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Revista de la Biblioteca Nacional

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Material Information

Title:
Revista de la Biblioteca Nacional
Added title page title:
Revista de la Biblioteca Nacional (Havana, Cuba)
Physical Description:
50 v. : ill. ; 26 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Biblioteca Nacional (Havana, Cuba)
Biblioteca Nacional José Martí
Publisher:
La Biblioteca
Place of Publication:
Habana, Cuba
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Bibliography -- Periodicals.
Cuban literature -- Bibliography -- Periodicals.
Cuba -- Bio-bibliography -- Periodicals.
Genre:
serial   ( sobekcm )

Notes

Citation/Reference:
Also, Biblioteca Nacional "José Martí". Revista de la Biblioteca Nacional "José Martí" (OCoLC)2454556
Bibliography:
Indexes: T. 1-4, 1949-53 with t.4.
General Note:
Title from cover.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All rights reserved by the holding and source institution.
Resource Identifier:
oclc - 2459262
System ID:
AA00019219:00036


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2 Director anterior : Julio Le Riverend Brusone (1978-1993)Director: Eliades Acosta MatosConsejo de Redaccin:Rafael Acosta de Arriba, Salvador Bueno Menndez, Ana Cairo Ballester, Toms Fernndez Robaina, Josefina Garca Carranza, Zoila Lapique Becali, Enrique Lpez Mesa, Francisco Prez Guzmn, Siomara Snchez, Emilio Setin, Carmen Surez Len, Eduardo Torres CuevasJefa de Redaccin: Araceli Garca CarranzaEdicin : Marta Beatriz ArmenterosDiseo e ilustracin: Luis Garzn MasabComposicin electrnica: Departamento de Ediciones de la Subdireccin de Promocin y Desarrollo Biblioteca Nacional Jos MartCanje: Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart Plaza de la Revolucin Ciudad de La Habana Fax: 81 6224 / 33 5938 Email: bnjm@jm.lib.cult.cu En Internet puede localizarnos: htp/binanet.lib.cult.cuPrimera poca 1909-1912Segunda poca 1949-1958Tercera poca 1959-1993Cuarta poca 1999La Revista no se considera obligada a devolver originales no solicitados. Cada autor se responsabiliza con sus opiniones. Ao 90/ Cuarta poca Octubre-diciembre 1999 Nmero 4 Ciudad de La Habana ISSN 0006-1727 RNPS 0383

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3ndice GeneralELIADES ACOSTA MATOS Umbral ........................................................................................................................ ....... 5CINTIO VITIER La mano agradecidaANA CAIRO Cintio Vitier desde cuatro cartas A Emilio Ballagas ............................................................................................................ A Don Rafael Surez Sols A Chacn y Calvo A Manuel Navarro LunaFINA GARCA MARRUZ Poesas escogidas de Cintio VitierROBERTO FERNNDEZ RETAMAR Con Cintio GRAZIELLA POGOLOTTI Los oficios de Cintio ................................................................................................ 15 ARACELI GARCA CARRANZA Unas lneas de recuerdo para Cintio Vitier.................. 14IVAN A. SCHULMAN Penltimos recuerdos .......................................................................................................... .. 18 MONS. CARLOS MANUEL DE CSPEDES GARCA-MENOCAL Cintio Vitier o la duda largamente saciada por los ojos abiertos de su alma ...................................... 22 RAFAEL CEPEDA Una palabra en la palabra...................... 81 ADOLFO HAM El reclamo tico de Ese sol del mundo moral ....................................................... 92 PEDRO PABLO RODRGUEZ Una fuerza moral..................................... 50 TOMS FERNNDEZ ROBAINA Hablemos de Cintio, de Fina, de Eliseo, de Bella, el grupo Orgenes que conoc en la Biblioteca Nacional.................. MAYERN BELLO Cintio Vitier y Eliseo Diego: fragmentos de un dilogo.................................................. IBRAHM HIDALGO Con Cintio y Fina en la memoria.............................. 63

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4 VCTOR FOWLER De un simple lector CARIDAD ATENCIO Permanencia de un descubrimiento.............................................................................................. 114 CARMEN SUREZ LE"N Cintio traduciendo a Mallarm ....................................................................... 37 AMAURY B. CARB"N SIERRA Cintio y Fina: dos juicios sobre lo cubano y lo grecolatino en la poesa...................... IVETTE FUENTES Las novelas de Cintio Vitier: un nuevo sol para el mundo moral............................................. 100 ALEXANDER PREZ HEREDIA Obras de Cintio Vitier.............................................................................................. 114 VIGENCIAS MODESTO GONZLEZ SEDEO La vida pblica y secreta de Encarnacin de Varona (5ta. parte) ........................ 125 ELIADES ACOSTA MATOS Elogio al doctor Eduardo Torres Cuevas, Premio Nacional de Ciencias Sociales, 2000........................ 125 NOEM MADEROS Las cuatro estaciones: sexismo y lenguaje.................................................................. 114RELECTURASPolmica Maach-Lezama-Vitier-Ortega ANA CAIRO Sobre la polmica ..................................................................... 135 JORGE MAACH El arcano de cierta poesa nueva. Carta abierta al poeta Jos Lezama Lima.............................................................................................. 137JOS LEZAMA LIMA Respuestas y nuevas interrogaciones. Carta abierta a Jorge Maach ............................................................................................ 139 MANUEL MILLOR DAZ Sobre el dilogo Lezama-Maach............................................... 143 JORGE MAACH Reacciones a un dilogo literario (algo ms sobre poesa viaje y nueva) ...................... 140 JORGE MAACHFinal sobre la comunicacin potica............................................................ 143CINTIO VITIERJorge Maach y nuestra poesa............................................................ 143JORGE MAACHBreve rplica a Cintio Vitier ............................................................ 143

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5CINTIO VITIERJorge Maach y nuestra poesa (II) ..............................................................LUIS ORTEGACoquetera intelectualLIBROS SONIA ALMAZN Fredika en Cuba...... NARA ARAUJO Una posicin femenina de mediacin, Adriana Mndez Rdenas y la condesa de Merlin ........................................................................................................ EN LA BIBLIOTECA RAFAEL ACOSTA DE ARRIBA Presentacin del nmero 3-4 (julio-diciembre del 2000) de la Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart ....... MARTA B. ARMENTEROS Actividades ....... BIBLIOGRAFA ARACELI GARCA CARRANZA Y JOSEFINA GARCA CARRANZA Bibliografa de Cintio Vitier Suplemento .......................................................... 145

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9 La mano agradecida Cintio VitierCuando a uno le preguntan la ocupacin o profesin y uno responde, quizs un poco apenado, “escritor”, qu es lo que se entiende por esta palabra? Escritor (dice el Diccionario con su acostumbrada simplicidad) es la persona que escribe, el autor de obras escritas o impresas. Y por cierto, tambin, en su acepcin antigua, “secretario”: actualmente, una especie de secretario de s mismo, el que escribe sus propios secretos... o los oculta, porque la escritura sirve a la vez para manifestar y para metamorfosear, lo que explica el carcter siempre ambiguo de “lo literario”. Slo hablar es natural, deca Mart en una carta a Mercado, y eso que, en l, el escribir alcanz mxima transparencia. Volviendo a la apenada respuesta, cuando uno dice “escritor”, en seguida aparece en la pantalla otra palabrita ms insoportable an que es “intelectual”. Se supone que el escritor es alguien que se define por los mritos y productos de su inteligencia, a tal punto descorporizado que resulta chocante ver su foto, por lo dems inevitable, con orejas, nariz y una profunda arruga entre las cejas. “Es que ha ledo mucho”, piensa el que lo observa piadoso, porque para escribir mucho hay que leer mucho; pero lo que generalmente no se le ocurre es mirarle las manos. Recordando ahora las manos de mi abuelo paterno, que era carpintero de Ingenio, y las manos de mi padre, que hasta los catorce aos fue pesador de caa y se pas la mayor parte de su vida escribiendo artculos, ensayos, estudios, libros, se me aparecen indistintamente como lo que en realidad eran: manos de trabajadores a la vez manuales e intelectuales. Mi abuelo hizo la mesa en que mi padre escribi durante aos y en la cual escribo. Lo que he heredado es el trabajo de sus manos, que era tam bin el trabajo de su atencin y de su alma. Todo trabajo bien hecho es un trabajo del alma, vino a decirnos Juan Ramn Jimnez con su inolvidable conferencia sobre “EI trabajo gustoso”, en 1937, piedra angular de lo que l llam su “comunismo potico”, que tantos aos despus veramos reaparecer en aquella “espiga cortada con gracia” de que habl Ernesto Che Guevara. Cortar caa para la zafra del 70, “con las mismas manos”, como dira Roberto Fernndez Retamar, con que se han escrito versos y prosas durante tantos aos, no me fue ciertamente fcil, y menos an derivar de ello un placer equivalente al de cortar una espiga con gracia. El milagro, sin embargo, ocurri. La espiga cortada con gracia, el trabajo ya gustoso, era la fraternidad bajo las estrellas al final de la jornada, en el albergue “Pedro Lantigua” cercano al Central Habana Libre: la fraternidad de mi abuelo el carpintero y mi padre el escritor. La fraternidad de los trabajadores voluntarios y libres en pleno comunismo potico. All un obrero de mantenimiento de la Biblioteca Nacional, aludiendo con ca-

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10rio al lentsimo aumento de mi productividad en la brigada, me reiter lo que ya me haba dicho, rodeado de libros, en la Sala Mart que l deba pintar: “La mano es la que dice, doctor”. La mano, en efecto, es la que tiene que cumplir: la mano carnal y la mano del alma, hechas una sola. La mano del campesino, el obrero y el cirujano, la mano del msico y el pintor, la mano del combatiente, la mano de la mujer, la mano del poeta. La mano que ahora yo quisiera estrechar, agradecidamente, de los trabajadores todos de mi patria, que me igualan a ellos con esta distincin de la Central de Trabajadores de Cuba.* Palabras al recibir en el Centro de Estudios Martianos, el 10 de mayo del 2001, el Sello Conmemorativo del 60 Aniversario de la Fundacin de la CTC.

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11 Cintio Vitier desde cuatro cartas Ana CairoEnsayista y profesora de la Universidad de La HabanaCon motivo de este homenaje a Cintio, las especialistas del Archivo Literario de la biblioteca del Instituto de Literatura y Lingstica nos han facilitado el acceso a un grupo de cartas suyas, que all atesoran en distintas colecciones. Se han seleccionado cuatro muy representativas de sus altas calidades ticas como amigo, poeta y crtico literario, como “hombre entero” en el sentido exacto que le otorga a esa categora martiana Fina Garca Marruz en su excelente ensayo “Las cartas de Mart” (1968). La misiva a Emilio Ballagas (1908-1954) sorprende por el brillo de la sagacidad crtica de Cintio, quien –en primera lectura– enjuicia certeramente la trascendencia del poema “Nocturno y elega” dentro de la evolucin del intelectual camageyana Cintio ha narrado las fases de su amistad con el autor de Jbilo y fuga, cuya obra orden con devocin de amigo en Obras poticas de Ballagas (1955). En la segunda carta agradece con nobleza y modestia los elogios que escribe el crtico Rafael Surez Sols (18811968) al publicarse su poemario Canto llano Las reflexiones sobre qu significa para l escribir en espaol, tienen un particular inters. En la tercera epstola dirigida al crtico e historiador Jos Mara Chacn y Calvo (1893-1969), entonces presidente de la Academia Cubana de la Lengua, alude al arduo esfuerzo intelectual que conllev la escritura y edicin de Lo cubano en la poesa. En la ltima misiva, a Manuel Navarro Luna (1894-1966) emociona el modo amistoso con qu Cintio exalta las caractersticas personales de este poeta revolucionario. La relacin epistolar entre ambos comenz en 1952, cuando Cintio le solicit ayuda en materiales y datos para la elaboracin de la antologa Cincuenta aos de poesa cubana 1902-1952

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12 Habana, octubre 25 de 1938 Sr. Dr. Emilio Ballagas Santa Clara Admirado amigo: Recib su carta inapreciable. Sinceramente, me alegr muchissimo. Con posterioridad, me ha llegado su poe ma “Nocturno y Elega”, envo que agradezco a Ud. por el deleite que me trajo y por su dedicatoria tan buena conmigo. He ledo este poema suyo con tanto silencio que no s qu decirle. Ni estoy a distancia para pensar en l. Su poesa, adems, es de las que lo encienden a uno por dentro. A mi siempre me arrastra su vena de llanto abandonado, casi annimo. Pero s puedo decirle que en mi modesto preferir “Nocturno y Elega” es lo mejor que le he ledo y lo ms puro de nuestra lrica nueva. Quiz porque le reverdece aqu, como nunca, el ser romntico, agria raz de humanidad un poco olvidado ahora. Lo que ms me gusta, y entristece, de su primera y ltima poesa es ese desgaire infantil, esa voz convaleciente, esa luz –que me seal Juan Ramn Jimnez en nuestras tardes con lamos– “equivocada”. Todo lo cual solo lo tiene Ud. en el mundo. Otros momentos de su obra me tienen conmovido tambin. No creo que lleguen a leer jams cosas tan amargas ni tan mas como “Retrato” y “De otro modo”. Le ofrece su profunda admiracin y amistad Cynthio Vitier(Texto manuscrito. Coleccin Ballagas, n. 175. Biblioteca del Instituto de Literatura y Lingstica).

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13La Habana, 31 de agosto de 1956 Sr. D. Rafael Surez Solis Ciudad Mi distinguido amigo: En la maana de San Ignacio me han iluminado sus palabras1generosas con la mejor compaa de estoicos y cristianos viejos. Gracias. Las ms vivas comunicaciones con las que van de unas soledades a otras, y me ennoblece haber llegado a las suyas, tan aejadas por una obediente y risuea sabidura. Estos versos me han dado la sensacin, por primera vez en mi vida, de escribir en espaol – con todo lo que esto significa (para m) de consecuencias estticas, humanas, religiosas. Su testimonio por eso me ha alegrado, al devolverme el peso de las palabras que necesitaban su comprobacin en una mano conocedora del pao. Lo leo y lo admiro siempre por su modo de ver pasar los das con el guio de la bondadosa inteligencia y la gravedad de la ilusin. En su artculo he encontrado el estmulo de hoy, de la Providencia de Hoy, que es la nica verdadera, para no cejar en la ingenuidad de mi escritura. Le estrecha la mano su amigo. Cintio Vitier(Texto manuscrito. Coleccin Surez Sols, n. 245. Biblioteca del Instituto de Literatura y Lingstica.)1 Alude al artculo de Rafel Surez Solis: “Libro segundo. Canto llano ”. Diario de la Marina (La Habana) 31 jul. 1956: 4-A.

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14Agosto 22/58 Mi querido Chacn: Anoche fuimos mi mujer y yo al hotel “Ocean Haven” (¡cun lejos su atmsfera del poema que Hopkins titul “Heaven Haven”!), con la esperanza de encontrar cartas de la familia, y tuve la gratsima sorpresa de hallar, junto a ellas, una suya, llena de su precioso fervor por nuestra cultura y de su incansable generosidad conmigo. Quiero contestarle enseguida con la confianza a que me obliga su gesto. Estoy aqu descansando de un ao de trabajo en un libro1 que pronto aparecer y que es consecuencia de un curso ofrecido en el Lyceum, sobre poesa cubana. Usted sabe que, no ya la redaccin, sino las revisiones y el cuidado en la imprenta de un libro de 500 pginas es tarea abrumadora en nuestro pas. En ese libro doy el mximo a que he podido llegar en mi interpretacin de los poetas cubanos que ms me interesan, desde Silvestre de Balboa hasta hoy. All desde luego dedico un captulo bastante extenso a Boti y Poveda. No creo que actualmente pueda aadir nada esencial a esas pginas, y menos al exhaustivo estudio2 de Fernndez Retamar. Pero sobre todo le confieso que estoy literalmente “saturado” de poesa cubana. Me he ocupado mucho de ella, quizs demasiado en los ltimos tiempos, y ahora es preciso (si no quiero marchitar definitivamente su inters en m) dejarlo descansar, hasta que logre nuevas perspectivas e ilusiones. Estoy seguro de que usted comprende mi situacin. Por lo dems me parece justsimo el homenaje a Boti, artfice ejemplar que rescat el honor de nuestra poesa; y me gustara or en esa sesin la voz de los que ms de cerca lo conocieron y pudieron recibir su influencia potica y humana. Usted sabe el carioso respeto con que le escribo, y que no puede haber en mis palabras otra cosa que gratitud. Pero hasta las cosas que ms amamos (revelando as a la postre su condicin mortal), pueden a veces exigirnos una pausa, una suspensin, un silencio. Slo hay algo que se revela inagotable, cuyo trato sin embargo obstinadamente rehuimos. Mi estancia aqu ser muy breve, as que pronto tendr el gusto de saludarlo personalmente. Entre tanto, reciba el testimonio de mi ms vivo reconocimiento (dir el doctor Fonseca que esto es un galicismo?), y los ms afectuosos recuerdos de Fina y de su amigo. Cintio Vitier(Texto manuscrito en papel con membrete Hotel The Arlington, Miami Beach. Coleccin Chacn y Calvo, n. 7942. Biblioteca del Instituto de Literatura y Lingstica).1 Se refiere a Lo cubano en la poesa.2 Se trata del ensayo “En los ochenta aos de Regino Boti” de Roberto Fernndez Retamar.

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15Santa Clara, 4 de febrero de 1960 Sr. Manuel Navarro Luna Manzanillo, Oriente Distinguido amigo: Desde hace dos meses, a causa del torbellino en que viv ltimamente, estoy por contestar su carta. Esa contestacin no puede ser ms que un apretn de manos clido; mejor, un cubano abrazo –que si en tantos ha sido y es doblez y falsa– en m slo puede ser una expresin de gratitud y de afecto entraables. Lo quiero ms ahora; lo admiro y lo quiero mucho ms por su carta de gran corazn de poeta, una de las cartas ms hermosas que he recibido en mi vida. Cuba entera est en sus poemas, vibrando poderosamente erguida, desde los guerreros sensitivos de nuestro siglo XIX hasta los fabulosos libertadores de hoy. Cuba est ntegra en su palabra y en su gesto de gran poeta. Reciba el testimonio de sincera estimacin de su verdadero amigo. Cintio Vitier(Texto mecanuscrito. Coleccin Manuel Navarro Luna. Biblioteca del Instituto de Literatura y Lingstica).

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16 Poesas escogidas de Cintio Vitier* Fina Garca MarruzPoetisa y ensayistaNo es esta una antologa que recorra los poemas que estamos habituados a considerar ms significativos de tan larga trayectoria potica. Su autor ha querido dejarlos momentneamente atrs para hacer la prueba de escoger justamente aquellos que por su mayor extensin figuran escasamente en sus selecciones, y dar as una visin distinta, diramos “a vuelo de pjaro”, de esa misma trayectoria, en que sus temas esenciales reaparecen a distancia mayor, a manera de una partitura orquestal que los sacase de su mbito ms ntimo y sucesin temporal, para ofrecerlos en un espacio ms concentrado y objetivador. Ya desde sus primeras reflexiones sobre la poesa lo vemos contraponer “el xtasis y el discurso”, prefiriendo el primero, lo que llamara Mart “el instante raro”, y escuchando lo que su bienamado maestro Juan Ramn Jimnez –que escogi y prolog su primer libro, Luz ya sueo 1938– dijera acerca del poema largo “sostenido por el ingenio”. Pero el mismo Juan Ramn habra de necesitar tambin, en su madurez ltima, el mbito mayor que da ttulo a su poema “Espacio”. No estamos aqu, sin embargo, ante una segunda necesidad expresiva, sino en el trance de recoger, desde la primera, aquellos momentos de suspensin espaciotemporal que marquen los hitos de una trayectoria lrica ms demoradamente expuesta en sus textos sucesivos. Quizs no sea yo, que tan cerca estoy de todos ellos y que tan difcilmente podra renunciar, como quiere el autor en esta seleccin, a tantos poemas que me son entraables, la ms indicada para hacer su crtica. Prefiero remitirme al excelente estudio de Enrique Sanz, La obra potica de Cintio Vitier (1998), basado en sus tres compilaciones poticas: Vsperas (1938-1953), Testimonios (1953-1968), continuada por La fecha al pie (1969-1975) y Nupcias (hasta 1992). Ah el crtico sagazmente recorre desde sus textos ms transparentes y almados hasta lo que llama la “densidad lexical y conceptual de aquella extraeza de estar” que dar nombre en 1944 a uno de sus cuadernos mas reveladores. Dos de los ms significativos aportes de esta exgesis –precedida por un breve recuento de la poesa cubana anterior al llamado Grupo Orgenes– consisten en sealarle su esencial vocacin o pasin por el conocimiento en sentido ontolgico, dirigido a las eternas preguntas: “Qu es Esto?”, “Quin soy y qu me hago?”, con “avidez de desciframiento”, as como advertir, a propsito de los tres maestros recono -* Introduccin a la segunda parte del libro Poesa escogida de Fina Garca Marruz y Cintio Vitier, publicado por la Editorial Norma, de Santaf de Bogot, Colombia, en 1999.

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17cidos en su juvenil Experiencia de la poesa 1944 (Juan Ramn, Lezama, Vallejo), tan diversos entre s, ms que la huella de su escritura, la exigencia distinta que cada uno de ellos hizo a su progresivo descubrimiento. Otro de los muchos aciertos de Sanz est en haber valorado la poco advertida importancia de los poemas que el autor de Conjeturas (1951) dedic a la experiencia de su viaje juvenil a Europa (Francia y Espaa, 1949) en busca de las races de nuestra cultura, que no fue slo “el clsico viaje para saber” sino lo que el propio poeta sentira, junto al deslumbramiento del arte, all no slo en los museos, como un verdadero “viaje al Hades”, necesario a toda penetracin interior en lo profundo. All, en una especie de caos primigenio, la presencia de Espaa en la carnalidad del cura que el poeta ve en el tren y que iba “a predicar a Andjar”, no sin antes sacar el sanchesco queso y la navaja del bolso, hasta la transparencia espiritual del paisaje teresiano, ambos con el contrapeso del palacio del Escorial, del palacio construido por el rey en un pramo–que tanto tena que decirle al autor de “Palabras a la aridez”–, al que tan pronto llama “monumento del no” como “palacio nupcial del imposible”. Es aquel “imposible” en que crey de nio, en su provincia, mirando al ro “grande, oscuro, inmemorial” del vivir mismo, dividido en sus dos puentes, paralelo al sobrevolar del ave (“Un ave para?”), cuyo sentido desconoce, o el tren nocturno en el campo, anhelante, que oye con una mezcla de angustia y “oscura dicha”. Es la “huesuda mujer” sentada en el parque, son los “aciagos danzones de angustiosa patria”. Es el cario de la casa materna y las insinuaciones del Maligno, del que libran los canteros del patio en que escucha a la luz escogiendo sus violetas. Batalla siempre “de lo izquierdo y lo derecho”, que parece que no va a terminar nunca. Seala Sanz algo tambin advertido por otros crticos, y es la presencia, en parte compartida por otros poetas muy cercanos, como su condiscpulo y hermano en la vida, Eliseo Diego, de “lo familiar trascendente”, peculiar “trascendentalismo” que ya haba sido acuado por Roberto Fernndez Retamar en su tesis sobre la poesa moderna en Cuba (1954). El recorrido llega hasta la final etapa que Sanz titula “Nupcias o de la armona”, con su siempre buscada “reconciliacin de lo posible y lo imposible, la contemplacin y el acto, lo conocido y lo desconocido”, que a juicio del poeta ha de captarse “como desconocido”, sin permitir que “lo poderoso ininteligible” caiga en la tentacin de volverse “asunto cognoscible” a una luz cegadora y ya sin materna sombra, descastndose, o haciendo huir a las ninfas del bosque, todo “esfinge sucesiva”. Tanto “tiento” es necesario en estas captaciones que, a diferencia de las que hace slo el intelecto, han de captar tambin la luz que huye. Vemos as la total coherencia, presente ya en estos tres ttulos, de un recorrido que va de las rumoreantes “vsperas” del ser a los “testimonios” de la agona paridora, que en poema as nombrado (“Agona”, noche del mal poseyendo a la patria) alcanzara un clmax subraya do por Sanz, hasta llegar a la entrada del Ejrcito Rebelde en La Habana, tal

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18como se testifica en “El rostro”, imagen de una resurreccin histrico-potica y del develamiento del rostro mismo –tantas veces buscado, sorprendido y perdido– de la patria. No ha de extraar que el ltimo libro de esta triloga se titule Nupcias Habra que decir que esta “entrada” en la historia, que tuvo su antecedente en Lo cubano en la poesa (1958), hallar su correlato en Ese sol del mundo moral (1975), recuento de la eticidad cubana desde los das fundadores de Caballero, Varela, Luz, nuestro esencial Mart, hasta el umbral del triunfo revolucionario. Otros temas sealaramos a un lenguaje en que funde lo que llama su “destrozado arribo a la frontera de los cuerpos” con una rara serenidad que alguna vez atribuye a la paterna raza “estoica”. As, las equivalencias de signos antinmicos: “lo cristalino” y “la tiniebla”, la mdula diurna y la nocturna, el ser “bajo el sol” y el ser “bajo la nada”, equivalencias que tanto separan al autor de Sustancia (1950) de la voluntaria “desustanciacin” de otros origenistas. As, tambin. la agustiniana memoria como esperanza, que el ensayista de Nemsine y La zarza ardiendo hizo suya, con su sentido de “La poesa como fidelidad”, como espiritual obediencia, que nada tiene en comn con sumisin alguna, y que dar materia a ese solo poema en varios cantos que es Canto llano (1953-1955), el de su entrada a la Iglesia de los sacramentos. Libro en el que su constante tema de la insuficiencia de la palabra alcanza hasta sus peligros retricos, la palabra sustitutiva de la accin, de la que no sabemos “si el Verbo la perdonar!”. Es as que esta poesa, vista como “un umbral” de algo mayor que ella misma, presente en Vsperas acceder en Testimonios a una segunda conversin, no menor que la primera, a una entrada en la materia de la historia, ya no vista como en “Palabras del hijo prdigo” (1953) (“roto altar, sustancia de la historia, nubes”) sino como umbral de la entrada en la historia verdadera de la Pasin y Redencin del hombre, o del Regreso verdadero al Padre, por lo que el hijo prdigo presiente, al final del poema, “que mi casa, o lo que fuera / el lugar que me impulsaba, no poda estar muy lejos”. La dimensin de este viaje, de este peregrinaje del corazn por el corazn de la noche (“Noche intacta”, “La noche del viajero”, “Agona”, “Noche de Rosario”, que llevara a Daro al encuentro, en “la sagrada selva”, de “la armona”, es la que signa para Sanz su recuento final, “Nupcias o la armona” que el poeta haba presentido desde su juventud con otros nombres, como “Sombra de la ley”, o “Paloma”, a los que dirigi, en tan lejanos aos, su angustiado “¡Escchame!”. Hay todava otros “paseos” como lmparas por una playa siempre salvaje, raz huraa que vuelve a su escritura de nacido en el arenal de un Cayo, “lejos, lejos” de la patria, de la que seguir siempre atisbando “las costas”. Ya se descubren claridades. Ya caen las monedas en la mano del Mendigo “extendida en el umbral”. Y es slo con una leve irona que pregunta si se sabe

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19algo de “un vaco lleno”, de “una lentitud veloz”. Ya “la extraeza” se retira del todo ante el “Cntico de la mirada” frente a la baha de Santiago. Ms all de los tres maestros que reconociera en sus comienzos, salta el nombre de Rimbaud, como saltaba –en su lejano texto “Lo nupcial”– “el aguacero prodigioso / como una llama en medio de la noche”. Y habr todava que constatar que en “Noche de Rosario” el Gran Ausente, all nacido, no estaba ausente, y quedaron las equivalencias deshechas en las risas de la cena amiga compartida con los extraos? Cierto aire “vacacional –slo anticipado en la breve entrega de Ms (1964)– se insinuaba. Ya “el hogar complejo de la naranja herida (Sedienta cita, 1943)– resplandece al sol mediterrneo de “la maanita Guido Cavalcanti” (Versos de la nueva casa, 1992). Ahora sus “Adivinanzas”, videntes o traviesas, su ser “feliz y aciago”, vuelto al ms hondo espacio, lejos de las simetras antinmicas de vida o muerte, en el “oro neutral” de aquella luz velada que entreviera el nio como “sueo”, le revela al Anhelo, atravesando como una flecha todo lo dicho, escrito o cantado, que El nombre del arco, corno hubiramos querido titu l ar esta seleccin, era, sencillamente, Vida.

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20 Con Cintio Roberto Fernndez RetamarPoeta, ensayista, profesor de la Universidad de La Habana y presidente de la Casa de las AmricasYa se haba cambiado, por suerte, el nombre; ya no era Cynthio (como apareca en su precoz libro inicial, de 1938, con elogiosas lneas aljamiadas de Juan Ramn) cuando lo conoc personalmente, avanzado 1951, har pronto, pues, cincuenta aos. Fui a visitarlo a su casa del Reparto Mendoza, cerca de mi barrio de La Vbora, con Titn Gutirrez Alea. Lo he contado otras veces, y no es menester que vuelva a hacerlo. Cintio me haba mandado ya, escuetamente dedicado, su libro Sustancia (1950), y a mi vez yo les haba hecho llegar a Fina y a l mi coetnea Elega como un himno (A Rubn Martnez Villena). Pero adems yo haba ledo, desde su aparicin en 1948, la antologa compilada por Cintio Diez poetas cubanos (19371947) y varios nmeros de la revista Orgenes (presumiblemente con textos suyos ), uno de los cuales, aquel ao 48, me haba sido regalado por Ren Portocarrero, el primer integrante del Grupo Orgenes con quien, gracias a Victor Manuel, hice amistad. Pocas veces un encuentro se iba a revelar tan frtil, tan decisivo en mi vida. Como despus haran muchos nuevos jvenes, me convert en visita habitual de la casa de Cintio y Fina, y con frecuencia les lea mis poemas an inditos. Cintio me llevara a la imprenta car Garca, donde se editaban Orgenes y casi todos los libros que llevaron su sello, para publicar all mi segundo ttulo, Patrias que vio la luz a principios de 1952. El propio Cintio record no hace mucho cmo lo ayud a corregir las pruebas de la antologa suya que vera la luz en 1952 con el ttulo Cincuenta aos de poesa cubana (1902-1952) Yo escriba entonces la que sera mi tesis de grado universitaria, sobre la poesa cubana que me haba precedido a partir de 1927, as que ser fcil imaginar lo que me signific esa experiencia, la cual me permiti ver desde dentro, por as decir, la feliz conjuncin de sensibilidad y sabidura, rigor y pasin con que Cintio se ha acercado siempre a la poesa: como despus lo hara igualmente a otros mbitos de nuestra vida. Fue para m otra alegra, y un honor, que l me presentara cuando en el recordado Lyceum de La Habana leyera yo, en 1953, un captulo de dicha tesis, en la cual volqu el ncleo de la nota con que haba saludado en Orgenes la aparicin de Vsperas la primera suma potica de Cintio. Se ver que a menudo he estado hablando casi a la vez de Cintio y Fina. Es difcil no proceder as, pues es harto sabido que constituyen una pareja ejemplar. Y, sin embargo, quiz por eso mismo, se trata de dos fuertes personalidades, cada una de las cuales conserva sus rasgos distintivos, lo que estoy seguro de que la historia va ratificar. Aunque ese no sea el tema de estas lneas, no quiero dejar de sealarlo. A travs de ellos, Adelaida y yo anudamos honda amistad, entre otros, con Eliseo, Bella, Agustn, Octavio, Samuel, y por supuesto con los hijos suyos que

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21ya haban nacido, y con los que vera mos nacer. As creci nuestra familia. Curiosamente, no debo a Cintio y Fina, sino a mi condiscpulo Mario Parajn, el conocimiento personal de Lezama, a quien tanto debo y a quien di los primeros poemas mos que apareceran en Orgenes ese 1951. Pero fueron sobre todo Cintio y Fina quienes nos hicieron ingresar en la atmsfera de Orgenes, aquel inolvidable oasis de resistencia y creacin espiritual en medio de la maltrecha Repblica de entonces. Por ejemplo, con ellos fuimos a Bauta, para conocer al padre Gaztelu y participar en reuniones que varias fotos han propagado. Dado que el acercamiento de Cintio (como en general de su grupo) a la poesa no era cuestin meramente esteticista, sino que apuntaba a realidades ms hondas, intent caracterizar aquel acercamiento llamando a los poetas de ese grupo, en la mentada tesis, “trascendentalistas”, lo que no creo que los satisfizo demasiado: hecho normal, pues a casi nadie le gusta ser englobado por un nombre. Y entre esas realidades ms hondas haba (hay) en Cintio una suerte de bsqueda vida del alma de la patria, valga lo que valga la expresin. Tal bsqueda, al mismo tiempo que una fidelidad conmovedora a la poesa, se pusieron de manifiesto en el curso que Cintio ofreci en el Lyceum a fines de 1957, poca bien infeliz para el pas, y fue publicado como libro al siguiente ao con el ttulo Lo cubano en la poesa significativamente dedicado as: “A la memoria de mi abuelo, el General de la Guerra de Independencia Jos Mara Bolaos”. La historia iba a dar una resonancia particular a aquella ansiedad de Cintio cuando, pocos meses despus de aparecido su gran libro, en enero de 1959 lleg al poder la Revolucin Cubana. Coherente consigo, Cintio salud el acontecimiento con versos de gran pureza. Por desgracia, debido a oportunismos polticos y mezquindades literarias, hubo seres que, lejos de reconocer en l la gran figura que ya era, lo hicieron objeto, como en general a su grupo, de torvos ataques. Pasar rpido sobre estos tristes incidentes. Pero no puedo dejar de mencionar que ante hechos de ese jaez, Cintio intensific su labor sobre todo en dos lneas: estudiando luminosamente, junto con Fina, la vida y la obra de Jos Mart (llamado por el propio Fidel autor intelectual de nuestra Revolucin) y escribiendo poemas donde expresaba las luchas interiores en que la situacin lo haba colocado. Pues, por aadidura, se trataba de un catlico que viva la experiencia de una revolucin devenida socialista, cuando todava no exista ese conjunto de ideas y conductas que adquiran cuerpo y voz en la Teologa de la Liberacin. Por eso dije hace aos que Cintio y Fina, unidos a compaeros fraternales como Ernesto Cardenal, se contaron entre los precursores de esa noble Teologa. Un admirable libro de poemas de Cintio vendra a coronar aquellas luchas interiores: su segunda suma potica, nombrada con acierto Testimonios (1968). La ltima seccin del libro, “Entrando en materia”, es uno de los ms altos ejemplos de poesa creada en el seno de la Revolucin Cubana. El espacio de que dispongo no me permite extenderme. Me hubiera gustado

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22abordar la revelacin de un Cintio narrador, sus nuevas antologas, los muchos poemas que hasta hoy ha seguido produciendo, tanta penetrante pgina suya. Sin posibilidad para ms, no debo, sin embargo, dejar de mencionar que cuando nuevamente se fue injusto con Cintio, su respuesta fue escribir uno de los libros ms intensos y profundos que debemos a un compatriota: Ese sol del mundo moral. Para una historia de la eticidad cubana (1975), que tard demasiados aos en ver la luz en Cuba. Ni tampoco debo dejar de mencionar que cuando, desde el comienzo del decenio pasado, el pas fue puesto a dursima prueba, y no faltaron quienes, carentes de huelgo, se pasaron con armas y bagajes al enemigo ms que secular de la patria (entre los cuales, como de costumbre, haba vociferantes inquisidores de ayer), Cintio Vitier, el discpulo de Mart, el esclarecedor del Grupo Orgenes, el enamorado de su tierra, el poeta constante, alz su voz y no ha dejado de hacerlo, en defensa de nuestra Amrica y de los pobres de la tierra, con quienes ech su suerte para siempre. A cincuenta aos de haberlo encontrado por primera vez, su amistad y sus lecciones me enorgullecen como pocas cosas.

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23 Los oficios de Cintio Graziella PogolottiProfesora de la Universidad de La Habana y vicepresidenta de la Unin de Escritores y Artistas de CubaLezama esperaba a sus amigos ante la puerta estrecha de la librera La Victoria, en la calle Obispo. Su inmensa humanidad obstrua la entrada. Poco a poco iban llegando todos. Permanecan un rato en amigable conversacin y, luego, marchaban juntos a proseguir la tertulia en el caf Europa. Yo tena que abrirme paso entre ellos y, mientras escuchaba distrada al gesticulador librero Toms y revisaba los volmenes de reciente aparicin, observaba de reojo al grupo, apacible y, sin embargo, polmico en La Habana de entonces. Comprendo ahora que, por aquellos das, Cintio era un hombre con perfil bien definido, instalado en un tiempo de madurez indeterminada, distante de mis afirmaciones y de mis incertidumbres adolescentes. Algo ms tarde, avanzada la dcada del 50, Cintio ofreca en el Lyceum, un ciclo de conferencias, primicia de uno de sus textos fundamentales: Lo cubano en la poesa Eran los tiempos difciles de la dictadura de Batista, cuando la violencia represiva y el sometimiento al imperio parecan haber quebrado el destino de la nacin. La lucha armada en la Sierra, la resistencia de los clandestinos en las ciudades llenaban de sentido al presente y ofrecan una perspectiva de futuro. En esas circunstancias, la relectura de nuestra tradicin potica resultaba mucho ms que un ejercicio literario. Implicaba una operacin de rescate de nuestra propia imagen en la impenitente bsqueda de una plenitud espiritual. Asistir puntualmente a las conferencias se convirti para m en una imperiosa necesidad. Reconoc en Cintio a un maestro. El triunfo de la Revolucin produjo un renacer, una recuperacin de transparencia de las aguas, la apertura hacia un proyecto emancipatorio largamente acariciado. La participacin en un gran movimiento colectivo se imbricaba con el compromiso de cada cual en una accin concreta, en una obra tangible que podamos tocar y modelar con nuestras propias manos. Circunstancias inesperadas, en cierto modo azarosas, me hicieron coincidir con Cintio en la Biblioteca Nacional. En tiempos de intensas conmociones, de acelerados procesos de transformacin que involucraban el conjunto del pas, la Biblioteca poda parecer un refugio, casi una fortaleza. Pero el complejo entramado social renovado se iba tejiendo con delicadsimos hilos que procedan de todas partes. La letra se haca patrimonio de todos, junto a la justicia social y a la soberana nacional conquistada. Para que el perfil patrimonial de la institucin se abriera, a la vez, a la investigacin y a la difusin de la cultura, convergieron alrededor de Mara Teresa Freyre de Andrade personalidades tan diversas como Cintio Vitier y Fina Garca Marruz, Eliseo Diego, Argeliers Len y Juan Prez de la Riva. Despus de un prolongado abandono, haba que desempolvar libros, revistas, documentos e

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24intentar, por todos los medios, cubrir los enormes vacos existentes en la bibliografa cubana. Entre tantos oficios, el de poeta, el de editor, el de maestro, sin descuidar ninguno de ellos, Cintio concedera a partir de entonces buena parte de su tiempo al de investigador. Entre tanta incuria heredada, no era un apacible trabajo de gabinete con aire acondicionado. Haba que hacerlo todo desde el principio, desde las tareas ms rudimentarias. Con su rigor y disciplina habituales, recorri metdicamente las libreras de viejo, a fin de rescatar para todos –nunca en beneficio propio– las obras faltantes. Su jornada cotidiana inclua numerosas horas de bsqueda en medio de los trridos y polvorientos almacenes para salvar los tomitos perdidos entre un variopinto conglomerado. No temi mancharse las manos entre tanto papel arrumbado. El estudioso encontrara all fuentes imprescindibles para el mejor conocimiento de nuestro siglo XIX. De ellas y de su primordial vocacin de servicio se ha seguido nutriendo su obra. En el silencioso quehacer de los aos fecundos de la Biblioteca Nacional, mientras se multiplicaban los oficios de Cintio, segua creciendo su obra en la incansable bsqueda de ese sol del mundo moral. Las contingencias del trabajo compartido fueron sedimentando, da tras da, las bases de nuestra amistad.

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25 Unas lneas de recuerdo para Cintio Vitier Araceli Garca CarranzaBibligrafa y jefa del Dpto. de Bibliografa Cubana de la Biblioteca Nacional Jos MartLa Revista de la Biblioteca Nacional rinde obligado homenaje a Cintio Vitier en su 80 cumpleaos. Ello me exige unas lneas de recuerdos. Difciles lneas en las que debera decir mucho en poco espacio, empeo oneroso para una bibliotecaria que no logr ser escritora. Conoc a Vitier cuando el joven y ya sabio profesor Roberto Fernndez Retamar me dio a conocer en las aulas universitarias, esa piedra angular de nuestra literatura que es Lo cubano en la poesa Uno o dos aos despus, el 1o de febrero de 1962, empec a trabajar en la Biblioteca Nacional Jos Mart. Y all, en el tercer piso, en una mesa larga recin barnizada, el autor de Lo cubano en la poesa, Fina Garca Marruz, Celestino Blanch, Roberto Friol y Rene Mndez Capote seran parte de los primeros destellos que daran un mgico esplendor a la Biblioteca de los 60. Esplendor que todava se percibe en el cubculo que Cintio ocup y en los pasillos del tercer piso de la primera institucin del pas. Y a partir del ao 62 que marcara mi vida para siempre tuve el privilegio de ver crecer a Cintio, desde entonces merecedor cada ao del Premio Nacional de Literatura, como un sol dentro de su mundo moral, sol que brill ms que nunca en los aos 70 y que sigue an brillando con la misma intensidad. En 1963 Cintio Vitier testificara mi matrimonio de toda la vida con Julio Domnguez, y al igual que su matrimonio con Fina, el nuestro tambin sera para siempre. Y en los aos 70 yo sera la jefa de Cintio en el recordado y entraable Departamento de Coleccin Cubana. A pesar de mis aos jvenes supe ver a Cintio desde abajo, afortunadamente, nunca lo vi desde arriba. Y Cintio desde su grandeza intelectual no se ceira slo a sus impecables y eruditas investigaciones literarias, sino que me asesorara hasta en las ms sencillas selecciones bibliogrficas las cuales, casi por arte de magia, logrbamos hacer brillar. sin luces ni colores, en las vitrinas de la Biblioteca Nacional, solamente lucidas con la vala de nuestra inmensa cultura cubana. Luego la creacin del Centro de Estudios Martianos, en 1977, eligira a Cintio y a Fina de nuestra Coleccin Cubana, no as espiritualmente porque siguieron presentes, y siguen presentes, en nuestra querida institucin, la cual le rinde el mejor de los homenajes al ofrecer constante servicio con sus obras poticas y ensaysticas, as como con sus imprescindibles interpretaciones martianas. Pero Cintio y Fina no slo siguen presentes en la Biblioteca Nacional, sino que vivirn por siempre en las ms selectas de las colecciones cubanas y en lo ms valioso de nuestra bibliografa nacional.

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26 Penltimos recuerdos Ivan A. SchulmanEnsayista y crtico literario norteamericanoAl principio era un nombre. En su despacho en la Universidad de California, Manuel Pedro Gonzlez me hablaba de Cintio Vitier, de Cintio Vitier y de Fina Garca Marruz –nombres inseparables. Cuando llegaban las cartas de Cuba– de Cintio, Fina, de Marinello, de Augier– al Departamento de Estudios Hispnicos donde Manuel Pedro reciba su correspondencia, las lea en voz alta, mientras yo estaba en su despacho, pues entre 1954 y 1959 trabaj con l como su ayudante de investigacin. Al principio no eran ms que nombres, pero escuchando las cartas y, tras la lectura, las explicaciones de Manuel Pedro, sobre todo sus reacciones a las cartas kilomtricas y polmicas de Fina –siempre afectuosas– los nombres tomaron forma de cuerpo. Y, por fin, en 1970 los conoc en persona cuando viaj a Cuba por primera vez con una beca Guggenheim para consultar los manuscritos de los Versos libres En esa primera visita de seis semanas, Cintio y Fina me ayudaron a orientarme en mis investigaciones, y con su acostumbrada generosidad me conectaron con muchas figuras de la cultura cubana. Y quiz debiera explicar que si en estas notas al nombrar a Cintio tambin nombro a Fina, es porque a pesar de sus contribuciones intelectuales y culturales individuales, para m constituyen una pareja de voces complementarias, imposibles de separar. El contacto con Cintio y Fina se repiti en cada una de mis visitas, y entre ellas se mantuvo con cartas, sobre todo despus de la publicacin de Las entraas del vaco: ensayos en torno a la modernidad hispanoamericana pues recuerdo que Cintio y Fina, no estuvieron de acuerdo con algunas de las ideas que Evelyn [Picn Garfield] y yo desarrollamos en el libro. Pero, como siempre, nuestras diferencias resultaron fructferas. Me hicieron repensar algunos de los conceptos sobre la naturaleza de la modernidad hispanoamericana del perodo modernista. A travs de los aos el contacto nuestro consisti en la lectura de lo que escribamos, y con los aos creci por el lado personal, sobre todo, despus de mi casamiento con Evelyn y las visitas que hacamos juntos a Cuba. Hubo aos sin contacto personal, los del llamado “quinquenio gris”. Pero a pesar de ese vaco se mantuvo nuestra amistad, reforzada por una posicin en contra de las acusaciones injustas de ese perodo. Las conversaciones con Manuel Pedro en que los nombres de Cintio y Fina siempre estaban presentes han terminado. Pero el dilogo pervive con las conversaciones, los intercambios intelectuales y la amistad de Cintio y Fina. De Cintio siempre me admira su capacidad por revisar, por actualizar, por decir lo justo y lo necesario sobre cualquier tema de la cultura cubana. Y, aparte de su produccin potica, el libro que ms admiro –todava hoy– y que siempre ha sido una obra-modelo para m es

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27Lo cubano en la poesa cuyas “lecciones” he ledo y reledo a travs de los aos. En los dos ltimos aos he viajado a Cuba con mucha frecuencia en relacin con un programa de intercambio educacional con la Universidad de La Habana, lo cual me ha proporcionado el placer de ver a Cintio y Fina ms que en aos anteriores. Pero no importa, estando en Cuba o en casa –en San Agustn– pienso en esta pareja admirable; me da mucho placer contarlos entre mis amigos y me enriquece la lectura de sus ensayos y libros. Pensar en Cintio y Fina es pensar en la cultura cubana, pues con sus libros y ensayos, con su dedicacin a la cultura, a los estudios martianos, con su defensa de los valores ticos, el concepto contemporneo de Cuba se construye y se reconstruye.

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28 Cintio Vitier o la duda largamente saciada por los ojos abiertos de su alma Mons. Carlos Manuel de Cspedes GarcaMenocalEnsayista, telogo y sacerdote catlico Me permito calzar mi testimonio con una cita combinada de dos poemas de Cintio que, a mi entender, le retratan la entraa. De la duda largamente saciada nos habla Cintio en “¡Oh, los das!”. De los ojos abiertos de su alma, en los que tiembla una llama pura, en “Alegra”. Conoc su obra antes de conocerlos personalmente, a Cintio y a Fina, con relacin que desde los inicios fue fraterna, hace ya cuarenta aos. Y quisiera mencionarlos siempre conjuntamente, a Cintio y a Fina, porque, teniendo cada uno su propia identidad, constituyen ambos “una sola carne” en el ms preciso significado del trmino. Y esto de manera abarcadora: existencialmente y en su propia obra, en la que a veces resulta difcil discernir en dnde empieza y termina cada uno de ellos. Que sea este el primer componente de mi testimonio: la luminosa conjuncin de Cintio y Fina que a todos nos alcanza. La unin de ambos provoca una luz resistente, casi bramante, que no puede dejar de ser percibida por quienes hemos tenido el privilegio de su amistad. Afirmar la importancia de Cintio en la cultura cubana durante los ltimos sesenta aos es un lugar comn, pero no por comn menos vlido y cierto. Aprecio sobremanera su poesa y su prosa, ensaystica y de ficcin, y aprecio su gestin cultural. Desde hace ms de medio siglo Cintio –y, repito, Fina– han estado del lado de las mejores causas con relacin a la ms genuina cultura en nuestro pas. No recuerdo haberlos visto promocionar pseudoculturas cubanas y, mucho menos, anticulturas o contraculturas, en nuestro mbito nacional, a pesar de que hayan estado temporalmente de moda y algunos de estos dislates creadores de confusiones sumamente dainas y de sanacin ardua lo sigan estando. Espero que no por mucho tiempo y que una buena terapia intensiva, en manos de Cintios y Finas, de ahora y del futuro, logre poner las cosas en su lugar. Partiendo del reconocimiento de la “oquedad”, del “vaco”, del “destino aciago” y de la “intemperie” a la que el cubano ha estado sometido en la mayor parte de nuestra Historia, as como de la sensibilidad ante su “pobreza”, la ms entitativa, la que engloba pero no se limita a la pobreza material, Cintio ha dirigido su mayor y mejor esfuerzo a “poner las cosas en su lugar”, en el mbito cultural de nuestra isla de corcho, la que por uno u otro camino siempre ha salido a flote. Para ello recurri

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29primero a la Poesa y luego, sin dejarla, a la Historia. Imbricado en ambas, contempla, lee, relee y penetra en los secretos de la figura menuda y gigantesca de Jos Mart, en quien hurga una eticidad ecumnica que se le manifiesta con races evanglicas y con una genealoga que empieza en las aulas de “San Carlos y San Ambrosio”. Me consta, por su testimonio personal, que aun en los momentos en que pareca que muchas de nuestras mejores realidades se iban a pique in medio tenebrarum a Cintio no se le apag la esperanza de la flotacin y de la navegacin hacia adelante. “La sala del pobre es un verso tan maduro, / es una voz tan callada y expresada que agota la alegra, / que deshace mi pobreza en augustas cretonas de un helor divino”. Puede ser divino el helor? Me pregunto y respondo afirmativamente si lo equiparamos con la “noche oscura” de los sentidos y con la “llama viva”, purificadora, con las que nos familiariz Juan de la Cruz. Acaso no equivalen de algn modo estas imgenes a la “oscura pradera” que convid a Lezama? Hasta donde estas cosas se pueden conocer y reconocer, esa luz oscura, hecha de llama y de helor, vencedora del “hasto”, se encendi un da, hace muchos aos, en medio de bsquedas de las que no estuvo ausente la “angustia”, en el meollo del ser de Cintio y de Fina. Nunca ms se les ha apagado y les ha iluminado el camino. Cintio, segn sus propias palabras, pas “de la conciencia de la Poesa, a la Poesa de la conciencia”, es decir a la plenitud del sentido de la flecha, al henchimiento de la vida, a la concepcin que la trasciende y que nos capacita para el salto de la eticidad a la mstica. Cintio y Fina son cristianos catlicos coherentes, de mdula, no de epidermis, ni de campanillas: la Esperanza, con mayscula, virtud teologal que sostiene la Fe y estimula el Amor fraterno, o sea, la capacidad de reconocer a toda persona como “hermano”, sea quien sea, piense como piense y est en donde est, no se les disuelve en el ter, sino que, ambos, han sabido encarnarla en las esperanzas existenciales, con minscula, imprescindibles para superar el cansancio de nuestra andadura cotidiana, tan frecuentemente cuesta arriba y por senderos pedregosos. No me ruboriza reconocer que, ante muchas preguntas acerca de nuestra real identidad cultural, de la posible eticidad congregante del pueblo cubano y acerca de otras cuestiones del mismo mbito de la cultura, pero no necesariamente “cubanas”, apelo a la obra de Cintio. No es mi nico recurso, pero ocupa un lugar preferencial. Cuando he buceado en sus textos, he encontrado la perla necesaria. Me parece que esto l no lo sabe; quizs ni lo sospeche. Sabe de mi cario y de mi aprecio, por su persona y por su obra, pero muy probablemente ignora cuntos esclarecimientos le debo. Pienso en lo que para m, para mi formacin como hombre cubano, han significado textos como, por ejemplo Lo cubano en la poesa Ese sol del mundo moral y los numerosos ensayos de exgesis martiana que debemos a Cintio y a Fina. En ese escrutar la obra de Cintio, de Fina y de una buena parte –no de todos– de los escritores, msicos, artistas plsticos y pensadores que un da se cohesionaron en torno a la revista

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30Orgenes a Lezama y al Padre Gaztelu –“el Padre” por antonomasia para to dos ellos– y que solemos identificar como “grupo” con el nombre de la revista, me reafirm, siendo muy joven, en algo que desde nio intua vagarosamente y que la prolongada adultez que vivo me ha confirmado: la Verdad, el Bien y la Belleza, las certezas alcanzables acerca de las esencias, suelen nacer de dudas y slo pueden ser largamente saciadas si mantenemos bien abiertos los ojos del alma y no cejamos en la bsqueda, sino que la sostenemos con fervor apasionado, aunque tengamos que hacerlo contra vientos y mareas, nadando contra corriente. Me resulta muy importante el convencimiento de que cada persona que desee crecer descubra as el Mediterrneo, su Mediterrneo. Que no se conforme con aceptar blandamente su existencia por lo que otros le han dicho sobre l. Ese puede ser el Mediterrneo de otro, no el suyo. Y para empinarse en el ser y el existir, necesita encontrar el suyo y no intentar el crecimiento sobre el rastreo ajeno. Todos los cubanos que deseamos serlo de veras estaremos siempre en deuda con quienes Mara Zambrano calific como “la Cuba secreta” y que hoy, con el decurso de los aos, podemos identificar, con nombre, rostro e itinerario. Juan Ramn no se equivoc cuando le descubri la estrella siendo an muy joven. Mara tampoco, cuando lo incluy en el secreto insular. El testimonio de las bsquedas laboriosamente sostenidas y expresadas, a veces a trompicones y con la rectificaciones que los nuevos pasos aconsejan, es componente sustancial del magisterio de Cintio y de sus anlogos. En una ocasin, hace algunos aos, en Espaa, alguien me pregunt: “Y qu hacan Cintio, Fina, Eliseo y los dems, en los aos de grisura?”. Respond entonces y lo ratifico hoy: “Trabajar en el silencio, en la grisura de un gabinete de la Biblioteca Nacional o en sus casas; investigar y escribir como hormiguitas laboriosas, almacenando cuartillas, fichas y datos para el momento oportuno; sazonar con los mejores condimentos, no con rumias de amargura y de acidez, las nutriciones que hoy nos ofrecen y gozosamente disfrutamos.” Magisterio, pues, de la fecundidad posible del silencio, cuando ste se convierte en el mbito del trabajo ms intenso y esperanzador, no en la justificacin de la pereza o del devaneo y el desaliento estriles y enfermizos. De Cintio y de los que como l han sido, he recibido tambin el fortalecimiento de mi conviccin, hoy bien aejada, de que una cosa es la afirmacin de las esencias personales y nacionales, y otra el provincianismo infantiln, la cerrazn del entendimiento y del afecto o los muros, falsamente protectores, de las censuras. As como que una cosa es el universalismo o cosmopolitismo genuino –eso quiere decir “catolicidad”–, y otra es la disolucin de las esencias, que suele acompaar, casi irremediablemente, a la novelera superficial, a la provocacin snobista, a la adhesin sin distanciamiento crtico a lo que est de moda o a lo que me produzca rditos fciles de diversa ndole. La “cosa” est, me lo han dicho todos ellos en su prolongado itinerario –que avala el dictum– en la robustez del tronco propio, bien identificado, y en la incorporacin de injertos enjundiosos. No deberamos

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31renunciar nunca ni al primero, ni a los segundos. He ah la matriz de la mejor sabidura. Ya Caballero, Varela, Luz y Mart nos lo haban dicho, en otro contexto sociocultural y poltico, o sea, en su propio marco histrico, pero es de agradecer la corroboracin en nuestra contemporaneidad, indigente de eticidad y de trascendencia, que ya desde hace algn tiempo se autocalifica como “postmoderna”. Podra alargar la referencia a nuestros dbitos para con Cintio y Fina. Sin duda que darn cuenta de ellos los mejores crticos, que tambin son cercanos a ellos, y por esa razn suficiente han sido convocados para la redaccin de este “Album” conmemorativo. Pero, last but non least quiero que mi punto final a estas cuartillas sea la reiteracin de su inicio, o sea, el testimonio de la riqueza que representa el don de la amistad de Cintio y Fina, de su estilo tan propio de ser amigos leales, inconmovibles, cercanos siempre e indefectiblemente cuando las razones del corazn les revelan que su presencia, su palabra, su gesto, es requerido por la menesterosidad que nos une a todos los humanos, pero que en algunas coyunturas vitales se nos hace ms evidente y sera casi insoportable si no tuviramos en el entorno a personas de su estirpe. Cintio y Fina son personas de esa extraa luz interior a la que me he referido ms arriba y luz han transmitido: con su obra, a todos los que se han acercado a ella; pero a sus amigos, a los que tenemos ese privilegio irrenunciable, adems y sobre todo, nos han regalado esa plusvala difcil de calcular, que es su manera de ser y de estar. Luminosidad discreta de la llama clida de un cirio de Pascua y de los cocuyitos que alivian la nocturnidad insular, no el indiscreto haz de los pretendidos soles que, en definitiva, ciegan y no alumbran. Justo y bueno es reconocerlo y agradecerlo en la circunstancia presente.

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32 Una palabra en la palabra Rafael CepedaEnsayista, historiador y telogoUn da de enero de 1972 escrib un poema? dedicado “A Cintio Vitier”. Utilic a modo de lema esta idea de Juan Ramn Jimnez: “Una bella palabra es toda la palabra”. Mi poema dice: He comprendido la excelsitud de la palabra en el tacto sensible de su hondura. Penetra y emerge, cala y gime, sin jams corromperse. Todo lo cambia, sin cambiar ella misma. S, pero tambin toda la belleza puede estar imbbita en una palabra. Digo, si la palabra est dicha o escrita en la hora correcta y con la honesta intencin de fundar y servir. Ah quedar su impronta. Slo ella sabe cuando es corto el tiempo y el espacio estrecho, cundo un verbo es llamado a la militancia, y un adjetivo tie con el color exacto, y un nombre es la sustancia misma de un ser. Nosotros no lo sabemos, pero la palabra s lo sabe. Y ella sabe tambin cuando produce confusin, perplejidad, terror, muerte; o, por fortuna, sabor, timbre, luz, esencia, conviccin. Una palabra puede aniquilar o trocar a un hombre. Todo depende que entre o no en juego LA PALABRA. Cuando escrib el poema no conoca personalmente a Cintio Vitier. Establec mi residencia definitiva en La Habana posteriormente. Nos vimos varias veces en la Biblioteca Nacional, y me agradaba mucho que fuera as, en compaa de Fina. En una ocasin escrib para la revista Heraldo Cristiano el artculo “Los versos bblicos de Cintio y Fina”. Despus conversamos, y as comenz una amistad que ha permanecido hasta hoy, cuando ced a la tentacin de colaborar con el homenaje y aludir al poema cuya existencia Cintio desconoca. Al leerlo de nuevo, a tantos aos de distancia, me asombro del mensaje final: Una palabra puede aniquilar o trocar a un hombre. Todo depende de que entre o no en juego LA PALABRA. Se trata –a fin de cuentas– no de crear belleza para el pblico y su aplauso, sino para el deleite personal y la perfeccin del espritu. Pero jams imagin lo impensado: la ausencia total de palabras. El 5 de diciembre de 1999, mientras mi mujer y yo almorzbamos en la paz del

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33hogar, como si pretendiera recordar algo o iniciar una frase, lo que sali de mis labios fue un atropello de slabas sin sentido alguno, y de nuevo otro intento: slo un gemido, sin palabras. Durante ms de dos aos he venido batallando por lograr el dominio de la slaba correcta, y siempre he tropezado con alguna incapacidad. ¡Cuntas veces, en tan largo tiempo, he reledo el poema “A Cintio Vitier”, expectante y esperanzado, an confiado por Juan Ramn Jimnez en que “una bella palabra es toda la palabra”! Afortunadamente, ha llegado a mis manos –en los ltimos meses pasados– la historia verdica de una sanidad casi absoluta. Se trata de un mdico argentino, de una historia similar, de nombre desconocido, que escribi posteriormente su poema el que lleg a mis manos: el mensaje de entraamientos e iluminaciones que yo he requerido, cuyo autor titul “Cuando se perdieron las palabras”: Y de pronto se perdieron las palabras. Slo las formas y las cosas perduran, pero haba olvidado el modo de llamarlas. Un relmpago haba borrado de mi memoria y el lenguaje heredado de otros siglos, y el que descubra cotidianamente. Tena que reinventar el mundo que me circundaba, porque ese universo estaba slo en la palabra. Y recin supe que el silencio es mera pausa, lo que separa el ser del no ser de la existencia. Porque ya no importaba descubrir la belleza mientras no pudiera decirlo con palabras; y recin supe que: –sin palabras– la contemplacin es un sordo e intil llamado a los sentidos; que sin palabras se torna regresiva, se bloquea la inteligencia ms profunda; y que el sentimiento, el ms puro, el ms noble, necesita expresarse con palabras. Teniendo en cuenta mi avanzada edad, y lo que me resta por aprender, estoy disponible para recibir lecciones que sean PARA LA DICHA, porque Cintio Vitier vaticin mucho antes mi entrada en LA PALABRA, y me ense a encontrar las perdidas, porque sabe mejor –con palabras del salmista– que “Toda Palabra de Dios es limpia... y permanece para siempre”.

