Revista de la Universidad de Buenos Aires

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Material Information

Title:
Revista de la Universidad de Buenos Aires
Physical Description:
v. :ill. ;27 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Universidad de Buenos Aires
Publisher:
La Universidad,
Place of Publication:
Buenos Aires

Subjects

Genre:
serial   ( sobekcm )

Notes

General Note:
Description based on: t. 41, no. 142 (July/Sept. 1919) Series 1 in 2 parts: Artículos originales; Actos y documentos officiales Vols. for 1904-31 called also año 1-29 and no. 1-158; ser. 4, v. 3-13 (July 1948-53) called also ser. 4, no. 7-18, no. 337-52, and año 44-49.
General Note:
1924-25 in sections 1-8; 1926-31 in sections 3-8.
General Note:
Publication suspended Nov. 1931-June 1943.
General Note:
Text in Spanish with summaries in English and French. Vol. 1-51, 1904-23, in ser. 3, v. 1; ser. 4, v. 1-9, 1947-51, in ser. 4, v. 9 pt. 2. Section 1-2, 1924-25, superseded by the University's Archivos, v. 1, 1926. Universidad de Buenos Aires. Archivos de la Universidad de Buenos Aires (boletín informativo de la Revista de la universidad)

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
UF Latin American Collections
Rights Management:
All rights reserved by the source institution.
Resource Identifier:
aleph - 21176032
oclc - 01537609
System ID:
AA00013094:00030


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Full Text


























REVISTA DE LA UNIVERSIDAD

DE BUENOS AIRES






















































inprenta de Coni Hermanos, Perd, 684













REVISTA

DE LA



UNIVERSIDAD

DE BUENOS AIRES


PUBLICADA POR ORDEN DEL CONSEJO SUPERIOR DE LA UNIVERSIDAD



SECRETARIO DE LA DIRECCION
D' MARIO A. RIVAROLA

INTERINO : CORIOLANO ALBERINI









AfZo XII. Tomo XXXI. Articulos originales











BUENOS AIRES
DIRECTION Y ADMINISTBACION
430, VIAMONTE, 430

I915










37j --
72-


L7,Ro /2.

v.3/

LATIN
'MERIC.













REVISTA DE LA UNIVERSIDAD

DE BUENOS AIRES








DON JUAN RUIZ DE ALARCON

EL HOMBRE. EL DRAMATURGO. EL MORALISTA




PRIMER CONFERENCIA (')

PROEMIO PERTINENTE

S(Apuestamente tuuieron por bien los Antiguos... e por ende
ordenaron, que assi como en tiempo de guerra aprendiessen fecho
de armas por vista o por prueua, que otrosi en tiempo de paz la pri-
siessen por oyda, por entendimiento. E por esso acostumbrauan
los Caualleros, quando comian, que les leyessen las Estorias de los
grandes fechos de armas, que los otros fizieran, e los sesos, elos
esfuerQos que ouieron, para saberlos, e acabar lo que querian.

E esto era, porque oyendolas, les crescian las voluntades, e los
corazones, e esforQauanse, faziendo bien, e queriendo Ilegar a lo que
otros fizieran, o pasaran por ellos. ) (Ley XX del titulo XXI de la
Partida segunda del Rey Sabio.)
Y A intent semejante puse la mira al componer este trabajillo:
recoger sana doctrine, aventarla para que al esparcirla penetre en
el alma de todos, y especialmente de la juventud, 6 fin de que los
sanos consejos en l1 agrupados arraiguen en su mente; sean gome-
cillos de su voluntad, y creciendo en su coraz6n, les esfuercen A ha-

(i) Leida el 20 de agosto de 1914 en el Colegio Nacional, por el senior Ricardo Mon-
ner Sans.












REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


cer bien, no s6lo en provecho propio sino de la patria argentina,
que A mayor altura IlegarA si sus hijos son dechado de prudencia y
de virtud.

Sefiores:

Temo que siendo raquitica y desmedrada la plant de mi enten-
dimiento, salga el fruto, A pesar de mi empefio en sazonarle, insi-
pido y desabrido, que no basta la buena voluntad para que lo pe-
quefio alcance lugar elevado y se encarame A las alturas lo que nacc
en la humilde Ilanura de escondido valle.
Hablar quiero de un dramaturgo, excelso A toda luz, y bien con-
fieso, sin que A ello se me obligue, que si la magnitude del tema lie-
n6 el cerebro de perplejidades, vuestra ya demostrada benevolen-
cia, harto puesta de manifiesto el aflo anterior, di6le alientos A mi
buen deseo. AbroquelAndome tras de ella, y sin mAs preAmbulos,
que no aspiro A ser robador de tiempo, entro en material.
Figura en primera linea, entire los ingenios que mayor brillo
han dado A la escena espafiola, en aqu61 portentoso siglo Aureo y
deslumbrador, don Juan Ruiz de Alarc6n y Mendoza, que A Espafia
fu6 desde Mejico, su patria, Ilevando en su cerebro, cual en urna
preciosa, las joyas del clarisimo talent con que mas tarde engala-
nar debia sus geniales producciones. Prest6le Am6rica la exhube-
rante variedad de sus luces; los contratiempos de su familiar, los
propios, y aun los de su protector don Luis de Velasco, la seriedad
necesaria A sus composiciones; el mar, cruzado en 6pocas en que el
solo anuncio de su paso infundia pavor en inimos varoniles, di6le,
sin duda, profundidad A su pensamiento; y en Sevilla primero y
en Madrid despues, termin6se la modelaci6n de su temperament
artistic; que si la perla del Guadalquivir enriqueci6 su mente de
afiligranados concepts, si su amistad en ella con el Manco de Le-
panto le di6 la clara noci6n del arte teatral, la ya hist6rica capital de
Espafia, refugio y centro de literatos y terreno Parnaso de inspira-
dos poetas, acab6 de fijar de modo definitive la dramatica vocaci6n
del insigne mejicano.
El teatro no s61o estaba ya creado cuando Alarc6n Ilegara por
segunda vez A Espafia, sino que gozaba de vida tan robusta, que
aun palpita no s61o en el solariego coliseo, sino que transponiendo












DON JUAN RUIZ DE ALARGON


fronteras y surcando mares ech6 profundas raices en pueblos di-
versos; quo no es dificil encontrar ecos de 61, no ya en los paises
de hablas romAnicas, sino en la patria de Shakespeare y en la del
inmortal Goethe : no va tan descaminada la sospecha de que el
Korl Mohr de Los bandidos de Schiller, reflejo sea del indomable
Ramirez de El tejedor de Segovia.
El carActer ind6mito y bravio del protagonista de esta obra p6-
nese de relieve en diversas ocasiones, y al heroismo llega, recor-
dando A Mucio Scevola, cuando en la escena III del acto III no va-
cila en quemarse las manos para que las llamas que las besan rom-
pan las ligaduras que las aprisionan. Vaya el mon6logo como pri-
mer descanso de lo que, a juzgar por el material acumulado, ha de
ser conversacidn larga y fatigosa:

SDadme favor, santos cielos!
que mientras hablan, dispongo
que el fuego de este vel6n
me d6 remedio piadoso,
aunque las manos me abrase:
que si las desaprisiono,
hechas cenizas los lazos,
han de hacer del fuego propio
en que ellos se abrasen, rayos
con quoe mis contrarios todos
fulmine mi ardiento furia.

kSe Ilega de espaldas A la mesa donde esta el
vel6n.)

Elemento poderoso,
esfuerza la acci6n voraz
t6, que los htmedos troncos,
los aceros, los diamantes,
sueles convertir en polvo.
i Ah i Pese A tu actividad!
todo me abraso, y no rompo
los lazos. Fuego enemigo,
ddantl past mis sabroso
mis manos que esas estopas
que to suelen ser tan propio
alimento ? Ya estoy libre (Se desata)












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Agora si cuantos monstruos
de Egipto been las aguas,
pacen de Hircania los sotos
se oponen a mi furor
los hare pedazos todos.

Grito sublime de coraje que bien recuerda los de Proneteo en la
caucAsica roca, 6 los de Segismutndo que A ser libre,

sobre cimientos de piedra
pusiera nontes de jasper (i).

Tenia, pues, que luchar, el sobresaliente autor mejicano, con
competidores de la alteza de Lope, Tirso, Guillen de Castro, Cas-
tillo Sol6rzano, Mira de Amescua, y de tantos otros que con sus
caballerescos arguments atraian A multitudes que lenaban patios
y cazuelas; rivals suyos debian ser los que subyugaban al pueblo
lirico y sofiador, si valiente y aventurero, con los cadenciosos ver-
sos de La estrella de Sevilla, de El veryonzoso en palacio, las re-
gocijadas escenas de Don Gil de las calzas verdes, 6 las valientes
rimas de Las mocedades del Cid; tanto y tan encumbrados que has-
ta pudo sospechar, aun antes de dar sus primeras pasos por send,
si gloriosa bordada de malezas, los sinsabores que sus aciertos po-
dian acarrearle; que fueron en todo tiempo las humans pasiones
mar tenebroso en que se ahogan no pocos navegantes.
No entra en mi plan, y menos despues de conocida la substan-
ciosa obra del senior FernAndez Guerra y Orbe (2), biografiar al sin
par mejicano, afortunado competitor de los mas insignes drama-
turgos de su tiempo, para quien s6lo tuvieron sus contemporAneos
diatribas 6 insultos, groseros chascarrillos como el de Juan Fer-
nandez, que no me avengo a transcribir para no contribuir A su
popularidad. De prudentes es correr un velo A las pequefieces hu-
manas, no ya A la de tan desgraciado corregidor, sino a las mas la-
mentables por caer de mayor altura, de Quevedo, Lope de Vega (3),

(i) La vida es saeio, acto 1, escena III.
(2) DON Luis FERN'NDEZ GUERRa Y OaRM, Don Juan Bisd de Alarcdn y lMendoza. Obra
premiada por la Real Academia Espafola. Madrid, 187I.
(3) En su Laurel de Apolo, 1628, sin embargo la ensalzo.












DON JUAN RUIZ DE ALAIICON


Moltavin (i), SuArez de Figueroa, etc., etc. (2). Pasemos por sobre
cllo la piadosa esponja del olvido, y dejando A un lado datos y fc-
chas, A traducir voy en real el intent de bosquejar la figure dra-
mitica y moral del ilustre autor de La verdadsospechosa.
Alarc6n demostr6 al morir, anticipAndose A la sangrienta frase :
( calumnia que algo queda ), que las diatribas contra 61 injusta-
mente lanzadas, habian hallado eco en el seno de aquellas socieda-
des, ya que muri6 el !4 de agosto de 1639 (3), solo, sin familiar, sin
que flores cubrieran su ataud, sin que se tejiera ensu honor, seg6n
costumbre, la corona po6tica que alcanzaban autores de modest
producci6n y precario estro.
Trabemos primero conocimiento con el hombre, A fin de podcr
jnzgar con mayor acierto so labor dramAtica y moral.
Que fue su genio apacible y su temperament poco amigo de las
discusiones A que tan aficionados se mostraban sus contemporh-
neos, lo prueba el hecho de que no se aviniese A contestar en el
nismo tono A los ataques qne se Ic dirigian. Cierto que en varias
de sus obras se hallan alusiones mas 6 menos veladas A los sinsabo-
res que amargaron su vida: mas cierto es tambien, que estas mis-
mas alusiones no son violentas quejas del alma herida por humans
injusticias, sino resignados lamentos que del s6r mAs perfect se
escapan ante los apasionados ataques de la envidia. Ahi estin sus
comedies para probar que hay en ellas ahogados gritos de dolor.
no broncos alaridos de coraje. Y aun aseguran mAs; y es que su in-
menso talent comprendia que ni 61 fu6 el primero en padecer los
rigores de la injusticia, ni habia de ser el tiltimo, por cual raz6n,
sus sentencias, sus quejas, sus lamentos, mAs que personales son
humans.


(i) No obstantc escribi6 en Pura todos, hablando de las comedies de Alarcon. a Las
dispone con tal novedad, ingenio y extralieza que no hay comedia suya quc no lenga
much que admirar y nada que reprender: que despues do habcrse escrito tantas, cs
gran muestra de su caudal fertilisimo,).
(5) Entre estos etc6teras podemos poner 5 G6ngora, Antonio de Mendoza, Velez de
(ucvara, Mira de Ainescua, Tirso, Salas Barbadillo, Castillo v SolorzAno y Alonso PW-
rez Marin. No le cncontrado noticia de que le satirizara Guill6n de Castro.
(3) Don Jos6 Pelliccr y Tovar, en los Avisos publicados en el Semanario erudilo, tomo
XXXI, pig. 57, dice al apuntar los aconteccimientos notables del dia 9 de agosto do
1639: _Muri6 don Juan Ruiz de Alarc6n, poeta famoso, asi por sus comedies, conmo
por sus corcobas y relator del Conscjo do [ndias. a












REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


Tres citas bastarAn, pienso, para patentizar la verdad de lo afir-
mado.
En Los pechos privilegiados dice:

Culpa a aqu6l que de su alma
olvidando los defects
graceja con apodar
los que otro tiene en el cuerpo.

Y mAs adelante agrega :

Dios no lo da todo a uno
que piadoso y justiciero
con divina providencia
dispone el repartimiento.
Al que le plugo de dar
mal cuerpo, di6 sufrimiento
para llevar cuerdamente
los apodos de los necios (i).

En No hay mal qae por bien no venga se queja de que le hurta-
ran comedies (2) y en Las paredes oyen bien puede suponerse que
se retrat6 cuando dice:

i C6mo podrAn
dar esperanza al deseo
de un hombre tan pobre y feo
y de mal talle. Beltrin! (3)

El detenido studio de la vida y hechos conocidos de este autor,
han engendrado en mi cerebro la sospecha de que su caricter fu6
sufriendo al correr de los afios variaci6n profunda.
Viviendo en Sevilla, concurri6 A un torneo literario apellidindose
61 mismo Don Floripando Talludo, principle de Chunga, por decir
sus amigos que siempre estaba de buen humor.


(i) Acto I11, escena 111.
(2) Acto II, escena VIII.
(3) Acto I, escena I.












DON JUAN RUIZ DE ALARCON


Joven, pues por entonces tendria unos 25 aiios, intimo amigo
de Cervantes--606 al i608-repleto su cerebro de ensuefios 6
ilusiones, y no habiendo aun sufrido los arafiazos de la suerte, 16-
gico era que fuese alegre su carActer y amigo de diversiones y de
chunga : pero vuelve A M6jico, pasa alli algunos ailos, regresa A Es-
pafia y va A Madrid, que por su fama le atraia, y comienza entonces
para 61 la lucha, lucha con los del gremio, lucha con los c6micos,
lucha con los que por su alcurnia debian alentarle y favorecerle :
y templado por el dolor, su caricter sufre profunda transformaci6n ;
no se avinagra, pero se concentra, se aisla, se hace mAs circuns-
pecto y retraido, en una palabra, mis serio y mAs reflexivo, serie-
dad y reflexi6n que han de brotar luego de los puntos de la pluma
al dar A la escena sus veintis6is comedies. iCuAn cierto que la des-
gracia, y si no se quiere la desgracia, las contrariedades de la vida,
escuelas son donde aprende el hombre sensato la dificil ciencia de
vivir en paz con Dios y con su propia conciencia
Un grito, uno solo, de dolorido orgullo se escapa desu alma al
dar A luz cn 1628 la parte primera de sus comedies. DespuBs dede-
cir en la dedicatoria A don Ramiro Felipe de GuzmAn, que necesi-
tan defense ya que ( tal es la envidia que la han menester ), se en-
cara con el vulgo, y altivo, con la arrogancia que sblo disculpa el
positive valer, le dice:
((Contigo hablo, bestia fiera, que con la nobleza no es menester,
que ella se dicta mAs que yo sabria. Xlla van esas comedies: trita-
las como sueles, no como esjusto, sino como es gusto; que ellas te
miran con desprecio y sin temor, como las que pasaron ya el peli-
gro de tus silbos, y ahora s6lo pueden pasar el de tus rincones. Si
te desagradaren, me holgard de saber que son buenas; y si no, me
vengarA de saber que no lo son, el dinero que te han de costar. a
Esta es la finica vez en que el famoso dramaturgo se hiergue con-
tra la envidia y la calumnia, y como si se anticipara al porvenir,
adivina que sus comedies han de representarse en lo future, que
bien vale una profecia la confianza de que ese vulgo ha de gastar
dinero para escuchar sus comedies.
De decir acabo que trat6 con intimidad al principle de nuestros
ingenios, al inmortal autor de Don Quijote, y bien puedo aventu-
rar la idea de que en el capitulo cuarenta y ocho de la primera
parte de la citada novela, hall la confirmaci6n de lo que estudiara












REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


en los comedi6irafos griegos y latinos y en especial de Terencio-
a quien cita en Todo es venhira. Dice Cervantes:
((... de haber oido la comedia artificiosa y bien ordenada saldria
el oyente alegre con las burlas, ensefiado con las veras, admirado
de los sucesos, discreto con las razones, advertido con los embus-
tes, sagaz con los ejemplos, airado contra el vicio y enamorado de
la virtud: que todos estos afectos ha de despertar la buena conedia
en el animo del que la escuchara por ristico y torpe que sea. n
Verdad, ya que gusto de dar A cada cual lo suyo, que Juan de
la Cueva habia dicho en la epistola dedicatoria de la Primera parte
de las comedies y tragedies, que (( la comedia es la imitaci6n de la
vida humana, espejo de costumbres, retrato de la verdad, en la que
se nos representan las cosas de las que debemos huir 6 las que de-
bemos escoger a, pasaje que es 16gico career conoceria Alarc6n cuan-
do se aventur6 A penetrar en el templo de Talia.
La musa dramAtica de nuestro autor, se present, como las mu-
sas todas, aprisionada por el ingenio, no pocas veces voluble y mo-
vedizo; tanto que media un abismo entire Las paredes oyen, come-
dia de verdadera tendencia social, y El anticristo, comedia teol6gi-
ca, abismo que s61o puede salvarse pasando por el puente de dra-
mas heroicos, tales, como Prdspera fortlina de don Alvaro de Luna ;
lo que equivale A decir que cultiv6 todos los g6neros dramAticos, y
si bien, repito, su inspiraci6n se paseaba triunfante siempre por los
campos entrevistos por su fantasia, donde mAs su musa se holgara
y complaciera fu6 en la comedia de costumbres, siendo por su afi-
cibn al anAlisis psicol6gico, el verdadero creador de este g6nero
dramatic. En l6 se muestra Alarc6n tal cual era, profundo cono-
cedor del coraz6n human, poeta siempre feliz, oportuno y correc-
lisimo, y tan precise que en no pocas situaciones logra, como el
coloso Shakespeare, bosquejar con una sola frase un carActcr.
Resplandecian, como he apuntado ya en la espafiola escena cuan-
do 6 ella se present el genial mejicano, astros de potente luz, y la
sefioreaban con imperio porque reflejaban muy al vivo el car6cter de
los espafioles de aquellas edades, creyentes hasta el fanatismo, ca-
ballerescos hasta la exageraci6n, amicisimos de pomposas galas ret6-
ricas, y aficionados hasta lo que nos parece hoy demasia, A intrigas
y enredos que Ilegan con frecuencia A las lindes de lo milagroso, de
lo no sofiado, de lo sobrenatural. Las exageraciones del honor-












DON JUAN RUIZ DE ALARCON


que estrema luego hasta lo inverosimil Calder6n-de la fe, de la hi-
dalguia y del amor, pr6stanse A sonoras declamaciones poeticas que
coal cascada de perlas caian sobre el bullicioso patio, sonando al
oido de los concurrentes como acordada misica impulsora de nue-
vas hazafias y de proezas nuevas. De la moral, de ]a salvadora mo-
ral iqui6n se acuerda!
No era, pues, el teatro, antes de la aparici6n en 61del inspirado
americano, escuela de costumbres; reflejaba las existentes sin pre-
tender corregirlas: s6lo en asuntos de fe se encuentran graves ejem-
plos, no pocos fuera de la realidad de la vida, y aun los dramatur-
gos de mAs nota, cl6rigos casi todos, mu6stranse en asuntos de
amor en exceso tolerantes cuando no atrevidos y procaces. Ciertos
concepts de Guillen de Castro, del mismo virtuosisimo Tellez, por
no citar mAs que dos, recibidos serian hoy con desagrado por el au-
ditorio menos austero; que en esto siquiera de salvar las aparien-
cias media un abismo entire el siglo xvi y el xx.
Estudiando Alarc6n el ambient, la 6poca y la produccion que al
p6blico se ofrecia, comprendi6 que podia servirse de la escena como
de cAtedra para adoctrinar A las muchedumbres, y A tan nobilisi-
mo empefio consagr6 las luces de su preclaro talent. Quizas advir-
ti6 que para combatir con sus afortunados rivals era forzoso fre-
cuentar camino por ellos no paseado, y A la comedia de costum-
bres didactica-moral fui con todas las exquisiteces de su noble cora-
z6n, todos los estimulos de su alma pura, todas las filigranas de
su bien templada lira; y si bien menos fecundo que el mayor n6-
mero de sus aplaudidos competidores, escribi6 con fe ansioso de
contribuir al perfeccionamiento 6tico de aquella sociedad, que al
lado de sobresalientes virtudes mostraba defects dignos de vitupe-
rio y flajelaci6n. Las frases que de cuando en cuando pone en boca
de personajes de segunda categoria, pregonando van la cabal opi-
ni6n que tenia de las gentes de su tiempo; y toda su labor dramA-
tica, el noble empefio de que en sus comedies prevaleciese el ele-
mento 6tico sobre el dramatico y novelesco, por cual motivo di6
tanta importancia A la pintura de caracteres, de tipos humans que
se sustrajesen A sutilezas metafisicas y A bravezas exageradas. Se
alej6 por propio deseo de exageraciones idealistas para rendir culto
A la realidad; quiso que sus personajes fuesen hombres, no sofia-
dores.












REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


Como todos los autores de su 6poca, Alarc6n no clasific6 sus
obras ya que por aquellos afios no se conocia lo que di6 en Ilamar-
se hoy teatro de tesis. S61o se escribian comedies, y 6stas se divi-
dian en dos classes: las de capa y espada y las de historic, religiosa 6
profana, y en tan estrecha nomenclatura, y habida cuenta de que
los escritores todos no tenian mAs-miras que cultivar la poesia y
entretener al ptblico, sin aspirar al titulo de fil6sofos, cabia todo,
asi el drama como la tragedia, ya la comedia fantastica como Quien
malanda, mal acaba, ya la de carActer tal como La verdad sospe-
chosa; bien la hist6rica como Los favors del mando, bien la de
simple enredo como Los empenos de an engaiio.
Mas como cada autor, atin pretendiendo ocultarlo, se retrata en
sus obras, y un detenido studio de su labor logra mostrarle tal
como fuI, intellectual y moralmente, analizando la producci6n dra-
mitica de Alarc6n se le ve ora politico, ora social, ya galante, ya
mordaz, A veces ingenuo, en otros cazurro, pero siempre, y por cima
de todo, eminentemente human, gran conocedor del coraz6n y se-
vero moralista, cualidades suficientes para que podamos colocarle
en las mAs suntuosas cAmaras del inmortal temple de la gloria. Y
A tal punto quiso adoctrinar, que Hartzembusch no tiene reparo en
escribir de Alarc6n lo que sigue, frases que A mi entender encierran
la alabanza mAs cabal que he leido de tan predilecto autor.
((En el temple de Talia s6lo 61 descuella como campe6n de la
verdad, de la clemencia, del agradecimiento, de la entereza de toda
virtud. ,
dPor qu6 sus contemporAneos no le aplaudieron como merecia,
y por qu6 la critical modern le ha colocado al lado de los tres gran-
des dramaturgos del siglo de oro?
El teatro de entonces nos muestra que los galanes eran tiernos,
las mujeres dadivosas, los criados ret6ricos y charlatanes (i); que
el puiblico gustaba much de interminables discreteos y era poco
amigo de escuchar consejos; de suerte, que al parangonar el astro
que selevantaba con los que ya brillaban con luz propia en el cielo
del arte dramitico, resultaba Alarc6n en exceso grave, sus criados


(i) Cervantes se habia burlado de que saliera (un viejo valiente, un mozo cobarde,
un lacayo retorico, un paje consejero, un rey ganapAn, y una princess fregona). (Don
Qaijote, part I, capitulo CLVIII).












DON JUAN RUIZ DE ALARCON


demasiado comedidos, breves sus diAlogos, y si sus galanes eran
menos caballerescos que los de Tirso, sus damas no tenian por lo
general los tiernos arrebatos que con tanta donosura pintaba el in-
comparable Lope. Alarc6n quiso ser un reformador, y sabido es
que rara vez alcanzan el aplauso de su generaci6n los que desviAn-
dose del camino por todos frecuentado, se lanzan A campo traviesa
por los atajos y vericuetos que su fantasia les sefiala. Y porque es
sencillo y natural por temperament, y es su estilo terso y pulido,
y son verdadsus personajes, y brillan en sus obras profundos pen-
samientos y eternas verdades, si muchas de las obras de Lope y de
Tirso, de Moreto y de Calder6n, y de cien mAs, arrumbadas ban
quedado porque s6lo muestran lo efimero y fugaz de una 6poca, las
mas de Alarc6n podrian creerse escritas hoy, en que mAs depurado
el gusto, las multitudes inteligentes buscan en el teatro no s61o di-
versi6n, sino ideas, ensefianza (i).
Si la critical vulgar y auin la erudita de su tiempo, no tributaron
A Alarc6n eljusticiero aplauso A que sus obras le hacian acreedor,
en cambio, dejando A un lado modestos y timidos elogios anterio-
res, desde el primer tercio del siglo xix son various ya los que co-
mienzan a apreciar en su just valor el modesto caudal dramAtico
del c6lebre americano; y A estudiarle con amor dedicaron largas
yigilias critics peninsulares y extranjeros. Ya resquebrajada la mu-
ralla que contra 61 levantaran la envidia, la pasi6n y aun prejuicios
de escuela, relumbr6 clarisimo el ingenio del autor de Los empeios
de un engaho, y desde principios del siglo xix alzAnse voces en Es-
pafa, en Francia, en Alemania, en Inglaterra, en elogio del olvida-
do maestro, voces tan variadas, potentes y robustas que forman ya
simpatico coro, que era de cumplida alabanza al fundador de la ver-
dadera comedia de costumbres, al inmortal don Juan Ruiz de Alar-
c6n y Mendoza.
Vaya como simple curioridad la lista de algunos de estos critics
nacionales y extranjeros.
Entre los primeros puedo citar sin seguir orden cronol6gico:
SalvA, Lampillas, Pellicer, NicolAs Antonio, Garcia Suelto, Mor6n,
Gil de ZArate, Francisco Lanini, Amador de losRios, Lista, Hart-
zenbusch, Martinez dela Rosa, Mesonero Romanos, Ochoa, Ndfiez


(i) Perd6nenme los aficionados al cinemat6grafo.












