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Revista de la Biblioteca Nacional

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Material Information

Title:
Revista de la Biblioteca Nacional
Added title page title:
Revista de la Biblioteca Nacional (Havana, Cuba)
Physical Description:
50 v. : ill. ; 26 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Biblioteca Nacional (Havana, Cuba)
Biblioteca Nacional José Martí
Publisher:
La Biblioteca
Place of Publication:
Habana, Cuba
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Bibliography -- Periodicals.
Cuban literature -- Bibliography -- Periodicals.
Cuba -- Bio-bibliography -- Periodicals.
Genre:
serial   ( sobekcm )

Notes

Citation/Reference:
Also, Biblioteca Nacional "José Martí". Revista de la Biblioteca Nacional "José Martí" (OCoLC)2454556
Bibliography:
Indexes: T. 1-4, 1949-53 with t.4.
General Note:
Title from cover.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All rights reserved by the holding and source institution.
Resource Identifier:
oclc - 2459262
System ID:
AA00019219:00023


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Full Text

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1 AO 98, No. 1-2, ENERO-JUNIO 2007ISSN 0006-1727 RNPS 0383DE LA BIBLIOTECA NACIONAL JOS MART

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2 Director anterior : Julio Le Riverend Brusone (19781993)Director: Eliades Acosta MatosConsejo de redaccin:Rafael Acosta de Arriba, Salvador Bueno Menndez, Ana Cairo Ballester, Toms Fernndez Robaina, Josefina Garca Carranza Bassetti, Zoila Lapique Becali, Enrique Lpez Mesa, Francisco Prez Guzmn, Siomara Snchez, Emilio Setin, Carmen Surez Len, Eduardo Torres CuevasJefa de redaccin: Araceli Garca Carranza BassettiEdicin y Composicin electrnica : Marta Beatriz Armenteros Toledo Idea original de diseo de cubierta: Luis J. GarznVersin de diseo de cubierta: Sergio Romero Valds Vietas: Rolando Vzquez HernndezCanje: Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart Plaza de la Revolucin Ciudad de La Habana Fax: 881 2428 / 33 5938 Email: revbnjm@bnjm.cu En Internet puede localizarnos: www.bnjm.cuPrimera poca 1909-1912Segunda poca 1949-1958Tercera poca 1959-1993Cuarta poca 1999La Revista no se considera obligada a devolver originales no solicitados. Cada autor se responsabiliza con sus opiniones. Ao 98 / Cuarta poca Enero-Junio, 2007 Nmero 1-2 Ciudad de La Habana ISSN 0006-1727 RNPS 0383

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3 ndice General UMBRALDespedida en el Umbral 7 ELIADES ACOSTA MATOSANIVERSARIOSRal Roa Garca (1907-2007) Los cien aos de Roa 9 RAL ROA KOURTestimonios16 ADA KOUR, CARLOS LECHUGA, SAMUEL FEIJ"O, RAL ROA GARCA, FEDERICO DE C"RDOVA CASTRO, JULIO LE RIVERENDRoa el delicado34 FINA GARCA MARRUZArdiendo pura43 CINTIO VITIER1907-2007. Ral Roa Garca: El rumor de la colmena44 JUAN NUIRY SNCHEZRal Roa evocando a Varona50 EUSEBIO LEAL SPENGLERAl camarada Ral Roa, que con su palabra nos leg el muser53 JULIO A. GARCA OLIVERASEl pensamiento revolucionario de Ral Roa63 LISANDRO OTERORoa y Ortiz, amigos74 ANA CAIROEl fecundo exilio de Ral Roa en los Estados Unidos79 CARMEN G"MEZ GARCARal Roa Garca: De Mart a Marx y Lenin. Reflexiones en su centenario89 JUANA ROSALES GARCARal Roa: una fuente histrica imprescindible 102 FRANCISCA L"PEZ CIVEIRARal Roa y las Misiones Culturales en Cuba 117 LEONEL MAZA Y LOURDES CASTELL"N

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4 Rosas para Roa126 MATILDE SALAS SERVANDOJuan Marinello Vidaurreta (1898-2007) Marinello y la repblica espaola131 CARIDAD MASS"N SENARevista de Avance (1927-2007) El “Manifiesto Avancista” de 1927. Pgina salvada144 ANA SUREZ DAZMEDITACIONESEl neolenguaje como estrategia de dominacin imperial154 ELIADES ACOSTA MATOSDulce Mara Loynaz, criatura de isla165 MARA DOLORES ORTIZEl general Alberto Nodarse Bacallao: breve estudio (en el 140 aniversario de su natalicio)170 PEDRO MNDEZ DAZCR"NICASFina Garca Marruz, premio Pablo Neruda178 MERCEDES SANTOS MORAYAraceli o de la Biblioteca181 CARMEN SUREZ LE"NDe maestro primario a profesor de la Universidad182 AMAURY B. CARB"N SIERRALa luz del museo193 MARIO A. PADILLA TORRESMart: ayer, hoy y siempre195 JESS DUEAS BECERRALa maestra de Zoila Lapique198 MERCEDES SANTOS MORAY Alegras y penas siempre unidas200 MARTA B. ARMENTEROS

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5 DOCUMENTOS RAROS Y VALIOSOSTraduccin del latn al espaol de la Oracin del presbtero don Santiago Comas202 AMAURY B. CARB"N SIERRALIBROSRoa director de Cultura: una poltica, una revista 207 JESS DUEAS BECERRA

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7 UMBRALDespedida en el Umbral Eliades Acosta MatosHistoriador, ensayista y narrador A fines de septiembre de 1997 llegu a la Biblioteca Nacional Jos Mart conociendo apenas a Fernando Ravelo que el da anterior, en nombre de la institucin, me haba recibido en el aeropuerto. Tena magnficas referencias, eso s, de investigadores de la talla de Araceli Garca-Carranza, Zoila Lapique y Juan Prez de la Riva, quienes haban alumbrado mis sueos provincianos con publicaciones esplndidas y referencias eruditas a una cultura nacional de la que nos enorgullecamos. Leyndolos fue que surgi en m la ambicin secreta de procurar algn da emularlos, siempre y cuando, pensaba, tuviese la oportunidad de trabajar en un lugar semejante. Fue entonces, inesperadamente, como suele ocurrir a la hora de concretar los sueos, que recib la propuesta de asumir la direccin de la Biblioteca Nacional Jos Mart. Han transcurrido diez aos, y por azares de la vida, me toca despedirme de esta institucin y de sus trabajadores. Me marcho sin haber podido ver realizados todos mis anhelos, entre ellos, emular con los escritos de Araceli, Zoila y Prez de la Riva, que continan imbatibles, para orgullo de los cubanos, entre los que me incluyo. No me fue dado ver concluido el proceso de automatizacin del catlogo, ni definitivamente salvadas para la posteridad sus excelentes colecciones. Probablemente me perder, en el 2009, el jubileo por el centenario de la Revista de la Biblioteca Nacional a la que tanto tiempo dedicamos, tras rescatarla de una etapa de silencio y oscuridad. Aunque hoy cueste trabajo entenderlo, su salida estuvo interrumpida durante casi una dcada. Pero junto a la lgica tristeza de la despedida, me enorgullece el haber compartido tantos momentos de creacin con un colectivo como el de la Biblioteca Nacional, y muy especialmente, con quienes se embarcaron en la empresa de traer de vuelta esta Revista, adaptndola a los requerimientos de los nuevos tiempos. Quede lo realizado a juicio de la posteridad. Spase que lo que pretendimos quienes asumimos la dura tarea de reflotar esta publicacin fue continuar su rica historia, aunque fuese modestamente. Nos pareca injusto y desleal no intentarlo. Y lo logramos. No tengo dudas de que la Revista ha venido para quedarse, y que nada ni nadie podrn impedir que siga llegando

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8a sus lectores dentro y fuera de Cuba. La leccin ha sido aprendida. Una cultura como la nuestra lo necesita y exige. No estarn a menos altura que nosotros quienes hoy asumen los destinos de la principal coleccin bibliogrfica del pas, y junto con ello, el deber de que su Revista mantenga su frecuencia de salida. Todos la estaremos esperando, y nos alegraremos al hojear sus pginas con la misma inocente alegra con que recibimos el muy delgado y humildsimo nmero que marcaba el retorno, all por 1998. Entonces nos pareci, y nos sigue pareciendo, un ejemplar luminoso, que no tena nada que envidiar a los de otras bibliotecas nacionales del primer mundo. Mi despedida de esta Revista ocurre cuando los nmeros del presente ao se dedican a dos figuras histricas fascinantes, cuyos centenarios del natalicio conmemoramos en el 2007: Ral Roa y Eduardo Chibs. Lamento extraordinariamente no haber podido escribir lo que mi admiracin por ambos exiga. Ya se sabe, las despedidas deben de ser cortas. Slo decir que si algn voto podra formular para el futuro de nuestra querida Revista de la Biblioteca Nacional es que tome como dioses tutelares a Roa y Chibs en el largo camino que le queda por delante, en los innumerables servicios que an prestar a nuestro pueblo y su cultura. Que la pasin revolucionaria y la original brillantez de Roa la alumbren por siempre y que la entereza rectilnea y el civismo de Chibs le marquen el camino a seguir. Es de buena educacin despedirse en el umbral. Comienza ahora la nostalgia y la leyenda. An no he partido y ya echo de menos a la Revista... Le deseo la mejor de las suertes.

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9 ANIVERSARIOS Ral Roa Garca (1907-2007) Los cien aos de Roa* Ral Roa KourDiplomtico C ien aos hace que Ral Roa exhal sus primeros gritos, de rebelda, pienso yo, por venir al mundo en la habanera calle de Carlos III cuando la repblica, ganada por los mambises en la manigua con el filo del machete, haba sido vendida y traicionado el mandato de Jos Mart. Hijo de un humilde y honrado empleado pblico, que vivi para servir a la Revolucin como asesor del ministro de Hacienda hasta los ochenta y un aos, cuando consider prudente jubilarse, y nieto de Ramn Roa, “hombre del 68”, poeta, escritor y soldado, que dej indeleble impronta en el nieto. Fue el abuelo mamb quien primero le inculc el amor a la patria, por Ignacio Agramonte, Mximo Gmez y Antonio Maceo, por los hroes de la “guerra grande” y de la gesta del 95, en sus paseos por la Vbora. Ms tarde, hall en la biblioteca de su to Jorge Roa y en la de Federico de Crdova, las obras de Flix Varela, Jos de la Luz y Caballero, Jos Antonio Saco y Jos Mart que, junto a los clsicos de la lengua, en particular El Quijote de Cervantes, habran de aguzar su apetito literario y acendrar su cubana. Sin olvidar a Salgari y a Verne, que incendiaron su imaginacin y poblaron sus sueos de feroces dayakos, prfidos colonialistas, y visiones submarinas, cuando no selnicas. Estudi bachillerato en la Academia “Champagnat”, de los Hermanos Maristas, pero aprovechaba cuanta oportunidad se le brindaba para futivarse de la escuela y subirse, albo-* El 18 de abril de 2007 se cumplen cien aos del nacimiento de Ral Roa.

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10rozado, al moroso tranva que conduca hasta el puerto, a la contemplacin exaltada de los buques fondeados o la salida, con todo el velamen desplegado, por el estrecho canal que vigilan los castillos del Morro y La Punta, de las goletas que hacan el cabotaje de la nsula, cargadas de mercancas. Ingres a la Universidad de La Habana a tiempo para escuchar “la palabra violenta y magntica” de Julio Antonio Mella. Bajo la poderosa influencia de Jos Ingenieros, haba iniciado este en 1923 el llamado movimiento de Reforma universitaria, “enderezado a la renovacin funcional, pedaggica y cientfica de la Universidad sobre una base democrtica, que entraaba la participacin del alumnado en su gobierno”. La ltima vez que le vio hablar, en el histrico Patio de los Laureles, fue el 26 de noviembre de 1925. Al da siguiente Mella sera arbitrariamente detenido y, como protesta, se declar en huelga de hambre que conmocion al estudiantado y a todo el pueblo. Rubn Martnez Villena fue su abogado; Gustavo Alderegua su mdico. Poco despus de ser puesto en libertad, amenazado de muerte por la dictadura machadista, tendra que exiliarse en Mxico. Desde aquella fecha memorable, en que sinti que el corazn “le lata a la izquierda del pecho”, Ral Roa escogi su camino, al lado de los estudiantes revolucionarios y de los trabajadores, “de los pobres de la tierra”. Las ideas de Mella, que no eran sino las de Marx, Engels y Lenin, pero tambin de Mart, cuyo profundo sentido revolucionario haba develado el joven lder, impactaron en la mente y la sensibilidad de Roa, que anud entraable amistad con Rubn Martnez Villena y engros las filas de la Universidad Popular Jos Mart, fundada por Mella, como profesor de Teoras sociales, figurando entre los primeros colaboradores de la revista antimperialista Amrica Libre Su primer proceso poltico data, precisamente, de 1925, cuando suscribi el manifiesto titulado “El monstruo asesina a Nicaragua”, con motivo de la intervencin norteamericana en ese pas y la heroica resistencia de Augusto Csar Sandino, el General de Hombres Libres. Fue, asimismo, uno de los dirigentes del vigoroso movimiento nacional de protesta contra la reforma constitucional que permita la reeleccin de Gerardo Machado por un perodo de seis aos. Fundador del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) de 1930, estuvo entre los principales organizadores de la jornada del 30 de septiembre, redactando su “Manifiesto al pueblo de Cuba”. Poco antes de aquella sonada tngana, en que por vez primera se mezclaran sangre estudiantil y sangre obrera, asesinado Rafael Trejo y heridos Isidro Figueroa y Pablo de la Torriente Brau, haba conocido Roa a este ltimo en el bufete de Fernando Ortz, enrolndole de inmediato para la accin del Directorio y anudando, segn l mismo dijo, “la amistad ms limpia, alegre y honda” de su vida. Como resultado de discrepancias surgidas respecto de las concepciones y tcticas del Directorio, cre con Pablo, Gabriel Barcel, Ladislao Gonzlez Carbajal, Aureliano Snchez Arango, Manuel Guillot y otros compaeros (algunos de los cuales “se fueron a bolina”

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11como la revolucin del treinta), el Ala Izquierda Estudiantil que propugnaba, junto al derrocamiento de Machado, la erradicacin de las causas que engendraron la repblica neocolonial, y la dominacin econmica y poltica del imperialismo yanqui. La tarde en que se discutira la separacin del grupo del Directorio, Roa fue capturado, con casi la totalidad de este, en casa del periodista Rafael Surez Sols, y estuvo recluido en el Castillo del Prncipe durante 105 das, etapa que recoge Pablo de la Torriente en clebre reportaje. Como muchos de sus compaeros, Roa sufri prisin en La Cabaa, la crcel de Nueva Gerona y el Presidio Modelo, donde permaneci incomunicado un ao y once meses. Al ser liberado, se incorpor al Comit Ejecutivo del Ala Izquierda Estudiantil, desde el cual combati la “mediacin”de Sumner Welles1 y particip en la organizacin y desarrollo de la huelga general que dio al traste con la dictadura. Fue el primer estudiante que entr en la Universidad de La Habana, el 12 de agosto de 1933, tomando posesin de ella. Esa maana, desde la emisora de radio del Hotel Palace, denunci con Jorge Quintana el golpe de Estado que fraguaron Welles y el ABC, y exhort al pueblo a apoderarse del poder. Con visin no exenta de sectarismo –error que reconocera ms tarde pblicamente– se opuso, con el resto de la izquierda, al gobierno presidido por Ramn Grau San Martn, apoyado por el DEU, al que la accin de Antonio Guiteras, como ministro de Gobernacin, dio una proyeccin nacional revolucionaria y antimperialista. Su artculo “Mongonato, efebocracia y mangoneo” tuvo un efecto demoledor en aquella circunstancia y, por errar el tiro entonces, slo vio la luz de nuevo en Bufa subversiva su primer libro, de 1935. Tras el fracaso de la huelga de marzo de ese ao, ltimo intento desesperado del pueblo por recuperar el destino traicionado de la revolucin del treinta y tres, Roa, quien haba participado en su organizacin, se vio forzado a abandonar el pas con Pablo de la Torriente, radicndose inicialmente en Nueva York, donde ambos fundaron, con el concurso de Alberto Saumell, Gustavo Alderegua, Carlos Martnez Snchez y otros, la Organizacin Revolucionaria Cubana Antimperialista (ORCA), cuyas siglas apenas ocultaban el destino que para ellos merecan los que nuevamente haban traicionado a la patria, y su rgano, el peridico Frente nico objetivo poltico por el cual trabajaron entonces con denuedo. Alderegua y Roa representaron a ORCA en la Conferencia de Frente nico, celebrada en Miami en 1936, conjuntamente con los representantes del Partido Revolucionario Cubano (Autntico), Joven Cuba, el Partido Comunista (PC), Izquierda Revolucionaria y la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), pero la intransigencia de Grau y la im posibilidad de lograr la aceptacin de bases comunes para la revolucin agraria, democrtica y antimperialista que preconizaban las organizaciones de izquierda, malograron el intento. En Tampa, a peticin de Jos Z. Tallet y Judith Martnez Villena, escribi su famoso introito, “Una semilla en un surco de fuego”, a La pupila in-

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12somne que recoga los poemas de Rubn. En esa pieza se revela, tambin, como uno de los renovadores de nuestra prosa, con imgenes de vibrante cromatismo, empleo desenfadado de lo popular junto a lo culto, a veces trasunto del modernismo –que no en vano haba ledo con fruicin la obra de Mart y Rubn Daro–, pero formando parte indiscutible de la vanguardia. De regreso a la patria, colabor con Ramiro Valds Dauss, Jos A. Portuondo, Alderegua y otros en los esfuerzos por aunar a la izquierda (el PC, las organizaciones democrticas y antimperialistas) con vistas a su participacin en la Asamblea Constituyente de 1940. Mas, en desacuerdo con la transaccin que esta supuso, Roa mantuvo su posicin insurreccional desde la revista Baragu que diriga Portuondo. Desde entonces fue, como l mismo se autodefiniera, un “francotirador” de izquierda, sin unirse a partido alguno desde 1939, cuando particip en el Comit Organizador del Partido Izquierda Revolucionaria. En 1965 integr el Comit Central del Partido Comunista de Cuba, fundado por Fidel y constituido por combatientes de las organizaciones que derrocaron la dictadura de Fulgencio Batista el 1 de enero de 1959. Ral Roa obtuvo, por concurso-oposicin, la ctedra de Historia de las Doctrinas Sociales en la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Pblico de la Universidad de La Habana, en 1940, ejercicio que enfrent en la histrica colina a revolucionarios y reaccionarios, estos ltimos partidarios de su opositor, el renegado y pro-nazi Ral Maestri, con el apoyo del Diario de la Marina, el rector Cadenas y miembros del claustro de profesores. Su ctedra fue siempre hervidero de ideas. Ajeno, como era, al formalismo, la pose doctoral y el ergotismo estril, prefiri el rumor de la colmena y el intercambio feraz con sus discpulos. Fue siempre asequible y gustaba conversar con los jvenes, muchos de los cuales acudan desde otras facultades a sus seminarios y conferencias. Ocup el decanato de la Facultad cuando otros teman aceptarlo, para no enfrentarse al bonchismo2 batistiano de Jaime Marin, pistoleros a sueldo del rgimen que pretendieron enlodar la alta casa de estudios. Jams transigi con los enemigos de la Universidad, por la que quebr lanzas en ms de una ocasin, tanto en el Consejo Universitario, donde propuso reformas e intent introducir ideas de avanzada, para crear la universidad a la altura del tiempo que so con Mella, Gabriel Barcel, Ramiro Valds Dauss y otros compaeros del treinta, como en la prensa y otras tribunas pblicas. No en balde bautiz al nuevo edificio de la Facultad con el nombre del Apstol y con el de “Manuel Sanguily” a su anfiteatro, adems instal el busto del “Titn de Bronce” en su vestbulo y sugiri el de Pablo de la Torriente Brau como nombre de nuestra Asociacin de Estudiantes de Ciencias Sociales y Derecho Pblico, que inaugur junto a su presidente, Juan Nuiry Snchez, en 1956. Por eso me pareci justo que sus restos fueran velados en el Aula Magna, aunque su figura haba trascendido la Universidad e incluso las fronteras de la patria, al convertirse en paladn de la Revolucin cercada y agredida

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13desde los aos iniciales, en su “Canciller de la dignidad” y fiel intrprete del pensamiento revolucionario, socialista y liberador de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Muchos fueron su aportes: en la Dire ccin de Cultura del Ministerio de Educacin, que ocup de 1949 a 1951, dot al pas de una poltica cultural, “al margen de grupos, capillas y sectas”, para “servir a la nacionalidad cubana y a los valores del espritu”, porque, deca, “en el mbito de la cultura caben, como en un prisma, la refraccin de todos los colores” y no importa el “significado de esos colores” sino “que esos colores tengan significado”. Y reivindicaba “el derecho a la hereja, ala y raz de todo progreso cultural y humano”, puesto que “sin libertad de expresin, la capacidad creadora se agota, languidece y marchita”, y ello, sin olvidar que “la cultura es un proceso socialmente condicionado [y] expresa, en consecuencia, el sentido de la constelacin dominante en cada ciclo de la historia”. Tras el artero golpe de Fulgencio Batista en 1952, Roa conspir de inmediato, junto a viejos compaeros de lucha (Carlos Alfara, Guillermo Barrientos, Salvador Vilaseca, Mario Fortuny y otros) en un proyecto que se deshizo en el camino, por razones varias que he explicado en otra parte. El 27 de noviembre de 1953 apareci el cadver de Fortuny, asesinado despus de sufrir tortura, y la organizacin a que perteneca entonces mi padre decidi que deba salir al exilio. En Mxico, a donde llegamos en diciembre de 1953, Roa se empe en publicar un diario contra la dictadura batistiana, al que titul Patria, como el fundado por Jos Mart. Dado que nuestro exilio –al contrario del de los “priistas” de Miami– era pobre, slo pudo editarse un nmero. Ms tarde, empero, con el concurso de exiliados venezolanos, peruanos, panameos y de amigos mexicanos, se hizo cargo de la revista Humanismo, transformndola en un rgano de combate antimperialista, por la democracia y contra los espadones que entonces se enseoreaban en muchos de nuestros pases. Durante su estancia en la patria de Jurez, Roa ahond su visin americana, cerca del indio, “universo callado” que infunde sentido propio a Nuestra Amrica. Desde la ctedra –imparti conferencias en la Universidad Nacional Autnoma de Mxico (UNAM), en Monterrey, en San Luis de Potos, en el Colegio de Mxico–, con la palabra y la pluma fustig al tirano y al imperialismo. Regres a Cuba en 1955, cuando la presin popular oblig a Batista a decretar la amnista para Fidel y sus compaeros, y de otros presos y exiliados polticos. Ocup de nuevo su ctedra y el decanato de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Pblico. Desde esa fecha, hasta el triunfo de la Revolucin, expres sus posiciones –cuando no lo impeda la censura– en El Mundo y Bohemia; con Carlos Lechuga trabaj en Resistencia Cvica; colabor con el 26 de Julio y el Directorio. Sus libros En pie y Viento sur, de aquellos aos, son testimonio de su inquebrantable postura frente a la tirana y el imperio. Como pensador poltico y revolucionario, martiano y marxista, dej una obra que algunos historiadores de extrao pelaje excluyen de la historiografa

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14marxista cubana, olvidando (no s si interesadamente) que desde sus aos mozos libr una batalla ideolgica contra la reaccin, la ideologa burguesa y el plattismo, como evidencia su carta a Jorge Maach de 1931 –en la que abrevaron muchos revolucionarios de entonces y de nuestra poca–; como se desprende de la lectura de Bufa subversiva Aventuras, venturas y desventuras de un mamb y de El fuego de la semilla en el surco por citar slo tres de sus libros, o de la polmica con Ramn Vasconcelos en 1948, “Escaramuza en las vsperas”. Y, obviamente, de su Historia de las doctrinas sociales sealada por Fidel como una de las lecturas que influy en su formacin. No debe olvidarse que Ral Roa signific, para nuestra generacin universitaria –la de Jos Antonio Echeverra, Fructuoso Rodrguez, Jos Machado (Machadito), Joe Westbrook, Faure Chomn, Ren Anillo, Juan Nuiry y tantos otros– como afirmara Julio Garca Oliveras, lo que Enrique Jos Varona para la “Generacin del treinta”. Por eso, cuando entr en el Ministerio de Relaciones Exteriores, en junio de 1959, lleg con l la Revolucin de Fidel. Salieron aquellos diplomticos de vieja usanza que no dudaron en servir a los gobiernos de turno, incluida la dictadura batistiana, permaneciendo slo algunos patriotas verdaderos, e ingresaron los jvenes que hasta haca no ms escasos meses haban combatido la tirana desde las filas del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) y el Directorio Revolucionario (DR-13 de Marzo), compaeros del Partido Socia lista Popular (PSP) y la Juventud Socialista Popular. En diciembre de ese mismo ao, el Gobierno Revolucionario, al aprobar la ley orgnica del nuevo Ministerio de Relaciones Exteriores, estaba sancionando algo ms que un nombre diferente: daba vida al rgano que, desde entonces, ha sido ejecutor genuino de la poltica internacional de la Revo lucin y su principal artfice, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Hoy, que nuestro pueblo, bajo la gua infalible del Jefe de la Revolucin, libra nuevas batallas internacionales contra el imperialismo norteamericano, bajo un feroz bloqueo econmico, comercial y financiero que dura ya cuarenta y siete aos, en un mundo unipolar que el hegemonismo yanqui pretende someter a la globalizacin neoliberal, al pensamiento nico de sus monopolios transnacionales, fabricantes de una subcultura embrutecedora y desnacionalizadora, que derrocha los recursos naturales del mundo y es enemiga de la identidad cultural, la soberana y la independencia de nuestras naciones; cuando libramos una gigantesca batalla de ideas y por el retorno de nuestros cinco hroes prisioneros del imperio; cuando convertimos en realidad el apotegma martiano de “ser cultos para ser libres” y brindamos nuestra solidaridad internacionalista a pueblos de frica y de Nuestra Amrica; mientras fortalecemos la economa y defendemos las conquistas del socialismo, y el destino socialista mismo de nuestra patria, el recuerdo del ejemplo combativo, culto, revolucionario y comunista de Ral Roa nos llena de orgullo y sirve de acicate para continuar la brega, que slo se coronar con el triunfo del socialismo y el comunismo en todo el mundo.

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15Porque Ral Roa, nuestro inolvidable “Canciller de la dignidad”, es de los muertos que siguen dando luz, de los revolucionarios que siguen siendo tiles an despus de muertos. Notas1 Embajador de Estados Unidos enviado por Franklin D. Roosevelt para “mediar” entre el dictador Gerardo Machado y la oposicin burguesa y evitar el triunfo de las fuerzas revolucionarias de izquierda.2 Del ingls “bunch”, racimo, grupo, formado por pistoleros a sueldo del gobierno.

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16 Testimonios* Pareca un poeta romntico1Ada KourDoctora en MedicinaYo tena trece aos y Ral veintitrs. Los muchachos del Directorio Estudiantil Universitario estaban presos y la familia de l me embull para ir a verlos a la crcel. All se encontraban Pablo y otros compaeros. Ral llamaba la atencin, era delgado, de bonito perfil, pareca un poeta romntico, con una melena preciosa. Tena amistad con mi pap, que era profesor de la Universidad y haba sido el nico en oponerse a que al dictador Gerardo Machado le entregaran el ttulo de Doctor Honoris Causa; por esa razn los estudiantes lo respetaban y seguan. Mis padres se casaron muy jvenes, sin tener todas las condiciones, y fueron felices. Ral les deca que a ellos la locura les haba salido bien, lo que nos daba derecho a nosotros a probar tambin. Pap accedi. Nos casamos por poder y fui para los Estados Unidos, donde Ral estaba exiliado. Cuando sal embarazada volv para Cuba; queramos que el nio naciera aqu. Ral lo vio un mes y un da despus. Recuerdo que le daba miedo cargarlo. Aquel da fue maravilloso, estaba feliz. Cuando sus amigos enfermaban iba a verlos, los animaba, les distraa. As fue durante la enfermedad de Juan Marinello, de Jos Manuel Valds Rodrguez, de Elas Entralgo, de Juan David. Escriba en libretas, con un lpiz gordo de carpintero. A veces lo haca tirado en el suelo o en la cama. Como siempre estaba fumando, lo quemaba todo. Pero nunca pele con l; muy pronto comprend que tena que aceptarlo tal cual era. Estaba al da en todo cuanto se refiriera a libros. Durante los ltimos aos de su vida reciba envos de sus amigos, los editores mexicanos Arnaldo Orfila y Alonso Aguilar. Coga un libro en sus manos y enseguida detectaba si serva o no, si contena o no algo original. Ya enfermo yo le lea; a veces me interrumpa y me daba explicaciones, otras me comentaba que algo estaba tomado de otro autor; poda hacerlo as porque, como l deca, tena una memoria de papel de mosca. Una de las cosas que ms le conmova era servir a la Revolucin desde un puesto cimero y haber sido uno de los capitanes al frente de Relaciones* Textos facilitados por la doctora Ana Cairo y cuyos ttulos han sido atribuidos por ella.

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17Exteriores. Siempre lo vi orgulloso por la confianza que Fidel puso en l.La ruptura en la Triple A2Carlos LechugaDiplomticoTan pronto vino el golpe de Estado de Batista, creo que al da siguiente o a los dos das, habl con l y me coment que Aureliano Snchez Arango tena la idea de formar un grupo insurreccional, que despus lo cre, la Triple A. Ral, yo y otra gente estuvimos en la Triple A no recuerdo exactamente qu tiempo; yo me imagino que en 1953 o en 1954, nosotros nos fuimos de la organizacin. Salvador Vilaseca y Ral estaban exiliados en Mxico. Entonces Vilaseca se encontr con Aureliano en la calle y este le dijo que estaban muy ocupados; le revel que haba hablado con Trujillo, que estaba de acuerdo con Trujillo, el dictador dominicano. Vilaseca se neg a respaldar a Aureliano y se lo inform a Roa. Yo me enter en La Habana y nos fuimos de la Triple A. Inmediatamente Ral y yo comenzamos a militar en el Movimiento de Resistencia Cvica que, como t sabes, trabajaba con el 26 de Julio. Estuvimos ah hasta que triunf la Revolucin. En Mxico desarroll Ral una labor de propaganda a favor de la lucha insurreccional, fue director de la revista Humanismo. Haba varios latinoamericanos en la revista esa, y era una defensa de la lucha insurreccional en Cuba. Despus del exilio, hubo una amnista –no recuerdo exactamente si coincidi con la amnista del Moncada– y l regres a Cuba con otros compaeros, sigui luchando en Cuba. Tuvimos participacin en actividades conspirativas. Ral defendi las tesis de los estudiantes, del Directorio Estudiantil y del 26 de Julio.Puro amigo3Samuel FeijoEscritor e investigadorJams he podido ser amigo de gente vanidosa, violenta, autoritaria, dogmtica y pedantona. La humildad y el ingenio de Ral, y su conducta viril y generosa, ganaron mi aprecio para siempre. En una ocasin tuve problemas con un rector violento de la Universidad de Las Villas y fui expulsado de ella sin consideracin alguna a mis trabajos culturales. Roa fue el juez enviado a investigar el caso. Nunca olvidar su indignacin y generosidad por lo que hicieron conmigo. Me aconsej que continuara trabajando editorialmente y me entreg la direccin de una revista para la investigacin cultural general de Cuba y otras naciones a la que nombr Signos Roa era puro amigo. Aparte de su talento como escritor y periodista y de su valenta cvica, porque tena un corazn humilde, me agradaba su ingenio, y porque era afectuoso y sincero. Si nuestras conversaciones se hubieran grabado, los fillogos estuvieran gozando con el tremendo cubaol que hablbamos. Siempre que vena a La Habana lo visitaba en su oficina, para refrescar mi mente y sentir la compaa cordial e inteligente de Ral e intercambiar humor creativo.

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18Roa tena un humor caracterstico, a veces satrico, y la lingstica habanera de los aos veinte y treinta, que yo conoca porque viv en La Habana por esos aos. Las conversaciones siempre eran alegres, rociadas de carcajadas. Comentbamos las pelculas que veamos en la poca del cine mudo; y como le gustaba la pelota –haba sido jugador en su juventud igual que yo– tambin hablbamos de los juegos. Para m, si Roa hubiera cultivado el humor como un firme estilo, se hubiera convertido en uno de los grandes humoristas de la lengua, pues su mente era rpida y relampagueaba alegremente. En una oportunidad alguien me dijo que cuando Roa y yo conversbamos, la habitacin se llenaba de rayos alegres. Parece que escuchaba nuestras risas naturales; porque hay la risa del alcohlico y la risa del canalla que goza con el llanto. Por eso hay diferencia en la alegra de los corruptos, abominables y el humor de la gente modesta, pura, justiciera en los hechos y generosa por necesidad vital, personal. El humor puro, llamado a veces buen humor, es el sol de la psiquis humana. La gente de psiquis podrida, llena de odios, mezquinas ambiciones, vanidades asqueantes y de envidia lodosa, pierde el sol interior y se convierte en pedante, dogmtica y de una brutalidad cerradora. Roa tena el sol alegre en la mente, que le aclaraba los errores y bajezas de los necios, politiqueros, imperialistas, hipcritas. Jams le escuch una autoalabanza. Nuestras conversaciones, generalmente dominadas por una sensata stira, nos regocijaban por su humor, a veces fantstico.Hombres y mujeres apasionadamente revolucionarios4Ral RoaEscritor y polticoNo voy a hacer ahora, ni se precisa, la historia del Ministerio durante el quinquenio revolucionario. S importa subrayar que, a partir de mediados de 1962, el Ministerio entra en una etapa nueva de organizacin, estructura y actividad, fruto del empeo concertado de la direccin y de los trabajadores del organismo, y normada por los dos gruesos manuales en que cristaliz el anlisis, el estudio y la discusin efectuada a la sazn a todos los niveles. [...] No es necesario encarecer la importancia de esta labor. Ni la conciencia poltica, ni la competencia tcnica se adquieren sorbiendo el aire. Ni la una ni la otra se dan en la naturaleza. Se adquieren mediante el esfuerzo propio, conjugado con la educacin y el estudio. No se trata del mango maduro, que cae al suelo por la fuerza de la gravitacin. La conciencia poltica y la competencia tcnica slo se obtienen mediante el estudio, el trabajo, el espritu de sacrificio, la pasin revolucionaria. Y mucha pasin revolucionaria hace falta en este Ministerio. Digmoslo ya. En este Ministerio sobran los tibios, los medios tibios y los medios calientes. En este Ministerio slo deben tener cabida hombres y mujeres apasionadamente revolucionarios. Esa es la verdadera garanta de la superacin, de la productividad, de la calidad, del ahorro, de la lealtad. Pero no se confunda el resplandor con el fuego. Hay quienes por fuera

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19llamean de pasin revolucionaria, y por dentro son mantecado. Al verdadero revolucionario, la pasin le brota de las entraas y, por eso, enciende todas sus actividades. Y, cuando se es apasionadamente revolucionario [...], se est siempre en disposicin de superarse, de afanarse, de trabajar ms y mejor cada da. Por eso, el verdadero revolucionario –hombre o mujer– no paliquea, no girovaga, ni despilfarra, ni murmura, ni invierte sus energas en trivialidades. El verdadero revoluciona rio lleva una vida correspondiente a su condicin, tiene el estilo de vida que corresponde a un revolucionario. Si no es lo suficientemente disciplinado, si tiene propensin a la girovagancia o al palique ambulatorio, si an se padecen los arrastres de procedencia social, el verdadero revolucionario se esfuerza por discipli narse, y si es de origen pequeoburgus, como muchos de nosotros, trata cada maana de yugular las ataduras que dificultan, deforman o extravan el desarrollo de su conciencia y su estilo de vida. [...] Nadie podr negar que el burocratismo y sus modalidades hacen estragos en el Ministerio. No voy a situarlo concretamente aqu o all; el hecho es que an est regado por el organismo. Este es un vicio heredado; pero el socialismo no est exento de ese vicio. El burocratismo es una de las peores rmoras del socialismo. El burocratismo no es slo el exceso de papeleo, el seguidismo en los mtodos de trabajo, la concepcin mecnica de los problemas: es tambin y, sobre todo, una actitud ante el trabajo. La ms grave consecuencia del burocratismo es la sustitucin del cerebro por la mesa y de la voluntad por la silla. En lugar de pensar y actuar, estereotipo y poltronera. El antdoto del burocratismo es la iniciativa creadora, que supone parejamente, racionalizar el trabajo, dinamizarlo, aumentar su calidad, vivicar el tiempo. Hacer, en fin, que el cerebro prime sobre la mesa y la voluntad sobre la silla. La iniciativa creadora es el ms eficaz mtodo de lucha contra el burocratismo. Aplicarlo depende, nicamente, del cerebro y de la voluntad de ustedes. Y aplicarlo no slo como mtodo de lucha contra el burocratismo, sino en todos los niveles de trabajo. Hay que desembarazarse de la rutina mental, de los conceptos entumecidos, de las ideas muertas. Hay que aportar iniciativas propias en el trabajo, pensar por cuenta propia, aplicar creadoramente el marxismo-leninismo. El primer deber de un comunista es pensar con su cabeza. La teora y el mtodo marxista-leninista se transforman en dogmas, si no hay una cabeza que los interprete y aplique. No echar esto en saco roto, que es muy importante. [...] No se ha establecido cortapisa alguna al respecto. Entendemos que sin el empleo efectivo del mtodo crtico y autocrtico es difcil adquirir conciencia de los errores y suprimirlos. Pero es conveniente aclarar que la crtica nada tiene que ver con la murmuracin, el chisme, el nmero ocho, o la falta de respeto en las relaciones de trabajo. Eso es inadmisible e intolerable. Es fundamental que las relaciones entre los trabajadores se desenvuelvan en una atmsfera de fraternidad, cooperacin y respeto recproco. Todos debemos respetarnos en el cumplimien-

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20to de nuestras respectivas funciones y en el trato personal. Quien tenga algo que alegar contra el comportamiento de un compaero debe hacerlo en el lugar que corresponda, no a nivel de jardn, ni a nivel de comedor popular, ni a nivel de esquina. Lo honrado y revolucionario es plantear las crticas donde deben plantearse. Lo otro es chismografa, murmuracin. Eso es negativo y, adems, supone cobarda. Hay que darle cara a las cuestiones, de cualquier naturaleza que sean. As proceden los revolucionarios. Ningn revolucionario le hurta el cuerpo a la responsabilidad. Ningn revolucionario procede solapadamente contra otro. Con eso hay que terminar de una vez para siempre.Apuntes sobre la infancia y la adolescencia de Ral Roa Garca5Federico de Crdova CastroProfesinLuego de conocer toda una vida con las vivencias directas y cercanas, vida fecunda, brillante y la ms singular que he conocido, mediando a la vez cierto parentesco poltico, es decir, cuando se tiene fresca la imagen impactante de una personalidad desaparecida a los setenta y cinco aos de edad, tras haber dejado a su paso profundas huellas buriladas con su talento y actuar, pero muy especialmente por su idiosincrasia tan absolutamente propia y rutilante, que nadie que le conociera pudiera alegar que no hubo de quedar impresionado; en esta situacin considero que un repaso retrospectivo, concretado a los primeros aos de aquella vida, en su infancia y adolescencia, ya que desde entonces tuve el privilegio de conocerla, no slo me sea fcil, sino que pueda resultar de mayor utilidad la contribucin de mi modesto aporte a los propsitos de un grupo de amigos ntimos, encabezado por el compaero Salvador Vilaseca. Naturalmente que, conociendo la trayectoria y posterior proyeccin de aquel campeador, lanza en ristre, le produzca a uno mayor deleite remontarse a aquellos primeros das primaverales, cuando el retoo, apenas germinado, no ha dado todava sus primeros frutos, que llegaran a superar las hazaas de su progenie mambisa, el abuelo paterno, redivivo en postrer y ejemplar tributo en Aventuras, venturas y desventuras de un mamb. Yo recuerdo con cierta vaguedad, como una imagen un tanto desdibujada, ms bien de odas en el seno del hogar, la venerada figura del poeta y hroe del 68, asistido por mi abuelo, mdico, en sus ltimos momentos. En la calle Lagueruela, en la Vbora, muri pobre, pero “lcido y enhiesto” quien fuera ayudante de Ignacio Agramonte y secretario del presidente Domingo Faustino Sarmiento. Mi padre me refera que Ramn Roa quera mucho a su nieto y le llamaba “Lalito”. A una cuadra de Lagueruela est la calle Gertrudis, y entre Segunda y Tercera, en las casas, justamente una al lado de la otra, conocidas por la forma de sus arcos, como “casa de los mameyes”, vivan mis padres y los padres de mi amigo de la infancia, al que desde entonces llam Raulito y l a m por mi apodo familiar de Fiqun.

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21El primer vivo recuerdo que guardo de l fue cuando jugando en el portal, separado por una baranda, a travs de cuyos balaustres pasbamos nuestros juguetes, se detuvo en mi casa un coche del cual baj una seora portando un maletn, y en tanto ascenda los peldaos de una corta escalera que daba del jardn al portal, una ta ma, que sala a recibirla, me dijo: “Ah traen a tu hermanito”. Odo lo cual brinca Raulito la baranda y junto conmigo corre tras la comadrona, detenindonos en nuestra carrera al llegar a la tercera habitacin cuyas puertas fueron cerradas. Y luego, tras un largo esperar –imposible precisar el tiempo–, nos llamaron para que viramos a un recin nacido rubio que mi padre baaba en una palangana. Aquel nio –que no lo haba trado una cigea ni haba venido de Pars, como entonces se nos enseaba– es hoy un profesor de Psiquiatra prximo a los setenta aos. Tendra yo entonces unos cuatro aos y mi amigo alrededor de siete. Pero por esa poca todava no se nos dejaba traspasar abiertamente la reja del jardn. Recuerdo por esa poca otro suceso: intrascendente no, porque el primero era la vida y el segundo, que vamos a citar, era la muerte. Frente a nuestras casas viva y haba fallecido un pariente del general Guas, padre del politicastro Rafael Guas Incln, y l, a su vez poltico marrullero. Eran gente de posicin econmica muy deshogada, y por ello la carroza del entierro estaba tirada por varias carretas de caballos, con arns, penacho y vistosas zacatecas portando bicornio y levitas rojas. Y nosotros contemplbamos desde el portal aquel llamativo espectculo, por primera vez visto. Y tanta fue la impresin que por nuestras mentes infantiles cruz la aspiracin callada de llegar a ser zacatecas. Hoy, calculo el torbellino que debi formarse en la mente de nuestro amigo, germen entonces de la ms portentosa imaginacin concebida, con aquella escenografa y legtima aspiracin nuestra. En otra oportunidad oale narrarme ¡cmo circulaba el subway o metro! Y su grafismo era tal, la impresin transmitida tan vvida, que yo no sala de mi asombro imaginndome aquel ferrocarril corriendo por debajo de la tierra. Y lo ms curioso es que hoy presumo que l todava no haba montado uno de esos trenes. Pero ah apuntaba ya, en aquel cerebro privilegiado, la idea de lo maravilloso. Su fantasa pictrica, definitivamente plstica y creadora. He dicho fantasa pictrica, y he de abundar en este punto. Nosotros tambin dibujbamos; l tendra unos ocho aos. Recuerdo que quitbamos el tapete verde que cubra la mesa de comer y colocbamos con alegra papeles y lpices de colores. “Vamos a dibujar un barco navegando rpido” –decame– y cada cual empezaba la tarea. “Ahora a colorear –agregaba–, pero ¡mira, chico, tenemos que darle movimiento, el efecto, el efecto!, que las olas rompan y la proa corte el agua... El sol da por aqu, del otro lado est la sombra, bueno, no se ve. ¡Ah! falta la espuma, pero no tenemos color blanco” –continuaba entusisticamente hablando. Y el dibujo concluido se converta en una sinfona caprichosa de colores. Con

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22el andar del tiempo yo le deca al pichn de artista: “Raulito, nosotros podamos haber seguido pintando. No recuerdas cuando en la mesa de tu casa pintbamos?”. Y me respondi: “¡Cmo no! Y recuerdas una vez que quera hacer que el barco caminara y que al velamen le diera ms la luz?”. “Te voy a decir –le repuse. ¡No!, y hasta yo creo que t sentas el olor a yodo y el salitre de mar. En realidad t no sabas de la existencia de los impresionistas y menos yo, pero en verdad te digo que tu imaginacin te remont a los tiempos de aquel movimiento”. –¡Coo, pero qu carajo saba yo entonces de los impresionistas! –djome. –Cierto –le repuse. Eso es lo grande, lo sorprendente. Tu fantasa y agudeza te hacan vivir momentos estelares de la plstica, cuyas corrientes no haban llegado an a Cuba. Y me miraba entonces de refiln, picarescamente, pero sonriente y asintiendo. –Tampoco me negars que queras que los barcos de chimenea echaran humo. –Entonces, somos pintores frustrados –djome esperando mi respuesta. –No, nada de eso. Con tu pluma t pintas. Tu prosa es un pincel maravilloso. Pintas lo que quieras y logras la impresin que te propones. Pero, adems es machete, hacha y espada con punta y contrafilo Recuerdas el machete mamb de tu abuelo que tu padre guardaba y que a nosotros nos despertaba curiosidad?... El machete corta, y tambin cortaban las cuchillitas que ponamos en el rabo de los papalotes. Nuestro amigo tendra ya unos doce, trece o catorce aos, haca bellos papalotes y coroneles. Estos ltimos eran ms preciados, pero no producan el goce de una “cubanita” o “barrilito”. Cerca de nuestras casas comprbamos en un puesto de chinos el gin, y en una quincalla el papel de china, el hilo y la goma para confeccionarlo. El rabo era fcil: desperdicios de retazos servan... Ahora, en el rabo se pona la trabilla si quera enganchar el papalote empinado del otro, supuesto contrincante, o una mitad de navajita, si pretendas cortar la pita tensa con que se empinaba el papalote del enemigo y echarlo a bolina, seguido de la expresin de la vctima de: “¡me cago en su madre, me jodieron el papalote!”. Muy cerca tambin, a menos de 500 metros, se levantaba la Loma del Timn. All, por cierto, se conservaban trincheras cavadas cuando la guerra de independencia, y all –no en las trincheras sino en el promontorio–, solan los muchachos empinar sus papalotes. Por cierto que era conveniente realizar este deporte con algn amigo mayor y fuerte por si acaso al echar a bolina otro papalote haba que fajarse. Nosotros, por entonces, dejbamos la caracterizacin de nios “gticos” para convivir con los “muchachos de la calle”, y los llamados pillos, que no eran otros que los pendencieros y agalludos. Nuestro hroe an no ofreca el temple de combatiente. Yo, menos que menos. Prefera fajarme al “abracao” que a las trompadas. Me haba especializado en una “llave de barriga”. El krate, faltaba todava tiempo para arri bar a Cuba. Yo no recuerdo a Raulito fajndose a golpes. Sus rasgos caractersticos eran por esa poca su locuacidad, fantasa crea dora,

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23su eficiencia en todo lo que se propona hacer, y una desbordante simpata. Su hablar era desde entonces rpido y cargado, como una catarata que se precipita, de ideas reales o hijas de la fantasa, pero que le daban colorido y matizacin a sus relatos. Observemos que hemos empleado el vocablo “matizar” muy cerca del concepto que envuelve la idea de la fantasa, y es bueno aclarar que no se trata aqu de la mitomana, del mero embuste, sino de aquellos aspectos variados del relato, en el lenguaje hablado, prosa o verso que contribuyen a dar a la expresin su mejor colorido. Son licencias permisibles y sin las cuales –permtasenos esta afirmacin atrevida– no hay creacin esttica. Qu sera del poeta sin su fantasa?... Acaso el vientre de una mula. Que si era o no estudioso nuestro gran amigo? ¡Cmo no!; en la primera y segunda enseanza. Quin con aquella desbordante precocidad, su facultad de rpida captacin, memoria y facilsima palabra, no iba a ser un alumno sobresaliente? ¡Qu inteligencia ms privilegiada! Por supuesto, que no hay ni ha habido un Roa que no sea muy inteligente. Conoc a todos los hermanos de su padre, hombres y mujeres, y todos lo eran; adems locuaces, agudos y con un ramalazo, mayor o menormente acentuado, de fantasa. Vendra todo esto del viejo teniente coronel del 68? Por lo menos su prosa y dcimas eran muy buenas e intencionadas; la capacidad sobresale, y sus ocurrencias criollas, como su cubana. Hoy nos encontramos con que los bisnietos del viejo mamb son tambin inteligentes, marcadamente el hijo de mi amigo, a quien por va materna, le viene tambin la inteligencia de los Kour; los de su hermana Gilda y nuestra prima comn, hija de su to Jorge y mi ta Esperanza. La nota de sobresaliente era, por supuesto, la que l reciba invariablemente. Se educaba en los “Hermanos Maristas”, de la Vbora; de alguna rgida disciplina. No obstante, se me contaba de vez en cuando que un tintero haba sido lanzado hacia la cabeza de uno de los maestros, y a m, ingenuamente, me pareca ver volar por los aires el tintero. Pero en realidad las famosas “tnganas” de las que fuera protagonista o partcipe el brillante alumno, todava no haban comenzado, mejor dicho, digamos aquellas en que l tomara parte. Mas, sin embargo, ntese ya que sus neuronas cerebrales vibraban orientadas en un sentido frente a determinados estmulos. Expliqumonos mejor. La protesta era rspida y rpida a lo considerado injusto. La rgida disciplina viene a ser como una camisa de fuerza, tradzcase esta simblicamente con el complemento y las desvergenzas afines a las tiranas, o expoliacin o situaciones de utilizacin de fuerza injusta. O sea, si el tintero ciertamente no fue lanzado, era razonablemente admirable que el adolescente, ya por entonces un manojo de nervios, en permanente tensin, digno a su vez, blandiera en su exaltada imaginacin ese medio defensivo. Entindase bien, no estamos frente al dscolo en s, sino al remotsimo antecedente del revolucionario, con el tiempo devenido en “Canciller de la dignidad...”. Volviendo a nuestro escenario, la Vbora, nuestro protagonista se haba

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24mudado ya a otra casa en la misma Gertrudis, de la acera de enfrente; y mis padres a la calle contigua, Josefina. Yo acababa de salir de la escuela pblica, porque mi padre era laico aunque mi madre muy religiosa. En la misma calle Gertrudis, pero ms prximo a la Avenida de Diez de Octubre, viva mi abuelo paterno y en su casa nuestros tos, de manera que en un crculo a la redonda no mayor de 300 metros nos encontrbamos nosotros. Por cierto que, hace poco, cuando me hallaba en los trajines de estos apuntes, me contaba un viejo compaero que me fue presentado, que le pareca recordar a nuestro amigo caminando rpidamente por Obispo para examinarse en el viejo Instituto situado en aquella calle. Y justamente en aquel vetusto edificio me examin yo de ingreso. Pero no nos desviemos del hilo del tema. El adolescente brillante, era estudioso, pero exactamente, no un filomtico, habamos salido de la sobreproteccin hogarea, ramos ya “muchachos de la calle”, de jugar a la “quimbumbia”, al “pon” a la pelota de “riche” o de “poli”, con forro de cuero o “enteipada”, bate de majagua o de roble, y guante y mascotn con tiritas del ndice al pulgar y casi sin relleno, eso s, embadurnados con palmacristi el da anterior del juego dominical, en los placeres viboreos, cuyos “files” estaban llenos de aromas y haba que ser un hroe para coger en esos matorrales el batazo de “flai” o de lnea y de largo alcance. “Illas,” que as le llamaban –no recuerdo por qu– los entonces compaeritos de la calle, por no decir de la barriada, coga admirablemente bien. Era una primera base estrella, y como l mismo deca: “tiren chuchos para que vean cmo fildeo”. En realidad tena estilo. Siempre en los desafos cubra la primera base. Lo que no era un buen bateador. Primera base “fantasma”, para decirlo con sus propias palabras. Primeramente jugbamos en un placer a la salida de la Finca don Facundo, en Josefina y Tercera, y luego frente a la casa de los Trujillo, en la misma calle Tercera esquina a Genaro Snchez. El padre de los Trujillo, era veterano de la Guerra, haba sido capitn del Ejrcito Libertador, y aprovechando su seriedad y rectitud lo ponamos de “ampaya”. “Mayabeque”, que luego sera conocido en el Ministerio de Relaciones Exteriores, donde fue colocado por el “Canciller de la dignidad” para recoger las hojas de la calle, nos “fongueaba” y entrenaba cuando tenamos casado un juego con un “pitn”, por ejemplo, de Mantilla. La Vbora no estaba todava tan poblada. Un joven de la revista Bohemia no hace mucho me pregunt que si era cierto que nuestro biografiado en estos apuntes sobre su infancia y adolescencia, acostumbraba a llevar un libro bajo el brazo, o que lea mientras su novena estaba al bate. Le dije que s, que l sola aparecerse de vez en cuando en el terreno con un libro como se deca “debajo del sobaco”. En los primeros tiempos, lea mucho a Emilio Salgari y oyndole el relato de los famosos viajes del escritor, me figuro tambin que mi amigo era compaero de viajes del autor. Tal era su inquietud, movilidad y fuerza descriptiva. Por supuesto que debajo del brazo

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25nunca le vi un material de estudio, aunque estuviera cerca de los exmenes. [Lo recuerdo] ya de mayorcito, cuando estaba ms espigado, cogiendo la estampa somtica longilnea (flaco, como tambin le llamaban) y vestase de uniforme de pelotero y zapatos de “spai”, para integrar la novena patrocinada por el profesor Clemente Incln, que se denominaba “Universidad Infantil”, tambin recurdole portando un libro, pero este no era ya de Salgari ni de Vargas Vilas, sino de Jos Mart. Permtaseme reproducir un prrafo de una entrevista que le hizo Jorge Enrique Mendoza, director del Granma, y que se public en Juventud Rebelde el domingo 17 de abril de 1977. Dice as el prrafo que entrecomillo: Mientras yo jugaba pelota yo lea... no lea ninguno de los libros del colegio, lea otras cosas. Cerca de mi casa viva el doctor Federico de Crdova, que es el padre de este compaero que se llama Federico de Crdova y del psiquiatra Armando de Crdova, que estn emparentados con la familia de un to mo por parte de padre. Este hombre tena una biblioteca cubana maravillosa y tena entonces la coleccin de libros de Mart, publicadas por Gonzalo de Quesada. Entonces, este viejo que me quera mucho a m, me prestaba la coleccin esta que para l era una joya, que poca gente aqu la tena, porque era una edicin muy restringida. En aquella poca la gente no compraba libros aqu. Me los prestaba. Y yo andaba con el libro ese, con el tomo cinco, el tres, el segundo, el que fuere. Cuando estbamos al bate y no me tocaba batear, me sentaba en un rincn y lea mi libro. Y era un pelotero con un libro en el sobaco. “Ah va el pelotero con el libro en el sobaco” –me decan. Esta ancdota relatada a Mendoza es muy veraz, aunque parezca estrambtica, y revela ya una manera de actuar liberada de todo amarre. Se asemeja al espritu libre nietzscheano. l mismo confesara mucho tiempo despus que aquellas lecturas primeras de Mart y su contacto inicial con los “muchachos de la calle” en los placeres y calles viboreas, haban contribuido a liberarle de todo posible rezago discriminatorio. Y citaba al efecto la integracin de los compaeritos de la barriada formada por negritos, el hijo de la cocinera, el bizco, el blanco, muy humildes unos, ligeramente acomodados otros, aquel con nombre y apellido rimbombante, el otro reconocido y recordado como Bebo, don Quintero o Tiempo de Agua. Un da en el Latinoamericano, donde el amigo resultaba un concurrente asiduo, personalmente yo me encontr con un negro viejo que me miraba con insistencia. Yo tambin lo miraba con curiosidad parecindome conocido: pero de dnde? ¡Oh, viejo en cantidad! Este debe ser de mi poca de nio y adolescencia. De pronto se me alumbr el bombillo y alegremente le grit: “¡Castillito!”. “¡Fiqun!” exclam l, y nos dimos un abrazo. Era uno de los muchachos de la calle, all en la barriada viborea, compaero de Illas y mo, jugador de quimbumbia y pelota. Haca no menos de cincuenta y pico de aos que no nos veamos. Mi padre deca, refirindose al pelotero con el libro en el sobaco, que

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26l le facilitaba los libros de Mart porque notaba en el amigo sensibilidad, inquietudes y talento. Recuerdo que siempre le prodig verdadero afecto para el cual hubo reciprocidad con creces. Cuando mi madre muri, mi amigo de la infancia no se separ un minuto del lado de mi padre. Y cuando Mara Luisa Garca, su buena madre, falleci justamente das antes que l asumiera las primeras responsabilidades de la Administracin revolucionaria, a la nica persona de la familia que llam para que estuviera junto a l fue a m... Por cierto, que antes de concluir estas notas, hijas de un gran afecto, nacido desde que tuvo uso de razn, y de una imperecedera gratitud a la vida por haberme proporcionado la oportunidad de intimar con la ms chispeante inteligencia que he conocido, deseo sealar algunas impresiones de aquella poca grabadas en mi memoria y que no quisiera que quedaran fuera de este esbozo. Sera ya una tarde, ya al anochecer, cuando al salir l y yo por el portal de su casa, la madre, que estaba sentada tomando el poco fresco del esto, se percat de que yo no llevaba el pantaln de “bombache” que se usaba, sino pantalones largos, y dijo como sorprendida: –Raulito, ven ac a dnde t llevas a este muchacho?... Y esos pantalones largos? –Son mos, mam, l me los pidi y yo se los prest. Vamos a un teatro donde no dejan entrar con pantalones cortos. Y en efecto, as fue; nos encaminamos al paradero de la Vbora, y all tomamos un tranva que nos dej cerca del teatro Alhambra. Y all sacamos asientos para la tertulia, que costaba veinte centavos, y creo que era lateral y con asientos de tabla. Por supuesto que disfrutamos de la funcin del gnero burlesco, con pletricas crticas a la presidencia de Alfredo Zayas que finalizaba, y cuya enjundia el amigo, muy listo y de ms edad, asimilaba mejor que yo. En lo que s estuvimos al unsono con toda la concurrencia fue en los aplausos tributados a una cupletista que se present en la escena medio desnuda, y en los gritos de “¡que salga otra vez!...”. Su primer ensayo literario fue sobre Julin del Casal, y recuerdo cuando su to Jorge lo lea, a la luz de una lmpara del escritorio que estaba en la “saleta” de la casa de mi abuelo, haciendo algunas correcciones que el novel escritor aceptaba a regaadientes. El ensayo vio la luz en toda una pgina de la seccin literaria dominical del Diario de la Marina, peridico donde Jorge escriba un artculo diario titulado “Del ambiente habitual”. Entonces, quien luego llegara a ser uno de nuestros mejores ensayistas, tengo entendido que no haba concluido el bachillerato. El futuro hombre de izquierda haba hecho su aparicin pblica en un diario ultraconservador, pero que sola hacer concesiones a elementos de la acera de enfrente, especialmente literarios. Recuerdo, por ltimo, cuando, subiendo unos escalones que unan el desnivel de Avenida Acosta y la Calzada de Diez de Octubre, camino a una tienda que haba en la zona del Paradero de la Vbora, llamada “La Locura” –no s por qu guardo con precisin estos datos del lugar tan intrascendentes, mi amigo me contaba, gesticulando

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27y con marcado grafismo, entusiasmo y signos admirativos, la impresin que le haba hecho or hablar a Julio Antonio Mella en la Universidad. No recuerdo, repito, si nuestro joven conclua por entonces el cuarto ao de bachillerato (con Fsica Segunda, Historia Natural, Qumica y Cvica) y llevado de sus inquietudes haba hecho irrupcin en el Patio de los Laureles de la famosa y revuelta Colina, o ya se haba matriculado en la Universidad. Lo cierto es que yo viv en aquellos minutos el exaltado relato, parecindome or la verba encendida de Mella, y contemplar los verdes y frondosos laureles que an desconoca. No se olvide que nuestro amigo posea desde la infancia y adolescencia, que yo tuve la fortuna de compartir, una chispeante inteligencia, simpatas, agudeza y fantasa creadora. Sus inquietudes y ocurrencias rpidas y sorpresivas llamaban la atencin por su singularidad. No he conocido persona igual.Memorias de Roa y de la repblica espaola6Julio Le RiverendHistoriadorIntervenir en este seminario constituye un acto de aprecio a su necesidad. Ral fue un compaero, amigo, profesor, escritor que, desde su quehacer vario y aun en las ausencias de su vida sin tregua y, desde luego, todo en los azares de la existencia de cada uno de nosotros, form siempre parte de un gran fresco histrico –que no por cercano nos oculta sus incidencias y matices– en el cual l ciertamente fue el color y luz de los mejores. Ms cerca o ms lejos nos acompabamos muchos de los que me escuchan y otros que no han podido asistir, y en lo esencial, sobre todo en la urgencia de transformar al pas, sus estructuras, su vida toda, estbamos de acuerdo. Reconocamos y afirmbamos un camino de cada cual con lo suyo y la alentadora presencia de los dems tomaba convocacin perdurable. Esto es lo que vale hoy da, cuando ros, arroyos y arroyuelos han confluido en el poderoso, indetenible torrente de la Revolucin de Fidel. Vivimos, y pocos vivieron con intensidad pareja a la de Ral, en el seno de una subversin constructiva de la cual, idos a bolina lo episdico y lo coyuntural, formamos parte indivisa. Esta nueva historia, novsima, que se hizo y engrandeci a lo largo de ms de cincuenta aos, tuvo en Ral un infatigable hacedor y vocero. Bien hacemos cuando han de evocarse sus cosas desde las ancdotas hasta las ms sesudas y trascendentes. Tratamos de acercarnos por primera vez al universo de su personalidad. An ms, en las agudas travesuras de sus dichos hubo siempre un sentido ms profundo, pues no eran puro ingenio o gracia sino, ante todo, vocacin permanente por la verdad directa. No pudo haber dicotoma y distancia entre lo sbito, inesperado o inusual y lo meditado, sino unidad. Su decir era como su pensar, eso es lo fuerte de su expresin humana. Y vaya por delante la afirmacin de una cubana que se revela con la humorstica seriedad de las palabras y con la grave ocurrencia del concepto. En sus ensayos ms trabajados –vase por ejemplo lo que dijo de Ortega y

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28Gasset– se pierde ese como parcelamiento de su personalidad. La gracia, sin embargo, no desaparece; se envuelve discretamente en las significaciones cientficas. No puedo precisar cundo lo conoc. Aseguro que hace ms de cuarenta aos. Quizs alcancen no lejos de los cincuenta. Siento que supe de l siempre, a lo mejor todava cuando no nos habamos encontrado. En esa etapa de la vida una diferencia de algunos aos –cinco o seis– representaba una distancia que iba del bachillerato no terminado –el mo, claro est– a los primeros aos de los estudios universitarios. Cuando yo entraba por primera vez en la antigua Biblioteca Nacional, all por 1928, l era alumno ayudante de Sociologa y se le conoca por su participacin en la Universidad Popular Jos Mart. Lo que s recuerdo es que Mara Villar Buceta lo mencion ms de una vez en aquellas conversaciones que me convirtieron de la filomacia al humanismo. Rodaban entonces, y despus, sus frases que, unidas a las de Pablo de la Torriente, eran como consignas o sntesis de lo que hubiramos deseado decir los ms jvenes. Es un caso en que se nos aparece con toda nitidez la fuerza poltica del ingenio. No podramos en este momento intentar una caracterizacin ms general y precisa de su obra toda. Para ello se requeriran otras sesiones del seminario. Por lo pronto es deber y ha sido justo objetivo de esta reunin el aproximarnos a la variedad de sus afanes. Ral no es de los que solamente tuvieron una vocacin, un solo tono, un timbre nico, si hacemos, claro es, a un lado su incesante accin revolucionaria –raz signo de todo lo dems– desde las inquietas mocedades. Recuerdo los debates de sus clases de Historia de las Doctrinas Sociales. Su autoridad, pues no la tena simplemente por el cargo de profesor sino ganada desde la dcada de los aos veinte, no abrumaba, iluminaba. La clase debatida, tanto ms en aquellos tiempos de controversias nada bonanci-bles, era una leccin aprendida por todos. Ms de una vez, su verdadera funcin –la mayor de cualquier maestro que lo sea de veras– consista en un apretado y prdigo resumen de lo dicho por unos y otros, coronado por una fulgurante sabidura. All estaba la carga de muchos aos de lectura, de reflexin, de juicio y de aprehensin inmediata del conocimiento. Aos despus, cuando pas metericamente por nuestro Servicio Exterior, lo encontr varias veces en el Ministerio, con la secreta intencin de escucharle aquello que pudiera servirme para el desempeo de la misin en la Unesco. Nunca sal frustrado de esos ratos de conversacin porque Ral –seguramente no me miraba como diplomtico– hablaba y debata... de historia, la vivida o la reconstruida. En ello, como en otras tantas cosas de la cultura, estaba al da, como estuvo siempre: al da del ayer, al del hoy y al del maana. Su visin histrica, evidente en sus trabajos anteriores, dispersos, pero reunidos en lo hondo, se revel en sus obras mayores. 1. Sin embargo, compaeros, no era este el camino que me propuse. Con el tiempo que ha faltado ahora e, incluso, con alguna que otra carta recibida, podra ir ms all de los apuntes hasta

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29este instante esbozados. Prefiero abordar aqu uno de los ms consistentes aspectos de su accin. Es el que se refiere a sus vinculaciones mltiples con la repblica espaola. Aunque debemos seguirle paso a paso, pues en los aos del enfrentamiento de las dos Espaa, su voz no ces de orse, veamos los volmenes en que recopila el trabajo de todos los das: contienen artculos y ensayos que muestran la dimensin de lo que significaba para l aquella guerra, ensayo de la que vino poco despus para destruir y matar solamente porque dos puados de imperialistas necesitaban a desmn saber quin tendra la hegemona mundial; pasando, como es sabido, por la liquidacin del socialismo. Pero haba otros elementos, sustanciales por dems, en su querencia espaola que, sin desbordar su alineamiento ineludible, constituyen una reviviscencia de viejas y autnticas races de pueblo. La Espaa de esos das, por la obra de muchos de sus mejores hijos, precisamente aquellos que la queran democrtica, nueva y sin reservas imperiales, nos entraba por la sangrienta huella de la lucha civil y se integraba con las mejores tradiciones cubanas. Hay que decirlo, porque as lo vio Ral, lo vieron los cientos de centenares de milicianos cubanos. Lo vimos todos aquellos que vivamos para la nueva historia del futuro. La extraordinaria hazaa del pueblo espaol frente a la confabulacin internacional signific un giro de dimensin ms que nacional. En Cuba, nos revel lo que ya estaba en Mart: haba dos Espaa; y una de ellas, la que debi ser vencida, porque tambin abusaba de su pueblo allende al oca no, superviva en estas tierras y, an ms se revesta del uniforme de la falange, con la anuencia sonriente de la dictadura batistiana. Aquel acercamiento nuestro, popular y entraado, al pueblo espaol, supona un hondo matiz necesario en la conciencia histrica de nuestro pueblo. Hubo en Ral una permanente incorporacin a la lucha antifascista. No habra que decirlo, pero vale recordarlo, pues aparece desde 1937 en su lcido ensayo “Mart y el fascismo”, publicado precisamente en los inicios del gran atentado contra la segunda repblica. Por cierto, Mart no haba sido ajeno a la protesta popular contra el golpe de Estado que dio fin a la primera repblica cuando estudiaba all en Zaragoza. Esa historia retornaba, y los cubanos ramos fieles al ejemplo del magno Maestro porque lo sabamos o por intuicin del pueblo. Cmo no haba de alinearse Ral que, en su presente y en la obra mayor de los cubanos, renacido en los aos entre 1925 y 1939, hallaba fuego e impulso para ese gran combate de ideas? La solidaridad cubana fue inmediata y en el gesto de su Pablo tan cercano a l por el humor, la palabra y las perentorias idealidades, ido para Espaa el ao 1936, muerto el 18 de diciembre de ese ao en Majadahonda, se constitua un llamado ms para la fidelidad de Ral al pueblo espaol. Su voz en la calle, en la tribuna, en la prensa, ah estaba. Desde aquellos das, cuando la falange se atreva a extender a Cuba la incalificable guerra nazi, durante los das en que el Batista de siempre se gozaba por retener el barco “Manuel

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30Arns” con amaadas denuncias y procesos judiciales –nada ajenos a las esferas sociales–, Ral Roa mostr su adhesin a la causa republicana y de la mejor cultura espaola. Sus gestos de amigo bueno no fueron solamente los das del desgarramiento. Duraron mucho ms. 2. Cuando comenz el exilio masivo de los escritores, de los cientficos, de los maestros, Ral –como se revela en su artculo “Espaa en xodo” (1937)– ya se ha manifestado a la cabeza de un movimiento para afincar en Cuba aquella legin de hombres de los ms varios saberes. Aquella idea, obvio es, no le vena solamente de su relacin con Carlos Montilla, ltimo representante diplomtico en Cuba de la repblica crucificada por los fascistas. Ya en 1938 vena formndose en su accin universitaria ese proyecto, en el cual le seguan profesores universitarios –escasos en verdad– y muchos de los que, siendo estudiantes de la Universidad, apoybamos una iniciativa que nos pareca la mejor manera de liquidar la inveterada fbrica de graduados que aprendan solamente despus de salir de ella. Cierto es que por las aulas universitarias, en algunos momentos libres de empobrecidos planes y programas, y, aun antes, por la Institucin Hispano-Cubana de Cultura, creada y continuada por Fernando Ortiz, haban pasado algunos sabios profesores y su huella reveladora del impulso hacia un laboreo investigativo y una reflexin serios, nos ofrecan, como compensacin de los aires neocolonialistas, una nueva, ms honda reforma de los estudios. Al cabo, no estaban tan lejos los das de Mella y su enrgica accin transformadora universitaria. Para Ral, de aquella batalla iniciada entre 1937 y 1938 formaba parte tambin la lucha contra la intencin de escamotearle la ctedra de Historia de las Doctrinas Sociales para drsela, precisamente, a un personaje que tras las grandes protestas estudiantiles de 1927, haba roto su compromiso con la patria y pblicamente se adhiri a las ideas nazis. Se integraba de ese modo un cuadro de pugnas de principio y de episodios y escaramuzas en que tambin se dirimira la suerte de la conciencia revolucionaria cubana. Todo lo fundamental y episdico converga para promover el enhiesto pensamiento de Ral y de sus compaeros. Reuniones, entrevistas, gestiones, dentro y fuera del recinto universitario con Montilla, con Fernando Ortiz, Emilio Roig de Leuchsenring, Elas Entralgo, quedaron en el semisecreto de un movimiento que no tena –podra haber sido de otra manera?– la ms mnima simpata de los cubanos millonarizados por el azar poltico o los negocios, movimiento que senta sobre s la ojeriza de una mayora de los claustros universitarios. Por muy mezquinas razones, toda esa gente se alineaba, consciente o inconsciente, con el fascismo al oponerse a la acogida de los intelectuales espaoles. Recordemos lo que cost el reconocimiento oficial universitario de la sabidura autntica de don Gustavo Pittaluga. Profesor cubano hubo que invit a dar un curso a cierto especialista de gris talento y cuando un buen nmero de estudiantes se manifest insatisfecho de aquellas clases de flaca sabidura, dijo con un cinismo que no le abandon hasta

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31su huida el 1 de enero de 1959: “Eso ha sucedido para que ustedes vean que hay malos profesores en todas partes”. No precisa aclarar que era imposible obtener fondos procedentes de fundaciones extranjeras. Entraba acaso en sus planes favorecer en Cuba la presencia de hombres que combatan con sus ideas y su trabajo y no pocos tambin con sus armas y su compromiso poltico de progreso? Pasaron por el puerto de La Habana cientos de intelectuales espaoles. No se les permita desembarcar. Solamente fueron admitidos algunos pocos que arribaron individualmente o los que por razn de algn parentesco con residentes en Cuba lograron aqu avecinarse. Un Herminio Almendros de generosa y sabia aplicacin a la educacin, un Francisco Prats y Puig, que todava contribuye con amor y entusiasmo a la ciencia histrica, un Juan Chabs que renov con hondura el inters por la historia de la literatura espaola, fueron, con algunos ms, de las escasas excepciones. Los dems, solamente pudieron pasar de largo, tras una breve estada en medio del acoso cientfico y la indiferencia social. Claro est que no poda entonces haber comparacin entre la grandeza solidaria de Lzaro Crdenas que abri las puertas de Mxico a aquellos exiliados de calidad, y los enanos, encabezados por el dictador cubano de turno, atento solamente a definirse cuando se le hicieran las seas de juego antifascista por el gobierno norteamericano. Pero Ral no era hombre que cejaba. Por eso, ganada aquella debatida ctedra en 1940, continu insistiendo en la necesidad de la presencia de los profesores espaoles. No pocos de ellos despus de 1941 llegaron por su iniciativa y apoyo, otros fueron recibidos por l con fraternal acogida. Y es que la Espaa de lo mejor, errante y admirada, era para l, para los ms de nuestra generacin, el smbolo vivo de las fuerzas democrticas que, por primera vez, haban mostrado al mundo cmo haba que enfrentarse al fascismo desembozadamente agresor y genocida. No pocos artculos, de los cuales solamente compil en sus libros unos cuantos, jalonan su obra desde 1940. Numerosos proyectos realizados, fueran invitaciones personales o creaciones institucionales, se hallaban en esa lnea de conducta iniciada entre 1936 y 1937. Dganlo su entusiasmo tanto por la presencia de Joaqun Xirao, de quien fue muy su amigo, como por el dolor de su muerte, su inters por la obra de Jos Gaos antes y despus de su visita a Cuba; dganlo tambin otros vnculos, a dos de los cuales he de referirme inmediatamente. Fue el uno, la fundacin del Instituto Universitario de Investigaciones Cientficas y de Ampliacin de Estudios (esta ltima parte del nombre rememora una iniciativa espaola de la cual participaron numerosos profesores transterrados por la contienda civil) que, si malviviente por escasos recursos, dej su huella como de germen, hasta fines de la dcada de los cuarenta. Ral fungi de secretario de ese Instituto. El otro consisti en su apoyo y participacin en el Primer Congreso de Profesores Espaoles Emigrados celebrado en La Habana (1943), donde

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32pudo anudar su admirativa con el sabio Augusto Pi Suer, nombrado entonces Profesor Honoris Causa de la Universidad de La Habana, no sin que precisamente Roa fuera el redactor de la ponencia aprobada por el Consejo de la casa de estudio. 3. Pero si todo esto constituye una historia significativa, aunque hubo ms en su accin, dentro del comn “redescubrimiento” de la Espaa amable en su pueblo y en su gente de saber constructivo, no podramos olvidar otros aspectos. Venan desde muchos aos atrs hasta 1956, fecha en que se publica por la Universidad de La Habana, la obra de compilacin de Fernando de los Ros titulada Ciencia y conciencia. El prlogo inacabado de Ral Roa es una pieza maestra de su activa comprensin de la Espaa que, a medida de la imposibilidad de una democracia sana y, por consiguiente, de la prdida de los restos de su imperio para que cayeran en las garras sangrientas y esquilmadoras del capitalismo financiero norteamericano, se alzaba por la renovacin perentoria de su vida intelectual, de su existencia toda. Desde su famosa conferencia en la Institucin Hispano-Cubano de la Cultura, en enero de 1928, que escuch mozo y an algo menos que mozo (como las del maestro Amrico Castro) en que don Fernando de los Ros refleja la continuidad de los hombres magnos de la Institucin Libre de la Enseanza con el Mart admirador –por aproximacin a una nueva concepcin futurista de la conciencia espaola– de los que “Krausifican a Espaa”; desde esos aos, que coinciden con la formacin de Roa como hombre de combate, De los Ros dijo que Mart no poda pervivir sino “como padre de vida, generador de una corriente de acciones reales, esto es, cooperador en la formacin ulterior de la existencia”, los vnculos entre nuestro compaero memorable y la Espaa que, como Cuba, aspiraba a que su honra patria viviera dentro de la honra universal, fueron permanentes y acrecidos en los democrticos aos entre 1936 y 1940. Ese prlogo de Ral que ilumina con copiosa informacin y reflexin el nacimiento de la Espaa que se opuso sin desmayo al fascismo, no pudo ser terminado y por eso aquel libro no circul hasta despus de 1959. Eran las horas de los “hornos” que dira Mart. No pudo terminarlo, pero nos queda como la ltima gran expresin de su fidelidad a una Espaa en que la Revolucin cubana gan respeto y solidaridad; all se saba cunto cuesta abrir el camino del futuro. Habra mucho ms que decir. Si el tiempo lo permitiese dara a este esbozo un contenido an ms diverso y preciso, pues no se me oculta que en casi todos sus textos aparecen cercanas y filiaciones de pensamiento que, matizadas por su definicin ideolgica y las circunstancias tanto como las condiciones de la patria, realzan an ms y fortalecen su encuentro con la Espaa materna. Pero la vocacin de decir, como en su caso, nunca deber ser ms poderosa que el afn de hacer. Compartido el tiempo entre esas dos vertientes, indisolublemente unidas en el quehacer de todos los das, podr –lo espero y lo propiciar– presentar pginas mejores en un seminario ulterior.

