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Revista de la Biblioteca Nacional

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Material Information

Title:
Revista de la Biblioteca Nacional
Added title page title:
Revista de la Biblioteca Nacional (Havana, Cuba)
Physical Description:
50 v. : ill. ; 26 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Biblioteca Nacional (Havana, Cuba)
Biblioteca Nacional José Martí
Publisher:
La Biblioteca
Place of Publication:
Habana, Cuba
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Bibliography -- Periodicals.
Cuban literature -- Bibliography -- Periodicals.
Cuba -- Bio-bibliography -- Periodicals.
Genre:
serial   ( sobekcm )

Notes

Citation/Reference:
Also, Biblioteca Nacional "José Martí". Revista de la Biblioteca Nacional "José Martí" (OCoLC)2454556
Bibliography:
Indexes: T. 1-4, 1949-53 with t.4.
General Note:
Title from cover.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All rights reserved by the holding and source institution.
Resource Identifier:
oclc - 2459262
System ID:
AA00019219:00024


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Full Text

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2 Director : Eduardo Torres CuevasConsejo de honor In Memoriam:Ramn de Armas, Salvador Bueno Menndez, Eliseo Diego, Mara Teresa Freyre de Andrade, Josefina Garca Carranza Bassetti, Ren Mndez Capote, Manuel Moreno Fraginals, Juan Prez de la Riva, Francisco Prez GuzmnConsejo de redaccin:Eliades Acosta Matos, Rafael Acosta de Arriba, Ana Cairo Ballester, Toms Fernndez Robaina, Fina Garca Marruz, Zoila Lapique Becali, Enrique Lpez Mesa, Jorge Ibarra Cuesta, Siomara Snchez Roberts, Emilio Setin Quesada, Carmen Surez Len, Cintio VitierJefa de redaccin: Araceli Garca CarranzaEdicin y Composicin electrnica : Marta Beatriz Armenteros Toledo Idea original de diseo de cubierta: Luis J. GarznVersin de diseo de cubierta: Jos Luis Soto Crucet Cubierta: Foto de Eduardo Chibs Ribas Vietas: Ediciones de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de la Biblioteca Nacional Jos MartCanje: Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart Plaza de la Revolucin Ciudad de La Habana Fax: 881 2428 Email: revbnjm@bnjm.cu En Internet puede localizarnos: www.bnjm.cuPrimera poca 1909-1912. Director fundador: Domingo Figarola CanedaSegunda poca 1949-1958. Directora: Lilia Castro de MoralesTercera poca 1959-1993. Directores: Mara Teresa Freyre de Andrade, Rene Mndez Capote, Juan Prez de la Riva y Julio Le RiverendCuarta poca 1999-. Directores: Eliades Acosta Matos y Eduardo Torres Cuevas La Revista no se considera obligada a devolver originales no solicitados. Cada autor se responsabiliza con sus opiniones. Ao 98 / Cuarta poca Julio-Diciembre, 2007 Nmero 3-4 Ciudad de La Habana ISSN 0006-1727 RNPS 0383

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3 ndice General UMBRALEn el Umbral 5 EDUARDO TORRES CUEVASANIVERSARIOSEduardo Ren Chibs Ribas (1907-2007) Chibs al cumplirse cien aos de su natalicio 9 FIDEL CASTRO RUZDe donde crece la palma15 PABLO ARMANDO FERNNDEZEduardo Chibs: Vergenza contra dinero16 ARMANDO HART DVALOSEl chibasismo ortodoxo: implicaciones y perspectivas21 ELENA ALAVEZEduardo Chibs: Origen y proyeccin37 JUAN NUIRY SNCHEZDel legado de Chibs45 FAUSTINO PREZRecordar a Chibs50 NATALIA E. REVUELTA CLEWSEduardo Chibs y la capacidad de movilizacin cvica67 FRANCISCA L"PEZ CIVEIRAEduardo Chibs, un hombre con vergenza82 LEONEL F. MAZA GONZLEZ Y LOURDES CASTELL"N SNCHEZPor qu se suicid Eduardo R. Chibs?92 JESS DUEAS BECERRAChibs y la muerte95 MARTA B. ARMENTEROSEl brillo de un ejemplo. Chibs, hombre de sol y valor97 MARIO ANTONIO PADILLA TORRESErnesto Che Guevara (1967-2007) Evocacin al Che desde las revistas cubanas de los aos sesenta99 VILMA N. PONCE SUREZ

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4 MEDITACIONESPalabras de agradecimiento por el Premio Iberoamericano de Poesa Pablo Neruda118 FINA GARCA MARRUZMiranda vuelve136 EUSEBIO LEAL SPENGLERMemoria escrita y visual de la Guerra Hispano-CubanoNorteamericana de 1898142 NYDIA SARABIA“¡Lo divino est en lo humano!”: dos crnicas de Jos Mart162 ADIS BARRIOSSobre la trayectoria cubana de Vicente Rocafuerte (1783-1847)174 CARMEN SUREZ LE"NLa condicin humana en la obra de Eduardo Torres Cuevas180 FLIX JULIO ALFONSO L"PEZEra Fulgencio Batista inteligente?186 NEWTON BRIONES MONTOTOCR"NICASSalvador Bueno: crtico mayor191 JESS DUEAS BECERRAEvocacin al Zarapico194 MERCEDES SANTOS MORAYDOCUMENTOS RAROSJuan de Archaga y Casas, primer cubano que public un libro en latn196 AMAURY B. CARB"N SIERRALIBROSNada hay tan bello como la esperanza201 MERCEDES SANTOS MORAYVergenza contra dinero 203 MARTA B. ARMENTEROSJulio Le Riverend y la historia del pensamiento antimperialista cubano206 FLIX JULIO ALFONSO L"PEZ

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5 UMBRALEn el Umbral Eduardo Torres CuevasHistoriador y director de la Biblioteca Nacional Jos Mart H ace ms de cincuenta aos, un adolescente se par maravillado ante una monumental construccin de estilo clsico, apenas inaugurada dos o tres aos antes, temeroso de cruzar el umbral del edificio. En placas de mrmol estaban los nombres de Platn, Darwin, Descartes, Kant; custodiando la gran puerta de entrada, sobre la cual apareca, plateado, el nombre de Jos Mart, estaban asimismo los de Bolvar, San Martn, Sucre, Jurez, como parte de la constelacin latinoamericana, y sus columnas de entrada portaban con orgullo los cubansimos de Varela, Luz, Cspedes, Maceo y Gmez, entre otros. Haba llegado all con el propsito de sentarse en su sala de msica para escuchar todo lo que hubiese de Cervantes, White, Lecuona y Snchez de Fuentes. Fue la primera vez que atraves el umbral de la Biblioteca Nacional cubana. Despus lo hizo muchas veces por pasin a la lectura, a la msica y al propio local. Su espacio acogedor, como templo del saber, permita olvidar el tiempo, escapar del bullicio cotidiano, hasta ser sorprendido por las once de la noche. Aos ms tarde, como estudiante de Historia y de Filosofa, encontr en sus salas y pasillos uno de los espacios intelectuales ms fructfero y creador de la Cuba de los sesenta del siglo XX. En los “cubculos” y en la, por entonces, “Coleccin Cubana” del tercer piso, a veces en las maanas pero sobre todo en el atardecer, conflua un grupo de jvenes que se sumerga en documentos y libros “viejos” y, en voz baja –a veces no tan baja–, intercambiaba con los, para ellos, “monstruos sagrados”. All se discutan las ltimas teoras, mtodos y se descubra, da a da, parte del patrimonio de la cultura cubana, irrepetible en sus documentos y libros antiguos. Moreno Fraginals lanzaba, ante un siempre escaso, atento y juvenil auditorio, sus poderosos dardos contra la historia tradicional y contra la interpretacin que de nuestro pasado haca el marxismo dogmtico; retaba, concienzudo, a arriesgarse en una nueva interpretacin de nuestra historia, rigurosa y vigorosa. Juan Prez de la Riva, con su sello muy personal y desde un marxismo renovado y cientfico, cargado de ingredientes de la nouvelle historie y de la cliometra, iniciaba su “conquista del espacio cubano”. A Cintio Vitier le lleg un da el joven estudiante con numerosas preguntas sobre el Espejo de paciencia y Silvestre de Balboa. Fina Garca Marruz, poesa toda, daba un toque delicado a ese espacio del piso tres. A Jorge Ibarra, el ms joven de los “viejos”, haba que descubrirlo entre los espacios que quedaban entre libros y papeles.

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6No poda imaginar aquel estudiante que quien fuera director de esa biblioteca y maestro de historiadores, Julio Le Riverend, le colocara en sus manos, tiempo despus y como parte de su testamento, su biblioteca personal. Los entonces estudiantes o jvenes profesores dedicbamos horas a hurgar en los viejos documentos, abstrados de todo referente de lo cotidiano. Fue all donde encontr documentos nicos como el Informe sobre diezmos de 1808 del obispo Espada o las distintas ediciones hechas por Flix Varela de sus Lecciones de Filosofa, para slo referir dos momentos perdurables en mi memoria Cada descubrimiento pasaba a ser objeto de debate con colegas, amigos y profesores. Estos intercambios se convertan en verdaderas tertulias de imperecedera calidad y creo que marcaron a toda una generacin de escritores, historiadores y estudiosos. Nombres como los de Ramn de Armas y Francisco Prez Guzmn (Panchito), mis inolvidables hermanos, que ya no nos acompaan, se unen, en el nublado recuerdo de aquellos aos, a otros muchos que sera imposible relacionar aqu. Por ello prefiero no nombrar a ninguno; la memoria suele ser traicionera. Si era posible el trabajo que ennobleca, disciplinaba y formaba ello se deba al alto nivel profesional, cultural y humano del personal de la Biblioteca Nacional de Cuba. Con Zoila, Israel, Josefina y Araceli compartimos ms de una vez una bsqueda que ellos inteligentemente nos ayudaron a encaminar. Nunca se encontrar un personal ms noble que el de la Biblioteca y, a la vez, menos reconocido. En la obra personal de todos los que hemos trabajado o estudiado en esta Biblioteca, est, sin lugar a dudas, una parte importante de la labor del bibliotecario, de especialistas y referencistas. Cuntas veces hemos llegado desorientados, o con una ligera idea de lo que buscamos, y gracias a ellos hemos encontrado no slo la orientacin, sino todo un conjunto de conocimientos que han servido para conformar la obra que llevar nuestro nombre. En el amor que da a da, y durante tantos aos, se fragu por nuestra Biblioteca, en el recuerdo de momentos y personas que quedaron en la memoria, la Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart constituye un referente que no podr ser obviado por nadie que ms que buscar la moda intelectual quiera darle lastre a su proyecto de vida y a su pensamiento. Bajo la direccin de notables personalidades de nuestra cultura, no fue nunca una revista de circunstancias. Con cada una de sus publicaciones, creaba conocimiento nuevo, expanda cultura, contribua a la formacin de la memoria histrica sobre la base de los fondos documentales, bibliogrficos, sonoros de la Biblioteca Nacional y de las investigaciones de todos los que, alguna vez, trabajaron en sus salas o en cualquier otro centro o fondo documental del pas o de otras partes del mundo. Quin escribe estas lneas es aquel joven que una vez se conmovi ante una estructura externa y una imagen interna, llen sus ojos con el vitral de Minerva, y se nutri en los pechos de esta Madre Nutricia, de esta Alma Mter de la cultura y de la espiritualidad cubanas. Es el mismo estudiante

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7que trabaj parte de sus investigaciones con los fondos de la Biblioteca Nacional y que, entre sus recuerdos, conserva uno especial referido a la Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart. Por consejos de Zoila Lapique, una vez terminado de leer el Centn epistolario de Domingo del Monte, fue a la lectura de las cartas de Jos Luis Alfonso, publicadas en los primeros nmeros de esta Revista. As entend mejor los orgenes de la burguesa azucarera cubana, atada de pies y manos por una esclavitud que los convirti en esclavos polticos (de Espaa o de los Estados Unidos) por ser “esclavos de sus esclavos”. Desde entonces, busqu y atesor cada nmero de la Revista de la Biblioteca Nacional porque sus contenidos constituyen parte invaluable de la cultura cubana, testimonio de un doble tiempo histrico, el del que escribe y el de lo que se escribe; en sus ensayos e investigaciones bajo la rbrica de destacadsimas personalidades de los estudios cientficos, culturales e histricos cubanos, est la historia de un siglo en la cual nos fuimos descubriendo y reconociendo; en la que fuimos intentando darle respuestas a tres interrogantes filosficas: Quines somos; de dnde venimos; a dnde vamos? No se puede prescindir de la Revista de la Biblioteca Nacional para tratar cualquier tema de la historia cultural y cientfica de Cuba. Toda publicacin, sin embargo, para sostenerse durante un siglo, la nuestra lo cumplir dentro de un ao, necesita de un pequeo nmero de hombres y mujeres que, afrontando numerosos obstculos, con constancia e inteligencia que los reducen y los sobrepasan, materializan, en cada nmero, el proyecto intelectual que contienen sus pginas. A pesar de los espacios de silencio, breves perodos de ausencia, a estos hombres y mujeres les deber la cultura cubana la preservacin y el desarrollo constante de esta plaza imbatible de conocimiento verdadero de Cuba, su historia y su cultura. En particular, creo recoger el sentimiento de sus trabajadores, y el mo propio, al dejar en letra impresa lo que ya la obra consagra para la historia. Dentro de la etapa ms difcil de la Biblioteca Nacional, que llev a que la publicacin no pudiera ver la luz debido a dificultades materiales y econmicas, un joven santiaguero, Eliades Acosta Matos, asumi la direccin de la institucin y de su publicacin. Con inteligencia, trabajo y amor logr, en 1999, reiniciar, ininterrumpidamente hasta hoy, la publicacin de la Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart La impronta de Eliades Acosta Matos queda ya como parte destacada de esta historia. Esta Revista espera contar siempre con sus criterios y colaboraciones porque a ella l pertenece. Hoy, el que escribe, debe cruzar, de nuevo, el umbral de la catedral de la cultura cubana y de su publicacin. Confieso con pudor que lo hago sobrecogido por su historia, por el recuerdo de quienes contribuyeron a su permanencia y desarrollo y por las responsabilidades que, ante su futuro, contraigo. Asumo el reto, pero el resultado lo dir la vida. Dos aos antes de que surgiera la Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart y quizs como una premonicin del convulso siglo XX cubano,

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8en 1907, nacieron tres figuras de especial significacin en la historia de las ideas en Cuba: Ral Roa Garca, Eduardo Chibs y Rafael Garca Brcena. Al primero se le dedic el nmero anterior de esta Revista y al segundo el presente. Con Garca Brcena, seguimos quedando en deuda. El pensamiento social, la accin poltica y los fundamentos ticos que los tres dejaron en nuestra historia exigen, para comprenderla, el estudio de las ideas de estas tres personalidades de nuestra cultura poltica. Sus fuerzas creadoras emanaron de un profundo sentido tico y de una raigal concepcin martiana. Nuestra publicacin, empeada en la creacin y recreacin de la memoria histrica y, ms an, en nutrir el espritu de este tiempo de revitalizacin del proyecto tico y cultural de la Revolucin cubana, no slo les rememora en estos nmeros sino que los une a nuestro cotidiano reflexionar.

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9 ANIVERSARIOS Eduardo Chibs Ribas (1907-1951) Chibs al cumplirse cien aos de su natalicio* Fidel Castro RuzPresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la Repblica de Cuba C uando le en Granma el artculo del compaero Hart al conmemorar esa fecha, se menciona un prrafo del discurso que pronunci el 16 de enero de 1959 en el Cementerio de Coln, a los ocho das de mi llegada a La Habana despus del triunfo. Me trajo muchos recuerdos de los heroicos compaeros cados. Pensaba en Juan Manuel Mrquez, brillante orador martiano y segundo jefe de la fuerza expedicionaria del Granma; en Abel Santamara, sustituto en el mando si yo caa en el ataque al Cuartel Moncada; Pedro Marrero, ico Lpez, Jos Luis Tasende, Gildo Fleitas, los hermanos Gmez, Ciro Redondo, Julio Daz y prcticamente todos los miembros del numeroso contingente de jvenes artemiseos que cayeron en el Moncada o en la Sierra. Sera interminable la lista. Todos procedan de las filas ortodoxas. El primer problema a resolver era Batista en el poder. Con Chibs vivo no habra podido dar el golpe de Estado, porque el fundador del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) lo observaba de cerca y metdicamente lo pona en la picota pblica. Muerto Chibs, era seguro que Batista perdera las elecciones que deban realizarse el 1 de junio del ao 1952, dos meses y medio despus del golpe de Estado. Los anlisis de opinin eran bastante precisos y el rechazo a Batista creca constantemente, da tras da. Yo estaba en la reunin donde se eligi al nuevo candidato ortodoxo, ms como atrevido que como invitado. Ingresara en el Parlamento, donde luchara por un programa radical. Nadie habra podido impedirlo. Se rumoraba entonces que yo era comunista, palabra que despertaba muchos reflejos sembrados por las clases dominantes. Hablar entonces de marxismo-leninismo, e incluso en los primeros aos de la Revolucin, habra sido insensato y torpe. En aquel discurso ante la tumba de Chibs habl* Trabajo que forma parte de las “Reflexiones” del Comandante en Jefe que aparecen en las publicaciones cubanas. Esta fue firmada el 25 de agosto de 2007 a las 6:32 p.m.

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10de forma que se comprendiera por las masas las contradicciones objetivas que nuestra sociedad enfrentaba en aquel entonces, y an tiene que enfrentar. Me comunicaba todos los das a travs de una estacin local de radio ubicada en la capital y con mensajes enviados directamente a decenas de miles de electores espontneamente inscritos en el Partido Ortodoxo. Adems lo haca con toda la nacin a travs de las ediciones extraordinarias del peridico Alerta durante varios lunes casi consecutivos, con las denuncias probadas de la corrupcin del gobierno de Pro formuladas entre el 28 de enero y el 4 de marzo de 1952. Pude intuir y profundizar las intenciones golpistas de Batista. Lo denunci a la direccin y les ped utilizar la hora dominical que tena Chibs para hacerlo. “Investigaremos”, me respondieron. Dos das ms tarde comunicaron: “Hemos indagado por nuestras vas y no existe indicio alguno”. Pudo evitarse el golpe y no se hizo nada. Ya Chibs, meses antes, a duras penas pudo impedir “un pacto sin ideologa”, como l lo calificara, entre ortodoxos y el antiguo Partido Revolucionario Cubano (Autntico). La mayora de las direcciones provinciales apoyaron tal pacto. El sistema econmico imperante facilit que en casi todas las provincias, la oligarqua y los terratenientes se apropiaran de la direccin. Slo una fue leal, la de la capital, con gran influencia de intelectuales radicales en la direccin. Consumado el golpe y cuando ms se necesitaba la unin, el papel de la oligarqua fue dejar la masa mayoritaria del pueblo a merced del viento imperialista. Yo segu con mi proyecto revolucionario, en el que esta vez la lucha, desde su propio inicio, sera armada. El da que Chibs, cuyo cadver fue velado en la Universidad de La Habana, iba a ser enterrado, propuse a la direccin ortodoxa dirigir aquella enorme masa hacia el Palacio Presidencial y tomarlo. Me haba pasado toda la noche respondiendo preguntas de los reporteros radiales y preparando los nimos del pueblo para acciones radicales. Nadie en la Universidad les prestaba atencin a las radioemisoras aquella noche. Haba un gobierno desorganizado y lleno de pnico, un ejrcito desmoralizado y sin nimos para reprimir a aquella masa. Nadie habra resistido. Al conmemorarse el primer aniversario de la muerte de Chibs, escrib una proclama cuyo ttulo fue: “Zarpazo”, impresa en mimegrafo seis das despus del golpe traidor. A continuacin su texto: ¡Revolucin no, Zarpazo! Patriotas no, liberticidas, usurpadores, retrgrados, aventureros sedientos de oro y poder. No fue un cuartelazo contra el Presidente Pro, ablico, indolente; fue un cuartelazo contra el pueblo, vsperas de elecciones cuyo resultado se conoca de antemano. No haba orden pero era al pueblo a quien le corresponda decidir democrticamente, civilizadamente y escoger sus gobernantes por voluntad y no por la fuerza. Correra el dinero a favor del candidato impuesto, nadie lo niega, pero ello no alterara el resultado como no lo alter el derroche del Tesoro Pblico a favor del candidato impuesto por Batista en 1944.

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11Falso es por completo, absurdo, ridculo, infantil, que Pro intentase un golpe de Estado, burdo pretexto, su impotencia e incapacidad para intentar semejante empresa ha quedado irrebatiblemente demostrada por la cobarda con que se dej arrebatar el mando. Se sufra el desgobierno, pero se sufra desde hace aos esperando la oportunidad constitucional de conjurar el mal, y usted Batista que huy cobardemente cuatro aos y politique intilmente otros tres, se aparece ahora con su tardo, perturbador y venenoso remedio, haciendo trizas la Constitucin cuando slo faltaban dos meses para llegar a la meta por la va adecuada. Todo lo alegado por Ud. es mentira, cnica justificacin, disimulo de lo que es vanidad y no decoro patrio, ambicin y no ideal, apetito y no grandeza ciudadana. Bien estaba echar abajo un gobierno de malversadores y asesinos, y eso intentbamos por la va cvica con el respaldo de la opinin pblica y la ayuda de la masa del pueblo. Qu derecho tienen en cambio a sustituirlo en nombre de las bayonetas los que ayer robaron y mataron sin medida? No es la paz, es la semilla del odio lo que as se siembra. No es felicidad, es luto y tristeza lo que siente la nacin frente al trgico panorama que se vislumbra. Nada hay tan amargo en el mundo como el espectculo de un pueblo que se acuesta libre y se despierta esclavo. Otra vez las botas; otra vez Columbia dictando leyes quitando y poniendo ministros; otra vez los tanques rugiendo amenazadores sobre nuestras calles; otra vez la fuerza bruta imperando sobre la razn humana. Nos estbamos acostumbrando a vivir dentro de la Constitucin, doce aos llevbamos sin grandes tropiezos a pesar de los errores y desvaros. Los estados superiores de convivencia cvica no se alcanzan sino a travs de largos esfuerzos. Ud. Batista acaba de echar por tierra en unas horas esa noble ilusin del pueblo de Cuba. Cuanto hizo Pro de malo en tres aos, lo estuvo Ud. haciendo en once. Su golpe es pues, injustificable, no se basa en ninguna razn moral seria, ni en doctrina social o poltica de ninguna clase. Slo halla razn de ser en la fuerza, y justificacin en la mentira. Su mayora est en el Ejrcito, jams en el pueblo. Sus votos son los fusiles, jams las voluntades, con ellos puede

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12ganar un cuartelazo, nunca unas elecciones limpias. Su asalto al poder carece de principios que lo legitimen; rase si quiere, pero los principios son a la larga ms poderosos que los caones. De principios se forman y alimentan los pueblos, con principios se alimentan en la pelea, por los principios mueren. No llame revolucin a ese ultraje, a ese golpe perturbador e inoportuno, a esa pualada trapera que acaba de clavar en la espalda de la Repblica. Trujillo ha sido el primero en reconocer su gobierno, l sabe quines son sus amigos en la camarilla de tiranos que azotan la Amrica, ello dice mejor que nada el carcter reaccionario, militarista y criminal de su zarpazo. Nadie cree ni remotamente en el xito gubernamental de su vieja y podrida camarilla, es demasiada la sed de poder, es muy escaso el freno cuando no hay ms Constitucin ni ms ley que la voluntad del tirano y sus secuaces. S de antemano que su garanta a la vida ser la tortura y el palmacristi. Los suyos matarn aunque usted no quiera, y usted consentir tranquilamente porque a ellos se debe por completo. Los dspotas son amos de los pueblos que oprimen y esclavos de la fuerza en que sustentan la presin. A su favor llover ahora propaganda mentirosa y demaggica en todos los voceros, por las buenas o por las malas, y sobre sus opositores llovern viles calumnias; as lo hizo Pro tambin y de nada le vali en el nimo del pueblo. Pero la verdad que alumbre los destinos de Cuba y gue los pasos de nuestro pueblo en esta hora difcil, esa verdad que ustedes no permitirn decir, la sabr todo el mundo, correr subterrnea de boca en boca en cada hombre y mujer, aunque nadie lo diga en pblico ni la escriba en la prensa, y todos la creern y la semilla de la rebelda heroica se ir sembrando en todos los corazones; es la brjula que hay en cada conciencia. No s cul ser el placer vesnico de los opresores, en el ltigo que dejen caer como canes sobre la espalda humana, pero s s que hay una felicidad infinita en combatirlos en levantar la mano fuerte y decir: ¡No quiero ser esclavo! Cubanos: Hay tirano otra vez, pero habr otra vez Mellas, Trejos, y Guiteras. Hay opresin en la patria, pero habr algn da otra vez libertad. Yo invito a los cubanos de valor, a los bravos militantes del Partido Glorioso de Chibs; la hora es de sacrificio y de lucha, si se pierde la vida nada se pierde, “vivir en cadenas, es vivir en oprobio y afrenta sumido. Morir por la patria es vivir”. Fidel Castro. Al no ser publicado este irreverente artculo –quin se atrevera?–, fue distribuido en el Cementerio de Coln por amigos y simpatizantes ortodoxos el 16 de marzo de 1952. El 16 de agosto de 1952 se public en el peridico clandestino El acusador un artculo titulado “Recuento crtico del P.P.C. (Ortodoxos)”, firmado con un seudnimo del autor: Alejandro. Ya que hice una valoracin crtica de aquel par-

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13tido, me pareci conveniente incluir este anlisis: Por encima del tumulto de los cobardes, los mediocres y los pobres de espritu, es necesario hacer un enjuiciamiento breve, pero valiente y constructivo del movimiento ortodoxo, despus de la cada de su gran lder Eduardo Chibs. El formidable aldabonazo del paladn de la Ortodoxia, dej al Partido un caudal tan inmenso de emocin popular que lo puso a las puertas mismas del Poder. Todo estaba hecho, slo era necesario saber retener el terreno ganado. La primera pregunta que debe hacerse todo ortodoxo honrado es esta: Hemos engrandecido el legado moral y revolucionario que nos leg Chibs..., o, por el contrario, hemos malversado parte del caudal...? Quien crea que hasta ahora todo se ha hecho bien, que nada tenemos que reprocharnos, ese ser un hombre muy poco severo con su conciencia. Aquellas pugnas estriles que sobrevinieron a la muerte de Chibs, aquellas escandaleras colosales, por motivos que no eran precisamente ideolgicos, sino de sabor puramente egosta y personal, an resuenan como martillazos amargos en nuestra conciencia. Aquel funestsimo procedimiento de ir a la tribuna pblica a dilucidar bizantinas querellas, era sntoma grave de indisciplina e irresponsabilidad. Inesperadamente vino el 10 de Marzo. Era de esperar que tan gravsimo acontecimiento arrancara de raz en el Partido las pequeas rencillas y los personalismos estriles. Acaso fue totalmente as...? Con asombro e indignacin de las masas del Partido, las torpes querellas volvieron a relucir. La insensatez de los culpables no reparaba en que la puerta de la prensa era estrecha para atacar al rgimen; pero en cambio muy ancha para atacar a los propios Ortodoxos. Los servicios prestados a Batista con semejante conducta no han sido pocos. Nadie se escandalizar de que tan necesario recuento se haga hoy, en que le ha tocado el turno a la gran masa, que en silencio amargo ha sufrido estos extravos y ningn momento ms oportuno que el da de rendir cuentas a Chibs junto a su tumba. Esa masa inmensa del P.P.C. est puesta de pie, ms decidida que nunca. Pregunta en estos momentos de sacrificio...: Dnde estn

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14los que aspiraban... los que queran ser los primeros en los puestos de honor de las asambleas y los ejecutivos, los que recorran territorios y hacan tendencias, los que en las grandes concentraciones reclamaban puesto en la tribuna, y ahora no recorren territorios, ni movilizan la calle, ni demandan los puestos de honor de la primera lnea de combate...? Quien tenga un concepto tradicional de la poltica podr sentirse pesimista ante este cuadro de verdades. Para los que tengan, en cambio, fe ciega en las masas, para los que creen en la fuerza irreductible de las grandes ideas, no ser motivo de aflojamiento y desaliento la indecisin de los lderes, porque esos vacos son ocupados bien pronto por los hombres enteros que salen de las filas. El momento es revolucionario y no poltico. La poltica es la consagracin del oportunismo de los que tienen medios y recursos. La Revolucin abre paso al mrito verdadero, a los que tienen valor e ideal sincero, a los que exponen el pecho descubierto y toman en la mano el estandarte. A un Partido Revolucionario debe corresponder una dirigencia revolucionaria, joven y de origen popular que salve a Cuba. Alejandro. Ms adelante creamos una estacin radial clandestina que hiciera lo que despus hizo Radio Rebelde en la Sierra. En relativamente poco tiempo, mimegrafo, emisora y lo poco que tenamos, cay en manos del ejrcito golpista. Entonces aprend las reglas rigurosas a las que deba ajustarse la conspiracin que nos llev al ataque del Moncada. Prximamente se publicar un pequeo volumen con dos ideas fundamentales que fueron condensadas en dos discursos: el de Ro de Janeiro en la Cumbre de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo hace ms de quince aos y el que pronunciara en la conferencia internacional Dilogo de Civilizaciones hace dos aos y medio. Recomiendo a los lectores analizar bien ambos documentos. Ruego me excusen por este anuncio comercial, pero gratuito.

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15 De donde crece la palma* Pablo Armando FernndezPoeta, narrador y ensayistaA Eduardo ChibsLa Luz te acepta su amigo en este largo proceso de despedida y regreso que contina contigo, inmarcesible testigo. Toda propuesta que hermana en la lucha por vencer a Goliath, es renacer a la condicin humana que la distinga cubana. Insistes en hacer que conozcamos quines somos para permanecer en el suelo natal por defender el reconocimiento que alentamos ser como t, fervorosos cubanos. Hay propuestas que sirven de enseanza la tuya: vergenza contra dinero, compromete a seguir tu derrotero. Dedicar nuestro empeo a la labranza es obtener del suelo la esperanza. Estos aos de frvidos intentos por devolverle al suelo libre bro que fluya sin cesar, cual patrio ro, son en tu despertar nuevos asientos que acogen progresivos sentimientos. Para cuidar del ser reconocido mantienes siempre alertas tus ensueos que salvaguardan firmes los empeos de conservar tu pueblo renacido en patritico suelo florecido.* Ttulo tomado de un verso de Jos Mart.

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16 S u sacrificio no fue en vano. Su prdica aglutin a lo mejor de la juventud de esa poca, de donde salieron muchos de los asaltantes del Moncada. El 16 de enero de 1959, a escasos das de la entrada victoriosa de la Revolucin triunfante en La Habana, Fidel dijo en la tumba de Eduardo Chibs: Pero hoy es como el resumen de toda la historia, la historia de la Revolucin, la historia del 26 de julio, que tan ligada est a la historia de esa tumba, que tan ligada est al recuerdo de quien descansa en esta tumba, que tan ntimamente ligada est a la ideologa, a los sentimientos y a la prdica de quien descansa en esa tumba, porque debo decir que sin la prdica de Chibs, que sin lo que Chibs hizo, que sin el civismo y la rebelda que despert en la juventud cubana, el 26 de Julio no hubiera sido posible.1Es de utilidad hacer una reflexin sobre el medio poltico en que se movi su vida y el significado de su mensaje: “Vergenza contra dinero”. Proceda Chibs de los jvenes universitarios ms radicalmente revolucionarios de la llamada genera cin de 1930 que, al decir de Ral Roa se haba ido a bolina. Ocurri as porque aquel proceso gestado desde los aos veinte se perdi en los cuarenta, en la politiquera, la corrupcin y el entreguismo. Chibs, rebelde siempre, mantuvo en alto las banderas de la tradicin revolucionaria cubana y se enfrent a aquella situacin. No le ocurri lo que a otros de sus antiguos compaeros, los cuales fueron degenerando hasta hundirse en la charca inmunda del latrocinio y la desvergenza poltica. Se rebel contra estas posturas, por esto lo recordamos hoy como un eslabn importante en la historia de la Revolucin cubana, aquella que comenz en 1868 y contina marchando hacia delante en el tercer milenio. La posteridad de Chibs, es decir, la Cuba de hoy, lo recuerda con honor a l y a sus compaeros ms cercanos, porque la historia honra a los hombres y mujeres coherentes y honestos que se entregan a la causa de su pueblo; es oportuno resaltar este hecho, pues el lder ortodoxo es un magnfico ejemplo de los que se situa ron en la vanguar-* Versin del autor de las pginas 23 y 24 de su libro Aldabonazo (Editorial Letras Cubanas, 1997) y de su discurso pronunciado en ocasin del cincuenta aniversario de la muerte de Eduardo Chibs en el Cementerio de Coln, el 16 de agosto de 2001. Eduardo Chibs: Vergenza contra dinero* Armando Hart DvalosDirector de la Oficina del Programa Martiano

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17dia de la lucha contra la inmoralidad pblica de aquella poca. Otro aspecto importante a destacar del perodo en que Eduardo Chibs alcanz su enorme notoriedad poltica, es el relativo a la vigencia formal entre 1940 y 1952 de la ltima Constitucin con validez jurdica de la repblica neocolonial, es decir, la Constitucin de 1940. Esta Carta fue la expresin legal ms avanzada del perodo neocolonial. En su marco se gestaron y desarrollaron las acciones polticas de Chibs. El texto abola formalmente el latifundio, cuestin que nunca se materializ porque, desde luego, lo impeda el rgimen poltico y social vigente. La de 1940 es una de las constituciones ms progresistas del mundo para su poca. Hgase un estudio de Derecho comparado y se podr confirmar que esta tena una proyeccin social muy avanzada. En su contenido progresista y en la fuerza poltica que para materializarlo tom la ortodoxia, encontraremos las razones del golpe de Estado que impidi el triunfo electoral de quienes heredaron las banderas de Chibs, entre ellos, el joven abogado Fidel Castro Ruz. Como es de suponer, un triunfo ortodoxo el 1 de junio de 1952 hubiera llevado al empeo de promulgar las leyes complementarias de la Constitucin que estaban engavetadas por el sistema dominante. Nadie puede decir qu hubiera podido pasar, pero seguramente no hubiera sido del agrado del imperialismo. Pudiera haber dado paso a un proceso de profunda ebullicin poltica y social. Y esto fue precisamente lo que trat de impedir el golpe de Estado de Batista, apenas tres meses antes de las elecciones. Pero la prdica poltica de Eduardo Chibs sobre los fundamentos histricos expuestos, logr promover en lo mejor de nuestro pueblo, la idea contenida en su consigna esencial “Vergenza contra dinero”. La trascendencia de este hecho est en que los acontecimientos ulteriores y el genio poltico de Fidel, enlazaron las consignas de moralizar las costumbres pblicas de la ortodoxia, con las ideas socialistas que nos llegaban de Julio Antonio Mella, Rubn Martnez Villena y sus continuadores. A ms de medio siglo de su desaparicin fsica, se hace ms necesario que nunca arribar a una valoracin acerca de los antecedentes de cmo la clarinada del gran paladn, combatiente a favor de la honestidad administrativa de mediados del siglo XX, se articul despus con las ideas ms radicales de justicia social de nuestro pueblo. Desde el seno de la tradicin revolucionaria de 1930, Eduardo Chibs promovi una destacada accin poltica contra la inmoralidad que corroa todos los estratos de la vieja sociedad. El lema “Vergenza contra dinero” y el smbolo de una escoba para barrer la podredumbre que ahogaba el pas, estremecieron a la nacin y, en especial, a las capas ms jvenes. Al pronunciar su ltimo discurso, concluy su apelacin final de forma dramtica al inmolarse con un disparo: “Compaeros de la Ortodoxia, ¡adelante! ¡Por la independencia econmica, la libertad poltica y social! ¡A barrer a los ladrones del gobierno! ¡Pueblo de Cuba, levntate y anda! ¡Pueblo cubano, despierta! ¡Este es mi ltimo aldabonazo!”. Con orgullo recuerdo que tuve el honor de ser uno de los cubanos que

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18camin junto al fretro de Chibs hasta su tumba en el Cementerio de Coln, donde una larga lista de oradores despidieron el duelo del gran lder popular. Fue velado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana; ningn lugar ms apropiado para resaltar la significacin de sus ideas y luchas. All se dio cita una amplsima representacin de dirigentes polticos y sociales del pas. Al asomarme por la parte superior de la Colina, se me present el espectculo de una inmensa multitud de pueblo que cubra la calle San Lzaro, la plaza Julio Antonio Mella y la escalinata. En los brazos del pueblo cubano fue llevado el fretro. Durante la larga marcha hasta el cementerio, la multitud fue creciendo. Tom por la calle L rumbo a 23, de all hasta 12, y desde esta esquina hasta el destino final del recorrido. El vaco poltico creado por la muerte de Chibs lo aprovech Fulgencio Batista para dar el golpe de Estado el 10 de marzo de 1952. Ms all del anlisis histrico que pueda hacerse del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), de su heterognea composicin y muy especialmente de la valoracin que hagamos de su juventud, lo cierto es que el programa de Chibs estaba orientado hacia el nervio central de la historia espiritual de Cuba: la cuestin tica. Para conocer lo ms avanzado de las ideas que se movan en la gigantesca masa ortodoxa, hay que tomar en cuenta que de su juventud emergi la Generacin del Centenario. Pero incluso existe un documento que puede servir de referencia histrica para investigar las concepciones prevalecientes en diversos grupos de jvenes del Partido del Pueblo Cubano. Me refiero al Manifiesto de la Juventud Ortodoxa publicado en el ao 1948, con el nombre de El pensamiento ideolgico y poltico de la juventud cubana, que tiene proyeccin socialista. La ortodoxia gener desde entonces un movimiento poltico de repercusin social a partir de un programa tico. Histricamente, el ltimo aldabonazo de Chibs no result slo un llamado a combatir la corrupcin de las costumbres pblicas, sino tambin una advertencia a fondo al sistema econmico y social del pas. Y como no se escuch o no se poda escuchar esta clarinada, se abri el camino a la reaccin representada por los grupos castrenses; y para rechazar a estos, el de la Revolucin, que retomaba la tradicin martiana articulada desde los aos veinte, como ya seal, con el pensamiento socialista. Excepcional tribuno y comunicador, Eduardo Chibs supo utilizar los medios masivos de comunicacin, para predicar a favor de la tica poltica frente a la corrupcin imperante a mediados del siglo XX, ah est su genuina contribucin.Sntesis biogrficaEduardo Chibs naci en Santiago de Cuba el 26 de agosto de 1907 y muri en La Habana el 16 de agosto de 1951. Sus padres, Gloria Ribas Agramonte y Eduardo Chibs Guerra, posean una slida posicin econmica. Despus de realizar sus primeros estudios en el colegio santiaguero de Alicia Wilson, Chibs es trasladado al Colegio Dolores; y en 1920, a los tre-

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19ce aos, la familia decide que contine sus estudios en el Colegio de Beln de La Habana. Tres aos ms tarde ya todo el colegio habla de Chibs... Ahora se preocupa por la economa, la sociologa y la poltica. Se registra en l un profundo sentimiento patritico y un gran sentido de la justicia. En 1922, su familia se muda para La Habana con el propsito de estar ms cerca de l. Viaja con ellos a Europa en 1925, como premio por haber obtenido el ttulo de bachiller. En el barco conoce a un profesor de Fisiologa de la Universidad de La Habana, quien ms tarde ocupara la primera magistratura de la nacin: Ramn Grau San Martn. Al regresar a Cuba matricula en la Escuela de Derecho y de inmediato se une al ncleo ms radical de estudiantes de la Universidad de La Habana, que tiene por jefe a Julio Antonio Mella, por quien sinti siempre gran admiracin y respeto. En ese propio ao Mella fue expulsado de la Universidad y despus detenido y encarcelado injustamente. En la manifestacin que se organiza frente al Palacio Presidencial para solicitar la libertad de Mella, participa Eddy Chibs, el cual tambin resulta detenido por la polica. Es su primer enfrentamiento con los esbirros machadistas. En 1927, ante la repulsa unnime de la ciudadana, se comienza a hablar de la prrroga de poderes. La Universidad se convierte en un gran foco de rebelda contra ese engendro macabro de gobierno de Machado y un grupo de estudiantes constituye el primer Directorio Estudiantil Universitario contra la prrroga de poderes. Entre sus integrantes se encuentran: Antonio Guiteras, Gabriel Barcel y Chibs. Por presin del gobierno, los miembros del Directorio son sometidos a Consejo Disciplinario, el cual adopta la decisin de expulsar a Chibs del Alma Mter, junto a Guiteras y otros compaeros. Precisamente, en estos das comenz a traslucirse su condicin de lder de las multitudes y as inicia una vida en la que la persecucin, la crcel y el exilio lo acompaan casi hasta su muerte. A la cada de Machado en 1933, Chibs apoya el gobierno revolucionario de Grau y Guiteras y al cesar este, combate al gobierno reaccionario de Mendieta y a la primera dictadura militar del entonces coronel Batista, por lo que va a la crcel y despus al exilio. En 1940 forma parte de la Asamblea Constituyente en representacin del Partido Revolucionario Cubano (Autntico), y en las elecciones de ese propio ao, as como en las de 1944, es electo primero como representante y despus como senador, y logr una de las ms altas votaciones entre todos los candidatos; sin embargo, debido a la falta de garantas

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20y el atropello a la vida humana, el latrocinio y los desmanes de los gobernantes, abandona el autenticismo y funda el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos). Comienza todos los domingos a hablar entre las 8 y 8:30 p.m. por la CMQ, tribuna donde deca las verdades, sin temor a nada. El programa “La hora de Chibs”, como se le llamaba, era escuchado en toda Cuba, hasta en los ms apartados rincones del pas. Era esperado, domingo a domingo, por todo el pueblo. En las elecciones efectuadas en 1948 figura como candidato a la presidencia de la repblica y en una campaa relmpago de quince das obtiene cerca de 400 000 votos. Chibs combate al imperialismo con todas sus fuerzas y cvicamente denuncia el consorcio de las tres S, la Standard Oil, la Sinclair y la Shell. Adems ataca a la Compaa Cubana de Electricidad por el alto precio de las tarifas elctricas. Por ello, en abril de 1949, es sentenciado por el Tribunal de Urgencias a 180 das de crcel en el Castillo del Prncipe, pero a los cuarenta y cinco das Carlos Pro, presidente de la repblica, se ve obligado a indultarlo debido a la fuerte presin del pueblo que condenaba aquella medida del gobierno. Como presidente del Partido Ortodoxo, Chibs contina la lucha contra el rgimen imperante, y en 1950 se presenta como candidato a senador por la provincia de La Habana, ganndole al postulante por el gobierno Virgilio Prez, por una gran mayora de votos. En 1951, en medio de una fuerte polmica con los gobernantes de turno, combatiendo una vez ms el gangsterismo, el robo, la corrupcin, el fraude y el desvo de los recursos, Eduardo Chibs, en un conmovedor gesto de inmolacin que lleva a cabo en su dominical programa de radio, decidi poner fin a su vida. El 5 de agosto, aquellas conciencias que an permanecan dormidas e indiferentes, despertaron con lo que l mismo llam “mi ltimo aldabonazo”.2Notas1 Castro, Fidel. Fidel Castro ante la tumba de Chibs. Bohemia (La Habana) 51(3):103; 18-25 en. 1959.2 Datos tomados de la Oficina de Asuntos Histricos del Consejo de Estado de la Repblica de Cuba.

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21 C omo bloque nico, distintos sectores obreros y estudiantiles van al enfrentamiento directo contra el rgimen dictatorial de Gerardo Machado (1925-1933). Preso y en huelga de hambre se encuentra, grave, el dirigente estudiantil, estrechamente vinculado a la clase obrera, Julio Antonio Mella. Transcurran las cinco y treinta de la tarde de un da desapacible de enero de 1929 y una potente manifestacin para exigir la pronta liberacin del revolucionario, cuya vida corre peligro, se dirige al Parque Cen tral capitalino. El objetivo del formidable movimiento de masas se logra: tras haberse pagado una fuerte fianza, Mella es puesto en libertad. Junto a los participantes en esa manifestacin, quizs uno ms, se encuentra un joven de apenas dieciocho aos, con gruesos cristales de miope, que recin haba matriculado en la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana. Slo con la Constitucin de la Repblica (1901) en mano, como nica arma, enfrenta a los sicarios del machadato que disuelven a porrazos la manifestacin. Aquel alumno era Eduardo Chibs Ribas, quien es apresado por las fuerzas policiales, aunque es liberado posteriormente por el pago de una fianza. Esa fue la primera detencin de Chibs, el futuro dirigente del pueblo cubano. A partir de entonces se vincular siempre a las luchas de las libertades pblicas y, con el decursar de los aos, su pensamiento y accin se perfilarn hacia otras dimensiones para el logro del desarrollo econmico y justicia social con un paradigma profundamente tico que lo acompaar siempre.1Al ser aprobada por la Cmara de Representantes, el 29 de marzo de 1927, la Reforma constitucional que llevaba implcita la prrroga de poderes del dictador, se constituye el Directorio Estudiantil Universitario en contra de esa prerrogativa del dictador. El documento constitutivo lleva la firma de Chibs, uno de los ms activos colaboradores de la accin estudiantil. El 7 de abril, en el Castillo de La Chorrera, el Directorio postula en sus pronunciamientos, entre otras cuestiones, la imputacin al gobierno norteamericano de la imposicin de la prrroga. La rbrica de Chibs no est ausente. No ha transcurrido un mes cuando la direccin estudiantil arrecia su ataque contra los prorroguistas y la prrroga. Es el 3 de mayo y en sus declaraciones el joven afirma: Pueblo Grande, Pueblo Digno, Pueblo Heroico; t que has prestado en las pocas ms difciles de nuestra historia nacional el riguroso concurso a las causas nobles, dignas El chibasismo ortodoxo: implicaciones y perspectivas Elena AlavezHistoriadora, periodista e investigadora

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22y justas; […] t que has sido capaz de los ms grandes sacrificios; […] debes hoy como ayer, en un gesto viril de protesta, hacer or tu voz, ya que ella es la nica capaz de contener en su desenfrenada carrera los corceles desbocados que tiran del carro de la Repblica […].2Es indiscutible que la ideologa chibacista tambin se va conformando en este crisol de rechazo a las dictaduras; de confianza en el valor y los principios de un pueblo revolucionario frente al secuestro de los derechos ciudadanos, la corrupcin interna y la injerencia fornea. A no dudarlo, el Directorio de 1927, en el decir de Gonzlez Carvajal, siempre tuvo un ncleo visible, entre los que se encontraban Gabriel Barcel y Eduardo Chibs. Eran momentos difciles. El claustro universitario es presionado por la machadocracia. La Universidad es ocupada por la fuerza pblica y sus actividades suspendidas. Se crea el Consejo de Disciplina nico que comienza a funcionar el 24 de junio y condena a un grupo de alumnos a la expulsin definitiva, y a otros a varios aos de suspensin de las aulas universitarias. El 21 de diciembre el Consejo expulsa a Chibs, por cuatro aos, de las aulas del alto centro docente. Con el evidente objetivo de ejercer sobre el dirigente estudiantil una presin ms, las autoridades de la tirana tienen a bien acusarlo de comunista. Ello promueve sus primeras declaraciones pblicas que, en marzo de 1928, recoge el peridico El Mundo donde aclara que s es un revolucionario, pero no un militante comunista.3Tena entonces veinte aos. Haba nacido el 26 de agosto de 1907, en Santiago de Cuba, durante la Segunda Ocupacin Militar de los Estados Unidos a la isla (21 de enero de 1906-28 de enero de 1909), y su personalidad se va forjando bajo el signo de la encendida polmica y el cuestionamiento permanente de qu somos y qu seremos como nacin, estilete clavado en el seno de la sociedad cubana desde poca tan temprana como la de la frustrada independencia en 1899. Junto a estas condicionantes galvanizadoras e insoslayables alerta su conciencia la categrica respuesta: somos un pas ocupado por un poderoso vecino que nos impone un documento jurdico –la Enmienda Platt– en el cual se afirma que somos prcticamente un protectorado. Las actividades revolucionarias de Eduardo Chibs lo ponen en la mirilla acusadora del nefasto gobierno machadista. El lunes 26 de febrero de 1929 le imputan querer matar al dictador. Es apresado e incoada la Causa 288 y por ello recluido en la galera N 13 del Castillo del Prncipe. Fueron tres meses de confinamiento. Poco despus marcha al exilio en Estados Unidos. No obstante, para l no existe el reposo. En Nueva York, junto al periodista Enrique Delahoza, funda el peridico Libertad, rgano de prensa de la recin creada Unin Cvica de Exilados Cubanos (UCEC). Como secretario general de dicha organizacin firma su documento constitutivo donde refiere: “Nos oponemos a este rgimen porque ha violado todo derecho pblico, porque ha empeado el bien pblico a los intereses extranjeros amenazando de ese

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23modo nuestra independencia y finalmente porque ha ido contra los ms elementales derechos humanos”.4En su labor proselitista viaja a Tampa. Y desde las pginas de La Gaceta, que dirige Victoriano Manteiga, escribe: “Este rgimen de despotismo, de pauperismo, de malversacin, de crmenes de lesa humanidad, no puede perdurar, pues su continuacin significara la completa prdida de la Repblica”.5En carta al director del diario El Pas con fecha de 30 de agosto de 1930 expone: “Todos los cubanos desterrados somos enemigos […] a la vez de la dictadura y la intervencin”.6 Y all, desde Tampa, despliega una ingente labor. En una entrevista Enrique Delahoza relata cmo Chibs y l hablaban en distintos mtines del Centro Obrero: “En general, los cubanos de Ibor City eran extraordinarios acogedores y durante los dos meses que permanecimos en viaje de agitacin Chibs logr una labor muy positiva contra Machado”.7En el Evening Post World de Nueva York, Chibs el 4 de noviembre reitera sus convicciones: “Nos oponemos a este rgimen porque ha violado todo derecho pblico, porque ha empeado el bien pblico a los intereses de la banca extranjera amenazando de ese modo nuestra independencia, y finalmente porque ha luchado contra los ms elementales derechos humanos”.8Era entonces Eduardo Chibs, como apunta Lol de la Torriente, “Un muchacho en el que apenas asomaba el bozo, fornido, alegre, capaz de mayores locuras. Los ojos claros, pequeos, inquisitivos, inteligentes, locuaces: frente despejada y un tanto altiva”.9A partir del 15 de diciembre de 1930 el alto centro de estudios permanece cerrado algo ms de tres aos. Meses antes el Directorio Estudiantil de ese ao se haba pronunciado en un Manifiesto Programa donde apunta que su objetivo mayor es coadyuvar con todas sus fuerzas a la cada del rgimen, y seala adems su estrecho vnculo con el de 1927, sintindose continuadores de aquella enrgica protesta que dio inicio a su formacin. En diciembre de 1930 Chibs regresa a Cuba bajo un nombre supuesto. Participa en el movimiento encabezado por el coronel Aguado llamado “La insurreccin de los cuarteles”, el cual termin en un rotundo fracaso. No obstante, permanecer en Cuba hasta agosto de 1931 y mantiene su actitud de llevar a la prctica su irrevocable decisin de movilizar al pueblo. Y desde su residencia en 17 y H en el Vedado efecta reuniones conspirativas para llevar a la prctica la firma de proclamas contra el rgimen de facto, as como la preparacin de explosivos, y realizar tambin colaboraciones para el peridico Alma Mter... Comienza de esa forma su incansable batallar en la prensa plana nacional, desde cuyas pginas publica artculos como “Los expulsados del veintisiete y el movimiento estudiantil” en el que analiza las causas y posterior repercusin de aquellos acontecimientos. Nuevamente es sometido a juicio y remitido al Castillo del Prncipe y con posterioridad a la prisin de Isla de Pinos donde permanece casi un ao. Es agosto de 1931. A fines de 1932 parte de nuevo al exilio en los Estados Unidos, donde

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24permanece hasta que la accin popular encabezada por la clase obrera derroca al machadato el 12 de agosto de 1933. La promiscuidad del gobierno de Carlos Manuel de Cspedes se trunca el 4 de septiembre por el movimiento promovido en el Ejrcito y por el Directorio, lo cual da paso a la llamada pentarqua que, envuelta en sus propias contradicciones, es insostenible como solucin poltica. Eduardo Chibs, ya en Cuba, ve en la eleccin de un presidente la posibilidad de un cambio transformador. El Directorio, junto a Chibs, propone al profesor universitario de Fisiologa doctor Ramn Grau San Martn para ocupar el cargo, por sus antecedentes de cierta ayuda a los alumnos universitarios en su combate frontal contra Machado. La propuesta es aceptada. Durante los meses definitorios de 1933, Eduardo Chibs crece en dinamismo y combatividad revolucionaria. Haba que enfrentar nuevos retos futuros..., andar y desandar otros caminos. Al participar en la depuracin universitaria, el 30 de octubre de ese ao, pronuncia palabras claves de su trayectoria revolucionaria: “Las grandes revoluciones slo avanzan taladrando montaas de intereses, ignorancias y miserias. Montaas plagadas de mediocridad y de infamia, que sepultan en su seno a los luchadores de avanzada que van abriendo surcos por el que desfilan los pueblos. Estos pioneros marchan siempre hacia delante [...]”.10Poco antes, el 14 de octubre, comienza a transmitir por la emisora CMW, La Voz de Las Antillas (en los bajos del Diario de la Marina ), un programa poltico desde el cual contribuye a esclarecer la situacin imperante, a profundizar en la conciencia poltica, a crear estados de opinin. En su misma forma, directa y dinmica, inicia la divulgacin sistemtica de sus ideas, sus cuestionamientos e inquietudes. Es indiscutible que la radio, al igual que la prensa plana, se convertiran en su medio fundamental de comunicacin con el pueblo. En aquella, su primera intervencin radial, el joven dirigente afirmara: “[...] es que la revolucin tiende a destruir los grandes monopolios extranjeros, a eliminar a sus servidores nativos, reintegrar al pueblo las propiedades que les fueron robadas por los politicastros de turno en el poder”.11No duda en expresar el derecho del pueblo cubano a la propia determinacin, la afirmacin de nuestra soberana e insiste en la necesaria libertad poltica y econmica que sern las conquistas permanentes sobre las cuales se asentar verdaderamente la nueva repblica soberana. El joven dirigente contaba con veintisis aos. El golpe de Estado del 14 de enero de 1934 saca a Grau San Martn de la presidencia y pone fin al gobierno de los llamados cien das. Comienza el tutelaje del embajador de los Estados Unidos Jefferson Caffery, quien, en abierta complicidad con el jefe del Ejrcito, Fulgencio Batista, pretende dirigir los destinos de la nacin cubana con la apariencia de un presidente: el ingeniero Carlos Hevia que, al carecer de poder real, como es lgico, renuncia a los pocos das. El da 20 Grau marcha hacia Mxico. Tardara en regresar. No ha transcurrido una semana y bajo las mismas condiciones ocupara la “pre sidencia” de la

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25repblica Carlos Mendieta, apareciendo as la nefasta triloga de Caffery-Batista-Mendieta que termina los avances sociales gestados durante el gobierno Grau-Guiteras, cancelados por la corriente reaccionaria cuyos mtodos recurrentes fueron el palmacristi, el crimen y la tortura. Como primeros aldabonazos comienzan a aparecer en las pginas de la revista Bohemia, durante 1934, artculos de Eduardo Chibs enjuiciando el rgimen de facto, entre los que se destaca “Cuba necesita paz”, donde delinea con precisin cmo “[...] la tranquilidad y la paz no se imponen con plvora, palmacristi, goma ni persecucin econmica”.12 Adems seala: “Es peligroso recurrir al rgimen del terror, los victimarios de hoy pueden ser las vctimas del maana”. Tambin expresa: “La paz slo puede fundamentarse en la justicia [...] Slo un gobierno de peso nacional, podr equilibrar el peso de la espada”.13A su vez, de singular inters es el artculo “La Directriz del ABC” donde aclara que “La revolucin significa la renovacin integral para sentar las bases de la Nueva Cuba”, y define su vocacin de “[…] servir como soldado de la vanguardia a la revolucin”.14El asesinato de Ivo Fernndez Snchez, hermano de su fraterno amigo Leonardo, lo sacude profundamente. En la asamblea efectuada en el anfiteatro del hospital Calixto Garca pronuncia vlidos criterios definitorios en su quehacer poltico: “Yo respeto y admiro a los grandes y verdaderos comunistas de la talla de Mella y Barcel [...]”. No obstante, disiente de aquellos a quienes Lenin calificara despectivamente como “[…] enfermos del sarampin izquierdista”.15En el decursar de las semanas define y esclarece posiciones que buscan sus races en el siglo XIX y se proyectan en la dcada del treinta del pasado siglo en su ideario tico y antimperialista, nacionalista y democrtico. Al participar en la huelga de marzo de 1935 contra la dictadura CafferyBatista-Mendieta, cae preso. El Castillo del Prncipe lo acoge de nuevo por varios meses. No saldr hasta el 3 de septiembre, y se incorpora de inmediato a la organizacin de Izquierda Revolucionaria. Esta vez permanece en Cuba. Siempre alerta. Con la pluma en ristre y la palabra certera en defensa de las libertades pblicas. Su prestigio se acrecienta en el devenir de aquellos turbulentos tiempos. Durante su encarcelamiento le llega la noticia del alevoso asesinato de Antonio Guiteras y Carlos Aponte en El Morrillo, provincia de Matanzas. Estos hechos, ms otros posteriores, refuerzan su accionar revolucionario e impactan en las proyecciones de su hacer cotidiano. Es entonces cuando Eduardo Chibs hace tambin del periodismo un arma de combate. Escribe sin cesar. Aclara. Demanda. Precisa. Entre sus artculos estn “Elecciones ad Portas”, “Alto al terrorismo”, “Roosevelt: paladn de la democracia”, en el cual se refiere a Franklin D. Roosevelt, quien asuma la crisis mundial de 1929 con destreza para sacar a los Estados Unidos de aquella hecatombe mundial, pues el New Deal y la Poltica del Buen Vecino parecan dar sus primeros frutos.

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26Comenzaban los indicadores de un cambio de poltica. El dictador Fulgencio Batista deba variar su artera posicin de mano dura. Ahora Washington as lo exiga. Y bajo la cobertura del “presidente” Federico Laredo Bru, la apertura “democrtica” comienza a dar sus primeros pasos. Numerosos son los artculos de Eduardo Chibs en la revista Bohemia sobre la situacin nacional o bien sobre la guerra civil espaola. Y no pierde la oportunidad de entrevistar al genial poeta espaol Juan Ramn Jimnez en su trnsito por Cuba. Su orientacin poltica le hace, poco a poco, acercarse al llamado Partido Revolucionario Cubano (Autntico) dirigido por el doctor Grau San Martn, el cual, fundado en 1934, ahora toma nuevos bros. Sera, como su nombre lo indicaba igual que el partido fundado por Mart, aunque reapareca ahora con el de Autntico? Llevara a vas de hechos los postulados martianos? La entrevista con Grau lo impacta.16Una semana antes ya haba publicado un artculo de fondo sobre El Partido Revolucionario Cubano,17 en el cual ingresa meses despus, el 5 de agosto. Aspiraba en l realizar una “[…] poltica autntica, poltica de estilo nuevo, poltica limpia, poltica de unin de las grandes masas [...]. No somos radicales ni intransigentes, sino honrados y consecuentes; no estamos dispuestos a convertirnos en el team de relevo, en la ltima comparsa de tteres, en la mascarada del poder”.18Estos postulados permanecern inclumes en su breve, pero fecunda trayectoria en la vida pblica cubana. No pensaba ceder en sus principios ticos, ni ser uno ms de los adictos a la corrupcin prevaleciente en los crculos de poder. Es 1938 y no por simple intuicin la revista Bohemia, la de mayor circulacin en el pas, lo caracteriza como “[…] un joven de la nueva generacin que entra en la vida de Cuba con el ferviente propsito de lograr el cumplimiento cabal de nuestra etapa de liberacin nacional […]” y lo seala como “[…] incuestionablemente, uno de sus ms destacados representantes […]”.19 Y puntualizara en ese mismo artculo del 5 de junio: “En la Cuba colonial hispnica los cubanos posean la riqueza y los espaoles usufructuaban las posiciones burocrticas. Cuba, colonia de Espaa termina en el siglo XIX. Cuba, colonia norteamericana se inicia en el siglo XX”. A los treintin aos el ideario chibacista poda sintetizarse en los siguientes puntos: 1. La guerra de 1895 slo alcanz en apariencias el logro del poder poltico. No hay por tanto plena soberana nacional. 2. La hegemona econmica no se logra Por tanto no hay plena soberana nacional. 3. Cuba factora norteamericana se inicia en el siglo XX Cmo lograr la absoluta soberana nacional? 4. Cmo dar continuidad al genuino proceso nacional, para alcanzar la absoluta soberana. Los meses transcurren con asombrosa vertiginosidad. No obstante, Chibs asume con verticalidad de principios la vorgine poltica que lo envuelve. Eran los meses previos a la formacin de la Asamblea Constituyente. Tras haberse

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27aprobado el Cdigo Electoral el 15 de abril de 1939, comenzaban a darse los pasos firmes hacia las elecciones de la Constituyente que se efectuaran el 11 de noviembre de 1939, y las presidenciales el 14 de julio de 1940. Cada momento era presionante en polmicas pblicas. Chibs no descansa. Opina, analiza sobre distintos temas de alcance nacional. Su oratoria y su pluma permanecen en plena actividad, pues mltiples son sus artculos esclarecedores sobre las circunstancias que enmarcan aquel magno hecho. En las elecciones presidenciales de 1940 ya es elegido representante a la Cmara por el Partido Autntico. Son los instantes en el que, con el decursar de los meses se convertir en el lder que aunar, junto a los postulados esenciales de independencia econmica, libertad poltica y justicia sociales –proyectos ya enunciados por l con anterioridad–, a amplios sectores de la pequea burguesa y a las masas trabajadoras para convertirse en la figura poltica ms importante y controvertida de la primera mitad del siglo XX. Con la asuncin al poder del Partido Revolucionario Cubano (Autntico), por abrumadora mayora de votos en junio de 1944, y cuyo hecho real se produce con la toma de posesin de Grau como presidente de la repblica el 10 de octubre del mismo ao. En dichas elecciones, ya segunda figura del autenticismo, Eduardo Chibs obtiene el acta de senador. Se mantiene firme en sus principios “autnticos” cuando afirma que no hay nada de oscuridad en ellos: nacionalismo, socialismo y antimperialismo. Poco antes de las elecciones presidenciales, la “jornada gloriosa” del 1 de junio, el periodista Enrique Delahoza traza con precisin los perfiles del dirigente autntico Eduardo Chibs al afirmar: [...] es poltico de clculo, de detalles inferiores […] este luchador, madurado [...] en el convulso mbito de la clandestinidad revolucionaria y de la pelea cvica por la dignidad del cubano [...]. Ciertamente, Chibs es as. Es individuo ubicado apasionadamente ante la vida y los acontecimientos, y la pasin arriba a su clmax, naturalmente, ante su objetivo ms entraable: la poltica.20Y ante el triunfo electoral alcanzado por Grau afirma: “No ha sido la victoria de un partido ni la de un candidato. Es la victoria del sentimiento cubano... Hay que continuar luchando por la consagracin de la democracia”.21La emisora radial CMQ, surgida en 1933 en Monte y Prado, acoge los pronunciamientos dominicales de Eduardo Chibs desde 1944. Desde esa fecha sienta las bases de lo que para l sera el autenticismo como organizacin capaz de servir a la patria y capaz de dirigirla con energa, frente al vocero de las fuerzas opuestas a la independencia: los eternos lacayos del imperialismo. Ya desde 1945 declara: “Hay quienes creen que el revolucionario es el que puede vivir campeando por sus respetos y obteniendo por la violencia todo lo que otros ciudadanos consiguen con su trabajo; pero esa no es la Revolucin, sino una perversin de ella, una profanacin de la misma”.22Sin embargo, pronto se harn visibles cmo el fraude y el agio rivalizan

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28con la depauperacin del pueblo. Adems cobran inusitada fuerza el nefasto hbito cotidiano del gangsterismo en sus diversas modalidades, las malversaciones del erario en toda la escala del poder, as como la prostitucin y el juego promovidos o protegidos por el aparato gubernamental, sin poder olvidar la estrecha dependencia de las capas oligrquicas al imperialismo norteamericano. Indudablemente, estas circunstancias hacen que surjan y se focalicen nuevas frmulas socioeconmicas y polticas que propendan a otras combinaciones dentro del status legal existente, que sean ms sugerentes para el pueblo, dadas las imposiciones econmicas y polticas que presionan, cada vez ms, la conciencia nacional cubana. Es la coyuntura propicia para que el populismo protagonice una relevante etapa en la evolucin de las contradicciones entre la sociedad nacional y la economa dependiente. La profunda inestabilidad nacional es evidente. El detonante de la crisis institucional es el proyecto de eleccin presidencial que se gesta en Palacio. Esta amarga realidad, tras el breve lapso de arribo al poder del Partido Autntico, va agostando en Chibs sus ilusiones sobre una “revolucin autntica”. Al entrar en crisis ese partido, los anhelos populares, defraudados, buscan otras soluciones. Y es en el llamado “chibacismo” donde laten y fructifican la voluntad de cambio y regeneracin sustanciales. Con precisin, Eduardo Chibs define: “La crisis del Gobierno produce la crisis del Partido, la cual a su vez determina la de la revolucin cubana”. Y afirma: “Ideas y procedimientos nuevos, nacionalismo, antimperialismo y socialismo, independencia econmica, libertad poltica y justicia social”.23Cabra una opcin: rescatar el Partido Autntico desde sus propias filas o bien, la posicin ms certera, crear un partido nuevo capaz de propender a la hazaa de conquistar la independencia econmica, la libertad poltica y la justicia social con el respaldo necesario del pueblo. La forja de un nuevo partido implicara un proceso laborioso y nada fcil. Comienza el 14 de junio de 1946 cuando desde la provincia de Oriente el mximo dirigente autntico local doctor Emilio Ochoa, presidente de la Asamblea Provincial, convoca a esta y a la Municipal para promover la candidatura presidencial de Eduardo Chibs, segunda figura del autenticismo. Los acuerdos de Oriente repercuten con fuerza en La Habana y, sorpresivamente, algunos “autnticos” lanzan con premura la candidatura de Carlos Pro, por el mismo partido, para acceder a la mxima magistratura de la nacin. Pocos meses despus, desde las pginas del peridico El Crisol, el dirigente populista Eduardo Chibs sealara una vez ms, en la denuncia abierta de todo proyecto nocivo para la patria, cmo haba que escoger entre dos caminos: la rebelda gallarda o la sumisin incondicional. Chibs, junto a sus partidarios, optar por la primera va y en una ocasin puntualizara: “A m me preocupa ms el aspecto histrico de la cuestin que el meramente poltico. No quiero llegar a la presidencia de la Repblica a travs de alianzas que

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29signifiquen el sacrificio de los principios [...]. Me interesa ms la ideologa sin pactos, que los pactos sin ideologa”.24En esta concepcin profundamente tica, permanente y emblemtica en l, encontramos uno de los hitos de mayor repercusin y trascendencia en el consecuente ideario chibacista y que en el nuevo partido, que ha de crearse, promovera su escisin. En el proceso hacia el objetivo mayor de crear un partido distinto en su programa, estructura y medios de accin, se promueven diversas reuniones. Algunas en las respectivas casas de los senadores Pelayo Cuervo y Agustn Cruz. Los entonces ortodoxo-autnticos emprenden pasos decisivos en la bsqueda de una solucin a la crisis institucional que ha alcanzado su clmax y exclama enftico Chibs: “Todo ha sido un engao, una farsa, una burla cruel”.25Desde fines de marzo inicia su ataque frontal contra el presidente Grau. Ya no caben dudas: desde el Palacio Presidencial se interfiere el libre funcionamiento del Congreso. Progresivamente el gangsterismo se incrementa y cobra mayor osada. Con el propsito de intimidar a los congresistas, el 21 de abril un grupo de los denominados “autnticos de accin” tirotean el Capitolio Nacional, donde sesiona el Congreso de la Repblica. A pesar de la agresin, los parlamentarios aprueban la mocin de Chibs de un voto de desconfianza al gabinete presidencial en pleno. En los primeros das de mayo se suicida el alcalde de La Habana, doctor Manuel Fernndez Supervielle, al no poder cumplir su promesa de brindar un mejor servicio de agua a la poblacin capitalina. Ante el suceso, Chibs premonitoriamente afirmara el 11 de mayo de 1947 cmo “[…] fue extraordinariamente valeroso al preferir el honor sin vida a la vida sin honor”.26Este aserto lleva implcito otra de sus concepciones esenciales, su honroso taln de Aquiles por donde fuera atacado en los ltimos momentos de su vida: la inflexible moral-tica del accionar en la vida pblica. El 15 de mayo de 1947, en la sede de la Seccin Juvenil Autntica, en horas de la tarde, se desarrolla una reunin trascendente. All se acuerda conformar una comisin con Eduardo Chibs, Emilio Ochoa, Manuel Bisb, entre otros, y Leonardo Fernndez Snchez, idelogo fundamental del nuevo partido y quien escribir sus tesis esenciales. En principio, la Comisin debera condicionar sus labores a las siguientes bases aprobadas por unanimidad: 1. Rescatar el programa del Partido Revolucionario Cubano y la doctrina autntica: la independencia econmica, la libertad poltica y la justicia social, desenvolviendo nuestras actividades dentro del rgimen democrtico establecido en la Constitucin. 2. Organizar a ese objetivo un Partido medularmente revolucionario por su estructura funcional, en que se integren los ncleos sociales interesados en la liberacin nacional: sectores productores, obreros, campesinos, clases medias, juveniles y femeninas. 3. Luchar sin contemporizaciones contra el latrocinio, el prebendaje, el soborno, el caciquismo y dems vicios de la poltica tradicional. Frente a la poltica al uso de los pactos sin ideologa

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30mantendremos con firmeza la ideologa sin mistificaciones de la autntica revolucin cubana. 4. A fines de garantizar la aplicacin del programa y la lnea tctica del Partido y de que la estructuracin de este no sea meramente electoral, es necesario adoptar formas de organizacin y direccin que le impriman la disciplina y la militancia indispensables en un Partido Revolucionario moderno. En el punto cinco se promueve un procedimiento de consulta popular que sea la resultante de asambleas y no de mera frmula de gabinete. Sin dudas, las bases programticas de la nueva organizacin estn en ciernes. Ya comienza a marchar el futuro partido, un movimiento de vital aliento y renovacin que busca en la lnea martiana del Partido Revolucionario Cubano la razn de ser de su creacin, y que surge en el seno de las masas en una coyuntura de singular apertura. Su programa, genuinamente revolucionario por su estructura funcional, por los ncleos sociales que lo integran y por su lnea ascendente hacia el logro de la liberacin nacional, ha de responder, entre otros, a los intereses de la emergente burguesa radical antimperialista y, por ello, en una simbiosis especfica, se caracterizara por propender a trazar medidas de tipo nacionalista en oposicin a los monopolios estadounidenses y reiteramos, con una base pluriclasista integrada por obreros, campesinos y la pequea burguesa. Estas caractersticas lo afilian a la tendencia populista, y es regido por un indiscutible y excepcional lder de masas, Eduardo Chibs que, en los arduos y azarosos enfrentamientos contra las dictaduras de Machado y primera de Batista, as como a los impopulares regmenes de aos posteriores, demostr ser un combatiente nato, un fogoso polemista y un brillante poltico. Y habra que afirmar, como con posterioridad se dijo: “Sin Chibs no existira Partido Ortodoxo”. La Comisin Gestora Nacional del Partido trabaja con prisa. En junio, a propuesta de Leonardo Fernndez Snchez,27 se aprueban por unanimidad los Estatutos, de los que “Publicitas” imprime slo cien mil ejemplares. Ya el partido tiene su sede. Esta ocupa, con el nombre de Liceo del Pueblo Cubano, el local situado en la calle Industria esquina a Dragones, en el actual municipio de Centro Habana, en la capital. Es necesario precisar que a partir del 19 de mayo Chibs, en lugar de Emilio Ochoa, es designado para presidir la nueva organizacin, aunque no durar en el cargo mucho tiempo. Los Estatutos, compuestos de diez captulos y 185 artculos,28 aprobados democrticamente y por unanimidad, revelan la permanente y explcita definicin de un partido nuevo, en el que se han de mantener en alto las verdaderas banderas y los fervientes anhelos del pueblo para el logro real de su soberana e identidad nacional. Es significativo cmo en el captulo dos se enfatiza en que el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) se propone la liberacin nacional y social del pas, que se proyecta en sus tres dimensiones histricas ya mencionadas. Para su obtencin, qu mtodos utilizara el partido? Sobre ello manifiesta el captulo tres que el mtodo de lucha ha de ser la movilizacin popular y la lucha

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31poltica, as como todos los medios lcitos a su alcance en consecuencia con la Constitucin y las leyes. Uno de los aspectos definitorios –artculo cuatro– es el referente a cmo ha de conducirse el partido por un rgimen de democracia representativa y cmo su militancia, a diferencia de otros partidos polticos, ha de ser consciente y activa, es decir, que todos los militantes se capacitarn plenamente en el conocimiento de la teora ideolgicopoltica que forma e informa el movimiento ortodoxo. Es de destacar que el ncleo fundamental de los miembros del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) lo formaran los trabajadores –hombres y mujeres, incluyendo a los jvenes–, o sea, sera un partido del pueblo y para el pueblo, dentro de los lmites que puedan establecer elementos de izquierda de una emergente burguesa nacional. Meses despus, el 31 de julio de 1947, la direccin “ortodoxa” presenta, firmado por Eduardo Chibs como presidente y Regla Peraza como secretaria de actas, el Programa Doctrinal del Partido Ortodoxo ante el Tribunal Supremo Electoral (TSE). En este Programa29 se reafirma la necesidad de integrar una organizacin poltica moderna que sirva de instrumento idneo para abrir el camino de la liberacin nacional e ir al rescate de nuestra identidad como nacin. Sus mtodos y formas movilizativas llevaran implcitas un profundo quehacer tico sin los cuales –afirmara Fidel Castro– no hubiera habido 26 de julio ni Moncada. En lo referente al aspecto econmico, parte del principio de que no se haba iniciado la reconquista de la tierra ni de las riquezas de Cuba para los cubanos y que los servicios pblicos estaban en manos del capital extranjero o controlado por este. Acorde a dicho documento resulta evidente la necesidad de erradicar paulatinamente el latifundio y el monocultivo, lo cual lleva en s un plan de reforma agraria para rescatar a las masas campesinas de su estado de servidumbre, as como fomentar la organizacin de cooperativas de produccin bajo el control estatal, en coordinacin, de manera paralela, con el desarrollo de los pequeos propietarios rurales y urbanos. Hacia la factibilidad del programa agrcola sostiene la necesaria electrificacin de la agricultura, la implantacin de sistemas de regado y el abaratamiento del transporte de los productos del agro... Sobre todo, prioriza obtener el equilibrio entre la produccin agrcola y la produccin industrial con el establecimiento para esta, como base, de las materias primas cubanas. As, para los ortodoxos el desarrollo de la agricultura se revertira en auge de la industria y, por tanto, en el fortalecimiento de un mercado interno con la posibilidad de un equilibrio estable entre ambos rubros productivos. Interesantes son los aspectos relacionados con la necesaria creacin de una marina mercante, la ampliacin del mercado internacional y la proteccin a la industria nacional. A no dudarlo, las Tesis del Partido Ortodoxo se proponan, si no la eliminacin absoluta de dos poderosos sectores sociales, tales como los terratenientes y comerciantes pertenecientes a la capa oligrquica

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32de la burguesa, s su control para un mejor y mayor equilibrio en beneficio de otros sectores de la sociedad cubana. Para la consecucin de estos objetivos tambin era imprescindible nacionalizar los servicios pblicos para garantizar su mayor eficiencia. Una vez alcanzada la independencia econmica se podra sustentar la libertad poltica, pues ambas vertientes lograran el pleno ejercicio de derechos y deberes ciudadanos sin presiones externas que pudieran coartarlas. Y puntualiza que la funcin del Estado sera mantener el equilibrio entre el capital y el trabajo para beneficio de la sociedad, prevaleciendo los intereses colectivos “[…] el trabajo ha de perder su carcter de mercanca”.30El documento postula, como parte de la justicia social, la erradicalizacin del desempleo, proteccin a la mujer y al nio, hospitalizacin adecuada del enfermo pobre, eliminacin del analfabetismo... Y sobre poltica exterior dos puntos esenciales: primero, consagrar el principio de no limitar la actuacin de ningn pas mientras no obstaculice la de otros; segundo, rechazar el derecho al veto en el Consejo de Seguridad de la Organizacin de Naciones Unidas (ONU), por considerarlo un privilegio de las grandes potencias. Es curioso y significativo que tal vez sin proponrselo, el documento considere con afortunada antelacin la ley del desarrollo desigual entre pases pobres y pases ricos y la imposibilidad de una identidad entre todos, poniendo como base –como diramos hoy– la globalizacin de la solidaridad. En sntesis, las Tesis aspiran a un desarrollo rpido y propio del Estado cubano. Ya Chibs al dar a conocer el nombre del partido con certera visin define sus conceptos fundamentales: es nacionalista y democrtico, abarcador de las distintas clases sociales, pues intenta unir en apretado haz a todo el pueblo cubano. Desde muy joven estas proyecciones bullan en su mente. Ahora las vea plasmadas en un programa concreto, punto de partida para la futura accin realizadora de mayores empeos. El camino hacia esa meta ser vertiginoso y difcil y como colofn le costar la vida, pero su inmolacin ser fecunda. Diferencias internas dificultan la postulacin de Chibs para la presidencia de la repblica por la Asamblea Nacional del Partido Ortodoxo. La causa, a primera vista, es sencilla. El lder populista permanece fiel a la letra y el espritu de los postulados del Programa Doctrinal, inflexible en no aceptar, entre otras cuestiones, los pactos sin ideologa, es decir, sin asumir la del partido; la otra fue la de permanecer fiel a la estructura funcional y de masas de la organizacin. Ya en enero de ese ao 1948, Chibs haba afirmado: “Mantendremos con firmeza inflexible y con audacia, la lnea heroica de la independencia poltica que representa un bello ideal, pues sabemos que la excesiva prudencia de los rutinarios ha paralizado siempre las iniciativas ms fecundas”. Y contina aclarando: “Aspiramos a barrer toda la podredumbre de la poltica nacional, lo mismo la nueva que la vieja, igual la de hogao que la de antao. No es culpa nuestra que haya tanta podredumbre, como no es culpa de la escoba que exista la suciedad. Cuando los viejos

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33partidos se pudren, el pueblo tiene derecho a manifestase a travs de un nuevo partido”.31Transcurren siete meses –desde el 7 de septiembre de 1947, fecha de proclamacin del Partido, hasta el 5 de abril de 1948– para que la Asamblea Ortodoxa, en el fragor de fuerte polmicas, y bajo la presidencia de Emilio Ochoa, elija como candidato presidencial a Eduardo Chibs y a Roberto Agramonte como vicepresidente. Las divisiones dentro del partido casi nacie ron junto a su creacin, pues algunos dirigentes ya slo aspiraban al logro de actas senatoriales o de representantes, sin importarles los genuinos objetivos histricos de la ortodoxia. Sin embargo, a partir de entonces, se emite, en la primera quincena de abril, el Programa de Gobierno,32 el cual se proyecta hacia una poltica coherente, orgnica, justa, honesta y progresista, cuyos principios pueden resumirse en la voluntad expresa de fidelidad al mandato del pueblo y la erradicacin de toda anarqua, donde no tengan cabida las vaguedades, confusin, desorden e imposturas del providencialismo poltico, que tan amargos frutos han deparado a la repblica. Es explcito en la defensa de la integridad nacional frente a la injerencia fornea, tanto en lo econmico como en lo poltico, e inquiere con premura una salida a la crisis que atraviesa la dominacin imperialista-oligrquica para ponerle coto, mediante un riguroso control de la economa por parte del Estado, a aquellas deformaciones estructurales en el contexto neocolonial. El 1 de junio de 1948 han de efectuarse las elecciones generales. Pronto Chibs conoce de su revs electoral, pero con entereza afirma: Mantendremos, ahora, con ms fuerza que nunca, la lnea de la independencia poltica. Nada de pactos ni componendas. Ahora es que tenemos que luchar. Hemos combatido solos, sin pactos ni componendas, sin maquinaria poltica, sin dinero, nada ms que con la vergenza, por el adecentamiento poltico del pas. El Gobierno con sus enormes recursos econmicos, ha ganado una batalla, la guerra entablada entre la vergenza y el dinero. Cuatro aos representan muy poca cosa en la vida de los pueblos.33No obstante, el Partido Ortodoxo obtiene la asombrosa cifra de 400 mil sufragios. Haba perdido los comicios –dira Chibs–, pero ganado la calle, el campo, la fbrica, la escuela. Aquel triunfo moral signific su sentencia de muerte. Sus enemigos, quienes tambin lo eran de la nacin cubana, se vean compelidos a eliminarlo por cualquier mtodo. Nunca admite una posible desviacin de los principios del Partido Ortodoxo. Es imprescindible divulgar, analizar, llevar al pueblo los esenciales postulados de la nueva organizacin poltica. Por ello en octubre precisa: Este no es un Partido de nadie sino el Partido del Pueblo. Aqu no se vienen a defender aspiraciones personales ni a satisfacer ambiciones o intereses privados, sino a defender la doctrina y los principios de la Revolucin Cubana y a satisfacer los objetivos histricos del pueblo de Cuba y los intereses permanentes de la nacin.

