Revista de la Universidad de Buenos Aires

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Material Information

Title:
Revista de la Universidad de Buenos Aires
Physical Description:
v. :ill. ;27 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Universidad de Buenos Aires
Publisher:
La Universidad,
Place of Publication:
Buenos Aires

Subjects

Genre:
serial   ( sobekcm )

Notes

General Note:
Description based on: t. 41, no. 142 (July/Sept. 1919) Series 1 in 2 parts: Artículos originales; Actos y documentos officiales Vols. for 1904-31 called also año 1-29 and no. 1-158; ser. 4, v. 3-13 (July 1948-53) called also ser. 4, no. 7-18, no. 337-52, and año 44-49.
General Note:
1924-25 in sections 1-8; 1926-31 in sections 3-8.
General Note:
Publication suspended Nov. 1931-June 1943.
General Note:
Text in Spanish with summaries in English and French. Vol. 1-51, 1904-23, in ser. 3, v. 1; ser. 4, v. 1-9, 1947-51, in ser. 4, v. 9 pt. 2. Section 1-2, 1924-25, superseded by the University's Archivos, v. 1, 1926. Universidad de Buenos Aires. Archivos de la Universidad de Buenos Aires (boletín informativo de la Revista de la universidad)

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
UF Latin American Collections
Rights Management:
All rights reserved by the source institution.
Resource Identifier:
aleph - 21176032
oclc - 01537609
System ID:
AA00013094:00048


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Full Text

























REVISTA DE LA UNIVERSIDAD

DE BUENOS AIRES


















































Imprenta y Casa Editora ComN. Pord 684, Buenos Aires










REVISTA

DE LA



UNIVERSIDAD

DE BUENOS AIRES

PUBLICADA POR ORDEN DEL CONSEJO SUPERIOR DE LA UNIVERSIDAD




DIRECTOR : CORIOLANO ALBERINI








Aio XIX. Tomo XLIX. Articulos originales










BUENOS AIRES
DIRECCIdN Y ADMINISTRACI6N
444, VIAMONTE, 444
1922






378 ,Z


// 7,? 9-
/9'

LATIN
AMERICI











REVISTA DE LA UNIVERSIDAD
DE BUENOS AIRES









NUEVOS IALLAZGOS DE REPRESENTACIONES PLASTICS

EN EL NOTE DE LA PROVINCIA DE SANTA FE





La empresa del ferrocarril de Santa Fe explota actualmente,
para extracci6n de balasto, un terreno de su propiedad situa-
do a ambas mirgenes del arroyo Palometa, en el iltimo trecho
de su curso, al desembocar en el rio Malabrigo. Informados los
directors t6cnicos de la empresa, ingenieros Marcelo Cuabos y
Aquiles Doppler, por el antiguo propietario del predio, de que
en dicho lugar habianse encontrado en diversas oportunidades,
restos de industrial primitive, ordenaron a los encargados de
dirigir los trabajos que pusieran especial empeiio en salvar todo
rest arqueol6gico que pudiera aparecer en el transcurso de la
operaci6n; dando asi prueba de una cultural poco comin que,
en verdad, much les honra.
Fruto de esa inteligente disposici6n es el material altamente
interesante que en esta breve noticia doy a conocer y que los
ingenieros Cuabos y Doppler tuvieron la gentileza de facilitar-
me para su studio.

TrAtase de various ejemplares de las clasicaa representaciones
plAsticas que caracterizan a una de las cultures indigenas ex-
tendidas a lo largo de la cuenca del Parana. Poco agrega el
present hallazgo en cuanto a la determinaci6n del area geo-
grifica de su asiento, por haber sido realizado dentro de aleda-











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fios fijados ya por anteriores descubrimientos y a pocos kil6me-
tros de la laguna Brava, de cuyas mirgenes proceden las her-
mosas piezas estudiadas por Outes (1); creo, en cambio, que el
material que present constitute, por su m6rito artistic, un
aporte valioso para el conocimiento de esta cultural.
Los numerosos hallazgos de este tipo efectuados hasta la fe-
cha han sido descritos con amplia informaci6n grAfica y algn-
nos en repetidas ocasiones, a partir de los conocidos trabajos
de Zeballos y Pico acerca de sus exploraciones en Campana (2).
En 1907, el doctor Luis Maria Torres public un resume de
todo lo conocido hasta esa fecha, estudiando los ejediplaresmAs
interesantes y en trabajos posteriores di6 a conocer algunos
nuevos hallazgos (3), a lo cual s6lo habria que agregar el im-
portante trabajo de Outes, ya citado (4). Creo, pues, innece-
sario, prolongar este ensayo con algunos pArrafos de < dentes ,>.
Como informaci6n propia, puedo dejar constancia de que en
los alrededores de la ciudad de Parana se han encontrado algu-


(1) FALIx F. OUTES, NAUev jaldn septentrional en la dispersing de las re-
presentaciones pldstioas de la cuenca paranaense y su valor indicator, en Ana-
les de la Sociedad Cientifica Argentina, tomo LXXXV, pgina 53 y siguientes,
Buenos Aires, 1918.
(2) ESTANISLAO 8. ZEBALLOS y PEDRO P. PICO, Informe sobre el timu-
lo prehistorico de Campana, en Anales de la Sociedad Cientifica Argentina, tomo
VI, pdgina 244 y signientes, Buenos Aires, 1878 ; JUAN B. AMBROSETTI,
Los paraderos precolombianos de Goya (provincia de Corrientes), en Anales
del Institutb Geogrdftio Argentino, tomo XV, pdgina 401 y siguientes, Buenos
Aires, 1894; LUIs MARIA TORRES, La geograflaflsica y esfdrica del Para-
guay y Misiones guaranies, en Revista del Museo de La Plata, tomo XIII, pd-
gina 137 y siguientes, La Plata, 1905.
(3) LuIs MARIA TORRES, Arqueologia de la cuenca del rio Parand, en
Revista del Museo de La Plata, tomo XIV, pigina 53 y signientes, La
Plata, 1907.
LUIs MARIA TORRES, El totemismo, su origen, significado, efectos y super-
vivencias, en Anales del Museo Nacional de Buenos Aires, tomo XX, pagina
485 y siguientes, Buenos Aires, 1911.
Luis MARfA TORRES, Los primitivos habitantes del Delta del Parand, Bue-
nos Aires, 1913.
(4) OUTES, Ibidem.











NUEVOS HALLAZGOS DE REPRESENTACIONES PLASTICS


nas piezas, muy toscas, cuyos caracteres de estilo encuadran
dentro de los de las representaciones que estudiamos. A unos
20 kil6metros aguas abajo de esta ciudad, en la region denomi-
nada del Paracao, existed un rico paradero, del cual he extraido
ya abundante material, cuya publicaci6n he postergado en la
esperanza de poder realizar en breve una explotaci6n intensive
del yacimiento (1). Entre el material recogido figuran tres re-
presentaciones zoomorfas de un tipo hasta ahora desconocido,
o al menos, del cual no ha sido publicado ningin ejemplar; las
cabezas han sido interpretadas en forma de silnetas, comple-
tando con una decoraci6n posterior el contorno recortado. En
una reciente excursion a Puerto Gaboto, tuve la fortune de ha-
llar una hermosa cabeza de psitacido de esta clase de represen-
taciones, entire una series bastante numerosa de piezas intere-
santes. En breve darg a conocer las piezas del nuevo tipo a que
he aludido.


Segin los informes que he podido obtener, las condiciones de
hallazgo del material que me ocupa fueron las siguientes: a
ambas mArgenes del arroyo Palometa, en la proximidad de su
desembocadura, existen various monticulos que se elevan sobre
la superficie baja y pantanosa del terreno, hasta una altura que
varia entire 7 y 12 metros (fig. 1). Estos monticulos, explotados
actualmente para la extracci6n de balasto, constituyen una
verdadera series natural de < timulos >>, que los indigenas han
aprovechado para establecer en ellos su habitat. En las prime-
ras excavaciones efectuadas, en el monticulo A, se encontraron
las piezas que studio, en terreno de formaci6n modern, pro-
bablemente Aymarense.
La mas hermosa de las piezas encontradas en las inmediacio-
nes del arroyo Palometa represent una cabeza de psiticido (2)


(1) En uno de sus primeros trabajos, estudi6 Ambrosetti unos fragmen-
tos de alfareria procedentes de dicho lugar (JUAN B. AMRROSETTI, Sobre
una coleccidn de alfarerias mintuanes recogida en la provincial de Entre Rios,
en Boletin del Instituto Geogrdfico Argentino, tomo IV, Buenos Aires, 1893).
(2) Un elemental sentimiento de seriedad cientifica me hace adoptar el
temperamento segnido por Outes, limitando a la indicaci6n familiar la cla-











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que afortunadamente conserve un fragmento del bol a que sir-
viera de asa, suficientemente grande para permitir la recons-
trucci6n del vaso con una exactitud muy aproiimada (fig. 2).
Est6ticamente considerada, esta cabeza es de una belleza


Fig. 1


plastic sorprendente y acusa, en el artist primitive que la eje-
cutara, un sentimiento profundo de la naturaleza, unido a un
caudal poco comin de recursos tecnicos que le han permitido
realizar una vigorosa caracterizaci6n, por medios exclusivamen-


sificaci6n zool6gica de estas representaciones plasticas. Implica este tem-
peramento una saludable reacci6n contra ciertas clasificaciones, s61o expli-
cables en el campo de la fantasia.











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te decorativos. Evidentemente, el autor cuido s6lo de conservar
los elements esenciales de individualizaci6n, estilizando a su
antojo todo lo que consider accesorio, y realize aquel prop6sito
con tal eficacia que ain desaparecida la amplia mandibula su-
perior, principal rasgo distintivo de la familiar, el sujeto repre-
sentado es de una realidad extraordinaria.
El craneo ha sido resuelto geomitricamente por medio de
tres amplios pianos, que se encuentran formando dos verdade-
ras aristas, suavizadas con un reborde semicilindrico, inteligen-















Fig. 2. -i

temente disimulado, a su vez, con una oportuna decoraci6n pun-
teada.
En algunas esculturas de este tipo se ha procurado com-
pletar con una posterior decoraci6n, la caracterizaci6n defi-
ciente obtenida por el modelado. En esta pieza, el artifice
indigena que se tom6 la libertad de estilizar tan violentamente
las lines generals que definen la forma de la cabeza, no habria
de preocuparse en imitar detalles y sobre la geometrica estili-
zaci6n del craneo tuvo la audacia de grabar una decoraci6n,
tambi6n geom6trica, valiindose de los mismos elements que
utilizara para ejecutar la guard que ornamenta el borde: una
composici6n comfin, a base de lines simples y puntos, con una
tendencia a la combinaci6n triangular (fig. 3). Las ilustraciones
dan idea de ella con una fidelidad que me exime de insistir
en su descripci6n. Sobre la parte superior del crAneo esta de-











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coraci6n se ha adaptado con gran habilidad, a fin de Ilenar
todo el espacio que interesaba adornar (fig. 3 c), y aunque uti-
lizando siempre los mismos elements, varia un tanto en los
plans laterales, para encerrar al ojo deptro de un trigngulo,
mas o menos rect4ngulo, de catetos doubles, cuya hipotenusa
estA formada por el propio arco de la cabeza (fig. 3 a). Creo
oportuno hacer notar que esta decoraci6n triangular de los pla-
nos laterales present gran analogia con la de otra cabeza de


-^'C %'''> C ""% *,'*-,* ** -,

N 4 % "-/ 'N" ......."_-...." -









6 C








Fig. 3

psitAcido, procedente de Goya, incluida por Torres en la publi-
cacion citada (1).
El pico, element es encial de caracterizaci6n de la familiar, ha
sido fielmente reproducido, sin despreciar detalle. Dijimos ya
que falta a mandibula superior, desgraciadamentemuilada










otra, suprimida de intent en la mayoria de las piezas de este
tipo, ha sido tratada en esta con especial cuidado : la costfila

(1) TORRIS, Arqueologia, etc., pigina 117, figura 42. (Figura esta cabe-
za como procedente d Santa Fe. Notes ha rectificado orige, que fja












en el conocido paradero de Goya. Op. -cit., pigina 55, nota 1.)
Fig. 3


psitAcido, procedente de Goya, incluida por Torres en Ia publi-
caci6n citada (1).
El pico, element esencial de caracterizaci6n de la familiar, ha
sido fielmente reproducido, sin despreciar detalle. Dijimos ya
que falta ia mandibula superior, desgraciadamente mutilada; ]a
otra, suprimida de intento en In mayoria de las piezas de este
tipo, ha sido tratada en 6sta con especial cuidado: ia costiila

(1) TORRElS, Arqueologia, etc., p'igiua 117, figure 42. (Figura esta cabe-
za como procedente de Santa Fe. Outes ha rectificado an origen, que fija
eii el conocido paradero de Goya. Op. cit., pagina 55, nota 1.)











NUEVOS HALLAZGOS DE REPRESENTACIONES PLASTICS


longitudinal hAbilmente indicada por una decoraci6n ligera de
lines transversales, las escotaduras del borde, vigorosamente
recortadas (fig. 4). Digna de sefialarse es tambien la potencia
extraordinaria del ojo, tan talentosamente.animado que, junto
con la parte de pico que se conserve, dan carActer inconfundi-
ble a esa cabeza, violentamente torturada por el fin decorative
perseguido.
Al estudiar el material procedente de Laguna Brava, intent
Outes la reconstrucci6n de la forma de las alfarerias a que per-
tenecieron los pequefios fragments que analizaba (1): < La re-








.. ... ............




Fig. 4

construcci6n esquemAtica de la flgura 1 decia no debe
alejarse much, se me ocurre, de la forma que realmente debie-
ron tener las piezas enters, pues realize un tipo hastante di-
fundido en los kulturkreissen de oriented de Sud America; re-
cordare tan s61o las alfarerias zoom6rficas de los Bakairi de
la cuenca del Schingfi... En cuanto a las asas me inclino a
career que fueran un par, pues los platos o boles provistos de
una sola son propios de las provincias culturales del occiden-
te de Sud America (2) >. La pieza descrita comprueba palma-


(1) OUTrS, Op. cit., pigina 55, figura 1, y p~gina 61, nota 1.
(2) Si bien los fundamentos dados por el autor, en apoyo de su hip6-
tosis, acerca de la simetria de estas piezas, son muy atendibles; creo
que el problema no puede darse por resuelto. Muchas son las razones
que podrian aducirse en contra, pero como ellas no saldrian del campo
conjetural, creo mins eficaz adoptar provisionalmente dicha hip6tesis,












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riamente la hipotetica reconstrucci6n del talentoso americams-
ta. El fragmento de borde conservado bastaria para definir exac-









Fig. 5


tamente la forma total del bol (fig. 5) pero si afn quedara algu-
na duda acerca de su orientaci6o, la vista de la parte inferior,


Fig. 6. 4- '/


mostrando el fondo de la vasija (fig. 6) bastaria para disiparla.
Este ha sido tratado con evidence descuido, no s61o en compa-


hasta tanto la fortuna ponga en nuestras manos los elements de prue-
ba necesarios para fundar debidamente opinions definitivas. A titulo
de informaci6n, dejo constancia de que en el paradero situado sobre la
margen derecha del rio Salado, unas dos leguas al norte de Santo Tome,
el sabio professor de la Facultad do Ciencias de la Educaci6n, doctor Joaquin
Frenguelli, hall una pequefia vasija enter que present la particularidad
de tener una part del borde prolongada a guisa de asa, lo que da a la
pieza una forni bastante asimetrica.











NUEVOS HALLAZGOS DE REPRESENTACIONES PLASTICAS


raci6n con el asa escult6rica y el borde ornamentado sino con
el interior mismo del recipient.
Como se ve, pues, la reconstrucci6n esquemitica que doy en
la figure 5, perfectamente documentada, concuerda en absolute
con la que Outes diera hipot6ticamente (1).
Otro interesante ejemplar es el reproducido en la figure 7. El
psitAcido aqui representado pertenece, sin duda, a alguna de las
species tocadas de moilos o cascos.
Plante6se aqui el artist un problema de vida interior, quiso


Fig. 7. '/,


plasmar un gesto, una actitud, y fuese derechamente hacia la
consecuci6n de su prop6sito, relegando a un segundo t6rmino
las preocupaciones de forma pura.
Es evidence que quien logr6 animar tan extraordinariamen-
te esa cabeza, infundidndole tan viva expresi6n, tenia sobra-
dos recursos para realizar una imitaci6n casi perfect del
modelo. La forma ha sido, pues, descuidada adrede pero, a pe-


(1) Todos los demis fragments que studio mAs adelante parecen haber
correspondido al mismo tipo de vaso, y uno de ellos (fig. 8 y 9) puede
tambidn reconstruirse sin temor de errar.










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sar de eso, acusa una soltura de ejecuci6n, propia de un artis-
ta de raras condiciones y grande habilidad. El moole ha sido
resuelto con un criterio muy escult6rico, simplificAndolo dentro
de las lines de una masa de base oval, elevada poco mas de
medio centimetro sobre la superficie del crineo y ligeramente
levantada en su parte delantera, insinualido una terminaci6n
en penacho. El pico estA definido s6lo en la mandibala superior;
exagerada en sus proporciones, ocupa 6sta, en posici6n casi
perpendicular, todo el frente de la cabeza, terminando en la
punta caracteristica. La forma natural ha sido, pues, violentada
rudamente, a fin de acentuar los rasgos esenciales y propender
a la expresi6n deseada.
La ornamentaci6n complementaria del modelado tiene en
esta pieza una importancia muy subsidiaria. Contribuyen a la
individualizaci6n del sujeto, primero una guard de incisiones
sucesivas, muy irrregulares, que circunda la masa que consti-
tuye el moioo, prestAndole asi mayor relieve; luego, a ambos la-
dos de la mandibula superior, sendas linear, constituidas por
incisiones bastante regulars, definen el 6rgano que el modelado
ha incluido dentro de la mass general del crAneo. En el resto
de la cabeza se han ejecutado, al descuido, alganas hendeduras
que nada agregan al conjunto, antes bien, lo perjudican. Los
recursos que el artist ha puesto en juego para conseguir la
expresi6n deseada han sido tan simples como eficaces; la ampu-
taci6n de la mandibula inferior y la exagerada prolongaci6n de
la otra, da lugar a una amplia y profunda cavidad que el claro-
obscuro aumenta, y traduce con una elocuencia que no alcan-
zaria el pico normalmente imitado un gesto de ira en el ani-
mal apercibido para la lucha, o quiza un gesto habitual sincr6-
nico del grito. Estupendos de intenci6n y vivacidad, completan
los ojos, resueltos con una simplicidad de tdcnica magistral,
esa expresi6n admirable.
En todos los demks ejemplares de la present colecci6n se
nota la ausencia de la mandibula inferior; esta particularidad,
asi como la de su substituci6n por una amplia cavidad, consti-
tuyen sin duda uno de los rasgos mas singulares del estilo que
nos ocupa. Al estudiar la rica colecci6n procedente del timulo
del rio Usuri, en las proximidades de Goya, Ambrosetti llam6











NUEVOS HALLAZGOS DE REPRESENTACIONES PLASTICS


ya la atenci6n sobre esta caracteristica que 61 pudo observer en
numerosos ejemplares: < modificAndose y perfeccionAndose en otros catorce ejemplares
de la misma colecci6n; en todos se nota la ausencia de la man-
dibula inferior, lo que hago notar. En algunos, el lugar que de-
bi6 star ocupado por la mandibula inferior se halla provisto de


una gran depresi6n como si se hubiera querido representar con
la boca abierta. Varias cabezas de papagayos poseen sobre su
v6rtice, detrAs del nacimiento del pico, una protuberancia que
le da el aspect de un compete herizado que unido a la boca
abierta parece el animal gritando (1). >>
Una estilizaci6n absolute, una de esas manifestaciones artis-
ticas en las cuales el natural s61o juega un remote papel de


(1) AMBROSETTI, Los paraderos precolombianos, etc.


Fig. 8 a. '/,











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fuente inspiradora, nos ofrece la cabeza reproducida en la figu-
ra 8. Podria haber duda acerca de la clasificaci6n del animal re-
presentado en este fragmento, si no nos sirvieran de guia para
ello, las demds piezas de esta pequeiia colecci6n. Por analogia
con sus compaiheras de yacimiento, nosotros la consideramos
tambi6n como la cabeza, muy estilizada, de un psitacido.
La imitaci6n del modelo ha sido desechada por complete, s6lo
han sido aprovechadas sus lines generals para concebir un
plato de una elegancia tal, que sorprende el saberlo salido de
las rfsticas manos de un alfarero primitive.

















Fig. 8b. '/,


El modelado sigue a bastante distancia la forma de la cabeza
del sujeto y, de sus rasgos esenciales, s61o se ha respetado el
mof o, ligeramente esbozado. La decoraci6n circunda tambi6n
en esta pieza la masa de iste; dos gruesas lines descienden,
en el frente, a ambos costados de la cabeza, recordando el pico
ausente. El resto de la decoraci6n ha sido caprichosamente dis-
tribuido formando cuatro series de pequefias rayas trausversales,
tambi6n escalonadas de a pares, a cada lado de la cabeza.
Este fragment, a pesar de su pequeiiez, permit la recons-
trucci6n totaldel recipient (fig. 9) y, para mAs primor, conserve
sobre el fondo, huellas evidentes de la acci6n del fuego, adqui-
ridas en sn empleo domestico.











NUEVOS HALLAZGOS DE REPRESENTACIONES PLASTICS


La cabeza reproducida en la figure 10 pertenece, seguramen-
te, a la misma familiar, pero ha sufrido tan grande mutilaci6n que
es impossible sentar con seriedad ninguna hip6tesis acerca de la
forma que debi6 tener la figure entera. Del fragmento conser-






Fig. 9


vado s61o puede deducirse que el autor se ha ajustado al natural
much mAs estrictamente que los autores de las esculturas an-
teriormente descritas. El cr6neo ha sido modelado con evidence
prop6sito realista. El casco, resuelto con gran simplicidad, ha


Fig. 10. '/,


preocupado preferentemente al artist; cono en los ejemplares
anteriores, ha sido tratado como una masa escult6rica que si-
gue, aproximadamente, la forma general del crAneo, pero 6ste
present la particularidad de haber sido circundado con una


ART. ORIG.