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33Ni qu decir cmo se encuentra la huella del genial y doliente Antonio Machado en la obra de Roa, o la de Garca Lorca. Hay que dar estas presencias por sabidas, y no solamente en Cuba. Multiplicadas e incitadoras, las obras de aquellas vctimas de la gran tragedia tenan que llegar a l, y a muchos de los contemporneos, como dilogo de pueblos en que el pasado inspirador de la creacin popular espaola era ya y por siempre, futuro. Notas1 Gonzlez Bello, Manuel. El canciller. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1999. pp. 28-29.2 Ibdem, pp. 24-25.3 Ibdem, pp. 80-81.4 Fragmento de un discurso en el MINREX (diciembre de 1963). En: Ibdem, pp. 71-73.5 Ral Roa el canciller de la dignidad. Mxico, D.F.: Editorial Nuestro Tiempo S.A., 1985. pp. 19-30.6 Ibdem, pp. 120-129.

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34 Roa, el delicado* Fina Garca MarruzPoetisa y ensayista Y o no voy a recordar aqu, porque otros lo han hecho mejor de lo que pudiera hacerlo yo, al Roa luchador, que hizo de la “pluma en ristre” arma de batalla, el del habla vivaz, chisporroteante, ascua de la que salan, ms que los matices del color, los del movimiento agilsimo, el que atacaba su tema por varios lados a la vez, con estrategia de guerrilla, el que se entraba por lo inesperado, tundiendo y aturdiendo con la carga de machete de su palabra, al enemigo brutal que nos quiere poner fuego a la casa todava, sin ver que la nia, la isla, no est sola, sino que la madre est ah parada en medio de la balacera, y el hijo predilecto vela todava, y los hijos que le nacieron al hijo magno no dejarn que el enemigo la venza, el enemigo brutal, que se extinguir como se extinguieron las grandes especies antediluvianas, por su enorme torpeza, en tanto qued el hombre sin ms, en su justa y proporcionada estatura, mediando entre la tierra y los astros. Yo no voy a recordar al “Canciller de la dignidad” que desde las entraas mismas del monstruo nos defendi la isla, con todas las palabras como pedruzcos que encontr a mano, porque hay que recordarle al granduln que abusa de la nia, la isla, no est sola, que oye an aquel “vamos” inmemorial como un eco agrandado, y que vamos entre todos a protegerla, con la muerte, y con la vida. Yo voy a recordar al Roa delicado, el que quizs se conoce menos, el que incluso ignoran algunos que le admiran virtudes y defectos –porque hay defectos admirables– excusando con sonrisas de innecesaria indulgencia sus inesperadas “salidas”, capaces de confundir a todo un cuerpo de traductores, como en las memorables sesiones de la Organizacin de Naciones Unidas (ONU), cuando su atropellado torrente verbal dejaba con las manos impotentes en alto a los que en la estrecha cabina se esforzaban por traducir a un idioma conocido el lenguaje de la centella y el fuego graneado. No, amigos, no hay que subrayar, pero tampoco ocultar, con gesto pudibundo, las entraables “malas palabras” de Roa, tan distintas a las de otros. Hay hombres vulgares que nunca han dicho ninguna, y otros, esencialmente delicados, que las usan, ms all de su significado literal o su propsito de ofensa, como puras cargas explosivas, y siempre para defender al ms dbil. Los de buen odo distinguen entre aquellas gratuitas o procaces, y estas honradas y valerosas, nietas del mejor Quevedo, al que llamara Vallejo “nuestro abuelo dinamitero”, y en las que el centelleo verbal est puesto al servicio de una causa noble. Buena entonces esa carga de dinamita.* Trabajo publicado en: Seminario sobre Ral Roa Garca, celebrado en La Habana (julio 5-6 de 1983) en el primer aniversario de su muerte. La Habana: Instituto Superior de Relaciones Internacionales Ral Roa Garca, 1983. pp. 61-73.

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35Como otros ocultan, bajo un manto refinado, su bastedad esencial, Roa ocultaba, con raro pudor, su delicadeza. No la ostentaba, no se vesta con ella, que se le volva, recatada, a los adentros, como esos parajes de ms fino entramado que slo descubre el que se aleja de la carretera. A ese Roa haba que adivinarlo, que sorprenderlo, cuando no estaba en guardia: se dejaba ver en un rpido gesto, en un juicio justo sobre un enemigo ya muerto con el que no fuera hidalgo gastar ya bizarras, en un fulgor emocionado de los ojos que enseguida se volvan a su posicin de combate. Este Roa, que poda, dolorido “infinitamente”, soportar una visita larga sin impaciencia o queja es el que se deja ver en un retrato juvenil con Pablo de la Torriente Brau, en la embarcacin que lo llevaba rumbo a la crcel de Isla de Pinos, momentneamente vuelto hacia s mismo, bajo el rea de influjo de su hermano mayor, que all apareca en un segundo plano, con el rostro fogoneado un tanto oscurecido. Le hice un poema a esa foto que voy a leerles, no porque valga algo, sino porque recoge un aspecto suyo menos ostensible. Le puse, “Retrato interior”, aunque slo en dos versos aluda a esa secreta delicadeza, para respetrsela como deba. Como esperaba, Roa, tan prdigo de generosidades con lo mo, no me dijo ni una palabra de este poema, que por otra parte se entenda mejor con su silencio que con cualquier banal elogio. Aunque su insuficiencia es mucha, de su pobreza literaria me alegro: el fugaz homenaje eran slo unas “seales de bandera” a un barco que iba a otro sitio, para que supiese que haba sido visto. Deca as el “Retrato…”: Pablo a tu lado siempre, ardiente, [fiero y festivo a la vez, de cubana, entraable, Pablo, que es Pablo de [la simpata, muchacho siempre, y qu muchacho [entero, tan ao treinta –poltica, boxeo, estudiantil denuedo y tirana–, nauta parece aqu, hondo minero, soldado recio y paladn del da, Y t, chisporroteante, de expresiva mano que juega, que discute o clama, al presidio a que ahora te encaminas, vas con tan libre y tan rara dulzura, raro poeta all, reverso de otra llama, con Pablo an y siempre todava. Tambin Pablo ocultaba, bajo el torrente de su simpata, lo absoluto de su arrojo, como Rubn lo transido de la sonrisa que ahora deja ver su mascarilla, cerrado ya el fuego verde de los ojos. Muertos los dos, su energa pareci refugiarse en la mano gestual de Roa, abierta en cinco puntas de llama viva, como denunciante e indignada cohetera en la larga noche de la patria. La sensibilidad de Roa era como una antena en alto, era la de un viga avizor: le recorra la flaca armazn, abra arriba, como la pucha estrellada de la palma. Ella le anunci, en ms de una ocasin la presencia inminente de un peligro, o de una pena. Estas cosas, que hoy estudia la parasicologa, las ha explicado siempre la posesin de una alta sensibilidad. Fue ella la que le hizo sentir un raro desasosiego, un deseo inmediato de comunicarse con su hijo, unas horas an-

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36tes de que se intentase hacer explotar una bomba en su mquina situada frente a la Misin Cubana de la ONU, la misma que le hizo sentir una ansiedad angustiosa, inexplicable, segn l nos contara, a las mismas horas en que se estaba muriendo su fraterno Pablo por la causa del pueblo de Espaa, muerte que lo dej siempre hurfano, porque hay amistades destinadas, y as fue la que lo uni con Pablo y con Rubn Martnez Villena, el de los ojos de arrebatado fulgor. A esos chispazos de luz creci su alma. Nada de lo que en ella se sembr, cay en surco vano. As las historias relampagueantes del abuelo mamb, el que fuera secretario y ayudante de Ignacio Agramonte, de Manuel Sanguily, de Mximo Gmez, el del desventurado lance con Mart, que encendi la malevolencia de Rafael Lenidas Trujillo, y que tanto afligi a Roa. Recuerdo cunto lo alegr cuando Cintio Vitier y yo le llevamos una carta indita en que Jos Mart daba una visin favorable de Roa visitndolo, solcito y constante, en su crcel de Santander, y cmo corri a aadirla a su libro, ya en prensa, sobre su abuelo, que no fue por cierto el autor de la carta insolente, cuyo original aparece de puo y letra de Enrique Collazo, autor y firmante. Roa no escribi este libro para defender a su abuelo “frente” a Mart sino para dejar conciliados para la historia, como lo estaban dentro de s mismo, a sus dos mayores devociones patriotas, para recordar hechos posteriores, como el elogio de Mart a Roa en el prlogo a Los poetas de la guerra, que quedaron oscurecidos por el fragor de aquella “escaramuza dialctica”, como le llama, y quizs para alegrar, as fuera pstumamente, a su pobre abuelo, glorioso, y “lacerado”, finalmente, por tantas calladas penas. Bien debi haber tenido Roa las destemplanzas verbales del abuelo mamb, no siempre justas, pero provenientes de un corazn honrado y excitable. Algunas flechas dej en la aljaba del nieto, al que le salan tambin las invectivas silbando como balas: “las aceitadas reformas del alcanforado Don Antonio Maura”, el rgimen colonial, organismo “desvencijado y esclertico, temblequeante y pellejudo”. El estilo de Roa le vena de la sangre. No lo sac de las infatigables lecturas, sino del chisporroteo de la luz cegadora del medioda cubano. No se andaba en contemplaciones, pero su jugada fue siempre limpia, como el pelotazo de uno de sus “azules” del Almendares. Pareca que daba siete remolinos al brazo antes de tirar en lnea recta sus andanadas de dicterios, rompiendo, como Don Quijote el de Maese Pedro, el retablo poltico de aquella primera repblica, dando en pleno pecho a sus “alabarderos”, “ventrlocuos”, “inverecundos a paga”, adulones y guatacas, “botafumeiros de ritos”, follones, sicofantes y “trabucaires” de toda laya. Con frecuencia recurra a vocablos tomados de la medicina o la patologa para detectar las causas de aquel tumor maligno que pareca devorar el organismo patrio, “cogulo de plomo que infarta el inapreciable fluir de la vida”. Los aos treinta sellaron su estilo. Aquella revolucin “se fue a bolina”, como el papalote que se remont por las azoteas entre la desilusin de la muchachada ilusa. Son frases que tienen todo el aire de aquellos aos bidimensionales, en que la realidad

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37pareci tener, como las caricaturas de Eduardo Abela o Conrado W. Massaguer, slo dos planos, y en que falt –salvo en unos pocos iluminados– la dimensin de la esperanza. Hay por eso en ellos algo discontinuo, que arda y se apagaba rpido, como aquellas vidas jvenes entregadas, y el idioma mismo tena algo de estrepitado y espirituoso, un fulgor que estallaba aqu o all como estallaban en las esquinas los petardos machadistas En Roa se hizo centrfuga aquella fuerza “concentrada, colrica, expectante” de Rubn, que no hallaba una “forma” sino buscaba “una funcin oscura y formidable”. Fue la dcada joven. Fueron los tiempos de la Universidad Popular Jos Mart, la Liga Antimperialista, la fundacin del Partido, la huelga de hambre de Julio Antonio Mella, la manifestacin del 30 de septiembre, el asesinato de Trejo y todos parecen haber recibido los volantes que iba a tirar Rubn del avin de no haber sido detenido, las proclamas ms subversivas. Es el tiempo en que el deporte fue ms serio que la poltica, Liborio se burlaba del To Sam en los muequitos y carnavales, mientras que el To Sam se burlaba de verdad de Liborio, y cobraba al contado en las trastiendas electorales. Es cuando se deca que se estaba “en la fucata”, la “prngana”, esdrjulo habanersimo. No en balde es cribi Roa el “Elogio del pirul”, paleoltico del elogio de la jiribilla de Lezama, bobo de Abela de los dulces, denunciando, con esa mezcla de burla y de nostalgia tan cubanas, el “dulce adormecimiento” de su pico amarillo, en aquella siesta interminable que pareci dominar la vida nacional, a la sombra cmplice del dril y el jipijapa. Es el tiempo en que la rebelda fue aislada, del Grupo Minorista, la Protesta de los Trece, la Liga de Veteranos y Patriotas, el de la poesa social surgente, el descarrilamiento de los tranvas a campanillazo limpio por todo San Lzaro, la huelga obrera, el desfile universitario, roto a tiros por la polica. Es el tiempo de los ultra, de las vanguardias, en que las viejas sinestesias simbolistas aparecen ya irreconocibles en ttulos como “Sinfona de color” y otros, con ese aire de audacia inmotivada que tienen los gimnastas. Al apagarse y caer en el vaco la hermosa gesta de la lucha antimachadista, muertos sus mejores adalides, qued como una oquedad, una tristeza, sobre la que medr el cinismo –negocio sucio y relumbrn en la mano–, a la sombra segura del respaldo yanqui, y unos pocos desesperados, cuyo idioma fue el grito en la tribuna o el pecho balaceado. No es extrao que una nostalgia de lo heroico y hazaoso volviese el idioma de Roa una especie de lenguaje de caballera. No dice “tropa” sino “huestes”. Una luz no ilumina sino “destella”. Sus nombres preferidos son “heraldo”, “paladn”, “bastin”, girvago o “girovagante”, “viga”. Los espinazos son “erectos” y los picachos “fulgentes”. Basta fijarnos en sus adjetivos: afilado, seero, cabal, prometeico, recoleto, fragoso, empinado, centelleante. Repasar sus verbos es conocerle el nima humilde y batalladora: se le ven las preferencias por lo que “denuncia, afiebra, organiza, avizora” y tambin y siempre por lo que “fluye”, “susurra”, “acaricia”, “fustiga”. Su adjetivacin parece reiterativa, pero gusta de irse enrareciendo y afilando: los elementos son “afines, concurrentes y coadyuvantes”. El enemigo es “contu-

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38maz”, el viento “estril, hirsuto, caliginoso”, Toms Estrada Palma no asegura sino “abrocha” su dominio en la Cmara y el Senado, como si fuera una levita de poca. No se est lleno, sino “pletrico de esperanza”. Esta “pltora” es la que le rompe lo eslabonado de la frase, en que lo lamido queda hecho aicos como el espejo de la sala de un captulo de Los tres mosqueteros. Hay siempre en l algo de Cyrano de Bergerac, del aroma de las novelas de Salgari o de aventuras que ley de nio. A veces es tan rpido que parece oscuro, sin serlo ni pretenderlo: “Rebrota el pastiche en la yerba escondida” o “Ya hemos hinchado el cascabullo, y pinchamos la nuez”, frases que nos dejan en la memoria como “el silbido del lampreazo”. “Estoy a merced de los gurruminos, a dieta de soga embreada cocida con cebo y postre de boniatillo”. Se ve que se ha propuesto petardear la falsa circunspeccin, lo “bonito” sin entraas, para mostrar la realidad tan desfondada como nos la dejaron las dictaduras de aquellos aos que tuvo que combatir, y que le dejaron ese aire de francotirador sin apoyo, de tira-piedras a lo solemne cuco y campanudo de la poca. Algo tiene de ese gesto con el que pint a Sanguily, cuando se volva bruscamente “como un esgrimista en acecho”. Algo de las delirantes “metforas marciales” de Manuel de la Cruz. Algo de la emocin de aquellas palabras con que su abuelo agradeci la invitacin a los veteranos de Camagey para develar un mausoleo a los hroes del 68: “Es verdad que no s cmo agradecer por medio del lenguaje atropellado e inseguro, lo que s de agradecer en el fondo de un corazn callado y firme”. Al fondo de sus palabras, que tambin atropellaba la vehemencia, habla esa firmeza sin engao con la que tambin contribuy –como su abuelo “con el hacecillo de luz de su machete” a la defensa de la patria. Fue esa lealtad callada la que dio a la Revolucin en un momento en que aquel estilo suyo, forjado en la lucha desigual y minoritaria contra dos tiranas, aquella su “bufa subversiva”, su arremetida quijotesca contra todos los remolinos del “viento sur”, las complicidades y bastardas, ya no tena la misma razn de ser en medio de una Revolucin triunfante y mayoritaria, que si bien en lo internacional exiga sus viejos arrestos de batallador, en lo interno exiga la victoria ms difcil de la autodisciplina y del tenaz laboreo diario. Uno de los sacrificios ms callados que hizo Roa por Cuba fue el de dedicar el resto de sus energas a la Asamblea Nacional del Poder Popular, restndoselas al tiempo de escribir su libro sobre Rubn, que nadie como l podra ya hacer nunca. Sacrificio modesto de la entrega de sus horas a tantas deliberaciones y problemas urgentes pero a veces tediosos, de imprescindible atencin, ya sin el aliciente de aquellas largas invectivas contra el imperialismo que dieron sus arrestos juveniles a las memorables sesiones de la ONU, trabajo que arroja mucha luz sobre el sentido de servicio que tuvo no slo su palabra sino su vida. Trunco qued el libro que tantas veces soara hacer, y trunco en la decisiva parte final, que es la que da

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39forma a todo libro como a toda vida. Pero no haba sido ese, a fin de cuentas, el legado de Rubn, que dijo: “Yo destrozo mis versos, los desprecio, los regalo, me interesan tanto como a la mayor parte de nuestros escritores interesa la justicia social”? Frase que form a Roa, que marc su febril prlogo a La pupila insomne, aquel librillo delgado y entraable que todos lemos en la adolescencia. No se convive impunemente con una llama. Cuando se le hizo en la Biblioteca Nacional aquella exposicin homenaje por su cumpleaos, vimos en una de las vitrinas una vieja revista de juventud en la que apareca un trabajo suyo sobre Mart en que citaba: El clarn me tiende, trinando, el ala. Comprendimos que eran los versos de aquel libro que ms debieron gustarle, que le estaban destinados. Pues hay que aclarar que aquella impaciente frase de Rubn no signific ningn desprecio hacia la poesa, sino que justamente parta de una fidelidad mayor hacia ella que la vinculaba, en lo secreto, con el sacrificio y la entrega. En la formacin de Roa tuvo que estar aquel tomillo de Los poetas de la guerra y el prlogo de Mart: lo alado, lo gneo, haba de venirle a travs del llamado del clarn mamb, proclama y anticipo de la alborada. Esa secreta relacin de belleza y militancia revolucionaria no quedaba jams rota, aun cuando se presentase cada una aisladamente: ello permiti a Rubn la comprensin de la primera poesa preciosista de Pedroso, su nexo con la “Salutacin fraterna al taller mecnico” o la poesa social, ya que, como bien dijera, aquellas “gemas imposibles”, aquellas letras “miniadas”, tenan “una exquisitez de revancha contra la rudeza de su oficio”, eran “una justa y humilde reaccin”, ya que “el esclavo del salario se suea rey”. Pero estas cosas las entienden los poetas revolucionarios, no los crticos que quieren serlo. De aqu que fuera tan formativa la relacin de Roa con Rubn, que explica a su vez su rara comprensin de dos generaciones tan distintas como la que le precedi (la generacin de Poveda y Boti) y la que le sucedi, la generacin de Orgenes, para reconocimiento y simpata. Siendo escritores tan antagnicos, hay en Roa algo del gusto de Poveda por las palabras “raras”. A propsito de esto, cuenta Vilaseca que en una ocasin pidi Roa a sus amigos que le hicieran una lista de palabras bien “estrambticas”, de poco o ningn uso. Con ellas compuso un burln “Criptograma” con el que buscaba en el fondo decir algunas cosas contra la dictadura de Batista, pero en forma tan crptica que pasara inadvertida por la polica. Despus de todo el esteticismo fue, a su manera, un lenguaje cifrado, secretamente subversivo. No molest siempre a la reaccin el lenguaje nuevo de la vanguardia, como molest a los colonialistas la metfora modernista? Vale la pena detenernos en esta curiosa pgina. El hroe del relato aparece burlonamente presentado como un pastor de cabras que hace una primera salida quijotesca al alba “bajo un cielo estelfero y con la fanturria espiritada”, y al que los “galafetes” de la zona, alzan en vilo y muelen como al Caballero, dejndole lastimosamente descrimado. No faltan dulcinescas alu-

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40siones a una “zagala bruna”, aunque slo suee con “un fiacre lila”, que bien podra ser figuracin del pas corrompido por la baja poltica, de aqu que llame a los trabajos que por ella “ingenuidad florecida de mieles en un prado de gardenias tostadas”. La frase crispa, pero como se ve, hay en ella una burla de lo romntico, un gusto por el “grotesco” en la expresin, que tratan en el fondo de ponerse a tono con lo grotesco de la situacin misma, la burla ambiente a todo lo elevado. Es un recurso semejante al del atuendo deliberadamente ridculo de Charlot, al del bobo de Abela dejndose tomar el pelo, asumiendo que por tal lo tenga el politicastro, tonto, como lo son todos los pcaros segn Mart, o el de la Tontpolis del Damin Paredes de Luis Felipe Rodrguez: es un recurso en realidad muy de estos aos. Y por qu ha recibido el cabrero la brutal golpiza? Al ver el contraste entre lo esforzado de su intento y lo flaco de su rocn, “ganas me han dado, dice de espurrear al bellaco y estridurarle la osamenta”. Lo que lo ha expuesto a esa tunda es que no puede el pastor resistir una injusticia sin que le vibre todo el cuerpo, o para decirlo a su modo: “Es como si me atravesasen el numeno con afilado espetn”. No pasaba otro tanto a Roa, que burla burlando, nos deja aqu su retrato en caricatura? Por eso llamar a Scrates, el primer mrtir de la libertad de conciencia, su maestro, a la mulata Eusebia su nodriza, y su divisa, a la vieja Roma: “primero libertad, y luego comeremos”. Entre veras y burlas se cuela, sin embargo, subrepticiamente, cierto lirismo recole to no confeso, que sin aludir al trpico de “los abanicos de las palmeras” o la ya “trmula cristalera” del arroyuelo da de pronto una nota ms veraz de un paisaje visto a travs de la impaciencia poltica, muy dentro de la sensibilidad esttica de aquellos aos: “Sobre los muros grvidos los bueyes babean su incapacidad de amar”. Aquellos bueyes que en “La zafra” de Acosta aparecan vistos de modo pictrico, “octogonales” y casi cubistas, mero fondo de la tragedia de nuestros ingenios de azcar, aqu se metamorfosean en algo “babeante” sobre los surcos cargados de semillas, con una incapacidad incomprensible para fecundarlas. En esta, como en tantas otras pginas suyas, est la huella de aquella “semilla estril” en “el surco de fuego” de Rubn, que lo dejara “enrollando nostalgias entre sementeras y pedragales”. Su lenguaje est imbuido de esta peculiar atmsfera de los aos veinte y treinta. “Desde que me enzurric los pantalones largos...”, comienza, y uno recuerda que aquel era el signo que efectivamente marcaba la salida de la niez, ya que hoy se hace uso en cualquier tiempo del pantaln largo. Es como si dijera: “Desde que por aquellos aos me alc, para no dejarla, hasta mi altura mayor de hombre”. Otro ejemplo: la porra era la polica de Machado, y aunque en esta pgina estamos ya en la de Batista, escribe de este lance del cabrero: “No podr olvidar nunca los mamporrazos del macanboche”, lo que parece un neologismo o un compuesto de “macana” y “boche”, que significa “burro” o sea, “burro con macana”, lo que bien podra ser a su vez derivacin del “asno con garras”, espetado por Rubn a Machado y que Roa aplica ahora a Batista

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41y su “porra” poli caca, En cuanto a “galafate”, que es “ladrn que roba con arte, disimulo o engao” es en una segunda acepcin “pez de Cuba”, y ya se sabe que a Gmez se le llam “Tiburn”, como despus a todos los polticos que roban. Si todo lo que un hombre hace, as sea en broma, resulta revelador, hay mucho de Roa en este pastor de cabras a quien, cuando la injusticia lo “hiere” se queda ronco de tanto gritarle y “la bronquitis galopa en zafarrancho sobre su escuerza armadura”. La pgina la escribe en la “gayola”, o sea la crcel, de la que el circunspecto diccionario nos dice que era tambin la jaula o casita escondida entre los rboles de “los guardas de las vias” del Buen Amor del Arcipreste, los guardas del fruto de la vida, de la vida? Esta pgina, que Roa recoge en Retorno a la alborada, publicado despus del triunfo revolucionario, fue escrita en agosto de 1952, o sea en plena dictadura de Batista, por eso hay en ella un secreto nexo con el desencanto profundo de Poveda, que fue el de los primeros aos de la repblica. Slo que Roa es todo lo contrario de un elegaco, tiene ese cubansimo rechazo a la autoconmiseracin que tan bien refleja su lenguaje desenfadado, de un lirismo que se burla de s para denunciar lo que a todos nos burla, por lo que declara que no es un “epuln” u hombre dado a comer o regalarse con exceso, a dieta como est de “orqudeas fritas y mapamundis sancochados”, que no es un “ignavo”, ni un “ignoto” –ya nos vamos acercando a nuestros “raros” de la dcada del veinte– sino “un criptgrafo sobreviviente de los tiempos del Arcipreste de Hita”, pero eso s, “puesto a girovagar por el malecn en deslumbrante jerapellina”. De dnde sacara esta palabra? Significa sencillamente “vestido viejo, hecho pedazos, andrajoso, rado”. El diccionario, como esos sirvientes que en las novelas de misterio dan con toda inocencia un dato que esclarece un vnculo entre dos hechos lejanos, aade que la palabra “viene de harapo”. Y entonces recordamos que al final de su “Elega del retorno” Poveda, el poeta, el que pareca testimoniar slo una personal angustia, revelando el verdadero destinatario de ella concluye: “Esta muda elega, Patria, que el viento de la noche despliega como un harapo sobre nuestro infortunio”. Harapo patrio en que se convirti por entonces nuestra bandera y que reaparece, ya irreconocible, en esa frase del “Criptograma” en pleno 1952, cuando la noche todava no pareca anunciar el “retorno a la alborada”. Hemos querido destacar, por menos sealados, estos aspectos de su tan rica hechura. S, Roa el delicado. No slo el batallador poltico, el polemista formidable, sino aquel a quien un primer contacto con la poesa dio luz para entenderle su otra forma de servicio, olfato para lo verdadero, ojos para verla en la raz de la patria, el mismo capaz de ver por los das de su exilio poltico, los crepsculos de Morelia, de recatados tonos sibilinos, “la fina plata de Guanajato”, “la cermica y orfebrera de la luz” a la hora en que se creyera ver el Tata Vasco de Quiroga, amado de los indios. No queremos escribir un “In Memoriam” al que todava recordemos todos tan vivo de gestos como de pa-

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42labras, en el Ministerio, en la Embajada, en el silln de su casa, mal plegada en el asiento la garabateada silueta movediza que la caricatura maestra de David capt de modo insuperable, las manos como antenas elctricas cambiando de posicin, sin cesar, la tacita de caf dejada al lado, el cigarrillo nervioso, y un humillo gris velando fondos de rojo chispa y verde claro, en lo ligero intenso imprevisible. Deslenguado tan solo ante la infamia, fino de fondo, “infinitamente”. Nadie menos ni mejor diplomtico, ni nada ms refrescante que su absoluta falta de hipocresa, el modo que coronaba un suceso favorable, cuando la tensin internacional pareca ms intensa, con su adjetivo breve, pictrico, bizarro inconfundible. La muerte lo sorprendi como sorprende a los servidores de la vida, en plena tarea. No pudo llegar a retirarse, como dijo en memorable entrevista, a escribir sus memorias, envuelto en un ropn morado, con gorro frigio con una estrella en la cabeza, a manera de ese Don Quijote que aparece en un grabado de Dor tambin en ropa de dormir, encalabrinado el cerebro por los libros de caballeras, sino que estuvo hasta el final como en sus retratos de joven, delgadito, vibrtil, vertical, sirviendo, sirviendo a su Cuba. No s si arrullara su sueo aquel “alacrn de cobalto” de la fiebre que en una de sus pginas apareca “tocando, sin cuerdas, unos acordes de la Heroica de Beethoven”. A l le toc la faena, no la msica, pero slo un violn sin cuerdas deja or algunos acordes. Estoy segura de que le dejaran, como pidi en su testamento juvenil, “la edicin completa de Salgari, seis tomos de Rocambole, un ejemplar rado del Quijote” y –siempre lo hazaoso y aquella nostalgia de lo muy delicado– “una edicin primorosa de La Edad de Oro de Jos Mart”. La tarde en que fue devuelto a la tierra que defendi sin cansarse, al or la larga, estremecedora nota del clarn, las descargas cerradas que por esta vez parecen profundizar ms que interrumpir el agudsimo silencio, me di cuenta de que Roa haba sido en realidad un mamb, y que era justo que recibiese los honores de un militar muerto en campaa, porque en campaa muri y en campaa haba vivido siempre. No pas a Roa lo que a su abuelo, a quien elogiara Gmez como a “un hombre del 68”. No fue slo un hombre de los aos treinta, aunque ellos marcasen su vida y su vocabulario. Dio gusto ver a Roa en su segunda salida quijotesca al alba, poniendo al servicio de la Revolucin sus dotes de polemista y su indomable energa. A su muerte, comentando con el poeta Flix Contreras cmo con Roa se haba ido un pedazo de la historia de Cuba, un estilo, una poca, nos dijo con un acento de desconsolada tristeza: “Era el ardor cubano...”. S, Flix, Roa era el ardor cubano, el que centellea en el peligro como en la fiesta, el que uno oye, como en una segunda crecida, en algunas viejas canciones cubanas –“mil saetas al odo!”– en las que la Patria nos mira como una nia arrobadora, y nos hiere dulcemente. Es el ardor cubano, el que, a la menor injusticia, cuando “en su dolor se siente herido”, se yergue y guerrea sin tregua, el que entonces pele, luch, perdi, y ahora an guerrea, canta, vence y vencer, el que nos salva.

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43 Ardiendo pura* Cintio VitierPoeta, crtico, ensayista y novelistaEsa mano relmpago, ms viva que la ardiente palabra en que restalla, esa mano zig-zag de la batalla a pecho limpio de la patria altiva: esa mano vibrante, deportiva, disparando el strike que no le falla, hiprbole la plvora en que estalla y sale de s misma, rediviva: esa mano de Roa que flamea invicto airn sobre la dictadura y en la cueva del yanqui centellea: esa mano que increpa, rapta, jura. Garabato de luz, fulmnea idea, es la estrella mamb, ardiendo pura.* Poema dedicado a la intervencin del doctor Ral Roa en la Organizacin de Naciones Unidas (ONU) en abril de 1977. Fue publicado en Signos (Villa Clara, Cuba) (21):29; en.-dic. 1978.

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44 R ecin elegido Ricardo Alarcn para presidir la Comisin en Homenaje por el Centenario del Natalicio de Ral Roa Garca,1 le escuch hacer la siguiente pregunta: “Como debemos hacer esta conmemoracin? Hay que hacerlo al estilo de Roa, sin empaque ni protocolo, ameno y alejado de todo formalismo como fue su existencia. No podra ser de otro modo”. Mientras oa atentamente al compaero de tantos aos sealar en su medular intervencin el trnsito de Roa como profesor y decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Pblico de la Universidad de La Habana, pensaba: “Los que conocimos a Roa en esa etapa, cmo podramos trasladar a la nueva generacin la imagen que conservamos, que fuera consecuente con su peculiar manera de ser, pues el hombre es su estilo?”. Sin lugar a dudas, cuando en esta conmemoracin se destacarn sus mltiples facetas, tan llenas de matices, pero imposibles de conocer en su correcta dimensin sin hurgar en su raz que, indudablemente, est en la Universidad de La Habana. Julio Antonio Mella haba matriculado en la Facultad de Derecho en 1921 y la Colina estaba impregnada de su prdica. Por entonces, Ral Roa an era alumno de bachillerato cuando lo conoci en la Universidad y admir su porte altivo, su acento valiente y vigoroso, su palabra encendida. Roa ingresa en la misma escuela en 1925. Resulta interesante la imagen que guardaba de su postrer encuentro con Mella, el 26 de noviembre de ese ao. Esta ocasin fue precisamente la ltima en que Mella estuvo en la Universidad. El lugar fue el Patio de los Laureles, donde con su magnetismo caracterstico, se subi en un banco. Roa lo recuerda de este modo: “[…] su mirada resuelta y brillante se encogi un momento en s mismo y luego con gesto dominador y altivo, la melena flamante, el brazo poderoso rubricando el aire, rompi a hablar”. 1907-2007. Ral Roa Garca: El rumor de la colmena Juan Nuiry SnchezHistoriador y profesor de la Universidad de La Habana

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45Gerardo Machado sucede a Alfredo Zayas en la presidencia de la repblica. En la vspera del 30 de septiembre de 1930, Roa es manifestante y redactor del “Manifiesto al pueblo de Cuba”; fecha imborrable en el decursar de su vida. Se incorpora al Directorio Estudiantil Universitario, despus funda con Pablo de la Torriente Brau, el Ala Izquierda Estudiantil. Su prdica, participacin y combate, contra el “asno con garras” lo lanzan una y otra vez a la crcel. De ah nace una conducta, una posicin inclaudicables que mantiene hasta el final de su vida. Se grada como Doctor en Derecho Civil y Derecho Pblico en 1934. Otra vez se frustra la revolucin y en 1935 fracasa la huelga de marzo. Dos meses despus, Antonio Guiteras caa combatiendo en El Morrillo. Fue una prdida irreparable. Ante un cuadro sombro en la vida nacional, marcha al exilio. Se inicia un triste perodo donde impera la figura siniestra de Batista. Regresa de los Estados Unidos a Cuba y prosigue su lucha y posicin revolucionaria. En 1940 gan por oposicin la ctedra de Historia de las Doctrinas Sociales en la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Pblico, en la Universidad de La Habana. Con estos apuntes iniciales, que constituyen vivencias inolvidables, nos aventuramos a describir nuestro encuentro y vinculacin con Ral Roa Garca. Yo haba matriculado en el curso 1951-1952 en la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Pblico, donde el doctor Roa Garca era decano. Entre un montn de recuerdos, observo la imagen de aquel profesor, flaco y nervioso, con un montn de libros bajo el brazo –del sobaco como l deca–, resuelto y gil, bien caminando o sentado en un banco en la Plaza Cadenas, hablando con elocuente verbo, gesticulando, “araando el aire con sus manos”, contando ancdotas, rodeado siempre de estudiantes que lo escuchaban con entusiasmo, sin ms protocolo que su prestigio. Recuerdo haberlo odo hablar por primera vez del mentor argentino Jos Ingenieros, tambin de la epopeya de Augusto Csar Sandino, el General de Hombres Libres, referirse con pasin a Pablo de la Torriente Brau, Rubn Martnez Villena, Rafael Trejo y Gabriel Barcel, as como a Manuel Sanguily, Enrique Jos Varona y Jos Carlos Maritegui; destripar a la Enmienda Platt y crucificar a trnsfugas, farsantes y politiqueros. Tambin referirse a su inclaudicable posicin frente al “bonche” universitario. No era un hombre de pose, era ameno y sencillo, lo mismo que suceda en su ctedra. Cuando imparta clases no slo estaban sus alumnos, sino tambin acudan los de otras facultades para or sus lecciones, entre ellos Jos Antonio Echeverra, quien le profes siempre estimacin, admiracin y respeto. Tal como lo describe Ral Roa Kour, en su “Liminar”, en la ltima edicin de Historia de las doctrinas sociales, publicada por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en el ao 2001: “Su ctedra era ventana abierta para otear con mirada crtica el entorno poltico y social”, donde el profesor Roa haca gala de su formacin cultural, sus conocimientos y de su afilado ingenio.

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46Para acercarnos al estilo pedaggico del profesor Roa, es importante citar un fragmento de su libro de texto Historia de las doctrinas sociales, el cual defina claramente de esta manera: He tratado de infundir a mi clase el rumor de la colmena […] Creo sobremanera provechosa, que la enseanza se administre con la activa participacin del estudiante. Hacer til, vivaz, coloquial y alegre la tarea de aprender ha sido mi cntrica preocupacin. Ni vacuas solemnidades, ni distanciamientos filisteos. Jams, afortunadamente, he sentido proclividad alguna por los obsoletos rituales de la pedantera acadmica. El profesor debe producirse en su oficio por la propia naturalidad del pez en el agua. La mayora de los que suelen asumir aires lejanos y ademn de perdona vidas, pertenecen por derecho propio, a la flatulenta dinasta de los Pachecos. De alumno del profesor Ral Roa, pas a ser su amigo y compaero de lucha. Al producirse el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, declar: En el ao del cincuentenario de la fundacin de la repblica y en vspera de los comicios generales, un golpe militar nos ha retrotrado a tiempos que parecan trasmontados. No puede ser ms dramtico el cuadro […] La Bicentenaria institucin –reservorio de la alta cultura y baluarte irreductible de la dignidad nacional– ha estado siempre en su puesto de combate en la coyuntura crtica de la Patria. No podra dejar de ocuparlo en estas difciles circunstancias. El ao 1953 es de gran significacin histrica. Se conmemoraba un siglo del natalicio de Jos Mart; cae bajo las balas de la dictadura en el mes de enero Rubn Batista Rubio, primer mrtir estudiantil de esa generacin; Roa recordaba a Rafael Trejo en valiente denuncia; Fidel Castro dirige el heroico asalto al Cuartel Moncada, segunda fortaleza del pas, en Santiago de Cuba. El 27 de noviembre de 1953 es asesinado el honesto y valiente Mario Fortuny, vinculado estrechamente a Roa, del cual escribira: “Ningn crimen despus de la horrenda masacre subsiguiente al asalto al Cuartel Moncada, haba sacudido a la opinin pblica cubana, como el vil asesinato de Mario Fortuny”. La vida de Roa, penda de un hilo. El 11 de diciembre, el rector Clemente Incln lea, ante el Consejo Universitario de La Habana al que Roa perteneca, una carta que este envi para explicar a sus compaeros la razn de su asilo, donde deca: “Me veo forzado a abandonar temporalmente mi Patria, por encontrarme desde el vil asesinato de Mario Fortuny, en inminente peligro de muerte”. En Mxico trabaja y combate. El 19 de mayo de 1954, al cumplirse el 59 aniversario de la muerte de Jos Mart en Dos Ros, junto a la efigie del Apstol esculpida en el Bosque de Chapultepec expres en improvisada intervencin: Compromiso es nuestra palabra y acto nuestra conducta. No somos martianos de letra, sino martianos del espritu. Martiano como lo fue Julio Antonio Mella y lo son hoy la legin

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47de titanes que asalt el Cuartel Moncada y los jvenes que estn dando ejemplo con su coraje y sacrificio. No poda ser de otro modo tratndose de quienes somos: Desterrados combatientes revolucionarios. En febrero de 1955 fui electo presidente de la Asociacin de Estudiantes de Ciencias Sociales y Derecho Pblico y por esos das recib un telegrama de Roa, siempre atento al acontecer nacional, donde expresaba: “Colonia Cuahtemoc D.F. FB 7 Juan Nuiry Snchez, Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de La Habana. Felictole exaltacin presidencia escuela renovando fe juventud universitaria y destino de Cuba. Saludos. Ral Roa”. Telegrama que guardo con emocionado recuerdo. En enero de 1955, la opinin pblica era sorprendida por el affaire del Canal Va Cuba, que fue declarado “de utilidad pblica”. Pero, la presin popular gana dos importantes batallas: impedir este criminal engendro de dividir a Cuba en dos y la de arrancar la formulacin de una amnista poltica a la dictadura, y la salida de las crceles de los presos polticos y el regreso de los exiliados. Fidel y los moncadistas salen de la prisin de Isla de Pinos, el 15 de mayo de ese ao, y Ral Roa arriba nueve das despus de la promulgacin de la ley. “Me fui de pie y retorno de pie”, declar al bajar del avin que lo traa de nuevo a la patria. A su llegada, asume de nuevo su cargo en la Universidad. Interminables seran las vivencias de aquel vnculo nuestro como presidente de la Asociacin de Estudiantes y Roa como decano. Ral Roa Kour formaba parte de nuestra candidatura en la Agrupacin Manicatos, en la Asociacin de Estudiantes y tambin en la Direccin de Cultura de la Federacin Estudiantil Universitaria (FEU), y esto hace que se estrechen an ms los lazos con la familia Roa-Kour. Aqu es necesario hacer un alto, pues no se puede hablar de Ral Roa, sin destacar la personalidad de la doctora Ada Kour. Ella no slo fue su compaera en la vida, sino tambin una destacada combatiente y distinguida profesional que, con su hijo Ral, hacan una familia revolucionaria de formacin y accin. Luego del 13 de marzo de 1957, ellos eran de las pocas personas que conocan dnde me encontraba. Fue precisamente la doctora Kour quien, sola, me traslad hacia la Embajada de Mxico, en medio de aquellos difciles momentos. Recuerdo una reunin que se efectu en la casa del doctor Ral Roa, en el reparto Miramar, en los ltimos das de mayo de 1955, la cual fue un intento de Roa y Jos Antonio por lograr la unidad revolucionaria. En esa ocasin estaban presentes Fidel Castro, Rafael Garca Brcenas y Ral Roa; por la FEU, participamos Jos Antonio, Fructuoso Rodrguez y yo. Ada Kour y Raulito Roa, entraban y salan del local. En ese encuentro prim el sentido unitario de Fidel y Jos Antonio, como lo demostraron siempre. Pero se pusieron en evidencia dos criterios insuperables en los enfoques estratgicos. Fidel fue amplio y detallado en sus argumentos: la lucha armada apoyada por una huelga general, que contara con una fuerza de combate, frente a la tirana. Brcenas

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48repeta la confianza en sus contactos dentro de las fuerzas armadas y nunca en un enfrentamiento contra el Ejrcito. No hubo acuerdos. Fidel dej abierto cualquier anlisis posterior para el logro de una verdadera fuerza unitaria en el campo revolucionario. En el Campamento de La Rinconada, en aquellos momentos Comandancia de la Columna Uno “Jos Mart”, en Charco Redondo [actual provincia de Granma. N. de la E.] donde nos encontrbamos en los primeros das de diciembre de 1958, el compaero Marcelo Fernndez me habl sobre Ral Roa, de su posicin de siempre y participacin en el proceso. Das despus, convers largamente sobre el particular con el Comandante Fidel Castro. Pero volvamos al presente. La amplia y rica proyeccin de Roa es imposible abordarla en un trabajo. En esta conmemoracin se oir hablar y escribir como sealaba Alarcn: “Como ensayista y cronista; de su pensamien to poltico, social y cultural; historiador; diplomtico; diputado; periodista –gan en dos oportunidades el galardn periodstico Justo de Lara–, y tambin de su aficin beisbolera, pues en la cntrica esquina de las calles 12 y 23 en el Vedado, hay ‘una pea de pelota llamada Ral Roa Garca’”. Asimismo se hablar de cmo poda utilizar la jerga popular con palabras que deban buscarse en el diccionario; de su amplia gama de vocablos, pero comprensible y directa en su certera y combativa artillera, pues su cultura era tan amplia como el conocimiento que posea de la actualidad cotidiana y ocurrencias populares. Pero dejemos que lo diga Roa con sus propias palabras:”Soy criollo de cepa y por eso, escribo tan espontneamente como hablo salindome las expresiones populares y las palabrotas sin que intervengan mi sistema central. Mi estilo se parece a m, como yo a l”. Para conocer a Roa es necesario leer su vasta obra, pero para acercarnos al personaje, a su agilidad mental, su permanente juventud y su penetrante ptica, yo recomendara sus palabras durante el acto efectuado en su investidura como Profesor de Mrito de la Universidad de La Habana, el 23 de abril de 1977, cuando se refiri con emocionado afecto a “mi Universidad de estudiante y mi Universidad de profesor”. A continuacin citar fragmentos de dos trabajos periodsticos donde se pone de manifiesto su afilado ingenio. El primero, realizado por Ambrosio Fornet, para la revista Cuba en octubre de 1968, con el ttulo: “Tiene la palabra el camarada Roa”, y el segundo, elaborado por Samuel Feijo y publicado el 18 de abril de 1972, en ocasin de los setenta aos de Roa. En la entrevista, Fornet le pregunta: “[…] cundo descubri que era un intelectual revolucionario o simplemente un revolucionario?”, a lo que Roa respondi: “Descubr que era revolucionario el da que me sent disconforme con el mundo estante y anhel uno ms justo y bello: Mella contribuy decisivamente y acaso tambin el sedimento inconsciente de mi progenie mamb. A la sombra iluminada de mi abuelo, Ramn Roa, hice yo mi primera vela de arma”. Luego aade: Le El hombre mediocre, de Jos Ingenieros, antes de sentirme o ser

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49marxista. Y, as mismo, sus dems libros […]. [……….] Estimo que se puede ser marxista y admirar a un escritor no marxista. No admiraba Marx a Aristteles, Epicuro, Demcrito, Herclito, Heine, Schiller, Shakespeare, Diderot y Balzac? Y Lenin no se deleitaba con Tolstoi? Si Marx propugn la transformacin del mundo, esto no empieza ni acaba con l. Nadie tuvo ms clara conciencia de eso que el genial tudesco. De esa larga entrevista a Roa, cuando le pidieron que retratara o definiera a distintos hombres, lo hizo as: Villena: la semilla; Guiteras: el fuego; Pro: el caco; Varona: el maestro; Maach: el cuello duro; Mella: el olmpico; Barcel: el desconocido; Pablo: el talento, y Roig: el indispensable. Finalmente le preguntan por el tipo ms simptico de su generacin, a lo que jocosamente responde: “No me queda otra alternativa que reconocerlo: el tipo ms simptico soy yo”. De la entrevista de Samuel Feijo a Ral Roa, “escritor revolucionario sin final previsible”, extraigo este pasaje: “Y de tu cumpleaos, qu?”. A lo que Roa respondi: Cumplo los 70 abriles sin darme por enterado […] La raz de esa juventud que todava cabalgo a despecho de los aos es una, clara y obvia: la revolucin cubana fuente inagotable de protenas, vitaminas y hormonas para el espritu. Por eso, puedo decir que el 18 de abril, vsperas de la histrica victoria de Playa Girn, entro en la segunda juventud. Eso significa que el ropn morado y el capuchino con una estrella roja que me mand a hacer para encasquetrmelo el da en que sintiera el primer sntoma de vejez, permanecer guardado un siglo ms por lo menos. Ahora enarbolar dos oriflamas: ¡Patria o Muerte, Venceremos! y ¡Hasta la Juventud Siempre! Mientras escriba este trabajo, confieso que en cada palabra me asaltaban los recuerdos y en cada cita encontraba una nueva enseanza. An ms, si se tiene en cuenta el tiempo transcurrido desde su desaparicin fsica, aquel martes 6 de julio de 1982, su presencia me parece ms cercana, dira mejor, ms actual. Porque de Roa se podra decir lo mismo que l expres el 19 de noviembre de 1933, al despedir el duelo, emocionado, ante la tumba del insigne maestro Enrique Jos Varona: “Quien fue leal a su tiempo, quien lo vivi y lo sinti entraablemente, ser de todos los tiempos”. Finalmente, ante la trayectoria y obra presentes en este advenimiento y adis a la vida de Ral Roa, recordemos los versos del poeta Antonio Machado: ¡Muri!... Slo sabemos que se nos fue por una senda clara, dicindonos: Hacedme un duelo de labores y esperanzas. Notas1 Ral Roa Garca naci en La Habana el 18 de abril de 1907 y muri el 6 de julio de 1982, en la misma ciudad. Este ao arribara a cien aos de su natalicio y se cumplen veinticinco de su desaparicin fsica. Para este trabajo se ha consultado la extensa obra de Ral Roa, archivos del autor y los sealados en el texto, as como Visin y pasin de Ral Roa de Enrique de la Osa.

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50 Ral Roa: evocando a Varona* Eusebio LealHistoriador de la Ciudad de La HabanaIncomprensiblemente, los genzaros haban respetado su biblioteca y, como siempre, sobre su diminuto escritorio flameaba un puado de rosas rojas y se desplegaban alegricamente las tnicas de la Victoria de Samotracia. RAL ROA E n el marco severo y evocador del Aula Magna de la Universidad de La Habana tuvo lugar el sbado 23 de abril de 1977 la investidura del doctor Ral Roa Garca como Profesor de Mrito de nuestra alta casa de estudios. La sala colmada de los ms altos representantes del Partido y del Estado, del claustro de profesores y de estudiantes de todas las facultades, nos dio ocasin de meditar profundamente en cmo la Revolucin socialista y slo ella es capaz de premiar en cuanto vale y supone el saber en todos los rdenes. En esta oportunidad representada por el hombre enrgico y sencillo, cubano hasta la mdula en el decir y en el hacer, cuya vida revolucionaria rememorada por la doctora Vicentina Antua, profesora titular, en su discurso de presentacin nos sirvi para recorrer la historia de la repblica convulsa de luchas, plena de sacrificios y de entregas en la que la vanguardia juvenil de que form parte el doctor Roa dio pruebas de su temple con la vida y con la muerte. Nunca apareci ms joven el autor de Retorno a la alborada que en estos setenta aos que, sin pronstico de reposo ni desaliento de ninguna ndole, se proyecta hacia delante sin ms tristeza reconocida que aquella que surge de lo ms hondo de su espritu fraterno cuando evoca a los cados, sus compaeros, en cuyas manos llameantes coloca el ttulo y el homenaje. Como se impone en estas ocasiones, el profesor ha ofrecido una clase magistral, y, de manera brillante, ha presentado con irrebatible anlisis dialctico la personalidad del insigne Enrique Jos Varona, hombre determinante en nuestra cultura, cuya vida es elocuente testimonio de la evolucin* Publicado originalmente en la revista Bohemia (La Habana) 69(25):41; 24 jun. 1977.

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51del pensa miento poltico. De sensibilidad a toda prueba ante las necesidades apremiantes de un pas que conoci en dos tiempos distintos: colonia y repblica, que fue colonia superviva, cuyas lacerantes contradicciones encontraron en Varona al crtico profundo que, fiel a sus convicciones cubansimas y desoyendo la tentacin del mbito corrupto, abri sus puertas a la juventud vehemente y tenaz que busc el amparo de su talento y el arcano de su experiencia como bandera en ms de una poca difcil y hasta su muerte. Con razn Jos Mart en su carta dirigida desde Nueva York el 13 de septiembre de 1887 le advierte: “Yo no veo en mi tierra, fuera de los afectos naturales de familia, persona a quien deba yo querer ms que a Vd., por la limpieza de su carcter y la hermosura de su talento”. De ella se intuye que sin lugar a dudas el destinatario que alcanz tal elogio era ya, enrutado al camino inequvoco y sin regreso de la revolucin, objeto del aprecio de quien fue tan mesurado en elogios y tan certero en la crtica edificante y el rechazo a tantsimas actitudes oportunistas y cobardes. Lo que reitera ms tarde cuando al responder a la adhesin sincera de Varona le interroga: Y cmo le pago yo su arranque del alma? Yo no s si merezco premio alguno por haber servido de lengua a nuestra tierra, amenazada y ofendida; pero el gusto de verlo a Vd. tan noble como se me muestra en su carta sera el premio mayor que yo pudiese apetecer. Increble es que nos esperen mayores desdichas; pero parece de veras que nos estn reservadas humillaciones y angustias ms temibles, por menos remediables, de las que le tienen a Vd. atribulado el corazn, y a m como un muerto en vida. ¡Qu alegra verlo a Vd. entre estas penas, como una flor de mrmol! Y termina el Apstol: “No quiero ms que decirle que quedo enorgullecido con su carta, y con la fe que he contribuido a inspirarle, y yo no tengo por fanatismo ni ceguera, sino porque s que en mi tierra hay an hombres como Vd. que le mantengan el corazn, y le saneen el aire podrido”. De la identificacin alcanzada por Varona con los propsitos enunciados del Partido Revolucionario Cubano en el cual milit, y especialmente con Jos Mart, deja testimonio en su admirable discurso pronunciado en honor del Apstol de la independencia de Cuba en la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York el 14 de marzo de 1896, cuando haca poco el hombre genial, a quien exalta su palabra, haba cado en un campo de batalla esclareciendo, de una vez y por todas, el deber presente y futuro que contrae el hombre de pensamiento nacido en un pas esclavizado y que une en su suerte a su pueblo hasta dar su vida por l en una guerra patritica de liberacin. Dijo Varona: “Tena fe en s, en la pureza de su intencin, en la eficacia del derecho. Y no necesitaba ms. Ya desde entonces abrigaba la conviccin, que expres con noble confianza antes de lanzarse a la tremenda obra, y poda decir, como despus: ‘yo alzar el mundo’. Y se puso a levantarlo con su corazn y su genio”.

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52El discurso del doctor Roa abunda en la justeza del homenaje a l dedicado. Nos hizo regresar, salvando el tiempo transcurrido, a aquellos das inolvidables en que alcanz con su enrgica palabra las grandes victorias diplomticas que han marcado un hito en la historia de la Revolucin cubana, y que infundieron en los jvenes de nuestra generacin, que no tuvimos la oportunidad de ser sus compaeros en otro tiempo ni sus discpulos en el aula universitaria, el respeto indeclinable hacia l. Salvada de suerte adversa, smbolo de la esperanza de Enrique Jos Varona en el porvenir por el cual se deba resistir y luchar, el Museo de la Ciudad de La Habana conserva la Victoria de Samotracia, copia fiel de la clebre obra de arte de la antigedad, que era objeto de la especial dileccin del gran sabio cubano y a la cual dedic las frases ardientes con que concluye su discurso de ingreso en la Academia Nacional de Artes y Letras el 11 de enero de 1915: Aqu, sobre mi mesa de trabajo, tengo una famosa escultura: la Victoria de Samotracia ha perdido un fragmento. No importa. Todo su cuerpo nervioso y musculoso avanza, se precipita en mpetu irresistible; la tnica se le adhiere a los miembros resistentes y un viento de tempestad la agita y parece trazarle una estela; sus alas aquilinas estn totalmente desplegadas. Vuela. A dnde? ¡Quin sabe! De todos modos, a conquistar el futuro que le tiende los brazos. ¡Cunta confianza contenida en el bronce de este legado se ha hecho realidad en nuestro tiempo! As enlazados el maestro inolvidable y el discpulo fiel que un da luctuoso ya lejano hizo el postrer elogio en nombre de la juventud cubana, sobre su tumba, enuncia ahora, en vsperas del 250 aniversario de la fundacin de la Universidad de La Habana, el homenaje que esta ha de rendirle como a uno de sus ms esclarecidos educadores.

