Revista de la Universidad de Buenos Aires

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Material Information

Title:
Revista de la Universidad de Buenos Aires
Physical Description:
v. :ill. ;27 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Universidad de Buenos Aires
Publisher:
La Universidad,
Place of Publication:
Buenos Aires

Subjects

Genre:
serial   ( sobekcm )

Notes

General Note:
Description based on: t. 41, no. 142 (July/Sept. 1919) Series 1 in 2 parts: Artículos originales; Actos y documentos officiales Vols. for 1904-31 called also año 1-29 and no. 1-158; ser. 4, v. 3-13 (July 1948-53) called also ser. 4, no. 7-18, no. 337-52, and año 44-49.
General Note:
1924-25 in sections 1-8; 1926-31 in sections 3-8.
General Note:
Publication suspended Nov. 1931-June 1943.
General Note:
Text in Spanish with summaries in English and French. Vol. 1-51, 1904-23, in ser. 3, v. 1; ser. 4, v. 1-9, 1947-51, in ser. 4, v. 9 pt. 2. Section 1-2, 1924-25, superseded by the University's Archivos, v. 1, 1926. Universidad de Buenos Aires. Archivos de la Universidad de Buenos Aires (boletín informativo de la Revista de la universidad)

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Holding Location:
UF Latin American Collections
Rights Management:
All rights reserved by the source institution.
Resource Identifier:
aleph - 21176032
oclc - 01537609
System ID:
AA00013094:00017


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Full Text




























REVISTA DE LA UNIVERSIDAD

DE BUENOS AIRES


I I





Imprenta de Coni Hermanos, Perd 684








DE LA




UNIVERSIDAD


DE BUENOS AIRES


PUBLICADA POR ORDEN DEL CONSEJO SUPERIOR DE LA UNIVERSIDAD




SECRETARIO DE LA DIRECCION

D' MARIO A. RIVAROLA









Aio IX. Tomo XVII. Articulos originales












BUENOS AIRES
DIRECTION Y ADMINISTRATION
43o, VIAMONTE, 43o

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DE BUENOS AIRES







LOS STUDIOS QUIMICOS

EN LA REPUBLICAN ARGENTINA

(18io-1,9o)




A la memorial del doctor Cosme Argerich, pri-
mer professor de quimica en el Rio de la Plata.


INTRODUCCION


El origen de este trabajo habria que buscarlo en una invi-
taci6n hecha al autor por el eminente professor doctor Rodolfo
Rivarola en I909. Habiendo proyectado la Universidad de Bue-
nos Aires la redacci6n de una obra que estudiase la evoluci6n
del espiritu cientifico en la rep6blica, durante el primer siglo
de su vida libre, fu6 el doctor Rivarola quien traz6 el plan del
trabajo y eligi6 sus colaboradores: uno de 6stos, en las ciencias
fisicas, debi6 ser el autor del present studio por pedido espe-
cial del citado professor; y si la grandiosa obra, digno homenaje
de la primera universidad argentina al centenario de la naci6n
en cuyo seno vive, no se realize por razones de orden econ6mico,
no dej6 el proyecto de actuar como fermento en el espiritu del
presunto colaborador, despertando su curiosidad, incitdndolo i
buscar las raices del arbol que hoy comienza A florecer y & se-
guirlo en su desarrollo A trav6s de un siglo.
A poco de haberlo iniciado, el trabajo de investigaci6n se
mostr6 tan fecundo en ensefianzas que no fu6 necesario acicate







alguno para mantener el entusiasmo indispensable en empresas
como Asta, donde el provecho econ6mico es tan grande como
el renombre ganado y ambos iguales A cero. La lucha contra el
olvido,

Onde oi tout se noie

losa que implacable aplasta hombres y cosas, viento que borra
sobre la arena las huellas de lo bueno y de lo malo, sombra que
sumerge las luces mAs brillantes en las tinieblas mas densas, fu6
descubriendo los maestros que nos han precedido, los precursores
ignorados, los primeros rumbos abiertos; y comprendiendo que
los materials reunidos podian servir eficazmente A los investi-
gadores del pais y del extranjero, alentando A los que se inician
en las ciencias de la naturaleza y especialmente en las multiples
ramas de la quimica, el autor termin6 su program sin esfuerzo
alguno, contribuyendo con un capitulo incomplete, sin duda,
A la historic del espiritu cientifico en la Repdblica Argen-
tina.
Raz6n sobrada tiene el erudito professor Vicente G. Quesada (i)
al aconsejar A la generaci6n joven : ( estudiad la historic na-
cional, indagad sus detalles con verdadero amor, y recorded que
tambi6n se sirve A la patria trabajando en los archives y biblio-
tecas ); el present nos ocupa demasiado y el porvenir poco 6
nada, y es indiscutible que si el hoy se amasa con el ayer, el
mafiana tiene en uno y otro sus races y de ellos se nutre. No
creo exagerar si digo que nuestra ignorancia del pasado iguala
si no supera al desconocimiento de nuestro present por parte
del extranjero : los juicios prematuros, categ6ricos y severos
casi siempre que he escuchado respect de los hombres que nos
han precedido, sin que el critic meditase sobre el medio en
que actuaron, olvidando ademis que un espiritu tiene muchas
facetas, son tan err6neos como las opinions difundidas en los
circulos intelectuales de Europa acerca del estado actual de nues-
tra actividad cientifica. Y estas paginas estAn destinadas A des-


(I) VICENTE G. QUESADA, La vida intellectual en la Amirica espaiola, en REVISTA DE LA
UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES, XI, 534. Buenos Aires, 19og.


I--VIRTA IE I. TMIV7ruarnAn




OUiMICOS EN LA REPIUBLICA A


truir esos errors, poniendo de relieve la actuaci6n de muchos
hombres modestos y abnegados, en cuya obra no deberA verse
tan solo la cantidad de la producci6n registrada, sino tambi6n
la intensidad del esfuerzo, los m6viles que los guiaron, el desin-
ter6s en que se inspiraron, la escasez de medios de experimen-
taci6n y la labor que A veces una sola pagina represent, supe-
rior A la exigida por un volume entero en las condiciones ac-
tuales.
He reunido, catalogado y analizado todo lo publicado en la
Repdblica por argentinos y extranjeros y fuera del pais por ar-
gentinos, dentro de las ciencias quimicas. El examen de todos
estos trabajos constitute la primera parte de este studio que
he dividido en seis capitulos, dedicando el primero A los origenes
de los studios quimicos en Buenos Aires, el segundo A los pri-
meros ensayos en la ensefianza, en el laboratorio y en la indus-
tria, el tercero al desenvolvimiento de las universidades argen-
tinas despues de i853 y a su influencia sobre los citados es-
tudios, el cuarto A los profesores extranjeros y argentinos,
maestros de la generaci6n actual no abriendo juicios sino sobre
los desaparecidos 6 los que han abandonado la ensefianza y el
quinto al estado de las ciencias quimicas en 9go0. La segunda
parte estA formada por el repertorio mismo, ordenadas las fi-
chas por orden alfab6tico de autores y para cada autor en orden
cronol6gico, seguido de un indice alfab6tico de materials que
ha hecho con un desinter6s digno de elogio mi aventajada alum-
na sefiorita Maria Luisa Cobanera.
Es el primer trabajo que entire nosotros se dedica A historiar
la evoluci6n de un grupo de studios con un marco tan amplio,
pero no hay en 61 originalidad alguna de concepci6n 6 de fac-
tura : el professor doctor Angel Gallardo present al VIIo congress
international de zoologia en Boston una breve memorial (i) so-
bre los studios zool6gicos en la Repiblica Argentina que esta
inspirada en prop6sitos semejantes; el professor Dominguez (2)


(i) ANGEL GALLARDO, Les rtades zoologiques dans la RPpublique Argentine, en REVISTA DL
LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES, VIII, 2a. Buenos Aires, I9o7.
(2) JUAN A. DomiNGUEz, Datos sobre la hisloria de la botdnica en la Repdblica Argentina,
en Revista farmacutiea, XLV, i46-i5o. Buenos Aires, 9go5.





REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


ha hecho lo mismo para la botanica; y los doctors Kurtz (i), y
Pefia (2) han reunido la bibliografia de determinadas ciencias
en estos l6timos afios. Y antes,de ellos, GutiBrrez (3), Zinny (4),
Lamas, Mitre, Zeballos y los Navarro Viola (5), en trabajos
aislados 6 en publicaciones seriadas han reconocido (( que urgia
ya el tiempo de preparar' los elements para una bibliografia
national, complete en la media que sea dado, como la tienen las
mas cultas naciones de Europa (6). )
Todos han sido para mi models y fuentes de informaci6n
y solo lamento que en la segunda parte no haya podido apli-
carse el sistema bibliogrAfico decimal que entire nosotros viene
preconizando y difundiendo tan eficazmente el ingeniero Fede-
rico Birab6n, pues la indole de mi trabajo lo hacia sumamente
dificil; pero todas las fichas han sido redactadas de acuerdo
con las convenciones internacionales, de modo que serA muy
fAcil incorporarlas al tesoro acumulado en los archives de la
oficina bibliografica argentina.
Los trabajos registrados correspondent A las bibliotecas de la
Universidad national de La Plata, del Museo de La Plata, de
la Facultad de ciencias exactas, fisicas y naturales de Buenos
Aires, de la Facultad de ciencias m6dicas y del Museo national de
Buenos Aires, A los archives de las casas editors de Coni Her-
manos, Angel Estrada y Ca y Cabaut y Ca, y al material bi-
bliogrAfico' de mi propiedad particular. En todas parties he halla-


(i) FEDERICo KURTZ, Essai d'une bibliographies botanique de l'Argentine, en Boletin de
la Academia national de ciencias en Cdrdoba, XVI, 117 y siguientes. Buenos Aires, I9oo.
(2) DAVID PENA, Guia bibliogrdfica histdrica, en Estudios, V, 315-328. Buenos Aires,
1903.
(3) JUAN MARiA GUTIBRREZ, Catdlogo de los libros diddcticos que se han publicado 6 es-
erito en Buenos Aires desde el alo 1790 hasta el aFo 1867 inclusive, en Anales de la Uni-
versidad, II, 479 y siguientes. Buenos Aires, 1877-
(4) ANTONIO ZINNY, Bibliografia histdrica de las Provincias Unidas del Rio de la Plata
desde el aio 1780 d 1821. Buenos Aires, 1875. Efemeridografia argiromelropolitana hasta
la caida del gobierno de Rosas. Buenos Aires, 1869.
(5) ALBERTO NAVARRO VIOLA, Anuario bibliogrdfico argentino. Buenos Aires, 1880.
JoRGE NAVARRO VIOLA, Anuario de la prensa argentina. Buenos Aires, 1897. En este
anuario fueron colaboradores Eleodoro Lobos, Roberto J. Payr6, Carlos Correa Luna
y. Eduardo L. Holmberg.
(6) ALBERTO NAVARRO VIOLA, Anuario bibliogrdfico argentino. Buenos Aires, 1882.





OUIMICOS EN LA REPUBLICAN A


do la mis favorable acogida y gracias al concurso de todos he
podido consultar colecciones de revistas agotadas, incompletas
casi siempre en una sola biblioteca, desaparecidas y olvidadas
algunas, aunque de much importancia para mis fines, y obte-
nier datos de profesores 6 especialistas del interior del pais.
Las publicaciones peri6dicas que figuran en el repertorio y
han sido consultadas, constituyen por si solas una muestra de
la actividad cientifica argentina, durante los cien afios considera-
dos; en su enumeraci6n he seguido el orden alfab6tico, enten-
di6ndose que correspondent A la capital federal las que no ilevan
indicaci6n de origen y que han desaparecido las sefialadas con
una [d].
He aqui la lista :

Actas de la Academia Nacional de Ciencias en C6rdoba [1875-191o].
Anales de la Academia de Medicina de Buenos Aires [d] I I823].
Anales de Agricultura de la Repdblica Argentina [d] [1873-1876],
Anales Cientificos Argentinos [d] [1874].
Anales del Circulo MWdico Argentino [1877-1910].
Anales del Departamento Nacional de Higiene [891-1910o].
Anales de la Direcci6n de Salubridad de la Provincia de Buenos Aires
[1899-19 o]. La Plata.
Anales del Instituto Agrondmico y Veterinario de la Provincia de Bue-
nos Aires [d] [1886-t888].
Anales del Ministerio de Agricultura [1903-19 o].
Anales del Museo de La Plata [1890-191o].
Anales del Museo Nacional de Buenos Aires [ 864-1910]. (i)
Anales de Sanidad Militar [1899-1903].
A nalesde la Sociedad Cientifica Argentina [A. S. C. A.] (2). [ 876-191 o].
Anales de la Sociedad Rural Argentina [1866-190o].
Anales de la Universidad de Buenos Aires [d] [1877-1902].
Anuario Bibliogrdfico Argentino [d] [A. B. A.].
Archives de Higiene [ 908-1910].
Archives de Pedagogia y Ciencias Afines [90o6- 19o]. (La Plata).
Argentina Midica [ 903-1910].


(i) Hasta la nacionalizaci6n del institute llevaron como titulo Anales del Museo Pibli-
co de Buenos Aires.
(2) Se han agregado A los titulos, las abreviaturas que se han empleado en el reper-
torio.




REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


Boletin de la Academia Nacional de Ciencias en C6rdoba [B. A. N. C.
[[874-1910].
Boletin Agricola de San Juan.
Boletin de Agricultura y Ganaderia [d] [B. A. y G.] [1901-1904].
Boletin del Centro Nacional de Ingenieros Agr6nomos [d] (La Plata).
Boletin del Centro Naval [1882-1910].
Boletin del Centro Paraguayo [d].
Boletin del Departamento Nacional de Agricultura [d] [B. N. A.]
[1877-1898].
Boletin del Instituto Geogrdfico Argentino [ r 879-1910].
Boletin de la Instrucci6n Pdblica [d] [ 196-19to].
Boletin del Laboratorio de Bacteriologia [1909-o190] (Tucumin).
Boletin del Ministerio de Agricultura [1904-1910].
Boletin de la Oficina Quimica [d] (Tucumin) [r888-1889].
Bolelin de la Uni6n Industrial Argentina [1887-1910].
El Investigador [d] (C6rdoba).
El Libro (6rgano de la Asociaci6n Nacional del Profesorado) [
1910],
El Museo [dl (Revista del Centro de Estudiantes del Museo, La Pla-
ta) [1906-1908].
El Plata Cientifico y Literario [d] [ 854-r855].
El Trabajo [d] (La Plata).
Geologia y Minas. (Ciencias 4 Industrias). [1907-1901].
La Abeja Argentina [d] [i822-i823].
La Agriculture [1893-19ro].
La Biblioteca [d] [1896-1898].
La Escuela Positiva [d] [1895- ] (Corrientes).
La Farmacia Moderna [ 91 o].
La Ingenieria [1897-1910].
La Plata Monatsschrift [d] [1873-1875].
La Plata Rundschau [d] [1894-1896].
La Revistade Buenos Aires [d] [1862-1868].
La Universidad Popular.
Nueva Revista de Buenos Aires [d] [i88r-i885].
Recuerdos de la Patria [d] [i9o2-t9o3]. ParanA.
Revista Argentina de Historia Natural [d] [189 ].
Revista del Centro Cientifico Literario [d].
Revista del Centro de Esludiantes de Ingenieria [1909-190o]. I)


(i) Esta revista es la continuaci6n de la Revisla Politicnica.




STUDIOS QUIMICOS EN LA REEPUBLICA ARGENTI


Revista del Consejo de Higiene (San Juan).
Revista de Derecho, Historia y Letras [ 1898- 9 o].
Revista de la Facultad de Agronomia y Veterinaria [R. F. A. y V] (1
ala) [1895-9rgo].
Revista Farmaceutica [1 858-191 o].
Revista del Jardin Zool6gico [1893-19 o].
Revista Medica de La Plata [1888-1890].
Revista Midico Quirdrgica [d].
Revista del Museo de La Plata [1890-190o].
Revista Politicnica [d] [900o-1909].
Revista del Rio de la Plata [d] [1871-1877].
Revista de la Sociedad Medica Argentina [ 882-191o].
Revista de la Sociedad Rural Santafecina (Rosario) [1 902-19'0].
Revista Sudamericana de Ciencias Mddicas y Farmaciuticas [d] [ I90
104].
Revista TVcnica [1895-1910].
Revista de la Universidad de Buenos Aires [R. de la U. de B. A
904-1910].
Semana MIdica [1894-1910].
Semanario de Agricultura, Industria y Comercio [d]. [ 802-1807].
The River Plate Magazine [d] [1864].

MAs de 2400 trabajos figuran en el repertorio, segunda par
Seste studio : en su casi totalidad correspondent A la segunt
itad de la centuria y en gran parte pertenecen al uiltimo te
o de ella. La producci6n cientifica en las diferentes ramas i
quimica ha sufrido alternatives que pueden observarse en
Afico que agrego al repertorio, atravesando periods de an
-ilamiento cuya explicaci6n esti en la historic del pais : de
>arece en ellos toda actividad cientifica para despertar mAs ta
, y volver A decrecer, como esos rios de nuestras province
irranas que buscan las capas profundas al Ilegar A los aren
s de los valles, y asoman despubs A la distancia como mananti
s que bullen 6 como lagunas tranquilas.


Museo de La Plata, enero de 1912.