IIEVISTA DE LA UNIVERSIDAD


de Arenas, Tamayo y Baus, Revilla, Garcia Ram6n, GonzAlez Lia-
na, FernAndez Guerra y Men6ndez y Pelayo; y entire los segundos
a Voltaire, Ferdinand Denis, Fontenelle, Morel-Fatio, Philarete-
Chasles, Fabio Franchi, Lemcke, Leopoldo Schmidt, Ticknor, Fitz
Maurice-Kelly, Puibusque, Woll' (), E. Baret, G. Huszar, Petit
de Julleville y Conde de Schack. Por cierto que respect A este fil-
timo, sorprende queen su conocidisima obra (2), en que campea
por lo general sana y acertada critical, se dediquen pocas pAginas al
inmortal autor de La verdad sospechosa, y lo que es aun mAs sor-
prendente que el erudito critic no parara mientes en la labor fi-
los6fica-didascAlica de Alarc6n. Diriase que su perspicacia critical,
deslumbrada por las llamaradas de Lope y de Tirso, durmi6se mo-
mentaneamente al tropezar con nuestro autor, para cobrar nuevos
alientos con qu6 hacer detalladamente el recuento de los geniales
aciertos, no exentos de sensibles distracciones, delinsigne Calder6n
de la Barca.
Con respect a la lista anterior, creo initial advertir que reconoz-
co su insuficiencia, ya que ban de ser mAs, muchisimos mAs los
critics que en estos iiltimos tiempos honestaron fecundos ocios es-
tudiando A Alarc6n, y dando A la estampa el fruto de sus pacientes
desvelos.
No entra, en las lindes del plan que me trazara, analizar todas las
obras producidas por este autor, ni siquiera detallar los argumen-
tos de aquellas que, por mas felices 6 perfectas, suben hoy al tabla-
doesc6nico para delectaci6n y regocijo de p6blicos de cultural no
estragada. MAs reducido el campo de mi critical, pretend sacar A luz
cianta filosofia prActica, cuanta sana moral hay en su labor, y i
mi intent bastarA escoger algunas de sus comedies, recogiendo
con parsimonioso delete la saludable ensefianza en ellas esparcida.
Probable es, mAs que probable, casi seguro, que se pongan tildes y
reparos A esta. paciente labor, como possible es que los eruditos y los
aficionados A bellezas ret6ricas y i exagerados lirismos, al parango-
nar mis citas con las de Tirso, de Lope, de Calder6n 6 de Moreto,
echen de menos los hiperb6licos concepts de que tan rico se mues-


S1) Este autor lc dedica 50 pAginas, si bien so adviertc que en la parte biogrfica no
conocia la obra de Fernandez Guerra.
(a) Historia del care dramndlico en Esparan .












DON JUAN iUIZ DE ALARCON


tra el teatro clAsico espafiol. Pero dejando A un lado que s6lo quie-
ro detenerme con complacencia en uno de los aspects del teatro
alarconiano, fuerza me es repetir que lo que 61 quiso, al apartarse
de la ruta seguida por sus antecesores y contemporAneos, fu6 se-
fialar nuevos derroteros al arte esc6nico espafiol (i) vislumbrando
en su clarisimo talent, que la ficci6n dramAtica debia ponerse al
servicio, no de la poesia meramente idealista, sino de la que tenga
por nobilisima base la educaci6n del pueblo. Con tales prop6sitos,
es menester convenir en que el castigal ridendo mores fu6 la divisa
del egregio dramaturge, al bajar al palenque para quebrar lan-
zas con quienes mostraban las suyas cargadas de coronas y lau-
reles.
Otro mdrito tiene el ingenio en quien me ocupo, y es la galanu-
ra de la forma, en la que sobrepuja A todos; y es ella tan escultural,
tan media, tan tersa, marca con tan deslumbrante sello el period
mAs brillante de nuestro idioma, corre tan suelto y fAcil el verso,
que al leerle se ensefiorea de modo tal de nuestro Animo que no se
echan de menos ni las ternezas de Lope, ni la simpAtica malicia de
Tirso, ni la fuerza po6tica de Calder6n, ni las sales c6micas de Mo-
reto; el arrobamiento que produce la hermosa defense de la moral
no deja lugar A comparaciones.
dQui6n sino 61 podia escribir


Ya los caballos estan,
viendo que salir procuras,
probando las herraduras
en las guijas del zaguan (2),


redondilla 6sta citada como modelo por various critics ?
dY quidn sino 61


(i) Algo lograria cuando Hurtado de Mendoza pone en boca de uno de los perso-
najes de su comedia Mds merece quien mds ama.
En sus comedies contemplo
que los celebran y admiran
cuantos juntamente miran
al deleite y al ejemplo.

(2) La verdad sospechosa, acto II, escena VII.
ART. ORat. xXXI-2












BEVISTA DE LA UNIVERSIDAD


Ya el caballo ha descansado
y precursora la noche,
corona de negras sombras
las cabezas de los montes (i),

versos que en La crueldad por el honor pone en boca de ZaratAn ?
( QuerrA decir lo anteriormente expuesto que no hay ternezas, ni
filigranas, ni discreteos, ni graciosidades en la lira dramitica de
Alarc6n? No por cierto; lo que se quiso dar A entender con las an-
teriores afirmaciones, es que us6, no abus6'del lirismo tan en moda
entire los cultivadores del g6nero.
Vayan unos cuantos ejemplos para demostrar lo rotundo de su
versificaci6n, la riqueza de sus po6ticas galas y el seductor ropaje
con que solia cubrir los mAs triviales concepts,
En La culpa busca la pena, Dofia Lucrecia visit, en la primera
escena, A Dofia Ana, para advertirla que quien la corteja supo an-
tes adamarla, aviso amistoso que tiende A evitar engafios y a casti-
gar al inconstante. El hermoso romance en que Dofia Lucrecia re-
fiere el caso terminal con estas valientes palabras:

MAs porque haber yo estimado
su pensamiento es probanza
de sus m6ritos contigo,
el veneno y la triaca
te doy juntos, pues te ensefio,
porque pises recatada,
entire las flores el Aspid
de su condici6n ingrata,
Y asi por lo que te toca,
te estara mejor, dofia Ana,
escarmentar advertida,
que advertir escarmentada.
Porlo que toca A don Juan,
sera en ti mAs digna hazafia
dar castigo a sus engafios
que premio a sus esperanzas:
y por lo que toca a mi,
te mostrarAs mis humana


(i) Acto I, escena V.












DON JUAN RUiz DE ALARCON


que en hacerle venturoso
en no hacerme desdichada.
Tres afios ha que me obliga,
dos meses ha que me agravia;
dos meses ha que Le sirve,
tres afios que me difama:
piensa, pues eres discreta,
mira, pues naciste honrada,
de mi opinion el peligro,
de mi raz6n la ventaja,
el despecho de mi agravio,
el exceso de mis ansias,
la locura de mi amor,
y de mis celos la rabia.

En Los empefos de un engaho, y como Leonor pregunte a Ins,

dQuidn serA este forastero,
que tan falso y recatado
hace con tanto cuidado
de nuestra calle terrero ?

contest la interpelada con estas dos redondillas que bien pueden
darse como modelo de refinada galanteria:

Desta casa el primer suelo
es primer cielo, sefiora,
de la luna de Teodora;
y el segundo es cuarto cielo
de tu sol, cuyo arrebol
da al alba perlas que Ilore;
y no es possible que adore
la luna, si ha visto el sol.

En El dueio de las estrellas, comedia A la que habr6 luego de
referirme, advierte Alarc6n a sus oyentes, que algo y aun much
sabe del dificil arte de regir A los pueblos. La escena VIII del
acto III, nos lo present consumado politico y muy deferente con
la voluntad popular, idea no tan atrevida como screen los pseudo-
historiadores, ya que fu6 Espafia la cuna de la libertad y el alber-












I1EVISTA DE LA UNIVERSSIDAD


gue de la bien entendida democracia; y no s6lo auscultar quiere al
pueblo, sino que va sefialando seguros derroteros para que navegue
sin escollos la nave del Estado. De tan larga escena, s61o copiar6
algunos fragments para evitar fatigas.
Dialogan Licurgo y el rey; dice el primero :

De las leyes qu e hpensado
que al buen gobierno convienen
deste reino, algunas vienen,
senior, en este traslado.

REY

SQuer6is luego publicallas?

LICURGO

Consultar las voluntades
del pueblo en las novedades
es el modo de acertallas;
porque el vulgo interesado,
que tiene el caso present
descubre el inconvenient
que el superior no ha alcanzado;
y el que emprende novedad
de importancia, antes de hacer
esta experiencia, a perder
se arriesga la autoridad;
que revocar brevemente
lo que ha mandado, es mostrar
que es liviano en revocar,
6 fud en inandar imprudente.


d Acaso no pueden aplicarse los concepts encerrados en las an-
teriores redondillas A no pocos gobernantes de los actuales tiem-
pos? dNo indican las dos primeras el respeto que debe merecer la
opinion pdblica ?
En la misma escena hay otras ideas que no puedo dejar de co-
piar, ya que intentan resolver problema que ha preocupado, y aun
preocupa, al gobierno argentino.
Lee Licurgo lo siguiente que hoy Ilamariamos proyecto de ley :












DON JUAN RUIZ DE ALARCON


( Que los extranjeros que quisieren avecindarse en este reino, gocen
desde luego de las preeminencias de vecinos y naturales. a
(Cul es el fin de esta ley? pregunta el monarca, contestando
Licurgo:
Que vuestras fuerzas aumente:
que la copia de la gente
hace poderoso al rey;

y como este le argue,

De la gente amiga y propia
se entiende: que de la extrafia,
antes sospecho que daiia
y es peligrosa la copia,

replica el sesudo legislator:

La extrafia, senior, se hace
tan propia por la amistad,
el trato y la vecindad
com lo que en Creta nace;
porque a darle el tiempo viene
hijos y caudal en ella;
y no hay mis patria que aquella
donde tales prendas tiene.


i Qu6 profunda verdad encierran estos uiltimos versos, y c6mo po-
demos dar de ella fe los que nacidos en otros pauses hemos venido A
colgar nuestros nidos en los, aunque j6venes, robustos Arboles ar-
gentinos I
QuizAs porque Alarc6n nacido en M6jico se radic6 en Espafia,
tenia de la patria un concept much mAs amplio que los que del
propio terrufio nunca se alejaron; tanto que en La prueba de las
promesas, dice:

... Patria es aquella
donde tiene amor su bien (i).


(i) Acto I, escena II.












REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


En La crueldad por el honor, ZaratAn, el gracioso, asolea san-
chesco buen sentido al proponer A Nufio various puntos con que
reformar leyes, costumbres 6 fueros. Aun cuando todos son in-
tencionados y siempre oportunos, la cortedad del tiempo impone
parquedad de citas, por cual raz6n copiar6 tan s6lo el siguiente
punto, omitiendo su glosa.

Primeramente, porque son los pleitos
peste de la quietud y las haciendas,
pague todas las costas el letrado
del que fuere en el pleito condenado :
pues temiendo con 6ste el propio dafio
dara al principio el just desengafio;
y las parties con 6sto, no teniendo
quien en causes injustas las defienda,
menos pleito tendrin y mas hacienda (i).

En La amistad castigada describe contra los desleales. Dionisio
encarga A Di6n que se finja descontento, para que aqudllos no hallen
reparo en descubrirse con 61. Las largas advertencias, modelo de
cordura y sensatez, terminan con estos versos.

S61o me resta advertiros,
Di6n, que el fin a que mira
este engaflo es conocer
la traici6n, no persuadilla;
porque si es cautela just
la que el delito averigua,
no es just la que ocasiona
i emprendello A la malicia.
Y asi habdis de procurar
descubrir la alevosia
con medios tan atentados
y razones tan medidas,
que sin irritar sepAis
qui6n es el que ya conspira:
mas no quien conspirard
si vuestro favor le anima (2).

(i) Acto III, escena III.
(2) Acto I, escena IV.













DON JUAN RUiZ DE ALARCON


Como uno de tantos ejemplos de discreteo, puede citarse el si-
guiente dialogo entire don Juan y Blanca en La industrial y la suerte.


DON JUAN

Aqui os aguarda, sefiora,
el mis leal escudero;
que pagindole tan mal,
no es poco milagro serlo.

BLANCA

Sefior don Juan, siempre vi
que para subir al cielo
del sol, es fuerza encontrar
el de la luna primero.

JIMENO

(ap.) d Celos ?

BLANCA

Y viendo la noche
correr tanto, dije luego :
a la conjunci6n del sol
iri 4 parar como 4 centro.

DON JUAN

No corriera asi la luna,
a no ser forzada i ello;
que ese cielo, primer m6vil
la oblig6 A cursos violentos.

BLANCA

SAd6nde vais?

DON JUAN

A serviros.

BLANCA

Mirad que sois luna, y temo
que so ha de eclipsar el sol,
don Juan, si delante os levo













REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


DON JUAN

Quisiera nmis una blanca

BLANCA

Quedaos aqui.

DON JUAN

Porque pienso
que os canso, y que os scrvire
mls en quedarme, me quedo
aguardando i que volviis,
si bien que os muddis no espero (i).

Bella, mAs que bella magistral, es la descripci6n que hace de una
corrida de toros, en su comedia Todo es mentira. En la imposibili-
dad de copiar, por lolarga, toda la escena, alli van dos fragments
verdaderas pinturas : una del toro, otra del caballo.
Retrata asi el iltimo toro:

Sueltan un toro, medio ya postrero
contra la lucha y c6lera encendida;
era barroso y grande, aunque ligero,
corto de cuello y cuernos, escondida
en un cerdoso remolino fiero
la frente, abierta la nariz hendida,
negro de extremes y de hocico romo,
de negra cinta dividido el lomo.

Y pinta asi el caballo :

Va en un rucio andaluz, pisador bello
de grande cuerpo en proporci6n formado,
al ancho pecho igual el corto cuello.
de alta, corva cerviz hermoseado,
riza la crin, la cola y el cabello;
el breve rostro alegre y sosegado,


(i) Acto II, escena V.












DON JUAN RUIZ DE ALARCON


anchas las ancas, de barriga lleno,
presto a la espuela y obediente al freno (i).

No recuerda esta octaba La fiesta de toros de Moratin ?
En La industrial y la suerte, arremete briosamente contra el gon-
gorismo que iba haciendo piesa en todos los cerebros, al exclamar :

i Con qu6 estilo tan discreto,
con qud cifras tan agudas,
con que equivocos tan nuevos
te ha sabido dar favors
y del Sol pedirte celos!
i Con qu6 t6rminos tan propios,
tan breves y verdaderos
prosigui6 la alegoria
de la luna, el sol y el cielo!
No como algin presumido,
en cuyos humildes versos
hay cisma de alegorias
y confusion de concetos,
retruecanos de palabras,
tiqui-miqui y embeleco,
patarata del oido
y engafifa del ingenio (2).

De La prueba de las promesas, es modelo acabado de romanci-
11o el siguiente que pone en boca de Blanca :

Amiga Lucia,
ya triste no puedo
encubrir las llamas
de mi loco incendio.
Mientras no soplaban
contrarios intentos,
oculto en cenizas
reposaba el fuego:
Mas ya la violencia


(1) Acto IIl, escena XIII.
(2) Acto II, escena VI.













REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


de enemigos vientos
descubri6 la brasa,
encendi6 el deseo.
Sabes qne mi padre
quiere... j oh santos cielos !
esta triste vida
me quitad primero -
quiere a don Enrique
darme en casamiento,
contrario a mi sangre,
y a mi gusto opuesto,
siendo (i ay desdichada !)
de mis pensamientos
don Juan de Ribera
el Ainico duefio.
Porque se conformen
los bandos sangrientos
de los dos linajes
Vargas y Toledos,
tan 4 costa mia
se ha trazado el medio.
que ha de ser mi gusto
victim del pueblo.
Mira mis desdichas,
siente mis tormentos:
6 afila un cuchillo
6 traza un remedio.

Los criados 6 lacayos que pinta Alarc6n no suelen ser ni fil6so-
fos, ni descomedidos, ni sermoneadores, ni en exceso familiares;
se limitan, por lo general, al paciente desempefio de su oficio que
alegran con sanas graciosidades, chascarrillos que estAn bien en los
labios de quienes son por su condici6n genes sencillas y de buen
humor. De entire los various ejemplos que al caso pudieran venir,
entresaco el siguiente:

Senior,
en una casa en que habia
conversaci6n, cierto dia
salieron al corredor
dos solos, que una cuesti6n













DON JUAN IHUZ DE ALALCON


tenian que averiguar,
y en ella le vino A dar
uno a otro un bofet6n.
Pues el que le recibi6,
A grandes voices y apriesa
dijo al otro : tomaos esa.
La gene, que dentro oy6
el golpe, y no vi6 la mano
atribuy6 la victoria,
al que cantaba la gloria
tan orgulloso y ufano:
y asi, con esta invenci6n
vino a quedar agraviado
aquel mismo que habia dado
al contrario el bofet6n.

Vaya otro ejemplo que bien sirve para aclarar la verdad del re-
frAn ( en la tierra donde fileres, haz lo que vieres a. Cuenta Ochavo
en El examen de maridos, el siguiente caso:

Un aguacero ca)6
en un lugar, que priv6
A cuantos moj6 de seso:
y un sabio, que por ventura
se escap6 del aguacero,
viendo que al lugar entero
era comin la locura,
moj6se y enloqueci6,
diciendo : en 6sto I qud pierdo ?
Aqui donde nadie es cuerdo
dpara qud he de serlo yo? (1)

Verdad 6sta que repite en La culpa busca la pena, cuando dice :

MAs que cuerdo desdichado
quiero ser loco dichoso (2).

Isaac NMfiez de Arenas, en su Cardcter dramdtico de don Juan


(1) Acto I, escena XIV.
(2) Acto 1, escena Xll.












REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


Raiz de Alarc6n, quc sirve de portada A los tres tomos que con el
titulo de Comedias escogidas, de dicho autor public en 1867 la
Real Academia Espariola, da la lista de las obras siguiendo en parte
a Hartzenbusch. Y si fuesen ciertas las fechas en que ambos criti-
cos aseguran fueron escritas algunas de estas comedies, teniendo
en cuenta los afios en que se iban representando, resultaria una
de dos, 6 que el atildado dramaturge tenia poca confianza en si
mismo al dar los primeros pasos en el cultivo del g6nero, y que dej6
dormir muchos afios algunas de sus comedies con el fin laudable
de pulirlas, 6 bien que los c6micos no se daban prisa en abrirle las
puertas de los corrales. Casi me inclino A career esto uiltimo, ya que
en todas las 6pocas ha sido empresa dificil Ilevar A la escena la pri-
mera obra teatral, pues si por un lado hay que vencer los naturales
temores del actor en dar A conocer A un autor novel, por otro hay
en los autores, ya consagrados por el piblico, el recelo de que la ti-
mida estrella que en el primer estreno asoma, pueda convertirse, al
recorrer su 6rbita, en deslumbrante lucero que haga resaltar no vis-
lumbradas opacidades.
Segin FernAndez Guerra, autor ya citado, pues es sin dispute
quien con mis escrupulosidad ha estudiado la vida y la producci6n
de nuestro Juan Ruiz de Alarc6n, escribi6 las siguientes comedies
que se dieron al teatro en los afios que se indican :
El semejante d si mismo (i), El desdichado en fingir (2) y La cue-
va de Salamanca (3) en i6i3.
Todo es ventura, en 1614.
La manganilla de Melillla y Quien mal anda, mal acaba (4) en 1616.
La culpa busca la pena (5), Las paredes oyen, La prueba de las
promesas, Madarse por mejorarse y Ganar amigos, en 1617.
Los favors del mundo, La amistad castigada, El daefio de las
estrellas y El anticristo, en 1618.
Cautela contra cautela, Prdspera fortlna de don Alvaro de Luna,


(1) Montileury la di6 i la escena francesa con el titulo de Le semblable d lui-meme.
(2) La arregl6 su propio autor en 1623 poni6ndole por titulo Quien engana d quien.
(3) Esta y la anterior fueron escritas, segdn Nifiez de Aressas y Hartzenbusch, en
1599.
(!I) TambiBn 6sta, segun dichos critics, fu( escrita en 6io2.
(5) Escrita en 1599.












DON JUAN RUiZ DE ALARCON


La crueldad por el honor, La verdad sospechosa, La indaslria y la
suerte (i) y Los empenios de un engailo, en 1619.
Los pechos privileglados, en 1620.
El tejedor de Segovia, en 1621.
Algunas hazanias del marques de Canlete (con otros) (2), en 1622.
Siempre ayuda la verdad,-en 1623.
No hay mal que por bien no venga, en 1621.
El examen de maridos, en 1625.
No hay porque malgastar minutes, cuando tantos necesitamos,
detallando los arguments de estas obras, trabajo que ya se ha ve-
rificado con lucimiento por los critics nacionales y extranjeros an-
tes apuntados. No holgara, sin embargo, teniendo en cuenta el al-
cance divulgador de estas conversaciones, decir algo referente A La
verdad sospechosa, el brillante de mAs subidos quilates que ostenta
la corona que por asenso universal cifie don Juan Ruiz de Alarc6n.
Sabido es que Le mentear, de Corneille, es casi un traslado A la
escena francesa de la comedia de nuestro autor. Fontenelle decia de
la imitaci6n francesa : ( es una comedian tomada casi literalmente
del espaiiol segiin se acostumbraba en aquellos tiempos ). MoliBre
escribia A Boileau que La verdad sospechosa le habia revelado la
verdadera comedian, y que sin ella acaso no hubiera escrito El mi-
sdntropo. Voltaire, tan parco en elogios, dice que los francescs son
deudores A Espafia de la primera tragedia apasionada y de la pri-
mera comedia de caricter que han ilustrado la Francia, y agrega,
refiriendose A La verdad sospechosa, que ( es maravilla del arte a
que nada se parece entire antiguos y modernos ). Corneille mismo
no tuvo reparo en consignar en el pr6logo de su obra: ( Si me
fuera licito explicar mi sentir sobre una cosa en que tengo tan poca
parte, diria que me encanta de tal modo la invenci6n de esta come-
dia, que no he hallado cosa en este gdnero entire antiguos y moder-
nos, a que compararla ) (3). Asegurando en otra parte que daria


(1) Escrita en i6oo.
(2) Estos otros fueron Mira de Amescua, el conde del Basto, Guill6n de Castro, Bel-
monte, Vl6ez de Guevara, Ludefa, Herrera y Villegas.
(3) Antes habia dicho : ( Quand je me suis risola de rdpasser da heroique an naif, je
n'ai ose descendre de si haut sans m'assurer d'an guide, etje me suis laissg condaire aa fameux
Lope de Vega (sahido es que al principio crey6 que 6ste era el autor de La verdad sospe-
chosa) de pear de m'egarer dans les detours de tant d'intrigues que fail notre Menteur u.












IEVISTA DE LA UNIVEISIDAD


dos de sus mejores dramas por la gloria de ser inventor de aquella
comedia.
Sorprende que despues de tales elogios, y teniendo A mano para
comparar las obras francesas Le Cid y Le menteur y las espafiolas
Las mocedades del Cid y La verdad sospechosa, diga Morel-Fatio en
sus Etudes sur l'Espagne, que ( las imitaciones son mas perfectas y
mAs hermosas que los originales ). En cambio Wolf, que hace un
entusiasta elogio de Alarc6n, dice de La verdad sospechosa que es
modelo de Le menteur, de Corneille, y de tantas imitaciones en
alemAn y en ingl-s.
En 1625, esto es, catorce afios antes de morir, deja de escribir
Alarc6n para el teatro, pues nombrado en junio de 1626 Relator su-
pernumerario del Consejo de Indias con derecho A la primera va-
cante, se consagra por entero A las pesadas tareas de su cargo; y es
de lamentar que al fin alcanzara nuestro autor empleo tan honroso,
ya que de no tenerlo hubiera seguido frecuentando el trato de la
musa dramAtica que, agradecida, premi6 su labor con laureles que
van ganando al correr de los afios verdor y lozania.
Porque temo rebasar los prudentes limits del tiempo, suspend,
mejor dicho, termino esta primera conversacidn, dejando para la
siguiente entrar de Ileno en el anAlisis ejemplarizado de la labor
filos6fico-didictica del sin igual mejicano.
Mas teniendo en cuenta el fin A que miran estas conversaciones,
dirigidas especialmente A la juventud, y habida cuenta de que re-
suena mi voz en este temple del saber, hist6rico atrio del palacio
intellectual argentino, same permitido terminar la de hoy con las
siguientes palabras que nuestro autor pone en labios de Enrico en
La cueva de Salamanca (acto primero):

No es el fin, Andr6s amigo,
del studio, enriquecer
fin del studio es saber:
si eso alcanzo, lo consigo,
El que riquezas procura,
con la fortune las ha,
cuyo buen efecto esti,
no en saber, sino en ventura.
Rico eminente en saber,
pocas veces lo verAs;









DON JUAN RUIZ DE ALARCON 3I

saber pobre quiero mas,
que ignorant enriquecer.

Si, mis j6venes amigos; apliquemonos al studio con fe, con
ahinco, con constancia; recordemos, aun sabiendo algo, lo que el
mismo nos dice antes de los versos que acabo de recitar.

Siempre queda que aprender:
no hay hombre del todo sabio.

Y con esta recomendaci6n y esta sentencia, que entrafiando se-
vera amonestaci6n A los infatuados, pudiera servir de lema al ma-
yor nimero de nuestros establecimientos docentes, termino hoy,
no sin agradeceros la benevolencia con que me hab6is escuchado.






















NOTAS PARA UNA TEORIA


DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD







S i. Antecedentes de la teoria de la subconciencia. S 2. Noci6n dc la sub-
conciencia-subvoluntad.- S 3. Unidad de la subconciencia-subvoluntad. -
S 4. Los fundamentos de la teoria de la subconciencia-subvoluntad. S 5.
Bases biol6gicas. S 6. Bases fisiol6gicas. S 7. Bases psicol6gicas. S 8.
Bases patol6gicas. S 9. Bases sociol6gicas. -S o. Actividades de la vida
vegetativa. S I Emociones subconscienles producidas por sensaciones cons-
cientes. S 12. Sensaciones subconscientes producidas por percepciones in-
decisas.- S 13. Suefio y sonambulismo.- S 14. Insensibilidad de los
hist6ricos. S i5. Herencia psicol6gica. S 16. Sugesti6n. 17. Hipno-
sis. S 18. Actos impulsivos. S i. Imigenes subconscientes. 5 2o.
Operaciones mentales subconscientes. S 2i. Transformismo biol6gico.-
S 22. Acomodaci6n. S 23. Sintesis do lo expuesto. S 24. Distintas for-
mas filos6ficas dadas a la noci6n de la subconciencia-subvoluntad. S 25.
Gradaciones de la conciencia. S 26. Relatividad de la conciencia. 27.
La expresi6n ( estado de conciencia ,.