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34Queremos construir el gran instrumento poltico de la liberacin: un Partido funcional, militante, mantenido econmicamente [...]. Frente a los millones de los explotadores, los centavos de los explotados. ¡Vergenza contra Dinero!34No podemos olvidar cmo desarrolla en 1949 sus campaas contra dos objetivos fundamentales: la Compaa “Anticubana” de Electricidad que extorsiona al pueblo con sus altas tarifas y el pretendido emprstito con la banca norteamericana que realizara Carlos Pro. Sobre ambas cuestiones profundiza: Ahora ms que nunca continuaremos luchando contra la explotacin de los grandes monopolios extranjeros al pueblo cubano, contra los abusos de las Compaas de Servicios Pblicos, especialmente la Compaa Anticubana de Electricidad y la Cuban Telephone Company. ¡Vergenza contra Dinero! Y apunta: “El emprstito remachar las cadenas que atan a la Repblica al imperialismo norteo”.35No es ajeno a la campaa orquestada, por la cpula del poder, para eliminarlo como potencialidad poltica, como futuro presidente de la repblica. As lo tildan de loco. Acierta cuando aclara que, como es lgico, constituye un caso anormal en un clima poltico donde lo normal es robar, matar, comerciar con drogas y que los cabecillas de las pandillas de pistoleros transiten libremente por la calle. Y aclara: “[…] prefiero ser un loco con vergenza, que un ladrn desvergonzado”.36Y frente a la galopante corrupcin enarbola el insigne pensamiento martiano: “Urge ya, en estos tiempos de poltica de mostrador, dejar de avergonzarse de ser honrado”.37 o “La vergenza ha de ponerse de moda y fuera de moda la desvergenza”.38En el artculo publicado en la revista Bohemia en julio de 1950, titulado “Teora y prctica de un gobierno ortodoxo”39 fija, entre otros, con claridad los postulados del PPC (O), su poltica nueva, por lo dinmico de su programa, por su militancia consciente y activa, por su lnea de independencia poltica, que se fundan en una inconmovible exigencia de honradez administrativa. Y refiere el 30 de octubre cmo: “El Partido del Pueblo Cubano (O) (cruzada de justicia, movimiento de unificacin) abre sus puertas a los hijos de esta tierra con voluntad de servicio nacional.” ¡Cubanos adelante! ¡A paso de vencedores! ¡Vergenza contra Dinero!”.40Poco tiempo despus, en diciembre, se le cuestiona si en poltica vala la pena ser honrado. Responde contundente: [...] sigo pensando que vale la pena ser honrado, porque yo tengo lo que no posee ninguno de los que desertaron de los ideales revolucionarios, los que cambiaron la vergenza por el dinero; tengo el respeto, la confianza y el cario del pueblo cubano, tengo la direccin suprema del ms limpio y formidable movimiento de renovacin moral que han visto las Amricas en los ltimos aos [...]. Podrn quitarme la vida, pero no podrn ya arrancarme de las pginas de la Historia de mi pas.41Tanto es as que sobre las proyecciones, esencias y trascendencia del

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35partido, su idelogo, Leonardo Fernndez Snchez, nos ofrece en aguda interpretacin otra arista cuando afirma: “El programa y estatutos del Partido del Pueblo Cubano [...] no excluye, sino propicia, en su debida sazn de tiempo histrico, las ms audaces innovaciones socialistas”.42En el devenir de las dcadas, la realidad devolver la conceptualizacin de que la ortodoxia no haba arado en el mar. Sus postulados democrticoantimperialistas haban calado hondo en la sensibilidad, en la conciencia y el pensamiento del pueblo. Su mtodo de accin, portador de una infatigable denuncia contra la corrupcin administrativa en sus ms diversas modalidades, as como la invocacin patritica engarzada hacia estructuras superiores socioeconmicas y polticas, esculpiran aquella tan suya manera de hacer y decir en estrecha vinculacin, o ms bien directa identificacin con las grandes masas populares. Asimismo, el Partido Ortodoxo, erigido en un movimiento de recuperacin nacional, comienza a ser temido por oligarcas e imperialistas. Para ambos sectores, el fenmeno Chibs es preocupante. Por ello el senador autntico Segundo Curti, hace poco fallecido en Cuba, exclamara en una ocasin que aquellos momentos se parecan a un juego de pelota donde existan solo dos contendientes: Batista o Chibs, es decir, la dictadura o la democracia. Temporalmente triunfa la primera, pero la ortodoxia chibacista quedar vigente. El 16 de agosto de 1955, en el Mensaje al Congreso de Militantes Ortodoxos, declarara el doctor Fidel Castro: “El Movimiento Revolucionario 26 de Julio no constituye una tendencia dentro del Partido: es el aparato revolucionario del chibacismo, enraizado en sus masas, de cuyo seno surgi para luchar contra la dictadura”.43Notas1 Soto, Lionel. La Revolucin del 33. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1977. t. 3, p. 357.2 Gonzlez Carvajal, Ladislao. El Ala Izquierda Estudiantil y su poca. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1974. p. 304.3 El Mundo (La Habana) 4 mar. 1928:1.4 Archivo de la autora.5 Ibdem.6 El Pas (La Habana) 20 ag. 1930:1.7 Archivo de la autora.8 The Evening Post (New York) 4 nov. 1930:2.9 Torriente, Lol de la. Una rfaga en la tormenta. Bohemia (La Habana):54, 57, 80; 15 ag. 1954.10 Chibs, Eduardo. Intervencin en la Asamblea celebrada en el anfiteatro del Hospital “Calixto Garca”. Pensamiento Crtico (La Habana) (39):214, 216; abr. 1970.11 Conte Agero, Luis. Eduardo Chibs. El adalid de Cuba. Mxico: Editorial Jus, 1955. p. 224.12 Chibs, Eduardo. Cuba necesita paz. Bohemia (La Habana):27; 10 mar. 1934.13 Ibdem.14 _______. La directriz del ABC. Bohemia (La Habana):23, 39; 19 ag. 1934.15 Conte Agero, L. Op. cit. (10). p. 212.16 Ibdem, p. 246.17 Ibdem, pp. 242-243.18 Chibs, Eduardo. Los gobiernos en Cuba (19331934). Grau San Martn. Bohemia (La Habana):62-63; 5 jun. 1938.19 Ibdem.20 Delahoza, Enrique. Una entrevista a Eddy Chibs. Bohemia (La Habana):22; 28 mayo 1944.21 Conte Agero, L. Op. cit. (11). p. 317.22 Chibs, Eduardo. Discurso. El Crisol (La Habana) 30 de jun. 1945:1.23 _______. Discurso. El Crisol (La Habana) 18 mayo 1947:1.

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3624 Chibs, Eduardo. Discurso. El Crisol (La Habana): 23 febr. 1947:1.25 Conte Agero, L. Op. cit. (11). p. 485.26 _______. Sobre el suicidio de Supervielle. Bohemia (La Habana):44; 11 mayo 1947.27 Leonardo Fernndez Snchez escribi los Estatutos, el Programa Doctrinal y el de Gobierno del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos). Testimonio de Conchita Fernndez, secretaria personal de Chibs, en su nueva casa en el edificio de apartamentos, piso 14, del Lpez Serrano.28 Archivo de la autora.29 Ibdem.30 Ibdem.31 Chibs, Eduardo. Discurso. El Crisol (La Habana) 5 en. 1948:1.32 Archivo de la autora.33 Chibs, Eduardo. Discurso. El Crisol (La Habana) 7 jun. 1948:1.34 _______. Discurso. El Crisol (La Habana) 4 oct. 1948:1.35 _______. ¡Otro emprstito con el Chase! Bohemia (La Habana):60-61, 86; 10 abr. 1949.36 Conte Agero, L. Op. cit. (11). p. 639.37 Mart, Jos. Obras completas. La Habana:Centro de Estudios Martianos, t. 13, p. 320. (Edicin digital)38 Ibdem, “Ms de las casas nuevas”. t. 5, p. 68.39 Chibs, Eduardo. Teora y prctica de un gobierno ortodoxo. Bohemia (La Habana):68-69, 90; 16 jul. 1950. 40 Eduardo Chibs. Discurso. El Crisol (La Habana) 30 oct. 1950:1.41 _______. S, ¡Vale la pena ser honrado! Bohemia (La Habana):60; 15 dic. 1950.42 Fernndez Snchez, Leonardo. La ortodoxia: una estrategia de poder. Bohemia (La Habana):12,14; 14 en. 1951.43 Fidel Castro. Movimiento 26 de Julio. Bohemia (La Habana) 1 abr. 1956.

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37 1907-2007. Eduardo Chibs: Origen y proyeccin Juan Nuiry SnchezProfesor y presidente de la Ctedra Jos Antonio Echeverra, de la Universidad de La Habana C uando miro por una de las ventanas de la casa donde vivo, no es posible dejar de observar el edificio Lpez Serrano, un conocido “rascacielos” que se destaca por su sugestiva construccin ubicada en la unin de las calles L y 13, de la barriada habanera del Vedado, durante la primera mitad del siglo XX. En la parte superior de su estructura tiene una torre, donde residi el destacado lder poltico Eduardo Chibs, por lo que ese inmueble est ntimamente ligado a su recuerdo. Al contemplar aquel lugar –que tantas veces me describi su recordada secretaria, Conchita Fernndez, en nuestros encuentros dominicales– acuden a mi memoria momentos importantes de su ejecutoria pblica, porque desde muy temprano le admir, pues para cualquier joven de la poca, con inquietudes patriticas, su presencia llenaba el mbito nacional. Aunque nunca fui ortodoxo, ni pertenec a ningn partido poltico, desde temprana edad me llam la atencin su conocida proyeccin y cada domingo sintonizaba su hora radial. Una vez coincidimos durante una feria celebrada en el Parque Jos Mart de G y Malecn. Vesta un traje blanco y usaba espejuelos con cristales muy gruesos. Nunca olvid esa imagen. Tal vez estas circunstancias sealadas me sirvan para lograr una imparcialidad en mi juicio al escribir estas lneas, precisamente en el centenario de su natalicio y a cincuenta y seis aos de su desaparicin fsica. Entre las diversas facetas de su vida, no es posible dejar de reconocer su activa participacin en la lucha estudiantil, etapa poco conocida y de gran significacin en su trayectoria futura. ¡Esa fue su raz! Eduardo Renato Chibs Ribas naci en Santiago de Cuba, la capital de la antigua provincia de Oriente, de cara al mar y junto a las estribaciones de las altas montaas de ese territorio. En el mismo lugar donde la poesa de Heredia se uni al coraje de Maceo y su tierra guarda como un tesoro los restos gloriosos de Carlos Manuel de Cspedes, el Padre de la Patria, y de Jos Mart, el Apstol de nuestra independencia. Hijo del ingeniero Eduardo Justo Chibs y de Gloria Ribas Agramonte, tuvo su origen vital en el seno de una familia de holgada posicin econmica y estirpe mambisa. En su formacin influyeron con fuerza las historias que conoci de primera mano por su abuela materna, quien le refera ancdotas de su to-abuelo Eduardo Agramonte, secretario de Relaciones Exteriores de la Repblica en Armas y de su primo, el valiente Ignacio, el Bayardo, por lo que desde muy pequeo se le oa decir a Eddy: “Yo quiero ser un Agramonte”.

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38En 1920 hizo el ltimo ao de la enseanza primaria en el colegio Dolores de su natal Santiago de Cuba, y en el prximo curso continu sus estudios de bachillerato en el capitalino Colegio de Beln, los que concluy en el Instituto de La Habana. El 20 de mayo de 1925 haba escalado la silla presidencial Gerardo Machado Morales, quien muy pronto puso al descubierto sus desmedidas ansias de poder. Disolvi la Asamblea Universitaria, declar ilegal a la Federacin Estudiantil Universitaria y el 14 de octubre del mismo ao, Mella fue expulsado de la Universidad. En 1925 Chibs ingresa en la Universidad de La Habana por la matrcula libre, y al ao siguiente se inscribe por la oficial en la Facultad de Derecho, donde admira la carismtica personalidad de Julio Antonio Mella, un joven inusitado de su tiempo, quien influy favorablemente en la trayectoria futura del novel estudiante, pues sus escritos y discursos eran enardecedores. El 27 de noviembre de ese ao, Mella es detenido y acusado de colocar una bomba en el Teatro Payret, de La Habana y, como protesta, el 5 de diciembre comenz su histrica huelga de hambre, que se prolong durante diecinueve das y conmovi al pas. Como muestra de apoyo solidario, los estudiantes realizaron una enrgica protesta ante la estatua de Jos Mart, en el Parque Central. Entonces Chibs fue detenido por primera vez y conducido a la Tercera Estacin de Polica. Esa fue su iniciacin militante en la vida pblica cubana. Tena slo dieciocho aos. Es oportuno sealar que en la primera dcada del siglo XX, nacieron la mayora de los exponentes que en los aos posteriores imprimieron ideas reformadoras y sociales, como Julio Antonio Mella, Rubn Martnez Villena, Antonio Guiteras, Gabriel Barcel, Rafael Trejo, Pablo de la Torriente Brau, Ral Roa y Eduardo Chibs, entre otros, todos protagonistas de obligada referencia en nuestra historia. La ambicin de Gerardo Machado lo llev a proponer al Congreso una Ley de Reforma a la Constitucin que permitiera la prrroga en el poder, la cual fue aprobada, con slo ocho votos en contra, el 29 de marzo de 1927; a ello se sum la modificacin del Cdigo Electoral. Irreductible, la Colina universitaria vibra. Al da siguiente de la aprobacin, los estudiantes de todas las facultades se dieron cita en el Patio de los Laureles, a la voz de: “¡Todos al Laurel!”. Ah se alz la voz del estudiante Eduardo Chibs cuando expres: “No podemos soportar ms el gobierno de Machado. Frente a la actitud cobarde de la dirigencia profesoral universitaria que lo nombra Profesor Honoris Causa, nosotros, los estudiantes, tenemos que adoptar una postura viril, ahora, con ms fuerza ante la Prrroga de Poderes”. Inflamados los nimos por la arenga, otros condiscpulos tambin usaron de la palabra. Ese da se acord realizar una manifestacin para llevar una declaracin de protesta hasta la casa del maestro de juventudes, Enrique Jos Varona. La necesidad de vertebrar la lucha impuls a los alumnos rebeldes a organizarse y crear entonces el Directorio Estudiantil Universitario del ao 1927, contra la prrroga de poderes. Esto fue

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39un verdadero combate que se convirti en un compromiso y logr un puesto de honor en la historia de nuestro pas. De inmediato se incorporaron a la lucha jvenes de la talla moral de Gabriel Barcel, Antonio Guiteras, Aureliano Snchez Arango, Jos Chelala Aguilera, Luis Lozano, Reinaldo Jordn y Eduardo Chibs, quien redact el primer manifiesto, el cual calz con su firma. Comenz entonces una etapa difcil de abarcar en toda su amplitud. Los acontecimientos sitan a los universitarios a la vanguardia del movimiento reformista, que traspasa el mbito acadmico, con una firme conducta ante las necesarias reivindicaciones que demanda el pas, sus males seculares y la injerencia extranjera. Como resultado de esta posicin, veintin alumnos fueron expulsados de la Universidad el primero de diciembre de 1927, entre ellos Gabriel Barcel, Jos Chelala Aguilera, Aureliano Snchez Arango, Jos Elas Borges, Reinaldo Jordn, Pedro Iglesias Betancourt y Filiberto Ramrez Corra. Antonio Guiteras pudo eludir la sancin, pues recientemente se haba graduado de doctor en Farmacia, y Eduardo Chibs, que fue expulsado por un perodo de cuatro aos, manifest: “Para m, constituye un altsimo honor ser expulsado por causa tan noble. Ahora ms que nunca seguir combatiendo la dictatorial Prrroga de Poderes, defendiendo la Universidad y a Cuba”. Resulta interesante esta pgina de su vida, pues demuestra que desde temprana edad puso de relieve su alto concepto del honor. Mientras estuvo preso en la tristemente clebre galera N 13, de la Crcel de La Habana, lo visit su abogado, el doctor Ricardo Dolz, quien se prest para una sucia componenda y le ofreci la libertad a cambio de su salida del pas, directamente de la crcel para el barco que lo conducira. Su respuesta fue firme: “Rechazo enrgicamente esa oferta ofensiva para mi dignidad nacional. Saldr de todo esto cuando todos puedan hacerlo conmigo. No acepto Libertad con condiciones. Estoy con mis compaeros en los ideales y estar con ellos en el sacrificio” Ms tarde, cuando todos fueron puestos en libertad expres irnicamente: “¡Qu lstima, yo que estaba aprendiendo a jugar ajedrez!”. Forzosamente tuvo que abandonar el pas en julio de 1929. Durante el exilio y en colaboracin con Enrique Delahoza, cre la Unin Cvica de Exilados Cubanos, de la que fue secretario general y tambin el peridico Libertad, su rgano oficial. La muerte del estudiante de Derecho Rafael Trejo, el 30 de septiembre de 1930, atemoriz al rgimen del dictador Gerardo Machado, quien decret la suspensin de las garantas constitu cionales y luego declar el estado de guerra en el pas. En diciembre de 1930 Chibs regres clandestinamente a Cuba. Entonces se multiplicaron las demostraciones y comenz a circular Alma Mter, con claras referencias a los desmanes provocados por el tirano Machado. Ante eso, la respuesta del dictador fue terminante: “A m no se me tumba con papelitos”. Poco despus, en marzo de 1931, el joven estudiante fue detenido en el local de la Federacin de Torcedores

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40mientras preparaba un nuevo nmero de Alma Mter. El botn encontrado por las fuerzas represivas estaba completo, pues se hallaron peridicos, revistas, proclamas y nada menos que a Eduardo Chibs, quien era afanosamente buscado. Esa vez fue conducido al Castillo del Prncipe y contra l se radic la causa 371 de 1931, por delito de conspiracin para la sedicin. A los dos meses estaba libre de nuevo y con fecha 7 de junio public un valioso artculo titulado: “Los expulsados del 27 y el movimiento estudiantil”. Finalmente, el 12 de agosto de 1933, cay la dictadura de Gerardo Machado. Tras burdas maniobras del pro cnsul norteamericano, nombran presidente de la republica al doctor Carlos Manuel de Cspedes, hijo del prcer del 10 de octubre de 1868. Este era su nico mrito. Su gobierno solamente se mantuvo veintids das, pues fue depuesto el 4 de septiembre por una asonada militar, preparada por los sargentos, de la cual se apoder un anodino taqugrafo nombrado Fulgencio Batista. Surge entonces la pentarqua que, en su heterognea composicin, llevaba el germen de su disolucin. Slo dur cuatro das. Precisamente, Chibs indica al Directorio Estudiantil que proponga como presidente al miembro de la pentarqua, el profesor Ramn Grau San Martn. El doctor Grau San Martn tom posesin del cargo el 10 de septiembre de 1933 y el gobierno de los Estados Unidos nunca reconoci esa alianza, en la que se destaca la radical y valiente proyeccin revolucionaria de Antonio Guiteras. La reaccin interna y las maniobras del mediador norteamericano logran la renuncia de aquel gobierno antimperialista. Existe una pgina en la vida estudiantil de Eduardo Chibs que revela su firme posicin sobre el decoro y la tica. En la novena sesin de la Asamblea Depuradora, constituida en tribunal el 9 de junio de 1934, se peda la expulsin de numerosos profesores que estuvieron comprometidos con la dictadura de Gerardo Machado. Cada caso se debata ampliamente ante la presencia de una impresionante masa de jvenes alumnos. Las actas de aquella memorable Asamblea de Estudiantes eran recogidas por la frtil pluma de Pablo de la Torriente Brau. Entre los docentes analizados estaba el doctor Antonio Snchez de Bustamante y Montoro, erudito profesor de la Facultad de Derecho con un consolidado prestigio internacional, quien haba echado por tierra todos sus mritos intelectuales para convertirse en un dcil instrumento del dictador. Se escucharon unas voces a favor y otras en contra del afamado catedrtico para determinar si era, o no, merecedor de la expulsin. En el acta tomada por Pablo, se recoge su impresin sobre lo dicho por el estudiante Eddy Chibs cuando le correspondi su turno: “Estuvo enrgico y preciso y termin diciendo que peda la expulsin de Bustamante aun en el caso de que se perdiera la Universidad, pues prefera la bancarrota tcnica, a la moral”. Con la cada del gobierno GrauGuiteras se consolida el poder de la reaccin, que tiene a Fulgencio Batista como a su verdadero hombre fuerte por la arraigada sumisin al imperialismo, que ya haba demostrado. Comienza

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41entonces una turbulenta etapa iniciada con el llamado gobierno Caffery-Batista-Mendieta. El sargento, ascendido rpidamente a coronel, es la figura negativa, que estaba considerada como la ms representativa de aquel proceso, ubicado primero detrs de la silla presidencial y luego como gobernante. Con la misma intensidad que combati a Gerardo Machado, Chibs enfrent a Batista. Cuando estaba preso en el Castillo del Prncipe, conoci de la cada en combate de Antonio Guiteras, el 8 de mayo de 1935 en El Morrillo, Matanzas. Este fue un hecho de gran trascendencia, pues Guiteras era el principal obstculo de Batista. Por entonces se fund el Partido Revolucionario Cubano (Autntico), a partir de los estudiantes que lucharon contra Machado en los aos 1927 y 1930 y Eddy fue de los primeros incorporados a las filas del “autenticismo”. Chibs est considerado, dentro de su poca, como un hombre radical y apasionado defensor de sus ideas. Polmico, por enfrentarse a intereses creados, y un valiente orador, cuya prdica constituy una avanzada para aquel momento convulso del pas. Fue combativo ante los mtodos, posiciones y alianzas del Partido Socialista Popular (PSP) y es uno de los lderes que ms duelos enfrent durante su vida poltica. Era incansable en su faena diaria y como l mismo seal, no tuvo “ms descanso que las continuas y forzadas prisiones” que le impuso su azarosa trayectoria. Esos antecedentes contribuyeron a la formacin del futuro dirigente, que tuvo una ascendente carrera poltica. Fue electo delegado a la Asamblea Constituyente en las elecciones de 1939, con una de las ms altas votaciones dentro del Partido Autntico, que dio lugar a la Constitucin de 1940, de innegables logros progresistas. En las elecciones de ese ao, Chibs fue elegido por votacin como representante a la Cmara. Tambin, mediante la fuerza y el fraude, Fulgencio Batista fue “electo” presidente, para el perodo gubernamental 1940-1944, momento en que cambi el color amarillo de su uniforme militar, por el blanco dril cien. El doctor Ramn Grau San Martn, cuyo gobierno dur desde 1944 hasta 1948, fue respaldado por la Alianza Autntico-Republicana y obtuvo el triunfo para ocupar la silla presidencial sobre el candidato oficial Carlos Saladrigas, que contaba con el apoyo de los Partidos Liberal, Demcrata, ABC, y el Socialista Popular. En estas elecciones Eduardo Chibs fue electo para ocupar un escao como senador de la repblica. Pero el Grau del ao 1933, ya no era el mismo de 1944. Basta recordar que ya Guiteras haba cado en El Morrillo y no tard en aparecer la descomposicin de aquel gobierno. En su primera etapa, Chibs mantuvo esperanzas de una rectificacin, pero los errores avan zaban y fueron defraudando las aspiraciones de regeneracin. En medio de aquel estado de cosas, surgi otro elemento preocupante, pues un aire reeleccionista soplaba por el tercer piso del Palacio Presidencial. El 1 de marzo de 1947, hubo una reunin del Grupo Ortodoxo del Partido Autntico en la casa del senador Pelayo Cuervo Navarro. Ante la lacerante crisis gubernamental del autenticismo, surgi la idea de una nue va organizacin y el 11 de mayo de ese ao, Eduardo

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42Chibs hizo declaraciones a la prensa nacional, donde dio a conocer: “Ideas y procedimientos nuevos; nacionalismo, antimperialismo y socialismo, independencia econmica libertad poltica y justicia social” Luego vincula su pasado con su presente, cuando expresa: “Estas fueron las consignas de las promociones revolucionarias del 23, del 27 y del 30” Es importante tener presente estas concepciones, pues, como fue notorio, Chibs enfatiz en su conocido lema de “Vergenza contra dinero” y la “Escoba como estandarte para barrer la corrupcin administrativa imperante”. El 27 de mayo de 1947 se aprob el nombre del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) y desde ese momento fue el paladn de una cruzada de oposicin, sin descanso, contra los corruptos gobiernos de turno. El doctor Carlos Pro Socarrs fue electo presidente, el 1 de junio de 1948, frente al candidato Ricardo Nez Portuondo. En esas elecciones se presenta Eduardo Chibs –por primera vez– como aspirante presidencial, tan slo con el respaldo del Partido Ortodoxo, recin creado, y amparado por el lema: “Con vergenza pero sin dinero”. Saba que no tena posibilidades de triunfo, pero ganaba en experiencia y fundamentalmente se formara a su lado una heroica y aguerrida juventud. Aos despus, Fidel Castro, refirindose al heroico acontecimiento del 26 de julio de 1953 afirm: “Nosotros reclutamos y entrenamos, en menos de un ao a 1 200 jvenes. Eran casi todos de la Juventud Ortodoxa y logramos una gran disciplina y unidad de criterio”. Es necesario tener en cuenta que en el gobierno de Pro, y bajo su proteccin, Fulgencio Batista retorn a Cuba el 20 de diciembre de 1948. En contraposicin, el propio presidente trat de silenciar la voz de Chibs y cre un Decreto que pronto se conoci como “Decreto Mordaza”, con el fin de suspender la hora radial que este tena cada domingo en la noche. Ante estos hechos el lder ortodoxo no se detuvo y la poltica de los Nuevos Rumbos, anunciada por Pro, se desvaneci dentro de sus propias contradicciones. Por esa poca, la prdica de Chibs es constante, contra diversos males imperantes como: el peculado, los pandilleros, el nepotismo y tambin es intransigente con la explotacin de nuestras riquezas por los monopolios extranjeros. Aqu llegamos a uno de los debates ms dramticos del proceso poltico cubano, cuando Eduardo Chibs acus al ministro de Educacin, Aureliano Snchez Arango, de fomentar un reparto residencial en Guatemala con el dinero del desayuno escolar. Si bien nadie discute la honradez y los principios que mantuvo el lder de la ortodoxia durante la polmica, mientras dur el proceso no pudo demostrar la acusacin hecha contra Aureliano. Dentro de su propio partido, que tena una composicin heterognea en su direccin, haba contradicciones, lo cual provoc preocupaciones y algunos se opusieron cuando el senador lanz la imputacin, mientras que otros lo alentaron en su propsito. Aos despus, Fidel Castro se refiri a ese tema en su histrica entrevista titulada Cien horas con Fidel, cuan-

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43do seal: “[…] al parecer alguna fuente en la que confiaba, [Chibs] le brind esa informacin”, y despus el Comandante en Jefe define a Aureliano Snchez Arango, como “[…] una persona con determinada cultura y en su tiempo de lucha contra Machado y Batista, como estudiante y profesor, haba sido de izquierda”. Todo el pueblo de Cuba estuvo atento al rumbo de la polmica. No se hablaba de otro asunto. La riposta de Aureliano era directa, y solicitaba que se presentaran las posibles pruebas de esos cargos. Chibs cay en un estado depresivo. En ese episodio coinciden factores tanto subjetivos como objetivos, propios de la poca, y lo que constituy una polmica se convirti en una tragedia, con un desenlace fatal. El 5 de agosto de 1951, al pronunciar su alocucin radial conocida como “El ltimo aldabonazo” sintetiz la actualidad cubana de entonces cuando dijo: La feliz conjuncin de factores naturales tan propicios a un gran destino, unido a la alta calidad de nuestro pueblo, slo espera la gestin honrada y capaz de un equipo gobernante que est a la altura de su misin histrica. Ese equipo no puede ser el del gobierno actual, corrompido hasta la mdula, aunque se disfrace de nuevos rumbos para encubrir sus robos, contrabandos y desvergenza. Ni la falsa oposicin de Batista, que alienta el regreso de los coroneles, del palmacristi, la goma, y la ley de fuga. Ni tampoco el grupo de despechados que sigue al ex presidente Grau. El nico equipo gobernante capaz de salvar a Cuba es el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), con su lnea antipactista de la independencia poltica, que no admite transacciones ni componendas. ¡Compaeros de la Ortodoxia, adelante! ¡Por la independencia econmica, la libertad poltica y la justicia social! ¡A barrer a los ladrones del gobierno! ¡Pueblo de Cuba, levntate y anda! ¡Pueblo de Cuba, despierta! ¡Este es mi ltimo aldabonazo!”. Luego de esa pattica alocucin, en el propio local del estudio de radio, sac del cinto una pistola Star, apunt hacia l y dispar. El da 16 falleci y su cadver se expuso en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. El entierro fue impresionante, pues una inmensa multitud cubri la calle 23 hasta la Necrpolis de Coln. Al morir, le faltaban diez das para cumplir cuarenta y cuatro aos. De la muerte de Eduardo Chibs se deriva toda una serie de circunstancias y tiene adems un factor desencadenante en nuestra historia, pues como seala Fidel en la obra antes sealada: “Si Chibs no hubiera muerto, no hay golpe de Estado. Medi un factor subjetivo en los acontecimientos”. En estas lneas he tratado de recoger rasgos que conforman su personalidad desde su origen, con facetas destacadas de su vida apasionada y a veces polmica, pero siempre honrada, formadora y precursora en nuestra historia. Para concluir estas ideas sobre lo que signific, como lder estudiantil, hasta su desenvolvimiento poltico posterior, vale sealar lo expresado por Fidel, das despus del triunfo de la Revolucin, en enero de 1959, cuando junto el panten que guarda

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44sus restos y el recuerdo emocionado del adalid de la ortodoxia, manifest: La historia de la Revolucin, la historia del 26 de julio, esta ntimamente ligada a la historia de esta tumba. Porque debo decir aqu que sin la prdica de Eduardo Chibs, sin lo que hizo Eduardo Chibs, sin el civismo y la rebelda que despert en la juventud cubana, el 26 de julio no hubiera sido posible. El 26 de julio fue, pues la continuacin de la obra de Chibs, el cultivo de la semilla que l sembr en nuestro pueblo. Eduardo Chibs no nos haba abandonado. Eduardo Chibs estaba con el pueblo. Su obra estaba latente en el corazn del pueblo y sobre esa base se edific la revolucin triunfante. Y finalmente destac Fidel: “¡Eduardo Chibs, tu ltimo aldabonazo ha resonado por fin!”. Bibliografa consultada ALAVEZ, ELENA. Eduardo Chibs en la hora de la Ortodoxia. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1994. RAMONET, IGNACIO. Cien horas con Fidel La Habana: Consejo de Estado, 2006. SOTO, LIONEL. La revolucin precursora de 1933. (1995) Cabrera, Olga y Carmen Almodvar. Las luchas estudiantiles universitarias 1923-1934. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1975. ndices (La Habana) (39); 1975. (Nmero Especial) Bohemia (La Habana) 51(3):103-104; 18-25 en. 1959. il. Archivo de la periodista Matilde Salas.

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45 Del legado de Chibs* Faustino PrezIntelectual e investigador E n justa afirmacin histrica, el compaero Fidel Castro proclam durante la conmemoracin del centenario de La Demajagua, que “en Cuba slo ha habido una Revolucin”, la iniciada por Carlos Manuel de Cspedes el 10 de octubre de 1868 y que nuestro pueblo lleva adelante en la actualidad. Consecuentes con esa concepcin estratgica de nuestras luchas centenarias, el gran movimiento encabezado por Eduardo Chibs, que sensibiliz a la mayora de los cubanos a combatir contra las inmoralidades y vicios de la politiquera de la seudorrepblica, se inscribe con toda justicia en ese nico gran proceso de nuestra historia. No debemos olvidar que aquellas masas populares de la ortodoxia chibasista fueron cantera principal para la organizacin de las nuevas fuerzas revolucionarias llamadas a dar la batalla final bajo la gua de Fidel, por la liberacin definitiva de nuestro pueblo. Este acto a la memoria de Eddy Chibs transcurre en momentos difciles para la Revolucin que ha llevado adelante su ideario cvico de combate. Hoy, a cuarenta aos de su muerte, la vida de Chibs contina siendo fuente de inspiracin en la lucha por una patria mejor. Su tenacidad y la fe en el pueblo son dos caractersticas de su personalidad que le acompaaron siempre. La circunstancia de su muerte prueba, lo que aqu afirmamos con su llamado del ltimo aldabonazo: Cuba necesita despertar. [...]. Cuba tiene reservado en la historia un grandioso destino [...] slo espera la gestin honrada y capaz de un equipo gobernante que est a la altura de su misin histrica. Antes, en vida de Chibs, como ahora con la Revolucin en el poder, el principal enemigo del pueblo cubano mova sus poderosos recursos para impedirle salir adelante. Nuestro pas no escap a la poltica trazada por Washington para todos aquellas estados o personas que pudieran afectar intereses de los Estados Unidos. En la Cuba de postguerra, el accionar poltico de Chibs conduca al enfrentamiento con el imperialismo norteamericano. Combatir la corrupcin poltica y administrativa y pronunciarse por el rescate de nuestra soberana y de las riquezas del pas, concitaba la animosidad de los Estados Unidos. Tan fortalecido en su dominio poltico y econmico emergieron los Estados Unidos de la Segunda Guerra Mundial que propugnaban la negacin de la personalidad nacional de los estados como elemento de reblandecimiento ideolgico que les llevaba a afirmar que se viva “el siglo americano”. Durante esos aos, en ese pas se inici un proceso* Palabras pronunciadas en el 40 aniversario de la muerte de Eduardo Chibs.

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46de reorganizacin de las empresas transnacionales, de concentracin de capitales que les llev a priorizar la necesidad de extender las inversiones para dar salida a la acumulacin de dineros ociosos atesorados en los bancos estadounidenses. Los grandes monopolios crecan y se reorganizaban, y su voracidad reclamaba mayores tasas de ganancias. Simultneamente exigan garantas para sus inversiones y crean hallarlas en las fuerzas armadas y en los jefes militares ms allegados y sometidos. Como una mercanca ms se export a Amrica Latina la poltica norteamericana de “guerra fra”, que derrib gobiernos e implant tiranas militares y fortaleci las ya existentes de Anastasio Somoza en Nicaragua, Tiburcio Caras en Honduras, y Rafael Lenidas Trujillo en Santo Domingo. W ashington no permita ni siquiera el surgimiento de gobiernos de corte nacionalista en la Amrica Latina de los aos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Este es el teatro regional donde alcanza su mxima popularidad el quehacer cvico poltico de Eduardo Chibs. Para algunos era estridente y polmico en demasa, pero la mayora vea en l al nico capaz de convertir en realidad su consigna de “Vergenza contra dinero” y de usar la escoba “para barrer todos los males del pas”. Para los analistas yanquis, Chibs y su movimiento ortodoxo les resultaban impredecibles y contradictorios. Sin embargo, en Washington intuan que combatir el peculado, la corrupcin y a los funcionarios venales en Cuba, era una seal de peligro para sus intereses en la isla. Rechazar los pactos polticos con quienes tuvieran sus manos manchadas de sangre y dinero mal habido, constitua una seria amenaza al control norteamericano, acostumbrado a utilizar a unos y otros de los polticos cubanos en beneficio de Washington y Wall Street. No gustaba al imperialismo que quien, aunque a veces lleg a discrepar y a polemizar con los comunistas, enarbolara sin embargo parecidas proyecciones o coincidan incluso, en ocasiones, en el apoyo a los mismos candidatos. Le molestaba al imperio las incursiones de Chibs por pases de Suramrica como Argentina y Brasil, y su amistad con el legendario comunista Luis Carlos Prestes. Pero an tendran en los Estados Unidos, en su temor a Chibs, mucho de qu hablar cuando en 1950 viaj a Nueva York y en la cuna de Wall Street asegur durante una conferencia de prensa que si su partido ortodoxo ganaba la presidencia del pas, seran nacionalizadas empresas norteamericanas tales como las compaas de telfonos, electricidad, ferrocarriles y otros servicios pblicos. De esta manera, se ratificaba lo sostenido en el programa del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) acerca de la necesidad de nacionalizar el transporte y otros servicios a la poblacin en manos extranjeras. La propia tesis elaborada en 1948 por la Juventud Ortodoxa, con la anuencia de Chibs, identificaba a los gobiernos del primer perodo republicano en Cuba como “cmplices del imperialismo norteamericano”. El odio imperialista se concit an ms contra Chibs en la misma medida

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47en que sus campaas de repudio a las empresas extranjeras suban de tono. Durante una encendida polmica contra la filial en Cuba de la Electric Bond and Share, la compaa cubana de Electricidad, Chibs fue condenado a seis meses de crcel, pero la movilizacin popular logr casi inmediatamente su excarcelacin. Evidentemente, a Chibs no le asustaba lo que pudieran pensar de l en los Estados Unidos. A los pocos das de fundarse la ortodoxia en un discurso radiado a todo el pas por su hora doctrinal, el 18 de julio de 1947, Chibs se refiri a cmo ingresaban a la ortodoxia algunos elementos: [...] estos millonarios del Partido del Pueblo Cubano, grandes terratenientes y abogados de poderosas compaas y trusts, parece que no fueron sinceros al ingresar en la ortodoxia, sino que vinieron a ella en busca de senaduras. Cuando se dieron cuenta de que yo s soy sincero, de que no soy un demagogo, sino de que pretendo cumplir seriamente las bases programticas fundamentales que dieron origen al movimiento ortodoxo y llevar adelante, sin contemplaciones con los latifundistas, nuestro programa de reforma agraria en beneficio de los campe sinos y acabar de veras con la corrupcin administrativa, la bolsa negra, el trust de la carne y los dems monopolios, se han espantado ante la posibilidad de que yo llegara a ser presidente [...]. En el temor a Chibs coincidan los imperialistas con los batistianos y los peores elementos del gobierno de Carlos Pro Socarrs. Los capitalistas expresaban su aprehensin haciendo emigrar sus dineros. En 1951 se conoci que “algunos cubanos” estn haciendo inversiones en Nueva York y sacando su dinero de Cuba porque “le tienen menos miedo a la bomba atmica que al triunfo de Chibs en 1952”. Est claro que el anlisis de una personalidad no puede hacerse sin tomar en cuenta la posicin que asume ante los acontecimientos histricos de la poca en que transcurre su incursin poltica protagnica. As, en los aos que siguen al fin del conflicto mundial, levanta su voz en apoyo y reclamo de lucha en favor del diferencial azucarero y la clusula de garanta que tanto disgust a los Estados Unidos. Y cuando el Tribunal Supremo declar inconstitucional el Decreto Gubernamental afirm que en Cuba se producira “[…] una revolucin, pues el pueblo estaba dispuesto a desconocer el fallo para lograr la independencia econmica de nuestro pas”. La vida de Chibs transcurri en ese caminar revolucionario que lo ubic en todo momento al lado de lo que consider justo y ms progresista. Tena dieciocho aos cuando comenz sus estudios de Derecho en la Universidad de La Habana en 1926. A poco (1927) integr el primer Directorio Estudiantil contra la Prrroga de Poderes, profundamente permeado de las ideas de Julio Antonio Mella, a quien conoce en el alto centro docente. Detenido en varias oportunidades, fue expulsado de la Universidad y se vio obligado a exiliarse. En Nueva York fund la Unin Cvica de Exilados Cubanos que edit el peridico Libertad. El 27 de diciembre de 1932 desembarc por Punta Guano,

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48cerca de Matanzas, con varios compaeros, armas y parque, pero la persecucin a la cual fue sometido por Machado lo oblig a exiliarse nuevamente, luego de varias semanas en Cuba. A la cada de la tirana machadista jug un papel importante en la designacin de varios funcionarios del gobierno que sucedi a Carlos M. de Cspedes Quesada, y que tuvo a Antonio Guiteras como su mximo exponente revolucionario. El asesinato del estu diante Mario Cadenas lo distanci de Ramn Grau San Martn, a quien conmin a que renunciara a la presidencia desde una emisora, dando inicio as a la comunicacin radial con eficacia demoledora, cuando an este medio masivo daba sus primeros pasos en Cuba. Durante los once aos que median entre 1934 y 1944 no descans en su lucha contra la bota militar batistiana, los personajes de la vieja poltica y la embajada de los Estados Unidos. De nuevo es condenado a seis meses de prisin. Acept la sancin del Tribunal de Urgencia declarando que luchaba “[…] por expulsar del poder a los que nuevamente implantaban los mtodos machistas”. Fund Izquierda Revolucionaria para enfrentar a Batista luego del asesinato de Guiteras. En 1937 se integr al partido autntico. Es de los pocos que avizor la demagogia del Plan Trienal de Batista cuando muchos lo aplaudieron, y razon que si el Diario de la Marina apoyaba dicho plan, este era contrario a las conveniencias del pueblo, porque el peridico representaba los peores y ms retardatarios intereses del pas. En 1939 fue electo delegado a la Asamblea Constituyente. Entre 1940 y 1944 combati a Batista, ahora trocado en presidente civil, porque saba que la mentalidad militarista batistiana no poda abandonar sus viejos moldes fascistoides y de entrega y sumisin total a los Estados Unidos. Al ocupar Grau la presidencia en 1944 volvi por sus fueros de independencia de criterios y le apoy. Fue su mximo vocero en defensa de todas las medidas que tendieran al rescate de nuestra soberana, de sus riquezas y en pro de las reivindicaciones sociales que con tanta urgencia reclamaba Cuba. Adems se manifest por la poltica de trueques comerciales que elimin al intermediario yanqui; estuvo por la devolucin de las bases militares que usaron los Estados Unidos en territorio cubano durante la Segunda Guerra Mundial; apoy la clusula de garantas y el diferencial azucarero. Asimismo, incit a Grau a la destitucin de los militares que permanecan en el Ejrcito que haba dejado Batista; aplaudi los resultados de la Conferencia de la Organizacin Internacional de Comercio efectuada en La Habana entre noviembre de 1947 y abril de 1948 por su marcado acento tercermundista que condujo a que los Estados Unidos jams firmaran su acta final, con lo cual sus acuerdos beneficiosos para los pases pobres nunca pudieron hacerse efectivos. Ya antes, como miembro de la delegacin de Cuba a la Conferencia de Chapultepec, entre febrero y marzo de 1945, la revista norteamericana Newsweek calific al grupo de cubanos como “un racimo de hombres salvajes”, precisamente donde la actividad patritica, independiente, de Chibs se haba

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49hecho sentir para impedir que Cuba fuera a la zaga de la poltica exterior norteamericana. Cuando Grau San Martn tuerce su camino envanecido por el triunfo electoral de 1946 que le dio amplia mayora en el Congreso y por las presiones yanquis de “la guerra fra”, fund en 1947 el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) para “[…] rescatar el programa y la doctrina de la Revolucin Cubana: nacionalismo, socialismo y antimperialismo”. La nueva organizacin poltica “[…] capitaliza enseguida una gran parte del descontento nacional y arrastra considerables masas de jvenes y sectores del pueblo”. En una entrevista a Blas Roca, en mayo de 1948, el lder comunista cubano dijo que la popularidad de Chibs tena su base en dos razones fundamentales muy sentidas del pueblo: “[…] su ataque invariable contra la inmoralidad administrativa y su repulsa no menos constante del crimen poltico”. Y adems expresa: “Chibs es, en definitiva, el heredero de la mstica que el pueblo forj en torno a Grau y seguir creciendo polticamente”. El regreso de Batista desde su cmodo turismo en los Estados Unidos en noviembre de 1948, lo puso en guardia. Crey que slo responda a concilibulos con el presidente y que el retorno del ex general a Cuba no sera “oposicionismo”, sino “cooperativismo”. Chibs no pudo descifrar a tiempo la terrible conspiracin que se urda entre los sectores oligrquicos del pas, el imperialismo yanqui y las ambiciones personales batistianas. En 1950 result electo senador mediante una impresionante votacin popular y poco ms de un ao despus, conturbado, crey hallar en la muerte la mejor forma de llevar a su pueblo al combate definitivo por su liberacin. As protagoniz lo que l mismo denomin como su ltimo aldabonazo, produciendo con su dramtica determinacin una conmocin nacional sin precedentes. Del legado de Chibs expres Fidel en 1959: La Historia de la Revolucin, la historia del 26 de Julio, est ntimamente ligada a la historia de esta tumba. Porque debo decir que sin la prdica de Eduardo Chibs, sin lo que hizo Eduardo Chibs, sin el civismo y la rebelda que despert en la juventud cubana el 26 de julio no hubiera sido posible. El 26 de julio fue, pues, la continuacin de la de obra de Chibs, el cultivo de la semilla que l sembr en nuestro pueblo. Eduardo Chibs no nos haba abandonado, Eduardo Chibs estaba con el pueblo. Su obra estaba latente en el corazn del pueblo y sobre esta base se edific la revolucin triunfante. Hoy, cuando su reclamo de libertad poltica, independencia econmica y justicia social han sido ampliamente cumplimentados por la Revolucin, podemos reafirmar ante su tumba nuestra consigna de combate y victoria: “¡Socialismo o Muerte, Patria o Muerte, Venceremos!”.

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50 Recordar a Chibs Natalia E. Revuelta ClewsFilloga S era un minuto antes o un minuto despus de las ocho y treinta de la noche del 5 de agosto de 1951. En casa terminbamos de comer mientras oamos, como casi todos los domingos, el final de la hora doctrinal –o tribuna dominical, como tambin se le llamaba– del senador por La Habana Eduardo Ren Chibs Ribas, Eddy Chibs para todos, conocidos o no, candidato a la presidencia de la repblica y fundador con Millo Ochoa cuatro aos antes del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos). Haba concluido este domingo su programa por la CMQ insistiendo en el antipactismo del PPC (O), proclamando una vez ms la independencia poltica. Ocho aos cumpla ya su hora, iniciada en 1943 en esa emisora situada entonces en Monte y Prado, desde donde polemizaba, denunciaba las lacras que corroan la vida poltica cubana, y estableca ctedra de moral cvica. Nos levantamos de la mesa y sintonizamos msica. Nada nos haca suponer el drama que se desarrollaba en ese preciso instante en el estudio en el cual haba tenido lugar la transmisin, hasta que son el telfono Llamaba mi to Enrique: –Chibs se nos muere. –Pero, cmo?... –Tiene un balazo en el vientre. Rodrguez Daz, su cirujano, no est localizable, Pelayo me pidi que los llamara para saber si pueden llevarlo para el Centro Mdico, que est ms cerca… y si tienen condiciones para una operacin muy grave. Yo le haba hecho una sea a mi esposo, cardilogo y vocal de la clnica. Le pas el telfono. Le garantiz a Enrique que haba condiciones y que l saldra para all de inmediato a fin de movilizar al personal de urgencia, y adems tratara de localizar a los doctores Rodrguez Daz y Jos Bisb, clnico de Eddy, y avisarle al doctor Sanguily, cirujano y director del Centro. Tambin –supe despus–, se personaron sin demora el doctor Pedro Iglesias Betancourt, su mdico de cabecera, cirujano y patlogo vecino de Eddy, y el doctor Jos Chelala Aguilera, su opositor en das estudiantiles y ahora figura relevante del PPC (O). El cuerpo llegara al Centro Mdico Quirrgico en un automvil, hacia el cual lo haba cargado Gabriel Palau, operador de sonido en la CMQ. Lleg apenas consciente, y enseguida lo colocaron en una camilla y lo subieron al saln de operaciones. Demor un rato en la casa tomando precauciones para una ausencia de quin saba cuntas horas. Como una autmata ped un carro de alquiler y pronto estaba en camino hacia el Centro. ***** Esparcida como plvora la noticia, comenzaba a reunirse pueblo en los jardines del edificio en las calles 29 y D, en el Vedado, y por toda esa extensa zona residencial y de hospitales.

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51Sub al tercer piso donde Ral, el hermano de Chibs, mantena silencioso una espera angustiosa. Durante once das sera incontenible a todas horas la presencia de cubanos, de exiliados de nuestra y de otras latitudes, de personas de todas las esferas y estratos sociales, y de quienes no se alejaron de Chibs en momentos de definiciones. Imposible enumerarlos. Algunos recuerdo de esa noche, sin orden ni concierto: Roberto Agramonte; Manuel Bisb y Pelayo Cuervo, que en ocasiones anteriores tuvieron discrepancias con Chibs, como tambin las tuvo Millo, no lo abandonaron; Pepn Snchez, su archivero y merecedor de toda confianza; Rufino Gonzlez siempre a su vera; su chofer Alejandro Armenteros; Guido Garca Incln; Beto Saumell; Jos Pardo Llada; Luis Orlando Rodrguez, Fidel Castro; Miguelito Quevedo, el director de la revista Bohemia y Enriquito de la Osa, creador de su seccin “En Cuba”; la leal Pastorita Nez; Max Lesnik de la Juventud Ortodoxa; un sacerdote; Conte; Arams Taboada; Yuyo del Valle y, si la memoria no me falla, estaban tambin su ntegro abogado y amigo, el profesor Francisco Carone Dede y Leonardo Fernndez Snchez… Otros fueron llegando, personalidades, dirigentes de la Ortodoxia –sus correligionarios, como se deca entonces– y de otros partidos incluyendo el suyo anterior, el Autntico. Amigos, en fin. Tampoco faltaron enemigos. Mientras, en la calle y hasta la madrugada del 16 de agosto, que marc el final, iba congregndose una muchedumbre que mantuvo en todo instante vigilias de silencios y murmullos, tanto mstica como poltica, pero sobre todo solidariamente humana, noche tras noche con velas encendidas, da tras da con estampitas, rosarios, ngeles de la guarda y tambin flores, siempre all, arrodillada o de pie, solemne. Hasta procesiones hubo a lo largo y ancho del pas. El valiente portavoz y abogado del pueblo no deba morir. Dentro de la clnica se hablaba en voz baja. Perd la capacidad de comunicacin. Cuando llegu, convers brevemente con Conchita Fernndez, eficiente secretaria de Chibs, y con su esposo Alfredo Alber. No recuerdo haber hablado con alguien ms. Oa y trataba de avivar la memoria. En numerosas circunstancias lo haba visto, por supuesto, en los mtines a donde acudamos, pero igualmente por coincidencias, con amigos que tenamos en comn o porque frecuentbamos los mismos lugares. En casa ramos ortodoxos tanto en la esperanza como en la conviccin, sin ideologa determinada, respecto a la urgencia de cambios en la vida poltica, ajustes en las estructuras econmicas y sociales que transformaran aquel presente y los destinos de Cuba. Para nosotros, los de centro-izquierda de la poca, el partido de recuperacin nacional que fund Chibs en su pujante movimiento cvico-poltico, tena proyeccin reformista, nacionalista y de postura antimperialista. ramos los “intermedios”, como nos denominara Maach. En un ensayo, Francisco Lpez Segrera definira la ideologa de Chibs como industrialista-desarrollistanacionalista. En los mtines nos situbamos de pie en la periferia para observar mejor.

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52Hoy recuerdo aquellos tiempos cuando todava busco espacio en las filas de atrs. Lo cierto es que no conocamos de trato a los dirigentes ortodoxos, excepto a Pelayo, quien era como de casa. Algo que nos agradaba de ellos –y esto siempre vive en mi memoria– era el hecho de que con alguna frecuencia asistan a los actos en compaa de sus familiares ms cercanos: esposas o esposos, e hijos todava adolescentes. Siendo muy combativo y argumentado el tono que imperaba en los mtines, aquel hecho creaba un amable sentido de pertenencia; como una gran familia ortodoxa. ***** Pero…, dnde conoc a Chibs? Seguramente el encuentro fue cualquier tarde o noche en El Carmelo de Calzada en el Vedado, despus de alguna funcin en el teatro Auditorium, o en el vestbulo durante un entreacto. Amaba la msica. Como sedante, deca, escuchaba y recomendaba la de Bach. Y otros clsicos…, pero su gusto musical era eclctico. Aunque desde sus das de estudiante –desde nio, segn fuimos sabiendo a travs del tiempo, porque a m particularmente me interesaba conocer su personalidad, sus entretelas, ya que tanta confianza ponamos en l– Chibs era lector asiduo de obras clsicas y contemporneas, de temas variados, incluido el gnero policiaco, pero sobre todo lea Historia de Cuba y a Jos Mart. Posea cultura histrica, econmica, social y literaria, lo que mucho contribuy al desempeo de su quehacer. Para l era una necesidad el proceso de aprender, saber y meditar sobre lo aprendido en sus breves ratos de solitud. Naci el 26 de agosto de 1907 en Santiago de Cuba, hijo de familia adinerada de ancestro francs por el padre y de estirpe mambisa camage-yana por la madre, de la rama de los Agramonte. Fue una familia que los am, a l y a su hermano varios aos menor, y se ocup con esmero de su instruccin y educacin. Creci sociable. Disfrutaba las buenas compaas, la de sus amigos y ¡cmo no!, galante, la de una mujer: alguna de su generacin que tuviera personalidad atrayente, as como en sus maneras y su saber. Conoc a tres amigas suyas, Lol de la Torriente, Ena Senior y Olga Seiglie. Las tres sin duda posean esas cualidades. A mediados de los cuarenta, nuestro Chibs realiz un recorrido extenso por pases del Cono Sur. Trajo nuevos conceptos y experiencias. Entre ellos, expres lo siguiente concerniente a la mujer: “Aprecio el refinamiento exquisito de la limea, la elegancia y el garbo voluptuoso de la chilena, la forma esplndida de la argentina y la gracia sensual de la zamba y la carioca; pero prefiero, con todo, el encanto incomparable de la cubana”. Desde tiempos de la lucha contra la tirana machadista y desde Izquierda Revolucionaria, que enfrentara a Fulgencio Batista, Eddy conoca a una estudiante de la Escuela Normal para Maestros, reconocida por su valenta y oratoria combativa: Aida Pelayo. Coincidieron con frecuencia en aquella justa contra la represin y el peculado. Un da l le ofreci un acta senatorial; sobre ello Aida contaba la picarda con que l la embullaba, y su respuesta: “¡Imagnate lo que sera eso si t y yo estuviramos en el Senado juntos, aren-

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53gando y combatiendo la desvergenza!”. Ella no acept, pero jams cedi en la lucha. Y mucho le doli el final de Eddy. Aida Pelayo fue una formidable oradora de barricada y poseedora de un carcter constructivo que dio frutos. No hay lugar a duda de que ella y Chibs hubieran formado un frente efectivo en la Cmara Alta. ***** Al lder ortodoxo le gustaba departir con los amigos. Casi nunca a ndaba solo. Les jugaba bromas sin consecuencias pero, imaginativo como era, a veces llegaban a ser pesadas. En la intimidad con sus amistades poda sorprender con alguna excentricidad que les causaba sorpresa si no risa. Justo Nicola Romero, antiguo compaero del senador, contaba que “[…] all por los aos treinta, estando Chibs preso en el Castillo del Prncipe, se le localizaba generalmente en la biblioteca del penal, donde pasaba horas y horas leyendo. Comenzaba a leer muy urbanamente, paulatinamente cambiaba de posicin y terminaba acostado en el suelo”. Le complaca pasar un fin de semana apacible en alguna finca y montar a caballo; a menudo el esparcimiento era en la Buenavista, de Miguelito Quevedo, quien le tena gran aprecio, que l reciprocaba. Asimismo disfrutaba como un muchacho conducir su cua convertible a gran velocidad… cuando no estaba a su lado su fiel chofer Alejandro. Y este, para mayor disponibilidad, viva en un apartamento en el piso diez del edificio Lpez Serrano, del cual Chibs ocupaba la torre. El carro descapotable le serva al lder ortodoxo para mantener comunicacin con personas en la calle, en esa bsqueda incesante que era su vida. No era raro que se detuviera all donde vea algn grupo y entablara conversacin o hiciera algunas preguntas, a modo de sondeo personal. Deca que la verdad estaba en la calle y que la calle era su elemento. Era provocador. Un adepto de Grau San Martn protestaba porque “[…] cada vez que Chibs pasaba frente a la residencia del ex presidente, sacaba la cabeza del auto y gritaba ¡Ladrones!”. De Chibs existen muchas ancdotas. Entretenido, evidentemente lo era. Dependa de si las preocupaciones lo llevaban a concentrarse hasta tal punto. Existe un hecho simptico que narra Conte, sobre un da al retirarse el senador de una de las frecuentes sesiones parlamentarias suspendidas por falta de quorum: Al salir del Senado se introduce sin demoras en el automvil parqueado cerca de la puerta de Industria. En el asiento delantero, junto al chofer, se halla un capitn ayudante. Sorprendido, el chofer inquiere: –Haca dnde vamos? –Al Lpez Serrano. Al llegar se baja, introduce la mano en el bolsillo y pregunta: –Cunto es? –Senador, esta mquina tiene chapa oficial. Es el nmero 4, que corresponde al Primer Ministro. –¡Ah! ¡Caramba! Es de Lancs? Bueno, muchas gracias y dale recuerdos a Flix. (Pues parece estarlo viendo y oyendo…).

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54***** Era hombre de estatura y peso ms bien medianos, fornido, vital, gil de cuerpo y mente. En realidad, no era agraciado. Su magnetismo era otro: una fuerte personalidad que pronto se haca notar. De frente ancha, pelo fino y ralo, el valo de su cara le brindaba un aire ingenuo a quien en realidad era muy ardiente y de temperamento nervioso. Siendo de sonrisa fcil, sus labios delgados y su mentn, que proyectaba, evidenciaban lo que tena de voluntarioso. De s mismo deca que tena “cara de t”. Un domingo de 1949, polemizando con el primer ministro Manuel Antonio de Varona (Tony) desde la hora doctrinal, hace breve referencia a caractersticas propias. Cito: “El mejor sntoma de mi fortaleza es que, a travs de tantas amarguras, nunca perd mi sonrisa. Mis ms ntimos amigos lo saben. Jams he sido un despechado bilioso. Rer ha sido y es hasta hoy, mi placer favorito. Alguna vez llor, cuando perd a mis padres y cuando perd, por servir a Cuba, mi casa de la calle 17, por muchos aos Templo de la Revolucin cubana”. El inevitable oleaje de la memoria trae a la mente, como si fuera familiar, su presencia pulcra. Fumaba puros y cigarrillos, y estos a veces con boquilla porque evitaba manchas en los dientes. Sola vestir de saco y corbata, con chaleco en los das fros, al uso por las figuras pblicas as como por la burguesa de su poca; o bien llevaba guayabera, siempre blanca, la clsica de lino con cuatro bolsillos y alforzas finas, larga hasta ms abajo de la cadera, mangas largas con puo –que se usaban ocasionalmente con yugos–, y el cuello siempre almidonado, listo para la corbata de “pajarita”, que no recuerdo haberle visto, como tampoco usar sombrero, que hubiera sido el airoso jipijapa. El atuendo de rigor se completaba con un pantaln de dril blanco y zapatos negros. Esa es la imagen que me qued ms fija dado que era una figura siempre en movimiento en la prensa y en los noticieros de cine. Recuerdo su voz. Arrastraba ligeramente la erre. Tena un timbre sin tonalidades graves, ms bien agudo. Y estridente cuando se enardeca, lo cual ocurra con frecuencia en sus debates, polemista como era. Su amigo el doctor Jos Chelala la clasific como “del tipo tonal metafnico-gutural”. Sus ojos eran muy claros –grises, azules?–, luminosos y de mirada inquisitiva, pero disminuidos por el uso de espejuelos con cristales gruesos montados al aire, forzados por una miopa herencia de don Justo, su padre. Emotivo, incisivo, irnico, en alguna ocasin poda aduearse de un vocabulario “carretonero”, sin embargo en su trato social y cotidiano era formal, cordial y ameno. En dos palabras: bien educado. De igual modo, este ser carismtico posea buen sentido del humor, que salpimentaba con su conocimiento de refranes, proverbios, fbulas, ancdotas y citas histricas y literarias, aunque a estas no acuda con frecuencia. Su estilo era fundamentalmente directo, rara vez alegrico o metafrico. En su vida poltica, lo saben quienes hoy lo estudian o lo recuerdan, fue impetuoso, fue custico, fue intransigente tanto en el campo de la polmica p-

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55blica como desde su curul de tribuno, en eso de llamar las cosas por su nombre: al ladrn, ladrn; al estafador, estafador; as al asesino, al pistolero, al oportunista, al tramposo. Para estos, era un flagelo; para quienes lo oamos del otro lado, acaso intuamos que exista un lmite: tena un estilo. Cuando alguno de ellos salt, l present el pecho dispuesto a batirse, con sable o pistola, “en el campo del honor”. No fueron pocas las lides de donde sali “tocado o vencedor”. En julio de 1947 se bati a sable con Carlos Pro; hubo toques leves por ambas partes, pero un corte en un codo de Chibs suspendi el duelo. Conte, quien lo trat largos aos y hasta el final, escribira sobre l: “Es hombre de carcter violento, en ocasiones tempestuoso y capaz de rebasar todos los lmites de la prudencia, pero ha demostrado que olvida y perdona, ha sabido abrir los brazos para recibir a los que ayer le abandonaron, sin reservas de ninguna especie, brindando hospitalidad a los que en el pasado le hicieron vctima de speros ataques”. Tras s arrastr una masa irredenta, esperanzada en los cambios que requera la patria cubana. Sufri persecucin, prisin y destierro, odio y envidia de muchos, pero admiracin y respeto de los ms. Tal es el sino de los redentores. De verbo penetrante, eso era lo que ofreca a primera impresin este hombre a aquel pueblo al que tanto hizo vibrar en aquellos aos: una ciudadana frustrada, decepcionada, prcticamente desamparada, y sin otra perspectiva para la mayor parte de los esforzados cubanos que luchar una vez ms a brazo partido por salir de aquel presente cenagoso sin futuro aparente. Y ms, si aquilatamos que sus contiendas seculares no fueron de rapia, fueron guerras de liberacin, partiendo de su larga lucha anticolonial, porque Cuba nunca ha tenido vocacin de colonia, algo que ha sido comprobado generacin tras generacin de sus hijos. ***** Como Chibs milit desde los dieciocho aos en el Comit Pro-Mella, cuando ingres en la Universidad de La Habana y form parte del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) –organizado en 1927 contra la prrroga de poderes del presidente Machado– asumiendo en ambos posiciones verticales, rememorar su figura nos llega ineludiblemente como el eco de una cruzada. En ella despleg toda su energa. Consecuente, asumi la divulgacin del pensamiento y acciones revolucionarias. Una noche a fines de 193l, Chibs estaba enfrascado en una nueva tirada de Alma Mter uno de los peridicos que impriman los estudiantes universitarios. Esta tirada se haca en la imprenta de la Federacin de Torcedores, en el mismo corazn de La Habana. Una delacin condujo hacia la calle San Miguel a la polica bajo el mando del teniente Calvo. Detuvieron a los diez all presentes, ocuparon ms de once mil ejemplares y unos llamados dirigidos a oficiales del Ejrcito. Los llevaron –camino obligado– para el Castillo del Prncipe, sujetos a la causa 371/ 931 por el delito de conspiracin para la sedicin. En la crcel, narra Conte que declar Chibs y yo cito: Bueno, esto me sirve de descanso y sobre todo para volver a mis lecturas que ltimamente estn un poco

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56abandonadas. Devorar libros y entrenar los msculos revolucionarios para que se desarrollen bien. Adems, la crcel siempre da experiencia y ensea mucho. Y como hay tanta gente buena en la crcel y tantos bandidos en la calle, estar preso es una distincin. Una vez ms tengo que darle las gracias al machadato por los honores que me concede y el tiempo que me brinda para mis lecturas. El jefe de la Polica Judicial orden y recibi un informe sobre el detenido Chibs, parte del cual abundaba en trminos como los siguientes: […] Chibs y Ribas es uno de los elementos ms peligrosos y encarnizados enemigos del Gobierno, especialmente por su influencia en los sectores estudiantiles cuyos componentes dirige con gran facilidad por sus grandes aptitudes de organizacin y agitacin, y adems por su increble valor personal. La peligrosidad de Chibs aumenta –y aqu viene el colofn– por pertenecer al comunismo, cosa demostrada en anteriores informes del jefe de este cuerpo, y aunque est reclamado nicamente por el Juez Militar, est acusado en las diversas causas que se instruyen por los jueces de instruccin de esta Capital. Antes de los dos meses ya estaban en la calle. Por el Partido Autntico fue a los treinta y dos aos delegado, de un total de ochenta y uno, a la Asamblea Constituyente de 1940 que deliber en el Capitolio Nacional. Argument y defendi desde el bloque de la oposicin, sencillamente y sin culteranismo, el que una sola bandera y un solo escudo engalanaran las instituciones pblicas; el derecho al sufragio a partir de los dieciocho aos de edad; la lucha contra la discriminacin; por los derechos civiles; contra la pena de muerte; la proteccin laboral para nacionales y extranjeros; contra el latifundio y los desalojos; por los derechos de la mujer y de los hijos; la autonoma universitaria y el reconocimiento del Hospital Calixto Garca como patrimonio de la Universidad. Sus acaloradas polmicas y antagonismos con delegados de la Unin Revolucionaria Comunista –fueron antolgicos sus debates con Blas Roca– y dems partidos que formaban la Coalicin Socialista Democrtica, de quienes no obstante en determinados debates recibi y a quienes a su vez brind apoyo, esas polmicas, repito, tuvieron vida propia hasta el final de sus das. Fue semilla que brot en la lucha revolucionaria posterior. ***** Persona leal a sus convicciones tanto como a sus afectos, de alguna forma, pblica o privada, Chibs mantuvo vivas sus simpatas por Antonio Guiteras Holmes desde los das del DEU, cuando este emergiera como luchador por causas justas. As, conmemoraba los aniversarios de su cada en combate el 8 de mayo de 1935 en el fortn El Morrillo, en Matanzas, an cuando estuviera guardando prisin. Retrocedo al 4 de septiembre de 1933 –da en que hizo su aparicin en escena el meterico de-sargento-a-coronel-a-general Fulgencio Batista. En

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57esa etapa turbulenta, Chibs tuvo participacin destacada en la destitucin del presidente provisional Carlos Manuel de Cspedes y en la proclamacin de la pentarqua, que dur cinco das. A esta sigui la presidencia del doctor Ramn Grau San Martn, profesor universitario que se opuso en 1927 a la expulsin de los miembros del Directorio Estudiantil. A partir de la presidencia de Grau durante el llamado Gobierno de los Cien Das –12 de septiembre de 1933 al 15 de enero de 1934–, estuvo Chibs an ms vinculado a Tony Guiteras, el joven secretario de Gobernacin, Guerra y Marina que promulg leyes revolucionarias de beneficio pblico. Admir sus cualidades y su lnea antimperialista y soberana. A travs de su existencia, estuvo grabado en sus afanes el ejemplo de Guiteras, fundador de la organizacin revolucionaria Joven Cuba. En 1946, en el dcimoprimer aniversario del asesinato, Chibs acudi en una de sus tantas visitas al Morrillo, donde un pequeo obelisco de cemento rememoraba la muerte de Guiteras y de Carlos Aponte, revolucionario venezolano sandinista, cado junto a l. Hubo minutos de silencio. Chibs se encamin hacia un depsito de materiales de construccin, se hizo de una mandarria y dirigindose lentamente hacia el monumento para el cabo Marcelo Man, muerto tratando de capturar al forjador de Joven Cuba y a sus compaeros, lo destruy a mandarriazos. Aos despus, en 1951, una vez ms en el sitio de su muerte, se prometi, si era elegido presidente, denominar Guiteras el puente sobre el ro Canmar y colocar en el centro una rotonda con el busto del mrtir. Fue de otra ndole, pero tambin demoledora, su conmemoracin el 8 de mayo de 1949. Estaba una vez ms en el Castillo del Prncipe, condenado a 180 das bajo acusacin de desacato, pues haba denunciado a tres magistrados por venderse al autorizar a la Compaa Cubana de Electricidad el aumento de las tarifas. Chibs dirigi una carta extensa, emotiva y muy fuerte al presidente Carlos Pro. En ella rechazaba, para empezar, la posibilidad de un indulto y de una suspensin de la condena, a menos que partiera de una “[…] Ley de Amnista de raz popular, limpia y difana, sin perchas de ninguna clase, que arranque del pueblo y no de los partidos polticos representados en el Senado [...]”. Manuel Bisb la ley en la hora dominical. Verbo incisivo, de sus veintisis prrafos, a continuacin cito los dos primeros y los cuatro ltimos. Seor Presidente: Desde mi celda en la crcel, donde estoy preso por pregonar a gritos la verdad y por combatir al pulpo elctrico extranjero, quiero hacer llegar hasta usted, en este aniversario de la muerte de Antonio Guiteras, la profunda pena que me inspira su claudicacin revolucionaria, su traicin a los nobles ideales de la “generacin del 30”, que juntos defendimos en la pica lucha contra Machado y contra Batista. Mientras usted marcha por el camino del enriquecimiento inmediato y fcil, cambiando vergenza por dinero, yo me mantengo leal a mis convicciones revolucionarias de toda la vida […]. [..........]

