Sociales

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Material Information

Title:
Sociales
Physical Description:
Journal
Language:
Spanish
Creator:
Academia de Ciencias de la República Dominicana
Comisión de ciencias sociales
Publisher:
Academia de Ciencias de la República Dominicana
Place of Publication:
Santo Domingo, D.N., República
Publication Date:

Subjects

Genre:
serial   ( sobekcm )

Notes

Content Advice:
5 Prólogo Martha Ellen Davis TEORÍA y METODOLOGÍA 9 Karin Weyland, Lusitania Martínez & Cándido Guzmán Presentación y análisis del libro La sociología del alma y el desarrollo de una ciencia interior 41 Dirk Erdmann Guenther, Wolfgang Meyer, Héctor Almonte Mella La evaluación: un nuevo tema para la comunidad científica de la República Dominicana ESTUDIOS 55 H.J.R. Cantisano Árias Medicina folklórica en el área norte de República Dominicana 77 Martha Ellen Davis La “bi-musicalidad” en las configuraciones culturales del Caribe 99 Charlton Yingling Juan Bosch y el desarrollo de una nación en exilio: “una página de la historia de El Caribe que no tiene paralelo” APLICACIONES 141 IAP La Red Mundial de Academias de Ciencia Declaración sobre población y consumo 149 José G. Guerrero El patrimonio oral e intangible de República Dominicana 168 Información para los autores

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
University of Florida
Rights Management:
Applicable rights reserved.
Resource Identifier:
issn - 2220-1033
System ID:
AA00015953:00001


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socialesacademia de ciencias de la repblica dominicanaN 5 2012

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ISSN 2220-1033SOCIALESRevista de la comisin de ciencias socialesacademia de ciencias de la repblica dominicana N 5 2012sociales es una publicacin ocial de la Academia de Ciencias de la Repblica Dominicana, institucin que tiene por misin el conocimiento, promocin, investigacin y difusin de la ciencia y tecnologa en nuestro pas. Es una entidad de carcter privado, apartidista y sin nes de lucro, fundada el veinte de diciembre de 1974 y reconocida en virtud del decreto No. 1097 del Poder Ejecutivo con fecha 8 de junio de 1975. Nuestras ocinas estn en la calle Las Damas No. 112 esquina El Conde, Zona Colonial, Santo Domingo, D.N., Repblica Dominicana. Telfonos: (809) 687-6315, (809) 687-6006, (809) 685-7726; Fax: (809) 685-6443. Para entregas de manuscritos, pedidos e informacin general dirigirse al e-mail: sociales@academiadecienciasrd.org y vea nuestra pgina web . FO T O DE LA PORTADA: El Teatro Popular Danzante de los Cocolos de San Pedro de Macors: los Moms la pronunciacin en espaol del trmino ingls mummers, pronunciado mummies por los ejecutantes, mayormente de ascendencia de las islas inglesas de St. Kitts y Nevis. Una manifestacin de cultura expresiva dominicana designada en 2005 por la UNESCO como Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. A la izquierda gura Theophilus Chiverton (Primo), director del grupo que presenta David y Goliat (David and Goliath), as denominado en espaol como los Guloyas. En el centro con el sombrero alto gura Donald Henderson (Linda), director del grupo Los indios salvajes (Wild Indians) (Foto: M. E. Davis 1976). Vase el artculo de Jos G. Guerrero.CONSEJO EDITO RIALPresidente Milcades Meja Miembros Carlos Andjar Persinal (ACRD) Emelio Betances (Gettysburg College, Pennsylvania, EUA) Roberto Cass (ACRD) Jos Chez Checo (ACRD) Lauren Derby (Univ. de California, Los ngeles-UCLA, EUA) Secretaria Comisin Gricel Messina Traducciones Pauline M. Kulstad y Martha E. Davis Correccin de Estilo Mari Fras Sosa Diseo de portada Martha E. Davis e Yris Cuevas Fotografa de portada Martha E. Davis Diagramacin Yris Cuevas Impresin Editorial Publiguas COPYRIGHT 2013DIREC TO RA Martha Ellen DavisCO MISIN DE CIEN CIAS SOCIALES Miembros de NmeroCarlos Andjar Persinal (Sociologa) Francisco A. Avelino Garca (Historia) Frank Bez Evertz (Sociologa) Juan Daniel Balccer (Historia) Andrea Brechelt (Sociologa) Roberto Cass (Historia) Manuel Cocco (Sociologa) Danilo Clime (Sociologa) Walter Cordero (Sociologa) Jos Chez Checo (Historia) Martha Ellen Davis (Antropologa) Danilo De los Santos Snchez (Historia, Arte) Manuel Garca Arvalo (Arqueologa) Luis Gmez (Ciencias Jurdicas) Jos G. Guerrero (Historia) Armando Hoepelman Ciriaco Landol (Historia, Ciencias Polticas) Jos Adolfo Lpez Belando (Arqueologa) Lusitania Martnez (Filosofa, Sociologa) Frank Moya Pons (Historia) Nelson Moreno Ceballos (Medicina, Sociologa) Fernando A. Prez Memn (Historia) Max Puig (Sociologa) Rubn Sili (Historia) Jos Luis Sez, S.J. (Historia) Dagoberto Tejeda (Sociologa) Daro Tejeda (Sociologa) Jorge Ulloa Hung (Arqueologa) Marcio Veloz Maggiolo (Arqueologa) Karin Weyland (Sociologa) Rafael Emilio Yunn (Geografa) Miembro Correspondiente Paul Austerlitz (Etnomusicologa)

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ISIS DUARTE(1942 2011) Miembro de Nmero, Comisin de Ciencias Sociales Academia de Ciencias de la Repblica DominicanaIsis Duarte obtuvo la licenciatura en Sociologa de la Universidad Autnoma de Santo Domingo (1968) y maestra en Ciencias Sociales, mencin Ciencias Polticas, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en Santiago de Chile (1973). Fue profesora de Sociologa de la UASD por ms de 20 aos, donde sirvi como Directora del Departamento, y del Centro de Estudios de la Realidad Social Dominicana (CERESD). Fue miembro del equipo fundador del Movimiento Cvico Participacin Ciudadana (1993) y Directora (a partir del 1994) de su programa poltico electoral; encargada del primer conteo electoral rpido (2006) y participante en el proyecto de Observacin Electoral de 2000 y 2002. Autora o coautora de ms de nueve libros, entre ellos Capitalismo y sobrepoblacin en Santo Domingo (CODIA, 1980, con un equipo de investigacin constituido por Jorge Cela) y Poblacin y condicin de la mujer en Repblica Dominicana (Instituto de Estudios de Poblacin y Desarrollo, 1989). Escribi adems numerosos artculos. Sus proyectos de investigacin y sus publicaciones destacan la extensa colaboracin con numerosos colegas. Recibi el Premio Nacional de Ensayo Pedro Henrquez Urea (1980) por Capitalismo y sobrepoblacin y la Medalla al Mrito (1996), un reconocimiento del gobierno dominicano a la mujer, por su aportacin a la investigacin social. DEDICATORIA

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5 Prlogo Martha Ellen Davis TEORA y METODOLOGA 9 Karin Weyland Presentacin y anlisis del libro Lusitania Martnez La sociologa del alma y el desarrollo de una Cndido Guzmn ciencia interior 41 Dirk Erdmann Guenther La evaluacin: un nuevo tema para la comunidad Wolfgang Meyer cientca de la Repblica Dominicana Hctor Almonte Mella ESTUDIOS 55 H.J.R. Cantisano rias Medicina folklrica en el rea norte de Repblica Dominicana 77 Martha Ellen Davis La bi-musicalidad en las conguraciones culturales del Caribe 99 Charlton Yingling Juan Bosch y el desarrollo de una nacin en exilio: una pgina de la historia de El Caribe que no tiene paralelo APLICACIONES 141 IAP Declaracin sobre poblacin y consumo La Red Mundial de Academias de Ciencia 149 Jos G. Guerrero El patrimonio oral e intangible de Repblica Dominicana 168 Informacin para los autoresSOCIALESN 5 2012CONTENIDO

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PrlogoCon el presente Nmero reactivamos la revista Sociales de la Comisin de Ciencias Sociales de la Academia de Ciencias de la Repblica Dominicana. Su Director Fundador, Carlos Esteban Deive, dej el cargo por razones de salud, y es un honor para m haber sido nombrada para asumir el mismo. Ya quedan en el pas pocas revistas de ciencias sociales, una situacin que otorga mucha importancia a esta publicacin. La poltica editorial actual quiere incentivar la publicacin de trabajos de ciencias sociales, previa consideracin, en Repblica Dominicana o que sean regionalmente comparativos. Estamos dispuestos a recibir artculos de miembros y no miembros de la Academia, sean residentes en el Pas o en el extranjero. Abarcamos todas las disciplinas de las ciencias sociales y trabajos multidisciplinarios, aunque sealamos que las comisiones de Economa y Ciencias Jurdicas de la Academia de Ciencias tienen sus propias revistas y la disciplina de la psicologa est colocada dentro de la comisin de Ciencias de la Salud. Recibimos artculos sobre teora y metodologa; estudios en s, preferiblemente provenientes de fuentes primarias; documentacin y aplicacin de programas prcticos; informes; y reseas, especialmente de libros sobre la Repblica Dominicana, publicados en otros pases o idiomas. En el presente nmero, los artculos de Weyland, et al. y Guenther, et al. se reeren a teora y metodologa; los de Cantisano, Davis y Yingling son estudios producto de exhaustivas investigaciones durante meses o aos; el escrito de Guerrero y la Declaracin de la Red Mundial de Academias de Ciencias (IAP) son trabajos de extensin, o

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6sea de aplicacin de estudios en benecio de los portadores culturales por una parte y la humanidad en general por otra. Las disciplinas abarcadas en este Nmero son las siguientes: El ar tculo de Weyland, et al. sobre lo que ella denomina la sociologa del alma tiene que ver con teora sociolgica ya que trata sobre la base losca de dicha disciplina. La contribucin de Guenther, et al. sobre la evaluacin externa, enfoca una dimensin importante de la metodologa cientca. El estudio de Cantisano sobre medicina folklrica representa el nexo entre la Etnobotnica y la Antropologa Sociocultural. El estudio de Davis trata sobre la vertiente etnomusicolgica (la msica como parte de la cultura y la sociedad) de la Antropologa Sociocultural. El estudio de Yingling representa un captulo en la historia dominicana del siglo XX, enmarcado regionalmente. La Declaracin del consorcio de Academias de Ciencias IAP sobre el impacto de poblacin y consumo en el abuso de los recursos naturales, es una aplicacin de mucha documentacin, ya que aspira a motivar la accin para la conservacin y planicacin de dichos recursos. Asimismo, el artculo de Guerrero documenta proyectos con el propsito aplicado de conservacin y reconocimiento internacional de expresiones culturales nicas de la Repblica Dominicana. Los artculos del presente nmero han llegado por una variedad de vas de acceso. Dos fueron recomendados por el Presidente de la Academia de Ciencias: la Declaracin del consorcio de Academias de Ciencias IAP y el artculo de Guenther, et al. sobre la evaluacin objetiva. El artculo de Guerrero, Miembro de Nmero, se bas en una ponencia en un congreso que organizamos en la Academia, y que luego le solicitamos para su publicacin debido a la importancia del tema. El artculo de la Miembro de Nmero, Weyland, et al. sobre la sociologa del alma se bas en una puesta de circulacin y las perspectivas de dos comentaristas. El de Yingling, sobre el desarrollo de la ideologa poltica de Juan Bosch en el entorno social del exilio en Cuba, es la versin extendida de una ponencia escuchada por quien suscribe en un congreso de estudiosos latinoamericanos y caribeos celebrado en la Universidad de Florida, el cual le fue solicitado por excelente e innovador. El artculo sobre medicina folklrica del venerado mdico de Santiago Dr. Rafael Cantisano, eje del programa de Medicina

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7Comunitaria de la Ponticia Universidad Catlica Madre y Maestra, est basado en aos de observacin-participante como mdico clnico en el sector campesino del norte del pas. El artculo de mi autora es una sntesis de aos de investigacin sobre la religiosidad popular y su msica, que traduje al espaol para compartir los frutos de mis investigaciones con el pblico sujeto del estudio. Nuestra poltica editorial sigue el espritu e indicaciones de LATINDEX (www.latindex.org), una entidad coordinadora de revistas acadmicas y cientcas de la Amrica Latina para nes de inventario, comunicacin entre estudiosos e instituciones, mejoramiento de calidad y difusin. El enlace en Repblica Dominicana es la seora Giovanna Riggio, Directora de la Biblioteca de la Universidad APEC. Un factor para lograr calidad internacional es la evaluacin annima por miembros del comit editorial u otros colegas especialistas, de los artculos sometidos a consideracin. Otro factor, para nes de difusin, es la asignacin de un nmero ISSN a cada nmero de nuestra revista con el propsito de que entre en el registro internacional. La Revista ha tomado seis meses de dedicacin casi exclusiva. Cada artculo ha presentado sus propios retos, algunos requiriendo hasta diez versiones, y mucho dilogo con el autor. T res artculos fueron traducidos del ingls: dos por la Lic. Pauline K. Kulstad y uno por m. El artculo de Yingling, primeramente tuvo que ser trabajado en ingls con el autor en cuanto a su organizacin, ttulo y subttulos, conclusin y citas bibliogrcas; slo cuando estuvo perfectamente bien elaborado se entreg a la traductora, quien entonces entr en dilogo directamente con el autor. La importante declaracin sobre poblacin y consumo por el consorcio de Academias de Ciencias IAP fue traducido al espaol, pendiente de aprobacin ocial, por IAP, entidad que utilizar nuestra traduccin para su difusin a travs del mundo de habla hispana. El artculo de Guenther et. al, se bas en una traduccin que hizo del alemn al espaol, la cual requiri una notable correccin de estilo. Me correspondi transformar la ponencia de Guerrero en forma de artculo, requiriendo esto un extenso dilogo con el autor. El de mi autora sobre el fenmeno de bimusicalidad en El Caribe no present problemas, salvo la pesada tarea de traduccin.

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8En contraste, el artculo de Cantisano sobre medicina folklrica tuvo que ser escaneado de una versin escrita a mquina, y luego, por no ser inteligible, pasado en limpio por la Lic. Gricel Messina, Asistente Editorial. Como Editora correg los abundantes errores mecanogrcos en cuanto a nombres cientcos de las plantas. Luego revis las identicaciones cientcas de cientos de plantas, con el auxilio de la primera edicin (1974) del diccionario botnico de Liogier, Miembro Fundador de la Academia de Ciencias. Finalmente el Lic. Brgido Peguero, encargado del Departamento de T axonoma del Jardn Botnico Nacional, gentilmente revis toda la terminologa e hizo las correcciones pertinentes con el n de que lo impreso aqu est lo ms acertado posible. Aparte de los textos tuve a mi cargo la redaccin de los resmenes en espaol e ingls para los artculos que les faltaban, as como buscar grcas para el artculo de Etnobotnica, de Cantisano, de Historia, de Yingling y de Antropologa Aplicada, de Guerrero. Para ese propsito nos fue de mucha ayuda la biblioteca y fototeca del Archivo General de la Nacin, adems de mi propio archivo de fotografas etnogrcas. Aprovecho la ocasin para agradecerle al Lic. Milcades Meja, presidente de la Academia de Ciencias, por sus excelentes sugerencias editoriales y constante apoyo, a la Lic. Pauline M. Kulstad por la meticulosidad y excelencia de sus traducciones de ingls a espaol, a la seora Mari Fras Sosa por su colaboracin experta y entusiasta con la correccin de estilo, a la seora Iris Cuevas por su paciencia y habilidad en el diseo elegante de la portada y la diagramacin, a los asesores editoriales por su generosa colaboracin con las evaluaciones iniciales de los artculos sometidos y a todos los autores por su cooperacin durante el proceso editorial. Esperamos que este nmero de la revista Sociales sea de orgullo para los autores y de inters, informacin y agrado para los lectores. MARTHA ELLEN DAVIS Directora

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Con comentarios de rfntPresentacin y anlisis del libro LA SOCIOL OGA DEL ALMA Y EL DESARROLL O DE UNA CIENCIA INTERIOR

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10ResumenPresentacin y anlisis del libro La sociologa del alma y el desarrollo de una ciencia interior de Karin Weyland con comentarios La sociologa del alma, de Karin Weyland, un libro acadmico y espiritual, presenta una profunda reexin sobre el gran enigma transcendental de la existencia que se debate en el interior de todo ser humano: Quin soy y hacia donde voy? Ofrece respuestas multidisciplinarias y vivenciales e invita a cambiar paradigmas hacia la transformacin de la realidad del ser humano y el resto de la humanidad, en una nueva sociedad normada por la conciencia global. Comentarios La lsofa Lusitania Martnez recomienda el trabajo de Karin Weyland como innovador, al desmontar con inteligencia los pilares categoriales sobre los cuales se ha levantado el quehacer cientco occidental, aceptado universalmente: la objetividad, el mtodo emprico y la racionalidad. Considera que la autora desnuda la aparente neutralidad del conocer, y plantea la necesidad de nuevas metodologas, tales como las cualitativistas. El tesofo Cndido Guzmn aporta perspectivas ms all de las occidentales sobre la parte invisible, inconsciente y subjetiva del ser humano, el estado mental crepuscular swapna, en snscrito, al cual pertenece la clarividencia, la premonicin, la telepata, la profeca, la mediumnidad, los sueos nocturnos, el coma, etc.SummaryPresentation and analysis of the book The Sociology of the Soul and the Development of an Interior Science by Karin Weyland with commentaries La sociologa del alma (The Sociology of the Soul) by Karin Weyland, a work which is both academic and spiritual, offers a deep reection on the great transcendental enigma of existence debated within each human being: Who am I and where am I going? It offers multidisciplinary answers based on life experience. It calls for a change of paradigms toward the transformation of the existence of the person and the rest of humanity into a new society governed by global consciousness. CommentariesThe philosopher, Lusitania Martnez, recommends Karin Weylands work as innovative in intelligently breaking down the categories which have been universally-accepted pillars of Western scientic thought: objectivity, the empirical method, and rationality. S he considers that the author strips bare the apparent neutrality of knowing and proposes the necessity of new, qualitative methodologies. The Theosophist, Cndido Guzmn, offers perspectives beyond the Western with regard to the invisible, unconscious, and subjective part of the human being, the crepuscular mental state called swapna in Sanscrit. This state of mind is expressed in clairvoyance, premonitions, telepathy, profecy, mediumship, dreams, and coma, etc.

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11El 20 de marzo de 2011 se present en la Academia de Ciencias el libro La sociologa del alma, por la Miembro de Nmero Karin Weyland, en un evento conjunto entre la Comisin de Ciencias Sociales y la Comisin de Filosofa y Epistemologa. El tema de la obra es la base losca de una dimensin de la Sociologa que hasta ahora no ha recibido la importancia merecida: la dimensin subjetiva e intuitiva que parte de una ciencia interior. Participaron como comentaristas la lsofa Lusitania Martnez, Miembro de Nmero, quien lo enmarc segn la losofa occidental, y el tesofo Cndido Guzmn, frecuente participante en las reuniones de la Comisin de Filosofa, quien lo analiz segn aspectos de las losofas orientales. La sociologa del alma y el desarrollo de una ciencia interior ms all de la subjetividad, el lenguaje y la razn1por Karin Weyland21 S anto Domingo: Bho, 2010. Disponible a travs de la autora (karinweyland@yahoo.es).2 Sociloga. Miembro de Nmero de la Academia de Ciencias. Profesora de la Universidad de Puerto Rico (Recinto Ro Piedras), donde ha dirigido el Departamento de Sociologa y Antropologa. Portada del libro Karin Weyland

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12bb bb ftEl desarrollo de una ciencia interior a travs del estudio de la mente, su funcionamiento y su relacin con la conciencia, nos permitir tener ms conocimiento sobre el estudio de nuestra realidad social. El estudio de la realidad social desde otros puntos de vista es necesario si queremos construir un mundo donde impere la equidad y la justicia social, as como lo imaginaron los fundadores de la disciplina de la Sociologa en el siglo XIX. t social. interior en la disciplina de la Sociologa. la realidad social en el rea de la comunicacin, ms all del lenguaje y la razn. relacin sujeto-objeto. entre energa y materia. nectividad y comunicacin colectiva. del ser humano. tibles con la sustentabilidad del planeta y la humanidad. social que percibimos?

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13 la mente intuitiva? dad social en la disciplina de la Sociologa, en la construccin de nuevas metodologas sociolgicas, y del conocimiento en general? en el rea de la comunicacin y el desarrollo de un sistema de comunicacin colectivo basado en la conciencia, ms all del lenguaje y la razn? la colectiva? objeto-sujeto y en el ejercicio de la observacin e investigacin al interior y al exterior del ser humano y la sociedad? vis vis el cuerpo esclarecer la relacin entre la energa y la materia, de manera que no caigamos en otra interpretacin cartesiana dualista que ha impulsado, y contina retroalimentndose de los discursos de la modernidad y la razn para el bienestar de unos pocos? fundamento esencial de interconectividad, para una mejor comunicacin colectiva y un mayor entendimiento del universo y la relacin individuo-sociedad? la conciencia, con la evolucin material de la historia del ser humano y el universo en base al desarrollo tecnolgico y lo que errneamente hemos llamado progreso? realidad cotidiana, producimos conocimiento y justicamos la razn como base de todo conocimiento, movindonos, como resultado, en direccin a un proyecto evolutivo fundamentado en paradigmas ms compatibles con la sustentabilidad del planeta y la humanidad?

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14tEn base al mtodo cualitativo de investigacin, principalmente la observacin participativa y la entrevista no estructurada, he llevado a cabo esta investigacin en la Escuela Desoto,3 a partir del 2002, primeramente como socia y posteriormente como profesora del Mtodo Vivencia Esencial Desoto, un programa que ensea tcnicas y herramientas para el desarrollo integral del ser humano. Adems de fundamentar mi anlisis en estas impresiones, hago tambin una seleccin de las ideas ms importantes de la Escuela Desoto a travs de los textos utilizados en este y otros programas, en contraste con los sutras (discursos) del Buda, y escritos de lsofos, psiclogos y socilogos occidentales del siglo XVIII, XIX y XX. Adems, el estudio de campo en El Caribe coincidi con investigaciones simultneas sobre cosmologa africana tanto en Repblica Dominicana como Puerto Rico, habiendo estudiado la comunidad afro-dominicana de los Congos de Villa Mella en Repblica Dominicana y la comunidad afro-puertorriquea de Piones de Loza en Puerto Rico. Posteriormente, el anlisis de la data acumulada coincidi con varias visitas comunitarias al norte de Argentina, mi pas natal, para el estudio de la condicin social y la inuencia cultural de comunidades afro-descendientes (del linaje cultural del Congo-Angola) e indgenas en la cultura contempornea argentina, principalmente el cordn cultural noroeste de las provincias de Crdoba, Catamarca, Santiago del Estero, T ucumn, Jujuy y Salta, en direccin norte hacia el Per, Bolivia y Chile. tExplora el cuerpo como receptor y emisor de mensajes y como centro de comunicaciones hacia el interior y el exterior de la mente y la conciencia. Adems analiza la relacin mente-cerebro, y la percepcin del conocimiento a priori cuando intentamos darle sentido a nuestro entorno social.3 tero (1928-2005), quien trabaj y fue reconocido en varios pases. Muri en la ciudad de Santo Domingo, Repblica Dominicana. (http://www.efrainvillegas.org/desoto).

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15Intenta contextualizar el concepto cuerpo-mente dentro de diferentes corrientes loscas, explorando el concepto de iluminacin y dentro del campo disciplinario de la fenomenologa, dejando al descubierto la intersubjetividad entre la fenomenologa del saber y la fenomenologa del ser.tA borda el estudio de la conciencia en relacin al cuerpo, mente y espritu, conectando algunas de las corrientes loscas occidentales con las orientales, en la percepcin y construccin de la realidad social. Incluye algunos de los ltimos experimentos cientcos que exploran la funcin de la conciencia y la unicidad del ser humano dentro de un modelo de comunicacin dependiente de la conciencia colectiva en vez de la conciencia individual, y plantea retos al dualismo de la mente racional versus la mente intuitiva como fuente ltima del conocimiento.tEl Captulo 3 narra el desarrollo histrico y losco de los primeros debates sobre el alma en relacin al proceso de adquisicin del conocimiento y la bsqueda de la verdad, tomando como punto de partida los lsofos griegos, los escritos de los primeros textos gnsticos del cristianismo medieval y la escuela de los Esenios. He escogido estas corrientes de pensamiento porque todas, de alguna manera u otra, han contribuido al pensamiento losenseanzas en el mundo moderno. Estas escuelas de la antigedad son los pilares conceptuales de la Escuela Desoto, la cual a mi entender, es una adaptacin de estas tradiciones al mundo contemporneo occidental, segn las necesidades actuales. Se adentra en temas que son fundamentales para entender la especicidad histrica del conocimiento desde mucho antes que el proyecto de modernidad se Dr. Efran Villegas Quintero (Maestro Desoto)

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16haya apropiado del discurso dominante y lo haya reorientado hacia una historia lineal de la humanidad, exclusivamente en base a lo que llamamos el lenguaje de la tecnologa y el progreso material. Si en ese entonces la esencia o espritu de un determinado grupo de creencias se organiz para dar paso a una cosmovisin occidental como nica visin secular del mundo fsico, dndole fuerza a la individualidad, la ambicin y la justicacin de la violencia a todo costo, tenemos entonces la esperanza de que surja otro modelo basado en la esencia o espritu de una nueva conciencia edicada en las ciencias espirituales en vez de las ciencias materiales.tExplora la posibilidad de transformacin de la realidad social a travs de la revolucin interior y una nueva lectura del mundo fsico o entorno social, el cual pide a gritos un cambio de paradigma. Analiza tambin el rol del ser humano como especie y civilizacin frente a los viejos paradigmas y nuevos retos que se avecinan para lograr la sostenibilidad del planeta y la supervivencia de todo ser vivo. Por otro lado, da las pautas para integrar un modelo conscientivo de interaccin social al rea de la investigacin, a travs del desarrollo del sentido de interiorizacin y razonamiento crtico. Partimos de la premisa que toda identidad social est compuesta por las identidades personales del individuo, y estas se construyen en base a la identidad social que desarrollamos en comunidad. Parte de la espiritualidad legada por las tradiciones contemplativas orientales y las comunidades originarias, y concluye con la idea de que la verdadera revolucin comienza en el interior de cada uno. E l desarrollo de una ciencia interior, por otro lado, organizada en varias disciplinas, servira para edicar una metodologa de la meditacin sociolgica aplicada al estudio de un modelo nuevo de comunicacin social conscientivo, el cual encierra la posibilidad de desarrollar el potencial de sociedad que anhelamos. Esto implica un cambio integral, es decir, la integracin de una nueva mirada a la relacin cuerpo, mente y espritu, a nivel individual, as como en su dimensin colectiva grupal y cultural en el mbito poltico, social, cultural y econmico.

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17COMENTARIOS DE LUSITANIA MARTNEZ4En general, de qu trata el libro de Karin Weyland? Este es un libro, adems de interesante y necesario, polmico y muy actual. Se trata de ensearnos la ruta hacia nuevos tipos de conocimientos; y es un cuestionamiento no solamente a la ciencia de hoy, sino a la forma en que tradicionalmente se nos ha enseado a denir lo que es el conocimiento cientco. Karin Weyland toca a la puerta de la elitista comunidad cientca y pide con argumentos claros y slidos, abrirse a nuevos mtodos, nuevos temas y nuevos eventos, como son los de la cotidianidad, la meditacin y los estados de conciencia producidos por ella, con el propsito de evaluar la calidad de su status cientco. La doctora Karin propone una Sociologa distinta a la actual, derivada de la racionalidad moderna cuyo nico camino para la comprensin de la realidad social, es la razn, por dems una razn neutra en bsqueda de la exterioridad a dominar y medir, sin la intervencin de la conciencia y de espaldas a las emociones del cuerpo. La doctora Karin propone un estudio sobre la integracin de la observacin interna, o lo que usualmente llamamos meditacin; propone el estudio de lo socialmente aparente, es decir, lo que usualmente llamamos realidad social (pg. 20). La perspectiva terica de la doctora Karin presupone la existencia de una esencia o espritu del ser y de las cosas (pg. 26) a los que se puede llegar no a travs del lenguaje sino de la conciencia, de la razn y del sujeto observador cartesiano (esto sera a travs de la mente, simplemente), sujeto a situarse lejos e incontaminado de prejuicios respecto al fenmeno u objeto observado. En este enfoque, desde el punto de vista epistemolgico y metafsico, la doctora Karin entiende que los fenmenos deben ser interpretados, no simplemente explicados, para alejarnos de la tradicional Sociologa racional y encontrar una ciencia de la meditacin sociolgica (pg. 29). Y esto exigira la inclusin de mtodos no empricos que puedan dar cuenta de acontecimientos cualitativos que forman parte de la cotidianidad y de lo que 4 Filsofa y sociloga rural. Miembra de Nmero de la Academia de Ciencias y de sus comisiones de Filosofa y Ciencias Sociales.

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18le pasa a la gente realmente, importantes pero ignorados porque no pueden medirse por la va de los mtodos tradicionales de la ciencia. Las metodologas de acercamiento a los fenmenos sociales, desde luego, en la ruta de este nuevo paradigma, seran otras; seran cualitativistas, distintas a las tradicionales metodologas cuantitativas a que nos tienen acostumbrados los cientcos empricos y popperianos,5 los cuales, por dems, son responsables de todo el progreso actual de la tecnologa e innumerables hechos cientcos. La disciplina que propone la doctora Karin, prestigia herramientas de la meditacin interior para estudiar los fenmenos sociales desde la perspectiva de la vieja tradicin ubicada en la contemplacin (no desde la transformacin de que habla el marxismo: Hasta ahora lo que han hecho los lsofos es contemplar el mundo; de lo que se trata es de transformarlo (Karl Marx --LM). Partiendo del hecho de que el paradigma de la modernidad est en crisis (pg. 30, citando a T ouraine, 1995),6 la doctora Karin considera y cree en la necesidad de la construccin de una nueva subjetividad distinta de la racionalidad moderna, usando no solamente la nocin de comprensin o de interpretacin de los fenmenos, sino tambin desde una perspectiva cuntica, la nocin de energa (reiki) interconectada con la materia, nociones promovidas por los sistemas de sanacin de otros contextos culturales. Estos sistemas no denen empricamente la observacin y la investigacin, pues su ontologa enfatiza la existencia de una esencia de las cosas y la creencia en una espiritualidad no legitimada por el materialista pensamiento moderno occidental. tYo me concentrar en uno de los aspectos del libro, las tcnicas cualitativistas, como el interaccionismo simblico y los efectos de su uso en la racionalidad moderna emancipadora. Existen varios comentarios de la autora contra la racionalidad moderna, y en su lugar o dentro de ella, 5 Seguidores de Karl Raimund Popper (1902-1994). Viena, Austria. Creador del Mtodo Hipottico Deductivo de la Ciencia.6 Alain T ouraine (n. 1925). Francia. Socilogo. Investigador de la sociedad postindustrial; muy vinculado al gobierno del Dr. Leonel Fernndez.

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19la autora hace propuestas de procedimientos espirituales cuya lectura sera de benecio para los/as lectores/as (pg.162 a 181). Sobre los estudios del alma, de la regresin, de la iluminacin, ella dice que: La ciencia todava ignora muchos de estos conocimientos, los considera mgicos y msticos, pues no pueden comprobarse cientcamente, y porque mantiene el binomio de cerebro y conciencia, cuerpo y alma, conocimiento y espiritualidad (pg.162). A todas luces, la autora arremete contra el planteamiento del existencialismo ateo francs de Sartre y otros, de que no existe una esencia humana determinada a priori, que no sea la congurada por la existencia proyectada en la soledad de un mundo sin Dios. La racionalidad moderna, contina diciendo, ha contribuido al derrumbamiento planetario (pg.166-170), debido a que se cree que la existencia precede a la esencia que es Dios o la inteligencia csmica (pg. 167). Sin embargo, agrega, A medida que englobamos la conciencia, nos volcamos hacia lo sobrenatural y esotrico, y, a travs de la observacin interior y la investigacin crtica, desarrollamos una ciencia interior, una ciencia del ser (a travs de la neurofenomenologa de Francisco Varela) (pg.173). En una propuesta contra la modernidad, la autora plantea que hay que evaluar ms crticamente las presuposiciones metafsicas, as como ampliar los mtodos cientcos, hasta incluir en ellos la obser vacin interior y la investigacin crtica, convirtiendo la propia mente en un instrumento de una visin transformadora y liberadora, capaz de desaar todo pensamiento y convencionalidad (pg. 179). Pero ella se resiste a caer en un idealismo craso sin argumentos fuertes, y nos dice: No se trata de desmantelar a las ciencias materiales sino de complementar estas con las espirituales para alcanzar la intersubjetividad del ser y del saber (pg. 180). El desarrollo de una ciencia interior, por otro lado, organizada en varias subdisciplinas, servira para edicar una metodologa de la meditacin sociolgica aplicada al estudio de un modelo nuevo de comunicacin social conscientivo, el cual encierra la posibilidad de desarrollar el potencial de sociedad que anhelamos (pg.181). Desde este enfoque la autora no reniega totalmente de la racionalidad moderna. Ella dice: Propongo pensarnos y conocernos de otra manera, sin abandonar, sin embargo, estos ltimos (pg. 31). (Se reere a los sistemas de creencias occidentales ms modernos. LM).

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20E n cada el captulo la d octora Karin nos propone elementos nuevos que confrontan la tradicional manera de relacionarse con la realidad para conseguir el conocimiento. En el Captulo 1, para poner un ejemplo, introduce la nocin del cuerpo y el concepto de iluminacin, analizndolos desde el contexto de la fenomenologa, que ella diferencia entre la fenomenologa del ser y la fenomenologa del saber. Entre otras perspectivas, se advierte su adhesin a la metodologa fenomenolgica de Alfred Schtz, 19587 (cuya base es la interaccin social), la interpretacin social y la comunicacin social de Habermas,8 puesto que plantean una nueva relacin entre objetividad y subjetividad. (La doctora Karin bebe de varios lsofos, directa e indirectamente: Hegel, Kant, Heidegger y otros autores que trataremos ms abajo). Es saludable que la autora siga a Habermas (pensamiento que pretende una sntesis de la comprensin hermenutica con la explicacin), aceptando su modelo conscientivo para la comunicacin intersubjetiva que niega o supera la comunicacin simplemente por el lenguaje y la razn, y permitira medir los grados de conciencia alcanzados en la interaccin con la realidad social. A partir de este marco terico delimitado es que la doctora Karin realiza su investigacin: En base al mtodo cualitativo de investigacin, principalmente la observacin participativa y la entrevista no estructurada,9 he llevado a cabo esta investigacin en la Escuela Desoto, a partir del 2002, primeramente como socia y posteriormente como profesora del Mtodo Vivencia Esential Desoto, un programa que ensea tcnicas y herramientas para el desarrollo integral del ser humano (pgs. 32-33). Soporta su investigacin en los anlisis de discursos loscos, sociolgicos y sicolgicos de los siglos XVII, XVIII XIX y XX, adems de los lsofos griegos, los primeros textos gnsticos del cristianismo medieval y la escuela de los esenios.7 Alfred Schtz (1899-1959). Socilogo y lsofo austraco-judo. Creador de la denominada Sociologa Interpretativa.8 Jrgen Habermas (1929-2007). Filsofo y socilogo alemn. Principal representante de la Escuela de Frankfurt. 9 Precisamente la metodologa de la Antropologa cultural a diferencia de la Sociologa, disciplina de Karin Weyland Ed.

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21ttInicio mis comentarios y algunos comentarios crticos que llaman a la discusin creativa, no al rechazo a priori, con la crtica a la racionalidad positivista que nos brinda T eresa Porzecanski, 1991.10 La causa de la crisis de las metodologas ciencias sociales ha provocado la discusin de las categoras bsicas de la epistemologa del XIX, y por ello decrece el inters por la Antropologa, la Sociologa y la Filosofa, por el afn de apegarse al neopositivismo, encontrar leyes causales como las ciencias duras. Han dejado de lado el sujeto como agente activo de transformacin, el sujeto como conciencia intrprete de su historia. (Si seguimos a Thomas Kuhn,11 los nuevos paradigmas resuelven las anomalas del paradigma anterior y por eso los adeptos de ste se resisten). Gadamer12 rescata a Dilthey13 y critica las metodologas positivistas por reduccionistas, por querer aplicar la experimentacin a las ciencias humanas, y exige poner atencin a los prejuicios, los cuales son una precomprensin que anteceden a la construccin del conocimiento. Comprender es interpretar y simbolizar (Porzencanski, op. cit.: 87). En el contexto de la fenomenologa, se rompe con la ptica positivista de la prudente distancia que debe guardar el investigador con el objeto a conocer, ya que el objeto o el entorno fsico es tanto creado por el sujeto, elemento que tiene cuerpo y experiencias, as como el objeto es un elemento que tiene signicacin para alguien. La autora establece diferencias: No es lo mismo el acto del ser y el acto del conocer, la fenomenologa del saber y la del ser, sin el acto del conocer no se llega al acto del ser, puesto que el sujeto necesita realizar al objeto y ste posibilita la interpretacin del sujeto. Posicin heideggeriana que 10 T eresa Porzecanski (n. 1945). Escritora y antroploga uruguaya juda. T iene la inuencia marcada del feminismo francs de la diferencia, por tanto la inuencia de la postmodernidad. Vase Rituales: Ensayos antropolgicos sobre Umbanda, ciencias sociales y mitologas. Montevideo, Uruguay. Luis A. Retta, 1991.11 Thomas Kuhn (1922-1996). Historiador y lsofo norteamericano de la Ciencia. En su pensamiento es importante la nocin de Paradigma y su explicacin sobre la estructura de las revoluciones cientcas.12 Hans-Georg Gadamer (1900-2002). Filsofo alemn. Renovador de la hermenutica. Autor de Verdad y mtodo I [Warheit und Methode, 1973] Salamanca. Ed. Sgueme, 1998. Ana Agud Aparicio y Rafael de Agapito, trad.13 Wilhelm Dilthey (1833-1911). Filsofo, historiador, socilogo y siclogo alemn que recibe la inuencia de la fenomenologa y de la hermenutica.

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22permite a la autora plantear que existe una conexin entre mentecuerpo y espritu, luego entre mente-conciencia y el fenmeno social. Segn T eresa Porsenkanski (op. cit.: 80): en el positivismo existe un menosprecio a las tcnicas de investigacin cualitativas, pues se tratan como algo agregado que tiene que pedir permiso a las ciencias sociales serias para ser incorporado al ncleo slido, seguro y objetivo de las mismas. Y si se las da permiso, se las obliga a las tcnicas, al objetivismo y al cienticismo, para que copien el status de las ciencias naturales. En cuanto al interaccionismo simblico, despus de Husserl14 dos direcciones diferentes surgieron, aproximndose a la sociologa colectivista: una direccin, la de Merleau Ponty,15 Alfred Schtz (op. cit.), etc., crearon una combinacin entre hermenutica fenomenolgica con una fenomenologa individualista, y aportaron la nocin de mundo de la vida vinculado por la tradicin. Schtz adopt una fenomenologa mundana, aplic la intencionalidad al mundo de la vida, al diario vivir, donde opera la accin cultural intersubjetiva, enfatiza el individuo-orden, etc. La autora de Sociologa del alma se apoya en Schtz, para el cual los fenmenos parecen no importar si son reales o de ccin, estn dados (de la fenomenologa, los fenmenos son lo que aparecen: ser y aparecer se identican), signican algo para alguien. Con Schtz, la cotidianidad y la interaccin simblica se importantizan; luego toman relevancia los problemas de la vida privada, problemas femeninos, existenciales, del bajo mundo, de adictos, gays, etc. Adviene en la relacin dialctica sujeto-objeto un giro epistemolgico y metafsico, puesto que aqu los objetos existen porque el sujeto la crea, en el sentido de que signican para l, y el sujeto mental, o la mente del sujeto, es creado por el objeto. En la misma ptica, T eresa Porzecanski (op. cit.) dice ms o menos textualmente: es necesario tanto representar la realidad social y otorgarle sentido, el sujeto crea sentido, intencionalidad. La base del 14 Edmund Husserl (1859-1938). Filosofo alemn. Creador de la fenomenologa.15 Maurice Merleau-Ponty (1908-1961). Fenomenlogo francs. Interesado en la temtica del cuerpo; denominado errneamente existencialista por su amistad con Sartre y De Beauvoir.