SI

ANTECEDENTES DE LA TEORIA DE LA SUBCONCIENCIA

Desde el Renacimiento existe, puede decirse, mas 6 menos vaga,
una ( filosofia de la inconciencia n (Philosophie des Unwebusztsein),
que ha contado, singularmente en Alemania, numerosos adeptos
entire los mas profundos pensadores. Dos fases ha asumido: la me-
tafisica, que comprende A Descartes, Spinoza, Locke, Leibnitz,
Kant, Hegel, Carus, Wolff, Volket, Maine de Biran y Schopen-












TEORIA DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD


hauer, Hartmann, y la psicofisiol6gica, que se inicia con los mate-
rialistas coetAneos de Berkeley, y abarca luego A Colsenet, Laycok,
Carpenter, Cobbe, Lewes, Thompson, Baldwin, etc. Las caracte-
risticas de la primera fase son la admisi6n de las ideas innatas, con-
cebidas por Descartes, y la propensi6n A construir deductivamente
sistemas universales;. las de la segunda, la argumentaci6n inductiva
y cierta tendencia A similar las funciones fisiol6gicas vegetativas
con las psiquicas, algunas de cuyas formas se califican de ( actos
de cerebraci6n inconsciente n.



2

NOCION DE LO SUBCONSCIENTE-SUBVOLUNTARIO

Para un observador que no aguce ex profeso su ingenio, el hecho
de la subconciencia-subvoluntad ha de pasar inadvertido, y su ex-
posici6n debe sorprenderle. La mayor parte de los hombres creen
que tienen conciencia de toda su actividad psiquica; menosprecian
6 desconocen las operaciones sensitivas 6 intelectuales que se elabo-
ran silenciosa, y, por decirlo asi, subrepticiamente en su psiquis;
suponen que el (( alma ) no posee mas a facultades a ni determine
mis actos que aquellos de que les da testimonio su conciencia; que
su voluntad improvisa... El orgullo no les deja ver que en su mente
exista una obscure, ancha, active y poderosa trastienda, donde las
percepciones, sensaciones e imagenes viven en un movimiento con-
tinuo 6 ignorado, como el trabajo subterrAneo de los gnomos de la
leyenda.
Los psic6logos modernos sostienen frecuentemente que (( todo
to que es psicol6gico es consciente n, y que, por tanto, ( una psico-
logia de lo inconsciente es un absurdo ,... Sin embargo, estos mis-
mos psic6logos estudian ( estados de conciencia obscuros n, a per-
cepciones obscuras ,, estados emocionales que existen y no han
transpuesto aun el ( umbral de la conciencia n, etc. Con frecuencia
llaman ( inconsciente n i todo lo que no es consciente. Pues bien,
par6ceme indiscutible que hay una series de fen6menos psiquicos
que no son absolutamente conscientes; pero, d son siempre incons-
cientes? Un detenido studio psicofisiol6gico demuestra que, en
ART. oRri. xxxr-3












REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


muchos casos, son relativamente conscientes y relalivamente incons-
cientes... Estos son los fen6menos que Ilamo subconscientes-sub-
voluntarios. Por ejemplo, el paso de la secreci6n 6rica del rifi6n a
la vejiga es un acto absolutamente inconsciente; luego, no cs psi-
quico (aunque tenga sus atingencias psicol6gicas). En cambio, la
emoci6n que produce la contemplaci6n del color rojo en un hom-
bre normal, emoci6n inadvertida por la conciencia, pero que au-
menta el pulso cerebral, es un acto aparentemente inconsciente, 6
sea subconsciente, y, por tanto, psicoldgico. Todo lo psicol6gico de-
be considerarse consciente 6 subconsciente. S61o lo verdadera-
mente inconsciente result extrafio, al menos en apariencia, A la
observaci6n psicol6gica.


S3

UNIDAD DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD

Es teoria hoy corriente considerar a la conciencia como un todo
complete y absolute, que tiene su principio y su fin en si mismo,
y que comprende el conjunto del espiritu human. Sostengo que
la conciencia es un todo graduado, que se extiende en varias zonas,
desde la inconciencia plena hasta la conciencia neta. Las entidades
psiquicas nacen de lo casi inconsciente y se desarrollan hasta la con-
ciencia-voluntad; nada se improvisa, pues, en vista. La conciencia,
en conjunto, es como un gran piano ligeramente inclinado, cuyapar-
te alta represent lo inconsciente-involuntario y cuya parte baja re-
presenta la conciencia-voluntad; cualquier cosa que caiga sobre la
parte alta tiende A deslizarse, por la inclinaci6n del piano, hacia la
parte baja. El conjunto de la conciencia podria tambi6n compararse
con el consultorio m6dico de un gran especialista. La subconscien-
cia es como la antesala, y las ideas son como los clients, que alli
se acumulan en la penumbra, pasan sus tarjetas, se sientan, se
arreglan, conversan, deliberan, median, esperando que les llegue
su turno para entrar en la audiencia, uno por uno. Todos no pueden
entrar de golpe al gabinete del m6dico, que es como un ( campo de
la atenci6n a, porque no caben en 61. Muchos no son recibidos, y
quedan aguardando initilmente, 6 se van...












TEORIA DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD


La amalgama de la subvoluntad con la subconciencia, como si
fueran dos fases de an mismo y tinico fen6meno, se funda en los ar-
gumentos que he empleado en el studio anterior para demostrar la
anidad psiquica de la conciencia y voluntad. Los psic6logos antiguos
han separado 6 estas filtimas, por un procedimiento puramente for-
mal y abstract.
Las expresiones perception (una percepci6n que aun no ha pasado
A la conciencia) y aperceptio (cuando ya ha pasado), de Leibnitz, y
(( umbral de la conciencia ) (Schwelle des Bewusztseins) y ((desfila-
dero de la conciencia (Enge des Bewusztseins), de Herbart, repre-
sentan luminosos antecedentes de la escuela intelectualista, para la
doctrine de la subconciencia-subvoluntad. Ya veremos los de la
escuela fisiologista. Podria decirse que la doctrine de la subcon-
ciencia-subvoluntad es una fase de la que he Ilamado instintis-
ta. Constituye un terreno neutral de maniobras pacificas, para
intelectualistas y fisiologistas; posiblemente serA alli donde, en la
ciencia del porvenir, se refundan las verdades conquistadas, para
la psicologia, por todas las escuelas filos6ficas hasta ahora aparen-
temente antag6nicas.


4

LOS FUNDAMENTOS DE LA TEORIA DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD

Los elements de la teoria de la subconciencia-subvoluntad pue-
den clasificarse en las siguientes categories: i bases biol6gicas, 6
sea generals; 20 fisiol6gicas; 3 psicol6gicas; 4o patol6gicas; 5
sociol6gicas.
Despu6s de exponer sint6ticamente y por su orden estas bases,
agregar6 una series de observaciones empiricas, que. a mijuicio,
las corroboran.

5

BASES BIOLOGICAL

La teoria del transformisro y de la selecci6n de las species,
tal cual la expuso Darwin, ha dejado algunos claros, que despues












HEVISTA DE LA UNIVERSIDAD


se ha procurado lienar. Llena uno de estos claros la hip6tesis,
esbozada por Hering y adoptada por Haeckel, de la a memo-
ria considerada como una funci6n general de la material organizada n.
Segiin Hering, (( la memorial debemos casi todo lo que somos y
lo que tenemos a. ( Estamos convencidos, agrega Haeckel, de que,
sin la hip6tesis de una memorial inconsciente de la material viva,
las mAs importantes funciones son en suma inexplicables. La ca-
pacidad de tener ideas y de former concepts, el poder del pensa-
miento y de la nutrici6n y reproducci6n, descansan sobre la fun-
cidn de la memorial inconsciente, cuya actividad tiene un valor infi-
nitamente mayor que el de la memorial consciente ,... (( No debemos
considerar la memorial como una funci6n general de toda material
organizada, sino como una funci6n de la material realmente viva.
del plasdn. Todos los products de 6ste, todas las parties organiza-
das del organismo, formadas por el protoplasma y por el nicleo,
pero no activas por si mismas, carecen de memorial, lo mismo que
todas las substancias inorgAnicas. En rigor, conforme A nuestra
teoria de los plistidos, s6lo el grupo de las substancias plAstidas
esta dotado de memorial; rinicamente las plastidulas estAn dotadas
del poder de reproducci6n, y esta memorial inconsciente de las
plastidulas determine su movimiento molecular caracteristico (i). a


6

BASES FISIOLOGICAS

Cualquier teoria general de la herencia psicofisiol6gica nos pre-
senta un campo cientifico para la doctrine de la subconciencia-sub-
voluntad. Aceptado el principio relative de que ( la naturaleza no
da saltos n, de 61 derivan dos axiomas fundamentals : para la evo-
luci6n filogen6tica, el de la selecci6n natural; para la ontogen6tica,
el de que a la funci6n hace el 6rgano a. Por otra parte, A trav6s de
la escala zool6gica, ciertas funciones y 6rganos, que en su origen
fueron capitals, caen en una condici6n de atrofia gradual, cuando
su uso deja de ser necesario al organismo.


(I) E. HAECKEL, Ensayos de psicologia cellular, trad. esp., cap. IV.












TEORIA DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD


No es possible, en la transformaci6n de las species, la supresi6n
inmediata de funciones ni de 6rganos, por no ser ya de utilidad
6 sea por haber sido reemplazados por otras funciones y por
otros 6rganos mas perfectos. Los m6sculos que hacian mover las
orejas del hombre para oir los ruidos debilitados por la distancia,
no desaparecieron desde el dia en que 61 empez6 A emplear a tal
efecto sus manos, llevAndoselas A los oidos en forma de caja so-
nora. Todavia subsisten, hasta el punto de que, por atavismo, algu-
nos hombres pueden mover sus orejas, como antropoideos... Otras
veces, desaparecida una funci6n en su antigua forma, el 6rgano que
queda vacant, por decirlo asi, se emplea en nuevas funciones. Es-
ta es la regla mas general en ]a evoluci6n del sistema nervioso.
Op6rase algo como una substituci6n de funciones psicofisicas. Por
ejemplo, el rinencefalo, que es el 6rgano cerebral desarrolladisimo
del olfato en los marsupiales (mamiferos inferiores 6 indefensos,
cuyas principles funciones psiquicas son olfatorias), va transfor-
mindose, conforme se asciende en la escala zool6gica. En el hom-
bre, cuyo olfato es d6bil y muy accesorio para la vida psiquica, este
antiguo rinenc6falo ancestral viene A former parte del 6rgano del
lenguaje, como que el leguaje ha llegado A substituir ] y asaz
ventajosamente con el cambio intellectual de ideas, las remo-
tas apreciaciones de origen olfatorio.
Establecida la existencia de zonas, regions 6 gradaciones de la
conciencia, no es acceptable que los fen6menos psiquicos conscien-
tes pasen de sibito, al ser substituidos en la evoluci6n de la espe-
cie, de la conciencia plena a la plena inconciencia. No es cientifico
suponer que un fen6meno consciente, al relegarse en la selecci6n
A la categoria de epifendmeno, salte sin transici6n de un extreme
A otro de la psiquis humana, cuando existe una region intermedia-
ria, la de la subconciencia 6 subconciencia-subvoluntad... Este argu-
mento ha sido ya memorablemeute apuntado por Lewes. (( Si la
conciencia, tal como se halla constituida actualmente en el hombre,
va acompafiada de un sistema nervioso que pas6 en la especie A
trav6s de una larga evoluci6n, durante la cual algunos 6rganos
del sistema nervioso human, que no tienen ahora actividad cons-
ciente, fueron antes 6rganos mas importantes y asiento de proce-
sos psiquicos, es admisible que la conciencia est6 limitada en el
hombre A las parties mAs complejas del sistema cerebroespinal; pero












REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


es mAs probable que tambi4n posean los centros inferiores una con-
ciencia propia, una subconciencia, de la cual no nos damos cuenta.
Seria en tal caso el cerebro el ( general en jefe ) de toda la jerar-
quia de conciencias, que le estAn subordinadas (i). n
Pueden hacerse a la teoria de Lewes dos objeciones series : I" que,
de los testimonies de la fisiologia y de la psicologia (observaci6n
internal se infiere que la subconciencia-subvoluntad es caantitati-
vamente indivisible, aunque present una gradaci6n paulatina de
menor A mayor intensidad cuantilativa; 2i que, asi como se admit
que las funciones atrofiadas de la conciencia pasan A la subconcien-
cia, podria admitirse que las nuevas funciones psiquicas adquiridas
en virtud de la selecci6n natural se inician en la subconciencia,
para l!egar despu6s A la conciencia.
Pienso, pues, que la teoria de la herencia psicol6gica podria for-
mularse de una manera mAs amplia... Propondria, al efecto, esta
ley double y reciproca en la evoluci6n de las species: Antiguas
fanciones psicofisicas, antes conscientes, que se van gradualnente
alrofiando, pasan d la sabconciencia, antes de perderse en la in-
conciencia, y, A la inversa, nuevas funciones, que se van paulatina-
mente adqairiendo, inicianse en la subconciencia, antes de ingresar
en la conciencia.


57

BASES PSICOLOGICiAS

Bases psicol6gicas de la teoria de la subconciencia-subvoluntad
podrian considerarse : a) lo que llamard el postalado del nexo psi-
cofisico ; b) los hechos de que inform la lamada ( filosofia de la
inconciencia ).
a) Todo induce A career que en el acto reflejo inds simple se pro-
duce an correspondiente movimiento psiquico, conscience 6 subcons-
ciente, es decir, que el acto reflejo es sblo mecAnico, fisico, en
apariencia, y, en realidad, mecanico y psiquico, fisiol6gico y psi-
col6gico,.6 sea psicofisico. Si se ha descuidado hasta ahora su nexo
psiquico, es porque el sujeto no tiene una conciencia plena (ein rei-


(i) V6ase Lliws, Problems of life and mind, 3' seric.












TEORIA DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD


nes Bewasztsein) de ese acto, sino una conciencia relative, 6 sub-
conciencia. En efecto, los fisi6logos definen el acto reflejo como un
(( automatismo nervioso n, 6 sea como un movimiento exclusiva-
mente mecAnico del sistema nervioso...
Se ha comprobado que d todo acto psiquico correesponde un movi-
miento nervioso. Volviendo la oraci6n por pasiva, j no correspon-
derd un movimiento psiqaico d todo acto nervioso ? Admitido el nexo
psicofisico del acto psiquico, d no deberia admitirse tambi6n en el
del acto nervioso ?...
Wundt, al discutir las hip6tesis del idealismo y del materialis-
mo, observa. refirinndose A las plants, que el hecho de que no se
haya podido descubrir en ellas un psiquismo incipiente no debe in-
ducirnos A negar a priori su possible existencia. Tal observaci6n
puede aplicarse, con mis fundamento, A los movimientos reflejos
inferiores del sistema nervioso animal. El hecho de que hasta ahora
no se haya podido descubrir en ellos su nexo psiquico, no debe in-
ducirnos A negarlo. Haeckel ha llegado A afirmar la existencia de
un psiquismo rudimentario en los movimientos reflejos de la ami-
ba, y Fechner, en muchas manifestaciones de la vida vegetal.
El error del vulgo consiste en career que todo fen6meno psico-
16gico debe ser consciente. A la inversa, pariceme que, de los fe-
n6menos psiquicos, s6lo una minima parte es la perfectamente
consciente...
Si se Ilegase A demostrar que al acto reflejo mds simple corres-
ponde an movimiento psiquico, mas 6 menos subconsciente, la doc-
trina monista quedaria destruida en su base, y pasaria A la catego-
ria de una mera hip6tesis metafisica, desechada en el progress de
las ciencias. Esto es lo que ocurrira mafiana, probablemente... En
efecto, seg6n dicha doctrine, todo fen6meno psiquico es producido
por una transformaci6n progresiva, que va de lo homogeneo A lo
heterogeneo, de fuerzas mecAnicas A movimientos nerviosos. Sup6-
nese que el acto reflejo es puramente mecanico, y que constitute el
principio de todo psiquismo ; el fen6meno psiquico represent
siempre una transformaci6n de actos reflejos cada vez mAs compli-
cados. Por tanto, si el acto reflejo es puramente mecanico, todo fe-
n6meno psiquico result s61o una transformaci6n de fuerzas meca-
nicas...
Pero aqui esta lo que debe averiguarse, y que, sin embargo, se












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da por averiguado: si en el acto reflejo no intervene tambi6n un
element psiquico desconocido. Inclinome A career que existe : o por-
que la observaci6n nos induce A admitir la unidad de losfendmc-
nos psicofisicos, y, por consiguiente, si a todo acto psiquico corres-
ponde un movimiento del sistema nervioso, A todo movimiento del
sistema nervioso ha de corresponder un acto psiquico; 2 porque
existe un psiquismo subconsciente, del que suele dar pruebas lumi-
nosas la hiperestesia de los histericos.
Ciertos movimientos reflejos que son inconscientes en el hombre
normal, se tornan conscientes en algunos histericos, como el mAs arri-
ba citado de la sensaci6n internal que produce la vista del color rojo.
Esta, mAs que inconsciente es sabconsciente, pues puede traerse
con relative facilidad al campo de la conciencia, en cuyo umbral
espera... No es una apercepci6n, pero si, aunque a obscura ,, una
perception.
Contra este psiquismo incipiente del acto reflejo, puede objetarse
que, si se produce, es un resultado 6 consecuencia del acto reflejo
mismo... Tratar esta cuesti6n seria salir otra vez de los dominios
de la psicofisiologia, para entrar en la region de las hip6tesis me-
tafisicas. Implicaria discutir el problema de la preeminencia de uno
6 de otro de los dos elements de nexo psicofisico, lo que es im-
propio del m6todo cientifico y de la seriedad doctrinal de la psicolo-
gia modern.
Argumentos de otro orden podrian hacerse, como seria el que
estriba en la posibilidad de obtener movimientos reflejos en cuerpos
sin vida psiquica, en cadAveres. Estos movimientos se obtienen: 6
artificialmente, como en la experiencia de la rana de Galvani, ha-
ciendo servir sus nervios de conductores electricos, en cuyo caso
nada prueban; 6 espontaneamente, como en ciertos movimientos
de mamiferos decapitados, en cuyo caso la objeci6n es mAs digna
de refutarse... Hay que considerar, en efecto, que la muerte total
se supone producida, una vez paralizada por complete la circula-
ci6n, y que esta paralizaci6n de los sistemas vascular y muscular
no acarrea una muerte instantanea del sistema nervioso... Por con-
siguiente, mientras un ( cadaver a reaccione por un acto reflejo, cs
porque posee todavia alguna vida en su sistema nervioso. Esta es la
teoria que me parece mas prudent, y que en nada contradice, por
cierto, lo que llamo el a postulado del nexo psicofisico ).












TEORiA DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD


b) La observaci6n internal ha acumulado innumerables hechos
que atestiguan la existencia de operaciones psiquicas de que no po-
seemos una conciencia perfect (ein reines Beswasztsein). Estos
hechos han originado el cuerpo de doctrine que los psic6logos ale-
manes han llamado ( filosofia de la inconciencia n. Los ingleses se
han limitado A Ilamarlos ( actos de cerebraci6n inconsciente n, dan-
do preferencia al studio de todo lo que nos revela el fen6meno
psiquico ( inconsciente ) de la c asociaci6n de ideas,). En rigor, es-
tos hechos y actos, descartando sus mis 6 menos fantisticas teori-
zaciones, forman tambien parte de las bases psicol6gicas, harto co-
nocidas por todo psic6logo modern, de lo que lamo doctrine de
la subconciencia-subvoluntad.


8

BASES PATOLOGICAS

Aunque en la ( filosofia de la inconciencia ) se hallen ciertos fun-
damentos psicol6gicos (revelados por la observaci6n internal) de la
doctrine de la subconciencia-subvoluntad, nunca podria identificar-
se a esta con aqu6lla. pues (( inconciencia n y ( subconciencia n cons-
tituyen dos concepts, no s61o diversos, sino casi opuestos.... Mayo-
res atingencias con la doctrine que expongo tiene la que hoy ensefian
los neuropat6logos de la Salpktribre, sobre los ( actos subconscien-
tes del histerismo ). En efecto, aunque presuma de cierta novedad
en psicologia general esta doctrine de la subconciencia-subvolun-
tad, no la tendria igualmente en psicopatologia, despues de las
interesantes experiencias sobre la ( subconciencia n de los hist6ri-
cos, realizadas por Charcot y sus discipulos, y las consiguientes
teorizaciones (i).
La psicopatologia contemporanea ha legado A descubrir que
no existe una ( diferencia esencial n entire los fen6menos psiquicos

(1) Vtase PIERRE JANET, Eat menial des hystdriques. Ses accidents mentaux, Paris, 1911;
Lcs siginates mentaux, Paris, 19on. Este autor, doctorado en letras y en medicine, pre-
senta un valioso conjunto doctrinal, porque, como dice su maestro Charcot en un pre-
facio puesto al primero de los dos libros citados, a ha podido unir lo mAs completamente
possible los studios m6dicos con los filos6ficos ; era necesario reunir estos dos g6neros de
conocimientos para analizar clinicamente el estado mental del enfermo ).












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del histerismo y la psicologia de los hombres sanos. Podria for-
mularse este principio en la forma siguiente : Las diferencias entire
losfendmenos nerviosos normales y los histericos son imds cuantita-
livas que cualitativas. Diriase que la extravagant psicologia del
histIrico es una caricature de la del sujeto normal.
Pues bien, la psicopatologia ha demostrado hasta el cansancio la
existencia de una ( subconciencia ) en los histdricos. Esta subcon-
ciencia toma la forma de una personalidad double, triple y hasta
cuAdruple, es decir, de una series de desdoblamientos de la perso-
nalidad, que, en plena conciencia, se ignoran unos A otros. Tal
es el d6n de los neur6ticos que Wundt llama, no sin ironia, hipos-
tasearse (hypostasiren).
La fenomenologia psiquica de los hombres normales present
tan vaga y nebulosamente el hecho de la subconciencia-subvoluntad,
que algunas de las observaciones que mAs adelante apuntar6 para
comprobarlo podrian parecer imaginarias A lectores llenos de pre-
juicios escolasticos... Pero la fenomenologia del histerismo revela
el mismo hecho de manera tan evidence, tan caricaturescamente
evidence, que la doctrine de la subconciencia-subvoluntad result
innegable en los hist6ricos.
Las bases psicopatol6gicas de la doctrine podrian sintetizarse,
pues, en este silogismo : Toda la fenomenologia del hist6rico es
cientificamente aplicable al hombre normal; la subconciencia es un
rasgo capital de la fenomenologia del histerismo... Por tanto, el fe-
n6meno de la subconciencia existe tambi6n, aunque por modo
divers, en el hombre normal.
No obstante, conviene advertir que se observan sefialadas diver-
gencias entire la tcoria de la subconciencia de los hist6ricos, expues-
ta por Janet, y la de la subconciencia-subvoluntad de los hombres
normales, esbozada en el present studio. Para concretar estas
divergencias, deben considerarse los siguientes puntos de vista :
i Seg6n la teoria de la subconciencia de los histdricos, 6sta exis-
te s61o como una manifestaci6n patol6gica. En cambio, segin la
teoria de la subconciencia-subvoluntad, 6sta constitute una forma
de la fenomenologia psiquica normal.
20 Seglin la teoria de la subconciencia de los histericos, cuando
en hombres relativamente sanos se notan indicios de que poseen una
subconciencia, este fen6meno revela una especie de histerismo inci-












TEORIA DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD


piente, es transitorio y carece de importancia. En cambio, segun la
teoria de la subconciencia-subvoluntad, esta forma de la fenomeno-
logia psiquica se nota en todos los hombres sanos y es permanent.
AdemAs, tiene decisive importancia, hasta el punto de que los actos
conscientes-voluntarios se elaboran o preparan siempre en la sub-
conciencia-subvoluntad.
3 La teoria de la subconciencia de los hist6ricos se funda en la
observaci6n de ciertos actos realizados en un estado patol6gico que
podria llamarse de anestesia psiquica. En cambio, la teoria de
la subconciencia-subvoluntad no atribuye trascendencia a dichos
actos, sin duda anormalisimos y provocados artificiosamente. MAs
que subconcientes-involuntarios, reptitalos inconscientes-involun-
tarios.
4 Segrn la teoria de la subconciencia de los hist6ricos, la expli-
caci6n del fen6meno de la subconciencia ha de hallarse preferente-
mente en la existencia de perturbaciones locales. En cambio, segiin
la teoria de la subconciencia-subvoluntad, esta represent una es-
pecie de sintesis psicoldgica.



S9

BASES SOCIOL6GICAS

Hasta aqui, las bases cientificas esbozadas de la doctrine de
la subconciencia-subvoluntad, salvo acaso las patol6gicas, son apli-
cables A toda la escala animal, y hasta podrian extenderse hipot6-
ticamente A toda la material viva. En cambio, las bases sociol6gi-
cas son exclusivamente relatives al hombre. Pero estas filtimas, si
no se refirieran tambi6n A principios biol6gicos generals y A un
conocimiento cientifico de la psicologia y de la historic, podrian
parecer fanthsticas, c6modas deformaciones de hechos que el author
amolda A su doctrina...
En su esencia, la psicologia del hombre no es sin duda distinta
de la de los demis animals; s6lo parece diferenciarse en intensidad
y capacidad. Diriase que su rasgo mis marcado consiste en la ten-
dencia humana a aspirar A un continue perfeccionamiento. Esto
constitute la llamada ley del progress. Ahora bien, una de las for-












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mas mAs caracteristicas en que se revela el progress, es la ley de las
reacciones por contrast. En la vida de los individuos, cada edad -
infancia, adolescencia, juventud, madurez y senectud -, tiene su
carActer propio, que contrast con elde la precedente... En la vida
de los pueblos, A las castas sagradas del brahmanismo sucede el
nirvana del budismo; A la esclavocracia animalista del paganismo,
la igualdad caritativa del cristianismo; y, como 6stos, pondria in-
numerables ejemplos.
Pues bien, estas reacciones por contrast no son transformacio-
nes paulatinas, conocidas, medidas, consciences; constituyen impul-
sos violentos, impremeditados, caprichosos, cuya verdadera ten-
dencia ha sido ignorada en sus fautores y casi inconsciente en sus
h6roes... En suma, son movimientos de psicologia colectiva, que
tienen un origen subconsciente. El Renacimiento, la Reforma 6
la Revoluci6n francesa, por ejemplo, reaccionando respectivamente
contra el artificialismo escolAstico, el dogmaticismo cat6lico y la
monarquia absolute, fueron como improvisaciones aparentes en la
conciencia de los pueblos. Como sin advertirlo, los hombres habian
ido acumulando concepts y pasiones en la subconciencia. En el
instant en que estas acumulaciones seculares alcanzan lo que yo
llamaria el punto de resistencia de la subconciencia-subvoluntad,
en que colman su media, las ideas subconscientes de las multi-
tudes pujan por pasar el a umbral de la conciencia a; los innova-
dores hablan, las evocan mAgicamente, y ellas empiezan A des-
filar, una por una, en una actividad ins6lita, por el campo de la
conciencia : el movimiento social estalla, A veces, como un pis-
toletazo...