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58Mis consignas de combate, seor Presidente, siguen siendo las mismas que usted y yo defendimos conjuntamente durante muchos aos. ¡Guerra contra los malversadores del Tesoro Pblico, los corruptores del pueblo y los pandilleros! ¡Continuemos luchando por la liberacin nacional! ¡Por el adecentamiento poltico del pas! ¡Por la libre emisin del pensamiento! ¡Por la Repblica Espaola! ¡Por un Poder Judicial libre de interferencia gubernamental! ¡Contra los Tribunales de excepcin! ¡Contra las clausuras de horas radiales! ¡Contra el Servicio de Inteligencia Militar! […] ¡Contra las tarifas elctricas abusivas, la Cuban Telephone Company y el consorcio de las tres “S” (Standard, Shell y Sinclair)! ¡Contra los vendepatrias y los guerrilleros! Vea usted, seor Presidente, cmo no he traicionado nuestras consignas de antao, como ha hecho usted. Sigo leal a mis convicciones de siempre. No he plegado mi pabelln. Su antiguo compaero del Directorio Estudiantil Universitario, de la lucha contra Machado y Batista, del presidio poltico, del Ejecutivo Nacional del Partido Autntico, de la Convencin Constituyente y del Senado de la Repblica, actualmente el penado 981 de la crcel de La Habana, condenado bajo su Gobierno por el Tribunal de Urgencia por defender al pueblo de Cuba contra el monopolio elctrico extranjero, queda de usted, adversario insobornable. Eduardo R. Chibs Finalmente, se dio marcha atrs al aumento de las tarifas elctricas. Fueron recogidas miles y miles de firmas para la amnista. Y Pro le concedi un controvertible indulto condicional. Tres abogados conocidos por Chibs le informaron que salir del penal era de obligatorio cumplimiento. l arga que poda llevarlo de nuevo al encierro para completar la sentencia, as fuera “por abollar el guardafango de un automvil”. Con los abogados abandon la crcel. Inolvidable fue el recibimiento a Chibs por la multitud jubilosamente enardecida que lo esperaba desde horas tempranas en la explanada frente a la larga escalera por Avenida de los Presidentes y Zapata. ***** En la inconciliable ruptura de Chibs con el Partido Revolucionario CubanoAutntico (PRC) en 1947, pudiera considerarse que influy el suicidio de Manuel Fernndez Supervielle, alcalde de La Habana, quien en su campaa se haba comprometido a dar agua a la capital. Al no poder cumplir, debido a la falta del apoyo que le haban ofrecido demaggicamente, por vergenza se quit la vida el 4 de mayo de ese ao. El final trgico de Supervielle conmocion a Chibs. Debemos agregar a esto que en su alejamiento paso a paso del Autenticismo, debido al deterioro poltico y moral que vena denunciando desde las filas del propio partido, debe haber sido determinante el hecho de que en las elecciones de 1947 obtuvo la ms alta votacin despus de Grau y que este, sabedor de los cambios reivindicativos que implementara Chibs, no lo escogi como candidato para sustituirlo en la presidencia. El hombre escogido fue Carlos Pro, seguidor de la corrompida lnea grausista.

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59La rauda fundacin del PPC (O) en mayo del propio ao cont a travs de la nacin con fuerzas de la Joven Cuba. Como ejemplo, tenemos que un veterano guiterista, el mdico Manuel Snchez Silveira, residente en el sur de la antigua provincia de Oriente, le dirigi al presidente de la Ortodoxia una misiva en los trminos siguientes: Tengo la desdicha de que cada vez que mi partido ocup el poder fui de los primeros en abandonarlo y combatirlo porque nunca un gobierno cubano, por mal para la patria, cumpli ni aproximadamente su Plataforma de Gobierno. […] Fui de los fundadores del Autenticismo en Oriente […] abandonando la poltica activa cuando por fin llegamos a la Meta de ver al Dr. Grau Presidente, objetivo de mis campaas polticas […]. Ya mucho antes de que usted perdiera la fe en el Mito Presidencial, yo la tena perdida con un nuevo dolor en el alma por la desilusin de nuestro pueblo. El doctor Snchez Silveira, viudo, padre de cinco hijas y dos hijos, fund la Ortodoxia en Piln y presidi su ejecutivo local. En este y otros empeos cont con la comprensin y ayuda especial de su hija Celia, quien no mucho tiempo despus sera gloria reconocida de la Revolucin cubana. En igual fecha, al ao siguiente, en recorrido relmpago por su tierra oriental, donde dara inicio a su campaa presidencial, Chibs visit con un grupo de sus correligionarios ms de una veintena de localidades, entre estas Piln, en las cuales se dirigi al pueblo. En ellas fueron recibidos con jbilo. En el acto de Santiago, donde tambin particip el dirigente universitario Fidel Castro, diafanizando conceptos Chibs se expres en tercera persona. Cito: El apoyo a Chibs no puede condicionarse a la pulcritud o no de su conducta futura, a la honestidad o no de su gestin gubernativa. Este loco por la locura sublime del sublime ideal de una Cuba mejor, no tiene en su ruta cvica ms norte que el reconocimiento de su pueblo. l sera incapaz de defraudar la devocin que le profesan las multitudes, pues equivaldra a una renunciacin de su oxgeno vital. El da que Chibs crea advertir una extincin o una merma en el amor ciudadano, se parte de un balazo el corazn, no por cobarda ante el fracaso, s para que su inmolacin conduzca a la victoria a sus discpulos. Sorprendentes palabras profticas. Y otras ms en mayo del ao siguiente, que expresa en una carta personal a Jos Agustn Martnez: Hemos procurado despertar la conciencia dormida del pueblo de Cuba. Si el aldabonazo no ha sido suficientemente fuerte para despertar al pueblo, redoblaremos nuestros esfuerzos y el sacrificio. No ser en vano. Tenemos fe en un destino noble y grande para nuestra patria, que ocupa a la entrada del Nuevo Mundo la mejor posicin estratgica de la Historia. En el peor de los casos, da llegar dentro de cincuenta aos o de cien, cuando vengan otros ms afortunados que nosotros y la despierten. Nadie podr arrebatarnos la gloria de haber sido los precursores.

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60Contra viento y marea, Eddy Chibs se haba mantenido hasta 1947 dentro del Partido Autntico: desde sus filas denunci cruda e ininterrumpidamente los desmanes de prevaricacin y cohecho contra la vctima principal: el pueblo cubano. Para l defender el porvenir de Cuba y los intereses de esta, era “fervor fantico”. Se inspiraba en Mart, a quien consideraba un “pensador incorruptible”. Su alejamiento no fue slo por su batalla contra la corrupcin dentro del partido. Estaba dispuesto a proseguir la lucha. Algo ms all lo llev al convencimiento de que la venalidad no era tolerada por el presidente Grau nicamente por debilidad, sino que comenzaba por l, dejando atrs su antiguo prestigio de los aos treinta a raz de la cada del tirano Machado, tiempos en los cuales cont con el apoyo de la aguerrida juventud estudiantil y de hombres y mujeres del pueblo honrado. Saba que si el Partido Autntico alcanzaba otra vez el poder en las elecciones de 1948 –un gobierno disfrazado de constitucionalista, deca l– la malversacin continuara y por lo tanto resultaba perentorio abrir una nueva trinchera desde la cual labrar su camino hacia la presidencia a fin de dar comienzo a una etapa de rectificaciones, de honradez y civismo, que l enarbol bajo la consigna de “¡Vergenza contra dinero!”. El smbolo: una escoba para barrer la podredumbre. En la campaa de 1948 result electo, como ya sabemos, Carlos Pro Socarrs, candidato del partido en el poder. El PPC (O), fundado un ao antes, no cont con el tiempo ni los recursos necesarios para hacer frente a la campaa. Chibs ocup el tercer lugar. Sobre ello declar: Hemos combatido solos, sin pactos ni componendas, sin maquinarias ni dinero, nada ms que con la vergenza, por el adecentamiento poltico del pas. El Gobierno, con sus enormes recursos econmicos, ha ganado una batalla, la guerra entablada entre la vergenza y el dinero. Cuatro aos representan muy poca cosa en la vida de los pueblos. Es el tiempo que media entre la batalla de Dunquerque y la batalla de Berln. ***** En 1950 fue elegido senador con enorme apoyo popular. Aspirara a la primera magistratura otra vez en 1952. Mientras, desde la oposicin, en su Partido, del cual era corazn, continuara con su oratoria ardorosa en el flagelo “[…] contra el nepotismo, los desmanes, el pillaje y saqueo del erario pblico”. Los ataques verbales a Chibs por parte de los elementos oficiales fueron constantes y violentos despus de la toma del poder. Se saba que el senador sera aspirante a la presidencia y difcilmente derrotado en las elecciones proclamadas para junio de 1952. Decididamente haba que desprestigiarlo. Los cubanos, por otra parte, sabamos por experiencia que “cuando Chibs apuntaba hacia elementos corrompidos, seguramente estaba dando en el blanco”, y que por tales razones estos no rebatan sus alegatos. Alguna vez Batista lo tild de miope, no slo de la vista, sino mental. Carlos Pro deca que era un irresponsable falto de escrpulos, intolerante, agitador y que su

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61oficio era calumniar. Lleg a tildarlo de farsante; su hermano Antonio, de anormal. Y mucho ms. No fueron los nicos. Otros, objeto de sus denuncias, no las desmentan sino que intentaban denigrarlo, cuando menos, como histrico, perturbado. Vasconcelos, renombrado periodista de la poca, lo calific como “Rey de la estridencia y hombre-orquesta capaz de cualquier cosa por estar en la primera plana de los peridicos” Despus le public enunciados y cuando muri le dedic un editorial: “El ltimo espartano”. Los ataques continuaron en todas las direcciones, ad infinitum…, pero l no se contena y ripostaba directa o indirectamente con argumentos basados en la Historia, observando sentido tico, respetuoso y sereno sobre el tema y la ocasin. Que era polemista, lo era. Chibs era pasin. Lo cierto es que con todo y la estrategia de adversarios y enemigos, la popularidad del senador candidato a la presidencia de la repblica en las prximas elecciones creca cada vez ms cuando, precisamente entonces, cay en una polmica con el ministro de Educacin, Aureliano Snchez Arango, que s “recogi el guante” y lo ret a exponer pruebas. Chibs lleg a presentar algunas sobre irregularidades cometidas por funcionarios del ministerio, mas no las que constituan el motivo central de la denuncia hecha por l en cuanto a que el ministro posea tierras madereras y fomentaba un reparto residencial en Guatemala. La polmica dio tiempo para que se movilizaran fuerzas convergentes en el enfrentamiento. Tambin hubo divergencias y retracciones dentro del propio Partido Ortodoxo. En circunstancias tan adversas, sin obviar su conviccin de un destino histrico para Cuba, no es ilgico llegar a la conclusin de que la vergenza mat al gladiador. Me ha contado Max Lesnik, secretario general de la Juventud Ortodoxa, que haba ido a ver a Eddy a su torre del Lpez Serrano el sbado anterior, es decir el 27 de abril, a fin de mostrarle unos papeles y volantes que iban a lanzar esa noche en el Prado y frente al Principal de la Comedia, teatro donde tendra lugar un mitin de partidarios de Aureliano. Chibs le pidi que lo acompaara, pues iba a pelarse en la barbera del hotel Inglaterra. Fueron en el Packard azul de Eddy, conduciendo Alejandro. Al cruzar el semforo de Prado y Neptuno, desde la acera de El Louvre un grupito de individuos lo reconoci y le gritaron burlonamente: “¡Chibs, saca las pruebas de la maleta!”. Max, desde el asiento de atrs le mir a la cara y vio en su rostro un gesto de amargura. Nunca antes, me deca, Chibs haba enfrentado un acto de burla de su pueblo. Un hombre lcido, observador y sensible, durante dos perodos presidente de su pas y largo tiempo residente en Cuba, el dominicano Juan Bosch Gavio, abord el tema, a mi entender de manera irrepetible. Lo expuso en una obra que comenz a escribir a mediados de 1951, la cual nos aproxima no slo a la Historia de Cuba, sino al alma de la Historia de Cuba. Me permito citar prrafos donde se refiere a la confrontacin que llev a Chibs a su decisin extrema: Los partidarios de Chibs han cometido el error de achacar la causa

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62de su muerte al cerco dialctico, framente ejecutado en que lo encerr Aureliano Snchez Arango, por esos das Ministro de Educacin en el Gabinete de Pro Socarrs. En realidad, el suicidio del lder “ortodoxo” fue causado por esa incontenible y creciente descomposicin que iba aduendose del pas. El propio Chibs, como todo el mundo en Cuba, result objeto de la marea producida por la efervescencia general. Habindose desatado en el nimo del cubano una especie de clera, o de ardiente impaciencia, si se quiere, encaminada a transformar la moral pblica, lleg el momento en que la acusacin de deshonestidad se hizo un arma habitual. Y eso tena que resultar peligroso. Nadie usaba esa arma ms que Chibs, paradigma del desinters en asuntos de dinero, que haba nacido rico, haba actuado en poltica usando sus bienes privados, haba hecho su carrera sin usar al “sargento poltico” (el buscador profesional de votos) y predicaba la honestidad con verbo quemante. Uno tras otro, los lderes “autnticos” fueron cayendo bajo la palabra demoledora de Chibs. Pero tuvo una polmica con Snchez Arango, y Snchez Arango no slo era tan desinteresado en asunto de dinero como su antagonista, sino que adems era un estratega poltico de implacable frialdad. En el ardor de la lucha, Chibs cometi el error de llamar a Snchez Arango deshonesto. El acusado pidi pruebas. Chibs no poda ofrecerlas, y l lo saba. A partir de ese momento, el nimo del combativo lder “ortodoxo” comenz a ser trabajado por fuerzas morales tan poderosas como era el vigor de sus sentimientos. Tena conciencia de que haba lanzado una acusacin falsa; adems tena conciencia de que ese error iba a costarle popularidad. Y resultaba que para Chibs slo una cosa tena valor: la popularidad. El nico estmulo de su vida consista en la adoracin del pueblo. Le era indiferente tener o no tener dinero; le era indiferente tener o no tener poder y posicin. Como todos los verdaderos dirigentes polticos, era un solitario en medio de la multitud. Le sobrevino la fatiga mental y, de pronto, la sensacin de que perda la fe del pueblo. Su alma fue sbitamente trabajada por una falsa conciencia de fracaso, por la idea de que su vida haba sido y era intil. Durante algunos das luch contra la fuerza que lo diriga a la auto inmolacin. Pero al fin esa fuerza se impuso, y el gran agitador, vencido por s mismo, expresin cabal del mar de fondo que agitaba a su pueblo, se lanz al suicidio. Cmo asumimos los cubanos todo el dolor, el trgico final de “el Adalid”? Fue… con toda la pasin y a la vez la cordura de que somos capaces. Hubo luto nacional. La multitud frente al Centro Mdico Quirrgico, al anunciarse su fallecimiento en la madrugada del 16 de agosto de 1951, observ el silencio de la consternacin. Pronto hizo sentir sus sollozos, ayes e imprecaciones, y esperaba…

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63Se decidi llevar el cuerpo a la Colina, velarlo en el Aula Magna. El fretro sali de la clnica en hombros de dirigentes ortodoxos hasta el carro fnebre. Fue cubierto con una bandera cubana. Se inici el interminable cortejo que integr la masa an irredenta, la cual tena puestas en l sus esperanzas. Un pueblo le hizo guardia de honor, lo vel y lo acompa hasta la bveda en el cementerio a la par que derramaba lgrimas, guardando el silencio ms respetuoso y adolorido que pueda recordarse. Funeral de las ilusiones del 30, funeral de la Repblica, funeral de toda esperanza cvica? […]. Qu significaba aquel ro crecido, denso, indetenible, rodando lentamente por el kilmetro y medio de la calle 23, contemplado por millares de rostros enmudecidos en las aceras, en los rboles, en los postes, en los muros, balcones y azoteas, como si lo ms importante ya no fuera el cadver que encabezaba el desfile, sino el desfile mismo, la masa que a s misma se demostraba y se miraba con respeto? […] As escribi, conmovido, nuestro poeta Cintio Vitier en su novela De Pea Pobre, rememorando el da luctuoso en que despedimos los restos mortales de Eddy Chibs. ***** Y comenzara de nuevo la justa, como l quera. Sus enemigos estaran aliviados, pero cargaran durante aos el peso de sus verdades y la verdad de sus acusaciones. Fue acicate para la redencin de nuestra tierra, para sembrar otra vez el germen de la rebelda que haba sido la consigna patria durante ms de una centuria de lucha tenaz. Su voz se silenci pero no as en la prctica. No pas mucho tiempo, apenas semanas, cuando el joven abogado Fidel tom en su mano las denuncias sobre las inmoralidades de Pro, tal como lo detall la prensa de la poca, y de ah, a formar lo que primero se llam el Movimiento o Movimiento Revolucionario. El ltimo discurso de Chibs comenz invocando a Galileo, quien no pudo presentar ante la Inquisicin pruebas fsicas del movimiento de la tierra alrededor del sol…, pero se mova; record cmo l no pudo presentar, ante el latrocinio de Jos Manuel Alemn, ministro de Educacin bajo Grau, las pruebas del robo del Tesoro Nacional…, pero se lo robaban; ahora era el caso con el ministro de Educacin de Pro. Record cmo el domingo anterior haba presentado pruebas fotogrficas de escuelas y hospitales en la miseria, contrastando con las fincas y palacetes de gobernantes que vivieron en la pobreza. Y expres: “Pero mi aldabonazo no fue, quizs, lo suficiente fuerte. Y Cuba, urgentemente, necesita despertar. Seguiremos llamando a la conciencia del pueblo cubano”. Y continu proyectando su pensamiento augural.

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64Por su posicin geogrfica, la riqueza de su suelo y la inteligencia natural de sus habitantes, Cuba tiene reservado en la Historia un grandioso destino, pero debe realizarlo. Otros pueblos asentados en islas que no gozan de situacin tan privilegiada como nuestra patria, han desempeado en la Historia un papel de preeminencia singular. En cambio, Cuba ha visto frustrado su destino histrico, hasta ahora, por la corrupcin y ceguera de sus gobernantes, cuyo pensamiento –salvo excepciones– han volado siempre a ras de tierra. ***** Las ltimas palabras que Eduardo Chibs pronunci en el micrfono de la hora doctrinal, once das antes, no fueron escuchadas por su gran audiencia debido a que se le haba asignado a Pardo Llada la casi totalidad del espacio. Pardo se extendi cerca de dos minutos ms de lo calculado, lo cual redujo los que le quedaban a Chibs. Llegado el momento y para abreviar, este decidi no leer los seis primeros, aunque no extensos, prrafos de su discurso. Estos quedaron conservados en su borrador y aparecen transcritos en el testimonio biogrfico de Conchita Fernndez, La secretaria de la Repblica, (p. 340) y en el libro de Conte (pp. 783784), as como en otras obras donde se ha tratado el tema. La grabacin de la alocucin de Chibs comenz, segn la acuciosa pesquisa de Armando Prez Velzquez, con la frase “Cuba necesita despertar…” hasta la frase, grabada ya en fade-out “El nico equipo gobernante capaz de salvar a Cuba es el Partido del Pueblo Cubano […]”. En este punto dej de orse la despedida de Eddy, de lo cual l tampoco tuvo conocimiento. Reproduzco, entonces, la ltima parte de su breve, dramtica alocucin: lo que no se oy. (Ortodoxos), con su lnea antipactista de la independencia poltica que no admite transacciones ni componendas. ¡Compaeros de la ortodoxia, adelante! ¡Por la independencia econmica, la libertad poltica y la justicia social! ¡A barrer a los ladrones del Gobierno! ¡Pueblo de Cuba, levntate y anda! ¡Pueblo cubano, despierta! ¡Este es mi ltimo aldabonazo! ***** Tuve “El ltimo aldabonazo” grabado en un disco de setenta y ocho revoluciones, pero tanto este, como el Himno Nacional, el Himno Invasor y otras grabaciones seleccionadas, acompaaron al “Manifiesto a la Nacin” redactado bajo la orientacin de Fidel por el joven revolucionario Ral Gmez Garca, y llev como firma, “La Revolucin Cubana”. El “Manifiesto…” y las grabaciones seran transmitidos por la Cadena Oriental de Radio en Santiago de Cuba, como parte de las acciones del 26 de julio de 1953, una vez que se hubiera tomado el cuartel Moncada. La lucha continuaba. Bibliografa consultada ALAVEZ, ELENA. Eduardo Chibs en la hora de la Ortodoxia. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1974.

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65_______. La Ortodoxia en el ideario americano. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2002. LVAREZ TABO, PEDRO. Celia, ensayo para una biografa La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2004. BOSCH, JUAN. Cuba, la isla fascinante / 1 ed. La Habana: Ediciones ICAIC y Ministerio de Relaciones Exteriores, 1999. BRIONES, NEWTON. General regreso. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2005. CONTE AGERO, LUIS. Eduardo Chibs, el adalid de Cuba. Mxico: Editorial Jus, 1955. Cuba, sous le rgime de la Constitution de 1940: Politique, pense critique, littrature. Pars/ Montreal: LHarmattan, 1997. JIMNEZ SOLER, GUILLERMO. Los propietarios de Cuba 1958. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2006. LAZCANO MAZ"N, ANDRS M. Constitucin de Cuba. Debates. Habana: Cultural, S.A., 1941. 3 t. Osa, Enrique de la. Los das y los aos. La Habana: Ediciones Unin, 1983. PREZ VELZQUEZ, ARMANDO. Fonogramas clandestinos. Provincia de La Habana, 2002. (Indito) PRADA, PEDRO. La secretaria de la Repblica La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2001. SNCHEZ ECHEVERRA, LELA. La polmica infinita. Miami: Circle East, 2004. VITIER, CINTIO. De una lectura de poesa y prosa. Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart (La Habana) 93(3-4):165-182; jul.-dic. 2002. ANEXORELACI"N DE CONSTITUYENTES ELEGIDOS EL 15 DE NOVIEMBRE DE 1939Tomado de: Cuba, sous le rgime de la Constitution de 1940: Politique, pense critique, littrature.Por el frente gubernamental (minora “coalicionista”) Unin Revolucionaria Comunista: Salvador Garca Agero, Romrico Cordero Garcs, Juan Marinello Vidaurreta, Esperanza Snchez Mastrapa, Blas Roca Caldero, Csar Vilar Aguilar Partido Realista (Partido Nacional Revolucionario): Jos Maceo Gonzlez Conjunto Nacional Democrtico: Antonio Martnez Fraga, Casimiro E. Rodrguez Cartas, Alberto Silva Quiones Unin Nacionalista: Francisco Alom y lvarez de la Campa, Nicols Duarte Cajides, Simen Ferro Martnez, Ramn Granda Fernndez, Felipe Jay Raoulx, Amaranto Lpez Negrn, Juan B. Pons Jan, Francisco Jos Prieto Llera, Fernando del Busto Martnez Partido Liberal: Emilio Nez Portuondo, Manuel Bentez Gonzlez, Miguel Calvo Tarafa, Jos Manuel Casanova Divi, Orestes Ferrara Marino, Salvador Acosta Casares, Quintn George Vernot, Felipe Correoso del Risco, Arturo Don Rodrguez, Rafael Guas

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66Incln, Alfredo Hornedo Surez, Delio Nez Mesa, Fernando del Villar de los Ros, Jos A, Mendiguta Silvera, Juan A. Vinent Grin, Csar Casas Rodrguez, Jos Manuel Cortina Garca Por el bloque de oposicin: (mayora “oposicionista”) Partido Revolucionario Cubano (Autntico): Ramn Grau San Martn, Aurelio lvarez de la Vega, Ramiro Capablanca Graupera, Miguel A. Surez Fernndez, Eduardo R. Chibs Ribas, Emilio A. Laurent Dubet, Mario C. Dihigo Llano, Alicia Hernndez de la Barca, Jos A. Fernndez de Castro, Manuel Mesa Medina, Gustavo Moreno Lastres, Carlos Pro Socarrs, Eusebio Mujals Barniol, Manuel Parrado Rods, Emilio Ochoa Ochoa, Primitivo Rodrguez Rodrguez, Mara Esther Villoch Leyva, Antonio Bravo Acosta Partido ABC: Joaqun Martnez Senz, Mariano Esteva Lora, Francisco Ichaso Macas, Jorge Maach Robato Partido Accin Republicana: Carlos Mrquez Sterling y Guiral, Manuel Dorta Duque, Flix Garca Rodrguez, Adriano A. Galano Snchez del Campo Partido Democrtico Republicano (pasa a la minora “coalicionista” el 23 de marzo de 1940): Alberto Boada Miguel, Rafael lvarez Gonzlez, Jos R. Andreu y Martnez, Antonio Bravo Correoso, Juan Cabrera Hernndez, Ramn Corona Garca, Miguel Coyula Llaguno, Miguel Fueyo Surez, Pelayo Cuervo Navarro, Francisco Dellund Mustelier, Manuel A. Orizondo Caraball, Joaqun Meso Quesada, Santiago Rey Pernas, Mario Robau Cartaya

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67 Eduardo Chibs y la capacidad de movilizacin cvica Francisca Lpez CiveiraHistoriadora y profesora de la Universidad de La Habana L a muerte de Eduardo Chibs, el 16 de agosto de 1951, fue un hecho que conmovi a la mayora de los cubanos. Hombre que gener, y an sigue generando, visiones polmicas por su proyeccin, su modo de hacer poltica, los pilares fundamentales de su discurso y hasta por su gesto final; nadie puede negar que fue “un fenmeno de popularidad”. Las imgenes de los das que mediaron entre el intento de suicidio del lder ortodoxo y su muerte y, especialmente, las de sus funerales, no dejan lugar a dudas sobre la capacidad movilizadora de aquel hombre. Cabra preguntarse ms de medio siglo despus de tales acontecimientos y a un siglo del nacimiento de Chibs cmo fue posible un fenmeno de arrastre popular como aquel?, qu factores hicieron posible que las campaas de “Eddy” Chibs lograran movilizar a la ciudadana con tanta fuerza? por qu sus funerales tuvieron la masiva presencia popular que reflejan las fotos y pelculas?, cul fue la imagen que cal y perdur en el pueblo? Quisiera exponer aqu algunas consideraciones en torno a estas interrogantes.Impacto de la muerte de ChibsSi se revisa la revista Bohemia que report la muerte de Eduardo Chibs, podemos tener una idea de la reaccin popular ante aquel suceso, pero tambin encontrar en los varios artculos aparecidos en esa ocasin cul era la imagen ms extendida sobre el lder. Adems de la multitud que acompa sus restos, estn las opiniones vertidas por hombres de distintas filiaciones e ideologas, que muestran los elementos coincidentes en sus apreciaciones. Los autores publicados en este nmero –que, por dems, tuvo dos ediciones dada la demanda de los lectores– proceden en buena medida de la generacin del treinta, aunque sus posiciones ideolgicas no fueran las mismas ni tampoco sus derroteros posteriores al proceso revolucionario de aquellos aos. Aqu aparecen trabajos en recuerdo u home naje al fallecido de Francisco Ichaso, Enrique Delahoza, Guido Garca Incln, Rafael Estnger, Jos Chelala, Gustavo Alderegua, Ral Lorenzo, Rafael Garca Brcena, Pepn Snchez y Carlos M. Lechuga, as como reportajes de su vida, de los funerales y el contenido de la importante seccin “En Cuba”. Por los nombres de los articulistas se puede observar la dismil composicin y, por tanto, las diferentes opiniones sobre el homenajeado, as como la presencia de integrantes de su generacin y que coincidieron en las luchas de los aos treinta desde diferentes organizaciones. En todos ellos, sin embargo, hay un punto comn de apreciacin: la importancia de la tica

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68en el discurso poltico de Chibs y, en especial, la fuerza de su lucha contra la corrupcin dentro de la poltica cubana y, consecuentemente, por el adecentamiento en el ejercicio del gobierno. Este es el asunto ms destacado de manera general, si bien algunos expresaran otros aspectos o matices en sus consideraciones. En la seccin “Cabalgata Poltica”, Francisco Ichaso public su artculo bajo el ttulo “La ortodoxia y el testamento poltico de Chibs”, trabajo con el cual se abre el homenaje de esta revista a Chibs, por ello sus apreciaciones tienen una importancia especial. El autor establece que el lder ortodoxo tena virtudes y defectos […] que le permitieron imprimir a los ncleos populares que lo seguan una fe dinmica, un frreo pensamiento dogmtico, un estilo peculiar de lucha, un fanatismo poltico semejante al logrado por los ms clebres conductores de masas […]. A travs de Chibs se adhiri una gran parte de Cuba a un modo de ser cvico que se aparta del estricto racionalismo democrtico para entrar en el reino de lo intuitivo, de lo emocional, de lo carismtico.1Segn Ichaso, Chibs hizo del imperativo moral su formidable acicate con vistas a cambiar los rumbos ticos de la repblica. A su juicio, el nfasis moral de la prdica chibasista predomin sobre lo ideolgico. Algunos autores comienzan su trabajo haciendo profesin de fe de la amistad que los una con Chibs, es el caso de Guido Garca Incln, Pepn Snchez y Jos Chelala; otros ponen en claro su no afiliacin a la ortodoxia y, en algunos casos, a ningn partido, como lo hacen Gustavo Alderegua o Rafael Garca Brcena; sin embargo, sintieron la necesidad de expresar sus percepciones sobre el poltico y su gesto final. Para Guido Garca Incln, Chibs era “lo ms antipoltico que haba”, y esto explicaba su arraigo popular. Para Rafael Estnger, el ejemplo de Chibs ense “[…] que la corrupcin administrativa del pas ha llegado a lmites insoportables, hasta el punto de que bien vale pagar con el precio de la vida el esfuerzo necesario para aniquilarla”, es decir, que haba que “[...] combatir hasta la muerte el latrocinio pblico”.2 De esta percepcin, el autor desprende que el gran crimen poltico de entonces era “la magnitud del peculado”, postulado en el cual basaba su artculo “Sentido revolucionario de la muerte de Chibs”, donde planteaba el inicio de “la etapa revolucionaria por la honradez administrativa”. Gustavo Alderegua, en “Ests perdido Aureliano”, se refiere al fondo de la polmica entre Aureliano Snchez Arango y Eduardo Chibs ms all de la ancdota en s, para apuntar la fidelidad o no a los ideales revolucionarios, y describe a Chibs como “[…] conducta adamantina y arquetipo que fu [sic] de ciudadanos, smbolo y conducta, permaneci fiel a su vida revolucionaria, fiel a su ideario, fiel a su pueblo, fiel a su concepcin revolucionaria de la vida cubana […]”; para Alderegua, Chibs fue “[…] antpoda de la transigencia componedora, resbaladiza, correvedile [sic] y celestina de nuestra poltica al uso”.3Segn Ral Lorenzo en “Misin de Chibs”, el pueblo comprendi la misin

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69de “[…] aquel hombre singular […]. El holocausto lo consagraba como el (apstol de la honradez)”.4 A juicio de este autor, Chibs haba nacido para estremecer al pas y agitarlo “[…] con su gran cruzada contra la poltica de rapia, y cuando su estilo hizo crisis, escap hacia la muerte y hacia la historia”.5Enrique Delahoza considera, en “Trnsito y permanencia de Chibs”, que las dos inclinaciones de su carcter eran “[...] la repulsin de la poltica codiciosa y la fidelidad a las mayoras” y afirma que carg el acento de su prdica y de su ejecutoria en un punto exclusivo: la moral cvica.6 Para Rafael Garca Brcena, el balance histrico de Chibs era positivo, pues a pesar de lo que llam “sus costados negativos”, haba que “[…] dejarle definitivamente un rdito histrico de primer orden: en una poca de descomposicin republicana, Chibs fu [sic] un combatiente frentico contra la corrupcin de los gobernantes”.7Carlos M. Lechuga, por su parte, apunta que “[…] sus defectos y virtudes, sus pasiones y sus afectos, su tcnica de combate, ajustada unas veces y otras fuera de rbita [lo mostraban como] un ser humano, no una divinidad”. A su juicio, la muerte de Chibs dejaba “[…] un vaco inmenso en el pas, como si el resorte que tena el pueblo para ajustarle la cuenta a los desvergonzados se hubiera quebrado sin posibilidad de reponerlo”. El autor afirma que nadie dudaba del desinters de aquel hombre, ni aun sus crticos, y considera que “[…] de verdad que anhelaba un adecentamiento de los asuntos pblicos. Era cierto que hubiera hecho un gobierno honrado”.8Algunos de estos autores sealaron la heterogeneidad interna del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) y, por tanto, su incierto futuro, otros afirmaron que Chibs era la ortodoxia y la ortodoxia era Chibs, hubo quienes criticaron el estilo y la manera de hacer poltica del lder ortodoxo; alguien habl de demagogia, pero el rasgo comn fue el reconocimiento de la cruzada desatada contra la corrupcin poltica, por la honestidad, reiterndose la referencia al lema del Partido Ortodoxo: “Vergenza contra dinero”. Como se sabe, los dos medios ms importantes y masivos utilizados por Eduardo Chibs fueron la radio y la prensa escrita. Su hora radial dominical por la emisora CMQ y sus artculos en la prensa, especialmente en El Crisol y, sobre todo, en Bohemia fueron sus principales trincheras para movilizar al pueblo tras sus campaas; justamente fue durante su ltima presentacin radial donde se hizo el disparo que le llev a la muerte, tras las palabras que identificaron para siempre aquella intervencin: “El ltimo aldabonazo”, publicada de inmediato como el testamento poltico de Chibs. Si revisamos esa intervencin radial, veremos que el acento fundamental est en la acusacin realizada al gobierno de Carlos Pro Socarrs de ser el ms corrupto de todos los que Cuba haba tenido; sin embargo, en su prrafo final hace un llamado ms amplio a los ortodoxos: “¡Por la independencia econmica, libertad poltica y justicia social!” a lo que sigue la exhortacin a barrer a los ladrones del gobierno y al pueblo cubano a despertar.9

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70Es decir, las campaas chibasistas para movilizar al pueblo no se limitaban al tema de la corrupcin, sino que in cluan otros aspectos, lo cual se puso de manifiesto en la cruzada contra el “pulpo elctrico” y el aumento de las tarifas elctricas aprobado por el gobierno de Pro, as como contra la Cuban Telephone Company y otros ser vicios controlados por las empresas norteamericanas con ganancias fabulosas. En esa coyuntura, Chibs sealaba que el gobierno estaba sirviendo a “[…] los intereses ilegtimos, imperialistas y anticubanos del pulpo elctrico”.10 En esa cruzada, denunci el papel de Pro al servicio de lo que llam la Compaa Anticubana de Electricidad, de los intereses de Wall Street, y public las cifras de las ganancias de la Electric Bond and Share en Cuba para establecer la comparacin con sus negocios en otros pases. Igual tono tuvo la prdica contra el intento del gobierno prista de solicitar un emprstito en los Estados Unidos, que calific de traicin al postulado bsico de la revolucin cubana de luchar por la independencia econmica de Cuba. Sin embargo, el acento principal de su prdica estuvo en torno al enriquecimiento ilcito de los gobernantes, especialmente en el gobierno de Grau y con ms fuerza en el de Pro, y el propio lema del partido ortodoxo centr la atencin en ese aspecto, lo que se completaba con su smbolo de “la escoba” como instrumento utilizado para barrer a los ladrones del gobierno. La poblacin respondi ante este discurso con un gran movimiento cvico en distintos grupos sociales, por ello esta fue la ima gen que cal ms hondo en la psicologa colectiva. El Partido Ortodoxo, bajo el liderazgo de Chibs, haba incrementado velozmente su posicin dentro del conjunto de los partidos que pugnaban en las elecciones. En el ao de su fundacin, 1947, se haba inscrito con 164 705 afiliados, ocupando el quinto lugar despus de los partidos Autntico, Liberal, Republicano y Demcrata, sin embargo, en la reorganizacin de partidos de 1951 ocupaba el segundo lugar con 358 118 afiliados, detrs del Autntico que llevaba la ventaja de ser el partido del gobierno. La encuesta publicada en Bohemia en diciembre de 1951 daba un primer lugar a la candidatura ortodoxa encabezada por Roberto Agramonte con un 29,29%, mientras le segua la oficialista de la Sxtuple Alianza con un 17,53% y en ltimo lugar el partido de Batista, el Partido Accin Unitaria (PAU), con un 14,21%.11 El impacto de Chibs y su muerte daban una intencin de voto mayoritaria por los ortodoxos para las elecciones futuras. No obstante, las circunstancias cambiaron despus del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952: en la reorganizacin de 1953 para las elecciones convocadas por Batista, la fraccin ortodoxa que inscribi al partido, encabezada por Federico “Fico” Fernndez Casas, slo pudo presentar 21 314 afiliados para quedar en el sexto y ltimo lugar.12La prdica y el gesto de Chibs tendran hondas repercusiones. El joven abogado Fidel Castro denunci la malversacin de los hermanos Pro Socarrs con datos y cifras precisas, iniciando esta acusacin con la invocacin al recuerdo de “[…] los ltimos das de Eduardo Chibs, en que una

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71banda de malversadores impdicos, amparados en la distancia y en las sociedades annimas, ultrajaban en su lecho de muerte al ms valeroso y digno de los cubanos […]”.13 No fue el nico en tomar a Chibs como punto de referencia para denunciar al gobierno de Pro y su corrupcin. Independientemente de los derroteros seguidos por los distintos grupos de la ortodoxia, el impacto de las campaas de Chibs y de su muerte se hizo sentir con fuerza. Considero que la reaccin de amplios sectores de la poblacin que respaldaron las consignas de Chibs tiene races profundas en la historia cubana de la primera mitad del siglo XX, y por tanto resulta vlido adentrarse en ellas.La corrupcin poltico administrativa y su impacto en la ciudadanaDesde la instauracin de la Repblica de Cuba, el tema de la corrupcin dentro del sistema poltico comenz a manifestarse. La poltica corrupta y el uso de los cargos pblicos para enriquecimiento personal, se asociaban con la poca colonial, por lo cual la permanencia de estos vicios en la repblica se vio como una supervivencia de la colonia. Desde los aos de la ocupacin militar norteamericana (1899-1902) se inici el proceso de formacin de los nuevos partidos polticos estructurados en torno a figuras destacadas del “mambisado”, debido a su autoridad moral ante la poblacin; este proceso, que culmin entre 1905 y 1907 con la formacin de los dos grandes partidos: el Liberal y el Conservador, fue delineando tambin un modo de hacer poltica. El sistema caudillo-clientela poltica se adue del ejercicio del poder desde el municipio hasta el gobierno nacional. En estas condiciones, se amasaron fortunas que permitieron a sus beneficiarios integrarse de manera relativamente rpida a la alta burguesa y formar parte de los sectores oligrquicos. Desde el gobierno de Toms Estrada Palma (1902-1906), el problema se empez a plantear, sin embargo, el despliegue formidable de las formas de fraude y malversacin entronizados a partir de la segunda intervencin (19061909) y de la restauracin republicana bajo la presidencia liberal de Jos Miguel Gmez (1909-1913) hicieron que, en la comparacin, Estrada Palma quedara como ejemplo de honradez, como el nico presidente honrado de la repblica hasta ese momento. Tales males produjeron una reaccin de rechazo en la poblacin que se exteriorizaron de diferentes modos. Los problemas de fondo de la sociedad cubana podan quedar ocultos para muchos, por ello se advertan ms fcilmente los ms visibles para todos y, por tanto, la crtica ms generalizada se diriga en esa direccin. Debido a esto las manifestaciones de rechazo se concentraron en la corrupcin poltico-administrativa, lo que se expresaba por mltiples vas y desde distintas clases, grupos y sectores sociales. Mientras la intelectualidad intentaba identificar las causas que explicaran los problemas o, al menos, los describa –lo cual es notorio en la narrativa de las tres primeras dcadas del siglo XX y en el creciente arraigo del ensayo y la poesa– fue tomando fuerza la construccin de elementos

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72simblicos capaces de expresar desde la ptica popular los estados de nimo del pueblo. En el proceso de creacin permanente de los smbolos, se producen continuos intercambios entre los distintos sujetos sociales, por ejemplo, la caricatura construy sus propias representaciones, las cuales fueron asimiladas ampliamente en la medida en que reflejaban los sentimientos colectivos, mientras, a su vez, se nutri de las creaciones populares. Lo mismo ocurre con otras expresiones como la poesa y las frases populares u otras. Se trata de un proceso constante de prstamos e influencias en donde se transgreden las formas impuestas por la cultura dominante para crear espacios propios de produccin y reproduccin de elementos simblicos que, de alguna forma, increpan al poder desde la perspectiva de lo percibido como problema central. Muchos autores con voz en los espacios pblicos patentizaron posiciones partidistas en las luchas electorales intentando construir estados de opinin desde los medios que controlaban, pero actuaron tambin tomando en cuenta la psicologa colectiva. La capacidad de construir elementos simblicos que expresaran los “males de la Repblica” fue desarrollndose a medida que el sentimiento de frustracin se fue generalizando, por tanto, empezaron a surgir denominaciones para designar los fenmenos de corrupcin en sus diferentes manifestaciones. En este proceso, el perodo de la segunda intervencin norteamericana marc un momento de despegue que alcanzara su consolidacin a partir del gobierno de Jos Miguel Gmez. Se iban construyendo los signos referidos al mundo de la poltica, compartidos por todos. Entre las construcciones simblicas del perodo de la repblica burguesa en Cuba, uno de los smbolos ms permanentes fue la representacin del poder encarnada en un “pollo”, como ocurri durante los primeros aos, o en un “jamn”, el de mayor perdurabilidad hasta los ltimos tiempos de aquella repblica. Esto representaba “coger el pollo” o “pegarse al jamn”, es decir, controlar el poder poltico, o sea, la fuente de enriquecimiento a partir del erario pblico. El “pollo” o el “jamn” tambin eran representaciones del Tesoro pblico. Los polticos, por tanto, luchaban por uno u otro, lo cual se converta en el centro de las batallas polticas, era el premio en disputa. La poesa popular annima, transmitida por tradicin oral, la dcima en especial, la frase popular de “pegarse al jamn”, el teatro bufo y la caricatura de poca dan buena muestra de esto. La lectura de tal imagen simblica del poder establece el sentido que adquiran la poltica y los polticos para el conjunto social. La poltica se converta en el gran negocio fraudulento, de ah las formas despectivas para referirse a quienes se convertan en polticos profesionales, a los que –como se deca cotidianamente– se “metan en la poltica”, aunque los mecanismos de dominacin establecan cdigos que obligaban a la aceptacin de su preeminencia dentro de la sociedad. Estar “mezclado en poltica” no era un status respetable ticamente, pero s una posicin dominante. Las esferas de ejercicio del dominio, de hecho, dife-

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73ran, pues no era lo mismo ser “sargento de barrio” que candidato presidencial, por citar los dos extremos del sistema, lo cual determinaba tambin la cuota de los beneficios emanados del “jamn” y el grado de autoridad que poda ejercerse, pero en todos los casos significaba participar del mecanismo del poder. Entre los smbolos de aquellas prcticas corruptas, adquiri gran popularidad la imagen del “chivo” para denominar cualquier negocio fraudulento realizado por el gobierno. Su representacin fsica era el animal conocido en Cuba como chivo, por ello su aparicin en una caricatura tena una lectura muy clara para los receptores como alusin directa a una transaccin turbia, a un manejo corrupto desde el poder. A partir del gobierno de Jos Miguel Gmez se acu este smbolo por dcadas y fue utilizado en el lenguaje coloquial, en la poesa popular y en el teatro bufo. Si bien los negocios turbios de Jos Miguel fueron denominados “el chivo de la Cinaga”, en referencia a la concesin fraudulenta para la desecacin de la Cinaga de Zapata, o “el chivo de Villanueva”, por el escandaloso canje de los terrenos de la antigua estacin ferroviaria (donde hoy se levanta el Capitolio) por los del Arsenal, su generalizacin como prctica y como representacin puede apreciarse en la obra estrenada en el teatro Alhambra en 1923, La isla de las cotorras, cuando el personaje del Loro se refiere a la corrupcin existente en Cuba, remontndose a la llegada de Coln, en los siguientes trminos: Como a todos les gustaba el sabroso chilindrn, a una playa donde haba de chivitos un milln, la del chivo le nombraron, y del chivo se qued, y de chivos todava se alimenta la nacin, [……….]14La construccin simblica del chivo como representacin de los negocios fraudulentos, sin duda, propici su utilizacin en caricaturas y obras satricas por su excelente ductilidad para esos medios, pero tambin por la fcil comunicacin establecida con un pblico conocedor del signo utilizado y a la vez partcipe de su creacin y uso. Otras denominaciones alegricas fueron apareciendo para expresar las distintas prcticas en la poltica, tal es el caso de muidor, bombn, copo, brava y cambiazo, entre otros. Muidor y bombn se aplicaban a personas que, en el primer caso, se dedicaban a hacer arreglos electorales dudosos y, en el segundo, a quienes sin participar directamente en los combates polticos siempre aparecan ocupando puestos en la administracin pblica. Segn Mrquez Sterling: “A los ‘levitas’ de la colonia los sustituan los ‘bombines’ de la repblica”.15 Ambas conductas eran rechazadas desde una perspectiva tica, pero eran parte de los mecanismos del poder. Las denominaciones de copo, brava y cambiazo, por su parte, se referan a mtodos utilizados por los partidos polticos para dominar las elecciones: “ir al copo” significaba la intencin de un partido de acaparar todos los puestos electivos para lo cual el control de las Juntas de Escrutinio era fundamental; “dar la brava” era cambiar los votos

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74de los colegios electorales a favor de un partido o candidato, algo similar al “cambiazo”, aunque este se relacionaba con el remplazo en el resultado de las elecciones. El ms conocido por el pueblo fue el “cambiazo del cabo de la vela” que se produjo en 1916, cuando la reeleccin de Mario Garca Menocal, en alusin a la alteracin en los partes electorales realizada en la Direccin de Comunicaciones en la madrugada del 2 al 3 de noviembre. Estas ltimas denominaciones, es decir, copo, brava y cambiazo, tienen una doble significacin, pues los propios polticos las asumieron para designar determinadas acciones en su prctica poltica, en particular la voluntad de “ir al copo”, sin embargo, tambin fueron parte de las representaciones con las cuales la poblacin se refera a tales prcticas ticamente repudiables. Entre los smbolos ms utilizados y de mayor permanencia se cuenta, sin dudas, la “botella”. Dicha prctica no naci con la repblica, pues vena desde antes, pero muchos contemporneos y tambin historiadores posteriores asocian su surgimiento al gobernador de la segunda intervencin norteamericana, Charles Magoon. Ciertamente, el uso de este smbolo se generaliz a partir de entonces para referirse al cobro de un salario otorgado a cargo del presupuesto pblico sin realizar ningn trabajo. La “botella” tuvo una larga vida como prctica poltica y como construccin simblica. Fue uno de los elementos principales para el funcionamiento del sistema poltico basado en la relacin caudilloclientela poltica, desde el poder, para repartir nombramientos ficticios dentro de la administracin pblica con los cuales se corresponda a la clientela, se favoreca a amigos y se neutralizaba a potenciales opositores. Esta fue una de las prcticas ms criticadas, por ello los partidos polticos tuvieron que inscribir en sus programas promesas de moralizacin, de inamovilidad de los empleados pblicos para que esos puestos no estuvieran al servicio de los intereses polticos, etctera. En realidad no fue hasta el gobierno de Carlos Pro Socarrs (1948-1952) que se cre el Tribunal de Cuentas, concebido en la Constitucin de 1940 como mecanismo para evitar la corrupcin en el manejo de los fondos pblicos, pero cuya efectividad fue nula en medio de un gobierno que se grab en la memoria popular por sus escndalos de malversacin, entre otras caractersticas, adems de por haber sido depuesto por un golpe de Estado. El dibujo de una botella en una caricatura o en un cartel, o el uso del vocablo en cualquier frase popular, verso o dentro de las representaciones humorsticas o satricas funcionaba perfectamente, pues el receptor conoca muy bien su connotacin simblica. En la coyuntura de las elecciones mencionadas de 1916 surgi una copla popular, a partir de la “conga” que identificaba a los liberales, la cual ridiculizaba el uso de la “botella” y los manejos corruptos en los comicios: Azpiazo me dio botella y yo vot por Varona, a, a, a, La Chambelona. La “botella” y el “botellero”, es decir, la persona que disfrutaba los beneficios de la botella, constituan pun-

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75tos focales dentro del rechazo a la corrupcin y los corruptos, sin embargo, el mecanismo subsisti hasta el fin de la repblica burguesa. Era parte del sistema y su funcionamiento. En ocasiones, cuando la “botella” adquira proporciones desmesuradas se le lleg a denominar “garrafn”. Dentro de las construcciones simblicas de esta poca que expresan el sentido de frustracin y adquieren gran relieve, debe considerarse el modo de reescribir algunos valores de alta significacin moral y patritica: se trata del mambisado y sus figuras ms representativas, los ms formando parte de los hombres dignos del pas, mientras otros integraban el grupo de los polticos corruptos que domin la poltica hasta la dcada del treinta. Por ello, el pueblo se sinti ante el dilema de aprobar al mambisado en conjunto o enfrentar a los corruptos, aunque provinieran de ese sector. Los mambises eran parte de la sociedad, estaban vivos y actuantes, se reunan en su organizacin de veteranos, contaban sus historias legendarias y, como grupo, representaban lo mejor de la historia heroica del pas, aunque en su interior estaban muy lejos de constituir un cuerpo homogneo desde la perspectiva de sus posiciones polticas y sus proyecciones acerca de la nacin que deba ser. Parte importante de ese mambisado se hallaba envuelto en las redes de la relacin clientelar fomentada dentro del sistema poltico, agrupndose en los partidos Liberal o Conservador, o siguiendo a su antiguo jefe en el Ejrcito Libertador dentro de cualquier agrupacin poltica, pero otros combatan las prcticas polticas establecidas, criticaban la corrupcin y hubo algunos que llegaron a comprender ms a fondo los problemas y denunciaron la presencia dominante extranjera. No pocos dejaron testimonio de su inconformidad con la situacin existente en Cuba, algunos publicados en la prensa de entonces o en memorias y otros en documentacin personal indita, como el caso de Federico Prez Carb, quien en la carta del 19 de mayo de 1939 al dominicano Federico Henrquez y Carvajal, se refera a la triste conmemoracin de esa fecha y preguntaba: “Qu dira Mart que tanto enalteci las virtudes de su pueblo y que tanto confi y esper de ellas?...”. Para aadir despus: “Maana, fiesta nacional; hoy de dolor. Ironas del destino. Habr mucho discurso, mucho verso, mucho desborde patritico y muchas alabanzas a nuestros Grandes; pero de labios afuera; dentro ¡nada!...”.16 Esto lo deca cuando an haba un presidente salido de aquella generacin: el coronel Federico Laredo Br, por cierto, el ltimo, pues ya la hegemona poltica pasaba a manos de la generacin salida del proceso revolucionario de los aos treinta. En medio de tan complicada y sensible situacin, la solucin lleg por la va de poner en la picota pblica a los polticos de manera individual y preservar al cuerpo con su valor simblico para la patria. De esta forma, el mayor general Jos Miguel Gmez dej de ser tal para convertirse en “Tiburn”, con el aadido de “se baa, pero salpica”; el mayor general Mario Garca Menocal se convirti en “El Mayoral” que, segn la “conga” conservadora, iba “sonando el cuero”, y Alfredo Zayas, quien haba pasado buena parte de la guerra de 1895

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76en las crceles espaolas y tena la aureola de ser hermano del general Juan Bruno Zayas, era “El Chino” o “El pesetero”. Se concentraba as la repulsa en las individualidades, que aparecan separadas de su origen independentista y, en la mayora de los casos, mamb. Esto puede tener una segunda lectura: el rechazo individual no implica necesariamente el cuestionamiento al sistema, de manera que la concentracin de tales sentimientos alrededor de la figura del presidente no haca peligrar al sistema, al menos, de momento. La reaccin sealada, es decir, la negacin de los valores histricos de antiguos grandes jefes mambises dentro de la imagen popular y, al mismo tiempo, la preservacin de los valores morales y patriticos del cuerpo, puede verse en una cuarteta popular transmitida por tradicin oral: Quin era Jos Miguel cuando Mximo viva? En el pas no se oa hablar de Zayas ni de l.17As el pueblo contrapona a Mximo Gmez, el Generalsimo, con las figuras de quienes haban llegado a la poltica republicana para marcarse con el signo de la corrupcin. Otras figuras de la independencia tambin eran enarboladas para expresar la frustracin republicana, este es el caso muy especial de Jos Mart. Expresiones como: “esto no fue lo que so Mart” o “Mart no debi de morir” fueron cotidianas en los primeros lustros republicanos. La generacin que vivi el trnsito del colonialismo espaol a la instauracin de la repblica el 20 de mayo de 1902, pasando por la intervencin norteamericana y transitando por el decurso republicano en sus primeros aos, fue marcada por el impacto de la frustracin, lo que llev a un sentimiento colectivo de desastre. En aquel contexto, Mart emerga como smbolo de lo mejor, de quien no habra permitido tal estado de cosas, de quien hubiera podido impedir aquel descalabro. Esto qued plasmado en las frases citadas, en dcimas populares y otras muchas formas, como la famosa “Clave a Mart”, de la segunda dcada del siglo, que perdur en la memoria colectiva, y donde se deca: Si l fuera el Maestro del da otro gallo cantara la Patria se salvara y Cuba sera feliz. Dicho sentimiento de frustracin y, en cierto sentido, de impotencia expresado colectivamente, buscaba sus referentes en los grandes paradigmas de la nacin, en quienes representaban lo opuesto a la poltica de los “chivos” y las “botellas”, en quienes eran la anttesis de los polticos que “se pegaban al jamn”. No obstante, su simbolismo se pona en funcin del lamento frente a la realidad donde, para muchos, se haban “traicionado” los ideales de los grandes patriotas. Sin embargo, en la dcada del veinte aflor una generacin que transformara el valor simblico de las magnas figuras de la patria: ya no se trataba de lamentar su ausencia, sino de concluir la obra inacabada, de completar la revolucin. Otra vez se volvera a recurrir al mambisado y a sus grandes representantes, pero para impulsar la accin, iniciando as un nuevo ciclo revolucionario –la llamada Revolucin del treinta–

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77tambin frustrado, pero que dej cambios importantes en la sociedad y en las actitudes colectivas. A pesar de ello, muchas de las construcciones simblicas en torno a las prcticas polticas corruptas permanecieron o se reprodujeron, al multiplicarse los manejos corruptos desde el poder. Las construcciones simblicas examinadas tienen un papel importante en la dinmica de la sociedad cubana de la primera mitad del siglo XX: fueron formas de resistencia frente al poder encarnado en una repblica que no responda a las expectativas mayoritarias de Cuba. Pudieran verse como formas simples de resistencia, pero animaban el sentido crtico, el rechazo moral, a partir de lo cual se movilizaba la conciencia cvica de la poblacin. La corrupcin poltico-administrativa no constitua la raz de los problemas cubanos, pero s la manifestacin ms clara y visible de la frustracin republicana y, frente a ella, la representacin simblica actu como flagelo popular, sentando la base primaria para combates mayores. Este rechazo fue adquiriendo formas organizadas de lucha, en especial la dcada del veinte marc ese viraje. El movimiento por la Reforma Universitaria iniciado en 1922, la Protesta de los Trece del 18 de marzo de 1923 y el Movimiento de Veteranos y Patriotas entre 1923 y 1924 con su impacto en el conjunto de la sociedad, por citar algunos ejemplos notables, fueron acciones que lograron movilizar al pueblo tras metas de acabar con la corrupcin dentro de la vida institucional cubana. Algunos integrantes de aquella generacin llegaron ms lejos en el planteamiento de los problemas cubanos. Despus del proceso revolucionario de los aos treinta, las formas de hacer poltica tuvieron que cambiar. El protagonismo de diferentes sectores populares en aquel proceso obligaba a tomarlos en cuenta y buscar un nuevo pacto social. En ese contexto, nacientes partidos con estructuras modernas se aduearon de las luchas electorales. Algunos surgieron como desprendimientos de los tradicionales con nuevos nombres y programas, y dentro de esa multiplicidad se destac el Partido Revolucionario Cubano (Autntico), que arrastr a buena parte del electorado tras su programa de reformas, en una coyuntura en la cual el reformismo alcanz especial fuerza como esperanza de solucin. Hombres de la generacin salida del proceso revolucionario de los treinta alcanzaban la hegemona poltica, sustituyendo a la anterior salida del mambisado. La nueva hornada de polticos que se adue de las luchas electorales, representada en las figuras de Fulgencio Batista y Ramn Grau como los dos grandes polos de atraccin, tuvieron que contender a travs de alianzas y coaliciones para aspirar al triunfo, pero en ese ejercicio fueron asimilando buena parte de las viejas formas de hacer poltica. Se trataba de nuevos grupos llegados al poder para el enriquecimiento personal y de sus allegados; as se reproduca el fenmeno, lo que, a su vez, provocara nuevas expresiones de frustracin y rechazo.La fuerza movilizadora de ChibsEn 1934 surgi el Partido Autntico, al cual se adhiri Eduardo Chibs

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78en 1937 para con rapidez destacarse como uno de sus lderes de mayor fuerza. Las elecciones para delegados a la Asamblea Constituyente de 1940 lo demostraron: el joven Eddy Chibs obtuvo el segundo lugar; el primer lugar correspondi a Ramn Grau San Martn, quien encabezaba el PRC (A). A su vez, este partido fue el que ms delegados eligi para la Asamblea con un total de dieciocho y tambin obtuvo la ms alta votacin con 225 223 votos. El autenticismo mostraba la fuerza electoral obtenida con su programa nacional reformista y sus consignas nacionalistas, y Eduardo Chibs emerga como uno de sus ms fuertes puntales. El Comit Gestor del Partido Autntico haba estado integrado fundamentalmente por antiguos miembros del Directorio Estudiantil Universitario, organizacin que haba participado de modo destacado en el proceso revolucionario de los aos treinta, por lo cual Chibs se integraba a un proyecto emanado de su generacin y de sus propias luchas. Debe recordarse que desde su ingreso en la Universidad de La Habana en 1926, se incorpor a los combates estudiantiles contra Gerardo Machado, formando parte del Directorio Estudiantil Universitario contra la Prrroga de Poderes de 1927; desde entonces fue un activo participante en el panorama poltico cubano. El nuevo partido, por su parte, se presentaba como el continuador de la “revolucin autntica”, teniendo como punto de referencia el perodo del gobierno provisional presidido por Grau entre 1933 y 1934. Su jefe era el “mesas” y se converta en la esperanza de amplios sectores de la poblacin para los cambios que el pas requera, aun cuando su programa implicaba la accin dentro del sistema, no su transformacin. En el seno del Partido Autntico, el ascenso de Eduardo Chibs fue notable: en las elecciones generales de 1940 sali electo el representante nmero uno del PRC (A) a la Cmara por La Habana por la votacin alcanzada. En las de 1944 result elegido senador, hecho que se repiti en 1950. Su presencia en el Congreso, tanto en la Cmara como en el Senado, fue muy activa, en especial fustigando los negocios turbios, denunciando los fraudes y “chivos” en el gobierno de Fulgencio Batista (1940-1944), mientras que en el perodo presidencial de Grau (19441948) el problema sera mucho ms complicado por su pertenencia al partido de gobierno y por sus vnculos con el presidente. El Partido Autntico haba concurrido a las elecciones en alianza con el Partido Republicano, reconocido representante de las fuerzas conservadoras. Dentro de tan extraa alianza, Grau bas su propaganda electoral en la promocin del desarrollo econmico del pas, creacin de la marina mercante, mejoras sociales, higienizacin de los bateyes, electrificacin de los campos y la elaboracin de las leyes complementarias de la Constitucin, tales como la creacin del Tribunal de Cuentas, la carrera administrativa y el presupuesto nacional, medidas contra la corrupcin. El triunfo de la Alianza Autntico Republicana en las elecciones del 1 de junio de 1944 –primeros comicios celebrados por el sistema de

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79voto directo establecido en la Constitucin de 1940– se obtuvo por amplia mayora de ms de un milln de votos, de ah que Chibs lo denominara “la jornada gloriosa del 1 de junio” y anunci el inicio de la transformacin del sistema econmico, social, poltico y administrativo. Comenzaba el “Go bierno de la Cubanidad”. A partir de tales expectativas, la actuacin del gobierno de Grau constituy una frustracin de gran envergadura que incidira en la actitud del senador Chibs. El incumplimiento de las promesas electorales y del programa autntico durante el gobierno de Grau fue incitando la crtica de Chibs, aunque desde las filas del autenticismo. Pretenda una gestin honesta acorde con sus bases programticas y tambin planteaba que el partido enrumbara hacia las siguientes elecciones sin pactos que ataran su actuacin, lo cual provocaba reacciones de rechazo en muchos aspirantes a ganar posiciones mediante alianzas; de igual forma fue un fuerte opositor a la campaa que se empez a organizar desde 1946 con vistas a propiciar la reeleccin de Grau, para lo que se necesitaba una reforma constitucional, pero las crticas a la corrupcin fueron las de mayor resonancia dentro del discurso chibasista. Entre 1946 y 1947, las denuncias de Chibs sobre los “chivos” del gobierno, las malversaciones y toda forma de corrupcin fueron incrementndose, y ello produjo un distanciamiento con el presidente que terminara en ruptura. Entre las figuras del gobierno ms fuertemente criticadas estaban el ministro de Educacin, Jos Manuel Alemn, y Carlos Pro, quien ocup los cargos de Primer Ministro y Ministro del Trabajo. En el caso especfico de Alemn, los ataques no slo provenan de Chibs, pues su escandaloso manejo de los fondos del Inciso K, el financiamiento y uso de los grupos pandilleros con esos fondos, la creacin del Bloque AlemnGrau-Alsina (BAGA) con vistas a las elecciones y su extraordinario enriquecimiento personal eran muy conocidos. La inconformidad con la gestin del gobierno de Grau, el cual no promulg las leyes prometidas y hasta vet el intento de Ley de Presupuesto, especialmente el alto grado de corrupcin que se adue del aparato poltico, condujo a la formacin de un grupo dentro del Partido Autntico denominado los “inconformes” o los “ortodoxos”, por cuanto reclamaban el rescate del programa original autntico. Este grupo se fue integrando desde 1946 y tuvo en Eduardo Chibs a su lder, quien an trabajaba desde las filas autnticas defendiendo la unidad del autenticismo. La brecha entre los “ortodoxos” y el gobierno se ira ampliando hasta que el 15 de marzo de 1947 se produjo la fundacin del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) con el que se fusion el ABC. El desprendimiento oficial de un grupo importante del autenticismo para crear su propio partido constituy un golpe fuerte para los autnticos. No obstante la heterogeneidad del partido, de los vaivenes que impusieron las aspiraciones de distintas figuras y grupos a su interior, sin duda, la gran fuerza ortodoxa radic en la figura de Eduardo Chibs. Ya co mo grupo de oposicin, el Partido Ortodoxo, por boca de su lder, se convirti en un acusador constante y agudo de los negocios

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80sucios del gobierno, de su extraordinaria corrupcin. Esto desat un fuerte movimiento de masas en torno a las grandes campaas contra la corrupcin, que inclua a diversos sectores sociales. La “escoba” era asumida en su valor simblico de manera masiva. En las elecciones de 1948 contendieron la Alianza Autntico Republicana, la Coalicin Liberal Demcrata y con candidaturas independientes el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) y el Partido Socialista Popular. Los ortodoxos llevaban la candidatura de Eduardo Chibs y de Roberto Agramonte. No interesa exponer aqu las vicisitudes internas de la ortodoxia antes de llegar a conformar su candidatura, slo es preciso destacar que los intereses electorales se pusieron de manifiesto y la posicin antipactista de Chibs lleg a estar en minora. Al final, se estructur el “ticket” presidencial ortodoxo, el cual obtuvo el tercer lugar en los comicios con 324 634 votos. La alianza gobiernista gan con 905 198 sufragios y en segundo lugar qued la Coalicin con 599 364. El do Carlos Pro-Guillermo Alonso Pujol alcanzaba el triunfo, aunque con una merma en la votacin respecto a la alcanzada por la propia Alianza en 1944. Se iniciaba el “Gobierno de la Cordialidad”. Eduardo Chibs libr intensas batallas contra la corrupcin del gobierno de Pro, alcanzando entonces el momento ms alto de su popularidad. La profundizacin de los vicios que haban caracterizado a la administracin anterior se hizo patente, as como un mayor entendimiento con los intereses norteamericanos. Frente a esto, Chibs denunci de manera sistemtica el enriquecimiento de Pro, sus familiares y amigos, con datos precisos en muchos casos acerca de las fabulosas fortunas que se estaban amasando. La denuncia del senador ortodoxo Pelayo Cuervo Navarro, ante el Senado, de la gigantesca malversacin del gobierno de Grau, que haba recaudado ms de mil millones de pesos y dejaba un dficit superior a cien millones provoc un gran impacto. Ante la falta de accin dentro del gobierno, Pelayo Cuervo present la denuncia al Tribunal Supremo de Justicia en lo que constituy la Causa 82/49. Aquello se convirti en un escndalo maysculo, aumentado cuando el 4 de julio de 1950 fue robado el expediente del juzgado. Esta denuncia era parte de las batallas ortodoxas encabezadas por Chibs. Artculos y discursos del lder llegaban a amplios sectores de la poblacin. Su llamado expresado en frases como “¡A la crcel los ladrones del erario pblico!”, sus argumentadas denuncias sobre las riquezas fabulosas de polticos que poco antes eran personas de modestos recursos, su exaltacin de la honestidad y la vergenza como valores fundamentales para el ejercicio de la poltica, constituyeron las palancas fundamentales para desarrollar un movimiento de masas incuestionable en lo que, sin duda, actuaba el precedente histrico examinado y la reproduccin de las causas que lo haban engendrado. Como se ha apuntado, en el discurso chibasista se incluan otras demandas que correspondan con el programa del partido, pero tambin de sarroll campaas de denuncia contra lo que llam el “pulpo” elctrico y el telefnico, cuando aumentaron sus tarifas con la

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81complicidad de los gobiernos autnticos. Sus consignas y el programa ortodoxo tenan un alcance ms amplio; sin embargo, el combate contra la corrupcin lo llev a la cima de la popularidad y su consigna de “Vergenza contra dinero” penetr en la poblacin. Indudablemente, la reproduccin de los “males y vicios” de la repblica durante el perodo posterior al proceso revolucionario de los aos treinta, propici que se multiplicara, a su vez, el rechazo y la convocacin al pueblo desde una perspectiva tica. La historia vivida por el pueblo cubano en las primeras dcadas del sigloXX brindaba un marco propicio para un lder carismtico y combativo como Eduardo Chibs, quien fuera capaz de generar una movilizacin extraordinaria, donde predominaba el llamado cvico, en la que el factor moral se erigi en el elemento ms reconocido por la poblacin. Una vez ms, la conciencia cvica se constitua en fuerza motora para la accin colectiva. Notas1 Bohemia (La Habana) 43(34):35; 26 ag. 1951.2 Ibdem, p. 55.3 Ibdem, p. 103.4 Ibdem, p. 61.5 Ibdem, p. 62.6 Ibdem, pp. 70, 98.7 Ibdem, p. 93.8 Ibdem, p. 101.9 Ibdem, p. 96.10 Vignier, E. y G. Alonso. La corrupcin poltico administrativa en Cuba. 1944-1952 La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1973. pp. 185186.11 Gutirrez, Ral. El pueblo opina sobre el gobierno actual y los posibles presidentes. Bohemia (La Habana):124-127, 146 y 149; 16 dic. 1951.12 Los datos de afiliaciones estn tomados de Riera, Mario. Cuba poltica (1899-1955) La Habana: Impresora Modelo S. A., 1955.13 Ibdem, p. 236.14 En: Teatro Alhambra. Antologa / Sel., prl. y notas Eduardo Robreo. Ciudad de La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1979. p. 347.15 Mrquez Sterling, Carlos. Historia de Cuba desde Coln hasta Castro New York: Las Americas Publishing Company, 1963. p. 276.16 Archivo Museo Emilio Bacard. Fondo Federico Prez Carb, carpeta 17.17 Feijo, Samuel. Cuarteta y dcima Ciudad de La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1980. p. 20.