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23interaccionismo simblico es que la construccin social de la realidad se debe al fenmeno de la interaccin, y esto disuelve la clsica oposicin sujeto-objeto que ve lo social como algo reicado, puesto por el sujeto como algo dado, creado por nuestra subjetividad.tExisten limitaciones que han impedido que el interaccionismo simblico y la fenomenologa se hayan convertido en una tradicin terica satisfactoria para el pensamiento social contemporneo. Estoy de acuer do con muchas de las aportaciones de las micro metodologas. Pero hay que discutir hasta donde la fenomenologa y el interaccionismo pueden o no por separado, sustituir el anlisis colectivista social de la sociologa tradicional de Marx, Weber, Durkheim, que es la aportacin ms grande a la sociologa. En trminos de la accin (lo epistemolgico, lo losco) la fenomenologa husserliana,16 es directa y radicalmente idealista porque cree que los objetos estn construidos puramente por la conciencia. La fuente de la estructura de la realidad es producida gracias al proceso constituyente de la conciencia humana. La autora acepta la nocin de espacio y tiempo de Kant-Hegel: Lo que percibimos responde a una categorizacin delimitada del tiempo y del espacio que slo se da en nuestra mente (pg. 89 sobre Berkeley y Kant). El espacio, el tiempo y la conciencia son condiciones inherentes a la subjetividad; es decir, su esencia precede a la existencia, como dijeron Kant y Hegel (pg. 112). La realidad social es una ilusin de la mente. Las sensaciones no son tan racionales ni objetivas pero actan en nosotros como si lo fueran. Lo nico real es el presente, mientras los objetos estn a nuestra vista existen, si no, desaparecen de la mente. El mundo es una mera conceptualizacin basada en informacin determinada por nuestra percepcin a priori, y que en este proceso no podemos ignorar la comunicacin al interior de la mente y la funcin de la conciencia en interpretar e integrar otros modos de conocer ms all de la inteligencia cognitiva, el lenguaje, la razn (pg. 90).16 La corriente de la fenomenologa de Husserl cuya nocin de intencionalidad exige una vuelta a las cosas mismas.

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24Por otro lado, con el paso del tiempo, etnometodologa e interacionismo se viran excesivamente a lo prctico. Estas micro metodologas, o se van a niveles empricos excesivos, parecidos al empirismo moderno, o se van a un excesivo individualismo parecido al que fomenta la postmodernidad; es decir llegan de nuevo a la tradicin empirista a la que se opusieron. Esto es lo que ha pasado, al menos, en la etnometodologa con Garnkel17 y a Blumer18 y con casi todos los de interaccionismo simblico que dejaron atrs los efectos del simbolismo. En la Sociologa fenomenolgica de Schtz, las metodologas cualitativistas, como la observacin participante y el anlisis del discurso, disuelven la categorizacin de lo objetivo-subjetivo, y negando el universal, estudian situaciones especicas dentro de marcos reducidos. Se critica al marxismo y al estructuralismo de negar la relevancia de la intencionalidad del acto. El estructuralismo dej fuera al sujeto, buscando una subyacente y racional universalidad, representante del espritu humano universal. Las micro sociologas se volvieron desde los aos en etnografas de lo cotidiano; proponen rescatar el sujeto, relativizar las perspectivas y presuponer que hay un mundo comprensible para un grupo. Pero con la postmodernidad y las micro metodologas se maniesta que el universal impide ver al hombre concreto, despoja a los grupos humanos de su identidad y los reduce a una imagen abstracta. Las micro metodologas estn contra un grado alto de universalidad de las conductas del ser humano y del desarrollo de las sociedades. Al igual que T eresa Porzecanski, Karin propone una sociologa o una antropologa del signicado, que hable de los procesos simblicos mediante los cuales las gentes entienden sus mundos, y a s mismo y las consecuencias de sus acciones. Esta propuesta se acerca a la crtica logocntrica de Derrida,19 acusada por algunas personas de un relativismo, a comprobar o no su presencia en el pensamiento de Karin. Lo 17 Harold Garnkel (1917-2011). Socilogo norteamericano. Inventor de la Etnometodologa; famoso por sus experimentos micro-sociales. 18 Herbert Blumer (1900-1987). Socilogo americano de la Escuela de Chicago. Principal representante de la corriente sociolgica del Interaccionismo simblico cuyo trmino acu en 1937.19 Jacques Derrida (1930-2004). Filsofo y crtico literario argelino. Sus teoras han dado lugar al deconstruccionismo desde el cual se ha arremetido una radical confrontacin a la racionalidad moderna.

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25que tenemos claro es que la propuesta de la autora est cerca de una sociologa situacional, contextual, y pragmtica, que se descubre en la fenomenologa de Schtz, interesada en la vida cotidiana en lo que la gente hace realmente, contra la ambicin omnicomprensiva de la realidad (metarelatos hegeliano y marxista, por ejemplo), preocupada por interpretar como se desempea el sujeto en una determinada situacin. Se apela a rescatar la imaginacin, cuando un acontecimiento tiene signicacin para alguien, para encontrar nuevos conocimientos. fDentro de esta ptica se echa mano a otra versin de la verdad. Adems, la verdad es cuestin de perspectiva o contexto, ms que ser algo universal. No tenemos acceso a la realidad, a la forma en que son las cosas, sino solamente a lo que nos parecen las cosas a nosotros. Una nocin de verdad perspectivista no es representacionista, ni est cerca de la teora reejo, ni derivada del anlisis lgico del lenguaje, no es positivista, ni pretende una verdad absoluta ni ideologizada. Mi pregunta sera: cuando caen todas las ideologas, cuando se llega al entendido del n de todo metarelato, de toda narrativa, etc., qu queda? Aparentemente nada, o todo a volver a construir. Pero esta posicin tendra en su contra un fenmeno crucial concluyente: el des compromiso absoluto de todos con todo. Y entonces cmo construir un derecho des comprometido? Si todas las teoras han sido, por el planteamiento postmoderno destruidas como verdades absolutas y nicas, y se las ha relativizado, cul sera el resultado? En este contexto existe el problema de reinterpretar tericamente la nocin del cambio social. Reinterpretar la historia que ya no es la historia trascendental, realizada por leyes fuera del ser humano, ahora es la historia que los seres humanos practican con sus valores y esperanzas, sus motivaciones y su cotidianidad. Ya no es la historia regida por leyes, como en el marxismo, dirigida a un proceso gradualmente progresivo, sino que la historia es historia de acontecimientos. (Interesante es leer a Hannah Arendt,20 la cual plantea un debate postmoderno que hay que 20 Johanna Hannah Arendt (1906-1975). Importante pensadora juda de la losofa y del pensamiento poltico del siglo XX. Alumna y compaera amorosa de Heidegger a cuya losofa aport ricas y renovadoras categoras superadoras del pensamiento del lsofo alemn.

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26discutir porque niega el progreso en la historia). Por su lado, T eresa Porsenkanski propone que es propio de las micro metodologas y de la postmodernidad arremeter contra la idea del progreso, es decir, la idea de que todas las sociedades y la humanidad tendran el mismo desarrollo y arribaran a un estado superior por igual. Y es que tanto en la autora de la obra comentada, como en la mayora de los autores mencionados, como sus fuentes tericas, de alguna manera est presente la legtima critica al marxismo. En el pensamiento de Karin, la interaccin simblica con la realidad devala la fuerza del planteamiento de que sea la base material o el ser social lo que determine la manera de pensar. Ahora ser lo inverso. Contra el marxismo, ahora es el cambio individual lo que ser importante en el cambio del entorno social. Y esto es lo que garantiza, segn ella, la revolucin y transformacin del mundo. Por otro lado, creo que existe una racionalidad emancipadora y otra instrumental a la que tenemos que criticar. La autora no hace ese deslinde terico y parecera que se conecta en este punto con la postmodernidad que s se lleva de plano todo el pensar moderno.

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27br21Felicito a la doctora Karin Weyland por su libro, ante todo por el sentido comn que ella exhibe en la obra. Pero a diferencia de la profesora Lusitania, lsofa y acadmica, lo he ledo con otros ojos, con ojos de profano y de libre pensador. Por eso quiero comentar, de manera breve, algunas de las tremendas propuestas que hace aqu la autora. Pero permtanme hacerlo con ojos crticos, o sea, con cuestionamientos: Ya en la introduccin aparece una pauta y una tnica al libro, una inquietante idea de Jorge Luis Borges que llam mucho la atencin de la autora: El universo es ilusorio, y vivir es precisamente soar. Pero detrs de esa idea ya paradjica se abre un misterio an mayor y ms medular: quin es el soador doctora Weyland? Estamos todos nosotros siendo soados? Ahora bien, recordando al doctor Albert Einstein, quien pens que: Lo ms bello que podemos encontrar, chocante y ms extraordinaria: que la vida sea un sueo como lo han credo siempre los hinduistas, o que la identidad del soador nos sea totalmente desconocida? Y esa idea tan oriental de Borges --aquella del mundo como sueo-parece haber sido para la autora, como un hilo conductor en el desarrollo de las diversas propuestas a lo largo de su libro. Por ejemplo, en las pginas 24 y 25 leemos este comentario epistemolgico respecto a cmo acumular conocimiento: Podramos nosotros ir ms all de esta subjetividad reexiva, e identicar nuevas formas de conocer, para acceder al conocimiento de lo que llamamos realidad social? Y contina ms delante: Kant rechaza la idea de que el sujeto pueda conocer el mundo a travs de la razn pura, y elabora el concepto de la esencia pura, aquello que todava no es cono-21 Despus de una carrera en gerencia bancaria internacional, Cndido Guzmn se ha dedicado a la T eosofa. Es participante regular en los seminarios dominicales de la Comisin de Filosofa de la Academia de Ciencias.

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28cido por el sujeto que siente e interpreta. Se habla ah de que todo es dado y recibido a travs de los sentidos, y todo es pensado a travs de la capacidad del sujeto de emitir juicios sobre esas sensibilidades. Sin embargo, deben manifestarse las dos condiciones inherentes al conocimiento, o por extensin, la subjetividad, que segn Kant son el tiempo y el espacio. Leyendo esta reexin de Karin Weyland sobre Kant, acerca de todo aquello que todava no nos es conocido, de inmediato yo trat de imaginarlo todo grcamente en mi mente, pero teniendo muy presente que cada sujeto humano es para nuestros sentidos tan slo una fraccin de lo que realmente l es, pues es slo la parte que nos es conocida de l. En toda relacin social, nosotros slo percibimos lo fsico, lo fenomnico y lo supercial, pero no vemos lo real, como dira Kant mismo. Hasta ese punto, la mayora de nuestros lsofos ha estado siempre de acuerdo. El problema vino despus; ya que leyendo esa parte del libro, aparecieron ante los ojos de mi mente dos icebergs otando en el mar. Ellos eran mis dos sujetos, el conocedor y el conocido, pero de cada uno yo solamente vea la parte que sale a la supercie, que sabemos es tan slo el 15% de la masa total de hielo. T odava ms: de pronto yo me volv un poquito clarividente y pude ver las dos partes sumergidas de las masas, que antes haban estado fuera del alcance de mis sentidos. Ante esta visin, la idea de una sociologa del alma, como la de nuestra autora, se plante ante m como una cosa no solo posible, sino muy atractiva, as estuviera llena de obstculos. Ante mis asombrados ojos, se present toda una humanidad formada por cubitos de hielo que otaban danzando sobre las aguas, cada uno de ellos con un ojo muy atento y muy vigilante y jo sobre los dems cubitos que interactuaban entre s, tal como lo hacemos los humanos: Le dice la parte otante de un cubito de hielo al otro: T me caes bien, y yo confo en ti. En tanto le dice al otro: T e amo (pero sin saber por qu). Sin embargo, desconfo y recelo de aquel otro cubito, en tanto que por aquel de ms all slo siento algo as como un rechazo instintivo (pero igualmente sin saber por qu). Etc. De repente, contemplando mi cuadro, me pregunt: Se dan ustedes cuenta de lo simple y lo sencilla de esa Sociologa pero solo cuando

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29incluimos las partes invisibles? Estoy hablando de la simpleza de pensar que en aquella parte que no se ve de cada iceberg humano, es en donde encontraremos las respuestas a todos sus misterios, sus atractivos, y sus idiosincrasias. O sea, las respuestas a todas sus caractersticas y condicionamientos. Y qu de todos los talentos y vocaciones que cada cubito trae consigo a este mundo? Desgraciadamente, ya ese enfoque nos metera en un nuevo terreno reencarnacionista, uno muy diferente. Estaba yo contemplando ese gran panorama, cuando me asaltaron una serie de preguntas muy inquietantes. Por ejemplo: tener que enfrentar? Rico que se encuentra ante un cuerpo cientco y acadmico, con una metodologa de demostracin que es monista en su materialismo, y que, adems, desde hace ya dos siglos ha adoptado el positivismo como su losofa? abismo que separa su propuesta, de las bases sobre las que ha estado sustentado el pensamiento cientco hasta este siglo XXI? Cuando en la pgina 28 la doctora Weyland pregunta en su obra: Es la conciencia entonces la esencia de la existencia? Nos encontramos ante la realidad de que por los ltimos ciento cincuenta aos, la Ciencia ha sostenido el estandarte del darwinismo. Estamos hablando de una teora que propone esto de la manera ms reiterada: que lo que evoluciona en la naturaleza son las formas de las cosas, que son los cuerpos no sus conciencias, no sus almas!El darwinismo es una teora que aun contina siendo eso mismo teora pero que en siglo y medio no ha pasado a ser conocimiento cientco, o sea, ley, porque dicha teora no ha podido ser probada y demostrada utilizando aquel mtodo probatorio, monista, de la Ciencia misma. Vaya con la contradiccin! Ante esa osada cientca, seguimos enseando en nuestras escuelas que lo real es el cuerpo, digamos el cerebro, y que todo lo dems incluyendo ah a la conciencia (nuestro Yo), as como el Alma con toda su memoria y su acumulo de historia; e igualmente la inteligencia,

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30la compasin, la solidaridad humana y el sentimiento intuitivo por lo divino y por la belleza esas no son parte de la realidad, sino que son algo as como secreciones del cerebro. Pero este cerebro s que es real, porque se pesa, cuenta y mide o sea, porque es cuanticable en tanto que la conciencia, el amor, la intuicin y la aspiracin espiritual no pueden serlo!ttttftEn la pgina 54, la autora nos habla de la relacin y el dilema entre el saber y el ser, y se abren importantes preguntas en nuestra mente a medida que leemos este texto tan inquietante. Veamos tan slo algunas de esas preguntas que surgen de la lectura y van en apoyo a las muchas tesis de este libro: Cmo es que mientras mi mente me da la certeza (absoluta) de que yo soy, o sea, de que yo existo ms all de toda duda, esa misma mente me esconde quien es que soy; quien es que existe? (En pocas palabras: quin soy Yo?). Y estoy seguro que dentro de cien personas que estuvieran aqu presentes, cada una reconoce ser un Yo O sea que todos creemos ser una misma cosa comn! aunque despus viene lo de: Yo soy Juan de los Palotes. Y es con ese Juan de los Palotes que cada uno se identica de un modo total; en tanto que la otra cosa, el Yo permanece misteriosamente sin explicar y sin que sepamos siquiera cmo explicarlo. cubrimiento? Por qu est el Yo humano envuelto en una subjetividad absoluta, hasta el punto de que ese Yo ve exclusivamente hacia afuera, en tanto que ese Yo misterioso rara vez es cuestionado por nosotros? Al mismo tiempo, cmo es qu ese Yo muy rara vez es explorado? (excepto por aquellos que siguen la tradicin oriental de la meditacin). Y cmo es que la existencia de una mente inconsciente en cada uno de nosotros, aparentemente conocida desde aquellos cultos dionisacos y bquicos de la antigedad clsica, no fue explorada, o por lo menos redescubierta y debidamente analizada en los ltimos milenios por nuestra llamada Filosofa occidental y aun menos por la Ciencia?. Finalmente, cmo es que unos 110 aos despus de la vida y obra de Sigmund Freud, todava no se ensea en nuestras escuelas su teora

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31sobre la Mente inconsciente ya que la misma no puede ser sometida al mtodo monista de demostracin cientca porque no se pesa, cuenta o mide, y sin embargo, en esas mismas escuelas se sigue enseando la otra teora, la de Darwin, que tampoco ha podido ser demostrada en el ltimo siglo y medio? A quin ser que estamos engaando con nuestra doble moral cientca? Y, que conste, que nuestras clases intelectuales son cmplices de esta doble moral. En la pgina 58, la autora hace una audaz comparacin cuando nos dice: De cierta manera, la meditacin es una ciencia similar a la tcnica de libre asociacin y a la interpretacin de los sueos utilizada por Sigmund Freud desde el ao 1900. Y en verdad, es muy cierto; sin embargo, hay una gran diferencia que corre por lo bajo: y es que la meditacin desde hace milenios, se ensea en el yoga indostnico, en el jainismo, as como en el budismo. Son tradiciones que ya han sido institucionalizadas y estn respaldadas y sustentadas por sus propias ciencias y sus tcnicas espirituales, con sus correspondientes corpus literarios y cientcos. Por lo tanto, las distintas tcnicas de meditacin se ensean en las escuelas y universidades orientales como cosas vlidas, y sin encubrimientos ni cortapisas, como se hace aqu. All la autoridad le llega a la meditacin, as como a la acupuntura y otras prcticas, por va de la losofa Vedanta, de los sutras del budismo, as como del taosmo, etc. Por el contrario, Freud descubri en solitario y por su propia cuenta toda una dimensin del ser humano que, por milenios, haba permanecido en Occidente como tierra desconocida pues nadie explor aqu el misterio del Yo, incluyendo ah a la Ciencia, la Religin y la Filosofa misma post-platnica! Cmo puede explicarse entonces que ese inconsciente, de Freud, permanezca an sin respaldo ocial, al punto de que el grueso de nuestra poblacin criolla vive y opera como si no tuviera una mente inconsciente, o sea, sin tenerla en cuenta y sin meterla en la ecuacin de sus propias existencias personales? Por va de ejemplo, para la Ciencia occidental los sueos nocturnos son el simple resultado de un cerebro desocupado y/o de alguna fase extraa del metabolismo, amn. En cuanto a la Religin occidental, esta slo se qued repitiendo por siglos un mismo versculo bblico del libro de Job, que dice: En sueos y visiones de la noche, el hombre

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32es instruido; slo que lo repiten sin una explicacin medianamente racional de quin es el instructor, ni tampoco cul es el contenido de esa instruccin. La nueva dimensin inconsciente fue redescubierta originalmente por Sigmund Freud, y expandida por Carl Gustav Jung hacia un inconsciente colectivo, que incluye aquel estado nocturno en el cual todos experimentamos esos ensueos tan conocidos, con todos sus misterios y su lenguaje simblico y emocional. Esos ensueos nocturnos no slo son reconocidos por las escuelas orientales con el trmino snscrito de swapna, un estado de consciencia que es intermedio y tambin crepuscular entre dos mundos, este y el otro, mundos que el Yo puede contemplar de manera simultnea. Por otro lado, por su dinmica y su signicado, esos ensueos tan estudiados por Freud y por Jung, ms bien pareceran como extrados de un texto vdico de la India, digamos, del Brihadaranyaka Upanishad. En Occidente, por desgracia, el principal sostn al inconsciente, de Freud y de Jung, as como a la importancia de los misteriosos ensueos de la noche, debi de haber venido por fuerza de la Ciencia Mdica misma, de donde naci el Psicoanlisis mismo, que es hoy su oveja negra. Pero en realidad esta ciencia ocial le ha negado todo apoyo verdadero, como Ciencia; no importa que muchos mdicos y cientcos hayan utilizado y expandido por su cuenta, dicha ciencia psicoteraputica y psicoanaltica. En verdad, nuestra ciencia ocial todava le niega realidad a toda aquella parte del ser que es esencia, o que es inconsciente, ya que recela de ellas, y porque su investigacin podra poner en tela de juicio nuestro pregonado adelanto cientco y tecnolgico de hoy o sea, de todo este presunto bienestar material de hoy. Bien parecera que hemos acumulado conocimiento abundante de todos los reinos de la naturaleza, de todo lo que se pesa, cuenta y mide, pero lo hemos hecho a expensas de lo ms importante de todo, de lo esencial, pues no hemos hecho avances signicativos respecto de aquellas ciencias que estudian al Hombre mismo: las llamadas Humanidades. Y siendo nuestra ciencia ocial tan dogmtica como lo es la R eligin, ella insiste en que un Humano es un cuerpo que posee una conciencia (alias alma, para algunos), pero que denitivamente no es un alma

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33que es independiente del cuerpo; cuerpo que ella, como arquitecto, hizo construir, clula a clula y molcula a molcula dentro del gran silencio uterino. En n, que el hombre mismo, con su gran complejidad interior, est an por ser denido de manera cabal y completa. Oriente por el contrario, ya hizo tu tarea, y descubri desde hace muchos milenios que el hombre es septenario; o sea, que est constituido de siete principios o aspectos distintos, cada uno de ellos con una funcin diferente, y de los cuales, durante la vigilia del da, nuestros cinco sentidos slo perciben uno de ellos, el nico que se pesa, cuenta, y mide: el cuerpo fsico. Desgraciadamente, el resultado de desconocer esos otros principios invisibles que componen al hombre real (que resulta ser tan complejo), es que tambin permanecemos en la oscuridad respecto a muchos otros misterios psquicos y psicolgicos, que envuelven a ese hombre, y que han permanecido irremediablemente sin resolver; tales como: la clarividencia, la premonicin, el sonambulismo, la telepata, la profeca, la mediumnidad, los ensueos nocturnos, el coma, y muchos otros ms. Ahora bien: esto en mi mano (mostrando una muequita matrioska22 es la obra de orientales, demostrndole a nuestros sentidos que lo que se ve no es todo lo que hay! pues lo que se percibe por los sentidos, es siempre lo externo y lo material. Aqu hay mucho ms por dentro, de acuerdo a los chinos, que fueron quienes crearon las originales matrioskas con todos sus cuerpos y dimensiones (visibles e invisibles). Igualmente debe haber dimensiones internas en el hombre, el hombre que acta en lo fsico, pero que slo puede actuar porque ya antes pens con su mente (invisible), y todava, antes de pensar sinti, etc. T odos esos poderes provienen de capas diferentes del Ser, como pareca saberlo aquel oriental que dise ese juguete. Respecto al cuerpo humano, la pregunta peligrosa es esta: pero ser verdad que tenemos un cuerpo? ser realmente nuestro? La decepcionante respuesta es que ni siquiera somos los autores de ese cuerpo. 22 Matrioska: un tipo de mueca rusa, creada en 1890, que es hueca por dentro; de manera que en su interior alberga otra mueca idntica pero ms pequea, y sta, a su vez, alberga a otra, y as sucesivamente desde cinco hasta muchas ms, siempre y cuando sean una cantidad impar (Wikipedia Ed.).

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34Es por eso que casi todas las religiones y escuelas de pensamiento del mundo condenan el suicidio. Este cuerpo fsico que nosotros exhibimos fue construido para nosotros! a partir de una sola clula, por obra y fuerzas de la Naturaleza. Ms claro an: fue construido clula a clula por millones y millones de viditas agremiadas que son constructoras y son arquitectas porque ellas ya conocen los planos de construccin. Y fue a imagen y semejanza de esos gremios de viditas, ya conocidos por la Gnosis antigua del Medio Oriente, que la Francmasonera T emplaria fue organizada en el siglo XII y sobrevive hasta el da de hoy. Si a nosotros mismos nos pusieran a construir este cuerpo humano en el La mueca rusa tipo matrioska.

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35que vivimos, simplemente fracasaramos, ya que el conocimiento necesario para ello, sobre: fsica, qumica, diseo, anatoma, siologa, matemticas, arquitectura, etc., nos resultara totalmente abrumador. Por qu? porque desconocemos las leyes que rigen semejante proyecto arquitectnico en cada uno de sus planos. En pocas palabras, aquellas viditas, autoras de muchos de esos cuerpos, saben ms que nosotros! En estos tiempos en que la Ciencia ha cado en las arenas movedizas de la Fsica Cuntica, la concepcin antigua y pre-cristiana de una naturaleza que estaba viva, que era un ocano de conciencia incorporada, se ir poniendo ms y ms de moda. Estamos hablando de aquella concepcin de la naturaleza como poblada por un mar de diminutos seres que todo lo animan, desde los gnomos23 que animan la tierra, hasta las ondinas y nyades24 que mueven las aguas, hasta las sldes25 del aire y las salamandras del fuego.26 Los antiguos no conceban la naturaleza como cosa muerta o inerte, como se le ensea al nio de hoy en la escuela y en la iglesia, con consecuencias ecolgicas terribles. En estos tiempos desafortunados estamos viendo la naturaleza sublevarse en forma de inundaciones, terremotos, tsunamis, alteraciones climticas, y reactores termonucleares fuera de control. Y por va de ejemplo, Fukushima27 ha sido golpeada por todas aquellas fuerzas elementales agremiadas: tierra, agua, fuego y aire! sin embargo, nuestros cientcos no ven explicacin alguna que concierna al orden moral en lo que respecta a la conducta humana hacia la vida en la naturaleza, conducta humana que hoy est regida por valores que son falsos, por ser enteramente materialistas. Ms cosas podran descubrir con su propia intuicin, en Fukushima, un chamn, un sacerdote taosta del Feng Shui 28 o un 23 Gnomos: segn la mitologa de Europa del Norte, y ciertas doctrinas cabalsticas, enanos fantsticos o elementales de la T ierra, que trabajan en minas custodiando tesoros subterrneos y cuidando de los metales y piedras preciosas (Wikepedia Ed.)24 Ondinas: las ninfas acuticas de espectacular belleza que habitaban en los lagos, ros, estanques o fuentes; corresponden a las nyades de la mitologa griega. Nyades: Las ninfas de los cuerpos de agua dulce fuentes, pozos, manantiales, arroyos y riachuelos, encarnando la divinidad del curso de agua que habitan (Wikepedia Ed.)25 Sildes: seres invisibles del aire, segn la mitologa occidental. 26 Salamandras del fuego: espritus elementales del fuego (varias fuentes del internet Ed.)27 Fukushima: la planta nuclear japonesa, gravemente daada por el terremoto y consecuente tsunami del 11 de marzo de 1211, slo diez das antes de este Seminario.28 Feng Shui: una forma de Geomancia china que nos llega del mundo antiguo, y que est

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36astrlogo verdadero, en cuanto a encontrar las verdaderas causas de la aparente rebelin natural. Pero ellos jams las descubriran necesariamente en el plano fsico y material. T odo en el universo parece estar bajo Ley, incluyendo los distintos planos de existencia; pero para la Ciencia positivista de hoy, esas leyes naturales estn ah porque s y sin representar la voluntad de nadie; y de paso slo aplican al plano material, y no al moral; y mucho menos al espiritual, ni tampoco aplican al pensamiento y a las intenciones y motivaciones, etc. Para esos cientcos, las siete leyes que sostienen la naturaleza, a todo lo largo y ancho del Universo (la gravitacin, la luz, el sonido, el calor, el magnetismo, la electricidad y la cohesin), no sirven a ningn propsito o intencin pre-establecidos, y no provienen de inteligencia alguna. Ya que, considerando que para ellos, no hay Dios ni hay dioses, entonces, de quin podra ser la voluntad y la inteligencia que mantienen esas leyes eternamente sostenidas? En la pgina 76 aparece la Ciencia pitagrica del siglo VI antes de Cristo, que la doctora Weyland explora en su libro. Esa era otra cosa. All, en la Grecia preclsica, se reconoca y se veneraba la inteligencia que claramente Pitgoras poda ver en la naturaleza. Y esa inteligencia provena, en ltimo trmino, de los Dioses! pues de quin ms iba a ser esa inteligencia? Despus de felicitar a la doctora Weyland por todo lo propuesto en su interesante libro, mi pregunta teosca29 a ella es la siguiente: Doctora, ser la vida un problema, a ser resuelto por nosotros? O por el contrario, ser una leccin proveniente del pasado a ser experimentada, nos guste o no?basado en el ujo de la energa Chi. Se trata de un ancestral sistema de Esttica, que aplica la doctrina taosta para mejorar la vida. Es ciencia que estudia los cambios en la naturaleza, en el clima y en los astros.29 T eosofa: un movimiento fundado en 1875, en New York, para difundir las doctrinas orientalistas de H. P. Blavatsky. En ellas se buscan las races de las antiguas losofas, ciencias, y religiones del mundo, por el estudio comparado de estas, con el n de fomentar la fraternidad y la paz por el desarrollo de una nica Religin-cientca, y Ciencia-religiosa.

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37bbnAgradezco el anlisis minucioso de ambos comentaristas, y el tiempo que le han dedicado a estudiar mi obra y relacionarla con las ideas que han regido el pensamiento occidental, por un lado, y el pensamiento oriental por otro, en temas tan pertinentes hoy da como la evolucin del Ser Humano, el despertar de la conciencia, tcnicas de sanacin, el comienzo y el nal de ciclos universales, y el porvenir de futuras digma signicante para la ciencia en general, pero particularmente para las Ciencias Sociales. No slo estamos frente a nuevos escenarios de crisis mundiales, sino tambin de crisis epistemolgicas que como cientcos sociales debemos analizar, y desde un anlisis, tal vez considerado vanguardista, hacer propuestas que resuelvan muchas de las interrogantes que hoy da plantea nuestra sociedad. Entre ellas guran la crisis ambiental, la crisis del sistema de salud, la desigualdad social y la concentracin de la riqueza, y la crisis existencial que enfrenta el Ser Humano en su apogeo materialista. Como expreso en el captulo dos, la cosmovisin materialista del universo heredada por Karl Marx ya no es suciente para la explicacin de nuestros universos sociales; debemos entonces incorporar otras categoras de anlisis, tales como la conciencia universal, la relacin mente, cuerpo y espritu, y abrirnos al desarrollo de una ciencia interior de la mente, o una ciencia del alma o del espritu. En la cosmologa hind/budista, la mente es el sexto sentido, que se suma a las percepciones que recibimos a diario a travs de la vista, el odo, el olfato, el tacto y el gusto. En el mundo de las percepciones, segn la losofa oriental, la realidad social se construye demasiado rpido. Por lo general, perdemos una sptima parte de lo que est sucediendo en cualquier interaccin humana, y adems, muchos de los conocimientos que internalizamos son a priori, es decir, ya estn estipulados por las normas y valores sociales. En el libro, La sociologa del alma y el desarrollo de una ciencia interior, se propone un nuevo paradigma que tome en consideracin estos cambios a la hora de hacer investigaciones sociales y observar el mundo social. Cmo integrar a las Ciencias Sociales lo que ya est comprobado cientcamente, que

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38tenemos una inteligencia espiritual que reside en la biologa de las neuronas, y que el rgano del corazn recibe la informacin mucho antes que el cerebro la interpreta, es decir, que tenemos tambin una inteligencia innata, intuitiva? Ya en la disciplina de la Psicologa se est hablando de una Psicologa Energtica o del Estudio de la Energa para medir estas interacciones que anteriormente eran invisibles a la Ciencia. En la Sociologa, el campo ms apto para el estudio de la construccin de la realidad social es la fenomenologa. Desde esta corriente losca se podran derivar otras subdisciplinas ms anes al estudio de la mente interior, para la investigacin social y la produccin de otro tipo de conocimiento, ms acorde con soluciones a nuestras crisis mundiales hoy da. El libro ofrece un gran nmero de conceptos e ideas de cientcos y tericos, entre ellos, socilogos, lsofos, humanistas, psiclogos. Uno obra se centra en la fenomenologa del Ser. Conocido tambin como racin de Asociaciones de A yuda Social, Ecolgica y Cultural, aliada al Consejo Econmico y Social de las Naciones Unidas. En su obra, dicho humanista resume el cambio interior que el Ser Humano debe experimentar, para el desarrollo y educacin de la conciencia, lo que l llama la globalizacin de la conciencia. El despertar a estos conocimientos hoy da es de suma urgencia para cualquier Ser Humano que quiera evolucionar en su relacin cuerpo, mente, y espritu. Desde los tiempos greco-romanos se crea en la transmigracin de las almas. Hoy da, ni tan siquiera reconocemos que somos un alma con un cuerpo fsico en proceso de evolucin. Como dice el Maestro Desoto, si todos al mismo tiempo tomramos conciencia de la inteligencia espiritual que nos gua y unicramos la conciencia colectiva bajo estas premisas, el mundo sera un verdadero paraso. La revolucin interior no es un movimiento social que obedece a la evolucin lineal y materialista de la historia sino todo lo contrario, es un movimiento individual que podemos comenzar aqu y ahora, en el desarrollo de una ciencia interior. Como diran Hegel y Kant, el tiempo y el espacio es donde conuye la construccin de la realidad social, es decir en nuestra mente, sin embargo, la evolucin de la esencia vital

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39de la mente va a estar dada por factores externos, mientras que la parte conscientiva estar determinada por nuestro nivel de conciencia, as como por las causas y consecuencias de nuestras acciones, dos premisas que van de la mano a la hora del balance de la conciencia y la toma de decisiones que afectarn a estas y futuras generaciones. Como nos alerta el Maestro Desoto, Si el cuerpo mental est ocupado por los egos, por las emociones, por la identicacin y la fascinacin con el mundo exterior.la conciencia no se podr manifestarocupada la mente con las mismas preocupaciones del mundo fsico (pgina 120). Las Ciencias Sociales, al igual que el individuo, deben despertar a nuevas ideas, nuevos paradigmas, nuevas maneras de interpretar el mundo. Es slo cuestin de tiempo para que las mismas vibraciones de la inteligencia espiritual nos encaminen en esa direccin; debemos decidir si estamos a bordo o no de esta nueva travesa.

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fr nt tfttLa evaluacin:un tema nuevo para la comunidad cientca de la Repblica Dominicana DIRK ERDMANN GUENTHER es Doctor en Ciencias Agrcolas. Miembro de Nmero de la ACRD. Director de la Unidad para Evaluaciones de la Welthungerhilfe, una organizacin no gubernamental (ONG) de Alemania. WOLF ANG MEYER es Doctor en Sociologa. Docente e investigador en el Centro de Evaluacin de la Universidad del Saarland, Alemania. HCTOR ALMONTE MELLA es Maestro en Sociologa. Director del Centro para la Accin y Educacin Ecolgica y Naturaleza (ONG) de la Repblica Dominicana.

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42Dirk Erdmann Guenther, Wolfgang Meyer y Hctor Almonte MellaResumenLa evaluacin: un tema nuevo para la comunidad cientca de la Repblica Dominicana La evaluacin externa es un instrumento fundamental para el desarrollo. Primero se implement en el siglo XVIII en los Estados Unidos entre inspectores de programas pblicos. Desde 1993 hay una ley norteamericana que plantea estndares de utilidad, viabilidad, correccin y precisin. En el siglo XX la evaluacin se ha difundido en Europa, institucionalizado en las Naciones Unidas y comenzado a establecerse en la Amrica Latina. Los autores plantean que la Academia de Ciencias podra servir como foro para introducir la evaluacin al discurso cientco en Repblica Dominicana.SummaryEvaluation: A New Perspective for the Scientic Community of the Dominican Republic The external evaluation is a fundamental instrument of development. First it was implemented in the 18th century in the United States among inspectors of public programs. Since 1993, a U.S. law establishes standards of utility, viability, correction, and precision. In the 20th century, the evaluation has spread to E urope, been institutionalized in the United Nations, and begun to become established in Latin America. The authors propose that the Academy of Sciences could serve as forum for the introduction of the evaluation into scientic discourse in the Dominican Republic.

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43El concepto de la evaluacin de los proyectos cientcos implica consideraciones de calidad, competencia, transparencia y enseanza/aprendizaje; por lo tanto es un concepto que posee dimensiones amplias de aplicacin y relacionadas con el crecimiento, el mejoramiento y el avance de la ciencia. La evaluacin es un aspecto clave para la ciencia porque, al igual que ella misma, busca abrir posibilidades y facilitar perspectivas. De hecho, la investigacin cientca sobre la evaluacin como praxis es un tema nuevo en las ciencias sociales y en los ltimos aos ha llegado a un nivel de inters notable debido a su importancia y sus dimensiones de aplicabilidad. Se observa que un nmero de instituciones cada vez mayor en una cantidad de pases inclusive los latinoamericanos-tambin en aumento, utilizan el apoyo de los llamados evaluadores para la preparacin e implementacin de sus programas y polticas. E n algunas reas de aplicacin ya se han institucionalizado rutinas para la aplicacin de las evaluaciones y en algunos pases, la supervisin de los impactos est en parte tambin prevista por ley. Los autores consideran que la evaluacin como campo cientco debe ser de una importancia cada vez mayor en la Repblica Dominicana. El presente artculo se dirige a los investigadores y docentes del Pas, con la intencin de estimular un debate sobre la necesidad de desarrollar este tema en mbitos cientcos y acadmicos del mismo. Consideramos tambin que la Academia de Ciencias de la Repblica Dominicana (ACRD)1 puede servir como tribuna para debate en el Pas y en la regin del Caribe.1 La Academia de Ciencias de la Repblica Dominicana actualmente comparte con la de Colombia las funciones de Sede de la Comunidad Cientca del Caribe (CCC).

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44El artculo aspira informar en sentido amplio sobre la situacin actual de la institucionalizacin de la evaluacin como instrumento fundamental para el desarrollo, as como la evolucin histrica de la evaluacin como campo cientco en los pases occidentales, y el estado de su uso y aplicacin en la Repblica Dominicana. Debido a que dos de los autores se dedican al tema en Alemania, pretenden introducir un debate sobre el mismo, a manera de aporte, mediante el intercambio entre ambos pases: Alemania y Repblica Dominicana.Descripcin del trminoEl termino evaluacin proviene de la palabra latina valor, y junto al prejo e/ex signica sacar un valor de algo. En un sentido ms amplio el trmino describe el proceso de la valorizacin de productos, procesos o programas (Wottawa y Thierau 1990). La denicin del trmino evaluacin, en las ciencias sociales, subraya la utilizacin explcita de mtodos cientcos, y se entiende por evaluacin la aplicacin de mtodos de las ciencias sociales para la apreciacin de concepciones, diseos, implementaciones y utilidades de programas sociales (Rossi, Freeman y Hofmann 1999). Se diferencia la evaluacin cientca de la evaluacin cotidiana por la utilizacin de mtodos empricos de investigacin y la aplicacin de los estndares cientcos por parte de la primera (Stockmann 2009). Esto no quiere decir que su juicio sea ms correcto, sino que los criterios de la valorizacin y la deduccin lgica son abiertos, transparentes y en consecuencia, comprensibles para otros. La evaluacin cientca, entonces, aporta a la objetividad de las discusiones y de los juicios de los procesos de la investigacin. Es tambin importante diferenciar la evaluacin de la investigacin en s. Aquel se caracteriza por su objetivo, el cual no es de resolver un problema sino de proponer alternativas para la accin, adems de su adscripcin a la dialctica y la triangulacin de datos y/o informacin. An cuando el trabajo cientco sobre la evaluacin se aplique a las ciencias sociales, se debera tomar en consideracin a las otras ciencias que proveen aportes metodolgicos, proporcionndole mayor consistencia al producto de la evaluacin.