10

ACTIVIDADES DE LA VIDA VEGETATIVA

De acuerdo con las bases expuestas, paso A formular una series
de observaciones empiricas, que, A mi juicio, apoyan la teoria de
la subconciencia-subvoluntad. Principiard por las referentes A las
actividades de la vida vegetativa.
Las actividades de la vida vegetativa-(que son inconscientes 6 ca-












TEORIA DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD


si inconscientes) produce estados emocionales conscientes, es decir,
capaces de obrar sobre la voluntad.
El vulgo sabe muy bien que una digestion fAcil engendra un estado
de bondadosa felicidad, y que el carActer de un disp6ptico se agria
con sus malas digestiones. Sin embargo, las digestiones son par-
te de la vida vegetativa inconsciente, y el buen 6 mal humor, de la
vida emotional conscience. Esta simple correspondencia comprue-
ba la observaci6n apuntada.
Algunos fisiblogos contemporAneos van much mAs lejos. James y
Lange llegan A sostener que (( las emociones no dependent solamente de
las condiciones fisiol6gicas, sino mAs perfectamente delas acciones qui-
micas que se efectuian en los tejidos y en los liquidos del organis-
mo ). Hay substancias excitantes, afrodisfacas, t6nicas, depri-
mentes (alcohol, hachich, opio, morfina, coca, etc.), que influyen
poderosamente sobre el I medio interior ), y, por consiguiente,
sobre el carActer, sobre la intensidad y direcci6n de las pasiones.
Esas substancias son products artificiales que se ingieren en el
cuerpo; pero hay otras que el organismo fabric y modifica por si
mismo. El cuerpo es tambi6n un gran laboratorio de venenos. Los
estados emocionales ejercen influencia sobre la cantidad y cualidad
de la sangre (anemia, aglobina, paludismo). La locuci6n popular
(I envenenan ]a sangre a result exacta. La c6lera, el miedo, la fati-
ga, modifican su composici6n, asi como la del sudor. Bien demos-
tradas estAn las relaciones entire ciertas afecciones cardiacas y las
disposiciones afectivas : en los a6rticos, se produce anemia, exci-
taci6n, irritabilidad, y, en los pacientes de insuficiencia mitral, con-
gesti6n, humor taciturno y melanc6lico. La secreci6n tirica da no
escaso contingent de cambios quimicos (azoturia, oxoluria, fos-
faturia, etc.), que coinciden con variantes en el orden afectivo, co-
mo la irritabilidad, la aprensi6n, la melancolia (i). Y, como rstos,
la patologia nos suministra muchos otros datos.
La cuesti6n por dilucidar es la siguiente : Los fen6menos fisiol6-
gicos, d son causa de los estados emocionales, 6, A la inversa, son
4stos causa de aqu6llos.

(1) VWase TH. RIBOT, La psicologie des sentiments, pigina 122 ; BOUCIIRD, Lecons sur
les autointoxications, y Lecons sur les maladies par ralentissements de la nutrition; REGIS,
Trailed des maladies mentales, pAginas 112, 415, 423, etc.; FERE, Pathologie des emotions,
pAgina 2a6, etc., etc.












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Las opinions se dividen entire la tesis fisiologista y la psicologista,
segiin que acepten la primera 6 la segunda alternative del dilema.
Ribot, Lange y James estin por la primera; Herbart, por la segun-
da. Inclinome a pensar que estas tesis no se excluyen. Hay estados
psicol6gicos producidos por ideas que el hombre toma del exterior,
y hay estados emocionales producidos por acciones qaimicas del
organismo human. Ambos hechos estan comprobados. Extremar
los arguments de una y otra tesis implica, a mi juicio, salirse del
campo cientifico y experimental para entrar en la region de la meta-
fica, investigar las primeras causes de la vida, discutir las hip6tesis
del materialismo y del idealismo. Lo 6nico cientifico, me parece,
sera establecer la prioridad 6 mayor importancia, para los estados
emocionales, de las intoxicaciones intelectuales (permitaseme la ex-
presi6n, por lo grifica), 6 bien de las intoxicaciones orgdnicas. Lo
cierto es que la ciencia no se halla ain bastante adelantada para
levantar una estadistica de las emociones y confrontar sus cau-
sales.


Sii

EMOCIONES SUBCONSCIENTES PRODUCIDAS POR EMOCIONES CONSCIENTES

Sensaciones conscientes produce emociones subconscientes.
Recientes investigaciones dinamomitricas, especialmente las de
Fer6, aplicadas a todas las species de sensaciones- del olfato, a las
del gusto, de la vision, del tacto y del oido -, han demostrado indu-
dablemente este principio. La vision, modificada por lentes que ten-
gan los principles colors del espectro nos da, entire otros, los si-
guientes resultados : el rojo original una viva presi6n dinamom6trica,
que desciende progresivamente con el violeta. Sin embargo, en el
campo de las sensaciones conscientes del hombre sano, a diferencia
de ciertos hist6ricos y de ciertos animals a quienes el rojo encole-
riza, la contemplaci6n de los colors no produce alteraci6n alguna.
Por tanto, las alteraciones que marca el dinam6metro son sensacio-
nes subconscientes. Para las sensaciones auditivas, halla Fere que
el equivalent dinimico esti en relaci6n con la amplitud y el mi-
mero de vibraciones. Los movimientos produce resultados seme-












TEORIA DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD


jantes. Por ejemplo, el ejercicio de un miembro inferior 6 supe-
rior tiene una influencia dinamogenica sobre el nmmero correspon-
diente.
Mosso, que ha podido estudiar directamente la circulaci6n sangui-
nea del cerebro en tres sujetos cuyos crAneos habian sido abiertos en
diversos accidents, ha anotado curiosas observaciones. El pulso ce-
rebral de esos sujetos se aceleraba, A causa de circunstancias que nun-
ca produce emociones conscientes. Para que se acelerase, bastaba
que se mirara con atenci6n A uno de los sujetos, 6 que entrara un
extrafio en el cuarto.
Aqui surge una dificultad : la noci6n de la sensaci6n subconscien-
te. Para el vulgo, toda sensaci6n es consciente; si no lo es, deja de
ser sensaci6n. Pero, para el psicofisi6logo, la existencia de entidades
psiquicas, que no poseen la naturaleza esencial al dominio de la
conciencia-voluntad, es evidence. C6mo Ilamarlas ? Presensacio-
nes seria acaso el verdadero t6rmino para designer estas sensaciones
subconscientes, porque son anteriores A las sensaciones conscientes
y tienden A determinarlas ; mas no siempre Ilegan A esto, como si
no siempre poseyeran suficiente fuerza impulsiva.



12

SENSACIONES SUBCONSCIENTES PRODUCIDAS POR PERCEPCIONES INDECIBLES


Fer6 ha Ilegado A establecer, con experiments delicados y mi-
nuciosos, que una excitaci6n no percibida por la conciencia deter-
mina efectos dindmicos, como una impresidn consciente.
En el parAgrafo anterior se enuncia una cuesti6n obscura : la de la
sensaci6n subconsciente; en el present, otra mas obscura aun : la de
la percepcidn no percibida por la conciencia. Uno y otro fen6meno,
que se manifiestan harto vagamente en los hombres sanos, son mis
evidentes en los histdricos, aunque no puede suponerse, por las ra-
zones apuntadas, que en 6stos tengan mAs importancia que en aqud-
Ilos. Son fen6menos orgAnicos, inseparables de la vida individual y
de la selecci6n de las species; pero que, por su naturaleza misma,
pasan casi inadvertidos en los individuos sanos y llegan A revelarse












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elocuentemenle en ciertos enfermos. Por esto, A los psiquiatras co-
rresponde el honor de haber realizado las mas concluyentes inves-
tigaciones en el campo de la subconciencia, que hasta ahora ha
sido apenas presentido por psic6logos y fisi6logos. Asi, pues, en el
parAgrafo siguiente, inspirado por experiments de la Salphtribre,
tratar6 de precisar, en lo possible, la double noci6n de las sensaciones
subconscientes y de las percepciones no percibidas por la conciencia.



i3

SUERO I SONAMBULISMO

El suefio y el sonanmbilisno son fendmenos subconscientes y d ve-
ces hasta hiperconscientes.
Generalmente, el suefio constitute un estado de reposo y sub-
conciencia que no present caracteres psicol6gicos lamativos. Pero,
durante el suefio, suelen traerse al campo de la conciencia sensa-
ciones 6 ideas subconscientes. No es raro que un hombre de tempe-
ramento nervioso se d6 cuenta, sofiando, de muchas actividades
subconscientes en la vigilia. Los m6dicos son alguna vez consultados
sobre enfermedades que se hallan ann latentes, y que el enfermo ha
vislumbrado por sensaciones 6 ideas percibidas durante el suefio,
singularmente en el instant de semisuefio y semivigilia que prece-
de al despertar. Si no verifican un examen muy prolijo, esos facul-
tativos encuentran sano al consultant, en quien s61o mAs tarde
viene A revelarse la dolencia, cuya preparaci6n subconsciente fu4
tan misteriosamente notada... Conozco y me consta el caso de un
sujeto de temperament nervioso, que, durante el suefio, por sensa-
ciones subconscientes en la vigilia, presinti6 claramente que en
breve debia sufrir una seria operaci6n quirdirgica. Habiendo Ilega-
do este presentimiento A ser casi una idea fija, y temiendo tener por
herencia paterna 6 materna algdin defecto en el coraz6n que no le
hiciera soportable el cloroformo, fu6 6 consultar A dos 6 tres espe-
cialistas, para que le dijeran si su coraz6n podria resistirlo. Mucho
extrafiaron los especialistas la ins6lita consult, por cuanto se tra-
taba de un hombre robusto, que no adolecia aparentemente de en-
fermedad alguna, ni sufria en lo mAs minimo; examinado, result











TEORIA DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD


absolutamente exento de dolencias... Pero, quince dias despu6s,
amaneci6 una mafiana con fiebre y dolores violentos, i esta vez bien
conscientes Formibasele entonces un tumor interno, que se de-
bi6 operar sin p6rdida de tiempo. El suefio habia traido antes A la
conciencia del sujeto ciertas vaguisimas molestias relatives A los
preliminares de su enfermedad, molestias A que habia sido absolu--
tamente insensible durante la vigilia, y de las cuales habia induci-
do, por un acto de c cerebraci6n inconsciente n, la posibilidad de
la pr6xima operaci6n quirurgica.
El refran espahiol ( consultar con la almohada ), puede traducir-
se psicol6gicamente asi : Conviene esperar que durante el suefio se
produzca una series de operaciones subconscientes relatives A la pre-
ocupaci6n dominant, y que la aclaren, al despertar, con conse-
cuencias conscientes.
Bien conocido es el fen6meno de que ciertos sonAmbulos desplie-
gan condiciones, prudencia y conocimientos que no poseen de
igual modo en la vigilia. Esto puede inducir A career que el sonam-
bulismo es capaz de poner en evidencia una especie de hiperconcien-
cia subconsciente.
Para la explicaci6n de los fen6menos hipn6ticos, se atribuye A
Taine, A Pedro Janet y A otros, el haber adoptado el principio de
la ( double conciencia ). Segin Wundt, esta doctrine es de pura
cepa mistica; la idea de una (( conciencia inconsciente implica una
concidentia oppossitormn, de las que son tan gratas al misticismo;
la teoria de una a double personalidad ) se liga directamente con la
antigua creencia en los demonios que poscian A los histeroepil6pti-
cos... La hipnosis tiene una explicaci6n local en el sistema nervio-
so; no es una agravaci6n de fen6menos normales, sino una modifi-
cacidn. Debe existir una region central determinada que ejerza las
funciones de un centro de apercepcidn (Aperceptionscentrum), cuyo
sitio se hallarA probablemente en la corteza del 16bulo frontal; los
fen6menos hipn6ticos no serian mas que suspensions fancionales
de este centro... a
Tan fantAstica me parece la doctrine de la double persona-
lidad)), como incomplete la del ( centro de apercepci6n ,, para
explicar la vastisima fenomenologia de la subconciencia-subvolun-
tad. Si la subconciencia in integrum constitute una entidad gradua-
da, desde la absolute inconciencia, los fen6menos latentes A que so
ART. oURI. xxxlt-












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hace alusi6n no son propiamente inconscientes, sino tambiCn gra-
duados, desde la inconciencia... AdemAs, para Wundt, (( la latencia
es en fisiopsicologia un fen6meno normal, provocado en el soi-di-
sant sonambulismo ; represent un detenimiento psiquico contrario
a las leyes psicol6gicas de acrecentamiento, de evoluci6n y de con-
trastes psiquicos, 6 sea de la vigilia ).
Segin la doctrine que expongo, la sugesti6n y el hipnotismo, el
( soi-disant sonambulismo ), tampoco significant en si mismos una
fenomenologia extraordinaria ; no son sino fen6menos fisiopsiqui-
cos comunes. Pero creo que en este ( soi-disant sonambulismo)) se
revelan mas y mejor que en la vigilia ciertas percepciones y opera-
ciones mentales obscuras. El estrechamiento de la conciencia estu-
diado en la SalpftriBre y la concentracidn de la conciencia sostenida
por Wundt como explicaci6n psicol6gica de la hipnosis, no vienen
A ser mAs que situaciones an6malas que descubren regions de la
subconciencia que en el estado normal no llegan A ponerse en evi-
dencia. Por otra parte, explicarlo todo por el u centro de apercep-
ci6n ) seria incurrir, negando la incognoscibilidad del nexo psico-
fisico, en el absurdo de afirmar como verdad demostrada la hip6tesis
metafisica del materialismo monista... De todos modos, la teoria
de Wundt sobre ]a sugesti6n y el hipnotismo nos suministra una
explicaci6n parcial, pero muy clara, de estos fen6menos, basada,
segiin parece, en cuatro principios aceptables: el centro de aper-
cepci6n, la balanza funcional del sistema nervioso, las compensa-
ciones neurodinAmicas y vasomotrices, y la asociaci6n de ideas que
se amalgaman, dando cada idea una parte de si. Esta teoria demues-
tra que la sugesti6n y el hipnotismo no son mAs que aplicaciones
de principios fisiopsicol6gicos conocidos, y que no revelan ningu-
na fenomenologia extraordinaria. Efectivamente; pero el mismo
Wundt los explica con el principio de la balanza funcional, segin
el cual ciertas condiciones fisiol6gicas determinan la latencia psi-
quica (Latenz), esto es, el detenimiento latente y las energies laten-
tes (i). Ahora bien. esta latencia psiquica, este detenimiento laten-
le, estas energies latentes, d qu6 son sino fen6menos subconscien-
tes-subvoluntarios ? Y hallo verdadera superioridad comprensiva en
el t4rmino subconciencia-subvoluntad con respect al de la latencia,

(x) WUNDT, Hipnotisme et suggestion, trad. franc., Paris, 1893, pigina 85.












TEORIA DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD


porque latencia no significa una gradaci6n de matices psicofisicos,
que van y vuelven de la conciencia-voluntad hasta lo inconsciente-
involuntario...


14

k( INSENSIBILIDAD )) DE LOS HISTERICOS

La insensibilidad de los histdricos no es inconciencia, sino sub-
conciencia.
A este fen6meno es al que lHaman obscuramente muchos psiquia-
tras modernos cardcter contradictorio de las anestesias de origen
histdrico. La escuela de Charcot present A este respect abundan-
tisimos ( casos y da varias explicaciones aceptables (i).



S i5

HERENCIA PSICOLOGICA

La herencia psicol6gica parece transmitir d veces algo rmds que
predisposiciones, 6 sea ideas innatas nmds 6 menos subconscientes. En
otros terminos, la experiencia demuestra la transmisi6n hereditaria
de predisposiciones psiquicas, qae llegan a conslituir verdaderos
estados emocionales, y aun ideas virtuales 6 latentes.
La diferenciaci6n entire una predisposici6n psiquica heredada y
un sentimiento 6 idea latentes, tambi6n products de la herencia,
es fAcil y clara en teoria; pero, en la prActica, uno y otro concept
llegan A identificarse. Veinte 6 mAs siglos de herencia psicol6gi-
ca grecolatina y cristiana dan al hombre modern un sedimento
nato de propensiones morales determinadas, que s61o la degenera-
ci6n puede anular. De ahi que los degenerados sean con frecuencia
locos morales. El fen6meno de la herencia psiquica constitute, A
mi juicio, lo que Kant llamaba, dAndolo como base de la moral,
(( imperative categ6rico de la raz6n ). Podria, pues, llamarse A Bste,


(i) V6ase P. JANET, Les stigmates mentaux, piginas 27 y siguientes.












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con mis propiedad, imperative categdrico de una herencia psiquica
en eslado subconsciente.
He podido observer A dos nifios identicamente educados en la
moral cristiana, por una honrada y modest matrona de mi tierra.
El uno era un indiecito hu6rfano, torado de una tribu pampeana,
y el otro, un argentino, hu6rfano tambi6n, de puro origen europeo ;
ambos eran sanos, normales e inteligentes, cada uno con relaci6n
a su raza. Pues bien, A pesar de los esfuerzos de la matrona, s6lo
en el nifio blanco consigui6 despertar los sentimientos de la caridad
cristiana; el indiecito nunca pudo entender el espiritu de su cate-
cismo, y no hubo medio de corregirle su inclinaci6n al hurto y al
pillaje, al disimulo y A la venganza. Suponia afligidisimamente la
madre adoptive que estos eran ( malos instintos ,, incorregibles.
Sin embargo, segrin el imperative categdrico de su herencia psico-
ldgica, aquel indiecito poseia un fondo tan moral como su hermano
adoptive. el nifio blanco. Examinado, en efecto, por various medi-
cos psiquiatras, 6stos manifestaron que no poseia estigmas degene-
rativos. Los buenos tratados de herencia psicol6gica abundan en
ejemplos semejantes.


S16

LA SUGGESTION

Las sensaciones d ideas adquiridas y los actos ejecutados por sa-
gestidn (a normal a 6 hipn6tica) son mdcs 6 menos subconscientes.
d QuB es la sugesti6n ? El vulgo llama asi al acto de un maestro
que inculca imperiosamente en sus discipulos sus propias ideas. El
psiquiatra llama asi A un fen6meno normal, por el que se sugieren,
en la mente y el cuerpo de un hist6rico, las ideas de un extrafio, de
una manera complete, hasta el punto de que el paciente olvida las
sensaciones reales, para sentir solamente las sugeridas.Ahora bien,
. c6mo distinguir el fen6meno psicol6gico normal del patol6gico ?
Esta pregunta no ha sido hasta ahora satisfactoriamente contestada
por los psiquiatras, para quienes las diferencias entire uno y otro fe-
n6meno son mas cuantitativas que cualitativas. Conviene dejar esta-
blecido este hecho, porque asi el conocimiento de la sugesti6n hip-












TEORiA DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD


n6tica de los hist6ricos nos servirA para precisar el de los fen6menos
de la sugesti6n normal. En la vida prActica se presentan 6stos tan
vagamente, que la sugesti6n parece una suposici6n aventurada. No
obstante, en derecho penal, en political y en pedagogia, la suges-
ti6n viene A ser un element digno del mayor studio, por su efica-
cia y frecuencia.
Por mi parte, consider que las sensaciones e ideas adquiridas y
los actos ejecutados por sugesti6n son rmds 6 menos subconscientes.
En la sugesti6n normal es este hecho de dificilisima comproba-
ci6n. i Cuintas veces, los tribunales del crime tienen la convic-
ci6n de que el delito ha sido sugerido por un tercero, y que, por
tanto, el reo lo ha ejecutado subconscientemente, casi involun-
tariamente, y no hallan, sin embargo, tdrminos cientificos para ex-
presar esta circunstancia atenuante, tan grave en el fondo y tan
vaga en la forma !
En cambio, en la sugesti6n de los hist6ricos el fen6meno es pal-
pable. Por esto, segfin algunos psiquiatras modernos, los actos que
se ejecutan por sugestidn hipn6tica son ( subconscientes n.



17

LA HIPNOSIS

En ciertos sujetos excepcionales, la hipnosis revela la existencia
de una subconciencia mds l6cida que la conciencia misma, y que
podria llamarse hiperconciencia. En otros t6rminos, ciertos sujetos
excepcionales, que consiguen exteriorizar subconscientemente sus
percepciones, sensaciones e ideas subconscientes, parece que poseye-
ran una ( double vista ), imds poderosa que sus actividades cons-
cientes.
Entramos aqui en un terreno peligroso: i porque la imagina-
ci6n humana ha visto siempre en esos fen6menos demostraciones
de lo sobrenatural; 2 porque la vanidad de esos sujetos excepcio-
nales ha agregado a los fen6menos veridicos simulaciones incons-
cientes, y 3 porque la charlataneria ha tergiversado tales fen6me-
nos y parodiado tales sujetos. Refibrome, pues, al conjunto obs-
curo de hechos relatives A la revelaci6n divina, A la adivinaci6n












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hipn6tica, al ocultismo, al espiritismo, al faquirismo, hechos que
la ciencia no ha podido ain explicar y ni siquiera clasificar. Mu-
chas veces ha sido mas c6modo negarlos. Sin embargo, la historic
y la vida actual, lo pasado y lo present, nos ofrecen con frecuencia
nuevos sucedidos (( milagrosos n, que no es possible desechar, mixi-
me cuando nos llegan fidedignamente testimoniados. Charcot, Ri-
chet, Wundt, Fechner, Weber, Lombroso y otros han observado
( casos a singularisimos. De los various hombres de ciencia que han
ido expresamente A la India para estudiar el faquirismo, ninguno ha
afirmado que todo sea impostura, aunque, para quienes no lo hayan
observado de visu, parece absurdo 6 increible...
Es admisible que estos fen6menos se produce en lo subconsciente.
Hase querido explicarlos por la sugesti6n hipn6tica y por la autosu-
gesti6n. Yo opino que la sugesti6n hipn6tica y la autosugesti6n
representan meramente formas de exteriorizar dichos fen6menos, y
que no dan la clave de su naturaleza. Son lo que la palabra t las
sensaciones intimas: la palabra entrafia una forma de revelarlas A
terceros, mas no constitute estas sensaciones, que existen como
por si mismas.
No creo oportuno describir aqui tales fen6menos. Pero la pru-
dencia cientifica, dejando de lado las supersticiones, los fraudes
mis 6 menos inconscientes y la charlataneria, puede comprobar
que ciertos sujetos excepcionales Ilegan A exteriorizar una parte
subconsciente de su psiquis. Esta parte suele parecer mas poderosa
y hasta mas ilustrada que la inteligencia consciente. Ann cabe afir-
mar que esos sujetos poseen una penetraci6n adivinatoria impossible
en la inteligencia consciente, en la conciencia-voluntad. Esta ma-
yor potencia intellectual de la subconciencia, si es que existe, trae
otra vez A la imaginaci6n el mundo subterraneo de los gnomos. Se-
gun la leyenda, eran unos enanitos de luengas barbas blancas,
much mis hibiles que los hombres en el arte de trabajar la
arcilla y los metales. Cuando algunas de sus obras pasaban de
las cavernas A la luz del dia, era para encanto y pasmo de
las gentes. Cuando colaboraban en alguna empresa humana, la
hermoseaban con perfecci6n sobrehumana. Esto se cuenta que
ocurri6 con la cathedral de Colonia, en cuya ejecuci6n coad-
yuvaron, en primera linea, trabajando de noche subrepticiamen-
te, unos bondadosos gnomos del pais, los Heinzelmiinchen. Des-












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alentados por la ruda labor del dia, los obreros dejaban incon-
clusas, A la hora del crepisculo, las dificiles esculturas g6ticas; al
reanudar el trabajo al dia siguiente, hallaban terminados por in-
visibles colaboradores los delicadisimos chapiteles, grifos y rose-
tones.


18

ACTOS IMPULSIVOS


Los actos impulsivos obedecen muchas veces d un estado prepara-
torio subconscienle.
Todos sabemos que, en algunas ocasiones, los hombres realizan
de s6bito actos impulsivos, en los cuales se desfoga inteligentemen-
te su naturaleza intima. El hombre bueno es capaz de actos impul-
sivos generosos; el malo, de actos impulsivos egoistas; el hAbil, de
actos impulsivos ingeniosos; el imb6cil, de actos impulsivos torpes.
Sin embargo, si estos actos fueran inconscientes-involuntarios, como
parece, d por que el hombre torpe no tendria impulses ingeniosos,
como el asno de la fAbula que toc6 por casualidad la flauta; el inte-
ligente, torpes; el malo, buenos; el bueno, malos? Es que esos
impulses no son casuales, sino determinados por fuerzas subcons-
cientes; no constituyen actos inconscientes-involuntarios, sino sub-
conscientes-subvoluntarios...
Lombroso ha comparado los actos impulsivos criminals con ata-
ques histeroepil6pticos. En mi sentir, los actos impulsivos morales,
generosos, acertados, por presentar los mismos sintomas psicofisio-
l6gicos, tienen el mismo derecho que aqu6llos A ser comparados con
ataques histeroepil6pticos, y aun A ser asimilados A 6stos. El arrojo
de Nelson en Trafalgar 6 de Napole6n en Austerlitz, la pasi6n in-
vestigadora de S6crates, de Galileo 6 de Newton, constituyen A
veces actos tan ( impulsivos ) como los crimenes de Jack the Ripper,
el famoso bandido londinense, destripador de mujeres. La diferen-
cia es mAs cuantitativa que cualitativa...
Los psiquiatras han observado que los ataques de histerismo re-
producen siempre el estado emotional que origin el primer ata-
que. A se ha vuelto hist6rico por un susto que le ocasion6 un












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incendio, y sus ataques se lo representan; trata de huir y llama A
los bombers. B, una nifia, tuvo su primer ataque despu6s de un
violent altercado con sus padres, y en los sucesivos 1o reconstruye
siempre. Casi todos los histericos Ilegan A poseer un clis6 emocio-
nal, una series de gestos y de palabras que reproducen el episodio
que ha servido de causa occasional al primer ataque. Ahora bien,
todo ataque que no se ha provocado exteriormente sino por emo-
ciones interiores, va precedido de una series de recuerdos que casi
siempre son subconscientes. La impulsidn del ataque es, pues, ori-
ginada por fuerzas psfquicas subconscientes (i)..



S 19

REPRESENTACIONES SUBCONSCIENTES

Existen ideas-imdgenes, 6 representaciones, subconscientes.
La existencia de la representacidn 6 idea-imagen (Vorstellung) sub-
consciente constitute el fen6meno mas elevado de la subconciencia.
En los rincones mis profundos de 6sta pueden fluctuar sensaciones
y auin percepciones; pero una representacidn, por su naturaleza,
debe hallarse siempre cerca de lo que Herbart llamaba ( umbral de
la conciencia a (Schwelle des Bewuszlseins). Una representacidn la-
tente es por fuerza casi consciente. Cualquier circunstancia exte-
rior, como cualquier esfuerzo interior, pueden fAcilmente traerla al
campo de la conciencia. La forma mAs burda de una representacidn
latente es el recuerdo. La mayor 6 menor facilidad para fijar en la
subconciencia ideas latentes y para traerlas luego A la conciencia,
es lo que el vulgo llama memorial. El estado de eretismo psiquico-
nervioso de los grande pensadores en el moment de la producci6n,
que se ha llamado de trdnsito, revelacidn 6 inspiracidn, es el momen-
to en que, por influencias externas 6 internal, hacen pasar A la con-
ciencia sensaciones 6 imAgenes que antes fluctuaban en la sub-
conciencia. (Ya se ha visto que en ciertos sujetos excepcionales la
potencia psiquica de la subconciencia es tal, que podria Ilamarse


(1) V6ase R. FERE, Pathologie des mnolions, Paris, 1894, pagina ir y P. JANET, Les
accidents mentaux, pagina i53.