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82El ser humanoEl 26 de agosto se cumple el centenario del natalicio de Eduardo Ren Chibs Ribas, figura importante de la poltica del siglo XX en Cuba. Su nacimiento ocurre en Santiago de Cuba en 1907. Hijo del ingeniero Eduardo Justo Chibs Guerra, oriundo de la actual provincia de Guantnamo, y de Gloria Ribas Agramonte, de origen camageyano, cuya madre, la mambisa Luisa Agramonte, era hermana de un coronel y mdico cirujano del Ejrcito Libertador, y prima del Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz. De esta estirpe de patriotas le viene al revolucionario por sangre lo que sera su rebelda y, adems, enriquecieron su formacin y desarrollo poltico. Proveniente de una familia, de muy buena posicin econmica, fue un nio y un joven privilegiados, por ello cursa sus estudios en las mejores escuelas de la poca como el Colegio de Beln, cuna de varios lderes revolucionarios, entre ellos el ms eminente, Fidel Castro Ruz. Quizs los curas jesuitas que ofrecan el magisterio all, desconocan que en sus aulas se fraguaban los futuros defensores de repartir o multiplicar los peces y los panes para todo el pueblo, y erradicar sus calamidades y miserias. Esos sentimientos estuvieron siempre presentes en Eduardo R. Chibs, un ferviente admirador de la obra del Apstol Jos Mart, en sus batallas desafiando el peligro hasta las ltimas consecuencias. Desde 1944 hasta 1951, ao de su muerte, radic su domicilio en la torre del edificio Lpez Serrano,1 situado en Calle 13 esquina a L en el Vedado, en el piso catorce, donde un apartamento pequeo no slo le serva como vivienda y refugio para su descanso, sino tambin como oficina del partido que haba fundado. Durante nuestras visitas y permanencia en dicho apartamento comprobamos su pequeez y llegamos a la conclusin de que sus dos ltimos inquilinos (el actual es el coregrafo Ramiro Guerra2) han sido ms grandes que el propio recinto. Est compuesto por una sala comedor de 7 x 5 metros una cocina de 3,50 x 1,20, un cuarto dormitorio de 4 x 6 y un bao de 4 x 1,20; los pisos de cada habitacin son de mosaicos Eduardo Chibs, un hombre con vergenza Leonel F. Maza Gonzlez Lourdes Castelln SnchezInvestigadoresA Fidel, por cumplir los sueos e ideales de Eduardo R. Chibs.

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83con diferentes diseos y colores destacndose, el verde, amarillo, carmelita y gris, los cuales forman hermosas figuras geomtricas como si fueran alfombras, caractersticas muy propias del art dec. An se puede apreciar en sus paredes, de bien alto puntal, diferentes capas de pintura, preferentemente blanca, que las han cubierto a travs de los aos. Las doce ventanas le dan un toque de frescura al inmueble, y le ofrecan al revolucionario una gran vista al mar, as como de La Habana, lo cual le proporcionaba la tranquilidad necesaria para soar y planificar cada discurso y accin revolucionaria. En la poca de Chibs, all se hizo poltica y denuncias a favor del pueblo cubano y, actualmente, se ha convertido en depositario de la creacin coreogrfica y literaria de su actual ocupante. Muchas son las ancdotas sobre Chibs. Un hecho que podemos calificar de generoso y poco comn en esa poca fue su desprendimiento cuando recibe en herencia una parte de la colonia de caf, situada en Felicidad de Yateras, propiedad de su padre. El dinero que le fue otorgado una vez vendida, lo don para la construccin de una escuela con carcter gratuito para los nios pobres de la zona. Y en los ltimos momentos de su batalla contra la muerte le pidi a su secretaria, comprar un gran cake para enviar a dicho centro escolar. El maletn que utilizaba para sus documentos lleg a ser famoso no slo por el contenido que guardaba, sino tambin por el temor que inspiraba a los politiqueros y corruptos, pues en su interior trasladaba las pruebas que desenmascaraban a sus enemigos, desmoralizndolos. Tan temido fue que le dedicaron una comedia teatral titulada La maleta de Chibs, estrenada en el teatro Alczar. Chibs disfrutaba de su mascota, una singular cotorrita que poda haber sido su confidente y apoyo emocional. Este animalito repeta con gracia las frases que tanto escuchaba a su dueo: “¡Vergenza contra dinero! “¡Chibs presidente” y “¡Conchita, pan pala cotorrita!”. Tuvo relaciones amorosas con una mujer bella, Natasha, hija del lder comunista Julio Antonio Mella, quien demostr con creces su amor: incluso despus de la muerte de Chibs le guard luto. Siempre fue respetuoso con sus relaciones sentimentales, las cuales cuidaba y protega de cualquier mal entendido que pudiera ser utilizado para daar su obra poltica. Su imagen era parte de su propia existencia: vesta de forma sencilla, pero elegante, combinando la corbata y las medias; usaba camisa blanca, cinto y zapatos negros, y adems se haca los lazos de su corbata con impecable precisin. Tena cuatro corbateros clasificados por colores, entre los cuales no estaban ni el amarillo ni el verde, a los que detestaba. Debe haber sido un castigo, quizs involuntario, convivir con dichos colores en los pisos del cuarto de bao y dems habitaciones de su apartamento. Cuidaba de su presencia a tal punto que se afeitaba dos veces al da, aunque esta actividad no la realizaba como cualquiera frente a un espejo, generalmente en el bao, sino caminando por la sala mientras daba instrucciones a su secretaria.

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84Sus gustos musicales y lecturas literarias formaban parte de sus ratos de ocio. Asiduamente oa la msica de diferentes compositores entre ellos, Bach, del cual deca: “¡Escuchar a Bach es el contraste de mi escandalera!”, refirindose a su enrgica forma de arengar en cada combate con su ms poderosa arma, la palabra. Tambin disfrutaba discos de Mozart, Beethoven, Tchaikovsky, Chopin, Brahms y Wagner, entre otros. Posea un busto de Mart y no falt en su mesa un libro del Apstol con pensamientos de este subrayados, as como dos Biblia en las cuales estaban marcados los versculos relacionados con palabras como valenta, honestidad y esfuerzo, que conforman su personalidad. Al escribir posea un estilo o quizs una mana: necesitaba tener sobre su mesa de trabajo no menos de veinte lpices afilados, de creyn fino y muy negro, papel, informaciones de archivos y documentos, junto a profusas cajetillas de cigarrillos y fsforos, con sus correspondientes ceniceros en varios lugares, pues fumaba mucho mientras trabajaba. Escriba muy rpido y no borraba, si acaso tachaba alguna que otra palabra. Desde joven lea muchsimo, y entre sus autores favoritos estaba Jos Mart, a quien admiraba y del que fue un fervoroso seguidor. Sus lecturas en casa las haca los domingos… ¡para refrescar!, as le deca a su secretaria cuando le preguntaba. Los textos iban desde las llamadas novelas de bolsillos hasta cuentos. Algunas ancdotas sobre Chibs, las conocimos a travs de Gerardo Rodrguez, nico empleado de la poca del edificio Lpez Serrano, an vivo, quien guarda con cario una foto de 8 x 12 cm que Chibs le regalara, donde se puede apreciar al lder de la ortodoxia caminando por una calle de la Habana Vieja, vestido con traje blanco, llevando entre sus dedos un cigarrillo. Segn Gerardo, era un hombre muy correcto, corts, que siempre lo saludada. En ocasiones, Rodrguez fue al apartamento cuando era solicitado para realizar algn trabajo de mantenimiento. Un da le coloc un entrepao en la parte de arriba del bao para guardar la maleta. Siempre atento, le daba las gracias. Recuerda adems, como algo jocoso, que Chibs al saludar a otro empleado que se nombraba Avelino, le deca Humbelino. No pocas veces le vio bajar o subir los 318 escalones que hay desde la entrada del edificio hasta la torre por alguna razn especial o quizs de seguridad, pues en una ocasin el elevador se desprendi de su mecanismo, y esto provoc un gran susto entre los que lo acompaaban, aunque afortunadamente no ocurri un accidente gracias a los flamantes muelles que tena el aparato. Diferentes lugares de la capital fueron cotidianos en el quehacer del joven estudiante y luego lder de la ortodoxia. En la Habana Vieja, el bufete de don Fernando Ortiz y la alcalda, que tena su sede en el Palacio de los Capitanes Generales, fueron testigos de su lucha poltica contra los gobiernos corruptos. El Capitolio Nacional de Cuba tambin guarda en sus paredes el timbre de su voz, cuando tiene su primera participa cin parlamentara por el Partido Revolucionario Cubano (Autntico) sobre la Constituyente de 1940.

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85Chibs fue un hombre estimado y respetado por muchos intelectuales de su poca, entre ellos, don Fernando Ortiz, Emilio Roig de Leuchsenring y Juan Marinello, quien lo catalog como cabalmente honesto y sencillo. Alrededor de su figura se vincularon jvenes de la talla de Fidel Castro Ruz. Sus ojos azules parecan luminosos: esto se produca por el uso de unos espejuelos de gruesos cristales acompaados de su vergenza y honestidad, caractersticas inusuales entonces entre los que practicaban la poltica en Cuba.El polticoLa primera mitad del siglo XX en Cuba, tuvo en Chibs a la figura ms destacada. Su palabra y comportamiento estaban comprometidos con sus compaeros del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos). Fue un hombre transparente en su manera de actuar y decir a su pueblo, por ello proclamaba: “[…] tenemos fe en el pueblo de Cuba” y “Cuba necesita despertar”, afirmaciones que le daban seguridad y confianza en la unidad para avivar los sueos dormidos en la mayora de los cubanos. Al final, se cumplieron sus deseos. Con slo veintin aos, es encarcelado nuevamente, en la causa 228 de 1929 impuesta contra l y un grupo de cubanos por el delito de conspiracin y sedicin. Es detenido el 25 de febrero de ese ao, y cumple prisin en el Castillo del Prncipe hasta los primeros das de julio, cuando es liberado junto a sus compaeros, por la presin del pueblo. Otro hecho enfrentado por Chibs es su separacin de la Universidad de La Habana, bajo acusaciones falsas. Tambin fue llevado a consejo de guerra junto a su padre y Carlos Pro Socarrs, acusados del delito de lanzar un petardo desde el auto que perteneca a su familia contra un tranva que transitaba por las calles K y 17, en el Vedado. En la vista oral, Chibs acusa al dictador Gerardo Machado y niega los cargos. Casualmente, funge como uno de los taqugrafos el sargento Fulgencio Batista. Despus de esta situacin marcha a los Estados Unidos, por gestiones de su padre para protegerlo de los esbirros junto con Eduardo Agramonte y arriendan en Nueva York un apartamento. En ese ciudad funda Unin Cvica de Exilados Cubanos (UCEC). A la cada de Gerardo Machado regresa y se vincula a don Fernando Ortiz y a otros jvenes en la redaccin del proyecto de la Constitucin transitoria, quienes estudian y profundizan en cada cuartilla de ese documento buscando la posibilidad de enriquecerla a partir de los intereses de los estudiantes. Testigo de estos acontecimientos fue Conchita Fernndez, por aquel entonces secretaria de Ortiz, y que aos ms tarde describe la actitud de Chibs de este modo: “[…] una de las cosas que ms le molest siempre fue el pacto de conveniencia del 4 de septiembre entre Batista y sus sargentos y el Directorio Estudiantil, a pesar de que haba estado entre los entusiastas que […] se uni a los golpistas con la creencia de que realmente se haban complotado para ofrecerle algo al pueblo”.3Luego se enfrenta a otro personaje: Ramn Grau San Martn, pues el revolucionario reconoce que estaba lleno

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86de debilidades ante los problemas existentes en esa etapa en Cuba. A nadie le convena la postura digna y crtica del lder capaz de denunciar cada abuso que se cometa contra el pueblo. Sus enemigos polticos comenzaron a tildarlo de loco, desequilibrado y anormal, pero la realidad era otra, porque cada atropello y sus denuncias eran pruebas irrefutables de lo que planteaba. Fue un admirador y fiel seguidor de Antonio Guiteras Holmes, asesinado en El Morrillo, Matanzas. Se conoce que su admiracin por Guiteras fue tanta que cada 8 de mayo iba a rendirle tributo al lugar de su cada. En su primera visita, encontr un busto del cabo que cometi el crimen e, indignado, busc una mandarria en una construccin cercana y lo demoli. Luego lo relat en su programa radial ratificando as sus sentimientos de amistad y lealtad a la memoria del hermano muerto por los mismos ideales que l enarbolaba, por el mejoramiento del pueblo. Otro gesto de Chibs y de su cubanidad fue su ruptura con el autenticismo de Grau. Sobre este hecho Conchita record que se haba originado una tormenta poltica dentro del partido. Ella narra ese momento de la siguiente forma: “‘El viejo maricn y pendejo este me tiene hasta los cojones…’ –dijo Eddy–, y los manengues del Partido, que ya venan trabajando desde haca algn tiempo por neutralizarlo polticamente, le fueron para arriba y lo acusaron de qu s yo cuntas cosas. Les respondi acusndolos a todos de traidores a la memoria de Guiteras”.4Chibs le dedic todas sus fuerzas a la ortodoxia, cuyo proyecto fue considerado como la gran revolucin tica de la poca, pues pretenda llevar a la prctica los ideales del Apstol Jos Mart, para lo cual redact una declaracin de principios el 19 de mayo de 1947. La base fundamental de este documento fue el programa con que se inscribi en el Tribunal Superior Electoral el 31 de julio de ese ao. En su presentacin explic lo que representaba su partido para el pueblo cubano, el cual era, en sntesis, una esperanza para lograr cambiar y resolver los problemas en Cuba. A partir de ese ao 1947 a Chibs lo acompaara el lema que trascendi a la historia por su valor patritico: “¡Vergenza contra dinero!”, surgido cuando se postul para el Senado de la Repblica de Cuba. En las elecciones de 1948 se postula como candidato a la presidencia de la repblica y comenz su campaa electoral por el oriente del pas utilizando como smbolo una escoba y la consigna “¡Barrer a los ladrones del tesoro pblico!”; claro que una sola escoba no era suficiente para acabar con tantos ladrones. El resultado de los sufragios lo situaron en segundo lugar y a partir de ese momento se convierte en el primer candidato de la oposicin demostrando gran tenacidad con sus principios, aun sabiendo que haba ladrones, vividores y falsos ortodoxos. Su objetivo era uno: defender los derechos de la mayora del pueblo explotado. Debido a esto pierde su privacidad, pues su apartamento en la torre se convierte en refugio y esperanza de miles de personas que lo visitaban para solicitar su ayuda y compromiso de dar respuesta a cada inconformidad. Como es cono-

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87cido, se pasaban los das en su vivienda, y nunca Chibs acept soborno alguno por las gestiones realizadas: cuando comprometa su palabra, esta era sagrada. Su entrega al trabajo fue total. Se levantaba muy temprano y laboraba todo el da, parte de la noche y no pocas veces entrada la madrugada. Escriba artculos para diferentes publicaciones, as como sus discursos, ya que le gustaba investigar cada tema para encontrar entre tanta mentira la verdad y hacerse eco de ella. Fue un asiduo visitante a la redaccin de diferentes medios de comunicacin, en particular de la revista Bohemia una de sus tribunas para desafiar al enemigo del pueblo. En 1949 se enfrenta con denuncias fuertes a la Compaa Cubana de Electricidad, batalla que lo llev a ser condenado a 180 das. Desde la crcel ofrece una entrevista al periodista Mario Kuchiln Sol, para la revista Bohemia, el 8 de mayo de ese propio ao, donde nuevamente ataca a sus enemigos y pregunta: Soy un loco? Lo que ocurre es que soy un caso anormal en un ambiente donde lo normal es robar y matar, donde los grandes magnates de los monopolios extranjeros sobornan magistrados y tienen el concepto de que cualquier problema cubano se arregla con dinero. Porque no me vendo, afirman los vendepatrias que soy loco, como antes calificaron a Tony Guiteras, el primer loco en conocer bien a la Compaa Anticubana de Electricidad […]. Desde su encierro, Chibs sigui denunciando los desmanes del momento, por ello el pueblo no lo abandon: iba a la prisin a demostrarle su apoyo y admiracin llevndole comida, frutas y dulces, los cuales reparta entre sus compaeros de prisin, demostrando as su solidaridad. El gobierno quiso controlar estas manifestaciones de apoyo, pero no le fue posible. Finalmente, a los cuarenta y cinco das ganaron sus seguidores, y le fue ofrecida la amnista. Al liberarlo, una multitud lo espera a las afueras del Castillo del Prncipe entre las doce y treinta de la noche, horario que no fue un impedimento para ser recibido con aplausos por los presentes. El lder reconoce al pueblo su muestra de cario, y al salir en libertad le escribe una carta a un amigo, de quien no hemos podido identificar su nombre, aunque por su valor histrico y humano decidimos darla a conocer: La Habana, agosto de 1949 Estimado amigo: Al abandonar la prisin del Castillo del Prncipe, donde estuve preso

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88por defender al pueblo contra el monopolio elctrico, hice llegar mi gratitud a travs de la CMQ a todos los ciudadanos que se interesaron por mi libertad. No obs tante ello quiero reiterarle por medio de estas lneas mi reconocimiento por su espontnea adhesin al suscribir la iniciativa de amnista popular presentada al Congreso de la Repblica en demanda de mi libertad. Muy agradecido a usted por su adhesin, reciba un afectuoso saludo de, Eduardo R. Chibs5La radio se convirti en su mejor tribuna, por su alcance nacional. La utiliz eficientemente como su mejor aliada, pues le permita el contacto sistemtico con la poblacin. Su oratoria y sus arengas contra la corrupcin fueron escuchadas, durante siete aos, a partir de 1944, en su espacio semanal del circuito de radio CMQ. La mayora de los oyentes eran sus seguidores, y los argumentos eran irrefutables. All, en 1947 da a conocer la propuesta del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos). Sus apasionados comentarios en busca de la verdad convencan. Su timbre de voz era parte de su personalidad. Con sus palabras bien coloreadas dominaba el arte de la comunicacin y nunca tembl, ni baj la intensidad con que se le escuchaba, demostrando tener conciencia de sus acusaciones y del peligro al cual se expona. Realiz innumerables denuncias trascendentales, pero la ms conocida y que le cost su propia vida fue la referente a las acusaciones al ministro Aureliano Snchez Arango. Por testimonio de Ral Roa Garca se conoce que Chibs desde su juventud, cuando era estudiante universitario, tena contradicciones con este personaje. Fueron incrementndose hacia tal ministro sus imputaciones por todos los medios de que dispona, en especial su programa radial. Los comprometidos en el caso trataron de neutralizarlo y, tal vez la radio se le hizo pequea en la feroz batalla contra Arango. En el estudio tres de radio CMQ, el 6 de agosto de 1951, asisti vestido de dril blanco a su alocucin al pueblo de Cuba, en la cual plante: Hace cinco aos acus al Ministro de Educacin Jos Manuel Alemn de robar los dineros del material y el desayuno escolar y de estar fomentando en Miami un imperio de propiedades inmuebles. El ministro Alemn y todos sus corifeos atronaron el espacio gritando: ¡Mentiroso! ¡Calumniador! ¡Presenta las pruebas! Yo no pude presentar las pruebas fsicas de que se estaban robando el dinero del Tesoro Nacional, pero segu repitiendo, firme en mi conviccin moral: ¡Se lo roban! Ahora acuso al gobierno de Carlos Pro de ser el ms corrompido de cuantos ha tenido la Repblica hasta el presente y a su ministro de Educacin Aureliano Snchez Arango –que ha sustituy el BAGA [Bloque Alemn-GrauAlsina] por el ASA– de robarse los dineros del material y el desayuno escolar y de realizar grandes inversiones en Guatemala y otras repblicas de la Amrica Central, al no permitirle el Gobierno de Washington entrar en los Estados

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89Unidos por sus antecedentes comunistas. […] Y Cuba, urgentemente, necesita despertar. Seguiremos llamando a la conciencia del pueblo cubano. [……….] La feliz conjuncin de factores naturales tan propicios a un gran destino, unido a la alta calidad de nuestro pueblo, slo espera la gestin honrada y capaz de un equipo gobernante que est a la altura de su misin histrica. Ese equipo no puede ser el del Gobierno actual […].Ni la falsa oposicin de Batista, que alienta el regreso de los coroneles, del palmacristi, la goma y la ley de fuga, con la taimada ayuda del comunismo internacional. Ni tampoco el grupo de despechados que sigue al ex presidente Grau. El nico equipo gobernante capaz de salvar a Cuba es el del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), con su lnea antipactista de la independencia poltica, que no admite transacciones ni componendas. ¡Compaeros de la ortodoxia, adelante! ¡Por la independencia econmica, la libertad poltica y la justicia social! ¡A barrer a los ladrones del Gobierno! ¡Vergenza contra dinero! ¡Pueblo de Cuba, levntate y anda! ¡Pueblo cubano, despierta!6Al concluir la alocucin, cuya parte final no se oy, se realiz un disparo en el vientre. Quienes lo vieron desplomarse sobre la mesa, en primera instancia creyeron que se trataba de un atentado, pero rpidamente comprendieron que Chibs haba sido su propio agresor. El sbado, en horas de la noche, le haba hecho una llamada a su secretaria para leerle el discurso antes mencionado, sobre lo cual coment Conchita: “[…] aunque en realidad, no lo ley completo, porque cuando pareca que iba a acabar, par y me dijo que el final sera una sorpresa”.7 Es de suponer que el desenlace estaba en su pensamiento. Muchas fueron las causas que pudieron influir en l a tomar esa fatal decisin, pero ese tema merece un trabajo ms profundo. Fue atendido en el Centro Mdico Quirrgico (actual Instituto de Neurologa y Neurociruga), donde permaneci desde la noche del 6 de agosto hasta su fallecimiento el 16 del propio mes. La noticia corri rpidamente por las calles. Fueron numerosas las manifestaciones de apoyo al lder de la ortodoxia. La presencia del pueblo en las afueras del hospital, era numerosa para seguir el parte mdico y ofrecer voluntariamente donaciones de sangre. Los ltimos das en la vida de Chibs fueron tambin de combate desde su cama de convalecencia, pues en todo momento estuvo pendiente de conocer las noticias sobre lo ocurrido, en particular la opinin del pueblo, y adems no estuvo ajeno, en esos momentos crticos, de que estaba en juego su vida. Las novedades las conoca a travs de Conchita cuando esta se encontraba a su lado en la habitacin del hospital, ya que durante esos das ella slo sala por algunos minutos para baarse y comer. Chibs insista en conocer si iba a morir. Conchita recuerda que “[…] quera dar sus ltimas instrucciones al Partido y darme instrucciones para que el segundo lunes de septiembre se hiciera un acto en el cafetal ‘Los Naranjos’ para abrir la escuela que l

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90estaba impulsando y demostrarle al Gobierno que, mientras ellos robaban y tenan abandonadas las escuelas, los ortodoxos fundaban una para los campesinos”.8 Esta preocupacin reafirma su sentimiento patritico por el mejoramiento y bienestar del pueblo. Rememora adems Conchita: Dos das antes de morir, l me pidi que le diera la mano […], la acarici, con mucha ternura, de verdaderos hermanos o compaeros. Me mir con aquellos ojos azules suyos, estrbicos, pero que eran como chispas, y me dijo con la voz de una persona sin fuerzas: “Me siento solo, muy solo” […], de inmediato le di nimo […]. Se sonri, me solt la mano y de nuevo quedamos en silencio, hasta que me pregunt. “T ests brava por lo que hice?”. No me qued ms remedio que decirle: “Mira Eddy, no jodas, despus que te pongas bien hablaremos y discutiremos, porque una cosa as no se hace por gusto”. Ah fue cuando l me dijo una frase que resuma todo su sentido de la tica poltica y del honor: “¡Conchita, vala la pena sacrificar la vida para salvar el movimiento!” […].9En el Aula Magna de la Universidad de La Habana se expuso su cadver. El fretro fue cubierto por la bandera cubana y entre las primeras guardias de honor estaba el joven Fidel Castro Ruz. Su sepelio se convirti en un acontecimiento nacional. El pueblo perda a un lder, a un hermano, un revolucionario. Para el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) fue un golpe mortal, y para la poltica un “aldabonazo”. En el Cementerio de Coln despidieron el duelo Luis Orlando Rodrguez, Jos Pardo Llada y Leonardo Fernndez Snchez. Quien visite la tumba de Eduardo R. Chibs, en el cementerio de Coln en la capital cubana, an puede leer en algunas de las tarjas, epitafios como: “Smbolo del honor patrio cuya vida la consagr a defender la dignidad nacional”; “Apstol, dolo y mrtir”; “El cubano ms honrado y patriota”, y “Descansa en paz, tu pueblo no te olvida”. En vsperas de cumplir cuarenta y cuatro aos, desapareca fsicamente Eduardo R. Chibs, y slo dejaba en el banco trescientos pesos, y una deuda de ms de cuatro mil, contrada por sus proyectos sociales. Su lucha por acabar con los males de Cuba, su humanismo, sus sueos fueron hechos realidad por uno de aquellos jvenes que estuvieron a su lado, el cual con creces cumpli con su legado histrico: Fidel Castro Ruz, quien en enero de 1959 le rinde homenaje diciendo: Fcil es comprender nuestra emocin junto a esta tumba tan llena de recuerdos. Los sentimientos son encontrados. Muchas veces habamos venido aqu despus del 16 de agosto de 1951, antes y despus del 10 de marzo. ¡Y por cun diversas etapas hemos pasado! Aquel 16 de agosto, la apoteosis del martirio; aquella muchedumbre inmensa que acompa su fretro hasta este lugar donde descansa desde entonces; aquellos meses que fueron de esperanzas, porque aunque nos faltaba el lder, nos quedaba su fuerza, su prestigio, su pueblo. [……….] La historia de la Revolucin, la historia del 26 de julio, est

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91ntimamente ligada a la historia de esta tumba. Porque debo decir aqu que sin la prdica de Eduardo Chibs, sin lo que hizo Eduardo Chibs, sin el civismo y la rebelda que despert en la juventud cubana, el 26 de julio no hubiera sido posible. El 26 de julio fue, pues la continuacin de la obra de Chibs, el cultivo de la semilla que l sembr en nuestro pueblo. Eduardo Chibs no nos haba abandonado, Eduardo Chibs estaba con el pueblo. Su obra estaba latente en el corazn del pueblo y sobre esa base se edific la revolucin triunfante. [……….] ¡Eduardo Chibs, tu ltimo aldabonazo ha resonado por fin!10Estas palabras del Comandante en Jefe en los primeros das del triunfo revolucionario nos dan la mejor valoracin histrica y humanista del lder revolucionario Eduardo R. Chibs. Notas1 En la actualidad, el estado de conservacin del edificio Lpez Serrano, es deplorable a pesar de haber sido declarado Monumento Nacional, en particular el apartamento 114, nico en este piso, que perteneci al lder de la Ortodoxia.2 Desde 1959 es propietario el maestro y coregrafo Ramiro Guerra, Premio Nacional de Danza y de Enseanza Artstica, y Doctor Honoris Causa en el Arte Danzario conferido por el Instituto Superior de Arte, quien nos ha permitido hacer el estudio de medicin de este histrico lugar.3 Prada, Pedro Pablo. La secretaria de la Repblica. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2001. p. 106.4 Ibdem, p. 109.5 Fotocopia de los autores.6 Prada, P. P. Op. cit. (3). pp. 340-341.7 Ibdem, p. 136.8 Ibdem, p. 139.9 Ibdem, p. 140.10 Fidel Castro ante la tumba de Chibs. Bohemia (La Habana) 51(3):103-104; 18-25 en. 1959. (Edicin de la Libertad)Otra bibliografa consultada ALAVEZ MARTN, ELENA. La ortodoxia en el ideario americano. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2002. Diccionario Enciclopdico de Historia de Cuba. La Habana: Centro de Estudios Militares. Ediciones Verde Olivo, 2001. t. 1. DE LA OSA, ENRIQUE. Cuba segundo tiempo 1948-1952. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2005.

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92 L a Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart enciclopedia de la cultura caribea, dedica esta edicin de lujo a conmemorar el centenario del natalicio de Eduardo R. Chibs Ribas (1907-1951), figura emblemtica de la prensa y la poltica cubanas en las primeras cinco dcadas del pasado siglo. Si bien la doctrina martiana se estructur sobre la base de dos ingredientes esenciales: amor y perdn, el tambin fundador del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) sustent su pensamiento poltico en la frase “Vergenza contra dinero”, y fue consecuente con ese paradigma tico hasta que atent contra su vida el 6 de agosto de 1951, porque interioriz e incorpor a su estilo de afrontamiento, que “[…] la vergenza [no] es ms que una manera de morir […]”.1Eduardo R. Chibs nace en una isla tropical recin estrenada como repblica, donde “[…] hubo dependencia poltica, corrupcin y rutinas fraudulentas”,2 pero “[…] tambin […] movimientos culturales, tradiciones cvicas e instituciones pblicas que [fomentaron] el desarrollo de una conciencia nacional y ciudadana”;3 en consecuencia, los cubanos bien nacidos y antimperialistas por excelencia lucharon sin descanso no slo por borrar de la Carta Magna de 1901 el molesto apndice conocido como Enmienda Platt, que cercenaba la libertad y la soberana de la mayor de las Antillas,4sino tambin por establecer las bases democrticas en las cuales descansara la Constitucin de 1940, calificada por la doctora Berta lvarez Martens, profesora e investigadora de la Universidad de La Habana, como verdadera “[…] leccin de madurez nacional”.5En ese contexto socio-histrico (1902-1951), fue configurndose y consolidndose el pensamiento ticohumanista del doctor Eduardo R. Chibs, abogado de profesin y poltico, periodista y revolucionario por conviccin…, nacida de lo ms hondo de su yo patritico. Desde las combativas pginas del Peridico del Aire el eminente orador y periodista denunci los sucios manejos de la politiquera ad usum y el robo al erario pblico perpetrado por los (des)gobiernos republicanos, y convirti la capitalina emisora Unin Radio en tribuna cvica, desde donde fustig a los polticos venales y mandatarios sin escrpulos, que medraban a la sombra protectora del amo yanqui y de la burguesa nacional. Cual Quijote caribeo se lanz, verbo en ristre, contra los males que corroan a la sociedad cubana de la poca, necesitada con urgencia Por qu se suicid Eduardo R. Chibs? Jess Dueas BecerraCrtico y periodista“El hombre sincero tiene derecho al error”. JOS MART

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93de adecentamiento y eticidad; valores sobre los cuales se edifica la verdadera democracia. Al igual que Flix Varela6-7 y Jos Mart,8-9 el doctor Eduardo R. Chibs se entreg en cuerpo, mente y alma al recto ejercicio del periodismo revolucionario y comprendi, con meridiana claridad, que el periodista comprometido con su patria y con su noble profesin (fuente inagotable de tica, humanismo y espiritualidad), deba desempear cuatro funciones bsicas: Buscar la verdad, porque “[…] se ha de vivir y morir abrazado a [ella]”;10pensar y sentir en funcin de quienes no poseen riquezas materiales, pero s dignidad y decoro, y el deber ineludible de unirse a ellos (cabe alguna duda de que Chibs recogi la bandera de las ansias populares y la iz frente a los desmanes que enturbiaban el espectro poltico cubano en los primeros cincuenta aos del finado siglo XX?); valorar al hombre no por lo que tiene, sabe o sirve, sino por lo que es: un ser humano que merece, ante todo y por encima de todo, respeto a su inviolable dignitatis humanae ; y por ltimo, llevar en el corazn un sueo de justicia y solidaridad, porque sabe “[…] mirar a travs del alma”11 y va “[…] en el bando de los que aman y fundan”.12Ese revolucionario sin tacha y sin mancha fue vctima de una trampa urdida por roedores de la inteligencia y el talento ajenos, a quienes les molestaba su verbo fcil y encendido: a las manos del honrado periodista lleg una informacin acerca de un negocio sucio, que sealaba al doctor Aureliano Snchez Arango, secretario de Educacin en el gobierno autntico del doctor Carlos Pro Socarrs, como el autor principal del supuesto robo de los fondos del desayuno escolar. Confiado en la veracidad de la fuente, el hbil polemista arremeti contra el doctor Snchez Arango y lo acus de ladrn, mientras que el inculpado solicit pruebas concretas de su participacin en el delito a l imputado…, pero el columnista del Peridico del Aire no pudo mostrarlas a la opinin pblica nacional, porque… no las haba, no existan. El objetivo fundamental de esa cruel y repugnante artimaa, que apag para siempre ese sol del mundo moral que ilumin a Eduardo R. Chibs durante su fecunda vida pblica y privada, no era otro que “silenciar” la pluma y la voz de un hombre honesto, cuyo impactante discurso no slo irritaba a los funcionarios y polticos corruptos, sino tambin haca vibrar de emocin a los cubanos de buena sangre y buen corazn que aspiraban a vivir en un pas libre de lacras morales y sociales, y por ende, sano de cuerpo, mente y espritu; sueo que slo se hara realidad con el triunfo de la Revolucin cubana el 1o de enero de 1959. Ahora bien, el suicidio de Eduardo R. Chibs opaca su impecable trayectoria cvica y revolucionaria…, como lo han insinuado los detractores de esa figura “clave” de la poltica y la prensa caribeas en las primeras cinco dcadas de vida republicana? No lo creo… y voy a fundamentar mi respuesta con base en la martiana ciencia del espritu :13 Para el doctor Camilo Simonin,14 profesor de la Universidad de Estrasburgo (Francia), las causas ocasionales del suicidio o autoquiria actan rompiendo un equilibrio psquico frgil

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94y provocando el shock moral, que exaspera la hiper-emotividad, desencadena la angustia o la depresin, inhibe la autocrtica y suprime el autocontrol. De acuerdo con ese esquema terico-metodolgico, el suicidio es el final de una crisis intrapsquica (conflicto emocional), cuyo mecanismo se podra resumir como sigue: a) Causa ocasional (generadora de angustia o depresin), que determina un b) Estado afectivo violento o shock moral, en un c) Sujeto psicolbil (fluctuante, emocionalmente hablando), dotado de una constitucin (personalidad) bsicamente afectiva (sentimental). En el caso de Eduardo R. Chibs, el temor al deshonor, a la prdida de la credibilidad, fue la causa ocasional que, segn el doctor Simonin,15 explica, pero no justifica, el suicidio de ese hombre virtuoso, a quien los dems “[…] suelen admirar […] mientras no los avergenza con su virtud o les estorba las ganancias; pero en cuanto se les pone en su camino […], dicen maldades de l, o dejan que otros las digan […], y le van clavando la pualada en la sombra”.16Notas1 Batlle, Jorge Sergio. Jos Mart: aforismos. La Habana: Centro de Estudios Martianos, 2004. p. 387.2 Guanche, Julio Csar. La imaginacin contra la norma La Habana: Ediciones La Memoria, 2004. p. 16 (Premio Memoria 2001)3 dem .4 Ibdem, pp. 85-103.5 Ibdem, pp. 17-36.6 Varela, Flix. Obras. La Habana: Editorial Cultura Popular, 1997. 3 t.7 Dueas Becerra, Jess. Flix Varela, Jos Mart y el periodismo revolucionario. Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart. (La Habana) 96(3-4):150-152; jul.-dic. 2005.8 Mart, Jos. Obras completas. La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1975. 28 t.9 Dueas Becerra. Op. cit. (7).10 Batlle, J. S. Ob. cit. (1). p. 385.11 Lpez, Flixl. Vivir en el pueblo y ver las casas. Granma (La Habana) 25 mayo 2001:3.12 Batlle, J. S. Ob. cit. (1). p. 188.13 Gonzlez Serra, Diego. Mart y la ciencia del espritu. La Habana: Editorial Si-Mar, 1999.14 Simonin, Camilo. Citado por Jess Dueas Becerra en: “Por qu se suicidan los seres humanos?”. Palabra Nueva (La Habana) 3(29):11-12; 1994.15 dem.16 Batlle, J. S. Ob. cit. (1). p. 397.

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95 Chibs y la muerte Marta B. ArmenterosEditora L a muerte, palabra que a muchos asusta, nunca lo logr con Eduardo Chibs. En reiteradas ocasiones, tuvo que enfrentarla de una manera u otra, pero siempre por una causa justa de acuerdo con sus concepciones ticas. El 8 de mayo de 1933 es asesinado Antonio Guiteras en El Morrillo, Matanzas. Mientras estaba preso en el Castillo del Prncipe, se entera de la noticia y un amigo le pregunta si vala la pena esa muerte y le responde: “S, vale la pena. Claro que se pierde una gran cosa, pero los pueblos aprenden con golpes como este”. Y aade despus: “Si el pueblo es noble, vale la pena dar la vida por l. Y si no lo es, ms todava, para que se sacuda, se conmueva y comprenda la nobleza. Nadie aprende si no experimenta dolores”.1Cuatro meses despus, el 7 de septiembre, con motivo de la llegada a La Habana del acorazado norteamericano Wyoming, en zafarrancho de combate, sostiene con un grupo de periodistas de ese pas el siguiente dilogo: –Si desembarcaran sin armas los recibimos como hermanos, pues tenemos una gran simpata por el pueblo americano, que nos ayud en nuestra guerra de independencia […], pero cualquier fuerza extranjera que desembarque armada en nuestra patria […] la recibiremos a tiros, aun sabiendo que vamos al sacrificio […]. –Pero eso sera un suicidio. –Sabemos que es un suicidio, pero estamos dispuestos a suicidarnos. Estamos dispuestos a todo, antes que consentir esa humillacin para nuestro pas.2En noviembre de ese ao, a punto de efectuarse las elecciones a la Asamblea Constituyente, a las cuales se presenta como aspirante a delegado por la provincia de La Habana por el Partido Revolucionario Cubano (Autntico), y para castigar su recta actitud y acendrado civismo, recibe amenazas de muerte, a las que no presta atencin alguna, pero en la noche del da 13 es atacado en Miramar por dos individuos que le disparan y lo hieren; los sujetos lo dan por muerto. Logra salir solo del lugar hasta llegar frente al cabaret Pensylvania ; all atraviesa su carro delante de un mnibus de la ruta 32 y toca el claxon. Se baja del auto y mientras aprieta su herida, pide ayuda. Lo llevan a la Casa de Socorro ubicada en 23 y 6, pero en el trayecto son detenidos por una perseguidora (as se les llamaba a los carros de la polica), y cuando le preguntan sobre lo sucedido, le dice a uno de los integrantes: “No se preocupe de averiguar. Si muero, ser por la revolucin”.3Otro ejemplo: El 5 de junio de 1945 se congregan numerosos expendedores de carne en el Parque Central, en contra del decreto que establece la venta del producto en camiones, pero una contramanifestacin, en el Parque de las Misiones, respalda la medida oficial, lo cual origina reyertas entre los dos bandos frente al hotel Sevilla. Ello pro voca

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96la presencia de la polica, que lanza bombas lacrimgenas. Al conocer el incidente, Chibs sale de Palacio y le exige al capitn encargado de dicha barbarie que cese el disparo de las bombas, pero al no hacerle caso el oficial, saca su pistola y resuelto le indica: “Si tira otra bomba me va a tener que matar, porque yo, con una gran pena, me ver obligado a abrir fuego sobre usted”.4El domingo 4 de mayo de 1947 se suicida el alcalde de La Habana, Manuel Fernndez Supervielle, avergonzado por no haber podido cum plir su promesa de dar agua a la capital, debido a la falta de apoyo gubernamental. Ante ese hecho, por la noche, en su hora dominical, afirma: “Por eso su muerte es un grito desesperado de alerta en medio de la confusin poltica […]. De todos modos hay que reconocer que fue extraordinariamente valeroso, al preferir el honor sin vida a la vida sin honor”.5En el da de su inmolacin, el domingo 5 de agosto de 1951, Conte Agero cuenta que, leyendo el ltimo discurso de Chibs, le sorprendi cmo terminaba: Al combate corred, ortodoxos, que la patria os contempla orgullosa, no temis una muerte gloriosa, que morir por la patria es vivir. Entonces, Conte le dice: “Este final me parece excesivamente dramtico”;6por ello, el adalid le responde que borre ese ltimo prrafo, pues improvisara el final. Qu tena en su mente? Ya cuando lo llevan herido al Centro Mdico Quirrgico tras haberse realizado el disparo, les susurra a sus acompaantes: “¡Muero por la revolucin! ¡Muero por Cuba!7La muerte se lo llev fsicamente el 16 de agosto, pero su prdica y sus condiciones morales fueron y son reconocidas por quienes conocen y han estudiado su vida. Notas1 Conte Agero, Luis. Eduardo Chibs. El adalid de Cuba. Mxico: Editorial Jus, 1955. p. 221.2 Ibdem, pp. 187-188.3 Ibdem, p. 268.4 Ibdem, p. 375.5 Ibdem, p. 503.6 Ibdem, p. 782.7 Ibdem, p. 785.

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97 N o conoc a Eduardo Chibs, mi edad no me lo permiti, pero tengo la suerte de conocer su legado histrico y su consecuente actitud como revolucionario de su tiempo. Fue no slo el hombre de “vergenza contra dinero”, aunque la frase lo inmortaliz, pues su vida tambin conform a un revolucionario terico-prctico. A pesar de haber nacido en el seno de una familia rica, supo desde muy joven unirse a las luchas revolucionarias en defensa de su pueblo y de los derechos estudiantiles universitarios participando as en la fundacin del Directorio Estudiantil. Desde las filas de esta organizacin y con el ejemplo de Mella y Villena irradi en hazaas revolucionarias desde temprana edad, por lo cual sufri persecucin, crcel y exilio. Aunque ya pas el 26 de agosto, da de su nacimiento, su centenario no ha terminado porque los nmeros no cambian las ideas que se convierten en inmortales. A propsito de la importancia del pensamiento de Eddy slo a diecisis das del triunfo revolucionario Fidel expreso ante su tumba: Pero hoy es como el resumen de toda la historia, la historia de la Revolucin, la historia del 26 de Julio, que tan ligada est la historia de esa tumba, que tan ligada al recuerdo de quien descansa en esta tumba, que tan ntimamente ligada est a la ideologa, a los sentimientos y a la predica de quien descansa en esa tumba, porque debo decir que sin la predica de quien descansa en esa tumba, porque debo decir que sin la prdica de Chibs, que sin lo que Chibs hizo, sin el civismo y la rebelda que despert en la juventud cubana, el 26 de Julio no hubiera sido posible. Estas palabras refuerzan la importancia de la actividad revolucionaria del lder de la ortodoxia, caracterizando su existencia, su tica martiana como la antesala del motor pequeo que ech a andar la Revolucin, lo vincula adems a la educacin patritica de la otrora nueva generacin y lo califica por su teora y actuar como artfice de la actual. La piedra angular de su ideologa estaba ligada al desarrollo de la virtud martiana y a su doctrina tica heredada de Varela y Luz. Conocer las ideas de Villena y de Mella tambin lo acercan a un pensamiento de avanzada, de formacin de tendencias representativas de la clase obrera y la intelectualidad revolucionaria. El brillo de un ejemplo. Chibs, hombre de sol y valor Mario Antonio Padilla TorresHistoriador

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98Chibs fue un propagandista por excelencia que rompi con los cnones partidistas al crear un partido que bus caba ser representante del pueblo, fundamentando en nuevas ideas que se propone alcanzar llevando una poltica diferente a los tradicionalistas. El movimiento creado alrededor de sus renovadas ideas muestra a la juventud paradigmas para lograr cambios radicales en el pas, y de entre ellos germina una plyade de revolucionarios que siguieron su ejemplo y profundizaron en sus ideas. De sus filas surgi Fidel, que ha manifestado con devocin sus sentimientos ticos La vida de Chibs pudo ser otra: un millonario, un senador conservador, pero desech las comodidades para estar junto al pueblo en la lucha contra la malversacin, el robo y el pillaje de los gobiernos de turno. Se gan el liderazgo con su accionar y la prdica revolucionaria. Su hora radial de los domingos fue una bandera de lucha y una trinchera de ideas en su crtica al saqueo despiadado, y una arenga a la moral verdadera y a los principios martianos. Posea la magia de conquistar a las masas, lo cual lo convierte en un propagandista revolucionario ms all de su tiempo. Su inmaculada imagen y su transparente y limpia vida pblica ms su habilidad como poltico de justa actuacin, y su temperamental personalidad hacen de l un hombre de futuro. Pastorita Nez, activa luchadora revolucionaria, expres en una ocasin: “Cada conversacin con Eddy era una enseanza. Me fue haciendo conciencia sobre la forma de combatir el coloniaje y explicaba por qu era antimperialista”. Chibs supo llevar a las masas el mensaje tico que tanto se necesitaba, su floreciente liderazgo no gustaba a los regmenes de turno porque eran verdades irrebatibles de una gran fuerza moral. Quizs no hemos sido lo suficientemente justos por no difundir ms su legado revolucionario y representarlo, como el propio Fidel reconoci, como un precursor que inspir a los jvenes a llevar adelante la obra de la Revolucin. Es hora, a mi criterio, de divulgar ms su obra, su pensamiento poltico y valorar en su contexto histrico su accionar revolucionario. Rescatemos ese pensamiento y hagmoslo pblico y sistemtico, estudiemos adems su formacin que lo llev a ser un digno representante de la tica valeriana en el siglo XX, acerqumoslo al siglo XXI donde la nueva generacin necesita beber de la fuente de la historia como va de formacin y reafirmacin de valores. El centenario de Chibs no ha terminado, busquemos sus enseanzas que, con seguridad, nos harn cada da mejores y propiciaran un entendimiento ms amplio de nuestra historia.

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99Ernesto Che Guevara (1967-2007) “ Debo comenzar por decir que hemos llegado a la conviccin de que esas noticias, es decir, la noticia relativa a la muerte del Comandante Ernesto Che Guevara es dolorosamente cierta”.1Con estas palabras el Comandante Fidel Castro Ruz confirm el 15 de octubre de 1967, ante la radio y la televisin cubanas, la desaparicin fsica de un hombre que por sus cualidades ticas excepcionales se convirti en paradigma de los revolucionarios de los siglos XX y XXI. Argentino de nacimiento, obtuvo tambin la nacionalidad cubana durante la contienda armada iniciada por Fidel en diciembre de 1956, contra la tirana de Fulgencio Batista y la reprobable injerencia yanqui en la isla.2 A los pocos meses de comenzada esta lucha, por su valor, inteligencia y humanismo, el Che era ya una leyenda viva. As lo reflej un son popular surgido entre las balas que cambiaron la fisonoma de la Sierra Maestra: Qutate de la acera, Mira que te tumbo, Que aqu viene el Che Guevara Acabando con el mundo.3Una vez alcanzada la victoria, sus atributos personales se revelaron en cada momento de su existencia: al ejercer como presidente del Banco Nacional y Ministro de Industrias; al representar a Cuba en diversos eventos internacionales, entre ellos, la Reunin del Consejo Interamericano Econmico y Social, celebrada en Punta del Este, Uruguay (1961) y la Asamblea General de la Organizacin de Naciones Unidas (1964); en las visitas que realiz a diversos pases encabezando las delegaciones cubanas y en su incorporacin a los trabajos voluntarios y otras tareas polticas, en las cuales siempre result ser un ejemplo para sus compaeros, amigos y familiares. Trascendi adems, como lder del movimiento revolucionario internacional por su participacin en la lucha Evocacin al Che desde las revistas cubanas de los aos sesenta* Vilma N. Ponce SurezInvestigadora de la Biblioteca Nacional* En ocasin del cuarenta aniversario del asesinato del inolvidable guerrillero argentino-cubano cado en la selva boliviana cuando luchaba por la libertad de Amrica Latina.

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100del movimiento antimperialista del Congo, hoy Zaire (1965), y en la formacin y direccin de la guerrilla internacionalista en Bolivia (noviembre de 1966 a octubre de 1967). Pero tambin la condicin de adalid de los pueblos la obtuvo por su penetrante crtica al imperialismo y sus observaciones en torno a las estrategias que deban abrazar los revolucionarios del Tercer Mundo en las luchas libertarias y durante el proceso de edificacin de la nueva sociedad socialista. Expona estas ideas en discursos, entrevistas, cartas, relatos y artculos, muchos de los cuales se divulgaron en diversas publicaciones peridicas. Es notoria la importancia que le concedi a la prensa como medio para compartir experiencias, educar, polemizar, criticar y revelar valiosos testimonios sobre momentos relevantes de la historia ms reciente de la nacin cubana. En el mes de noviembre de 1957, en la Sierra Maestra, cre El Cubano Libre primera publicacin del Ejrcito Rebelde, en cuyas pginas firm un grupo de comentarios en la seccin “Sin bala en el directo”, con el seudnimo de “El Francotirador”. Aos despus, en 1959, fund el boletn y luego revista, Verde Olivo,4 rgano oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; y en mayo de 1962, Nuestra Industria, donde se publicaron ensayos econmicos en el marco de la polmica que lider a favor de la aplicacin del Sistema Presupuestario de Financiamiento en contra de los que defendan el clculo econmico. Despus el Che promovi Nuestra Industria Tecnolgica en la cual los tcnicos de diferentes esferas productivas exponan sus criterios y se informaba sobre los resultados de los trabajos voluntarios. En la primera mitad de la dcada de los sesenta sus artculos aparecieron en estas y otras publicaciones cubanas, entre ellas: Revolucin, Juventud Rebelde, El Mundo, Hoy, Cuba Socialista Trabajo, Bohemia y Humanismo, as como en la revista brasilea O Cruzeiro (16 de junio, 1 de julio y 16 de julio de 1959), a donde envi un breve trabajo con el ttulo “Una revolucin que comienza”, que relata la preparacin en Mxico de los jvenes que iniciaron la lucha insurreccional en Cuba y las vicisitudes enfrentadas por ellos durante el viaje en el yate Granma y en el desembarco por playa Las Coloradas.5Meses antes de su muerte, el 16 de abril de 1967, se public como suplemento especial de la Revista Tricontinental un mensaje del Che a todos los pueblos del mundo,6 en el cual abord problemas vitales para el movimiento revolucionario y adems exhort a la unidad y a la creacin “[...] del segundo o tercer Viet Nam del mundo”. Este texto tambin fue una denuncia contra la poltica imperialista hacia los pueblos subdesarrollados que intentaban alcanzar su emancipacin, y se reprodujo durante los meses de abril y mayo en otras publicaciones peridicas como Bohemia Verde Olivo y Cuba. Las verdades y la energa poltica contenidas en dicho mensaje se convirtieron de inmediato en consignas de las fuerzas revolucionarias, no slo de estas naciones, sino tambin de aquellos sectores contestatarios que emergan en las entraas de los pases capitalistas desarrollados. La repercu-

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101sin de sus palabras se manifest adems, en los debates y en los acuerdos logrados entre las fuerzas rebeldes del continente asistentes a la primera Conferencia de la Organizacin Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), celebrada en julio de 1967 en La Habana, donde el Che fue declarado “Presidente de honor”. Transcurra entonces el noveno mes de constituida la guerrilla dirigida por l en Bolivia y en su diario qued anotado un pensamiento revelador de una personalidad excepcional: “Es uno de los momentos en que hay que tomar decisiones grandes; este tipo de lucha nos da la oportunidad de convertirnos en revolucionarios, el es caln ms alto de la especie humana, pero tambin nos permite graduarnos de hombres [...]”.7Investido de ambas cualidades: revolucionario y hombre digno, Ernesto Guevara encontr la muerte antes de alcanzar su propsito supremo, la independencia de Latinoamrica y del resto de los pueblos del Tercer Mundo, y la aniquilacin de todas las formas de explotacin generadas por el imperialismo. Este suceso constituy, sin dudas, un violento revs para el movimiento revolucionario y tuvo un gran impacto psicolgico en las fuerzas de la izquierda y en especial en los intelectuales progresistas del mundo. Discurrir en torno a cmo este sector rindi tributo al Che en las pginas de las revistas cubanas nos permite presumir que este homenaje fue tan diverso como heterogneos eran los perfiles editoriales de las publicaciones nacionales de fines de los sesenta, lo cual les posibilit componer un cuadro imaginativo vital del Comandante Ernesto Guevara que contribuy con el paso del tiempo a perpetuar su memoria. Luego de la intervencin de Fidel Castro el 15 de octubre de 1967, las publicaciones cubanas evocaron de diferentes formas al Guerrillero Heroico. Aunque varias de ellas estaban en proceso de edicin o en la imprenta, sus creadores idearon la forma de rendirle tributo y de reiterar su fidelidad al proyecto emancipador y a la Revolucin Cubana.8 Revistas como Verde Olivo Bohemia El Militante Comunista Casa de las Amricas La Gaceta de Cuba Unin Universidad de La Habana Revolucin y Cultura Pensamiento Crtico Islas y la Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart expresaron en notas o editoriales estas ideas. As, por ejemplo, Fernando Martnez Heredia, director de Pensamiento Crtico y jefe del Depart amento

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102de Filosofa de la Universidad de La Habana, as como los profesores del equipo de redaccin, incorporaron un cartn suelto al nme ro ocho (septiembre de 1967), ya impreso, donde declararon que el verdadero homenaje lo estaban realizando los pueblos que en esos momentos combatan contra el imperialismo, principal propsito de la epopeya del Che.9La revista Casa de las Amricas dirigida por el ensayista y poeta Roberto Fernndez Retamar, agreg un editorial a su nmero cuarenta y cinco (noviembre-diciembre de 1967) en proceso de impresin, en el cual auguraba un futuro del que hoy somos testigos:10“Al rincn de Bolivia donde cay irn maana los hombres libres a inclinarse y a agradecer”.11 Por su parte, el tambin poeta y escritor Samuel Feijo, responsable de la edicin de la revista Islas de la Universidad Central de Las Villas, anex una nota al nmero cuatro (octubre-diciembre de 1967), dedicado al “Panorama de la poesa cubana moderna”, en la que distingui la trascendencia histrica del Guerrillero Heroico: No ha cado, supervive en el destino –que se fragua– de los pueblos que am y dese liberar. En su viril decisin Ernesto Guevara sacrific amor, hijos, amigos, hogar, patria, para que otros pudieran tener, en paz y justicia, amor, hijos, amigos, hogar y patria. As este hombre inmortal. As, la medida de su grandeza humana.12Una de las revistas de la poca, Espaa Republicana, dirigida por Manuel Carnero Muoz, cuando tena cerrada su edicin del 15 de octubre de 1967, modific su primera y ltima pginas para manifestar en ellas su homenaje pstumo. La portada fue ilustrada con una foto del Che en el acto efectuado en la sede la Sociedad de Amistad Cubano Espaola, el 2 de junio de 1961. La fotografa fue tomada por Ral Corrales, colaborador de dicha publicacin. En la contraportada reprodujeron fragmentos de la intervencin de Fidel por la radio y televisin y los acuerdos del Consejo de Ministros y del Comit Central con motivo de su muerte. Varias publicaciones editaron suplementos o nmeros especiales dedicados al Che, entre ellas la Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart, de julio-diciembre de 1967, conducida por el sabio profesor e investigador Juan Prez de la Riva, quien introdujo en el nmero un breve y hermoso editorial titulado “Comandante Guerrillero”: Ms que una nota, ms que una esquela y que un recuerdo, una inspiracin, un compromiso y una accin. T eres el Comandante guerrillero, el que conoci la Sierra Cubana. T comprendiste que la Revolucin era ms. Que era empezar de nuevo. T renunciaste a una historia en lnea recta, a vivir en un presente que dejaba atrs un pasado presente en otras tierras. T rompiste la historia personal para vivir la historia de los pueblos. T decidiste volver al comienzo porque viste que el comienzo no haba concluido. T eres el Comandante guerrillero. Amrica guarda tu cuerpo y respira tu aliento. T estars presente ms que nunca en cada vida, en cada accin. T eres desde ahora

PAGE 104

103todo esfuerzo sincero, el sntoma de libertad verdadera. Amrica vive tu vida desde hoy y cada vez. Es nuestro compromiso, Comandante guerrillero.13Che, un hombre de pensamientoEn los primeros meses despus de su asesinato, un grupo de revistas cubanas decidieron publicar sus obras, pues consideraban imprescindible difundirlas para que ms personas pudieran conocer sus ideas y enfrentar a la avalancha de mentiras y tergiversaciones en torno al Che generadas por los medios de comunicacin extranjeros. Un estudio realizado por el profesor e investigador Germn Snchez, acerca de la imagen aportada por los peridicos latinoamericanos durante los primeros treinta das despus de la muerte del Guerrillero Heroico, revela que las referencias a Ernesto Guevara como terico son pocas o superficiales y por lo general, en la prensa plana predomin la informacin tergiversada sobre la actuacin y el pensamiento del hroe.14Esta realidad exiga una respuesta de nuestras publicaciones, muchas de las cuales se distribuan ms all de las fronteras nacionales. Una de ellas, Pensamiento Crtico, en su nmero nueve (octubre de 1967), present la seleccin ms completa de la obra del Comandante Guevara, en donde se evidenciaba su valor como pensador re volucionario. Cartas, discursos, conferencias y artculos, aparecieron agrupados con los siguientes encabezamientos: “El Che terico de la revolucin”, “El Che dirigente de las transformaciones revolucionarias”, “El Che y la juventud”, “El Che y la Historia de Cuba”, “El Che y las cuestiones internacionales”, “El Che sobre el papel de la mujer”, “El Patojo”, y “Cartas”. La publicacin recurri en otras oportunidades a su pensamiento; as, reeditaron este nmero en marzo de 1968, agregndole los artculos: “Sobre el sistema presupuestario de financiamiento” y “La planificacin socialista, su significado”.15 Al ao siguiente, bajo el ttulo “Relatos de la guerra revolucionaria”, presentaron varios de los trabajos no recopilados en el libro Pasajes de la guerra revolucionaria, editado en 1963 por la Unin Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).16Verde Olivo, dirigida por Luis Pavn, reprodujo en su nmero del 22 de octubre de 1967, muchos de los textos que a principios de los sesenta se haban conocido a travs de sus pginas. Estaban principalmente relacionados con las experiencias vividas por el Che como miembro del Ejrcito Rebelde: “El combate del Uvero”, “El combate de Mar Verde”, “Cuidando heridos”, “Fin de un traidor”, “Llegan las armas”, “El cachorro asesinado” y “Sorpresa en Altos de Espinosa”, fueron algunos de los ttulos. Varios de ellos tambin aparecieron en la Bohemia del 20 de octubre de 1967, dirigida por el periodista Enrique

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104de la Osa En su integridad estaban redactados en un lenguaje difano y directo, regidos por el respeto a la verdad histrica, atributo que siempre caracteriz al Che. Leyendo los relatos se conocen las difciles condiciones que tuvieron que soportar los “alzados” en las montaas orientales, las que hicieron aflorar en ellos actitudes contrapuestas: un grupo se fue distinguiendo por sus actos heroicos y solidarios, mientras que otros, desertaron o traicionaron, reacciones descritas por el autor con rigor y franqueza. Demostraba la necesidad de mantener la disciplina y de aplicar severos castigos a los infractores de las disposiciones militares, lo cual permiti ir definiendo a los hombres que conformaran el Ejrcito Rebelde. Expres, de igual forma, lo imprescindible de alcanzar en la tropa no slo la fuerza combativa, sino tambin ideolgica, logrando as la participacin en ella de los verdaderos revolucionarios. Los textos transmiten la tica que se fue imponiendo en la formacin de este ejrcito, fundamentada en la solidaridad, el respeto al campesinado y a los prisioneros de guerra. Adems del valor historiogrfico, estos documentos tenan un alto significado educativo e instructivo que fue apreciado por muchas personas, pues ambas revistas tenan una amplia tirada y eran distribuidas tambin en otros pases. La Bohemia del 20 de octubre de 1967 se agot casi de inmediato, aunque se produjo un mayor nmero de ejemplares.17 Mientras que Verde Olivo llegaba a los combatientes cubanos de todo el pas, se intercambiaba con los ejrcitos del campo socialista y la obtenan de manera informal los guerrilleros latinoamericanos, algunos de los cuales visitaron el pas en aquellos aos por diversos motivos.18Moncada, rgano del Ministerio del Interior, edit un suplemento especial en el mes de octubre de 1967 con fragmentos de sus reflexiones sobre el internacionalismo, Amrica Latina, Viet Nam, el pensamiento guerrillero, el partido, los cuadros, la juventud, el arte, la familia y el hombre nuevo. A tono con el carcter de la revista, en los datos biogrficos se incorpor una relacin de los principales combates donde particip el Comandante Guevara en la Sierra Maestra y en Las Villas. Entre los escritos ms divulgados del Che en los sesenta estuvo “El socialismo y el hombre en Cuba”, redactado en marzo de 1965. Era una respuesta a Carlos Quijano, director del semanario uruguayo Marcha en la que abord, con su estilo peculiar, diversos temas relacionados con el proceso de construccin del socialismo en Cuba. Guevara mismo recomend que fuera publicado al unsono en Marcha y Verde Olivo Despus del 8 de octubre de 1967, el texto ntegro o fragmentos fueron difundidos en diversas revistas: Pensamiento Crtico, La Gaceta de Cuba, Bohemia, CDR, Moncada, OCLAE, Verde Olivo, Alma Mter, Revolucin y Cultura Revista Tricontinental y El Militante Comunista En la presentacin de esta ltima, del mes de diciembre de 1967, se valor dicha carta como uno de los documen tos ms importantes de la Revolucin.19 Por su parte, en la nota de la redaccin de Verde Olivo, del 31 de diciembre de igual ao que acompaa al ensayo, se destac la significacin de las ideas sobre la formacin del hom-

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105bre nuevo y su futura influencia en el desarrollo del Congreso Cultural de La Habana que se celebrara en enero de 1968.20Algunos intelectuales en sus reflexiones sobre Ernesto Guevara elogiaron este escrito, entre ellos, Adolfo Snchez Vzquez y Graziella Pogolotti. En la revista Casa de las Amricas el filsofo espaol lo catalog como una de “[...] las aportaciones tericas ms valiosas que pueden encontrarse actualmente sobre la concepcin marxista del hombre [...] pequea obra maestra del Marxismo”.21 Asimismo, la ensayista y crtica cubana en su artculo, “Apuntes para el Che escritor” lo consider como uno de sus trabajos emblemticos: En “El socialismo y el hombre en Cuba” cristaliza el pensamiento de Ernesto Guevara gobernante. Pensamiento y estilo constituyen aqu, como en toda su obra, una unidad irreductible, pareja y semejante a la que se deriva del vnculo entre elaboracin intelectual y existencia. Cristalizacin y anuncio de la etapa siguiente, puesto que el aliento que corre a lo largo de sus pginas, la visin de futuro, el sentido que cobra el internacionalismo proletario (“deber pero tambin necesidad revolucionaria”), sitan este ensayo que toma la forma de una carta junto a los documentos postreros de su existencia de luchador, la carta de despedida a Fidel, la que dirigi a sus padres y la que envi a la Revista Tricontinental.22Un documento que caus gran impacto en la sociedad cubana fue el Diario de Campaa del Che en Bolivia (7 de noviembre de 1966-7 de octubre de 1967), editado por el Instituto Cubano del Libro y distribuido de forma gratuita. Fragmentos de este texto se difundieron en las revistas, siendo las iniciadoras, Bohemia y Verde Olivo .Por primera vezNo slo se publicaron sus obras ya conocidas, sino tambin materiales inditos, entre los que estuvo la carta de despedida a sus hijos, presentada en el nmero especial de Cuba de noviembre de 1967. Asimismo, Pensamiento Crtico divulg dos misivas dirigidas a su hija Hildita, la enviada el 15 de febrero de 1966, y la que titularon “En vuelo-Cairo”.23La redaccin de Verde Olivo en el nmero del 29 de octubre seal que por primera vez se mostraba el artculo “Camilo”,24 escrito por Guevara para la revista en el mes de octubre de 1964. En la nota introductoria se explic que el Che consideraba que deba perfeccionar su estilo y por esta razn no se haba publicado antes. El trabajo se divulg tambin en otras revistas como El Caimn Barbudo, Pensamiento Crtico y El Militante Comunista y en l revelaba su cario y admiracin por el compaero de luchas; sentimientos similares a los que senta el pueblo cubano tambin por l, y sobre todo en ese momento, al conocerse que haba sido asesinado. Islas, por su parte, en su volumen diez, de julio-septiembre de 1968, present como indito el discurso en “El Pedrero”, Escambray del 8 de febrero de 1959, primera alocucin del Comandante Guevara en una concentracin popular despus que triunf la Revolucin. Al mismo tiempo, esta intervencin

PAGE 107

106fue publicada en la Bohemia del 12 de julio de 1968.Ilustraciones y fotografasEl tributo pstumo al Guerrillero Heroico de las revistas Cuba Verde Olivo El Militante Comunista, OCLAE y Bohemia incluy ilustraciones y fotografas, muchas de las cuales impresionan por la energa espiritual que transmiten y el significado que tienen an en el presente. Son frecuentes las imgenes del Che junto a Fidel y Camilo y la ya conocida foto tomada por Alberto Korda en las afueras del Cementerio de Coln, el 5 de marzo de 1960, en el acto del entierro de las vctimas de la explosin del vapor La Coubre La fotografa se reprodujo en casi todas las publicaciones de la poca. Su rostro grave, contenido de dolor ante el crimen, se convirti en un smbolo de rebelda contra las injusticias para todos los tiempos. Esta foto aparece tambin en el nmero especial de la revista Cuba de noviembre de 1967, dirigido por el escritor Lisandro Otero. Se publicaron adems otras, acompaadas de frases cortas, algunas del Che. Prepar los textos un equipo integrado por Luis Agero, Reynaldo Gonzlez, Alfredo Muoz-Unsain, Antonio Bentez Rojo y Juan Snchez, quienes enlazaron imgenes, noticias, disposiciones, entrevistas y ancdotas de personas que compartieron con l en alguna ocasin. Todos estos trabajos en su conjunto reflejaban diferentes instantes de su vida. En las fotos, Ernesto Guevara se nos presenta en su juventud junto a los amigos, durante su recorrido por Suramrica con Alberto Granado, en las guerrillas cubanas y bolivianas, ejerciendo sus funciones de Ministro, en los trabajos voluntarios, en las Naciones Unidas, en las visitas a otros pases, jugando ajedrez, con su familia, fumando un tabaco o leyendo. Los fragmentos de la comparecencia de Fidel Castro ante la televisin y la radio el 15 de octubre, as como el discurso en la velada solemne en memoria del Comandante Che Guevara en la Plaza de la Revolucin tres das despus, aparecen tambin junto a imgenes que reflejan la tristeza del pueblo ante la prdida de uno de sus lderes ms admirados, las que impresionan por su significado y dimensin artstica. En este nmero especial de Cuba fueron responsables de la fotografa Alberto Korda, Carlos Nez, Tirso, Paco Altunaga, Ernesto Fernndez, Osvaldo Salas y Hernando Lpez. Esta revista logr con dicha edicin, a nuestro juicio, uno de los homenajes de mayor elaboracin, originalidad y belleza. Verde Olivo El Militante Comunista y Bohemia tambin se distinguieron por sus encartes fotogrficos. Del conjunto de revistas comentadas, slo en esta ltima, del 20 de octubre de 1967, aparecen las fotos del Comandante Fidel Castro en la comparecencia ante las cmaras de televisin, tomadas por Arams Ferrera, Arnaldo Santos y Paco Altunaga, cuando el lder de la Revolucin notific la existencia de evidencias sobre la cada del Che y present algunas de las fotografas que permitieron identificarlo. Las imgenes de Bohemia donde aparecen los rostros del pueblo en la despedida en la Plaza de la Revolucin son tambin conmovedoras. Adems de los fotgrafos antes mencionados, par-

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107ticiparon en este nmero Gilberto Ante, Sara Kamay, Pablo y Carlos Pildain y Avelino Leal. A diferencia de estas revistas, en la novena edicin de Pensamiento Crtico, cuyo diseo estuvo a cargo de Alfredo Gonzlez Rostgaard, no aparecen fotos, sino diferentes dibujos del rostro del Che y frases cortas extradas de sus textos; en la portada, el Guerrillero Heroico, vestido con su traje de campaa. Las ilustraciones del nmero catorce fueron realizadas por nios, como muestra de la pervivencia en las nuevas generaciones de este paladn de los humildes. Cine Cubano dirigida por Alfredo Guevara, en su nmero cuarenta y siete public el artculo “Che en el cine”, del realizador Jos Massip, donde analiz crticamente, desde el punto de vista artstico, los tres documentales realizados en Cuba en “poco menos de una semana” con motivo de la desaparicin fsica de Ernesto Guevara. Estos fueron Che, de Enrique Pineda, Hora de los hornos, de F. Nez y Hasta la victoria siempre, de Santiago lvarez, el cual fue concebido para presentarse en la velada solemne el 18 de octubre.La potica del Che y sobre el CheLa poesa tuvo un significado especial para l, sin embargo, en los aos sesenta slo se conoci su “Canto a Fidel”, escrito en Mxico, en 1956.25 En dicho poema dej constancia de su firme resolucin de acompaar al lder de la Revolucin Cubana “[...] a liberar el verde caimn que tanto amas”.26 Fue publicado por primera vez en la revista Bohemia del 1 de mayo de 1960 y se reprodujo en la edicin del 20 de octubre de 1967. Otras, como CDR y OCLAE consideraron igualmente que este era un documento para recordar en los momentos en que ya no estaba entre nosotros. Una prueba de su preferencia por la poesa, es la concisa carta escrita al poeta espaol Len Felipe, al que llam “Maestro”, donde le confes que su libro El ciervo era uno de los pocos que tena en la cabecera de su cama. Dicha misiva fue seleccionada por el poeta y editor Guillermo Rodrguez Rivera para formar parte de El Caimn Barbudo de noviembre de 1967, dedicado al Comandante Guevara, que sera adems, el ltimo de la primera poca de la revista bajo la direccin del escritor Jess Daz. Asimismo, los momentos junto al Che que Roberto Fernndez Retamar evoc en “Aquel poema”, lneas realizadas para el nmero homenaje de Casa de las Amricas, de enero-febrero de 1968, manifiestan la sensibilidad del Guerrillero Heroico hacia las obras en versos. Retamar relat que le haba prestado su antologa de poesa en lengua espaola de Ons para que la leyera durante un viaje en avin, donde coincidieron ambos; un tiempo despus conoci que Guevara le haba pedido a su secretario que copiara el poema “Farewell”, de Pablo Neruda, y no hiciera comentarios al respecto. A los pocos das parti, sin despedirse, a “otras tierras del mundo” a cumplir su misin internacionalista. Quizs no quera que estos versos delataran su prximo destino: Yo me voy. Estoy triste: pero siempre [estoy triste. Vengo desde tus brazos. No s [hacia dnde voy.