I REVISTA DE LA UNIVERSIDAD



PRIMER PART


I

LOS ORiGENES

Leyendo el erudito studio del doctor Juan Maria Guti6rrez so-
bre el origen y desarrollo de la ensefianza superior en Buenos Ai-
res (I) 6 la documentada monografia del doctor Vicente G. Que-
sada sobre la vida intellectual de la Am6rica espafiola (2) y a6n
hojeando las biografias de los hombres de pensamiento de la revo-
luci6n que se hallan diseminadas en obras diversas, facilmente
reconstruimos el ambiente de la 6poca en el Rio de la Plata en
lo que A actividad cientifica se refiere. Y sin pretender hacer un
cuadro que en conjunto la abarque, sin abrir juicios que para
la pluma de un quimico resultarian impropios y aventurados,
no dudo en afirmar que habia en la juventud patriota un ansia de
saber que superaba a nuestro actual afan de tener, conr ser 6ste
excesivo.
Lectores de la Enciclopedia, A espaldas del Santo Oficio, que
desde Lima ejercia inquisitorial vigilancia y censura (3), las
ciencias de la naturaleza los atraian, aunque no alcanzaban A
penetrar en sus dominios, faltos de una iniciaci6n previa, sin
base experimental para vencer sus dificultades; habia en ellos
la intuici6n de los misterios que atesoraban, de las aplicaciones
A que se prestarian en manos experts y de los horizontes que
A la inteligencia abrian para comprender el mecanismo de la
naturaleza. Ese afan se transparent en el proyecto que los ca-
bildos eclesiastico y secular aconsejaron al nunca bastante bien
ponderado virrey Vertiz y Salcedo, para la creaci6n de la uni-


(I) JUAN MARIA GuTlinREz, Nolicias histdricas sobre el origen y desarrollo de la ense-
ianza pdblica superior en Buenos Aires, en Anales de la Universidad de Buenos Aires,
I y II. Buenos Aires, 1877.
(2) VICENTE G. QUESADA, lo0. citada.
(3) RICARDO PALMA, Apendice d mis iltimas Trodiciones peruanas. Barcelona, 19go.





OUiMICOS EN LA REPUBLICAN ,


versidad de Buenos Aires y que fu6 aprobado por el rey en
1778 (i), en la tramitaci6n penosa que sufri6 el ofrecimiento
de don Martin Jose de Altolaguirre para dotar A la universidad
de C6rdoba de un gabinete de fisica en 1798 (2), en las palabras
de Belgrano al entregarse solemnemente los premios en la es-
cuela de NAutica en 18o2 (3), en el aviso de la Gaceta de Bue-
nos Aires, que anunciaba la creaci6n de un institute de alta en-
sefianza en 1812 (4) y hasta en el informed de don Esteban de
Luca (5) sobre el ( fierro del Tucuman meteoriteo del Gran
Chaco), por no citar sino arguments relacionados con las cien-
cias que nos preocupan.
EnsefiAbase ya la fisica en la universidad de C6rdoba, antes
de I784, por el padre Elias del Carmen Chorroarin y en el co-
legio de San Carlos de Buenos Aires, en 1795, por el doctor
Estanislao Zavaleta (6), pero no es necesario insistir para de-
mostrar que tal studio no podia producer fruto alguno, fuera
de la curiosidad que pudiese despertar en los alumnos; y ocioso
creo tambi6n decir que no hubo mAs publicaci6n (7) sobre esta
ciencia 6 sobre quimica hasta 1819 que los articulos y notas de
Vieytes ya citados, pues el tratado de fisica general del professor
Zavaleta s61o era manuscrito; Ileva la fecha de 1795 y estA re-
dactado en lengua latina, siendo un testimonio de una laboriosi-
dad digna del mayor respeto (8).



(i) NoRBERTO PIRERO T EDUARDO L. BIDAU, Historia de la Universidad de Buenos Aires,
en Anales de la Universidad de Buenos Aires, 111, 16. Buenos Aires, 1889.
(a) R. P. Fa. ZEN6N BUSTOS, Anales de la Universidad national de C6rdoba, III, 277
y siguientes. C6rdoba, 1910.
(3) NORBERTO PISERO Y EDUARDO L. BIDAn, ibidem, 23.
(4) Gaceta ministerial del Gobierno de Buenos Aires, n 18, 73. Buenos Aires, 1812.
(Edici6n facsimilar de la Junta de historic y numismAtica americana, III, 261. Buenos
Aires, 1911).
(5) Esteban de Luca, como director de la faibrica de armas, informaba al gohierno en
1816 sobre el meteorite del Gran Chaco, lamentando no poder hacerlo con mas amplitud
y precision por la falta de instrucci6n en ciencias naturales que el gohierno espaiiol habia
excluido de sus planes. (J. M. GETILRREZ, ibidem, I, 168.)
(6) J. M. GUTII!IREZ, ibidem, 1, 397.
(7) JosE ToRIBIO MEDUIA, La imprenta en el antiguo virreynato del Rio de la Plata, en
Anales del Museo de La Plata. La Plata, 1893.
(8) La Universidad national de La Plata ha incluido en la Biblioteca Centenaria, en





REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


La quimica aparece intimamente unida A la farmacia deede
1802, pues aunque el protomedicato fu6 instituido por Vertiz en
1780 y aprobado por real orden en 1799, s6lo en el articulo VI
de la Concordia de 1802 seestablece que ademis del titulo de li-
cencia, tendran los farmaceuticos los de bachiller y doctor en qui-
mica, pudiendo 6 no recibir este iltimo por ser <( grado de pom-
pa y honor (i) ,. Y la iniciaci6n de los studios quimicos co-
rresponde tambi6n al mismo afio con los cursos del doctor Cos-
me Argerich, primer professor de quimica en el Rio de la Pla-
ta (2), A cuya memorial he creido que meritisimamente debia
dedicar mi trabajo.
Es una figure la del doctor Cosme Argerich que atrae y cau-
tiva cuanto mas en detalle se conoce su actuaci6n; argentino de
nacimiento, pues habia visto la luz en Buenos Aires en 1758,
hizo sus studios en la real y pontificia universidad de Cervera,
comenzando A figurar en la sociedad portefia como m6dico dis-
tinguido, hasta ser nombrado en 1800 catedratico de medicine;
inici6 sus tareas en 1802, tomando A su cargo todos los ramos
de la ensefianza, comprendiendo en ellos la quimica, except la
anatomia y la cirugia dictadas por el doctor Agustin Eusebio
Fabre, digno colaborador suyo.
La obra de Argerich fu6 multiple y siempre desinteresada y
fecunda; medico honorario del cabildo y de las cArceles en 1791,
examinador de medicine en 1794, organizador del servicio pi-
blico de vacuna en i8o5, pudo presentar en 1806 el primer gru-
po de sus discipulos, j6venes medicos que debian mAs tarde pres-
tar sus servicios en los ej6rcitos de la patria. La muerte de este


curso de publicaci6n, la traducci6n del tratado de fisica de Chorroarin, hecha por el doc-
tor Chiabra sobre el manuscrito latino, donado por el doctor Joaquin V. Gonzalez a la
biblioteca universitaria y que lleva como carAtula : Physica Generalis nostri Philosophici
Cur | sus pars Tertia, quae de corporis na- | turalis scientia, affecionibusque ejus i sermo-
nem institute xta Recentio- I rum Philosophorum placita I ezperientiasque discurrens. I Ela-
borata a Palre- I Fatre Elia del I Carmen, in regia I Cordavensi aca I demia artium
Cathedrae ] Moderatore |I Incepta 3' Kalendas Augasti anni Domi I ni 1784 I Me audience
Domino Josepho Vincentio I a Foente, huyus Lauretani Colegii omnium | Minimo alamno.
(1) Revista farmaeuatica, X, 283-288. Buenos Aires, 1872.
(2) CARLOS MURRAY, Apuntes para la historic de la farmacia argentina, en Revista far-
maceatica, V, 368-38o; 386-397. Buenos Aires, 1867.
J. M. GUTI9RREZ, ibidem, II, 458-45g ; 644-645.




TUDIOS QUiMICOS EN LA REPUBLICAN ARGENTI


precursor, acaecida en Io20, tue considerada como una de las des-
gracias de aquel afio, tan grande era la suma de simpatia que
habia conquistado entire sus conciudadanos.
El caracter de los primeros studios quimicos asi definido,
la falta de publicaciones sobre la material (i) y la pobreza de
Buenos Aires como centro industrial, son circunstancias que sefia-
laban A la quimica limits muy estrechos, mereciendo citarse,
sin embargo, la existencia de una fabrica de care en pastillas,
por orden del rey de Espafia, destinadas A la marina, aproba-
das por el Protomedicato en 1792 y aconsejadas por un peri6-
dico de Barcelona (2) para mejorar la alimentaci6n del pueblo
en Catalufia. Esta fabrica, antecesora de la de Liebig, debe con-
siderarse como el resultado de ensayos ignorados, penosos sin
duda, origen de una industrial quimica que en el pais debia pros-
perar, A la par de tantas otras fundadas en el aprovechamiento de
products naturales del suelo, que los viajeros descubrian A los
ojos de los naturales, como Bonpland lo hizo, al aconsejar en-
tre otras cosas el aprovechamiento de la cochinilla indigena en-
contrada en una estancia de la provincia de Buenos Aires.
Las industries de la salaz6n de carnes (3) y de cueros, la fa-
bricaci6n de grasas y jabones se practicaban por m6todos em-
piricos y no en grande escala, siendo de menor importancia aun
la curtiduria y tintoreria reducidas A lo que todavia podemos
ver en las provincias del interior; s61o la vinicultura se habia
desarrollado en Mendoza, San Juan, TucumAn y provincias del
noroeste desde el siglo xvii (4) con muy buenos resultados, pu-
diendo decir Ovalle en i64I que (( los vinos [de Cuyo] son muy
generosos y de tanta fuerza, que con levarse por tierra mAs

(i) Semanario de Agricallura, Industria y Comercio que Vieytes inici6 en 1802 y sigui6
publicando hasta 1807, contiene articulos y notas de caricter quimico, pero sin revelar
otra cosa que anhelos y huenos deseos. Sin embargo, los curiosos encontraran en 61
datos muy interesantes.




REVISTA DE LA UNIVEISIDAD


de 300 y 4oo leguas por los calories inmensos de las pampas
de TucumAn y Buenos Aires, A paso de buey, con que vienen t
durar los viajes muchos meses, Ilegan sin recibir ningiin dan.
y duran despu6s cuanto quieran sin corromperse, y esto con tan-
ta abundancia que dan abasto A toda la gobernaci6n y provin-
cias y llegan hasta el Paraguay ) (i).
Hasta la inauguraci6n de la universidad en 1821, no encontra-
mos vestigio alguno de iniciativa 6 ensayo que A la quimica se
refiera, salvo el aviso official de la Gaceta ya citado, donde se
habla de profesores A contratar en Europa para la ensefianza
de las distintas ciencias cuya difusi6n debia realizar el suefio
del padre de familiar, quien (( cerca de si y A su propio lado verA
formarse al quimico, al naturalista, al ge6metra, al military, al
politico, en fin, A todos los que deben ser con el tiempo la co-
lumna de la sociedad, el honor de sus families ) (2). El ins-
tituto cientifico que debia fundarse por subscripci6n de las pro-
vincias, no pas6 de proyecto, pero deben citarse aqui las pri-
meras donaciones recibidas por tratarse de extranjeros (3) y
estar destinadas en parte A la ensefianza de la quimica. Los pri-
meros protectores del proyectado institute fueron los ingleses
Juan Thwaytes, Roberto Orr y Federico Heathfield, comenzando
asi la fecunda obra de colaboraci6n realizada por los extranjeros
hasta nuestro dias, intimamente ligados con los nativos por un
anhelo comdn, por un mismo ideal, que ha permitido realizar
en el suelo argentino la profecia del pensador espafiol An-
tonio Zozaya, cuando dice que dia llegara en que A un hombre
no se le pregunte d6nde naci6 ni de d6nde viene, sino d6nde
sembr6 beneficio.


(1) AGUSTiN ALVAREZ, Breve historia de la provincial de Mendoza, 12. Buenos Aires, 191o.
(2) Loc. cit.
(3) Gaceta ministerial del gobierno de Baenos Aires, n' 19, 77. Buenos Aires, 1812.
(Edici6n facsimilar de la Junta de historic y numislnmtica americana, III, 265. Buenos
Aires, icgi.)





OUIMICOS EN LA REPUBLICAN Al


II


PRIMEROS ENSAYOS


Gobernaba Buenos Aires don Martin Rodriguez teniendo como
ministry al eminente Rivadavia, en 1821, cuando fu6 un hecho
la fundaci6n de la universidad de Buenos Aires, que aprobada
por el rey de Espafia desde 1778 y reiterada por el director su-
premo Pueyrred6n en 18i9, no habia podido realizarse.
Un afio despu6s, el 17 de abril de 1822, el doctor Manuel Mo-
reno era nombrado professor de quimica en los studios prepa-
ratorios y en 1823 inaugur6 sus classes en la Academia de me-
dicina, con un discurso de caracter hist6rico (i), Ileno de eru-
dici6n y galano en su estilo, donde el ex alumno de la univer-
sidad de Maryland se muestra dominando la ciencia de Lavoi-
sier y no ajeno A las prActicas del laboratorio que despu6s debia
dirigir, iniciando la 6poca de la quimica experimental.
El doctor Manuel Moreno (2) encarna perfectamente el tipo del
joven native que en el capitulo anterior trataba de retratar :
inteligente, active, lleno de entusiasmo, apasionado y en6rgico,
pertenecia A la generaci6n de los espiritus que vibraban con el
alma national y como su glorioso hermano Mariano, luch6 por
altos ideales, tratando de ver realizado en su pais lo que en el
extranjero habia sido para 61 motivo de admiraci6n y de asom-
bro.
Incorporado A la Academia de medicine en 1822, su actividad
se manifiesta en las memories que figuran en los anales de esta
corporaci6n y no es extrafio A la sanci6n de la ley de 1824, por
la que se creaban becas de perfeccionamiento en el extranjero,
que si bien no se realize, sefiala un pensamiento de alta impor-


(I) MANUEL MORENO, Discurso para servir de introduccidn d un cursor de quimica, en
Anales de la Academia de Medicina, 9oI. Buenos Aires, 1823.
(2) PABLO GRoussAC, Manuel Moreno, en La Biblioteea, n" n3 y 24, 269. Buenos
Aires, i898.
JUAN MARiA GUTI RREZ, Nolicia sobre la persona y vida priblica del senior doctor Manuel
Moreno, en Anales de la Universidad, II, 691-696.
ART. ORIG. XVII-2







tancia, de verdadero gobierno, que aun actualmente debe pre-
ocuparnos.
Es necesario no olvidar lo que hasta entonces habian sido en
Buenos Aires las ciencias fisicas y naturales, para no sonreir
al leer en el mensaje del ejecutivo A la cuarta legislature de
la provincia en 1824, el anuncio de que ( un elaboratorio de qui-
mica y una sala de fisica la mas complete, han sido conducidos
de Europa para servir A la ensefianza de las ciencias naturales ),
como acontecimiento transcendental. La influencia del doctor
Manuel Moreno habia obtenido del gobierno que se pidiese a
Paris, en 1823, la colecci6n de aparatos, instruments y reac-
tivos que formaron el primer laboratorio quimico del pais, pre-
parado por Baillot y Piet, bajo las indicaciones de un ayudante
del sabio Thenard (i), siendo instalado en el convento de Santo
Domingo. A juzgar por el inventario (2) incluido por el doctor
Guti6rrez en su obra, que de todos estos elements hizo el se-
fior Carlos Ferraris, encargado del laboratorio, los cursos pu-
dieron ser ilustrados con experiencias sencillas, atrayendo gran
nimero de oyentes hasta 1828, afio en que renunci6 el doctor
Moreno.
A esa 6poca de iniciaci6n y de ensayos que vi6 A don Pedro
Carta inaugurar el primer curso experimental de fisica (conti-
nuado por Octavio Fabricio Mossotti), A Felipe Senillosa ense-
fiar las matemAticas formando discipulos tan notables como Ave-
lino Diaz y i un grupo de estudiosos extranjeros y nativos for-
mar la sociedad de ciencias fisico-matemAticas (3), corresponde
tambi6n la aparici6n de las primeras publicaciones peri6dicas
dedicadas A las ciencias, con los nombres de Anales de la Aca-
demia de Medicina y La Abeja Argentina que contienen nume-
rosas memories de caricter quimico. Esta iltima, A pesar de su
corta duraci6n, merece ser revisada por los que quieran conocer


(1) JUAN MARiA GUTI9RREZ, ibidem, I, 398.
(2) CARLOS FERRARIS, Inventario de los instruments de quimica, fisica y objetos de historic
natural al fin del ano 1834, en Anales de la Universidad, I, li1-l4a1. Buenos Aires, 1877.
(3) Esta sociedad, organizada como academia de ciencias, debe considerarse como la
antecesora primera de la Academia de Ciencias Exactas, Fisicas y Naturales de Buenos
Aires, fundada en I91o.


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JUIMICOS EN LA REPUBLICAN At


Maria Guti6rrez (I) al saludar la aparici6n del Boletin de la Aca-
demia Nacional de Ciencias de C6rdoba en 1874.
Desgraciadamente, las luchas political y la tirania con su s6-
quito de horrores y miseria, ahogaron todas estas plants j6-
venes; y la vida cientifica del pais parece concluirse, secAndose
hasta la fuente universitaria por razones de orden econ6mico.
Todas las energies se malgastan en campahias sangrientas y los
hombres j6venes de pensamiento diseminados por los paises li-
mitrofes, llevan A ellos el contingent de su actividad y de su
inteligencia.