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hiperconciencia.) Este moment de trdnsito result tan absorbente,
exige tal abstracci6n mental, que explica todas las distracciones de
pensamiento en el acto de producer. Como esfuerzo, es comparable
a la sobreexcitaci6n que se produce en el instant de la poluci6n se-
xual. Crear es procrear. La apocaliptica obscuridad de ciertos ins-
pirados proviene do que estos no han conseguido pasar del todo a
la conciencia, a la dialdctica consciente, sus sensaciones 6 imAgenes
subconscientes. En la 6poca contemporAnea, la multiplicidad de las
sensaciones subconscientes es causa del llamado decadentismo del
arte modern, simb6lico v emotional.
Asi como en las edades de los pueblos, tambien en las de algunos
grandes hombres se produce un efecto semejante: cuando llegan a
la madurez, han adquirido tal cdmulo de sensaciones subconscien-
tes, que, al querer exteriorizarlas, se vuelven obscuros, demasiado
complejos para ser comprendidos por la mediania. Tales, por ejem-
plo, Goethe y Wagner. La primera parte del Fausto es un poema
dramitico nitido y precise; la segunda, escrita much despu6s,
result de una nebulosidad casi incomprensible. Las l6timas obras
de Wagner son infinitamente mas complejas que Tannhauser y
Lohengrin. En Beethoven, se notan tres estilos marcadisimos: el de
la claridad antigua de la juventud, el de la apasionada intensidad
de la madurez, y el de la profunda complicaci6n de una vejez pre-
coz. La critical ha explicado a menudo este fen6meno, singular-
mente en el caso de Goethe, como un efectismo rebuscado por un
hombre que ha adquirido ya fama y puede permitirse el lujo de im-
poner extravagancias, 6 bien por sus deseos de alcanzar cada vez
mayor originalidad. Es necesario ignorar la psicologia del hombre
de genio para suponer que el prurito de sorprender y de provocar
efectos pueda desvirtuar su temperament. La sinceridad es la pri-
mera condici6n de toda grande obra, y una semiinconciencia, lade
toda producci6n genial. La pose voluntaria y la farsa consciente, si
las hay en estos casos, son factors de tan poca importancia, que
se deben despreciar como cantidades infimas. Y tan es asi, que las
pAginas obscuras de la madurez son algunas veces las mAs rapidas
e inspiradamente escritas. Wagner se interrumpi6 de pronto en su
producci6n de la Tetralogia, en la que trabajaba desde afios atrAs,
para escribir, letra y miisica, en seis meses, Tristdn d Iseo, que es
una de sus obras mAs complejas; este esfuerzo y esta obra consti-












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tuyen quizi un ejemplo del poder de la abstracci6n subconsciente.
El psic6logo Villa, contrario A la (( filosofia de la inconciencia n,
sefiala el hecho de que los literatos fil6sofos, como Taine, son los
mis inclinados A acumular datos sobre dicha ((inconciencia ).
Podria suponerse que esto ocurre por capricho 6 por afici6n de ar-
tista A la originalidad, 6 por falta de verdadera dedicaci6n profe-
sional A la filosofia. Pero yo creo que el hecho tiene por causa otro
hecho: el de que los temperamentos de artists son lo que poseen
mayor facilidad para presentir lo que les anda en la subconsciencia.
La revelaci6n y la inspiraci6n, como he consignado, representan
simples trAnsitos de lo subconsciente A lo consciente.
En cambio, hombres de genio de otra indole, es decir, poco in-
clinados al arte y A la ideologia, los de ( acci6n ), suelen poseer una
conciencia-voluntad admirablemente dotada para abstraerse ad libi-
tum de las sensaciones subconscientes que puedan perturbarlos en
un moment dado. Harto conocida es la frase de Napole6n : (Cuando
quiero librarme de la preocupaci6n de un negocio, cierro su respec-
tivo caj6n y abro otro. El uno y el otro no se mezclan nunca y no
me fatigan. Si quiero dormir,. cierro todos los cajones. Podrian,
pues, dividirse los hombres de genio en dos grupos: los de pensa-
miento, que dejan A la subconciencia obrar poderosamente sobre la
conciencia, y los de acci6n, que dominant la subconciencia con la
conciencia-voluntad. Como se ve, para el studio de las ideas sub-
conscientes debe considerarse interesantisima la observaci6n del
hombre de genio, asi como, para el de las sensaciones subconscientes,
la del histerico. En electo, la idea, esencialmente id6ntica A la sen-
saci6n, es s6lo una forma superior de 6sta.
Respecto de la existencia de las ideas latentes, que obran en la
subconciencia, tambien psic6logos intelectualistas se ban adelanta-
do A los fisiblogos. Herbart, en un pasaje celebre, compare las ideas
que obran solapadamente con las bolas de billar, que, en ciertas
carambolas, se quedan quietas y ponen otra bola en movimiento.
El psicofisi6logo Herzen declara terminantemente que una idea
que desaparece de la conciencia no cesa por esto de existir ; puede
continuar obrando en estado virtual, y, por decirlo asi, bajo el ho-
rizonte de la conciencia... ( En este estado subconsciente puede to-
davia producer efectos motors 6 influir sobre otras ideas. )
( Una idea que desaparece de la conciencia... Creo que po-












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dria tambi6n decirse una idea que nunca ha Ilecado al campo de la
conciencia; una postsensaci6n subconsciente, transformada en idea
subconsciente, 6 preidea... Seria como la genesis de una idea con-
creta, pero inconsciente; una forma intelectualizada, pero subcons-
ciente, de la sensaci6n. Cabria objetArseme que estas ideas subcons-
cientes no son mAs que percepciones inconscientes... Tal objeci6n
seria una cuesti6n de palabras mas bien que de doctrine. El echo
es que la inspiraci6n en el hombre de genio, el suefio en cualquier
hombre normal, la histeria y otros estados anAlogos, ponen fre-
cuentemente de relieve, no la existencia de sensaciones vagas sub-
conscientes, sino de sensaciones ya subconscientemente anotadas
en forma de ideas imdncenes, de representaciones. Reconocido este
hecho, lo demas es discutir t6rminos 6 formulas relatives al hecho.
Se podria preguntar : CuAl es el origen de esas ideas inc6gni-
tas ? El origen es evidentemente interno; se refiere A sensaciones y
percepciones internal, que el medio ambiente debe modificar. De
ahi se Ilega fhcilmente A career en operaciones mentales subconscien-
tes. En efecto, la existencia de estas operaciones se desprende de
todas las observaciones que vengo acumulando.
En los histericos, seg6n dije, ideas fijas subconscientes produce
frecuentemente los ataques (i). De esto se ha inferido una defini-
ci6n nueva de la histeria, considerando que es una enfermedad por
representaciones (durch Vorstellungen), es decir, una enfermedad
mental originada por ideas fijas, ideas-imigenes, ideas representa-
tivas, en tal caso casi siempre subconscientes 6 inconscientes. Su
sintoma caracteristico consiste en una diminuci6n del campo de la
conciencia, hasta tal punto, que, cuando el enfermo fija la aten-
ci6n en cualquier idea, 6sta le absorbe por complete; le abstrae,
se intensifica, y acaba 61 por perder la conciencia de cuanto le circun-
da; cae en 6xtasis sobre su idea... Este 'xtasis psicol6gico dismi-
nuye de tal modo las funciones vitales, que se produce la crisis 6
ataque. Producido el fen6meno psiquico que los misticos laman
a extasis ), los neuropat6logos ( distracci6n ), y que yo llamaria
abstraccidn, el organismo se resiente y estalla en una series varia-
disima de manifestaciones casi patol6gicas.
Si se busca en la literature, por curiosidad, quien ha llegado A


(1) VWasc P. JANEr, Les accidents mentdux, paginas 57 y siguientes.












HEVISTA DE LA UNIVERSIDAD


describrir mejor las sensaciones precursoras del 6xtasis, de lo que
Wundt llama concentracidn de la conciencia, y Pedro Janet restrin-
gimiento del campo de la conciencia, hallase A dos mujeres extra-
ordinarias. Acaso nadie ha descripto mejor semejante estado, que
Safo, en poesias amatorias, y Santa Teresa de Jesus, en poesias mis-
ticas. Son arquetipicos los siguientes versos de esta ultima :

Vivo sin vivir en mi,
y Lan alta vida espero,
que muero porque no muero.



S 20

LAS OPElACIONES MENTALES SUBCONSCIENTES

Con sensaciones d ideas subconscientes se realizan operaciones
menlales tambidn subconscientes.
Todo hombre de studio que sepa observarse hall mfiltiples
oportunidades de comprobar este fen6meno. Frecuentisimo es que
una idea cualquiera, tomada del exterior y hondamente sentida, sea
luego olvidada, y que, al cabo de un lapso mAs 6 menos largo de
tiempo, cuando de nuevo la evocamos, aparezca digerida y asimi-
lada en el campo de la conciencia. Pues bien, este largo trabajo de
digesti6n y asimilaci6n se ha operado subconscientemente.
En el arte, sobre todo en la miisica, present este fen6meno ca--
racteres curiosos. Un musico toma por lo general del medio am-
biente una series de ideas mel6dicas y sinf6nicas, que subconsciente-
mente funde y refunde en su espiritu. Cuando le Ilega el moment
de inspiraci6n, describe su obra original, y, en realidad, 6sta no es
mAs que una amalgama depurada, refinada y elevada, de lo que ha
conocido y asimilado. Unos, como Grieg, aprovechan con preferen-
cia la mdsica popular regional que han oido de nifios; otros, la de
la de los maestros anteriores. Wagner estudia fundamentalmente las
formas mel6dicas de ciertos compositores italianos, sobre todo de Be-
Ilini, y las formas sinf6nicas de los alemanes. S61o despu6s de haber
elaborado en la subconciencia, con los elements simples adqui-
ridos, masas de ideas personales, inventa sus complicadisimos des-












TEORIA DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD


arrollos mel6dicos y sinf6nicos. La mejor prueba de que todo este
trabajo de asimilaci6n se efectia en las inc6gnitas regions de la sub-
conciencia, estA en la abstracci6n complete, en la distracci6n y estado
de ensimismamiento, propios de la producci6n musical. De ahi que
la inspiracidn pueda definirse como el esfuerzo semiconsciente de ha-
cer pasar al canpo de la conciencia lo que dormita en el campo de la
subconciencia. Por esto, bien pudo decir un artist que ( compren-
der es igualar n. Tal es, para las ciencias y las artes, la mAs 16gica
explicaci6n de lo que se ha llamado la imaginacion creadora.
Los delirios de los hist4ricos obedecen A operaciones mentales
sabconscientes provocadas por ideas fijas gqeneralinente tamnbie' sub-
conscientes (I).


S 21

EL TRANSFORMISMO BIOLOGTCO

Es probable que, en la evoluci6n de las species, fanciones psico-
fisicas antes conscientes que se van atrofiando pasen d la subconcien-
cia, antes de perderse, y, A la inversa, que nuevas funciones que se
van adquiriendo se inicien en la subconciencia, antes de pasar d la
conciencia.
En ]a evoluci6n de las species, funciones y 6rganos que en su
origen fueron capitals, se relegan A veces, por superfluos, A una
categoria secundaria de semiatrofia. Esta semiatrofia, en funciones
psiquicas conscientes, d no puede former parte de lo subconsciente ?
Tal argument ha sido ya formulado en parte, como hemos vis-
to (5 6), por Lewes.
La formula que encabeza este parAgrafo es mAs amplia y categ6-
rica que la observaci6n de Lewes : abarca tanto lo que se desperdi-
cia del pasado como lo qne se utiliza para el porvenir. Aunque no lo
veo bien demostrado aun. todo puede, ya acabar, ya principiar,
en la subconciencia, por cuanto esta es una zona intermedia, y la
conciencia complete, una zona extrema. Acabar 6 iniciarse en la
zona extrema seria, como lo anoto en otro studio, un salto de la


(I) P. JANET, Op. cit., pagina 67.












IEVISTA DE LA UNIVERSIDAD


naturaleza, y la naturaleza no da saltos, al menos en los animals
superiores.


22

LA ACOMODACI6N

El fendmeno biol6yico Ilamado (( acomodaci6n a obedece d sensa-
ciones, ideas y razonamientos subconscientes.
La fisiologia no ha conseguido ann explicar satisfactoriamente el
fen6meno de ]a acomodaci6n. Se halla en este dilema : suponerlo
un efecto puramenle mecAnico de la excitaci6n sobre los nervios
perif6ricos, un acto puramente reflejo, es sentar una hip6tesis
arriesgada, y suponerlo un acto consciente-voluntario implica in-
currir en un absurdo, por cuanto dicho fen6meno precede A la
apercepci6n.
Hallo la explicaci6n de la acomodaci6n en las percepciones y
reacciones psicofisicas subconscientes-subvoluntarias. En efecto,
desde el moment en que se produce la excitacidn, hasta el instant
en que se percibe conscientemente la sensaci6n, transcurre un lapso
de tiempo. Maskelyne, astr6nomo del Observatorio de Greenwich,
comprob6, en 1795, que su ayudante Kinnebrook percibia siempre
el pasaje de dos astros en el meridiano con un retardo de 0"5
a o"8. Persuadido de que esto provenia de incorregible negligencia,
le despidi6. MAs tarde, hacia 1820, comparando Bessel sus obser-
vaciones propias con las de otros astr6nomos, especialmente con las
de Struve y de Argelander, not6 que siempre se adelantaba A ellos,
y, buscando la causa de tal disparidad, descubri6 la ((ecuaci6n perso-
nal ). Las diferencias de esta ecuaci6n personal suben A veces A mAs
de un segundo, pero generalmente quedan debajo de o" 3. Dependen
de razas, edades y temperamentos. Circunstancias singulares han
permitido fijar estas diferencias de ecuaci6n personal para las per--
cepciones de la vista. Aunque no se hayan podido obtener tales re-
sultados con experiments sobre los demas sentidos, es evidence
que todas las percepciones pasan, antes de Ilegar A la conciencia,
por un breve espacio de tiempo, durante el cual se produce el fen6-
meno de la acomodaci6n.
Si las reacciones reflejas no bastan para explicar este fen6meno,












TEORIA DE IA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD


(no se le hallaria, acaso, una explicaci6n mAs 16gica correlacionAn-
dolo con la aun obscura fenomenologia de lo subconsciente-subvo-
luntario? La explicaci6n seria 6sta : producida una excitaci6n sobre
la periferia, la periferia la transmite desde luego A la subconciencia;
la excitaci6n engendra una percepci6n subconsciente-subvolunta-
ria; por ultimo, esta percepci6n reacciona produciendo la acomo-
daci6n, en virtud de las leyes psicol6gicas que he expuesto en otro
studio. En ning6n estado emotional halla acaso una aplicaci6n
m6s exacta, esta doctrine de la acomodaci6n, que en el miedo.
Como todos sabemos, el miedo constitute una situaci6n nerviosa
compleja, en ocasiones muy dolorosa, cuando es terror; alguna vez
es hasta placentera, cuando proviene de una expectativa agradable.
La escuela fisiologista, que subordina la producci6n de los estados
emocionales A actividades nerviosas, sostiene que no es el miedo lo
que hace acelerar la respiraci6n y el pulso, ( ponerse de punta n
los cabellos, sudar la frente, formarse la chair de pole y sen-
tir escalofrios; que, A la inversa, la aceleraci6n de la respiraci6n
y del pulso, los movimientos del cuero cabelludo, la exudaci6n, la
chair de pole y los escalofrios son los que producen... el miedo.
La sensaci6n psiquica del miedo seria, pues, una resultante de esas
preparaciones fisicas. Esta idea curiosa, que choca con nuestra ex-
periencia como un absurdo, se aclara si se supone que existe entire
el instant de la excitaci6n y el de la sensaci6n consciente un period
preparatorio de acomodacidn subconsciente. Producido el estimulo
externo, sentimos ipso facto la impresi6n subconsciente del miedo,
y entonces la subconciencia-subvoluntad prepare al organismo para
sentirlo conscientemente. El instinto le da una defense en todos esos
(( sintomas ,) fisiol6gicos, para que, en el moment en que pase A la
conciencia, el organismo, de antemano preparado, resista mejor el
choque. Si este se sintiese de suibito en la conciencia, seria much
mAs violent. En caso de repetirse con frecuencia, quebrantaria cl
organismo.
La acomodaci6n es como un recurso del instinto para ir sub-
conscientemente de lo mAs simple A lo mAs complejo. Del acto
mecanico y reflejo se pasa al acto subconsciente-subvoluntario (la
acomodaci6n); de 6ste, A la percepci6n consciente; de esta, A la sen-
saci6n consciente; despu6s, A la idea consciente; mAs tarde, al razo-
namiento subconsciente (asociaci6n de ideas); luego, A la percep-












REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


ci6n; de alli, al razonamiento consciente (dialectico); y, por iilti-
mo, al acto consciente-voluntario (relativamente libre). La grada-
ci6n de las operaciones psicofisicas seria, por tanto, la siguiente :
i percepci6n subconsciente; 2" acomodaci6n (acto subconsciente-
subvoluntario); 3" asociaci6n de ideas (razonamiento subcons-
ciente); 4" apercepci6n; 5 razonamiento (consciente, y, por decirlo
asi, dial6ctico); 6 acto consciente-voluntario.
Siguiendo un orden rigurosamente inductivo, de los fen6menos
mAs simples A los mAs complejos, hubiera correspondido A la ( ob-
servaci6n ), anotada en el present parAgrafo, un sitio inmediato A la
anotada en el 10o, relative A los actos reflejos, de la cual viene a ser
una especie de corolario. La he colocado al fin por su dificil com-
prensi6n y su valor demostralivo para cerrar con ella la series de he-
chos que cimientan la doctrine de la subconciencia-subvoluntad.
Asi como la teoria del instinto sintetiza la doctrine de la inteligen-
cia, al menos en mi orden de ideas, la teoria expuesta sobre la aco-
modaci6n condensa, como hemos visto, la doctrine de la subcon-
ciencia.


5 23

SiNTESIS DE LO EXPUESTO

En resurmen, innumerables hechos demuestran :
i Que podemos, y aun normalmente debemos, sentir, percibir y
razonar, sin darnos cuenta de lo que percibimos, sentimos y razo-
namos;
2" Que s61o tenemos conciencia de una parte, probablemente
minima, de nuestras actividades psicofisicas;
3" Que todos los fen6menos de nuestra psiquis se inician en una
region A la cual no alcanza nuestra sintesis psicol6gica, y de la que
esta sintesis no advierte sino las conclusions;
4 Que estas conclusions de la subconciencia-subvoluntad for-
man la sintesis psicol6gica de la conciencia;
5 Que todas las actividades de la mente hnmana obedecen A una
fuerza x, cuya esencia no es cognoscible, que llamo ley del instinto,
y que podria igualmente lamarse ley de la vida.











TEO1IA DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD


s 24

DISTINTAS FORMAS FILOSOFICAS DADAS A LA NOCION
DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD

El error capital de las filosofias clAsica, escolAstica y romAntica
consiste, A mi juicio, en haber ignorado la subconciencia. Hase
supuesto puerilmente que todo lo que el hombre pensaba, decia y
hacia, lo pensaba, decia y hacia tan consciente y voluntariamente
como si 61 mismo, como si su yo sintetico, fuera la causa sui. Pero,
en cambio, el mayor m6rito de la metafisica modern ha sido pre-
sentir i aunque en t6rminos harto nebulosos! la existencia y
la importancia de la subconciencia.
El esse de los escolisticos, en boca de los metafisicos, equivale a
la subconciencia; el operari, a la conciencia-voluntad. Por consi-
guiente, el postulado operari sequitur esse, tan censurado de quienes
no han podido entenderlo por sus propios prejuicios, result de una
realidad fisiol6gica. Las expresiones vis sui conscia, vis sui potens
nihil volitum nisi proecognitum, implican adelantar la confirmaci6n
del fen6meno que Ilamo conciencia-voluntad, hacienda una sola
entidad del significado de ambos t6rminos.
En losmetafisicos, lo que Kant llama el mando fenomenal equi-
vale A la subconciencia; lo que llama el mundo noumenal, A una
abstracci6n del campo de la conciencia-voluntad, al que, por via de
hip6tesis, supone independiente de sus antecedentes fenomenales
(antecedentes subconscientes). La profunda distinci6n que hacen los
metafisicos, especialmente Kant, entire el fendmeno y la cosa en si (el
individuo total es un fendmeno, y la libertad, en abstract, una
cosa en si), no significa mAs que una distinci6n fundamental entire
lo subconsciente (elfendmeno) y lo consciente (la cosa en si). El yo
subjetivo de Fichte, que se abstrae del mundo causal, es una ((ilusi6n)
de la conciencia-voluntad. La necesidad comprendida, como defini-
ci6n de la libertad, dada por Schelling y por Hegel, podria explicarse
del siguiente modo : la necesidad radica obscuramente en los movi-
mientos determinantes de la conduct, y la comprensi6n, en ia con-
ciencia-voluntad, esto es, en la inteligencia consciente y voluntaria,
que traduce, bien 6 mal, los m6viles que se inician en la subconcien-
AnRT. UR-;. XXxI-4 1












REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


cia. El fuero interno de que hablan, apocalipticamente Hegel,
misticamente Jacobi, simb6licamente Maine de Biran, confusamente
Schleiermacher y muy enfAticamente Schopenhauer -, no es mAs
que la subconciencia. La noci6n vaga de que la conciencia-voluntad
constitute una representaci6n subjetiva del mundo, engendrada por
una series de sensaciones subconscientes, es lo que hace de cada sis-
tema metafisico una larga sucesi6n de sombras, un suefio de sue-
iios, que recuerda estos versos de Scarron:

Et je vis I'ombre d'un esprit
qui traqait l'ombre d'un systime,
avec l'ombre de l'ombre meme.

Pero, desgraciadamente, la psicofisiologia contemporinea, por
una prudencia que es casi cobarde, no ha proclamado aun, A pesar
de las elocuentes insinuaciones de la neuropatologia, una amplia y
categ6rica doctrine de la subconciencia, que se contraponga A la
vieja y absurda doctrine de la conciencia total del hombre causa
sui.


S 25

GRADACIONES DE LA CONCIENCIA

De la simple observaci6n de los hechos, tan imperfectamente
apuntados en el parAgrafo precedent, resultan las siguientes con-
secuencias:
Ia Desde la conciencia plena hasta la inconciencia plena (aneste-
sia general) hay una series de gradaciones. Luego, seria un error
pretender que entire una y otra existe una brusca linea divisoria, en
donde se puede decir: ((Aqui acaba la conciencia, aqui principia la
subconciencia. ) Lejos de esto, nuestra psiquis result un todo de-
licadisimamente graduado, sin transiciones ins6litas.
2a Asi como A la conciencia plena corresponde la voluntad plena
(aparente 6 real), hasta el punto de former un todo indisoluble que
Ilamo conciencia-voluntad, conforme disminuye la conciencia, dis-
minuye proporcionalmente la sensaci6n de la voluntad-libertad.
3" Por debajo de la subconciencia-subvoluntad (es decir, de los












TEORIA DE LA SUBCONCIENCIA-SUBVOLUNTAD


actos instintivos) esti lo inconsciente-involuntario, que es la vida
vegetativa.


5 26

HELATIVIDAD DE LA CONCIENCIA

La inconciencia absolata no existe en estados naturales, pues es un
product artificioso, un caso de anestesia general. Sintomas mas 6
menos vagos de nuestras actividades psiquicas no faltan normal-
mente nunca en el campo de la conciencia. Id6nticamente, la con-
ciencia-voluntad absolute no existe, porquejamAs tendremos concien-
cia de lo incognoscible, ni nos podremos desentender de los motives
de nuestras determinaciones. Pero, asi como la medicine puede pro-
ducir en ]a anestesia general una inconciencia casi absolute, la
metafisica concibe una conciencia casi absolute en una region pu-
ramente especulativa. La region noumenal de Kant represent, en
los artificios humans, el polo opuesto de la anestesia general.
Admiti6ndose la teoria que expongo, la antigua division de las
tres tacultades del alma (sensibilidad, inteligencia y voluntad) seria
reemplazada por la de las tres regions del espiritu : conciencia-vo-
luntad, subconciencia-subvoluntad e inconciencia. Pero hay que
reconocer que esta nueva division es tambiin esquemAtica, porque
estas tres regions pueden existir s6lo como abstracciones, siendo
en la realidad indeslindables.


27

LA EXPRESSION (( ESTADO DE CONCIENCIA ))

De la teoria expuesta result que la expresi6n estado de concien-
cia, adoptada por los mas eminentes psic6logos modernos para sig-
nificar cualquier sensaci6n, percepci6n 6 idea, es vaga e impropia.
Se toma el continent por el contenido. En cambio, yo adoptaria
la expresi6n entidad psiquica:
i Porque cualquier percepci6n, emoci6n 6 idea atraviesan por
various estados 6 campos de la conciencia, y aun pueden establecerse
simultineamente en todos 6 en various de ellos;









(8 REVISTA DE LA UNIVERSIDAD

2" Porque la verdadera naturaleza de una percepci6n, una emo-
ci6n 6 una idea, es la de una entidad x, que obra dentro de las va-
rias regions de nuestra psiquis;
30 Porque, en el complexes que forma una entidad psiquica, estin
mis 6 menos difusamente involucradas percepciones, emociones
6 ideas.
Pero concibo que, tomando lo mis llamativo por el todo, pueda
denominarse ( idea ), como por antonomasia, a una entidad psiquica
cualquiera, compuesta de percepciones, sensaciones 6 ideas, y de-
nominarse asimismo ( conciencian), al conjunto de nuestra psiquis,
con sus varias zonas de conciencia-voluntad, subconciencia-subvo-
luntad 6 inconciencia, y con sus matices intermedios. Establecido
el hecho, y dada la pobreza de nuestra lengua, esto no dafia funda-
mentalmente A la claridad del discurso cientifico y no nos obliga A
forjar mas neologismos.

