquisicin. 17 Sin embargo, existen otras evidencias documentales de la asistenciamilitar que, de manera clandestina, ladictadura recibi desde territorio norte-americano. As, por ejemplo, el 8 de noviembre, un telefonema confidencialdel mayor general Daz T amayo, director de Operaciones G-3 del EstadoMayor del Ejrcito (EME) al general debrigada Carlos M. T abernilla, jefe de la F AEC, deca: “Para su conocimiento y cumplimiento, disponga que avns quevienen desde los EUA con armas parael Ejrcito y que no estn debidamentelegalizados, hagan su aterrizaje en ho-ras de la noche en el Aeropuerto ‘General Batista’” 18 En el plano poltico, Batista apel a las elecciones de noviembre como unode sus ltimos intentos para obtener elapoyo militar oficial de los Estados Uni-dos y prolongarse en el poder Fracasadas, el 15 de noviembre ofre-ci una conferencia de prensa; en ellaacudi nuevamente a los justificativosargumentos empleados desde e l inici o d el embargo, al declarar que el pas del norte estaba interviniendo en losasuntos internos de Cuba a favor delos rebeldes, porque no permita al rgimen adquirir armas, mientras ellos lasadquiran con facilidad. El 16 de diciembre un estimado especial de inteligencia reconoca el rpido deterioro del rgimen, peroerrneamente slo admita el triunforebelde como una posibilidad. 19 Al da siguiente, Smith, cumpliendo instruc-ciones de sus superiores y en contrade su voluntad, comunic a Batista ladecisin final de su gobierno de nocontinuar apoyndolo y lo inst a nodemorar su partida ms all del tiem-po necesario para efectuar latransferencia de poderes. 20 Pese a esas disposiciones, la colaboracin militar no se detuvo. Enparticular la Misin Militar trabaj con la jefatura del Estado Mayor Conjuntoen un anlisis de la situacin de las ope-raciones, cuya finalidad era tratar decontener la ofensiva del Ejrcito Rebel-de. Ello constituy un esfuerzo ms porcomprometer al gobierno norteamerica-no con el agonizante rgimen. La crtica situacin en Cuba motiv las reuniones del Consejo de Seguridad Na-cional los das 18 y 23 de diciembre. El 29de ese mes el Departamento de Estadoelabor un memorndum donde retomabala idea de emplear la OEA y la Organiza-cin de Naciones Unidas (ONU) paralograr una tregua y convocar a un plebis-cito. 21 Esa iniciativa injerencista ya no tena posibilidades de xito. 22 Por su parte, el da 30 los funcionarios del Pentgono recomendaron enotro memorndum dirigido al Secreta-rio de Defensa, Mc Elroy terminar el embargo, transferir el equipamiento mi-litar y fortalecer las relaciones con laisla; esta accin quizs era ms realis-ta, aunque tambin tarda. 23 El 31 de diciembre, el Departamento de Estado, en una de sus ltimas comu-nicaciones con su embajador antes de lacada del rgimen, era concluyente:

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57 En las actuales circunstancias cual-quier accin de incremento materialen cuanto a apoyo militar al GOCpodra exponer al Gobierno de Es-tados Unidos a ser atacado dentroy fuera del hemisferio por la inter-vencin en los asuntos internos deCuba […] amenazando a largo al-cance la posicin de EstadosUnidos en Cuba […] as comoconstituira un error poltico queafectara extremadamente las relaciones en el hemisferio que tienenimportancia bsica para EstadosUnidos. 24 Las autoridades norteamericanas no pudieron comprender que ms all deldilema del rgimen, se debata un mo-delo neocolonial en profunda crisisestructural desde la dcada del treinta,a cuya debacle definitiva contribuyeron,entre otros factores, la poltica represi-va de la dictadura, la ofensiva de lasfuerzas revolucionarias encabezadaspor el Ejrcito Rebelde, as como las li-mitaciones de la poltica exteriorestadounidense sobre la que influan de-cisivamente condicionantes domsticas. La dictadura haba continuado los pasos iniciados por los gobiernos au-tnticos para la integracin de Cuba a los planes de defensa hemisfrica norteame-ricanos y logr, impulsada por la guerra,modernizar hasta donde pudo las fuerzas armadas. Entre 1952 y 1958 recibiequipamientos y armas valorados en unacifra superior a los diecisis millones d-lares y ms de 500 oficiales cubanosfueron entrenados en bases militares deese pas. 25 Pero, a pesar de la integracin, el triunfo revolucionario hizoinevitable la ruptura con los presupues-tos injerencistas y hegemonistas. Los acontecimientos en Cuba fueron una de las causas principales que con-dujeron a la revisin de la polticanorteamericana hacia Amrica Latina. En ese contexto se dedic especialatencin al perfeccionamiento del Pro-grama de Asistencia Militar que, en lneas generales, tena como objetivo laintensificacin de la ayuda econmicay militar –a las elites militares en el po-der–, el incremento de las basesmilitares, el desarrollo de fuerzas de in-teligencia y de programas de “accincvica” que consolidaran el apoyo p-blico, y la creacin de nuevos centrosde entrenamientos dirigidos tanto alaprendizaje de tcticas antiguerrillerascomo al adoctrinamiento de los milita-res, de acuerdo con los propsitoshegemnicos de la gran potencia.Notas1 Los partes militares del rgimen trataron de ocultar la existencia de los rebeldes, maniobraque fue desmentida por el periodistanorteamericano Herbert Mathews, quien viaj ala Sierra Maestra para sostener una entrevistacon Fidel, la cual public en febrero de 1957, enel peridico The New Y ork T imes. 2 El batalln del Mutual Defense Assistance Program (MDAP) haba sido creado comoresultado de la aprobacin, en junio de 1956, delnuevo Plan de los Gobiernos de Cuba y losEstados Unidos para su Defensa Comn. Lacompaa perteneciente a ese batalln permanecien Oriente hasta el mes de abril, cuando retorna Columbia. El 24 de mayo de 1957, otras doscompaas equipadas por el MDAP fuerondespachadas por aire. Una fue destinada alRegimiento 9, de Holgun, y la otra al Regimiento1 de Santiago de Cuba.3 Morley Morris H. Imperial S tate. The United States and Revolution and Cuba 1952-1958.Cambridge: University Press, 1987. p. 58.

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58 4 Vase Policy Recommendation for Restoration of Normalcy in Cuba, 19 December 1957,Unclassified. En: Archivo del Instituto de Historia de Cuba (IHC).5 Department of S tates. T elegram from the Embassy in Cuba to the Department of State,January 11, 1958. En: Foreing Relations of the United S tates, 1958-1960 V VI, Cuba. W ashington: United S tates Goverment Printing Office, 1991. p. 7.6 Fondo Ejrcito, Carpeta N 1, Signatura 24/1.1/ 1.7/1.3, 1956-1958. En: Archivo del IHC. 7 Department of States. Op. cit (5). pp. 19-20. 8 dem, p. 49. 9 Gonzalo Gel, doctor en Derecho Civil, ingres en el servicio exterior en 1920. Entre1933 y 1937 ocup el cargo de Encargado denegocios de Cuba en Brasil, Colombia yNoruega sucesivamente. Represent algobierno de Pro como embajador en laOr ganizacin de Estados Americanos (OEA) y en Mxico. El 2 de mayo de 1956 fuedesignado Ministro de Estado.10 Kief fer director del W ar College de los Estados Unidos, le brind servicios a la dictadura sobrepsicologa de guerra y propaganda.11 Fondo Ejrcito, Seccin 3, Serie 3, Signatura 24/3.2/3.2.1/1-212, 27 enero-27 dic. 1958. En:Archivo del IHC.12 Los contratos cancelados incluan, adems de los 1 950 fusiles Garand que los Estados Unidoshaba detenido, 25 000 cpsulas para can MK 4 y cincuenta fusiles ametralladoras calibre treinta.T ambin se orden anular las gestiones que se hacan para adquirir veinticuatro morteros de 60mm, mil granadas para estos y veinteametralladoras calibre cincuenta.13 Otra de las medidas adoptadas en la ofensiva del rgimen contra el embargo, fue la designacinde Nicols Arroyo como nuevo embajador en W ashington. Arroyo present sus cartas credenciales el 16 de abril y el da 21 se reunicon los funcionarios del Departamento de Estado.14 Documentos de la Junta Interamericana de Defensa. En: Archivo del IHC. 15 A pesar de que continuaron las presiones del Departamento de Estado para la retirada delBatalln del MDAP la unidad (contrario a lo afirmado por el profesor Thomas G Paterson en su obra Contesting Castro. The United States and the T riumph of the Cuban Revolution) no lleg a trasladarse de la Sierra Maestra.16 Fondo Ejrcito, Seccin 3, Serie 1, Carpeta 3, Signatura 24/3.5/1.3/ 1-23, 1 oct.-4 nov 1958. En: Archivo del IHC. 17 Esas dificultades con el material blico no afectaron las operaciones militares de la dictadura,ni influyeron en el descalabro moral de sus tropas,que se vena manifestando como tendencia a partirdel fracaso de la Ofensiva de V erano, como un resultado de la exitosa estrategia y tcticaseguidas por el Ejrcito Rebelde. Por lo tanto,parece demasiado absoluto el argumentoexpuesto por Smith en su libro, acerca de que elembargo contribuy a la derrota de la tirana.Una investigacin an indita de un equipo deinvestigadores del Instituto de Historia de Cubademuestra lo contrario.18 Fondo Ejrcito, Seccin 3, Serie 3, Signatura 24/3.2/3.2.1/1-212, 27 enero-27 dic. 1958. En:Archivo del IHC.19 Vase Department of States. Op. cit. (5). pp. 295-297.20 Smith, Earl. The Four th Floor New Y ork: Random House, 1962. pp. 165-167.21 Esa idea le fue transmitida a Smith, por sus superiores del Departamento de Estado, despusdel fracaso de la Huelga General del 9 de abril,cuando el clima poltico se presentaba favorablepara la tirana.22 Vase Department of State. Op. cit (5). pp 317-318.23 Ibdem, p. 321. 24 Ibdem, p. 330. 25 Morley M. H. Op. cit (3). p. 58.

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59 Rumboa la guerra Mayra Aladr o Cardoso Investigadora L a asonada militar batistiana interrumpi abruptamente el proceso poltico del pas, en el cual se percibaclaramente la victoria del Partido delPueblo Cubano (Ortodoxo) que, con sucrtica a la corrupcin administrativa, algangsterismo, los negocios sucios y laconsigna de “V er genza contra dinero”, era apoyado por la mayora de la po-blacin. En realidad, el madrugonazo,ms que para derrocar al gobierno au-tntico corrupto del presidente CarlosPro, se realiz para impedir el triunfoen las elecciones de un movimientopoltico que haba logrado una significa-tiva movilizacin popular lo cual inquietaba a la oligarqua y al gobiernode los Estados Unidos. Esta coyunturafue captada por Batista y sus seguido-res, para quienes el acto golpistarepresentaba la ascensin al poder consus privilegios y oportunidades de for-tuna. Sin embargo, la accin militarista, lejos de restablecer la estabilidad delmodelo neocolonial y su sistema pol-tico, y amortiguar sus contradicciones,cre condiciones para su agudizacincreciente. A la reafirmacin y desarrollo de las caractersticas tpicas del entornoneocolonial, se aadieron factores talescomo el descrdito, relativamente rpi-do, de los partidos polticos tradicionales, cuya oposicin pacfica y gestiones con-ciliadoras quedaron defraudadas ydescalificadas por las maniobras polti-cas engaosas del rgimen y la represinque desat contra sus opositores, comofundamento del mantenimiento del poder Un rpido vistazo a la situacin, despus del 10 de marzo de 1952, permiteverificar el crecimiento ininterrumpidodel rechazo, la oposicin y la lucha desectores cada vez ms amplios de lapoblacin. Fue una toma paulatina deconciencia de la necesidad de derrocaraquel gobierno y de que su ejecutoriaslo dejaba la alternativa de la va ar-mada para combatirlo. Este proceso sedesarroll antes de la Guerra de Libe-racin, durante ella y tuvo un momentotrascendente el 1 de enero de 1959.Pr eparacin de la guer ra de liberacin nacional En este contexto general se realizaron los preparativos del reinicio de laaccin armada por los jvenes de la ge-neracin del centenario. Primeramente debe destacarse que la idea de continuidad de la lucha estu-vo presente en Fidel Castro y lossobrevivientes de la accin del 26 deJulio, aun despus de la derrota militaren los cuarteles “Moncada” y “CarlosManuel de Cspedes”. Este espritu decombate no slo se puso de manifiestoen el intento de Fidel de replegarse ha-cia la Sierra Maestra con un pequeogrupo de asaltantes –variante prevista enla idea de las acciones en caso de fra-casar el plan original–, sino tambin enla actitud asumida por todos en las se-siones del juicio a que fueron sometidos. Los asaltantes asumieron la responsabilidad de los hechos condignidad y honor y lejos de expresar

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60 arrepenti miento, defendieron la legitimidad de sus actos como un derecho anteaquel gobierno ilegal, impuesto por lafuerza, que hizo trizas el orden consti-tucional del pas. Fidel Castro, en el histrico alegato de autodefensa La historia me absolver, destac la firme actitud de sus compaeros. Asimismo, refut los ar gumentos del f iscal, las falsedades y calumnias sobre los asaltantes divulga-das por el rgimen y argumentcontundentemente las causas y objetivosde la accin. La clara exposicin de loshechos, las conductas de los bandos be-ligerantes y la slida fundamentacin legal, poltica y moral de la posicin deprincipios de los jvenes del centena-rio produjo una variante en la tnica deljuicio. Los acusados pasaron a ser losacusadores. T al era la fuerza de sus verdades. Incluso en las circunstancias ms adversas, la orientacin que logr en-viar el mximo dirigente de losmoncadistas a sus compaeros que seencontraban en la crcel de Boniato,para que incluyeran en la marcha –pos-teriormente Mar cha del 26 de Julio – los acontecimientos del da 26 en me-moria de los cados y como elementode unin y perseverancia en los idea-les y objetivos del Movimiento, fue otramuestra de la actitud combativa de es-tos jvenes. El revs militar devino en victoria poltica y acicate para continuar la lucha,cuya preparacin se reinici desde elcautiverio en la prisin de Isla de Pinos.En diversos documentos elaborados porFidel en el reclusorio se percibe su conviccin de que el camino trazado eranecesario y posible. En correspondencia con este pensamiento, los moncadistas convirtieronel presidio en un perodo de prepara-cin necesaria para continuar la lucha. Organizaron un sistema de vida deter-minado por el orden, una inflexibledisciplina y el colectivismo en las activi-dades, las relaciones interpersonales ylos decretos. El accionar del grupo se centraliz en la superacin poltico-ideolgica y cultu-ral. En funcin de este objetivo crearonla Academia “Abel Santamara” y la Biblioteca “Ral Gmez Garca”. El progreso normal de estas actividades fue interrumpido como secuelade las represalias de la direccin delpenal ante la meritoria y valiente acti-tud del 12 de febrero de 1954, cuandocon motivo de una visita del dictadorBatista al llamado Presidio Modelo, losmoncadistas entonaron las estrofas dela Mar cha del 26 de Julio. No obstante, a pesar de estas adversas circunstancias, la preparacin delos jvenes en funcin de la lucha con-tinuaba mientras Fidel se consagrabaintensamente a los estudios msdismiles, as como a perfilar la estra-tegia que habran de continuar La primera tarea diseada por Fidel fue la de esclarecer los hechos delMoncada y sobre todo, denunciar los crmenes de la dictadura. Perseveran-te en esta lnea de accin, acometi latrascendental labor de reconstruir sualegato de autodefensa: La historia me absolver, que devino en programa de la Revolucin. En junio de 1954, completado el escrito, Fidel hizo llegar instrucciones que formaban un plan y recogan dos aspec-tos: la distribucin del discurso y su

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61 significacin, as como los lineamientospara la organizacin de las finanzas. Para el gua revolucionario, en aquellos momentos, la tarea primordial erala propaganda, consistente en la divul-gacin de las razones en las cualesfundamentaron el asalto al Moncada, losideales que imbuyeron esa accin y susobjetivos, as como la denuncia de loscrmenes cometidos por la dictaduratanto el da de Santa Ana como en los siguientes, los cuales no haban sido su-ficientemente expuestos. Segn orientaba, las finanzas eran un punto donde se tena que trabajar conms cuidado, orden y coordinacin,priorizando los gastos para la impresiny distribucin del histrico documento. En octubre de 1954, un mes antes de la farsa electoral “montada” por la dic-tadura, comenz la circulacin en todoel pas de la primera edicin de La historia me absolver, y con ello se dio un paso importantsimo en la divulga-cin del programa y las ideas de larevolucin promovida por losmoncadistas, al propio tiempo se expo-na descarnadamente la masacrecometida por los asesinos uniformadosdel Ejrcito de la tirana y se daba unments rotundo a las falsedades dichaspor el gobierno y a las errneas inter-pretaciones de los polticos, la mayorade ellas mal intencionadas. De esta forma, durante su estancia en la crcel, Fidel, adems de estudiaragudamente en funcin de completar laformacin de su pensamiento, concibisu estrategia y comenz la preparacinde las condiciones para la creacin ofi-cial del Movimiento Revolucionario 26de Julio (M-26-7), y el reinicio de la lu-cha armada. Dado que la componenda electoral estaba fijada para noviembrede 1954, el rgimen batistiano se pro-puso crear un clima artificial de libertad,que incluy una restringida ley de am-nista, en junio de ese ao, la cualexceptuaba a los moncadistas. La pre-tensin de la dictadura de ofrecer unasensacin de normalidad poltica, bene-fici el desarrollo de la campaa enfuncin de la libertad de los moncadistasencarcelados. A continuacin de las elecciones, y concluido el proceso de vuelta a lainstitucionalizacin tradicional, el dicta-dor se sinti ms fuerte y ante la presin de la inmensa mayora de lapoblacin, firm la ley ampliada de am-nista que s favoreci a los valerososjvenes del centenario. Fidel y sus compaeros salieron de la prisin el 15 de mayo de 1955, lo cualsignific una victoria del pueblo, particu-larmente de las fuerzas revolucionariasque lucharon activamente por ese des-enlace. El logro de la amnista, al mismo tiempo de tener como consecuenciaprincipal la libertad de Fidel y sus com-paeros, cre y fortaleci condicionesdecisivas para el futuro desarrollo de larevolucin. Entre ellas: Atac y debilit a la tirana dentro de un marco legal. Ampli las actividades polticas a otros sectores sociales y form gruposlegales de opinin. Atrajo la atencin pblica hacia el grupo de revolucionarios encarcelados,posibilitando dar a conocer su progra-ma, ideales, conducta y actitudes. A partir del logro de la amnista, la situacin poltica del pas empezaba fa-vorablemente a girar hacia la nueva

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62 van guardia revolucionaria nacida de las acciones del 26 de Julio de 1953. Fidel se dio a la tarea de poner en prctica la estrategia concebida desdela prisin. Era necesario demostrar de-finitivamente que no haba salidapacfica a la situacin, que deban es-tructurar la organizacin y preparar elreinicio de la lucha armada. Desde la propia Isla de Pinos, dio a conocer que permanecera en Cuba para combatir al gobierno de Batista. Adems fustig la maniobra electoralista del r-gimen y a los polti cos que le hacan el juego desde una oposicin pacifista. In-variable con la posicin de principiosque lo caracteriz desde los aconteci-mientos del 26 de Julio, traz comonica salida posible al conflicto polticocubano, la celebracin de eleccionesgenerales, sin Batista, de forma inme-diata. Durante el trayecto de la Isla de Pinos hacia La Habana, Fidel, reunidocon sus compaeros, explic los planespara la reorganizacin del movimientoy la continuacin de la lucha. All ger min la idea de dar a la organizacinel nombre de Movimiento 26 de Julio(M-26-7), en homenaje a las accionesllevadas a cabo en esa fecha y a losmrtires que aportaron. Una vez en La Habana, Fidel despleg una intensa actividad encaminada arefutar la falsedad e hipocresa de lospersoneros de la dictadura; denunci losasesinatos cometidos el 26 de Julio de1953, as como las torturas y crmenes delos esbirros, y puso en evidencia que Ba-tista no cedera el poder pacficamente. Al mismo tiempo, se puso en contacto con la militancia ms sana de laortodoxia, del Movimiento Nacional Revolucionario y de otros grupos y sec-tores que podan representar un apoyopotencial a los planes que se proponallevar adelante. Como contrapartida, la tirana le fue vedando todo tipo de expresin pblica,as como de organizacin de reunionesy actividades cvicas. Limitado en susacciones, vigilado y perseguido continua-mente, se vio impedido de realizar lostrabajos indispensables para iniciar laguerra revolucionaria. Su situacin per-sonal se torn tan difcil e insegura quele resultaba imposible permanecer enCuba. Se impuso el exilio con el objeti-vo de buscar en otras tierras elescenario propicio para organizar la r evolucin y Mxico result el lugarescogido. Das antes de la partida hacia tierras aztecas, convoc a una reunin e n la calle Factora, donde se fij oficial-mente que la organizacin sedenominara Movimiento Revoluciona-rio 26 de Julio y qued establecida sud ireccin inicial. Aunque Fidel desarroll su ofensiva en el plano poltico, el gobierno cerrtodas las puertas: impidi la celebracindel acto convocado para el 20 de mayoen la Universidad de La Habana; nopermiti que el joven lder comparecie-ra en el programa televisivo Ante la pr ensa, ni en el espacio radial La hora or todoxa. Adems clausur noticieros y otros programas radiales; asalt ycerr el peridico La Calle; intensific el terror ya caracterstico; persiguia los fidelistas, al punto de que peligra-ban las vidas de Fidel, Ral y otrosrevolucionarios, por tanto l a nica opcin para ellos e ra el exi lio y desde all organizar la expedicin armada. En

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63 poco tiempo se desmoron la idea deuna salida pacfica, el propio Batista ysu sistema represivo se ocuparon dedemostrar que slo haba un camino: elde la guerra. El 7 de julio de 1955, Fidel parti hacia Mxico, donde se reuni con Raly otros compaeros para comenzar ladifcil tarea de or ganizar preparar y desembarcar en Cuba una expedicinarmada que reiniciara la ltima y defi-nitiva guerra de liberacin nacional. Al Movimiento en el pas le correspondala misin de enviar a Mxico grupos decombatientes, estructurar la organiza-cin en las provincias, trabajar en larecaudacin de fondos, propaganda yagitacin, as como preparar el apoyoy la recepcin de la expedicin. Fidel elabor el Manifiesto N 1 del M-26-7 a slo un mes de su salida deCuba, donde adems de exponerse losobjetivos y estructura del naciente Mo-vimiento 26 de Julio, se incitaba alpueblo a unirse a la lucha contra la ti-rana en cualquiera de las formasposibles y sin distincin de edad nisexo. Al propio tiempo se tomaba distancia de los sectores polticostradicionales involucrados en las ma-niobras electoralistas del rgimen. En el mes de agosto se efectu en La Habana un Congreso de militantesortodoxos, al cual asistieron exponen-tes de las distintas posiciones que seoponan a la dictadura. Fidel no dej pasar la oportunidad y envi un mensaje a esta reunin e l cual fue ledo el da 15, donde de forma sinttica y certera describi lasituacin nacional e indic la salidaque realmente apuntaba a una solucinefectiva. El cerrado aplauso de los delegados ortodoxos indic la entusiasta acogidaque recibi el texto, situacin aprove-chada por Faustino Prez para proponersu aprobacin como documento oficialdel Congreso, mocin acogida unnime-mente. Durante los meses subsiguientes se incorporaron al Movimiento dos perso-nalidades trascendentes para lasacciones futuras: Ernesto Che Guevaray Juan Manuel Mrquez. El primero haba llegado a Mxico en 1954 procedente de Guatemala, tras lacada del presidente de ese pas, derro-cado por fuerzas reaccionariasorganizadas y apoyadas por el gobier-no de los Estados Unidos. Conocedor de lo sucedido el 26 de Julio de 1953 y de su lder por medio de ico Lpez que se encontraba exi-liado all, el Che se encontr con Fidely se estableci una profunda identifica-cin de ideas, desarrollada an ms enel decursar de la lucha revolucionaria. Por otra parte, Juan Manuel Mrquez se convirti en cuadro cardinal de laestructura organizativa del grupo expe-dicionario en formacin. Pertenecienteal Partido Ortodoxo y luchador contrala tirana machadista, combati activa-mente la corrupcin administrativa delos gobiernos republicanos y rechazdesde el primer momento el cuartela-zo del 10 de marzo de 1952. En junio

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64 de 1955, por su posicin consecuente frente a la tirana, recibi una brutal gol-peadura de esbirros de la polica queprovoc su hospitalizacin. En octubre de 1955, Fidel, junto a Juan Manuel Mrquez, inici un reco-rrido por los Estados Unidos. Al igual que para Mart en la centuria anterior el propsito era unir a la emigracincubana en ese pas, vincular al Movi-miento 26 de Julio a todo el que quisieracontribuir fomentando una base de recaudacin de fondos para financiar elequipamiento y la preparacin del pe-queo ejrcito revolucionario quedesembarcara en Cuba para reiniciarla lucha armada. Para cumplir el fin propuesto se requera de la difusin de las ideas, losobjetivos y los mtodos del Movimien-to entre la emigracin, por lo que sedieron a la tarea de organizar encuen-tros donde Fidel hara uso de la palabra,y adems fundaran clubes patriticos,tarea desarrollada tambin por nuestroHroe Nacional en el siglo XIX Al terminar el viaje, Fidel elabor el Manifiesto N 2 del Movimiento 26 deJulio, fechado el 10 de diciembre, en laisla Nassau. En dicho documento seexpresaba claramente que al pas, conlos ltimos hechos acontecidos, no lequedaba otro camino que el de la re-volucin. Durante el ao 1956 se incrementaron aceleradamente las actividades de forma-cin y preparacin del destacamentoexpedicionario. Con la llegada de los pri-meros fondos aportados por Cuba y lasorganizaciones del exilio, as como con laincorporacin de combatientes, seleccio-nados y enviados desde Cuba, losEstados Unidos y otros pases de Centroamrica, comenz la organizacinde grupos que se alojaron en casas alqui-ladas por el Movimiento en la Ciudad deMxico. La vida en las casas se caracteriz por la severidad y un riguroso orden in-terior y los grupos funcionaban sobre la base de la ms estricta disciplina mi-litar a la vez realizaban la preparacin fsica y militar indispensable para el des-empeo de la futura misin. Estasactividades incluan largas caminataspor la ciudad, ejercicios de remos, es-calamiento de montaas en los cerroscercanos a la ciudad, defensa personaly lucha. Adems, los combatientes reciban clases tericas sobre tcticaguerrillera, lucha en la ciudad, vida encampaa y otros tpicos de carctermilitar Estas conferencias o charlas se efectuaban generalmente de noche enlas casas que servan de campamentoy eran impartidas por Alberto Bayo, ex coronel republicano espaol, veteranode la guerra civil en aquel pas, a quienFidel haba conocido a fines de 1955 enla capital mexicana. Los conocimientosy experiencia combativa que aportBayo fueron de mucha utilidad para lapreparacin de los expedicionarios. Parte sustancial del entrenamiento eran las prcticas de tiro real. Estas serealizaban en el campo de tiro “LosGamitos”, situado en las afueras de laciudad y se combinaban con entrena-mientos de campaa en las montaasque rodeaban el lugar Otra tarea, no menos difcil, riesgosa y compleja fue la de adquirir los mediosnecesarios para equipar la expedicin:armas, municiones, uniformes, calzadoy avituallamiento en general, obtenidosmediante gestiones y coordinaciones di-

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65 versas en Mxico y ciudades de los Es-tados Unidos. Las armas y demsmedios comprados en Los ngeles,Chicago o Nueva Y ork eran enviados al pas azteca a travs de personas deexperiencia en estas operaciones, quie-nes tenan formas de hacerlas llegarcon determinada seguridad. Los unifor-mes, las botas y algn que otro objetose adquirieron en el propio territoriomexicano. Debe tenerse en cuenta que todas estas actividades, a pesar del control,la mxima discrecin y la comparti mentacin, se realizaron en condicionesadversas, pues el gobierno batistiano,desde el propio ao 1955, prob por to-das las vas entorpecer y hacer fracasar el proyecto del grupo de re-volucionarios en el exilio. As, logr infiltrar un elemento dentro de la or-ganizacin, elabor planes para laeliminacin fsica de Fidel e introdujoconsiderables sumas de dinero enMxico con la finalidad de sobornar alas autoridades, de modo que actuaranen contra de los patriotas cubanos. La gestin de soborno dio resultado y en la noche del 20 de junio de 1956, Fidel y varios de sus acompaantesfueron apresados. Al da siguiente continuaron las detenciones hasta que elgrupo de encarcelados ascendi a lasuma de veintiocho. Las rpidas ges-tiones de Juan Manuel Mrquez, RalCastro y otros cubanos, unidas a la co-operacin y solidaridad de hermanosmexicanos, particularmente del generalLzaro Crdenas, hicieron posible queel 24 de julio de ese ao todos fueranpuestos en libertad. Estos hechos constituyeron un fuerte golpe para el Movimiento 26 de Julio. La detencin de Fidel y dems compa-eros, as como la posibilidad de sudeportacin a Cuba, podan frustrar lamaterializacin del reinicio de la luchaarmada pronosticada para ese ao.Adase a esto el deterioro de la ya di-fcil situacin econmica, con la prdidade armas y los gastos que implicaronlos trmites para lograr la liberacin delos detenidos. Sin embargo, estos eventos no menguaron el espritu de combate y accindel destacamento expedicionario ni delos combatientes clandestinos en Cuba.Los entrenamientos continuaron en laszonas y no fueron detectados por lasautoridades; adems prosigui el envohacia all de compaeros seleccionadosdesde Cuba, los Estados Unidos y otrospases centroamericanos. Durante esteperodo se incorporaron alrededor decuarenta combatientes ms. Del mismo modo, fueron redobladas las medidas de seguridad y discrecin.Despus de puesto en libertad el gru-po, se alquilaron casas en V eracruz y Jalapa hacia donde fueron enviados al-gunos de ellos y otros de nuevaincorporacin. Entretanto, en Cuba continuaban las acciones de oposicin al rgimen dic-tatorial por parte de organizacionestales como el Directorio Revoluciona-rio y el Partido Socialista Popular(PSP); la lnea de este ltimo consistaen la lucha de masas y centraba suatencin en el movimiento obrero uni-tario en contra de la dirigencia sindicalmujalista plegada al batistato. Por su parte, el Movimiento 26 de Julio preparaba su estructura organizativaen la isla para llevar a cabo la tarea quele correspondera a la llegada del gru po

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66 expedicionario a la patria. Con el obje-tivo de entrevistarse con Fidel y recibirinstrucciones acerca de las misionesque cumpliran, en agosto viaj a Mxi-co Frank Pas, quien haba asumido laorganizacin del Movimiento en Cuba.Las orientaciones que recibi residieronen prepararse al mximo para secun-dar la llegada de la expedicin, tareafundamental encomendada a los com-batientes clandestinos dentro de Cuba. Era necesario apoyar el desembarco con levantamientos y accionesarmadas en todo el pas, principalmen-te en la provincia de Oriente. Al mismo tiempo deban existir las condicionespara declarar la huelga general. De estamanera, el enemigo se vera distradopor la multiplicidad de acciones y nopodra reforzar con rapidez la zona deldesembarco, por lo que los expedicio-narios tendran facilitada la va hacia sumeta geogrfica fundamental: la SierraMaestra. La dispersin de las fuerzasenemigas era vital para el xito del des-embarco. A fines de agosto se produjo otra importante entrevista: esta vez entre Fidely el dirigente del Directorio Revolucio-nario, Jos Antonio Echeverra. De este encuentro surgi el documento conoci-do como la Carta de Mxico, dondeambas organizaciones acordaron unirsus esfuerzos con el propsito de de-rrocar la tirana y llevar a cabo larevolucin cubana. Las firmas de FidelCastro y Jos Antonio Echeverra sealaban el inicio del proceso de unidadde las fuerzas verdaderamente revolu-cionarias que lucharan hasta el triunfodel 1 de enero de 1959. En octubre, Frank Pas regres a Mxico en busca de nuevas orientaciones y con el objetivo de puntualizar de-talles. En la entrevista con Fidel, explicque la organizacin de los preparativosde apoyo era insuficiente, por lo cualconsideraba que la expedicin debaposponerse para principios de 1957. Sinembargo, Fidel lo persuadi de la signi-ficacin del compromiso hecho con elpueblo para el ao 1956, as como de lospeligros que se corran en Mxico al di-latar la salida hacia Cuba. Coincidiendo con Frank Pas, en octubre tambin regres a Mxico JosA. Echeverra con el propsito deinstrumentar el acuerdo en accionesconcretas. El joven dirigente comunista Flavio Bravo viaj tambin a tierras aztecasen noviembre con el objetivo de entre-vistarse con Fidel. Aun cuando la direccin del Partido Socialista Popularsostena la lnea de la lucha de masascomo estrategia fundamental, tambinabogaba por la unin de las fuerzas yasuma una actitud de mayor aproxi-macin a Fidel y al M-26-7. En elintercambio con el lder el dirigente partidista plante la coordinacin deacciones contra la dictadura y expusoque el PSP consideraba muy desfavo-rable la situacin interna del pas parallevar a cabo una accin militar victo-riosa en ese ao, por tanto su opininera posponer la expedicin para quecoincidiera con una huelga azucarera,y esto slo sera posible cuando comen-zara la zafra en enero de 1957. Por su parte, Fidel insisti en la fuerza del compromiso hecho con el pueblocubano de que en 1956 seran libres omrtires y la peliaguda situacin que te-nan en Mxico, podran frustrar laexpedicin despus de tantos esfuerzos.

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67 No obstante las discrepancias de criterio, cuando se produjo el alzamientodel 30 de noviembre y el desembarcoel 2 de diciembre, el PSP convoc a lahuelga a la clase obrera y orient a susmilitantes, en particular a los de la zonaoriental, que ayudaran a los combatien-tes del 26 de Julio. El ao 1956 dej establecidas cules eran las fuerzas verdaderamente revo-lucionarias del momento: el M-26-7, elDirectorio Revolucionario y el PartidoSocialista Popular Un problema medular que deban enmendar para llevar a cabo la expe-dicin era la obtencin del medio parala travesa: una embarcacin. Estaconstituy una preocupacin que cen-tr la atencin de Fidel ya desdemediados de ao. Justamente, en esosdas se comenzaron las gestiones paracomprar una lancha torpedera, tipo PT con comerciantes de material de gue-rra sobrante en Delaware, EstadosUnidos. Sin embargo, despus de entre-gar un anticipo de 10 000 dlares y defirmar los contratos, la transaccin seestrope porque la Secretara de Defen-sa del Gobierno, en W ashington, objet un permiso especial para trasladar la lan-cha fuera del territorio de ese pas. Posteriormente, en septiembre, durante un recorrido por la zona del roT uxpan, Fidel se interes por un yate blanco de recreo que se hallaba fondea-do en el lugar Al conocer que se encontraba en venta, de inmediato dis-puso su compra. El dueo del yate,Robert B. Erickson, accedi a la ventade la embarcacin, pero la condiciona la compra de una casa en las mr-genes del ro, en el poblado de Santiagode las Peas. El trmino fue aceptado, pues la casa sera de utilidad para guar-dar armas, equipamiento y como puntode concentracin en el momento de lapartida. El Granma era un yate de madera construido en 1943 y estaba bastantedeteriorado a consecuencia de un nau-fragio que tuvo durante un cicln,despus de lo cual subsisti cierto tiem-po bajo el agua. De inmediato emprendieron las reparaciones hasta que la embarcacin queden condiciones de navegar No obstante, el extraordinario inters y dedicacincon que se trabaj, as como el cambiode motores, planta elctrica, sistema dealumbrado, tanques de agua y combus-tible y remozamiento de la cubierta, eltiempo disponible no permiti la ejecu-cin de todas las restauraciones. Paralelamente prosigui la preparacin de los combatientes, sobre todo, delos recin incorporados. Y a en noviembre la inseguridad para el desarrollo de las actividades revolu-cionarias, dado el accionar de la PolicaFederal, puso en peligro la realizacin delproyecto expedicionario. A esto se agregaron las dos deserciones del centro deentrenamiento ubicado en el rancho“Mara de los ngeles”, en Abasolo. En estas circunstancias, Fidel dio la orden a todos los grupos de concentrar-se en el punto de partida. Desde laCiudad de Mxico, V eracruz, Ciudad V ictoria y Jalapa se desplazaron, por diferentes medios y vas, hastaconvergir el da 24 de ese mes en elpoblado de T uxpan. En la noche se dieron a la tarea de subir a bordo delGranma el armamento, las municiones, el combustible, el agua y los alimentosacopiados para la travesa.

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68 A la 01:30 del 25 de noviembre de 1956, el yate, con los ochenta y dos ex-pedicionarios, puso rumbo hacia lacosta de forma sigilosa, con todas lasluces apagadas y bajo una pertinaz llo-vizna debida a un mal tiempo, por locual haba quedado prohibido todo tipode navegacin. En estas circunstancias,llegaron a la desembocadura del roT uxpan y cruzaron entre el faro de la Marina y un puerto naval ubicados enla zona de la desembocadura. Cuando estuvieron lo suficientemente alejados de las costas mexicanasencendieron las luces y en medio de la oscuridad y de un mar encrespado porel fuerte aire, los combatientes entona-ron las estrofas del Himno Nacional y la Mar cha del 26 de Julio. Al da siguiente continuaron las desfavorables condiciones meteorolgicasy sus efectos negativos sobre parte delos expedicionarios que sufrieron mareosy vmitos. En la noche del 26, el capitn del yate pudo comprobar que lavelocidad no era de diez nudos comose haba calculado, sino de 7,2 nudos;fue entonces que divisaron el FaroT ringulo, situado en un cayo cercano a Y ucatn, lo que facilit inferir la magnitud de desplazamiento al correlacionartiempo y distancia navegados. Durante los das subsiguientes, el tiempo mejor y tambin el estado delos hombres, lo cual normaliz el con-sumo de los pocos alimentos acopiados,pues era necesario su racionamiento. Esde significar que en el transcurso de latravesa, Fidel utiliz la banda de babordel yate como campo de tiro para ajus-tar las miras de los fusiles. Continuaron navegando, los das 30 de noviembre y 1 de diciembre, por el Mar Caribe al sur de Cuba y sobrepa-saron la isla Caimn Grande y las islitasde Caimn Chico y Caimn Brac. Porla tarde del da 30 la radio del Granma capt informaciones sobre los aconte-cimientos de Santiago de Cuba, y ellolgicamente caus contrariedad y an-siedad debido al retraso que tenan. En la tarde del 1 de diciembre, Fidel inform a los expedicionarios la orga-nizacin y estructura de mando, explicque el desembarco se producira por unpunto de la costa cercano a Niquero yse procedi a entregarles las armas.Esto se corresponda con los prepara-tivos de recepcin y apoyo coordinadoscon la organizacin clandestina del Mo-vimiento y la idea de las accionesdespus del arribo al territorio oriental. De acuerdo a los clculos, si el Granma haba salido el 25 de noviembre, el arribo se producira el 30 de esemes. Precisamente, ese da se puso enprctica el plan preparado por FrankPas, cuya direccin principal era el le-vantamiento armado en Santiago deCuba, pero adems contemplaba accio-nes de apoyo en otros puntos del pas:levantamientos en los centrales “Ermi-ta” y “Guantnamo”; el asalto alpolvorn “La Cadena”, en Chaparras; lossabotajes de las vas frreas enGuantnamo, Jobabo y Jovellanos; losincendios de servicentros en Cienfuegosy Camagey; la ocupacin de armas enSanta Clara, y la realizacin de sabota-jes en otras zonas del territorio nacional. En Santiago de Cuba se previ la toma de la Polica Martima, la estacinde polica y el aeropuerto, as como fre-nar la salida de refuerzos del cuartelMoncada y la liberacin de algunos pre-sos polticos de la crcel de Boniato.

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69 El 29 de noviembre por la noche, los diferentes comandos del M-26-7 se con-centraron y prepararon en casas de laciudad sin ser detectados por el cons-tante patrullaje de las fuerzas represivasdel rgimen. Al da siguiente, los combatientes iniciaron las acciones, vestidoscon el uniforme verde olivo y el braza-lete rojo y negro del Movimiento, lo quesorprendi a los esbirros en sus cuar-teles. Las acciones del 30 de noviembre no posibilitaron el cumplimiento de losobjetivos tcticos previstos y al no coincidir con el arribo del Granma confirmaron la inmediatez de su realiza-cin. Sin embargo, aquellos hechostuvieron una significacin trascendentaldesde el punto de vista poltico-moral,pues demostraron que el compromiso hecho por Fidel ante el pueblo se hacarealidad. Asimismo, evidenciaron la capacidad organizativa y la valenta de loscombatientes del Movimiento 26 de Julio, quienes mantuvieron el control delas calles santiagueras durante variashoras, mientras los esbirros, desconcer-tados, se protegan en sus cuartelesatacados, de los que no salieron hastala retirada de los revolucionarios. El objetivo de Fidel en ese momento consista en fijar al destacamento decombatientes en el terreno propiciopara comenzar a desarrollar la guerrade guerrillas, hasta tal punto que llega-se a adquirir caractersticas de unEjrcito regular capaz de derrotar alenemigo.BibliografaB ARQUN R AM"N Las luchas guerrilleras en Cuba. De la colonia a la Sierra Maestra. Madrid: Editorial Playor S. A., 1975. B UZNEGO E NRIQUE Y OTROS El ejr cito de la dictadura. Sostenedor de ladictadura militar y de los inter eses de la oligar qua nacional y el imperialismo en Cuba. Confer encia cientfica histrico militar de lasF AR La Habana: Imprenta de la Direccin Poltica de las F AR, 1983. C ASTRO R UZ F IDEL Revolucin no, zarpazo. Moncada. Antecedentesy pr eparativos. La Habana: Editora Poltica, 1980. _______. “Discurso en el acto central por el XX aniversario del asalto al Moncada”. En: Discursos. La Habana: Editora Poltica, 1978. _______. Discurso del 26 de Julio de 1963. Obra Revolucionaria. (La Habana) (20); 27 jul. 1963. _______. “Discurso del 26 de julio de 1967”.En: Poltica internacional de la Revolucin Cubana. Documentospolticos. La Habana: Editora Poltica, 1966. t. 2. De T uxpan a La Plata. La Habana: Editorial Orbe, 1977. “El Comandante en Jefe Fidel Castro, fundador y gua de las F AR. Apuntes para el estudio de su pensamientomilitar”. Ponencia que puede ser con-sultada en el Archivo del Instituto de Historia de Cuba (IHC). F ERRERA H ERRERA A LBER TO Granma. La aventura del siglo. La Habana: Editorial Capitn San Luis, 1990. G ARCA O LIVERAS J ULIO A Jos Antonio Echeverra. La lucha estudiantil

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70 contra Batista. La Habana: Editora Poltica, 1979. I BARRA G UIT AR T J ORGE La SAR Dictadura, mediacin y r evolucin. 1952, 1955 La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1994. M ENCA M ARIO La prisin fecunda La Habana: Editora Poltica, 1990. P OR TUONDO L "PEZ Y OLANDA 30 de noviembr e. El her oico alzamiento de la ciudad de Santiago de Cuba.Santiago de Cuba: Editorial Oriente,1986. Fuentes documentales Fondo Ejrcito de la T irana. En: Archivo del IHC "rdenes Generales, Circulares y Especiales del EMGE de los aos 1952-1956. En: Archivo del IHC. Fuentes peridicas Bohemia (La Habana). Aos 19521956. Bohemia (La Habana) 68(49); 1976. E dicin especial por el XX aniversario del desembarco del Granma

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71 E l presente trabajo intenta presentar una aproximacin de la situacin que presentaban las FuerzasArmadas de Cuba en vsperas del des-embarco del yate Granma, ocurrido el 2 de diciembre de 1956. Podrn apreciarse las medidas tomadas por Fulgencio Batista Zaldvarcon vistas a fortalecer la capacidadcombativa y movilizativa de sus tropasen correspondencia con los pasos da-dos por los revolucionarios dentro delpas y fuera de l, motivo por el cualal tratar el tema no nos hemos circunscrito a los meses finales de 1956,sino que tomamos como punto de par-tida la salida de Fidel Castro Ruz y elresto de los moncadistas del presidioen 1955. La posibilidad real e inminente del desembarco de un grupo de revolucio-narios pudiera en un punto del territorionacional y del inicio de la lucha arma-da contra la tirana batistiana,determin que el rgimen asumiera dosactitudes: 1) Iniciar una amplia campaa propagandstica de carcter diversionista, Las Fuer zas Armadas de Cuba ALER T AS en diciembr e de 1956 Maril Uralde Cancio Investigadora

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72 desinformativa y psicolgica, con el ob-jetivo de dar a la opinin pblicanacional e internacional una sensacinde normalidad en el pas, y que caso deser alterada esta, existan las fuerzas ylos medios necesarios para neutralizary reducir cualquier accin. T ambin se trataba de desprestigiar a los revolucio-narios cubanos, vinculndolos conelementos pristas y trujillistas. Por l-timo, hay que destacar el grado depreparacin y apertrechamiento delEjrcito cubano, el cual era infinitamen-te superior en cantidad y calidad, conrespecto a los que tanto en Mxicocomo en Cuba se aprestaban a iniciarla lucha contra el gobierno. 2) Fortalecimiento de la preparacin y disposicin combativa de las FuerzasArmadas e intensificar los servicios deexploracin y patrullaje, tanto de laFuerza Area del Ejrcito como de la Marina de Guerra. Es importante sealar que ante estas dos actitudes desempe un papeltrascendental la ayuda y colaboracinprestada por el gobierno de los EstadosUnidos y la Misin Militar Norteame-ricana en Cuba. La conjugacin de estos elementos determin que las Fuerzas Armadas, desde noviembre de 1956, estuvieranALER T AS, de ah la constante y gran movilizacin de fuerzas y medios, ascomo la actualizacin de los planes dedefensa y la toma de un conjunto demedidas dirigidas a rechazar neutralizar o aniquilar cualquier expedicinarmada o brotes de lucha insurreccionalen cualquier punto de la geografa na-cional. La posicin asumida por el Ejrcito y las dificultades, al parecer invencibles, no pudieron impedir el cumplimien-to de las palabras empeadas con elpueblo cubano por el grupo de revolucionarios que, dirigidos por Fidel CastroRuz, particip en la heroica travesa delyate Granma; ello posibilit la continuacin de la lucha iniciada el 26 de juliode 1953 y dio al pueblo de Cuba la de-finitiva independencia.Antecedentes Prximo a las elecciones generales de 1952, Fulgencio Batista planific yejecut un golpe de estado contra el go-bierno constitucional de Carlos ProSocarrs, utilizando como pretexto lasituacin interna en el pas. En realidad,su entrada violenta en la vida polticadel pas signific un agravamiento de larealidad cubana, pues a partir de enton-ces se desat la ms brutal y sanguinariaola de terror contra el pueblo. Desde el 10 de marzo, Batista, teniendo en cuenta la posibilidad de enfrentarcualquier tipo de oposicin, se dio a latarea de realizar un grupo de cambiossignificativos con vista s a fortalecer la capacidad combativa de la Fuerzas Ar madas, entre ellas podemos citar: Conversin del Cuerpo de A viacin en Fuerza Area del Ejrcito. Creacin de la Divisin de Infantera “Alejandro Rodrguez V elazco”. Creacin de nuevas plazas en los diferentes cuerpos y tipos de fuerzas. Adquisicin de nuevos armamentos. Perfeccionamiento del sistema de instruccin. Elaboracin y reestructuracin de planes defensivos. Al ao de haberse producido el artero golpe, y estar las institucionesmilitares inmersas en un proceso de

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73 cam bios y transformaciones, se llevaron a cabo las acciones del 26 de Juliode 1953, las cuales tendran como ob-jetivo fundamental el ataque al cuartel“Moncada”, en Santiago de Cuba, se-gun da fortaleza del pas, accin en la que no se logr el fin militar propuesto,pero constituy el motor impulsor de lalucha revolucionaria e hizo posible queFidel Castro Ruz se convirtiera en el l-der indiscutible de la r evolucin y por tanto la lucha armada se asumiera como mtodo fundamental para derrocar la ti-rana. La salida de prisin, el 15 de mayo de 1955, tras haber cumplido veintids me-ses de encierro, no fue sinnimo demanumisin. La tirana se encarg inme-diatamente de limitar la libertadconcebida a los revolucionarios y enespecial a Fidel Castro, a quien se leprohibi todo tipo de expresin pblica.Esta situacin determin la salida deFidel para Mxico, como exiliado pol-tico, el 7 de julio de 1955. En el exilio despleg una intensa actividad poltica. El 30 de octubre de1955, en Nueva Y ork, en el saln de reuniones del Hotel Palm Garden, Fidelenunci el histrico compromiso con elpueblo cubano al sealar : “Puedo informarles con toda responsabilidad que enel ao 1956 seremos libres o seremosmrtires. Esta lucha comenz para no-sotros el 10 de marzo, dura ya casicuatro aos y terminar con el ltimo dade la dictadura o el ltimo da nuestro”. Desde que el grupo de revolucionarios se haba radicado en tierrasaztecas, la tirana trat de frenar el de-sarrollo de sus actividades pordiferentes vas: Campaa de descrdito (utilizando la prensa, voceros del rgimen y algunos representantes de lallamada oposicin), de penetracin enlas filas del movimiento y hasta la elimi-nacin fsica del lder En 1955, los servicios de inteligencia militar captaron a Evaristo V enereo Gonzlez, quien haba sido polica en laUniversidad de La Habana, para situar-lo al servicio del agregado naval de laEmbajada de Cuba en Mxico, capitnde navo Nicols Cartaza Gmez y cumpliendo instrucciones de este, enagosto de ese ao, se infiltr en el gru-po revolucionario en el exilio. Se realizaron varios planes para detener la actividad de los revolucionarios,pero con resultados muy desfavorables.Ante la imposibilidad de esto, se recu-rri a la detencin bajo la acusacin deviolar la ley de poblacin y deportarlosa Cuba. Fueron detenidos alrededor deveintiocho revolucionarios involucradosen los preparativos de la accin arma-da e inmediatamente se inici la luchalegal para su liberacin y evitar la de-portacin que los amenazaba. Las detenciones afectaron los planes trazados en tiempo, en los gastos oca-sionados y en la organizacin engeneral. A consecuencias de otros incidentes ocurridos con posterioridad yde la inseguridad general en que seestaban desarrollando las actividadesrevolucionarias, se determin apresu-rar la salida para el 25 de noviembrede 1956.Medidas para evitar el desem-bar co Independientemente de las medidas tomadas para frenar la organizacin delgrupo revolucionario que se preparabaen Mxico, el mando militar comenz