III

EL RESURGIMIENTO NATIONAL

A partir de 1852, el tiempo parece escaso a los hombres diri-
gentes para ganar tanto afio perdido. Las iniciativas se suceden
sin interrupci6n, la universidad despierta como colmena tras inu-
sitado suefio internal y la quimica renace bajo el polvo amon-
tonado por los afios sobre el laboratorio (2) de Manuel Moreno
olvidado en los claustros de Santo Domingo, para comenzar una
march ascendente, ininterrumpida, que tratar6 de reflejar aqui.
En i851 habia llegado A Buenos Aires un joven espafiol, doctor
en ciencias, dedicAndose al ejercicio de la farmacia; una cir-
cunstancia especial le permiti6 en 1854 salir de la sombra, mos-
trando sus aptitudes y conocimientos y sefialAndose ante el go-
bierno como un possible colaborador eficaz en la obra de recons-
trucci6n en que todos estaban empefiados : en un diario de Bue-
nos Aires habia publicado el senior Alfredo Fougen various ar-
ticulos sobre cuestiones industriales argentinas, en moments en
que se organizaba el personal de la universidad; y produjeron tan
favorable efecto, que le fu6 ofrecida A su autor la cAtedra de qui-


(1) JuAN MARiA GUTICRREZ, Novedades del present mes, en Revista del Rio de la Plata,
VIII, no 31, 478-49o. Buenos Aires, 1876.
(2) DEMETRIO DEMARCHI, Inventario de los instramentos y utensilios pertenecientes al aula
de quimica en 1852, en Anales de la Universidad, I, 42I-h22. Buenos Aires, 1877.




REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


mica; pero firmados por Figaro (i) aparecieron en seguida otros
articulos de critical A los del primero y en estilo tan galano,
con muestras de conocimientos tan s6lidos, que el gobierno abri6
concurso para proveer la catedra ya ofrecida y fu6 el critic -
que no era otro sino el joven doctor en ciencias quien result
triunfante.
El digno sucesor de Manuel Moreno se llamaba Miguel Puigga-
ri (2) y este primer triunfo no fu6 sino el comienzo de una ca-
rrera brillante, de una vida de labor activisima y fecunda que
la muerte vino A premier con el descanso en 1889, demasiado
pronto para los discipulos y amigos del infatigable hombre de
studio.
Si Cosme Argerich es el precursor y Manuel Moreno el ini-
ciador, Miguel Puiggari es el fundador de la ensefianza de la
quimica modern, multiplicAndose en las catedras universitarias,
en el laboratorio, en las conferencias pfiblicas, como asesor de las
autoridades sanitarias, como consejero de los industriales, como
redactor asiduo de la Revista Farmacdutica, creada en 1858 y como
colaborador, mas tarde, de todas las revistas cientificas del pais.
En el mismo aiio de 1854, la cAtedra de fisica y quimica m6-
dica se entrega al doctor Nicanor Albarellos; El Plata Cientifico
y Literario viene A recorder lo que La Abeja Argentina habia
sido en 1823; y se restableoe el curso de quimica en los studios
preparatorios, haci6ndose obligatorio en i856, aun para los es-
tudiantes de jurisprudencia, asegurando asi la difusi6n de esta
ciencia en el mayor nimero de j6venes y preparando la afluen-
cia de alumnos a la escuela de farmacia, que durante tres afios
A contar de 1857 no habia tenido en sus aulas ni un solo ar-
gentino (3).


(I) A. R. CARTAVIO y R. MONNER SANs, Doctor Miguel Puiggari. Buenos Aires, 1894.
(2) MANUEL B. BAHIA, Doctor Miguel Puiggari, en Anales de la Universidad, IV, 214-
217. Buenos Aires, 1889.
MARCIAL R. CANDIOTI, Primer aniversario de la muerte del doctor Puiggari, en Anales
de la Sociedad cientifica argentina, XXIX, 145-168. Buenos Aires, 1890.
CARLOS M. MORALES, Discurso pronunciado en Ia tumba del doctor Puiggari, en Anales
de la Sociedad cientifica argentina, XXIX, I46. Buenos Aires, 189o.
[...], El doctor don Miguel Paiggari, en B. U. I. A., III, n" o8. Buenos Aires, I889.
(3) [...I, Revista Farmaceitica, I, 445. Buenos Aires, 186o.




OUiMICOS EN LA REPUBLICAN A


La actuaci6n del doctor Domingo Parodi (i) comienza tam-
bi6n en esta 6poca, prolongandose hasta 1887, dos aiios antes
de morir en Paris. Como estudioso, como investigator, es el
doctor Domingo Parodi digno de especial menci6n; y si su papel
en la ensefianza fu6 limitado, la bibliografia cientifica argentina
Ie debe gran ndmero de trabajos originales, fruto de sus viajes
6 de sus investigaciones de laboratorio, muchos de los cuales
correspondent A la quimica aplicada A la medicine, como se vera
en el repertorio. Su iniciativa de fundar en la facultad de cien-
cias m6dicas el premio Fdlix de Azara, fomentando los studios
de la flora indigena en sus aplicaciones A la medicine y A la
industrial, nos lo muestra como hombre de largas vistas, lleno
de carifio hacia la tierra donde conquist6 sus mejores triunfos,
aun dentro del campo econ6mico, al fundar la casa Demarchi,
Parodi y Ca, destinada al comercio de products quimicos y
mis tarde A la fabricaci6n de los mismos.
Las industries comenzaban A atraer la atenci6n del capital ex-
tranjero y los trabajos de quimica aplicada que se registran de-
muestran bien esta preocupaci6n creciente. La industrial vinicola,
la de las carnes y de los cueros, la azucarera, la de la yerba
mate, la de los aceites y de products de lecheria son objeto de
studios numerosos, folletos, monografias, articulos, solicitudes
de patentes y privilegios que comprueban ese afAn general de
reabrir tanta fuente cegada de riqueza y de descubrir otras nue-
vas.
Pero el hecho que mas merece anotarse en esta 6poca como
influyendo en los studios quimicos, es el nombramiento de rec-
tor de la universidad de Buenos Aires, recaido en el doctor
Juan Maria Guti6rrez (2), en 1861. Desde ese afio hasta 1873,
este argentino ilustre en quien parecian reverdecer los entusias-
mos de los j6venes de la revoluci6n, no descans6 un instant para
levar la instituci6n A gran altura, ejerciendo su acci6n hasta

(1) [...], Doctor Domingo Parodi, en Revista Farmacdutiea, XXIX, 6o-45. Buenos
Aires, 189o.
...) Doctor Domingo Parodi, en Anales de la Sociedad cientifica argentina, XXIX, 4h-
h6. Buenos Aires, 18go.
(2) CARLOS M. URIEL, Apuntes sobre la vida y obras del doctor don Juan Maria Gutirrez.
Buenos Aires, 90o9.




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fuera de ella, propiciando los studios de ciencias naturales y
colaborando en todas las obras de su tiempo en pro del adelanto
general del pais. A 61 se debe la realizaci6n del proyecto de i858,
preparado por Pellegrini, Senillosa y Duteil para crear un de-
partamento de ciencias exactas, base de nuestra actual Facultad
de ciencias exactas, fisicas y naturales; y gracias A sus gestio-
nes, los profesores Bernardino Speluzzi, Pellegrino Strobel (i) y
Emilio Rosetti, contratados en Europa, abrian sus cursos, cons-
tituyendo con sus discipulos el n6cleo mas brillante de hombres
de studio y de trabajo que el pais habia tenido hasta entonces
en esas ramas del saber human.
El doctor TomAs Per6n (2) se habia agregado al doctor Miguel
Puiggari en la ensefianza de la quimica, en los studios prepara-
torios desde i863, favoreciendo asi la future ramificaci6n de
la ciencia y el seflor Eduardo Olivera (3), despu6s de estudiar
en various paises de Europa, volvia al pais y, aplicando A la agri-
cultura sus observaciones y experiencias, iniciaba los studios de
quimica agricola, tomando el t6rmino en su acepci6n mas lata,
como puede verse en la colecci6n de los Anales de la Sociedad
Rural Argentina, de la cual fu6 fundador y uno de los miem-
bros mis eminentes.
Y el movimiento que se nota en Buenos Aires en aquella 6poca,
alcanz6 a las provincias : al subir Sarmiento A la presidencia
de la repdblica, en 1868, Burmeister se present ante 61 (era
ministry el doctor Avellaneda) con un proyecto de reform de
la universidad de San Carlos en C6rdoba (4) ( agregindole una
facultad de ciencias matemiticas y fisicas, con el double fin de
former maestros aptos para ensefiar dichas ciencias en los co-
legios nacionales y reunir en el centro principal de la ensefianza
superior un gremio de sabios aptos para estudiar y dar a co-
nocer las riquezas naturales del pais argentino ), pues segin ase-


(r) La permanencia de Strobel fu6 breve, desgraciadamente, siendo substituido por
el doctor Juan Ramorino.
(a) [...], El doctor Tomnds Perdn, en Anales de la Universidad, VI, 217-219. Buenos
Aires, 1889.
(3) [...], Eduardo Olivera, en La Plata Monattschrift, III, 189-190. Buenos Aires. 1875.
(4) Boletin de la Academia national de ciencias en Cdrdoba, I, 9.





QUiMICOS EN LA REPUBLICAN AI


guraba ( la universidad de San Carlos esta desposeida de cate-
draticos par atodas las ciencias te6ricas y exactas; ni las mate-
miticas, ni la quimica, ni los otros ramos de las ciencias fisicas
pueden estudiarse alli. ) El resultado de esta iniciativa fu6 la
creaci6n de la facultad pedida y la instituci6n despu6s de la
Academia national de ciencias, que tan profunda influencia ha
ejercido en las investigaciones cientificas de la repdblica.
Casi al mismo tiempo, en 1869, como semillas en el desierto,
Sarmiento establecia cursos de mineralogia en los colegios na-
cionales de Catamarca y San Juan, dispensando del latin y de
la filosofia A los alumnos que los seguian (i). Estas cAtedras
tenian un curso esencialmente prActico y correspondent al marco
de este trabajo, porque el ensayo de minerales que ellas com-
prendian es tarea de quimica; fueron mejoradas en 1871 y una
de ellas, la de San Juan, fu6 el origen de la escuela de minas
que veremos evolucionar en los capitulos siguientes.



IV

LOS PROFESORES EXTRANJEROS Y ARGENTINOS

Los dos grandes focos de ensefianza superior, Buenos Aires y
C6rdoba, adquirieron simultaneamente, despu6s de 1870, una
organizaci6n cientifica s6lida y bastante complete. En la Capi-
tal, los studios quimicos correspondian A numerosas catedras
con los laboratories correspondientes; y en C6rdoba, el sabio
Burmeister les sefialaba un lugar prominent al buscar profeso-
res para la naciente Facultad de ciencias.
Al mismo tiempo, aparecian nuevas revistas cientificas y li-
terarias, industriales y agricolas (2), incorporAndose A las cita-


(1) MANUEL J. QUIROGA, Carta particular historiando la Escuela national de minas. San
Juan, g191.
(2) Anales de agriculture de la Repuiblica Argentina (1873) ; Anales cientificos argen-
tinos (1874) ; mas tarde Anales de la Sociedad cientifica argentina (1876): La Plata Mo-
nattschrijt (1873) : Revista del Rio de la Plata (1871) : Anales del Circulo medico argen-
tino (1877).




REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


das mAs arriba, y en ellas hacian sus ensayos los primeros pro-
fesores .argentinos, los maestros de la generaci6n actual. El
desarrollo alcanzado por las facultades de medicine y de cien-
cias en Buenos Aires habia traido como consecuencia la ramifi-
caci6n de los studios y los de quimica no fueron descuidados :
en 1874 se creaba de nuevo la catedra de quimica aplicada A
la industrial que inici6 don Otto Schneyder (I); y en 1875, fuera
de los cursos preparatorios, la universidad tenia una clase de qui-
mica analitica creada por el doctor Puiggari, una de quimica
inorgAnica A cargo del ,doctor Tomas Per6n, una de quimica
farmac6utica desempefiada por don Antonio Catelin y una de
quimica orgAnica dictada por el doctor Pedro N. Arata.
La figure del doctor Pedro N. Arata (2), que ya se habia des-
tacado en el grupo de j6venes (3) que crearon la Sociedad Cienti-
fica Argentina, adquiere muy pronto su mayor relieve. Dotado de
una inteligencia superior, con una cultural general profunda, po-
seyendo todas las condiciones de un hombre de laboratorio, en-
carna Arata entire nosotros el tipo perfect del professor eu-
ropeo que ensefia en la Sorbona 6 en el Jardin de Plantas y
discute en el Instituto; didacta eximio, escritor cultisimo, se ha
hecho conocer y considerar en los centros cientificos europeos,
alcanzando en el pais los mas altos honors que pueden ofrecerse
A un hombre de studio. Su influencia en los studios quimicos
es considerable y ocupa, sin duda, un lugar excepcional en la
bibliografia quimica argentina: su opinion y su consejo han
sido solicitados por el gobierno national en numerosas ocasiones,
ha intervenido en cuestiones capitals de la industrial y el co-




(i) Ya en 1865 el doctor Puiggari habia dictado classes nocturnas de quimica aplicada
i la industrial y A las artes fitiles, con verdadero 6xito: pero cerrado este curso y fra-
casada la tentative de 1870 para reabrirlo, es en 1874 cuando se volvi6 A crear.
(2) PABLO GROUSSAc, Pedro N. Arata, en La Biblioleca, I, 488. Buenos Aires, 1896.
(3) En 1872, el doctor Estanislao S. Zeballos, entonces estudiante, inici6 la funda-
ci6n de una sociedad 6 academia cientifica, consiguiendo organizarla con Emilio Rosetti,
Luis A. Huergo, Guillermo White, Angel Silva y muchos estudiantes, entire los cuales
figure Arata, quien con el doctor Francisco P. Moreno, Miguel Puiggari y Juan J. J.
Kyle, fu6 el iniciador de los Anales cientificos argentinos, antecesores de los Anales de la
Sociedad cientifica argentina.




STUDIOS QUIMICOS EN LA REPUBLICA ARGENTINA 25

mercio, y su autoridad, basada en sus grandes conocimientos
y en su larga experiencia lo ha llevado a merecer para los pro-
fesionales el primer puesto entire los quimicos argentinos.
Otro hombre aparece en este period, que merece una men-
ci6n especialisima y que yo incluyo entire los profesores argen-
tinos A pesar de su origen ingl6s : es el doctor Juan J. J. Kyle.
Sus manifestaciones como escritor datan de 1871, y aunque su
actuaci6n como professor universitario es muy posterior, el in-
flujo que ha ejercido en los studios quimicos es considerable;
de una modestia exagerada y de una rectitud sin ejemplo, Kyle
6 el viejito Kyle, como le decimos sus ex alumnos con carifioso
respeto, posee una erudici6n verdadera, A base de conocimientos
s6lidos y una prActica de laboratorio incomparable; no es un
professor brillante, pero si el consultor seguro que en conversa-
ci6n familiar destruye dudas y pone, con una liberalidad sin
limits, todo su saber A la disposici6n del que comienza, encon-
trando el camino lleno de dificultades y de sombras.
El doctor Kyle tom6 parte muy active en el movimiento ini-
ciado por la Sociedad Nacional de Farmacia para independizar
la escuela de farmacia de la Facultad de Ciencias M6dicas, pro-
yecto de gran significaci6n pues que importaba entonces consti-
tuir un institute exclusivamente consagrado A studios quimicos
y A su aplicaci6n mas inmediata en aquel tiempo. Ya en 1870,
el senior Carlos Murray, que fu6 el alma de la asociaci6n citada
durante muchos afios, inici6 una gesti6n active ante el gobier-
no (i) elevando A su consideraci6n una memorial firmada por
61 y por Carlos Imperiale, Martiniano Passo, Santiago Torres
y Luis Guien, meditado proyecto de organizaci6n de los estu-
dios de quimica y farmacia y demostraci6n de la necesidad de
reglamentar ambas profesiones. Entre los razonamientos con-
tenidos en ese document, reproduzco un pArrafo por las opinio-
nes que encierra :





REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


rreras abiertas en nuestro pais al quimico ? (i) 4 Acaso la cien-
cia que profundiz6 Orfila y agot6 las meditaciones de Regnault
posee en nuestro pais la consagraci6n de nuestros compatriotas ?
D6nde y qui6n la estudia mas alli de sus ensefanzas superficia-
les y de sus aplicaciones limitadas ? En ninguna parte, ni nadie
la sondea un palmo mas abajo de sus primeras capas. -
Fracasado el proyecto de Murray, el doctor Kyle renueva el
pleito, en una asamblea extraordinaria (2) de la Sociedad, A la
que asisten entire otros Puiggari, Arata, Parodi, Spuch, Torres,
Moine y los Cranwell, y con motivo de una moci6n hecha en el
seno del Consejo superior de la universidad, se resuelve pedir la
separaci6n perseguida, anexando la escuela de farmacia A la Fa-
cultad de ciencias fisico-naturales que creada en 1874, habia co-
menzado A funcionar en 1875.
La idea no se realize tampoco entonces y habian de transcu-
rrir treinta afios, como veremos mas adelante, antes de que la re-
p6blica pudiese tener una escuela de quimica y farmacia, donde
de acuerdo con las comunes aspiraciones de quimicos y farma-
c6uticos, las dos carreras se hermanaran y paralelamente se des-
arrollasen.
Entretanto, Max Siewert, de la universidad de Halle, iniciaba
sus cursos de quimica en C6rdoba (3), en 1870, y realizaba inves-
tigaciones que enriquecieron la bibliografia national; Alfredo
Stelzner en la misma fecha comenzaba los studios de minera-
logia tan intimamente ligada A la quimica y P. G. Lorentz des-
cubria tesoros de la flora argentina, donde tanto campo podian
encontrar los investigadores de laboratorio. En 1874, Federico
Schickendantz (4) substitute al primero, Ludovico Brackebusch


(i) Pocos aflos despu6s de esta aseveraci6n, tres m6dicos elegian temas de caricter
quimico para sus tesis del doctorado, demostrando la relaci6n estrecha de estos studios :
JUAN A. BOERI, Del cornezuelo de centeno y sus aplicaciones, Buenos Aires, 1876 ; Ho.oRio
LEGULZAM6N, Yerba mate, observaciones sobre su cultivo y usos. Buenos Aires, 1877 ; PEDRO
N. ARATA, Andlisis inmediato de los vegetables. Buenos Aires, 1879.
(2) JUAN J. J. KYLE, Asamblea extraordinaria de la Sociedad de farmacia, en Revista
Farmacutiea, XIII, 241-250. Buenos Aires, 1875.
(3) Boletin de la Academia de ciencias en Cdrdoba, I, 9-1o.
(4) [...], Federico Sehiekendantz (datos biogrificos), en Anales de la Sociedad cientifica
argentina, XLII, 97-104o Buenos Aires, 1896.