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45tttLos inicios de la evaluacin cientca se encuentran en los Estados Unidos de Norteamrica en el siglo XVIII, cuando el recin creado gobierno federal encarg a inspectores externos la evaluacin de programas pblicos de entidades estatales, a saber, orfelinatos, escuelas, hospitales y crceles (Madaus, Stufebeam y Scriven 1983). Una primera fase de expansin del uso de la evaluacin se observa en dicho pas hacia los aos treinta y cuarenta del siglo XX.2 En esos aos los programas para reducir el desempleo y mejorar la seguridad social fueron acompaados por estudios evaluativos (Stockmann 2000). La mayora de los autores sobre el tema, sin embargo, sealan los aos sesenta como la gnesis de la evaluacin profesional, ya que en los amplios programas estatales de educacin, salud, alimentacin e infraestructura se observa un notable aumento de los estudios de evaluacin y aparece un rasgo particular: el inicio del proceso de institucionalizacin de las mismas (Mertens 2000). U na indicacin de la profesionalizacin cada vez mayor de la utiliza cin de la evaluacin en los Estados Unidos fue la fundacin de revistas tcnicas y cientcas, entre las cuales el American Journal of Evaluation y la Evaluation Review guran como las ms citadas. En 1986 se estableci la American Evaluation Association (AEA), la cual cuenta actualmente con ms de 3,000 miembros. El objetivo de dicha organizacin es el mejoramiento de los mtodos de evaluacin, su aplicacin prctica y el fortalecimiento de la investigacin cientca al respecto. A travs de la difusin de los estndares para la evaluacin del Comit Conjunto (Joint Committee), as como los Guiding Principles for Evaluators durante los aos noventa, la AEA hizo un aporte sustantivo para asegurar la calidad de las evaluaciones (Meyer 2002). Segn estimaciones, en el ao de 1976 los Estados Unidos aplicaron unos 600 millones de dlares para evaluaciones de programas en el sector de servicios (Stockmann op. cit.). En muchas carteras las evaluaciones son obligatorias por ley, y se dispone de fondos espec-2 Durante el programa socialista New Deal, del Presidente Franklin Delano Roosevelt, que tena como propsito aliviar el desempleo y miseria causadas por la Gran Depresin que comenz a nales de 1929. Ed.

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46cos comprometidos para su implementacin. En los aos ochenta se decretaron las llamadas Leyes de Subconjunto (Subset), las cuales establecan la terminacin automtica de programas pblicos cuando estos no pudieran exhibir sus impactos. En el 1993 el congreso nor teamericano aprob la Ley de Gobierno de Rendimiento y Resultados ( Government Performance and Results Act), la cual j legalmente la implementacin habitual de evaluaciones para todos los programas federales (Mertens 2000). En conclusin, la evaluacin cientca se desarroll en los Estados Unidos como un instrumento central para la regulacin de las acciones de polticas pblicas, y esto dio origen a la fundacin de instituciones para asegurar la calidad profesional de las mismas. En comparacin con los Estados Unidos, la profesionalizacin de la investigacin sobre la evaluacin se present en Europa con un atraso de diez aos. En Europa aparecen como pioneros en este asunto, Suecia, Gran Bretaa y Alemania. Al igual que EUA, al inicio de las evaluaciones en Europa, stas fueron aplicadas bsicamente para comprobar la efectividad de programas de educacin, salud, y programas de servicio social. Al nal de los aos sesenta se vio un cambio en las prioridades, el cual promovi reexiones sobre la relacin entre costo y benecio. Diferente a los Estados Unidos, en Europa el desarrollo de la investigacin sobre evaluaciones se estanc como consecuencia de reducciones dentro de los presupuestos estatales. T ambin los intentos hacia una mayor institucionalizacin fracasaron en aquel entonces. En los aos noventa se reinici la investigacin sobre la evaluacin en S uecia, Gran Bretaa y los Pases Bajos en el contexto de la modernizacin de las instituciones pblicas bajo el trmino Nueva Administracin Pblica (New Public Management) (Meyer 2002a). Comenzando en Gran Bretaa y luego en otros pases europeos, se fundaron sociedades nacionales para la evaluacin, parecidas a la American Evaluation Society, y tambin una institucin multinacional, la Sociedad Europea de Evaluacin. Actualmente existen sociedades nacionales para la evaluacin en Blgica, Alemania, Finlandia, Francia, Gran Bretaa, Italia, Pases Bajos, Suecia y Suiza, (Meyer 2002a), entre otros.

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47A pesar de este retraso considerable en Europa Occidental con respecto a los Estados Unidos, ya se ha establecido la prctica de la investigacin sobre la evaluacin, la cual sigue extendindose ampliamente a travs del continente. Los esfuerzos de profesionalizacin, comparado con los Estados Unidos, se encuentran todava en sus inicios, pero se observan avances notables en la mayora de los pases europeos. Sin embargo, desde hace ms de veinte aos, la Cooperacin para el Desarrollo de los pases europeos s conoce la evaluacin como una rutina en la implementacin de sus proyectos. Recientemente en el continente africano se fundaron redes y sociedades de evaluacin, muchas de ellas apoyadas por organismos internacionales. E n los ltimos diez aos la evaluacin como rama profesional, tam bin ha evolucionado considerablemente en varios pases de Amrica Latina y El Caribe. La primera organizacin profesional de evaluacin en la regin fue la Asociacin Centroamericana de Evaluacin (ACE), que se fund en 1989 y ha mantenido su sede desde entonces en Costa Rica. En el 2002 se crearon nuevas organizaciones profesionales en la regin. En virtud de sus contextos especcos, Brasil, Colombia y Per optaron por crear sus propias redes de evaluadores. Organismos de las Naciones Unidas como UNESCO (Fondo de las Naciones Unidas para la Educacin, la Ciencia y la Cultura) y el FIDA (Fondo Internacional de Desarrollo Agrcola), junto con organizaciones sin nes de lucro, jugaron un papel decisivo en la creacin de estas redes de evaluacin. T ambin contribuyeron directamente a la creacin de redes nacionales de evaluacin en Per y Colombia, el Programa para el Fortalecimiento de la Capacidad Regional de Evaluacin de los Proyectos de Reduccin de la Pobreza Rural en Latinoamrica y El Caribe (PREV AL) y el Instituto Interamericano de Cooperacin para la Agricultura (IICA), as como el Centro de Estudios para la Promocin del Desarrollo (Chianca y Youker 2004). En septiembre de 2003, representantes de las organizaciones de evaluacin existentes en la regin se reunieron en So Paulo, Brasil, para crear la Red de Seguimiento, Evaluacin y Sistematizacin en Amrica Latina y El Caribe (RELAC). Hoy en da en LAC hay por lo menos cuatro listas de debate electrnico sobre la evaluacin, a saber: la de RELAC, la de PREV AL y la de la Red Brasilea de Evaluacin e

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48Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planicacin Econmica y Social de la Comisin Econmica para Amrica Latina y El Caribe (ILPES/CEP AL). Si bien es cierto que en la regin prcticamente no existe ninguna revista especializada sobre la evaluacin. Hay varias revistas especializadas en educacin, salud y ciencias sociales que tienen un fuerte contenido sobre la evaluacin, por ejemplo: la Revista de Ciencias Sociales (Costa Rica) y Estdios em Avaliao Educacional (Brasil). Russon y Russon, como tambin Vias, han presentado bibliografas comentadas que ofrecen materiales de referencia sobre varios aspectos de la evaluacin en Amrica Latina y El Caribe (en Chianca y Youker 2004). Hay un pequeo grupo de universidades y centros de capacitacin en Latinoamrica y El Caribe que ofrece programas de maestra, especcamente en evaluacin. Entre ellos se puede mencionar: la Universidad de Costa Rica, en San Jos, la Universidad Panamericana, en la Ciudad de Mxico, la University of the West Indies, en Bridgetown, Barbados, la Universidad del CEMA, en Buenos Aires, Argentina, y la U niversidad A utnoma de Guadalajara, en Mxico (Chianca y Youker).ttftfCmo entonces se realiza la evaluacin cientca? Para esos nes se form en el ao 1994 el Comit Conjunto de Estndares de Evaluacin Educativa (Joint Comit on Standards of Educational Evaluation) que desarroll estndares para los Estados Unidos, los cuales se juntaron en cuatro grupos: (1) Los estndares de utilidad, que deben asegurar que la evaluacin se dirija a las necesidades e informacin previstas por los usuarios de la evaluacin; a esto pertenece, por ejemplo, la transparencia sobre los instrumentos y mtodos usados. (2) Los estndares de viabilidad, que deben asegurar que la evaluacin sea realista, conceptualizada, sutil (diplomtica) y tomando en consideracin los gastos. (3) Los estndares de correccin, que tienen que ver con que la evaluacin sea tica y legalmente correcta; una de las reglas importantes es que los resultados de la evaluacin deben ser presentados a las personas evaluadas. (4) Los estndares de la precisin, los cuales deben garantizar que la evaluacin muestre las informaciones tcnicamente adecuadas respecto a la utilidad del programa evaluado;

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49el uso adecuado de mtodos cientcamente aceptados es un aspecto importante en este contexto (Meyer 2002). Con algunas ligeras modicaciones estos estndares han sido asumidos en varios pases, entre ellos Suiza y Alemania. Para su amplia distribucin mundial y su gran aceptacin por diferentes actores, estos estndares son producto de un consenso, el cual garantiza la calidad del trabajo profesional. Al nivel de la Unin Europea, recientemente se han adaptados los estndares de la Gesellschaft fr Evaluation (DeGEval) (la Sociedad Alemana de Evaluacin) para evaluaciones e investigaciones de impacto en diferentes campos, especialmente en el sector de la formacin profesional (Meyer 2002). Para dar mayor rigurosidad a la evaluacin, actualmente los estndares se acompaan de los llamados principios para la evaluacin, a saber: el de la investigacin sistemtica basada en datos; el que garantiza la garanta de la competencia profesional del evaluador; el de un proceso escrupuloso; el de respecto de los derechos de la personalidad y la responsabilidad frente al bienestar inuenciado por los programas evaluados (Meyer 2002). El problema esencial para una mayor unicacin de los principios para evaluaciones tiene que ver con la pluralidad de tareas y temas. Durante el diseo de un programa se aplican evaluaciones ex ante para investigar las condiciones iniciales y del contexto, con la nalidad de prever posibles problemas de la implementacin. E l carcter de estos estudios pronsticos se diferencian de las llamadas evaluaciones formativas, en que las segundas buscan y valorizan informaciones actualizadas durante la implementacin, para apoyar decisiones al momento de la conduccin de los programas. Las evaluaciones sumativas, entonces, captan y valoran los impactos de los programas al nal del proyecto. Las evaluaciones ex post se realizan algunos aos despus de la terminacin del proyecto o programa a evaluar. Ellas tambin enfocan con mayor profundidad las relaciones causa-efecto y la sostenibilidad dentro de la logstica de implementacin. Las evaluaciones adems, distinguen entre las externas y las internas, las externas siendo independientes e implementadas por profesionales externos al proceso o programa evaluado, y las externas siendo implementadas por los mismos interesados. Siempre es importante indicar precisamente de qu tipo de evaluacin se trata.

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50Un ltimo aspecto son los criterios de evaluacin, a saber: la relevancia, la efectividad, la eciencia, el impacto y la sostenibilidad. Estos criterios fueron denidos por el Development Assistance Committee (DAC) de la Organisation for Economic Cooperation and Development (OECD). Gozan de una amplia aceptacin y orientan, cada vez ms, los trabajos de evaluacin que se realizan (OECD-DAC 2000). Como se puede percibir en la breve introduccin histrica, la evaluacin cientca en una gran parte de los pases occidentales ha mostrado aceptacin y utilidad como instrumento importante para la conduccin y gestin de la accin de polticas y para la legitimacin de decisiones, con nes de la valorizacin de los impactos de programas pblicos y el control de la efectividad de los recursos usados. Es importante en este sentido asegurar la profesionalidad de la implementacin de la evaluacin, la cual implica la aplicacin de estndares internacionales, al mismo tiempo de evitar las inuencias por las partes interesadas en los resultados de la evaluacin. La utilizacin de la evaluacin cientca --siguiendo estndares internacionales y la publicacin rigurosa de los resultados, pero posiblemente no haya articulado los deseos y expectativas-aporta al nal un ambiente de apertura y conanza en el proceso de dilogo de la sociedad, el cual es benecioso para todos (Meyer 2002). Para cumplir sosteniblemente con esta importante funcin, se requiere de un desarrollo sistemtico de los instrumentos y mtodos de la evaluacin y su ejercicio en la prctica. Adems, los conocimientos recibidos durante la implementacin de evaluaciones deben ser puestos en prctica continuamente para cuestionar las bases tericas y metodolgicas. Ellos deben ser facilitados a los diferentes grupos involucrados, a saber: los que encargan la evaluacin (comitente), los evaluadores, los evaluados, los cientcos y el pblico interesado. Estas tareas no pueden ser alcanzadas a travs de rmas consultoras comer ciales solamente; tampoco se puede lograr a travs de investigacin por encargo debido a que aquellos que hacen los encargos, por lo normal no tienen inters suciente para apoyar la investigacin cientca. As, por ejemplo, en los Estados Unidos ya se han formado institutos

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51de ciencias sociales en las universidades, las cuales cumplen con esta tarea del trabajo cientco sobre la evaluacin (Meyer 2002). T ambin otros pases, como Alemania, han creado dentro de sus universidades institutos cientcos especializados en la evaluacin, como es el Centro de Evaluacin de la Universidad del Saarland (CEV AL), por ejemplo.ttbtfEn la Repblica Dominicana todava falta una profunda labor cientca sobre el tema de la evaluacin. Las evaluaciones implementadas en el pas, por ejemplo de programas biy multilaterales de desarrollo, muchas veces son dirigidas por los socios en el extranjero, tanto en lo que se reere al personal como tambin los contenidos. S i el pas quiere ser no slo receptor, sino actor en este contexto, debe de asegurar su par ticipacin cientca activa en el campo de la evaluacin, para generar experiencias propias y aplicadas a las condiciones e interrogantes del tambin se queda rezagado en la aplicacin prctica. La entrada de la Repblica Dominicana al T ratado de Libre Comercio con los Estados Unidos (DR-CAFTA) ha permitido un tmido esfuerzo en materia de evaluacin. A principios de diciembre del 2008, directivos de organizaciones nacionales e internacionales, pblicas y privadas en materia de evaluacin en polticas pblicas, planicacin, programas y proyectos, conjuntamente con la Universidad Nacional Pedro Henrquez Urea (UNPHU), impartieron el primer seminario se disea y gestiona? El seminario introductorio es utilizado por La E scuela S uperior de Personal del S istema de las Naciones U nidas (UNSSC) como sistema de capitacin. Este evento se realiz en la Sala de Conferencias de la UNPHU, encabezado por su rector Arq. Miguel Fiallo Caldern, el vicerrector de post-grado, investigacin y desarrollo, Ing. Vctor Beras Carpio y el director de programas internacionales, Dr. Patricio Zurita. de la Ocina de Evaluacin, UNICEF y Presidente del UNEG-ECD/ TF. T uvo, adems, la participacin de la Mtra. Xinia Picado Gatgens, Ex Directora de la Maestra en Evaluacin de Programas y Proyectos

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52de Desarrollo de la Universidad de Costa Rica, y el Dr. Patricio Zurita, Director de los programas de la Maestra en Internacional Business (MBA) de la Concordia University, Wisconsin, EUA, en la Repblica Dominicana. Los tres especialistas son parte de la Red de Seguimiento, Evaluacin y Sistematizacin en Amrica Latina y el Caribe (RELAC). Los participantes intercambiaron experiencias y obtuvieron una visin general de conceptos, tendencias y herramientas claves en materia de evaluacin, relevantes para la Repblica Dominicana y la Regin del Caribe. Pudieron tratar aspectos relacionados con diseo y metodologas, herramientas, aplicaciones cuantitativas y cualitativas y de gestin para una evaluacin, as como tambin el papel que juega la misma en el Sistema de las Naciones Unidas, la aliacin a una comunidad de aprendizaje y evaluacin en proyeccin y la capacidad de desarrollar un plan de capacitacin para evaluacin. En estos momentos lo ms importante para el Pas es, sobre todo, la formacin de profesionales en el rea de la evaluacin e incentivar la investigacin cientca sobre el tema dentro de las ciencias sociales. La formacin de profesionales no se debe ver slo como un aporte al desarrollo de una fuerza laboral nacional para programas de cooperacin biy multilaterales. Los estados modernos hoy en da necesitan la observacin sistemtica y cientca de sus ejecutorias para la valorizacin y legitimacin de los impactos de su propia accin poltica, con nes de asegurar un mejor uso de los fondos pblicos, y justicar efectivamente la accin realizada. T ambin para los proyectos de cooperacin biy multinacional, es ventajoso que la Repblica Dominicana coloque a profesionales especializados en el rea de la evaluacin, porque de esta manera puede aprovechar mejor el conocimiento nacional y asegurar la aplicacin de los fondos internacionales para mejor provecho del Pas. No slo el sector pblico puede beneciarse de la evaluacin, sino tambin el sector de las organizaciones no gubernamentales (las ONG) y otras organizaciones sin nes de lucro. As, por ejemplo, la Welthungerhilfe (asistencia mundial contra el hambre) una ONG Alemana, implementa evaluaciones de sus proyectos y programas de desarrollo y de emergencia, desde hace ms de treinta aos, a travs de una direccin independiente del trabajo que opera para realizar evaluaciones. Este mismo sistema podran lograr las ONG dominicanas.

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53El tema de la evaluacin augura buenas perspectivas futuras en Repblica Dominicana, sea como campo de accin para profesionales dominicanos especializados en el rea, instrumento de ayuda para la institucionalizacin de las buenas ejecutorias de las polticas pblicas, o bien instrumento vlido para investigar el proceso de desarrollo del pas. En este contexto cabe mencionar una cooperacin iniciada entre el Centro de Evaluacin (CEV AL) de la Universidad del Saarland, con la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica. All se coopera en las reas de fortalecimiento de los estudios cientcos sobre evaluacin, la actualizacin en el rea de profesionales y del cuerpo docente, como tambin la difusin de ofertas de trabajo a travs de foros profesionales. Como primer paso, no parece necesario introducir la evaluacin como rea independiente, sino como tema en el currculum de las ciencias sociales en universidades dominicanas. Para conocer el tema con mayor profundidad o lograr ttulos de postgrado, se podra considerar tambin establecer esta rea de cooperacin con universidades especializadas en la Regin. En esto no slo se puede pensar en las mencionadas universidades de Costa Rica y de Mxico, sino tambin revisar las posibilidades de cooperacin dentro de la Comunidad Cientca del Caribe (CCC). Se considera que la Academia de Ciencias de la Repblica Dominicana puede servir como foro para introducir este tema al discurso cientco en el pas y, de esta manera, facilitar su introduccin en la investigacin y los pensa universitarios. Partiendo de ah, se podra impulsar la participacin de profesionales dominicanos en los foros y redes internacionales de la evaluacin.

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54Chianca, T y B. Youker 2004 La evaluacin en Amrica Latina y el Caribe. Journal of Multdisciplinary Evaluation. http://evaluation.wmich.edu/jade/. Mertens, D. 2000 Institutionalizing evaluation in the U nited S tates of A merica, en Stockmann, ed., Evaluationsforschung: Grundlagen und ausgewhlte Forschungsfelder. Opladen: Leske & Budrich. Meyer, W. 2002 Was ist Evaluation? Ceval Arbeitspapier No. 5. Centrum fr Evaluation, Universitt des Saarlandes. Saarbrcken. http://www.ceval.de. Meyer, W. 2002a Evaluationsgesellschaften und ihre Themenschwerpunkte. Ein weltweiter berblick. En Zeitschrift fr Evaluation 2/2002. OECD-DAC 2000 DAC Criteria for Evaluating Development Assistance. Paris: OECD. Maddaus, G., D. Stufebeam & M. Scriven 1983 Evaluation Models. Boston: Kluwer-Nijhoff. Rossi, P., H. Freemann & G. Hofmann 1999 Evaluation: A systematic approach, Thousand Oaks, California, et al.: Sage (6a. ed.). Stockmann, R. 2000 Evaluation in Deutschland. en Stockmann, ed., Evaluationsforschung. Grundlagen und ausgewhlte Forschungsfelder: Opladen: Leske y Budrich. Stockmann, R. 2009 Evaluacin y desarrollo de la calidad. San Jos, Costa Rica: Editorial UCR. Wottawa, H. y H. Thierau 1990 Lehrbuch Evaluation. Bern: Huber Verlag.

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medicina folklrica en el rea norte de repblica dominicana b H.J.R. CANTISANO ARIAS, es mdico clnico y profesor de Medicina Comunitaria de la Ponticia Universidad Catlica (PUCMM) en Santiago de los Caballeros. Para sus primeros cinco aos de prctica mdica, fue asignado a la regin de Los Hidalgos (antiguamente llamado El Mamey) en la Cordillera Septentrional. Desde entonces ha mantenido una relacin de hermanamiento con esa regin y La Isabela, y con sus pacientes que ya abarcan varias generaciones. Desde 1974 a 1985 organizaba un festival anual de folklore en El Castillo, el poblado prximo a las ruinas de La Isabela. Se le agradece al Lic. Brgido Peguero, Encargado del Departamento de T axonoma del Jardn Botnico Nacional, la correccin de los nombres cientcos de las plantas medicinales mencionadas y otras observaciones.

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56H. J. R. Cantisano AriasResumenMedicina folklrica en el rea norte de Repblica Dominicana La medicina folklrica dominicana ha sido necesaria debido a la escasez de personal mdico desde los tiempos coloniales, la pobreza del campesinado, sus problemas de transporte y factores socioculturales. El artculo documenta las prcticas en la regin norte, desde la Cordillera Central hasta la costa norte y desde la pennsula de Saman hasta La Isabela, provincia de Puerto Plata. Al ser escrito por un mdico que ha servido a este sector durante toda su vida profesional, emplea el enfoque a partir de las enfermedades, hasta sus tratamientos populares. SummaryFolk medicine in the Northern Region of the Dominican Republic Dominican folk medicine has been necessary due to the lack of medical personnel since colonial times, the poverty among the peasantry, their lack of transportation, and sociocultural factors. The article documents medical practices in the northern region, stretching from the central mountain range to the north coast and from the Saman Peninsula to La Isabela, Province of Puerto Plata. Since the article is authored by a physician who has served this sector during his entire professional life, its point of departure are the illnesses and their folk treatments.

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57Participar en este tema de medicina folklrica permite penetrar en las entraas mismas de nuestro pueblo para conocer las mltiples facetas que lo componen, a saber, su estructura, sus pensamientos, sus necesidades y ansiedades. An ms, la disciplina de la medicina se compenetra ntimamente con todo el ser humano. Para el hombre, el dolor y la angustia, signos y manifestaciones de las enfermedades, lo abandonan solamente cuando este muere. Pero antes de que esto suceda, se realiza un proceso complejo donde el espritu y el cuerpo, con la participacin de la razn, cultura, educacin y condiciones econmicas y sociales, juegan la principal escena. No quiero rodear el tema, pero desde luego, para hablar de los remedios, recomendaciones, ensalmos, resguardos y centenares de actos y ceremonias que practican nuestras gentes de diferentes niveles, procurando su salud o evitando perderla, estn abrazados a tantas condiciones propias de ellos, que es imposible de tratarlas todas. Las diferentes escalas de cultura de nuestra poblacin desconocen, la mayora de las veces, los ms elementales rasgos del saber para apli-El acercamiento a la medicina folklrica por el mdico se asemeja al del antroplogo y la etnobotnica, la subdisciplina que enlaza la antropologa cultural con la botnica. El mdico y el antroplogo proceden desde la enfermedad hasta el remedio, que, como se puede apreciar en este estudio, suele ser una frmula que incluye un surtido de partes especcas de plantas adems de otros ingredientes y procedimientos. El acercamiento del botnico propiamente dicho suele ser la identicacin cientca de las plantas sealadas popularmente como medicinales, y las propiedades qumicas de las varias partes de ellas: la hoja, la or, la semilla, la fruta, el tallo, la corteza y la raz. Las aportaciones de ambas perspectivas en conjunto son importantes, aunque es importante que se someta no slo las plantas individuales sino tambin las frmulas a anlisis qumico. No es necesario decir que las prcticas populares abarcan a la vez gran sabidura y grandes disparates, perjudiciales para la salud. Pero los antroplogos y los mdicos simplemente informamos sobre lo que sabe y hace el pueblo, y dejamos a los botnicos el anlisis para separar los ingredientes activos de los inactivos y de los nocivos.

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58carlos en cualquier ngulo de nuestro bregar para quitar el dolor, y ha sido siempre forma consuetudinaria del vivir, manifestaciones que no las puede soportar ningn ser viviente. Por tanto, sus primeras reacciones son encaminadas a buscar su alivio o evitar ese sufrir a como d lugar. Para afecciones y signos patolgicos comunes (diarrea, gripe, hepatitis, epilepsia, cistitis, clicos renales, etc.) causas morbosas que impactan en todo un vecindario o comunidad-son varios los remedios que hemos podido conocer que tambin tienen una utilizacin popular, y la poblacin que los usa le da una creencia efectiva de curacin. No debemos extraarnos, por tanto, que nuestras gentes utilicen lo que ahora estamos llamando medicina folklrica, que son los recursos que tienen a mano. Las obliga el ancestro supersticioso, o las empujan la habilidad del vecino, comadre o curioso que las atrae. Esto no es raro, porque desde sus primeras actitudes el hombre ha buscado debajo de la tierra la raz, ha cogido la or, la hoja o el tallo, el fruto, o ha desvestido su cscara para comerlo, tomarlo o mantenerlo a veces colgado en su ambiente, para tratarse. T ambin, aunque nos produzca sensaciones repulsivas, hemos encontrado la utilizacin de insectos, artrpodos, aves y reptiles y toda clase de animales, as como los productos de desechos de los mismos: plumas, pieles, sangre y excremento, para nes teraputicos. Nos sorprende la variada utilizacin de plantas --races, hojas--, as como la de insectos y animales que, en una u otra forma, se emplean para ciertas afecciones. Estos procedimientos, hablando con claridad, lo hacen muchas veces porque no tienen recursos mdicos o establecimientos dnde acudir, o quizs, como dijimos anteriormente, empujados por la supersticin, buscan estos medios para curarse o aliviarse. En la bsqueda para estos nes, que hemos realizado en la regin norte, comprendimos desde la Cordillera Central hasta la costa, y encontramos cierta similitud en algunas recomendaciones populares para el uso de plantas y races como forma de tratar varias enfermedades. Generalmente las formulaciones han sido ofrecidas por personas que se dedican a estos menesteres; y algunas madres de familia en apartadas regiones, de difcil acceso a pueblos de importancia, incluyen dentro de sus obligaciones familiares las de atender a sus hijos, esposos o vecinos enfermos, en la medida de sus posibilidades, asegurando su prctica

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59popular como muy efectiva, personas de cierto arraigo en las comunidades: curanderos, parteras, los llamados brujos y hervedores de agua. T ambin es muy frecuente y arraigado, desde la cordillera hasta la costa, principalmente entre los moradores rurales, acudir a los llamados resguardos y ensalmos. En los pacientes se ven algunas fundas de telas, estuches, cordones o pequeos paquetes con oraciones, frases o recomendaciones, en los cuales se mencionan nombres de santos, de Dios, de Jesucristo y la Virgen Mara. Su propsito es para evitar enfermedades, agresiones, localizar robos y preparar las casas contra todo mal. Ms adelante ofreceremos textos de esas prcticas. Hemos encontrado que para el asma, por ejemplo, en el rea de La Isabela, Gaspar Hernndez y Ro San Juan, recomiendan los chicharrones de gato, as como tambin una frmula compuesta por: claras de huevo batida con miel de abejas, polvo de canela, trementina (a veces gas [kerosene]) y bronqu (bejuco). Luego se le agrega zumo de guanbana (Annona muricata),1 2 la cual frecuentemente produce vmitos Despus se repite la clara de huevo. El tratamiento lo continan con aceite de tiburn, ballena o culebra, ajonjol (Sesamum indicum L.), leche de coco (Cocos nucifera L.), ginebra y aguardiente blanco. Segn algunas informaciones, esta frmula se usa tambin para la tuberculosis agregndole yema de huevo de gallina y de pata, nueces de coco (Cocos nucifera L.), jengibre (Zingiber ofcinale), bejuco caro (Cissus verticillata) y limn (Citrus aurantifolia L.). Otra frmula de esta misma rea para esta enfermedad, consta de artemisa (Ambrosia artemisifolia), anam (Petiveria alliacea L.) y cscara de amacey (Tetragastris balsamifera).1 La fuente para los nombres cientcos de las plantas medicinales y los dibujos utilizados, ha sido Alain Henri Liogier, Diccionario botnico de nombres vulgares de La Espaola. Santo Domingo. Jardn Botnico Dr. Rafael Moscoso, 1974, y segunda edicin, revisada y ampliada, 2000. (Liogier fue Miembro Fundador de la Academia de Ciencias.) Ed. 2 NOTA: En el Nuevo Mundo se han aplicado nombres de plantas conocidas en Europa, a otras similares en morfologa o bien la forma o el color de sus frutas, pero que, botnicamente, son de especies, gneros y frecuentemente familias totalmente diferentes. Un ejemplo es la cereza tropical (la europea es del gnero Prunus y la tropical del gnero Eugenia). Por lo tanto los lectores europeos encontrarn discrepancias con lo que ellos conocen. Por otra parte, considerando la diversidad geogrca y ecolgica, por lo tanto sociocultural, en la Repblica Dominicana hay variaciones regionales en cuanto a los nombres de la ora y su utilizacin en la medicina popular. En el presente estudio que abarca la zona costera desde Saman hasta La Isabela, la Cordillera Septentrional, el valle del Cibao y la Cordillera Central se pueden apreciar estas diferencias, por ejemplo, en el uso de una frmula herbal para una enfermedad en un lugar, y otra enfermedad en otro. Ed.

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60 Guanbana (Annona muricata L.) (Liogier 1979, pg. 400). Coco (Cocos nucifera L.) (Liogier 1979, pg. 289).

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61Encontramos que en Gaspar Hernndez recomiendan para el asma la lechuza frita. En la Cordillera Central han utilizado los pollos de avispa. En las cercanas de Moca administran a veces varias cucharadas de orina endulzada. Para las enfermedades del hgado, o sea, las que ellos clasican per tenecientes a ese grupo, hemos encontrado varias recomendaciones, entre ellas: t de cadillo de trespis (Pavonia spinifex), juana la blanca (Spermacoce assurgens). En la costa elaboran un jarabe con sbila (Aloe vera), raz de cundeamor (Momordica charantia), nigua (Tournefortia hirsutissima L.[?]), cscara de la mara (Calophyllum calaba), raz de tata (Jatropha gossypifolia) El maguey (Tradescantia spathacea) parece que es muy usado para trastornos de dispepsia, preparndolo tambin como refresco espumante (mab). En Guananico usan un jarabe para la diarrea, compuesto por guayuyo (Piper aduncum), granadillo (Miconia laevigata), raz de nigua ( Tournefortia hirsutissima L.), cscara de mara (Calophyllum calaba); tambin usan esta frmula para la colitis. Para la vescula dan cscara de caimon (Wallenia laurifolia) con aroma seca. En la Cordillera Central utilizan cscara de roble (Catalpa longissima), raz de ta-ta (Jatropha gossypifolia) y hoja de bronquelejo (Pothomorphe peltata) para enfermedades del hgado. Otra frmula popular para el hgado, usada en Guananico, es la siguiente: tres limones (Citrus aurantifolia) agrios partidos en cruz, raz de maraved (Securidaca virgata), hojas de granadillo maduro (Miconia leavigata), hojas y races de cadillo de gato (Xanthium strumarium). T ambin en la Cordillera Central, la cscara de abey (Jacaronda poitaei) y la yerba buena (Mentha citrata [?]) son de uso popular para los trastornos del estmago. La hepatitis tambin tiene remedios populares. Es de gran aceptacin utilizar la naranja agria (Citrus aurantium) asada. Cuando se consume por el fuego, se exprime en un colador y se le da al enfermo con miel de abeja. En la costa se usa tambin la materia fecal de chivo, en forma de caf. En la pennsula de Saman usan estas heces para el sarampin, en forma de t. En Ro San Juan y Moca se recomienda

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62para la hepatitis, la cscara de tamarindo (Tamarindus indica). El t de hojas de ores amarillas es utilizado en campos pertenecientes a Moca. Para los clculos renales la teraputica popular ofrece varios remedios: una infusin de raz de broquelejos (Pothomorphe peltata), jcara de coco (Cocos nucifera), raz de junquillo (Eleocharis interstincta) y yerba Granadillo (Aterammus lucidus [Sw.] Rothm.) (Liogier 1979, pg. 283).

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63d e caballo (Paspalum conjugatum). T ambin se usa el jugo de zanahoria (Daucus carota), cerveza blanca, agua de coco y azcar de leche. Para la retencin de la orina, recomiendan un t de una abeja. El grillo tambin tiene crdito, junto con una planta llamada brusca (Senna occidentalis). En t utilizan la cepa de bejuco chino (Smilax domingensis o Smilax populnea), ceja (Pilea spp.) y tope-tope o bruja (Bryophyllum pinnatum). El grillo hervido es tambin popular en esa rea. Para la albuminuria, en Ro San Juan recomiendan el bao de apio (Apium graveolens) con cuaba (del Pinus occidentalis), con mucha efectividad, segn ellos. En la Cordillera Central utilizan el t de una pata de grillo para el mal de orina. T ambin es utilizado el maguey (Tradescantia spathacea) con 30 hojas de lamo (Thespesia populnea) y guauc (Ruellia tuberosa) para los riones. Los servicios populares dan esta misma frmula para las enfermedades venreas. En la zona rural de Moca, con una hervedura de agua obtienen un t para los riones, de: raz de coco indio, raz de nigua (Tournefortia hirsutissima), raz de Jeric (Yucca aloifolia)3 y guauc (Ruellia tuberosa), barba de maz (Zea mays) y barba de caballo (Tillandsia usneoides, pero podra ser Cuscuta americana [deto] si se reere a la Cordillera),4 tripa de auyama (Cucurbita moschata), cadillo de gato (Xanthium strumarium) y anam (Petiveria alliacea). En la misma rea, para la hipertensin arterial, se utiliza el t de: jagua (Genipa americana), hoja de naranja agria (Citrus aurantium)y tapn de corcho (bagd). Adems, usan un remedio muy original para venreas: bejuco de burro (quizs Doyerea emetocathartica), grano de habichuela (Phaseolus vulgaris) y pene de gallo. Para la garganta usan la bija (Bixa orellana) y semilla de guatapan (Caesalpinia coriaria). Las diarreas tienen tambin una teraputica muy popular. Usan mucho el limn (Citrus aurantifolia) con almidn, y tambin un ingrediente 3 Vase bayoneta (Indian bread plant en ingls). Nativo del sur de los Estados Unidos y el norte de Mxico. Ed.4 La medicina folklrica, o sea, popular, de Espaa, recurre a la cola de caballo como remedio de muchas enfermedades y condiciones. Ed.

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64 de frmula, muy extrao, utilizado en toda la regin: la materia fecal blanca de perro, hervida. En La Isabela le llamaban or de Jacinto. Sin saberlo el paciente, se lo daban si padeca del estmago.Tamarindo (Tamarindus indica ) (Liogier 1979, pg. 726).

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65La urticaria la tratan con t de brusca hembra (Senna occidentalis L.) y fresquita (Peperomia pellucida). Utilizan tambin el t de la hoja de yuca dulce (Manihot esculenta). En Ro San Juan usan para la urticaria, el t de las races hervidas de pachul (Vetiveria zizanioides). En Moca usan la raz de pringamoza (Urera baccifera), verbena (Stachytarpheta jamaicensis), tua-ta (Jatropha gossypifolia) y malva (Malachra alceifolia). El insomnio siempre ha sido preocupacin del ser humano. Hay muchas recomendaciones de uso popular. En el rea norte, usan un paquete de hojas de yuca dulce (Manihot esculenta) debajo de la almohada. Para los nios hacen una camita de yuca con la misma nalidad. Ofrecen tambin infusiones, siendo muy popular la de cojollos de tamarindo (Tamarindus indica), hoja de yuca y de lechuga (Lactuca sativa). En Ro San Juan es frecuente recomendar un t de yerba mora (Solanum americanum). En la Cordillera Central usan el limoncillo cimarrn (probablemente Calyptranthes sintenisii). Los dolores de muela, tan molestosos a cualquier hora del da, o de la noche principalmente, pueden resolverse fcilmente en el rea urbana. Pero en las reas rurales la imaginacin popular recurre a remedios muy extraos. Hacen pequeos bolos de materia fecal de cerdo para colocarla en la muela adolorida. En la Cordillera Central, para el dolor de muelas utilizan jcara de coco trasudada al calor. En Saman se usa el rechn de la concha de coco y la leche de jabilla (Hura crepitans); esta tambin es usada en las cercanas de Moca, donde adems usan hojas de moriviv (Mimosa pdica) con rabo o pata de lagarto seco, los cuales ponen en la muela dolorosa y estas se estallan. La epilepsia, en la teraputica popular, tiene diferentes frmulas. Usan la sangre de cuervo, en la costa, as como la de hicotea. Cuando el paciente tiene convulsiones se le aplica el jugo de cebolla en los ojos y luego se le da a tomar. Para curar la enfermedad recomiendan un mtodo raro. Se le limpian las secreciones bucales con un pan y se tira al camino donde algn perro hambriento pueda comrselo, y este se queda con la enfermedad. En la Cordillera Central, al igual que en la costa, usan para la epilepsia la sangre de cuervo, as como tambin en La Isabela y Ro San Juan. La penetracin de cuerpos extraos es difcil de tratar en las reas rurales por no encontrar las personas adecuadas para extraerlas. Se

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66desenvuelven, entre otros mtodos, colocando la cabeza de un lagarto sobre el rea donde se encuentra alojado el cuerpo extrao, para que salga. E l azcar, nombre popular de la diabetes, cuenta con varias frmulas para ser tratada. Utilizan el t de la hoja de yuca (Manihot esculenta) y el de friega platos (Solanum umbellatum). En la Cordillera Central es muy popular el t de cep (Mikania cordifolia) y hoja de nogal (Juglans jamaicensis) para esta enfermedad. T ambin usan el t de roble (Catalpa longissima), caoba (Swietenia mahagoni) y cundeamor (Momordica charantia). Las lceras de las piernas tienen varias recomendaciones. Los polvos de la resina del jobobn (Trichilia hirta) son muy usados para su curacin. Para la faringitis y trastornos de la garganta, el palo de cruz (Isidorea pungens) frito en higuera (Ricinus communis y otros) con alhucema (Lavandula latifolia) y manzanilla (Matricaria recutita) es de uso muy comn. Para las afonas recomiendan cojollos pequeos de salvia (Pluchea carolinensis), rompezaragey (Eupatorium odoratum) y el agua de pencas de maya (Bromelia pinguin) para ser masticados. En la patologa folklrica el reumatismo es una entidad nosolgica muy frecuente. La cantidad de remedios que recomienda el vulgo es considerable. El moriviv (Mimosa pudica), hojas de friega platos (Solanum umbellatum) y aguacate morado (Persea americana), se utilizan en toda la regin. T ambin la raz de limn agrio (Citrus aurantifolia); el jugo de limn en caf (Coffea arabica), a veces con naranja agria (Citrus aurantium), es muy utilizado. Una untura de gas [kerosene] con aceite de cangrejo, no se queda atrs; siempre acompaa al tratamiento. Y para el lumbago, tan frecuente en nuestros agricultores, se utiliza en el rea de Ro San Juan una hebra de pringamoza (Urera baccifera) con siete nudos amarrados por siete viejos. Segn ellos, tiene una gran efectividad. En toda la zona tienen tres mates (Macuna urens, Mucuna sloanei y Canavalia nitida) en uno de los bolsillos, creyendo que es un remedio muy efectivo para la radiculitis. El mate tostado tambin es usado para las hemorragias uterinas.