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74 a trabajar en funcin de un plan de pre-paracin y organizacin de las FuerzasArmadas con vistas a un posible des-embarco. Dedic cuantiosos esfuerzosy recursos a diferentes actividades parafrustrar ese intento. El 12 de abril de 1956, se reactiv el Ser vicio Auxiliar Femenino, or ganismo creado con la misin de cooperarcon el Ejrcito, excepto en operacionesde combate. Asimismo, el 23 de ese mes, y de acuerdo con lo dispuesto enel artculo 15 de la Ley Orgnica delEjrcito, se crearon siete agrupacionesespeciales de carcter temporal que sedenominaron Pelotones de Servicio deV igilancia de Carreteras. Ante la situacin reinante en el pas, contribuan alcontrol de las carreteras, evitando elapoyo a cualquier accin revoluciona-ria o el traslado de hombres, armas uotros medios. Entre abril y mayo de 1956, se realizaron cambios en las jefaturas dealgunos regimientos, se suspenden lasgarantas constitucionales por cuarentadas y se decreta la censura de prensa.E llo estuvo en correspondencia con la frustrada Conspiracin de los Puros, lahuelga azucarera y el asalto al cuartel“Goicura ” en Matanzas. Batista trataba de ubicar en cada mando a los hombres que considerabams capaces de garantizar sus intere-ses. Por eso nombra al coronel Aquilino Guerra Gonzlez como nuevo vicepre-sidente del Bur Represivo deActividades Comunistas y al general debrigada Luis Robaina Piedra, inspectorgeneral del Ejrcito. El general de bri-gada Pedro A. Rodrguez vila ocup la ayudanta general del Ejrcito; el ge-neral de brigada Martn Daz T amayo, la jefatura del Regimiento 1 de la Guar-dia Rural; el coronel Jos FernndezRey la del Regimiento 3 de la Guardia Rural y el coronel Alberto del Ro Chaviano, del Regimiento 10 del Ser-vicio Militar de Emer gencia. T ambin fueron ratificados en sus puestos perso-najes como el coronel Pilar D. Garcapor sus “excepcionales manifestacionesde arrojo, valenta y patriotismo” frenteal grupo de asaltantes a los que espery masacr sin misericordia. Despus de las declaraciones de Fidel el 26 de junio de 1956 –en unaentrevista hecha por Francis L. M. Carthy gerente de la United Press, donde el confirm : “Hemos dicho que en 1956 seremos libres o seremosmrtires y cumpliremos nuestra pala-bra”–, el alto mando castrense,alertado nuevamente, continu todo unprograma de adiestramiento, prepara-do por el Estado Mayor del Ejrcito ysupervisado por un grupo de asesoresnorteamericanos. Se realizaron ejercicios militares con el objetivo de asegurar la localizaciny aniquilamiento de cualquier expedi-cin revolucionaria. Fueron utilizadoslos campos de maniobras del Regimien-to 7 de artillera “Mximo Gmez”, delRegimiento Mixto de T anques “10 de Marzo” y el polgono de la Escuela deOficiales de Managua. En la base a-rea “General Batista” de San Antonio de los Baos, se efectuaron entrena-mientos en los que participaron fuerzascombinadas de la aviacin, artillera, tan-ques e infantera, con cerca de 1 300hombres, cinco aviones F43 y ms decien vehculos. Llevar a la prctica los conocimientos tericos, es de una significacin vital

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75 en la elevacin de la capacidadcombativa de un ejrcito. En el casocubano, esto no cumpla esos objetivospor la falta de sistematicidad en su rea-lizacin. Para esos momentos, era unplan emergente y no una preparacinde la tropa para la guerra, de ah quedichas maniobras o ejercicios incluye-ran aspectos tan especficos como lapreparacin de contraataques contra unsupuesto enemigo que haba logradodesembarcar y establecer una cabezade playa. Hacia la primera quincena de noviembre de 1956, tanto Batista comolos principales jefes del Ejrcito, la Po-lica Nacional, la Marina de Guerra, elServicio de Inteligencia Naval, el BurRepresivo de Actividades Comunistas y el Bur de Investigaciones, tenan infor-maciones en su poder bastante exactasde aspectos como: nombres de algunosde los expedicionarios, el yate que seraempleado, probable fecha de desembar-co y posibles lugares, as como los tiposde accin que se realizaran. En conse-cuencia, se tomaron las medidas que seconsideraron oportunas y adecuadas.Las Fuerzas Armadas cubanas, en vsperas de las acciones que se avecinaban,estaban alertas.Disposiciones para todos losmandos militar es del pas En fecha tan temprana como noviembre de 1956, se da a conocer a losjefes de los distintos mandos militaresla Directiva de Operaciones N 5“Muy Secreta”, donde se realiza unanueva apreciacin de la situacin y seordena: […] este centro estima oportunodisponer lo siguiente, adems de las naturales medidas y contrame-didasde seguridad adecuadas en relacincon la seguridad de los puestos ycampamentos, el mantenimiento delorden pblico y la vigilancia sobrelos elementos subversivos o revo-lucionarios:a) instruir bien al personal de estemando, que de producirse cualquierataque de elementos contrarios algobierno, lo cual esperamos se pro-duzca, segn confidencias, del 20 al27 de este mes en curso, simult-neamente de repeler la agresin enel lugar donde se lleva a cabo debecomunicarse con esta jefatura yesta a su vez con el E.M.E. [Estado Mayor del Ejrcito].b) deber cerciorarse de que todoel personal a sus rdenes est de-bidamente equipado en cuanto aarmamento y parque. 1 No haba transcurrido una semana desde que el coronel Carlos M. T abernilla Palmero, jefe de la Fuerza Area del Ejrcito, recibiera la orden de reestruc-turar el servicio de patrullaje, cuando elmayor general Francisco T abernilla Dolz, jefe del Estado Mayor del Ejrcito, le or-dena aumentar diariamente el nmero deveces el recorrido asignado, y el da 24de noviembre, le entrega tres aviones deltipo F-47 al escuadrn de Camageypara garantizar el cumplimiento de las mi-siones encomendadas. Los vuelos de reconocimiento y exploracin se realizaban todos los dascon dos patrullas, una por la maana yotra por la tarde (entre las 06:00 y las00:16 horas). Para ello se emplearonaviones C-47, B-25 y F-47. Esos vue-los de reconocimiento y exploracin quese hacan sobre el nivel del mar a veinte

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76 mi llas de la costa y sobre tierra comprendan las regiones de: CamageyCiego Santa Cruz; Banes-Preston Camagey Santa Cruz del Sur;Manzanillo Cabo-Cruz-Camagey -Las T unas; Las T unas Puerto Padre Nuevitas Morn Camagey Es decir por el norte y el sur de las provincias orientales. Otras disposiciones adoptadas fueron: el reforzamiento del territorio pertene-ciente al Regimiento 7 “Calixto Garca”de la Guardia Rural, en Holgun, el cualrecibi una batera de artillera de cos-ta, perfectamente armada y entrenadacon un total de cuatro oficiales, quinceclases y setenta y tres alistados, todosellos procedentes del Regimiento 7 deartillera, “Mximo Gmez”. Hacia San-tiago de Cuba enviaron al coronel PedroA. Barrera Prez al frente de un bata-lln de infantera, mientras todos losregimientos de la Guardia Rural activa-ron sus planes de defensa. El 25 de noviembre, el jefe del Estado Mayor del Ejrcito recibe unainformacin confidencial, mediante lacual conoce que ese da haba partidode Mxico una expedicin armada, ycomo posible lugar de desembarco seplanteaba las costas de la provincia dePinar del Ro. Se ordena tomar medi-das adicionales para interceptar neutralizar o aniquilar esta fuerza, encaso de ser localizada. T res das ms tarde, el ayudante general del Ejrcito, general PedroRodrguez vila, cumpliendo instruccio-nes de Batista, le informa a todos losjefes de regimientos de la Guardia Ru-ral que aviones de la Fuerza Area del Ejrcito volarn diariamente sobre lascostas pertenecientes a sus mandos, mientras que el 29, el jefe del EstadoMayor del Ejrcito, imparte rdenes aljefe de las Fuerzas Areas del Ejrcito, para localizar el yate expedicionariocon las siguientes caractersticas: yatede sesenta y cinco pies, pintado deblanco, sin nombre, bandera mexicanaque cubre casi todo el barco. Asimismo en los tres distritos navales de la Marina de Guerra, la tiranatena organizado el sistema de patrullajenaval con ayuda de embarcaciones delos Estados Unidos.Pr esencia de bar cos nor teamericanos en las costas cubanas En efecto, durante esos das tres submarinos, seis destructores escoltas ycinco barreminas con una tripulacintotal de 1 392 oficiales y marinos, lle-garon a puertos cubanos y tambin alas costas, especficamente en los puer-tos de La Habana y Santiago de Cubase concentraron alrededor de 128 ca-ones de diversos calibres y un nmerodesconocido de armamento submarino. Entre los das 23 y 26 de noviembre, nuevas unidades de superficiearribaron a la isla, en esta ocasin porel puerto de Santiago de Cuba. Se tra-taba de un submarino, un destructorligero y un destructor escolta con ra-dar Y el 30, el jefe del Estado Mayor del Ejrcito comunicaba al capitn denavo Mario Rubio Bar, jefe del Dis-trito Naval de Oriente, que a partir deese da y hasta el 2 de diciembre, cua-tro destructores norteamericanosarribaran a ese puerto. Opino que esas unidades no fueron organizadas y dirigidas a Cuba con elobjetivo de interceptar o enfrentar laexpedicin armada que haba partido

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77 de Mxico, pues conocemos que los servicios de inteligencia yanquis, cola-boradores de los agentes cubanos,saban lo que intentaban los revolucio-narios y lo ms importante, tenan experiencia, medios y mtodos parahaber podido abortarla y si no lo hicie-ron fue porque en realidad la creyeronirrealizable o estimaron que las FuerzasArmadas de Cuba eran lo suficientemen-te capaces de enfrentarla y vencerla, esdecir hubo una total y absoluta subesti-macin hacia los revolucionarios y lacapacidad combativa del pueblo cubano.Subestimacin de los objetivosr evolucionarios Junto a las disposiciones antes mencionadas, se realizaron entrenamientosy ejercicios militares deliberadamentemanipulados por la prensa. En peridi-cos como el Diario de la Marina aparecieron rtulos sensacionalistas condeclaraciones del jefe del Estado Ma-yor del Ejrcito y del Presidente de laRepblica, donde hay una intencin desubestimar calumniar y desprestigiar a los revolucionarios: “Existen evidentes deseos de invasin y ganas de perturbar el orden pblico;pero reza un viejo refrn castellano, deldicho al hecho hay un trecho”. “El pueblo de Cuba puede estar seguro de que el gobierno vela por latranquilidad; y que la familia cubanapodr gozar y disfrutar los progresosque vienen obteniendo por todo el ca-mino constitucional del gobierno. Laciudadana seguir desenvolviendo susactividades y la nacin desarrollndo-se sin temor a ninguna clase deamenazas que provengan de la ensaa,la irresponsabilidad, los sentimientos revanchistas enfermizos y el matonis-mo gangsteril que intentan desacreditara Cuba”. “El Ejrcito est en condiciones de repeler cualquier agresin enemiga,guerra avisada no mata soldados […]El pueblo debe estar tranquilo y depo-sitar su confianza en el gobierno y enlas fuerzas armadas, porque estas nohabrn de defraudarlo”. “Ni el orden pblico se alterar con motivo de esos intentos perturbadores,ni habr realmente lo que han de lla-mar invasin ellos mismos. Desde luegoque el propsito y las infortunadas ac-tividades existen y es cierto que loscomplots conspirativos contra nuestrogobierno se vienen realizando desdehace tiempo; pero ni la organizacinque tienen, y conocemos, compuestapor elementos de notorios anteceden-tes, ni los planes ofensivos de carcterseudomilitar que proponen utilizar po-drn ofrecer siquiera, ni la ms ligeraescaramuza”. 2 Es evidente, en estas declaraciones, la intencin de subestimar calumniar y desprestigiar a los revolucionarios, ade-ms de desinformar al pueblo. Suprepotencia se manifiesta cuando afir-man: “Puede estar confiado el pas de que ninguna de estas gestiones terroristasque califican de invasin afectarn lanormalidad de la Repblica”. “Y o quiero decir enfticamente que el gobierno cubano, las Fuerzas Armadas, incluyendo la policaca de lainvestigacin han tomado las medidasnecesarias y han aplicado los mtodost cticos y estratgicos que se pondrn en prctica en el momento oportuno, sinnecesidad de movilizar a la pobla cin,

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78 pues bastan para parar en seco defini-tivamente, cualquiera de los intentosque se han enunciado”. 3 Llama la atencin el reconocimiento implcito del gobierno de que la guerrase puede iniciar y a la vez reconoce todo lo que las Fuerzas Armadas realizan, aunque comete el error de creeren la posible ayuda del pueblo. El 2 de diciembre de 1956 se produjo el desembarco; el Granma era capturado por la Marina de Guerra,pero los combatientes revolucionariosno fueron encontrados y avanzaron portierra cubana hasta que son sorprendi-dos por fuerzas del Ejrcito el 5 dediciembre, en Alegra de Po. Las Fuerzas Armadas cubanas subestimaron a las fuerzas revolucionarias.La tirana batistiana dispuso en todomomento de las informaciones necesa-rias para conocer las distintasactividades o movimientos de los revo-lucionarios, tanto en Cuba como en elexilio, al extremo de conocer el da y la hora en que salieron los expedicio-narios de Mxico, pero hubo una grancuota de responsabilidad en la ineptitudde muchos jefes, la incapacidad y ne-gligencia de otros y el poco dominio delarte militar de quienes dirigan las ope-raciones militares. La insuficiencia enla instruccin y preparacin combativaque no permita superar su caracters-tica distintiva de actuar como polica,demostr que un Ejrcito, en el cual lainmensa mayora de su cuerpo de ofi-ciales est comprometido o corrompidocon la politiquera, la adulacin y la de-magogia, muy poco puede hacer pordefender su estatus.Notas1 S/OPNS. Directiva N 5. En: Archivo del Instituto de Historia de Cuba.2 Diario de la Marina (La Habana) 18 nov 1956:6.3 Ibdem, 19 nov 1956:6.

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79 D espus del verano de 1958, cuando la ms grande de las ofensivas de las Fuerzas Armadas batistianas se estrell contra la resistencia del Ejr-cito Rebelde en la Sierra Maestra, enlas altas esferas del gobierno norteame-ricano se reafirm la idea de buscar unasalida que escamoteara el triunfo almovimiento revolucionario. El propio presidente Eisenhower indic buscar una tercera fuerza que nofuera ni batistiana ni fidelista, la cual enforma de Junta Cvico-Militar salvara loque quedaba ms o menos utilizable enlas fuerzas polticas moderadas y sobre todo, en l Ejrcito al borde de ladesintegracin total. 1 Sin embargo, el jefe de la revolucin estaba consciente de la crisis irreversible enque se debatan las instituciones armadasde la dictadura. “Un ejrcito pierde la gue-rra –vaticin refirindose a la victoriarebelde en Oriente– cuando sus mejorestropas de operaciones son derrotadas”. 2 Para los tanques pensantes del Pentgono, el Departamento de Estado y laAgencia Central de Inteligencia (CIA),la tarea de salvar al rgimen batistianosin Batista lleg demasiado tarde, en pri-mer lugar porque el movimientorevolucionario haba creado, con increbles sacrificios, un nuevo Ejrcito, artfi-ce principal de la victoria y garanta dela toma del poder revolucionario. Desdelos preparativos para el asalto al cuartel“Moncada”, Fidel, Abel Santamara y los dems compaeros del incipiente movi-miento de la juventud del centenario, sedispusieron a luchar contra el Ejrcito,sostn armado del rgimen usurpador Una teora fatalista muy en boga enaquellos tiempos indicaba que se puedehacer una revolucin con o sin el Ejrci-to, pero nunca en contra de l. El principio de luchar contra todo lo que representaba la dictadura, sin coqueteos niexclusiones con los cuerpos armados, ca-racteriz desde los primeros momentos almovimiento liderado por Fidel. Pero no bastaba con la definicin de esta lnea estratgica, pues este objeti-vo slo puede lograrse con la gigantescay compleja tarea de crear y desarrollarpaulatinamente el nuevo Ejrcito llama-do a derrotar al viejo, en escaramuzas,combates y batallas hasta desintegrarloy sustituirlo al triunfo de la revolucin.“Moncada”, motor de la Revo-lucin El destacamento que atac los cuarteles “ Moncada ” en Santiago de Cuba, “Moncada”, Granma, Sierra Maestra: surgimientode un nuevo Ejr cito Jos R. Herrera Medina Investigador

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80 y “Carlos Manuel de Cspedes” enBayamo, fue el embrin de aquel nue-vo Ejrcito. En los hombres y mujeresque lo integraron lata el ms alto senti-do del patriotismo y la dignidad en lalucha por la libertad. Sus fusiles de cali-bre reducido, hasta entonces sloutilizados para la caza menor se convir tieron en eficaces armas de combate. L a estrategia trazada por el jefe de la revolucin antes del ataque al“Moncada” se sintetiza en las siguien-tes palabras de Ral Castro: “Estbamosde acuerdo y tenamos con ciencia de que era necesario para destruir la tira-na, poner en marcha un movimiento demasas. [...] Cmo lograrlo? Por aque-llos das Fidel deca: Hace falta echara andar un motor pequeo que ayudea arrancar el motor grande”. 3 La actitud de aquel grupo de jvenes conmovi la conciencia nacional.Muchos hombres y mujeres de nuestropas volvieron sus ojos hacia Oriente.El sacrificio de aquella avanzada de lageneracin del centenario, a simple vis-ta, pudo parecer intil, pero la sangregenerosa de casi un centenar de cuba-nos seal el camino de la revolucin.En la fuerza de las ideas, el sacrificiode los cados, en la firmeza y la digni-dad de los que sobrevivieron ycontinuaron la lucha, qued latente yprendida la chispa, que movilizara ensu momento a las masas populares.Esta estrategia de llevar al combate atodo el pueblo movilizndolo a travs dela guerra revolucionaria, sin esperar acrear las condiciones subjetivas paraello, es otro de los grandes aportes dela revolucin cubana a la teora y prc-tica de la lucha popular revolucionariaen los pases sojuzgados y oprimidos por regmenes proimperialistas. “Lo im-portante para abrir el camino hacia elfuturo en determinadas circunstancias–expresa el Informe Central al primerCongreso del Partido Comunista deCuba (PCC)– es la voluntad inquebran-table de luchar y la propia accinrevolucionaria. Sin el Moncada no ha-bra existido el Granma; la lucha en la Sierra Maestra y la victoria extraordi-naria del 1ro. de enero de 1959”. 4 Desde la prisin los moncadistas continuaron la lucha. En especial, el lder separado de los dems, desde su celdaemita las seales vitales para el inci-piente movimiento que se desataba conpasos lentos, pero seguros en toda laisla. “La prisin es para nosotros aca-demia de lucha –escribi Fidel a icoLpez– y nada podr detenernos cuan-do la hora llegue. Se perdi una batalla,pero se salv el honor de Cuba”. 5 La historia me absolver se convirti en un elemento aglutinador de cientosde revolucionarios que conocieron el his-trico documento y tomaron posicionesal lado de los moncadistas. El movimien-to por la amnista fue la expresin deaquel despertar de lo mejor y ms re-volucionario de la sociedad cubana. La presin popular oblig al rgimen a incluir a los moncadistas en un pro-yecto de amnista que necesitaba paramejorar su imagen publica, pero siem-pre y cuando los fidelistas secomprometieran a abandonar la lucha.De nuevo desde la penumbra de sucelda, el condenado principal fustigcomo un ltigo a los verdugos que condicio naban la amnista al abandono de la lucha: Si ese compromiso se nos exigepara concedernos la libertad deci mos

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81 rotundamente que no. [...] no que-remos amnista al precio de ladeshonra. No pasaremos bajo lashorcas caudinas de opresores inno-bles. Mil aos de crcel antes quela humillacin. Mil aos de crcelantes que el sacrificio del decoro.Lo proclamamos serenamente, sintemor ni odio. Si lo que hace faltaen esta hora son cubanos que sesacrifiquen para salvar el pudor c-vico de nuestro pueblo, nosotrosnos ofrecemos gustosos. 6 El Movimiento 26 de Julio en cadarincn del territorio nacional Con la amnista sin condiciones, Fidel y sus compaeros salieron de la prisinel 15 de mayo de 1955 e inmediatamen-te comienza una etapa superior deorganizacin. El 12 de junio se cre laDireccin Nacional del Movimiento 26de Julio (M-26-7), nombre acordadopara el nuevo destacamento surgido enel ao del centenario del Apstol. Fidel, ico Lpez, Pedro Miret, HaydeSantamara, Melba Hernndez, PedroAguilera, Jos Surez y Jess Montan,todos moncadistas, integraron el rga-no supremo del movimiento; adems,Faustino Prez, Armando Hart y Luis Bonito, provenientes de otras tenden-cias revolucionarias. 7 Y a en esos momentos todos comprendieron que Fidel no poda permanecer enCuba debido al peligro constante de ser asesinado por los cuerpos represivos, yse decidi su partida hacia Mxico conel fin de organizar la expedicin quereiniciara en tierra cubana la lucha ar-mada contra la tirana. El 7 de julioparti hacia el exilio a cumplir con lamisin asignada. Las tareas de los miembros de la Direccin Nacional que quedaron enCuba fueron, en primer lugar or ganizar el movimiento en todas las provinciasdel pas partiendo de las ciudades ca-beceras para inmediatamente despusestructurarlo en el resto de las ciuda-des, pueblos, bateyes y colonias delterritorio nacional. La recogida de di-nero, centavo a centavo, entre lostrabajadores y la seleccin de los msdestacados militantes, para enviarlos aMxico e integrarse a los preparativosde la expedicin, fueron los objetivospriorizados del momento; as como lapropaganda revolucionaria y la prepa-racin de los grupos de accin en todoel pas, tareas importantes destinadas apreparar las acciones de apoyo al fu-turo desembarco de la expedicin. En tierra azteca, el lder del M-26-7 comienza a trabajar incansablementepara organizar el destacamento arma-do. Pronto un centenar de cubanos,entre combatientes del “ Moncada” y militantes del movimiento enviados porsus respectivas direcciones provincia-les, se agrupa alrededor del jefe de larevolucin. Sin ms recursos que la vo-luntad y perseverancia inquebrantablespara luchar Fidel emprendi la or ganizacin de los hombres, su albergue,alimentacin, entrenamiento militar la adquisicin de armas y equipos de cam-paa, tambin de la bsqueda de losmedios de transportacin que obligato-riamente se necesitaran para el traslado de los combatientes hasta las costas de la patria. Pero estas tareas, de por sdifciles y complejas hasta rayar casi enlo imposible, no eran las nicas a lasque se enfrentaba el jefe de los revo-lucionarios en tierras mexicanas.

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82 V enciendo mltiples dificultades, Fidel logr establecer y desarrollar la direc-cin del Movimiento en Cuba, recibirdesde all los hombres y recaudacio-nes, y enviar la propagandarevolucionaria para toda la nacin. Susartculos y escritos que desde su celdadel presidio en Isla de Pinos dieron aconocer su combatividad y principiosrevolucionarios, continuaron llegando eimpactando positivamente en los cuba-nos. Los manifiestos nmeros uno y dosdel M-26-7, cartas, indicaciones, llega-ron constantemente por va clandestinaa los compaeros que permanecieron enCuba. Por otro lado, algunos partidos yorganizaciones de la llamada oposicinmoderada optaron por hacer el juegoelectoral planificado por el dictador y en ese otro combate invierte tambin laatencin y las fuerzas necesarias. Con-tra viento y marea se va conformandoel destacamento armado en Mxico. En Cuba, miles de hombres y mujeres inmersos en las tareas delmovimiento clandestino, cumplan lasrecaudaciones, la propaganda y otrassealadas para la etapa. No obstante,la falta de armamentos incide negativa-mente en la preparacin de los gruposde accin que deben levantarse en ar-mas o emprender acciones de sabotajesimportantes coincidiendo con el desem-barco. Sobre esto le escribe Fidel aFaustino: “Sin embargo nada me des-anima, como nada debe desanimarlos austedes. Por el contrario, cada da quepasa descubro un detalle nuevo, unmodo de obviar barreras que pareceninsalvables, de cumplir a todo trancenuestra palabra empeada con Cuba, yvoy comprobando cmo la realidad sepuede ajustar a nuestros sueos, me lleno de fe en que por largo y arduo quesea el camino, el xito ms rotundo cul-minar nuestra lucha”. 8 El M-26-7 ha logrado calar en las ms dismiles capas de la sociedad cu-bana, principalmente en los trabajadores,estudiantes y jvenes en general. Su discurso acusatorio directo contra lasfuerzas opresoras y los grupos polticostradicionales que le hacen el juego,irrumpe en el mbito de la nacin comoalgo nuevo y prometedor La audacia de no ocultar sus fines revolucionariosle ganan la simpata y el respeto de loshombres y mujeres del pueblo desen-cantados histricamente de tantademagogia poltica. Adems, los sucesos del 26 de Julio de 1953 en Oriente, con su historia deherosmo y sacrificio, influan cada vezms en la medida que el pueblo los ibaconociendo, como el aval que califica-ba al nuevo movimiento como elcontinuador de la revolucin martianafrustrada en las postrimeras del sigloXIX por la intervencin yanqui en la guerra de independencia de los cubanoscontra la metrpoli espaola. Las fuerzas opositoras fueron definiendo sus rumbos. Los que optaron porir al dilogo con el dictador no podan tan siquiera realizar un acto de masaspara sus fines, pues de la muchedum-bre surga un coro de voces repitiendo:“Revolucin, revolucin”, tal como su-cedi en el muelle de Luz durante elacto convocado por la Sociedad deAmigos de la Repblica. 9 Otro golpe demoledor sufri la tendencia dialoguera, cuando se public elencuentro en Mxico de Fidel con JosA. Echeverra, mximo lder de la Fe-deracin Estudiantil Universitaria

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83 (FEU), quienes suscribieron la Carta deMxico, histrico documento que pro-clama la lucha armada como nica vapara derrotar a la dictadura y hacer larevolucin en Cuba. 10 Pero no slo las fuerzas sanas recepcionaron los hechos revolucionariosgenerados por el M-26-7. Los cuerposrepresivos de Batista comenzaron a pre-ocuparse sobremanera con aquellosjvenes que no jugaban a la revolucincomo otros grupos ya conocidos. El co-ronel Orlando Piedra, jefe del Bur deInvestigaciones, decidi invertir los re-cursos necesarios para entorpecer lalabor del Movimiento, para lo cual no sedescart el asesinato de Fidel en el pasvecino. El soborno a determinadas au-toridades de inmigracin y de la Policamexicana, cre una situacin sumamentedifcil para los revolucionarios: locales ycampamentos fueron allanados; arma-mento ocupado y hombres presos, entreellos el propio Fidel, fue el resultado in-mediato de la conjura, aunque quedabapendiente la eliminacin fsica del lder 11 Para cualquier otra agrupacin polticaestos golpes hubieran sido aplastantes eirreversibles, pero para los fidelistas lalucha contra fuerzas superiores en re-cursos y frente a las dificultadesaparentemente insuperables, significabael medio propicio para crecerse, enfren-tarse y vencer como en los das iniciales del “Moncada”. Para el gobierno norteamericano, tampoco pas inadvertido el procesorevolucionario que se gestaba. LaAgencia Central de Inteligencia envia Mxico a John Meckples Spirit, unexperimentado agente, con el objetivode espiar a Fidel e informar sobre susplanes y proyecciones polticas. 12 La preparacin del destacamento revel nuevos combatientes conmagnficas condiciones para la guerrapopular que se avecinaba. Junto a Ral,Juan Almeida, ico Lpez, Ramiro V alds, Ciro Redondo, Julito Daz y algunos veteranos del “Moncada”,aparecieron otros desconocidos hastaentonces y en los cuales el lder delMovimiento descubri con su rigurosaevaluacin, la fibra extraordinaria de fu-turos guerrilleros: Ernesto Che Guevara,Camilo Cienfuegos, Efigenio Ameijeiras y otros fueron descollando a lo largo de la contienda en el marco selectivo dela lucha misma. El joven Frank Pas, recomendado a Fidel por muchos de los viejos revolucio-narios, se desempe en los primerostiempos como jefe de accin del Movi-miento en Oriente. V iaj a Mxico en agosto de 1956 e impresion gratamenteal jefe del M-26-7 por la profundidad desu pensamiento poltico sus dotes de organizador y la compren sin del tipo de guerra popular que deba desencade-narse. Sobre este encuentro Fidelescribi a Mara Antonia Figueroa reconociendo las magnficas cualidadesdel joven santiaguero. 13 De nuevo en el mes de octubre, Fidel indica a Frank viajar a Mxicopara ultimar los detalles del apoyo aldesembarco. Este, muy preocupado, leexpone al lder el problema fundamen-tal de la carencia de armas. Slo unaspocas se han conseguido en Santiagode Cuba provenientes de los hombresde la T riple A que las mantenan enterradas. En el resto del territorio nacionalel M-26-7 no cuenta con armamento niexisten posibilidades de adquirirlo a cortoplazo. Adems, el dirigente santiaguero

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84 opina que el movimiento an no est preparado para secundar el desembar-co con un levantamiento nacional, porlo tanto sugiri un aplazamiento de laexpedicin. Fidel, quien conoca los pro-blemas planteados, respondi conargumentos convincentes sobre la ne-cesidad de producir el estallidorevolucionario antes de que finalizara elao 1956, pues no podan correr el ries go de que todo se perdiera en la capitalmexicana y el pueblo se desencantara.Era necesario salir entrar y llegar hasta la Sierra Maestra y el movimientoclandestino deba responder de acuer-do a sus posibilidades. Despus de convencer a Frank de la imposibilidad de la posposicin de losplanes, el jefe decidi nombrarlo res-ponsable nacional de accin del M-26-7para concentrar los esfuerzos y los re-cursos en la provincia de Oriente,regin por donde se producira el des-embarco. Las dems provincias,incluyendo la capital, actuaran apoyan-do el levantamiento armado en Oriente,de acuerdo a las posibilidades de cadacual. 14 De nuevo la estrategia de comenzar la lucha sin esperar la creacinideal de todas las condiciones, consti-tuy la brjula que guiara las accionesiniciales de una guerra donde poco apoco se forjaran los elementos de lavictoria contra aquellas fuerzas aparen-temente invencibles. El 25 de noviembre zarp el yate Granma sobrecargado con ochenta y dos combatientes y el equipamiento co-rrespondiente. El atraso de laembarcacin durante la travesa hizoque no convergieran las acciones delclandestinaje y el desembarco de la ex-pedicin. El 30 de noviembre se efectu la accin principal en Santiago deCuba, otras de cierta importancia serealizaron en Guantnamo, y accionesy sabotajes de menor envergadura enel resto del territorio nacional. El 2 dediciembre, el yate Granma encall frente a los manglares cenagosos de lacosta sur en las cercanas de Niquero, y comenz para los expedicionarios unapenosa cruzada por los pantanos sincontacto con la red de apoyo, hastaacampar el da 5 cansados y hambrien-tos en los caaverales de Alegra de Po, donde son sorprendidos, dispersa-dos y perseguidos por las unidades delEjrcito. De nuevo la r evolucin reciba un golpe demoledor El gobierno de Batista aprovech para proclamar el aplasta-miento total del brote insurreccional,aunque para respaldar tal afirmacin nobastaban las decenas de cuerpos ensan-grentados pues faltaba un cadver y a pesar de que anunciaron la muerte deFidel, no apareca el cuerpo del gigan-te, por lo que en los cubiles de lasfuerzas represivas prevaleca el temory en la mayora de los hogares cuba-nos se mantenan las esperanzas. Por encima de todos los reveses, el 30 de noviembre demostr que los des-tacamentos urbanos armados podanemprender acciones contra fuerzassu pe riores, derrotarlos, mantenerlos en jaque y retirarse organizadamente conun mnimo de bajas, salvando hombresy armamentos. En Santiago de Cuba seconfirm una vez ms la disposicin dela inmensa mayora de los habitantes,para apoyar y ayudar a los combatien-tes revolucionarios. En el resto delterritorio nacional, donde an no se ha-ba alcanzado un nivel de concientizacion

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85 y organizacin como en la ciudad de losMaceo, el cumplimien to de la palabra empeada por Fidel, las acciones del 30de noviembre y pocos das despus laconfirmacin de que el lder del 26 deJulio estaba vivo y en pie de guerra enla Sierra Maestra, elevaron la moralcombativa de los integrantes de las or-ganizaciones clandestinas y ampliaronla militancia del M-26-7 a todos los ni-veles.El Ejr cito Rebelde, alma de la Revolucin Por una parte, Fidel agrupaba a los sobrevivientes para comenzar la guerrade guerrillas en la Sierra Maestra. Porotra, Frank, comprendiendo que all segestaba el Ejrcito de la revolucin, re-agrupaba a los bravos orientalesveteranos del 30 de noviembre para in-tegrar brazos y fusiles al destacamentode vanguardia que se fogueaba por lasfaldas del T urquino. Cuenta una heroica santiaguera que en ocasin de una conversacin conFrank Pas sobre los militares que en-sangrentaban al pas, ella expres suodio por el uniforme militar y el jefe nacional de accin le contest: “Porquet ves al militar que est para reprimir pero esa no es la funcin del militar T vers algn da un Ejrcito producto delpueblo, producto del obrero, del estu-diante, del intelectual. Un Ejrcito queest al servicio de la nueva sociedad.Ese es el Ejrcito que yo sueo y el queyo con gusto sera capaz de dirigir”. 15 Los cubanos histricamente se han enfrentado a enemigos inmensamentepoderosos en medios y recursos mate-riales y financieros, cuyos ejrcitosrepresentaron en su momento las maquinarias de guerra ms temibles y des-tructoras en el campo de batalla. Sloel patriotismo, la inteligencia y la per-severancia de los revolucionarios de lamayor de las Antillas pudieron enfrentar con xito el tremendo poder de losejrcitos opresores. Cuando Carlos Manuel de Cspedes dio el histrico grito de “ Independencia o Muerte” aquel 10 de octubre de 1868,los jefes insurrectos estaban decididosa luchar hasta la muerte, aunque muypocos vislumbraban las formas que de-ban desarrollar en aquella contienda tandesigual. Fueron el bregar diario, las es-caramuzas, combates y batallas, loselementos que foguearon a nuestrosmambises y les obligaron a buscar yperfeccionar las tcticas adecuadaspara derrotar paulatinamente al Ejrci-to colonialista espaol en su ltimoenclave en tierras del nuevo mundo. Elconocimiento y aprovechamiento delterreno, la conversin del machete delabranza en terrfica arma de guerra, lamovilidad constante, el arte de super-vivencia en lo ms profundo debosques y montaas, la sorpresa, elataque fulminante y la retirada a tiem-po, dot al Ejrcito mamb de la tcticay estrategia correspondientes a unaguerra irregular propia, donde la fuenteprincipal de abastecimiento de armasy municiones estaba en los arsenalesene migos, a quienes se les arrebataba tales recursos en el fragor de las ac-ciones combativas. Durante la guerra grande que no acab en el Zanjn, sino continu enBaragu, la Guerra Chiquita que le si-gui, y la contienda desatada por Marten 1895, surgi y se desarroll el artemilitar cubano como producto genuino

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86 de un pueblo en armas dispuesto a con-quistar la independencia a cualquierprecio. La tctica y estrategia de loscombatientes cubanos del siglo XIX disimuladas por el paso de lasintervenciones yanquis, de los gobiernoscorruptos de la repblica mediatizada,irreconocible bajo la telaraa del tiem-po y las manipulaciones, esperaban sinembargo, el momento de despojarse dellastre y salir a la luz como armas re-volucionarias en manos de los nuevoscombatientes. Correspondi ese mrito histrico a Fidel Castro Ruz al frente de lo mejorde la juventud del centenario de JosMart. T ras los primeros fracasos, Fidel proclam la segura victoria cuando reuniel 18 de diciembre de 1956, en la finca“ Cinco Palmas” en el Purial de V icana, a ocho hombres y siete fusiles. Enaquellos momentos pareca un pronun-ciamiento fuera de la realidad, pero ellder de la revolucin no estaba preci-samente haciendo la comparacincuantitativa de sus ocho hombres y sie-te fusiles con los aproximadamente cienmil efectivos armados del rgimen deBatista. Fidel, como digno heredero delas tradiciones combativas del pueblocubano, se basaba para su optimistaafirmacin en la tctica y estrategiacomo factores cualitativos que la revo-lucin, partiendo de una aparentementepequea fuerza, adaptara a las nuevascondiciones, para desgastar y derrotara un poderoso Ejrcito equipado, noslo con moderno armamento de infan-tera, sino con tanques, artillera, buquesy aviones de guerra. La guerrilla en la Sierra Maestra se desarroll exitosamente sobre la base del fogueo de sus hombres en las msduras condiciones de la vida en campa-a, el conocimiento y aprovechamientode las ventajas del terreno, la sorpresa,el combate a tropas en movimiento, elataque a puestos aislados, pero, sobretodo, la direccin de la guerrilla traz unalnea rigurosa en la formacin de unej rcito popular como factor principal de lucha, el cual bajo su influencia mo-vilizara a todos los sectores de lasociedad y garantizara la formacin delos futuros cuadros poltico-militares dela Revolucin. De esa escuela surgieron los mejores alumnos para ocupar los cargos demayor responsabilidad. Los soldadosms destacados pasaban a comandarlas escuadras y pelotones y dentro deellos los ms competentes fueron co-locados como jefes de columnas yfrentes de combate. Sobre estos lti-mos recaa una responsabilidad superioral tener que asumir las tareas y misio-nes de la comandancia general delEjrcito Rebelde en otros territoriosdonde deban aplicar la tctica y estra-tegia de acuerdo a las condicionesespecficas, respetando siempre losprincipios esenciales aprendidos en laSierra Maestra. Este proceso, defini-do por el comandante Ernesto CheGuevara como el desprendimiento dela columna madre, signific una delas lneas estratgicas ms importan-tes de la guerra de liberacin. Al igual que los mambises, los rebeldes tuvieron como fuente principal de abastecimien-to las armas arrebatadas al enemigo. Una actitud clara, justa y humana conlos prisioneros y en general con losmiembros del Ejrcito contrario y sobre todo, lograr que el Ejrcito Rebelde

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87 fuera el principal exponente de lasreinvindicaciones agrarias para asatraer la incorporacin activa de lasmasas explotadas del campo fueron po-lticas bsicas de las tropas insurrectas. La guerra de guerrillas en Cuba triunf por las dos razones fundamen-tales esbozadas por el Comandante enJefe: “ Una causa justa, nacional, de justicia social y la aplicacin correcta dela tctica y la estrategia poltico-mili-tar”. 16 Segn sealara el comandante Ernesto Che Guevara, la guerrillarevolucionaria en la Sierra Maestrafue el motor impulsor del movimientogene rador de conciencia y entusiasmo combativo y cre las condiciones sub-jetivas para la victoria. En loscombatientes de aquel nuevo Ejrcitose vislumbraba el hombre del futuro. 17 Fueron los heroicos soldados de unifor-me verde olivo la garanta real delpoder revolucionario durante los prime-ros tiempos. Conformaron junto a Fidelel eje de la unidad de las fuerzas revo-lucionarias, y se constituyeron en labase del Ejrcito popular multitudinarioque defendi la bandera en la LuchaContra Bandidos, en Playa Girn y laCrisis de Octubre. El Informe Centralal Primer Congreso del Partidoenalteci dicho papel histrico con laspalabras siguientes: El Ejrcito Rebelde fue el alma dela Revolucin. De sus armas victo-riosas emergi libre, hermosa,pujante e invencible la patria nue-va. Sus soldados reivindicaron lasangre generosa vertida en todaslas contiendas por la independenciay con la suya propia cimentaron elpresente socialista de Cuba. Las armas arrebatadas a los opresores enpica lucha las entregaron al pue-blo y con el pueblo se fundieron,para ser desde entonces y parasiempre el pueblo armado. 18 Notas1 Extracto de los informes de la inteligencia norteamericana sobre Cuba W ashington Post Oct. 1965.2 Castro, Fidel. Encuentro con V anguardias F AR. V er de Olivo (La Habana) (Numero especial) 31 dic. 1978.3 Castro Ruz, Ral. Discurso en el VIII Aniversario del Moncada. Hoy (La Habana) 27 jul. 1961:8-9.4 Memorias. Primer Congreso del PCC. La Habana: DOR, 1976.5 Castro Ruz, Fidel. “ Carta de Fidel a ico Lpez. Isla de Pinos, enero de 1955”. En: Menca,Mario. La prisin fecunda. La Habana: Editora Poltica, 1980. pp. 193-198.6 _______. Carta sobre la amnista. Isla de Pinos, marzo de 1965. Bohemia (La Habana) 48:63,94; 27 mar 1955. 7 Hart Dvalos, Armando. Aldabonazo. Canad: Pathfinder, 2004. p. 95.8 lvarez, Marta V ernica y Ser gio Ravelo. El renacer de la esperanza. La Habana: Editora Poltica, 2006. p. 10.9 La Sociedad de Amigos de la Repblica (SAR) di rigida por el veterano del Ejrcito Libertador don Cosme de la T orriente, trat infructuosamente de establecer el dilogo poltico entre laoposicin y la tirana, mientras esta ltima loutilizaba con fines propagandsticos. El 19 denoviembre de 1955, la SAR convoc a un acto enel muelle de Luz donde discursaran los dirigentesproclives al dilogo con Batista. Desde la multitudse escuch el grito a coro proclamando la lnearevolucionaria. El acto fracas cuando algunostestaferros del Partido Autntico atacaron a los grupos del 26 que no dejaron de gritar:“Revolucin, revolucin”.

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88 10 De T uxpan a La Plata La Habana: Centro de Estudios de Historia Militar de las F AR. Editora Poltica, 1985. pp. 74-76.11 Ibdem, pp. 49-51. 12 Bez, Luis. Entrevista a John Meckples Spirit. En: El mrito es vivir Espaa: Editorial Buganville, 2002.13 Portuondo. Y olanda. La clandestinidad tuvo un nombre: David. La Habana: Editora Poltica, 1988. p. 226.14 lvarez, M. V y Ravelo, S. Op. cit. (8). p. 103. 15 Entrevista a Mara Antonia Figueroa. Santiago (Santiago de Cuba) (18-19):111; jun.-sept.1975.16 Castro, Fidel. Sobre temas militares. La Habana: Centro de Estudios de Historia Militarde las F AR, 1990. p. 122. 17 Guevara, Ernesto. “El socialismo y el hombre en Cuba”. En: Obras escogidas 1957-1967 La Habana: Casa de las Amricas, 1970. p. 368. 18 “Informe Central al Primer Congreso del PCC”. Op. cit (4). p. 114. Otra bibliografa consultadaA LMEIDA B OSQUE J UAN Pr esidio. La Habana: Editorial de Ciencias Socia-les, 1987. Diario de la Guerra. La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo deEstado, 1986. G L VEZ W ILLIAN Frank, entr e el sol y la montaa. La Habana: Ediciones Unin, 1991.