XLIX-2











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double line de elements decorativos que, al tornarlo mias livia-
no y ligero, lo aproximan al modelo; en su part superior, una
fracture de base pequelia, nos demuestra que debi6 ain pro-
longarse en un element mAs sutil, indicando, quizA, un des-
gaire terminal de plumas. Advi6rtese que el pico tuvo una
mandibula superior, fuerte y breve. En los ojos, apArtase el
artist un tanto de la realidad y consigue una expresi6n pro-
funda y endrgica por medio de un agujero ligeramente c6nico.
La decoraci6n complementaria result contraproducente, tam-




















Fig. 11. 4'/,


bi6n, en esta pieza : una triple line quebrada de elements
decorativos arranca del ojo y corre por la parte superior del
crdneo, otra desciende perpendicularmente por debajo de aqu61,
restando carActer al conjunto; sobre la fracture del pico, se
nota el comienzo de otras lines que debieron recorrer su su-
perficie.
En el ejemplar que aparece en la figure 11 se ha procurado
indudablemente, representar un individuo de la misma familiar.
La forma ha sido aqui torpemente violentada, con detriment
de todos los rasgos tipicos, en procuira de una estilizaci6n no
conseguida. Expresiva, sin duda, es la mirada, pero estA muy











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lejos de interpetar la expresi6n peculiar d obtenida en los ejemplares anteriores. No vale la pena, pues, in-
sistir en la descripci6n de esta cabeza, dado su escaso merito


Fig. 12


artistic. Lo linico que la aquilata, es la circunstancia especial
de haberse procurado estilizar una conjunci6n de dos animals
id6nticos, como puede observarse en la figure 12.
Dentro de la misma familiar pueden catalogarse tambi6n las


Fig. 13. -4- '/,


cabezas reproducidas en las figures 13 y 14 ejecutadas muy tor-
pemente y exentas de todo interns est6tico. Se ve claramente
que en la primer se ha intentado modelar con pretensiones rea-











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listas un psitAcido; y en la segunda, la pretensi6n fu afin
mayor : procur6 el zurdo artifice realizar una estilizaci6n del
tipo a que pertenece la hermosisima pieza publicada en la fi-
gura 8.
Dentro de esta colecci6n figuran dos pequeiios fragments
vagamente zoomorfos, que por lo rudimentario de su factura lihe
creido initial incluir en este studio.
Es de hacer notar a los que se obstinan en considerar to-
das las manifestaciones de arte primitive como simples expo-
nentes de estados colectivos de cultural, despreciandolas como
manifestaciones de talent individual el abismo que media














Fig. 14. '/

entire las dos Altimas piezas citadas y las anteriormente descri-
tas. Id6ntico fen6meno he podido observer en todos los parade-
ros de esta region que he tenido ocasi6n de reconocer, siendo
frecuente el hallazgo simultineo de alfarerias decoradas por el
rudimentario procedimiento de presiones unguiculares y digito-
unguiculares, y otras ornadas de guards que acusan un senti-
miento est6tico desarrollado y un conocimiento bastante com-
pleto de las principals combinaciones decorativas, que suele
Ilegar hasta la ejecuci6n de verdaderas grecas.
De todo el material zoomorfo recogido en el paradero del
arroyo Palometa, s6lo dos piezas no presentan los caracteres
distintivos de los psiticidos. Uno de ellos podria calificarse
de tal, pero carece de rasgos definidos que permitan fundar la
afirmaci6n, asi me abstengo de clasificarla por aproximaci6n.











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como suele hacerse, pues tales clasificaciones antes son bau-
tismos.
TrAtase de una pequefia cabecita de ave llena de gracia y de
intenci6n (fig. 15). Un pico ambigno, en el cual se han acentua-
do exageradamente las fosas nasales, y unos ojos picarescamen-
te expresivos, sintetizan, en breve espacio, la cara del animal;
el craneo prol6ngase desmesuradamente hacia atras, rematando
en un pequeiio compete y todo 61 hdllase profusamente decorado
con cinco trazos gruesos y profundos. La pieza se encuentra tan



















Fig. 15. '/


fragmentada que no permit reconstrucci6n alguna, sin embar-
go, adviertese claramente que el pico careci6 siempre de man-
dibula inferior.
La otra es un fragmento de la parte posterior de la concha de
tn molusco (fig. 16) insuficiente, por desgracia, para deducir de
6l la forma total de la pieza; me inclino a career que se trata
simplemente de una imitaci6n del animal sin destino practice
alguno, a menos que se hubiese dado esa forma a un vaso, lo
cual estimo menos probable (1). Si carece este fragmento de


(1) Numerosos son los fragments encontrados que parecen no haber te-
nido aplicaci6n alguna. En Gaboto tuve la fortune de conseguir, casi en-











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importancia porque no alcanza a darnos una idea del valor ar-
tistico de ]a obra total, o de su destiny en el ajuar dom6stico,
ti6nela, en cambio, en cuanto puede ser considerado como un
ejemplo tipico del empleo de la ornamentaci6n para acentuar el
efecto del modelado o suplir su deficiencia. La secci6n conser-
vada corresponde al comienzo de la espiral tipica del molusco
copiado y, a pesar de su gran mutilaci6n, permit observer bien,


Fig. 16. '1,


c6mo el artist no se ha satisfecho con la caracterizaci6n que
podia obtener escult6ricamente y ha grabado, sobre la misma
depresi6n que imprime la, forma espiralada, una triple linea de
trazado cellular, circunddndola, ademis, con otra de punteado
profundo. Innecesario es decir que tan energica ornamenta-
ci6n define el sujeto con much mayor eficacia que el basto
modelado, mas ain, advi6rtese que, a partir de la segunda vuel-


tera, una cabeza de mamifero de grandes proporciones (24 cm. en su dimen-
si6n mayor) que fuera de today duda careci6 de destino prActico.











NUEVOS HALLAZGOS DE REPRESENTACIONES PLASTICS


ta, 6ste s6lo ha sido empleado para dar el volume general de
la concha (1).
Figuran, entire el material que studio, tres asas de un tipo
uniform, dos de las cuales creo oportuno incluir en este bre-
ve ensayo. Tritase de un tipo bastante curioso de asa tubular
que bien pudiera haberse clasificado como pico, si no hubie-
ra sido possible reconstruir una de las piezas a que pertene-
cieron.
En efecto, una de ellas (fig. 17) conserve adherida una por-
ci6n de vasija que permit su reconstrucci6n total (fig. 18). Ha
sido una fuente mas o menos circular cuyo didmetro no ha debi-














Fig. 17. 4 21


do ser inferior a cincuenta centimetros y su altura alcanza ape-
nas a siete. Como se ve, es una prueba mis del predominio de
las formas bajas y abiertas en los vasos del pueblo cuyos fueron
los restos que estudiamos. La ilustraci6n demuestra claramente
que la vasija no ha podido utilizarse para liquidos; la forma tu-
bular del asa no responded, pues, al prop6sito de utilizarla como
pico sino al capricho del autor. La fracture del fragmento es
bastante tosca; en la part que corre encima del asa, el borde


(1) Es un error muy frecuente career que la decoraci6n de estas represen-
taciones plAsticas responded siempre a un prop6sito de caracterizacidn; fi-
cil me seria demostrar que, en la casi totalidad de las piezas publicadas
hasta la fecha, la ornamentaci6n responded, exclusivamente, a un fin deco-
rativo. El ejemplo mds elocuente lo constitute la cabeza que public en la
figura 2.











REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


present una ligera ondulaci6n, de aspect festoneado, que, al
parecer, se ha reducido a ese sector; en la superficie external del
asa tambidn se ha intentado una decoraci6n que, por rudimen-
taria, carece por complete de importancia.
La otra asa a que hice referencia (fig. 19) tiene afin mayor in-
teres : present en su extremidad una sencilla guard de li-
neas quebradas obtenida, fuera de toda duda, por la incrusta-
ci6n de un cordel. A ella nos referimos en seguida, al ocupar-
nos de la t6cnica de fabricaci6n y ornamentaci6n del material
descrito.

En el trabajo que tantas veces traigo citado, llam6 Outes la
atenci6n acerca de un interesantisimo procedimiento ornamen-










Fig. 18

tal: el empleo de impresiones de cordeleria. < a que acabo de referirme, dice, como determinados caracteres
de las species animals reci6n mencionadas, se han ejecutado
mediante profundas impresiones, sobre las cuales voy a dete-
nerme, pues las reputo una modalidad tecnol6gica interesante y
sugerente, que ha pasado inadvertida para todos los que han
descrito piezas semejantes, no obstante presentarse en algu-
nos ejemplares reunidos en otras localidades (1).
No es de extraiiar que tan interesante procedimiento haya
pasado inadvertido hasta ahora, pues la mayoria de los autores
que se han ocupado de los restos de esta cultural, hablan con fre-
cuencia de << elements > y de < tecnica >. de ornamentaci6n y,
en rigor, poco o nada han concretado al respect.


(1) OUTES, Op. cit., pigiua 62.











NUEVOS HALLAZGOS DE REPRESENTACIONES PLASTICAS


Ademis del procedimiento indicado por Outes, existen otras
modalidades, tanto de carActer tecnico, como simplemente or-
namental, que son tipicas de la region y en las cuales nadie ha
reparado hasta la fecha.
Las modalidades a que me refiero constituyen, a mi juicio,
el m6s precioso element de individualizaci6n de las alfarerias
propias de este pueblo artist del litoral, exceptuando, desde
luego, sus obras esculturales. Mas como 6stas faltan, o no se
han encontrado hasta ahora en muchos paraderos que muy




















Fig. 19. /,

probablemente les pertenecieron, es important extremar el exa-
men de sus alfarerias dom6sticas a fin de hacerles rendir una
eficacia maxima como element de clasificaci6n.
Los autores que se han ocupado de la arqueologia de esta
region, y podria citar en primer tdrmino los eruditos trabajos del
doctor Torres, han dado tan preferente importancia a las com-
posiciones decorativas, que en sus ilustraciones grAficas se li-
mitan a ]a publicaci6n de esquemas reconstructivos de esas
composiciones, haciendo abstracci6n complete de los elements
y unidades decorativas que las constituyen; y en sus descrip-
ciones, nos hablan de <> que, en ver-











REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


dad, no existen. Esas guards estin formadas por trazos carac-
teristicos, constituidos por elements decorativos peculiares.
Por lo que respect a los restos de este pueblo, en particular,
basta observer las fotografias de representaciones zoomorfas
publicadas anteriormente y las que aqui incluyo, para conven-
cerse de que en su ornamentaci6n no intervienen nunca lines
o rayas propiamente dichas (1).
Podria hablarse quizA de incisiones sucesivas aisladas, como
la que circunda el mofio de la cabeza reproducida en la figure
7; de incisiones sucesivas que, por su regularidad y estrecha
uni6n, llegan a constituir un trazo cellular finico, como el que
define el pico de la misma pieza; de trazos celulares con celdas
superficiales escalonadas, como las que decoran la figure 15; del
mismo element ornamental, con escalonamiento mAs profundo,
como se observe en la figure 8, etc. Disponiendo de abundant
material podria formarse un cuadro bastante complete de los
elements decorativos usados por el pueblo cuya civilizaci6n
procuramos estudiar, estableciendo aquellos que le pertenecen
exclusivamente.
La falta de atenci6n a este factor ha dado lugar a errors fre-
cuentes. Como no hago labor de critical, bastard para fundar la
afirmaci6n un solo ejemplo, elocuente de suyo, dada la alta au-
toridad de los especialistas que incurrieron en 61. Al estudiar
Torres, en su resume citado repetidas veces, el material pro-
cedente del paradero del rio Usurfi, dice, a prop6sito de la ca-
beza de un mamifero: < Ambrosetti declare que la cabeza de
mono puede considerase una obra de arte en material de cerAmica
india; es una cabeza de mono cuya cara es bastante perfect,
llena de expresi6n, estA mostrando los dientes (2). > El parrafo
transcrito importa, claro esta, una ratificaci6n. Bien, pues, el
< cada con uno de esos trazos celnlares como el que dibuja el pico


(1) El empleo de la raya, propiamente dicha, es tan poco frecuente que,
notre todos los fragnientos decorados que he recogido en la region y cuyo
ndmero ha de exceder, quizi, de un centenar, s61o he encontrado dos en
que se haya empleado dicho element.
(2) TORRES, Arqueologia, etc., pigiua 100 y figure 21.











NUEVOS HALLAZGOS DE REPRESENTACIONES PLASTICS


de la figure 7. Ese trazo es frecuentisimo en toda la alfareria
de esta cultural; aplicado a una boca, sugiere la impresi6n de
una dentadura. Eso es todo.
El descubrimiento de impresiones de cordeleria que hicie-
ra Outes abre, a mi juicio, un nuevo e important rumbo en
el studio de las cultures indigenas del litoral. Este conven-
cimiento y las breves observaciones formuladas, me han de-
mostrado la conveniencia de emprender, cuanto antes, el es-
tudio detenido de las manifestaciones artisticas de dichas
cultural.
Como en esta ciudad carezco en absolute de elements de com-
paraci6n, he preferido abstenerme, en este trabajo, de estudiar
los procedimientos t6cnicos de ornamentaci6n y de calificar sus
elements. Por eso hablo yo tambi6n de rayas y lineas en el
transcurso de este ensayo, reservando las observaciones que
he realizado sobre este material, para utilizarlas en uu pr6ximo
trabajo, en que intentar6 establecer tipos de caracter general;
las fotografias suplirdn, mientras tanto, la deficiencia de la des-
cripci6n.
S61o he de hacer una excepci6n con las piezas ornamentadas
por procedimientos de cordeleria, acerca de las cuales debo ade-
lantar algunas informaciones.
Al senalar el uso de este procedimiento, Outes decia: particularidades tecnol6gicas que acabo de describir no tienen
el valor de manifestaciones aisladas. Como ya lo dije, es ficil
constatar el uso del mismo procedimiento al examiner el mate-
rial reunido en otros yacimientos: el simple examen de las
figures que ilustran otras publicaciones me ha permitido veri-
ficar que ambos tipos de impresiones aparecen en objetos obte-
nidos en la estaci6n de Goya y en el << timulo a de Campana. Es
16gico suponer, pues, que la revision de todo el material cono-
cido compruebe la universalidad del procedimiento que por pri-
mera vez he senalado (1). >
Tratindose de un nuevo element de clasificaci6n, Ilamado
a tener gran trascendencia, me creo obligado a adelantar las
informaciones que al respect he podido recoger en mis inves-


(1) OUTEs, Op. cit., pigina 63.











REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


tigaciones. Outes ha establecido dos tipos de impresiones de
cordeleria: uno producido por ]a impresi6n de << elgadas cuer-
das torcidas >> ; otro en el cual no existen < las impresiones obli-
cuas producidas por el torzal, sino que constituyen una series
ininterrumpida de pequeiios elements circulares, perpendicula-
res al eje de impresi6n, cual si se tratara de una hebra espira-
lada (1). >> Del material descrito en el present trabajo s6lo ha
sido decorada por el primer procedimiento el asa cuyo esquema
public en la figure 19. Y entire los restos que he recogido en
otros paraderos de la region, poseo dos fragments de vasija,
procedente de Paracao el uno y de Gaboto el otro. Al segundo
tipo correspondent la bellisima cabeza con que inicio este ensa-
yo (fig. 2), y la reproducida en la figure 10 (2). Las ilustraciones
demuestran esto con tal evidencia que creo ocioso prolongar
este trabajo con su demostraci6n.
En el paradero situado sobre la playa del rio Salado, al norte de
Santo Tomb, recogi un pequefo fragmento de vasija decorado por
un interesantisimo procedimiento que, de comprobarse su gene-
ralizaci6n, constituiria un nuevo tipo de t6cnica ornamental, ana-
logo al de la cordeleria; dicho fragmento, al parecer, ha perte-
necido a un vaso cuyo interior estaba totalmente decorado por
la incrustaci6n de una red de hebras muy delgadas (3). La pieza


(1) OUTES, Op. cit. pAgina 63.
(2) Poseo varies fragments en que la decoraci6n present caracteres
probables de haber sido ejecutada por medio de incrnstaciones de cordele-
ria, pero como ain no he podido hacer las comprobaciones necesarias,
s61o doy cuenta aqui de aquellas en que tengo absolute seguridad del em-
pleo del procedimiento.
(3) El senior G. A. Gardner ha estudiado, detenida y acertadamente, el
empleo de las incrutaciones de tejidos en las alfarerias de las sierras de
C6rdoba, region donde el procedimiento parece haber tenido un uso pre-
ferente. (G. A. GARDNER, El uso de los tejidos en la fabricacidn de la alfa-
reria prehispdnica en la provincia de Cdrdoba, en Revista del Museo de La
Plata, tomo XXIV, pig. 128.)
El fragmento a que hago referencia, correspond al tipo presentado por
este autor en la figure 15 de su trabajo (h4mina V), pero la trama del
tejido es mas ampla en el ejemplar que poseo.
Es indudable que el Salado, asi como los demas rios que afluyen al
litoral, desde la region montafiosa, debieron constituir, por excelencia, las











NUEVOS HALLAZGOS DE REPRESENTACIONES PLASTICAS


encontrada es tan pequeiia (4 X 3 cm.) que toda deducci6n ba-
sada en ella tiene que hacerse con caricter provisional; asi
tambi6n debo confesar que carezco de elements de prueba pa-
ra atribuir dicho paradero al pueblo cuyos artists realizaron
las hermosas representaciones zoomorfas del estilo de las que
estudiamos, aun cuando muchas circunstancias lo hagan supo-
ner asi.
Exceptuando la cabecita de ave reproducida en la figure 15,
todas las piezas descritas pertenecen a un tipo de ceramica
casi uniform. La pasta aparece bastante homog6nea en casi
todos los ejemplares, lamando la atenci6n, en algunos de ellos,
la consistencia que ha alcanzado, a pesar de su cocci6n imper-
fecta. La resistencia al rayado es muy grande, impossible, por su-
puesto, de afectarse con la uila.
La coloraci6n, sujeta como se sabe a tantas variaciones por
las alternatives del cocimiento, presentase muy heterogenea,
al punto de no existir dos piezas de tonalidad id6ntica. La
diversidad de coloraci6n oscila, desde el ainarillento pAlido,
hasta el rojizo pardo obscuro.
La cocci6n present los caracteres distintivos habituales en
todas las ceramicas del litoral, siendo evidence, en todas las
fractures, las tres zonas caracteristicas, conservindose casi
siempre muy ancha la faja negra.
El pulimento de las piezas ha sido muy cuidado, advirti6ndo-
se en las que se presentan adheridas a fragments de vasija, gran
diferencia entire el de estos y el de la parte escult6rica.
El modelado de las figures ha sido ejecutado sin ayuda de
instrument alguno, notkndose el empleo de istos s61o para los
trabajos de pulimento y decoraci6n.


vias comerciales precolombianas, como surge claramente de los fascinan-
tes informed que, de boca de los indigenas, recibieron los primeros con-
quistadores, haci6ndoles m&s llevadera su miseria, con la area quimera
de las serranias que se levantaban al oeste. Me inclino a career, pues, que
este pequerno fragmento sea de origen ex6tico, como parece serlo buen
golpe de los restos que he recogido en dicha region y algunos de los esca-
ssisimos que se han dado a conocer. (Vdase : J. FRENGUELLI, Excursidn en
los alrededores de Esperanza, provincial de Santa Fe, en Boletin de la Acade-
mia national de ciencias de Cdrdoba, tomo XXIV, pAgina 257.)







30 REVISTA DE LA UNIVERSIDAD

La cabecita de ave a que he aludido mAs arriba (fig. 15) ha
sido modelada en una pasta negra obtenida agregando carbon a
la arcilla habitual. Sus caracteres se ajustan, al detalle, a los
que, en forma tan minuciosa como erudita, nos da Outes, acerca
de las piezas procedentes de la Laguna Brava (1).


Paran6, noviembre de 1921.


FRANCISCO DE APARICIO.


(1) OUTES, Op. cit., pgiua 59.
















PSICOMETRIA EXPERIMENTAL

MODIFICACI6N DE LA CURVA DE LA ATENCI6N DE PATRIZZI

NUEVOS PROSEXIGRAMAS (1)






Con el objeto de estudiar, por medio del m6todo grAfico, las
oscilaciones, las intermitencias, la concentraci6n y la fatiga de
la funci6n psiquica que conocemos con el nombre de Atenci6n,
Patrizzi ide6 un dispositivo experimental, de todos conocido,
que en su 6poca llen6 una verdadera nececidad en el labora-
torio de psicologia.
Haremos una breve explicaci6n del mismo e inmediatamente
una reseila de las deficiencias que creemos present. A conti-
nuaci6n hablaremos de c6mo las hemos subsanado en los tra-
bajos que he realizado en el laboratorio de la Facultad de filo-
sofia y letras, obteniendo una nueva forma de prosexigrama.
Patrizzi obtuvo una curva psicom6trica de la atenci6n, par-
tiendo de los < tiempos de reacci6n >, de las < ecuaciones per-
sonales simples >.
Habia observado que todo tiempo de reacci6n se reduce, dis-
minuye, cuando intervene esa < que
Ilamamos un espacio de tiempo igual a dos o tres minutes hago inter-


(1) Las grificas que publicamos han sido obtenidas durante las classes de
< trabajos prActicos ) y s6lo las presentamos con el objeto de indicar m6-
todos, bien entendido que carecen de todo carcdter de iuvestigaci6n.
La experimentaci6n minuciosa y los resultados que obtengamos seran
objeto de un pr6ximo trabajo.











REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


venir esa acomodaci6n de funci6n en una series continuada de
tiempos de reacci6n, durante todo ese tiempo podrd conocer la
influencia que la atenci6n tiene sobre el acortamiento o la
mayor extension de las ecuaciones personales. Para esto dis-
puso que sobre la superficie ahumada de un cilindro Baltzer,
una serial Desprez dejara un trazado en line recta, y que la
misma seal indicara el moment de la excitaci6n y de la
reacci6n.