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108Desde tu corazn me dice adis [un nio. Y yo le digo adis.27Su vida y su muerte fueron inspiracin para poetas y escritores cubanos y extranjeros. Cuando an el Che estaba construyendo su historia, Nicols Guilln, Jess Orta Ruiz (el Indio Nabor), Miguel Barnet y el tambin compositor y cantante Carlos Puebla, reflejaron en sus obras la admiracin por el hroe. De este ltimo, la revista Casa de las Amricas de noviembre de 1967 public la letra de la guajira Hasta siempre (1965), donde es visible el cario por Guevara: Aprendimos a quererte desde la histrica altura donde el sol de tu bravura le puso cerco a la muerte.28“Che Comandante”, de Guilln, fue una de las poesas que surgi de la conmocin provocada por la certeza de su asesinato. El poeta la ley en la inauguracin de la velada solemne en memoria de Ernesto Guevara, en la Plaza de la Revolucin, y apareci por primera vez en La Gaceta de Cuba de septiembre-octubre de 1967, donde se le homenaje; este sera el poema dedicado al Che ms publicado en aquellos aos.29 En estos versos, Nicols Guilln declar la eternidad de su ejemplo en las tierras de Latinoamrica: Ests en todas partes. En el indio hecho de sueo y cobre. Y en el [negro revuelto en espumosa muchedumbre, y en el ser petrolero y salitrero, y en el terrible desamparo de la banana, y en la gran pampa [de las pieles. y en el azcar y en la sal [y en los cafetos. T, mvil estatua de tu sangre como [te derribaron vivo, como no te queran, Che Comandante, amigo .30Otro de los poemas de este autor en su honor, “Guitarra en duelo mayor”, fue publicado en el nmero especial de Casa de las Amricas acompaado por la msica impresa, del compositor cubano Harold Gramatges. Diversos poetas como Samuel Feijo, ngel Augier, Sidroc Ramos, Flix Contreras, Mirta Aguirre, Jess Orta Ruiz y Flix Pita Rodrguez, por slo citar algunos, compartieron sus versos dedicados al hroe con los lectores de La Gaceta de Cuba, Unin, Casa de las Amricas, Islas, Universidad de La Habana y Bohemia En estas obras palpitaba la admiracin y confianza en la permanencia de la energa revolucionaria del Guerrillero Heroico en el suelo americano. Samuel Feijo lo reflej as en su poema “Che”: Retornar como los huracanes [y los rayos, todo encendido, como era y es, en la justicia, y abatir a los cuervos y [a las fieras, sangrientas guilas. No haya duelo por l, gan [la llamarada del que se ofrenda entero. Todos los apaleados del mundo lo entienden, lo besan, lo sujetan: [hroe, sin esperar ms gloria que el futuro

PAGE 110

109alegre. No haya duelo. Su victoria es la nuestra, [no cejamos; siglo tras siglo.31Allende los mares, la poesa tambin fluy en los escritores y artistas en aquel momento identificados con los problemas existenciales de los ms humildes, y testimonio de ello se pudo apreciar en algunas revistas nacionales, en especial en La Gaceta de Cuba y Casa de las Amricas. La colaboracin en el nmero de enero-febrero de 1968 de esta ltima publicacin fue “[...] una muestra ms de la actividad solidaria de los hombres de todo el mundo con las ideas del Che, con su lucha ejemplar, con la Revolucin [...]”.32Mario Benedetti, Ren Depestre, Luigi Nono, Leopoldo Marechal, Enrique Lihn, David Vias, Juan Gelman y Jos Miguel Ulln, son algunos de los autores de dichas obras.33Esta fue una hermosa edicin de Casa de las Amricas y su distincin emana, ante todo, de su contenido. Se present con uno de los textos ms conmovedores publicados en los das inmediatos al asesinato del Che: una carta escrita por su compaera de luchas, Hayde Santamara, la herona del Moncada y primera presidenta de la Casa de las Amricas, cuyas palabras transmiten todo el amor que senta por l y la tristeza que la afliga al tener la certeza de que ya no lo volvera a ver: Che: dnde te puedo escribir? Me dirs que a cualquier parte, a un minero boliviano, a una madre peruana, al guerrillero que est o no est pero estar. Todo esto lo s, Che, tu mismo me lo enseaste, y adems esta carta no sera para ti. Cmo decirte que nunca haba llorado tanto desde la noche en que mataron a Frank, y eso que esta vez no lo crea. Todos estaban seguros, y yo deca: no es posible, una bala no puede terminar el infinito, Fidel y t tienen que vivir, si ustedes no viven, cmo vivir.34El nmero fue ilustrado con fotogramas del documental Hasta la victoria siempre, del director Santiago lvarez. En la portada y contraportada aparece dibujada la boca de un fusil en cuyo centro, como una bala, la palabra Che y junto a ella, una estrella. Colaboraron en esta edicin intelectuales de Argentina, Chile, Espaa, los Estados Unidos, Francia, Italia, Guatemala, Hait, Inglaterra, Mxico, Per, Uruguay y El Salvador. De Cuba expusieron sus mensajes, recuerdos y comentarios: Ral Roa, Roberto Fernndez Retamar, Alejo Carpentier, Jos Lezama Lima, Samuel Feijo, Manuel Moreno Fraginals y Graziella Pogolotti, por slo citar algunos nombres. Rodolfo Walsh, Manuel Galich, Adolfo Snchez Vzquez, Julio Cortzar, Andr Gorz y Roque Dalton son slo una muestra de un nmero mayor de intelectuales que expresaron en esta edicin de Casa… sus sentimientos e ideas surgidos ante la inesperada noticia de la muerte. “Mensaje al hermano”, de Cortzar,35 fue publicado tambin en Cine Cubano Bohemia y Revista Tricontinental y nos refleja a un hombre profundamente identificado con el Che: Pido lo imposible, lo ms inmerecido, lo que me atrev a hacer una vez, cuando l viva: pido que sea su voz la que se asome aqu, que sea

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110su mano la que escriba estas lneas. S que es absurdo y que es imposible, y por eso mismo creo que l escribe esto conmigo, porque nadie supo mejor hasta qu punto lo absurdo y lo imposible sern un da realidad de los hombres, el futuro por cuyas conquistas dio su joven, su maravillosa vida. Usa entonces mi mano una vez ms, hermano mo, de nada les habr valido cortarte los dedos, de nada les habr valido matarte y esconderte con sus torpes astucias. Toma, escribe: lo que me quede por decir y por hacer lo dir y lo har siempre contigo a mi lado. Slo as tendr sentido seguir viviendo.36La revista Cuba, noviembre de 1967, de igual forma recibi notas de condolencia de otros intelectuales extranjeros como Manuel Rojas, Cesare Zavattini, Peter Weiss, Juan Carlos Onetti, Pedro Mir, Francesco Rosi, David Vias, Roberto Matta, Mario Benedetti, Sarandy Cabrera, Ren Depestre y Atahualpa del Cioppo. Todos ellos coincidieron en reconocer que, aunque ya no estaba entre nosotros, segua siendo el gua de los “explotados y vilipendiados de Amrica”.Cmo ser dignos de su ejemplo?El hecho de que Ernesto Guevara no fuera slo un poltico y guerrillero internacionalista, sino tambin un intelectual revolucionario, pues fue mdico, ensayista y periodista, lo aproxim mucho ms a escritores y artistas de izquierda, quienes se sintieron considerablemente comprometidos a continuar la obra por la que perdi la vida. Tales impresiones fueron expues tas por los invitados al Seminario Preparatorio (noviembre de 1967) y al Congreso Cultural de La Habana, en sus ponencias, en los debates desarrollados y en las entrevistas a la prensa. El propsito principal de dichos eventos era estrechar la unidad de las fuerzas intelectuales de todo el mundo frente a las agresiones imperialistas. En el Congreso participaron representantes de los cinco continentes, con diversas ideologas y profesiones. Algunos de los temas debatidos revelan la presencia de su pensamiento: la necesidad de la solidaridad y el internacionalismo con los pueblos del Tercer Mundo; el llamado a la no cooperacin con organizaciones o fundaciones manejadas por la CIA y sus aclitos; la defensa de la identidad cultural de los pueblos, as como la crtica como instrumento del deveni r social y el compromiso de los intelectuales de los pases subdesarrollados y desarrollados con las personas ms humildes y explotadas de sus naciones. El consenso logrado en estos temas fue reflejado por diversos medios de comunicacin extranjeros como un momento de “luna de miel” entre la vanguardia poltica de la Revolucin y la intelectualidad. En la Bohemia de los meses de noviembre y diciembre de 1967 qued la constancia escrita de algunas de las discusiones que se desarrollaron durante el Seminario Preparatorio, donde muchos delegados consideraron que el mejor homenaje a la memoria del Guerrillero Heroico era intervenir en la lucha insurreccional con las armas en la mano. Este mismo criterio lo sostuvo Lisandro Otero, director de Revolucin y Cultura y uno de los organizadores de dicho encuentro en el

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111nmero del 15 octubre de 1967, cuando manifest: Che era una sntesis perfecta: hombre de ideas y hombre de accin. O se vive de acuerdo con eso y aspirando a eso o se debe optar por el silencio. O se es congruente con lo que se dice o se debe renunciar al decir. Un verdadero escritor revolucionario debe terminar en soldado. No se puede enviar a otros al combate si no combate uno mismo.37Desde otro hemisferio, Peter Weiss, destacado dramaturgo alemn, en su discurso con motivo del asesinato del Che, publicado por el peridico uruguayo Marcha y reproducido por las revistas Revolucin y Cultura Islas y Pensamiento Crtico, censur la actitud de aquellos, que como l, no siguieron el camino de la lucha armada: Su muerte nos ense una leccin. l, que era ms necesario que cualquier otro, mostr lo que l consideraba que era la nica cosa vlida que se deba hacer. Demostr: si los otros no lo hacen, yo lo har [...]. l demostr que lo nico vlido que se poda hacer era empuar las armas y combatir al enemigo. Desde cualquier punto de vista que miramos su muerte, su ejemplo sencillo nos da la respuesta. Ya la respuesta seala nuestra derrota o nuestra cobarda.38Estas ideas Weiss las reiter en los versos que envi a la revista Cuba: Lo dejamos solo. Debi haber tenido toda nuestra ayuda. Ahora hacemos un mrtir de l. Para limpiar nuestras conciencias. O estoy equivocado? Era fuerte, activo, lleno de fe? Era el nico que se atrevi? Nos ense con su muerte nuestra cobarda? Aprender Aprender Aprender La lucha contina.39Una visin ms abierta del problema la tuvieron otros intelectuales como Csar Lpez, cuya exposicin en el Seminario Preparatorio suscit amplios debates: “No se trata de pedirle al intelectual de los pases no liberados que agarre un fusil y se encarame en la primera montaa que se tope a mano. Eso sera otra responsabilidad, primera si se quiere, e independientemente de su condicin intelectual. Se trata de que el intelectual acte como tal”.40Por su parte, el poeta uruguayo Mario Benedetti en una entrevista concedida a Bohemia y en la ponencia que present en el Congreso Cultural de La Habana, publicada en las revistas Casa de las Amricas y Revolucin y Cultura sostuvo que el escritor y el artista revolucionario deban demostrar que su labor era imprescindible para la formacin del hombre nuevo del cual el Che era su mayor expresin. Asimismo, critic a algunos hombres de accin por reclamar que el intelectual pasara a ser soldado y dejara de cumplir su funcin, como si las tareas del escritor o el artista fueran superfluas. Y argument: No todos los intelectuales revolucionarios (empezando por Carlos Marx) terminan en soldados, pero cada vez va apareciendo con mayor claridad que el mero hecho de escribir un libro en Amrica Latina, o de adoptar

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112una actitud militante, comprometida, significa un riesgo. A lo largo y a lo ancho del continente, es larga la nmina de intelectuales presos, o apaleados, o torturados, o simplemente despojados de sus cargos, por el solo delito de haber escrito un texto comprometido o de haber adoptado una actitud digna.41Es significativo que dicho criterio fuera publicado en Revolucin y Cultura, cuyo director, Lisandro Otero, haba expresado en un nmero anterior un punto de vista diferente respecto a la posicin que deban adoptar los intelectuales, aspecto al que nos referimos con anterioridad. Esta libertad para exponer pensamientos contrapuestos en una misma publicacin –de la cual el Che fue uno de sus promotores– es una cualidad que se aprecia en varias revistas de la poca, aunque no es menos cierto que la presentacin de pluralidad de discursos fue hacindose cada vez menos frecuente a partir de 1968.42 S es evidente que tanto una u otra decisin de los intelectuales progresistas –tomar las armas o mantener la lucha desde las trincheras de ideas– eran expresin de una toma de conciencia sobre su responsabilidad social, incitada por el ejemplo del Comandante Ernesto Guevara. Tanto en el Seminario Preparatorio como en el Congreso Cultural se puso de manifiesto el propsito de trabajar por la formacin de un nuevo tipo de intelectual “[...] en el que se dara por igual al pensador, al creador y al hombre de accin”.43 Dicho fin se vena manifestando en el discurso poltico cubano de los sesenta, donde se abogaba por eliminar paulatinamente las diferencias entre el trabajo fsico y el intelectual y evitar que los escritores y artistas fueran “grupos privilegiados”; por el contrario, se pretenda su conversin en profesionales que asumieran todo tipo de tareas segn las exigencias de la sociedad. Tambin se ampli el concepto tradicional de intelectual, pues a estos eventos fueron convocados no slo escritores y artistas, sino tambin cientficos, investigadores, tcnicos y educadores, es decir, todos los que en los campos de las artes y las ciencias podan aunar sus esfuerzos por el mejoramiento de la sociedad.44 Una posicin adoptada por los asistentes como muestra de un profundo compromiso con la Revolucin, fue el acuerdo de renunciar al derecho de autor, proposicin basada en la conviccin de que las obras de arte deban ser para el disfrute de todo el pueblo. En el discurso de clausura del Congreso Cultural de La Habana, el 12 de enero de 1968, reproducido por las revistas Pensamiento Crtico y Revolucin y Cultura, Fidel Castro reconoci el importante papel jugado y que deban asumir los intelectuales en la lucha por los derechos soberanos de sus pueblos y la defensa de la verdad en torno al Che. Sobre este ltimo particular expres: En qu sector fue donde ms profundo impacto tuvo la muerte del Che Guevara? ¡Fue precisamente entre los trabajadores intelectuales! No fueron organizaciones, no fueron partidos. Fueron hombres y mujeres honestos, sensibles, los que tuvieron la actitud de asimilar, de comprender, de admirar, de ha-

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113cer justicia; frente a los que preguntan por qu muri el Che Guevara, frente a los que son incapaces de comprender y que no comprendern jams por qu muri, ni sern capaces jams de morir como l, ni de ser revolucionarios como l.45Para estudiar al CheDiversos productos informativos relacionados con su vida y obra fueron creados con la urgencia que exiga el momento histrico. La Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart (julio-diciembre de 1967) incorpor una bibliografa del Che de los libros, folletos y revistas publicados desde enero de 1959 hasta el 21 de octubre de 1967, y agreg el nmero del 22 de octubre de la revista Verde Olivo.46Un segundo resultado fue una cronologa que recoga los momentos ms significativos de su corta, pero fecunda existencia. La revista de la Universidad de La Habana (julio-diciembre de 1967) tambin public una cronologa del perodo 1959 a 1967. Mientras que Islas (enero-marzo de 1968), entreg un “Breve ideario de Ernesto Guevara” donde aparecan sus reflexiones sobre: socialismo, capitalismo, colonialismo, Cuba, lo propio, el pueblo, el error, la burocracia, el trabajo, conciencia, sacrificio, justicia econmica, cultura, Organizacin de Naciones Unidas (ONU), Organizacin de Estados Americanos (OEA), imperialismo, internacionalismo, americanismo, la lucha armada y variaciones. En su totalidad estos documentos fueron muy importantes para el desarrollo de la docencia y la investigacin en aquellos aos, ms an cuando el estudio del pensamiento del Che y su transmisin a las nuevas generaciones era una necesidad poltica y tica legislada en el acuerdo del 15 de octubre de 1967 del Consejo de Ministros y del Comit Central del Partido Comunista de Cuba.47Ests en todas partesLa repercusin del asesinato del Guerrillero Heroico en otros pases fue reflejada por Bohemia en las secciones “En Cuba” y “A travs del mundo”, y en Verde Olivo en el espacio “Mirando al mundo”. En estas publicaciones se pudo constatar que no hubo manifestacin popular que no alzara como bandera de lucha su memoria. En Amrica Latina se produjeron mltiples acciones guerrilleras; tambin los estudiantes europeos y norteamericanos en sus protestas contra la guerra en Viet Nam realizaron actividades honrando al Che. Las noticias se refirieron adems a la visin de la prensa latinoamericana sobre el suceso y a los mensajes de condolencias enviados por personalidades y organizaciones de todo el mundo. La Sociedad de Amistad Cubano Espaola, en las pginas centrales de Espaa Republicana del 1 de noviembre de 1967, dio a conocer una declaracin en la que aseveraron: “Al inclinar, pues, las banderas de la SACE en seal de duelo y homenaje a la memoria del Comandante Ernesto Guevara, prometemos laborar incansablemente por el desarrollo, fortalecimiento y defensa de la Revolucin Cubana, contribuir con nuestro mayor esfuerzo y sacrificio a la libertad de Espaa y a la causa gloriosa de la liberacin de todos los pueblos del mundo”.48

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114Especial significacin tuvo el comunicado firmado por Marco Antonio Yon Sosa, comandante general del MR 13, y Csar Montes, comandante en jefe de las FAR de Guatemala, publicado por Revolucin y Cultura (30 de marzo de 1968), donde expresaron que la muerte del Che era un “grito de guerra” para los revolucionarios latinoamericanos y ratificaron que la lucha armada era la nica va posible para lograr la libertad.49ltimas reflexionesLas revistas cubanas de fines de los sesenta, puntuales testigos del contexto en que se desarrollaron, reflejaron de dismiles formas este triste momento. Cada publicacin, desde su perfil, fue una expresin de la conmocin popular y en particular de la afliccin que embarg a numerosos intelectuales que colaboraban o eran responsables de ellas. Nos presentaron al Che en toda la plenitud de su existencia: guerrillero, intelectual, trabajador, dirigente, padre, hijo, amigo..., y lo hicieron a travs de su propia obra y mediante poemas, relatos, artculos, discursos, mensajes, ancdotas, comentarios, dibujos, fotos y cartas, que surgieron espontneamente como resultado de la mezcla de sentimientos de amor, admiracin y dolor provocados por el golpe emocional producido al conocerse la noticia de la cada del hroe. Mucho se ha escrito sobre el Che desde entonces, pero la significacin para la historia y la cultura cubana y de la humanidad de los textos redactados en los das inmediatos a su muerte, no es posible igualarla. Tienen tanta fuerza las palabras y las imgenes que se perciben al leer las revistas, que nos revelan a un hombre que comparte sus experiencias, trabaja, combate, orienta y educa. Es un Che que compromete, exige y propone el camino a continuar para convertirnos en mejores seres humanos. Vale la pena volver a hojear estas publicaciones despus de cuarenta aos. Notas1 Castro Ruz, Fidel. Comparecencia en la radio y la televisin nacionales [15 de octubre de 1967]. Bohemia (La Habana) 59(42):36; 20 oct. 1967.2 El 9 de febrero de 1959 fue declarado legalmente ciudadano cubano por nacimiento, segn el precedente establecido en el caso del dominicano Mximo Gmez, quien tambin expuso su vida por la independencia de Cuba.3 Gutirrez, Carlos Mara. El Che en lo suyo. Bohemia (La Habana) 59(50):8; 15 dic. 1967. _______. Una madrugada de febrero. Casa de las Amricas (La Habana) 8(46):44; en.-febr. 1968.4 En Verde Olivo tambin firm algunos trabajos con el seudnimo de “El Francotirador” y en ellos abord casi siempre aspectos de la situacin internacional.5 Sobre otros trabajos que public el Che, consultar: Bacallao Pino, Lzaro M. Che Guevara, una perspectiva del periodismo. Cubaperiodistas.cu 19 de marzo de 2007. En lnea. Internet. 21 jun. 2007. Disponible: http://www.cubaperiodistas.cu/ noticias/marzo07/19/01.htm6 Antonio Paneque Brizuela en “Liberacin en tres continentes. Valioso aporte de la OSPAAAL al pensamiento emancipador” precisa que: El artculo que se esperaba fuera ncleo del primer nmero de la revista [...] fue solicitado por Osmany al Che mientras este se preparaba en San Andrs, Pinar del Ro, para emprender la gesta boliviana. Pero al conocerse que el contenido logrado por el Guerrillero Heroico “iba ms all de las expectativas”, fue diferido y publicado en un suplemento especial, despus de los tres primeros combates victoriosos de la guerrilla boliviana comandada por el Che, el 16

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115de abril de 1967, con un ttulo que pasara a la historia: “Mensaje a los pueblos del mundo a travs de la Tricontinental” y una consigna de sello guevarista: “Crear dos, tres, muchos Viet Nam”. Granma 24-04-2007 En lnea. Internet. 24 mayo 2007. Disponible: http://www .granma.cubaweb.cu/ 2007/04/24/cubamundo/artic01.html7 Guevara, Ernesto Che. “Diario [agosto 8]”. En: Obras, 1957-1967. La Habana: Casa de las Amricas, 1970. t. 1, p. 592.8 Este trabajo se circunscribe fundamentalmente a los nmeros de las revistas cubanas publicados en el perodo de octubre 1967 a diciembre de 1969.9 Estando impreso este nmero... Pensamiento Crtico 8 [sept. 1967]: s.p. [cartn suelto]10 En la actualidad se erige un monumento a la memoria del Comandante Guevara en el municipio de El Alto, en Bolivia, que medir unos seis metros. Adems, se estn celebrando en ese pas diversas actividades de recordacin al hroe, con la plena anuencia del gobierno presidido por Evo Morales.11 El Comandante Ernesto Che Guevara. Casa de las Amricas (La Habana) 8(45):1; nov.-dic. 1967.12 Che Guevara. Islas (Santa Clara, Cuba) 9(4):[1]; oct.-dic. 1967.13 Comandante Guerrillero. Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart (La Habana) 58(34):5; jul.-dic. 1967.14 Snchez, Germn. “Che: su otra imagen”. En: Pensar al Che. La Habana: Centro de Estudios sobre Amrica. Editorial Jos Mart, 1989. t. 1, pp. 29 y 47.15 En este trabajo critic el artculo “Formas y mtodos de la planificacin socialista y nivel de desarrollo de las Fuerzas Productivas”, de Charles Bettelheim.16 Ver Pensamiento Crtico (La Habana) 31; ag. 1969.17 Ver: “La Bohemia del Che”. Bohemia (La Habana) 59(43):46-47; 27 oct. 1967.18 En una conversacin con Eduardo Yasell efectuada el 30 de junio de 2007, quien trabaj en Verde Olivo desde su fundacin y en 1967 era su subdirector, nos explic que el Departamento de Relaciones Internacionales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias se encargaba de que la publicacin llegara a las embajadas donde haba agregados militares. Tambin nos coment que el Che no slo colaboraba con trabajos para ser publicados, sino adems orientaba la revista y convocaba a los combatientes a escribir para ella, siempre ajustndose a la verdad histrica.19 [Editorial]. El Militante Comunista (La Habana):2; dic. 1967.20 Guevara, Ernesto Che. “El socialismo y el hombre en Cuba”. [Nota de la Redaccin]. Verde Olivo (La Habana) 8(52):23; 31 dic. 1967.21 Snchez Vzquez, Adolfo. El Socialismo y el Che. Casa de las Amricas (La Habana) 8(46):149-150; en.-febr. 1968.22 Pogolotti, Graziella. Apuntes para el Che escritor. Ibdem, p. 15423 Guevara, Ernesto Che. Cartas/1956-1966. Pensamiento Crtico (La Habana) 1(9):212-218; oct. 1967.24 En realidad sali publicado en Granma unos das antes, el 25 de octubre de 1967.25 En octubre de 1982 las revistas Cuba Internacional y El Caimn Barbudo publicaron otros poemas del Che junto a “Canto a Fidel”. Ver: Cuba Internacional (La Habana) 14(155):62; oct. 1982. El Caimn Barbudo (La Habana) (178):5-7; oct. 1982.26 Guevara, Ernesto Che. Canto a Fidel. Bohemia (La Habana) 59(42):95; 20 oct. 1967.27 Neruda, Pablo. “Farewell”. SISIB Universidad de Chile. En lnea. Internet. 24 jun. 2007. Disponible: http://www.neruda.uchile.cl/obra/ obrafarewell.html28 Puebla, Carlos. Hasta siempre Casa de las Amricas (La Habana) 8(45):152; nov.-dic. 1967.29 Se public tambin en las revistas Unin, Bohemia, Verde Olivo, Cine Cubano, Universidad de La Habana, Espaa Republicana y OCLAE; adems en los peridicos Granma y El Mundo.30 Guilln, Nicols. Che, Comandante. La Gaceta de Cuba (La Habana) 6(61):3; sept.-oct. 1967. [Fragmentos]31 Feijo, Samuel. Che. Islas (Santan Clara, Cuba) 6(4):25; dic.1967. [Fragmentos]32 Este nmero... Casa de las Amricas (La Habana) 8(46):221; en.-febr. 1968.

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11633 En 1969 el Instituto del Libro edit una compilacin de poesas titulada Poemas al Che, realizada por Ambrosio Fornet, donde aparecen los poemas de autores cubanos y extranjeros dedicados al hroe.34 Santamara, Hayde. Hasta la victoria siempre, Che querido. Casa de las Amricas (La Habana) 8(46):4; en.-febr. 1968. [Fragmentos]35 Cortzar en uno de sus primeros viajes a Cuba pudo leer Pasajes de la guerra revolucionaria y motivado por el texto escribi su cuento “Reunin” (1964), donde evoc el desembarco del yate Granma en Cuba en 1956. Este relato fue publicado en los nmeros homenajes de El Caimn Barbudo y Casa de las Amricas .36 Cortzar, Julio. Mensaje al hermano. Casa de las Amricas (La Habana) 8(46):6; en.-febr. 1968. [Fragmentos]37 Otero, Lisandro. Che, la razn en caballera. Revolucin y Cultura (La Habana) 1(2):4; 15 oct. 1967.38 Weiss, Peter. Che Guevara. Revolucin y Cultura (La Habana) 1(6):20; 15 mar. 1968.39 _______. [Muri cuando era ms necesario...]. Cuba (La Habana) 7(67):98; nov. 1967. [Fragmentos]40 El Seminario Preparatorio del Congreso Cultural de La Habana. Bohemia (La Habana) 59(44):69; 3 nov. 1967.41 Benedetti, Mario. Esta contienda la est perdiendo el imperialismo. Ent. Bohemia (La Habana) 59(52):83; 29 dic. 1967.42 Sobre este particular leer el prlogo de: Pogolotti, Graziella. Polmicas culturales de los 60. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2006. Ver tambin: Navarro, Desiderio. In medias res pblicas. La Gaceta de Cuba (La Habana) (3):4045; mayo-jun. 2001.43 Declaracin General del Seminario Preparatorio del Congreso Cultural de La Habana. Bohemia (La Habana) 59(45):41; 10 nov. 1967.44 No todos los asistentes al Seminario Preparatorio estuvieron de acuerdo con esta nueva concepcin del intelectual. Acerca de los enfrentamientos que sobre este tema se sucedieron, se refiri Lisandro Otero en su artculo “El tiempo de RC” publicado en el nmero seis de Revolucin y Cultura (nov.-dic. 1991, pp. 7-8).45 Castro Ruz, Fidel. En el Congreso. Revolucin y Cultura (La Habana) 1(6):9; 15 mar. 1968.46 Este trabajo fue realizado por el Departamento de Consulta y Referencia de esta institucin.47 Partido Comunista de Cuba. Comit Central. [Acuerdo]. Bohemia (La Habana) 59(42):46; 20 oct. 1967.48 Declaracin de la Sociedad de Amistad Cubano Espaola. Espaa Republicana 29(644):15; 1.nov. 1967.49 Yon Sosa, Marco Antonio y Csar Montes. Ante la muerte de Che. Revolucin y Cultura (La Habana) 1(7):48-49; 30 mar. 1968.Otra Bibliografa consultada BORREGO DAZ, ORLANDO. Che Guevara, lector de El Capital. Ent. Nstor Kohan Rebelin. En lnea. Internet. 2 jul. 2003. Disponible: http:// www.rebelion.org/argentina/ 030702kohan.htm CAIRO, ANA. Ernesto Che Guevara y los intelectuales cubanos. Universidad de La Habana (248):44-64; primer semestre 1998. FERNNDEZ ROBAINA, TOMS. Bibliografa del Comandante Ernesto Che Guevara de publicaciones extranjeras. [indito] [mecanografiada] [197?] GARCA CARRANZA, ARACELI y JOSEFINAGARCA CARRANZA. Bibliografa cubana del Comandante Ernesto Che Guevara. La Habana: Impreso por el Palacio de las Convenciones, bajo los auspicios de la Comisin para Perpetuar la Memoria del Comandante Ernesto “Che”Guevara, 1987. Portuondo, Jos Antonio. “Itinerario esttico de la Revolucin Cubana”. En: Revolucin, letras y artes. Ciudad de La Habana, 1980. pp. 160-187.

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117Revistas consultadas Bohemia (La Habana) 59(40); 6 oct. 1967. (44); 3 nov. 1967. (45); 10 nov. 1967. (48); 1 dic. 1967. (49); 8 dic. 1967. (51); 22 dic. 1967 y (52); 29 dic. 1967. Cuba (La Habana); nov. 1967. El Caimn Barbudo (La Habana) (17); nov. 1967. (24); oct. 1968 y (35); oct. 1969. Cine Cubano (La Habana) 8(47); 1967. El Militante Comunista (La Habana); nov. 1967. Espaa Republicana 29(643); 15 oct. 1967 y (644); 1. nov. 1967. Islas (Santa Clara, Cuba) 10(1); en.mar. 1968. Moncada (La Habana); oct. 1967. (Suplemento especial) Mujeres (La Habana) 7(12); dic. 1967. Nuestra Amrica. Boletn 1(10); oct.dic. 1967. OCLAE (nov. 1967) Pensamiento Crtico (La Habana) (14); mar. 1968. (27); abr. 1969. y 33 (oct. 1969) Revolucin y Cultura (La Habana) 1(3); 30 nov. 1967. 1(7); 30 mar. 1968. 1( 12); 15 ag. 1968 y 2(Suplemento 2); 15 febr. 1969. Revista y Boletn Tricontinental (La Habana) 2(11-12); febr.-mar. 1967. (15); jun. 1967. (20); nov. 1967 y (21); dic. 1967. Unin (La Habana) 6(4); dic. 1967. Universidad de La Habana (186-187188); jul.-dic. 1967. (Nmero especial ) Verde Olivo (La Habana) 8(42); 22 oct. 1967. (43); 29 oct. 1967.

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118 MEDITACIONESQ uiero antes que nada dar las gracias al Jurado que me ha hecho el honor de conferirme este Premio Iberoamericano Pablo Neruda. A la acadmica chilena Ana Pizarro, al poeta peruano Carlos Germn Belli y al cubano y compatriota nuestro, Roberto Fernndez Retamar. Muy en particular quiero drselas a la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, por lo que entiendo que es tambin una distincin a mi pas y a la cultura cubana. De mi prestigioso jurado quiero expresar el respeto que siento por sus obras. A Belli lo conocimos en nuestro lejano viaje a Florencia, sorprendindonos que hubiera podido escapar del avasallador influjo del cholo universal, Vallejo, con esa poesa suya, de una modernidad distinta, tocada de un fino arcasmo. En cuanto al poeta que da ttulo a este premio, Neruda, junto a Gabriela Mistral los dos nombres ms altos de la poesa chilena, son voces que han atravesado los lmites de la cordillera andina para hacernos llegar a todos, la hermosura de la geografa de su patria y el herosmo de su historia. Desde los tiempos de la que llamara Neruda “lengua de jaspe” de Ercilla se glori el valor arauco, que herman al propio el militar espaol, ms all de la crueldad de la conquista, honrando a Caupolicn y a aquellos otros hroes que la resistieron sin proferir una queja. Y nosotros tuvimos al poeta habanero-espaol Manuel de Zequeira, cantor y partcipe de la batalla de Yacsi, que conmovido ante tan desiguales armas de combate, al ver caer a un indio, el pecho desnudo y el penacho de plumas, se doli como de un hijo y prorrumpi: “Quin sufri nunca penas tan extraas?”. El segundo encuentro decisivo con Espaa fue cuando la guerra civil. La guerra civil espaola represent el reencuentro de espaoles y americanos, despus de siglos de enfrentamiento, en defensa de lo que llam Mart “la rep-* Fueron pronunciadas por el ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto en la ceremonia efectuada en Santiago de Chile el 20 de julio de 2007. Palabras de agradecimiento por el Premio Iberoamericano de Poesa Pablo Neruda* Fina Garca MarruzPoetisa, ensayista e investigadora literaria

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119blica moral”, que pareca haber predicho cuando dijo: “[...] los cubanos empezamos la guerra y los cubanos y espaoles la terminaremos”. El odio a Espaa siempre propici la anexin al norte. La Amrica mestiza, en que en una misma familia se pueden encontrar, junto a ancestros indgenas o africanos, ancestros andaluces o castellanos, catalanes o canarios, sinti siempre a Espaa como una unidad, distinguiendo “su mal gobierno” del que Mart llam “el sobrio y espiritual pueblo de Espaa”, la Espaa de Ovando o de Pizarro y la del padre Bartolom de Las Casas, que honrara Neruda en su Canto general. No odi Mart a Espaa, como tampoco Neruda. El autor de este poema, en el que estn como vivos todos los hroes y mrtires de la Conquista, fue tambin el que en la guerra civil escribiera Espaa en el corazn. De sus Veinte poemas de amor y una cancin desesperada, qu joven americano no quisiera haber escrito sus versos a la estudiante de “eras la boina gris y el corazn en calma”, quin despus no se apresur a buscar sus anteriores y posteriores libros. De ellos nos quedara en el odo la palabra inglesa farewell que a l lo remitiera a aquellos emigrantes de Far West y otras latitudes que, en su juventud solitaria, levantaron sus tiendas cerca de Temuco. Palabra que slo en la ltima silaba retena algo del bien buscado en nueva tierra, en tanto la primera quedaba vibrando en el odo, nublada de aoranzas. A su Tentativa del hombre infinito le seal la crtica el influjo dominante de Sabat Ercasty, del que tena la inspiracin de su ancho verso libre, liberado al menos de la rima, y en cuya exclamativa “¡Alegra del mar!” no reconocimos del todo a aquel distinto mar suyo, que sorprendiramos despus, en nuestra visita a Isla Negra, frente al nada pacfico Ocano, del que nos dice que era a la vez un “no” y un “s”, capaz tan pronto de arrasar la tierra como de alzarla de nuevo, con todos sus olores y colores, en una embriagante resurreccin vegetal, que sera la nica en la que creera siempre. En su Tentativa..., como en el acaso menos estudiado de sus libros, El hondero entusiasta, se ira aproximando a esa separacin definitiva de Ercasty que fueron sus Veinte poemas... hacia un tono menos declamatorio y ms ntimo, llevndolo a su definitiva Residencia en la tierra, cuya audacia y belleza sorprendieron a la crtica americana y europea con un lenguaje nuevo. Manifiesta en esos versos aquella “tentativa de infinitud” (“¡Salir, salir de m, Dios mo!”), que a su hondero entusiasta ha de llevar a lanzar su piedra no slo contra el gigante de sobrehumana fuerza, sino an ms lejos, hacia aquella lnea del horizonte que une cielo y tierra y que siempre tendr que ver con la esperanza. De Daro, autor de Cantos de vida y esperanza, al que Vallejo llam “el csmico”, queremos hablar, de la luminosidad de su palabra y no de las sonoridades fciles que la imitacin modernista hizo de nuestro gran movimiento fundador, ya que a l le deben todos. Junto a Mart, al que llam Maestro, representa la doble vertiente tica y esttica de aquel romanticismo libertario de Byron y Heredia, de esencia y no de escuela, de su: “Quin que es no es romntico?”.

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120Cundo Neruda empez a leerlo? Nunca sabemos cundo es que empezamos a leer a un poeta as. Su recuerdo no lo abandon nunca, comunicndole ese secreto de dicha que tiene la creacin potica, aun cuando se escriban los versos ms tristes esta noche, comunicndole siempre la fe en una salida, que su temprana Tentativa del hombre infinito pareci vislumbrar: “Est lloviendo de repente mi puerta se va a abrir”. Una lluvia acompaa sus primeros recuerdos, una presencia constante del agua que caa incesantemente alrededor de su casa, no por unos das o meses, sino, como en el Macondo garciamarquense, durante varios aos, empapando los pies que se hundan en el barro, echando de menos al sol que haba de endurecerlo, fortaleciendo las simientes –sus avasalladores gerundios, que tienen el tiempo de la vida–, rompiendo los terrones hasta alzarlos a la luz. Aquel joven provinciano pobre que recorra las calles de Temuco con la capa negra oscura de su padre, no por parecerse a Bcquer sino por resguardarse del mucho fro, slo recordar despus los versos de Gabriela, aquellos que dicen de los pies de los nios amoratados por el fro: “¡Cmo os ven y no os cubren Dios mo!”. Sera tambin el hombre que en una nica foto de las muchas que reproducen los libros que se le dedican, aparece fugitivo de su propia patria, atravesando los Andes, tratando de alcanzar la frontera con la Argentina, con los pies descalzos encogidos por el fro. El mismo de los versos de Residencia en la tierra, que todos paladeamos, pero de los que nos dir que fueron escritos en la temporada ms solitaria y desesperanzada que tuvo en la tierra. Nunca se vio a Neruda ms feliz que a su paso por el Madrid anterior a la guerra, en que conociera a toda la joven vanguardia espaola y en que hara con Federico un alegre “alimn” –juego de toreros, en que se enfrentan juntos a un toro con una misma capa– en que los dos preguntaran al harto olvidadizo Madrid: “Dnde est el parque Rubn Daro?”. “Dnde est la tienda de rosas Rubn Daro?”. Acaso se refiriera, sobre todo Federico, a aquel primer viaje del poeta, a finales del diecinueve, recin nombrado cnsul de Nicaragua, en que les sealara a los jvenes Machado y Juan Ramn –como ambos reconocieron al saber de su muerte, despus de un primer rechazo al peor modernismo, plaga en Amrica– su verdadero camino. Neruda recuerda a Federico como “derrochador de alegra”, aquel capaz de romper a bailar en medio de la calle sin importarle el respeto del mundo, y ya fuera de l, por lo que al conocer de su trgica muerte, lo que habr de preguntar es: “se puede asesinar a la alegra?”. Daro, que ech de menos un eje tico en la naturaleza y en la ambivalencia de sus dones, pregunt a Dios por qu si haba creado las palomas cre tambin los gavilanes. La razn a secas no poda contestrselo. Entonces peregrin su corazn y trajo “de la sagrada selva la armona”. Unin amorosa de los contrarios, como la del arco guerrero y la lira, en la definicin clsica de la armona. Equilibrio que llam Mart “la ley matriz, la ley esttica esencial”. Equilibrio de las almas y los cuerpos

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121que sin l se vendran abajo, de las fuerzas positivas y negativas, que de no ser ms fuertes las primeras ya habran dado fin al mundo. De l extrae su fe en la victoria final de su lucha: “Vea el que desconfe a la naturaleza equilibrada y triunfante”. No le llam Daro “sagrada” a la selva sino hasta entonces. Al igual que Neruda, cuya selva “secreta” no es la darwineana del triunfo del ms fuerte. El eros nerudiano no tiene que ver con las caceras africanas de Hemingway ni con la eficacia britnica de la prosa de Laurence en la India, escritores a los que respeta, pero que ya eran dueos de su estilo antes de novelarlos. No es el caso de Neruda, que slo va a encontrar su propia palabra en su estancia en la India, donde escribira su Residencia en la tierra. All le vendr siempre el recuerdo de “la encandilada, plida estudiante”, que acaso conociera en su estancia en Santiago; el recuerdo de esas decisivas experiencias de su juventud. Aquel joven “tmido y caballeroso” al que asaltan dos “precoces y diablicas” jvenes que lo miraban ruborizndolo, a las que se acerc atrado por un cestillo tejido que tenan con unos huevos de codorniz color turquesa. De su paralizante encuentro slo dir “y all se acab el nido”. En la India, la birmana y dulce Jossie Bliss, la ms apasionada de sus amantes, que se vesta como una inglesa, tan celosa como para preferir verlo muerto que ajeno, a la que descubre con terror un cuchillo oculto para matarlo, y de la que decide escapar en secreto, y “huir dulcemente” como dijo Gide que tuvo que hacer al romper su amistad con Claudel, no obstante reconocer su genio superior al suyo. En su “Tango del viudo” recordar el incidente llamndola: “¡Oh, Maligna!”. Hay otro pasaje, acaso el ms revelador de su vasta experiencia amorosa, que es el del paso de una bella y rara paria, de la raza tamil, casta de los intocables de la India, reducida al triste oficio de la limpieza de inmundicias. Neruda, siempre atrado por el secreto genesiaco del que llamara un amigo “el nacimiento de Venus de las aguas”, tendr un encuentro que habr de revelarle ese escaln ltimo del abandono humano por el que hallar retrico el “abandonado” de sus Veinte poemas... Fra como una estatua, ms all del goce o del dolor, menos que una piedra en manos de su eventual dueo, se le aleja sin un reproche, sin ni siquiera desdearlo. Alguna relacin con el Rimbaud de “todas las monstruosidades violan los gestos atroces de Hortensia”, lo que ha sido “la ardiente higiene de las razas”? Algo que ver con las “distracciones vagamente higinicas” con el Esposo infernal? Slo el reproche, que l mismo se hace por aquel encuentro con la abandonada, y su toma de partido por ella: “Amores novicios. Encontrad a Hortensia”. De pronto recordamos que llama a su autobiografa no slo Memoria sino Confesin, si bien no en sentido sacramental. Neruda, como todo poeta, se confiesa en la palabra, y una vez consider como el origen ms antiguo de ella junto a sus experiencias de juventud, lo que llam “su infinita compasin ante la desventura humana”. Ya nos hemos referido a la huida secreta de su apasionada amante Jossie Bliss, quien sin esperanzas de recobrarlo

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122no descansar hasta volverlo a encontrar. Entonces, anegada en lgrimas lo besa hasta los pies. Y he aqu que Neruda ve de pronto como la tiza de los zapatos le ha enharinado el rostro, casi como una desdichada actriz, con algo de la Gelsolmina de Fellini. La ve en su absoluta orfandad, y ms all del terror sentido ante la probabilidad de que le hundiese, dormido, su terrible cuchillo, renuncia completamente a la idea de abandonarla. Afortunadamente su buena estrella lo lleva a dejarla, para encontrar finalmente la paz y armona rubeniana con mejor compaera de peregrinaje. Permtaseme el recuerdo de unos versos de Cintio (Vitier) que slo cito por la relacin que guarda con las races de la palabra “materia”: “Materia, madre, mar, Mara,/ nombres que vienen del origen...”. Y aqu la palabra Mara no tiene que ver con la evanglica ni con una fe que sabemos no tuvo Neruda sino, justamente, con la comn etimologa de estas palabras. Pues no llama Neruda al ocano madre? No se nombr en tiempos de la conquista a la Virgen Madre Amrica y no seguimos llamando Madre Tierra a la tierra? El culto a la Mara virgen de la poesa provenzal pareca guardar la confusa memoria de una relacin original, “el trovar clus” que admiraba Lezama en sus trovadores, lenguaje solo oscuro por secreto. Y no es lo que llama Neruda la “selva secreta”, que tanta relacin tiene con Daro? Recordemos, al centro de su Residencia en la tierra, su ngela Adnica: Hoy me he tendido junto a una joven pura como a la orilla de un ocano blanco como en el centro de una ardiente estrella de lento espacio. La relacin de Neruda con las materias: agua, sal, aceite, que la poesa de Gabriela volvi sacramentales, no es la de un filsofo positivista sino de origen popular, l llamar a sus cantos a la materia Odas elementales. No fueron los poetas lricos de antao los que compararon los ojos de la amada con las estrellas sino que es la Fsica moderna la que descubre, como recuerda Ernesto Cardenal en su “Canto csmico”, que estamos hechos de “la misma materia que las estrellas”. “Polvo, pero de estrella”, como recuerda Quevedo, tan amado por Neruda, al que tuvimos la suerte de escuchar cuando estuvo en La Habana, descendiendo del estrado del Ateneo para recorrer sus pasillos mientras lea los “Poemas al Amor y la Muerte”, haciendo suya la resistencia a dejar atrs el cuerpo, a liberarlo del alma: ¡Mdulas que han tan gloriosamente ardido! An recuerdo su voz aindiada, parecida a la de Gabriela, aunque alargando ms la penltima slaba: Sern cenizas mas tendrn sentido. Polvo sern mas polvo enamorado. Neruda tambin se resisti a separar cuerpo y alma en su despedida de la tierra. All, en sus Memorias, el recuerdo de la madre que perdi, como Daro, sin llegar a conocerla. Aquella madre “enlutada” de la que slo sabe que “haca versos”, en cuyo bal sorprendera

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123un paquetico de cartas de algn Alberto o Enrique dedicadas a Mara Thielman, de posible ancestro alemn, quizs alguna de aquellas esposas de emigrantes ingleses, irlandeses y sefarditas, que llevaban “cdigo y Biblia”, tan civilizadores. Ellos le dieron al poeta provinciano el conocimiento del otro lado del mundo y el precoz deseo de recorrerlo. El bal, con postales de artistas, tena cintas con algunos cabellos atados. La “naturaleza y el amor” fueron, nos dice, las dos fuentes de su poesa. Entremos entonces en las pginas que presiden sus Memorias sobre el bosque chileno: La selva secreta, la madre oscura: Bajo los volcanes, junto a los ventisqueros, entre los grandes lagos, el fragante, el silencioso, el enmaraado bosque chileno... l discierne cada uno de sus follajes diferentes, el lineal, el encrespado, el ramoso, el lanceolado, y con esa insistencia suya en el trmino aplicado a todo lo finito, los ve cortados como por una tijera de movimientos infinitos. Penetra en su nariz “el aroma salvaje del laurel”, el del boldo, el del frangspan, el de la magnolia. Un ave atraviesa la selva fra, y desde su escondite “el silencio suena como un oboe”. La naturaleza, donde al decir de Emerson todo es conjunto, le produce, nos dice, “una suerte de embriaguez” que incita, antes que a su esplendor, a las fuerzas que la acechan: “Al tronco podrido hongos negros y azules le ponen orejas y plantas parsitas le colman de rubes o le prestan barbas”. “Brota veloz una culebra desde sus entraas podridas como una emanacin, como si se le escapara el alma”. En el autor de los “Tres cantos materiales”, cunto espritu. Nacido en Parral, lugar de viedos, que como los cedros del Lbano, se consideraron sembrados directamente por Dios mismo, dedicar el primero de ellos al “Estatuto del vino”, el segundo a la alegra de los mercados en su “Apogeo del apio”, pero el tercero a su “Entrada en la madera”, sin duda el ms visionario de sus cantos. Tambin a Gabriela, a quien tuve la dicha de conocer y de orle sus versos, le atraera la fragancia reminiscente del bosque: Viene un aroma vuelto en rfagas. Soy muy dichosa si lo siento. De tan delgado no es aroma. Siento el olor de los almendros. Algo ms elemental an, el olor, que no se queda sino que va y viene a rfagas. Ella siente cada primavera como la Primera vez, como cuando la Creacin del mundo. l quiere llegar al corazn del bosque, no al perfume Ronsard de las rosas sino al que emana de la resina del tronco. Ella llama a Mart el “escritor ms ostensible en mi obra”, que prefiere al oro impuro, el del bosque eterno “cuando rompe en l el sol”. Ella canta la almendra ltima de todo. l ve a Mart como una semilla que habr de renacer en una nueva necesidad histrica, yaciente en la tierra “como una almendra pura”. Y qu bien se entendieron el luchador comunista y la poetisa cristiana. Tenan en comn el amor a las races de las palabras, que son las mismas que las de la accin. Neruda, en un arranque de sinceridad de poeta

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124agra decido, dijo que si bien los espaoles se haban llevado en sus galeones casi todo el oro de Amrica, nos dejaron en cambio el oro no corruptible de su idioma, roca de unidad y resistencia frente al imperio, incluso de los propios indgenas, que divididos en etnias y credos distintos, algunos rivales, mal hubieran podido defenderse y constituir “Nuestra Amrica”. Es verdad que Mart dira, con irona rara en l, que los americanos habamos pagado demasiado caro “la sonoridad de la lengua espaola”, pero no se perdi la lectura de todos los clsicos en el Ateneo de Madrid y am la lengua paridora de Quevedo como la ms necesaria a los que hoy vivimos. Gabriela, de la misma ascendencia vasco-indgena que Neruda, dira del idioma arribado, que fue “Almirante arcanglico de las Tres Carabelas”, que nos trajeron en ellas la “Cartilla de Jos de la Luz”, el axioma de Varona, idioma en que se verti la poesa cubana, y “los versos cantables de Mart”, es decir, del Apstol de nuestra independencia. En su estancia en La Habana ella dijo: “[...] me gusta nuestra comn bandera y estrella de cinco puntas, que a pesar de pureza es pura ardenta, brasa blanca que cae a la vista, ardiendo hacia el pecho, como la mano, tal vez de Dios, que todo lo da y no se cierra nunca”. Pura ardenta que nos remite a la ardiente estrella de su ngela Adnica. De la crueldad de la conquista slo qued en el idioma el “deje” del habla natal, que est en el “parla y parla” de la tarde cocinera de Vallejo y en la Gabriela de “El ruego”, parlndole a Dios un crepsculo entero. Quedaron las semillas y las piedras. “Somos piedra triturada”, dira el poeta. Vallejo sentira, bajo el Arco del Triunfo napolenico, llorar a las piedras. El cantor de las “Alturas de Machupicchu” sinti erguirse la piedra cansada del Per, gloriando a sus hombres desaparecidos. Poema que nos recuerda a aquella “Visin de Toledo” del soneto de Gngora, que viera como altura que, “precipitante, ha tantos siglos que se viene abajo”, o como el Nigara de la crnica martiana sobre el poema de Bonalde, en que el estrpito de la cada no turba el iris de colores que se remansa en las aguas profundas. Neruda nos habra de contar su primer encuentro con Gabriela, recin nombrada maestra del Liceo de nias de Temuco, “[...] una seora alta, con vestidos largos y zapatos de tacn bajo” que an no saba que era Gabriela Mistral. Demasiado joven para ser su amigo, demasiado “tmido” y “ensimismado”, la vea pasar por las calles y “tena miedo de acercrsele”. Cuando empieza a visitarla –ella le regalaba libros–, incluso le pareci “buena moza”. Oigamos la bella evocacin: “En su rostro tostado, en que la sangre india predominaba como en un bello cntaro araucano, sus dientes blanqusimos se mostraban en una sonrisa plena y generosa que iluminaba la habitacin”. Recuerdo que a m tambin me sorprendi esa sonrisa blanqusima, que me pareca de sal nia, una sensacin de elemental pureza como de agua dando contra peascos oscuros, sonrisa que irrumpa de pronto en el rostro grave. Era uno de esos rostros en que,

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125como el de Vallejo, la estructura sea era ms dominante que lo volandero de las carnes y que resisten al tiempo con la belleza que ya en los otros se va desvaneciendo. Su autoridad natural unida a una desarmante sencillez, a la vez invitaba y detena. Slo la naturaleza saba ser as, tan imponente y sencilla. “¡Lea a los rusos!” Le dijo al joven provinciano que lea cuanto le caa en la mano “de Salgari a Ibsen”. Echaba algo de menos la maestra en su formacin? Le da tres nombres: Dostoievski, Chjov y Tolstoi. Por qu los rusos? El cristianismo ruso, tan distinto al francs: ms intelectual, o al heroicamente santo de la doncella de Orleans, distinto tambin al cristianismo espaol de “Santiago y cierra Espaa”, cuya verdadera impronta qued en el pueblo sencillo, ajeno a la historia eclesial o a la reforma carmelitana de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, perseguidos por querer devolverle a la Iglesia la pureza primitiva, historia que por cierto debi conocer el abuelo del poeta que puso a su hijo Jos del Carmen. Neruda, ms all de la admiracin que tuvo por esos genios de la literatura universal, confiesa que seran mucho ms para l, que lo acompaaran siempre. Es una de las causas por las que me referir al influjo indirecto que tuvo en su pensamiento y en su vida el legado hebreo, no por comunidad de fe. Era aquella piedad, tan intensa. El Dostoievski de Neruda es el de Las pobres gentes, acaso ms que el personaje de El Idiota, ese prncipe Mishkin encantador, que es una especie de Cristo ruso, que lo lleva a sentir piedad no slo por la vctima sino por el an ms desdichado que acaba de asesinar a la mujer que ama y se le derrumba sollozante en el regazo mientras l le acaricia los cabellos, una vez inocentes. Su Tolstoi, posiblemente el de la gesta heroica antinapolenica de La guerra y la paz ms que el de Resurreccin, el de la fiesta de aquel da en que los soldados rusos atravesaban la trinchera y se abrazaban con los enemigos, que se sentan cristianos, dicindoles: “¡Ha resucitado!”. O aquel que un pasaje de la misma novela, en medio de una gran fiesta familiar en que ya valsan y se separan los principales personajes, de pronto atraviesan la trama unos desatendidos nios, que con alegres griticos corren y se persiguen, en rpido pasaje de un indecible encanto. Su Chjov era el de los relatos siempre breves e incisivos, como el de aquel cuento, “Tristeza”, tan imitado como inimitable, en que un cochero que acaba de perder su nico hijo, necesita decrselo a alguien sin lograr que lo oigan sus despreocupados pasajeros y al llegar a la casa se lo cuenta a su caballo. No le creamos cuando al centro de sus Memorias asegura que detesta la palabra “esencia” y la palabra “espritu”. Slo detesta el abuso que hacen de ellas los que hablan de esencia sin recordar las pobres existencias, y de “espritu” para olvidar las necesidades elementales de los hombres. En la primera pgina de sus Memorias, l nos dar, paradjicamente, la esencia del bosque chileno. En las palabras preliminares de sus Memorias, no por amor excusable a su tierra natal es que asegura que quien no conoce el bosque chileno no conoce el planeta. l vive junto a un ocano

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126que se lleva casi la mitad del globo, y lo sabe, en que despus de los estremecimientos telricos, la naturaleza, como una amante, se yergue con ms bro y, como una madre, va reconociendo a todos sus hijos. “Qu signo haces, temblor de hojas, que atraviesa el silencio de estos follajes, el grito lejano de un animal confuso?”. l slo nos dice que de aquel silencio sali a andar y cantar por el mundo. En la relectura de Neruda que he hecho en ocasin de este premio me han sorprendido aspectos de su poesa que no advert en mis lecturas de juventud, como tambin de su autobiografa, Confieso que he vivido, que acaso no le enteramente, y a la que quiero dedicar finalmente mis palabras. En aras de la brevedad y tratndose de un libro de cerca de quinientas pginas, ocenico recuento de sus encuentros o desencuentros con hombres que marcaron una poca, inolvidables poetas y modestos hombres imprescindibles de su pueblo, junto algn que otro prescindible, si algn hombre lo es, quiero compartir con ustedes mi sorpresa ante algunos fragmentarios pasajes, discontinuos, perdidizos, en que sorprendemos algunos rasgos instantneos del Neruda que no habamos visto. Entre las sorpresas no es la menor aquella, a la que antes me he referido, que trata sobre lo que debi al legado hebreo, tema cuyo ms extenso desarrollo reservo para el ensayo de Neruda en el que estoy trabajando, “El legado hebreo o la inaudita intensidad”, y del que adelanto slo una referencia familiar. No me refiero al legado que dej en la cultura universal un imperio que sembr la Amrica de templos cristianos, que va desde las corales de Bach a los Salmos de Stravinski y a los spirituals afronorteamericanos. Por lo pronto vemos que, como de pasada, nos dice que un hermano de su padre puso a sus cuatro hijos nombres de profetas hebreos: Ams, Oseas, Joel y Abadas, profetas menores, menos frecuentados que Isaas o Ezequiel, y que su padre le puso a l Neftal (nombre que se cita en Jueces 4,5 y en Josu 19,32, y que junto a Zabuln, arriesg su vida en la defensa de Israel). Lo que hace pensar en la posibilidad de una familia de judos que buscaron asilarse en Amrica, preferiblemente en lugares apartados, conversos al cristianismo. En cuanto al nombre que dio su to a uno de sus hijos, Oseas, recordamos que al bblico le ordena el Seor: “Csate con una adltera” (Oseas 3,4), que habr de redimir y que identifica con “El adulterio de Israel”; que se relaciona con el gran tema del pasaje final del Apocalipsis, en que aparece ya prostituida, junto a la Bestia o Fuerza sin el Espritu; tema siempre aliado a la final conversin de su pueblo elegido. Tambin Gabriela mencionara a una “ta judaizante” que pudo ser la que llev al apartado valle del Elqui, en que viva, el nico libro que haba en la casa, cuyo influjo va a ser decisivo en su formacin cristiana y sin el cual no es imaginable su obra. No es el caso de Neruda. No pretendemos confundir la eleccin de unos nombres, que pudieron deberse a una preferencia cultural o literaria o al gusto exclusivo por su sonoridad, o acentuar el ascendente genealgico, pero

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127tampoco excluirlo. Mucho menos acentuar en Neruda el influjo del texto bblico que no aparece en su obra. No cultivamos la paradoja, pero podemos decir que lo que Neruda tiene de coincidente con la Biblia es la severa crtica de los cinco primeros libros atribuidos a Moiss (el Pentateuco), es decir, su total rechazo a las religiones, que considera a todas idoltricas, y la revelacin hecha al pueblo judo de que la nica y verdadera era la que quera que reinase el amor y la justicia entre los hombres. No es la nica por ser monotesta frente a las otras politestas, la diferencia no es cuantitativa sino cualitativa; no por gusto, el ex sacerdote jesuita y telogo de la Liberacin, Porfirio Miranda, en su libro Marx y la Biblia llama a Marx “el ltimo de los profetas hebreos”. Lo del “opio de los pueblos” parece moderada crtica frente a su abominacin de los cultos rituales puramente externos. El “Misericordia quiero y no sacrificio” recorren del Antiguo al Nuevo Testamento. “Yo no vine a ser servido sino a servir”. Rechazo de una Iglesia triunfalista que soaba con sustituir el cetro de Roma por el de Israel. Judas era un patriota zelote que no perdon a Cristo que no quisiera hacerse rey y que extendiera el legado judo, al universalizarlo con su: “Id y predicad por todas partes” el evangelio de la conversin de los pecadores, que dijo que “Es el enfermo y no el sano el que necesita mdico”. Nos queda referirnos al ya propiamente legado cultural francs: Neruda y Rimbaud, Neruda y Proust. No podemos entrar ahora en esa pgina en que Neruda parece alejarse de la cultura francesa y, no sin razn, culpabiliza a la crtica burguesa y a los cantos de Maldoror de haber puesto de moda la desdicha, lo infernal, lo satnico –que siempre fueron ms vendibles el terror y el crimen que la Gergicas de Virgilio. Pginas en que rechaza aquel Lautreamont, verdadero conde de otro mundo que no nos pertenece, que encuentra folletinesco, no sin saber que era algo ms, y a la cultura francesa que admira, pero que “no viene bien a mi traje”, prefiriendo una copla de Martn Fierro o la natural “miel turbia” de Gabriela. Segn esa crtica, el poeta deba torturarse y sufrir, deba seguir (con lo que se incluye a l mismo) “escribiendo la cancin desesperada”, y que condenaba al poeta al tugurio, al hospital, a la morgue y a ser crucificado. “Pero el mundo cambi –nos dice– y los poetas de hoy encabezamos la rebelin de la alegra”. Culpabilizar a la crtica de la poesa porque fuera desdichado Hoderlin, Rimbaud “errante y amargo”, o que se ahorcara Nerval, sin duda excede a la culpabilidad de la crtica burguesa. Justamente los que Daro incluye en Los raros son los marginados por la burguesa francesa y no sus representantes, Neruda mismo rectificara su harto rpido juicio slo unas pginas despus: “La inclinacin profunda del hombre es la poesa, y de ella sali la liturgia, los Salmos y tambin el contenido de las religiones”. Nos dice que en las primeras edades “el poeta se titul sacerdote para preservar su vocacin”, pero en la poca moderna el poeta, para defender su poesa, ha de tomar la investidura que le dan la calle y las masas. “El poeta civil

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128de hoy sigue siendo el del ms antiguo sacerdocio”, antes “pact con las tinieblas” y ahora debe “interpretar la luz”. Todas las crticas fueron justas, pero lo que se echa de menos es el olvido de las fuentes comunes, que separan el origen de la poesa del de la religin mosaica, la alegra de la Pascua hebrea que significa el fin de las supersticiones y las tiranas. A Moiss, gua religioso y poltico de su pueblo, al que Mart dedic en Caracas su primer discurso revolucionario, lamentablemente perdido, con lo que nuestra educacin perdi el vnculo entre religin y poltica. La universidad americana, las revoluciones americanas, tuvieron que nacer laicas en una Iglesia ligada a la colonia. Ya sabemos la amistad que tuvo Neruda con Eluard y con Breton, con los que comparta la pertenencia al Partido Comunista, aunque confes que se senta ms cerca del poeta que del terico del movimiento, autor tambin de Nadj, novela ejemplarmente breve, en que dio la leccin que pocos de sus seguidores aprendieron: que una alucinacin no deba tener doscientas pginas. En cuanto a Eluard, tena un encanto que poda prescindir de la pedagoga del Manifiesto surrealista que sin duda influy en toda la poesa y pintura modernas, y a quien tambin bast un solo verso amoroso para dar esa mezcla de sueo y vigilia que tuvo lo mejor del movimiento: “Tu cabellera de algas sobre el vaco del mundo”. Neruda mantuvo toda la vida su amistad con ellos, aun cuando ya haban roto con el Partido, por esa relacin familiar diaria en que dilogos y cenas compartidas a veces sobreviven a las propias discrepancias polticas. Vallejo rompi definitivamente con ellos ante una crtica justa, que dejaba afuera la necesaria militancia: Un albail se cae del andamio [y ya no almuerza. Voy a hablar despus de Andr [Breton? En cuanto a Rimbaud los surrealistas siempre haban preferido al “enfant terrible”, al blasfemo de Una temporada en el infierno sobre el visionario de Iluminaciones. Breton crea detestable que Claudel quisiera presentarlo como un cristiano cuando all estaban sus blasfemias contra la religin, la patria, el honor militar francs que tan poco ejercieron en las colonias y a las que se refiere con evidente sarcasmo. Paterne Berrichon: cuado de Rimbaud, haba querido tranquilizar a la burguesa catlica francesa presentndolo como un tardo converso. El error de Breton fue confundir a Claudel, que perteneca tambin a la ms alta intelectualidad francesa, amigo de Jacques Riviere, compaero de infancia del autor de El Gran Maulnes, con Paterne Berrichon. Riviere en su recepcin completa de la Temporada y las Iluminaciones, que hoy la crtica precisa que fue un texto posterior, sealara esos momentos que pareci olvidar Breton, como: “La verdadera vida est ausente”. Quedarse en la Temporada y su desprecio al trabajo parece olvidar los dos pasajes finales que sealara Riviere del autor de Adis y partida, del que ya en la propia Temporada… hay adelantos estremecedores. El que despreciaba el trabajo y dijera: “No trabajar”, dir: “¡Yo, yo que me he llamado mago o

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129ngel, dispensado de toda moral, soy devuelto al suelo, con un deber que buscar, y la realidad jugosa por abrazar! ¡Campesino!”, y antes: “Esclavo, no maldigas la vida”. Seguir insistiendo, como Breton, en la invitacin a la Impureza, como si sus partidarios no fueran ya legin, es olvidar que Rimbaud, cuando tiene por un momento la visin absoluta de la Pureza, exclama: “Oh, desgarrador infortunio”. El Rimbaud de Neruda es el que relacionaba su experiencia de la India con la que tuvo Rimbaud en frica. El Rimbaud de la foto, en que aparece con un rictus de asco, de “Abandono Europa”, el de la foto que se hizo a s mismo en Harar, con los pies desnudos, lavado al absoluto sol de la intemperie. El que dedic tambin sus Iluminaciones “Al espritu de los pobres y a un muy alto clero”, cuando se prefera hablar del bajo. El que escribi en “Democracia” la ms vidente de sus premoniciones: “masacraremos las rebeliones lgicas”, slo comparable en su crtica a la que hiciera Ezra Pound a sus compatriotas con su gran poema a la “Usura”: con usura, “no va la oveja al mercado”. No reconocieron el rostro de Cristo en su texto “Genio”, donde no aparece con ninguno de los rasgos de su nacimiento o crucifixin, ni como historia pasada, sino que se siente su “paso” inefable hacia una nueva Navidad sobre la tierra: “Nos ha conocido a todos y a todos nos ha amado”. “Sepamos llamarlo y verlo y despedirlo”. “Y en lo alto de los desiertos de nieve, seguir sus visiones, sus soplos, su cuerpo, su da”. Tendra que destacar an otros dos pasajes, menos directos, de su relacin con Francia. El primero es al que llama “Las tres viudas”, esposas de quienes fueron madereros enriquecidos, y que viven solas y enlutadas en una casa, al fondo del bosque por el que Neruda gustaba aventurarse solo, siempre confiado en que habra alguien que podra orientarlo, con ese valor inconsciente de los jvenes. Ya completamente perdido ve la casa encendida, en que toca para buscar asilo, identificndose como un escritor en quien podan confiar, hablndoles presumiblemente en francs y citando de paso a Baudelaire. Y ah viene el milagro, al or este nombre las viejecitas le abren la puerta a un recinto mucho mayor, y le ofrecen una cena esplndida con el orgullo nico que les quedaba de su tierra natal: la exquisita comida francesa. Al poeta aquello le pareci un palacio dentro de un lago, que tiene algo de las alucinaciones simples rimbaudianas, lo de “una mezquita en el fondo de un lago” sentimos tambin una reminiscencia vaga de “la extraa fiesta” de El gran Maulnes. Neruda tiene la peculiar disponibilidad del poeta para lo que llamaramos “el encuentro misterioso”. Es el del conde Arnaldos, la maana de San Juan, cuando oye cantar a un marinero la cancin ms hermosa que jams oyera. Algo del recuerdo del cuento infantil “La casa encendida en el bosque” que slo encuentra el que est perdido por amor a l. A otro escritor francs que no solemos relacionar con Neruda es al que dedico el segundo pasaje. Con precisin de poeta, Neruda, que no es un creyente, ya vimos que llama Confesin a sus memorias con tcito conocimiento de lo liberador de la palabra

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130–conocimiento tan antiguo como el hombre–, utilizando el trmino para distinguirlo de lo que hay en el texto de Memoria, distincin que ya intentara al principio, al preferir sobre el “memorialista” histrico, que no ha de omitir ningn dato, al poeta que como l dice, trabaja a relmpagos de luz y sombra. No es as rara esa excepcin que va a hacer con Proust, un poeta de la memoria, y de ese singular pasaje de Por el camino de Swan, que le hace revivir los tormentos, amores y celos de su adolescencia, se trata nada menos que el pasaje de la Sonata de Vinteuil. Dos adjetivos le han detenido, el escritor nombra al pasaje “areo y oloroso”, y a Neruda, que se confiesa terrestre y nada areo, le llama la atencin lo de “oloroso”. Ya conocemos, por sus pginas sobre el bosque, su enorme sensibilidad olfativa, slo comparable a la auditiva que tuvo Daro, as que pregunta a un amigo musiclogo qu msico pudo haber inspirado ese pasaje, “no fue uno sino varios”, le dice: Saint-Saens, Schubert, D'Indy, Faur, Csar Frank, Wagner. Reconoce su falta de cultura musical, no conoca a todos esos msicos. Pero al fin consigue un lbum de tres discos con la Sonata para piano y violn de Csar Frank y, l mismo nos lo cuenta: “All estaba la frase de Vinteuil”. “No haba duda, all estaba la frase de Vinteuil, no poda haber duda alguna”. Neruda reconoce al gran realista potico y crtico “de una sociedad agonizante que am y odi”, as como su conocimiento abarcador del arte de todos los tiempos. Pero estamos ante un testimonio sobre todo personal, que despierta sentimientos que tena por perdidos. Y ah viene la pgina increble: “La frase se envuelve en la gravedad de la sombra, enriquecindose, agravando y dilatando su agona. Parece edificar su congoja con una estructura gtica que las volutas repiten llevadas por el ritmo que eleva sin cesar la misma flecha”. El elemento nacido del dolor busca una salida triunfante que no reniega en la altura su origen trastornado por la tristeza. Parece enroscarse en una pattica espiral mientras el piano oscuro acompaa una y otra vez la muerte y la resurreccin del sonido. La intimidad sombra del piano da una y otra vez a luz el serpentino nacimiento hasta que amor y dolor se enlazan en la agonizante victoria. Mientras cuento mi emocin al leer a este Neruda casi proustiano, que me ha hecho recordar el piano en sombras del Faur de La buena cancin, en primaveral dilogo con una voz femenina, un msico muy querido me interrumpe para darme un consejo acerca de las palabras sobre Neruda que estaba escribiendo para este Premio: “Sera mejor que buscases otro pasaje, ya que lo que se espera es que hables de poesa, no de msica...”. “S, hijo” le dije, ya s que no soy musicloga, pero lo que me parece extraordinario es que Neruda, que tampoco lo era, por la intensidad del pasaje, que empieza oyendo, como es comn al que no sabe de msica, como fondo de sus propios recuerdos, se va separando de ellos, hasta or la msica en s misma, buscando una salida, que tampoco reniega de su origen, hasta que el dilogo del piano en sombras y el violn agudsimo se enlazan y lo que ya oye es el silencio mismo de las m-

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131sica, que renace en su final victoria. Revive no lo que sabe sino lo que no sabe de s mismo. Con el misterio hemos topado. Con el misterio, bordeando a ciegas “la msica callada” y “la soledad sonora” de San Juan de la Cruz. La experiencia del que ha empezado por confesarse como ignorante de las obras clsicas que para l eran “cajas ausentes o cerradas” reconoce por lo menos a tres de los msicos, que segn le dijeron haban inspirado el pasaje: un elemento romntico primero “schubertiano?”, “el rgano que tocaba Csar Frank en la Iglesia?”. Ms que el filtro amoroso de que beben Tristn e Isolda, elemento pasional que no deja atrs, el formal e independiente de “una estructura gtica”, que dentro del mismo pasaje responde al tema de la mitologa alemana, o sea, a Wagner, en que se funden el amor y la muerte, en lo que llama “resurreccin del sonido”, que va a sentir, primero que en la msica, al leer a Proust. Neruda se interesar en la msica hind, tambin impresionado por esos instantes “librados del orden del tiempo”, como dijera Proust. La msica popular s lo conmueve enteramente (“Mtame, vidalita”), la quena humanada incaica, flauta aborigen que eleva a las serpientes, que tambin a Gabriela la llevaran a introducir las cuecas y las rondas infantiles en su poesa, ya que, como dira nuestro Mariano Brull, “[...] la prosa se hace con lo que se sabe y la poesa con lo que desconocemos”. Olvidamos que Espaa sembr tambin de iglesias, templos y catedrales que an asombran al continente americano entero, y el pueblo, que no asista a conciertos ni a exposiciones de pintura, oa misa. Nuestro Julin Orbn, msico de Orgenes, sentado al piano nos demostr muchas veces el origen litrgico de la msica popular de Espaa y Amrica, incluyendo sones cubanos o el polo margariteo venezolano, en que pasaba el tema del “In saecula seculorum” de la meloda a la armona. El conde Keyserling, en sus Meditaciones suramericanas, puso de moda una visin de la naturaleza americana como anterior al quinto da segn el texto bblico, es decir, anterior a la Creacin del hombre. El maestro argentino Martnez Estrada, ya sin velado desdn, ira a dar parecida visin en su Radiografa de la Pampa. A Neruda le dolieron las crticas implacables de Juan Ramn, pero hay que convenir que con nadie fue ms implacable que consigo mismo, cuya obra se pas la vida transformando. Celoso de las corrientes que crea dainas a la poesa espaola como otros crean daina a la suya, Juan Ramn vea a la poesa como una .mujer: “Tengo a la poesa en mi casa, por su gusto y el mo, y nuestra relacin es la de los amantes muy apasionados”. No poda comprender Juan Ramn esa naturaleza en constante transformacin que hizo a la crtica hablar de la “enumeracin catica” del americano, desde una poesa del reposo de la forma en su plenitud –la de “no la toquis ya ms que as es la rosa”. Eran dos poticas distintas, no poda comprender Juan Ramn sino a lo que “tal como en s mismo” slo la eternidad lo cambiaba, y eso que no era un mallarmeano.