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89 MEDIT ACIONES *Prlogo a la antologa potica Biografa del tiempo de Luis Suardaz, preparada por l mismo, y fijada definitivamente tras su fallecimiento por su esposa Elisa Masiques. Fue publicada por laEditorial Letras Cubanas en el 2005. L uis Suardaz (1936-2005) fue un poeta de “Poesa o Muerte. V ersaremos”, o sea, de profunda vocacin y entrega a su razn expresiva fundamental.Puede decirse que fue un ensayista, un periodista-crtico literario, un “cronista de su tiempo”, y siempre la aseveracin estar incompleta; slo podr sercomprendido de una manera ms integral si al hombre revolucionario, militanteconvencido de la Revolucin y a su servicio, agregamos su condicin de poeta.Saba que lo nico eterno era el cambio. Apost, como en su poca lo hizo Arthur Rimbaud, por cambiar la vida pero no adopt el tono maudit del gran clsico francs, y ni siquiera el surrealismo de Jos A. Baragao, quien en 1952 haba ofrecido un libro de tal direccin y con ese mismo ttulo-programa de lucha po-tica: Cambiar la vida Para cambiarla de veras como transformacin del mundo, Suardaz se anot en el carro del combate antibatistiano clandestino en los aoscincuenta, lleg juvenil y vigoroso al triunfo de la Revolucin de 1959 (tena veinti-trs aos) y nunca descendi del barco en plena mar procelosa de transformacionesconstantes, olas altas y mar de leva hacia el futuro, tan difcil de alcanzar como sueo social, ideal, utopa... Saba que la poesa es una “patria” universal de la especie humana, “patria” a manera de franca y bella utopa a la que era dable entregar la V ida y hasta la Muerte. V encer versando. Convencer con-versando. Suya era una “suave pa tria” o dama a la que deba servir como devoto caballero, por la cual vale la pena pelear conrumbos hacia el Bien, la Justicia y la Belleza. Podran parecer trminos abstrac-tos, pero al leer la poesa escrita de Luis Suardaz, nos damos cuenta de que ese era su faro, sus cimientos, columnas, pilares, fundamentos sobre los que erigi eledificio de su propia vida. Hombre de profunda eticidad, llev al seno de la poe-sa escrita su mirada propia, personal y a la vez colectivista de la circunstancia. La dialctica, Herclito,Luis Suardaz y el ro que fluye* V irgilio Lpez Lemus Escritor ensayista y crtico literario

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90 Haber vivido (1966) es el primer momento cimero de tal trayectoria, el arribo a la madurez. Y la adopcin definitiva del tono conversacional que le habra de acompaar hasta su muerte. Cuando en 1987 publiqu mi libro Palabras del trasfondo estudio de la poesa coloquialista cubana, mantuve un grupo de puntos de vistas sobre la obra deSuardaz que me gustara recordar para ratificarlos. Deca all que el poeta haba alcanzado una densidad potica propia de su elevado sentido de ideologizacindel texto, por su empleo no contradictorio de la palabra densa y variada en sudiversidad terminolgica, pero a la vez con un sano sentido de la economa ex-presiva, a la hora de conformar un texto. Suardaz lograba desde el principio delos aos sesenta construir una obra potica de sntesis ideolgica y brevedad (encuanto a las dimensiones del texto), a la par que desbordaba su cornucopia lexical.Parecera contradictorio ser abundante en palabras y sinttico en ideas, pero esees el signo constructivo de la obra lrica de este autor quien, a la vez, fue un hombre ampliamente vinculado con su medio, nunca un poeta en la tor r e de marfil nunca un cogitante de gabinete; toda su obra se vincul a la vida cultural cubanade su tiempo, de la que fue un protagonista informado, conocedor participante pleno. Su poesa de los aos sesenta era sobre todo “crnica”, cr onstica, comentadora de la circunstancia, en la que el poeta se desempeaba activamente, sobretodo en el plano de la transformacin social. Por ello vemos en sus pginas lagrave importancia del tiempo (cronologizacin de sucesos, incluso) y de la histo-ria, muchas veces vista como transcursos microhistricos humanos. Ms que uncanto a la vida se trataba de escribir una poesa participativa, por lo que un fuerte valor cognitivo y un afn testimonial se asentaban en sus poemas, que noescapaban de la realidad hasta cuando la subjetividad del poeta se haca ms vi-sible. Dentro de la fugacidad del tiempo, l prefera ser un poeta del hoy objetivo de la evidencia de lo momentneo, del decursar en su etapa inmediata. T anto es as, que se puede advertir la presencia verbal del pr esente histrico en poemas que se refieren a hechos pretritos, a asuntos histricos o a la participacin deindividuos fallecidos en acontecimientos que repercutan en la actualidad (del mo-mento de la escritura), porque eso importaba al poeta, la huella del ayer sobre elhoy Su labor no es contar ni historiar y ni siquiera ofrecer una celebracin, sino mantener viva la memoria, la memoria actuante, en su dimensin temporal pre-sente, observando ese ayer que sirve al hoy y aunque cada momento histrico t iene su valor per se Suardaz ve un tractus un decursar un movimiento dialctico Ms adelante me detendr en ese sentido dialctico primordial de su obra potica, por ser ello esencial en su conformacin. Antes de dedicarme al anlisis de los posibles poemas antolgicos de su obra, o a la diseccin cronolgica de su escritura, me resulta interesante acercarme a l os recursos formales de su trayectoria lrica, debido a la fijeza o fidelidad de las formas que ella denota. Cmo construye Suardaz sus textos? Primero, salta

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91 a la vista una separacin bastante radical, pero no por ello absoluta, de la mtrica tradicional hispnica, y consiste en la eleccin de versos libres de muy variadasestructuras, desde la lnea versal extensa, casi tpica del versculo whitmaniano,usual en l para la “crnica” lrica, hasta la lnea breve, clasificable muchas ve-ces como “arte menor”, segn los valores mtricos tradicionales, pero queadquiere un librrimo ritmo asentado en lo ideolgico ms que en lo acentual.Este tipo de verso breve suele usarlo en la reflexin, cogitacin de raigambrefilosfica o de irona epigramtica. V eamos dos ejemplos del uso versal tpico y bastante constante en su obra:Dominios defendidos por Duque, escuder o de fino instinto que gusta de saltar sobr e mi cabeza y entr egarse a una danza primitiva en la que juegan el papel principal sus patas traseras.Sus ojos, hmedos y par dos como los mos, me estudian sin pestaear y pasan las rabiches, los gor riones y las r einas br ujas que tanto desajustan nuestr os mundos onricos. Duque no malgasta sus gruidos y cuando su radar denuncia enemigos cir cunstanciales, se apr esta al combate. (“Una casa en la calle Rosario”) No tengohombr os de jefe victorioso. Per o con mis panfletos de otoo, mis rasgadas canciones,hago mi par te, pier do y gano discpulos, y mis manos,a veces heridas, no desdeanni temen la compaa del fuego. (“Confucio”) El verso libre breve, de siete a diez slabas, es empleado ms comnmente para la reflexin, en tanto que el verso amplio, por momentos versicular aparece con mayor frecuencia en la poesa de crnica, recuento, evocacin de situacio-nes pretritas, asuntos que tienen que ver con la historia o el puro testimonio epocal.Pero debe advertirse que muchas veces Suardaz acude al ritmo acentual, paradarle agilidad al poema, y otras veces el ritmo se asienta en la reiteracin depalabras, de versos o de frases en los comienzos versales. Aunque por momento uno advierte que el poema tiende al prosasmo, este queda neutralizado por esosusos rtmicos, por el balance entre el valor connotativo (semntico) del texto ode las palabras que lo constituyen y el verso libre construido a partir de imge-nes, en un visible movimiento versal y no de mera prosa recortada en renglones.El movimiento del poema es doble: significado y estructuras lexicales forman unmovimiento semntico-rtmico que le ofrece su peculiaridad; vase esto en algu-nos versos sueltos y luego en un fragmento de poemas. Ritmo evidentemente

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92 acentual: “La acompa a un examen de francs, / a una reposicin de Calgula, a un cine”; “Pronto rompern la cscara los desvelados de patas frgiles” Ritmo semntico o por imgenes:Casa de la calle Enrique V illuendas, nombrada Rosario, como la cuenta de los misterios, la tierra dinamiterade Miguel Hernndez, cierta mquina hidrulica y como vuestra seoray como aquella musa instantnea de Jos Mart. Quiero detenerme en el recurso del versolibrismo reiterativo para lograr ritmo interno en el poema. Consiste en repetir frases o palabras a comienzo de verso ode seudoestrofas, y tambin en la serializacin. La serie lexical a veces es lgi-ca, semejante a la whitmaniana, y otras veces ajusta la influencia de Pablo Neruda,con un relativo desorden tpico de la serie psicolgica propia del surrealismo o dela poesa de las vanguardias en general. Estos recursos expresivos se manifies-tan a todo lo largo de la obra de Suardaz, veamos dos ejemplos: Serie lgica El negociante de caballos sube a la guaguacon las botas informadas de fango. A toda hora,l hablar de bestias: tor os de furia minoturica, caballos que saltan sobr e el agua cr ecida, vacas enanas de cincuenta lar gos litr os. El negociante de sangr e caliente, el tratante de bestias. (“Haber vivido”) Serie psicolgica Como no saba leer desconoca las estadsticas y los ensayos de la pobr eza, desconoca el origen del capital, la alienacin de que era vctima, el fenmenocon tendencia a plaga de la enajenacin contempornea.Usaba un calzn de sacos de harina, un cinto de yuraguana,un sombr er o que no saba volar y en el que anidaban los aguacer os. (“Hiplito”) Advirtase que incluso en las series psicolgicas, Suardaz no intenta una originalidad a ultranza, para reunir objetos demasiado distantes entre sus posiblesrelaciones. Si estos recursos formales dan cuerpo, copa, dimensin estructural alos textos, en el propio proceso de ordenacin concurren otros elementos, comoel sentido testimoniante (desde el ayer al hoy inevitable “cuento” o recuento de circunstancias), la funcin epistolar (comunicativa), el valor intertextual (citas tex-tuales o alusiones a textos de otras personas), y por supuesto, el tono conversacional que es conditio sine qua non de su poesa. T odos estos elementos ya se han estudiado suficientemente, segn me parece, en la obra de otrospoetas coetneos suyos y del propio Suardaz, pero debe ratificarse que este poetaes de hecho un coloquialista militante, un poeta central de la corriente coloquialista de la poesa cubana, un “usuario” esencial del muy difundido tono conversacional

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93 de la poesa de la segunda mitad del siglo XX en lengua espaola, puesto que Suardaz es un poeta tpico de esa mitad de siglo, a la que pertenece toda suobra formal y estilsticamente y por los propios contenidos expresivos. Poeta in-cluso prototpico del coloquialismo, bebi tan intensamente de su retrica de pocaque difcilmente pueda separarse, al leerlo, de los recursos, las expresiones y elcontexto histrico de los aos comprendidos entre 1955 y el 2000; si sumamoslos pocos aos del nuevo siglo y milenio que vivi, complet cincuenta aos deejercicio de la escritura, en los que se alej de todo trascendentalismo, no ya sloideolgico, sino incluso de la propia escritura, que no quiso sino brillar en el res-plandor de su tiempo. Pero quisiera llamar la atencin un poco ms sobre el sentido epistolar de su obra, asunto que fue usual entre algunos poetas del Romanticismo decimonnicodentro y fuera de la lengua espaola, como en Espronceda, y que en la poesacubana se advierte en algunos poetas romnticos, por ejemplo, en Luisa Prezde Zambrana. El recurso es asimismo comn a varios poetas coloquialistas, so-bre todo puede verse en el sentido de “remitente” en que se sita el sujeto lricoen algunos textos de Roberto Fernndez Retamar Y a el poema “Conversacin a mi padre” (1948), de Eugenio Florit, ofreca ese aire comunicador que puede te-ner una carta, si bien pareciera un soliloquio, una conversacin a distancia, unallamada telefnica de la que se “narra” slo el punto de vista de una de las par-tes hablantes, pero tambin, inevitablemente, alcanza un valor epistolar Ese conversar con difuntos del poema de Florit, se torna en Suardaz una alocucindirigida a hroes, mrtires, amigos difuntos, gentes que han tomado parte en lahistoria reciente, en la insurreccin contra la dictadura batistiana y han muertogenerosamente, ofreciendo sus vidas por aquella “libertad” (“de cancin bajo lalluvia”) a la que cant Fayad Jams en “Por esta libertad”. Si bien el sentido orecurso epistolar no es privativo de la obra de Suardaz, vase que en l adoptauna carga estilstica propia de la narracin, pero de una narracin que no quiereconvertirse en cuento, tampoco en canto, de maneras tradicionales, sino en testi-monio a travs de la emotividad lrica, lo que en cierto modo comparte con poetascomo Csar Lpez, Rafael Alcides, et al Es curioso observar que Suardaz se despide al final de algunos de sus poemas: “abur”, “hasta la vista”, saluda, dejael adis expreso, pareciera una despedida circunstancial, de esas de “hasta den-tro de un rato”. Ese empleo singular de lo epistolar y de la despedida, se enlazacon su sentido de la continuidad dialctica del tiempo, asunto que sigo ahora pro-metiendo para un poco ms adelante en este mismo estudio. Se impone algnrpido ejemplo de ese valor epistolar y de saludo que hay en sus poemas:Ernesto, esta car ta te ha de llegar pr obablemente demasiado tar de. No s, en ver dad, qu ser de tus huesos, sepultados un da de ener o de 1957 Disculpa al fin mis desconcertadas palabras de despedida. Y tambinel que me haya quedado fuera del automvil ya muy r epleto–aquella tar de que todava anda dentr o de m como una enorme piedra. Mientras escribo, a tanta distancia, vuelvo a llorar por los tr es: por Reyes que telefone,

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94 angustiado, temer oso de que le dejaran (lo cual t pr oponas en br oma) por Renato que estuvo plenamente en la vida hasta un momento antesdel fr enazo, la confusin, el golpe contra las piedras. Y por ti. Sobr e todo por ti que eras el mejor de todos nosotr os y el ms humilde. Recuer do el brillo de tus ojos el da que al fin se hundi en la muerte aquellabestia que r esponda por Salas Caizar es y de cmo le expusiste al viejo militar todo lo que pensabas del rgimen, sin alterarte, con el tabacoa medio fumar ser enamente. (“Correspondencia acumulada”) Guillermo estuvo aqu.Hablamos de cosas simples, deliberadamente:mira que el tiempo pasa, qu tal los nios,tu mujer dile a la vieja que extrao aquel caf de las r euniones clandestinas. Y abur (“El visitante”) El sentido conversacional (tono dominante) y el valor de testimonio que quiere dar a los poemas, obliga a cierto verbalismo, a veces muy intenso, que algunoscrticos han querido ver como “defecto” expresivo en una obra potica de cual-quier autor Suardaz acude a una conglomeracin de verbos de accin que, antes que defecto, se tornan valores estilsticos fundamentales en su sentido de cuento,recuento, testimonio, situacin entre el ayer y el hoy sentido fuerte del presente determinado por el verbo conjugado y decisivo en el accionar constante. El ver-bo le ofrece al poema una salida al exceso de sustantivacin ideolgica, en quela carga del sustantivo resulta tan fuerte, que raya con su mismo valor dentro dela prosa. Asimismo, el uso frecuente de verbos de movimiento y accin, o la propia frecuecia de uso del verbo hablar cooperan al inters dialctico del poeta, del continuo cambio que l quisiera atrapar Por eso en esta poesa el contrastante dialctico del sustantivo se halla en el verbo, no en el adjetivo; lo que equilibra el peso delsustantivo fuerte y conceptual es el verbo de accin, ms que propiamente el depensamiento. Significo nuevamente que el verbo hablar es clave para quien quiere testimoniar lricamente sobre su circunstancia, mediante una poesa conversacional (vase ejemplo en el fragmento anterior de “El visitante”), en la que el poeta dialo-ga, conversa y monologa, en un ejercicio constante de la palabra oral. A este sentido de lo verbal, se suma la frecuencia con que aparece el nombre propio de persona en el conjunto potico. Este asunto se manifiesta a todolo largo de la poesa de Suardaz, desde sus poemas publicados bajo la antolo-ga (ms bien colectnea, compilacin, presentacin de autores) de Samuel Feijo( Coleccin de poetas de la ciudad de Camagey 1958) hasta sus ltimos libros, pero se vio acentuado en los textos de los aos sesenta y setenta, cuan-do en el poeta se haba arraigado la potica colectiva de la corriente coloquialista

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95 cubana, en la cual tal recurso expresivo es frecuente en poetas como Luis Marr, Domingo Alfonso o Manuel Daz Martnez. Metodolgicamente hablando, el uso de nombres propios crea dos caractersticas esenciales en la expresin: 1)circunscribe, temporaliza, especifica, 2) ofrece cierta base “realista” dentro delpoema, que propicia la verosimilitud del testimonio lrico. Si bien ambos aspectospueden ser ms propios de la poesa pica, no olvidemos que en la potica delcoloquialismo el grado de epicidad es muy importante. Suardaz sin dudas se re-fiere a un epos a una circunstancia de matiz histrico en cuanto lucha social y triunfo de un movimiento poltico renovador y los nombres propios funcionan aqu como una especificacin que salta de la microhistoria para convertirse en parteactiva de la historia reciente. Hay diferencias entre los sentidos o recursos picos de sus poemas, puesto que unas veces esa epicidad es militar o militante, de combate directo (vase en“Despedida”) y en otras ocasiones se ofrece como vida de hroes o fragmentosde vidas, o del propio accionar del protagonista que puede ser el mismo poeta, yen todos estos casos hay un abierto sentido de lo histrico, de la historia en cursoa travs de sus protagonistas, segn se puede observar en poemas como “Loshroes”, “Correspondencia acumulada”, con diferencias visibles entre “rea deT amerln” y “A Santiago de Cuba vuelvo despus de tanto y tanta geografa”, en los cuales la dimensin de lo histrico va en dos vertientes: el testimonio di-recto y la evocacin testimonial, esta ltima propia del recuento. El poema “Una casa en la calle Rosario” (uno de los ms importantes de su obra potica) es muy elocuente en el uso de lo testimonial y el nivel histricoaplicado al texto. Hay cuento y recuento, el testimonio es vvido, aunque eltestimoniante no sea quien lo haya vivido, sino que se convierta en voz de otro;el poeta asume una objetividad tal, que el grado de realismo se eleva por su valorpico; a veces la realidad (objetiva) resulta fotografiada, es como una instant-nea, como un recuerdo visual, y entonces el sujeto lrico se transmuta ensujeto-pico, es el hroe o el mrtir que cuenta un fragmento de su vida, si biencon una mirada bastante lrica de la circunstancia. La vida social y el huracn seasocian, el hombre vive inmerso en un entorno violento y su inters de cambio esde franco sentido progresivo: hacia la justicia y la armona. Naturaleza y socie-dad estn en un solo vrtice de transformaciones, de cambios bruscos, en losque el individuo, desde el punto de vista de Suardaz, ni contempla ni canta, sinoque participa. El homo faber es una dimensin transformadora de su propia circunstancia, por lo que el poeta lo observa como protagonista de la historia y nocomo vctima u observador distante de ella. Pero no se crea que es la epicidad lo que rige de manera absoluta la poesa de Luis Suardaz. Hay en ella un constante sentido del lirismo, y en definitiva, la “solucin” (en su sentido literario) de los pasajes ms abiertamente picos, resulta serlrica, pues detrs de la fotografa o instantnea, o frente a ella, se encuentra lamirada subjetiva del poeta, que convierte lo testimonial en poema. Ese sentido dellirismo se ve muy claramente en poemas como “Salto de precisin”, “Como quien

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96 vuelve de un largo viaje”, “Corazn”, “Estos que sern helechos”, “Cambio de esta-cin” o “Flmicas”, ejemplos todos de aprehensin lrica directa, visible en este fragmento:No para inter r umpir el sueo que es mi mujer Sacudo el grave polvo de la nieve, echo a un ladolos espejismos del invierno, para r ecogerme cer ca de ese perfume y an soar junto a esa llamita que es mi mujer como quien vuelve de un lar go viaje. (“Como quien vuelve de un largo viaje”) Y a haba dicho que hay un sentido dialctico fundamental en su obra potica, y aunque este se ha ido desgranando en las explicaciones anteriores, es hora de quenos detengamos a examinarlo. Para ello tenemos que ver el inters filosfico delpoeta, porque Luis Suardaz abraz el marxismo, lo estudi a fondo, incluso en suprimera juventud, cuando an su poesa se envolva en una metafsica de la pre-gunta subjetiva (preguntar raz dialctica); su sentido revolucionario y su adhesin a la Revolucin Cubana, lo llevaron hacia el campo de las ideas de izquierda o so-cialistas, y de ellas al propio marxismo. Creo que donde ello se ve con ms claridades en la poesa de carcter reflexivo que escribi, por cierto mucho ms breve,concentrada, como ya observamos prrafos antes, de versos por lo comn de artemenor pero dentro del versolibrismo y sin renuncia del tono conversacional; en su poema “Che”, la reflexin es abiertamente poltica: “y como Lenin, conoca la Ley del V alor / y el valor de las haciendas”, con referencia mucho ms directa en: A una tierna mujer andariega en su llameantesilla de ruedas, le confi:“T ras lo que dijo Mar x siento la misma palpitacinque en Baudelair e.” Y cmo saba sostenerese fusil de Engels en las barricadas. En el poema “Europa despus de la cada” hay una evocacin cristiana sobre la expulsin de los mercaderes del templo, pero en general es una diatriba contrala cada del “frgil socialismo” del este europeo. La direccin crtica continacasi de manera epigramtica, si no fuese por el alto contenido ideolgico de unpoema tan breve como “Deuda externa”:Nada se mar chita tan rpidamentecomo el diner o fr esco en las fnebr es bvedas bancariasde los pases pobr es.

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97 Hay una direccin mucho ms prxima al epigrama, en poemas como “Cinco osos”, “Cuestin de mtodo”, o la serie de “Gotas de lluvia sobre el sermn delfuego”: “T anto vivir ayer / para olvidar maana”; son poemas como cpsulas, concentracin ideolgica que no reviste el carcter de un discurso poltico, sinolrico, a veces prximo al hai-kai: “T odava hoy me estremezco / ante la maravilla del agua desnuda”. Este ltimo breve texto evoca a la naturaleza de la mismamanera en que Suardaz lo hace en otros poemas, breves o largos, como “Elo-gio” o como “Capricho y misterio de la reproduccin”. En otras ocasiones lareflexin se enmarca en el campo de los pensadores griegos, y sobre ellos halla-mos una serie de poemas en los que la irona o la mirada lrica sobre el pensamientoclsico deja textos como “Impureza del agua”. Un grupo de poemas evoca a T ales de Mileto, Pitgoras, Zenn, entre otros, o tambin a los famosos pensadoreschinos Lao T se y Confucio, todos en Nuevos cuadernos de clase (1989), que es uno de los libros donde ms abiertamente se observa el sentido filosfico dia-lctico del trasfondo de su poesa. En “Graffitti para la vieja pared del arrabal”hasta incluye notas de humor: “Si la montaa / viene a ti / ¡huye!”, que lo acercaa cierto tono de Cuer da menor de Samuel Feijo. Lo dialctico en su obra potica va desde el movimiento continuado que quiere mostrar a travs del verbalismo propio de muchos de sus poemas, hasta lareflexin directa, incluso cuando en la antigedad griega clsica muestra prefe-rencias por Herclito y su famoso ro. Pero ms que un poeta de las aguasfluyentes heracliteanas, l es un poeta del fuego, del crepitar de las llamas quepareceran consumirlo todo, cuando en verdad estn dejando detrs suyo una con-sumacin del ayer para un nuevo comienzo. Por cierto que es interesante advertir la presencia del fuego en tantos poemas suyos, como concepto, o como palabradecisiva en algunos casos, lo que puede verse cuando evoca a Herclito, padredialctico entre los griegos:Este mundo,que es el mismo para todos,no lo ha cr eado ninguno de los dioseso de los hombr es, sino que siempr e es y ser fuego eternamente vivo,que se enciende con mediday con medida se apaga. Ese “fuego vivo” aparece de diversas formas en poemas como “Identidad del invisible” (“y tengamos dispuesto su sitio junto al fuego”), “Hiplito”, donde evocael suicidio o la muerte mediante fuego, “rea de T amerln”, entre otros donde se dan cita el fuego casi constante en la obra de Suardaz, junto al culto al caballocomo animal inteligente, pero muchas veces asociado a la violencia; asimismo elfuego del hogar se advierte en “Olla de presin”, y en la violencia de la natura leza

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98 visible en “Flamingos”, o en otros muchos poemas donde el fuego gana sobre lasevocaciones de agua, tierra o aire, debido a que quizs Suardaz es un poeta ca-paz de apreciar la violencia social o en la naturaleza como muy pocos poetascubanos han podido hacerlo. “Cura de caballo”, uno de sus poemas mejores, anaese sentido violento que ofrecen el fuego, la herida, el dolor y la presencia ani-mal, agrupados de una manera cruenta, pero a la vez con un trasfondo lrico quele da sentido a la aprehensin de carcter esttico que protagoniza. Esa aprehensin es fundamental en su obra, y en un grupo de sus poemas se acenta mucho ms, cuando el poeta se adhiere a cierto culturalismo, poesa es-crita desde referentes cultos, librescos, del arte universal, como observamos ensu importante “Cantar”, del que cito el fragmento inicial:Muchacha que llevas un nforallena de espritu,ausente de las canciones pr otesta de Lucr ecio, no puede ser obra de los diosestu figura tan virtuosa y perfecta.Muchacha de ceido tnicoque nada has de saberdel elevado numen de T ulsi Das. El Cantar de los Cantares, el Kama Sutra, los himnos griegos al amor y el eco ertico del gran latino Ovidio, crean una resonancia menos dada a la vida directaque a la reflexin sobre temas erticos. Con la evocacin de Bertold Brecht, eseculturalismo se hace tambin poltico, pero en poemas de Nuevos cuadernos de clase esa indagacin lrica en la cultura ya vimos que se torna reflexin, comentario filosfico. Es lo que tambin ocurre, pero con dosis metafsica menosfrecuente, en el poema “Brecht”, donde en verdad Suardaz toma partido por unapoesa no-metafsica, propia de su sentido dialctico vital. Otras veces la evoca-cin culta se refiere a pintores, a sus obras y a sus propias vidas creativas, lamayor parte de las veces refirindose a artistas cubanos como Vctor Manuel,Carlos Enrquez, Diago, Lam... Es curioso asimismo que desde este “culturalismo dialctico”, por llamarlo al modo en que lo utiliza este poeta en su obra, se advierte un afn universalista,pero partiendo del suelo cubano, desde donde hace referencias a la geografauniversal, ya sea el Hudson o una ciudad europea (Madrid, Pars, Praga, Brujas,Marsella...), o algn accidente geogrfico como el ro Po, entre otros. No puedeacusarse a la poesa de Suardaz de provincialista o de deslumbramiento provin-ciano ante la realidad del mundo desarrollado (pero quin dijo que Rimbaudtambin era un “provinciano”?), debido a que estos elementos se hallan integra-dos a una potica de lo inmediato, aunque no renuncia a alusiones cultas (como yavimos) a personalidades de la cultura universal o sitios clebres por su desa rrollo cultural, e incluso a poetas, como cuando en la parte VIII de “Correspondenciaacumulada” evoca a bardos bastante lejanos de su personal esttica, si bien los

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99 trata con devocin de lector: “Porque, tantos / tratados en torno a Hlderlin o Baudelaire, tantas devastadoras / interpretaciones, hacen de la poesa un miste-rio...”. En esa rbita en que todas las aguas (o todos los fuegos), mueven su molinolrico, Suardaz se da el lujo de hasta ofrecer un texto metapotico tan peculiarcomo “Artesana potica”, desde una frase de Paul V erlaine (Il pleure dans mon coeur / comme il pleut sur la ville), hasta una referencia a Jos Mart, me gusta-ra citarlo completo, pero advierto al lector que puede hallarlo fcilmente entrelos mejores que escribi; vase su fragmento final:La poesa gana todas las batallas,menos la ltima batalla.Conquista todos los cielos/menos el cielo.Sirve para todo/no sirve para nada.La poesa nada sabe de la vida/per o te hace vivir Sabe todo de la vida/per o no sabe vivir? T iene corazn de leona/manos de pjar o en la flor? Rima con la soledad/se acopla con el sueo? Con tu soledad/o con tu sueo? Sir ve para ver lo por venir -catstr ofe, montaa, amor inolvidable, zarpazos de la historia.o [sic] nada ms que sirve para que vierta el corazn su pena, nada ms que para que esta noche de lluviano te mueras? Como T odo lo que tiene fin es br eve (1983), segn versin de Bcquer pasa da por Luis Suardaz, este estudio o presentacin de una muestra esencial de la obra lrica del poeta camageyano, llega a su fin. La Biografa del tiempo ha sido una biografa del poeta en su tiempo. La seleccin de sus poemas es una tras-cendencia de ese tiempo suyo por la letra lrica, un ms ac, cada vez ms ac enel tiempo fluyente, en el dialctico tiempo que Suardaz tent atrapar siquiera fueseen unas letras dialcticas, o sea, cambiantes a la vez que fijan la ocasin, el tem-blor de la voz, el rpido testimonio o la fluyente reflexin. Aquel poeta que comenz a fines de los aos cincuenta del siglo XX por hacerse preguntas de tono casi metafsico y hasta un poco onrico, propias de una juventud frente a una Nada social acentuada por la dictadura que padeca el pas, fue pasando del entorno familiar alsocial, de la vida observadora (que no abandona) a la praxis, de cierto tono existencialal advenimiento dialctico, con un alejamiento ms radical que gradual de la meta-fsica o el onirismo lricos. El amor y la Revolucin se convirtieron a la larga en susdos referencias ms constantes, en el afn de cambiar (transformar revolucionar) la vida, a lo que la poesa debera contribuir Su concepto de la poesa se inscribi en una potica colectiva, la del coloquialismo, al que aport su singular mirada de lahistoria, hecha de un hoy constante que requiere ser testimoniado desde el ayer inmediato. Ese tratamiento temporal de raz dialctica no es ocultista, no estrascendentalista, no busca respuestas sobre transvidas, est carente de religiosi dad

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100 o de espiritualismo idealista, no se alimenta de esoterismos, no quiere arrimar subraza (fuego por medio) al irracionalismo, puesto que advierte en la transforma-cin social continuada el destino del hombre sobre la tierra y es en ello donde seimpuso hallar la poesa. Esa fe en la praxis social hace de la poesa de Luis Suardazun momento paradigmtico de la lrica cubana que tiende a ser ancilar de los cam-bios sociales, de estar a su servicio. Poesa de servicio? Una potica delcompromiso y la militancia? Un fiel deseo de formar parte de una causa? Unafn colectivista antes que expresin del ego y la reflexin alejada de la vida? S.Pero como todo poeta de vocacin, ese s no es tan sencillo. Un gigantesco PERO deja abierta la hoja inquisitiva ante cada poema. El poeta va ms all, sabe del ca-rcter de “misterio” que tiene la expresin potica, sabe que lo que dice tieneconnotaciones que a l mismo se le escapan. Luis Suardaz no gast su obra en unencasillamiento temporal y la deposit en el devenir de la poesa cubana. Maanase advertirn nuevas resonancias en sus versos. Su legado no se cierra con unpresente cada vez ms convertido en ayer Y esa es la razn ltima de su sentido dialctico esencial: el ayer de su hoy vibra para maana. El ro heracliteano quefluye no deja ver sus mismas aguas dos veces, el fuego tampoco brilla dos vecescon la misma llama. Con Antonio Machado, a quien tanto admir, puede decir: “Hoy es siempre todava”.

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101 E n el ao 2004 un musulmn marroqu asesin, a plena luz del da y ante numerosos testigos, al cineasta ho-lands T eo V an Gogh. Con extraa saa, el homicida utiliz para consumarsu crimen una pistola y un cuchillo. T ras degollar a su vctima, le raj el vientrey deposit en la herida una carta febril,enloquecida, y amenazante en la quepoda leerse: “Estoy seguro, Europa, queperecers […] T odos vosotros los infieles moriris”. 1 Aparentemente, T eo V an Gogh recibi en su persona el castigo que estabadestinado a la civilizacin occidental porsus vicios y blasfemias. Se afirma quefue escogido como vctima tras haberrodado, junto a la sudanesa HayaanHirsi Ali, diputada y sistemtica crtica del islam, un film documental tituladoSubmission, part 1, donde, entre otros medios artsticos para protestar contrala opresin femenina, se utilizaban im-genes de mujeres desnudas con versosdel Corn tatuados en sus cuerpos,como a fuerza de latigazos. La inten-cin de los realizadores, segn la propia Hirsi Ali, fue la de brindar una terapia de choque a la cultura “opresiva” delmundo islmico con el objetivo de que, tras la autocrtica esperada, se “asimi-lase” a ese paraso de libertades yderechos que son, en su opinin, lospases pertenecientes a las culturasjudeo-cristianas. En su artculo “De la necesidad del Islam de reflexionar sobre s mismo”,afirm: Esta crtica debe venir del interiorde personas que vean las manchasoriginales que marchitan su cultura,gente que haya recibido una ense-anza, que haya estado en contactocon no musulmanes. Que haya as-pirado a la felicidad individual ysepa lo difcil que es seguir su sedinterior de libertad siendo buenosmusulmanes. Que viva en un paslibre y por tanto, no deba temer por su vida cuando exprese pblica-mente su opinin […] Estaspersonas sern consideradas traido-res en su propia tierra, o lo que espeor an, apstatas. 2 Almendra, las identidades culturales y el “choquede civilizaciones”* Eliades Acosta Matos Historiador escritor y ensayista *Conferencia dictada en marzo de 2006 durante la Feria Internacional del Libro de La Habana.

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102 Es imposible negar que la situacin de la mujer en el mundo musulmn esdeplorable, y no porque lo denuncieHirsi Ali, mientras posa para las revistas y peridicos occidentales como unavampiresa negra ataviada con trajes“tnicos”, probablemente diseados porBenetton y confeccionados en HongKong. Es sospechoso que oculte que noes mucho mejor en el Occidente “cul-to y democrtico” que ella recomiendacomo futuro a construir y como mode-lo universal a adoptar: cada ao, una decada cuatro mujeres en el mundo su-fre de maltratos domsticos. Cada docesegundos una mujer es maltratada porsu esposo, novio o amante. En los Es-tados Unidos esa cifra es cada nuevesegundos. El 64% de todas las muje-res ser maltratado alguna vez en lavida. El 60% de las mujeres golpeadasestn embarazadas. El 40% de las mu-jeres vctimas de intento de homicidioconocen a su atacante. Por causa dela violencia mueren cada ao ms desesenta millones de mujeres y nias,ms que el total de vctimas de la Se-gunda Guerra Mundial. 3 Dos elementos llaman poderosamente la atencin en la prdica tanpolticamente correcta de Hirsi Ali, tanto como en la extraa muerte mediticade T eo V an Gogh, o en el ataque suicida contra el W orld T rade Center tras asegurarse los supuestos atacantes deque las imgenes de su inmolacin que-daran grabadas por decenas decmaras de televisin: en primer lugar el esfuerzo por impactar y cautivar con palabras clave y contraposicionesmaniqueas, el imaginario colectivo deOccidente, que es, a fin de cuentas, elnico imaginario colectivo que interesa; en segundo lugar la idealizacin, y la exaltacin de esa misma cultura occi-dental y de su modo de vida, a los cualesse representa asediados y atacados porotras culturas brbaras y en consecuencia, inferiores. Al fijar ambos mensajes, reforzados por la constante repeticinde las imgenes que los ilustran, la jus-teza de la autodefensa salta a la vista,tanto como la necesidad de barrer conlas fuentes originales, o sea, culturales,de semejantes peligros. Al llegar a este punto del anlisis, comienzan a delinearse los contornosde esta jugada geopoltica, antes quegeocultural. Se explica as que estos te-mas, antes “invisibles” para una culturaoccidental egoltrica y necesitada deemociones cada vez fuertes para sal-varse a s misma del tedio de laopulencia, hayan acabado por acapararla atencin de todos los medios, de to-dos los pensadores, de todos losexegetas, de todos los hagigrafos, detodos los aplogos y de todas las au-diencias occidentales, tras el 1 1 de septiembre de 2001. Una vez ms,como en los tiempos de las Cruzadas,la palabra, las imgenes y los sueos deun Occidente ablico son utilizados paraexcomulgar deshumanizar y maldecir a los enemigos de la cultura y la fe cris-tianas, las nicas que deben considerarsevlidas, universales y verdaderas, espo-leando a los indiferentes para que sealisten, sin perder un minuto, bajo las gloriosas banderas de los ejrcitosreunidos de la Cristiandad, en su incon-tenible avance para liberar de infielesel Santo Sepulcro. Pero hoy la meta no es llegar ante las murallas de Jerusaln, ni fundar SanJuan de Accra, ni tomar Damasco,

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103 sino algo mucho ms terrenal: liquidar todos los lmites polticos, militares, eco-nmicos, religiosos y culturales que seopongan, obstaculicen o demoren la de-finitiva victoria del capitalismo globalpostmoderno, del mundo unipolar y depensamiento y cultura nicos promovi-do por el movimiento neoconservadornorteamericano, el cual ha llevado aGeor ge W Bush al poder mediante un golpe de estado palaciego. Para ello esnecesario acabar mediante los mtodos culturales, glamorosos, casi simpticosy aparentemente justificados que pro-pone la bella Hirsi Ali, o por los despiadados y brutales bombardeos,masacres y torturas que ordena DonaldRumsfeld, todo vestigio de resistenciasy rebeldas, todo reducto de culturas yreligiones alternativas, toda huella depensamiento crtico y verdadera liber-tad intelectual, toda fisura por dondepueda colarse el peligroso virus de unacultura general integral para los hom-bres y mujeres del planeta, o d accesoreal a la informacin que la fundamen-ta. La meta, en fin, estara en ladisolucin incondicional de pueblos, so-beranas y culturas, y no en la mutuacomplementacin, ni la convivencia res-petuosa; en la asimilacin, y no en elreforzamiento de las identidades; en laanulacin, y no en el enriquecimiento niel desarrollo. Cuando entre fines de octubre y hasta mediados de noviembre de 2005ocurri la llamada Rebelin de los Ba-rrios francesa, 4 las cadenas de televisin occidentales se regodearoncon las imgenes de miles de vehcu-los, escuelas, guarderas y gimnasiosardiendo. El mensaje era claro, el mis-mo que enviase al calificar de “basura” a los habitantes de los ghettos de emi-grantes tercermundistas el cuasifascista Nicols Sarkosy ministro del Interior: los emigrantes no son asimilables para la civilizacin occiden-tal, ni siquiera los de tercera o cuartageneracin nacidos en suelo europeo.No vale la pena gastar fondos pblicospara atenderlos mientras no se extirpela raz del mal, que radica en esa ma-na que tienen de preservar sus racesculturales autctonas, en ese extravoque es la multiculturalidad o la convi-vencia plural de culturas en un mismopas, como suelen predicar los liberalese izquierdistas. Para reforzar laimpostergable necesidad de quebrarestas disidencias culturales, esta est-ril resistencia domstica a modeloscivilizatorios universales, se apel en-tonces al ejemplo de lo sucedido enLondres, apenas cuatro meses antes. El jueves 7 de julio de 2005, temprano en la maana, cuatro explosionesterroristas sacudieron varias estacio-nes del metro londinense, destrozando los vagones cargados de personas y unautobs que recorra las calles. Losatentados causaron cincuenta y seismuertos y ms de 700 heridos, y segnScotland Y ard fueron cometidos por cuatro atacantes suicidas, de entrediecinueve y treinta aos, todosislamistas paquistanes nacidos en GranBretaa, y que actuaron bajo las rde-nes de Mohamed Sidhique Khan. Unanota de los suicidas, ampliamente difun-dida por la prensa, expresaba: “Loshroes Muyahidines han efectuado unataque bendito por Dios en Londres. Y he aqu que la Gran Bretaa se consu-me de miedo y terror […]”. 5 No es difcil imaginar que la accin terrorista,

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104 las circunstancias en que fue realizada, y la fallida educacin occidental de susperpetradores, todos nacidos y criadoslejos de su cultura y religin originales,sirvieron para reforzar la campaa a fa-vor de la intolerancia y por laasimilacin cultural obligatoria. No se li-mit a la propaganda burda ymachacona, sino que se lanz a difun-dir teoras aparentemente cientficas“explicativas” de la resistencia cultural,del fenmeno de la impermeabilidad delos militantes islamistas a la cultura oc-cidental que los rodeaba. Y aqu, una vez ms, se apelaba al enfoque que fun-damentara la obligatoriedad de laliquidacin de toda cultura ajena a Oc-cidente. Andrs Montero Gmez, presidente de la Sociedad Espaola dePsicologa de la V iolencia, en su “Ensayo sobre la mente de un terrorista”parece dirigirse hacia esta direccin,cuando afirma: Una de las caractersticas distinti-vas de los modelos mentales queengranan la realidad paralela del te-rrorismo, haciendo muy complicadala modificacin de la conducta quegeneran, es su resistencia al cam-bio […] Una vez estructurados, elterrorista se expondr nicamentea informacin confirmatoria, evitan-do a toda costa escenariosdivergentes […] La realidad exte-rior se desdibujar en la mente delperceptor por implantacin de unarealidad paralela que funcionarcomo imagen distorsionada de unentorno social manipulado e ignora-do […] No es incidental que laviolencia del terrorismo se susten-te en densos edificios dogmticos, enquistados y algicos, […] [en] ideologas interiorizadas a modo de referente moral que gua la conduc-ta del asesino politizado que es elterrorista […]. 6 La publicacin el 30 de septiembre en el diario Jyllands Post de Dinamarca, y la posterior reedicin ennumerosos diarios occidentales, dedoce vietas caricaturizando al profetaMahoma, volvi a ponerse sobre el ta-pete el problema de la “resistencia alcambio” con el que Occidente intentadescalificar a las culturas no occiden-tales. Aparentemente, se trataba de la toma de posicin de Flemming Rose, eljefe de la pgina cultural, ante lo quedenomin “[…] casos de autocensuraen Europa, provocados por crecientestemores y la sensacin de intimidacina la hora de abordar cuestiones relacio-nadas con el Islam”. 7 Pero el anlisis, a la luz de los antecedentes reseados,seala que estamos ante la continuacinde un bien pensado programa encami-nado a contraponer a los pasesislmicos y no islmicos en el tema dela cultura y la libertad de expresin,pero bajo las reglas de antemano dic-taminadas por Occidente. Y por si fuera poco, como claramente sealase el pro-pio Flemming, “[…] esta es una cuestinque nosotros, los europeos, debemosafrontar desafiando a los musulmanes moderados a que hablen claro”, 8 o sea, que defiendan las posiciones occiden-tales en contraposicin a las de losdems musulmanes. La bella historia romntica contada por Flemming para justificar la provo-cacin del Jyllands-Posten se agota en su propio texto. Resulta que esediario, auto proclama do ejemplarmente tolerante, “[…] ha rechazado publicar

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105 vietas satricas sobre Jess [...]”, 9 y que este conmovedor demcrata sesiente ofendido cuando se publican“[…] transcripciones de los discursosde Osama Bin Laden”, o “fotos deAbu Ghraib”. Para terminar de manera elocuente, Flemming resume: “[…]en palabras de A yaan Hirsi Ali, la integracin de los musulmanes en lassociedades europeas se ha acelerado300 aos debido a las vietas”. 10 Pero resulta que no estamos en presencia de ningn programa dedominacin cultural original, de nadaque ya no haya sido “fundamentado”por un pensador como Samuel P Huntington en su obra El choque de las civilizaciones y la r econstr uccin del or den mundial, originalmente publicada en 1996. En aquella obra,encargo, sin duda, del mismo movimien-to neoconservador norteamericano quedebutara un ao despus con el mani-fiesto de contrarrevolucin mundial quese conocera como Proyecto para elNuevo Siglo Americano, Huntington proclamaba: “El concepto de civiliza-cin universal se debe, como productodistintivo, a la civilizacin occidental[…] A finales del siglo XX este concepto ayuda a justificar el dominio cultural deOccidente sobre las dems sociedades,y la necesidad de que estas ltimasadopten las prcticas y las institucionesoccidentales”. 11 Por supuesto que donde Huntington habla de civilizacin occidental quieredecir “capitalismo”, y no lo dice expl-citamente, con toda alevosa. El idealcultural al que todas las sociedades hu-manas debern aspirar consta, en suopinin, de los siguientes rasgos: Compartir una herencia clsica. Hacer que predominen en ellos el catolicismo y el protestantismo. Compartir lenguas europeas.Separar los poderes temporales de los religiosos. Respetar la centralidad de la ley Mantener un pluralismo social.Poseer cuerpos representativos.Dominio del individualismo.Como cualquier vulgar viajante de comercio interesado en colocar sumercanca, Huntington escribi: “Occiden-te es la nica civilizacin sustancialmenteinteresada en las dems civilizaciones yregiones del mundo, y que tiene la habili-dad de influir sobre la economa, la poltica,y la seguridad de todas las otras civiliza-ciones y regiones. Las dems sociedadesnecesitan de Occidente para lograr susobjetivos y proteger sus intereses”. 12 Para terminar con la apologa del capitalismo occidental, y facilitar suexpansin y dominio a costa de las de-ms civilizaciones, como buenneoconservador que es, Huntington nopudo eludir abordar al final de su libro, el ajuste de cuentas con las concepcio-nes multiculturales dentro de los propioslos Estados Unidos, un intento acad-mico progresista por democratizar lasrelaciones culturales y sociales dentrodel pas: “Es imposible hacer de los Es-tados Unidos una sociedad multicultural,porque unos Estados Unidos no occiden-tales no seran los Estados Unidos […]La preservacin de los Estados Unidosy Occidente exi ge una renovacin de la identidad [cultural] occidental. La segu-ridad del mundo exige la aceptacin deuna multiculturalidad global”. 13 Llegamos de esta manera al concepto bsico que los neoconservadoresproponen como panacea universal, y

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106 an tdoto para que la humanidad eluda el peligro de las guerras y el ascenso dela barbarie que, como es de esperar segn esta concepcin y prctica poltica,proviene siempre de las socie dades no occidentales y en primer lugar de las sociedades islmicas. La llamada“multiculturalidad global” es el caballo de T roya que esconde en su interior la imposicin de la cultura occidental alresto de las sociedades del mundo, lanegacin de la diversidad cultural, lamanera ms barata, segura y cmo-da de conquistar todas las regiones del planeta sin sufrir molestas bajas ensol dados, ni causar peligrosos dficits al presupuesto del imperialismopostmoderno, conquistando para ello,primero, el alma, los sueos y la crea-cin de los pueblos. Con inmensa hipocresa, el 16 de marzo, Geor ge W Bush proclamaba en la introduccin a la “Estrategia de Se-guridad Nacional de los EstadosUnidos”, correspondiente al 2006: “Aligual que las polticas implementadaspor Harry T ruman y Ronald Reagan, nuestro enfoque [hacia los problemasdel mundo] es idealista, en los objeti-vos a alcanzar y realista, en cuanto a los medios para lograrlos”. 14 Medios y fines imperiales se conjugan hoy para intentar quebrar laresistencia de las dems culturas antela ola polar hegemnica que invade almundo disfrazada de globalizacinneoliberal, diplomacia pblica, transi-cin, u occidentalizacin de las culturashumanas. En consecuencia, toda expre-sin artstica o cultural, todo mestizajemulticultural, toda creacin de la espi-ritualidad profunda de los pueblos, entrela que se incluye, por derecho propio, sus formas de baile, constituyen expre-siones de resistencia cultural,obstculos para los planes de domina-cin del movimiento neoconservadornorteamericano. La anterior podra parecer una exageracin, si se toma de manera aislada.Pero si se pone en perspectiva con res-pecto a los antecedentes abordados, secomprender su justeza. No tengo du-das: tambin el danzn, nuestro bailenacional, el mismo que cuenta hoy con157 clubes y ms de cincuenta milmiembros en todo el pas, forma parte,a conciencia o no, de esta estrategia deresistencia cultural mundial, por la di-versidad y el pluralismo que los pueblos,con su ancestral sabidura, han sabidosiempre oponer a los explotadores, loscolonialistas y los invasores; la mismaque bajo formas aparentemente festi-vas y despreocupadas reivindican lafilosofa esencial de vivir y se oponena las culturas dominantes. No es casual que un excelente artculo sobre la supuesta muerte deldanzn, aparecido en la revista Msica cubana, nmero uno del 2005, debido a la pluma de Carlos T amayo termine recordando el carril dos de laLey T orricelli, como intento por lograr “la transculturacin paulatina del pue blo cubano”, para concluir citando aAmbrosio Fornet: “En Cuba, desdeSaco hasta nuestros das, toda reflexinsobre la identidad ha de entenderse enel marco ms amplio de las relacionescon los Estados Unidos, pues ser cu-bano es, entre otras cosas, la formams radical de no ser norteamericanoque se halla por estas tierras”. 15 Conozco la ejemplar tenacidad con que se conservan las tradiciones

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107 danzoneras en Cuba, Mxico y muchosotros pases del mundo. He visto bailara muchas parejas en V eracruz con la orquesta Rtmicos de Palma, y a la pa-reja cubana de Juli y Silvio Stevens conla orquesta de Aserina en el D.F ., levantar aplausos admirados entre elpblico danzonero que colmaba el tea-tro “Blanquita”. No puedo dejar deconstatar en consecuencia, que tambin de estas maneras, aparentementeinconexas e intrascendentes, a travsde estos movimientos lnguidos y sen-suales, se manifiesta la resistenciahumana contra los intentos de aplanarlas culturas, de estandarizarlas y do-mesticarlas para “occidentalizarlas”. La guerra de resistencia cultural de los pueblos ser prolongada y ha esco-gido como campo de batalla el de lasidentidades. En ella no hay enemigopequeo, ni escaramuza intrascenden-te, dao colateral, ni fuego amigo. Estanto lo que est en juego que no hayespacio para la derrota ni las claudica-ciones. Por qu no reconocerlo? Almendra puede y debe ser uno de nuestros him-nos victoriosos de combate. No hacefalta que todos lo bailen, ni lo disfruten:basta con que no muera. O mejor dicho,que no lo dejamos morir pues seramos entonces menos cubanos, menos cultos,menos libres, ms vulnerables. Muchas gracias. Notas1 Por qu asesinaron a T eo V an Gogh? Debats (6):44; invierno de 2005.2 A yaan Hirsi Ali. De la necesidad del Islam de reflexionar sobre l mismo. Ibdem, p. 55.3 Muoz, Ana. La mujer en el mundo. Granma (La Habana) 7 mar 2006. Publicado originalmente en Rebelin. 4 Barrelli, Laurent. Estallido en los suburbios franceses. Le Monde Diplomatique (Pars) (41); dic. 2005.5 V er en: www .deugarte.com/london7-7 6 Montero Gmez, Andrs. Ensayo sobre la mente de un terrorista. Op. cit. (1). pp. 70-71. 7 Flemming Rose. La sociedad abierta y sus enemigos. Por qu publiqu las vietas deMahoma? Liber tad Digital 22 febr 2006. 8 dem. 9 dem. 10 dem. 11 Huntington, Samuel P The Clash of Civilizations and the Remaking of W orld Or der New Y ork: T ouchstone, 1997. p. 66. 12 Ibdem, p. 81. 13 Ibdem, p. 318. 14 The National Security Strategy of the United States of America, marzo de 2006. 15 T amayo Rodrguez, Carlos. Otra vez sobre la muerte del danzn? Msica Cubana (La Habana) (1):42; 2005.

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108 CristbalColn: su vidaen el tiempo* Julio Le Riverend Historiador y ensayista C ristbal Coln no ha sido el nico personaje de trascendencia histrica que haya suscitado ardorosaspolmicas acerca de su vida, su pen-samiento, sus rasgos squicos; su obratotal. Bastara evocar las sombras es-pesas que rodean la figura de W illiam Shakespeare para comprender lo dicho.Sin embargo, cada cual con su legadoest ah, prendido, envuelto por siempre en los fastos memorables de la humanidad. Hasta hoy las investigaciones, las reflexiones y las hiptesis msen el caso del genio britnico, han dado imgenes aceptadas slo como insufi-cientes y en muchos aspectos, rechazadas por no ser plausibles. Mu-cho han de pesar tanto en las biografas como en las tesis e hipte-sis, las fabulaciones o las perplejidades de sus coetneos y de los que intenta-ron a lo largo de siglos, darlos aconocer Es indudable que hay una visin popular de Cristbal Coln, palabra que nouso en sentido peyorativo, mas la com-prensin cientfica de l, no exenta dentimas relaciones con aquella, constituye un rompecabezas al parecer insoluble. Sera un buen objetivo de trabajodeterminar cmo se forman esas ver-siones que vienen forjndose hace cincosiglos. No se me oculta que la empre-sa es ardua, aunque slo fuera y no espoco, claro est porque cada poca deldesarrollo social, cientfico y culturalideolgico de la modernidad hayanaportado al fenmeno sus propias o pe-culiares luces, las mismas que hoyaparecen entremezcladas en unaconfundiente masa de errores, aciertos,dudas y parcialidades. Sera compleja,adems, pues se requerira penetraren la naturaleza y el carcter social delos testimoniantes, desde el siglo XV a nuestros das. Hace dos o tres aos enotras pginas sobre el tema glos elhecho de que no se celebraron feste-jos ni honras a Coln y su hazaadesde 1592 a 1892. Hall entonces quela explicacin requera un esfuerzo El autor falleci en 1993 y el presente texto pertenece a una ponencia expuesta en el T aller Nacional V Centenario en el Instituto de Historia de Cuba, en octubre de 1989.