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67La otitis (dolor de odo) pone con frecuencia a los padres de familia a buscar remedios. Cinco insectos de uno llamado pelotero, fritos en aceite de palo y de higuera (Ricinus communis y otros) lo untan en el odo y aseguran que quita el dolor. En la costa Norte se utilizaba el ciempis (Scolopendra) en alcohol para usarlo como gotas en los odos. Este miripodo se usa tambin en aceite, para el reumatismo. El agua de gusano de palos podridos, tambin es utilizada como gotas contra el dolor de odo, as como el agua de miel de abejas. En la Cordillera Central los capullos de higuera trasudados al calor, se usan para el dolor de odo. En regiones del llano cibaeo, la or de higerito nuevo (Crescentia cujete) y organo poleo (Plectranthus amboinicus) son untados en el odo. Las quemaduras tienen tambin algunos remedios: un bao de cenizas y luego ponerles aceite de culebra. Las lesiones de la boca (estomatitis y aftas), llamadas mal de boca, tienen sus frmulas populares: el soplo de un hombre que no haya conocido a su pap, la begonia cimarrona (gnero Begonia), el rabo de zorra (Digitaria insularis) y la miel de abejas, es de uso frecuente para esto. Para la hidropesa se usa el t de zapatico (Pedilanthus tithymaloides) y un jarabe de raz de tubera,5 limn agrio (Citrus aurantifolia), cscara de tamarino (Tamarindus indica) y cundeamor (Momordica charantia). Las fracturas y traumatismos muchas veces no pueden ser tratados por los ortopedas. Utilizan la suelda con suelda (Commelina erecta) para entablillar miembros. Los resfriados se interpretan como trastornos reumticos y a veces como ttanos. Muy popular para esta patologa, en toda la regin, es la utilizacin del anam (Petiveria alliacea). T anto en la costa como en la cordillera, utilizan tambin la manteca de caimn. La orina y el jabn de castilla son usados para bajar la ebre. Los trastornos ginecolgicos el argot popular los interpreta como enfermedades de la matriz, y se recomiendan diversos remedios entre 5 Pudiera ser azucena (Polianthes tuberosa), que en lugares como la frontera le dicen tubera. Pero tambin pudiera ser lo que venden en las farmacias como trufa (Tuber brumale). Brgido Peguero, Jardn Botnico Nacional.

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68ellos un jarabe compuesto por: tres puos de juana la blanca (Spermacoce assurgens), verbena (Stachytarpheta jamaicensis) con alhucema (Lavandula latifolia), manzanilla (Matricaria recutita), ans (Pimpinela anisum), algodn morado (Gossypium hirsutum) y guauc (Ruellia tuberosa). Para las hemorragias vaginales se aplican hojas de cabirma (Guarea guidonia) en la vulva, y tambin toman el t. Otra frmula conseguida cerca de Moca para hemorragias es con cscara de caimon sanguinaria (Wallenia lauifolia), raz de coco, raz de maya (Bromelia pinguin), or de palma (Roystonea hispaniolana), palo de cruz (quizs de la especie garcinia [= Rheedia]). Como medida prolctica y preventiva para los inclinados al alcohol, en el argot popular [alcoholismo], se recomienda la sangre de anguila, lo cual quita el deseo de beber. Para trastornos menstruales de amenorrea, es muy utilizada la cscara de penda (Citharexylum fruticosum) y la hoja de aguacate morado (Persea americana). En el Valle del Cibao hay curanderas que recomiendan hojas de gurana (Cupania americana) mareadas, puestas en cruz en las plantas de los pies. Para abscesos e inamaciones se usa quibey (Hippobroma longiora), cucaracha y cebo de vaca, as como tambin un bejuco llamado chupa nacido (podra ser Pterocaulon alopecuroideum). Para la erisipela suelen pasar un sapo para ensalmarla. Esta es una medida muy frecuente. En las hernias umbilicales usan una babosa. Se la pasan por la hernia y la dejan ir (Cordillera Central). Para la eczema, usan la yuca amarga (Manihot esculenta), y para los que se intoxican con sta, administran un t de la oreja de chivo (en la costa pudiera ser Salvia micrantha [cizaas] y en la Cordillera Central es llantn menor [Plantago lanceolata). La sinusitis tiene un remedio popular: el amacey (Tetragastris balsamifera) frito en aceite con claveles de muerto (Tagetes patula), agregando alhucema (Lavanda latifolia) y manzanilla. Esto tambin se usa para la jaqueca, agregndole cscara de rulo (Musa corniculata) o pltano maduro (Musa paradisiaca). Para los trastornos de parlisis, el vulgo de la costa nordeste utiliza una untura muy extraa: dos cacatas picadas y majadas en espritu de

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69clavo dulce (Syzygium aromaticum [L.]) con Agua de Florida, amonaco y manteca de caimn. El maguey (Tradescantia spathacea) molido en aceite de caimn y trementina, se usa tambin para masajes. Los baos aromticos de la hoja de limn, albahaca (Ocimum gratissimum), bija, saco (Sambucus canadensis) y dragn (Alpinia zerumbet), tambin tienen sabor popular de origen neurolgico. Otra recomendacin es darse nueve baos con el agua recogida en una canoa de yagua, a la que se le habr agregado hojas cogidas al azar en el monte, maceradas durante nueve das en esa misma agua. Adems de la prueba biolgica que se utiliz con el sapo para diagnosticar el embarazo, se dice en el pueblo que si al sapo se le aplica orina de mujer embarazada, ste se edematiza, se hincha. La siquiatra tiene sus remedios populares y hemos recogido algunos en el rea costera, que se hacen con gallina grifa. Se corta este ave por la mitad y se colocan ambas partes, calientes, en la cabeza y regiones parietales. T ambin se le da a oler al enfermo las plumas quemadas. El consom es utilizado tambin en estas afecciones siquitricas. Si este remedio se usara en forma colectiva en el hospital siquitrico, se acabaran todas las gallinas grifas del pas! Otro remedio es la masa enceflica de los pjaros carpinteros para hacer un ponche, y el cuer po para hacer una sopa. La iguana partida en dos y colocada en la cabeza del enfermo tambin es utilizada como medida teraputica en trastornos mentales; en las cercanas de Moca se baan los dementes con romero (Rosmarinus ofcinalis), artemisa (Ambrosia artemisifolia) y albahaca (Ocimum spp.). Hiel de vaca con aguardiente para la tortcolis, es utilizada en el valle para fricciones. Muchas de las frmulas populares estn basadas en la supersticin, como stas recogidas en Gaspar Hernndez: Para infecciones intestinales y el relajo de la matriz hacen el diagnstico con un refajo de la enferma. La curandera prepara una botella con polvo de guayacn (Guaiacum ofcinale) y un polvo de botica (se ignora cul es). As usan para el reumatismo: hojas de batatilla de la mar (Ipomoea pes-caprae), timaque (Chiococca alba), hoja de lana (Ochroma pyramidale)

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70con bejuco de berraco (Combretum laxum), oza (Pimenta racemosa var. grisea) y hoja de guaconejo (Amyris elemitera). T odo se hierve, pero en una lata nueva, en un fogn situado fuera de la casa. Se dan nueve baos tibios (un bao diario) donde el agua corra de nueve higeras y se va reponiendo el agua nuevamente hervida de la lata de donde se sac. Luego se fricciona el paciente con ungento preparado con manteca de caimn, de iguana, de higuereta (Ricinus communis) y de carey. A esa grasa que se forma se le echa un poco de cera y Agua de Florida. Antes se le agregaba tambin Pomada de Santialla. En Gaspar Hernndez es frecuente el uso de esta frmula popular para el estmago, donde se nota la forma supersticiosa: se toman races de ciruela (pudiera ser Spondias purpurea o Ximenia americana) y se par ten en cuatro. Entonces se desecha una cuarta parte de cada trocito y las otras tres partes son hervidas con una astilla de canela (Cinnamomum verum). T omar por nueve das. En el rea de Gaspar Hernndez son muy originales en sus frmulas curativas. Para los callos se conrma lo dicho: Con el agua que se lava una mujer, lavarse los pies. Dan efectiva cura: Yo me cur y ms nunca me han vuelto a salir callos, dijo la vieja que di la frmula. Otra receta singular de la zona de Gaspar Hernndez, es la siguiente: para la rasquia, ir al ro y untarse una naranja agria. Primero el paciente se rasca y luego se soba con la naranja partida. Esperar un rato y luego tirarse al ro. En la casa, el rasquioso se frotar con polvos Mexana.tfEn la medicina folklrica o popular son muy comunes los ensalmos para curar diversas enfermedades. Anotamos los siguientes, usados en el rea de Gaspar Hernndez: La madre, o dolor que viene del estmago: Por San Juan, por San Pedro, la Corte Celestial, las rogaciones mas, madre de esa mujer. A la mujer se le ponen en el vientre cinco hojas de naranja y se le hacen varias cruces. El padrejn: San Jun y Sansilln. San Julin le deca a Sansilln: Cmo nos haremos con este padrejn que tenemos? Y dcele Sansi-

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71lln a Julin: Psese la mano cuatro veces y se le desaparecer como la sal en el agua. Primero se hace el ensalmo y luego el paciente es untado con sebo, y se soba. Se le colocan hojas de naranja en cruz, luego de haberlas calentado. Luego deber tomar un caldo de aguaj de cilantro sabanero (Eryngium foetidum) y ajo (Allium sativum), para que bote los gases. Para el dolor de cabeza: Venga el Padre Eterno, venga Jess de Nazareno, venga San Salvador, venga nuestro Seor Jesucristo a ensalmar este dolor [a m o a fulano]. Al mismo tiempo se va sobando la frente del paciente con la pomada Vick. Para el dolor de muelas: Muela, te estoy ensalmando [se dice siete veces] en el nombre del Padre, del Hijo y del Espritu Santo. Rzale un Padre Nuestro y un A ve Mara a San Vicente. Este Padre Nuestro y A ve Mara para que no me dejen doler las muelas ni los dientes. Para la vista: Explica una informante: Le rezo trece das a Santa Luca para que no me deje morir ciega. Comienzo los das primero de diciembre y termino el 13, con una Hora Santa. Se brinda caf, pan y galletas. En Saman, Snchez y lugares aledaos se utilizan estas frmulas empricas populares para curar ciertas enfermedades: Resfriados: Raz de anam (Petiveria alliacea), salvia (Pluchea carolinensis) con agua, tomado con Aceite Canadiense en caf amargo. Hemorragias: (No especica qu clase, pero generalmente se usa en mujeres): palo de cruz (Isidorea pungens o de varios otros gneros y especies)6 y sangre de drago (Pterocarpus ofcinalis), tomado con vino tinto. Para sacar los espritus es muy usual, en esas regiones, preparar una friccin que los aleja compuesta por: ruda (Ruta chalepensis L.), cscara de aroma (Acacia macracantha), anam y agua bendita. En esta regin no puede faltar, como es natural, el uso del coco en las medicinas populares. As, para el dolor de muelas, utilizan la concha de adentro del coco. T ambin tienen en esa rea frmulas extraas para curar ciertas enfermedades: para el pasmo (ttano), forran al paciente con hojas de 6 El manuscrito dice palo en cruz.

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72salvia y de mamn (Annona reticulata). Luego de forrado, ponen un anafe debajo de la cama para que le salga el caliente. Para el pasmo tambin usan una toma de caf amargo y Aceite Canadiense. Para la gota (epilepsia) utilizan ensalmos. Para el crup (difteria), utilizan un sistema en que sobresale la supersticin que suele acompaar el recetario folklrico de nuestro pas. Se coge azul (el ail, producto de Indigofera tinctoria) sin mojar (del blanqueador de la ropa). Con tiras de tela negra a lo contrario, amarran una mano y un pie del paciente, a lo contrario, Ej.: pie derecho con mano izquierda. Le quitan la camisa y la queman. Se mezcla esa ceniza con aceite verde [aceite de oliva, de Olea europaea] y se fricciona. tftt7Entonces, por qu la medicina folklrica? Porque no haba facilidades. Podemos sealar que en nuestro pas era imposible, desde la poca colonial, conseguir a una persona preparada en medicina, porque no exista. Los colonizadores espaoles no trajeron mdicos ni practicantes, tampoco hubo escuelas u organismos que indicaran lo que deba hacerse para tratar las enfermedades. Nuestra poblacin indgena posea su herbolario. Utilizaban races y hojas que, por experiencia, conocan de algn provecho, diferente a los buitos o brujos de esa misma poblacin, que aunque tenan algn conocimiento de botnica, utilizaban adems, la creencia y el misterio para llevar a cabo una serie de cosas que no nos corresponde describir en este trabajo. Dentro de nuestra isla, para el 1550 ms o menos, ya no exista la poblacin indgena. Ya no haba tanta produccin de azcar, ni produccin de las minas de oro, principalmente y se haba descubierto tierra rme, el Continente, desplazndose todos los que venan de Europa, principalmente de Espaa, a lugares ms productivos, dejando esta tierra abandonada y despoblada. Algo diferente sucedi en Hait. Hait sabemos que era una parte del territorio de la isla dominado por los esclavos, que estaban a su vez 7 T ranscrito de una entrevista, editada, que hizo la editora al autor, en compaa de su esposa, el 16 de abril de 2011.

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73bajo el dominio de Francia, y produca tanto dinero, que se convirti en la colonia ms rica de esos aos, hasta 1804, an despus del T ratado de Basilea, suscrito en 1795. Los franceses se ocupaban de mandar mdicos, de abrir escuelas, de dar recomendaciones para curar. Debemos pensar en el problema de la produccin: a ellos les interesaba mantener a su gente sana para que rindiera ms en el trabajo, cosa que no sucedi aqu. Esta es la justicacin de la utilizacin folklrica de la medicina. Yo como mdico as lo veo desde el punto de vista de la salud. En esos tiempos no se conoca aqu la biologa ni los principios tcnicos. Podemos agregar que nuestra situacin en la colonia y luego en la Repblica ha sido tan grave en esos siglos XVII, XVIII, XIX, que cuando sufrimos la ocupacin norteamericana en el 1916, debido a ese dcit profesional de la medicina, el gobierno de ocupacin autoriz a personas que posean ciertos conocimientos de esa ciencia para que la practicaran, sin haberla aprendido en universidad alguna, principalmente las ramas de odontologa y farmacia. Por todo lo cual, el aspecto folklrico de la medicina dominicana me ha entusiasmado justicando las raras frmulas utilizadas, las cuales sealo en este trabajo. T odo esto nos da una idea del por qu de esos remedios sin sentido. Es ms, podramos decir que en ese asunto hay un problema antropolgico, y que la poblacin particip guiada por algunas recomendaciones. Yo tengo, por ejemplo, en este trabajo, unos ts para curar la diarrea, elaborados con materia fecal de perro seca, que le llamaban aqu or de chitn o or de sabana, y encontr que esos remedios ya venan propuestos desde Espaa para ser utilizados en la Colonia. Uno se pone a pensar: cmo se las arreglaba el enfermo crnico, el enfermo que necesitaba un diagnstico, el enfermo que necesitaba una atencin mdica aunque fuera muy pragmtica, muy emprica? Por todas estas cosas, podramos llegar a la conclusin de que s tenan que utilizar estos remedios sin sentido muchos, otros con algn sentido para justicar ese criterio.

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74tEl trabajo fue realizado en la costa como ya lo hemos sealado as como en la Cordillera Central, en la Sierra desde Estero Hondo hasta Jamao en el norte, San Jos de Las Matas, Jnico, Juncalito. Hablaba con las personas que utilizaban esos remedios: los curanderos, curiosos, hervedores de agua, o brujos que tenan una gran inuencia en la poblacin; sus recomendaciones eran seguidas al pie de la letra. An existen algunos de estos personajes. Entre esta poblacin haba especialistas en curar el ttano. Esto merece una explicacin ms amplia porque el vulgo denomina ttano a cualquier problema de dolores en el cuerpo o a cambios de temperatura de la persona que, al levantarse de madrugada recibe una brisa fra, se pasm; es el trmino vulgarmente usado para lo que identican como ttano. T ambin le dicen pasmo de estmago. El ttano es una enfermedad que se adquiere por una herida, dependiendo principalmente si esta es punzante, si es incisa, y si es cerca de la cabeza toda una serie de factores biolgicos que hay que conocer. Eso, en manos del pueblo, est completamente trastornado. Usaban cualquier recurso para impresionar al enfermo, a la familia y a los amigos que le rodeaban, con el propsito de que aceptaran cualquiera recomendacin, ya fuera de ndole religiosa o mgica. Aqu hay personas que juran, que ensalman la culebrilla,8 como llama el vulgo al Herpes soster, y celebran rezos para curarlo. Cmo lo pueden curar, si es una enfermedad producida por virus y se localizan en los trayectos de los nervios? Los curanderos eran de ambos sexos aunque entre los hombres podra haber un ligero porcentaje superior a las mujeres. Muchos no cobraban dinero pero el no cobrar era como una forma de imponerse: Mira, es tan buena su fe que ni me cobra. Si cobra, son 25 centavos, 50 centavos para una vela o para algo. Desde luego, eso implicaba llevar a ese curandero pltanos, yuca u otro obsequio en agradecimiento a sus atenciones. 8 Aportacin de doa T eresita de Cantisano.

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75Haba un partero en El Mamey, Eulogio,9 que cuando se vea en apuros me mandaba a buscar, o a cualquier mdico que estuviera trabajando all. Yo poda estar con unos amigos y senta llegar el mulo. Cuando oamos el paso, ya los amigos, que eran del lugar, me decan, Se fu; ahora le manda a buscar Eulogio, que tiene un problema con una mujer de parto. Efectivamente. Yo tomaba mi maletn y me montaba en el mulo que l me mandaba. Pero tambin trabajaba con espritus;10 nos mandaba frutas de su parcela, y eran los limones y las naranjas ms hermosos. Por eso decan que tena un pacto con algo para que los frutos fueran tan apetitosos. All en El Mamey utilizaban el concepto del bac, y si nos acercbamos a la costa, la creencia era mayor.tPara sacar algunas conclusiones tenemos que pensar en muchos factores, entre ellos la cultura de la gente, que no tena la inclinacin de investigar las patologas que incidan en la salud, en nuestro ambiente popular y rural. La escasez de personal mdico: se recurra mucho a los curanderos, a las personas que tuvieran alguna facilidad para recomendar remedios, y a los llamados hervedores de agua, que son tisanas de races, usadas desde hace muchos aos por esta poblacin. Los problemas econmicos: Haba grandes problemas econmicos en esos tiempos y esto todava an se ve cuando no hay una posibilidad alcanzable. Los problemas de transporte: en las reas rurales principalmente, haba ms dicultad para transportarse a un sitio urbano o suburbano. En la zona rural no haba hospitales, ni las llamadas clnicas rurales, no haba nada de esto que pudieran utilizar. Aspectos culturales: por aquel entonces la gente se llevaba de lo que recomendaba cualquier persona que tuviera inuencia sobre sobre la masa. De esta forma entendemos por qu haba y por qu era necesaria econmica, social y culturalmente, la medicina folklrica. 9, 10 Aportacin de doa T eresita de Cantisano.

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ttLa bi-musicalidad en las conguraciones culturales del caribe MARTHA ELLEN DA VIS es doctora en antropologa y etnomusicologa. Ha investigado la religiosidad popular y los gneros musicales que forman parte de sus rituales por cuarenta aos. Es la Coordinadora de la Comisin de Ciencias Sociales de la Academia de Ciencias y directora de esta Revista.

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78Martha Ellen DavisResumenLa bi-musicalidad en las conguraciones culturales del Caribe Se cree que la msica tradicional y popular caribea, conocida a travs de sus gneros del baile social, es por naturaleza producto de una mezcla de tradiciones forjadas al crear una msica nueva, criolla. En contraste, el artculo plantea que en el entorno del catolicismo popular, es un medio social conservador que tiende a perpetuar una convivencia, sin mez clarse, de tradiciones de varios orgenes tnicos. Para designar este fenmeno cultural, la autora aplica el trmino de bi-musicalidad adoptado de la pedagoga etnomusicolgica. Lo documenta con ejemplos de trabajo de campo, mayor mente en Repblica Dominicana.SummaryBi-musicality in the Cultural Congurations of the Caribbean It is assumed that traditional and popular Caribbean music, known by its social dance genres, is by nature a product of the mixture of traditions forged together to create a new, creole music. In contrast, this article proposes that folk Catholicism is a conservative context which tends to perpetuate the coex istence, without mixing, of traditions of various ethnic origins. T o describe this cultural phenomenon, the author applies the term bi-musicality developed for ethnomusicological pedagogy and documents it with examples from her fieldwork, mainly in Dominican Republic.

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79El modelo del antroplogo Melville Herskovits para los estudios afroamericanos (vase 1958 y 1966), que an se aplica hoy en da a las culturas caribeas y afro-latinoamericanas, fue basado en documentacin etnogrca en los epicentros de las retenciones africanas en el Nuevo Mundo. El propsito de sus investigaciones, iniciadas en los aos 30 en varios puntos de las Amricas adems de Dahomey (hoy Benn) en frica Occidental, fue refutar la suposicin de que la esclavitud negra era tan severa que haba borrado toda herencia africana. Encontr evidencia de todo lo contrario, sobre todo en la cultura expresiva: las artes, el lenguaje y el ritual. El ritual, junto con la msica, constituan una evidencia de especial importancia por su conservadurismo. En Bahia, Brasil, por ejemplo, encontr que an se hablaba el idioma Yoruba y que el ritual en algunas casas de candombl (la contraparte bahiana del vodoun o la santera) era bastante el a las prcticas africanas (Herskovits 1937). Habiendo demostrado ampliamente este fascinante descubrimiento, el examen etnogrco de las costumbres de lugares y contextos en las mrgenes del area afroamericana puede conducir a una ampliacin del modelo de Herskovits. Por ejemplo, en las contrapartes rituales de los casos de estudio de Herskovits, pero en la periferia de Afro-Amrica, como es el caso de la Repblica Dominicana, tambin se observan claramente las inuencias africanas aunque sean inuencias en vez de continuidades eles-en los sistemas de creencias y sus expresiones a travs del ritual, inclusive su msica. Herskovits las hubiese denominado mayormente re-interpretaciones en vez de retenciones africanas. Su clasicacin sin duda sera inuida por el hecho de que en un solo acto ritual, el tocar los tambores (como los atabales, o sea palos dominicanos) puede coincidir con el santo rosario cristiano cantado, u otros textos sagrados de una liturgia catlica arcaica (como es el caso de la

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80Salve Regina dominicana). De hecho, gneros musicales representando ambas tradiciones pueden ser ejecutados por una misma persona. De esta forma, desde nuestro punto de vista de hoy, lo que se suele llamar msica tradicional puede ser, de hecho, culturalmente heterogenea. Por lo tanto, se podra denominar bi-musical o bien multi-musical.1 La bi-musicalidad, arraigada en El Caribe y Afrolatinoamrica, tal como se ilustra ms abajo, representa un documento en vivo de toda una historia de contactos y adaptaciones culturales. Pero es este fenmeno musical, tal como se observa en el momento actual, un aspecto jo de la idiosincracia etnogrca afrolatina? O bien, representa una coexistencia actual y momentnea de dos culturas musicales, en forma de dos secuencias arqueolgicas superpuestas, una menguante y otra creciente? Planteamos aqu, en base a una observacin longitudinal de unos treinta aos, que tanto los estilos y gneros de ascendencia africana como europea, en sus formas ms eles a la herencia del Viejo Mundo, estn en fase menguante; y que una fusin, ms populista, ms criolla eso es, nacida de una mezcla y ms urbana, est en proceso de crecimiento.tftLa bi-musicalidad, o bien multi-musicalidad, parece representar una consecuencia frecuente de los procesos sociales de conquista o bien de movimientos masivos de poblaciones, aunque igualmente pueda surgir de otras determinantes. Por lo menos durante la fase inicial, los grandes cambios polticos y demogrcos, parecen contribuir al nacimiento del bi-culturalismo, del cual el bi-lingismo y la bi-musicalidad forman parte. Las trayectorias de tales conquistas culturales estn incrustadas en los estilos musicales que surgieron como consecuencia de tales acontecimientos. Por ejemplo, la conquista rabe de los tuareg, bereberes de frica del Norte, se expresa mayormente en la msica de 1 El trmino bi-musicalidad fue planteado por el etnomusiclogo Mantle Hood (1960) en referencia a las metas pedaggicas de la educacin en la etnomusicologa, la cual debera abarcar la adquisicin de competencia en la ejecucin de msica no occidental. Este artculo usa el trmino para un propsito muy diferente: para describir un fenmeno etnogrco paralelo al bilingismo.

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81los hombres, no de las mujeres, la cual ha conservado su naturaleza berebere. Otro caso contrario sobre diferencia segn gnero en el grado de asimilacin de la msica rabe, fruto de la expansin rabe, ofrece Johanna Spector, quien investig sobre la cultura musical de los judos de Yemen (1986). En la cultura musical de los judos yemenitas, los hombres ejecutan la msica sagrada hebrea mientras que las mujeres la interpretan en rabe; las mujeres no conocen el hebreo ya que no se les permite la entrada a la sinagoga. A raz de la conquista precolombina de los arauacos por los caribes en la Antillas Menores, se desarroll en algunas de las islas una situacin similar a la de los tuaregs, observada por los primeros europeos que llegaron: los hombres de tales islas hablaban el caribe de los conquistadores, y las mujeres, el arauaco, la lengua de los conquistados. Por otra parte, el resultado del contacto prolongado entre varias culturas se ve en la msica de los kuna de Panam, segn un estudio de Sandra Smith (1985). Smith plantea que la base de la esttica musical kuna es el estmulo del eclecticismo y la innovacin. Atribuye tal perspectiva a su ubicacin geogrca en la encrucijada de las Amricas, el eje de encuentro cultural por miles de aos. De esa forma, Smith considera que para los kuna la conquista espaola serva simplemente como una fuente, entre muchas, de nuevas ideas musicales.ftt ttUn acontecimiento que provoc la separacin cultural entre las Antillas y el Circun-Caribe fue el fallecimiento de la poblacin nativa de las islas, lo cual trajo como consecuencia la esclavitud de negros africanos para mano de obra. Como resultado, los patrones culturales de las Antillas de hoy son esencialmente bi-culturales en vez de multiculturales, como en el caso de los kuna. Es decir, que representan varias formas de contacto entre la msica de ascendencia europea y la africana. A continuacin, el presente trabajo enfoca ciertos aspectos de tal nexo cultural en las Antillas, sobre todo las de habla espaola. En El Caribe hispano el fenmeno de la bi-musicalidad es ms frecuente en los contextos y gneros musicales sagrados. Por lo general, el proceso de integracin de rasgos musicales de varios orgenes

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82tnicos, y la evolucin de nuevos gneros y estilos, se ve en la msica del baile social. T al msica de recreo permite cierta modicacin sin que se perjudique su propsito social. Al contrario, la msica religiosa de ascendencia tanto africana como europea, forma parte ntegra del ritual, y as se considera sagrada, por lo tanto ms resistente al cambio. De esta manera, la msica religiosa popular demuestra mayor conser vadurismo que la secular tal como ha demostrado Melville Herskovits (p. ej., 1937 y 1943). Pero aqu planteamos que los contextos musicales sagrados de Afro-amrica conducen a la conservacin, no slo de la msica de herencia africana sino tambin de la europea, con algunas huellas indgenas, inclusive, si las hay. Es ms, en el contexto de rituales de la religiosidad popular se pueden encontrar manifestaciones de ambos orgenes, expresadas de manera tradicional, hasta arcaicas, en un mismo acto musical. En tales ocasiones, por una parte puede haber una integracin o fusin de estilos o gneros, dando a la luz nuevas creaciones, y por otra parte puede que coexistan expresiones de origen europeo y africano de forma paralela, cada tradicin musical representada por diferentes gneros subgneros que comprenden los componentes del acto, hasta por diferentes aspectos o secciones de piezas especcas. En un acto ritual los componentes musicales de ambos orgenes son asignados a diferentes puestos, respectivamente, dentro de la organizacin del evento, tanto espacial --o sea fsico o temporal--, o en cuanto al procedimiento ritual. T ambin dieren en su asociacin con el gnero de los ejecutantes y participantes. En cuanto al aspecto temporal de los actos religiosos del catolicismo popular, o suele haber una progresin desde el ritual y la msica sagrados hacia lo profano y desde lo ms puramente europeo, o bien africano, hacia lo criollo2 o sea hbrido desarrollado en el Nuevo Mundo. Un caso en que la msica y danza sagradas de ascendencia africana son seguidas por algunos gneros ms seculares y criollos, o sea 2 El trmino criollo se refera en los tiempos coloniales a personas de ascendencia europea nacidas en el Nuevo Mundo. En El Caribe lleg a referirse a hbridos culturales, creaciones surgidas como producto de encuentros culturales, siempre con alguna inuencia africana. Ejemplos son la llamada comida criolla de New Orleans, o bien la nueva lengua creada en El Caribe francs: el criollo (Crole, kreyol).

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83hbridas, es el ritual denominado Big Drum Dance (Bailes del T ambor Grande) de Carriacou, una isla satlite de Grenada, realizado en conmemoracin a los antepasados. Primero se ejecutan los bailes tribales (bailes de las naciones) recordando la herencia de las diferentes etnias africanas que en conjunto comprenden la comunidad, cada uno ejecutado por los descendientes de las respectivas etnias (vase Marshall 1972 y McDaniel 1998). En contraste, el trabajo de campo en la Repblica Dominicana de quien escribe, documenta el fenmeno de la coexistencia de msica sagrada de herencia africana con la europea, en las velaciones de santo (tambin denominadas velorio de santo, velada o noche de vela, segn la regin del pas), estas de patrocinio particular que se ofrecen anualmente durante toda una noche, en pago de una promesa. Las velaciones dominicanas ilustran el patrn frecuente en El Caribe: integrar en un solo acto religioso, msica de ascendencia africana y europea. De acuerdo con este patrn general, se suele ejecutar primero la msica sagrada de herencia europea, segundo la africana, y tercero la criolla, si es que la hay. En la velacin dominicana, un acto de doce horas de extensin, tal patrn se repite tres veces, comenzando cada vez con el santo rosario cristiano (denominado as mismo el tercio), sea rezado o cantado.3 Cada tercio es seguido por tres versiones musicales antiguas de la Salve Regina, una oracin catlica casi arcaica. En muchas partes del pas tales cantos litrgicos son seguidos por msica sagrada de origen africano, con variacin segn regin: en el Sur Central las Salves litrgicas se pueden seguir por tres piezas de palos (atabales) frente al altar, o bien en el poste central en el caso del Suroeste. T al fase ritual del acto, de lo europeo seguido por lo africano, es repetido despus de cada tercio y seguido por una fase ritual de Salves no-litrgicas, y asimismo toques de palos no-sagrados, ambos especicados y tocados en cualquier orden, hasta que toque la hora del prximo tercio. T anto las Salves como los palos no-sagrados se caracterizan por una letra ms 3 El rosario cantado es en realidad rezado y cantado. Es decir, slo algunas partes son cantadas. El rosario cantado dominicano no se compara con el rosario cantado puertorriqueo, en el cual abunda ms el componente musical.

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84profana e improvisada, un comps ms acelerado y escalas templadas y diatnicas, mayormente de clave mayor, en contraste con escalas modales o bien no templadas o de clave menor, como es el caso de las Salves de la Virgen y los toques de palos sagrados, stos lgubres en cuanto al tempo cuando se trata de palos de muerto. Las Salves y toques de palos varan segn la regin, en cuanto a su ubicacin espacial en el recinto del evento, y temporal en el procedimiento ritual. En el Sur Central, los palos sagrados dentro de la sala, o bien la ermita, son seguidos por toques ms profanos fuera, y, al mismo tiempo, Salves no litrgicas frente al altar. En el Suroeste, los toques sagrados en el poste central son seguidos en el mismo lugar por toques ms profanos para el baile general. Series de toques de palos cualesquiera son intercalados en la misma ermita con series de Salves litrgicas en el altar (sin acompaamiento, como es el estilo de la regin). Gneros de baile completamente seculares tambin pueden incorporarse en actos de religiosidad popular, conjuntamente con los gneros musicales sagrados y semi-sagrados, ya mencionados. T ales bailes incluyen variantes regionales del merengue del Norte (o sea, Cibao), del Este y, en el Sur (suroeste), el trptico de los gneros mangulina, carabin y vals. En cuanto a la articulacin del baile con el procedimiento temporal del acto ritual, en el Norte y en el Este, el merengue se toca a partir del amanecer, despus de que se haya terminado la promesa, eso es, el compromiso sagrado del acto ritual. En las zonas Sur-Central y Central-Este, como variante del procedimiento del Este, en una esta grande, el baile de pripr, tambin llamado de balsi (en realidad, una especie de merengue redondo) puede ser tocado y bailado al mismo tiempo que los gneros musicales sagrados, pero ubicado en otro lugar del recinto del patrocinador. Es decir, que lo sagrado y lo no sagrado, en tal caso, son separados espacialmente en vez de temporalmente. Un tercer patrn se encuentra en el Sur (suroeste), donde los conjuntos de palos alternados con Salves a veces son intercalados con baile recreativo, dependiendo de la disponibilidad de un conjunto musical. En algunos casos, en la regin caribea, tal es el caso de una her mandad del E spritu S anto en el S ur, precisamente en Las Matas

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85de Farfn, la parte ms africana del acto en s despus del tercio (rosario) y las tres salves de la Virgen (sagradas) tambin exhibe una progresin temporal desde lo sagrado hacia lo profano. La primera pieza de palos despus del tercio y salves de la Virgen se llama Cautivos son y se baila por individuos (no parejas), cada uno con una bandera, probablemente representando a las nimas, alrededor del poste central. A travs de esta regin del pas se toca la misma pieza para los difuntos. Su ttulo, Cautivos son, muy posiblemente se reere a que los difuntos son cautivos en el Purgatorio y los vivos deberan tenerles pena y ayudarlos con sus oraciones. Asimismo, en el Baile del Gran T ambor de Carriacou, la primera pieza de palos reconoce la presencia de los nados entre los vivos, y sirve como acto de comunin y continuidad no interrumpida, entre los antepasados y sus descendientes vivos. T anto en Dominicana como en Carriacou, tal ritual de ascendencia africana es seguido por toques criollos y menos sagrados, bailados en pareja. En las regiones Sur-Central y Este, la Salve en s un gnero musical ejecutado delante del altar, pero muy amplio en cuanto a estilo (vase Davis 1981c) reeja en miniatura el mismo patrn de la estructura de las velaciones de santo de las cuales forma parte: eso es, tiene una seccin sagrada, letrada e hispnica, seguida por otra secular, iletrada y de inuencia africana. Cada tercio se sigue por tres versiones musicales de la oracin Salve Regina, o sea, Salve de la Virgen. Ellas van seguidas de otras menos sagradas y menos hispnicas, las cuales estn constituidas por una letra secular e improvisada (al contrario a la letra ja de la Salve Regina), una estructura de solo y coro, y el acompaamiento rtmico de palmadas o membranfanos, o sea tambores (como los panderos tocados en polirrtmia y el mong) e idifonos, o sea, otros instrumentos de percusin (como la gira y las maracas). T al patrn se observa tambin en la cultura musical de otras partes del Caribe catlico. Por ejemplo, en la esta de santo de Puerto Rico, tal como las estas de cruz, de mucha extensin (vase Davis 1972), el rosario cantado de la tradicin letrada forma la parte sagrada y principal del acto. Esta seccin se concluye quitando la cruz simblicamente y despus se puede tocar cualquier msica, por lo tanto, frecuentemente, afro-puertorriquea. El Caribe de habla francesa puede exhibir un patrn parecido en sus rituales de la religiosidad popular, es decir, el procedimiento temporal

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86de lo sagrado, europeo y letrado, colocado antes que lo menos sagrado, africano y no letrado. As es el caso en el vodou haitiano (vase Deren su libro de 1983 y pelcula 1985). El acto comienza con las oraciones del rosario en frances (la cantique), rezado o cantado para invocar la presencia y bendiciones de las deidades europeas. Al concluirse, el ritual pasa a la prxima fase, cantada en crole y acompaada por los palos, para invocar tanto a las deidades africanas como a las de origen criollo (que son algunas de las familias gd y petr). Los toques de los palos invocan a las deidades y las invitan a presentar y expresarse a travs de la posesin espiritual. El mismo fenmeno musical que se puede notar en los rituales del catolicismo popular, tambin se encuentra en el protestantismo del Afro-caribe. Por ejemplo, en el enclave afro-norteamericano de Saman, Repblica Dominicana4 el culto tradicional de las sectas principales, la Metodista y la Africana Metodista Episcopal (A.M.E.), utiliza los himnos de la tradicin letrada, sea inglesa o anglo-norteamericana, aunque hoy da traducidos al espaol. Cuando el culto formal concluye, la tradicin es o era lanzar, espontneamente, algunos coritos ( anthems) (vase Davis 1981b y 1983). En Montserrat, una isla anglfona cerca de Antigua, el mismo patrn temporal de lo sagrado y europeo seguido por lo secular y africano, se relaciona con el velorio de muerto (Dobbin 1986:41). Dobbin, observando un acto especco, nota que 4 Seis mil libertos de los Estados Unidos de Norteamrica fueron repatriados a La Espaola en 1824-25 durante el perodo en que la Isla estaba unida bajo la gobernacin haitiana (1822-44), recibidos al ser la primera repblica negra del Nuevo Mundo. La emigracin a Hait result como consecuencia de la iniciativa de repatriar esta poblacin al frica, fundando Liberia como refugio para los negros libertos estadounidenses, al encontrar a Liberia insalubre. La reubicacin de tales emigrantes a Hait fue organizada por la Iglesia Africana Metodista Episcopal (A.M.E.) de Filadela, Pennsylvania, E.U.A., en colaboracin con la Sociedad de Amigos (Cuqueros) y la cooperacin del Presidente Boyer, de Hait. Sin embargo, algunos de los seis mil, fallecieron por la ebre tifoidea, y otros regresaron a los Estados Unidos al no poderse acostumbrar a los nativos, a quienes consideraban menos civilizados. Despus de un perodo inicial hospedados en el Convento de las Mercedes, en Santo Domingo, los que se quedaron fueron repartidos por toda la Isla, inclusive en la capital Puerto Prncipe, para nes de aportar al desarrollo agrcola y econmico. E n el da de hoy se han asimilado en gran parte, casndose con dominicanos catlicos y hasta cambiando la forma de deletrear o pronunciar sus apellidos. Los enclaves que quedan estn en Puerto Plata (alimentado por las islas inglesas), Saman y un poco en Snchez, y hasta estas comunidades estn casi asimilados, o sea, que han perdido en gran parte su idioma y muchas costumbres. (vase Davis 1980, 1981a, 1981b, 1983).