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34 El reclamo tico de Ese sol del mundo moral Adolfo HamEnsayista y telogo. Rector del Instituto Superior Bblico TeolgicoLa editorial de la Unin Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) realiz la publicacin cubana de Ese sol del mundo moral en 1995. Nos congregamos alrededor de este gran libro y de su autor, el maestro Cintio Vitier, con dos propsitos felices. Primeramente ofrecerle un sencillo homenaje1 de reconocimiento al maestro Vitier, dialogar sobre su mensaje para nosotros hoy. Y en segundo lugar, aceptar el reto que el libro nos lanza: a saber, como sociedad responder decididamente al reclamo tico que Cintio nos ha presentado como una constante de todo nuestro centenario proceso revolucionario con la conviccin de que este es el nico criterio stantis et cadendis patriae por el cual nuestra patria se mantiene o se desploma. La tesis del profesor Vitier en su hermenutica martiana es que Mart –como el principal exponente de nuestra filosofa revolucionaria– concibi para nuestro pas una Revolucin fundamentalmente moral en la lnea de esa “sucesin apostlica” secular de los fundadores de nuestra nacionalidad. Esta lnea ininterrumpida que l nos demuestra que comienza con Jos Agustn Caballero y Flix Varela hasta el propio Fidel Castro. Hace aos2 recibimos agradecidamente este libro con la mejor fundamentacin ideolgica de la razn de ser de nuestras luchas y sacrificios. Tenemos que cuestionarnos en estos momentos difciles cmo estamos respondiendo a la admonicin de Varela de que “no hay patria sin virtud”. Hablo como representante de una iglesia cristiana, y les confieso que tambin nosotros hemos sido afectados por la crisis tica de nuestra sociedad y no se trata de lanzar una cruzada de remoralizacin con la bandera del dogma cristiano, sino de analizar todos los cubanos, cmo podemos conjuntamente encarnar esos ideales que fueron la razn de ser y de vivir de nuestros Padres Fundadores. Me alegra tanto que estemos aqu congregados personas de diferentes credos religiosos e ideolgicos, pero unidos en el amor a nuestra Patria, y en el aprecio a esta obra y que podamos conversar con toda franqueza alrededor del libro de Cintio y con l, cmo salir de la crisis moral para que triunfe plenamente el proyecto tico de nuestros fundadores. Una de las sentencias luminosas del libro es cuando Cintio, refirindose a Jos Mart nos dice “que es un revolucionario que ha empezado por revolucionarse a s mismo”. No es esta la “conversin” de que hablan las religiones? Gracias por estar aqu, y conversemos con Cintio. Notas1 El homenaje fue organizado por el Centro Cristiano de Reflexin y Dilogo afiliado a la

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35Iglesia Presbiteriana Reformada de Cuba de la ciudad de Crdenas, y el Centro de Estudios Martianos, en cuya sede se celebr el 17 de septiembre de 1998. Hablaron Enrique Sanz, Rafael Cepeda, Ana Smith, Mara del Pilar Daz y Ana Cairo. Cintio precis, en varias intervenciones, aspectos esenciales de la gnesis y las tesis de Ese sol del mundo moral.2 Ese sol del mundo moral fue publicado por la Editorial Siglo XXI en Mxico (1975). Slo circul en medios intelectuales.

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36 Una fuerza moral Pedro Pablo RodrguezHistoriador, ensayista e investigador del Centro de Estudios MartianosConoc a Cintio Vitier cuando l diriga –acompaado como siempre de Fina, su esposa– la Sala Mart de la Biblioteca Nacional, obra de amor martiano, humanismo y patriotismo, emprendida por ellos con escasos recursos y con el mucho entusiasmo que suele caracterizarlos a ambos, especialmente cuando se trata de asuntos relacionados con el Maestro. Desde entonces advert en la palabra de Cintio su misma pasin cubana, slida cultura y perspicaz talento junto a la claridad, agudeza y rigor expositivos que ya haba apreciado en ese libro fundamental de nuestra cultura que es Lo cubano en la poesa Aquella pareja que marcaba todas las maanas y las tardes el reloj de la Biblioteca y se lanzaba luego en una 174 hasta la Vbora, con sonrisas, atencin y sugerencias para todos los que nos acercbamos a aquella Sala –que fue la primera institucin del Estado cubano dedicada a promover el estudio y la difusin de la obra martiana–, me abri las puertas de su afecto y de sus conocimientos desde entonces. No puedo afirmar que fui su discpulo, porque nunca he visto ni sentido en ellos la intencin magisterial, la de la autoridad del saber que quiere cuando menos impulsar a otros por su mismo camino, y porque tenemos apreciaciones filosficas obviamente diferentes, que no nos han impedido, sin embargo, coincidir en las lneas esenciales de nuestra aprehensin y apropiacin del ideario del Maestro. Cuando para unos cuantos dentro de los campos de la cultura y de la ideologa la personalidad martiana quedaba arrinconada a un segundo o tercer plano ante su indudable distancia con el pensamiento marxista; cuando para algunos otros –con la noble intencin de no perder nuestra mxima figura patritica– se trataba de aproximar a toda costa a Mart y al marxismo de manera que aquel mantuviese su relieve mediante esa cercana, Cintio Vitier –siempre acompaado por Fina– insista en presentarnos a Mart desde s mismo y desde sus circunstancias epocales y cubanas. Me atrevera a decir, incluso, que durante los cuarenta aos de Revolucin, Cintio Vitier ha sostenido a travs de sus estudios martianos, entre otras cosas, un intenso dilogo indirecto con el pensamiento marxista, el cual de un modo u otro hasta le ha marcado algunas improntas en su manera de pensar. Pero, al mismo tiempo, se ha mantenido firme y enhiesto con digna apostura en las bases cristianas –catlicas, con mayor precisin– de su cosmovisin filosfica, sin que ello haya menguado un pice, sino todo lo contrario, su esencialsima autoctona cubana y su acendrado patriotismo. Curioso dilogo este de Vitier, fecundo porque no slo no ha mermado la calidad de su produccin intelectual, sino

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37tambin porque ha contribuido a darle un basamento social a su tica de servicio, humanista y patritica, asimilada tanto de Mart como de sus convicciones religiosas, y, sobre todo, porque le ha permitido convertirse de modo natural, sin forzaduras ni traumas, en un verdadero intelectual orgnico de la Revolucin cubana, para decirlo a lo Gramsci. Pero con todo lo fecundo y necesario que ha sido ese dilogo inevitable para quien el primero de enero de1959 fue entendido como el inicio de la posibilidad verdadera de la repblica martiana, lo ms significativo para m ha sido la marcha cotidiana de Cintio Vitier –con Fina a su lado, por supuesto– con su pueblo. Y obsrvese que escribo con su pueblo y no con un grupo particular. Ya desde hace mucho Vitier no es simplemente el origenista, ni un intelectual catlico –como a veces se le ha querido presentar confundiendo su prctica religiosa con su labor en la cultura–, sino un cubano de la Revolucin. De alguna manera, Cintio Vitier tambin se ha hecho a s mismo en medio de esta lid descomunal que todos vivimos desde entonces, a la que ha contribuido con su esfuerzo y de la cual hasta ha recibido sus encontronazos. Creo que es el momento ya de recordar con franqueza aquella poca en que algunos intentaron apartar a Cintio Vitier –y a Fina– de este proceso popular arguyendo desconfianza por su prctica religiosa y por sus criterios filosficos. Fue uno de los episodios ms tristes de lo que se ha dado en llamar el “quinquenio gris”. Se les separ de la direccin de la Sala Mart y del Anuario Martiano quizs con la loca esperanza de separarlos de la Revolucin, y muchos obedecieron a la secreta seal nunca escrita de cerrarles las pginas de las publicaciones. Fue entonces cuando les conoc en toda su grandeza, y les admir no ya por sus conocimientos y por su sencillez, sino por su entereza de carcter, por su voluntad de servir a la patria, por la pureza tica de su decisin. Cintio Vitier –y Fina, con l– siguieron marcando la tarjeta en la Biblioteca Nacional, pasando conocimientos a quienes se los solicitbamos, sin renunciar a los amigos fieles y leales, aguantando estoicamente las alusiones veladas y abiertas, y los comentarios directos y los actos de evidente rechazo de malintencionados, de equivocados y de engaados acerca de ellos. Slo ellos saben las angustias, los desequilibrios, las emociones encontradas y hasta las inseguridades y temores por que deben haber atravesado durante aquellos tiempos difciles, en que no hubo quejas ni reproches de su parte sino trabajo, mucho trabajo intelectual para ayudar a comprender nuestras races, nuestra identidad, por qu deberamos los cubanos seguir siendo martianos. Slo ellos saben los tormentos de ver acumularse pginas y pginas que no llegaban a sus lgicos destinatarios a travs de una imprenta. Y luego, cuando todo comenz a cambiar lentamente tras la creacin del Ministerio de Cultura, cuando contribuyeron a la puesta en marcha del Centro de Estudios Martianos junto a Roberto Fernndez Retamar y a Juan Marinello –que siempre deposit su con-

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38fianza en ellos–, Cintio Vitier y Fina han seguido siendo los de siempre, los que van a misa los domingos, los que se niegan a enfrentar la religin con la Revolucin, los que ensean a conocer y amar a Mart para asumirlo espiritualmente, como debiera ser siempre. Tampoco ahora hay resquemores ni resentimientos en las heridas abiertas en aquel triste momento. Fue aquella –como lo es hoy– una manera digna y hermosa de luchar mantenindose junto a su pueblo y en su patria. Por todo eso, Cintio Vitier es una fuerza moral, una ms entre las tantas que ofrece la cultura cubana.

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39 Hablemos de Cintio, de Fina, de Eliseo, de Bella, el grupo Orgenes que conoc en la Biblioteca Nacional* Toms Fernndez RobainaNarrador, bibligrafo e investigador de la Biblioteca Nacional Jos MartPara m llegar a la Biblioteca Nacional fue entrar en contacto directo con nombres que haba conocido en textos de historia de la literatura cubana, en antologas, en libros escritos por ellos; en ocasiones a algunos los haba odo pronunciar conferencias o en clases, como a Rene Mndez Capote y al propio Salvador Bueno. A Bueno lo tuve como profesor en el curso de Asesores Literarios que se brind en 1962 por el entonces Consejo Nacional de Cultura, y ni remotamente pens en algn momento trabajar con l. A Cintio Vitier lo conoca de nombre, primeramente, por la antologa Cincuenta aos de poesa cubana publicada con motivo del cincuentenario de la Repblica. Despus lo vea en la Biblioteca Nacional, donde trabajaba cuando yo iba a leer, a estudiar o pasaba simplemente a saludar a mi amiga Miguelina Ponte, una de las poetisas y cuentistas ms importantes de nuestra literatura, a quien Fina Garca Marruz le dedic un muy justo ensayo motivado por su libro de cuentos publicado en ??. Para m, estar tan cerca de estas y otras figuras del mundo literario, como Eliseo Diego, Fina Garca y Cintio Vitier; de los campos histrico, como Juan Prez de la Riva, y del bibliotecolgico, como Mara Teresa Freyre, e Israel Echevarra, entre otros, fue una nueva fase para profundizar y ampliar mi conocimiento de la literatura y de la vida intelectual de La Habana, ya que adems de leerlos o de disfrutar y aprender con sus charlas y manifestaciones artsticas, los vea en sus vidas cotidianas de trabajo, en donde tambin hablaban de las historias nunca publicadas de sus tragedias, alegras y quehaceres hogareos. Los que haban integrado el grupo Orgenes contribuyeron de modo notable a la difusin y a los estudios de la cultura cubana y de la vida y pensamiento de Jos Mart. Sus huellas han quedado imborrables en nuestros fondos, en nuestros catlogos y en los recuerdos de los que tuvimos el privilegio, de ser sus com-* Fragmento del testimonio indito Recuerdos de un bibliotecario

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40paeros de trabajo, simple conocidos, o amigos. La doctora Mara Teresa Freyre de Andrade saba muy bien lo que haca cuando los invit a laborar en el centro que ella diriga. Su visin larga le hizo intuir la conveniencia de la entrada de Cintio Vitier, Eliseo Diego, Fina y Bella Garca Marruz como especialistas de la Biblioteca. Bella Garca Marruz, la esposa de Eliseo, a pesar de poseer una vasta cultura, no se haba dedicado a las letras, pero ejerca con sumo amor, en ella un verdadero arte, la poesa de la cotidianidad hogarea. Al llegar a la Biblioteca y or las palabras sugerentes de la doctora Freyre acerca de que ellos saban lo que deba investigarse, Bella aleg que no saba en qu poda trabajar, y la doctora le contest que con su sola presencia, ya la Biblioteca se senta honrada, pues era un adorno muy apreciado para la institucin. Pero realmente no fue un adorno, fue algo ms, al menos para m, ya que aprend mucho de nuestra cultura a travs de sus relatos, mientras tuve la suerte de laborar con ella en el Departamento de Informacin de Humanidades donde era una de las analistas de publicaciones seriadas. La huella del grupo Orgenes se hizo sentir por los trabajos de investigacin llevados a cabo por sus miembros, tales como la Bibliografa de la poesa cubana del siglo XIX, los tomos de la Critica literaria del siglo XIX as como por las sugerencias de diferentes lneas de trabajo, que fueron convertidos en planes de la institucin como la indizacin de las revistas literarias y culturales; por ello no es fortuito que el incremento de los ndices de colecciones de revistas del siglo XX comenzara con los ndices de Orgenes, Clavileo, Espuela de Plata, Nadie Pareca, Fray Junpero as como los de la Revista de Avance y Archipilago. No recuerdo si hubo algo en especial dentro de los nuevos cambios relacionados con el grupo en la efmera estada de Aurelio Alonso en la direccin de la Biblioteca, pero con Sidroc Ramos, quien lo sustituy, la situacin de Cintio y de su familia de Orgenes tom un nuevo derrotero. En ese perodo sidrocano (sidroceano) se materializ el sueo y anhelo de Cintio, de Fina, de los martianos: la fundacin de la Sala Martiana el 28 de enero de 1968, el primer peldao de lo que es hoy el Centro de Estudios Martianos; se inici la publicacin del Anuario Martiano y la propia Biblioteca Nacional patrocin la edicin de Temas Martianos una obra con ensayos de Cintio y Fina y se sistematiz la compilacin anual de la “Bibliografa martiana” que aparece en el Anuario Martiano Por otra parte, Eliseo Diego continu con su trabajo de promocin de las narraciones infantiles y de todo lo concerniente con la literatura para nios, tema principal del departamento al cual su trabajo estaba asociado, y que vena realizando desde su incorporacin a la Biblioteca. l, en particular, tuvo mucho que ver con el traslado de Reinaldo Arenas, entonces desconocido aficionado a la literatura, que trabajaba como contador agrcola en el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) y que necesitaba un sitio, como lo fue para su posterior

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41desarrollo la Biblioteca Nacional, pero de l, de su labor all y de nuestra amistad y pstumo homenaje a sus amigos, escribir en otro momento. Yo haba logrado salir de los almacenes de los fondos de la Hemeroteca, de mi tarea posterior mecanografiando fichas para el catlogo de la Hemeroteca; haba compilado el ndice de las Revistas Folklricas, la Bibliografa de Jos Mara Heredia la de Menndez Pidal, la de Estudios Afroamericanos y me encontraba ya en la compilacin de la Bibliografa de Bibliografas Cubanas, cuando integr, en esa ocasin de forma voluntaria, el contingente de macheteros que iba a cortar caa para que se hiciera la Zafra de los Diez Millones, la salvacin del pas desde el punto de vista econmico. Para mi sorpresa Eliseo Diego y Cintio Vitier formaban parte de los voluntarios de la Biblioteca Nacional; compartan con nosotros la misma barraca que sera nuestro hogar, para algunos por varios meses, para otros por el tiempo que haban decidido participar. Si las barracas, en sentido general, eran potables, es decir, estaban casi pulcras, recin pintadas, y generalmente limpias, las letrinas, y las duchas, no se mantuvieron del mismo modo ni un da; enseguida se transformaron en lo que son las letrinas de los campamentos o albergues caeros, o al menos en los que no se les aseaban regularmente. La ausencia de la privacidad en ellas, fue un elemento que Eliseo Diego no pudo vencer emocionalmente, y al otro da nos abandon muy apenado. Cintio permaneci una quincena, era su compromiso y lo cumpli, ante el asombro de los que pensaban que no llegaba al tercer da. Pero entonces surgi otro problema. De los que formbamos parte del grupo de la Biblioteca Nacional, muy pocos tenamos que ver con el trabajo agrcola; la mayora, sin embargo, los que trabajaban en los almacenes sirviendo los pedidos o laborando en mantenimiento, eran de procedencia campesina o ya haban sido cortadores por haber realizado esas tareas cuando haban pasado el servicio militar obligatorio, o como Juan Rodrguez, Alfredo Cruz, Ral Carballea, Eusebio Lpez, entre otros, a quienes les era familiar esa tarea agrcola por haberla realizado antes de la Revolucin como un medio de ganar dinero. Obviamente, la zafra, el trabajo voluntario, haban posibilitado tambin, que algunos trabajadores se destacasen, pues alejados de esos quehaceres, al retomarlos se sentan incentivados y orgullosos de poder demostrar a sus compaeros no diestros en el manejo de la mocha, toda la habilidad que ellos posean, destreza que los llevaba a ser macheteros millonarios, y llegar a esa categora significaba el poder aspirar a estmulos materiales y morales. Del mismo modo que no pocos asuman esa condicin, otros no siempre laboraban con el rigor debido, pues mucho o poco que cortaran, recibiran la misma paga. En mi caso particular, me enter mucho despus que se haban apostado botellas de ron a que yo no pasaba de la primera quincena. Por lo tanto, los empeados en alcanzar altos promedios en el corte, con vista a obtener asegurada una casa en la playa y otros incentivos vacacionales, buscaban al compaero

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42adecuado para lograr esos objetivos, y por lo tanto, Cintio y yo no ramos de los ms deseados para integrar las parejas de macheteros. El pelotn se haba formado con cortadores largos y cortadores medianos, en esta categora entraba yo, y deba cortar, si mal no recuerdo con ngel Mas, pero uno de los compaeros del Ministerio de Cultura, me pidi que fuera el compaero de Cintio. Para m fue un privilegio tener de compaero a Cintio; yo no estaba en ese lo de cortar ms caa que otro. Me interesaba cortar, hacer mi aporte, no majasear, pero no aspiraba a convertirme en millonario con la mocha. Por supuesto, en aquel momento no tena la conciencia de que estaba realizando un acto, que tal vez para Cintio Vitier no tena mayor trascendencia, o una muy particular, e importante, la de estar realizando su contribucin como machetero al proceso revolucionario y de ese modo irse integrando de un modo ms activo a la nueva sociedad que se quera erigir. Las ideas martianas y la constante referencia al pensamiento de Mart, relacionadas con algunas de las realidades de aquel momento, pudieron ser algunas de las razones por las cuales Cintio y otros del grupo Orgenes haban comenzado el proceso de integracin a la Revolucin, no sin sealar y criticar todo lo que era criticable. Estoy seguro que Cintio no recordar ninguna de nuestras conversaciones; yo recuerdo las que ms influyeron en mi forma de ser y de actuar; de haber tenido entonces un mnimo de perspicacia, las hubiera escrito. Pero recuerdo una de ellas, relacionada con la llegada del hombre a la luna, y la posibilidad de vida en otras galaxias: Cintio no tena duda en afirmar, que Dios slo haba creado al hombre en la Tierra. Por l me enter de la muerte de Jos Mara Chacn y Calvo, de su velorio y entierro. Sus conversaciones fueron siempre clases magistrales; su sapiencia, su amor por nuestra cultura, por nuestra isla, era lo que le haca estar en el surco; era vivir una experiencia inolvidable; era conoce,r no a travs de la literatura, lo que era el calor de la maana y de la tarde cortando caa, sentir las caricias mortificantes de la picapica, que nos haca arrascar las manos, o el brazo, cuando por descuido la tocbamos. Era sudar, nunca hasta el cansancio, porque no dependamos de la mocha para ganar el dinero con que pagar nuestras comidas, pero era sudar, poco o mucho, eso no importaba. Era tambin, y para m lo ms importante, probarnos de lo que ramos capaz de hacer por nuestra voluntad, aunque nuestras fuerzas fsicas y habilidades no fueran las ms convenientes; era en cierto modo, la realidad cotidiana de tantos miles de hombres del pasado, y del presente que sudaban de verdad, hasta el cansancio para convertirse en los cortadores ms largos, alcanzar la categora de millonarios, sentirse realizados e importantes ante sus familiares, sabiendo que al final vendran premios, estmulos, casas en la playa, ser nombrados vanguardias locales, provinciales, nacionales y recibir todos los reconocimientos que se merecan como consecuencia de haber sudado la camisa, de llegar a veces al campamento como si un torrencial aguacero les hubiera cado encima. Nosotros, Cintio y

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43yo, estbamos muy lejos de eso, pero no por ello nuestros sudores no corrieron por nuestras espaldas, por nuestros rostros, mojaron nuestras camisas. Y lleg el final de la quincena, y Cintio se march, con el reconocimiento de todos en el campamento. Sidroc saba la significacin de la estancia e incorporacin de Cintio a la zafra y eso era lo importante, y ahora lo vemos as. Por supuesto, los chistes a costa de nosotros dos llovieron, aunque no recuerdo ni uno de ellos, pero s el dato de lo que promediamos en la quincena: 37 arrobas; para m el promedio fue mucho mayor, pues conoc a un compaero, a un amigo, a un Cintio que cortando caa me hablaba de literatura, de nuestra cultura, de Dios y de todo lo que estaba ocurriendo en el pas. Pero eran tiempos difciles que no se vean entonces tan difciles, porque todos estbamos dentro de esa dinmica, aunque no pocos de nosotros la sentamos de un modo ms doloroso, pero era la lucha por todo, y aun ms en el campo de la cultura. Ambrosio Fornet calific esa etapa como el quinquenio gris, pero otros han opinado que es mejor bautizarla como la dcada gris. Sidroc Ramos, revolucionario inobjetable, sali en defensa de lo que consideraba injusto, y tuvo que abandonar la direccin de la Biblioteca. Aos despus, todos podemos apreciar lo justa de la actitud de Ramos, y lo honesta y revolucionaria de la posicin de Cintio Vitier, siempre pletrica de una cubana y por lo tanto, de una martianidad inquebrantable que tiene como nica meta el amor y el luchar por el bienestar y la dignidad de nuestra isla. Tiempo despus de la Zafra de los Diez Millones, Cintio me dedic un poema que public en la revista Casa de las Amricas Uno de los hechos que se ha fijado con ms precisin en mi memoria es la conferencia pronunciada por Cintio Vitier en el ciclo de los poetas cubanos, efectuada el diaxxxxxxx. En aquella ocasin Cintio hizo pblica su adhesin al proceso revolucionario. Me encontraba entre los asistentes y fue uno de los hechos que ms ha influido en m. Por supuesto, la conferencia fue ocasin para que todos los intelectuales y escritores amigos de Cintio se dieran sitio en la Biblioteca Nacional. Recuerdo a Lezama Lima conversando con Roberto Fernndez Retamar, entre otros. Mucho tiempo despus Cintio me llam para que le diera un recado a Reinaldo Arenas; para esa fecha este haba adoptado una actitud abiertamente en contra de Eliseo Diego. El mensaje era muy concreto: “Mira Toms, dile a tu amigo, que si quiere, que hable de m, que diga todos los horrores que quiera decir de m, que los diga, porque yo no soy Eliseo, Eliseo es casi un santo, no se merece los ataques que le est haciendo Reinaldo; es en realidad un ingrato, porque Eliseo fue el que ms hizo y presion para que Reinaldo pudiera venir a trabajar para la Biblioteca Nacional”. Pero Reinaldo no ces en Cuba ni en el extranjero de hablar mal de Eliseo Diego. Esto lo corrobor al encontrarme en el Hotel Sierra Maestra, en

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44Bayamo, a Eliseo Alberto Diego, durante el Encuentro Nacional de Talleres Literarios de 1982. Estbamos bebiendo unas cervezas junto a la piscina y verdaderamente dolido me dijo que su padre se senta muy mal cuando le hablaban de los comentarios que Reinaldo esparca a los cuatro vientos. Reinaldo en eso fue implacable. Pero, no pocos se preguntarn, el porqu de esa virulencia en contra de Eliseo Diego, a quien deba tanto objetivamente. Reinaldo haba enviado un libro de cuentos al concurso de literatura de la Unin Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Estaba plenamente convencido que iba a ser el premio. Pero no lo fue. No hubo dudas en reconocer el valor innegable del libro, pero la voz de Eliseo se alz con la mejor de las intenciones. Pero no siempre las acciones que se hacen con los mejores deseos, logran idnticos resultados. Reinaldo era un joven escritor, proveniente de un medio campesino. No era difcil percatarse de la excelente condicin humana de Eliseo, bastaba hablar con l, mirarle a los ojos, ver su sonrisa, or sus palabras siempre alentadoras, estimulantes. Estoy plenamente convencido que al emitir su criterio lo hizo pensando y creyendo que ese premio poda trastornar, influenciar negativamente a un joven que recin llegado del mundo buclico ya haba sido merecedor de dos distinciones importantes: la primera mencin en el Concurso Literario de la UNEAC en l965, despus otra mencin con El mundo alucinante en 1966. Rey se enter y su reaccin fue la de una violencia que nunca le haba visto, ni siquiera cuando le contaron que Julio Cortazar, como miembro del jurado Casa de las Amricas, haba expresado que El mundo alucinante no era una novela. Me parece estarlo viendo ahora cuando se dirigi a la oficina de Eliseo Diego en la Biblioteca Nacional. De nada valieron mis palabras para que reflexionara y comprendiera que Eliseo no lo haba hecho con mala intencin, para que hablara con l en otro momento, pues estaba muy alterado, pero su alteracin fue entonces un poco inglesa, no a la cubana. Me asegur que le haba dicho que no deseaba continuar con su amistad, que quera mantenerlo en su memoria como el Eliseo que haba conocido antes y no ahora. Me imagino que Eliseo debi sentir un gran dolor, pues admiraba mucho a Rey y nunca vislumbr que su actitud fuera a provocar tal actitud en ese joven que l tanto haba ayudado. Sent mucho aquel incidente, porque saba lo agradecido que estaba Reinaldo de Eliseo. Pero pes ms en Rey lo ocurrido que todo lo anterior. Recuerdo a Eliseo cuando le di a leer mi libro de cuentos Ahora vamos en guagua y la valoracin que me hizo. No me fue fcil, pues a pesar de que nadie lo cree soy un gran tmido, y sobre todo, para dar a leer algo mo indito a personas del nivel de Eliseo. Adems, si saba ms de Eliseo Diego, de su magnfica condicin humana y de su amor por su familia, era porque tuve el alto privilegio de ser compaero de bur y de trabajo de Bella Garca Marruz; a ella debo mi amor y respeto por los intelectuales que integraron el

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45grupo Orgenes ante los ataques oportunistas que recibieron al principio de la Revolucin. Ella nos relat con una belleza indescriptible cmo las dos hermanas, Fina y Bella, haban conocido en una conferencia en el olvidado y destruido en la actualidad Teatro Campoamor a Eliseo y a Cintio, quienes con el tiempo seran sus amantsimos esposos. Sus relatos sobre la familia, su dedicacin a sus hijos, su atencin a los ms mnimos detalles familiares, la hacan la base logstica, el equipo de aseguramiento tan necesario en toda unidad familiar; Bella no pasar a la historia como una escritora del grupo, porque nadie ha recogido sus recuerdos, dichos de manera espontnea, sin tener conciencia de la historia trascendental que narraba, y yo, perd nuevamente la oportunidad de escribir aquellas magnficas sesiones de literatura oral que Bella nos transmita.

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46 Cintio Vitier y Eliseo Diego: fragmentos de un dilogo Mayern BelloEnsayista y profesora de la Universidad de La HabanaLos orgenes de la amistad que vinculara durante toda la vida a Eliseo Diego y a Cintio Vitier son evocados con gratitud por el primero en “A travs de mi espejo”: [...] en medio de las pginas sulfreamente indescifrables que echamos a un lado, cierto episodio resalta como el paisaje de una inicial iluminada: es la inicial de la amistad, la “C” de Cintio, nombre de veras extrao. Ser lcito, permisible quizs, que me vanaglorie de haber tenido a Cintio Vitier como compaero de colegio? Pocas veces inteligencia y juventud habrn ardido con ms gusto en una misma llama. Aquel muchacho supo ya entonces de poesa todo lo que es lcito saber, y con seguro instinto iba derecho a los textos memorables [...]. Todava hoy no acierto a explicarme cmo Cintio Vitier, que tanto gusta de la conversacin lcida, pudo soportar la compaa de aquel fulano ensimismado y taciturno que era yo entonces. Creo que en nuestra amistad el debe est fuertemente a mi lado de la cuenta [...].1Vitier seguira ofreciendo pruebas de su solicitud, manifestada, adems de en la sostenida correspondencia al pacto amistoso y familiar que tempranamente los ligara, a travs de textos crticos que han devenido punto de ineludible referencia para los lectores del poeta y narrador Eliseo Diego. Esta comprensin recproca: “El amigo no es el que nos comprende sino aqul en quien somos comprendidos”, ha dicho Vitier,2 no suele extenderse –no de modo enftico– a sus universos poticos y al especfico credo que los sustenta y ordena (no hablamos de la comunidad de los mltiples intereses que habran de encauzarse hacia la experiencia de Orgenes y que vinculara, sin olvidar los desacuerdos, a todos sus miembros bajo el liderazgo de Jos Lezama Lima3). A primera vista, en efecto, parecen los poetas amigos encaminarse por sendas y estilos marcados por signos bien distintivos. Pero es, justamente, este espacio de la distancia el que permite vislumbrar la confluencia, la comprensin, pues ella significa, si entendimos bien a Vitier, esencial acuerdo para dar espacio a las divergencias. De ah que se descubra que es esta, la de Diego y Vitier, tambin una slida amistad potica. La prueba de ello la proclaman ellos mismos. As, pues, si Cintio ha afirmado: La poesa es hija de la cada y en la cada se mueve. Lo verdaderamente potico es amar el polvo en cuanto polvo (menester vedado al mstico) con un frenes, con una locura que se alimenta de s mismo y le da siempre al poeta ese aire de [...] posedo.

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47Posedo por quin? Por las cosas, por las criaturas, por la fugacidad, por el demonio insaciable de la belleza y la nostalgia [...] Y qu ser la belleza sino ese ver y no ver nunca ms las cosas?4Eliseo, a su vez, da semejante encomienda al poeta: [...] ver nada menos que el ser de las cosas visibles e invisibles, ya que slo quien lo ha visto puede darles su nombre, que es el que en definitiva va a crearlas. Para el mstico es una facultad que se regala por aadidura; para el poeta es el nico, precioso don de su vida. [...] Si ambas visiones, la que conduce al conocimiento de lo divino y la que conduce al conocimiento de lo meramente creado, se renen nuevamente en el hombre ms prximo a la salud de la obediencia, ser bueno buscar la raz de estas facultades en el estado anterior a la fragmentacin de la Cada.5Ello nos remite al fundamento de sus respectivas poticas: [...] todo lo anterior –declara Eliseo al referirse a sus libros– y todo lo que haba de venir luego [...] [est tramado] sobre la urdimbre de mis creencias catlicas [...]. [...] slo en esas creencias hallo el trasfondo de abismos que hacen, para m, del destino del hombre una terrible y apasionante aventura.6Segn Cintio: Siempre he pensado que en la poesa como devenir histrico y como absoluto de epifana espiritual, estn incluidas y ocultas una filosofa, una tica, una religin. La esencia religiosa del acto potico es desde luego incuestionable, y este hecho constituye el norte fijo de mis consideraciones.7Tales presupuestos concomitantes los conducen a suscribir el calderoniano dicho de que “toda la vida es sueo”, epgrafe que inaugura En la Calzada de Jess del Monte y que preside tanta reflexin de Diego. “La vida –en efecto, reafirma Vitier– es belleza y es sueo que soamos a la solera de la muerte”. Esta “vida sueo” del clsico espaol tan cercano a ambos, insiste, es “el puro sueo y teatro del mundo a la intemperie, sobre la tierra dura o jugosa”. El sueo de Segismundo se erige en “metfora suprema de la poesa”, “metfora que atesora la ms esencial intuicin y a la vez meditacin sobre la vida”.8 La herencia del topos barroco se revela fecunda para estos dos creadores al constituir el basamento de su personal gnoseologa y, en primer trmino, de la relacin del sujeto con la realidad que ser la materia de su poesa. As, ese “teatro del mundo” que evocaba Vitier es el escenario para Eliseo del actuar del hombre: Cuanto sabemos es que estamos en “el gran teatro del mundo” y que no podemos salirnos de l; que la gloria de nuestras ms altas tragedias no es ms que la gloria de nuestras propias ficciones. ¡Qu no daramos por saltar una vez del escenario al ruedo simple de lo real y tocar por fin una piedra de Dios, no un pedazo de la decoracin, aunque nos hendiese las

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48manos como una brasa! Pero esto es imposible: esto va contra la ley misma de la escena. [..........] Pero si estamos ahogados de sueos, si no sabemos siquiera lo que hemos perdido, sabemos al menos qu nos queda. Nos quedan los dones. Con ellos nos echaron al polvo.9Entre esos dones, dos esenciales para la misin potica: el saber mirar y el nombrar. Y aqu los acuerdos se multiplican. Dice Cintio: “Si nos acercamos, en lo posible, a la intimidad creadora de un poeta, de un artista, enseguida advertimos esa ternura especial de su mirada que es la energa ms profunda de que dispone para penetrar en el mundo y ductilizarlo en cuanto a belleza”.10 Es la mirada demirgica, esa que ve, como ha dicho Diego “el ser de las cosas visibles e invisibles” porque slo vindolas puede darles un nombre que es el que en definitiva va a crearlas. Toda la poesa transcurre –y este fue mi hallazgo– entre la voz de Adn en el jardn y la voz de Job en el destierro. Hecho el aliento para nombrar, haba de perder su poderosa dignidad luego del Pecado? Para nombrar, y para argir con Dios y para impetrar su misericordia.11Esta potica del nombre la ha hecho suya tambin el amigo: Pero qu sentido tendra volver a nombrar lo que ya est nombrado? Quiero decir qu sentido esttico y creador? No ser que esas cosas del poeta se le aparecen a l, siem pre, como islas sin nombres, como realidades veladas, misteriosas y desconocidas? No ser que la poesa, ya en un plano ntico y no retrico, es catacresis esencial, nombrar lo que esencialmente no tiene nombre?12La meditacin sobre el quehacer potico es llevada hasta las ltimas consecuencias en ambos credos. Comunes lecturas hacen que los dos poetas se detengan a reflexionar sobre sentencias o versos ajenos que han acogido en su sntesis definiciones sobre la vida y la creacin esttica que merecen ser suscritas o revisadas. Y si el acuerdo fue patente cuando se trat de los versos de Caldern la reticencia –y el acuerdo en la reticencia– se deja or ante la clebre definicin de Archibald Mac Leish: La frmula A poem should not mean / But be resulta ininteligible [anota Cintio], porque el problema especfico de la poesa es que tiene que significar y durar como cualquier discurso. [...] Por muy poco poemtico, es decir, discursivo, que uno se sienta, es preciso aceptar la sencilla aclaracin de Valry: “Mais cents instans divins ne construisent pas un pome, lequel est une dure de croissance et comme une figure dans le temps”.13Refirindose a la misma sentencia de Mac Leish, comenta Diego: Claro que entonces [se refiere a la poca en que comenzaba a escribir] habra rechazado con desdn una definicin tan simple, y al valerme hoy de ella lo hago pidindole a ese

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49que fui mil perdones y con vivas reservas. (Hoy, por supuesto, la aceptara, siempre que en ningn sentido se enfrentasen significacin y ser, de forma que pudisemos decir, por ejemplo, que la Divina Comedia no es porque significa, sino que significa porque es).14En una entrevista que se le realizara a varios miembros del grupo Orgenes15un desacuerdo importante parece asomar entre Cintio Vitier y Eliseo Diego al abordar el sentido de la creacin potica. Frente a la defensa, por parte del primero, de la primaca de trascendencia en el acto potico, opone el segundo la penetracin en la realidad, la encarnacin como misin ltima del poeta, encarnacin asumida ya, explica a su vez Vitier, en la propia trascendencia. Bien miradas las cosas, ambas posturas, aunque defienden una prioridad no desestimable, son, ms que antagnicas, complementarias y convergentes. Examnense no slo en el contexto de la entrevista, donde hay poco espacio para la argumentacin detenida, sino tambin en aquellos textos ensaysticos en que su formulacin se presenta de forma cabal y sopesada. He aqu el punto de vista de Diego: Para qu escribir poesa [...] si el esplendor de la Realidad, con la mayor de las maysculas, no ser visto nunca sino “a travs de un cristal, oscuramente”? Y sin embargo es necesario. No puede uno dejar de hacerlo. No tiene fe bastante. Ni la imagen satisface, ni el propio testimonio convence; ser preciso mostrar a los dems siquiera un reflejo que nos gane su asentimiento: s, t lo has visto, porque nos has hecho verlo a nosotros”.16[..........] [...] la funcin propia de la poesa, y de una poesa orientada a partir de una fuente de religiosidad, sera precisamente todo lo contrario de la trascendencia, es decir, es la penetracin en la realidad, la encarnacin [...] una iluminacin de la realidad ms concreta y ms inmediata.17Un poema, decimos, no termina sino con su encarnacin en palabras. Y cul es el sentido de la encarnacin por excelencia, de la Encarnacin del Cristo, si no es el de un sacrificio? En el mundo sombro de la Cada el acto potico es imperfecto sin un acto de expiacin, sin el acto de suprema caridad o renunciamiento que es la encarnacin. Por la encarnacin pueden los otros participar de la visin prstina, que slo se justifica por esta participacin, y as la perfecta lectura es esencial a la creacin del objeto.18 Por su parte arguye Cintio: En el saber potico lo que encontramos no es una pura y absoluta trascendencia, sino una especie de trascender angustioso, de angustia que encarna, en principio, una forma, una expresin, y que sin embargo no deja de ser angustia inexpresada; encontramos un saber que, habiendo entrado ya en el mundo de la objetividad del espritu, alude todava demasiado al sujeto temporal en cuanto alma. Es como [...] una som-

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50bra que ha sido tocada por la luz pero sigue siendo, en un xtasis interminable que nos angustia y maravilla, extraa sombra.19[..........] Pocas aventuras tan provechosas en este sentido como la de ir a los textos realmente universales e intemporales de la poesa, aquellos que expresan junto con el espritu de una poca el timbre eterno del espritu, e intentar la separacin de esa invisible materia de anhelo sensual. [...] Porque aun cuando la experiencia encarnada sea en absoluto espiritual, el idioma potico, la voluptuosidad del sonido, de la medida y la consonancia (no siempre exteriores), que desbordan como un nmero imprevisible e irremplazable, nos hunden [en] un refinamiento cada vez ms saturado por las tentaciones del tiempo.20El dilogo entablado entre los fragmentos citados, muestrario apenas de otros por fuerza excluidos, ha ilustrado un “estado de concurrencia potica” –definicin lezamiana de la experiencia de Orgenes– que es tambin cifra de esta amistad. Notas1 Diego, Eliseo. “A travs de mi espejo”. En su: Prosas escogidas La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1983. p. 472.2 Vitier, Cintio: “Raz diaria”. En su: Potica (Obras 1). La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1997. p. 169.3 Sirvan de ejemplo al respecto, por su ilustradora sntesis, el texto de Cintio Vitier: “El pensamiento de Orgenes (en diez puntos)”. La Gaceta de Cuba (La Habana); en.-febr. 1997; y los de Lezama Lima: “Presentacin de Orgenes ” y “Diez aos en Orgenes ”. En su: Imagen y posibilidad La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1981.4 “Experiencia de la poesa”. Op. cit (2). p. 36.5 “Secretos del mirar atento: en torno a Hans Christian Andersen ”. Op. cit (1). pp. 346347.6 Op. cit (1). pp. 479-480.7 “Sobre el lenguaje figurado”. Op. cit (2). p. 93.8 Op. cit (1). pp. 36-37.9 “Esta tarde nos hemos reunido”. Op. cit. (2). p. 285.10 “Experiencia de la poesa”. Op. cit (1). p. 34.11 “Esta tarde nos hemos reunido”. Op. cit (1). p. 303.12 “Sobre el lenguaje figurado”. Op. cit (2). p. 97.13 “Mnemsyne”. Ibdem, p. 64.14 “Esta tarde nos hemos reunido”. Op. cit. (1). p. 302.15 Sant, Enrico Mario. “Entrevista con el grupo Orgenes ”. En: Coloquio internacional sobre la obra de Lezama Lima. Madrid : Centro de Investigaciones Latinoamericanas, Universidad de Poitiers, Ed. Fundamentos, 1984. (t. 2)16 Op. cit (1). p. 468.17 Op. cit (15). p. 178.18 “Esta tarde...”. Op. cit (1). p. 287.19 “Mnemsyne”. Op. cit (2). p. 69.20 Ibdem, p. 71.

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51 Con Cintio y Fina en la memoria Ibrahim HidalgoHistoriador e investigador del Centro de Estudios MartianosFue en los inicios de la dcada de los setenta. Un profesor entusiasta haba logrado introducir en el programa de estudios un seminario martiano que fue una revelacin para nuestro grupo estudiantil, en el que todo pensamiento complejo generaba fructferas polmicas. Y de Mart nos haca llegar sus ideas siempre nuevas, en un momento en que requeramos de un paradigma de ser humano digno, intransigente, firme en sus convicciones patriticas y en su afn de fundar una sociedad ms justa mediante una revolucin “por el bien mayor del hombre”. Y como todo el que no envidia, porque no est en su ser la bajeza, sino que reconoce el mrito donde existe, el profesor nos sugiri ir a consultar las fuentes que no hallramos en las bibliotecas santiagueras, en la Sala Mart, de la Nacional. Desde el lejano Oriente hasta la capital, con mucha ignorancia pero con gran aplicacin, vinimos varios, en busca de una seora que, segn decan los que ya haban visitado aquel lugar, era todo gentileza y sabidura. As era Teresa Proenza, la referencista de la sala, siempre sonriente, movindose entre libros, lbumes, recortes de peridicos y revistas, fichas y ficheros como si aquel espacio hubiera sido construido a su medida y a su gusto. Una maana, mientras lea yo un texto de letra muy pequea, sent el roce de unos pasos leves, como de quien no desea molestar donde otros esfuerzan la mente, y al levantar la mirada, vi por primera vez a Cintio, que entonces era para m el doctor Cintio Vitier Bolaos, director de la Sala Mart o Martiana, persona mayor que me impona no slo el respeto por su edad, sino por su amplia trayectoria intelectual. El provincialismo y la supuesta minoridad –pues no era realmente tan amplia la distancia temporal– se mezclaron, de modo que no atin siquiera a saludarlo. Los conoca, a l y a Fina, por sus escritos sobre el Maestro, particularmente los recogidos en los Anuarios y en Temas Martianos ledos lnea a lnea, con mi sana heterodoxia, contra la opinin de alguno que me haba advertido que aquellos autores eran catlicos. Un estigma, de acuerdo con el modo de pensar de mentes mancas que llenan las cavidades craneales de ciertos seres que pretenden etiquetear a los humanos como a los medios bsicos. Varios aos despus, en la misma biblioteca, volv a encontrarme con ambos creadores. Ya no exista aquella Sala, desaparecida a destiempo, pero en su lugar haba sido creado el Centro de Estudios Martianos, adonde llegu con un manuscrito como carta de presentacin, y unos deseos enormes de integrarme a aquel pequeo colectivo de investigadores. Y, para sorpresa ma, fui aceptado palabra con la que indico no tanto que comenc a trabajar en aquel

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52lugar, sino que fui acogido por aquellas personas caracterizadas no slo por su saber, sino por su ser esencialmente humano. Entre ellos, para m, se destacaban Cintio y Fina por su infinita paciencia ante las torpezas burocrticas y las dilaciones sin trmino; por su estoicismo ante los avatares de una existencia cotidiana cargada de ms contratiempos que de gozos; por su rigor en el trabajo, caracterizado por una autoexigencia ms all de todo lo comprensible en esa frase acuada, disciplina laboral, que generalmente se mide por minutos u horas; y, sobre todo, ambos se destacaban por su honestidad. Nunca les o una expresin que no se correspondiera con su pensamiento, y que no estuvieran dispuestos a respaldar con los hechos, con sus vidas. Tales compaeros de trabajo junto con el resto de los colegas de labor hacan ms fcil recorrer algunos trillos de la selva martiana, de la que ellos venan de regreso. Pero lleg un momento de cambio, no por anunciado menos ingrato. Cintio se jubil, es decir, se retir de las labores cotidianas del Centro, poco despus de haberlo hecho Fina. Decisin no atribuible al deseo de alejarse del quehacer intelectual -¡cosa imposible e impensable!-, sino porque les resultaba difcil continuar haciendo malabares de murcilagos, agarrados a los tubos acoplados al techo de las “guaguas”, nico medio de transporte a su servicio en aquellos tiempos. Nadie esperaba un alejamiento total, pero tampoco pudimos suponer cunto los necesitaramos, y con cunta intensidad. A tal punto, que Fina es visita obligada, con sus ojos comprensivos y sus sabias palabras, prestas a dar respuesta a preguntas o a consultas. Y Cintio ocupa la presidencia de nuestra institucin, para honor de esta y de todos los que all lo acompaamos. Y ahora, en el 2001, a nuestro ensayista, crtico, poeta, novelista y, sobre todo, pensador profundo, se le ocurre cumplir ochenta aos. En realidad, no es para asombrarse, sino para llenarnos de alegra, pues ah est, a caballo en su isla infinita, sin renunciar a una sola palabra, con Ese sol del mundo moral en una mano, y en la otra resistencia y libertad con la belleza de sus poemas entre los dientes, advirtiendo desde la Historia y la poesa, desde el pasado y el futuro, que es posible un mundo mejor en el presente, y que a l y a nosotros cabe hacerlo realidad.

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53 De un simple lector Vctor FowlerPoeta, ensayista y especialista de Promocin de la lectura de la Biblioteca Nacional Jos MartHay, en algn sitio perdido de mi casa, la de mis padres, una fotografa en la que estoy sentado en la mitad de una escalera, la que sube a la azotea, y sostengo un libro en las manos. Debi ser algo de contenido infantil, a juzgar por el dibujo de la portada y tambin por mi edad, unos cuatro aos. La lectura ha estado ligada a mi vida durante casi el tiempo de mi vida misma, pero si la memoria experimenta ello al modo de un continuo, tambin lo fragmenta en oleadas o capas; momentos que van desde la iniciacin, pasan por los primeros descubrimientos de cuanta maravilla se esconde en los libros (esto de modo anrquico, palpando, tanteando, como se supone en cualquier comienzo), siguen al reino ordenado de la escuela (donde descubrimos que, adems de la “lectura”, existe algo que se llama “literatura”) y entran finalmente en una etapa en la cual, ms que ser capaces, nos atrevemos a elegir, a ser libres. Soy un escritor, lo cual significa que busco en los libros tanto el inmenso placer de la “lectura” como el disfrute secreto de la “literatura”, es decir de la libertad; el libro no es slo para m una puerta hacia el conocimiento (de cifras, datos, lugares, paisajes, estructuras, acontecimientos), sino el intento de averiguar un espritu humano que me explica a m mismo y al Ser del hombre todo en su sufrimiento e inmensidad. Ampliar el universo hasta tal lmite sin lmites fue algo que para este lector que soy, hizo Cintio Vitier. Un poco ms delante de la foto con la que he comenzado alcanzo a recordar los fines de semana en la sala para nios de la Biblioteca Nacional. He olvidado nombres y ttulos de aquellas lecturas iniciticas, mas debieron de ser las de cualquiera de mi edad: colecciones de historietas, Perrault, los Grimm, Andersen y ms tarde Salgari, Collodi, Verne, Stevenson, Walter Scott, Sir James Barrie. Pero dos libros, publicados en Espaa si no recuerdo mal y creo que en tres tomos el primero, fueron especiales: una antologa de leyendas y otra de fbulas. All haba ya otra forma de leer; pues se trataba de avanzar hacia los mitos de creacin y cosmogona de los ms variados pueblos, una densidad viniendo del pasado que me sorprenda tanto como maravillaba. Y tambin recuerdo el da de mi ltima lectura infantil, en la misma sala de nios de la Biblioteca Nacional, el ttulo del libro y hasta su contenido; se llama Las fieras de Kuman fue escrito por Jim Corbett y cuenta su vida en la India como cazador de tigres “cebados”, es decir, acostumbrados a comer carne humana. Luego de este relato testimonial, narrado con la autoridad del que ha sido protagonista de los hechos, dej atrs el momento de la fantasa y me lanc a cuanto relato de aventura testimonial pudiese encontrarme: viaj con la Kon-Tiki, sub al Annapurna, estuve entre los esquimales, descubr las cataratas de V ictoria y qued aluci-

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54nado al enterarme de los 1 000 metros de altura del Salto del ngel, entre tantos otros sueos. Es comprensible que mi paso inmediato fuese las vidas de inventores y los ms variados tipos de hombres clebres; quedaba preparado ya, en ese afn por la averiguacin, el camino para la que sera mi prxima etapa: el descubrimiento de los gneros; en mi caso el policial y de misterio. Es tanto lo que devor de esto que ni siquiera tiene sentido querer destacar algn nombre de autor u obra; montones de pginas que iran seguidas luego por los mundos de la ciencia-ficcin, el espionaje y la narrativa sobre temas de guerra. En mi adolescencia todava existan las llamadas “libreras de intercambio” a las que podas llevar un libro, dejarlo y llevar otro de la misma coleccin; de esta manera podas leer toda una coleccin con slo tener un volumen de ella, que rotaba y rotaba. Adems de lo anterior, que considero una etapa formativa, cuatro momentos son los principales en mi experiencia como el lector que hoy trato de ser. El paso por Cien aos de soledad es sin dudas el primero en el tiempo y me introdujo en unas dimensiones de la imaginacin que ni siquiera sospechaba; la biografa de Trotsky escrita por Deutscher es el segundo, pues cuando lo tom de la biblioteca de un pariente, que espantado me lo arranc de las manos, descubr la existencia de libros prohibidos; el tercero, que nunca terminar de agradecer, me sucedi durante el ltimo ao de preuniversitario cuando, en la mejor porcin de clases de los programas de entonces, supe de la existencia de Proust, Kafka y Joyce; el cuarto instante se refiere a la figura de Jos Lezama Lima y es, ms que una fecha, una rara compaa que jams me ha abandonado. En el lugar ms inexplicable de mi casa, el nico volumen literario dentro de varios estantes dedicados a la ingeniera elctrica, estaba la "rbita realizada por Armando lvarez Bravo en 1966; le haba sido regalada con motivo de algn xito sindical a uno de mis tos y su inquietante presencia haca que regresara a ese libro una y otra vez, sin jams entender nada de lo ledo, lo que era tan molesto como imantador. De dnde haba salido ese cubano desconocido por cuantos me rodeaban, dueo de una erudicin y fluidez que me dejaban trastornado? Tal vez por eso, porque nadie saba decirme, me acerqu a ese Cintio Vitier que all era mencionado? Por qu lo saba amigo de aquel escritor raro? Es difcil precisar los pasos exactos que me condujeron hasta la Crtica sucesiva de Cintio, libro que entonces compr en una librera de uso, pero s explicar que sus pginas fueron mi real apertura a la poesa, la belleza, la nocin del espritu y del ser; pasaran aos hasta conocer a su autor y entonces, quizs, tuve con l la intimidad que no nos tocara nunca. Soy un hijo de mi poca y no puedo huir de sus condicionamientos. Pertenezco a los tiempos en los que mencionar los nombres de Octavio Paz, Lezama, Vargas Llosa, Sarduy, Cabrera Infante, Piera, era poco menos que un pecado. Cuando se atravesaban aos de aprendizaje sin escuchar una palabra que permitiese siquiera sospechar la existencia, eticidad y alegra de los surrealistas. Cuando se traducan miles de pginas de las literaturas del este de Europa sin escuchar hablar de

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55Bulgakov, Tsvetaieva, Mandelstham o Zamiatin. El marxismo era estudiado en manuales que simplificaban a Marx hasta hacerlo irreconocible, del psicoanlisis nada se saba ms all del nombre y el slogan de que lo explicaba todo a travs del sexo. Vallejo, Neruda, Miguel Hernndez y, en fecha ms prxima, Roque Dalton eran las cumbres de la poesa identificada con las luchas de los pueblos, acercamiento que los reduca y transformaba en entes no problemticos. Estoy tratando de decir que la literatura es tambin una forma de vida y que la que me toc disfrutar a la salida de mi adolescencia haba sido cuidadosamente ordenada gracias a la exclusin de una enorme parte de lo que luego descubr; en ese mundo, la irrupcin de las pginas de la Crtica sucesiva de Vitier donde un cubano, por vez primera para m, hablaba de Baudelaire, Mallarm, Rimbaud, Valery, Claudel, Santa Teresa de Jess, San Juan de la Cruz, Saint-John Perse y, entre otras tantas cosas, de un Mart a otro, el mismo y ajeno al que slo pareca un hroe perfecto cubierto de retrica, signific un absoluto vuelco en mi manera de mirar la literatura. Lo mismo con los poemas de Fina y de Eliseo, que igual le desde lo que me enseaba Vitier, y que lo mismo hablaban de Benny Mor con una finura y amor que parecan provenir de otro universo –y digo as porque esa delicadeza estaba ausente en los cubanos que lea entonces– que bordoneaban un manto de metforas alrededor de una calle habanera; ellos fueron mi Trinidad, donde aprend, insisto en ello, que exista el espritu, que era legtimo, humano y hermoso, que no se trataba de que yo estuviese loco –como se complacan en repetir no pocos de mis familiares y amigos–, sino que tambin yo era poeta o cuando menos lector. La leccin de eticidad y la posibilidad de resistir que me dieron sus pginas es algo que sin cesar me acompaa, y todava ms les agradezco haber sido el puente que me condujo hasta Lezama; si entre todos me llevaron a Lezama, ese nico a quien tengo por Maestro lo hizo a la inmensidad y al caos gozoso, a un conocimiento que raya en la locura. La dignidad, la resistencia, la elegancia de sus contenidos y lenguaje, la altura con que se enfrentaban a los ms arduos temas del hombre, su manejo cmodo de infinidad de figuras de la cultura universal, era algo imposible de imaginar o manejar con lo aprendido en la escuela; no era esta la literatura cubana o universal de las que obligadamente conoca una pizca, sino algo que desbordaba amor y hecho para ser amado: amor a las cosas, a los paisajes, las palabras, las gentes, el ser, la creacin, la finura, lo invisible, Dios. Me veo yendo una y otra vez al diccionario para precisar el sentido de una palabra o referencia mitolgica, pues me era exigido lo mismo que cuando me perda dentro de algn gran escritor. Pero estos, lo ms importante, eran cubanos y contaban las historias de nuestra gente con las mismas palabras con que se referan a los clebres; como si en nuestro joven pasado igual hubiese habido batallas gigantescas y clera de dioses, mitos de creacin y panteones magnficos, hechura y destruccin de mundos. Despus de ellos, y de primero de Cintio, ya nada fue igual porque haba otro Mart, otro Vallejo, otro Gngora, otro Quevedo, un San Juan, un San Agustn, un Santo Toms, otro Rimbaud, otro Mallarm, otra Habana, otro universo.

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56A fines de los 80 viv par de ocasiones de privilegio cuando, gracias a la gentileza de Cintio y en la entonces pequea biblioteca sucursal que funcionaba en la casa de Lezama, pude asistir a las discusiones del equipo cubano que particip en la Edicin Crtica de Paradiso ; l era el coordinador del equipo y acept que yo, un joven desconocido, compartiera lo que fue una oportunidad nica. Aos despus de ello, sin atreverme entonces a fijarlo en la primera pgina, por temor y por no haberlos consultado, dediqu a l y a Fina un breve poemario mo, Visitas, en el cual quise dialogar con Mart, pero con el que ellos me haban enseado. Hoy nos hemos alejado. Sin embargo, por encima de cualquier presente o futuro, entrar a la pgina como si fuera una casa en cuyo interior se vive, entender adems que esa vida no es slo cosa de letras, sino que nos penetra y conecta con la armona esencial que hay en el mundo y nos salva de enloquecer, fue algo que consegu gracias a Vitier y es exactamente el momento de vuelco ms grande que ha tenido mi vida. En los trminos en que hablo, quizs eso sea el instante del lector, su nacimiento.

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57 Permanencia de un descubrimiento Caridad AtencioPoetisa e investigadora del Centro de Estudios MartianosEn el ao 1991 era una joven filloga que ansiaba a una profesin que tuviera que ver con la naturaleza de mi especialidad. Luego de una ubicacin puntual y descabellada tuve al fin, despus de amargos avatares, la posibilidad de comenzar a trabajar como investigadora en el Centro de Estudios Martianos. Para ocupar la plaza deba someterme a un examen de oposicin junto a otros aspirantes. Comenz para m, ya que haba decidido dedicarme seriamente a la literatura y recin comprenda que la labor del escritor era un sacerdocio, un perodo de intensas lecturas, estudios y bsquedas que, aunque hubo de extenderse algunos aos ms, me exiga para empezar un estudio tensionado, una asimilacin brusca, un dominio de un universo en pocas semanas. As, aunque mis lecturas fueron muchas, hubo un libro que no slo me permiti sobrepasar con xito aquel examen sino que puso ante mis ojos la excelencia del universo martiano en tramos de excelencia: Temas Martianos, 1ra serie, de Cintio Vitier y Fina Garca Marruz, “el libro azul”. A medida que lo lea senta la irrupcin de la poesa, de lo potico en sus vasos comunicantes con el ensayo, lo potico en su visin menos asptica, sirviendo como va de conocimiento, como aguijn, obstinado y lcido a un tiempo, de la realidad. En un principio, en el principio de mis lecturas del libro azul crea que l era indispensable, insustituible a la hora de estudiar el Mart escritor. Cuando termin de leerlo supe que era ineludible, pero para todo Mart. Entonces guardaba, abra el libro azul, como un mapa del alma del gran escritor, del cubano por antonomasia; un raro caleidoscopio donde ves lo que te gustara ver y lo que existe a la vez. El libro azul, remarcado en rojo. De mi lectura asombrada sobrevino un copioso fichero de mltiples temticas que todava conservo. Y, aunque muchas veces no vaya a l para una referencia, siempre vuelvo al libro cuando comienzo un nuevo estudio o se me solicita una opinin autorizada, un tpico a ensear. Vuelvo a Cintio y Fina. Y no los prefiero a esenciales autores martianos de obra terminada, los equiparo. Los cito. Siempre los rescato. Entro a esos ensayos porque son como paisajes, y no me pasa como a muchos crticos, que cuando leen a un escritor que ensaya sobre otro, ven en su estilo los rasgos de este ltimo. No. Capto la pupila singular del creador al tiempo que sigo viendo a Mart en sucesivas dimensiones. De lo que mi espritu hizo derivar una leccin “invisible a los ojos”: entregarse en la pgina, darse a lo que se escribe es el nico modo de saciar al escritor que late en las sienes, de saciar el objeto de estudio. Equiparar lo objetivo y subjetivo es dar al hombre. Un ngulo propici entonces el viaje ungido por enraizadas obras. Un ngulo cifr el viaje en espiral. As de un descubrimiento y la devocin hacia un libro he derivado una fe, un sacerdocio, un conocer perenne de “dos libros vivos”.