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109 ms all de unas pocas lecturas, si se miden por el caudaloso fluir de juiciosy reflexiones elaborados durante cincocenturias. 1) De inmediato se observan elementos de su biografa oscuros o delaboriosa dilucidacin que se originan enl mismo, entre otras razones objetivassi nos atenemos a lo probado porquetransita de su origen comn a una notoriedad y promocin social e histricaexcepcionales; otras provienen de lasdiferentes banderas de intereses en sutiempo y despus de 1506; algunos re-flejan las consecuencias de su proezamarinera sobre su biografa; no pocosreproducen con diferentes significados,juicios y prejuicios de larga duracin oheredan sin inventario analtico lo afir mado en esos quinientos aos. La vida de Coln ha sido conformada sobre la existencia de “secretos” ode “misterios” que, al alejarlo del con-texto histrico donde actu, crecen lejosde disminuir No nos hemos afanado en considerar el valor r eal de esos secretos, en cuanto reafirman o borran o son indiferentes a la plena legitimidad de sucategora histrica. T odos los personajes hiperpersonalizados aunque se conozcan ms y mejor encierran numeroso s secretos o vacos, para el caso son la misma carencia que el transcur-so de los aos y la falta de documentosadecuados les dan una importancia quequizs no tengan, a pesar de que pue-dan ser tiles para el crecimiento de lacapacidad imaginadora o intuitiva delhistoriador y de sus lectores. La oca-sin de hablar ante colegas deexperiencia y con ejercicio de la raznhistrica, adems de un cierto auto res-peto, no me veda presentar un reparo. Pregunto, ser cierto que los historiadores necesitamos un registro ycomprobacin total de testimonios acer-ca de las personalidades que estudiamoso de documentos sobre ellos? Es queno pueden admitirse vacos en nuestrosrelatos? Negarlo equivaldra a condenara muerte nuestro quehacer Existen esos espacios y tiempos sin aparente conte-nido en nues tra propia, real existencia. Pretender que por estas razones nosconformemos dejando lo desconocidotal cual o, por igual, que no ejerzamosel poder evocador para conocerlo, ni,menos an, transformarlos en una es-pecie de separacin del hombre de sutiempo general o social, sera igualmen-te negativo. Y a sabemos que los historiadores, sean bigrafos o de otra esfera, tienenencima la enorme carga de colmar va-cos; es su deber Mas, si se trata de sus resultados analticos sobre el sucederfactual, concreto, tendr que darse pordescontado que no pueden ser sin ms, seguros o admisibles y desde luego, sern perecederos como conocimiento. Silas faltas de informacin son comple-mentadas o referidas a la pocacorrespondiente, a modo de reflexin yexplicacin y no de sustitucin del datoausente, entonces se pudieran esperarmejores frutos; en este supuesto dara-mos valor instrumental a la visincomparativa y esquivaramos la imagenhipottica de lo que pudo ser T odo esto viene aqu, porque se manifiesta con suma frecuencia cuando de Coln se trata. Hay vacos, cierto es; sobre estos hay hiptesis en abundancia,as mismo escasean las referencias a sutiempo y en ocasiones, sobre la imaginacin acerca de secretos o va cos

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110 intrascendentes y desde tal punto demira puede prescindirse de ellos. Estasobservaciones se deducen de las diver-sas corrientes polmicas relativas aColn, cuya biografa est de hechoanegada en secretos. Del otro lado, suvida no es slo suya, personal, sino queest ntimamente sumida en un tiempohistrico y las vigorosas fuerzas coet-neas, hacedoras de historia, que tienenun sentido actual ineludible. 2) Lo que constituy la razn de su permanencia histrica –el viajetransocenico– pudo llevarlo a pasarpor alto cuanto se refera a cuestionesajenas al proyecto. Por otro lado, quefalten documentos relativos a episodiose incidentes propios de una vida aza-rosa o insegura no es de extraar dadas las vicisitudes de los repositoriosinorgnicamente acumulativas durantesiglos y los movimientos propios de uncomerciante o agente comercial mari-nero, entre los cuales hubo pocosespacios de reposada existencia, si lashubo. Ni su origen en capas urbanas nosuperiores, ni el hbito o la necesidadde guardar papeles eran cosa generalo muy frecuente en su poca salvo en-tre eruditos y hombres de letras,pudieran explicarnos la ausencia de do-cumentos. Aparte, vale comentarlo, que si esa fuese la explicacin de sus se-cretos, cmo se podra enjuiciar elxito de sus aspiraciones? O los secre-tos no eran tales en su tiempo o nofueron considerados importantes o, fi-nalmente, habra que mostrar lasrazones de su valimiento ante los Re-yes Catlicos. Quiere esto decir muchoy en particular que los secretos nacen de las perspectivas histricas. Uno soloparece salir de l: la fundamentacin convincente de su tesis no la dejtaxativamente dicha o, a lo menos, sloexpres argumentos generales, no tandesconocidos por los dems personajesy autoridades con los cuales tuvo ne-cesidad de argumentar a favor de susconcepciones cosmogrficas. 3) Nunca fue misterio su nacimiento y nacionalidad por eso fueron los archivos genoveses los que revelarondocumentos indubitables. Basar su ori-gen en similaridades de un grupo denombres de familia Coln, Coloma,Columbo, Coullon o, si se quiereScolmus es un ingenioso juego formal.De ah la cada vertical de todos los tra-bajos que parten de ese punto. Al parecer hallado un nombre como el suyo, la tesis se construa, a menos quese falsificaran papeles o se leyeran do-cumentos con prejuicio como el caso del Coln gallego o cataln. T odo ello –Coln corso, francs, portugus griego– se lanz a las prensas a despecho de quel no neg su condicin de genovs. Sabemos que en ciertas ocasiones un indicio pueda dar comienzo a unatesis o una hiptesis eficaces, mas, porejemplo, el cabello rojo y sus relacio-nes con gente de origen judo,proveedores de fondos asociados ennegocios no son argumentos valederos.En la poblacin de la ribera europea delMediterrneo hubo desde cuantiosossiglos atrs una mezcla tnica muy di-fundida, pero esto sera un argumentogenrico sin ms apoyo que algunoselementos similares. T endra mucho valor para los Reyes Catlicos y otrasautoridades de Espaa que l fuera ju-do converso? No los haba en todaslas capas superiores y disfrutaban de al-tas jerarquas? Se les meda, si aca so,

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111 por lo que podan aportar con su rique-za, su inteligencia o su sabidura. Se dijo,a la sazn, de los Enrquez, una de lasfamilias troncales de Isabel. 4) La fecha de su matrimonio con la Felipa Monis (o Muiz) de Perestrelo,no se conoce; tampoco el lugar en queverific el enlace. Este desconocimien-to, como tal, puede preocupar a los msavezados y empeosos eruditos, perotiene importancia comprobada para elxito, fin mayor de su proyecto? Ca-sndose, sea antes de 1478 o este ao,o el siguiente, lo decisivo fue el hechoque llegado a Portugal en 1476 tuvo lafortuna o la habilidad de hallarse en elseno de una familia bien relacionada,de cierta categora nobiliaria, con ante-pasados italianos. Eso es lo que pudieratener importancia, pues debi abrirlepuertas, “portuguesarlo” diramos, qui-zs las del rey Juan II a quien presentsu plan en 1484. Y a veremos que si se le facilitaron relaciones, no fueron dems fuerza que la estrategia polticomercantil trazada por el prncipe Enri-que el Navegante y seguida por el reymencionado, que desech el intento. 5) Debe ser considerado como secreto su peregrinacin detrs de losReyes Catlicos durante siete aos?Sera lo contrario. El punto a debatirhabra de ser el porqu esos monarcasle dieron ciertas ayudas para subsistir pues, no siendo de su squito, si bienesas entregas le daban cierto carctercortesano, sera porque no lo conside-raban slo como un impertinente oambiguo solicitador Seguramente, mientras los dineros llegaban, viva decontraer deudas o de la proteccin dealgn personaje. Que el fraile Juan deMarchena, desde el monasterio de La Rbida lo recomend ante la corona,bien est; explicara mucho de esa si-tuacin, mientras los reyes finalizabanla Reconquista, o sea hasta 1492. Se-ra que Coln los consideraba como losnicos en condiciones de aceptar susideas, a la luz de los tradicionales ce-los y recelos contra Portugal? Lo ciertoes que su propuesta fue rechazada, sedice que por sus excesivas demandasde participacin en los beneficios socia-les y econmicos de la empresa. Suspretensiones fueron ciertas, pero la de-cisin no versara sobre ellas. Una vezfracasado, volvi a La Rbida para re-coger a su hijo Diego, que habaconfiado a los franciscanos, para lue-go emprender viaje a otros pases. Otrofraile, Juan Prez, otrora confesor dela reina Isabel, gestion que se le es-cuchara de nuevo y esta vez todoanduvo en volandas. Poco despus sepreparaba su primer viaje trasatlntico. T anto aquellos siete aos como el rechazo y la sbita aceptacin integranun misterio. Segn T aviani el nico secreto verdadero de Coln fue elocultamiento de las razones cientficasy de otra ndole acerca de sus pruebasque guard celosamente. Se dice queColn s se las explic en el secreto dela confesin a esos frailes, convencin-dolos. Aqu sur ge otra duda. Quien fuera confesor de la reina, por su do-ble obediencia a la Iglesia y a lasoberana, se atrevera a ocultarle esainformacin? Quien, como confesorpudo penetrar hondo en la vida espiri-tual, moral y poltica de Isabel, podraresistir a decir lo esencial, lo decisivo,confesado por Coln? La presteza enaprobarlo todo, hasta sus exigencias pa-rece abundar en la respuesta afirma tiva

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112 a esta reconsideracin de la propuestade Coln. Como tampoco hubo afirma-cin o insinuacin por parte de la reina,todo puede quedar en el secreto msimpenetrable. Hay que resignarse a noespecular demasiado acerca de ello. 6) En qu consistira el secreto de Coln? Se han propuesto salidas hipo-tticas a la cuestin. Alonso Snchez marinero de Huelva, naufrag cerca delas costas de Portugal y a l y sus po-cos compaeros los atendi –se dice–,Coln. Antes de morir al igual que haba ocurrido a los otros, Snchez leinform a Coln de un viaje al occiden-te del Ocano y de las tierras quehaban hallado. La explicacin es muycompleja y posee una pertinente y opor-tuna muerte de los testigos. As comenzaron en el siglo XVI los predescubrimientos, uno de los cuales se atribuye al propio Coln y tambines racional, pues se dio hasta la faltade testigos por la muerte de todos suscompaeros. Incluso se trae a colacinuna frase de Las Casas para quien elgenovs hablaba del occidente atlnti-co como si all hubiera estado, lo cualpermitira fundamentar tambin comonoticia verdica un viaje propio o tam-bin una reafirmacin de la imaginacinentusiasta de Coln. O, incluso unaaceptacin de tradiciones y leyendasmarineras reforzadas por lo que pudoor en Islandia (la ltima Thule). Estopudo ser y de hecho, es muy posible que Coln lo aprovechara de algnmodo. Despus de hallada la Amrica, no fueron pocos los viajes ointentos de cruzar el ocano, anterio-res a 1492. Y se dijo de los portugueses, de navegantes nrdicos,de ingleses (John Hay 1480). As fueran ciertas, nada evidente qued en larazn de todas esas afirmaciones. 7) Se ha debatido con insistencia acerca de la sapiencia o ignoranciacientfica de Coln. Este aspecto nopodra ser calificado como secreto, aun-que revela elementos importantes de subiografa, especialmente sobre la forma-cin de su proyecto. V eamos algunas de las cuestiones que han sido objetode principal atencin: a) Coln en tanto que genovs aprendi lo necesario para servir deagente comercial. A su nivel de nio o de joven as como a su insercin social,no pudo ir ms all. No realiz estudiosen la Universidad de Pava, afirmaT aviani, frente a lo dicho por su hijo Hernando. No obstante, el trfico ma-rtimo de su patria y la atraccin de lasriquezas mercantiles influyeron en suformacin y dedicacin al mar y al co-mercio. b) Desde su juventud viaj como dependiente de notorios comerciantesconociendo el Levante mediterrneo.Sirviera o no, practicar oficios mari-neros y esta etapa, que se extiendedesde 1471 (?) hasta 1492, pudo haber-le dado elementos indispensables paramejores emprendimientos. c) Quizs de ah parte su poder de observacin de los vientos y su direc-cin y de los mares en calma o enborrasca. Esto es algo que se destacaen l, sobre todo despus de su arriboa Portugal, donde pudo realizar trave-sas ocenicas (hacia las Madeiras yAzores) aunque al parecer no estuvoen las Canarias; sin embargo, aunquefuera en las aguas cercanas a ellas oen recaladas ocasionales, pudo haberconocido esa regin martima.

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113 d) V iaj a Inglaterra y a Islandia, lo que requera grandes singladurasocenicas, con conocimiento o apren-dizaje de los vientos e intuicin delmovimiento direccional de las aguas(corrientes). e) Antes de 1484, fecha de su propuesta al rey Juan II, traz cartas demareas destinadas a los pilotos, y conestas acrecentara sus conocimientosprcticos. f) Como hombre de mar y de comercio situado en Lisboa, tendraocasin de or opiniones y juicios acer-ca de las “tesis” cosmogrficas deT oscanelli. Que tuviera relaciones de correspondencia con este es un detallesujeto a mucha controversia. A la par conoci, como otros muchos las tradi-ciones, fbulas y leyendas acerca delocano (mares de fuego, tierras inha-bitables, islas del Atlntico y otras), muchas de las cuales caan en descr-dito a medida que los navegantesportugueses demostraban su falsedad. g) La redondez de la tierra era cosa difundida entre los sabios de la poca,y en su codeo con gente de Portugalsabedora lo admiti Coln. De laesfericidad se deduca la existencia deantpodas, o sea, de tierras o mares dellado opuesto a Europa. Slo partiendode esa afirmacin poda elaborarse unplan de navegacin ocenica, as comoera posible la circunnavegacin terres-tre. h) Casi todos los bigrafos y otros historigrafos de ms crdito han ob-servado que sus lecturas (anotadas almargen) fueron posteriores a su entre-vista con Juan II, o sea, que suconcepcin primera del proyecto era enlo general prctica e, incluso, despus, ya que los libros y opiniones cientficasde la poca por l consultados eran po-cos y posiblemente, fueron ledos a la ligera, durante su peregrinacin corte-sana en Espaa. Queda por descontadoque la prctica puede generar un cier-to grado de ciencia o de teorizacin. A estas consideraciones podra reducirse todo lo relativo a la sabidura deColn. No es mucho, pero tampoco ensu poca haba ms. Lo que puede ha-ber ocurrido es que l no sabia cmoargumentar al modo de la ciencia con-tempornea por la carencia deconocimientos culturales ms extensos.Queda como cosa adquirida hasta hoyque exista un cierto vaco entre suprctica y su ciencia. 8) T ambin queda en la tembladera historiogrfica su caracterstica psico-lgica. Ah se pasa, casi sin solucin de continuidad, de los bigrafos que hanquerido canonizarlo (Roselly deSorgues) a quienes slo subrayan su de-vocin, hasta los que lo consideran judoconverso, en consecuencia de dubitablefe cristiana. Haba que tener poder di-nerario o poltico para que el cristianonuevo no cayera en sospecha o enfranca atribucin de oportunismo (decripto judo o de cripto musulmn). Em-pero no es por la va de una apreciacinlineal, como sus palabras devotas o suambicin y bsqueda de oro, que pue-da juzgrsele. Otros le atribuyen un carisma –palabra de moda, aqu, en Cuba– que elcristianismo llen de contenido provi-dencial (la gracia de Dios). Es decir serefieren a su atraccin personal, susim pata, su poder de convencimiento, su obsesiva posesin de las ideas oimaginaciones propias, su capacidad

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114 de maniobrar entre los dems y cuantas ms dotes pueda poseer un hombreexcepcional, uno que no ha de ser prototipo porque sea imposible que sereproduzca. Se sabe que fue enrgicoo soberbio hasta la crueldad, sobre todocuando ya estaba respaldado por losreyes y por la repercusin de su haza-a. No se observan esas cualidadescomo algo natural en la individualizacindel ser humano o en el medio que loforma y orienta. Aparecen como virtudes o vicios “cados del cielo”. Claroest que cuando un buen nmero deesos giros caracterolgicos se anan enla vida de un personaje como Colnsiempre se caen en la tentacin de lo so-brenatural; quizs lo fuera, pero slo serevela en la accin o la prctica que ven-dra a ser a mi juicio, el carcter central. La capacidad o la decisin de actuar se-ra complementada instrumentalmentepor lo dems. Y qu decir de sus referencias afirmativas de la riqueza de la islaEspaola en su primera carta? T odo es maravilla y en medio de observaciones realistas objetivas sobre los indios,retorna siempre al oro, a las especierasorientales o asiticas. Aqu se transfor ma en publicitario de su hallazgo, porque ha logrado el xito ansiado por s y para s y los reyes. Es un hombre prctico que pone las bases de lo que lconsidera el fundamento o razn de su promocin econmica y social, desde suprimera carta a Luis de Santngel (fe-brero de 1493); era la nica forma dedifundir –ello se prueba por la difusininmediata de la carta– las excelenciasde las tierras “orientales”, en cuyos be-neficios pensaba antes de partir Y como los marineros –dice l que a pesar de su prohibicin– cambiaron peda-zos de “vidrio rotos” por granos de oro,nadie se le opondra. Como se puedeapreciar por estas observaciones, msde sentido comn que de sabidura ytcnica psicolgica, los anlisis y re-flexiones caracterolgicos quedanreducidos a otras tantas hiptesis, des-pus de comprobado su xito. Aceptemos, claro est, que mostr ser un buen observador por ejemplo, ante los tanos antillanos o el movimiento de lasnubes o los objetos que encontr en sucamino. Pero hay que decir que no le fal-taban los Pinzn y buenos pilotos comoJuan de la Cosa y Peralonso Nio.Quien se lanzara a afirmar que todo elxito de una empresa tal es resultado ex-clusivo de un personaje y sus cualidades?Sus compaeros de empresa no eran, porcierto, marineros bisoos. 9) Nos quedara caracterizar su poca, situndolo en ella. Aspecto que debe resumirse por razn de su riqueza decomentarios e incitaciones a reflexionar pues se trata de una fase importante enla transicin del feudalismo al capitalis-mo, o sea, de una sociedad que reduceal individuo (o trata de limitarlo) a unavida gregaria rebaiega; dependiente deun manejo de relaciones sociales cris-talizadas, a otra que pone en el primerplano de la accin histrica al individuocreador slo sometido progresivamente a la razn natural. Es la modernidad encierne identificada por el Renacimiento,palabra plurivalente porque del rescatede la cultura “cl sica” se deducen las culturas nuevas (nacionales) y la for-macin de caracteres que chocan contradiciones bien enraizadas, pero sacudidas por necesidades no perceptiblesen los siglos precedentes.

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115 Esos elementos de poca deben resumirse en unos pocos trazos agru-pndolos de modo que sirvan defundamentos a la reflexin sobre la bio-grafa de Coln. Debo advertir que sehallan ms o menos dispersos o mez-clados con los episodios que la integran;sin embargo, hay que tratar de produ-cir una cierta separacin entre estos ylos caracteres de la poca, sealandosus nexos solamente en aquellos aspec-tos colombinos que puedan conceptuarsecomo esenciales para una aceptableconcepcin histrica del personaje: I) Se trata de una transicin social profunda. Del aislamiento y el particu-larismo feudales a la conexin y lainterdependencia de los pases europeosoccidentales y eventualmente, del este europeo y de Asia. La formacin y crecimiento de mercados urbanos–exportadores e importadores– donde laproduccin artesanal y el comercioproducen riquezas tangibles –moneta-rias– que necesitan la bsqueda dems mercados y productos. Apareca con pujanza notoria, el capitalismo mer-cantil. II) El transporte martimo favorecido por las condiciones marineras de lascarabelas, puede sustituir con ventaja alterrestre, ms riesgoso por la inseguri-dad y los mltiples gravmenes que leimponen las estructuras feudales. Cuan-do el Mediterrneo comienza a perdersu primaca, pues crecen los mercadosde la costa norte de Europa occiden-tal, las expediciones ms lejanasrequieren adentrarse en el ocano. Poreso desde mediados del siglo XV y aun ms tarde hacia 1500-1510, los maresy las costas desde las islas britnicas yla pennsula ibrica hasta las costas occidentales de frica y las islas atlnti-cas cercanas (Madeira, Azores y Canarias) registran la presencia de na-ves espaolas, portuguesas, inglesas,francesas, genovesas, venecianas, ale-manas, napolitanas. III) Las rutas mercantiles se extienden al ocano, que se transformaba enun atractivo principal para comercian-tes, armadores, marinos. Se estabacreando un gran centro de exploraciny apertura de mercados en Lisboa, des-de el cual se plantea y realiza lanavegacin con frica. Recordemos, alpaso, que se construye una factora enMina (del Oro). Cuando Coln lleganufrago y desconocido a ese centro(1476), se inserta en proyectos de fu-turo y adquiere ms habilidad comercialy nutica: era, para l y muchos msel torrente arrastrador De ah que hablemos de una prctica –sin teora–decisiva para sus afanes. IV) Este conjunto forma parte, o incluye, al Renacimiento del cual sederivan consecuencias profundas. Elpensamiento europeo, si se quiere ur-bano, se manifiesta como natural eindividual, crtico, que va poniendo entela de juicio autoridades acatadas porser ellas y no por lo que decan desdesiglos atrs; no se salv la propia Bi-blia, cuyos esquemas geogrficos ehistricos segn sus comentaristasofi ciales, digamos, sufrieron tambin las consecuencias de ese asalto generaliza-do a las tradiciones y como autoridad.Los progresivos descubrimientoscosteros de frica permitieron igualmen-te, no sin resistencia vencida por laenftica energa de Enrique el Navegan-te en 1443, variar la ruta costera,entrando en el Mar T enebroso e hirviente

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116 de las leyendas, para acercarse ms alsur del cabo bojador al frica Ecuato-rial habitada. No es difcil concebir quecuando Coln lleg a Lisboa, las fbu-las impedientes acerca del ocanohaban pasado por un descalabro en elpensamiento de los hombres de empre-sa comercial o de navegacin. Msbien comenzaba a situarse en primerplano la bsqueda de un camino mar-timo al Asia. V) Al Asia, p or qu? Durante siglos hubo relaciones por rutas terrestresque progresivamente parecan ms len-tas, aunque los intermediarios rabes yturcos usasen las aguas del Ocanondico, y ms costosas porque los pa-ses interpsitos exigan ms beneficioso, simplemente, demandaban metalespreciosos, enrareciendo la circulacinmonetaria europea que por cierto alcrecer exiga ms. No es por azar que la letra de cambio fuese una creacin europea cada vez ms importante des-de el siglo XIV Supla la moneda o el lingote metlico sujeto a los azares de uncamino donde abundaban los bandidosfeudales de toda clase. De mano enmano, la letra era un documento circu-lante o de compensacin de deudas alarga distancia. Haba “hambre de oro”:comerciantes, marineros, prncipes y se-ores feudales monetarizados reclamabancon violento afn el precioso metal. Aqu hallamos dos cuestiones que ataen directamente a Coln. La prime-ra es que la consigna generalizadaprogresivamente de llegar directamen-t e a los mercados de Asia estaba estrechamente vinculada a la pervivenciadel capitalismo naciente. Coln lo enten-di. La segunda es que este pas a formar parte de los buscadores de oro, lo que algunos, quizs por exceso depersonalizacin, atribuyen a su ambicino su avaricia. Solamente en cuanto elcapitalismo mercantil especializa a los hombres –y no eran pocos en su po-ca– se puede hablar de avidez personaldescomedida, segunda naturaleza, entodo caso. Excluyo de esta consideracin los medios empleados, sin dudaabusivos y horrendos, para lograr la riqueza por antonomasia. Si Coln en su primera carta est obsedido por el oro y en otro documen-to lleg a decir que la riqueza abrahasta las puerta del paraso, un sigloantes que l ya Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, sabio y perspicaz deca en sufamoso libro (1343) que un hombre “ne-cio e rudo labrador” si tiene dinero, llegaa ser “fidalgo e sabydor”, si no, “nones de sy seor”. Con razn Corominasdira que durante la Reconquista se pre-feran los bienes muebles (joyas, oro,plata, objetos valiosos), basndose en elCantar del Mo Cid y otras crnicas rimadas contemporneas. Como se veen guerras y en comercio, acrecentar los signos de riqueza era cosa que sedaba de suyo. VI) Grandes empresarios como los Mdicis laneros y banqueros, llegarona ser prncipes. Poda Coln dejar deser hombre de empresa que, por otraparte, trajinaba sus negocios con dine-ros prestados? T odo capitalista desde entonces supo que la fortuna personalse adquiere partiendo, a mano a des-mn, de la riqueza de los dems. No lehubieran dado alguna confianza los DiNegro, Centurione, Spindola, si carecie-ra del carcter propio de la poca. VII) Finalmente, volvamos a un tema ya esbozado. Los celos y los recelos en-

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117 tre Portugal y Castilla, adems de su res-pectiva posicin para una expansin“geopoltica” seguramente pesaron en elnimo prctico de Coln. Sin embargo,ello pesara ms en los monarcas, pararechazar (Juan II) o para aprobar (Fer-nando e Isabel) su proyecto. No es deahora la lucha, sorda o paladina, a la sa-zn, por el reparto del mundo, ni la raznde estado era una entelequia. VIII) Sus otros caracteres, sean cuales se le atribuyen, se deducen de suposicin y sus objetivos en la sociedadcontempornea. Claro est, no siemprefue as. T odo parece indicar que su obsesionante pasin por el xito lo ceghasta el punto de no ceder respecto alhallazgo de un continente ignorado. Sinembargo, l dijo a los reyes que les ha-ba dado “otro mundo” cuando ya habarecalado en las costas de V enezuela y de Amrica Central. En este punto mostr su corta visin, creera que po-da ser codueo o cobeneficiario de tanvastas tierras? IX) Cuando se dio cuenta de que sus intereses eran desodos, entonces escri-bi el Libr o de las pr ofecas. Que l fuera un creyente no hay razn para dis-cutirlo. Hasta los ms grandestransgresores de los principios cristianosen esos siglos eran creyentes. En su li-bro va ms all. No es un simplecristiano fervoroso y todo parece indicarque se consideraba un predestinado.Ideologa de los monarcas absolutos;ideologa de los empresarios felices;ideologa de recuperacin de sus intere-ses, sin que ello menge su fe, ni ladimensin extraordinaria de su realiza-cin transocenica. No fue ni ms ni menos aventurero que sus contemporneos, ni descoll entre ellos por su sabidura, ni era mscreyente que interesado o, incluso, am-bicioso, ni su vida pudo ser lineal, estoes, libre de contradicciones, de cam-bios. Pero casi no hay duda de que vioclaro cmo Espaa poda ser la protec-tora de su proyecto, por razones“geopolticas”; que pudo vencer resis-tencias; que supo ganarse un apoyo enla esfera de las consideraciones polti-cas y econmicas ms que en lascientficas y confesionales; que poseyuna especial y por eso, eminente capacidad empresarial para su poca. Unhombre con esas caractersticas no espequeo, ni por ser coherente con supoca puede ser expulsado de la histo-ria o renegado por ella. Ni pecador original, ni “pecado original”; solamente la necesidad histricade un mundo que se ensanchaba des-de el siglo XII es lo que hay en su biografa y en el encuentro de Amrica y Europa. Quien encarn ese msall que las condiciones del momentopropiciaban fue Cristbal Coln y como no fue sujeto pasivo de esa situacin,su personalidad, independientemente delo que era y de lo que desat su haza-a, perdurar en la historia de lahumanidad. T odo ello, adems de que explica la aparicin de “secretos” y“misterios”, tambin ha de servir parareconocer la proeza encabezada por l. Si Coln descubri la Amrica mucho despus de sus indgenas, y antes de losafricanos, forzados por el esclavismo co-lonialista, aqu en Amrica, unos y otros vivieron y crearon una sociedad y unacultura diferentes de las de su origen, enCuba no nos sorprende. A Humboldt, sus contemporneos cubanos lo llama-ron el “segundo des cubridor de Cuba”;

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118 al maestro Fernando Ortiz se le ha ti-tulado “el tercer descubridor de Cuba”.Aquel porque revel a nuestra gente lariqueza del pas en las primeras dca-das del siglo XIX este porque con su magna obra de etnohistoria, nos dio aconocer la profundidad y la riqueza cul-tural de nuestro mestizaje africano. T odava hay descubridores de mandos nuevos humanos. Si ellos quedasenborrados del discurrir del tiempo, la his-toria quedara con vacos inexplicables.Si fuera el caso de Coln, a quien unabuena parte de la crtica parece desti-nada a excluirlo del descubrimiento deAmrica, se creara un autntico absur-do historiogrfico. Sustituir la historiacomo fue por la que algunos crean que debi ser es vano intento. Es ms, ni el azar ni los episodios coyunturales, nila psicologa individual pueden variarsustancialmente el suceder Es que el azar o lo episdico o la personalidad noson tambin historia cierta en tanto sedan, y slo pueden darse, en determi-nado momentos de un proceso y porvirtud de ese proceso?BibliografaB ALLESTEROS B ERETT A A NT ONIO Cristbal Coln y el descubrimiento deAmrica. Barcelona: Buenos Aires, 1945.T rabajo bien encaminado a sobrepasar las polmicas tradicionales. B ER WICK M ARA DEL R OSARIO F ALC" Y O SORIO DUQUESA DE Autgrafos de Cristbal Coln y papeles de Am-rica. Madrid, 1892. v 203 p., lms., facsms. (algs. plegs.) _______. Nuevos autgrafos de Cristbal Coln y r elaciones de Ultramar Madrid, 1902. 294 p. El segundo contiene documentos co-lombinos y otros no relacionados conColn. C OL"N F ERNANDO V ida del Almirante Don Cristbal Coln; escrita porsu hijo Fernando Coln / ed., prl. y notas Ramn iglesia. Mxico: Fon-do de Cultura Econmica, 1947. 343p. (Biblioteca Americana, ser de cronistas de Indias)Bibliografa en las pginas 334-336.Uno de los semilleros de “secretos”y “misterios” del padre del autor F ERNNDEZ DE N AV ARRETE M AR TN Coleccin de los viajes y descubri-mientos, que hicier on por mar los espaoles desde fines del sigloXV Con varios documentos inditos concernientes a la historia dela Marina Castellana y de los es-tablecimientos espaoles en In-dias. Madrid: Impr Real, 1825-1837. 5 t.Inicia una nueva etapa en la biblio-grafa colombina. G NOV A C OMISSIONE C OLOMBIANA Christopher Columbus: Documentsand Pr oofs of his Geonese Origin. [Bergamo: Officine dell Instituto Ita-liano d Arti Grafiche], 1932. XXIII 288 p., ilus., facsims., lms., retratosA la cabeza de la portada: City ofGenoa. Ingls, alemn.Recopilacin que simplifica la Raccolta;contiene el documento Asseretto.

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119 H ARRISE H ENR Y Christophe Colomb devant l’ histoire. Pars: H. W alter 1892. 124 p.Insistente crtico de la bibliografaespaola sobre Coln. _______. Christophe Colomb; son origine, sa vie, ses voyages, safamille & ses descendants, daprsdes documents indits tirs des ar-chives de Gnes de Savone, deSeville et de Madrid: tudesdhistoir e critique. Paris: E. Leroux, 1884. t. (Recucil de voyages et dedocuments pour servir a lhistoire de lagographie depuis le XIIIe jusqa la findu XV e sicle, 6.) I T ALIA C OMMISSIONE C OLOMBIANA Raccolta di documenti e studipubblicati dalla R. Commissiones Colombiana pel quarto centenariodalla scoperta dell’ America. Roma: Ministerio della Pubblica Istruzione,1892. t. ilus., fascms., mapas.La Biblioteca Nacional posee los ts. 1 pt. 1-6; t. 2, pt. 1-5; t. 3. pt. 1, 2, 3;t.3, pt. 1: Suplemento.Recopilacin fundamental de los do-cumentos de y relativos a Coln. J ANE C ECIL The voyages of Christopher Columbus. London, 1930. Se puede inscribir en una corrienteexcesivamente reflexiva sobre los tes-timonios. M ANZANO M ANZANO J UAN Coln descubri Amrica del Sur en 1494.Caracas: Academia Nacional de Historia, 1972. xxiv 493 p. (Biblioteca de la Academia Nacional de Historia, 1 10. Fuentes para la historia colonial de V enezuela) Uno de los ms lcidos bigrafos delsiglo XX _______. Coln y su secr eto. Madrid: Eds. Cultura Hispnica, 1976. XV 742, p. ilus., mapas (algs. color pleg.) M ORISON S AMUEL E LIOT El Almirante de la mar ocano; vida de Crist-bal Coln / prl. Hctor H. Ratto, trad. Luis A. Arocena. Buenos Aires: Librera Hachette 1945. 855 p.ilus., lms., mapas, algunos plegs.(Nueva Coleccin Clo)Importante, especialmente para el es-tudio de Coln como navegante. N UNN G EORGE E MRA The Geographical Conceptions ofColumbus; a Critical Consi-deration of our Pr oblems. New Y ork: American Geographical Society 1924. 148 p. ilus., mapa (American Geographical Society Research Series)Interesante para situar e informar lageografa de Coln en su tiempo. R OSELL Y DE L ORGUES A NT ONIO Francois Flix, conde de Satan contr e Christophe Colomb; ou, LaPrtendue chute du serviteur deDieu. Paris: Librairie Vctor Palm, 1876. 249 p.Incluye bibliografa.El ttulo subraya la tesis excesiva so-bre el misticismo de Coln S VET Y AKOB Cristbal Coln. Mosc, 1972.

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120 Lo ms reciente editado en espaol,de la bibliografa sovitica; tiene ciertatendencia a introducir rasgos“novelados” dentro de un cuadro ge-neral acertado. T A VIANI P AOLO E MILIO Cristofor o Colombo; la genesi della grandescoperta. Novara: Instituto Geogrfico de Agostini, [1974]. 2 t., ilus. col. Hay edicin en espaol. Es el mscompleto estudio de la biografa deColn slo hasta 1492; esfuerzo inte-ligente por superar “secretos” y “mis-terios”. V IGNAUD H ENR Y Etudes critiques sur la vie de Colomb avant sesdcouver te. Pars: H. W elter 1905. XVI, 543 p.Agudo anlisis que intenta “ponerorden” en lo sabido hasta principios del siglo XX La V rai Christophe Colomb et la lgende. Pars: Auguste Picard, 1921. 230 p.

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121 Intr oduccin Como se ha expresado anteriormente, 1 uno de los hitos importantes en el desarrollo de la T eora bibliolgico-informativa fue el diseo de un modelo que hace evidentes los niveles por los cuales ha transitado el fenmeno bibliotecario en suevolucin, partiendo del criterio de que ese trnsito es una manifestacin ms delmovimiento de la realidad objetiva, que va de las formas ms simples a las mscomplejas. En tanto los fenmenos bibliolgico-informativos son fenmenos so-ciales, su movimiento de lo simple a lo complejo se produce en la medida en queparticipan en ellos distintas instancias y entidades de la estructura social, hechocomn a otros fenmenos de esa ndole. De acuerdo con esa concepcin sonniveles aquellos que representan los grados de complejidad social que van alcan-zando esos fenmenos, surgidos en distintos momentos histricos, pero comoniveles de complejidad no son excluyentes, sino que incorporan los niveles pre-cedentes. Las fases expresan rasgos cualitativos que se presentan al interior decada nivel, y pueden coincidir histricamente o sucederse en el tiempo. Las eta-pas muestran los avances parciales producidos en las fases y que correspondena la evolucin de una cualidad especfica. El modelo perfeccionado de los niveles del fenmeno bibliotecario qued integrado de la forma siguiente:Niveles Se inicia en Gentico y de expansin En las Bibliotecas Civilizaciones fluviales Institucionalizacin En las instancias Lejano Oriente. Siglo II a.n.e. de Gobierno Profesionalizacin En otras entidades Civilizaciones clsicas o sigloXIV (Civilizaciones clsicas si se acepta como primera obra de laliteratura bibliotecolgica el De bibliothecis de V arron y slo se Los niveles, fases y etapasdel fenmeno bibliogrficoy la disciplina que lo estudia* Emilio Setin Quesada T oms Fernndez Robaina Investigadores Con recomnedaciones de Araceli Garca Carranza.

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122 conoce por las noticias que daPlinio de ella. Siglo XIV si lo que se acepta es el Philobiblion de Richard de Bury). Durante los estudios para el perfeccionamiento de este modelo surgi la idea de incluir a la preservacin como una nueva fase del fenmeno bibliotecario, co-mn a las de otras manifestaciones del patrimonio de la humanidad, dado elcarcter multidisciplinario y multisectorial que la caracteriza desde fines del sigloXX Se consider, no obstante, que una decisin definitiva al respecto requerira un anlisis ms profundo y quiz, una mayor perspectiva histrica, pero que deba quedar apuntada en aras del desarrollo ulterior de la T eora. El modelo del fenmeno bibliotecario, en detalle, contempla los niveles, fases y etapas que se presentan a continuacin: Niveles, fases y etapas Se inicia en Gentico y de expansin Acumulacin y registro Civilizaciones fluviales Sistematizacin y erudicin Siglo III a.n.e. Acceso a pblico lector Siglo XVII Predominio y diversificacin de los servicios Siglo XIX Cooperacin Siglo XX T ecnolgica Siglo XX Mecnica Principios del XX Reprogrfica y audiovisual 1930-1940 Automatizada y electrnica Fines 50 principios 60 T elemtica Dcada del 80 Libre acceso Siglo XX Institucionalizacin Legislacin depositaria Siglo II a.n.e. Expansin a otras bibliotecas Siglo XIX Diversificacin Siglo XX Profesionalizacin Investigacin y literaturaDescriptiva Siglo I a.n.e. o Siglo XIV Normativa Siglo XVII Sistemtica Siglo XIX Cientfica Siglo XX Formacin En ejercicio de funciones Inicios Escolarizada Siglo XIX (Ecole de Chartes)

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123 Asociativa Fundacional Siglo XIX Expansin Siglo XX Preservacin? Siglo XX A partir de esta experiencia se procedi a analizar lo que ha sucedido con el fenmeno bibliogrfico. El vocablo “bibliografa” se utiliza en la vida diaria por muchas personas para designar a una relacin de obras consultadas, utilizadas o recomendadas y cuando ms, para calificar a un instrumento de recuperacin de informacin. Como deno-minacin de disciplina o rama del saber su uso es menos generalizado y las definiciones que se ofrecen en buen nmero de diccionarios y manuales no sue-len ir ms all de su significado como “[...] descripcin fsica de documentos ycomo tcnica o arte de describirlos y anotarlos”. 2 T al limitacin reduce a la Bibliografa a una dimensin puramente instrumental, desconocindose la connotacinque ha ido adquiriendo durante su historia, e influyendo, negativamente, en su va-loracin como ciencia. El establecimiento de los niveles, fases y etapas del fenmeno bibliogrfico puede contribuir a la justa valoracin del carcter cientfico de la Bibliografa.El fenmeno bibliogrfico: niveles, fases y etapas Los niveles del fenmeno bibliogrfico, aunque presentan caractersticas comunes con las de otros fenmenos bibliolgico-informativos, tambin presentandiferencias, dadas las caractersticas que le son propias, tales como las siguientes: No acumula documentos, sino que desde sus orgenes ( IV III milenio a.n.e.) 3 los ha venido describiendo desde el punto de vista de forma, o de forma, contenido y relaciones entre ellos, para integrar compilaciones que informan sobre conjuntos de documentos en un contexto histrico cultural dado. Durante siglos no cont con entidades autnomas especficas, sino que se fue manifestando en aquellas encar gadas de producir acumular o difundir documentos, situacin que slo variara de forma evidente a partir del siglo XIX 4 En las compilaciones que lo caracterizan toman parte las entidades antes mencionadas, pero lo han hecho y lo hacen tambin, de forma independiente y concarcter estable u ocasional, er uditos, investigador es y pr ofesor es. Esta ltima circunstancia ha tenido como consecuencia que mltiples aportes a la descripcin de documentos, a la representacin de sus contenidos y a las formas de relacionarlos, no siempr e se hayan considerado como desar r ollos de la Bibliografa. En el fenmeno bibliogrfico se observan los niveles siguientes: Niveles Se inicia en Gentico y de expansin En entidades pro ductoras, acumuladoras o difusoras de documentos y por bibligrafos independientes Siglo IV III a.n.e.

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124 Institucionalizacin En entidades de gobierno Siglo I a.n.e. Profesionalizacin Primeros trabajos tericos, escuelas de formacin, asociaciones profesionales, institutos de investigacin Siglos XVII XIX Organizacin autnoma En entidades bibliogrficas independientes Siglo XIX Otras diferencias podrn apreciarse en el anlisis que se ofrece a continuacin sobre las fases y etapas que integran los niveles antes presentados.Nivel gentico y de expansinF ASE DE COMPILACI"N DESCRIPTIV A En su Fundamentos de la informtica, Mijailov 5 dice que los primeros ejemplos de descripciones de documentos se sitan alrededor del ao 2000 antes deCristo, teniendo en cuenta la existencia de una lista de esa poca, con referencia a sesenta de ellos, identificados por las primeras lneas de sus textos. Otrosautores fijan la aparicin de estos registros en el 3000 antes de nuestra era. 6 Si se tiene en cuenta que los primeros documentos escritos conocidos datan tam-bin del cuarto o tercer milenio antes de Cristo, y se refieren a transaccionescomerciales, dando fe de ellas o de otras acciones de los grupos humanos, en-tonces podemos aceptar como lo hacen Bernal, 7 Shera 8 y Escolar Sobrino 9 que esos primeros documentos eran tpicos de archivo, y por tanto las descripcionescomentadas por Mijailov corresponden a descripciones de documentos de archi-vo. 10 Se identifica as en el nivel gentico y de expansin una primera fase que puede denominarse descriptiva, as como la primera etapa de esa fase aparecida entre el IV y el III a.n.e., correspondiente a listas de documentos de ar chivos. En este caso debe sealarse, tambin, que los catlogos de biblioteca se remontan al III milenio a.n.e. Ejemplo de ello es uno conservado en la Universidad de Y ale, de la tercera dinasta Ur ca. 2000 a.n.e., donde los documentos se or ganizan segn palabras clave tomadas de las dos primeras lneas del ttulo. 11 Por su parte, Blsamo 12 da noticias sobre inventarios o listas que se empleaban durante el medioevo europeo para facilitar el comer cio de los libros manuscritos. Esas listas incluan informacin sobre las obras existentes y sobrela disponibilidad de sus ejemplares. Este ejemplo le concede al trabajo de compi-lacin un espacio en el mundo comercial, con lo cual se evidencia una nueva etapade la fase descriptiva. Con la introduccin de la imprenta en el mundo occidental, durante el siglo XV el comercio del libro tom una nueva dimensin: surgieron nuevas formas de mercadoy nuevos instrumentos de informacin sobre documentos como son los catlogos comer ciales contenidos en folletos, octavillas o boletines. Estos catlogos daban noticia sobre obras publicadas o en prensa y fueron elaborados por impresores, librerosy editores, 13 y ello define una cuarta etapa de la fase descriptiva. Aunque existen ejemplos de compilaciones bibliogrficas en bibliotecas anteriores al siglo XIX sus caractersticas difieren por erudicin y sistematizacin de las

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125 que aparecen en estas instituciones a fines de ese siglo, con el surgimiento de los servi-cios de referencia, cuando comienzan a elaborarse listas de los documentos que se poseen en funcin de las necesidades de lectores o grupos de lectores especficos. 14 En el siglo XX sur gen publicaciones como el Cur r ent Contents, que dan noticias sobre las tablas de contenido de distintas publicaciones, 15 y la denominada informacin seal que anuncia a los lectores los documentos de prxima disponibilidad. As la fase descriptiva del nivel de compilacin queda integrada de la forma siguiente:Fase de compilacin descriptivaListas de documentos de archivo IV III milenio a.n.e. Catlogos bibliotecarios III milenio a.n.e. Listas comerciales de informacin Edad Media Europea Catlogos comerciales Introduccin de la imprentaen Europa Listas de referencia Siglo XIX T ablas de contenido Siglo XX Informacin seal Siglo XX F ASE DE INVESTIGACI"N BIBLIOGRFICA Y a entre los siglos III y I a.n.e. las compilaciones bibliogrficas comienzan a ser el resultado de investigaciones con carcter erudito y sistemtico, en las cua-les se aplican cdigos de catalogacin y clasificacin de documentos, dando origenas a la investigacin bibliogrfica. En la lnea de las compilaciones de carcter erudito de escritos o libros es posible situar –aunque algunos autores, como Buonocore, discrepen– las Pinakes del poeta griego Calmaco (290-240 a.n.e.), 16 quien compilara, en 120 volmenes, un catlogo razonado de la literatura griega que posea la Biblioteca de Alejandra. Luego la erudicin y la sistematizacin aparecen como rasgos de las descripcio-nes de documentos en pocas tan tempranas como el siglo III a.n.e. Por otra parte, se conoce de la existencia en el siglo I antes de Cristo de la primera compilacin de libros chinos, uno de los antecedentes de lo que ms tarde seran las biblio-grafas nacionales. Fue compilada por Liu Hsiang, a cuyo hijo, Liu Hsin, se debeel primer sistema de clasificacin y descripcin de documentos de China. 17 Los aportes de Liu Hsin son ejemplos de creacin de medios especiales para la siste-matizacin de la informacin sobre la produccin de libros, reagrupando lasdescripciones del conjunto de documentos estudiados segn su temtica y deacuerdo con el sistema diseado, evidenciando as las relaciones de contenidoexistentes entre los libros incluidos en cada clase del sistema. Un aporte importante al desarrollo de las investigaciones bibliogrficas corresponde a la autobibliografa del mdico griego Galeno compilada alrededor del sigloIII de nuestra era bajo el ttulo de De libris pr opiis liber Sobre esta compilacin Josefa Emilia Sabor escribi: [...] se abre con una introduccin en que el autor cita las obras que se leatribuyen falsamente. La bibliografa abarca 17 captulos, en los que Galeno

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126 distribuye por materias unos 500 trabajos, hoy casi todos perdidos. Con pos-terioridad, despus de haber escrito nuevas obras cientficas, compil otrabibliografa ms completa: De or dine libr or um suor um liber que solo se conoce fragmentariamente. Al hacer Aldo Manucio la edicin de las obras completas de Galeno (V enecia, 1525), incluy la primera y fragmentos de la segunda. 18 De los comentarios de Josefa Emilia Sabor se infiere:1) La existencia de una obra personal considerable en el campo de la medicina. 2) La huella de una actividad compilatoria notable.3) El primer antecedente de un repertorio bibliogrfico personal como autobibliografa. 4) La primera muestra de una compilacin especializada. 5) La ordenacin de los documentos por materias.Por lo tanto, el antecedente ms lejano de las actuales bibliografas personales es a la vez un repertorio bibliogrfico especializado, organizado por materias. Poresta razn se le incluye generalmente entre los repertorios bibliogrficos espe-cializados, pero esa clasificacin no abarca completamente las peculiaridadesalcanzadas por los repertorios bibliogrficos personales en su evolucin. Estas circunstancias no slo marcan el inicio de una nueva fase, la de investigacin bibliogrfica, sino que constituyen tambin nuevas etapas que serndenominadas como sistemtica antigua, bibliografa personal, bibliografa especializada. Segn la mayora de los autores, 19 la bibliografa sistemtica slo se inicia en el V iejo Continente durante el siglo XVI con la obra del naturalista suizo Conrado Gesner (1516-1565), considerado por muchos como el padre de la Bibliografadebido a la extensin y al plan de su obra. Compil la Bibliotheca Universalis donde describe alrededor de 12 000 obras en latn, griego y hebreo. 20 La palabra bibliografa con el sentido actual fue empleada por primera vez en el siglo XVII Antes de esa fecha los autores usaban para designar tales obras los trminos de catalogus, bibliotheca, index o r eper torium 21 Aparece una nueva etapa de la investigacin bibliogrfica que puede denominarse como sistemtica occidental, caracterizada tambin por acuar definitivamente la denominacin de bibliografas al producto de esa investigacin. Desde el siglo XVIII siglo de la Ilustracin, se inicia una diversificacin tipolgica de las bibliografas basada en las distintas formas de agrupar los registros, o en lasclases de ndices complementarios que utilizan, o por su alcance temtico y geo-grfico. 22 Esta diversificacin se acenta con el crecimiento del trabajo bibliogrfico que se produce a raz de la Revolucin Industrial y de la Revolucin Francesa, de-bido al ritmo de desarrollo que van tomando las distintas ramas del saber y esto fue haciendo cada vez ms compleja la sistematizacin de las descripciones. Seproduce, pues una diversificacin tipolgica de las investigaciones bibliogrficas. A fines del siglo XIX ya haban aparecido mltiples por tador es de informacin distintos a los libros entre los cuales se encuentran los ar tculos de r evistas cien-

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127 tficas (siglo XVII ) que llevan a la aparicin de la descripcin analtica, y las publicaciones de r esmenes sur gidas en 1830, aunque con antecedentes en el siglo XVIII las que imprimen un nuevo nivel de profundidad a la informacin sobre documentos y sus contenidos, mediante la extractacin. 23 Hasta entonces, la representacin de los contenidos de los documentos se haba limitado a su clasi-ficacin temtica y a notas sobre sus partes integrantes incluidas en los asientosbibliogrficos. Se insertan as nuevos elementos cualitativos en la trayectoria delas investigaciones bibliogrficas. Por esta poca se reafirman las ideas sobre el contr ol bibliogrfico univer sal que tienen sus antecedentes en el siglo XVII 24 Se produce una crisis conceptual en el campo de la Bibliografa, cuya solucin sigue dos direcciones. La primerase produce con la aparicin del concepto de documentacin que, segn Malcls, 25 tiene una connotacin distinta a la de la Bibliografa. Para ella, es el conocimien-to de todos los textos impresos o multigrafiados fundado en la investigacin,identificacin, descripcin y clasificacin de dichos documentos con el propsitode organizar servicios o construir instrumentos destinados a facilitar el trabajointelectual. Seala, pues, como campo especfico del trabajo del bibligrafo, eltratamiento solo y exclusivo de los textos impresos o reproducidos por algn pro-cedimiento mecnico similar y refleja nicamente el nivel aplicado de la disciplina. Segn ella, el tratamiento de los textos manuscritos pertenece al dominio de laarchivstica y el de los documentos iconogrficos, plsticos y fnicos correspon-de a la Documentografa como ciencia terica que estudia esos tipos de materiales.Este enfoque de Malcls sobre la Documentografa o Documentacin ha sidoampliado por otros estudiosos del tema como los espaoles Jos Lpez Llepes 26 y Emilia Currs, 27 por ejemplo, quienes le conceden a la Documentacin la connotacin de ciencia general de los documentos de todo tipo, que abarca todo loreferente a los fenmenos archivstico y bibliotecario. No obstante otros autoresconsideran la compilacin de cualquier tipo de documentos como desarrollosde la Bibliografa, el estudio de los portadores de informacin como propios dela Bibliologa y le reconocen objetos propios de estudio especficos a laArchivologa y la Bibliotecologa, lo que constituye la segunda direccin antessealada. Sea cual fuere la direccin adoptada, es evidente que se est anteuna nueva etapa de la investigacin bibliogrfica, marcada por la ampliacin de los por tador es de informacin que esta aborda y porque las compilaciones obtenidas, a ms del carcter erudito que haban venido manifestando desde siglosanteriores, adquieren una nueva proyeccin hacia los servicios que pueden ofre-cerse con ellas. La investigacin bibliogrfica llega as a una nueva etapa, la deampliacin de portadores a estudiar y de orientacin hacia los servicios. A fines del siglo XIX y principios del XX aparece la estadstica bibliogrfica como parte de los medios especiales utilizados para estudiar el fenmeno dadopor un conjunto de documentos y ya en los aos treinta del siglo XX aparece la Ley de dispersin bibliogrfica o Ley de Bradford, 28 la cual constituye ms que una ley en el sentido cientfico del trmino, un mtodo matemtico que permite

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128 agrupar las revistas cientficas segn su productividad, expresada por la canti-dad de artculos publicados en ellas sobre un tema, lo que constituye uninstrumento til –pero ni nico ni infalible– para los procesos de seleccin yadquisicin. El aporte de Bradford es un instrumento ms de sistematizacin de la informacin bibliogrfica, ahora de carcter cuantitativo, el que unido a la estadsticabibliogrfica practicada desde fines del siglo XIX est en los fundamentos de la Bibliometra 29 como disciplina instrumental de la Bibliografa y combinada con la sistematizacin de carcter cualitativo, iniciada siglos atrs, enriquece el m-todo de la Bibliografa como disciplina cientfica. Se est, pues, ante una nuevaetapa de la investigacin bibliogrfica denominada de “matematizacin”, comose le conoce tambin en otros campos de la ciencia. Con la aparicin del Science Citation Index en el siglo XX 30 surge una nueva forma de compilacin bibliogrfica destinada a conocer el uso que se hace de losdocumentos. Permite, adems, identificar el comportamiento de las citas como forma de dar crdito a los autores, no slo por el volumen de las citas que sehace de ellos y la calidad de las fuentes que los citan, sino para identificar prece-dencias en el desarrollo de las ciencias, as como otras peculiaridades organizativas,tiles para investigaciones sobre la naturaleza de ese desarrollo y para el esta-blecimiento de polticas cientficas. Evidentemente, el estudio de citas constituyeun grado ms de profundidad en el anlisis bibliogrfico, es una nueva arista dela sistematizacin como mtodo de la ciencia bibliogrfica en su nivel de cienciaaplicada. A Garfield y sus colaboradores se debe tambin la creacin de una fr mula para medir el factor de impacto de la literatura cientfica, til para conocerla frecuencia con la cual la informacin contenida en las publicaciones peridi-cas es utilizada por los investigadores para introducirla en la actividad cientficay transformarla en nuevos conocimientos. Es evidente una nueva etapa de la in-vestigacin bibliogrfica que puede denominarse como anlisis de citas. Entonces, la fase de investigacin bibliogrfica del nivel gentico y de expansin queda integrada por las etapas que se muestran a continuacin:Fase de investigacin bibliogrficaSistemtica antigua Siglos III I a.n.e. Bibliografa personal Siglo III Bibliografa especializada Siglo III Sistemtica occidental Siglos XVI XVII Diversificacin tipolgica Siglo XVIII Analtica Siglos XVII XVIII Extractacin Siglos XVIII XIX Ampliacin de portadores y orientacina los servicios Siglo XIX Matematizacin Siglo XX Anlisis de citas Siglo XX

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129 F ASE TECNOL"GICA Los avances tecnolgicos del siglo XX especialmente los del campo de la automatizacin, inciden tambin en el trabajo bibliogrfico. Surgen las bases de datos bibliogrficas y redes automatizadas de informacin bibliogrfica de distin-tos niveles. Entre las primeras formas que se utilizan para almacenar y recuperar informacin por medios no tradicionales aparecen las tarjetas perforadas que fueronempleadas en la conformacin de catlogos. 31 La microfilmacin, por su parte, ha desempeado un papel importante en el campo de las compilaciones bibliogrficas con vistas a su almacenamiento, recu-peracin y difusin. 32 Pero es innegable que la aplicacin tecnolgica que ms ha revolucionado el mundo de las bibliografas es la computacin y su combinacin actual con lastelecomunicaciones, pues no slo ha contribuido a la mayor eficiencia del trabajode compilacin, bsqueda, recuperacin y difusin, sino que ha favorecido tam-bin los estudios bibliomtricos propios de la investigacin bibliogrfica y latransmisin a distancia de las bibliografas. En sntesis, en la fase tecnolgica se reconocen las etapas siguientes:Fase tecnolgica 33 Mecnica Desde principios del siglo XX Reprogrfica y audiovisual Desde los aos 30 y 40 del siglo XX Automatizada y electrnica Fines de los 50 y principios de los 60 T elemtica Desde los 80 Nivel de institucionalizacin El segundo nivel del fenmeno bibliogrfico se produce porque ya no slo participan en l los distintos factores bibliolgicos definidos anteriormente (edi-tores, impresores, archivistas, bibliotecarios, bibligrafos), sino que intervienentambin las instancias de gobierno encargadas de la legislacin. Se produce enpocas tan tempranas como el siglo I a.n.e., cuando por decreto del emperador Shen de la dinasta Hang en China se dispone la compilacin de la bibliografa de libros de esa regin, la cual se encuentra entre los antecedentes de las bibliogra-fas nacionales actuales, y se designa para esa tarea a Liu Hsiang, 34 quien puede ser considerado como el primer bibligrafo chino.Nivel de pr ofesionalizacin El nivel de profesionalizacin, como nuevo nivel de complejidad del fenmeno bibliogrfico, se produce por cuatro razones fundamentales: La aparicin de literatura con enfoques tericos sobre las compilaciones bibliogrficas y el fenmeno bibliogrfico, as como las investigaciones sobre este ltimo. La atencin que recibe la preparacin del bibligrafo por parte de escuelas de formacin. El movimiento asociativo de los bibligrafos.