OUiMICOS EN LA REPIUBLICA A


el segundo y Jorge Hieronymus al tercero, constituyendo con
Adolfo (i) y Oscar Doering y Carlos Berg el n6cleo que, inte-
grado mas tarde con Federico Kurtz, Luis Harperath y Gui-
llermo Bodenbender, ha atraido mAs intensamente hacia nues-
tro pais la atenci6n de los sabios europeos.
Por otra parte, en 1873, la Escuela de minas de San Juan que-
daba creada y aunque su evoluci6n ha sido muy lenta y Ilena
de dificultades, debidas ante todo A las condiciones del ambiente,
su instituci6n es de innegable transcendencia (2); y el caracter de
sus studios, en los cuales la quimica figuraba en primera line,
debia acentuarse cada vez mis hasta convertirla en una escuela
de ingenieros quimicos, seg6n explicar6 en el capitulo siguiente.
Y antes de terminar ese cuadro del pasado, incomplete y des-
colorido, debo citar la incorporaci6n A la universidad del doctor
Atanasio Quiroga, professor de quimica inorganica en i885, su-
cediendo al doctor Tomas Per6n; pues aunque no figure en la
bibliografia quimica hasta 1889 (3) y desde esa fecha su pro-
ducci6n es escasa, su participaci6n activisima en la ensefianza
superior que todavia continda, impidi6ndome asi juzgar su
obra de acuerdo con el marco fijado en mi introducci6n lo
seiiala como un factor del estado present de las ciencias qui-
micas en el pais, que voy A tratar de bosquejar.



V

LA EPOCA ACTUAL

((El senior Puiggari esta arreglando el espectr6scopo y tan
luego que lo tenga listo para funcionar, va A dar principio A los
andlisis espectrales. Se nos ha dicho que se avisarA en los dia-


(i) El doctor Adolfo Doering, que desde 1870, colaboraba en la obra de Burmeister,
surge desde 1873 con sus investigaciones quimicas y son numerosas las memories y mo-
nografias publicadas por 1l en el campo de esta ciencia, como se verA en el repertorio.
(a) LEOPOLDO G6MEZ DE TERIN, Antecedentes de la Escuela national de minas, on Revista
Tdenica, V, 234-236. Buenos Aires, 1899.
(3) ATANASIO QUIROGA, El tasi6metro (tesis de doctorado). Buenos Aires, 1889.




IEVISTA DE LA UNIVERSIDAD


rios los dias en que tendrAn lugar los ensayos ) (i). i Como son-
reirAn nuestros profesionales y aun nuestros alumnos de hoy,
leyendo ese anuncio de la Revista Farmacdutica que en i864
sefialaba un verdadero acontecimiento cientifico! Cuanto cami-
no se ha recorrido desde entonces, poseyendo los establecimien-
tos de ensefianza secundaria espectroscopios modernos, habi6n-
dose generalizado en los laboratories los microespectroscopios,
los espectr6grafos y espectrofot6metros y contando los observa-
torios con dispositivos para aplicar el m6todo al studio de los
cuerpos siderales!
Y sin embargo, ante nuestros laboratories dotados dentro de
las exigencias de.la modern t6cnica para poder experimentar con
la material entire los limits mas alejados de las temperatures
y las presiones, pudiendo aprovechar la energia en sus formas
mAs distintas y poseyendo instruments de media de una sen-
sibilidad y de una'precisi6n maravillosas, la presentaci6n del pri-
mer espectroscopio en la universidad de Buenos Aires, ante un
pdblico selectisimo, y las publicaciones que se hicieron al res-
pecto, nos hacen ver una preocupaci6n mas general por la cultural
superior que la de nuestro medio actual, aunque tal vez nos
engafie la distancia.
La obra de los que nos han precedido no ha sido est6ril:
el estado actual de los studios quimicos lo demuestra. Hasta
hoy, los quimicos de la repdblica han sido casi todos enciclo-
pedistas su bibliografia lo evidencia es decir, han dedicado
su actividad A todas las ramas de la quimica. Obligados por las
circunstancias han debido echar sobre sus hombros cargas er
extreme pesadas, actuando como analistas en laboratories ofi-
ciales 6 privados; asesorando A los comerciantes, A los industria-
les y A los mineros especialmente; practicando studios de in-
vestigaci6n desinteresada que han enriquecido nuestra bibliogra-
fia cientifica; buscando el aprovechamiento de products del
pais; colaborando con los naturalistas en trabajos de m6rito in-
negable; y, ademas, ensefiando la ciencia de su predilecci6n en
nuestros colegios, escuelas y universidades, cuando no llevaban
la luz hasta las masas populares como hemos visto que lo hizo

(I) j...], Revista Farmacutica, IV, 32. Buenos Aires, 1861.





QUIMICOS EN LA REPUBLICAN A


Puiggari en un principio y despues Schnyder y Kyle, siguiendo
su ejemplo hoy mismo j6venes entusiastas que me honro en
contar entire mis alumnos (i).
No podemos decir que haya llegado el moment de la especia-
lizaci6n; pero estamos en camino de alcanzarla. Aunque la es-
cuela de quimica de la Farmacia de ciencias de Buenos Aires, fun-
dada en 1897 para former peritos y doctors en quimica, ha
formado ya un grupo de profesionales y ha habilitado a otros
para el ejercicio de la profesi6n, en cumplimiento de una ley
national, y la escuela de farmacia de la Facultad de medicine
produce buen n6mero de diplomados que por su preparaci6n
pueden suplir al quimico en los centros lejanos de poblaci6n,
el crecimiento del pais hace mas y mAs dificil el papel A desem-
pefiar por nuestros quimicos, obligindolos A una diversificaci6n
que impide la intensidad del studio, en la mayoria de los casos.
La especializaci6n para nuestros quimicos vendra despues,
cuando sean numerosos y puedan seguir libremente sus aficio-
nes en una rama de la ciencia; pero entretanto, nuestra preo-
cupaci6n debe ser dar a nuestros estudiantes doctrinas sanas y
m6todos seguros; sefialarles rumbos para su desenvolvimiento en
la vida; formarlos en los habitos del trabajo; despertar en su
espiritu el ansia de saber y el amor a la ciencia por la ciencia;
y cuando posean un fondo de cultural general profunda, cuando
el laboratorio sea para ellos una fuente de goce y pueda ser pro-
mesa de bienestar, el ambiente cientifico del pais sera suficien-
te para recompensar el esfuerzo del hombre de studio y hasta
su sacrificio.
Ni se ocupa ni se preocupa nuestra sociedad de esos invernA-
culos de lo maravilloso, donde puede abrirse de pronto una de
esas flores raras que alcanzan con su perfume A mejorar la con-
dici6n humana; en ocasi6n solemne, el professor Angel Gallar-
do (2) lo hizo notar con frases en6rgicas que toda la prensa de

(1) Las conferencias de quimica dictadas en la a Universidad Popular y en la c Uni-
versidad Ohrera ) de La Plata han estado A cargo de alumnos del Museo y en Buenos
Aires son alumnos de la Facultad de ciencias exactas, fisicas y naturales los que cola-
boran con profesores de la misma en la ensefianza popular de la citada ciencia.
(2) ANGEL GALLARDO, Discurso en la colacidn de grades, en Revista de la Universidad,
XI, a86. Buenos Aires, 9go9.




REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


Buenos Aires reprodujo como una verdad amarga. La vida super-
ficial y fastuosa, no permit comprender y justipreciar el re-
tiro y el aislamiento fecundos para toda obra del pensamiento;
nuestra clase media mira hacia la plutocracia para imitarla y
caricaturarla en si misma, con una ostentaci6n ridicule, en lu-
gar de dedicarse A su propia educaci6n moral sin las vanidades
del lujo, dentro de su esfera; y el pueblo tiene demasiadas preo-
cupaciones en la lucha diaria, para poder llegar A conocer y
comprender sus benefactores an6nimos (i).
Acuden A mi memorial los nombres de las viejas ciudades de
Europa, evocando un sinnumero de impresiones que sin esfuerzo
hago revivir, porque han sido recogidas, vibrando intense, pro-
fundamente, sin reserves, con todo mi s6r, como esos Arboles
j6venes que se entregan al viento y al sol a trav6s de las mi-
riadas de ventanas microsc6picas de sus hojas. Cuando despu6s
de una jornada, ordenaba los apuntes de mi carter condensando
ideas 6 imAgenes, mas de una vez me he sentido empequefiecido,
anulado, desaparecido, ante la magnitude de las grandes colme-
nas que han estudiado Liard y Berthelot, Arnold y Le Bon,
Paulsen y Ostwald, Oliver y Quesada; y al volver el pensamiento
hacia la tierra lejana, me he abandonado a la tristeza y al des-
aliento. iCon que afan hubiera hecho adelantar cincuenta aiios
en un segundo el reloj de la eternidad, para poder contemplar
en Buenos Aires, en La Plata y en C6rdoba, lo que en Alemania,
Francia y Suiza me asombraba y admirabal
Comunicando al professor Appell, en un moment de confi-
dencia spiritual, mis anhelos y preocupaciones, confesAbale que
nunca habia sentido como durante mi estadia en Paris, la lejania


(i) En 1871 un farmacAutico se expresaba al respect en estos t6rminos :
Seior : es precise convencerse sin un Ilamamiento entusiasta, franco y liberal, muy
pocos estAn dispuestos en este siglo de oro A ocuparse eternamente en la investigaci6n de
una verdad, ni menos A encerrarse afios enteros en un laboratorio, para el studio de
unas ciencias, que si bien produce verdaderos placeres aleespiritu, tienen tambidn sus
asperezas, y a veces traen el desaliento para el que no divisa, siquiera en lontananza,
el t6rmino deseado. No exijamos milagros : las vocaciones son muy raras ; los Animos
fuertes, los corazones decididos, no son de siempre para poder afrontar las preocupa-
ciones, la indiferencia y las ingratitudes de los pueblos, enemigos mas porfiados que los
que beaten los conquistadores con las armas. (Luis VASQUEZ, en Revista Farmaceutica, IX,
238. Buenos Aires, 1871.)




OUiMICOS EN LA REPUBLICAN Al


de Buenos Aires, porque al recorrer en su compaiiia las galerias
de la Sorbona, y visitar los gabinetes y laboratories, donde se
crea una buena parte de la ciencia europea, bajo la direcci6n
de los Lippmann, Le Chatelier, Perrin, Urbain, Haller, Pellat,
Bouty, Delage, Dastre, Andoyer, Bouvier y Haug, hubiese que-
rido acercar las dos ciudades, los dos pueblos, y Ilevar A aquel
hormiguero maravilloso una parte de nuestra juventud estudio-
sa, desviada 6 esterilizada en nuestro ambiente.
He sentido alli envidia, una envidia de proletario ante la ri-
queza, una envidia honda y amarga, que me incitaba A mentir
6 exagerar, ante profesores y alumnos, la vida de trabajo y de
investigaci6n de nuestras facultades, y que s6lo acaballaba, so-
fiando con el porvenir, con la esperanza de ver transformado en
rio caudaloso lo que hoy no es sino hilo delgado y apenas mur-
murante de agua entire las piedras... Por eso consider de una
transcendencia, insospechada entire nosotros, la iniciativa de crear
en Ig9o, en la escuela normal superior de Buenos Aires, tres
institutes dedicados exclusivamente A la investigaci6n cientifica,
estando uno de ellos destinado A la quimica; desgraciadamente
el proyecto no se ha realizado (i).
Y no podemos quejarnos por falta de institutes cientificos
para former quimicos 6 profesores de quimica y de catedras y
laboratories destinados A difundir estos conocimientos entire la
juventud sin tender A la especializaci6n.
En la ensefianza universitaria, Buenos Aires cuenta con una
escuela de quimica en la Facultad de ciencias exactas, fisicas y
naturales que otorga titulos de doctor y de perito, donde la qui-
mica inorgAnica, organica, analitica y quimico-fisica tienen cA-
tedras instituidas con laboratories y gabinetes no despreciables;
la Facultad de agronomia y veterinaria dedica gabinetes y la-
boratorios numerosos A la quimica inorganica, orgAnica, analitica
y agricola; ademAs la Facultad de ciencias m6dicas posee en su es-
cuela de farmacia cursos de quimica aplicada en los distintos ra-
mos, sin contar las dos cAtedras que en la escuela de medicine se
consagran A la quimica medica y biol6gica, con sus laboratories

(l) E. HERRERO DUCLOUx, Impresiones europeas, en Archivos de p'dalgogi, Y ciencias.
fines, VIII, 236. Buenos Aires, 1ui1.




32 REVISTA DE LA UNIVERSIDAD

correspondientes; La Plata tiene en el Museo (Facultad de cien-
cias naturales) una escuela de quimica y farmacia (i), reali-
zando desde 1905 en el orden national la aspiraci6n de los es-
pecialistas de 1872, pues no s6lo centraliza toda la ensefanza
de las distintas ramas de la ciencia que los distintos institutes
y facultades de la universidad exigen, sino que tiene cursos es-
peciales para former farmac6uticos, doctors en quimica y doc-
tores en quimica y farmacia, 6stos dltimos desde 1908, contan-
do con un grupo de gabinetes y laboratories que permiten las
demostraciones del aula y las investigaciones verdaderamente
cientificas; y en fin, C6rdoba posee cAtedras de quimica en su
Facultad de ciencias y una Facultad de farmacia donde forma
profesionales, dando gran importancia a los laboratories que pa-
ra el future proyecta, no debiendo olvidar en esta enumeraci6n
la naciente escuela de farmacia que la universidad de la pro-
vincia de Santa Fe ha creado y que ya comprende cursos de
la ciencia que nos ocupa.
Para la formaci6n de profesores de quimica, el pais cuenta
con el Institute national del profesorado de Buenos Aires y
la secci6n pedag6gica de la universidad platense. Ambos vienen
A realizar el pensamiento de Burmeister al crear su Facultad de
ciencias en C6rdoba : el primero con un plan de organizaci6n
y funcionamiento bien concebido, pero incompletamente desen-
vuelto, ha merecido critics y ha sufrido alternatives que han
puesto en peligro su existencia (2); la segunda trabajando de
acuerdo con los institutes y facultades de la universidad A que
pertenece puede dar muy buenos resultados.
En la ensefianza t6cnica, las ciencias quimicas cuentan con una
escuela de industries en San Juan que forma ingenieros quimi-
cos (3), escuelas industrials que con planes completes funcio-
nan en Buenos Aires, Rosario, Santa Fe y La Plata, debiendo


(1) E. HERRERO DUCLOUL, La enseianza de a quinmica en la Universidad de La Plata,
en Archives de pedagogia y ciencias fines, VI, 309, 34o. Buenos Aires, 1909.
(2) Actas de la Facultad de filosofia y letras, en Revista de la Universidad, IX, pAg. XLV
y siguientes. Buenos Aires, 90o8.
(3) Escuela national de minas de San Juan (seccidn de industries quimicas), publicacidn
official. Buenos Aires, 19o6.