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87se entonaban himnos [probablemente anglicanos o metodistas]5 solamente hasta la medianoche, hora en que toda ceremonia cristiana se suspenda y comenzaban los juegos y cantos populares. De esta forma se puede observar, tanto en el ritual popular catlico del Hispanocaribe como el tradicional protestante del Anglocaribe,6 una progresin temporal de una seccin letrada y de inuencia europea, a una iletrada y de inuencia africana. T al secuencia se encuentra en eventos que rinden honor, tanto a las deidades sean del politesmo catlico o el monotesmo relativo del protestantismo como, en menor grado, a los muertos, sean en general o bien a familiares nados especcos. La relacin espacial entre estos dos componentes tambin tiene importancia. En el catolicismo popular la ubicacin de la msica de ascendencia europea es el sitio sagrado europeo: el altar. El altar puede, de hecho, ser enfoque de manifestaciones de inuencia africana, como la ejecucin de los toques sagrados de palos, tal es explicado ms arriba. Sin embargo, la ubicacin de la mayor parte de los toques de palos, cuando es dentro de la capilla, es en un rea retirada del altar, o bien afuera. Si acontece en la misma habitacin, los palos son tocados alrededor del poste central, si lo hay donde bajan las deidades, segn la tradicin africana. Pero si el dominio principal de los palos est afuera, tocan en la enramada, el patio techado similar al peristyle haitiano pero sin el poste central ah y por lo tanto, no en un sitio sagrado. T anto la parte detrs de la habitacin de la capilla, como la enramada segn regin, son sitios para el baile profano de recreo (como es el merengue y otros gneros, tambin segn regin). El baile social est, o bien intercalado con los palos, el caso del Suroeste, o bien 5 Los habitantes de Monserrat son catlicos, anglicanos y otros protestantes: metodistas y, en el siglo XX, adventistas y testigos de Jehov, y despus de la Segunda Guerra Mundial, algunas iglesias pentecostales (Dobbin 1986:12). Su incorporacin en Montserrat sigue la secuencia histrica de la cultura religiosa formal introducida por la dominacin colonial y neocolonial. T oda, o bien casi toda la poblacin parece estar unida, sin embargo, por una base comn de cultura expresiva de ascendencia africana, tanto sagrada como profana. El fenmeno ms destacado de la cultura religiosa es el baile jombee en loor a los antepasados, el tema del libro de Dobbin. 6 Probablemente sea diferente el caso de los nuevos convertidos a las sectas pentecostales, en respuesta a los misioneros anglo-norteamericanos, sobre todo en el Hispanocaribe. Su conversin suele estar tiznada de un dogmatismo literal y fantico, y esta vertiente del protestantismo es tan reciente que el tiempo ha sido insuciente para el desarrollo de un proceso de creolizacin.

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88sigue todo el evento ritual al amanecer, como en el caso del Noreste. Asimismo, en el enclave afro-puertorriqueo de Loza Aldea (en realidad la zona rural llamada Mediana), durante la esta carnavalesca de Santiago Apstol, el baile de bomba, de ascendencia centro-africana, se lleva a cabo a un par de kilmetros del lugar donde realizan el rosario cantado, de ascendencia europea. El gnero tambin es signicativo, tanto en su relacin con ciertos tipos de msica como con ciertos lugares en el recinto de una esta de santo. La casa, especialmente el rea del altar y el aposento, es dominio de las mujeres. Las mujeres suelen estar asociadas con la msica tpicamente ejecutada en el altar, a saber, la Salve (Foto No. 1) (con ciertas excepciones regionales, como las ilustradas en la Foto No. 3), y los hombres7 con la msica tpica del exterior (o bien el rea alejada del altar) (Fotos Nos. 2 y 4), a saber, los palos o tambores pequeos de varios tipos. As es el caso hasta dentro de las cofradas afro-dominicanas, las cuales estn dirigidas tpicamente por mujeres, aunque los hombres casi exclusivamente son los paleros y, sin excepcin, los paleros mayores, o sea, jefes del conjunto. En cuanto a la msica y actividades de estas organizaciones, las mujeres tienen la custodia de los gneros y estilos de inuencia europea y los hombres, lo de ascendencia o inuencia africana. Un caso excepcional es la salve ejecutada en la Provincia Peravia alrededor del pueblo de Ban. Ah, dentro de un solo gnero musical hasta en una sola pieza coinciden componentes de ascendencia europea y africana sin fusin. Las mujeres, arrodilladas o de pie en una la frente al altar, cantan la letra sagrada de la Salve Regina en un estilo de notables caractersticas hispnicas (la estructura responsorial, la meloda melismtica y ornamentada, el diapasn alto, la produccin vocal tensa; vase la Foto No. 1). Al mismo tiempo, los hombres se sitan en la parte de atrs de la sala en formacin circular, apartados del altar y de las mujeres cantadoras, para facilitar el acompaamiento instrumental al estilo afroamericano, o sea, de inuencia africana; varios tipos de membranfonos e idifonos (instrumentos de percusin 7 En frica, los palos son sagrados, tocados slo por hombres. En el Nuevo Mundo, y especialmente en sus culturas criollas, los palos son semi-sagrados. En Dominicana la norma es que sean tocados por hombres, pero hay excepciones.

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89 Fotos Nos. 1 y 2: Caafstol, Provin cia de Peravia (Ban). Velacin para la Santsima Cruz, en la vspera del 3 de mayo (Fotos: M. E. Davis 1979). Estas fotos ilustran la bi-musicalidad. Observen que el dominio de las mu jeres (Foto No. 1) est separado del de los hombres (Foto No. 2). Las mu jeres, en formacin linear cerca de y mirando hacia el altar, cantan la Salve litrgica e hispnica con estructura antifonal o responsorial, usando una produccin vocal tensa y aguda. Los hombres, retirados de las mujeres y el altar, se sitan en formacin circular en la parte trasera de la capilla; tocan el acompaamiento instrumental al estilo afro-americano y no participan en el canto. Noten los membranfo nos (tambores de parche) de diferen tes tipos (los panderos y los tambores pequeos) e idifono (instrumento de percusin sin parche) (la gira), los cuales son tocados polirrtmicamente. Foto No. 1 Foto No. 2

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90de parche y de otros materiales sonoros sin parche, respectivamente) proveen una textura rtmica polifactica (vase la Foto No. 2). Esta variante regional de la msica del catolicismo popular dominicano tambin ilustra el rol de la mujer como conservadora de la tradicin catlica letrada, sea de la religiosidad popular o formal, de la msica hispnica, de la msica vocal y del entorno del altar como espacio sagrado de origen europeo. La participacin de los hombres suele estar relacionada con prcticas religiosas no letradas y de la religiosidad, la msica y los instrumentos musicales de ascendencia africana, y del espacio apartado del altar, a saber, las partes central y trasera de la capilla y las reas exteriores del recinto de la esta.8En resumen, hemos observado que en El Caribe los eventos de religiosidad popular, especialmente aquellos del catolicismo popular, son bi-musicales. La manifestacin de aspectos de esta bi-musicalidad se expresa en los eventos a travs de diferencias en el procedimiento ritual (las posiciones temporales), el entorno fsico (las posiciones espaciales) y el gnero de los participantes. Ms all de tales generalizaciones, el anlisis sobre la relacin entre gnero y lugar en la esta y en los tipos de msica, se reere a la participacin activa. La competencia en lenguajes musicales trasciende la participacin activa en roles y actividades, en un evento msicoreligioso. Es verdad que los palos son tocados por los hombres, que tambin son sus solistas principales; pero las mujeres pueden participar en el coro vocal (la responda) y naturalmente, en el baile de palos, siendo un baile de pareja. Hasta miembros del pblico, que con su presencia y observacin slo tienen una participacin pasiva, son tan competentes como los participantes activos en las mismas culturas musicales. Est claro que, si se le preguntara, la mayora podra distinguir entre diferencias estilsticas regionales y temporales (lo viejo y lo moderno), los roles especcos de gneros y subgneros musicales, las diferencias en calidad de ejecucin, y otros criterios formados por una observacin crtica.8 Janice E. Kleeman (comunicacin personal, 1986) sugiere la necesidad de estudiar el signicado universal de los hombres como tocadores, ms que las mujeres, de instrumentos musicales.

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91 Foto No. 3 Foto No. 4

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92fttHasta ahora hemos enfocado la bi-musicalidad colectiva, como fenmeno cultural manifestado con diferencias segn tiempo, espacio y gnero dentro de los eventos musicales. No obstante, al estudiar una cultura musical, la cual es bio multi-musical por naturaleza, siempre habra que tomar en cuenta el fenmeno de la bi-musicalidad personal. Pero sin embargo, ese no es siempre el caso, en una cultura bi-musical. Por Foto No. 5Fotos Nos. 3, 4 y 5: Las Matas de Farfn, Provincia de San Juan. La Cofrada del Espritu domingos. (Fotos: M. E. Davis 1982). La bi-musicalidad personal. En la Foto No. 3, Milln y otro hermano de la cofrada cantan la sagrada Salve de la Virgen ( Salve Regina ) frente al altar en forma antifonal. Forman parte de un grupo mayor de cantadores que no se ven en la foto. Despus de las tres Salves de la Virgen, Milln se traslada al poste central de la capilla para tocar los Palos del Espritu Santo (Foto. No. 4). De esta forma demuestra que su cultura musical es en s bi-musical. Comienza con la pieza sagrada, Cautivos son que inicia el baile de los socios, cada uno con una bandera de color diferente, en un crculo moviendo en direccin contraria al reloj (tpico de lo africano) en un estado de trascendencia (Foto No. 5). Luego siguen con el baile de palos.

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93ejemplo, los judos yemenitas o por lo menos las mujeres yemenitas representan un grupo mono-musical dentro de una sociedad bi-musical. De modo que parece variar de cultura en cultura, la naturaleza y grado de bi-musicalidad individual, o bien de grupo. En El Caribe, la bi-musicalidad es comn en los niveles tanto personal como colectivo. Especcamente, hemos observado en varias zonas de la Repblica Dominicana a ciertos hombres cantar la Salve Regina con un estilo muy hispnico, en escalas modales con una produccin vocal tensa y aguda; y luego dan la vuelta para tocar los palos y cantar en un estilo muy diferente y de inuencia africana, con la voz relajada y ms grave. Para ofrecer otro ejemplo, en Puerto Rico, durante la Fiesta de Santiago Apstol en el enclave afro-puertorriqueo de Loza, acompa a pie a la cantadora del rosario cantado hispnico y arcaico, sin acompaamiento instrumental, cuando se traslad a otro vecindario, al lugar de la bomba, donde particip activamente en el canto y el baile. Este mismo fenmeno de competencia personal en varios gneros y estilos ha sido documentado en Jamaica por el antroplogo Kenneth Bilby (1985, 203): Una vez acompa a un msico jamaiquino durante un perodo de varios das en que particip en una gran variedad de gneros musicales, sin mostrar en ningn momento la menor dicultad al cambiar de un estilo a otro. Empez una maana tocando guitarra para turistas en la costa, en un conjunto mento. Ms tarde, el mismo da, regres a su campo para un toque de auta y tamboril, encargndose del tambor principal, y por la noche particip en el coro, en un avivamiento evanglico. Al otro da agasaj de forma improvisada, a un grupo de amigos con romances britnicos, acompandose de la guitarra. Muy tarde, esa misma noche toc guitarra y dirigi varios cantos religiosos en una novena (nine night). En la tarde del tercer da le encontr improvisando con bajo elctrico en un conjunto reggae de ah, y a prima noche hizo una aportacin excelente en banjo, al baile de cuadrilla de su comunidad. Al otro da por la maana, de nuevo se encontraba en la costa amenizando a turistas, esta vez con armnica. Y cuando lo dej esa noche, se

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94diriga a una ceremonia de kumina donde iba a ser suplente del tambor de apoyo. Aunque su itinerario musical durante esos das puede haber sido ms cargado de lo normal, la facilidad de movimiento entre estilos no era raro para este hombre, ni tampoco fue extraordinario para un msico rural jamaiquino, la amplitud de gnero en cuanto a su competencia musical.9ftftttEs interesante observar que, en cuanto a participacin, parece que la bi-musicalidad personal est en crecimiento. Esta fue una de las obser vaciones principales que hice en mi viaje de regreso en 1986, a Monte Plata, en el enfoque de mis investigaciones intensivas en 1972-73. En el viaje de regreso observ a ms hombres tocando y cantando Salves, y ms mujeres tocando y cantando palos. Los mismos msicos conr maron mis observaciones. Al mismo tiempo he estado observando un cambio en los gneros mismos debido a la muerte de msicos y lderes de la religiosidad popular, conjuntamente con un cambio en esttica musical debido a modernizacin y urbanizacin. La modernizacin, sea en las sociedades socialistas o capitalistas, parece exhibir una tendencia universal hacia la profanacin. Este proceso ha resultado en una rpida prdida o degeneracin en cuanto a calidad musical de los extremos, tanto hispnicos como africanos. La creacin musical dentro de los gneros tradicionales, tanto en la Repblica Dominicana como ms generalmente en la regin del Caribe, indica una preferencia por las escalas diatnicas (o sea, de anacin templada) y un abandono de las escalas modales; los tempos ms rpidos, al apartarse de la esttica de los palos de muerto tan lgubres; y una letra ms profana. Estas tendencias han seguido hasta el da de hoy.9 Bilby ha observado la misma bi-musicalidad en la msica caribea; l denomina este fenmeno poli-musicalidad. Pero para l esto signica la competencia en varios gneros musicales, tal como ilustra el ejemplo jamaiquino. Nuestro trmino, bi-musicalidad, se reere a la competencia en dos lenguajes musicales, cada uno representado por varios gneros. No obstante, los dos nos referimos en realidad al mismo fenmeno cultural y musical; mi concepto de bi-musicalidad cabe perfectamente en su taxonoma musical caribea. De hecho, la distincin entre los gneros musicales ms africanos y los ms criollos, o sea, hbridos, es el criterio principal en que basa su ensayo sobre El Caribe como regin musical (Bilby 1985) que hemos citado para el caso jamaiquino.

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95Estas observaciones, a mi juicio, representan aspectos de una tendencia de amplia envergadura, hacia la creolizacin de las tradiciones caribeas de acuerdo con el alejamiento de los tiempos de contacto directo con Europa y frica. De manera que, en la cultura caribea, lo africano tiende a hacerse menos africano y lo europeo menos europeo.10 Este cambio cultural coincide con y podra ser afectado por la tendencia econmica internacional hacia la disminucin de especicidad de gnero en el mercado de empleo, una respuesta al auge en la incorporacin de la mujer a la fuerza laboral. Entre las mujeres mismas esto probablemente conduzca a una ampliacin de su propio concepto de los lmites de sus roles y capacidades. El resultado de estos cambios se puede ver en la conuencia de expresiones musicales y rituales en cuanto a etnia y gnero, y la creacin de nuevas costumbres y estticas. Este proceso es la consecuencia de la fusin de varios componentes templados por siglos de creatividad, y las circunstancias del entorno en el Nuevo Mundo, tanto histricas como contemporneas. Preveo entonces, un futuro en que el concepto de bi-musicalidad tenga menos relevancia para la cultura caribea como marco analtico. Por el contrario, en vez del encuentro de dos sistemas musicales del Viejo Mundo, pronostico que la regin seguir desarrollando una cultura musical criolla, con sus muchas variantes como contraparte del lenguaje criollo ya desarrollado, para el rea francs, como Hait (vase Davis 2008). Al mismo tiempo, dentro de este marco general de evolucin sociocultural y musical en El Caribe, preveo que las retenciones oriundas del Viejo Mundo o sea, los polos extremos de la cultura musical caribea no desaparecern en su totalidad. A unque en el mundo moderno la msica tradicional es frecuentemente vctima de cambios de valores y estticas, que conducen a su rechazo como un smbolo vergonzoso de una identidad campesina. No obstante, anticipo que algunos estilos y gneros se quedarn, de manera selectiva, o sern resucitados peridicamente (vase Davis 1972 sobre las Fiestas de Cruz en el Viejo San Juan, Puerto Rico), aunque estn reformulados en cuanto a su estructura. Su supervivencia ser determinada por una 10 Al mismo tiempo, por lo menos en el caso dominicano, en tiempos recientes se observa mayor exibilidad en cuanto a gnero y roles musicales.

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96funcin social nuevamente adquirida: la de smbolo de identidad --sea nacional, regional, tnica, racial u otro dentro del contexto moderno de las inequidades culturales.Bilby, Kenneth M. 1985 The Caribbean as a musical region, en Caribbean contours, ed. Sydney W. Mintz y Sally Price. Baltimore y Londres: The Johns Hopkins University Press, pgs. 181-218. Davis, Martha Ellen 1972 The social organization of a musical event: The Fiesta de Cruz in San Juan, Puerto Rico. Ethnomusicology, Vol. 16, No. 1, pgs. 38-62. 1980 That old-time religin: T radicin y cambio en el enclave americano de Saman. Boletn del Museo del Hombre Dominicano, Vol. 14, pgs. 165-196. 1981a La cultura musical religiosa de los americanos de Saman. Boletn del Museo del Hombre Dominicano, Vol. 15, pgs. 127-169. 1981b Himnos y anthems (coros) de los americanos de Saman. Boletn del Museo del Hombre Dominicano, Vol. 16, pgs. 85-107. 1981c Voces del Purgatorio: Estudio de la Salve dominicana. S anto Domingo: Museo del Hombre Dominicano. 1983 Cantos de esclavos y libertos: Cancionero de anthems (coros) de Saman. Boletn del Museo del Hombre Dominicano, Vol. 18, pgs. 197-236. 2008 Msica criolla del Nuevo Mundo: la Salve dominicana, Boletn del Museo del Hombre Dominicano, Vol. 35, No. 42, 2008, pgs. 23-31. Deren, Maya 1983 Divine horsemen: The living gods of Haiti. London: Thames and Hudson, 1953. Republicado por: Nueva York: McPherson.

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971985 Divine horsemen: The living gods of Haiti, pelcula editada por T eiji Ito and Cherel Ito. Nueva York: Mystic Fire Video. Dobbin, Jay B. 1986 The Jombee dance: A study of trance ritual in the West Indies. Columbus: The Ohio State University Press. Herskovits, Melville J. 1937 African gods and Catholic saints in New World Negro beliefs. American Anthropologist, vol. 39, Nueva Serie: Vol. 4, pgs. 635-643. 1943 The southernmost outpost of New World Africanisms. American Anthropologist, vol. 45, Nueva Serie: Vol. 4, No. 1, pgs. 495-510. 1958 The myth of the negro past. Nueva York: Harper, 1941. Republicacin: Boston: Beacon Press. 1966 The new world negro, ed. por F. S. Herskovits. Bloomington: Indiana University Press. Hood, Mantle 1960 The challenge of bi-musicality. Ethnomusicology, Vol. 4, pgs. 5-59. Marshall, Paule 1983 Praisesong for the widow. Nueva York: Putnams. McDaniel, Loma 1998 The Big Drum ritual of Carriacou: Praisesongs for re-memory of ight. Gainesville, Florida: University Press of Florida. Smith, Sandra 1985 A form of Pre-Columbian musicianship? ponencia presentada en el 30 congreso annual de la Society for Ethnomusicology, Vancouver, Columbia Bretnica, Canad.

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Spector, Johanna 1986 About the Jews of Yemen, a vanishing culture, pelcula documental presentada en el 31 congreso de la Society for Ethnomusicology, Rochester, Nueva York, EE.UU.

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tntJuan Bosch y el desarrollo de la nacin dominicana en el exilio:una pgina de la historia del Caribe que no tiene paralelo1 CHARL TON W. YINGLING tiene la Maestra de Vanderbilt University (EE.UU.) y actualmente es estudiante doctoral en Historia en la University of South Carolina (EE.UU.), donde se especializa en la historia dominicana.1 Juan Bosch, Un libro necesario (prlogo), Jos Diego Grulln, Cayo Contes: la revolucin traicionada. (Santo Domingo: Editora Alfa & Omega, 1989), 7. tt b

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100Charlton YinglingResumenJuan Bosch y el desarrollo de la nacin dominicana en el exilio: una pgina de la historia de El Caribe que no tiene paralelo Durante la dictadura de T rujillo (19301961), los dominicanos exiliados se dispersaron por todas las Amricas. Juan Bosch y el Partido Revolucionario Dominicano, el lder y grupo ms importantes del exilio, remoldearon su identidad nacional y su cultura poltica a travs de un conocimiento ntimo de la reforma democrtica cubana, y adquirieron experiencia organizacional a travs de las luchas pan-caribeas en contra del autoritarismo. La aprecia cin de la transculturacin de estos eventos es esencial para poder entender la eleccin de Bosch a la presidencia dominicana en 1962 luego de la muerte de T rujillo.SummaryJuan Bosch and the development of the Dominican nation in exile: A page without parallel in the history of the Caribbean During the T rujillo dictatorship (19301961) Dominican exiles scattered throughout the Americas. Juan Bosch and the Partido Revolucionario Dominicano, the most important exiled leader and group, reshaped their national identity and political culture through close familiarity with Cuban democratic reform, and gained organizational experience through pan-Caribbean antiauthoritarian struggles. Only by discerning the transculturation of these events can we understand Boschs post-T rujillo election to the Dominican presidency in 1962.

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101 Los treinta aos de poder de Rafael Leonidas T rujillo han sido considerados uno de los regmenes ms brutales de Amrica Latina. En la dcada de 1930 la Repblica Dominicana estuvo bajo el poder coercitivo y cultural, cada vez ms totalitario, de su dictadura. La clase media y las lites de la Repblica Dominicana sufran bajo T rujillo debido a que silenciaba el discurso poltico abierto y la disidencia, al igual que por los impedimentos econmicos, la intimidacin y la brutalidad sin disimulo, y en especial por el monitoreo y cooptacin de los sectores profesionales e intelectuales, los cuales se consideraban bases potenciales para la oposicin. Muchos dominicanos comprometidos con la sociedad o con vocacin poltica, hastiados por el rgimen, o bien fueron obligados a exiliarse o decidieron huir del pas.2El exilio ha sido una prueba de redenicin recurrente en Amrica Latina. El partido poltico, el agente modicador por excelencia de la poltica latinoamericana del principio del Siglo XX, segn el historiador Pedro San Miguel, con frecuencia era formado por los exiliados para impulsar sus comunidades hacia la reparacin de injusticias socia les mutuamente comprensibles.3 Por consiguiente, desde la dcada de 2 Pericles Franco Ornes, La tragedia dominicana: anlisis de la tirana de Trujillo. (Santiago: Federacin de Estudiantes de Chile, 1946), 13-18; Ramn Grulln: Repblica Dominicana,una dictadura al servicio del imperialismo (Mxico: T ribuna de Mxico,1954), 35-37; Mioln, La revolucin social frente a la tirana de Trujillo (Mxico. n.p., 1938), 65-66; Richard Lee T urits, Foundations of Despotism: Peasants, the Trujillo Regime, and Modernity in Dominican History (Stanford: Stanford University Press, 2004), 2, 252-254, 6, 266 y 345; Lauren Derby, The Dictators Seduction: Politics and the Popular Imagination in the Era of Trujillo (Durham: Duke University Press, 2009), 305, 36-37, 12, 193 y 261.3 Pedro L. S an Miguel, The Imagined Island: History, Identity, and Utopia in Hispaniola (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2005), 120; Gilbert M. Joseph, Reclaiming the Political at the Turn of the Millennium. Gilbert M. Joseph, ed.: Reclaiming the Political in Latin American History (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2001), 3-4.

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1021930 hasta la dcada de 1950, los dominicanos exiliados armaron una resistencia organizada en contra de T rujillo, y comenzaron a articular emergentes ambiciones nacionales. Aunque el uso de ardides culturales y sociales, tales como la redistribucin de tierras y el espectculo pblico, por parte de T rujillo, para lograr apoyo, ha sido objeto de mucho estudio recientemente, la muestra de la desafeccin y movilizacin dominicana ms all de las fronteras nacionales se ha limitado mayormente a memorias enfocadas en la recuperacin de la narrativa de invasiones fallidas, o a relatos parcializados de carcter laudatorio elogiando ciertas personas o grupos. Esto llama la atencin, considerando las numerosas invasiones por parte de exiliados, y la inuencia e impacto de las organizaciones de exiliados sobre todo el pueblo dominicano despus de la era de T rujillo. En la historia dominicana, y en la caribea de manera ms amplia, el estudio de los dominicanos exiliados de este perodo necesita de un anlisis de las inuencias culturales que ocurrieron entre los exilados y sus sociedades de acogida.4Despus de la Segunda Guerra Mundial los dominicanos exiliados se unieron al movimiento internacional en contra del autoritarismo. Sus aspiraciones moldearon pero tambin fueron transformadas por una red latinoamericana reformista que tena el derrocamiento de T rujillo como su objetivo primordial. Esta coalicin estaba compuesta, entre otros, por demcratas venezolanos, dirigentes sindicales mejicanos, y principalmente reformistas cubanos, y nutri la fermentacin transnacional de los dominicanos exiliados. Estas fuerzas, adems de apropiarse de la precedencia del antillanismo, que peda la unidad regional en El Caribe espaol, en ocasiones tomaban los precedentes haitianos como fuente de inspiracin. Al mismo tiempo, condicionaron la transculturacin poltica de los exiliados y provocaron renegociaciones de su propia identidad nacional y del proyecto de nacin.5 4 T urits, Foundations of Despotism; Derby, Dictators Seduction, ix; Walter Bonilla Carlo, Entre el destierro y el retorno: La construccin del recuerdo y el olvido en las memorias de los exiliados antitrujillistas (tesis del doctorado, Universidad de Puerto Rico-Ro Piedras, 2006), 8.5 Juan Bosch, La unidad antillana. Ultra 25, no. 91 (marzo 1944), 161-163; Juan Bosch, Una voz antillana. Informacin, 19 septiembre, 1944, 14; Emilio Cordero Michel, Repblica Dominicana, cuna del antillanismo, Clo. rgano de la Academia Dominicana de la Historia 71, no. 165 (enero-junio 2003), 225-236; Jos Ferrer Canales, Antillanismo y anticolonialismo en

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103Este ensayo mostrar como los contextos transnacionales y los procesos transculturales moldearon las identidades raciales y tnicas, al igual que los proyectos de nacin de los dominicanos exiliados. Este proceso ocurri como parte del surgimiento de la izquierda dominicana. Demostrar cmo el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), la organizacin ms sobresaliente entre los exiliados, fue forjada en estas corrientes. T ambin demostrar cmo el PRD fue la principal antinomia al trujillismo, y moviliz no solo a los dominicanos exiliados, sino tambin a las masas dominicanas luego de la era de T rujillo. Estos procesos se hacen evidentes a partir de la investigacin de los puntos de contacto entre los varios contextos de exiliados y grupos militantes que moldearon la evolucin del proyecto de nacin dominicana en el exilio. T rujillo y su equipo de tecncratas de las elites, con alto nivel de educacin, disearon una intervencin tnica. Su etnia dominicana autorizada promulgaba un idioma espaol estandarizado, una preferencia por las tradiciones europeas, la proyeccin de smbolos nacionales hispanizados, y, en ocasiones, la consolidacin del catolicismo. Los vestigios percibidos de inuencia africana fueron rechazados, siendo esta una propuesta problemtica para una poblacin con considerable ascendencia africana. Sin embargo, la aplicacin ms agresiva del proyecto tnico de T rujillo se realiz contra los haitianos, particularmente en el mbito de la zona transnacional y transcultural, profusamente pluralista, que es la frontera domnico-haitiana. All el rgimen masacr a decenas de miles de personas de origen haitiano en el 1937. Se podra decir que el anti-haitianismo del rgimen de T rujillo fue la faceta ms importante de su visin monotnica racializada y de su identidad nacional tnica en general, dado que esta poltica marginaba a los ciudadanos dominicanos de origen haitiano y a los dominicanos de Betances, Hostos y Mximo Gmez (Ro Piedras: U niversidad de Puerto Rico, 1986); Lars Schoultz, Beneath the United States: A History of U.S. Policy Toward Latin America (Cambridge: Harvard University Press, 1998), 316-348; Charles Ameringer, The Caribbean Legion: Patriots, Politicians, Soldiers of Fortune, 1946-1950 (University Park: Pennsylvania State University Press, 1996), 1-5; G. Pope Atkins y Larman C. Wilson, The Dominican Republic and the United States: From Imperialism to Transnationalism (Athens: University of Georgia Press, 1998), 86-87 y 102-104. Jossianna Arroyo, Revolution in the Caribbean: Betances, Haiti, and the Antillean Confederation, La Habana elegante, no. 49 (primavera-verano, 2011).

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104orgenes tnicamente elsticos.6 Sin embargo, este ensayo presentar cmo, al mismo tiempo que T rujillo exclua los elementos domsticos de la transculturacin y diversidad tnica dominicanas, los dominicanos exiliados a su vez, acogieron estos elementos variados de forma activa para formar una identidad dominicana multitnica ms integrada, que se convirti en componente de su proyecto nacional ms amplio, desarrollndose como tal a travs de sus experiencias transnacionales y transculturales del exilio. Para los exiliados, la identidad dominicana result ser ms uida. El exilio, como condicin de una identidad mutilada, fragmenta el sentimiento de pertenencia a un grupo, de un individuo. El nacionalismo y el exilio no pueden debatirse sin hacer mutua referencia entre s, debido a que los exiliados, divorciados de sus races nacionales, con frecuencia se reconstruyen como parte de una ideologa triunfante o de un pueblo restituido.7 Para los dominicanos, el exilio ofreca un espacio para la organizacin y participacin en corrientes culturales y polticas mayormente suprimidas. En vez de enfocarse en las discontinuidades del exilio, este ensayo presentar el exilio como un escenario crucial para la creacin del proyecto de nacin transcultural. Como han descubierto algunos investigadores de la historia latinoamericana, la identidad regional es una comunidad imaginada que forma parte de la identidad nacional. T ambin es imprescindible analizar las construcciones transnacionales de la identidad nacional, forjadas a travs del exilio, particularmente cuando estas comunidades inuyen en el sistema de gobierno pos-dictadura.8 Los exiliados renegociaron sus iden-6 Richard Lee T urits, A World Destroyed, A Nation Imposed: The 1937 Haitian Massacre in the Dominican Republic, Hispanic American Historical Review 82, no. 3 (agosto, 2002), 589635; David Howard, Coloring the National: Race and Ethnicity in the Dominican Republic (Boulder: Lynne Rienner Publishers, 2001), 9, 29-31, 45-46, 62 y 132.7 Edward W. Said, Reections on Exile and Other Essays (Cambridge: Harvard University Press, 2000), 173-182.8 J. Lorand Matory, Black Atlantic Religion: Tradition, Transnationalism, and Matriarchy in the Afro-Brazilian Candombl (Princeton: Princeton University Press, 2005), 71-75; Eric Van Young, Introduction: Are Regions Good to Think en Eric Van Young. ed., Mxicos Regions: Comparative History and Development (La Jolla: University of California Center for U.S.-Mexican Studies, 1992), 1-15; Nancy P. Appelbaum, Muddied Waters: Race, Region, and Local History in Colombia, 1846-1948 (Durham: Duke University Press, 2003), 20-22; Thomas C. Wright, Review: Legacy of Dictatorship: Works on the Chilean Diaspora, Latin American Research Review 30, no. 3 (1995),

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105tidades y sus ambiciones tnicas y nacionales a travs de los contextos culturales de sus sociedades de acogida. Adems de ayudar a entender el caso dominicano, el estudio de la importancia transcultural del exilio en Amrica Latina y en otros lugares del mundo tambin ofrece una explicacin que puede ser aplicada de una forma ms amplia a la comprensin de los pueblos desarticulados y reconvertidos que existen durante y despus del exilio. La fusin de dominicanos desarraigados a una comunidad centrpeta fue parte integral del proceso de formacin de la nacin exiliada a nales de la dcada de 1930 y en la dcada de 1940, la era ms vibrante de los movimientos exiliados y de la fermentacin de la identidad dominicana. Aunque la mayora de los grupos se fragmentaron y decrecieron, el PRD, dirigido por Juan Bosch, una de las principales guras intelectuales y polticas de la historia dominicana del Siglo XX, 198-209; Svetlana Boym, Estrangement as a Lifestyle: Shklovsky and Brodsky en Susan Rubin Suleiman, ed., Exile and Creativity: Signposts, Travelers, Outsiders, Backward Glances (Durham: Duke University Press, 1998), 242-243. Presidente Juan Bosch en su despacho (Foto: Archivo General de la Nacin)

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106fue nico en su importancia como punto central de la comunidad exiliada, en su resistencia contra T rujillo, y en su ascenso como el partido de poder luego de la era de T rujillo, a casi un cuarto de siglo de ser fundado en Cuba en 1939. Las posturas raciales de la Repblica Dominicana de T rujillo y de Cuba, sede del PRD, eran bastante distintas. Cuba mantena una democracia sin distincin de raza y verncula, mientras que las nociones dominicanas sobre la raza, en una poblacin con un alto nivel de mestizaje, correspondan ms a la clase, la cultura y los orgenes, y donde negritud signicaba Hait, anacronismo y anti-modernidad.9 Ciertos elementos de la racialidad, ciudadana y otras perspectivas cubanas, al igual que otras aportaciones regionales, se ltraron en el carcter de los dominicanos exiliados. Cuando el PRD retorn a la Repblica Dominicana luego de la muerte de T rujillo en 1961, sus plataformas y estrategias de base relacionadas a la raza, gnero y clase estuvieron ntimamente conectadas a su transculturacin poltica ocurrida en el exilio. Esta experiencia culmin en su abrumadora victoria electoral del 1962. Los exiliados transculturizados vinieron a elaborar un mapa y polinizar el panorama poltico domstico. A diferencia de la mayora dominicana domstica, descrita conmovedoramente como subsistente en un espacio de ambivalencia y complicidad, de accin pasiva en modo subjuntivo, Bosch y el PRD eran una oposicin dominicana activamente militante en contra de T rujillo.10 Dado el alcance geogrco de su organizacin partidaria, la permanencia de la base de exiliados dominicanos, y sus estrechas relaciones con la poltica progresista de toda Amrica Latina, el PRD sirvi de intermediario, colaborador, y de ncleo crtico para la izquierda democrtica en este punto clave de la lucha contra el autoritarismo. Ms de dos dcadas de exilio hizo necesario que el PRD recibiera san-9 Ferrer Canales, Antillanismo y anticolonialismo: Mercedes Alonso Romero, Mximo Gmez, el viejo mamb (Santo Domingo: Editora Manat, 2005), 39-56; Ada Ferrer, Insurgent Cuba: Race, Nation, and Revolution, 1868-1898 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1999), 9-10; Aline Helg, Our Rightful Share: The Afro-Cuban Struggle for Equality, 1886-1912 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1995), 16-17; T urits, Foundations of Despotism, 150; Derby, Dictators Seduction, 200-201.10 Derby, Dictators Seduction, ix.

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107tuario en los enclaves hospitalarios de la izquierda democrtica de la regin para poder preservar sus vidas y promover su razn de ser. Algunos de los antriones y asociados ms destacados fueron lderes socialdemcratas tales como Jos Figueres, de Costa Rica, Rmulo Betancourt, de Venezuela, Juan Jos Arvalo, de Guatemala, y Ramn Grau San Martn y Carlos Pro, de Cuba.11 Los orgenes de lo que se convirti en la Legin del Caribe, mecanismo para la militancia en contra del autoritarismo, se basaron en las redes de actividades antitrujillistas de los domi-11 Ignacio Sosa, Insurreccin y democracia en el Circuncaribe (Mxico D.F.: UNAM, 1998); Charles Ameringer, The Democratic Left in Exile: The Antidictatorial Struggle in the Caribbean, 1945-1959 (Coral Gables: University of Miami Press, 1974); Piero Gleijeses, Shattered Hope: The Guatemalan Revolution and the United States, 1944-1954 (Princeton: Princeton University Press, 1991); Francisco Alberto Henrquez, Cayo Contes y la lucha contra T rujillo (conferencia, Biblioteca Nacional, Santo Domingo, Repblica Dominicana, 6 de junio, 1981) en Poltica: Teora y Accin 4, no. 44 (noviembre 1983), 7-9.12 Gleijeses, Shattered Hope 107; Ameringer, Caribbean Legion, 73. Jos Figueres de Costa Rica Ramn Grau San Martn de Cuba Carlos Pro de Cubanicanos exiliados. La llamada Legin, fue un grupo semi-mtico, el cual nunca existi como organizacin formal estructurada.12

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108De esa manera el PRD se extendi agresivamente entre los numerosos enclaves del exilio dominicano y se insinu en los ejes del poder regional. La utilizacin de los antecedentes histricos del antillanismo, el llamado a la unidad pan-caribea socialmente progresista y a otras solidaridades histricas se unieron a los dominicanos del exilio y atrajo la simpata regional. Hoy en da, el caso de exilio que ms se discute dentro de la historia caribea moderna es el xodo de los cubanos luego de la Revolucin cubana del 1959. Sin embargo, en la primera mitad del Siglo XX, podramos decir que los dominicanos constituan el grupo de exiliados mejor conectado y visible del hemisferio. Es ms, los dominicanos exiliados crearon sus propios precedentes y legados de inuencia transnacional en sus sociedades de acogida y por toda la regin, incluyendo muchos vnculos interesantes a la fundacin y primeros das de la Revolucin cubana. A travs de los contextos transnacionales, los procesos transculturales y la prctica transformadora, la visin de patria y de s mismos de los dominicanos exiliados evolucionaron junto con su estilo y calidad de organizacin. Esta narrativa, si bien no es una pgina de la historia caribea sin igual, es ciertamente nica. Es un estudio de caso que muestra lo prometedor del anlisis de las fuerzas transnacionales y de la transculturacin en casos de exilio en el contexto de la historia dominicana, y en el estudio de Amrica Latina en general. Estos son temas que con frecuencia no se encuentran en aquellos estudios histricos enfocados en el estado-nacin o en la sociedad poltica miticada. Aunque el poder de estos temas a veces queda ensombrecido, no obstante es indispensable para poder recuperar los signicados y motivaciones del pasado.ttttftLas dictaduras forzaron a los dominicanos y a muchos otros latinoamericanos de la poca a huir de sus hogares, con frecuencia consolidando ms el poder domstico de los tiranos, pero, al mismo tiempo fomentando la oposicin en el exilio. Para entender mejor estos procesos, la experiencia de Juan Bosch presenta un fascinante estudio de caso. Para el nal de la dcada de 1940, T rujillo haba declarado

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109que Juan Bosch era el enemigo pblico nmero uno.13 Sin embargo Bosch, quien luego deni al trujillato (nombre con el que se conoce el rgimen de T rujillo) como una arritmia histrica dominicana ciertamente no comenz la dcada como tal.14 Hoy en da se le reconoce como probablemente el mejor escritor dominicano y uno de los autores ms apreciados de la literatura latinoamericana del Siglo XX. Las contribuciones literarias de Bosch, particularmente sus novelas, han sido estudiadas de manera profusa. Su impacto sobre la historia dominicana del Siglo XX es mucho menos comprendido. Su evolucin de intelectual apoltico a exiliado militante fue similar a la de muchos otros dominicanos exiliados. El balance peculiar que Bosch mantuvo con el trujillato siendo un autor joven, es una ventana hacia las tensiones experimentadas por muchos dominicanos comprometidos con la sociedad. Fue arrestado en el 1934 y encarcelado por varios meses sin acusacin alguna, aunque inicialmente esto hizo que Bosch fuese ms deferente con el rgimen.15 Aunque no colabor con el trujillato de manera tan compenetrada como lo hicieran muchos de sus coetneos, Bosch fue nombrado por T rujillo a un atractivo puesto gubernamental como director de estadsticas gubernamentales. T rujillo quera cooptar a Bosch y su reputacin como muestra simblica del respaldo del capital cultural a su mandato. Durante este tiempo Bosch public la novela La maosa, la cual describe la vida rural dominicana como aquejada por constantes insurrecciones perpetradas por los caudillos. Aunque el libro recibi grandes elogios de la crtica, algunos lo consideran vagamente autobiogrco con insinuaciones de aprobacin tcita al trujillismo. Despus de una 13 Antonio Ocaa, Un hombre llamado Juan Bosch (Santo Domingo: Editora Alfa & Omega, 1995), 63.14 Juan Bosch, Trujillo, causas de una tirana sin ejemplo (Santo Domingo: Editora Alfa & Omega, 2005), 83-91 y 139. Para analisis del concepto de arritmias de Bosch, ver: San Miguel, Imagined Island, 126-132.15 Gutirrez Flix destaca inuencia de Bosch en todas las actividades de la vida del pueblo, Vanguardia del Pueblo, julio 1-15, 2007, 7. Bruno Rosario Candelier, La narrativa de Juan Bosch. (Santo Domingo: Editora Alfa & Omega, 1989), 13-22. Eugenio de J. Garca Cuevas, Juan Bosch: novela, historia, y sociedad ( S an Juan: E ditorial Isla Negra, 1995). E ric R oorda, The Dictator Next Door: The Good Neighbor Policy and the Trujillo Regime in the Dominican Republic, 1930-1945 (Durham: Duke University Press, 1998), 113; T urits, Foundations of Despotism, 144-146. Cndido Gern, Juan Bosch: la traicin a un smbolo (Santo Domingo: Editora Centenario, 1999), 14-17.