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130 F ASE DE LITERA TURA E INVESTIGACI"N Las primeras r eflexiones tericas sobre la Bibliografa de las que se tienen noticias aparecen en el siglo XVII y se refieren a su definicin como producto informativo. 35 Se le consideraba entonces como relaciones de ttulos de libros, meramente descriptivas, elaboradas por eruditos y libreros sin sometimiento a nor-mas de ninguna especie. Sin embargo, esta definicin no abarca las caractersticasde la obra de Gesner compilada en el siglo XVI que contaba con un plan temtico para la organizacin de sus contenidos, presentaba uniformidad en los datos yanotaciones incluidos en cada asiento y contaba con un ndice complementariode autores. 36 Durante el siglo XVIII los conocimientos bibliogrficos aparecen unas veces como propios de la Paleografa (conocimiento de manuscritos antiguos) o como de laBibliologa (ciencia del libro). 37 Slo a principios del siglo XIX Gabriel Peignot 38 establece que la Bibliologa era el trmino que se deba usar para designar a la ciencia del libro y que laBibliografa era una rama de la Bibliologa que estudiaba los repertorios biblio-grficos. Y a a fines de este siglo la Grande Enciclopedie define a la Bibliografa como “ciencia de los libros, desde el punto de vista de su descrip-cin y clasificacin”. En la obra de O. P Korchunov titulada Curso general de bibliografa publicada en 1981, 39 este autor argumenta el carcter de ciencia social de la Bibliografa en tanto estudia las tendencias, regularidades y leyes de la produc-cin y circulacin social de las compilaciones bibliogrficas y los procesosbibliogrficos. La denomina como Bibliografologa porque el uso del trmino “bi-bliografa” resulta polismico, como no escapa a la comprensin del lector(bibliografa = producto del trabajo bibliogrfico; bibliografa = disciplina cientfi-ca; bibliografa = fuentes que se consultan para un estudio o investigacin) y lapolisemia no es propia del lenguaje cientfico. Luego se puede afirmar que en el nivel de profesionalizacin se observa una fase dada por los enfoques tericos de los cuales ha sido objeto la Bibliografa ydonde se pueden reconocer cuatro etapas relacionadas con los estudios o inves-tigacin sobre el tema y su literatura: primeras manifestaciones, solapamiento con otras disciplinas, ciencia de las compilaciones, ciencia integral del fe-nmeno bibliogrfico (investigaciones bibliografolgicas). Nivel de pr ofesionalizacin Fase de literatura e investigacin Primeras manifestaciones Siglo XVII Solapamiento con otras disciplinas Siglo XVIII Diferenciacin como ciencia de lascompilaciones Siglos XIX XX Ciencia integral del fenmenobibliogrfico Siglo XX

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131 F ASE DE FORMACI"N PROFESIONAL Desde los inicios del trabajo bibliogrfico, y an hoy en da, la formacin del bibligrafo se ha logrado mediante el ejercicio de las funciones como tales, loque puede considerarse como primera etapa de la fase de formacin profesio-nal. Durante el siglo XIX esa formacin toma carcter de actividad escolarizada en l'Ecole de Chartes, Francia, junto a la de palegrafos y bibliotecarios. 40 Formacin profesional En el ejercicio de funciones Desde los inicios Escolarizada Siglo XIX F ASE ASOCIA TIV A La primera accin colectiva de bibligrafos que se conoce ocurre en 1895 cuando se efecta la Conferencia Internacional de Bibliografa organizada porPaul Otlet y Henri La Fontaine. Esta conferencia propuso la creacin de un re-pertorio bibliogrfico universal clasificado a partir de un nuevo sistema basadoen la clasificacin decimal de Melvil Dewey y da lugar a la creacin del InstitutoInternacional de Bibliografa, ms tarde Instituto Internacional de Documentacinconvertido finalmente en la Federacin Internacional de Documentacin. 41 Y a en el siglo XX aparecen distintas asociaciones de bibligrafos tanto nacionales como de carcter internacional. Esta nueva fase de la profesionalizacin del bibligra-fo se ha denominado asociativa.Fase asociativa Fundacin Fines del siglo XIX Expansin Siglo XX Luego el nivel de profesionalizacin queda integrado por tres fases, cada una de las cuales presenta, a su vez, distintas etapas:Fase de literatura e investigacin Primeras manifestaciones Siglo XVII Solapamiento con otras disciplinas Siglo XVIII Diferenciacin como ciencia de lascompilaciones Siglos XIX XX Ciencia integral del fenmenobibliogrfico Siglo XX Fase de formacin profesional En el ejercicio de funciones Desde los inicios Escolarizada Siglo XIX Fase asociativa Fundacin Fines del siglo XIX Expansin Siglo XX Nivel de or ganizacin autnoma Como fue expresado anteriormente, durante siglos el fenmeno bibliogrfico no cont con entidades autnomas especficas, sino que se fue manifestando en aquellas encar gadas de producir acumular o difundir documentos, o en la obra

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132 de bibligrafos independientes, situacin que slo variara de forma evidente apartir del siglo XIX sin embargo, hay antecedentes en el siglo XVIII Durante el XIX aparecen instituciones dedicadas a la elaboracin y publicacin de resmenes,que aunque no se identifican como entidades bibliogrficas, s lo son y logran suposicin propia junto a los archivos y las bibliotecas en el mbito profesional. Sur-gen en Alemania, Francia, Inglaterra y Rusia. 42 Despus de la aparicin del Instituto Internacional de Bibliografa en 1895 estas entidades proliferan en el siglo XX Entre ellas se encuentran los centros de referencia identificados por W eisman 43 y el Instituto de Informacin Cientfica, creado por Garfield, que edita el Cur r ent Contents y el Science Citation Index, 44 publicaciones que representan nuevas formas de compilacin y sistematizacin de la informacin sobre documentos. As quedan conformados los niveles, fases y etapas del fenmeno bibliogrfico, los cuales evidencian cmo en su composicin intervienen elementos que vanms all de las compilaciones e investigaciones bibliogrficas, pues comprendentambin la legislacin, las entidades bibliogrficas independientes, los desarrollostericos, incluidas las investigaciones sobre las tendencias, regularidades y leyesde la produccin y circulacin social de las compilaciones bibliogrficas y sus pro-cesos, la literatura profesional, la formacin del bibligrafo y sus asociaciones.Los elementos de sistematizacin, anlisis y sntesis, presentes en las investiga-ciones bibliogrficas desde pocas tempranas, as como el proceso dematematizacin de esas investigaciones y la identificacin de tendencias, leyes yregularidades evidencia el carcter cientfico de la Bibliografa o Bibliografologacomo disciplina. Es interesante sealar el paralelismo cronolgico aproximado que existe entre la aparicin de los niveles gentico y de expansin y de institucionalizacin delfenmeno bibliogrfico. Ambos se manifiestan antes de nuestra era y luego, cada uno tiene su propio desarrollo a travs de las fases y etapas que los integran,como se pudo apreciar en pginas anteriores y se plasman en la sntesis del mo-delo de desarrollo del fenmeno que aparece a continuacin. Un paralelismosimilar se produce en los niveles de profesionalizacin y organizacin autnoma,cuyos inicios se producen despus de los tiempos modernos.Sntesis del modelo de desar r ollo del fenmeno bibliogrfico Nivel gentico y de expansin Se inicia en Fase de compilacin descriptiva Listas de documentos de archivo Siglos IV III a.n.e. Catlogos bibliotecarios Siglo III a.n.e. Listas comerciales de informacin Edad Media europea Catlogos comerciales Introduccin de la imprenta enEuropa Listas de servicios de referencia Siglo XIX T ablas de contenido Siglo XX Informacin seal Siglo XX

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133 Fase de investigacin bibliogrfica Sistemtica antigua Siglos III I a.n.e. Bibliografa personal Siglo III Bibliografa especializada Siglo III Sistemtica occidental Siglos XVI XVII Diversificacin tipolgica Siglo XVIII Analtica Siglos XVII XVIII Extractacin Siglos XVIII XIX Ampliacin de portadores y orientacina los servicios Siglo XIX Matematizacin Siglo XX Anlisis de citas Siglo XX Fase tecnolgica Mecnica Desde principios del siglo XX Reprogrfica y audiovisual Desde los aos 30 y 40del siglo XX Automatizada y electrnica Desde fines de los 50y principios de los 60 T elemtica Desde los 80 Nivel de institucionalizacin Siglo I a.n.e. Nivel de profesionalizacinFase de literatura e investigacin Primeras manifestaciones Siglo XVII Solapamiento con otras disciplinas Siglo XVIII Diferenciacin como ciencia de lascompilaciones Siglos XIX XX Ciencia integral del fenmeno bibliogrfico Siglo XX Fase de formacin profesional En el ejercicio de funciones Desde los inicios Escolarizada Siglo XIX Fase asociativa Fundacin Fines del siglo XIX Expansin Siglo XX Nivel de organizacin autnoma Orgenes Siglo XVIII Consolidacin Siglo XX La Bibliografa o Bibliografologa como disciplina: su estructura La T eora bibliolgico-informativa ha venido reconociendo para la Bibliografa o Bibliografologa la estructura siguiente:

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134 T eora e investigacin T eora bibliografolgica Historia bibliogrficaInvestigacin bibliografolgica y bibliogrfica Procesos y productos bibliogrficos CompilacinDescripcin de forma y contenidoEstructura bibliogrficaCrticaBibliografas generalesBibliografas especializadasBibliografas personalesCompilaciones comerciales Servicios bibliogrficos Bsqueda retrospectivaInformacin sealDSI Pedagoga bibliografolgica Educacin de usuariosFormacin de bibligrafos Sociopsicologa bibliogrfica Uso de las bibliografasT ipologa de los usuarios T ipologa de los bibligrafos Gerencia y tecnologa bibliogrfica Administracin de servicios bibliogrficosPlaneamiento de servicios bibliogrficosBibliometraT ecnologa bibliogrfica Sistemas bibliogrficos automatizados Si se compara esta estructura con los niveles, fases y etapas del fenmeno bibliogrfico se observa lo siguiente: n nrn rn nn nn rn n nrn n r n n n n

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135 n"n#n n n n $ n"n n % n & 'nn n"n $nn n & ( nnn ) +"" n nn % n &! n % $.n n ).n / % 0 ""n n n ,.n n &nnn %$ .n n %.n / )%0n& contina

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136 56/,% $7n n % 83 )0nnnn n %3n n ,$ )9n n %6 )nn" ""n %*n )%nnn n %$3"n/ ,) n $ %),3 !"n/%'n n/ ,'n"n/n %% %! %' n %0nn%%n%$ n n n %7n n n % %+:n "n %+n/%%3n

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137 La comparacin hace evidentes las situaciones siguientes:En la estructura no estn todos los tipos de compilacin descriptiva; la historia del fenmeno no est periodizada; no estn todos los tipos de investigacin bi-bliogrfica; faltan las bibliografas nacionales (que deberan distinguirse); no estntodas las etapas de la fase tecnolgica; falta la legislacin bibliogrfica; la inves-tigacin bibliogrfica aparece a nivel general, pero falta la literatura relacionadacon ella; no aparecen las asociaciones de bibligrafos. En el modelo de niveles, fases y etapas no se hacen evidentes: la estructura bibliogrfica, la bsqueda retrospectiva (que pudieran incluirse o no en la nuevaestructura que se propone para la Bibliografa o Bibliografologa). T ampoco se hacen evidentes la crtica bibliogrfica, la educacin de usuarios, la sociopsicologabibliogrfica y el detalle de la gerencia bibliogrfica. Sin embargo, todas ellas de-beran incluirse en la nueva propuesta. Consecuentemente, la estructura de la Bibliografa o Bibliografologa como disciplina cientfica se propone ahora de la forma siguiente: 1 Historia bibliogrfica1.1 T rnsito de la comuna primitiva al esclavismo 1.2 Civilizaciones fluviales1.3 Clasicismo y Lejano Oriente1.4 Edad Media europea1.5 Siglos XVI XVII 1.6 Siglo XVIII 1.7 Siglo XIX 1.8 Siglo XX 2 Procesos y productos2.1 Compilacin descriptiva2.1.1 De documentos de archivo2.1.2 De documentos de biblioteca2.1.3 Catlogos comerciales2.1.4 T ablas de contenido 2.1.5 Informacin seal %%3n %%7"%%+r $4/ "n ,,%.n5 $4 ,$nn n % $nn ,)0 n n

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138 3 Investigacin bibliogrfica3.1 Sistemtica3.2 Analtica 3.3 Extractada3.4 Anlisis de citas 3.5 Bibliometra4 T ipos de bibliografas 4.1 Generales4.1.1 Nacionales4.2 Especializadas4.3 Personales5 Servicios bibliogrficos6 Crtica bibliogrfica7 T ecnologa bibliogrfica 7.1 Mecnica7.2 Reprogrfica7.3 Automatizada y electrnica 7.4 T elemtica 8 Legislacin bibliogrfica9 Pedagoga bibliogrfica9.1 Educacin de usuarios9.2 Formacin del bibligrafo10 Sociopsicologa bibliogrfica10.1 Usos de las bibliografas10.2 T ipologa de sus usuarios 10.3 T ipologa de los bibligrafos 10.4 Asociaciones de bibligrafos 1 1 Investigacin y literatura bibliografolgica 1 1.1 Primeras manifestaciones 1 1.2 Solapamiento de disciplinas 1 1.3 Ciencia de la compilacin 1 1.4 Ciencia del fenmeno bibliogrfico 12 Organizacin de entidades bibliogrficas autnomas12.1 Administracin 12.2 PlaneamientoEl modelo de desarrollo del fenmeno bibliogrfico presentado en estas pginas evidencia: Las relaciones instrumentales de la Bibliografa con los dems fenmenos bibliolgico-documentarios: produccin y difusin de documentos (imprentas, li-breras) y su acumulacin (archivos, bibliotecas). Los dos niveles que se pueden reconocer a la Bibliografa como disciplina: el fundamental que estudia las propiedades, tendencias, regularidades y leyes del

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139 fenmeno bibliogrfico; el aplicado que se ocupa del estudio de las propiedades,tendencias y regularidades de los conjuntos de documentos compilados. El empleo de la sistematizacin y el empleo de instrumentos especiales, propios de la investigacin cientfica, a partir de dos momentos: el inicio de lasinvestigaciones aplicadas durante la etapa sistemtica antigua (siglos III I a.n.e.) y de las investigaciones integrales sobr e el fenmeno bibliogrfico (siglo XX ). A manera de conclusin: contenido y alcance de la Bibliografa oBibliografologia Entonces el trabajo bibliogrfico no puede ser considerado simplemente como la “descripcin fsica de documentos y como tcnica o arte de describirlos y anotar-los” tal como le reconocen las definiciones dadas por algunos diccionarios ymanuales en tanto el modelo permite afirmar adems, que la Bibliografa es una ciencia que se ocupa, en sntesis, del estudio de los procesos bibliogrficos y deidentificar las tendencias y regularidades de su propio desarrollo y las de los ob-jetos bibliografiados. De los procesos bibliogrficos derivan productos yconocimientos socialmente necesarios por su utilidad para la bsqueda y recupe-racin de informacin, para la formacin de colecciones y para la caracterizacindel desarrollo cientfico, histrico y cultural, al develar los significados profundosque subyacen en contenidos manifiestos. La compilacin bibliogrfica es practi-cada por grupos especficos de personas denominadas bibligrafos, quienes conun nivel adecuado de escolaridad y erudicin se preparan para esa tarea de for-ma escolarizada, tutorial o autodidacta, y aplican en sus estudios instrumentosespeciales creados al efecto como son normas, sistemas de clasificacin y otrosmedios lingsticos, matemticos y computacionales, y que actan en virtud de laley general del fenmeno bibliogrfico y de su principio fundamental. Finalmente, el modelo presentado en estas pginas ha contribuido a perfeccionar la estructura que hasta el presente le ha venido reconociendo la T eora bibliolgico-informativa a la Bibliografa o Bibliografologa como disciplina cient-fica perteneciente a la esfera de las Ciencias Sociales.Notas1 Setin Quesada Emilio “Nueva propuesta para la estructura de la Bibliotecologa en el contexto de la T eora bibliolgico-informativa” En prensa. 2 Blsamo, Luigi. La bibliografa: historia de una tradicin. Espaa: Ediciones TREA, 1998. 3 Mijailov A. I., A. I. Chiornii y R. S. Guiliarevskii Fundamentos de la Informtica La Habana: Academia de Ciencias de Cuba, 1973.4 Currs, Emilia Las ciencias de la documentacin. Bibliotecologa, Archivologa, Documentacin e Informacin. Barcelona: Mitre, 1982. 5 Mijailov A. I., A. I. Chiornii y R. S. Guiliarevskii Op. cit. (3).

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140 6 ALA W orld Encyclopedia of Librar y and Information Ser vices / 2 ed. Chicago: American Library Association, 1986. 7 Bernal, J. D. Science in Histor y New Y ork: Cameron Associates, [1954]. 8 Shera, Jesse H. Los fundamentos de la educacin bibliotecolgica / tr Surya Peniche de Snchez Macgregor con la colaboracin de Francisco Gonzlez. Mxico: UNAM, Centro Universitario deInvestigaciones Bibliotecolgicas, 1990.9 Escolar Sobrino, Hiplito. Historia de las bibliotecas / 3 ed. Salamanca, Madrid: Pirmide, 1990. 10 Para los primeros documentos de archivo, los nmeros resultaban fundamentales y la escritura se aplicaba todava en forma rudimentaria. Los de biblioteca slo aparecieron cuando el desarrollo de laescritura permiti plasmar el conocimiento acumulado, as como obras de pensamiento y creacin.11 Dalby A. Sumerian catalogs. Journal of Librar y Histor y 21(3):475; 1986. 12 Blsamo, L. Op. cit. (2). 13 Ibdem 14 ALA W orld Encyclopedia of Librar y… Op. cit. (6). 15 Ibdem. 16 Escudero Gonzlez, Santiago. El concepto aristotlico de biblioqh¨kh y la actualizacin del trmino segn Plutarco. Revista de Filosofa 28(2); 2003. En: http://filos.ucm.es/publicaciones/revista/vol28n2/ gescudero.pdf (consultada 7.03.2004)Riao Alonso, Juan Jos. Los pnakes de Calmaco y los anacronismos en la historia de las bibliotecas. AABADOM (Espaa) :3-16; jul.-dic. 1998. 17 ALA W orld Encyclopedia of Librar y… Op. cit. (6). 18 Sabor, Josefa Emilia “La bibliografa, su historia”. En su: Manual de fuentes de informacin Buenos Aires: Editorial Kapelusz, 1957. 19 T orres V ar gas, Geor gina Araceli. Los servicios bibliotecarios y de informacin en el contexto de la bibliotecologa tradicional. Investigaciones Bibliotecolgicas (Mxico) 15(31):112-124; jul.-dic. 2001. 20 ALA W orld Encyclopedia of Librar y… Op. cit. (6). 21 Blsamo, L. Op. cit. (2). 22 Ibdem. 23 Currs, E. Op. cit. (4). 24 Fernndez Robaina, T oms. “La bibliografa personal en Cuba: pasado, presente y futuro”. Informe de investigacin. La Habana 2004. (Manuscrito)25 Malcls, Noelle Louise. La bibliografa. Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1960.26 Lpez Llepes, Jos La documentacin como disciplina. T eora e historia Pamplona: Universidad de Navarra, 1995.27 Currs, E. Op. cit. (4). 28 Gorbea Portal, Salvador Modelacin matemtica de la actividad bibliotecaria: una revisin. Investigaciones Bibliotecolgicas (Mxico) 12(24):51-58; en.-jun. 1998.

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141 29 Ibdem 30 ALA W orld Encyclopedia of Librar y… Op. cit. (6). 31 Ibdem. 32 Ibdem. 33 Ntese la similitud de esta fase y sus etapas con las del fenmeno bibliotecario presentadas en pginas anteriores.34 Ibdem. 35 Fernndez Robaina, T Op. cit. (24). 36 ALA W orld Encyclopedia of Librar y… Op. cit. (6). 37 Fernndez Robaina, T Op. cit. (24). 38 Ibdem. 39 Korchunov O. P Bibliografiya: Obschii kurs. Moskva: Kniga, 1981. 40 Malcls, N. L. Op. cit. (25). 41 ALA W orld Encyclopedia of Librar y… Op. cit. (6). 42 Currs, E. Op. cit. (4). 43 W eisman, Herman W Information Systems, Ser vices and Centers New Y ork: W illey-Baker Hayes, 1972.44 ALA W orld Encyclopedia of Librar y… Op. cit. (6).

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142 Apr oximacin a la verdaderahistoria de CayoConfites* Elena Alavez Historiadora y periodista A l norte de Camagey se encuentra un islote sembrado en la memoria. Nadie conoce la fecha de suorigen, ni el porqu de su denominacin,pero s que durante las semanas del so-focante verano de 1947, Cayo Confitesacogi a cerca de mil personas de to-das las tendencias polticas de Cuba,as como de otras nacionalidades: do-minicanos, venezolanos, espaoles,nicaragenses, hondureos (como eljefe de los morteros), en un sui gneris ejrcito en formacin. La indignacin del pueblo dominicano o de cualquier persona con decorodel continente americano iba in cr escendo ante el terror desatado desde 1930 por la dictadura de RafaelLenidas T rujillo 1 en Repblica Dominicana, el cual durante tres dcadas(fue ejecutado en 1961) mantuvo el po-der a travs de una sangrientarepresin, la llamada paz de los cemen-terios. Su rgimen se caracteriz noslo por la militarizacin de la sociedad,sino tambin por el peculado, el nepo-tismo y la megalomana. Contra esasituacin, ya insostenible, combati pormuchos aos el pueblo dominicano, y el derrocamiento de la dictadura trujillistaconstituy el objetivo real de la fuerzaarmada que se agrupara en el Cayo. Cuba no estuvo ausente en esa lucha. Sin embargo, dada la heterogeneidad delgrupo que acude a la cita liberadora, seimpone el apunte de la diversidad de pro-psitos existentes. Y a en 1944, tras la asuncin a la presidencia de la repblica del doctorRamn Grau San Martn, mxima figu-ra del autenticismo y con su aureola dedemcrata empedernido, el ambienteera propicio para la expedicin que segestaba. En el plano internacional lesayuda la cercana y culminada Segun-da Guerra Mundial y el profundoresentimiento contra el fascismo y losregmenes dictatoriales que esta des-pert. No obstante, no caben dudas deque otros elementos fueron imprescin-dibles para el logro de la expedicin. Demanera decisiva influy en su ejecucinel rico hacendado y general dominica-no Juan Rodrguez Garca, a quien, apesar de no ser un hombre de ideasavanzadas, le era imposible vivir en unpas atropellado por un dictador Su aporte a la causa insurreccional fue dealrededor de un milln de pesos. T ampoco se puede obviar la digna actitudde lo mejor de los pueblos dominicanoy cubano que con audacia y profundodesinters apoyaron el proyecto delCayo. Es indiscutible que la formacin del Ejrcito de Liberacin dominicano es-tuvo sujeta a un largo y arduo proceso.Desde finales de la dcada del treintacomienzan a gestarse comits de luchacontra el trujillismo, sobre todo dentrode las filas del estudiantado cubano.Pero no es hasta 1939 que se funda

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143 el Partido Revolucionario Dominicano, en El Cano, Arroyo Arenas, provincia de La Habana, en una pequea fincaque tena arrendada el dominicanoV ir gilio Mainardi Reina. En esa reunin estuvieron presentes Juan Bosh, 2 Jimnez-Grulln, 3 as como el propietario y Rafael Mainardi Reina. A partir del acontecimiento funda cional, los revolucionarios dominicanosse dan a la tarea de comprometer enla lucha por la liberacin de la Rep-blica Dominicana a distintas personasde esa nacin a lo largo de todo elpas, incluidas las provincias orientales (Santiago de Cuba, Guantnamo) yallende sus fronteras, pues el xodoantitrujillista llega hasta otros lugares deAmrica: V enezuela, Puerto Rico, Mxico (donde exista un grupo nume-roso), algunos pases de Centroamricay los Estados Unidos (Nueva Y ork) y otros ncleos poblacionales. En 1943, en la Universidad de La Habana, cuando ejerca la SecretaraGeneral de dicha institucin RamnMiyar Milln, poco despus Secretariode Relaciones Exteriores del grupo di-rigente del Partido del Pueblo Cubano(Ortodoxos), tuvo lugar el Primer Con-greso del Partido RevolucionarioDominicano (PRD) con delegados delas distintas secciones que lo compo-nan, siendo el ncleo o seccin centralla de La Habana. Sus acuerdos fueron,en esencia, insurreccionales, es decir cmo llevar a efecto la liberacin do-minicana a travs de la lucha armada.Numerosos cubanos dieron tambin suapoyo irrestricto a esa causa sin tomaren consideracin ideologas polticas,entre ellos Juan Marinello, del PartidoSocialista Popular y Eduardo Chibs, 4 por entonces destacado dirigente delPartido Revolucionario Cubano (Au-tntico). En la Universidad de La Habana y otras instituciones de nivel secundariose fueron creando, en el transcurso delos meses, comits de ayuda al pueblodominicano. No resulta ocioso mencio-nar que al crearse el Comit ProIndependencia de Santo Domingo en elalto centro de estudios, la primera fir-ma que se estamp en el documentofue la de Fidel Castro, alumno de la Fa-cultad de Derecho, quien ya pertenecaal Comit Pro Independencia de PuertoRico, y que no tardara en incorporarsea otras actividades en la primera lnea de combate. Cierto es que en la repblica cubana las contradicciones polticas yclasistas se agudizaban y pareca estarsentada sobre un volcn. El gangsteris-mo (baste recordar los sucesos delReparto Orfila, en Marianao) rivaliza-ba en audacia con los negocios turbiosy las malversaciones al erario. La Ha-bana se converta en un garito. El juegocaa sobre la isla desde el norte comouna gran tempestad. No slo en losgrandes casinos donde se jugaba cual-quier cosa, sino tambin el puebloperciba su azote en diversas formas,desde la bolita y la charada hasta la im-probable especulacin de poderencontrar la fortuna de una casa o au-tomvil en la forma de una balita“mgica” dentro de un jabn de lavar Asimismo, la droga y la prostitucin ex-clusiva mantenan su vigenciaprotegida. El afamado gngster norteamericano Lucky Luciano haba conocido a Fran-cisco (Paco) Pro, hermano del primer

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144 ministro y futuro presidente de la rep-blica, Carlos Pro. El intermediario fueMeyer Lansky quien le afirm que Paco era uno de sus mejores amigos. No sinrazn se asevera que cada vez se enla-zan con mayor fuerza los intereses dela oligarqua con los de la organizadamafia estadounidense, a cuyos interesesunirn los de los elementos de los servi-cios de inteligencia de los EstadosUnidos (la Agencia Central de Inteligencia, CIA, fue creada en 1947), para atravs de ellos ejercer el control encu-bierto de la sociedad cubana. La inestabilidad republicana llev a numerosos cubanos a gestar un nuevopartido poltico. El 7 de septiembre de1947, en el capitalino Parque Central,junto a la estatua de Jos Mart, se pro-clama la fundacin del Partido delPueblo Cubano (Ortodoxos), cuyo lema“¡V er genza contra Dinero!” cal hondo en el sentir popular Su mximo dirigente, Eduardo Chibs, simboliza laposibilidad de enrumbar la nacin sobrecauces ticos de verdadera honestidad,acendrando a su vez los perfiles de lanacionalidad. Chibs presida en el Se-nado la Comisin de Apoyo a la Repblica Dominicana. Desde un principio y por diversos motivos, desde el Palacio Presidencialse le haba dado luz verde a los prepa-rativos expedicionarios. Es importante destacar que el estado mayor dominicano estaba compuesto porel general Juan Rodrguez, jefe militar dela expedicin; como lder poltico, el escritor Juan Bosh; el ex embajador dedominicana en W ashington, el licenciado ngel Morales, as como losdoctores Leovigildo Cuello y Juan Isi-dro Jimenz-Grulln. Los revolucionarios hacan sus reuniones para discutir los planeslogsticos, estratgicos y tcticos en dis-tintas casas, entre ellas, la de la cubanaElisa C. Surez, casada con Lucas J.Pichardo, adonde acudan dominicanosasilados y colaboradores del Movimien-to de Liberacin Dominicano. En estaera presencia frecuente el escritor ypoltico Juan Bosh, mximo gestor dela causa, quien deleg en SantiagoAgero T riana su representacin en el Cayo. T ambin se reunan en la vivienda de T eodoro Schmid miembro de la llamada Unin Patritica Dominicana. El ncleo gestor dominicano contemplaba la posibilidad de aceptardonaciones, dinero o armas de cualquiergobierno de matiz republicano, aunqueno compartiera sus ideales. T odo estaba subordinado al objetivo de liberar ala Repblica Dominicana de la frreadictadura. Por la parte cubana, Grau dio la encomienda de apoyo absoluto a JosManuel Alemn, entonces Ministro de Educacin y politiquero sin escrpulos,que se involucr en dicha accin pordiversas razones personales, y quien nopudo engaar a los representantes de laprensa ms reaccionaria de la poca,que lo vea situado entre un nebulosogolpe de estado y un aparatoso acto pro-pagandstico de reivindicacin, dedesagravio, pues lo consideraban comouno de los mayo res malversadores de aquella repblica. Como aspirante a lapresidencia del pas, segn serumoraba, el apuntalar la hermosa cau-sa de la liberacin dominicana, quegozaba de tanta simpata en el mundoy especialmente en Amrica Latina, le ayudara en su doble rejuego. Otros

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145 personeros del grausato participaron enla preparacin del acontecimiento: Ma-nolo Castro, muy vinculado al Ministrode Educacin y jefe de la Direccin deDeportes y Educacin Fsica adjunta adicho Ministerio, as como representan-tes de diversos grupsculos, entre losque descuellan el gngster RolandoMasferrer y los hermanos Salabarra,sin olvidar a un fiel subordinado,Eufemio Fernndez, fusilado en 1959por traidor a la causa revolucionariacubana. Desde un inicio, sin prisa, con paso firme, sin espacio para el desaliento yla apata, el Comit Central Dominica-no para la insurreccin comienza abuscar las armas para la expedicin delCayo. La bsqueda es difcil, pero noinfructuosa. Adquieren equipos de guerra a travs de enviados especiales aGuatemala y a la Ar gentina del presidente Juan Domingo Pern. Sinembargo, para la compra de los avio-nes, bombas y ametralladoras tuvieronque dirigirse a otros pases como Cubay V enezuela; por medio de esos gobier nos se efecta en los Estados Unidosla adquisicin de armamentos. Poco a poco se perfilaron criterios para la accin armada. El 15 de juliocomenz el reclutamiento. Las oficinasse hallaban en el Hotel San Luis de lacapital cubana, con subsedes. En elSan Luis radicaba el Estado Mayor delComit Revolucionario de la organiza-cin y resida el titulado General enJefe de la expedicin, el seor JuanRodrguez Garca. La expedicin tuvo un inicio poco transparente al agrupar elementos des-arraigados de la sociedad, pues noexistan criterios excluyentes en el reclutamiento. Por ello, ms adelante, seprodujeron conflictos en el Cayo: robos,insultos y dems, aunque esto no em-paa el hecho irrefutable de quenumerosos cubanos y dominicanos ho-nestos participaran con el propsito dederrocar a la dictadura e instaurar elrepublicanismo en aquel pas. Dentro de la vorgine nacional nada obstaculiza el reclutamiento.T estimoniantes indican que salieron para el Cayo desde cuatro puntos: elHotel San Luis en la calle Belascoan,el Parque Mart, el Balneario Univer-sitario y otros lugares de Santiago deCuba. Los obstculos se obviaban encualquier lugar Era como si aquel movimiento de hombres no existiera paralas autoridades gubernamentales. Con el transcurso de los das, los futuros expedicionarios fueron trasladadosen camiones del Ministerio de Educa-cin o por tren con boletos oficiales. Eldestino: las escuelas politcnicas deMatanzas y Holgun, donde se realiza-ran los entrenamientos. Ello se explicaporque todas las escuelas del pas de-pendan de Alemn y de su Inciso K, cuyo dinero, destinado supuestamenteal desayuno y material escolar nunca llegaba a su destino, aunque ahora enparte era desviado para el mantenimien-to y traslado de la tropa para laliberacin dominicana. La razn es ob-via si repensamos que el Ministro deEducacin pretenda mejorar su imagencon vistas a un propsito de mayor en-vergadura. Cerca del momento de la partida hacia el Cayo, el llamado destacamentoinsurreccional se rene en Holgun. Has-ta all, con la anuencia oficial, llegarondos camiones al garaje del politcnico

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146 holguinero “Calixto Garca”. 5 T umultuosamente son dadas las instrucciones finales. Hacia la finca “LaChiva”, en Antilla, cerca de la baha de Nipe, en la zona oriental, fue enviadoel grupo punitivo para ser embarcadoen el Berta, barco pequeo en bastante mal estado, comprado por losdominicanos, y el Aur ora, los que en la prctica demostraron no tener la su-ficiente capacidad para asimilar a todoel personal expedicionario, por lo cualse contrat tambin la goleta La V ictoria. Se afirma que la expedicin fue escoltada por el caonero Emilio Diguez. Despus, ya en el Cayo, se esperaba el arribo de otro navo que lle-gara de Nueva Y ork con armas, pero que como no apareca recibi el apela-tivo de “El Fantasma”. En la playa “La Chiva” se presenta por voluntad propia el estudiante deDerecho Fidel Castro Ruz, que no te-na nada que ver con las artimaasgubernamentales, pero se senta com-prometido con la causa dominicana. Elhoy Comandante en Jefe declar: “Y o afirmara que me enrol tranquilamen-te, no tuve la menor vacilacin... Nuncahaba hecho nada con ms entusiasmo.Lo que s me fastidi mucho fue per-manecer en un cayo sin entrar enaccin... Y a yo estaba pensando un poco en la guerra de guerrillas cuandollegara a Santo Domingo”. 6 Cmo se conjuraran tan dismiles caracteres y objetivos con la materiali-zacin de aquel empeo? En el Cayo losdas no transcurriran apacibles. La in-certidumbre asoma en cada momento. En el islote se organizan cuatro batallones: el “Mximo Gmez”, conFeliciano Nodarse como jefe, en el que se encontraba Fidel Castro, quien segnManuel Becerra Campos 7 “[...] comienza a tener mucha simpata entre losbatallones y que siendo enemigo deMasferrer se encontraba all sin temor al-guno”; el “Sandino”, dirigido por RolandoMasferrer; el “Guiteras”, por Eufemio Fernndez, y el “Lupern”, bajo las r-denes del costarricense Rivas. Pero,sera posible la expedicin? Por dn-de saltara la liebre? Uno de los participantes 8 en la expedicin reunida en el Cayo hacorroborado que exista mal ambiente,mucha desmoralizacin, guapera, tiros,robos y a veces se producan conflic-tos entre los batallones, como el“Guiteras” y el “Sandino”, pues estehaca las prcticas de tiro por las no-ches y al pasar por donde estaba elprimero, sus integrantes pronunciabanpalabrotas e iniciaban escndalos paramolestar Las dificultades existentes no constituyeron obstculos para queprosiguiera un entrenamiento a discre-cin. A pesar del apoyo oficial, era frecuente la falta de alimentos y agua,aunque el barco Berta iba y vena de Nuevitas al Cayo con agua y vveres.Segn cuentan los expedicionarios elagua saba a petrleo, pues vena enenvases que contenan ese producto,aunque poco a poco, por el continuo lle-nar y vaciar de los recipientes, el gustocido fue desapareciendo. Durante algunas semanas se mantuvo esa situacin y la esperanza de lapronta salida hacia Repblica Dominica-na. Sin embargo, la partida se dilataba.Los cubanos designados por el gobier-no para estar al frente del grupoexponan que la demora era por la fal ta

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147 de los recursos de la aviacin, y por tan-to deban esperar En realidad, los acontecimientos se precipitaran.El desenlace En la noche, tras los sucesos del Reparto Orfila, en el Cayo un mensajeintroduce matices alarmantes. Narra unode los protagonistas 9 que cuando estaban desconectando la planta que secomunicaba con el Hotel Sevilla, dondese encontraba Julio Salabarra, esta co-menz a llamar con insistencia al Cayosolicitando comunicacin con Masferrer El expedicionario al frente del aparatotransmisor afirma que era Salabarrapara trasmitirle a Masferrer la noticia delregistro de la finca “Amrica”, de Alemn, donde se encontraban los aviones,y tambin del propio Hotel Sevilla. T raicin? Algunos participantes se haban retirado del lugar al no resistir odesistir ante las adversas condiciones ha-lladas en el islote. Y a el jefe del Ejrcito, Genovevo Prez Dmera, renegaba enesos instantes de la ope racin de liberacin de Repblica Dominicana y elpresidente Ramn Grau se tornaba du-bitativo. Qu estaba sucediendo? El lunes 22 de septiembre lleg a La Habana el general dominicano JuanRodrguez para esclarecer los aconte-cimientos. Al entrevistarse con Jos M. Alemn y Genovevo Prez Dmera,este ltimo no habl, sino imparti r-denes: era preciso abandonar el Cayoen veinticuatro horas, mientras se lesasegurara alimentos y agua a los a l l reunidos. Con el decursar de las horas niaviones ni alimentos aparecan. A partir de entonces, todo indicaba que la expe-dicin estaba condenada al fracaso. A pesar del giro que tomaban los acontecimientos, el general JuanRodrguez insiste en averiguar sobre losnuevos hechos. Solicita una entrevistaal inquilino de Refugio N 1. Esta esacordada para pocos das despus, el26 de septiembre, a la una de la maa-na. Estn presentes, adems de Grau,los jefes del Ejrcito y la Marina; el Mi-nistro de Educacin aguardaba en elSaln de los A yudantes. Sin dudas, la situacin se volva cada vez ms tensa. Segn describe un co-mentarista de la poca, en la seccin“En Cuba” de la revista Bohemia, se tomaron estrictas medidas de seguri-dad: Casi todas las luces del PalacioPresidencial fueron apagadas y se pro-hibi la entrada y salida de toda personaque no estuviera autorizada. La reunin fue un fracaso. Genovevo indujo a creer que exista un movimientoen contra del gobierno en esa expedicin.Grau, siempre dubitativo, piensa que talvez lo mejor fuera acabar con todo aque-llo, ms cuando haban comenzado laspresiones del gobierno de W ashington 10 para liquidarla –el seor T rujillo se haba quejado de que Cuba preparaba, infrin-giendo todas las reglas del derechointernacional, un ataque contra la nacinque regenteaba. Desde Miami, los voce-ros de T rujillo le dieron publicidad a la noticia de la expedicin, provocando elconsiguiente escndalo internacional. Entonces el presidente cubano opt por lo ms sencillo: desmantelar el Cayo.El viernes 26 parta de Palacio el ultim-tum de terminar con la expedicin. Nohubo conformidad en los expedicionariosal tomar conciencia de la traicin delgrausato ante la delacin trujillista. Quhacer con los hombres del Cayo?

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148 Y a la expedicin no era posible. Genovevo se haba entrevistado enW ashington con el embajador de T rujillo y sin duda hubo el acuerdo de frenar la tropa. En Miami comenz unafuriosa propaganda contra la OperacinSanto Domingo. Las rdenes se impartieron de inmediato en el Cayo. Los revolucionariosfueron reunidos en distintos grupos enlas mismas embarcaciones que los ha-ban llevado hacia el islote, pero en este caso con destino incierto. Haciadnde? La confusin engendr des-aliento, inconformidad. Cerca de laposesin inglesa de Cayo W inch, 337 hombres pidieron quedarse. Dos fra-gatas de la Marina de Guerra de Cuba,la Maceo y la Mart, les cerraban el paso y mediante altavoces pedan quese detuvieran. El lunes 29, la casi to-talidad de los expedicionarios fuecapturada en los barcos Aur ora y “El Fantasma”. T odos fueron conducidos a Columbia. Y a s se pudo constatar que el rumor sobre Prez Dmera era cierto:recibira un milln de pesos por desba-ratar la expedicin. Por ello losinvolucrados gritaban, al ser traslada-dos presos hacia el cuartel: “Genovevo,traidor te vendiste por un milln”. Otros acontecimientos se acondicionaron antes, durante y despus de loshechos narrados. Segn parece,Genovevo Prez Dmera no fue el ni-co en traicionar el intento antitrujillista.Los testimoniantes tambin se refierena Masferrer y el dominicano Bosh opina sobre la dudosa postura de PolicarpoSoler (muerto aos despus por ordende T rujillo), a quien considera que trabajaba para el dictador T rujillo. No obstante, a pesar de la presin de las fragatas, al llegar a los cayos deSanta Mara, el buque “El Fantasma”se dirigi a Cayo Quincho. En esa navese encontraba Fidel Castro. Se produ-ce un motn a bordo, pues queran quelos revolucionarios entregaran las ar-mas. “Y o –afirmara Fidel– tuve que insubordinarme, junto a otros expedicio-narios; no era posible y dije que no”. 11 La situacin, difcil, no careci de una rpida y oportuna decisin. Resul-taba evidente que el Ejrcito estabaapresando a los complotados en el mue-lle de Cayo Saita. Haba que salir deaquella compleja realidad. La solucin,nada simple, pero s nica, la avizoranalgunos cerca de la baha de Nipe.Fidel, junto a Miguel Lujn, EvaristoJimnez y Jos M. Cabrera, se lanza ar-mado al agua. “Primero –afirma– nosmontamos en la lancha del prctico, perol estaba muy preocupado porque si nosvean, nos iban a matar Y yo dije: si nos descubren nos tiramos al agua. Enton-ces empezaron con reflectores para ally en una de esas nos apuntaron y cum-pl mi palabra y nos tiramos”. 12 La baha de Nipe es cerrada. Grande e infestada de tiburones (cornudas).No obstante, aquellos expedicionarios sejugaron el todo por el todo. Y las ar-mas? Con ellos. Fidel llevaba dosametralladoras, pero tuvo que soltar una,pues se hunda. Llegaron a tierra y deall a la casa de la familia Castro Ruz. En Cayo Confites exista el desinters y la valenta de los dominicanos y de mu-chos cubanos presentes. Rememorandoaquellos hechos, Fidel acotara que le ha-ban servido de experiencia paracontinuar la lucha y le brindaron nimoen la bsqueda de un futuro diferente.

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149 Notas1 Rafael Lenidas Trujillo Molina. Su aparicin y ascenso se vincula a distintos factores, entreellos: la ocupacin norteamericana; el Ejrcito ycuerpo policiaco formados durante dichaocupacin; el favoritismo que cre HoracioVzquez, el cual permiti su ascenso militar, y elacaudillamiento que consigui en las filas delEjrcito nacional.2 Juan Bosh, connotado poltico y escritor dominicano.3 Juan Isidro Jimnez-Grulln, escritor dominicano-cubano, publica artculos de cortefilosfico, fundamentalmente en la revista Isla, de la Universidad de Las V illas. 4 Alavez, Elena. La or todoxia en el ideario americano. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2002.5 Julio Cruz Prez fue empleado del T aller de Servicios y Mantenimiento y afirma que a las dos de la maana parquearon dos camionestapados con lonas de color verde, en el garaje.Pudo observar que estaban cargados deametralladoras, pistolas calibre cuarenta y cincoy muchas cajas de balas. Adems, en la maana haban llegado dos ms con ropa, botas y msarmas. El personal estaba autorizado por elMinistro de Educacin.6 Castro Ruz, Fidel. T estimonio. Oficina de Asuntos Histricos del Consejo de Estado.7 Conocido como el Alcalde del Cayo. 8 Camar go, Justo. T estimonio. Oficina de Asuntos Histricos del Consejo de Estado.9 Becerra Campa, Manuel. T estimonio. Oficina de Asuntos Histricos del Consejo de Estado. 10 El embajador de Cuba en W ashington era Guillermo Belt.11 Castro, F Op. cit. (6). 12 Ibdem.

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150 AlejoCarpentier el musiclogo Ral Martnez Rodrguez Investigador E ste escritor y musiclogo naci el 26 de diciembre de 1904 en la calle Maloja en la ciudad de La Habana.A los siete aos trataba de tocar en elpiano algunos preludios de Chopin y ha-cer juegos de pedales con obras deDebussy Su aficin por la msica viene de su abuela que fue una magnficapianista y haba sido discpula de Ce-sar Frank, y de su padre, quien tocabael violonchelo y haba estudiado conPablo Casal, adems era acompaadopor su madre en el piano. Segn el pro-pio Carpentier pens en dedicarse aeste instrumento, pero no tena la sufi-ciente imaginacin creadora necesariapara ser un buen compositor o intrpre-te. Muy joven todava estudi solfeo yteora de la msica, aunque confesarams tarde que tambin tom leccionesde armona y orquestacin. Aos ms tarde, en 1923, Alejo, desde el peridico La Discusin, escribe sobre la soprano Rita Montaner califi-cndola de incomparable cantantecubana. Desde 1926, junto al compositor y director de orquesta Amadeo Roldn, organiza los conciertos de msica nue-va donde por primera vez en Cuba seejecutan obras de compositores muy contemporneos como el ruso IgorStravinsky y los franceses MauriceRavel y Erick Satie. Un ao despuscontina su trabajo junto a Roldn es-cribiendo la accin coreogrfica en unacto y tres episodios de La hija del ogr o. T ambin colabora con el notable compositor Alejando Garca Caturla, otro contemporneo cubano del sigloXX con sus poemas afrocubanos Marisabel y Juego santo, para voz y piano, los cuales fueron editados porMaurice Senart, en Pars. Alejo Carpentier siempre fue un incondicional admirador de todo lomoderno dentro de la literatura, la dan-z a, la pintura y de manera muy especial de la msica de concierto, enparticular la que vena de Europa y losEstados Unidos. De la Amrica por tuguesa admiraba extraordinariamenteal compositor brasileo HitorV illalobo, as como al estadounidense (de origen francs) Edgar V arse y a los mexicanos Carlos Chvez, SilvestreRevueltas y Blas Galindo; de nuestropas a Amadeo Roldn y Alejandro Garca Caturla. Sobre msica popular escriba positivamente en sus crnicas desdeFrancia enviadas a la revista Carteles, de los triunfos de los compositores cu-banos Moiss Simons, Julio Cuevas, elcantante Antonio Machn y la rumbera Alicia Parla. A su vez, es amigo ntimo de artistas famosos dentro de este g-nero como el cantante y chansonier francs Maurice Chevalier y la cantan-te vedette norteamericana Josephine Baker Su crtica musical ms significativa de esta poca reflejaba en especial losxitos de nuestros artistas y msi cos

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151 en el extranjero, la cual sirvi para di-vulgar la msica cubana en lugaresdiferentes de Europa y Amrica; todos estos trabajos aparecieron en las revis-tas cubanas Carteles y Social. La relacin amistosa y profesional entre Alejo Carpentier y el notable compositor francs Marius FrancaisGaillard comienza en 1928 con el es-treno en el Thatre Beriza de Pars dela tragedia burlesca Y amba-O, con una coreografa basada en una leyenda delos negros de las Antillas. T ambin con este autor publica en Pars nueve can-ciones denominadas Pomes des Antillas con un notable xito de venta, y en 1932 la cantata La pasin negra. En 1938 se une por ltima vez conGaillard con la obra Invocaciones para voces masculina. Ambas creaciones tuvieron gran aceptacin en Francia. Segn el propio Carpentier a la hora de utilizar un texto o escribirlo lo pri-mero que hay que tener es un plenodominio del tono del compositor el ritmo literario y musical de toda lapartitura y una aguda sensibilidad de laobra. En 1928, sobre un libreto de Alejo Carpentier se estrena en La Habana por la Orquesta Filarmnica, bajo la di-reccin de Pedro Sanjun, yposteriormente en Pars, la pginasinfnica La r ebambaramba. Un ao despus, El milagr o de Anaquill con msica de Amadeo Roldn. Ambos ballets evocan escenas tpicas de uningenio cubano; segn el libreto, en ellosaparecen los cuadros folclricos “Jue-go de la culebra” y “Cabildo lucum” El estreno como danza de El milagr o... en Cuba tuvo que esperar hasta el ao1961, cuando se represent en el T eatro Amadeo Roldn bajo la direccin del notable coregrafo Ramiro Guerray su grupo de Danza Moderna enca-bezado por los que seran prestigiososbailarines Nieves Fresneda, SantiagoAlfonso, Luz Mara Collazo, GerardoLastra, Perlita Rodrguez, EduardoRivero, entre otros. T ambin actu en la puesta un excelente grupo de cantoy percusin bajo la direccin del emi-nente percusionista folclrico JessPrez y la Orquesta Sinfnica Nacio-nal, dirigida por el maestro RobertoSnchez Ferrer; las notas al programade estreno fueron confeccionadas porel propio Alejo Carpentier En 1930, con msica de Alejandro Garca Caturla, escribe el libreto de lapera bufa Manita en el suelo, la cual hace unos aos tuvo su estreno conacierto en el teatro, pero no la graba-cin, quizs por no estar la partiturainteligentemente bien revisada. Imparti en 1941 doce conferencias magistrales de Historia de la Msica enel importante Conservatorio NacionalHubert de Blanck. El 26 de enero de1943 adquiere los ttulos de profesorde Historia y Esttica de la Msica enese prestigioso centro de estudio. Posteriormente, comienza a escribir sus artculos para la revista Conservatorio Durante sus largos aos en V enezuela inicia en 1951 en el peridico El Nacional de Caracas la seccin “Letra y Solfa” en la cual public cien-tos de artculos con los temas de msicay literatura. T ambin ese mismo ao imparte veinte charlas de Apreciacin de la msica moderna en el Centro V enezolano Americano. L a msica siempre estara presente en sus novelas, quizs el ejemplo

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152 ms significativo es su exitosa novela El acoso de 1954, que tiene la forma de sonata clsica, y fue muy elogiada enFrancia. En 1973, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematogrficos le filmcuatro charlas magistrales, entre ellasla nombrada Habla Carpentier… sobr e la msica popular en Cuba, bajo la direccin de Hctor V eita, donde Alejo se muestra carismtico y por supuesto, sabio con relacin al tema. Publica su libro ms significativo sobre esa temtica en 1946, La msica en Cuba, editado por el Fondo de Cultura Econmica, de Mxico. Entre otros as-pectos importantes descubre y trabaja laobra desconocida del compositor cuba-no de msica religiosa del siglo XVIII Esteban Salas en los archivos de la Ca-tedral de Santiago de Cuba. Segn lanotable musicloga Y arelis Domnguez Benejan, “Este libro carpenteriano cubrila necesidad de un libro donde se resu-miera todas las etapas de la msicacubana desde sus orgenes hasta el mo-mento en que se escribi”. En l se une lo perfecto en la literatura y el conocimiento histrico exactode la investigacin musical. Alejo Carpentier nos ense a escribir clarosobre este arte. La msica en Cuba, editado en infinidad de ocasiones enva rios idiomas an desempea un papel importante dentro de nuestrahistoriografa musical, pues en l se re-cogen los criterios y las valoraciones deuna personalidad como la de Carpentiersobre pocas anteriores de la msicacubana partiendo de su propia y valio-sa visin y de la amplia etapa que letoc vivir Alejo Carpentier falleci el 24 de abril de 1980 en Pars.Bibliografa consultadaD OMNGUEZ B ENEJAM Y ARELIS Camino de la musicologa cubana. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2000. G ARCA C ARRANZA A RACELI V ida y obra de Alejo Carpentier La Habana: Editorial Letras Cubana, 2004.