Esquema del dispositivo de Patrizzi, conjuntamente con la have de cierre mecnica


Para que los trazados no se superpusieran, la serial o el ci-
lindro se deslizaba horizontalmente, y en esta forma obtenia
una series continuada de 50 a 60 tiempos de reacci6n.
Una pequeiia Have de cierre y apertura construida en el
laboratorio de la Facultad de filosofia y letras, permiti6 com-
pletar el dispositivo de Patrizzi y hacer que la excitaci6n se re-
pitiera ritmicamente, por acci6n mecanica, cada dos segundos.
En la grafica las excitaciones se encontraban representadas
por puntos todos colocados en una misma line de abcisas.











PSICOMETRIA EXPERIMENTAL


Las reacciones correspondian asi a las ordenadas,
Sobre el mismo trazado se inscribia el tiempo por medio de
una line quebrada representando '/i,, 6 '/so de segundo y en
esta form se obtenia: el total de los tiempos de reacci6n, el
tiempo medio de esas mismas reacciones y el exponente de oscila-
cidn; que en este caso de la curva psicometrica de la atenci6n
es el que mas nos interest conocer (1).
El esquema de la pagina 32 explicard mejor este disposi-
tivo.



















Grdfica psicom6trica de la ateuci6n (dispositivo Patrizzi)


La grAfica psicomnitrica de Patrizzi asi obtenida se puede
ver en la pAgina 33.
Este dispositivo para explorer la atenci6n es muy fitil en los
casos que mis adelante indicaremos, pero es muy complicado y
exige hacer muchas operaciones antes de legar a conocer los
resultados.
Con el deseo de evitar que para cada
sea necesario referir, por medio de perpendiculares, la <

(1) Obtenida la curva de la atenci6n, cuanto mds pr6ximas se encuen-
tren las paralelas que pasan por sus puntos extremes, y cuanto mrs bajo
sea el exponente de oscilaci6n, tanto mds conceutrada la atenci6n del su-
jeto en experiencia.


XLIX 3


ART. ORIG.











REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


tacin >> y la << reacci6n > a la < y asi conocer
la cifra cronom6trica del valor de la << ecuaci6n personal >>; he
creido itil aplicar al m6todo ya indicado de Patrizzi, el < dis-
positivo para el tiempo de ecuaci6n personal >> de los seilores
Diego Ricardo Gar6falo y Estanislao Zunick.
Este nuevo dispositivo como sus mismos autores indican (1),
< consiste en que la sefial vibre solamente durante 'el tiempo
que media entire el moment precise de la excitaci6n y la res-


Curva psicomn6trica de la atenci6n (dispositivo Patrizzi y Gar6falo-Zunick combinados)
Los puntos de reacci6n no han sido unidos


puesta motor del sujeto; y esas vibraciones se inscriben sobre
el cilindro, de modo que bastarA contarlas para conocer el tiem-
po precise de la reacci6n o ecuaci6n personal >> (pag. 80, revista
citada).
Asi combinados los dispositivos de Patrizzi y Gar6falo-Zu-
nick, obtuve las grAficas que se pueden ver en las piginas
34 y 35.

(1) DIEGO RICARDO GAR6FALO Y ESTANISLAO ZUNICK, NueVO dispositivo
para el tiempo de ecuacidn personal en Bevista del Centro de estudiantes de fi-
losofia y letras Verbum >, aro X, ndmero 31 y 32, mayo y junio de 1916.
(Trabajo ejecutado en el laboratorio de fisica de la Facultad de medicine
por el professor doctor Alfredo Lanari.)











PSICOMETRIA EXPERIMENTAL


La primer nos present un trazado en donde todavia no se
han unido los puntos correspondientes a las reacciones y la se-
gunda, una en donde la < ha sido indicada.
Hacemos estas dos presentaciones para demostrar como hasta
se puede evitar esta segunda y engorrosa operaci6n, con solo
considerar las dos mitades de la grAfica : la mAs clara y la mAs
obscure, la primera, con su limited a la derecha con dientes o
escalones mis a menos largos es la que nos indica la concen-
traci6n, las intermitencias o la fatiga de la atenci6n.


Curva psicom6trica de la atenci6n (dispositivos Patrizzi y Gar6falo-Zunick combinados)
Los puntos de reacci6n se han unido

Este dispositivo esta esquematizado en la pAgina 37.
Con estos nuevos m6todos creemos facilitar enormemente el
trabajo de interpretacidn y valorizaci6n de los resultados.


El mismo Patrizzi en uno de sus filtimos trabajos habia de-
jado apuntado el gran inconvenient que present este metodo,
pero nada nos ha dicho si trat6 o si pudo salvarlo (1).


(1) litimamente l1egaron a la Facultad (diciembre de 1921), pedidas por
el laboratorio de psicologia experimental, revistas europeas donde he po-
dido encontrar trabajos de los profesores Patrizzi, Gemelli y Galli, que se











REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


No obstante, este m6todo no es siempre malo y se puede
emplear con relatives seguridades de 6xito en algunos casos.
Nosotros lo hemos utilizado, y yo install ese dispositivo y me
servi de 61 en el studio psico-fisiol6gico de la fatiga de los
obreros de los talleres del Riachuelo, que en el pasado mes de
julio, por encargo de la Facultad de cieicias econ6micas, se
realize (1).
TambiBn se puede emplear el m6todo de Patrizzi para ex-
plorar la atenci6n de los niftos, de las personas ancianas y de
los sujetos anormales que acusan < desintegraci6n de funciones
psiquicas>>; y especialmente en sujetos de muy poca o escasa agi-
lidad mental (2). En cambio, para las investigaciones que se desee
realizar sobre. sujetos : estudiantes, profesionales, personas mds
o menos acostumbradas a trabajar intelectualmente y a enfocar
y mantener su atenci6n sobre un estimulo determinado, este
m6todo present el serio y grande inconvenient del ritmo, y la
experiencia a este respect es terminante. La curva de la aten-
ci6n de un nifo obtenida con el dispositivo de Patrizzi acusa
poca estabilidad en la concentracidn de la atencidn cuando el
sujeto no se ha acostumbrado, acomodado al ritmo; inme-
diatamente que toma la mano, vale decir, que se acostumbra;
acomoda al ritmo de los dos segundos con toda facilidad.
Ya no hay necesidad de atenci6n stable y concentrada, la
reacci6n en cierto modo se automatiza, y el nifo, sujeto en ex-
periencia, nos present el curioso y paradojal fen6meno de una


ocupan del mismo asunto, aunque con distintos m6todos y dispositivos.
Ver Archivo italiano de psicologia (vol. I, fasc. 1 y 2, julio de 1920), Ri-
cerche sull attenzione, de Agostino Gemelli y ArcAngelo Galli, y Rivista de
psicologia, afo XVII, nimero 3, Due < tests > di fatica nel laroro professio-
nale, de M. L. Patrizzi.
(1) Ver Revista de ciencias econdmicas, aflo IX, nimero 1, pagina 46.
(2) Nos permitimos llamar la atenci6n de los alienistas sobre la aplica-
ci6n de estos m6todos en sus clinics. Creo que con el empleo correct de
ellos se podria obtener casi una < fotografia del estado psiquico > del de-
mente. A lo menos en lo que se refiere a la atenci6n. Eu la actualidad
nos ocupamos con el professor de psiquiatria de la Facultad de medicine
de Rosario, doctor Arturo M6 en planear un registrador mental para esa
clase de investigaciones.









PSICOMETRIA EXPERIMENTAL


'Esquema de los disposftivos de Patrizzi y Gar6falo-Zunick combinados. La excitaci6n se
envia per la apertura de la Have mecanica, y es producida por la corriente del secun-
dario de la bobina, que se descarga sobre las terminaciones nerviosas de la yema del
dedo medio del sujeto percipiente.


;~*"











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curva psicom6trica que para las clasificaciones corrientes de
prosexigrafia, corresponde a un prosexigrama de adulto y de
atenci6n concentrada. Lo mismo podriamos decir con respect
a las personas ancianas que por acostumbramiento, por acomo-
daci6n, substituyen el trabajo psiquico de < aperceci6n>> (1)
por el automatismo de la reacci6n.


Esquema de dispositivo para prosexigrafla. Combinaci6n de los m6todos de Patrizzi,
Kraepelin y Fechner. En la grifica queda indicado el moment de la excitacin, el de
la presentaci6n del esttmulo positive, el de la reacci6n, y la line del tiempo.


En estas condiciones de evidence inferioridad e inexactitud
experimental, pens6 introducir en la grAfica psicometrica de
Patrizzi los m6todos que en psicologia general se conocen con
el nombre de < metodo de Kraepelin y << metodo de Fechner >.
Ya no era s6lo la brevedad del tiempo en que se cumplia la
reacci6n lo que ibamos a conocer, sino tambi6n los casos de


(1) Empleamos esta palabra con el mismo significado que le da su
creador Guillermo Wund.











PSICOMETRIA EXPERIMENTAL


reacci6n verdaderos y falsos en virtud del trabajo de selecci6n
que exigiamos al sujeto en experiencia.
Para ello el dispositivo que utilic6 es el siguiente: en lugar
de un estimulo determinado : luz, ruido o corriente indu-
cida, una series de estimulos visuales que se presentan a trav6s
de una peqneiia ventanilla y que al no ser todos iguales y no
seguir un ritmo de presentaci6n determinado, para la reacci6n
provocan un trabajo de seleceidn en la mente del sujeto en expe-
riencia permiti6ndonos conocer las respuestas positives y nega-
tivas.
Para ello he utilizado el mnem6metro de Lipmann, conve-
nientemente modificado, y que permit de tiempo en tiempo
presentar los estimulos.
El esquema de la pigina 38 explicarA mejor este dispositivo.
Los estimulos utilizados se habian fijado previamente a una
cinta de papel adherida a] tambor o a los tambores del mne-
m6metro.

Pedimos al sujeto en experiencia que reaccione a un tipo
determinado de estimulo. El elegido es un pequefo cuadrado
con un diminuto agregado en su angulo superior izquierdo (').
El sujeto ha concentrado su atenci6n y al percibir el exci-
tante trata de identificarlo, en la brevedad possible, con el es-
timulo tipo, y con 6sto cumple el trabajo de seleccidn que nos
interest para nuestra experiencia. Si identifica bien o si iden-
tifica mal, tendremos los casos verdaderos yfalsos que nos in-
teresa conocer; las respuestas positivas y negatives.
Al percibir el excitante, en la mente del snjeto percipiente se
cumple el process de asociaci6n, cuyo desarrollo, de acuerdo
con las ideas de Claparede, se explica en el esquema de la pdgi-
na 40.
En el esquema, A represent la impresi6n sensible, el exci-
tante que actiia sobre las terminaciones nerviosas; en este
caso, vibraci6n luminosa que reflejada por el estimulo tipo ele-
gido, actfia sobre el 6rgano de la vista.
Las letras (a) b, c, d representan las imigenes homdlogas;
(a) es la percepci6n de A; y b, c, d, son las imAgenes que corres-
ponden al mismo sentido excitado, vista, y que se asocian a la











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percepci6n, image de la impresi6n sensible, que la comple-
tan, que dan lugar a la identificacidn primaria, y cuyo product
es la <,formaci6n de primer grado 6 percepci6n simple>, de
Eduardo Claparede.
Esta misma identificaci6n primaria es lo que Herbart llama
asimilacidn. La denominaci6n < perte-
nece a Wernicke.
En este caso serin las imagenes de color, de forma, de ta-




















Procesos de la formaci6n de la percepei6n


maflo, etc., todas correspondientes al sentido de la vista, las
que completardn en una primera etapa la impresi6n sensible.

Las letras x, y, z representan las imigenes inconexas, que
nosotros nos permitimos proponer bautizar con el calificativo
de heter61ogas; imigenes que correspondent a los sentidos no
excitados en la experiencia que nos ocupa, pero si excitados
en experiencias anteriores, en las cuales intervino el mismo
estimulo, y que se asocian a la imagen visual de la impresi6n
sensible, que la completan en forma cabal, que dan la identi-
ficaci6n secundaria de Wernicke, y cuyo resultado es la < maci6n de segundo grado >> o << percepci6n complicada >> de
macion de segnundo gradlo o cpercepeion complicadla de











PSICOMETRIA EXPERIMENTAL


Claparede. Aqui serAn las imAgenes de gusto, de sabor, de
olor, de dureza, de espacio, etc., todas correspondientes a los
sentidos no excitados, las que completarAn en una segunda
etapa y etapas sucesivas, la impresi6n sensible (1). Esta misma
identificaci6n secundaria es lo que Herbart llama complicaci6n.
Nos permitimos dejar apuntado que tanto en el esquema
como en el texto nos pareceria mAs 16gico decir identificaci6n
de asociacidn primaria o secundaria solo.
En el primer caso, cuando se cumple Ia asociaci6n de imAge-
nes hom6logas, se realize lo que Wernicke llama < miento sensitive>, y en el segundo, cuando se asocian las
imdgenes heter6logas, el < reconocimiento intellectual > o << com-
prensi6n del objeto >.
Todo lo que dejamos dicho se refiere al process central, y si
agregamos el process perif6rico de las vias centripeta y cen-
trifuga que no analizamos por ser demasiado conocido -
tenemos el process complete de los tiempos de reacci6n, de las
ecuaciones personales, que utilizamos en la investigaci6n de la
atenci6n, de acuerdo con nuestro nuevo dispositivo para pro-
sexigrafia.
Ahora bien, como los estimulos que se van presentando al
sujeto percipiente no son todos iguales y finicamente le pedi-
mos reaccione a uno o dos tipos previamente determinados, si
una vez terminada la grAfica en donde tambi6n se ha inscrito
linea de tiempo, la confrontamos con la cinta tipo de las exci-
taciones, podremos establecer con toda facilidad y exactitud:
1 El tiempo total de las ecuaciones personales, el tiempo
medio de esas mismas ecuaciones, y el exponente de oscila-
ci6n de todos los tiempos de reacci6n;
2 Los casos verdaderos y falsos, vale decir, las reacciones
exactas o equivocadas, correspondientes a los estimulos que
previamente hicimos conocer al sujeto en experiencia.


(1) Estas iltimas asociaciones s61o se verificarui en el caso que la im-
presi6n sensible, en experiencias anteriores, haya permitido su forma-
ci6n; de lo contrario, ejemplo: el caso del estimulo empleado en nuestras
experiencias, la percepci6n queda formada y compieta con ausencia de las
imAgenes de gusto, sahor, olor, etc.











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Los estimulos que he utilizado son los que nos presentan, los
psic6logos franceses Toulouse y Vaschide en su Tdcnica de
psicologia experimental, y consistent en pequenos cuadrados
todos uniforms, con la inica diferencia que en uno de sus
lados o de sus Angulos presentan una pequefia prolongaci6n.
VWase cuadro de estimulos de la present pAgina.
En lugar de utilizar un cilindro Baltzer pequeno, como hacia
Patrizzi, utilic6 un cilindro Baltzer grande, con su correspon-






















Cuadro de estimulos de Toulouse y Vaschide

diente cinta Hering, y obtuve asi una superficie de dos y medio
a tres metros de papel ahumado para hacer grAfica en ella la
curva psico-m6trica de la atenci6n.
Tres seiiales Desprez horizontalmente colocadas, y sobre
una misma linea de aboisa, nos van a indicar : 1 el moment
correspondiente a la excitaci6n (exposici6n del cuadrado con
su correspondiente agregado a trav6s de la ventana del mne-
m6metro); 20 el moment correspondiente a la reacci6n (movi-
miento que el sujeto exterioriza despu6s del trabajo de selec-
ci6n); y 30 la line del tiempo en fracciones de '/,to 6 '/5o de
segundo.























































GrAficas de la curva psicometrica de la atenci6n obtenida con los dispositivos y los m6todos combinados de Patrizzi, Kraepelin y Fechner











REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


En esta grdfica no encontraremos ]a linea de ]as abcisas que
7siga una misma perpendicular, pero esto no es un inconve-
rniente ni much menos, ya que para un experimentador ave-
zado en estas bfsquedas, inmediatamente podra establecerla.
Las ordenadas, correspondientes a las reacciones, de manera
anAloga que con el dispositivo de Patrizzi, constituirin una
curva, pero con la double ventaja ahora, volvemos a repetirlo,


Dispositvoi para prosexigrafia (m6todos Patrizzi, Kraepelin y Fechner). Estimulo visual
presentado por el mnem6metro de Lipmann modificado

de indicarnos el tiempo y los casos de reaccidn falsos y verda-
deros.
Con este nuevo dispositivo la irivestigaci6n experimental
puede Ilegar hasta los casos frente a los cuales el viejo sistema
de Patrizzi se sentia impotente e inaplicable. El limited de la
oagilidad mental>> del sujeto a examiner con mi dispositivo,
te6ricamente y tambi6n en la prActica, es infinito.
Cada vez que nos encontramos con un sujeto que aumenta
en sn capacidad de estabilidad y concentraci6n de atenci6n,
aumentaremos el nfimero de los estimulos tipo a los cuales el
sujeto percipiente debe reaccionar.











PSICOMETRIA EXPERIMENTAL


En esta forma creemos haber subsanado todos los inconve-
nientes del ritmo, del automatismo y de la facilidad del pro-
blema a resolver.
Yo he trabajado con este nuevo dispositivo en el laboratorio


Mnem6metro de Lipmann modificado


de la Facultad de filosofia y letras, y creo poder afirmar que
basta con uno o cuando mas dos estimulos tipos.
La grifica que obtuve puede verse en la pdgina 43.


REFERENCIAS

Excitacidn : Tipo A = 'O velocidad del mnem6metro = 4 tiempo
inscripto igual '/do de segundo.
Casos verdaderos : 2, 4, 7, 9, 12, 14, 17 y 18.
Casos falsos : 1, 3, 6, 6, 8, 10, 11, 13, 15, 16, 19 y 20.


Con el deseo de simplificar otra vez esta nueva grAfica, vol-
vi a recurrir al dispositivo de los seiores Gar6falo-Zunick
para que armonizado con el de Patrizzi y con los m4todos de
Kraepellin y Fechner, pudieramos obtener un prosexigrama
m"s ficil de confeccionar y de leer.
Para ello bast6 que un primer circuit el4ctrico en relaci6n















































GrAfica psicom6trica de la atenci6n obtenida con los dispositivos y m6todos combinados de Patrizzi, Kraepelin, Fechner y Gar6falo-Zunick







PSICOMETRIA EXPERIMENTAL


87
(Ct


Esquema del dispositivo para obtener la grafica anterior






48 REVISTA DE LA UNIVERSIDAD

con el < test > utilizado en el mnem6metro, pusiera en movi-
miento una serial Desprez que indicara sobre la banda de papel
ahumado las presentaciones de estimulos positives.
Un segundo circuit el6ctrico double, ponia en vibraci6n otra
sefial Desprez cuando se presentaba el estimulo y la detenia
cuando el sujeto percipiente reaccionaba. Las interrupciones
utilizadas fueron las de un diapason de 100 v. s., de manera
que la lectura se puede hacer directamente sobre la grdfica
contando los o dientes >> dejados en cada caso por la aguja vi-
bratoria (tiempo empleado en la respuesta) y refiriendo la reac-
ci6n al traeado inferior correspondiente, que nos indica casos
falsos o verdaderos (positivos o negatives).
La grAfica asi obtenida puede verse en la pagina 46.
El esquema de la pAgina 47 explicaria mejor este dispo-
sitivo.

Josi L. ALBERTL
















VOCES DE ORIGEN INDIGENA






S61o voy a nombrar las voices de origen indigena, mAs usadas
en nuestra patria, que ain no han tenido cabida en el Dicciona-
rio de la Academia.
Algunas son verdaderos americanismos, otras resultan de uso
com6n en la Argentina solamente (argentinismos), y no faltan
algunas que son simples regionalismos; todas ellas tienen dere-
cho a ser admitidas, desde que se han castellanizado y desde
que ya se ha dado entrada a tantas otras que estan en igual
condici6n. La verdad es que no hay motivo que valga para que
se anote un vocablo que s61o es conocido en Asturias, por ejem-
plo, y se deje en blanco a otro porque es de una naci6n ameri-
cana o de una region argentina.
Me limito a dar una ligera noticia de los nombres.de animals
y plants que cito, y anoto la denominaci6n cientifica, que es el
-dato mAs precise para orientarse y dar con la especie de que se
trata. En las obras de nuestros naturalists, desde Azara ade-
]ante, podrA obtener mayores indicaciones quien las necesitare.
Consigno principalmente aquellos nombres que no tienen otra
voz que pueda substituirlos. En Corrientes y Misiones, por ejem-
plo, y en el Paraguay, usan de preferencia denominaciones gua-
ranies para designer plants, animals y muchas cosas y usos
que tienen ya su expresi6n castellana; y es tanto asi que el
vulgo desconoce generalmente los nombres que tenemos adop-
tados. Recuerdo, a prop6sito de esto, que estando ante las cata-
*ratas del Iguazf, pedi a uno de los peones que habia en el hotel
-que me buscara un helecho arborescente, y no habia medio de


XLIX-4


ART. ORIG.











REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


que me entendiera; otro pe6n vino a servir de int6rprete y di6
la expresi6n guarani amambay guazi (helecho grande), y agreg6
para mayor explicaci6n: amambay-ib (con i algo gutural; ib es
arbol); demAs estara decir que en el acto fui entendido; y la
misma dificultad se present con cuanta plant daba en nom-
brarles. En cambio, en toda la region nordeste predomina el
quichua; en las provincias cuyanas y en la region pampasica o
patag6nica, el araucano y sus dialectos o lenguas menores:
tehuelche, pehuelche o puelche, pampa, etc.
Al conocer el origen de una voz indigena se tiene ya, por
tanto, indicaci6n bastante segura de la distribuci6n geogrAfica
que ha de corresponderle. Aun antes de la conquista, no pocas
.voces indias se corrieron de una region a otra, llevadas por las
incursiones o correrfas de los aborigenes; y la misma conquista
o colonizaci6n espafiola vino a favorecer el intercambio de vo-
ces; de manera que no es raro dar con vocablos que son comu-
nes a una y otra lengua indigena a la vez, al quichua y al arau-
cano, al quichua y al guarani, etc. Muchas de estas voices y sus
derivaciones se han extendido a toda la Argentina.
Cimpleme declarar que he aprovechado, para la compilaci6n
de estos apuntes, los interesantes studios sobre el guarani que
se deben al padre Montoya, doctor Solari y doctor Martinez; los
trabajos sobre otras lenguas indias de Lafone Quevedo (cacii,,
abip6n, etc.), Mitre (quichna, etc.), Middendorf (quichua), padre
Febres (araucano), Barbari (pampa), padre Mossi (quichua), A.
de Llamas (vilela), etc.; los diccionarios de Segovia, Garz6n, Gra-
nada, Bermidez y muchas otras obras que se tendra ocasi6n de
ver citadas, especialmente cuando ello conviene para dar la dis-
tribuci6n geogrifica que corresponde a las voices que present.
No desconozco qae la lista que doy podria alargarse indefini-
damente; pero, repito, s6lo he querido anotar las voces de origen
indio que conceptdo de uso mAs comfin en la Argentina, mis
Aitiles y a la vez mas dignas de ser incluidas a la par de tantas.
otras que ya figuran en el 16xico.