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132Su agudsima hiperestesia tena que llevarlo a la creacin de un gnero: la caricatura lrica. Sola decir que haba que ser indulgentes con los que empiezan, recordaba sus primerizas “Ninfeas” y “Almas de violeta”, ediciones que recogi completamente, pero muy exigente con los que ya consideraba jvenes maestros, e implacable con los viejos poetas, que podan influir en los que empezaban. Neruda lo atribuy a la envidia, “supuesto pecado capital slo de Espaa”, que ya tena Can por Abel, pero l mismo dice despus, enseguida, que no poda caber envidia en “un poeta de tal esplendor”. No envidi al joven Alberti sino que escribi su carta, despus prlogo, a su Marinero en tierra, ni al joven pastor de cabras Miguel Hernndez, al que llam el “milagro de Orihuela”, ni a Federico, con el que, en el Parque del Retiro, se lo ve riendo junto a su hermana nia. Mucho menos poda envidiar a sus propios discpulos, a los que tena ya por jvenes maestros, en los que vigilaba lo que crea que daaba a su poesa. Guilln quera ser un poco el Valry espaol cuando su Cntico continuaba la mejor tradicin de la poesa popular de Espaa, vertida principalmente en metros cortos: Oh, luna, cunto Abril! qu vasto y dulce el aire! Todo lo que perd, volver con las aves. Y as fue. Cuando en La Habana unos jvenes quisieron alagar a Juan Ramn hablndole mal de Guilln, los detuvo como plantando quijotesca lanza: “¡Un momento! Pero Guilln es el diamante”. El mismo que, caricaturizando su estudiada frialdad, poda escribir: “Cuando lleg a Murcia, nev”. Tuvimos ocasin, Cintio y yo, al visitar a Guilln en Nerja, de contarle este episodio, y nos dimos cuenta de que lo conmovi vivamente. Lo importante es que los dos se releyeron con cuidado y ms que rectificar sus primero juicios, ahondaron en ellos. Neruda no deja de reconocer, por dos veces, “que en el pan de la poesa entra la retrica”, aunque, como dijera Mart, antes que el talento abominara la retrica el talento la haba creado. Lo saba el que llevaba en sus bolsillos, al desembarcar en Cuba, una Vida de Cicern y sirvi a su verbo en su oratoria revolucionaria. En cuanto a Juan Ramn, lleg a calificar a Neruda como “el poeta mayor de Amrica”. Es curioso que le dice las mismas palabras con que lo recibira Vallejo la primera vez que se encontraron: “usted es para m el poeta mayor de Amrica”, a las que Neruda contest que si quera ser su amigo no empezaran tratndose como dos personalidades. Y mucho honra a la modestia de Neruda, al ver que sus palabras parecieron enojarlo, reconocer que Vallejo vena de una cultura milenaria muy refinada, de mayor cortesa, mostrndose desfavorablemente a s mismo al decir que lo hizo sentirse como un rudo aldeano. La pgina que le dedica Neruda a Vallejo, con el que muchos quisieron enfrentarlo para disminuirlo, revela que l tambin sinti en Vallejo la fuerza mayor del ancestro indio que compartan y que estaba ms all de cualquier consideracin de tamao. Revela que

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133penetr completamente en la nada comn peculiaridad de su carcter, ms bien algo taciturno, con el que comparti experiencias de un rasgo poco sealado en l: su alegra. Quisiera detenerme un momento en lo que creo que fue la causa inicial de esta mutua incomprensin. Ni Juan Ramn era “un demonio barbudo”, ni Neruda era “un gran poeta malo”, aunque antes de llamarlo malo lo llama “gran poeta”. La causa hay que buscarla en que Juan Ramn, que confes que nunca haba ledo un libro completo, al leer su “Oda a Federico” –muerto recientemente–, poema al que dirige su crtica, no poda comprender que necesitara hablar de hospitales, barrios martimos y sastreras cuando toda su potica buscaba el “nombre exacto de las cosas”. La oda nerudiana a Federico es, en verdad, un gran poema imposible. Lo escribe loco de dolor. A veces parece que delira. Sabe que no podr escribir lo que llama oda, y no lo es a lo Andrs Bello, sino una elega. As da entrada a sus condicionales “Si pudiera...” que repite dos veces. Sabe que no puede. Acude a todos sus adverbios, “heridamente”, “perdidamente herido”, y a uno que le viene de su juventud: abandonadamente. El poema slo se le alza cuando recuerda su “risa de arroz huracanado”. “Djame coronarte, joven de la salud y la mariposa” siempre con imgenes de vuelo como en su gran “Oda a Alberto Rojas Jimnez”, que no en balde elige para terminar el trptico de su Residencia... –poema que tiene relacin con el de Federico que vuela “vestido de durazno”–, ms all de las sombras, ms all de la muerte: “Oh deudo mo, vienes volando”. Neruda manifiesta en su “Sucede que me canso de ser hombre” un cansancio, como todo en l, “infinito”. El poeta no slo se cansa de “sus pies y sus uas” sino de los incontables objetos materiales que lo abruman en un medio consumista que establece un inesperado nexo con aquellas pginas que Juan Ramn publicara en Cuba, “Lmites del progreso”, en que hace una verdadera stira del mundo moderno, de los mltiples “aparaticos” que lo componen, de su viaje a Nueva York, en que se pregunta si lo que ve “es la luna o el anuncio de la luna?”. Lo que no deja de ser una previsin acerca de los lmites de la ciencia, que no deba llegar a las bombas nucleares, y que ya advirtiera Mart cuando esto no preocupaba a los eclogos. Despus de la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana, Espaa se volvi hacia s misma. Nadie de la generacin del 98, o de los pensadores jvenes como Ortega, advirtieron el menor peligro en una nacin que este consider joven y sin peso en la historia, aun cuando escribiera sobre El tema de nuestro tiempo, y que slo Juan Ramn toc en estas pginas. Hoy sabemos que el tema central en nuestro tiempo es si podr el hombre seguir residiendo en la tierra. Quiero terminar con uno de los pasajes que ms me conmovieron de sus Memorias. Era entonces muy joven y l recuerda a un cisne herido que unos pescadores dejaron medio muerto. Pero oigmoslo contar a l mismo: Fue cerca del mar, en Puerto Saavedra, imperial del sur. Era una de esas aves maravillosas que no he vuelto a ver en el mundo, el cisne

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134de cuello negro. Una nave de nieve con el esbelto cuello como metido en una estrecha media de seda negra. El pico anaranjado y los ojos rojos. Ba sus heridas y le empuj pedacitos de pan y de pescado en la garganta. Todo lo devolva. Sin embargo fue reponindose de sus lastimaduras, y comprendi que yo era su amigo. Y yo empec a comprender que la nostalgia lo mataba. Y entonces, cargando el pesado pjaro en mis brazos por las calles lo llevaba al ro. l nadaba un poco, cerca de m. Yo quera que pescara y le indicaba las piedrecitas del fondo, las arenas por donde se deslizaban los plateados peces del sur. Pero l miraba con los ojos de triste distancia. As, cada da, por ms de veinte, lo llev al ro, y lo traje a casa. El cisne era casi tan grande como yo. Una tarde estuvo ensimismado cerca de m, pero no se distrajo con las musaraas, aunque yo quera llevarlo de nuevo a pescar. Entonces se estuvo muy quieto y lo tom de nuevo para llevrmelo a casa. Entonces, cuando lo tena a la altura de mi pecho, sent que se desenrollaba como una cinta, algo como un raso negro le rozaba la cara. Era su largo y ondulante cuello que caa. As aprend que los cisnes no cantan antes de morir. Me gusta imaginar a Neruda leyendo, tantos aos despus, el poema de Daro, de Cantos de vida y esperanza: “Qu signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello […]?”. Acaso pensando en su pobre cisne. O el poema a Teodoro Roosevelt, al que llama el Gran cazador, recordando a aquellos pescadores que viera en el lago Budi, clavando su arpn sobre los cisnes, que como albatros de pesadas alas, intentaban huirles, patinando sobre las aguas, hasta que caan medio muertos; poema que Daro le dedicara al Presidente, dicindole: “y puesto que contis con todo, slo os falta una cosa: Dios”. Algunas veces pens lo distinto que era el cisne insigne de Daro, que pusiera en su cuello interrogante su protesta antiimperialista: “Tantos millones de hombres hablaremos ingls?”. Pero era el poeta mismo el que pareca contestrmelo en el poema: “Era su largo y ondulante cuello...”. Era el mismo, con el que probaba que los cisnes si cantan al morir. Todos somos hoy conscientes de un desequilibrio de aquellas fuerzas matrices, tanto de la esttica como del equilibrio del mundo por el que tanto crey Mart que haba que luchar. Ustedes celebran anualmente una hermosa fiesta de poesa, conscientes tambin de que son como las de un cumpleaos al lado de un volcn. Pero no es a los chilenos, que viven en tierra de lagos y volcanes, ni a ninguno de los americanos, que como ellos se enfrentaron a siglos de conquista y colonizacin, a los que pueda asustrseles. Prefiero recordar el prrafo final del discurso martiano conocido por “Los pinos nuevos” en la ocasin anual en que se conmemoraba el fusilamiento de los siete estudiantes de medicina, escogidos en sorteo, en que ms de uno era hijo de cubana y militar espaol, hecho que estremeci a todo el pas, en el que

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135dijo que no haba venido all “para avivar con un haz de nios muertos los crmenes del mundo”, y que otros lamentasen el sacrificio necesario. l crea en l, como la levadura que hace crecer el pan para el triunfo de la vida, finalizando: “[…] cantemos, ante la tumba inolvidable, el himno de la vida. Ayer, en el paisaje hmedo y negrusco, corra turbulento el arroyo cenagoso y en lo alto de las nubes desgarradas, rompi de pronto el sol sobre un claro de bosque en torno a los pinos nuevos”. “Y eso somos nosotros, dijo, pinos nuevos”. Las guerras de liberacin, todas justas porque fueron defensivas y no agresivas, ceden ante la posibilidad de extinguirse la vida misma del planeta, que afectara por igual a todos y en la que no habra ni vencedores ni vencidos. Hoy surgen fuerzas nuevas, no slo en nuestra Amrica sino en la del norte, que permiten esperarlo. Precisa volver a las races que nos unen y no a las guerras que nos separan. Y como dijo el benemrito Jurez “El porvenir es la paz”. Ehrenburg, el traductor del que Neruda cuenta que a veces lo regaaba porque, le deca, “usted siempre est hablando de races”, “hay demasiadas races en su poesa...”. Y qu remedio, le preguntramos, si sin raz no vive el ms msero arbolillo, si llama a las races “catedrales volcadas”? “En el Dios de las semillas, dice Sor Juana Ins, creyeron nuestros indios americanos”, y los ms modestos cubanos en “los cemes”, pequeas piedrecillas que gustaban llevar en las manos. El pueblo agricultor todo lo saba de la semilla hundida en la tierra, saba que todo lo creador necesita crecer en la sombra. El pueblo alfarero siempre am sus vasijas, que torneaban al fuego con la palma de la mano. La ms modesta jarra tiene un adentro y un afuera, y como dijo un poeta, “es el adentro el que guarda la leche y la miel”. En el ltimo captulo de sus memorias, Confieso que he vivido, a la que he querido dirigir mis palabras, l recuerda con gran respeto al compatriota que quiso defender la riqueza salitrera de Chile, pero dedica el captulo a aquel que no es preciso decir el nombre porque todos lo guardamos en el corazn, al nacionalizador del cobre chileno, aquel a cuya muerte slo sobrevivi tres das. Y ahora al recibir este premio, que lleva su nombre, creo que no debo omitir lo que confiesa que ha vivido, ello significa que confiesa que ha gozado y que ha sufrido, que como todos ha tenido errores y aciertos, pero que ante todo se ha querido poner al lado no de los beneficiados de la riqueza de la tierra que lo vio nacer sino de los desposedos de ella. Ahora que el poeta ha entrado definitivamente en el bosque chileno no nos queda sino recordar sus propios cantos de vida y esperanza, con el verso mayor de su “Entrada en la madera”: “Y ardamos, y callemos, y campanas”. Muchas gracias.

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136* Discurso pronunciado el 13 de junio de 2007 en el Aula Magna del Colegio Universitario de San Gernimo de La Habana en presencia de Hugo Chvez Fras, presidente de la Repblica Bolivariana de Venezuela, y Ral Castro Ruz, primer vicepresidente cubano. Miranda vuelve* Eusebio Leal SpenglerHistoriador de la Ciudad de La Habana V enimos de la explanada de La Punta, lugar memorable para los cubanos, lugar de martirio y recordacin, donde ha quedado colocada la estatua de Francisco de Miranda, precursor de la independencia americana. Hecho en Caracas por el maestro ngel Carrasco, este hermoso monumento reproduce una de las copias realizadas por el escultor italo-venezolano Carmelo Tabacco de la obra original, salida de las manos del artista venezolano Lorenzo Gonzlez en 1930 y que sus contemporneos consideraron como pieza maestra. Se encuentra situada esa estatua primigenia en el Campo de Valmy, a 200 kilmetros de Pars, en el sitio donde Miranda contuvo con su genio y con los hombres que le acompaaron al ejrcito austriaco-prusiano, aquella avanzada de la Santa Alianza que intentaba ahogar la revolucin proclamada en 1789 con la Toma de la Bastilla. De las varias copias confeccionadas por Tabacco, la primera fue colocada en La Vela del Coro, donde el precursor desembarc al mando de su expedicin libertadora en 1806 y en la que por primera vez iz –como un lbaro– la bandera tricolor de la repblica por l diseada. Precisamente, una rplica de esa copia en territorio venezolano es la que hoy inauguramos en La Habana, adonde lleg Miranda en 1780 para –tres aos despus– partir desde aqu hacia los Estados Unidos. Era el comienzo de una larga peregrinacin que lo llevara a renunciar a su historia personal, la tierra amada, la patria nunca olvidada, de la cual muy joven quiso conocer en profundidad todos los detalles. Haba estudiado Arte y Filosofa en la Universidad de Santa Rosa, fundada entre 1721 y 1725, un poco antes de esta en que ahora nos encontramos: la Universidad Pontificia de San Gernimo de La Habana (1728). Luego de pasar tan importante etapa de su vida juvenil como estudiante universitario en aquel primer Colegio Mayor, creado en la Capitana General de Venezuela, parte hacia Espaa y se enrola en el ejrcito, quizs para vengar el agravio cometido con su padre, canario de origen, menospreciado por su condicin social cuando haba sido designado capitn de milicias en suelo caraqueo. Ser entonces el primer empeo de Miranda hijo: conseguir los grados de capitn y, ya en posesin de ellos, ingresar en el Regimiento de La Princesa para servir al rey de Espaa en la guerra contra los musulmanes de frica del Norte.

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137Terminado su servicio militar en Melilla, Marruecos, siendo ya otro hombre, tras infructuosas tentativas de ser ascendido o tomado en cuenta, volver a la pennsula. Y desde Cdiz partir hacia las Antillas como parte de esa gran expedicin que enva la Espaa borbnica para –en su vieja e inacabada batalla con el Reino Unido– apoyar la proclamacin de la independencia de los Estados Unidos. Desde La Habana asistir Miranda a su primera experiencia emancipadora: la toma de Pensacola. Y a Cuba regresar junto a su amigo, el capitn general Juan Manuel de Cagigal, quien sostendr todos sus esfuerzos y, en largas tertulias, escuchar sus sueos polticos que comenzaban a modelarse. Fiel fue, sin duda alguna, Miranda al rey y a los propsitos de aquel ejrcito, como lo fueron Pepe Antonio y los defensores de La Habana en 1762 contra la invasin inglesa. Como lo fue don Luis de Velasco, el gran defensor del Castillo de los Tres Reyes del Morro, visible a espaldas del esbelto monumento que hoy hemos dejado inaugurado, el de Miranda oteando la capital cubana. De su estancia en nuestras tierras, cabr decir que circunstancias particulares lo obligaron a abandonarla: parte de La Habana ante el riesgo inquisitorial que, iniciado en la pennsu la, ya le amenaza desde Cartagena. Convertido prcticamente en un reo de Estado, escapa hacia los Estados Unidos, cuando sus presuntos captores pensaban que parta con Cagigal a una expedicin espaola, de regreso a Cdiz. De esta forma, salvado de este trance, aparece Miranda en Norteamrica, donde an vivan los padres fundadores. All podr dialogar ampliamente con George Washington; conocer a Benjamn Franklin y a Thomas Jefferson; compartir con John Adams, luego presidente, as como con Alexander Hamilton… y de esas relaciones nacer su inters por conocer la joven repblica norteamericana. Tam bin conocer al marqus de La Fayette, el hombre que, desde Francia, haba ayudado al movimiento insurgente de las Trece Colonias. Desde el puerto habanero partan las tropas criollas de pardos y morenos, as como de regulares hispanos, a combatir en esas tierras. Y en el campamento de Washington, en su propio campamento en Georgetown, es recibido Juan de Miralles Trailhon, representante de los hombres de La Habana, de su naciente patriciado, quien apoya la causa independentista en memoria de los vnculos establecidos, tiempos atrs, con las Trece Colonias. Para Miranda ha comenzado lo que l llam la apertura y el conocimiento del gran libro universal. De los Estados Unidos partir al Reino Unido, y all conocer las instituciones modernas que tanto le im presionaron: el rgimen constitucional, el rey sujeto al parlamento, la revolucin industrial, la libertad de prensa y de lectura, todo lo contrario de lo que ocurra bajo el guila del imperio espaol que, gobernada por el siniestro Fernando VII, haba –a la sazn– restituido la vieja autoridad inquisitorial y el despotismo ms absoluto. Traidor a su padre y a su patria, el rey haba hecho decapitar a los liberales revolucionarios, entre ellos a Rafael de Riego y a otros tantos. Es por eso

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138que el conocimiento de Inglaterra fue tan importante para Miranda y, sobre todo, a partir de sus dilogos con el primer ministro William Pitt, iniciados en 1790, a quien le pedir apoyo para sus planes redentores de la Amrica del Sur. Ya en esa poca es una leyenda la aficin de Francisco de Miranda por los libros. En Londres puede comprar las ms modernas ediciones, que solamente de forma subrepticia haba hallado en La Habana o en los Estados Unidos: Voltaire, Rousseau, Locke, Smith… La Ilustracin le seduce. El pensamiento moderno le llena de orgullo, y se siente perteneciente a una generacin que proclama el culto de la razn pura, ideal puesto en prctica por la Revolucin Francesa. De ah que la estada de Miranda durante ese primer perodo britnico resulte tan interesante. Para la historiadora venezolana doa Carmen L. Bohrquez, quien en marzo del ao pasado pronunci en la Asamblea Nacional el bellsimo discurso de homenaje a Francisco de Miranda, resulta reveladora su riqusima documentacin personal, que siempre le acompa como un tesoro. Ella reclama que sea declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y que sea reeditada para el conocimiento del hombre y de la mujer americana. Para la notable investigadora no cabe duda de que Miranda ha sido uno de los hombres ms calumniados, en el sentido de que el rigor viril de sus amores, de su pasin por la belleza –que no es ajena a los revolucionarios– prim ms que el pensamiento y que la idea. Lo cierto es que Miranda es un idelogo, el primero que establece con claridad un sentimiento de Amrica nuestra, de Nuestra Amrica, que as lo proclama con notable anticipacin, y ahora entendemos un poco la fuente de la cual nuestro Apstol tomar tan magnfica sntesis de lo que queramos ser. Hacia 1783, Miranda ya acaricia una idea bastante clara, aunque esencial, de lo que ser su destino y de lo que quiere para el continente americano. Pero como la tarea de buscar apoyo de Inglaterra para enfrentar a Espaa se dilata, decide seguir el reclamo de la Francia revolucionaria. Llegar a la convulsionada Pars en 1792 y permanecer hasta 1798 para ver los antecedentes de la radicalizacin del proceso poltico y, finalmente, participar en la gida de la batalla material por la revolucin, primero como mariscal de campo –grado inferior porque no tiene la significacin que tendra el mariscalato hoy– hasta ser General de Ejrcito, ttulo que llevar en las grandes hazaas que con el Ejrcito del norte protagonizar. Su gran xito militar ser –sin dudas– la batalla de Valmy, cuando al mando de una divisin obliga a retroceder a las fuerzas prusianas, las cuales se retiran totalmente. All, en medio del campo, est todava enhiesto su monumento, perpetundolo como el guerrero americano a quien Napolen Bonaparte reconoci su talento llamndole “un Quijote que no est loco”, y cuyo nombre mand a escribir en el Arco de Triunfo. Sin embargo, la revolucin y el terror sacarn a Miranda del paso: acusado por el traidor Dumouriez de haber cometido errores militares, es enjuiciado y, a pesar de comprobarse su inocencia en magistral defensa, no puede evadir

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139la prisin al tomar sorpresivamente los jacobinos el poder y caer en desgracia los girondinos, con quienes el venezolano simpatizaba. Y cuando cumpliendo una ley terrible, los propios revolucionarios suban al cadalso; cuando los grandes hroes encabezados por el propio Robespierre –paradigma de la revolucin– sucumban a su propio hierro, entonces Miranda se ir de Francia, volver al Reino Unido, buscando en el equilibrio vacilante del mundo una grieta por donde entrar con su causa. ¡Francia, Inglaterra! Ya no ser posible el apoyo de ninguna de las dos potencias. Entonces continuar su viaje interminable y visitar los pases escandinavos. En todas partes, con avidez y agudeza, visita crceles, orfanatos, escuelas tratando de tener una idea clara de cmo es el mundo que le toc vivir. Habl numerosas lenguas, se form en el arte y las pinturas. Aun en los propios das de la revolucin, en medio de la inquietud reinante, visita museos y colecciones, encarga lienzos, compra libros que siempre una mano generosa le acompaa a llevarlos con l a donde quiera que fuese. Finalmente, la Rusia zarista, su encuentro con la genial emperatriz Catalina II, la autcrata ilustrada, el conocimiento de Potemkin, de Suvrov y de todos aquellos grandes generales que haban establecido el dominio de Rusia hasta el Bltico siguiendo el designio de Pedro el Grande. Como dice Carmen Bohrquez: Rusia fue la nacin que extendi su mano a Miranda; fue la zarina quien, para protegerlo de Espaa –que lo consideraba un reo de Estado– lo hace coronel del ejrcito imperial, le destina una pensin vitalicia para que pueda seguir sus viajes, ordena que lo reciban embajadores y ministros rusos ante las potencias europeas y que le salven del acoso. En lneas generales –siendo imposible contar su biografa–, vemos a Miranda en Turqua y Escandinavia, en el corazn de los pequeos pueblos, en la mgica ciudad de Estambul y, finalmente, de regreso al Reino Unido o a los Estados Unidos, para buscar de alguna forma, ante la decepcin y el olvido, el destino americano que era su propio destino. Suea ya con Colombia. Por contradictorio que parezca, ha dado ese nombre a Nuestra Amrica: Colombia. Bolvar retomar en su momento ese gran legado, y en la creacin poltica esmaltar el sueo visionario de Miranda, quien no pudo verlo hecho realidad. Triste destino el de los precursores; por eso debemos saber colocarlos en el tiempo y en el espacio que les toc vivir. A veces los historiadores y las pocas, con cruel pragmatismo, intentan poner una barrera ante la cual ya resultan insalvables los hroes. Es el caso de los primeros conspiradores cubanos: Frasquito Agero, Manuel Andrs Snchez Prez, Narciso Lpez…, este ltimo tambin caraqueo, quien traera a Cuba la bandera tricolor bajo el signo de una poca en que todava hombres como l esperaban apoyo de los Estados Unidos, como Miranda esper en la medianera del siglo anterior el apoyo de Inglaterra, Francia o cualquier otra potencia. Hasta que, finalmente, al negrsele la ayuda britnica y estadounidense, el precursor concebir por s mismo

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140la valerosa expedicin a costas venezolanas, aunque no tenga ese gran ejrcito que solamente existe en sus ardientes conversaciones con colaboradores y conspiradores, ese gran ejrcito de su imaginacin. Para ese ejrcito ha creado una bandera; una bandera que algunos sostienen se inspira en el tringulo perfecto de Newton, o ms bien en el arco iris que muestra los colores primarios (amarillo, azul y rojo) y que, descomponindose, crea la multiplicidad de nuestra realidad tnica y cultural. Un nuevo continente, un nuevo mundo: Colombia. Y es precisamente ese sueo el que le permitir un da colocar esa bandera sobre lo alto del Leander el bergantn que le llevar finalmente a las costas de Venezuela, donde desembarca el 3 de agosto de 1806 por La Vela del Coro. Por fin ha llegado, venciendo contratiempos, despus de haber ledo una y mil veces aquella maravillosa carta del jesuita padre Vizcardo y Guzmn; luego de haber imaginado que aquellos jesuitas expulsados en 1767, donde haba cientficos y pensadores como el padre Godoy o como el propio Vizcardo, podran acompaarle en el noble empeo, semejante al que esa orden haba iniciado utpicamente en las reducciones de Amrica del Sur. Pero en La Vela de Coro nadie le espera, y cuando llega, bandera, llamamiento y proclama no pueden ser escuchados. Los criollos empezaban a formarse en medio de prejuicios que tambin el propio Miranda comparta, fundamentalmente para una sociedad dividida en castas, en hombres negros, pardos y morenos, sindicados as desde el bautismo por la propia Iglesia y por el poder poltico. No encuentran la unidad necesaria para recibirle y, despus de ser proclamado traidor, de ponerse a precio su cabeza, de ordenarse y quemarse en una plaza de Caracas su propio retrato y los ripios de su bandera, se ve obligado a partir, dejando atrs a una parte de sus compaeros, que son prisioneros o ejecutados dramticamente, colocadas en picas por toda Venezuela las cabezas de los conspiradores expedicionarios. De esta forma, regresa Miranda, pero no regresa definitivamente. l volver de nuevo en 1810, cuando la situacin es distinta. Desde 1808 la monarqua espaola estaba en crisis. Los reyes de Portugal haban escapado al Brasil para fundar una nueva dinasta. Fernando VII renunciaba a sus derechos y a los de su padre, para aceptar el yugo generoso de Bonaparte. Y en medio de esa acefala poltica, de la confusin generalizada, se proclaman en todas partes juntas generales para representar los derechos del rey cautivo. Aun en la propia Habana, se colocan en la fachada del Palacio de Gobierno alusiones a los valientes defensores de la corona. Sin embargo, la conmocin lleva a que los cabildos abiertos proclamen primero gobiernos provisionales y luego independencias. Miranda escribe, enva cartas, insta… Su nombre empieza a revertir la propia trayectoria desmesuradamente torcida que sus enemigos polticos haban ofrecido de su imagen y de sus ideas. Finalmente, al regresar, es recibido, es reconocido, pero no se le otorga el papel protagnico que su historia reclamaba. De esa manera, en medio de dudas y vaci-

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141laciones, nacer el primer Congreso de la Repblica, la Sociedad Patritica desde la cual Miranda –con participacin, por primera vez, de pardos y morenos– va a proclamar la necesidad de que el proceso se radicalice. Divididos, enfrentan la reaccin contrarrevolucionaria, y le corresponde a l aplastarla en Valencia, pero no se lo permiten. Armados por el clero y la reaccin, los realistas se disponen a retomar el poder. En medio de un bao de sangre y de terribles contradicciones, ocurre el desgraciado incidente de Puerto Cabello. Vuela el polvorn encargado a un joven oficial: Simn Bolvar. Y, posteriormente, tiene lugar la dramtica capitulacin a que conducen todas estas contradicciones y circunstancias. Un misterio rodea el final, en La Guaira, antes de partir los capitulados. Miranda es entregado a los espaoles por un grupo de jvenes oficiales, entre ellos, el propio Bolvar. Nada nos sorprende. Pensamos en nuestra propia Historia; pensamos en Cspedes, Padre de la Patria, depuesto y entregado despus de Bijagual a sus enemigos polticos, reducido a San Lorenzo, sometido por una traicin a la muerte y al escarnio. ¡Cuntos no padecieron tan infinito dolor! Dolorosamente, Miranda aceptar el destino de la Guaira a Puerto Cabello. All yacern encadenados negros y blancos, en supremo vejamen que Monteverde quera infringir a los que haban proclamado la igualdad. Finalmente, Puerto Rico y, por ltimo, La Carraca, oscura fortaleza, oscura prisin en el puerto de Cdiz. All llegu una vez, subiendo aquella escalinata primero y aquella pequea escalera despus, hasta una habitacin de la cual un oficial retir cadena y candado. Dentro del recinto de cales blancas y con una ventana que mira hacia el pramo y el pantano, un jergn, y sobre ese jergn, una pobre cama, una bandera: la bandera de Venezuela. Sent profunda emocin al pensar que all, el 14 de julio, conmemorndose la histrica Revolucin Francesa, pero de 1816, se apag la vida de Miranda. Hombre acostumbrado a la libertad, no pudo resistir la soledad del encierro, la triste circunstancia de ser olvidado por sus contemporneos, la cruel certeza de que su sueo se haba convertido en pesadilla. Hoy, queridos amigos, Presidente, Ministro, cumplimos un deber gratsimo. Al colocar su imagen a la entrada de La Habana, podemos decir como el presidente Hugo Rafael ha dicho: “Es Miranda que vuelve”. Vuelve Miranda con el gesto altivo de desprenderse de la capa y tomar el arma; el Miranda soldado, filsofo, pensador, hombre poltico… ha vuelto. Para nosotros, los cubanos, es el compromiso tambin con nuestros propios precursores, con la historia serena que todo puede explicarlo y siempre podr emitir el fallo justo, situando a cada hombre en su tiempo y en su lugar. Bolvar, en la soledad de Santa Marta, en los ltimos momentos de su vida, debi pensar, repasando la historia de su patria, en aquel infausto destino que ahora tambin se volva contra l.

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142IntroduccinLas races histricas de la Cuba contempornea se remontan al siglo XIX con su lucha por la independencia. Diversos juicios, criterios, anlisis crticos, se han desarrollado acerca de este tema tan apasionante y discutido. La mayora de los manuales de Historia de Cuba, publicados alrededor de la dcada de 1950, sealaban que esa lucha por la independencia haba culminado en 1898 con la capitulacin de Espaa durante la llamada Guerra Hispano-Americana. A partir de esa fecha fue cuando algunos historiadores cubanos realizaron una revisin crtica de ese proceso y lo llamaron con justicia Guerra HispanoCubano-Norteamericana, ya que en l intervinieron ejrcitos de Espaa, los Estados Unidos y el Libertador Cubano. Por ello la historia de ese pasado tiene forzosamente que involucrar en su historiografa a los patriotas cubanos, informacin todava un tanto dispersa en peridicos, revistas y textos de la poca, cuyas noticias se publicaban a diario en Espaa, los Estados Unidos, Cuba y el resto del mundo. Debe aadirse que exista una tradicin historiogrfica cubana donde por lo general se haca hincapi en analizar slo la parte de los patriotas, sin tener en cuenta la contraria, en este caso el Ejrcito espaol. Esto trajo como consecuencia un apologtico discurso que ha restado rigor cientfico, y en los anales de la historia cubana se pierden a veces acciones por no ajustarse a una realidad objetiva y concreta. Por fortuna, esos conceptos se han ido eliminando con la aparicin de una nueva hornada de historiadores e investigadores de las Ciencias Sociales. Es tarea difcil y complicada, aunque se cuente con documentacin contenida en bases de datos del ordenador. Acopiar ese valioso material dara como resultado una mejor historiografa tcnica, la que permitira al estudioso valorizar en todo su contexto opiniones, ideas, conceptos, versiones, estadsticas, Memoria escrita y visual de la Guerra Hispano-CubanoNorteamericana de 1898* Nydia SarabiaHistoriadora, periodista y ensayista Ponencia indita aprobada por la Asociacin de Historiadores Latinoamericanistas Europeos (AHILA) para ser presentada en septiembre de 1996 ante su XI Congreso Internacional, celebrado en la Universidad de Liverpool, Reino Unido. Debido a la ley Helms–Burton, aprobada por el gobierno de los Estados Unidos contra la isla de Cuba, se le prohibi a la historiadora realizar el viaje.

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143etctera, acerca de cmo vio y con qu ptica se ha venido tratando esa guerra donde Espaa perdi sus ltimas colonias en el continente americano: Cuba y Puerto Rico. A falta de parte de ese material, hemos intentado reunir lo que la historiografa produjo al concluir la contienda, partiendo de autores, protagonistas en cierta medida, y otros que se inspiraron, como el caso del artista, en los principales motivos y causas que hicieron llevar a la escritura y a la plstica sus impresiones. Se han tomado como modelos autores del Reino Unido, los Estados Unidos y Rusia, teniendo en cuenta que los dos primeros participaron en la guerra como observadores y militares, y el tercero como artista que lleg a Cuba para dibujar y pintar lugares en los cuales se desarrollaron los ms importantes escenarios de la guerra. En el presente trabajo se plantean criterios contenidos en la memoria escrita y visual de esos actores durante la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana, significndose que ese suceso tuvo sus antecedentes histricos hace ms de dos siglos, en especial en el XIX, a travs de un proceso que arranca a partir de un nativismo primario, cuya desvinculacin de la metrpoli va avanzando y genera el criollismo, y surge un sentido de orgullo de ser “criollo y cubano”, plasmado esto en la vanguardia de Francisco Arango y Parreo que se preciaba de ser “cubano”. La lucha del pueblo cubano por su libertad y con ella el reforzamiento de su nacionalidad, de su identidad, tambin se precisa durante el estallido de la Guerra de los Diez Aos (1868-1878). En la continuacin de aquella guerra del 68, surgi ms tarde la independencia de 1895, la cual impuls el conflicto entre Espaa y los Estados Unidos, al producirse la voladura del acorazado Maine, de la armada estadounidense en La Habana, el 15 de febrero de 1898, buque enviado para proteger las vidas de los ciudadanos norteamericanos ante los extremismos de los voluntarios espaoles contra los autonomistas y que causaron serios disturbios. Han transcurrido ms de cien aos de aquellos hechos. Sin embargo, todava no se ha esclarecido la verdadera causa de esa voladura, pues existen hiptesis, tesis, conjeturas, versiones, que se abocan en que fue causada por una mina colocada por los espaoles, aunque segn algunos se debi a una autoprovocacin por parte de las autoridades navales estadounidenses lo cual servira para declararle la guerra a Espaa y as poder obtener la isla de Cuba. Existe una tercera versin basada en un supuesto accidente en el propio acorazado. El dictamen tcnico espaol de aquella poca as lo aseguraba. La problemtica insertada en 1898 fue una fecha clave para los destinos de Cuba, pues se conjugaban intereses bastardos por un lado y, por otro, el deseo ardiente de los cubanos en obtener su libertad, conjuntamente con la de Puerto Rico. La isla presentaba realmente un panorama sombro y catico. La guerra haba venido diezmando los plantos de caa de azcar en las provincias orientales y centrales, mediante la estrategia mambisa de la “tea incendiaria”, y por lo tanto esto ocasionaba la ruina de la industria en manos de hacendados

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144y disminua cada vez ms la economa de la colonia. El Ejrcito Libertador en 1898 dominaba gran parte del territorio rural del pas, y el Ejrcito espaol era atacado constantemente mediante la tctica de la guerra de guerrillas por los patriotas. Espaa, pese a gastar millones de pesetas en mantener su Ejrcito bien equipado en hombres y armamentos, sufra constantes bajas no slo en la confrontacin blica con los insurrectos, bajo el cimbrar de la carga al machete mamb, en esa batalla por el Caribe. Cientos de jvenes eran reclutados en las diversas regiones de la pennsula y llevados a Cuba. Muchos moran como consecuencia de las epidemias como el clera, la fiebre amarilla o el paludismo, debido al cambio de clima y a la falta de salubridad en la isla. Decenas de aquellos jvenes hispanos perdieron sus vidas y sus familiares en Espaa ignoraron sus decesos hasta meses o aos despus de terminado el conflicto. Por tal motivo, hacemos un reconocimiento a los jvenes espaoles que perdieron sus vidas en aquella guerra y no pretendemos de manera alguna utilizar eptetos peyorativos contra el heroico pueblo espaol, de donde salieron esos soldados y oficiales, sino contra aquella otra Espaa colonial de ideas obsoletas y extremistas, diferente a la Espaa noble y generosa. Espaoles pundonorosos tambin pelearon en las dos guerras emancipadoras de Cuba, tales como los generales del Ejrcito Libertador Francisco Villamil, Matas Vega, Manuel Surez, Julin Santana, Jacinto Hernndez, Jos Mir Argenter, para evocar tan solo a unos pocos. En este somero estudio sobre la memoria escrita y visual de la guerra de 1898 en Cuba, se hace un sucinto recuento de una de las etapas ms cruentas de la nacin cubana que llama a la reflexin por la necesidad del herosmo a las puertas de un nuevo milenio. Miguel de Unamuno escribi sarcsticamente sobre esta guerra al decir: “Pero aquella sacudida de 1898 fue una cosa puramente interior, ms bien casera. Aquellas guerras de Cuba y Filipinas fueron guerras civiles, no internacionales”.1En cierta medida fue as, guerras civiles porque en ellas se conjugaban problemas tpicamente separatistas de las colonias espaolas en Amrica, pues las islas caribeas o antillanas eran consideradas –en su mayora– por Espaa como parte de sus regiones, amn de la lengua, costumbres, religin, cultura, etctera. Cuba y Filipinas formaban, al igual que Puerto Rico, un mbito de la geografa o del territorio espaol. Por otro lado, la voladura del Maine fue motivo o pretexto para que cierta prensa amarilla de los Estados Unidos, acusara a Espaa de aquel brbaro suceso y llamara a los tambores de la guerra. Las condiciones de la declaracin de guerra por parte del pas del norte, estaban dadas y se fueron consumando de manera muy rpida. Al estallar el conflicto, en el campo insurrecto se continuaba peleando, pese a la cada en combate, primero de Jos Mart, el 19 de mayo de 1895, y ms tarde, la del general Antonio Maceo, el 7 de diciembre de 1896, ya a las puertas de la capital. El Comandante en

PAGE 146

145Jefe del Ejrcito Libertador, Mximo Gmez y otros jefes, resistan en zonas de Sancti Spritus y Camagey. El general Calixto Garca iguez lo haca en la provincia oriental de Cuba. Fernando Portuondo, historiador cubano al analizar esta guerra subraya: De hecho, los conflictos internos, como la pugna entre esclavistas, y el temor a una guerra exterior para la cual no se sentan preparados, hicieron que los norteamericanos no precipitaran la maduracin de la manzana cubana. As negaron todo apoyo a los movimientos armados de mediados de siglo y a la guerra de independencia iniciada en 1868. En ambos casos, temerosos de que abortaran sus planes a largo plazo, intentaron comprar a Cuba. Y puntualiza: “Al comenzar la guerra de 1895 la poltica exterior invariable de Estados Unidos encamin su accin a lograr una frmula que, sin desposeer a Espaa de su preciosa colonia, permitiera aplastar un movimiento revolucionario que claramente se enderezaba a obtener la independencia absoluta”.2El 11 de abril de 1898, el presidente de los Estados Unidos, William McKinley, envi un mensaje al Congreso solicitando la intervencin armada y peda autorizacin para poner trmino a las hostilidades en Cuba. Textualmente expresaba: “[…] asegurando [as] el establecimiento de un gobierno capaz de mantener el orden y observar las obligaciones internacionales”.3Despus de las deliberaciones del Congreso estadounidense, este aprob la llamada Joint Resolution, el 19 de abril. En su primer apartado dicho documento registraba: “Que el pueblo de la isla de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente”. En su apartado cuarto aada: “Los Estados Unidos niegan toda intencin de ejercer sobre la Isla y afirman su determinacin de dejar el gobierno de la misma a su pueblo”.4Esta resolucin conjunta fue firmada por el presidente McKinley el da 20 y enviada al Ministro en Madrid, quien la present al gobierno espaol como un ultimtum. Este contest dndole sus pasaportes. As quedaban rotas las relaciones diplomticas y la guerra se iba haciendo realidad cuando el 22 la escuadra norteamericana se present en aguas territoriales de Cuba. Por su parte, el Ejrcito regular estadounidense, al declararse la guerra, fue elevado a 60 000 hombres, y el da 23, por medio de una proclama presidencial, se llam a las armas a 120 000 voluntarios, cantidad que se elev el da 25 a 200 000 hombres.5El 20 de junio las tropas estadounidenses desembarcaron por el Aserradero, al sur de la provincia de Oriente, bajo el mando del almirante Sampson y del mayor general William Shafter. Estos conferenciaron con el general Calixto Garca iguez, jefe de la zona de Oriente del Ejrcito Libertador y acordaron un plan para que los norteamericanos desembarcaran por Daiquir (tambin al sur de la provincia de Oriente), donde los esperaran el 21 las tropas cubanas bajo el mando del general Joaqun Castillo Duany y las del coronel Carlos Gonzlez Clavel, que comenzaron acciones de limpieza de tropas espaolas en la costa, cerca de Santiago de Cuba para asegurar el desembarco norteamericano consistente en 15 000 hombres, durante el 22 y 23 de junio.

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146Dos escuadrones de Rough Riders, dirigidos por el coronel mdico Leonard Wood y otras tropas de caballera, apoyados por los patriotas cubanos, desembarcaron por la playa Siboney. Segn Horatio Rubens: Los “Rough Riders” eran voluntarios procedentes del oeste de Estados Unidos, hombres rudos, reclutados entre cazadores, vaqueros y rancheros, elemento que en Estados Unidos se denominan con el nombre de cowboys. Se deca que eran indiferentes a toda clase de peligros y privaciones, en vida de constante aventura. Entre ellos haba algunos indios de pura raza y unos cien jvenes cultos y distinguidos del Este.6El segundo al mando de los Rough Riders lo era el teniente coronel Theodore Roosevelt, quien luego iba a ganar fama, precisamente, por su participacin en la Guerra HispanoCubano-Norteamericana de 1898. Haba nacido en Nueva York en 1858 y falleci en esa ciudad en 1919. Terminada la guerra en Cuba pas a la poltica, en el Partido Republicano, y lleg a ser vicepresidente. Al ocurrir el asesinato de McKinley en 1900, Roosevelt asumi la primera magistratura. Su poltica fue eminentemente imperialista. Durante su mandato se compr el canal de Panam. Adems intervino con habilidad en la guerra rusojaponesa de 1905 para que concluyera y por tal motivo se le otorg el Premio Nobel de la Paz en 1906. El 3 de julio se dio la batalla naval frente a la baha de Santiago de Cuba, donde Espaa perdi sus mejores buques de guerra y tambin las islas de Cuba y Puerto Rico, sus posesiones insulares antillanas, as como el archipilago de Filipinas y la isla de Guam en el archipilago de las Marianas o de los Ladrones. La guerra de 1898 tuvo precisamente esos escenarios de lucha que marcaron la hegemona de un imperio colonial asitico yanqui con la derrota espaola, el nacimiento de la explotacin capitalista y el control de la llave del golfo de Mxico: Cuba. Para tener una idea exacta de las consecuencias que se derivaron de este conflicto blico, un historiador local de Santiago de Cuba, testigo de la tragedia que vivi el pueblo cubano, escribi esta crnica que bien vale ahora recordarla: Santiago de Cuba, en los primeros das que siguieron a su rendicin, rivalizaba en desaseo con las ms sucias ciudades de Levante. Desde la Alameda de Michaelsen hasta ms all de la Estacin del Ferrocarril de Sabanilla a Maroto, se alineaban las blancas tiendas del ejrcito de ocupacin, y al lado opuesto se vea una prolongada hilera de mesas, barracas, cobertizos y casetas, reunidos con el gusto y el ornato, en donde se expedan licores, consumidos sin cesar y en abundancia por los yanquis. Pirmides de botellas vacas amenazaban llegar a las nubes. La multitud abigarrada de vendedores y de mendigos (y casi todos lo eran), andrajosa y maloliente, pululaba como los gusanos en la carne putrefacta; ensordeca el continuo zumbido de aquella gran colmena humana; el vaho del alcohol, el tufo del tabaco virginiano y el hedor de las inmundicias depositadas por todas partes, produca mareo, provocaba nu-

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147seas. Santiago de Cuba haba perdido su habitual fisonoma. La antigua Marina pareca un suburbio de Pekn o un arrabal de La Meca. La disentera, el beriberi, las fiebres y todo un largo squito de enfermedades arrancaban 40 o 50 vctimas diarias... La poblacin entera erraba por la Marina, atrada por el olor de los guisos que confeccionaba la tropa norteamericana y por la presencia en la rada de 40 vapores cargados de provisiones que, desde la tarde del 18 de julio, formaban espesa selva de mstiles, chimeneas, jarcias y vergas dando a nuestro puerto el aspecto de un pedazo del Tmesis o del Hudson. As se cumpla el viejo adagio castellano: el muerto al hoyo y el vivo al pollo. En otra parte de la narracin, su autor reflejar la situacin de una ciudad invadida por los soldados yanquis: En el antiguo Teatro de la Reina y en el vetusto convento y cuartel de San Francisco se alojaba una parte de los 17,000 hombres del general Shafter, y se vea en Punta Gorda y Cayo Duan, y en las entradas de todos los caminos que conducen a la ciudad, las tiendas de lona donde acampaba el resto del ejrcito interventor [...]. A los cubanos, que haban combatido con tanta heroicidad, no se les permita an, la entrada en la ciudad libertada [...] por donde quiera se vea la figura del interventor con camisa azul, pantaln amarillo, polainas, sombrero de castor parduzco [...] rodeado de una turba de chiquillos hambrientos que se esforzaban por limpiarles las botas o tenerle de las bridas el caballo para ganar five cents... Las primeras raciones de galletas y tocino yanquis distribuidas a la multitud hambrienta, le produjeron un efecto mortal que precipit a muchos al sepulcro al igual que a los espaoles que an estaban en sus campamentos [...].7Estos fragmentos revelan uno de los testimonios ms serios y veraces de la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana de 1898 y aplicable en cualquier poca a nuestros pueblos iberoamericanos. La seleccin de tres escrituras producidas en el tiempo-espacio de la guerra de 1898, forman parte de una especie de literatura de campaa. Dichos textos fueron producidos por sus autores en un momento histrico dentro del proceso econmico-social de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Por lo tanto, dan idea del antagonismo de pases que provocaron en Amrica y en las islas del Pacfico, un acontecimiento que cambi su historia. A modo de reflexin: la utopa cubana desde el siglo XIX persegua la lucha por la libertad y la independencia, y en especial su autodeterminacin y la soberana absoluta, sin subordinacin extranjera. Su inveterada tradicin patritica, cognoscitivamente hizo que todos los grandes hombres de la historia de la nacin cubana, desde aquellos forjadores de su primera gran guerra por la libertad: Carlos Manuel de Cspedes, Vicente Garca, Ignacio Agramonte hasta Jos Mart, Antonio Maceo, Mximo Gmez, Calixto Garca y tantos que haran la lista interminable,

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148fueran de manera incuestionable, acrrimos enemigos de anexar la isla a su poderoso vecino del norte. Tal vez la objetividad de este trabajo haya hecho que se insista sobre la temtica independentista y el recelo de los cubanos en que los Estados Unidos se apoderaran de la isla como sucedi con Puerto Rico y las posesiones espaolas en el Pacfico. El balance final de esta ponencia ha sido dar a conocer a tres importantes figuras extranjeras que de alguna manera pudieron intervenir y opinar sobre la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana de 1898. Esas personalidades ocuparon un espacio en aquella gesta que puso fin a la maravillosa historia de Espaa en Amrica. ILa recurva de nuestra historiaUna de las personalidades europeas de la primera mitad del siglo XX lo fue sin duda alguna Winston S. Churchill. No vamos a referirnos sobre la vida del poltico ingls, sino tan solo citarlo en el momento en que se peleaba en Cuba por su libertad como lo fue la Guerra de Independencia de 1895. Churchill public sus Memorias y en ellas incluy, como era obvio, su corta estancia en la isla de Cuba durante la guerra con Espaa por su independencia. El joven militar britnico deseaba ver cmo peleaban espaoles y cubanos y ese fue el motivo primordial de su estada en Cuba. Esas Memorias, cuyo captulo seis titul “Cuba”, fueron traducidas ms tarde al castellano bajo el epgrafe de Mi primera juventud. En ellas comenta: “La paz en la que la humanidad vena languideciendo desde haca tantos aos, slo haba sido perturbada en un punto del planeta. La interminable lucha de guerrillas entre los espaoles y los insurrectos cubanos, se deca, iba a entrar en una fase ms decisiva”.8Referir el autor cmo el gobierno espaol haba enviado a Cuba a su experimentado general Arsenio Martnez Campos, conocido por sus victorias frente a los moros y su pacificacin de la isla en 1878 que sell con el llamado Pacto del Zanjn. Espaa haba enviado 80 000 mil hombres de refuerzo para realizar el intento de dominar la insurreccin. Churchill perteneca entonces al 4 de Hsares y comunic su proyecto a uno de sus compaeros –Reginald Burner–, que haba dirigido divisiones en Francia. Para los dos jvenes britnicos, esta idea de ver el desarrollo de la guerra en Cuba fue bien acogida, en especial si era en el escenario de un conflicto blico, tal y como vena sucediendo en la isla. El joven oficial ingls se vali de un amigo de su padre, Sir Henry Wolf, entonces embajador de Gran Bretaa en Madrid y decano del cuerpo diplomtico, quien tena gran influencia en la corte espaola y as obtuvo el permiso para que Churchill pudiera visitar el pas antillano. A comienzos de noviembre de 1895, Winston S. Churchill embarc para Nueva York con su amigo y de aqu siguieron viaje hacia La Habana. Sobre su permanencia en el campo de batalla referir: “Los hombres de esta generacin exhausta, embrutecida mutilada y fastidiada por la guerra, no pueden comprender la deliciosa, aun-

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149que trmula emocin con que unos jvenes oficiales britnicos, criados en largos aos de paz, se aproximaban por primera vez a un verdadero teatro de operaciones”.9Recordaba con este viaje a la mayor de las Antillas, su lectura de Robert Louis Stevenson, aquel brillante narrador ingls que escribi una magnfica novela sobre una Isla del Tesoro, perdida en el mar al sur de Cuba y que muchos consideran que se trataba de la antigua Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud), situada precisamente al sur de La Habana, la cual fue durante siglos refugio de piratas, bucaneros, corsarios, y toda clase de traficantes de negros esclavos, ladrones de tesoros y ganado, que asolaban las costas de las islas antillanas y del continente. Churchill manifestar: “Cuando, a la luz poco clara de las primeras horas de la maana, vi las costas de Cuba dibujarse en el azul intenso del horizonte, tuve la impresin de viajar en el barco del Capitn ‘Silver’ y tener delante de mi la isla del Tesoro”.10Y acotara: “Cuba es una isla encantadora. Con razn la llamaban los espaoles ‘la perla de las Antillas’”. As evocaba el futuro poltico ingls aquella poca en la que la armada britnica haba tomado La Habana por un espacio corto de tiempo, lo cual result un verdadero vuelco para las relaciones comerciales de la nacin con el resto del mundo, toda vez que Espaa permita el comercio con un solo puerto de la pennsula. Esos sucesos ocurrieron en 1762 cuando Lord Albemarle desembarc con 14 000 britnicos y tom La Habana, pese a la resistencia de sus moradores. Los dos jvenes oficiales fueron recibidos por el Capitn General de la isla, entonces de recorrido por Santa Clara. Los espaoles haban blindado trenes donde transportaban sus tropas, a fin de defenderlas de los constantes ataques de los patriotas cubanos en las vas frreas. Al sentir los tiroteos, los soldados se tiraban al suelo de los vagones especiales para protegerse. Churchill fue recibido por el general Martnez Campos y presentado a un joven oficial del Estado Mayor, hijo del duque de Tetun, llamado Juan O’Donnell, quien hablaba ingls y le explic que si deseaba presenciar combates deberan incorporarse a una columna mvil. Se trataba de la columna que estaba al mando del general de divisin lvaro Surez Valds, que haba salido rumbo a Sancti Spritus, localidad situada en el centro de la isla y siempre hostigada y sitiada por las fuerzas cubanas bajo el mando del Comandante en Jefe del Ejrcito Libertador, Mximo Gmez. Churchill ha narrado este dilogo en sus Memorias: Haba que ganar tiempo para alcanzar la columna, pero el joven oficial espaol mene la cabeza: –Ustedes no llegaran a cinco millas de aqu. –Dnde est, pues, el enemigo? –preguntamos. En todas partes y en ninguna –replic. Cincuenta hombres a caballo, pueden ir donde quieran: dos, no pueden ir a ninguna parte.11Contar tambin las peripecias para poder encontrar la columna del general Surez Valds y de su intencin

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150de viajar en tren hasta la ciudad de Cienfuegos (al sur de la isla) y llegar luego a la regin oriental de Las Tunas. Exista ya una lnea frrea que estaba “[…] convenientemente protegida por blocaos y los trenes militares llegaban hasta all con regularidad”. Tres das dur el viaje hasta Sancti Spritus, en la regin de Las Villas, para localizar la columna espaola adonde haban sido asignados. En esos aos se haba desatado una epidemia de viruela y fiebre amarilla, difcil de controlar debido al psimo estado sanitario de la isla. Segn Churchill, la fuerza que vio en esa ocasin: Era una fuerza respetable: Cuatro batallones comprendiendo unos 3 000 hombres de infantera, dos escuadrones de caballera y una batera tirada por mulas. Las tropas, al parecer, estaban descansando en una buena disposicin, no dando muestras de fatiga. Vestan uniforme de algodn, que en sus primeros tiempos debieron ser blancos, pero que ahora, con el polvo y la inmundicia, haban adquirido una tonalidad kaki. Llevaban pesada mochila y cartuchera doble, usando grandes sombreros de panam.12As describa el Premio Nobel de Literatura de 1953 sus recuerdos de la guerra en Cuba. Su narracin era como una secuencia cinematogrfica, no exenta de cierta riqueza o rigor literario. El general Surez Valds tena en su poder el telegrama donde se le co municaba el arribo de Winston S. Churchill al campamento. El citado militar espaol le agradeci “este gesto de Gran Bretaa”. Al otro da, en la maana, emprenderan viaje con la columna espaola. Estaban ansiosos los dos jvenes britnicos de topar con los insurrectos cubanos. Churchill subrayar que al ponerse en marcha “[...] en aquella media luz, largas filas de hombres armados marchaban hasta el enemigo. Este poda encontrarse cerca: quizs nos esperaba a una milla de distancia. No podamos decirlo; no conocamos ni las cualidades de nuestros amigos ni las de nuestros enemigos. Nada tenamos que ver con sus querellas. Excepto para defendernos, no podamos tomar parte en los combates”.13Han referido algunos autores e historiadores en forma crtica la presencia de Churchill en las filas del Ejrcito espaol. Ciertamente el joven ingls vino autorizado por la corona espaola y nada tuvo que ver con los insurrectos. Lo movi la curiosidad y el deseo de observar qu clase de guerra era esa. No fue este el caso especfico y singular del periodista y poltico irlands James O’Kelly, quien arrib a Cuba en 1872 para realizar una entrevista exclusiva al Presidente de la Repblica en Armas, Carlos Manuel de Cspedes en su campamento de la Sierra Maestra, para The New York Herald. 14Churchill cuenta que pronto se hizo amigo de los soldados y oficiales espaoles a travs de un “francs detestable”. Explic cmo se impresion con los puntos de vista de algunos espaoles sobre aquella guerra, y con los cuales tuvo sus diferencias. Sobre ello confesar: El jefe del Estado Mayor, teniente Benzo, por ejemplo, en una ocasin se refiri a la guerra que “nosotros estamos haciendo para preservar la integridad de nuestro pas”. Me que-

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151d sorprendido por esto. Sin duda debido a mi educacin limitada, no haba llegado a comprender por completo que otras naciones tuviesen la misma clase de sentimientos sobre sus posesiones que nosotros en Inglaterra por las nuestras. Ellos sentan por Cuba, al parecer, lo mismo que nosotros respecto a Irlanda.15Prximo a establecerse el combate de la Reforma, en la zona de Sancti Spritus, el 30 de noviembre de 1895, el General en Jefe del Ejrcito Libertador, Mximo Gmez areng a su tropa para prepararle con vistas al prximo combate. Entre otras cosas sealaba: Yo le auguro a Martnez Campos un fracaso cabal, que ya empez para l en las sabanas de Peralejo, pronstico que habr de cumplirse al llegar los invasores a las puertas de la Habana con la bandera victoriosa, entre el humo rojizo del incendio y el estrpito de la fusilera. ¡Soldados!, llegaremos hasta los ltimos confines de Occidente, hasta donde haya tierra espaola: ¡all se dar el Ayacucho cubano!16Con esa arenga del jefe militar de la revolucin cubana se dio la orden a la tropa insurrecta de marchar y establecer campamento en las orillas del ro Grande, ms conocido por la Reforma. El general Surez Valds se hallaba acampado en Trilladeritas, que ejerca de campamento general en la regin de Las Villas. Este fue precisamente el lugar que indica Winston S. Churchill en sus Memorias. El ataque de los insurrectos fue sorpresivo y lo describe as: Aquel da, cuando hicimos alto para desayunar, cada cual se sent cerca de su caballo, comiendo un muslo de ave, cuando de pronto, muy cerca, casi enfrente de nosotros, sali una descarga cerrada desde la orilla del bosque. El caballo que se encontraba junto a m –no el mo– dio un brinco. Se produjo una gran excitacin. Parte de los soldados se lanzaron hacia el sitio de donde haban surgido los disparos y, naturalmente, no encontraron nada, con excepcin de unas cuantas cpsulas vacas.17Enfatizar el autor ingls que al otro da –exactamente el 2 de diciembre, fecha del combate de la Reforma–, despus de baarse en el ro y cuando estaban en ese trajn, oyeron disparos. Se vistieron rpidamente y se retiraron del ro hacia el cuartel general. Se enter de que se trataba de una escaramuza a una distancia de media milla, pero que aun as las balas llovan sobre el campamento. Los insurrectos o mambises se hallaban bien armados de fusiles Remington, como el propio Churchill pudo comprobar por el ruido que provocaban y las cpsulas vacas. Narrar tambin que al cabo de media hora, los insurgentes se retiraron despus de haber llevado a cabo la tctica militar de disparar y retirarse, en una especie de guerra de guerrilla psicolgica que emplearon en el ataque los patriotas cubanos en todas sus guerras por la libertad. El combate de la Reforma fue dirigido por el Lugarteniente General Antonio Maceo ese 2 de diciembre de 1895, y para una mejor interpretacin, por su veracidad, por ser uno de sus testigos, insertamos un fragmento que al respecto

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152escribiera el general Jos Mir Argenter, un cataln que fue jefe del Estado Mayor de la tropa del general Maceo y aparecido en sus Crnicas de la guerra: El combate de la Reforma slo cost siete bajas; pero el general espaol en los partes oficiales le dio proporciones de batalla campal, haciendo aparecer un montn de “muertos vistos” del bando insurrecto. Surez Valds fue uno de los primeros que puso en escena los combates fabulosos o novelescos, en los que despus de un fuego nutrido, terminado con la correspondiente carga a la bayoneta, el enemigo se dispers sin causar bajas a las fuerzas espaolas, debiendo por el parte “haber sufrido muchas”. Y contina Mir Argenter: “Con la divisin de Surez Valds iba un oficial del ejrcito britnico, quien se llenara de asombro al ver cmo se arrollaba a un enemigo invisible y se ganaban laureles militares haciendo derroche de figuras retricas; que no era otra cosa que las cargas a la bayoneta de Surez Valds y de algunos capitanes ms que con l emularon en los torneos fabulosos”.18Por su parte Churchill explicar la tctica seguida por el Ejrcito espaol en la Reforma: La tctica era muy sencilla. Tan pronto como el primer batalln espaol lleg a campo abierto, se lanzaron dos compaas hacia cada uno de los flancos, desplegndose. La caballera se dirigi hacia la derecha y la artillera ocup el centro. El general, su estado mayor y los dos huspedes avanzamos solamente a lo largo del camino cerca de cincuenta yardas detrs de la lnea de fuego. El segundo batalln segua a los caones en columna de compaas. Durante las primeras 300 yardas no son ni un solo disparo. Despus, en la lejana lnea de la colina, se formaron algunas nubecillas de humo, seguidas inmediatamente por los estampidos de los fusiles rebeldes.19Churchill prosigue su relato expresando que esta operacin se produjo por dos ocasiones y que el fuego enemigo se hizo continuo y se extenda de izquierda a derecha en toda la posicin. Segn expresa, la infantera espaola comenz a replegarse y a avanzar alternativamente: “El fuego, por ambas partes era nutrido. El general y su Estado Mayor avanzaron hasta que la lnea de fuego enemiga estuvo slo a una distancia de cuatrocientas o quinientas yardas. All nos detuvimos, y siempre montados, completamente al descubierto, presenciamos el asalto de la infantera”.20La estrategia era tenderle una emboscada a Surez Valds en la cual cay, teniendo que replegarse; su artillera dispara contra una colina, desalojada ya por los cubanos. El fuego de los emboscados detiene el avance espaol y la impedimenta del general Maceo gana tiempo en su marcha y se retira, esquivando presentar batalla, de acuerdo a la estrategia planeada por el General Gmez. Winston S. Churchill y Reginald Berner fueron testigos de esa escaramuza en la Reforma, pero tan solo de un lado. No supieron que se trataba de una bien trazada maniobra del General en Jefe. Por ltimo, Churchill escribi: “El

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153honor espaol y nuestra propia curiosidad quedaron plenamente satisfechos. La columna regres a la costa y nosotros a Inglaterra. No creamos que los espaoles llevasen su guerra en Cuba a un rpido final”.21Tal y como lo narr el general Mir Argenter, los insurrectos cubanos bien pronto supieron que del lado del enemigo se hallaban dos militares ingleses como observadores y que la columna espaola de Surez Valds, en la regin villarea, dej de hostilizarlos. Tal impacto tuvo la noticia de la presencia de Winston S. Churchill en las filas del Ejrcito espaol que en pago a su aventura como oficial britnico, el gobierno de Espaa en La Habana le condecor con la Medalla Militar de Primera Clase. II Antes de comenzar la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana de 1898, desde Tampa, en Florida, fueron embarcados, sin distincin alguna, soldados y algunos jefes norteamericanos, acantonados all para ir a Cuba y entablar combate por mar y tierra con el Ejrcito espaol. Casi no esperaron la orden de partir. Entre esos jefes se hallaba el entonces teniente coronel Theodore Roosevelt, quien “[…] meti su tropa en el primer barco que hallaron, aunque estuviera destinado a llevar otro regimiento”.22El propio Roosevelt, como se ha dicho, fue uno de los protagonistas de esa guerra al mando de su gente denominada Rough Riders, y explicara luego en varios artculos, en discursos y en sus memorias, la razn de su presencia en esa guerra en Cuba: “En mayo de 1898, cuando nuestros buques de guerra estaban anclados a lo largo de la Habana y los torpedos destructores espaoles atravesaban el Ocano nuestros mejores comandantes sintieron una ansiedad bien justificada, porque nosotros no tenamos destroyers para guardar nuestra flota contra los destroyers espaoles”. Y continuar: “Gracias sean dadas a sus errores y a la falta de iniciativa, los espaoles no hicieron ningn buen uso de sus formidables buques, envindolos contra nuestros barcos en pleno da cuando no haba ninguna esperanza de obtener algn resultado”.23No le faltaba razn, pues la escuadra espaola era, antes de la batalla naval de Santiago de Cuba, mucho ms superior que la norteamericana. La derrota naval de Espaa no slo signific la prdida de su ltimo bastin en Amrica, sino la sepultura de su dominio en el Nuevo Mundo. Teddy Roosevelt representaba entonces el liderazgo de una corriente guerrerista y algunos le llamaron “el muchacho terrible de la poltica estadounidense” de esa poca en que exaltaba el orgullo nacional en sus discursos y amenazaba con arrojar de Amrica “[…] a todas las potencias europeas [...] empezara por Espaa”.24La composicin social y tnica de los denominados Rough Riders el propio Roosevelt lo describa as: Entre los cowboys, hay algunos procedentes de Mjico y que generalmente salen bastante bien de su empresa, pero no merecen entera confianza, y por otra parte, en un rancho son siempre mal vistos por los de Tejas, entre los que

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154el espritu de casta y de intolerancia est acentuado. Los blancos nacidos en el Sur, rehsan siempre trabajar a sus rdenes, as como tambin miran con desprecio a todas las razas de color o procedentes de sangres mezcladas.25Al desembarcar las tropas yanquis por Daiquir, con el apoyo del Ejrcito Libertador, a medida que avanzaban fueron tomndose posiciones hasta llegar a la zona del Caney, que tena fuertes espaoles, y estaba cercana a la elevacin montaosa conocida como la Loma de San Juan por donde tambin cruza el ro del mismo nombre. En esa elevacin, ya a las puertas de Santiago de Cuba, los espaoles tenan un fuerte bien artillado con caones de largo alcance, garitas protegidas y trincheras de piedras. Estaba como en una especie de bosque camuflajeado, pues aparecan elevados pinos en su entorno. Hoy da, Loma de San Juan forma parte de la Historia de Cuba y se mantiene en iguales condiciones que durante la guerra de 1898. El primero de julio se dio all la batalla ms encarnizada de la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana. Las bajas causadas a los atacantes fueron de consideracin, en especial en el cruce del ro San Juan, llamado por los yanquis el Paso Sangriento (The Bloody Bend). Se dice que en esa feroz batalla, “[…] hasta de la rama de los rboles arrojaban mortfero plomo los guerrilleros espaoles […]”. Y era cierto, pues las bayonetas de los soldados espaoles en el cuerpo a cuerpo eran superiores a las de los yanquis, por ser la de estas pequeas. Al frente de los Rough Riders iba el teniente coronel Roosevelt sobre su caballo hasta que se lo derribaron los disparos de los espaoles. Dos piezas de caones Krupp, que manejaban 500 hombres de Espaa, demostraron que saban defender sus posiciones. En su libro Rough Riders, Roosevelt ha sealado: “Aunque ganamos la cresta (de la Loma de San Juan), los espaoles que se hallaban atrincherados fuertemente por encima de nuestras fuerzas, abrieron un nutrido fuego de fusilera y con dos piezas de artillera, empleando fulminantes que ardan muy bien, las balas estallaban sobre nuestras cabezas”. Y prosegua: En la cumbre haba una caldera o algo parecido, probablemente de hacer azcar. Algunos de los nuestros se refugiaron detrs de esta caldera. Tenamos una magnfica vista de la carga al blocao de San Juan a nuestra izquierda, (a un tercio de milla) por donde la infantera de Kent, dirigida por Howkins, suba la loma. Naturalmente que lo ms indicado era ayudarlos y por ello reun a mis hombres y abr fuego sobre el blocao y las trincheras que lo rodeaban [...]. La infantera se acercaba ms y ms a la cresta. Al fin pudimos ver a los espaoles que estaban metidos en los hoyos, escaparon cuando los americanos hicieron el asalto final. Detuve entonces el fuego para evitar herir a nuestros compatriotas.26Por su parte, Horatio S. Rubens, un ilustre abogado y escritor norteamericano, que fue amigo de Jos Mart en Nueva York, aclara la presencia de Teodoro Roosevelt en dicha batalla:

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155La leyenda de que Roosevelt tom la Loma de San Juan no fue obra suya, sino una ancdota interesante adecuada a un carcter tan pintoresco, de modo que en la literatura y en el cine, alcanz xito. La gloria que l alcanzara, no necesita de esta hazaa. En un parte oficial l declar: “Fue despus que tomamos la primera colina. Haba congregado a mis soldados para asaltar la segunda, y habiendo perdido mi caballo, salt la cerca de alambre y me dirig cuesta arriba. Despus de haber avanzado unas doscientas yardas bajo un fuego vivo, advert que estaba casi solo y la razn fue, segn supe ms tarde, que en la confusin del asalto, mientras mis soldados mataban y eran matados, no advirtieron mi ausencia. Dije a los cinco que me haban seguido que aguardaran un momento, ya que si todos regresramos, poda prestarse a la mala interpretacin. Volv pues, solo, y reorganizando el regimiento, volvimos todos a la carga”.27La infantera estadounidense comandada por el mayor general Hawkins, que haba resultado herido, avanzaba incesantemente sobre el fuerte de San Juan, causndoles bajas a los defensores espaoles, cuyos caones se silenciaban a falta de municiones. Su jefe, el coronel Vaquero caa en una de las trincheras, el coronel Ordez resultaba mal herido. A la una y media de la tarde el general Linares orden la retirada desde el lugar denominado El Pozo, ya herido de metrallas. Se hizo cargo del mando el general Toral. Los espaoles hicieron un ltimo esfuerzo para retomar la Loma de San Juan, pero fueron rechazados y herido su jefe el capitn de navo Bustamante. Aun as, las prdidas sufridas por los yanquis fueron muy grandes como lo expresara el general Shafter al general Lawton. Shafter tena pensado retirarse y pedir refuerzos a Washington, pero en un Consejo de Guerra esto fue rechazado por la oficialidad. Perdidos en el Caney, San Juan y El Pozo, los espaoles quedaban derrotados, slo les quedaba la plaza sitiada de Santiago de Cuba. La toma de San Juan cost a las tropas yanquis 160 muertos y 960 heridos y por su parte los hispanos tuvieron 600 bajas. El 2 de julio continuaba el fuego desde las trincheras y el caoneo por parte de la escuadra norteamericana, desde la boca del puerto y hacia sus fortificaciones como El Morro, La Socapa y La Estrella. Las tropas cubanas trataban de tomarlas por asalto bajo el mando del mayor general Calixto Garca. Sin embargo, el general Shafter orden que las fuerzas cubanas participaran en el asalto a las guarniciones espao las. El 17 de julio se rindi la de Santiago de Cuba al general Shafter. Por su parte, el mayor general Nelson Miles ordenaba que se impidiera la entrada a Santiago de Cuba a las tropas cubanas comandadas por el general Garca iguez, en uno de los gestos ms denigrantes del podero de los Estados Unidos en esa guerra. Miles alegaba que podan ocurrir conflictos y rozamientos y que, a peticin del general espaol Toral, esto se cumpliera. Entonces el general Garca iguez escribi, a las puertas de Santiago de Cuba, en Casa Azul, una carta de protesta al general Shafter, otro de los documentos

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156ms dignos de la Historia de Cuba en el cual deca: “La ciudad de Santiago de Cuba se rindi al fin, al Ejrcito americano y la noticia de tan importante victoria slo lleg a mi conocimiento por personas completamente extraas a su Estado Mayor, no habiendo sido honrado con una sola palabra, de parte de usted, sobre las negociaciones de paz y los trminos de la capitulacin propuesta por los espaoles”. Y en otro prrafo notificaba: Circula el rumor que, por lo absurdo, no es digno de crdito general, de que la orden de impedir a mi Ejrcito la entrada a Santiago de Cuba ha obedecido al temor de venganza y represalias contra los espaoles. Permtame Ud. que proteste contra la ms ligera sombra de semejante pensamiento, porque no somos un pueblo salvaje que desconoce los principios de la guerra civilizada; formamos un ejrcito pobre y harapiento, tan pobre y harapiento como lo fue el ejrcito de vuestros antepasados en su guerra noble por la independencia de los Estados Unidos; pero a semejanza de los hroes de Saratoga y Yorktown respetamos demasiado nuestra causa para mancharla con la barbarie y la cobarda.28En un discurso pronunciado en Minnesota, el 2 de septiembre de 1902, Roosevelt ya presidente de los Estados Unidos en sustitucin de McKinley, que haba sido asesinado, explicaba el significado de la Doctrina Monroe, del proyecto del canal en el istmo de Panam y del engrandecimiento de la nacin norteamericana y juraba que “[…] bajo ningn pretexto haya engrandecimiento territorial sobre el sueo Americano por parte de ninguna potencia europea”.29El poeta nicaragense Rubn Daro se encontraba en Mlaga en 1904 y estaba al tanto, como diplomtico, de los acontecimientos de la guerra en Cuba y de las intervenciones estadounidenses en la isla, as como del destino trgico de Puerto Rico y dedic una pattica “Oda a Roosevelt”: Eres los Estados Unidos eres el futuro invasor de la Amrica ingenua que tiene sangre indgena, que an reza a Jesucristo y an habla en espaol. Pero el final de esa oda realmente es impactante: “ Y, pues contis con todo, falta una cosa: ¡Dios!”.30III La primera vez que se escribi en idioma castellano, y en los Estados Unidos, acerca del pintor Vasili Vasilievich Vereschaguin, fue una hermosa crnica de arte salida de la brillante pluma de Jos Mart, escrita en un estilo nico del periodismo literario. Algunos crticos opinan que el discurso martiano en sus crnicas periodsticas “transform la prosa hispanoamericana” y no les ha faltado razn toda vez que el poeta y revolucionario cubano fue un verdadero precursor del modernismo. En 1888, Vereschaguin expona sus obras en Nueva York y Mart, amante y conocedor del arte pictrico, fue a visitarla para luego escribir una crnica para el peridico La Nacin, de Buenos Aires, porque “[…] el ruso que hace odiar la guerra por lo real de sus