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153 U na vez escuch a alguien insinuar que Fernando Ortiz, el genial y enciclopdico investigador haba observado su entorno siempre desde la cima de sufavorable posicin social y econmica;que se haba mantenido protegido en sutorre de cristal, soberbio, distante, aris-tocrtico... Lamentablemente existen losque, ante la grandeza intelectual y ticadel maestro cubano, buscan pretextos in-fundados para rest ar mritos a su imperecedera obra, a su inestimable ta-lento; ¡hay quienes se consumen antetanta luz! Pero Ortiz era mucho ms que un hombre de libros e ideas cientficas; eratambin un hombre de acciones, ape-gado a la vida misma en movimiento:iba en busca de la gente, sala de sumedio, y era capaz de penetrar en losms diversos lugares y encontrar lasms novedosas vas para divulgar y per-feccionar su mensaje til, aplicable,honesto. No era el suyo un conocimiento de vidrieras, fro, basado slo en elsaber y divorciado de sentir y compren-der; era la combinacin de lascualidades necesarias para llegar a lagente, trabajar y descubrir por ellas. Si quien estudia su obra llega a preguntarse no slo qu hizo, sino tambin cmolo hizo; y si indaga, adems, acerca dequ otras labores en pos de la culturasupo realizar e impulsar durante su largaexistencia, adems de lo mucho que nosleg con su obra escrita puede llegar a encontrarse con una actividad prcticaenorme y variada, capaz de mantenersevigente a n en la actualidad, y digna de compararse con no pocos de los mejo-res aportes hallados en su obra escrita. Es esta la ocasin oportuna entonces para comentar unas pocas ideas en tor-no a los mtodos y tcnicas utilizadospor Ortiz para acercarse ms verdaderay profundamente a su entorno social, ala gente humilde, a las clases y estra-tos ms desfavorecidos. Fernando Ortiz. Una metodologaque funda y arrasa* Judith Salermo Izquierdo Investigadora “[...] los estudios se llevan a cabo en la biblioteca y en la calle, con el libro y con el informante, en la historia de ayer y en la vida de ahora [...]”. C ALIXT A G UITERAS Este texto forma parte de un trabajo mayor dedicado al rescate de las contribuciones de FernandoOrtiz a las Ciencias Sociales cubanas, y en especial a la Sociologa titulado “Fernando Ortiz: apuntespara un rescate de su imaginacin sociolgica”

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154 De hecho, es este uno de los indicadores del pensar y la accin cien-tficos de Ortiz que fue evolucionando,a travs del tiempo. Si se indaga unpoco en este punto, puede considerar-se que, con motivo de su permanenteautosuperacin, y de sus contactos,cada vez ms frecuentes y profundos, conla prctica social cubana y los sujetosconcretos..., Ortiz fue perfeccionando ycomplejizando su apa rato metodolgico. Algunos aspectos acerca de la metodologa utilizada por Fernando Ortizfueron expuestos en un artculo deCalixta Guiteras Holmes, publicado enla Gaceta de Cuba (1965), bajo el sugerente ttulo de “Fernando Ortiz:palparlo todo, olerlo todo, saborearlotodo”. 1 Segn lo planteado por la autora en ese interesante trabajo y porla informacin que he podido reunir a travs de mis lecturas, me dispongo aemitir algunos criterios en torno alasunto. Es bueno destacar que en la siguiente argumentacin se utilizarn nombrescon los cuales en la actualidad son re-conocidas dichas tcnicas. 2 Esto no quiere decir que Fernando Ortiz las utilizara yconociera por esas denominaciones, puesmuchas de ellas eran totalmentenovedosas, y no con taban an con una nomenclatura estrictamente definida.Sin embargo, lo que realmente intere-sa es el contenido y tipo de prcticasasumidas por el pensador y no el nombre con que este las identificara. Por otra parte, no pretendo agotar en este momento la cuestin metodolgicadentro del quehacer orticiano. Estos sonnicamente algunos apuntes para ilus-trar cunto de nuevo y til aportFernando Ortiz a las Ciencias Sociales cubanas, en este sentido. Siento el de-seo, tambin, de que ello constituya unestmulo para la provocacin de poste-riores anlisis en torno a un tema tanpoco investigado como este, dentro detoda produccin de estudios dedicadosal maestro. Puede afirmarse que desde un principio, Ortiz utilizaba lo que hoy sedenomina anlisis documental el cual se convertira, adems, en anlisis de contenido Estas tcnicas fueron unas de las primeras que el pensador aplica-ra, tras su regreso a la isla, cuandocomenz a indagar sobre las manifes-taciones delictivas de los grupos negrosde nuestra poblacin, a travs de fuen-tes penales como expedientes einformes policiales, peridicos, entreotros. 3 T ambin, por medio de ellas, Ortiz obtena y analizaba los datos estadsticos que utilizara, como todo buen positivista, en muchas de sus in-vestigaciones como fundamento ycomprobacin para la bsqueda de unconocimiento “confiable, preciso y ob-jetivo”. El anlisis de contenido permanecera presente durante toda su trayectoriaintelectual por el hecho de que aun con-vertido en un cientfico ya maduro yconsagrado, Ortiz no abandonara lalectura y el anlisis crtico-comprensi-vo de fuentes orales o escritas sobrelos fenmenos a los que prestabaatencin. Por eso, a travs de estatcnica interpretara tambin datos yhechos aprendidos por medio de suslecturas sobre Historia de Cuba, fri-ca y otras muchas regiones, y procesos de su inters. El empleo de fuentes estadsticas secundarias es otro de los medios que

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155 Ortiz comienza a aplicar como resulta-do de sus conocimientos positivistas. Sinembargo, esta ser una prctica perma-nente, para complementar lasinformaciones encontradas a travs deotras vas de acceso a la realidad social. Al prestar atencin a los usos que el maestro hiciera de estas fuentes, se pue-de encontrar que constituyen unindicador de la evolucin producida ensu pensamiento a lo largo de toda su ca-rrera intelectual. Al principio, percibimos una aplicacin un tanto esquemtica, apartir de la cual los datos y cifras sonutilizados sobrevaloradamente, para des-cribir un fenmeno prescindiendo deotros juicios racionales que posibiliten laexplicacin comprensiva de la realidad. Los artculos “Del suicidio”, publicado en 1906, y “Contra el alcoholismo”(1908), son una fiel muestra de lo plan-teado. En ellos Ortiz realiza un anlisismuy simple de tan controvertidos fen-menos sociales, y llega a conclusionesque distorsionan la verdad, por la prin-cipal razn de haberse apoyado slo enuna fra fuente de datos estadsticos.As, los elementos que se mencionancomo causantes de aquellos comporta-mientos, estn marcados por estereotiposy medianas verdades, asimismo no lle-ga a encontrarse la esencia y el fundamento socio-histrico de talesconflictos. 4 Con el paso de los aos, puede verse que los datos estadsticos sonutilizados como complemento a otrastcnicas de investigacin, y que, ade-ms, se acompaan de serios yjuiciosos criterios racionales, a los cua-l es arriba el autor por medio de la induccin, la deduccin, la generaliza-cin... En muchos de sus textos, aparecen las citas que comprueban loplanteado. Incluso, en la bibliografa desus cursos en la Escuela de V erano (en la dcada del cuarenta y principio delos aos cincuenta), contina orientan-do a sus discpulos la consulta decensos y otras fuentes de datos seme-jantes. 5 Desde su formacin positivista en Europa, Fernando Ortiz haba conoci-do en teora, y sobre todo, en la prcticatodo lo necesario para aplicar la “ob-servacin” directa sobre los fenmenos sociales. As, con aquellas herramientas se dispuso a indagar en la complejafronda que constitua el panoramasociocultural cubano de las primerasdcadas del siglo XX Poco a poco fue aumentando su insistencia en el acercamiento fsico a losgrupos de individuos que pretenda in-vestigar Su curiosidad no tena lmites, y ya no le bastaba la simple, y a ve-ces, distante observacin, concebida enel sentido ms positivista del trmino.Por ello comenz a experimentar otrasvas de acercamiento a sus unidadesde estudio, mtodos eficaces y ade-cuados para la bsqueda de elementosreales, autnticos, vivos, provenientesde los mismos protagonistas de los fe-nmenos que le resultaban interesantes. Debe subrayarse que el medio donde Ortiz trabajaba era muy complicado,y resultaba un obstculo en s mismopara el verdadero acercamiento a suesencia cientfica y humana. Su intersmuchas veces se diriga a expresionesy comportamientos religiosos que adems de poseer elementos “sagrados”,como es natural en una agrupacinde este tipo, se desarrollaban en una sociedad en la cual les era imposible

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156 realizar sus prcticas abierta y libre-mente. Los prejuicios y la falta de tolerancia provocaban que los grupospertenecientes a una organizacin reli-giosa de origen africano estuvieran enconstante peligro de ser atropellados, yreprimidos brutalmente por la policao por el resto de los miembros de la sociedad. A esto debe sumarse que Ortiz era un blanco, profesional y adinera-do, y esas cualidades lo ponan muchoms lejos de las humildes masas po-pulares –compuestas en su mayorapor grupos negros. De lo anterior debe entenderse que llegar a aquellos sujetos, ser aceptadoy adems, ganarse su respeto y confianza, fue una tarea harto difcil dentrode esas circunstancias. Si FernandoOrtiz pudo lograrlo, fue a causa de supaciencia inigualable, su excelenciacomo hombre y como cientfico, su tactoy definitivamente, adems, por la manera tan peculiar y adecuada como supoir modificando y alternando sus mto-dos para el acercamiento a la realidadsocial. Cuando Ortiz comenz a visitar los lugares donde se efectuaban, a escon-didas, las actividades religiosas yculturales en general de origen africano,prcticamente no conoca a ninguno delos presentes. No sera extrao enton-ces que le tuvieran miedo y lorechazaran. Para ganarse su confianzaaprendi a respetar sus costumbres ysecretos; los ayudaba econmicamente,los protega ante las autoridades, lesdaba consejos; los trataba como a igua-les, los reciba en su casa, los escuchaba(cosa rara en aquellos tiempos de tan-tas pugnas y discriminaciones raciales). 6 En cada visita y cada nuevo conocido Ortiz lograba enterarse de otraspersonas y lugares donde continuar in-vestigando. 7 Fue sin dudas esta forma, sumamente novedosa para la poca yel contexto, lo que podra denominarse,en trminos actuales, la tcnica demuestreo utilizada por el pensador Realmente, no haba otra va de seleccin muestral, pues al ser totalmenteilegales aquellas agrupaciones, y porsus caractersticas culturales especfi-cas, no existan fuentes escritas sobresu organizacin y funcionamiento, o susintegrantes y figuras directivas... Noestaba escrito en ningn lugar la plani-ficacin de sus actividades, la cualidadde sus manifestaciones, en fin, no ha-ba casi nada al respecto. Ortiz slo contaba con sus propias gestiones y con lo que pudieran faci-litarle sus informantes. Por eso paracontinuar indagando en la realidadconcreta de nuestro pas, una de laspocas vas posibles era la de buscarnuevas fuentes vivas de informacin,a travs de las personas ya conoci-das. Si furamos a utilizar un nombre reconocido en la actualidad para definiresta prctica, sin dudas utilizaramos elde snow ball o bola de nieve Es cierto que utilizar una terminologa comoesta puede parecer una fuerza por atri-buirle al pensador formas de hacer inexistentes en su poca. Sin embargo,tambin es cierto que antes de que estay otras tcnicas de la investigacin so-cial alcanzaran el estatus cientfico y losnombres con los cuales hoy son reco-nocidas, tuvieron que surgir primerocomo resultado de la labor prctica deinvestigacin de muchos cientficos

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157 so ciales, revolucionarios pioneros en cada uno de sus campos de estudio. Fernando Ortiz fue uno de los primeros que en nuestro pas se dedicara alfomento y desarrollo de las cienciashumansticas. Su acercamiento a ellas seprodujo incluso antes de que estas inte-graran los currculums de muchas de lasms prestigiosas universidades del mun-do. La actualidad que caracterizaba su pensamiento terico se extenda tam-bin hacia su labor prctica. Por esodesde el punto de vista metodolgicopueden hallarse en l, a la par de suprofunda intuicin e inteligencia natura-les, las influencias de diversas escuelascientficas. Entre ellas pueden mencio-narse las ms reconocidas deAntropologa social y cultural –sin per-der de vista los hallazgos metodolgicosrealizados especialmente por BronislawMalinowski–, y la Escuela de Chicago,que tuvo una gran importancia en estesentido por las variadas y novedosas tc-nicas utilizadas para abordar y solucionarlo social en sus manifestaciones msconcretas. Mientras iban transcurriendo los aos de ardua e incansable bsquedainvestigativa, las relaciones de Ortiz conlos grupos sociorreligiosos de origenafricano se fueron haciendo ms abier-tas e informales. A travs del contacto directo y frecuente con los sujetos, fueperdiendo, poco a poco, su imagen deintruso o extrao, y estableci con mu-chos de ellos profundos lazos deamistad. Al calor de tales relaciones interpersonales tuvo la posibilidad dehacer que algunos de ellos contribuye-ran a su trabajo asumiendo el papel de“informantes”. 8 A partir de lo expresado en el artculo de Calixta Guiteras, y de losargumentos arrojados por algunas de laspersonas que le facilitaban informa cin permanentemente, 9 me atrevo a plantear que Fernando Ortiz realizprcticas muy cercanas a la “observa-cin participante no encubierta”. Al tiempo que nuestro investigador lograba desvanecer el recelo con elcual era mirado, no se contentaba conmantenerse observando a distancia. Porello quiso tomar parte en las activida-des, realizar las labores, acudir a lascelebraciones, aprender las formas dehacer no slo en teora, sino sobre todo, en la prctica. As “[...] entenda como buen cientfico que solamente estimu-lando este contacto vivo con susinformantes, con el pueblo, poda llegara las costumbres de la verdad sociol-gica”. 10 La idea era establecer un ambiente amistoso, de confianza; era lograr adems, que se comprendiera el valor desu trabajo, y este fuera compartido porlos sujetos investigados. Como estamosen presencia no slo de un cientfico,sino tambin de un humanista, sobradecir que las relaciones que pudieronestablecerse entre este y los grupos dehombres y mujeres a quienes se acer-caba, estaban basadas en fuertesprincipios ticos de lealtad y respetomutuo. Porque quera aprender cmo y qu coman, beban, bailaban, hablaban, can-taban..., y quiso aprender tambin cmopoder hacerlo l mismo para entender yaprehender bien cada elemento, deci-mos que su observacin muchas vecesfue participativa. Dicen que lleg a bai-lar al ritmo de los tam bores, que

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158 in tentaba aprender a tocar los instrumentos musicales, que se sentabadescalzo en las esteras, saludaba lossantos, y repeta con igual naturalidadmuchas de las cosas tpicas de aque-llos grupos a los cuales tanto seapeg. 11 Ortiz quera siempre sentirse en ambiente: “palparlo todo, olerlo todo,saborearlo todo”. Protest cada vezque se le quiso atender en mesa apar-te, y rechaz las servilletas, los cuchillosy los tenedores: “[...] es que quera be-ber en jcara, comer con cuchara y ms que todo, estar con ellos y orlos”. 12 Su objetivo era participar activamente en la cultura de sus observados,apropiarse de ella, entenderla no comoalgo ajeno, sino aceptndola como sifuera la suya. Sin embargo, nunca per-dera de vista sus cualidades particulares,ni olvidara internamente que l era dis-tinto; de ser as mucho habra que dudar de la objetividad y valor de sus investi-gaciones. Con rigor cientfico, intentaramantener siempre el distanciamientoimprescindible que debe existir entre unobservador y sus observados. La “entrevista oral” fue otra de las tcnicas que Ortiz utilizara. Claro estque la informacin no poda adquirirlaslo por medio de la observacin. As, eran entrevistados muchos de los parti-cipantes en cada evento, ya fuerangrandes celebraciones ocasionales, oexpresiones ms cotidianas de la vida deaquellos grupos. T ambin por medio de esta tcnica, Ortiz interrogaba a sus in-formantes, quienes lo acompaabansiempre, observaban junto a l y posteriormente, le explicaban cada uno de losdetalles presenciados, con sus significa-dos sociorreligiosos, o lingsticos. 13 La entrevista oral era, por supuesto, la ms adecuada forma de interrogar y prcticamente, la nica posible, en elmedio donde Ortiz investigaba. Recur-dese que sus unidades de estudioprocedan generalmente de los estratosms bajos de la poblacin, entre loscuales era comn el analfabetismo, o lafalta de los ms elementales conoci-mientos requeridos por un ser humanopara la comprensin de un documento,y para poder expresar su respuesta demanera escrita. Las cualidades personales de Ortiz, su facilidad para establecer relacionesamistosas, su profundo tacto para tra-tar con cualquier tipo de individuos, ysu facilidad para ganarse la confianzade las personas, dieron a la aplicacin deesta tcnica un resultado muy positivo.Sin dudas, a travs de la conversaciny el dilogo espontneo, desprejuiciadoy abierto, el gran maes tro pudo llegar a conocer cuestiones de suma importan-cia, y hasta secretos y detallessagrados, muchos de los cuales estabanprohibidos revelar por los propios prac-ticantes de la religin. Por ltimo, me arriesgar a plantear que la entrevista aplicada por Ortiztrascendi muchas veces sus cursosms frecuentes para llegar a convertirseen una “entrevista en profundidad”, queinformara sobre las “historias de vida”de algunos de los componentes deaquellos grupos de origen africano. Quizs sea precipitado este planteamiento, porque desafortunadamenteslo cuento con unas pocas palabrasemitidas por algunos de sus informan-tes, y no he podido encontrar otrasfuentes que se refieran, al menos su-cintamente, al aspecto metodolgico

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159 en la obra de este intelectual. Sin embargo, lo poco que he podido revisar alrespecto, informa que Ortiz tena unprofundo inters por indagar en la vidapasada de aquellos grupos, en sus tra-diciones, en sus costumbres msantiguas... Si se sigue la lgica de su pensamiento, puede notarse que efectivamente, su objetivo era conocer cada uno de loscomponentes culturales que integrndo-se e interrelacionndose daban lugar ala cubanidad. Por eso, desde sus prime ros acercamientos al interesante mundode las mltiples expresiones de origenafricano que convivan en nuestro pas,y por lo poco que se saba al respecto,su curiosidad y su compromiso comoinvestigador slo le permitieron ahon-dar en ello y no conocer o comprendertodo lo que fuera posible de aquellas ins-tituciones y fenmenos socioculturales.La tarea fue ardua, y lamentablemente una vida larga y fecunda, result sercorta para tanto y tan vasto campo deestudio. El enfoque metodolgico utilizado por Ortiz, como ha sido certeramente sin-tetizado en el texto T ransculturacin en Fernando Ortiz (1989), de Diana Iznaga, 14 parta de un estudio pormenorizado en torno a la evolucin que enel contexto cubano haban tenido losdistintos elementos culturales que aquhaban confluido. Su idea era podercomparar las expresiones originales decada cultura matriz con sus comporta-mientos posteriores en el nuevocontexto, para saber en qu medida ha-ban influido en el producto final: lacultura cubana. En ese afn por hallar las supervivencias culturales de cada una de las fuentes originarias de “lo cubano” en-contramos un indicio clave paracomprobar que, ciertamente, Ortiz sin-ti la necesidad de reconstruir algunashistorias de vida. Con este mtodo,apoyado siempre en serias fuentes do-cumentales sobre Historia de frica yotras materias, el investigador podra irencontrando rasgos coincidentes en unou otro contexto, y podra descubrir por ejemplo, qu nos trajeron los africanos,qu dejaron por sus tierras, qu perdie-ron en nuestra isla, qu huellas dejaron“definitivamente” en nuestra identidadcultural. Uno de sus informantes ya haba dicho al ser entrevistado: “[...] a l legustaba saber de mi abuela que eramusundi de nacin, de mi bisabuela, demi tatarabuela y de ah, todo lo de-ms”. 15 Estas “abuelas” smbolizaban lo que el sabio cubano andaba buscan-do; era el pasado, y su continuidad enel presente; era la relacin entre am-bos. Uno de los valores fundamentales del desempeo de Fernando Ortiz comoinvestigador social es, precisamente,haber podido llegar a la gente, a susexpresiones concretas, a su realidad. Elcontacto estrecho con las fuentes vivasy los procesos en funcionamiento 16 permitieron que este pensador se nega-ra a s mismo, se criticara, y llegaraluego a una autosuperacin profunda demuchos de los principios y concepcio-nes de los cuales haba partido en sujuventud. Es as como entiendo la evolucin de su pensamiento, y dentro de ella, en miopinin, juegan un papel muy destaca-do los mtodos y tcnicas de acceso ala realidad social. T anto ms, porque

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160 aquellas fueron las vas, a travs de lascuales, fue posible el acercamiento a laprctica social misma, en sus expresio-nes ms genuinas. El haber podido combinar de forma adecuada y eficiente una serie de tc-nicas de recogida de informacin apartir de la correcta seleccin ycomplementacin, en el momento nece-sario y con la intensidad requerida,otorgan sin dudas, una gran porcin dela riqueza que encierran muchos de sustextos fundamentales. Es aquello que leposibilita salirse de los esquemas y pre-juicios de las teoras ms relevantes dela poca, y lo acerca a la esencia mis-ma del fenmeno sociocultural cubano. Evidentemente, en este aspecto encontramos una profunda huellasociolgica y antropolgica que invadeel quehacer orticiano. Si bien no puedeafirmarse que estas prcticas hayansido exclusivamente elaboradas al ca-lor del surgimiento y evolucin delpensamiento social universal, s resultaclaro que en su mayora conforman unaparte destacada de lo que podemos lla-mar hoy las herramientas metodolgicasutilizadas por dichas ciencias. Estas tcnicas fueron legitimndose comoresultado del desarrollo metodolgicoalcanzado durante la primera mitad delsiglo XX por las ciencias antropolgicas y sociolgicas del mundo en general. Algo ms es justo destacar acerca de las concepciones metodolgicas delmaestro cubano: histricamente, dentrode la Sociologa y otras disciplinas so-ciales ha existido un enfrentamientoentre quienes defienden una perspecti-va humanstica y cualitativa, que poneespecial atencin en el lenguaje, la in-terpretacin y el papel que desempea el actor por un lado; y por otro, entre quienes plantean un enfoque cientificistay cuantitativo. Estos ltimos enfatizan enla explicacin de los hechos, la medicinobjetiva de los fenmenos y sucontrastacin emprica. 17 Es caracterstico del primer grupo la utilizacin de la observacin participan-te, las entrevistas y las historias de vida;mientras que los cuantitativistas sue-len emplear ms la encuesta, laexperimentacin y las fuentes de da-tos estadsticos. 18 Las posiciones ms modernas y razonables, en este sentido, proponen laruptura de tal enfrentamiento, a partirde la aceptacin del pluralismometodolgico que caracteriza a lasCiencias Sociales. Este punto de vistaparte de la idea de que en estos cam-pos de estudio no existe un mtodonico, sino un conjunto de ellos, los cua-les deben usarse de manera alternativay complementaria, partiendo siempre,en ltima instancia, de la dimensin yparticularidades del objeto de estudio. 19 Sin lugar a dudas, en este punto el polgrafo cubano se encuentra a la van-guardia dentro del campo de lasciencias sociales en general, de nues-tro pas, y de la Sociologa en particular Ello fue as no slo por la aplicacin ydifusin de prcticas investigativasnovedosas y eficaces, muchas de lascuales no haban sido utilizadas nuncaantes en nuestro medio, o por los re-sultados cientficos alcanzados por elpensador en cada una de las esferas desu vasta obra. Mucho ms trascendental es que, desde pocas tan tempranas, comien-za a producirse en la estrategiametodolgica de Ortiz una combinacin

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161 clara de tcnicas y enfoques cuantita-tivos y cualitativos para el acercamientoa la realidad social. A partir de esta perspectiva no se privilegian unos uotros mtodos, sino que se aplican siem-pre segn los requerimientos yespecificidades del objeto de estudio ylas circunstancias concretas. Considero que este constituye un aporte vital de Fernando Ortiz a lasC iencias S ociales cubanas. Con ello se evidencia que ya en una poca tantemprana, este pensador tuvo la iniciati-va de combinar distintos enfoques en posde un resultado comn, lo cual constituye un momento de superacin, permiteromper esquemas lineales, y otorga unavisin ms completa de los fenmenose instituciones de la sociedad. Su valor se duplica al recordar que an hoy en tiempos de franco desarrollo de las Ciencias Sociales, existenprestigiosas escuelas y cientficos quecontinan enfrascados en el polmicoenfrentamiento entre cualitativistas ycuantitativistas, que tan poco til resul-ta para las cuestiones esenciales delconocimiento y las prcticas sociolgi-cas, y cientficas en general. 20 Notas1 Guiteras, Calixta. Fernando Ortiz: palparlo todo, olerlo todo, saborearlo todo. Gaceta de Cuba (La Habana) en-febr 1965, p. 4. 2 Mtodos de investigacin en las relaciones sociales. Madrid: Ediciones Rialp, S. A., 1971. El anlisis de la realidad social. Mtodos ytcnicas de investigacin. Madrid: Alianza Editorial, S.A., 1998.3 Ortiz, Fernando. “Bibliografa”. En: Los negros brujos La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1996. pp. 233-238. 4 _______. Del suicidio. Cuba y Amrica 22(2):40; 1906._______. Contra el alcoholismo. Ibdem,26(21):3-4; 1908.5 “Bibliografa principal”. En: Universidad de La Habana. Escuela de V erano. Pr ograma del cursillo de 1943 sobre “Factores etnogrficosde Cuba”. Pr of. Dr Fernando Or tiz. La Habana: Archivo Histrico de la Universidad de LaHabana, 1943.6 Guiteras, C. Op. cit. (1). p. 8. “Poco a poco esta actitud fue vencida y mu-chos se convencieron de que Ortiz los pro-tega, y recurran a l cuando tenandificultades con la polica, o iban espont-neamente a proporcionarle datos que sabanhaban de interesarle, y otros buscaban aRal o a Trinidad para que les sirvieran deintermediarios [...]”. 7 Ibdem, p. 5. “Don Fernando, entre otras cosas, le expre-s a Pepa [Josefa Herrera, santera, en cuyacasa Ortiz presenci muchos ritos y activi-dades religiosas] la necesidad que tena deuna persona que supiera del tambor y de lalengua yoruba, y le fue presentado Trini-dad. Pronto se sum a ellos, presentado porel mismo Trinidad, el joven Ral Daz, comoexcelente informante de los grupos congo yabaku o igo”. 8 Ibdem, p. 5. “Entre muchos conocidos [...] se destacandos [...] a los cuales Ortiz menciona cordial-mente en el umbral de su gran obra Los instrumentos de la msica afrocubana, [...] los seores Ral Daz y T rinidad T orregrossa, muy eruditos, expertos y consagradostamboreros o alaas de los ritos afroides;Don Fernando los conocer ya profunda-mente empeado en sus estudiosafrocubanos y la relacin entre maestro e in-formantes ser duradera”. 9 Entrevistas a algunos de sus informantes. Gaceta de Cuba (La Habana) en.-febr 1965. 10 Barnet, Miguel. Fernando Ortiz. Los negros esclavos. Granma (La Habana) 17 jul. 1981:4.

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162 11 Entrevista a T rinidad T orregrosa. Gaceta de Cuba (La Habana) en.-febr 1965. 12 Guiteras, C. Op. cit. (1). p. 8. 13 Ibdem. “Nunca tom notas durante una ceremo-nia por larga que fuese ‘porque tena mu-cha retentiva’. Al da siguiente, en entrevista con sus dos informantes se re-construa lo que se haba presenciado y es-tos explicaban el significado de cada objeto,de cada palabra, de cada gesto y el por qudel orden observado”. 14 Iznaga, Diana. T ransculturacin en Fernando Ortiz. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1989. p. 65.15 Entrevista a Emilio O’ Farril. Palero y santero. Gaceta de Cuba (La Habana) en.-febr 1965. 16 Sin olvidar sus permanentes sesiones de lecturas y estudios sobre todo lo nuevo y provechososurgido en el mbito intelectual, de las cienciastodas, del hombre y la naturaleza, con suconsiguiente superacin en el plano terico.17 Garca Ferrando, Manuel y Ricardo Sanmartn. “La observacin cientfica y la obtencin de datossociolgicos”. En: Op. cit. (2). p. 117. 18 Ibdem. 19 Beltrn, Miguel. “Cinco vas de acceso a la realidad social”. Ibdem, pp. 21, 46.Wrigth Mills, Charles. “La promesa”. En: La imaginacin sociolgica Ibdem, pp. 135-136. 20 Beltrn, Miguel. “Cinco vas de acceso a la realidad social”. Ibdem, p. 33.Otra bibliografa consultadaB ARNET M IGUEL Don Fernando Ortiz. Revolucin (La Habana) 3 febr 1965:3. _______. Fernando Ortiz en Cuba. Bohemia (La Habana) 56(3):8-9; 17 en. 1964. (Arte y Literatura) B OTT OMORE T OM y R OBER TO N ISBET comp. Historia del anlisis sociolgico. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1988. Diccionario ilustrado de cultura esencial Mxico: Reader ’ s Digest, 1999. Historia de Cuba. La neocolonia. Organizacin y crisis (1899-1940). La Habana: Editora Poltica, 1998. t. 3. G ARCA C ARRANZA A RACELI N ORMA S UREZ S UREZ y A LBER TO Q UESADA M ORALES Cr onologa: Fernando Ortiz. La Habana: Fundacin Fernando Ortiz, 1996. G UADARRAMA P ABLO Algunas particularidades del positivismo en Cuba.Islas (Santa Clara, V illa Clara) (76):103-124. _______ y M IGUEL R OJAS G "MEZ El pensamiento filosfico en Cuba enel siglo XX : 1900-1960. La Habana: Editorial Flix V arela, 1998. L E R IVEREND J ULIO “Prlogo”. En: Contrapunteo cubano del tabacoy el azcar La Habana : Editorial de Ciencias Sociales, 1983. ______. “Prlogo”. En: Ortiz, Fernando. "rbita. Fernando Ortiz. La Habana: Instituto Cubano del Libro,UNEAC, 1973. ______. T res observaciones acerca de la obra de Fernando Ortiz. Revista de la Biblioteca Nacional JosMart (La Habana) 72(3):37-44; sept.-dic. 1981. Miscelnea de estudios dedicados a Fernando Ortiz. La Habana: Impresores car Garca, S. A, 1955, 1956. t. 1 y 2. M UOZ T ERESA Confer encias de T eora sociolgica. Las especifici-

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163 dades epistemolgicas de nuestradisciplina. La Habana: Departamento de Sociologa, Universidad de LaHabana. (Indito) N EZ D IEGO La mentalidad positiva en Espaa. Madrid: Ediciones de la Universidad Autnoma de Madrid, 1987. O R TIZ F ERNANDO Cmo pensaba yo hace 30 aos. Ultra (La Habana) 1(2):167-172; ag. 1936. _______. Urgencias de la cultura en Cuba. Ibdem, 15(94):340-345; abr 1944. _______. La msica sagrada de los negros yoruba de Cuba. Ibdem,3(13); jul. 1937.Impartida en mayo de 1937. _______. Por la integracin cubana de blancos y negros. Ibdem, 13(77):69-76; en. 1943. _______. Entr e cubanos. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales,1986. _______. Estudios etnosociolgicos. La Habana: Editorial de CienciasSociales, 1991. _______. Etnia y sociedad. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1993. _______. "rbita. Fernando Ortiz. La Habana: Instituto Cubano del Libro,UNEAC, 1973. _______. Los negr os br ujos. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1996. P OR TUONDO G LADYS “El principio antropolgico y la superacin del po-sitivismo en Fernando Ortiz”. En: Antologa de historia de la filoso-fa cubana y latinoamericana.Humanismo e historia en Fernan-do Ortiz. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1990. La r eligin en la cultura. La Habana: Departamento de Estudios Sociorreli-giosos, CIPS, Editorial Academia, 1990. R ODRGUEZ I BEZ J OS E La perspectiva sociolgica. Historia, teora ymtodo. Madrid: T aurus Humanidades, Alfaguara, 1989. S ALERMO J UDITH La sociologa en el pensamiento orticiano. Algunos conceptos fundamentales tratados en suobra. Cataur o. Revista Cubana de Antr opologa (La Habana) 3(5):91108; 2002. U A J UREZ O CT A VIO “Perfiles de la Sociologa: Objeto, campo, temtica”. En:Praxis sociolgica / 2 ed. T oledo: Universidad de Castilla-La Mancha,Facultad de Ciencias Jurdicas y So-ciales, rea de Sociologa, EditorialAzacanes, 1996. pp. 1 1-50. _______. Cuestiones epistemolgicas especficas de las Ciencias Sociales.Barataria. Revista Castellano-Manchega de Ciencias Sociales(1):1 1-64; en. 1998. W RIGTH M ILLS C HARLES La imaginacin sociolgica. La Habana: Edicin Revolucionaria, 1966. Otras fuentesContratos de la Escuela de V erano, 19411955. Archivo Histrico de la Univer sidad de La Habana. (Sin clasificar)

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164 Expediente administrativo # 9 675. Fernando Ortiz. Archivo Histrico de la Universidad de La Habana. Universidad de La Habana. Escuela de V erano. Programa del cursillo de 1943 sobre “Factores etnogrficos de Cuba. Prof. Dr Fernando Ortiz”. Archivo Histrico de la Universidad de La Habana.

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165 Las races del consenso El 30 de junio de 1961, al tiempo que Fidel Castro conclua sus reuniones enla Biblioteca Nacional con una nutridarepresentacin de intelectuales cuba-nos, sala de la ciudad, por la puerta deservicio, la idea de la cultura como “altacultura”. Esta idea, que haba gozadode tradicin letrada en la repblica bur-guesa, ahora se vea obligada a tomarel camino hacia V arennes. Aunque casi ninguno recorri la isla entre Santiagode Cuba y La Habana en la caravanade la libertad, los intelectuales cubanoshaban festejado mayoritariamente eltriunfo revolucionario y haban vistocambiar a un ritmo vertiginoso el con-tenido de lo que se entendera porcultura en Cuba. Con la Revolucin, los marcos del modelo de la institucionalidad democr-tica burguesa y de la idea prevalecientesobre la democracia, del papel del in-telectual como elite letrada y de lapropia concepcin de la cultura, fuerondesbordados por los nuevos habitantesde la ciudad poltica. Desde el inicio dela Revolucin en 1959, y durante suproceso, la creacin de la nuevasocialidad pas en la prctica por la re-futacin del pasado, hecho que devino en una categora central de la nuevacultura poltica. La prdida del respetohacia ciertos valores del pasado propi-ci, sobre todo, la rebelin culturalcontra la propiedad privada y la cadade toda la fuerza simblica que podadenotar an aquella democracia repre-sentativa. La ruptura de las jerarquassociales, la igualdad como valor –queya era un ingrediente de la cultura po-ltica cubana–, el reconocimiento delderecho a la propiedad sobre la tierra yla vivienda a grandes segmentospoblacionales, la apropiacin de la ciu-dad como espacio pblico real, la salidade los y las adolescentes del claustro fa-miliar y su entrada masiva al ruedo delo social, la universalizacin de la ense-anza, la relativa nivelacin de losingresos, la socializacin de la economa,la abolicin (ms tarda) de la propiedadprivada y su reduccin a la escala de lapropiedad personal, el involucramientoactivo en la poltica, la fuente popular delpoder la nueva escala de ascenso social que se instauraba, junto a labancarrota de las clases polticas y eco-nmicas hasta ese momento dominantes,iran creando una nueva cultura en Cuba. La Revolucin hered una escisin entre poltica y cultura, o ms bien en tre El camino de las definiciones.Los intelectuales y la polticaen Cuba (1959-1961) Julio Csar GuancheInvestigador historiador y etnlogo

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166 los intelectuales y la poltica oficial, quese reflejaba en la incontaminacin de lamayora de los intelectuales con el r-gimen anterior Si lo ungido por la poltica era convertido al barro de la co-rrupcin, era preciso buscar en la culturalos “cotos de mayor realeza”. El repliegue de algunos intelectuales hacia elterritorio exclusivo de la cultura cons-titua en aquella hora una definicin: elnihilismo ante la poltica haca las ve-ces de resistencia cultural. Durante la dcada del veinte, se haba conseguido la reunin de la polticay la cultura, al punto en que una no hu-biese podido avanzar sin la otra. Deeste cambio fueron eptomes la crea-cin de los movimientos estudiantil,obrero, comunista, femenino, as comola consolidacin de la idea delantimperialismo sobre la del antinger encismo De no existir este cambio poltico esencial, la cultura nose habra encontrado con la vanguar-dia y hubiera seguido en los prediosestticos del siglo XIX A diferencia de otros movimientos culturales de la pri-mera mitad del novecientos, larenovacin de los aos veinte en Cubano fue anunciada por un manifiesto,sino por una protesta cvica. El movi-miento intelectual cubano modernonaci as in medias r es publicas. La fractura entre cultura y poltica, entreel intelectual y el poder oficial, sobre-vendra despus de los aos cuarentacon la cada de una esperanza popular:la revolucin “Autntica”. La revolucin de 1930 se haba constituido en el capital simblico de loscubanos, el evento al que se referirala mayor parte de los programas parti-distas, la instancia de prestigio histrico de los polticos y la herencia de dondeprovino el mayor mito poltico de laCuba republicana burguesa: la Consti-tucin de 1940 En la dcada del cuarenta, el “autenticismo” fue la corriente polticaque se identific como principal lega-taria de los postulados de 1930.Prometi justicia social y prosperidadeconmica, a pesar de lo cual debi es-perar hasta 1944 para triunfar en laselecciones. Despus de conseguirlo, sefue al despeadero de la corrupcin. Suhija prdiga, la ortodoxia, intent capi-talizar la frustracin alimentada en el“relajo”, segn expresin de Ral Roa,en el que se haba convertido la vidanacional. El cisma entre los intelectuales y el poder avanzara en los aos cincuentacon la poltica cultural formulada porFulgencio Batista, a travs del Institu-to Nacional de Cultura, que no pudo,por ms que lo intent, contar con loms valioso de la creacin cubana.Desde Alicia Alonso y W ifredo Lam, hasta Jos Lezama Lima y Alejo Carpentier unos en Cuba y otros en el extranjero, todos se mantuvieron dis-tantes del Palacio Presidencial. Elespectculo mostrado por la poltica ofi-cial en aquel lapso no poda ofrecer aun espritu elevado otro alivio que elconsuelo de las almas tristes, las cua-les encontraron su ruta hacia Damasco,su mejor definicin, en la oposicin mso menos indirecta a Batista, o en la cl-sica torre de marfil. Aunque la hegemona burguesa se complejiz en gran medida despus de1930, no lleg a estructurarse un bloquehistrico con suficiente consenso comopara que su clase poltica dispu siera

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167 de estabilidad. “La historia social ense-a que no hay poltica social sin unmovimiento social capaz de imponerlo”,la idea de Bourdieu, se verific en laisla ad pidem litterae y puede extenderse al campo de la cultura. Si la accinde masas oblig a la poltica a que lastuviera en cuenta, en las dcadas delcuarenta y el cincuenta la actividad de los intelectuales formul distintas refu-taciones de la poltica y la culturaoficiales de la repblica burguesa, ysostuvo espacios de apertura en mediode grandes dificultades. Ciudades letra-das como Nuestro T iempo, Orgenes y Cicln la Direccin de Cultura del Ministerio de Educacin bajo el mandatode Ral Roa y las posiciones en el cam-po de estudios de la Historia de RalCepero Bonilla, Carlos RafaelRodrguez o Rafael Soto Paz, son ejem-plos de ello. Aunque haba adelantado mucho en la denuncia de los males de la repbli-ca burguesa, el discurso intelectualsobre la frustracin nacional, localizabledesde la segunda dcada del siglo XX en buena parte de la produccin cultu-ral cubana, no pudo diagnosticar en losaos cincuenta la crisis mayor de la he-gemona republicana. Sin embargo, laimplicacin de los intelectuales en elentramado institucional de la cultura,fuera en las ctedras universitarias, laUniversidad del Aire o la Sociedad Cultural Nuestro T iempo, expres un estado de descontento y frustracin quea la larga condujo a la mayora de losintelectuales cubanos, desde JorgeMaach a V ir gilio Piera, a adscribir se al triunfo del primero de enero. Perola creacin del campo cultural que ha-ra confluir a la izquierda con el marxismo despus de 1959, sera unasunto mucho ms complejo.Radicalizacin y rupturas Los intelectuales cubanos no se hallaron en 1959 ante una Revolucintriunfante que les impusiera una tomade posicin ideolgica. En aquella fe-cha, no existan tradiciones ideolgicasidentificables con partidos polticos, sinoms bien afinidades poltico-electorales.La ideologa que ostentaba el mayorpeso simblico era el nacionalismo,especficamente en su variante refor-mista –aunque en el plano de la culturapoltica las ideologas del liberalismo yel socialismo tambin jugasen un papelimportante. De esa manera, era lgicoque una revolucin nacionalista como lade 1959 concitara el apoyo de la ma-yor parte del arco ideolgico nacionaly arrastrara consigo a la mayora de losintelectuales que llevaban buena partede sus vidas denunciando la existenciade una patria sin nacin. La polmica de la hora sobre el perfil, la naturaleza, de la ideologarevolucionaria no era exclusivamenteuna cuestin terica: buscaba interpre-tar el margen de lo aceptableideolgicamente dentro de esa Revolu-cin. Lo que en 1959 era para CheGuevara “un nacionalismo de izquierda”,para Jean Paul Sartre “una Revolucinsin ideologa” y para Fidel Castro “unaRevolucin verde como las palmas”, de-jaba abiertas las posibilidades para quela mayor parte de los sectores del pas se sintieran incluidos en el hecho revo-lucionario. Los intelectuales cubanos,los cubanos en general, tenan ante sun nuevo mundo que deban, al unso-no, imaginar y construir La fundacin

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168 de la Imprenta Nacional, la creacindel Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematogrficos (ICAIC) y de laCasa de las Amricas, la Campaa de alfabetizacin, el plan de becas, la na-cionalizacin de los medios masivos decomunicacin –tras marcharse del pasl os propietarios de la mayor parte de ellos–, el apoyo otorgado por el Go-bierno Revolucionario al Ballet deCuba, a la Orquesta Sinfnica y a laBiblioteca Nacional, la proyeccin deconstruir la Academia de Artes, entre otros muchos eventos, haca suponer que todo era posible en Cuba menos laoposicin de los intelectuales a la Re-volucin. Pero la historia, como le haba dicho Alexander Blok a los intelectuales ru-sos a propsito de la Revolucin, habapuesto una autntica bomba sobre lamesa. Los que haban tomado el poderen Cuba no constituan una familiaideolgica homognea ni provenan deun nico partido organizado para la Re-volucin, ni haban transitado el caminode la subversin con ptimas relacionesentre s, ni los manifiestos que habanrubricado de conjunto eran tan precisoscomo para comprometerlos en algo tanesencial como las formas, las vas, deconstruir una revolucin en Cuba. El triunfo cubano no fue la excepcin a la regla de que la victoria notiene jams un rostro hermoso. La ober-tura al combate entre la Montaa y laGironda cubanas se produjo con las es-cisiones del Movimiento 26 de Julio(M-26-7), el arresto del comandanteHuber Matos, la traicin del jefe de laFuerza Area Rebelde, Pedro Luis Daz Lanz, y la sustitucin de variosministros del Gobierno revolucionario, incluidos algunos pertenecientes al alaanticomunista del Movimiento 26 de Ju-lio. Pero quizs el combate final, dondese haran ya completamente explcitosganadores y perdedores en esta nuevaetapa, comenz a librarse en las reunio-nes celebradas los das 16, 23 y 30 dejunio de 1961 en la Biblioteca Nacional,devenidas en teatro de operaciones deuna batalla por el control de la cultura,pero tambin, y sobre todo, por el con-trol del rumbo revolucionario. El ao 1961 es a la Revolucin Cubana lo que 1793 a la francesa. En esteao la Montaa se sali de la modera-cin impuesta por el equilibrio depoderes y el vaco ideolgico, y seradicaliz a un ritmo violento de cambios,acab con la estructura econmica delAncien Regime suprimi sin indemnizacin los restos de derechos feudales,confisc las posesiones de los emigra-dos, ejecut a Mara Antonieta y a los girondinos, triunf sobre los insurrectosde la Vndee, y llev adelante el movi-miento de descristianizacin. 1 En 1961, por su parte, se estrell la “indefinicinideolgica” de la Revolucin Cubana: losEstados Unidos rompieron relaciones diplomticas con Cuba, se promulg laley de nacionalizacin de la enseanza,se expuls al clero falangista, se desa-rroll la Campaa nacional dealfabetizacin, se venci en las arenasde Playa Girn a un ejrcito de exiliadosorganizado y financiado por los Esta-dos Unidos, se proclam el carctersocia lista de la Revolucin y comenz el intercambio comercial y econmicocon la Unin Sovitica imprescindiblepara la sobrevivencia de la Revolucin. La dirigencia revolucionaria cubana no estaba dispuesta a reeditar el error

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169 comn a los jacobinos, a losdecembristas rusos, a los levellers ingleses, e incluso a los bolcheviques dela primera hora: pretender hacer unarevolucin social desde una vanguardiarevolucionaria, sin una clase revolucio-naria que la apoyase. A tal fin, haba ya nacionalizado, antes de abril de 1961 yen respuesta a la escalada agresiva delos Estados Unidos hacia la Revolucin,los grandes sectores de la economa: latierra, la refinacin de petrleo, el az-car la electricidad, los telfonos, la vivienda, el cemento, la banca, el co-mercio exterior Si ello se haba producido antes de proclamarse socia-lista la Revolucin, las aprehensioneshacia esta encontraban la misma justi-ficacin con la que se criticaba desdeel inicio el talante socialista de la Re-volucin de Octubre. Con todo, el socialismo no era una doctrina desconocida en Cuba. La re-volucin de 1930 haba provocado quese abrieran paso diversas ideas del so-cialismo, pues “lo social” pas a formarparte desde entonces de casi todos losprogramas polticos. De la especie desocialdemocracia del Partido Revolucio-nario Cubano (Autntico) –cuyo lemaera “Nacionalismo, democracia y socia-lismo”– al socialismo marxista-leninistadel Partido Comunista-Partido SocialistaPopular pasando por las formulaciones socialistas de Joven Cuba, de la Juven-tud Ortodoxa y del DirectorioRevolucionario (DR) de 1956, la diver-sidad de modos de entender elsocialismo posea en la isla un vasto te-rritorio. Pero, al mismo tiempo, elanticomunismo tambin jugaba con efi-cacia el papel a l asignado durante laGuerra Fra. De modo que la variante socialista-comunista era rechazada en-tre las preferencias ciudadanas. Eltemor a que los ideales democrticos yhumanistas de la Revolucin fuesen“traicionados” y fuese arrojada al re-gazo del comunismo internacional –otravez las imgenes del Gran Miedo y elT error blandidos ahora por los jacobinos del trpico, utilizadas tambin por losformuladores norteamericanos de pol-tica exterior–, comprenda tanto asocialistas antiestalinistas como a revo-lucionarios antisocialistas. Las reuniones con los intelectuales en la Biblioteca Nacional expresaranestas tensiones de modo ejemplar Convocadas en principio por la negativa delICAIC a distribuir el documental PM, de los realizadores Sab Cabrera In-fante y Orlando Jimnez, despus deser exhibida en el espacio “Lunes enT elevisin”, y discutida en una reunin en Casa de las Amricas convocada por el Consejo Nacional de Cultura, lamodesta obra sobre los bajos fondoshabaneros se constituy en piedra deescndalo, aunque de ningn modo enla causa ms profunda del evento. Enla superficie, ese mvil pareca ser elfantasma del estalinismo, que recorraEuropa como haba hecho cien aosatrs el comunismo. Para algunos, lacensura a una obra de arte marcaba elinicio de la conquista del espacio polti-co cubano por la ideologa y la prcticadel estalinismo, preocupacin expresa-da en una pregunta crucial representada grficamente en el miedo que manifes-t sentir V ir gilio Piera en su intervencin: cules seran los lmites dela creacin intelectual en la Revolucin? Sin embargo, la causa esencial de las discusiones ventiladas durante el Y enn