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53 C uando en 1978 terminaba de escribir Jos Antonio Echeverra: la lucha estudiantil contra Batista, me pareci necesario hacer una dedicatoria a la personalidad revolucionaria que ms haba influido en nuestra generacin estudiantil universitaria y por lo tanto en el libro que proyectaba. Hoy, treinta aos despus, y en ocasin de conmemorarse el centenario del nacimiento de nuestro profesor, ms justa y exacta considero aquella iniciativa. Roa no nos leg un muser, pero con su extensa obra contribuy a situarnos en el camino correcto de la Revolucin cubana. Fue el “agente transmisor” de las proyecciones polticas e ideolgicas de la heroica “Generacin del treinta” –de la que no se haba ido a bolina–, del ejemplo de sus hroes y de sus mrtires. Con ello nos conect al cable que nos habra de transmitir tambin el legado de nuestros luchadores por la independencia. As tomamos conciencia de que a nuestra generacin le corresponda, si no culminar, al menos llevar adelante la obra comenzada en Yara. El golpe militar de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, suscit el rechazo inmediato del estudiantado universitario. En mi caso, ese mismo da decid unirme a la resistencia, e incluso tomar parte en el enfrentamiento armado. No tena entonces militancia poltica y s un rechazo visceral a la politiquera tradicional reinante. Despus de cavilar largo tiempo sobre mi actitud, he llegado a la conclusin de que esta fue resultante de dos factores: la oposicin terminante al cuartelazo militar impuesto por Batista, de sanguinaria trayectoria dictatorial de 1934 a 1944, y la influencia que ejerci sobre m la heroica tradicin del estudiantado y, sobre todo, por su lucha en el no muy lejano enfrentamiento a la tirana de Gerardo Machado. Muchas veces he contado la profunda impresin que me caus, recin ingresado en la Universidad, la visita al Saln de los Mrtires de la Federacin Estudiantil Universitaria (FEU), en una inolvidable tarde otoal, al verme confrontado a solas con las fotos de aquellos hroes juveniles como Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras, Flix Ernesto Alpzar, Po lvarez, Floro Prez, que me hicieron pensar que su ejemplo integraba los deberes que ahora debera asumir como estudiante de la Universidad de La Habana. Esto se hizo presente para m aquel da fatdico de 1952. Mi generacin, de pronto, se vio enfrentada a una tarea histrica. Y los primeros pasos de la Al camarada Ral Roa, que con su palabra nos leg el muser Julio A. Garca OliverasHistoriador

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54batalla demandaban la urgente bsqueda de puntos de referencia. La lucha contra Batista estaba decidida, pero cmo llevar adelante el combate era una tarea ms complicada. El medio universitario, en aquellos momentos, estaba revuelto como resultado de la influencia del negativo proceso de los gobiernos “autnticos” de Ramn Grau San Martn (1944-1948) y Carlos Pro Socarrs (1948-1952). La politiquera y el gangsterismo haban extendido tambin su presencia a los medios universitarios, aunque se iniciaba ya en esos aos una reaccin de la masa estudiantil, en la que participaban Fidel Castro y un grupo reducido de otros estudiantes. Pero todava el cuadro era heterogneo y complejo entre el estudiantado. En la bsqueda de las necesarias referencias, rpidamente surgi ante nosotros la figura del profesor Ral Roa Garca. Era bien conocido en la Universidad, gozaba de gran prestigio dentro del claustro de profesores; era una personalidad de renombre internacional en el mundo intelectual, particularmente latinoamericano, y en especial gozaba de la simpata de los estudiantes. Todos conocamos su trayectoria revolucionaria. Haba sido un combatiente destacado de aquella “Generacin del treinta”, miembro del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) que ocup la primera fila en las luchas contra la tirana de Gerardo Machado, y como si fuera poco, uno de los fundadores del Ala Izquierda Estudiantil en aquellos aos. El acercamiento a Roa se efectu por distintas vas. Lo que nos pareca ms urgente, en aquellos meses que siguieron al 10 de marzo, era el rechazo inmediato, con las armas en la mano, al golpe militar. No ramos muy selectivos en cuanto a las tendencias polticas o ideolgicas. Ms o menos en abril de ese ao, haba regresado a Cuba clandestinamente Aureliano Snchez Arango, ex ministro de Educacin en el depuesto gobierno de Pro, que volva con el definido proyecto de organizar la resistencia armada contra el nuevo dictador. El plan tena el apoyo financiero del ex presidente y de inmediato se inici la introduccin clandestina de armas. Las relaciones que haban mantenido los gobernantes autnticos con otros regmenes no dictatoriales de la regin, coadyuvaban al suministro blico. Tan pronto regres Aureliano fund su organizacin insurreccional, que se conoci como la Triple A. Reclut a viejos compaeros del Directorio y el Ala Izquierda como Willy Barrientos, Salvador Vilaseca, Mario Fortuny, Carlos Alfara, y como es natural a Ral Roa. En aquella primera etapa la disponibilidad de armamentos nos atrajo de inmediato a incluirnos en los planes de la Triple A. Pero adems, el encargado de atender al sector estudiantil fue el doctor Willy Barrientos, un combatiente con una fabulosa y conocida trayectoria de hombre de accin en los combates del treinta. Conocimos de inmediato que Roa era parte del movimiento. Pero la inminencia de un enfrentamiento armado, segn pasaban los das, haca surgir en nosotros la necesidad creciente de encontrar un fundamento y una meta para una lucha a la que estbamos apostando

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55nuestras vidas. Y ante esa disyuntiva el profesor Roa iba a jugar un papel fundamental. Todo comenz para m con la lectura de Pluma en ristre, el libro editado por Roa en 1949. Los escritos de Pablo de la Torriente Brau, de golpe, nos conectaron con la “Generacin del treinta”. El libro circul rpidamente en la Universidad entre los aprendices de revolucionarios. De all, se inici la bsqueda y captura de Bufa subversiva del propio Roa, ms difcil de obtener, pues haba sido editado en 1935. Pero su contenido ya nos llev de lleno a la lucha de los estudiantes universitarios contra Machado y, por tanto, al mismo Roa. Se hicieron presentes las primeras seas del debate ideolgico en aquellos aos y se apuntaban las nacientes tendencias del pensamiento de izquierda. A partir de entonces, la bsqueda de los escritos de Roa, se convirti en la ruta inmediata de nuestra formacin revolucionaria. Sus aportes se profundizaron con trabajos como “Escaramuzas en las vsperas” de 1947. A los aspectos que caracterizaron la lucha contra el machadato, se unieron entonces el balance crtico de nuestra vida republicana a partir de 1902, as como los fenmenos de la politiquera, corrupcin y gangsterismo de los aos ms recientes. Algo que, en particular, se pona de manifiesto era la vertical posicin adoptada por Roa enfrentndose al bonchismo y al gangsterismo en la Universidad. La lectura de los trabajos de Ral Roa se convirti en una necesidad de la lucha. Las hazaas de los estudiantes del treinta, de Rafael Trejo a Gabriel Barcel, se constituyeron en decisivos elementos de emulacin para nuestra generacin. Otros libros fueron ms difciles de conseguir, como 15 aos despus, de 1950 o Viento sur, de 1953. Parejamente, con el mensaje histrico, entrbamos en contacto con el inmenso bagaje cultural de Roa. Mientras, la lucha estudiantil revolucionaria se fue profundizando. Si a partir del cuartelazo nuestra meta urgente era enfrentarnos y derrotar el golpe militar, pronto el objetivo iba a cambiar y proyectarse a su justo alcance. Yo dira que el punto de inflexin fue la accin del Moncada el 26 de julio de 1953, organizada y dirigida por Fidel. Aquel intento heroico, llevado a cabo por un grupo de jvenes annimos, nos sacudi a todos y nos hizo reflexionar sobre nuestros objetivos. A partir de ese momento, se hizo claro que la lucha no poda ser slo para eliminar al mandante de turno, sino que tena que dirigirse a realizar una revolucin radical y definitiva en nuestra patria. Puedo asegurar que as lo comprendi Jos Antonio Echeverra. Por esa razn se propuso alcanzar la presidencia de la FEU, la organizacin creada por Julio Antonio Mella, y convertirla en el instrumento que uniendo a los estudiantes y a los trabajadores realizara, lo que a partir de 1954, defini como la Revolucin cubana. As dira al respecto: “La nica salida a los tremendos y crecientes males de Cuba no puede ser la transaccin bochornosa o la claudicacin cobarde a componenda alguna sino la gran revolucin, renovadora total del sistema”.1Para la trayectoria de nuestra generacin estudiantil no podramos decir que Ral Roa fue el nico orientador

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56que tuvo la lucha. l fue el primero que nos introdujo en el sendero de la Revolucin cubana, pero segn avanz el proceso, otras fuentes se sumaron al desarrollo de nuestro pensamiento revolucionario. A travs de Roa nos bamos a acercar rpidamente al inmenso legado de Jos Mart, as como a Mella y a Rubn Martnez Villena. Segn el intento inicial de aplastar el golpe militar quedaba atrs, otro proyecto revolucionario ms consecuente y de mayor alcance se conformaba gradualmente. Iba a llegar tambin a manos de nuestra generacin el manifiesto La historia me absolver, de Fidel Castro Ruz. Sin embargo, en la conmemoracin de este centenario quisiramos exponer los aspectos que, a nuestro juicio, mayor influencia ejercieron del legado de Roa. Creo que, en primer lugar, nos sensibiliz el gran amor y respeto que se refleja en toda su obra hacia su Alma Mter del alto centro de estudios. Roa no slo contribuy a incrementar el prestigio acadmico de la Universidad, nacional e internacionalmente, sino que toda su vida destac el papel histrico de lo que haba sido arena y escenario de importantes batallas de su generacin. El recuerdo de sus compaeros cados fue una constante en su obra. As lo hace constar en sus escritos en 1937. Al referirse a los estudiantes como “El baluarte de la libertad y su ejrcito ms firme” escribe: “Las universidades –dijo Mart– parecen intiles; pero de ellas salen los apstoles y los hroes” y precisa: “las experiencias de la nuestra” – de esa casa gloriosa que hay que defender, en pareja medida, del bonchismo interno y del bonchismo externo– “verifica, enteramente, la validez de este hacer”. Apstoles y hroes han brotado, en fecunda simiente, de las aulas cubanas. Sintetizo la constelacin nutridsima de estos nombres preclaros: Julio Antonio Mella, Mariano Gonzlez Rubiera, Rafael Trejo, Ramiro Valds Dauss. Martianos genuinos fueron estos jvenes bizarros que jams escondieron lo que pensaban ni contemplaron el crimen en calma, que fueron a toda hora fieles a s mismo y al destino de Cuba, que ni transigieron ni desmayaron, que frente al holocausto les creci el denuedo y frente al oprobio se irguieron colricos, que viven no obstante estar muertos, que nos sealan el rumbo con ndice inapelable.2¡Qu magnfica oracin por la Universidad y sus compaeros! Cuando copio estas palabras no puedo evitar el deseo de aadir los nombres de Jos Antonio, Fructuoso Rodrguez, Joe Westbrook, Sergio Carb y Jos Machado a esa gloriosa lista de hroes universitarios. Tambin para nosotros la Universidad de La Habana se iba a convertir en permanente monumento que conserva en su emblemtica escalinata y en cada uno de sus rincones, imborrables recuerdos de las luchas y de los compaeros cados en el enfrentamiento a la tirana batistiana. All nos hicimos revolucionarios, como dira Fidel. Pero al hacer el balance del aporte revolucionario de Ral Roa a nuestra generacin, tenemos que subrayar su decisiva contribucin al encarrilamiento

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57de nuestro ideario poltico en la lnea principal del pensamiento revolucionario cubano. En este sentido debemos destacar que su prdica se fundamenta en esa triloga magnfica que va de Mart a Mella y de Mella a Rubn Martnez Villena. En ese tro se rene y profundiza lo ms trascendente del pensamiento patritico e independentista, y su inevitable evolucin a la alternativa socialista y de izquierda, que consolida el sentido antimperialista de la Revolucin. Roa a travs de su obra establece el vnculo indispensable en el desarrollo de la filosofa del proceso poltico e histrico cubano. Debo reiterar que esto no termina en Roa, pero sin embargo, sus trabajos abran las puertas y eran un primer paso, para nosotros, en el camino de un desarrollo ideolgico posterior. Especialmente esclarecedor para nuestra generacin, sera el carcter autocrtico y transparente del legado de nuestro profesor. Cuando habla del proceso del treinta y se refiere a la compleja situacin que se crea despus del derrocamiento de Machado, con el llamado “Gobierno de los cien das” y las distintas tendencias polticas que compiten en esos momentos, nos dice: Pero la responsabilidad del fracaso no corresponde, exclusivamente, a Grau San Martn. Cae, por igual, sobre los que combatimos torpemente al gobierno desde la izquierda. El objetivo inmediato de organizar un amplio frente de lucha contra la reaccin y el imperialismo –premisa previa a la conquista del poder revolucionario por las masas populares– fue sustituido por una propaganda palabrera de consignas utpicas y un planteo de la revolucin proletaria que trascenda las condiciones objetivas del pas y la disposicin subjetiva del pueblo. Y en otra parte plantea: “Mi artculo ‘Mongonato, efebocracia, mangoneo’, imbuido de la concepcin extremista entonces en boga en la izquierda revolucionaria, es prueba fehaciente de ello”.3Conocer esta aclaracin, en tiempo del batistato, de una tendencia que ya se apuntaba en el manifiesto “Tiene la palabra el camarada muser” de 1931, fue una importantsima leccin para nosotros y para las perspectivas de la unidad revolucionaria en el proceso de la lucha. Esa actitud, al reconocer un error cometido en su vida revolucionaria, cuando pasado el momento, el gesto no le poda aportar ni oficio ni beneficio, elev a nuestros ojos la calidad netamente revolucionaria de nuestro profesor. Pero decimos que ese vnculo de referencias cruzadas, Mart-Mella-Martnez Villena, represent uno de los aportes fundamentales de Roa. Si solamente se toma en cuenta su discurso “Rescate y proyeccin de Mart” de mayo de 1937 podramos confirmar esta decisiva relacin: “Mucho se ha escrito y hablado, en estos ltimos tiempos, sobre Jos Mart. No se ha dado an, sin embargo, una versin condigna de su vida trepidante y generosa, ni se ha sustanciado, plenamente, el alcance de su pensamiento poltico. Julio Antonio Mella –que am tanto a Mart como el ms ferviente martilatra– juzg esa faena ‘una necesidad, no ya un deber para con la poca’. Y, ms de una vez, so escribir un libro sobre Mart” Y aade

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58Roa: “Ha de ser, tiene que ser, un culto vivo, pugnaz, beligerante: un culto como el que esta noche le rendimos. No nos hemos juntado, en este aniversario de su muerte para verlo como no fue, ni para pintarlo con atributos ni arreos que jams us no fueron suyos, ni para vaciarle de gusanos la carne mortal y rellenarla imbcilmente de miraguano divino, ni para vestir con muselinas pudorosas su magnfica y exultante desnudez humana”. Y nos dice Roa con un juicio definitivo : “La obra de Jos Mart necesitar ser completada y su pensamiento poltico tendr mucho que hacer en Amrica, junto con la espada de Simn Bolvar y el rifle de Sandino”. Estos juicios emitidos por Roa, hace ahora setenta aos, tendran una tremenda influencia en nuestra formacin poltica. La obligada y repetida referencia a Julio Antonio Mella posee especial significacin cuando miramos a nuestros aos universitarios. En aquellos tiempos tuvimos la suerte de descubrir el escrito de Mella Glosas al pensamiento de Jos Mart de 1927. Mella, para nosotros, era el heroico dirigente del estudiantado y fundador de la Federacin Estudiantil Universitaria, adems de ser uno de los organizadores del primer Partido Comunista cubano. l escribi en esta obra sobre Mart: El estudio debe terminar con un anlisis de los principios generales revolucionarios de Mart, a la luz de los hechos de hoy. l, orgnicamente revolucionario, fue el intrprete de una necesidad social de transformacin en un momento dado. Hoy, igualmente revolucionario, habra sido quizs el intrprete de la necesidad social del momento. Cul es esta necesidad social? preguntas tontas no se contestan, a menos de hacernos tontos. Mart comprendi bien el papel de la repblica cuando dijo a uno de sus camaradas de lucha –Balio– que era entonces socialista y que muri militando magnficamente en el Partido Comunista: “La revolucin? La revolucin no es la que vamos a iniciar en las maniguas sino la que vamos a desarrollar en la repblica”. Ms precisos y significativos no podan ser para nosotros estos criterios de Julio Antonio Mella. A estos descubrimientos, hallados en Mart y en Mella, se sumaron las lecturas de Rubn Martnez Villena. Roa desde muy joven, a los dieciocho aos aproximadamente, haba conocido a Rubn. Inicialmente se vincul con l a travs de temas del quehacer literario. Pero rpidamente, segn Martnez Villena se alejaba de las letras y se sumerga en la lucha revolucionaria, Roa lo acompaara en su participacin en el movimiento estudiantil y sus relaciones con Mella, en la Liga Antimperialista; en la Universidad Popular Jos Mart, en las tareas de las organizaciones de izquierda y en la lucha contra la tirana machadista. As Roa llegara a ser uno de los fundadores del Ala Izquierda Estudiantil en 1931. No hay por qu extenderse en la explicacin sobre el pensamiento poltico de Rubn y su visin de Jos Mart. Sus conocidos versos lo resumen: Hace falta una carga para matar [bribones,

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59para acabar la obra de las [revoluciones; para vengar los muertos, que [padecen ultraje; para limpiar la costra tenaz [del coloniaje; [..........] para que la Repblica se mantenga [de s, para cumplir el sueo de mrmol [de Mart [...] No puedo explicar de qu forma y por qu va desde muy pequeo quedaron grabadas en m aquellas estrofas. Quizs la personalidad revolucionaria que influy ms directamente en Ral Roa sera Rubn Martnez Villena. Sus numerosos escritos relativos al destacado dirigente comunista, hasta su obra pstuma El fuego de la semilla en el surco de 1982, as lo reflejan. A travs de l habra de reforzarse la influencia de Mella y de la ideologa de izquierda. Mella haba encontrado en Rubn su ms cercano colaborador y admirador, y continuador de su obra en el Partido Comunista, hasta su temprana muerte en 1934. Por la obra de Roa se puede asegurar, igualmente, que todos los militantes marxistas cubanos consecuentes se apoyaron en el legado de Jos Mart. Hemos aadido consecuentes, pues dentro de los marxistas criollos, como entre los pioneros del comunismo en otros pases, adems de idealismo no ha sido extrao encontrar corrientes dogmticas y sectarias. Esto es un fenmeno conocido. Pero adems del pensamiento de izquierda, cuyas influencias recibi Roa de Mella y de Rubn, otra faceta conocida muy importante en su obra es la proyeccin latinoamericanista, no slo afn a aquellos destacados dirigentes comunistas, sino sobre todo estrechamente vinculada a Jos Mart. Esto fue otro aspecto que, sin lugar a dudas, tuvo gran influencia sobre los militantes del movimiento estudiantil revolucionario. En resumen, la obra de Ral Roa nos condujo a la inagotable obra de Jos Mart, marco obligado para el pensamiento y la accin de los revolucionarios cubanos, y tambin a los decisivos aportes de Mella y de Villena. As se nos hicieron presentes los ms relevantes temas, no slo de los fundamentos del comunismo y el marxismo en Cuba, sino tambin de los rasgos ms trascendentes de las proyecciones latinoamericanistas y antimperialistas de la Revolucin cubana. La obra de estos prceres, al igual que la de Roa es extensa en estos campos. Es interesante observar que en los libros publicados esas dos figuras del movimiento comunista cubano se adentran poco en el campo de la teora y la filosofa marxista, y se concentran en las repercusiones y tareas concretas que bajo esos ideales se tenan que desarrollar e impulsar en nuestros pases. As conocimos el trabajo de Villena, de obligada referencia para los revolucionarios cubanos, “Cuba, factora yanqui”, de 1927. Mella, por su parte, trat extensamente en sus escritos la situacin de los pases latinoamericanos: Venezuela, Per, Mxico, etctera. En 1925 en su artculo “Hacia la internacional americana” escribi: “Ha pasado ya

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60del plano lite rario y diplomtico el ideal de unidad de la Amrica. Los hombres de accin de la poca presente sienten la necesidad de concretar en una frmula precisa el ideal que, desde Bolvar hasta nuestros das, se ha considerado como el ideal redentor del continente”. Estas ideas, obviamente, fueron un elemento decisivo en la conformacin de nuestra conciencia poltica como hemos reiterado. El 9 de marzo de 1956, Jos Antonio Echeverra, como presidente de la FEU, organiz un acto en el Aula Magna que tendra una gran trascendencia para el desarrollo de la lucha contra la tirana batistiana. El evento se convoc bajo la consigna “Contra las dictaduras de Amrica”. Resulta evidente que esas dictaduras, que se haban implantado en Repblica Dominicana, Nicaragua, Venezuela, en otros pases latinoamericanos y, por supuesto, en Cuba, eran en nuestro hemisferio la proyeccin efectiva y concreta del imperialismo yanqui. Y era evidente que nuestra forma de enfrentarnos al imperialismo era, precisamente, luchar contra estas dictaduras. En la organizacin de la reunin jug un papel importante Roa en la convocatoria a destacados representantes de las luchas revolucionarias de nuestro continente. Larga es la lista de aquellos participantes: Julio Castell Dumas de Guatemala; Miguel ngel Velsquez del Partido Revolucionario dominicano; Simn Alberto Gonsalvi de Venezuela; Pablo Martnez y Pedro Bonilla tambin de Repblica Dominicana; el profesor Luis Daz y Jos Luis Valcrcel de Guatemala, quienes hicieron uso de la palabra durante el acto. Jos Antonio Echeverra pronunci el discurso de clausura, con expresiones rpidamente calificadas de comunistas por los aparatos represivos del rgimen batistiano. Sus palabras se iniciaron diciendo: Me es dable la honrosa encomienda de resumir este acto de genuina y verdadera reafirmacin americana y al honor, uno la satisfaccin extraordinaria de ver y sentir que los hombres de nuestra Amrica se renen ms que por el dolor de desterrados, lo hacen por la unin ntima e igual en la esperanza libertadora y en el aliento bravo de conquistar para nuestra Amrica un destino digno para el hombre americano. Nuestro Jos Mart proclam en su ardiente fe americanista: “Pueblo y no pueblos, decimos de intento, para no parecernos que hay ms que uno del Bravo a la Patagonia. Uno ha de ser, que lo es Amrica”.4A partir de esa invocacin martiana, Echeverra expuso una reflexin sobre la historia de nuestras tierras en la que afirm: “La democracia en Amrica es accidente, es cosa espordica; lo real y no lo natural es el sistema dictatorial”, rasgo que caracterizaba la situacin en aquellos das. Despus de referirse a los dictadores de turno Anastasio Somoza, Rafael Lenidas Trujillo y Castillo de Armas, puntualiz en referencia a los Estados Unidos: “Y a la poltica de intervencin sucede la creacin de la zona de influencia fuertemente defendida por los nuevos gendarmes defensores de las empresas extranjeras que explotan y destruyen las riquezas nacionales”. Sus pala bras,

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61en aquel histrico evento, terminaron con un mensaje revolucionario: “Aceptemos la invitacin de nuestro Apstol: ‘Andemos del lomo del cndor para regar por la naciones del continente y por las islas dolorosas del mar la semilla de la Amrica nueva’”. Los aportes de las figuras ms respetadas del movimiento comunista cubano, habran de tener gran influencia sobre nuestra generacin. No por gusto, el “Manifiesto al pueblo de Cuba” del Directorio Revolucionario, publicado en el peridico estudiantil Alma Mter en marzo de 1956 expona: La Revolucin cubana por destino histrico ha de cooperar y estimular en todo lo que est a su alcance con los movimientos revolucionarios de Amrica que compartan el ideal fundamental de la Revolucin Americana anteriormente expresado. Como obligacin moral histrica y como necesidad estratgica para salvaguardar la obra que en Cuba se realiza. La Revolucin se plantea el ideal de la integracin econmica y poltica del Caribe como paso hacia la definitiva integracin de Latino Amrica.5Ya por esa poca el pensamiento poltico del movimiento estudiantil revolucionario haba madurado significativamente bajo la presin de la lucha. Se podra seguir a travs de sus manifestaciones pblicas. Afortunadamente, la Universidad de La Habana, como centro superior de enseanza en el pas, y la FEU, siempre se haban mantenido en el foco de la prensa nacional. La trayectoria ideolgica del estudiantado revolucionario se puede conocer, paso a paso, a travs de las declaraciones de Echeverra. As se observa en su discurso en el mitin organizado por la Sociedad de Amigos de la Repblica, en la Plazoleta de Luz el 19 de noviembre de 1955, reunin en la que participan los principales representantes de los partidos tradicionales –Grau, Pro, Jos Pardo Llada– con el marcado propsito de obtener del dictador una apertura poltica. Jos Antonio decidi participar para exigir un alto a las maniobras politiqueras y declaraba: Mantenemos que nicamente una transformacin profunda en nuestra realidad poltica, econmica y social, puede ser la cura de los males de nuestra patria. El problema inmediato de Cuba es derrocar al usurpador Fulgencio Batista y establecer un gobierno democrtico; y despus emprender una obra revolucionaria que resuelva el problema de los desempleados, de los campesinos sin tierra, de los obreros explotados, de una juventud condenada al destierro econmico. Cuba est urgida de una verdadera revolucin que arranque lo que Martnez Villena llamara en sus versos encendidos “la dura contra del coloniaje”.6Y dos meses despus, en la proclamacin del Directorio Revolucionario, en el Aula Magna de la Universidad, bajo el llamamiento a la unidad, precisa: “Qu cubano no comprende la necesidad de juntarse en pensamiento nico verdaderamente renovador del sistema poltico, econmico, social y jurdico, para que la Revolucin iniciada por Joaqun de Agero y nunca concluida hasta ahora, d un paso hacia la conquista de la Libertad poltica, la independencia econmica y la justicia social?”.7

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62El acopio acelerado del ideario de Mart, Mella y Villena, en el que Roa ha jugado un papel fundamental, tendr su ms definitiva expresin precisamente en el Manifiesto del Directorio de marzo de 1956, el cual fija histricamente los objetivos estratgicos del movimiento estudiantil revolucionario: La Revolucin es el cambio integral del sistema poltico, econmico, social y jurdico del pas y la aparicin de una nueva actitud psicolgica y colectiva que consolide y estimule la obra revolucionaria. La Revolucin se asienta sobre principios fundamentales de Libertad Poltica (Democracia), Independencia Econmica (Nacionalismo) y Justicia Social (Socialismo).8Al evocar el centenario del nacimiento de nuestro profesor Ral Roa hemos querido reflexionar, con la perspectiva que nos da el paso de los aos, sobre el papel que jug en nuestra formacin revolucionaria. No caben dudas de que Ral Roa ejerci personalmente, y con su extensa obra, una notable influencia en la formacin de nuestra conciencia poltica. Como ya hemos sealado, no sera el nico factor que actuara sobre nuestra generacin en cuanto a su formacin ideolgica, pero creo que no se puede discutir su papel al vincularnos con la frustrada etapa revolucionaria de los aos treinta. Una de las ltimas reuniones que efectu Jos Antonio Echeverra en plena clandestinidad en los das anteriores al 13 de marzo de 1957, y de su muerte, fue precisamente con Ral Roa en la casa de nuestro decano de la Facultad de Arquitectura, Roberto Chomat. Yo lo acompa a ese encuentro, en el cual Jos Antonio quera comunicar a los representantes del Consejo Universitario de la Universidad de La Habana, las decisiones del Directorio Revolucionario en cuanto a las perspectivas de la lucha y la situacin de la Universidad durante la guerra revolucionaria que se iniciaba. l tena gran confianza en que estos destacados profesores transmitiran fielmente su mensaje a la direccin universitaria. Notas1 Echeverra, Jos Antonio. Quebrar Mxico su tradicin de hospitalidad? Bohemia (La Habana) 29 jul. 1956.2 Discurso de Ral Roa “Rescate y proyeccin de Mart” pronunciado el 19 de mayo de 1937.3 _______. “Trayectoria y balance del ciclo revolucionario”. En: Escaramuzas en las vsperas y otros engendros. La Habana: Universidad Central de Las Villas, 1966.4 Garca Oliveras, Julio A. Jos Antonio Echeverra: la lucha estudiantil contra Batista. 1979.5 _______. Contra Batista. 2006.6 _______. Op. cit. (4).7 Ibdem.8 _______. Op. cit. (5).

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63 El pensamiento revolucionario de Ral Roa* Lisandro OteroPeriodista, narrador, ensayista y crtico E l propio Ral Roa confes que uno de sus primeros textos polticos, con madurez ideolgica, es el que lleva por ttulo: “Tiene la palabra el camarada muser”. Segn revelara en la famosa entrevista de Ambrosio Fornet para la revista Cuba en 1968, antes haba escrito sobre Jos Mart, Rubn Martnez Villena, Julin del Casal, Block, Mariano Jos de Larra y Jos Manuel Poveda, entre otros. Es este llamamiento a las armas, dirigido a los estudiantes y publicado en julio de 1931, en Lnea, rgano del Ala Izquierda Estudiantil, el que sita, por vez primera, el pensamiento revolucionario de Ral Roa, con el que habr que ser consecuente por espacio de cinco dcadas. En su anlisis de la situacin poltica Roa seala varios elementos: a) El pas se encuentra en el umbral de una revolucin. b) El rgimen colonial se resquebraja, las masas se vuelven contra el imperialismo yanqui. c) Es deber de las organizaciones revolucionarias dar un contenido agrario y antimperialista a la revuelta, bajo la direccin del proletariado, en alianza con los campesinos y la pequea burguesa radical. d) La entraa de la revolucin es siempre econmica. e) La revolucin es la violencia organizada para modificar radicalmente el rgimen de relaciones sociales de produccin; eliminar a Gerardo Machado sin cambiar la estructura colonial es perpetuar la situacin. En consecuencia, Roa estima que la nica postura congruente es desencadenar la accin, sin tregua ni cuartel, y por ello concluye que la palabra ahora pertenece al camarada muser, es decir el paso siguiente es la lucha armada. En septiembre de 1931 escribe, en la prisin del Castillo del Prncipe, una pgina sobre la muerte reciente de Rafael Trejo y le otorga un sentido a su martirio: “Trejo breg y muri por una Cuba liberada del caudillaje y del imperialismo”, a la vez que traza la lnea poltica de la joven generacin: la liberacin total de Cuba de la garra extranjera y la tirana nativa. Afirma que en el reloj de la historia est sonando la hora de los oprimidos y desafa a quienes creen en la geopoltica y en el determinismo histrico que postula que Cuba no podr salir jams de la rbita del imperialismo yanqui, debido a su proximidad geogrfica y a sus vnculos econmicos con los Estados Unidos. Apenas dos meses ms tarde escribe uno de los textos ms profundos del momento: “Reaccin versus Revolucin”, donde interviene en una polmica contra Jorge Maach, que encarnaba el* Publicado originalmente tres partes en Granma (La Habana) 7-9 jul. 1982:2.

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64pensamiento liberal, claudicante y entreguista de aquel instante. Roa enfrenta a su adversario ideolgico a la nica alternativa posible de aquella hora: junto a los explotados y oprimidos, que integran la nica clase histricamente revolucionaria, o contra ellos y a favor de la reaccin, y afirma: “Lo dems es complicidad responsable, o abstencin, que, en el fondo es lo mismo”. Seguidamente hace una afirmacin mayor que le compromete con el pensamiento ms avanzado de nuestra poca: las masas oprimidas de hoy son las obreras y campesinas, como antes lo fue la burguesa cuando el medioevo entr en su senectud: “Las minoras revolucionarias se articularon entonces en el enciclopedismo. Las actuales en el marxismo”. Analiza a continuacin por qu a veces el intelectual se aleja del bregar poltico debido a su temperamento, educacin, procedencia social, intereses y condiciones de vida. Cita a Maritegui cuando enfoca al intelectual como un ser reacio a la disciplina, de psicologa individualista y pensamiento heterodoxo, es por ello que a veces los intelectuales se pronuncian contra la militancia poltica. Roa ve al intelectual como a un hombre dotado, que por ello est obligado a hacer poltica, sin compromisos ni alianzas con el poder burgus; y define: “La poltica es el trabajo efectivo del pensamiento social; la poltica es la vida”. En ese examen del intelectual, que parece destinado a describir las vacilaciones de Maach ms que otra cosa, Roa se declara partidario de las definiciones y de que en el instante que atravesaban la solucin era abrazar el marxismo, tal como antes las muchedumbres haban atravesado por el esclavismo, el feudalismo y la democracia. Maach acusaba al marxismo de dogma inflexible y Roa se vale de la dialctica para demostrar lo contrario: “[…] nada es y todo deviene [...]. Anteriormente haba planteado: La frmula dialctica ‘s es no y no es s’, despoja de su valor absoluto a la de ‘s es s y no es no’, de la lgica formal”. Despus de explicar la teora de la plusvala y la adaptacin que hizo Lenin del pensamiento de Marx a la realidad rusa, en el tiempo del capitalismo financiero y de la revolucin proletaria, Roa entra en las frmulas concretas: para salvar a Cuba hay que organizarse y prepararse terica y prcticamente, minar la estructura colonial cubana con la propaganda y actos revolucionarios y proyectar la lucha en un sentido antimperialista. Pasa una revisin a las races de nuestros males en el siglo XIX: el latifundio, el monocultivo, la economa de plantacin, la dependencia de los aranceles estadounidenses. Proclama que Cuba vive retardada histricamente, pues an no ha realizado su revolucin democrtico-burguesa, y que mantiene un status colonial porque su economa est fundada sobre relaciones feudales de trabajo y de propiedad, casi ntegramente en manos norteamericanas. Roa explicaba a Maach que el fin ltimo de la revolucin del treinta era no slo quitar, sino modificar sustantivamente la estructura cubana, idea muy avanzada en aquel instante. Despus de la cada de Machado el siguiente panfleto significativo que escribe Ral Roa se titula “Mongonato,

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65efebocracia, mangoneo”, en noviembre de 1933. En ese texto Roa condena al gobierno transicional de Carlos Manuel de Cspedes como una maniobra imperialista y censura igualmente a la pentarqua que lo sigui, as como al desgobierno de Ramn Grau San Martn quien, segn Roa: “[...] devino maravilloso equilibrista. Flirteaba graciosamente con la izquierda y le haca guios de inteligencia a la burguesa amedrentada [...] Bajo el rtulo altisonante y pomposo de ‘revolucin autntica’ se inici la desconflautacin ms formidable que Cuba recuerda. Gobernar adquiri categora de suceso deportivo”. Ral Roa hace a continuacin una afirmacin que revela el grado de su maduracin poltica y claridad marxista: la revolucin no pueden hacerla los estudiantes que son una masa informe y cambiante que puede, a lo sumo, asaltar el poder. La revolucin es obra multitudinaria, de raz econmica, que slo puede encabezarla un partido con intereses en la produccin. En Cuba esa revolucin deba tener un carcter agrario y antimperialista. La llamada revolucin triunfante, la revolucin autntica, haba invadido torrencialmente las oficinas pblicas; por todas partes asomaba la mala yerba de la ambicin. La poca que sigue es de confusin, desvanecimiento del mpetu revolucionario, represin y repliegue. En ese segundo lustro de los aos treinta Roa sostiene una abundante correspondencia con Pablo de la Torriente Brau. El 5 de abril de 1936 Roa le escribe que el movimiento revolucionario est sufriendo un colapso gravsimo: las masas se han divorciado de la sangrienta dictadura batistiana y de los llamados santones de la revolucin; el proletariado repele los mtodos gangsteriles. Ninguno de los partidos tradicionales puede hacer la revolucin antimperialista; slo hay uno que puede intentarlo: el Partido Comunista. Roa declara a continuacin que tiene en el abuelo Marx y en el to Lenin las Tablas de la Ley revolucionaria y a continuacin define: “[…] la revolucin es imposible sin una crisis general nacional que alcance a los explotados y a los explotadores, cuando en la masa no se quiera lo imperante y en la clase dominante no se pueda obrar como antes”. Seguidamente Roa postula que en Cuba las condiciones objetivas estn dadas, no as las subjetivas. No hay ms salida que articular una fuerza revolucionaria de masas, con un programa, una tctica y un ideario antimperialista. En otra carta, del 21 de abril, contina desarrollando esta idea, pero profundiza en un esquema de un partido de la revolucin cubana: “Un partido que represente una solucin no entre el dominio imperialista y el poder proletario, sino hacia este ltimo, fase superior de la revolucin cubana dentro del dominio clasista. En una palabra: el partido que tiene que llevar la revolucin antimperialista hacia la socializacin de Cuba […]”. Y concluye diciendo que la lucha hay que verla como lucha de liberacin nacional y contra el imperialismo. Y adverta que no tienen mejores guas en el terreno dialctico que Marx y Lenin. En su carta a Pablo de la Torriente, del 16 de mayo de 1936, la emprende contra aquellos que desean cambiar al mundo sin mancharse el albo plumaje. Est planteada la idea de una Asamblea

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66Constituyente bajo la gida de Miguel Mariano Gmez. Roa plantea que si la revolucin tiene que meterse dentro del establo para conducir la lucha de masas, debe hacerlo: “[…] el xito del movimiento revolucionario no radica precisamente en andar cabalgando en las estrellas, sino con los pies metidos en el fango y sin perder de vista a las estrellas cuya luz nos alumbra y nos gua”. En esos cinco aos que van desde su panfleto incitando al estudiantado a la lucha armada, hasta su planteamiento a Pablo, de la vertebracin de un movimiento revolucionario, puede advertirse el sensible olfato poltico de Roa, cmo ha ido advirtiendo la radicalizacin de las masas y la maduracin de las condiciones objetivas para hacer una revolucin. La fundacin del Partido Comunista y de la Confederacin Nacional Obrera de Cuba (CNOC) darn un auge al movimiento obrero. Tal como ha dicho Lionel Soto en su obra La revolucin del 33: [...] en la segunda mitad de 1929 se opera un salto brusco en el nivel de combatividad de los obreros. Para esa poca el Partido Comunista haba ganado considerable terreno en el dominio de las directivas sindicales y diriga, efectivamente, la CNOC [...] En ese perodo se realizan las huelgas de cigarreros; dependientes del tabaco; metalrgicos; obreros del ramo de la construccin; sastres; trabajadores de la industria textil. A fines de ao se efectan grandes asambleas obreras en las que se plantea –como en las huelgas– la lucha contra la rebaja de salarios, el aumento de la jornada de trabajo y los despidos. Esas son las condiciones objetivas que maduran y a las que Roa se refiere. Es una marea ascendente hasta el fracaso de la huelga de marzo de 1935, que inicia el perodo de frustracin, retroceso y exilio. En su correspondencia a Pablo, Roa se refiere a la debilidad del imperialismo por la escasa base de masas que sostiene sus posiciones, de ah el apoyo al ABC y al gobierno de Miguel Mariano. Por ello el inters de Roa de insuflar nuevas energas al movimiento revolucionario que comienza a declinar. En su entrevista con Ambrosio Fornet, en 1968, Ral Roa explica claramente por qu senta la necesidad de una organizacin poltica: [...] la minora revolucionaria de la generacin del 30 quiso ms de lo que pudo: plante el problema de Cuba a la altura del tiempo, pero no supo resolverlo [...] estaba suficientemente madura para el salto cualitativo, pero falt la vanguardia, la unidad de pensamiento y accin, la claridad de los objetivos, el aprovechamiento dialctico de las circunstancias y factores operantes [...] El impulso revolucionario no tuvo cauce ni direccin congruente con su ulterior desarrollo y, por eso, se despilfarr en una lucha desconcertada […]. En su obra El Ala Izquierda Estudiantil y su poca, Ladislao Gonzlez Carvajal afirma: La falta de maduracin de los revolucionarios radicales de la clase obrera, les impeda ver, por aquella poca, que si el movimiento reformista surgi en las filas de una capa pequeo burguesa y las demandas en sus inicios tenan una fuerte carga acadmica, ellas por s mismas no

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67invalidan las aspiraciones renovadoras [...] Ms tarde, el movimiento estudiantil cobra entre nosotros una marcada beligerancia poltica que facilita la comprensin de su carcter. En su prlogo a la obra de Gonzlez Carvajal, Carlos Rafael Rodrguez expresa que toda derrota revolucionaria tiene su resaca. En la dcada del veinte la reforma universitaria de Julio Antonio Mella, y la creciente politizacin de los estudiantes, junto al brote de grupos comunistas, desemboca en el partido que funda Mella, y ello no es casualidad histrica ni accidente “generacional”. Detrs subyace el dominio imperialista sobre Cuba, causante de las reiteradas crisis que no quedarn resueltas hasta que Fidel Castro Ruz da la victoria a un pueblo cuyas esperanzas haban sido reiteradamente frustradas. En 1947 Ral Roa sostiene una polmica con el periodista liberal Ramn Vasconcelos, en artculos aparecidos despus en su libro Escaramuzas en las vsperas. Es un lcido y completo anlisis, salido de su pluma, sobre la realidad cubana. Vasconcelos ha lanzado un ataque contra la izquierda revolucionaria acusndola de ingenua, pandillera, incapaz, insensible. Roa sale a romper lanzas por su pasado, por el de sus compaeros que han permanecido firmes en sus posiciones, y por los mrtires inmolados. Roa comienza afirmando que la revolucin del treinta fue traicionada, mixtificada y calumniada pero que, no obstante, ha permanecido viva una conciencia nueva. La repblica que emerge en 1902 es una colonia, regida por generales y doctores, que no concuerda con el carcter democrtico y popular de la revolucin de 1895. El imperio norteamericano desarticula polticamente, y absorbe econmicamente, a la nueva repblica: “[…] el cubano quedaba reducido a la condicin de paria en su propia tierra”. Montaas de oro fluan hacia el norte y la vanguardia intelectual, asqueada, se refugiaba en sus gabinetes. Los gobiernos de Gmez, Mario Garca Menocal y Alfredo Zayas “Traficaron con la guerra, la soberana y la voluntad popular”. Roa cita cifras de los chanchullos y la incuria gubernamental: en 1924 slo el nueve por ciento de la poblacin cubana estaba matriculada en escuelas; el cincuenta y cuatro por ciento era analfabeta; el veinte por ciento de los candidatos a elecciones tena antecedentes penales. Redacta una larga lista de iniciativas beneficiosas, que nunca fueron planteadas en un Congreso, ni ejecutadas por ningn gobierno. Por ello, dice Roa, Rubn Martnez Villena reclamaba “[…] una carga para matar bribones […]”. Machado asumi la presidencia con cantos de sirena, pero su demagogia se detuvo ante la estructura colonial del pas. El carcter represivo de su gobierno se anuncio en su declaracin ante los banqueros de Nueva York: “Ninguna huelga durar ms de un cuarto de hora bajo mi gobierno”. Machado se entreg a los intereses del Chase Manhattan Bank y sus obras pblicas, como el Capitolio o la Carretera Central, costaron a nuestro pueblo “[…] hambre, indigen cia, esclavitud y sangre […]”, afirma Roa. Y ms adelante aade: “Las revoluciones no se fabrican a capricho, ni se imitan a conveniencia, ni se les dicta su curso ulterior. Las revoluciones son productos histricos y responden a una

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68determinada constelacin de factores que condicionan sus formas de expresin, alcance y sentido. Nuestra revolucin aspir [...] a darle a Cuba su plenitud de destino [...]”. En los siguientes artculos Roa va enumerando los sucesos histricos: la insurgencia del Directorio Estudiantil Universitario, la intromisin de Sumner Welles, la huida de Machado, la pentarqua, el grausato, la accin revolucionaria de Antonio Guiteras. Del perodo del “Gobierno de los cien das” traza el siguiente balance: “[...] la responsabilidad del fracaso no corresponde exclusivamente a Grau San Martn. Cae, por igual, sobre los que combatimos torpemente al gobierno desde la izquierda. El objetivo inmediato de organizar un amplio frente de lucha [...] fue sustituido por una propaganda palabrera de consignas utpicas y un planteo de la revolucin proletaria que trascenda las condiciones objetivas del pas y la disposicin subjetiva del pueblo”. Grau se convirti en un smbolo falso, usufructu el carcter y el sentido de la obra de Guiteras, y se convirti en un mito de redencin, que deshizo como una pompa de jabn en 1944. Roa establece un balance objetivo entre el pro y el contra del grausato y concluye: “Ms que por lo que ha hecho Grau San Martn ser juzgado por lo que pudo haber hecho y no hizo. Prometi el Paraso y nos lanz el Purgatorio”. Y concluye premonitoriamente su rplica a Vasconcelos: [...] las revoluciones ni se inventan, ni se promulgan, ni se imponen. No se entra en ella por generacin espontnea. Un largo proceso las incuba, prepara y desata. Slo cuando la sociedad se ve coactivamente detenida en su evolucin, la revolucin germina y madura [...] An fracasada seguir alentando mientras no se culmine [...] La historia demuestra que ninguna revolucin es intil, que ninguna revolucin se pierde enteramente, que toda revolucin destruye, cambia, edifica y fecunda, que toda revolucin derrotada vuelve siempre por sus fueros [...]. Ral Roa escriba esto en 1947, apenas seis aos antes del ataque al Moncada. El 20 de julio de 1953, pronuncia en Mxico una conferencia donde evoca el espritu de Mart en su centenario. Denuncia a quienes traicionan su espritu y enlodan su ideario, y proclama la necesidad de rescatarlo de manos purulentas y labios impuros. La tirana batistiana se ha vuelto a implantar poco ms de un ao antes y Roa afirma que el centenario martiano no ha podido ser conmemorado jubilosamente, ya que la repblica es slo una convencin debido a un rgimen brutal, que derrib sus intenciones y se impone por la fuerza. Denuncia que en Cuba habr “misas retricas de liturgia oficial”, pero quienes honran a Mart no slo con la palabra, sino con la conducta tambin, se han mantenido en un digno alejamiento de los homenajes gubernamentales. Roa rememora, en esa pieza, a un Mart antimperialista, el Mart de la carta a Manuel Mercado, el que desea extender la independencia a Puerto Rico para levantar un faralln contra la expansin norteamericana, el que afirma que los pueblos americanos son ms libres y prsperos en la medida en que ms se apartan de los Estados Unidos,

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69el que enrojece de clera cuando se habla de que Cuba puede convertirse en un estado ms del imperio norteamericano. Concluye con un llamado a la unidad contra Fulgencio Batista; recuerda el apotegma martiano: juntarse es la palabra de orden; y tambin: el dspota cede slo a quien se le encara. Roa resume su idea: crisis significa cambio. Nuevas metas y nuevas ilusiones. Deca esto seis das apenas antes del ataque al Moncada. Despus del triunfo de la Revolucin toc a Roa realizar el panegrico de Antonio Maceo, en el aniversario de su muerte, en 1961. Para Roa el General Antonio no era slo el hombre del gesto rebelde de Baragu, sino el poltico que confiaba en el pueblo, que estimaba que la fuerza de la causa no resida en los hombres sino en las masas. Maceo era el dirigente que desconfiaba en los “auxilios del vecino poderoso”, y que se opuso a la ayuda extranjera que pudiera conllevar compromisos peligrosos. Maceo era el vidente que se opona a la intervencin de los Estados Unidos en nuestra guerra independentista porque Cuba deba conquistar su independencia con el brazo y la sangre de sus hijos, sin necesidad de otra ayuda. Era Maceo quien deca que la libertad se conquista con el filo del machete y que mendigarla es propio de cobardes. Y Roa vio en Maceo avizoramientos socialistas cuando dijo: “Si la propiedad se pone en contradiccin con el progreso de las instituciones sociales, en este caso es fuerza orillarla”. Roa expuso, en su visin de Maceo, a un gua que repudi la desigual dad social y demostr criterios antimilitaristas, antirracistas y anticlericales, adems de un Maceo internacionalista que vea, ms all de la emancipacin de Cuba de la coyunda extranjera y los privilegios internos, la necesidad de liberar a Puerto Rico, “[…] pues no le gustara entregar la espada dejando esclava esa porcin de Amrica”. De la misma manera, en su conferencia de Caracas, en 1948, Roa enfoca a Manuel Sanguily como un antimperialista consecuente, que si se ve forzado a votar la Enmienda Platt, en ltima instancia, despus de haberla combatido en recia lidia, es porque sabe que no habr repblica sin el apndice, y escoge el mal menor. Sanguily es de los que optan temprano por el separatismo, nica manera que consideraba capaz de “[…] adecuar la forma social al espritu pujante de cubana”. Roa reconoca en Sanguily al guardin de los derechos democrticos del pueblo, que slo admita el derecho de toda sociedad humana de vivir conforme a su voluntad, de no ser explotada por otra y de no ser afligida por la fuerza. Sanguily vea en Amrica “la mansin del hombre redimido”, la Amrica de Sarmiento, Lincoln, Jurez y Whitman. Sanguily ve, instaurada la repblica, el peligro de que acaparamientos forneos dejen a nuestra tierra a merced de especuladores extranjeros, que absorban nuestras tierras y riquezas. Por ello presenta al Senado de la repblica un proyecto de ley que prohbe a sociedades extranjeras la fundacin de ciudades y poblar el pas sin autorizacin del Congreso. “Si el latifundio perdi a Roma, tambin podra perder a Cuba”, subraya Roa. No es posible que exista un pueblo agrario sin suelo propio, y las naciones tienen que ser verdaderas y no meros reservorios de materias primas,

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70a expensas del capital extranjero. Siendo Secretario de Estado del gobierno de Gmez, defendi nuestra soberana que se vio en trance de eclipsamiento en varias ocasiones. “A la intromisin extraa en nuestros asuntos, respondi con el repudio enrgico y bizarro”. Basten estos ejemplos de Sanguily, Maceo y Mart, para mostrar la visin que Ral Roa ha tenido de nuestra historia, desde los tiempos en que decir ciertas cosas entraaba riesgos, desaprobacin oficial, presiones y hasta privaciones. Constituyen, en definitiva, una faceta ms de su pensamiento revolucionario consecuente. Carlos Rafael Rodrguez, en entrevista concedida a Granma, con motivo del setenta cumpleaos de Ral Roa, afirm lo siguiente: Yo considero que Ral Roa es, ante todo, un escritor poltico, marcado por medio siglos de batallas que lo han reclamado de continuo [...] Roa ha confesado que de toda su obra, prefiere los discursos polticos en la ONU y en la OEA [...] A muchos la vida les va restando aristas y domando la agresividad. Roa es, si cabe, ms arisco frente al enemigo medio siglo despus que en la poca juvenil, en que ya era un castigo urticante para el adversario [...]. Y es, efectivamente, en sus discursos pronunciados en sus funciones de Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno Revolucionario de Cuba, donde puede hallarse la entraa ms viva del pensamiento revolucionario de Roa. Muchas de estas oraciones tuvieron un carcter coyuntural, fueron pronunciadas en circunstancias especficas del desarrollo histrico de la Revolucin cubana, otras tienen, adems, un valor terico. Una de las piezas oratorias ms valiosas que jams pronunciara es la que realiz en la Sptima Reunin de Consulta de los ministros de Relaciones Exteriores de las repblicas americanas, en 1960, que constituye un verdadero “libro blanco” de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, por su extensin y profundidad. Roa comienza declarando que Cuba ha ido a la reunin de Costa Rica no como reo, sino como fiscal; rechaza cualquier juicio que coarte el pleno ejercicio de la soberana cubana y cita el principio de no intervencin como la clave de la poltica internacional de Cuba. Pasa a definir el carcter de la Revolucin cubana, que no es una montonera ni un revolico, sino una genuina revolucin. Se apoya en Aristteles para distinguir entre rebelin y revolucin. La primera se limita a la remocin de personas y honores, la segunda impli ca un cambio profundo de estructuras, instituciones, ideas, normas, costumbres. (Recordemos que esta idea ya la maneja en 1931 en su panfleto “Tiene la palabra el camarada muser”). Roa afirma: “La justicia, cuando se viste de pueblo, no se anda con muchos miramientos con quienes jams tuvieron alguno y cimentaron sus usos en los abusos. Las revoluciones son como torrenteras que arrastran y destrozan a quien se les opone”. Entra a continuacin a realizar un anlisis de las relaciones econmicas y afirma lo siguiente: a) La deformacin estructural de la economa cubana incumbe slo al imperialismo norteamericano.

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71b) El proceso de colonizacin cubano comenz por la concentracin de las inversiones yanquis en un reducido grupo de sectores ventajosos: azcar, minera, servicios pblicos, etctera. c) La economa cubana se desequilibr estructuralmente sobre la base de la monoproduccin azucarera. d) Las consecuencias sociales de lo anterior son desastrosas, y cita cifras de desempleo, bajo nivel de vida, miseria rural. e) Esta situacin econmica fue la que encontr el Gobierno Revolucionario, que parti a enderezar esos vicios con la Ley de Reforma Agraria y una nueva poltica de control de cambio, crdito y tributacin fiscal. f) La reaccin del gobierno norteamericano, ante esta voluntad de cambios, ha sido la de organizar agresiones. Cuba –anuncia Roa– comerciar libremente, a partir de entonces, con todos los pases del mundo con independencia de su sistema social. Pasa Roa a hacer una pormenorizada revisin de las relaciones econmicas entre Cuba y los Estados Unidos, para concluir que nuestro pas haba llegado a un estancamiento, creado por las corporaciones monopolsticas, que acarre un atraso de nuestro desarrollo econmico. En su respuesta al canciller norteamericano, que acusaba a Cuba de amenazar la libertad de expresin: libertad de prensa, de la radio y la televisin, Roa demostraba que tal libertad nunca haba existido en Cuba, pues los medios de difusin divulgaban lo que interesaba a las grandes empresas y a los grupos de poder que, justamente, despus de la Revolucin, la prensa s divulgaba lo que concerna a las grandes mayoras y defenda sus intereses. Estos asertos los apoyaba con la lista de egresos de las compaas de telfonos y electricidad, y sus subvenciones a los rganos de prensa, as como con pruebas del material que distribua la oficina de informacin de la embajada norteamericana. Sin embargo –Roa contraatacaba–, la verdad de Cuba no se haca or en el continente, por el control que los monopolios ejercan sobre los medios de difusin, y una extendida campaa de calumnias. Roa pasaba revisin a una amplia lista de agresiones yanquis contra Cuba, que iban desde la quema de caas hasta el bombardeo desde avionetas. Todo ello era el prembulo de un ataque armado de mayor envergadura que iba antecedido de ataques verbales, econmicos y diplomticos. A los ataques norteamericanos sobre la ausencia de elecciones, en aquel perodo, Roa responda: “La mayor parte de las conquistas democrticas de nuestra Amrica se han obtenido mediante movimientos revolucionarios [...] nos sentimos hijos de la revolucin. Amrica es hija de la revolucin. Y, por eso, surgida de las luces y el progreso, hacia las luces y el progreso va”. Despus atacaba la farsa de la democracia representativa, el sufragio amaado y la falsificacin de la voluntad popular, que se haba sufrido hasta entonces en nuestro pas. Finalmente, Roa, con su albo penacho ms enhiesto que nunca, anunciaba que su delegacin se retiraba de aquella conferencia: “Los Gobiernos latinoamericanos han dejado sola a

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72Cuba. Me voy con mi pueblo y con mi pueblo se van tambin de aqu los pueblos de nuestra Amrica”. Se ha dicho que el estilo es el hombre y el estilo de Roa ha sido un fiel trasunto de s mismo. Tal como sealara Carlos Rafael, la prosa de Roa tiene fuertes deudas con el posmodernismo y las literaturas europeas de vanguardia. Vicentina Antua, en su discurso al otorgrsele a Ral Roa el grado de Profesor de Mrito, apunt que l posea: “[...] una excelente prosa literaria, caracterizada por su personalsimo estilo, rpido e impetuoso, su lenguaje directo y afilado, de vocabulario amplsimo y expresivo y metforas sorprendentes y juegos de palabras ingeniosos [...]”. A lo cual aadiramos nosotros, su facultad de incorporar frases coloquiales, dicharachos, argot, jerga cubana, palabrera criolla, en su prosa, con lo que le otorgaba una considerable frescura y amenidad. Otro de sus discursos memorables fue el que pronunci en la 937 sesin plenaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas, referido a la independencia de los apndices coloniales. Esa pieza es una verdadera leccin de historia de los pueblos. Roa comienza con una clase de historia econmica: recuerda a sus distinguidos interlocutores que el colonialismo es hijo legtimo de las transformaciones en la sociedad europea en los siglos XV al XVII, y de sus repercusiones en la vida poltica, jurdica, social, religiosa y cultural. “El humanismo renacentista –afirma–, es la flor privilegiada del borrascoso advenimiento del capitalismo moderno”. Una nueva sociedad emerge de las cenizas del feudalismo, y requiere de mercados para satisfacer sus afanes de hegemona. El espritu adquisitivo y el apetito de expansin van de la mano con una audaz aventura del pensamiento, que repercute en la ciencia y la tecnologa. Son los tiempos del telescopio y de las factoras, de las agencias de explotacin de la “terra incgnita” y del mtodo experimental. La escolstica vuela en pedazos y las naves rapaces cruzan los mares en busca de oro. Pueblos y civilizaciones se extinguen en aras del enriquecimiento europeo. La lengua y la religin se convierten, entre otros, en elementos de la subyugacin. Se desprecia a las culturas autctonas a pesar de que cuando los ingleses an vivan entre las ramas, la India haba acumulado una sabidura seera, China era asiento de una filosofa y una organizacin poltica notable, Egipto posea una sapiencia madura antes que el cristianismo se asomase siquiera al panorama de la historia, los rabes eran depositarios del saber grecolatino primero que los europeos, el frica negra haba desarrollado un opulento y refinado desarrollo. Roa pasa a las condiciones presentes de la poca: el Congo es una nacin intervenida y la autodeterminacin, la soberana y la paz de frica estn en peligro: Lumumba ha sido depuesto y asesinado. En nuestro continente la poltica colonialista de los Estados Unidos se ceba en el canal de Panam y en la Base de Guantnamo y qu decir de la ocupacin de Puerto Rico que, despus de cuatro siglos uncido a la coyunda espaola, lleva ms de medio siglo bajo la dominacin norteamericana. “La historia de Estados Unidos –afirma Roa–, es en gran parte la historia

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73de su expansin territorial a expensas de Espaa y Amrica Latina”. Es una empresa ambiciosa que se inici desde los albores mismos de la independencia de las trece colonias, y sus primeros tericos fueron Jefferson, Madison y Quincy Adams; este ltimo autor de la tesis de la “fruta madura”. Viene, luego, la Doctrina Monroe; manos fuera de Amrica para todo el mundo, menos para los Estados Unidos. A Cuba se le impone la Enmienda Platt, el pueblo puertorriqueo cambia de amo: “Un amo, an ms odioso, porque traa la esclavitud en nombre de la libertad”. Cuba propone en las Naciones Unidas no abandonar el debate hasta que se hayan roto los ltimos eslabones de las cadenas del colonialismo. Esta oracin maestra de Ral Roa no es ms que el anuncio de muchas otras en las que fustigar, con un slido basamento histrico y filosfico, la esencia del colonialismo y del imperialismo, y defender, en nombre de Cuba, la verdadera independencia de las naciones de la tierra. La magna obra de Ral Roa demanda un ordenamiento y un estudio riguroso que van ms all del limitado espacio de las pginas periodsticas. Como dijera Carlos Rafael, Roa ha escrito siempre en medio de batallas que lo reclamaban, lo cual el mismo Roa confirm, al decirle a Ambrosio Fornet que escriba siempre aprisa, a cualquier hora y en cualquier parte: redacciones de peridicos o mesas de caf. Deca Roa en aquella entrevista: “Nunca he escrito por escribir: he escrito siempre acicateado por algo que requera expresarse para algo”. Este carcter coyuntural de la obra de Roa requiere, por ello mismo, una cuidadosa revisin para extraer el cuerpo terico central de sus ideas: la osamenta que sostuvo el msculo circunstancial. En una revisin somera, puede deducirse que la obra de politlogo de Ral Roa ha estado hilvanada por un consistente pensamiento antimperialista, desde sus primeros panfletos de los aos treinta; ha sido un defensor del concepto de revolucin profunda: la transformacin de esencias y estructuras contra el concepto superficial de revolucin como mero cambio de personas y reformas de fachada; advirti en etapas muy tempranas (en que no exista un criterio homogneo al respecto), el papel dirigente de la clase obrera en la crisis capitalista y el de su vanguardia; vio la necesidad de meter la raz de los movimientos revolucionarios en las grandes masas explotadas; desafi el determinismo histrico geogrfico sobre la imposibilidad de resolver seriamente los males de Cuba por su cercana a los Estados Unidos; vio la entraa que induce las transformaciones sociales; ha sido un marxista consecuente y un valeroso defensor de sus ideas en tiempos de borrasca; ha sido un leal hijo de su patria y un criollo de cepa, un revolucionario cabal cuya mayor felicidad, tal como l mismo dijera, es haber sido contemporneo de Fidel y haber merecido su aprecio, porque fue a Fidel –como afirmara Roa– “[...] a quien cupo la honra de culminar, al frente del pueblo cubano, la lucha revolucionaria de cien aos [...]”. Roa ha sido, sencillamente eso, un ser revolucionario: la categora humana ms noble y valiosa.

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74 Roa y Ortiz, amigos Ana CairoEnsayista y profesora de la Universidad de La HabanaI Rubn Martnez Villena (1899-1934) trabajaba como secretario privado de don Fernando Ortiz (1881-1969) en el famoso bufete, sito en San Ignacio (Habana Vieja). Mientras conoca a personalidades y aprenda mtodos para el estudio de las Ciencias Sociales, publicaba tambin poemas, o los recitaba en tertulias de amigos. Se gradu de abogado en 1922 y en los inicios de 1923 dej el grato empleo. Antes de irse, prepar con entusiasmo los dos tomos de En la tribuna (1923), una seleccin de los discursos de don Fernando, quien le pidi que hiciera el prlogo. Rubn testimoni la admiracin por las ideas del cientfico social y del poltico afiliado al Partido Liberal; reconoci su impacto como educador popular en torno a una conciencia cvico-moral reformista y anticorrupcin. Tambin se ocup de entrenar en los deberes de secretario al sucesor, el deportista y aprendiz de narrador Pablo de la Torriente Brau (1901-1936). En 1926, Rubn evoc a Ortiz como personaje en el captulo que aport a la novela Fantoches de autora colectiva. En 1930, al publicar los cuentos de Batey, Pablo bromeaba con la distincin laboral de ser “el decano” de los empleados del bufete de don Fernando; precisamente por ello, conoca y trataba a la mayora de polticos, profesores, periodistas, abogados, quienes participaban en los proyectos culturales auspiciados por su jefe. En abril de 1930, Pablo, como ayudante de Ortiz, integr la membresa de la comisin de intelectuales encargada de preparar para octubre el programa de acciones en un homenaje nacional a Enrique Jos Varona (1849-1933), con motivo del cincuentenario de su primer curso de Filosofa. Ral Roa (1907-1982) matricul en la Facultad de Derecho en septiembre de 1925. En los inicios de 1926 se interesaba por las tesis del aprismo y por la educacin popular. Se incorpor al claustro profesoral de la Universidad Popular Jos Mart (1923-1927); imparta clases sobre las Teoras Sociales. Se radicalizaba con celeridad; se autojuzgaba un estudiante revolucionario, un combatiente de la izquierda antimachadista y antimperialista, y desde 1927 se proclamaba afiliado a las tendencias marxistas, pero sin inters por adscribirse al Partido Comunista. Roa se hizo amigo ntimo de Rubn Martnez Villena y de su cuado, el poeta, traductor y periodista Jos Z. Tallet (1893-1989) en las labores cotidianas de la Universidad Popular. Por intermedio de los dos, comenz a publicar en revistas y suplementos culturales de peridicos y a participar ocasionalmente en actos, reuniones, tertulias de escritores y artistas. En las conversaciones con Rubn, probablemente, se aludi a Ortiz, a los textos de En la tribuna a las polmicas sobre las tesis de La decadencia cubana (1924). Roa visit el bufete de San Ignacio, donde conoci a Pablo.

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75La hermandad entre Pablo y Roa surgi en las reuniones de la comisin pro homenaje a Varona, en las que Ral representaba al Directorio Estudiantil Universitario (DEU) de 1930; y se profundiz en las crceles del Castillo del Prncipe y del Presidio Modelo en Isla de Pinos y en los dos exilios en Nueva York. Debido a la intimidad con Pablo, quien se mantuvo como secretario de Ortiz hasta septiembre de 1931, Roa pudo acceder a las interacciones ms amplias con el sabio. El 19 de diciembre de 1936, Pablo muri heroicamente en combate durante la Guerra Civil Espaola. Roa y Ortiz estuvieron entre los que ms lloraron esa prdida afectiva. Probablemente, ese dolor compartido multiplic la amistad. II En 1940, Roa obtuvo por oposiciones la ctedra de Historia de las Doctrinas Sociales en la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Pblico. Por la ley docente sobre los nuevos estatutos de 1942, la Universidad se moderniz con reformas parciales. La escasez de los presupuestos financieros limitaba el impacto real de las transformaciones. En 1944, Roa era vicedecano y secretario ejecutivo del Instituto Superior de Investigaciones Cientficas y de Ampliacin de Estudios. En los cursos de verano tena contratado permanentemente al profesor Ortiz, al igual que defenda su presencia en la exigua nmina del Instituto Superior de Investigaciones. Saba que el polgrafo prestigiaba a la Universidad y, por lo mismo, defendi como decano en el Consejo Universitario el que se le concediera a Ortiz el reconocimiento de Profesor Honoris Causa de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Pblico (mayo de 1955), con lo cual se inauguraba la tradicin de los Profesores de Mrito en la Universidad. A Roa se le confiri en abril de 1977 al cumplir setenta aos. III Ortiz permaneci exiliado en los Estados Unidos desde diciembre de 1930 hasta agosto de 1933. Resida alternativamente en Nueva York y Washington. Colaboraba con la comunidad cientfica y esto le permita influir en numerosos proyectos. Cuando la Fundacin John Simon Guggenheim Memorial organiz un servicio de becas para profesionales latinoamericanos, Ortiz y el historiador y profesor Herminio Portell Vil (1901-1992) integraron el grupo de personalidades que avalaban los currculums de los solicitantes cubanos. Roa present el proyecto investigativo “Problemas sociales de Norteamrica en relacin con la situacin internacional” al concurso de 1944 y gan una de las becas para 1945. Con dicha ayuda financiera permaneci un ao en Nueva York, acompaado de su familia, y pudo multiplicar las relaciones cientficas de la Universidad de La Habana con instituciones acadmicas estadounidenses. Ortiz estaba entre los amigos, a quienes Roa enviaba cartas, mensajes, tarjetas, para contarle vivencias y nuevos saberes. Al final de este trabajo aparecern tres de dichas misivas que pertenecen a la coleccin Fernando Ortiz de la Biblioteca Nacional Jos Mart.

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76IV Desde enero de 1947 comenz la guerra poltica inherente a las elecciones presidenciales de junio de 1948. Roa polemiz con el periodista y poltico del Partido Liberal, Ramn Vasconcelos (1890-1965) sobre los hechos histricos de la lucha contra la satrapa de Gerardo Machado (1925-1933), el aporte de los revolucionarios estudiantes, y la trascendencia de los cambios polticos y sociales en el postmachadato. l reiteraba la acusacin de que Vasconcelos era un ex machadista, por otra parte, validaba la autoridad moral y el prestigio poltico de los miembros de su “Generacin del treinta”, aunque reconoca que algunos haban traicionado al aliarse con Fulgencio Batista, o se haban maculado con la gran corrupcin del gobierno de Ramn Grau San Martn. Roa impugnaba la candidatura del liberal Ricardo Nez Portuondo (a quien acusaba de ex machadista). Quera en lo personal a Juan Marinello, sin embargo, discrepaba de las tesis del Partido Socialista Popular (nuevo nombre de los comunistas). Consideraba que Eduardo Chibs actuaba con cierta dosis de demagogia y crea que era un error el surgimiento del Partido Ortodoxos, porque obstaculizaba la unidad contra Nez Portuondo. Pero, tena dudas sobre la capacidad de Carlos Pro (su compaero del DEU de 1930) para lidiar contra Grau y sus ministros corruptos. En sntesis, no comparta entusiasmos por ninguno de los cuatro candidatos y prefera ayudar slo en los ataques a Nez Portuondo (el candidato de Vasconcelos). En los das finales de mayo de 1948 circul en la prensa un manifiesto con la firma de ex miembros de los DEU, de los dirigentes en los Institutos de Segunda Enseanza y Escuelas Normales, entre 1925 y 1933, quienes pedan que se votara por Pro. Roa no lo suscribi. Ortiz decidi apoyar la candidatura de Chibs en carta pblica al peridico Informacin. Cuando Pro jur la presidencia de la rpublica el 10 de octubre de 1948, nombr a Aureliano Sanchz Arango (1907-1976) ministro de Educacin. La primera variante era que Jos Z. Tallet se ocupara de la Direccin de Cultura, pero Pro no acept la proposicin de Aureliano. Despus de varios meses sin acuerdo, se logr convencer a Roa de que aceptara (10 de junio de 1949). Por qu lo hizo? Quizs, porque Aureliano haba logrado ya incorporar a las dependencias del Ministerio de Educacin a otros compaeros de las luchas estudiantiles, tambin ajenos, como Roa, a los compromisos de las afiliaciones partidistas. Se trataba de la decisin cvico-moral de erradicar la corrupcin. Exista el consenso popular de llamar al Ministerio de Educacin grausista, “la cueva de Al Bab”, como denuncia de la gestin depravada del delincuente Jos Manuel Alemn en la institucin (1946-1948). Roa lo proclamara en nombre de los “treinteros” en el Ministerio de Educacin, en el artculo “El apstol que se alz con la cena” (peridico Prensa Libre 13 de septiembre de 1950): “Estamos peleando en liza abierta, como en los buenos tiempos de antao. Ninguno hemos tenido, ni tenemos, palacios aladinescos. Ninguno hemos tenido, ni tenemos, fincas suntuosas. Ninguno hemos tenido, ni tenemos,

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77refulgentes colas de pato. Hemos vivido siempre de nuestro trabajo. Somos todos hijos legtimos de nuestros padres y de nuestras obras.Y figuramos, adems entre las personas decentes, [...]”. Ellos iban al Ministerio de Educacin a “servir y no a servirse de l”. Ortiz felicit a Roa por el nombramiento y, de inmediato, estructuraron una cooperacin importantsima, porque el financiamiento para la publicacin de libros esenciales, como la Africana de la msica folclrica cubana, quedaba asegurado. Ortiz particip en las ferias del libro. En la de diciembre de 1950, disert sobre “La msica afrocubana”, acompaado de msicos, cantantes y bailarines. En octubre de 1951, cuando Aureliano acept ser el Ministro de Estado, Roa present la renuncia irrevocable. No obstante, se preocup porque el sucesor en la Direccin de Cultura siguiera cumpliendo los compromisos en torno a los libros de Ortiz. Los dos se opusieron al golpe de Estado de Fulgencio Batista (10 de marzo de 1952). Desde diciembre de 1953 hasta 1955, Roa permaneci exiliado en Mxico. All cuid de los detalles editoriales de las obras del cientfico que se impriman. En los das finales de diciembre de 1958, falleci Mara Luisa, la madre de Roa. Ortiz se solidariz con su dolor. A partir de la victoria revolucionaria de enero de 1959, Roa comenz a asumir responsabilidades polticas y diplomticas que lo alejaron de la ctedra universitaria. En junio fue nombrado Ministro de Estado, institucin que refund como Ministro de Relaciones Exteriores. Las experiencias como director de Cultura las rearticul en una estrategia sistmica: nuestro patrimonio espiritual y material deba ser difundido en el mundo a travs de las embajadas y de las misiones; los escritores y los artistas podan ser eficientes diplomticos, adems en el Ministerio se editaban libros culturales y se compraban obras de arte. A partir de 1959, con la multiplicacin del impacto poltico y cultural de la Revolucin cubana, se universaliz tambin el legado de Fernando Ortiz. Entre los intelectuales que ayudaron a esa labor estaba su amigo y admirador Ral Roa.A Ral Roa de Fernando OrtizI Septiembre 12, 1945 [ ] Estoy acabando de imprimir un libro de El engao de las razas y acabando otro, que se imprimir en Mxico, titulado El huracn, su mitologa y su smbolo el cual ser publicado por el Fondo de Cultura Econmica. Ambos libros son el resultado de mis trabajos en el famoso Instituto Universitario de Investigaciones Cientficas. [...].1 II Junio 18,1949 Sr. Dr. Ral Roa Ave de la Tropical n 1 Reparto Kohly Marianao Estimado amigo: Le van dos lneas antes de que lo pongan, por fin, a dirigir la cultura

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78Despus esta carta para algunos sera tomada por guataquera Y yo ya estoy algo viejo para eso, aun cuando se den casos en que el encurvamiento de la columna dorsal sea smbolo de sensibilidad y humillacin as forzosa como voluntaria. Recib su libro y lo le en una noche, salvo los dos captulos ltimos. Me alarm primeramente un captulo que comienza tratando de La venda de Cupido pero comenc a leerlo y me tranquilic. Le envo un buen abrazo de congratulaciones. Muy sincero. Ya yo lo conoca y lo estimaba por su estilo fosforescente, y a veces hasta quemante y explosivo; pero no pens que una Historia de las doctrinas sociales pudiera escribirse, escribirse bien, con ese estilo chisporreante de Ud. Desde el primer prrafo al ltimo su prosa fluye con su caracterstico bro, sin que el pensamiento pierda en claridad, lgica ni peso. En cuanto a sus lineamientos me parece que no tenemos en castellano nada que le supere; por lo pronto podr ser un “clsico” de las universidades hispanoamericanas. Ya hablaremos ms. Parece que, al fin voy al Per por unos das, saliendo el martes. Por ese acaso no podr asistir a su toma de posesin. De todos modos, le deseo un gran xito por Ud y Cuba. Mis saludos y los de Mara para Ud y su esposa, la cual le ayudara mucho a dirigir la cultura Queda de Ud. muy devoto amigo Fernando Ortiz III Octubre 5, 1949 Sr. Dr. Ral Roa Estimado Don Ral: Me urge mucho verlo cinco minutos para tratar de asuntos oficiales de la Junta Nacional de Arqueologa, de la Sociedad de Folclore y de la Sociedad Afrocubana. Hace una semana que estoy tratando intilmente de hablar con Ud. Le agradecer me diga donde puedo verlo por la maana, por el medioda, por la tarde o por la madrugada en La Habana, fuera de La Habana, en el mar o en el aire o en algn palacete de Miami.2Perdneme de la insistencia Suyo afectsimo Fernando Ortiz Notas1 Roa se encontraba en Nueva York, como becario de la Fundacin John Simon Guggenhein Memorial.2 “El palacete de Miami” es una alusin satrica al ex ministro de Educacin del gobierno de Grau San Martn, Jos Manuel Alemn, quien desfalc la institucin entre 1946 y 1948. “Al Bab” se le deca a Alemn por los millones robados, con los que resida en Miami.