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58 Cintio traduciendo a Mallarm Carmen Surez LenInvestigadora del Centro de Estudios MartianosDe una intemperie a otra intemperie: as ejercita ese acto finsimo de equilibrista Cintio Vitier al traducir el Coup de ds de Mallarm a su castellano potico, isleo por ms seas. Al describir el clebre texto nos dice: “la intemperie trgica, estelar y marina del Coup de ds [...].” y es seguramente ese imn resueltamente insular de las aguas y los astros quien lo va empujando por las escuetas palabras pulidas y refulgentes como gemas, como azotadas por el viento y las olas, en busca de la equivalencia familiar. Pero, cmo traducir del mallarmeano? La misma cuetin que despliega Jos Mart cundo anota que “Vctor Hugo escribe en Vctor Hugo”, no en francs. Cintio, el traductor, tendr que trasvasar los escorzos, las hiptesis sesgadas de Mallarm, y tendr que hablar la pgina en blanco, habr que convocar los silencios elocuentes y el lenguaje de las valoraciones tipogrficas, tal y como dicta el poeta en el prefacio: “que no queda ninguna razn para excluir de la Poesa: nica fuente”. Y cmo se reconoce en ese otro del Coup de ds ? Yo creo que en la intemperie, “transpensada” no “traicionada” por un texto que introdujo su traduccin de 1952 para la revista Orgenes y que lo acompaa an como “Prlogo” a Cien aos de Mallarm. Igitur y otros poemas (Ediciones Igitur, Tarragona, 1998), donde se lee: [...] all donde un poeta enjuicia a otro que por cualquier motivo le es afn, o se plantea cuestiones fundamentales sobre la esencia del arte, no intervendr, junto al estilo de sus precisiones, un elemento irreductible, caprichoso, genial, de la misma naturaleza que el silencio de donde saltan las ms profundas sorpresas de la creacin? Vitier siente en lo hondo la angustiosa intensidad del imposible mallarmeano y por eso es atrado, poderosamente atrado, hacia uno de los poemas terminados donde ese imposible persigue su ms sinttica ilustracin, disponiendo lo escrito a manera de partitura, aunque partitura intervenida continuamente por los clamores de una significacin fragmentaria que el lxico dispara caprichosamente? sobre las pausas y los silencios de la pgina en blanco o en enigmtica complicidad con la valoracin tipogrfica. La nueva constelacin que construye Cintio del texto de Mallarm se inserta con nuevas figuras en otro universo lingstico. Primero se desprendi del poemario del francs para integrarse al cosmos origenista y en 1971 lo vemos donosamente y en su misterio, navegando en una antologa madrilea de las ediciones Visor que prologa Jos Lezama Lima y donde reza: “A veces pienso, como en el final de un coro griego o de una nueva epifana, que sus p-

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59ginas y el murmullo de sus timbres, sern alzados algn da, como en un fascistol polidrico, para ser ledo por los dioses”. Y luego, ahora mismo, y con motivo del centenario de su muerte, sale de nuevo al infinito potico de sus traducciones espaolas. Y al seguirle los pasos a la jugada crptica del poeta de Francia, Cintio se mueve en el respeto a su letra respirada y murmura como para s, imitando, reinventando ms que traduciendo, como si ejecutara una ceremonia que le ha sido mostrada y entonces, traduce el ltimo, famoso verso: Todo Pensamiento lanza un Golpe de Dados. donde escribi Mallarm: Toute Pense met un Coup de Ds. Y he aqu que entre met y lanza estn las dos intemperies diferenciadas por una voluntad que no “emite” sino que “lanza”.

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60 Cintio y Fina: dos juicios sobre lo cubano y lo grecolatino en la poesa Amaury B. Carbn SierraProfesor de la Universidad de La HabanaA Cintio y a Fina los pienso y siento como si hubieran sido mis compaeros de trabajo de varios aos, o mis vecinos. Sin embargo, nuestros encuentros, conversaciones, o ms bien intercambios, no rebasan quizs, en alrededor de dos dcadas, las horas del da, o siquiera las de la tarde. Eso se debe tal vez a mi acercamiento a su obra, al hecho de haberlos escuchado muchas veces, o a las calidades personales de ambos, que despiertan por ellos la admiracin y el aprecio. Cmo no hablar de los dos, de Cintio y Fina, cuando cada uno de ellos vino a la tierra en mitad para unirse por siempre, segn el mito expuesto por Platn, el cual Jos Mart (1853-1895) cita o refuncionaliza en su poema “Sntesis”: El alma universal dos hijos tuvo, Cada ser en mitad viene a la tierra: ¡As es toda la vida del humano Buscar, siempre buscar, su ser hermano! Cintio lleg con un nombre de origen griego referido a la luna; Fina, con uno de ascendencia latina que tiene el sentido de delicadeza, perfeccin, excelencia. Predestinacin? Pero como de lo que se trata es de congratular a Cintio y a Fina en tan fausta conmemoracin, termino estas palabras iniciales con mi ms alegre y sentida felicitacin y con la letra en latn del famossimo danzn de Antonio Mara Romu (1876-1955) Tres lindas cubanas (1926) que mucho les gusta, principalmente a Fina: Tres pulchrae cubanae Tres, tres, pulchrae cubanae, Tres, tres, pulchrae cubanae Si iter facio Passu Franco, anima mea, Nunquam me dicas ut non... Si cras ego mortuus sum, ponite flore s. Cintio y Fina, como pensadores sobre lo cubano en la poesa, han puesto de relieve algunas formas del proceso de asimilacin de la cultura grecolatina. Quiero dedicar estas lneas a subrayar en sus propias palabras dos aspectos de la labor investigativa de ambos, que se convierten en referencia obligada para el examen de la apropiacin de dicha herencia. Fue Cintio, en la “ Primera leccin” de su imprescindible estudio Lo cubano en la poesa ,1 ya aludido indirectamente, quien seal, no slo la presencia clsi-

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61ca explcita en el Espejo de paciencia el primer poema escrito en Cuba (1608), de Silvestre de Balboa y Troya Quesada (1563-1649?); sino lo que considera novedoso y original, y el punto ms significativo y dinmico, el que lo vincula realmente con la historia de nuestra poesa: la mezcla de elementos mitolgicos grecolatinos con la flora, fauna, instrumentos y hasta ropas indgenas. “Aunque de un modo tosco” –nos dice Cintio– “Balboa presiente uno de los problemas esenciales de la lrica en el siglo xix, a saber: la situacin de la concreta naturaleza insular (ntese que todava no aparece el paisaje, ganancia romntica) dentro de la tirnica naturaleza ideal o convencional de los modelos europeos. Esa lucha entre la desarmada realidad inmediata y el mil veces formato mitolgico del humanismo versificante” – contina Cintio– “la resuelve Balboa de un modo primario y pueril: por la simple yuxtaposicin de los elementos, lo que produce un efecto inesperadamente barroco y con frecuencia cmico”. Y agrega: “Pero en esa misma extraeza y comicidad que provoca el desenfadado aparejamiento de palabras como stiros, faunos, silvanos, centauros, napeas, amadrades y nyades, con guanbanas, caimitos, mameyes, aguacates, pitajayas, virij, jaragu, viajacas, guabinas, hicoteas, patos y jutas se esconde en germen (sin intencin ni conciencia del autor, por la sola fuerza de los nombres) un rasgo elemental de lo cubano, y es la suave risa con que se rompe lo aparatoso, ilustre y trascendente en todas sus cerradas formas”.2 Cmo no releer a Cintio –aqu citado slo en parte– al mencionar el punto de partida de la presencia clsica en la poesa cubana, la cual se extender a otros gneros y coexistir, paralelamente, a movimientos y modas, en muchas de nuestras voces ms altas, incluso en nuestros das? Esta mirada atrs, tanto al Espejo... como a los clsicos, es la que vivifica el pasado y nos permite cobrar conciencia de lo que somos y de lo que podemos ser, como nos previene Cintio. Por ello, concluye que esa obra no es para arquelogos literarios, sino que conserva toda su vivacidad y su fragancia y est llena de posibilidades plsticas y musicales que nuestros artistas debieran aprovechar, a pesar de sus escasos mritos formales.3 Fue, sin embargo, un escritor, Alejo Carpentier, quien integr fragmentos de ella a su novela Concierto barroco (1974). A Fina, los que nos dedicamos al estudio de la tradicin clsica, estamos tambin obligados a volver una y otra vez cuando se precisa caracterizar las dos caras de la colonia, una de nuestras etapas histricas, presente en el Papel Peridico de la Havana : la de los “discpulos de Horacio” y la de los “sectarios de Epicuro”: de un lado los varones de la Ilustracin, los poetas que invocaban a Apolo, del otro, posibilitando estas invocaciones, la cruda realidad de los barcos cargados de esclavos, azcares y harinas. Pero, sobre todo, cuando en el propio “Prlogo” de Flor oculta de la poesa cubana que publicara con Cintio en 1978, del que se tom la cita anterior (p. 17), al indagar acerca de la primera amistad de lo cubano y lo griego en nuestras revistas primerizas, declara –y cito en extenso: “Es verdad que no slo en Cuba sino en toda la Amrica y desde luego en Europa la poesa se amist en el perodo neoclsico con lo ms preceptivo de la

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62antigedad grecolatina, y Baco y Ceres, rebautizados, alternaban con el Horacio del beatus ille y su elogio de la vida retirada y con el Virgilio amante de la agricultura, que ya cant a guerreros y pastores. Pero quizs –agrega– “la amistad de lo cubano con lo griego iba ms all de la Grecia romanizada del neoclsico y aun de la Grecia francesa que en toda la Amrica revivieron los modernistas. Se trataba acaso –dice– de una afinidad extraliteraria, de atmsfera. Ya Mart –contina–hablaba de la “fuerza gloriosa de las islas, que parecen hechas para recoger del ambiente el genio y la luz”4 y de nuestras tierras, “surgidas de aguas azules”5 –no de un desprendimiento continental–, lo que recuerda a Venus y al poema de [Joaqun Lorenzo] Luaces sobre la fundacin mitolgica de la Isla”.6Prueba de la sensibilidad y agudeza de Fina son asimismo las reflexiones y sutilezas que siguen al prrafo anterior y que tienen eco y continuidad en sus observaciones sobre las anacrenticas traducidas por Jos Mart que vieran la luz en el tomo 10 de 1987 del Anuario del Centro de Estudios Martianos a las que remitimos, para no exceder el carcter de mero apunte que me propuse. Admiremos, pues, en los dos momentos referidos, la comprensin de Cintio y Fina en cuanto al papel de las letras clsicas en el proceso de formacin y desarrollo de nuestra cultura y sus imperecederos aportes, aun cuando no haya sido ese el centro de sus enfoques e investigaciones. Notas1 Vitier, Cintio. Lo cubano en la poesa La Habana : Instituto Cubano del Libro, 1970.2 Ibdem, pp. 38-39.3 Ibdem, p. 42.4 Mart, Jos. Obras completas La Habana : Editora Nacional de Cuba. 1963. t. 4, p. 224.5 Ibdem, t. 23, p. 17.6 Vitier, Cintio. Flor oculta de la poesa cubana La Habana : Instituto Cubano del Libro, 1978. pp. 19-20.

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63 Las novelas de Cintio Vitier: un nuevo sol para el mundo moral Ivette FuentesEnsayista e investigadora del Instituto de Literatura y LingsticaRecuerda Cintio en un memorable ensayo que la eticidad es un “elemento universal y sustancial de la libertad” como distingo de la simple moralidad o, ms bien, como un rango superior. De algn modo este aserto se siente en la poesa cubana descubierto por una mirada que busca adems de la esencia de una nacin en el modo de la expresin potica, la “conciencia moral” que la sustenta en la propia condicin actual del poeta. Esta moralidad y eticidad que trasunta el don de la libertad humana como principio de existencia y regidor de una conducta en pro del bien (ciudadano, patritico, individual) es la vara que mide tanto la obra exgetica como la creacin potica –entendida en ella la de prosa y verso– de Cintio Vitier. Es as que la nocin de eticidad se hace en l expresin de la esencia de libertad de la nacin, vista a travs de todas sus aristas, desde el corpus nacional hasta el individual, elemento integrador y reintegrador del espritu que no puede expresarse de modo ms acabado que –y ahora recordando al P. Teilard de Chardin– en el fenmeno humano. Por eso siempre se hallar el concepto como una “tica viva” o “en acto” –como l mismo la calificara– y no como entidad abstracta o teorizante pues la arcilla latente en ella es el hombre mismo y su conducta dentro de la Historia. De aqu que halle la exacta correspondencia entre la conducta moral del hombre y la historia intelectual y poltica de Cuba, pues es la conducta humana la que ha permitido afrontar las vicisitudes y contradicciones para conformar el mosaico de la nacionalidad. No de otro modo puede entenderse el hilo invisible que otorga legitimidad y coherencia a “cien aos de lucha”, no vista como epifenmeno poltico o histrico aisladamente, sino como forma expresiva de una justa conducta humana convergente hacia “el deber ser” como fuero de eticidad que atrae hacia un polo de mayor perfeccin. Patria, familia e individuo marcan categoras que se anan en el ideologema de la eticidad dentro de la obra de Cintio Vitier evidente en su novelstica. Es este, sin lugar a dudas, uno de los asuntos que ms propician la sinonimia HombreNacin y que se deja ver no slo como argumento, sino como motivo de una trama que va engarzando conflictos de una pica nacional e individual, emparentados por el ser de la cubana. El elemento que delinea estas necesidades est dado, por sobre todo, en lo tico. Eticidad que ahonda en los derroteros de los hombres y de la Patria a travs de la historia familiar, de tal modo que en indispensable sintona se avizo-

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64ran valores que destacan los vasos comunicantes que los unen. Corroborando esta idea, encontramos las siguientes frases en la novela De Pea Pobre: “Ethos de la cubana, el ser de lo cubano, el hombre como accin, como individuo y persona en medio de la Patria: todo uno”.1Esta novela es una de las ms representativas de la conjuncin entre Patria e individuo marcada, a su vez, por un cuadro de familia que a ms de teln de fondo es motor impulsor de una trama que rescata de los “orgenes” el subtramado esencial entre ambos. En este caso particular, las colindancias estn dadas por una pica nacional – marcada por las luchas sociales que sellaran los antecedentes de la Revolucin– y un grupo de personas que participan, como protagonistas o coristas, de esa pica, de tal modo que en su imbricacin la convierten en la pica del individuo dentro de los cambios impulsados por tal Revolucin, y el modo en que este acontecer define los tonos de una tica individual. Y entre los avatares de la nacin y una familia, los destinos individuales se entrelazan, como pretexto, con la condicin participativa del propio autor, desdoblamiento protagnico, alteridad de un poeta, que va diseando l mismo, los contornos de un juego pico a partir de sus propias valoraciones ticas. De Pea Pobre es una novela de infinitas lecturas que no agotan el juicio crtico apriorstico, pero que deciden con todas sus fuerzas el miramiento excepcional, desde la ptica de una eticidad polidimensional, arista que crece desde el micromundo individual de Mximo Palma hasta el macromundo nacional que es la historia de la Patria. Este panorama que se hace visor de una concepcin tica de la vida, en las ilaciones que prestan la nacin y los individuos que la componen, se eleva a un rango de mayor profundidad o, digmoslo de otro modo, de intrprete de esa realidad al estar conducido por la mirada de un poeta. El panorama se vuelve l mismo metfora y los individuos smbolos de los valores de transicin o permanencia que marcan los cambios sociales. La interrelacin entre hombre y nacin es, ahora, un sino de mayor hondura porque la Patria es representada, en la excelsitud de un Hombre Mayor, por la figura de un poeta, y as ese coro que determina, en cierto modo, el sentido participativo y relator del grupo Orgenes est acrecentado por una dimensin potica de las cosas, en su calidad no tergiversante o desfigurante, sino “anhelante”, sugerir de la poesa que va ms all de la denotacin para significar lo oculto de la realidad. De esta hechura potica entre Hombre-Nacin es el siguiente trazo: “[...] cruz de Jos Mart, [que] no puede sernos indiferente en un pas cuyo primer poeta es precisamente Jos Mart...”.2El espacio sugerente de esta novela y la simbiosis que procura entre los distintos argumentales que brinda un cuadro nico de esa Cuba abierta y escondida, expresa y “secreta” en que fue purificndose y dejando sedimenta-

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65dos los sin-valores que lastraron, en primer trmino su imagen de cubanidad. Los nombres de los protagonistas son, ellos mismos, smbolos de un proceder y un destino: Violeta y Sandino Palma significan, ms all de su propio significante como personajes, la condicin independiente y soberana que denota la palma, no como elemento pintoresquista, sino como recurso lxico y semntico de una voz socorrida en la literatura cubana, que se convierte, por ello, en un reverenciar su signo. El entretejido argumental va superponiendo planos temporales y espaciales, que se integran en un cuadro real subyacente de la poca, raras veces entrevista desde una ptica existencial toda vez que esta pica nacional es una resultante –sin lastrar su esencialidad– de las mltiples huellas que el hombre va dejando para tejer esa imagen de la Nacin, idea contenida en su concepcin humanista que se empea en demostrar que “todas las naciones del mundo son hombres”,3 curiosa frase del padre Bartolom de Las Casas con quien se enlaza as en el mismo linaje de los grandes humanistas cristianos. Este visor poltico de la realidad traspasado por la visin particular del hombre y determinado por ella, es el sello descubierto en la novela y fundamento del entramado en que convergen los destinos del hombre y de la Patria. Las historias particulares son, de este modo, un espejo de la poca como acontecer mayor. Violeta Palma y Sandino Palma, como medios hermanos, son exactamente los elementos necesarios y congruentes para que la Revolucin pudiera ser lograda: ella, como despertar de una conciencia nacional, l como una consecuencia, ambos soportes de una figura que reclama su peso y su sentido, no parcialidad de miras ni unilateralidad de criterio, sino rebote de ideas, condicin dialgica de una realidad que poco a poco, ganando su espacio, va imponiendo sus propias dimensiones. La trada se completa con la figura de Jacinto Final, figura adems de emblemtica enjundiosamente polismica en su diseo, la que, curiosamente adems, el autor complementa con una visin de esa otra figura carismtica de la historia y la literatura cubanas, que es Tristn de Jess Medina. Jacinto Final representa ese pathos de la cubanidad que se defiende y enaltece a pesar del desconocimiento o la ignorancia del porqu de los sacrificios, verdadera esencia sacrificial al darse en toda la dimensin de su persona humana, justificacin del no-conocimiento de la misin con el pretexto salvador que significa la necesaria condicin participativa del hombre como completez. La integracin de esta figura en el maremagnun de cambios sociales y polticos se expresa desde la arista explicativa de su catolicidad, lo que expresa adems el sacrificio que todo cambio implica al ser que lo vive, conflicto que acrecienta el debate de participar –an dentro de un margen de no reconocimiento de las causas que lo impliquen– o el de mantenerse a la expectativa de los acontecimientos. En Jacinto Final –personaje paradigmtico de la simbiosis nacin-individuo propuesta como tesis en la novela– la duda se re-

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66suelve en la integracin de la realidad dentro de la concepcin particular de sus creencias catlicas, lo que a su vez reafirma el “camino de salvacin” que descansa en esta integridad, nica posible. El parentesco –el elemento dado por la familia– establece los lazos necesarios para anudar relaciones por las que se accede a la nueva realidad, de modo que el conflicto de la participacin-contemplacin se resuelva en una integracin de los planos individual y nacional como salida viable a cualquier extraamiento posible. La imagen social es la ntima apropiacin de la realidad y la solucin nunca puede ser frmula generalizada o impositiva de una totalidad. La integridad es de individuo a nacin, sin saltos falsos que desvirten la cualidad particular de esa entidad individual en la cual se apoya ineluctablemente cualquier proceso nacional. Si para Jacinto Final la asimilacin de este proceso –convulso y difcil como todo cambio en que est involucrado el ser humano– est dado por la integridad establecida entre su novia y la Revolucin, en tanto aquella la representa, otros smbolos son requeridos como va de acceso de participacin a la nueva realidad social. Y es cuando de modo ms expreso se llega a la integridad que resuelve el civismo de la poesa, cuando es esta un “camino de salvacin” para acceder a la realidad, contrariamente al sentido “evasionista” que muchos, en el desconocimiento de su ser ntimo, vituperan. Es ahora el conflicto del hombre acrecentado por su condicin de hombre-poeta. Y as su palabra, como engarce con la realidad, es un significado crecido por la visin metafrica de esa realidad. Para el poeta, el mundo debe ser asumido –encarnado– por la letra, y es entonces que el conflicto de la participacin-contemplacin se establece a partir de la funcin ontogentica de la palabra. Ante la “extraeza de estar” que inunda la poesa de Cintio y que fuera tambin aquel temor en Lezama Lima de “morir anegado en el espejo de su propio ro”, est la impronta del hombre-poeta, porque, como dijera Mara Zambrano, la “cosa” de la poesa “ no es la cosa conceptual del pensamiento, sino la complejsima y real, la fantasmagrica y soada, la que hubo y ya no habr jams”. La postura tica se determina por su vocacin participativa, comportamiento humano que se decide por un “ejercitar la virtud” conducente a mejorar el espacio, ms all de su ser individual, donde habita. Los planos individual y nacional se engarzan a travs del verbo y su asimilacin o no estar en dependencia de su condicin sacrificial y junto a ella, la del poeta. La palabra, en su rol participante, debe convertirse en acto. De este modo se plantea el dilema: Y esa voz le exiga un acto, ni una palabra ms, ni una lectura ms, ni un pensamiento ms: un acto que era, rigurosamente, un salto en el vaco [...] Y cuando se acercaba a cumplir el acto exigido como una cuestin ya de hombra, de honor, de virilidad verdadera, porque ya no tena excusa para no cumplir, porque ya su razn estaba convencida y su corazn converso, y slo quedaban errantes sus sentidos, aquellas imgenes infernales se le apartaron, y sinti que todo era ms sencillo, ms piadoso, que era slo como abrazarse llo-

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67rando a un amigo y reposar un momento en su pecho. Y entonces fue a la Cena.4Acto que no es sumergimiento en un coro falso por discorde con la naturaleza de su individualidad, sino resolucin particular del dilema en el hallazgo de los signos que convoquen la ms cierta integridad entre el Hombre y la Nacin. Y para ello el Poeta no tiene ms recurso que su Verbo: “[...] supo para siempre que aquella comunin con el verbo sacrificado y silencioso era lo nico que poda devolverlo sano a la ciudad llagada, hacerlo hermano de los hombres y ponerlo, aunque fuera de un modo nfimo, secreto, incomprensible o despreciado, a su servicio”.5Eticidad por la palabra que est dada en el “mejor darse” el hombre que ser siempre “el mejor ser” l mismo, sin claudicaciones y dobleces de moralidad, sin oportunismos que desvirten lo valedero y autntico del individuo, llmese poltico, guerrillero, estudiante o poeta. Y esta eticidad individual es la que determinar la mejor vala de una eticidad nacional marcada por la convulsin de un movimiento insurreccional que conmocion los cimientos de todo un pas y que en la novela refleja tanto las alegras de su asimilacin como los sufrimientos de sus incomprensiones. Porque la Revolucin, como una nueva realidad y as nueva impronta tica, irrumpa de manera diversa de acuerdo al grado participativo o contemplativo, o simplemente al rango de diversidad individual de la nacin. Momento en que se barajan con rudeza los naipes para cambiar totalmente el papel de cada figura aun en la invulnerabilidad de su emblema. As la justicia, vocera de la nueva eticidad revolucionaria, no es an figura restaada y definida, sino sujeta ella misma a la voracidad del cambio, a la severidad del juego de naipes, reflejo de la caoticidad que implica toda ruptura. La integridad nacin-individuo se desequilibra, y alcanzar el fiel de la balanza puede tambin descansar en la violencia. Pero as como los personajes de la novela resolvieran su integridad a la pica nacional, y as como en la sabidura que la cobija familiar prodiga al hombre, encuentra lo necesario para comprender al mundo que sobre su ser se erige, tambin se hace la poesa, como forma de ser hombre, un camino elegido por el que se imbrica su alma con el alma de la nacin. Hasta que el hombre llegue a sentir que “la tinta de la poesa era, realmente, su sangre”.6Desde una ptica distinta, otra de sus dos novelas, Rajando la lea est deviene tambin en integridad del ethos nacional, esta vez en la abarcadora empresa de cautivar el ritmo de lo cubano, no slo como msica sino como espritu. No es sorprendente que as sea para quien desbrozara el camino hacia “lo cubano” en un sorprendente bojeo potico a la isla y que ahora lo traduzca en una yuxtaposicin de personajes, pocas, sucesos, en un juego que conduce al descubrimiento del protagnico: la Ma’ Teodora y lo cubano musical. Difcil faena cuando lo musical se vuelve un hecho tan simple y cotidiano que confunde su causalismo en consecuencia de su idiosincracia, sello distintivo de cubanidad. Es as que la vocacin participativa del autor est en la disec-

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68cin del universo sonoro, del mundo compacto y terso en cada sonido elemental y nico, en una “accin y efecto de empalmar”, la integracin al todo audible del mundo, la conversin de lo visible en lo invisible esencial. Por eso en este homenaje a la msica cubana no encontramos tan slo el parabin a compositores, musiclogos, cantantes, bailadores, como hombre actuante en el universo sonoro que conforma el ser musical, sino a las voces que, en tonos menos vibrantes, pero no menos veraces, componen tambin la armona nacional. Nada mejor que incorporar en dilogos –que son el modo primero de esa armona– a los ya conocidos personajes de sus anteriores novelas –De Pea Pobre y Los papeles de Jacinto Final– como un modo de expresar esa primera escala de valores que completa la participacin personal del autor a travs de sus recuerdos. La memoria lleva y trae los sonidos dibujando un pentagrama donde notas y silencios tienen idntico valor. En la apretada sntesis se establece un ordenamiento que por su carcter tico linda con la bsqueda de la autenticidad cubana a partir de la integracin de sus componentes ms diversos. Cuadro completo de una nacionalidad a partir de lo musical –como fuera antes de lo potico– expresado en la voz del pueblo, contrapunteo de un dilogo entre el smbolo ms real (Ma’Teodora) y el ms imaginario (Pilar) para demostrar la comunidad entre lo ms cotidiano y visible y la fantasa oculta del hombre que lo vive. Es empalme y costura de lo sucesivo para convertirse en sucesin. “Pentecosts musical” que requiere del haz conjurador. Miguelito Falde –¡nuestro baile nacional!– que inclina su figura ante el ser del danzn, el ser que ha marcado el ritmo danzante de los coros. La Ma’Teodora los dirige, transita desde el pensamiento no confesado hasta el bullicio de la coralidad. Como esencia de libertad, conduce el espritu de lo cubano musical a travs del “empalme y las costuras”. Por eso ella sola, nica, smbolo, se pierde en su canto por integrar la coralidad, y aunque se dice que “est rajando la lea” nadie sabe dnde est. Porque est en el hombre, en la historia, en el pasado, en la tierra o –“cantando junto a todas las voces”– en el aire. Como un personaje ms de su novela, que es parte de la historia cubana, est el Poeta. Junto a todas las voces dando la leccin ms moral por ms humilde. En su Isla infinita, como simple hombre agradecido de un don, hablndonos no del sol, sino de la “calidad tranquila de [su] luz”. Notas1 Vitier, Cintio De Pea Pobre (Memoria y novela). Edicin completa. Edic. Universidad Veracruzana. 1990. pp 70-71. (Manantial en la Arena)2 Ibdem, p. 71.3 Casas, Bartolom de las. Historia de las Indias. Mxico : Fondo de Cultura Econmica, 1951. t. 2, p. 396.4 Op. cit. (1). pp. 126-127.5 dem, p. 127.6 dem, p. 71.

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69 Obras de Cintio Vitier Alexander Prez HerediaCrtico literario y profesor de la Universidad de La HabanaLa obra de Cintio Vitier, de la cual se nos entrega ya reunida una parte significativa en cuatro volmenes, es una de las ms importantes de la literatura cubana. En sus poemas, ensayos, cuentos y novelas, se integran la historia personal e ntima del autor y la historia de la nacin. En el primer tomo de estas Obras explica Vitier que decide comenzar esta coleccin “con un grupo de textos en que los rendimientos de mi propia experiencia lrica, la que se expresa en mis libros de versos y prosas poemticas o ensaysticas, aparece, tal como ha ocurrido en mi vida, mezclada o alternada o contrastada, con mi experiencia de otras poesa y poticas”.1 Los primeros textos de este volumen, titulado Potica, datan de 1944, cuando Vitier comienza un ciclo de conferencias que titul “Experiencia de la poesa”. En ellas, el joven bardo de veintids aos, establece un intenso dilogo con los autores que tuvieron un papel decisivo en la formacin de su propia potica: Juan Ramn Jimnez, Jos Lezama Lima, Csar Vallejo, Mara Zambrano, Garcilazo, Bquer, Daro. En este ensayo se exponen ya las esencias sobre las que ms tarde se va precisando su concepto de la poesa. “Imagen de Rimbaud”, escrito en 1951, es una honda penetracin en la vida y la obra del autor de las Iluminaciones. Vitier se centra en el caos en que vive el escritor francs, su desesperada necesidad de romper consigo mismo, y nos va descubriendo aspectos medulares de su lrica, cuya exposicin concluye en claves reveladoras de la propia cosmovisin vitereana. Estas reflexiones en torno a la poesa continan en los cuatro trabajos que siguen, reunidos en el libro Potica (1961): “Mnemsyne” (1945-1947), “La palabra potica” (1950), “Sobre el lenguaje figurado” (1954) y “La zarza ardiendo” (dividido en dos: “Poesa como fidelidad”, 1956, y “Smbolo y realidad”, (1958). Escritos en distintos aos, estos textos presentan un slido cuerpo de ideas donde se someten anlisis a importante pensadores. En ellos se definen a la poesa como iluminacin, memoria y participacin. En La luz del imposible (1955-1956) encontramos fragmentos donde el autor no se propone examinar un tema en especifico, sino que recoge a manera de diario en coherentes apuntes y reflexiones su ntima experiencia de la poesa, sus dudas y obsesiones con ciertos temas y problemticas que desde un inicio le obligan a la indagacin. En las restantes pginas de este volumen, los primeros trabajos se ofrecen tambin desde una perspectiva autobiogrfica. En “El violn” (1968) y “Hacia De Pea pobre” (1983), se revelan importantes cambios que se operan en el pensamiento del poeta, donde cada vez se integra ms la historia y la poesa como respuesta sus preocupaciones ontolgicas fundamentales. En otros trabajos como

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70“Borges”, “San Juan de la Cruz” y “Notas en el centenario de Vallejo”, Vitier realiza interesantes aproximaciones a las obras de estos grandes de las letras hispanoamericanas, lecturas que van completando sus primeros acercamientos a estos autores. En “Respuestas y silencios” (Dilogo de Vitier con Rolando Snchez Mejas)” (1991), se esclarecen ncleos esenciales de su pensamiento, como son la bsqueda de conocimiento a travs de la poesa y la encarnacin de esta en la historia, en esta ocasin desde una perspectiva en la que el entrevistado llega a importantes conclusiones sobre aspectos muy significativos de su potica. El segundo volumen de las Obras pone a disposicin del lector la edicin definitiva de Lo cubano en la poesa en cuyas palabras introductorias escribe Abel Prieto: “Lo cubano en la poesa no puede leerse ni juzgarse como una historia de la poesa cubana, ni como crtica literaria, a la que siempre se reclama “objetividad” y “equilibrio”. Debe leerse –siguiendo la sugerencia de su autor– como un poema; pero tambin como un programa, como un extenso y dramtico manifiesto que va mucho ms all de los sintticos “editoriales” de la revista Orgenes .2 En este libro, como en otros, el autor manifiesta una de sus mayores obsesiones: el incesante indagar en lo cubano, ya sea a travs de la poesa, la historia o la tica. Una relectura de esta obra –como apunta Abel Prieto ms adelante– nos pone inevitablemente frente a las dudas y desafos de la contemporaneidad. En el tercero y el cuarto tomos se recoge la obra crtica de Cintio Vitier, que como advierte Enrique Sanz en su prlogo “constituye el ms alto ejemplo del gnero de la literatura cubana de este siglo”.3Escritos a lo largo de cinco dcadas, la mayor parte de estos trabajos se dedican a la indagacin en la lrica cubana. Comienza el tercer volumen con el “Rcuento de la poesa lrica en Cuba. De Heredia a nuestros das” y el estudio sobre Espejo de paciencia considerado el primer texto de nuestra literatura. Estos trabajos y los que dedic a Jos Mart, los que agrupa en Lo cubano en la poesa y en su Potica junto al resto de los ensayos que renen estos dos tomos entre los que se encuentran: “Introduccin a los grandes romnticos cubanos”, “Julin del Casal en su centenario”, “La crtica literaria y esttica en el siglo XIX cubano”, “Virgilio Piera: Poesa y prosa ”, “Eliseo Diego: En la calzada de Jess del Monte ”, “La poesa de Emilio Ballagas...”, constituyen un aporte inestimable al conocimiento e interpretacin de la literatura y la cultura cubana. En la primera parte del segundo volumen se recogen trabajos sobre autores extranjeros (Mallarm, Claudel, Goethe, Heine, Gabriela Mistral) y sobre la crtica. En la segunda seccin tambin encontramos otros sobre autores no cubanos, pero que guardan una relacin significativa con la potica de Vitier: Mara Zambrano, Jos Coronel Urtecho y Jos Mara Valverde. Los ensayos que publica a Jos Lezama Lima “Introduccin a la obra de Jos Lezama Lima”, “Invitacin a Paradiso ...” y a Orgenes, pginas fundamentales sobre estos temas, expresan muy coherentemente las bases del proyecto origenista, su

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71uni versalidad, raigal cubana y eticidad cohesionadoras. En todos estos textos, como en su poesa y narrativa, resulta ostensible el inters de Vitier por mostrar la historia espiritual de la nacin cubana, sus races e identidad. Con su lectura asistimos siempre a lo que el propio autor ha llamado “el misterioso dilogo entre la Historia y el Alma”. Notas1 Cintio Vitier: Potica Obras I Letras Cubanas : La Habana, 1997. p. 21.2 Abel Prieto: “Lo cubano en la poesa: Relectura de los 90”. En: Cintio Vitier: Lo cubano en la poesa. Obras II Letras Cubanas : La Habana, 1998. p. 7.3 Cintio Vitier: Obras III Letras Cubanas : La Habana, 2000. p. V.

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72 La vida pblica y secreta de Encarnacin de Varona (5ta parte) Modesto Gonzlez SedeoInvestigador de la Historia de Cuba El testimonio de la camageyana Encarnacin de Varona (1835-1888) es una muestra de los hechos ocurridos entre 1851 y la etapa posterior a la Guerra de los Diez Aos. Para su mejor comprensin, Modesto Gonzlez intercal narraciones ajustadas a los momentos histricos, las cuales aparecen con la tipografa en redonda. Las cuatro partes anteriores a parecieron publicadas en los nmeros 1 y 2 de 1990, as como en los 1 y 2-3 de 1999. [N. de la E.]ENCARNACI"N RELATA LOS TRABAJOS QUE TIENEN QUE LLEVAR A CABO EN EL CAMPAMENTO ESPAOL PARA LOGRAR QUE SOBREVIVA LA FAMILIA Nos hubiramos muerto de hambre si no hubiera sido por la tropa que nos abasteca de rancho, pues trayendo los bolsillos provistos de mucho dinero sin hallar en qu emplearlo, les satisfacan ms a su antojo los platos que preparbamos, que aquella comida siempre igual del campamento. Con lo nico que nos proveamos de algn medio era echando remiendos de talabartera y zapatera, de lo que entenda Pancho un poco, y yo, cuando sus ocupaciones no le permitan tal trabajo, me haca cargo de l, lo que nos pagaban muy bien los militares. Viendo el juez que las familias nos moramos de hambre sujetas solamente a las raciones, dio licencia para que salieran al campo las mujeres y los nios que se atrevieran. Yo, confiando siempre en los cubanos, no dud un momento en ser de las primeras. Vime pues precisada, con consentimiento de mi marido, a alquilar una bestia para salir con uno de mis dos muchachitos mayores a Jess Mara, a buscar los frutos que hubieran dejado. Llegamos pues a la roza y por su buen estado conocimos que no haba pasado persona alguna por ella. Cargamos nuestras dos bestias de viandas y frutas de la estacin, y nuestra llegada fue aplaudida. En menos de dos horas ya todo lo habamos vendido, y as pudimos pagar el alquiler de la bestia, alimentarnos y guardar alguna cosa. Seguimos este mtodo de vida por algn tiempo, yendo un da VIGENCIAS

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73s y otro no; de modo que cuando comenzaron a traer convoy, que era bastante dificultoso, ya tenamos resuelto el modo de cubrir algunas necesidades urgentes. En esto llego el general Valmaseda, el que nos reparti ropa a todos los presentados. Yo aprovechndome de este conocimiento, le ped audiencia, la que me concedi. En ella le hice ver cun dificultosa era nuestra estancia all, y que, aunque habamos deseado pasar a Puerto Prncipe, el comandante nos haba negado la licencia. El general nos la concedi. Hicimos cuantos esfuerzos pudimos por irnos pero siempre haba dificultades para ello. En esto nos suspendieron las raciones a todos. Muchas familias nos vimos afligidas, y tomamos la resolucin de unirnos algunas madres de familias para pedir auxilio para el sostenimiento de nuestros hijos. Tuvimos la suerte de que el da que fuimos a presentar la demanda, haban mudado de capitn, y, por cierto, la acogida de este seor no fue de lo peor, pues des pus de escuchar las splicas que le dirig en nombre de todas –designada por mis compaeras, y aprobando ellas de ante mano todo cuanto yo dijera– que entre todas las que poseyramos alguna cosa en este territorio, podamos matar una res cada una y compartirla entre todas, hasta tanto que l diera parte al gobierno, para ver si nos concedan de nuevo raciones. La primera res que se cogi fue nuestra; ya mi marido haba hecho otra casa ms cmoda, y yo, desesperanzada de irme, haba pedido licencia al capitn para poner una escuela de primeras letras; pues ya en uno de los viajes que dimos a Jess Mara hallamos que unos malos vecinos que se haban presentado antes haban destruido la estancia de que nos mantenamos, de modo que por eso habamos deseado ms que nunca irnos del campamento. Quiso la Divina Providencia proporcionarnos una carreta que nos costaba diez pesos. Nos pusimos en el camino resguardados por un piquete de infantera, pues no se poda transitar sin este auxilio. Llegamos a Las Yeguas, donde nos detuvimos por disposicin del gobierno, pero un jefe, compadecido de nosotros hizo que nos llevaran del modo que hubiera lugar. Llegamos pues a Puerto Prncipe en el mes de octubre, unos a pie y otros en la carreta en que iban nuestros trastos con un milln de alambres de telgrafo, pues estaban componiendo la lnea, y una porcin de militares enfermos. Entramos a la ciudad a eso de las nueve de la noche bajo un fuerte aguacero. COMIENZA UNA NUEVA ETAPA EN PUERTO PRNCIPE, DURANTE LA CUAL LA FAMILIA DESPROVISTA DE SUS MEDIOS DE VIDA TIENE QUE ADAPTARSE A LA CIUDAD EN LA SITUACI"N DE GUERRA Nos alojamos en casa de mi suegra. No nos faltaban nuestras tres o cuatro onzas, pero bamos casi desprovistos de ropas, zapatos, y dems. Por disgustos de familia nos muda-

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74mos al poco tiempo a una casa en la calle de San Ramn, que nos costaba seis pesos, y entonces Pancho se acomod en una quinta a ganar un triste salario. Manuel, mi hijo, se hallaba muy enfermo, aun mucho antes de la presentacin. Conchita se haba enfermado con el cambio de lugar y Tadeo y Panchito se haban unido a Miguel, mi sobrino, y salan a buscar frutas y viandas. La criada Dorotea que se hallaba con una cra de cuatro o cinco meses, no hallaba quin la alquilara casi nunca, trabajando a veces por la comida, y yo estaba de meses mayores. Ya puede juzgar el lector con qu medios contaramos para la subsistencia de esta numerosa familia. Un da, en que mi corazn intranquilo buscaba el medio de variar aquella dura situacin, fui avisada por Manuelito de que mis hijos y mis sobrinos haban sido presos por no llevar una licencia del gobierno. Slo una de su padre. En el acto cre perder el juicio y con el auxilio de mi Conchita y de Cristina, ms versada que yo en las costumbres del pueblo, estuve gestionando sin descanso hasta el otro da, como a las dos de la tarde, que los pusieron en libertad. Poco ms tarde se hizo Pancho cargo de un terreno o finquita cerca del pueblo donde l, con sus hijos, trabajaba sin descanso para proporcionarnos la subsistencia. Yo entre tanto apel a la caridad pblica, pues tanto Pancho como los muchachos y aun yo misma, nos enfermamos de unas calenturas que nos duraron muchos meses sin tener ni el consuelo de la medicina ¡Cuntas calamidades! ¡Cuntos sufrimientos! Te acuerdas, mi querido esposo? ¡Cuntas veces te vieron mis ojos sudar la calentura devorando un trozo de maz cocido, que era lo nico que haba conseguido mi conyugal cario! Vivamos en una casa que nos costaba siete pesos, y una de mis vecinas era Isabel Rodrguez y Agero, hija de mi madrina de matrimonio, doa Josefa. Esta joven aunque separada de su esposo, era al presente de conducta intachable. Con sus ahorros se haba conseguido unos medios y cosa en su mquina, consiguiendo as un bonito diario, pues estaba muy acreditada en el comercio. Su familia se compona de ella y de una pequea nia. Esta buena amiga se compadeci de mi estado, y nos protega en cuanto sus facultades le permitan. ALGUNOS HECHOS EN LA VIDA DE LA IMPETUOSA JOVEN ISABEL RODRGUEZ Y UN INCIDENTE QUE PONE EN DUDAS EL HONOR REVOLUCIONARIO DE CLODOMIRO BETANCOURT, SOBRINO DE ENCARNACI"N YA CONOCIDO EN ESTE RELATO Cualquier persona que transite por delante de la casa de la acreditada costurera Isabel Rodrguez y la observe trabajar afanosamente en su mquina de coser o atender a su pequea hija, difcilmente acierte a imaginar el osado carcter de la apuesta joven. Es cierto que la separacin de su primer esposo y la posterior unin con Manuel

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75Antonio Garca Contreras han dado mucho que hablar a los vecinos de Puerto Prncipe, muy reacios a estos lances conyugales, pero ella ha demostrado que no es mujer que se amilane por los chismorreos, su pequea nia es la hija de Garca Contreras. Isabel proviene de una familia de carcter indomable, pues si ella es mujer de vida agitada, su hermano Rafael y su sobrino Baldomero son valerosos insurrectos que toman parte en los ms fieros combates contra el ejrcito espaol. Los que conocen de su reciente viudez y de la entereza que ella demostr durante los sangrientos hechos de que fueron vctimas, aseguran que es una mujer de temple poco usual. El caso es que Isabel en unin de Garca Contreras se fue al campo insurrecto, donde l desempe las funciones de prefecto, en Juan Gmez e Imas. En este ao 1871, la prefectura fue sorprendida por una de las bandas de forajidos organizada por el ejrcito espaol, los que asesinaron a Garca Contreras y a otros, e hicieron prisioneros a Isabel y a los pequeos Aurelio Ferrera Garca y Mercedes Garca Rodrguez, la hija del matrimonio. Los prisioneros fueron conducidos a Puerto Prncipe, donde los espaoles exhibieron a la viuda como un trofeo de guerra; luego, la dejaron en libertad, sin que cesaran de vigilarla. Esta es la razn por la cual Isabel se encuentra en Puerto Prncipe, trabajando en su mquina de coser y laborando clandestinamente con los patriotas, mientras espera. En septiembre, Isabel aprovecha una ocasin que se presenta para viajar al campo insurrecto con el propsito de volver a ver a sus amigos de las filas mambisas. Esta excursin es el resultado de unas gestiones muy complicadas con el Jefe de la Polica, llevadas a cabo por la familia del ya coronel y preboste del Ejrcito Libertador, Francisco Arredondo Miranda. Adujo la familia, para que se le autorizara la salida al campo insurrecto, que tenan noticias de que el estado de salud de Arredondo era muy malo, ya que estaba enfermo de cuidado. Y vaya a saberse por cules otras razones adems, el malvado jefe de la Polica, Ildefonso Lomelino ha concedido el permiso de salida por quince das a Elvira, la esposa de Arredondo, a las hermanas de este y a la acompaante Isabel Rodrguez. A todas estas se encuentra en Puerto Prncipe el sobrino de Encarnacin, que despus de la destruccin de los ranchos donde estaba instalada la imprenta La Libertad, y de haber deambulado por los montes de la Soledad, ha sido detenido y ahora permanece bajo control de la polica en la ciudad. Segn todo parece indicar las bandas que asaltaron la imprenta no lograron encontrar la mquina de imprimir y otros enseres que quedaron bien ocultos, con el concurso de Pancho Escobar. En estos meses Clodomiro se halla aislado del movimiento insurreccional y no ha podido establecer contactos, pues de seguro l resulta un hombre demasiado comprometido para la red de Torres Lasquetti, si se considera que El Cubano Libre apareca con un machn que deca “Imprenta de la libertad a cargo del c. Clodomiro Betancourt”. Probablemente, l se ha enterado por Encarnacin de los propsitos de Isa-

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76bel y de la caravana que se prepara para visitar el campo insurrecto, y toma la determinacin de hablar con Elvira, la esposa del preboste Arredondo, para que ella le lleve una carta solicitndole a este le indique con quin contactar en la ciudad. Elvira entiende que es imprudente la propuesta de Clodomiro y la rechaza, pero su cuada, Juana Arredondo, acepta llevar un papelito en el cual Clodomiro solicita al preboste que le indique con qu persona puede ponerse al habla en la ciudad, para continuar su vinculacin con el movimiento independentista, quizs impulsado por l a tenencia oculta de la mquina de impresin en una cueva en el campo. Todo parece indicar que se originaron ms conversaciones de la cuenta al respecto, y que odos avisados las recogieron y llevaron a la Polica, que estaba sobre la pista. Ya en el campo mamb los excursionistas no logran establecer contacto con Arredondo, ya que este se encuentra en la vuelta de la regin oriental por necesidades del servicio. aunque se frustr el objetivo principal de la comitiva, sin embargo, para Isabel resulta un viaje de maravilla, pues vuelve a sentirse en Cuba libre, sin la vigilancia del hispano, rodeada de sus compaeros mambises. Ve llegar con tristeza la hora del retorno. No puede ocultar un sentimiento de angustia, pues desconfa del salvoconducto que emitieron las autoridades y teme alguna trampa. Como dicen que guerra avisada no mata soldados, no se sorprende demasiado cuando al llegar la comitiva a la ciudad los espera una fuerza situada en las afueras por el malvado Lomelino. Seis carruajes, ocupado cada uno por una salvaguardia, y un gran movimiento policaco en la barriada de La Caridad, los espera. En medio de las protestas, la caravana es llevada a la jefatura principal, donde son acusados por Lomelino de llevar y traer correspondencia a los insurrectos. Registran a las mujeres, a Elvira y a Isabel desde luego, pican los quesos que traen y desbaratan los lomillos de los caballos. Como es de suponer, no apareci nada. Entonces Lomelino pone en juego su condicin maquiavlica, manda a arrestar a Clodomiro Betancourt y lo enfrenta a las detenidas a las que acusa de haber llevado una carta de Clodomiro al campo insurrecto, dejando en el ambiente que este ltimo ha hecho alguna delacin. En definitiva el registro result infructuoso y no apareci nada comprometedor, por lo que no teniendo ninguna prueba para dejar detenidas a las mujeres, no le queda otro remedio que mandarlas para su casa, en tanto, insulta a Clodomiro y lo deja preso en la jefatura. Este penoso incidente hace pensar a Isabel Rodrguez, una de dos, que Clodomiro se haba comprometido con Lomelino a mandar la carta con la solicitud de informacin acerca de los contactos del movimiento clandestino en Puerto Prncipe, para descubrir los valiosos corresponsales de la ciudad; u otra, que por indiscrecin de Clodomiro o de la hermana de Arredondo se enter Lomelino del comprometido papelito y aprovech la ocasin con el fin avieso de obtener la posible respuesta de Arredondo, o por lo menos, para crear una brecha entre los revolucionarios y estropear los resultados de la excursin. Isabel est consciente de que durante aos Arredondo y su mujer dudarn de la honestidad de Clodomiro, a pesar de que antes del incidente tenan un buen criterio de l. Ella, sin embar-

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77 Elogio al doctor Eduardo Torres Cuevas, Premio Nacional de Ciencias Sociales, 2000* Eliades Acosta MatosEnsayista, historiador y director de la Biblioteca Nacional Jos MartHace 17 aos un joven recin graduado de Historia de la Filosofa, recin llegado tambin de sus estudios en la entonces aparentemente slida Unin Sovitica, y recin ascendido a teniente de las Fuerzas Armadas, trataba de ponerse al da en los temas ms recientes del pensamiento cubano, del que haba estado ausente durante cinco aos, devorando todos los libros que encontraba a su paso y que hubiesen sido publicados, sobre todo, por la Editorial de Ciencias Sociales. En medio de tan ardua tarea (recordarn muchos de los presentes que por 1983 publicaba abundantemente esta querida editorial, y tambin que parte del catlogo era de bastante difcil digestin), cay en sus manos una Historia del pensamiento medieval con prlogo de un profesor de la Universidad de La Habana. De este libro, botn de una incursin a Cuba Cientfica, en los tiempos gloriosos en que todava los libreros conversaban y recomendaban lecturas inteligentes a sus clientes, ms que las lecciones de Santo Toms de Aquino, San Anselmo o Guillermo de Occam, le qued impresa en la memoria al recin graduado, recin llegado y recin ascendido oficial, el nombre y los apellidos sonoros, casi de marqus peninsular, de esforzado cruzado o guerreo de la Reconquista, del autor del “Prlogo”... Desde entonces no olvidara que en Cuba haba personas como Eduardo Torres Cuevas capaces de emitir sus propias definiciones y conceptos alrededor de una ciencia tan venerable como la Filosofa, con ms de 26 siglos de existencia y las mejores cabezas de la Humanidad a su servicio. No sera exagerado decir que la lectura de aquel autor, que hablaba en cubano cuando trataba los temas recurrentes y trascendentales de una Teologa y de una poca llena de citas sagradas y latines, reconcili a aquel lector con una forma de hacer y pensar, de escribir y polemizar, nada alemana por cierto, a la que otras muchas lecturas europeas le haban inclinado a desdear, como a formas epignicas de hacer Filosofa, sin atisbos de originalidad y carentes de resonancias universales. Desde entonces, y hasta hoy, Eduardo Torres Cuevas es una referencia, y su vida y obra son un ancla se-* Texto ledo el 4 de febrero del 2001 en la XI Feria Internacional del Libro de La Habana.

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78gura clavada al fondo de ese ro tempestuoso, frecuentemente desbordado para alegra de todos, que es el pensamiento cubano ms genuino. No slo por aquella acertada e inspiradsisma frase martiana conque nos atrap “Nuestra Amrica” (“Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra”), sino tambin reaccionando contra aquel mal chiste del peor Fernando Savater (“No se puede ser, a la vez, filsofo y cubano”), el ejemplo de Eduardo Torres Cuevas, y su Premio Nacional de Ciencias Sociales2000, constituyen un acto de elemental justicia, y tambin una declaracin de principios. El jurado que este ao lo escogi para tan prestigoso reconocimiento entre los nominados, cumpliendo el mandato del cual me honro hoy en hacer este “Elogio...”, tuvo en cuenta su trayectoria cientfica ejemplar, sus aportes concretos al desarrollo, estudio y promocin del pensamiento cubano, su incansable labor de rescate de todas las figuras que han alumbrado el camino largo y espinoso transitado por nuestra nacin, desde la colonia hasta la libertad, y tambin, quizs entre las ms convincentes razones, su demostrada capacidad, callada y tenaz como debe se si es sincera, de servir a su patria, de ser puente para los que vendrn y testigos de los que ya no estn. Una tenue, pero perceptible lnea une a los grandes de la Historia del pensamiento cubano, desde Arango y Parreo, Varela y Saco, hasta Mart, Marinello, Ernesto Guevara o Fidel Castro: la vocacin de servir, de poner las luces y la vida al servicio de la causa mayor, la de la propia nacin. Es una senda de sacrificios, de dolor y sinsabores, muy alejada de la muelle vida acadmica y de la generosa retribucin conque se logra, sobre todo en estos tiempos globalizados, domesticar el pensamiento y ponerlo a pastar en regiones inofensivas, acrticas. Continuador de esta lnea es el doctor Eduardo Torres Cuevas, y esto lo hace a l y a su obra, en alguna medida, un recordatorio viviente y actuante de que existe una estirpe de hombres de ideas en Cuba, que son tambin hombres de honor y principios; que comparten con el pueblo su destino y que, pudiendo vivir en el dulce limbo que se oferta a los que reniegan, se empecinan en demostrar que se puede pensar con dignidad sin inclinar la frente, sin callar las verdades, sin ser aquiescientes ni contemporizar con quienes, por los dineros hmedos del imperio, o del buen vivir olvidan sus races y las exigencias del bien vivir. Son, si se quiere y lo es Eduardo definitivamente, un tipo de insurrecto ideolgico, de rebelde filosfico, de apalencado literario, de habitante aguerrido de eso que bien pudiera llamarse, nuestra manigua ilustrada, aunque hoy Savater, como tampoco ayer Menndez y Pelayo o don Juan Varela y Alcal Galiano, sean capaces de entender. Nacido en 1942, tiene el doctor Eduardo Torres Cueva la dicha de haber sido profusamente publicado en su pas y de ser un bien conocido investigador citado y estudiado en pleno apogeo creador. Su autoridad en los ambientes universitarios y acadmicos es indiscutible. Un respeto verdadero envuelve su figura y su palabra, elegante y pro-

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79funda, cuando habla. Es una de los que prestigia a las instituciones que lo invitan a impartir una conferencia; una de los imprescindibles de estos tiempos. No se puede ya dejar de citarlo al hablarse, por ejemplo, del ideario de Antonio Maceo, de la influencia de la Ilustracin y la Revolucin francesa en Cuba, del gran Oriente de Cuba y las Antillas y su labor en pro de la siembra de ideas libertarias, de las relaciones histricas entre Hait y Cuba, de la trayectoria ejemplar del movimiento estudiantil universitario, de Saco y la polmica de la esclavitud, del obispo Espada, y sobre todo, de Flix Varela, grande en las virtudes y en los principios, lamentablemente olvidado por nosotros durante tantos aos. A todos estos temas ha dedicado nuestro homenajeado, al menos una obra. Todas ellas son ya clsicos de nuestra historiografa. Sus extensos aportes diseminados por publicaciones de medio mundo muestran la variedad de sus interesen cognoscitivos y su honesta verticalidad intelectual, sin medias tintas, al abordar asuntos tan dismiles como la Comuna de Pars, la Real y Pontificia Universidad de La Habana, el Partido Revolucionario Cubano. la Invasin, el Partido Liberal Autonomista, las clases sociales en Cuba, y la indagacin de la cubanidad. Nunca ha disminuido el tono de sus argumentos por clculos cortesanos, ni dejado de llamar a las cosas por su nombre. No ha buscado aplausos fciles con posturas y temas cmodos, por eso nunca le han faltado los aplausos. Slo la verdad emociona; slo la sinceridad abre las puertas y atrae respeto, aun de los enemigos. Slo lo que en ella se cimente? va a perdurar maana cuando otros vengan a juzgarnos con la vara del tiempo. Para entonces la obra de la que hablamos y el propio Eduardo habrn crecido. Con razn deca Confucio que “cuando las palabras pierden su significado, el pueblo pierde su libertad”, o lo que es lo mismo, cuando se restituye a las palabras sus significados conculcados por vicios, temores o debilidad, se est haciendo un aporte concreto a la libertad de todos. Nunca debemos olvidar, las generaciones que nacimos con la Revolucin, que entre los libertadores de Cuba estaban tambin los que, como Eduardo Torres Cuevas, devolvieron el significado a las palabras que nos definan, a las figuras que nos precedieron, a los libros que tenamos que leer, a los sueos que estabamos obligados a soar. Una deuda como esta apenas se comienza a saldar con premios como el que entregamos en la tarde de hoy. Se sienten vientos de fronda, se agitan los enemigos histricos de la nacin cubana. El imperio vuelve a poner delante de sus legiones, como en tiempos de Roma, a las hordas brbaras al servicio de los opresores de su propio raza. Son los que, ahora con engaosa suavidad y ademanes conciliadores tratan de demostrarnos que nuestra porfa es crepuscular y estril y que nada puede hacerse contra el poder hegemnico; que debemos, en fin, volver al redil de donde partimos, porque as lo prescriben los buenos modales postmodernos, y que la docilidad es el nico pasaporte permitido para acogernos a la ltima oportunidad de asimilacin que le queda a la nacin cubana. Se nos pide, c-

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80nicamente, que tenemos que “aprender a odiar un poco al siglo 19 cubano...”, y reconstruir nuestra propia visin de la Historia de Cuba privilegiando, como cnon, a todos sus elementos conservadores. Se nos exige, en resumen, que dejemos de ser nosotros mismos, que nos diluyamos en las pequeas recompensas que se dispensan a los invertebrados de nuestra poca, y que olvidemos. En las nuevas batallas que se avecinan estar al frente, entre los primeros, campen de nuestra causa y dispuesto a pelear por ella a pie o caballo, como buen caballero, el doctor Eduardo Torres Cuevas, nuestro flamante premiado. Lo har exponiendo el pensamiento ntegro de Varela, de Saco, de Luz, incluso de los autonomistas: mejor servicio no se le puede pedir, ni arma ms mortfera blandir en la pelea. Con l entrarn en combate, por la causa de Cuba, ese vasco astuto que fue el obispo de Espada y la ceiba habanera del Templete, metfora tropical del rbol de las libertades y los fueros de Guernica, los librepensadores como Ascencio de Ascencio; la tribu ejemplar de los Maceo; Diego Vicente Tejera, socialista ingenuo; la Ctedra de la Constitucin de un joven presbtero de apellido Varela; y el pueblo mestizo cubano, el magnfico pueblo de la manigua y las luchas revolucionarias, el mismo que hoy, por mediacin de un jurado y con la voz prestada de aquel joven recin llegado, recin graduado y recin ascendido, que soy yo, 17 aos despus, viene hasta aqu a testimoniarle a uno de sus mejores hijos, al querido y respetado doctor Eduardo Torres Cuevas, que su vida y obra, honradas ahora con este ms que merecido Premio, siguen siendo un ancla segura del pensamiento cubano, que nos fija al fondo de la nacin, a lo ms seguro del lecho sobre el que corren, en perenne aluvin, los tiempos desbordados en que vivimos.