Acuyicua (del quichna, segin Lafone Quevedo): mascada de
coca con pasta de ceniza. ITsase en Catamarca y provin-
cias del norte.










VOCES DE ORIGEN INDIGENA


Achira (del quichua, segdin Middendorf y Lenz): nombre indi-
gena de la canna, plant de jardin o silvestre, de la que se
conocen diversas species (indica, paniculata, edulis, etc.)
y muchas variedades. lsase en Chile (Ortfzar, Lenz, etc.),
en el Peru (Arona) y en Ecuador (G. Lemos R.). Caiacoro,
nombre con que se registra esta plant en el Diccionario
de la Academia, se oye, a la par de achira, en Colombia
(Uribe y U.).
Achuma (del quichua, Lafone Quevedo): nombre indigena del
card6n gigante o candelabro, cactAcea del genero cereus,
comfin en Catamarca y demAs provincial andinas y del
norte.
Achura (del quichua): entraiias comestibles del animal vacuno,
lanar o cabrio. Son tambidn de uso aomfn en toda la Repfi-
blica los derivados achurar y achurador.
Afa (del cacin, Lafone Quevedo): pelota o masa redonda de
algarroba blanca. Ilsase en Catamarca y provincias del
norte.
Aguai o aguay (del guarani): Arbol de Corrientes y el Chaco, de
excelente madera (lucuma neriifolia y laurifolia) (1).
Aguap6 (del guarani): plant acu6tica (pontederia azurea o Eich-
hornia).
Aguara (del guarani): lobo americano (canisjubatus).
Aguarachay (del guarani): es otra especie de lobo, algo seme-
jante al perro ovejero, seg6n Segovia (canis Azarae o bra-
siliensis).
Aguaribay (del guarani): Arbol hermoso (schinus molle). En las
provincias de Cuyo 11lmanlo pimiento y en el interior molle.
Aguti (del guarani): especie de liebre del norte argentino (dasi-
protta aguti o Azarae).
Aibe (del cacin, Lafone Quevedo): past duro de las sierras
(stipa papposa). Catamarca y provincias del norte.
Airampu (del quichua o cacan): cardoncillo delos cerros (cactus
enano). Catamarca y provincias del norte.


(1) Omito, al dar las denominaciones cientificas de animals y plants,
la cita del naturalist o de sus iniciales, en mdrito de la brevedad, ya que
generalmente result innecesaria.










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Alpatauca (del quichua alpa, tierra, y tauca, mont6n, seg6n La-
fone Quevedo): otero artificial, en Catamarca.
Altamisqui o atamisqui (del quichua ata, Arbol, y nisqui, dulce,
segin el P. Mossi): Arbol muy conocido en las regions Ari-
das del interior (atamisquea emarginata).
Alloca o ayoca (supone Lafone Quevedo que proviene del cacan):
pasta de algarroba molida ligeramente despu6s de ser hu-
medecida con agua. Provincias del interior y del norte.
Ambai (del guarani): Arbol de Corrientes y Misiones, de hojas
medicinales cecropiaa adenopus).
Ampalagua o lampalagua (del quichua seguramente: lampa es
una especie de azada o pala, y lagua o lahua es cosa que se
levanta dura o tiesa): es nuestra boa, comfn en el interior
y norte; de 2 a 6 metros de largo y 10 a 15 centimetros de
diAmetro; engulle aves, liebres, zorros, etc.
Ancua, tambidn amca o aunca (del araucano, segfn Febr6s; Ber-
tonio y Lafone Quevedo la suponen derivada del aimara;
se trata sin duda de una de las tantas voces que se han
extendido desde el imperio de los incas hasta el Arauco):
maiz tostado con un poco de grasa, de modo que estalla
formando rositas. lTsase en el interior, norte y provincial
andinas; tambi6n en Chile. En el litoral dicen pororo (voz
guarani, onomatop6yica); en Buenos Aires, rositas de maiz.
Ancucho (cacAn, Lafone Quevedo): arbusto que produce una
frutilla blanca, como perla; abunda en Catamarca (vallesia
glabra).
Afiapa (del quichua): bebida hecha con algarroba.
Arachicu (del guarani): arbusto de Entre Rios, Corrientes y Mi-
siones (rollinia specialist .
Araticu (del guarani): Arbol de Corrientes, Misiones y Chaco
(cordia salicifolia).
Arir (del quichua): vidriar una olla, darle un barniz que la haga
impermeable. Catamarca y provincias limitrofes (Lafone
Quevedo).
Ayui (del guarani): Arbol. Hay tambi6n el ayui-ne, que al ser
herido en la corteza exuda una substancia de olor nausea-
bundo; ne estA indicando la condici6n de hediondo (nectan-
dra amara y ocotea spectabilis).










VOCES DE ORIGEN INDiGENA


Batara o bataras (del guarani mbatard) : pinto; color de galli-
n~ceas, plomizo con rayas o pintas blancas.
Bigua (del guarani mbigud) : ave palmipeda (carbo brasiliensis).
Biraro o ibiraro (del guarani ibird-ro, madera amarga): Arbol del
norte, conocido tambidn con los nombres de palo de lanza o
tipa colorada. Es una leguminosa (pteroginea nitens).
Boldo (del araucano): Arbol siempre verde, de hojas medicina-
les y fruto comestible. Abunda en la Patagonia y en Chile
(Lenz).
Burucuya (del guarani mburucuyd): nombre que se da, especial-
mente en el litoral, a la pasiflora, granadilla, pasionaria o
floor de la pasion.
Cabure o caburei (del guarani): es la mds pequefla de las lechu-
zas; llamada tambidn el rey de los pajaritos. En el Paraguay
es comin la creencia de que esta avecilla trae dicha o suer-
te al hogar.
Cacharpas (del quichua, derivada de cacharpaya): equipaje o
enseres con que viaja el pobre. Case en Catamarca y pro-
vincias del norte (Lafone Quevedo); en el resto de la Argen-
tina se tiene, para esta misma designaci6n, el italiano lin-
ghera. Este mismo uso de cacharpas se extiende a Chile (Z.
Rodriguez, Lenz, etc.), Perui (Arona, Palma) y Bolivia. En
Honduras es < (Membrefio).
Cacharpaya (del quichua): fiesta con que se despite al viajero,
en Catamarca y provincias del norte (Lafone Quevedo). En
el Perd dicen cacharpari, voz que anota el Diccionario.
Cache (del quichua, probablemente): mojiganga, en las provin-
cias del norte. Supone Lafone Quevedo que se deriva esta
voz del nombre de los indios de Cachi, que serian los pri-
meros en las funciones o fiestas de mojigangas celebra-
das en Salta. En el litoral es o esta cache la persona mal
vestida, arreglada sin gusto; lo que se asemeja a moji-
ganga.
Cachi (cacAn o quichua): sal y nombre de un lugar salteio. rsa-
se en Catamarca y provincias del norte. La voz cachi (la
sal en quichua, segfin Middendorf) fsase tambi6n en Chile
(Lenz).
Cachiyuyo (del quichua cachi,'sal, y yuyu, hierba): arbusto que










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prospera en los bailados salitrosos (atriplex pamparum, mon-
tevidensis, atacamense, etc.).
Calcha, calchas (del araucano): jergones, ponchos o ropas que
cuelgan en jirones. En Chile nombra tambien la cerneja, y
otros pelos o plumas que cubren los pies. ilsase en las pro-
vincias andinas (Gez, Lafone Quevedo).
Calchaqui (de kallchac, el que anda disgustado): indio que ha-
bit6 el valle que hoy conserve su nombre y otras regions
del norte argentino; su lengua, que es dialecto del quichua,
se llama tambidn cacana; ha sido estudiada por e] erudito
Lafone Quevedo.
Callana (del quichua): olla, tiesto. Tsase en las provincial andi-
nas, en Chile (Ortfizar, Lenz), Bolivia (Mossi), Perd (Arona)
y Colombia (Uribe y U.).
Callapo (del quichua): postes que sirven de sost6n en las minas;
dase tambi6n este nombre a los escalones. Osase en las pro-
vincias andinas (Lafone Quevedo) y en Chile (Lenz).
Camambli (en guarani, ampolla): plant silvestre, de fruta muy
dulce, comestible (physalis curasavica o viscosa).
Camoati (del guarani): avispa productora de excelente miel (po-
lybia scutellaris) y el panal que produce.
Cancana (del quichua, segin Middendorf, Catlas y Lafone Que-
vedo; Febres la da como araucana o mapuche): asador.
lTsase en algunas provincias andinas y en Chile. En Cata-
marca significa tambidn candelero.
Canchalagua (quichua o cacin, Lafone Quevedo): yerba medici-
nal (liruna scoparium).
Capia (del quichua): variedad de maiz, especial para choclo.
Tlsase en algunas provincias andinas y del norte; tambi6n
en Colombia (Cuervo, Uribe y U.). Nombra ademas un ar-
busto que abunda en Catamarca, el maytenus viscifolia.
Caracu (del guarani): tuitano, especialmente el de vaca, y, por
metonimia, el hueso que lo contiene.
Caraguata (del guarani), en el interior y norte denominase cha-
guar (del quichua): bromeliAcea textil, muy usada en el
norte para fabricar cordeles (bromolia serra y otras).
Carancho (del quichua o cacan, segin Lafone Quevedo): ave de
rapifia que es comin en toda la Argentina. En algunos pa-










VOCES DE ORIGEN INDIGENA


rajes del litoral lo llaman caracard, denominaci6n onoma-
top6yica, debida a su graznido: craa-crad.
Carandai (del guarani : ib, Arbol; andd, de fruta, y card, re:
donda) : palmer de las regions del norte (Copdrnica ce-
rifera).
Caraya guaranii): mono del Chaco y Misiones (micetes nigra o
carayd).
Cari (arancano): color indefinido, entire gris y pardo. Clsase en
las provincial andinas (Lafone Quevedo, Gez) y en Chile
(Febr6s, Rodriguez, Caiias, Lenz).
Catinga (del guarani: cati, hediondo, y el sufijo -inga) : hedion-
dez, de los negros especialmente, debida a la transpiraci6n
y falta de limpieza. Derivados : catingudo, catingoso. isase
en Chile, segdn Lenz; quien present una cita de Valera
(Cartas americanas) que prueba que tambi6n es usada en
Espaila.
Cinacina (probablemente del quichua, segdn Segovia): arbusto
espinoso, muy empleado para former cercos; pertenece a
las leguminosas (Parkinsonia aculeata).
Coati (del guarani, Segovia): pequeno ursideo; hillase en el
norte (masua fu.ca).
Cocha (quichua): masa de harina de algarrbba y trigo tostado.
fYsase en Catamarca (Lafone Quevedo) y provincias del
norte.
Cocho (quichua o cacin, Lafone Quevedo): bebida hecha con
maiz tostado, en rositas, y algarroba; esto se muele y mez-
cla con agua y azdcar. iTsase en Catamarca y provincias
del norte. Tambi6n se denomina ulpu.
Coihue (araucano, FebrBs): ll1masele roble de la Patagonia (no-
thophagus dombeyi). Abunda tambien en Chile (Lenz).
Colihue (araucano, Febres): graminea arb6rea, conocida con los
nombres de picana y caia brava (chusquea coleu y Cumin-
gii). HAllase tambi6n en Chile (Lenz).
Colpa (quichua): sosa natural usada para preparar la mazamo-
rra, en Catamarca (Lafone Quevedo); significa tambidn me-
tal en piedra, lo mismo que en Chile (Echeverria y Reyes,
Lenz).
Combo (del quichua, segin Middendorfy Lenz; del cacdn, segin










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Lafone Quevedo): almddena o martillo pesado; usado espe-
cialmente por los mineros; hecho de hierro o de piedra. Pro-
vincias andinas y Chile.
Concho (quichua): heces o escorias. Tsase en las provincias an-
dinas y del norte, Chile (Lenz), Perd (Arona), Ecuador (G.
Lemos R. y Cevallos) y Colombia (Uribe y U.).
Copihue (araucano o mapuche, Lenz): enredadera de vistosa floor
y fruto comestible; hAllase en los bosques de la Patagonia
y del sar de Chile (lapageria rose y alba).
Cui o Cuis (Arona describe cuy o coy; Membre'o, cuyo; Lafone
Quevedo, cuy; Lenz, cui o cii, y la da como de origen qui-
chua, de acuerdo con Middendorf; para Segovia es guarani.
La pronunciaci6n aguda que damos a esta voz en el litoral
me hace pensar que acaso sea onomatop6yica): pequefio
roedor. Mientras permanece en estado silvestre es del color
del rat6n; pero se asegura que criado en las casas adquiere,
al cabo de algnnas generaciones, la coloraci6n del cobayo
europeo, lo que hace suponer que se trata de la misma es-
pecie (cavia aperea, o brasiliensis, o porcellus, o cobayo). El
nombre de chanchito o cochinillo de la India, que es tan co-
mfin en la Argentina, Chile y otros paises, ha de provenir
no tanto de la semejanza de aspect, como del grito, que se
parece bastante al del lech6n.
Cuico (quichua, de cui): designaci6n despectiva de los mestizos
y bolivianos, usada en las provincias andinas y cuyanas.
Curaca (quichua): cacique, gobernador indio. Tsase en Cata-
marca (Lafone Quevedo) y provincias del norte.
Curcuncho (quichua): jorobado. lUsase en las provincias andi-
nas, en Chile (Ortizar, Rodriguez, Lenz), Peri (Palma),
Costa Rica (Ferraz y Gagini), San Salvador (Barberena) y
Honduras (Membreio).
Curonina (quichua: curu, gusano; nina, luz): gusano luminoso
o rojizo. Tsase en las provincias andinas y en Chile (Lenz).
Curupi guaranii): arbol del norte, conocido tambi6n por lecher6n
porque vierte un jugo lechoso, especie de caucho (sapium
aucuparium).
Cutipar (quichua: cutipa, repetir): volver a corner la harina.
Catamarca (Lafone Quevedo) y provincias del norte.










VOCES DE ORIGEN INDiGENA


Cuzco (quichua): es el gozque, o gozquecillo, voz que no usamos
en la Argentina. Advierte Segovia que bien puede tratarse
de una voz quichua (tal la supone Lafone Quevedo), o estar
formada por la interjecci6n ; cuz! ; cuz! con que se llama a
los perros.
Chachacuma (cacin, Lafone Quevedo): plant de las alturas
(senecio eriophyton o estereoxylon resinosum).
Chaguar (quichua): bromeliAcea textil (bromelia serra). Abunda
en todo el norte de la Repfiblica.
Chamico (quichua): solanacea venenosa (daturaferox o stramo-
nium). Derivado: chemical. Isase en Chile (Echeverria,
Lenz), Perd (Arona, Palma), M6xico (Ramos D.) y Cuba
(Pichardo).
Champa (quichua): c6sped, cosa enredada o enmarailada. isase
en las provincial andinas (Lafone Quevedo), Chile (Rodri-
gnez, Lenz), Perni (Arona) y en otros lugares con ligeras
variantes en la forma y significado.
Champi (quichua o cacAn, segin Lafone Quevedo): cole6ptero
de color obscuro (trose postillarius y t. tuberosus). En Cata-
marca ilAmanlo tambien caransinchi (cara, cAscara y sinchi,
dura).
Chancar (quichna) : machacar, moler, especialmente minerales.
Existen tambi6n las forms fines chance, trituraci6n o
molida de minerales, maiz u otras substancias (en Chile
vale a la vez por tunda o paliza), y chancador, el que
chance. ICsase en las provincias andinas (Lafone Quevedo)
y Chile (Rodriguez, Lenz).
Changar: hacer trabajos sueltos, de poca monta, y sus fines
change y changador, nsados en Buenos Aires y en todo el
litoral, son, sin duda, corrupciones de las anteriores voces
de origen quichua (chancar, chance, chancador).
Chafar (quichua, Cailas, Lenz): Arbol de fruta comestible (gour-
liea decorticans). Existen otras variedades. Derivado: cha-
faral. Abunda tambien en Chile.
Chara (tehuelche, Lenz): avestruz joven, que no ha alcanzado
sn complete desarrollo.
Charata (quichna o tehuelche): pava del monte, especie de fai-
sAn (ortalida canicollis).










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Charquear o charquiar (de charque o charqui, quichna): hacer
charque.
Charquican (de charque, quichua): guiso de charque. (Tsase en
Chile (Rodriguez, Lenz) y Peru (Palma.).
Charrua (la supone quichua Lafone Quevedo): hierba que se usa
en infusion (micania charrma). VIsase en Catamarca y pro-
vincias del norte.
Chasca, chasco (quichua, Middendorf, Lafone Quevedo): grena,
pelo enmaraiiado, muy crespo. Usase en las provincias an-
dinas, Chile (Lenz) y Peri (Arona). Derivados: chasc6n,
chascudo.
Chaucha (quichua): vaina tierna de los porotos, judias o frjjo-
les. En quichua expresaba papas primerizas y, por exten-
si6n, lo que es tierno, o que no ha llegado a su madurez.
Dicese tambi6n de lo que es pobre o escaso. En Chile
es, ademds, una moneda de 20 centavos que pretendia
pasar como de dos reales (que valen 25), seguin Lafone Que-
vedo.
Chaya (quichua): carnaval; y chayar es andar en carnaval o de
verbena. LTsase en Catamarca (Lafone Quevedo) y provin-
cias andinas.
i Che (araucano; en los dialectos tehuelche y pampa equivale a
hombre. Lafone Quevedo lo supone derivado del guarani
chi, ihola!): Ihola!, th; vocativo que usamos para llamar a
las personas que tuteamos. Parece que es moneda corriente
en Valencia, segfin Segovia, y quedaria por averiguar si se
]a Ilevaron de America.
Chiche (en Catamarca y otras provincial del norte es chichi; en
quichua significa pez6n o cosa menuda): es seguramente la
misma voz chichi, que ha pasado a expresar, en el litoral,
juguete de nenes, adorno, fill.
Chichoca, chochoca o chuchoca (en qnichua, maiz sancochado):
maiz o choclo molido despuds de hacerlo tostar o de sanco-
charlo; suele conservarse para ser comido al terminar el
invierno. Se prepare tambidn con trigo o zapallo. Isase en
las provincias andinas, Chile (Rodriguez, Ortizar, Echeve-
rria y Lenz) y Perit (Palma). En Ecuador dicese chuchuca
(Tobar).