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157pinturas, y amar la nieve, por lo potente de su luz […]” bien vala que se le conociera entre sus lectores de Hispanoamrica. Vereschaguin fue un pintor realista nacido en Cherepovets en 1842, o sea, que cuando expuso sus obras en Nueva York, y seguramente Mart asisti a su inauguracin, tendra alrededor de cuarenta y siete aos de edad. Este creador ruso fue discpulo en Pars de Len Grome, pintor y estatuario francs de estilo acadmico que alcanz fama en la pintura de historia y temas militares. Para Mart, la obra de Vereschaguin estaba plena de ricos matices, pintados con “[…] el color sin brillo de la verdad, el color seco de los objetos al aire libre, y no eso de academias [...]”. El intelectual cubano descubre en el pintor ruso que haba roto con las tradiciones academicistas de su poca al adquirir, dentro del realismo, su propio estilo, tal y como se observa en su famoso cuadro de los uzbecos “[...] corriendo la plvora entre los rusos, en Tashkent”.31Esa resea de arte la escribi Mart el 13 de enero de 1889, cuando resida en Nueva York y colaboraba con numerosos peridicos de Hispanoamrica. Fueron decenas las crnicas, reseas, crticas, etctera realizadas por el Apstol y que hoy se han recogido en sus Obras completas. En 1900, en el comienzo de un nuevo siglo, otro cubano reedescubrir a Vereschaguin, pero no en Nueva York, sino en Pars. Nos referimos al tambin periodista y escritor Ezequiel Garca Enseat, entonces laborando para la revista El Fgaro, de La Habana, una de las ms importantes de esa poca en Cuba. Vereschaguin expona en el club de la rue Volney, en Pars. El da de la inauguracin comenz su amistad con Garca Enseat. El pintor ruso presentaba “[…] cuadros nuevos, estudios y reproducciones hechas por l de trabajos suyos anteriores –en los que se poda seguir paso a paso la existencia del artista en su hogar (casa solariega de una antigua familia de Novgorod): en la India, en la guerra turco-rusa y en sus excursiones por Vologda, Iaroslaw, Crimea, etc.”.32La rue Volney se le llamaba comnmente al “Cercle Artistique Littraire”. En este lugar Vereschaguin cubri sus paredes con 140 de sus obras. El periodista Garca Enseat descubri en uno de los cuadros del maestro ruso, el titulado Gran Ejrcito, donde haba plasmado toda la epopeya de la llegada de Napolen Bonaparte a Mosc hasta su retirada por el camino de Smolensk. Mientras escriba sus notas, alguien pronunci su nombre. Se trataba de un amigo francs, monsieur Dussaq, a quien conoca desde La Habana y que vena acompaado por “[…] un caballero de aspecto militar, calvo, de grandes barbas y de mirada penetrante”.33Fueron presentados y este ltimo result ser el pintor ruso Vasili V. Vereschaguin. Garca Enseat se mostraba inquieto, pues no apareca un catlogo de la exposicin. Suceda que dicha exposicin haba tenido una psima acogida en Pars, pues segn el periodista “[…] al razonar los cuadros relativos a la invasin napolenica, lo haba hecho demasiado en ruso, y hay

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158razonamientos que no se toleran al extranjero en ningn pas [...] ms que en Cuba”.34Informar tambin que en dicha exposicin de 1900, las sociedades consagradas en propagar aquella “generosa utopa”, colocaron en el lugar de honor de sus instalaciones el cuadro de Vereschaguin titulado La apoteosis de la guerra. Agrega adems que Vereschaguin “[…] preparaba caja de colores cada vez que su patria comenzaba una guerra […]”. El pintor perteneca a una familia de la nobleza rusa y por tal motivo se le autorizaba agregarse al Estado Mayor. Realizaba sus bocetos al pie del tronar de los caones y de la fusilera, sin importarle el perder la vida en esas jornadas tan peligrosas. Cierta vez fue herido en un ataque en el Danubio cuando se combata contra los turcos. En 1900, casi a un ao de que concluyera la Guerra Hispano-CubanoNorteamericana y del comienzo de una nueva repblica en una Hispanoamrica llena de malos presagios y ante el preludio de una intervencin norteamericana, el artista ruso se interes por el conflicto de 1898 y se propuso ir tras las huellas de esa guerra para dejar constancia de ella en el lienzo, pues an estaban frescas las memorias y vivan los testigos. Arrib a Cuba por primera vez para aadir un captulo ms a su vida de artista bohemio y captador de los problemas humanos al pintar batallas y ver de cerca la muerte de unos hombres contra otros. Por eso Vereschaguin confesar en sus memorias que odiaba la guerra. Los ecos de la reciente lucha de 1898 le atraan como imn. La informacin que obtiene ha sido a travs de la prensa. Desde Nueva York se comunica con su amigo Garca Enseat en La Habana y este le promete ayudarle en todo lo que concierne a su trabajo. Lleg a La Habana y se interes por visitar la baha habanera donde explot el acorazado Maine. All realiz un boceto del lugar y escribi todos los datos que se le ofrecieron sobre el hecho. Sin embargo, al pintor lo que ms le importaba eran las batallas de la Loma de San Juan y la naval en la boca de la baha de Santiago de Cuba. Garca Enseat lo conect con dos amigos santiagueros: Gutirrez y Pepe Jerez, “[…] quienes, adems de llevarle a los escenarios ms importantes de los combates, le proporcionaron los uniformes espaoles y la ropa mambisa que l necesitaba para emprender su trabajo”.35Vereschaguin bocet una triloga que titul La toma de la Loma de San Juan, y luego llev al lienzo. En la primera parte de su libreta de apuntes dibuj, con gran realismo, a los insurrectos o mambises, en pleno combate, pese a los desarrapados uniformes que vestan; en la segunda, a los Rough Riders avanzando “para apoderarse de la colina”, y en la tercera, al desmoralizado y destruido Ejrcito colonial hispano. De sus viajes a Cuba, Vereschaguin dibuj bocetos que luego llev al lienzo. Incluso, habr que agregar en la obra de Vereschaguin, los lienzos que pint acerca de la guerra de 1898 en Filipinas, donde tambin estuvo obteniendo informacin. El Museo Vasili V. Vereschaguin, de Nikolaev, ciudad portuaria rusa donde se hallaba su ms completa flota del Mar Negro, exhibe la mayor parte de la obra de este genial creador ruso. Existe una

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159gran pinacoteca que comenz a prestar servicios desde mayo de 1914. En la actualidad este museo cuenta con diez salas, y la principal est dedicada a exponer las obras del maestro Vereschaguin, entre las cuales se encuentran las que el artista concibi durante sus dos visitas a Cuba, la primera en marzo de 1901 y la segunda en julio de 1902.36Otra de sus obras representa al desertor del Ejrcito espaol, la titulada El interrogatorio del desertor (1901) y que es la imagen de un soldado hispano interrogado por un oficial yanqui. Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) el 90% de las obras de Vereschaguin del Museo de Nikolaev, leos, dibujos, bocetos, fueron evacuadas a Mosc y al antiguo Leningrado (hoy San Petersburgo). Ms de sesenta de sus leos y bocetos se encuentran no slo en Rusia, sino en museos de los Estados Unidos y en manos de particulares. Segn expertos, la obra mejor concebida de Vereschaguin en estas visitas cubanas es la que titul El Morro de Santiago de Cuba, una de las fortalezas emblemticas del siglo XVII(1632) que defenda la ciudad. Esta obra se encuentra en el museo de Taganrog. Tambin pint El boho en 1902, El rbol del banano (1902) y Palma real, que es el smbolo mgico del paisaje cubano. De regreso a Nueva York, despus de su primer viaje a Cuba en 1901, Vereschaguin obtuvo ms informacin sobre la guerra de 1898 y lleg a entrevistarse con el ya “presidente Teodoro Roosevelt”, quien le proporcion los datos que buscaba, pero el pintor, consecuente con su posicin de no reflejar en su pintura a los poderosos, decide no concebir el cuadro, sino que realiza una serie de retratos referidos a la sociedad estadounidense, entre ellos dos de sus mejores obras de un profundo contenido social: Un minuto de alegra, el retrato de un camarero negro norteamericano y Vagabundo en Washington...37Impactado el artista por lo que haba odo contar durante su visita a Cuba, se dedic a pintar y a escribir un libro antolgico que titul Del libro de apuntes. En este texto describi cmo vio La Habana de comienzos del siglo XX y lo que permaneca an del recuerdo de Espaa y del ambiente inseguro existente en la isla. Sobre ello dice: “Claro est que la ciudad de la Habana nunca en los tiempos del poder de los espaoles fue tan linda como ahora: las calles limpias, las plazas y parques verdes, ni se acuerdan ya de los gatos y perros muertos que antes yacan por las calles y las llenaban de peste. Los bulevares, malecones, rboles y flores hacen que los extranjeros se queden sorprendidos por el estado de las ciudades cubanas”. Evidentemente, la belleza tropical haba sorprendido a Vereschaguin y en realidad la sanidad pblica fue una tarea primordial del gobierno interventor, por las epidemias desatadas durante la guerra. Tambin se percat del momento poltico que viva la isla y por eso escribi: Se puede decir que la mayora est esperando desrdenes en la nueva repblica cubana [recurdese que el primer gobierno de los cubanos se inaugur el 20 de mayo de 1902]

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160y con mucho gusto se inmiscuiran en los asuntos de la isla anexndola a la Gran Repblica. “Annexation” es popular solamente en los Estados Unidos aunque no quieran reconocerlo, esa palabra en Cuba ms a menudo se pronuncia slo entre la gente poderosa, como si fuera la nica solucin que d salida a la crisis monetario-agraria y artesanal. Los pobres en Cuba sin duda estn por la libertad e independencia cueste lo que cueste, pero sabrn ellos realizarlos y conducir el gobierno de la repblica por la va de la firmeza contra el soborno y el favoritismo. Eso lo dir el futuro.38Vasili V. Vereschaguin muri mientras pintaba –sin duda– el 13 de abril de 1904, casi a dos aos de su ltima visita a Cuba, en el buque Petropavlosk, en Puerto Arturo, durante la guerra rusoturca, junto al almirante Makarov. Ezequiel Garca Enseat escribi en El Fgaro sobre el pintor: “La muerte de Vereschaguin no ha podido sorprender a los que lo conocan, pues ha sido tal cual la afront muchas veces, y digna de su historia. Le ha servido de sudario su gloriosa bandera; le despidi el estruendo de los caones, como si hicieran por l salvas magnficas, y su cadver ya encerrado, con los de sus heroicos camaradas, en un grandioso fretro de acero, que se dira hecho a la medida de los antiguos bogatyri de la Santa Rusia”.39IV Lo expuesto en apretada sntesis representa la historia de mi pas. En 1898 se dio lo que se llama “la gran recurva de nuestra historia”, porque al concluir la gesta libertadora iniciada en 1895, nuestro pueblo se encontr ante una encrucijada con la intervencin extranjera. Cuba ha atravesado por muchas pruebas duras y difciles. Pero no deseamos ms recurvas, sino proseguir el camino indubitable de la libertad, la tolerancia y la justicia social. Se nos presentan retos muy difciles porque no se han abandonado los principios revolucionarios y es por ello que Cuba representa un paradigma para Iberoamrica, unido su destino al sueo de Bolvar y Mart. Notas1 Unamuno, Miguel de. Inquietudes y meditaciones. Madrid: Afrodisio Aguado, S.A. Editores-Libreros, 1957. p. 137.2 Portuondo, Fernando. Estudios de Historia de Cuba. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1973. p. 256.3 Leiseca, Jos M. Historia de Cuba. La Habana: Montalvo, Crdenas & Co., 1925. p. 419.4 Ibdem, p. 420. Se trataba de la Enmienda Teller, que “[...] tuvo el efecto inmediato de evitar una anexin de Cuba [...].” (Vase: Prez, Louis A., Jr. El diseo imperial: poltica y pedagoga. Pittsburg: Centro de Estudios Cubanos de la Universidad de Pittsburg, Estados Unidos. t. 12, n. 2 y reproducido por el Ministerio de Educacin de Cuba en 1985).5 Lesica, J. M. Op. cit. (3). p. 423.6 Rubens, Horatio S. Liberty Story of Cuba / Trad. Adolfo G. Castellanos. La Habana: “La Rosa Blanca”, 1956. p. 307.7 Trabajo de Manuel A. Barrera aparecido en El Cubano Libre, Santiago de Cuba, citado en: Martnez y Martnez, Ramn. Lecciones de Gramtica Castellana / 2 ed. Santiago de Cuba: Librera y Papelera “Renacimiento”, 1922-1925. El 17 de julio de 1898 fue la rendicin de la plaza de Santiago de Cuba.8 Churchill, Winston S. “Cuba”. En: Mi primera juventud. Una misin errante. Buenos Aires: Editora Claridad, S.A., 1941. pp. 89-90.

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1619 Ibdem, p. 91.10 Ibdem.11 Ibdem.12 Ibdem, p. 92. 13 Ibdem, p. 96.14 O’Kelly, James. La tierra del mamb. La Habana: Instituto del Libro.15 Churchill, W. S. Op. cit. (8). p. 98.16 Mir Argenter, Jos. Crnicas de la guerra. La Habana: Instituto del Libro, 1970. t. 1, p. 173.17 Churchill, W. S. Op. cit. (8). p. 98.18 Mir Argenter, J. Op. cit. (16). pp. 177-178.19 Churchill, W. S. Op. cit. (8). p. 100.20 Ibdem, p. 101.21 Ibdem.22 Rubens, H. S. Op. cit. (6). p. 307.23 Roosevelt, Teodoro. Las dos Amricas y la vida en el rancho. Barcelona: Guarner y Taberner Editores. p. 205.24 Portuondo, Fernando. Op. cit. (2). p. 157.25 Roosevelt, Teodoro. Op. cit. (23). p. 20.26 Dicho por Horatio S. Rubens en la obra citada en la nmero tres, pgina 319.27 Ibdem, p. 319.28 Escalante Beatn, Anbal. Calixto Garca. Su campaa en el 95. Ciudad de La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.29 Roosevelt, Teodoro. Op. cit. (23). p. 91.30 Nuestro Rubn Daro / introd. Ernesto Mejas Snchez. Nicaragua: Ministerio de Cultura, 1982. pp. 47-48. (Coleccin Popular de la Literatura Nicaragense)31 Mart, Jos. Obras completas. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1964. t. 12, p. 62; t. 15, p. 430; t. 20, p. 217.32 Garca Enseat, Ezequiel. Vasili Vereschaguin. El Fgaro (La Habana) 15 mayo 1904:240. Aclaramos que el apellido Vereschaguin se escribe en otras formas: Vereschagine, Vereschagin, Veroschaguin y Verestchagin, como lo escribi Ezequiel Garca Enseat.33 Ibdem, pp. 240-241.34 Ibdem, p. 240.35 Nabel Prez, Blas. Cuba por Vereschaguin. Revolucin y Cultura (La Habana) 31(2):44; mar.abr. 1992.36 _______. Cuba en el pincel de Vereschaguin. Granma (La Habana) 7 jul. 1988:3.37 _______. Op. cit. (35). p. 46.38 Ibdem, p. 47.39 Garca Enseat, Ezequiel. Op. cit. (32). p. 201. Ezequiel Garca Enseat naci en La Habana, el 23 de marzo de 1862. Doctor en Filosofa y Letras y Licenciado en Derecho. Fue secretario tercero de la Seccin de Literatura del Ateneo de Madrid, secretario de la Seccin de Bellas Artes del Ateneo y Crculo de La Habana y catedrtico de Historia y bibliotecario de la Universidad habanera, as como catedrtico auxiliar de Literatura. Miembro de la Cmara de Representantes, director de El Sport y El Liberal, redactor de Patria todas de La Habana, y de La Repblica Cubana de Pars. Fue acadmico de Historia. Falleci en La Habana el 9 de noviembre de 1938. Acerca de su obra escribieron los intelectuales cubanos Enrique Jos Varona, Emilio Roig de Leuchsenring y Regino Daz Robaina. (Datos tomados de Cuba en la mano. La Habana, 1940, pp. 888-889, y de la Biblioteca Nacional Jos Mart).Otra bibliografa consultada COLLAZO, ENRIQUE. Los americanos en Cuba. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1972.

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162 M i to el empleado1 de Ramn Meza fue el impacto esttico del siglo XIX cubano. Tras la monumentalidad espacial y analtica de Villaverde y su Cecilia Valds (Nueva Y ork, 1882), Meza fracciona los asuntos y los pone a hablar entre s con sorprendente modernidad para nuestro relato finisecular. Es obra que adquiere inusual densidad artstica en el uso del lenguaje y en la deformacin de las imgenes como parte del andamiaje simblico que sostiene la historia. Probablemente, lo ms desconcertante para sus coevos y notable para nuestra historiografa literaria contempornea es el desempeo de la luz que fija el difumino del dibujo en masas de tonalidades verbales sustentadoras de caracteres y situaciones; luz que junto a la risa entregan la figuracin demacrada de los intersticios del poder y su desastrosa “normalizacin” administrativa. No fue reconocida esta ficcin en su tiempo. La crtica explay sus perplejidades ante el inacabamiento de los personajes y lo episdico y aparentemente deshilvanado de la narracin. La novela extraa sus jugos, esta vez, de lo miniaturesco y no se detena en extensos parlamentos aburridores, tpico del afn explicativo de la ficcin del XIX. Los procedimientos estilsticos hacan una propuesta novedosa para el novelar, era una visin diferente, era la osada del ojo dictando a la escritura la celeridad memorstica, diciendo un parecer abocetado por momentos, anamrfico siempre, por el carnaval y la caricatura encubridoras de las esencias profundas. Mart retoma el desvo y lo reencauza en la tradicin cubana desde la Historia. Capta el mensaje enmascarado tras la risa las refulgencias, las distorsiones y las predicciones onricas, y cree en la obra, por la ndole humana que halla, como dijo en esta importantsima crnica, en esa “[…] mueca hecha con los labios ensangrentados”.2 [Los subrayados de todas las citas son de la autora. N. de la E.] En el prtico de su exgesis nos sorprende la condicin sintetizadora y plstica del verbo grfico martiano. En apenas once lneas, Mart condensa las “ideas madres” de la novela de Meza, a travs de la concatenacin de frases “¡Lo divino est en lo humano!”: dos crnicas de Jos Mart” Adis BarriosInvestigadora y ensayista“El sueo de la razn produce monstruos”. GOYA

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163subordinadas, sustantivos, adjetivos de inapelable exactitud y verbos de relampagueante celeridad: Esta es la historia del poblano don Vicente Cuevas, que lleg a Cuba en un bergantn, de Espaa sin ms seso, ciencia ni bienes que una carta en que el seor marqus de Casa Vetusta lo recomendaba a un empleado ladrn y con las maas de este y las suyas, amparadas desde Madrid por los que participaban de sus frutos, par el don Cuevas de las calzas floreadas y las mandbulas robustas en “el seor conde Coveo” a quien despidieron con estrpito de trombones y lujo de estandartes y banderines los “buenos patriotas de la Habana ”, cuando se retiraba de la nsula, del brazo de la rica cubana Clotilde Esta es la vergonzosa historia, dicha con sobrio ingenio, cuidado estilo y varonil amargura.3Como explica Adelaida de Juan en su imprescindible: Jos Mart : Imagen, crtica y mercado de arte (1998), el autor de Nuestra Amrica aguza su vocacin hacia la pintura desde su destierro poltico en Espaa, y sus posteriores estancias en pases de Amrica, excepcionalmente, Mxico y los Estados Unidos. Sin embargo, fue en Espaa donde aprehende los conceptos seminales que conformarn el “ejercicio del criterio” en las artes plsticas. All tiene contacto con destacados maestros de la pintura –de los principales, Raimundo Madrazo–, visita sus talleres y, sobre todo, conoce el arte de Velsquez y Goya, este ltimo, piedra angular de su sentido plstico.4 Pero no slo de su sentido plstico. Goya da a Mart la grandeza del estilo en el aparente descuido que es tambin forma, cuando parte de una apercepcin profunda del objeto y un conocimiento exhaustivo de las tcnicas. Dice en crnica de 1879, a propsito del gran aragons: “¡El genio embellece los monstruos que crea!” Y ms adelante agrega: “Cada aparente error de color y dibujo de Goya, cada monstruosidad, cada deforme cuerpo, cada extravagante tinta, cada lnea desviada, es una spera tremenda crtica. […] Yo no conozco obra ms completa en la stira humana”.5Cuando Mart escribe su crnica sobre el libro de Meza ya haba conciliado sus opiniones sobre el arte de los impresionistas.6 En 1886, les dedica un admirable estudio en el cual puntualiza la preeminencia de la luz y el color en la expresin plstica, diciendo, con su habitual acento sentencioso: “De Velzquez y Goya vienen todos, –esos dos espaoles gigantescos [...] Velzquez fue el naturalista: Goya fue el impresionista […]”7 y, tambin dijo algo que Adelaida de Juan –y nosotros con ella– considera centro de una esttica y una tica fusionados en la ejecucin de su obra: “[...] les lleva por irresistible simpata con lo verdadero, por natural unin de los ngeles cados del arte con los ngeles cados de la existencia, a pintar con ternura fraternal, y con brutal y soberano enojo, la miseria en que viven los humildes”.8El arte francs conquista a Mart en sus mejores exponentes, y esta conquista es un suceder de revelaciones que van afinando su perfil ideoesttico.

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164Sus palabras sobre los hermanos Goncourt –Julio y Edmundo– son siempre elogiosas.9 Manet, reservas aparte, es “grandioso” y, la idea del proceder artstico de los impresionistas, la califica de “sana” y de “[…] efecto fuerte y bello […]”.10 No obstante, Goya es el maestro, y por algo lo es. Fundador del lenguaje de la modernidad para Amrica,11 Mart reconoce en la novela de Ramn Meza, como hemos insistido, novedades estticas portadoras de un interlineado de alusiones crticas. No lo distrae la risa que da andadura a las palabras, ni se pierde en el deletreo de episodios contados como manchas, en donde, al igual que Villaverde, pero con otros mtodos, el autor coloca el debate de la nacin que est por hacerse. En Mart se produce, como dijera Schulman, hacindolo extensivo a los modernistas, “[…] una simbiosis de la historia y la escritura”,12de manera que su acento recae en el sentido y su palabra se torna didctica, al inducir la sentencia clara hacia ese receptor que siempre ser el sujeto de su discurso: el hombre de Nuestra Amrica. En el siguiente fragmento sobre Mi to el empleado Mart enfatiza los preceptos estticos defendidos en 1881 sobre “El carcter de la Revista Venezolana”,13 donde legitim una postura cvico-intelectual en connivencia con la esencialidad de las “ideas madres” engastadas en la excelencia del lenguaje: Y en qu estilo est escrito todo esto? En un estilo intenso y laborioso [...] En este repulgo de la frase, as como en lo minucioso de la descripcin y uso frecuente del sueo simblico, se ve el influjo de los autores que estn poniendo ahora en lengua acadmica, por mtodos ingleses y franceses, las cosas de Espaa. [...] Ya Meza sobresale por su honrado y constante deseo de emplear la palabra propia, necesaria y grfica; pero lo que anuncia en l al escritor no es esta caza del vocablo, [...] sino la determinacin de subordinar el lenguaje al concepto, el don de ver en conjunto [...].14Mart reclama en este comentario la eticidad fundante de la palabra para la modernidad hispanoamericana, sustentada sobre el humanismo que es para l, meridiano de valoracin en arte, es decir, funcin social y destino ltimo de lo bello y lo verdadero, triunfo productivo del forcejeo entre lo viejo y lo nuevo, en estos difciles tiempos de “reenquiciamiento” y “remolde”. Vio Mart en este libro una “[…] procesin de fantasmas lvidos y deshuesados ”,15 y vio, adems, que “[…] sin ser ms que retrato” era “caricatura”,16 aclarando, que esta “observacin” no es “copia” “como la fotografa”, “sino otra […] que realza su poder con su justicia […]; es como ciertos pintores, que no dibujan con lpices, sino con pas de acero”.17Mart defiende la idoneidad del trazo lingstico de Meza fundamentado en la caricatura y enfatiza: “El arte sienta a su mesa a Daumier y Hogarth ”.18 De modo que, al citar a Daumier, especialmente, como referencia en la ejecucin de Meza, pondera la caricatura y su funcin altamente crtica y polmica en la historia del arte, partiendo de una figura notable en el gnero, que, adems de notable, fue

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165“hombre de su tiempo”. Daumier,19 al igual que Vctor Hugo, Callot, Aloysius Bertrand,20 Balzac, Baudelaire y Goya, entre otros, “arranc mscaras” y penetr estructuras sociales de la intrahistoria, traspasando, segn los lenguajes, las travestidas esencias de aquella “stira humana”. Con lnea apurada, Meza, al estilo de Daumier, interioriz la imagen y mostr la significacin, en lo distorsionado y agrandado del gesto hecho con palabras, acentuando un expresionismo de lo singular humano que coloca las series tipolgicas de las pocas histricas. Los “pintores que dibujan con puntas de acero” son los pintores impresionistas que Mart haba definido ya en 1886 como “pintores fuertes y varones”. Pero en ellos haba descubierto algo ms que la luz y las masas de color robndole a la lnea la hazaa del ojo cognoscente. En ellos se haba logrado una esttica superadora que una los “ngeles cados del arte”, como ya dijimos, con los “ngeles cados de la existencia”; por ellos, aparecan protagnicos los dostoievskianos subsuelos de la precariedad humana, haciendo significativo el agigantado primer plano del remero del lienzo de Renoir,21 como Meza nos provocaba a ver la profeca de una risa inmensa y obsesiva en los dientes de un piano, o nos permita escuchar el trote de una desventura en el destartalo moral de cierta carretela “que bajaba por la calle Muralla”, “barniz” y “charol”, todo un “espejo de luz”. Mart ley los huecos oscuros de las palabras, el lenguaje que slo descifra el “perspicaz” visionario, atento a los abismos de la historia, acosado por voces que lo cercan desde las simas de la injusticia humana y anunci para su pblico hispanoamericano, una vez ms, con prosa fulminante y concisa, que en este libro: “Hay ojos centelleantes bajo esa careta pintarrajeada. En ese silbato chasquea un ltigo. Ese conde que se lleva de Cuba a Clotilde tiene las espaldas listadas de negro como los vestidos de los presidiarios”.22Mart devolvi su “impresin” sin poner reparos a la “risa” con que es tratado asunto tan grave que parece una “bofetada”:23 los laberintos empolvados del mundo administrativo, los funcionarios sin funciones, las atmsferas glidas donde la luz ilumina esperpnticas imgenes, la ausencia del amor, los palacetes recargados de gusto eclctico que anuncian desde la arquitectura una figuracin diferente de la riqueza en el espacio de la ciudad,24 bulliciosa, cosmopolita y los banquetes pantagrulicos –“[…] ¡daba gusto ver comer a aquellos […] hombres!”,25dice Mart en su crnica–, la palabra prostituida cuando no es elogio justo, sino adulacin, desajuste y vaco en la parodia del “festn patritico” y, sobre todo, profeca que ronda con aire de tragedia y que retoman los escritores de la llamada “primera generacin republicana” –Miguel de Carrin y Carlos Loveira, fundamentalmente–, al descubrir, desde el realismo y el naturalismo, el destino poscolonial de una nacin que emerge con rasgos extraviados al imaginario martiano. El amante de lo bello y la libertad, de la verdad, la justicia y el dolor, por encima de todo, vio los barrancos, en esta historia de: [...] entes cmicos, sobre cuyas cabezas brota la tragedia [ ... ] los pinta, calcndolos del natural [...].

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166Es un teatro de tteres; de tteres fnebres [...] El libro, sin ser ms que retrato, parece caricatura [...] no quiso el autor invalidarla mejorando lo real en una obra realista, cuya esencia y mtodo es la observacin, sino que, hallando caricatura la verdad, la dej como era”.26Mart asimila la risa –como haba entendido la de Gogol27– sin objetar irreverencias vergonzantes para el sujeto cultural cubano, sino descifrando la distincin identitaria que disminuye al “Otro” en su artificio mecnico, en su retocada barbarie autoritaria y decadente desde “[...] el chiste viril, el chiste til, el nico chiste que est hoy permitido en Cuba a los hombres honrados”.28En su discurso grfico, anhelante y participativo, Mart sigue el trayecto de la luz con la cual Meza modula los tintes fuertes de su lienzo, luz que se enfra al contacto de la platera que desborda la estancia del farsante conde Coveo, recargamiento objetual de una atmsfera que ha dejado de ser naturaleza para entrar en los laberintos urbanos de la novela moderna, an extraa a nuestro relato decimonnico, si pensamos que este texto queda dentro de los mrgenes escriturales de la colonia. Meza, gradualmente, vuelve fra y artificial la luz que Mart magnifica en sus contrapuntos, a fin de realzar la gran metfora crtica de la risa, ese smbolo desplazado a signo previsor y maldito, en donde Rabelais29 triunfa y Goya es el “iluminado”. En el prrafo final de esta crnica, sentencia el Apstol: “La gracia es de buena literatura; pero donde se vive sin decoro, hasta que se le conquiste, no tiene nadie el derecho de valerse de la gracia sino como arma para conquistarla. A Nobe no se le debe poner collar de cascabeles. A Cristo no se le puede poner en la mano una sonaja. La gacetilla no es digna del pas que acaba de salir de la epopeya”.30Si en la crnica sobre la novela Mi to el empleado de Ramn Meza, Mart proyecta su discurso crtico desde la risa y la luz que desenmascaran el rictus de aquella “mueca hecha con los labios ensangrentados”, en “El Cristo de Munkacsy”,31 nos habla desde la angustia, pero no deslumbrado por la epifana triunfalista del smbolo redentor y redimido que ha encontrado la univocidad perfecta del referente, sino en la dispersin del signo irresuelto, tensor de sentidos, dado el destino perpetuo de su reencarnacin: “¡Miserables! Olvidaban que en aquel hombre iba Dios”.32Mart realza en la observacin del Cristo del pintor hngaro Munkacsy su medida tica junto a la humanista –cultural y existencial, como explica Rafael Cepeda en importante estudio.33 De aqu, que su observacin del cuadro se abra a un escalonado contrapunteo de la estructura composicional en funcin de la idea que toma vida en la voz “creativa”, potica, que “reescribe”,34(re)componiendo un armnico conjunto de significaciones que remiten su “texto ms anticlerical” –segn Cintio Vitier–, “Hombre de campo”: “¡No, amigo mo, hay otro Dios!”.35Ese “otro Dios” define perspectivas de sentido en la minuciosa gradacin de las palabras. Son metforas sumariando las esencias de las “ideas madres” que dialogan desde lo

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167puramente existencial humano y la singularidad de la representacin esttica. El siguiente fragmento ilustra las tonalidades verbales que operan en oposicin, como juegos de luces y sombras y en donde la luz es elemento primordial de unidad y movimiento: Pero ms honores que l, recibe en el humilde tabernculo en que se ensea, su sublime Cristo, de cuya tnica de lienzo blanco, por maravilla secreta del pincel, emerge una luz magna que domina y compendia todas las del contorno, concentra en el reposo el vario movimiento del conjunto, e inviste de seductora majestad un cuerpo escueto por donde cae el lienzo en pliegues desairados. [...] es preciso, para entender bien a Jess, haber venido al mundo en pesebre oscuro, con el espritu limpio y piadoso, y palpado en la vida la escasez del amor, el florecimiento de la codicia y la victoria del odio: es preciso haber aserrado la madera y amasado el pan entre el silencio y la ofensa de los hombres.36Al caracterizar la estirpe gitana de Munkacsy, Mart coloca sintagmas sensoriales que confirman su nocin de las correspondencias.37 Son trazos rotundos dibujando el carcter de un rasgo y su historia, en oposiciones contrastivas que ponen de relieve la textura de un lienzo resuelto con palabras: [...] la gente de esas tierras de Hungra, de ojo negro y tenaz adora la naturaleza [...] beben el vino fresco de los odres: aman de modo que queman: cuando tocan sus msicas selvticas tienen de crin de corcel revuelta por la tempestad, y de voz de flor, y de reclamo de paloma: de all son los gitanos de colores, con sus caravanas felices y pintorescas; sus amoros que huelen a fruta primeriza, sus vagabundos de cabellos rizados que se enamoran de las reinas.38Pero Mart exalta el dominio de la idea. En ella queda nsito el estilo. Por eso, al referirse a las pinturas de Munkacsy, no puede soslayar el “betn oscuro” que rebasa la percepcin del ojo del artista, marca de aquella dolorosa experiencia de Hungra, su pas arrasado, que define en preciosa metfora: “[…] el bello pas de selva y viedos [que] pareca una copa de colores quebrada por el casco de un caballo”.39El Cristo ante Pilatos es pretexto para (re)crear una espiritualidad centrada en el hombre, es decir, una interpretacin humana de la divinidad, en donde lo feo se estiliza retando lo monumental de las catedrales y la magnificencia de un Cristo vencedor y nico, fundido a su creador en la verticalidad del concepto de perfeccin. Ocurre un cisma dentro del smbolo de lo religioso martiano al sublimizar, con la pertinencia de valores otros, alteridades en dilogo discrepante con la cristiandad y las instituciones religiosas. La visin cristiana de Mart es litigante y contestataria, y no se dirime en la ortodoxia de los credos, sino en la grandeza de la “Historia y sus mrtires”, como dijera Cintio Vitier en Ese sol del mundo moral. Es una fe que se alza de lo no liberado, que sostiene sus certezas por la lucha del bien contra el mal, que no construye su ministerio en los dolos, sino en el dolor que los invoca,

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168en la vida del hombre y sus dilemas existenciales: “Toda esa bsqueda de s, slo tiene un objeto: darse Los ms altos maestros de esta sabidura suma no son los filsofos ni los moralistas, sino los hroes, es decir, los hombres vocados a la transformacin redentora del mundo por el propio y voluntario sacrificio”.40Esa espiritualidad encarna en la cristiandad irredenta: en Nicols del Castillo, en el nio Lino Figueredo, en el negro Toms, en los representantes del poder que Mart no logra odiar, en todo aquello que se forja al calor del martirio, en la patria, que como l dice, “es Dios mismo” y, en su lectura del cuadro de Munkacsy, en el cual,: “[...] sin esfuerzo alguno artificioso, ni violencia en el contraste, resaltan [...] en su doble oposicin moral y fsica: el hombre acrisolado que ama y muere, y el bestial que odia y mata”.41La lectura martiana del discurso plstico de Munkacsy, especialmente, la del Cristo ante Pilatos es, an, llaga sangrante por el grillete incrustado en su tobillo. As, la descripcin del cuadro es creadora. Es signo fecundado por la palabra de la Historia, del Hombre, es, como l mismo sentenciara: “el poder de la idea pura”. Mart emplaza la continencia cristiana y discute con los estereotipos teolgicos: Ese es su Cristo Esa es su extraa concepcin de Cristo l no lo ve como la caridad que vence, como la resignacin que cautiva, como el perdn inmaculado y absoluto que no cabe, no cabe, en la naturaleza humana: cabe el placer de dominar la ira, pero sera menos hermosa y eficaz la naturaleza del hombre si pudiese sofocar la indignacin ante la infamia, que es la fuente ms pura de la fuerza.42El verbo de Mart se mantiene en toda la crnica como incitacin, en donde la palabra colma la expresividad desmesurada de los rasgos, que nos llegan en escorzos metonmicos; por ejemplo, cuando se refiere al soldado: “[...] hombre bestial, lampio, boca grande, nariz chata, mucho pmulo, ojo chico y viscoso, frente baja [...]”,43 o al inducir la caracterizacin moral de Caifs: “[...] aquella cabeza de la barba blanca increpa y apremia: de aquellos labios estn saliendo las palabras, ardientes y duras”.44Pero la luz del Cristo es avasalladora. El Cristo, que no est en el centro es, no obstante, figura de significaciones mltiples y resulta, por fin, “[…] el trmino inevitable de las excursiones por el lienzo […]”.45Para Mart, el cuadro tiene el valor de penetrar la pasin del Hombre-Cristo, eludiendo las perspectivas de la imagen convencional de las liturgias ortodoxas, tambin, el facilismo plstico con soluciones centralizadoras de perspectivas. Toda la expresividad de las figuras y su disposicin, sostienen la “idea madre”, que es el vrtice de su eticidad y de su esttica: “[…] lo divino est en lo humano […]”.46Desde lenguajes diferentes, prosa y pintura, ambas crnicas emplazan un dilogo crtico que resiente el dilema del signo en la modernidad. Mart propicia la lectura desde confines polares: la risa y la angustia y, desde ellos, remi te su visin ecumnica, que induce al fundamento tico-humanstico de su escritura sintetizadora. Rompe la lgi-

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169ca de significado y significante para hacer ms vital la armona, para propiciar sin artificios la correspondencia de lo dispar, abriendo su propia palabra como un signo en donde se “transportan lo fantstico y sobrenatural a lo real”. Sorprende, una vez ms, esta otra dimensin que encara la lectura artstica de la Historia, cuando nos dice: “[…] este siglo, cuya grandeza catica y preparatoria, no ha podido condensarse en smbolos […]”.47Notas1 Mart, Jos. “Mi to el empleado. Novela de Ramn Meza”. En: Ensayos sobre arte y literatura / Sel. y prl. Roberto Fernndez Retamar. La Habana: Instituto Cubano del Libro, 1972. Texto publicado en El Economista Americano (Nueva York, julio de 1888).2 Ibdem, p. 169.3 Ibdem, p. 168.4 Sobre este aspecto dice Adelaida de Juan en la pgina 42 de su documentado estudio: Con respecto al arte espaol, hemos encontrado comentarios de Mart sobre treintitrs artistas. Mencionaremos, tan slo como botn de muestra, sus criterios que cubren un espectro tan amplio que nos lleva, entre otros, a Snchez Coello, Alonso Cano, Juan de Juanes, Berruguete, Zurbarn, Ribera; en especial, Murillo, Madrazo, Fortuny y, particularmente y a lo largo de su vida, a Velzquez y a Goya.5 “Goya”. Op. cit. (1).6 Recordemos que a propsito de Raimundo Madrazo, Mart escribe en 1880: Vive, ama y re en amplia luz solar, con luz en su paleta y luz en su corazn. [...] Madrazo ha encontrado el secreto de la originalidad, no en las absurdas fantasas de la escuela impresionista ni entre los discpulos del ultrarrealismo, ambas buscadoras desesperadas de crticas favorables. Lo encontr donde deba de hallarse, en la verdad y en la sencillez, sin alterar brutalmente la realidad de la naturaleza. [...] Ha tenido el atrevimiento de mirar al sol cara a cara, y ¡cuntas rosas esplndidas le han brindado sus ptalos para que pudiera perfeccionar sus ideas acerca del color! (“Raimundo Madrazo”. En el CD Obras completas. La Habana: Centro de Estudios Martianos, 2001. t. 15, p. 154).7 “Nueva exhibicin de los pintores impresionistas”. En el CD Obras completas. La Habana: Centro de Estudios Martianos, 2001. t. 19, pp. 304-3058 Ibdem, p. 305.9 En crnica publicada en La Opinin Nacional, Caracas, el 7 de marzo de 1882 (CD de OC t. 14, pp. 390-391), escribe Jos Mart sobre los Goncourt, con joyante prosa: Pero de Edmundo es el libro parisiense, el libro lbrego y luminoso, el libro cndido y terrible, el libro sonriente y espantable, el libro terso, sonrosado, pulido y ameno. Edmundo de Goncourt, que ama la realidad abomina la fealdad; cuando pinta lo feo, le da la belleza que le falta con la manera de pintarlo. [...] Y de los Goncourt, es la elegancia suma, el aire de saln, cargado de mbar, el reflejo misterioso de la luz en la ancha colgadura voluptuosa, y ese vago susurro, como de pjaros que anidan, que se siente en los lugares en que los hombres aman. [...] Y es Goncourt cual aquellos artistas refinados, a quienes disgusta como faena de aprendiz la tarea fcil. Sabe que en esta humana naturaleza, donde no hay dos seres contradictorios, y es cada ser como nido de grmenes y suma de resmenes de todo cuanto vive, se encrespa el alma, y ruge, y lidia, y duerme, y murmura como un mar pujante: y sabe que es el alma en Pars como un mar turbio.10 Ibdem, t. 10, p. 473.11 Es imprescindible en este aspecto del carcter fundacional de la modernidad martiana, citar las conceptualizaciones al respecto de la doctora Carmen Surez en la pgina 82 de su texto: Jos Mart y Vctor Hugo en el fiel de las modernidades (1997, Premio Anual de Investigaciones 1996 del Ministerio de Cultura): [...] Jos Mart realizar una sntesis superadora de romanticismo e ilustracin a travs de una escritura moderna que anuncia las vanguardias del siglo XX y en la que formula

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170un proyecto alternativo de modernidad partiendo de una muy bien incorporada cultura universal, poderosamente imbricada en las esencias de su realidad histrico-social. Ese sujeto cubano moderno cuya imagen tratan de conformar los romnticos cubanos dentro de una realidad colonial que los condena a una inevitable abstraccin, ser proyectada por Jos Mart a nivel continental dentro de un proyecto de emancipacin radical. Y, al analogar la relacin Hugo-Mart, como fundadores de esa modernidad, que para el segundo tiene el obstculo de la condicin perifrica iberoamericana, concluye la estudiosa: “Hugo legitima una modernidad instaurada por la Revolucin Francesa, Mart propone el proyecto de una modernidad otra, que est sin construir. La transgresin martiana es doble porque implica la construccin del sujeto moderno en el mbito de las culturas colonizadas”. (p. 231).12 Schulman, I. El proyecto inconcluso: La vigencia del Modernismo Mxico: Siglo Veintiuno Editores, 2002? p. 17.13 Mart, J. “El carcter de la Revista Venezolana ”. Op. cit. (1). pp. 55, 57. En este trabajo publicado originalmente en dicha publicacin de Caracas, el 15 de julio de 1881, el Apstol dice: Es fuerza meditar para crecer: y conocer la tierra en que hemos de sembrar. Es fuerza convidar a las letras a que vengan a andar la va patritica, de brazo de la historia, con lo que las dos son mejor vistas, por lo bien que hermanan [...]. [……….] [...] La frase tiene sus lujos [...] Pues cundo empez a ser condicin mala el esmero? Tambin, resulta notable la traduccin de Mart a “Mes Fils” de Vctor Hugo, publicada en la Revista Universal de Mxico, el 17 de marzo de 1875 (OC., t 24, pp. 15-16, 18) y que aparece ampliamente comentada e interpretada por la doctora Carmen Surez, en su libro citado. Dice Mart: Ideas, son fuerzas madres [...] [……….] Yo anhelo escribir con toda la clara limpieza y elegancia sabrosa, y giros gallardos del idioma espaol; pero cuando hay una inteligencia que va ms all de los idiomas, yo me voy tras ella, […] y si para traducirla he de afrancesarme, me olvido, me domino, la amo y me afranceso. [……....] Y as todo, mar de luz, idea de ideas, sntesis de grmenes, palabras madres.14 Mart, J. “Mi to el empleado…” Op. cit. (1). pp. 172-173.15 Ibdem, p. 169.16 Ibdem, p. 171.17 Ibdem.18 Ibdem.19 Sobre el talante artstico de Daumier y su notabilidad en la caricatura poltica y social, recomendamos Testimonios sobre Daumier (Editorial Arte y Lilteratura, Ciudad de La Habana, 1984, 205 p.). Es una seleccin de interesantsimos textos crticos de la poca en que se desarroll su arte.20 Louis-Jacque-Napolen Bertrand (1807-1841), conocido por Aloysius Bertrand, fue el autor de Gaspar de la Noche. Fantasas a la manera de Rembrant y de Callot (1836). He citado a este escritor francs por su vinculacin con las artes plsticas, segn lo at estigua el ttulo de su libro, adems, por ese virtuosismo que se propuso en la descripcin de impresiones en un dilogo aparentemente simple e intrascendente entre el hombre y la Historia. Aloysius Bertrand coloca el lugar comn en un punto crtico y sugerente de significado. Fue admirado por Charles Baudelaire, quien le dedica importantes prrafos en sus Pequeos poemas en prosa, admirado por la voluntad de Bertrand de crear el “poema en prosa”, algo que para el autor de Flores del mal era esencial: Quin de nosotros, en sus das de ambicin, no hubo de soar el milagro de una prosa potica, musical, sin ritmo y sin rima, lo bastante flexible y trabajada para plegarse a los movimientos lricos del alma, a las ondulaciones del ensueo, a los sobresaltos de la conciencia? De la frecuentacin de las ciudades enormes, del cruce de sus relaciones innumerables, nace, sobre todo, este ideal obsesionador. No estuvo usted mismo, mi querido amigo, tentado de traducir en una cancin el grito estridente del vidrie-

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171ro, y de expresar, en prosa lrica, las desoladoras sugestiones que enva ese grito hasta las bohardillas, a travs de las ms espesas nieblas de la calle?” ( Pequeos poemas en prosa. Buenos Aires: Editorial Sopena Argentina, S.R.L., 1944. p. 6).21 La observacin apuntada por Adelaida de Juan en el fragmento citado, es puntual para cualquier acercamiento que pretenda objetivar el humanismo vivencial, ms que cultural martiano. En el trabajo aludido, “Nueva exhibicin de los pintores impresionistas” en Nueva York, Mart termina su texto enfatizando la impresin sintetizadora, pero cuidadosamente exaltada, segn los planos de composicin escritural que dicta su idea y segn las perspectivas que sugiere el cuadro. Dice: [...] surge de los ojos, que salen de all tristes como de una enfermedad, la figura potente del remador de Renoir, en su cuadro atrevido “Remadores del Sena”.–Las mozas, abestiadas, contratan favores a un extremo de la mesa improvisada bajo el toldo, o desgranan las uvas moradas sobre el mantel en que se apilan, con luces de piedras preciosas, los restos del almuerzo. El vigoroso remador, de pie tras ellas, oscurecido el rostro viril por un ancho sombrero de paja con una cinta azul, levanta sobre el conjunto su atltico torso, alto el pelo, desnudos los brazos, realzado el cuerpo por una camisilla de franela, a un sol abrasante”. [ Op. cit. (1). p. 140].22 Mart, J. “Mi to el empleado…”. Op. cit. (1). p. 173.23 Ibdem, p. 170.24 No queremos ser radicales en ninguna de nuestras reflexiones, pero sera pertinente sugerir que esta obra de Meza fue una de las que inauguraron la “novela de la ciudad, o novela urbana”, de ah, tambin, su modernidad. Mart siente este cambio en el relato cubano. En general, el Apstol previ la llegada de los nuevos tiempos en una paulatina evolucin de su pensamiento enrumbada en crnicas, tanto de carcter esttico, como poltico, o, en las que comenta, de manera informativa, algn hecho, histrico o artstico. Adems del paradigmtico prlogo al Poema del Nigara de Prez Bonalde, publicado en 1882, entre otros, quisiramos citar algunos versos ilustrativos sobre este asunto, del poema perteneciente a Versos libres, “Amor de ciudad grande”: El hombre, como alado, el aire hiende. ¡As el amor, sin pompa ni misterio Muere, apenas nacido, de saciado! [...] Se ama de pie, en las calles, entre el polvo De los salones y las plazas libres muere La flor en el da en que nace [...] […] Pues quin tiene Tiempo de ser hidalgo? [...] ¡La edad es esta de los labios secos! [...] Tomad vosotros, catadores ruines De vinillos humanos, esos vasos Donde el jugo de lirio a grandes sorbos Sin compasin y sin temor se bebe! Tomad! Yo soy honrado, y tengo miedo! (CD OC., t. 16, pp. 171-172). Sobre este poema en especial y sobre su distincin e indistincin con respecto a otros autores, en este caso Rubn Daro y Gmez Carrillo, que valoraron la “ciudad” como entrada de un nuevo signo, recomendamos el magnfico estudio de Sonia Matalia: “Sueo y desilusin de la Modernidad: imgenes de la ciudad”, publicado en Miradas al fin de siglo: lecturas modernistas (Valencia: Universidad de Valencia, 1997.25 Mart, J. “Mi to el empleado … ” Op. cit. (1). p. 170.26 Ibdem, p. 171.27 Mart fue un conocedor de la literatura rusa en la figura de sus representantes fundamentales. En su crnica “Pushkin: Un monumento al hombre que abri el camino hacia la libertad rusa”, publicada en The Sun, Nueva York, el 28 de agosto de 1880, se lee: Las nacionalidades pasaron ante sus ojos como nubes en el cielo. Era un hombre de todos los tiempos y todos los pases–un hombre intrnseco, el universo en un solo pecho. [……….] [...] Potiekhine asegur que por grande que fuese Pushkin l no estudi ni denunci los males de la sociedad como Ggol. (CD OC, t. 15, pp. 420-421).

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172Anteriormente en ese mismo trabajo haba afirmado: “Tambin estaba el conde Tolstoi, el depuesto Ministro de Instruccin Pblica. Al lado de Ostroski, el ms clebre entre los tristes dramaturgos de Rusia, Potiekhine, el novelista encantador y el genial Dostoievski, que maneja la pluma con punta acerada, y que tiene mirada de guila y corazn de paloma [...]. (Ibdem, p. 420). En unos de sus cuadernos de “Fragmentos” (CD OC, t. 22, p. 88) leemos: “The Inspector of Gogol transl. by Mrime as Le Reviseur a very serious attack uppon official corruption”.28 Mart, J. “Mi to el empleado … ” Op. cit. (1). p. 173.29 En crnica publicada en La Nacin de Buenos Aires, el 27 de enero de 1884, dice Mart, refirindose a uno de los ms grandes escritores universales y fundador, tambin, de la novela moderna: “¡Oh, Rabelais, grandsimo maestro! Rindose con risa ms sana y saludable que la de Voltaire, pondra yo su efigie culminante en cada plaza pblica: para que los hombres se avergonzasen de no serlo y despertasen a s, con lo que empezarn a ser felices. (CD OC, t. 9, p. 489).30 Mart, J. “Mi to el empleado … ” Op. cit. (1). p. 173.31 “El Cristo de Munkacsy”, publicado en La Nacin, de Buenos Aires, el 28 de enero de 1887.32 Mart, J. “El presidio poltico en Cuba”. Op. cit. (7). t. 1, p. 61.33 Cepeda, Rafael. Lo tico-cristiano en la obra de Jos Mart / Prl. Cintio Vitier y Fina Garca Marruz. Cuba: Comisin de Estudios de Historia de la Iglesia en Latinoamrica, CEHILA, [s.a.]. 206 p.34 Vitier, Cintio. “Mart como crtico”. En: Temas martianos. La Habana: Departamento Coleccin Cubana, Biblioteca Nacional Jos Mart, 1969. p. 187.35 Mart, J., CD OC, t.19, p. 383.36 _______. “El Cristo de Munkacsy”. Op. cit. (1). pp. 141-142.37 Dice Cintio Vitier en “Mart como crtico”, en la pgina 189 de Temas martianos : […] la sinestesia (correspondencia mutua entre los sonidos, los colores, los olores, las sensaciones tctiles y los estados anmicos), anunciados en Francia por la Symphonie en blanc majeur de Thofile Gautier (1852), formulados en los sonetos Correspondances de Charles Baudelaire (1857) y Voyelles de Arthur Rimbaud (1871), expuestos como teora por Ren Ghil en su Trait du verbe (1886-1888), ya Mart haba revelado su asimilacin en un pasaje de la Seccin constante que escriba para La Opinin Nacional de Caracas (1881): “Entre los colores y los sonidos hay una gran relacin. El cornetn de pistn produce sonidos amarillos; la flauta suele tener sonidos azules y anaranjados; el fagot y el violn dan sonidos de color de castaa y azul de Prusia, y el silencio, que es la ausencia de los sonidos, el color negro. El blanco lo produce el oboe”.38 Mart, J. Op. cit. “El Cristo…”. (1). p. 143.39 Ibdem, p. 142.40 Vitier, Cintio. Ese sol del mundo moral.41 Mart, J. “El Cristo…”. Op. cit. (1). p. 147.42 Ibdem, p. 145.43 Ibdem, p. 147.44 Ibdem, p. 148.45 Ibdem .46 Ibdem, p. 150.47 Ibdem, p. 149.Otra bibliografa consultada ALONSO, A. y RAIMUNDO LIDA. “El concepto lingstico de impresionismo”. En su: El impresionismo del lenguaje Buenos Aires: Facultad de Filosofa y Letras, Instituto de Filosofa, 1936. pp. 121-253. BARTHES, R. El grado cero de la escritura Mxico: Siglo Veintiuno Editores, 1980. 247 p. BOCHET-HUR, C. Las ltimas notas de viaje de Jos Mart. Algunas observaciones sobre su estilo. Anuario de Estudios Martianos (La Habana) (1); 1969. BUENO, S. Munkacsy y Jos Mart. Bohemia (La Habana) (26):94; 30 jun. 1972.

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173DE JUAN, A. Jos Mart: Imagen, crtica y mercado de arte 1998. _______. Pintar como el sol pinta. Jos Mart y la pintura impresionista La Habana: Ediciones Unin. 73 p. (Ensayo) GARCA MARRUZ, F. Temas martianos. La Habana: Departamento Coleccin Cubana, Biblioteca Nacional Jos Mart, 1969. pp. 215-239. _______. Mara Zambrano: entre el alba y la aurora. La Habana: Ediciones Vivarium, Centro de Estudios Arquidicesis de La Habana, 2004. 105 p. GARCA, L. Antologa de la novela cubana La Habana: Direccin General de Cultura, Ministerio de Educacin, 1960. 508 p. GARCA CISNEROS, F. Jos Mart y las artes plsticas. Antologa de su crtica de arte Miami: Editorial Ola, 1972. 301 p. KRISTEVA. “Del smbolo al signo”. En: Del texto en la novela Barcelona: Editorial Lumen, 1974. 291 p. LEZAMA, J. “Secularizad de Jos Mart”. En su: Imagen y posibilidad / Sel., prl. y notas Ciro Bianchi Ross. La Habana Editorial Letras Cubanas, Instituto Cubano del Libro, 1953, 1992. pp. 208-209. _______. “Ramn Meza: Tersitismo y claro enigma”. En su: La cantidad hechizada. La Habana: UNEAC, Instituto Cubano del Libro, 1970. 457 p. MART, J. Diario de campaa (De Cabo Haitiano a Dos Ros) / 1 ed. Facsimilar / Intr., correc. y notas Nuria Gregori. La Habana: Instituto de Literatura y Lingstica de la Academia de Ciencias de Cuba, 1972. 102 p. (Separata de Anuario L/L ) _______. Emerson”. Ensayos sobre Arte y Literatura / Sel. y prl. Roberto Fernndez Retamar. La Habana: Instituto Cubano del Libro, 1972. pp. 88-108. _______. “El Poema del Nigara”. Ibdem, pp.108-129. _______. “Preludios. Rafael de Castro Palomino. Editor M. M. Hernndez, Nueva York, 1893”. CD Obras completas. La Habana: Centro de Estudios Martianos, 2001. t. 5, p. 213. MOLINA, I. La modalidad impresionista en la obra de Mart. Anuario Martiano (La Habana) 55-117; 1972. PAZ, O. Los hijos del limo Del romanticismo a la vanguardia. Barcelona: Talleres Grficos UROPE, S.A., 1989. 240 p. SCHULMAN, I. El proyecto inconcluso: La vigencia del Modernismo Mxico: Siglo Veintiuno Editores, 2000. 247 p. VITIER, C. La espiritualidad de Jos Mart La Habana: Ediciones Vivarium, Centro de Estudios del Arzobispado de La Habana, 2001. 28 p. ZAMBRANO, M. Mart camino de su muerte. Bohemia (La Habana) 45(5); febr. 1953.

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174 L as primeras dcadas del siglo XIXcubano se caracterizan por un gran auge de la economa de plantacin y por una poltica de mano abierta de la metrpoli espaola ejercida por capitanes generales instruidos para captarse el favor de los criollos ricos –y sus recursos materiales para apoyar a Fernando VII–, as como por sucesivos perodos constitucionales y de libertad de imprenta y etapas realistas y de poltica absolutista que reflejaban los avatares polticos por los que pasaba Espaa. En este contexto las ideas independentistas emanadas por las luchas de emancipacin de las colonias espaolas en Amrica del Sur son tambin uno de los factores que desempean un importante papel dentro de la conformacin de la conciencia criolla de la isla de Cuba, donde una clase de jvenes formados por la Ilustracin, recibir los primeros influjos romnticos indisolublemente ligados a las ideas independentistas y al amor a la patria cubana y americana. Aventados por las tempestades de las luchas emancipatorias del continente suramericano llegan a las costas de Cuba hacia fines de la segunda dcada del siglo XIX un grupo de hombres que se haba destacado ya en esas lides: el peruano Manuel Lorenzo V idaurre (1773-1841), el argentino Jos Antonio Miralla (1790-1825), el colombiano Jos Fernndez Madrid (1789-1830) y el ecuatoriano Vicente Rocafuerte (17831847). Todos estos hombres ilustrados y patriotas, y heraldos del romanticismo social y literario en alguna medida, muy influidos por el ideario de la Revolucin Francesa y efectivos luchadores por una Amrica emancipada de la metrpoli espaola y constructora de las modernas repblicas, gravitaron dentro de la rbita bolivariana, y en Cuba constituyeron una especie de red que activ y extendi el ideal independentista a la juventud cubana, as como ahond y contribuy a la conformacin de nuestra conciencia nacional. En estos das de su estancia en la mayor de la Antillas, vemos que la vida de estos hombres se entrelaza con la de los cubanos, mientras ellos mismos entran y salen de la isla, desempeando misiones bolivarianas, o trabajando a favor de la libertad en Mxico, o esforzndose por vertebrar conspiraciones por la independencia de Cuba. Por aquellos aos que van de 1816 a 1820, el ecuatoriano Vicente Rocafuerte era ya una figura destacada continentalmente. Haba sido enviado a las Cortes de Cdiz en 1812 como representante de su provincia y participaba de manera activa en la poltica Sobre la trayectoria cubana de Vicente Rocafuerte (1783-1847) Carmen Surez LenInvestigadora, ensayista y poetisa

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175y las luchas continentales. La marea revolucionaria lo trajo a Cuba y me parece que estn an por investigar muchos detalles y circunstancias de su actividad en Cuba. En estas pginas quisiera comentar tres tpicos de su trayectoria cubana: su polmica con Toms Romay reflejada de modo indirecto en la revista El Argos dirigida por Hernndez Madrid; su amistad con el primer gran poeta romntico cubano: Jos Mara Heredia, y la invocacin de su nombre en el enigma de la autora de la novela Jicotencal. ***** La Biblioteca Nacional Jos Mart, en La Habana, atesora un valioso folleto entre su coleccin cubana de libros raros y valiosos titulado: Rasgo Imparcial. Breves observaciones al papel que ha publicado el Dr. D. Toms Romay en el Diario del Gobierno de La Habana de 20 de mayo de 1820 (Imprenta de D. Pedro Nolasco Palmer Hijo, La Habana, ao de 1820) por Vicente Rocafuerte, que consta de siete pginas. Contiene un texto en donde esta personalidad ecuatoriana interviene en lo que se convertira en una agria polmica en la cual involucr a varios escritores. Toms Romay fue uno de los fundadores de la ciencia en Cuba, mdico, profesor universitario, redactor del Papel Peridico de La Havana (1791). Escribi una memoria sobre la fiebre amarilla y fue director de la Junta Central de Vacuna (1804), introdujo en Cuba la vacuna antivarilica y erradic la prctica del enterramiento en las iglesias. Ostent, adems, una trayectoria cientfica reconocida internacionalmente y venerada hasta hoy entre los cubanos. Era pues un criollo ilustrado de brillante ejecutoria y convencido, como muchos patricios cubanos de la poca, de que en Cuba no era posible ni deseable la independencia de Espaa. Public un desdichado texto en que fijaba su posicin frente al problema de la independencia de Cuba, donde atacaba duramente a los prceres hispanoamericanos, calificando de “funestas” las victorias de Bolvar y no escatim improperios contra los libertadores y sus acciones. Rocafuerte, radicado en Cuba como comerciante de tabaco y con negocios de navegacin, pero activo agente bolivariano y apasionado batallador suramericano no soport el insulto y respondi a Romay con exaltada dignidad patritica. Su artculo breve, pero brillante, es un interesante documento cuya legtima lectura slo puede realizarse a la luz del contexto poltico en que se realiza. Vicente Rocafuerte siente la necesidad de poner las cosas en su sitio y reivindicar las luchas por la emancipacin de las que l mismo era protagonista, aunque asumir esa defensa en La Habana de 1820, donde se disfrutaba de libertad de imprenta amparados en la Constitucin vigente de los liberales espaoles, pero era gobernada por Espaa con todo un aparato de censura y de represin, era cosa bien delicada. De modo que su artculo es reivindicacin de los hombres y las luchas de Hispanoamrica y al mismo tiempo texto de maniobra poltica en el cual despliega una estrategia de distanciamiento y ocultamiento de sus trabajos independentistas, negando expresamente toda posibilidad de independencia

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176para la isla en aquellas circunstancias, opinin que tena objetivos fundamentos en esos das en los que slo entre algunos grupos de jvenes se alentaba la idea de la independencia. Pero cuando se habla de que la presencia de los emigrados hispanoamericanos en La Habana profundiz el proceso de conformacin de la conciencia nacional cubana, no puede dejar de considerarse ese texto donde se escribe: No necesitaba el Sr. Dr. Tomay infamar a los americanos del Continente (cuya conducta juzgar la imparcial posteridad) para probar que todo sistema de independencia es un absurdo en esta isla; que todo otro establecimiento que el de la Constitucin sumergir este hermoso pas en un pilago de males incalculables. Basta echar la vista sobre el mapa de Las Antillas, observar la extensin de la isla y de sus costas, el nmero de sus puertos, la escasez y variedad de su poblacin relativa, y en fin, conocer un poco del actual sistema de Europa, para convencer al hombre ms irreflexivo o al ms exaltado que es fsicamente imposible establecer aqu la independencia: basta en fin leer el mismo papel del Dr. Romay, para convencerse que no puede ser independiente un pas, en donde los hombres que tienen tanta reputacin de sabios e ilustrados como el Dr. Romay, manchan su pluma exagerando los errores de sus hermanos, faltan la generosidad para conformarse al olvido general que prescribe la misma Nacin, y no poseen bastantes luces ni conocimientos para ver la gran cuestin de La Amrica bajo su verdadero punto de vista.1Ese ao de 1820 la isla se debata entre los “pieristas” y los “hijos del pas”, la Habana era la plaza fuerte por donde pasaban los ejrcitos derrotados en Amrica o las tropas frescas que iban a combatir en la provincias rebeldes, y el cubano Jos Francisco Morales Lemus, agente colombiano, pasaba por Cuba y comprobaba que no haba en ese momento ninguna voluntad organizada para preparar una revolucin. Por ello, este texto vibrante de Vicente Rocafuerte debiera ser estudiado en el contexto de una polmica que involucr despus a defensores de Romay como Diego Tanco, quien adems atac a Rocafuerte, a su vez defendido por Jos Fernndez Madrid desde las pginas de El Argos (“Papeles pblicos”, nmero 2 de 13 de junio de 1820).2***** Una hermosa pgina de la trayectoria cubana de este ecuatoriano fundador, es su amistad con el joven poeta Jos Mara Heredia (1803-1839). Al parecer, se conocen en estos primeros aos de la dcada del veinte y no sabemos en cules circunstancias. En octubre de 1822 le escribe Heredia a su amigo Silvestre Luis Alfonso: “Me alegro infinito que haya venido Rocafuerte. T sabes cunto le quiero. Bajo cubierta de Domingo le escribo y si se detiene pienso ir a verlo”. Cabra preguntarse por qu Heredia tiene que escribirle bajo el nombre de un tercero, seguramente por estas fechas ya Heredia est envuelto en sus trabajos conspirativos en la asociacin secreta de Soles y Rayos de Bolvar, con la cual tiene que ver tambin, el ecuatoriano.

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177Los bigrafos registran la intervencin de Rocafuerte junto con Silvestre Luis Alfonso en los trmites que Heredia debe realizar para investirse como abogado y poder ejercer. Se apoyan en una carta de Jos Mara Heredia a su amigo Silvestre Luis Alfonso, con fecha de 11 de noviembre de 1822, donde se lee: Pienso mandar a Domingo un apstrofe a los mexicanos contra la tirana de Iturbide: dile que te lo ensee, y dame tu opinin. Rocafuerte me escribi que haba hablado a Nicols Escobedo sobre mi certificacin, y que ste me ofreci que se la dara. Rocafuerte me dice que vaya por ella, y que no dude conseguirla. Yo no puedo hacer este viaje, y te ruego que veas en mi nombre a Escobedo, le recuerdes la recomendacin, y le procures sacar la certificacin, que deseo tener aqu a vuelta de vapor para enviarla al Prncipe con mi ttulo, que debe ir en el prximo correo. Yo fo en tu amistad. Esta carta tambin nos ofrece interesantes pistas sobre el texto de un poema que Rocafuerte publica al final de su ensayo publicado en ese mismo ao y titulado: Bosquejo ligersimo de la Revolucin de Mjico, desde el grito de Iguala hasta la proclamacin imperial de Itrbide, por un verdadero mejicano Philadelphia, Imp. de Teracrouef (Rocafuerte) y Naroajeb (Bejarano), 1822. Segn Antonio Bachiller y Morales, aunque aparece impreso en Filadelfia, se imprimi realmente en La Habana. Este ensayo de Rocafuerte forma parte de los trabajos que hacia 1821 realizaba para derrotar a Iturbide en Mxico para restablecer los principios republicanos. El joven poeta cubano Heredia y el maduro y culto conspirador ecuatoriano debieron experimentar una mutua y profunda simpata, y a lo largo de la obra de Heredia se encuentran datos que nos hablan de una sostenida relacin sobre todo epistolar que se contina durante las estancias de Heredia en los Estados Unidos y en Mxico, lugares donde Rocafuerte tambin residi y trabaj durante perodos ms o menos largos. Rocafuerte, que est por esos das en el servicio diplomtico mexicano, escribe al presidente Guadalupe Victoria para que Heredia pueda residir en Mxico y encontrar un trabajo digno. Ya desde Mxico, en carta de Heredia a Silvestre Alfonso de 6 de marzo de 1826, escribe: “Rocafuerte me ha escrito, pidindome las Poesas Americanas para publicarlas en Londres. No s si las enve o las imprima aqu. En los Ocios y algunos peridicos franceses hacen elogios de las poesas publicadas en Nueva York”. ***** En relacin con Cuba, aunque se trata de uno de los enigmas de la literatura en lengua espaola que involucra a todo el mbito hispanoparlante, me gustara comentar los avatares sufridos por el problema de la autora de la novela Jicotencal (Imprenta de William Stavelly, Filadelfia, 1826), considerada la primera novela histrica y de tema indigenista de la literatura hispanoamericana. Esta obra s fue impresa en esa ciudad norteamericana y la casa impresora era bien conocida entre autores hispanoamericanos residentes all. En ella publicaron otros autores de ese grupo

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178de emigrados de Filadelfia como es el caso del sacerdote independentista cubano Flix Varela. La novela narra la legendaria vida del general tlaxcalteca Jicotencal, quien se opuso a que su pueblo se convirtiera en aliado del invasor espaol y se convirti en smbolo de la rebelda y el amor a la patria frente a las huestes conquistadoras. La novela nace, como vemos, de la necesidad de las repblicas incip ientes de crear su propio imaginario heroico en momentos cruciales para la conformacin de una identidad nacional y cultural. Hizo fortuna en su momento y dio lugar en Mxico a dos obras dramticas. Los historiadores de las literaturas hispanoamericanas la consideran la primera novela histrica y de tema indigenista del continente. El hecho de que la obra saliera a la luz sin consignar el autor, dio lugar a uno de los enigmas mayores de la literatura hispanoamericana. En los aos de la dcada del veinte, Filadelfia era un gran centro de conspiradores hispanoamericanos y espaoles, a la sombra de la masonera norteamericana. Muchos de ellos, escritores cultos, hombres de imprenta y periodistas, se consideraron como posibles autores de Jicotencal No pocos estudios durante el pasado siglo avanzaron sus conjeturas sobre la obra. Dos libros recientes han elaborado rigurosas tesis al respecto. En 1895 apareci en Houston, impreso por Arte Pblico Press, una edicin de Jicotencal atribuida al sacerdote independentista cubano Flix Varela Morales, con un detenido y minucioso estudio de Luis Leal que fundamenta esta atribucin con una serie de argumentos histricos y filolgicos. En 1997 se publica el libro de Alejandro Gonzlez Acosta, El enigma de Jicotencal Estudio de dos novelas sobre el hroe de Tlaxcala editado en Mxico por la UNAM y el Instituto Tlaxcalteca de Cultura que considera y fundamenta como autor al poeta cubano Jos Mara Heredia a partir de un estudio comparativo y estilstico. Ambos textos repasan el desarrollo histrico de los estudios sobre la autora de ellos, y los dos investigadores convienen en la importancia del grupo de emigrados de Filadelfia, en el seno del cual parece gestarse la novela, y traen a colacin la existencia de un tercer candidato a esa autora. Alejandro Gonzlez Acosta escribe al respecto, citando a otros autores: Entre los datos aportados se encuentra el de cierta atribucin de la paternidad de la novela al escritor ecuatoriano Vicente Rocafuerte, segn la referencia del Boletn Bibliogrfico Mexicano y se agrega el hecho de que Stavelly, el impresor de Filadelfia, publicaba otros libros en espaol, entre ellos una edicin de Eliecer y Nephtaly de Florian, realizada por un refugiado espaol –Flix Mega– redactor de El Zurriago. Como quiera que los argumentos de los dos autores para legitimar la autora de Jicotencal son muy serios pero no concluyentes, es de tener en cuenta esta sugerencia que data de 1951. Si estudiamos las caractersticas de la obra de Rocafuerte y su inmersin en las luchas de emancipacin, as como su pluma de polemista y escritor de temas polticos e histricos, y las cotejamos con ciertas caractersticas que le sirven

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179de argumentos para validar sus tesis a los dos autores citados, comprobaremos que pueden aplicarse tanto al ilustre ecuatoriano como a los otros. Un estudio de las relaciones de Rocafuerte con los conspiradores cubanos, y con otras personalidades isleas de la poca, as como su trayectoria en Filadelfia y en Mxico, arrojara sin dudas luces nuevas sobre varios problemas literarios e histricos que an permanecen en la penumbra. Los archivos cubanos deben contener ms datos, y lo mismo resultara de un anlisis comparativo de epistolarios y otros documentos. Estos deshilvanados comentarios habrn alcanzado su objetivo si consiguen motivar a los estudiosos para emprender nuevas pesquisas histricas y literarias. Notas1 Rocafuerte, Vicente. Rasgo Imparcial. Breves observaciones al papel que ha publicado el Dr. D. Toms Romay en el Diario del Gobierno de La Habana de 20 de mayo de 1820. La Habana: Imprenta de D. Pedro Nolasco Palmer Hijo, 1820. pp. 4-5.2 Una numerosa bibliografa aborda estas primeras y cruciales dcadas del siglo XIX en la Historia de Cuba. Vase, por ejemplo: Historia de la literatura cubana. Tomo I. La colonia: desde los orgenes hasta 1898 La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2002. pp. 106-110. Torres Cuevas, Eduardo. “Introduccin”. En: Obras de Flix Varela / Investigacin, comp. y notas Eduardo Torres Cuevas, Jorge Ibarra y Mercedes Garca. La Habana: Editora Poltica, 1991. t. 1. _______. Flix Varela. Biografa La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2001. Guerra y Snchez, Ramiro. Manual de Historia de Cuba (econmica, social, poltica). La Habana: Editora del Consejo Nacional de Cultura, 1964. Estnger, Rafael. Heredia: la incomprensin de s mismo La Habana: Editorial Trpico, 1938. Arias, Salvador. Aire y fuego en la raz: Heredia. La Habana: Centro de Estudios Martianos, 2001.