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79 E ste ao 2007, el 18 de abril, se conmemora el primer centenario del nacimiento de Ral Roa Garca, el “Canciller de la dignidad”, apelativo que le otorgara el pueblo de Cuba por la brillante defensa que hiciera de los principios de la Revolucin cubana en los foros internacionales en su condicin de ministro de Relaciones Exteriores. Fue Roa un hombre multifactico, de una slida y amplsima cultura que brill en muchas de las esferas de la vida intelectual cubana de su poca: como ensayista de un personal y combativo estilo, puso siempre su pluma al servicio de su patria; como periodista, profesin a la que se dedic desde sus aos juveniles, alcanz mritos incuestionables, en especial con sus relatos de las acciones ocurridas durante el proceso revolucionario de lucha contra la tirana machadista de la que fue el ms excepcional de sus cronistas; como profesor de la Universidad de La Habana en la ctedra de Historia de las Doctrinas Sociales despleg ante su alumnado sus profundos conocimientos sobre las distintas teoras acerca del desarrollo social con un enfoque profundamente marxista; como polemista se enfrasc en profundas discusiones con quienes mantenan criterios adversos a los principios revolucionarios; aun cuando todas ellas se relegaron a un segundo plano ante lo relevante de su desempeo en el Ministerio de Relaciones Exteriores en los primeros aos del proceso revolucionario cubano. Es mi criterio, sin embargo, que el signo distintivo de la vida de Ral Roa es su condicin de revolucionario integral, pues siempre puso en primer plano sus deberes y obligaciones con la revolucin y con la patria. Fue, como dira Antonio Gramsci, un intelectual orgnico. Su condicin de revolucionario se puso de relieve desde sus aos juveniles, al incorporarse a las luchas estudiantiles de su poca en los predios de la Universidad de La Habana, cuyo estudiantado ocup un lugar relevante en las luchas que el pueblo cubano sostuvo contra la oprobiosa tirana machadista, tanto desde las filas del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) contra la prrroga de poderes, como ms tarde desde el Ala Izquierda Estudian til, cuando aquella organizacin dej de ocupar el papel de vanguardia revolucionaria que l consideraba necesario mantener para liberar a la patria no slo de la tirana machadista, sino tambin de la dominacin imperialista. El fecundo exilio de Ral Roa en los Estados Unidos Carmen Gmez GarcaInvestigadora

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80Aunque las acciones revolucionarias del pueblo cubano contra el tirano Gerardo Machado condujeron a su derrocamiento, la intervencin del imperialismo estadounidense frustr el proceso revolucionario y no se pudieron alcanzar los objetivos que este se haba propuesto. Slo durante el llamado “Gobierno de los cien das” presidido por el profesor universitario, doctor Ramn Grau San Martn, que contaba en su equipo gobernante con una personalidad realmente revolucionaria, el joven Antonio Guiteras Holmes, se pudieron llevar a la prctica un conjunto de demandas populares, algunas de la cuales afectaban los intereses del imperialismo estadounidense, como la nacionalizacin de la llamada Compaa Cubana de Electricidad. Esta situacin, por supuesto, no poda ser tolerada por la administracin yanqui, que pronto maniobr para derrocarlo. Al “Gobierno de los cien das” le sucedi un perodo crtico en el cual el presidente Carlos Mendieta, manejado tras bambalinas por el jefe del Ejrcito Fulgencio Batista y Zaldvar, y el embajador de los Estados Unidos mster Jefferson Caffery, tomaron las riendas del poder e instauraron un gobierno tan tirnico y desptico como el que se haba acabado de destituir. El pueblo, bajo la direccin de la Confederacin Nacional Obrera de Cuba (CNOC), trat de subvertir esta situacin convocando a una huelga general, pero la falta de unidad de las fuerzas revolucionarias, la hizo fracasar. Se desarrolla a continuacin una brutal represin que obliga al exilio a los revolucionarios ms connotados, entre ellos a Ral Roa, quien en el mes de abril de 1935 parte para los Estados Unidos y se asienta en la ciudad de Nueva York junto a su fraternal amigo Pablo de la Torriente Brau. Ambos se encuentran indignados con el rumbo que han tomado los acontecimientos y con el amargo sabor de la derrota en los labios. Les indigna la actitud asumida por los partidos polticos que no supieron arriesgarse hasta las ltimas consecuencias cuando la huelga se encontraba en su punto ms alto, sin valorar que la derrota traera aparejada la desmoralizacin de las masas y el fortalecimiento de la reaccin que impondra de nuevo su rgimen de terror. Tanto Roa como su amigo Pablo comprenden que la situacin no es propicia para iniciar un nuevo proceso revolucionario, pero no pueden quedarse cruzados de brazos y deciden crear una organizacin revolucionaria capaz de agrupar a todos los combatientes en el exilio alrededor de un programa mnimo de liberacin poltica y econmica. Acuerdan llamarla Organizacin Revolucionaria Cubana Antimperialista (ORCA). Piensan tambin en la necesidad de fundar un peridico como rgano de difusin y propaganda. Roa propone llamarlo Gusima, pero cuando ve la luz a fines de 1935, lo hace con el nombre de Frente nico. En el mes de agosto Roa se marcha a Filadelfia en unin de Gustavo Alderegua, amigo y compaero de luchas. Se siente muy entusiasmado porque all encuentra numerosos exiliados pertenecientes a diversas organizaciones revolucionarias y piensa que con ellos se puede organizar una filial de ORCA. En carta a Pablo le dice: “Creo que ORCA ser un xito.

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81Hay tal estado de confusin y de desorientacin que nuestro engendro maravilloso viene como cado de las patillas de Marx”.1En esa misma carta le relata las muchas actividades que estn preparando, entre ellas un gran mitin de masas al cual han invitado a participar al escritor de teatro estadounidense Clifford Odets, destacado tanto por la calidad de su produccin literaria como por la posicin de izquierda en sus obras. No permanece mucho tiempo en esa ciudad. Con su amigo Alderegua y su esposa Ada Kour, que ha llegado de Cuba a compartir con l los duros aos del exilio, se dirige a Tampa, ciudad donde se encuentran numerosos exiliados pertenecientes a diversas organizaciones revolucionaria que pugnan entre s por obtener la mejor tajada en la confusa situacin reinante. Dos de ellas cuentan con un nmero mayor de miembros: el Partido Revolucionario Cubano, Autntico (PRC-A) encabezado por el depuesto presidente Ramn Grau San Martn, y la Joven Cuba (JC) organizacin creada por Guiteras y que se fraccionar en mltiples tendencias despus de la muerte de este, asesinado cuando trataba de abandonar el pas. Entre los exiliados en Tampa se encuentra Guillermo Martnez Mrquez, quien trata de persuadirlo de que la nica posicin realmente revolucionaria es la de afiliarse al PRC, aun cuando piensa que el doctor Grau San Martn, su presidente, sigue siendo el mismo tipo vacilante e incapaz que se dejara despojar del poder en 1934. Roa reconoce en una carta a Pablo: “[…] las circunstancias han situado a Mongo en el pice mismo del proceso revolucionario”2 y comenta con su amigo el criterio de Martnez Mrquez, el cual considera que la nica posicin revolucionaria en ese momento es la de afiliarse al PRC, de donde se deduce –dice Roa– “[…] toda una teora poltica que pone en las manos divinas del autenticato, y slo en ellas el monopolio de la idea y de la accin revolucionarias”.3Su criterio es claro y difano y as se lo expone a su amigo: “Nosotros hemos empezado por aceptar a Mongo como bandern a virtud de imperativos fatales. Mongo, s, pero no para el PRC y sus conmilitones sino para el pueblo cubano a travs de un frente nico programtico de carcter antimperialista”.4Alguien puede cuestionarse por qu el doctor Grau San Martn, a quien Roa se refiere con el apelativo de Mongo con que el pueblo lo bautizara, tenga tanta relevancia para algunos revolucionarios del exilio, al extremo de considerarlo como la nica alternativa realmente revolucionaria. Y es que durante su gobierno, como ya se expuso, y por obra de Guiteras, su secretario de Gobernacin, se dictaron leyes revolucionarias en respuesta a algunas demandas populares, y ello permiti a Grau ponerse bajo la aureola revolucionaria de Guiteras, aun cuando en ms de una ocasin haba tratado de poner trabas a su puesta en prctica. Los autnticos que seguan las posiciones de Grau no simpatizaban con las del Frente nico antimperialista por considerarla una consigna de la Internacional Comunista para servir a los intereses soviticos. Por otra parte, andaban en negociaciones para alcanzar

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82un entendimiento con los guiteristas sobre el reparto del poder poltico con quienes trataban de firmar un pacto, el llamado Pacto de Mxico que, en definitiva, no llega a cuajar porque la JC se encuentra dividida en mltiples fracciones, entre ellas una que no admite pactos de ninguna clase. Aunque algunos autnticos y militantes de la Joven Cuba s son partidarios del Frente nico, la mayora sostiene el criterio de que los dems exiliados deben abandonar sus respectivas organizaciones para incorporarse a las filas del PRC, si no quieren quedarse fuera del proceso revolucionario. Incluso cuando la situacin no es muy favorable, Roa insiste en seguir laborando a favor del Frente nico y propone junto a la Izquierda Revolucionaria (IR), la celebracin de una conferencia para lograr su integracin. Esta organizacin, radicada en La Habana, controla al movimiento estudiantil, y con ella la ORCA se siente profundamente identificada. Tanto la JC como el PRC no han abandonado sus intentos insurreccionales. Dicen estar acopiando armas, pero Roa piensa que estas no son suficientes para enfrentar con xito a las fuerzas de la dictadura y, aunque carece de pruebas, sospecha que las organizaciones revolucionarias del exilio estn dilapidando sus fondos. A l personalmente no le entusiasma mucho la aventura insurreccional, porque piensa que en el pas no hay condiciones para ello y su puesta en prctica no slo puede conducir al proceso revolucionario a la catstrofe, sino incluso retrasarlo por un largo perodo y por ello afirma: “Esto, adems de cri minal es esencialmente contrarrevolucionario”.5Ya a principios de enero se encuentra en Miami. Piensa que el Frente nico tiene pocas posibilidades porque el PRC y en especial Grau, su presidente, no slo no est interesado en l sino que lo obstaculiza. Entonces empieza a pensar en la posibilidad de organizar un Partido nico (PU) de izquierda y en ese sentido le escribe a Pablo: “La solucin estriba nicamente en el partido nico de izquierda. Fracasado el frente nico en todos sus aspectos, en bancarrota las organizaciones, penetrados sus elementos mejores de que ninguna de ellas por s sola puede hacer otra cosa que un pucherazo ridculo, la cuestin del partido nico est en el primer plano […]”.6En su opinin, la ORCA y la IR deben plantear la cuestin del Partido nico a las dems organizaciones. Piensa que tanto el PRC como la JC, la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) y el Partido Agrario Nacional (PAN) aceptarn la propuesta y se dispone en unin de Juan Antonio Rubio Padilla, uno de los revolucionarios con quien compartiera la crcel durante el machadato, a elaborar un proyecto para someterlo a la consideracin de las organizaciones del exilio. Sobre esto le escribe a Pablo: Antes que nada hay que elaborar un documento amplio y profundo contentivo –previa la explicacin de la necesidad histrica del PU– en el que se fije, sin lugar a dudas, el carcter, el contenido y el alcance de la revolucin que plantea la realidad cubana. Al propio tiempo en dicho documento se estructurar el PU, se definir el carcter y el contenido del Estado antimperialista y

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83la insercin en el mismo del PU como partido nico dirigente de su poltica general”.7Analiza con agudeza la situacin imperante en Cuba. Muestra la posicin de los distintos partidos y organizaciones revolucionarias y sus posibilidades reales para hacer la revolucin. Con objetividad y no sin cierta pesadumbre acota: Lo positivo, en definitiva es que el movimiento revolucionario en Cuba est sufriendo un colapso gravsimo. Todos los que escriben de Cuba lo dicen. Aqu estuvo Chibs, que como sabes, forma parte como sabes del CE de IR Rubio y yo sostuvimos con l una larga conferencia. El balance de lo subjetivo es de una precariedad pavorosa. Lo nico que est realmente organizado –fuera de las fuerzas controladas por el PC es el estudiantado, controlado, en su conjunto por IR. De tal manera esto es evidente que la Universidad y los Institutos no podrn funcionar. La influencia de IR se va extendiendo ya en todas las zonas sociales. Segn Eduardo Chibs –y es criterio de IR– hay un divorcio bilateral de las masas: de la dictadura sangrienta de Batista y de los llamados santones de la revolucin. Hay, particularmente en el proletariado, una repulsa profunda a los mtodos gansteriles. Es lgico que as sea. Rubio y yo insistimos con Chibs – por el que sentimos pareja animadversin– en la necesidad de darle a nuestra conferencia la mayor base e impulso. Yo, debo decirlo, no tengo fe alguna en la capacidad de las fuerzas actuales. En otras palabras: ni el PRC, ni la JC, ni el PAN, son capaces de hacer otra cosa que lo que estn haciendo: jugar a la revolucin antimperialista. Creo que slo hay un partido que tenga, por lo menos, figura de tal: el PC [Partido Comunista], pero incapaz a su vez de acometer por s slo las tareas todas de la etapa inmediata de la revolucin cubana. En cuanto a ORCA e IR, las juzgo, a virtud de su especial posicin en nuestro proceso, fuerzas incontaminadas y de reserva.8Se hace necesario, piensa el joven revolucionario, entrarle de frente a la situacin para ir desarrollando en las masas el factor subjetivo, imprescindible para el xito de todo proceso revolucionario. Al respecto invoca los preceptos expuestos tanto por Carlos Marx y Federico Engels, como por Vladimir I. Lenin: Yo, por mi parte, tengo en el abuelo Marx y en el to Lenin las Tablas de la Ley revolucionaria: la revolucin no se hace cuando se quiere sino cuando se producen todos los factores capaces de engendrar la insurreccin armada. En otros trminos: la revolucin es imposible sin una crisis general nacional que alcance a los explotados y a los explotadores, cuando en la masa no se quiera lo imperante y en la clase dominante no se puede obrar como antes. En Cuba, objetivamente, la revolucin –destruccin material del aparato de dominacin imperialista– est madura. En el orden subjetivo –complemento ineludible

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84de toda situacin revolucionaria– [no] est ni pintona. Aqu est la nuez verdadera del problema.9En este fragmento se pone en evidencia el dominio adquirido por Roa de las concepciones de Marx y Lenin acerca de la revolucin social y las condiciones objetivas y subjetivas que componen una situacin revolucionaria y que la hacen posible. Sus reflexiones lo llevan a afirmar: “[…] no hay otra salida para Cuba que la articulacin de una verdadera fuerza revolucionaria de masas, con un programa concreto, una tctica dialctica y un ideario definitivamente antimperialista”.10 Es decir, siguen estando vigentes las tesis enarboladas por Julio Antonio Mella y Rubn Martnez Villena en la lucha contra Machado y que no pudieran llevarse a cabo. A estas alturas ya ha perdido la confianza en el Frente nico, no slo porque la mayor parte de las organizaciones revolucionarias no lo aceptan, sino porque estas no ofrecen una base slida para constituirlo. Por eso afirma: “El mantenimiento subjetivo de las organizaciones existentes entraa la persistencia de los elementos oportunistas, contrarrevolucionarios y disociadores en su seno. Y la ausencia de bases verdaderas para un frente nico entre ellas –igualmente podridas de peligrosas abstracciones– har de esta frmula poltica un ensamble artificial, y por ende, fragilsimo”.11Pablo, sin embargo, no est convencido de las bondades de un partido nico en la situacin existente en Cuba. Su primera objecin es que si ello no constituye una negacin del principio de la lucha de clases. Por otra parte, hace una serie de consideraciones de mucho peso, las cuales evidencian lo que realmente est detrs de ese partido nico promovido por los autnticos para po ner bajo el control del autenticismo y de Grau San Martn todas las fuerzas revolucionarias. Por eso en una carta le expone a Roa: Pienso en consecuencia, que ellos, para llegar al Partido nico –por el que en realidad vienen abogando hace tiempo– “por el Partido nico Autntico”, como recordars, slo lo h arn a base de una absorcin de los dems en ellos, por ellos, bien sea con el mismo o con distinto nombre. Y eso entraa lo siguiente –y no olvides la desorientacin ideolgica que tienen muchos hasta de los mejores elementos de la pequea burguesa– que como el Partido nico supone el control, bajo su direccin ideolgica, de las masas de obreros y campesinos, bamos acaso a propiciar el control del movimiento proletario por un organismo en el cual –a mi juicio– iban a tener decisiva influencia los “Autnticos”, que no son sino la extrema derecha de la revolucin. En ese sentido, nuestra responsabilidad es extrema, tanto ms cuanto que vamos a ser los iniciadores de tal movimiento.12Cierto es, seala Pablo, que Roa est en el centro de los acontecimientos y, por ende, tiene una visin ms real de los hechos y puede ser tambin, apunta, que la posicin cerrada de los lderes autnticos provoque su fragmentacin y se cree dentro de ellos un ala izquierda; si tal cosa ocurriera sera ms factible la constitucin de un Partido Nacional Revolucionario.

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85Pablo se cuestiona tambin la aceptacin por los comunistas de tal partido, quienes slo lo apoyaran dentro de ciertos lmites. Al mismo tiempo seala las caractersticas que debe tener este partido para as realmente servir a los intereses de la revolucin cubana. Por ello estima la necesidad de que cuente “[…] con una base programtica doctrinal; un programa para desarrollar; una plataforma, en fin que slo de esta manera, y con la garanta de que predominara en el organismo dirigente los elementos de ideologa antimperialista ms clara y firme posible […]”.13A la primera objecin hecha por Pablo al Partido nico, Roa enva una respuesta categrica: […] advierto que –aparte la posible ingenuidad de mi entusiasmo– entre ustedes hay la presuncin de que el partido nico entraa, o puede entraar, una confusin de clases antagnicas. Me interesa dejar constancia categrica y ltima de esto: el PU tal como yo lo concibo por lo contrario, y planteo, es un organismo de clase, de masas explotadas y oprimidas […] tiene […] que organizarse y desarrollarse sobre una base clasista, o el PU no ser un partido genuinamente antimperialista.14Pese a las dificultades objetivas que se presentan en el camino de la organizacin del PU, Roa no abandona su proyecto, incluso se esfuerza por darle al movimiento un basamento terico. En una carta a Pablo le explica: El partido de la revolucin cubana tiene que ser, forzosamente, so pena de quedarse fuera de la historia, un partido que pudiramos llamar de enlace. Un partido que representa una solucin no entre el dominio imperialista y el poder proletario sino hacia este ltimo, fase superior de la revolucin cubana dentro del marco clasista […] La lucha nuestra –debe ya postularse– no es una pugna, como muchos se creen de buena fe, entre el fascismo y la democracia, sino una etapa histrica del duelo a muerte entre el capitalismo y el socialismo.15Roa sigue esperando una coyuntura favorable para llevar a cabo la organizacin del PU. Espera por el resultado de las gestiones que se realizan entre el PRC y la JC para firmar el Pacto de Mxico. En el mes de abril se vislumbra la posibilidad de que otras organizaciones revolucionarias se incorporen a dicho pacto y para Roa tal vez sea factible que tanto la ORCA como IR tambin se integren a l, adems analiza algunas de las cuestiones que deben valorarse antes de tomar una decisin definitiva. En ese sentido le escribe a Pablo: Dando por supuesta nuestra adhesin al parto [se refiere al Pacto de Mxico. N. de la A.] yo someto a la consideracin de ustedes los puntos siguientes: a) Debe ORCA adherirse meramente al Pacto de Mxico o debe subordinar su adhesin a ciertas condiciones esenciales?; b) de aceptarse esto l timo, las condiciones aludidas deben preceder a la adhesin o plantearse ya dentro del pacto?; c) representa realmente el Pacto de Mxico los intereses de la revolucin cubana?; d) est ORCA dispuesta a aceptarlo como expre sin

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86terica de su militancia poltica?; e) podemos nosotros aceptar un consorcio sin un previo esclarecimiento del papel que juegan en el mismo las fuerzas reproductoras ?; f) merece, puede merecer crdito revolucionario, un documento en que ni siquiera se mencione a la palabra clase y se pretende pintorescamente desarrollar una revolucin antimperialista a travs de un presidente, un consejo de secretarios y un comit depurador? Y la cuestin bsica del Estado? Y la insercin de las masas al aparato poltico al Estado? De qu se trata entonces?, de un poder popular o de un rgimen objetivamente oligrquico y aparentemente de masas?16Por otra parte, el Pacto de Mxico no ofrece perspectivas muy claras: Grau no parece muy entusiasmado con l y la JC fraccionada en cuatro grupos antagnicos, hacen que la situacin del pacto no se vea slida. Sin embargo, Roa sigue pensando que ORCA e IR deben convocar a una reunin con las organizaciones no signatarias de aquel para esclarecer la situacin y determinar acciones conjuntas. Propone hacer una citacin en la que se plantee: “La Organizacin Revolucionaria Cubana Antimperialista” (ORCA) e “Izquierda Revolucionaria” (IR) entienden que las circunstancias demandan una actitud definida y conjunta de esos partidos y organizaciones. Y a ese efecto proponen la inmediata verificacin de una conferencia entre las mismas. La trascendencia terica y prctica de esa conferencia no necesita ponderarse. Ella servira no slo para contrastar el punto de vista de cada organizacin en relacin con el Pacto de Mxico sino –lo que es, sin duda, ms importante– para elaborar, mediante la polmica aclaradora y fecunda, las bases sobre las cuales establecer, con firmes races, la unidad poltica indispensable al desarrollo ascendente del proceso revolucionario. El resultado sera darle un contenido terico concreto a la revolucin cubana.17La reunin o conferencia se efectuara en Miami o en Tampa, y a ella deban asistir delegados del PRC, la JC, la ORCA, la IR, el PC, el PAN y el APRA, organizaciones todas supuestamente antimperialistas. Entre tanto, la situacin en Cuba se va despejando y no parecen existir condiciones para desencadenar un nuevo proceso revolucionario, adems se lucha por la amnista de los presos polticos y por la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Al evaluar la situacin, Roa comprende que “El centro poltico unificador se ha desplazado del exilio hacia Cuba […]”.18Ante la nueva situacin es imprescindible cambiar de tctica, pero para que las organizaciones revolucionarias apoyen la convocatoria a la Asamblea Constituyente son necesarias, segn Roa, las condiciones siguientes: […] que sea soberana, esto es, que en ella radique todo el poder del Estado; libertad de todos los presos polticos y sociales; garantas efectivas; derecho de organizacin y reunin y libertad plena de propaganda para todas las tendencias

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87y partidos revolucionarios; supresin de la legislacin de excepcin; renuncia de Pedraza y de Batista. Esto lo pongo, deliberadamente, al final por si las circunstancias aconsejaran ir a Constituyentes con ellos en sus posiciones.19Al fin se dicta la amnista y los emigrados cubanos van abandonando la ciudad de Miami, donde Roa resida desde enero de 1936, y decide regresar a Cuba. El hijo nacido hace poco tiempo lo reclama, ansa conocerlo. Pablo, sin embargo, decide marcharse a Espaa donde la guerra civil cobra cada vez ms fuerza. No atiende los reclamos de amigos y compaeros de lucha que piensan que en Cuba sera ms til. Ya en agosto Roa se encuentra en La Habana, pero sigue pensando en la necesidad de una revolucin y en organizar un partido que la impulse. En una carta a Pablo le dice: “[…] estimo que tu presencia aqu es infinitamente ms importante que en Espaa. Estamos deshechos. No puedes imaginrtelo. Ningn esfuerzo, por leve que fuera, deja de ser trascendente. Nosotros estamos ya trabajando en nuestro partido. Tuvimos esta tarde la primera reunin […]”.20De estos esfuerzos a los cuales Roa hace referencia en la citada carta, surge un partido, el Partido Demcrata Revolucionario, cuya vida fue efmera. Sin embargo, no era el momento oportuno para reiniciar un nuevo proceso revolucionario. Habra que esperar una nueva situacin revolucionaria, y esta demor algunos aos en reaparecer. El nuevo proceso revolucionario bajo la direccin del compaero Fidel Castro, supo aprovechar las experiencias del desarrollado en la dcada del treinta, y que, segn la cubansima expresin de Roa, se haba ido a bolina. De nuevo los imperialistas del norte trataron de frustrarlo, pero se encontraron con un pueblo unido y con un lder maduro e incorruptible que desde enero de 1959 han sabido mantenerlos a raya. Como conclusin podemos afirmar que acerca del breve perodo del exilio de Roa en los Estados Unidos –poco ms de un ao– se conoce muy poco, y es de reafirmacin revolucionaria. Sobre l ha dejado fiel testimonio en la nutrida correspondencia que sostuviera con su amigo, el destacado intelectual cubano Pablo de la Torriente Brau, la cual nos lo muestra en una faceta poco conocida de su personalidad: como indagador de los problemas tericos de la revolucin cubana con una clara ptica marxista y antimperialista en una de las etapas ms complejas de aquel proceso revolucionario. Durante ese perodo, como puede apreciarse en lo hasta aqu expuesto, el pensamiento y las acciones revolucionarias de Roa tuvieron un solo norte: lograr la unidad de todo el pueblo en la lucha contra el imperialismo, bien mediante el establecimiento de un Frente nico donde se integraran todas las organizaciones y partidos revolucionarios de izquierda, bien en un Partido nico que agrupara a todos los elementos verdaderamente revolucionarios en torno a un programa de liberacin nacional y antimperialista. En el plano ntimo, el exilio fue iluminado por el matrimonio con la mujer amada, Ada Kour y con el nacimiento de un hijo que lo llen de infinita alegra; y en el plano intelectual con la

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88publicacin del primero de sus libros, Bufa subversiva, en el cual recogi las experiencias vividas durante el proceso revolucionario recin concluido, y con la redaccin de un ensayo biogrfico sobre el poeta y revolucionario Rubn Martnez Villena por quien siempre sintiera un profundo y fraternal afecto, ensayo que sirve de prlogo a los versos de Rubn, publicados poco despus con el ttulo de La pupila insomne. Otros proyectos quedaron pendientes como la redaccin de un ensayo biogrfico sobre Antonio Guiteras, el revolucionario asesinado en El Morrillo por los sicarios de Batista, en aquel momento jefe del Ejrcito. Cuando en 1959 un nuevo proceso revolucionario llega al poder, Roa no es un improvisado, tiene tras s una larga trayectoria revolucionaria y un pensamiento maduro en cuanto el carcter y las fuerzas motrices capaces de impulsarlo. Est, pues, en condiciones de asumir con xito la tarea que el gobierno revolucionario –a cuyo servicio se puso de inmediato– pone en sus manos: la de dirigir, en las difciles condiciones del bloqueo y dems agresiones imperialistas, el Ministerio de Relaciones Exteriores al frente del cual se desempe de forma tan brillante que el pueblo lo hizo acreedor del ttulo que honra para siempre su memoria, el de “Canciller de la dignidad”. Notas1 “Carta de Ral Roa a Pablo de la Torriente Brau de agosto 6 de 1935”. En Torriente Brau, Pablo de la. Cartas cruzadas / Sel., prl. y notas de Vctor Casaus. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1985. p. 464.2 “Carta de Roa a Pablo de agosto 6 de 1935”. Ibdem, p. 492.3 dem.4 Ibdem, pp. 492-493.5 “Carta de Roa a Pablo de 7 de diciembre de 1935”. Ibdem. pp.6 “Carta de Roa a Pablo de 12 de enero de 1936”. Ibdem, p. 518.7 Ibdem, p. 519.8 “Carta de Roa a Pablo de abril 5 de 1936”. Ibdem, p. 518.9 Ibdem, p. 519.10 dem.11 dem.12 “Carta de Pablo a Roa de 15 de enero de 1936”. Ibdem, p. 229.13 Ibdem, p. 230.14 “Carta de de Roa a Pablo de 16 de marzo de 1936”. Ibdem, p. 539.15 “Carta de Roa a Pablo de abril 21 de 1936”. Ibdem, p. 558.16 Ibdem, p. 559.17 “Carta de Roa a Pablo de abril 25 de 1936”. Ibdem, p. 564.18 “Carta de Roa a Pablo de mayo 11 de 1936”. Ibdem, p. 567.19 “Carta de Roa a Pablo de mayo 16 de 1936”. Ibdem, p. 570.20 “Carta de Roa a Pablo de agosto 14 de 1936”. Ibdem, p. 601.

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89 E n Ral Roa Garca –cuyo centenario celebramos este ao– como en otras figuras paradigmticas de las dcadas del veinte y el treinta del siglo pasado se constata algo que constituye una regularidad del pensamiento cubano: la asuncin del marxismo y el leninismo a partir de una inicial formacin que se nutre de la tradicin histrica y de lucha de la nacin cubana, fundamentalmente del pensamiento radical, democrtico, revolucionario, antimperialista y nacional liberador de Jos Mart. En este trabajo nos proponemos demostrar que las ideas de Roa constituyen un ejemplo de la forma particular en que se articulan las tradiciones nacionales y la ideologa de la clase obrera en nuestra cultura, y especialmente del pensamiento martiano. El profundo estudio del ideario del Maestro le proporcion los instrumentos tericos y polticos para poder cuestionar los soportes sobre los que se haba erigido la repblica instaurada a partir de 1902, y le indujo a buscar en el pensamiento contemporneo, la teora capaz de dar respuesta a los nuevos problemas que le planteaba su poca. Posteriormente, con las armas del marxismo y el leninismo realizar una lectura ms profunda an del pensamiento del Apstol. El antimperialismo y el latinoamericanismo, los ideales de unidad, justicia social e independencia nacional fueron descubiertos en su verdadera dimensin. Roa, como Julio Antonio Mella, Rubn Martnez Villena y otros jvenes de su generacin, comprendi que la esencia de lo cubano estaba en la tradicin martiana y a partir de ella dirigi su lucha revolucionaria. Ral Roa Garca nace el 18 de abril de 1907 en La Habana. De progenie mambisa, el nio pas muchas de sus horas infantiles a la sombra de su abuelo paterno Ramn Roa, quien ocupara importantes responsabilidades bajo las rdenes de Ignacio Agramonte, Antonio Maceo y Mximo Gmez. Las historias contadas por el viejo mamb fueron formando en el pequeo Ral el amor a la libertad y la independencia. El hogar donde creci fue marco propicio para que se consolidara en el nio un odio temprano hacia las ataduras sociales y los prejuicios raciales. El entorno familiar tambin coadyuv a una precoz inclinacin por los problemas patrios y por la figura del Apstol, al cual ley en la coleccin de libros de Gonzalo de Quesada.1 “El encuentro Ral Roa Garca: De Mart a Marx y Lenin. Reflexiones en su centenario Juana Rosales GarcaHistoriadora y profesora del Instituto de Filosofa

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90con Mart –expresara mas tarde– me estruj los huesos y me dio la preparacin espiritual que me puso en el camino de Mella”.2Siendo slo un adolescente de dieciocho aos escribe su primer artculo, precisamente sobre el Maestro: “Ensayo sobre Jos Mart”. No por casualidad el sentimiento antimperialista que lo caracteriz desde muy joven, se forj en el ideario martiano, en el conocimiento temprano de la historia republicana, de la penetracin econmica y financiera del imperialismo norteamericano en Cuba y en Amrica Latina. Adems, fue notable la influencia –como l mismo sealara– de los textos de Enrique Jos Varona, Manuel Sanguily, Maritegui, Marx y Lenin. Un importante lugar en este proceso lo ocup el redescubrimiento de Mart a partir de las Glosas al pensamiento de Jos Mart,3 ensayo medular en el cual Mella plantea la impostergable necesidad de un libro que aquilate en toda su dimensin la obra martiana y brinda el primer enfoque marxista sobre su figura. A partir de su interpretacin de las ideas del Apstol, redescubre al revolucionario antimperialista cuando nos muestra al hombre que se adelant a su tiempo y adems supo prever que la situacin de la independencia cubana estaba muy relacionada con una definicin ideolgica acerca del papel de los Estados Unidos en Amrica Latina y de la necesidad de la unin latinoamericana Acerca del impacto que causaran estas Glosas… en los crculos marxistas que tuvieron acceso a ellas, existe el testimonio de Rubn Martnez Villena: “Son maravillosas. Este s es Mart, el revolucionario Mart, el antimperialista Mart, el apstol Mart, el verdadero Mart que puede guiarnos en la lucha de hoy, el Mart que seguir vivo y actuando en la de maana”.4En 1925, mientras estudiaba el bachillerato en el colegio religioso “Champagnat”, el adolescente Roa, siempre atento a su realidad social, se sentir fuertemente atrado por los aires de rebelda y renovacin que le llegaban de la Universidad. Una importante huella en ese ao se la dej Mella: “[…] me llen la imaginacin de ardientes visiones y advert, estupefacto, que el corazn me lata a la izquierda del pecho”.5 Hacia finales de aquel ao seguir atentamente la agona de Mella durante los diecinueve das que dur su huelga de hambre.6El ingreso a los estudios superiores (1926) abre una importante etapa en la vida de Roa. En el recinto universitario no exista entonces un estudiantado revolucionario sino slo algunos ncleos de jvenes radicales. Mella, la figura aglutinadora y dirigente haba sido obligada a marchar al exilio. En este contexto Roa, estudiante de Derecho, se destaca muy pronto por sus inquietudes polticas y va a sufrir su primera experiencia carcelaria al firmar un llamamiento en contra de la intervencin del imperialismo yanqui en Nicaragua.7El proceso de definicin poltica de Roa lo vincula rpidamente al pequeo grupo de jvenes antimperialistas y revolucionarios que participaban en la Universidad Popular Jos Mart y en la Liga Antimperialista. Ambas organizaciones –al ingresar Roa en 1927– se encontraban en proceso de reestructuracin bajo la direccin de Rubn Martnez Villena.

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91La dimensin humana y revolucionaria de Rubn, cuya amistad cultivaba, influy en que se desarrolla ra an ms la sensibilidad de Roa hacia la problemtica social. Ser Villena quien lo conduzca a las luchas obreras y sus organizaciones. Tambin ser el mejor crtico de la incipiente labor periodstica de Roa en el suplemento literario del Diario de la Marina y en los peridicos obreros El Tranviario y Aurora. Otra actividad revolucionaria importante donde se destac fue la manifestacin que junto a otros estudiantes, realizaran a la casa del mentor de la juventud Enrique Jos Varona, tras la que quedara fundado el Directorio Estudiantil Universitario (DEU) de 1927 contra la prrroga de poderes.8 El DEU declarara presidente de honor a Mella y se manifestara como centinela de la obra de este lder antimperialista. El encuentro con las ideas del marxismo y el leninismo se produjo muy rpidamente en Roa. Siendo un adolescente haba ledo de Lenin: El capitalismo de estado y el impuesto en especie. Al entrar a la Universidad ya haba reledo el Manifiesto comunista y estudia la Crtica a la economa poltica de Marx, todo lo cual dice mucho de su temprana vocacin por la ideologa de la clase obrera. Otras obras que tambin estudi ms tarde fueron El estado y la revolucin, El imperialismo, etapa superior del capitalismo, El extremismo de izquierda, enfermedad infantil del comunismo y otros.9Acerca de la escasa bibliografa marxista existente entonces, Roa valoraba: “No hay que olvidarse de que en aquella poca en Cuba la bibliografa marxista leninista era bastante pobre, era ms rica la de Lenin que la de Marx. Por eso yo muchas veces he pensado que todos nosotros fuimos a Marx desde Lenin, y no fuimos a Lenin desde Marx, como suele ocurrir en la mayor parte del mundo”.10Revolucin y antimperialismoEl penetrante anlisis martiano de la poltica norteamericana e hispanoamericana, a finales del siglo XIX, le proporcion a Roa los elementos iniciales para la comprensin de los males que aquejaban a la sociedad cubana de su poca. Mart vislumbr la naturaleza opresora y la magnitud continental del peligro imperialista para el libre desenvolvimiento de nuestros pueblos y parte de los rasgos esenciales, incluidos algunos de los que, en la esfera econmica, develara ms tarde Lenin. Aquel primer aprendizaje del pensamiento martiano y de lo mejor de las tradiciones patriticas que haban influido en su formacin antimperialista se hace evidente desde los primeros trabajos que escribe. Roa penetra en la raz de la dependencia poltica y econmica de Cuba y profundiza en la contradiccin imperialismo-pueblo, develada por Mart como la principal en Amrica Latina. La concepcin de latinoamericanismo, que se expresa en la urgencia de la solidaridad y la unidad de todos los pueblos latinoamericanos frente al imperialismo norteamericano: el latinoamericanismo como expresin del internacionalismo, en primer lugar de la nacin cubana que, libre e independiente, pudiera constituirse en un valladar a las apetencias expansionistas norte-

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92americanas, tambin encuentra un punto de partida en Mart. Para Roa como para el Apstol, el enfrentamiento al imperialismo no era slo una necesidad para Cuba, sino para toda la Amrica Latina. La posibilidad del triunfo de la revolucin en Cuba fue sustentada sobre la base de una amplia solidaridad y de una unidad popular latinoamericanas frente al imperialismo yanqui. Hacia 1927, el joven ya contaba con un prestigio en los medios de prensa y literarios. Sus escritos aparecen en la Revista de Avance y en la manzanillera Orto, donde aparecen sus trabajos sobre la poesa de Mart y otros en los cuales el conocimiento de la obra martiana se hace ms profundo. Aunque esta labor periodstica se centra, de manera general, en la crtica literaria y en ella no manifiesta abiertamente sus ideas polticas, s se perciben implcitamente cuando analiza la poesa revolucionaria de Villena, Jos Z. Tallet o Regino Pedroso. Expresin del proceso de maduracin revolucionaria que se opera en Roa, ser el artculo sobre la agresin yanqui a Nicaragua que publica en la revista Amrica Libre. En este trabajo realiza un anlisis marxista del fenmeno imperialista y de su papel en la explotacin de los pueblos: “Porque el imperialismo es la explotacin ms desvergonzada y abierta de los pases pequeos y de las colonias por sus protervas metrpolis [...] Pero toda explotacin supone implcitamente una reaccin por parte de los explotados. Estos se baten corajudamente y con tesn por rescatar de manos extraas sus medios de produccin, sus riquezas, su economa nacional”.11No obstante el repliegue de los jvenes revolucionarios que sigui a los procesos de expulsiones estudiantiles de la Universidad –1927-1928–, la actividad de Roa se har sentir en conferencias y actos polticos demandando la accin juvenil. l mismo haba logrado escapar del llamado “proceso comunista” (1927) que haba dado al traste con la Universidad Popular Jos Mart y la revista Amrica Libre entre otras instituciones de la izquierda. A nombre de la Asociacin de Estudiantes de Derecho del alto centro docente, Roa argumentar las principales directrices del movimiento estudiantil y situar en primer lugar la prioridad de unir a los jvenes y movilizarlos para el combate contra la tirana y el imperialismo. Tambin, reflexiona a propsito del proceso revolucionario de las masas populares mexicanas por su liberacin nacional y social acerca de la revolucin que haba que librar en Cuba contra el imperialismo yanqui. Y precisa que, aunque las condiciones objetivas para el triunfo no estn maduras, lo importante en definitiva es “[…] el anhelo libertario que las impulsa y el creciente y denodado afn de las masas mexicanas por ejercer, a despecho de todo y contra todo, su propia direccin histrica […]”, pues “[…] de esa pugna formidable entre las masas desposedas y tiranizadas y las clases privilegiadas nativas y el imperialismo [...] surge la tragedia mexicana”.12Por ello los jvenes revolucionarios cubanos, desde su puesto de combate, debern luchar por la reforma universitaria hasta el final. Y explica evocando a Mart que “una idea justa que aparece vence”. Dicha reforma

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93en su contenido social –que para Roa era el ms importante– tendr que vincular ms la Universidad al pueblo, incorporar su vida intelectual a las masas “[…] elevando su capacidad tcnica, suministrndoles los instrumentos adecuados a su redencin histrica”.13No deja de recordar el ejemplo aleccionador de la Universidad Popular Jos Mart fundada por Mella, consecuente con sus ideas de elevar la cultura y la educacin popular. Para Roa, como para Mart, era imprescindible desarrollar intelectualmente a los trabajadores, a las masas humildes que seran los protagonistas de la revolucin por la independencia nacional. Durante la huelga del 20 de marzo de 1930, Roa no slo colabor con el paro obrero, sino que nos dejar magnficas crnicas de aquellos hechos. Brinda apoyo a las luchas obreras, sin dejar de dedicar sus mayores esfuerzos a levantar el espritu de lucha en la Universidad. Ya desde finales de 1929 se aglutinaba un conjunto de jvenes en tal empeo. La retirada eventual de las tropas machadistas del centro docente favoreci las actividades de este grupo de vanguardia que decide convertir el 27 de noviembre de ese ao 1930, aniversario del fusilamiento de los estudiantes de Medicina en 1871, en una jornada de combate contra la dictadura y de homenaje a Julio A. Mella. Roa haba defendido fuertemente entre sus compaeros la tesis acerca de la necesidad de una organizacin, pues sin un aparato revolucionario iran al fracaso. De este empeo naci el nuevo Directorio Estudiantil Universitario del treinta, que agrup a los jvenes participantes en la heroica manifestacin del 30 de septiembre contra la dictadura de Machado. Aunque a todos los integrantes del DEU los identificaba la lucha antimachadista, bien pronto se hicieron evidentes las diferentes posiciones ideolgicas que se expresaban en esta agrupacin. Como miembro destacado, organizador y protagonista del nuevo Directorio, denunciar, evocando al Apstol, que “Machado ha hecho trizas un da y otro el apotegma martiano de que la ley primera y fundamental de la repblica debe ser el culto a la dignidad plena del hombre”.14 En este orden reclamar la nica solucin posible al problema cubano: “[…] el cese del actual rgimen con la inmediata renuncia del presidente de la repblica”,15 como prerrequisito indispensable de futuras batallas. El documento repartido durante la protesta demuestra la capacidad y madurez del joven marxista que logr aglutinar a hombres de dismiles ideologas en aquella organizacin. En enero de 1931, nace el Ala Izquierda Estudiantil (AIE), organizacin revolucionaria y antimperialista, heredera de la tradicin de lucha del movimiento estudiantil de 1923 y 1927. En su Manifiesto-Programa, firmado por un grupo de jvenes, entre los que se encontraban Ral Roa y Pablo de la Torriente Brau –entonces presos–, se patentiza la necesidad de luchar no slo por la nueva y definitiva independencia, sino adems, contra el imperialismo yanqui, debido al status colonial en que permaneca Cuba, tras una aparente soberana, tal y como haba anticipado Mart.16Como integrante del AIE, Roa interviene en numerosas conmemoraciones

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94desde el presidio, en las que tendr lugar especial la recordacin del ideario poltico de Jos Mart, a su juicio, “[…] uno de los revolucionarios ms autn tico que hemos producido”. A partir de las experiencias acumuladas, va a plan tearse –junto a algunos de los jvenes de izquierda que fundan el AIE– la revolucin socialista como objetivo final de las luchas del pueblo cubano por su liberacin nacional. El programa del Ala Izquierda constitua esencialmente un proyecto revolucionario que tomaba como punto inicial la lucha antimperialista y consideraba como imprescindible el logro de una transformacin econmica y social en la sociedad cubana bajo la hegemona de la clase obrera y su partido. En la concepcin de revolucin martiana, popular, democrtica, nacional liberadora encontr el marxista cubano un punto de partida indispensable, una fuente inspiradora de continuidad emancipatoria. El proyecto de revolucin de Mart, el ms radical de su tiempo, fue expresin de la necesidad que exiga su poca histrica. En el pensamiento del Apstol se concretaba la etapa de liberacin nacional an no conquistada. Su legado sera la savia que alimentara la revolucin en la nueva etapa. Cuando analizamos los documentos escritos por Roa a partir de 1931 –coincidente con su etapa de presidio poltico– podemos constatar que en estos se privilegia el anlisis de la concepcin de revolucin que Cuba necesitaba, as como de las caractersticas que esta tendra. Como ejemplo podemos citar el conocido llamamiento de combate “Tiene la palabra el camarada muser”, dirigido a los estudiantes y publicado en Lnea – rgano del AIE–, en julio de 1931, donde enuncia su estrategia de insurreccin armada para llevar a cabo la revolucin de liberacin nacional ante la percepcin de que Cuba se encontraba en los umbrales de una situacin revolucionaria:17Estamos en presencia tambin de una revuelta de masas contra el imperialismo yanqui y su verdugo Machado. Ampliarla, darle un contenido agrario y antimperialista, transformarla en revolucin democrtica bajo la direccin del proletariado en alianza con los campesinos y la pequea burguesa radical, es obligacin previa e ineludible de las organizaciones que luchan genuinamente por la liberacin nacional y social de Cuba.18Adems, reafirma su decisin de luchar por una revolucin profunda, no por meras reformas: una revolucin que le d un vuelco total a la estructura econmico-social colonial del pas, fuente de todo el atraso y la miseria prevaleciente. Tambin enfatiza desde su posicin marxista el peso del factor econmico como determinante, en ltima instancia, de los procesos sociales cuando afirma que la entraa de la revolucin es siempre econmica. En el llamamiento explica adems que la revolucin representa la violencia organizada de las masas oprimidas para modificar radicalmente el rgimen de relaciones sociales de produccin, a las cuales corresponden formas ideolgicas, jurdicas, polticas y de conciencias peculiares.19En un artculo escrito en homenaje al primer aniversario de la jornada

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95del 30 de septiembre, Roa reafirma su confianza en la revolucin y en las masas populares –calificadas por Mart como las dirigentes de las revoluciones verdaderas– e insiste en la necesidad de que las masas asciendan al poder mediante la violencia organizada. Haciendo referencia a la tesis leninista en torno a las condiciones objetivas y subjetivas para la revolucin, se enfrent a aquellos que alegaban falta de madurez poltica en el pueblo para llevar a cabo sus propsitos de redencin nacional y social, respondiendo con un pensamiento aleccionador del Apstol: “[…] ustedes ven slo la atmsfera; nosotros vemos el subsuelo”.20La formacin marxista de Roa se profundiza en estos aos de crcel y lucha revolucionaria, a travs de las conferencias que imparte y recibe en las academias “Carlos Marx” y “Materialista” –fundadas en el presidio por el propio Roa y Pablo de la Torriente Brau, entre otros–, as como otras actividades en las cuales se involucra. Su aprehensin de la ideologa del proletariado como teora para interpretar y transformar la realidad va a estar fuertemente sustentada en las tradiciones ideolgicas nacionales, fundamentalmente en el conocimiento del pensamiento antimperialista y de liberacin nacional de Jos Mart. La carta que enviara a Jorge Maach, escrita a finales de 1931 –Reaccin versus revolucin”–, resulta una lcida interpretacin marxista del proceso histrico cubano. En este importante documento, Roa defiende el marxismo en su contenido histrico “[…] como una interpretacin dialctica de los procesos sociales, una verdadera sociologa, y, en su contenido filosfico, una visin peculiar de la vida y de sus problemas, una explicacin materialista del mundo, que aspira tambin a transformarlo”.21 Tambin argumenta acerca de los aportes cardinales de Marx al pensamiento humano y los de su continuador Lenin “[…] su ms genial exgeta y su primer realizador […]”, que adapt la doctrina marxista “[…] sin que substantivamente sufriera menoscabo, a la poca del capitalismo financiero y de la revolucin proletaria […]”.22El joven marxista analiza, adems, cmo la historia del pas ha estado marcada desde el siglo XIX por las apetencias expansionistas de los Estados Unidos y que, no obstante su forma poltica republicana y su constitucin liberal, Cuba continuaba siendo colonia, por su estructura econmica dependiente totalmente de los intereses norteamericanos, tal y como haba temido Jos Mart. Tambin razona que la revolucin predicada y organizada por el Apstol y su rgano poltico, el Partido Revolucionario Cubano, de autntico ideario y raigambre popular, antianexionista y antimperialista, fue trastocada al convertirse Cuba en un protectorado virtual. La relacin entre dominacin econmica y dominacin poltica, vislumbrada por Mart, es bien delineada por Roa en la carta cuando expone que los presidentes cubanos –como todos los de los pases coloniales– han sido en realidad verdaderos lacayos del imperialismo desde 1902. Muy interesante resulta su concepcin del imperialismo como sistema, como categora especficamente hist-

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96rica y temporal, que corresponde a un determinado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. Coincidiendo con los geniales atisbos martianos sobre la esencia del imperialismo, expone desde una perspectiva leninista que “[…] es la reproduccin amplificada de la concurrencia imperialista [...] la poltica peculiar del capitalismo financiero, del capitalismo elevado a su ms alto grado de complejidad y evolucin […]” y que el “[…] desenvolvimiento monstruoso de este desemboca, nece sariamente, en el revuelto golfo de la trustificacin nacional [...] y se orienta la poltica del Estado en un r gimen cada vez ms reaccionario y represivo, culminante en el fascismo”.23Aborda adems la dimensin latinoamericana de la lucha contra el imperialismo que representa la heroica gesta de Sandino contra la intervencin norteamericana en Nicaragua. Y explica citando a Lenin: Esta transformacin del capitalismo en un sistema mundial de esclavizamiento y de opresin colonial de la inmensa mayora de la poblacin de la tierra por un grupo de pases “avanzados” ha convertido a las economas […] nacionales en los eslabones de una sola cadena, llamada economa mundial; y por otra parte, ha dividido la poblacin del globo en dos campos: un puado de pases capitalistas “avanzados” que oprimen y explotan a numerosos pases coloniales y dependientes, obligados a luchar para emanciparse del yugo imperialista.24En sentido similar planteaba Mart la existencia de pases seculares y pueblos nuevos, naturales o jvenes de nuestra Amrica. Analiza las causas y consecuencias de la frustrada revolucin organizada por Jos Mart, y valora que la culminacin de aquella gesta continuaba siendo una aspiracin para el pueblo cubano. En este documento se perfila cmo Roa asume aquel pensamiento martiano y tambin leninista opuesto a todo esq uematismo y asimilacin mimtica de experiencias revolucionarias de otros pueblos, realizadas por otros hom bres y en escenarios diferentes. Su concepcin con respecto a la especificidad y universalidad de los procesos revolucionarios puede apreciarse cuando afirma “[…] que nosotros pretendemos, no obstante nuestro marxismo, resolver el problema cubano con datos cubanos y no con datos rusos; y cmo nuestra forma de verlo no es ‘intil’ ni ‘contraproducente’, sino extrada de las propias necesidades cubanas, y, por ende, cierta y fecunda”.25La concepcin etapista de la revolucin –segn las tesis expuestas por el Partido Comunista desde enero de 1930– se delinea claramente en este documento. Roa planteaba que para las circunstancias del rgimen capitalista en Cuba, la revolucin de liberacin nacional tendra que atravesar una primera etapa democrtico-burguesa dirigida a la liquidacin del feudalismo y de toda forma precapitalista de produccin y trabajo an vigentes, el derrocamiento del imperialismo y de sus soportes econmicos y polticos, y de la burguesa nativa y de sus rganos burocrticos y represivos. Todo bajo un gobierno obrero y campesino “[…] capaz de garantizar, por su estructura,

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97y su poderosa raigambre en las masas, condiciones positivas de resistencia y combate contra el imperialismo”.26La participacin de las capas no proletarias de la poblacin, la pequea burguesa, los intelectuales, empleados y estudiantes bajo la hegemona de la clase obrera aliada al campesinado en la revolucin antifeudal y antimperialista, eran la nica garanta de la victoria y del trnsito hacia la segunda etapa, la revolucin proletaria o socialista caracterizada por la “socializacin de Cuba”.27Roa puntualizaba con respecto a esta concepcin, el lugar que ocupaba el AIE como vanguardia de los estudiantes pobres y medios del pas, rgano estudiantil que no aspiraba a usufructuar el poder poltico sino a formar parte de la lucha bajo la direccin del proletariado y su partido. Sobre este tema seguira profundizando en nuevos trabajos que escribe posteriormente.28Al salir del presidio en 1933, nuevamente se incorpora a la lucha revolucionaria y antimperialista y suscribe junto a sus compaeros del AIE el “Manifiesto al pueblo de Cuba” contra la mediacin, la cual definen como una intervencin norteamericana solapada y un engao que se ofreca a las masas trabajadores y estudiantiles que llevaban tres aos en el frente de lucha. Participa activamente en la huelga general de agosto que derroca a la tirana machadista, tras lo cual regresa nuevamente a la Universidad y se enfrasca en las asambleas estudiantiles por la depuracin profesoral. Con relacin a estos hechos escribe diversos artculos para Lnea, Ahora y la revista Universidad de La Habana donde se pronuncia por la continuidad de la reforma universitaria comenzada por Mella en la dcada anterior y subraya la necesidad de vincular la Universidad con el proceso social que vive el pas. En esta nueva etapa de la lucha estudiantil, Roa insiste constantemente en la prioridad de la unidad revolucionaria antimperialista, imprescindible para romper las bases de la situacin imperante, “[…] la cual demostraba que no es bajo los gobiernos del imperialismo, de estructura y reacciones coloniales, donde hallaremos la solucin verdadera, real, definitiva de nuestra vida social y acadmica”.29Asimismo, denuncia a los grupos de oposicin que slo aspiran –tras su demaggico discurso– a sustituir a los nuevos servidores de las clases dominantes y el imperialismo. Valora que lo ms importante es desarrollar la lucha junto al pueblo dolorido y burlado, junto a las masas trabajadoras para la “[…] implantacin de un rgimen nacido de sus entraas y sostenido por ellas. Un rgimen donde no haya esclavitud, ni miseria, ni sumisin a sindicatos bancarios, un rgimen dentro del cual Cuba se realice por s misma, en el pleno disfrute de sus cuantiosas riquezas, controladas hoy por una oligarqua lejana y voraz y sus esbirros cubanos”.30Tras su participacin en la huelga general de marzo de 1935,31 Roa tendr que marchar nuevamente al exilio. En los Estados Unidos funda junto a Pablo de la Torriente Brau y otros j venes revolucionarios la Organizacin Revolucionaria Cubana Antimperialista (ORCA), con el objetivo primordial de unir en un solo frente a todos los sectores y partidos antimperialistas con vistas

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98a la insurreccin. ORCA expresaba una lnea de continuidad con la Asociacin Nacional de Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC), creada por Mella32y en ambas est presente la huella del Partido Revolucionario Cubano fundado por Jos Mart en 1892. Para Roa, ORCA y los clubes revolucionarios que se organizan, constituan etapas de la lucha antimperialista. Los trabajos publicados por Roa en Frente nico –rgano de prensa de ORCA– son expresin de su slida confianza en las masas y en la revolucin. En ellos estar presente su preocupacin por difundir el ideario martiano de liberacin nacional. Cuando se estudia la correspondencia de Roa, sobre todo la sostenida con su amigo entraable Pablo de la Torriente Brau, en el perodo comprendido entre 1935 y 1936, podemos constatar que en su concepcin de revolucin va a ocupar un lugar central el problema de la unidad revolucionaria en las nuevas condiciones histricas nacionales e internacionales. Despus del fracaso de la huelga de marzo de 1935 y de la frustracin que ello signific, Roa llega a la conclusin de que en el orden insurreccional y de las perspectivas inmediatas del movimiento revolucionario de masas, se haba llegado a un punto crtico que slo poda ser superado por la constitucin del frente nico. En este sentido recababa la necesidad de concentrar todo el trabajo en la base, “[…] en el subsuelo de la Revolucin, donde vive el impulso puro y definitivo”,33 y a este efecto estimaba que ORCA deba desempear un papel de avanzada en la conformacin de una Conferencia de Frente nico donde estuvieran presentes todas las organizaciones y partidos revolucionarios y antimperialistas. A los efectos de la construccin de un partido nico de izquierda, Roa elaborar un conjunto de ideas en las cuales ocupar un lugar fundamental el problema del carcter clasista de esa instancia unitaria, sobre bases estrictamente marxistas. Plantea que el partido nico no poda entraar una confusin de clases antagnicas, sino que slo poda ser un organismo de clase, de masas oprimidas y explotadas y por lo tanto no poda estar al margen de la lucha de clases: “l tiene, por el contrario, que organizarse y desarrollarse sobre una base clasista, o [...] no ser un partido genuinamente antimperialista”.34Para Roa el partido de la revolucin cubana, en esa etapa de su historia, deba ser un partido de enlace, o sea, “[…] un partido que represente una solucin no entre el dominio imperialista y el poder proletario, sino hacia este ltimo, fase superior de la Revolucin cubana dentro del marco clasista”.35Como l mismo explicara, aunque la gua terica y prctica en el terreno dialctico eran Marx y Lenin, el pensamiento poltico haba que proyectarlo hacia las caractersticas de la lucha revolucionaria en Cuba y las limitaciones que esta padeca. En la mencionada correspondencia tambin podemos encontrar precisiones importantes en cuanto a su concepcin de revolucin frente al hecho incuestionable de que las condiciones para el triunfo haban variado. Citando a Marx y a Lenin plantear que segn las “Tablas de la Ley revolucionaria”, “[…] la revolucin no se hace cuando se quiere

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99sino cuando se producen todos los factores capaces de engendrar la insurreccin”. Y aunque en Cuba, a juicio de Roa, las condiciones objetivas estaban maduras, haba que continuar trabajando en la maduracin del factor subjetivo. No haba otra salida para el pas que no incluyera “[…] la articulacin de una real fuerza revolucionaria de masas, con un programa concreto, una tctica dialctica y un ideario definitivamente antimperialista”.36En otro orden de anlisis, Roa no descartaba tampoco la necesidad de la lucha poltica dentro del rgimen burgus y se pronunciaba por la participacin de la revolucin en la “Constituyente popular soberana” (que se realizara bajo la gida del gobierno de Miguel Mariano Gmez y el imperialismo) siempre que existieran condiciones y los elementos revolucionarios pudieran impulsar sus anhelos de mejoramiento. Argumenta la importan cia de participar en la Constituyente a fin de “[...] transformarla mediante la agitacin, la propaganda y el copo electoral en el genuino poder revolucionario”. El joven aluda a la idea leninista de la necesidad de participar en los parlamentos burgueses como una etapa del flujo y grado de exigencias del movimiento revolucionario.37El destacado revolucionario continu siendo toda su vida un estudioso y divulgador de la obra de Mart. Su conferencia “Rescate y proyeccin de Jos Mart” (1936) resulta su primer trabajo dedicado ntegramente a valorar el pensamiento del Apstol. En l aborda desde un punto de vista marxista su figura, la ideologa revolucionaria del hroe, su visin americanista y su genialidad para percibir el mximo conflicto de la gesta independentista: el peligro del expansionismo de los Estados Unidos. Subraya la perenne contemporaneidad del ideario antimperialista de Mart, aquel que previ en su poca, levantar –a partir del logro de la revolucin cubana– un muro inexpugnable frente a las pretensiones del imperialismo yanqui.38En este trabajo profundiza en el alcance histrico de la revolucin de liberacin nacional proyectada por el Apstol y reafirma que la genialidad de su pensamiento poltico radica precisamente en haber planteado la independencia nacional sobre bases que permitieran el ulterior desarrollo de la repblica.39Aunque el centro de las preocupaciones tericas de Roa estuvo dirigido a la solucin de los problemas concretos de la estrategia y la tctica de la revolucin en Cuba, ello no le impidi esbozar la repblica que quera construir. Como todos los jvenes de avanzada que protagonizaron los movimientos polticos surgidos en los inicios de la dcada del veinte, Roa parte de la concepcin de repblica democrtica martiana, pero debido a las nuevas condiciones histricas deber enriquecer estos postulados. El joven se plantear un proyecto socialista de Estado y sociedad, que es superador de una aplicacin extempornea del proyecto de repblica martiana, sin por ello renunciar a las esencias democrticas y liberadoras de este. Para Roa la repblica martiana encarnaba en Amrica las esencias ms puras y progresistas del pensamiento democrtico y en este sentido denuncia que “[…] contra lo que l predic

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100y se propuso, la repblica ha sido –es hoy ms que nunca– la perpetuacin con formas nuevas, o con alteraciones ms aparentes que esenciales, del espritu burocrtico, militarista y corrompido de la colonia”.40Martiano y marxista consecuente durante toda su existencia, el que pasara a la historia como el “Canciller de la dignidad” de Cuba revolucionaria, confirmara con su vinculacin al proceso revolucionario de 1959 sus ideas, proyectos y experiencias de los aos treinta. Notas1 Entrevista que le realizara a Ral Roa el compaero Jorge E. Mendoza y que fuera publicada en Juventud Rebelde, el 17 de abril de 1977.2 Roa, Ral. La revolucin del 30 se fue a bolina. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1973. p. 350.3 Glosas al pensamiento de Jos Mart, proyecto de libro sobre el Apstol, fue publicado en forma de folleto en Mxico y como artculo en el nmero de abril de 1927 de Amrica Libre. Ver en: Cuba. Instituto de Historia del Movimiento Comunista y la Revolucin Socialista de Cuba. Julio Antonio Mella. Documentos y Artculos. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1975. pp. 267-274.4 Roa, Ral. El fuego de la semilla en el surco. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1982. p. 180.5 Roa, R. Op. cit. (2). p. 350.6 Para este perodo de formacin revolucionaria se puede consultar: Oramas Len, Orlando. Ral Roa, periodismo y revolucin. La Habana: Editora Poltica, 1983. De la Osa, Enrique. Visin y pasin de Ral Roa. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1987. Cuba. Instituto de Relaciones Internacionales. Trabajos presentados al seminario sobre Ral Roa. Folleto. ISRI.7 Con motivo de la intervencin militar norteamericana en Nicaragua se va a desarrollar una fuerte actividad antimperialista en el seno del Grupo Minorista la que se tradujo en el manifiesto “Por la libertad de los pueblos de nuestra Amrica contra el imperialismo norteamericano”. El texto redactado por Rubn Martnez Villena y suscrito por Enrique J. Varona, Emilio Roig, Juan Marinello y Gustavo Alderegua, entre otros, no slo protestaba contra la vandlica agresin, sino que denunciaba las vejaciones sufridas en nuestro continente por la poltica de los Estados Unidos: Colombia, Hait, Santo Domingo, Cuba y Puerto Rico eran ejemplo de ello. El documento, que denuncia cmo nuestros pases latinoamericanos han sido convertidos en “verdaderas factoras de expoliacin, obteniendo los ms preciados frutos de sus fecundas tierras”, constituy el primer enfrentamiento de un grupo de intelectuales contra la penetracin imperialista. Ver: rbita de Rubn Martnez Villena. La Habana: Instituto Cubano del Libro, 1972. pp. 221-223.8 La prrroga de poderes o reeleccin presidencial fue el mecanismo fraguado por el tirano Machado y sus seguidores polticos para perpetuarse en el poder. Fue aprobada entre marzo y junio de 1927.9 Roa, R. Op. cit. (2). pp. 350-367.10 Roa, Ral. Trascripcin de sus palabras en el Sbado del Libro, donde se present Poesa y prosa de Rubn Martnez Villena. En: Bohemia (La Habana) 71(3):39-40; 19 en. 1979.11 Oramas, O. Op. cit. (6). p. 21.12 Roa, R. “Las directrices de nuestras aspiraciones”. En: Op. cit. (2). pp. 56-62.13 Ibdem.14 “Manifiesto del 30 de Septiembre”. En: Las luchas estudiantiles universitarias 1923-1934 / Comp. Olga Cabrera y Carmen Almodbar. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1975. p. 270.15 Ibdem.16 Manifiesto-Programa del Ala Izquierda Estudiantil. Pensamiento Crtico (La Habana) (39):123-132; abr. 1970.17 Roa, R. Op. cit. (2). p. 71.

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10118 Ibdem, p. 72.19 Ibdem, p. 73.20 “Rafael Trejo y el 30 de Septiembre”. Ibdem, p. 82.21 Ibdem, pp. 83-102.22 Ibdem.23 Ibdem, p. 99.24 Ibdem, p. 100.25 Ibdem, p. 93.26 Ibdem.27 Ibdem, pp. 100-101.28 “Mongonato, efebocracia y mangoneo”. Ibdem.29 Ibdem, p. 174.30 Ibdem.31 Dicha huelga cierra el ciclo revolucionario que abarca la etapa entre 1920 y 1935. Fue la mayor demostracin de movilizacin popular despus de la cada de la tirana machadista. Tanto Antonio Guiteras como el Partido Comunista alertaron que las condiciones para su triunfo no estaban creadas, pues faltaba la preparacin y el tiempo para adquirir el armamento necesario para organizar la insurreccin armada contra Batista y el imperialismo yanqui. Por otra parte, tampoco se haba logrado vertebrar el imprescindible frente nico de todas las fuerzas revolucionarias.32 En esta organizacin insurreccional fundada por Mella durante su exilio mexicano en 1928, se pona en primer plano el objetivo final de la concepcin de revolucin mellista, o sea, generar las condiciones que propiciasen la creciente profundizacin del movimiento revolucionario de liberacin nacional y social. El hecho del derrocamiento del machadato era el prerrequisito de la apertura de un proceso democrtico, de mejoramiento de la vida de los trabajadores que pudiera avanzar hacia el socialismo. Mella busca un frente amplio de carcter antimperialista.33 Torriente Brau, Pablo. Cartas cruzadas. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1981. p. 498.34 Ibdem, p. 539. Ver adems las pginas 226230 y 277-278.35 Ibdem, p. 558.36 Ibdem.37 Ibdem, pp. 569-570.38 Roa, Ral. “Rescate y proyeccin de Jos Mart”. En: Siete enfoques marxistas sobre Jos Mart. La Habana: Editora Poltica, 1978. p. 28.39 Ibdem, p. 29.40 Ibdem, p. 34.