VOCES DE ORIGEN INDIGENA


Chilca (quichua): arbusto medicinal; da una resina aromktica y
es rico en potasa bacchariss salicifolia o fenorensia riparia).
Hay otras variedades. Derivados: chilcanal (Lafone Que-
vedo) y chilcal (Segovia).
Chimango (chima, tema onomatop6yico, y el sufijo -ango): ave
de rapifia que abunda en el centro y sur de ]a Argentina
(milvago pizophora y ochrecephalus). Tenemos el dicho, muy
comfin: < Gastar p6lvora en chimangos... animal que no se
come. >
Chinchulin (del quichna chunchuli) : yeyuno de los o'inos o va-
cunos que result una de las achuras mis apetitosas. En el
norte y centro de la Repdblica dicen chunchulin; en Chile
(Rodriguez, Echeverria, Lenz), chunchullos (o chunchulla),
lo mismo en Colombia (Cuervo, Uribe y U.).
Chingarse (del quichua chinca o chincay, perderse): no explotar,
no salir el tiro. Figuradamente: fracasar, chasquearse. De-
rivado : chingado. [sase en Colombia (Cuervo, Uribe).
Chingana (quichua): casa de diversiones ilicitas, peringundin.
Isase en Catamarca (Lafone Quevedo) y en San Luis (Gez).
Chingolo (t araucano ): el chincol de Chile (zonotrichia pileata)
es semejante a nuestro chingolo, que se parece much al
gorri6n macho, aunque es algo mas pequefio. En Mendoza
lo llaman chingol.
Chirusa o chiruza (del quichua): despectivo de china (criada, en
quichua), que vale por mujer plebeya, sirvienta, de baja
condici6n. Ninguno de nuestros lexic6grafos ha reparado
en este argentinismo, que es muy comfin. Aunque preva-
lece la desinencia -uza en la formaci6n de despectivos, -usa
(que tambi6n se emplea) se acomoda mejor a nuestra pro-
nunciacion.
ChiripA (quichua): genero o cuero de forma cuadrilonga usada
como bombacha por el gaucho y el indio. Tsase en Chile
(Lenz).
Choclo (quichua): mazorca tierna de maiz. lTsase en Chile (Lenz),
Perfi (Arona, Palma), Colombia (Uribe) y Ecuador (Tobar).
Figuradamente es percance o dificultad.
Choto (del quichua chhutu, por chutucu: desollarse, Lafone Que-
vedo): circuncidado; es insulto vulgar, comdn en toda la










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Argentina. S61o en C6rdoba se oye la voz choto en la desig-
naci6n de los cabritos.
Chucaro (quichua): dado como peruanismo por el Diccionario;
es comfin en today la Argentina, en Chile (Rodriguez, Lenz),
Ecuador (Tobar, Cevallos), Colombia (Uribe), Costa Rica
(Gagini), San Salvador (Barberena) y Honduras (Mem-
breilo).
Chucho (quichua): calofrio; fiebre palidica que es end6mica en
algunos parajes del norte. Derivados: achucharse, achu-
chado. Figuradamente: miedo.
Chuchoca (v6ase chichoca).
Chuma (quichua): borrachera. Derivados: chumarse, chumado.
Provincias andinas y del norte. Osase tambi6n en Ecuador
(G. Lemos R.).
Chufia (quichua): ave zancuda del norte (dicholophus Burmeis-
teri). Hay otras variedades. En guarani es said (Segovia).
Chupino (quichua): sin cola. Tsase en Catamarca (Lafone Que-
vedo), San Luis (Gez) y demis provincias andinas.
Churqui (quichua): plant espinosa (prosopisferox).
Chuspa (quichua): bolsa o talega, hecha generalmente con la
vejiga del avestruz (suri o nandi), que se usa para guardar
tabaco o dinero. csase en las provincias andinas (Lafone
Quevedo, Gez).
Guabira o iba-bira guaranii): arbusto de Entre Rios y Corrien-
tes (myrtus mucronata); dase el mismo nombre a un Arbol
de Misiones de final madera (campomanesia crenata).
Guabiyu o ibh-biyu guaranii): arbol del Chaco, Corrientes y Mi-
siones, de fruta comestible (eugenia pungens); se da este
mismo nombre a otro arbol del Chaco, de excelente madera
(myrcia ovata).
Guacho (del quichua; es dado tambi6n como derivado del aima-
rd o chibcha): animal que se cria sin madre, huerfano, hijo
ilegitimo. Esta voz se usa en toda la Am6rica del Sur con
ligeras variantes de significado y no sera dificil que tenga
un origen comfin con la voz que el Diccionario define como
<< polio de gorri6n >. Derivados: guacherio, guachaje.
Guagua o huahua (quichua): nifto de pecho. Osase en las provin-
vincias andinas (Lafone Quevedo, Gez), en Chile (Rodri-










VOCES DE ORIGEN INDIGENA


guez, Lenz), Perf (Arona, Palma), Ecuador (Cevallos, To-
bar, G. Lemos R.). Es indudable que el origen de esta voz
quichua es onomatop6yico.
Gualicho (del pampa o tehuelche): demonio o geuio del mal, cau-
sante de todas las desgracias, entire los indigenas del sur y
los gauchos. En Chile dicen gualichu o hualichu (Echeverria
y Rodriguez, Lenz).
Guapoi o ibapoi guaranii): especie de higuerasilvestre del Cha-
co y Corrientes, de fruto comestible (ficus subtriplinervia).
Guaporu o ibaporu guaranii): arbusto de fruta comestible, pare-
cida a una guinda negruzca, que se produce adherida al
tronco (eugenia cauliflora).
Guata o huata (araucano): barriga o panza. Case en las provin-
cias andinas y cuyanas (Lafone Quevedo, Gez); tambi6n en
Chile (Rodriguez, Echeverria, Lenz).
Guatambi guaranii): Arbol de Misiones. Se conocen el guatambi
amarillo (aspidosperma olivaceum) y el guatambi blanco (bal-
fourodendron riedelianum), de madera muy resistente.
Guayaibi guaranii): arbol del norte, de muy buena madera, usa-
da para muebles y objetos de adorno (patagonula ameri-
cana).
Guayana, indio que habit el norte de Misiones, descrito por
Azara.
Guayaqui, indio de los bosques paraguayos, bajo y de mala in-
dole, de un idioma poco articulado y de alaridos, segin
Azara.
tiuahua (v6ase guagua): en esta, como en otras voces, consider
mis acertado el uso de la g, ya que es letra que bien distin-
tamente se oye.
Huata vasee guata).
Humita, aunque la Academia hace descender esta voz americana
de humo, es mas probable que deba su origen, como lo ad-
vierte Arona, al quichua huminta, convertido en humita por
influencia de la terminaci6n diminutive ita, la que m;s se
oye en America.
Ibiraro (v6ase biraro).
Inga (tupi, Segovia): arbol del norte, leguminoso, excelente ma-
dera (inga specialist y uruguensis).










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Isondu (en guarani: gusano luminoso): larva luminosa de dos a
diez centimetros, que en la noche parece una joya adornada
con piedras preciosas.
Jacaranda (del tupi: yacarandd) : arbol del norte, de hermoso
follaje y primorosas flores azules, en racimos (cheloniajaca.
randd). Tiene el mismo nombre otro arbol alto, espinoso,
de madera obscura muy apreciada (prosopis kuntsei).
Jaguiel. El Diccionario da jagiiey, que es la forma usada en el
Peril, en San Salvador (Berberena) y en M6jico (R. Duar-
te). En Argentina y Chile decimos jagiiel. Es pozo mas o
menos grande que sirve para dar de beber a las haciendas
o para riego. Lenz describe jahuel y da a esta voz como pro-
veniente del taino de Haiti, apoyandose en una cita do
Oviedo. Segovia la supone de origen quichua.
Jote (del quichua probablemente; Lenz la supone de origen me-
jicano) : gallinazo negro de las regions andinas (cathartes
aura). Case en las provincias andinas, en Chile y en el
Peri.
Jume (de M6jico o Antillas, segiun Lenz; para Lafone Quevedo,
del cacAn): arbusto cuyas cenizas son may ricas en potasa
(lycium humile, salsum y otros). Es comin en las provincial
andinas y en Chile, donde hay tambien un pez de este nom-
bre. Derivados: jumeal o jumial.
Lampalagua (v6ase ampalagua).
Laucha (araucano): ratoncillo. Osase tambidn en Chile (Z. Ro-
driguez, Lenz).
Lechiguana (quichua): avispa melifera nectarinaa mnellifica opo-
listes lichiguana).
Llapa o yapa (quichua): adehala y tambi6n la parte extrema del
lazo que terminal en la argolla. En el Peri, segin la Acade-
mia, es un t6rmino de mineria.
Llareta o yareta (quichua): hierba que es comin en las alturas
andinas (azorella specialist .
Maca guaranii): ave acuatica parecida al somorgujo; abunda en
el litoral argentino (podilymbus podiceps).
Macagua (la Academia da macagua, como voz caribe; es guara-
ni, segin Segovia): ave rapaz (herpetotheres cachinnas).
MaitBn (araucano): arbol siempre verde de excelente madera y









VOICES DE ORIGEN INDIGENA


de hojas medicinales (maytenus magellanica, chilensis o
boaria).
Mamboreth guaranii): especie de mantis o mate; 11Amasele tam-
bi6n profeta o ruega-Dios; en las provincias cuyanas, come-
piojos.
Mandiyti (en guarani: ovillo amarillo): malvAcea de flores blan-
cas que da en las raices un bulbo que semeja un ovillo ama-
rillo (gossipium herbaceum).
Mandiyi-ra (en guarani: parecido al mandiy4) : Arbol de Misio-
nes, de madera esponjosa (ceiba glaziovii).
Manganga guaranii): especie de abejorro, grande y velludo, que
horada los palos viejos para anidar en ellos.
Manguruyu guaranii): pez grande, parecido al bagre, de came
muy apreciada. Abunda en los rios del litoral.
Manid o mahili (araucano): Arbol del sur, delos bosques patag6-
nicos podocarpuss chilina y saxegothea conspicua). Abunda
tambidn en el sur de Chile (Lenz).
Mapuche (araucano): indio chileno o araucano y su idioma.
Mara o mara (araucano o pampa): liebre de la Patagonia (doli-
chotis patagonica).
Marlo (L quichua ?): es el zuro, voz que no usamos. En el Perd,
Chile y provincias andinas dicen coronta (del quichua oco-
ronta). Bien puede ser nuestro marlo, como advierte Cuer-
vo, simple modificaci6n de la voz maslo, que tanto se le ase-
meja en sus significados.
Matete (probablemente del guarani matetd, que significa algo
muy revuelto, segdn Segovia): cocimiento o mezela de
substancias que forman una masa revuelta y semiliquida.
En Cuyo es cierto cocimiento de afrecho.
Matico (quichua): hierba medicinal (piper angustifolium o budd-
lera tucumanensis). El Diccionario, ediciones 13ay 14a, trae
mdtico; pero dan como grave esta voz Lafone Quevedo,
Ortfizar, Echeverria y Reyes, Lenz y otros autores feha-
cientes.
Matra (pampa): jerga de lana tejida por las indias.
Micure guaranii): especie de comadreja; zarigileya, en el Brasil.
LlAmase al norte guaqui (voz quichua), y tiene otras deno-
minaciones. Es el didelphis Azarae.










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Minga (quichua): reunion de amigos y vecinos para realizar en
comin y divertidamente algin trabajo, sin mis estipendio
que lo que se coma o beba, quedando cada cual obligado a
la reciprocidad. Estar en minga : estar en una de estas
reuniones. Mingar; hacer minga, encargar. Tsase en Cata-
marca, segdn Lafone Quevedo, y en las provincias del nor-
te; fisase tambi6n en Ecuador, segfin G. Lemos R., quien
agrega el derivado mingador.
Mita (quichua): turn, turno en el regadio o en el trabajo que
se realize altern'ndose. Usase en Catamarca, Lafone Que-
vedo.
Mito (quichua): goma o resina de los algarrobos. lsase en Cata-
marca.
Molle (quichua): Arbol de buena madera y de fruto muy dulce;
abunda desde el Perui hasta nuestra provincia de San Luis.
Hay diversas variedades (lithraea molle Gay y schinus molle
o moyaferox). Existe tambi6n en Chile (Lenz).
Nacanink (en guarani: cabeza alerta: vibora que es comfin en
el litoral.
facaritia guaranii): Arbol del norte, de medula y fruta comesti
ble (yacaritid dodecaphylla).
Nandipa guaranii): Arbol del norte; de su fruto obtenian los
indios una tintura que les servia para pintarse. Hay diver-
sas species (sorocea elicifolia, s. soxicola y otras).
Nandubay guaranii): Arbol del norte, de madera dura, muy usa-
da como combustible, y para palos de alambrados y corra-
les (prosopis iandubay).
Napinda (en guarani: arranca-cabello): mimosa de muchas espi-
nas, que se emplea como cerco. LiAmase tambidn uia de
gato (acacia bonaeriensis).
Naupas (quichua): s6lo se usa en la locuci6n adverbial tiempos de iaupas >; vale decir, antiguamente, en tiempos
de Maricastafa. Isase tambien en el Peru (Arona). En
Chile dicen -aucas (Z. Rodriguez, Lenz).
Neque (en araucano, fledquefe, es atrevido o arrogante, segi6n
Febr6s): bizco, tuerto; se dice tener un ojo ieque >. En
Chile es atrevido, arrogante, fuerte (Febr6s, Ortizar,
Echeverria, Lenz); en Costa Rica, fuerte, hibil (Gagini).










VOICES DE ORIGEN INDIGENA


EstA anotada por Gez como puntanismo; se usa tambidn
en Buenos Aires y otras provincias.
Nire o fiirre (araucano): Arbol de la Patagonia y del sur de Chi-
le. Hay diversas species (nothophagus antarctica, n. pumi-
lio, etc.).
Nuto (quichua): remolido, aplastad6. Qued6 iutito : hecho hari-
na. rsase en Catamarca (Lafone Quevedo) y provincias del
norte.
Ocote u ocoti (quichua): trip gorda. lisase en las provincial
andinas.
Ochar u ochear (probablemente del quichua): asechar y provo-
car o azuzar. Lsase tambidn en Chile (Lenz).
Opa (quichua): tonto o idiota.
Pacara (del quichua probablemente) : Arbol del norte; corpu-
lento; especie de timb6; madera parecida al cedro y frutos
que se utilizan como jab6n para lavar (enterolabium tim-
bouba).
Pacay (quichua): arbol del norte; de las leguminosas; de fruta
comestible (inga affinis).
Pacd guaranii): pez grande, obscure, escamoso, de buena care
(pacu nigricans).
Paico o payco (quichua): nombre vulgar de varias hierbas aro-
mAticas y medicinales, parecidas entire si, de las provincias
andinas (Lafone Quevedo, Gez) y de Chile (Lenz): (roubieva
multifida, ambrina pinatiseca o ambrosioides y chenopodium
anthelminticum o chilensis). El Diccionario de la Academia
trae paico, pazote, chilenismo.
Palan-palan (quichna): arbusto medicinal, de hojas lanceoladas.
Suele desarrollarse sobre los muros y casas descuidadas
nicotianaa glauca).
Pallaquear (del quichua): rebuscar metales en los desmontes.
Derivado: pallaqueo. IOsase en Catamarca (Lafone Queve-
do) y provincias del norte.
Pallo o payo (quichua): albino. lsase en las provincias andinas
(Lafone Quevedo, Gez).
Pascana (quichua): lugar done se sueltan animals; parada de
arreos. Pasca: soltar, perdonar. iJsase en Catamarca (La-
fone Quevedo) y provincias del norte.


XLIX-5


ART. ORIG.










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Paspar (del quichna paspa, grieta): agrietarse o escoriarse la
piel. Derivados: paspado, paspadura.
Patasca (del quichua pata, abrir, reventar): mote patasca, mote
o mazamorra de maiz dulce, pelado.
Pati guaranii): pez sin escamas, color atigrado, care amari-
Ilenta y excelente para la mesa (pimelodus pati).
Pasuco o paxuco : da Lafone Quevedo la segunda de estas for-
mas y la supone voz hibrida (quichua y castellano). He
oido en la provincia de Buenos Aires pasuco, para desig-
nar, como en Catamarca, al caballo que no sale del paso;
y se me ocurre que se trata de la radical castellana pas (de
paso) y la terminaci6n despectiva uco.
Payana o pallana (del quichna pallay, recoger del suelo, o palla-
llay, recoger un poco): juego de habilidad que se ejecuta
recogiendo y barajando con una mano piedrecillas, mone-
das, carozos, etc. En Chile: pallalla o payaya (Lenz).
Pecana (quichua): mortero de piedra en que se muele maiz.
lisase en Catamarca y provincias del norte (Lafone Que-
vedo).
Pehu6n (araucano): conifera del Neuqu6n y del sur de Chile;
produce grades piiiones comestibles araucariaa imbri-
cata).
Pehuenche (araucano -che, gente): indio de la region del Pehunn.
Peterebi (guarani): arbol de Misiones, de excelente madera para
muebles y construcciones, llamado tambi6n loro. Hay algu-
nas variedades: loro negro (cordia allidora), loro amarillo
(cordia hypoleura), etc.
Picunche (del pampa: gente del norte): indio de una tribu que
estaba al norte de los tehuelches.
Pichana (quichua): escoba; plant ramosa que, atada en mano-
jo, hace de escoba (cassia aphylla y baccharis spartioides).
lisase en las provincias andinas, cuyanas y del norte (La-
fone Quevedo, Gez). Es tambi6n comfin en el Peri (Arona).
En Colombia dicese pichanga (Uribe y U.).
Pichicho (quichua): nombre que se da a los perros, especial-
mente a los pequefos, para llamarlos.
Pichincha (h quichua ?; en portugu6s hay pechincha, con signifi-
caci6n parecida): ganga, suerte inesperada, negocio muy










VOCES DE ORIGEN INDIGENA


ventajoso. Lugar del Ecuador, clebre por la batalla que
lleva este nombre. Derivados: pichinchar o pichinchear,
pichinchero.
Pichulear o picholear (del araucano): obtener gajes o pequeilas
ganancias con merodeos o trabajos de escasa importancia.
Derivados: pichuleo o picholeo, pichuleador o picholeador.
En Chile es jaranear (Rodriguez, Echeverria, Lenz); en
Honduras (Membreio), jugar apostando pequeilas cantida-
des de dinero; yen Guatemala (Batres J.), ganar con ardid
en el juego. La extension geogrdfica del termino me trae
alguna duda respect al origen indio; acaso se trate de un
derivado del antiguo picho, picha (hoy gallego). Esto expli-
caria por qu6 en Chile vale tambidn este verbo por fornicar
y masturbarse (Lenz).
Pichusca (quichua): for en cierne, cuando derrama el polen.
Usase en las provincias del norte (Lafone Quevedo).
Pilchas (del pampa probablemente): prendas de uso personal,
especialmente las del gaucho. Tsase tambien en Chile (Ro-
driguez, Lenz).
Pilon (araucano): sin orejas. lGsase tambien en Chile (Rodriguez,
Lenz).
Pingiiin, pingiiino o penguin (delos dialectos patag6nicos proba-
blemente): palmipeda de alas rudimentarias, que abunda
en las regions australes; es muy semejante al pdjaro nifo
(aptenodytes patagonica).
Piquillin (quichua): arbusto que se cubre de una frutita esferica,
roja o amarilla, muy dulce, comestible (condalia mycrophy-
Ila); abunda en las provincias del interior y Cuyo (Sego-
via, Gez). Lafone Quevedo cita, con el nombre de piquilli,
otra especie (cond. lineata), que es comin en Catamarca y
provincias del norte.
Pirca (quichua): cerco o pared de piedras. lsase en las provin-
cias audinas (Lafone Quevedo, Gez). La Academia da este
t6rmino como chilenismo; es mis comfin en el Peru (Arona,
Palma).
Pirquinear (del araucano pilquen, trapos): trabajar sin metodo
y con escasos recursos, especialmente en ]a explotaci6n de
una mina. La Academia da esta voz como exclusive de Chi-










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le. Se usa tambi6n en nuestras provincias de Cuyo (Gez);
en Catamarca y provincias del norte dicen pilqui*ear, tra-
bajar al pilquin (Lafone Quevedo). Derivados: pirquinero,
pirquineo.
Pirhua (quichua) : troje para guardar algarroba, sal u otras
substancias. lUsase en las provincias de Cuyo (Gez) y Cata-
marca (Lafone Quevedo).
Popi guaranii): nombre que se da a la mandioca monda y secada
al sol, en la provincia de Corrientes y regions circunve-
cinas.
Poro (del quichua puru, calabaza para agua): calabacita que se
usa para tomar mate, especialmente aquella que no tiene
mango.
Porongo (del quichua puruneu) : calabaza de la lagenaria vulga-
ris y de otras cucurbiticeas, que se emplea como vasija o
cntaro. fsase tambidn en Chile (Lenz), en el Perd (Arona,
Palma) y en Rio Grande del Brasil (Beaurepaire). Hay en
C6rdoba una laguna llamada de los Porongos.
Poi'uia (quichua) : especie de cuchar6n o vaso hecho de un cuer-
no de vacuno partido, que se usa en los lavaderos de oro.
(Tsase en las provincias andinas (Lafone Quevedo) y en
Chile (Lenz).
Pucho (del quichua puchu, sobrante, residuo): colilla (expresi6n
que poco usamos). Resto o pequefia parte de cualquier co-
sa. -lsase tambi6n en Chile (Rodriguez, Lenz), Perf (Aro-
na, Palma), Ecuador (Cevallos), Colombia (Cuervo, Uribe
y U.).
Puelche (del araucano: gente del oriented : indios que merodea-
ban en la parte oriental de los Andes, por el Neuqu6n y la
Pampa. Consta esta voz en el canto IX de La Araucana de
Ercilla (cita de Lenz). Usase tambi6n en Chile (Echeverria,
Rodriguez, Lenz).
Pupu (quichua): ombligo. lsase en las provincias de Cuyo (Gez),
y andinas (Lafone Quevedo). En Chile dicese pupo (Lenz);
en Ecuador, pupu (Cevallos) y pupo (G. Lemos R.).
Quilmes: indios de una tribu calchaqui que fueron traidos y
confinados en las cercanias de Buenos Aires, donde hoy
esta la ciudad de este mismo nombre.










VOCES DE ORIGEN INDIGENA


Quillango (del arancano iculla, manta, o directamente del pampa
iquilla, con el sufijo castellano -ango) : manta de pieles pre-
parada por los indios de la Pampa y Patagonia.
Quillay (araucano): Arbol cuya corteza es muy rica en saponina
(sapindus saponaria o quillaja saponaria). Abunda tambi6n
en Chile (Lenz).
Quinoa o quinua (quichua): plant annual, de uno a dos metros
de altura, muy rica en potasa (chenopodium album y ch.
purpurascens). Encu6ntrase tambi6n en el Pern (Arona,
Palma) y en Chile (Lenz).
Quisca (quichua): espina, cabello aspero y tieso que se parece
a las espinas. Derivado : quiscudo, espinoso, de cabelle-
ra erizada. Tsase en las provincias andinas y en Chile
(Lenz).
Ranquel (araucano): indio de una tribu n6made que habit la
Pampa. Segin Segovia, se llam6 antes ranquelche (gente
de los cafiaverales). Derivado: ranquelino.
Saguaipe (idel guarani?): especie de sanguijuela, abundante en
los pantanos (fasciola hepatica); bebido el germen por las
ovejas se desarrolla en el higado de estos animals ocasio-
nindoles graves trastornos y hasta la muerte si no se pone
pronto remedio.
Samuu guaranii) o yuchan (quichua): es el palo borracho (chori-
sia insignis o speciosa), arbol de tronco abultado y de raro
aspect; abunda en el interior y en el norte argentino; sus
frutos contienen una especie de algod6n que se emplea en
la fabricaci6n de telas y en otros usos.
Sarandi guaranii): arbusto que crece en las riberas y en los te-
rrenos pantanosos del litoral argentino. Hay dos gdneros,
el sarandi colorado (cephalanthus sarandi) y el sarandi blan-
co (phillantus sellovianus).
Saria (vWase chufia).
Sebil (en guarani es curupai: arbol del hechizo): leguminosa de
excelente madera, muy dura; corteza rica en tanino, isase
en teneria (piptademia sebil). Parece que los indios come-
chigones aspiraban el humo del fruto por las narices.
Seibo: se trata de la leguminosa (erythrina cristagalli de L.) de
hermosas flores rojas, que adorna las riberas del Plata. R.