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81 “Las cuatro estaciones” : sexismo y lenguaje Noem MaderoProfesora de la Universidad de La HabanaEntre los textos narrativos cubanos de los noventa las novelas de Leonardo Padura Fuentes que conforman la tetraloga “Las cuatro estaciones” han despertado un inters especial de los lectores; pero es innegable que Mario Conde y el resto de los personajes que se desplazan a travs de Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, Mscaras y Paisajes de otoo, en muchos de sus rasgos, se inscriben perfectamente en nuestro medio social, son identificables como cubanos. Uno de los elementos ms importantes que marcan la cubana de esos personajes es su modo de reflejar la realidad y de expresarse. El estudio detenido de las novelas de Padura pone al descubierto peculiaridades propias de la modalidad cubana del espaol actual, en especial, la alta carga de sexismo que la caracteriza. No es posible exponer en este trabajo de manera exhaustiva los resultados de la investigacin que he realizado acerca de las diversas manifestaciones de sexismo lingstico en “Las cuatro estaciones”. Slo tratar, por tanto, de presentar aspectos de la metodologa empleada para el anlisis y algunos de sus resultados. El sexismo lingstico en el universo del texto literarioEl anlisis de las manifestaciones de sexismo lingstico en la literatura no puede limitarse solamente al estudio de la expresin en el lenguaje de este fenmeno de marginacin. Es necesario adentrarse en otros elementos de la obra que le sirven de contexto a esa actitud discriminatoria. As como en la realidad extraliteraria existe una estrecha interconexin entre la discriminacin por motivos de sexo en un sentido amplio y el sexismo lingstico, tambin dentro de la obra literaria existe un vnculo entre los rasgos sexistas del discurso y otros componentes del texto que de manera ms sutil y encubierta implican un enfoque androcntrico. Por esta razn, para el anlisis del sexismo lingstico en “Las cuatro estaciones”, he comenzado por el estudio de algunos elementos composicionales y de ciertas caractersticas de las relaciones sociales que se reflejan en el universo de estas novelas.Personajes femeninos y personajes masculinos: su papelUna valoracin acerca de las funciones que desempean los personajes femeninos y los masculinos en la tetraloga resulta de particular inters y exige la aplicacin de procedimientos adecuados que permitan evaluar el papel de cada personaje en relacin con el resto y con la digesis.

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82La aplicacin de estos procedimientos al anlisis de cada novela por separado permite llegar a consideraciones de carcter general –referidas a la tetraloga en su conjunto– acerca de la relevancia de los personajes femeninos en comparacin con los masculinos, las que expondr a continuacin. El papel de los personajes masculinos es preponderante en estas novelas. A Mario Conde, el protagonista, le siguen en importancia Rangel y Manolo. Tambin un papel relevante lo desempea Alberto Marqus en relacin con el recorrido del Conde por el mundo de la cultura y la homosexualidad. A las mujeres, por el contrario, se les asigna una funcin menos significativa para el desarrollo de la historia: el 96,55% de ellas lo conforman personajes episdicos. Slo cinco corresponden a la categora de secundarios. La mayora de las mujeres de estas novelas, aparecen complementando la caracterizacin de otros personajes y del ambiente social; en esta funcin de encuentra el 51,5 % de los personajes femeninos. Slo son desplazadas las mujeres de aqu, en cierta medida, en la novela Mscaras pues el inters en el tratamiento de la homosexualidad lleva a un aumento de la representacin de varones con esas caractersticas. As, los colaboradores ms cercanos del Conde, los que estn junto a l e influyen en mayor o menor grado en sus acciones, son principalmente personajes masculinos. Lo mismo sucede con respecto a sus amigos actuales, entre los que aparece una sola mujer: Josefina, pero Jose no es realmente una amiga, sino la sustituta de la madre. Ella es la “viejuca” a quien Mario Conde acude siempre en busca de un plato de comida; el amigo para las confidencias es Carlos. Por todo esto, el universo del protagonista es, bsicamente, un universo de varones. Ellos son los principales ejecutores de las acciones; constituyen el elemento activo. La ficcin, en este sentido no hace ms que los papeles que la sociedad les concede a los individuos de carne y hueso de uno y otro sexo. Pero estamos tan acostumbrados a esa realidad, que slo una lectura intencionada –o una mirada incisiva a nuestro alrededor– nos permite descubrir el desequilibrio en el texto literario y en nuestra vida.Personajes masculinos y personajes femeninos. Algunas observaciones acerca de las interrelaciones de carcter social en el mundo de la tetralogaPara evaluar el lugar que ocupan los personajes femeninos en comparacin con los masculinos dentro de la composicin social del mundo de la tetraloga de Leonardo Padura, resulta til apoyarse en el concepto de “autoridad o prestigio social”. Aunque en verdad se trata de dos conceptos diferenciados, para los fines de este anlisis no es importante establecer una clara distincin entre ellos, sino que es ms cmodo tomarlos en conjunto. Defino entonces como autoridad o prestigio social el status que presenta un personaje por razones de cargo, je-

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83rarqua, poder para tomar decisiones, nivel de vida y relaciones sociales con otros personajes. De la conjugacin de estos rasgos se deriva una diferencia entre los personajes que los sita en diversos niveles (muy alto, alto, medio, bajo o muy bajo), sobre la base de la posicin que ocupa cada personaje en el mundo de la ficcin, que –como es lgico– toma como punto de referencia lo extraliterario. Sin embargo, el propsito de considerar tal diferencia remite de inmediato a criterios socio-culturales relacionados con la estructuracin de la realidad. Se hace necesario, entonces, referirse a la estructuracin de la vida social en dos mbitos: el pblico y el privado. El espacio pblico se describe en los estudios de gnero comn como “el del reconocimiento, del prestigio, de lo que se ve y jerarquiza”, segn Valenzuela.Por ello en el anlisis de los personajes de “Las cuatro estaciones” he aplicado el concepto de autoridad o prestigio social slo a aquellos que actan en el mbito pblico, no obstante, se debe sealar que, como veremos ms adelante al analizar el mbito privado, tambin en l se establecen ciertas distinciones de este tipo; pero en las novelas de Padura ese aspecto en lo privado no est representado de manera tan clara y sistemtica. En el mbito pblico, ninguno de los personajes femeninos de la tetraloga alcanza el grado mximo de autoridad o prestigio social; en el nivel alto podra considerarse slo a una mujer a la que se alude de pasada –la vicedecana de Sicologa. Excepto este personaje, del conjunto de mujeres las que alcanzan el rango ms alto no sobrepasan el nivel medio; son profesionales –ingeniera, mdica, periodista, dos jefas de ctedra del preuniversitario; en este nivel est la tenienta Patricia Wong. Los dems personajes se sitan en los niveles bajo y muy bajo. Adems del desequilibrio ya apuntado entre los personajes masculinos y los femeninos, dado por la casi totalidad de las mujeres en los dos niveles superiores, hay que sealar que tambin se refleja la desigualdad incluso bajo cargos o grados militares de la misma denominacin. As, por ejemplos, Manuel Palacios y Dalia Acosta –ambos con el grado de sargento– estn ubicados en niveles distintos, porque el primero cumple una funcin ms sobresaliente: sugiere soluciones, conduce segmentos de la investigacin policial, mientras que el papel de ella se limita a la recepcin y transmisin de informacin desde su oficina. Situacin similar se presenta entre Maciques y la jefa de despacho de la Central; aunque el cargo que ocupan ellos es el mismo, y ambos se subordinan a un jefe de alto rango, su conocimiento e intervencin en los asuntos de su rea de accin, as como el aprovechamiento que hacen de esa labor, es diferente. No obstante esta disparidad en cuanto al nivel de autoridad o prestigio social entre hombres y mujeres que actan dentro del mbito pblico, la tetraloga de Padura no sustenta la obsoleta sentencia de que “la mujer es para la casa”. Pero s nos induce a una lectura a la inversa: la casa

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84es para la mujer. El cuadro que resulta de todo esto es el siguiente: el mbito de ms prestigio, el pblico, puede ser compartido por hombres y mujeres, pero estas se hallan en desventaja dentro de l; mientras, el mbito privado, de menor prestigio, est conformado casi totalmente por mujeres. Son muy pocos los personajes masculinos insertados bsicamente en el mbito del hogar. La invalidez fsica, el deterioro provocado por la edad y los cambios polticos son la causa que separan a los hombres de la vida pblica activa y los obligan a permanecer en la casa. Sin embargo, esto tampoco significa que ellos se incorporen plenamente a las tareas domsticas; estn en el hogar, pero con la conviccin de que no pertenecen a ese mbito. La idea de que la casa es para la mujer se reitera de diversas maneras en las novelas que componen la tetraloga. As, Miki responsabiliza a la esposa por el desorden de la casa: Esto es un desastre, Conde, Marita se fue hace como un mes y mira cmo est esto: parece un chiquero –y extendi los brazos tratando de abarcar el desbordado reguero de la sala. Recogi dos vasos con varias generaciones de suciedades y apenas los cambi de lugar. Solt cinco maldiciones para la mujer ausente...1Esta misma concepcin expresa el Conde cuando al final de su autodescripcin se declara “...dispuesto a compartir su cuerpo, fortuna e inteligencia con mujer blanca, negra, mulata, china o rabe no musulmana, capaz de cocinar, lavar, planchar y, tres veces a la semana, aceptar sus buenas faenas de amor”.2Es poco realmente, lo que ofrece el Conde a cambio de una esclava que adems de realizar el trabajo sucio de la casa tendra que aprobar las dosis de amor que l impone. Se puede concluir, de acuerdo con sus palabras, que Mario Conde es un varn libre de prejuicios raciales, pero con fuertes prejuicios sexistas. Dentro del mbito privado, es interesante observar la caracterizacin de las madres en “Las cuatro estaciones”. Ellas estn representadas como si no tuvieran vida propia, como si su existencia se justificara solamente por la de los hijos. La creatividad de las madres en la tetraloga se halla apretada entre las paredes de la cocina y est encaminada a satisfacer los caprichos alimentarios de sus hijos, aunque para ello tengan que burlarse de la libreta de abastecimientos y ponerse fuera de lo legal; los hijos saben que los suculentos platos que les sirven las madres son el resultado de delitos en cuya base est el robo, pero se benefician de eso y lo aplauden como una pequea travesura. De este modo, frente a la increble comida que prepara Josefina por el cumpleaos de Mario Conde, sentencia el Conejo: “–No lo puedo creer, no lo puedo creer: ¡caballeros, lleg la abundancia!”.3Parece que Josefina constituye el ideal de mujer madre que proponen estos textos; focalizada desde la perspectiva del protagonista, con frecuencia se enfatiza su simpata con respecto a ella. Pero

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85no se expresa verdadero inters por el mundo interior de esta mujer; nada se dice acerca de las aspiraciones a que tuvo que renunciar para tener a su hijo, nada acerca de sus frustraciones, sus sueos, sus pensamientos. Como si nada de eso existiera. Como si todo su valor se redujera a la disposicin invariable para complacer no slo a Carlos, sino tambin al amigo comiln. nicamente se exalta esa incansable dedicacin de monja. Esta mujer tiene que renunciar a su propia vida y no se le concede siquiera el derecho a entristecer: Desde que el Flaco regres invlido para siempre, aquella mujer que todava no haba perdido el candor de su sonrisa, se dedic a vivir para su hijo con una resignacin alegre y monacal que ya duraba nueve aos, y el acto de alimentarlo cada da era tal vez el ritual ms completo en que se expresaba el dolor de su cario.5Josefina, la madre de Rafael Morn, la criada de los Arayn: mediante estos personajes se reitera en “Las cuatro estaciones” la idea de la renuncia de las mujeres a su propia realizacin por vivir en funcin de otros. Esto aparece como un rasgo tan intrnseco que no importa que no hayan parido, siempre habr alguien que condicione la existencia de ellas. Hasta aqu he centrado la atencin en algunos aspectos que conforman el contexto general en que se enmarca el sexismo lingstico en la tetraloga de Leonardo Padura. El carcter fundamentalmente episdico de los personajes femeninos, su posicin tambin inferior desde el punto de vista sociolgico respecto de los personajes masculinos son indicadores de una concepcin esencialmente androcntrica, que se hace ms evidente cuando nos detenemos en el estudio de los medios utilizados para transmitir determinadas representaciones de los hombres, las mujeres y de sus interrelaciones.Anlisis lingstico de algunas de las principales manifestaciones de sexismo en “Las cuatro estaciones”Las mujeres parlanchinas? Entre los quehaceres que realizan las mujeres en la tetraloga est el crear condiciones propicias para las conversaciones de los varones: sirven el caf o el t y desaparecen de nuevo. Pero a ellas mismas se le restringe de manera significativa las posibilidades de comunicacin. Claro que en esto influye que el punto de vista del narrador es, bsicamente, el del protagonista; mas se aprecia asimismo una separacin entre los intereses y motivaciones de los hombres y las mujeres y falta de preocupacin por saber verdaderamente qu piensan ellas. En consecuencia, las conversaciones se desenvuelven principalmente entre varones, las mujeres prudentemente los dejan solos. Josefina, por ejemplo, despus de exponer sus recetas de cocina y de recibir los correspondientes elogios por sus platos extraordinarios, se aburre y cabecea frente al televisor, mientras Carlos y el Conde hablan en el cuarto. Esto, que pudiera parecer una observacin trivial, no lo es en realidad, porque en el conjunto de relaciones sociales

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86que la ficcin representa la interaccin conversacional es muy reveladora de los papeles asignados a hombres y mujeres. Tamara rompe los mrgenes de comunicacin en que se encuentran los dems personajes femeninos. Establece un verdadero intercambio y se rebela contra las prestaciones del hombre de interpretar y transmitir su estado de nimo: –Yo s cmo te sientes. Esto no es fcil para ti ni para nadie, pero t no tienes la culpa y yo menos todava [...] –Te arrepientes de algo? –ataca ella, ha recobrado su temperatura y sube hasta el codo las mangas del jersey. Vuelve a tomar. –No me arrepiento de nada, lo deca por ti. –Mejor no hables por m entonces [...] Cre que me conocas mejor.5Ella conoce los estereotipos de conducta –incluida la lingstica– que la sociedad ha diseado para una situacin como la suya, pero tambin los rechaza y decide manifestarse con autenticidad: –Va y hasta piensas que soy una malagradecida y no s cuntas cosas ms, y que debera decirte que no, que todo es un infundio y que mi marido es incapaz de eso y despus ponerme a llorar, no? Eso es lo que se estila en estos casos?, verdad? Pero no tengo vocacin trgica ni soy una sufridora egocentrista como t.6En definitiva, a pesar de estas caractersticas de Tamara, el protagonista no muestra tampoco necesidad de una real interrelacin verbal con ella. Cuando al final de esta historia en cuatro partes estn creadas las condiciones para una comunicacin sincera, el Conde prefiere el soliloquio de la escritura.“Las mandadas”De los adjetivos utilizados para la caracterizacin del personaje de Cuqui sobresalen dos que se refieren a una misma cualidad: “dcil”, “obediente”, es decir, se insiste en la sumisin, el marido se siente con derecho a mandarla sin ninguna consideracin delante de los amigos: “...y grit hacia el interior de la casa –Cuqui, pon la cafetera ah que lleg el Condesito”.7 Est claro el carcter de orden inapelable dado por el grito y el empleo del imperativo sin atenuacin alguna. Lo ms curioso es que la amistad de Mario Conde con el Rojo hace que l tambin se sienta con autoridad sobre la muchacha. As, cuando ella se asoma para saludarlo, l le responde: “Aqu, esperando el caf”. De hecho, la est apremiando. La reaccin de Cuqui slo puede explicarse por la perspectiva varonil de la narracin: “...sonri y, sin agregar palabra, escondi la cabeza tras la cortina”.8Esa perspectiva supone que ella debe ser amable a pesar de todo (sonri), que no tiene derecho a rplica (sin agregar palabra) y que su espacio es la cocina (escondi la cabeza tras la cortina). Respecto del tratamiento de Cuqui, son ms elocuentes an los siguientes

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87frag mentos de dilogos que se producen durante una visita de Mario Conde y Carlos a Candito. Este se dirige a la mujer: –...Oye, Cuqui, prepara un lasqueadito especial para los socios y deja la novela esa, anda. Si cada vez que la veo estn hablando la misma cscara. Y despus, cuando ya Cuqui ha cumplido la orden: “...Est bien, negra, sigue en tu descarga con la novela esa –y la despidi con una caricia en las nalgas”.9Es evidente la devalorizacin de la mujer en varios sentidos: -Cuqui est sometida a la voluntad de su marido, que la convierte en criada de sus “socios”. l tiene el poder para determinar qu debe hacer ella y para concederle despus el permiso de continuar viendo su programa. El discurso del hombre se organiza en torno a formas imperativas (“prepara”, “deja”, “sigue”) que marcan su carcter autoritario. Ella calla y ejecuta las acciones indicadas. -Se subestima la nica forma de entretenimiento que tiene Cuqui calificndola de “cscara” y “descarga” y, por supuesto, al mismo tiempo se minimiza la capacidad intelectual de la mujer. -Se la humilla con una caricia ntima delante de los amigos de l; lo que en otra situacin pudiera apreciarse como muestra de afecto, se convierte de ese modo en un insulto y acenta su condicin de objeto posedo. En conclusin, en Cuqui se concentran tres rasgos tradicionales de la imagen devaluada de la mujer: sirvienta, tonta y objeto sexual.Representacin de la mujer como objeto sexualTal actitud devaluadora de la mujer en general se expresa en “Las cuatro estaciones” a veces mediante un lenguaje marcadamente machista y empobrecido que con frecuencia limita a las mujeres al aspecto estrictamente biolgico. Esto se puede apreciar en las descripciones que se hacen de diferentes personajes femeninos relacionados con el Conde –y con otros personajes masculinos– no slo en el plano amoroso o sexual, sino tambin en el plano del trabajo (su colega Patricia Wong, mujeres interrogadas en los procesos de investigacin policial), o en las descripciones de aquellas simplemente vistas en la calle, o imaginadas. La atencin se dirige, bsicamente, a la apariencia fsica de las mujeres. La mirada puede recorrer el cuerpo femenino de arriba hacia abajo o puede seguir la trayectoria contraria, pero invariablemente va a privilegiar tres puntos: glteos, senos, boca. De la manera de describir estas zonas se deriva una especie de esttica que sirve de base evaluativa de la mujer, como se observa en este fragmento: “...la muchacha no era tan hermosa como haba pensado (quizs, en verdad, tena la boca demasiado grande, la cada de sus ojos pareca triste, y estaba algo escasa en el departamento del nalgatorio, reconoci crticamente).10

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88La focalizacin en estas descripciones es francamente ertica y est vinculada con las emociones que en ese sentido pueda despertar la mujer en el varn, as, por ejemplo, lo indican algunos de los modificadores asociados con “boca”: “...una boca pulposa de gozadora vital y convencida. Boca para cualquier antojo, fantasa o necesidad imaginable”.12El proceso de reduccin visual en que se sita a la mujer en estas novelas llega a su culminacin con el personaje de Poly, que mediante un brusco giro metonmico es nombrada “culito de gorrin”.Despersonalizacin de la mujerEntre las estrategias devaluadoras respecto de las mujeres se encuentra cierta tendencia a despersonalizarlas, a verlas como animales o cosas. Como ya he sealado, a las mujeres en estas novelas de Leonardo Padura se les enmarca en el estrecho espacio de lo sexual, evalundola como simple instrumento para la satisfaccin de necesidades biolgicas de los varones. Entonces, la distancia que las separa de los animales no es muy grande: “Hubiera deseado que sus mujeres pasaran tan levemente como aquellos peces sin historia, pero las mujeres y los perros eran terriblemente distintos a los peces, incluso los de pelea, y para colmos con las mujeres no poda hacer las promesas abstencionistas que mantena con los perros ” .12En la simbologa ertica de los hombres cubanos es muy comn la identificacin de las mujeres con comida, y esto se halla ampliamente reflejado en “Las cuatro estaciones”. paralelamente a los exquisitos mens de Josefina, las mujeres constituyen otro plato para la gula varonil. As el Conde contempla a Tamara: “...se le marcaba el blmer y era comestible”13; ella le inspiraba “ganas de comrsela a pedazos”.14 Manolo dice Zoila: “...la nia es un bomboncito y sabe que a la gente le gusta el chocolate”.15 Este modo de representar a las mujeres indica una carencia de afectividad (e incluso de aspiraciones a ella) que se subraya en el relato del encuentro de Mario Conde con Poly: el “hambre sexual” del polica slo percibe en la muchacha “olor a comida racionada, pero fresca, distante pero posible”.16Los aspectos presentados hasta aqu son slo una muestra de las diversas manifestaciones de sexismo lingstico que aparecen en “Las cuatro estaciones”. El anlisis detallado de estas novelas pone al descubierto otras expresiones sexistas, entre ellas, las actitudes devaluadoras respecto de las mujeres en relacin con la edad, el elevado nmero de vocablos que se emplean para referirse de forma peyorativa a las mujeres y a los homosexuales. Y, en contraste con esto, se observa una sobrevaloracin de lo masculino, del varn heterosexual.Reflexiones finalesLa presuposicin –bastante generalizada en la poblacin cubana– de que la discriminacin de la mujer es un problema totalmente resuelto en nuestro pas, obstaculiza la visin crtica y determina que pasen por alto diversas expresiones de devaluacin de la figura femenina,

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89como las que hemos comentado al analizar las novelas que componen la tetraloga de Leonardo Padura Fuentes. En la bsqueda de elementos culturales que garantizaran la credibilidad de los personajes, el escritor, sin percatarse de ello, se ha encontrado con un lenguaje sexista. Y si tampoco a la mayora de los lectores(as) esa peculiaridad del habla de los personajes le resulta chocante, es porque est presente en nuestra comunicacin cotidiana. Pero la eliminacin de las manifestaciones de sexismo, lejos de significar un empobrecimiento, podra aportarle mayor riqueza al lenguaje, que, libre de estereotipos ya bastante cargados, reflejara la realidad de una manera ms completa y favorecera una interaccin ms armnica entre personas. Notas1 Padura Fuentes, Leonardo. Pasado perfecto. La Habana : Ediciones Unin, 1995. p. 143.2 ———. Paisaje de otoo Mxico, D. F. : Tusquets Editores, 1998. p. 143.3 Ibdem, p. 243.4 Op. cit. (2). p. 177.5 Ibdem, p. 196.6 Ibdem, pp. 196-197.7 ———. Vientos de cuaresma La Habana : Ediciones Unin, 1994. p. 57.8 dem.9 ———. Mscaras La Habana : Ediciones Unin, 1997. pp. 18, 20.10 Op. cit. (8). p. 19.11 Ibdem, p. 17.12 Op. cit (2). p. 16.13 Ibdem, p. 99.14 Ibdem, p. 87.15 Ibdem, p. 111.16 Op. cit (10). p. 126.

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90 La polmica MaachLezama-VitierOrtega Ana CairoEnsayista y profesora de la Universidad de La HabanaICiro Bianchi Ross compil los textos de Imagen y posibilidad (1981), con el objetivo de recircular materiales de Jos Lezama Lima (1910-1976) que permanecan ignorados. “Respuesta y nuevas interrogantes. Carta abierta a Jorge Maach” (aparecido en la revista Bohemia 2 de octubre de 1949) era uno de los ms interesantes. En las notas al pie, el compilador remita a tres artculos de Jorge Maach (1898-1961) en dicha publicacin. De nuevo, en Como las cartas no llegan... (2000), Bianchi situ dicha carta pblica en el corpus epistolar lezamiano. En la Feria del Libro, se present el cuarto tomo de las Obras de Cintio Vitier (1921), titulada Crtica 2 All se reprodujo “Polmica con Jorge Maach”, conformada por los dos artculos de Vitier y uno de Maach, que se publicaron en el Diario de la Marina (26, 28 y 30 de octubre de 1949). No obstante, se necesita ordenar cronolgicamente y republicar todos los textos, que son: 1. Jorge Maach: “El arcano de cierta poesa nueva. Carta abierta al poeta Jos Lezama Lima” ( Bohemia 25 de septiembre de 1949). 2. Jos Lezama Lima: “Respuesta y nuevas interrogantes. Carta abierta a Jorge Maach” ( Bohemia 2 de octubre de 1949). 3. Luis Ortega: “Una generacin que se rinde” ( Prensa Libre 2 de octubre de 1949). 4. Maach: “Reacciones a un dilogo literario. (Algo ms sobre poesa vieja y nueva)” ( Bohemia 16 de octubre de 1949). 5. Manuel Millor Daz: “Sobre el dilogo LezamaMaach”. ( Prensa Libre 20 de octubre de 1949). 6. Maach: “Final sobre la comunicacin potica”. ( Bohemia 23 de octubre de 1949). 7. Cintio Vitier: “Jorge Maach y nuestra poesa. I”. ( Diario de la Marina 26 de octubre de 1949). RELECTURAS

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918. Maach: “Breve rplica a Cintio Vitier”. ( Diario de la Marina, 28 de octubre de 1949). 9. Vitier: “Jorge Maach y nuestra poesa II”. ( Diario de la Marina 30 de octubre de 1949). 10. Ortega: “Coquetera intelectual”. ( Prensa Libre 30 de octubre de 1949). En correspondencia con la tica periodstica, Maach respondi inmediatamente a Lezama. Pero el nmero de Bohemia del 9 de octubre estaba diseado con un carcter especial en el contenido y la tirada. Se certificaron 212 000 ejemplares, vendidos en pocos das, porque recoga el informe del presidente Carlos Pro sobre su primer ao de gestin, y los criterios custicos de los opositores polticos de izquierda y derecha. El espacio mayoritario de la revista se consagr al debate poltico; por lo cual, el texto de Maach qued pospuesto para el prximo nmero. El hecho de que tres publicaciones (con circulacin nacional, adems del mercado latinoamericano de Bohemia ) se involucraran en la difusin de una polmica cultural podra considerarse inslito en cuanto a la repercusin pblica. El segundo elemento inusual fue la duracin (ms de una mes). El tercero –verdaderamente sorprendente– se identificaba con tres modalidades de la querella intergeneracional: el paradigma esttico y la coherencia de los programas ticos y literario; la comunicacin social como objetivo intrnseco o ajeno a la creacin artsticoliteraria; las contradicciones en los alineamientos de poltica y literatura. La querella intergeneracional reactualizaba antiguos conflictos de las dcadas de 1920 y 1930. La comprensin profunda de los diferendos remite al dominio de algunos antecedentes. II El 7 de mayo de 1927, en el bufete de Emilio Roig de Leuchsenring (18891964) se suscribi el “Manifiesto del Grupo Minorista”. Quizs este documento sea, junto con el llamamiento a los intelectuales para el homenaje a Enrique Jos Varona (1849-1933) a celebrarse en octubre de 1930, uno de los ltimos documentos firmados unnimemente por escritores y artistas de izquierda, derecha o apolticos, vanguardistas y antivanguardistas, renovadores y tradicionalistas. El repertorio de publicaciones entre 1925 y 1930 ( Social, Carteles, Venezuela Libre la pgina cultural de El Pas el “Suplemento Literario” del Diario de la Marina, Amrica Libre, Antenas, Atuei, Revista de La Habana entre otras) ilustr la autoconciencia de las mltiples diferencias de canon esttico, de praxis artstico-literaria, de formas de la accin poltico-social y de proyectos culturales El combate a la satrapa de Gerardo Machado (1925-1933) era realmente el nico punto de consenso amplio. As se logr el acuerdo en el “Manifiesto del Grupo Minorista” o en el homenaje a Varona, majestuosa encarnacin de la rebelda antidictatorial.

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92Entre 1930 y 1935 se vivi en un cicln revolucionario y los alineamentos polticos y culturales se manifestaron con profunda agresividad. Los estudiantes universitarios y de segunda enseanza desarrollaron una autoestima ms pletrica de matices. Les molestaba el tono magisterial, el realce de jerarquas, el espritu paternalista. Tenan una mentalidad iconoclasta. Amaban las rupturas o las continuidades herticas. Jorge Maach y Jos Lezama pertenecieron a la misma generacin, a la del 30 –segn la denominacin de Ral Roa (1906-1982)– pero, formaron parte de distintas hornadas o promociones. Maach irrumpi casi simultneamente en el mbito cultural (1922) y en el escenario poltico (1923). Lezama particip en la gran manifestacin estudiantil del 30 de septiembre de 1930 (su bautizo poltico). Aunque escriba desde adolescente, no inici su vida cultural hasta la publicacin de Muerte de Narciso (1937), que coincidi con la audacia para disear la revista estudiantil Verbum (tres nmeros: junio, julio-agosto y noviembre de 1937). En 1938, ao del inicio de relaciones entre Maach y Lezama, el primero ya era una personalidad en las acciones de la poltica realizada por partidos de derecha y un escritor muy reconocido, por haber ganado el premio nacional Justo de Lara con “El estilo de la revolucin” (1934). Viva exilado en Nueva York, trabajaba como profesor y director de Estudios Hispanoamericanos en la Universidad de Columbia. Lezama y su amigo Guy Prez de Cisneros (1915-1953), quien se formaba como crtico de arte, aspiraban a convertir la revista Verbum en un espacio atractivo. Lezama (todava un desconocido) le solicit a Maach una colaboracin para el cuarto nmero. Maach le respondi el 18 de abril de 1928: No me tenga a mal que haya dejado pasar tanto tiempo sin contestar su carta de enero. La invitacin que Ud. me haca a colaborar en el nmero de Verbum que Uds. pensaban dedicar a Juan Ramn1 suscit en m el propsito de meterme, puesto que me daban entrada, en tan grata compaa, y desde entonces vengo en acecho del par de horas de paz y gusto necesarios para hilvanar unas cuartillas. [...] y, entretanto, su carta sin contestar, y sin decirle yo, por tanto, lo muy bien, que me ha parecido Verbum en los tres nmeros que me mand. Por sus actitudes y sus logros, por su querer de finura y altura, Uds. Estn continuando la labor que nuestra Revista de Avance dej iniciada, entregndola al turbulento parntesis revolucionario. Y cmo no referirme a esas alusiones, un poco crueles sin duda, de su compaero Guy Prez de Cisneros2 en el nmero inicial? Tena noticias vagas de ellas; slo ahora las veo en su concrecin, en su espritu. Marinello y yo “mercenarios”, vendedores al extranjero del esfuerzo que ah se necesita. [...] No protesto de la actitud: este pedir cuentas, este ajustar a cada cual la res-

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93ponsabilidad de su conducta, es cosa saludable, as me inici yo, y no otra cosa hice mientras viv all. Pero s protesto de su inexactitud. Sabe Prez de Cisneros que yo desde que estoy en este pas no hago sino anhelas volver a Cuba? Sabe que por mi terquedad en esa esperanza, en ese propsito, he rehusado aceptar en estas tierras posiciones acadmicas muy brillantes que se me han ofrecido bajo condicin de permanencia? Sabe que, desde este exilio, no hago sino acechar la oportunidad de volver a Cuba en forma que no tenga que esclavizarme desde que llegue, y que a ese efecto, aguardo se cree en la Universidad la ctedra de Historia de la filosofa, para ir a las oposiciones de ella y ver as de darle a Cuba lo que no quisiera estar dando a gente extraa? Dgale todo esto a Prez de Cisneros, no por va de reproche, sino para que me conozca mejor. Porque yo quiero que me conozca mejor hombre que escribe como l y que, por lo visto, se desvela por la mismas cosas que yo me desvelaba en Cuba –por ejemplo, eso de hacerles ambiente respirable de estimacin y comprensin a nuestros pintores. El ensayo de Ud. “El secreto de Garcilaso” es cosa buena: muy lleno de agudas percepciones crticas. Garcilaso es, en efecto, ese mananto de dobles corrientes que Ud. ve.3En septiempre de 1945, Maach invit a Lezama para que integrara el grupo fundador de la filial cubana del PEN CLUB (una asociacin internacinal de escritores). En septiembre de 1949, Lezama le remiti un ejemplar del poemario La fijeza Ambos mantenan un ritual de cortesas mutuas. No obstante, Maach se haba acostumbrado a un tono magistral, de distancia jerrquica que dada la mentalidad generacional de Lezama, podra resultarle desagradable. Quizs el modo irnico que empleaba Ral Roa4 en sus polmicas con Maach de 1931 y 1936 pudiera servir de referente para entender las estrategias discursivas de Lezama. III Maach inaugur la ctedra de Historia de la Filosofa de la Universidad de La Habana. Cintio Vitier asisti a sus clases. Aproximadamente cuarenta aos despus, el personaje Kuntius, escritor de una novela, en De Pea Pobre (1979) as lo recordaba: La nica clase a la que el muchacho asista con gusto era la de Filosofa. [...] El nuevo profesor pareca estar estrenndolo todo: la ctedra recin ganada en buena lid. El repertorio de explicaciones del ser, la diccin apretada, veteada de inflexiones catalanas y sajonas, el traje de dril ajustado al torso gil, los espejuelos destellantes sobre la nariz aquilina, la frente nuesada, los labios escpticos bajo el bigote tan cuidado como la corbata sobria, sujeta por un pasador prendido a las puntas de la camisa impecable. Al muchacho le pareci un Unamuno atildado, todava joven, y sin fe. Meses ms tarde oira por radio su voz en contrapunto con las conceptuosas y concntricas

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94de los comunistas, con las centrfugas y destempladas de los autnticos, con las cnicas y anacrnicas de los liberales, en las sesiones de la Asamblea Constituyente ... Pero aunque se senta que sus intereses verdaderos (quizs por error) estaban en otra parte, que las horas que pasaba en el aula no eran ms que un parntesis, daba su clase con tal esmero, con tal dominio de la palabra, con tal perfilada elegancia en las ideas y en los gestos, que el muchacho sigui aquel primer curso, sin tenerlo matriculado, hasta el final: hasta que aparecieron, como grandes damas pensativas, las Categoras de Aristteles.5En el transcurso de la dcada de 1940, Maach opt por la actualizacin en los saberes filosficos y poltico-sociales. Tena en proyecto dos libros: uno, sobre los pensadores cubanos del siglo xix, y otro, sobre una biografa espiritual de Jos Mart. En mayo de 1947, se convirti en uno de los fundadores del Partido Ortodoxo. Por lo mismo, mantena una lnea de artculos contra la corrupcin pblica, la crisis moral y la necesidad de una educacin cvica. Maach ya no segua los derroteros de la poesa cubana en los cuarenta (como s lo haba procurado hacer en las dos dcadas anteriores). Poda asumir con gentileza agradecida el libro de Lezama y el que le remita el joven Cintio (¡el hijo de Medardo!, y adems su exalumno). IV La estrategia discursiva de Maach en “El arcano...” se fundamentaba en una opcin de gusto literario. No disfrutaba una potica hermtica, que supona una comunin sensorial y cultural que ya le resultaba ajena. De todos modos, reinsisti en el tono magisterial, de consejo oportuno desde una gran experiencia comunicativa. Lezama le ripost con un manejo irnico magistral insistindole en los derechos a cultivar ese tipo de potica y legitimando su proyecto literario. Vitier le peda a Maach sencillamente que los estudiara primero, aunque no compartiera esta potica. No entenda el gesto de preceptista. Luis Ortega, periodista con inquietudes literarias, aprovech el diferendo para sugerir un matiz poltico: el conflicto intergeneracional. Maach representaba el declive de una promocin que se autorrepresentaba con la victoria del liderazgo social. Ortega aplauda los derechos de la opcin Lezama-Vitier. Manuel Millor, tambin colaborador de Prensa Libre se limit a reiterar el criterio de Ortega. V Lezama juzg severamente las realizaciones de la Revista de Avance Se trataba de una opinin permanente o de un criterio con vida efmera? Desde la conviccin profunda sobre las ventajas de su proyecto cultural, acaso juzgaba con prejuicios cualitativos a los anteriores. No obstante, la legitimidad de cuestionar tambin los de Lezama fue defendida tambin por Virgilio Piera (1912-1979). Y as lo hizo en el editorial

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95“Terribilia meditans” del primer nmero de la revista Poeta (1942): El desarrollo es como sigue: del sntoma ( Verbum ) se origina el sentimiento ( Espuela ): de este surge el disentimiento ( Clavileo Nadie Pareca y Poeta ). El resultado es, por riqusimo, no menos mensurable. Pero con todo ya se puede ir hablando ya de esa “excepcional generacin de 1936”. [..........] Una descendencia son muchas cosas, pero es siempre un peligro. Estos hijos de Espuela constituyen un peligro para ellos mismos. Como que surgen de un disentimiento necesariamente instauran un sentimiento. Clavileo se resume en “revista para la amistad”. Nadie Pareca en “Revista de catolicidad”. Pero toda msica de programa es peligrosa. En el caso de Clavileo la amistad puede arribar a ciertas concesiones nada afortunadas, porque el “est bien” o el “es discreto” puede ser prueba de amistad pero no de cultura. En el caso de Nadie Pareca la insistencia de lo catlico descubre claramente un modo de hacer literatura (la mejor literatura) como otra cualquiera. Y no niego que sean catlicos sus fundadores como amigos que son los de Clavileo Lo que no se puede aceptar de una y otra parte es cierto deux ex machina muy inteligente, de mucho efecto pero muy falso tambin. Superar este deux sera para la literatura, que al fin dir la ltima palabra, de mayor beneficio que la amistad o el catolicismo declarado expresamente. Dejmonos ya de frases, de lemas, de exlibris, de prlogos, de manifiestos... Destruymosles porque estn hechos de lo hecho, de lo acabado, repujado o cincelado; de lo que se encaja u obliga. Gran necesidad de la patada de elefante a ese cristal hecho para el anhelo de los ngeles. Despus de la patada, la reconstruccin del cristal, grnulo a grnulo, proclamar que slo es posible la cordura por la demencia o la suma por la divisin. Poeta no est o va contra nadie. Poeta es parte de la herencia de Espuela ; familiar de Espuela ; familiar de Clavileo y Nadie Pareca Solo que este consejo potico de familia potica, la salvacin vendr por el disentimiento, por la enemistad, por las contradicciones, por la patada de elefante. Por eso Poeta disiente, se enemista, contradice, da la patada, y, aguarda, a su vez, el bautismo de fuego. Poeta espera, necesariamente, el descubrimiento de su parte falsa. La Revista de Avance tambin fue un proyecto experimental, suspendido abruptamente por el vendaval de la Revolucin del 30. Lezama le “da una patada de elefante” y exalta su propio “bautismo de fuego”. Sin embargo, en las rupturas tambin hay que desentraar las continuidades.

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961 Juan Ramn Jimnez (1881 -1958) el poeta espaol, entonces residente como exilado poltico en La Habana.2 Guy Prez de Cisneros (1915-1953), crtico de arte, miembro del equipo de redaccin de Verbum y gran amigo de Lezama.3 En Fascinacin de la memoria. Textos inditos de Jos Lezama Lima [compilador Ivn Gonzlez]. La Habana : Editorial de Letras Cubanas, 1993. pp. 290-291.4 En octubre de 1927, Maach polemiz con Rubn Martnez Villena (1899-1934). Ninguno de los amigos de Rubn se lo perdon, porque, a consecuencia del debate, Rubn prohibi la edicin de sus poemas. Roa se lo record en 1936. El futuro “Canciller de la dignidad” se enfrent con Maach, a propsito de las funciones del marxismo en Cuba (1931). Maach abandon el debate.5 Idem.Acaso las publicaciones de finales de los treinta y cuarenta del grupo lezamiano no podran tambin ser parte de la herencia contradictoria de la Revista de Avance ? NotasEl arcano de cierta poesa nueva. Carta abierta al poeta Jos Lezama Lima *Jorge MaachPoeta: A mi regreso a La Habana hace unos das, hall sobre mi mesa, cargada de los recuerdos de la ausencia, un ejemplar de su ltimo libro, titulado La fijeza Tambin encuentro el “regalo cordial” que Cintio Vitier me hace de su obra ms reciente, El hogar y el olvido publicada igual en bellas ediciones de la revista Orgenes que usted viene dirigiendo desde hace algunos aos con herosmo y prestigio sumos. Primorosos volmenes ambos, sobre todo el de usted, con esa cubierta citrn (le gustar a usted que no diga el color en castellano, para que el adjetivo no se domestique demasiado) que lleva el nombre de usted en modestas letras blancas, como una cicatriz antigua o un vago rubro estelar: con una vieta en sepia de Portocarrero, donde se conjugan una lmpara, una oreja y algo que parece un caracol de tripa mgica y, dominando ese tranquilo misterio de la portada, el ttulo austero de sus versos, La fijeza como una negra pupila escrutadora. Al mismo tiempo que el de Vitier he abierto y ledo no poco de este libro suyo, al cual particularmente quiero referirme; y todo ello con mucho agradecimiento por el bondadoso recuerdo de* Bohemia (La Habana) 41(39):78,90; 25 sept. 1949.

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97ustedes, y con vehemente y vida expectacin. La dedicatoria de su libro me ha movido a escribir esta carta, cuya condicin de “abierta” le ruego me excuse si, por desventura, no piensa usted, como lo pienso yo, que tambin en las cuestiones de arte nos est haciendo falta desde hace tiempo un poco ms de oreo y franqueza. Esa deferente dedicatoria suya dice: “Para el Dr. Jorge Maach, a quien Orgenes quisiera ver ms cerca de su trabajo potico con la admiracin de J. Lezama Lima. Agosto y 1949”. Obviamente, la generosidad de esa inscripcin, que tanto avalora para m su trabajo literario, envuelve, sin embargo, un reproche. Usted no me siente lo bastante cerca de la obra potica que Orgenes viene haciendo y de la cual es usted, notoriamente, mximo inspirador. Y como me estima usted lo bastante para deplorarlo y mandarme reiteradamente sus libros –ninguno de los cuales he dejado de leer–, lo menos que puedo hacer yo es descargar mi conciencia ante usted y los dems escritores de Orgenes que, en distintas ocasiones y por modos ms o menos directos, me han hecho patente la misma actitud a la vez que estimacin y reserva. Lo primero que yo quisiera decirle, Lezama Lima, es que escribo esta carta con el ms alto respeto y la ms genuina modestia. No ha de ver en ella usted ni nadie especie alguna de desestimacin no de altivez crtica –ningn desconocimiento del magnfico ejemplo de devocin, de fecundidad y de austeridad que ustedes estn dando en su ya abundante obra, ni mucho menos pretensin alguna de leerles la cartilla literaria. Estn ustedes demasiado crecidos ya para eso. Le escribo precisamente para ver si puedo lograr que ustedes no interpreten como falta de estimacin lo que ms bien es una falta de... adhesin, o si se quiere, de comunidad en el modo de querer y preferir la obra potica. Y para que todo esto se comprenda mejor, har un poco de historia. Hacia 1925 –la fecha se va haciendo un poco convencional para sealar la generacin literaria a la que pertenezco– empezamos a liquidar en Cuba, como usted sabe, una rutina literaria en que los residuos del modernismo, ya en su mayor parte muy rados, llenaban un lamentable vaco de poesa y prosa significativas, pero se avenan bastante con la efusin provinciana y oratoria que por las letras cunda. En el momento mismo en que Cuba se hallaba ms libre y al parecer ms maduro para afirmar su personalidad artstica, haba quedado relegada a comarca segundona en el mapa literario hispanoamericano. No haba gusto fino, empuje creador, sutileza de pensamiento ni de emocin. Rezagados respetos de los mejores ejemplos europeos, todo nos saba an demasiado a frmula agotada y a provincianismo y a improvisacin y a poco ms o menos. En el mejor de los casos, era aquella “almohada donde ya se ha dormido”, que deca desde Espaa Eugenio d’Ors. Entonces se produjo, bajo las consignas crticas primero del “Minorismo” y despus, ms explcitamente, de la Revista de Avance que Ichazo, Lizaso, Marinello y yo dirigimos, la campaa que se llam del “vanguardismo”. De lo que se trataba era de barrer con toda aque-

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98lla literatura trasudada y de estimular una produccin fresca, viva, audazmente creadora, capaz de ponerse al paso con las mejores letras jvenes de entonces. Fue una revolucin –el preludio, en el orden de la sensibilidad intelectual y esttica de la revolucin poltica y social que quiso venir despus. Y como toda revolucin, tuvo que incurrir en exageraciones e injusticias. Le negamos la sal y el agua a todo bicho viviente que no compartiera nuestro credo, y el credo mismo tuvo a veces mucho de desaforado. Exaltamos lo que por entonces el sagascimo Maritegui se atrevi a llamar “el disparate lrico”, adoramos la “asepsia” y el pudor antisentimental, hasta el extremo de darle cabida a aquella escandalosa “Oda al bidet” de Gimnez Caballero; le abrimos la puerta del stano a toda la microbiologa freudiana, pusimos por las nubes –adonde ella ya de por s se encaramaba– la metfora loca, la imagen de tres o cuatro estratos simblicos, los adjetivos encabritados, las alusiones a toda la frentica de nuestro tiempo, los versos sin ritmo y sin rima. Tomamos muy por lo serio aquello de Huidobro de que el poeta crea un poema –o el pintor un cuadro– “como la naturaleza crea un rbol”, y echamos enteramente por la borda todo lo que fuese arte representativo. Participamos del rescate de Gngora, beatificamos al conde de Lautramont, y a Baudelaire y Mallarm y Apolinaire. Hicimos la esttica de lo feo y de lo ininteligible. A propsito de Mariano Brull y de otros aun menos comunicativos, hice yo la apologa del arte como expresin pura, del sentido potico como mera irradiacin mgica de imgenes y vocablos. Mucha gente sensata nos insult, y nosotros los insultamos de lo lindo a nuestra vez. Ya ve usted, pues, mi querido Lezama, que yo tengo mis antecedentes penales y que estoy un poco curado de espanto de eso de la poesa sibilina. Pero voy a confesarle un secreto, del cual ya me he descargado algo en otras ocasiones: no siempre pude yo entonces asimilar todas las insolencias estticas a que solamos entregarnos. En el fondo conservaba mi fe candorosa en la poesa como idioma comunicativo y no slo expresivo, y aunque consideraba que la mediocridad y la rutina tenan ya muy abusados todos los viejos cnones, repugnbame un poco, para mis adentros, la anarqua que cultivbamos, y apeteca –por estos resabios clsicos que sin duda tengo– algn orden de la expresin capaz de asegurarle a esta a la vez profundidad y claridad. Ms que una batalla esttica, para m fue todo aquello una batalla cultural, una rebelin contra la falta de curiosidad y de agilidad, contra el provincianismo, contra el desmedro imaginativo y la apata hacia el espritu de nuestro tiempo. Me pareca bien que la batalla prescindiese al principio de todos los miramientos con tal de desalojar aquel modernismo flatulento y aquel academicismo gordo e inerte; pero abrigaba la esperanza de que, una vez despejado el campo, volviesen nuestras letras ms finas (las no periodsticas, las no acadmicas, las no universitarias, las no oratorias) a juntar en sobria disciplina la pureza, la novedad, la hondura y la claridad. Y no dej de comprender aquella advertencia de Varona ante nuestro

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99vanguardismo: “Andan por las nubes: ¡ ya caern!”. Pues bien: ustedes los jvenes de Orgenes son, amigo Lezama, nuestros descendientes como los pintores y escultores “nuevos” de hoy lo son de aquellos que nos ayudaron en nuestra batalla vanguardista: los Vctor Manuel, los Gattorno, los Abela, los Sicre. Si usted me reprocha a m mi desvo respecto a ustedes, yo a mi vez podra reprocharles a ustedes su falta de reconocimiento filial respecto de nosotros. Nos envuelven ustedes hoy en el mismo altivo menosprecio que entonces nosotros dedicbamos a la academia, sin querer percatarse de la deuda que tienen contrada con sus progenitores de la Revista de Avance que fuimos los primeros en traer esas gallinas de la “nueva sensibilidad”. Cierto que los ms de nosotros nos hemos “formalizado” ya mucho: apagamos los fuegos de revolucionarios, escribimos como dicen que Dios manda, hasta hemos entrado en academias y ganado premios. Eso es tan inevitable como echar abdomen despus de los cuarenta aos. Pero a nadie se le ocurre renegar de su padre porque ya no tiene la esbeltez de antao. Este pequeo resentimiento no es, sin embargo, lo que de ustedes me aparta. S lo suficiente de la historia literaria general para no olvidar que todas las generaciones tienden a negar a sus predecesores inmediatos, a fin de acusar mejor esa originalidad en que el alma del artista se apasiona. Lo que me tiene en esa distancia que ms bien usted dice (djeme ver si acierto a sugerrselo) una incapacidad de fruicin que muy bien puede ser un embotamiento de mi sensibilidad, pero que prefiero atribuir –y usted no me lo tendr a mal– a una excesiva extralimitacin de ustedes. Tratar de explicarme. Yo leo asiduamente Orgenes como le todas sus revistas precursoras y afines de los ltimos tiempos. Con la mejor voluntad me he sumido tambin en las pginas de los libros individuales con que ustedes me han obsequiado y en las de la Antologa reciente de Cintio Vitier. Y le mentira, amigo Lezama, si le dijese que fueron esas muy gratas lecturas, o que saqu mucho en limpio de ellas. No quisiera generalizar demasiado, porque ms de una vez tuve ocasin de deleitarme intensamente con algn poema de rara sugestin y fuerza lrica – ya fuese de Baquero, de Gaztellu, de Cintio Vitier o de usted mismo, a quien todos tiene por maestro–, o con alguna prosa de finos matices expresivos y misterioso paisaje interior. Adems, en todos los casos no he podido dejar de admirar, como quien admira una hermosa parada de quebradas luces y opulentos arreos, aunque no sepa exactamente a qu viene ni de qu se trata, la procesin de los vocablos y las imgenes, los relmpagos de la alusin culta o ciertos movimientos rtmicos imprevistos, ciertos complejos de prestigiosa sonoridad en el verso o en la prosa. Pero me permitir usted poner ejemplos de su propia cosecha? En el primer poema de este libro que usted ahora me manda, despus de leer esos sonetinos del “coro” inicial que empiezan Son ellos, si fusilan la sombra los envuelve.

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100Doble caduceo trituran pelota los devuelven. Toscos, secos, inclinan la risa que los pierde, o al borde de la verde ira taconan jocundos. –etctera– de los cuales, con perdn, no entiendo ni la gramtica siquiera; despus de eso, digo hallo como un relativo alivio en la gran tirada del canto IIIque empieza: Una rfaga muerde mis labios picoteados por puntos salobres que obstinados hacan nido en mi boca. Una rfaga de hiel cae sobre el mar, ms corpulento que mi angustia de hilaza mortal, como gotas que fuesen pjaros y pjaros que fuesen gotas sobre el mar lo cual, aunque todava sea bastante sibilino, aunque contribuya muy poco a entregarme el misterio de esa hidrografa metafsica de su poema, siquiera tiene un sentido metafrico menos mediato y logrado con mucha energa y novedad. Pues bien, esta experiencia difcil, de momentos de fruicin formal (yo todava creo, y no por inercia retrica, en la diferencia conceptual de “fondo” y “forma” que tanto se ha dado en la flor de negar), aislados como islotes en arcanos mares espumeantes de palabras –esa experiencia es, amigo Lezama la que en general me queda de toda esta poesa de ustedes. La admiro a trechos; pero no la entiendo. Le repito: estoy dispuesto a admitir, humildemente, que se trata de una trgica limitacin de mis entendederas. No vea irona en ello. No puedo suponer que hombres de tanta probidad intelectual y de tan limpio espritu y acendrada cultura literaria como ustedes, se entreguen a esas elucubraciones por puro camelo como dicen los madrileos. No me pasa siquiera por la cabeza que puedan escribir y editar con tan primorosa devocin un libro tras otro de poesa y prosa semejantes sino creyesen de veras que estn haciendo arte literaria de la ms genuina y rigurosa en nuestro tiempo. Pues, adems, eso de ustedes se parece mucho –no he de negarlo– a lo que todava se lee en revistas y bajo firmas muy sonatadas de otras tierras. De manera que el nico consuelo que me queda, puesto a echarme del todo la culpa a mi mismo, es el de saberme acompaado en mi afliccin por no poca gente de indubitable sensibilidad y afinadsima cultura, de quienes frecuentemente recibo parejo testimonio de incomprensin aunque no se aventuren a publicarlo. Pero tambin puede muy bien ocurrir, amigo Lezama, que no sea tanto una limitacin ma como una extralimitacin de ustedes. Tambin es posible que ustedes se hayan forjado un concepto de la poesa demasiado visceral, por decir as, demasiado como cosa de la mera entraa personal, ajena a la sensibilidad de los dems. De viejo es sabido que la poesa ha estado oscilando siempre entre el polo de la expresin y el de la comunicacin, y que se ha acercado ms al uno o al otro segn el humor de los poetas y de los tiempos. Pero en todas las pocas, hasta esta que vivimos, el poeta se sinti en alguna medida obligado a hacer comunicable en trminos de la comn experiencia y del comn

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101lenguaje, la sustancia misteriosa de sus sueos y las aventuras de su fantasa. Llevara un espacio de que ahora no dispongo el exponer la explicacin que me tengo hecha de por qu, a partir de la resaca romntica, el individualismo potico se ido ha exacerbando con el humor mayoritario de nuestro tiempo, hasta dar de s esos excesos de expresin sibilina, en que el poeta se queda ya casi enteramente slo con su misterio. Pero lo cierto es, Lezama, que tal va siendo el resultado. La poesa, regalo de los dioses a los hombres –que se dijo con alguna novedad hace siglos– amenaza convertirse, si esos mismos dioses generosos no bajan a remediarlo, en una simbologa puramente personal, a lo sumo en un idioma de pequeas fratias poticas. No es ya lo que siempre pensamos que deba ser, lo que fue en Homero y en Ovidio, en el Dante y en Garcilaso, en San Juan de la Cruz y en Bcquer y hasta en los ms nobles momentos de Juan Ramn Jimnez y Neruda: una expresin, en smbolos inteligibles, de la ms honda experiencia humana, sino que se va haciendo, repito, un idioma crptico de poetas para poetas... y para poetas de la propia capilla. Con lo que ocurre que, marginado por su propia soberbia expresiva, el creador potico se queda cada vez ms incomunicado con el mundo que su voz deba iluminar y ennoblecer. Crame, Lezama, que es muy vivo el pesar que me produce –velando por las dimensiones y fulgores de nuestra cultura– el ver que tanto talento literario de primer orden se est frustrando para la gloria de nuestras letras y la edificacin espiritual de nuestro medio, con semejantes ensimismamientos. Cierto es que nosotros abrimos esa va, como antes dije; pero fue para apartarnos de la letra muerta o gastada y posibilitar el acceso a nuevos paisajes de expresin y de comunicacin, no para que la poesa se nos fuera a encerrar en criptas. Y no me vaya usted a suponer, por Dios, ensayando ninguna apologa de lo pringosamente descriptivo, o sentimental, o social. No me imagine tan descaecido de mi antigua rebelda que ande ya reclutando sufragios para los sollozos romanticones, los erotismos empalagosos, las maracas tropicales que vienen a ser nuestra pandereta, o las efusiones ideolgicas en verso. No es eso. Pero tampoco es lo otro. Tampoco es la dieta onrica a todo pasto, la imagen que se escapa a uno de la intuicin cuando cree que le ha apresado su sentido, porque tiene algo de pjaro mecnico, el abigarramiento de las palabras mismas, la superposicin catica de los planos imaginativos o las violentas asociaciones temticas, el metafsiqueo gratuito de los smbolos, la desmesura, en fin, de ese supra o infra-realismo que ya no se contenta con calar sbitamente en lo oscuro de la existencia para aflorar de nuevo a la claridad del alma, sino que prefiere quedarse alojado en un nocturno de larvas... Tampoco eso. Pero ya le digo: es posible que todo esto sea limitacin ma. Si as piensa usted, no sabe cunto le agradecera que nos ilustrase a todos un poco en el lenguaje que podamos entender –y digo esto, con perdn, porque demasiado a menudo ocurre que al tratar de explicarnos estas cosas resulta que la explicacin necesita a su vez ser explicada.

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102Por lo dems, crea que le agradece mucho su amistoso recuerdo y que le admira muy sinceramente, ms por lo que le adivina que por lo que se entiende, su amigo.Respuesta y nuevas interrogaciones. Carta abierta a Jorge Maach*Jos Lezama LimaQu puntual elegancia, mi querido amigo, muestra usted en su epstola, que le ha permitido ensear sus ms esenciales discrepancias, burlando ciertas furias, pero, con tacto fino para evitar la posibilidad siquiera de un rasguo, entregndonos sin paliativos sus negaciones, lejanas o indiferencias. As tambin, quisiera yo, evitando sus enojos, mostrarle al descubierto lo que va implcito en las secretas progresiones de esa poesa a la que usted alude, corriendo ya expresa en el alegre despertar de sus imgenes y metforas. Por una cuestin formal en el tratamiento de los smbolos, en la portada, de un color que gusto de llamar verde tierno, aludiendo a esa ternura que la capilla natural de roco coloca en el verde de nuestros alamillos; aparece una vieta y all donde usted crey ver una lmpara, sin que sea acaso necesaria la rectificacin, se trata de un tornillo sin fin .. Referencia tal vez a cierta plaza de la cultura cubana, donde pocos deseaban situarse y donde yo precisamente he insistido en levantar mi tienda con tan reiterada constancia que ha motivado siempre el total entrecruzamiento de flechas. Aunque usted se declare una y otra vez convicto del no entiendo nosotros no vamos a caer en la trampa de igualarlo* Bohemia (La Habana) 2 oct. 1949:77.