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102 C uando escuch por primera vez el nombre de Ral Roa estaba asociado a su funcin de canciller de Cuba. Vivamos el intenso ao 1959 y quien se conocera como el “Canciller de la dignidad” comenzaba una actuacin de leyenda en la arena diplomtica. Vea a ese hombre en la prensa plana y en las imgenes de televisin con sus gestos rpidos y su palabra siempre afilada, culta, precisa y criolla. Entonces no saba que me dedicara al oficio de historiadora, iba a ensear e investigar la Historia de Cuba y que, por tanto, tropezara mltiples veces con el nombre de alguien que, despus lo supe, haba empezado a hacer historia desde muy joven. Hoy, despus de consultar innumerables veces sus trabajos publicados, s que para construir el conocimiento histrico del siglo XX es imprescindible Ral Roa como fuente. En la vida y en la obra de Roa, unidas con absoluta coherencia, est presente una parte importante del acontecer cubano en sus dos momentos ms trascendentes de cambio del sigloXX, por lo que su accionar es parte de esa historia cuyo conocimiento construimos los historiadores, pero interesa aqu exponer algunas consideraciones acerca de los aportes de su obra como fuente de primera importancia para los estudios histricos de la pasada centuria cubana. Sus trabajos escritos al calor de la polmica, sus reflexiones referidas a la “revolucin del treinta”, sus discursos y obras de indagacin acerca del acontecer pasado, sus estudios sobre su abuelo mamb y sus trabajos en torno a Rubn Martnez Villena, amn de entrevistas de sumo valor, como la publicada en la revista Cuba en 1968 y recogida despus en la compilacin La revolucin del 30 se fue a bolina y sus discursos e intervenciones diversas antes y despus de 1959 aportan informacin y anlisis de gran valor para el historiador. Al margen de otras temticas abordadas por Roa sobre acontecimientos, figuras y obras producidas en otros pases, estamos ante una fuente diversa para la Historia de Cuba que nos ofrece su produccin con intenciones historiogrficas y aquella nacida de la polmica del momento y de la accin revolucionaria desplegada por el autor. Cuando se utiliza la obra de reconstruccin histrica producida por Roa como fuente bibliogrfica, resalta en primer lugar su aporte al estudio del proceso revolucionario de los aos treinta y, en particular, su reconstruccin de la vida y poca de Rubn Martnez Villena. “Una semilla en un surco Ral Roa: una fuente histrica imprescindible Francisca Lpez CiveiraHistoriadora y profesora de la Universidad de La Habana

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103de fuego” constituye una sntesis primera de la vida de Rubn, publicada inicialmente como prlogo a los poemas recogidos bajo el ttulo de La pupila insomne (1936) y despus aparecida como esbozo biogrfico en Rubn Martnez Villena de la coleccin "rbita en sus dos ediciones de 1965 y 1972. Esta obra inicial tiene un brillante colofn en el libro publicado pstumamente, El fuego de la semilla en el surco (1982). Rubn Martnez Villena es una constante en la produccin de Roa, como dijo en el discurso del 18 de enero de 1965: “Mi devocin apasionada por Rubn Martnez Villena es harto conocida. He escrito muchos artculos, sin esmeros literarios dignos de nota, exaltando al poeta y al revolucionario y hasta un inconcluso esbozo de biografa […]”.1 En esta evocacin se pasa revista a la evolucin potica y a la ideolgica y poltica del evocado, en lo que las polmicas con Jorge Maach tienen un importante lugar para fijar posiciones, en especial la referida a la publicacin de los versos de Rubn donde se advierte con precisin lo planteado por primera vez en Cuba en tal debate: “[…] el insoslayable problema de los deberes y las responsabilidades del intelectual y del artista, de las relaciones dialcticas en tre arte y sociedad, evasin y compromiso, decadencia y revolucin, habitculo y gora, minora y masa”.2 El proceso que denomin “revolucin del treinta” es otra gran constante que se imbrica con la primera en distintas reconstrucciones. Aunque produjo numerosos discursos, ensayos y artculos sobre estos temas, algunos con fines de sntesis docente como su conferencia en la Universidad del Aire el 23 de marzo de 1952, “Cesarismo y Revolucin”, quisiera detenerme en aquellas obras de mayor calado desde la perspectiva historiogrfica. En “Una semilla…” Roa nos ofrece una sntesis biogrfica del revolucionario, poeta y dirigente comunista desde sus antepasados hasta su muerte. En el relato biogrfico sobresalen los momentos formadores y los definidores en la vida de Rubn, y tambin las ancdotas que muestran momentos cruciales o caracterizadores del biografiado. Me parece especialmente rico el panorama de poca, la gestacin del acto cvico conocido como Protesta de los Trece en el seno del joven grupo de intelectuales que se reuna en una mesa del caf Mart y cuyas discusiones e intercambios literarios novedosos estaban ubicados en el contexto de las letras cubanas de entonces. Aquel ambiente y el ansia de renovacin esttica y poltica quedan apresados cuando dice: Los “nuevos” vieron as, comprimidas por resistencias histricas, sus vagas apetencias renovadoras. […] Si algo tipifica a los “nuevos” es, precisamente, su ausencia absoluta de orientacin definida. El descubrimiento lrico de Jos Mart –a los treinta aos largos de haberse Rubn Daro proclamado su discpulo– no es un hecho fortuito. Pero mucho menos lo es que, ante el fracaso republicano, volvieran sus ojos al Manifiesto de Montecristi, poniendo sus esperanzas polticas a la sombra del ideario incumplido.3Esta presentacin aporta una mirada fundamental para entender el ambiente

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104donde se estaban debatiendo aquellos jvenes que tendran tan fuerte presencia en el mundo intelectual y poltico de Cuba en esa poca y en las dcadas siguientes. De especial inters, a mi juicio, es la afirmacin de la vuelta a Jos Mart. El hecho de “descubrir” a Mart y volver los ojos al Manifiesto de Montecristi tiene una indudable trascendencia para el momento. Se describe aqu el entorno poltico e intelectual, con sus contradicciones dentro del propio grupo de jvenes protagonistas de la Protesta de los Trece, integrantes de la Falange de Accin Cubana y del Grupo Minorista e incorporados al Movimiento de Veteranos y Patriotas. Por supuesto, se trata de una sntesis biogrfica de Rubn y, por tanto, aporta un acercamiento pionero a la entereza, el sacrificio, el pensamiento y la accin de esta figura excepcional. Para acercarse al cambio que significa esa dcada del veinte en la historia cubana es imprescindible entender lo que, en fecha temprana, Roa nos est presentando en este trabajo. Otras publicaciones ahondaran en esta percepcin. Tal es el caso de la entrevista citada de 1968. Ante Ambrosio Fornet, un entrevistador inteligente que se prepar para lidiar con un entrevistado especial, Roa responde desde su vida y ptica ofreciendo un fresco de su poca, y en particular de lo que me parece de especial trascendencia, su definicin de la “Generacin del treinta”: “[…] es, por esencia, una generacin orgnicamente escindida desde que surge a la vida poltica”. A continuacin seala las tres hornadas que, a su juicio, la componen, y subraya sus posibilidades histricas al afirmar: “Es indudable que la minora revolucionaria de la generacin del treinta quiso ms de lo que pudo: plante el problema de Cuba a la altura del tiempo, pero no supo resolverlo”.4En El fuego de la semilla en el surco aborda en ms detalle esa fase germinal de aquel grupo, de las caractersticas de la “generacin de 1923” y de su contexto. A partir de la consideracin terica acerca del lugar de las generaciones, en lo que hace explcito su fundamento en la Ideologa alemana de Marx y Engels, expone este problema para Cuba y caracteriza ese momento como: Tiempo de crisis profunda y, por ende, urgido de accin transformadora en todos los rdenes, encararan los poetas, prosadores y artistas de la generacin de 1923. Acelerada por los antagonismos estructurales que la minan, las tensiones sociales que estos engendran y el descontento nacional que provocan, con la paulatina toma de conciencia de la necesidad de cambio en las masas populares, la declinacin de la sociedad neocolonial ha entrado en Cuba, antes que en ninguna otra parte en Amrica Latina, en la primera fase de su etapa final. No se percibe todava con claridad, pero en sus redaos comienza a librarse sorda, confusa y compleja batalla entre las fuerzas que sustentan el pasado y las que generan el porvenir.5Combinanando la exposicin terica y el anlisis personal de contextos y retos histricos con el acontecer factual y la ancdota esclarecedora y, a veces, chispeante, Roa presenta en este libro

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105de madurez un extraordinario aporte al conocimiento histrico desde su condicin de participante directo de la poca, de indagador en ella y de intelectual de primera lnea que, utilizando fuentes diversas, puede reconstruir una coyuntura fundamental en el siglo XX cubano desde una perspectiva analtica, de manera que constituye una fuente de extraordinaria riqueza para el historiador interesado en desentraar el problema que ese momento de cambio le plantea. No se trata aqu de entrar en definiciones acerca de la “Generacin del treinta” o la “generacin de 1923” u otras definiciones planteadas por otros autores, tales como “Generacin de 1925”, sino de apuntar lo que representa la obra de Roa para estudiar –y entender– la poca que se abre en la dcada del veinte y cuyo punto mximo de crisis sera el proceso revolucionario de los aos treinta. En los textos sealados, Roa expone el momento cuando conoci a Rubn y su relacin personal, con lo cual nos acerca al hombre en sus inquietudes y actitudes, en su sensibilidad y capacidad de sacrificio, sin dudas muy admiradas ya por siempre. Las relaciones personales brindan la posibilidad de acercarse al ser humano que fue Rubn –y tambin Roa–, a sus relaciones con otras figuras histricas de su poca y con el ambiente donde se desenvolvan. Presenta los problemas a los que deban hacer frente y los caminos contradictorios para tomar decisiones, como puede ser la actitud ante la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), las acciones que se desarrollaran, las definiciones frente a otras organizaciones de oposicin, las polmicas que se entablaron y las posiciones que se tomaran ante cada nueva situacin. Se trata de una visin de la historia como acontecer donde podemos ver a los seres humanos continuamente ante la necesidad de definir caminos, de proponer decisiones, ante alternativas que deben resolver. En el sentido apuntado se inscriben tambin las relaciones de Rubn con Julio Antonio Mella y Pablo de la Torriente Brau, por seleccionar a quienes dejaron una mayor impronta en el acontecer cubano y con quienes tuvo mayor cercana y afinidad. En los entresijos de esa amistad encontramos los aspectos que los acercaban, que los identificaban de modo especial, tambin las cuestiones que les preocupaban y los problemas sobre los cuales intercambiaban criterios, no pocas veces de trascendencia nacional. Entre los aportes de Roa al estudio de esa poca debe incluirse su descripcin y anlisis de Julio Antonio Mella, as como su exposicin conceptual del proyecto revolucionario encabezado por l a travs de la Asociacin de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC) en 1928: El combatiente terico y el terico combatiente integran la plena personalidad revolucionaria. Mella ejemplifica el aserto. Era, sin duda, un esplndido prototipo de hombre de accin dotado de mente poderosa, aguda visin dialctica de la realidad, facultades sobresalientes de organizador, magntica ascendencia sobre las masas y certera capacidad de decisin. No se apeg mecnicamente a la letra de Marx, Engels y Lenin, que conoca

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106bastante. Interpretaba y aplicaba los textos, las resoluciones, los acuerdos y la lnea general con criterio propio y sentido creador. Lo muestra su fecunda y esclarecida actividad revolucionaria, en bsqueda siempre de formas vivas de expresin de la teora marxista-leninista y sin titubear nunca en llevar a vas de hecho lo que, en cada momento, juzga factible y necesario. Era ya, no obstante sus cortos aos, un estratega poltico.6Roa se detiene en el proyecto concebido por Mella y, sobre todo, en su concepcin de las diversas fuerzas que deban y podan participar. Se trataba de una tctica que no exclua “[…] ninguna clase, fuerza social o poltica que pudiera adoptar actitudes nacionalistas, progresistas o democrticas […] La completa independencia de Cuba era el nudo dialctico del documento”.7 El esclarecimiento del proyecto revolucionario concebido por Mella a la altura de 1928, frustrado con su muerte en enero de 1929, as como el abandono de este despus del asesinato de su conductor, reviste crucial importancia para el anlisis del proceso revolucionario de los aos treinta y Roa realiza una importante contribucin a ello. El fuego… aporta el relato y el anlisis de su autor como protagonista e investigador del complejo y riqusimo proceso revolucionario desarrollado en Cuba en la dcada del treinta, con su mirada crtica acerca de las distintas organizaciones participantes desde diferentes posiciones, en especial del Partido Comunista, dada la militancia y el liderazgo de Rubn, el movimiento estudiantil y sus organizaciones, el movimiento obrero organizado y sus acciones –en lo que destaca lo referido a la preparacin y desarrollo de la huelga de marzo de 1930–, la intelectualidad y los grupos diversos de oposicin a Gerardo Machado con las polmicas y contradicciones de la poca, expresiones en muchos casos del debate ideolgico. El libro llega hasta el derrocamiento de Machado y queda inconcluso, pero constituye una fuente indispensable para el estudio de ese momento revolucionario, sus concepciones diversas y debilidades. Fue escrito a partir de una posicin militantemente antimperialista desde la que deja el relato de una poca junto a la visin de un participante. En la obra historiogrfica de Ral Roa tambin tiene un espacio destacado la indagacin en torno a su abuelo Ramn Roa, combatiente de la Guerra de los Diez Aos y figura controvertida a partir de la polmica que se desat alrededor de la alusin hecha por Jos Mart en su discurso conocido por “Con todos, y para el bien de todos”.8 Dos obras marcan de modo particular esta arista: la compilacin publicada bajo el ttulo Con la pluma y el machete (1950) y la especie de biografa titulada Aventuras, venturas y desventuras de un mamb (1970). En el primero, publicado por la Academia de la Historia, se consigna que es una compilacin hecha por su nieto Ral Roa y la ayuda de Federico de Crdo vba y Quesada; en l se recogen documentos diversos como poemas del abuelo, muerto cuando apenas el nio cumplira cinco aos. En Aventuras… Roa incursiona ms en el campo historiogrfico en lo cual, como en las obras anteriormente citadas, ofrece un fresco de la poca

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107ms que una biografa del teniente coronel del Ejrcito Libertador. Nieto orgulloso de su antepasado, la pasin deja ver en este texto el ambiente que rode a Ramn Roa, sus compaeros de avatares en los distintos momentos y las opiniones, a veces polmicas, que se debatan. Estos mritos convierten a este libro en otro aporte al conocimiento histrico cubano, en especial en su reconstruccin de poca. El texto comienza con una afirmacin que expresa la imagen del autor sobre el biografiado: “Ramn Roa fue un mamb de pluma y machete. Naci rico, pele por la independencia de Cuba y muri pobre. Era un hombre del 68”.9 Con el antecedente de un artculo titulado “Vindicacin de mi abuelo” (1948), en el cual aparece por primera vez esa imagen del abuelo que despus reitera literalmente, Roa acomete en este libro una obra mayor donde ofrece la biografa del abuelo, pero con el aadido de insertar esa historia de vida en su amplio contexto desde la dcada del veinte del siglo XIX. De especial relieve es la reconstruccin de la vida de Ramn Roa en Matanzas, Sagua y los Estados Unidos, e incorpora informacin de la fase conspirativa en que participa, previa al estallido de 1868, adems de su estancia junto a Domingo Faustino Sarmiento como secretario hasta el estallido de la revolucin de 1868 en Cuba, y el ambiente de la emigracin con los afanes por armar expediciones para incorporarse a la guerra. Para ello se auxilia de documentos y de la Autobiografa de su abuelo, adems de obras historiogrficas de referencia. La epopeya de los Diez Aos, con la participacin del nuevo mamb junto a Ignacio Agramonte y luego con Mximo Gmez, como secretario, su desempeo en la Secretara de Relaciones Exteriores durante la presidencia de Toms Estrada Palma y otras funciones dan la oportunidad de mostrar los problemas del independentismo y exponer los juicios del autor. Resultados de investigacin posteriores han precisado mejor algunos aspectos, pero Ral Roa ofrece una obra de indagacin en los combates independentistas cubanos en la cual est presente su capacidad de prosista para atraer al lector y transmitir el contexto de la poca abordada. De igual forma, desfilan ante el lector el perodo interguerras, la revolucin de 1895, la ocupacin militar norteamericana y los primeros aos de vida republicana hasta la muerte del biografiado, en lo que, por supuesto, la polmica en torno a la publicacin de A pie y descalzo tiene un espacio especial. La parte ltima, a despecho de investigaciones recientes que aportan nuevas perspectivas para el estudio del perodo posterior a 1898, refleja con nitidez la situacin de frustracin que vive el pas en los primeros lustros del siglo XX. Ese espritu del momento, de la frustracin como sentimiento colectivo, es el marco de los momentos finales de la vida de Ramn Roa: Aunque a veces la punta filosa de la irona o el silbido del lampreazo delaten al combatiente emboscado, fue la suya, en esa crtica situacin, una literatura de postrimeras, ms nostlgica que prospectiva, ms aleccionadora que pugnaz. Su prosa y su verso revelan el desconcierto, la afliccin y el escep-

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108ticismo del mamb que asiste, impotente y desolado, a la adulteracin, profanacin y explotacin, por un hatajo de pillos criollos y extranjeros, de las aspiraciones del pueblo cubano […] Secuela de la visin idealista de la historia, de la estratificacin de concepciones polticas ya periclitantes o de la ignorancia de los nuevos desarrollos del capitalismo, ese estado crepuscular de espritu es comn a numerosos revolucionarios de la poca.10Si bien la produccin que pudiramos catalogar de historiogrfica de Roa constituye una fuente valiosa para el estudio de las pocas abordadas por l, aunque en algunas de sus partes haya sido superada por la historiografa posterior, es en sus trabajos escritos o discursos pronunciados como parte de su propia vida y accin revolucionaria donde se encuentra la mayor riqueza. En ellos est la visin del momento, el combate con sus contradicciones, progresos y retrocesos; la polmica vibrante en la cual Roa siempre est en la defensa de la opcin revolucionaria, del proceso vivido en los aos treinta como momento de cambio inconcluso, de las fuerzas que miran hacia el progreso y la justicia, hacia la liberacin nacional, desde su invariable posicin antimperialista y desde el pensamiento marxista, y est adems el combatiente inteligente, agudo y pertinaz. Sus manifiestos y documentos escritos durante los combates que marcaron los aos de la revolucin de la dcada del treinta poseen una relevancia particular para el historiador. Son la expresin de una parte de los protagonistas de aquella gesta, de la visin compartida por aquellos a quienes representaba en su discurso, son materia viva de una poca especialmente convulsa donde los sectores populares, los marginados por las fuerzas dominantes, se incorporaban de manera beligerante en los primeros planos de la lucha poltica. En Bufa subversiva (1935) Roa compil sus trabajos de esos aos de lucha, cuando se cerraba el ciclo revolucionario, con una nota inicial: “Este es el libro de todos nosotros. El libro de una generacin destinada histricamente a la lucha por un maana luminoso y cordial que acaso no ser suyo”. Aparecen aqu manifiestos, discursos, arengas, artculos de Roa desde 1929 hasta 1934, es decir, producidos durante los momentos de mxima convulsin revolucionaria. El valor excepcional como fuente histrica es obvio. En “Tiene la palabra el camarada muser”, llamamiento a las armas publicado el 10 de julio de 1931 en Lnea el rgano del Ala Izquierda Estudiantil, est la percepcin de un momento especfico, cuando era inminente el movimiento insurreccional encabezado por los caudillos tradicionales –Mario Garca Menocal, Carlos Mendieta y Miguel Mariano Gmez, pretenso heredero pol tico de su padre– al que se sumaban otras fuerzas ms consecuentes, entre las que se contaba Antonio Guiteras; cuando los estudiantes antimperialistas se haban separado del Directorio Estudiantil Universitario para fundar el Ala Izquierda Estudiantil donde alineaba Roa; cuando estaba en la prisin de La Cabaa junto a un grupo de estudiantes. Es el llamamiento desde las posiciones antimperialistas

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109del grupo al que perte nece, en el cual se habla de la revolucin que no tiene que ver con la “[…] enarbolada, como panacea suprema de nuestras miserias y sufrimientos, en cada esquina y cada caf, por la oposicin nacionalista, Mario Garca Menocal, Miguel Mariano Gmez y el Directorio Estudiantil Universitario, terica y prcticamente vinculado a esas fuerzas de la burguesa desafecta a Machado y de la cual viene a ser su brigada de choque”.11Desde la perspectiva actual, puede realizarse un anlisis diferente al del llamamiento citado, pero lo importante para el relato del historiador es entender las miradas de los contemporneos, pues esto permite comprender con ms claridad la poca, sus desafos y sus derroteros. En este llamamiento, Roa expone la visin de su organizacin sobre la situacin cubana: “Estamos viviendo el resquebrajamiento objetivo del rgimen colonial. Estamos en presencia de una revuelta de masas contra el imperialismo yanqui y su verdugo Machado”. A continuacin plantea los contenidos que deba tener la lucha en aquella circunstancia: “[…] ampliarla, darle un contenido agrario y antimperialista, transformarla en revolucin, es obligacin previa e ineludible de las organizaciones que luchan verdaderamente por la liberacin nacional y social de Cuba”. Este prrafo termina con el llamamiento que consideraban necesario: “[…] la conciencia popular est ya madura para el vuelco redentor y sangriento. Ahora se hace urgente la necesidad de predicar a balazos. La consigna es nica y definitiva: ‘Tiene la palabra el camarada muser’”.12Otro trabajo recogido en Bufa subversiva “Mongonato, efebocracia, mangoneo” del 10 de noviembre de 1933, muestra con toda claridad la importancia de la produccin de Roa para reconstruir y analizar el proceso revolucionario de los aos treinta. Se trata ahora de la mirada a los acontecimientos del 4 de septiembre de ese ao y sus consecuencias inmediatas, de la percepcin sobre el gobierno provisional presidido por Ramn Grau San Martn, lo cual se evidencia desde el propio ttulo. Testigo excepcional de lo ocurrido en el campamento de Columbia aquella madrugada, Roa narra lo acontecido con la estructuracin de la Junta de los Cinco, el papel de Fulgencio Batista y el paso posterior a la presidencia de Grau: “El gobierno apoltico, tcnico y universitario no saba por dnde empezar, ni qu hacer, ni a dnde ir. Desconcertado se dio entonces a culebrear. Fatig la cuerda floja. El espritu de Pubillones se instal en Palacio. De fisilogo competente, Grau devino maravilloso equilibrista”.13De especial inters resulta la ptica que presenta acerca del papel de los estudiantes dentro de la revolucin: Una revolucin de estudiantes es cosa que slo puede aceptarse a ttulo novelesco. Los estudiantes, masa informe, cambiante y supeditada, no pueden por s mismos, independientemente, hacer revoluciones. A lo sumo asaltar el poder. La revolucin es una obra multitudinaria, de profunda raigambre econmica, dirigida por un partido representante de intereses reales en la produccin, que se constituye en vanguardia dirigente,

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110para la transformacin sustantiva de la realidad histrica. En las actuales condiciones objetivas del mundo, slo puede hacer una verdadera revolucin el Partido Comunista y los estudiantes revolucionarios apoyarla.14Se insiste en que el contenido, para Cuba, tiene que ser agrario y antimperalista. No se trata de analizar aqu aquel proceso revolucionario ni el gobierno presidido por Grau, tampoco las posiciones de las distintas fuerzas participantes, entre ellas el Partido Comunista y las organizaciones sobre las que influa, por ejemplo, el Ala Izquierda Estudiantil, lo importante es entender cmo Ral Roa aporta documentos de primer orden para acercarse a dicho proceso desde las posiciones de los grupos ms avanzados, ms revolucionarios y, por tanto, nos da un testimonio excepcional del combate y el debate del momento, con el valor aadido de la propia impronta y estilo del autor. Los trabajos agrupados en el libro citado ofrecen, en conjunto, una literatura de combate hasta el momento de repliegue de la revolucin en 1934, despus del golpe de Estado de enero de ese ao. A travs de ellos se puede seguir la evolucin del proceso desde la ptica del joven Roa, las posiciones asumidas ante los acontecimientos que se sucedan con rapidez y las polmicas que tempranamente se suscitaron. La carta a Jorge Maach del 18 de noviembre de 1931, incluida en el segmento titulado “Caazos legtimos”, expresa con agudeza los criterios que se discutan. El debate acerca de las minoras revolucionarias se desarrollaba entre el destinatario y Porfirio Pends, miembro del Ala Izquierda Estudiantil, y Roa apunta su fondo: se trataba, a su juicio, de un duelo abierto “entre dos mentalidades que coexisten pero que se excluyen”. Al establecer un paralelo entre Ortega y Gasset y Romain Rolland afirma que Pends es “[…] un entusiasta forjador de ese mundo nuevo, por cuyo alumbramiento luchan enardecidos cuantos sufren los vicios e injusticias del viejo […] t –es duro decirlo–, […] eres, aunque te creas maravillosamente equidistante de la tradicin y de la innovacin, un representativo genuino de la cultura –de la que te nutres– y de un orden social –del que vives– que si todava existe es a expensas de su propia ruina”.15 A partir de esta definicin, Roa se introduce en la polmica en defensa de las posiciones emanadas del marxismo, con una actitud creadora para plantear el problema para Cuba al nivel de su poca. Es este un documento muy esclarecedor para estudiar el pensamiento y los debates de aquel momento. Numerosas cartas y artculos de Roa se insertan en las polmicas desatadas en distintos momentos, generalmente en torno al proceso revolucionario de los aos treinta. Aun cuando aquel proceso era ya historia pasada para muchos, volvi a desatarse el debate acerca de su carcter revolucionario, sus mviles, fines y derivaciones. En 1947 se desarroll la polmica entre Ral Roa y el dirigente del Partido Liberal y periodista Ramn Vasconcelos que dio lugar al ensayo “Escaramuza en las vsperas”. Es este un trabajo de hondura analtica y de consulta necesaria para el historiador que aborde el proceso

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111revolucionario sealado y los aos subsiguientes. Las luces y lodos dejados por aquel movimiento telrico en la sociedad cubana aparecen aqu, vistos por un revolucionario que no renunci a sus sueos y su quehacer por ese cambio hacia una sociedad mejor de justicia y soberana; es importante decirlo porque l mismo constituye un carcter y una vida a estudiar dentro del complejo entramado que sigui al hecho de “irse a bolina” aquella revolucin.16Desde el propio ttulo general, ya se anuncia el sentido del contenido que, a su vez, se divide en partes tituladas tambin de manera harto significativas: I. Prembulo de una polmica, II. La historia borrada, III. La regeneracin degenerada, IV. La generacin inmolada, V. El alba de la efebocracia y VI. Trayectoria y balance del ciclo revolucionario. En la parte primera sita histricamente a su contendiente y a s mismo en sus posiciones durante el proceso que se discute, para afirmar su fidelidad a los ideales de Antonio Guiteras, Rafael Trejo y Pablo de la Torriente Brau, con lo cual deja bien esclarecida la perspectiva desde donde se adentra en el recuento. Termina con una afirmacin rotunda anunciadora del resto: “Ramn Vasconcelos le ha pedido cuentas a nuestra generacin. No rehuyo el envite. Ni tampoco dejar de pedrsela a las generaciones que provocaron su heroica, generosa y perdurable insurgencia”.17 Despus del recuento de lo acaecido en Cuba desde el fin del colonialismo espaol hasta 1924, explica en la segunda parte al machadato como “[…] culminacin y sntesis de la frustracin de la repblica y de la sobrevivencia de la colonia”,18 refuta, adems, la tesis plan teada por Vasconcelos –y repetida posteriormente por una parte de la historiografa– de una primera etapa patritica, nacionalista, en la gestin de Machado. Si bien nuevas indagaciones han colocado el nfasis en situar a Machado como representante de una primera propuesta de solucin a la crisis del sistema iniciado en Cuba y, por tanto, no limita el anlisis a la demagogia, la represin y la dependencia respecto al imperialismo norteamericano, mantiene todo su valor el desmentido pionero de Roa a la tesis de Vasconcelos, tambin su percepcin de Machado y su gestin, por cuanto nos est brindando la ptica representada por l en aquel momento. Es de significar su argumentacin acerca de las causas de la poltica proteccionista machadista, la relacin entre la poltica econmica aplicada y las condiciones del mercado, especialmente el de los Estados Unidos, y las dificultades de la economa cubana. El vnculo de la tarea inconclusa de la revolucin de 1895 con la de los nuevos tiempos, el relato de los hitos ms relevantes de la lucha revolucionaria de la “generacin inmolada”, presentada en la relacin terror oficial-terror revolucionario, y sus objetivos esenciales –“Se quera una Cuba distinta y un futuro mejor. Ese fue el santo y sea de la nueva generacin”–,19 las distintas organizaciones, mtodos de lucha y tendencias desfilan de modo relampagueante por esta reconstruccin que evidencia el contenido revoluciona rio, aunque diverso, de aquel combate hasta llegar a la cada de Machado y la presencia de Carlos Manuel de Cspedes en la presidencia

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112bajo el mando del embajador estadounidense Sumner Welles. Para Roa, la revolucin haba sido traicionada. Sin embargo, el autor se detiene a valorar el significado del 12 de agosto de 1933 en tanto accin del pueblo y tambin en tanto solucin emanada del embajador Welles, para remontar la cuesta del momento climtico de la lucha generalizada a la que faltaba “[…] unidad de mtodos, de propsitos y de fines”.20Ral Roa apunta aqu, como testigo, su relato de lo acontecido el 4 de septiembre de forma anecdtica, pero va ms all al valorar el cambio que implicaba para el pas: Por primera vez en Cuba, se constitua un gobierno sin la previa certificacin de Washington y se declaraba dispuesto a acometer la transformacin general de la estructura factoril de la repblica. El movimiento revolucionario, sin duda, entraba en una nueva fase. No podra afirmarse que ha tomado el poder; pero s que estaba en condiciones de impulsarlo hacia la satisfaccin de las ms perentorias apetencias y necesidades del pueblo.21En el balance final, nuestro autor presenta lo que llama el debe y el haber y puntualiza las peculiaridades de la revolucin en el caso cubano como revolucin anticolonial de amplias implicaciones polticas, econmicas y sociales, sealando los contenidos especficos que le corresponden. En un anlisis ms reposado, a la altura de 1947, Roa presenta una apreciacin diferente del gobierno provisional presidido por Grau pues, como l mismo afirm, ya haba suficiente lejana para juzgar. Esto le permite referirse a su artculo “Mongonato, efebocracia, mangoneo” como “[…] imbuido de la concepcin extremista entonces en boga en la izquierda revolucionaria […]”.22 Ahora puede ver mejor la tendencia revolucionaria pre sente en su seno, las realizaciones que logr, el contexto donde desarroll su labor, las contradicciones internas que lo desgarraban y la hostilidad externa que enfrent, aunque pone en el primer lugar de su imposibilidad para llevar a cabo la empresa que se propuso, su propia debilidad interna. Ral Roa ofrece en este ensayo de madurez una perspectiva indispensable para el estudio del proceso revolucionario de los aos treinta, su impacto en la sociedad cubana y los cambios que impuls, as como las opciones que cerr. En l se observa a su autor como cronista y analista de su tiempo, como intelectual y, sobre todo, como revolucionario, su calidad definitoria. Este ensayo, imbricado en la polmica de aquel momento, resulta una fuente absolutamente insoslayable para entender a la Cuba en la cual viva y luchaba. Este tema recurrente, por suerte para los historiadores, en la obra de Ral Roa incluye discursos, conferencias, artculos, ensayos, es decir los ms variados medios y gneros a travs de los cuales dej sus impresiones del momento en el fragor del combate y sus reflexiones posteriores, tambin en el calor de la lucha, pero en otras circunstancias y con la perspectiva del tiempo para aquilatar los procesos histricos. Tambin podemos encontrar para nuestra construccin del conocimiento histrico, para acercarnos a la verdad

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113histrica sus evocaciones de figuras relevantes, a veces no muy conocidas, que participaron en aquel proceso y con quienes comparti ideas, prisin o diversos momentos de lucha. Gabriel Barcel y Rafael Trejo se muestran desde la mirada del amigo, del compaero, como jvenes de su tiempo; Pablo de la Torriente Brau transita por buena parte de su obra, as como otros con los que polemiz o estuvieron en la trinchera opuesta. Para el estudio de las personalidades y caracteres de ese momento, es Ral Roa tambin fuente de primer orden. Es importante aadir la importancia de sus cartas, bien las publicadas en el libro de Pablo de la Torriente Brau, Cartas cruzadas. Correspondencia 1935 (Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2004), las que se incluyen en la reciente edicin de Bufa subversiva ya citada, en la Gaceta de Cuba de 1996, o en colecciones especficas. Todas presentan el anlisis de problemas, los intercambios para tomar decisiones, la informacin acerca de la situacin, las relaciones con diferentes compaeros o adversarios dentro del combate en los aos treinta. Ciertamente, como queda expresado, algunos juicios emitidos en el calor de la lucha o el debate de ideas, mtodos y fines, fueron matizados y revisados por Roa con la distancia del tiempo, pero eso no los hace disminuir en su valor como fuente histrica, por el contrario, ofrecen la frescura de lo inmediato, las perspectivas desde las que se apreciaban los problemas en su momento y esto, no puede dudarse, aporta una riqueza inestimable al historiador. Por otra parte, como l dijo en la entrevista citada ante la pregunta sobre cul de los golpes que reparti en la lucha ideolgica entre 1931 y 1935 preferira no haber dado, de cul querra disculparse: “No me disculpo ni me arrepiento hoy de ninguno de esos golpes: los di a conciencia y a conciencia los reitero”.23El estudio de los aos cincuenta tambin requiere de acercarse a Ral Roa. Sus trabajos en la prensa, especialmente en el peridico El Mundo muestran de nuevo al Roa combatiente con la pluma y desde su ctedra universitaria, as como sus reacciones ante los atropellos y crmenes de la dictadura y sus argumentos de enfrentamiento al batistato. Artculos como “Mario Fortuny”, “Mater dolorosa” y “El precio de una conducta” constituyen denuncias de la barbarie de esa poca, a la vez que muestran la expresin de oposicin que representa su autor. Ral Roa fue protagonista de las batallas diplomticas libradas por la Revolucin triunfante en 1959, en las cuales inaugur un ejercicio de la diplomacia revolucionaria cubana de altsimos quilates. Para estudiar los primeros aos de la Revolucin en el poder, especialmente la dcada del sesenta, los discursos y documentos de Roa en la Organizacin de Estados Americanos (OEA) y en la Organizacin de Naciones Unidas (ONU) son imprescindibles. A travs de estas intervenciones se puede seguir la intensa batalla que tuvo que librar el Gobierno revolucionario cubano en los principales foros internacionales, los argumentos que le sirvieron de fundamento y el clima de confrontacin provocado por la

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114poltica hostil de las administraciones de los Estados Unidos. En ellos se destaca la rapidez y agudeza de un canciller entrenado en la polmica a lo largo de su vida de combatiente revolucionario, as como la inteligencia y el profundo patriotismo que posibilitaron respuestas prontas, apegadas a la tica que representaba y defenda. En la prensa de esos aos se recogen las actuaciones que le valieron ser reconocido por el pueblo cubano –su pueblo– como el “Canciller de la dignidad”. Algunas de aquellas alocuciones, las ms relevantes hasta 1963, se compilan en el tomo segundo de Retorno a la alborada La rplica al delegado norteamericano en la ONU, Adlai Stevenson, el 17 de abril de 1961, cuando ya en Cuba se combata en Playa Girn contra la invasin procedente del norte, puede mostrar el valor de estos documentos para la reconstruccin de aquellos momentos cruciales. El dominio de la Historia de Cuba, del conflicto histrico con los Estados Unidos, de la poltica norteamericana hacia la isla, su propia vida de combatiente, su brillantez en el debate y su fidelidad a los principios que sustentaba permitieron una respuesta absolutamente contundente, y adems le revelan al historiador los puntos que se manejaban entonces en la confrontacin, el nivel de tensin que se viva y la posicin sostenida por el Gobierno cubano ante los hechos que estaban ocurriendo. A partir de su intervencin en la sesin de la maana de ese da, en la cual denunciaba la responsabilidad del gobierno demcrata de John F. Kennedy en la invasin a Cuba, hizo uso del derecho de rplica en la sesin de la tarde a los pronunciamientos del delegado norteamericano. Su rechazo al discurso de Stevenson se bas en varios puntos esenciales: el problema no era personal contra el representante de los Estados Unidos; poda discutir todos los hechos de su vida dedicada a la libertad de su pueblo y de los pueblos de nuestra Amrica; no haba traicin de la direccin revolucionaria a la Revolucin; Estados Unidos no contribuy a la independencia de Cuba sino todo lo contrario; Jos Mart alert contra la poltica expansionista de los Estados Unidos; la Repblica de Cuba hasta 1959 fue dependiente del pas norteo con una estructura semicolonial; el retorno a la Constitucin de 1940 tiene un sentido reaccionario, y el conflicto es entre el pueblo de Cuba y los intereses norteamericanos que quieren reconquistar las posiciones perdidas. Los puntos sealados a modo de sumario en el prrafo anterior permiten comprender la lgica expositiva –que en algunas de sus partes fue una documentada clase de historia– tomando como base la intervencin del delegado Stevenson. El prrafo final esclarece el propsito cubano al presentar el problema en la ONU: […] la Delegacin de Cuba no ha venido a pedir proteccin ni ayuda de las Naciones Unidas para repeler a los agresores, que estn siendo ya batidos por aire, tierra y mar. A lo nico que ha venido la Delegacin de Cuba es a acusar al gobierno imperialista de los Estados Unidos, ante la conciencia pblica mundial, con pruebas abrumadoras, de estar interviniendo en los asuntos internos de un pueblo libre,

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115independiente y soberano, y a exigir que se le impongan las sanciones correspondientes por este acto de piratera internacional.24Como puede apreciarse por el documento reseado a modo de ejemplo, las participaciones de Ral Roa en los debates desarrollados en los foros internacionales a los cuales acudi como canciller de Cuba, aportan los elementos de dichos debates, el sentido del momento cuando estos se producen, los argumentos que entraban en ellos y, de manera difana, la posicin cubana que representaba con brillantez. Hay momentos del protagonismo de Roa que han quedado como parte de la memoria colectiva del pueblo cubano. Sera quizs ocioso sealarlos por conocidos, pero repasarlos para evidenciar, una vez ms, el valor que tienen para los historiadores, siempre es til. Su denominacin de la OEA como “ministerio de colonias yanqui” o sus palabras cuando la Delegacin de Cuba abandon la VII Reunin de Consulta de Cancilleres de ese organismo: “Me voy con mi pueblo, y con mi pueblo se van tambin de aqu los pueblos de nuestra Amrica”,25 retratan a un hombre y a una poca. Ancdotas reales o fabuladas han acompaado la actuacin del “Canciller de la dignidad” ms all del tiempo fsico de su desempeo en ese cargo, lo cual es tambin parte de los momentos que enfrent y en los cuales marc pautas en la naciente diplomacia revolucionaria. Por tanto, Ral Roa tambin es fuente de consulta imprescindible para investigar sobre esos aos de profunda transformacin dentro de la sociedad cubana. Cuando o hablar por primera vez de Ral Roa no saba que recurrira a su obra de manera reiterada en mi labor como historiadora, sin embargo, cuando el Aula Magna de la Universidad de La Habana fue el marco para velar a uno de sus mejores hijos, acud con mis alumnos de entonces a rendirle tributo ya sabiendo cun importante era este hombre para la Historia de Cuba por su quehacer, por su papel como actor histrico, pero empezaba tambin a conocer que constitua una fuente esencial para la produccin del conocimiento histrico de ms de la mitad del siglo XX cubano, en especial, de sus grandes momentos de cambio. Notas1 Roa, Ral. “Evocacin de Rubn Martnez Villena”. En: Escaramuza en las vsperas y otros engendros La Habana: Universidad Central de Las Villas, 1966. p. 356.2 Ibdem, p. 371.3 "rbita de Rubn Martnez Villena / 2 ed. La Habana, 1972. p. 25. (Coleccin "rbita)4 Roa, Ral. La revolucin del treinta se fue a bolina La Habana: Instituto del Libro, 1969. pp. 291-292.5 _______. El fuego de la semilla en el surco Ciudad de La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1982. p. 55.6 Ibdem, p. 290.7 Ibdem, p. 293.8 En ese discurso medular pronunciado en Tampa el 26 de noviembre de 1891, Mart argumenta contra los obstculos que pudieran oponerse a la reanudacin de la guerra independentista en Cuba, entre los cuales incluye el “miedo a las tribulaciones de la guerra” y seala: “¡Pues como yo s que el mismo que escribe un libro para atizar el miedo a la guerra, dijo en versos, muy

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116buenos por cierto, que la juta basta a todas las necesidades del campo en Cuba […] me vuelvo a los que nos quieren asustar con el sacrificio mismo que apetecemos, y les digo:–‘Mienten’”. Mart aluda al libro A pie y descalzo de Ramn Roa.9 Roa, Ral Aventuras, venturas y desventuras de un mamb La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1970. p. 3.10 Ibdem, pp. 393-394.11 _______. Bufa subversiva La Habana: Ediciones La Memoria. Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, 2006. p. 346. Se mantiene la versin de esta edicin anotada por Ana Cairo pues en La revolucin del 30 se fue a bolina (Instituto del Libro, La Habana, 1969) se reproduce el documento con cambios en la redaccin.12 Ibdem, p. 346.13 Ibdem, p. 353. Tambin en este caso se ha seguido la edicin citada.14 Ibdem, p. 354.15 Ibdem, pp. 192-193.16 Esta expresin, tomada del ttulo que dio Roa a una recopilacin de sus trabajos, “La revolucin del 30 se fue a bolina”, se ha asumido con diferentes connotaciones y otros autores han apuntado las diversas posibilidades de interpretacin. Comparto el criterio de que su autor quiso marcar con toda claridad, a pesar de que pudiera parecer ambiguo, cmo vea el camino de aquella revolucin: se trata de una revolucin que se desprende, como proceso histrico, de su momento y sustento inmediato para volar y quedar suspensa en el tiempo, como un papalote que se escapa de las manos de quien lo dirige y “se va a bolina”, con rumbo desconocido quizs, no humillado por la derrota, pero tampoco con direccin y destino definidos.17 Roa, R. Op. cit. (1). p. 25.18 Ibdem, p. 35.19 Ibdem, p. 52.20 Ibdem, p. 57.21 Ibdem, p. 59.22 Ibdem, p. 65.23 _______. Op. cit. (4). p. 315.24 _______. Retorno a la alborada La Habana: Universidad Central de Las Villas, 1964. t. 2, pp. 495-496.25 Ibdem, p. 345.

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117 L as Misiones Culturales en Cuba fueron creadas por Ral Roa cuando ocupaba el cargo de director de Cultura del entonces Ministerio de Educacin desde 1949; se desarrollaron entre 1950 y 1952. El mundo cultural de la dcada del cincuenta estaba representado por la clase media, defensora del nacionalismo y enfrentada a la alta burguesa que despreciaba a lo ms genuino de la nacin cubana y se plegaba al consumo impuesto por los Estados Unidos. El reconocimiento de los intelectuales se hace difcil por el dominio de la burguesa que ocupaba los cargos ms importantes en la cultura y educacin, la cual, por sus formas y estilos de ver el desarrollo cultural, obviaba el analfabetismo escolar y espiritual existente en la mayora de los cubanos, por tanto era poco viable sostener la llamada cultura artstica, pues no contaban con un numeroso pblico preparado para comprender y disfrutar las diferentes manifestaciones del arte, principalmente en el campo. Contradictoriamente, en esta dcada se gestaba una intelectualidad sin gran poder econmico, pero con un enorme sentido del gusto esttico. Una de sus figuras ms destacadas fue Ral Roa Garca, conocido desde los aos treinta como miembro de la Liga Antimperialista de Cuba y de la Universidad Popular Jos Mart. Fue tambin fundador del Directorio Estudiantil Universitario en 1930 en compaa de su amigo Rubn Martnez Villena, y adems un activista del Ala Izquierda Estudiantil junto a su inseparable hermano de lucha Pablo de la Torriente Brau. En diciembre de 1949, Roa define su concepto de cultura en un trabajo publicado en el Mensuario de Arte, Literatura, Historia y Crtica : La cultura es un proceso socialmente condicionado y expreso, en consecuencia, el sentido de la constelacin dominante en cada ciclo de la historia. Pero, igualmente discrepo de los que intentan reducirla a feudo propio, mediante el desahucio de los que no piensan o se sientan como ellos. Sin libertad de expresin, la capacidad creadora se agota, languidece y marchita. El derecho a la hereja es ala y raz de todo progreso cultural y humano.1Su primer objetivo como director de Cultura fue ofrecer a sus compatriotas Ral Roa y las Misiones Culturales en Cuba Leonel Maza y Lourdes CastellnInvestigadores

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118lo ms genuino de la cultura: comenz estableciendo el Da del Libro Cubano en honor al natalicio de Antonio Bachiller y Morales; tambin estableci la distribucin gratuita de li bros, revistas y folletos y el aumento de libros de la Coleccin de Clsicos Cubanos y Contemporneos, y de cuadernos de arte y poesa. Adems organiz exposiciones de artes plsticas y concursos de literatura, la Feria del Libro y el Da de la Cancin, asimismo con su talento y acierto crea las Misiones Culturales, suceso que permiti disfrutar de diferentes funciones de arte en todo el pas. Ral Roa, inspirado en el proyecto desarrollado en Espaa por el poeta Federico Garca Lorca con su cruzada “La Barraca“, pone en marcha su plan. Roa redacta un llamamiento para la fundacin de las Misiones Culturales donde dice: Movilizar espiritualmente a las provincias e incorporarlas a la vida de la cultura, es un plano de superacin funcional, es tarea inaplazable. Si la cultura es la flor ms preciada del alma de los pueblos, sus frutos deben vigorizar y enriquecer la conciencia de las masas liberndola de sombras, prejuicios, y supersticiones. En nuestras campias, montes y caseros hay vastas zonas populares que, por obra del aislamiento y la desidia, han permanecido secularmente al margen de los nobles y fecundos goces que procuran el teatro, la msica, el baile, la pintura, el cine y la ciencia.2Las actividades realizadas y organizadas con su gran visin nos ofrecen una panormica certera de lo que significaron y fomentaron, convirtindose en elemento principal de la historia cultural de Cuba. Muchas de ellas son desconocidas por las nuevas generaciones debido a su poca divulgacin, pues no han sido estudiadas con profundidad. La prensa de la poca recoge someramente alguna informacin que, por supuesto, estaba condicionada por el ambiente poltico propio del contexto histrico. De estas funciones o representaciones dan fe los programas de mano y las fotos tomadas que reflejan la realidad protagnica de la labor artstica de quienes se conocan como misioneros. Sus integrantes hoy da son personalidades que prestigian la cultura nacional. Entre ellas recordemos al doctor Antonio Nez Jimnez, gegrafo, al coregrafo y bailarn Ramiro Guerra Snchez, y al cineasta Julio Garca Espinosa, entre otros. Las Misiones Culturales estaban integradas por un colectivo cultural mvil que ofreca diferentes manifestaciones del arte, de esta manera se traslada a las comunidades cada espectculo, no slo las representaciones de tipo visual como el cine, la danza o el teatro, sino tambin charlas con carcter didctico, segn fuera lo presentado, as como exposiciones de artes plsticas para cumplir de esta forma el objetivo trazado. El programa de las Misiones Culturales entre 1950 y 1952 visit ochenta y seis localidades de la Repblica de Cuba en quince meses. Estos espectculos fueron destinados a los bateyes, ingenios azucareros y capitales de las provincias, incluida La Habana. El ensayo general de la primera Misin se celebr el 11 de marzo de 1950

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119en la localidad de Gines y el recorrido comenz das despus por el oriente del pas. Este grupo de artistas entusiasmados en esta noble empresa tena una disciplina regida por un reglamento que inclua, entre otros, los deberes de los misioneros y sus derechos. La direccin estaba compuesta por un administrador, un subadministrador, un tesorero, un jefe de personal, un encargado de oficina de control, propaganda y prensa, y adems en esta nmina se insertaban los directores de las diferentes manifestaciones msica y baile, de museos, etctera. En un principio, la comitiva artstica y tcnica estuvo compuesta por dos msicos, cuatro bailarines, siete actores de teatro incluyendo un sonidista, tramoyista, jefe de personal tcnico, cuatro choferes y un cuidador de vestuario. En esa primera cruzada y primer ao de vida tenan como presupuesto veinticinco mil pesos para los gastos de compras de veintids renglones que seran imprescindibles para su desarrollo. Otros cuarenta mil pesos se utilizaban para cubrir el salario de los integrantes, quienes reciban cien pesos mensuales. Las Misiones Culturales en la prensa cubana tienen su primera nota en el peridico El Mundo con fecha martes 15 de noviembre de 1949, firmado por Ernesto Ardura con el ttulo “Realizarn intensa labor las Misiones Culturales” donde el autor plantea: Todo est preparado para que las misiones culturales inicien sus tareas en la segunda quincena de este mes, segn hubo de anunciarnos el doctor Ral Roa, Director de Cultura del Ministerio de Educacin, quien en breve partir al frente de las mismas hacia la provincia de Oriente. Consecuente con las proyecciones que anunciara al tomar posicin de su cargo, el doctor Roa quiere llevar los servicios culturales del Estado hasta las ms apartadas regiones del pas, penetrando en lo hondo de la conciencia del pueblo. Las misiones culturales responden a esa finalidad. Las misiones, para la mejor realizacin de su labor, llevarn equipos de cine, teatro, exposicin de cuadros, msica y ballet, adems de un museo precolombino, a cargo del doctor Antonio Nez Jimnez, presidente de la Sociedad Espeleolgica de Cuba, quien adems, ofrecer interesantes charlas sobre cuestiones histricas y cientficas. Actuarn fundamentalmente las misiones en las zonas rurales. Se han construido carros especiales destinados a conducir los equipos y personal de estas embajadas de cultura y arte. Contarn asimismo con una planta elctrica propia. Las escenografas de las obras teatrales que han de ser representadas han sido preparadas por los pintores Jorge Rigol, Romero Arciaga, Carlos Sobrino, Carlos Enrquez,

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120Gerardo Tejedor y Carmelo Gonzlez. Entre las obras teatrales que han de ser llevadas al palco escnico figuran las siguientes: El traidor, de Jos Antonio Ramos; Alas que nacen, de Felipe Pichardo Moya; Reconciliacin cubana, de Felix Lizaso y Rafael Marquina; Contra el deber, de Enrique Serpa; La muerte de Plcido, de Diego Vicente Tejera; Casamiento a la fuerza, de Moliere; y El mancebo que se cas con mujer brava, de Alejando Casona. Se exhibirn cuadros de Eduardo Abela, Carlos Enrquez, Mariano Miguel, Ramn Loy, Fidelio Ponce, Antonio Gattorno, Vctor Manuel, Jorge Arce, Mirtha Cerra y Jos M. Mijares. El 15 de marzo de 1950 presentan el primer espectculo en el Estadio Municipal Antonio Maceo de Santiago de Cuba. Al da siguiente son recibidos en la Universidad de Oriente donde le brindan un almuerzo. Los peridicos de la ciudad como el Diario de Cuba y Libertad dejaron constancia del acontecimiento. Por aquel entonces, al llegar al lugar la primera tarea era escoger el sitio donde se emplazara el escenario, que era la rastra-teatro, despus se desmontaban todos los bultos y se convertan en una plataforma de veinticuatro pies de ancho por dieciocho de largo y de esta forma quedaba lista la escena. Todo suceda en horas de la maana y por la tarde los artistas ensayaban el espectculo. Las exposiciones de Geografa de Cuba, msica y pintura, generalmente se realizaban cerca del lugar donde era ubicada la rastra-teatro, es decir, podan apreciarse indistintamente en una escuela o sociedad privada, segn las ofertas de las autoridades locales. Estas muestras se montaban en grandes paneles donde los visitantes reciban explicaciones de su director, quien responda a las ms dismiles preguntas. Referente a la msica, los lugareos podan disfrutar de los conciertos en cada presentacin y de una cuarta exposicin compuesta por doce paneles, entre ellos, dos dedicados a Galeras de Msicos Universales, otro a grandes msicos cubanos, y dos a los instrumentos folclricos y populares de Latinoamrica. El origen y desarrollo del piano ocupa uno de los paneles, otro los instrumentos musicales de origen africano utilizados en Cuba, e incluso las siempre llamativas mscaras. La danza folklrica de Nuestra Amrica poda hallarse en dos paneles. En los diferentes paneles se podan observar fotografas de grandes de nuestra msica acompaadas de sus fichas biogrficas y, al igual que las dems exposiciones, los visitantes podan recibir una informacin autorizada de su director de msica, el maestro Odilio Urf. La seccin de cine tambin tuvo su presencia con las proyecciones de pelculas y documentales como El trigo y el hombre y el dibujo animado musical El tranva con el cual comenzaba la funcin. En las artes plsticas se podan observar alrededor de ochenta reproducciones de pintura de de occidente desde la gtica a la moderna. Tambin se le dedic dos paneles a la joven vanguardia

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121de las artes plticas cubanas. Los visitantes se favorecan con las explicaciones de Leovigildo Gonzlez Morrillo, entonces un joven pintor cubano. Otra de las expresiones fue la del museo de arqueologa de los aborgenes cubanos, considerado el primero de su tipo que pasaba sus piezas por toda Cuba. Lo componan tres vitrinas donde se encontraban diferentes piezas arqueolgicas de las culturas guanajatabey, siboney y tana. Tambin presenta cuatro muestras donde se reciben las explicaciones de su director, el doctor Antonio Nez Jimnez. La exposicin geogrfica de Cuba estaba compuesta por veintids paneles que contenan mapas y fotografas, los cuales tenan titulos como: “Cartografa de Cuba”, “La poblacin en Cuba”, “Recuerdos forestales”, “Fuerza hidrulica”, “El turismo”... El teatro estuvo presente con las puestas de las siguientes obras: Alas que nacen, de Felipe Pichardo y El traidor de Jos Antonio Ramos. El elenco lo integraron Enrique Medina, como director y actor, Ignacio Valds Sigler, Alejandrina Montes, Australia Lpez, Hilario Ortega y Pedro Martn Planas, adems contaba con Jos Rigol como escengrafo. La presencia de la poesa se poda disfrutar escuchando la lectura grabada de Justo Rodrguez Santos, con su poema dedicado al centenario de la bandera, adems Gilda Lois recitaba un poema de Regino Pedroso titulado “Cantor de vida bajo los astros“. La danza era la encargada de cerrar cada espectculo. Los jvenes que integraban ese primer recorrido de las Misiones Culturales fueron Serafina Amaro, Julio Mendoza, Elena Prieto, quien tena trece aos y su madre la acompaaba, Ins Morera y Ceferino Barrios. Indistintamente, el cuerpo de bailarines lo integraban, entre otros, Adelaida Gmez, Gisela Curbelo, Elena Vicaria, Asuncin Itza, Yudith Crdoba y Lily Ricard. En el programa se incluan las danzas folklricas hngaras, Bodas de Aurora, de Tchaikovski, y danzas rusas, noruegas, polkas, bailes norteamericanos y el joropo

PAGE 123

122tapato, as como el zapateo cubano. Las funciones de danza folklricas y ballet clsico constituyen en la historia de esta manifestacin en Cuba un pilar en su primer recorrido. Visitaron cuarenta localidades de las antiguas seis provincias de Cuba con la participacin de 146 mil personas, concluyendo esta etapa el 30 de junio de 1950 en Guanabacoa. Hasta esos momentos las funciones haban logrado con creces los deseos de llevar el arte a los ms apartados rincones de la repblica y salieron favorecidos los ms humildes. A travs del escenario mvil, los pobladores disfrutaron actividades, un da y en algunos casos dos, las cuales fueron no slo de esparcimiento, sino que permitieron enriquecer y ampliar sus conocimientos sobre arte y cultura. Enrique Rodrguez Loaches traz en un mapa de Cuba referencias que sealaban los lugares visitados y por visitar. Se pueden apreciar sitios desde San Luis en Pinar del Ro hasta el Caney de las Mercedes en Santiago de Cuba. Con excepcin de la antigua Isla de Pino, los recorridos abarcaron las antiguas seis provincias. El segundo recorrido de las Misiones tiene como inicio el 20 de octubre de 1950 en Mayar. En esta ocasin y con la experiencia del primer recorrido, los misioneros y su directiva se ven favorecidos por nuevos integrantes y por algunos materiales que le permitieron hacer reestructuraciones en los conceptos artsticos a favor de las funciones. Uno de estos cambios fue al teatro mvil, el cual a partir de ese momento haca ms sencilla y humana su manipulacin, es decir, el montaje y desmontaje de los elementos que conformaban el escenario eran ms ligeros: su estructura ya no era de acero sino de aluminio y el piso se vio mejorado al colocarle un tabloncillo machimbrado de caoba. Esto conllev a un resultado formidable para el desarrollo de los artistas y en particular de los bailarines. Adems, ahora contaban con un piano y sus aditamentos, otros equipos elctricos y de sonidos, asimismo, reciban modificaciones los decorados y el vestuario de los artistas mejor. Para este segundo recorrido, Ral Roa designa como coordinador general a Julio Garca Espinosa, por aquel entonces un joven teatrista y director de programas de radio. Se mantenan las diferentes manifestaciones artsticas, pero el elenco artstico recibi las transformaciones y mejoramiento de cada disciplina. A la manifestacin teatral se incorporaron jvenes del teatro universitario como Erdwin Fernndez, Nidia del Valle, Caridad Camejo, Natividad Gonzlez, Julio Carlo, Teresita Lpez Triana y su director era Antonio Vzquez Gallo. Es llevada a las tablas la obra del dramaturgo Alejandro Casona La fablilla del secreto bien guardado, la cual fue bien aceptada por el pblico, pues estaba concebida con un fcil lenguaje. Los nios de las zonas rurales tambin tenan sus regalos con la presentacin de funciones de tteres que se realizaban en horas de la maana: el guiol visitaba las escuelas pblicas con las obra La caperucita roja, adaptada por Modesto Centeno y la interpretaban los hermanos Camejo, Teresita Lpez Triana y Julio de Carlo. A este segundo recorrido se integra el joven coregrafo y bailarn Ramiro

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123Guerra, el cual asume la direccin de bailes folklricos y de las funciones de ballet clsico, que haba diseado Cuca Martnez del Hoyo; ambas manifestaciones se vieron beneficiadas con su baile. En esta ocasin el pblico disfrut de la danza a travs de la visin y esttica de su director, quien introdujo en estas presentaciones las danzas folklricas de Nuestra Amrica. De estas Misiones Culturales el coregrafo y bailarn Ramiro Guerra recuerda: Despus de una estancia en Colombia de alrededor de dos aos, donde impart clases en la Escuela de Danza Cecilia Lpez en Bogot y, luego, en la localidad de Pereira, fui contratado para iniciar la fundacin de una nueva academia de danza. Cuca Martnez del Hoyo organiz a los bailarines y me plante que asumiera la responsabilidad del grupo de danza en las Misiones Culturales. Recuerdo que el grupo lo conformbamos tres parejas, entre ellos Serafn Amaro, Elena Prieto, Julio de Mendoza, Ceferino Barrios y yo. Me di a la tarea de montar un repertorio con danzas latinoamericanas como la guabina chiquinquirea, el bambuco y la cumbia, ambas colombianas, y el joropo venezolano. Con estas danzas ofrec una visin del folklore latinoamericano bailado en parejas y por el tro. Los residentes de los bateyes visitados por las Misiones Culturales fueron receptivos con las presentaciones que ofrecimos. Nosotros, como jvenes artistas, tenamos una rastra que se convirti en escenario y los asistentes a las funciones tenan como asientos los ms singulares taburetes, cajones…, y lo ms peculiar eran los hombres montados en sus caballos y a la zanca sus nios, y no faltaba una que otra vez la bella mujer cubana, tambin en ese medio de transporte convertido en platea. En los pueblecitos y ciudades, estas funciones se hacan en los parques y sociedades culturales de forma gratuita. Las presentaciones se realizaban en diferentes horarios y por su aceptacin los habitantes ayudaban a la limpieza y chapeo del lugar donde se emplazara la rastra-escenario. Fueron miles de campesinos y gente de las ciudades los que disfrutaron de estos espectculos. Estas danzas concebidas por m estuvieron presentes en el escenario mvil de las Misiones Culturales constituyendo algo nuevo en el mundo del espectculo en Cuba. De esta forma le llevbamos la cultura al pueblo que no tena la posibilidad econmica ni de transporte para asistir a las salas de teatro, si es que haba. La importancia y lo trascendental de las Misiones Culturales organizadas por Ral Roa, es que hasta ese momento no se haba hecho nada semejante en Cuba, ni por las instituciones privadas ni por las estatales. Para m, como joven artista que vena de estudiar en el extranjero (Estados Unidos y pases latinoamericanos), me encuentro este trabajo social por el Estado, cosa no usual en nuestro incipiente

PAGE 125

124medio cultural, a travs de la gestin de una personalidad como Ral Roa, con un carcter amplio desde el punto de vista cultural y social no visto en las dcadas del cuarenta y del cincuenta con excepcin de Mxico y el movimiento cultural surgido a la sombra de la Revolucin mexicana.3La calidad en esta segunda gira fue mayor, pues el programa de las diferentes manifestaciones que conformaban las Misiones Culturales se vio mejorado en la cantidad y calidad de sus exposiciones, conciertos de msica...; el grupo de teatro contaba en sus nminas con nuevos talentos, el guiol y la danza tenan en su repertorio muestras de obras latinoamericanas. Finaliza as el segundo recorrido con todas las expectativas trazadas, cumplidas en gran medida, y sus expectativas de ofrecer arte gratuitamente a los rincones ms apartados de Cuba fueron hechas realidad. Nuevamente se hara un tercer recorrido y final de las prestigiosas Misiones Culturales, pero que desgraciadamente no fueron ajenas al inters de los polticos que vieron en ellas una manera de obtener ventajas polticas proponiendo el aumento del nmero de lugares a visitar, obviando la calidad ganada anteriormente. Por todos estos caprichos polticos dej Julio Garca Espinosa la direccin de las Misiones... El 17 de septiembre de 1951 se realiza el ensayo general en el politcnico Jos Mart de Boyeros, en La Habana, para iniciar la cruzada. Esta vez son visitados algunos municipios de la capital y la comitiva artstica sufre cambios en su personal y programa de presentacin. Su coordinador fue Odilio Urf y su administrador el doctor Antonio Nez Jimnez. Como toda alegra en ese perodo en Cuba fue efmera, las Misiones se vieron afectadas en diciembre de ese ao al conocerse la noticia de la renuncia de Ral Roa a su cargo de director de Cultura. Las consecuencias para las Misiones Culturales y sus integrantes fueron mortales. En su lugar designan a Pablo Luis Orozco. La cruzada comienza en 1952 por Pinar del Ro y se benefician los poblados de La Coloma, Viales, Sierra del Rosario, La Esperanza y San Juan y Martnez. El 28 de enero el peridico de esa provincia Extra Lunes reflej el suceso as: Fueron visita de esta localidad las Misiones Culturales del Ministerio de Educacin, que trajeron a este pueblo de San Juan y Martnez su mensaje de arte, ciencia y cultura. En su primera noche de actuacin, exhibieron las Misiones cine educativo, un concierto musical de piano y violn y las danzas folklricas de Latinoamrica y de Espaa. En el segundo da expusieron pelculas de contenido cultural, un concierto de msica clsica, una obra de teatro de Alejandro Casona, as como el ballet clsico “Las Slfides”, de Chopn. En el centro de Cuba, el 10 de marzo de 1952, estando en la actual provincia de Ciego de vila en el poblado de Guayacanes, al amanecer reciben la trgica noticia del golpe militar engendrado por Fulgencio Batista: es el preludio del fin de las Misiones Culturales concebidas por Ral Roa.

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125Lo que se realiz en ese tercer recorrido apenas est en la memoria de algunos de sus participantes. De esta singular manera se extingue una labor hermosa impulsada por un grupo de jvenes artistas a favor de los ms humildes, que vieron en las Misiones Culturales una va de conocer sobre las artes. Ideadas por Ral Roa fueron sin lugar a dudas una obra innovadora dentro de tantas penurias. El gesto fue transparente al presentar un colectivo de artistas a los que menos tenan y eran despreciados por su condicin de pobres. Rescatamos estas memorias de nuestra historia cultural, que multiplicaron los sueos del “Canciller de la dignidad” de Cuba, y que se rescataron a partir del amanecer del 1 de enero de 1959 con el joven rebelde Fidel Castro Ruz al frente. Este trabajo es, adems, un homenaje a los misioneros que entregaron sus conocimientos al mejoramiento humano y, en especial, al hombre sincero que fue Ral Roa Garca en el centenario de su natalicio. Notas1 Cajigal Correa, Lourdes Mara. Trabajo de Diploma “Las Misiones Culturales”. La Habana: Instituto Superior de Arte, 1992. p. 16.2 Roa Kour, Ral. En el torrente. La Habana: Editorial Casa de las Amricas, 2004. p. 643 Guerra Snchez, Ramiro. Entrevista grabada en La Habana, el 21 de abril de 2007.Otra bibliografa consultada Programas de mano de las Misiones Culturales, Primer y segundo recorrido nacional y Mapa de las Misiones Culturales.

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126 Rosas para Roa Matilde Salas ServandoPeriodista H ay fechas en el tiempo de los pueblos que no pueden ser pasadas por alto, pues por su significacin histrica marcan hitos. En esas ocasiones a veces se recuerda un hecho importante, otras, la desaparicin fsica de quien ha dejado su huella imperecedera y, tambin, la llegada al mundo de alguien que en su andar por la vida, ha sabido ser ejemplo para sus coetneos y gua para las generaciones que le sucederan. El 18 de abril de 2007, se celebr un importante centenario: la llegada al mundo en igual fecha hace un siglo, de ese “criollo de cepa” conocido como Ral Roa Garca, quien se caracteriz por un inquietante ir y venir a lo largo de su fructfera existencia. Segn l mismo seal en una ocasin, la vida en sus primeros aos transcurri “[…] con los mataperros de la vecindad” donde resida, en la barriada capitalina de la Vbora y con ellos disfrut los rudimentos “del papalote, la quimbumbia, el patn y la bicicleta –disolventes magnficos de las ataduras sociales y de los prejuicios raciales”. Aos despus simultaneaba sus estudios con la prctica furibunda de la pelota, que lo llev a convertirse en un “almendarista” de primera lnea. Por entonces disfrut la lectura de obras de importantes autores como: “[…] Jos Mart, Heredia, Juan Clemente Zenea, Cervantes, Rubn Daro, Manuel Gutirrez Njera, Julin del Casal, Vicente Blasco Ibez, Sarmiento, Gonzlez Prada, Rufino Blanco Bombona, Enrique Pieyro, Manuel Sanguily, Enrique Jos Varona y Jos Enrique Rod”, quienes dejaron una marca imborrable en su formacin intelectual. En varios momentos de su existencia, Ral Roa se refiri al ao 1925 como una etapa crucial en su vida. Por entonces estaba a punto de terminar sus estudios de bachillerato en el colegio “Champagnat” de la capital y sealaba que en esa poca tena “17 aos tan largos como mis pantalones [...] era larguirucho, flaco, intranquilo, boquigrande, orejudo, ojillos soadores con relumbres de ardilla, a veces melanclico, jocundo casi siempre, lenguaraz a toda hora y con ms pelo que un hippie”. Es el perodo en que conoce a Julio Antonio Mella. Roa describe ese hecho con su prosa clara y precisa cuando seala: “Fue el 26 de noviembre de 1925.Ya Machado haba descargado su aparato de represin y de barbarie sobre el estudiantado en rebelda. […] La atmsfera era tensa. Mella –aclamado por todos subi a la improvisada tribuna. Su mirada resuelta y brillante se recogi un momento en s misma, y luego, con gesto dominador y altivo, la melena flameante, el brazo poderoso rubricando el aire, rompi a hablar. Cuando concluy, toda aquella muchedumbre de jvenes enardecidos pugnaba por estrecharlo en sus brazos. Fue esa la ltima vez que lo o hablar y la ltima tambin que lo hizo en Cuba”. A lo largo de su vida supo ser fiel a ese encuentro, ocurrido en el universitario Patio de los Laureles. Ese hecho

PAGE 128

127le marc en lo ms profundo de su ser, defini su trayectoria cvica y constituy un impacto para Roa, porque desde aquel banco que tom como tribuna, el joven lder habanero brill en la arenga dirigida a los estudiantes. Todo parece indicar que fue entonces cuando Roa se percat de que el corazn “le lata a la izquierda del pecho”. Su ingreso en la Facultad de Derecho de la universidad habanera en el curso siguiente, fue como la entrada en un mundo deslumbrante, donde todo resultaba aparentemente nuevo. Desde su llegada a la casa de altos estudios, se mantuvo ligado con un cario visceral a la que luego calific como “una universidad genuina”, la misma donde se cultiv como profesional y se form como hombre. Su vocacin revolucionaria se puso de manifiesto desde la dcada del veinte del siglo pasado, cuando ingres en la Liga Antimperialista y se desempe como profesor en la Universidad Popular Jos Mart, fundada por Julio Antonio Mella, la cual radicaba en el local del Centro de Dependientes de Caf, en la unin de las calles Industria y San Jos, en el actual municipio capitalino de Centro Habana. Un lustro despus de ese encuentro con Mella, donde el verbo encendido del lder estudiantil le “llen la imaginacin de ardientes visiones” a la sombra de los histricos laureles, Roa suscribi un documento en el que exiga la renuncia incondicional del tirano Machado con la viril consigna que “postulara Mart: Los derechos no se mendigan, se arrancan”. El calendario marcaba la fecha del 30 de septiembre de 1930 y la sangre generosa de Rafael Trejo lav la afrenta que significaba la presencia del “asno con garras” en la mxima magistratura del pas. Desde ese momento, el pueblo hizo suyo a Trejo, para despus enarbolarlo como bandera de lucha. Sobre este hecho Ral Roa dio una brillante versin cuando dijo que esa […] no fue una tngana intrascendente, ni una de esas tpicas algaradas [...] Si slo hubiera sido eso y el desplome de Rafael Trejo, una deplorable causal incidencia, ni su nombre brillara con luz propia en la rutilante constelacin de nuestro martirologio universitario, ni razn habra para conmemorar cada ao el dramtico suceso en que se rompi su juventud cuajada de promesas y encendida de mpetus [...] En esa fecha insigne en la madrugada estremecida de nuestra liberacin nacional y social, ntimamente vinculados en el recuerdo y en la historia, el suceso y la vctima se han fundido ya de tal suerte que no puede evocarse aquel sin que surja con iluminado perfil la gallarda figura del valeroso mancebo […]. Sus inicios en la vida universitaria estuvieron marcados por perodos de protestas, persecucin, destierro, prisiones y exilio. Su primera salida fue a raz de esos hechos y se fue a los Estados Unidos de donde volvi dos meses despus, junto a un grupo de compatriotas que corran su misma suerte lejos de la patria, y de ninguna manera, queran estar ausentes en las acciones revolucionarias contra el gobierno de Gerardo Machado. Crecan las persecuciones contra quienes estaban en franca oposicin a

PAGE 129

128su rgimen tirnico, de ah que a poco de regresar a la patria estrenara el ao 1931 con el ingreso en el Castillo del Prncipe el tercer da de enero. Este era slo el preludio de una estancia ms prolongada en el presidio Modelo de Isla de Pinos y en otros reclusorios hasta completar unos dos aos. Su segundo destierro se extendi desde abril de 1935 hasta agosto de 1936. Fueron diecisiete meses, que se convirtieron en una etapa “dura, difcil, compleja, violenta y esperanzada”, como la calific el periodista Enrique de la Osa en su libro Visin y pasin de Ral Roa. Por esa poca empez a vivir experiencias inolvidables, que se prolongaran a lo largo de sus setenta y cinco aos, dos meses y dieciocho das de vida terrenal. A partir de esa fecha sigue presente en la fuerza de sus ideas atronadoras, llenas de verdades como puos, que por su vigencia, le sobreviven hasta nuestros das y seguramente as ser hasta mucho ms all del momento presente. La trayectoria de Ral Roa a la sombra del Alma Mter primero como estudiante, luego como profesor y ms tarde como decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Pblico, se mantuvo rectilnea a lo largo de varias dcadas y lo demostr cuando de manera inclaudicable, se enfrent con las tnganas al llamado “bonche universitario”, que tuvo sus antecedentes en los centros de la segunda enseanza, principalmente en el conocido como Instituto nmero Uno o Instituto de La Habana. Se iniciaba la cuarta dcada del sigloXX y despus de pasar por momentos muy convulsos, la Universidad de La Habana recuper su autonoma. Roa se prepar para participar como aspirante a la ctedra de Historia de las Doctrinas Sociales en la mencionada Facultad, donde sobrepas ampliamente a su opositor, Ral Maestri. De esa poca es el siguiente prrafo, en el que expuso con brillantez su pensamiento al decir: Apenas llegado a la Universidad, sin vinculaciones ni compromisos de ninguna ndole, vengo a pugnar por su total mejoramiento. Vengo a pugnar, como en sazn estudiantil, por una Universidad viva y actuante, sensible a sus circunstancias y estremecida hasta el tutano por el afn de superacin. En esa lucha me tendrn siempre junto a s los estudiantes. Como me tendrn enfrente, en todo cuanto contribuya a deprimirla y deshonrarla. Estudiantes y profesores estamos obligados, en pareja medida, a vigilar, celosamente, el patrimonio espiritual confiado a nuestra custodia. Asentado en su nueva labor docente, se enfrent con fuerza al llamado “pandillerismo”, que sembraba el terror en la colina universitaria, y sobre el tema expuso con claridad sus ideas al respecto cuando seal: “Tres grandes tareas constituyen el repertorio de exigencias inmediatas que nos plantea la actual coyuntura universitaria: lucha contra el bonchismo en todos los frentes, enriquecimiento cotidiano de los valores universitarios y proyeccin social de los mismos, defensa de la autonoma y de las condiciones consustanciales a su vigencia”.