C. O. BUNGE.

















PLAN DE INVESTI(ACIONES Y PUBLICACIONES HISTORICAL '





Las investigaciones realizadas durante el afio 1914 y los me-
ses que van corridos de 1915, nos han ofrecido un copioso
material de documents, y, como consecuencia, la oportunidad
para referir A los que siguen de cerca esta tarea, la estructura y
extension que posiblemente tendra este cuerpo de antecedentes
hist6ricos relatives A la 6poca del virreinato del Rio de la Plata.
Publicada la memorial de Lastarria, continuamos estudiando
aquellos temas que se relacionaban con el comercio exterior, la
real hacienda y la poblaci6n, habi6ndose dado A conocer, como
clementos concurrentes A dicho studio, algunos antecedentes
fundamentals en los voldmenes aparecidos desde 1912.
El ejercicio de busca en los distintos repositories phblicos
de esta capital, que conservan papeles del siglo xvii, y que, por
noticias circunstanciadas y las constancias y descripciones de
los catAlogos, sabiamos que poseian materials para esta com-
pilaci6n, demostr6, desde los primeros moments, el predomi-
nio de una prueba abundante que fijaba los caracteres de la or-
ganizaci6n econ6mica de las colonies espafiolas, la secuencia de
hechos nuevos y distintos, y el dinamismo de las prescripciones
que desde los puntos de vista politico, juridico y t6cnico consti-
tuian la fase legal del factor que se pretendia analizar. Todo ello
ha quedado fundadamente establecido en estos tomos,yllegaremos
a conocer lodas sus relaciones y los detalles que tienen importan-


(i) Este plan va inserto como Advertencia en el tomo V de Documentos para la his-
Joria argentina, de la Facultad de filosofia y letras.
ART. OaRG. xl-5











REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


cia en los subsiguientes, que pr6ximamente estaran en prensa.
El motivo constant, en la legislaci6n que compilamos, fu6
establecer ciertas normas absolutas en lo que se refiere al aspect
t6cnico de la organizaci6n mercantil de las colonies espafiolas,
sin olvidar las disposiciones interpretativas de los principios po-
liticos y administrativos ya aludidos y que siempre fueron aten-
tamente observados. Ahora bien, en lo que las reales provisions
hacen referencia direct A la economic, hacienda y administra-
ci6n del virreinato, hemos pensado que las determinaremos con
mayor claridad y exactitud, constituyendo grupos diversos, por
tratarse de la fase del problema que ofrece dificultades para arti-
cular, causal y cronol6gicamente, A las series parciales, y pre-
sentar, con los documents sobre el comercio exterior, s61o una
de carActer general.
No ha estado, pues, en nuestra mente, establecer valores de
precedencia, de caracter t6cnico 6 hist6rico; el conjunto inte-
gral de documents sobre el comercio de Indias que es el
mAs abundante- se clasifica en seis parties, A los efectos de
la publicaci6n, denominAndose seg6n el espiritu legal que re-
presentan en conjunto, y apreciando, asimismo, el contenido
absolute, sus fechas y la amplitud de las informaciones.
El material estudiado se reproducirA con toda fidelidad, con-
forme A las copias que poseemos debidamente autenticadas :
la tarea de heuristica y complementaria del context, en ciertos
casos, nos permit declarar que, ya se trate de originales, co-
pias 6 impresos, el conjunto que ofrecemos A los estudiosos es
muy apreciable, no obstante encontrarse entire sus components
algunas piezas conocidas, en todo 6 en parte, pero de valor in-
cuestionable y de rigurosa inclusion en esta oportunidad.
Demostramos, por la simple enunciaci6n de los titulos, que
primero hemos atendido las cuestiones generals como las del
factor econ6mico perfectamente caracterizadas, antes y du-
rante la 6poca del virreinato.
En voldmenes subsiguientes se complementary el caudal de
informaciones sobre los distintos aspects de aquella historic,
siguiendo, siempre que sea possible, un orden 6 sistema, 6 insis-
tiremos en las notas y comentarios que establezcan la proce-
dencia, clasificaci6n de sus caracteres externos y categories del












PLAN DE 1NVESTIGACIONES Y PUBLICACIONES HIST6RICAS


conjunto documental, con las anotaciones bibliogrAficas y es-
colios dignos del asunto, preparatorias del studio monogrA-
fico A que se suponen destinados los mismos documents. Y asi
continuaremos, con el prop6sito de ser cada vez mAs Ctiles,
precisos 6 informados, para facilitar- si possible fuera A nues-
tra sola costa- la soluci6n de las numerosas y renovadas exi-
gencias del conocimiento hist6rico, que son, A la vez, exigencias
de esta tarea editorial.
Explicados al senior decano de la facultad, doctor Rodolfo
Rivarola, los fundamentos de nuestro plan y la forma en que serA
desenvuelto, fueron aprobados, y reflexionando sobre ]a conve-
niencia de hacerlo conocer, dispuso que se preseritara concre-
tamente, agregandolo A la present advertencia.
Por consiguiente, el conjunto de manuscritos e impresos que
se refieren al comercio de Espafia con sus colonies asi como
los diferentes materials que fundaran la reconstrucci6n inte-
gral de aquel pasado que el senior encargado de las investiga-
ciones hist6ricas, doctor Emilio Ravignani, ha podido determi-
nar, con el objeto exclusive de responder al prop6sito ya enun-
ciado, y el infrascripto ha clasificado y dispuesto en el orden
quo deben publicarse bajo el titulo general de Comercio de In-
dias, se subdividirAn asi:
Tomo V, Antecedentes legales (1713-1778).
Tomo VI, Comercio libre (1778-1791).
Tomo VII, Consulado, comercio de negros y de extranjeros
(1791-1809).
Tomo VIII, lemorias y representaciones comerciales (1771-
i8io).
Tomo IX, Administraci6n aduanera (1778-1810).
Tomo X, Administracidn del consulado (1785-1810).
El trabajo de anotaci6n preliminary de cada document y el
consecutive de copias (mas de 1700 piezas), que por iniciativa
de la facultad se prosigue en este aiio de 1915, con mayor acti-
vidad, ha constituido, gracias A felices hallazgos, material justi-
ficativa de lo que bosquejamos en piginas siguientes, como plan
de publicaciones mAs amplio y conexo sobre la estructura eco-
n6mica, estadistica, administrative, political cultural y religiosa
del virreinato.












REVISTA DE IA UNIVERSIDAD


Nuestro proyecto tiene, pues, base s6lida de materials re-
cientemente reunidos y valorizados, y el senior decano ha ofre-
cido, para que sea una realidad, toda suerte de estimulos, mer-
ced A los cuales se ira extendiendo, en lo possible, el alcance del
conocimiento met6dico de las fuentes de nuestra historic, y para
lo cual colaboran A nuestro lado los sefiores R6mulo D. Carbia,
director de la biblioteca de esta casa, y Diego Luis Molinari, ya
conocidos por su dedicaci6n A estos studios.
Dado que los seiiores prologuistas y de los voldmenes V y
VI, el doctor Ricardo Levene han de hacer m6rito del valor
de los conjuntos documentales que hemos reunido, de su clasi-
ficaci6n critical, y agregarin las referencias bibliograficas que
deban utilizar los futures investigadores, de acuerdo con la nor-
ma que deseamos observer en las introducciones; s61o nos inte-
resa establecer que, en el plan que se proyecta, no se podra ob-
servar un orden absolute en la aparici6n de los vol6imenes,
segin los titulos que comprendemos, por cuanto, a pesar de
todas las previsiones, suelen aun encontrarse separados, y apa-
recerAn extraviados 6 dislocados de los legajos a los cuales per-
tenecen en realidad, muchas piezas y hasta voluminosos expe-
dientes.
Esos impedimentos no podrAn obstaculizar nuestra tarea en
lo mas minimo; en tal caso, demandarA de los estudiosos cierta
resignaci6n.
Dicha circunstancia nos hace prever que algunos titulos han
de exigir prolijo studio y extenso espacio y adiciones biblio-
grAficas muy minuciosas.
Atendiendo, por otra parte, a los epigrafes y su orden, esta-
blecidos en el proyecto, los primeros conjuntos documentales
que deberin tratarse, observando el m6todo que tratamos de
poner en prActica, se relacionan con el conocimiento de la po-
blaci6n, economic y real hacienda, industries y tecnologia, vias
y medios de comunicaciones.
Sin apartarnos de los hechos propiamente hist6ricos, que re-
construimos a la vista de testimonies homog6neos, hemos pen-
sado en la conveniencia de desarrollar various de los temas,
incluyendo otra categoria de datos, que deben ser estimados por
pertenecer a testigos ocasionales que han trasuntado el aspect












PLAN DE INVESTIGACIONES Y PUBLICACIONES HISTORICAL


mns interesante de la realidad : la vida internal de las ciudades
y campafas del virreinato.
Nos referimos i las relaciones de algunos viajeros y cronistas
ingleses del siglo xvm y primeras d6cadas del xix, que visitaron
6 describieron los paises del Rio de la Plata, dejindonos libros
curiosos, singularmente demostrativos, que forman parte prin-
cipal de nuestras mis importantes bibliotecas americanas.
La direcci6n del Museo Mitre y el doctor Francisco P. Moreno,
que poseen algunas de esas publicaciones, las han ofrecido a la
facultad, graciosamente, con el prop6sito de que se divulguen,
y entire las cuales recordaremos a las de Coyer, Davis, Empson,
Froger, Hunter, Helms, Jones, Pullen, Walton y Wilcocke.
Tanl improba labor debe contar con el apoyo decidido de los
directors y personal t6cnico de los archives del pais donde se
llevan a cabo las investigaciones; habi6ndonos complacido en
recordarlos en nuestros informes al senior decano de la facul-
tad, por las facilidades y las asiduas atenciones que nos dis-
pensan.
El plan i que haciamos referencia, es el siguiente (i) :


TERRITORIO Y POBLACIO6

Exploraciones geograficas y cartograffa del virreinato.
Extension y poblaci6n de la ciudad y campaiia de Buenos Ai-
res (1726-1809).
Extensi6n y poblaci6n de las ciudades, villas, gobiernos mili-
tares y corregimientos padroness civiles y religiosos).
Poblacidn indigena y negra de las ciudades, villas y haciendas
del virreinato, su vida y costumbres.
Lineas de fronteras.


COMERCIO DE INDIAS

Antecedentes legales (1713-1778).
Comercio libre (1778-1791).

(i) En baslardilla se indican los epigrafes de los voilmenes impresos 6 que se en-
cuentran en condiciones de ser entregados -i las cajas.












REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


Consulado, comercio de negros y de extranjeros (1791-1809).
Memorias y representaciones comerciales (1771-181o).
Administraci6n aduanera (1778-181o).
Administraci6n del consulado (1785-810o).


ECONOMIC Y REAL HACIENDA

Industries y tecnologia (1776-181o).
Explotaci6n minera.
Moneda y credito.
Gremios.
Propiedad.
Abastos.
Vias y medios de comunicaciones.


POLITICAL

Exterior

Cuestiones con Portugal.
Cuestiones con Inglaterra.
Cuestiones con Francia.

Interior

Sublevaci6n de Tupac-Amaru.
Movimientos subversivos precursores.
Revoluciones de 1809 y 18io.


ADMINISTRACI6N

Virreinato

Antecedentes de su erecci6n (1771-1776).
Fundaci6n (1776-1778).
Permanencia (I778-I805).
Audiencia.
Real hacienda.












PLAN DE INVESTIGACIONES Y PUBLICACIONES IIISTORICAS


Intendencias.
Cabildos.
Administracidn edilicia.
Organizaci6n de las instituciones militares.
Gobierno de los pueblos indigenas.
Consecuencias del extrafiamiento de los jesuitas.


CULTURAL

Instrucci6n pdblica.
Literature y bibliografia.
Usos y costumbres.
Manifestaciones artisticas.
Folklore.
Iconografia.
Biografias.

IGLESIA

Organizaci6n diocesana.
Parroqias.
Justicia eclesiAstica.
Diezmos.

Luis MARIA TORRES,
Director de investigaciones y publicaciones hist6ricas.


Junio de q915.
















LA INICIACION REVOLUCIONAR1A ',

EL CASO DEL DOCTOR AGRELO





Sefior president,
Sefiores:

Agradezco profundamente la distinci6n de que me haceis ob-
jeto al aceptarme como compafiero de tareas. Llegado el illimo,
mis pretensiones son modestas : anhelo aprender.
Esta noble corporaci6n, en cuyo ambiente flota el alto espi-
ritu del general Mitre, y perduran las ensefianzas de Ameghino,
de Carranza, de Mantilla, de Pillado, de Quesada, de Ramos
Mejia, de Rosa y de Saldias, tiene en el mundo estudioso a que
pertenezco, un vasto prestigio. Vuestra presencia impone; vues-
tros admirables trabajos de reimpresi6n facsimilar y de divul-
gaci6n de las fuentes hist6ricas; vuestros dictAmenes y vuestros
actos, Ilevan el sello de esa aristocracia del saber, cuya efecti-
vidad constitute el mejor lustre de cultural de una naci6n civi-
lizada.
La investigaci6n met6dica de las cosas antiguas, a quo tanta
importancia se atribuye en las viejas sociedades, adquiere en
los paises j6venes, de actualidad cosmopolita como el nuestro,
un valor trascendental. Hay que salvar, sin perder tiempo, el
rico venero de la tradici6n, antes de que la mezcla indefinida
haga aparecer como ex6ticas las generaciones que fueron. No
existe una misi6n mAs bellamente argentina en estos moments.
No habrd orientaci6n intellectual mas hermosa, con tal de que

(j) Trabajo leido por el autor cn el acto de incorporarse A la Junta de Historia y
numismatica americana, el 15 de agosto de 1915.













LA TIICIACION REVOLUCIONAII A -7

se apliquen los procedimientos de la critical modern, y se dis-
tinga entire los abalorios patri6ticos, tan crudamente prodigados
en nuestras histories sudamericanas, y lo que positivamente nos
interest. Por lo mismo, al considerar la responsabilidad quc me
incumbe, desde el instant en que ocupo un sitio t vuestro lado,
experiment una extraiia emoci6n : la emoci6n del que duda
de sus fuerzas...
Con todo, acepto virilmente el compromise. Procurar6 hacer-
me digno de vuestra grata hospitalidad.


El 6nico fragmento publicado de la Autobiografia del doctor
don Pedro Jos6 de Agrelo, el famoso sucesor de Funes en la
direcci6n de La Gaceta, el inflexible fiscal de la conjuraci6n de
Alzaga, el descollante miembro de la Asamblea del afio trece,
quo presenci6 at6nita su ruidoso incident con Moldes, despues
de aprobar su gran proyecto de creaci6n de la moneda argen-
tina, empieza sugiriendo un pequefio misterio, misterio que lla-
mariamos tragico, si no pudieramos tambi6n llamarlo c6mico,
segun fuera la posici6n que adoptAramos para estudiar este raro
capitulo de la vida del pr6cer (i).


(i) Segin Zi ein, EfemeridografiA A rgirometropolilana, i869, paigina i it, desemipefi
cl doctor Agrelo la direction de La Gacela ( desde el 18 de mnirzo (en realidad 21 de
marzo, n' 4!I) de 18j liasta el 5 de octulre del mismo aino V6ase tambi6n, PEDHO
Jost AGRELO, Autlobiografia (en Aluseo Histdrico Nacional, Alemorias Y Autobiogrofias, II,
288) y AnOLvo SALDi-us, La prensa periodistica de la revolnci6n. Sobre el papel del doc-
tor Agrelo en el proceso de Alzaga, ademas do so propio relato (A itobiogrfiaf, 235), cs
miny interesante cl trabajo del doctor MIGUri. NAARnn VIOLA, COnseos eilebres (artlenlinas.
Proceso de la conspiraciin de dnn Martin de Alzaga, publicado en la Revista de Buenos
Aires, IV, ((66, y V, 113, 271) y 5 ;: puede tambiin consultarse los tomos IX v X del
inconexo Archivo General de la IHepriblica Argentina, que dirigio el doctor Adollb P. Ca-
rranza, y la sugerente pagina de MITIE, en Belgrano, 11, (, )2 ; asi como el JIivadavia,
de don ANDRnes LAMAS (odicion de La cultural argentlia, 121, etc.) y Conspiracidn de Al-
zaga, por JUAN Jos4 BI:UMA (articulo publicado en La Narciin del 5 de julio de i)i.1) -
Para apreciar su actuaci6n en la asamblea do 1813 hastaria leer la Autobiolrafla (desdo
la pigina 2/18), L ,'Iz, llistoria Argentina, IV, 353. Asinlismo CanIOS M. Usi, Sobe-
rana Asamblea, etc. y GiEGORio F. RonDii.i I:, flisloria de Aluearr,I, 2l 3 v siguienles.
La escena del famoso incident en que el colonel Moldes dice Agrelo (AuiobiografJia,
257) a tovo cl arrojo do atropellarime personalmente en la sala misma de la Asamblea,
tomandome por la corbata en accidn de darnie de pufiadas o, lia sido pintorescamenie
descripta, de un rasgo de pluma, por el doctor Lopez, (La Revolucian Argentina, so ori-
gen, sits guerras y desarrollo politico hasta 1830, 1, 286). El mismo doctor 16pez (Ilisto-
ria Argentina, V, '$~) da a contender quo ol liecho uo ugar on 18114. Sin embargo,
debi6 ocurrir en la scsion del 13 de julio de 1813, en la cual, segfin El Redactor de In














REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


Dice el doctor Agrelo que en el Per6, hacia octubre de i8io,
se vi6 ( preso y calumniado por los patriots en el concept
do un enemigo n, afiadiendo que la espantable aventura tuvo
lugar (( a consecuencia de los informes del boticario ) (i).
d Qui6n era este boticario y en qu6 consisti6 el percance ?


Asamblea 1813-1815, pAgina 148 (foliada por error 18i) se revoc6 el pr6stamo ordenado...
c a algunos individuos (espafoles) de los pueblos de Salta y Jujui ), los mismos que, A
star las alirmaciones de Agrelo, violentamente negadas per Moldes (Autobiografia cit.)
que, en suma, originaron el choque, a habian hecho fuego a nuestro ej6rcito desde las
ventanas de las casas, el dia do la acci6n con el general realist TristAn ). Sobre el va-
lor do ambos personajes es digno de leerse la notable silueta de Moldes, magistralmente
trazada por L6pez en su Bevolacidn Argentina, I, desde la pagina 264, y tener en cuenta
el opuesto criteria del doctor Bernardo Frias (Historia del general D. Martin Gilemesy de la
provincia de Salta, I, 251, 320, y III, 226, y 632a i 63), fuera de lo que mAs adelante so
cita. El a decreto y ley sobre la nueva moneda se sancion6 el 13 de abril de 1813,
a decreto eminentemente soberano que me cupo la suerte de redactar y firmar ), dice Agre-
lo (A ulob., 552), retiri6ndose A la ley, pues el decreto, como era de prActica, fu6 obra del Po-
der ejecutivo. El Redactor, a por orden de la Asamblea ... mientras se hacian los primeros
ensayos de la nueva amonedacion o, public la ley, no en el namero 7 del sabado 1x de ma-
yo, que era el que hubiera correspondido, sino en el i3, del 31 de julio vasee Redactor,
etc., 5i). El Complemento que acompafia a la notable reimpresi6n facsimilar dirigida por la
Junta de historic y numismAtica, trae el c Decrelo c, fechado el 28 de julio y firmado
por Antonio Alvarez de Jonte, Jos6 Juliin Perez, NicolAs Rodriguez Pefia Y don Manuel
Jose Garcia, como secretario. ULADISLAO FRiAs, Trabajos legislativos de las primeras asam-
bleas argentinas. 1882, no lo incluy6 en el Aplndice. Otros aspects de la vida del c6le-
bre doctor pueden juzgarse en ZINNY, Efemeridografia cit., 3: ; MARTiN AVELIr O AGRELO,
Rasgos biograficos, etc., Revista de Buenos Aires, V, 217 ; y ANGEL G. CARRANZA MARMOL,
La Asamblea de 1813 y el doctor Pedro J. Agrelo. Por iiltimo, vale la pena de consultar el
curioso document in6dito del Archivo de Indias, en Sevilla (123-2-A, copia existence en
la Seccion de historic de la Facultad de filosofia y letras) titulado : a Relaci6n circunstan-
ciada de personas mis 6 menos visible que figuraban y tenian algunas influencias respect
al estado revolucionario con tendencia A independizarse, que existian en Buenos Aires )
(e 18 17 ?). Obra de algAn airado peninsular sin mayor importancia, la a Relaci6n n es un
model de desahogo an6nimo. Para su author hay dos classes de criollos: los a buenos ,
que reniegan, seg6n 61, de la revoluci6n y los c malos)), 6 sea los enemigos de Espafia.
Por un error, fAcil de percibir, el coronel Moldes, A causa de los violentos odios que
cultivaba, pero como si no existieran las pruebas de su patriotism, figuraba entire los
primeros. En cuanto al doctor Agredo, como 61 dice, h6 aqui su opinion, la misma do
sus mas feroces adversaries: i Es hombre muy malo, abogado, intrigante, sanguinario,
enemigo ac6rrimo de todo europeo a quienes alligi6, rob6 y asesind. Es detestado en el
pais y so le conoce por Robespier ; tiene talent regular y moderada instrucci6n en el
derecho patrio. Aborrece A Espaiia mortalmente porque theme el suplicio ; fu editor del
periddico atroz titulado la CrOnica Argentina c. La verdad es que el doctor Agrelo, -
dato confirmado por su propio hijo, don Martin Avelino, --- jamAs tuvo suerte. En la
6poca de la c Relaci6n hacia apenas site afios, como se verA on el texto, que por los
motives exactamente contraries, otro espasiol le habia llamado i a titiritero politico) ..
(i) Autobiograffa, etc., 227.












LA INICIACION REVOLUCIONARIA


Un dia de fines del siglo xvin, la encantadora y avispada
villa de Tupiza, compuesta de un temple miserable y cuatro
ranchos, tuvo la sensaci6n de que se le incorporaba un perso-
naje curioso. Producto enciclop6dico de aquellas sociedades eco-
n6micas que por entonces generaliz6 en Espafia el genio de
Campomanes y de Jovellanos, don Gabriel Antonio de Hevia y
Pando, que tal era su nombre, reunia en su original cabeza, los
conocimientos de un semidoctor en ciencias fisiconaturales y
de un profeta en materials gubernativas y sociol6gicas. Era as-
turiano, conocia la quimica, la botanica, la mineralogia, la ex-
plotaci6n de los metales, y podia disertar con la verba insupe-
rable de un Amigogo del pais ), atiborrado de (( Educaci6n
Popular)) y de doctrinas clAsicas mezcladas A las ilusiones del
filosofismo, acerca de la riqueza de las naciones y de las trans-
formaciones ben6ficas que un pais lograria experimentar obe-
deciendo los preceptos de la sabiduria (I). Tal hombre, ver-
hoso y abundant, no podia menos que ser escritor. Y lo fu6,
en efecto. Desde 1802 menudea la series de sus articulos, que he
lenido la fortune de descubrir como pertenecientes A 61, en el
c6lebre peri6dico de don Hip6lito Vieytes, El Semanario de Agri-
cultura, Industria y Comercio (2). El Consulado de Buenos Ai-
res, al que dedic6 una obra sobre metalurgia, le coste6 el viaje
a la capital en 1806, para verle y contemplar cierta colecci6n
mineral6gica de que fu6 portador, sin mAs resultado prActico, A
juzgar por el riguroso incognito que hasta hoy rodea a ]a obra
y a la colecci6n, que el de provocar en los tristes y aburridos
c6nsules, una abrumadora unanimidad de bostezos (3). Feliz-


(i) En un proximo trabajo, en el quc procurard estudiar A fondo estl curioso ejemplar
de habitante del virreinato en visperas de la independencia, indicare las fuentes de donde
extraigo tales datos. Por aliora, bastarA saber que muclos provienen de las actas del Con-
sulado correspondientes a 18o4 y 1806, que existen indditas on el Arclivo general de li
Naci6n, cuyas autoridades me permitieron consultarlas con su proverbial amabilidad
(2) Como que ha habido n(mero del Semanario que casi no contiene otro material que
los articulos de Ilevia. Por ojemplo, el 123. En el trabajo ya anunciado, anotare la lista
complete.
(3) No obstante lo que dicen las citadas actas del Consulado, es probable que ]a des-
cumunal lecture, gracias ai la prudencia de Vicytes y de Belgrano, se atenuara, en part
al menos, segfn esta curiosa information de Hevia, en carta al doctor Echevarria, de
septiemlbre 29 do i807 : Vieytes cuando fue sccretario ni quiso leer las dos parties de












REVISTA DE LA UN1VERSIDAD


menle, para las victims de la temible elocuencia del asturiano,
pasaba esto en visperas de la invasion inglesa. El fragor de los
combates que se sucedieron, apag6 la voz de Hevia, y, brusca-
mente, interrumpi6 la enfurrufiada modorra de. ( Sus Mercedes ).
Desde much antes, casi desde los primeros tiempos do su
instalaci6n en Tupiza, hacia 1795, habia iniciado don Gabriel
Antonio una voluminosa correspondencia con el doctor don Vi-
cente Anastasio de Echevarria, abogado de campanillas, asesor
del virrey Liniers, future conjuez de la Audiencia Pretorial,
diplomAtico en uni6n con Belgrano en la famosa misi6n al Pa-
raguay; miembro del Consejo de Estado, durante el Directorio;
y, por ultimo, armador de corsarios y hombre de historic hasta
el advenimiento de Rosas, que acab6 con su figuraci6n, no obs-
tanto liaber sobrevivido A la tirania, pues muri6 en 1857. Inllu-
yente, ingenioso, travieso, segun la fraseologia de la 6poca, era
un aliado impagable para el lejano y ambicioso vecino de Tupiza,
quien devorado por la pobreza, roido por los punzantes aguijones
de la necesidad, acorralado por la pequefiez y la miseria de la
aldea; mientras por un lado, entire diversos medios de vivir su-
geridos por el hambre, convertiase en lo que desdefiosamente
llamaba Agrelo ti un boticario ); por otro, bajo el acicate de
una imaginaci6n nutrida de Virgilio, rellena de Plutarco, e in-
llada do economists espafioles, todo magnificado y burbujeante,
arrebatAbanle los ensuefios mas fantlsticos hacia el poder y la
dominaci6n; ya vi6ndose transformado por arte de la influencia
de su protector ante el virrey, en organizador de las milicias
peruanas; ya contemplAndose Arbitro de la explotaci6n metalhr-
gica do America; ya sinti6ndose consejero infalible de las auto-
ridades coloniales, nunca, A sus ojos, tan ignorantes de los pro-
blemas de gobierno, como en los duros tiempos de su propio
batallar contra la obscuridad y la insignificancia.
Casi en ninguna de sus cartas todas in6ditas hasta la ba-
talla de Huaqui, deja de tratar una de estas cuestiones funda-
mentales pro domo sua. Y ya, desde la primera, apunta el deseo

la Memoria Peruana quc dirigi a la Junta, ni proporcionar el quce o las leiera. atodo
ponia inconvenientes. Belgrano oio con indiferencia fria mis repetidas instancias ...
(Papeles indditos del doctor Vicente Anastasio de Echevarria. Archiio de ]a Academia de
lilosofia y letras).












LA INICIACION REVOLUCIONAIRIA


do iniciarse en la vida public, desempefiando el puesto de juez
real subdelegado de la provincia de Chichas. Conseguido ese
cargo, el trepar de la montafia hasta las alluras, no ofrecia
obsliculos a su ilusionismo : 61 veia clara la linea recta del
ascenso; y mientras la crueldad de los largos afios sin historic,
los hacia suceder los unos A los otros, cambiAndose tambi6n los
subdelegados, su ambici6n, como aguijoneada por el fracaso,
lejos de abatirse, clamaba en el fondo de sus epistolas, infini-
tamente esperanzado por el triunfo. Era, entonces, lo que hoy,
por burla, Ilamariamos un ( opositor permanent ), un enemigo
declarado de la autoridad, enemigo plat6nico ya se ve-e
inofensivo A mAs no poder; pero alerta siempre, y siempre dis-
puesto, dadas sus grandes condiciones de protestador nato, A
figurar en un coro de conspiradores.