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170 cubano deben buscarse en otro plano:en la relacin entre: a) la necesidad de la Revolucin de sobrevivir; b) el derecho a (y el poder de) definir qu significaba la Revolucin; c) a quin correspondera la libertad de opinar sobre (y juzgar a) la Revolu-cin. La dilucidacin de estas cuestiones no puede dejar de tomar en cuenta elmarco poltico, las circunstancias queencaraban la continuidad y fortaleci-miento de la Revolucin, para poderentender el argumento prctico de esosaspectos en las condiciones especficasde un pas como Cuba en un momentode conflicto esencial con la principalpotencia imperialista mundial. Al decir en el discurso de clausura de aquellas reuniones –archiconocidocomo Palabras a los intelectuales– “nuestra preocupacin fundamental hade ser la Revolucin”, Fidel Castro noestableca una jerarqua ni una prioridaden la atencin a los problemas plantea-dos, sino que consideraba en peligro ala Revolucin misma, y convocaba adefenderla desde ese presupuesto:“Cul debe ser hoy la primera preocu-pacin de todo ciudadano? Lapreocupacin de que la Revolucinvaya a desbordar sus medidas, de quela Revolucin vaya a asfixiar el arte, deque la Revolucin vaya a asfixiar el ge-nio creador de nuestros ciudadanos, ola preocupacin de todos no ha de serla Revolucin misma?”. 2 En general, el entramado geopoltico que contextualizaba la Revolucin Cu-b ana abra escasas alternativas para un rgimen poltico de vocacin inde-pendiente. Sobre Cuba presionaban factores estratgicos de importanciatrascendental. Por una parte, estaba lapoltica de coexistencia pacfica de laURSS, reformulacin de la doctrina del“socialismo en un solo pas”, que en loshechos implicaba no atacar para no seratacado, y conllevaba la renuncia a lacondicin internacional, y por ende in-ternacionalista, del socialismo, hechoque llev a la URSS a no reconocer queuna Revolucin socialista se verificabaen Cuba hasta 1962. Por otra parte, sehallaban las crisis de Laos y el Congoque ocupaban, junto con Cuba, el cen-tro de atencin de la administracinnorteamericana hacia el T ercer Mundo, y significaban, en el caso de triunfarel Pathet Lao, la prdida de todo el su-reste asitico para el “mundo libre”,segn la expresin de Eisenhower y en el caso de una victoria para la causadel Congo belga el triunfo de una posi-bilidad revolucionaria “en el eslabnms dbil de la cadena imperialista”,segn expresin del Che Guevara –po-sibilidad que l personalmente intentadelantar con la experiencia guerrille-ra que organiz en ese pas. Lasreacciones a estos escenarios fijabanun marco en extremo peligroso para laRevolucin triunfante en la mayor delas Antillas, como se verificara en su ms alto grado con la Crisis de Octu-bre de 1962. Las agresiones armadas a Cuba, la puesta en marcha del bloqueo econmi-co, financiero, diplomtico, comercial; losatentados y sabotajes contra la economa y la poblacin civil, la organizacinde guerrillas contrarrevolucionarias,hechos que generaron con toda raznuna conciencia de plaza sitiada entrelos cubanos, e hicieron de la defensa

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171 de la Revolucin una obligacin de todos los revolucionarios, estn hartodocumen tados como para ensayar aqu un inventario. Por esta razn, de lostres corolarios que sealo como resul-tantes de la discusin que producePalabras a los intelectuales slo desarrollo en lo adelante, en epgrafes independientes, los dos ltimos seala-dos: lo que llamo “el derecho y el poderde definir lo revolucionario” y “la liber-tad de opinar sobre (y juzgar a) laRevolucin”.El der echo y el poder de definir lo r evolucionario La definicin de qu ira entendindose por lo r evolucionario el segundo de los corolarios que he extrado dePalabras a los intelectuales march a la par de la nueva socializacin re-volucionaria y del acomodo poltico delas diversas organizaciones que lleva-ron –con su aporte desigual– al triunfode enero. Con excepcin de ManuelUrrutia Lle, el nico funcionario nom-brado con anterioridad a 1959 en uncargo de la Revolucin, al ser anunciadodesde la Sierra Maestra como presiden-te del futuro Gobierno Provisional,nadie saba qu le deparara. T odos tenan, o crean tener el mismo derecho a participar del poder que ella habaconquistado con el apoyo de todos. Lasrelaciones de fuerza dentro de la Re-volucin se estableceran a partir de lasnuevas circunstancias creadas, y el po-der de las organizaciones se ampli, seredujo o qued destruido en un proce-so en el cual el expediente de la luchainsurreccional no fue tomado en cuen-ta con exclusividad al ocupar losnuevos espacios. El Movimiento 26 de Julio, que llev el peso fundamental de la lucha y apor-t la estrategia de la victoria, constituauna masa irregular desde el punto devista ideolgico, capaz de contener elanticomunismo de Huber Matos y elcomunismo sin partido de Ernesto CheGuevara, pasando por el nacionalismorevolucionario de Faustino Prez o Ar mando Hart y las ideologas delMovimiento de Resistencia Cvica, elFrente Obrero Nacional, MujeresOposicionistas Unidas, entre otras or-ganizaciones que guardaban relacincon el M-26-7. El Directorio Revolucio-nario, representante de la herencia delos estudiantes cubanos, contaba consus ideales avanzados y sus accionesen la clandestinidad, el asalto al Pala-cio Presidencial en 1957 y la luchaguerrillera en el Escambray en 1958.Esta organizacin vivira su ocaso pro-gresivo a partir del 8 de enero de 1959,cuando fue cuestionado pblicamentepor ocupar el Palacio Presidencial, laUniversidad de La Habana y el cuartelde San Antonio, entre otros enclaves, hasta su disolucin ntegra en las Orga-nizaciones Revolucionarias Integradas(ORI), una vez creadas en 1962. 3 El Partido Socialista Popular (PSP) de filiacin sovitica como la mayora de lospartidos comunistas de entonces, habadesarrollado una intensa labor entre lasmasas trabajadoras del pas, y con ellohaba contribuido a crear la tradicin re-volucionaria de justicia social y denecesidad de cambios sin la cual unainsurgencia armada no hubiese podidotriunfar en Cuba en slo dos aos. Estatradicin contaba con la historia de los soviets creados en los centrales azucare-ros en los aos treinta y con las figuras

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172 cimeras de Julio Antonio Mella, Rubn Martnez V illena y Jess Menndez. 4 La idea de que un “grupo de revolucio-narios pequeoburgueses fuera losuficientemente firme como para man-tener una revolucin antimperialista ytransformarla despus en la Revolucinsocialista”, 5 que aparece en las T esis de Enero de 1959 del Partido Socialis-ta Popular les pareca a los comunistas cubanos inviable y errada. Los comu-nistas cubanos no se embarcaron enuna lucha que pasara por el terreno delas armas –amn de iniciativas segui-das a partir de la segunda mitad del ao1958 como la de enviar a Carlos Ra-fael Rodrguez a la Sierra Maestra y elhecho de aceptar el alzamiento de FlixT orres en Las V illas. En los meses finales de ese ao, la lnea general delPSP consisti en colaborar con la prin-cipal organizacin que estaba ganandola guerra, pero no integrarse plenamen-te a la lucha insurreccional. Antes, y al modo de los socialdemcratas rusos, loscomunistas cubanos haban denunciadoel “terrorismo”, por obstaculizar la am-pliacin del movimiento de masas, ycondenaron como putshistas las accio-nes tanto del M-26-7 como delDirectorio Revolucionario. Y a entrado el ao 1959, una autocrtica de BlasRoca reconocera los errores cometidospor su partido y este se integr plena-mente a las tareas revolucionarias. Destruidas las organizaciones antibatistianas que se opusieron rpida-mente a la Revolucin, con elDirectorio Revolucionario sin mayorpeso poltico y el PSP slo con su basesocial tradicional en algunos sectoresobreros, el M-26-7 era el llamado a re-presentar y definir la Revolucin. Si bien en su respuesta a la Junta deMiami, Fidel Castro haba establecidoque su Movimiento ostentaba legtima-mente la representacin de laRevolucin, tambin haba afirmado queeste no participara en el Gobierno Pro-visional revolucionario. 6 En cumplimiento de ese enunciado, con el triunfo no seconfiri el poder ni al M-26-7 ni a orga-nizacin poltica alguna, como va paramantener el consenso y evitar los con-flictos que sin duda se ge neraran, o en su caso agravaran, entre las distintasorganizaciones y se conservaron las ga-rantas de poder necesarias a travs delEjrcito Rebelde. Asimismo, despus del triunfo revolucionario, la propia he-terogeneidad del M-26-7 se ajustaraprogresivamente al pensamiento polti-co recreado en la Sierra Maestra, queheredara en lo adelante todas las tra-diciones revolucionarias, nacionalistas ypopulistas cubanas, desde la ortodoxiade Eduardo Chibs y el MovimientoNacionalista Revolucionario, de RafaelGarca Brcenas, hasta las ideologasdiversas del DR y de los comunistas. De este modo, el nfasis puesto en el contenido humanista de la Revolu-cin triunfante en 1959, constitua unadeclaracin de contenido abierto quebuscaba una base de apoyo y no exi-ga tomas de posicin que alienasen deltriunfo a fuerzas significativas. Sin embargo, la escalada de radicalizaciones de la Revolucin fren-te a la poltica de agresiones de losEstados Unidos y el contexto polticointernacional haban puesto a Cuba, sindesearlo de inicio ninguna de las dosnaciones, en el camino de la Unin So-vitica. Esta sola circunstancia otorgmotu pr oprio un nuevo papel al PSP

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173 La representacin de la Revolucin,ejercida a nombre del Gobierno revo-lucionario, cont cada vez ms con loscomunistas, que supieron cmo forta-lecer su posicin al interior del pashaciendo uso de toda su experienciapoltica y de sus relaciones para cimen-tar el camino hacia la URSS, comogaranta de la sobrevivencia de la Re-volucin. Esta cuestin estaba en el fondo de las discusiones sostenidas en la Biblio-teca Nacional en junio de 1961. En elConsejo Nacional de Cultura posea unagran influencia la Comisin Cultural delPSP Por su parte, el M-26-7 no poda ocultar la presencia entre su membresade una ideologa antipesepista en un caso, pero asimis mo anticomunista en otros, renuente a cada nuevo avance delas figuras del PSP hacia la toma dedecisiones. El Gobierno revolucionarioencontrara de este modo su Rubicnen la Biblioteca Nacional: haba quedecidir a quines dejaba en el caminoy con quines continuaba adelante. La discusin suscitada alrededor de PM en la Biblioteca Nacional concluy con el cuestionamiento ntegro a la cons-telacin ideolgica del filme, la misma delsemanario Lunes de Revolucin del peridico Revolucin y en su conjunto, de toda un ala del M-26-7. Comoparte de ese proceso, esa zona, lideradapor Carlos Franqui, protagonizaba a suvez una batalla por el control de la cul-tura, de la cual eran PM y Lunes… instrumentos indirectos en la va de ga-nar el poder poltico que contribuyera aganar el rumbo de la Revolucin. La respuesta a la existencia de esa conflagracin la dio Fidel Castro en eldiscurso de clausura de esas reuniones en un doble plano: poltico e ideolgico.Desde el punto de vista poltico procla-m que no se poda “armar a unoscontra otros”, refirindose a los ataquesde Lunes de Revolucin contra miembros del grupo Orgenes, pero en loshechos debi desarmar precisamente aunos contra otros al privar de sus me-dios de expresin a esa ala que decapresentar batalla “a los comunistas” ytraa la “desunin” en el medio intelec-tual. En el plano ideolgico, pudoafirmar el carcter abierto de la Revo-lucin y presentar esa exclusin comouna necesidad de la Revolucin en be-neficio de todos. La polmica con Lunes… expres a su vez tambin un doble plano: estticoy poltico. Desde el punto de vista est-tico, el semanario simboliz la lucha entretradiciones culturales diversas: por unaparte, los seguidores de la cultura de lavanguardia norteamericana en su reac-cin contra la caducidad del esprituburgus, influenciados por la vertientebeatnik del “contra todo y contra todos”, o por la de los young angry men ingleses, segn les imputara Jos Antonio Portuondo; y por la otra, los seguidores de la cultura europea oespecficamente panhispana. Esto es,en Lunes… se verificaba tambin una disputa esttica entre los crticos delbarroco como suerte de medioevo es-t tico, idea que arrastraba con todo el pasado potico nacional para “poner ensu lugar” la poesa, versus los que encontraban en esta posicin no ms queuna nueva formulacin de la antiqusimatradicin del parricidio de las influenciasy las herencias mayores. Al mismo tiempo, desde el punto de vista poltico, Lunes… expresaba

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174 un grupo de poder independiente. El reconocimiento de la legitimidad paraoperar desde esa independencia habrapuest o en solfa el modelo de formacin de opinin pblica que se venagestando en Cuba en el contexto delas necesidades de la sobrevivencia dela Revolucin, basado en la centraliza-cin de la orientacin ideolgica. Unode sus impugnadores, de antiguo militante del PSP el crtico y ensayista Jos Antonio Portuondo, le criticaba a la publicacin seguir “la onda de afue-ra”, en una especie de neocolonialismocultural, pero lo cierto es que fue el r-gano oficial de la indefinicin propia dela Revolucin hasta 1961. La reunin de la Biblioteca Nacional no hara las veces del Congreso delPartido Obrero Socialdemcrata rusode 1903 del que emergi la divisin en-tre bolcheviques y mencheviques.Como resultado de la operacin ideo-lgica realizada en la BibliotecaNacional alrededor de Lunes…, eran todos y no una parte quienes podrandefinir el contenido de lo revoluciona-rio. Esa connotacin de todos idea-fuerza de cualquier revolucin deproyeccin social, que en Cuba tienesus races en Jos Mart, traera diver-sas consecuencias. Quines erantodos ? Los presentes en la reunin, los intelectuales en general, los intelec-tuales revolucionarios? La definicin deFidel no se diriga slo al campo inte-lectual, sino al conjunto de la poltica:todos eran los revolucionarios. En otras palabras, la cuestin cubana nose dirimira entre diggers contra levellers, o entre bolcheviques contra mencheviques, aunque tampoco entreZinoviev contra Bujarin o entre T rotsky contra Stalin. Se prohiba por los revo-lucionarios cualquier tipo de oposicina s mismos. El todo devena en un pa trimonio poltico de los revolucionarios. Ofreca la mayor libertad para actuar ytambin permita legitimar la prohibicinde las conductas impropias, colocaba enel plano del arbitrio poltico el ejerciciode ciertos derechos, y aseguraba algofundamental: la Revolucin era capaz deintegrar a todos los que no renunciaran “incorregiblemente” a ella. La ideolo-ga de la Revolucin aseguraba no estarreida ni con el cristianismo, ni con elarte abstracto, ni con el cine polaco, nicon los recolectores de bayas en tiem-pos de revoluciones, slo con lacontrarrevolucin. Esa lnea divisoria nomostr entonces todo el filo de su deter-minacin, gracias al consenso entreintelectuales y Revolucin, pero traeradiversas consecuencias en el futuro porel filo no menor de su discr ecionalidad “Dentro de la Revolucin todo, contra la Revolucin nada”, la fraseemblemtica de Fidel que ha funciona-do como resumen de la poltica culturalrevolucionaria, no responda nicamentea la pregunta que en tal sentido formu-lara durante la reunin el escritor MarioParajn, sino que era una declaracin dela posibilidad y de su lmite : la posibilidad de entender la creacin artstica, y con ella la Revolucin y el socialismo, desde posiciones diversas –con la afir-macin consiguiente de un derecho aldesacuerdo entre los revolucionarios–,y el lmite de considerar el control poltico de qu era entendible por lo r evolucionario como un elemento integrante de la raison de tat cubana. Con las reuniones de Palabras a los intelectuales la intelectualidad cubana

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175 gan una definicin democrtica. Nohabra estticas oficiales, ni corrientestericas podran ser tomadas de modoexcluyente respecto a otras visiones delmundo, salvo aquellas que atentarancontra las bases de la Revolucin, lo quede hecho permita una gran libertadcreativa y la apertura del clima que pu-diera garantizarla. Al mismo tiempo, el Gobierno revolucionario gan el derechode controlar legtimamente el consumode la produccin cultural desde “el pris-ma revolucionario”. Ambas ganancias se complementaban: entre la intelectualidadrevolucionaria y el poder revolucionariohaba ms que objetivos comunes, am-bos no se vean como distintos Los intelectuales y el Gobierno firmaron a conciencia un pacto que podratener a Gramsci y a Sartre comomentores intelectuales: la esfera de lacultura es tambin un asunto poltico ylos intelectuales deben estar comprome-tidos. Si “el arte de la prosa es solidariocon el nico rgimen donde la prosa tie-ne un sentido: la democracia”, comoafirm Sartre en Por qu se escribe?, 7 la labor del intelectual cubano encontraba su Hosanna en la Revolu-cin –al modo en que bien lo argumentaAmbrosio Fornet en El intelectual y la Revolucin Pero no fueron los intelectuales en general y el Gobierno revolucionario losnicos que obtuvieron rditos de esasreuniones. T riunf tambin la tradicin cultural y or ganizativa del PSP Como no era posible conceder “armas a unoscontra otros” se haca necesario dotara la intelectualidad de una estructurarepresentativa que los agrupase a todos,a travs de la cual pudiesen reclamarderechos y obstaculizar amenazas. El apoyo ofrecido al Consejo Nacional de Cultura en la Biblioteca Nacionalhizo posible recurrir a la antigua experien-cia del PSP en el campo cultural, queposea como patrimonio los xitos logra-dos en el trabajo que, desde 1938, venadesarrollando hacia los escritores y artis-tas, sobre todo a travs de la SociedadCultural Nuestro T iempo, fundada en 1951. La creacin de la base institucionalde la cultura, reclamada por el discursode Fidel, se fundament en la experien-cia prctica y organizativa de estaSociedad, as como la organizacin de es-critores y artistas que se creara estabaprefigurada ya desde 1938. Entonces loscomunistas se propusieron crear la Uninde Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), que anunci la creacin deuna revista llamada Unin ttulo que tomara precisamente la publicacin a razde Palabras a los intelectuales junto a la aparicin de La Gaceta de Cuba nombre que recibi esta en homenaje ala Gaceta del Caribe revista tambin de inspiracin comunista. La colocacin de esta tradicin en planos centrales de la poltica culturalrevolucionaria explicar algunos de loseventos ocurridos en el futuro inmedia-to a esas reuniones en los mbitos dela poltica prctica y de la ideologa,como sera la reedicin de la poltica so-vitica seguida durante los aos veintede colocar a algunas figuras controver-tidas en embajadas en el extranjero, ymantenerlas as alejadas de la poltica,como hizo en Cuba el Consejo Nacio-nal de Cultura presidido por EdithGarca Buchaca; y el entendimiento dela cultura y el arte como “armas en elcombate revolucionario y en la educa-cin de las jvenes generaciones”.

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176 La liber tad de opinar sobr e (y juzgar a) la Revolucin La Revolucin necesit construir el ciudadano que poda oficiar en la nue-va democracia que instauraba, de locual formara parte la extensin de laeducacin superior la naciente promocin social del campo hacia la ciudad,la Campaa de alfabetizacin, entreotros muchos eventos. Pero la catego-ra de ciudadano, en un medio que ponafin aceleradamente a todas las ideas dedemocracia hasta entonces conocidasen Cuba, no poda gozar de la abstrac-cin jurdica que le caracteriza. Laconcesin de derechos polticos no seotorgara entonces segn la condicinlegal del ciudadano sino a travs del estatus poltico del r evolucionario En 1961 el derecho a opinar sobre –esto es, juzgar criticar enjuiciar a– la Revolucin correspondera inequvoca-mente a los revolucionarios. Pero laRevolucin recreaba constantemente lacantidad de sectores y de personas re-volucionarias. Los “viejos” sujetosrevolucionarios ya no estaran solos enla escena poltica, y pasaron a compar-tirla rpidamente con otros –noprecisamente “revolucionarios del 2 deenero” como calific el pueblo a losarribistas– y a participar de la comple-jidad de nuevos escenarios. "rganoscomo Revolucin Hoy y Combate estaran junto a Casa de las Amricas, el ICAIC, y una hornada de muy jvenesintelectuales comenzara a expresarsea travs del propio Lunes de Revolucin y de Ediciones Revolucionarias, entre otras muchas instituciones y es-pacios que ira creando la Revolucin,como lo seran en lo adelante El Caimn Barbudo y los premios UNEAC. Estos jvenes intelectuales no haban participado, como tampoco los antiguos,en la insurreccin armada, lo que plan-teaba en los hechos el problema de siexista o no un derecho a opinar y juz-gar a la Revolucin sin haber formadoparte de esa pica. Al mismo tiempo, no exista ya el problema de si le correspon-da o no el derecho de expresarse a laburguesa. Este haba sido zanjado conla destruccin de la prensa burguesa, tanto la plegada a Batista como la quehaba prestado importantes servicios ala Revolucin, y todava ms con la pro-pia destruccin de la burguesa comoclase social. De este modo, slo que-daba en pie el problema planteado porJean Paul Sartre en su reunin con losintelectuales cubanos de 1960: la liber-tad de los revolucionarios paraexpresarse. En el gran convite revolucionario cohabitaban an con igual carta deciudadana Hbert y Clootz, Robespie-rre, Danton y Mirabeau. Hara falta unevento lmite para que se colocaranunos y otros a cada lado de la raya in-evitable trazada por la turbulenciarevolucionaria. Las Palabras a los intelectuales se encargaron de sentar las reglas del juego al dar la razn alConsejo Nacional de Cultura y aAlfredo Guevara y quitrsela a Car-los Franqui. Despus de 1961, aunque no hay re ferencias expresas al socialismo en Palabras a los intelectuales comenzara a operar una fusin semntico-ideolgicaentre Revolucin y Socialismo, la cual ira haciendo posible que losantisocialistas ya no pudiesen procla-marse revolucionarios, y que la expresin con la Revolucin en la

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177 prc tica connotara con el Socialismo. Esta ecuacin, precedida a su vez porla fusin de Patria y Revolucin, alagregrsele el Socialismo, manifestabaa las claras su intencin de concentrarcuanto pudiera de la ideologa revolu-cionaria, dejando fuera slo lo“incorregiblemente contrario”, y ganaras la confluencia del nacionalismo re-volucionario con el socialismo marxista. En el fondo de la batalla por PM y Lunes… lo que est en cuestin es el rumbo de la Revolucin y la calidad delsocialismo que habra de construirse enla isla. T ras las reuniones de 1961 y Palabras a los intelectuales se hara visible la existencia de dos lneas grue-sas que se convertiran a lo largo de ladcada en hegemnicas y devendranen los marcos legtimos de la discusinentre los revolucionarios: el socialismo“marxista-leninista” de inspiracin so-vitica, y el socialismo marxista deinspiracin nacional y latinoamericana.La definicin de que cualquier varian-te deba tener como presupuesto elmarxismo para ser legtima, ya excluapor s misma un espectro no desdea-ble de quienes hasta ese momentoapoyaban la Revolucin. Y a en posesin de la hegemona de lo revolucionario, esas dos lneas grue-sas protagonizaran en lo adelante elcombate por definir el rumbo mismo dela Revolucin segn sus respectivasimago mundi. Las polmicas que sobre el arte, la esttica, la filosofa, lapoltica, las ideologas, la poltica cultu-ral, la economa, entre otros temas, seventilaron a lo largo de la dcada delsesenta, se enmarcaron as en el arcodefinido por tales lneas. El camino dela Revolucin, estaba en Mosc y en la experiencia recorrida por el socialismohasta entonces, o, por el contrario, esta-ba en La Habana, en la indagacin de uncamino propio hacia la liberacin que notransitara por un Estado vertical ni unadominacin burocrtica? Este proceso seextendi durante una dcada hasta serclausurado oficialmente en 1971, y suanlisis, en rigor est an pendiente. Notas1 La Revolucin francesa en sus textos / estudio preliminar trad. y notas de Ana Martnez Arancn. Madrid: T ecnos, 1989. pp. XXIV XXVI.2 Castro, Fidel. “Palabras a los intelectuales”. En: Revolucin, letras, arte. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1980. p. 10.3 El DR supo dejar atrs la diferencia expresada en enero de 1959 y sus dirigentes fundamentalesacordaron en un principio pasar a las filas delEjrcito Rebelde; en su mayora no ocuparoncargos de primera lnea en el Gobierno y semantuvieron leales a la Revolucin desdeposiciones secundarias.4 Tuttino, Saverio. Breve historia de la Revolucin Cubana / trad. Ana Mara Palos. Roma: Editori Riuniti, 1966. pp. 150, 151.5 Rodrguez, Carlos Rafael. “Sobre el nuevo Comit Central y el ‘fraccionalismo’ de los‘viejos comunistas’”. En: Letra con filo. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1983.t. 2. p. 441. 6 “Porque en definitiva: ha sido slo el Movimiento 26 de Julio quien ha estado y estrealizando acciones en todo el pas; han sido slolos militantes del 26 de Julio quienes trasladaronla rebelda de las agrestes montaas de Oriente alas provincias occidentales del pas; sonnicamente los militantes del 26 de Julio quienesllevan a cabo el sabotaje, ajusticiamiento deesbirros, quemas de caa y dems accionesrevolucionarias [...].“Decir todo esto, habr quien lo entienda unaarrogancia; pero es que adems ha sido slo

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178 el Movimiento 26 de Julio quien ha declarado que no quiere participacin en el GobiernoProvisional y que pone toda su fuerza moral ymaterial a disposicin del ciudadano idneo parapresidir la provisionalidad necesaria.”Castro, Fidel. “Carta de 14 de diciembre de 1957”.En: Seleccin de lecturas de Historia del pensamiento poltico cubano. La Habana: Universidad de La Habana, Facultad de Filosofae Historia, 1989. pp. 210, 211.7 Sartre, Jean Paul. “Por qu se escribe?”. En: Qu es la literatura? La Habana: Editora del Consejo Nacional de Cultura/Editorial Nacionalde Cuba, 1966. p. 119. (Coleccin Cocuyo)

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179 Mart suicida? Jess Dueas Becerra Periodista y doctor en Ciencias Mdicas “La vida es inspiracin […] fraternidad […] estmulo […] virtud”. J OS M AR T C on apoyo en slidos argumentos aportados por la ciencia psicolgica y en mi (todava insuficiente)conocimiento de la vida y la obra deJos Mart, refutar los planteamientossobre el supuesto suicidio del Apstol que aparecen en el libro Los seis grandes er r or es de Mar t 1 del doctor Daniel Romn, psiclogo clnico,socilogo, telogo, periodista e histo-riador cubano-americano, cuyamotivacin fundamental para escribiresa obra fue el hecho “categrico” deque “[…] Mart […] se suicid el 19de mayo de 1895 al ofrecer delibera-damente su pecho a las balasespaolas […]”. 2 Si bien el profesor Paul Estrade, 3 eminente catedrtico de la Universidadde Pars VIII, en un artculo publicadoen las pginas de la emblemtica Revista de la Biblioteca Nacional JosMart, impugn con pruebas irrebatibles las endebles afirmaciones hechaspor el doctor Romn, como profesionalde la salud mental y de la prensa estoyen la obligacin tica de participar enesa polmica, porque, al decir de Mart,vivimos “[…] en tiempos de dilogo [ci-vilizado]”. 4 Ante todo, habra que precisar qu es el suicidio y cules son los mvilesque mueven a una persona a privarsede la vida, definida por el Maestrocomo “[…] sutil, complicada y orde-nada, aunque parezca brusca, simpley desordenada […]”. 5 Para el fundador del peridico Patria “[…] la vida es una agrupacin lenta y un encade-namiento maravilloso […], unextraordinario producto artstico”. 6 La literatura cientfico-mdica define el suicidio, autoquiria u “[…] homicidiopor s mismo [como] un acto paradji-co, una monstruosidad biolgica, uncrimen contra natura, ya que es la negacin del instinto de conservacin, [loque] permite prever por lo tanto, su carcter mrbido”. 7 Con apoyo en esa definicin, la mayora de los psiquiatrasy psiclogos clnicos estiman que “[…]el suicidio es un sntoma de alienacin[o trastorno] mental”. 8 Por supuesto, descartar ese punto de vista… por razones obvias: el H-roe Nacional cubano NO padecaafeccin mental alguna…, slo cultivel amor y el perdn, y si como Hom-bre (con mayscula) tena virtudes,defectos, inconsistencias, debilidades ynecesidades, el componente espiritualde su inconsciente era un jardn dondecrecan hermosas flores, cuyo clidoperfume acariciaba el intelecto y elalma del eterno poeta de la patria gran-de latinoamericana, as como de amigossinceros y enemigos dignos; “banqueteespiritual” vedado, no obstante, a losroedores de la inteligencia y el talentoajenos. Para los psiclogos con orientacin humanista, 9-10 la conducta suicida est ntimamente vinculada con la prdida

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180 de la fe en nosotros mismos y en los de-ms, con la desesperanza y la falta deamor a s mismo y al otr o La persona sana es aquella que se estima, se apoya a s misma, se recono-ce y se realiza; 11 si no puede hacerlo, es que algo est herido en ella, lo quepodra constituir y de hecho lo es, el embrin de la angustia, la depresin, laauto-agresin y las ideas suicidas. Heah, en el yo herido y en la incapacidad para amar al otr o las motivaciones profundas de la conducta autodes-tructiva. De acuerdo con esa lnea de pensamiento psicolgico nuestro desarrollo personal sufre de crisis ante las cualespodemos adoptar diferentes actitudes;ahora bien, el suicida slo elige un camino, percibe una nica opcin: sehunde en la desesperacin, en el vaco,en la amargura; por consiguiente, suvida pierde sentido desde la pticaexistencial. La persona madura con un yo intransferible, nutrido, aceptado, realizado,construido, 12 adems de elevarse por encima de sus dificultades, darle sentido a su vida, crecer y superarse, hainteriorizado el principio de que “[…] esposible crear la luz, el sonido y el or-den interno dentro de nosotros, sinimportar qu calamidad pueda sobreve-nirnos en el mundo exterior”. 13 Por ltimo, el suicida, con un yo catastrfico, disminuido, anulado, es sinduda alguna, un individuo que cree ha-ber perdido los valores humanos yespirituales que lo caracterizan comopersona; en consecuencia, se sienteacorralado y desesperado y la nicasalida a su “cataclismo” existencial esprivarse de la vida, el don ms precia-do del ser humano. Para ningn estudioso de la vida y la obra de Mart es un secreto que elApstol fue, segn Jorge Maach, 14 un hombre signado por la incompr ensin : don Mariano Mart y doa LeonorPrez NO entendieron (ulteriormentes), por qu su primognito, desde lams tierna adolescencia, se haba en-tregado en cuerpo, mente y espritu ala causa independentista; CarmenZayas-Bazn NO comprendi que la li-bertad de Cuba era la misin msimportante que su amantsimo esposodeba cumplir en la tierra; algunos ge-nerales del Ejrcito Libertador NOcompartieron sus criterios sobre cmollevar a cabo la Guerra Necesaria. Si los genes del Maestro hubiesen tenido predisposicin al suicidio, cuales-quiera de esas incomprensiones (ymuchas ms…, imposibles de researaqu), hubieran desempeado la funcinde factor detonante para lanzarlo a los brazos de la muerte…, que es “[…] se-guir viaje […]” 15 y “novia amable” 16 a la que “[…] se la ha de esperar con unbeso”. 17 Ahora bien, qu armas psicolgicas y espirituales empu Mart para seguirviviendo… hasta echar a andar la obracumbre a la cual dedicara su infatiga-ble energa y su ms tierno afecto? En mi modesta opinin, los vocablos r esiliencia y espiritualidad responden con creces esa interrogante…, pero noes posible, en modo alguno, establecer larelacin entre ambos sin antes explicar sudefinicin conceptual. La resiliencia es lacapacidad de afrontar positivamente lasadversidades y seguir adelante, mientrasque la espiritualidad es el “[…] conjuntode acciones que el hombre realiza y quele dan pleno sentido a su vida”. 18

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181 La resiliencia es una cualidad del carcter que toda persona necesitadesarrollar porque ningn ser humano puede evitar los traspis que la vida lepone delante, pero s poseer la enterezamnima indispensable para levantarse denuevo… cada vez que resbala y cae. El poder “mgico” de la resiliencia reside, fundamentalmente, en el hechode que es expresin de voluntad, de fir-meza de carcter y de decisin propia,porque la persona con ese atributo seestima, se apoya a s misma, se reco-noce y se realiza. 19 La resiliencia slo puede ser efectiva cuando se nutre de la espiritualidad,pues esta la alimenta y ambas integranuna unidad indisoluble. La persona con esa cualidad caracterolgica supera todos los mo-mentos difciles y da a los problemas elvalor intrnseco que tienen, para sobre-ponerse y salir adelante, ya que lucharcontra las dificultades y conquistarlas esla forma ms sublime de la felicidad hu-mana. Por otra parte, despliega lasuficiente energa fsica, psquica y es-piritual para vencer cualquier adversidad,porque est consciente de que el xitoslo depende de cmo se afronten losacontecimientos, no de la naturaleza delos acontecimientos en s. La resiliencia ensea a la persona a no dejarse “esclavizar” por las riquezasmateriales y prestar mucha ms aten-cin a los valores ticos, humanos yespirituales; con otras palabras, a des-cubrir la luz que brilla en su mundointerior y en el yo del otr o La mejor caracterizacin del trmino resiliencia se debe al geniomartiano: “El hombre es un magnficocombatiente, lanzado a la tierra, armado de todas armas, a la conquista de smismo”. 20 Si fuera necesario calzar esas cualidades con alguna otra NO vacilara enacudir a la fe, concebida por Martcomo la necesidad espiritual de creer“[…] en la existencia superior […], enel inmenso poder [divino] […] que con-suela, en [el] amor que salva y une, en la vida que empieza con la muerte”. 21 Para el poeta y ensayista Cintio V itier 22 afirmar que el Apstol se suicid en Dos Ros es un “[…] grandisparate, que entraa un desconoci-miento proverbial de las ms profundasconvicciones [tanto ticas como patri-ticas], que llevaron a Jos Mart a morirde cara al sol por la libertad de Cuba[…]”, para evitar a tiempo que la vora-cidad imperial cayera sobre los pases deNuestra Amrica y los despojara de sus riquezas naturales y culturales… comohistricamente ha venido hacindo. Si el autor de Los seis grandes er r or es de Mar t alber gara alguna duda al respecto, lo invito a leer con los ojos del alma (los que saben ver), el li-bro Mart y la ciencia del espritu 23 obra de obligada consulta para quienesamamos la Psicologa como disciplinacientfica por excelencia y la ejercemoscomo noble profesin, fuente inagota-ble de tica, humanismo y espiritualidad. Aqu concluye mi discrepancia con el doctor Daniel Romn, a quien meagradara recordarle que “[…] la dis-cusin cientfica no es un conflictosubjetivo entre personas, sino una con-frontacin de hechos objetivos”. 24 Notas1 Romn, Daniel. Los seis grandes errores de Mart. Miami: Ediciones Universal, 1993.

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182 2 Estrade, Paul. De la discrepancia en la investigacin martiana (a propsito de un librode Daniel Romn). Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart (La Habana) 95(1-2):57; en.jun. 2004.3 Ibdem, pp. 54-67. 4 Mart, Jos. “Los clubs”. En: Obras completas. La Habana: Editora Nacional de Cuba, 1963-1973.t. 2, p. 16.5 _______. Citado por Jorge Sergio Battle. En: Jos Mart: aforismos. La Habana: Centro de Estudios Martianos, 2004. p. 391.6 dem. 7 Simonin, Camilo. Citado por Jess Dueas Becerra. En: “Por qu se suicidan los sereshumanos?”. Palabra Nueva (La Habana) 3(29):11-12; 1994.8 dem. 9 Garca, Marciano. Para tener vida. Santo Domingo, R.D.: Editorial de Espiritualidad delCaribe, 1995.10 _______. Psicologa de la experiencia religiosa. Santo Domingo, R.D.: Editorial de Espiritualidad del Caribe, 1999.11 _______. Op. cit. (9). 12 dem. 13 Buscaglia, Leo. V ivir amar apr ender Mxico, D.F .: Editorial Diana, 1991. p. 55. 14 Maach, Jorge. Mart, el Apstol 4ta. ed. Buenos Aires: Editorial Espasa-Calpe Ar gentina, S.A., 1952.15 V alds Galarraga, Ramiro. En: Diccionario del pensamiento martiano La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2002. p. 448.16 Mart, J. Op. cit. (5). p. 252. 17 Ibdem, p. 253. 18 Garca, Marciano. Introduccin a la espiritualidad cubana. V ivarium (La Habana) 14:5; 1996.19 _______. Op. cit. (9). 20 Mart, J. Op. cit. (5). p. 183. 21 V alds Galarraga, R. Op. cit. (15). p. 205. 22 V itier Cintio. “Entrevista”. En: Haciendo Radio. Radio Rebelde (La Habana), edicin del 19 de mayo de 2006. Entrevistado por Carlos Figueroa. 23 Gonzlez Serra, Diego. Mart y la ciencia del espritu La Habana: Editorial Si-Mar, 1999. 24 Citado por Jess Dueas Becerra. En: Breve resea histrica de la ciencia psicolgica cubana.Revista Cubana de Psicologa (La Habana) 22(1):59; 2005.

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183 M ara V illar Buceta es parte de la historia de la Bibliotecologa cubana. Su modestia, sencillez, carcternoble y abnegado, unido a su talento re-velado en la poesa, el periodismo, laenseanza y el trabajo bibliotecario, lasitan entre las personas ms recorda-das por las generaciones actualesvinculadas a esta ltima profesin. Fuetambin un ejemplo de mujer e intelec-tual comprometida con la patria, y nodud en exponer su vida al enfrentar-se al gobierno machadista luchando porlos derechos de los ms humildes. Amiga de Rubn Martnez V illena, se identific con l por sus ideales polti-cos y formaron parte del GrupoMinorista as como del Partido Comu-nista. En 1924 ejerci su primer trabajo como bibliotecaria en la Biblioteca Nacional,donde particip en la catalogacin, clasi-ficacin y atencin a los usuarios. A partir de ese momento fund bibliote-cas, compil bibliografas, organizimportantes colecciones, y se distingui,adems, por ser la primera profesoraque imparti un curso de iniciacinbiblioteconmica en Cuba. Al triunfo de la Revolucin dirigi la biblioteca del Ministerio de Relaciones Exteriores; mientras ocupaba esta responsabilidad,dict conferencias, realiz traducciones,public varios artculos y elabor co-mentarios de libros y notas crticas. Sufecunda vida se apag el 29 de julio de1977 a los setenta y ocho aos. Fue sindudas, una dolorosa prdida para laintelectualidad cubana y en especial, para la comunidad bibliotecaria. Poco tiempo despus de su deceso, en los meses de septiembre a diciem-bre de 1978, se public en la Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart Ctedra Mara V illar Buceta: homenaje a una bibliotecariaexcepcional V ilma Ponce Sur ez Investigadora

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184 la “Bio-Bibliografa de Mara V illar Buceta”, elaborada por la doctoraAraceli Garca Carranza y se inauguren la institucin una exposicin en suhonor donde muchas personas que laconocieron destacaron sus cualidades intelectuales y revolucionarias. Al ao siguiente, por iniciativa del doctor Julio LeRiverend Brusone, entonces director dela Biblioteca, se cre una ctedra con sunombre, dirigida por el Departamento deInvestigaciones Histrico-Culturales,cuyo jefe era el investigador Ramn deArmas Delamarter-Scott y ms tarde, eltambin investigador Luis ngelArgelles. 1 En el discurso de inauguracin de la Ctedra, publicado en la Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart Luca Sardias, funcionaria del ComitCentral, hizo referencia a la convocatoria para la formacin de esta aula,d onde se precisaron los propsitos que inspiraron su constitucin: “[...] se aspi-ra con ello a contribuir no slo a laprofundizacin en materias de interspara el personal vinculado al trabajobibliotecolgico, sino, tambin, aviabilizar la reflexin y el intercambiode experiencias y conocimientos entrelos responsables de cada conferencia ocursillo y las personas interesadas en lacorrespondiente temtica”. 2 En este llamado se aprecia el inters de los organizadores en que laCtedra fuera un espacio apropiado desuperacin, actualizacin y debate delos contenidos relacionados con la es-pecialidad bibliotecolgica. Por estarazn, en la primera dcada se estable-cieron dos ciclos de conferencias queversaron sobre temas relacionados conla historia de la Bibliografa y su evolucin en Cuba; los sistemas de infor-macin documentaria; los sistemasautomatizados de direccin; el SistemaInternacional de Informacin Cientficay T ecnolgica; las redes de informacin y comunicacin; el sistema de informa-cin para la agricultura en Cuba; laclasificacin de documentos y la Paleo-grafa en el Archivo Nacional; el procesamiento tcnico de libros en laBiblioteca Nacional; el Sistema Inter-nacional de Informacin CientficaTcnica de los pases del CAME; es-tado actual y perspectivas de laactividad cientfico informativa enCuba; la normalizacin internacionalpara la descripcin bibliogrfica gene-ral; la catalogacin descriptiva demonografas; la bibliografa de los pa-ses socialistas; los tesauros monolingesy plurilinges; los principios deestructuracin del Sistema Nacional deInformacin Cientfico Tcnica(SNICT), su aparato de referencia e n-dice alfabtico de materias; labibliografologa; las particularidades delas bibliotecas en Cuba, as como la ac-tualizacin de los sistemas deinformacin y las modificaciones intro-ducidas en la Bibliografa cubana. Estarelacin slo constituye una mnima par-te de las temticas abordadas en eseperodo. 3 Algunos de estos temas surgieron como consecuencia del intenso inter-cambio de experiencias que se generdurante la dcada del ochenta entre losespecialistas cubanos y los biblioteca-rios de los pases socialistas, en especialde la URSS. En dicha etapa expusieron sus conocimientos prestigiosos expertos dela Bibliotecologa y de especialidades

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185 afines, entre los que estuvieron: Carmen Fernndez Ballester Primitiva Rodrguez, Rosa Girldez, DulcilaCaizarez, Ambrosio Fornet, Olga V ega, Araceli Garca Carranza, Mara ElenaDorta Duque, Carlos Newton Daz,Y olanda Arencibia, Gloria Ponjun, Luis Alpzar Gilberto Sotolongo, Antonio Ruano, Carmen Seara, Emilio GarcaCapote, Mar garita Len, Amrica Santos, Carmen Cazares, Dolores V izcaya, T eresita Rodrguez, Nilda Fernndez, Graciela Maldonado y V iera Pravdova. En 1989 el Departamento de Investigaciones Histrico-Culturales sefusion con el de InvestigacionesBibliotecolgicas y Metodolgicas y secre el Departamento de InvestigacionesHistrico-Culturales y Bibliotecolgicas,bajo la direccin del investigador EmilioSetin Quesada, quien asumi tambin laresponsabilidad principal de la organiza-cin de la C tedra hasta su jubilacin, en 1999. A partir de este momento se le asign la tarea de coordinar esta ac-tividad a la investigadora Sara Escobar funcin que cumpli hasta el ao 2001. La dcada del noventa result muy difcil para el pas desde el punto de vis-ta econmico y social. El PerodoEspecial repercuti negativamente entodos los mbitos de la sociedad. En lasbibliotecas se redujo la jornada de ser-vicios al pblico, suprimindose elhorario de la noche; los frecuentesapagones impedan en la BibliotecaNacional la entrega de los libros solici-tados a los usuarios; tambin decreciel canje internacional ante el descensode nuestras propias producciones, en-tre otras muchas afectaciones. Esta situacin influy en la disminucin de los encuentros de la Ctedra, lo que fue paulatinamente superado afinales de esa dcada. As, su reanimac in fue un hecho, con la participacin de profesionales de diferentes institucio-nes: Margarita Len (jefa delDepartamento de Investigaciones Hist-rico-Culturales y Bibliotecolgicas apartir del ao 1999), V alentina Mijailova, Dolores V izcaya, Jacoba Garca y Mara del Carmen V illar de Franco. Estas especialistas abordaron temticas rela-cionadas con los requisitos funcionalesdel registro bibliogrfico, el sector de loscontenidos y servicios en la industria dela informacin y el procesamiento en laliteratura profesional. T ambin se or ganiz un ciclo de conferencias sobre los aspectos novedosos del trabajo de laBiblioteca Nacional. En este espacio se trataron cuestiones relacionadas con lasfunciones del Grupo de Patrimonio Na-cional y la Ley del Depsito Legal; laautomatizacin de los procesos y servi-cios de la institucin; la comercializacinde productos y servicios bibliotecarios, ylos proyectos de investigacin de la Bi-blioteca Nacional. Del mismo modo, se prepararon diferentes paneles que de-batieron sobre las tendencias de losservicios de informacin en el mundocontemporneo; los indicadores de cien-cia y tecnologa y su repercusin en laactividad; las publicaciones de cienciay tcnica; la explotacin de los recur-sos de la Internet en los serviciosinformativos, y la enseanza de laBibliotecologa en Cuba. Es de significar que el inters por profundizar en el estudio sobre la apli-cacin de la automatizacin en la laborbibliotecaria estuvo motivado por loscambios favorables a este proceso quese produjeron en la Biblioteca Nacio nal

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186 al incorporarse un mayor nmero decomputadoras para el trabajo en las di-ferentes reas. Esto coincida con laleve reanimacin econmica que se pro-duca en el pas a fines de los noventay con el reconocimiento social y polti-co de la necesidad de incorporar losavances tecnolgicos a la vida cotidia-na como requerimiento indispensablepara dejar atrs el retraso causado porel Perodo Especial. El ao 1999 fue sin dudas muy importante para la Ctedra, pues secumplan dos dcadas de su fundaciny el 21 de abril se celebraba el cente-nario del natalicio de Mara V illar Buceta. Por este motivo, en colabora-cin con la Ctedra “Gertrudis Gmezde A vellaneda”, del Instituto de Literatura y Lingstica y la Ctedra “Pablode la T orriente Brau”, de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad deLa Habana, se organiz un coloquio enla Biblioteca Nacional, donde especia-listas como la doctora Araceli Garca Carranza, el poeta, crtico y ensayistaLuis Suardaz y los licenciados Ricar-do Luis Hernndez y Gerardo DazPrez, se refirieron a la Bio-Bibliogra-fa de Mara V illar Buceta, su labor en la promocin literaria y a su obra po-tica. En este mbito se presenttambin una exposicin en su honor Durante los aos 2000 y 2001 las direcciones principales de la Ctedra seencaminaron a mostrar los resultadosobtenidos por el Departamento de In-vestigaciones y la disertacin porespecialistas de la institucin y de fue-ra de ella de las experiencias adquiridasen el cumplimiento de diferentes misio-nes en el extranjero. En esta funcin participaron Araceli Garca Carranza, Julio Domnguez, Marcia Medina, T oms Fernndez Robaina, MiguelV iciedo y Lidia Abreu. Desde el 2002 se ampli el universo de temticas, pues se impartieron con-ferencias sobre temas propios de laactividad bibliotecolgica y tambin seabordaron otros de carcter cultural.Esta nueva lnea de superacin tuvo sufundamento en reconocer la influenciade todo lo que contribuya a enriquecerel acervo cultural y a la mejor prepa-racin de los tcnicos y especialistas delsector en ofrecer un mejor servicio a los usuarios. Adems, el pas inici en este perodo una intensa batalla deideas que reclamaba una mayor contri-bucin de los bibliotecarios a laextensin de los conocimientos artsti-cos y literarios en el pueblo. As, desde el 2002 hasta abril del 2005, han esta-do presentes el doctor Armando Hart Dvalos, presidente de la Sociedad Cul-tural Jos Mart; la doctora Araceli Garca Carranza, jefa del Departamen-to de Bibliografa Cubana de laBiblioteca Nacional; el doctor RafaelAcosta de Arriba, presidente del Consejo Nacional de las Artes Plsticas en ese entonces; Norberto Codina, direc-tor de la revista La Gaceta de Cuba; Leonardo Padura, relevante novelista yperiodista; Jos Matos, investigador dela Fundacin Fernando Ortiz; Jos Antonio Molina, investigador de laBiblioteca Nacional; Luis Suardaz, poe-ta y periodista, as como la doctora Ana Cairo y Zoia Rivera, profesoras de laUniversidad de La Habana. Losdisertantes se refirieron a la historia, vi-gencia y perspectivas de la Revolucin Cubana; la obra de Alejo Carpentier a partir de los estudios bibliogrficos;

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187 el arte de los noventa a partir de la creacin; las publicaciones culturalescubanas; la vida y obra de Jos MaraHeredia; la polmica entre FernandoOrtiz y Ramiro Guerra; las investiga-ciones sobre la herencia indgena en lacultura cubana; momentos de la vida yobra de Dulce Mara Loynaz y su re-lacin con Mara V illar Buceta; el Grupo Minorista, y el papel del L yceum Lawn Club en la cultura cubana. Los temas bibliotecolgicos han versado sobre las dimensiones cognitivasy cientficas de la Bibliografa c ubana; el carcter de ciencia de la Bibliogra fa; las peculiaridades de la ltima edicinde la Norma Cubana de Catalogacinde Libros; las direcciones de la teorabibliotecolgica en el siglo XXI ; los facsmiles de la Biblioteca NacionalJos Mart; las ventajas de lareingeniera en las bibliotecas; Hait enla Bibliografa cubana; los gustos y pre-ferencias de los usuarios del Sistemade Bibliotecas Pblicas; la literaturabibliolgico-informativa en Cuba en elsiglo XX ; la recepcin de Cuba en el entorno bibliogrfico alemn; adquisiciny bibliografa cubana; la Biblioteca Na-cional de Francia; la utilidad de lacoleccin de la revista Bibliotecas para los profesionales de la informacin; lastcnicas bibliomtricas aplicadas al es-tudio de la revista El Caimn Barbudo; los nuevos productos digitales creados en la Biblioteca Na-cional; las caractersticas del fondo dela bibliote ca de la UNESCO; la influencia de la temperatura y la humedaden el deterioro de los fondos de la Bi-blioteca Nacional, por slo citar algunosde los asuntos abordados en los en-cuentros mensuales de la Ctedra “ Mara V illar Buceta”. Estas temticas estuvieron a cargo de los siguientes in-vestigadores: doctor Emilio Setin,doctora Blanca Patallo, T oms Fernndez Robaina, Olga V ega, Mar garita Len, Miguel V iciedo, Grettel Lobelle, Nuria Prez, Sonia Nez, Alicia Flores y V ilma Ponce. T ambin participaron otros trabajadores de la Bi-blioteca: Josefina Gonzlez, FernandoMartnez, Y ahumila Hidalgo, Osdiel Ramrez y Daniel Motola. En este pe-rodo se cont adems, con la presenciadel especialista mexicano FelipeMeneses. Otra de las lneas ha sido la presentacin de los resultados del trabajo dediferentes departamentos de la Biblio-teca Nacional. Estas actividades hantributado a la integracin y al conoci-miento mutuo de las diferentes reas deesta institucin. As, durante el 2003 al 2005 han informado los Departamentosde Bibliografa Cubana, 4 Naciones Unidas, 5 Desarrollo de Colecciones 6 y Conservacin y Restauracin. 7 Es de significar que a partir del mes de marzo de 2004 asumi la direccindel Departamento de InvestigacionesHistrico-Culturales y Bibliotecolgicas ladoctora Araceli Garca Carranza y se produjo adems, la fusin con elDepartamento de Investigaciones Biblio-grficas, rea que ha mantenido laresponsabilidad de la Ctedra. Una de las actividades ms emotivas realizadas en el contexto de la Ctedra“Mara V illar Buceta” fue el homenaje que se organiz en el mes de abril del2005 a la profesora Adelina Lpez Llerandi, quien fuera en la dcada delsesenta asesora de la Biblioteca Na-cional y durante veinte aos directora

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188 de la Escuela Nacional de Tcnicos de Bibliotecas. La profesora se refiri asus inicios en el mundo de las bibliote-cas y a la labor que desempe en esaescuela. Su relato fue, sin lugar a du-das, una clase de historia, pues ellaparticip en innumerables aconteci-mientos que marcaron el desarrollo delos estudios bibliotecolgicos en Cuba.Al finalizar la actividad, la BibliotecaNacional, la filial de Ciudad de La Ha-bana de la Asociacin Cubana de Bibliotecarios (ASCUBI) y la direccinnacional de esta organizacin le entre-garon diferentes obsequios y lacondicin de Miembro de Honor Por ltimo, debe sealarse que el pblico asistente a las actividades de laCtedra procede fundamentalmente dela Biblioteca Nacional, destacndose elDepartamento de Investigaciones Biblio-grficas por su presencia regular durantetodos estos aos. Participan tambinotros afiliados de la ASCUBI de La Habana y Ciudad de La Habana, puesdicha organizacin tiene entre sus obje-tivos estimular y facilitar la superacinde sus miembros Eventualmente se invitan a alumnos de la Escuela deTcnicos de Bibliotecas y de la Facul-tad de Comunicacin de la Universidadde La Habana, aunque es necesario su-brayar que todas las personasinteresadas en los temas que se discu-ten tienen la posibilidad de asistir a sussesiones. En este breve recorrido por la historia de la Ctedra Mara V illar Buceta se constata que durante todos estosaos han estado presente en ella elejemplo y el espritu de la mujer queinspir su creacin, lo cual se apreciaen la motivacin por el conocimiento ms actualizado, el inters por contri-buir al enriquecimiento profesional ycultural de los bibliotecarios y por es-tar a tono con los requerimientos de lasociedad en cada momento histrico.Notas1 En el intento de realizar una resea histrica de la Ctedra existe como dificultad principal la ausencia de documentos de archivo y de otrosmateriales que permitan conocer al detalle c mo fue su desarrollo en las dos primeras dcadas.L os nicos documentos que posibilitan reconstruir parcialmente su historia son algunas notas en laseccin “Miscelnea” y dos artculos que hicieronreferencia a actividades realizadas en la Ctedra, publicados en la Revista Biblioteca Nacional Jos Mart ; algunos recortes atesorados por las investigadoras Olga V ega y Araceli Garca Carranza, y varias listas de asistencia aconferencias encontradas en el archivo delDepartamento de Investigaciones. P or esta razn e ste trabajo es slo una aproximacin a la historia de la Ctedra y por tanto deben existir omisiones involuntarias.2 Sardias, Luca. Ctedra Mara V illar Buceta. Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart (La Habana) 71(1):194; en.-abr 1980. 3 Informacin tomada de: -Ctedra Mara V illar Buceta Ciclo de Conferencias por especialistas invitados. febr .abr 1980. La Habana: Impreso en el Dpto. de Ediciones y Conservacin de la BNJM, 1980.Ctedra Mara V illar Buceta Ciclo de Conferencias por especialistas invitados. mar .abr 1981. La Habana: Impreso en el Dpto. de Ediciones y Conservacin de la BNJM, 1981.Ctedra Mara V illar Buceta Ciclo de Conferencias por especialistas invitados. mar .abr 1982. La Habana: Impreso en el Dpto. de Ediciones y Conservacin de la BNJM, 1982.-Martnez, Miriam. Balance crtico general de laaplicacin de la nueva estructura en la BibliotecaNacional. Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart (La Habana) 72(2):22; mayo-ag. 1981.