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Obligado ha escrito seibo; el doctor V. E. Montes, en la
Tejedora de ianduti, dice seibo, y 6sta es la pronunciaci6n
que mis he oido. Es quizA la misma voz ceibo (o ceiba), de
origen indigena, que design un Arbol colosal de Cuba y
otras regions americanas, aunque no tenga con 61 mAs
semejanza que el color de las flores y algfin parecido en la
forma; el cambio de la c por s se explica por adaptaci6n a
la pronunciaci6n que es mAs comin en nuestra tierra, don-
de la z y la c suenan como s, no como linguodentales.
Surubi (v6ase zurubi).
Tacuara guaranii): >, dice el 16xico
de la Academia. Usamos la palabra como grave (tacuiara o
caila tacuara) y abunda en las riberas del Alto Parana, Co-
rrientes y Misiones. Derivado: tacuaral.
Tacuarembo guaranii): cafla mas delgada que la tacuara, maciza
y muy flexible. Da nombre esta voz a un departamento del
Uruguay.
Tacuri guaranii): monticulos de tierra arcillosa levantados por
las hormigas en terrenos anegadizos de Misiones y otras
regions del norte. Tambi6n en Rio Grande del Brasil
(Beaurepaire-Rohan). Derivado: tacuruzal.
Tamandua guaranii): es el oso hormiguero, que la Academia lla-
ma tamdndoa, dando a esta voz como de origen quichua.
Taruma guaranii): Arbol de buena madera; de corteza y hojas
medicinales; fruto muy semejante a la aceituna (vitex mon-
tevidensis).
Tasi (Lquichua?): enredadera silvestre; asclepiAdea de vistosas
flores; da un fruto grande de uso medicinal; se encuentra
en casi toda la Argentina (arauja o phisianthus albens, de
Grah., tambidn morenia odorata y campestris). En Cata-
marca Ildmanla doca para eludir la voz tasi, que design la
vulva; por igual raz6n, en San Luis, dicen penca y no tuna.
En Chile es doca el mesembrianthemum chilensis.
Tatare (en guarani: fuego sin llama): Arbol del norte; mimosa
de madera amarillenta excelente para muebles y construc-
ciones navales (pithecolobium tortum).
Tatu guaranii) : nombre indigena que dan al armadillo en el li-
toral; en Buenos Aires es peludo o mulita, segfn la espe-










VOCES DE ORIGEN INDIGENA


cie; en las provincias andinas y del norte, quirquincho (qui-
chua).
Tehuelche (arancano: gente del sur): indio de la Patagonia.
Tembetari guaranii): arbol espinoso del norte; de madera final
(zanthoxylum naranjillo y fragara acuttfolia).
Tenca (araucano; de origen onomatop6yico, segin Lenz, porque
el grito mis comin de esta ave es cutrenca) : pmjaro cantor,
parecido a la calandria (mimus tenca y mimus triurus). HA-
llase en las provincias andinas y en Chile.
Timbo guaranii): arbol muy empleado para hacer bateas y ca-
noas; es una mimosa (enterolabium timbouba).
Timbi6 (en guarani: nariz o respiraci6n sonora, Segovia): tribu
de indios de la provincial de Santa Fe; fueron los destruc-
tores del fuerte que estableci6 Gabotto, hecho que di6 argu-
mento a la conocida tragedia de Labarden, Siripo.
Tincar (quichua; segin Middendorf: t'incay, dar capirote): dar
capirote o capirotazo. TYsase en el interior y norte de la
Argentina. En el Ecuador es tingar (Cevallos, Tobar). En
Catamarca llaman tinca al vacuno que choca las piernas al
caminar, y tincudo al individuo que golpea tinca las
rodillas al andar.
Tintitaco (quichua): es el prosopis adesmioides, especie de alga-
rrobo de madera retorcida y olorosa; produce una substan-
cia tint6rea.
Toba: indio del Chaco, errante, bastante ind6cil; suele trabajar
en los ingenios azucareros. Su habla tiene alguna semejan-
za con la del abipdn.
Tongori (quichua): es6fago del animal vacuno.
Tonocote: indio que poblaba el sur del Chaco; tribu delos lules
o lulds.
Trepual (araucano o pampa): arbol del Neuqudn, de excelente
madera (tepualia stipularis).
Tuco (quichua): lucidrnaga grande, que tiene dos discos lumino-
sos en la cabeza. Abunda en las provincias andinas.
Tucutuco (voz onomatopdyica; quichua o cacAn, segiin Lafone
Quevedo; en el litoral Ildmanlo anguyd-tuti, en guarani,
rat6n tutu) : roedor que vive, como el topo, en galerias sub-
terrAneas; se nota su presencia en la noche por su voz










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tucutucu-tucu. Existen diversas species (ctenomys fulvus,
ct. brasiliensis).
Tusca (quichua): variedad de acacia, llamada tambidn espinillo
o churqui; crece entire las piedras y da un fruto dulce que
se emplea para hacer aloja (acacia aroma y moniliforme).
Tuturuto: mas usado en femenino (tuturuta); vale entire nos-
otros por turulato o vocinglero. Aunque Lafone Quevedo
present esta voz como de origen cacano, y Z. Rodriguez,
como quichua; estoy con Cuervo que la supone de forma-
ci6n onomatop6yica.
Tuyuyi guaranii): especie de cigiiefa de gran tamailo (micteria
americana).
Ura guaranii): mosca grande de las regions del norte que intro-
duce sus huevecillos bajo la piel (especialmente debajo de
las ufias de los pies, en el hombre) o en heridas, donde se
crian luego gusanos que ocasionan graves molestias. Hay
mariposas que reciben la misma denominaci6n.
Uraco: voz dada como de origen quichua por Lafone Quevedo;
es de formaci6n castellana, de foraco, lo que indica que
debe escribirse huraco. Citada por Zerolo, Toro Gisbert,
Cuervo, Uribe y U., Echeverria y R., Lenz y otros autores;
s6lo a la Academia se le pasa por alto. Eu portugues es
buraco.
Urubi o irubh guaranii) : especie de buitre (cathartes foetens,
aura, o catharista atrata) que el 16xico de la Academia lla-
ma aura, gallinaza o zopilote. En el interior y provincias
andinas, y en Chile es jote; en el Peru, gallinazo o gallina-
za; en M6jico, zopilote; en Venezuela, galembo o chicora.
Urunday guaranii): Arbol gigantesco, de madera fuerte, impu-
trescible, excelente para construcciones (astronium balan-
sae, a. candollei).
Urutad (en guarani: ave misteriosa): rapaz nocturnal, lechuza
del Paraguay y del norte de la Argentina. Hay dos espe-
cies, el nyctibius grandis y el nyctibius guianensis o albicoi-
des; dste es de menor tamatio. El canto de esta ave es
ligubre y tiene alguna semejanza con el llanto; de aqui el
verso de Nenia, el mas popular poema de Guido y Spano:
<< Llora, ilora urutai... >>










VOCES DE ORIGEN INDIGENA


Vacaray guaranii): esta voz, usada en el litoral para designer al
ternero nonato, es, como bien lo advierten Granada y Sego-
via, de formaci6n hibrida; proviene del castellano vaca y
del guarani rai (i guttural hijo con relaci6n al padre.
Vincha (quichua): correa, cinta o pailuelo con que los indios se
apretan la cabellera; se pasa ante la frente y rodea la
cabeza.
Vinchuca (quichua): insect molestisimo por su picadura y su
hedor; es algo mayor que la chinche (conorrhinus infestans).
Viravira (del quichna huira-huira, muy gordo): plantita silves-
tre, de usos medicinales (snaphalium viravira).
Yacare guaranii): es el caiman o aligator de la Argentina. Sego-
via cita cinco variedades de este terrible saurio: el trigo-
natus (triangulado), el palpebrosus (de gruesos parpados), el
negro (caiman niger), el alligator latirostris (car6n) y el colo-
rado (alligator sclerops).
Yaci guaranii, con origen onomatopeyico): gallinacea, especie
de faisAn de las regions del litoral, conocido por < pava
del monte >>; son afines el yacutoro y la yacutinga.
Yaguane (en guarani: perro hediondo): es el mephitis suffocans,
llamado mofeta y yagurd por la Academia. Yaguand es
corriente en el litoral argentino, en el Paraguay y sur del
Brasil; regions donde tambien design, por extension del
significado, el color de los vacunos que tiene algin pare-
cido con el que es caracteristico del mephitis (negro o muy
obscure con fajas blancas). En Buenos Aires, C6rdoba y
otras provincias con6cese este animal por zorrino; en las
provincias cuyanas y andinas por chine, voz araucana; en
Chile es chingue. En Honduras llmanlo zorrillo y en Costa
Rica, zorro hediondo.
Chige es tambi6n (Lenz) el nombre vulgar de un arbusto
chileno, la grindelia tarapacana.
Yaguarete guaranii): es el jaguar o tigre americano.
Yapa o Ilapa (quichua): adehala, lo que se da de gracia al que
compra algo, ailadidura, sobrante o lo que va de mis en
alguna cosa. Designa la parte final del lazo, la que remata
en la argolla. La voz llapa que trae el 16xico como perua-
nismo ha de referirse a otra significaci6n del quichua llapa










REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


o yapa. Result preferible esta iltima ortografia (yapa) que
estf de acuerdo con la pronunciaci6n que damos al vocablo.
Tisase en Chile (Rodriguez, Lenz), Perd (Arona, Palma),
Ecuador (Cevallos, Tobar, G. Lemos R.), Colombia (Uribe
y U.; Cuervo trae Jiapa) y otros raises americanos.
Yapli (en guarani: embustero): esta ave debe su nombre a la
facilidad con que imita, segfin Moraes, el canto o grito de
otras aves y de diversos animals. Azara dice que es una
especie de tordo-urraca.
Yarara o yararaca guaranii): es la bothrops brasiliensis, vibora
venenosa que abunda en Misiones, Chaco, Brasil y otras
regions calidas de la Amdrica del Sur.
Yareta o Ilareta (quichua): v6ase Ilareta, y dejaremos advertido
que preferimos la y en la ortografia de esta voz.
Yatay guaranii): hermosa palmer del Paraguay y Brasil; Ili-
manla tambi6n yatai.
Yua guaranii: yu, espina; a, fruto): plant medicinal (solanum
paniculatum).
Yuqueri guaranii): plant espinosa que crece en el norte (acacia
riparia). El yuqueri guazi (yuqueri grande) es la pisonia
precox, especie de zarzamora.
Yuyo (del quichua yuyu o llullu, hierba tierna, segin Midden-
dorf) : maleza, hierba initil. En Chile es nombre vulgar del
nabo y design a la vez cualquier hierba silvestre (Rodri-
guez, Lenz, etc.); en el Perd, hierbas guisables o comesti-
bles (Arona); en Ecuador, hierbas finas de la cocina usadas
como condimento (Tobar); en Colombia, cierta salsa de hier-
bas (Cuervo). Derivado: yuyal, conjunto de yuyos o lugar
donde 6stos abundan.
Zapallo (del quichua sapallu): especie de cucurbiticea, de la que
se conocen muchas variedades: de tronco, angola, criollo,
santiagueio, etc. Se prepare de diversas maneras, cocido,
asado, en guisos, en dulces, etc. Es realmente raro que la
Academia no haya podido dar entrada ain a esta voz tan
conocida en Amdrica : ha sido citada por Echeverria, Ro-
driguez, Ortfizar, Caiias, Lenz, etc. (Chile); por Arona y
Palma (Perti); por Ferraz y Gagini (Costa Rica); etc.
Tenemos el derivado zapallar, plantaci6n de zapallos.







VOCES DE ORIGEN INDIGENA 75

Zurubi o surubi (del guarani surubi, pie] escurridiza): pez del
litoral, grande, de piel lisa, color atigrado, excelente came;
se parece al bagre. Si hemos de atenernos a la pronuncia-
ci6n que es corriente en la Argentina, mis conviene la s
que la z en la ortografia de esta palabra.


JUAN B. SELVA.

Dolores (Bs. As.), junio de 1922.















EL DOCTOR CAMILO MOREL





El 30 de diciembre de 1921. en PiriApolis, donde pasaba sus
vacaciones amargadas esta vez por una persistent dolencia,
- ha fallecido el doctor Camilo Morel. Diriamos, casi, que la
muerte lo ha sorprendido en tierra extranjera, pues habia toma-
do carta de ciudadania argentina y sentia entrafiable carilo por
nuestro pais, donde han nacido sus hijos.
El doctor Morel se habia vinculado a nuestra cultural por el
esfuerzo de diez y siete afios de areas docentes, ejercidas con
dedicaci6n constant, con seriedad, con altura, con vocaci6n de
maestro.
Naci6 en Ginebra, de padres franceses, el 2 de agosto de 1866.
Estudi6 en Friburgo, en cuya Universidad alcanz6 el grado de
doctor en filosofia y letras, y luego en Paris, donde profundiz6
lo que fu6 su especialidad y su discipline favorite: la filologia.
En el afio 1902 vino a nuestro pais con el intent de radicarse
en la campaia, dedicando su capital y sus energies a la explo-
taci6n de una estancia. Pero otro debia ser su destino. Conoci6
al doctor Rodolfo Rivarola, quien lo present a Miguel Cane,
primer decano de la Facultad de filosofia y letras, y al doctor
FernAndez, ministry de instrucci6n pfiblica. Encomend6le el
doctor FernAndez la preparaci6n de planes y programs para la
ensefianza del frances en la Escuela normal de lenguas vivas, y
la consagraci6n que sus aptitudes merecian no podia tardar.
Asi, en el mismo dia, 1-0 de marzo de 1905, era llamado a ocu-
par la cAtedra de estetica en nuestra Facultad de filosofia y
nombrado professor de lengua y literature francesa en la refe-
rida Escuela normal.











EL DOCTOR CAMILO MOREL


Iniciando su carrera bajo tales auspicios, debia ocupar otros
puestos en la ensefianza: al ailo siguiente obtenia una citedra
de psicologia en la misma Escuela normal, a la que en el mis-
mo establecimiento vendria a agregarse en el aiio 1912, la de
filologia. Fud, ademss, professor de frances en el Colegio military
y de literature francesa en el Colegio national de Buenos Aires.
Finalmente, el 11 de mayo de 1917, era nombrado professor de
historia del arte en la Facultad de filosofia y letras, donde tuvo
tambidn a su cargo, accidentalmente y durante algunos meses
del afio 1919, la c~tedra de literature de la Europa meridional.
Form6 parte del Consejo directive de esta Facultad, siendo
elegido por primer vez, por el tirmino de uni ao, el 11 de
agosto de 1917. Reelegido el 27 de septiembre de 1918, caduc6
su mandate al producirse la reform universitaria; pero en el
Consejo elegido de acuerdo con el nuevo estatuto, el 24 de octu-
bre de 1918, entraba el doctor Morel, sorteado para cumplir un
period de dos aiios.
Na en su pais de origen el doctor Morel se habia liecho cono-
cer en el mundo de las letras con dos obras que dicen de su ver-
saci6n dantesca. La primer en data, Une illustration de l'Enfer
de Dante, avec LXXI miniatures du XVe siccle (Paris, Librairie
Universitaire, H. Welter, 1896), reproduce en fototipia y descri-
be las miniatures de uno de los dos manuscritos conocidos del
comentario sobre el Infierno de Dante, de Guiniforto Bargigi,
existence en la Biblioteca national de Paris.
La otra obra, intitulada Les plus anciennes traductions fran-
gaises de la Divine Comedie (Paris, Librairie Universitaire, 1897),
contiene una traducci6n francesa an6nima del Infierno, conser-
vada en un manuscrito de la Biblioteca national de Turin, una
traducci6n francesa complete de la Divina Comedia, segfin un
manuscrito de la Biblioteca imperial de Viena, que data de la
segunda mitad del siglo xvI, y finalmente los fragments de la
traducci6n de Bergaigne, reducidos a los cantos I, XV y XVII
del Paraiso.
La publicaci6n de los viejos textos va acompaiiada de abun-
dantes notas de caricter filol6gico, que paso a paso van acla-
rando el sentido de los terminos y giros obscures de la vieja
lengua francesa, amBn de informaciones relatives a los hechos












REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


hist6ricos y alusiones mitol6gicas contenidas en las dos version.
nes del Infierno, de los manuscritos de Turin y de Viena.
La labor de la cdtedra no impidi6 que el doctor Morel siguiera
escribiendo entire nosotros. Produjo various articulos y trabajos,
publicados, unos en la Revista de la Universidad, otros en la Re-
vista de derecho, historic y letras, muchos de los cuales corren
aparte en forma de folletos. Para mejor ilustraci6n, haremos
menci6n de estos articulos clasificAndolos segin su material, a
saber:
Est6tica. Ojeada sobre la evolucidn de las ideas esteticas a tra-
vis de los siglos (Rev. Univ., t. III); El arte y la moral (Ibid.,
t. V); Genesis de la emocidn estetica (Ibid., t. IX); Las leyes de la
critical literaria y artistic; Lo bello y sus condiciones; Objeto del
juicio estitico; Valor estdtico de la obra de arte (Ibid., t. IX); El
cartesianismo en sus relaciones con las ideas esteticas del clasicis-
mo francs (Ibid., t. XXXIV); Las doctrinas de Arist6teles : el
arte y lo bello (ibid., t. XLIII); Consideraciones sobre la natura-
leza de lo bello, de la emocion estitica y del juicio estdtico (Rev. de
der., hist. y let., t. XXVIII).
Filologia. Objeto, mitodo y desarrollo de la filologia roman
(Rev. de der., hist. y let., t. XVI); La lengua francesa desde sus
origenes hasta el siglo X VI (ibid., t. XVII); Bosquejo de la histo-
ria de la lengua francesa desde el siglo XVI hasta fines del siglo
XVIll (Ibid., t. XVIII).
Educaci6n. Cuestiones actuales de educacidn en la Reptiblica
Argentina (Rev. arg. de cienc. polit., t. I); La enseianza prepara-
toria en la Rep blica Argentina (Rev. Univ., t. I); El alumno :
factor principal en la ense2anza secundaria; El alumno en los
colegios nacionales, cdmo educarlo mejor (Ibid., t. II).
A todo ello podrian sumarse ain algunos discursos, pronun-
ciados en actos escolares o universitarios, para tener una resefia
complete de la labor realizada por el hombre de robusta inteli-
gencia, de vasta erudici6n, de fino sentido critic que acaba de
irse.
A. C.
















EL ROMANTICISM BAJO LA TIRANIA N(

(Continuacidn)





PARTE TERCERA

LA INTELIGENCIA PROSCRIPTA


EL CAMINO COMUN

<< El caf6 de Don Antonio dice MIrmol en su Amalia -
era la Bolsa political de Montevideo en 1840.
< jado de concurrentes, siendo la mayor parte de ellos j6venes ar-
gentinos y orientales que iban alli a tomar su caf6, a hablar de
political y pasar en seguida a sus visits diarias, al teatro, al bai-
le, contents los primeros con la esperanza de estar al siguiente
mes en Buenos Aires y mAs contents los segundos con estar
en su patria muy convencidos de que de ella no les arrojaria ja-
mas el vendabal de las revoluciones que estaba azotando con
sus alas fren6ticas las nubes que se amontonaban sobre la fren-
te del Plata, prontas a precipitar mis o menos tarde su abun-
dante lluvia de ldgrimas y sangre. >>

<< De repente abri6se la puerta del cafe y cuatro personas en-
traron al sal6n.
<< Alberdi, Gutiirrez, Irigoyen, Echeverria! (dice el Da-'
niel Bello de la novela) siguiendo con los ojos a los cuatro
que acababa de nombrar, no sacidndose de mirarlos. Crea usted,


(*) VYase el no 142, tomo XLI, pdgina 480.