OUIMICOS EN LA BEPUBLICA Al


former capataces 6 contramaestres, 6 institutes sostenidos por
meritorias asociaciones particulares que dan A los cursos elemen-
tales de tecnologia quimica gran importancia.
Respecto de la orientaci6n de los studios quimicos superiores,
dos son las tendencies dominantes : la que exige una ensefianza
que forme profesionales t6cnicos, ingenieros quimicos y la que
pide hombres para la cAtedra y el laboratorio.
La primera -planteada en San Juan con un ensayo digno
de apoyo y de elogio tiene como defensor al ingeniero Otto
Krause ex decano de la Facultad de ciencias de Buenos Aires y
director-fundador de la primera Escuela industrial de la Na-
ci6n, ya citada. Su dedicaci6n A la ensefianza t6cnica de la
cual es 6ptimo fruto el establecimiento nombrado y la expe-
riencia adquirida en sus viajes de studio por Alemania 6 In-
glaterra, dan A sus opinions un valor innegable.
El ingeniero Krause queria transformar la escuela quimica
de la Facultad de ciencias, de modo que sus studios sirviesen
para modelar ingenieros-quimicos (I) y no doctors en qui-
mica; hombres capaces de practicar los procedimientos de trans-
formaci6n de la material en grande escala, y no profesionales
dedicados A las tareas del laboratorio y de la ensefianza, por la
carencia de conocimientos t6cnicos suficientes para participar de
los problems de las industries.
En principio participo de las ideas del citado professor, aun-
que sin excluir la ensefianza actual, y como 61 creo que el por-
venir de estos quimicos t6cnicos no puede ser mas brillante;
pero es demasiado lejano para que debamos preocuparnos to-
davia de estos studios y despreciemos los que estando mas de
acuerdo con nuestras tendencies y nuestras necesidades, han da-
do ya resultados que no pueden despreciarse.
Las industries del pais (2) que podrian ofrecer hoy campo de
acci6n A nuestros ingenieros quimicos, no han llegado A un gra-

(I) OTTO KRAUSE, Discurso en REVISTA DE LA UMlVERSIDAD, XI, 282. Buenos Aires, igo9.
(2) Entre nosotros se han levantado industries ficticias; algunas de ellas son extensas
y poderosas, pero no hay ninguna, ni una sola, que represent riqueza national, que
pueda atravesar la frontera... Se han fundado en la Repdblica industries que no nece-
sito enumerar, pero siempre A condici6n de monopolizar el mercado interno, de obligar
al consumidor por la fuerza de la ley, A comprar sus products A precio de enriqueci-
miento para el fabricante... estAn asi destinadas A vivir dentro de la Repdblica como




REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


do de desarrollo suficiente y no lo alcanzaran en muchos aios
todavia, si es que alguna vez Ilegan. La vinicultura, la industrial
azucarera, la de products de lecheria, la extracci6n de aceites,
el aprovechamiento de substancias tAnicas, la explotaci6n com-
pleta de fuentes de petr6leo, las aplicaciones de la electroqui-
mica y la metalurgia, por no citar sino las ramas que alguna im-
portancia tienen 6 prometen tener, proporcionaran A los ex alum-
nos de las escuelas industriales del pais elements de trabajo,
pero no constituyen adn ndcleos de atracci6n ni siquiera para
los ingenieros quimicos europeos, quienes prefieren luchar en el
viejo mundo, en medio de la mas ruda competencia.
Las grandes industries que constituyen la riqueza de Alema-
nia, Francia 6 Inglaterra, serian entire nosotros imposibles hoy
y lo seran mientras la densidad de la poblaci6n no sea veinte 6
treinta veces mayor, so pena de caer en los peligros que ya expe-
rimentamos por nuestro azdcar y nuestros vinos. No debemos
elaborar sino aquello que consumimos y que no es necesario
transportar; y el consume, estando directamente relacionado con
la poblaci6n, es completamente limitado en la rep6blica.
Examinando la organizaci6n de esos gigantescos institutes t6c-
nicos de Berlin, Carlsruhe, Koenisberg, Marbourg, Darmstadt,
Goettinge y Leipzig en Alemania, de Brooklyn, Massachussets
y Chicago en Estados Unidos, de Zurich en Suiza, de Lille y de
Nancy en Francia, de Bruselas y Lieja en B61gica y de MilAn en
Italia, y observando las sumas de dinero invertido por Mond,
Musspratt, Brummer y Gossage en Inglaterra para crear institu-
tes quimicos, nos sentiremos asombrados; pero en ning6n caso
pensaremos en incitar A nuestros gobiernos para seguir tales
ejemplos.
De estas instituciones sacamos un provecho mAs inmediato y
mAs real : adoptando el sistema de organizaci6n y funcionamien-
to de sus aulas de conferencias, de sus gabinetes y laboratories;
practicando los m6todos de trabajo ideados por sus profesores;

plants ex6ticas, en un invernAculo calentado por el trabajo de los demAs habitantes...
Todavia estAn (las industries) con los andadores del favor fiscal, y la experiencia nos ense-
fia ya, que cuando hayan transcurrido cincuenta afios mas, esa infancia subsistirA todavia,
como el product de un raquitismo hereditario, si no curamos en tiempo la dolencia.
(RicARDo PILLADO. Esludio'sobre el comercio argentino con las naciones limitrofes, 5 y 6.
u. A.-2 \: .-.- %




OUiMICOS EN LA REPUBLICAN Al


utilizando el material de demostraci6n y de investigaci6n mas
perfeccionado de que disponen; y en fin, sirvi6ndonos de sus
libros y memories con entera independencia de criterio, pues
que no estamos sujetos A prejuicios de nacionalidad.
Y aun aceptando la posibilidad de ofrecer A nuestros ingenie-
ros quimicos un horizonte c hariamos de ellos quimicos enciclo-
p6dicos 6 verdaderos especialistas ? En este terreno el problema
no tiene sino una soluci6n : necesitariamos especialistas; y con
esto nos obligariamos A una subdivision de los cursos, A una
complicaci6n tal del sistema del institute, que bastan para de-
mostrar lo premature de la empresa en la repdblica como orga-
nismo universitario.
En cuanto A la ensefianza de la quimica en los colegios nacio-
nales y escuelas normales, hay much que esperar de la mejor
dotaci6n de los laboratories en las provincias, pero la difusi6n
de la ciencia esta asegurada y en buenas manos. Y en la misma
obra se trabaja en las escuelas secundarias de agriculture que
la naci6n sostiene en Casilda, San Juan, Mendoza, C6rdoba, Pa-
rana y Tucumin.
Los laboratories oficiales son numerosos 6 importantes en to-
do el pais : los distintos ministerios nacionales tienen oficinas
quimicas asesoras, con personal numeroso y preparado, habiendo
destacado el ministerio de hacienda laboratories A Rosario, Men-
doza y Bahia Blanca que han alcanzado gran desarrollo; las mu-
nicipalidades y los consejos de higiene de las capitals de pro-
vincia han organizado otros que desde larga fecha vienen pres-
tando eficaces servicios, y no estA lejano el dia en que el Minis-
terio de agriculture organic estaciones agron6micas numero-
sas, como la que va A instalar en Chascomhs gracias al desin-
ter6s y entusiasmo del doctor Federico W. GAndara, ex alum-
no de la escuela de quimica de la universidad de Buenos Aires.
La obra del future es muy grande con solo aprovechar inte-
gralmente todos los elements actuales que modela y organize
nuestra generaci6n : mi fe en los hombres j6venes es ilimitada
y a formarlos convenientemente deben tender todos nuestros es-
fuerzos; A ellos se debe la organizaci6n de los studios quimicos,
dentro de los progress de la ciencia, en las escuelas de quimica
de las universidades; ellos han dado nueva savia al institute na-




REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


cional de profesorado; ellos han introducido en, los laboratories
oficiales las prActicas mAs modernas; ellos dictan los cursos es-
peciales de las escuelas t6cnicas y las cAtedras de la ensefianza
secundaria y normal, y en fin, en pocos afios han enriquecido
la bibliografia quimica en una proporci6n considerable, pudi6n-
dose presentar la colecci6n de las tesis del doctorado en Buenos
Aires y La Plata, como un conjunto valioso de contribuciones al
studio de cuestiones que interesan A la quimica pura y aplicada.
Mis ambiciones para el pais son tan grandes, que consider
urgente adoptar dos medios para preparar la juventud de ma-
ilana que debe darles forma y cuerpo. En primer lugar, debemos
ampliar la obra de los sabios de la academia de ciencias cordo-
besa y de Ferri, Altamira, De Grandis, Jakob, Rouma, Posada
y Duguit, en sus especialidades, contratando con un plan medi-
tado profesores eminentes en las distintas ramas de las ciencias
fisicas, que no s61o dicten cursos sino que organicen 6 reorga-
nicen nuestros institutes como tan brillantemente lo ha hecho
el malogrado doctor Emilio Bose con la Escuela superior de cien-
cias fisicas de la universidad platense, dejando de lado toda sus-
ceptibilidad 6 amor propio mal entendido, pensando en el ma-
fiana de instituciones donde los hombres individualmente no son
sino ruedas de mAquina perfectamente substituibles, y guardando
nuestro orgullo para protestar contra la importaci6n de medio-
cridades, costosas 6 indtiles, cuya experiencia nos ha sido tan
cara; no rncarguemos A esos profesores especiales con cursos
generals A los cuales no estan habituados como nosotros (afortu-
nadamente para ellos y para la ciencia), pero impongAmosles li
obligaci6n de former discipulos, profesores verdaderos despu6s.
AdemAs, organicemos cuidadosamente el envio de j6venes A
las universidades 6 institutes t6cnicos de Europa; y con 6sto en-
tiendo que nuestras facultades envien A sus ex alumnos sobresa-
lientes (i), para perfeccionar y especializar sus conocimientos en
una rama de la quimica, en un capitulo de esta ciencia 6 en algo
mis limitado adn, durante dos 6 tres afios, bajo compromise de


(i) Esto comienza A ser una realidad en nuestras universidades de Buenos Aires y
C6rdoba, por iniciativa official, y merece especial menci6n la instituci6n de origen pri-
vado del premio Enrique Ader, en la facultad de ciencias de la primera con ese fin.




OUiMICOS EN LA REPUBLICAN A


dar cuenta de su labor; pero dAndoles facilidades para triunfar,
orientAndolos en aquel mundo maravilloso 6 intrincado, donde
es tan facil extraviarse malgastando fuerzas. La mala direcci6n
inicial es la causa de muchos fracasos; no enviemos nunca j6ve-
nes sin la preparaci6n general necesaria para poder aprovechar
de las lecciones elevadas de los grandes profesores, ni los ale-
jemos de nuestro medio (cuyo conocimiento es indispensable al
professional 6 al hombre de ciencia que pretendemos former) des-
de los primeros afios de una carrera, pues es initil y hasta contra-
producente que vayan A pedir a las instituciones extranjeras lo
que las argentinas pueden proporcionarles perfectamente hoy.
Nuestros becados 6 comisionados no irAn A escuchar cursos 6
frecuentar laboratories, confundidos entire centenares de alum-
nos, sino a former parte del grupo reducido y select que ro-
dea A un professor en el aula y en el laboratorio, ayudAndolo
primero y colaborando despu6s en sus trabajos personales. Es
de este modo como Sabatier en Toulouse, Duparc y Guye en
Ginebra, Fischer en Munich, Treadwell en Zurich, Beckmann
y Le Blanc en Leipzig, Tammann y Wallach en Goettingue, War-
burg y Nernst en Berlin, von Schran en NApoles, Meurice en
Bruselas, Carracido, Pifierda, Mourelo y Mufioz del Castillo en
Madrid y Mascarefias y HernAndez en Barcelona, entire los que
podria citar, dirigen el movimiento de los institutes A su cargo,
prolongan su acci6n en el tiempo transmitiendo sus doctrinas y
sus m6todos A los discipulos, y aseguran el renombre de sus es-
cuelas mAs allA de sus fronteras.
Y cuando el sistema se haya aplicado durante veinte aiios para
los studios quimicos y para las demAs ciencias, que son un se-
gundo en la vida de una naci6n, contaremos con un grupo de
hombres s6lidamente preparados que habrAn hecho suyas las
ideas mAs grandes de la modern ciencia; y nuestro pais podrA
ostentar al lado de sus campos inmensos de espigas de oro y de
sus rebafios innumerables, una colmena incomparable, cuya miel
no se cotiza siempre en los mercados, pero acrecienta el bienestar
del pueblo y es timbre de orgullo para las naciones que la poseen.

ENRIQUE HERRERO DUCLOUX.
(Continuard.)





EL DOMICILIO Y LA NACIONALIDAD

(Conlinuacidn)





II

PERIOD ESTATUTARIO


El concept, claro y precise, que las leyes romanas alcanzaron
A consagrar del domicilio y la residencia se obscureci6 bajo la
influencia de la invasion germAnica, cuyas nociones juridicas
rudimentarias substituyeron el element intellectual de la inten-
ci6n por el hecho material de la habitaci6n como constitutive
fundamental del domicilio. Desapareciendo la importancia del
animus, existia aquel donde se hallaba el domus, pudiendo tam-
bi6n entonces decirse domicilium est domus possession in ea ci-
vitate, in qua quis sencetur et scepius commoratur (i), demos-
trando la equivalencia entire domicilio y habitaci6n; concept
que se repite on una constituci6n de Federico II, en la cual se
lee: ut si convenerit domus a curia distet per octo dietas ; si
autem per X dietas, domicilium ejus d curia distare noscatur (2) :
( Si conviniere, la casa diste de la curia el espacio de ocho ha-
bitaciones; si distare el de diez, s6pase que el domicilio esti lejos
de la curia. )
Para que la verdadera noci6n del domicilio resurgiese fu6 ne-
cesario que se rehabilitaran los principios fundamentals del

(i) CALVINUS, Lexicon, v. Domniciliun.
(2) Const. Sicul., libro 1, capitulo XCIV.




DOMICILIO Y LA NACIONALIDA


Derecho Romano, como lo hicieron algunos siglos despu6s los
doctors y estudiosos que, procurando abrir brecha en la coraza
f6rrea del despotismo politico y juridico implantado por el r6-
gimen feudal, moderaron con las ensefianzas de aquel derecho y
restablecieron A sus limits racionales las nociones equivocadas
imperantes en el orden juridico y legal.
Merced A la obra de los prActicos y juristas, volvi6 A ser el
animus el factor esencial del domicilio, conjuntamente con el
hecho de su residencia en un lugar determinado, constituido en
centro de los negocios y de las relaciones juridicas de la per-
sona. Como lo recuerda Orlandi, todos los escritores de la 6poca
reproducian el ejemplo de D'Argentr: (( Nec Ulysses totis duo-
decim annis sine domicilio fruit, cum Ithacam semper cogitaret;
ni Ulises estuvo sin domicilio durante los doce afios, mientras
pens6 en Itaca ; ejemplo del cual result mas claro y precise
el verdadero concept de domicilio que del siguiente pasaje, que
tambi6n contiene la doctrine de los escritores A su respect: (( Pa-
ripteran intellinitnr hahere dom.icilizm. aii domum.. siiv tbner-


ir habere





40 BEVISTA DE LA UNIVERSIDAD

J. Voet (i), por su parte, afirma: ((Illud certum est, neque solo
animo atque destination patrisfamilias, aut contestatione sola,
sine re et facto, domicilium constitui, neque sola domus com-
paratione in aliqua region, neque sola habitatione, sine pro-
posito illic perpetuo morandi: cierto es que la sola intenci6n
y destine del padre de familiar, 6 la sola contestaci6n, no acom-
pafiadas de la efectiva residencia, no constituyen domicilio; ni
lo constitute la sola compra de una casa en algin pais, ni la
sola habitaci6n en 61, sin el prop6sito de permanecer alli per-
petuamente. ,
Se ve, pues, que Voet, sobre la base de las leyes romanas 20,
libro 17, S i, fr. ad municipalem y 17, S I3, del Digesto, y
4, libro Io, tomo 37 del C6digo, que anteriormente nosotros
hemos recordado, rehabilita el concept romano del domicilio,
pudiendo decirse tambi6n que entonces, lo mismo que segfin
los textos romanos, el domicilio podia conservarse solo animo,
sin que fuera muchas veces indispensable el hecho de la resi-
dencia, existiendo la intenci6n de conservarlo 6 de volver A 61
despu6s de una residencia transitoria en otro lugar, animus re-
vertendi.

(i) Comm. ad Pandectas, libro V, titulo 1, n6mero XCVIII.
Continoa este estatutario desarrollando de la siguiente manera la noci6n expresada :
Ulpiano distingue la habitacind del domicilio cuando afirma que la ley cornelia Injuria-
ram, relative A la entrada por fuerza en una casa perteneciente d toda habilacidn en que
habite an padre de familiar, aunque dl no tenga alli sa domicilio ; y que aquel que se hall
en Roma (es decir, que habitat en ella) por razones de studios, no tiene por ello domi-
cilio alli. Mucho menos se dira.que uno tenga domicilio en un lugar s61o porque tiene
establecido 6 dirige, con objetos comerciales, una tienda, un mostrador, un almac6n, un
granero 6 una oficina : 6 porque mora en un lugar con el fin de tender una litis 6 otro
asunto cualquiera, 6 para dar cumplimiento A un trabajo, 6 para ejercer sus trAficos.
El por qu6 fu6 al punto expresado una vez que quien ha partido para las Indias Orien-
tales no ha perdido el domicilio. Cuya mAxima fu6 ademAs en algfn mode modificada
en nuestras costumbres por una recientisima disposici6n de derecho concerniente A aquellos
que van A las Indias Orientales, come diremos tratando de las sucesiones ab-intestaio.
V6ase entretanto el decreto de los Estados Generales, de so de enero de 1661.
AnAlogamente, el que es delegado a otro lugar para sostener alguna carga 6 dipu-
taci6n, como seria entire nosotros, A los colegios de los Estados Generales, al Consejo de
Estado, A la CAmara de los Conti, al almirantazgo y otros, aunque hahite en los lugares
A los cuales es mandado, es razonable concebir que no tenga alli fijado su domicilio,
sine que lo haya conservado en el pais del cual fu6 mandado, tambi6n tratAndose de suce-
siones sobre bienes inmueblcs ; pues hemos visto que aun los senadores romanos conser-
vaban el derecho del domicilio en el municipio del que train su origen ; de manera que
en Roma mas bien se estimaba que iaviesen su domicilio de lo que on realidad lo tenian...