El 5 de marzo de 181o muri6 en Potosi el juez real subdelega-
do de Tupiza (Chichas), don Benito Jos6 de Goyena. El doctor don
Pedro Jos6 de Agrelo, que era su asesor, entr6 a posesionarse del
cargo (( en cumplimiento de superior providencia ) del gober-
nador de la provincia, don Francisco de Paula Sanz, mientras
no Ilegara el subdelegado, con much anterioridad nombrado
por el rey, en 9 de noviembre de 1806, don Lorenzo Bazo y
Villanueva (i).
Gobernaba Agrelo, no con gran tranquilidad, debido a una
acalorada dispute que, de entrada, se suscit6 entire 61 y los mi-
nistros de la real Hacienda de Potosi, encabezados por don Lam-
berto de Sierra, A prop6sito de cierto cobro que don Lamberto
queria deducir de los bienes de Goyena, resistido por Agrelo,
cuando Hevia, siempre a la mira de ocupar el cargo, sostuvo
con el cura de Tupiza, don Manuel de la Torre y Vera, una fa-
mosa conversaci6n, inmediatamente transmitida A Echevarria.
( Por sus m6ritos y por los progress de esta mineria le ha-


(i) Asi result del siguiente document : ( Potosi, marzo i de i81o. El Gobernador
Intendente da cuenta del fallecimiento del Juez Real Subdelegado del Partido de Chi-
chas Dn. Benito Antonio de Govena cl 5 del present, y de lo que ha providenciado
para el interin que llega el sucesor nombrado por S.M. Dn. Lorenzo Bazo y Villanueva)).
(lIndito del Archivo general de la Naci6n. 1810. Potosi, Doc. n6m. 48. Confront. TRE-
rLEs, lintice del Archivo de gobierno de Buenos Aires correspondiente d 1810, pig. lS!).














LIEVISTA DE LA UNIVERSIDAD


bia dicho el cura, halagado qui6n sabe por qu6 vislumbres do
futures gajes conviene que le hagan subdelegado. ) Y como
para acentuar la sospecha, agreg6 : ( Estoy pronto A dar hasta
3.000 pesos de fianza. Todo esta en que su compare (Echeva-
rria) sepa y quiera manejar la cosa... ) (i).
Naturalmente, desde ese instant, Agrelo, detentador de aquel
poder tan ambicionado, si ya no era santo de su devoci6n, se
convirti6 en el peor de los hombres, digno en toda la linea de
ap6strofes tan formidable, como el que, con su tinta mas es-
pesa, borroneaba al final de la carta 6 Echevarria, de donde
extraigo estos datos: ( Aseguran aqui dice la carta que
Bazo esti en camino y que el gran picaro Agrelo le ofrece
12.ooo pesos por la subdelegaci6n (2). n



(i) Los detalles de la feroz embestida de don Lamberto constant en el expediente asi
caratulado : a Santiago de Cotagaita, abril o1 de 1810. El official Real Ministro Tesorcro
General de Real Hazienda de la Villa de Potosi (D. Miguel Lamberto de Sierra ) da
cuenta con 16 Documentos de la competencia y entorpecimiento que ]e ha puesto el Sub-
delegado interinamente nombrado del Partido de Chichas, Dr. Dn. Pedro Jos6 de Agrelo
a la cobranza de la cantidad que al ramo de Tributes quedd deviendo el finado Dn. Be-
nito Antonio Govena con violacion y resistencia de la Real Orden de 12 de Abril do
180o y L. L. del Lib. 8. Tit. 3* y en especial la segunda dcl mismo titulo y libro y do
los atentados que ha cometido contra la Real Autoridad que represent y las calumnias
contra su Persona y Empleo criminalmente vulneradas y pide las estrechas y several
ordenes contra dicho Subdelegado en los tres puntos on beneficio de la cobranza del dc-
vito fiscal y desagravio de la Real Autoridad ultrajada y do su persona a. (Ms. in6dito
del Archive general de la naci6n, 181o. Potosi, Doc. ntm. 73. Confront. TRELLES, In-
dice cit., i55). A no medlar la revoluci6n, esta querella habria asumido proporciones
colosales. Todavia en junior brotaban actuaciones y mis actuaciones, cuyos s6los titulos,
de tan aterradora extension como el precedent, ponen los pelos de punta. Agrad6zcase-
me, pues, que me limited A indicar los ndmeros y fechas de los documents respectivos,
todos indditos del Archive general. Helos aqui: nomero 83, de abril 13 ; numero 107,
de mayo ; nmero mayo ero dmayo 26 ; numero 120, de junior i ; y numero i25, de
igual fecha. (Conf. THELLES, i5, 157, 158). V6ase Carta de don Gabriel Antonio de
Hevia y Pando al doctor Echevarria, de 30 de mayo de 1810. (Papeles de Echevarria. Ar-
chive de la Academia de filosofia y letrasi.
(2) Bazo jams so puso en camino para Tupiza, pero segdn el document 48, citado,
sali6 de Buenos Aires. De mode que el ofrecimiento de Agrelo podia no ser inverosimil
para Echevarria. Por lo demAs, esta carta, ]a misma de la nota anterior, es una de las
tipicas A que me refiero en el texto. Entre los numerosos expedientes que se le ocurren
al eterno postulante para llegar A la subdelegacion, ni siquiera falta el de la inevitable
propina al secretario del virreinato. Agotada ]a conversaci6n con el cura, agrega Hevia :
( El caballero amigo Uc' (Ucles) sabe hartas trazas para dsto, y no le hard mal ojo at
Busio del Rey ). De este don Manuel de Ucles, dijo don Pedro de Angelis en su conoci-
do Discurso preliminary d la descripci6n de Potosi, por don Juan del Pine Manrique (Co-













LA INICIACION REVOLUCIONARIA


Contengamos nuestra alarma y examinemos la escena.
Es muy curioso que el gobernador de Potosi, el famoso ex su-
perintendente de Buenos Aires, don Francisco de Paula Sanz, tres
dias antes de la carta de Hevia a Echevarria, en un oficio reser-
vado al virrey Cisneros, el 27 de mayo, cuando aln en Potosi
nada se sabia de la revoluci6n del 25, ponderara la fidelidad de
los habitantes de la imperial villa, y luego agregara :
(( No menos me atrevo a dar a V. E. igual seguridad por lo
que hace A los vastos partidos de esta mi leal provincia, que i
excepcion del de Porco, que circunda A esta mi capital, me han
acreditado por el zelo de sus respectivos fieles actuales juezes
subdelegados, la mds inalterable union y conformidad con mis
constantes ideas de su tranquilidad y contrarresto d las sub-
versivas de La Plata... (I). ,
Es muy significativo que el unico subdelegado que no creia
en el (( contrarresto ), y a quien, por consiguiente, se conside-
raba infiel el de Porco lo fuera (( por las sugestiones de su
colindante de Yamparaes ,, el insigne y heroico don Juan An-
tonio Alvarez de Arenales, el que dice el oficio (( atraia a
todos los de su partido... con Bandos y aun con cartas suges-
tivas ).
Como se ve, las sugestiones de Arenales, en el concept de
Sanz, no llegaban hasta Agrelo. Y se comprende. Don Pedro
Jos6 estaba casado desde i8o4, con una Calvimonte, dofia Isa-
bel, hija de don Jos6, famoso fiscal de la Audiencia de Char-


leceidn, etc., 11, pig. iv) : ( Es excusado pregonar la honradez y el merito de este ve-
nerable anciano n. En qu6 quedamos ?... Para que se vea como Hevia removia cielo
y tierra en procura de colmar sus ambiciones, seri curioso comprobar que por cl mismo
correo con que despachaba la carta, dirigia al virrey Cisneros un pomnposo oficio que
empezaba : ( Con fecha 2G de abril lltimo se ha dignado V. E. participarne de haber
dispensado su alta protecci6n a mis cortas tareas mineral6gicas. Mi gratitud a un honor
y gracia de tanto precio... ,, etc. (Tapiza, Doc. nilm. i, 18o1. In6dito del Archivo
general de la Nacidn).
(i) Documento interesantisimo, inedito del Archivo general, catalogado bajo el nfimero
Iis, Potosi, 18o1, en cuya primera foja se lee al margen : at Reservado. El Gohernador
Intendente de Potosi context la Superior orden reservada del 27 del ppdo. sobre el cuida-
do y zelo con que debe conserbar la tranquilidad y subordinacion en su Provincia pre-
caviendo toda impression perjudicial que pudieran causar las melancolicas noticias sobre
el estado de la Metr6poli, que procuran inventar y difundir los pusilanimes y mal inten-
cionados. ,












IEVISTA DE LA UNIVERSIDAD


cas (i). Debia, pues, mantener relaciones muy cordiales con el
element espafiol. Nada podia hacerle sospechoso de una afi-
nidad, ni siquiera remota, con los que, desde Buenos Aires al
Perd, alimentaban el pensamiento revolucionario (2).
Algo de esto barruntaria la Junta, cuando, al dirigir A Tupiza
los bandos, proclamas y circulares que instruian de la deposi-
ci6n; die Cisneros y de la elecci6n del primer gobierno de la
patria, no los mandara A Agrelo, como podia esperarse, dada
su cualidad de portefio y su vieja intimidad con Moreno, de
quien fuera condiscipulo en la Universidad de Charcas; sino,
con gran sorpresa del destinatario, A don Gabriel Antonio de
Hevia y Pando.
Enorme satisfacci6n sacudi6 el Animo del candidate perpetuo
al enterarse.
(( Con fecha 30 de junio dijo en respuesta he recibido
oficio do esa Excma. Junta de las Provincias de Buenos Aires...
6 inclusion de 17 impresos, que dan una razon cumplida de los
motives y absolute necesidad do su instalacion... ) Y con una
modestia rara en las consabidas infulas de su carActer, si-
gui6 escribiendo : ( Constituido yo en la clase de mero parti-
cular... debi suponer equivocada la direction del citado oficio...
Esto no obstante agrega con su 6nfasis habitual como field
y leal vasallo... he creido por de mi obligacion, ya que no mandar
y velar sobre la conduct de subditos que no tengo ( ), ins-
pirar en mis combecinos y Pueblos del partido, la obediencia,
fidelidad y subordinacion A esa Excma. Junta, circulando en
unos los Impresos, y conduci6ndome A otros con solo ese obje-
to : y me lisongeo de participar A V. E. de no haber salido
desairadas mis instancias, d pesar de la preocupacidn de que


(1) VWaso CORONEL MARTiN AVELINO A:RELO, Rasgos biogrdficos del doctor don Pedro
Josd de Agrelo, en la Revista de Buenos Aires, V. 221.
(2) A los veinte dias de leido este trabajo en la I Junta de historic y numismatica,), leo,
de pufio y letra del doctor Agrelo, esta frase inddita y verdaderamente notable para mi,
por cuanto comprueba en absolute mis afirmacioncs: (( En este estado de ansiedad dej6 yo
A Potosi A principios del mes de Junio, que sali de alli para mi subdelegacion de Chichas,
bien impuesto de todo por el mismo intendente (Sanz), como que en la Provincia de mi man-
do debian sentirse los primeros efectos de cualesquiera ocurrencia, y debia ser necesaria mi
cooperacidn, con que creia poder conlar lambidn, sin embargo de mi calidad de Porleio, por la
reserve y AM IGUA CONDUCT QUE DESDE ENT'INCES MANII'ESTIv SOuRE TODO. (1'Sase el Apindice.)











LA [NICIACION REVOLUCIONARIA


he hallado prevenidos a unos pocos A favor del error quo ha
trasmitido hasta estas parties la seduccion y la malicia suber-
siva ) (i).
Entre estos ( pocos n, la inclusion de Agrelo era segura, como
do 61 hablaba el 3o de julio, al decir A Echevarria : ( EstA inter-
ceplada toda correspondencia y ni impresos nos dejan... Pero
punto en boca, porque estamos entire unos pillos que juegan a
dos manos, y alguno de ellos, tengo creido que describe a la
Junta hacienda un papel, y por acA arriba hace otro.
Alas si se dudara sobre el blanco A que apuntaban estos tiros,
sin direcci6n aparente, todo lo aclararia el double y formidable
a impact del 8 de agosto :
( Poco se me dA tronaba de los insultos, amenazas y odio
que me ha declarado el Politico de Potosi (don Francisco de
Paula Sanz), desde que ha sabido por un Picaro chismoso, in-
digno de llamarse Portefio, que la Junta me dirigi6 los im-
presos y oficio... ) Y seguia echando llamas : a Este Agrelito,
titiritero politico, que no s6 lo que le habrA dicho de mi, tubo
olicio en que le dice : Recoja Vd. inmediatamente del poder de ese
Hevia, los impresos y oficio que le mand6 la Junta... (2).
Al 61timo, su ensafiamiento debia entristecer al corresponsal,
y como adivinAndolo, enfundaba el arcabuz, y parAndose A con-
templar sus angustiosas instancias de tantos afios, sus solicitu-
des indtiles, sus clamores al virrey, al Consulado, A Vieytes, A
Echevarria, terminaba melanc61licamente, y luego, lleno de es-
pcranzas : a Si Ilevia hubiera sido mirado con otra considera-
clon, no tendria la causa just una mas fuerte barrera que oponer
a las perversas tentativas de los emperadores peruanos... (!).
No obstante, yo liar6 mi deber en la part que pueda : venfuan
los que V. anuncia (la expedici6n libertadora) y acaso engro-
saremos su n6mero con 200 hombres qiue se aquartelan aqui, y
esltn mui bien instruidos de sus verdaderos intereses. a


(1) VWasc Archivo general deo la Nci6n : iSio. Tupiza. Documinnto nuimero 2, in6dilo,
en cuya cartitula dice: o Tupiza Julio 5/i8io. Don Gabriel Antonio do Evia v Pando
Acusa recibo de impress quoe l reimiti6 la Junta y manifiesta so adhisi6n al objeto a
que se dirigen, sobre que trabaja ineesantcmcente. Contestado en 1i 'do Septiemnbrc.
(2) Papeles inldilts del doctor Echevarria, cit.
ART. ORIG. xxxtl











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Lo mas notable, A pesar de la sonada fraseologia, es que
Hevia no tenia un concept americano de la revoluci6n. Para
B1, como para muchos espafioles que con ella simpatizaban, la
revoluci6n apenas consistia en un cambio de autoridades : nada
tan lejos de sus intenciones como la independencia. Atenidos,
por lo demas, a la letra de los documents de la Junta, que des-
bordaban fidelidad al (( amado ) Fernando, eran numerosos los
hijos de la madre patria, que adn siendo liberals como Hevia,
carecian de la amplitud de miras y de la elevaci6n de sus com-
patriotas, Larrea, Matheu o Ruiz Huidobro, cuyo humanitarismo
politico se alzaba sobre las preocupaciones, y juzgaba sin aca-
loramiento la imprudencia criolla que se burlaba del ( chape-
t6n y miraba con odio al ( godo ). Asi, nuestro hombre, en
la ya citada carta, despues de ponderar su adhesi6n al gobierno
de Buenos Aires, el ardor de su propaganda y los efectos deci-
sivos de su denuncia (( de cierta p61vora y plomo que Ilevaba
un tal Reyna al ej6rcito de C6rdoba n, exclamaba : ( Todos es-
tos servicios pudieran ser para echarme un cordel al pescuezo,
si, como dicen, el intent de la Junta es acabar con los sarra-
cenos.)) Y mAs adelante, aludiendo A las 6rdenes de destierro
impartidas en Salta, agregaba : ( Sobre las sospechas que abri-
gan estas gentes... de que la Junta aspira al exterminio, o quan-
do menos a la ruyna political de los europeos, es (sic) el hab'r
conferido el gobierno de Salta al Dr. Chiclana, de que todos
estan escandalizados... Estd muy vdlida la especie--seguia-
de que han meditado los Porteifos la independencia. En razon
a esto se han visto various an6nimos, que tambien pudieran ser
parts de algunos enemigos de la Junta, pero quando les
hago esta reflexion me responded : d Y porque no obedece la
Junta al Consejo Regente constandole que esta reconocido por
la nacion P... d Qu6 opondria Vd. compare, a este cargo y
a otros various a que mis cortos alcances no pueden res-
ponder ? )
Algo despues, como si los ( cortos alcances ) se ensancharan,
decia intr6pidamente : (( En fin, compare, si ya fuese el intent
destronar estos despotas gobernadores provinciales que ifuul-
mente oprimen a Europeos y Criollos; si para siempre se supri-
miesen los gobiernos particulares, es decir, el mando absolute











LA INICIACION IEVOLUCIONARIA


de un solo hombre en toda una provincia, de que y por la dura-
ci6in del Mando y tolerancia de los Ministerios se siguen los
males que experimentamos; si se tratara de dispensar los em-
pleos y honors con igualdad entire ultramarinos y naturales, y
de unos y otros, entire los benemdritos, sobre lo que tanto he
clamado desde que puse los pies en la Am6rica; si finalmente
se pensara en dar un nuevo aspect a la errada political del Ga-
vinele espanol para con sus Amnricas, etc., etc., se haria lo
nnismo que yo apetezco, sobre lo que escribo y los inedios (sic)
de que el comercio libre nos enrriquezca en razdn d que posee-
mos otros tantos millones en materials primeras exportables como
la Inglaterra y aun toda la Europa nos pueden importer. Y Y
afirmandose en el terreno mAs c6modo para sus aspavientos lite-
rarios, seguia : (( No poco tengo escrito sobre esto con la his-
toria natural de todas las producciones vendibles de la natura-
leza en unos Discursos que se llaman, si la de mi vida triste y
abatida no se acaba antes, Jornadas americanas politico-econ6-
micas y morales. Las 24 horas peruanas... ( (i).
Meses andando (diciembre 15), a los 22 dias de la victoria
de Suipacha, volvia i la carga : ( Puede ser patriota aunque
sea americano el hombre de pensamientos baxos ? preguntaba.
-- El m6rito del hombre esta en haber nacido aqui o alli ?
i Que puerta tan franca abren tales hombres a las sospechas que
los europeos abrigan de que la Junta oculta mAximas extermi-
nadoras contra todo espafiol europeo! Yo pienso de otro modo :
estoi en todo principio, y estoi tambi6n por observacion, en que
son muchos los criollos que inspiran con sus hechos y palabras
odio y desconfianza en los Europeos... ) Y personalizAndose con
el portador de la bandera ganada en la gloriosa acci6n, clamaba
irritado : d Que diria V. de un don Roque Tollo, A quien con
Balbastro hosped6 en mi casa, con el mayor carifio, al ver-
le, como le vi... dar un bofeton en la cara A una estampp
de Fernando 7, y Ilamarlo picaro, bobo, tirano, y que
por 61 estaban ellos en misera suerte Otros pisaron la es-
carapela sigue con el retrato del Rey, otros cantando,
quo muera el Rey Fernando, viva Napole6n, otros diciendo A


(i) Id., id., carta de agosto 30 de i8to.












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los Indios que ya se llevaron los Demonios a Fernando el bar-
baro ), etc., etc. (I).


Pero si grande, como se estA viendo, era la amargura que en
su coraz6n hispano provocaron estas manifestaciones, sin duda
imprudentes, de los j6venes 6 impetuosos oficiales portefios, des-
pu6s de Suipacha, much mayor fu6 antes, en la 6poca que des-
cribimos (agosto), su aversion y su desprecio al (( politico de
Potosi)) (Sanz); al (( Poncio Pilatos de Chuquisaca ), que en-
viaba gente (( al mando de un C6rdoba marino ); al ( Excmo.
Sordo ) (don Indalecio GonzAlez de Socasa) y sus ((indalecia-
nos ), (( una manada de carneros como 61 decia que ascien-
de al nhmero de ooo ) (2).
Por lo mismo, desde que la Junta le anunci6 el arribo de las
tropas de Buenos Aires, puso en ellas todas sus esperanzas. (( De
los que vienen de esa nada sabemos escribia el 30 de agosto
Mi compare Alberti y yo tenemos determinado salir hasta la
Quiaca a encontrarlos... ) (3).
AcercAbase, en efecto, precedido por los vitores y aclama-
ciones de los pueblos, el gallardo ej6rcito de Ocampo y de Bal-
carce, en el que cifraba su redenci6n la mitad de Am6rica, y,
sobre todo, aquella triste zona del virreinato, tan duramente
oprimida, hasta el heroico sacudimiento de Tupac Amar6, por
la firrea mano del despotismo... Alboreaba Suipacha.
Pero no nos adelantemos.
El i de octubre, A las 4 de la tarde, entr6 en Tupiza la
primera division de la vanguardia. El parte (inedito) del general
Balcarce, fechado el 16, refiere que A la sola noticia de su apro-
ximaci6n, levant6 precipitadamente su campamento el capitAn
de fragata don Jos6 de C6rdoba, y se retir6 A las alturas de
Santiago de Cotagaita, adonde le hubiera perseguido, si, entire


(i) Batalla de Suipacha. Parte de Castelli : Archivo general do la Naci6n. Partes ofi-
ciales ,' documenlos relalivos d la guerra de la independencia argentina, puhlicaci6n official,
tomo I. /6i. Carta in6dita de don Gabriel Antonio de Hevia v Pando al doctor V. A.
de Echevarria. Tupiza, diciembre 15 de S8ro.
(2) Id., id., agosto 3o.
(3) Id., id.,













LA INICIACjIN REVOLUCIONARIA


otros inconveniences, no hubiera tropezado con el grave 6 insu-
perable de la falta de caballerias (i).
Por qu6 ? c Qu6 habian hecho las autoridades patri6ticas de
la provincia ? Qu6 habia hecho el doctor Agrelo para remediar
esta situaci6n que debia conocer como el que mAs ?
Es muy sugerente el hecho de que, mientras el oficio del
general Balcarce abunda en concepts elogiosos para el Cabildo
de Tarija, que envi6 6oo hombres; y, mientras sefiala A la con-
sideraci6n de la Junta el ejemplo de don Eustaquio Moldes, A
quien confiri6 el grado de capitin por ( sus pruebas calificadas
de patriotism, contribuyendo dice el document con quan-
los esfuerzos le han sido posibles a proporcionarme auxilios,
vini6ndose incorporado desde aquella ciudad (Salta) i las tropas
de mi cargo con el designio de servir en qualquiera destine que
so le conceptuase htil ); es muy sugerente, digo, que para nada
mencione al subdelegado de Tupiza, ni la cooperation que 164i-
camente debi6 prestarle lo que no ha impedido insinuar lo con-
trario A un historiador argentino, basindose asi se describe la
historia en la autoridad del acre y repulsive Torrente, con-
vertido para el caso, sin haberlo sospechado nunca, en sustenta-
dor de m6ritos patri6ticos (2).
Este significativo silencio de Balcarce nos llevaria como de
la mano 6 sostener la tesis de Hevia : Agrelo, por aquellos dias,
era un enemigo de la causa revolucionaria. Sin embargo, tal


(1) He aqui cl titulo de este documento (nfim. 7), inidilo, del Arclivo general de la
Naci6n : ( Tupiza, Octubre 16 do 18jo. El Sr. Dn. Antonio Balcarce. Da part de ha-
bcrse retirado las tropas de Tupiza, de haberse reunido a las suvas algunas de Tarija con
otras ocurrencias de importancia ,. V6ase, CAiiANZA, cit., 1, 235.
(2) BERNARDO FniAS, Ilisloria del general Martin Giiemes y de la provincia de Stila de
1810 d 1832, II, 95, ademmis de dccir que (( a opinion doc Clicbas) estaba inclinada a'
la nueva causa, mercecd A los trabajos que en tal sentido habia echo el doctor Agrelo)),
llama ii este ( alcalde del lugar n, citando a MAsIAnno ToRRsIENT: ,Ilisloria de la revolucida
hlspano-amnericcna, Madrid, 1829, I, 83, quien, sin embargo, con today propiedad. cali-
lica A Agrelo de a subdelegado inlerino ), si bien. una line mins adclante, obedeciendo
i fatalidades de su temperament, agrega que don Pedro Jos6 ... estaba i a vendido i los
argentinos) De paso, no estari denAis decir quo el doctor Frias (11, 10o) discu-
rre excesivamento para demostrar, contra el parecer do algunos historiadores, que los
tarijefios no se incorporaron al ej6rcito la vispera de la acci6n de Suipacha, sino inucho
antes. Para saber que, en efecto, la incorporaci6n tuvo lugar en octubre, es decir, con
anterioridad de casi un mes A la famosa batalla, bastaba conocer cl documcnto cilado en
la nota anterior, 6 el Archive de Carranza.












IREVISTA DE LA UNIVERSIDAD


juicio seria precipitado. Existe en el Archivo general de la
Naci6n un document -in6dito, como la mayoria de los que
he utilizado para redactar este trabajo- que esclarece y, en
cierto modo, reivindica la memorial de tan ilustre figure national.
Tal document es el bando del 16 de octubre, firmado por
Agrelo, el que ademis de reconocer el legitimo gobierno de la
Junta y de separar la provincia de la jurisdicci6n de Potosi,
en lo politico, y de la de Charcas en lo judicial, (( interin nues-
tras armas lleguen a ocupar aquella Villa ,, transcribe las pena-
lidades dictadas por la misma Junta en julio y agosto, sobre
confiscaci6n de bienes de los que se ausentaran, y arcabucea-
miento, sin forma de process, de los sediciosos, todo en el
lenguaje levantado y patri6tico que era de esperarse, para ter-
minar (el oficio que lo acompaiiaba) comunicando la celebraci6n
de una misa solemne por la feliz Ilegada del ej6rcito; y sus
pfopios donativos, de 3oo pesos el uno, destinado a los soldados
de la vanguardia, y de 200 el otro, dirigido A la Junta y (( los
objetos mAs interesantes que ocurran en el superior concept
de V. E. n, segun decia (i).
( Qui6n creeria que por toda respuesta A estas manifestacio-
nes de la mas cumplida adhesi6n, el gobierno de la capital ha-
bria de responder el I3 de noviembre con el retumbante decreto
siguiente : (( Expidase orden al representante de la Junta y Go-
vernador de Potosi y que en el moment de recivirla pasen de
la subdelegaci6n al Dr. don Pedro Jos6 Agrelo intimandole se


(I) Por una coincidencia que conviene senalar, tanto cste document, como el ya citado
de Balcarce, y el que de 6ste se citar t m;is adelante. Ilevan todos la fecha de 6I de octu-
bre, la que solo indica la salida del correo, pues de un cotejo niinucioso result que, en
realidad, fueron escrilos entire el 1 y el IG. Los tres son in6ditos y se hallan en el Ar-
chivo general de la Naci6n. Al que nos ocupa ahora (doc. nm. 9) y que Ileva por titulo
( Tupiza, Octubre 16 de 181o. Dr. Dn. Pedro Jose de Agrelo. Donativo. Avisa de haver
llegado alli el i la i" Divisi6n del Egircito Auxiliador, las disposiciones que ha torado
y de los 5oo p". que ha oblado) lo acomipaian seis escritos, cl primero de los cuales es
el Bando referido; los nimeros 2 v 3, circulars a~ los alcaldes v vicarios : el 4 la or-
den de celebrar una misa solemne impartida al cura intcrino de Tupiza. don Pedro
Cris6logo Vidaurre ; el 5' la copia de un oficio de explicaciones al general Balcarce, que
terminal con la invitaci6n a concurrir con sus oficiales i la misa y el 6, copia de otro,
tambi6n dirigido al general, poniendo i su disposici6n los 3oo pesos ofrecidos el r para
los soldados de la vanguardia, y comunicando que acababa de library a la orden de la
Junta los 2oo. tambi6n anunciados anteriormente.