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Mr. Douglas, que pocos esfuerzos mAs violentos he hecho en mi
vida que el que hago en este instance sobre mi mismo para con-
tener mi deseo de abrazarlos. >

< Antes de dejar aquel lugar... mir6 uno por uno, con los ojos
enternecidos y el coraz6n desconsolado, sus cuatro amigos que
quedaban hablando de la patria, sin sospechar que habia alli
uno que corria por ellos y por todos en la orilla del resbaladizo
precipicio en que estaban nlchando brazo a brazo en ese instan-
te la libertad y la tirania. >
La ficci6n novelesca anticipa en esta escena la presencia de
Echeverria, que no busc6 refugio en Montevideo hasta 1841;
pero ya estaban alli el mismo Marmol (que sin duda se substitu-
ye con el poeta de La cautiva en el pasaje transcrito de su no-
vela); Juan Maria Guti6rrez, que habia Ilegado en 1839, con-
vencido por un mes de cArcel de que no era arrojo itil sino
temeridad muy comprometedora permanecer en Buenos Aires
abrigando ideas y proyectos liberals; Miguel Cand, que des-
de 1834 practicaba en el studio de abogado de Florencio
Varela; Alberdi, que despuds de haber creido reconocer en Ro-
sas <<(a persona grande y poderosa >> en cuyas manos el pueblo
argentino habia depositado ]a conquistada soberania, legitiman-
do asi sus atributos de expresi6n y agent genuine de la politi-
ca americana necesaria (cuando el joven pensador escribia su
teoria del derecho, en 1837), habia tenido que ir en 1838 a con-
tinuar en El iniciador la feliz actividad literaria que lo destaca-
ra en las paginas de La moda; y estaban tambi6n, ya en Monte-
video, Felix Frias, Rivera Indarte, Mitre, Tejedor, Cantilo y
Dominguez, y otros a quienes habia unido en Buenos Aires la
Asociaci6n de Mayo.
Era ese el memorable grupo arrojado a la margen oriental del
gran rio patrio por la torment cuyas sucesivas rifagas habian
de dispersar y recomponer aqui y alli su fragmentado conjunto
sin destruir la solidaridad del ideal comfin que lo mantuvo unido
en el anatema y en la acci6n de resistencia a la tirania, mientras
la tirania se mantuvo en pie; vivi6 asi 6sta, asaeteada sin tre-
gua por los incandescentes dardos que la inteligencia proscrip-
ta descargaba innumerables a traves del Plata, por sobre los










EL ROMANTICISMO BAJO LA TIRANIA


Andes, desde la lejania del tr6pico, en una campaila de prensa
que infundi6 al verbo de la invectiva heroica energia flagelado-
ra, y haciendo una singular expresi6n hist6rico-literaria de
aquellos peri6dicos de Montevideo << escritos lo dijo el mis-
mo Marmol con una pasi6n y entusiasmo, con una perseve-
rancia y una imaginaci6n que s6lo se hallan en rarisimas 6pocas
de la vida de un pueblo >.
El program de la emigraci6n y el estado de Animo de los
proscriptos; el brioso aliento de la acci6n estimulada por el ideal
de ]a esperanza, y la amargura que acumula heces en el alma
del desterrado; el glorioso fuego de una alta misi6n y la doliente,
mortal tristeza de un severo destiny; lo que fud el empeio hist6-
rico y el drama intimo de aquella generaci6n, ha sido formulado
mejor, con mAs sincere verdad y elocuencia que por cualquier
proclama o document politico, por dos poetas en algunas lines
de novel, en un breve period de confidencial oratoria y en una
plgina de intimo desahogo, escrita en una de esas horas en que
el corazon se entrega a la solitaria amistad de una hoja de papel.
<< Seilores habia dicho Echeverria en la Asociaci6n de
Mayo: Supuesto que es esta la filtima reuni6n por ahora, se-
par6monos como hermanos, como amigos, como hombres que,
sefialados por el dedo de Dios para realizar una grande empresa,
marchan preocupados inicamente de los sublimes pensamientos
que les inspire tan alta misi6n. Que el abrazo sincere, fraternal,
que nos uni6 en el dia 9 de Julio, vuelva a enlazar nuestros
corazones en el dia de la despedida, y que cuando aparezca
el nuevo sol de Mayo, nos vea a todos reunidos entire las filas de
los libertadores y regeneradores de la patria. >>
En las palabras de esta oratoria de hora solemne vibra el sen-
timiento noble y triste del deber impuesto por la desgracia. El
fuego de la acci6n exigida por el future, proclama en una pigina
de esa Amalia de Mairmol que reviste un valor de historic viva
por lo que hace sentir en la novel el ambiente moral de la 6poca,
y que a(lquiere asi la significacion de un testimonio fiel de c6mo
vivi6 aquella juventud los dias de Rosas:
< Ahora ya no hay patria para mariana, como la esperabamos,
- dice Daniel Bello en la nocturna reunion de conspiradores
que ]a Tetirada de Lavalle ha hecho inftil. Pero es precise que
ART. ORI;. XLIX-6











REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


la haya para dentro de un aiio, de dos, de diez ;quidn sabe! Es
precise que haya patria para nuestros hijos, siquiera. Y para
esto tenemos desde hoy que comenzar hajo otro program de
trabajo incesante, fatigoso, de resultados lentos, pero que darAn
su fruto con el tiempo: el trabajo de la emigraci6n ; el trabajo
de la propaganda en todas parties, a todas horas...> << El trabajo
de la palabra y de la pluma donde haya cuatro hombres que nos
escuchen en el exterior, porque alguna de esas palabras ha de
venir a la patria en el aire, en la luz, en la ola... >> < i Al extran-
jero, pues! Pero siempre rondando las puertas de la patria. Si em-
pre golpeando en ellas. Siempre haciendo sentir al barbaro que
la libertad afn tiene un eco! >. <; He ahi nuestro program por.
nuchos aiios! >
i Gloria prometida en el dolor! Al extranjero, y por muchos
aihos!...
< i Salir de su pais violentamente, sin quererlo dirk Eche-
verria descubriendo el sombrio reverse de esos fulgores de la
acci6n, sin haberlo pensado, sin mas objeto que el salvarse de
las garras de la tirania, dejando a su familiar, a sus amigos, bajo
el poder de ella, y lo que es mis, la patria despedazada y ensan-
grentada por una gavilla de asesinos, es un verdadero suplicio,
un tormento que nadie puede sentir sin haberlo por si mismo
experimentado!
El context de la pAgina que contiene esas palabras de Eche-
verria advierte que la lamentaci6n no es su fin; ese cuadro mo-
ral es un argument contra la emigraci6n. < La emigraci6n es
la muerte concluye, morimos para nuestros allegados, mo-
rimos para la patria, puesto que nada podemos hacer por ellos. >>
Escritos en una hoja suelta sin fecha, esos pensamientos co-
rresponden sin duda a la 6poca en que el autor de El dogma de
Mayo predicaba contra el abandon del pais por los elements
que en 61, segfin su criteria, debian consolidarse y actuar contra
el despotismo en vez de entregArselo sin energies ni elements
de resistencia internal.
Pero no por esto expresa menos aquella lamentaci6n el verda-
dero sentir del proscripto en las circunstancias que la tirania de
Rosas cre6: el dolor del destierro ante las puertas de la patria,
cerradas por una brutal prepotencia que allk adentro torturaba











EL ROMANTICISM BAJO LA TIRANIA


impune el alma y el cuerpo de un pueblo en medio del siniestro
silencio de la victim; ese dolor de la impotent y desesperada
energia alimentando una indomable esperanza, tanto mas devo-
radora cuanto mis tensa, ya que el enigma del future oponia a
su ansiedad la perspective de una prolongaci6n que s6lo la ilu-
si6n, renovdndose indefinidamente, podia determinar con arbi-
trarios limits; el dolor que aquellos corazones asociaron al brio
del sacrificio en misi6n heroic y al fragor moral de una iliada de
las pasiones que les hizo sentir en su dramAtico destiny la apo-
teosis; ese dolor, cuyo orgullo encontr6 en la lira de Marmol los
acentos de una lacerante elegia transfigurada en glorioso epini-
cio, cuando cant6 la canci6u de los proscriptos :

Somos pocos, i oh patria! y no import,
pues la gloria de un pueblo y su nombre
suele a veces guardarse en nn hombre,
cual las luces del orbe en un sol.
Para ver lo que valen los pueblos
no se cuentan jams sus esclavos;
son sus hijos virtuosos y bravos
los que dan a la historia el crisol.
Tus recuerdos son culto divino
que te rinde doquier la memorial
nunca hubieron tus tiempos de gloria
mAs espl6ndida aureola de amor.
Que entusiasmo que vive en el alma
tras veinte aios eternos de Ilanto,
tiene much de grande y de santo
para orlar un recuerdo de honor.
Desterrados y pobres y pocos,
en nosotros el alma es un temple
donde brilla en magnifico ejemplo
la mAs pura argentina virtud.
Y si en medio al destierro caemos,
prolongada tu suerte inclemente,
sera siempre padr6n elocuente
de tu honor, nuestro humilde atadd.

Esa empinada altivez con que el sentimiento de la propia
grandeza yergue el espiritu de una juventud sometida a tan











REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


dura prueba, y que compens6 los rigores de un cruel destino con
la viril conciencia de la misi6n que la hacia sentirse custodio de
< la mAs pura virtud argentina >>, debi6 necesariamente atri-
buirle todos los prestigious gratos a la esperanza civic y desper-
tar la afectividad de cuantos contemplaban aquella dramatic
lucha del sentimiento de libertad contra la fuerza de la tirania,
de la inteligencia contra el hecho siniestro.
Para comprenderlo bien, ha de pensarse que al decir, en ge-
neral, juventud refiri6ndose a los expatriados aquellos de
1840, no se dice todo lo que en realidad sugiere de hora tem-
prana de la vida esa palabra cuando se precise sn significaci6n
haci6ndola corresponder a la edad de las principles figures de
aquel grupo hist6rico.
En 1840, fecha que tomaremos como promedio culminante de
ese movimiento, Echeverria, el iniciador, el maestro de lo que se
ha llamado la generaci6n de 1837, tenia 35 alios; Guti6rrez, 31;
Alberdi, 30; Miguel Cane, 28; Rivera Indarte, 26; Cantilo, 24;
Marmol, como Tejedor, 22; Mitre no habia cumplido los 19. De
los que se encastillaron desde un principio en Chile, Sarmiento
tenia 29 afios y Vicente Fidel L6pez 25.
Alganos de aquellos cuya personalidad sentimos acrecida
hasta alcanzar la fuerte talla pr6cer, eran, pues, casi nifios; y
entonces habian ya vivido horas largas de audacia y peligro:
< c~rcel y cadenas > Marmol y Gutierrez; Tejedor habia sido ya
condenado a muerte a los 21 ailos.
El Daniel Bello de la novela hablaba, sin duda, por muchos,
por todos los que no eran de Rosas, al decir: < j Querria abra-
zarlos! >, afirmando con vehemente interns la mirada en el grupo
de los proscriptos argentinos que en el caf6 montevideano ha-
blaban, como todas las noches, como siempre, de political a >>, es
decir: de la patria, del porvenir, de la sombria realidad y del mi-
raje luminoso; los pensamientos que fueron de todas las horas
durante quince afios.

Sin embargo, bajo el absolute de esta idea y dentro de la uni-
dad del sentimiento que hizo de los recuerdos patriots un culto
continue y envolvi6 a la ausente en una mas que nunca << espl6n-
dida aureola de amor >>, el espiritu literario se impuso, impri-











EL ROMANTICISM BAJO LA TIRANIA


miendo su sello a todas las manifestaciones de la inteligencia y
de la acci6n en forma que caracteriza con tipico cardcter la 6po-
ca; la efusi6n desbordante de una caudalosisima actividad es-
piritual domina en ella, dilatAndose en movimiento de raudal
espaciado y agitado por una continue afluencia de ondas.
Asi pudo darse aquel espectAculo de un certamen po6tico que,
celebrando el 25 de mayo, respondi6 con versos, con aplansos,
con nobles esfuerzos de inteligencia y generosas efusiones de en-
tusiasmo a la voz del cafi6n que ese mismo dia hacian retumbar
ante el puerto de Montevideo la escuadrilla de Rosas y la de los
orientales, disputindose en combat naval el sangriento laurel
de la guerra, mientras en el Coliseo, lleno de concurrencia. que
afirmaba asi su fe en las fuerzas morales, se disputaban los poe-
tas el laurel de la belleza.
En tales circunstancias realiz6se aquellajusta podtica de 1841,
pAgina de noble marmol helenico entire las broncineas paginas
que el 6pico aliento troyano forj6, y con esa fiesta de poesia que
encendi6 sus luces ante negro horizonte, tuvo gloriosa consa-
graci6n la fraternidad engendrada por el odio (tambien asi
< plant maldita, con frutos de bendici6n >) en el regazo ge-
neroso de la pequeiia gran ciudad de Lamas y Vazquez.
Entre las once composiciones que se presentaron aspirando
al premio, discernido por un jurado cuya presidencia intellectual
ejerci6 de hecho Florencio Varela por el ascendiente de su au-
toridad literaria, cuatro, ademas de lalaureada, merecieron a
sus autores premio de nombradia con la proclamaci6n de sus
nombres.
Obtuvo la medalla Juan Maria Gutierrez, y entire aplausos de
entusiasta emoci6n fueron llamados a ocupar sitio en el prosce-
nio como dignos cantores de Mayo, Luis L. Dominguez, Jos6
MArmol, y otro de los poetas concurrentes, que se acogi6 a la
sombra del anonimo.
Hora memorable para aquella juventud argentina que, des-
pojada de su patria, recibia en otra tierra, hogar de un pueblo
conquistador por su alma y por sus cantos, todos los laureles de
una hermosa jornada de gloria po6tica.
Echeverria, en su Ojeada historic, insinda la presunci6n de
que las actividades literarias de la generaci6n que lleg6 a la ju-











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ventud cuando la sombra de Rosas obscurecia y acongojaba ya
la vida argentina, respondieron antes al despecho y a la necesi-
dad de acci6n mental, que a un impulso propio o espontineo.
Sin embargo, cuando esto fui escrito, en 1846, ya los hechos
habian negado con una continuidad y una persistencia por de-
mds significativas todo fundamento de realidad a esa presunci6n
que en tal 6poca pudo ser substituida con ventaja por la obser-
vaci6n de tales hechos.
Sin duda, toda aquella fuerza de inteligencia y de lozanas as-
piraciones proscripta de la acci6n political internal encontr6 en
la obra intellectual el derivado de sus anhelos sofocados, como
encontr6 en ella el arma que habia de veneer finalmente a la obs-
cura fuerza que con la persecuci6n contribuy6 a forjarla, y tam-
bien sin duda el recurso del que canta para aliviar penas; pero
esto no implica la conclusion de que s6lo porque no pudieron
hacer otra cosa cantaron y escribieron los proscriptos de Rosas;
de que, a no ser tales, la lira hubiera permanecido muda y en
blanco las paginas que la afici6n literaria llen6.
Los primeros expatriados, los unitarios de Rivadavia, aunque
llevados por el destino a situaci6n anAloga, no cantaron en el
destierro; s6lo la voz de Juan Cruz Varela dej6 oir sus fltimos
ritmos, acompafiados por las fugaces melodies de Florencio. La
literature unitaria fu6, en Montevideo, eminentemente political,
como lo habia sido en Buenos Aires. No las circunstancias, sino
la idiosincracia mental en relaci6n con el espiritu de la epoca
determine la actitud de los peregrinos del uno y el otro 6xodo.
Los del primero no cantaron porque no estaba en ellos el ha-
cerlo, aunque el destierro los condenaba a nostAlgica inercia de
acci6n political direct; y entire ellos, Juan Cruz y Florencio Va-
rela dejaron oir ecos po6ticos a pesar de todo, porque su voca-
ci6n lo exigia; eran los pdjaros mfisicos que anidaran en el grave
follaje del roble rivadaviano.
Mal podria atribuirse al destierro la profesi6n po6tica del du-
que de Rivas y de Espronceda, por ejemplo. Es possible que, a
haber respirado en su patria aires de libertad cuando el absolu-
tismo les ceg6 el horizonte de la vida political, los empelos y,
sobre todo, los 6xitos en una apasionante actividad hubieran
podido distraerlos mis o menos de su vocaci6n; pero no seria











EL ROMANTICISMO BAJO LA TIRANIA


fundado inferir que la obra podtica de ambos, como la de tantos
en igual caso, fu6 s6lo o principalmente un resultado de la im-
potencia en que entonces se encontraron para desplegar sus apti-
tudes y energies civicas, un efecto de la compresi6n desp6tica.
Como en don Angel Saavedra y en el joven cantor del Pelayo,
la vocaci6n hahia ya apuntado, < mostrando en la esperanza el
fruto cierto >, que diria fray Luis, en los j6venes contertulios del
<< Sal6n literario >; antes de la expatriaci6n y antes de la tirania.
Alberdi ejercit6 sus aptitudes literarias con los articulos de
costumbres derramados en las pAginas deLa moda, precisamente
antes de que la situaci6n political se definiera (sobre todo para
el autor del Fragmento preliminary al studio del derecho) en im-
posibilidad de toda acci6n civica; MArmol apostrofaba a Rosas
en verso confiando su famosa cuarteta a las paredes de su car-
eel; no se hizo, seguramente, versificador Guti6rrez para escri-
bir el Canto a Mayo. Seis afos antes del memorable certamen de
1841 en que ese canto le conquist6 el laurel de poeta, cuando
Alberdi trab6 con 1l aquella amistad que los uni6 para toda la
vida, Guti6rrez era ya, como lo fu6 siempre, hombre de letras
ante todo. < Tendria entonces 25 anos dice Alberdi en su
boceto biografico sobre el amigo desaparecido. Las letras y su
cultivo fueron la ocasi6n de nuestro conocimiento. 0l parecia no
tener otro que absorbiese su atenci6n. >>
El mismo Echeverria, por cierto bien antes de perder la es-
peranza en la posibilidad de una reacci6n normal sobre la orien-
taci6n rosista, puesto que todavia ha de surgir la Asociaci6n de
Mayo, public su Elvira; y no se trata de un ejercicio circunstan-
cial de energies que buscan cualquier cosa a que aplicarse; 61
nos ha dicho en la pigina suelta de autobiografia citada en otra
part de este trabajo, que en Paris habia escrito versos que
a plaudieron much sus compatriotas residents alli; que < (palabra en blanco) y el especticulo del mar lo pusieron en la
senda de la inspiraci6n > y que < asi continue haciendo versos ,.
Por lo demis, no bace falta este testimonio del poeta para
afirmar la convicci6n de que, como los demas del grupo, obedecia
a una indudable vocaci6n literaria; una vocaci6n que, con tira-
nia o sin tirania, se hubiera siempre manifestado, aunque no
con iguales caracteristicas de expresi6n hist6rico-local; como











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que era la de la 6poca toda en todas parties; lo dice la vida mis-
ma de Echeverria, desde Los consuelos y las Rimas, publicados
antes de la expatriaci6n, hasta El angel caido, su obra de los lar-
gos aiios de destierro.
Pero lo dice sobre todo ese entusiasmo por las letras y por la
producci6n literaria que lleg6 a manifestarse en los proscriptos
como un gozo infantil de escribir y que forj6, con el Tirteo, el
periodico en verso, simbolo de la transfusion a que la preponde-
rante y porfiada energia literaria recurria para desahogarse bajo
la 6gida de la acci6n political.
Ei 1843, Alberdi y Gutikrrez emprenden su viaje a Europa,
en el bergantin Edin. I Qun hacer durante el viaje? Pues, i es-
cribir a Qud ? Un algo, una composici6n literaria cualquiera,
que se acogera desde luego a la denominaci6n de poema. El nom-
bre del barco darA el titulo: El Eden. En cuanto al asunto, no
es cosa muy precisa.. Alberdi, que describe en prosa por las ma-
ilanas lo que se le ocurre, para que Gutidrrez lo rime a la noche,
atribnye indiferentemente a las lectures de Childe Harold o al
especticulo mismo del mar la inspiraci6n, ya que no el concept
- por demas indeciso de aquella obra. Lo que importa es es-
cribir.


LO SUBLIME EN LO TRIVIAL

Pero a ese afin de poetizar porque si, que parece respon-
der con el echo natural a la teoria del arte-juego, aquella
juvenilia canora asocia con interesante petulancia una convic-
ci6n de trascendentalismo fundamental que la present forjando
el future sociol6gico del Plata como indice del pensamiento ame-
ricano, con la pueril gravedad de los niiios que, esgrimiendo las
livianas herramientas de jugueteria, emprenden la obra magna
de construir la embarcaci6n en que ban de navegar hacia lejanos
paises...
Cifra caracteristica de esta singular amalgama de lo trivial y
lo trascendente es ese peri6dico La moda, que en 1837, con Gu-
tierrez, Tejedor, L6pez, Eguia y Barros Pazos, funda y redacta
Alberdi en Buenos Aires, cuando no esta ya lejana la hora de la
expatriaci6n.











EL ROMANTICISM BAJO LA TIRANIA


A nn titulo qne habla s6lo de frivolidad efimera, se asocia en
esa hoja el concept de una funci6n tan important, que explica
a su vez en el grupo de redactores ese consorcio de las gracias
amables del espiritn, rasgo propio de este, con la seria menta-
lidad o la adusta gravedad del caricter que singularizan a aquel
o a esotro.
o Este papel contender (dice el prospect de La moda for-
mulado por Alberdi):
< 10 Noticias continues del estado y movimientos de la moda
(en Europa y entire nosotros) en trajes de hombres y sefioras, en
g6neros, en colors, en peinados, en mnebles, en calzados, en
pnntos de concurrencia pfiblica, en asuntos de conversaci6n ge-
neral;
<< 2 Una idea sncinta del valor especifico y social de today
producci6n inteligente que en adelante apareciere en nuestro
pais, ya sea indigena o importada;
<< 3 Nociones claras y breves, sin metafisica, al alcance de
todos, sobre literature modern. > << La literature no serA para
nosotros Virgilio y Cicer6n. Sera un modo de expresi6n particu-
lar, sera las ideas y los intereses sociales. ,

< 5 Poesias nacionales siempre ineditas y bellas, etc.
Junto. pines, a las superficialidades del corte, del color o de la
calidad de vestidos y gdneros, aparece asi la propagaci6n del ro-
manticismo afectando el fondo de las ideas y los intereses socia-
les, y con ella el espiritn de emancipaci6n intellectual nacionalis-
ta, en el prop6sito de ofrecer tribune s6lo a la producci6n poetica
national; aunque (siempre dentro de la misi6n de este extraiio
peri6dico) a lo national en arte debera sobreponerse lo universal,
lo humanitario; lo que exprese < hombre, de la sociedad. de la humanidad, del progress se-
gdn la nota a un Cielito, << sin duda bello > (no tanto. ni cerca
de eso, entire par6ntesis), pero << como una gran parte de la poesia
que se describe en nuestro pais, incomplete y egoista >.
Este modo de verlo y sentirlo todo referido a una idea de sig-
nificaci6n fundamental sociol6gica, political, filos6fica, present
en La moda ejemplos de la mAs bizarre armonizaci6n de lo ffitil
con lo trascendente.











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Los peinados hacen manar de ]a pluma de Alberdi las siguien-
tes consideraciones:
o Es precise que hagamos la declaraci6n de los principios que
leben regular nuestros juicios en punto a modas. >> << El faro, di-
gAmoslo asi, sobre el cual deben clavar sus ojos, para escapar
del caos de antitesis que nos envuelve, la legislaci6n, la mora-
lidad, la educaci6n, la ciencia, el arte, lo mismo que la moda, es
la democracia. >> << De modo que una moda, como una costumbre,
como una instituci6n cualquiera, sera para nosotros tanto mis
bella cuanto mas democrAtica sea en su esencia, es decir, cuanto
mAs sobria, mas simple, mis modest fuere; cuanto menos se
habra armado de una pompa insultante a la honrada mediania
del comin de los ciudadanos. > << Por esto se hace tan estimable
en el dia ante nosotros esa especie de peinado romano que pa-
rece hubiera sido inventado para la cabeza armoniosa de las
portefias. >
Asi el aliento del espiritu liberal que sopla en el mundo su
viento renovador y que el romanticismo literario ha animado
con el vivificante impetu de revuelta contra la opresi6n dogma-
tica; ese aliento de nueva era que se prodigy en un romanticism
filos6fico, politico, econ6mico y sociol6gico, todos batalladores y
conmovidos como el que les habia impreso su tonalidad de ac-
ci6n y expresi6n, se infiltraba con difusi6n obsesionante en todas
las manifestaciones sociales, atribuyendo aun a lo trivial y fu-
gaz una significaci6n concertada con el signo moral del movi-
miento.
Y fu6 sin duda usta su mAs eficiente fuerza de universalidad;
iba asi en todo a todos la idea de reacci6n contra el concept
y los hAbitos de sometimiento a autoridades absolutas, piedra
angular de la organizaci6n humana que 1830 asalt6, haciendola
crugir en todos sus baluartes: la academia y el trono, el pensa-
miento, la tradici6n politico-social, el lenguaje y el ritual de la
vida.
Es asi c6mo Alberdi, haciendo rasguear trascendentalmente
su pluma ante el peinado de las damas, puede aparecer menos
ingenuo que dominado por un criterio cuya importancia y al-
cance social contrastan desproporcionadamente con el hecho a
que las vincula el prop6sito del escritor, pero cuya condici6n de











EL ROMANTICISMO BAJO LA TIRANIA


idea fija, difundida por impregnacion de la 6poca today, explica
como no podria hacerlo nuestro criterio libre de su avasallador
ascendiente, ese pueril trascendentalismo del grave redactor de
La moda.
Por otra parte, no es ocioso sefialar en esto uno de los efectos
significativos de esa identificaci6n ya indicada del ins-
tinto democrdtico (que en el Plata se sobrepuso al fin a todas las
tendencies patricias de organizaci6n political) con el espiritu de
renovaci6n romantic, y a cnya influencia cedi6 la levadura aris-
tocrAtica y reaccionaria que el individualism subjetivista, el
desden por la vulgaridad ambiente y el amor por lo pasado his-
t6rico y traditional, incorporaran al romanticism enropeo ca-
racterizAndolo como un paradojal aristocratismo demag6gico
desatado contra el rigido aristocratismo acad6mico.