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129Su labor profesoral lo llev a ser decano de la Facultad de Ciencias Sociales y es la poca cuando publica dos importantes obras: Historia de las doctrinas sociales, en la que mientras presenta sus lecciones como profesor, ofrece la manera de proyectarse en la ctedra, y le acompaa la titulada: 15 aos despus, donde recoge discursos, conferencias y artculos periodsticos que salieron a la luz en importantes publicaciones como Bohemia, El Mundo, Luz y Crnica. Esa obra la consideraba como “[…] un grito de alerta a quienes todava les reste coraje para proseguir la batalla [...] an es tiempo. Quince aos despus reverdece la primavera”. En 1948 comenz a “regir” los destinos del pas un gobierno constitucional, representado por Carlos Pro Socarrs. Varios nombres se haban propuesto para asumir la direccin de Cultura del Ministerio de Educacin, entre ellos, el del poeta y periodista Jos Zacaras Tallet. El presidente rehus las diversas sugerencias y en junio de 1949 acept para desempearla al profesor de Historia de las Doctrinas Sociales. En el acto de toma de posesin del cargo, Roa expres con caballerosidad: “Lamento que no haya sido escogido por el Presidente mi entraable amigo Jos Z. Tallet, que hubiera servido en el cargo a la altura de su talento, su experiencia y su prestigio”, y aadi: “No se espere de m otra actitud, ni otra alguna se me pida, que la de ser un servidor infatigable de la cultura, sin ataduras ni compromisos… Continuar tambin al frente de mi ctedra y decanato de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Pblico”. De forma paralela se producen en esos das importantes hechos vandlicos en el mbito nacional que movieron la conciencia de Ral Roa a protestar enrgicamente. El detonante fue el asesinato del alumno Gustavo Adolfo Mejas Maderne, quien por entonces ocupaba la presidencia de la Asociacin de Estudiantes de Ciencias Sociales y Derecho Pblico. Su respuesta ante el infame hecho no se hizo esperar y la dio a conocer en una carta abierta publicada en la revista Bohemia en octubre de 1949, que titul “Rosas sobre un volcn”, donde seal: Renunci al Decanato de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Pblico, precisamente porque, despus de lo ocurrido en la Escuela de Agronoma, del vil asesinato del estudiante Gustavo Mejas Maderne y de los sucesos posteriores en la Facultad de Medicina, no poda continuar asumindolas sin definitivo menoscabo de mi sensibilidad de hombre y de mi conciencia de profesor. Y, entre los propsitos que me impulsaron a presentarla, estaba tambin el de abrirle va decorosa a la crisis de autoridad que, hace ya tiempo, venimos afrontando en el terreno profesoral y en el campo estudiantil. Y luego puntualiza: En cuanto a mi Facultad, durante mi decanato nunca se produjo acto alguno contra la disciplina acadmica y el prestigio universitario [...] Como Decano hube de lograr, con la eficaz cooperacin de nuestros alumnos y particularmente del malogrado Gustavo Mejas Maderne,

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130que las tareas docentes, acadmicas y culturales se desenvolvieran armnicamente, en una atmsfera limpia y serena, sin violencias, ni huelgas y sin martingalas de ninguna ndole. Esa es mi satisfaccin y mi orgullo. Y, por eso, podr ahora enfrentarme con los jvenes que asistan a mi ctedra, sin remordimientos ni tapujos. Ah los aguardo para trabajar, como siempre, ms all de la hora de clase. En el propio artculo el profesor Roa Garca hizo una valoracin acerca del joven cuando signific: Era un estudiante que honraba la juventud universitaria con su conducta ejemplar. Nunca esgrimi una pistola en defensa de sus ideas. Y jams utiliz la universidad en provecho propio, ni se vendi por un plato de alubias a los magnates de turno [...] Se caracteriz siempre por su celo, su entusiasmo y probidad. Ante su juventud, rota en plena primavera, se levanta airada mi protesta y se rinden conmovidos los pabellones de mi homenaje. Cuando Fulgencio Batista se apoder nuevamente de los destinos de nuestro pas, mediante el golpe de Estado perpetrado en 1952, su posicin de profesor y revolucionario lo llev a seguir la trayectoria iniciada en la segunda dcada de siglo XX. Por entonces volvi a las luchas y al exilio, y slo regres a la patria para continuar su enfrentamiento, cuando se decret la amnista a los moncadistas en mayo de 1955. En enero de 1959, en plena madurez, se incorpora con bros juveniles a la Revolucin triunfante. Tena entonces la experiencia acumulada durante varias dcadas de lucha incesante en la tribuna internacional, que fue su trinchera contra un enemigo poderoso: el imperialismo yanqui, el cual no ha cesado en su cadena de agresiones, en el afn de apoderarse de nuestro territorio. En una entrevista publicada en 1968, en la revista Cuba, Ral Roa advirti que cuando sintiera el primer sntoma de vejez se recluira a leer los miles de libros que le aguardaban, lo que no pudo hacer, pues estuvo hasta sus ltimos das en una incesante labor creadora y de lucha frontal, en la cual no se permiti un momento de reposo. A lo largo de su existencia fue un hombre multifactico y se distingui por ser fundamentalmente aquel profesor surgido dcadas atrs en la Universidad Popular Jos Mart, quien no abandon nunca su pronunciamiento de que “[…] la salvacin de la Universidad es la obra de la Universidad misma”.

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131Juan Marinello Vidaurreta (1898-2007) Marinello y la repblica espaola Caridad Massn SenaInvestigadora R ecientemente tuve la oportunidad de disfrutar de la siempre sobria, elegante y convincente actuacin del actor espaol Fernando Fernn Gmez en su interiorizacin del anciano Mateo en la pelcula Para que no me olvides, donde nos mostraba la historia de uno de los tantos hurfanos que la barbarie fascista haba privado del calor de toda su familia en Espaa. En un momento de gran emocin, el personaje se encoleriza y declara que no poda permitir que an, despus de tanto tiempo, no existiera en su pas un monumento para recordar a aquellos infelices que fueron vctimas de la guerra y el crimen. La defensa de la repblica espaola, el levantamiento franquista, la masacre de los aviones fascistas al pueblo espaol fueron temas acuciantes hace ya setenta aos, sin embargo, episodios similares ocurren diariamente en varios “oscuros rincones“ del mundo. A las heridas sin cicatrizar de una contienda hispana siguieron nuevas laceraciones provocadas por el mismo fenmeno, el imperialismo. Este ensayo pretende con la evocacin de los recuerdos, el retorno al ayer como recurso del pensar profundo de la contemporaneidad. Para ello nos serviremos de la imagen de uno de nuestros grandes hombres del siglo XX: Juan Marinello. “Otros nos harn el maana”, sentenciaba preocupado el poeta y ensayista ante el auditorio de la Sociedad Econmica de Amigos de Pas en 1928. El joven ilustrado reclamaba la accin conjunta de todos aquellos que atentos lo escuchaban o luego leeran sus palabras publicadas por cualquier rotativo habanero. Su mensaje era saeta dirigida directamente a las conciencias. Un ao antes haba publicado un cuaderno de lirismo intimista bajo el nombre de Liberacin. Pero en este momento le preocupaban otros asuntos: la independencia colectiva, el patriotismo urgente, la redencin cvica. Desde la Revista de Avance –que dirigiera colegiadamente con Jorge Maach, Martn Casanovas, Francisco Ichaso y Flix Lizaso– haba expresado su comprensin sobre un debate candente: las relaciones entre el arte y la poltica. “El intelectual –apuntaba– no debe rehuir su obligacin de orientador y aclarador de los problemas de su pas y del continente”, porque “[…] quien sienta de modo artstico la preocupacin social, debe darse a ella por entero”, mientras que quien no la sienta “[…] no debe abandonar su deber de hombre que puede ver e indicar fuera de su arte,

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132oportunas soluciones pblicas”. Su experiencia personal se ajustaba a esos pronunciamientos En 1923, a su regreso de Espaa donde haba obtenido una beca de estudios como alumno eminente de la Universidad de La Habana, tom parte en la Protesta de los Trece bajo el inters de hacer notar la podredumbre de la repblica cubana corroda por el latrocinio y la insensibilidad de sus gobernantes. Luego se integr a la Falange de Accin Cubana, ms tarde abraz el proyecto de los veteranos y patriotas en 1924 como algunos otros intelectuales de izquierda y se separ de l ante el fiasco de la conducta deprimente de sus lderes ms relevantes. Durante el trienio 1923-1925 observ con detenimiento y simpatas el curso del movimiento estudiantil capitaneado por Julio Antonio Mella. Pero su bautizo combativo ocurri el glorioso 30 de septiembre de 1930, da de la manifestacin donde fue asesinado Rafael Trejo, y conoci los rigores del presidio al ser atrapado por la polica. Despus vinieron nuevos episodios similares que lo empujaron en su ascensin poltica. Precisamente tras las rejas, dos aos despus, Marinello escribi: En las Antillas y Centro Amrica lo poltico es vital. Y lo literario, o es parte de lo vital o slo existe para lo literario, que es una manera de no existir. Ensambladas en Cuba la fatalidad econmica de ayer –que nos dio un pueblo en infancia civil– y la fatalidad econmica de ahora, que encuentra en esa infancia el mejor puente de su fluido agotador, el escritor no puede ser ms que un vehculo de la terrible agona. El argumento, tan esgrimido, de que slo al escritor de cierto tipo incumbe la captacin de lo poltico cae sin vida al reiterarse que aqu ya no hay poltica sino un barco que se hunde con todos sus tripulantes. Y a los nufragos no les est permitido gozarse en la contemplacin del cielo.1Pero su pensamiento escrutador no se encajona en lmites geogrficos, asciende y viaja por el universo. Marinello, propietario de una tica humanista, se emociona e indigna ante los avances del imperialismo, particularmente, en su variante ms destructiva y decadente, el fascismo. El 14 de abril de 1931, luego de que las elecciones generales convocadas en Espaa fueran ganadas por una coalicin republicano-socialista y se proclamara la segunda repblica, estall un movimiento poltico sin precedentes, el cual culmin con el triunfo en las elecciones de 1936 del Frente Popular (FP). El 21 de febrero de 1936 el periodista hispano Rafael Surez Sols le escribi a Marinello desde la pennsula: No te dice nada a este respecto lo que acaba de ocurrir en Espaa? ¡Qu espectculo, Juan! El 16 de febrero com por primera vez el pan negro del exilio embarrado con una espesa capa de mantequilla fresca. Dos aos de reaccin, preparativos de una campaa electoral caciquil y millonaria, no pudo impedir el triunfo aplastante del pueblo. Se fue a las urnas con el propsito firme de vencer, un propsito del que se burlaban –y hasta zaheran– los que nunca pudieron explicarse la dignidad humana de la revolucin

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133de Asturias. Mi placer no tuvo lmites cuando la noche del 16, en la redaccin de La Voz me enter de haberse ganado para el Frente Popular las circunscripciones de Madrid, Barcelona y Asturias, las tres provincias del octubre heroico. Eso, por s solo, ya era el triunfo moral de la revolucin [...]. Pero los campeones de la campaa, adems del espritu liberal espaol, fueron los obreros. Ninguno falt a su deber y todos comprendieron la significacin del momento. Hasta los sindicalistas. Los dirigentes de los sindicatos nicos haban acordado “Oficialmente” permanecer al margen de los comicios, leales a su principio antipoltico. Sin embargo, dieron a entender su deseo de ejecutar el voto que aseguraba la amnista y destrua la reaccin que ya iba deslizndose por una pendiente monrquica y fascista.2La “revolucin espaola” inmediatamente alent corazones en todo el mundo, pero especialmente impuls las rojas inquietudes de los revolucionarios latinoamericanos. En Cuba la conmocin fue fuerte. El sentirse comprimido por una violenta dictadura haca desatar las esperanzas de liberacin de diferentes maneras y las fuerzas izquierdistas anhelaban profundos cambios luego de la frustracin provocada por el naufragio violento de la revolucin del treinta y tres. La advertencia del xito logrado a partir de la unidad de diversas fuerzas contra la reaccin alent las ansias de continuar adelante. Por ello en un editorial del peridico Bandera Roja expresaba: Si los dirigentes de los partidos revolucionarios cubanos saben aplicar a Cuba la gran leccin de Espaa, lejos de aferrarse a una idea insurreccional no posible por el momento, daran a la tarea de exigir una constitucin popular dentro del marco de la lucha por ampliar las libertades democrticas, agrupando al pueblo cubano que cobrar confianza y fortaleza con lo que gane en indignacin y empuje para lograr por la fuerza cuanto pida y merecindolo se le niegue. Llegado ese momento, las masas sern el soporte de la insurreccin, producto de sus deseos y de su experiencia. Sin embargo, en pocos meses la contrarrevolucin se desat en Espaa. La conspiracin fascista fue tejiendo en silencio sus redes y se desencaden el 18 de julio. El FP llam a la huelga general y arm al pueblo, para lo cual tuvo que asaltar cuarteles y fortalezas, pues las fuerzas gobiernistas se negaron a hacerlo en los primeros momentos. El jefe de los sublevados fascistas, Francisco Franco, inmediatamente envi emisarios a Berln y Roma. Hitler y Mussolini atendieron su peticin de ayuda con presteza. Pronto hubo cubanos dentro de las filas armadas republicanas. Algunos vivan estable o temporalmente en Espaa, otros fueron desde diversos pases. En Cuba se encarg de organizar el reclutamiento de apoyo a la repblica a una comisin creada por el Partido Comunista, al frente de la cual fue nombrado Ramn Nicolau y estuvo integrada por Vctor Pina Cardoso y el doctor Luis lvarez Tabo; los militares Emilio Laurent Dubet y Jos

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134Martnez Mndez, del Partido Revolucionario Cubano (Autntico); el comandante Juan R. O’Farrill y el capitn Jacinto Jacas Argudn de los partidos tradicionales y el alfrez de navo Gastn Fernndez sin filiacin partidista en esos momentos. En total ms de mil cubanos pelearon en tierras iberas. La revista Medioda, fundada precisamente en junio de 1936, dedic gran espacio a los problemas de Espaa. Entre los primeros trabajos publicados sobre esa temtica estuvieron “Las clases en la Revolucin Espaola” de Carlos Rafael Rodrguez, “Madrid, tumba del fascismo” de Ral Roa y “Significacin de Lorca” de Juan Marinello. El tema desplaz de su protagonismo a muchos otros de importancia local e internacional en Cuba. Y la unidad popular que no se logr para enfrentar los desmanes del gobierno batistiano, se pudo materializar gracias a que –para gran cantidad de personas– el asunto tena trascendencia familiar, emocional, poltica e ideolgica. En octubre de 1936 se fund el Comit de Ayuda al Pueblo Espaol que tuvo sus filiales en todas las provincias, recaud dinero, medicinas y alimentos para enviar a las fuerzas leales, y contribuy a instalar una escuela-hogar para hurfanos en la playa de Sitges, en Barcelona. En noviembre de 1936, el Ejrcito fascista lleg hasta las puertas de Madrid y el gobierno de Largo Caballero se vio obligado a evacuarse a la ciudad de Valencia. El 17 de mayo de 1937 se constituy el gabinete de Juan Negrn y el 5 de julio empez la batalla del Brunete, en vsperas de la cual dio comienzo el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. El 4 de julio el presidente Negrn hizo su apertura en el Palacio del Ayuntamiento de Valencia ante los bien abiertos ojos de una nutrida represen tacin de los hombres y mujeres de pensar progresista de todo el mundo. All, bajo el bombardeo, estaban Julien Bend, Andr Malraux, Alexei Tolstoi, Alexander Dadev, Ilya Ehrenburg, Anna Seghers, Willy Bredel, Stephen Spendler, Ralph Bates, Ambroggio Donini y Niccolo Petenza, Jos Mancisidor, Octavio Paz y Blanca Lidia Trejo, Pablo Neruda, Csar Vallejo, John Dos Pasos, Ernest Hemingway, Antonio Machado, Jos Bergamn, Rafael Alberti y Juan Chabs. En esos momentos se produca el primer contacto personal y directo –cuerpo a cuerpo– de Marinello con la repblica espaola al integrar la delegacin cubana al Congreso junto a Flix Pita Rodrguez, Nicols Guilln, Alejo Carpentier y Leonardo Fernndez Snchez. Marinello, que presida el contingente de los hispanoamericanos, tuvo que hablar en la inauguracin y expres: El hombre que viene a Madrid es dueo de una experiencia decisiva, madre de su evidencia y sustento de una fe explicada por los hechos. No es hombre de partido, sino de justicia. Viene a Madrid –a Espaa–, porque siente en s mismo el caso espaol; porque ve en la obra de los sitiadores, de los opresores, un ademn contra el hombre; est con los sitiados heroicos de Madrid, con los defensores de Espaa, porque ha descubierto que su batallar es un esfuerzo para realizar al hombre [...].

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135Y aada: Para los hispanoamericanos, unidos a Espaa por un fortsimo vnculo sanguneo e histrico, la experiencia de agnicos siglos de injusticia fortalece la comprensin carnal que se ha ido produciendo. Quin podra entender mejor la razn del campesino de Andaluca que el indio de Bolivia? Quin saber de agresiones del poder econmico mejor que el negro antillano? Quin sentir ms de cerca la injusticia de un pueblo ofendido y maltratado por castas reaccionarias que quien es maltratado y ofendido por tiranas torpes y crueles? –se preguntaba Marinello. Y se responde: “Nada une como la desdicha comn”. Hay algo indiscutible, Espaa era el destino del mundo; ms cercano, ms preciso, ms enrgico, el destino de Hispanoamrica. Madrid se haba convertido en la capital verdadera de nuestras patrias.3En Valencia, Madrid, Barcelona y otras ciudades los congresistas fueron testigos presenciales del holocausto. En una de las sesiones de Valencia, el poeta Antonio Machado a quien haban interrogado aos atrs sobre si un poeta deba escribir para el pueblo, o permanecer encerrado en su torre de marfil, respondi: Escribir para el pueblo –deca mi maestro– ¡qu ms quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo, aprend de l cuanto pude, mucho menos –claro est– de lo que l sabe. Escribir para el pueblo es, por de pronto, escribir para el hombre de nuestra raza, de nuestra tierra, de nuestra habla, tres cosas de inagotable contenido que no acabaremos nunca de conocer. Y es mucho ms, porque escribir para el pueblo nos obliga a rebasar las fronteras de nuestra patria, escribir tambin para los hombres de otras razas, de otras tierras, de otras lenguas. Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes, en Espaa, Shakespeare, en Inglaterra, Tolstoi en Rusia. Es el milagro de los genios de la palabra. Tal vez, alguno de ellos, lo realiz sin saberlo, sin haberlo deseado siquiera. Da llegar en que sea la ms consciente y suprema aspiracin del poeta [...]. De eso saba muy bien Marinello, que se encargaba de recoger pasajes y motivos para engarzar ideas y enviarlos a Cuba, para que el hombre humilde, de pueblo pudiera conocer lo que algunos queran ocultar. Y desde Barcelona, Marinello le cuenta a su amigo Manuel Navarro Luna que el Congreso ha sido una experiencia inusitada: No porque en l se debatieran cosas fundamentales ni se aclararan derroteros para la mejor creacin artstica y su servicio; no poda ser; fue lo nico que poda ser: una adhesin encendida, plena, a un pueblo que lucha por todos los hombres en estos momentos. Adems poda esperarse otra cosa cuando desde los salones de discusin se oan las bombas destrozando casas y gentes y desde las ventanas se vean los combates entre nuestros aviones y los contrarios? En la ltima reunin del Congreso efectuada en esa ciudad, Marinello exhort a todos los hombres de sensibilidad

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136y pensamiento a estar juntos ante el espectculo de la revolucin espaola, donde se construa un mundo de paz y superacin. “Mundo de paz, porque en l no puede hallar puesto la ira que enciende el mando injusto. Y un mundo de superacin, porque en su seno puede darse el hombre entero a la bsqueda de s mismo y a la proyeccin liberatoria de sus potencias [...]”. El cnclave realiz su clausura en Pars el 17 de julio, pero hasta all no lleg Marinello, pues se qued trabajando en Espaa, aunque era patrocinador del llamamiento de los delegados de veintiocho naciones, las cuales proclamaron que la cultura que se haban comprometido a defender, tena por enemigo principal al fascismo; que estaban dispuestos a luchar por todos los medios de que disponen contra l; que estaban preparados a enfrentar a los fautores de la guerra; que el fascismo era enemigo abierto de la cultura, la democracia, la paz y el bienestar de la Humanidad, por lo cual ninguna neutralidad era posible, ni pensable, como haban comprobado en dura experiencia por esos das. No perdi Marinello un minuto. Primero en solitario, y luego junto con Guilln, que haba regresado de Francia, public numerosos artculos que hacan referencia a los sucesos y a las personas; expuso sus criterios sobre la actitud de algunos intelectuales; entrevist a hombres de poltica, milicianos, internacionalistas. De todo ello dej constancia escrita para peridicos locales como Hora de Espaa y en Cuba para la revista Medioda Algunos de esos trabajos fueron compilados en el libro Momento espaol que tuvo dos ediciones en los talleres del poeta Manuel Altolaguirre, la primera en Espaa en 1937 y la segunda en La Habana en 1939. Tambin logr componer el libro Hombres de la Espaa leal del brazo de Guilln. Desde inicios de la dcada del treinta, Marinello haba conocido a importantes personalidades espaolas que visitaron la isla invitados por la Institucin Hispano-Cubana de Cultura, de la cual era vicepresidente. Cuando la dictadura de Gerardo Machado lo empuj a buscar refugio en Mxico, ensanch sus relaciones con varios exiliados espaoles, huidores de la represin de Primo de Rivera, las que creceran mucho ms durante su segundo exilio, desde donde parti a Espaa para asistir al Congreso de los Intelectuales. Sin embargo, a pesar de su admiracin por los ms destacados intelectuales espaoles, no pudo reprimir sus consideraciones crticas sobre aquellos que en momentos cruciales no haban logrado establecer una comunicacin entraable con la gente y, mientras maduraba aquella prodigiosa revolucin, andaban distrados en interpretaciones deslumbrantes y demasiado literarias. Sin duda una de las actitudes que ms lo asombr fue la posicin de Miguel de Unamuno en aquellos momentos: El caso de Unamuno debe ser meditado por intelectuales de todos los parajes y de todas las definiciones. Los das que se acercan piden al hombre de libros un desembarazo que traspase sus mundos exclusivos. El mundo de todos es el que pide su servicio; un mundo

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137que exige, para su sanidad plena, cirugas profundas e implacables. Hay que limpiar los ojos de perspectivas estrechas; hay que aprender a ver las cosas en su honda razn; hay que endurecer la pupila para mirar. Insensibilidad no; valor [...] Eche el intelectual alas potentes, modo nico de llegar al conflicto cntrico de nuestro instante. Pero inquitese las alas todas las maanas para impedir los vuelos de vencejo. Los das que llegan exigen travesas inauditas.4En medio del batallar encontr a otros muchos que lo enorgullecieron y alentaron como Antonio Machado, Miguel Hernndez, Jos Bergamn, Rafael Alberti, Len Felipe. Pero indudablemente un hecho que lo dej herido y dispuesto a denunciar la barbarie fue el asesinato de Federico Garca Lorca sobre quien escribi hermosas pginas. Marinello no poda olvidar aquellos das locos de 1930 en que lleg a La Habana el poeta y la reaccin positiva que aquella isla y sus hombres produjeron en su fina sensibilidad y expres: “Cuba fue para Garca Lorca el contraste violento, libertador, necesario para sacar a la luz todas las esencias del hombre y del poeta. Por lo cubano luci su espaolismo sangrante, porque al distenderse en el sol antillano, al tocarse libre y feliz en su grito y en su carne, le sali el latido ms recndito de su raza [...]”. Tan joven, tan vital y lleno de energa fsica y espiritual, abatido por el pual traicionero de quienes no perdonan el talento del pueblo. Quienes pensaban asfixiar su poesa sencillamente le construyeron un monolito a la inmortalidad “[…] como una seal imborrable de la ira acorralada de un mundo injusto, como la marca de una furia infernal dada a la destruccin del hombre. Y tambin como un momento de la Espaa popular, de la Espaa verdadera, que hall en sus romances expresin fidelsima y encuentra ahora en su muerte ocasin para honrar a su cantar con una heroicidad imponderable”.5El aliento de Federico –piensa el cubano–, prendido en lo ms hondo de la tradicin espaola y fuerza innovadora, inventadora, de las ms poderosas, adquiere un sentido universal, “[…] universalidad que no puede lograrse sino a costa de ahondar muy ahincadamente en lo cercano, es decir, descubriendo, a fuerza de conocimiento carnal, lo ms permanente y definitivo de nuestra vecindad, aquello que une, por caminos de diferencias radicalmente humanas, a los hombres de todos los rumbos [...]”. Marinello sabe que el fascismo exalta las diferencias, trata de enfrentar a los hombres y a los pueblos. Por eso el crimen no lo asombra. El simple aporte cultural de Lorca lleva en su entraa el impulso de la unin y la bala asesina quiso romper esa unidad a travs de la frente del poeta que, sin saberlo, llevaba en su verbo la voz del pueblo. En la Alianza de Intelectuales Antifachista de Madrid, Marinello pudo reunirse con hombres como l, procedentes de confines diversos pero concertados por el mismo espritu de responsable solidaridad. All Alberti, Mara Teresa Len, Langston Hughes, Juan Chabs, Vicente Salas Vin, Damela Daz, Antonio Aparicio, Rosario

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138del Olmo, Xavier Faras, Ontan, Paul Robenson, Pablo Neruda, Bend, Tristn Tzar, Anderson Nexo, Andr Malraux... Unidos o por separado, Marinello y Guilln lograron acercarse a importantes personalidades de la poltica espaola a fin de recolectar sus criterios. Los presidentes de Catalua y Euzkadi, Luis Companys y Jos Antonio Aguirre, respectivamente comentaron para sus entrevistadores sobre la lucha antifascista, la posicin de la Iglesia catlica y la actitud unitaria de las masas en sus demarcaciones. El comisario general de guerra Julio lvarez del Vayo, ministro de Estado, quien defendi la verdad de la repblica ante la Liga de Naciones, les coment del trabajo para fomentar la industria blica, la poltica de no intervencin de las potencias occidentales y la actitud de apoyo del movimiento obrero internacional a la repblica. Oyendo hablar a Vayo de la unidad, Marinello reflexionaba sobre la existencia fuera de los partidos marxistas de una gran marea obrera que segua sus propios caminos, que no tenan una orientacin comn, ni una verdadera unidad sindical y a la cual era preciso atraer para la revolucin. Los combatientes republicanos fueron los grandes protagonistas de sus historias. Sobre el general Jos Miaja, que ambos haban palpado su prestigio durante su estancia en Madrid, escribieron: En Miaja, en el enorme influjo moral de su nombre, hay mucho de paternal sentido. En el Defensor de Madrid ven los soldados del Ejrcito Popular a un padre espaol, grun y tierno, exigente e irnico, amoroso y sobrio. Es muy significativo que las dos figuras ms entraablemente populares de Espaa, las nicas que nadie discute y todos acatan con delirante fervor, sean un hombre y una mujer –Miaja, Pasionaria–, que por los aos y la hondura cordial son sentidos como sombras protectoras, como fuerzas tutelares, maternales, paternales, de la vida de todos.6Numerosos encuentros fructificaron en interesantes crnicas: con el coronel Valentn Gonzlez, “Campesino”, jefe de la 46 Divisin del Ejrcito Popular; con Enrique Lister, quien haba vivido en Cuba desde los trece aos y con el comandante de brigada Policarpo Candn, natural de Cdiz, pero que desde pequeo fue llevado a la isla donde particip en la lucha contra Machado. En sus recorridos por diversas unidades de combates y poblados tuvieron la oportunidad de conversar con varios combatientes cubanos como Jaime Bofill, Pablo Porras, Avelino Rodrguez, Pedro Mateo Merio, Andrs Gonzlez Lanuza, Basilio Cueira, el pelotero, Julio Cuevas, el msico autor de composiciones cubanas tan populares como El maran, quien diriga una banda de msica del Ejrcito republicano, as como con Mario Snchez y Ernesto Grenet, entre otros. Cuando Marinello lleg a Espaa, quiso conocer de inmediato sobre la muerte de su amigo inolvidable Pablo de la Torriente Brau, aquel “raro ejemplar de revolucionario y de hombre”. Su imagen de ser humano completo, que jams expres con la pluma algo que no fuera capaz de sostener con su actitud,

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139fue traspasada a los varios artculos escritos acerca de su compaero. Se lo imaginaba “[…] feliz y animoso en su papel de soldado del pueblo, de combatiente sin fronteras, un poco alarmado y sonredo de la notoriedad naciente. Pareca cerca de un gran destino. Pareca escogido para traer a Amrica, a su isla martirizada, la experiencia y la emocin de la gran batalla de Espaa”.7Varias fminas dejaron hondamente impresionado a Marinello en esa corta estancia espaola, en particular dos de ellas a quienes dedic sendas estampas: “Todo el que visita la Espaa Leal lleva un tenso deseo inconfesado: ver a la mujer que significa el mpetu popular en su ms estricta encarnacin, tocar por su mano la llama purificadora y andariega que luce en la frente de Pasionaria. En ese mpetu, en esa llama, quieren todos sentir la esencia de la nueva espaolidad milagrosa, el estremecimiento de la heroicidad imponderable, la explicacin, por va de sangre, del caso de Espaa”. Dolores Ibrruri, la dirigente obrera minera de Asturias que desde 1930 perteneca al Comit Central del Partido Comunista de Espaa y que adems desde l atendi el trabajo femenino, era la expresin cimera de la fuerza potencial de las mujeres ante la revolucin: “Pasionaria es la madre espaola con la virtud militante que todava necesita su pueblo esclavizado. Pero tambin la mujer plena, espaolidad total, que adelanta en su sonrisa sin hombres y en sus ojos sin miedos un mundo de fuerzas sin caderas”.8Sobre Caridad Mercader, una luchadora obrera que se inici en el anarquismo y luego se hizo comunista en Francia, siendo en esos momentos miembro del Bur Poltico del Partido Comunista en Catalunya, seal: “[L]o que ha hecho la mujer por la libertad del mundo en tierras espaolas no cabra en la ms amplia antologa del herosmo [...] Lo ms asombroso es la tranquila decisin con que marcha a la muerte segura. Son incontables los casos de mujeres andando, conscientes, hacia el sacrificio final sin una vacilacin, sin un temblor, sin un gesto, sin una queja [...]”.9Al llegar el momento de los adioses, despus de tres intensos meses de trabajo en aquel sufrido territorio, Juan expres entre emocionado y admirado: En este tiempo, ha tratado de tocar el fondo de su gran tragedia y de medir el tamao de la empresa actual. Vuelvo a mi tierra hispnica, a Cuba, con una fe crecida por la experiencia. Ningn pueblo ha mostrado tan responsable coraje ni abnegacin tan perfecta [...]. [...] En el momento de despedida, de dejar la tierra esperanza del mundo, ya quisiera que mis gentes cubanas, argentinas, mexicanas, portorriqueas, espaolas de la otra orilla oyeran mi voz, una voz pobre y sincera. Ella quiere decirles que este pueblo est a la altura de su misin y realizando su destino. Seamos, ya de l venimos dignos de su sangre.10La impresin que ha dejado su estada es profunda y contradictoria, […] como un desasosiego, como un deslumbramiento angustioso. Queda uno enfrentado a una realidad demasiado intensa, demasiado vio lenta, demasiado exigente. Se siente como una totalidad encandilada,

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140como un caos en que se embisten, con ansia desapoderada de predominio las ms viejas y las ms nuevas apetencias. No son pocos los que ante el espectculo turbador quedan sin opinin o sin fe [...] Un pueblo que se levanta de su dolor por la fuerza del dolor mismo es un pueblo invencible: porque el dolor, a la herida de la injusticia secular subida de motor de accin no se les puede ganar como una posicin ni arrebatar como una ametralladora [...]. En Cuba se segua atentamente el curso de los acontecimientos. Marinello, una vez de regreso del exilio, dedic numerosos esfuerzos por dar a conocer sus impresiones espaolas. A fines de octubre de 1938, la editorial Facetas SA “Al servicio de la democracia”, public una serie de libros sobre el tema como Doy fe. Un ao de actuacin en la Espaa Nacionalista del doctor Antonio Ruiz Vilaplana que incluy comentarios de Marinello. Tambin Lo que han hecho en Galicia sobre el terror falangista; Rebeldas de Jos Lin Depestre; La lucha del pueblo espaol por su libertad un lbum de fotografas ; Crmenes de la retaguardia rebelde, de Flix Gordon Ordaz, embajador de Espaa en Cuba y Mxico; y comenz a editarse la revista Facetas de Actualidad Varias personalidades republicanas visitaron la isla y recibieron el homenaje de miles de ciudadanos simpatizantes, entre ellos, Alfonso Castelao, Fernando de los Ros, Gonzlez.... El 20 de octubre de 1938 se organiz una fiesta en la Casa de la Cultura para nios desvalidos, en la cual estuvieron presentes el embajador Flix Gordn Ordaz y Juan Marinello. Ya se haba creado la Asociacin de Auxilio al Nio Espaol. Marinello no era padre, pero qu hombre sensitivo y tierno como l no iba a dolerse de lo que ocurra a aquellas criaturas. Recuerda que caminando por Espaa con Nicols Guilln, Len Felipe, Langston Hughes, Rafael Alberti, Manuel Altola-guirre, Mara Zambrano y otros vieron a unos infantes que, jugando entre las barricadas, oyeron de pronto el tenebroso sonido de las sirenas de alarma y bajaron corriendo a los refugios para protegerse. Y ellos estaban asombrados; esto hizo decir a Marinello: Lo peor de esta guerra est en que los nios ya no lloran, en que el llanto se les ha quedado cristalizado en los ojillos brillantes y quietos. Aunque ran estos nios, aunque jueguen a una guerra sin muerte, los ojos no mudan la expresin. Esto es lo grave, lo terrible, compaeros; que las lgrimas han quedado unidas al espritu, mojando por dentro cada intencin, cada gesto, cada palabra. Y, ya se sabe, cuando esto ocurre, la niez est en camino de huir para siempre. Impedirlo es la ms urgente de las funciones humanas [...] Hay que defender la niez de los nios espaoles, hay que defender la niez de Espaa, la frescura del amanecer que ser necesaria para la vida nueva [...].11La contraofensiva fascista comenz el 29 de diciembre de 1937. Las tendencias derrotistas dentro del propio gobierno fueron quebrantando los cimientos de la unidad. El 30 de abril de 1938, el gabinete hizo pblico un programa de trece puntos en que inclua

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141la evacuacin de las fuerzas exteriores y el 21 de septiembre declar la inminencia de la retirada de los combatientes extranjeros. En febrero de 1939 ya culminaba el humillante retiro de los 400 mil voluntarios. El gobierno se traslad a Madrid, pero el presidente Manuel Aznar se neg a regresar de Francia. El 27 de febrero Francia e Inglaterra reconocieron a Franco y rompieron relaciones con la repblica. El 30 de marzo los falangistas ocuparon el pas y establecieron la Ley de Responsabilidades Polticas para reprimir a sus opositores. Los internacionalistas cubanos enviados a Francia fueron recluidos en campos de concentracin en Angeles Sur Mer, Guas y Saint Ciprian. En Cuba se cre un Comit de Repatriacin que estuvo integrado por Lzaro Pea, Jos Lpez Rodrguez, Sarah Pascual y Neftal F. Pernas. En Francia Flix Pita Rodrguez visit los campamentos, se puso en contacto con el consulado cubano y con ayuda de una organizacin mexicana y del Partido Comunista Francs les consiguieron ropas, zapatos y medicinas hasta que lograron el regreso progresivo a la isla. Tambin se cre el Comit para ayudar a los refugiados espaoles que tuvieron que salir huyendo de los verdugos fascistas. Estuvo integrado por la parte cubana por Juan Marinello, Fabio Grobart, Osvaldo Snchez, Severo Aguirre, Ladislao Gonzlez-Carbajal, Clementina Serra, Sarah Pascual, Ramn Nicolau, Vctor Pina, etctera; y por la espaola por Julin Grimau, Casto Garca, Rosa Larraaga, Gmez Galloso, ngel Fernndez Valverde y Francisco Garca Gonzlez. El significado de la revolucin espaola, la resistencia del pueblo ante los embates del fascismo y su influencia para el entorno cubano han quedado muy bien delineadas en la elocuencia del destacado dirigente comunista Carlos Rafael Rodrguez en ocasin del cincuenta aniversario del inicio de la repblica: “Sera difcil expresar en palabras lo que la Guerra Civil Espaola influy en el proceso democrtico de nuestro pas, porque se logr una vinculacin tan grande de nuestro pueblo, de nuestra clase obrera, en la lucha contra el fascismo y una unidad poltica tan amplia, que eso nos permita a nosotros actuar con cierta libertad, cada vez mayor”.12La connotacin que en el plano individual tuvo para aquellos hombres que –procedentes de otras tierras– estuvieron en Espaa bajo el fragor de la metralla est claramente expresado por las declaraciones de Flix Pita Rodrguez, uno de los delegados al Congreso de Intelectuales: Eso hizo que en mi caso personal, y en todos, adquiriramos una concepcin diferente del mundo, puntos de vista que ya asentados en uno, ms o menos, se robustecieron y ahondaron. Hizo adems que mirsemos el mundo y la vida desde un ngulo distinto. Comprendimos que la posicin del escritor tena que ser la de un hombre, al lado de su pueblo, en el caso concreto de cada uno, y como colectividad, o al lado de todos los pueblos del mundo. El sentido internacionalista, la visin clara de que la nica salida para el mundo es a travs de la lucha por el socialismo, y el comunismo, esto

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142nos los ense a grandes latigazos, aquel congreso y aquella guerra. En mayo de 1939, en Montevideo, se desarroll la Conferencia Continental de Ayuda a Espaa. Juan Marinello asisti al frente de la delegacin cubana, la cual contribuy a encontrar una solucin honorable a las necesidades de los exiliados, muchos de ellos importantes personalidades de la poltica y la cultura espaolas. Durante dcadas el pueblo progresista de Cuba expres su solidaridad y simpatas por la repblica espaola y por sus hombres y mujeres. Juan Marinello, desde su puesto como presidente del Partido Unin Revolucionaria Comunista, luego Partido Socialista Popular, en oposicin a los regmenes burgueses, y posteriormente como fundador del actual Partido Comunista enarbol las banderas repu blicanas en todas las tribunas y oportunidades que fueron convenientes y vitales. Han transcurrido siete largas dcadas. El honroso espaol lvaro Custodio ha declarado: Quienes defendimos a la repblica espaola y pasamos despus ms de media vida lejos de nuestra tierra, tenemos una gran deuda de gratitud con Juan Marinello, quien convivi con nosotros instantes angustiosos durante la contienda y momentos de aliento y fervor durante nuestra odisea por las Espaas de esa Amrica an irredenta, salvo el milagro cubano que no me ha tocado vivir por mi traslado a Mxico. Hace dos aos que regres a Espaa, pero debo confesar que todava no la encuentro. Cuando se restaure la democracia autntica en este pas que an sangra por la herida de un vino malo –como dijera Machado– le ser otorgada a Juan Marinello la ciudadana de honor espaola y se le dedicar sendas calles en Madrid y Barcelona, de donde arranca el tronco familiar de este gran espaol de Cuba o de este ilustre cubano de Espaa. Y sern editadas aqu sus obras principales con los mismos honores de nuestros clsicos. Sin embargo, el “franquismo” no est en el poder, la “democracia” ha vuelto a instalarse, pero todava est por levantarse el monumento a las vctimas y a los gloriosos defensores de la repblica. Levantemos pues la esperanza y la combatividad como obelisco que nos recuerde que todava tenemos mucho que hacer por el maana. Notas1 Marinello, Juan. “Americanismo y cubanismo literarios”. En: Surez, Ana, comp. Obras. Juan Marinello. Cuba. Cultura. La Habana: Editorial de Letras Cubanas, 1999.2 Surez, Ana, comp. Cada tiempo trae una faena…Seleccin de correspondencia de Juan Marinello Vidaurreta, 1923-1940. La Habana: Centro de Investigacin y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello y la Editorial Jos Mart, 2004. t. 2, p. 661.3 Marinello, Juan. “Discurso en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura”. En su: Momento espaol / 2 ed. aum. La Habana: Imprenta La Vernica, 1939. pp. 126-131.4 “El alma por las alas. Gorki y Unamuno”. Ibdem, p. 90.

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1435 “Garca Lorca, gracia y muerte”. Ibdem.6 _______ y Nicols Guilln. “Miaja, o el deber”. En: Hombres de la Espaa leal. La Habana: Editorial Facetas SA, 1938, p. 62.7 _______. “Pablo de la Torriente-Brau”. Op. cit. (3). p. 72.8 ”Estampa de Pasionaria”. Ibdem, p. 182.9 “Caridad Mercader”. Ibdem, p. 58.10 “Homenaje de despedida a Juan Marinello”. Repertorio Americano (San Jos, Costa Rica) 19(830):339; 7 dic. 1937.11 Marinello, Juan. “Salvar la alegra”. Op. cit. (3). p. 234.12 Entrevista a Carlos Rafael Rodrguez en Bohemia 13 de junio de 1986.Otra bibliografa consultada Acosta Matos, Eliades. “Alejo Carpentier y la Repblica Espaola”. www.rebelion.org Consultado 5 jun. 2004. Alfonso Bello, Alberto y Juan Prez Daz. Cuba en Espaa. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1990. Fornet, Ambrosio. “Escritores cubanos en la guerra de Espaa”. La Habana, 19 al 25 de agosto de 2006. http:// www.lajiribillacu/2006/n276_08/ 276_10.html Guilln, Nicols. Prosas de prisa, 1929-1972 La Habana: Editorial de Letras Cubanas, 1975. 2 t. Ibrruri, Dolores y otros. Guerra y revolucin en Espaa 1936-1939. Mosc: Editorial Progreso, 1971. t. 3. IHMCRSC. Cuba y la defensa de la Repblica Espaola 1936-1939. La Habana: Editora Poltica, 1981. La Internacional Comunista. Ensayo histrico sucinto. Mosc: Editorial Progreso. Marinello, Juan. Castelao voz nuestra. Noticias de Hoy (La Habana) 1(171); 3 dic. 1938. _______. Ciencia de pueblos y ciencia de sabios. Repertorio Americano (San Jos, Costa Rica) 19(812); 31 jul. 1937. _______.Palabras para Cuba. Repertorio Americano (San Jos, Costa Rica) 19(830) 7 dic. 1937. _______.Salvar la alegra. Ayuda 2(10); mar.-abr. 1939. _______.“Significacin de Garca Lorca”. En su: Momento espaol. Op. cit. (3). Naranjo Orovio, Consuelo. Cuba, otro escenario de lucha. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Cientficas, Centro de Estudios Histricos. Departamento de Historia de Amrica, 1988. Ros, Fernando de los. La razn de Espaa. La Habana: Mundo Masnico. Torriente Brau, Pablo de la. Cartas cruzadas. La Habana: Editorial de Letras Cubanas, 1981.

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144Revista de Avance (1927-2007) El “Manifiesto Avancista” de 1927. Pgina salvada* Ana Surez DazEnsayista e investigadora L as relaciones entre Cuba y los Estados Unidos –condicionadas por factores geogrficos, econmicos, polticos y sociales en tanto pueblos vecinos– han generado grandes problemticas y situaciones de conflicto histricamente, pero tambin intercambios o reflujos culturales globales, como los musicales, artsticos, y aun literarios en trminos de escuelas, movimientos o tendencias, con mayor fuerza en el recin concluido siglo XX, procesos a los que han dedicado atencin investigadores y especialistas en mltiples ocasiones. En esta oportunidad, y referido a vnculos ms directos entre sujetos de la cultura en los respectivos pases, y los resultados de tales gestiones personales, nos proponemos examinar, a partir de documentos conservados en la coleccin de Isaac Goldberg (entre 1919 y 1938), en Nueva York,1 la indudable trascendencia de semejante actividad tambin a nivel de tal colaboracin directa, y en este caso especfico relacionada con el movimiento literario cubano de su poca. A Isaac Goldberg (1887-1938),2 el primer hispanista norteamericano del sigloXX, defendido como tal por la crtica de su pas,3 y profesor de la Universidad de Harvard, en su Departamento de Lenguas Romances, desde donde organiz el primer curso de literatura latinoamericana (c. 1932) –concebida y presentada de manera independiente a la hispnica; una absoluta novedad respecto a lo tradicional hasta entonces–,4 debemos, al parecer, la difusin inicial de la literatura y autores cubanos de nuestra primera generacin republicana en los Estados Unidos en el propio siglo XX, y en medios acadmicos y publicaciones especializadas.5En 1926, y gracias al contacto personal de Goldberg con Jos Antonio Ramos desde 1920,6 siendo este ltimo funcionario del consulado de Cuba en Nueva York, aparece la traduccin al ingls de su propia mano de Cuando el amor muere,* Agradecemos las facilidades de acceso, recuperacin y autorizacin de reproduccin de la coleccin de documentos cubanos localizados en el Fondo Isaac Goldberg, a la New York City Public Library, Manuscripts and Archives Division. Astor, Lenox & Tilden Foundations.

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145obra en un acto del cubano, escrita en 1919 en Madrid;7 que el fillogo, interesado por el teatro en la poca,8 publica en la antologa dramtica Twenty-Five Short Plays. International.9 Este, muy probablemente, debi ser el inicio de la actividad difusora de nuestras letras para el pblico de habla inglesa que emprendiera el hispanista en estos aos, pues aun cuando en su fondo personal10 existe cons tancia de la autorizacin expresa del tambin cubano Carlos Loveira concedindole la exclusividad de ser traductor al idioma ingls de todos sus libros –en momentos en que los esfuerzos al parecer se encaminaban en particular a la traduccin de su novela Generales y doctores (1921)–,11 no tenemos constancia de que alguna de estas obras haya sido en efecto llevada a ese idioma. El segundo momento de contacto importante de Goldberg con las letras cubanas tiene lugar por va de Jorge Maach, conocido suyo de Harvard, y a quien le solicita informacin acerca de la actividad literaria contempornea en Cuba ms adelante (1928), interesado por esta actualizacin en favor de un trabajo que se propona publicar entonces en el American Mercury .12A ocho dcadas de haber sido escritos, tanto el bosquejo del panorama literario cubano hacia 1928 que resume Maach en carta donde responda a la solicitud recibida, y ahora recuperada del fondo de Goldberg (escrita originalmente en ingls, y traducida para esta ocasin),13 como el por l denominado Manifiesto Avancista (1927) que tambin hubo de enviarle en aquel momento –quizs ejemplar nico este ya hoy da–, constituyen importantes y nuevas fuentes documentales puestas desde ahora a disposicin de los interesados en el estudio de la gnesis del entonces diversificado movimiento literario nacional, y el pensamiento cultural asociado a tal proceso en la poca, en tanto tenemos a mano una muy autorizada interpretacin personal de uno de los actores fundamentales de tales sucesos, cuya evaluacin y perspectiva valorativa del fenmeno por l vivido, y originada de manera simultnea a los acontecimientos a los cuales hace referencia constituye, sin duda, su mayor valor testimonial. El manifiesto –incluido en el plegable promocional de 1927 revista de avance (con formato vertical, doblado en tres caras)– aparece impreso en el reverso de este suelto informativo, de modo apaisado (c. 40 x 27 cms.).14 Su diseo: el tipogrfico –escrito totalmente en letras maysculas sin acentuar–, sntoma de libertad a ultranza; y la diagramacin, reafirmando desde un nuevo cdigo visual, la voluntad renovadora y actualizadora, de modernidad y vanguardia, del proyecto en su conjunto. Sea, pues, esta propuesta razn de homenaje y de vueltas, en su nuevo aniversario, a la publicacin insignia del vanguardismo cubano: Revista de Avance.Una fuente testimonialNoviembre 3, 1928. Dr. Isaac Goldberg, Roxbury, Mass. USA

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146Querido Goldberg: Tengo su carta del 27 de octubre. Ha sido en verdad un placer saber de usted y ver que su inters en la cultura Latino Americana no disminuye. Mantenerlo, sin duda, es algo que le debe a su prestigio en estos pases. Me apresuro en darle –de manera muy sumaria, al ver que mucho le apremia– la informacin que solicita “acerca de los escritores contemporneos y movimientos en las letras cubanas”. Por supuesto que entiendo que como “contemporneo” usted se refiere a escritores y movimientos que estn activos en este momento. Por lo tanto dejo fuera de consideracin grupos tales como Cuba Contempornea y El Fgar o que, no obstante recientes, ya hoy han desaparecido. Tampoco me refiero al “Movimiento Modernista” de Boti, Poveda y Acosta, que es algo de ayer. El verdadero grupo nuevo es: I. El Gr upo Minorista. Surgi alrededor de 1922, a partir de la reunin de un grupo de jvenes escritores unidos en el propsito de preparar una antologa de poesa moderna en Cuba y en complotarse –ms o menos platnicamente– contra el gobierno de Zayas. Gradualmente las reuniones gestaron una “conciencia de grupo” y sus integrantes se dieron a la prctica de reunirse para el almuerzo los Sbados. Esto me llev a bautizar al Grupo –en un artculo publicado en Social, en 1923– como la “minora Sabtica”. Desde entonces, al Grupo se le conoce, ms brevemente, como “Grupo Minorista”. Ha sido un representante muy activo de la “nueva generacin” y ha ejercido, en aos recientes, una influencia considerable en las letras cubanas. Aspiraciones. Sus propsitos fueron recientemente dados a conocer en un largo manifiesto, y de los cuales puede usted tener idea a partir de la copia de un breve artculo publicado hace unos meses por “La Gaceta Literaria” de Madrid, que le adjunto.15Le agregara que el Grupo ha tenido un carcter ms cultural y poltico que especficamente literario. Este “confusionismo” condujo a la formacin del “Grupo de Avance”, al que me refiero despus. Revistas. El rgano del Grupo Minorista ha sido la esplndida revista Social –que sin duda usted conoce– publicada por Conrado W. Massaguer como Editor General, y por Emilio Roig de Leuchsenring como Editor literario. Libr os. Creo que puedo decir, sin temor a errar, que el nico libro importante salido de este Grupo como tal ha sido: “La Poesa Moderna en Cuba”, de Flix Lizaso y Jos Antonio Fernndez de Castro. Por supuesto, sus integrantes –que son prcticamente todos los ms jvenes que cuentan– han estado ms o menos activos en el periodismo, etc.

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147Pero un marcado individualismo ha caracterizado todo su trabajo. “Liberacin”, un buen libro de poemas de Juan Marinello, puede ser adscrito al Grupo tomando en cuenta que Marinello es un “minorista”. Igual puedo decir de mis “Glosario”, “Estampas de San Cristbal” y “La Crisis de la Alta Cultura en Cuba”. Sin embargo, fue precisamente la falta de coherencia suficiente, y de un programa cultural preciso en el “Grupo Minorista” lo que dio lugar a la formacin del: II. Grupo “1927-1928” o “Avancista”, denominado de este modo debido a que en Abril de 1927 lanz la “revista de avance 1927”, llamada ahora “1928” bajo la edicin de Francisco Ichaso, Flix Lizaso, Juan Marinello y yo. Este nuevo grupo surgi del Grupo Minorista y an se considera parte de este con relacin a todas las actividades no especficamente de naturaleza artstica. Aspiraciones. La revista se fund ante todo para colocar a Cuba en el mapa de las nuevas letras Americanas. Nuestro retraso al respecto era notorio. Nuestros poetas an hacan poemas “Modernistas”, poemas que seguan el estilo de Rubn Daro, Casal, Herrera Reissig, Jos Asuncin Silva, etc. La obra ms reciente de hombres como Huidobro, Torres Bodet y la llamada “nueva sensibilidad” era completamente ignorada o no tena seguidores en Cuba. En esta situacin creamos “1927” para informar y estimular la adopcin de las nuevas formas estticas en literatura as como en las artes plsticas. Nuestro xito al respecto ha sido tan grande que ahora podemos hablar de un “Movimiento Vanguardista” en Cuba, con enemigos apasionados y partidarios enfebrecidos. En sentido ms general, la revista tambin se fund para reaccionar contra el academicismo, el sentimentalismo, el misticismo –o ms bien la niebla–, el pseudo-criticismo, la oratoria y todo tipo de falsos intelectualismos y estancamientos. (Ver manifiesto original adjunto.)16 Libr os. Adems de brindar conferencias, organizar exposiciones de arte, y otras, “1928” est desarrollando una pequea biblioteca de su propia edicin –un gran esfuerzo en Cuba. Ha publicado hasta el momento: Francisco Ichaso, “Gngora y la nueva poesa”. Juan Marinello, “Juventud y Vejez”. Regino E. Boti, “Tres temas sobre la nueva poesa”.

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148Jorge Maach, “Goya”. Rafael Surez Sols, “Molde, Imagen”. Jorge Maach, “Indagacin del choteo”. Carlos Montenegro, “El Renuevo y otros cuentos”. Aunque estrechamente relacionados –como dije antes– al llamado “Movimiento Vanguardista”, que en gran medida inspir en Cuba, el “Grupo de Avance” no comparte los tontos extremos hacia los que se dirigen algunos de nuestros revolucionarios en la actualidad. Eso en parte justifica la existencia de otro: III. Grupo Vanguardista –que apareci hacia 1927, con los primeros nmeros del “Suplemento Literario” del “Diario de la Marina”, el viejo y conservador diario, que no poda expresar abiertamente ideas polticas de color revolucionario, aunque sus pronunciamientos literarios estaban con frecuencia matizados con tintes rojizos. (Aqu existe una subcorriente de tendencia Rusa en todo el movimiento vanguardista.) Esta limitacin, en cambio, condujo a la aparicin del: IV. Grupo Atuei, denominacin homnima al de la revista mensual. Los intereses de Atuei son principalmente sociales, econmicos y polticos. Est afiliado al “Apra” [Alianza Popular Revolucionaria Americana N. de la E.] –una institucin continental Latino Americana de propaganda violenta contra el imperialismo Norte-Americano y en favor de la “redencin del proletariado”. “Atuei” por tanto cree que todo arte es de utilidad a los ideales sociales y hace de la poesa, la pintura y la escultura, instrumentos de persuasin. Es, en consecuencia, un enemigo decidido del movimiento “purista” hasta cierto punto representado por el Grupo Avancista. “Atuei” es editada por Nicols Gamoln y Enrique Delahoza. Su valiente postura en contra del rgimen de Machado le ha trado problemas al grupo con el actual Gobierno, quien ha suprimido esta revista. Los hombres de este Grupo an no tienen resultados en forma de libro, aunque Delahoza es un poeta prometedor. V. En la provincia de Santiago de Cuba, dos grupos menores han contribuido –todava dbilmente– a este despertar general de la juventud cubana. Son el “Grupo Literario de Manzanillo”, centrado en la revista Orto, y el “Grupo H”, que publica una pgina semanal de “vanguardismo” en el diario santiaguero, “Diario de Cuba”. Tambin existe un grupo literario –igualmente llamado “Grupo Minorista de Matanzas” en esta ciudad. Lo dirigen Fernando Lles y Medardo Vitier. Aunque ms avejentado y acadmico en temperamento, lo integran hombres con los que hay que contar, especialmente Lles. Ellos son hombres de una generacin anterior. Por supuesto, hay otros grupos menores dispersos por la Isla –en Camagey, Cienfuegos, Sagua, etc. Pero estos ejercen poca influencia en el movimiento literario general del presente.

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149Aqu est, mi querido Goldberg, todo el “opio”. Espero haber sido tanto suficientemente conciso como suficientemente preciso. Si hay alguna otra ayuda que pueda prestarle, no demore en escribir. Le he mencionado –como ha visto– slo los nombres de los lderes, que no siempre son los nombres importantes. Pero usted no me pidi nombres de escritores. Sinceramente suyo,17Jorge MaachEl Manifiesto Avancista 1927 REPRESENTA, PUES, UN EMPEO –PERFECTAMENTE DESINTERESADO– DE CLARIDAD, DE NOVEDAD, DE SINCERIDAD JUVENIL. LOS QUE INICIAN ESTA EMPRESA, NO PRETENDEN CONSTITUIRSE EN DEFINIDORES UNICOS DE LAS ASPIRACIONES Y VALORES DE NUESTRA HORA; NO ASPIRAN A PONTIFICAR EN MODO ALGUNO, NI A MONOPOLIZAR ANTEOJOS DE LARGA VISTA, SU CARDINAL DESEO ES EL DE COOPERAR, DESDE UNA TRIBUNA MODESTA PERO LIBRE, AL ACENDRAMIENTO DE LA CONCIENCIA Y DE LA SENSIBILIDAD CUBANAS. REVISTA DE VANGUARDIA, –AUNQUE LA FRASE RESULTE PASTO SABROSO DE CONFORMISTAS Y DE CHIRIGOTEROS PROFESIONALES– 1927 SERA –SIMIL INEVITABLE– COMO UNA ANTENA QUE RECOJA PARA CUBA EL DECIR INTERESANTE DE LOS MUNDOS Y PONGA A NUESTRA TIERRA EN CONTACTO CON LOS CENTROS DE ATENCION ALERTA A LAS COSAS DEL ESPIRITU. EL PLACER Y LA AMBICION LEGITIMA DE PROCLAMAR CUAL SEA NUESTRA ACTITUD Y NUESTRA POSICION ANTE CADA UNA DE LAS BATALLAS DE NUESTRA VIDA CIVIL, ES LO QUE NOS HACE ESTIMAR UTIL Y EFICAZ LA CREACION DE UNA REVISTA DE LA INDOLE

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150DE ESTA QUE LANZAMOS. CRITERIO DE ESTRICTA MINORIA, CRITERIO QUE TENEMOS AL NARCISISMO Y EL ORGULLO DE CREER QUE REPRESENTA UN VALOR Y UNA APORTACION NECESARIOS EN NUESTRO MEDIO DE CLAUDICACIONES, INDECISIONES E INSULARISMOS, SERA EL QUE LA PRESIDA. NO PARA DOGMATIZAR, SINO PARA DEFENDER Y AFIRMAR, CONSTANTEMENTE, AQUELLOS PRINCIPIOS QUE, A NUESTRO JUICIO, CONSTITUYEN LA MEDULA DE UNA GESTACION CULTURAL Y NACIONALISTA. 1927 SERA UNA PUBLICACION QUINCENAL, CERRADA, UNANIME Y EXCLUSIVA. ESTO AUN ACEPTANDO LAS CONTRADICCIONES. IMPONIENDONOS UNA NORMA AUTODIDACTICA, COMO CORRESPONDE A UNA CULTURA EN PLENA Y ATROPELLADA ADOLESCENCIA. EN ARAS DE ESTA UNIDAD DE CRITERIO, HEMOS LIMITADO EL NUMERO DE CONJURADOS. 1927E S“LA REVISTA DE LOS CINCO” QUE SIENTEN NO PODER SER MIL. NO ACEPTAMOS LA DIVERSIDAD RESPONSABLE NI HACEMOS CUESTACION DE SIMPATIAS Y FAVORES. EN 1927 NO CABEN TODOS LOS QUE QUIERAN Y PUEDAN, PERO ELLA ACOGERA CORDIALMENTE EN TORNO SUYO A CUANTOS ACEPTEN LA RESPONSABILIDAD MILITANTE Y LA FIDELIDAD A LOS PRINCIPIOS QUE NOS SIRVEN DE BANDERA. 1927 DARA A LAS COSAS VERNACULAS UNA VISION UNIVERSAL –TAL VEZ UN POCO HUMORISTICA A VECES; TAL VEZ UN POCO IRRESPETUOSA, DANDO AL MISMO TIEMPO UNA VERSION Y UN ECO PERSONALISIMO DE LAS GRANDES CORRIENTES IDEALES DE NUESTRA HORA. EN FIN Si Vd. quiere saber lo que ser “1927” L E A L A

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151 Saldr el da 15 de Marzo de 1927.Carpentier, Alejo Casanovas, Mart Ichaso, Francisco Maach, Jorge Marinello, JuanEl proyecto 1927 revista de avance HA DE SER UNA REVISTA PURA, DE JUVENTUD Y DE AVANCE. SALDRA EL 15 DE MARZO DE ESTE AO, BAJO LA DIRECCION COLECTIVA DE Alejo Carpentier Mart Casanovas Francisco Ichaso Juan Marinello Jorge Maach SE OCUPARA DE TODO AQUELLO QUE ENTRAE UNA INQUIETUD, UNA CURIOSIDAD O UN PROBLEMA EN EL ORDEN DE LA EMOCION Y DEL CONOCIMIENTO. SUS CRITERIOS SERAN SIEMPRE VALEROSOS Y HONRADOS Y ASPIRARAN A SER DISCIPLINADOS Y CERTEROS, ANIMADOS UNICAMENTE POR UN VIVO AFAN DE AMPLIA Y HONDA CULTURA PARA LA CONCIENCIA CUBANA. NOTAS.NO SE ACEPTAN COLABORACIONES ESPONTANEAS. NO NOS MOLESTAN LOS CHISTES –A NO SER QUE SEAN MALOS. ANUALMENTE PUBLICAREMOS DE DOCE A DIECIOCHO VOLUMENES DE AUTORES NACIONALES, INSPIRANDONOS, PARA SU PUBLICACION, EN EL MISMO CRITERIO Y NORMAS QUE INFORMAN NUESTRA REVISTA. 1927 GOZA DE CIERTA INDEPENDENCIA ECONOMICA Y VIENE DECIDIDA A PERDURAR. SIN EMBARGO SU AYUDA DE USTED, EN FORMA DE ATENCION, DE SUSCRIPCION O DE PROPAGANDA, SERA BIEN RECIBIDA.

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1521927Revista Quincenal. Cuadernos de veinte pginas Suscripcin trimestral: $1.50 Notas1 Investigacin realizada bajo auspicios del Recovering the U.S. Hispanic Literary Heritage Project, de la Universidad de Houston, Texas, en el ao 2000.2 Nacido en Boston, de origen judo, Isaac Goldberg fue fillogo, crtico y editor. Se gradu en Harvard en 1910, y realiz sus investigaciones postgraduadas en Filologa de las lenguas romances. Alcanz su Doctorado en 1912. Su mayor reconocimiento se debe a su labor en la introduccin en los Estados Unidos de la literatura de la Amrica Hispana y Portuguesa. En 1920 public su libro Studies in Spanish American Literature y en 1922 Brazilian Literature. Entre 1933 y 1934 fue conferencista principal de literatura hispanoamericana en Harvard. (Seymour-Smith, Martin and Andrew Kimmens, ed., World Authors. 1900-1950 New York: H. W. Wilson Co., 1996. pp. 999-1000).3 La prensa local defendi esta primaca de Goldberg como real iniciador del hispanismo en los Estados Unidos en la poca, alegando que mucho antes de que Waldo Frank hubiera siquiera embarcado hacia Amrica, ya el primero llevaba aos en estos estudios y difunda tales obras en Norteamrica.4 En carta del 22 de abril de 1931, a Juan Marinello, Jorge Maach da a conocer de esta intencin de Goldberg, de impartir un curso “[…] de veinticuatro conferencias sobre la literatura moderna y contempornea de la Amrica espaola y portuguesa […] el primer curso en ingls que trate el asunto especficamente, […] como una evolucin independiente”. La carta, al parecer distribuida entre la intelectualidad de la poca, obedece a la solicitud de Goldberg de que se le ponga en contacto con autores y obras representativas de Cuba, por lo que Maach solicita a los destinatarios el envo personal de libros y noticias al seor Goldberg. (Surez Daz, Ana. Cada tiempo trae una faena…Seleccin de correspondencia de Juan Marinello Vidaurreta, 1923-1940. La Habana: Centro de Investigacin y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello y Editorial Jos Mart, 2004. t. 1, pp. 344-345).5 Si bien esta condicin de promotor de las letras cubanas en los Estados Unidos en particular se le adjudica entre nosotros fundamentalmente al tambin hispanista Waldo Frank, quien visit a Cuba en 1927, y en efecto promovi las letras y el pensamiento cubano en aquel pas, lo cierto es que desde 1920 ya Isaac Goldberg trabajaba en igual sentido y diversas direcciones.6 La carta de Ramos a Goldberg, del 12 de abril de 1920, inicia esta relacin que, segn seala, surge a partir de la indicacin de Flix Lizaso, entonces profesor de castellano en la Universidad de Princeton, quien ya intercambiaba informaciones literarias con Goldberg de manera regular. (En total son cuatro las cartas de Jos A. Ramos en este Fondo, y llevan fechas de: 12 de abril, 22 de mayo, 6 de julio de 1920, y 3 de febrero de 1921).7 Ramos da su consentimiento a Goldberg respecto a la traduccin de esta obra en carta del 6 de julio de 1920. Tambin, adems de consideraciones tcnicas del texto (modificaciones, supresiones, etctera), seala: “No me hable V. de dinero, porque tengo a orgullo el de ser un artista ‘apostlico’. Yo he venido para decir lo que traigo, y darlo entre los hombres, sin pedir nada en cambio. […] escribir y dir ‘mi verdad’ para bien de los hombres, nunca para provecho mo […] Ese es el espritu que me anima. Si mi obra no est a la altura de mi inspiracin, no me importa todava […]”.

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1538 En estos aos public trabajos mayores sobre el tema: en 1922, The Drama of Transition: Native and Exotic Playcraft, y en 1926, The Theatre of George Jean Natha: Chapters and Documents toward History of the American Drama.9 Antologa dramtica internacional de veinticinco obras breves (un acto). Seleccin y edicin de Frank Shay, publicada por D. Appleton and Company, Nueva York y Londres, 1926.10 Las correspondencias y otros documentos, referidos en este trabajo, se encuentran en la Caja no. 1 de Cartas, en una carpeta destinada a “Miscelneas”, y bajo ordenamiento alfabtico. Adems de los autores ya mencionados, hay diez cartas de Flix Lizaso (marzo a diciembre de 1920), y una de Eugenio Florit que dice acompaar el envo de su poemario Trpico, y otros poemas, que por su fecha 19 de junio de 1931, parece dar respuesta a la solicitud de Jorge Maach antes mencionada. (Ver nota 2).11 Con fecha 17 de febrero de 1921 existen dos documentos de Carlos Loveira en el fondo de Goldberg: una carta en la que entre otras cuestiones se hace referencia a “[…] sus esfuerzos [de Goldberg] en favor de una edicin en lengua inglesa de Generales y doctores ”, y un texto de igual fecha que le confiere a este autorizacin para ser traductor exclusivo de su obra presente y futura, “[…] de acuerdo con las condiciones expresadas en su carta de referencia”.12 Esta carta de Goldberg a Maach lleva fecha 27 de octubre de 1928, y se conserva como la pieza 255 del Fondo Jorge Maach, depositado en el Instituto de Literatura y Lingstica, en La Habana.13 Esta carta mecanografiada consta de cuatro pginas, escritas en papel timbrado de 1928 revista de avance.14 La impresin estuvo a cargo de “Otero, Impresor, Cuba 28”.15 Este texto fue tambin recuperado. Son dos cuartillas del referido trabajo, en el que Maach reproduce fragmentos del conocido Manifiesto Minorista de 1927, reproducido entre nosotros en diversas ocasiones, y por tanto innecesario de reiterarlo aqu.16 Se reproduce en este trabajo.17 Original en ingls; traduccin al espaol de la autora.