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103a celui qui en comprend pas Pero usted sabe, mi querido amigo, que la frialdad disidente y el ardor nefito se entrecruzan en la misma divinidad enemiga. Expresiones como eso ya yo lo hice en mi juventud y nosotros queremos empezar de nuevo y equivocarnos, en apariencias opuestas por el vrtice, se allegan, se tocan y se destruyen. Es lo raro que aquello que no entendemos se nos oponga en tal forma, que nos despierte, hacindose evidente, alejamientos y diferencias. Pues el no entendimiento surge, ya de indolencia o indiferencia en la penetracin o de una opacidad particular que lanzan sobre nosotros ciertas escrituras u objetos. Pero gusto de suponer que apenas una sustancia se mantiene ininteligible para nosotros, nuestro ardor para su apoderamiento bate su crecendo. El incentivo de lo que no entendemos, de lo difcil o de lo que no se rinde a los primeros rondadores, es la historia de la ocupacin de lo inefable por el logos o germen potico. Qu es lo que entendemos? Los monlogos misteriosos del campesino o el relato de sus sueos a la sombra del rbol del ro? Y qu es lo que no entendemos? El artificio verbal, esa segunda naturaleza asimilada ya por la secularidad, y en el cual el hombre ha realizado una de sus ms asombrosas experiencias: otorgar un sentido verbal, destruirlo y verlo como de nuevo se constituye en cuerpo, liberado del aliento de la palabra o del ademn de su compaa. En realidad, entender o no entender carecen de vivencia en la valoracin de la expresin artstica. Es muy improbable que al posarse la oscuridad sobre un texto, aumente su ndice de ininteligibilidad. Pues la oscuridad no motiva una obligatoria refraccin en cualquier estructura, por el contrario, los psiclogos ms novedosos concluyen que no es el rayo cenital el que, al penetrar en nuestro yo ms oscuro, clasifica y define, sino que esos estratos ltimos del yo, requieren la sombra de planos oscuros para surgir y ganar sus vicisitudes. Desciende el gemetra o el bailarn por la escala del sueo, despus de haber recorrido sus ltimas mansiones, al ascender lleva, en lo que se ha llamado tan sutilmente la memoria muscular, resuelta una nueva proporcin en los lados del issceles o una nueva proporcin en los saltos del pas de quatre Gran parte de su epstola est recorrida por el pro domo suo ; muestra usted el orgullo de su ciudad intelectual y enarca la Revista de Avance Le sus pginas en mi juventud y las repaso hoy que su fineza y tratamiento me obligan a un colmo de sinceridad. Me pareci siempre un brac-a-brac producto tal vez de las opuestas sensibilidades de sus directores. Alternaban all poetas neoclsicos de Mxico con delirantes hirsutos de Chile o Per; se careca de una lnea sensible o de una proyeccin. Sus cualidades eran, como usted subraya, de polmica crtica, ms, no de creacin y comunicacin de un jbilo en sus cuadros de escritores. En sus vietistas y pintores se confundan Valls, Segura, Gattorno, y Vctor Manuel, propi ciando una confusin de actitudes y de valoraciones. Ninguna traduccin de Valry, Claudel, Supervielle, Eliot, o los grandes poetas de aquellos momentos,

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104que seran despus de todos los momentos. Hasta Alberto Insa irrumpa en algunas de sus pginas. Perdneme usted esta total discrepancia, pero a su sinceridad he querido oponer la ma, cosa de que al final los dos quedemos en paz... al menos con nuestra conciencia crtica. Es innegable que usted manifiesta un sentimiento delicado al amar an tan apasionadamente esa obra de su juventud. No le es necesaria, al menos para la continuidad de Orgenes nutrirse de hipertrofias polmicas o negativas. Creemos que aquella Revista de Avance cumpli y se cumpli. Si le ponemos reparos es para propiciar claridades y luces nuevas que tienen que acercarse otra vez con sus faroles y terrores. En muchos aos que llevo haciendo gemir las ruedas impresoras con papeles y aleluyas lricas, no he hablado nunca, ni en leves confidencias o en pechosas arrogancias, de esos trabajos. Su epstola viene ahora a darme la oportunidad histrica de hablar de esas gestas casi hercleas en nuestra circunstancia cultural. Orgenes era la culminacin de unos esfuerzos anteriores, en cuadernos y pequeas revistas, que al fin logran alcanzar cierto ecumenismo, huyendo siempre del nfasis, –producto de que haba constituido–, huyendo tambin de la excesiva omnicomprensin, una pequea repblica de las letras. Saint John Perse, Santayana, Eliot, autorizaban en sus pginas la insercin de sus manuscritos, al igual que lo autorizaban para muy pocas revistas del resto del mundo culto. Filiacin y secuencia con la Revista de avance? Haba radicales discrepancias. A Orgenes slo pareca interesarle las races protozoarias de la creacin, la propia norma que lleva implcita la riqueza del hacer y participar. Sus pronunciamientos no se reducan a la simpleza del manifiesto o ndice marmreo que en su humoresca seala tan slo un camino y un camino. Decir lo dicho solamente por sus propias huellas, que fuese su progresin lo que quedase como su flecha. Dispnseme, pero su fervor por la Revista de Avance es de aoranza y retrospeccin, mientras que el mo por Orgenes es el que nos devora en una obra que an respira y se adelanta, que an demanda como la exigencia voraz de una entrega esencial, que volquemos nuestras ms rasgadas intuiciones en la polmica del arte contemporneo. Esa falta de filiacin es la que segn usted le levanta cierto resentimiento. No podamos mostrar filiacin, mi querido Maach, con hombres y paisajes que ya no tenan para las siguientes generaciones la fascinacin de la entrega decisiva a una obra y que sobrenadaban en las vastas demostraciones del periodismo o en la ganga mundanza de la poltica positiva. No era, como en Mxico, con el caso ejemplar de Alfonso Reyes, o en la Argentina, con Martnez Estrada o Borges, donde la gente ms bisoa, se encontraba, cualquiera que fuese la valoracin final de esas obras, con decisiones y ejemplos rendidos al fervor de una Obra. Muchos entre nosotros, no han querido comprender que haban adquirido la sede a trueque de la fede y que estn daados para perseguirse a travs del espejo del intelecto o de lo sensible. Me asombro de nuevo al ver que para usted la extralimitacin de una obra est

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105en razn inversa de lo fruitivo o voluptuoso. Comme le fruit se fond en jouissance precisamente, como en la estrofa que todos recordamos, cuando el poeta aspira sus ms secretas humaredas. Casi todo el arte y gran parte de la filosofa contempornea, llevan su problemtica ms all del contorno, del muro o de las limitaciones de la lgica causalista. “El contorno me huye”, deca Cezanne, obstinndose en construir lo que ha sido para los artistas una pica de la plstica. Y Dostoyewsky, Claudl, Proust, Joyce, y todos los que se han afanado en llevar el lenguaje a inauditas posibilidades. No es ms all del lmite donde han situado sus flechazos e incitaciones? Y no es precisamente en su furia contra el lmite, contra el lenguaje o situaciones ya enquistadas por un tratamiento burgus, donde encontramos la mayor fruicin para un intelecto voluptuoso de la primera mirada? Quiz todo esto resulte un poco obvio para la malicia de su no entiendo Algunos finos intelectos de otras latitudes, como el mexicano Octavio Paz, considerado como el mejor poeta de su generacin en su pas, haban encontrado en esas extralimitaciones que aparecen en los Diez poetas cubanos la magnfica antologa de Cintio Vitier, las motivaciones suficientes para afirmar que de ese libro se irn desprendiendo algunos nombres, llamados a ser excepcionales en la poesa de nuestra lengua y de nuestro tiempo No todo iba ser, mi querido Maach, rudas negaciones e incompresiones vacilantes. Con cierta socarronera de gil criollo, nos afirma usted que fue la Revista de Avance la que trajo la gallina de los huevos de oro del arte nuevo. Quiz en eso reconozcamos su verdad, porque ese arte fue para nosostros alcin o albatros. Cnife sombro, o soledad brumosa del alcin, que llevaron nuestras adolescencias a desgarrarse en la soledad del que se sabe en una labor sin compaa, del que se sabe sobre una lmina esttica y grosera. Albatros del que se siente ahogado por la realidad tatuada de la imagen que no penetra en la historia. Pero de esa soledad y de esa lucha con la espantosa realidad de las circunstancias, surgi en la sangre de todos nosotros, la idea obsesionante de que podamos al avanzar en el misterio de nuestras expresiones poticas, trazar, dentro de las desventuras rodeantes, un nuevo y viejo dilogo entre el hombre que penetra y la tierra que se le hace transparente. Siga usted, mi querido Maach, mostrando esa cortesa que no le secuestra la inquietud y esa curiosidad que particulariza sus deseos. As ha provocado los ms nobles contentamientos de su amigo.

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106Una generacin que se rinde*Luis OrtegaEse dilogo que acaban de sostener en Bohemia Maach y Lezama es algo ms que una mera polmica. Es ya una distincin radical. El angustiado y sincero no entiendo de Maach es un signo de acabamiento: la generacin literaria de la Revista de Avance –tan poco literaria que se lanz a la revolucin del 33– ha estado rigiendo hasta ahora tanto en lo poltico como en lo artstico. Los “fogosos lderes universitarios”, los “revolucionarios” y los “pistoleros” de hoy descienden, en lnea directa, de la generacin de la Revista de Avance Son la decadencia de aquellos Csares poticos de la lucha contra Machado. Pero todo esto se esfuma. Aquella leyenda heroica que abarca desde el 25 hasta el 33 agoniza. Sobrevino el estancamiento en lo literario. Y en lo poltico, la traicin... Qu ha surgido despus de tan cantada generacin de Avance? Muerte y traicin. Pero faltaba el signo intelectual de la consuncin. Maach ha dado la voz: no entiende ya. Lo mismo hicieron aquellos hombres de la generacin independentista y republicana cuando se enfrentaron con los garabatos de la Revista de Avance No entendan. Ahora Maach no entiende. No puede entender. Tal vez yo tampoco entienda mucho, pero s siento la aceptacin Por otra parte, entiendo perfectamente a los minoristas, pero no los acepto. Luego la cuestin no consiste en entender. Cuando Maach dice no entiendo est poniendo sobre el tapete, con una sinceridad admirable una confesin de aniquilamiento. No puede entender esto es, se ha aniquilado porque anda demasiado entreverado, demasiado asenderado. Maach ha sido siempre un escritor. Pero adems ha sido poltico, orador de barricada, periodista, profesor, congresista, ministro, etc. l y todos los que ayudaron a componer esa especie de generacin literaria han abarcado todas las ramas del saber y del hacer. Se forjaron en el puro quehacer de la cultura, pero la revolucin los lanz al pasqun callejero. Luego han vivido angustiosamente tras la conquista del poder. De pueblo en pueblo, de barrio en barrio han ido mendigando el voto. Y Maach es el tipo de ejemplar de aquella hornada intelectual. Es el ms puro, el ms limpio, el ms admirable. Y por eso en l la cada es ms dura y la confesin ntima ms angustiada. Ha cado de lo ms alto. “Han adquirido la sede a trueque de la fede” dice Lezama. Y con eso est sealando la peripecia de Maach. Y adems, establece las distancias con cierta delicadeza y obscuridad. No tiene capacidad polmica, porque la polmica es lucha, es agresin. Tampoco necesita mucho entregarse al entendimiento de* Prensa Libre (La Habana) 2 oct. 1949:1,3.

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107los dems, porque eso es abandonar la senda, es casi postularse para algo. Lezama es algo muy distinto a los hombres que representa Maach. Yo siempre lo he visto en su senda de soledad. “... Pero de esa soledad y de esa lucha con la espantosa realidad de las circunstancias, surgi en la sangre de todos nosotros, la idea obsesionante de que podramos, al avanzar en el misterio de nuestras expresiones poticas, trazar, dentro de las desventuras rodeantes, un nuevo y viejo dilogo entre el hombre que penetra y la tierra que se le hace transparente”. Yo creo que Maach ha venido a morir tmidamente a los pies de Lezama. Es un hermoso misterio: mientras todos los emblemas de aquella generacin se rinden en lo poltico y en lo social, se reproduce el fenmeno artstico. Maach no entiende Y Lezama Lima ratifica su fede con una respuesta y otra interrogacin. Se corta el dilogo, todo lleno de finura y buen decir. Y el uno sigue en sus mltiples quehaceres de hombre de letras ajetreado mientras el otro se mantiene enarcado en su sola soledad potica, ajena a partidos y a peridicos que son los signos de perdicin de Cuba.Reacciones a un dilogo literario (algo ms sobre poesa vieja y nueva)*Jorge MaachNo pensaba insistir en el tema de “cierta” poesa nueva, sobre el cual hemos dialogado un poco Lezama Lima y yo en estas pginas. Aunque disto mucho de pensar que la respuesta del poeta fuese convincente en la misma medida en que me result interesante, ya l dej dicho lo suyo y yo lo mo, y es sabido hasta qu punto es una ilusin pensar que en este nadie convenza a nadie. Pero la discusin ha servido al menos para suscitar en los crculos literarios – y hasta en los infraliterarios reacciones diversas que no deben perderse en el silencio. La ms pblica ha sido la de un compaero de prensa, Luis Ortega, que en las pginas de Prensa Libre, sustrayndose a su tarea habitual de arrimarle titulares como brasas a la opinin pblica, procedi a anotar que yo no haba polemizado en absoluto con Lezama Lima, sino que me haba sencillamente rendido a los pies del poeta, y conmigo toda mi generacin. Segn l, la confesin que hice de que no entiendo la poesa de Lezama Lima marca el agotamiento, la defuncin intelectual de los hombres del 25 ¡Sancta simplicitas la del amigo Ortega!... Aqu, sin duda, cuadrara muy bien aquello de “los muertos que vos matis gozan de buena sa-* Bohemia (La Habana) 41(42):63, 107; 16 oct. 1949.

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108lud”, o la salida Mark Twain de que la noticia de su muerte estaba un poco exagerada. Una bonita frase de Lezama parece haber inspirado ese arrebato necrolgico del distinguido reprter. Nosotros, los hombres del 25, o ms especficamente, los que hicimos la Revista de Avance hemos cambiado –deca el poeta– “la fede por la sede”. Como se trata de una frase de Lezama Lima, no estar de ms aclarar lo que quiere decir, por si alguien no la entiende. Quiere decir que hemos cambiado la pura dedicacin a las cosas de la inteligencia y de la sensibilidad por los halagos o las solicitaciones de la vida histrica. En otras palabras: no nos hemos dedicado a ser poetas, o ensayistas qumicamente puros, sino que hemos hecho poltica, periodismo, labor de animacin cultural y otras cosas nauseabundas por el estilo. Por supuesto me declaro culpable. Salvadas todas de las distancias, lo mismo hicieron, en sus respectivos momentos y lugares americanos, los Andrs Bello, los Sarmiento, los Alberdi, los Lastarria, los Montalvo, los Hostos y Varona y Mart. Esa es la gran tradicin del intelectual americano: responder al menester pblico, no sustraerse a l; vivir en las historia, no al margen de ella. En los pases ya muy granados y maduros, es perfectamente justificable que el escritor se consagre enteramente a sus tareas creadoras como tal, porque la consciencia moral e histrica de que est asistido, y aun la esttica, encuentra en torno suyo mbito de suficiente respeto y servicio a los valores espirituales, y gente lo bastante numerosa, en la poltica y en el periodismo, para sustentar esos valores. Pero los pueblos todava en formacin reclaman y esperan demasiado de sus hombres de espritu para que estos les devuelvan soberbia o tmidamente las espaldas. Y no veo por qu se haya de imputar falta de austeridad precisamente a los que no se permiten el lujo de desdear lo pblico con purezas altivas y ascetismos cmodos. ¡Si supieran qu sacrificios exige eso de la ms ntima vocacin! Porque ello supone, sin duda, una merma en la cantidad y a veces en la calidad de la obra, con lo cual la cultura pierde tal vez algunas altas espigas. Pero, en cambio se va atendiendo mejor a la regularidad de las cosechas, que son el pan de todos. Siempre se tuvo por nobleza sacrificar la devocin a la obligacin, y yo creo que el primer deber de un hombre de espritu es luchar porque el espritu efectivamente reine en el mbito donde el destino le situ. Y cuando digo el espritu, digo eso que con palabras un poco menos solemnes solemos llamar la justicia, la libertad, el decoro, la cultura. En su da, pues, la Historia sacar sus cuentas, y dir, quienes tuvieron ms fede y menos sede, si los generosos en el desvelo o los soadores... sedentarios. Pero dejemos eso. Otras son las reacciones que quisiera comentar de las motivadas por el dilogo entre Lezama Lima y yo. Se refieren a la cuestin esencial que planteamos: la del valor o legitimidad de “cierta” nueva poesa – y me permito subrayar ese adjetivo, que con toda deliberacin emple. Oralmente o por escrito, algunos lectores me han pedido mayores precisiones sobre la tesis que sostuve de que la poesa est obligada a ser, lo ms eficazmente posi-

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109ble, no slo expresin, sino tambin comunicacin. Por otra parte, no han faltado algunos lectores y hasta autores que, tomando el rbano por las hojas, hayan interpretado mi desgano hacia “cierta” poesa nueva como una reprobacin de toda nueva poesa, suponindome adscrito a las sobadas rutinas de antao. Nada de eso. Muy enfticamente quisiera decir, por el contrario, que la novedad me ha parecido siempre un coeficiente casi indispensable a la ms viva fruicin artstica. No es slo una broma el conocido dictamen segn el cual fue poeta el primero que dijo “Tus ojos son dos luceros”, y el que lo que lo repiti fue solo un cursi. A eso aluda la frase de d’ Ors que cit en mi artculo anterior y con la cual gusto de prevenir a ciertos poetas nefitos: hay que tenerle repugnancia a “la almohada donde ya se ha dormido” y no porque estn sujetas a cambio esencial las emociones del hombre –que son la sustancia de lo potico–, sino porque la fresca, la inusitada expresin contribuye mucha a su virtualidad comunicativa. Cuando un poeta “se parece” demasiado a otro poeta, cuando su voz parece el eco de otra voz, no es slo su “originalidad” lo que queda comprometida, sino tambin su actitud para conmovernos de nuevo. Con ese sentido –aunque exagerado a su manera– dijo alguna vez Ortega y Gasset que un Velzquez era un milagro humano; dos Velzquez seran una calamidad. El arte debe aspirar a ser siempre milagro. Desde hace aos soy, pues, un lector siempre interesado, y a menudo apasionado, de los Valry, los Rilke, los Eliot, los Neruda, los Aleixandre, y en cambio se me caen irremediablemente de las manos los libros de poemas “al modo de” –aunque sean modos muy ilustres. Si un poeta no halla la manera de decir lo viejo de un modo nuevo –y por “nuevo” entiendo el acento singular, el recurso propio–, lo mejor ser que no fatigue las prensas. O, si las fatiga, que no aspire ms que a la efusin consoladora del sentimiento propio. Ahora bien: lo que s me parece que hay derecho a exigirle a toda novedad potica es que sea eficaz. En esta eficacia estriba, en parte, eso que llam hacer poesa “que se entienda”. Y para que ahora se me entienda a m un poco mejor, quisiera permitirme algunas consideraciones un poco generales sobre el hecho potico tal como lo veo. No he de poner en ellas ningn magisterio personal. La esttica moderna ya est muy gravada de doctrinarismos, muy abrumada por “el espritu de manifiesto”. Apenas hay poetas de alguna jefatura, por cenacular que sea, que no se sienta en el caso de promulgar su propia filosofa y canon de lo potico. Y como todos quieren ser muy personales y sutiles, y a veces muy revolucionarios, cada cual resulta ms artificioso y arbitrario. Est haciendo falta un poco ms de modestia y objetividad. Si de lo que se trata es de aclarar en qu consiste y a qu aspira la poesa, no parece lgico que empecemos por mirar lo que de hecho ha sido la poesa a lo largo de los siglos? Ha sido, sencillamente, la expresin y comunicacin eficazmente condensadas por medio de la palabra de una experiencia emocional ante el mundo y ante la vida.

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110Ntese bien: expresin y comunicacin. Sobre lo primero, la expresin, no creo que haya duda. Hay almas profundamente emotivas que quisieran poder decir “todo lo que sienten”; pero no pueden. El poeta es la que s puede, la que es capaz de verter hacia afuera en palabras la presin que sobre su nimo ejerce una experiencia conmovedora. El reiterado testimonio de los poetas nos ha revelado muchas veces ese carcter que la poesa tiene de alivio, de catarsis o sangra espiritual. Mart hablaba de “la almohada” que es el verso. Cuando la emocin que as se descarga es predominantemente subjetiva, es decir, cuando consiste en los goces y pesares las angustias y esperanzas de que el poeta es sujeto pasivo a esa poesa la llamamos lrica. Pero ya se sabe que a veces el momento de emocin es activo o es contemplativo consiste en un amor a la accin como espectculo o ideal, entonces tenemos la poesa pica, en una emocin ante la belleza plstica o el misterio de las cosas en cuyo caso tenemos una poesa descriptiva o filosfica. Todo lo cual es bastante sabido. Sin embargo, una de las tendencias de cierta esttica literaria moderna es desconocer o negar esa divisin clsica que sin duda a ciertos neolegisladores les sabe demasiado a “preceptiva y retrica” pero hay una ciencia acumulada del hecho literario, como la hay de todos los dems hechos constantes y no es cosa de andar renegando de la ciencia cada vez que nos cuadre. Si ciertos cultores de lo moderno tienden a refutar de “poesa pura” slo la que es profundamente subjetiva, ello se debe a razones histrico-psicolgicas, no de teora esttica. Y claro que ni ellos mismos se atreven a negar la calidad potica de Homero y Virgilio, del Romancero y el Dante, de Herrera y Wordsworth, por ms que lleven el acento sobre lo pico y descriptivo. Por este lado de la expresin, la calidad potica –aunque no el grado de esa calidad– est determinada por el solo intento de condensar la emocin en palabras, cualquiera que sea el acierto de esa condensacin o la profundidad del sentimiento que se expresa. Esta opinin puede parecer escandalosa pero la corrobora el juicio histrico. Lo de “buena” y “mala” poesa es de lo que ms sujeto anda hoy da a arbitrarios dictmenes. Se dice, por ejemplo, que no hay poesa buena y poesa mala, sino slo poesa. A m me parece que esto es como decir que no hay msica buena y msica mala, sino slo msica. Hace algn tiempo uno de nuestros mejores poetas modernos se tom el trabajo de averiguar lo que haba de potico en Plcido, y lleg a la conclusin de que no pasaba de unos cincuenta versos aislados. Segn eso, la crtica tradicional y la comn apreciacin han estado desbarrando desde hace un siglo. Con ese criterio, habra que repudiar las tres cuartas partes, si no ms, del patrimonio literario de la humanidad, y apenas habra razn para escribir historia “literaria” en un pueblo como el nuestro. Pero la verdad no es tan exquisita ni tan soberbia. La verdad es que todo en Plcido es poesa –mejor o peor, pero poesa, poieios, esfuerzo por recrear la emocin en palabras. Poesa es tambin Campoamor (a quien detesto) y la ms ingenua copla del pueblo. Tampoco es la profundidad de la emocin lo que determina la calidad poti-

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111ca. Se ha escrito mucha poesa sobre temas triviales. Lo que la salva como poesa en tales casos es el solo hecho de expresin condensada, –el hecho de constituir un modo de lenguaje esencial en que el sentido se capta por una rpida intuicin, sin los trmites discursivos de la prosa. Creo que as es como se explica el tan debatido misterio de la apelacin a la medida y a la rima, disciplina de contencin expresiva. Nada de eso, sin embargo, garantiza por s solo la gran poesa. La expresin potica se eleva a sus ms altos niveles, primero, cuando la condensacin es insuperable en su logro verbal, de modo que nada en ella parezca que pueda ser sustituido a los efectos de la expresin y la comunicacin; y en plano aun ms alto, cuando la emocin que as se expresa es de una particular profundidad. Veamos algn ejemplo. El maravilloso final del canto V de la Divina comedia en el que Dante recoge la vocacin melanclica, de Francesca, no hace sino trasladarnos un momento de nostlgica ternura harto comn en la vida amorosa. La gran poesa no est en la emocin –que muchos hemos experimentado sin ser poetas–, sino en la eficacia con que se evoca, con slo unos cuantos versos insuperablemente sugestivos, episodio famoso de la lectura entre los dos amantes; casi en aquel solo verso inmortal: ¡Quel giorno piu non vi leggemmo avante! (“Y aquel da ya no lemos ms”). Consideraciones semejantes pudieran hacerse sobre lugares innmeros en cualquier gran poeta. El primer plano de su eminencia es slo un logro verbal insuperable. Pero no es el plano ms alto. La poesa “mayor” ser siempre aquella en que esa perfeccin de lenguaje se pone al servicio de un sentido profundo. Ya sabemos que no se trata primordialmente de ideas. Una de las cosas que anda ya puesta en claro es que las ideas no son la sustancia de lo potico. Mas tambin aqu se ha cado en exageraciones irresponsables. Cuando se habla de “ideas” suele pensarse en “ideologa”, en doctrinarismos, en la reflexin ms o menos discursiva, y eso mas bien estorba que sirve a la poesa, a pesar de un Lucrecio y un Dante. Pero toda emocin potica est motivada por alguna forma de pensamiento. La expresin bruta de la emocin no es nunca potica. Lo que poetiza la emocin es el ser pensada, es decir, ponderada, ms o menos conscientemente. Por esto deca Valle Incln que en arte las cosas no son como son, sino como se recuerdan. Nadie escribe poesa en plena emocin –ni siquiera los romnticos. Mart deca que la poesa era la “distancia”. Ese alejarse, ese “recordar” la emocin significa, no slo revivirla, resentirla, sino traerla al plano de la conciencia, pensarla. Y aqu viene lo decisivo. La calidad ms alta de materia potica es aquella que, al ser ponderada, le revela al poeta motivos profundos y universales, races que la vinculan al misterio del hombre y del mundo –al sentido o “sinsentido” de la vida, del dolor, del amor, de la Naturaleza, de la muerte. Un poema en que el poeta nos cuente tal o cual experiencia sentimental –experiencia de amor, por ejemplo, que suele ser la materia ms socorrida–, podr ser poesa... mala;

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112podr ser poesa buena si la expresin verbal y simblica es impecable (y ya vendremos a eso); pero slo ser alta poesa en la medida en que a la emocin de mero episodio se sume la de la vida total como misterio. El misterio –eso es, en definitiva, el tema mayor de la poesa, como lo es de la filosofa. El sentir que somos “juguete del destino”, nufragos en una realidad infinita, indigentes de sustancia y claridad o necesitados de Dios; el no saber por qu el amor nos agita, la injusticia nos ronda y la muerte nos acaba; la aprensin de la inocencia trgica en los ojos de un nio; la solicitacin oscura de un paisaje y la desolacin de un camino; la voz que se nos pierde en el turbin de la propia conciencia y el anhelo que se nos ahoga en la marejada de nuestros sueos. Porque la poesa moderna –en sus manifestaciones ms inequvocamente grandes– se aventura con predileccin en esa zona misteriosa y casi inefable, soy un lector asiduo de esa poesa y creo que en ella la expresin potica ha alcanzado a veces alturas incalculadas. Pero la que as me impresiona es la que en efecto logra entregarme algn sentido dentro de ese misterio, la que logra comunicrmelo solamente, y sumergirme en un frrago de palabras y de imgenes. Por ah es por donde se plantea el problema de la “comunicabilidad”, sobre el cual tal vez le interese al lector que volvamos en otra ocasin.Sobre el dilogo LezamaMaach*Manuel Millor DazHe venido leyendo y releyendo el dilogo cuajado de irona y buda intencin entre dos hombres de letras: Lezama y Maach. Ambos, con estilos irreconciliables, son igualmente portadores de mensajes abiertamente contrapuestos. Se pudiera explicar esto perfectamente con la dialctica Hegeliana que, dicho sea de paso, ha servido para normar la vida de nuestro tiempo, en su doble faceta materialista y espiritualista. As a este tenor comprendemos perfectamente la inequvoca posicin reaccionaria de Maach y la avanzada solitaria de Lezama Lima que empieza a despertar la inquietud en torno de l. Se ha dicho que las ideas siguen el curso biolgico de la vida, como la sombra al cuerpo, caminando frente al gran astro de la verdad. Y con el mtodo psicobiolgico en la mano, tambin podramos cantar el responso al cadver espiritual de Maach. El mtodo dialctico tiene la ventaja, a nuestro entender, de que trabaja con hechos eternos, como son las ideas humanas. El psicobiolgico con hechos, relativamente ms transitorios, como es la materia en su perenne desdoblamiento y el inevitable ciclo de la descomposicin, convirtindose en carroa. El enfoque certero de L.O. [Luis Ortega] en su artculo de Prensa Libre poniendo de relieve el trascendental* Prensa Libre (La Habana) 20 oct. 1949:3.

PAGE 114

113acontecimiento “de la muerte de Maach a los pies de Lezama Lima”, tuvo la gran virtud de sacudir a los espritus alertas, que no haban oteado ese singularsimo fenmeno del hecho de la muerte de una generacin que Maach simboliza. De paso marcaba en la actitud de Lezama Lima una esperanza a la juventud presente y del futuro. Frente al cuadro aterrador de la vida cubana, con el exponente ms alto de su juventud totalmente desorientada, sin maestros, ni guas, Lezama Lima es como su poesa un smbolo vivo que pudiera marcar un nuevo punto de partida, semejante a aquel que un da marcaron en el destino de nuestra Patria los hombres de la Revista de Avance. Embebidos como estamos en los trajines de la pitanza a toda costa. Revueltos como tigres entre odios, ambiciones, divisionismos sin tasa, sin sensibilidad ni vibraciones en nuestra antena espiritual, este dilogo ha pasado desapercibido. La gran poca presente, grande por sus miserias, podra explicarse tomando al filsofo chino Lin Yutan que preconiz la importancia del Vivir, para que tirando a un lado su mensaje, se pusiera en prctica el Vivir sin importancia. Ese es el signo de la poca. Y es precisamente ah donde viene a desembocar inexorablemente este dilogo. Maach corroborando su muerte, con una irresponsabilidad propia de su filosofa y su verdad, repasa el tema con displicencia y elegancia de catedrtico opulento, en el ltimo nmero de la revista Bohemia Y all, una vez ms, esgrime su irona para referirse en tono despectivo a los quehaceres de Luis Ortega, quien en su actitud polmica reconoci sus desvos periodsticos y en un plano de absoluta igualdad le sali al paso al profesor Maach. No puede causar sorpresa que el Maach tambaleante slo encuentra asidero en la fina irona que tan bien maneja, en su tacha diaria a hombres que le son gemelos en el quehacer cotidiano, y que abanderados de ideales descendieron al igual que l a la arena polmica a defender “sus verdades” de espaldas a la fe. Los dolos de barro al caer emplean con largueza el arma de la negacin. Frente al paso arrollador de la verdad realizan el esfuerzo supremo del nufrago irremisiblemente perdido. No mueren calladamente como saben hacerlo los que como Cristo, portadores de un mensaje a las multitudes, saban que su fe los defendera y que sus ideales se salvaran, ya que ellos no fueron arquitectos de una fe e ideales para servicio personal sino de todos los hombres de todas las pocas. El artculo de Ortega, vigente por su sincera elocuencia y por su virilidad sealando con el ndice acusatorio a una generacin responsabilizada con la violencia, la prdida de la fe, el desprecio a la Repblica que fundaron los mambises, la quiebra del ideario democrtico-republicano, la traicin revolucionaria, el desenfreno y desorientacin de la juventud, la devaluacin moral, la incivilidad, el desorden y el caos, coloca sobre el tapete el candente tema de la frustracin revolucionaria, marcando la muerte moral e ideolgica de sus precursores de la Revista de Avance Con un sentido indiscutible de lo perecedero y lo imperecedero, de lo que se ha tornado en cenizas y de lo que es germen vital, replantea la tesis revolucionaria y

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114seala a Lezama como un ndice, que a la vera del camino, fragua en silencio un nuevo sentido potico, un estilo literario que hunde sus races en lo permanente de la cultura universal y que sin lugar a dudas tendr su traduccin popular muy pronto, arropando una fe nueva, algo que sustituya a la crisis presente y que haga a los cubanos mirar hacia horizontes desconocidos. Maach y los de su generacin, constituyen hoy la tesis carcomida, y ptrida que se revuelca en sus ltimos estertores. No importa que truene con los rayos de su negacin. Ni con su actitud de incomprensin de mentalidad presuntamente ahta de sabidura se levante como un santo laico imponiendo como norma “su verdad” para sealar las fronteras de lo cierto y de lo falaz. Lo cierto es su derrumbe inevitable. Lo falaz es su empecinamiento en persistir. La fe y el ideario de los hombres de la Revista de Avance se ha derrumbado porque estos artfices de la pluma y el verbo han sido los grandes sofistas de la Revolucin cubana. Nos ensearon un lenguje y un estilo nuevo. Pero nada ms. Sobre su habilidad de alquimistas que todo lo tornaban en oro al contacto con su palabra tersa y cantarina y de su prosa embrujadora, se ha levantado el bostezo y la indiferencia del pueblo. Y ya hoy se lee una pgina de Maach o se escucha una oracin suya con la misma indiferencia que se asiste al cinematgrafo a presenciar un drama conmovedor. A regreso nos hemos olvidado de todo. Es que, como muy certeramente dijo Lezama Lima, cambiaron la “fede por la sede”. Y de guas que un da se levantaron en la tribuna pblica trmulos de emocin a decir un mensaje nuevo que el pueblo esperaba con ansiedad, hoy se han convertido en actores de la farsa de nuestro tinglado poltico. Su huella se ha ido borrando y por lo contrario que sucede con el Apstol Mart que se agiganta con el tiempo, y su prosa y su verbo tienen un sentido ms all de la arquitectura de las palabras, la generacin de la Revista de Avance se empequeece hasta desaparecer totalmente. Es que la palabras sirven para expresar una gran fe y decir un hermoso ideario, pero ni la fe ni las ideas se hacen con palabras. Y eso lo ha olvidado Maach y la generacin de “Avance”.

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115Final sobre la comunicacin potica*Jorge MaachPuesto que Bohemia tiene lectores para todos los temas, y aun no pocos a quienes gusta descansar de lo poltico abrumador en lo cientfico y lo esttico, no se me tendr a mal que todava hoy aada un artculo –ya para terminar– a los dos que he publicado sobre materia potica a propsito del ltimo libro de Lezama Lima. Huelga decir que la cosa tiene cierta importancia cubana. No trascendemos mucho al exterior, o a la Historia, por nuestros episodios polticos, sino por la cultura. Heredia o Julin del Casal –y no digo ya Mart, que atendi en grande a los dos menesteres– han hecho ms por el prestigio cubano que toda la fauna menuda, y mucha de la mayor, en nuestra vida oficial. Que se cultive en Cuba poesa buena es cosa tan importante, por lo menos, como el que la Nacin est bien gobernada, y, desde luego, mucho ms importante que la fortuna, prspera o adversa, de tal o cual bandera o rengln administrativo. Traspuesto ya, a guisa de vestbulo, ese honorable lugar comn, podemos preguntarnos: Qu manera de expresin potica le dara hoy a Cuba ms gusto, ms edificacin espiritual y ms prestigiosa resonancia? Por ventura esa que vienen haciendo los Lezama Lima y sus cofrades? Con todo respeto yo ya he aventurado mis dudas. Y quiero ya aqu salirle al paso a ciertas suposiciones, tan oblicuas como menguadas, que no se han exteriorizado en letra de molde, pero s en corro de maledicencia, lo bastante para traerme la burda especie de que a m me “duele” la fama ajena. Suciedades como esa no debieran, tal vez, recogerse. Pero no estar de ms decir que se tiene que ser muy enano de espritu, y muy romo de inteligencia, para no gozarse uno con que su patria ofrezca al mundo el mejor despliegue posible de triunfo y talento. Todos los aos voy a ensear letras al extranjero, y nada me da ms gusto que hacerme lenguas de lo bueno que en Cuba se est haciendo, como no sea or que la gente de fuera nos celebra lo bueno que tenemos. Y eso, hasta por egosmo. Pues aunque uno sea bien poca cosa, tiene mucha ms gracia ser “alguien” entre muchos que valen, que no el hacer alguna fortuna entre indigentes. No es, pues, que deje de reconocerles a esos poetas nuevos su talento. Tan lejos estoy de ello, que los considero, por la novedad e intensidad de su inspiracin, por el refinamiento de su cultura, por la austeridad de su dedicacin, por su dominio de los recursos verbales, por su prurito mismo de novedad (ya vimos qu importancia tiene esto) tal vez la generacin mejor dotada para la poesa que Cuba ha dado. De manera que no se trata de negarlos; se trata nada ms que de deplorar, por lo que pueda servir, el que esos poetas insistan en drsenos de un modo que, para simplificar, he llamado “ininteligible”.* Bohemia (La Habana) 41(43):56,112-113; 23 oct 1949.

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116C laro que esto, esto de “no entenderlos”, se ha de tomar relativamente. Cuando un lector tiene sensibilidad para la poesa, siempre capta, ms o menos, el sentido general de la expresin en un poeta genuino. Ve, al menos, lo que “quiere decir”, qu mundos de emocin trata de revelar por medio de las palabras. Si esa comprensin nos falla a veces, en algn lugar donde el poeta se ha expresado con demasiada arbitrariedad o hermetismo, siempre nos percatamos siquiera del sesgo general de su intencin, y lo as revelado nos compensa entonces un poco de lo no entendido. Pero la faena total nos deja en el nimo una especie de admiracin irritada, de fatiga intelectual por el esfuerzo descifrador a que nos hemos visto sometidos. Y muchos lectores inteligentes y de buena voluntad hay, por supuesto, que se niegan a ese esfuerzo, por que no creen que la poesa deba ser un criptograma, o una carrera de obstculos. Como se ve, ms que de una poesa totalmente “ininteligible” –que no nos autorizara a ningn elogio–, se trata de una poesa sembrada de momentos absurdos y, por tanto, fatigadora. Poesa “difcil”, no ya con aquella famosa dificultad de las “Soledades” gongorinas o del “Cementerio Marino” de Valry, en que hasta el verso ms elusivo acaba siempre por entregar su sentido si se tiene la necesaria paciencia y cultura para recibirlo, sino con la dificultad impenetrable de los mltiples lugares en que el poeta, sindolo de veras, se ha contentado, sin embargo, con la pura expresin, sin generosidad comunicativa alguna. Esto nos trae el enlace necesario con el ltimo artculo. Ya vimos lo que la poesa es como expresin (no porque yo lo diga, recurdese, sino porque as se ha revelado ella misma siempre a lo largo de la historia). Pero la expresin potica se frustra, o por lo menos se queda reducida a su pura funcin de “catarsis”, de sangra espiritual, como decamos, si no aspira a algo ms: si no aspira tambin a comunicar la emocin del poeta ante el mundo. Siendo como es la materia potica una experiencia emocional que ya por su misma pureza y profundidad, se halla en el plano de lo inefable, de lo que no puede expresarse, apenas tendra sentido que el poeta quisiera ponerla en palabra si no fuese para compartirla con sus semejantes. Cierto que a veces en la poesa mstica, por ejemplo, parece como si no se aspirase a otra cosa que al soliloquio absoluto. Pero aun entonces se trata ms bien de un dilogo del poeta con Dios, y no obstante, que se dirige a una comprensin tenida por infinita, hay como una humillacin voluntaria del alma religiosa dentro de los lmites del verbo. Ni San Juan de la Cruz, que dijo las cosas ms altas que se han dicho jams en verso, renunci a la claridad de su propia expresin. Una poesa a la cual no le importase ser entendida de otro que del poeta mismo, quedara ahogada por su misma profundidad, reducida al silencio, al grito o a la absoluta incoherencia. Por lo dems, ese afn comunicativo est bastante acreditado tambin en la historia. Hasta los poetas ms ariscos, ms recnditos, han gustado de algo ms que poner en papel sus versos: los han ofrecido al gusto ajeno; y hay mucho indicio del enojo que a veces les daba el

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117no ser “entendidos”. La poesa no era slo un testimonio del poeta ante s mismo, era tambin un mensaje al prjimo. Aspiraba a que el mayor nmero de almas posible supiese de la propia experiencia fruitiva o desolada. Era ms que un alivio ntimo: un tratar de salvarse el hombre en el hermano hombre. No s qu vago sentimiento de solidaridad humana la animaba, y precisamente por eso los pueblos pagaban a sus poetas con admiracin y con amor, ya que se sentan consolados por ellos, o edificados, o noblemente enardecidos. Que el romanticismo exagerara eso con sus excesos confesionales y sus pujos mesinicos, a veces tan vacuos y palabreros, en nada merma la validez de esa generosidad comunicativa que el poeta senta hasta como un deber. No pertenece esa solidaridad a la esencia misma de la forma potica? Se ha dicho que el poeta no piensa por conceptos sino por imgenes. Y, por debajo de la funcin superficialmente explicativa que antao se le sola atribuir, qu sentido tiene la imagen, recurso primordial del poeta, sino ese de unir lo disperso, de enlazar lo distinto, de asimilar lo incoherente, como para reivindicarnos la conciencia de la integridad del Ser, tan comprometida por las apariencias y los episodios del mundo? Tomemos un ejemplo viejo y elementalsimo, aunque sea acudiendo a Nez de Arce. Cuando el poeta dice: La luna, cual hostia santa, lentamente se levanta sobre las olas del mar, es ridculo pensar que el imaginarnos la elevacin de la hostia en el altar nos ayude a visualizar mejor la ascensin de la luna en el cielo. Lo que el poeta en realidad procura es comunicarnos su sentimiento religioso re-ligador, de la Naturaleza: la emocin que ante ella tiene como de algo sagrado, pues hay un pantesmo difuso en casi toda poesa. A ese efecto, el poeta viejo se vali de una comparacin muy obvia, autorizada por una semejanza visual que a nadie se le escapa. Todo esto se extrema en la poesa nueva, y la exageracin contribuye mucho a explicar su “dificultad”. Abunda ella en el lenguaje imaginfero hasta el punto de haber casi excluido de su expresin el discursivo o discreto. Esta acentuacin de las imgenes, de los enlaces, es precisamente un testimonio del ansia de profundidad en la nueva poesa; pero tambin un camino hacia la oscuridad. Cuanto ms se ahonda en el ser de las cosas, ms se llega al centro comn de ellas, en que todas las sustancias se funden. La poesa moderna aspira a suprimir toda superficie, toda periferia. Y no slo hace de todo su lenguaje imagen, sino que quiere, adems, llevar la imagen hasta sus ltimas posibilidades. La intuicin penetrante del poeta prescinde de las semejanzas lgicas y sensibles, en que an se apoyaba Nez de Arce, y asocia audazmente, violentamente, las cosas ms dispares. Adase que la realidad misma que as trata de unificar el poeta se ha ensanchado y profundizado: no es ya slo la realidad externa que los sentidos perciben, ni slo la interna que aflora a la conciencia y que la introspeccin lcida aprehende, sino tambin la realidad de ese mundo tenebroso de lo subconsciente, que slo se manifiesta de un modo

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118catico en los sueos, o se proyecta turbiamente en los fantaseos de la vigilia. Cmo no ha de ser siempre un poco oscura la nueva poesa? Yo no dudo que el poeta tenga derecho a concentrar en el verso esas nuevas dimensiones de la experiencia para las que Freud reclam tanta atencin. En un artculo reciente a propsito del libro ltimo de Labrador Ruiz, Trailer de sueos, escrib: Que esto –el surrealismo, por llamarlo convencionalmente– sea materia digna de la expresin artstica, podr discutirse y, de hecho, despus de mucha beatera apologtica con que se acogi en la poca ya lejana del deslumbramiento freudiano, est ahora siempre muy discutido, a veces sin entusiasmo alguno. Personalmente, creo que al arte nada humano debe serle extrao. Si hay un modo de experiencia vital que no se produce en los niveles lcidos, sino en esos soterrados estratos; si eso es parte de nuestro sentir, nadie podr negarle al escritor su derecho a expresarlo con los varios recursos de la palabra. El problema no es, pues, de licitud ; es sencillamente, un problema de arte, de eficacia expresiva y comunicativa, y, a lo sumo, es tambin cuestin de que esa materia, eficazmente elaborada, nos guste, o no nos guste. Ahora bien: a eso hay que aadir que si el “subconscientismo” ha enriquecido considerablemente el arte moderno por tratarse de una zona temtica ms, tambin ha hecho estragos en l, por su tendencia a devorar toda la inspiracin y toda la expresin. El “surrealismo” no es sino la esttica de lo freudiano, de lo subconsciente: y esa esttica no se ha contentado con reducirse a lmites de escuela, sino que ha querido invadir el arte todo. Ocurre entonces que sus temas y los recursos de que ella se vale han proliferado desmesuradamente. Las asociaciones incoherentes de imgenes, que conjugan lo sublime con lo vulgar, la estrella con la cloaca, el ngel del ala con el ncubo, quieren extenderse a toda poesa, como en pintura, el recurso legtimo de la deformacin expresiva se extrema para llenarnos los cuadros de perfiles viscerales o larvarios. No negar que esa influencia ha contribuido mucho a darle al poema de hoy – en Neruda el chileno, en Aleixandre el espaol, en Octavio Paz el mexicano, para citar slo unos cuantos ejemplos eminentes de nuestro idioma– extraordinaria fuerza expresiva. En su ltimo libro Libertad bajo palabra que tiene poemas hermossimos, Octavio Paz ofrece un “Homenaje a D. A. F. Sade” titulado “El Prisionero”. En l leemos: Muerte o placer, inundacin o vmito, Otoo parecido al caer de los das, Volcn o sexo, Soplo, verano que incendia las cosechas, Astros o colmillos, Petrificada cabellera del espanto, Espuma roja del deseo, matanza en alta mar, Rocas azules del delirio, etctera, etctera; y uno siente que, por medio de esa misma exasperacin metafrica, el poema se colma de fidelidad a la turbulenta representacin del

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119poeta. Con palabra delirante no slo se expresa, sino tambin se nos logra comunicar, la siniestra aberracin de los sentidos... en el seor de Sade... Y as Neruda en su famoso poema “Entrada a la Madera”, tan resonante misterio csmico, o en su prodigio pico-filosfico inspirado en las alturas de Machu-Pichu. O Aleixandre, en los momentos ms logrados de su libro Espadas como labios Pues bien: ese sentir uno lo que el poeta quiere decir, y sentirlo con plenitud y continuidad, es lo que atestigua la virtualidad comunicativa. Milagrosamente, el poeta ha inventado un lenguaje que sera tambin nuestro lenguaje si furamos poetas y tuviramos que comunicar a los dems su misma emocin, sus mismas representaciones. La forma empleada es –para decirlo en jerga filosfica– necesaria, no contingente. Sentimos que nada en el verso puede ser sustituido, por violento que parezca. Sobre esto de la “sustitubilidad” puedo aqu traer indiscretamente a colacin una ancdota de Juan Ramn Jimnez. Una vez en Nueva York, el gran poeta me hablaba mal de Neruda. Para probarme que la poesa del chileno era irresponsable, record uno de sus versos –que se saba de memoria– y dijo: “Ver usted cmo todas las palabras se pueden sustituir y resulta lo mismo”. Maravillosamente hizo la mutacin verbal, y, en efecto... no result lo mismo. Pero como era un gran poeta quien sustitua, el verso as improvisado result hermossimo y con su propia irradiacin semntica, a pesar de la voluntad de disparate que Juan Ramn haba puesto en ello. Neruda no quedaba negado, sino justificado. La incoherencia comunicativa –ah est el secreto. Pero, cmo se logra esa comunicacin? Yo no soy poeta, pero puedo hablar como lector; y como lector advierto que el sentido cabal de un poema nuevo me llega cuando toda la construccin de palabras y de imgenes conspira, por as decir, a favor de ese sentido nico. Por lo mismo que en el poema moderno las palabras no estn empleadas casi nunca con su significado lgico convencional, sino con toda la irradiacin de significados cercanos o lejanos, que a cada una de ellas se asocia, importa mucho que las palabras (y las imgenes y alusiones) no se estorben entre s, sino que, por el contrario, se concierten para determinar el sentido supralgico del poema. Es la misma tcnica que emplea el pintor moderno para lograr una estructura lineal y cromtica dentro de lo que, a primera vista, no es sino un caos de elementos plsticos. El “no parecerse” a la naturaleza equivale, en pintura, a la ausencia de sentido convencional y directo en poesa; esa es precisamente la novedad y la libertad expresiva y creadora del arte moderno. Pero esa misma libertad supone, como todas, una disciplina, una estructura, una armona. Cuando tal cosa se logra, entonces el poema y el cuadro moderno “se entienden”. Lo que no se entiende es la imaginera que no presenta –si es que la tiene– unidad alguna por debajo de su incoherencia; los versos que nos impresionan como una pura anarqua de palabras, de tropos, de alusiones; el poema cundido de trechos impenetrables, donde un giro demasiado violento, una referencia demasiado hermtica, una palabra puesta

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120a la diabla, nos disuelven sbitamente la intuicin cumulativa del poema. Pudiera poner no pocos ejemplos domsticos y de fuera; pero creo que no hace falta. Dudo mucho que esa poesa –que sin duda lo es intrnsecamente, aunque carezca de virtualidad comunicativa–, le rinda un sentido cabal a nadie (ni siquiera a los compaeros de cenculo) como no sea a travs de una jadeante “exgesis”. Se dir que lo mismo ocurre con el Gngora “difcil”. Pero no. En l, como en Valry, la exgesis lo es de veras: consiste en una revelacin de sentidos presentes, aunque poco manifiestos. No es una atribucin gratuita de sentidos a lo que no lo tiene en s, o lo tiene slo para el poeta. No es un fiat pontifical. Por el camino de ese autoritarismo “genial” –que la irracionalidad de nuestro tiempo tanto favorece– se va a la irresponsabilidad en que est cayendo mucho del arte nuevo: a la superchera de lo original, al rompecabezas esttico, a la sublimacin snobista del puro disparate; en fin, a una desmoralizacin absoluta del gusto como factor de ennoblecimiento espiritual. Si por decir esto, por haberles llamado respetuosamente la atencin sobre esto a “ciertos” poetas nuevos cubanos cuyo talento intrnseco soy el primero en admirar, se me tacha de insensible o de “atrasado”, al menos quedar con mi conciencia tranquila. Ya el tiempo dir. Ganada o perdida, habr sido esta una batalla ms por la diafanidad y fecundidad de nuestra cultura.Jorge Maach y nuestra poesa*Cintio VitierEn su ltimo artculo publicado en la revista Bohemia el doctor Jorge Maach se hace la siguiente pregunta: “Qu manera de expresin potica le dara hoy a Cuba ms gusto, ms edificacin espiritual y ms prestigiosa resonancia?”. Pero, con todo respeto sea dicho, la crtica no est para hacer conjeturas en el vaco sino para explicar lo que la realidad nos ofrece de un modo irrechazable. La pregunta adecuada en boca de un crtico sera: Cmo es la poesa cubana de hoy y por qu es as? Pues si algo hay siempre necesario e insustituible con relacin a cada momento de la historia de un pas, ello es su expresin potica. Enseguida el doctor Maach en su artculo se refiere a “los Lezama Lima sus cofrades”, poniendo muy en duda que cultiven la poesa conveniente. Y quines son estos cofrades? Ser uno de ellos Eliseo Diego, cuyo reciente libro En la Calzada de Jess del Monte nos entrega un verso llano, grave y difano como la vida en los viejos patios criollos? Ser otro el padre ngel Gaztelu, ancho y luminoso de expresin como las tardes celestes del pueblo en que tiene su parroquia? O Gastn Baquero, el autor de textos lmpidos y magistrales como “Octubre”? O tal vez Octavio Smith, con su escritura minuciosa, exhaustiva de su propia fbula? O Lo-* Diario de la Marina (La Habana) 26 oct. 1949:4.

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121renzo Garca Vega, estallante de intuiciones y epifanas? S, todos ellos, y algunos ms, deben ser sin duda los cofrades de Lezama a que el doctor Maach alude vagamente, y a quienes muestra como cultores indiferenciados de la oscuridad gratuita, de la incoherencia total e inexportable. Pero he aqu que al mismo tiempo escribe: No es que deje de reconocerles a esos poetas nuevos su talento. Tan lejos estoy de ello, que los considero, por la novedad e intensidad de su inspiracin, por el refinamiento de su cultura, por la austeridad de su dedicacin, por su dominio de los recursos verbales, por su prurito mismo de novedad (ya vimos qu importancia tiene esto), tal vez la generacin mejor dotada para la poesa que Cuba ha dado. De manera que no se trata de negarlos; se trata nada ms que de deplorar, por lo que pueda servir, el que esos poetas insistan en drsenos de un modo que, para simplificar, he llamado ininteligible. (¡No es nada la simplificacin...!). Ante este prrafo asombroso, lo primero que a uno se le ocurre, despus de tomar respiro, es preguntar al doctor Maach cundo se ha dado el caso de que un poeta de talento desconozca la forma en que ha de expresarse. Porque si para algo sirve el talento, y ms el potico, es justamente para conocer y realizar sus propias posibilidades de viabilizacin. Un poeta slo puede frustrarse por falta de cultivo, de intensidad o de rigor en la expresin de lo que tiene que decir; pero esto ltimo nicamente nos es dable saberlo por l mismo. Resulta definitivamente absurdo decir de alguien que es un poeta de mucho talento (y encima con “el dominio de los recursos verbales”) y a la vez que no sabe lo que tiene que escribir, ni cmo lo tiene que escribir. En segundo trmino, de dnde ha extrado el doctor Maach los datos para afirmar que esta es “tal vez la generacin mejor dotada para la poesa que Cuba ha dado” si confiesa una y mil veces que lo que esta generacin escribe le resulta “ininteligible”? Porque despus advierte que “esto de no entenderlos se ha de tomar relativamente”, pero al final nos convencemos de que esa relatividad nicamente beneficia a Gngora, Valry, Neruda o Aleixandre, ya que a “los Lezama Lima y sus cofrades” les falta, no ya la simple virtud de la expresin coherente, sino hasta “la incoherencia comunicativa”! Y cmo ha podido el doctor Maach percatarse de nada, y menos de algo tan preciso como la supuesta imparidad de una generacin, a travs de la noche oscura de la ininteligible? Ser conocimiento mstico, o ser delicada generosidad con que ha querido suavizarnos su severo juicio? Porque si un grupo de personas, a pesar del “refinamiento de su cultura” y “la austeridad de su dedicacin”, hace una poesa ilegible, lo correcto sera concluir que esas personas no han sido ni remotamente dotadas por la gracia de los dioses para el menester potico. En trance de explicar de algn modo tantas oscuridades, el doctor Maach

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122(animado siempre, no lo dudamos, de la mejor buena fe), tiene que elaborar una extraa y confusa teora de la expresin separada de la comunicacin, segn la cual es posible que en un poema “intrnsecamente” haya poesa, pero que esa poesa no tenga ningn sentido ni pueda llegar a nadie. Pero no es la poesa trascendente por definicin? Es concebible una poesa puramente intrnseca, tan tmida que no salga del poema ni a los mayores y ms finos requerimientos? Y cmo si no llega a nadie (por carecer de toda “virtualidad comunicativa”) puede nadie decir que exista, ni siquiera “intrnsecamente”. Y en qu puede consistir una poesa por intrnseca que sea, si no tiene ningn sentido? Diga el doctor Maach, como lo dijo en su primer artculo sobre este asunto, que padece de incapacidad de fruicin con respecto a los poetas de Orgenes –entre los que hay temperamentos claros y oscuros, atormentados y serenos, y que slo se agrupan y unifican por el fervor absoluto hacia la poesa. Esa declaracin suya es sincera, exacta y tal vez inevitable. Pero no haga crtica ininteligible. No nos d una leccin confusa.Breve rplica a Cintio Vitier*Jorge MaachCintio Vitier trajo antier a esta plana un eco de la discusin que en Bohemia he venido sosteniendo acerca de “cierta” poesa nueva en Cuba. No es cosa de volver a enfrascarnos aqu en cosas ya dichas, y claramente dichas. Pero s importa un poco recoger brevemente y una a una las observaciones de Vitier, siquiera sea para no quedar suspecto de irresponsabilidad. Porque yo pregunt “qu manera de expresin potica le dara hoy a Cuba ms gusto, ms edificacin espiritual y ms prestigiosa resonancia?, Vitier opina que “la crtica no est para hacer conjeturas en el vaco, sino para explicar lo que la realidad nos ofrece de un modo irrechazable”. Contesto: la crtica est no slo para “explicar” eso – cosa que intent hacer en mi ltimo artculo al hablar del grado inevitable de oscuridad que toda nueva poesa conlleva, y de lo mucho que el suprarrealismo a veces se lo agrava–, sino que tambin est la crtica para enjuiciar lo que se ofrece. Crtica que no valora, no cumple –y enseguida recordar por qu– ms que la mitad de su tarea. Y una de las maneras de valorar la “cierta” poesa de marras es preguntarse si es la que ms gusto, ms edificacin espiritual y ms prestigiosa resonancia le producira hoy a Cuba, y contestar que no, y decir en qu se funda uno –todo lo cual yo he hecho.* Diario de la Marina (La Habana) 28 oct. 1949: 4.

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123Vitier parece hallar contradiccin entre mi referencia a “los Lezama Lima y sus cofrades”, y mi reconocimiento de que estos poetas nuevos son “tal vez la generacin mejor dotada para la poesa que Cuba ha dado”. Es decir, no comprende que se les pueda reconocer talento a poetas a quienes “no se entiende”. Que ciertos plumferos adventicios tomaran mi “no entiendo” al pie de la letra, se entiende; pero que tal entienda Vitier, no lo entiendo. Ni un pice quito del elogio que, desde mi primer artculo, dediqu a los momentos de indudable logro potico de un Baquero, un Gaztelu, un Vitier, del propio Lezama (y la enumeracin no fue taxativa). Pero no puedo aceptar la tesis de Vitier segn la cual el talento potico es necesariamente infalible en todos sus empeos, o en la totalidad de cada empeo dado. Segn eso, no habra derecho a opinar que a veces Shakespeare es artificiosamente cultista, tedioso Dante, prosaico Jorge Manrique, desmayado Garcilaso, pujador de conceptos Gngora, como ya se lo dijo Lope de Vega, pedregoso Unamuno y sobreintelectualista Valry, con ser todos ellos grandes poetas. Sin el derecho a tales reparos, la crtica no tendra razn de ser (porque el poeta – dice Vitier– siempre sabe lo que hace), o slo tendra una funcin descriptiva y apologtica. Si eso es lo que quiere decir Vitier, por ah poda haber empezado. Pero no. La aceptacin in toto es una de las formas de la beatera, que tambin se da en literatura. La crtica est en el derecho de velar, entre otras cosas, porque la poesa tenga una eficacia no slo expresiva sino tambin comunicativa Vela por los derechos del consumidor de poesa, si se me permite expresarme burdamente. Y le incumbe decir, en nombre de ese consumidor, que “cierta” poesa nueva resulta fatigosa de leer y azarosa de gustar por ser a trechos absurda. Absurda, no porque no tenga sentido para el poeta, sino porque ese sentido no se ha hecho suficientemente explcito dentro del misterio que toda poesa envuelve. Ese “a trechos” lo subray mucho en mis artculos, y no me parece leal de Vitier el ignorarlo. Desde mi primer comentario mostr cmo en un poema de Lezama –el primero de su ltimo libro– un pasaje de sentido metafrico “logrado con mucha energa y novedad” segua a unos versos que no voy a reproducir de nuevo, para que no se me acuse de separarlos del mbito semntico del poema; pero que, aun dentro del sentido general de este, resultaban totalmente ininteligibles. Como eso no es un caso aislado, sino que se repite mucho en la obra de casi todos estos nuevos poetas nuestros, creo que hay derecho a pedirles que no nos torturen tanto el seso o la sensibilidad a cuenta de la belleza que nos dan. De extraa y confusa tacha Vitier mi teora de “la expresin separada de la comunicacin”. No es tan ma la tesis como l supone: muchas ideas semejantes hallara, por ejemplo, en un libro que le recomiendo del excelente crtico ingls John Livingston Lowes, titulado Convention and Revolt in Poetry Por lo dems Vitier est en su perfecto derecho de desestimar la tesis, como yo lo estoy para enjuiciar aquella poesa del modo como lo hago. Pero a muchos otros lectores desapasionados la teora les ha resultado clara. Y yo no me ex-

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124plico que una inteligencia tan fina como la de Vitier, y sobre todo un poeta como l, no advierta que todo poema es, antes que nada, un ensueo, una imagen, una intencin (lo que Jean Hytier, agudo exgeta de Paul Valry por cierto, llam en su libro Le plaisir potique Pars, 1923, “el poema interior”), y que lo dems, el poema escrito, es ya la realizacin, ms o menos lograda, de esa experiencia. No: yo no creo que la poesa sea “trascendente por definicin”, como dice Vitier. Creo, al contrario –si es que tenemos que usar jerga filosfica– “inmanente”, y que slo el arte la hace trascender. Toda mi “teora” consiste en reclamar que la realizacin artstica logre, en efecto, hacernos partcipes en satisfactoria medida de la intencin potica. Es esto mucho pedir? Termina Vitier pidindome que diga, como lo dije en mi primer artculo que padezco de “incapacidad de fruicin” respecto a los poetas de Orgenes declaracin que reputa de “sincera, exacta y tal vez inevitable”. Siento defraudar un poco a Vitier; por lo visto, tiene el temperamento demasiado grave para captar ironas. Lo que yo dije es que pudiera ser que se tratase de una incapacidad ma de fruicin, o de una extralimitacin de los poetas de marras Y claro es que mi modestia no llega al extremo de suponer lo primero, pues tal sospecha me hubiera disuadido enteramente de escribir sobre el asunto. Antes de que Vitier naciera, ya estaba yo gozndome mucho en la poesa nueva, y defendindola a capa y espada, como he defendido toda la nueva esttica y sus logros en Cuba, cuando han sido buenos. Lo que no puedo admitir, ni lo he admitido nunca, es que todo lo nuevo sea bueno por el solo hecho de ser nuevo, o que una obra nueva y buena en la intencin no pueda sobregirarse en la “novedad” hasta el punto de caer en deformaciones sin sentido –si de plstica se trata– o en hermetismos impenetrables, palabrera abigarrada y hasta prosasmos banales, si es obra potica. En definitiva, la protesta de Vitier es porque yo no considero a estos jvenes perfectos, como por lo visto se consideran ellos. Pero tal vez decir lo que dije sea el mejor modo de ponerlos en camino de que lleguen lo ms cerca posible de la perfeccin, podndoles un exceso de complacencia nacido de ese “cenaculismo” que tanto les aparta del hermano hombre y de la comn medida humana. Por lo dems, crea Vitier que no estoy solo, ni mal acompaado, en estas apreciaciones.