L DOMICILIO I LA NACIONALID


Durante el period que estudiamos fue tambi6n el domicilio
el factor determinante del llamado estatuto personal. Era, desde
luego, natural que ello fuese asi: el ambiente propio de esa
6poca, en el orden legal, y el estado del derecho lo imponian.
La ley del domicilio, se ha dicho, estaba estrechamente ligada
A la existencia de las costumbres que regian la antigua Fran-
cia; diversificAndose las costumbres en un solo y mismo Es-
tado, no habia otro medio de determinar el estatuto de las per-
sonas que referirse al domicilio, como ocurre hoy mismo en los
paises de derecho consuetudinario.
De acuerdo con la doctrine y la jurisprudencia general, el
estatuto de la persona era determinado por el domicilio actual
de la misma, cualquiera fuese su domicilio de origen. Bien es
verdad que algunos juristas prefirieron 6ste al anterior, ofreci6n-
dose asi, en cierto modo, como precursores de la doctrine qu2
aparece despues sobre la base de la nacionalidad, sin que, no obs-
tante, pudiera su doctrine confundirse con 6sta, como no pue-
den confundirse el domicilio de origen y la nacionalidad.
El domicilio de origen, dice Laurent (I), de que hablan nues-
tros antiguos autores, no se confundia con la nacionalidad, por-
que la nacionalidad de los Normandos y de los Parisienses era
la misma: todos eran franceses. S61o puede decirse que el do-
micilio de origen era un recuerdo de la antigua division de la
Francia en pequefios Estados soberanos; estas soberanias locales
no tenian todas su fuente en una diferencia de raza 6 de nacio-
nalidad, pero tenian, al menos, una existencia apart, un derecho
diferente, lo que prueba que sus costumbres y sus caracteres
eran diversos. En el moment en que se form la teoria de
los estatutos, las soberanias feudales eran absorbidas por la re-
yecia; no quedaba del vasallaje de la Edad Media otro recuerdo
que la diversidad de las costumbres. En este nuevo orden de cosas,
era dificil distinguir A los hombres segiin su raza 6 su nacio-
nalidad primitive. d C6mo se habria constatado, fuera del lugar
del nacimiento, que tal individuo era de la raza normanda, que
tal otro lo era de la raza bretona ? La dificultad se habria con-
vertido en imposibilidad si se hubiera tenido en cuenta las ba-


(1) Droit civil international, i880, tomo 11, pagina 191, nfimero 98.




REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


ronias 6 las castellanias de que habla Beaumanoir. En el nuevo
orden de cosas, no habia mAs que un medio de distinguir A
los hombres, en lo concerniente A la costumbre que los regia,
y era referirse A su domicilio actual.
Aparte de estas consideraciones, que demuestran c6mo en la
6poca hist6rica que estamos analizando no podia ser el status
personal determinado por la nacionalidad de los individuos, mi-
litan en apoyo del principio del domicilio las razones extraidas
del fundamento capital en que los juristas lo apoyaban, afir-
mando que la radicaci6n individual en un lugar determinado
supone la sumisi6n de la persona al derecho local: el domicilio
significaba, natural y 16gicamente, sujeci6n del hombre A la ley.
Asi, podia decir Hercio (i) : ( hinc status et qualitas persona
regitur a legibus loci, cui ipsa sese per domicilium subject:
el estado y la calidad de una persona se rigen por la ley del
lugar A que por su domicilio estA sujeta>); y tambi6n (2): aquan-
do lex in personal dirigitur respisciendum est ad leges illius civi-
tatis, quce personal habet subjectam : siempre que la ley se diri-
ge A la persona, tenemos que referirnos A la ley del lugar A que
esta personalmente sujeta. )
En el mismo sentido se expresa Rodremburgo (3), diciendo:
( cum de statu et condition hominum quceritur, uno solum-
modo judice, et quidem domicilii, univermum in illa jus sit attri-
butum: siempre que se suscite cuesti6n en cuanto al estado y
condici6n de una persona, no hay sino un juez: el del domicilio,
que tenga el derecho de resolverlo.


III

DESPUES DE LA PROMULGACI6N DEL CODIGO NAPOLEON

Acabamos de ver que mientras subsistieron, imperando igual-
mente soberanos en el territorio de cada pais, un n6mero mAs 6


(t) De collision legum, 1876, s. I, nimero 5, pAgina 122; tambi6n 173, 1~ 7.
(2) Idem, idem, nimero 8, pigina 123; nOmero 12, pigina 128; tarnbi6n 175, 182.
(3) De Div. Stat., titulo i, capitulo 3, s. 4-io.





SDOMICILIO Y LA NACIONALIDA


menos grande de costumbres 6 estatutos, el domicilio sirvi6 para
determinar el estatuto personal.
Cuando se sancion6 el c6digo de Napole6n, desaparecieron en
Francia las trescientas costumbres (I) que regian on ella con-
temporAneamente; y, unificada la legislaci6n, el estatuto personal
no tuvo ya por base el domicilio, sino la nacionalidad.
La revoluci6n francesa di6 lugar, como se ha dicho, A una
revoluci6n juridica, 6 sea, A la unificaci6n del derecho privado
national en Francia, mediante el c6digo civil. Ante este hecho,
desapareci6 la raz6n fundamental de los conflicts legislativos
de orden interno de la naci6n, y se consider que no podia atri-
buirse entonces al domicilio el papel que desempefiara hasta ese
memento, como determinante de la costumbre 6 del estatuto apli-
cable en el orden personal (2).


(I) Refiri6ndose A la obra de KLIMIAT. H Travaux sur l'histoire du droil frangais, dice
PLANIOL, TraiW dilmentaire de droit civil, Paris, 19o6, tomo I, pAgina Is, sobre la repar-
tici6n geogrifica de las costumbres francesas : a Excluyamos, ante todo, los paises de
derecho escrito ; luego, las provincias fronterizas del norte y del este, antiguas posesiones
espafiolas 6 teut6nicas, tardiamente adquiridas por la reyccia ; excluyamos aun las juris-
dicciones de los parlamentos de Bourgogne, Normandia y Bretagne, regidas cada una por
una costumbre homog6nea. Lo que queda forma la jurisdicci6n del parlamento de Paris.
Dividimosle, del noroeste al sudeste, por una diagonal, pasando por Dreux, Etampes
y Sens. La porci6n situada al sud de esta linea represent el valle de la Loire ; ella es
mis vasta que la otra ; pero las costumbres son alli poco numerosas y su radio de acci6n
es generalmente grande : Augoumois, Poitou, Berry, Auvergne, Bourbonnais, Nivernais.
Touraine, Anjou-Maine, Orleans, etc. Es s61o en Perche y en el pais charlrain donde
el fraccionamiento hace su aparici6n ; esta region puede ser considerada, con la de
Auxerre, como sirviendo de transici6n entire ambas mitades de la jurisdicci6n de Paris.
Al norte de la diagonal Dreux-Sens, es decir, en los valles del Sena y de la Somme, la
confusion era extrema. Las costumbres locales superabundaban. Con excepci6n de las de
Artoisy de Vermandois, cuyo territorio era bastante redondeado, las costumbres importan-
tes tiene una configuraci6n rara, que parece cortada por placer (Sens, Vitry), 6 bien
tienen jurisdicciones alejadas (Joigny, dependientedo Troyes : Rethel y M6ziBres, depen-
diente de Vitry). Estas diferencias proceden de hechos hist6ricos. En la region vecina de
Paris, el poder real no ha dejado subsistir sine pequefias jurisdicciones sometidas, much
menos poderosas que las de los grande heredamientos y de los grandes feudos que han
ocupado el rest del pais ; estos ultimos han unilicado la jurisprudencia en su juris-
dicci6n; en el resto, la unidad ha faltado. a
(2) En el memento de redactar los articulos proliminares del C6digo civil, dice JITTr.
op. y loc. cit., pAgina n44, se hallaba el legislator francs en presencia de la tradici6n
estatutaria que, en cuanto se mostraba uniform acerca de las aplicaciones del estatuto
personal, relacionaba esas aplicaciones con la ley del domicilio de las personas. Semejante
efecto del domicilio era natural bajo el antiguo regimen de la diversidad de las costumbres,
desde el instant que se queria substraer ciertas relaciones juridicas personales al imperio





REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


Ante este criterio, compr6ndese perfectamente que los com-
piladores del c6digo Napole6n hesitaran en consagrar algunos
de sus articulos A la material del domicilio, y creyeran que, no
debiendo ya 6ste determinar el estatuto personal, ni ejercer fun-
damental influencia sobre los derechos civiles, s61o habria de
servir en adelante para resolver dificultades de puro procedimien-
to y que, por lo tanto, era en el c6digo A 6ste dedicado que
debia 61 legislarse en sus diversas fases. No obstante, una
mejor apreciaci6n de la cuesti6n condujo A los redactores del
c6digo A concluir que, aun despu6s de la unificaci6n legislative,
el domicilio continuaria siendo un element transcendental en el
orden del derecho privado national. Asi, ( el domicilio seria parte
principal en material de ausencia; determinaria cuml habria de
ser el official del estado civil competent para la celebraci6n del
matrimonio, el lugar en que deberian hacerse las publicaciones;
determinaria igualmente, siendo el domicilio del padre, el lugar
en que deberia abrirse la tutela de los hijos menores; la oficina
en que habria de registrarse ciertos actos del estado civil y el
lugar en que deberia abrirse una sucesi6n; tendria, finalmente, en
muchos puntos, intima conexi6n con la material de las obliga-
ciones y con la de las hipotecas (i). En virtud de tales consi-



absoluto de la ley territorial; porque para resolver los conflicts entire las diversas leyes
6 costumbres vigentes en el seno de una misma naci6n, en un determinado territorio,
no era possible tender A la nacionalidad de las personas y solamente el domicilio podia
dar al derecho un carActer personal. Para los autores del C6digo civil, por el contrario,
la cuesti6n se planteaba de una manera distinta : iban A abolir las leyes y costumbres
territoriales en el seno de Francia, reemplazAndolas per una ley national inica, y en tal
supuesto, agotada la fuente de done manaban los conflicts entire las diversas legisla-
ciones interiores, no cabia atribuir al domicillo el efecto que de antiguo producia en
Francia.
(i) Puede verse C. BROCHER, Coars de droit international prive, tome I, pagina 218,
n6mero 77; DEMOLOMBE, Cours de Code Napoldon, tome 1, pagina 563, nimero 339
M. PLANIOL, Traitd de droit civil, tome I, pagina i99, n6mero.554 ; G. BAUDRY-LACAN-
TINERIE, tomo I, Des personnel, pagina 807, nAmero 965. Este ultimo author dice, al sefialar
el interns que ofrece la determinaci6n del domicilio : 1 Es en el domicillo de la persona
done se centralizan ciertos actos relatives sea al estado civil, sea A la capacidad de las
personas, y se efect6a la publicidad relative A los cambios de esta capacidad 6 de ese
estado (art. 6o, 61, 80, 82, 87, 93, 98, 171, 25o, 359, 5oi del C6d. civil ; art. 872
y 880) ; 2 ciertos actos juridicos solemnes necesitan la intervenci6n de oficiales p6blicos
cuya competencia personal es determinada por el domicilio de una de las parties. Tales
son la emancipaci6n (art. 4,77), la adopci6n (art. 353), la constituci6n de una tutela





L DOMICILIO Y LA NACIONALID.


deraciones, se crey6 necesario legislarlo, no como una material
de puro procedimiento, sino como vinculada a las leyes civiles.
El c6digo francs no fu6, sin duda, el primer c6digo que se
hizo en Europa. Antes que 61, existian el c6digo prusiano (Cuerpo
de derecho para los Estados de S. M. el rey de Prusia) publicado
en 1751, promulgado en 5 de febrero de 1794 y puesto en vigor
en i de junio del mismo afio, con el nombre de Allgemeines Lan-
drechts far die preussischen Staaten; el c6digo BAvaro (Codex
Maximilianeus bavaricus civilis) publicado en 1756; el de Aus-
tria, terminado en 18o1 y promulgado en 1811, comenzando A
regir en 1812; el c6digo Victoriano, para los Estados Sardos,
publicado en 1723. Pero como estos c6digos no operaron en
los respectivos paises una verdadera unificaci6n de la legisla-
ci6n, puesto que continuaron en ellos imperando diversas cos-
tumbres y estatutos locales, puede decirse que el c6digo Napo-
le6n inici6 la obra de la unificaci6n en el siglo xix, movimiento



oficiosa (art. 363) y bajo ciertas reserves al malrimonio (art. 74 y 165) ; 3 es en el
domicilio del deudor que puede exigirse, A falta de convenci6n sobre este punto, la eje-
cuci6n de una obligaci6n quo no tenga por objeto un cuerpo cierto (art. 1247) ; es
en el domicilio donde deben ser notificados, cuando no lo son en persona, todos los actos
extrajudiciales, sommations, condenaciones, etc., y las citaciones 6 exploit d'ajournement
(art. 68 del G6d. proc.); 5" es el domicilio el que determine la competencia rationse
personal de los tribunales en material personal y mobiliaria (art. 2, 59 y 420 del C6d.
proc.), en material de ausencia (art. 112, 115, 120 y 129 del C6d. civil), de autorizaci6n
marital (art. 861 del C6d. proc.), de divorcio (art. 234 del C6d. civil), de separaci6n
de cuerpos (art. 875 del Cdd. proc.), de separaci6n de bienes (art. 865 del C6d. proc.),
de interdiccidn y de nombramiento de concejo judicial (art. 492 y 514 del C6d. civil),
y de quiebras (art. 438 del C6d. com.) ; 6* es tambi6n el domicilio el que fija el lugar
en que se abre la tutela (art. 406 del Cod. civil) ; 7" 61 es igualmente el que fija el lugar
de apertura de una sucesi6n. a El lagar en que la sucesi6n se abre serd determinado por
el domicilio. o (art. Ieo). La sucesi6n de una persona se ahre, pues, en el lugar en que
ella estaba domiciliada en el memento de su muerte, cualquiera sea el lugar en que 6sta se
produzca. En consecuencia de ello el articulo 59, inciso 6, del C6digo de procedimientos
atribuye competencia al tribunal del filtimo domicilio del difunto para estatuir, en prin-
cipio, sobre todas las contestaciones relatives A la berencia. Por su situaci6n, este tribunal
parece mejor que cualquier otro para juzgarlas, puesto que tiene en sus manos mis fre-
cuentementc los principals elements de decision, especialmente los titulos y papeles del
difunto, que se suponen reunidos en su domicilio, y la mayor part de sus bienes. Y, por
otra part, la centralizacidn de todas las demands ante un solo y mismo tribunal deja
esperar mayor uniformidad en las diferentes decisions relatives al reglamento de la suce-
si6n y una justicia mais pronta, mis fAcil y menos costosa ; 8* en fin, la determinaci6n
del domicilio present interns desde muches puntos de vista (art. 407, o9g, 432, 1057,
2018 y 2265 del C6d. civil ; art. io5 del C6d. com. ley del 25 vent6se, afio XI, art. 9).





46 REVISTA DE LA UNIVERSIDAD

que continue operAndose en todos los demis paises bajo la pode-
rosa acci6n expansive y la influencia cientifica de aquel c6digo.
Sea, pues, por vinculaciones de orden politico 6 territorial con
la misma Repdblica Francesa; sea bajo la presi6n del poder mi-
litar absorbente de Napole6n; sea, en fin, por acto voluntario
y libre de las naciones, casi todas ellas inspiraron sus legislacio-
nes en la obra legislative de la Francia (i), con excepci6n de
los paises anglo-sajones que, refractarios A la codificaci6n, con-
servaron su derecho bajo la forma de costumbres y leyes dis-
persas.
En Italia, al redactarse el nuevo c6digo civil, promulgado en
1865, se discuti6 tambi6n, como en Francia, si dicho c6digo
debia contener un titulo destinado A legislar sobre el domicilio;
y Pisanelli, relator de la comisi6n encargada de redactar el pro-
yecto, decia en su presentaci6n al Senado : ( Algunos han creido
que el domicilio hallaria ubicaci6n mAs oportuna en el c6digo
de procedimientos. Pero ocurre observer que, si el domicilio
sirve para determinar la competencia y la jurisdicci6n, interest
tambi6n por muchos otros hechos que se relacionan estrecha-
mente con las leyes civiles. Asi, el domicilio es parte principal
en la material de la ausencia; determine cual debe ser el official del
estado civil competent para la celebraci6n del matrimonio; cuAl
el lugar en que deban hacerse las publicaciones; el domicilio de
los padres fija el lugar en el cual se abre la tutela de los hijos



(i) M. PLANIOL, op. cii., pigina 52, tomo I, clasifica asi las naciones que recibieron
la influencia del C6digo Napole6n : i los territories que se hallaban reunidos A la Repii-
blica Francesa antes de la paz de Amiens (1812) recibieron el CGdigo, A su promulgaci6n,
como la misma Francia. Esta primer categoria comprende la Bl6gica, el Luxemburgo,
el Palatinado y today la part de la Prusia del Rhin y de la Hesse-Darmstadt, que se en-
cuentra en la margen izquierda del Rhin. MAs al sud, Ginebra, la Savoia, el Piamonte.
los ducados de Parma y de Plasencia ; 2 A media que sus conquistas se extendian,
Napole6n introdujo su C6digo en un cierto n6mero de nuevos paises : en Italia (decr.
de 3o de marzo de 1806), en Holanda (deer. de 18 de octubre de iSo), en los depar
tamentos HansiAticos (Sen.-consulto, 13 de diciembre de 18o1) y en el Gran Ducado de-
Berg (deer. de 17 de diciembre de i8 ) ; 3* en fin, ciertos paises adoptaron voluntaria-
mente el C6digo francs. Tales fueron el reino de Westfalia (i' de junior de 1808) :
el Hannover, unido A Westfalia en 181o ; los grande ducados de Baden, Francfort,
Nassau; varies cantones suizos, la ciudad libre de Dantzig, el gran ducado de Varsovia;
las provincial Illirias, que constituyeron el reino de lliria en 1819 ; el reino de NApoles
(i1 de junio de 1808).