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154 MEDITACIONESJ eanne Kirpatrick, aquella representante permanente del gobierno de Ronald Reagan ante la Organizacin de Naciones Unidas y distinguida investigadora del American Enterprise Institute, nos ha legado una de las ms exactas definiciones posibles del trmino “neoconservador”. La seora Kirpatrick fue, hasta su reciente fallecimiento, una de las principales idelogas de este novsimo movimiento imperial. No caben dudas de que una a su proverbial belicosidad poltica una extraa habilidad filosfica para acuar definiciones afortunadas y, a la vez, paradjicas, tanto como las que le ganaron entre los cubanos a Ramn Grau San Martn el ttulo de “divino galimatas”. Sobre el trmino escribi: Jams he considerado que soy, en ningn sentido, una persona conservadora […] En cierta ocasin ped a Irving Kristol, ampliamente conocido como “el Padrino” del movimiento neoconservador que me definiera el trmino. Kristol respondi que un neoconservador es un liberal que ha sido asaltado por la realidad, o sea, un conservador con un pasado poltico liberal. En su opinin, en ello consista lo que diferenciaba a un neoconservador de un conservador tradicional. Dicho de otra manera –abundaba la seora Kirpatrick– un neo es alguien que abraz los valores liberales y, posiblemente, jams los hubiese abandonado, de no haberse sentido inconforme con el giro poltico que marc la actitud de muchos liberales [en los aos sesenta]. Esta aguda precisin me permiti arribar a mi propia conclusin: el movimiento neoconservador surgi como reaccin a la contracultura que caracteriz a la poltica norteamericana en las dcadas de los 60 y los 70.1Aunque cueste trabajo creerlo, para la seora Kirpatrick el movimiento neoconservador es, aproximadamente, el resultado de una mutacin forzada; el resultado de la rebelin de un grupo de intelectuales liberales, honestos y consecuentes que consideraron como una traicin el tmido giro hacia posiciones menos rabiosamente reaccionarias de polticos, como George Mc Govern, ante la profunda crisis de legitimidad que marc por aquel entonces al sisteEl neolenguaje como estrategia de dominacin imperial* Eliades Acosta MatosHistoriador, ensayista y novelista

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155ma. Lo extraordinario no es que la seora Kirpatrick lo haya credo, sino que para definir a esta variante potsmoderna, casi fascista, del imperialismo norteamericano en tiempos de globalizacin capitalista y en las condiciones del mundo unipolar, haya reivindicado la condicin “liberal” para definir lo “conservador”. Son los tiempos que corren. Forma parte de un extendido uso del lenguaje por parte de la elite de poder en los Estados Unidos, y en buena parte del resto del mundo occidental, no para decir la verdad, sino para acallarla. La definicin de la seora Kirpatrick es una muestra elocuente de la manera inmoral en que la poltica y los polticos neoconservadores estrujan, maceran, pervierten y adocenan el lenguaje y, en consecuencia, el pensamiento, para vendernos como si fuese glamoroso y eficaz un artilugio desprestigiado e inoperante, el de la misma poltica y los principios que de fienden, como ha sido demostrado con creces por la realidad y por la misma Historia. Lo interesante y aterrador aqu es que este sutil acto de prestidigitacin conceptual se hace a nombre de lo que se niega y como si galantemente se estuviese defendiendo lo que en rigor se ataca. Lo deshonesto y con toda intencin desorientador, es que se toman los nombres, las definiciones, las ideas, para combatir a lo que estas designan, enarbolando un supuesto derecho de conquista, como el de un ejrcito que con los caones recin ocupados en la batalla masacra a sus antiguos artilleros. Es la apoteosis de la neolengua, el idioma oficial impuesto por el Gran Hermano, el tirano ubicuo e invisible de Oceana, esa pesadilla totalitaria, asfixiante, refinada humillacin a la inteligencia humana, y a la propia realidad, descrita por George Orwell en su novela 1984. En aquel futuro indeseable, a fuerza del miedo y represin, tras quebrar la capacidad crtica del hombre, incluso, su sentido comn, era posible llamar Minipax o Ministerio de la Paz, a la entidad gubernamental encargada de desatar las guerras, y Ministerio del Amor o Minimor, al encargado de ejercer la violencia contra una aterrada poblacin. En esa antiutopa era posible, y hasta lgico, que un funcionario del Ministerio de la Verdad encargado, por supuesto, de la mentira, la propaganda engaosa y la desinformacin, explicase de la siguiente manera el sentido de su trabajo: Creers, seguramente, que nuestro principal trabajo consiste en inventar nuevas palabras. Nada de eso. Lo que hacemos es destruir palabras, centenares de palabras cada da. Estamos podando el idioma para dejarlo en los huesos […] La destruccin de palabras es algo sumamente hermoso. Por supuesto, las principales vctimas son los verbos y los adjetivos, pero tambin hay centenares de nombres de los que uno puede prescindir. No se trata slo de los sinnimos, tambin de los antnimos. En realidad, qu justificacin tiene el empleo de una palabra slo porque sea lo contrario de otra? Toda palabra contiene en s su contraria […] En la versin final de la neolengua se suprimirn las dems palabras que todava se usan como equivalentes […] No ves que la finalidad de la neolengua

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156es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de accin de la mente? Al final, acabaremos haciendo imposible todo crimen de pensamiento […].2Sera osado afirmar que, entre otras definiciones posibles, el neoconservatismo podra ser considerado no slo como la estrategia escogida para llevar a cabo la ofensiva contrarrevolucionaria mundial que busca implantar el dominio soado por un capitalismo crepuscular que se cree indisputado, sino tambin, y sobre todo, un intento astuto e inhumano de domesticar el lenguaje para domesticar definitivamente al propio hombre? A fin de cuentas, los neoconservadores inteligentes, al estilo de la seora Kirpatrick, saben muy bien que tanto como en la realidad circundante, los fermentos de las rebeldas ancestrales de los seres humanos hunden sus races en el pensamiento y, en consecuencia, en el lenguaje que lo envuelve y lo expresa, por lo que no basta con reconquistar, recolonizar, pacificar, domesticar lo objetivamente existente sin acompaarlo con idntica operacin en la subjetividad de los individuos y las sociedades. Por tanto, puede afirmarse, sin temor a exagerar, que los neoconservadores, con la lucidez que los caracteriza en el terreno filosfico, han comprendido que la batalla ltima y decisiva, el armagedn que su doctrina propugna no se librar con misiles ni tanques, sino con palabras e ideas. Dicho as, nunca estuvo ms justificado el grito de alarma, casi de agona, que se atribuye a Gianni Vattimo, de quien se dice exclam, mientras presenciaba por televisin las imgenes de los aviones impactando contra las Torres Gemelas de Nueva York: “Se acercan guerras jams vistas por la humanidad; no precisamente por ser militares, sino por ser culturales, lo cual las hace mucho peor”.El neoacondicionamiento lingstico del campo de batallaUn interesante artculo de Justin Logan titulado “Neoconservatives and the English Language”, publicado en Brainwash el 19 de octubre de 2003, aporta suficientes elementos de juicio para entender mejor la neolengua del clan poltico al que perteneca la seora Kirpatrick. En l afirmaba: Es importante hacer notar que el lenguaje de los neoconservadores desmiente el pretendido carcter moralista de sus posiciones: en su discurso, “la accin”, sean cuales fuesen sus resultados, siempre es buena, mientras que “la inaccin” es mala. En cualquier lugar, sea este Irak, el conflicto israelo-palestino, Liberia, o el Estado de bienestar, las acciones de fuerza del gobierno [norteamericano] coincidirn con los valores neoconservadores. Los neos, para caracterizar a las polticas, los gobiernos y los presidentes suelen usar trminos tales como “robustos”, “viriles”, “potentes”, “dete rminados”, “audaces” o “projecting power”, dejando a un lado a la humildad como herramienta para hacer avanzar los intereses nacionales.3Lo cierto es que mientras en el terreno de la realidad los neos rinden culto a la fuerza bruta, a las invasiones y cambios de rgimen, al estilo de los

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157realizados en Afganistn e Irak, de todo lo cual es prueba su denodada defensa de los gastos militares crecientes y el fortalecimiento de la “Seguridad Nacional” a costa, incluso, de las libertades esenciales del ciudadano norteamericano, se presentan ante el pblico como arcngeles inmaculados, portadores de la Buena Nueva de los valores y las virtudes. Y es en este terreno donde la neolengua alcanza su mayor esplendor, extendiendo carta de ciudadana a la esquizofrenia intelectual tan caracterstica del discurso neoconservador: Sobre ello afirma Mark Gerson, ex director del William Observer y autor de tres libros esenciales para la defensa del neoconservatismo: Histricamente, esta tendencia se caracteriza por su fuerte anticomunismo, su profunda apreciacin del papel que juegan los Estados Unidos en el mundo, su apoyo crtico al capitalismo, su decidida defensa de la religin y las virtudes, la conciencia de las consecuencias trgicas que resultan de la accin social, y una constante aversin hacia las herejas del individualismo, tanto de la derecha como de la izquierda.4El suave tono de Gerson no es, aunque se esfuerce en parecerlo, el de un predicador inspirado que conmueve con sus reflexiones morales a los asistentes a su sermn dominical, sino el de un defensor de la filosofa poltica que est detrs de las torturas en Abu Grahib, el genocidio de casi un milln de iraques, la quema de la Biblioteca Nacional de ese pas y el nefasto Proyecto para el Nuevo Siglo Americano que delinea, desde junio de 1997, cuatro aos antes del 11 de septiembre de 2001, los objetivos, etapas y medios necesarios para lograr imponer el dominio final del capitalismo occidental, encabezado por los Estados Unidos, sobre todas las regiones del mundo, y de paso, en la mente de cada hombre o mujer que habite el planeta. Gerson reconoce que: Desde 1989 los neoconservadores vienen desarrollando el mismo proyecto que hoy nos ocupa: destacar la importancia de la virtud en la vida pblica. Nuestros esfuerzos han sido recompensados con el xito: hemos enseado, o hecho recordar a los norteamericanos, cmo se debe hablar en pblico sobre los valores y la moralidad […] Ahora la gente reconoce que esta discusin es esencial para el logro de una cultura sana. Esta es la mayor contribucin realizada hasta el momento por los neoconservadores […] El neoconservatismo es un movimiento intelectual con impacto poltico, pero en l la poltica es algo secundario […] Los neoconservadores han creado el clima esencial que se necesita para llevar a cabo la discusin poltica y cultural en los Estados Unidos.5Ni ms ni menos, de eso se trata: de crear mediante la neolengua un clima intelectual que conduzca el debate hacia la nada, hacia lo que se predica pero no se cumple, hacia lo que se establece como norma ideal para ser violado como realidad. Por eso no debemos sorprendernos cuando un Gerson ecumnico concluya su homila con la siguiente revelacin: “No creo que los peridicos conservadores

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158vayan a convertir a su credo a los liberales, pero brindan una excelente oportunidad de auxiliar a los conservadores y a los liberales inteligentes a unirse para discutir asuntos importantes”.6El horizonte a alcanzar que nos traza la neolengua de los neoconservadores excluye a la poltica, coto siempre reservado para ellos mismos, y a toda accin social que pueda resultar, no ya revolucionaria, sino medianamente eficaz. Nos queda apenas el debate de temas culturales, la fundacin de clubes neutros donde liberales y conservadores descubran, abrazados, la importancia de no descubrir nada y lo cmodo que es marchar hacia ningn lugar, todo lo cual garantiza la benevolencia de los dioses omnipotentes y tronantes del capital. Pero no slo sirve la neolengua al objetivo neoconservador de crear un debate falso para evitar adentrarse en el debate verdadero, especialmente alrededor de aquellos temas sensibles que influyen en la vida y el destino de millones de personas del planeta, sino que se utiliza para “vender” los intereses de este grupo y del gobierno donde se han confortablemente hospedado. Esto se evidencia, por ejemplo, cuando leemos las palabras con las que James K. Glassman, investigador del American Enterprise Institute introdujese los debates del seminario “Selling America: How Well Does US Government Broadcasting Work in the Middle East?”, celebrado el 17 de mayo de 2004: “Los recientes sucesos en Irak, especialmente en la prisin de Abu Ghraib, enfatizan an ms la necesidad de llevar a cabo una diplomacia pblica bien financiada, seria y con sentido estratgico para poder promover el inters nacional mediante la informacin, el compromiso y la influencia sobre las personas alrededor del planeta”.7Segn opina el seor Glassman, el repudio mundial a las polticas imperialistas norteamericanas, en especial en el Medio Oriente, no se deben a sus objetivos, abiertamente expansionistas, ni a sus medios, sin lugar a dudas genocidas e inmorales, sino a que no se han adoptado polticas “vigorosas” para hacer or el discurso norteamericano. Poco o nada importan ni significan los gravsimos hechos que motivan ese repudio, casi unnime, lo importante es que se escuche la versin del neoclan. “Los Estados Unidos no estn haciendo un esfuerzo serio para contar su historia –se lamenta–, para convencer a amigos y enemigos acerca de la justeza de nuestra causa, para cambiar la mente de la gente”.8La serfica propuesta del seor Glassman podra resumirse mediante la parfrasis de una conocida cancin de John Lennon: “Give a Neolanguage a Chance”. El discurso neoconservador deber cumplir la misma misin que el seor Glassman reserva a las emisoras radiales del gobierno que, como la BBG o Radio Sawa, transmiten para el Medio Oriente, y por ello nos recuerda: “[…] no slo debern crear audien cias, sino cambiar las actitudes de la gente hacia los Estados Unidos”.9Pero el uso del neolenguaje en manos de los neoconservadores va ms all: se utiliza tambin en la batalla lingstica para desarmar y aniquilar las ideas y propuestas del enemigo, as

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159como para debilitar la lgica que debe subyacer y apoyar sus posiciones. El novelista y ensayista Terry Graves llev agua al neomolino lingstico cuando dedic el ensayo Verbal Class Distinctions, publicado en octubre de 2004, a criticar de manera implacable un puado de trminos que, curiosamente, concentran una buena parte de los ideales de las luchas histricas de las fuerzas progresistas contra la reaccin, como por ejemplo, “progreso”, “libertad”, “activistas”, “organizacin no gubernamental”, “discriminacin”, “accin afirmativa”, “homofobia”, “tolerancia”, “derechos civiles”, “diversidad”, “partidismo, bipartidismo y no partidismo”, “organizaciones sin nimo de lucro”, “privacidad”, “programas sociales” y “justicia social”. Su tesis es sencilla: “Estos trminos, tal y como se usan hoy, son anticuados. Las palabras tienen sentido y son decisivas, pues dejan tras de s impresiones que, como en estos casos, son con frecuencia errneas”.10Para el alegre y puntilloso seor Graves, por ejemplo, el trmino “prisionero poltico” en manos de los liberales y la izquierda sirve para designar a “verdugos callejeros, asesinos y ladrones de bancos que no necesitan trabajar mientras luchan por los derechos de la clase obrera”; el sistema de cuotas, conocido tambin como “accin afirmativa”, destinado a reducir los efectos de la discriminacin racial en los Estados Unidos es una ilegalidad, pues “[…] toda accin afirmativa es discriminatoria hacia alguien ms”, y la justicia social, no es ms que “[…] un intento de lograr la equidad sobre la base del gnero, la raza, la clase social u otra categora de moda, no a partir de alguna accin o mrito individual”. El seor Graves termina reconociendo, en un arranque de elocuencia no carente de sinceridad, que “[…] nosotros, los norteamericanos no podemos discutir de manera razonable nada relacionado con las razas y la discriminacin, porque hemos corrompido el vocabulario necesario para ello”.11 Para sanear el pas (y el mundo), este astuto neoestafador lingstico nos propone sanear el lenguaje, o mejor dicho, recolonizar el lenguaje. Nada mejor, en su opinin, que empezar por reformar los programas universitarios. Para el seor Graves las universidades de su pas son la fuente de la corrupcin del lenguaje y, en consecuencia, del pas, ya que se encuentran en manos de los odiados liberales. Segn su denuncia, el mecanismo de transmisin de este peligroso virus, portador de la decadencia nacional, es el siguiente: Cientos de miles de jvenes gastan aos de sus vidas en las universidades americanas, llenas de cdigos discursivos draconianos e inconsistentes. Al cabo de un tiempo, ellos llevarn esa condicin, ya estudiada por Pvlov, al interior de nuestras escuelas pblicas, fundaciones, cortes, los medios de difusin y los gobiernos. Al escuchar la palabra “discriminacin”, por ejemplo, seguirn el ejemplo de las autoridades universitarias pertenecientes a la orden de los invertebrados, y asumirn la posicin fetal.12Embelesados con su propio discurso, los neoconservadores han visto llegar el duro amanecer de la resaca

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160tras una trepidante noche de excesos. El atronador estruendo de los carros bombas en Bagdad se suma al clamor de rechazo, casi unnime, a las polticas del gobierno de Bush, dentro y fuera de los Estados Unidos. Aun as, sus representantes han demostrado una extraa incapacidad para abandonar la posicin fetal cuando se cuentan, uno tras otros, sus fracasos. Uno de ellos, el conocido Francis Fukuyama, ha desertado el pasado febrero de la nave enloquecida que navega hacia el centro de la borrasca, no sin antes ajustar cuentas con su pasado mediante un ensayo en la pgina dominical de The New York Times y la publicacin de un libro de elocuente ttulo: America at the Croosroads: Democracy, Power and the Neoconservative Legacy. Pero las lealtades al clan son ms fuertes que el espritu de rectificacin o la simple objetividad. La perseverancia en las apreciaciones polticas sesgadas es tambin un resultado de la inercia intelectual derivada del uso consuetudinario del neolenguaje y de un espritu crtico reprimido hasta el dolor. As se evidencia, por ejemplo, cuando un docto Fukuyama intenta explicarnos en su libro las razones que provocaron el rechazo mundial a los intentos del gobierno norteamericano de jugar un papel imperialista, ms soberbio y desafiante de lo habitual, llamado por los neoconservadores, mediante un trmino delicadamente eufemstico, como “hegemona benvola”. Por ello nos sermonea Fukuyama: La nocin de que el liderazgo norteamericano en la Guerra Fra poda transformarse en una postura de hegemona benvola de cara al resto del mundo contiene en s misma numerosas contradicciones y debilidades estructurales que la hacen insostenible como soporte fundamental de sus relaciones internacionales. Sus puntos dbiles son: 1) La concepcin de la “hegemona benvola” descansa sobre la creencia en el excepcionalismo norteamericano, el cual no es medianamente creble para la mayora de las otras naciones del mundo. 2) Esta concepcin presupone la existencia de un altsimo nivel de competencia en el poder hegemnico, de lo cual, sin dudas, no es un ejemplo el gobierno de Bush. 3) La mayora del pueblo norteamericano no es imperialista, de corazn. Hasta los poderes hegemnicos benvolos requieren, en ciertas ocasiones, actuar sin frenos. Esta autoridad no se la conceden con facilidad las personas, como los norteamericanos, que estn medianamente satisfechos con su sociedad y su nivel de vida.13Hermosa reflexin la de Fukuyama que parece, incluso, serena, objetiva, convincente y profunda, como todas las que se expresan mediante la neolengua de los neoconservadores. Pero si la analizamos con sosiego nos percataremos de algo esencial, aparentemente intrascendente: obvia que el rechazo mundial a las polticas imperialistas del gobierno de los Estados Unidos, aun cuando vengan disfrazadas de benevolencia y hegemonismo, las que han llevado al atasco sus intentos brutales, como en Irak, no han dependido de la poltica

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161domstica de ese pas, sino de la resistencia y movilizacin de los pueblos, en primer lugar, en el caso de Irak, el del propio pueblo iraqu. No debe asombrarnos, en el ejemplo de Fukuyama, que un neoconservador vergonzante, como sin dudas sigue siendo el autor de El fin de la Historia y el ltimo hombre, se muestre benevolentemente hegemnico hasta cuando intenta criticar la concepcin de la “hegemona benvola” en la poltica exterior de su pas. Es evidente que no slo los bombardeos yanquis producen daos colaterales, sino tambin la perversin indiscriminada del lenguaje poltico. Pudiramos compilar una larga lista de sutilezas verbales neoconservadoras mediante las cuales han venido ejerciendo el terrorismo ideolgico ms despiadado en su intento por subvertir los cdigos habituales y en general aceptados de comunicacin. Bastan algunos ejemplos: -“Despus de sesenta aos de existencia, la Organizacin de Naciones Unidas ha fracasado. Ella constituye un monumento al idealismo de los Estados Unidos. Este idealismo americano ha aportado algunas cosas buenas al mundo, como por ejemplo, el fin del colonialismo, el ascenso de los Derechos Humanos y la propagacin de la democracia […]”.14-“El futuro de los Estados Unidos y de Occidente depende de que los norteamericanos reafirmen su compromiso con Occidente, lo que significa, en la esfera domstica, que rechacen los cantos de sirena del multiculturalismo o de la diversidad cultural […]”.15-“La estrategia de Seguridad Nacional del presidente Bush ofrece una visin audaz capaz de proteger a nuestra nacin y asumir las nuevas realidades y las nuevas oportunidades. Ella se basa en tres pilares bsicos: defenderemos la paz previniendo y enfrentando la violencia de los terroristas y de los regmenes forajidos; preservaremos la paz mediante el fortalecimiento de las relaciones con las grandes potencias mundiales; y extenderemos la paz llevando los beneficios de la libertad y la prosperidad por el mundo […]”.16-“Irving Kristol ha dicho que no existe una doctrina neoconservadora sobre las relaciones internacionales, slo un conjunto de actitudes que incluye un profundo amor por nuestro pas, desconfianza hacia todo intento de crear un gobierno mundial, una clara percepcin de quines son nuestros amigos y nuestros enemigos, la preocupacin por el logro de una defensa musculosa, fuerte, y el deseo de llevar a buen trmino el proyecto de convertir a los Estados Unidos en la primera y nica superpotencia mundial […]”.17Un florido grupo de trminos del vocabulario neoconservador siempre estar a mano cuando se necesite adornar el ya escaso follaje de la “guerra contra el terrorismo” decretada por Bush hace un lustro. Toda la imaginacin neo ha sido puesta en funcin de preparar un repertorio de eptetos infamantes contra los musulmanes que, a su vez, justifiquen y libren de cualquier crtica a los nuevos cruzados por la manera con que llevan a cabo sus piadosos bombardeos, sesiones de tortura,

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162masacres de civiles, quema de mezquitas y trasiego secreto de prisioneros. La palabra “jihad”, por ejemplo, acaba de hacer su entrada triunfal en el Oxford English Dictionary para significar una lucha que se lleve a cabo por fanatismo, lo cual difiere sustancialmente de su significado tradicional entre los musulmanes, quienes la consideran como el medio necesario para alcanzar la paz y la oportunidad para difundir las justas leyes del islam, si se encuentran en medio de una guerra. El trmino “islamofascistas”, utilizado recientemente por Bush, fue acuado por el historiador Paul Berman en su libro Terror and Liberalism. Newt Gingricht, ex presidente de la Cmara de Representantes, ha confirmado su supuesta justeza para calificar a los militantes islmicos al sealar que “[…] ellos estn listos para usar el poder del Estado imponiendo un sistema totalitario”,18 con lo cual se prejuzga a personas, obligndolas a probar su inocencia partiendo de presunciones y especulaciones sobre el futuro. El neolenguaje ha sido, sin dudas, uno de los ms exitosos corceles de batalla del neoconservatismo en su marcha hacia la hegemona universal. Su reiterada utilizacin y sus pequeas victorias tcticas en la labor de engaar, ocultar, persuadir, desinformar y convencer han creado entre sus promotores el espejismo de que se trata de un arma secreta, cmoda y difcil de contrarrestar, suave y glamorosa, pene trante y sutil ante la cual caen vencidos los pueblos, los gobiernos, y las mentes de amigos y enemigos. Es la moda impuesta por los tanques pensantes del imperio y sigue precediendo, como silenciosa preparacin artillera, la marcha de las nuevas legiones de conquistadores. Slo que las guerras, como demuestra el caso iraqu, no se ganan nicamente con palabras. Ni siquiera cuando estn tan mediatizadas y desnaturalizadas como las que utilizan los reporteros de la CNN.Seis meses antes. Seis aos despusEl 1 de abril de 2001, seis meses antes de los ataques contra el World Trade Center y el Pentgono, la pgina web del Hudson Institute publicaba un ensayo de Francis Fukuyama titulado “Culture and the Future of the English-Speaking Peoples” donde, mediante otra de sus teoras bonsai, este experto idelogo neoconservador fijaba una tesis relativamente sencilla: el xito econmico y la estabilidad democrtica, de los cuales los Estados Unidos y otras naciones angloparlantes son paradigma, tienen su origen en la capacidad de estas de crear “capital social”, o sea, riquezas producidas sobre la base de la capacidad de asociacin libre de personas que comparten ciertos valores. Lo novedoso aqu es que mediante un pase de manos tan del gusto neo, el seor Fukuyama exclua de la posibilidad del desarrollo y la estabilidad a ms del 80% de la humanidad, fijando una frontera cultural y lingstica, a la vez que clasista y racial, entre ELLOS y NOSOTROS, casi exactamente lo que hizo el presidente Bush en su discurso ante los cadetes de West Point, en junio de 2002, cuando llam a golpear a los

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163enemigos que se escondan en “los oscuros rincones del planeta”.Curiosa anticipacin. Curiosa coincidenciaLa receta para el mundo del seor Fukuyama se vea entonces obligada a incluir la necesidad de frenar la decadencia moral inocultable que pases angloparlantes, como los propios Estados Unidos, venan experimentando desde la dcada del sesenta. En su opinin, no era de utilidad intentar frenar la emigracin de personas de otras lenguas y orgenes, sino que se deba implementarse una adecuada “poltica de asimilacin”. Por ello el astuto seor Fukuyama planteaba: Una poltica de asimilacin debe comenzar con el lenguaje, porque este es el elemento bsico de toda cultura. No habr futuro para los pueblos angloparlantes si dejan de hablar ingls. Por ello, iniciativas como la Proposicin 227, en California, y la 203, en Arizona, que van dirigidas a prohibir el bilingismo, son propuestas positivas. Ms all de este razonamiento –conclua– es importante resistir las presiones del multiculturalismo sobre el sistema escolar. El liberalismo moderno disfruta la tolerancia cultural, pero ella no podr existir en condiciones de excesiva diversidad cultural […] Nadie debe sentirse incmodo, en consecuencia, cuando se pongan en vigor polticas pblicas que busquen cierto grado de uniformidad cultural en los pases angloparlantes […].19Seis aos despus de esta especie de Neoanunciacin del arcngel Fukuyama, de qu nos enteramos cada maana al abrir el peridico del da, si no es de la marcha de esas “polticas pblicas” que buscan uniformar culturalmente a los pases del mundo? Slo un pequeo olvido empaa la eficacia del profeta y debilita en algo a la propia profeca: estas polticas no son encarnadas por maestros, sino por soldados; no se ponen en vigor en las escuelas, sino mediante la destruccin de escuelas y, junto con ellas, de los oscuros nios que osan aprender oscuras lenguas diferentes a la del imperio en oscuros rincones del planeta. Qu harn ante este reto los lingistas, los pueblos y todo hombre y mujer de buena voluntad del planeta? Una buena pregunta para comenzar un evento. Notas1 Kirpatrick, Jeanne. “Neoconservatism as Response to the Counter-culture”. En: The Neocon Reader / Irwin Stelzer, ed. New York: Grove Press, 2004. p. 235.2 Orwell, George. 1984. Barcelona: Crculo de Lectores, 1983. pp. 52-53.3 Logan, Justin. “Neoconservatism and the English Language”. Brainwash. En: http:// www.affbrainwash.com/archives/008839.php 19 oct. 2003.4 “Reflections of a Neoconservative: Mark Gerson’s 94” (II parte). En: http:wso.williams.edu/ orgs/freepress/gerson2.html5 Ibdem.6 Ibdem.7 Glassman, James K. “Selling America: How will does US Government Broadcasting Work in the Middle East? En: http://www.aei.org/news/ news ID.20529/news_detail.asp 17 mayo 2004.8 Ibdem.

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1649 Ibdem.10 Graves, Terry. “Verbal Class Distinctions”. 3 oct. 2004.11 Ibdem.12 Ibdem.13 Fukuyama, Francis. America at the Crossroads: Democracy, Power and the Neoconservative Legacy. Yale University Press, 2006. pp. 111-113.14 Joshua Muravchik, investigador del American Enterprise Institute, en su libro The Future of the United Nations. AEI Press, 2005. p. 1.15 Samuel Huntington en The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order. Touchstone Books, 1997. p. 307.16 Condoleezza Rice en The Neocon Reader. New York: Grove Press, 2004. pp. 81-82.17 Karlyn Bowman, investigadora de AEI, en The Neocon Reader. New York: Grove Press, 2004. pp. 263-264.18 Raz, Guy. “Why Islamofascism May Create New US Enemies”. En: http://www.npr.org/ templates/story/story-php 4 en. 2007.19 Fukuyama, Francis. “Culture and the Future of the English-Speaking Peoples”. En: http:// www.hudson.org/index.cfm 1 abr. 2001.

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165 Dulce Mara Loynaz, criatura de isla Mara Dolores OrtizProfesora de la Universidad de La Habana E sta gran dama de la literatura cubana –cuya tristeza es “suave como un rayo de luna”– tiene, como pocos, una historia y una obra que la han sobrevivido en el tiempo. Despus de una niez alucinante, cuando sus compaeros de juegos infantiles eran casi nicamente sus propios hermanos, a quienes toc tambin la varita mgica de la poesa, ella, Dulce Mara fue capaz de bajar de su torre de marfil, y dejar su luna lila, su soledad y su ensueo, para andar por los caminos de la tierra, “como San Francisco quera”. Por esos caminos de la tierra fueron surgiendo las obras en prosa y en verso de Dulce Mara Loynaz. Se deca en la antigedad, y an es frase que con frecuencia se repite, que todos los caminos conducen a Roma. En el caso de nuestra escritora, todos los caminos conducen a Cuba, a su isla, a la que ella amara entraablemente para siempre. Tanto la amara que, en un momento crucial de su vida, decidi volver a vivir en la isla, lo que le cost –ella mismo lo afirma en su libro Fe de vida– la ms dura de las decisiones, la de dejar en tierras lejanas al esposo que tanto am, y que slo regresara para morir con ella. Tan parte de su isla se siente, Dulce Mara, que llega a modificar –tal vez con el mismo fino humor que la llev en sus aos juveniles a escribir Bestiarium– la definicin de la palabra isla aprendida en los textos elementales de Geografa, y se compara con ella: “[…] rodeada de mar por todas partes / soy isla asida al tallo de los vientos”, para hacerla despus bien cubana “abierta a mareas y a ciclones”. Esa presencia del mar por todas partes, rasgos caractersticos de las islas, se convierte en el agua que aparece, al igual que las rosas, como una constante en su poesa. Para Dulce Mara, al contrario de lo que dice el Gnesis, “[…] primero era el agua / un agua ronca, sin respirar de peces, sin orillas que la apretaran / [...] / En el vientre del agua joven se gestaban los continentes / [...] todava no haba flor de lunas ni racimos / de islas”. Esa agua que puede ser fugitiva o eterna, aflora en la obra de la escritora, no slo como mar, sino tambin como ro, estanque, fuente, lago, lluvia que arranca gotas de msica en el aire, y hasta en la nieve como agua “ya sin tiempo y sin distancia”. Esa agua unas veces fluye incesante –como la de Herclito–, o se yergue “ante la furia del cubano cicln”. Otras, es “mar ensoado en la punta quimrica y fatal de nuestra distancia”. Para ella, que se considera criatura de isla, trasciende siempre al mar que la rodea, y al que no la rodea. Va al mar, viene del mar, y “mares pequeitos se amansan en su pecho, duermen a su calor como palomas”. Estas palabras son del poema CI de su libro Poemas sin nombre, poema

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166que termina con una sorprendente afirmacin: “Tierra firme llamaban los antiguos a todo lo que no fuera isla. La isla es pues, lo menos firme, lo menos tierra de la Tierra”. No puede menos la lectora o el lector estremecido que pensar que la criatura de isla que era la escritora se caracteriz por la firmeza en sus amores, decisiones y actitudes, firmeza que se mantuvo hasta sus ltimos das, aun despus de haber recibido el reconocimiento de las multitudes, como ella misma escribi, con sutil irona, luego de estar en la sombra y en silencio durante tres dcadas en las que, segn deca en 1990, durmi como la Bella Durmiente. Ese mismo libro memorable, Poemas sin nombre, publicado en 1953, es, pienso, una especie de pblica y a la vez pdica confesin. Escrito en prosa potica, recuerda los poemas de Tagore o algunas de las pginas inolvidables de Juan Ramn Jimnez. Se refiere ella a los ms diversos temas: recuerdos de infancia embellecidos por el tiempo, lirios y luces, milagros bblicos, rosales que florecern en cualquier primavera, dolores fsicos y morales, “el camino donde, sin dejar huella, se dej la vida entera”, todo transido de una melancola profunda y de una fe afincada en su conocimiento de la Biblia. Pero este libro lleno de tan ntimos pensamientos, reminiscencias, memorias, termina con un texto que, al mismo tiempo refleja esa intimidad, la trasciende para convertirse en amor y alabanza a la isla natal. Es el poema CXXIV, dedicado a esta isla suya, bella y libre, a la que califica con smiles rumorosos: “sencilla y altiva como Hatuey”. Y le parece la isla “una fina iguana de oro, un manjuar dormido a flor de agua”: Ella, Dulce Mara, ha sido capaz, en un solo poema, de reunir las virtudes de su isla, de hablar de sus riquezas principales: el azcar, “el humo aromtico del tabaco”, “la gracia del caf”, para afirmar, rotunda, “que no se vende a nadie” porque le basta “con el sol naciente del escudo con la palma real”. Aade adems los ms preciosos adjetivos para calificar a esta isla suya: grcil, fragante, clarsima, la muy cordial, la muy gentil, isla esbelta y juvenil a la que amara aunque hubiera sido otra su tierra. Por ese amor entraable, demostrado en difciles circunstancias ante las cuales otros fla quearon, la fuga definitiva de Dulce Mara ocurri en esta isla orgullosa, y ahora permanece en ella para siempre, no fuera del tiempo, sino en su tiempo eterno “¡A la orilla del golfo donde todos los aos hacen misterioso nido los ciclones!”. En ese mismo libro Poemas sin nombre, un poema, el CI, est dedicado a la criatura de isla. Acaso es ella misma? Esta criatura le parece a la autora bien distinta, “ms leve, ms sutil, ms sensitiva”, que trasciende siempre los mares, en la bsqueda infinita quizs de los otros horizontes que tambin buscaba Esteban en El Siglo de la luces cuando senta la prisin de las islas. Esa infinitud marina que llev a la Brbara enigmtica de su novela Jardn a adentrarse en mares extraos y desconocidos, se resume, para Dulce Mara en mares pequeitos, tal vez formados por lgrimas de amor, en toda la isla, donde hasta los ros son ms ligeros y sus piedras tan frgiles que parece que van a salir volando. La isla

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167es toda de aire y de agua fina, con un “recuerdo de sol, de horizontes perdidos”, rodeada de una espuma de barco naufragado, palabras que me recuerdan a la propia Brbara cuando sale en su largo viaje con el hombre misterioso que llega a sus playas. No puede haber visitado Dulce Mara otras islas que no fueran las Canarias, ese jardn de las Hesprides donde ella vivi las grandes emociones del reconocimiento de su obra, y del encuentro, tantas veces considerado imposible, con los recuerdos de infancia y juventud del esposo que la esper, con paciencia comparable a la mtica del Florentino Ariza garciamarquiano durante un cuarto de siglo. Esas Islas Afortunadas que ella am y conserv intactas en su memoria, al extremo de sealar que su libro Un verano en Tenerife, escrito aos despus de aquel viaje inolvidable, era su preferido, esas Isla Afortunadas, les recuerdan continuamente su propia isla. Un verano en Tenerife est lleno de recuerdos, comparaciones, evocaciones cubanas que le llegan con los aromas del caf o del criollo mojo de ajo, con el mar, con el suavizado castellano de sus pobladores, tan similar al de Cuba. La patria, siempre presente en los momentos felices o en los momentos difciles. No por gusto proclamara, refirindose con orgullo a su padre mamb que ella era “la hija del General”. Para Dulce Mara, “una isla es siempre un misterio”. Ella misma es tambin un misterio. No estoy muy segura de compartir el criterio de algunos estudiosos de su obra, de que ella misma, su poesa y su prosa, se hayan refugiado en una voluntaria insularidad. Es cierto que ella, celosa de su intimidad, perpleja quizs ante el turbin arrebatado que arras con su mundo, se refugi en su casa. Pero esa casa estuvo abierta para los amigos de siempre y para los nuevos que fueron llegando, sobre todo los jvenes, en los que confi al comprender su admiracin por ella y su conocimiento de su obra inclasificable que permaneca indiferente a modas y a modos. Dulce Mara conserv esa casa, ya legendaria de la calle 19 y E en El Vedado habanero, de la cual deca que era la que menos haba amado, pero la que le haba sido ms fiel, hoy Centro de Promocin Literaria que lleva su nombre, y sede de la Academia Cubana de la Lengua. Creo conveniente sealar que en esa casa hall refugio la Academia, que ella presidira por varios aos. De este hecho estaba particularmente orgullosa. En todo momento, pues, Dulce Mara sigui siendo ella misma, una isla como la suya, a la cual, como a un “pjaro exquisito”, no se toca “por un miedo oscuro de quebrarle las alas”. Ella tambin, como su isla, era no slo aromtica y graciosa, sutil y sensitiva, gentil y clarsima, sino que senta lo que hay en ella como ser humano: “un regocijo de ser hombre, una razn, una ntima dignidad de serlo”. Con esa ntima dignidad, sigui siendo ella misma. En una de sus cartas a Aldo Martnez Malo le dice, al referirse a su decisin de vivir en su patria. Yo estoy aqu por mi voluntad y a todas sus consecuencias, y si lo decid as, fue con sentido de responsabilidad, sabiendo que tendra que respetar las leyes del pas don-

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168de me quedaba, aunque fueran contrarias a mi modo de pensar y sentir. Puedo aadir que esta decisin no fue fcil, teniendo como tena a mi esposo fuera y recibiendo yo muy ventajosas y honrosas proposiciones de universidades espaolas y norteamericanas. Y ms adelante explica que no acept la bondadosa proposicin de su editor espaol, don Manuel Aguilar, “[…] porque sucediera lo que sucediese, preferira quedarme y correr la misma suerte de mi pas”. As aquella criatura volcada hacia adentro, la que no quera dar a conocer sus obras, la que necesit del empuje amoroso del esposo que no comprendi el llamado de la sangre mambisa que la llevaba a permanecer en su isla, mantuvo siempre correspondencia y aun finezas –como deca Dulce Mara repitiendo a Juan Ramn Jimnez–, con personas y escritores de distintas latitudes e ideologas. Baste citar, slo entre cubanos, a escritores tan dismiles como Ballagas y Chacn y Calvo, hasta Juan Marinello, Fernndez Retamar, Pablo Armando Fernndez, ngel Augier, Pedro Simn, Miguel Barnet, Eusebio Leal, entre otros, sin olvidar –sera imposible hacerlo– a su amigo Aldo Martnez Malo. En un poema que se antoja casi una profeca, ella dice: “Los sabios dieron nombres a sus valles, medidas a mi sueo, soledades a mi soledad. / No es mi culpa de que, al igual que a la vieja Luna, se me quede siempre una mitad en la sombra que nadie podr ver desde la Tierra”. Pienso que es precisamente ah donde est el misterio que ella guard para s misma y que se fue con ella, en esa mitad en la sombra que nadie ha podido ver desde la Tierra. Cuando escribi la misma Dulce Mara: “nadie puede decir que he sido yo una casa silenciosa”... en su poema “ltimos das de una casa”, donde algunos han querido ver los presagios indescifrables de su destino. “Cuando me hicieron, dice, yo vea el mar... yo saba adivinar el mar”, ese mar siempre aorado y perdido, y no se sabe si esa es parte de su mitad de sombra, si se refiere a la vieja casa donde la gente que naci “en verdad fueron demasiado felices”, y “no es posible serlo tanto y ser tambin otras hermosas casas”, o si es ella misma, que resbala en sus propios recuerdos, porque su alma, al contrario de lo que creen los hombres flojos de cuerpo, no es “patrimonio particular de su heredad”, sino le pertenece a ella, “es ma sola”. Pienso que Dulce Mara, como las islas, es tambin un “drama geogrfico”. En sus Poemas nufragos, rescatados por ella y publicados en 1990, no deja de sorprender el proverbio rabe: “Me sentar a la puerta de mi tienda para ver pasar el cadver de mi enemigo”, tan diferente del acento lrico de los Poemas sin nombre, y aun al propio estilo de otros de esos poemas salvados del naufragio. En ese poema, aquel hombre, ante el cadver del enemigo con el pecho ensangrentado, “roto de la misma garra dura y lenta”, aquel hombre, dudando de su corazn porque haba dudado de su dolor, llor. Quiz tambin llor Dulce Mara, que no era de lgrima fcil, cuando comprob que el enemigo no lo era, sino que precisaba de su luz para ponerla bien en alto,

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169como la lmpara bblica, para que iluminara toda la casa, toda su isla, toda la poesa. Tal vez –por lo menos me gusta imaginarlo– vivi sus ltimos aos reconfortada con la certeza de que los jvenes, sus coterrneos en general, poetas o no, disfrutaban de su obra y de su presencia, con un poco de la mejor envidia del mundo hacia Pinar del Ro, la primera en redescubrirla gracias al irrepetible Aldo Martnez Malo. A esta ciudad, a esa provincia que le abri los brazos, y de la que ella amaba sus pinares rumorosos y su mgico valle, debe la isla de Dulce Mara el inicio de una amorosa reconciliacin con su historia y su cultura, que la colm de los mayores reconocimientos. As ella, criatura de isla, aprendi a mejor auscultarse el corazn y percibir el angustiado soplo de la vscera, adems de “saber ms de su naturaleza singular que aquellos que le miden cabos, montes o puertos”. Porque la intimidad de una isla es algo mucho menos perceptible que su geografa, una intimidad que se ofrece a todos pero no se vende a nadie. En este sentido, Dulce Mara respondi –no poda ser de otra manera– al llamado orgulloso de su estirpe mambisa. Su isla la tiene en el alto sitial donde no son necesarios los apellidos, aun aquellos tan ilustres como los de ella, para conocerla y reconocerla. Ella es as, simplemente, Dulce Mara, “una verdad digna de ser leyenda”. Bibliografa Loynaz, Dulce Mara. Cartas que no se extraviaron / Comp. y prl. Aldo Martnez Malo. Fundacin Jorge Guilln. Espaa; Fundacin Hermanos Loynaz, Pinar del Ro, 1997. _______. Fe de vida. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1995. _______. Jardn. Espaa: Gobierno de Canarias et al, 2002. _______. Poesa completa. La Habana: Edicin Letras Cubanas, 1993. _______. Un verano en Tenerife / Ed. facs. Madrid: Gobierno de Canarias et al., 2002.

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170 L a historia gloriosa de nuestra patria cuenta con miles de cubanos que lucharon heroicamente por la independencia del pas. Uno de sus hijos ms valientes fue Alberto Nodarse Bacallao, a quien rendimos merecido tributo por su conducta ejemplar, valor sin ostentacin, total desprecio a la vida, integridad de carcter, acrisolada honradez, dignidad sin altanera, altos principios y amor a Cuba, desde su nacimiento en Cayajabos, Pinar del Ro el 29 de marzo de 1867 hasta su desaparicin fsica ocurrida en Las Caas, Artemisa, localidad pinarea, entonces, el 25 de abril de 1924. El nombre del general Nodarse merece ser ms conocido en Cuba, y ser venerado como uno de los patriotas ms ilustres. Fue ingeniero, arquitecto y un agrnomo experimentado que prest tambin a la patria valiosos servicios por las innovaciones cientficas y el impulso dado a la arquitectura en Pinar del Ro. Su historial militar es uno de los ms brillantes y podemos justamente afirmar que compendia toda la historia de la invasin en la provincia pinarea y, adems, parte de ella en las provincias limtrofes. Mximo Gmez y Antonio Maceo tuvieron para l estimacin y cario, segn se desprende de los documentos que hemos tenido la satisfaccin de leer e incluir en este trabajo y solamente la innegable modestia pudo apartarlo de los ms grandes honores. El general Nodarse se incorpora el 24 de febrero de 1895 a las fuerzas de Jos lvarez Arteaga (alias “Matags”) al no tener xito el grito de Lpez Coloma en Matanzas y fueran apresados o dispersos los jefes principales del movimiento. Es importante sealar que Nodarse se qued con las fuerzas de lvarez Arteaga en la Cinaga de Zapata, hasta que en mayo del propio ao intent unirse, sin lograrlo, al coronel Quirino Reyes, muerto en esos das en el combate Las Municiones cerca de San Jos de los Ramos, Matanzas. Por consiguiente, no tuvo otra alternativa que volver a la Cinaga, al carecer de un jefe experimentado, El general Alberto Nodarse Bacallao: breve estudio (en el 140 aniversario de su natalicio) Pedro Mndez DazHistoriador y ensayistaA mis padres que me inculcaron el amor a Cuba.

PAGE 172

171hasta fines de julio cuando arrib la expedicin de los generales Carlos Roloff y Maya Rodrguez a las costas de Sancti Spritus, el 24 de julio de 1895. Es interesante destacar que inmediatamente el general Roloff dio rdenes al brigadier Francisco Javier Prez de organizar las fuerzas dispersas de la provincia de Matanzas. Nodarse con el grado de capitn, fue designado jefe de estado mayor del general Prez. Durante el tiempo que Nodarse permaneci en Las Villas, tom parte en varios combates, entre ellos el de Las Varas, donde cay Espino y fue herido el bizarro general Serafn Snchez. Combati despus en la provincia de Matanzas y en La Habana, que vieron las proezas del joven hroe cubano, quien gan el grado de comandante el 27 de noviembre de 1895.1El 17 de diciembre ingresa en la columna invasora y forma parte del Estado Mayor como ayudante de campo.2Durante la contienda de Calimete, la jornada ms sangrienta de todas, llevada a cabo el 29 de diciembre en 1895 a slo das de su ingreso en la columna invasora, uno de los heridos fue el comandante Nodarse, a quien se le practic la primera cura en la finca El Roco, el Manguito, provincia de Matanzas.3Particip tambin en los encarnizados combates de la campaa militar de Maceo en Pinar del Ro, donde fue herido varias veces. En esa campaa tuvo lugar la famosa accin de Paso Real de San Diego, en la que los insurrectos tuvieron que lamentar cincuenta y ocho bajas entre muertos y heridos. Uno de ellos fue el valeroso comandante Pablo Chacn. Cuatro ayudantes fueron tambin heridos, entre ellos Alberto Nodarse. En la famosa batalla de Tumbas de Estorino, Nodarse y otros mambises pudieron salvar la gloriosa bandera de la invasin, luego de titnicos esfuerzos desplegados para recogerla, con riesgos de sus vidas. En la disputada4 accin de Soroa, la columna de Maceo tuvo sesenta y siete hombres fuera de combate. Entre ellos cabe mencionar a los ayudantes del Titn de Bronce Alberto Nodarse, Manuel Piedra, Aldana, Romero y otros. La prdida ms sensible fue la del coronel Francisco Frexes, jefe de despacho y auditor del cuartel general.5Pero estas batallas sealadas son simplemente aquellos momentos culminantes en que su realizacin acompaa una nueva y ms alta graduacin. Sus hechos de armas forman una larga lista que omitiramos si no fuera porque nos proponemos demostrar que no fue improvisado su generalato. Entre ataques y combates se cuentan los de Coliseo (23 de diciembre de 1895) y el del ingenio Unin (30 de diciembre) en la provincia de Matanzas, los cuales vieron las proezas del joven hroe cubano. Los das 4, 5 y 6 de enero de 1896 estuvo en las acciones de guerra para la toma de Gira de Melena, Alquzar y Hoyo Colorado, respectivamente. El 7 del mismo mes se encontraba en la toma de Banes (Pinar del Ro) y despus en las de Cabaas, San Diego de Nez, Baha Honda y Las Pozas, el 9, 10 y 11. Combate el 17 en Las Taironas; despus en la toma de muchas plazas importantes de la pro vincia pinarea

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172como San Luis, Guane, Paso Real de Guane, Paso Real de San Diego, Mantua, San Cristbal, Candelaria, Santa Luca, etctera. Durante el mes de febrero de 1896 tom parte en varios encuentros y el da 12 fue premiado con los galones de teniente coronel, el mismo da del combate de Sabor. En ese mismo mes, despus de haber participado en la toma de Quivicn y de Jaruco (Habana) combati en Moralitos, y en las sangrientas acciones de la Perla, Diana y Ro de Anras en la provincia de Matanzas el 25 de febrero y los das 7 y 8 de marzo, respectivamente. Por fin lo encontramos hroe de todos los combates en el ingenio Neptuno el 15 de marzo y en Cayajabos, La Palma, Tapia y Cacarajcara el 30 de abril y el 1 de mayo del mismo ao 1896 (Pinar del Ro). Despus pelea en Vega Morales, Quiones, Consolacin del Sur, Rub, en mayo y junio; en Candelaria el 1 de agosto, y concluye el mes con el atrevido paso de la trocha de Viales a Esperanza el da 29. En el mes de septiembre combate en Los Arroyos, en Montezuelos, etctera, y el da 24 recibe el nombramiento de coronel. Despus Guayabitos (8 de octubre de 1896), el ataque a Artemisa (22 y 23 de octubre), la accin de Soroa (el 24) y los combates de Bejerano, de la trocha de Mariel a Majana. Sin embargo, sigui la vida azarosa de la manigua peleando en varias reidas acciones, a pesar de sus heridas abiertas. En efecto, combati en Jucaritos del 27 al 29 de marzo de 1897; y des pus pas al cuartel general de Maya Rodrguez en Minas Ricas (Santa Clara). Combati tambin con el general Monteagudo, en Malezas y en la loma de Capiro, en Santa Clara. Adems hizo la peligrosa marcha de Las Villas a Pinar del Ro cruzando otra vez la trocha de Mariel a Majana por la costa sur.6En un acto de verdadera intrepidez, el hroe de la Protesta de Baragu burl la trocha de Mariel a Majana, la noche del 4 de diciembre de 1896, bajo la miope vigilancia de los centinelas espaoles, con una comitiva de slo veinte hombres, y entre los ms destacados estaba el coronel Alberto Nodarse Bacallao.7Das despus, en la nefasta fecha del 7 de diciembre de 1896, durante el combate de San Pedro, tuvo una destacada participacin, pues trat en vano de poner en la cabalgadura de su caballo el cuerpo abatido del Titn de Bronce. En la accin recibi dos balazos: uno en el pecho y otro en el brazo izquierdo.8Sobre esta accin de guerra existen cuarenta y siete versiones, pero al relato del oficial Nodarse, siempre se atuvo, sin modificarla, el generalsimo Mximo Gmez, que la consideraba la ms ajustada a la verdad histrica. A continuacin transcribimos la versin del coronel Alberto Nodarse: Mucho se ha hablado y descrito en estos ltimos das sobre la muerte del insigne general Antonio Maceo y aunque nunca tuve idea de publicar nada relativo a aquella desgraciada accin, me veo precisado a referir la verdad de lo ocurrido porque en ninguno de los artculos referidos se hace mencin de mi humilde nombre, siendo yo precisa mente el nico

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173en verdad autorizado para relatar los hechos y poner las cosas en su debido lugar. No pretendo galones ni glorias que jams ambicion, porque s que tan slo he cumplido con mis deberes de cubano, de militar y de amigo del ilustre desaparecido. Mi nico objeto es que nadie pueda poner mi conducta en tela de juicio, ya que precisamente era yo cuando el memorable combate de San Pedro, Jefe de Estado Mayor del general Maceo, por enfermedad del brigadier Mir. Disptense en buena hora el rescate del cadver los que pretendan haber realizado esa imaginaria operacin mientras yo me retiraba del combate herido, casi moribundo, pero con la conciencia tranquila, de haber cumplido con mi deber; disptenselo quienes quieran, que yo hoy con mis heridas an abiertas, y casi intil del brazo izquierdo, si escribo algo sobre los ltimos momentos de vida del gran Caudillo, es tan slo para que el mundo no pueda echar sobre mis hombros el peso abrumador de las culpas que tal vez otros tendrn. Campos de Cuba Libre marzo 6 de 1897. Diciembre 7 de 1896 Seran aproximadamente las dos de la tarde, cuando se sintieron tiros en una de nuestras avanzadas. El General acto continuo ordena que todas las fuerzas monten; l estaba en su pabelln recostado en su hamaca, tena el caballo desensillado, vindose precisado l mismo, a ponerle la montura por la proximidad del enemigo. Al montar areng a las fuerzas diciendo entre otras palabras “Muchachos, vamos a la carga, que les voy a ensear a dar machete”. Todos partimos juntos, como movidos por un resorte, a disputar el primer puesto; llegando los de delante a dar machete y dispersar a la caballera espaola. El General entonces, al ver que todos peleaban bien, contramarcha con el Estado Mayor, varios jefes y oficiales y algunos nmeros hacia el flanco izquierdo, encontrndose a poco andar con fuerzas del teniente coronel Isidro Acea, que vena por el camino real de San Pedro en direccin al fuego. El General le ordena abrir dos portillos en la cerca de piedras y pasa el camino con los que lo acompaaban entre los cua les iba el brigadier Mir, el doctor Zertucha, Justiz, el comandante Ahumada, el coronel Gordon y el que suscribe [el subrayado es nuestro. N. del A.]. El general Pedro Daz, el comandante Manuel Piedra, el capitn Nicols Souvanell y el teniente Ramn Pealver, tambin de Estado Mayor, no estaban con el General porque se adelantaron peleando a vanguardia. Una vez en el citado camino, el General me orden cargar al enemigo por el flanco izquierdo, con varios nmeros que all haba, continuando l atacando por retaguardia. Poco despus regres e hizo una pequea parada en el portillo por donde yo haba entrado, y an continuaba avanzando hacia el enemigo, cuando o al brigadier Mir que me

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174deca: “¡Nodarse, venga a ver esta desgracia!”. Retroced y al encontrarme con el General en el suelo baado en sangre, baj a verlo, mientras me gritaba el doctor Zertucha “¡Ay Nodarse! ¡Se acab la guerra! ¡Vea ese cuadro! ¡Muerto!”. Le repuse a Mir que recogiera al General, mientras yo continuaba tirndole al enemigo, que estaba rodilla en tierra. Posesionado de una cerca de alambre, la cual nos separaba, haciendo fuego a discrecin; apenas mont a caballo el brigadier Mir vuelve a gritarme: “Nodarse venga, que si Ud. no viene, no se puede sacar al General”, por lo que me desmont acto continuo, dndole mi caballo a Zertucha, que me lo pidi para ir a buscar medicinas; quedndome con 8 o 10 nmeros de los que tena peleando, mientras Mir parti en busca de ms fuerzas que nos auxiliaran. Acude en esos momentos un nmero cuyo nombre no recuerdo dicindome: “Coronel, chemelo encima que yo me lo llevo”. Y entre 4 o 5 lo subimos al caballo; pero al estar ya sobre la montura, una bala atraves al General por debajo de la tetilla izquierda privndole de la vida, y otra por un costado al jinete que espontneamente se brind para llevarlo; deja este caer al suelo el cadver y se retira con 4 o 5 nmeros, siendo intiles todos mis esfuerzos para sacarlo de aquel sitio. Juan Manuel Snchez me dice que traa un buen caballo, que poda llevrselo; volvimos a montarlo entre los que all quedbamos y una nueva descarga hiere gravemente por ambas rodillas al comandante Snchez (hoy intil) y al caballo, teniendo que retirarse con los nmeros que me acompaaban y sin lograr llevarse el cadver. Ya solo, se me aparece el teniente Francisco Gmez, hijo del General en Jefe, a pie y desarmado, pues estaba herido y sus armas las llevaba el comandante Justiz. Me pregunt lo que suceda y al contestarle ensendole aquel horrible cuadro, el valiente joven prorrumpe en ayes de dolor, mientras yo disparaba algunos tiros con mi rifle para contenerlos un poco; y acto continuo seguimos haciendo esfuerzos para cargarlo entre los dos, llevando l los pies y yo las manos; operacin irrealizable, porque ambos estbamos heridos e imposibilitados para hacer grandes fuerzas (el general pesaba 200 libras). Vimos una yegua cerca y determinamos amarrar el cadver al rabo del animal para llevrnoslo a rastra, ya que de otro modo era imposible. Panchito, como todos le llambamos a aquel nio hroe, trajo la yegua, mientras que yo continuaba hostilizando al enemigo, y al ir a zafarle el cabestro, porque carecamos de soga, una descarga mata la yegua que vino a caer sobre el mismo cadver del General. Tirndole del rabo la apartamos a un lado y concebimos la idea de arrastrarlo nosotros mismos, tomando Panchito una mano y yo la otra. Se aparece entonces el general Pedro Daz a preguntar que pasaba. “¡Qu desgracia!”. Le invit a que

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175ayudara a sacarlo y me contest: “No, no se muevan de aqu que yo voy a buscar gente” y parti sin detenerse. Continubamos en la tarea de arrastrar el cadver, bajo el cercano e incesante fuego enemigo, cuando una bala hiere a mi valiente compaero en una pierna. “¡Coronel!, me han herido”, dijo, por lo que le orden que se marchara inmediatamente a alcanzar al general Daz y que regresara pronto con fuerzas. No quiso obedecer. Vuelvo a ordenarle lo mismo y me contesta entonces: “¡Yo no voy! ¡Yo no lo dejo a usted solo ni abandono al General!”. ¡Insisto! ¡Se lo ordeno como superior suyo...! ¡Todo fue intil! Una nueva descarga y una bala traidora lo atraviesa por el pecho y cae sobre el cadver del General exclamando “¡Ay mi padre!”. Al pronunciar esas que fueron sus ltimas palabras, me tir a socorrerlo, y una nueva descarga me hiere gravemente en el hombro izquierdo y debajo de la axila derecha, hacindome caer encima de Panchito para formar un verdadero montn. La herida del hombro me atravesaba el hmero fracturndolo e iba a salir entre la cuarta y quinta costilla con fractura de esta ltima; la hemorragia fue copossima y tan general que echaba sangre por la boca, odos, etctera. A los dos minutos de estar echado sobre aquel montn de cadveres, me sent an con fuerzas para moverme, y empezaba a retirarme paso a paso cuando vi tres soldados espaoles a unos diez metros de m. Continu marchando sereno para que el enemigo comprendiera mi gravedad; pero el rifle me estorbaba, y al echrmelo al hombro se me escap un tiro. No s si esto o el afn de despojar los cadveres, influyera para que el enemigo se detuviera y me dejara ganar el portillo por donde haba entrado que era mi nica retirada; lo que realic bajo un fuego nutridsimo; teniendo que pasar por encima del caballo muerto de J. M. Snchez, cuyo animal se encontraba atravesado en el portillo. Pas el camino real dirigindome despus por un trillo entre una cerca de piones y un guayabal que me conduca al campamento de donde habamos salido y a poco andar, cuando ya dispuesto a tirarme para morir porque me faltaba hasta la vista, se present para mi salvacin el coronel Rodolfo Vergel preguntndome que qu me pasaba e instndome a que montase, cuya operacin no poda realizar yo solo. Entonces l me carg y subi al caballo dicindome que arreara que l seguira a pie; as anduvimos hasta encontrarnos con el general Daz, el brigadier Mir, el doctor Zertucha, y ocho o diez ms. Uno de ellos (no recuerdo quin), me pregunt: “Qu es eso Nodarse?”. “¡Vea, le contest, estoy muerto!”. “Y el General?”, me replic. “Ah quedan l y el hijo de Gmez con los espaoles –le respond”. Segu la marcha, ms muerto que vivo, y no he vuelto a saber nada ms de ninguno de esos compaeros que conmigo formaban parte del

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176Estado Mayor del nunca bien llorado General Maceo. Hasta aqu lo que yo s. Refute ahora quien quiera las verdades que dejo escrito.9En Diario de la guerra, escribe su autor Bernab Bouza: Mi amigo y compaero general Nodarse me facilit copia del relato que hizo de la accin de Punta Brava y de la muerte del General Maceo y su ayudante Panchito Gmez. Dicho relato ha sido juzgado por el General en Jefe como el ms verdico de cuantos hasta ahora se han publicado y participo de esa opinin.10Para que se vea la estimacin que del general Nodarse haca el Lugarteniente, copio a continuacin la carta que estando el primero herido, le escribi este de su puo y letra, un mes antes de su muerte: Al Coronel Alberto Nodarse Me alegro que ya Ud. y el coronel Palacio estn mejor de sus honrosas heridas. ¡Ojal pues pueda contar con la valiosa cooperacin de ustedes para las prximas operaciones que pienso llevar a cabo en breves das! Dgale a su digno compaero que pronto los ver. El enemigo realiz lentamente su plan de fortificarlo todo “sin contar con la huespada”, no creen que tendrn que abandonarlo todo como han hecho en Oriente y Camagey. Que sigan ustedes contentos son mis deseos. De la sal y azcar que tiene el Prefecto Nez, pueden tomar la que necesiten ustedes. Los quiere y saluda cariosamente su amigo y compaero A. Maceo El Brujo. Noviembre 6 de 189611Consideramos de inters histrico divulgar la carta que el generalsimo Mximo Gmez dirigiera al coronel Nodarse con motivo de la narracin que este le hiciera sobre el combate de San Pedro. A continuacin transcribimos la mencionada misiva: La Gloria, Abril 25 de 1897 Al Coronel Alberto Nodarse Estimado coronel: recibo de manos del teniente coronel Rodrguez su comunicacin fecha 14 de abril y con ella la sentida relacin que me hace de los sucesos que recuerdan la muerte de mi querido compaero el general Antonio Maceo y de mi hijo idolatrado. No es ahora, como Ud bien dice, momento de esclarecer hechos, pero la verdad se escribe con frases tales que es imposible adulterar los conceptos, para producir efecto, siempre pasajero. Guardo yo cario en mi corazn para todos los que en vida supieron amar a mi hijo y Ud que fue el ltimo que oyera sus palabras [el subrayado es nuestro. N. del A.] puede contar siempre con mi afecto y con mi estimacin sincera. ¡Gracias por sus frases de consuelo, gracias por su testimonio de simpata! Siga usted defendiendo bravamente la honra de la Patria; siga Ud luchando sin descanso. ¡Qu nunca el desencanto ponga flaqueza en su brazo! Y cuando la gloria tenga para Ud esos momentos en los que

PAGE 178

177se vence o se muere, no olvide Ud que a su lado estarn mi afecto y mi aplauso. Mientras tanto ordene Ud a su seguro servidor y general – Mximo Gmez12A la muerte de Maceo, Nodarse oper con el mayor general Pedro Daz en Las Villas, hasta que en abril de 1897 pas a desempear la jefatura de la Brigada Sur de la provincia de La Habana hasta finalizar la Guerra de Independencia. Fue ascendido a general de brigada en 1898, y en el mismo ao a general de divisin. Durante la contienda blica recibi nueve heridas de bala, algunas de gravedad. Disfrut la alta distincin de ser uno de los generales invitados a la ceremonia en que la metrpoli espaola resign la soberana sobre la isla de Cuba y la traspas al gobierno norteamericano. Dicha ceremonia se efectu en el Palacio de los Capitanes Generales, Saln del Trono, el primero de enero de 1899. Podemos concluir afirmando que Alberto Nodarse Bacallao fue, sobre todo, un carcter que realiz con honor el legado de sus mayores. Como homenaje en el 140 aniversario de su natalicio, exaltamos su memoria dando a conocer a las generaciones presentes y venideras esta vida til, rica en cualidades humanas, intelectuales, patriticas y revolucionarias excepcionales. Notas1 Argenter, Jos Mara. Crnicas de la guerra. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1981. t. 1, p. 306.2 Diccionario enciclopdico de historia militar de Cuba. Primera parte (1510-1898). Biografas. La Habana: Ediciones Verde Olivo, 2001. t. 1, pp. 267-268.3 Argenter, J. A. Op. cit. (1). t. 2, p. 40.4 Ibdem, t. 2, p. 430.5 Ibdem, t. 2, p. 507.6 Dollero, Adolfo. Cultura cubana. Provincia de Pinar del Ro. Evolucin. 1980. pp.142-144.7 Prez Guzmn, Francisco. La guerra en La Habana. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1974. p. 7.8 Ibdem, p. 63.9 Nodarse, Alberto. Comunicacin dirigida a Mximo Gmez con fecha de marzo 6, 1897, transcripta por Fermn Valdes Domnguez en su Diario de un soldado con la anotacin del 5 de abril de 1897. Cuadernillo 47. Archivo Nacional de Cuba. Donativos y remisiones. Caja 275, No. 1.10 Boza, Bernab. “Desde Baire hasta la intervencin americana”. En su: Diario de la guerra. La Habana: Imprenta La Propagandista, 1924. p. 323.11 Ibdem, pp. 330-331.12 Gmez Bez, Mximo. El viejo Edu y otros escritos / Sel. Fernando Martnez Heredia. La Habana: Editorial Jos Mart, 2005. p. 131.

PAGE 179

178 Fina Garca Marruz, premio Pablo Neruda Mercedes Santos MorayPoetisa, novelista y ensayista L a noticia nos conmovi. En la cuarta edicin del Premio Iberoamericano de Poesa Pablo Neruda, por primera vez se honraba a una mujer, y esta era nada menos que nuestra Fina Garca Marruz, una de las ms puras voces lricas de las letras cubanas de todos los tiempos, amn de sus virtudes como ser humano. El jurado, presidido por la ministra del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile, Paulina Urrutia, e integrado por el poeta peruano Carlos Germn Belli, el crtico y tambin poeta cubano Roberto Fernndez Retamar y la ensayista y crtica chilena Ana Pizarro, haba decidido por unanimidad que ese altsimo galardn fuera entregado a una intelectual que, tanto en el verso como en la prosa, eleva a planos excepcionales el sujeto lrico, y denota en su escritura, adems, la presencia esencial de la espiritualidad como razn potica. Con anterioridad haban recibido ese galardn, que lleva el nombre del Premio Nobel de Literatura de Chile, la voz universal de Pablo Neruda, los poetas Jos Emilio Pacheco, de Mxico en el 2004, Juan Gelman, de Argentina, en el 2005 y Carlos Germn Belli, de Per, en el 2006. Al otorgrsele a la cubana Fina Garca Marruz, quien hace de la palabra su refugio y escribe con plena lucidez a sus ochenta y cuatro, como en los das en los que fue musa del grupo Orgenes, el galardn renda tambin tributo a las voces femeninas en la lrica iberoamericana, sintetizadas en el paradigma que para la historia literaria hispanoamericana ha sido y es la tambin Premio Nobel Gabriela Mistral, cuya amistad cultiv en su juventud la poetisa cubana. La escritora chilena Ana Pizarro resalt que Fina “[…] es una mujer de poesa intensa. Su espiritualidad revela un cristianismo abierto a las preocupaciones sociales ms urgentes del mundo contemporneo, en especial de su CR"NICAS

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179pas”. As se subrayaban rasgos sustanciales del discurso literario y tambin conductuales dentro del plano esttico y tico de la poetisa de Orgenes en quien la patria como el hogar, el amor como la fe nutren su existencia y su escritura. Laureada, en 1990, con el Premio Nacional de Literatura, el cual se concede en Cuba como reconocimiento a la obra de la vida, Fina Garca Marruz es un ser humano de natural modesto que prefiere mantenerse en silencio, ante aplausos y elogios. Una persona capaz de la mayor entrega desde la generosidad del verbo, en su ternura, pero igualmente vibrante, como la hemos visto y escuchado en ms de una ocasin, como una paloma con pico de guila. Junto a su esposo, el tambin escritor Cintio Vitier, laureado como ella por la obra de su vida con el Premio Nacional de Literatura y el Juan Rulfo, en Mxico, y a sus queridos amigos Jos Lezama Lima y Eliseo Diego, entre otros, Fina Garca Marruz contribuy a la renovacin de la poesa cubana desde el acento subjetivo e intenso, poblado de fe en Dios, de los origenistas en la dcada del cuarenta del siglo XX, compartiendo aquella potica que expresaba esencias y no apariencias de lo cubano, tambin junto a otra mujer menos citada, pero como ella tambin de Orgenes, nuestra querida Cleva Sols. El poeta peruano Carlos Germn Belli, al referirse a Fina la defini como “[…] una voz de la poesa latinoamericana y una escritora de direccin clara arraigada en la espiritualidad”. As como el cubano Roberto Fernndez Retamar reconoci que es “[...] una maestra tmida y de gran capacidad potica”. Porque si alguien, en la literatura cubana, puede sintetizar la pureza del idioma y la autenticidad entre las ideas y las palabras, y alcanzar desde s esa dimensin universal, esa es Fina Garca Marruz, quien en sordina escribe y late como un corazn, mientras sus lectores se multiplican y los jvenes, en especial, buscan sus versos, para establecer el dilogo con esta mujer, como tambin lo hacen con Dulce Mara Loynaz, dos de las mayores voces de las letras cubanas del siglo XX y de toda la historia literaria de la nacin cubana, a la que han dotado de expresin gracias a su palabra, sin olvidar que estamos ante una de las mejores y mayores ensayistas vivas de nuestra lengua. El premio Pablo Neruda que ser entregado por la presidenta de la Repblica de Chile, Michelle Bachelet, entre el 24 y el 25 de julio de 2007, durante el desarrollo de la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, es tambin un justsimo tributo a la literatura cubana en su plenitud, como uno de los subsistemas literarios que integran el sistema mayor de la literatura iberoamericana, en el cual Fina Garca Marruz alcanza relieve como sus iguales Jos Lezama Lima, Alejo Carpentier, Nicols Guilln, Dulce Mara Loynaz, Eliseo Diego, Virgilio Piera y Cintio Vitier, entre otros. Abrumada por el premio, Fina lo ha agradecido, no slo como un acto de naturaleza individual, de reconocimiento personal, sino como lo que es, un tributo a la imagen y a la metfora, al apelativo del verbo sustentado en el dilogo universal entre los seres humanos, desde el ncleo fundamental del amor

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180y de Dios que alimenta siempre su propia existencia. Tambin al valorar este lauro, entregado a la cubana Fina Garca Marruz, la ministra chilena Paulina Urrutia subray que en la eleccin “[…] se une el reconocimiento a una regin de Iberoamrica, a una mujer que ha sido parte de ella, y, por supuesto, a una poesa sencilla, simple, de gran contenido”, muy ligada a la obra y el espritu de quienes ha considerado sus maestros, el cubano Jos Mart y la chilena Gabriela Mistral. Obra que potencia el dilogo plural y la aceptacin de las alteridades en la construccin identitaria de las naciones y de la cultura, entre los pueblos iberoamericanos, la escritura de la poetisa y ensayista Fina Garca Marruz es tambin un aporte de las letras cubanas a ese universo humano e ideoesttico en pos de la paz y del amor, valores esenciales que sostienen tambin el legado de Pablo Neruda ante la especie y este planeta tan cuajado de odio y desamor, de guerra y de violencia.