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189 -Nuevo ciclo de conferencias en la BibliotecaNacional Jos Mart T rabajador es (La Habana) 5 nov 1985: 2. 4 Participaron en el panel del Departamento de Bibliografa Cubana: Ileana Ortega, Miriam Jorge,Lourdes Castillo, Noris Somano y Antonieta Fernndez.5 Particip Lilin Gmez por el Departamento de Naciones Unidas.6 Formaron parte del panel del Departamento de Desarrollo de Colecciones: Odalys Caballero,Brbara Lpez, Eneida Gonzlez, Gloria Lpez,Zaida Macas, Lucila Reinoso y Brbaro Ravelo.7 En representacin del Departamento de Conservacin y Restauracin expusieron IdarmisGmez y Alicia Milin. Otros textos consultados[Actividades de la Biblioteca Nacional]. Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart (La Habana) 70(4):199; oct.-dic. 1979. (Miscelnea) [Actividades de la Biblioteca Nacional]. Ibdem, 71(2):197-206; mayo-ag.1980. (Miscelnea) [Actividades de la Biblioteca Nacional en el perodo sept.-dic. 1978]. Ibdem,70(1):189-196; en.-abr 1979. (Miscelnea) E CHEV ARRA I SRAEL y S IOMARA S NCHEZ Cronologa histrica de la BibliotecaNacional. Ibdem, 72(2):77; mayo-ag.1981. G ARCA C ARRANZA A RACELI Bio-Bibliografa de Mara V illar Buceta. Ibdem, 69(3):149-180; sept.-dic. 1978.

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190 Identidadde dos pueblos:Cubay V enezuela Rober to V alds Especialista en Relaciones Internacionales L a historia de Cuba muestra, desde el nacimiento y en el desarrollo de la nacin, cmo los hechos econmicos,sociales y polticos e incluso militaresque tuvieron lugar a lo largo de ms dossiglos, se entrelazan con la cultura po-ltica y filosfica de la modernidad,asumida desde los intereses de los po-bres. Ella nos ensea, a su vez, elcarcter de las relaciones de Cuba conel mundo. 1 Y en ese resumen de siglos, de batallar de ideas, de forjar conciencias yde formar hombres, en el crisol de lossacrificios, sur gi el Apstol de nuestra independencia. Jos Mart se bautiza en la fe de la libertad, cuando su genial fervor ado-lescente abrasa las pginas delperidico juvenil Patria Libr e. El cautiverio que le hacen padecer en lascanteras grava para toda su vida su vo-cacin, y arma su amor que loidentifica con los humildes, adems llenasu mente gil del pensamiento para cap-tar los problemas que le rodean,descubrir y destacar las grandezas yvirtudes de los hombres y aquilatar losvalores de ese mundo diverso, humillante y opresor que le toc vivir en particular en los Estados Unidos, pero siempre orientado en pro de la inde-pendencia de su amada Cuba. Mart en su concepcin de pueblos, habla de la Amrica entera, la nuestra de tronco indio e injerto latino y la delnorte, compendio de pueblos y razas. lno busca lo que separa y divide, sinolo que acerca y hermana en ese bre-gar constante y fluido que unevoluntades y suma ideas. Critica lo quehay que enderezar con justa necesidady acertada justicia. Mira y valora a losEstados Unidos y siempre destaca loque debe verse con recelo y justo atiempo. Advierte los peligros del dominio imperialista para los pueblos deAmrica. Y a ms cerca de su muerte, cuando daba todas sus energas a laguerra necesaria, sentenciaba: “[…]preferible es subir o caer sin ayuda, quecontraer deudas de gratitud con un ve-cino tan poderoso”. 2 De la Amrica nuestra interpreta y expone su ms elevada concepcincomo tierra frtil para sembrar simien-tes de virtud, honradez, trabajo,sobriedad, valenta, decoro y fraterni-dad entre los hombres. As ha de resaltar los valores y virtudes del cle-bre poeta norteamericano W alt Whitman por su oracin para Abraham Lincoln, el leador de ojos piadosos; ocuando elogia pasajes de la vida deGeor ge W ashington en su tiempo. Pero esta visin martiana se hace ms alta para elevar espritus y pren-der fe enrgica cuando se vuelve haciala Amrica bolivariana y dice: “¡De Bolvar se puede hablar con una mon-taa por tribuna, o entre relmpagosy rayos, o con un manojo de pueblos

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191 en el puo, y la tirana descabezada alos pies!”. 3 Por todo el continente resuena el clamor de la libertad. Con Bolvar surgeuna plyade de prceres y pensadoresy con ellos van las huestes de indiosvenezolanos y mexicanos, rolos de Chi-le, cholos de Per, negros y gauchos,penuhenches y araucos. Slo un hroepuede sentir el ardor de los hroes yexpresarlo con pasin sublime. l es elfiel intrprete de los dolores y las glo-rias de Amrica. Jos Mart usa su verbo para sembrar fuer zas gigantescas que mueven a un continente. No habla como un ilumina-do de profesin, sino como un iluminadode conviccin y voluntad: es un maes-tro labrador que hace la siembra, luchacontra los poderes destructores y cui-da la cosecha del porvenir V e la solucin para Amrica, llena de dolor y esperanza, en la libertad de todaopresin y en la creacin de una cultu-ra sobre la base de los elementosnativos cuando expresa: “El pensamien-to empieza a ser de Amrica. Los jvenes de Amrica se ponen la camisa al codo, hunden las manos en lamasa, y la levantan con levadura de susudor Entiende que se imita demasiado y que la salvacin est en crear Crear es la palabra de pase de esta ge-neracin. El vino de pltano, y si saleagrario, es nuestro vino”. 4 Qu actualidad tiene este pensamiento martiano en el proceso de alternativabolivariana que hoy vive nuestro conti-nente, encabezado por V enezuela, ejemplo de unidad e integracin denuestros pueblos. El americanismo de Mart es una tesis de fe en la accin de cada hombre para construir una democracia para to-dos con el esfuerzo de todos. Ladignidad que se quiere en cada hijo deCuba y en cada hombre de su Amrica identifica al hombre con su prjimoen cualquier parte de la tierra La patria de Mart est donde los hombres padecen y sienten. Esa es lavocacin humanista y solidaria que hapracticado siempre la Revolucin Cu-bana como una verdad incontrastable yreal, como ha dicho nuestro queridoComandante en Jefe, Fidel Castro, yque nuestros enemigos jams han po-dido negar Sobre la raz sembrada en Cuba se yergue hoy un rbol de justi-cia y humanidad con ramas tan crecidasy perennes que cobija a los americanos,y a todos los que luchan por el decoro,la justicia, la libertad y la paz frente alos que matan a los pueblos por ham-bre, los que explotan y sumen en lamiseria a millones de seres humanos ypractican la guerra y el terrorismo,como predica el Gobierno de los Esta-dos Unidos. Y volva Mart a hablar sobre Bolvar en ocasin de la velada organizadapor la Sociedad Literaria Hispanoame-ricana el 28 de octubre de 1893 enNueva Y ork al expresar que el Liber tador muere “[…] del trastorno y elhorror de ver hecho pedazo su astro, suobra que crey inmortal, en su error deconfundir la gloria de ser til”, 5 y de esa experiencia Mart seala que en lasconductas ambiciosas de los gobernan-tes y las ansias de poder de sussucesores est el peligro que derivapara sus pueblos. Pero rubrica sus pa-labras para el porvenir cuando dice:“¡Pero as est Bolvar en el cielo de Amrica, vigilan te y ceudo, sentado

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192 an en la roca de crear con el inca al lado y el haz de banderas a los pies: asest l, calzadas an las botas de cam-paa, porque lo que l no dej hecho,sin hacer est hasta hoy: porque Bol-var tiene que hacer en Amrica todava!”. 6 Ese era el Jos Mart que visit a V enezuela y manifest: “Dime V enezuela en qu servirla; ella tiene en mun hijo”. 7 O cuando enterado de la muerte de su amigo, el insigne venezolano CecilioAcosta, escribi en la Revista V enezolana: Para l el Universo fue casa; suPatria, aposento; la Historia, ma-dre; y los hombres hermanos, y susdolores, cosas de familia que le pi-den llanto.[……….]Pudo pasearse, como quien paseacon lo propia, con tnica de aps-tol. 8 La simiente que uni para siempre a los pueblos de Cuba y V enezuela, y nuestro caso no es una excepcin, tam-bin fue entretejida por esos hilosinvisibles que unen a los pueblos, expre-sados en hechos e ideas con causasdiversas, en pocas y circunstanciasdistintas y por eso son recordados yperduran de generacin en generacincomo smbolo de la fraternidad y soli-daridad entre los pueblos. Qu aleccionador es para todos los cubanos conocer que Simn Bolvar El Libertador cuando estaba en pleno empeo por dar la libertad a los pases deAmrica en el siglo XIX tuviera presente las islas de Cuba y Puerto Rico,cuando quiso echar a Espaa de nues-tras tierras, lo cual fue impedido por los Estados Unidos. 9 Y en otro momento, cuando Bolvar escribe su histricaCarta de Jamaica en 1815, donde valoraba la situacin de la lucha de lospueblos de este continente, nuevamen-te hace mencin a las dos islas, enparticular al decir que en Cuba “habauna aparente tranquilidad”. 10 Fue esa una etapa coyuntural de la vida de nuestro pueblo, pues la metrpoliaplicaba en todas sus colonias el llamadodespotismo ilustrado que instaur el re-gente Carlos III para acallar y contenerla rebelda criolla, mientras ya venangestndose los elementos de nuestra na-cionalidad desde 1790. Pero siete aos despus, en 1822, fue descubierta la Conspiracin de losSoles y Rayos de Bolvar ramificada en distintas provincias del pas y encabe-zada por el conde O’Reilly coronel del Ejrcito colombiano. Entre los partici-pantes se encontraba el venezolanoJuan Jorge Peoli, quien logr evadir asus captores y escapar a los EstadosUnidos. Qu decisin y conviccin revolucionaria hicieron que el venezolano SalomHernndez, trabajador del ingenio Fust,de la ciudad de Remedios, en la actualprovincia de V illa Clara, 1 1 respondiendo a las rdenes de alzamiento denuestra primera gesta independentista,se incorporara el 14 de febrero de1869, junto al polaco Carlos Roloff, glo-ria del Ejrcito mamb, y estuviera entrelos primeros en levantarse en armas enesa provincia, a slo unos meses delGrito de Y ara, al frente del cual estaba Carlos Manuel de Cspedes, el Padrede la Patria, el 10 de Octubre de 1868. Muchos son los testimonios y hechos escenificados por hombres y mujeres

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193 de nuestros pueblos que han hecho va-ledera, a travs del tiempo, la baseancha donde se han asentado las rela-ciones de amistad entraable y solidariaentre V enezuela y Cuba. V enezuela y su querido presidente, Hugo Chvez Fras, fiel defensor y con-vencido intrprete del legado de SimnBolvar han sido el eslabn generador fundamental de las aspiraciones tantode su pueblo como de toda la Amrica nuestra al proyectar con el concurso detodos, los pasos futuros de la integri-dad y unidad latinoamericana y caribeaexpresada en la Alternativa Bolivariana para las Amricas (ALBA). Una prueba fehaciente y rotunda es la reuninde pases caribeos para constituir laempresa PETROCARIBE, autnticaentidad de ayuda para todos nuestrospases que tienen diferentes grados dedesarrollo y de dependencia del comer-cio capitalista internacional, la cual nospermite obtener de forma estable y a un precio razonable, esos recursos vi-tales para el desarrollo econmico,poltico, cultural y social de la regin. Cuba apoya y se identifica plenamente con esa integracin a travs dela fuerza de su ejemplo y la voluntadde todos los cubanos, expresando susolidaridad y ayuda a V enezuela en la educacin, la salud, el deporte y otrasramas, pero igualmente contribuye a laformacin del personal profesional ne-cesario para los grandes planes de esepas hermano, y as en diferentes pro-porciones y posibilidades contribuye ala unidad de los pases del Caribe y delcontinente. En esa reunin de PETROCARIBE, el presidente Chvez dijo en sus con-clusiones: “Ahora a los pueblos nos toca continuar descifrando los cdigosdel pasado para seguir trabajando en elpresente y proyectar el futuro”. Esta esuna muestra de la validez de la tareade seguir profundizando en todo lo quenos une y a la vez para conocer todolo que tenemos que andar para ser mstiles en la gran tarea de integracin yunidad de NUESTRA AMRICA. Notas1 Jos Mart y el equilibrio del mundo. La Habana: Centro de Estudios Martianos, Editorial CienciasSociales, 2002.2 Castro Fidel. Discurso en La Demajagua por el centenario del inicio de nuestra Guerra por laIndependencia. Granma (La Habana) 11 oct. 1968:3-6.3 Mart, Jos. En: Obras completas. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1975. t. 8, p. 241.4 Ibdem, t. 6, p. 20 5 _______. Discurso en la Sociedad Literaria Hispanoamericana, 28 de octubre de 1893 enNueva Y ork. 6 Ibdem, t. 8, p. 243. 7 “Carta a Fausto T eodoro de Aldrey Caracas, 27 de julio de 1881”. Ibdem, t. 1, p. 212.8 “Cecilio Acosta”. En: Mart, Jos. Nuestra Amrica / comp. y prl. Roberto Fernndez Retamar La Habana: Casa de las Amricas, 1974. pp. 121-131.9 _______. Op. cit. (3). “Patria, Nueva Y ork, Abril 1. de 1893”. t. 28, p. 310.10 Bolvar, Simn. “Carta de Jamaica, ao 1815”. En: Casa de las Amricas. Tr es documentos de nuestra Amrica. Carta de Jamaica, NuestraAmrica, La historia me absolver. La Habana: Casa de las Amricas, 1979. (Coleccin Pensamiento de Nuestra Amrica) 11 Farto Muiz, Rafael J. Historiador de Remedios, V illa Clara, junio, 2005.

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194 CR"NICAS La maestrade Cintio V itier Mercedes Santos Moray Poetisa, novelista, periodista y escritora N o estuve entre sus alumnas en las aulas habaneras de la Escuela Normal cuya instalacin se encuentraa slo unos pasos de mi hogar Ni tampoco fui compaera suya mientrasestudiaba leyes, quizs para abogar porla justicia potica, y no para someterseal cdigo. Nuestros tiempos no conver-gieron entonces. Pero s me declarodiscpula suya, desde el amor compar-tido y la utopa, cuando en miadolescencia lo conoc, precisamente,en la Biblioteca Nacional Jos Mart. La maestra de Cintio V itier no reside, para m, ni siquiera en losnumerosos lauros que ha merecido a lolargo de su ancha existencia, esa quelo llev a celebrar rodeado de cuantos le aman, que somos muchos, el 25 deseptiembre de 2006, sus ochenta y cincoaos de vida. T ampoco se limita a los espacios acadmicos, ni a los Premios Nacionalde Literatura y Juan Rulfo que ha ob-tenido como reconocimiento a su obray a su propia existencia, ni se encuen-tra en los recursos de las teorasliterarias que pueden calificar su pro-duccin con mayor o menor certeza. V erdad es que hablamos de un poeta, de uno de los ms lcidos ensayistascubanos del siglo XX y de estos primeros lustros de nuestra actual centuriaque, por espritu y conflictos, slo pa-rece una prolongacin, a escalageomtrica, en relacin al siglo anterior T ambin lo conocemos como novelista, dentro de un perfil narrativo librede esquemas y de frmulas, ms cerca-no al orbe lrico de su escritura porqueen todo su discurso prima el sujeto, in-cluso cuando la reflexin se desborda yla axiologa se rinde ante el sentidoontolgico de su pensamiento filosfico,cuajado siempre por la eticidad. Cintio es maestro desde el alma, por la fe que es autntica tanto en su cris-tiano alimento como en su amor aCuba, otra expresin tambin de su con-dicin de hombre espiritual, comotambin esta condicin se nos muestradesde el asidero ms ntimo de su con-ciencia, es decir desde Jos Mart. Y es por esa va, entre los versos y las prosas que dedic al Apstol, por su

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195 civismo lrico, que Cintio ejerce su ma-gisterio, en lecciones de alientosocrtico, las que disfrutamos muchosde aquellos adolescentes que, a finesde los sesenta y principios de los seten-ta nos acercbamos a l, a Fina y aEliseo, en esta institucin que fue tam-bin nuestro hogar la Biblioteca Nacional Jos Mart, para intercambiarideas, soar despiertos, compartir amo-res y calores, mientras descubramosque era verdad lo que siempre haba-mos deseado encontrar: que un buenescritor poda ser adems un hombrebueno. Se cita, en el portal de Cubaliteraria dedicado a Cintio, en su condicin dePremio Nacional de la Literatura, unaspalabras de su amigo y compaero de Orgenes, el tambin maestro y poetaJos Lezama Lima que, para m, resul-tan lapidarias: “Incluso sus bravurasestuvieron siempre untadas del rocovespertino de quien no guarda rencorni para las alimaas”. Ciertamente, a lo largo de esos ochenta y cinco aos suyos, la expe-riencia debi someter a prueba eseprincipio tico, la sustancia profunda-mente martiana de su espritu y de suobra, ante dogmas y prejuicios, y sobretodo frente a la ignorancia y a la envi-dia. Pero bien s que Cintio es de losque miran ms all, como lo hizo JosMara Heredia, el propio Mart y Julindel Casal, hacia el sol que despunta so-bre el horizonte y se muestra clidoentre las palmas.

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196 Recordandoa PanchitoPr ez Guzmn* Zoila Lapique Investigadora, historiadora y escritora A mediados de la dcada del sesenta del pasado siglo XX me encontraba en la Sala de Lectura de laColeccin Cubana de la Biblioteca Na-cional Jos Mart cuando observ a unjoven delgado y de pequea estatura,vestido con uniforme verde olivo, quienhurgaba afanosamente en los ficherosdel Departamento. Con antelacin, unavieja usuaria me haba hablado de esejoven y le haba sugerido que me vieraen la Biblioteca. As que solcita me dirig a l y le pregunt si poda ayudarloen su bsqueda. La respuesta no sehizo esperar: quera acopiar informacinsobre su pueblo, Gira de Melena, paraescribir su historia. Como referencistaespecializada me haba enfrentado endiversas ocasiones con tales demandas,pero esta vez, lo confieso ahora, meagrad la resolucin y firmeza que oen su voz y vi en sus ojillos vivarachosy pequeos. Se inici as una larga yprofunda amistad entre Francisco(Panchito) Prez Guzmn y yo. Y digo amistad para calificarla de algn modo, porque en realidad desde uninicio deriv en algo ms profundo y entraable: los vnculos naturales queexisten entre una madre y un hijo. Perocomo yo me llevo muy bien conAngelita, que es la madre de sangre dePanchito y una excelente mujer debo decir que este esforzado creador es mihijo intelectual. Como tambin pudieradecirlo de estar vivo el doctor Luis Fe-lipe Le Roy excelente profesor de Qumica, hombre cultsimo e historiadorde la bicentenaria Universidad de LaHabana y macesta reconocido. Casi a diario acuda Panchito a nuestra Sala y all escriba o pula lo escritoel da anterior Ambos, el doctor Le Roy Panchito falleci el 21 de mayo de 2006.

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197 y yo, leamos con gran trabajo y pa-ciencia sus papeles, pues la grafa dePanchito nos inspiraba pavor Y o me sentaba a su lado y l me lea sus es-critos, as discutimos hechos, ideas,vocablos, expresiones, lo que queradecir en sus lneas... Le Roy tambinhaca lo mismo. Los dos nos sentamosa veces un poco desanimados, pero alfinal llegbamos a una misma conclu-sin: estbamos ante un sensible yverdadero historiador a pesar de sus li-mitaciones por su poca formacinescolar Por ello decidimos ayudarlo en todos los sentidos. Y en esta tarea de adentrarlo en lecturas y conocimientosrecibimos ayuda de otros amigos ycom paeros: la experiencia de mi hermana Rosa como profesora, de Elenae Hilda Girldez, de la anciana maes-tra de Espaol Gracielita Snchez,entusiasmada por ampliar el vocabu-lario de Panchito y sus expresiones.De esa forma, palabras, frases nuevasaprendidas, enseguida las incorporabaa su vocabu lario y a sus escritos dando tal prodigioso salto de calidad queera el comentario y la admiracin de laspersonalidades que se aglutinaban a dia-rio en la Sala Cubana. Recordamos aManuel Moreno Fraginals, Jorge Ibarra,Carlos del T oro, Ana Cairo, Olga Cabrera, Cintio V itier Fina Garca Marruz, Roberto Friol, profesores de la estirpe de una Hortensia Pichardo y sus alum-nos convertidos a su vez en profesores. Panchito era incansable y siempre quera saber ms. As se prepar para ingresar en la Universidad de La Ha-bana. Recibimos ayuda y estmulo deprofesoras como Mara del CarmenBarcia, Bertha lvarez y otras. Deesta etapa Panchito sali airoso con suttulo de oro en el curso para trabaja-dores y yo fui como su madrina a sugraduacin en una noche inolvidablepara ambos. Debo decir que me sientomuy orgullosa con ese hijo que ha su-perado a su madre con tantos librosescritos sobre historia patria y sobreIberoamrica. Mis amigos y compae-ros de las aulas universitarias RodolfoSarracino, Hctor Danilo, RafaelPolanco y Abelardo Padrn tambin sentan profunda admiracin por estemuchacho tan sencillo e inteligente em-peado en escribir historia. Y para no agobiarlos ms: yo, como Premio Na-cional de Ciencias Sociales en el 2002,tuve el orgullo de nominarlo a partir del2004 para igual galardn que recibir enbreve. Fui la primera en enterarme porel propio Panchito y por Miguel Barnet,quien tuvo la gentileza de llamarme paracomunicarme su justo y merecido pre-mio. Y doy gracias a Dios por haberme concedido la dicha de tener tal hijo.

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198 Por qu as? Mar ta B. Armenter os Editora D esde que se inici este ao 2006, la seora muerte ha estado presente entre nosotros, la BibliotecaNacional Jos Mart, y siempre me pre-gunto, por qu fallecen personasbuenas y trabajadoras cuando estn enlas mejores etapas de su vida? Desgraciadamente, nunca hallo la respuesta adecuada. El 16 de enero, la bibligrafa Josefina Garca Carranza, paciente y bondado-sa, quien siempre estaba dispuesta aayudarnos o a dar la informacin ade-cuada a cualquier usuario, nos dej. Elao anterior haba recibido, en conjun-to con su hermana Araceli, el Premio Anual de Investigacin 2005 por laBiobibliografa de Eusebio Leal, aunque mereci muchos ms por su laborincansable y constante. Posteriormente, nos enteramos de la repentina enfermedad y posterior falle-cimiento, el 21 de mayo, del investigadorFrancisco Prez Guzmn (Panchito), elcual, aunque no trabajaba en la institu-cin, inici su vida intelectual aqu y eraconsiderado como un integrante ms de nuestro colectivo laboral. Fue merece-dor del Premio Nacional de CienciasSociales 2004. Panchito expres en untrabajo para homenajear el centenariode la Biblioteca: En Coleccin Cubana se gest miinvestigacin histrica sobre la gue-rra de la independencia en LaHabana y la muerte de Antonio Maceo en el combate de San Pe-dro el 7 de diciembre de 1896. Libroque recibi la solidaridad de ElenaGiraldez, Luis Felipe Le Roy y ZoilaLapique al financiar los gastosmecanogrficos.[……….]Al cumplir cien aos la BibliotecaNacional Jos Mart con profundoscambios, preserva su funcin tradi-cional de contribuir a la viejaformacin y desarrollo de laintelectualidad cubana. El 31 de mayo muere, tambin de forma rpida, V ioleta Prez Leal, bibliotecaria que trabajaba en el Depar-tamento de Bibliografa Cubana con impecable experiencia Fue jefa del Departamento de Naciones Unidas, dePublicaciones Seriadas y de ProcesosTcnicos, pero ltima mente laboraba en la seccin del ndice de PublicacionesSeriadas, importante material de refe-rencia de la Institucin, y se estabapreparando para comenzar la maestraen Informacin Cientfico-Tcnica yBibliotecologa. Despus nos lleg la noticia, en julio, de que Josefina Gonzlez, conocidacomo Chepina o Chepi por todos, des-apareca fsicamente. Ella labordurante aos en el Departamento deProcesos Tcnicos y era especialista enla catalogacin de materiales especia-les y esos conocimientos los volc enla creacin de las normas de procesa-miento de dichos documentos. Era unapersona amable, siempre dispuesta adar su experiencia a todos. T odos llevaban aos presentes en la Biblioteca con sus trabajos silenciososy tiles; Panchito con su sonrisa y sumodestia infinita.

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199 Y vuelvo a preguntarme, por qu ellos, por qu? Y sigo sin respuesta en este vaco en el cual nos han dejado, y confo en que dondequiera que estn, nosseguirn guiando y ayudando, y contribuirn a que la Biblioteca contine siendouna institucin insignia de la cultura de Cuba.

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200 T obn Meja en Cuba Nydia Sarabia Historiadora y periodista P oco se ha escrito en Cuba acerca de la vida y obra del escultor colombiano Marco T obn Meja, gran artista que naci en Santa Rosa deOsos, Antioqua, el 24 de octubre de 1876 y falleci en Pars. Es una figurapoco tratada por los estudiosos del arteen Cuba y tambin en Amrica Latina. T obn Meja fue alumno en Pars de J. E Laurens. Esculpi grandes monu-mentos en Colombia, como pionero de loque luego hara su compatriota Fernan-do Botero; esto sin hacer comparaciones.Adems realiz placas y medallas. Entre esas obras monumentales que figuran en el catlogo de sus creacio-nes, se encuentra la estatua que realizdel patriota cubano, el ingeniero Fran-cisco Javier Cisneros y Correa, nacidoen Santiago de Cuba y uno de los msprominentes colaboradores del presiden-te de la Repblica en Armas, Carlos Manuel de Cspedes, quien trajo a Cubaexpediciones armadas como la delHornet, entre otras, las que mantuvieron viva la llama de la lucha en la isladurante la Guerra de los Diez Aos. Cisneros es uno de los hroes de Colombia y tambin de Cuba, pues suvalenta, abnegacin y honestidad lo lle-varon a lanzarse a la mar junto a lospatriotas que venan de V enezuela, Colombia, Centroamrica y los EstadosUnidos para incorporarse a las huestes revolucionarias. Fue fundador del Ejr-cito Libertador cubano y su participacinen la guerra lo hizo merecedor del gra-do de general de brigada. Diego Guerrero, al referirse a Cisneros en El T iempo, de Santaf de Bogot, en la edicin del 30 de mayode 1994 apuntaba: “Un Cisneros monu-mental con cuerpo de bronce, fuepuesto mirando hacia el norte. Al llegar de Pars, con su pedestal de mrmolde tres metros y medio, la estatua fuepuesta en el centro de la plaza de mer-cado que llevara su nombre”. En 1980, debido al progreso de Medelln, se ampli la calle San Juan ylos funcionarios del municipio determi-naron que la estatua del benefactor deBarranquilla fuera trasladada al museode Antioqua. All permaneci por mucho tiempo y al restaurarse la estacinde la ciudad, la efigie, sin el pedestal,fue colocada en el interior del edificio.Posteriormente, la imagen de Cisnerosfue mostrada en una exposicin ubica-da en la sala aledaa al lugar que hoyocupa, en la Alpujarra, en Medelln, libre de hongos y totalmente restaurada. Fue as como se hizo justicia en Colombia no slo a Cisneros, el constructorde gran parte de los ferrocarriles de esanacin latinoamericana, sino tambin alrealizador de su estatua, el escultorT obn Meja. Esa obra monumental es un smbolo permanente de la amistad, solidaridad ycooperacin de aquel insigne ingenierocubano que fue Francisco JavierCisneros, ms conocido en Colombia queen su propia patria. Por eso es motivode orgullo de todos los colombianos elmostrar a las nuevas generaciones laimagen de esa personalidad, protagonis ta

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201 singular de una etapa de progreso tec-nolgico y econmico para el rico passudamericano. Cisneros fue tambin precursor del rescate de la naturaleza. A su residencia le puso La Floresta, pues era lo quehoy llamamos un ecologista que habaaprendido a amar a los rboles, los ani-males, el paisaje, los ros y el mar alextender entre las selvas kilmetros deva frrea y lograr que a travs delcau daloso ro Magdalena surcaran vapores de carga y pasajeros adquiridospor l en Inglaterra por orden del gobier-no colombiano, como un antecedente deltransporte fluvial de ese pas. Ese gigantesco proyecto lo llev a cabo a pesarde los contratiempos, dificultades y di-versos problemas econmicos y polticosde la poca, entre ellos la guerra civil. Cisneros conquist la selva y el ro, pero tambin adquiri el paludismo.Fueron ocho aos de labor interrumpi-da para que Colombia pudiera abrirsepaso hacia el futuro y fortalecer su eco-noma. Efe Gmez escribi en El Heraldo, de Barranquilla: La estatua de CisnerosNo: no veo yo a Cisneros como locre T obn Meja en su bronce victorioso: Erguido en pedestal demrmol blanco repujado de titanes,que en la serenidad del cinemticoreposo de sus msculos gloriosos,aparecen elevarlo y sustentarlo enla culminacin de la apoteosis. No:no veo yo as a Cisneros.Lo veo en su crepsculo.Cuando se hubo convencido de queera fuerza abandonar su obra, re-traerse a la inaccin, la saludarruinada, el alma amarga. Forjme yo en el hroe entonces, tcito y sombro, recogidos los bra-zos sobre el pecho, en pie sobre uncima de los Andes, recorriendo con ojos melanclicos el relieve azul delas tierras Antioqueas. En esas cubres cimeras, la bvedadel cielo aparece mayor que mediaesfera, y el ojo se sumerge en leja-nas ms hondas que la traza idealdel horizonte en lo infinito.A los pies del hroe, tocado por elsol de oro de la tarde, se tiende vagoel relieve azul de las montaasantioqueas.All piensa: Estn sembrados lascunas y los sepulcros de una raza.por entre boquerones de esas cres-tas a travs de las faldas de esosmontes, a lo largo de sus torrentesy riachuelos, he soado yo tenerfantstica va frrea que unir logra-se el Magdalena con el Cauca.Palmo a palmo he hoyado todo eso.En mis dilatadas excursiones he te-jido mi vida a la vida de esasgentes fuertes, viriles y pacientesque como los griegos tuvieron porhermana de leche a la pobreza. El monumento a la memoria de Cisneros realizado por T obn Meja en 1923, fue construido en bronce y el pe-destal en mrmol .Se encuentra en elcentro administrativo de Alpajarra, Medelln. En el centenario de la venida al mundo de esa gran intelectual criolla, indiana,como sola llamarse, que fue GertrudisGmez de A vellaneda, nacida en el viejo Puerto Prncipe en Camagey el 23 de marzo de1814, un grupo de cuba-nos rindi homenaje a su memoriaimperecedera y se mand a esculpir

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202 una medalla de oro. Cpole tal responsabilidad a Marco T obn Meja. Esa medalla, hoy casi desconocida, fue rea-lizada en Italia por el escultor El anverso es un retrato muy ejecutado dela insigne T ula A vellaneda. El reverso contiene un elega simblica de la crea-dora. Esto fue en 1914. El escultor Marco T obn Meja fue y es un artista admirado en Cuba, aun-que tenemos una deuda de gratitudhacia l, pues debe estudiarse su hojade vida para que las nuevas generacio-nes le conozcan en toda su dimensinartstica e histrica.Bibliografa consultadaG UERRERO D IEGO El T iempo (Santaf de Bogot) 30 de mayo de 1994. M A YOR M ORA A LBER TO El ingeniero Francisco Javier Cisneros. Ibdem,mayo 1998:4a-7. S ARABIA N YDIA Francisco Javier Cisneros y los cambios de hierro enColombia / 1 ed. En: Cuba-Colombia: una historia comn. Bogot: Ministerio de Relaciones Exterioresde la Repblica de Cuba. Instituto deEstudios Polticos y Relaciones Inter-nacionales. Bogot EUN. EditorialUniversidad Nacional. Colombia,mayo 1995. pp. 93a-104.

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203 S acerdote jesuita al igual que su “hermano Antonio”, Jos Rubinos y Ramos, naci en La Corua (Galicia,Espaa) el 3 de abril de 1898. Desa-rroll una labor cultural y educativaimportante en La Habana, donde resi-di durante ms de tres dcadas,colabor en el Diario de la Marina dirigi las revistas Beln (1929-1939), Ecos de Beln (1938-1943), rganos del Colegio de Beln de la Compaade Jess, y fue profesor de Literaturaesos aos en aquel centro, hasta tras-ladarse a Miami, Florida, en 1961. All muri el 3 de diciembre de 1963, a lossesenta y cinco aos. Con anterioridadhaba vivido en La Corua, Bogot yQuito. En Cuba public dos libros: Seleccin de cien artculos y ensayoscortos con Prlogo de Gastn Baquero (La Habana, Impresores car Garca, 1957, 300 pginas), y el poemario Roble y palma (La Habana, Imprenta Antigua de V aldepares, 1933, 109 pginas). Fue Acadmico de Honor de la Real Academia Gallega a partir de 1940, y miembro correspondiente de las aca-demias de la lengua colombiana ycubana. De acuerdo con la crtica, susgrandes obras como escritor parecen ser Covadonga, epopeya en quince gestas, texto gallego y versin castella-na, y el fragmento pico “A xesta decmo Amrica nasceu da melodia”. Jos Rubinos y Ramos haba realizado sus estudios superiores en laUniversidad de La Habana. Segn suexpediente acadmico, nmero 25 284de 1934 del Archivo Histrico, el 27 de enero de ese ao matricula Filosofa yLetras en la Universidad, luego que laComisin de Ttulos de La Habanaequipara el suyo de Bachiller en Filo-sofa y Letras otorgado por el ColegioNacional de San Bartolom, Oficial dela Repblica de Colombia. En ese cen-tro haba estudiado latn en el quinto ysexto curso. En Bogot se doctor enT eologa. Los datos ms significativos del expediente universitario de Rubinos sonlas calificaciones de Sobresaliente –lasmximas de entonces– que obtuvieraen las diecisis asignaturas de la carre-ra, correspondientes a los cursos1933-1934, 1937-1938 y 1938-1939.Entre ellas se hallaban tres cursos deLengua y Literatura Latinas, tres cur-s os de Lengua y Literatura Griegas, uno de Lingstica, uno de Filologa Clsi ca, T raduccin al espaol de dos textos en latn de Jos Rubinos Amaury B. Carbn Sierra Latinista y profesor de la Universidad de La Habana DOCUMENTOS RAROS

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204 y otro de Historia Antigua y Medieval. Sus profesores de Latn fueronV icentina Antua y Adolfo de Aragn, “romano de alma e ingenio, con su gua-yabera criolla que se revesta de ladignidad de la toga”; los de Griego, Ma-nuel Bisb y Mercedes Labourdete; elde Lingstica, Juan M. Dihigo, “el in-signe humanista y lingista”. 2 Aunque concluy la enseanza oficial en 1939, no fue hasta el 28 y 29de julio de 1942 cuando, efectuados lospagos de los derechos del grado deDoctor en Filosofa y Letras y la de-signacin del tribunal por el decano dela Facultad Roberto Agramonte, se realizaron los ejercicios, los cualesrecibieron la votacin de Sobresalientedel tribunal examinador integrado por Juan Miguel Dihigo y Mestre como pre-sidente; Salvador Salazar y Rois, vocal;y Calixto Mas y Vzquez, secretario.La tesis defendida fue “Miguel ngel,poeta”, y el tema seleccionado al azarpara su desarrollo: “El romanticismo ysus caractersticas”. El ttulo de Doc-tor le fue expedido el 5 de agosto de1942 (folio 6, nmero 131). Jos Rubinos y Ramos forma parte tambin de nuestra tradicin clsicacomo autor neolatino; de ah que subra-yramos sus estudios de esasasignaturas y otras afines, aunque entodas obtuvo la mxima calificacin.De l se conservan en el Archivo de la Real Academia Gallega (carpeta 212-5) dos poemas en latn: Duo angues (apologus asceticus) y Ad Magistrum. 1 Del primer poema, existen dos versiones manuscritas en elArchivo de la Real Academia Gallega (carpeta 212-5), de la que fue miem-bro de honor Una est datada en Bogot en 1919, y la otra en 1920. Lasdiferencias entre una y otra versin lasindica Xess Ferro Ruibal en notas. Ofrecemos seguidamente nuestra versin castellana del poema: Dos serpientes No hay gloria sin sacrificio Iban por la pradera dos serpientes degrandes ojos que r ozaban con su pecho lbrico la blanda hierba, cuandouna de ellas, volviendo la cabeza einflando su lvida cola, dijo: “Dilectaculebra, ya no quier o serpear ni deseo terminar en una piel vieja y laforma de una serpiente”.A esta le dice Cobar de (es el nombr e de ese r eptil): “Oh, V aliente, yo tambin as lo deseo. Per o di cmo”. V aliente le r esponde: “He aqu un cir uelo silvestr e. Despojmonos de la piel fr otando los cuerpos contra las espinas”.Per o Cobar de le r eplica con ar dor: “¡Qu yo fr ote la piel contra las espinas...! ¡No har tales cosas,amigo...! Y es ms, aunque mude lapiel, ser siempr e una serpiente”. V aliente le r espondi: “El pr opio Dios no puede sacar palomas de lasnegras serpientes celestes?”.“Oh, infeliz Cobar de, fr ota t el lodo. Y o no quier o”. As dice, y el hirsuto bosque se cubr e de espinas. Entonces se escucha el estridor de lapiel, de las espinas... Luego nada ms...Per o de pr onto hier e el air e un aleteo. Apar ece una hermosa paloma sur cando el clar o cielo. Asciende audaz, y ms rpido que las alas del rayo.[..........]Per o la otra serpiente muri por temor a las espinas.

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205 De la segunda composicin latina titulada Ad magistrum, existen en el mismo fondo dos copias mecanografia-das. Slo difieren en la dedicatoriamanuscrita: una dice Al Dr Adolfo Aragn, y la otra, Al Dr Adolfo Aragn, pr ofesor de la Universidad. Las dos llevan la firma de JosRubinos, pero la de la dedicatoria mslarga agrega “1939?”. Segn FerroRuibal, en cuyo trabajo nos basamos, lainterrogacin indica que el autor no es-taba seguro de la fecha en que redactlos versos, por lo que consigna la de lapoca en que se doctor en Filosofa yLetras en la Universidad de La Haba-na. En realidad, como hemos visto, eseao haba concluido la carrera, pero nose haba titulado. Adolfo de Aragn y Muoz (La Habana, 1864-1954), profesor Emrito de la Universidad, fue unprestigioso catedrtico de Lengua y Li-teratura Latinas. En su fructferacarrera ascendi a importantes cargoscomo el de decano en varias ocasionesy el de rector de la nica universidadexistente entonces. He aqu nuestra propuesta de traduccin: “Al Maestro” Llevado por el placer ms all de lo habitual, quisiera r ecoger las flor es amenas del jar dn de V ir gilio, y ceir la fr ente del famoso y querido maestr o. Por ti r ecor r o los prados del amable Marn, y me es dado llevar la mano a las puras fuentes venusinas. T ambin conmigo habla Cicern, la grangloria de Roma. Cor r e veloz y huye el ir r eparable tiempo, se desliza como un ro y se lleva las silencio-sas horas y cr eemos siempr e que lo [que ha] pasado es lo mejor; sin em-bar go, tendrs por los siglos de los siglos un nombr e famoso: en lo hondo del corazn de tus alumnospermanece guar dado. El V enusino canta los versos del sever o Orbilio; per o nosotr os cantar emos al docto y afable Aragn.Notas1 Agradezco al doctor Xess Ferro Ruibal, el envo de su imprescindible estudio Tr es escritor es latinos na Galicia do sculo XX (Santiago de Compostela: Centro Ramn Pieiro para laInvestigacin en Humanidades, 1999), y a lalicenciada Y olanda V idal, responsable del Fondo Gallego del Instituto de Literatura y Lingstica,hacerlo llegar a mis manos. Agradezco tambin a la licenciada Dania Vzquez Matos, del propioInstituto, su documentado trabajo “Jos Rubinos,su obra literaria y periodstica en Cuba”,publicado en Galicia en el 2002; as como lacolaboracin de los compaeros del Archivo Histrico de la Universidad de La Habana,principalmente de su directora Hilda Len, y delas eficientes Maelis Santos y Roxana Madruga.2 Calificativos de Rubinos a sus profesores en el artculo “En el da de los doctores de Ciencias yLetras” ( Seleccin de cien artculos..., p. 48).

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206 DOCUMENTOS RAROS LIBROS H a aparecido recientemente bajo el sello de Publicaciones Acuario del Centro Flix V arela un ensayo que enseguida se ha vuelto imprescindiblepara la cultura cubana. Recorre la his-toria del cimarrn a travs de diferenteshitos de nuestra historia. No aparecereducido, como tantas veces ha ocurri-do, a su arista folklrica y se le presentadesde una perspectiva que trasciendelos lmites de la cuestin racial. Enefecto, el cimarrn hace muchos aosdej de ser patrimonio de una raza paraconvertirse en fundamento de una na-cin. No debe verse slo en su condicinde arquetipo pico, aunque es imposibledejar de verlo un poco as e ignorar tan-tas dcadas de tradicin hermenutica.Ha llegado el momento de considerar alcimarronaje desde una dimensin menosrestrictiva. Lleg la hora de lareevaluacin justa de un tema viejo. Eltiempo ha terminado por colocarlo en susitio. La profunda relacin entre el cimarronaje y la cultura cubana quedaevidenciada en las ms dismiles reas.Ese vnculo tan estrecho es sig no de una conciencia colectiva que desde siem-pre supo de la futuridad de esefenmeno para lo cubano. Aquello que otrora estaba en nuestro subconscien te social hoy se nos muestra con una cla-ridad meridiana. Hay en el cimarronaje la manifestacin de una eticidad que es anterior anuestra cultura letrada y que la superay antecede en el tiempo. Fue la prime-ra manifestacin de un proceso quems adelante cuajara en los proyectospolticos emancipatorios decimonnicosdel pueblo cubano. Casi nos atrevera-mos a afirmar que la tica popular enCuba es anterior a la poltica, la prece-de, y este hecho no es mera prioridadcronolgica sino esencia nacional. Hubo en el cimarronaje una utopa social implcita. El palenque es nuestrautopa. No faltar quien diga que no hayotra mejor que la de Santo T oms Moro, pero no dejar de resultar enor-memente pertinente el hecho de haberaparecido de manera espontnea y node la mano de la cultura letrada, quevenga como una necesidad y no comouna teora. Ah radica la diferencia Elogio de un Bemb… (a pr opsito del ltimo libr o de la doctora Ana Cair o) Amauri Francisco Gutirrez Coto Crtico literario

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207 fun damental entre las utopas americanas y las europeas. Se podran buscarotros rasgos comunes entre las utopassociales que buscan la dignidad verdadera del hombre en Amrica, pero nadie podra negar que este sea unode ellos. El palenque es manifestacinde esa necesidad intrnseca del hom-bre de una utopa social que va msall de las urgencias de la cultura in-telectual. La utopa es una necesidad antropolgica del hombre y elcimarronaje es signo de ello. Ah est la demostracin de que el retornoednico es un imperativo de todo serhumano. Ese retorno que para algunoses una metfora de la utopa social ypara otros esperanza real. Un estudio minucioso del cimarronaje nos revela una propuesta antropolgicaque se fue estructurando como respuestaa una situacin de falta de dignidad humana. El cimarronaje es, por tanto, una estrategia de dignificacin de la condi-cin humana frente a situaciones queesclavizan. Faltara, entre los rasgosdefinitorios de la cubanidad de Lo cubano en la poesa definir el aporte del cimarronaje a la identidad del cubanoen cuanto ser humano. Ser cubano es y ser siempre ser cimarrn con inde-pendencia del color de la piel. Ser cimarrn no significa necesariamente ver la solucin de algnproblema como huida sino como bs-queda de refugio y resistencia. Se tratade dar soluciones alternativas que per-siguen aferrarse a esa necesidadconsustancial al ser humano de vivir enla tierra una utopa. Este libro de la doctora Ana Cairo persigue abrir un nuevo espacio de in-dagacin dentro de los imaginariostradicionales del cubano. Es una nue-va mirada imprescindible y fecunda. Ellibro cuenta adems con una acertadaseleccin de documentos que comple-ta y apoya el itinerario reflexivo delensayo, pero al mismo tiempo incita alos investigadores a recorrer nuevasrutas. Ese es el caso del problema dela esclavitud como cuestin teolgicadel pensamiento cubano y de la prcti-ca pastoral catlica como intento desolucin parcial a lo que slo la inde-pendencia definitiva podra resolver El tema del cimarronaje es viejo en la reflexin ensaystica nacional, aun-que ahora regresa con nuevos bros yabriendo otras puertas.

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