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125Jorge Maach y nuestra poesa II *Cintio VitierEn su respuesta a mis razones y preguntas, el doctor Maach recuerda que la crtica no tiene slo que explicar, “sino que tambin est la crtica para enjuiciar lo que se ofrece”. Nunca he pretendido yo negar esa funcin. Lo que s he pretendido es que el enjuiciamiento de nuestra poesa por parte del doctor Maach, resulta confuso. Y ahora, leyendo su rplica, he comprendido mejor la verdadera causa de esa confusin. Slo una crtica que parte intuitivamente del centro de la obra criticada, puede ser justa y clara. No quiere decir que sea siempre apologtica: puede, incluso, ser muy dura y negativa para ciertas especificaciones viciosas de aquel centro, precisamente porque lo conoce. Pero el doctor Maach no parece haber tenido nunca una comunicacin directa con la raz de los poetas a que alude; lo cual desde luego, no es ningn pecado, pero s le quita autoridad para enjuiciarlos. Porque si la explicacin tiene que preceder al juicio, el conocimiento amoroso (y yo creo que no hay otro) tiene que preceder a toda explicacin en el reino de la poesa. Y no es cierto, por otra parte, que el doctor Maach haya intentado siquiera explicar la nuestra. Sus observaciones han girado en torno a la potica nueva en general, utilizando las tesis de notables profesores sobre la obra de poetas como Gngora, Valry, Aleixandre o Neruda. Esto es lcito e instructivo, pero no es explicar la orientacin de nuestra poesa en sus problemas especficos y dentro de su marco geogrfico e histrico. En sntesis, el doctor Maach ha dicho que hay un consensus ms o menos didctico sobre la nueva poesa, que ese consensus consiste en tales o cuales ideas, y que ni aun a la luz de esas ideas se justifica la escritura de “los Lezama Lima y sus cofrades”. Tampoco es cierto, si atendemos lealmente al verdadero espritu de sus artculos, que l diga que nuestra poesa es ininteligible a trechos, sino ms bien que es clara a trechos. Y eso con una claridad que no se organiza suficientemente, ni da cuenta de la intencin total. He aqu sus palabras en la carta a Lezama: “Y le mentira, amigo Lezama, si le dijese que fueron esas muy gratas lecturas, o que saqu mucho en limpio de ellas”. A continuacin hace las consabidas excepciones que fatalmente confirman la regla. Y la regla es aqu la ausencia de toda “virtualidad comunicativa”. El doctor Maach se sorprende tambin de que yo tome su “no entiendo” al pie de la letra. Pero cmo voy a tomarlo si l mismo dice que duda mucho que esa poesa “le rinda un sentido cabal a nadie (ni siquiera a los compaeros de cenculo”)? Si esto no es calificar a una poesa de inteligible, baje Dios y lo vea. Ni yo he dicho, segn el doctor Maach escribe para refutarme, que “el talento potico es necesariamente infalible en todos sus empeos, o en la totalidad de cada empeo dado”. Lo que he dicho* Diario de la Marina (La Habana) 30 oct. 1949:

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126es que “un poeta slo puede frustrarse por falta de cultivo, de intensidad o de rigor en la expresin de lo que tiene que decir; pero esto ltimo nicamente nos es dable saberlo por l mismo”. En esto ltimo es en lo que yo creo que el poeta es infalible; a saber, en la visin de cul tiene que ser su testimonio y su camino. La crtica carece de facultades para censurar esa visin, si previamente admiti que se trata de un poeta de veras; en cambio, puede enjuiciar severamente las desviaciones con respecto a esa visin, debidas a “la falta de intensidad o de rigor”. En suma, yo creo que es el centro del poeta en cuestin lo que debe interesar primero al crtico. A partir de la captacin amorosa y desinteresada de ese centro a partir de la aceptacin intelectualmente absoluta de ese centro a partir de la aceptacin intelectualmente absoluta de ese centro que es, a la vez, la form a esencial del poeta y lo nico infalible que hay en l, la crtica puede no slo explicar, sino tambin enjuiciar y censurar. Mxime cuando los defectos de un poeta son siempre las deformaciones de las virtudes de su centro. As, para utilizar los ejemplos del doctor Maach, el prosasmo de Manrique no es otra cosa que la deformacin (la “falta de intensidad y de rigor”) de su llaneza; lo pedregoso de Unamuno la deformacin de su reciedumbre; el sobreintelectualismo de Valry la deformacin de su agudeza potica, etc. Es el creador, en ltima instancia, quien le da la pauta al crtico para enjuiciarlo segn lo que constituye su propia esencia. Pero el doctor Maach no nos ha dicho cul es para l la esencia de la poesa de Jos Lezama Lima, de Eliseo Diego, de Gastn Baquero o de Octavio Smith. Y quiere desde afuera basado en ilustres generalidades y no en un conocimiento ntimo, sealar sus errores. Pero como esto es imposible (no porque no existan esos errores, sino porque ese no es el modo de hallarlos), tiene que liquidar su juicio aventurando que esta poesa, no obstante poseer sus cultores un gran talento, no es la que debiera hacerse. No se trata, pues, de que ciertas manifestaciones de esta poesa sean errneas o de baja calidad, sino de que su orientacin germinal es descaminada. Y esto yo no lo puedo admitir por dos razones: la primera, porque el doctor Maach en ningn momento estudia cul sea esa orientacin especfica de nuestra poesa; y la segunda, porque pienso que en lo esencial de su orientacin no puede equivocarse, un poeta genuino. En cuanto a la teora de la expresin que se desliga de la comunicacin, fundado siempre en ella (y con el apoyo del excelente crtico ingls John Livingston Lowes), el doctor Maach afirma que no cree que la poesa en principio sea trascendente, sino al contrario, inmanente, “y que slo el arte la hace trascender”. De esto, en efecto, se trata, de que el arte la hace trascender. Cmo hablar entonces de poesa inmanente, no ya en el poeta, sino en el poema mismo? Qu poema puede ser aquel que no hace que la poesa trascienda? Por mi parte pienso que desde su mismo nacimiento la poesa se configura como un salto hacia la trascendencia incesante, y que en todos los momentos de su encarnacin es fiel a ese impulso en que reside. Pero cualesquiera que sean las opiniones sobre este

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127punto, no cabe duda de que poeta es el hombre que hace trascender a la poesa, y poema el sitio desde donde la poesa trasciende. Si nada de esto ocurre, no hay comunicacin ni hay expresin: la poesa no se ha realizado. Finalmente, aseguro al doctor Maach que los jvenes aludidos no cometen la puerilidad de considerarse perfectos, ni viven en otro apartamiento que el necesario a la ndole de su labor. En esa labor, con independencia de la calidad de sus frutos, estimo que se est cerca del hombre en una dimensin ms profunda y esencial que en otras actividades ligadas a las vicisitudes transitorias de lo humano. Y no es por exceso de complacencias cenaculares que yo rechazo su crtica, en la que figuran elogios que nadie haba hecho antes. La rechazo, al contrario, por considerar (siempre con los mayores respetos personales hacia el doctor Maach) que no es coherente ni cumple las exigencias de una crtica rigurosa.Coquetera intelectual*Luis OrtegaJorge Maach es un hombre que pretende quedar bien con todo el mundo El autor de aquel maravilloso reportaje sobre Pepito Mart es un periodista amable, decidor, anecdtico, pero siempre sujeto a transacciones. Yo sospecho que algn da acabar en cronista social. Maach inici una discusin que ya se prolonga ms de la cuenta. (Alguien aludi un da, incisivamente, a los tingladillos que suele levantar el polifactico intelectual para sostener su seoro). Quiso hacer burla de Lezama Lima y sus cofrades y dijo, poco ms o menos, lo siguiente: “Yo puse el huevo del arte nuevo en Cuba. Yo soy el que ms sabe de estas cosas aqu. Yo soy el maestro. Y yo no los entiendo. Luego ustedes son unos idiotas”. Naturalmente, el maestro no fue explcito. Habl entre lneas. Fue respetuoso en el tono, pero irnico en el sentir. Sin embargo, el no entiendo se le escapaba del fondo del alma. En eso fue sincero. Y su gesto de llaneza colm de regocijo a todos los poetas llorones de Cuba que se vean cabalmente interpretados. (Se ha llegado a decir que hasta recibi cartas de estmulo del grupo de aedas de Sabanilla del Encomendador).* Prensa Libre (La Habana) 30 oct. 1949:1,3.

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128Lezama Lima respondi, desde los mismas pginas de Bohemia con un artculo amable, pero posiblemente despectivo. Nosotros terciamos, en forma respetuosa recogiendo slo el tono adolorido del no entiendo de Maach y anotando su significacin desde el punto de vista de las generaciones. Pareca todo terminado. Se haba dicho todo lo necesario. Pero Maach insisti. Al cabo de varias semanas, reaparece con dos largusimos artculos en los cuales quiere volver sobre sus pasos y hace tantas aclaraciones que solo logra desmentirse. En el fondo, la intervencin es buena: quiere quedar bien Quiere transar Es el estilo de esta generacin perdida. Nunca llevan las cosas hasta el fin, hasta morir. Quieren la mediacin la mediana. Son tremendamente polticos, hasta en las discusiones sobre temas de arte. “Esta es la generacin mejor dotada para la poesa”, dice. Y se deshace en cumplidos. Cintio Vitier le sale al paso en el “Diario de la Marina” con un artculo lleno de peligrosas encrucijadas para Maach. Le recalca lo inevitable de su no entiendo lo ininteligible de sus encontradas teoras y termina rechazndole brevemente su leccin confusa Pero Maach salta, otra vez. Y aqu es donde se le escapan ya algunas groseras inexplicables algunas vagas alusiones y un poco injuriosas que demuestran que el ilustre pensador est fuera de quicio. Est claro que su responsabilidad crece. Yo no quiero discutir con Maach sobre “cierta” poesa nueva, porque me parece que eso es intil. No creo en su buena fe. Me parece que le interesa ms el tono exterior de la disputa y la publicidad que trae aparejada (siempre hay la posibilidad amable de que lo postulen a uno para algo o que lo llamen a ocupar un ministerio) que el tema mismo que se debate. Maach como todos nuestros profesionales del intelecto, adolece de un cierto defectillo de vanidad. Les es ms importante sobrenadar en la cultura que la cultura misma. Son como seoritos del arte. Lo fundamental es la exhibicin. Ignoran la soledad. El modo como Maach acomete los problemas, deja entrever siempre el rasgo caracterstico de una generacin que ha vivido volcada sobre los cargos pblicos. Su mismo estilo es terso, elegante, distinguido, insincero. Nunca ahonda. Pero siempre se mantiene en el pice del tema, en una pose algo circense. Algunos de sus artculos llevan, por delante, el atildado dibujo de su rostro. Eso es elegante. Es poltico. Y, adems, Walter Winchell lo hace... Por todas esas cosas, me abstengo de discutir con Maach sobre temas que l acomete con excesivo donjuanismo. Lo que me interesa es la conducta Si Lezama Lima y sus cofrades ofrecen cierta oscuridad en su poesa no es menos cierto que les resplandece la conducta. Creo que es muy importante destacar la actitud ante la poesa Como bien dice Cintio Vitier, refirindose a los poetas de Orgenes “lo que los agrupa es el fervor absoluto hacia la poesa”. En cuanto a su calidad potica, no creo que haya llegado la hora de polemizar en torno a ella.

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129Aunque la obra de estos hombres no llegara nunca a lograr la prestigiosa resonancia que le exige Maach, (y es importante anotar aqu el modo como Maach le pide clarines y acatamiento casi electoral a la poesa), siempre valdra como norma como conducta. Son poetas de muy diverso temperamento, pero que coinciden en un estilo de soledad que rompe con todas las costumbres que preside Maach. Lo repito: estamos demasiado acostumbrados al hombre que empieza haciendo poesa brillante y comunicativa en su adolescencia, para luego autorarse en leyes, hacerse notario, escribir panfletos en peridicos, hacer dibujitos en sus ratos de ocio y tal vez grabados en madera, robarse toda la admiracin familiar, pronunciar discursos en las veladas polticas, embarcarse en las giras afiliatorias, llegar a profesor universitario, hacerse legislador, y ministro y hasta presidente... Y seguir siendo inspirado poeta Por eso sorprende un poco el encuentro con poetas que son slo eso, “poetas en actitud fervorosa ante la poesa”. Lo nico ininteligible en ellos es su conducta, su desinters, su desasimiento, su responsabilidad de no aspirantes su total alejamiento de los vehculos habituales de exhibicin y resonancia. Y si se hunden en la soledad y en el silencio, quedarn al menos como ejemplo saludable. A la base de toda crisis universitaria –que es como decir la crisis de nuestra cultura– se encuentra la culpa de hombres como Jorge Maach que, lejos de ir a la Universidad a predicar por el espritu, se empea en llamar al estudiantado al quehacer pblico, a la tribuna poltica “porque esa es la gran tradicin del intelectual americano: responder al menester pblico”. Son los hombres que se empean en compartir las tareas culturales con las electorales. En rigor, todos esos lderes que pululan por nuestros centros de enseanza no hacen ms que seguir esa funesta prdica profesoral: “Hay que lanzarse a la calle, hay que cabalgar sobre la historia, no vivir al margen de ella”. En realidad, todas estas cosas debieron haber quedado en el tintero. Nuestro artculo anterior fue respetuoso y delicado, porque el grado de Maach es discutible, pero no su jerarqua. Se le puede censurar, pero no cesantearlo como indiscutible valor intelectual nuestro. Sin embargo su ltimo artculo en el Diario lleva algunas alusiones groseras y se impone la necesidad de fijar la actitud con algo ms de crueldad. Es lamentable –y contradictorio– tener que decir en tono polmico que la polmica es estpida. Maach nos lleva a estas distracciones. Siga l su tingladillo...

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130 LIBROSFredika en Cuba Sonia AlmaznProfesora de la Universidad de La HabanaFredika en el paraso es la ltima novela del escritor cubano-sueco Ren Vzquez Daz. Ha sido publicada por Monte vila Editores Latinoamericanos (Venezuela, 2000) en su coleccin Continental. Vzquez Daz (Caibarin, 1952), autor de importantes ttulos para la narrativa cubana actual que se produce fuera de la isla como La era imaginaria y La isla del Cundeamor vuelve a Cuba, pero esta vez de la mano de una de las ms famosas viajeras europeas que nos visitara en el siglo XIX. Si en sus novelas anteriores el autor ha acudido a personajes mitad ficcin y mitad su propia familia, ahora nos presenta a una curiosa intelectual que recorre a pie las calles de La Habana y que se atreve a adentrarse en parajes desolados. Fredika Bremer se mueve por los espacios urbanos y rurales de una isla llena de contrastes, dialoga con los ms importantes personajes de la Cuba colonial y nos lleva a tertulias y jardines para constantemente pensar en la posibilidad de la existencia del infierno en el paraso. La vocacin feminista y socialista de la escritora sueca est presente a todo lo largo de la novela y sentimos ese discurso como vlido a partir de la fidelidad que el autor ha guardado a la voz de la viajera y la acertada utilizacin de relatos y cartas que le sirvieron de fuente de informacin. Una pgina de la historia de Cuba relatada desde afuera y a travs de los ojos de una mujer excepcional para su poca, y que lleg solitaria a una isla que la subyug por sus gentes y sus ambientes y que la angusti por la crueldad de la institucin de la esclavitud y que dej sin respuesta su interrogante. Es posible el infierno en el paraso?

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131 Una posicin femenina de mediacin, Adriana Mndez Rdenas y la Condesa de Merlin* Nara ArajoEnsayista y profesora de la Universidad de La HabanaFruto de largos aos de estudio, de dedicacin a manuscritos antiguos y amarillentos peridicos, de revisin de textos cannicos y no cannicos, es este documentado estudio monogrfico de la profesora y ensayista cubana Adriana Mndez Rdenas. Antecedido por la publicacin parcial de algunos de sus fragmentos en revistas acadmicas de prestigio (1986 y 1990), su esperado libro cumple con las propuestas que se seala y asume las urgentes tareas de releer y (re)colocar los textos de la escritora Mara de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, condesa de Merlin (1789-1852), de polmica ubicacin en las letras de Cuba en el siglo XIX. El punto de focalizacin son los textos de viaje de una mujer que expres en francs los intentos de recuperar, a travs de la memoria afectiva, el espacio perdido del pas natal. Cuestionada por sus compatriotas letrados de entonces, (mal)tratada por los crticos, usada como paradigma no cannico por algunos escritores cubanos del siglo XX, la condesa de Merlin ha sido, desde su irrupcin en el panorama de la literatura cubana ( desde Mes douze premieres annes 1831 a Souvenirs et mmoires 1836), un sujeto autorial en discusin por su origen y posicin de clase, su antiabolicionismo y su filiacin con la Madre Patria, por su uso del francs y su apropiacin literaria de textos de escritores cubanos, por su visin fantasiosa y outsider de Cuba. El propsito logrado del libro de Mndez Rdenas es la discusin, argumentativa, de todas esas incriminaciones. Y a reserva de la simpata de la autora por el personaje de la condesa, debido a su lejana fsica de Cuba, a su dilogo en tensin con el paradigma masculino y a su gnero –tres factores que ambas comparten, adems de la M de sus nombres–, lo que resalta en el notable esfuerzo de Mndez Rdenas es el ejercicio del criterio, a partir de un anlisis a conciencia de los textos que dieron lugar a la “mala fama” de la condesa napolenica, y a aquellos que fijaron una imagen de la escritora.* Se refiere a: Mndez Rdenas, Adriana. Gender and Nationalism in Colonial Cuba. The Travels of Santa Cruz y Montalvo, Condesa de Merlin Nashville y Londres : Vanderbilt University Press, 1998. 317 p.

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132Al hacerlo, Adriana Mendez Rdenas se vale de diversas y mltiples fuentes –libros, artculos, prensa peridica–, y apela a diversos referentes tericos y disciplinas –psicoanlisis, dialogismo, crtica feminista, crtica textual, historia cultural e historia literaria, estudios coloniales y postcoloniales; a Lacan y Bajtin, Gilbert y Gubar, Cixous, Anderson y Bhabha, as como a Roberto Daz, William Luis, Sylvia Molloy, Mary Louise Pratt y Doris Sommer. De esta manera el estudio de los textos de Merlin se dispara hacia ese otro espacio, que el ttulo del libro anuncia: el nexo entre el determinante gnero sexual y la construccin de la nacin, en el marco de relaciones coloniales, tpico destacado del debate cultural en la actualidad. Ese es a mi juicio la importancia del enfoque de Mendez Rdenas: ms all del aspecto propiamente reivindicativo, dentro de un proyecto de arqueologa literaria, propio de una cierta crtica literaria feminista, y de una desestabilizacin del canon –vlido en s mismo–, se distingue el establecimiento de las coordenadas en las que los textos de la Merlin se insertan, su dilogo con la cultura cubana del XIX y con la del XX, y las redes que teje la Ciudad Letrada. El contenido de los ocho captulos desarrolla la revisin de la obra de Merlin –en particular de La Havane (1844)– y de su versin reducida Viaje a La Habana (1844)–, la ubican en el contexto de su tiempo, de la narrativa de viajes (Humboldt), de la ideologa reformista (Jos Antonio Saco); y la discuten a la luz de la crtica cubana (Domingo del Monte y Flix Tanco Bosmeniel; Cintio Vitier, Salvador Bueno y Antonio Bentez Rojo), de sus relaciones con la tradicin y con las prcticas y estilos fundacionales de los escritores del XIX, y de su recepcin en espacios femeninos de la prensa peridica cubana, codificados tras seudnimos e identidades veladas. Los textos autobiogrficos de Merlin ( Mes douze premieres annes y Souvenirs et Mmoires ), anteriores a los libros del viaje a La Habana, son colocados en un dilogo productivo de la construccin discursiva de Merlin. Mediante un minucioso cotejo textual, con paciencia de orfebre, Mndez Rdenas hbilmente desmonta en algunos fragmentos, la operacin “plagiaria” de autores cubanos contemporneos a Merlin (Ramn de Palma, Betancourt, Cirilo Villaverde), demostrando las relaciones problemticas de la escritora con las narrativas-maestras de los hombres –no puede asumirlas totalmente, ni tampoco prescindir de ellas (p. 124)–; tanto su ansiedad autorial como su subversin, mediante la parodia o la revisin, de los dominantes cdigos masculinos. Igualmente significativa es la contribucin de Mndez Rdenas, al hacer evidente la compleja posicin de Merlin frente al problema de la relacin metrpoli-colonia: la ambivalencia e hibridez de su discurso colonialista, as como la mezcla en este, de una imagen negativa del Otro con una idealizacin positiva. La entrada en un espacio pblico, dominado por los hombres, el de las relaciones coloniales, la poltica y la invencin discursiva de la nacin,

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133revela los intentos de Merlin por entrar en el discurso de la “comunidad imaginada”, esfuerzo que como argumenta con elocuentes ejemplos Mndez Rdenas, encontr en la ciudad letrada resistencias y reticencias, descalificaciones y enojos. Varias ideas claves sustentan la interpretacin que la autora hace en su libro de los textos de Merlin. Por una parte, la dualidad del personaje autorial Mara de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo-comtesse de Merlin, y de su ubicacin: cubana-francesa; de adentro-de afuera; mujer-exiliada. La dualidad de sus textos (autobiografa y libro de viaje-proyecto poltico y costumbrismo), con la consecuente escisin entre La Havane relato de la racionalidad y Viaje a La Habana recuperacin nostlgica. La dualidad de lo poltico y lo potico. Por la otra, la necesidad de Merlin de apelar a la ley (el paternalismo del sistema espaol en relacin con los esclavos), como un intento de compensar la ausencia paterna de su vida afectiva y la aceptacin de la Ley del Padre; su voluntad implcita de recuperar la prdida afectiva de los padres, de una genealoga femenina, y de s misma, mediante la escritura recreativa del pasado y su idealizacin, pues la audacia de inventar una Cuba era la posibilidad de inventar(se); las resonancias edpicas y la subversin de la nocin flica de lo Simblico por la poderosa metfora maternal, presente en su visin de Cuba y en el dilogo sostenido con la Madre perdida y con su hija, destinataria privilegiada de su libro. Por ltimo, la inconsistencia en los enfoques de tpicos tan difciles como la esclavitud y la situacin de la mujer en Cuba, as como la ambivalente posicin poltica de Merlin, como resultado de una “posicin femenina de mediacin” (p. 10). En opinin de Adriana Mendez Rdenas, este paso conciliatorio, debera matizar la imagen de escritora procolonialista que la con desa tiene en el contexto de las letras de Cuba. En lo relativo a su recepcin en el contexto cultural cubano, se demuestra en este libro, la resistencia ambivalente de la lite criolla a dejarla “entrar” en el texto de la cubanidad, a ser agente activo en el proyecto de imaginar una nacin, como una reaccin, ms al problema de la autora femenina y a las diferentes posturas estticas (realismo del crculo delmontino-romanticismo de la Merlin), que a su “extranjera”. Ilustrada con grabados de la poca, algunos de Mialhe (Mialhe como aparece en los pies de grabado o Miahle como se consigna en el ndice onomstico y en la pgina 40 ?), la edicin del libro Gender and Nationalism... dej escapar erratas tipogrficas menores y datos errados como la fecha de regreso a Francia de Merlin (1844 por 1840, p. 103); y la autora de Paul et Virginie atribuida a Chateaubriand (p. 177), aunque en alusiones ulteriores en el libro aparezca correctamente (Bernardin de Saint Pierre) y en el ndice no se incluya la referencia errada. En cuanto al propsito de incluir la obra de la condesa de Merlin en el contexto del romanticismo hispanoamericano, se

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134siente en Gender and Nationalism in Colonial Cuba ..., la ausencia de al menos una breve contextualizacin de esa produccin literaria y sobre todo, de la cubana, aun cuando los modelos narrativos de Merlin sean franceses (Saint Pierre y Chateaubriand). Por otra parte, el vnculo que se establece con la tradicin literaria femenina cubana se hace slo a partir del marco establecido por Cintio Vitier en Lo cubano en la poesa (1958), en cuanto a su concepto de lejana. Sin embargo, tan importante como establecer esa tradicin alternativa femenina de exilio (condesa de Merlin y Gertrudis Gmez de Avellaneda), paralela a la de Jos Mara Heredia y Jos Mart, sera articular un discurso dialogante al interior de una escritura femenina cubana. Escritura que comienza con los textos annimos (un memorial al Rey y un poema ), de la marquesa Jstiz de Santa Ana, madrina del esclavo Manzano, criticando la dbil actitud de las tropas espaolas en ocasin de la toma de La Habana por los ingleses, y que se coloca desde su inicio (siglo XVIII), en esa coordenada del gnero y la nacin, subvirtiendo avant la lettre el modelo (por establecer) de una poesa femenina apegada a la naturaleza y a lo privado. Tratar de ver la relacin convergente entre esas escritoras desterritorializadas (Gmez de Avellaneda y la condesa de Merlin) y aquellas que como Luisa Prez de Zambrana, permanecen en Cuba, hubiera servido a la desestabilizacin de la lectura esencialista y patriarcal de Vitier, para quien, la poesa de Prez de Zambrana es eco de lo cubano, por su cercana fsica y espiritual con la isla. La resea de Jos Mart a la antologa Poetisas americanas publicada en la Revista Universal de Mxico (1875), en la cual el escritor, para representar a la “poesa femenil”, escoge entre Gmez de Avellaneda y Luisa Prez, a esta ltima, es un antecedente a la postura esencialista de Vitier, que bien hubiera podido incluirse en este examen de la articulacin patriarcal de un canon literario. A la autora le interesa establecer un nexo literario y simblico entre la obra (y la vida) de Merlin y de aquella otra dama colonial, Gertrudis Gmez de Avellaneda, entre los libros de viaje de la primera y los poemas “Al partir” y “La vuelta a la patria”, de la segunda. Y en efecto el nexo existe, pero no slo porque sus discursos articulan lo que Adriana Mendez Rdenas llama “una poesa de los recuerdos” (p. 221), alternativa a la “potica viril” de Heredia y Mart, elogiada por Vitier, sino porque ambas intervienen en una esfera de discusin, animada por los hombres del patriciado cubano, la de la esclavitud: Merlin en La Havane y Gmez de Avellaneda en una novela fundacional y nacional, Sab (1841). La visin de la realidad insular de Gmez de Avellaneda –no digo nada nuevo–, en esta primera novela no es la de una espaola, sino la de una criolla identificada con los intereses de los suyos. En la ficcin se expresan las preocupaciones y obsesiones de la intelectualidad orgnica de los dueos

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135de plantaciones, aunque ella no fuera miembro del grupo delmontino. En La Havane los vnculos con esa intelectualidad orgnica se manifiestan en otro tipo de discurso y son ms que explcitos. Las convergencias de Gertrudis Gmez y de Merlin van ms all de los textos comentados por Mndez Rdenas en su libro. Gender and Nationalism in Colonial Cuba... se inserta en dos tendencias de la investigacin acadmica: por una parte, los estudios dedicados a las letras hispanoamericanas del siglo XIX; por la otra, aquellos interesados en la reconformacin del canon literario, mediante la relectura de textos marginados. Ambas tendencias, por tratarse de ese contexto epocal, tienen que aludir a la invencin de la nacin, uno de los tpicos ms frecuentados en el debate terico actual, en tiempos de globalizacin y transnacionalizacin, hibridizacin e intersticios, dise(mi)nacin y desterrritorializacin. En el contexto de los estudios literarios cubanos, el libro de Adriana Mndez Rdenas no es definitivo, porque nada es definitivo, pero es un clmax, una superacin de esfuerzos anteriores, parciales e incompletos, los suyos y los de otros investigadores que la antecedieron. Por las demostradas razones, es un libro de lectura imprescindible y referencia obligada para los especialistas e interesados en el siglo XIX cubano y su historiografa literaria. Los nexos familiares de Mara de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo con la sacarocracia insular la hacan vocera natural de aquellos –Saco, del Monte, Luz y Caballero, Aldama, Alfonso, Montalvo (su to)– que eran a su momento histrico, lo que Arango y Parreo, Montalvo (su abuelo), el conde de Jaruco (su padre), haban sido al suyo. Es conocido que en la correspondencia de Luz y Caballero, Saco y del Monte hay alusiones explcitas a la expectativa que la condesa de Merlin suscitara entre los Ilustrados cubanos, pero Saco comenta a Del Monte que la haba ayudado con informacin, confesndole que haba sabido “sacar el cuerpo” [sic], para no comprometerse con la revisin del libro, a pesar de los ruegos de Mercedes. De las crticas ms extremas de Tanco Bosmeniel, a los elegantes pero ambivalentes comentarios del otro venezolano, Domingo del Monte, Mara de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, condesa de Merlin, se enfrent al discurso letrado cubano en elXIX, del cual qued finalmente marginada. Por una “posicin femenina de mediacin”, la del razonado libro de Adriana Mndez Rodenas, ha entrado en l. El canon se ha movilizado y con buen juicio, se ha hecho justicia.

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136 EN LABLIOTECAPresentacin del nmero 3-4 (julio-diciembre del 2000) de la Revista Biblioteca Nacional Jos Mart Rafael Acosta de ArribaEnsayista, poeta y presidente del Consejo Nacional de las Artes PlsticasFue Araceli Garca Carranza quien acu la frase de que la Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart vista en su conjunto, como coleccin en el tiempo quiero decir, es “una enciclopedia de la cultura cubana”. Nada ms justo viniendo de tan autorizada y conocedora fuente. Presentar para m esta revista en la propia sede de la institucin significa, de alguna manera, un cierto regreso en el tiempo, una evocacin de cuando me ocup de “hacer” la revista y presentrsela a Julio Le Riverand para que l con sus agudas observaciones y sugerencias le diera el visto bueno. Pero ms que esa labor de revistero que cumpl con satisfaccin durante dos aos, constituy para m un gran placer el haberla salvado, en el ao 1991, cuando la incipiente crisis econmica amenaz con desaparecer ms del 90% de las publicaciones culturales del pas. Nunca olvidar cuando con promesas medio ciertas y una retrica de altura pude convencer a la comisin creada en el Instituto Cubano del Libro de que la Biblioteca Nacional Jos Mart poda mantener la publicacin. En realidad hablaba en mi nombre y nada haba colegiado con la direccin de la institucin, cosa que, adems, no creo hubiese ayudado mucho, pero saba que la revista tena que sobrevivir al duro golpe del llamado perodo especial, cuando ni siquiera los aires acondicionados de las oficinas de este lugar podan ponerse en funcionamiento. Y salvamos la revista. Aquel da, vine casi dando brincos, de regreso a este edificio, con la licencia para que pudiese seguir saliendo la publicacin. Despus vino un infortunado nmero que se envi a Repblica Dominicana a imprimirse y se retard por ms de un ao. Poco despus me traslad al Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematogrficos (ICAIC) y la revista tuvo, ya la crisis en pleno apogeo, un lapso de silencio. Por eso, cuando Eliades Acosta lleg a la direccin le vine a ver y le hablEN LA BIBLIOTECA

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137de la revista, incluso de un nmero antolgico que haba preparado y que debi hacerse como coauspicio de la UNAM mexicana pero que muri por falta de muchas cosas, la mayor parte de ellas no correspondientes a la esfera material y s a la parte cubana. La llegada de Eliades, debo decirlo con toda naturalidad y justicia, represent otro momento de salvacin para esta revista y con la voluntad (que es un arma muy poderosa) de l, de Araceli, de Marta Beatriz y otros compaeros, la revista sigui saliendo, reacomodando su formato y presencia a nuevos criterios editoriales y estticos, pero sobre todo debido a esa voluntad de que la revista persistiera, que no muriera. Esa es la historia en breves palabras. El nmero 3-4 del 2000, correspondiente a la segunda mitad del pasado ao, es un nmero muy interesante. Permtanme no caer en el comentario obligado de todos los artculos que la integran. Nunca me ha parecido atinada dicha prctica. Me remitir a cometer algunos y hacer, al final, una evaluacin general del nmero. Rendirle tributo a esas dos grandes figuras del arte y la cultura cubana que fueron y son Carlos Enrquez y Jos Lezama Lima me parece una excelente idea. Ambos son luceros en el firmamento de nuestra cultura. Los dos fueron vanguardia, irreverencia, autenticidad y universalidad, a un tiempo. Ambos llegaron a esas posiciones por su talento y por sus obras que los trascendieron. El dossier sobre el autor de El rapto de las mulatas comienza por una evocacin familiar de la doctora Graziella Pogolotti refirindose a las relaciones de amistad artsticas entre su padre, Marcelo, otro gran artista e intelectual, y Carlos Enrquez. A continuacin, la doctora Luz Merino compila seis textos del pintor sobre distintos temas del arte y los artistas de aquellos aos republicanos y en los que se aprecian intereses y preferencias de Enrquez, as como firmes criterios antiacademicista, posiciones tericas, sobre el arte nuevo que defiende, y abordajes de temas no muy usuales en la crtica de entonces como el consumo del arte, los mecanismos de distribucin de la obra artstica y el gusto artstico. El profesor Juan A. Martnez, un verdadero especialista sobre el arte cubano de las vanguardias artsticas, quien oficia como catedrtico en la Universidad Internacional de la Florida, analiza el criollismo como una de las tendencias ms fuertes del arte y la cultura en Latinoamrica en el segundo cuarto del siglo pasado y de ah pasa a examinar las tesis de Enrquez en cuanto a su argumentado “romancero guajiro”, una de sus posiciones artsticas ms defendidas a viva voz pero sobre todo con su obra pictrica. Martnez dice que esta concepcin terica de Enrquez lleg a ser una ideologa artstica matizada con el aliento de la poesa. La doctora Yolanda Wood recorre el itinerario haitiano del pintor y las influencias que este tuvo en su produccin.

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138Apunta la especialista que una faceta muy interesante en este sentido fueron sus apuntes y dibujos de temas etnogrficos y voduista. Cito: “El artista qued profundamente impactado por aquella riqueza simblica de la cultura religiosa haitiana de origen popular”. Otros textos acumulan informacin sobre diversas zonas de la obra del pintor cubano. Carlos M. Luis, ensayista y crtico de arte residente en los Estados Unidos y muy vnculado de joven al grupo Orgenes, se refiere a la importancia del desnudo artstico en la obra de Enrquez. Luis afirma que el pintor no se afili al grupo comandado por Lezama y que, por el contrario “arremeti contra una moral que le pareci que soslayaba los temas esenciales que formaban parte de nuestro ethos”. Polmica pero interesante tesis que coloca a Lezama y Enrquez en las antpodas en cuanto al tratamiento de ciertos temas morales y tnicos del arte y de nuestra historia cultural. Sin embargo, Luis se cubre al final afirmando que el motivo del rechazo origenista a Enrquez es “un segmento an no estudiado y que merece la pena explorar”. De manera que aqu aparece un terreno virgen para cualquier investigador interesado en esclarecer dicha cuestin. Este texto une a ambas figuras, Lezama y Carlos Enrquez, aunque sea desde la supuesta rivalidad de posiciones artsticas y ticas. Despus se pasa al dossier lezamiano que se abre con un breve texto de una especialista en Mart, la doctora Mercedes Santos Moray, quien aborda la innegable presencia de la espiritualidad martiana en Lezama. La autora incluye varias citas del autor de Paradiso para apoyar su tesis. Una me parece clave: “La poesa de Mart, en la ms esencial de sus dimensiones, nos ensea cmo debe vivir y morir un cubano”. Interesante. Con el Casal visto a travs de la potica y la ensaystica lezamiana y con la publicacin completa de la “Oda a Julin del Casal”, la profesora universitaria Elina Miranda cierra, o semicierra el dossier lezamiano. Digo que casi lo completa pues, adems de la vieta sobre la casa de Trocadero # 162 de la periodista Matilde Salas, al final de la revista el gran poeta, narrador y ensayista que fue Jos Lezama Lima vuelve a reaparecer con una resea de la doctora Araceli Garca Carranza sobre el libro de Carmen Berenguer y Vctor Fowler: Jos L. Lima: diccionario de citas y con la propia bibliografa lezamiana (suplemento I) de Araceli, la bibligrafa del autor de Oppiano Licario. Asientos bibliogrficos que van desde 1998 hasta el 2000 y que le dan continuidad a la bibliografa publicada por Letras Cubanas hace tres aos. De manera que este nmero no deja de recoger en su rico contenido una especialidad inherente al sentido ms profundo del trabajo bibliotecario. Quisiera decir que tuve el placer de ver surgir el diccionario escrito a cuatro manos entre Carmen y Vctor y que, en un momento, alent a que siguieran hasta el final con ese proyecto. Fue otra de las muchas alegras que me depar esta institucin cuando labor en ella. De los tres trabajos restantes que forman el cuerpo

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139principal de la revista slo me referir a uno: “Estoicos y hedonistas en frisos romanos de Marianao”, un profundo y plural ensayo corto que la doctora Ana Cairo sobre la novela El vuelo del gato de Abel Prieto. Muchos puntos de coincidencia encontr en este texto con unas notas que le hice a Abel cuando termin de leer su libro. La diferencia principal estriba en que la doctora Ana Cairo escribi su trabajo para publicarlo en esta u otra revista, yo lo hice para no perder mi empleo. Con esta inmersin en la narrativa de Abel, Ana reafirma su ya antigua y reconocida rigurosidad como ensayista y crtica literaria. Las mltiples dimensiones del vuelo del gato copulando con la marta son examinadas bajo amplios niveles referenciales de la literatura cubana y sobre todo sobre un conocimiento de la anterior produccin literaria de Abel. Este trabajo es el texto de fondo del nmero aunque nada tenga que ver con los dos homenajeados principales. El mestizaje que recorre de inicio a fin de la novela, el humor –a veces un evidente espritu burln– esa vocacin irrefrenable de nuestro Ministro, a quien bien le viene eso de “Mi reino por un chiste”, los sentidos bidireccionales del tiempo, la mezcla de narratividad y ensayo, los abordajes de temas existenciales y generacionales, la profunda reflexin de Abel sobre el presente al que llega desde la crtica seria y la imaginacin picaresca, todo eso y mucho ms aparece en la radiografa de Ana Cairo sobre el gato volador de inequvoca impronta lezamiana. Como todo presentador de revistas que se respete, recomiendo la lectura de este texto preferiblemente despus de la lectura de El vuelo del gato como es de suponer. Hasta aqu mis comentarios sobre los contenidos de este nmero de la Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart Creo que Eliades y sus colaboradores han gestado un excelente nmero. Lezama, Carlos Enrquez y Freddy Mamoncillo han sido cumplidamente homenajeados. Muchas gracias

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145 Ms de sesenta aos con la poesa. Bibliografa de Cintio Vitier. Suplemento Araceli Garca Carranza y Josefina Garca CarranzaBibligrafasPresentacinEn 1968 la Biblioteca Nacional Jos Mart fue autor corporativo de la primera bibliografa de Cintio Vitier. Inventario precioso recuperado, organizado, clasificado y analizado nada menos que por dos poetas, Premios Nacionales de Literatura, Roberto Friol y Eliseo Diego. Dos poetas que lograron esa vez, la bibliografa de otro grande de la poesa cubana e hispanoamericana bajo el expresivo ttulo de 30 aos con la poesa Pero al paso de los aos la obra de Vitier creci y su demanda por parte de estudiantes, profesores e investigadores exigi que en 1981, como homenaje a su 60 cumpleaos, reorganizramos y actualizramos el inventario primero. Una nueva bibliografa fue publicada, esta vez bajo el ttulo de Ms de cuarenta aos con la poesa lncreblemente ya han pasado veinte aos (ciertamente es nada) y la obra de Cintio Vitier, plena de originalidad, belleza y sabidura exige una nueva memoria. Esta vez decidimos titularla “Mas de sesenta aos con la poesa”. Nuevamente estructuramos el cuerpo bibliogrfico por tipos de documentos. La recuperacin de la informacin general y especfica se precisa aun ms mediante la indizacin de ttulos y onomstica. Reciba pues, nuestro Cintio Vitier, como regalo de cumpleaos este cuerpo bibliogrfico que, sin lugar a dudas sostiene la obra de un hombre extraordinario. ARACELI GARCA CARRANZA

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146TABLA DE CONTENIDO A Bibliografa activa I. Libros y folletos Antologas Cuento Ensayo y Crtica Mart, Jos – Crtica e Interpretacin Novela Poesa II. Colaboraciones en los libros y publicaciones peridicas Crtica Cuento Ensayo Entrevistas y cartas Mart, Jos – Crtica e Interpretacin Novela Poesas Prlogos e Introducciones Prosas y Otros textos Traducciones III. Vitier en otros idiomas (incluye libros, prlogos, antologas, colaboraciones en publicaciones peridicas y entrevistas) Alemn Checo Francs Hngaro Ingls Italiano Portugus Rumano Ruso B. Bibliografa pasiva I.Valoraciones de sus libros Extraeza de estar: poemas 1944. La Habana, 1945 Diez poetas cubanos 1937-1947. La Habana, 1948 El hogar y el olvido 1946-1949. La Habana, 1949 Vsperas 1938—1953. La Habana, 1953 Lo cubano en la poesa. Santa Clara, 1958 Escrito y cantado 1954-1959. La Habana, 1959 Potica La Habana, 1961 Epistolario /Juana Borrero La Habana, 1966-1967 Testimonios La Habana, 1968 Poetas cubanos del siglo XIX. La Habana, 1969 Temas martianos La Habana, 1969-Puerto Rico, 1981-segunda serie. La Habana, 1982 Crtica sucesiva La Habana, 1971 Ese sol del mundo moral Mxico, 1975

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147De Pea Pobre Mxico, 1978 Antologa potica La Habana, 1981 La fecha al pie La Habana, 1981 Juan Ramn Jimnez en Cuba La Habana, 1981 Los papeles de Jacinto Final La Habana, 1984 Rajando la lea est La Habana, 1986 Rescate de Zenea La Habana, 1987 Viaje a Nicaragua La Habana, 1987 Crtica cubana La Habana, 1988 Palabras a la aridez Buenos Aires, 1989 Cuentos soados La Habana, 1992 Nupcias La Habana, 1993 Prosas leves La Habana, 1993 Para llegar a Orgenes 1994 Dama pobreza Valencia, 1995 II. Otras valoraciones, notas y otros textos sobre su vida y su obra C. ndices a) ndice de ttulos por materia b) ndice onomstico

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148A) BIBLIOGRAFA ACTIVAILibros y folletos ANTOLOGAS 1989 001. Palabras a la aridez /ensayo y antologa de Ricardo H. Herrera. — [Buenos Aires] : Ediciones ltimo Reino, [1989]. — 124 p. : il. Antologa que abarca treinta y cinco aos (de 1953 a 1988) de la produccin del poeta. 1998 002. Antologa potica (1938-1992) / prl. Enrique Sanz. — Caracas : Monte vila Editores, 1998. — 421 p. Contiene : Introduccin — Vsperas (1938-1953): Luz ya sueo — Sedienta cita — Extraeza de estar — De mi provincia — La rfaga — Capricho y homenaje — El hogar y el olvido — Sustancia – Conjeturas — Pequeos poemas — Cinco sonetos y dos canciones — Palabras del hijo prdigo — Testimonios: Canto llano — Escrito y cantado – Testimonios – Ms — Epitalamios — Entrando en materia — La fecha al pie — Nupcias: viaje a Nicaragua — Hojas perdidizas — Poemas de mayo y junio — Versos de la nueva casa — Dama pobreza 2000 003. Poesa escogida / sel. Fina Garca Marruz y Cintio Vitier. — Bogot, Colombia: Editorial Norma, 2000. — 446 p. — (Coleccin poesa) Contenido de inters : Sobre la poesa de Fina Garca Marruz / C. Vitier — Poesas escogidas de Cintio Vitier / F. Garca Marruz — De Vsperas (1938-1953) — De Testimonios (1953-1968) — De La fecha al pie (1981) — De Nupcias (1993) CUENTO 1992 004. Cuentos soados — La Habana : UNEAC, 1992. — 36 p. (en carpeta). — (Coleccin Ideas) ENSAYO Y CRTICA 1970 005. Lo cubano en la poesa — La Habana : Instituto del Libro, 1970. — 584 p. — (Letras Cubanas) Ed. Definitiva / prl. De Abel E. Prieto; prl. A la segunda edicin y nota a la primera edicin por Cintio Vitier — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1998. — 406 p. — (Obras; 2). Ttulo del prlogo: “Lo cubano en la poesa: relectura en los 90”. Primera ed. 1958. 1987 006. Rescate de Zenea — La Habana : UNEAC, 1987. — 129 p. Publicado originalmente en Gaceta de Cuba. Vase asiento 74. 1988 007. Crtica cubana — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1988. — 570 p. — (Giraldilla) Contiene : I. La crtica literaria y esttica en el siglo XIX cubano — II. Espejo de Paciencia — Poetas cubanos del siglo XIX (Semblanza) — Un cuento de Tristn de Jess Medina — La poesa de Emilio Ballagas — Introduccin a la obra de Jos Lezama Lima — Marinello en dos libros — Sobre Luca Jerz — Ifigenia, Reyes, Mart — Nueva lectura de Lezama 1990 008. La literatura en el Papel Peridico de La Habana: 1790-1805 / textos introductorios de Cintio Vitier, Fina Garca Marruz y Ro-

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149berto Friol. -La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1990. — 349 p. “Este libro ha sido fruto del trabajo de investigacin realizado por Cintio Vitier, Fina Garca Marruz, Roberto Friol y Celestino Blanch. 009. Zenea y el romanticismo cubano — [Estados Unidos : s.n., 1990]. — pp. [703]713. Separata de la Revista Iberoamericana nr. 152-153, jul.-dic., 1990. 1993 010. Prosas leves — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1993. — 180 p. Contiene : Giros aceptados — Enrique Pieyro en Pars — En el centenario de Juana Borrero — La casa de la forma — El ciclista — Julio Cortzar — En Cuba:. antes y despus — Roque invicto — Regalo de Reyes — Presencias de Pellicer — Tres maestros cubanos – Su sueo toca — Lecciones de Mara Zambrano — El diamante — Antonio Machado “entre la niebla” — Alejo y la msica terrenal — Henry David Thoreau 1862-1962 — Samuel Feijo: el lrico — La realidad y el recuerdo — Instantnea de Roa — Ahora slo es vida — La voz de Lourdes Casal — Presentacin de Teresita Fernndez — Tres imgenes de Emilio Ballagas — De Roberto Friol a Kid Chocolate — El “son de la loma” — Recuento y alabanza de Eliseo Diego — Dulce Mara Loynaz — Andanzas — Un libro, los libros — Escrito ayer — Literatura y Liberacin 011. San Juan de la Cruz – En: Garca Marruz, Fina y Cintio Vitier. San Juan de la Cruz 1591-1991. — [Matanzas : Eds. Viga, 1993. – pp. 69-97. — il. — (Coleccin Venablos) Datos tomados de un ejemplar que posee el autor. 1995 012. Ese sol del mundo moral. Para una historia de la eticidad cubana — [La Habana : UNEAC, 1995. — 185 p. — (Centenario) 1997 013. Vsperas, Testimonios, Nupcias Quimera (Barcelona) (163): 20-26; nov., 1997. il. Intervencin en el III Encuentro con la Poesa, organizado por la Fundacin Rafael Alberti en el Puerto de Santa Mara, en julio de 1996. 1998 014. Potica / introd. Enrique Sanz. — Madrid : Endymion, 1998. — 115 p. — (Ensayo; 112) Contiene : Introduccin – Mnemsyna — La palabra potica — Sobre el lenguaje figurado — La zarza ardiendo: Poesa como fidelidad — Smbolo y realidadMART, JOS – CRTICA E INTERPRETACI"N1982 015. Temas Martianos: Segunda serie — [Ciudad de La Habana : Editorial Letras Cubanas; Centro de Estudios Martianos, 1982]. — 324 p. — (Coleccin de Estudios Martianos) Contiene : La irrupcin americana en la obra de Mart — Lava, espada, alas (En torno a la potica de los Versos libres) Nuestra Amrica en Mart — Una fuente venezolana de Jos Mart — Valores perdurables en las crnicas espaolas de Mart (1881-1882) — Cinco aspectos en las crnicas italianas de Mart (1881-1882) — Ese sol del mundo moral (Agramonte en Mart) Mart y el 27 de Noviembre — Fases en la valoracin martiana de Cspedes — La eticidad revolucionaria martiana 1991 016. Las imgenes en Nuestra Amrica — [La Habana : Casa Editora Abril, 1991]. — 28 p. — (Ediciones Pequeo Formato). 1995 017. Gua para los maestros de las aulas martianas / Cintio Vitier y Fina Garca Marruz. — La Habana : Editorial Pueblo y Educacin, 1995. — 9 p.

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150Bibliografa: pp. 7-9. Primera reimpresin: 1997. 1997 018. Palabras en el VIII Congreso de los Trabajadores de la Educacin — La Habana : CTC, 1997. — 10 p. Teatro de la Central de Trabajadores de Cuba, 10 de julio de 1997. Datos tomados de un ejemplar que posee el Centro de Estudios Martianos. 1998 019. Mart con todos y para el bien de todos — La Habana : Ediciones Publicitaria, Ministerio de Cultura, 1998. — 29 p. Contiene : Carta a Cintio Vitier del General de Ejrcito Ral Castro Ruz, 16 de enero de 1995. — Palabras de Cintio Vitier en el VIII Congreso de los Trabajadores de la Educacin. — Declaracin final Primer Taller del Programa Nacional Martiano 2000 020. Mart en Lezama — La Habana : Centro de Estudios Martianos, 2000. — 104 p.NOVELA1984 021. Los papeles de Jacinto Final — Ciudad de La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1984. — 114 p. — (Ocuje) Uruguay : Monte Sexto, 1986. — 105 p. 1986 022. Rajando la lea est — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1986. — 113 p. : il. La Habana : [Editorial Letras Cubanas, 1994]. — 111 p. Esta edicin es un aporte del programa Un libro para Cuba, Mxico, en solidaridad con la lucha del pueblo cubano contra el bloqueo norteamericano. 1990 023. De Pea Pobre: memoria y novela — Ed. Completa. — [Veracruz, Mxico: Universidad Veracruzana: Centro de Investigaciones Lingstico-Literarias], 1990. — 460 p. — (Manantial en la Arena) Madrid : [Editorial Centro de Estudios Ramn Areces, 1997]. — 398 p. Contiene : De Pea Pobre — Violeta Palma — Los papeles de Jacinto Final — Rajando la lea estPOESA1987 024. Viaje a Nicaragua / Fina Garca Marruz, Cintio Vitier. — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1987. — 84 p. — (Giraldilla). 1988 025. Hojas perdidizas — Mxico : Ediciones del Equilibrista, 1988. — 83 p. 026. Poemas de mayo y junio — [Valencia : Artes Grficas Soler, S.A., 1990]. — 70 p. — (Pretextos / Poesa; 116) / [prl. Roberto Mndez; ed. Alfredo Zaldvar; diseo y dibujos Rolando Estvez]. — [Matanzas : Ediciones Viga de la Casa del Escritor de Matanzas, Cuba, mayo, 1990].— 89 p. : il. — (Del San Juan) Edicin que consta de 200 ejemplares. 027. Vsperas y testimonios — Valencia : Pretextos, 1988. — 51 p. — (Poesa; 97) Breve muestra de sus libros: Vsperas (1953), Testimonios (1968) y La fecha al pie (1981) 1989 028. Dos poemas inditos — Matanzas : Ediciones Viga : Casa del Escritor, 1989. — s.p. Edicin de 200 ejemplares manufacturados al cuidado de Alfredo Zaldvar y Teresita Burgos. Ejemplar 55 firmado por su autor.

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151Contiene : Ambicin — Prosa para mi nacimiento 029. Verso a verso / Cintio Vitier, Fina Garca Marruz, Eliseo Diego. — [Matanzas : Divulgacin Provincial de Cultura, 1989]. — s.p. Contenido de Cintio Vitier : El desayuno — Ligera disertacin 1990 030. El Cristo de la Catedral de Mrida : poema / Palabras iniciales Carlos E. Bojrquez Urzaz. — [Mrida, Yucatn Universidad Autnoma de Yucatn], 1990. — 7 p. 1991 031. Versos de la nueva casa — La Habana : Instituto Cubano del Libro, Direccin de Literatura, 1991. — 29 p. — (Ediciones Homenaje) 1993 032. Nupcias — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1993. — 214 p. — (Giraldilla) “Este libro fue impreso en los Talleres de Mosquito Editores en el mes de junio de 1993 en Santiago de Chile”. Contiene : Viaje a Nicaragua (1979) — Hojas perdidizas (de varia fecha hasta 1987) — I. Por la pea alta — II. El viejo arco — III. El horno y el pan — IV. Visitas. Poemas de mayo y junio (1988) — Versos de la nueva casa (1991-1992) — Dama pobreza (1992) 1995 033. Dama pobreza — Valencia : Pre-Textos, 1995. — 30 p. — (Poesa) 2000 034. Cuaderno as — Matanzas : Ediciones Viga, 2000. — 72 p. — (Coleccin del San Juan) II. Colaboraciones en libros y en publicaciones peridicasCRTICA1970 035. Solipsismo y revolucin Gaceta de Cuba (La Habana) (80):30; en. 1970. A propsito de Con figura de gente y en uso de razn de Francisco de Ora. 1981 036. Tres maestros cubanos. Plural (Mxico) 11(122):18-21; nov., 1981. Sobre Nicols Guilln, Alejo Carpentier y Jos Lezama Lima. 037. Varela: el precursor. Granma. Resumen Semanal (La Habana) 16 (44):10; 1 nov., 1981. 038. Intelectuales de Nuestra Amrica. Plural (Mxico) (123):12-14; dic., 1981. 1982 039. La poesa de Jos Lezama Lima y el intento de una teologa insular. Voces (Barcelona) (2):46-64; 1982. En: Suarez Galbn, Eugenio. Lezama Lima — [Madrid] : Taurus, [1987]. — pp. 258282. Publicado originalmente en su Lo cubano en la poesa pp. 369-397. 1983 040. Nuestro Lezama. Granma. Resumen Semanal (La Habana) 18 (10):5; 6 mar., 1983. il. La Verdad (Mrida, Venezuela) 17 jul., 1983. il. Diario de los Andes. Pgina Literaria (Venezuela) 6 mar., 1988:14. il. 041. Un poeta revolucionario. Gaceta de Cuba (La Habana) (6); 9-10; jun. 1983. Incluye poemas de Eloy Machado: Revolucin — Enlloro mi akne — Asoiro macoiro, Chano Pozo

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152Viernes de Tribuna. Suplemento Cultural de Tribuna de la Habana ( La Habana) 3 (6):2; 8 febr. 1985. “Eloy Machado Prez, soldador de oficio, poeta de nacimiento, saca al lenguaje popular tan deslumbrante chisporreteo como al hierro cuando le aplica la antorcha”. 042. El diamante. — En: vila, Pablo Luis. Sonredo va el sol: poesie e studi offerti a Jorge Guilln — Milano : s.n., 1983. — pp. 155-156. 1984 043. Alejo y la msica terrenal. — En: Bertini, Giovanni Ma. Polvo enamorado — Milano : All’inaegna del Pesce d’Oro, 1984. — pp. 216-220. 044. El ciclista. — En: Memet, Jos Mara. Los gestos de otra vida — Santiago de Chile : El Volcn Editorial, [1984]. — pp. 60-62. Publicado en francs y en alemn : Paris : ARC, 1984; RDA : Ediciones CON, 1984. 045. Respuestas a Armando lvarez Bravo. — En: Coloquio Internacional sobre la obra de Jos Lezama Lima : [celebrado en el ] Centro de Investigaciones Latinoamericanas, Universidad de Poitiers, Francia — [ 1. ed.]. — Madrid : Editorial Fundamentos, 1984. – v. I, pp. 99-102. 1985 046. Su sueo toca. Revolucin y Cultura (La Habana) (9):26-28; sept., 1985. il. Palabras de presentacin de Poesa completa de Jos Lezama Lima, pronunciadas, el 11 de junio de 1985, en el acto que tuvo lugar frente a la que fue casa del poeta, hoy Biblioteca Jos Lezama Lima. 047. Confesin desde otra ptica. Revolucin y Cultura (La Habana) (11):16-17; nov., 1985. il. Crtica a Confesin en el barrio chino de Nicolas Dorr. 1986 048. Fidel y la religin. Revolucin y Cultura (La Habana) (2):47; febr., 1986. il. Obra homnima de Frei Betto. 049. Esa invencible esperanza. Revolucin y Cultura (La Habana) 30 (3):10-12; mar., 1986. il. Comenta obra de Fidel y la religin, de Frei Betto. 050. El autor y su obra. (Apuntes). Plural (Mxico) 15-17 (180):74-80; sept., 1986. il. 051. Un prrafo para Lezama. Gaceta de Cuba (La Habana) (11):3-5; oct.-nov., 1986. il. Revista de Literatura Cubana (La Habana) 5(8):[53]-60; en.-jun., 1987. La Revista del Sur (Suecia) 3(12):20-23; [abr.], 1986. Palabras ledas en la conmemoracin del X aniversario de la muerte del autor de Paradiso en la UNEAC. 1988 052. [Jos Manuel Poveda]. Revista de Literatura Cubana (La Habana) 6(10):148-149; en.-jun., 1988. Tomado de Cincuenta aos de poesa cubana: 1902-1952 La Habana : Direccin de Cultura del Ministerio de Educacin, 1952. 053. Andanzas. Unin (La Habana) (2):76-[79]; abr.-jun., 1988. Sobre la obra homnima de Octavio Smith. 1989 054. Regalo de Reyes. Casa de las Amricas (La Habana) 30(176):20-22; sept.-oct., 1989. Sobre la poesa de Alfonso Reyes. 055. Fayad Jams. Casa de las Amricas (La Habana) 30(172-173):24; 1989. Nota en su: Cincuenta aos de poesa cubana (1902-1952) donde da a conocer al autor de Cuerpos (1966).

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1531990 056. Jos Lezama Lima: comienzo del camino. Amrica Latina (Mosc) 4(148):70-82; abr., 1990. 057. Presencias de Pellicer. Revolucin y Cultura (La Habana) 32(6):60-63; jun., 1990. il. La Jornada (Mxico) (97):4-5; 12 en., 1997. il. 058. Recuento y alabanza de Eliseo Diego. Gaceta de Cuba (La Habana) (7):10-11; jul., 1990. il. A la cabeza del ttulo: Especial: Eliseo cumple setenta y La Gaceta lo felicita. 059. Zenea y el romanticismo cubano. Revista Iberoamericana (Estados Unidos) (152153):703-713; jul.-dic., 1990. 1991 060. Cuba: hablo contigo. Casa de las Amricas (La Habana) 31(182):137-142; en.-mar., 1991. (Libros) Comenta obra homnima de Jos Manuel Castan. 061. Cntico csmico. Casa de las Amricas (La Habana) 32(184):147-149; jul.-sept., 1991. (Libros) Comenta obra homnima de Ernesto Cardenal (Managua : Nueva Nicaragua, 1989). 062. Convite y concerto de Alejo Carpentier. Rey Lagarto (Asturias, Espaa) 3(1112):3-4; 1991. 1992 063. Breve meditacin de Mascar. Cine Cubano (La Habana) (137):35-36; oct.-dic. 1992. Sobre film homnimo dirigido por Constante “Rapi” Diego e inspirado en la novela Mascar, el cazador americano de Haroldo Conti. 1997 064. El pensamiento de Orgenes (en diez puntos). Gaceta de Cuba (La Habana) 35(1):22-23; en.-febr., 1997. Revista Atlntica (Cdiz, Espaa) (13):III-VII; 1997. il. (Documentos) 1998 065. Mara Zambrano y Cuba: un testimonio. Babel (Mxico) (24):3-8; 1998. il. 1999 066. El maestro del Salvador. Educacin (La Habana) (97):52-56; mayo-ag., 1999. (La letra tallada) Sobre Jos de la Luz y Caballero.CUENTO1989 067. La casa a oscuras. Revolucin y Cultura (La Habana) 31(5):7-9; mayo, 1989. il. Cuento indito.ENSAYO1973 068. Dos poetas cubanos: Plcido y Manzano. Bohemia (La Habana) 65 (50):18-21; 14 dic.1973. 1982 069. Cuba y su identidad latinoamericana. Actualidades (Caracas, Venezuela) (6):29-34; 1980-198. Anuario del Centro de Estudios Martianos (La Habana) (7):373-376; 1984. (Seccin Constante) Fragmentos donde ms se manifiesta la presencia medular y rectora de Jos Mart Gaceta de Cuba (La Habana) (s. nr.):2-7; jul.ag., 1992. Bohemi a ed. especial (La Habana) nov., 1994. il. Publicado bajo el ttulo: Cuba: su identidad latinoamericana. 1983 070. Estas bravas mambisas. Muchacha (La Habana) 3(8):37; en. 1983.