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110visita de improviso de T rujillo a su casa, Bosch, bajo cierta coercin, escribi varios ensayos laudatorios apoyando a T rujillo. Incluso, en el 1935, Bosch solicit la aprobacin de T rujillo para uno de sus libros, llamando al dictador el gran protector del libro dominicano. Bosch tambin fue nombrado Director de Literatura y Periodismo del Ateneo Dominicano, y T rujillo le pidi que fuese miembro de la Cmara de Diputados. A pesar de que sus padres huyeron del pas durante este perodo, Bosch se qued. Sin embargo, para julio del 1937, Bosch estaba incmodo con el uso abierto de la represin por parte de T rujillo. Pidi que lo nombraran en un cargo en el extranjero desde donde planeaba exiliarse, un solicitud hecha antes de la masacre de decenas de miles de haitianos en octubre del 1937 por parte de T rujillo. Al tiempo que los dominicanos exiliados en el extranjero llamaban la atencin internacional a la masacre, Bosch huy a exiliarse a Puerto Rico en enero del 1938.16En San Juan de Puerto Rico, Bosch fue contratado para que editara las obras de Eugenio Mara de Hostos, el renombrado escritor, educador, e independentista puer torriqueo. Los escritos de Hostos inuenciaron a Bosch a travs de su losofa regionalista del antillanismo, y su vida le ofreci 16 Joaqun Gernimo, En el nombre de Bosch (Santo Domingo: Editora Alfa & Omega, 2001), 34 y 246-247. Garca Cuevas, Juan Bosch, 47-48. Juan Bosch, La Maosa (Santiago: Imprenta El Diario, 1936). Doris Sommer, Populism as Rhetoric: The Case of the Dominican Republic, Boundary 2 11, no. 1/2 (otoo 1982 a invierno 1983): 258-262. Cndido Gern, Juan Bosch: Vida y obra narrativa (Santo Domingo: Editora Alfa & Omega, 1993), 59-86. Franklin J. Franco, Historia de las ideas polticas en la Repblica Dominicana (Santo Domingo: Editora Nacional, 1981), 256-260. Antonio Ocaa, Un hombre llamado Juan Bosch (Santo Domingo: Editora Alfa & Omega, 1995), 25-26 y 44. Juan Bosch, Jefes y tiranos, Listn Diario, enero 6, 1937, 1. Gern, La traicin, 15-18. T urits: A World Destroyed, A Nation Imposed, 589-635. Mioln: La revolucin, 3564. Cordero Michel: Repblica Dominicana, cuna del antillanismo, 225-236. Juan Bosch a Mario Snchez Guzmn, julio 18, 1939, Habana, Cuba, en Guillermo Pia Contreras, ed. Juan Bosch: Imagen y trayectoria, y escritura. (Santo Domingo: Ediciones Ferilibro, 2000), 51-52. Juan Bosch, Hostos, el sembrador (Santo Domingo: Editora Alfa & Omega, 2003), 5. San Miguel: Imagined Island, 100-101. Juan Bosch (Foto: Archivo General de la Nacin)

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111un ejemplo de como el poder puede imponerse mediante la combinacin del pensamiento con la accin por una causa social superior a uno mismo. En San Juan, el Dr. Enrique Cotubanam Henrquez (conocido como Cot), cuado de Carlos Pro, futuro presidente de Cuba, visit a Bosch. Cot, un mdico polticamente activo, esperaba convencer a Bosch para que asumiera un rol como dirigente en la comunidad dominicana en el exilio y en el activismo antitrujillista. Cot propuso una organizacin dominicana en el exilio que siguiera el modelo y fuese apoyada por el Eugenio Mara de HostosPartido Revolucionario Cubano-Autntico (los Autnticos). El partido de los Autnticos fue fundado en febrero del 1934 despus del colapso del rgimen de Machado en Cuba. Este promova ideales de soberana, nacionalismo econmico, libertades civiles, justicia social y distribucin de riquezas para la poblacin cubana. Bosch rechaz la propuesta y recomend a Juan Isidro Jimnes Grulln, e incluso ms tarde los present. Al igual que muchos de los recin exiliados, Bosch aclar a sus amigos, y en una carta ms bien conciliatoria a T rujillo, que no tena motivaciones polticas.17El pueblo exiliado y el PRD nacidos de la contra-hegemona y del humanismo universalEn enero del 1939 Bosch parti hacia La Habana, donde se reuni con Cot. Para ese momento ya se haba unido una masa crtica de dominicanos exiliados en La Habana. Muchos de estos dominicanos desafectados eran mdicos, abogados y periodistas y algunos de los 17 Robert W. Whitney, State and Revolution in Cuba: Mass Mobilization and Political Change, 1920-1940 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2001), 63-64. Ocaa, Un hombre, 39-43. Eugenio de J. Garca Cuevas, Lengua en tiempo: sabores buenos, malos y feos (San Juan: Isla Negra Editores, 2006), 127. Gern, La traicin, 19-21. ngel Mioln, El perred desde mi ngulo (Caracas: vila Arte, 1985), 9.

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112apellidos representados, tales como Grulln, Gmez, Heureaux y Henrquez, procedan de las principales familias intelectuales y polticas dominicanas. Sin embargo, tal como a los dominicanos exiliados que le precedieron, la participacin poltica inicial de Bosch no vino a travs del proselitismo poltico de los dominicanos exiliados, sino a travs de su estrecho compromiso con la izquierda democrtica cubana. Para los nales de la dcada de 1930, Cot, quien haba llegado a La Habana unos cinco aos antes, y participaba en las actividades de los Autnticos desde el 1934, frecuentemente invitaba a los legisladores Autnticos a cenar a su casa. All los dominicanos exiliados, muchos de los cuales haban huido del pas por razones rudimentarias, comenzaron a desarrollar su propia consciencia social a travs de la poltica cultural cubana. Luego de una indecisin inicial, Bosch comenz a asistir a las sesiones de planicacin de los Autnticos con Cot, y en poco tiempo los funcionarios de los Autnticos comenzaron a consultar con Bosch debido a sus grandes conocimientos sobre los temas sociales caribeos. Bosch se involucr en la campaa de los Autnticos para la eleccin de los miembros de la asamblea constituyente cubana. Cuando una coalicin de izquierdistas que incluan a los Autnticos ganaron las elecciones, se le pidi a Bosch que diera consejo y contribuyera en la autora de la nueva Constitucin cubana. T rabajando desde la ocina de abogados de Carlos Pro, Bosch se inspir en gran medida en la Constitucin mexicana del 1917, y en las Cartas Magnas de la Segunda Repblica espaola y de la de la Repblica de Weimar, de Alemania. La resultante Constitucin cubana del 1940 fue una de las ms progresivas de su tiempo, ofreciendo referendos pblicos, elecciones libres, sufragio universal y libertades polticas y civiles codicadas. A pesar de esto, Fulgencio Batista, quien haba gobernado a Cuba como dictador militar desde el derrocamiento de Gerardo Machado en el 1933, fue elegido presidente en las elecciones, por encima del candidato de los Autnticos, Ramn Grau San Martn. Este revs para los Autnticos permiti que sus colaboradores dominicanos pudiesen formar su propia organizacin.18 En este agitado 18 Federico de la Cruz Muoz al Jefe del Cuerpo de la Polica Secreta Nacional, Condencial nmero 9: Polica Secreta Nacional, 21 marzo, 1943, La Habana, Cuba, en Boletn del Archivo

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113ambiente, el 21 de enero del 1939 se realiz una reunin en la casa del abogado dominicano exiliado Virgilio Mainardi Reyna, en La Habana. Bosch y Cot se reunieron con Juan Isidro Jimnes Grulln, ngel Mioln y otros, para fundar el Partido Revolucionario Dominicano, aunque este no sera registrado legalmente hasta el 1943. Los miembros del partido, algunos de los cuales ya haban estado profundamente involucrados en el proselitismo poltico en el exilio, prometieron dar apoyo al proceso democrtico en la Repblica Dominicana y al derrocamiento de T rujillo, entre otras posiciones progresistas. Ramn Castillo, ngel Mioln, Emilio Rodrguez Demorizi y Nicols Silfa (de izquierda a derecha) regresan a Repblica General de la Nacin 32, no. 121 (mayo-agosto 2008), 406-411. Justino Jos del Orbe, Del exilio poltico dominicano antitrujillista, en Cuba (Santo Domingo. Editora T aller, 1983), 51-63. Ocaa, Un hombre, 45. Ameringer, Caribbean Legion, 27-29. Ocaa, Un hombre, 45-47. Gern, La traicin, 36-38. Louis A. Prez Jr., Cuba, c. 1930-1959 en Leslie Bethell, ed., Cuba: A Short History (Nueva York: Cambridge University Press, 1993), 76. Gernimo, En el nombre, 249. Jorge Domnguez, Cuba: Order and Revolution (Cambridge: Harvard University Press, 1978), 344. Jos R. Castro, Alrededor de Amrica. La Opinin, 29 enero, 1947, 5.

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114El PRD se fund con una visin basada en el ejemplo de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) del peruano Vctor Haya de la T orre. El APRA tambin fue fundado en el exilio en Mxico, en el 1924. El APRA, el hermano mayor de esta cadena de partidos, de la cual formaba parte los Autnticos, promova el anti-imperialismo, el nacionalismo radical, fomento de la democracia, y la unicacin policlasista (es decir, entre clases sociales). Los asociados del PRD fueron atrados por la posicin del APRA que declaraba que la clase media es el rbitro natural y la vanguardia poltica de los grupos subrepresentados, lo cual encajaba con las tendencias culturales y clasistas del exilio. Una atraccin adicional para los exiliados era la propuesta del APRA de consolidar los sectores raciales, tnicos y de clase dispares dentro del partido. E sto poda servir como vehculo para unicar los campesinos, trabajadores y dominicanos afro-descendientes polticamente fragmentados, que componan la mayora del pas.19 Estas corrientes incitaron a que los exiliados elaboraran un nacionalismo dominicano ecumnico a partir de las herramientas ideolgicas desarrolladas en el exilio a travs de la exposicin transnacional y la incorporacin transcultural. En la prctica, el PRD lleg a aceptar una etnia dominicana racialmente inclusiva, y equipar, desde el punto de vista discursivo, a las masas dominicanas y haitianas, basndose en sus penurias compartidas, Vctor Haya de la Torre del Per19 Mioln, El perred, 97-100, 31-34 y 501-517. Mioln, La revolucin, 91-92. Gernimo, En el nombre, 34. Nicols Silfa, Guerra, traicin, y exilio. Tomo I (Barcelona: Mariano Cub, 1980), 310-312. Fulgencio Espinal, Breve historia del PRD: ideologa y interpretacin (Santo Domingo: Editora Alfa & Omega, 1982), 31. Estatutos de la institucin denominada Partido Revolucionario Dominicano. 28 enero, 1943, La Habana, Cuba, en BAGN, no. 121, 379-381, 2008. Lawrence A. Clayton, Peru and the United States: The Condor and the Eagle. (Athens: University of Georgia Press, 1999), 150-152. Robert G. Wesson, Politics, Policies, and Economic Development in Latin America (Stanford: Hoover Press, 1984), 77. Harry Kantor, El programa aprista para Per y Latinoamrica, Combate 1, no. 3 (noviembre-diciembre 1958), 19-27. John Bartlow Mar tin, Overtaken By Events: The Dominican Crisis from the Fall of Trujillo to the Civil War, (New York: Doubleday & Co., 1966), 71. T orcuato S. Di T ella, History of Political Parties in Twentieth-Century Latin America (New Brunswick: T ransaction Publishers, 2004), 22-23.

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115las etnias dispares humanizantes dependientes orgnicamente del sistema de gobierno dominicano, y la unicacin alrededor de las injusticias comunes. En el exilio y luego de su regreso al pas, el PRD hizo destacar a numerosos participantes afro-dominicanos y descendientes de haitianos. Un ingrediente clave en la construccin de esta etnia dominicana integrada se deriv de la participacin de los exiliados en las luchas cubanas que desaaron los discursos hegemnicos raciales, y en las polmicas sobre la codicacin de igualdad para los cubanos de orgenes africanos. El proyecto de nacin de los exiliados lleg a incorporar en la diversidad tnica dominicana, concretamente a las personas de origen haitiano nacidos en la R epblica Dominicana, a los afro-dominicanos y a las familias dominicano-haitianas transculturadas. T odas estas personas haban sido marginalizadas por la imposicin de una identidad nacional monotnica y europeizada por parte de T rujillo. La inclusin tnica ampli la base de poder potencial de los exiliados dentro de las masas desafectadas y se ajust a sus ideas de una identidad dominicana previa que haba sido menos antagnica, aunque una limitacin inmediata a esta visin fue que la mayora de los lderes en el exilio no eran, de hecho, de estas etnias oprimidas, ni tampoco lo eran la mayora de los exiliados.20 Este estudio de caso muestra que, para los exiliados, las herramientas contra-hegemnicas para remediar la marginalizacin impuesta de la diversidad tnica domstica se deriv, ocasionalmente, de las inuencias transculturales de otras sociedades, abordando preguntas similares sobre la inclusividad, la ciudadana y la identidad nacional. ngel Mioln seal que las races del PRD podan encontrarse en los movimientos humansticos de carcter universal de las revoluciones francesas, mexicanas y estadounidenses, y especialmente en los ideales del que se reconoce como el patriarca del estado-nacin dominicana, Juan Pablo Duarte. Mioln mantuvo que la idea de formar el partido haba surgido a principio de la dcada de 1930 en reuniones subversivas en Santiago, la segunda ciudad ms grande del pas. En 1934, un levantamiento fallido, inspirado en la oposicin a Machado 20 Juan Bosch, The Unnished Experiment: Democracy in the Dominican Republic (New York: Alfred A. Knopf, 1965), 86-87. T urits, Foundations of Despotism, 17-18 y 174-175.

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116en Cuba, y un atentado en contra de T rujillo, produjo una represin violenta en contra del grupo.21Susceptible a las crticas sobre la originalidad del PRD como grupo dominicano, Cot rechaz vnculos ideolgicos y materiales a los Autnticos, bastante obvios. A pesar de esto, en un momento la polica secreta del dictador cubano Fulgencio Batista, la cual mantuvo una vigilancia cercana de los agitadores exiliados, mencion al PRD como asociacin relacionada a los Autnticos. Sin embargo, durante ese perodo formativo de debates esenciales sobre el proyecto de nacin cubano y la raza en relacin a la Constitucin del 1940, en los cuales participaron los dominicanos exiliados a travs de los Autnticos, la codicacin de la igualdad racial y el castigo por la discriminacin racial fueron puntos lgidos importantes, los Autnticos apoyaban la necesidad de proteger a los afro-cubanos dentro del movimiento de sindicalizacin de los trabajadores azucareros cubanos, al igual que la proteccin de la importante participacin afro-cubana dentro de este importante grupo obrero. Por estas razones, la movilizacin afrocubana por la ciudadana plena fue virulenta en el momento de la convencin constitucional. Mientras el trujillato se comprometa de manera simblica y pater nalista con los sectores populares para ganar su aprobacin, la mayora de las elites dominicanas despreciaban abiertamente a los dominicanos comunes y corrientes mezclados racialmente, y alegaban una herencia monotnica y espaola (la hispanidad), adhirindose al anti-haitianismo y a una percepcin de subversin social a travs del mestizaje que ecazmente vinculaba la negritud con la etnicidad haitiana. El PRD, sin embargo, comenz a proponer una nacin dominicana que, en vez de ignorar las brechas raciales, codicara la participacin minoritaria y acogiera a los sectores populares como ciudadanos de iguales derechos. Los estatutos originales del PRD decretan explcitamente la equidad racial y una cuota de representacin para las minoras en las actividades partidarias, una propuesta que fue aprobada de manera unnime y se atribuye a Belisario Heureaux, un dominicano afro-descendiente con ascendencia haitiana, hijo del ex Jefe de Estado Ulises Heureaux, 21 Mioln, La revolucin, 61-66. Mioln, El perred, 98, 516-17 y 31-34.

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117y un miembro activo de la escena poltica y cultural afro-cubana de La Habana.22El fervor anti-fascista despus de la Segunda Guerra Mundial tambin provey un discurso ideal que poda ser explotado por los dominicanos exiliados. Ellos transformaron esta preocupacin mundial en capital cultural anti-trujillista al resaltar las similitudes del trujillato, reales y exageradas, a la Alemania nazi. Incluso, por un tiempo, el PRD cambi su nombre por el de Unin Democrtica Antinazista Dominicana. Este nombre se escogi luego de una cuidadosa seleccin lxica, y tena implicaciones tnicas y raciales especcas al momento. Esta designacin demarc a un grupo que se identicaba a s mismo como nico e integrado, y el cual se enfrent a las declaraciones predominantes y hegemnicas sobre las gradaciones intrnsecas de las diferencias humanas. Las protestas afro-cubanas de esta era, de alto nivel de visibilidad, sealaban de manera vociferante a una Alemania nazi que serva como ejemplo de los resultados perjudiciales que una falta de proteccin gubernamental poda tener sobre las poblaciones minoritarias. En Cuba el ejemplo nazi se convirti no solo en un emblema de la anti-democracia, sino tambin en uno de racismo.23 El pleno signicado de la retrica fascista antitrujillista era que l no solo era un dictador y un potencialmente beligerante, sino que tambin era un tirano racista y genocida.22 Alejandro de la Fuente, A Nation for All: Race, Inequality, and Politics in Twentieth-Century Cuba. (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2001), 204-245. Mioln, El perred, 3136, 98 y 516-17. Gobernador Provincial de La Habana a Antonio Bravo Acosta, 8 marzo, 1943, La Habana, Cuba, en BAGN, no. 121, 386-388, 2008. T urits, Foundations of Despotism, 17-18; Derby, Dictators Seduction, 31, 88-91, 106-107 y 165-166. Jorge Garca Pea, Dominicanidad in Contra(Diction): Marginality,Migration,and the Narration of a Dominican National Identity (tesis de doctorado, Universidad de Michigan, 2008), 90-115. Estatutos de la institucin denominada Partido Revolucionario Dominicano. 28 enero, 1943, La Habana, Cuba, en BAGN, no. 121, 379-381, 2008. Virgilio Mainardi Reyna, Acta constitutiva de la asociacin denominada Par tido Revolucionario Dominicano, 16 febrero, 1943, La Habana, Cuba, en BAGN, no. 121, 397-399, 2008. Frank Andre Guridy, Forging Diaspora: Afro-Cubans and African Americans in a World of Empire and Jim Crow (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2010), 74 y 217.23 Juan Isidro Jimenes Grulln, Una gestapo en Amrica (Havana: Editorial Lex, 1946). T rujillo, A Nazi (exhibicin) (Mayagez: Unin Democrtica Antinazista Dominicana, 1944). Estatutos de la institucin denominada Partido Revolucionario Dominicano, 28 enero, 1943, La Habana, Cuba, en BAGN, no. 121, 379-381, 2008. Acta constitutiva de la asociacin denominada Partido Revolucionario Dominicano. 27 marzo 27, 1943, La Habana, Cuba, BAGN, no. 121, 389-390, 2008. Mioln, El perred, 73-77. Derby, Dictators Seduction, 108. Franco Ornes, La tragedia dominicana, 4, 52-53 y 36-40. De la Fuente, A Nation for All, 210-212.

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118Es ms, en el proyecto de nacin del PRD el antihaitianismo que identicaba la identidad dominicana preferida por el trujillato no tena cabida. Al contrario, los exiliados entablaron actividades con Hait de manera activa, e incluyeron a los dominicanos afrodescendientes durante y despus del exilio. En 1943, Bosch escribi una carta mordaz a los altos funcionarios dominicanos, los cuales anteriormente fueron sus colegas, denunciando el odio hacia los haitianos del rgimen como un cambio en la mentalidad nacional, diciendo adems que No hay diferencia fundamental entre el estado de miseria e ignorancia de un haitiano y el de un dominicano.... Aleg que ambos pueblos fueron explotados, y ninguno tena los derechos humanos que se mereca. Esto trastornaba y refutaba la cruda cosmovisin racializada del trujillato.24En el momento en que los dominicanos exiliados comenzaron a adherirse a estas posiciones integradas, el intelectual cubano Fernando Ortz public su muy inuyente obra Contrapunteo cubano, la cual fue pionera del entendimiento de la formacin de la identidad transcultural, especcamente en lo que se reere a las poblaciones africanas y afrodescendientes de Cuba. Es interesante notar que Ortz fue uno de los intelectuales que se hizo amigo de Bosch en La Habana, y los dos colaboraron en varias ocasiones. Bosch conoca y admiraba la perspectiva de Ortz en relacin a la herencia pluritnica de Cuba, y por sus estridentes posiciones sobre la equidad racial. Dicha inuencia intelectual, junto con las fuerzas culturales, sin duda moldearon la pers pectiva de la comunidad de exiliados sobre una identidad dominicana multicultural y sus posiciones sobre la equidad racial.25El exilio tambin comenz a ofrecer nuevas oportunidades a las mujeres dominicanas. Bajo T rujillo, las mujeres eran muy objetivadas y explotadas simblicamente. El proselitismo poltico realizado por los 24 Estatutos de la institutin denominada Partido Revolucionario Dominicano, 28 enero, 1943, La Habana, Cuba, en BAGN, no. 121, 379-381, 2008. Juan Bosch a Emilio Rodrguez Demorizi, Hctor Inchustegui y Ramn Marrero Aristy, junio 14, 1943, La Habana, Cuba, en Pia Contreras, ed., Juan Bosch, Imagen, trayectoria, y escritura, 54-56. Juan Bosch, Cuba, la isla fascinante (Santiago: Editorial Universitaria, 1955), 11 y 159-161. Fernando Ortiz, Contrapunteo cubano del tabaco y el azcar: advertencia de sus contrastes agrarios, econmicos, histricos y sociales, su etnografa y su transculturacin (La Habana: Jess Montero, 1940). George Reid Andrews, Afro-Latin America, 1800-2000 (Nueva York: Oxford University Press, 2004), 142. Mioln, El perred, 225-232.25 Bosch, Cuba, la isla fascinante, 11 y 159-161. Ortiz, Contrapunteo cubano del tabaco y el azcar.

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119dominicanos en el extranjero abri nuevas vertientes para la paridad de gnero y la integracin de las mujeres como co-conspiradoras, autoridades competentes y ciudadanas de iguales derechos. El incremento en la igualdad de gnero fue uno de los resultados de la implementacin del credo del PRD, que implicaba la toma de decisiones descentralizada y democrtica, el debate abierto y el proselitismo a nivel de base. Existieron tambin conexiones intelectuales y culturales claves en Cuba que ayudaron a que este progreso se lograra entre las mujeres dominicanas. U na inuencia especca sobre Bosch fue su relacin de colega, de simpata y amistad con Emilio Roig de Leuchsenring. Este fue un destacado intelectual cubano, defensor de los derechos de la mujer, y un feminista masculino, lo cual era fuera de lo comn en aquel momento. Es ms: la Constitucin cubana del 1940 fue progresista en lo referente a los derechos de la mujer para ese momento, y los dominicanos exiliados, particularmente aquellos con conexiones con los Autnticos, debieron de haber estado ampliamente expuestos a los movimientos pro-derechos de la mujer cubana.26 Para el principio de la dcada de 1940, los dominicanos exiliados haban creado una plataforma fusionada, cultural e ideolgica, estableciendo un contrabalanceo progresista al rgimen de T rujillo. El PRD facilit la compensacin poltica a los exiliados a travs de una estructura organizacional. La sede de operaciones establecida en Cuba no slo continu inuenciando a los dominicanos exiliados, sino que tambin, ciertas conexiones claves all, les suministraron apoyo material y una base para asegurar la expansin regional.26 Myrna Herrera Mora, Mujeres dominicanas, 1930-1961, antitrujillistas y exiliadas en Puerto Rico (San Juan: Editorial Isla Negra, 2008), 74. Elizabeth Manley, Intimate Violations: Women and the ajusticiamiento of Dictator Rafael T rujillo, 1944-1961, The Americas 69, no. 1 (julio 2012), 61-94. Derby, Dictators Seduction, 109-172. Graciella Cruz T aura, Womens Rights and the Cuban Constitution of 1940, Cuban Studies 24 (1994), 123-142. K. Lynn Stoner, From the House to the Streets: The Cuban Womans Movement for Legal Reform, 1898-1940 (Durham: Duke Univer sity Press, 1991), 101, 152, y 233. T ambin hubo activismo entre las mujeres dominicanas a principio del siglo, aunque la poltica de las mujeres privilegiadas se ajust en gran parte a las concepciones de feminidad nacional ideadas por los hombres de la lite, mientras que las luchas de las mujeres trabajadoras estuvieron menos organizadas; ver: T eresita Martnez-Vergne, Bourgeois Women in the Early T wentieth-Century Dominican National Discourse, New West Indian Guide/Nieuwe West-Indische Gids 75, nos. 1-2 (2001), 65-88. T eresita Martnez-Vergne, Nation & Citizen in the Dominican Republic, 1880-1916 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2005), 147-148, 155, 165-166.

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120La expansin regional del proselitismo poltico de los exiliados Como seal Piero Gleijeses: Mientras otros planeaban, los dominicanos exiliados actuaban.27 Combinando palabras con accin, un primer xito pblico para el PRD en su emergente campaa regional vino en el 1941, en Mxico, cuando la Confederacin de T rabajadores de Amrica Latina (CTAL) pas una resolucin denunciando a T rujillo. Vicente Lombardo T oledano, el renombrado organizador comunista mexicano, y hasta cierto punto, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), demostraron ser valiosos aliados para los exiliados y para su nueva sucursal, la PRD-Mxico.28 A diferencia de otros exiliados, los dominicanos transformaron su dispersin geogrca, de una entropa a un vehculo para la interconectividad. Luego de su xito en Mxico, el PRD comenz a extenderse a otros enclaves de dominicanos exiliados. Los lderes del PRD viajaron por toda Amrica Latina, teniendo como objetivo los pases con las mayores poblaciones dominicanas. En 1942 se estableci una sucursal del PRD en la ciudad de Nueva York. El PRD era fundamentalmente una pluralidad de grupos exiliados unicados alrededor de una causa comn, y un producto de esto fue el Congreso de Unidad Antitrujillista del 1944, realizado en La Habana, y resultando en la formacin del efmero Bloque Unitario de la Liberacin Dominicana. De 1943 a 1945 se formaron delegaciones del PRD en Costa Rica, Venezuela, Puerto Rico, Panam, Aruba y Curazao. Adems, los dirigentes del PRD viajaron a Guatemala para aanzar lazos con el gobierno reformista de Juan Jos Arvalo.29 27 Piero Gleijeses, Juan Jos Arvalo and the Caribbean Legion, Journal of Latin American Studies 21, no. 1 (febrero 1989), 135.28 Mioln, El perred, 43-46 y 99.29 S osa, Insurreccin y democracia 60. Del Orbe, Del exilio 16 y 20-24. T homas J. Dodd, Tiburcio. Caras, Portrait of a Honduran Political Leader (Baton Rouge: Louisiana State University Press, 2005), 206. Ameringer, Caribbean Legion, 9-10. Jess de Galndez, The Era of Trujillo (T ucson: University of Arizona Press, 1973), 252-253. Martin, Overtaken, 71. Mioln, El perred, 43, 47-48 y 51-70. Miguel Velzquez-Mainardi, Prlogo en Del Orbe, Del exilio, 8. Ameringer, Democratic Left, 162 y 194. Friends, Foes of T rujillo March Here, The Washington Post, 8 febrero, 1953, M3. Silfa, Guerra, 308-312 y 180-190. Espinal, Breve, 35-36. Customs Delay Cited, The New York Times, 14 mayo, 1958, 17. Peter Kihss, Dominican Names Five as Plotters, The New York Times, 4 noviembre, 1959, 16. Rosario Candelier, La narrativa, 17. Ocaa, Un hombre, 59-61. Roberto

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121La dispora dominicana, mayormente ubicada alrededor de la Cuenca del Caribe, obtuvo sostenibilidad material y cultural de lugares trasnacionales similares a los de sus antepasados antillanos imaginarios, tales como Eugenio Mara de Hostos y Mximo Gmez. Los ejemplos contemporneos y precedentes de estrategias de militancia, junto con las inuencias transculturales del progresismo social democrtico y las luchas por sistemas de gobierno integrales extrapolados de las sociedades de acogida, ayudaron a realizar un proyecto de nacin en su propio pas. Para entonces, los exiliados vean claramente su propia lucha y las del pueblo dominicano en general, como hebras de un gran tapiz de reciprocidades regionales entrelazadas, y de teleologas dependientes de la historia. Siguiendo la lnea de su policlasismo adoptado, el PRD cultiv fuertes relaciones con los trabajadores y con los sindicatos de la comunidad exiliada. Las sucursales del PRD en Nueva York, Aruba, Curazao y San Juan de Puerto Rico estaban compuestas primordialmente de trabajadores, lderes sindicalistas y pequeos comerciantes. A nales de la dcada de 1940 el Partido fund su Comit Obrero Democrtico Dominicano del Exilio. El grupo se mantuvo en contacto con agentes sindicalistas encubiertos en la Repblica Dominicana, y form vnculos con las poderosas Confederacin de T rabajadores de Cuba y Confedera cin de T rabajadores de Mxico. Otras fuentes de apoyo anti-trujillista fueron los grupos estudiantiles de la Universidad de La Habana, entre los cuales el Comit Pro-Democracia Dominicana, dirigido por Rafael Daz Balart, fue el ms importante. Los medios de comunicacin cubanos publicaron artculos solidarios con el PRD y con el drama de los dominicanos exiliados. El PRD tambin circul un peridico, Quisqueya Libre, entre toda la comunidad exiliada.30 Cass, Para la historia inicial del Partido Revolucionario Dominicano, BAGN, no. 121, 378, 2008. Federico de la Cruz Muoz a Jefe del Cuerpo de la Polica Secreta Nacional: Condencial nmero 9: Polica Secreta Nacional, 21 marzo, 1943, La Habana, Cuba, en BAGN, no. 121, 406-411, 2008. Gernimo, En el nombre, 250.30 Mioln, El perred, 47-49 y 77-80. Juan Bosch, Conversation, Entrevista por Robert J. Alexander (La Habana, Cuba, 21 marzo, 1952 y San Jos, Costa Rica, 9 noviembre, 1953). Presidents of Central America, Mxico, Cuba, and Hispaniola: Conversations and Correspondence (Westport: Greenwood Press, 1995), 222-224. Espinal, Breve historia, 35. Federico de la Cruz Muoz, Condencial nmero 9: Polica Secreta Nacional. Ocaa, Un hombre, 50; Silfa, Guerra, 310; Thomas Leonard, Fidel Castro: A Biography (Greenwood: Greenwood Publishing Group, 2004), 8.

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122Los dominicanos fueron motivados por los principios del antillanismo mencionados anteriormente, y se vean a s mismos como los herederos de la fraternidad caribea de patriotas del siglo XIX que lucharon contra la tirana imperial en Cuba. Bosch, lamentando la ausencia de dicha coalicin durante la Ocupacin Norteamericana de la Repblica Dominicana del 1916 al 1924, dijo: Hay que explicar que en el siglo XIX no se consideraba extranjero a ningn latinoamericano en otra patria latinoamericana. De la misma manera que Mximo Gmez lleg a ser jefe del Ejrcito Libertador de Cuba, as tambin lucharon peruanos, puertorriqueos, mexicanos y venezolanos. Es decir: durante el siglo XIX todava todos los hijos de las tierras espaolas de Amrica se sentan hermanos, miembros de una misma familia; no haba ninguna diferencia entre los dominicanos y un cubano y entre los cubanos y un dominicano...31La imagen de Mximo Gmez tambin tena aceptacin entre los reclutas cubanos. Bosch tambin rememor lo que sinti durante la ocupacin cuando era nio, escribiendo: En las noches rezaba que apareciera un Pancho Villa dominicano, alguien que hiciera lo que l haca en Mxico y lo que Mart, Gmez y Maceo haban hecho en Cuba.32 Esta coalicin regional fue precisamente el ejemplo que el PRD deliberadamente emul en su oposicin a la tirana de T rujillo. T al como Hostos inuy profundamente a Bosch con su antillanismo, Jos Mart tambin impact a los exiliados.33 Incluso, en homenaje, el PRD se constituy legalmente bajo los auspicios del aniversario 31 Juan Bosch, Prlogo en Federico Garca Godoy, El derrumbe (Santo Domingo: Editora de la Universidad Autnoma de Santo Domingo, 1975), 9-10. Ver tambien: Juan Bosch, Mximo Gmez: un gigante de la historia, en Antologa personal (San Juan: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1998), 209-216. Haiti fue parte de la fundacin inicial del antillanismo. Ver Arroyo, Revolution in the Caribbean: Betances, Haiti, and the Antillean Confederation.32 Juan Bosch, Crisis de la democracia de Amrica en la Repblica Dominicana (Santo Domingo: Editora Alfa & Omega, 1991), 159.33 Bosch, Unnished Experiment, 163. Bosch, La unidad antillana, 161-163; Bosch, Una voz antillana, 14. Juan Isidro Jimenes Grulln, La losofa de Jos Mart (Santa Clara: Universidad Central de Las Villas, Relaciones Culturales, 1960). Georgie Anne Geyer, Guerrilla Prince: The Untold Story of Fidel Castro (Kansas City: Andrews McMeel Publishing, 2002), 55-56.

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123del Libertador Jos Mart el da de su cumpleaos, el 28 de enero del 1943.34 Desde la Repblica Dominicana, donde haba reunido su ltima fuerza de invasin de exiliados cubanos, Mart escribi: En el corazn caribeo no hay odio entre blancos y negros, siendo el odio propiedad de la tirana.35 Algunos dominicanos exiliados se inspiraron en la correspondencia entre Mart y el intelectual dominicano Federico Henrquez y Carvajal, al cual ste le escribi importantes maniestos polticos sobre la identidad cubana y la solidaridad caribea transnacional.36 Le pregunt al dominicano: De Santo Domingo por qu le he de hablar? Es eso cosa distinta de Cuba? Usted no es cubano, y hay quien lo sea mejor que usted?37La subsiguiente prueba de fuego de la militancia fue crtica para el proyecto de nacin de los dominicanos en el exilio. Un mensaje similar de unidad transnacional motiv el inicio de la militancia en contra de T rujillo por parte de los dominicanos exiliados. Se remontaron a los antecedentes de Gmez, de Mart, del antillanismo, y de una panetnicidad del Caribe hispano, progresiva e integrada. T ambin se deshicieron de las denominaciones de clase y raza y crearon asociaciones de ayuda mutua a travs de las cuales los proyectos individuales de nacin podan ser mantenidos transnacionalmente. Las memorias histricas enmarcaban su comunidad imaginada en el cruce con la solidaridad regional.38 Dotados con una visin renovada de la nacin dominicana, e invirtiendo el viaje de Mart, pronto emprenderan invasiones en contra de T rujillo desde Cuba.34 Estatutos de la institucin denominada Partido Revolucionario Dominicano, 28 enero, 1943, La Habana, Cuba, en BAGN, no. 121, 379-381, 2008.35 Oscar Montero, Jos Mart: An Introduction (New York: Palgrave Macmillan, 2004), 65. Lillian Guerra, The Myth of Jos Mart: Conicting Nationalism in Early Twentieth-Century Cuba (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2005), 1-21.36 Jimenes Grulln, Una gestapo en Amrica, 319-322. Henrquez y Carvajal, un exiliado de la opresin de T rujillo, muri en Cuba en 1935. Ver Manuel Arturo Pea Batlle, Antologa de la literatura dominicana, T omo II (Santiago: Editorial El Diario, 1944), 343.37 Montero, Jos Mart, 134-135.38 Las encarnaciones del antillanismo empaan fallas crticas de clase y raza. Juan A. Giusti Cordero, Afro-Puerto Rican Cultural Studies: Beyond cultura negroide and antillanismo, Centro: Journal of the Center for Puerto Rican Studies 8, nos. 1 & 2 (primavera, 1996), 68. Matory, Black Atlantic, 71-75.

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124Era de militanciaEl tono antiautoritario utilizado durante la Segunda Guerra Mundial abri una ventana de oportunidad que permiti presionar a los dspotas de la regin, incluyendo a T rujillo. La poltica de los EEUU de la poca comenz a cambiar, pasando del apoyo activo a los dictadores receptivos a los intereses de EEUU, al retiro de su apoyo a los dspotas. El reto para Washington era balancear la no intervencin en Amrica Latina y la promocin de la democracia con la prevencin de las incursiones soviticas percibidas. En noviembre del 1945, los EEUU indicaron una renovada desaprobacin de T rujillo. Para el 1949 solo honraban los acuerdos existentes con el dspota y se distanciaron retricamente del rgimen. En este clima en contra del autoritarismo hubo algunos primeros xitos para la izquierda caribea, incluyendo los derrocamientos de los dictadores en Guatemala, Cuba y Venezuela en 1944-1945, y la ascensin de gobiernos reformistas y democrticos. Para principios de la dcada de 1950, los adversarios en comn incluyeron ciertos tiranos regionales tales como Rafael T rujillo, de la Repblica Dominicana, Anastasio Somoza, de Nicaragua, T iburcio Caras, de Honduras, Fulgencio Batista, de Cuba, y Marcos Prez Jimnez, de Venezuela. Similarmente, estos dictadores regionales formaron su propia coalicin transnacional informal para su proteccin mutua en contra de la oposicin democrtica, en ocasiones colaborando para acosar y espiar a los proselitistas exiliados y extendiendo su alcance dentro de, y en contra de, los gobiernos democrticos de la regin, con frecuencia a travs de conexiones con los ociales militares de dichas naciones. Sin embargo, los exiliados percibieron una apertura para la reforma e iniciaron actividades de militancia junto a sus aliados regionales en contra de sus enemigos comunes.39El PRD forj una milicia transnacional de exiliados y voluntarios que era apoyada de manera encubierta por los regmenes democrticos. 39 Bernardo Vega, ed., Los Estados Unidos y Trujillo: coleccin de documentos del Departamento del Estado y de las Fuerzas Armadas Norteamericanas, Ao 1947, Tomo I (Santo Domingo: Fundacin Cultural Dominicana, 1984), 113-116. Atkins y Wilson, The Dominican Republic and the United States, 86-87, 92-94 y 102-104. Schoultz, Beneath the United States, 316-331 y 332-348. Ameringer, Caribbean Legion, 1-10. Brian Loveman, For la Patria: Politics and the Armed Forces in Latin America (Wilmington: SR Books, 1999), 147-149.