LA INICIACION REVOLUCIONARIA


present al Governador de C6rdova y coloquen interinamente en
aquel destino a D. Gabriel Hebia y Pando vecino de Tupiza,
sin que se suspend la execuci6n de esta Providencia por ninguna
causa, motivo o pretexto ) ? (i).
( Qui6n creeria que la misma Junta, en igual fecha, respon-
diendo a un oficio del general en jefe, ratificaria su actitud,
calificando de (( criminal a la conduct del doctor Agrelo ?
C QuB habia sucedido P? QuB denuncias habia formulado el
general Balcarce ? C6mo puede entenderse que el mismo Mo-
reno, que conoci6 el decreto y la nota referidos, celebrara des-
pues, ( con gran risa ) al decir de Agrelo en su Autobio-
grafia el que se le hubiera mirado como enemigo ? (2).
Dejemos por el moment A un lado las acusaciones del jefe
de las tropas. Otro testimonio official y varias piezas de la co-
rrespondencia de Hevia y sus afines, quizA nos pongan en el
sendero de la verdad.

Entre los sorprendentes habitantes de Tupiza, existia, mis 6
menos desde la 6poca en que (( el boticario ) se estableci6, un
hermano del vocal de la Junta, don Manuel Alberti. Este Al-
berti, Isidoro por su nombre de pila, ((el compare Alberti)
de don Gabriel Antonio, hasta 18Io, llev6 una vida obscura en
lo pdblico, y, en lo privado, de escasa comunicaci6n con los
suyos, como lo demostraria, entire otras cosas, el hecho de que
don Manuel no lo t.uviera para nada en cuenta al tratarse de re-
mitir a Tupiza los bandos y proclamas del movimiento del 25.
Sin embargo, en cuanto se informa de la revoluci6n, no s6lo se
plega a ella con entusiasmo, mereciendo amplios elogios de la
Junta, de Castelli, de Balcarce, de Pueyrred6n (A quien secund6
mas tarde para salvar los tesoros de Potosi), y del mismo Agrelo;
sino que al punto inicia, de consorcio con Hevia, una active
correspondencia con su hermano, y luego, con el president Saa-
vedra en derechura, para instruirles de todos los movimientos
y maniobras del enemigo (3).

(i) Este decreto se halla en la carnitula del mismo document citado en la nota anterior
(2) Op. cit., 227.
(3) El docnmento nmis notable de esta correspondencia es el caratulado: Tupiza,













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Sabemos ya que, en agosto, anunciaba Hevia su proyecto de
dirigirse a la Quiaca, con (( el compare Alberti ), para reci-
bir al general Balcarce. Pero hasta octubre, y en Yavi segil
el oficio de Alberti A la Junta, fechado el 16 -no pudieron
reunirsele. Alli comunic6 aqu(l al jefe del ej6rcito noticias may
importantes sobre las fuerzas de don Jose de C6rdoba, sus ten-
dencias a la deserci6n, el levantamiento de Cochabamba, los
puntos d6biles del adversario, su armamento, numero de tro-
pas, etc., agregando en el oficio A Saavedra que algunas de eslas
noticias, (( en las riesgosas oportunidades que se habian presen-
tado ), fueron participadas (( a V. E. y a los Generales... por el
conduct de D. Gabriel de Hevia ) (i).
Ni una linea de Agrelo. Por que, si lo consideraba ene-
migo, no lo dice expresamente ? ( Por que, si no lo consideraba
tal, omite su nombre ? Realmente sobran razones para career
en la sinceridad de las siguientes palabras del propio doctor
Agrelo, en el oficio de los donativos : ( Yo espero exclama -
que V. E. se servird admitir estas cortisimas demostraciones de
mi patriotism como un testimonio positive de que el actual
subdelegado de Chichas, solamente oprimido, y justamente re-
celoso de experimental sin fruto los atropellamientos con que

Octubre i6/18to. Dn. Isidoro Alberti. Despuds de las nolicias que ha coimunicado por
conduct de su hermano Dr. Dn. Maximiliano Alberti acerca de las tropas rcvoluciona-
rias del Peru participa si fuga vcrgonzosa, las lavorables disposiciones de Cochavamba,
y que el numero de los opositores asciende a mil y cien homhres ). A lo quo so contest
el 13 de noviembre : ( La Junta ha resuelto se le den a Vni. las gracias por el noble
patriotisino que ha manifestado, y noticias que comunica en su oficio do 16 de Oclubre
anterior *. (In6dito del Archivo general de la Naci6n. Tupiza, i810. Doc. niin. 4). En
cuanto 6 la opinion de Castelli, vease su oficio de to de noviemnbre a la Junta pidiendo
con insistencia el nombramiento de Allerti para subdelegado de Cinti, y la respuesta
favorable de aquella, fechada el 7 del nes siguiente (ADoLIo P. CARRANZA, Archivo gene-
ral de la Bepublica Arentina, 11, 17 y ~8). Pucyrred6n dijo de l : a con in fusil en la
inano no ha tenido que envidiar a los bravos n ; y Iuego: a on la acci6n de San Juan...
cl subdelcgado de Cinti, 1). Isidoro Alberti, se port con un encarnisamniento y empeio
envidiables o (n Documentos sobre la relirada del ejercito patriola, desde la ciudad de Po-
tosi conduciendo los caudales de la Casa do Moneda, despues dcl desastre de Iluaquin, on
lluslracidn Iisldrica argentina, de septiembre i" de 1o)9, afo II, ninm. o1, pAg. 2 o y 2411).
- Finalnente, cl doctor Agrelo termina su ya citado olicio de los donativos con oesas
palabras: ( D. Isidoro Alberti (es) uno de los pocos sujetos de quien podia conliarme
en estos dosiertos y ... ha pasado iguales riesgos a los mios por las solas sospechas que
on ello fundaba la relaci6n de hermano del Sr. Dr. Dn. Manuel Alberti. o
(i) Documento in6dito ntimcoro h citado.












LA NICICIIOA)N IIEVOLUCIONAIIA


(ha estado amalacdo, era capaz de haver suspendido declararse
ltslt la presence en que constiluido en el pleno qoce de sus
derechos... ESTA DISPUESTO A SOSTENER LA SAGIR DA CAUSA DE
.. PATRIA... como lo ha hecho hasta aqui aunque de un modo
ilidirecto y oculto en quanto... lo han permitido las apuradas
circunstancias en que se ha visto. ) A mayor abundamiento, id6n-
ticos informed seghn 1e transmiti6 verbalmente al general
Balcarce, por intermedio de Alberti, quien, sin embargo, omite
si menci6n, como acabamos de ver.

Pero todo esto, que aparece mas 6 menos claro, en visperas
do acampar en Tupiza la expedici6n libertadora, se obscurece
luego de un modo afligente. El Animo se confunde; la fe que,
a pesar de todo, ha sostenido al investigator, se debilita en pre-
sencia de tantas demostraciones como acumul6, sino el odio,
la punzante antipatia, al menos, que el nervioso y altivo abo-
gado sinti6 siempre zumbar en torno de 61, aun en los grades
dias do sus mayors triunfos (I).
En primer tlrmino, existe el hecho de su prisi6n, hecho mis-
terioso, del que no vi durante algin tiempo, mAs rastros de ori-
gen official, que las vagas alusiones del oficio do los donativos.
Despu6s hall el part del general Balcarce.
C C6mo se produjo la detenci6n de Agrelo ? d CuAl fu6 posi-
I anmcntc su delito, 6 que apariencias antipatri6ticas determi-
naron la orden de arrest ?
En mi porfiada rebusca de datos, obtuve dos testimonies par-
ticulares : uno, el de don Jos6 Maria Larramendi, aquel official
patriot que, poco despuBs, en uni6n de don Matias Balbastro,
fanto so distingui6 en la batalla de Suipacha, seg6n los terminos
de su comunicaci6n A la Junta, publicada en La Gaceta del 28
de noviembre. El otro testimonio procede de Hevia.
Con una claridad cruel, bajo el seguro de la carta privada,
dice Larramendi a Echevarria el 16 de octubre :
SNadie estA content con Agrelo. Con nada nos aguard6;
ni con una poca de Leila, plata ni cosa que lo valga, y cuando lo
prendlid el comanannte ce la avanzada estaba con caballo ensi-


(i) Liw:zi, llistori arrentina, IV, 3/13. \ ase lo quc dejo dicho cn la nola primer.












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llado para tomar hacia el norte, con anticipaci6n de que mand6
todo pa Cotagaita, y solo su bulto se encontr6 : todo alega por
la fuerza que le hizieron; pero 61, qe es Doctor, bien pudo dis-
poner, 6 esconder algo p, nosotros como lo hizo el Marqu6s
y han hecho Montellano y otros... ) (i).
Hevia es todavia mAs contundente, como cuadraba al despia-
dado rival de la subdelegaci6n : ( El bueno de Agrelo dice
-s6lo pens6 en huir; se le arrest, se le puso en libertad, sin
hacerle cargos, y, por l6timo... logr6 escapar... ) (2).
Y legamos, finalmente, A la aplastadora denuncia del general
Balcarce, A la frase tremenda, en cuya ingenua sintaxis, me pa-
reci6 que definitivamente se ahogaba el cr6dito del doctor Agrelo.
(( El subdelegado de este partido dice en el tiempo que
ha permanecido en esta Villa el Quartel general enemigo, ha
proporcionado puntualmente A sus Comandantes quanto han
solicitado, castigando A various vecinos que se escusaban A fran-
quear lo que aquellos exigian; por nuestra parte no se le ha
merecido la menor noticia, y al lebantar los enemigos su Quar-
tel, despach6 por la misma direcci6n que este llebaba su familiar
y equipaje, estando dl con la mula aparejada para marcharse
quando entraron mis abanzadas y le sorprendieron ) (3).
A pesar de que esta urgente literature no permit abrigar la
menor sospecha sobre la honrada convicci6n del general, mal
hariamos en aceptarla sin anAlisis. El campamento de la expe-
dici6n libertadora, por aquellos dias, debi6 ofrecer un espec-


(i) Papeles de Echevarria, ineditos, existentes en el archivo del sefor Juan Canter,
quien, con una gcntileza que obliga profundamente mi gratitud, me los ha facilitado.
El c( Marqu6s era cl marques de Yavi. Montellano, un vecino antiguo de Tupiza (V.
Don Ballasar de Arandia, del autor).
(2) fd., id., carta de Hevia. Tupiza, octubre 28 de 18io.
(3) Ya qued6 serialada en una nota anterior, la coincidencia de la fecha del 16 de octubre
en todos estos documents. El parte del general Balcarce a que me refiero ahora, aunque
en el Caldlogo de Trelles leva el nuimero 5, evidentemente ha sido escrito horas despu6s
del sefialado bajo el nitmero 7, cuyo titulo se indic6 en la nota 17. He aqui la leyenda
de la primer hoja : ( Octubre iG de 18to. D. Antonio Balcarce manifiesta la convenien-
cia de separar al subdolegado Agrelo por la conduct que observe mientras existian las
tropas enemigas en Tupiza, y avisa va Ai ordenar el embargo de los bienes dejados por
el cura que huyd con los insurgentes ). En so respuesta del 13 de noviembre, la Junta
aprobo la idea de la separaci6n y dijo que la conduct del subdelegado habia sido ( cri-
minal (Arclivo general de la Naci6n. Tupiza, i81o. Inddito).











LA INICIACi)0N REVOLUCIONARIA ()5

ticulo extraordinario : A los cuatro rumbos, en inn6meras ca-
ravanas de mulas escuAlidas y de ruines caballejos, brotarian
patriolas y no patriots. Entusiastas y pintorescos, la variedad
do sus trajes, lo extrafio de su idioma, lo primitive de sus ideas
y hasta el color de su piel, asombraria A los portefios, vi6ndoles
vagar en torno de los centinelas, 6 agruparse en el estado mayor,
inquiriendo, atisbando, ofreciendo la vida y tambi6n quitan-
dola, A punta de lengua, con la denuncia del enemigo y la de-
laci6n del pr6jimo antipatico. FAcilmente se percibe, en la carpa
del general, la silueta del radiant (( boticario ), seguro -- al
fin! de que esta vez no se le escapaba la subdelegacibn. A su
lado, Alberti callaria... Toda el hambre atrasada, todos los deli-
rios de su mente fam6lica, todo el odio en que hervia contra
Agrelo, saldria A borbotones, en vocablos como ascuas, de su
boca amargada; y penetraria el alma sin doblez del general,
arrastrandole a admitir los mayores horrores del mandatario
hip6crita, del portefio traidor, s61o digno de la destituci6n, del
(( arcabuceamiento ), quizA... El tremendo ((boticario ) se sal-
dria con la suya. Goya no habria desdefiado la escena. El recipe
valia un (( Grotesco )...
No caigamos nosotros en la sugesti6n, y escuchemos al doctor
Agrelo. ( Qui6n nos impide aceptar como vilidas sus explica-
ciones ? ( Por qu6 no hemos de dar cr6dito l las palabras de su
oficio de los donativos ? P Qu6 cosa mAs natural que bajo el es-
pionaje de ( los de arriba -la gente de C6rdoba, de Nieto, de
Sanz careciera el subdelegado de medios para exteriorizar su
amnor A la causa patri6tica ? Afirma el general Balcarce, alega
Larramendi, y aleg6 Hevia, por supuesto, que nada previ6, que
nada dispuso, ni viveres, ni caballadas, ni auxilios de ninguna
especie para recibir al ej6rcito en el pais desolado que atravesaba.
Pero la pasi6n, sin duda, obscurecia el juicio de los denuncian-
tes. d De d6nde iba A extraer los decantados recursos ? Y ain en
el supuesto de que los hubiera habido, j c6mo reunirlos sin exci-
tar las sospechas de los espafioles que lo tenian bajo su garra ?
El cargo le ataba las manos. A no medlar la subdelegaci6n, A
hallarse libre, como Hevia o como Alberti, su actitud habria sido
otra : el drama no existiria.
Con todo, lo verdaderamente grave de la acusaci6n, os el pro-












IIEVISTA DE LA UNIVERSIDAD


yecto de fuga : aquello de estar pronto, (( con la mula apare-
jada ), para huir en direcci6n al norte, es decir, al baluarte
de los enemigos. Pero aqui tambi6n se advierte la sugesti6n de
las apariencias. El jefe de la avanzada vi6 la escena; la inter-
pret6 a su modo, y, sin pararse en distingos, arrest al subde-
legado, conduci6ndole A presencia del general, quien dato im-
portante orden6 su libertad. Por qu6 ? Porque no hall m6-
rito para su prisi6n, seguramente, 6, como dice el mismo Bal-
carce en el oficio ya comentado : ( En vista de los antecedentes
libiera... dispuesto su separaci6n y aun procedido contra su
Persona y bienes; pero he conceptuado... mcis oportuno... no
hacer la nuis minima novedad en el particular y exercitar el
Patriotismo que ahora desplega a favor de nuestra causa, para
los auxilios que me son indispensables en este partido. )
iNo hubo delito, pues! A lo sumo, fugazmente, existi6 una
presunci6n.
Se comprende, no obstante, que los oficiales de la vanguardia
persistieran en la acusaci6n. Ellos habian visto. La idea de la
fuga quedaria flotando... En los corrillos del campamento, en
torno de los fogones, en que Hevia tendria la palabra, nadie
ocultaria su desprecio hacia quien, en definitive, mas que de la
suerte de los soldados, se preocup6 de salvarse A si mismo. Los
donativos se atribuirian al temor, y los comentarios iracundos
caldearian los Animos, comparando esa conduct con la de aque-
Ilos que todo lo dieron, sin medir el sacrificio, sin esperar re-
compensa, desde el s6rdido <( real ,, ahorrado con infinito tra-
bajo, hasta la propia vida, ofrendada con heroica fe A la causa
de la patria...
( Nuestro Hevia describe desde Salta al doctor Echevarria
el senior don Manuel de Ogeda ha dado las mayores pruebas
de patriotism; pues, con su cufiado escribi6 a este nuevo go-
bernador (Chiclana) dando raz6n... de las Tropas que habia
en Tupiza, su armamento, equipages y disposiciones... como
que alli se desahogaban, por ser la Anica casa del pueblo... en
que toda la oficialidad Peruana, por gastar de marcialidad, se
descubria para con las niiias ) (I).


(i) Papeles de Echevarria citados. Carta de ocubre 21 de i8xo.












LA INICIACION IIEVOLUCIONAIB A )

Este capitulo de las ( nifias no debi6 ser despreciable. Por
una sonrisa de a la divina Aurelia como despues Ilanaba
Balbastro a la primog6nita de don Gabriel mis de un oficia-
lillo patriota se habria hecho matar (i). Tambien los espaioles,
A fuer de galantes, y hasta por contrario hartazgo de bellezas
agrestes, se postrarian de hinojos ante a la divina cayendo
en la locura de deslizar entire las amorosas bravatas, el dalo
comprometedor, escuchado con avidez y transinitido sin dilaci6n
A los libertadores.
Al respect, el mismo Hevia nos ha dejado preciosas noticias.
Doliendose, en diciembre, de que la Junta le nombrara, no go-
bernante propietario, como deseaba, sino interino, decia a su
corresponsal :
a d Qui6n inspire a lodo Chichas amor y obediencia a la Jun-
ta; qui6n en medio de mil ojos que observaban la cosa mais
minima, luro arte para servirse de los inisinos oficiales que an-
daban ulrededor de Cdrdoba y del Sordo (GonzAlez de Socasa),
por cuio medio hasta los pensanientos se les adivinaban? Yo
- exclama orgulloso yo con la pluma les hice la guerra mas
cruda que se puede imaginary : desatinaban sin powder compren-
der c6mo se sabia en Salta, y en nuestro ex6rcito quanto aqui
hacian, quanto meditaban, todos sus movimientos, etc., etc. Siete
chasques hice a Salta, a Jujuy, a Yavi, y al camino, quando
las avanzadas, las partidas de guerrilla, las patrullas, quando
parecia impossible que ni un pAxaro escaparia volando... Poco
antes habia dicho : a No obstante ciertos acontecimientos que
me hicieron desviar unos dias del trato con el Mayor General,
no por esto ces6 mi obsequio y hospitalidad para con un sujeto
tan digno y lo mismo he practicado con toda la oficialidad.
Todo y mis merecian unos hombres a quienes naturalmente he
amado siempre y ahora me obligaban mAs al considerarlos pa-
sando trabajos por tierras desconocidas para darnos la felicidad
y la liberlad que afios hace nos tiene arrebatada la ambici6n, la
codicia y el despotismo. ) Mas tarde exclamaba : a Me hallo
con los mayores trabajos, encargado de todo lo que estaba a


(1) Id., id. P. S. en ]a carla de Larramendi A Eclihcarria, citada. (Archivo del Sr.
Juan CAnter.)













REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


costillas de Pueyrred6n, recibimiento de Tropas, despachos, bas-
timentos y todos los diablos que se carguen con los Picaros de
arriba que nos pusieron en apuros... ) (i).
Tentado me sentia, al leer tales expresiones, de atribuir A
jactancia sus sonados servicios. DespuBs de todo, Hevia se eclip-
sa para siempre en nuestra historic hacia i815, y, segin lo deja
entrever una carta del comandante Olleros, de esa fecha, su
eclipse no se debi6 A la muerte, ni A los desengafios que A tantos
abatieron en el duro batallar de los primeros tiempos, sino, sim-
plemente, A la seducci6n de la causa espafiola y de Pezuela, cuyo
partido acab6 por abrazar (2).
Y, sin embargo, toda sospecha de jactancia debe desvanecerse
ante los documents que existen en el Archive de la Naci6n.
La Junta en septiembre de 18Io le da (( las devidas gracias
en nombre de la Patria por sus recomendables procedimienlos ,:
y los vecinos de Tupiza, en junio de 1811, con ardorosas pala-
bras, piden A la autoridad supreme, que mantenga en la subde-
legaci6n A don Gabriel Antonio de Hevia y Pando, (( porque -
dicen el active celo y acendrado patriotism de este Realengo
supera todas las dificultades ). Mayores elogios, todavia, hicie-
ron los eclesiAsticos de la provincia, al formular ante el presi-
dente Saavedra, id6ntica solicitud (3).
Cualquiera, pues, que posteriormente haya sido la conduct


(1) id., id. Cartas in6ditas de diciembre 15, octubre 28 y diciembre 3 de 18io res-
pectivamente.
(a) (( Nuestro Dn. Gabriel Hevia dice el entonces subteniente D. Juan Jos6 Olleros
al Dr. Echevarria, desde Potosi, el io de mayo de 1815 ha fugado con los enemigos,
seg6n se me noticid a la pasada o el dia que existimos en Tupiza, como tambien se me
asegur6 que su familiar no habia seguido su suerte por falla de cabalgadura. i Pobres
hombres y familiar de estos Pueblos, con particularidad el de Salta terminal filosdfica-
mente el subteniente que, dejados seducir de los alucinamientos de los incautos tira-
nos, siguen con todos sus esfuerzos su deprabado sistema y desordenada derrota 3! (Pa-
peles del Dr. V. A. de Echevarria cit.) V. TORRENTE, Op. cit., II, 131.
(3) El oficio de la Junta, de septiembre 4 de t81o, le fu6 dirigido en contestaci6n al
document numero 2, cilado en la nota i. Al cumplirse el primer aniversario del 25
de mayo, nuestro asturiano solemniz6 el acontecimiento con unas fiestas como jams se
habian visto en Tupiza, y enderez6 a la Junta, el 3o, una t sucinta Historia de la ce-
Icbridad que recuerda las famosas a Breves resefas ) 'de las proclamaciones de los
reeves en Ambrica, enviadas A la metr6poli per los cabildos coloniales. En junio, todavia
duraba la impresi6n A los tupicefos ; y como por afiadidura supieran que el grande
hombre habia dedicado ( a la Exma. Junta la obra de Mineralogia en dos tomos en 4-












LA INICIACION REVOLUCIONARIA


de Hevia, nadie, sin cometer injusticia, puede near al entu-
siasta ((boticario, de i810, la efectividad de sus m6ritos, que
obligaban-como dijo la Junta--el reconocimiento de la
patria.

AproximAbase, entretanto, la acci6n de Santiago de Cotagaita.
(( Los de Santiago escribia Hevia en visperas de la batalla
--tienen hoy 600o hombres de armas y 12 caiiones, 10 de a *,
y 2 de a 4. Otros aseguran que 4 de a 4 y 8 de a 2. Han afosado
todo el frente del pueblo de cerro a cerro por la parte del rio,
le han llenado de agua, y por la parte de adentro levantaron
una trinchera de tierra y adobe con troneras : han hecho minas
seguia, y v6ase en esto c6mo la historic se repite que las
tienen cargadas para volar a los nuestros, supongo que en aque-
llos parajes que concept6en han de acampar. Ellos se desem-
pefian con el mayor ardor y envian guerrillas por todas par-
tes ) (i).
Mas i pesar de que conocia en sus detalles el estado y com-
posici6n de las fuerzas enemigas, lejos de vislumbrar el triunfo,
pronosticaba la derrota : ( Repito agrega en la misma carta
- quo Tupiza es leal y obediente. Ahora afiado que hay muchos
traydores, pero estos son de capa y pantalon, y en ninguna
manera el Pueblo. El tiempo lo dirA, que los buenos Patriotas
en Tupiza, no Ilegan A uno y medio, pero todos blasonan de
tales, y el que lo es en realidad calla, porque v6 como van las
cosas... No siempre ni precisamente decir Portefio es decir Pa-
triota... )
En tocando A este punto, pierde la cabeza, y, sin sospechar
la contradicci6n, mAs y mAs amargado y enfatico, continue :


con 13 lAminas, que dedico al Consulado en 1806 ), apresurAronse todos A solicitar a
Castelli y d la Junta (( que se les continuase de subdelegado a D. Gabriel Antonio de
Ilevia n. Ya los eclesiAsticos. doctor don Julian de Ureta, don Jos6 Manuel Salguero.
don TomAs Montellar, don Manuel Ortiz de Aramayo, don Pedro Crisdlogo Vidaurre y
don Miguel Gregorio Velisquez, (, consultando el hien pdblico y puntual servicio de la
Patria n, habian pedido lo mismo el rues anterior. (Archivo general de la naci6n. Tupiza.
18io, Documentos indditos nuimeros 2, io, is y 13. Id. 181 I, id. do mayo 3o yjunio 3o).
(s) Curiosa carta al doctor Echevarria, fechada en ( Octubre de 181o o), dividida on
capitulos, y acompafiada de una ( Glosa de los capitulos de la adjunta ), que es sensible
no poder transcribir integramente, por las razones ya expuestas. (Papeles, etc., indd.. cit.).












III0VISTA DE LA UNIVEISIDAD


<( Se extrafia aqui sobremanera el que apenas tengamos una
noticia cierta de los arribefios Indalecianos atrincherados en
Santiago, y much mns el que aquellos sepan por horas quanto
pasa aqui, en donde permanece aun la vanguardia. A la verdad,
se han cambiado las suertes : antes sabian los nuestros hasta los
pensamientos de los de arriba porque andaba su compare entire
ellos, y los observaba, y ahora andan entire estos algunos que no
pierden ocasi6n de comunicar a los de Santiago quanto pasa,
pero estos como ellos dicen son acrisolados patriots, y en rea-
lidad no se oie otra cosa en sus bocas ni se deja de probar lo
contrario en sus palabras. Callar6 los nombres exclama fi-
nalmente, y la alusi6n ya para nosotros no tiene duda callar6
los nombres y aun debieran borrarse del catllogo de los por-
tefios... )
Agrelo, el odiado Agrelo, era siempre el blanco de sus denues-
tos. ( En orden a los patriots que nos vendian vocifera en
parrafo apart no dejar6 de decir que exceptuando mi com-
padre Alberti, todos los otros nos armaban lazo. )
El 17 de octubre, una partida patriota de 25 hombres, al
mando del teniente don Antonio Rodriguez, choc6 con otra de
i5o espafioles. Corri6 alguna sangre : los patriots perdieron
un soldado, que fu6 hecho prisionero, ( y los de all cuenta
Hlevia tuvieron un muerto y cinco heridos ) (i).
El 22, cerciorado el general de que C6rdoba, con 500 hom-
bres, se retiraba A Potosi, orden6 atacar el punto estrat6gico de
Caz6n, 6 pasar adelante, si efectivamente se habian replegado
los potosinos. Con su habitual desenfado critic, el insigne He-
via juzg6 asi la operaci6n : < Lleg6 el general Balcarce y rompi6
el fuego precipitadamente : no habia municiones, pero si mala
disposici6n, y de milagro no nos cortaron la retirada.
Y como enardecido por la frase, que tan vigorosamente ex-
presaba su resentimiento de hombre superior, al que nadie habia
pensado en consultar, seguia volcando el odre de su amargura
con cierto aire espantable y misterioso que prime :

(i) Id., id. WVase el parte del general Balcarce, fechado on Tupiza el 21 de octu-
bre, donde hace subir (r a ccrca de 2oo liombres los de la partida enemiga, y descen-
der Ai i los de la de Rodriguez, en Archivo general de la Repdblica Argentina, citado
I, 735, y II, 21.


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