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154Destaca al valor de la mujer cubana. Tomado de Ese sol del mundo moral (Mxico, Siglo XXI, 1975) 071. De las cartas que escribi Lezama. Casa de las Amricas (La Habana) 23(137):106113; mar.-abr., 1983. En: Coloquio Internacional sobre la Obra de Jos Lezama Lima – Francia : Universidad de Poitiers : Centro de Investigaciones Latinoamericana, [1984]. — v. I., pp. 277-290. 072. El ejrcito ms hermoso del mundo. Muchacha (La Habana) 4(10):32; dic.1983. il. Tomado de Ese sol del mundo moral (Mxico, Siglo XXI, 1975) 073. Lecciones de Mara Zambrano. Litoral (Mlaga) (124-125):195-207; 1983. Incluye : De un curso de Mara Zambrano (1945) 1986 074. Rescate de Zenea. Gaceta de Cuba (La Habana) (12):21-30; dic.1986. 1988 075. Glosas a Jos de la Luz. Albur (La Habana) 2 (4-5):48-58; oct., 1988. il. 1989 076. El Padre Flix Varela: en el bicentenario de su nacimiento / presentacin Mons. Carlos M. de Cspedes. — La Habana : Secretariado General de la Conferencia Episcopal de Cuba, 1989. — 32 p. Letras Cubanas (La Habana) (13):130-162; en.mar., 1990. Conferencia pronunciada en el Seminario San Carlos y San Ambrosio. 1990 077. Palabras finales del curso “Pensamiento y creacin en la literatura cubana”. Albur (La Habana) 3(10):51-54; mayo, 1990. 1993 078. Latinoamrica: integracin y utopa. Cuadernos Americanos (Mxico) 6(42):112128; nov.-dic., 1993. 079. Juan Ramn en Cuba. Unin (La Habana) 6(15):2-11; 1993. Diario 16 (Madrid, Espaa) 7, 14 dic., 1996:[1]2, 4-5. il. Revista Atlntica (17):III-XIII; 1998. il. 1994 080. Borges. — En: Los Cervantes en la isla. — [La Habana : Casa de Las Amricas; Madrid : Agencia espaola de Cooperacin Internacional, 1994]. — pp. 103-104. — il. Conferencia pronunciada en el aula de Cultura Iberoamericana de La Habana dentro del ciclo “Los Premios Cervantes”, celebrado entre 1991 y 1993. 081. [Ensayos]. — En: Chacn, Alfredo. Poesa y potica del Grupo Orgenes / sel., prl., cronologa testimonial y bibliografa por Alfredo Chacn. — [Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1984]. — pp. 191-122. — (Biblioteca Ayacucho; 1821). Contiene : Experiencia de la poesa, notas — Poesa como fidelidad — Virgilio Piera: poesa y prosa — En la calzada de Jess del Monte 082. La aventura de Orgenes. Gaceta de Cuba (La Habana) (3):2-13; 1994. ENTREVISTAS Y CARTAS1968 083. Cintio Vitier: sobre la Sala Martiana. Froiln Escobar y Flix Contreras. Juventud Rebelde (La Habana) 17 en. 1968:4. il. 1970 084. Scrivere, all’Avana. Ent. Edigio Mucci. Poltica (Firenze, Italia) 19 jul., 1970:16. il. Datos tomados de un recorte facilitado por Cintio Vitier. Texto en italiano.

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1551971 085. Respuestas de Cintio Vitier. — En su: Crtica sucesiva. — La Habana : Ediciones Unin, 1971. En: Cmara, Madeline. Por una nueva crtica — La Habana : Editorial Pablo de la Torriente, 1988. — pp. 31-34. Publicada bajo el ttulo: Sobre la Crtica. 1980 086. Conversacin con Cintio Vitier. Revista Caribe (Puerto Rico) 2(2-3):79-87; 19801981. il. 1981 087. Lezama Lima, valor de la literatura cubana. Ent. Emilio Bejel. Ventana (Nicaragua) (45):12-13; 31 oct., 1981. il. Fragmentos Extrait des Cahiers du Monde Hispanique et Luso – Brsilien Caravelle (Francia) (38):[187]-196; 1982. En: Bejel, Emilio. Escribir con escritores cubanos: 1979-1989. — Puerto Rico: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1991 — pp. [371]-387. Contiene : La bsqueda de lo cubano: enfoque de los miembros del Grupo Orgenes — La bsqueda de las races nacionales y el internacionalismo — Vnculos entre Ese sol del mundo moral y Lo cubano en la poesa — Ese sol... y la defensa de la Revolucin — Vena moral del cubano y buena dosis de compasin — La Revolucin Cubana y su proyecto social — Relacin entre Lezama y la Revolucin — La crisis de Lunes de Revolucin — Situacin posterior de Lezama hasta su muerte 1982 088. Slo en la accin podemos vivir la belleza — En: Bianchi Ross, Ciro. Las palabras de otro. — Ciudad de la Habana : Unin de Escritores y Artistas de Cuba, 1982. — pp. [93]-106. 089. La Revolucin no ha perdido su rumbo. Ent. Jos Martnez Torres y Fernando Solana Olivares. Casa del Tiempo (Mxico) (17-18):33-35; en.-feb.; 1982. 1983 090. Mart en edicin crtica. Ent. Ciro Bianchi Ross. Cuba Internacional (La Habana)15 (158):5; en. 1983. 091. Con tantas maniobras, los yanquis se van a romper. Ent. Barricada (Managua, Nicaragua) 1 febr., 1983:10. il. De sus declaraciones a este peridico al llegar a Managua para integrar jurado del Premio Rubn Daro. 092. Es un libro de sostenida calidad el ganador del Premio de Poesa Rubn Daro. Ent. Rosa Elvira Pelez. Granma (La Habana) 10 de febr., 1983:4. Cintio Vitier integr el jurado del prestigioso certamen nicaragense. 093. La fe cristiana, Cuba, la Revolucin. Ent. Margaret Randall. Ventana (Nicaragua) 26 febr., 1983:10-11. il. 094. De esas ancdotas poco conocidas. Ent. Waldo Gonzlez Lpez. Muchacha (La Habana) 4(3):40; mayo,1983. il. Contenido de inters : Presencia africana en Mart — Significacin de Mart para Cintio Vitier 095 Cintio Vitier evoca a Jos Lezama Lima. Ent. Carlos Espinoza Plural (Mxico) (147):23-30; dic., 1983. 1984 096. Entrevista con el grupo Orgenes. — En: Coloquio Internacional sobre la obra de Jos Lezama Lima: [celebrado en el] Centro de Investigaciones Latinoamericanas, Universidad de Le Poitiers, Francia. — [1. ed.]. – Madrid : Editorial Fundamentos, 1984. — v. 2, pp. 157-189. 1986 097. La amistad tranquila y alegre, en eco de mucho jbilo / Fina Garca Marruz y Cintio Vitier. — En: Espinosa, Carlos. Cercana de Lezama Lima — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1986. — pp. 48-84.

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156098. Entrevista a ... Ent. Ramn Fraga. Unin (La Habana) (1):177-192; en.-mar. 1986. 1987 099. Hacia nuevos horizontes. Ent. Sostenida en la redaccin de Amrica Latina. Amrica Latina (Mosc) (4):66-74; 1987. il. (Arte y Literatura) De un encuentro con crticos y traductores soviticos. 100. [Carta a Nikita Viertos Gastn. La Habana, 18 de sept., 1984]. En Rojo Suplemento de Claridad (Puerto Rico) 21-27 ag.1987:19. il. Sobre el libro El mundo de la infancia Datos tomados de un recorte. 101. Carta abierta a Arcadio Daz Quinez. En Rojo Suplemento de Claridad (Puerto Rico) 4-10 dic., 1987:17-18. il. Impugna tesis de ngel Rama utilizada por ADQ en su obra Cintio Vitier: La memoria integradora 1988 102. Encuentro con Cintio Vitier. Albur (La Habana) 2(3):13-18; mayo, 1988. Casa de las Amricas (La Habana)30 (175):2-7, jul.-ag., 1989. Vitrales (Sancti Spritus) 2(s. n.):[8]; mayo, 1989. il. En esta publicacin aparece un extracto de este texto. Contiene : Papel del artista en la sociedad — La cultura cubana dentro del proceso de rectificacin — La UNEAC y la Asociacin de Hermanos Saz — Acerca de la enseanza artstica y la formacin del creador 103. Las realidad es un mendigo. Ent. ngel Escobar. Unin (La Habana)(3):72-75; jul.sept., 1988. il. 1990 104. Regando las semillas del Gran Sem. Ent. Rosa Elvira Pelez. Granma (La Habana) 29 de dic., 1990:5. il. Sobre la Ctedra Latinoamericana y del Caribe, y la edicin crtica de Nuestra Amrica. 1991 105. Cintio Vitier, un gran testimonio. Ent. Jess Fernndez Palacios. Cdiz e Iberoamrica (Cdiz, Espaa) (9):89-95; 1991. Contiene : Antecedentes familiares — Infancia y adolescencia en Matanzas — Su conocimiento de Juan Ramn Jimnez y de Jos Lezama Lima. De su poesa y de su experiencia de la Revolucin — Su tradicin potica y su estirpe— Y despus de Jos Mart? — Sobre la poesa de Fina Garca Marruz 106. Un poeta, dos. Ent. Ana Ins Larre Borges. Brecha (Montevideo) 6(281):22-23; 18 abr., 1991. il. Intervino Fina Garca Marruz. Contiene : Espaldarazo de Juan Ramn Jimnez.. — Polmica entre defensores de Antonio Machado y Juan Ramn — El grupo Orgenes — Ediciones crticas de Jos Mart y Jos Lezama Lima — Los papeles de Jacinto Final (Montevideo, 1986) — Es anacrnico escribir poesa hoy? 107. Cintio Vitier: de Cuba con Mart. Ent. Faride Zern. Literatura y Libros. Dominical de la poca (Santiago de Chile) 4(159):s. p.; 28 abr., 1991. il. Contiene : Gabriela Mistral y Pablo Neruda — Otras referencias literarias ms all de estas grandes figuras — Por sobre todo un poeta — Orgenes y Lezama — La literatura cubana actual — Relaciones literarias entre Cuba y Chile: Habra que empezar... por Jos Mart — Nombres en la literatura cubana actual — Ser escritor y catlico en la Cuba de Fidel — Polmica con Fernndez Retamar: el odio en Mart

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157— Lo ms vigente de pensamiento de Mart 108. Cintio Vitier: poeta cubano. Ent. Luis Ernesto Crcamo. Pluma y Pincel (Chile) 3(141):57-61; 3-30 jun., 1991. il. Contiene : En el mundo de Orgenes: el rescate de las esencias cubanas. — Poesa de la memoria o de la extraeza y de las sensaciones. — De los ismos europeos latinoamericanos. — En un pas marcado por la Revolucin Cubana los poetas no podan ser indiferentes 1992 109. Cintio Vitier, una voz conciliadora. Ent. Diario de Cdiz (Espaa) 26 en., 1992:31. il. (Suplemento Cultura) Contiene : Qu opinin le merece al conmemoracin del V Centenario del Descubrimiento de Amrica? 110. Cintio Vitier: “La literatura es un vicio, la poesa es un nacimiento”. Ent. Susana Cella y Daniel Freidemberg. Diario de Poesa (Argentina) 5(22):20,22; abr., 1992. il. Contiene : Vallejo, Lezama, Mart, alguna otra influencia importante? — El descubrimiento del pas secreto, de la Cuba secreta — El caso de Lezama no es igual al nuestro — El episodio que relata en Paradiso ... La dcada del 30: su expresin ms renovadora en Orgenes — Mara Zambrano y Juan Ramn Jimnez —Puede decirse que el eje era la afinidad con Lezama? — Muerte de Narciso. Su poesa y la de Lezama. Formas de “testimoniar” en su obra Su poesa como una “mirada participante” —Cul sera la teora potica de Mart? — Qu es ser un “poeta de la memoria”? — La realidad y la palabra — La poesa y la literatura — Qu ser “poesa” y qu sera literatura? 111. Poesa es lo que no fracasa nunca. Ent. Vctor Rodrguez Nez. El Espectador. Magazine Dominical (Colombia) (472):69; 10 de mayo, 1992. il. Contiene : Lo que le dijo el poema a la poesa: Despus te vas a arrepentir — Lo que le dijo el sinsonte al crtico: Si no le es molestia, vuelva maana — Lo que le dijo el sujeto al predicado: Usted tiene toda la culpa — Lo que le dijo el gato a la luna: Imposible, redundante — Lo que le dijo la rosa al lirio: Cmo me gusta Apollinaire — Lo que le dijo el latn al griego: Pero qu sabes t de mi vida — Lo que le dijo un libro a otro: Recemos, recemos — Lo que le dijo el espejo al gallo: eso que usted dice es exacto — Lo que le dijo la palma a la ceiba: Arrodllate por m 112. Lo que le dijo la poesa al poema “acpteme esta pequea ayuda”. Ent. Leonardo Padrn. El Nacional (Caracas) 28 jun., 1992:2. il. Contiene : La palabra nace del silencio — El ingenio es literario — Poesa como religin 113. Lo que significa un tabaco. Ent. Leonardo Padrn. El Nacional (Caracas) 28 jun., 1992:2. il. Contiene : Influencia esttica y temtica de la Revolucin Cubana en su obra.— Cmo ve Cintio Vitier a Cuba actualmente? 114. Lo que he escrito, escrito est. Ent. Rolando Snchez Mejas. Unin (La Habana) 4 (14):16-25; 1992. il. Contiene : Proyecto latente de su Potica — La idea de la inevitable vocacin poltica de la poesa contempornea — Literatura lepra de la poesa — Su poema ”Cntico Nuevo”, y su concepto ms puro de la literatura — La idea “la dignidad de la pobreza” a travs de su obra y de la praxis de Orgenes — Qu signific para usted y para Orgenes Mara Zambrano? — El problema de un “saber potico” — Su nueva valoracin de “ lo cubano en la poesa” — “La crtica y la creacin en nuestro tiempo”: una crtica de intencin descriptiva y una “crtica de interpretacin... potica o creadora” — La idea de la Poesa como umbral — Sobre la modernidad literaria — El descubrimiento como proeza humana — Alrededor de Ser y Tiempo Para quin se escribe? — Filiacin cuerpo resguardado / cuerpo expuesto — El

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158fragmento como “iluminacin”, como segregador autnomo de tiempo, de historia — De su poema El nombre del arco — “Todas las culturas realizadas y aun las utopas, son ensayos de ser”— No cree ms fructfero para Cuba el papel de un intelectual al margen de las estructuras de poder? — Asunto crucial: A dnde va la isla? 1993 115. Un encuentro con Cintio Vitier. Ent. Oscar Bravo Fong. Luz de Yara (Granma) 11(11):s. p.; 1993. il. Datos tomados de un recorte facilitado por Cintio Vitier. 116. “Ese sol del mundo moral”. Ent. Marc Von Camp. Acuario. Centro Flix Varela (La Habana) (3):14-18; 1993. il. “Cuba tiene una historia breve pero intensa. Se puede considerar como uno de los fundadores de la nacionalidad cubana la figura del Padre Flix Varela” 117. “Hay que saber primero que es la patria para dar la vida por ella”. Ent. Polmica (Guatemala) 2(17):36, 1993. il. Datos tomados de un recorte facilitado por Cintio Vitier. 118. La patria en el alma. Ent. Manuel Henrquez Lagarde. Juventud Rebelde (La Habana) 17 oct., 1993:7. il. A la cabeza del ttulo: Dos preguntas a Cintio Vitier. A propsito del Da de la Cultura Cubana. 1994 119. Cintio Vitier: “Orgenes es una fbula”. Ent. Ciro Bianchi Ross. Cuba Internaci o nal (La Habana) 31(286):20-24; mayo, 1994. il. (Letras) 120. La sorpresa de la memoria. Ent. Alfonso del Rosario Durn. mbito (Holgun, Cuba):30-44; 1994. il. Sobre Jos Lezama Lima Datos tomados de un recorte facilitado por Cintio Vitier. 121. El sigue viaje con nosotros. Ent. Grisel Prez y Rosa Miriam Elizalde. Juventud Rebelde (La Habana) (192):6-7; 15 mayo, 1994. il. Sobre Jos Mart 1995 122. Signos vitales. Ent. Oscar Bravo Fong. mbito (Holgun, Cuba) 8 (99):3-10; jul., 1995. 123. Peldao 88 ha tenido el Honor de entrevistar, en exclusiva, al insigne intelectual cubano Cintio Vitier sobre temas martianos y de contemporaneidad. Ent. Peldao 88. Voz de los estudiantes de Derecho (La Habana) (3):[2-3]; 13 dic., 1995. 1996 124. Coloquio apcrifo con Cintio Vitier. Ent. Los Conjurados (Miami) (2):26-34; abr., il. Contiene : Carta de Julio Agustn Pino, fechada en Miami, 1 de mayo de 1996, para Cintio y Fina. 125. Un desgarramiento irrevocable. Ent. Milena Recio y Eduardo Jimnez Garca Juventud Rebelde (La Habana) 19 mayo, 1996:11. il. A la cabeza del ttulo: La muerte de Mart segn Cintio Vitier. 126. Con Cintio Vitier sobre Mart: cosmovisin humanista americana. Ent. Flix Guerra. Temas (La Habana) (7):85-91; sept.1996. tica, humanismo y visin religiosa en Jos Mart. 1997 127. Gabriela en La Habana. Ent. Jorge Bentez Gonzles. Punto Final (Chile) feb., 1997:20-21. il. Sobre Gabriela Mistral 128. Visto desde Cuba: Cintio Vitier y Fina Garca Marruz. Ent. Ana Nuo. Quimera (Bar-

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159celona Espaa) (163):8-19; nov., 1997. il. Sobre la huella dejada por el exilio intelectual en Cuba, Lezama, Orgenes y la amistad de ambos con Gastn Borges 1998 129.Cintio Vitier o La Historia como esperanza. Ent. Enrique Ubieta Gmez. Contracorriente (La Habana) (11-14):135-142; en.dic., 1998. (Entrevista) 130. Lo cubano de Orgenes y la bsqueda del ser de Sarduy. Ent. Jean Lamore. Unin (La Habana) 9(31):31-34; abr.-jun., 1998. Conversaciones en La Habana con Cintio Vitier. 1998-1999 131.El rostro moral de la belleza es la justicia. Ent. Francisco Henares. Cuadernos del Estero (Murcia, Espaa) (13-14):197-204; 1998-1999. il. 1999 132. Cinto Vitier. Encuesta por Ral FornetBetancourt. Concordia (Alemania) (28):326-327; 1999. Preguntas realizadas a 100 filsofos del mundo. 2000 133. Cintio Vitier: filsofo y poeta. Ent. Maximino Cacheiro Varela. Hesperia. Anuario de filologa hispnica (Vigo, Espaa) 3:133175; 2000. Contiene Bibliografa de Cintio Vitier. Vase asiento 504. 134. La Patria vestida de poesa. Ent. Luis Machado Ordetx. Santaclareo (Villa Clara, Cuba) abr., 2000:4. il. Islas (Villa Clara, Cuba) 42 (125):13-17; jul.sept., 2000.MART, JOS – CRTICA E INTERPRETACI"N1968 135. [Carta a Pedro Guilln sobre la inauguracin de la Sala Mart] El libro y el pueblo (Mxico) (9):48; ag. 1968. (Correo Martiano) 1981 136. Intelectuales de Nuestra Amrica. Plural (Mxico) 11-13 (123):12-14; dic., 1981 Ponencia al Encuentro de Intelectuales por la Soberana de los Pueblos de Nuestra Amrica. 1982 137. Mart : Cuba. En rojo. Suplemento de Claridad (Puerto Rico) 29 en.-4 febr., 1982:46. il. Ensayo tomado de su libro Temas martianos publicado recientemente por Ediciones Huracn en Puerto Rico. (Esta obra fue publicada en Cuba en 1969) 138. Puerto Rico desde Mart. Bohemia (La Habana) (38): 82-89; 17 sept. 1982. il. Sobre algunos de los principales textos que Jos Mart dedic a Puerto Rico. 1983 139. Subir a La Plata. Granma (La Habana) 27 en. 1, 1983:4. Escritores en la Sierra Maestra: Turismo Histrico. 1984 140. Conversatorio sobre un legtimo monumento editorial a Jos Mart : la edicin crtica de sus Obras Completas Anuario del Centro de Estudios Martianos (La Habana) (7):348-349; 1984. (Seccin Constante) Cintio Vitier, Fina Garca Marruz y Emilio de Armas se refirieron a esta vasto proyecto en el Centro de Estudios Martianos.

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160141. Esclarecimientos, rectificaciones. Anuario del Centro de Estudios Martianos (7) : 366369; 1984. (Seccin Constante) Rectificacin a errata aparecida en la edicin. Otras crnicas de Nueva York (La Habana, 1983); y respuesta de Cintio Vitier, en el XIII Seminario Juvenil Nacional de Estudios Martianos, sobre el significado y la relacin de las estrofas XXV yXXVI de Versos sencillos 142. Sin ninguna concesin al facilismo ni a la autocomplacencia. Anuario del Centro de Estudios Martianos (La Habana) (7):[211]215; 1984. (Libros) Palabras ledas en la presentacin del primer volumen de la edicin crtica de las Obras completas de Jos Mart en la Feria Nacional del Libro (La Habana, 1983) 1984 143. Mart, el escritor revolucionario. Revolucin y Cultura (3):19-25; mar., 1984. il. 1985 144. Edicin crtica de la poesa completa de Jos Mart. Bohemia (La Habana) 77 (26):1619; 28 jun., 1985. il. 145. Mart y Daro en Lezama. Casa de las Amricas (La Habana) (152):4-13; sept.oct., 1985. 1986 146. El juicio de Mart sobre Zenea. Bohemia (La Habana) 78 (18):33-34; 2 mayo, 1986. il. A propsito de una obra de Abilio Estvez. 147. Hallazgo de una profeca. Casa de las Amricas (La Habana) 27 (158):30-41; sept.oct. 1986. Crtica e interpretacin de un poema desconocido de Jos Lezama Lima titulado “La casa del Alibi”. El texto de este poema que Lezama dedicara a nuestro Jos Mart aparece incluido en estas pginas. 1988 148. Demandando a la vida su secreto. Casa de las Amricas (La Habana) (167):101-106; mar.-abr., 1988. “Lo que cambia el estilo de Mart al llegar a Caracas tiene un solo nombre : Bolvar”. El ttulo de esta crtica ha sido tomado del prlogo al Poema del Nigara de Juan Antonio Prez Bonalde. 149. Las fuentes y el destino de la formacin literaria de Jos Mart, segn Juan Marinello. Santiago (Santiago de Cuba) (69):11-20; jun., 1988. 1991 150. En el centenario de Nuestra Amrica. En: Habana. Universidad de la Habana. Ctedra Latinoamericana y del Caribe de la Universidad de la Habana — La Habana : s.n., 1991. —pp. [9]-27. 151. Las imgenes en Nuestra Amrica. Kina (Costa Rica) 15 (1-2):[81] -90; en.dic., 1991. La Habana : Casa Editora Abril, 1992. — 44 p. — (Ediciones pequeo formato) Repblica de las Letras (Madrid, Espaa) (45):23-38; [abr.-jun.], 1995. il. 152. Jos Mart. Nuestra Amrica. Edicin Crtica. Investigacin, presentacin y notas por Cintio Vitier. Granma (La Habana) 1 en., 1991:4-5. il. A propsito del centenario de la publicacin del trascendental texto martiano. 153. El poeta. — En su: Poetas cubanos del sigloXIX (semblanzas). La Hoja Verde (Santiago de Chile) (2):12-13; abr., 1991. Fragmento. Incluye noticia biobibliogrfica de Cintio Vitier por Ricardo H. Herrera. Conferencia leda en la Biblioteca Nacional como parte del ciclo en homenaje al centenario del 68.

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1611992 154. Algunas reflexiones en torno a Jos Mart.— [La Habana] : Palacio de las Convenciones de Cuba, 7 al 12 de abril de 1992.— 17, 4 p. Conferencia magistral “Jos Mart, hombre universal”. 155. Visin martiana de Hait. Casa de las Amricas (La Habana) 32 (186):10-18; en.mar., 1992. 156. Ante el V Centenario: algunas reflexiones. Revolucin y Cultura (La Habana) 31 (5):52-54; sept.-oct., 1992. il. Sobre la “evangelizacin mercantil”, denunciada por Jos Mart. 157. Mart y el desafo de los noventa. Gaceta de Cuba (La Habana) (s. nr.):19-21; sept.oct., 1992. il. Fundamento martiano de nuestro socialismo y de nuestra democracia. Mesa redonda efectuada en el Centro de Estudios Martianos el 25 de junio de 1992. Juventud Rebelde ( La Habana) (124): 4 ; 24 en., 1993. il. 1993 158. Mart y Vallejo. ltimas Noticias. Suplemento Cultural (Caracas, Venezuela) (1289): 14-15; 31 en., 1993. il. 1994 159. Mart, Bolvar y la educacin cubana. Bohemia (La Habana) 85 (2):60-67; 21 en., 1994. il. 160. La capilla y el lbum. Antenas (Camagey, Cuba) (8):4-6; en.jun., 1994. Sobre el lbum de bodas de Jos Mart. 161. Mart: el heredero, el agonista, el gua. Educacin (La Habana) (82):54-59; mayo-ag., 1994. il. 162. Mart en la hora actual de Cuba. Juventud Rebelde (La Habana) (211):3; 18 sept. 1994. 1995 163. Liminar. – En: Mart, Jos. Versos sencillos —1 ed. — San Jos, C. R. : Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1995. — pp. 5-7. 164. El Mart de Martnez Estrada. – En: Congreso Internacional sobre la vida y la obra de Ezequiel Martnez Estrada 1 o Baha Blanca, 1993. Primer... — Baha Blanca : Fundacin Ezequiel Martnez Estrada, 1995. — pp. 56-65. Conferencia leda por la doctora Adelaida de Juan de Fernndez de Retamar. 165. Palabras de... con motivo del Da de la Cultura Nacional y de la fundacin de la Sociedad Cultural Jos Mart. – En: Sociedad Cultural Jos Mart. Acto de fundacin y estatutos. — La Habana : Editorial CREART, 1995. — pp. 11-19. 166. Las cartas de Jos Mart hasta 1881 : contribucin a un estudio integral de su obra literaria. Anuario del Centro de Estudios Martianos (La Habana) (15): [199 ] -216; 1992 [i.e.] 1995. (Estudios y Aproximaciones) 167. Las cartas de Mart de 1882 a 1888 : Contribucin a un estudio integral de su obra literaria. Anuario del Centro de Estudios Martianos (17):[237]259; 1994 [i.e.] 1995. (Estudios y Aproximaciones : En torno a la obra martiana de creacin literaria) 168. Merecer la estrella y la paloma. Juventud Rebelde (La Habana) 8 en., 1995:[8-9]. il. 169. Cuaderno para el cario. Juventud Rebelde (La Habana) 29 en., 1995:3. Versin de sus palabras en la presentacin del Cuaderno martiano libro para los nios de primaria. 170. Hoy queremos levantarnos con Mart todos los cubanos. Juventud Rebelde (La Habana) 29 en., 1995:[8-9]. il. Palabras en la base del monumento a nuestro Hroe Nacional. Apuntes de su conferencia pronunciada el 20 de enero de 1995.

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162171. Espaa en Mart. Casa de las Amricas (La Habana) 35 (198):4-13; en.-mar., 1995. (Hechos / Ideas) En: Alemany, Carmen, Ramiro Muoz Haedo, Jos Carlos Rovira, eds. Jos Mart: historia y literatura ante el fin de siglo XIX: (actas del Coloquio Internacional celebrado en Alicante en marzo de 1995) — Alicante-La Habana : Publicaciones de la Universidad de AlicanteCasa de las Amricas, 1997. — pp. 15-30. En: Murphy, Tony R. A cien aos de Mart. — Las Palmas de Gran Canarias : Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria, 1997. — pp. 89-111. 172. Sobre las ltimas cartas de Jos Mart. Universidad de La Habana (245):(7)-21; en.dic., 1995. (Homenaje a Jos Mart en el centenario de su cada en combate) 173. Versos libres; regin volcnica de la poesa martiana. Barricada (Managua, Nicaragua) 1 abr., 1995. il. Datos tomados de una fotocopia facilitada por el Centro de Estudios Martianos. 174. El poeta patriota y ecumnico. Ent. Jorge Bentez. La Nacin (Chile) 17 mayo, 1995. il. Datos tomados de una fotocopia facilitada por el Centro de Estudios Martianos. Contiene : Unidad en la diferencia — La unin de los opuestos — Humanista y ecumnico 175. Mart el poeta. Presencia (La Paz, Bolivia) 28 mayo, 1995:8-9. il. (Homenaje) Datos tomados de una fotocopia facilitada por el Centro de Estudios Martianos. 1996 176. Puertorriqueos en Mart. Archipilago (Mxico) 2 (9):11-15; nov.-dic., 1996. 1998 177. Nuestro hombre del 98. Casa de las Amricas (La Habana) 38 (211):38[45]; abr.jun.,1998. il. (Hechos / Ideas) Palabras pronunciadas en el Coloquio Internacional Los 98: historia de un siglo, celebrado del 12 al 15 de enero de 1998, dentro de las jornadas del Premio Literario Casa de las Amricas. 2000 178. Mart en la educacin superior. Honda (La Habana) 1 (1):29-33; en.-mar., 2000. A propsito de su obra Mart en la Universidad.NOVELA1984 179. Pilar. Revolucin y cultura (La Habana) (11): 56-63; nov., 1984. il. Portocarrero. Captulo de: Rajando la lea est 180. Quintn Palma. Revista Nacional de Cultura (Caracas, Venezuela) 46 (1):[154]-167; en.mar., 1985. Captulo de su novela Rajando la lea est dedicado a la memoria de Alejo Carpentier.POESA1942 181. A San Juan de la Cruz. – En: Rodrguez Santos, Justo. Antologa del soneto — La Habana : Entregas Clavileo, 1942. — s.p. 1963 182. [Poemas]. — En: Lpez Morales, Humberto. Poesa cubana contempornea: un ensayo de antologa — Cdiz: Escelicer, S. A., 1963. — pp. 83-92. Contiene : Elega. Fuera de un sueo – Melancola – Venganza — Carta (II) – Fracaso — Otro cuerpo — IV — La estrella IV– XXVI — XXIII1967 183. Dos poetas de Cuba: Cintio Vitier. Roberto Fernndez Retamar. La Prensa Literaria (Managua, Nicaragua) 21 de mayo, 1967:[1], 4-B. Contenido de inters : Cintio Vitier. seleccin y nota de P. A. Cuadra — [Poe-

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163mas] : Areito Mundo; La voz arrasadora; La balanza y la cruz 1968 184. 4 poemas de Cintio Vitier. Bohemia (La Habana) 60(38):56-57; 20 sept., 1968. il. Contiene: La noticia – Estamos – Clodomira — Las nieves de antao 1974 185. Es que dorma. – En: La poesa sorprendida: coleccin completa, 1934-1947 — Santo Domingo, Repblica Dominicana : Editora Cultural Dominicana, 1974. — p. V. 1976 186. [Poemas]. — En: Aray, Edmundo. Poesa de Cuba: antologa viva — Caracas: Direccin de Cultura de la Universidad de Carabobo, 1976. — pp. 22-24, 123-137. Contiene : El aire aqu — La nieves de antao — Viet Nam — El poeta – Estamos — La noticia – Clodomira — No me pidas — Suite de un trabajo productivo 187. [Poemas]. – En: Cardenal, Ernesto. Poesa cubana de la Revolucin – Mxico : Editorial Extemporneos, S. A., 1976. — pp. 76-88. Contiene: El aire, aqu – Estamos — Camilo Cienfuegos — Viernes Santo — La noticia — Apuntes caeros — Sala D 1978 188 Ardiendo pura. Signos (Villa Clara, Cuba) (21):29; en.-dic., 1978. il. Poema dedicado a la intervencin del doctor Ral Roa en la ONU (Abril, 1977) 189. El bosque de Birnam. Nueva Estafeta (Madrid, Espaa) (1):16-22; dic., 1978. il. A la cabeza del ttulo: un poema de Cintio Vitier. Contiene explicacin del argumento de este poema. 1981 190. Ese nio ardiendo. Verde Olivo (La Habana) 22 (30): 23; 26 jul. 1981. 191. Nativo de mi historia. Granma Resumen Semanal (La Habana) 16 (35): 2; 30 ag. 1981. (Suplemento de Literatura Cubana) Tomado de La fecha al pie (La Habana, 1981) 192. Baile. Cuba en el Ballet (La Habana) 12 (4): 33; oct. dic., 1981. 1982 193. [Poemas]. — En Aridjis, Homero. Antologa del Primer Internacional de Poesa, Morelia, 1981. — Michoacn: s.n., 1982. — pp. 281-288. Contiene : Los peregrinos de Emmas — Torre de marfil – Clodomira — A la poesa – Vamos — Entre un poema y otro — Franz Kafka 194. [Poemas]. – En: Poesa contempornea de Amrica Latina. — Mxico: Editores Americanos Unidos, S. A., [1982]. — p. 94. Contiene : El aire, aqu — Sala D 195. Compromiso. Unin (La Habana) (4):275; 1982. 196. Franz Kafka. Sbado Suplemento Uno ms uno (Mxico) (217): 6; 2 en., 1982. 197. A mi esposa. Opina (La Habana) (31): 35; febr. 1982. 198. Las palabras empezaron Casa del Tiempo (Mxico) 3 (26): 8; oct., 1982. il. 1983 199. [Poemas]. – En: Poesa cubana de amor: siglo XX. — Ciudad de la Habana : Editorial Letras Cubanas, 1983. — pp. 22-23. Contiene : Un golpe de recuerdos te modela — A mi esposa 200. [Poesas] Unin (La Habana) (2):10-11; abr.jun. 1983.

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164Contiene : El arroyo de la sierra — El da de maana 201. [Poemas]. – En: Garca Elio, Diego. Una antologa de poesa cubana — Mxico: Editorial Oasis, 1984. — pp. [183]204. Contiene : Tesoro — En la mgica finca – Rapto — Un placer — En el instante – Mujer — La madre – Memoria — Las gaviotas – Smbolos – Espejo — Sitio Mural de Sor Juana Ins de la Cruz (16151951) — La hora de volver 1984 202. [Poemas]. – En: Rodrguez Padrn, Jorge. Antologa de poesa hispanoamericana (1915-1980) — Madrid: Espasa Calpe, S. A., 1984. — pp. [133]-149. Contiene : Lo imparcial — El portal — Los juegos — En Xochimilco — Palabras a la aridez – Adoracin — Cntico nuevo — Piedra de rayos — Suite de un trabajo productivo — -IV — Cello a medioda — Apuntes caeros — Los fros barrios – Confesin — El Bosque de Birnam 203. [Poemas]. – En: Escalona-Escalona, Jos Antonio. Muestra de poesa hispanoamericana del siglo XX. — [Caracas] Biblioteca Ayacucho, [1985]. —pp. 359-367. Contiene : Canta, lengua, la alabanza — Palabras a la aridez — La balanza y la cruz — Pjaro sumo – Consignas — Trabajo 1985 204. Mundo. Verde Olivo (La Habana) 25 (10):23; 7 mar., 1985. 1986 205. Casa Lezama. El Caimn Barbudo (La Habana) 19 (220):4; mar,. 1986. il. 206. Cintio Vitier. — En Ortega, Julio. Antologa de la poesa hispanoamericana actual — [Mxico] : Siglo Veintiuno Editores, [1987]. — pp. 173-177. Contiene : Lugares comunes – Envo – Confesin — Poesa, hambre — A la poesa 207. [Poemas] Unin (La Habana) (2): 27-28; 1987. Contiene : El da siguiente – Novela — La meloda interrumpida — El hijo prdigo — Nupcias 1987 208. Hojas perdidizas. Gravida (Bogot, Colombia) 1 (3):[43]-52; sept.-oct., 1987. De un libro indito que publicar Ediciones del Equilibrista, Mxico, 1988. Contiene : Carta a Cleva — Los puntos ms lejanos — Casa de Lezama 209. [Poemas] Islas (Villa Clara, Cuba) (88):108109, 115-117; sept.oct., 1987. Tomadas de su: La fecha al pie (La Habana, 1981) Contiene : La tumba de Mart — Guardia nocturna — S, Don Mariano 1988 210. Perfil de Coronel. Gaceta de Cuba (La Habana) (1): 27; en. 1988. Sobre el poeta nicaragense Jos Coronel Urtecho. 211. Fernando. Letras Cubanas (La Habana) 2 (8): 34-25; abr. jun., 1988. A Fernando Silva. 1989 212. Trajes del fugitivo. — En Espaces a la recherche d’ une ecologie de L’ espirit — [Europa] : Euroeditor, [1989]. — pp. 359362. 213. Viaje a Nicaragua ; fragmento. – En: Perdomo, Omar. Andar Nicaragua — La Habana : Editora Poltica, 1989. — p. 81. 214. [Poemas]. Letras Cubanas (La Habana) 3 (11):7-11; en. mar., 1989. Contiene : La mesa — Doble herida — El libro alto — Adivinanzas

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165215. Mara. Da 16 (Madrid, Espaa) 25 abr., 1989. il. A Mara Zambrano (De un libro indito titulado: Poemas de mayo y junio ) 216. Naturaleza. Quehacer (Las Tunas, Cuba) 3 (6):3 jun., 1989. il. Publicado bajo el ttulo: Inditos de Fina Garca Marruz, Cintio Vitier, Flix Pita Rodrguez y Ramiro Duarte 217. 3 poemas de Vitier sobre poetas nicaragenses. Nuevo Amanecer Cultural (Nicaragua) 22 jul., 1989:6. Contiene : Dos lecciones de Carlos Martnez Rivas — Perfil de Coronel. Fernando [Silva] 218. Poemas. Espacio (Badajoz, Espaa) (3):56; invierno, 1989. Contiene : Al Lezmico modo — Allah Krin 1990 219. [Poemas] Pretextos (Valencia, Espaa) (187):2-8; 11 febr., 1990. Contiene : Ese nio ardiendo — Ho Chi Minh — Una brazada de flores — Esta noche – Responso — Una cabeza africana — Franz Kafka — Nios 220. Poemas de mayo y junio. Antenas (Camagey) (1):110-122; 15 ag., 1990. Contiene : El resurrecto – Pobreza – Naturaleza — La meloda – Ausencia — En tu red — ltima Sabana – Plegaria — Cancin de la falda identidad — Cancin del fugitivo 221. [Poemas] Avance. Tabasco en la Cultura (Mxico) 18 nov., 1990:3. Contiene : Carta a Cleva — El Cristo de la Catedral de Mxico — Iris Indio 1991 222. [Poemas]. – En: Poesa en la Biblioteca: Antologa de poetas — [La Habana : Biblioteca Nacional Jos Mart, 1991]. — pp. 22-27. Contiene : Romance de los sonidos de mi casa — Un cuadro 223. [Poemas]. La Hoja Verde (Santiago de Chile) (2):14-15; abr.,1991. il. Contiene : Trabajo — A ti te leo mis poemas – Treno — Poesa, hambre 1992 224. Versos de la nueva casa. Revista Atlntica (Cdiz, Espaa) (4):125-132; primavera, 1992. Contiene : Cartas y liras — Vacaciones I-III — A Julin Orbn — Noches de Rosario 1994 225. [Poemas]. – En: Chacn, Alfredo. Poesa y potica del Grupo Orgenes / sel., prl, cronologa testimonial y bibliografa por A. Ch. — [Caracas, Venezuela : Biblioteca Ayacucho, 1994]. — pp. 66-84. Contiene : El nio inmvil: una mirada – Campesina – Oculto — Poema: I – X — Sonetos: Rapto — Una noche es esta? — La noche del viajero: El Prtico — La taberna — Reflexin del instante – Flechas — El claustro — Arte potica – Himno – Ofrecimientos — El apcrifo — Bibliografa 226. Vacaciones. I-III. Revista Atlntica (Cdiz, Espaa) primavera, 1994. Separata N 8. Edicin bilinge espaol-francs. 1995 227. Poemas. — En: Gonzlez, Daniuska. Poetas cubanos actuales / sel., prl. y notas Daniuska Gonzlez. — Los Teques, Venezuela : Ateneos de los Teques, 1995. — pp. 28-29. Contiene : Amanezco — El resurrecto 228. Poemas. — En Lpez Lemus, Virgilio, Gaetano Longo, sel. Poetas de la Isla : panorama de la poesa cubana contempornea — Sevilla : Portada Editorial El Unicornio Nm. 3, 1995. — pp. 123-125.

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166Contiene : La voz arrasadora — Examen del maniqueo — Compromiso 229. [Poemas]. Unin (La Habana) 7(20):9-14; jul. sept., 1995. il. Contiene : La fiesta en el desierto — Enero, 1995 — Ocaso 230. Dama pobreza. — En: Mart Brenes, Carlos, sel. En un abrir y cerrar del siglo Cuba. Maestros y novsimos de la poesa — Buenos Aires, Argentina : Desde la Gente, Ediciones Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos C. L., 1997. — pp. 34-35. 1997 231. Una cinta para Carmen Donceles. Revista Atlntica (Cdiz, Espaa) (13):[25]-36; 1997. il. Contiene nota de Alejandro Luque de Diego. 232. Eliseo y la msica. Jacara (La Habana) (6):29; 1997. 1999 233. [Poemas]. — En: Rocasolano, Alberto. Yo te conozco, amor / sel. y prl. A. R. — [La Habana] : Editorial Jos Mart, [Instituto Cubano del Libro, 1999]. — pp. 105-107. Contiene : A mi esposa — Sptimo epitalamio — Canto llano PR"LOGO E INTRODUCCIONES 1959 234. [Presentacin] Nueva Revista Cubana (La Habana) (1):[5-6]; abr.-jun., 1959. 1968 235. La crtica literaria y esttica en el siglo XIXcubano. Vase asiento 7. 1978 236. Nota a esta edicin. — En: Borrero, Juana. Poesas y cartas — La Habana : Editorial Arte y Literatura, 1978. — pp. 9-10. 237. Juan Ramn Jimnez en Cuba. Sin Nombre (Puerto Rico) (3):31-56; abr.-jun., 1982. Estudio introductorio de su libro Juan Ramn Jimnez en Cuba (1981). Publicado tambin en separata. 1984 238. Introduccin a la obra de Jos Lezama Lima. — En: Cairo Ballester, Ana. Lecturas sobre literatura cubana — La Habana : Ministerio de Educacin Superior, Departamento de Textos y Materiales Didcticos, [1984]. — t. 1 (parte 2), pp. 622-670. Prlogo a Obras completas de Jos Lezama Lima, Mxico, 1975. 1990 239. Cuba : hablo contigo / prl. a la edicin espaola. — En: Castan, Jos Manuel. Cuba : hablo contigo — [Espaa] : Fundacin Dolores Medio, [1990]. — pp. 5-16. 1991 240. Otra vez por El Ambia. — En: Machado, Eloy. Jacinta, ceiba frondosa — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1991. — pp. 3-4. 241. Pero van a sobrevivir : presentacin. — En: Borge, Toms. El arte como hereja. — [Madrid : Tercera Prensa, Hirugarren Prentsa, S. A., 1991]. — pp. 5-16. Nuevo Amanecer Cultural (Managua, Nicaragua) 16 nov., 1991:3, 7. il. 242. Los poemas de Roberto Friol a Kid Chocolate. — En: Friol, Roberto. Kid Chocolate — La Habana : Editorial Letras Cubanas, [1991]. — pp.3-7. 1998 243. Ejemplo de Mallarm. — En: Mallarm, Stphane. Cien aos de Mallarm (Igitur y otros poemas). — Espaa : Ed. Igitus, 1998. — pp. 13-18. — ( Igitur y otros poemas; 8).

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167244. Valverde : la palabra y el silencio. — En: Valverde, Jos Mara. Obras completas : Poesa / prl. Cintio Vitier. — Madrid : Editorial Trotta, 1998. — pp. 23-34. 1999 245. La Isla Infinita. La Isla Infinita (La Habana) 1 (0):7-8; en.-mar., 1999. Presentacin a la revista de este mismo ttulo dirigida por Cintio Vitier. COLABORACIONES EN LIBROSPR"LOGOS246. Utopa y posibilidad. — En: Ubieta Gmez Enrique. De la historia, los mitos y los hombres — La Habana : Editora Poltica, 1999. — pp. IX-XIII. 2000 247. Todos los tiempos de la Habana Vieja. – En: Leal Spengler, Eusebio. Poesa y palabra — La Habana : Ediciones Boloa, 2000. — pp. 5-7. — il.PROSA Y OTROS TEXTOS1973 De la Demajagua al Moncada: una sola revolucin. Granma (La Habana) 18 jul., 1973:5. il. A la cabeza del ttulo : Mart: el autor intelectual. 1984 249. Palabras en el Homenaje de la Biblioteca Nacional Jos Mart a Samuel Feijo. Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart (La Habana) 75 (2):188-191; mayo-ag., 1984. 250. Julio Cortzar. Casa de las Amricas (La Habana) 25 (145-146):42; jul.-oct., 1984. 251. Apuntes para el Encuentro de Intelectuales por la Soberana de los Pueblos de Nuestra Amrica. – En: Encuentro de Intelectuales por la Soberana de los Pueblos de Nuestra Amrica, 1 o La Habana, 1981. Ponencias — [Ciudad de La Habana] : Casa de las Amricas, [1985]. — pp. 286-289. 1985 252. Ahora solo es vida. Casa de las Amricas (La Habana) 25 (150):17-18; mayo-jun., 1985. Sobre Hayde Santamara. 1987 253. Dulce Mara Loynaz. En: Homenaje a Dulce Mara Loynaz, con motivo de su aniversario 85 o : expresin bibliogrfica [Cronologa Pedro Simn Rodrguez]. La Habana : Biblioteca Nacional Jos Mart, nov. 26, 1987. 1989 254. Palabras por un premio. Casa de las Amricas (La Habana) 29 (174):165-166; mayojun., 1989. Al recibir el Premio Nacional de Literatura 1988. 255. El turco sentado. Albur (La Habana) 3 (78):4-61; oct., 1989. il. 1992 256. Tribuna de opinin. El mamb (Madrid, Espaa) (0):17-18; mar.-abr., 1992. il. Extracto de la conferencia ante el Encuentro Anual de Asociaciones Europeas de Amistad con Cuba. (Madrid, nov., 1997). 257. Notas en el centenario de Vallejo. Casa de las Amricas (La Habana) 33 (189):7-13; oct.-dic., 1992. 1993 258. Por Jos Manuel Castan en la UNEAC. Collage Cultural de el Espectador del Centro (Venezuela) 2 (38):6-7; 16 de mayo, 1993. il. Palabras pronunciadas con motivo del homenaje a Jos Manuel Castan en la Unin de Escritores y Artista de Cuba. el 19 de marzo de 1993.

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168259. Observaciones al Mensaje de los Obispos. Granma (La Habana) 22 sept., 1993:4. Responde a pastoral de la Iglesia Catlica Cubana. 1994 260. Comentarios a dos ensayos sobre axiologa cubana. Casa de las Amricas ( La Habana) 34 (194):96-107; en.mar., 1994. (Hechos / Ideas) Sobre “El discurso de la frustracin republicana en Cuba” y “La otra moral en la teologa cubana”. Trabajo ledo y debatido en el Instituto de Filosofa de la Academia de Ciencias de Cuba, el 4 de febrero de 1994. 261. Presentacin de Eliseo Diego. Casa de las Amricas (La Habana) 34 (194):9-12; en.mar., 1994. Areto (Estados Unidos) 4(16):36-39; jun., 1994. il. (Homenaje) Publicado bajo el ttulo : “Palabras de presentacin en el homenaje a Eliseo Diego en Guadalajara, Mxico, con motivo de la entrega del Premio de Literatura de Latinoamrica y el Caribe ‘Juan Rulfo’”. 262. La emigracin intelectual y artstica cubana: un fenmeno nuevo? Contrapunto (Miami) 5 (5):24; mayo, 1994. il. No siempre la emigracin artstica pareci fecunda. Aparte de que unos creadores necesiten ms que otros la experiencia de culturas diversas, es importante la edad y el momento en que esos viajes se realizaron...”. 263. El escritor y la biblioteca. Gaceta de Cuba (La Habana) (6):45-47; [jun.], 1994. Palabras ledas en la 60 Conferencia General de la Federacin Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias (IFLA) efectuada en Cuba del 21 al 27 de agosto de 1994. 1995 264. Orgenes de la msica: tres notas sobre Julin Orbn. Unin (La Habana) 7 (18):53-57; en.-mar., 1995 (Cincuentenario de Orgenes) 265. El son de la loma. Trabajadores (La Habana) 20 febr., 1995. il. “El son de la loma, cantado por el tro Matamoros, es una esencia de Cuba”. 266. La Patria, cada da. Gaceta de Cuba (La Habana) (4):60-61; jul.-ag., 1995. il. Palabras ledas en la presentacin de la edicin cubana de Ese sol del mundo moral, 20 aos despus de su primera edicin realizada en Mxico. 1996 267. El gusto por la limpieza de la vida. La Revista del Libro Cubano (La Habana) 1 (1):11-13; 1996. il. El presente trabajo es un adelanto de la obra Audiencia pblica sobre la formacin de valores en las nuevas generaciones de la Editorial de Ciencias Sociales. 268. Palabras para Julio Cortzar. Bohemia (La Habana): B62; 19 en. 1996. il. (Crnicas) 269. La identidad como espiral. Gaceta de Cuba (La Habana) 34 (1):24-25; en.-febr., 1996. il. Palabras pronunciadas en el II Encuentro la Nacin y la Emigracin, el 4 de nov., 1995. 270. Cartas de Thomas Merton. Contracorriente (La Habana) 2 (4):54-63; abr.-jun., 1996. (Reflexiones) Sobre Father Louis (Nombre adoptado por Thomas Merton en la Abada Trepense de Yeyhesemani, Kentucky). 271. Minero de lo cubano. Juventud Rebelde (La Habana) 13 de oct., 1996:11. Palabras a la muerte de Hilario Gonzlez. 272. Alicia Alonso y las musas. En Blanco y Negro (La Habana) (1):4-6; 28-29 oct., 1996. il. Cuba en el Ballet (La Habana) 7 (1-2):38-40, en.ag., 1997. il.

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1691997 273. Julin Orbn: msica y razn. Gaceta de Cuba (La Habana) 35 (3):18-19; mayojun., 1997. il. Presentacin del estreno en Cuba de las Tres versiones sinfnicas en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional, el 16 de marzo de 1997. 274. La unidad que defendemos. Juventud Rebelde (La Habana) 22 jun., 1997:3 il. Palabras de Cintio Vitier en el anlisis que artistas del occidente cubano hicieron del documento al V Congreso. 275. Memoria de un Gastn. Gaceta de Cuba (La Habana) 35 (4):22-23; jul.-ag., 1997. Sobre Gastn Baquero. 276. Nuestro Valverde. Casa de las Amricas (La Habana) 38 (208):120-126; jul.sept., 1997. Guaraguo (Barcelona, Espaa) 2 (6):[62]-72; invierno. 1998. Escrito para la II Jornada del Instituto Universitario de Cultura, de la Universidad Pompeu Fabra, Barcelona, dedicados a historiar, traducir, poetizar. Homenaje a Jos Mara Valverde. 2000 277. En el reino de la gracia comunicante. Islas (Villa Clara, Cuba) 42 (125):7-12; jul.sept., 2000. Palabras en la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, al recibir el ttulo de Doctor Honoris Causa de Ciencias Filolgicas, el 28 de diciembre de 1999. 278. Triunfa la justicia y la belleza. Juventud Rebelde (La Habana) 22 oct., 2000:9. il. Palabras pronunciadas en la inauguracin del 17 Festival Internacional de Ballet de La Habana. 1989 279. Ponge, Francis. La avispa: versiones. Gaceta de Cuba (La Habana) (7):13-14; jul., 1989. il. 280. Rimbaud, Jean Arthur. Iluminaciones. — En su: Poesa de ... — Ciudad de La Habana : Editorial Arte y Literatura, 1989. — pp. 7-25. Esta obra ofrece precedida por el ensayo Imagen de Rimbaud que Cintio Vitier publicara originalmente en la revista Lyceum (La Habana) 8 (29):17-30; febr., 1952. La Habana : Editorial Arte y Literatura, [1991]. — Edicin bilinge. — 95 p. Esta edicin aparece precedido de una Noticia por Cintio Vitier. Nuevo Amanecer Cultural (Managua, Nicaragua) 9 nov., 1991:7-8. Contiene : Despus del diluvio — Flores antiguo – H — A una razn – Angustia — Maana de embriaguez — Ciudades I – Parada – Obreros – Ciudad – Partida – Democracia – Vagabundos — Remate 1991 281. _______. Poemas... Plural (Mxico) (242):14-22; nov., 1991. Unin (La Habana) 4 (14):69-75; 1992. il. Contiene : El barco ebrio — Los despavoridos — Vergenza — Mi bohemia (fantasa) – Vocales — Cancin de la alta torre — La eternidad 1998 282. Mallarm, Stphane. [Poemas]. — En su: Cien aos de Mallarm (Igitur y otros poemas). — Espaa : Ediciones Igitus, 1998. — pp. 67-85. Contiene : Jams — El amo — Abolir — El azar

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170IIIVitier en otros idiomas (Incluye libros, prlogos, antologas, colaboraciones en publicaciones peridicas y entrevistas)ALEMN1982 283. Torre de marfil. – En: Oviedo, Jos Miguel. Lateinamerika Gedichte und Erzlungen, 1930-1980 — [Frankfurt am Main] : Suhrkaeup, [1982]. — p. 208. 1987 284. De Pea Pobre / deutsch von Manfred Schmitz; mit einem Essay von Ricardo Repilado... — [Berlin] : Aufbau-Verlag, [1987]. — 376 p. 1988 285. [Poemas]. – En: Meyer-Clason, Curt. Lyrik aus Lateinamerika. — [Mnchen] : Deutscher Taschenbuch Verlag, [1988]. — pp. 109-112. 1989 286. Revolution und Kirche. – En: Gross, HorstEckart, Raef Mller. Kuba : Insel im Umbruch — [Germany] Herenberg Edition, [1989]. — p. 127: il.CHECO287. [Poemas] / prelozil Miloslav Ulicn. — En: Nor Hymnus : deset kubnskch bsniku. — Praha : Ceskoslovensk spisoratel, 1984. — pp. [67]-77. Contiene : Pustosiv hlas — Tvr Sedm avatebni pisen — Nov HymnusFRANCS1979 288. Travail. — En: Centeno Gmez, Pablo. Le sang de la libert : anthologie de la posie politique d’ Amrique Centrale — Pars : Les Editions du Cerf, 1979. — pp. 182185. Aparece tambin texto en espaol. 1982-1983 289. Trois maitre cubains. ORACL (Francia) (2):85-91; hiver, 1982-1983 Publicado originalmente en Plural (Mxico) nov., 1981. Sobre Nicols Guilln, Alejo Carpentier y Jos Lezama Lima 290. Rue Pea Pobre / trad. et prf. Mara Poumier. — Pars: Editions L’ Harmmattan : Editions UNESCO, 1995. — 317 p. — (Collection UNESCO d’ oeuvres reprsentatives) 1998 291. [Poemas]. Trad. Jean Portante. Action Potique (Francia) (150):28-32; en.-mar., 1998. Contiene : Completes libres dans la nouvelle maison — Balade du bien-etre — Chiffons — Questions — Le dpossdeHNGARO1985 292. Violeta Palma / tord Patks Judit. — Budapest Magvet Kiad [1985]. — 386 p. — (Vilgkuyotr) Ttulo original: De Pea Pobre 1988 293. [Poemas] tord Csala, Kroly. — En: Krnika a Jronek. — Budapest : Zrnyikiad, 1988. — pp. 161-[166].INGLS1983 294. Two poems from Cuba. Translated by Mandy Mac Donal. Lotus (Repblica Democrtica Alemana) (53):91-93; 1983. Contiene : Work — FinalITALIANO1986 295. Selam o carta dei fiori. Trad. Francesco Tentori Montalto. Arsenale (Italia) (56):27-32; gennaio-giugno, 1986.

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177II. OTRAS VALORACIONES, NOTAS Y OTROS TEXTOS SOBRE SU VIDA Y SU OBRA1944 396. Ardvol, Jos. Tres lecturas. Accin (La Habana) 8 sept. 1944:4. (Teatro, Cine y Msica) Comenta la conferencia “Experiencia de la poesa”, de Cintio Vitier. 1949 397. Lizaso, Flix. Nuevas voces. — En su: Panorama de la cultura cubana — Mxico : Fondo de Cultura Econmica, 1949. — pp. 142-144. — (Coleccin Tierra Firme; 47) 1954 398. Baquero, Gastn. El ltimo nmero de la Revista Orgenes Diario de la Marina (La Habana) 23 en. 1954:4. 1955 399. Fernndez Retamar, Roberto. La poesa de Cintio Vitier. Revista Hispnica Moderna (New York) 21(1):43-44; en., 1955. 1956 400 Felipe, Orlando. [Cintio Vitier]. En su Panormica actual de la literatura cubana, Cuba Embajada. Mxico. Cuadernos de la Embajada de Mxico (3):36; mayo, 1956. 1957 401. Olivera, Otto. Breve historia de la literatura antillana — (Mxico : Andrea, 1957. — pp.149-150. — (Manuales Studium; 7) 1959 402. lvarez Baragao, Jos. Orgenes: una impostura (I-II). Revolucin y Cultura (La Habana) 14 mar., 1959:2. 7 abr., 1959:2. 403. Chany Lara, Fernando: Lo cubano en la poesa por Cintio Vitier. Mito (Bogot, Colombia) 5 (26):161-162; ag.-sept., 1959. (Notas) 404. Padilla, Heberto. La poesa en su lugar. Lunes de Revolucin (La Habana) (38):5-6; 7 dic. 1959. Sobre los poetas de Orgenes. 1962 405. Castellet, Jos Mara. Introduccin. — E n su: Veinte aos de poesa espaola (19391959) — Barcelona: Editorial Seix Barral, 1962. — pp. 25-105. — (Biblioteca breve; 149). Datos tomados de: Cacheiro Veleta, Maximino. Bibliografa. Vase asiento 505. 1963 406. Torriente, Lol de la. Mart, interpretado por Cintio Vitier. El Mundo (La Habana) 4 jun. 1963:4. Conferencia en le Lyceum con motivo de conmemorarse un aniversario ms de la muerte del Apstol. 1964 407. Lazo, Raimundo. La literatura cubana: un esquema histrico desde sus orgenes hasta 1964 — Mxico : Universidad Autnoma de Mxico, 1965. — 254 p. — (Manuales Universitarios; texto de la Escuela de Verano) 1967 408. Feijo, Samuel. Panorama de la poesa cubana moderna. Islas (Villa Clara, Cuba) 9 (4):357-369; oct.-dic. 1967. 1968 409. lvarez, Federico. Poesa cubana de hoy. nsula (Madrid) (260-261):1, 23; jul.-ag. 410. Aparicio, Ral. La Sala Mart. Juventud Rebelde (La Habana) 12 en., 1968. 412. Torriente, Lol de la. Cintio Vitier, treinta aos con la poesa. Bohemia (La Habana) 413. _______. Creada una Sala “Jos Mart” en la Biblioteca Nacional. El Mundo del Domingo (La Habana) 28 en., 1968:3. il. A propsito de su inauguracin.