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125Pa ra las democracias reformistas emergentes de la regin, la militancia en contra del autoritarismo fue un acto de defensa y de perpetracin frente a regmenes hostiles tales como el de T rujillo. Adems de las inclinaciones ideolgicas y de los adversarios mutuos, existan unicadores culturales obvios y generalizados para estas personas aliadas, tales como la herencia latinoamericana, el idioma espaol, la solidaridad regional y los antecedentes histricos de fraternidad transnacional. Esta asociacin se denomin la Legin del Caribe. La Legin ciment su modus operandi sobre esta base discursiva, y manifest estos vnculos a travs de su coalicin, su militancia, y su no alineacin durante los primeros aos de la Guerra Fra. Este grupo ayud a incubar, y a la vez fue inuenciado por el nacionalismo tnico dominicano progresivo de los exiliados, y envi dos invasiones separadas en contra de T rujillo. La primera de estas operaciones, basada en Cayo Contes, Cuba, fue, por mucho, la ms grande y la ms ambiciosa.4040 Alberto Bayo, Tempestad en el Caribe (Mxico: sin editorial, 1950), 73-158. Ameringer, Caribbean Legion, 1-10, 27-60 y 95-116. Gleijeses, Juan Jos Arvalo and the Caribbean Legion, 141. Alan L. McPherson, Intimate Ties, Bitter Struggles: Latin American and the United States since 1945 (Washington, D.C.: Potomac Books, 2006), 41.

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126El PRD-Mxico y el liderazgo de la CTAL propusieron una operacin en la cual Vicente Lombardo T oledano entrara a la Repblica Dominicana de manera encubierta, con un equipo de miembros del PRD y de la Legin, para fomentar una insurgencia que derrocara a T rujillo. Mioln se ofreci como voluntario. Haba vivido en Mxico y dedic su primer tratado anti-trujillista escrito en el exilio a Lzaro Crdenas. Estaba tambin vinculado al CTAL y a una amplia gama de grupos mexicanos y cubanos de inclinacin marxista que propugnaban la militancia. Esta inuencia di un giro al PRD para que pasara de una corriente con tctica de Gandhi a una de invasin armada.41 Bosch viaj a Venezuela y a Hait a nales del 1945 para obtener apoyo para la invasin. Rmulo Betancourt haba llegado al poder en Venezuela luego de un golpe de estado reformista en octubre del 1945, y en noviembre Bosch le pidi ayuda. Aunque prometi ayudarlos con dinero y armas, Betancourt rechaz la idea de invasin y sugiri trabajar con los ociales subalternos descontentos dentro de las fuerzas armadas dominicanas y propiciar un golpe de estado, tal y como l lo haba hecho en Venezuela. En Puerto Prncipe, el PRD recibi $25,000 del Presidente haitiano lie Lescot. Mientras tanto, en La Habana, tomando el consejo de Betancourt, los lderes del exilio dominicano planearon un golpe de estado en contra de T rujillo, a efectuarse en febrero de 1946. Aparentemente, durante una escala en Curazao, Bosch se reuni de manera encubierta con disidentes exsubordinados de T rujillo, quienes apoyaban a los exiliados, lo cual pudo haber inclinado la balanza a favor de un intento de asesinato. La red de espionaje de T rujillo pronto determin, correctamente, que Grau y Arvalo, en Cuba y Guatemala respectivamente, tambin ayudaban al grupo de exiliados dominicanos.42 41 Mioln, La revolucin: Federico de la Cruz Muoz al Jefe del Cuerpo de la Polica Secreta Nacional, Condencial nmero 9: Polica Secreta Nacional. Cass, Para la historia inicial del Partido Revolucionario Dominicano, BAGN, no. 121, 378, 2008. Mioln, El perred. 89-90 y 491-494. Mioln, Cayo Contes y La Lucha Contra T rujillo en Poltica. 9-11.42 Agregado Militar Estadounidense (U.S. Military Attach) en Venezuela, Informe de inteligencia: lderes de los movimientos (Repblica Dominicana) revolucionarios actuales, inuencia extranjera, 21marzo, 1946, en Bernardo Vega, ed., Los Estados Unidos y Trujillo: Coleccin de documentos del Departamento del Estado y de las Fuerzas Armadas Norteamericanas, Ao 1946, Tomo I (Santo Domingo: Fundacin Cultural Dominicana, 1982), 242-243. Robert Alexander, Rmulo Betancourt and the Transfomation of Venezuela (New Brunswick: T ransaction Books, 1982),

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127Luego de que su intento de asesinato no tuvo xito, los exiliados comenzaron a colaborar con el recin exiliado General dominicano Juan Rodrguez. Despus de ser contactado por un ocial chileno que colaboraba con los exiliados, Rodrguez, con el pretexto de un negocio, enga a T rujillo para que le permitiera salir del pas con $500,000, los cuales utiliz para nanciar la subsiguiente invasin. Miles de ries fueron obtenidos del Presidente Juan Jos Arvalo, de Guatemala, proporcionados por el Presidente Juan Pern, de Argentina. La esposa de Arvalo le dijo a Pern que Guatemala necesitaba armas para defenderse de un inminente golpe de estado auspiciado por los Estados Unidos y fomentado por la United Fruit Company. Pern, un fer viente oponente del imperialismo nor teamericano, accedi, y Arvalo remiti estas armas a los exiliados. Los exiliados tambin compraron armas excedentes de la Segunda Guerra Mundial, a los Estados Unidos. El PRD supervis el contrabando de armas y de agentes, escondiendo armas por toda La Florida y utilizaron esta locacin como eje de lie Lescot de Hait General Juan (Juancito) Rodrgueztrnsito. Hasta el PRD-Nueva York precariamente escondi depsitos de armas en las propiedades de dominicanos exiliados alrededor de todo Manhattan. Para julio de 1947, la fuerza invasora contaba con varios cientos de voluntarios armados, todos entrenados para la accin en la remota base que les proporcion Cuba. 4343 Henrquez y Bosch, Cayo Contes y la lucha contra T rujillo, en Poltica, 8-9 y 15-18. Silfa, Guerra,180-190. Mioln, El perred, 118-119. Ameringer, Caribbean Legion, 32-36. Arvalo

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128Como miembro del crculo interno de los Autnticos, Bosch tena la oportunidad nica de poder trabajar con poderosos simpatizantes cubanos. En ese momento Bosch era el editor en jefe y escritor principal de Siempre, peridico ocial de los Autnticos. Era tambin uno de los principales asesores de Pro, en ese entonces Primer Ministro de Cuba. De hecho, Bosch escribi casi todos los discursos de campaa de la candidatura para la presidencia de Pro, y muchos de los de su presidencia tambin. Grau y los Autnticos canalizaron cifras que pudieron llegar a hasta los $3,000,000, en apoyo, a travs del Ministerio de Educacin Cubana. Hasta el Ministro de Educacin Pblica, Jos Alemn, ocult trece camiones de armas y explosivos en su nca. Bosch tena programado desembarcar las tropas en Fort Libert, en el norte de Hait, y entonces marchar a la frontera por algn lugar cerca de Dajabn, usando uniformes del ejrcito de EEUU. Haba obtenido tambin garantas de reconocimiento inmediato de su gobierno interino por parte del presidente cubano y del venezolano, en caso de tener xito.44E ste creciente ejrcito fue la fuerza invasora de exiliados ms grande que jams se haba reunido en El Caribe. Entrenaban cerca de la costa norte de Cuba, en una isla asignada por Grau. Este remoto rastro de tierra, Cayo Contes, tiene aproximadamente media milla de largo y, como mximo, 700 pies de ancho. Los cayoconteros provenan de ocho pases en total, y pudieron incluir hasta 1,300 miembros, segn un infor me. Unos 400 eran dominicanos; la mayora eran cubanos. La anidad preponderante compartida por este grupo era la de los antecedentes culturales del Caribe hispano. Este contingente multinacional racial-haba estado exiliado en Argentina durante la dictadura de Ubico en Guatemala, y por esta razn tena muchas conexiones all. En Argentina, Arvalo tambin se hizo amigo de Pedro Henrquez Urea, el respetado intelectual dominicano y ex-mentor de Bosch. Ver Ocaa, Un hombre, 63.44 Bosch daba consejos al presidente cubano con la estipulacion de que su nombre no apareciera ocialmente. T ambin redact la mayora de las polticas sociales y econmicas y particip en la creacin del Banco Central de Cuba. T ulio Arvelo, Cayo Contes y Lupern: memorias de un expedicionario (Santo Domingo: Editora de la Universidad Autnoma de Santo Domingo, 1981), 110, 119 y 131. Ocaa, Un hombre, 65-66, 79 y 80-84. Mioln, El perred, 88 y 117-119. Havana Seizes Revolt Munitions, Miami Daily News, 22 de septiembre, 1947, 1. Silfa, Guerra,181-183. Bosch, Cayo Contes y la lucha contra T rujillo, en Poltica, 20-22. Juan Bosch, Entrevista por Ramn Grau San Martn (La Habana, Cuba), en Grulln, Cayo Contes, 47 y 87.

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129mente integrado vea el derrocamiento de T rujillo y el establecimiento de un proyecto de nacin dominicano progresista como integral, para la garanta y el avance de los intereses regionales socialdemcratas. Los dominicanos exiliados incorporaron sus luchas a estas dinmicas pancaribeas y tambin las utilizaron hbilmente. Incluso, en ocasiones hasta cedieron sus ambiciones para beneciar a sus aliados.45 Cayo Contes estuvo bajo frecuente observacin area por parte de T rujillo y por la Embajada de los Estados Unidos en La Habana. Para julio del 1947, T rujillo tena informes que le llegaron de T egucigalpa, Miami, Mxico y Washington, D.C., informndole de los desarrollos en Cuba. Utilizando la tctica para sembrar el miedo, en auge en aquel del momento, etiquet a los exiliados como fuerza invasora comunista. Incluso, elev peticiones ante el gobierno cubano y las Naciones Unidas para que impidieran las acciones armadas en su contra. Aparentemente, T rujillo tambin soborn al militar de ms alto rango en Cuba, el General Genovevo Prez, el cual cont al dictador todo lo que saba sobre los exiliados, incluyendo la complicidad de los ociales cubanos. El 25 de septiembre del 1947, la fuerza invasora zarp rumbo a La Espaola. T an pronto la expedicin sali de Cayo Contes, fue interceptada por la Marina y la A viacin cubanas, arrestando el mayor nmero de participantes que les fue posible. Aunque se realizaron invasiones de exiliados ms pequeas en los aos siguientes, estas fueron desastres aun mayores.46 Cuando las fuerzas internacionales que haban fomentado el proselitismo poltico e identidad dominicanos, transnacionalmente se 45 Mioln, El perred, 117-120. Arvelo, Cayo Contes y Lupern, 66-68. Gleijeses, Shattered Hope, 108. Ante la jornada eleccionaria de maana, el pas mantiene su inquebrantable conviccion de reelegir al Pdte. T rujillo, La Voz del Norte, 15 mayo, 1947, 1. 46 S ilfa, Guerra, 191-194, 205, 213 y 291. A rvelo, Cayo Contes y Lupern, 66 y 160-182. Grulln, Cayo Contes, 58-59. Mioln, El perred. 113-121 y 467-470. Anexo No. 1 al Despacho No. 4434 del 17 de octubre, 1947, Embajada Americana, La Habana, Cuba. Invasin intentada contra la Repblica Dominicana, en Vega, ed., Los Estados Unidos y Trujillo, 1947, 188. Rafael T rujillo a Ramn Grau, 20 agosto, 1947, en Vega, ed., Los Estados Unidos y Trujillo, 1947, II, 609-611. George H. Butler a Secretario de Estado, Ms informaciones sobre Manuel Fras Meyreles, en Vega, ed., Los Estados Unidos y Trujillo, 1947, 274-275. Bosch, Cayo Contes y la lucha contra T rujillo, en Poltica, 19-22. Bosch, Prlogo: Un libro necesario, en Grulln, Cayo Contes, 7. Enrique Corominas, In the Caribbean Political Areas (Nueva York: Cambridge University Press, 1954), 117-161.

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130vinieron abajo a nales de la dcada de 1940, los planes de promocin del antillanismo y de la ciudadana progresista fueron interrumpidos y quedaron pendientes. No obstante, las experiencias en solidaridad regional, igualitarismo y gestin operativa obtenidas por los dominicanos exiliados, seran la base de acciones realizadas en aos subsecuentes. Adems, la identidad dominicana progresiva de los exiliados, canalizada a travs de estas corrientes, permaneci de manera consciente dentro de un marco latinoamericano transnacional de reciprocidad cultural, ideolgica y material.47ttbttt ftDentro del asco de la militancia antitrujillista surgi una intrincada red de rivalidades personales, lealtades en rivalidad y poder regional, que produjeron conexiones personales entre los dominicanos exiliados y sus antriones. Estas inuyeron sobre la historia cubana y sobre Latinoamrica de manera ms amplia. Es ms, de la misma manera en que Cuba y otros contextos regionales tuvieron inuencia sobre los dominicanos exiliados, los exiliados causaron impactos duraderos sobre algunos de los actores ms crticos de la historia caribea posterior, e incluso de la misma mundial. Estas relaciones son poco conocidas, pero fueron inuencias transnacionales claves, logradas gracias a los dominicanos exiliados en la regin. Durante el tiempo en que reclut y organiz miembros, Juan Bosch se centr particularmente en un miembro apasionado y notablemente temerario de la fuerza expedicionaria, llamado Fidel Castro. Este estudiante universitario de 21 aos estaba profundamente involucrado en la poltica interna de la Universidad de La Habana y en su vinculada cultura de violencia pandillera. En este momento, Castro estaba envuelto en una acalorada polmica con Rolando Masferrer. Masferrer, ampliamente considerado como un maleante en Cuba, era la cabecilla del Movimiento Socialista Revolucionario (MSR), un grupo estudiantil 47 Edgar Furniss, The Inter-American System and Recent Caribbean Disputes, International Organization 4 (noviembre, 1950), 585-597. Arvelo, Cayo Contes y Lupern, 110, 119 y 131. Mioln, El perred, 88 y 119. Bosch, Unnished Experiment, 31, 41 y 100-107.

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131de La Habana que haba contribuido con muchos miembros a la expedicin de Cayo Contes.48 El y Castro provenan de facciones en pugna. Masferrer y el MSR haban emitido una sentencia de muerte en contra de Castro, miembro de la rival Unin Insurreccional Revolucionaria (UIR). Como se seal anteriormente, Masferrer estaba sumamente comprometido con la fuerza invasora dominicana, lo cual inicialmente impidi la participacin de Castro con los exiliados. Castro, quien vehementemente deseaba unirse a la lucha dominicana, le pidi a Bosch proteccin y consejo, pidindole tambin que intercediera a su favor con el MSR. Bosch estipul que Masferrer y el MSR deban desistir de su misin de matar a Castro durante su estada en Cayo Contes, citando la causa comn y el bien mayor de la liberacin dominicana. Castro recibi un respiro.49 Si se hubiese resuelto la situacin de Castro de forma diferente, se hubiera alterado drsticamente la historia cubana. Por otra parte, Bosch intervino a su favor en contra de otra fuerza opositora su familia. Los padres de Castro se pusieron furiosos con la participacin de Fidel en la operacin de Cayo Contes. En su habitacin de hotel en La Habana, el dominicano medi una conferencia entre Castro y sus padres, en la cual Castro despleg su acostumbrada rimbombante personalidad. Castro proclam que su participacin era para devolver la deuda pendiente con Mximo Gmez.50 No se resolvi nada, y Castro dej La Habana rumbo a Cayo Contes. CoincidencialRolando Masferrer (iz.) y Rafael Daz Balart (centro)48 Silfa, Guerra, 204-205. Ameringer, Democratic Left in Exile, 68-69. Martin: Overtaken, 319. Arvelo. Cayo Contes y Lupern, 66-68. Mioln, El perred, 88 y 118-119.49 Leycester Coltman y Julia Sweig, The Real Fidel Castro (New Haven: Yale University Press, 2005), 31-32. Ver tambin, Geyer, Guerrilla Prince, 54-55.50 Geyer, Guerrilla Prince, 55-56.

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132mente, la ausencia de Castro de La Habana hizo que se perdiera la trgica lucha armada que estall en las calles de un suburbio de la ciudad entre el UIR y el MSR. El mentor de Castro dentro del UIR muri en este tiroteo, y es probable que, si Castro hubiese estado en la Capital, hubiese participado y fcilmente pudo haber muerto tambin.51 Bosch y los dominicanos exiliados salvaron la vida de Castro. En otra conexin coincidencial unos aos despus, Bosch introdujo a un joven mdico argentino llamado Ernesto Guevara a los abusos de la dictadura de Batista y a la historia cubana. En diciembre del 1953 Guevara conoci a Bosch mientras el segundo viva en Costa Rica, expulsado de Cuba luego del ataque fallido al cuartel Moncada, de Fidel Castro. Guevara escribi en su diario: T enemos un gran da por delante, hablaremos con un dominicano...el escritor y revolucionario, Juan Bosch. Guevara haba contactado a Bosch a travs de unos ar gentinos exiliados que vivan en Costa Rica. Despus de su reunin, Guevara apunt sus pensamientos resaltando su impresin positiva de Bosch como un pensador de izquierda, su simpata, y su descripcin de Batista como un maleante. Despus de esta reunin, Guevara visit a Bosch varias veces a principio del 1954 para conversar sobre poltica. Bosch tambin record sus reuniones, resaltando que Guevara usaba un inhalador para el asma, que se pareca a Beethoven y que siempre haca muchas preguntas. Bosch se impresion con la sinceridad de Guevara, al igual que por su claridad y por el sumo respeto que mostraba por l y por sus ideas. Bosch pens que Guevara estaba a punto de cumplir su destino, aunque en el momento pens que su carrera sera en las ciencias mdicas. Adems de explicarle a Guevara sobre Batista, parece que Bosch le present cubanos exiliados que haban participado en el ataque al Moncada.52En 1956, los cubanos exiliados en Mxico, dirigidos por Fidel Castro, y con la ayuda de E rnesto Che Guevara, enviaron a Cuba una invasin por mar para derrocar el rgimen de Batista. Su barco, el Granma, fue 51 Leycester y Sweig, The Real Fidel Castro, 33. Grulln, Cayo Contes, 86.52 Ernesto Guevara, Back on the Road (New York: Grove Press, 2000), 30-35. Juan Bosch, Mis recuerdos de Che Guevara, en Antologa personal, 199-203. Adems, Bosch en ese momento escriba un libro analizando la sociedad e historia de Cuba, el cual probablemente le mencion a Guevara; ver Bosch, Cuba, la isla fascinante.

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133conducido por el dominicano exiliado Ramn Meja del Castillo, o Pichirilo, quien tambin haba sido el capitn del barco en el cual haba estado Castro en la operacin de Cayo Contes. T ambin fue uno de los pocos insurgentes que sobrevivi el desembarco inicial del Granma. El Granma se haba comprado con fondos de Carlos Pro, quien en ese momento estaba exiliado en La Florida.53 Entonces, pues, los primeros das de la Revolucin cubana tienen muchas huellas del exilio dominicano. Castro tuvo su primera experiencia con la planicacin de insurgencias en Cayo Contes y fue salvado de una posible muerte en La Habana. La administracin de Pro haba sido en parte desestabilizada por las fallidas invasiones dominicanas y su nanciacin encubierta de estas operaciones, precipitando el golpe de estado de Batista en 1952. Bosch, expulsado de Cuba, primero le explic a Guevara los eventos pertinentes, y luego le present cubanos exiliados en Costa Rica. En el exilio, Pro se situ en una posicin para poder nanciar la compra de un barco para Castro, el cual llev la revolucin a Cuba. Este fue pilotado por Pichirilo, un dominicano exiliado.54Sin duda, los contextos de las sociedades de acogida en el exilio inuenciaron los conceptos de identidad nacional de los dominicanos exiliados y precipit su militancia en contra de T rujillo. Sin embargo, estos vnculos transnacionales operaron dentro de un circuito de relaciones que tambin puso a los exiliados en posiciones de inuencia. Armados de motivaciones informadas transnacionalmente, los exiliados moldearon la primera trayectoria de la Revolucin cubana, uno de los acontecimientos decisivos del Siglo XX.53 Fidel Castro, Lo que cont sobre Pichirilo, Juventud Rebelde, 7 marzo, 2009, 4. Thomas G. Paterson, Contesting Castro: The United States and the Triumph of the Cuban Revolution (Nueva York: Oxford University Press, 1995), 33 y 101-102. Corominas, In the Caribbean, 32-33. Mainardi Reyna, Cayo Contes y la lucha contra T rujillo, en Poltica, 14-15. Geyer, Guerrilla Prince, 62-63. Sorprendentemente, hay evidencia que sugiere que los dictadores T rujillo y Somoza pudieron haber dado apoyo a los primeros esfuerzos invasores de Castro, debido a una variedad de razones. Ver Ramn L. Bonachea y Marta San Martn, The Cuban Insurrection, 1952-1959 (New Brunswick: T ransaction Publishers, 1974), 76-77.54 Prez, Cuba, c. 1930-1959, en Bethell, ed., Cuba, 83. Batista Rules Cuba Again, Chicago Daily Tribune, 11 marzo, 1952, 1.

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134ft btf ttAparte de estas conexiones notables que surgieron durante la era de la militancia del Exilio, la dcada de 1950 vi cmo el PRD entr en un letargo relativo cuando los dominicanos exiliados se retiraron de la vanguardia del escenario regional. En 1950 y en 1952, el PRD se reuni en La Habana para reorganizarse. Adopt una nueva estrategia de no violencia que le cerr la puerta a la invasin armada. Bosch sigui trabajando con Pro durante este perodo, aunque su participacin y la de otros exiliados disminuy al Pro corromperse. Los dominicanos nunca estuvieron implicados en ninguno de los escndalos de los Autnticos.55 A pesar de estas y otras signicantes interrupciones durante esa poca, el PRD pas el resto de la dcada protestando por los asesinatos perpetrados por T rujillo, forjando vnculos con los sindicatos europeos, y mudando su sede de La Habana a Caracas en 1958, debido a las presiones de Batista. Con el xito de la Revolucin cubana en 1959, los dominicanos exiliados se encontraron en el medio de un nuevo desafo. Fidel Castro, como Grau, y Pro antes que l, identic la eliminacin de T rujillo como una de los principales asuntos a resolver para lograr el bienestar cubano. Enrique Jimnez Moya, un dominicano exiliado que sirvi como comandante en las fuerzas guerrilleras de la Revolucin cubana, sali de Cuba poco despus de la victoria de la Revolucin para reunirse en Caracas con lderes exiliados, con la esperanza de fundar una nueva fuerza invasora dominicana que pudiese derrocar a T rujillo. El y otros dominicanos exiliados se haban embelesado con una nueva heurstica de revolucin, ms radical, inspirada en la 55 Mioln, El perred, 56, 85-86, 93-96, 103-112 y 477. De Galndez, The Era of Trujillo, 252253. Bosch, Unnished Experiment,13-22. De Bosch dijo: Se utiliz mucho dinero del gobierno para elegir a Pro, pero estoy convencido de que Juan Bosch nunca se rob un centavo. Rufo Lpez Fresquet sirvi como el Primer Ministro de Tesorera de Fidel Castro y fue un economista entrenado en los EEUU. El explic que Bosch se mantuvo honesto en medio de toda esta [corrupcin]...; ver Rufo Lpez Fresquet, My 14 Months with Castro (Cleveland: World Publishing Co., 1966), 20. Luego la CIA concluy que: prcticamente no tiene un centavo; ver Agencia Central de Intelegencia, Ocina de Inteligencia Actual: Juan Bosch, Presidente E lecto de la Repblica Dominicana, 2 de enero, 1963, en Bernardo Vega, ed.: Kennedy y Bosch: Aporte al estudio de las relaciones internacionales del gobierno constitucional de 1963 (Santo Domingo: Fundacin Cultural Dominicana, 1993), 7.

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135cubana, y Jimnez aleg que sus nuevos planes de invasin no podran tener xito sin el PRD.56Mioln y Bosch se negaron a participar. Bosch le explic a Jimnez las razones por las cuales pensaba que los mtodos de la Revolucin cubana no funcionaran en la Repblica Dominicana. Bosch argument que la revolucin tuvo xito en Cuba porque los contingentes de Castro en la Sierra Maestra lograron la amistad de los campesinos y gradualmente adquirieron una fuerza de combate adicional. Al mismo tiempo, ganaron pequeas victorias que desmoralizaron al ejrcito de Batista, y prometieron reforma agraria para incrementar el apoyo popular. Bosch sostuvo que si un pequeo cuerpo guerrillero fuese a llegar a las montaas de la Repblica Dominicana, los campesinos no solo estaran sumamente sospechosos, sino que probablemente estaran 56 Mioln, El perred, 133-134. Ocaa: Un hombre,109-110. Enrique Jimnez Moya (derecha) y Camilo Cienfuegos (centro). (Foto: Archivo General de la Nacin)

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136del lado de T rujillo, quien era popular entre ellos. T rujillo, de hecho, haba distribuido cantidades de tierra signicantes a los campesinos dominicanos. Su prediccin fue correcta. Casi toda la fuerza invasora inspirada en Castro ms de 200 en total fue asesinada en la fallida invasin de Constanza, Maimn y Estero Hondo de junio del 1959. El PRD se haba auto preservado. Sus perspectivas sobre el campesinado dominicano tambin produjeron resultados para la campaa nacional del PRD, y en su victoria aplastante en las elecciones dominicanas del 1962, realizadas luego de la muerte de T rujillo.57En mayo del 1961 T rujillo fue asesinado. Poco tiempo despus, con su seguridad garantizada por la OEA y por el gobierno interino dominicano, los exiliados comenzaron a regresar a casa, en ocasiones acogidos por grandes aglomeraciones. El PRD se embarc en una metamorfosis, yendo de una organizacin antitrujillista unicadora de exiliados, a ser un partido domstico de oposicin.58 En su primer da en la Repblica Dominicana despus de ms de dos dcadas, Bosch cerr sus comentarios a una multitud, no con palabras de Duarte, patriarca del Estado dominicano, sino con las del libertador cubano, diciendo: Parodiando a Mart...padre de Amrica y gloria de Cuba, quiero decir aqu que los dominicanos no podemos vivir como la hiena en la jaula, dndole vueltas al odio.59 Su propuesta para corregir los errores de la era de T rujillo fue la unidad en contra de la corrupcin y la tirana, y no la venganza.57 Bosch, Unnished Experiment, 51-52, 82-83 y 107. Martin, Overtaken, 112-113. Flix Jimnez, ed., Com fu el gobierno de Juan Bosch? (Santo Domingo: Editora Alfa y Omega, 1988), 63-84 y 9-22. San Miguel, Imagined Island. 98-132. T urits, Foundations of Despotism, 2, 266 y 270. Mioln, El perred. 103-112. Ocaa, Un hombre,110-111.58 Mioln, El perred. 93-96 y 157-165. Bosch: Unnished Experiment, 3-12. Gernimo, En el nombre, 255-256. Charlton W. Yingling, Juan Bosch: Politics and Praxis to 1963 (tesis de Maestra, Vanderbilt University, 2009), 105-139. Cuando T rujillo muri Bosch daba clases en Costa Rica, como lo haba hecho en Venezuela en 1959. Un estudiante suyo en la Universidad Central de Venezuela luego menciona a Bosch como uno de los ms inuyentes en su obra y carrera. Este estudiante fue Gabriel Garca Mrquez, futuro ganador del Premio Nobel. Ver los siguientes: Gutirrez Flix destaca inuencia, Vanguardia del Pueblo, 7; Gabriel Garca Mrquez, Caribe mgico, Vanguardia del Pueblo, 28 de enero, 1981, 4. Rosario Candelier, La Narrativa, 18; sobre Gabriel Garca Mrquez y su obra narrativa en Justo Pedro Castellanos, ed., Antologa del pensamiento de Juan Bosch ( S anto Domingo: Banco Central de la R epblica Dominicana, 1999), 89-95.59 Juan Bosch, Juan Bosch dijo a su llegada: Hay que matar el miedo (Santo Domingo: Editorial Montalvo, 1961).

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137La visin del PRD en relacin a la igualdad racial y la inclusin tnica, la redistribucin de riquezas y de tierra, la democracia y la ciudadana participativa, pulida transnacionalmente, reson ampliamente en su patria. La experiencia en proselitismo y organizacin obtenida en el exilio ayud a que los ex-exiliados forjaran el movimiento popular con las bases ms extensas que se haban creado hasta ese momento en la historia dominicana. A pesar de todos los pronsticos de violencia e intimidacin, una sociedad civil atroada, y un exilio que dur dcadas, Bosch fue elegido Presidente, en una victoria aplastante. A de ms, el PRD gan la mayora de los escaos legislativos. Esto ocurri en diciembre de 1962, en las primeras elecciones libres despus de la era de T rujillo. Apropiadamente, cuando Bosch tom posesin en febrero de 1963, comparti el escenario con un reparto secundario de jefes y exjefes de Estado provenientes de Costa Rica, Venezuela, Puerto Rico, y Honduras.60 Los dominicanos exiliados y su proyecto de nacin transculturado fueron aceptados rotundamente en la Patria.ConclusinEl xito, con frecuencia mal entendido, de Bosch y del PRD en el perodo de 1961 a 1963 se malinterpreta ms cuando se desvincula de su trayectoria formativa durante el exilio. En 1962, el PRD se enfrent a acusaciones de los sectores conservadores alegando que incitaba al antagonismo racial con su campaa de tipo populista y con sus estridentes discursos sobre la igualdad y la ciudadana integral y pluritnica. Juan Bosch, quizs inspirado en su repertorio de explicaciones culturales adquirido en Cuba, se reri a estos alegatos y aplac las tensiones raciales percibidas cuando dijo: ...en la Repblica Dominicana no deba haber ni blancos ni negros sino slo dominicanos. ...y en la Repblica Dominicana no se sufra la discriminacin racial en la medida 60 Bosch, Unnished Experiment, 31, 41 y 100-107. Mioln, El perred, 225-238 y 266-268. Ian Bell, The Dominican Republic (Boulder: Westview Press, 1981), 222-223. Piero Gleijeses, The Dominican Crisis: The 1965 Constitutionalist Revolt and American Intervention (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1978), 86. Los resultados electorales, en Jimnez, ed., Cmo fu el gobierno de Juan Bosch?, 29-35. Bosch promete defender la libertad hemisfrica, La Nacin, 27 de febrero, 1963, 1. Ejecutivo lee discurso tras su juramentacin, El Caribe, 28 de febrero, 1963, 10.

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138en que se sufre en otras tierras....61 Aleg solo estar informando a las masas sobre las divisiones sociales y las injusticias que necesitaban recticacin: Era mi deber hacerlo, para provecho de las grandes masas dominicanas del pas, pues sobre la injusticia, la explotacin, la ignorancia y el abuso no puede edicarse ni mantenerse una Repblica de hombres y mujeres libres.62 Al PRD recibir acusaciones de que estaban fomentando suras raciales en la sociedad dominicana, Bosch utiliz el lenguaje ms incluyente posible para crear unidad social siguiendo las pautas de los lderes independentistas cubanos que haban dado a los dominicanos exiliados una rica cantidad de posturas culturales. T al como dcadas antes los independentistas cubanos haban alegado que su lucha contra Espaa haba creado un nuevo paradigma de inclusin y unidad social entre los cubanos, los ex-exiliados dijeron que las batallas en contra de T rujillo, y la creacin de estos sentimientos en contextos transculturales en el extranjero, haba creado dentro de ellos una visin de una nacin dominicana ms unicada y egalitaria, tal vez incluso reejada en parte en la realidad.63Bosch y el PRD heredaron innumerables obstculos, y a pesar de que fueron derrocados en un golpe de estado reaccionario de derecha, en septiembre del 1963, la cultura cvica dominicana ya haba sido transformada.64 La mayora, marginalizada anteriormente, fue inspirada por la apertura democrtica y los principios del PRD, y continu luchando por la igualdad de derechos, la justicia social, la ciudadana inclusiva y las reformas econmicas, a pesar de la renovacin de la opresin y 61 Bosch, Unnished Experiment, 87.62 Bosch, Unnished Experiment, 87.63 Caroline Levander, Confederate Cuba, en Sandhya Rajendra Shukla y Heidi T insman, eds., Imagining Our Americas: Toward a Transnational Frame (Durham: Duke University Press, 2007), 96.64 Frank Moya Pons, The Dominican Republic: A National History (Princeton: Markus Wiener, 1998), 381-387. Bosch, Unnished Experiment, 7-10 y 51-52. Mioln, El perred, 225-238. Peter H. Smith, Talons of the Eagle: Dynamics of U.S.-Latin American Relations (Nueva York: Oxford University Press, 1996), 117-142. Bosch hizo una analoga sobre ser gobernante del pas, diciendo: Nos hemos casado con una viuda tuberculosa que tiene cncer y 17 hijos, entre los cuales el ms sano es raqutico y tiene una pierna rota; ver T ad Szulc, After T rujillo, a Reformer with a Mission, New York Times, 8 de septiembre, 1963, SM30 y SM114. Ironicamente, uno de los bastiones de crtica ms acrrimo anti-PRD fue el de varios cientos de exiliados cubanos en Santo Domingo, quienes erroneamente asociaron al PRD con Castro; ver Frank Moya Pons, Manual de historia dominicana (Santo Domingo).

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139violencia por los neo-trujillistas contrarrestantes. El inuyente proyecto de nacin y de identidad de los dominicanos exiliados repatriados, totalmente madurado por las fuerzas transculturales del exilio en las dcadas precedentes, se convirti en la fuerza progresiva socialdemcrata contrarrestante predominante de la Repblica Dominicana. Los contextos transnacionales y los procesos transculturales transformaron las identidades raciales y tnicas de los dominicanos exiliados durante el nacimiento de la izquierda dominicana. La nacin dominicana en evolucin revel un lugar especico, el del exilio, como decisivo para el proyecto de nacin. El exilio a menudo se estudia de una manera que enfatiza las discontinuidades con la patria. Debera ser examinado, ms bien, como un lugar donde se construyen comunidades imaginarias transnacionalmente con el objetivo de entender la desarticulacin y la reconversin de los pueblos o naciones que existen durante los procesos de exilio y repatriacin. Este lente analtico, aplicado a estudios de casos similares en Amrica Latina y en otras partes del mundo, promete revelar ms sobre la permutacin de las identidades del exilio, transnacionales y transculturales.

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bt fDeclaracin sobre poblacin y consumo tt b

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142IAP La Red Mundial de Academias de CienciaSummaryIAP Statement on Population and Consumption The IAP, the Global Network of Science Academies, sounds the alarm with regard to the uncontrolled and excessive use of natural resources by prosperous countries and sectors in detriment of the great majority, that is, of poor countries and sectors. It exhorts world leaders to implement controls to avoid the eminent exhaustion of resources. ResumenDeclaracin de la IAP sobre poblacin y consumo La IAP (la Red Mundial de las Academias de Ciencia) suena la alarma sobre el uso descontrolado y excesivo de recursos naturales por pases y sectores pudientes en detrimento de la gran mayora, o sea de pases y sectores pobres. Exhorta a los lderes mundiales a implementar contro les para evitar el agotamiento eminente de los recursos.

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143Las academias de ciencia del mundo, a travs de la IAP, han publicado declaraciones conjuntas en los ltimos 20 aos solicitando a gobiernos y entidades internacionales que acten de manera decisiva en relacin a la poblacin,2 el consumo y el desarrollo sostenible.3 Aunque se ha progresado en algunas reas, el reto de encontrar un camino hacia las sostenibilidad mundial no se ha superado y las consecuencias del fracaso son ahora ms claras y cada vez ms apremiantes. Al irse preparando los legisladores para la Cumbre de la T ierra de Ro+20, la IAP reexamina estos importantes temas, y de nuevo pide accin internacional urgente y coordinada para abordar estos grandes retos para la humanidad.4El aumento en el crecimiento demogrco y el consumo insostenible en conjunto, representan dos de los mayores desafos que enfrenta el mundo. La poblacin mundial se encuentra actualmente cerca de los 7 mil millones, y la mayora de las proyecciones sugieren que probablemente se encuentre entre los 8 y 11 mil millones para el 2050. La mayor parte de este incremento en la poblacin ocurrir en los pases de bajos ingresos. El consumo mundial est al nivel ms alto de la historia, debido en gran parte al alto consumo per cpita de los pases desarrollados. Al mismo tiempo, 1.3 mil millones de personas continan en un estado de pobreza absoluta, incapaces de cubrir sus necesidades bsicas. 2 Declaracin de la IAP sobre el Crecimiento demogrco (1994) http://www.interacademies. net/10878/13940.aspx.3 Declaracin de la IAP sobre la Transicin a la sostenibilidad (2000), http://www.interacademies.net/10878/13933.aspx.4 Ver tambin la R oyal S ociety (2012), People and the Planet (Londres: R oyal S ociety), junio.

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144La poblacin y los patrones de consumo deben ser de gran preocupacin para los legisladores, por las siguientes razones: los recursos naturales y la habilidad de la tierra para poder proveer, de forma sostenible, el alimento, agua, energa y otros recursos requeridos por sus habitantes. Los patrones actuales de consumo, especialmente en los pases de altos ingresos, estn socavando el capital natural a velocidades que estn causando daos severos a los intereses de las generaciones futuras. reunin de procesos que determinan el desarrollo econmico y social de un pas. El crecimiento demogrco rpido puede ser un obstculo para la mejora del nivel de vida en los pases pobres, la eliminacin de la pobreza y la reduccin de la inequidad de gnero. Si existen las condiciones adecuadas, las medidas que a la vez reducen las tasas de fertilidad y respetan los derechos humanos pueden estimular y facilitar el desarrollo econmico, mejorar los niveles de salud y de vida, e incrementar la estabilidad poltica y social, al igual que la seguridad. ocurrir como resultado de la disminucin de las tasas de natalidad y mortalidad, y pueden tener importantes ramicaciones sociales, econmicas y, potencialmente, de carcter medioambiental. El envejecimiento de los habitantes de los pases de altos ingresos, de aquellos en muchos de los de ingresos medios y de aquellos en algunos de los de bajos ingresos, est ocurriendo a tasas sin precedentes en la historia, mientras que en algunos de los otros pases de bajos ingresos, la proporcin de nios y adolescentes es muy alta. tos de personas (por ejemplo, del campo a las ciudades o entre pases). Para el 2050, se espera que el 70% de la poblacin mundial viva en ciudades, causando retos signicantes en la planicacin y logstica urbanas. Aunque la migracin y la ur banizacin pueden ofrecer oportunidades para el desarrollo econmico y social, al igual que lograr el uso eciente de los

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145recursos, si estas son inesperadas y sin planicacin pueden ser perjudiciales de manera econmica y poltica y causar serios impactos medioambientales. cialmente en los pases de altos ingresos, con el nmero de personas sobre el planeta, afecta directamente la capacidad de la tierra de sustentar su biodiversidad natural.tLa poblacin y el consumo son la clave del desarrollo sostenible y de los esfuerzos para encaminar el mundo hacia el uso sostenible de sus recursos naturales. Ambos son temas poltica y ticamente sensibles, pero, por esta razn, es imprescindible no dejar que los legisladores los dejen caer en el olvido. El mundo necesita adoptar un enfoque racional, y basado en evidencia, que aborde los problemas causados por el crecimiento demogrco y los patrones de consumo insostenibles. Pero este enfoque debe respetar los derechos humanos y las aspiraciones legtimas de las personas y pases de bajos ingresos, de querer mejorar sus niveles de vida y de bienestar. Las academias de ciencia de la IAP recomiendan que los legisladores y los encargados de tomar decisiones a nivel nacional e internacional, pongan en prctica medidas que: en todas las polticas, incluyendo aquellas relacionadas a la reduccin de la pobreza y el desarrollo econmico, la gerencia global, la educacin, la salud, la equidad de gnero, la biodiversidad y el medio ambiente. can los tipos de consumo dainos y se desarrollen alternativas sostenibles. Es crticamente necesario adoptar medidas en los pases con los ingresos ms altos. Es tambin urgente que hayan opciones disponibles y que estas sean puestas en prctica en los pases menos desarrollados, con el propsito de que salgan de la pobreza, incrementen su salud y bienestar y protejan sus propios recursos medioambientales.