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180 L as reflexiones del historiador y filsofo cubano Eduardo Torres Cuevas sobre la condicin humana en sus diversas facetas, no pueden ser comprendidas ni estudiadas si no se conoce su formacin intelectual y su amor por las cuestiones que, como afirma en una reveladora entrevista, le permitan a las personas “[…] percibir la complejidad cultural –las razones y sinrazones– de la accin humana y de los proyectos sociales”.1Esta magistral definicin de la historia, entendida como devenir del hombre en tanto totalidad compleja, hunde sus races ms hondas en el nio que ley con avidez los libros del to Eduardo Torres Morales, recibi de su madre la sensibilidad por la msica y tuvo en la adolescencia maestros excepcionales como Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo, quienes le inculcaron la pasin por la historia, no slo como delectacin por las cosas del pasado, sino como vocacin profesional. Luego este acervo humanista se completara con la lectura meditada de los grandes clsicos de la historiografa cubana: Guerra, Roig, Ortiz, Horrego Estuch, Franco, Le Riverend, Moreno Fraginals… No debemos olvidar tampoco que la madurez de su formacin coincide con los esplndidos aos sesenta para las Ciencias Sociales cubanas, en que los estudios universitarios asimilaban las ms diversas corrientes y escuelas de pensamiento, y no se haba impuesto todava el dogmatismo de los manuales soviticos. Su primera carrera fue la de filosofa, y quizs por este motivo su reflexin sobre lo cubano est marcada de manera indeleble por la comprensin y explicacin de las ideas que formaron el saber de un pas, y las discusiones ms perdurables acerca de sus problemas en tanto nacin colonial y subdesarrollada que aspiraba a emanciparse. Pero antes de abordar este punto, que considero central en la obra de Eduardo, quisiera propiciar un breve acercamiento a su primer libro publicado, la Antologa del pensamiento medieval Este volumen fue concebido con propsitos docentes para la asignatura de Historia de la Filosofa, y llen un vaco apreciable en la escasa bibliografa producida en Cuba hasta ese momento sobre el tema. Su fecha de publicacin tampoco puede pasar inadvertida, pues 1975 est todava dentro de aquel quinquenio gris para las artes y el pensamiento en general que definiera Ambrosio Fornet. Una de las cuestiones que ms llama la atencin en aquel texto fundacional, La condicin humana en la obra de Eduardo Torres Cuevas Flix Julio Alfonso LpezHistoriador

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181es el apego del joven investigador a la teora marxista original para explicarse al hombre del medioevo y su complejo sistema de representaciones y creencias. No hay en el prlogo a la antologa una sola cita de manuales, y s una enjundiosa asimilacin marxista del lugar del hombre en el devenir histrico que le permite afirmar: “Pero dentro de todo proceso histrico el factor fundamental es el hombre, concreto, realmente existente que, como dijera Marx, crea el medio en la medida en que el medio lo crea a l y que no est condicionado por ninguna fuerza extraa a su realidad social concreta”.2El principal objeto de reflexin en este volumen pionero era la escolstica en tanto conjuncin teolgica y filosfica, que serva no slo como instrumento de dominacin y control en el mundo medieval, sino como visin totalizadora que trataba de conciliar ciencia y razn. En este sentido apunta: “La escolstica es el intento, a partir de la aceptacin por la fe de la trascendencia de Dios, y del hombre mismo, de hacer inteligible, de una forma u otra, el mundo de los hombres y su insercin en un sistema ms universal que escapa a las posibilidades humanas de comprensin inmediata”.3Otro momento interesante en este prlogo es el que discute la tensin entre la visin filosfica del hombre burgus sobre la esencia humana, y las preocupaciones que en este sentido haban expresado los pensadores medievales, para quienes el hombre era un ser regido por la divinidad y la tras cendencia. La explicacin de esta dicotoma la encuentra Torres Cuevas en el hecho de que: Los idelogos burgueses centran su inters en la esencia humana, para convertirla en el paradigma del Universo; es la condicin humana, abstracta y universal, la base que explica la actuacin humana y la posibilidad de emancipacin del hombre. La concepcin escolstica no busca una esencia en s sino la funcin del hombre como parte de la comunidad humana, que a su vez no es ms que un segmento regido por Dios. Por ello le interesa ms la salvacin humana que su esencia. El problema es, pues, cmo el hombre puede alcanzar su salvacin. De aqu la preocupacin por la actuacin humana y las interrogantes sobre la predestinacin y el libre albedro.4Una ltima aproximacin a este texto nos revela no solamente al investigador acucioso, sino tambin al ensayista en ciernes que lanza ideas y deja un espacio para la duda y las interrogantes acerca de aquel hombre tan distante de nuestro tiempo, unas veces lcido y otras veces perplejo ante los retos sociales que deba enfrentar. Entonces encuentran sentido las preguntas sobre la ontologa humana: “Qu tiene entonces de extrao que el hombre de la Edad Media centre su vida en este ideal de trascendencia? Qu tiene de criticable que su teorizacin est en dependencia de esa trascendencia? En definitiva, su mundo es tambin el mundo ignoto y revelado de las profecas y de los misterios”.5Como apuntbamos al inicio, una parte significativa de la obra de Eduardo Torres Cuevas, se ha dedicado a desentraar los orgenes y la singularidad del pensamiento cubano en el contexto

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182americano y universal, desde sus nombres precursores hasta los clsicos de los siglos XIX y XX. En este sentido, hay varias figuras ilustres que retienen su atencin: el obispo Espada, Flix Varela, Jos de la Luz y Caballero, Jos Antonio Saco, Vicente Antonio de Castro, Antonio Maceo y Jos Mart. Para el historiador, al trabajar a estos prceres bajo los preceptos de la biografa intelectual, de lo que se trata es de hurgar en los entresijos de una existencia, encontrar las savias nutricias de su formacin axiolgica y patritica, revelar sus angustias y empeos, en suma: “[…] rescatar la riqueza humana de nuestra cultura fundamentndome en el hombre, en el sujeto”.6Esta cohorte de intelectuales y patriotas cubren todo el pensamiento cubano del siglo XIX, y estn telricamente interconectados por una prdica de bondad, de virtud, y de fe en las posibilidades humanas para alcanzar su emancipacin individual y social. Todos tuvieron como objetivo de sus vidas, de una manera u otra, contribuir a la conformacin de un ser nacional que se constituyera en nacin, y no a la inversa. En esta direccin apunta: Y hay aqu algo que me parece es importante para todos ellos y para nosotros a la hora de reflexionar sobre la obra de Varela como educador, como iniciador de la ciencia y conciencia cubana. Y es el hecho de que son hombres conscientes de que la nacin hay que crearla. La nacin no es un ente que surge y se desarrolla por s misma, sino fruto de un acto voluntario de creacin; para crear esa nacin hay que tener conciencia de que debe ser creada. Es decir, en el caso de Cuba, es una nacin que, a partir de esta intencin, se puede pensar. Y agrega “[…] no se trata slo de la explosin del sentimiento, sino de un proyecto racional: crear una sociedad y una nacin libres, independientes, cultas”.7Dentro de este anlisis sobre los fundamentos ideolgicos y filosficos de la nacin cubana, premeditada por una generacin de brillantes pensadores y polticos, y ejecutada luego por sus discpulos a lo largo del siglo XIX, Eduardo Torres Cuevas enfatiza el papel decisivo que otorgaron aquellos sabios a la educacin, y sobre todo a la enseanza de valores ticos y patriticos en las ms tempranas edades: […] donde se gana o se pierde la batalla de una Cuba cubana, como la quera Saco, es en la educacin. No en la educacin secundaria o universitaria, sino en la primaria, en el nio. Luz y Varela fueron primero educadores de nios y despus de todo lo dems. La misma percepcin tena Mart respecto a la educacin del nio; es en la educacin del nio donde se forma la conciencia; lo que no se forma all no se forma jams.8Esta tradicin pedaggica cubana es, a juicio de Eduardo, una de las ms poderosas corrientes patriticas y nacionalistas, que se contina en la repblica burguesa neocolonial. La escuela pblica cubana, y sus protagonistas, los maestros, son descritos en la perspectiva de Torres Cuevas con una elevada dosis de altruismo y desinters: Haba en todas aquellas escuelitas un retrato de Mart, y se aprenda

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183obligatoriamente sus versos […]. Se trata de la obra imperecedera del maestro cubano, de ese que se iba a las montaas montado a caballo y, aunque estuviera seis meses sin cobrar, nunca faltaba a clases. All iba vistiendo su nica guayabera rada, que tena que tener cuidado porque –si la soplaba el viento– se rompa en pedazos…9Quizs uno de los mejores ejemplos para demostrar la importancia de la formacin de valores como parte del proceso de crecimiento personal, lo encuentra Eduardo en la figura de Antonio Maceo. En su opinin, es la tica “la espina dorsal de la prctica poltica” de Maceo, pero “[…] los orgenes del conjunto de valores que constituyen la base de la moral maceica deben encontrarse en factores tales como la educacin que recibi en el seno familiar, el medio social en que se desenvolvi […]”.10 Esta formacin inicial, como es conocido, se nutri de la inflexible disciplina hogarea practicada por su madre, pero tambin de los principios ideolgicos que recibi en la masonera cubana y se continu a travs de una avidez permanente de superacin personal. En Maceo se dan cita, en opinin de Eduardo “[…] lo mejor de los valores, sentimientos y formas de ser del cubano”.11 Y entre tantos valores y principios, destaca el historiador el legtimo humanismo de Maceo, uno de los rasgos menos divulgados de su pensamiento, pero que se reitera en numerosos documentos y cartas. Al decir de Torres Cuevas […] la visin del guerrero a veces ha obstaculizado la entera comprensin de este humanismo del revolucionario que tiene como pedestal un profundo sentimiento de amor […]. La concepcin humanista que aparece en forma explcita en sus epstolas, documentos y comentarios sobre su conducta, debemos considerarla como centro motor a partir del cual se ramifica el ncleo bsico de su tica. No hay arista de su pensamiento que no est relacionada con esa concepcin.12Unido a este penetrante pensamiento axiolgico, el historiador observa que los grandes pensadores cubanos supieron distinguir el concepto de nacin, de origen y contenido europeo, del concepto de patria, mucho ms inmediato a la sensibilidad humana que lo determinado por concepciones polticas, religiosas o tnicas. Para Eduardo Torres, la categora de patria encuentra en Varela, Luz, y principalmente en Jos Mart, su fundamento en tanto idea vehemente de amor al prjimo y de amor al gnero humano. La clebre sentencia martiana de que “Patria es humanidad” le sirve como presupuesto para expresar: “No es posible la unidad del cuerpo social sin el amor, y el amor lo funda la esperanza y el amor lo funda la comunidad de bienes, el destino comn”.13Por ltimo, en este breve anlisis sobre las ideas claves que relacionan y le dan una coherencia y una universalidad sorprendente al pensamiento cubano, desde Varela hasta Mart, el investigador no olvida la dimensin individual, personal, imprescindible en cualquier anlisis sobre lo social. Y la patria es tambin, desde esta perspectiva, una construccin ntima de cada

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184uno de sus integrantes. De nada valdra una exquisita teorizacin acadmica sobre el deber ser patriota, si cada hombre por separado no lo recepciona e interpreta desde su subjetividad. Por eso seala: Pero pensar la patria siempre tiene una condicin personal. Patria es el conjunto de voluntades e ideas que unen, pero hay un hecho personal, hay que pensarse desde dentro, identificarse con determinadas cosas. La patria siempre ser pensada desde el individuo. Dondequiera que haya un cubano, debe ser un pensamiento. Y este pensamiento debe ser en cubano. Ese vestirse de ideas desde la cultura cubana.14Pensamiento y cultura son quizs los conceptos que ms se repiten en toda la produccin filosfica e historiogrfica de Eduardo Torres Cuevas, y ambos se encuentran en su obra telricamente entrelazados. Pensamiento, porque el autor confiesa que nunca ha querido ver la historia “[…] como historia de los hechos o cronologa de los hechos, sino como historia de procesos que no slo tienen el cundo, el cmo y el dnde, sino tambin el porqu: es decir, las causas que mueven ciertas acciones, y como estas –de un modo u otro– se relacionan con las ideas o mentalidades”.15 Cultura, porque el compromiso del intelectual entraa en ltima instancia “[…] el problema de la subsistencia de una cultura, de un pueblo. Y esto es lo esencial, porque lo que salvar a Cuba en cualquier circunstancia futura es su cultura, su cultura de pensar o del pensar, sin la cual estaramos absolutamente desvalidos”.16La perspectiva que tiene Eduardo Torres de la Historia de Cuba, de sus problemas como nacin y retos para el futuro es profundamente cultural e integradora. En ello coincide con uno de los grandes maestros de las ciencias sociales cubanas del siglo XX, Fernando Ortiz, del cual afirma que: “Quien se acerque atentamente a su obra se percatar de cmo su concepto de transculturacin evoluciona a partir del estudio de lo afro e hispano hasta la sntesis sin prefijos ni sufijos que lleva por nombre: la cubanidad; o sea, hacia la culturacin o creacin de una cultura cubana”.17A esta conclusin arriba alguien que confiesa haber ledo en cada momento lo ms avanzado del pensamiento universal, tomando aquello que le era til para forjarse un mtodo propio de interpretar la realidad y desechando las modas pasajeras. El intelectual que para formarse slidamente ley a Sartre, a Althusser, a los estructuralistas y al final alcanz a conjugar lo mejor de todas estas tradiciones, pero que confiesa haberse inclinado ms hacia “[…] el humanismo marxista sartreano, por considerar que no slo me permita ver esquemas y estructuras, sino al hombre actuando”. 18La aseveracin anterior lo lleva a identificarse con los conceptos de Sartre de la responsabilidad moral y el compromiso tico de cada individuo, ante s mismo y ante la sociedad. Por ello puede afirmar, en una hermosa exgesis del escritor francs, que: Su encuentro con Marx […] para l resultaba natural y armonioso. El descubrimiento de la historicidad, del compromiso del intelectual y del

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185imperativo moral de la responsabilidad, le da sentido a su negacin de toda metafsica […]. El imperativo moral que reclama en El ser y la nada y la exigencia individual de que “soy responsable de todo lo que hago”, armonizan en l con la insuperable posicin marxista.19Y ms adelante enfatiza en el humanismo del filsofo francs cuando alega: Desde este nuevo ngulo del anlisis sartreano, todo hombre es, al mismo tiempo, autoafirmativo e histricamente condicionado; es absoluto en su afirmacin individual y relativo en su dependencia social. La totalidad de la sociedad real (la capitalista) –cuya resultante era la alienacin o separacin del hombre de su obra– requera, primero, de su destotalizacin y, despus, de la retotalizacin de todo lo real existente en un nuevo proyecto social (el socialismo).20En opinin de Torres Cuevas, lo trascendente en el pensamiento de Sartre radica en su esencia rebelde, provocadora y liberadora del hombre de todo tipo de enajenacin o dominacin. Esta dimensin desalienadora slo poda encontrar su realizacin en el socialismo: […] el socialismo como expresin de una totalidad futura que trasciende la situacin. No es un socialismo teleolgico, predestinado, definitivo, invariable, ineludible; es la permanente bsqueda de un cambio de situacin; la superacin de una angustia; una bsqueda permanente; un identificarse a s mismo, en el cual su yo es su conciencia moralizadora: “es una apuesta, pero diferente a la de Pascal, le apuesto al hombre y no a Dios”.21Notas1 Calcines, Argel. Eduardo Torres Cuevas por el filo del cuchillo. Opus Habana (La Habana) 6(2):21; 2002.2 Torres Cuevas, Eduardo. “Prlogo”. En: Antologa del pensamiento medieval. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1975. p. 9.3 Ibdem, p. 11.4 Ibdem, pp. 15-16. Cursivas en el original.5 Ibdem, p. 28.6 Calcines, A. Op. cit (1). p. 31.7 Torres Cuevas, Eduardo. El legado comn de Flix Varela y de Jos Mart. La Habana: Arzobispado de La Habana, 2003. p. 5. (Cuadernos del Aula 2)8 Ibdem, p. 12.9 Calcines, A. Op. cit (1). p. 31.10 Torres Cuevas, Eduardo. Antonio Maceo. Las ideas que sostienen el arma. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1995. p. 109.11 Ibdem, p. 107.12 Ibdem, p. 111.13 Torres Cuevas, E. Op. cit (7). p. 15.14 Ibdem, p. 23.15 Calcines, A. Op. cit (1). p. 21.16 Ibdem, p. 32.17 Ibdem, p. 22.18 Ibdem, p. 32.19 Torres Cuevas, Eduardo. “Sartre: testimonio esencial de una poca vital”. En: Sartre-CubaSartre. Huracn. Surco, semillas / Eduardo Torres Cuevas, coord. La Habana: Ediciones Imagen Contempornea, 2005. p. XXIV.20 Ibdem.21 Ibdem, p. XIX.

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186 Era Fulgencio Batista inteligente? Newton Briones MontotoHistoriador e investigador E l pueblo cubano en su odio a Fulgencio Batista calific al dictador de bruto y esa estampa como un sello qued grabada en nuestra conciencia hasta nuestros das. Su actuacin como coronel del Ejrcito y despus como presidente de la repblica, dejaron a su paso engao, tortura y muerte dando la impresin de alguien que utilizaba ms la fuerza que la inteligencia. A esto se le puede agregar la incongruencia entre su imagen, algo vulgar e ignorante, y los cargos que ocup. Y Liborio lo contraatacaba mofndose con cuentos donde su ignorancia era resaltada. Batista, que se super bastante intelectualmente, tuvo un pleito a muerte con la “c” intermedia, pues cuando hablaba su diccin dejaba qu desear. l nunca poda decir doctor sino deca “dotor”, y ello daba la sensacin de estar ante un hombre iletrado. Un cuento de la poca narraba su intervencin en un acto pblico, donde dijo “Ojio”, refirindose al estado de Ohio en los Estados Unidos. Alguien lo rectific dicindole que en ingls se deca “ojaio”. Y en otra intervencin, algn tiempo despus, pronunci “bojaio”, refirindose al boho de los campesinos. Al no saber diferenciar entre la pronunciacin de Ohio en ingls y boho en espaol, el cuento ratificaba su estupidez, aunque Batista hablaba ingls. Verdico o no, el cuento circulaba en las tertulias sociales. Aunque es cierto que su pronunciacin dejaba mucho que desear, su inteligencia no era escasa como se pensaba. Dan fe de ello diferentes circunstancias de su vida, y hacemos la salvedad de que estamos hablando de inteligencia y no de cualidades morales y ticas. Una persona que lo conoci de cerca, lo describi de la siguiente manera: “Dedicaba toda su atencin a quien se diriga a l, captando las ideas con tal rapidez que a veces contestaba antes de que le hubiesen formulado cabalmente la pregunta”. Nadie carente de inteligencia puede gobernar un pas, once aos, la primera vez (1933-1944) y seis la segunda (1952-1958). Alguien ms que lo trat de cerca refiere otra impresin: “Jams he conocido yo a otra persona que fuese capaz de dominar sus emociones como el general Batista. Siempre asequible, siempre afable con quienes lo rodeaban, y pese a la carga abrumadora que sobre s llevaba, continuaba mostrndose cariossimo”. A la luz de la psicologa actual, lo antes dicho sera calificado de inteligencia emocional. Este hombre en apariencia ignorante y torpe supo imponerse a intelectuales, polticos, militares y burgueses. El quehacer diario puede ilustrar algunos episodios de su vida. El 14 de abril de 1921, con veinte aos de edad acabados de cumplir, ingresa como soldado de lnea en el Ejrcito. Cuatro aos ms tarde es tras-

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187ladado como escribiente al Estado Mayor General. Corra el ao de 1926 y el sptimo distrito militar, La Cabaa, convoc a una oposicin al quedar vacante una plaza de sargento mayor taqugrafo. Batista obtuvo la ms alta puntuacin, cien puntos, segn la Orden General # 149. En agosto de 1928 asiste a nuevos concursos y gana, por oposicin otra vez, el cargo de sargento mayor taqugrafo. Existen otros hechos que demuestran otro ngulo desconocido. Era alguien que saba manejar los smbolos. Los smbolos son representaciones abstractas y sus creadores deben separar mentalmente una cualidad, estado, o fenmeno con independencia del objeto en que existe o por el que existe; la rama del olivo es el smbolo de la paz. Batista tena esta cualidad, la de la abstraccin y esto le permita crear smbolos. En 1929 la situacin econmica del pas se haca difcil y el sargento Batista al igual que muchos otros buscaba opciones. “¡Un negocio de prendas fiado! ¡Esta puede ser una buena solucin! Yo adelanto el dinero para la compra, despus lo vendo un poco ms caro y lo voy cobrando en mensualidades”, pens el sargento en su soliloquio. Comenz a vender sortijas, relojes, prendedores y todo lo que los soldados quisieran comprar. Un da compr un anillo de oro con una piedra amatista y se la propuso a varios conmilitones, pero resultaba muy cara y nadie poda comprarla. No tuvo ms remedio que usarla hasta tanto apareciera algn interesado. Se coloc en su dedo la hermosa piedra de irradiaciones amarillas, montada en anillo de oro. En la venta de cigarrillos de la esquina de Toyo, frente a su casa, compr diez pedazos de billetes. En el mnibus que lo llevaba a Columbia fue contemplando la prenda de su propiedad. Le subyugaba el violeta plido de aquella piedra con irradiaciones amarillas. Al da siguiente se sac el tercer premio de la lotera nacional. ¡La suerte lo premia! No es rico, pero est feliz de poder paliar la situacin econmica. Le compr a su mujer un juego de sala, ropitas a la hija y l adquiere un automvil de uso. Ya no ir ms a Columbia con el riesgo de estrujar su uniforme en el atestado autobs. Haciendo un recuento, se pregunta, de dnde le puede haber venido esa suerte, se da cuenta de que lo nico nuevo que tiene es el anillo con la piedra amatista y piensa en la sortija como algo que da suerte. Se debate internamente en lo que debe hacer con la sortija, si venderla o quedarse con ella, si realmente en este pequeo artculo est la suerte. “¡Bueno si da suerte o no! –se dice–, no es lo ms importante, lo que voy a contarle a todo el mundo desde ahora, es que las sortijas con amatistas que yo vendo, dan suerte; yo soy el mejor ejemplo. ¡Seguro voy a vender muchas sortijas de oro con piedras de amatista!”. No sabemos si la nueva idea le dio resultado o no. Sin embargo, no deja de ser novedosa la forma que le da al asunto para provecho propio. Pero no se detuvo ah y continu sacndole sustancia a la prenda. En 1933, cuando llega a la jefatura del Ejrcito y pasa de sargento a coronel, regala a sus amigos sortijas con amatistas, rplica de aquella que, segn l, le trajo la buena suerte. Aunque esto se contradijera con posterioridad, en el exilio,

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188despus de 1959, se le vea vestir con elegancia un traje veraniego de color gris, y en el dedo anular la sortija. Alguien dijo que la prenda era una de las pocas instituciones batistianas verdaderamente sentimental. La amatista se convirti en un smbolo y lucirla equivala a decir: “Soy amigo de Batista”. Desde su poca de sargento taqugrafo tena como compaera a Elisa Godnez Gmez, con quien se cas muchos aos despus, el 24 de junio de 1936. Sin embargo, por esa misma poca conoce a Marta Fernndez Miranda, una muchacha alta de ojos verdes y magnfica figura y, adems, veinte aos menos que l. Batista queda prendado de ella y a escondidas la ve, pues su posicin social y poltica unida a la moral de la poca le impiden hacerlo de otra manera. En 1940 se postul para presidente de la repblica y obtuvo la victoria, ayudado por su posicin de coronel y jefe de las fuerzas armadas. Durante ese perodo existan en Cuba dos primeras damas. Una, a la luz del da, que viva en el palacio. Y otra, secreta, que ejerca las funciones de querida del presidente y ya tena con l un hijo. El gobernante quera resolver el asunto, casarse con Marta, pero las normas de la poca estaban en contra del divorcio. Su condicin de presidente, la imagen de b uen padre de familia, en fin de hombre poltico, le impeda hacer realidad su deseo. No obstante, mediante una ley de divorcio encontr la solucin, a pesar de los esfuerzos de la Iglesia catlica en contra. Dicha ley tena tambin un propsito econmico, convertir a La Habana para los americanos en Las Vegas, como segunda opcin. Irnicamente, los cubanos comenzaron a sacar ven tajas del divorcio. Cientos de matrimonios fueron disueltos y nuevos se contrajeron entre los oficiales de las fuerzas armadas y funcionarios civiles. Este era el primer paso, el divorcio con Elisa, la meta, el matrimonio con Marta. Pero antes deba elaborar una historia que convenciera a la opinin pblica y esta no lo castigara para un hipottico futuro poltico con el voto en contra. Se preocupaba por su imagen y haca por conservarla. Si para conseguirlo tena que elaborar una historia falsa, lo hara. Segn cuenta la leyenda, el presidente haba conocido a Marta en una situacin difcil. Transitaba con su carro por la Quinta Avenida y Marta en una bicicleta, cuando su carro la atropell al pasar a su lado. Despus el general la visit en el hospital, le llev flores, y se interes por el estado de la paciente, hasta que Cupido se apoder de los sentimientos de ambos. La imagen de hombre fuerte, presidente y ex general, se trocaban en dbil, amable y comprensivo por haber sucumbido ante la tierna joven de ojos verdes. El mito se afianz y los periodistas divulgaban cosas como estas: “Del choque de una dbil bicicleta y un poderoso Cadillac naci este idilio que sigue teniendo el mismo simbolismo […]”. Los italianos tienen una frase apropiada para casos como estos: se non e vero e ben trovato (si no es verdad est bien contado). Esper hasta que pasaran las elecciones de 1944, y su contrincante de poca anteriores, Ramn Grau San Martn, sali electo. Mantuvo un tiempo ms su matrimonio con Elisa, hasta el 27 de octubre de 1945, y se cas con Marta el 22 de noviembre de ese ao.

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189El divorcio le cost unos cuantos millones, y Elisa pas de ser la lavandera de los tiempos duros a una opulenta dama de la sociedad habanera, aunque era ms discreta que Marta. Con la salida de Batista al exterior no terminaba su capacidad creativa, nuevos acontecimientos pondran a prueba tan til herramienta. La preocupacin por su imagen es otro tanto a favor de sus neuronas. Un domingo estando de pesquera se sinti indispuesto y orden el regreso a tierra, por una ligera parlisis facial, y se incomod porque los altos oficiales militares estuvieron presentes a su llegada en el barco Cuba. Batista, que siempre ha sido muy meticuloso y cordial, mostr en esa oportunidad rasgos de incomodidad, porque trascendiera que tena una simple parlisis facial. Como hbil poltico, jams defini su filosofa esotrica, y sabiendo de las creencias populares, brujera, espiritismo o catolicismo, no quera perder adeptos al inclinarse por una de ellas. Si ley o no a Maquivelo lo desconozco, pero lleg a la misma conclusin que el florentino: es indispensable saber disfrazar bien las cosas y ser maestro en fingimiento, aunque los hombres son tan cndidos y tan sumisos a las necesidades del momento que quien engae, encontrar siempre a alguien que se deje engaar. Con una idea menos elaborada que el creador de las sugerencias a El prncipe, supo que los hombres estn ms educados para creer que para analizar. Cuenta su secretario, Acosta Rubio: Cuando era candidato presidencial por el PAU [Partido Accin Unitaria] alguien le tom una fotografa en los jardines de Kuquine, sobre el fondo de unas matas enredaderas. Me llam una noche y me dijo: “No ves un indio en el fondo? Est bien clarito y definido”. Le contest que s, y era evidente que las ramas configuraban la cabeza, pero de un indio piel roja. “Qu te parece mandar a imprimir unos cuantos millares, para que la gente que cree en eso, y aqu son miles, vea que tengo la proteccin de un cacique? ¡Sera una buena propaganda!”. Y, como era lgico, mandamos a reproducir por millares aquella fotografa. En la intimidad, Batista haca burlas de aquello, pero cuando alguien le hablaba del asunto, sonrea como asintiendo a la proteccin que reciba del ms all.1Otro investigador refiere algo parecido con la relacin a la bandera del 4 de septiembre, la constituida por los colores representativos de las distintas insignias de los cuerpos armados. El amarillo, el Ejrcito; el azul, la Polica; el blanco, la Marina, y el rojo la sangre de nuestros patriotas. La coincidencia de que estos colores correspondan a los de las deidades ms sonadas del panten lucum (el verde a Ormbila, el amarillo a Ochn, etctera), hizo que los santeros, ante la rpida y exitosa carrera poltica de Batista, reconocieran a Batista como hijo de Ormbila, el dueo del azar. Encontr un smbolo para dramatizar un suceso que lo haba llevado al poder. En realidad el objetivo era asegurar la confianza de la tropa y subordinar el poder civil al militar.2Sin embargo, despus de su golpe de Estado el 10 de marzo de 1952 su inteligencia no result suficiente para entender otros acontecimientos de vital

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190importancia: Los estudiantes de la Universidad se rebelaron en su contra desde el principio y no supo ver el significado de esa lucha, y la respuesta se afinc en la fuerza y no en la inteligencia; pues esta no le alcanzaba para darle una solucin poltica, sino todo lo contrario. No supo que la batalla de la opinin pblica la perdera frente a los estudiantes y en especial con Jos Antonio Echeverra, que era partidario de enfrentarse al rgimen. En ms de una ocasin los peridicos y revistas publicaron fotos de los estudiantes apaleados y derribados en el suelo por los sicarios. Esto cambi la imagen del dictador que al principio se presentaba como el salvador del orden, en relacin al anterior gobierno. Ahora la imagen de salvador se trocaba por la de abusador, y de vctima pas a victimario. Tampoco comprendi que la organizacin 26 de Julio y sus combatientes le ganaran la guerra poltica y militar hasta hacerlo huir del pas. Notas1 Acosta Rubio, Ral. Cuba, todos culpables. Miami: Editora Universal. pp. 150-151.2 Lachataer, Rmulo. El sistema religioso de los afrocubanos. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2004. pp. 113, 227.

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191 CR"NICASSalvador Bueno: crtico mayor Jess Dueas BecerraCrtico y periodista“Criticar es amar […]”. JOS MART E l principal vnculo que me una al doctor Salvador Bueno (19172006) era su hija, la psicloga y profesora de enseanza artstica Ada Bueno Roig, quien fuera mi colega de profesin en el Departamento de Tratamientos Especializados del Hospital Psiquitrico de La Habana “Cdte. Dr. Eduardo Bernab Ordaz”, donde hace casi dos dcadas comenz a florecer una linda amistad que –hasta hoy– sigue y seguir creciendo per se culom seculorum No obstante, desde los aos cincuenta del pasado siglo, conoca al tambin profesor, periodista e investigador, porque lea –con la curiosidad con que suele hacerlo un pber– el “Noticiero Cultural” que publicaba la revista Ecos y confeccionaba el ilustre crtico y ensayista. En ese espacio reseaba libros, conferencias, exposiciones de artes plsticas u otras actividades culturales. En la Escuela Normal para Maestros de Santa Clara, donde estudi durante la mayor parte de mi adolescencia, el profesor de Literatura Cubana utilizaba como libro de texto Historia de la Literatura Cubana,1 del doctor Salvador Bueno, quien –en aquel entonces– era profesor de la Escuela de Filosofa y Letras de la Universidad de La Habana.2 Con la lectura analtico-sinttica de esa obra (una de las mejores y ms completas que escribi y de las que se hicieron seis ediciones), la mente y el alma de un joven se enfrentaron al rigor histrico, crtico e investigativo que caracterizara la prosa elegante, pero directa a la inteligencia humana, de quien recibiera, en 1959, el premio de la Seccin de Gramtica y Literatura,3otorgado por el Colegio Nacional de Ciencias y de Filosofa y Letras por su ensayo crtico Trayectoria de Labrador Ruiz (A los 25 aos de Laberinto).4A partir de ese momento, ca en la cuenta de que Salvador Bueno no slo era un magnfico historiador de la literatura caribea, sino un excelente crtico e investigador de la produccin literaria producida en la mayor de las Antillas, porque, al igual que el Apstol, saba “[…] ver […] deducir […]; analizar, presumir, explicar […]”,5 y adems, aguijonear el intelecto y el espritu de quienes buscbamos en las pginas de ese texto el alimento cognoscitivo indispensable para crecer desde todo

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192punto de vista; en consecuencia, convertirnos no slo en respetables profesionales de la educacin, sino tambin en buenas personas, porque no debe olvidarse que el ex presidente de la Academia Cubana de la Lengua era, ante todo y por encima de todo, un maestro que formaba a sus discpulos en el amor a la cultura cubana y universal, al idioma cervantino y a la humanidad. Hace diez aos, cuando incursion por vez primera en la vida y la obra del padre Flix Varela,6 piedra fundacional de la martiana ciencia del espritu,7-8le di a leer mi artculo a Salvador Bueno, y cuando lo hubo diseccionado con afilado, pero amoroso bistur, me dijo por telfono: “[…] su trabajo sobre esa faceta poco conocida del padre Varela me pareci muy interesante […], pero lo que ms me llam la atencin fue la valoracin integral que hace de Varela como filsofo, psiclogo, profesor, sacerdote y ser humano [...]; sin embargo, me agradara hacerle algunas observaciones personales”;9 sealamientos que, por razones ajenas a la voluntad de ambos, quedaron archivados para siempre en su yo crtico. El poeta, crtico y ensayista Virgilio Lpez Lemus estima que Salvador Bueno es –sin discusin alguna: […] un creador literario puesto que se ha ocupado durante sesenta aos consecutivos de la literatura de estudiarla, historiarla, explicarla, divulgarla, y ha sido uno de los ensayistas literarios ms fecundos del siglo XX cubano [y el primer lustro del XXI]. Como el trmino creacin – aclara el doctor Lpez Lemus– no implica slo […] los gneros de ficcin, Salvador Bueno ha sido un creador eficiente en su rea de trabajo: el ensayo y la crtica literarios, que ha cultivado con profusin. Ha sido adems un periodista cultural muy destacado, con numerossimos artculos […], reseas, comentarios crticos, [crnicas] y notas divulgativas publicados extensamente en revistas y peridicos cubanos, espaoles, mexicanos, estadounidenses y de muchos otros pases de Europa y Amrica.10De acuerdo con Lpez Lemus, la funcin desempeada por Salvador Bueno en el contexto crtico-literario iberoamericano “[…] es servir [al otro ], ser til, trabajar en silencio en las reas de estudio para las que se siente mejor dotado […]”,11 razn por la cual “[…] se le ha asignado el calificativo de ‘divulgador’, como si con ello se rebajase su condicin de ser uno de los principales crticos e historiadores literarios [de todas las pocas y de todos los tiempos] […]”.12 Sin duda alguna, quienes piensan que Salvador Bueno es slo un “buen divul gador cultural” no conocen la vida y la obra de uno de los primeros cubanos que obtuvo la categora cientfica de Doctor en Ciencias Filolgicas, la cual defendi en una universidad este-europea cuando ya “[…] era un intelectual prominente, reconocido en el medio profesoral y profesional de las letras y el periodismo patrio”.13La fuente intelectual y espiritual de la cual bebi durante su juventud el que fuera asesor literario de la centenaria Biblioteca Nacional Jos Mart habra que buscarla en la prosa del doctor

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193Medardo Vitier (1886-1960),14 a quien l percibe como paradigma (y sin duda alguna lo es), y tambin en los escritores espaoles que integraron la emblemtica Generacin del 98.15No obstante todo lo que pudiera argumentarse sobre la excelencia del doctor Salvador Bueno como intelectual y como persona, y que, por su magnitud, no podra resumirse en un modesto artculo periodstico, el crtico que siempre fue nos deja como legado una leccin magistral de tica, humanismo y espiritualidad: La misin de un crtico es –ante todo y por encima de todo– transmitirle al receptor un mensaje claro y preciso; ser honesto consigo mismo y con el otro o no yo … cuando lo que escribe es expresin genuina de su forma de pensar y sentir el hecho artstico-cultural que valora desde una ptica objetivo-subjetiva, sin transgredir los principios ticohumanistas sobre los cuales se estructura el ejercicio del criterio y el periodismo cultural. Para el colega Salvador Bueno, los periodistas que ejercen la crtica artstico-literaria deben “[…] ser muy sensibles y tolerantes […]. No obstante, y esto es quizs un defecto, yo no escribo de lo que no me gusta. Cuando algo definitivamente no me gusta, lo que hago es callarme la boca”.16 Para m, esa “confesin” es la mejor clase de tica periodstica que un profesional de la prensa puede recibir… no importa dnde ni cundo. De crticos de la extirpe del doctor Salvador Bueno, Mart escribi: “Fue un gran crtico; apunt y dio en el blanco”.17Notas1 Bueno, Salvador. Historia de la Literatura Cubana / 2 ed. La Habana: Editorial Minerva, 1954.2 Instituto de Literatura y Lingstica de la Academia de Ciencias de Cuba. Diccionario de la Literatura Cubana. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1984: t. 1, pp. 158-159.3 Ibdem .4 Ibdem .5 Batlle, Jorge Sergio. Jos Mart: aforismos. La Habana: Centro de Estudios Martianos, 2004. p. 87.6 Varela, Flix. Obras / Comp. Eduardo TorresCuevas, Jorge Ibarra Cuesta y Mercedes Garca Rodrguez. La Habana: Editorial Cultura Popular, 1997. 3 t.7 Dueas Becerra, Jess. Varela: psiclogo precursor. Revista Cubana de Psicologa (La Habana) 15(3):186-90; 1998.8 Gonzlez Serra, Diego. Mart y la ciencia del espritu. La Habana: Editorial Si-Mar, 1999.9 Conversacin telefnica con el doctor Salvador Bueno realizada en La Habana, 1997.10 Lpez Lemus, Virgilio. Salvador Bueno y la literatura cubana. Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart (La Habana) 95(1-2):103; 2004.11 Ibdem, p. 105.12 Ibdem .13 Ibdem, p. 103.14 Instituto de Literatura y Lingstica… Op. cit. (2). t. 2, pp. 1108-1110.15 Nrido, Yuris. El trabajo gustoso no es trabajo. Trabajadores (La Habana) 32(7):6; 2002. Entrevista al profesor, periodista e investigador Salvador Bueno.16 Ibdem.17 Batlle, J. S. Op. cit. (5). p. 88.

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194 Evocacin del Zarapico Mercedes Santos MorayPoetisa, novelista y ensayista S e me hace muy difcil hablar en pasado de Samuel Feijo, evocar desde la sombra a un ser travieso como los duendes, de incansable vitalidad. Sin embargo, as es, han transcurrido quince aos de la muerte de este hombre que no slo dej la huella personal de su escritura, sino esa pasin arrolladora, y tan suya, que lo convirti en una proeza viva, en un personaje que muy bien podramos encontrar en cualquier espacio rural o urbano de nuestro archipilago. Recuerdo las ltimas noticias que recib de Samuel, gracias a su devota y leal Cleva Sols, esa poetisa y pintora que fue una de las dos musas del grupo Orgenes, y que desde el cultivo profundo de la amistad verdadera, le dio el amor y el cuidado desde la sustancia cristiana de su existencia, como tributos reales, y no ficticios, del querer, espacio materializado en obras y que muy bien cumpla la mxima latina: Facta non verbum. Muy enfermo, con las heridas de la edad y la salud quebrada, reciba entonces la atencin de aquella mujer, breve y gentil, siempre acogedora que, cuando viene a mi memoria, llega nerviosa e intranquila, deseosa de llegar pronto a su casa para ver cmo estaba Samuel, en aquellos terribles aos iniciales del llamado Perodo Especial. Ahora, que tanto se habla de las revistas culturales, asidero indispensable para la cultura y para la actualizacin del pensamiento y de la imaginacin humanas, debemos recordar la laboriosida huella de Feijo desde la Universidad Central de Las Villas, y los signos de su Signos virtual enciclop edia del folklore, expresin voluntariosa, ms all de las dificultades y de las incomprensiones, de aquel singular antroplogo y etnlogo cubano. Uno de los ms agudos crticos latinoamericanos, Max Henrquez Urea, nos dio la ms justa e integral valoracin de este cubano universal: “Feijo es un espritu inquieto, capaz de faenas mltiples. Ha desentraado del folklore esencias autctonas y ha comunicado en formas diversas su emocin del paisaje cubano. Ya en verso, ya en prosa y a veces en prosa potica, su obra est difundida en multitud de folletos y libros que es preciso clasificar cuidadosamente para apreciar las distintas direcciones de su labor creadora. l mismo ha sealado, en esa labor, dos principales divisiones: una, la poesa interior; otra, la que llama “lnea vegetal cubana”. Personaje l mismo ms dinmico que las propias criaturas nacidas de su corazn y de sus manos, bien merece Samuel Feijo que le rindamos homenaje, y hagamos un alto en las cotidianas presiones de la vida, para evocar su amor a la cultura y a las letras cubanas, de las que fue un legtimo y muy trabajador protagonista, capaz de superar cualquier retrato por fiel que este fuese, dado ese invencionero afn suyo de jugar a la incertidumbre. Cienfueguero por haber nacido el 31 de marzo de 1914 en San Juan de los

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195Yeras, hoy provincia de Cienfuegos, fue como tantos escritores cubanos, esencialmente autodidacta, y as se expres su genio, tanto en las letras como en la plstica. “Nac en el campo, en un pequeo pueblo de calles de tierra, y me cri entre lomas, caaverales, guayabales, jiras camperas, gallos, caracoles de monte, arroyos, pesqueras y trovadores del punto cubano”, afirmaba para que nosotros recordsemos sus orgenes. Cuando le conoc, en los camerinos de un teatro, el de nuestro Guiol, junto al teatrista Armando Morales, Feijo intent sonrojarme con sus mltiples piruetas verbales, y despus, con cierto sentido de la mesura, ms inusitado en su desbordada especie, tuvo lstima de mi adolescencia, mientras se interesaba por lo que haca y por cunto aspiraba a ser, con un desdoblamiento que me revelaba otra arista de su persona, la del maestro. All, sencillo, como si hubiese saltado de la hamaca, al comienzo del crepsculo, estaba el autor de aquel clsico de nuestra narrativa, pcaro como su progenitor literario, que fue Juan Quinqun, el mismo que se traslad al cine gracias al talento de Julio Garca Espinosa y en el que latan muchas de las virtudes y tambin los yerros del Zaparico. As conoc al poeta, al novelista, al investigador del folklore, al editor que dirigi aquel espacio increble que fue la Editorial de la Universidad Central de Las Villas, y revistas como Islas, as como el Departamento de Estudios Folklricos de aquella institucin acadmica a la cual acced, aos ms tarde, cuando un grupo de jvenes escritores y artistas nos reunimos en el terruo de Marta Abreu con la esperanza, ms bien alucinada y errtica que posible, de cambiar al mundo como si pudiramos emular con el clebre Zarapico que, como si fuera un personaje cervantino, poda batirse con los molinos de vientos sobre los campos de la Mancha, mientras de su lad brotaban madrigales para las mozas como Aldonza Lorenzo, perdn, como Dulcinea del Toboso. Porque Samuel fue adems un amoroso enamorado del amor, y de la mujer cubana, que tradujo a diversos medios entre sonetos, dcimas, romances, refranes, leyendas y mitos, los cuales le permitan convertirse en gije por nuestros campos. En su amplia papelera, recordemos tambin que no fue menor su presencia en la prensa cubana, como lo prueban las hemerotecas, y las ediciones de revistas como Orgenes, Carteles, Bohemia, entre otras, as como en el diarismo, espacio testimonial no slo para el poeta y el narrador, sino y sobre todo, para el incansable promotor cultural que fue Samuel Feijo.

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196 DOCUMENTOS RAROSQ uizs pudiera parecer una rareza o una extravagancia que un cubano publicara un libro en latn, lo que supone la existencia de lectores en esa lengua. Sin embargo, no fue –claro est– una excepcin. Sera necesario entonces recordar que al igual que en otras partes del mundo, el latn fue desde la colonizacin de la isla por los espaoles, no slo el idioma oficial de la Iglesia y su liturgia, sino el empleado con preferencia sobre el espaol en la enseanza acadmica erudita y en el aprendizaje. Era, pues, el ncleo de la “segunda enseanza” –inexistente an y slo reconocida como tal hacia mediados del siglo XIX–, ya que sin su dominio no se poda acceder a los estudios superiores ni a la bibliografa cientfica y profesional bsica. Esto explica que fueran muchos los que en nuestro pas –y fuera de l– poseyeran la lengua de los antiguos romanos y la emplearan en forma oral, escrita, o combinadamente en su vida profesional. Juan de Archaga y Casas, nacido en La Habana en 1637 y fallecido en Mxico en 1688, segn Max Henrquez Urea,1 o 1695, de acuerdo con el Diccionario de la literatura cubana,2 es uno de estos casos representativos. Hijo legtimo del capitn espaol, tesorero y juez oficial de la Real Hacienda, de igual nombre,3 y de la cubana Manuela de Casas de Inestrosa (Cabeza de Vaca incorrectamente en Prez Beato),4 despus de cursar las primeras letras en Cuba, se fue a Espaa en 1650 con trece aos de edad para realizar estudios en la Universi dad de Salamanca, adonde lleg finalmente despus de haber sido robado por un pirata. All, de acuerdo con los documentos de su Archivo Histrico, se gradu de bachiller en Cnones en abril de 1657; en Leyes el 2 de diciembre de 1659, y de licenciado en estos estudios en 1662, mediante dispensa de un ao de pasanta otorgada el 16 de mayo del corriente. Asimismo, aparece como doctor en Leyes el 22 de mayo de 1662.5 Segn Francisco Calcagno, a partir de ese momento el rector lo nombr lector y sustituto de la Ctedra de Institucin, y poco despus de la de Vsperas de Leyes y en ambas prest servicios hasta 1670. Ese ao Juan de Archaga y Casas, primer cubano que public un libro en latn Amaury B. Carbn SierraProfesor de la Universidad de La Habana

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197fue uno de los opositores a la ctedra de Instituta ms antigua, por ascenso que hizo a la de Cdigo ms antiguo el doctor Garca Dvila, y habiendo obtenido xito favorable, la ocup el 9 de febrero de 1671.6 No consta la fecha en que abandon la pennsula, pero pudiera haber sido esta ltima, pues a partir de ese ao no se han encontrado all nuevos datos suyos ni se le registra en el “Catlogo de los catedrticos, maestros, doctores y rectores que ha tenido la Universidad desde el curso 1546 al 47 que es el libro ms antiguo que se conserba [sic] de matrcula”. En su brillante carrera profesional y poltica, desempe adems, entre otros cargos y comisiones importantes en el orden poltico e institucional, el de gobernador de Yucatn (1679), el de oidor y luego decano y presidente de la Sala de la Real Audiencia de Mxico (1682), y el de juez conservador del estado de Hernn Corts. En La Habana, su patria, fund con sus bienes y los de cinco hermanas residentes aqu, tres doncellas y dos viudas, el monasterio de religiosas dominicas de Santa Catalina de Siena (1688?),7 aunque no consta que haya visitado la isla a ese fin. La Real Cdula que declar el permiso se dict el 2 de agosto de 1684. Con esta accin piadosa tal vez quiso Archaga lavar las faltas de su padre como funcionario pblico, fallecido antes de que se dictara sentencia en su contra por delito de fraude.8El habanero Juan de Archaga y Casas parece haber sido el autor del primer libro, publicado en latn o al menos editado en esa lengua por un cubano. As lo considera el bibligrafo Carlos M. Trelles,9 y hasta ahora ningn nuevo hallazgo lo niega. Fue, sin embargo, el historiador Jos Martn Flix de Arrate (1701-1765), quien en su Llave del Nuevo Mundo, antemural de las Indias Occidentales escrita un siglo despus, ofrece como ttulo de la primera obra del jurisconsulto el de Arechaga Commentaria juris civilis (1662), de donde han tomado el dato otros estudiosos, entre ellos, Francisco Calcagno10 y el propio Trelles.11 Quizs se tratara de sus tesis de Licenciado y Doctor, defendidas ese ao. No obstante, dada la bsqueda infructuosa en la Biblioteca y en el Archivo de la Universidad de Salamanca, en la Biblioteca Nacional de Madrid, y en otras bibliotecas y archivos cubanos y espaoles, suponemos, aunque sin ninguna certeza y muchas dudas pero para partir de un hecho probado, que su primer libro, al menos como editor, haya sido Extemporaneae commentationes ad Textus sorte oblatos pro petitionibus Cathedrarum Academiae Salmanticensis. Salmanticae, apud Josephum Gomez de los Cubos, 1666, en 4, 107 p. (Disertaciones improvisadas sobre temas sacados a la suerte con motivo de Ctedras en la Universidad Salmantina), que s se encuentra en la Universidad de Salamanca y se consigna en los catlogos bibliogrficos europeos consultados. Consta de cuatro disertaciones fechadas en 1662, 1663, 1664, y 1665, que quizs contienen la mencionada por Arrate. Sea cual fuere su primer libro, nadie puede disputarle la primaca, pues la cuestin sera slo de ttulo: este o uno de los citados. Pero “como las obras de aquel son para nosotros monumentos

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198venera bles”,12 nos place consignar que el nico ejemplar de esta obra existente en Cuba fue donado en microfilm a la Universidad de La Habana en 1996 por el director del Archivo Histrico de la Universidad de Salamanca, don Severiano Hernndez Vicente, quien personalmente realiz la bsqueda de los principales documentos relacionados con Archaga e hizo la transcripcin para ponerla en nuestras manos. Uno de ellos, lo constituye un dato curioso, la caracterizacin fsica del estudiante que haca el secretario, por desconocerse an la reproduccin fotogrfica: “Don Juan de Arechaga natural de la Abana de edad de diecisiete aos Moreno cejisjunto y cejas negras un lunarcillo devajo de la barba al lado izquierdo pasahabil a Canones en 1 de octubre de 1654. Don Martin Gimenez [...]”.13Lamentablemente, con la consideracin hecha arriba, no queda resuelto el problema de las publicaciones de Archaga. El propio Arrate, quien cita la obra de 1662 sin aadir datos complementarios, menciona tambin otras disertaciones impresas en el mismo ao 1666 y en la misma imprenta que el ttulo anterior: Extemporaneae commentationes ad quod autem in Instit. de capite minutis. Esta es, por otra parte, la nica obra de Archaga que cita Nicols Antonio en su Biblioteca Hispana Nova (Roma, 1672, t. 1, p. 638), a la cual, basndose en Arrate, se refiere Calcagno como otra publicacin del cubano, lo que puede hacer pensar que se tratara de un folleto como pudo ser el de 1662, si realmente existi, o lo menos probable, de otro libro del que no se conserva ningn ejemplar. Por otra parte, hemos comparado las proposiciones de las dos Extemporaneae y solamente una se aproxima en el ttulo. Habr que continuar esta indagacin centenaria hasta poder llegar a una conclusin definitiva o ms satisfactoria sobre las obras de Archaga, algo que a estas alturas parece sumamente difcil. He aqu la ficha del libro del cubano: A tinta: Bibliotheca Collegis Regalis Salmantin. Societ. Jesus Imoreso: Doctoris D. Ioannis de Arechaga et Cassas i.c. Havanensis et in Inclyta Salmanticensium Schola Juris Civilis Professoris Extemporaneae commentationes ad textus forte oblatos pro petitionibus Cathedrarum Dicatae Excelmo. Principi D.D. Gaspari de Bracamonte: Comiti de Pearanda Regni Gobernatori Supremi Imdiarum Senatus Praesidi, &c. CVM Di Chancellarii permissu Salmanticae Apud Josephum Gomez de los Cubos Anno Di 1666. [107 p.] Archaga fue tambin uno de nuestros primeros poetas. Su bibliografa activa incluye el Epigramma in obitum Philipppi IV, Magni Hispaniarum, & Indiarum Regis (Epigrama a la muerte de Felipe IV, Rey de Espaa y de las Indias), escrito por encargo y publicado por el maestro fray Francisco Roys o Roix en Pyra real que erigi la Universidad de Salamanca ... (Salamanca, febrero de 1666, pp. 308309). He aqu, por primera vez en Cuba, el poema en latn, escrito en dsticos elegacos y con perfecto dominio de la mtrica, as como su traduccin al espaol, probablemente la primera de ese texto:

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199Epygramma Tetrica terra gemit, singultit luctibus orbis. Nec elugendus funere casus erit. Flebilis Hesperia, Hispani ¡eheu! Solvite crines Ferali squalens pulvere ferte caput. Praestitit Hispani Maiestas nominis alta Haeredi imperium, nobile corpus humo Digno pro tumulo certant elemta Philippi Sed maior Princeps est, ut in his iaceat. Pantheon sarcophagus dives, adamantina moles Gazae artisque stupor, cunta’que mira simul, Relligione sacer, sublimis, maxima rerum Augustos cineres conteget. Haud capiet, Vix tanto Heroi superest condigna quieti Urna Hispanorum pectora busta manent. Epigrama La tierra gime sombra, solloza el mundo de dolor Y no habr otro acontecimiento mortuorio tan digno de ser llorado. Llorosa est Espaa, ¡ay!, espaoles, desatad los cabellos en prueba de luto, llevad la cabeza al aire libre, al descubierto. La alta majestad del pueblo espaol otorga el reino al sucesor Y entrega a la tierra el noble cuerpo. Se disputan los restos de Felipe un digno tmulo Pero es ms grande el prncipe, aunque en ellos descanse. Como su panten, un rico sarcfago, duro como el acero, Fascinante por su riqueza y por su arte, y al mismo tiempo admirable por todo. Consagrado por su religin, sublime, Grandioso, guardar las augustas cenizas. No acoger totalmente a tan gran hroe, Sobrevive apenas una condigna urna de paz: Los pechos de los espaoles permanecen como su sepulcro. Digamos, finalmente, que el eminentsimo cardenal Jos Senz de Aguirre hizo un elogio de Archaga, su maestro, en el libro Ludi Salmanticenses sive Theologia florentula (Salamanca, 1668), y fray Martn del Castillo le dedic su obra Tractatus panegiricus de Sanctissima Maria domina nostra in Debbora et Jahele Genuae, Joannis Salvatoris Prez, 1690, aparte de otras referencias ya recogidas o consultadas, lo que constituye una prueba ms de la significacin intelectual del famoso jurisconsulto, uno de los primeros autores neolatinos cubanos, y el primero en dar a la luz un libro en latn.

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200Notas1 Max Henrquez Urea. Panorama histrico de la literatura cubana La Habana: Ediciones R, 1967. t. 1, p. 52.2 Instituto de Literatura y Lingstica de la ACC. Diccionario de la literatura cubana. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1980. t. 1, p. 69.3 “[...] el dicho don Juan, padre del pretendiente, hera natural y originario de la villa de Escoriaza en la provincia de Guipuscoa, y que era hijo lejtimo de Juan de Arechaga y doa Simona de Celaya y Arana, naturales de dicha villa de Escoriaza”. AUS, Grados, L 787.4 La rectificacin se basa en el “Claustro de Cancelario, constancia de nobleza, dicesis de Cuba (f. 121, v), AUS, Grados, L 787: “[...] y que la dicha Manuela de Casas hera hija lejitima de Melchor de Casas y doa Juana de Inestrosa, naturales de Maruella, en los reinos de Castilla, en el obispado de Malaga”.5 AUS, Grados, L. 787 y AUSA, Folio 2 vuelto, Registro de Matrculas, L-370.6 Calcagno, Francisco. Jurisconsultos cubanos. Revista de Cuba (La Habana) 2:154; 1877.7 Le Riverend, Julio. Notas para una bibliografa cubana de los siglos XVII y XVIII. Universidad de La Habana (88-90):136; en.-jun. 1950.8 Haba falseado una cifra de ingreso de esclavos con fines lucrativos. Cf. “La ilustre casa de los Archaga”, en Un recuerdo de La Habana del siglo XVII de Juan Luis Martn (Archivo Nacional, Donativos y Remisiones, caja 362, N de orden 13). Las hermanas solteras de Juan de Archaga: Ana, Francisca y Teresa, profesaron despus con los nombres de Mara de la Ascensin, Mara de la Purificacin y Mara de Jess Nazareno, respectivamente. A la muerte de Ana, en 1714, el cubano Jos Bullones public su “Sermn funeral que en las honras de la Vener. Madre Mara de la Ascensin, fundadora y primera prelada del monasterio de Santa Catalina de Siena...” (C.M. de la Biblioteca Nacional Jos Mart). Sobre el convento, ver: Weiss, Joaqun E. Arquitectura colonial cubana, siglos XVI-XVII La Habana: Editorial Arte y Literatura, 1972. pp. 132-133.9 Trelles, Carlos M. Bibliografa cubana de los siglos XVII y XVIII / 2 ed. La Habana: Imprenta del Ejrcito, 1927. p. 2, nota 1.10 Calcagno, Francisco. Diccionario biogrfico cubano Nueva York: Imprenta de Nstor Ponce de Len, 1878. p. 61.11 Op. cit. (8).12 Calcagno, F. Op. cit. (6). p. 55.13 AUSA, 552, F. 838. La fotografa fue descubierta en 1829 por Niepce y Daguerre.

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201 LIBROSS uele ceirse y tambin reducirse el concepto de cultura a las artes y las letras, as se olvida la Historia, ese reservorio natural de la memoria, testimonio de la especie humana en su dilogo con el universo. De ah la significacin que alcanza la publicacin por la Editorial Argos, de Santo Domingo, en la Repblica Dominicana del libro Casados con la verdad de la periodista cubana Mercedes Alonso Romero en el que se renen numerosas entrevistas, realizadas por la autora, en distintos perodos de su profesin, a prestigiosas y reconocidas figuras de nuestra cultura, Premios Nacionales de Historia, de Ciencias Sociales, laureados con diversos galardones, como el Premio Casa de las Amricas y los de la Crtica. Este cuaderno, enriquecido desde la grfica, con las imgenes de los entrevistados, realizadas por algunos de los ms destacados fotgrafos cubanos, como Ral Castillo, Jos Oscar Castaeda, Pablo Pildan, Gilberto Rabassa, Guillermo de Jess, J. L. Garcianda y Yamil Lage Acosta, es un tributo al pensamiento cubano contemporneo, expresin legtima de nuestra cultura, ya que estas mujeres y estos hombres retoman el legado fundacional del siglo XIX y se adentran en nuevas y complejas zonas de la reflexin y del anlisis de cuanto ha sucedido y sucede en nuestro pas. El ttulo del volumen brota de las palabras del primer entrevistado, el decano de los historiadores cubanos en activo, el maestro y obligado referente por su sapiencia y modestia Csar Garca del Pino, laborioso e infatigable que se confiesa, desde su especialidad y por su tica, “un individuo casado con la verdad”, como condicin sine qua non de quien se entrega a la Historia. Tambin merece destacarse el espacio dedicado a “los que ya no estn”, entre los cuales se encuentran figuras mayores de nuestra cultura, como Hortensia Pichardo, Jos Luciano Franco, Jos Antonio Portuondo, Sergio Aguirre, la escultora Jilma Madera, cuya presencia en este homenaje se valida desde el Mart del Turquino, y Francisco Prez Guzmn a quien se dedica el libro, sensibles prdidas que sin embargo nos dejaron la riqueza de sus obras, homenaje per se del hombre sobre la vida. Varias mujeres se incluyen en este libro, amn de la maestra de maestros que fue la Pichardo, y de la propia Jilma, Nada hay tan bello como la esperanza Mercedes Santos MorayPoetisa, novelista y ensayista

PAGE 203

202como Nydia Sarabia, urea Matilde Fernndez Muiz, Olga Portuondo Ziga y Mara del Carmen Barcia, expresin de la presencia femenina dentro del horizonte de las Ciencias Histricas en Cuba que califican por su autorizada incidencia desde el claustro y la Academia, desde el periodismo al ejercicio intelectual con diferentes aportes a nuestra cultura, que inciden adems en el enriquecimiento de la propia ciencia, con esa perspectiva de lucidez no exenta de lirismo, el cual permite aprehender hasta el detalle y, sobre todo, dimensionar espacios subjetivos de cuanto acontece por la mano humana, en pos de un testimonio que no silencie a nadie, ni invisibilice circunstancias y seres, desde la Cuba profunda hasta los escenarios hispnicos siempre relacionados con nuestra historia como nacin y nacionalidad. Voces y experiencias como las de Jos Cantn Navarro, Jorge Ibarra, Oscar Zanetti, Eduardo Torres Cuevas y Eusebio Leal se renen aqu, desde la singularidad de cada uno, en este texto que cuenta a manera de prlogo con las reflexiones de un joven de las ltimas promociones de los historiadores, como Yoel Cordov, todos los que subrayan el sentido de pertenencia y de responsabilidad moral y social de los que se dedican a esta profesin y vencen dogmas, prejuicios, ignorancia, desinformacin y esquemas a priori en pos de una mirada en verdad signada no slo por la cientificidad de su labor, sino por el compromiso tico de quienes la realizan. Eusebio Leal destaca: “La cultura es la verdadera clave interpretativa. Adems, hay para millones de seres humanos una profeca de perennidad y resurreccin que no acaba. No hay nada tan bello como la esperanza”. Mientras, Eduardo Torres Cuevas se declara deudor de los maestros del pensamiento histrico y social en Cuba, quienes supieron no slo darnos lecciones de principios cientficos e ideolgicos, sino que subrayaron la necesidad comunicacional de una escritura de la Historia que pudiese llegar a todos, como va de enseanza y de crecimiento, legado asumido por l desde el magisterio de Jos de la Luz y Caballero, y reconoce en Flix Varela y en Jos Mart. Como Mara del Carmen Barcia, natural, aguda y sensible, quien resume su profesin, la que ha ejercido durante varias dcadas desde las aulas de la Universidad de La Habana y ha volcado en sus libros, al situar la funcin formativa de una vocacin: “Ensear a pensar ha sido para m una divisa”.

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203 Vergenza contra dinero Marta B. ArmenterosEditora U n libro acaba de aparecer en la capital de Cuba con motivo del centenario del nacimiento de Eduardo Ren Chibs Ribas: Vergenza contra dinero, de Ramn Rodrguez Salgado (La Habana, Editora Poltica, 2007) que, adems de la “Nota de presentacin”, est conformado por dos partes: la primera, bajo el ttulo general de “Partido, doctrina y accin”, consta de cuatro captulos: I) “La formacin del Partido Ortodoxo” comienza con la llegada al poder del Partido Revolucionario Cubano (Autntico) y de Ramn Grau San Martn a la presidencia del pas. Este hecho aparece bajo el subttulo “La Jornada Gloriosa de 1944: apertura de la era autntica”, donde se presenta la situacin del pas y el inicio de las decepciones del pueblo, lo cual aparece en “La frustracin nacional”, acpite en el cual Chibs denuncia los desmanes del gobierno y el gangsterismo existente en la poca, realidad enfrentada por l con su habitual fortaleza. Las esferas gubernamentales en 1945 intentan realizar un cambio en la Constitucin que conllevara a la prrroga de poderes del presidente, y a esto se opone el adalid con su caracterstico mpetu; dicha problem tica est reflejada en “Reeleccionismo y fisura en las filas del PRC (A)”. En “La irrupcin de la ‘guerra fra’: un nuevo elemento”, muestra las luchas obreras y la poltica de los Estados Unidos en cuanto a sus relaciones internacionales y su influencia en Cuba. “Nacimiento y estructuracin del Partido de Chibs” presenta la crisis poltica del pas, la que conlleva a que el lder y un grupo de autnticos decidieran formar el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), presidido por l. II) Este captulo, titulado “Los fundamentos ideolgicos”, se inicia con “Anlisis sumario del Programa” donde se analiza el texto del Programa Doctrinal del Partido Ortodoxo. En “La lnea de la independencia poltica o antipactismo”, el autor estudia la posicin del ortodoxismo en cuanto a las coaliciones poltico-partidistas en la lucha por el poder. Un aspecto importante se trata en “La Tesis Programtica de la Juventud Ortodoxa”, aparecida en el documento El pensamiento ideolgico y poltico de la juventud cubana. Tesis de la Comisin Nacional Organizadora de la Seccin Juvenil del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), en el que se expone la teora poltica de la nueva generacin. III) “Los inicios de la lucha” es el captulo cuya primera seccin es “La mano imperialista en el sector azucarero”, en l se muestra el apoyo de Chibs al diferencial azucarero conquistado por los trabajadores del ramo, encabezados por Jess Menndez, logro que el gobierno de los Estados Unidos quera eliminar. En “Las elecciones generales de 1948” se seala la situacin poltica del pas en esos momentos; en dicho proceso electoral sali elegido Carlos Pro Socarrs por el Partido

PAGE 205

204Revolucionario Cubano (Autntico), mientras Eduardo Chibs recibe el tercer lugar en la votacin. “El nuevo inquilino de Palacio” da a conocer la posicin poltica del gobierno de Pro en sus primeros tiempos y el enfrentamiento del lder ante los desmanes que se cometan. El subttulo “La lucha de Chibs por la nacionalizacin de los servicios pblicos” presenta el punto de vista del lder en relacin con los monopolios extranjeros, en particular la Compaa “Anticubana” de Electricidad y la Cuban Telephone Company. IV) “El afianzamiento del chibasismo” se inicia con “El emprstito de la desvergenza”, o sea, el que el gobierno de Pro pretenda concer tar con el Chase National Bank de Nueva York; Chibs con sus prdicas demuestra su significado nefasto para el pas, pues lo endeudara por tiempo indefinido. En el siguiente acpite, “La Causa 82, los Nuevos Rumbos y el Decreto 2273”, se precisa, en primer lugar, sobre la acusacin impuesta por el senador Pelayo Cuervo contra el ex presidente Ramn Grau San Martn y un grupo de sus colaboradores ante el Tribunal Supremo de Justicia por el delito de malversacin. Tambin expone la falsa poltica de los Nuevos Rumbos proclamada por Pro, en la cual este propone terminar con la corrupcin administrativa y el nepotismo heredados del gobierno de Grau. Asimismo, desarrolla la posicin de Chibs ante estos hechos y el llamado por l “Decreto Mordaza”, que aprueba el acoso y la vigilancia contra quienes estaban en contra del gobierno. “Ms inmoralidad, y las revelaciones de los surveys” analiza el enfoque de Chibs y de los sectores de la oposicin acerca de los primeros dos aos del gobierno de Grau, y los sondeos realizados en el pueblo, que pronosticaban el futuro triunfo ortodoxo en las elecciones. La segunda parte del libro, “Acoso, sacrificio y legado”, consta tambin de cuatro captulos: V) Titulado “Acoso, sacrificio y legado” tiene como primera seccin “Una historia poco conocida”, donde el autor se refiere a la denuncia hecha por Chibs sobre la presencia de mafiosos norteamericanos en Cuba, como Lucky Luciano y Meyer Lansky, que controlaban el trfico ilegal de drogas, el juego y la prostitucin en el pas. “Qu hacer con Eduardo Chibs?” trata de la imputacin hecha por el lder de la inversin de capitales del rgimen por parte de algunos cubanos en los Estados Unidos y los depsitos bancarios que efectan en ese pas en contra del bienestar econmico de Cuba. Ante todas sus acusaciones y la probable eleccin de Chibs como presidente, se produce una conjura entre el gobierno, la mafia y la oligarqua cubana, entre otros, en la cual se planteaban tres variantes expuestas en este segmento del libro. VI) “El ltimo combate” comienza con el subttulo “La conjura en marcha”, y explica cmo el ministro de Educacin Aureliano Snchez Arango se convierte en la punta de lanza de la conspiracin contra Chibs para desprestigiar su perspectiva poltica, comenzando as la famosa polmica donde este acusa al ministro de que tanto l como otros integrantes del gobierno cometen diversos desmanes. Contina el captulo con “Las pruebas que no pudieron ser exhibidas”, donde se demuestra la firmeza

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205de la posicin de Chibs ante sus denuncias de corrupcin, pero al no poder presentar pruebas concluyentes, esto provoc que perdiera parte del apoyo de sus correligionarios. VII) “El aldabonazo de la inmolacin” se titula este captulo, cuyo primer epgrafe es “El drama y metfora de un disparo”, y en l son narrados los momentos anteriores a que se realizara el disparo; aparecen adems opiniones de algunas personalidades sobre el hecho. En “La apoteosis del martirio” se describe el tiempo transcurrido entre el intento de suicidio y la muerte del lder. En el siguiente subttulo, “La continuacin de la obra”, se explica cmo a pesar de que un grupo de seguidores de Chibs contina sus preceptos, entre ellos el joven Fidel Castro Ruz, otros provocan la fragmentacin dentro del Partido. “El regreso de los coroneles” aborda el golpe de Estado provocado por Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952 y sus consecuencias para el pas. VIII) El ltimo captulo, denominado “La fructificacin de la semilla”, es comenzado con “La confirmacin del lder necesario”, donde el autor demuestra el papel jugado por Chibs y su importancia ante la cruda realidad que representaba el gobierno golpista de Batista. Termina esta parte del texto captulo con “La presencia de Chibs en el Moncada”, y se prueba la influencia del ideario chibasista en la generacin del centenario. A continuacin aparece un “Eplogo” con la opinin del autor sobre lo que implic la desaparicin de Eduardo Chibs para la sociedad cubana. Finaliza el volumen con una “Bibliografa” de los materiales consultados por el autor, quien desgraciadamente no pudo ver la publicacin de su libro, pero que no obstante, estar orgulloso de esta investigacin, importante para quienes deseen profundizar en la vida y obra de Eduardo Ren Chibs Ribas.

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206 J ulio Le Riverend Brusone (19121998) es uno de los prncipes de la historiografa cubana de la segunda mitad del siglo XX, y tal condicin quizs haga pensar que su nombre y su obra son bastante conocidos entre nosotros y no necesitan presentacin. Y esto es cierto si pensamos por ejemplo en sus grandes obras como La Habana: biografa de una provincia (1960) y su segunda edicin bajo el ttulo de La Habana: espacio y vida (1992). O en la contribucin realizada a los captulos econmicos de la obra colectiva Historia de la Nacin Cubana (diez volmenes, 1952), luego recogidos en libro aparte bajo el ttulo de Historia Econmica de Cuba (1971). Incluso en obras de menor volumen o dedicadas a la divulgacin, como son los casos de La Repblica: dependencia y revolucin (1966) o Breve historia de Cuba (1978), la maestra y la lucidez de Julio Le Riverend lo convierten en un clsico de la literatura histrica cubana y latinoamericana. Sin embargo, en este nuevo libro (pstumo) del doctor Le Riverend, con primor antologado y acuciosamente prologado por la profesora e investigadora Josefina Surez, el tema es uno de los menos conocidos y valorados dentro de la vasta produccin del autor, aunque paradjicamente resulta central en su pensamiento: la historia de las ideas antimperialistas en nuestra patria. Esta materia, que quizs hoy pudiera no parecer demasiado en boga dentro de las ciencias sociales, tiene un riqusimo legado en la cultura de las ideas emancipadoras y libertarias de la nacin cubana, y su trascendencia, por supuesto, super los ambientes acadmicos para convertirse en accin poltica y denuncia de la injerencia de los Estados Unidos en los asuntos cubanos durante la repblica burguesa neocolonial. El propio autor, desde su temprana militancia de izquierda en los partidos comunistas de Cuba y Francia, su lucha antimachadista que le vali la prisin y el exilio, su oposicin a la dictadura batistiana y su compromiso militante con la Revolucin cubana, a la que consagr buena parte de sus desvelos intelectuales e incluso el sacrificio de la obra personal, fue tambin un luchador antimperialista. En este sentido, su biografa da fe de que en Julio Le Riverend las palabras iban acompaadas de los actos, y que poda hablar con la autoridad del sabio y Julio Le Riverend y la historia del pensamiento antimperialista cubano Flix Julio Alfonso LpezHistoriador

PAGE 208

207el compromiso del hombre pblico sobre un tema tan sensible en la historia de Cuba como el de sus problemticas relaciones con el vecino del norte. Queda as demostrada su sagaz afirmacin de que “la historiografa es, en definitiva, un campo especfico de la poltica”. La originalidad y el mayor aporte realizado por Julio Le Riverend en estos trabajos, como demuestra Josefina en sus penetrantes e iluminadoras palabras introductorias, es haber dado cuenta de lo temprano que se forja en un grupo de intelectuales cubanos, desde los albores mismos de la repblica, una conciencia y un deber de poner al desnudo la verdadera naturaleza deletrea de la intervencin norteamericana en la historia reciente de Cuba. Peligro nefasto que ya haba denunciado con claridad el apstol Jos Mart en sus fulgurantes discursos y cartas, en propiedad el iniciador de esta corriente de pensamiento antimperialista. Radicales pensadores e historiadores como Enrique Collazo, autor del anticipador estudio Los americanos en Cuba (1905); Julio Csar Gandarilla, a cuya pluma se debe la apasionada prosa de Contra el yanqui (1913) y el gran Emilio Roig de Leuchsenring, cuya Historia de la Enmienda Platt (1935) constituye un monumento a la investigacin erudita en funcin de exponer la verdad histrica, desfilan por estos prlogos, artculos y ensayos de Le Riverend, escritos en diversos momentos y por circunstancias tambin diversas, pero que reunidos en un solo haz, nos devuelven el seoro y la reciedumbre de un pensamiento coherente en sus hiptesis principales, pero capaz de transmitir con audacia las interrogantes para nuevas investigaciones. Y no digo ms, pues no es deber de una resea el contar en detalle los contenidos de un libro, sino nicamente estimular en los lectores la necesidad de este acercamiento a un autor y a un asunto que conserva toda su vigencia, y transmitir la certeza de que su lectura les deparar un conocimiento que no debe ser desaprovechado. Si algo debo reprochar a este texto, por otro lado editado con sobriedad y ponderacin por un profesional avezado como Luis M. de las Traviesas –quien adems introduce una nota acerca de las relaciones de trabajo desempeadas por el autor con la Editorial de Ciencias Sociales–, es su lamentable diseo de cubierta, donde es difcil discernir el mensaje que nos quiere transmitir esa imagen borrosa y lo tenebroso del color hace arduo descifrar una parte del ttulo y hasta el nombre de la antologadora. No debemos descuidar esto, pues un libro, adems de una fuente de sabidura, debe constituir tambin un placer esttico, donde belleza e inteligencia anden de la mano. Quedan, pues, a disposicin de sus numerosos y renovados lectores, estas pginas rebosantes de cubana, escritas con una prosa limpia y fluida, despojada de cualquier artificio retrico o cientificista, y que la generosidad de Josefina Surez ha rescatado de fuentes publicsticas hoy de difcil acceso o de libros editados hace muchos aos, como una contribucin personal que ella tambin realiza, dentro de una lnea de investigacin que ha trabajado durante dcadas, al conocimiento y la difusin de las mejores tradiciones antimperialistas de nuestro pueblo.

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