LA NUEVA LUZ

En Alberdi se acusa, mas que en los otros del grupo literario
esta tendencia, porque en 1l habia ante todo y por sobre todo
un politico que instintivamente referia a su dominant ideol6-
gica todos los hechos que determinaban reacciones en su men-
talidad inquieta y porfiada; pero aunque no es nada dificil ad-
vertirla rigiendo mis o menos obscuramente el movimiento inte-
lectual promovido y desarrollado en el Plata por la pl6yade ro-
mintica, mncha mayor significaci6n, por sus efectos, reviste en
ese movimiento la apertura de la frontera local a todas las luces
de la.inteligencia europea presidida por el fecundo ascendiente
del genio frances.
< Echeverria dijo Alberdi en sn articulo necrol6gico sobre
el poeta fu6 el portador, en esa parte de America, del exce-
lente espiritu y de las ideas liberals desarrolladas en todo orden
por la revoluci6n francesa de 1830. >> < l hizo conocer en Bue-
nos Aires la Revista enciclopddica, publicada por Carnot y Le-
roux, es decir el espiritn social de la revoluci6n de julio. En sus
manos conocimos, primero que en otras, los libros y las ideas li-
berales de Lerminier, fil6sofo a la moda en Francia en esta 6po-
ca, y los fil6sofos y publicists doctrinarios de la revoluci6n. >











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Esos libros, con todos los que una tipica afinidad de origen y
concept spiritual, intellectual y social constituy6 en expresi6n
del movimiento de 1830, se ven muy luego en todas las manos,
y en todas las mentes las ideas por ellos difundidas. Se piensa y
se describe con Lerminier y Leroux, con Fourtoul y Tocqueville,
con Armando Carrel y Cousin, nombres que brotan con persis-
tencia de obsesi6n en los escritos de los j6venes propagandists
del pensamiento nuevo.
Lerminier es el faro de la entusiasta generaci6n rioplatense
de entonces; el pontifice infalible de la nueva verdad sociol6gica
revelada como un deslumbramiento. Creeriase oir exclamar co-
mo despertando a una revelaci6n de claridad: << iHemos vivido
a obscuras! > ; Y que beata y a la vez que orgullosa satisfacci6n
en el complement de ese grito: < i Somos ahora los duefios de
la luz! > i Y cunnta y cuan impcrtinente lIstima por los desgra-
ciados que vivieron antes de ese Lerminier, San Agustin de todo
sermon entonces, y hoy tan poco virtual desde el fondo del ol-
vido en que yace !
Las bellas letras, la literature propiamente dicha, considerada
en su finalidad intima y direct la revelaci6n de belleza li-
bre poco tuvo que agradecer a esta influencia del pensamiento
renovador de las ideas filos6fico-sociales, que era en el fondo una
acci6n political, y aim no poco tendria que demandarle en juicio
alegando los perjuicios de la contaminaci6n trascendentalista
que vici6 el concept estetico y false tanta producci6n literaria
de aquella generaci6n argentina hija del 1830 frances.
El informed redactado por Florencio Varela sobre las compo-
siciones presentadas al certamen de 1841, en Montevideo, esta-
blecia como rasgos peculiares deJa poesia entonces actual, < el
tinte filos6fico, el colorido local y el tono melanc6lico >.
Alberdi, en su critical de aquel informed, encuentra por demas
incomplete esa caracterizaci6n; para l- y ya hemos visto
que el mismo criterio dominaba en Echeverria, jefe del grupo -
la literaturera actual de estas repdblicas es ademas tipicamente
espiritualista por su moral; social y civilizante, de apostolado y
propaganda, por su misi6n; progresiva por su f6 en el dogma
filosofico de la perfectibilidad indefinida de nuestra especie; pro-
f6tica, por su intima creencia en el porvenir de la Am6rica y del











EL ROMANTICISM BAJO LA TIRANIA


mundo >; << expresi6n complete del nuevo regimen americano y
reaccionista del viejo hasta en las formas del idioma >.
Del misma modo se definia allA tras de los Andes la acci6n re-
volucionaria llevada por los emigrados argentinos en Chile con-
tra el clasicismo literario y el espiritu conservador. La voz de
Vicente Fidel L6pez daba eco a esas ideas en la Gaceta del Co-
mercio, comentando el discurso leido por su cofrade Jose Victo-
rino Lastarria en la Sociedad literaria de 1842, qae fundaron con
los j6venes liberals chilenos.
< Las ideas de que se alimenta la literature escribia L6pez
- son de dos classes: progresistas, nuevas, retolucionarias; y
tradicionales, viejas, retr6gradas. Actualmente hay una Incha en
Europa que lo prueba; la hay tambidn y la ha habido siempre
entire nosotros, aunque en una escala infinitamente inferior;
luego, en literature hay siempre dos banderas; si la una de ellas
es progresista y la otra no, alguna de las dos no es socialist, y
no siendo socialist, no puede realizar las pretensiones del senior
Lastarria, que son hacer que sirvan de utilidad a la patria. >
Muchas cosas, en fin, que necesariamente contribuyen a des-
naturalizar la producci6n estitica, introduciendo en ella elemen-
tos extrailos a su naturaleza y finalidad; que, sin infundir a la
obra literaria la eficiencia del pensamiento filos6fico o la eficacia
organica de la obra political, enturbian sn pureza con densidades
de petulancia ideol6gica y enfrian su calor de inspiraci6n con
construcciones de razonamiento dirigidas a objetivos extrin-
secos.
Al pensar asi, se pensaba tambidn sin duda con los poetas
franceses; pero con la diferencia de que 6stos pensaban, sobre
todo en sus obras, como poetas; es decir, con la sensibilidad ac-
tuando como 6rgano de adaptaci6n de los principios ideol6gicos
a la obra artistic, entendiendo poner la fecunda magia de. 1:
belleza al servicio del apostolado filos6fico-social que se atribu-
yeron a su vez, y que, al fin, venia a ser una palpitacion de en-
tusiasmo nuevo en la concepci6n est6tica; pero el sentido supe-
rior de su predestinaci6n, el don de belleza que determine la
funci6n propia del artist, los mantuvo a salvo de la pretension
de versificar o novelar dogmas o teorias political y sociol6gicas
atribuyendo a la obra estetica la misi6n political reformadora y











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organizadora de sociedades que le prescribia, con aquellas pala-
bras de Alberdi y de L6pez, el espiritu del Sal6n literario y de
la Asociacidn de Mayo.
Actuaban, pues, entonces, mas o menos definidamente segin
los individuos, pero sin duda con influencia generalizada sobre
la opinion de la juventud rioplatense que floreci6 en los dias del
romanticismo, much mas los pensadores del liberalism fran-
c6s los economists, los soci6logos, los constitucionalistas y
los fil6sofos que el espiritu y la acci6n literaria direct de
los poetas y escritores que fueron gloria del Paris de 1830.
Alta funci6n tavo sin duda en nuestra vida intellectual esa
influencia del pensamiento que hizo las jornadas de Julio; el es-
piritn argentino empez6 desde entonces a nutrirse de esa influen-
tca con acci6n tan fecunda como continue; continue no s6lo en
cuanto a su influjo por medio del pensamiento a la distancia,
sino por su acci6n direct, personal, en el period de nuestra or-
ganizaci6n sociol6gica.
Desde 1830 hasta el golpe de estado de Luis Napole6n, las
convulsiones political determinaron, en efecto, una califica-
da emigraci6n de elements que fueron trayendo a la joven
tierra argentina, ora las decepciones de sus impetuosidades de-
mocrAticas frustradas por la lentitud y las alternatives de la evo-
luci6n liberal en Francia (decepciones que aqui habian de flore-
cer en actividades diversificadas dentro de la misma line ideal),
ora su fecunda curiosidad de cosas nuevas en el orden natural y
social, ora su afin de sosiego propicio al studio y a la acci6n
tranquila del perisamiento en lugares que creian libres de la tu-
multuosa agitaci6n de la Europa de aquellos afios.
Y asi, Amadeo Jacques, de Moussy, Monvoisin y tantos otros
imprimieron en la enseiianza y en la cultural general, en el es-
piritu intimo de nuestro pueblo, huella que todavia se acusa
perdurable en la trama fundamental de nuestra evoluci6n or-
ginica.
Pero en cuanto al sentir, y sobre todo, en cuanto a la expre-
si6n literaria, la influencia del romanticismo frances no imprimi6
desde un principio sello demasiado caracteristico en nuestra li-
teratura. El mismo Echeverria, no obstante el relacionamiento
inas director de su iniciaci6n romAntica con el sentir y el pensar











EL ROMANTICISM BAJO LA TIRANIA


de la Francia, aparece en much parte de su obra mas dominado
por la admiraci6n de Byron, Goethe y los rominticos alemanes
(en particular Schiller, a quien cita con frecuencia como sugeri-
dor de multiples concepts e inspiraciones), que por los france-
ses que combatian bajo las banderas de Hugo.
El autor de Elvira o la novia del Plata es en esta obra mAs que
cualquier otra cosa, un 6mulo puerilmente temerario del autor
de Fausto, al menos en el campo de lo fantistico fatidico; esta
influencia del gran poeta alemAn sobre el espiritu de Echeverria
se manifiesta persistiendo en aquel capricho que se titula Mefis-
t6feles, < drama joco-serio satirico-politico >, y en la muy libre
traducci6n de algunas estrofas del pr6logo en el cielo, del Fausto,
que Juan Maria Guti6rrez supone, segfin la nota respective de
su compilaci6n de las obras completes de Echeverria, < parte de
una novel o cuento del cual hemos hallado uno que otro capi-
tulo que no permit former juicio sobre el asunto que el author
se proponia tratar >>. < escrito al frente: El senior, las huestes celestiales y despuds Mefis-
t6feles, y a la vuelta de una pagina en prosa de la misma novela. >>
Manfredo, Childe-Harold y Don Juan asoman con uniform
insistencia en El angel caido, en los fragments de Carlos y en
las repetidas composiciones del autor de La cautiva que tienen
por asunto la peregrinaci6n del alma inquieta del hdroe incon-
tentable; Rod6 ha seiialado las aguas de esa fuente en la intro-
ducci6n del Avellaneda, y hemos visto ya al gran poeta ingles
estimulando la concepci6n del Edin durante el viaje de Gutid-
rrez y Alberdi.
Y es, a fe, de sentirse que Byron no influyera con acci6n mis
complete sobre el gusto y el criterio literario de los que en el
Plata siguieron de lejos con codiciosa mirada dejuvenil emula-
ci6n los magnificos vuelos de su genio, ya que Byron, aunque
tipo de rebeli6n en cuanto a modo personal, conserve a las for-
mas clAsicas una fidelidad respetuosisima; y si bien la forma
clisica no era por si misma element cuya perpetuaci6n pudiera
desearse, ya que tanto como forma habia Ilegado a ser formula,
pudo, si, desearse como element de expresi6n siempre supe-
rior al incorrect desmaiiamiento que en tan grande media
contribute a la mediocridad de la expresi6n poetica rimada o











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p rosada que se hizo caracteristica de' los escritores argentinos.
Influia en esto, sin duda, ese Animo reaccionario contra la afec-
taci6n enfAtica, tan arrogantemente e insistentemente declarado
por < los j6venes > de entonces; pero habia, ademAs, y funda-
mentalmente, ignorancia en el sentido de Altaa de dominio del
lenguaje en sus mis nobles expresiones est6ticas; y esto no era,
por cierto, indispensable a la libertad literaria y a la renovaci6n
de forluas que persegufa el romanticismo, pues no s61o el domi-
nio de las formas propias de la expresi6n podtica clAsica no im-
pidi6 a los poetas franceses sus conquistas de libertad y rique-
zas m6tricas y expresivas, sino que, antes por el contrario, es
indispensable a todo reformador el s6lido conocimiento de los
valores que va a modificar, si ha de hacer obra con fundamentos
organicos y resultados que acrediten la raz6n originaria y la vir-
tud final de su iniciativa.



I.( LA REBELION DEL -LENGUAJE

Pero el alarde revolucionario ampar6 la insuficiencia de cono-
cimientos con los flames del espiritu de emancipaci6n y con la
misi6n renovadora atribuida a la juventud como energia repren-
sentativa de una nueva expresi6n social. Se predic6, a la vez que
el desd6n por el esmero literario, como reacci6n de la libre na-
turalidad contra la afectaci6n que imprimia el rigorismo acade-
mico, la insurrecci6u gramatical como signo de independencia
indispensable al cumpilimiento de los destinos propios del nuevo
mundo politico-moral surgido de Mayo.
Inolvidable qued6 en los anales de la campaiia hispan6foba el
impetu de barbaric emancipadora con que la acometividad de
Sarmiento atac6 en Chile << el influjo de los gramiticos, el respeto
a los admirables models que tenian agarrotada la imaginaci6n
de los j6venes >, y el magisterio de Bello, para quien votaba el
destierro << por ser.demasiado literato y haber profundizado, mas
allh de lo que nuestra naciente literature exige, los arcanos del
idioma >, y << por haber inficionado el gusto de la juventud con
el studio de las exterioridades del pensamiento y las forms del
lenguaje, a costa de las ideas y de la verdadera ilustraci6n >.
















EL ROMANTICISM BAJO LA TIRANIA (*)
(Continuaeidn)



PARTE TERCERA

LA INTELIGENCIA PROSCRIPTA


EL CAMINO COMUN

Esta autoritaria dialectica patri6tico-sociol6gico-politica
de postulados terminantes y conclusions axiomAticas que, co-
mo la espada de Alejandro, resuelve el problema cortan-
do el nudo, para cortar con el mismo golpe las amarras de
una solidaridad hispano-americana tanto mis irritante cuan-
to mas inevitable, dimana de un principio ideol6gico afir-
mado por la arrogante voluntad con today la fuerza de un he-
cho, aunque en realidad deja ver muy claro la urdimbre te6-
rica de las doctrinas entonces acatadas como articulo de fe.
Ese principio aparece resumido asi en la ya citada impugna-
ci6n del informed de 1841:
"Estamos en los albores de una era nueva, desconocida
en los anales humans. Todo lo que va a salir de este conti-
nente es distinto de lo conocido hasta ahora; guard6monos de
rodear la cuna de un mundo que nace, de las leyes de un mun-
do que se va. El instinto sera nuestra antorcha principal en la
hora que vivimos; dejense llevar nuestros j6venes talents de
esta luz divina, que es la que alumbr6 los pass adivinados de
Homero, Dante y Shakespeare. La America esta en una de


(*) V4ase el n.* 152. tomos XLIX y L, pAg. 79.










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esas grandes 6pocas de refundici6n social y de embri6n de
un mundo desconocido, que son las propias para dar a luz ge-
nios originales, como los que se han dejado ver en las tres o
cuatro grandes auroras de la civilizaci6n humana."
Debiera ya haber aleccionado a Alberdi sobre los peli-
gros de confiar tanto en el instinto del genio indigena, la fa
llida ilusi6n del personaje representative de una transcendental
y fecunda afirmaci6n genuina, que cuatro afios antes le Ile
vara a ver y proclamar en Rosas "el hombre extraordinario,
grande y poderoso", que con "la intuici6n del genio" habria
encontrado por fortune en "su profundo instinto antipAtico
contra las teorias ex6ticas la forma de una political eminente-
mente national".
Pero en aquellos hijos de su 6poca era impenitente la
arrogancia de la fe en una misi6n reveladora de nuevos des-
tinos que para cumplirse los habia traido al mundo. Escar-
necida como lo estaba siendo la pueril suficiencia de su ideo-
logia political por el hecho del despotismo, el obsesionado jo-
ven pensador volvia a aplicar el mismo concept y el mismo
sistema al problema de la emancipaci6n literaria que le pro-
ponian combinadas la belicosidad anti-espafiola y las doctri-
nas de sus reveladores de una nueva ciencia social, y volvia
a confiar al instinto la misi6n de forjar la expresi6n literaria
national, reduciendo entretanto la palabra escrita a un simple
medio de acci6n, formula negative del arte cuya renovaci6n
entendia asi sefialar y orientar.
El resultado tenia que ser anilogo; esto, en la acci6n li-
teraria, como aquello en la political, conducia al predominio
del hecho, a las afirmaciones auto-imperativas de lo personal.
Cada cual debia buscar en su propia intuici6n las formas y
elements de lenguaje a falta del desdefiado conocimiento de
las leyes orgAnicas del idioma.
Pero el espiritu de la innovaci6n no pudo, por fortune,
actuar apurando su linea 16gica. Le faltaba, para que asi ocu-
rriera, un element de realidad indispensable: la pretendida
diferenciaci6n del idioma americano con el habla espafiola. To-
do lo que iba a salir de este continent podria ser distinto de
lo conocido hasta entonces; pero el idioma recibido de Es-
pafia, aunque se dijera, con vano 6nfasis, que un pueblo inde-
pendiente, verdaderamente soberano, "no debe recibir su len-










EL ROMANTICISM BAJO LA TIRANfA


gua sino de si mismo", y a pesar de todas las axiomAticas de-
claraciones en contra, era el castellano; y encadenados por la
fuerza de este hecho, todo lo que pudieron hacer los presun-
tuosos innovadores fu6 escribir mas o menos incorrect e im-
propiamente el castellano, y adoptar aquellos giros y modis-
mos que, dentro del castellano, acusaban un modo de decir
local.
Es asi como en esta literature romintica es mas dificil
ain que en la del period anterior encontrar la pAgina en que
un decoroso arte de la expresi6n verbal correspond al arte
natural de la concepci6n feliz del cuadro, de la escena, del
asunto en que la sensibilidad o la fuerza de temperament rea-
lizaron el hallazgo estitico.
Se quiso entender que todo lo que no era el lenguaje
amorfo de la improvisaci6n, el caprichoso decir espontAneo,
era vano artificio ret6rico, confundiendo el alambicamiento
acad6mico o la hueca ampulosidad verbal con la indispensable
organizaci6n del lenzuaje literario, que require, para cumplir
su funci6n propia y necesaria en la obra de belleza, una gra-
mAtica y una ret6rica, estudiadas o no.
La poesia primitive no tiene, en efecto, gramAtica ni re-
t6rica aprendidas, pero las tiene concebidas para si misma,
"adivinadas", como lo queria Alberdi, y esa adivinaci6n es to-
da otra cosa que el relegamiento de las muy ritiles adquisicio-
nes fundamentals del idioma ya formado, necesario instru-
mento de expresi6n de todo pueblo que no se encontr6 en
condiciones de ir inventando su propio idioma.
En todo caso, el hallazgo de una forma original de ex-
presi6n dentro del idioma recibido-no siendo ella el fruto de
una muy dilatada evoluci6n-, s6lo puede ser obra de una
fuerza de personalidad que alcance la energia de afirmaci6n
propia del impetu genial.
Asi pudo el autor de Facundo imprimir a su palabra
-por lo demas no tan incorrect como 61 lo hubiera que-
rido-ese acento de lo tipico argentino que en los demas de
su 6poca es s61o hibrida arbitrariedad revoltosa cuando se en-
cabritan contra el buen decir castizo; y es por ello que esa
figure de Sarmiento cierra con el autoritarismo de una per-
sonalidad que siente identificado su poder con su voluntad, el
ciclo abierto por Echeverria con la transfusion al ambiente










REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


americano del aliento de renovaci6n difundido por el roman-
ticismo.
Nada mas extrafio al concept com6n de lo romAntico,
que ese Sarmiento recio y Aspero, que en la dispute del pro-
greso trata alli en Chile al grande adversario "con modales
de Atila", y en cuya turbulencia impetuosa y contundente hay
algo de fuerza de naturaleza, de torrente que estrella sus
aguas y sus piedras precipitindose por abrupta ladera. Y, sin
embargo, dentro del concept general originario del roman-
ticismo, y sobre todo dentro de la significaci6n particular y
tan important que le atribuy6 el moment politico y social en
el Rio de la Plata, esa fuerte figure de luchador enojado es el
romanticismo en acci6n.
El es quien define (fuera del decir gauchesco), en la
vida de la pigina, ese algo todavia indeciso y despu6s de 61
nunca integrado y acentuado con igual energia, que se llama
"lo argentino": el carActer, la manera expresiva, el tipico mo-
do de ser.
En el espiritu y en la obra del iniciador de la evoluci6n,
que ha de llevar a la obra literaria lo americano, lo local-
naturaleza, costumbres, giros de lenguaje-, esti en potencia
generalizada todo lo que Sarmiento ha de realizar concrete,
director, determinativo. Lo que en Echeverria es principio,
concept, en Sarmiento es acci6n; lo que en aqu6C es idea y
prop6sito, en 6ste es personalidad; lo que en el uno es ensa-
yo de arte, en el otro es obra cumplida de temperament; lo
que en La cautiva es paisaje y composici6n de escena, en el
Facundo es vida ruda y grande, latiendo y desplegindose en
un estilo que seria s6lo un modo de decir, si en Sarmiento,
mis que en cualquier otro, el estilo no fuera el hombre; si la
fuerza de vida no fuera much mas element de estilo que la
tecnica gramatical o la propiedad del lenguaje.


LA FAZ LITERARIA EN ALBERDI

Bajo el comfn denominador de la afici6n est6tica act6a,
pues, en los proscriptos de Rosas un germen de necesaria di
versificaci6n de destinos: es esa tendencia a sobreponer como
finalidad superior de la obra intellectual el objetivo politico-


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