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1781970 414. Cohen, John Michael. [Cintio Vitier]. — En su: En tiempos difciles: Poesa cubana de la revolucin — Barcelona : Tusquets Ed., 1970. — pp. 50-58. 415. Garca Marruz, Fina. Estacin de gloria. — En: Martnez, Pedro Simn. Recopilacin de textos sobre Jos Lezama Lima — [La Habana] : Casa de las Amricas, [1970]. — pp. 278-288. En su: Hablar de poesa — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1986. — pp. 381395. 416. Lpez Segrera, Francisco. Psicoanlisis de una generacin (1940-1959). Conclusin. Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart 61 (2):101-152; mayo-ag., 1970. La tercera parte de este ensayo se inicia con el captulo IV : Los creadores de Orgenes 1972 417. Meja Snchez, Ernesto. Crnica del I Coloquio Internacional Jos Mart. Cuadernos Americanos (Mxico) 6 (85):[73]-79; nov.-dic., 1972. 1974 418. Cardenal, Ernesto. En Cuba — [9.ed.]. — Buenos Aires: Ediciones Carlos Lohl, [1974]. — 370 p. Primera edicin: 1972. 419. Paz, Octavio. Los nuevos aclitos. — En su : La bsqueda del comienzo — [Madrid : Ed. Fundamentos, 1974]. — pp. 85-89. 1978 420. Garca Vega, Lorenzo. Los aos de Orgenes — Caracas : Monte vila 1978. Datos tomados de: Garca Marruz, Graciela. La obra potica de Cintio Vitier (1982). 1980 421. Garganigo, John F. Cintio Vitier: De la conciencia de la poesa a la poesa de la conciencia. Revista Estudios Hispnicos (Alabama, Estados Unidos) en., 1980. Datos tomados de: Revista Interamericana de Bibliografa (Estados Unidos) (3) :336; 1980. 1981 422. Barradas, Efran. Premonicin y esperanza: un momento de transicin en la poesa de Cintio Vitier. Unin (La Habana) (4):5663; oct. -dic., 1981. 1982 423. Coloquio en Poitiers. Casa de las Amricas (La Habana) 23 (134):168; sept.-oct., 1982. (Al Pie de la Letra) Acerca del Coloquio Internacional sobre Jos Lezama Lima. Fernndez Retamar, Roberto. A Cintio. [Poesa]. Revolucin y Cultura (La Habana) (122):16-19; oct. 1982. Cahiers du Monde Hispanique et Luso-Brsilien (Caravelle) (Pars) (39):[101]-103; 1982. 425. Garca-Marruz, Graciela. La obra potica de Cintio Vitier / by Graciela Garca Marruz. — New York : University Microfilms International, 1982. — 407 p. 426. Ibargoyen, Sal. Desborde emotivo-ideolgico. Excelsior (Mxico) 5 mayo, 1982 :17-C. A la cabeza del ttulo: Los equvocos de Reinaldo Arenas. 427. Paredes, Alberto. Las palabras de Cintio Vitier. Universidad de Mxico Revista (Mxico) abr. 1982. Datos tomados de una fotocopia. 1983 428. Armas, Emilio de. La poesa de Cintio Vitier. Revolucin y Cultura. Suplemento Literario (La Habana) 1 (4):29-35; oct.dic. 1983.

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179Trabajo ledo en la Sala-Teatro Hubert de Blanck, el 22 de nov. de 1981, como introduccin a un recital del poeta Cintio Vitier. 429. Barradas, Efran. Ayer y hoy de Juan Ramn en Cuba. nsula (Madrid) 38 (444445):25; nov.-dic., 1983. il. Datos tomados de una fotocopia facilitada por Cintio Vitier. 430. Garca Carranza, Araceli y Josefina Garca Carranza. Ms de 40 aos con la poesa. Bibliografa de Cintio Vitier. Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart (La Habana) 74 (2):69-129; mayo-ag. 1983. 431. Prada Oropesa, Renato. Historia y Literatura en Cabrera Infante, Csar Leante y Cintio Vitier. Texto Crtico (Veracruz, Mxico) 8 (26-27):[65]-91; en.dic., 1983. 1984 432. Constantini, Elio E. Coloquio sobre Mart como parte de la recientemente concluida Jornada de Cuba en Venecia. Granma (La Habana) 2 jun., 1984:3. Participaron: Roberto Fernndez Retamar, Fina Garca Marruz y Cintio Vitier. 1985 433. Barquet, Jess J. Cintio, Fina, Mart y la Cultura Cubana. Mariel (Estados Unidos) 2 (8):14-15; invierno, 1985. Datos tomados de una fotocopia facilitada por Cintio Vitier. 434. Lezama Lima, Jos. Cartas inditas de Jos Lezama Lima. Revolucin y Cultura (La Habana) (4):2-7; abr. 1985. il. Contenido de inters : A Cintio Vitier y Fina Garca Marruz (2 de mayo, 1948) — A Cintio Vitier (diciembre, 1957) 1986 435. Gelp, Juan. Comentario en torno al libro de Arcadio Daz Quiones, Cintio Vitier: la memoria integradora. La Torre (Puerto Rico) 34(134):211-214; 1986. 436. Riquer, Martn de y Jos Mara Valverde. Historia de la Literatura Universal — [Barcelona] : Planeta, [1986]. — v. 10. Contenido de inters : pp. 287, 295, 333. 437. Rodrguez Coronel, Rogelio. Perfiles y balance. — En su: La novela de la Revolucin Cubana — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1986. — pp. 285-303. 1987 438. Daz Quiones, Arcadio. Cintio Vitier: la memoria integrada — [San Juan, Puerto Rico] : Editorial Sin Nombre, 1987. — 167 p. La nota preliminar de esta obra aparece publicada tambin en: En Rojo (Puerto Rico) 21-27 ag., 1987:18-23. il. Contiene : Nota preliminar — Cintio Vitier: la memoria integrada — Conversaciones con Cintio Vitier, 1979-1980 RESEAS Y OTROS DOCUMENTOS PASIVOS 1987 _______. Comentarios a una carta de Cintio Vitier. En Rojo (Puerto Rico) 14-19 dic., 1987 :19-20. il. Responde Carta abierta... de Cintio Vitier publicada en este mismo suplemento. Casa de las Amricas (La Habana) 28 (168):159; mayo-jun., 1988. (Otros libros) Rodrguez Sosa, Fernando. Acercarse aVitier. Granma (La Habana) 4 jul., 1988:5. 439. Muoz Maceo, Luca. Honremos a Juan Clemente Zenea. Vrtice (Granma, Cuba) 1 (1):5; 10 mayo, 1987. il. Sobre rescate de Zenea, libro en preparacin por Cintio Vitier y Fina Garca Marruz. 440. [Sanz, Enrique] Cintio Vitier. Granma (La Habana) 10 en., 1987:6. Bosquejo de su obra como crtico.

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180441. Santos Moray, Mercedes. El amor premia el trabajo. Trabajadores (La Habana) 3 sept., 1987:2. il. A propsito de su jubilacin la periodista demuestra que el quehacer de Fina y Cintio enriquece la cultura cubana. 1988 442. Armas, Emilio de. Presentacin de Cintio Vitier. — En: Premio Nacional de Literatura 1988 — [Ciudad de la Habana] : s.n., 1988]. — plegable. Revolucin y Cultura (6):89; abr.-jun., 1989. il. 443. Escobar, ngel. Cintio Vitier: la realidad es un mendigo. Unin (La Habana) (3):7275; jul.-sept., 1988. il. 444. Herrera, Ricardo H. Cintio Vitier: un destino matinal. Poesa (Mxico):s.p.; 1988. Datos tomados de una fotocopia. Gravida (Bogot, Colombia) 3 (7-8):71-76; sept., 1989. Unin (La Habana) 4 (14):26-32; 1992. Prlogo a su libro Palabras a la aridez. 445. Premio Nacional de Literatura 1988. — [Ciudad de la Habana : s.n., 1988]. — plegable. Contiene : Presentacin de Cintio Vitier / E. de Armas — Dice Cintio [Fragmentos de entrevistas] — Doble herida [Poema] — Obras principales de Cintio Vitier 446. Ros, Rubn. Vitier, Lezama y la memoria diseminadora: a propsito de “Cintio Vitier: la memoria integradora”. La Torre (Puerto Rico) 2 (5):215-220; en.-mar., 1988. 447. Roque, Amelia. Publicar la UNESCO la novela Paradiso de Lezama Lima. Granma. Resumen Semanal (La Habana):3; 16 oct., 1988. il. Cintio Vitier tuvo a su cargo la edicin crtica y rescat el texto original con vistas a eliminar ms de 800 erratas de ediciones anteriores. 1989 448. Fernndez Retamar, Roberto. Cintio Vitier y el violn. Granma (La Habana) 30 jun., 1989:3. Nuevo Amanecer Cultural (Nicaragua) 22 jul., 1989:3. Palabras ledas el 16 de junio, en la presentacin del nmero correspondiente a mayo de 1989 de la revista Revolucin y Cultura 449. Fre, Fernando. Fructfero Coloquio sobre la obra de Cintio Vitier. Girn (Matanzas) 18 abr., 1989:7. 450. Gonzlez, Reynaldo. Lezama Lima: los terrenos paradisacos de la novela. Revolucin y Cultura (La Habana) 31(9):64-66; sept., 1989. il. A propsito de la edicin crtica de Paradiso coordinada por Cintio Vitier. 451. _______. El Paradiso recobrado. Unin (La Habana) 2(8):90-93; oct.-dic., 1989. (Canasta de novedades) Comenta edicin crtica de Paradiso coordinada por Cintio Vitier. 452. Naranjo Dvila, Zulima. Un canto perenne a la vida. Juventud Rebelde (La Habana) 22 en., 1989:11. il. Premio Nacional de Literatura. 453. Perdomo, Omar. Fiesta de cubana: galardonados Dora Alonso y Cintio Vitier. Tribuna de La Habana 19 en.,1989:6. il. Premio Nacional de Literatura. 454. Pollo, Roxana. De la vida a la escritura. Granma (La Habana) 20 en., 1989:5. il. A la cabeza del ttulo: Dora Alonso y Cintio Vitier, Premio Nacional de Literatura 1988. 455. Retamar, Portuondo y Vitier, en homenaje a Reyes en Cuba. El Da (Mxico) 22 mayo, 1989:18.Celebracin por el centenario del natalicio de Alfonso Reyes, en la Casa de las Amricas.

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181456. Reyes Dvila, Marcos. Cintio Vitier vs Arcadio Daz Quiones: La memoria desintegradora. Exgesis. Revista del Colegio Universitario de Humacao (Puerto Rico):46-47; en.-mar., 1989. (Polmica) Datos tomados de un recorte facilitado por Cintio Vitier. 457. Santos Moray, Mercedes. Cintio Vitier y Dora Alonso, maestros de las letras cubanas. Granma Resumen Semanal (La Habana) 23 (6):7; 5 febr., 1989. il. Premio Nacional de Literatura. 459. Silva Estrada, Alfredo. En la poesa de Cintio Vitier. El Nacional (Caracas) 1989? 1990 462. Almanza, Rafael. Primavera cubana en la poesa de Cintio Vitier. Antenas (Camagey, Cuba) (1):107-109; 15 ag., 1990. il. Poemas de mayo y junio. 463. [Garca, Enildo] Vitier Bolaos, Cintio... En: Martnez, Julio A., Diccionary of T wentiethCentury Cubans Literature — New York : Greenwood Press, 1990. — pp. 487-492. 465. Pelez, Rosa Elvira. Rimbaud sobrevive. Granma (La Habana) 10 en., 1990:5. Sobre Poesa de Rimbaud obra precedida del ensayo Imagen de Rimbaud (Ciudad de La Habana : Editorial Arte y Literatura, 1989). 466. Soria, Giuliano Soria. La “sustancia del imposible” (Sulla poetica di Cintio Vitier) frica-Amrica-Asia-Australia (Roma, Italia) (9):123-136; 1990. 1991 467. Garca Machado, Xiomara. Medardo Vitier en la tradicin humanista del pensamiento cubano: herencia o ruptura? Islas (Villa Clara, Cuba) (98):119-127; en.-abr., 1991. 468. Gordon, Samuel. Nueva edicin de Lezama Lima impurezas. Revista Iberoamericana (Estados Unidos) 57 (154):[109]-115; en.mar., 1991. Sobre edicin crtica de Paradiso (Coleccin Archivo, auspiciada por la UNESCO) 469. Honrarn a Mart en el centenario de su nombramiento como cnsul de Uruguay, Paraguay y Argentina. Granma (La Habana) 11 abr., 1991:8. Integr la delegacin cubana al acto. 470. Macer, Oreste. Poesa di Vitier tra smbolo e realt. Quaderni Iberoamericani (Roma, Italia) (69-70):308-315; guigno-dicembre, 1991. 471. Mntaras Loedel, Graciela. La presencia de un poeta. Avanzada del Pueblo (Montevideo, Uruguay) (94):22-23; mayo, 1991. A propsito de su visita a Montevideo. 472. Nodal, Leonel. Inauguran semana de homenaje a Jos Mart. Granma (La Habana) 16 abr., 1991:7. A la cabeza del ttulo: En Uruguay. Integr delegacin cubana a celebracin del centenario de Mart como cnsul en Uruguay, Argentina y Paraguay. 1992 473. Arbos, Federico. Vitier, un escritor “juanramoniano militante y vitalicio”, llega a Madrid. El Mundo (Madrid) 16 nov., 1992:51. Granma Internacional (La Habana) 10 en., 1993:9. il. Texto en portugus. Para participar en el Crculo de Bellas Artes en una mesa redonda junto a Fina Garca Marruz, Francisco Umbral, Juan Antonio Hormign y Antonio lvarez Sols. 474. Arcos, Jorge Luis. Cintio Vitier, trayectoria potica. Revista de Literatura Cubana (La Habana) 11(19-20):35-59; jul.-dic., 1992. en.-jun., 1993. 475. Colmenares, Hugo. Poetas en misa con video para esfinge del silencio. El Nacional (Caracas) 22 mayo, 1992:s.p. il. Datos tomados de un recorte.

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182Ciclo La poesa en el Centro tercer programa denominado La esfinge del silencio auspiciado por el Centro Cultural Consolidado, Consejo Nacional de la Cultura, Casa de la Poesa, y Hotel Eurobuilding. 476. Chacn, Alfredo. Poetas en vivo: Cintio Vitier y Fina Garca Marruz. El Nacional (Caracas) 28 de mayo, 1992:s.p. Datos tomados de un recorte. Nota asiento 475. 477. Ortega, Julio. Poesa hispanoamericana del fin de siglo: antologa. El Nacional (Mxico) 19 abr., 1992:6-16. Incluye su poema “Poesa, hambre”. Datos tomados de una fotocopia. 478. Padrn, Leonardo. La Habana: noticias del crepsculo. El Nacional (Caracas) 31 mayo, 1992:1. il. A propsito de la visita de Cintio Vitier y Fina Garca Marruz a Venezuela. 479. Padura Fuentes, Leonardo. Escribir en Cuba, en vsperas de un nuevo siglo. Gaceta de Cuba (La Habana):44-46; en.-febr., 1992. A propsito de Escribir en Cuba (Entrevista con escritores cubanos: 1979-1989) de Emilio Bejel. 480. Prada, Pedro. Machete mamb a intelectuales destacados. Granma (La Habana) 17 abr., 1992. il. Cintio Vitier recibe esta alta distincin y habla en nombre de los doce intelectuales e instituciones laureadas. 481. Sanz, Enrique. El destino del hombre. Gaceta de Cuba (La Habana) (s. nr.):16-20; en.-febr., 1992. “Orgenes (1937-1944) de un poeta origenista”. 482. Ubieta Gmez, Enrique. Fundamentos ticos de la cultura de los pases subdesarrollados: anlisis del discurso de dos ensayistas cubanos. — 1992, jun. — 14 h. Cintio Vitier y Roberto Fernndez Retamar. III Conferencia Internacional de tica y Desarrollo, Tegucigalpa, jun., 1992. Datos tomados de un ejemplar que posee Cintio Vitier. 1994 483. Arcos, Jorge Luis. La extraeza de la real. Poesa de Cintio Vitier. — En su: Orgenes: la pobreza irradiante — La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1994. — pp. 118-147. 484. _______. Mara Zambrano y la Cuba secreta. Casa de la Amricas (La Habana) 34 (195):20-28; abr.-jun., 1994. (Hechos / Ideas) 485. Fernndez Retamar, Roberto. Orgenes como revista — Santaf de Bogot : Instituto Caro y Cuervo, 1994. — 31 p. Trabajo ledo, con ligeras variantes y bajo el ttulo Orgenes a medio siglo en el XXX Congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana (Pittsburg, 1994). Con este ttulo y forma actuales fue ledo en el Coloquio Internacional Cincuentenario de Orgenes (Casa de las Amricas, 1994) 486. Sanz, Enrique. Apuntes en torno a la poesa y potica en Cintio Vitier: 1938-1958. Vivarium (9):47-54; jun., 1994. 487. _______.La lrica de Cintio: una lectura. Antenas (Camagey, Cuba) (8):7-13; en.jun., 1994. 1995 488. Baquero, Gastn. Tendencias de nuestra literatura (1943). — En su: Ensayo — Salamanca: Fundacin Central Hispana, 1995. — pp. 294-316. 489. Durn, Javier. Cintio Vitier: “La resistencia cubana es, sobre todo martiana”. La Provincia (Las Palmas de Gran Canaria) 4 abr., 1995:15. il. Sobre ciclo de conferencias en el Centro Insular de Cultura (CIC).

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183490. Pollo, Roxana. Verdadera enciclopedia martiana para las escuelas. Granma (La Habana) 11 oct., 1995. Proyecto en el que trabajan de conjunto la UNEAC y el Ministerio de Educacin, presidido por el poeta y ensayista Cintio Vitier. 491. Zurbano Torres, Roberto. Mart en la hora de la eticidad cubana. El Habanero (La Habana) 12 de mayo, 1995:6. 1996 492. Ofrece Vitier conferencia sobre Mart y Maceo. Granma (La Habana) 30 en., 1996:6. En el Ministerio de Relaciones Exteriores. 493. Rubio, Vladia. Campaa nacional de recaudacin para editar los Cuadernos. Granma (La Habana) 15 oct., 1996:8. A la cabeza del ttulo: Para aprender de Mart Presentacin del Comit gestor nacional en pro de los Cuadernos Martianos. Incluye versin de las palabras de Cintio Vitier, su presidente de honor. 1997 494. Domingo, Jorge. J. L. Arcos: Orgenes, la pobreza irradiante. Anuario L/L (La Habana) (27-28):142-145; 1996-1997. 495. Mart Font, J. M. Cintio Vitier, poeta de los “Orgenes”. El Pas (Espaa) 10 mayo, 1997:14. il. “Cintio Vitier es la memoria viva de aquella edad de oro de la cultura cubana que se vertebr en torno a la revista Orgenes...” 496. Matairx, Remedios. Orgenes : una vanguardia sin vanguardismo. Barataria, Pliegos de la Insula. Revista de Filologa y Creacin Literaria. Nmero 4: Barataria Cubana (1898-1998) (4):[51]-70; 1997. 1998 497. Florit, Eugenio. Cartas a Cintio Vitier y Fina Garca Marruz. Unin (La Habana) 9 (32):14-16; jul.-sept., 1998 (Homenaje a Eugenio Florit en sus noventa y cinco aos) Fechadas: 20 sept., 1938; 14 ag., 1952; 13 febr., 1953; 23 nov., 1953; 27 mayo, 1954; 28 sept., 1954; 18 ag., 1955; 12 en., 1956; 12 nov., 1958; 4 en., 1960 498. Lamore, Jean. Lo cubano de Orgenes y la bsqueda del ser de Sarduy. Conversaciones en La Habana con Cintio Vitier. Unin (La Habana) 9 (31):31-34; abr.-jun., 1998. 1999 499. Fulgueiras, Jos Antonio. Honoris Causa en la Universidad Central. Granma (La Habana) 29 dic., 1999:6. Doctor Honoris Causa en Ciencias Filolgicas otorgado por la Universidad Central de Las Villas Marta Abreu. 501. Riccio, Alessandra. Juan Ramn Jimnez y Mara Zambrano en Cuba. Studi Ispanici (Roma, Italia):119-134; 1999. Separata facilitada por Cintio Vitier. 502. Ubieta Gmez, Enrique. Cintio: la poesa y la vida. — En su: De la historia, los mitos y los hombres — La Habana: Editora Poltica, 1999. — pp. 96-98. 2000 503. Alonso, Aurelio. Cuba: tres miradas a los 90 desde los 90. Casa de las Amricas (La Habana) 41 (220):171-178; jul.-sept., 2000. (Libros) Contenido de inters : Comenta Resistencia y libertad, ensayos de Cintio Vitier 504. Cacheiro Varela, Maximino. Bibliografa de Cintio Vitier. Hesperia. Anuario de F ilologa Hispnica (Vigo, Espaa) 3:[166]175; 2000. 505. Gonzlez Cruz, Ivn. Diccionario Vida y obra de Jos Lezama Lima — Valencia : Generalitat Valenciana, 2000. — 676 p. Contenido de inters : pp. 61, 67, 90, 242, 256, 271, 320, 345, 347, 348, 367. 506. Hoz, Pedro de la. Cintio Vitier, memoria y renovacin. Granma (La Habana) 2 febr., 2000:6. il. Homenaje de la IX Feria Internacional del Libro de La Habana.

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184C. NDICE DE TTULOS POR MATERIASANTOLOGASAntologa potica (1938-1992); 2 Palabras a la aridez; 1 Poesa escogida; 3CRTICAAhora slo es vida; 10 Alejo y la msica terrenal; 10, 43 Andanzas; 10, 53 Antonio Machado “entre la niebla”; 10 El autor y su obra; 50 Breve meditacin de Mascar; 63 Cntico csmico; 61 La casa de la forma; 10 El ciclista; 10, 44 Confesin desde otra ptica; 47 Convite y concerto de Alejo Carpentier; 62 Crtica cubana; 7 La crtica literaria y esttica en el siglo XIXcubano; 7 Cuba: hablo contigo; 60 Un cuento de Tristn de Jess Medina; 7 De Roberto Friol a Kid Chocolate; 10 El diamante; 10, 42 Dulce Mara Loynaz; 10 En Cuba: antes y despus; 10 En el centenario de Juana Borrero; 10 Enrique Pineyro en Pars; 10 Esa invencible esperanza; 49 Escrito ayer; 10 Espejo de paciencia; 7 Fayad Jams; 55 Fidel y la religin; 48 Giros aceptados; 10 Henry David Thoreau (1862-1962); 10 Ifigenia, Reyes, Mart; 7 Instantnea de Roa; 10 Intelectuales de Nuestra Amrica; 38507. Leal Splegler, Eusebio. Elogio a la familia Vitier, fuente inagotable de creacin que alimenta con su vida y obra las esencias de la cultura cubana. — En su: Poesa y palabras. — La Habana : Ediciones Boloa, 2000. — pp. 153-155. 508. Prieto, Abel E. Lecciones de Cintio. Islas (Villa Clara, Cuba) 42 (125):3-6; jul. sept., 2000. il. Palabras de elogio en el acto de otorgamiento del ttulo de Doctor Honoris Causa en Ciencias Filolgicas, al doctor Cintio Vitier Bolaos, en el teatro de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, el 28 de diciembre de 1999.

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185Introduccin a la obra de Jos Lezama Lima; 7 Jos Lezama Lima: comienzo del camino; 56, 306 Jos Manuel Poveda; 52 Julio Cortzar; 10 Lecciones de Mara Zambrano; 10 Un libro, los libros; 10 La literatura en el Papel Peridico de la Havana ; 8 Literatura y liberacin; 10 El maestro del Salvador; 66 Mara Zambrano y Cuba: un testimonio; 65 Marinello en dos libros; 7 Nuestro Lezama; 40 Nueva lectura de Lezama; 7 Un prrafo para Lezama; 51 El pensamiento de Orgenes; 64 La poesa de Emilio Ballagas; 7 La poesa de Jos Lezama Lima y el intento de una teologa insular; 39 Un poeta revolucionario; 41 Poetas cubanos del siglo XIX; 7 Presencias de Pellicer; 10, 57 Presentacin de Teresita Fernndez; 10 Prosas leves; 10 La realidad y el recuerdo;10 Recuento y alabanza de Eliseo Diego; 10, 58 Regalo de Reyes; 10, 54 Respuestas a Armando lvarez Bravo; 45 Roque invicto; 10 Samuel Feijo: el lrico; 10 Sobre Luca Jerz; 7 Solipsismo y revolucin; 35 El “son de la loma”; 10 Su sueo toca; 10, 46 Tres imgenes de Emilio Ballagas; 10 Tres maestros de cubanos; 10, 36 Varela: el precursor; 37, 300 Vsperas, Testimonios, Nupcias; 13 La voz de Lourdes Casal; 10 Zenea y el romanticismo cubano; 59CUENTOLa casa a oscuras; 67 Cuentos soados; 4ENSAYOLa aventura de Orgenes; 82 Borges; 80 Cuba y su identidad latinoamericana; 69 De las cartas que me escribi Lezama; 71 Dos poetas cubanos: Plcido y Manzano; 68 El ejrcito ms hermoso del mundo; 72 En la calzada de Jess del Monte; 81 Ensayos; 81 Ese sol del mundo moral; 12 Estas bravas mambisas; 70 Experiencia de la poesa, notas; 81 Glosas de Jos de la Luz ; 75 Juan Ramn Jimnez en Cuba; 79 Latinoamrica: integracin y utopa; 78 Lecciones de Mara Zambrano; 73 Lo cubano en la poesa; 5 Mnemsyne; 15 El Padre Flix Varela: en el bicentenario de su nacimiento; 76 La palabra potica; 14 Palabras finales del curso “Pensamiento y creacin en la literatura cubana”; 77 Poesa como fidelidad; 81 Potica; 14 Rescate de Zenea; 6, 74 San Juan de la Cruz; 11 Smbolo y realidad; 14 Sobre el lenguaje figurado; 14 Virgilio Piera: poesa y prosa; 81 La zarza ardiendo: poesa como fidelidad; 14

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186Zenea y el romanticismo cubano; 9ENTREVISTAS Y CARTASAcerca de la enseanza artstica y la formacin del creador; 102 Alrededor de Ser y tiempo; 114 La amistad tranquila y alegre, en eco de mucho jbilo; 97 Antecedentes familiares; 105 Asunto crucial: A dnde va la Isla?; 114 La bsqueda de las races nacionales y el internacionalismo; 87 La bsqueda de lo cubano: enfoque de los miembros del grupo Orgenes; 87 Carta a Nilita Vients Gastn. La Habana, 18 de sept., 1984; 100 Carta abierta a Arcadio Daz Quiones; 101 Carta a Julio Agustn Pino, Miami, 1 mayo, 1996; 124 El caso de Lezama no es igual al nuestro; 110 Cintio Vitier: de Cuba con Mart; 107 Cintio Vitier. Encuesta; 132 Cintio Vitier evoca a Jos Lezama Lima; 95 Cintio Vitier : fillogo y poeta; 133 Cintio Vitier: la literatura es un vicio, la poesa es un nacimiento; 110 Cintio Vitier o La historia como esperanza; 129 Cintio Vitier: “Orgenes es una fbula”; 119 Cintio Vitier : poeta cubano; 108 Cintio Vitier: sobre la Sala Martiana; 83 Cintio Vitier, un gran testimonio; 105 Cintio Vitier, una voz conciliadora; 109 Coloquio apcrifo con Cintio Vitier; 124 Cmo ve CV a Cuba actualmente?; 113 Con Cintio Vitier sobre Jos Mart: cosmovisin humanista americana; 126 Con tantas maniobras, los yanquis se van a romper; 91 Conversacin con Cintio Vitier; 86 La crisis de Lunes de Revolucin; 87 “La crtica y la creacin en nuestro tiempo”: una crtica de intencin descriptiva y una “crtica de interpretacin... potica o creadora”; 114 Cul sera la teora potica de Mart?; 110 La cultura cubana dentro de proceso de rectificacin; 102 De esas ancdotas poco conocidas; 94 De los ismos europeos y latinoamericanos; 108 De su poema El nombre del arco; 114 De su poesa y de su experiencia de la Revolucin; 105 La dcada del 30: su expresin ms renovadora en Orgenes; 110 El Descubrimiento como proeza humana; 114 El descubrimiento del pas secreto, de la Cuba secreta; 110 Un desgarramiento irrevocable; 125 Ediciones crticas de Jos Mart y Jos Lezama Lima; 106 En el perodo de Orgenes: el rescate de las esencias cubanas; 108 En un pas marcado por la Revolucin Cubana los poetas no podrn ser indiferentes; 108 Encuentro con Cintio Vitier; 102, 115 Entrevista a ...; 98 Entrevista con el Grupo Orgenes; 96 El episodio que relata en Paradiso ...; 110 Es anacrnico escribir poesa hoy?; 106 Es un libro de sostenida calidad el ganador del Premio de Poesa Rubn Daro; 92 “Ese sol del mundo moral”; 116 Ese sol ... y la defensa de la Revolucin; 87 Espaldarazo de Juan Ramn Jimnez; 106 La fe cristiana, Cuba, la Revolucin; 93 Filiacin cuerpo resguardado/cuerpo expuesto; 114 Formas de “testimoniar” en su obra; 110

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187El fragmento como “iluminacin”, como segregador autnomo de Tiempo, de Historia; 114 Gabriela en La Habana; 127 Gabriela Mistral y Pablo Neruda; 107 El grupo Orgenes; 106 Hacia nuevas horizontes; 99 Hay que saber primero que es la Patria para dar la vida por ella; 117 La idea de la inevitable vocacin poltica de la poesa contempornea; 114 La idea de la Poesa como un umbral; 114 La idea “la dignidad de la pobreza” a travs de su obra y de la praxis de Orgenes; 114 Infancia y adolescencia en Matanzas; 105 Influencia esttica y temtica de la Revolucin Cubana en su obra; 113 El ingenio es literario; 112 Lezama Lima, valor de la literatura cubana; 87 La literatura cubana actual; 107 Literatura lepra de la poesa; 114 Lo cubano de Orgenes y la bsqueda del ser de Sarduy; 130 Lo ms vigente del pensamiento de Mart; 107 Lo que he escrito, escrito est; 114 Lo que le dijo el espejo al gallo: eso que usted dice es exacto; 111 Lo que le dijo el gato a la luna: imposible, redundante; 111 Lo que le dijo el latn al griego: pero qu sabes t de mi vida; 111 Lo que le dijo el poema a la poesa: despus te vas a arrepentir; 111 Lo que le dijo el sinsonte al crtico: si no le es molestia, vuelva maana; 111 Lo que le dijo el sujeto al predicado: usted tiene toda la culpa; 111 Lo que le dijo la palma a la ceiba: arrodllate por m; 111 Lo que le dijo la poesa al poema “acpteme esta pequea ayuda”; 112 Lo que le dijo la rosa al lirio: cmo me gusta Apollinaire; 111 Lo que le dijo un libro a otro: recemos, recemos; 111 Lo que significa un tabaco;113 Mara Zambrano y Juan Ramn Jimnez; 110 Mart en la edicin critica; 90 La muerte de Mart segn Cintio Vitier; 125 Muerte de Narciso; 110 No cree ms fructfero para Cuba el papel de un intelectual al margen de las estructuras del poder ?; 114 Nombres y temas en la literatura cubana actual; 107 Orgenes y Lezama; 107 Otras referencias literarias ms all de estas grandes figuras; 107 La palabra nace del silencio; 112 Papel del artista en la sociedad; 102 Los papeles de Jacinto Final (Montevideo, 1986); 106 Para quin se escribe?; 114 La Patria en el alma; 118 La Patria vestida de poesa; 134 Peldao 88 ha tenido el honor de entrevistar, en exclusiva, al insigne intelectual cubano Cintio Vitier sobre temas martianos y contemporaneidad; 123 Poesa como religin; 112 Poesa de la memoria o de la extraeza y de las sensaciones; 108 Poesa es lo que no fracasa nunca; 111 La poesa y la literatura; 110 Un poeta, dos; 106 Polmica con Fernndez Retamar: el odio en Mart; 107 Polmica entre defensores de Antonio Machado y Juan Ramn; 106 Por sobre todo un poeta; 107

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188Presencia africana el Mart; 94 El problema de un saber potico “saber potico”; 114 Proyecto latente de su Potica; 114 Puede decirse que el eje era la afinidad con Lezama?; 110 Qu es ser un “poeta de la memoria”?; 110 Qu opinin le merece la conmemoracin del V Centenario del Descubrimiento de Amrica?; 109 Qu sera “poesa” y que sera “literatura”?; 110 Qu signific para usted y para Orgenes Mara Zambrano?; 114 La realidad es un mendigo; 103 La realidad y la palabra; 110 Regando las semillas del Gran Sem; 104 Relacin entre Lezama y Revolucin; 87 Relaciones literarias entre Cuba y Chile: Habra que empezar... por Jos Mart; 107 Respuestas de Cintio Vitier; 85 La Revolucin Cubana y su proyecto social; 87 La Revolucin no ha perdido su rumbo; 89 El rostro moral de la belleza es la justicia; 131 Scrivere, all ‘Avana; 84 Ser escritor y catlico en la Cuba de Fidel; 107 Significacin de Mart para CV; 94 Signos vitales; 122 El sigue viaje con nosotros; 121 Situacin posterior de Lezama hasta su muerte; 87 Sobre la modernidad literaria; 114 Sobre la poesa de Fina Garca Marruz; 105 Slo en la accin podemos vivir la belleza; 88 La sorpresa de la memoria; 120 Su conocimiento de Juan Ramn Jimnez y Jos Lezama Lima; 105 Su nueva valoracin de “lo cubano en la poesa”; 114 Su poema “Cntico nuevo”, y su concepto ms puro de la literatura; 114 Su poesa como una “mirada participante”; 110 Su poesa y la de Lezama; 110 Su tradicin potica y su estirpe; 105 “Todas las culturas realizadas, y aun las utopas, son ensayos de ser”; 114 La UNEAC y la Asociacin Hermanos Saz; 102 Vallejo, Lezama, Mart alguna otra influencia importante?; 110 Vena moral del cubano y buena dosis de corrupcin; 87 Vnculos entre Ese sol del mundo moral y Lo cubano en la poesa; 87 Visto desde Cuba: Cintio Vitier y Fina Garca Marruz; 128 Y despus de Jos Mart?; 105 MART, JOS CRTICA E INTERPRETACI"N Algunas reflexiones en torno a Jos Mart; 154 Ante el V Centenario: algunas reflexiones; 156 La capilla y el lbum; 160 Carta a Cintio Vitier del General de Ejrcito Ral Castro Ruz, 16 de enero de 1995; 19 Carta a Pedro Guilln sobre la inauguracin de la Sala Mart; 135 Las cartas de Mart hasta 1881: contribucin a un estudio integral de su obra literaria; 166 Las cartas de Mart desde 1882 a 1888: contribucin a un estudio integral de su obra literaria; 167 Cinco aspectos en las crnicas italianas de Mart (1881-1882); 15 Conversatorio sobre un legtimo monumento editorial a Jos Mart: la Edicin Crtica de sus Obras Completas ; 140

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189Cuaderno para el cario; 169 Declaracin final Primer Taller del Programa Nacional Martiano; 19 Demadando a la vida su secreto; 148 Edicin crtica de la poesa completa de Jos Mart; 144 En el centenario de Nuestra Amrica; 150 Esclarecimientos, rectificaciones; 141 Ese sol del mundo moral (Agramonte en Mart); 15 Espaa en Mart; 171 La eticidad revolucionaria martiana; 15 Fases en la valoracin martiana de Cspedes; 15 Una fuente venezolana de Jos Mart; 15 La fuentes y el destino de la formacin literaria de Jos Mart, segn Juan Marinello; 149 Gua para los maestros de las Aulas Martianas; 17 Hallazgo de una profeca; 147 Hoy queremos levantarnos con Mart todos los cubanos; 170 La imgenes en Nuestra Amrica; 16, 151 Intelectuales de Nuestra Amrica; 136 La irrupcin americana en la obra de Mart; 15 Jos Mart. Nuestra Amrica-Edicin Crtica. Investigacin, presentacin y notas; 152 El juicio de Mart sobre Zenea; 146 Lava, espada, alas (En torno a la potica de los Versos Libres); 15 Liminar; 163 Mart, Bolvar y la educacin; 159 Mart con todos y para el bien de todos; 19 Mart: Cuba; 137 El Mart de Martnez Estrada; 164 Mart, el escritor revolucionario; 143 Mart: el heredero, el agonista, el gua; 161 Mart el poeta; 175 Mart en la educacin superior; 178 Mart en la hora actual de Cuba; 162 Mart en Lezama; 20 Mart y Daro en Lezama; 145 Mart y el desafo de los noventa; 157 Mart y el 27 de Noviembre; 15 Mart y Vallejo; 158 Merecen la estrella y la paloma; 168 Nuestra Amrica en Mart; 15 Nuestro hombre del 98; 177 Palabras de ... con motivo del Da de la Cultura Nacional y de la fundacin de la Sociedad Cultural Jos Mart; 165 Palabras en el VIII Congreso de los trabajadores de la educacin; 18-19 El poeta; 153 El poeta patriota y ecumnico; 174 Puerto Rico desde Mart; 138 Puertorriqueo en Mart; 176 Sin ninguna concesin al facilismo ni a la autocomplacencia; 142 Sobre las ltimas cartas de Jos Mart; 172 Subir a La Plata; 139 Temas martianos; 15 Valores perdurables en las crnicas espaolas de Mart (1881-1882); 15 Versos libres: regin volcnica de la poesa martiana; 173 Visin martiana de Hait; 155 NOVELA De Pea Pobre; 23, 284, 290, 292, 305. Los papeles de Jacinto Final; 21, 23, 295 Pilar; 179 Quintn Palma; 180 Rajando la lea est; 22-23 Violeta Palma; 23, 292POESAA Julin Orbn; 224 A la poesa; 193, 206 A mi esposa; 197, 199, 233 A San Juan de la Cruz; 181

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190A ti te leo mis poemas; 223 Adivinanzas; 214 Adoracin; 202 Aerul; 303 El aire; 296 El aire aqu; 186-187, 194 Al Lezmico modo; 218 Algo le falta a la tarde; 296 Allah Krin; 218 Amanezco; 227 Ambicin; 28 El apcrifo; 225 Apuntes caeros; 187, 202 Ardiendo pura; 188 Areto; 183 El arroyo de la sierra; 200 Arte potica; 225 Ausencia; 220 Baile; 192 Balade du bien-etre; 291 La balanza y la cruz; 183, 203 El barco; 296 El bosque de Birnam; 189, 202 Una brazada de flores; 219 Una cabeza africana; 219 Camilo Cienfuegos; 187 Campesina; 225 Cancin de la falsa identidad; 220 Cancin del fugitivo; 220 Carta, lengua, la alabanza; 203 Cntico nuevo; 202 Canto llano; 2, 233 Capricho y homenaje; 2 Carta a Cleva; 208, 221 Carta (II); 182 Cartas y liras; 224 Casa de Lezama; 205, 208 Cello a medioda; 202 Cinco sonetos y dos canciones; 2 Una cinta para Carmen Donceles; 231 El claustro; 225 Clodomira; 184, 186, 193 Como el fuego; 307 Compromiso; 195, 228, 298Confesin; 202, 206Conjeturas; 2 Condignas; 203 Couplets libres dans la nouvelle maison; 291 El Cristo de la Catedral de Mrida; 30, 221 Cuaderno as; 34 Un cuadro; 222 Cuantas veces levant; 296IV; 202 O cuidata onoare; 303 Chiffons; 291 Dama pobreza; 2, 32-33, 230 De mi provincia; 2 Deposedatul; 303 Le clpossd; 291 El desayuno; 29 El da de maana; 200 El da siguiente; 207 Doble herida; 214 Dos lecciones de Carlos Martnez Rivas; 217 Dos poemas inditos; 28 Elega; 182 Eliseo y la msica; 232 En el dorado muro; 296 En el instante; 201 En la mgica finca; 201 En tu red; 220 En Xochimilco; 202 Enero, 1995; 229 Entrando en materia; 2 Entre un poema y otro; 193

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191Envo; 206 Epitalamios; 2 Es que dorma; 185 Escrito y cantado; 2 Ese nio ardiendo; 190, 219 Espejo: 201 Esta noche; 219 Estamos; 184, 186-187 La estrella IV; 182 Examen del maniqueo; 228, 298 Extraeza de estar; 2 La fecha al pie; 2-3, 27, 209 Fernando; 211, 217 La fiesta en el desierto; 229 Final; 294 Flechas; 225 Fracaso; 182 Franz Kafka; 193, 196, 219 Los fros barrios; 202 Fuera de un sueo; 182 Las gaviotas; 201 Un golpe de recuerdo re modela; 199 Guardia nocturna; 209 El hijo prdigo; 207 Himno; 225 Ho Chi Minh; 219 El hogar y el olvido; 2 Hojas perdidizas; 2, 25, 32, 208 La hora de volver; 201 El horno y el pan; 32, 297 Iris Indio; 221 Los juegos; 202 Lejos; 296 El libro alto; 214 Ligera disertacin; 29 Lo nupcial; 202 Lugares comunes; 206 Luz ya sueo; 2 La madre; 201 Mara; 215 Ms; 2 Melancola; 182 La meloda; 220 La meloda interrumpida; 207 Memoria; 201 La mesa; 214 Una mirada; 225 Mujer; 201 Mundo; 183, 204 Mural de Sor Juana Ins de la Cruz (16511951); 201 Nativo de mi historia; 191 Naturaleza; 216, 220 Las nieves de antao; 184, 186 El nio inmvil; 225 Nios; 219 No me pidas; 186 La noche del viajero; 225 Noches de Rosario; 224 La noticia; 184, 186-187 Novela; 207 Nov Hymnus; 287 Nupcias; 2-3, 32, 207 La obra; 296 Ocaso; 229 Oculto; 225 Ofrecimientos; 225, 296 La oscura dicha; 307 Otro cuerpo IV; 182 Pjaro sumo; 203 Palabras a la aridez; 202-203 Palabras del hijo prdigo; 2, 296 Las palabras empezaron; 198 Pequeos poemas; 2 Los peregrinos de Emmas; 193 Perfil de Coronel; 210, 217 Piedra de rayos; 202 Un placer; 201

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192Plegaria; 220 Pobreza; 220 Poema I-X; 225 Poemas; 182, 186-187, 193-194, 199-203, 207, 209, 214, 218-219, 221-223, 225, 227-229, 233, 285, 287, 291, 293, 298 Poemas de mayo y junio; 2, 26, 32, 220 Poesa, hambre; 206, 223 Poesas; 304 El poeta; 186 Por la pea alta; 32, 297 El portal; 202 El prtico; 225, 296 Prosa para mi nacimiento; 28 Los puntos ms lejanos; 208 Pustosiv hlas; 287 Qu noche es esta?; 225 Questions; 291 La rfaga; 2 Rapto; 201, 225 Reflexin del instante; 225 Responso; 219 Romance de los sonidos de mi casa; 222 Sala D; 187, 194 Sedienta cita; 2 Sedm svatekni pisen; 287 Sptimo epitalamio; 233 S, Son Mariano; 209 Smbolos; 201 Sitio; 201 Sonetos; 225 Suite de un trabajo productivo; 186, 202 Sustancia; 2 La taberna; 225 Tesoro; 201 Testimonios; 2-3, 27 Torre de marfil; 193, 283 Trabajo; 203, 223 Trajes del fugitivo; 212 Travail; 288 Treno; 223 Tu copa de vidrio; 307 La tumba de Mart; 209 Tvr; 287 ltima sabana; 220 Vacaciones I-II; 224, 226 Vamos; 193XXIII; 182XXVI; 182 Venganza; 182 Verso a verso; 29 Versos de la nueva casa; 2, 31, 32, 224 Viaje a Nicaragua; 2, 24, 32, 213 El viejo arco; 32, 297 Viernes Santo; 187 Viet Nam; 186 Visitas; 32; 297 Vsperas; 2-3, 27 Las voz arrasadora; 183, 228, 298 Vsperas y Testimonios; 27 Work; 294PR"LOGOS E INTRODUCCIONESLa crtica literaria y esttica en el siglo xix cubano; 235 Cuba: hablo contigo; 239 Ejemplo de Mallarm; 243 Introduccin a la obra de Jos Lezama Lima; 238 La Isla Infinita; 245 Juan Ramn Jimnez en Cuba; 237 Nota a esta edicin; 236 Otra vez por El Ambia; 240 Pero van a sobrevivir: presentacin; 241 Los poemas de Roberto Friol a Kid Chocolate; 242 Presentacin; 234 Todos los tiempos de la Habana Vieja; 247 Utopa y posibilidad; 246

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193Valverde: la palabra y el silencio; 244PROSA Y OTROS TEXTOSAhora solo es vida; 252 Alicia Alonso y las musas; 272 Apuntes para el Encuentro de Intelectuales por la Soberana de los Pueblos de Nuestra Amrica; 251, 301 Cartas a Thomas Merton; 270 Comentarios a dos ensayos sobre axiologa cubana; 260 De La Demajagua al Moncada: una sola revolucin; 248 Dulce Mara Loynaz; 253 La emigracin intelectual y artstica cubana: un fenmeno nuevo?; 262 En el reino de la gracia comunicante; 277 El escritor y la biblioteca; 263 El gusto por la limpieza de la vida; 267 La identidad como espiral; 269 Julin Orbn: msica y razn; 273 Julio Cortzar; 250 Memorias de Gastn ; 275 Minero de lo cubano; 271 Notas en el centenario de Vallejo; 257 Nuestro Valverde; 276 Observaciones al Mensaje de los Obispos; 259 Orgenes en la msica: tres notas sobre Julin Orbn; 264 Palabras en el Homenaje de la Biblioteca Nacional Jos Mart a Samuel Feijo; 249 Palabras para Julio Cortzar; 268 Palabras por un premio; 254 La Patria, cada da; 266 Por Jos Manuel Castan en la UNEAC; 258 El son de la loma; 265 Tribuna de opinin; 256 Triunfa la justicia y la belleza; 278 Trois maitre cubains; 289 El turco sentado; 255 La unidad que defendemos; 274NDICE ONOMSTICOAcosta, Alberto; 372 Acosta, Clodomira; 184, 186, 193 Agramonte, Ignacio; 15 Aleixandre, Vicente; 308 Alemany, Carmen; 171 Almanza, Rafael; 462 Alonso, Alicia; 272 Alonso, Amelio; 503 Alonso, Dora; 453-454, 457 lvarez, Federico; 409 lvarez Alvarez, Luis; 359 lvarez Baragao, Jos; 402 lvarez Bravo, Armando; 45 lvarez Sols, Antonio; 473 Aparicio, Ral; 410 Apollinaire, Guillaume; 111 Arango, Arturo; 361 Aray, Edmundo; 186 Arbos, Federico; 473 Arcos, Jos Luis; 326, 474, 483-484, 494 Ardvol, Jos; 396 Arenas, Reynaldo; 426 Aridjis, Homero; 193 Armas, Emilio de; 140, 428, 442, 445 vila, Pedro Luis; 42 Azcona Cranwell, Elizabeth; 389 Ballagas, Emilio; 7, 10 Baquero, Gastn; 128, 275, 398, 488 Barquet, Jess J; 433 Barradas, Efran; 318, 353, 360, 422, 429 Bejel, Emilio; 87, 479 Bellini, Giuseppe, 297 Benitez Gonzlez, Jorge; 127, 174

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194Bertini, Giovanni Ma.; 43 Betto, Frei; 48-49 Bianchi Ross, Ciro; 88, 90, 119 Blanch, Celestino, 8 Bojsquez Urzaz, Carlos E.; 30 Bolvar, Simn; 148, 159 Borge, Toms; 241 Borges, Jorge Luis; 80 Borrero, Juana; 10, 236, 321-322 Bravo Fong, Oscar; 115-122 Bueno, Salvador; 314, 321 Burgos, Teresita; 28 Cabrera Infante, Guillermo; 431 Cacheiro Varela, Maximino; 133, 504 Cairo Ballester, Ana; 238 Cmara, Madeline; 85, 379 Capote Len, Lincoln; 334 Cardenal, Ernesto; 61, 187, 418 Crcamo, Luis Ernesto; 108 Carpentier, Alejo; 10, 36, 43, 62,180, 289 Carri, Raquel; 313 Casal, Lourdes; 10 Castaon, Jos Manuel; 60, 239, 258, 332 Castellet, Jos Mara; 405 Castillo D., Gabriel; 335 Castro Ruz, Fidel; 48-49, 107 Castro Ruz, Ral; 19 Catal, Rafael; 354 Cella, Susana; 110 Centeno Gmez, Pablo; 288 Cspedes, Carlos Manuel; 15 Cspedes, Carlos Manuel, Mons.; 76 Cienfuegos, Camilo; 187, 303 Clemente Guilarte, Elvira; 365 Cohen, John Michael; 414 Colmenares, Hugo; 475 Constantin, Elio E; 432 Conti, Haroldo; 63 Contreras, Flix; 83, 380 Coconel Urtecho, Jos; 210, 217 Cortzar, Julio; 10, 250, 268 Cristfani Barreto, Teresa; 302 Cruz, Mary; 373 Csala, Kroly; 293 Cuadra, P. A.; 183 Curbelo, Alberto; 362, 366 Chacn, Alfredo; 81, 225, 476 Chacn y Calvo, Jos Mara; 314 Charry Lara, Fernando; 403 Daro, Rubn; 145 Delgado, Teresa; 500 Daz Martnez, Manuel; 325 Daz Quiones, Arcadio; 101, 435, 438, 456 Diego, Constante “Rapi”; 63 Diego, Eliseo; 10, 29, 58, 232, 261, 356, 411, 460 Domingo, Jorge; 494 Domingo Argelles, Juan; 336 Donceles, Carmen; 231 Donoso Pareja, Miguel; 357 Dorr, Nicols; 47 Duarte, Ramiro; 216 Durn, Alfonso del Rosario; 120 Durn, Javier; 489 Elizalde, Rosa Miriam; 121 Escalona-Escalona, Jos Antonio; 203 Escobar, Angel; 103, 443 Escobar, Froyln; 83 Espinoza, Carlos; 95, 97 Estvez, Abilio; 146 Estvez, Rolando; 26 Father Louis vase Merton, Thomas Feijo, Samuel; 10, 249, 408 Felipe, Orlando; 400 Fernndez, Teresita; 10 Fernndez Bonilla, Raimundo; 315 Fernndez Palacios, Jess; 105

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195Fernndez Retamar, Roberto; 107, 183, 333, 399, 424, 432, 448, 455, 482, 485 Florit, Eugenio; 497 Fombellida Claro, Orlando; 374 Fornet Betancourt, Ral; 132 Fraga, Ramn; 98 Fre, Fernando; 449 Freidemberg, Daniel; 110 Friol, Roberto; 8, 10, 242 Fuentes de la Paz, Ivette; 367 Fulgueiras, Jos Antonio; 499 Fuster, Joan; 311 Garaffo, Alfredo; 319 Garca, Enildo; 463 Garca Albela, Pedro; 391 Garca Carranza, Araceli; 430 Garca Carranza, Josefina; 430 Garca Elio, Diego; 201 Garca Machado, Xiomara; 467 Garca Marruz, Fina; 3, 8, 11, 17, 24, 29, 97, 105-106, 124, 128, 140, 216, 317, 329, 382, 415, 434, 439, 441, 460, 473, 476, 478, 497 Garca Marruz, Graciela; 420, 425 Garca Vega, Lorenzo; 420 Garganico, John F.; 421 Gelp, Juan; 435 Gonzlez, Daniuska; 227 Gonzlez, Hilario; 271 Gonzlez, Reynaldo; 450-451 Gonzlez Acosta, Alejandro; 338 Gonzlez Cruz, Ivn; 505 Gonzlez Lpez, Waldo; 94 Gordon, Samuel; 468 Gramcko, Ida; 390 Gross, Horst-Eckart; 286 Guerra, Flix; 126 Guilln, Jorge; 42 Guilln, Nicols; 36, 289 Guilln, Pedro; 135 Henares, Francisco; 131 Henrquez Lagarde, Manuel; 118 Hernndez Novs, Ral; 464 Herrera, Ricardo H.; 1, 153, 444 Ho Chi Minh; 219 Hormign, Juan Antonio; 473 Hoz, Pedro de la; 506 Hurtado, Oscar; 323 Ibargoyen, Sal; 426 Jams, Fayad; 55 Jimnez, Juan Ramn; 79, 105-106, 110, 237, 359-360, 429, 501 Jimnez Garca, Eduardo; 125 Juan, Adelaida de; 164 Juan de la Cruz, San; 11, 181 Juana Ins de la Cruz, Sor; 201 Judit, Patks; 292 Kafka, Franz; 193, 196, 219 Krin, Allah; 218 Kid Chocolate.[seud.] de Eligio Sardias; 10, 242 Lamore, Jean; 130, 498 Larre Borges, Ana Ins; 106 Lazo, Raimundo; 407 Leal Spengler, Eusebio; 247, 507 Leante,Csar; 431 Lezama Lima, Jos; 7, 20, 36, 39-40, 46, 51, 56, 71, 87, 95, 97, 105-107, 110, 120, 128, 145, 147, 205, 208, 218, 238, 289, 306, 310, 315, 415, 434, 446-447, 450-451, 468, 505 Lizaso, Flix; 397 Longo Gaetano; 228, 298 Lpez Lemus, Virgilio; 228, 298 Lpez Morales, Humberto; 182 Lpez Segrera, Francisco; 416 Loynaz, Dulce Mara; 10, 253 Luque de Diego, Alejandro; 231 Luz y Caballero, Jos de la; 66, 75 Mac Donald, Mandy; 294

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196Maceo Grajales, Antonio; 492 Maces, Oreste; 470 Machado, Antonio; 10, 106 Machado Ordetx, Luis; 134 Machado Prez, Eloy; 41, 240 Mallarm, Stphane; 243, 282 Mantars Laedel, Graciela; 471 Manzano, Juan Francisco; 68 Marinello Vidaurreta, Juan; 7, 149 Marrero Fente, Ral; 339, 368 Marrero Garca, Judith; 316 Marrn Casanova, Eugenio; 369 Mart, Jos; 7, 15-20, 69, 90, 94, 105-107, 110, 121, 125-126, 135-178, 209, 248, 326, 330, 406, 469, 472, 491-493 Mart, Mariano; 209 Mart Brenes, Carlos; 230 Mart Font, J. M.; 495 Martin Arredondo, Rita; 312, 370 Martnez, Julio A.; 463 Martnez, Pedro Simn; 415 Martnez Estrada, Ezequiel; 164 Martnez Rivas, Carlos; 217 Martnez Torres, Jos; 89 Martaix, Remedios; 496 Medina, Tristn de Jess; 7 Meja Duque, Jaime; 340-341 Meja Snchez, Ernesto; 417 Memet, Jos Mara; 44 Mdez, Roberto; 26, 392 Merton, Thomas; 270 Meyer-Clason, Curt; 285 Mistral,Gabriela; 107, 127 Montero, Susana A.; 383 Morciego Luzn, Juan; 363 Mucci, Edigio; 84 Miller, Ralf; 286 Muoz Haedo, Ramiro; 171 Muoz Maceo, Lucia; 439 Murphy, Tony R.; 171 Naranjo Dvila, Zulima; 452 Neruda, Pablo; 107 Nodal, Leonel; 472 Novaceanu, Darie; 303 Nuo, Ana; 128 O’Hara, Edgar; 358 Olivera, Otto; 401 Ora, Francisco de; 35, 324 Orbn, Julin; 224, 264, 273 Ortega, Julio; 206, 477 Oviedo, Jos Miguel; 283 Padilla, Heberto; 404 Padrn, Leonardo; 112-113, 478 Padura Fuentes, Leonardo; 479 Paredes, Alberto; 427 Paz, Octavio; 309, 419 Peixoto, Fernando; 301 Pelez, Rosa Elvira; 92, 104, 465 Pellicer, Carlos; 10, 57 Perdomo, Omar; 213, 453 Pereira, Vctor; 307 Prez, Grisel; 121 Prez, Manuel; 395 Prez Bonalde, Juan Antonio; 148 Phaf, Ineke: 342 Pino, Julio Agustn; 124 Piera, Tony; 351 Piera, Virgilio; 81 Piero, Enrique; 10 Pita Rodrguez, Flix; 216 Pollo, Roxanna; 454, 490 Ponge, Francis; 279 Portante, Jean; 291 Portuondo, Jos Antonio; 331, 455 Poumier, Mara; 290 Poveda, Jos Manuel; 52 Prada, Pedro; 480 Prada Oropesa, Renato; 343-344, 431

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197Prats Sariol, Jos; 384 Prenz, Ana Cecila; 298 Prieto, Abel E.; 5, 508 Rama, ngel; 101 Ramos Hernndez, Patricia; 500 Randall, Margaret; 93 Recio, Milena; 125 Repilado, Ricardo; 284, 345 Rey Yero, Luis; 317 Reyes, Alfonso; 7, 10, 54, 455 Reyes Dvila, Marcos; 456 Riccio, Alessandra; 501 Rimbaud, Jean Arthur; 280-281, 465 Ros, Rubn; 446 Riquer, Martn de; 436 Roa Garca, Ral; 10, 188 Rocasolano, Alberto; 233 Rodrguez Coronel, Rogelio; 437 Rodrguez La O, Ral; 376 Rodrguez Nez, Vctor; 111 Rodrguez Padrn, Jorge; 202, 320 Rodrguez Santos, Justo; 181 Rodrguez Sosa, Fernando; 346, 393, 438 Roque, ; 10 VER SI DALTON Roque, Amelia; 447 Rovira, Jos Carlos; 171 Rubio, Vladia; 493 Ruiz Barrionuevo, Carmen; 327 Sanz, Enrique; 2, 14, 312, 316, 328, 352, 364, 385, 394, 440, 481, 486-487 Snchez Medas; Rolando; 114 Santamara, Hayde; 252 Santos Moray, Mercedes; 386, 441, 457-458 Sardias, Eligio vase Kid Chocolate [seud.] Sarduy, Severo; 130, 498 Schmitz, Manfred; 284 Schtz, Gnther; 329 Serra Garca, Mariana; 365 Silva, Fernando; 211, 217 Silva Estrada, Alfredo; 459 Smini, Diego; 299 Simn Rodrguez, Pedro; 253 Smith, Octavio; 53 Solana Olivares, Fernando; 89 Sols, Cleva; 208, 221 Soria, Giuliano Soria; 297, 466 Spaskaya, Vernica; 305, 349 Surez Galbn, Eugenio; 39 Tentori Montalto, Francesco; 295-296, 347 Thoreau, Henry David; 10 Torriente, Lolo de la; 322, 406, 412-413 Trillard, Marc; 348 Ubieta Gmez, Enrique; 129; 246, 387, 482, 502 Ulicn, Miloslav; 287 Umbral, Francisco; 473 Valds, Gabriel de la Concepcin (Plcido); 68 Valverde, Jos Mara; 244, 276, 436 Vallejo, Csar; 110, 158, 257 Van Camp, Marc; 116 Varela, Flix; 37, 76, 116, 300 Vargas Bosch, Alberto; 378 Vega, Jess; 371, 388, 460 Vients Gastn; Nilita; 100, 330 Vitier, Medardo; 467 Wilson, Jason; 461 Zaldvar, Alfredo; 26, 28 Zambrano, Mara: 10, 65, 73, 110, 114, 215, 310, 484, 501 Zenea, Juan Clemente; 6, 9, 59, 74, 146, 372378, 439 Zemskov, Valeri; 305, 349 Zern, Faride; 107 Zoppi, Segio; 297 Zurbano Torres, Roberto; 491

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