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181 U na amiga querida llega a un aniversario redondo, un aniversario maduro y cargado de esencias. A su sombra, principiando los ochenta del pasado siglo, aument mis incompletos saberes, y ella, como para tantos otros, mucho antes y despus de aquellos das, fue como un hilo de Ariadna en el Laberinto de la Biblioteca. Y somos tantos los beneficiados y de varias generaciones y nacionalidades, con abrumadora mayora islea, claro est, que formaramos un pueblo de agradecidos de la luz. ¡Qu bueno que es una bibliotecaria cubansima de vocacin nunca desmentida, hasta hoy! ¡Qu bueno que nunca sucumbi a los ataques de la verde envidia! ¡Qu bueno que tampoco sucumbi a los reclamos de una promocin que la alejara de nosotros, los lectores! ¡Qu bueno que ha sobrevivido a las lloviznitas, los aguaceros y los huracanes! ¡Qu bueno que est aqu! Esta bibligrafa mayor del siglo XX cubano, acompaando laboriosamente a nuestra cultura, registrndola amorosamente durante dcadas y dcadas, silenciosa y atareada como la madre superiora en su convento –cito a Cintio Vitier–, le ha levantado un monumento bibliogrfico a Cuba sencilla y naturalmente, como hay que cumplir con el deber segn Mart. Y lo mismo socorre a un doctor de Harvard que a una guajira letrada de Vereda Nueva. Ella no repara en pequeeces. Lo mismo da tener ochenta aos que ser un adolescente. Y su bondad, su enorme bondad, le permite pasar del ms sofisticado servicio a un sabio de muchos merecimientos, venido de las mecas del saber, al servicio respetuoso y encariado de un lector, a todas luces deficiente mental, que ama tambin la biblioteca y sus libros, que viene a copiar la enciclopedia o a hojear siempre la misma revista. Yo lo he visto. Y para los ochenta, amiga ma, me guardo unos cuantos adjetivos ms que tengo guardados para la ocasin. ¡Felicidades por todo, gracias por todo! Araceli o de la Biblioteca Carmen Surez LenInvestigadora y ensayista

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182 N o se quiere lo que no se conoce, decan los antiguos; y de ser cierta esta sentencia, difcilmente mi vida se hubiese orientado hacia el magisterio, en torno al cual, sin embargo, ha girado y gira an, porque, dada la situacin socioeconmica y poltica del pas antes de la Revolucin, harto conocida y estudiada, y la de la escuela pblica en particular, no hubiera tenido ni la necesidad ni la oportunidad de probarme como maestro y descubrir lo que hoy reconozco como una vocacin raigal, generadora y unificadora de otros intereses. Nacido en 1942 (realmente en 1941) en la zona rural de Vega de Sam, Banes, provincia de Oriente, tuve la suerte de poder contar en perodos ms cortos unos, y ms largos otros con maestros competentes y abnegados, a quienes no he dejado de recordar con cario y agradecimiento en circunstancias especficas o en recuentos como este. Al estmulo y la generosidad de uno de ellos, Ulises Bov Castillo, ya fallecido, y por supuesto a la comprensin y el esfuerzo de mis padres, debo haber podido continuar estudios inicialmente hasta el cuarto ao de bachillerato en las ciudades de Banes y Holgun. A l agradezco palabras de aliento como las estampadas en una libreta al Primer Premio de Quinto Grado, donde reconoca mi esfuerzo y amor al estudio. Le debo tambin que, en un grupo donde haba otros valiosos condiscpulos, me seleccionara para participar en La Habana en los actos por el Centenario del Natalicio de Jos Mart, figura por la que siento profunda admiracin. Mi primera experiencia como docente tuvo lugar a los diecisis aos en la Escuela Rural N 38 Ana Lola Castillo, prxima a casa, en los meses finales de la lucha insurreccional. La peticin de tal desempeo me la hizo un maestro normalista de Holgun de apellido Ochoa, teniente de la Columna N 16 Enrique Hart Dvalos. l era el encargado por su mando de hacer cumplir en la zona la orden del comandante Ral Castro, jefe del II Frente Oriental Frank Pas, de que en los territorios liberados por el Ejrcito Rebelde continuaran las clases donde hubiera escuelas y se abrieran aulas donde no existieran. En mi caso, sustitua a la maestra propietaria que, al* Con la publicacin de este trabajo, la Revista le rinde homenaje al autor, fallecido el 17 de enero de 2007. De maestro primario a profesor de la universidad* Amaury B. Carbn SierraProfesor de la Universidad de La Habana

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183producirse los acontecimientos se hallaba en la ciudad. Fue una labor breve, hermosa, pero no exenta de riesgos. No exista ninguna garanta, ni la bandera blanca que izbamos, de que el Ejrcito del rgimen, en su rabia y desesperacin, no ametrallara la escuela. Mxime cuando la decisin de los padres de enviar sus hijos a clases, entraaba un apoyo a “los barbudos”, como cariosamente los llambamos entonces. Fue por ello que entre todos los vecinos hicimos un inmenso refugio que daba cabida a los aproximadamente cuarenta estudiantes. Recuerdo que ms de una vez, ante la cercana de las avionetas, tuve que hacerlos entrar en l, lo cual se realizaba disciplinadamente a pesar de la urgencia. Confieso que para m fue una difcil prueba no haber sido yo de los primeros en correr hacia su interior, y haberme mantenido afuera sereno hasta el final, cuando ya todos estaban dentro. Es decir, que tuve que empezar por ser maestro de m mismo y asumir otros riesgos cuando la columna se fue a la toma de Cueto y quedamos a expensas de las represalias de la guardia rural. Como la escuela era de seis grados, de ocho a diez de la maana atenda a los nios de primer grado, que eran los ms dependientes; y de diez a una, a los de segundo en adelante hasta el grado sexto. Por suerte, mi hermana Nancy conservaba algunas libretas de cursos anteriores, y por ellas dictaba mis lecciones. Trataba siempre de que todos estuvieran haciendo algo, y si se poda establecer alguna relacin entre los contenidos de un grado y otro, mejor. El material escolar lo facilit mi padre, dueo de una pequea tienda mixta, establecimiento muy caracterstico del “campo”, donde haba vveres y una pequea muestra de otros artculos, que alguien podra necesitar de apuro antes de ir a otra barriada o a la ciudad. As pues, con mayores deseos que posibilidades de hacerlo bien, cumpl con la tarea asignada, la primera en nombre de la Revolucin. De este modo, comenzaba por entonces a escala mnima a hacerse realidad en diferentes puntos de la isla el programa del Moncada. Consumado el triunfo revolucionario, me dirig a la Escuela Normal para Maestros de Holgun, pero en ese centro no tenan ninguna disposicin referida a los que fuimos maestros rebeldes, como se rumoraba, y por tanto continu el bachillerato. Vino luego la Campaa de Alfabetizacin y aunque perteneca a la Brigada Conrado Bentez, me vi obligado a regresar a casa al llamado de mi padre, quien haba quedado solo por el tratamiento, hospitalizacin e intervencin quirrgica de mi madre en la capital; por ello deb conformarme con ser Alfabetizador Popular de cinco personas en mi zona de residencia. Todava me asombro –aun en contra del consejo del poeta Horacio de no asombrarse de nada– de la rapidez con que aprendieron a leer y escribir, lo cual atribuyo a la euforia y pasin con que se vivieron esos aos. Al declararse el pas Territorio Libre de Analfabetis mo, la teacher Angustia, una de las responsables en la zona, me recomend a la Junta de Coordinacin, Ejecucin e Inspeccin (JUCEI) como maestro popular. Aprobado por esta, ocup el quinto lugar en el escalafn municipal con el que pude obtener en propiedad

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184la Escuela Rural N 52 Miguel Teurbe Toln de Bajo el Cerro, de Yaguajay. El salario era de $112.65 y el Ministerio de Educacin centralmente se encargaba de expedir el cheque al portador, que se cambiaba en cualquier tienda, slo con la firma. All era director de aula y maestro de primer grado. Otra maestra imparta por la tarde los grados restantes. Para llegar a esta escuela recorra diariamente a caballo por lomas y pendientes varios kilmetros, tal vez ms de diez. No recuerdo haber faltado a clases. nicamente la crecida del ro poda impedrmelo, no as el temor al fango y las tempestades u otras calamidades. Pero como todo tiene su lado bueno, aquella circunstancia me dio la posibilidad de usar como pares de medias las que en los ltimos aos haban quedado “viudas”, experiencia por la que muchos hemos pasado. Estaba convencido de que difcilmente quien al encontrarse conmigo y viera mis zapatos y mis medias por el lado del caballo al que se me acercaba, dara la vuelta por delante de este y mucho menos por detrs. Era, en fin, una oportunidad nica, que aprovech muy bien. Ya por entonces las medias y los pauelos, o mejor dicho, el derecho a un bono para su adquisicin, se otorgaban en las reuniones de los Comit de Defensa de la Revolucin (CDR) o en las de las asociaciones campesinas. Todava no se haba establecido la libreta de abastecimiento ni la de productos industriales. Recuerdo que en una ocasin, como si hubieran adivinado mis carencias, me lo concedieron a m, y no niego que me puse muy contento; al fin y al cabo era tambin un reconocimiento o consideracin por mi tipo de trabajo. Poco tiempo despus ramos los maestros los que entregbamos bonos para zapatos a los alumnos que ms los necesitaban. An conservo las listas de los beneficiados. Deficiencias metodolgicas aparte, que debo suponer o no ignoro, mi legado fue haber demostrado con mi presencia sistemtica en el aula un alto sentido de la disciplina y del deber, una gran responsabilidad, y en alguna medida, de espritu de sacrificio. Gestion tambin para aquella escuela tan apartada un mobiliario nuevo, que con mis propios recursos hice llegar all. ¡Qu distantes ya mis recuerdos en el tiempo, pero cun vivos an muchos de ellos! Por ostentar tambin lo que se llamaba el mejor derecho escalafonario, los dos cursos siguientes los desarroll en la ciudad de Banes mediante interinaturas en aulas de sexto grado de las escuelas Jos Tey y Frank Pas. En ellas me senta ms a gusto, pues los contenidos de las clases tenan un peso mayor y poda recorrer diversas asignaturas y temas de mi agrado, que saba les seran tiles a los alumnos en su vida diaria y en su comprensin del mundo, aun cuando no continuaran estudios, pues creo que todava no eran obligatorios o lo eran slo hasta sexto grado. Me refiero al Espaol, las Matemticas, la Historia de Cuba, la Geografa con la descripcin de las nubes, los volcanes, etctera, y otras materias ms. Rimaba para mis alumnos, como recurso mnemotcnico y su empleo en los matutinos, la biografa de Cspedes y otros mensajes educativos. Por ese tiempo fui dos aos financiero de 100% de cotizacin de una seccin sindical territorial que abarcaba escuelas del

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185centro y de varios repartos del pueblo, algunos distantes hasta tres kilmetros. Fue una verdadera hazaa. Pero no me falt apoyo en esta tarea, y sobre todo uno muy importante, el de una maestra que se ofreci como mi activista en el cobro de dos escuelas. No slo fue mi colaboradora, sino pocos meses despus mi esposa, mi pianista acompaante en las actividades culturales, y con el paso del tiempo la madre de mis tres hijos. Comenzaron a realizarse por aquella poca pruebas de nivel de sexto grado, una especie de examen estatal. Los temarios o cuestionarios eran aplicados nacionalmente por los inspectores, hoy metodlogos, y calificados por los maestros ms experimentados. Tuve la gran satisfaccin, tal vez la primera despus de mi buen desempeo como alfabetizador, de que en aquellos exmenes en los cuales no intervine para nada, mis alumnos obtuvieran muy buenos resultados y se me seleccionara maestro de los cursos de verano, algo que en nuestros das pudiera parecer insignificante, pero que en aquellos tiempos era para los iniciados un alto reconocimiento. Creo que esto, el volver a palpar los frutos del esfuerzo, influy decisivamente para que continuara en el magisterio, pero con otra perspectiva y me propusiera nuevas metas, como fue en 1964 mi osada presentacin a examen de oposiciones para cubrir una plaza de profesor de Espaol en Secundaria Bsica (¡quin podra imaginar eso ahora!), y cuatro aos ms tarde el traslado a La Habana con mi esposa e hijos (solo dos entonces y uno ms nacido all) para realizar estudios universitarios. Los aos que trabaj como profesor en la Escuela Secundaria Bsica Conrado Bentez, de Banes, fueron de entrega total a la Revolucin. La calidad profesional del claustro –algunos haban sido profesores mos en el bachillerato– y tambin la preparacin poltico-ideolgica y combatividad de varios de sus miembros ejercieron una estimulante influencia en m. Creo que como deca el poeta latino, me faltaran los das para enumerar... en mi caso, todo cuanto hice. Preparaba con un gusto extraordinario mis clases, que incluan la elaboracin de medios auxiliares, para lo cual me ayudaban mis estudios por correspondencia de dibujo y pintura y mis experiencias como rotulista y miembro de la Asociacin de Pintores de Holgun en tiempos de estudiante. Por esta habilidad y aficin me convert casi en el dueo de los murales y aport ideas para estimular la emulacin estudiantil, sobre todo en cuanto a la asistencia a clases. Considero que el logro mayor de la escuela entonces fue haber erradicado el fraude acadmico en todos sus aos y grupos. Tambin fund dos peridicos que yo mismo mimeografiaba, de los cuales vio la luz un solo nmero. Uno creo que se llamaba El Educador y el otro, El Divulgador Sindical. Como diez aos conserv ejemplares, hasta que me convenc de que ya haban cumplido su funcin en la escuela. Por los ttulos, ¡ya se los pueden imaginar!... Una alumna ma, que despus estudi ac en la Facultad, Marta Toro, recordaba una de mis iniciativas, la imagen de un nio bien sentado en su pupitre que yo colocaba en las aulas, con una rima sobre lo que era una obsesin entonces en Espaol:

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186“Cuando vayas a escribir/ cuida bien tu ortografa / y recuerda al comenzar / dejar margen y sangra”. Me preocupaba por mi autosuperacin, sin desatender lo dems, que era –dadas las circunstancias de aquellos tiempos– quizs ms urgente, y la complementaba con mi asistencia sistemtica a los cursos de superacin en la provincia. En la ltima evaluacin la profesora destacaba “mi perspicacia para la gramtica”, yo dira mejor, que mi sensibilidad para apreciarla y disfrutarla, al extremo de que muchos aos despus tuve una, la de Roca Pons, como libro de cabecera en una zafra. Llegu a dominar todos los contenidos del nivel e impartir los tres programas. Participaba en las movilizaciones de los estudiantes a la agricultura en el receso de Semana Santa y en otras, precursoras de la Escuela al Campo. Todo lo haca con mucha alegra, lo que me daba fuerzas para atender no slo varios grupos, sino impartir clases por la noche de superacin a trabajadores de la construccin y ser asesor de las clases que se ofrecan a estos por la maana, antes del inicio de la jornada laboral (1963-1964). Simultanear actividades era una urgencia del momento que muchos como yo asuman ante la necesidad de maestros generada no slo por la creacin de nuevas escuelas y la incorporacin masiva a las escuelas de nios de todas las edades, que haban dejado las aulas para trabajar o no podan asistir a ellas por otros motivos, sino tambin por la Campaa de Alfabetizacin, que tuvo continuidad en los cursos de seguimiento a los alfabetizados y paulatinamente en los de Educacin Obrera y Campesina, y luego de Secundaria Obrero Campesina, hasta llegar a los cursos de Facultad. Mi esposa, por ejemplo, trabajaba en una escuela primaria por la maana, en otra por la tarde, y al salir, atenda dos o tres horas la Biblioteca Municipal. Simultaneando fui tambin profesor en Secundaria Obrera (l964-1965) nada menos que de Matemticas, lo contrario de lo que enseaba por el da; asesor regional Nipe de las Escuelas ObreroCampesinas (EOC) entre 1965 y 1966; profesor de Espaol en sesin contraria en otra secundaria urbana, la Cndido Grass, y su director cinco meses por licencia de la titular; profesor por poco tiempo de los Cursos Dirigidos Industriales, e igualmente de la Escuela Bsica de Instruccin Revolucionaria (EBIR); y del curso a trabajadores de los centrales de la regin; tambin impart clases a dirigentes del Regional del Partido. Con ese c mulo de actividades pude llegar a ser vanguardia, a pesar de los mritos extraordinarios de otros compaeros como Ivn Thompson, que era todo un paradigma de maestro y revolucionario, e integrar desde su fundacin el movimiento de Activistas Pedaggicos y la Brigada Frank Pas del Llano, donde ocup responsabilidades. Igualmente fui profesor gua (instructor) de los Cursos de Superacin Educacional (ISE) en el curso 1967-1968 al tiempo que reciba clases superiores de ngel Prez, un hombre cultsimo como pocos, padre del profesor ngel Prez Herrero. Por otra parte, el trabajo sindical en la escuela y mi proyeccin en otras esferas propici que en el primer proceso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) “Que las masas elijan y elijan a

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187los mejores” me eligieran cuadro municipal no profesional y desempeara el cargo de divulgacin y propaganda en el nivel regional, donde no estaba cubierto. Me convert en corresponsal de las actividades obreras y sindicales (tres aos antes haba pasado un curso para ello), llen la ciudad de vallas y carteles con la propaganda que se me orientaba, e influ para que los reconocimientos fueran las Obras completas de Jos Mart y banderas cubanas. Haba integrado la Defensa Popular y, posteriormente al reestructurase esta, me hicieron, al menos en la prctica, no s si en papeles, oficial de operaciones de la reserva de la Divisin de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) por mi aptitud y disposicin para ese tipo de trabajo. Con este aval llegu a La Habana en julio de 1968. No dispona de mucho tiempo para matricular la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispnicas, pues era el da de cierre del plazo en la Escuela de Letras y de Arte (hoy Facultad de Artes y Letras). La secretaria general Yolanda Montan me dio la oportunidad de traer ms adelante de Oriente o pedir all los documentos que me faltaban. Me aconsej, sin embargo, que examinara todas las asignaturas de ciencias y letras, y no slo las pendientes del bachillerato, ya que se promediaban en una calificacin nica, y eso me hara ms fcil el trmite. As lo hice. Haba una prueba de seleccin para todos los aspirantes, la cual consista en un dictado y una composicin sobre un tema de actualidad: los sucesos en Checoslovaquia. De aplicar estos ejercicios, se ocup el doctor Salvador Bueno. En los cristales de la Secretara aparecan las listas de los aprobados. Mi esposa era quien miraba si mi nombre apareca en ellas, y luego yo me atreva a confirmarlo con mis propios ojos. El mismo temor y ansiedad experiment cuando aparecieron los otros listados. Despus vendra el anuncio para la entrevista, que la hacan un profesor y dos representantes de las organizaciones juveniles. Fue entonces cuando conoc no slo a la doctora Mirta Aguirre, con quien me relacionara ms cuando ella era miembro del Consejo Asesor del Ministro de Cultura y yo, el secretario de actas; sino tambin a Marina Esturo Carbonell, mi profesora ms tarde en el curso introductorio, y a Adolfo Cruz, a quien atend cuando imparti como adjunto Latn en Lenguas. La entrevista fue breve y cordial y al trmino, la doctora Aguirre expres su conviccin de que por todo cuanto yo me haba esforzado hasta ese momento y mi vocacin, llegara a ser profesor de la escuela. Esto lo supe por Marina, y mucho despus por ella misma que, no obstante, me record ms de una vez que tena una plaza para m en el Instituto de Literatura y Lingstica que diriga. Ofrecimiento semejante debo agradecer, tambin como un halago y un reconocimiento a mi trabajo, al licenciado Pablo Pacheco desde que era director del Instituto Cubano del Libro y despus del Centro de Investigaciones Juan Marinello. La primera oportunidad de dar clases en un aula de la Facultad me la ofreci la propia doctora Aguirre en 1970 y fue como profesor de Gramtica espaola en el curso introductorio de la Facultad de Humanidades, que coordinaba o diriga la profesora de Historia Leonor Ama-

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188ro. Tres alumnos mos de aquel curso fueron despus profesores de la Universidad. No tuvimos mi esposa y yo ninguna dificultad en conseguir trabajo de inmediato. La doctora Olga Vilas, comprensiva y amable, la ubic a ella en la Secundaria Bsica Camilo Cienfuegos, de Lawton, cerca del apartamento donde bamos a residir mientras cursara los estudios; a m, en la Pablo de la Torrente Brau, de Mantilla. Lamentablemente el Regional de Educacin de 10 de Octubre no pudo cumplir su palabra y garantizarme el horario de la tarde a partir de la una o una y media para que asistiera a la Universidad (las clases comenzaban a las 2:45 p.m.), creo que era mucho pedir. Ante tal contratiempo irresoluble e imprevisto, me vi obligado dos o tres meses despus, a solicitar mi liberacin y acogerme a la Resolucin 258 de la CTC, en lo que cont con el apoyo de tres inolvidables compaeras. Logr, sin embargo, que se me autorizara a hacer sustituciones en la escuela de mi esposa. De esas incursiones mas ocasionales qued la huella, al menos, en dos profesionales que asombrosamente me reconocieron muchos aos despus: uno, convertido en maestro; otra, en estomatloga. Concluidos los dos primeros aos de la carrera, opt por la Licenciatura en Lenguas y Literaturas Clsicas, como lo haban decidido ya mis compaeros y amigos ngel M. Roda Rial, Ester Noval Viqueira y Emilio Snchez Cartas, que por diferentes caminos, llegaron a ser profesores de la Universidad. En diciembre de 1971 la seccin de Clsicas me nombra alumno ayudante de Latn, y comienzo a prestar servicio en el tercer ao del curso regular diurno de la Facultad de Espaol del Instituto Superior Pedaggico Enrique Jos Varona (ISPEJV), que funcion un tiempo en el edificio Lasso de la Vega, de Miramar, y posteriormente en otras instalaciones de Ciudad Libertad. Me he sentido siempre satisfecho de haber contado con muy buenos alumnos all, algunos de los cuales integran el claustro de aquel centro, en el que me mantuve hasta enero de 1974, y con el que no he dejado de mantener vnculos estrechos, aunque no ya tan sistemticos. Al mismo tiempo explicaba Latn al curso para trabajadores (CPT) y Gramtica espaola a Letras y por la noche a Lenguas Extranjeras, donde entre otros amigos, fueron discpulos mos Natalia Revuelta, Elsa Hernndez Costales y Adigio Bentez, quien ocup cargos como yo en el Consejo Nacional de Cultura. Durante los cinco aos de estudiante asist a la Escuela Militar de San Jos de las Lajas y a la preparacin militar de la Universidad, y particip en la investigacin socio-cultural en el Escambray, en las movilizaciones a la agricultura, principalmente en el Plan Pltano de Artemisa y las zafras de 1970 y 1971 en Aguada de Pasajeros y en el Central Espaa Republicana, respectivamente; sin contar los trabajos de fines de semana y nocturnos en los muelles, en la imprenta P. Fernndez, en las fbricas de jabn y varios productos ms y en la Elio Llerena de artculos de aluminio, entre otros. Todo esto requiri un esfuerzo familiar grande, pues tenamos tres hijos menores y mi esposa trabajaba. Vicepresidente de la Federacin de Estudiantes Universitarios (FEU) de la

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189escuela al separarse esta organizacin de la Unin de Jvenes Comunistas (UJC), fui tambin elegido joven ejemplar, y en 1973, en reunin presidida por la doctora Iraida Rodrguez, directora de la escuela, el ms destacado de los graduados integralmente. Aunque haba sido asignado a la Universidad al igual que Romualdo Santos, Abel Prieto y algunos compaeros ms, casi al concluir el semestre nos informaron que el Ministerio de Educacin nos haba ubicado en otros organismos. Por esta razn integr, primero como asesor y meses despus como subdirector, la Direccin de Literatura del Consejo Nacional de Cultura (CNC), dirigida por el poeta, diplomtico y ex profesor de la Universidad Adolfo Mart Fuentes. No puedo dejar de decir, al menos de paso, aunque se aleja de mi relato, que mucho aprend all de l, de otros valiosos compaeros, y de mi relacin con escritores de todo el pas, miembros de la Unin de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de los Talleres Literarios. No obstante, continu impartiendo Latn por las noches en la Universidad, incluso en los aos 1976-1977, cuando me incorpor a la microbrigada de Cultura en Alamar, donde trabajaba diez horas diarias y me desempe como jefe de personal del Prefabricado Girn, director de la micro durante dos meses, y obrero, ayudante de albail, durante un ao. Como tal fui seleccionado trabajador ejemplar e ingres en el Partido Comunista de Cuba. En una de sus escuelas del municipio Plaza result el Mejor Estudiante del curso, que estaba a cargo del mdico y profesor Alejandro Parisi, una persona extraordinaria. En ese perodo de seis aos que se extiende de 1974 a 1980, cuando pas a trabajar a tiempo completo en la Universidad, aparte de mis funciones en el CNC y en el Ministerio de Cultura (MINCULT), defend el trabajo de grado “La Latinitas” que no haba sido requisito al graduarme; continu enseando Latn en el curso para trabajadores de las escuelas de Letras y Arte, y de Lenguas Extranjeras, y en el curso regular diurno de Letras; al tiempo que fui asesor de cuatro profesores que impartan Latn, y tutor de una alumna ayudante. Obtuve la categora docente principal de instructor adjunto y, a peticin de la doctora Mara Castro, jefa del departamento, redact las Orientaciones metodolgicas de Latn II (1978). Por otra parte, viaj a la URSS al frente de una delegacin de escritores; fui jurado de los concursos nacionales “La mujer en la Revolucin”, en reportaje televisivo, y “La Edad de Oro” en msica (letra de cancin), cuyo premio lo obtuvo Guido Lpez Gaviln; as como en concursos municipales y provinciales de talleres literarios. Asimismo, presid la Comisin de Divulgacin de la Esfera del Libro del Ministerio de Cultura, encargada de los Sbados del Libro; sustitu durante trece meses a Mayra Aguilera, jefa del Departamento de Promocin, el cual atenda las ferias del libro y exposiciones nacionales y en el exterior, actividades en que conoc y tuve el apoyo de muchos amigos y amigas, que mi corazn deseara nombrar; integr ms de un ao el Comit Preparatorio del Bur Sindical y, a peticin e insistencia de Antonio Nez Jimnez y con su colaboracin,

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190traduje del latn en 1979 un extenso poema renacentista y otros textos neolatinos relacionados con Cuba, que fueron el inicio de mi ya larga actividad como traductor, que culmin recientemente con la localizacin y traduccin del latn de la Metafsica de Flix Varela de 1812, dada por perdida. Durante los ltimos veintisis aos, dedicados por entero a la Universidad, he logrado mi realizacin completa como profesional. Aadiendo poco a lo poco, como aconsejaba Hesodo, he hecho mucho ms de lo que hubiera pensado o me hubiera propuesto en cada una de las etapas de mi vida. Lo primero fue robustecer mi formacin con la matrcula y evaluacin de numerosos cursos de postgrado, estudios y entrenamientos, impartidos en la facultad, los cuales suman la elevada cifra de cuarenta y cinco, de ellos cinco ofrecidos por profesores de universidades de Pars, Salamanca, Madrid, Barcelona y Valencia. De esos cursos y de las investigaciones por plan, principalmente sobre la tradicin clsica y el neolatn, y de estancias en Espaa y Mxico, se han derivado treinta y cinco ponencias en eventos cientficos nacionales e internacionales, seis de ellos realizados en el extranjero; ms de 150 publicaciones en revistas, folletos y libros colectivos, veinticuatro de ellas en seis pases (Argentina, Brasil, Mxico, Estados Unidos, Espaa y Blgica), las cuales comprenden artculos, traducciones del latn, orientaciones metodolgicas, glosarios, reseas... Fruto de todo ello ha sido, directa o indirectamente, mi tesis de Doctorado en Ciencias Filolgicas El latn en Cuba defendida en 1995, destacada de Universidad, mencin anual de la Comisin Nacional de Grados Cientficos, en 1996, y Premio Anual de la Academia de Ciencias de Cuba en 1999; y otros cuatro premios, dos en colaboracin; cuatro menciones, dos como coautor, una de ellas en el Premio de la Crtica Mirta Aguirre, y cuatro recomendaciones. A ello debo agregar las conferencias dictadas en Mxico, Italia y Espaa. Docentemente, transit por las categoras de asistente (1983), profesor auxiliar (1987), y profesor titular en el 2006. He impartido seis asignaturas de pregrado en la Facultad de Artes y Letras, y adems prestado servicios en las de Lenguas Extranjeras y Filosofa e Historia de la Universidad de La Habana, en la Facultad de Espaol y Literatura del ISPEJV y en la Facultad de Msica del Instituto Superior de Arte. Desde hace ms de una dcada he impartido un curso libre de Introduccin al latn en Extensin Universitaria, continuado luego en la Oficina en Cuba de la Unin Latina, e intervenido en ciclos de conferencias magistrales. He tenido a mi cargo seis asignaturas en la Maestra en Filologa y Tradicin Clsicas, de cuyo Comit Acadmico soy miembro, dos diplomados, cursos de postgrado y entrenamientos. He sido tutor de adiestrada, alumnos ayudantes, alumnos de alto aprovechamiento, tutor de trabajos de diploma y de curso, tesis de maestra; consultante, oponente y miembro de tribunales de trabajo de diploma, de trabajos de curso y tesis de maestra, del tribunal de examen estatal del Pedaggico, de doctorados, como integrante del tribunal nacional permanente del grado de doctor en

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191Ciencias Filolgicas y el de mencin en Lingstica Hispnica, exmenes de mnimo de idioma espaol y categoras docentes de asistente e instructor, y del tribunal de la municipalizacin. Desde el 2004 soy miembro del Consejo Universitario de Postgrado. Paralelamente me he desempeado como segundo jefe del Departamento de Lingstica y Letras Clsicas durante siete aos y jefe dos aos de l y de la ctedra de Filologa y Tradicin Clsicas; profesor principal del colectivo de Letras Clsicas (1989-1996) y jefe de la disciplina de Letras Clsicas desde 1989, ao en que elabor los diecisis programas del Plan de estudios C y dos Orientaciones metodolgicas de Latn III y IV en colaboracin; profesor gua y coordinador de ao durante dieciocho aos; miembro de la Comisin de Carrera de Letras (2000-2002); presidente y miembro de los Tribunales de Exmenes de Ingreso a la Educacin Superior por ms de diez aos; miembro de la Comisin Nacional de los Pedaggicos del Ministerio de Educacin, que elabor planes y programas de Espaol (1989); miembro de la direccin del ncleo veintitrs aos consecutivos, aparte de otras tareas; miembro designado del Consejo Cientfico de la Facultad de Educacin a Distancia desde hace dieciocho aos; fundador y miembro de las Ctedras Martiana y Camila Henrquez Urea de la Universidad de La Habana (1984) y de la Asociacin de Lingistas de Cuba, de la que soy jefe de la seccin de Letras Clsicas e Indoeuropeo; miembro del Comit Nacional para la Olimpiada Cultural (2003-2004); del Grupo de Estudios Helnicos; de la Sociedad Internacional de los Amigos de Kazantzakis; miembro de la Seccin de Traduccin Literaria de la Unin Nacional de Escritores y Artistas de Cuba desde 1999; vicepresidente desde 1996 de la Sociedad Cubana del Libro (SCAL), que preside la doctora Mara Dolores Ortiz; colaborador del Centro de Estudios Martianos; miembro fundador de la Sociedad Cultural Jos Mart; miembro de la International Association for Neo-Latin Studies desde 1997, en dos de cuyos congresos (vila y Bonn) he participado. He sido, adems, editor-jefe de la revista Universidad de La Habana (1992-1997) dos de cuyos nmeros recibieron premio universitario de Investigaciones; y subdirector del Cuaderno Patria de la Ctedra Martiana desde 1999; jurado de los Seminarios Juveniles de Estudios Martianos de Facultad, Universidad, Municipio, Provincia y Seminario Nacional; jurado del Concurso 13 de Marzo de Extensin Universitaria en 1995 y 1997; del Concurso 27 de Noviembre de Ciencias Mdicas de 1991; jurado de los Encuentros Debates Nacionales de 1983, 1984 y 1995; jurado del Premio Nacional de la Crtica (1993); jurado del Premio Nacional de Traduccin Literaria Jos Rodrguez Feo de la UNEAC, 1998; jurado del Premio Panlatino de la Unin Latina y la FLEX (1999). He colaborado en Radio Rebelde en la seccin “Y me hice maestro” (1999-2001) de la Revista Cultural As, en el documental Motos de Jean Padrn, y con numerosos especialistas e instituciones en la traduccin o revisin de frases latinas, glosarios, poemas, texto de canciones,

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192escrituras de propiedad y otros documentos, varios de ellos dados a la luz en libros y revistas por crticos, novelistas, y editores (Margarita Mateo Palmer, David Curbelo, Ana Cairo, Rolando Rodrguez, Guillermo Rodrguez Rivera, Virgilio Lpez Lemus, Esteban Llorach, y otros). He colaborado asimismo con el grupo Ars Longa y con la revista Opus Habana En la Emulacin Sindical y la estimulacin institucional, he obtenido dos premios de Universidad; he sido veinte o ms veces destacado de Facultad, y muchas ms de departamento; destacado Alma Mter en tres ocasiones, Vanguardia de Facultad en 1983, y Destacado provincial del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educacin, la Cultura y el Deporte (SNTECD) en el 2000. He recibido ocho condecoraciones de carcter nacional, entre ellas, para no relacionarlas todas, la Medalla de la Alfabetizacin y las Distinciones Jos Tey, Por la Educacin Cubana y Por la Cultura Nacional, as como el Sello 270 Aniversario de la Universidad. Se me ha concedido en cinco ocasiones el Premio para un Maestro de la FEU, que me estimula una y otra vez a seguir esforzndome, y en el vigsimo aniversario de la fundacin de Alamar, fui reconocido como Vecino de Honor por el Poder Popular Municipal. Por ltimo, como agradecimiento por la colaboracin que he prestado vertiendo al latn o revisando sinopsis de plantas en esa lengua a especialistas de distintos organismos, uno de ellos, Rafael F. Castaeda Ruiz, del Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical Alejandro de Humboldt, bautiz en 1986 una especie de hongos con el nombre de Physalidium Carbonis, gesto que mucho le agradezco En resumen, mi vida no ha sido slo la ma, pues son muchos los que pueden contar historias similares, sino un ejemplo, uno ms, del quehacer de miles y millones de personas que hemos vivido en Cuba en el largo perodo de transformaciones y logros que ha sido la Revolucin. En latn: tempus faciendi (poca de creacin).

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193 La luz del museo Mario A. Padilla TorresHistoriador e investigador U n museo emana luz y hace ver elementos que nunca imaginamos o no comprendamos. Al alumbrarnos, su esencia esttica aparece y si nos adentramos sentimos el momento de lo que observamos. Es un gigante espiritual que transmite ideas, pasado, presente, crea parte de las bases de los valores morales e impulsa al ser humano a reconocer virtudes pretritas para emplear en la actualidad. Est asociado a la identificacin del hombre con la cultura, brillando porque nos presenta el valor testimonial y las evidencias como patrimonio. Segn los estudiosos de la Museografa, el origen histrico fueron los museion, donde se recogan los conocimientos de la humanidad. Dicen que era un conjunto de edificios construidos por Ptolomeo Filadelfo en Alejandra (siglo III a.n.e.) organizados sobre un abanico de programas, el cual inclua colecciones, jardn botnico, salas de trabajo y estudio, biblioteca, anfiteatro, observatorio y otras actividades. Lo cierto es que hasta nuestros tiempos, el museo representa un sol cultural. John Cotton Dana, fundador del Museo de Nework, en Nueva Jersey, en 1909 expresaba: “Un buen museo atrae, entretiene, despierta curiosidad, conduce al cuestionamiento y, por ende, estimula el aprendizaje”. Tales observaciones tienen una gran vigencia, pues nos ratifican las palabras de algunos de nuestros dirigentes y especialistas sobre el papel de esta institucin como creadora de fuente de valores. Un museo es de por s un recinto de reflexin. Al llegar a l se produce una atraccin espiritual que se traduce en el conocimiento de algo ya sea tcnico, poltico, econmico, social o deportivo y, cuando observamos sus exponentes, vemos fotos, videos o tomamos un libro, sentimos el pasado y entonces lo cognitivo se une al sentimiento y el cerebro habla junto al corazn. Al museo lo podemos definir con muchas palabras o categoras, as por ejemplo el Consejo Internacional de Museos (ICOM) fundado en 1947, lo define como “[…] una institucin permanente, sin finalidad lucrativa, al servicio de la sociedad y su desarrollo, abierto al pblico, que adquiere, conserva, investiga, comunica y exhibe para fines de estudios, de educacin y de deleite, el testimonio material del hombre y su entorno”. Como podemos apreciar, el museo no debe ser algo esttico, ortodoxo, sus especialistas tienen que brindar creatividad, propiciar estudios investigativos y transmitir la dulzura de lo expuesto, pues aunque la fuerza de los objetos, fotos y videos por s solos nos presentan un modelo, es el hombre con su emocin el que le da vida. La existencia del museo no puede reducirse a cuatro paredes; sacarlo, enviar sus riquezas hacia otros lugares transitoriamente, ya sea el exponente

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194real o virtual, es una forma de mantener vivo el patrimonio que atesora. Visitar esos centros llenos de historia y espiritualidad es propiciar el desarrollo de la inteligencia, es favorecer el proceso de anlisis, es cultivar y recoger frutos. Un museo es un alma a descubrir, es como el sol, porque tiene su propia luz.

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195 Mart: ayer, hoy y siempre Jess Dueas BecerraCrtico y periodista“Es ley que en el hueco del rbol en que se posa el guila anide la serpiente”. JOS MART V er para creer” es una frase antolgica atribuida por la historia del cristianismo a Santo Toms, uno de los doce apstoles que siguieron a Jess, abrazaron y difundieron la doctrina del mesas. No s por qu curiosa asociacin libre, cuando vi en la pantalla de mi ordenador el artculo “Enterrar a Mart”, del periodista Alejandro Armengol, publicado en la edicin digital del diario The Miami Herald, acudi a mi memoria esa frase del santo catlico, porque si no lo hubiera visto… jams hubiera credo que un cubano, nacido en la mayor de las Antillas, pudiera atacar con saa a Jos Mart1 y pedir con gritos histricos que quienes viven en las entraas del monstruo y en el indomable caimn caribeo destierren el vigente pensamiento martiano y sepulten en los ms oscuros rincones del inconsciente freudiano a quien, a cambio de nada material ni gloria alguna, luch hasta el final de su fecunda vida no slo por la independencia de Cuba, sino tambin porque Nuestra Amrica se emancipara del poderoso vecino del norte y la humanidad fuera libre de pensamiento y de espritu, que es, segn el Maestro, la verdadera libertad. Es osada (o mejor, bien pagada) la pluma de ese periodista, porque ni los ms reaccionarios defensores del colonialismo espaol, ni los idelogos del imperialismo yanqui se atrevieron a estigmatizar a quien se ha hecho “[…] inmenso contemplando la inmensidad”.2Ahora bien, cul es la gnesis de ese furibundo ataque contra la vida y la obra de Mart, quien, por derecho propio, ocupa un lugar sagrado en la mente y en el alma de generaciones de cubanos que, desde lo ms hondo de su yo patritico, aman y respetan la venerada memoria del Apstol? Muchas y variadas podran ser las respuestas a esa pregunta: Ser, acaso, que las diatribas contra el Hroe Nacional de la Repblica de Cuba estn incluidas en los ochenta millones de dlares que aprobara la administracin republicana del presidente George W. Bush, para facilitar

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196la “tran sicin hacia la democracia” (estilo made in USA, cul si no?), en la isla caribea? Si esas saetas envenenadas son parte de un macabro plan de desestabilizacin ideolgica dirigido con tra quienes vivimos, amamos y creamos en la codiciada Llave del Golfo, cabra preguntar si no les fue suficiente a los enemigos del pueblo cubano el escndalo desencadenado en Miami como consecuencia de la prostitucin periodstica en la que estn involucrados “ilustres” columnistas de The Miami Herald y el Diario de las Amricas, papagayos del imperio que reciban miles y miles de dlares por desacreditar los logros sociales de la Revolucin cubana y ridiculizar la labor de los cientficos, intelectuales y artistas caribeos, tanto en el territorio nacional como en los ms apartados sitios del planeta, a donde llevan vida, salud, educacin y cultura, o sea, el mensaje de amor, paz y solidaridad humana que los caracteriza e identifica. Estar el periodista Alejandro Armengol en la nmina de los asalariados del gobierno estadounidense? O es que olvid que el servilismo NO forma parte del cdigo tico que regula el ejercicio de nuestra profesin, porque, segn Mart, “[…] nada lastima tanto como un ser servil; parece que mancha; parece que hace […] dao”;3 en consecuencia, deja en el alma de la persona servil dos secuelas principales: “[…] la una es que la priva de la paz espiritual y la otra es que el alma se cansa, atormenta, oscurece, ensucia, enflaquece y llaga”.4Otro antecedente de esa iracunda reaccin contra el fundador del peridico Patria podra estar relacionado con la publicacin en Miami del libro Los seis grandes errores de Mart, del doctor Daniel Romn,5 quien se dedic “[…] a escudriar con mirada avara en la obra bella [de Mart] los [supuestos] lunares y manchas que la afean”,6e incluso afirm que el Mayor General del Ejrcito Libertador “[…] se suicid el 19 de mayo de 1895 al ofrecer deliberadamente su pecho a las balas espaolas […]”.7Los “lamentables errores” imputados a Mart por el tambin psiclogo clnico, historiador, telogo y periodista cubano-americano fueron refutados con argumentos irrebatibles por el profesor Paul Estrade,8 eminente catedrtico de la Universidad de Pars VIII, y por el autor9 de este artculo…, pero, al parecer, Armengol busc un punto de apoyo en ese libro, para fustigar el legado patritico y antimperialista dejado a la humanidad por el espritu ms libre y puro que ha conocido la Historia. Otra posible explicacin a ese furibundo ataque contra la figura del Apstol podra ser el odio y el resentimiento que sienten los anexionistas de nuevo cuo por NO poder morder la anhelada “fruta madura”, cuya semilla de la dignidad la defendern once millones de espinas que se atravesarn en la garganta del monstruo imperialista y de los buitres que osen posar sus garras en esta bendita tierra, que siempre estar abierta al entendimiento con el otro…, pero jams a la sumisin y el entreguismo. Por ltimo, estoy de acuerdo con las conclusiones a las que llegaron los intelectuales martianos, presididos por el jurista Armando Hart Dvalos, director de la Oficina Nacional del Programa

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197Martiano, el poeta y ensayista Cintio Vitier y el historiador y escritor Eliades Acosta Matos, director de la Biblioteca Nacional Jos Mart, en su enrgica respuesta a quienes aspiran a enterrar a Mart: hay que dar divulgar muchsimo ms la vida y la obra del hroe de Dos Ros para que en todas partes del orbe se conozca al dedillo la herencia intelectual y espiritual legada por Jos Mart a la humanidad. No quisiera finalizar este artculo sin antes recordarle al periodista Alejandro Armengol que “[…] el respeto a [quien] lo merece honra al que sabe respetar”10 y “[…] el que respeta se honra tanto como el respetado […]”,11porque “[…] no hay tormento mayor que escribir contra el alma, o sin ella”.12Notas1 Mart, Jos. Obras completas. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1975. 28 t.2 Batlle, Jorge Sergio Jos Mart: aforismos. La Habana: Centro de Estudios Martianos, 2004. p. 182.3 Ibdem: p. 353.4 Dueas Becerra, Jess. En defensa de la flor. Vivarium (La Habana). 23:55; 2005.5 Romn, Daniel. Los seis grandes errores de Mart. Miami: Ediciones Universal, 1993.6 Batlle, J. Op. cit. (2). p. 87.7 Estrade, Paul. De la discrepancia en la investigacin martiana (a propsito de un libro de Daniel Romn). Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart (La Habana) 95(1-2):57; 2004.8 Ibdem, pp. 54-67.9 Dueas Becerra, Jess. Mart suicida? Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart (La Habana) 97(3-4):179-182; 2006.10 Batlle, J. Op. cit. (2): p. 345.11 dem.12 Mart, Jos. El periodismo como misin. La Habana: Editorial Pablo de la Torriente, 2002. p. 378.

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198 E n mi niez, cuando comenc a transitar por el mundo del arte y de la cultura, al abrigo de mi madre, quien amante de la msica y del teatro cultiv la amistad de notables figuras como los maestros Gonzalo Roig y Ernesto Lecuona, crea que en planos de igualdad la creacin artstica y la calidad humana iban al unsono. Muchos aos despus, luego de haber interiorizado la experiencia, y de cultivar yo misma el ejercicio intelectual, sigo apreciando el talento de los hombres y las mujeres que se dedican al arte y la literatura, aunque sin aquella dosis de ingenuidad infantil. Por eso, cuando descubro ejemplares como Zoila Lapique, a quien conoc en mi adolescencia en los salones de la Biblioteca Nacional Jos Mart me admiro, y recobro aquella fe que entonces sola generalizar, porque veo cmo una de las ms laboriosas e inteligentes bibligrafas cubanas, una de nuestras ms autorizadas voces en el campo de la investigacin sociocultural e histrica es, tambin y sobre todo, un ser humano de enorme generosidad que abre su espacio, entrega su tiempo y sus conocimientos a cuantos lo demandan, como lo hizo desde su juventud aquel buen amigo que fue Panchito Prez Guzmn. Quizs en esta sntesis de amor y trabajo, de bondad y erudicin est la clave de la maestra de Zoila, quien ha sido laureada por la obra de su vida con el Premio Nacional de Ciencias Sociales, y a quien debemos ms de un ttulo imprescindible para el estudio de la cultura cubana desde sus orgenes coloniales. En la pasada Feria Internacional del Libro, y publicada por las Ediciones Boloa, de la Oficina del Historiador de la Ciudad, se present una nueva investigacin de esta incansable cientfica y humanista que cuenta ya con setenta y seis aos de plena lucidez. Me refiero al volumen Cuba Colonial. Msica, compositores e intrpretes obra de Zoila Lapique Becali que bien merece el calificativo de monumental, pues abarca casi cuatro siglos de la msica escuchada y producida en nuestro archipilago desde 1570 a 1902, y que incluye adems como valor aadido las principales y ms antiguas partituras. El libro se enriquece tambin con un grabado (xilografa) aparecido por primera vez en La historia del Novo Mondo de Girolamo Benzoni, publicada en Miln en 1565 y que da a la edicin el sentido espiritual de su autora, quien para realizar su escritura debi laborar casi dos dcadas entre publicaciones peridicas, partituras, sin desdear fuentes orales, lo cual viene acompaado, desde su rigor intelectual, La maestra de Zoila Lapique Mercedes Santos MorayPoetisa, novelista y ensayista

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199tambin de una valiosa bibliografa que hacen de este texto capital de nuestras Ciencias Sociales una obligada obra de consulta. Msica, compositores e intrpretes es un estudio que aborda desde sus semillas, el horizonte de la expresin ms genuina, masiva y popular de la cultura cubana, la msica y en l aparecen diferentes niveles y referentes como la cancin popular y el teatro bufo, tan importante para la escena cubana, los carnavales y tambin aquellas ya desaparecidas academias de baile, todo engarzado desde un montaje histrico que permite introducirse al lector en el complejo psicolgico y social de la cultura cubana en su construccin identitaria.

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200 Alegras y penas siempre unidas Marta B. ArmenterosEditora H ace veintisis aos que trabajo en la Biblioteca Nacional Jos Mart y ello me ha permitido admirar y relacionarme con personas de gran valor humano e intelectual como la doctora Araceli Garca Carranza y los doctores Emilio Setin, Jess Dueas y Amaury Carbn Sierra. En primer lugar me referir a la doctora Araceli, quien este ao cumple cuarenta y cinco aos de su llegada a la institucin, hecho que ella describi de la siguiente manera: “Rompiendo, no s cmo, con mi timidez de siempre, fui a la Biblioteca y ped ver a la doctora Mara Teresa Freyre de Andrade. Ella me recibi, no recuerdo exactamente el dilogo, pero me acept. A los dos o tres das, el 1 de febrero de 1962, empec a trabajar en la Biblioteca”.1Su presencia en el centro ha permitido que la Biblioteca Nacional de Cuba pueda contar entre sus trabajadores con la primera bibligrafa del pas del siglo XX y una de las ms importantes en este campo a nivel internacional. Su labor ha sido reconocida con innumerables premios, pero recientemente, el 15 de marzo, durante la celebracin del evento “Del papiro a la biblioteca virtual” en la Casa de las Amricas, la Asociacin Cubana de Bibliotecarios (ASCUBI) y la biblioteca de la Casa… le hicieron un reconocimiento pblico por la obra de toda su vida en el campo de la Bibliotecologa y la Bibliografa. Tambin el 6 de abril la Sociedad Cultural Jos Mart, con motivo del cincuenta aniversario del entierro de la Constitucin por los estudiantes universitarios, le entreg el diploma “La utilidad de la virtud” por su encomiable quehacer, en acto celebrado en la Fragua Martiana, centro que tambin recibi tal distincin al igual que a la escultora Thelvia Marn. Asimismo, el doctor Emilio Setin Quesada, comprobado investigador de la actividad bibliotecolgica y trabajador durante aos en la Biblioteca, quien posee una obra amplia publicada en Cuba y otros pases y que tambin ha recibido diversos premios por su tenaz e importante labor, recibi el mismo homenaje que Araceli en la Casa de las Amricas. Ambos son exponentes de los valores intelectuales de la institucin y contribuyen a que sea uno de los ms importantes centros culturales del pas. Igualmente, Jess Dueas, un colaborador asiduo de la Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart y del boletn electrnico Librnsula, quien se ha convertido en el divulgador mayor de las actividades de la Biblioteca y que, por tanto, aunque no aparezca en la plantilla, s es un trabajador ms en alma y corazn, recibi un reconocimiento por su destacada labor en la divulgacin de las tareas cientficas, polticas y culturales del Hospital Psiquitrico de La Habana doctor Eduardo Bernab Ordaz, donde breg durante aos. Este psiclogo, periodista y promotor cultural es autor de dos libros dedicados a la danza, en particular al ballet: La danza

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201vista por un psiclogo (2004) y La danza vista por un crtico teatral. Arte danzario y periodismo cultural (2006). Pero entre estas alegras llegan las penas, pues el 17 de enero falleci el doctor Amaury Carbn Sierra, al cual me uni una bella relacin profesional por sus colaboraciones con esta Revista y para la que he recibido su trabajo “De maestro primario a profesor de la Universidad”, texto que es una pequea autobiografa de un hombre tan lleno de virtudes y mritos, pero a la vez tan sencillo, humilde, amable y todos los adjetivos que califiquen la bondad. Cuando recib la noticia de su muerte, sufr un fuerte impacto, pues no imagin que alguien como l, en plena capacidad intelectual, pudiera desaparecer fsicamente. Ahora la Revista no tendr sus colaboraciones, principalmente para la seccin “Documentos raros”, pero nos sentimos orgullosos de haberlas tenido y que seguirn siendo tiles. Una “personalidad” de la Biblioteca, quizs no en el mbito puramente intelectual, tambin nos dej el 7 de julio de este ao: Iluminada Castaeda Martnez, que fue un ejemplo para todos, pues lleg a la institucin limpiando pisos, y con la ayuda de muchas personas estudi el tcnico medio en Bibliotecologa y fue una de las importantes trabajadoras de los Fondos Bibliogrficos. Ilu, con su cuerpo rollizo y su andar peculiar, siempre ser recordada. Asimismo este primer semestre del ao ha sido de grandes cambios para la Biblioteca Nacional: Eliades Acosta Matos fue nombrado jefe del Departamento de Cultura del Comit Central del Partido Comunista de Cuba, labor que asumir con la inteligencia y tesn demostrados aqu durante casi diez aos. En el “Umbral” de este nmero dice: “Probablemente me perder, en el 2009, el jubileo por el centenario de la Revista de la Biblioteca Nacional a la que tanto tiempo dedicamos, tras rescatarla de una etapa de silencio y oscuridad”, pero piensa l acaso que no le vamos a insistir hasta que por cansancio, y a pesar de su poco tiempo, siga haciendo sus colaboraciones y est con nosotros celebrando el aniversario de la Revista? Como director lleg a la institucin, el doctor Eduardo Torres Cuevas, importante figura de la historia y la cultura cubanas, y al cual le damos la bienvenida, pues sabemos que es un admirador de la Biblioteca desde su etapa de estudiante universitario en la Universidad de La Habana, el cual desde que lleg a la institucin se ha ganado el respeto de los trabajadores por el inters demostrado. Para m, como para muchos otros, Araceli, Setin, Dueas, Amaury e Iluminada nos servirn de ejemplo no slo en el campo profesional, sino tambin en el espiritual. Para ellos gracias, muchas gracias. Notas1 Garca Carranza, Araceli. Y cmo ha podido ser? Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart (La Habana) 92(3-4):112; jul.-dic. 2001.

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202 DOCUMENTOS RAROS PresentacinTraduccin del latn al espaol de la Oracin del presbtero don Santiago Comas fue publicada en la Corona fnebre a la indeleble memoria del escelentsimo [sic] e ilustrsimo Sr. D. Juan Jos Daz de Espada y Landa (La Habana, Imprenta del Gobierno por su Majestad, 1834, 103 p.). Este discurso debi pronunciarse en la colocacin del retrato del obispo Espada en el Aula Magna del Colegio Seminario. El retrato fue costeado por los estudiantes de Derecho. La lista de los contribuyentes forma parte de los papeles de Agustn Saavedra de la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional Jos Mart, quien la firma: “Suscripcin de los estudiantes de Derecho del Colegio Seminario...”. El latn era an la lengua de comunicacin acadmica erudita. Para ninguno de vosotros es un secreto, nobilsimos varones, cun grandes fueron las virtudes por las cuales el ilustrsimo y excelentsimo Don Juan Espada, muy digno obispo de esta Iglesia, logr la inmortalidad de su preclaro nombre. La gravedad de las costumbres, la integridad de su vida, la autoridad, mezclada con el amor, su agudsimo juicio, esparcidos por la iglesia, la patria, las letras y los literatos, as como la beneficencia, sobresalan en l admirablemente, a lo que se debe que los ms famosos hombres de todas las categoras lo admiraran con intenso amor. De ah las notables alabanzas que por su ardiente fervor por la patria mereci por justas razones Espada, las cuales an ahora parecen resonar en nuestros odos; sin duda, pursimas manifestaciones de alabanza, puesto que son ajenas por completo a toda expectativa, temor o adulacin. Por estos grandes elogios al Venerando Obispo, que fueron hechos por la clase de Derecho Traduccin del latn al espaol de la Oracin del presbtero don Santiago Comas Amaury B. Carbn SierraProfesor de la Universidad de La Habana

PAGE 204

203Pblico, el Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos considerara que falta a su deber si no testimoniara su gratitud reconociendo los beneficios recibidos. Por qu medio puede lograrse mejor ese propsito que si se dispusiera de su retrato para colocarlo en el Aula Magna de modo que las venideras generaciones que asistan a este Real Colegio se acuerden con agradecimiento de tan grande sacerdote, de quien incapaz de retribuirle los beneficios recibidos se declara La Habana? Advertid conmigo –os suplico, prestigiosos oyentes– cmo desde la propia silla episcopal del Espritu Santo conoci entre otras muchas cosas algo que llev a cabo por la Iglesia y el bien pblico: consta tambin en sus publicaciones cunto hizo por la equidad nuestro venerable Obispo cuando dot de los beneficios de la religin a muchos hombres benemritos que saba ineptos e incapaces de obrar bien y les concedi una residencia propia. Y no slo la gran generosidad del jefe de nuestra iglesia se limitaba al excelso crculo de sus amigos y de simples ciudadanos, por el contrario, extenda ms an el radio a la vastsima periferia de menesterosos: mitigaba todas las necesidades imperiosas de cualquier tipo que fueran, todos los infortunios tanto personales como pblicos, y a los golpeados por una fortuna adversa, o los desterrados de la patria a causa de condenas de guerra o de partidos les tenda su mano auxiliadora. No hay que asombrarse de que las viudas y los hurfanos, con lgrimas amargas, acompaaran a la comitiva fnebre con el dolor del bien perdido, y de que la fama de su nobleza de sentimientos se elevara con alabanzas hasta el cielo. Pero qu digo de los hurfanos y las viudas que no lo sea respecto de todos? No slo los pobres y hombres comunes pagaron debido tributo de amor y dolor. Incluso la flor y nata de la nobleza habanera, y los ms honorables sectores religiosos, reales, ecuestres y militares, y los ms selectos miembros de la Sociedad Patritica; adems de innumerables varones llamativos por su toga con todo el squito de la Iglesia acudi en conjunto a tributar honras fnebres al ilustrsimo Seor Don Juan Espada. Y como estas cosas son as, quin mejor que este Real Colegio poda, pues, consagrar un obsequio ms delicado a la memoria de tan gran hombre que si con fino pincel bosquejara los numerosos beneficios con los cuales el muy sabio Espada colm a manos llenas este Real Colegio, este recinto de las ciencias? Pero para que se saquen a la luz los mritos del Venerando Obispo, conviene, famossimos oyentes, que apreciis o sopesis cun lleno de riesgosa incertidumbre es arrancar de las almas de los hombres los viejos prejuicios y sembrar en ellos el amor a la verdad. Pues todos nosotros tenemos propensin a abrazar estas cosas que hemos aprendido casi con la misma leche de la nodriza y caemos en ellas conforme a las costumbres e instituciones del siglo en que vivimos. Cada siglo, uno a uno, marca cierta ndole o carcter. En la Roma del Imperio, si no en su ocaso, invadi a las almas de los hombres la fuerza de Marte: el honor ecuestre, comnmente la caballera, sucedi al blico furor, cuyos efectos sentaron la base del carcter espaol: honor, fidelidad, generosidad –tambin muy

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204grande–, cuyo tipo de hombres es digno; la nobleza brilla en sus propios corazones. Apenas perciben la nueva luz, avanzan en el mundo de las letras con la Teologa, el Derecho y la Potica, en cuyos estudios –avergenza decirlo–, se presta un servicio ms diligente por los de afuera que por nosotros. Finalmente lleg el siglo fatal que es llamado filosfico con la falsa significacin del trmino, en el cual mientras se declara una guerra muy cruel a Dios y a la moral, el hombre se vuelve enemigo de Dios y busca en vano el fundamento de la moralidad en donde las ambiciones se propagan libremente una vez quitado el freno de la razn. As pues, avanzando este siglo en el cual las ciencias fsicas, matemticas, econmicas y polticas disputan entre s por la supremaca, nuestro Obispo, cultivado en todas las artes y las ciencias que haba acrecentado su excelente ndole, intenso estudio y exquisita educacin en la Universidad de Salamanca, descendi a la arena con alegre disposicin, observ a su alrededor la naturaleza, las cos tumbres, las ventajas y necesidades de nuestra ciudad, y apenas dirigi sus ojos al estado de los estudios, le pareci encontrar oculto un cierto secreto para la destruccin de muchos, es decir, algunas opiniones malsanas se introducan en el modelo de los estudios recientes surgidos de la escuela francesa a los cuales se abrazaba con entusiasta ardor la juventud, impetuosa y deseosa de las novedades. Siempre que creis arrastrar a los jvenes incautos con opiniones extravagantes, os equivocis –dijo el Pastor, al amonestar suavemente: estis en un error; estableced slo la religin de vuestros padres como una base cierta de moralidad igual que un Orculo Divino: A Dios, tu seor, adorars y a l slo servirs. El amor de todos vosotros me condujo a vosotros para mostrarles el verdadero camino por el cual los que andis con el pie inseguro, alcanzaris la recta senda de las virtudes cristianas de las que proceden las dems, civiles y morales. Vuestros estudios civiles o profanos no propenden a las utilidades de las cuales nuestra poca est necesitada. Ven a nosotros para informarte de las artes que los sapientsimos prncipes juzgaron muy tiles, por lo menos, a principios del siglo. A la Filosofa, hbil y sublime, y no a la Metafsica envuelta en palabras muy largas (literalmente de un pie y medio), siguieron las disciplinas Fsica, y Matemtica: un lugar principal ocup tambin la Qumica, la cual como compaera inseparable del cultivo de los campos, dio sus frutos y aument las riquezas de la Isla: precisamente la Economa Poltica que nos abasteca para poder hacer muchas guarniciones, era llamada de nuevo a ocupar un estado floreciente. Nuestra poca no slo disfruta de bienes reales, sino que con increble placer se persiguen accesibles ventajas que son de aplicacin humana. Incumbe al estudio de la naturaleza y la obliga a dar a los hombres los bienes reales a los que todos tienen afeccin. Pero si el estudio de la Jurisprudencia se examina de cerca, aparecer sin duda que no se cultiva en colegios y universidades esa ciencia que segn las costumbres de los espaoles y de nuestros reyes conviene a nuestra majestad. Es vlido que el reino de Justiniano tenga un lugar conspicuo en la historia y puede ocupar un lugar preparatorio para establecer nuestras leyes. Sin embargo, lejos

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205de menospreciar a aquel clebre maestro de leyes, dediqumonos con todo el aliento a aprender el derecho espaol y las leyes de la patria. La nica base de la instruccin ciudadana se fundamenta en las ciencias del aprendizaje. Cualquiera que desee adelantar en las buenas artes, ocpese de hacer cuidadosamente un trabajo esforzado en las disciplinas matemticas. Dijo y llev enseguida a la obra las cosas que haba concebido sabiamente. En primer lugar para ensear la teologa moral introdujo las Instituciones Teolgicas redactadas por el Obispo de Lyon, las que juzg tiles no slo para regenerar las costumbres y para la administracin de los sacramentos, sino para sus usos acadmicos. La ctedra que llevaba la antorcha de la Filosofa abri las puertas a la Mecnica, la Hidrosttica, la Hidrulica, la Neumtica, la "ptica, la Electricidad, el Magnetismo, el Galvanismo y la propia Astronoma. En buenas relaciones con la estudiosa juventud de este Real Colegio rene los ms famosos instrumentos de cada gnero, los adquiere, los regala, y llama al gremio de este Seminario a aquella gran luz de la Filosofa, al Presbtero Flix Varela, cuyo nombre se venera con sumo recuerdo de agradecimiento y siempre se venerar por todos los eruditos; abre las ms ubrrimas fuentes de la ciencia til, excita e inflama el ardiente nimo de tan gran profesor para que penetre los milagros de la naturaleza; y no se descubre ninguna operacin qumica en lo adelante que no aparezca en el Real Colegio en el justo lugar de las ciencias naturales. Se destina para ensear aquellas artes que antes se escondan bajo su cubierta con la envoltura de palabras sutiles, un hermossimo laboratorio fsico-qumico, dotado de todos los tipos de instrumentos. A vosotros apelo, respetables varones, que asists a este lugar con tan gran honor, legtimos jueces de esta causa, Vosotros, os digo, veis claramente con luz meridiana cunto conviene que distingis la lnea divisoria entre el viejo plan de ensear las ciencias naturales y la reciente filosofa que se comprueba diariamente no con rodeos de palabras, sino con razones y experimentos. Todos vosotros podis pesar en la justa balanza de vuestro juicio cun notable transformacin en las ciencias naturales introdujo durante todo el tiempo de su episcopado el ilustrsimo y excelentsimo Don Juan Espada; cunto la fuerza gnea de aquella alma transpir para ensear la fsica a los sapientsimos varones que llam a cada una de las ctedras de este Colegio, cuya memoria si quisiera yo celebrar para su gloria sera infinita. Basta advertir que de los ingenios de este Colegio nutricio salieron muchas luces que causaron admiracin no slo entre nosotros sino en pueblos de afuera. Aquel espritu vvido permanece tambin derramado en las almas de todos, y all permanecer siempre mientras el ingnito amor de los cubanos a la Patria anime sus pechos a realizar acciones y actos preclaros. Creci una vez ms la ctedra de Derecho Patrio. Primero introdujo las obras de Heinecio, transmiti su notable mtodo de ensear que puede ser aprendido por los mejores profesores, puesto que contiene el anlisis de las mejores cues-

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206tiones que conciernen a la ciencia del derecho. Aunque concede el debido honor a la jurisprudencia romana, logr que el Derecho Espaol se enseara en las obras de los escritores patrios y que se tratara acerca del Derecho comercial, del criminal y el procesal, cuyo tema de discusin era considerado muy raro en las ctedras cubanas y espaolas. Despus de establecida la ctedra de la disciplina matemtica, la cual dio conveniente prestancia a las necesidades de la Isla, a quin, pues, debe La Habana antes que a este insigne Patrono y al muy ilustre Don Alejandro Ramrez haber creado la ctedra de Economa Poltica que perdur algn tiempo y propag por todas partes tiles principios? Pero qu dir de su propio ardor en favorecer a los talentos? Acaso todos no lo vimos cuando en aquella agradabilsima edad de la juventud a la mediana de edad, se diriga a esta aula magna; cuando desde este lugar que ocupa con tanta dignidad Vuestra Excelencia no slo presida los actos pblicos, sino lo que es ms, l mismo preguntaba, observaba, moderaba y estimulaba con grandes premios a los preceptores y a sus discpulos, quienes se consideraban premiados con la corona inmarcesible cada vez que reciban la aprobacin del sapientsimo Obispo? Exhortar al tmido adolescente, incitar al aventajado y a los dems, alabar al profesor elogiado, colmar de premios y honores al ciudadano benemrito de la Patria y la Religin, estas fueron cualidades innatas del Obispo Espada. Me faltaran los das, honrosos varones, si quisiera reunir en esta humilde oracin los innumerables merecimientos por los cuales resplandeci la vida del gran Pastor; sin embargo no puedo pasar por alto en silencio que no dej de ser recorrido por el ilustrsimo Espada ningn palmo de suelo cubano que, fecundado por la mano de tan gran Pontfice, no prodigara flores y frutos. Por eso, carsimos seores, aclamad con toda la elevacin de las almas a vuestro generossimo Patrono Espada; exaltad las virtudes de este hroe hasta los astros, aquel ardiente fuego que para vuestro provecho, salud y felicidad anhelaba; custodiadlo bien cubierto en vuestros corazones para que podis decir finalmente alguna vez a vuestros sucesores que vosotros tuvisteis un amantsimo Padre que vive en nuestros estudios, que pens en nuestra dicha y que al morir dej a Cuba un gratsimo monumento de devota benevolencia.

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207 LIBROSL a mster Danay Ramos Ruiz, profesora de Historia Universal de la Universidad de La Habana, es la autora y prologuista del libro Roa director de cultura: una poltica, una revista publicado por el Centro de Investigacin y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello (La Habana, 2006), y laureado con el Premio Anual de Investigacin Cultural 2002, que otorga esa emblemtica institucin, donde ciencia, arte e investigacin cultural son expresin genuina de tica, humanismo y espiritualidad, fundidos en clido abrazo. En esa obra, escrita con amor y respeto ternsimos a la herencia intelectual y espiritual legada por el doctor Ral Roa Garca (1907-1982) a la cultura cubana, la tambin ensayista e investigadora resea la fecunda labor desarrollada por el eminente jurista, profesor y diplomtico como director de Cultura del Ministerio de Educacin (1949-1951). La huella indeleble dejada por el doctor Roa al frente de dicha dependencia confirma, en la praxis (criterio de la verdad), el aserto de que en la Cuba Republicana (1902-1958) “[…] hubo dependencia poltica, corrupcin [administrativa] y rutinas fraudulentas”,1 pero “[…] tambin movimientos culturales, tradiciones cvicas e instituciones pblicas que [fomentaron] el desarrollo de una conciencia nacional y ciudadana”.2Por otra parte, la valiosa gestin realizada por el doctor Roa en la Direccin de Cultura durante algo ms de dos aos constituye una prueba fehaciente de que, si bien los gobiernos prerrevolucionarios prestaban muy poca atencin a la cultura percibida por el “dueo del lenguaje de la centella y el fuego graneado”3 –como “[…] hontanar nutricio de la libertad”4–, no es menos cierto que los funcionarios estatales, salvo honrosas excepciones, lo nico que hacan era medrar a cuenta del cargo, lo que implicaba desatender o delegar en algn subordinado las responsabilidades inherentes al ejercicio de sus funciones. Roa director de cultura: una poltica, una revista Jess Dueas BecerraCrtico y periodista“Los grandes hombres […] cultivan la grandeza que hallan en s y la emplean en beneficio ajeno […]”. JOS MART

PAGE 209

208La digna actitud adoptada por el doctor Roa como director de Cultura demostr, con creces, que desde una instancia gubernamental poda hacerse mucho por elevar el nivel cultural y educacional del pas…, siempre y cuando hubiera voluntad poltica y compromiso tico-moral para emprender con xito esa noble tarea. Roa director de cultura… se estructura en tres grandes captulos, ntima y estrechamente relacionados entre s: 1) “Cultura y poltica en la Cuba de los aos 40”, donde se hace un esbozo sociohistrico de la nsula caribea durante esa dcada del pasado siglo y se traza una breve pincelada biogrfica del doctor Roa; 2) “Una historia por escribir: Direccin de Cultura (1934-1951)”, que recoge el indiscutido aporte del polmico escritor y periodista a los ms dismiles campos de la ciencia, la cultura y la educacin cubanas; y 3) “ Mensuario: memoria de la poltica de Roa hacia la cultura”, en el cual se analiza in extenso el perfil y el alcance de la publicacin insignia de la Direccin de Cultura, en cuyas pginas el doctor Roa dejara “en blanco y negro” una buena parte de su pensamiento revolucionario en lo que al quehacer cultural se refiere. El libro es una verdadera joya de la investigacin periodstico-literaria, es la forma sui generis en que la profesora Danay Ramos Ruiz saluda el centenario del natalicio del doctor Ral Roa Garca, quien despus de la alborada revolucionaria se convirti en “Canciller de la dignidad”. Notas1 Guanche, Julio Csar. La imaginacin contra la norma. La Habana: Ediciones La Memoria, 2004. p. 16.2 Ibdem.3 Garca Marruz, Fina. “Ral Roa, el delicado” www .cubaminrex.cu 2007/Enero/Aniv. Roa4 Roa Garca, Ral. “El estado y la cultura”. Mensuario de arte, literatura, historia y crtica (La Habana) 1(1):1; 1949.


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