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146 Fomenten estrategias de desarrollo que ayuden a reducir el crecimiento demogrco. Los programas que promueven la educacin, sobre todo de las mujeres y nias, deberan ser parte fundamental de estas estrategias. salud reproductiva y planicacin familiar. Esto requiere de gran cantidad de recursos adicionales y de atencin poltica por parte de los gobiernos y de los donantes internacionales. cometidos en el pasado por los que ahora son pases desarrollados, sino que permitan que los pases de bajos ingresos salten directamente a patrones de consumo sostenibles. adas para incrementar el bienestar humano y a la vez reducir sus impactos medioambientales. expectativas y mejoren la calidad de vida de las personas mayores, para crear nuevas oportunidades para que continen contribuyendo a la sociedad. econmicos y sociales de la migracin, tanto para los pases originarios como para los receptores. tar la urbanizacin, y desarrollen e implementen polticas de planeamiento urbano que tomen en cuenta las necesidades de consumo y las tendencias demogrcas mientras que, al mismo tiempo, aprovechen los benecios potenciales de la vida urbana en materia econmica, social y medioambiental. den prioridad a la investigacin en ciencias naturales y sociales que proporcionarn soluciones innovadoras a los retos de la sostenibilidad.

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147fLa meta comn de la Red Mundial de Academias de Ciencia contina siendo mejorar la calidad de vida para todos, tanto en las generaciones actuales como en las futuras, y particularmente ayudar a construir la base de conocimiento necesaria para poder realizar estos objetivos. Las decisiones que se tomen sobre la poblacin y el uso de los recur sos en los prximos cincuenta aos, tendrn efectos que durarn siglos. Hay una amplia gama de futuros posibles. Si actuamos ahora, es razonable imaginarse trayectorias en las cuales el crecimiento demogrco se detiene, el consumo se convierte en sustentable, el cambio mundial provocado por los humanos se mantiene dentro de lmites manejables, y el bienestar humano incrementa. Pero si no actuamos ahora, estaremos enlados hacia futuros alternativos con implicaciones severas y potencialmente catastrcas para el bienestar humano. Mientras ms larga la demora, ms radicales y difciles sern las medidas necesarias. A todos nos corresponde algo: a los individuos, a las organizaciones no gubernamentales y a los sectores pblicos y privados en conjunto. Es fundamental que los legisladores nacionales e internacionales, actuando de forma individual y colectiva, tomen accin inmediata para abordar estos temas difciles pero vitalmente importantes.Firmado por la IAP La Red Mundial de Academias de Ciencia Junio 2012IAP La Red Mundial de Academias de Ciencia actualmente tiene una membresa de 105 academias de ciencia de alrededor del mundo. Estas incluyen academias/instituciones nacionales al igual que agrupaciones regionales/mundiales de cientcos. Para ms informacin, ver el Directorio de la IAP en: http://www.interacademies.net.

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rrEl patrimonio oral e intangible de Repblica Dominicana JOS G. GUERRERO es licenciado en Historia. Director del Instituto Dominicano de Investigaciones Antropolgicas (INDIA) de la Universidad Autnoma de Santo Domingo (UASD), y Miembro de Nmero de la Academia de Ciencias.

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150Jos G. GuerreroSummaryThe Oral and Intangible Patrimony of the Dominican Republic The Dominican Republic has two cultur al expressions that have been declared by UNESCO as Oral and Intangible Heritage of Humanity: the Brotherhood of Villa Mellas Congos of the Holy Spirit (2001) and the Dancing Theatre of the Cocolos of S an Pedro de Macors (2005). The author coordinated the projects for the audio and video documentation of these expressions for the Ministry of Culture. Both encompass mu sical, ritual, and sociocultural complexes which the author approaches historically and anthropologically. ResumenEl patrimonio oral e intangible de Repblica Dominicana La Repblica Dominicana tiene dos expresiones culturales declaradas por la UNESCO Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad: la Cofrada Congos del Espritu Santo de Villa Mella (2001) y el Teatro Danzante de los Cocolos de San Pedro de Macors (2005). El autor coordin los proyectos para la grabacin y difusin de las msicas de dichas expresiones por la Secretara de Estado de Cultura. Ambos conjugan complejos musicales, rituales y socioculturales, los cuales enfoca el autor histrica y antropolgicamente.

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151La Repblica Dominicana tiene dos expresiones culturales declaradas por la UNESCO1 Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad: la Cofrada del Espritu Santo de Villa Mella, propuesto como La Cofrada de los Congos del Espritu Santo de Villa Mella (SEC 2000), y lo que denominamos El Teatro Danzante de los Cocolos de San Pedro de Macors (SEC 2004). Ambas conjugan complejos rituales, musicales y sociales en los que la msica presenta cuatro aspectos: oral, bailable, sagrada y popular. Coordin los proyectos para documentar estos dos complejos culturales, cuyos resultados eran la grabacin de sus msicas y expresiones visuales, difundidos por la entonces Secretara de Estado de Cultura. En este ensayo trato la relacin entre msica y cultura en un contexto histrico-antropolgico. Repblica Dominicana es el nico pas que tiene dos expresiones culturales reconocidas por la UNESCO, debido al hecho de que registra la mayor diversidad y mezcla racial y cultural de todo El Caribe, desde la prehistoria y la historia colonial. A mbas expresiones tienen un sustrato social, musical y religioso afroamericano, aunque de fuentes diferentes. La primera es producto sincrtico del catolicismo popular, y la segunda deriva de la religin protestante y de migrantes ingleses de las Antillas Menores. La africana es evidente en la primera por el nombre congos de su msica y tambores, y los conceptos y expresiones rituales de sus rituales funerarios, y en la segunda por su mote cocolo, su relacin con la Iglesia Africana Metodista Episcopal (AME) entre otras, y el movimiento poltico Back to Africa, de Marcus Garvey,2 que tena una sucursal en San Pedro de Macors (Guerrero 2006). 1 UNESCO es la entidad de la Organizacin de las Naciones Unidas para la Educacin, la Ciencia y la Cultura.2 (1887-1940) fue un editor, periodista y empresario jamaicano quien fund la Asociacin Universal para la Mejora del Hombre Negro (UNIA, por las siglas en ingls).

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152Sus msicas, grabadas en estudio y reproducidas en CD (vase SEC 2004 op. cit.) enriquecen el archivo de la etnomusicologa dominicana iniciado por Coopersmith (1949), Edna Garrido (1955), John Storm Roberts (1972) y otros investigadores nacionales e internacionales. ttftLa presentacin de ambas candidaturas se realiz en medio de una transicin poltica y nuevas autoridades culturales. La de la Cofrada del Espritu Santo fue ms complicada porque cuando llegamos a la subdireccin del Museo del Hombre Dominicano, se haba cumplido el tiempo de entrega del expediente exigido por la UNESCO un documento descriptivo, un video, un CD musical, fotografas e instrumentos musicales, y no se tena experiencia por ser algo novedoso a nivel mundial. Hasta ese entonces los patrimonios evaluados por la UNESCO eran monumentales y naturales. El primer problema era decidir cul expresin deba escogerse. Por asunto de logstica, deba estar cerca de Santo Domingo y haber sido investigada por algn antroplogo, historiador o socilogo. La tesis de Carlos Hernndez Soto titulada Ritos funerarios en la Villa Mella tradicional: descripcin e interpretacin, presentada para la licenciatura en antropologa (1995) y publicada como Morir en Villa Mella: Ritos funerarios afrodominicanos (1996), inuy mucho en la seleccin como candidatura de la Cofrada del Espritu Santo de Villa Mella por aportar una bibliografa, documentacin por trabajo de campo, transcripciones musicales, y su marco terico sobre los rituales funerarios como smbolos sociales.ttttttLa Cofrada del Espritu Santo de Villa Mella, propuesta como La Cofrada de los Congos del Espritu Santo de Villa Mella, constituye una de las expresiones socioculturales de mayor trascendencia y singularidad en el Pas. No slo posee un enorme valor en la cultura tradicional y popular, sino que tambin est arraigada a la historia, la geografa y la cultura y, muy especialmente, a la comunidad de Mata Los Indios, Villa Mella, y otras localidades en la Gran Sabana del Espritu Santo,

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153la cual cubre como medialuna el norte-oeste de la ciudad de Santo Domingo. La cofrada es una hermandad o confraternidad cuyos miembros estn ligados al culto del Espritu Santo, y entre s con lazos de parentesco familiar y espiritual de forma inclusiva. Se organiza jerrquicamente y sus funciones se transmiten por herencia familiar bilineal, paterna y materna. Sigue los esquemas de las jerarquas europeas y africanas con un rey, un capitn y un cortejo de cfrades. Un conjunto de msicos, hombres y mujeres, tocan instrumentos llamados congos un congo mayor y un conguito adems de una canota y varias maracas sencillas. Se arma que su repertorio musical consta de veintin toques o piezas. El conjunto de los congos, los instrumentos que representan la voz del santo patrn de la Cofrada del Espritu Santo de Villa Mella. Aqu, los nietos de Sixto Miniel, capitn (director de los congos de la cofrada), se encargan de tocar antes sencillas tocadas por las mujeres respondones (o sea, que cantan el coro). (Foto: Mata Los Indios, Villa Mella; M. E. Davis 2006).

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154La funcin socio-religiosa de la cofrada es doble: celebrar las estas del Espritu Santo y de la Virgen del Rosario, y, segundo, realizar ceremonias funerarias de los difuntos ligados a la tradicin (el ltimo da de la novena llamada el rezo, el cabo de ao y el cabo de ao a varios aos, llamado el banco). Aparte de esta funcin, para los cfrades toda cofrada funcionaba como poder subalterno y complementario de la Iglesia y el Estado. No slo precisaba de alguna licencia ocial para existir, sino que tambin vigilaba y controlaba a sus miembros y a sus comunidades. Por eso, sus rasgos sincrticos afro-dominicanos, aunque se alejan del patrn formal dominante, han subsistido en el tiempo. (Vase el captulo Religin, esclavitud y sincretismo en mi libro sobre la Cofrada del Espritu Santo de Cotu [Guerrero 2005:135-243]). Las normas y valores de la Cofrada de Villa Mella se transmiten oralmente y de generacin a generacin, mediante un complejo ritual y un sistema familiar y parentesco religioso. La Cofrada abriga un valioso patrimonio inmaterial relativo a msica, canciones, danza, organologa, ritos funerarios, oraciones, parafernalia, adornos, espacios comunitarios, comida, bebida, lengua y habla, oralidad, tcnicas constructivas de instrumentos e indumentaria. El sistema de ayuda mutua la convierte en una institucin muy ecaz de integracin y de poder sociocultural. Desarrolla su accin en parte en el rea geocultural de la antigua Sabana Grande del Espritu Santo, designado como Villa Mella desde 1888, la cual incluye ese municipio, Sabana Perdida, Arroyo Hondo viejo, Arroyo Manzano, La Isabela, La Victoria, Sierra Prieta y los Botaos de Yamas, as como sectores urbanos de Los Mina, Mendoza y Mandinga. La cofrada afrodominicana como fenmeno tiene una larga historia, aunque son escasos los documentos histricos al respecto. Cofradas del Espritu Santo hubo en Cotu a partir de 1531-1533 y tambin en Ban en el siglo XVIII (Guerrero op. cit. 2005). El Cdigo Negro Carolino prohibi en 1784 el banco, ceremonia funeraria de los negros Minas y Carabales, al parecer la misma con la cual la cofrada de marras despide a sus difuntos en el quinto o sptimo ao de su muerte. Un estimado de la genealoga familiar del eje de la Cofrada en Villa Mella, ubicado en de el paraje Mata los Indios (Seccin San

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155Felipe), la hace remontar a 1850. Otras cofradas y festividades del Espritu Santo existen en Cotu, San Juan de la Maguana, Santa Mara de San Cristbal y Las Matas de Farfn. En algunas partes se confunde con el culto a San Juan Bautista. A la Cofrada de Villa Mella, instrumentos, canciones y estas, se le atribuyen un origen mtico: el mismo Espritu Santo se habra aparecido con los instrumentos y la orden de celebrar su festividad cerca de la iglesia de Villa Mella, dentro de la cual, desde 1926, se haca una danza ritual (Fradique Lizardo 1975:104). Algunos de sus miembros le achacan vagamente un pasado africano y la relacionan con negros cimarrones, pero podra tratarse de una contaminacin etnogrca, o sea, aprendida de investigadores que la visitan y describen desde 1921. El momento sagrado se desdobla por sincretismo en rituales de la Iglesia Catlica y los propios en la comunidad. T ambin las mismas msicas excepto las del cumb, que despiden al difunto en la ceremonia del banco pueden tocarse en ambientes festivos y especcos como veladas, estas de santos, patronales o por encargo particular. En la esta a la Virgen de la Altagracia tambin se tocan pripr, serenatas y s alves, msicas y cantos de tradicin oral. Despus de su proclamacin, la Cofrada participa a menudo en festivales de msica popular, de turismo y eventos de cultura nacional o internacional. Recientemente, Edis Snchez ha estudiado los materiales, procesos y tcnicas de construccin de los instrumentos musicales tradicionales de Mata Los Indios, adems de Los Morenos3 (Seccin San Felipe), Villa Mella (Snchez 2012). tftEn los das 25-26 de noviembre del 2000, como parte del expediente exigido por la UNESCO, se grab un CD con la msica de la Cofrada en el estudio Stereolab, mezclada por el Ingeniero de Sonido Marino 3 Sede de otra cofrada afrodominicana dedicada a la Virgen de los Dolores (La Dolorita) que toca los Palos o tambores largos en vez de los Congos. Se trata de un enclave cuya msica tradicional es la de la regin en general que est dentro de otro enclave ms grande, el de la Cofrada del Espritu Santo, que toca los Congos. Ed.

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156Pea, con la produccin ejecutiva de un equipo del Museo del Hombre Dominicano, compuesto por m, Carlos Andjar, Juan Rodrguez y Edis Snchez, quien realiz la produccin musical y la transcripcin de letras. del gnero de la cultura expresiva dominicana como Patrimonio Oral en Intangible de la Humanidad por la UNESCO en 2001, por gestin de Jos G. Guerrero.De los 10 msicos Sixto Minier, Flix Minier, Francisco Nolasco, Vitalina Nolasco, Victoriano Fortunato, Catalina Vinicio, Cleto Nez, Roberto Ferrand, Agustn Ferrand Gonzlez, Rubn Santos de Paula Minier, dos tocaron el congo mayor, el conguito y la canota, siete las maracas; tres de ellos asumieron el papel de solista y ocho formaron el coro. Grabaron trece piezas:

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157 1. Bembe yagua4 inicia todas las ceremonias. 2. Palo mayor se reere al tronco familiar y al Congo mayor que despide al difunto. 3. Camino Real trayecto del difunto al Ms all. 4. Calunga la pieza ms sagrada del repertorio, que se reere al dios de los muertos en Congo-Angola; se canta al nal de cada tercio, de los tres en que se divide una funcin Congo. 5. Memnungu dedicado al Espritu Santo. 6. Juan Polo dedicado a una persona 7. Lambe lo reo se canta despus de haber comido y se alaba a la cocinera. 8. Yaguacila ton (tonada) de nombre desconocido; despide al difunto que est solo, sin padre ni madre. 9. Juana Priy dedicada a persona de ese nombre. 10. Lo gallose reere a los gallos que sealan el nal de la noche y la hora de la despedida. 11. Oh, Vicente se reere al ancestro o tronco mayor. 12. Treme la botella beber en honor del difunto. 13. Pembuchamalin se reere al descanso eterno del difunto. En la grabacin, los cfrades no completaron las veintiuna canciones o toques que comnmente se citan como su repertorio.5 Este nmero mgico europeo coincide con el de las Veintiuna Divisiones de deidades del vod dominicano, en el cual tampoco se identica tal nmero de deidades. Carlos Hernndez Soto (1996:179-187) public un total de veintiseis letras o toques musicales, de los cuales cuatro introducen a los ritos (Bembe yagua, Palo mayor, Camino Real y Calunga), cuatro se tocan durante el cumb ( Cantaron lo gallo, Oh, 4 Vocablos no espaoles anotados fonticamente; podran haber errores en transmisin y en anotacin. Por ejemplo nosotros conocemos la ltima pieza como Pembu yamanil. Vase Megenney, William, frica en Santo Domingo: Su herencia lingstica. Santo Domingo. Editorial T iempo, 1990, sobre africanismos en el espaol dominicano, en que autor us mi catlogo de grabaciones de Villa Mella adems de hacer trabajo de campo. Ed.5 La directora de otro grupo musical de la Cofrada de Villa Mella, vinculado ms con la contraparte en La Victoria, pudo dictarme una lista de los veintiuno. Ed.

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158Vicente, Traigan la botella y Pembu chamalin) y los dems se interpretan indistintamente. De igual modo, las trece piezas grabadas se ordenaron en tres grupos: las introductorias, las que se interpretan sin orden denido y las tocadas de manera obligatoria en el cumb al nal del evento ritual. Los nmeros 2, 3 y 4 se tocan a los difuntos de la Cofrada, durante el velatorio, el traslado del cortejo y en el cementerio. Los nmeros 10, 11, 12 y 13 del cumb se tocan rigurosamente en este mismo orden y tres veces al nal de la funcin. Edis Snchez advierte que en el cumb se cambia el ritmo pasando de 2 por 4 a 3 por 4 (SEC 2000). Generalmente, la msica popular bailable del Caribe y Amrica se toca en 2 por 4 y la ms africanizada, en 3 por 4 (vase Prez Fernndez ). Existe una tesis que plantea que la msica africana se hizo caribea con la binarizacin europea de los ritmos ternarios africanos (Prez Fernndez 1986). Muchos conjuntos de msica popular latinoamericana tocan en 2 por 4 y cambian a 3 por 4 cuando improvisan. E n el estudio de grabacin, los msicos mezclaron o alargaron algunas letras, y la msica no logr el clmax tpico de la celebracin tradicional. El propio capitn Sixto Minier reconoci que los toques sufrieron cambios a travs del tiempo (Hernndez Soto 2000:8). Adems, el solista puede improvisar haciendo cambiar la meloda segn la inspiracin de los presentes. Las grabaciones en estudio sea en audio o vdeo, as como las presentaciones de expresiones locales en sitios pblicos al margen de su contexto, permiten la salvaguardia y comparten la informacin con el gran pblico. Pero producen cierta alteracin que afecta su originalidad. El peligro es que la expresin folklrica se convierta en espectculo urbano. Se sabe que las grabaciones audiovisuales realizadas con rigor etnomusicolgico deben hacerse in situ pendiente un trabajo siguiendo estos cnones. Las msicas y letras de la Cofrada despiden al cofrade difunto en el ritual funerario sagrado, aunque tambin algunas de las mismas alegran eventos festivos populares. Como advirti Fradique Lizardo (1975:108), usan fonemas africanos y del crole como al, mal, bembe, koko, calunga, memnungu, priy, pembu chalamin, bngala, kimand, kikond, magelo, entre otros. En muchas piezas, una primera persona

PAGE 160

159anuncia su muerte reiterando frases como me voy, adi mi agelito; ja la hora: al amanecer, despus que canten lo gallo. Se marcha a pie o a caballo, por el Camino Real de la muerte y con msica de palos o congos. Llama o se despide de personas como Juana Polo, Juana Veloz, Colin, Yacabelo, Felenina, Moreno Graciano, Yaguacila, Juana Pembu, Antonio Bngala, Coron, Vicente. Solicita el consuelo y compaa de la Virgen Mara, San Jos, la Altagracia y el Espritu Santo. Para la despedida solitaria me voyno me diga adi, me voy solito--; solicita ropa, comida, bebida y caf. No falta el recuerdo del amor de una mujer -- Priy, Lolita, la enamor, morena, india; no me llame ma-y el agradecimiento a la cocinera por la comida: rompe lo palo, morena; chupa tu hueso, manteca (Ver Hernndez 1996; Hernndez y Snchez 1997; SEC 2000). La msica de los congos y de los palos son diferentes, pero comparten cierta base comn. Congos y palos son msicas diferentes con el mismo baile (Lizardo 1975:105). Los msicos de los congos suelen llamarse paleros puesto que al congo mayor le llaman palo mayor. El difunto es despedido por los congos, en la pieza congo Palo mayor, con las palabras me voyno me diga adi. T ambin, en los palos se toca un palo de muerto. En la sarandunga alguien se despide con: Yo vengo de muy lejos; dame la mano, me voy (T ejeda 2010:11), y en Cotu la Cofrada del Espritu Santo toca un palo banquiao (Guerrero 2005). Es importante la identicacin que hace Hernndez Soto de Calunga, divinidad del Congo-Angola, del mar y de la muerte (Hoy-EFE 2010:2c) que acompaa al difunto despedido, con el Espritu Santo catlico, como la mueca carnavalesca de Brasil del mismo nombre y la mueca-botella con rostro indenido que la cofrada coloca en el altar y a la que dedica su pieza ms sagrada (1995:50,105,114; Hernndez Soto y Snchez 1997:302). En Santo Domingo, tambin se colocan muecas en altares vud, en tumbas de muertos y en el bonete de vehculos de transporte pblico. La despedida nal del muerto se hace con Traigan la botella; y en la anterior Oh, Vicente, el muerto se despide con tu magelo, lo que parece aludir a guele (boca) y semnticamente a boucher (embotellado). Son muchos los elementos culturales internos y externos de la cofrada de los Congos que ameritan estudios sistemticos, sobre todo

PAGE 161

160porque la expresin est siendo afectada por factores que ponen en peligro su integracin y continuidad, incluyendo conictos internos, cambio cultural y generacional, y prejuicios. La noticia de la seleccin por la UNESCO fue recibida de manera positiva por la comunidad y las instituciones culturales, pero tambin con cierto prejuicio. Un destacado comunicador critic que se escogiera una expresin haitiana y no dominicana, por la que la llam cong en vez de congo; cong suele llamarse a los haitianos recin migrados al Pas, que an no hablan espaol. Hasta el momento, el Ministerio de Cultura no ha logrado aportar los estudios y proyectos necesarios para su preservacin.t t El Teatro Danzante Cocolo de San Pedro de Macors, otra expresin cultural dominicana, fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 2005. La presentacin inicial de su candidatura se hizo durante la transicin poltica de 2004, aunque la denitiva se hizo posteriormente. En diciembre de 2002, un proyecto nuestro titulado Guloyas Coming recibi el premio Ford Motors Company en Conservacin y Educacin de la Herencia Cultural, el cual me permiti recopilar la bibliografa sobre el tema, producir un video, implementar el programa Good morning, guavaberry con la recreacin de su ms importante drama danzado llamado David and Goliat y la grabacin de un CD con su msica. Antes de describir esta produccin musical es necesario conocer el contexto cultural de los llamados cocolos de San Pedro de Macors, mote despectivo con el cual los dominicanos denominaban a los braceros de las islas inglesas del Caribe que vinieron a trabajar en los ingenios azucareros a partir del 1880. La palabra es de origen africano y apareci en el siglo XVI en Santo Domingo. Se us contra los haitianos a mediados del siglo XIX y contra los barloventinos a partir de 1890. La integracin socio-laboral de los cocolos a la cultura dominicana a partir del 1940, permiti una acepcin neutral o menos despectiva, tal como se usa en la actualidad. Despus de la independencia y la abolicin de la esclavitud de las colonias del Caribe, el desarrollo de la industria azucarera demand la

PAGE 162

161importacin de mano de obra extranjera de las islas inglesas, danesas, holandesas y francesas, adems de Hait. A partir de 1884, cuando los dominicanos se negaron aceptar las condiciones de vida y salariales de los ingenios, comenzaron a llegar los primeros cocolos, en su mayora desde Saint Kitts y Nevis, Antigua y otras islas, constituyendo la principal fuerza de trabajo azucarera a comienzos del siglo XX, mayormente concentrada en San Pedro de Macors y La Romana. La cultura cocola comprende una serie de valores, normas de conducta e instituciones que denen el comportamiento singular de los angloparlantes, cuyos aportes al desarrollo econmico y cultural dominicano es signicativo. Como tradicin afro-caribea integra expresiones de los descendientes de esclavos africanos y la cultura inglesa colonial. La africana se expresa en sus rasgos fsicos, apelativo cocolo, pensamiento mgico, culinaria, juegos, msica y danza, en tanto que la cultura inglesa se maniesta en la lengua, la religin, los valores y el teatro bblico. Al principio los cocolos se mantuvieron separados de la cultura dominicana por elementos contrastantes: eran negros protestantes que hablaban ingls en un pas catlico de hablaba espaola. Posteriormente, se registr una integracin racial y cultural con la raza y cultura dominicanas, aunque en grados variables. T res instituciones bsicas fundamentan su cultura: iglesias, logias y escuelas. La religin cocola es predominantemente cristiana protestante y sus iglesias son la Episcopal Dominicana, vigente desde 1897, Moraviana, Africana Metodista Episcopal, Adventista del Sptimo Da y la Pentecostal. Los cocolos asistan a logias y sociedades mutualistas para socorro mutuo. La educacin funcionaba a nivel escolar y del hogar. La educacin era, al principio, en ingls, y luego incluy espaol, lo que jug un papel positivo en la integracin cultural. Otros dos aspectos caractersticos de la cultura cocola son deportes y culinaria. Al principio practicaban cricket, deporte favorito ingls, boxeo y atletismo. Posteriormente, se dedicaron a jugar bisbol en el cual han descollado a nivel de Grandes Ligas. En cuanto a la culinaria, el cocolo prepara una serie de platos con harina de maz y pescados, muy caractersticos, como son el fung, domplines6 con bacalao, tortas y panes, sopa de habichuelas y el famoso guavaberry, una bebida local. 6 Pronunciacin en espaol de dumplings o bollos de harina de trigo.

PAGE 163

162Los cocolos fueron pioneros en el pas en la lucha sindical y la reivindicacin de la africanidad. El movimiento de Marcus Garvey, ya mencionado, el lder jamaiquino del panafricanismo y pionero de la lucha por los derechos de los negros en El Caribe, tuvo varias sedes en la Repblica Dominicana, la ms importante de las cuales estaba en San Pedro de Macors y era llamada Black Star Line. Esta institucin se encargaba de eventos sociales, pero tambin serva para la organizacin de las luchas polticas y gremiales. Famosa fue una marcha realizada en 1921, en pleno gobierno militar norteamericano, en protesta contra el vicecnsul ingls, acto considerado peligroso, por lo que el movimiento fue perseguido, aunque no dej de tener una inuencia de manera clandestina en las organizaciones cocolas. Los cocolos desarrollaron un arte dramtico, bailes y msica en sus estas religiosas y sus diversiones populares, especialmente durante las Navidades del 25 de diciembre hasta el 1 de enero. En ese tiempo recreaban en las calles dramas, veladas y danzas sincrticas con msica y personajes de origen africano y argumentos y leyendas inglesas, muchas de las cuales extradas de la Biblia. Estos dramas tenan tres objetivos: educar, divertir y promover la identidad cultural cocola. Los diversos dramas visten trajes coloridos, adornos, fuetes y mscaras. El conjunto instrumental est formado por bombo, redoblante, auta y tringulo. La msica es parte esencial de los dramas y celebraciones festivas y gana relevancia en el contrapunteo y la improvisacin entre los instrumentos, sobre todo entre la auta y el redoblante. Los principales temas del teatro danzante, llamado genricamente Mummies7 o Guloyas,8 muchos actualmente desaparecidos, son: David y Goliat, The Bulls, Three Jumbies,9 Mummies propiamente dicho, Mascarades o Peacock Fighters y Wild Indians, entre otros. Los dramas se realizaban en ingls, no slo por tradicin sino para que los mensajes no pudieran ser descifrados. Muchos bailarines fueron perseguidos polticamente durante la poca de T rujillo por incluir lecciones polticas consideradas crticas al rgimen. 7 Pronunciacin popular afro-ingls de mummers. Ed.8 Una corruptela de Goliath (Goliat).9 Figuras que se asocian con la muerte a nivel caribeo.Ed.

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163El aporte de los cocolos a la industria azucarera, al trabajo tcnico y profesional en varios campos, movimiento artstico-cultural, culinaria, deportes, religin, lengua, arte y dramas, forma parte ya de la diver sidad cultural dominicana, y un elemento vital para la identidad de San Pedro de Macors. Sin embargo, la muerte de la mayora de sus miembros fundadores, la prdida del ingls como idioma principal y de sus tradiciones, colocan a la expresin en peligro de extincin o de adulteracin. En el 2003, con la asesora del artista cocolo Nadal Walcot, pude rescatar el drama danzado David y Goliat 10 el cual no se presentaba desde 1956. 10 La obra fue un derivado de la obra de teatro The Peace Egg: A Christmas Mumming Play de J. H. Ewing, publicada en Aunt Judys Magazine [New Series], vol. 3, pgs. 155-173, 1884. Ed. El Teatro Popular Danzante de los Cocolos de San Pedro de Macors: los Moms la pronunciacin en espaol del trmino ingls mummers, pronunciado en ingls mummies por los ejecutantes, mayormente de ascendencia de las islas inglesas de St. Kitts y Nevis. Una manifestacin de cultura expresiva dominicana designada en 2005 por la UNESCO como Patrimo David y Goliat (David and Goliath Donald Henderson (Linda), director del grupo Los indios salvajes (Wild Indians). Salen aqu el da de San Pedro para hacer tradiciones britnicas y de frica occidental, igualmente como sus contrapartes entre las costumbres afro-norteamericanas ( ) del estado de Mississippi. (Foto: M. E. Davis 1976).

PAGE 165

164rtfE n el 2003, con la produccin musical de E dis S nchez, coordinamos la grabacin en Son Estudio, de un CD con 13 piezas musicales mezcladas y masterizadas de los cocolos, con las voces de Adolfo Nadal Walcot, Pedro Watley Heavy y Juan Felipe Simons y la msica de Pedro Lake (auta), James Clark Black (redoblante), Hctor Gidice (bombo) y Fernando Romen Carter (tringulo). El programa fue el siguiente: 1. Presentacin 2. Canciones navideas 3. Instrumentos musicales 4. David y Goliat 5. Indios salvajes 6. Pelea del pajuil 7. Moms 8. Vals 9. Improvisacin 10. El Buey 11. Discurso 12. Himno 13. Sermn nado con la designacin de este gnero de la cultura expresiva dominicana como Patrimonio Oral en Intangible de la Humanidad por la UNESCO en 2004, por gestin de Jos G. Guerrero, que la denomin el Teatro Popular Danzante de los Cocolos de San Pedro de Macors.Las letras se grabaron en el ingls coloquial cocolo y se tradujeron al espaol en el texto del CD. Incluyen dilogos, presentacin, lugar de origen, descripcin de la atmsfera navidea que es la temporada de mayor festividad entre el 25 de diciembre y el 1 de enero de cada ao,

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165platos culinarios tpicos, tonadas de doble sentido, malas palabras, juegos de palabras, descripcin de los instrumentos musicales, msica y letras de los dramas danzados como David and Goliat, The Peacock Fighter, Moms (Momises) y The Bull. T ambin realizaron la dramatizacin de un discurso tpico de una logia, un himno y un sermn religioso. T odas estas caractersticas sociopolticas, culturales y musicales fueron las que permitieron que la UNESCO declarara el Teatro danzante de los cocolos de San Pedro de Macors, Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.tttf ttT res tareas quedan pendientes para la salvaguardia de estas manifestaciones de los patrimonios orales e intangibles dominicanos los Congos de Villa Mella y los Cocolos de San Pedro de Macors en materia de la etnomusicologa: 1. Completar la descripcin y transcripcin de las msicas y las letras; 2. Realizar grabaciones in situ, sin edicin ni inclusin de narraciones extemporneas; y 3. Hacer un estudio etnogrco, lolgico y lingstico con base en el creole, galicismos, arcasmos, africanismos, ingls e ingls criollo, para mejor entendimiento de su msica y baile. Hernndez Soto, Carlos 2000 La cofrada de los congos de Villa Mella, Repblica Dominicana, informe anexo a la presentacin de candidatura de obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad: la Cofrada de los Congos del Espritu Santo de Villa Mella. Santo Domingo. Museo del Hombre Dominicano, Secretara de Estado de Cultura, diciembre, pgs. 1-12. 1996 Morir en Villa Mella: ritos funerarios afrodominicanos. Santo Domingo: Editorial CIASCA.

PAGE 167

166Hernndez Soto, Carlos y Snchez, Edis 1997 Los congos de Villa Mella, Repblica Dominicana. Revista de Msica Latinoamericana Vol. 18, No. 2. University of T exas Press, pgs. 297-316. Hoy-EFE 2010 Congos de Villa Mella, herencia africana en Santo Domingo, 21 de enero, pg. 2c. Lizardo, Fradique 1975 Danza y bailes folklricos dominicanos. Santo Domingo: Editora T aller. Guerrero, Jos G. 2010 Prlogo: La sarandunga de Dago, en T ejeda, Dagoberto, San Juan Bautista y la sarandunga de Ban. Santo Domingo: Editora Mediabybe, pgs. 7-11. 2006 La palabra cocolo: una africana encubierta, en UNESCO-FLACSO, La Ruta del esclavo. Santo Domingo: Editora Bho, pgs. 409-424. 2005 Cotu: villa, cofrada, carnaval y palos. Santo Domingo: Editora Universitaria. 2001 La cofrada congos del Espritu Santo de Villa Mella: patrimonio intangible de la humanidad, en De Nuestra Cultura. Santo Domingo: T eatro Nacional, junio, pgs. 29-30. 2000 Cultura y poltica en los momises de San Pedro de Macors, Boletn Museo del Hombre Dominicano, No. 28, pgs. 227-239. Prez Fernndez, Rolando Antonio 1986 The binarizacin de los ritmos ternarios africanos en Amrica Latina. La Habana: Casa de las Amricas. Premio de Musicologa. Snchez, Edis 2012 Instrumentos musicales tradicionales de la Sabana del Espritu Santo: materiales, procesos y tcnicas de construccin en tres localidades paradig-

PAGE 168

167mticas. T esis de la licenciatura en Antropologa. Santo Domingo: Universidad Autnoma de Santo Domingo. SEC-Secretara de Estado de Cultura, Museo del Hombre Dominicano. 2001 Presentacin de candidatura de obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad: la cofrada de los Congos del Espritu Santo de Villa Mella. Santo Domingo, diciembre. 2004 Solicitud de asistencia en recopilar expediente para la solicitud nacional de Guloyas Coming: El rescate de la cultura cocola en la Repblica Dominicana (Rescue of Cocolo Culture in the Dominican Republic). Santo Domingo. Junio.fGuerrero, Jos G. 2004 La palabra cocolo, Boletn Museo del Hombre Dominicano, No. 35, pgs. 17-32. Inoa, Orlando 2005 Los cocolos en la sociedad dominicana. Santo Domingo: Editorial Letra Grca. Mota Acosta, Julio Csar 1977 Los cocolos en Santo Domingo. Santo Domingo: Editorial Gaviota. Wheaton, Philip 1997 Triunfando sobre las tragedias: historia centenaria de la Iglesia Episcopal Dominicana: 1897-1997. Santo Domingo: Editorial Educativa Dominicana.

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168INFORMACIN PARA LOS AUTORESLa revista Sociales es un rgano cientco de la Academia de Ciencias de la Repblica Dominicana. Sus ocinas estn instaladas en la calle Las Damas 112, Zona Colonial, Apartado Postal 932, Santo Domingo, D.N., Repblica Dominicana. A esta direccin deben enviarse los trabajos y correspondencia, o se pueden remitir electrnicamente a sociales@academiadecienciasrd.org con la direccin fsica y electrnica del remitente, junto con sus nmeros de telfono. Los trabajos que no se ajusten a las normas de publicacin, sern devueltos a sus autores. No se devolvern los originales una vez publicados. La revista no es responsable por la prdida de material enviado. La revista Sociales acepta para ser considerados para publicacin, trabajos de todas las ciencias sociales que se enfoquen en la Repblica Dominicana o sean comparativos, que se ajusten a las normas de presentacin. Acepta artculos sobre teora y metodologa, estudios, aplicaciones, informes y reseas; se dar preferencia a estudios que son productos de meses o aos de investigacin. Deben preferiblemente ser inditos o que hayan sido actualizados. Acepta contribuciones en espaol, ingls o francs aunque se preere que sean en espaol debido al costo y trabajo para realizar y revisar las traducciones. Los rmantes de todo artculo cientco que se remita a esta revista sern considerados sus autores. Cuando exista ms de un rmante, el primer autor debe haber planeado y realizado la mayor parte de la investigacin. Sociales se reserva todos los derechos de programacin, impresin o reproduccin (copyright) total o parcial del material que se reciba, dando en todo caso el crdito correspondiente a los autores del mismo. El Consejo Editorial no se responsabiliza por el contenido y armaciones de los artculos publicados que aparezcan rmados por sus autores. f Se aceptan trabajos de extensin entre 15 y 40 pginas, incluyendo ilustraciones (mapas, cuadros, diagramas, esquemas, fotografas y otras). Los trabajos debern depositarse por triplicado, en original y dos (2) copias, escritas a dos espacios en computadora e impresos en papel 8.5 x 11 en una sola cara, con mrgenes de alrededor de 2.5 cm. y numeracin correlativa en sus pginas; el soporte de Publicacin de la Comisin de Ciencias Sociales de la Academia de Ciencias de la Repblica DominicanaSOCIALES

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169CD tambin deber ser entregado. Se aceptarn con las mismas especicaciones en versin electrnica. Los trabajos deben tener una introduccin o antecedentes del problema, precisiones metodolgicas, resultados, las conclusiones explcitas y las citas y referencias bibliogrcas correspondientes, debidamente indicadas. Al pie de la primera pgina del trabajo el autor o los autores deben consignar una frase que sintetice su disciplina, formacin y cargo actual. T odo artculo deber ser acompaado por un resumen de unas 70 palabras. Los ttulos de los trabajos deben ser breves, concisos y descriptivos, preferiblemente resumidos en no ms de 15 palabras. Cada parte del manuscrito debe ser subtitulado. T odo artculo entregado para consideracin ser evaluado annimamente por miembro(s) del Consejo Editorial u otro experto elegido por el/la directora/a de la Revista si fuese necesario. Es responsabilidad de el/la director/a aceptar o rechazar, as como recomendar cualquier modicacin a los trabajos que recibe. tt Los artculos pueden tener un estilo y secuencia libre en la forma de presentarse. Pero deben redactarse en un estilo impersonal, objetivo, claro, preciso y breve, evitando la pomposidad y el lirismo. La organizacin seguir un orden lgico, sin redundancias. Se usar como referencia el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Espaola para todo lo relacionado con ortografa, la separacin de slabas y abreviaciones. t Las ilustraciones se entregarn listas para impresin y debern estar profesionalmente confeccionadas, debidamente tituladas, numeradas y que se expliquen por s mismas. Las letras, nmeros y smbolos deben ser claros y uniformes en todas las ilustraciones. Las fotografas deben ser escaneadas en una resolucin de por lo menos 300 dpi y estar acompaadas por una hoja con los pies de fotos. Cada uno se enumerar con nmeros arbicos en forma consecutiva siguiendo el orden en que se citan por vez primera en el texto. Debe tener un ttulo breve que concuerde con el ttulo del trabajo y se explique por s mismo. Los signos o smbolos incluidos sern claramente explicados al pie de los cuadros. En el texto es recomendable citar los grcos o ilustraciones entre corchetes al nal del prrafo u oracin que hace mencin de su contenido. Ejemplo: [Cuadro 1].

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sociales academia de ciencias de la repblica dominicana N 5 2012