DOMICILIO Y LA NACIONALIDA


menores; la oficina en que deben registrarse ciertos actos del
estado civil 6 el lugar en que se abre la sucesi6n; tiene, final-
mente, en diversos puntos, una conexi6n intima con la material
de las obligaciones y con la de las hipotecas. Por ello se ha
juzgado convenient establecer en el c6digo civil las reglas ge-
nerales sobre el domicilio. (i).
Estas razones determinaron la inclusion del domicilio entire
las materials legisladas en el c6digo civil italiano, cuya redacci6n
definitive le consagr6 los art. 16 a 19, de que oportunamente
nos ocuparemos (2).
La sanci6n del c6digo Napole6n introdujo, pues, una inno-
vaci6n en el criterio determinante del estatuto personal: dej6
de fundarse como hasta entonces en el domicilio, para guiarse por
el principio de la nacionalidad.
El pArrafo 3 de su articulo 3 dispuso: ( Las leyes concer-
nientes al estado y la capacidad de las personas rigen A los fran-
ceses, aun residents en pais extranjero ).


(i) Relaci6n PISANELLI, pigina 5 (pag. i( de la edic. de la Union tip. edit., Coleecid6
de bolsillo de los cddigos italianos, Cddigo civil, vol. I. Turin, 1887).
(2) Pasado el proyecto A studio de una comisi6n nombrada por el senado, 6sta pro-
puso algunas modificaciones al titulo del domicilio, en m6rito de las siguientes considera-
clones : La le, al atribuir derechos 6 imponer deberes A los ciudadanos, ha sentido la
necesidad de determinar el lugar en que cada uno de ellos ejercita sus derechos y dehe
cumplir sus deberes. Este lugar es el domicilio, que es civil 6 politico, segfn que se
refiera al ejercicio de los derechos civiles 6 de los derechos politicos. El domicilio civil
suele servir de base al politico y de 61 s6lo se ocupa la ley civil.
Las disposiciones del proyecto sobre el domicilio, conforme A las de los c6digos hoy
vigentes, han sido sin dificultad aceptadas por la comisi6n. Ella ha agregado solamente
algunas otras destinadas A defnir el domicilio del ciudadano llamado A funciones publicas,
de la mujer casada que queda viuda, del que sirve y trabaja habitualmente en casa ajena.
Siguiendo las normas sancionadas por otros c6digos italianos y por la jurisprudencia, se
ha declarado que el ciudadano Ilamado A funci6n pdblica conserve el domicilio cuando
no manifiesta express 6 tAcitamente una intenci6n diverse ; que la viuda conserve el
domicilio del marido difunto, hasta que no lo cambie ella misma de hecho ; que el mayor
de edad que sirve y trabaja habitualmente en casa de otro, tiene el domicilio de la per-
sona A quien sirve y i cuyo lado trabaja, cuando vive conjuntamente con ella. Esto no
ofende en nada la libertad y la independencia del que sirve y trabaja en casa ajena, sino
que, para mayor comodidad suya, se lc atribuye el domicilio mis de acuerdo con su
intenci6n y convenient A sus interests.
Es permitido y, ann A veces prescripto por la ley, elegir un domicilio especial para
ciertos negocios y actos. El proyecto dispone que la elecci6n debe ser hecha por escrito
y con escritura privada, lo que excluye que pueda hacerse con cualquier otro escrito,
como seria A modo de ejemplo, por carta. )




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La unificaci6n del derecho privado venia asi A dar en Fran-
cia soluci6n A dos problems igualmente trascendentales: uno
de orden interno y otro de orden international. En el orden
intern, al hacer desaparecer la multiplicidad de leyes diversas,
hacia desaparecer igualmente todos los conflicts que entire ellos
surgian dentro del territorio francs. Descartada asi la cuesti6n
national, como se ha dicho, s6lo quedaba la international, 6
sea, el efecto del domicilio en cuanto al estado y la capacidad
de las personas, tanto para los extranjeros en Francia como para
los franceses y extranjeros en el extranjero, en cuanto el juez
francs tuviese que entender en ello.
Acabamos de ver c6mo la resolvi6 el c6digo, refiri6ndose sola-
mente al status del individuo francs en el extranjero y guar-
dando silencio respect del mismo status del extranjero en Fran-
cia. De esta manera, la cuesti6n de orden international qued6
solucionada A medias. d Por qu6 los autores del c6digo civil no
trataron de la ley que rige el estado y la capacidad de los ex-
tranjeros ?
Segfin Jitta (I), es possible que los autores del c6digo hayan
pensado en el principio del articulo ii del mismo, que excluye
al extranjero del goce de los derechos civiles, disposici6n que,
interpretada en su sentido mas amplio, hace indtil la determina-
ci6n de la ley que haya de regir la persona del extranjero;
pero esta explicaci6n, aun siendo bastante plausible, participa
de la duda que envuelve el sentido del articulo ii. Puede sos-
tenerse tambi6n que los autores del c6digo civil, sin haber pen-
sado en las relaciones del articulo 3 del c6digo con el articulo 11,
quisieron abandonar A la ciencia la determinaci6n de la ley per-
sonal del extranjero. Semejante opinion encuentra apoyo en
los trabajos preparatorios : el texto primitive (2) del proyecto


(1) M tildo del derecho international privado, traducci6n de J. F. Prida, Madrid, La
Espania modern, pagina 145.
(i) Examinando FoELIX, Traiig de droit international privd, Paris, 1866, volume I, p:-
gina 66, ndmero 32, hasta qu6 punto las legislaciones positives han sancionado la regla
de que el estatuto personal sigue al individuo en pais extranjero, se ocupa de Francia en
los siguientes trininos : t En Francia, en la discusi6n que precedi6 A la adopcion del
articulo 3" del C6digo civil, esa regla ha side formalmente reconocida, tanto con respect
A franceses cne se ausentan A pais extranioro, como con respect A extranicros que se





DOMICILIQ Y LA NACIONALIDA


del articulo 3 parecia querer someter la persona del extranjero
A la ley francesa, por lo menos durante su residencia en Fran-
cia; pero esta redacci6n fu6 criticada en el Consejo de Estado
por Tronchet, que observ6 no debia estar el extranjero some-
tido A las leyes civiles francesas que regulaban el estado de las
personas.
MAs tarde propuso el Tribunado la redacci6n que pas6 al c6-
digo; y si se admite que este cambio tuvo por objeto confirmar
la opinion de Tronchet, solamente puede decirse que el c6digo
quiso consagrar la regla negative que hemos mostrado como re-
sultado hist6rico del estatuto personal, y que no somete la per-
sona humana A la autoridad absolute de las leyes territoria-
les.
Muchas explicaciones caben dentro de lo possible en argu-
mentaciones como 6sta, desarrollada A pura base de sospechas.
Sean 6 no exactas las que acabamos de transcribir, es lo cierto
que el c6digo francs no establece principio alguno para regir
el status del extranjero en Francia; y, A nuestro juicio, debe
buscarse la raz6n de ese silencio en el hecho incuestionable de
que ese c6digo era un c6digo feudal y sus autores se hallaban ins-
pirados, especialmente en el orden politico, por ideas muy exa-
geradas y equivocadas relativamente al concept de la soberania
y del estado, de la nacionalidad y de la independencia political,
legal y juridica.
Asi se explica que el proyecto del gobierno hubiera contenido
una disposici6n que imponia A nacionales y extranjeros las le-
yes francesas; su rechazo por el Consejo de Estado, en m6rito de


hallan en Francia. En cuanto A los primeros, el texto es positive. No lo es en cuanto
A los segundos; pero, en el espiritu del legislator, la regla establecida por el articulo 3
se aplica igualmente A los extranjeros que resident en Francia.
El articulo 3" del proyecto del gobierno estaba asi concebido: a La ley obliga A los
que habitat el territorio .. En el Consejo de Estado, Tronchet atac6 esta redacci6n, por
ser muy general, 6 hizo observer que ( el extranjero no esta sometido A las leyes civiles
que reglan el estado de las personas ,. La Seceidn de legislacian del Tribunal propuso
en seguida la redacci6n que ha pasado al C6digo. Comparando esta redacci6n con la
observaci6n de Tronchet y recordando que el texto del parrafo 3" del articulo 3 no se
extiende A los extranjeros cono el del pArrafo s2, se Ilega al convencimiento de que los
redactores del c6digo no han querido aplicar A los extranjeros las leyes francesas concer-
nientes al estado y A la capacidad de las personas.
ART oarG. xvII -




REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


la consideraci6n aducida por uno de sus miembros, de que (( el
extranjero no esta sometido A las leyes civiles que reglan el estado
de las personas ), no significa que entendian dejarlos sujetos A
sus leyes nacionales. Si tal pudiera significar; si al suprimir la
redacci6n combatida hubiera sido el espiritu de los autores del
c6digo dejar el status del extranjero determinado por su propia
ley, es natural, es absolutamente indudable que asi lo habrian es-
tablecido.
La soluci6n negative y nebulosa que consignaron se explica,
Anica y exclusivamente, porque repugnaba al espiritu y al pen-
samiento de los legisladores franceses reconocer existencia y otor-
gar valor y acci6n A las leyes extranjeras dentro del territorio
francs. Y ese espiritu era un espiritu empapado en feudalismo.
Tal es nuestra opinion.
La letra y el espiritu del c6digo no autorizan a Merlin (i)
A afirmar en t6rminos categ6ricos : (( Del principio de que las
leyes francesas concernientes al estado y A la capacidad de las
personas rigen A los franceses, aun residents en pais extran-
jero, se sigue muy naturalmente que, por reciprocidad, las le-
yes que rigen el estado y la capacidad de los extranjeros les
siguen en Francia, y que es segdn estas leyes que los tribuna-
les franceses deben juzgar si tienen 6 no tal estado, si son ca-
paces 6 incapaces. )
Y much menos puede afirmar Demangeat (2) que ( el estado
y la capacidad del extranjero son regidos en Francia por la ley
de su pais, sin ninguna condici6n de reciprocidad: poco importa
que en su pais no se aplique la ley francesa en lo que concierne
al estado y a la capacidad de los franceses. )
Los articulos del c6digo civil Napole6n referentes al extran-
jero, como el 3 que nos ocupa; el 1i, que somete al principio
de la reciprocidad el goce de los derechos civiles; el i3, que los
concede bajo el requisite de la existencia de un domicilio auto-
rizado por el gobierno; el 726, que sujeta el derecho sucesorio
al principio del articulo I i, etc., hacen inadmisibles las dos l6ti-
mas interpretaciones transcripts. El c6digo Napole6n, que, mAs


(i) RBpertoire de urisprudence, v. Loi, pirrafo 6, nfimero 6.
(a) En sus notas a Fcelix, loc. y op. cit.




DOMICILIO T LA NACIONALID'


que un c6digo civil, era un c6digo politico, era tambiAn un c6digo
feudal,-algunos de cuyos principios fueron quizAs mAs rigurosas
hacia el extranjero que los imperantes en el antiguo regimen,
-que ni siquiera aboli6 el derecho de aubana.
Es que la situaci6n del extranjero en Francia fu6 mejorada y
humanizada por obra de la doctrine y de de la jurisprudencia,
procurando 6sta interpretaciones de los textos que suavizaban sus
asperezas y bregando aqu6lla por la modificaci6n de los mismos,
que repugnaban A la conciencia, A la justicia, A la humanidad, A la
ciencia juridica y aun A los mismos intereses politicos y econ6-
micos del pais; y asi fueron desapareciendo, con la definitive
consagraci6n legal, los dltimos resabios feudales que el c6digo
contenia, y asi triunfaron la igualdad y la justicia en la aplica-
ci6n del articulo 3 relative al status del extranjero; asi, en fin,
han podido afirmar lo que afirman Merlin y Demangeat.
No es esto, sin embargo, lo que fundamentalmente nos inte-
resa en el studio que hemos emprendido. Examinando la suerte
del principio del domicilio despu6s de la promulgaci6n del c6-
digo Napole6n, lo que nos interest es dejar constatado que ella
hizo perder A dicho principio la importancia transcendental que
tenia en el period anterior, del punto de vista de la aplicaci6n
de las leyes, para ser substituido por el principio de la naciona-
lidad.
A consecuencia de los acontecimientos, el c6digo civil fran-
c6s entr6 en vigor muy pronto en Holanda, en BB6gica y una
parte de Alemania. El articulo 3 penetr6 con su interpretaci6n
en esos paises; el articulo 6 de la ley de 15 de mayo de 1829,
que reemplaz6 al pArrafo 3 del articulo 3 del c6digo de los
Paises Bajos, conserve el principio de nacionalidad en las cues-
tiones relatives al estado, A la capacidad y A los derechos de los
holandeses; de este modo el principio de nacionalidad fu6 ga-
nando terreno, no solamente en los Estados en que obtuvo fuer-
za de ley el c6digo civil, sino en todos aquellos en que ejerci6
influencia notable sobre la codificaci6n del derecho national. Pe-
ro, en este movimiento, no pas6 de simple principio general
que reemplazaba al antiguo principio del domicilio. Solamente
en nuestros dias obtuvo mayor extension, encaminada, al pa-
recer, A convertirlo en principio fundamental de nuestra ciencia,




IEVISTA DE LA UNIVERSIDAD


debi6ndose a la escuela juridica italiana esa extension, que cons-
tituye uno de los hechos mas notables y de importancia mis
extraordinaria en el desarrollo hist6rico de nuestra ciencia (i).
Los comentarios y doctrinas de los autores franceses, no obs-
tante, podrian autorizar el interrogante de si realmente esa subs-
tituci6n se producia clara y categ6rica en el pensamiento de los
autores del c6digo civil.
En efecto.
Foelix dice: (( La nacionalidad y el domicilio de origen se con-
servan durante todo el tiempo que el hijo permanece en la menor
edad... Segin los datos que preceden, las expresiones de lugar
del domicilio del individuo y de territorio de su naci6n 6 patria
pueden ser empleadas indistintamente n (2).
De esta doctrine se desprenderia que el c6digo Napole6n no
ha suplantado el antiguo principio del domicilio por un prin-
cipio nuevo, desde que al determinar la nacionalidad para el
regimen del estatuto personal, se habria referido al lugar del
domicilio del individuo.
Las consecuencias que de tal interpretaci6n han derivado en
la doctrine de 6stey otros autores franceses son transcendentales.
Asi:
Io El francs no puede tener domicilio en pais extranjero,
sin perder su nacionalidad originaria.
2 El extranjero no puede tener domicilio en Francia, en nin-
g6n caso, aun cuando haya sido autorizado A establecerse en
ella.
La 16gica que vincula estas consecuencias con la afirmaci6n
de que derivan se apoya en otras prescripciones del mismo c6digo
Napole6n, seg6n las cuales es francs todo individuo nacido de
un frances en Francia 6 en el extranjero (articulo 80, inciso io),
6 nacido en Francia de un extranjero, hallAndose en ella domi-
ciliado A la 6poca de su mayor edad (optativamente, inciso 4o),
6 tambi6n nacido en Francia de un extranjero, no estando domi-
ciliado en ella en la 6poca de la mayor edad, cumpliendo las exi-
gencias del articulo 9, etc.

(i) V6ase JITTA, op. cit., piAgina 148.
(2) Op cit., volume I, pigina 57.





EL DOMICILIO Y LA NACIONALIDAD


De esta manera, dice Freitas, como el lugar del domicilio
de origen no es el lugar del nacimiento, sino el lugar del domi-
cilio del padre, ha parecido que la nacionalidad del c6digo civil
era lo mismo que el domicilio de origen.
El error de tal suposici6n es evidence, por cuanto el domi-
cilio no es alterable, su cambio no induce el cambio de nacio-
nalidad; y, por consiguiente, el lugar del domicilio de origen
no nos prove de un criterio para decidir la cuesti6n de la na-
cionalidad.
Preciso es decir, sin embargo, que la doctrine de Fcelix no es
la de todos los int6rpretes del c6digo civil y que las consecuen-
cias apuntadas se han abandonado ya por la doctrine moder-
na (i).
Segdin sta, se distingue claramente entire el domicilio y la
nacionalidad, aceptAndose que el francs puede tener domicilio
en el extranjero, cambiando su anterior, sin cambiar por ello su
nacionalidad, como se demuestra con otras disposiciones per-
tinentes del mismo c6digo civil.
Queda, pues, subsistente la conclusion A que, relativamente A la
influencia del domicilio en el period hist6rico que examinamos,
hemos arribado anteriormente.



(i) Contra la opinion de Demolombe, pensamos, dice T. VAQUETTE, Cours resumde de
Iroit international privd, pigina 178, que un frances puede establecer su domicilio en el
extranjero, conservando su nacionalidad de origen. El articulo o02 del codigo civil,
segdn el cual el domicilio de todo francs, en cuanto al ejercicio de sus derechos civiles,
es en el lugar en que tione su principal establecimiento, no exige que dicho lugar sea
en Francia. El francs tiene el derecho de expatriarse; con mayor razon tiene el derecho
de establecerse en pais extranjero. En fin, el articulo g9, 8' y 9', del c6digo de proce-
dimientos civiles distingue muy netamente a los que no tienen ningun domicilio cono-
cido, de los que cstAn establecidos en el extranjero. (Cita A Lain6, Duvergier, Aubry y
Rau.)





REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


IV

EL DOMICILIO Y LA RESIDENCIA EN LAS LEGISLACIONES
ACTUALES. SU UNIFICACION


Al desarrollar este capitulo, nos proponemos, en primer t6r-
mino, investigar las modalidades con que las legislaciones nacio-
cionales han consagrado los concepts del domicilio y de la re-
sidencia, y luego, sobre la base de un studio comparative de sus
respectivos preceptos, de la indicaci6n de su deficiencies y de la
demostraci6n de la exactitud del criterio que consideremos pre-
ferible, arribar A la unificaci6n de las examinadas legislaciones
sobro los dos importantes concepts mencionados. Haremos ese
studio de legislaci6n comparada por parties, do acuerdo con el
program que al principio nos trazamos.
AdemAs, dividiremos este capitulo en dos secciones, para estu-
diar en el primero el domicilio en sus diversas modalidades le-
gislativas como tal, y en el segundo, el mismo como principio
determinant del estatuto personal.
Comenzaremos por la definicidn del domicilio y la residen-
cia, transcribiendo previamente los preceptos de las legislaciones
positivas A su respect, europeas y americanas.



I. CARACTERES LEGISLATIVOS

A. DEFINICI6N

Legislaciones europeas

a) Alemania. Art. 70. El que fija su residencia permanent
en un lugar establece en 61 su domicilio. (C6digo civil de i de
junio de 1900.)
b) BNlgica.- Art. 102. El domicilio de todo belga es el lu-
gar de su principal establecimiento. (C6digo civil.)
c) Francia. Art. 102. El domicilio de todo francs, en cuan-




EL DOMICILLO X LA NACIONALIDAD


to al ejercicio de sus derechos civiles, es en el lugar en que tie-
ne su establecimiento principal. (C6digo civil, i5 de marzo de
i8o3.)
d) Espaia. Art. 4o. Para el ejercicio de los derechos y el
cumplimiento de las obligaciones civiles, el domicilio de las per-
sonas naturales es el lugar de su residencia habitual y, en su
caso, el que determine la ley de enjuiciamiento civil. (C6digo ci-
vil, 6 de octubre de 1888.)
La ley municipal de 2 de octubre de 1877 divide A los habi-
tantes de un t6rmino municipal en residents y transeuntes, com-
prendiendo en los primeros A los vecinos y domiciliados.
Art. I1. Es vecino todo espaiiol emancipado que reside habi-
tualmente en un t6rmino municipal y se halla inscripto con tal
caracter en el padr6n del pueblo. Es domiciliado todo espaiiol
que, sin estar emancipado, reside habitualmente en el t6rmino,
formando parte de la casa 6 familiar de un vecino.
Art. 12. Es transeunte todo el que, no estando comprendido
en los parrafos anteriores, se encuentra en el t6rmino acciden-
talmente.
e) Italia. Art. 16. El domicilio civil de una persona sera el
lugar en que ella tenga el centro principal de sus negocios 6
intereses. (C6digo civil, 25 de junio de 1865.)
f) Holanda. Art. 74. Se supone que cada uno esta domici-
liado en el lugar donde tiene su principal residencia. (C6digo
civil, i octubre de i838.)
g) Portugal.- Art. 41. Se entiende por domicilio el lugar
en que el ciudadano tiene su residencia permanent. (C6digo
civil, i de junio de 1867.)
h) Provincias Bdlticas. Art. 3066. El domicilio de una per-
sona es el lugar en que se halla el centro de su vida civil y de
sus negocios. (C6digo civil.)
i) Rusia. Art. 2o4. Se consider como domicilio permanent
el lugar donde una persona, por raz6n de sus negocios, de su
industrial, de su fortune, 6 por raz6n de su servicio military 6
civil, se halla establecido. (C6digo de procedimientos civiles.)







Legislaciones americanas

a) Repzblica Argentina. -Art. 89. El domicilio real de las
personas es el lugar donde tienen establecido el asiento principal
de su residencia y de sus negocios. El domicilio de origen es el
lugar del domicilio del padre en el dia del nacimiento de los
hijos. (C6digo civil, 1o de junio de 1871.)
Art. 92. Para que la habitaci6n cause domicilio la residen-
cia debe ser habitual y no accidental, aunque no se tenga in-
tenci6n de fijarse alli para siempre.
Art. 93. En caso de habitaci6n alternative en diferentes lugares,
el domicilio es el lugar donde se tenga la familiar 6 el principal
establecimiento.
Art. 94. Si una persona tiene establecida su familiar en un lu-
gar y sus negocios en otro, el primero es el lugar de su do-
milio.
b) Bolivia. Art. 47. El domicilio de todo boliviano, en cuan-
to el ejercicio de sus derechos civiles, estA en el lugar donde
tiene su principal establecimiento. (C6digo civil, I8 noviembre
de 1845.)
c) Chile.-Art. 59. El domicilio consiste en la residencia,
acompafiada, real 6 presuntivamente, del animo de permanecer
en ella. (C6digo civil, Io junio de 1856.)
Art. 63. No se presume el inimo de permanecer, ni se adquiere,
consiguientemente, domicilio civil en un lugar por el solo he-
cho de habitar un individuo por alglin tiempo casa propia 6
ajena en 61, si tiene en otra parte su hogar dom6stico, 6 por otras
circunstancias aparece que la residencia es accidental, como la
del viajero, 6 la del que ejeroe una comisi6n temporal, 6 la del
que se ocupa en alghn trdfico ambulante.
Art. 64. Al contrario, se presume, desde luego, el inimo de
permanecer y avecindarse en un lugar, por el hecho de abrir
en 61 tienda, botica, fabrica, taller, posada, escuela 6 otro esta-
blecimiento durable, para administrarlo en persona; por el hecho
de aceptar en dicho lugar un cargo concejil 6 un empleo fijo,
de los que regularmente se confieren por largo tiempo; y por
otras circunstancias anilogas.




EL DOMICILIO Y LA NACIONALIDAD


d) Colombia.- Art. 76. El domicilio consiste en la residen-
cia, acompafiada, real 6 presuntivamente, del Animo de perma-
necer en ella. (C6digo civil, adoptado por la ley 57, de i5 de
abril de 1887.)
e) Costa Rica. Art. 29. El domicilio civil de una persona es
el lugar donde tiene su principal establecimiento; A falta de
6ste, el lugar de su residencia. (C6digo civil de 19 abril de
i885).
f) Guatemala. Art. 60. El domicilio de una persona es el
lugar donde reside habitualmente: A falta de 6ste, el en que tie-
ne el principal asiento de sus negocios: a falta de uno y otro,
se reputa domicilio de una persona el lugar en que 6sta se halla.
(C6digo civil, 1877.)
g) Mkjico. Art. 27. El domicilio de una persona es el lugar
donde reside habitualmente; A falta de 6ste, el en que tiene el
asiento principal de sus negocios. A falta de uno y otro, se reputa
domicilio de una persona el lugar en que 6sta se halla. (C6digo
civil, promulgado en i884.)
h) Nicaragua.- Art. 25. El domicilio de una persona es el
lugar donde tiene su residencia habitual. Es transeunte el que
esta de paso en un lugar.
Los diplomaticos residents, por raz6n de su cargo en el ex-
tranjero, que gocen del derecho de extraterritorialidad, con-
servan el 61timo domicilio que tienen en territorio nicara-
giiense.
Art. 26. Cuando concurran en varias secciones territoriales,
con respect A un mismo individuo, circunstancias constituti-
vas de domicilio, se entenderA que en todas ellas lo tiene; pero
si se trata de cosas que dicen relaci6n especial A una de dichas
secciones exclusivamente, ella sola serA para todos los casos el do-
micilio del individuo. (C6digo civil, promulgado el i de febrero
de 1904.)
i) Perid.- Art. 44. Es vecino de un pueblo la persona que
tiene en 61 su domicilio.
Art. 45. Constitiyese el domicilio por la habitaci6n en un lu-
gar con Animo de permanecer en 61. (C6digo civil de 28 de julio
de 1852.)
j) Reptblica Oriental del Uruguay. Art. 25. El lugar donde





REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


un individuo esth de asiento, 6 donde ejerce habitualmente su
profesi6n 6 oficio, determine su domicilio civil 6 vecindad. (C6-
digo civil de io de junio de 1869.)
k) Venezuela. Art. 20. El domicilio de una persona se halla
en el lugar donde tiene el asiento principal de sus negocios 6
intereses. (C6digo civil de 27 de febrero de 1873.)



ALCIDES CALANDRELLI,
Profesor de Derecho international privado.

(Continuard).





UESTIONES GRAMATICALE


GARANTO, EL POR LA, HOMOLOGOS



Al senior doctor Jose Chiola.


Ya que usted gusta de los studios gramaticales, y oy6 ni
corta pol6mica con un simpatico compafiero nuestro, A usted
dedico este trabajillo, tendiente A probar que mis opinions, en
asuntos gramaticales, hijas son de un no interrumpido studio
de nuestros clAsicos y de las obras de los mas afamados gra-
maticos hispano-americanos. No tengo la pretensi6n pido A
Dios que de ella me libre de career que no sean controvertibles
mis ideas; mas defiendo 6stas con tes6n cuando son hijas de
profundos gramiticos, A quienes respeta y venera el mundo
hispano-americano, ideas que conscientemente se arraigaron en
mi cerebro para hacer mAs fructifera la labor instructive que el
gobierno de la naci6n me encomendara.
Mi eslimado contrincante opina que el verbo garantir es an-
ticuado; y partiendo de esta falsa suposici6n entiende que la
forma garanto es por tanto anticuada y no incorrect.
En mi Gramdtica de la lengua castellana, pAgina 187 se lee
lo siguiente:
( Abolir, s61o se emplea en las formas cuya terminaci6n es i,
6 principia por i, dejando de usarse, por consiguiente, en las
tres personas del singular y la tercera del plural del present
de indicative, y en el singular del imperative. En iguales cir-
cunstancias estin los verbos aguerrir, arrecirse, aterirse, blandir,




REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


empedernir, despavorir, manir, garantir, colorir, preterir y al-
gun otro. Es, por consiguiente grave falta y disparate maydsculo,
decir yo garanto, tan frecuente en este pais, como lo seria decir,
yo abuelo. )
Veamos en qu6 opinions me fundo para afirmar lo que trans-
cripto queda, no sin antes hacer notar que el verbo garantir no es
anticuado: no figure en el diccionario de Covarrubias, ni en el de
Autoridades, y en el de la Real Academia espafiola puede leerse:
( Garantir, a. Garantizar.
( Garantizar, a. Salir fiador etc. )
La a que estampa la docta Corporaci6n, no es abreviatura de
anticuado, sino de active.
Oigamos ahora a gramAticos que gozan de just reputaci6n.
Dice la Real Academia en su Gramdtica.
(( Hay, en fin, various verbos de la tercera conjugaci6n que, ya
por el sentido anfibol6gico, ya por lo extrafio 6 malsonante de
las voces que, conjug6ndolos, resultarian en algunos tiempos y
personas, que emplean tan s61o en aquellas que, en sus desinen-
cias, tienen la vocal i; estos verbos son abolir, aguerrir, arrecir-
se, aterirse, despavorir, embair, empedernir, garantir, manir, y
quizAs algun otro. )
Don Rafael Freyre, en su interesante libro Lexicologia de la
lengua espafiola, describe:
(( Hay various verbos de la tercera conjugaci6n que s6lo se em-
plean en aquellas personas que en sus desinencias tienen la vocal
i; tales son abolir, arrecirse, aterirse, garantir, etc. )
Matias Salleras, en su conocida Gramdtica razonada de la len-
gua espaiola, trata de estos verbos en la siguiente forma:
(( Abolir, arrecirse, aterirse, empedernir, garantir, se usan en
todas aquellas formas cuya desinencia principia por i.
Joaquin de Avendafio, siempre estudiado con fruto por cuantos
sentimos carifio por la Gramitica, dice:
(( Abolir, arrecirse, blandir, empedernir, garantir, manir, sue-
len s6lo emplearse en las desinencias que comienzan con la le-
tra i. )
Diaz Rubio, conocido por los estudiosos por el seud6nimo
de El Misdntropo, en su libro titulado Primera gramdtica espa-
fiola razonada, describe.




(:UESTIONES GRAMATICALES


( Abolir, blandir, garantir, manir, desmarrirse y despavorir,
son regulars, pero defectivos, faltandoles todas aquellas personas
en que no entra la i. )
Salvador Padilla, en su reciente obra Gramdtica hist6rica de
la lengua castellana, dice lo siguiente:
(( Abolir, blandir, manir, garantir, aterirse, arrecirse, empe-
dernir, despavorir, se conjugan en todas aquellas formas en que
siga al radical una i. )
Lorenzo Elizaga en su curiosisimo libro Los diez mil verbos
castellanos, estampa lo que sigue:
(( Garantir, suele conjugarse (nicamente en las desinencias que
principian por la letra i. )
C Que los autores hasta ahora citados son peninsulares ? De-
jando A un lado que tengo mis dudas sobre la nacionalidad de
Elizaga, A quien creo americano, alia van unos cuantos pareceres
de gramaticos nacidos en el continent colombino.
Leo en la Gramdtica de la lengua castellana de Bello, comen-
tada por Cuervo, americanos ambos.
( Asi como las formas que faltan A blandir y garantir se suplen
con las de blandear y garantizar, que son completes, las que
faltan A otros verbos defectivos se suplen, etc.
Y por nota se agrega:
(( Muchos escritores americanos han usado las formas garanto,
garanta, que no han tenido aceptaci6n hasta ahora. )
El eminente venezolano Rivod6 describe en uno de sus sabro-
sos Entretenimientos gramaticales : ( Sabido es que los verbos
defectivos terminados en ir, s61o se usan en las inflexiones en que
la terminaci6n es i 6 principia por i; y a veces ni aun en todas
ellas. Las formas que son inusitadas se suplen, en algunos, con
las de sus afines en ar, ear, ecer, izar; tales son: fallar... ga-
rantizar. )
En las Curiosidades gramaticales del cubano Ram6n Marti-
nez y Garcia se dice:
(( Abolir, aguerrir, arrecirse, aterirse, blandir, empedernir, ga-
rantir, manir, desmarrirse, y despavorirse, se conjugan s61o en
aquellas personas que tienen i en la terminaci6n. )
El colombiano Emiliano Isaza, en su Diccionario de Conjuga-
cidn castellana, dice del verbo en cuesti6n lo siguiente:




HEVISTA DE LA UNIVERSIDAD


(( Garantir. Este verbo es defective, y s61o se usa en las for-
mas cuya terminaci6n es i 6 comienza por i; las demas se suplen
con las correspondientes de garantizar. )
MAs explicit es adn en su Gramdtica prdctica de la lengua
castellana. Oigamosle:
(( Hay otros verbos de la tercera conjugaci6n que, A semejanza
de abolir, estan reducidos A las terminaciones en i 6 que princi-
pian por i; tales son aguerrir, arrecirse, aterirse, despavorir, em-
pedernir, colorir, garantir, manir. Ni todas las terminaciones que
principian por i pueden usarse cuando la i hace part de un dip-
tongo; pues aunque el oido no extrafia abolid, aboliese, le cho-
carian sin duda aterid, ateriese. Mas para suplir las formas que
A estos verbos faltan, se echa mano casi siempre de verbos ter-
minados en ecer, ear, ezar, como empedernecer, colorear, ga-
rantizar. ))
Dejo de transcribir otras apuntaciones ya tomadas, por que
la tarea va resultando sobrado fatigosa. Las antecedentes citas
creo demostrarAn A usted, plenamente, que lo aseverado por mi
en mi Gramdtica en cursor, se ajusta al parecer de verdaderas
autoridades en estos studios; y que, en sintesis, ni garantir es
defective ni debe decirse yo garanto.


El por la. ( El articulo masculine el (segdn uso constan-
te y por raz6n de eufonia) se puede juntar A sustantivos feme-
ninos que empiezan con la vocal a acentuada, 6 con h muda,
seguidos de la misma vocal, siempre que 6stos no sean nombres
propios de mujer. ))
En las frases anteriores, que copio de la Gramdtica de la Real
Academia, se sienta una verdad A medias, la que aparece entire
par6ntesis, pero se le da al estudiante 6 al studio, una falsa
idea, la de career, lo que aseveran tambien otros gramAticos, esto
es que el articulo la se ha convertido en el por raz6n de eufonia.
A este cambio laman algunos tratadistas Sustitucidn del ar-
ticulo.
En mi Gramdtica 8- edici6n despues de transcribir lo que
dice la Real Academia, agrego:
(( Bueno sera advertir A los estudiosos, de acuerdo con Una-




CUESTIONES GRAMATICALES


muno y Mujica, que no hay tal cambio de articulo. La forma
femenina antigua era ela, forma que perdi6 la e, y asi decimos
la casa; pero en los nombres que comienzan por a, esta se fun-
di6 con la final del articulo, conservAndose por tanto la inicial
de dicho articulo; y asi, en vez de decir ela agua, ela alma, se
dijo el agua, el alma. n
Aun cuando en las frases transcripts aparece sintetizada la teo-
ria cientifica, sintesis forzosa en una obra elemental, apelar6 6
indiscutibles autoridades para demostrar que no fu6 mi aserto
a humo de pajas.
Dice Bello:
(Antiguamente el articulo femenino de singular era ela. Dijose,
pues, ela agua, ela dguila, ela arena; y confundi6ndose la a final
del articulo con la a inicial del sustantivo, se pas6 A decir y
escribir el agua, el Aguila, el arena. De aqui proviene que usamos
al parecer el articulo masculine de singular antes de sustantivos
femeninos que principian por a. )
Comentando esta opinion dice el eminente colombiano Cuervo:
( Las formas antiguas del articulo definido adjetivo eran el,
ela, elos, elas; como se ve en estos versos del Alejandro:

Por vengar ela ira olvid6 lealtad.
Fueron elos trovanos de mal viento feridos.
Exian de Paraiso elas tres aguas sanctas.

En la version castellana del Fuero Juzgo leemos:
( De las bonas costumes, nasce ela paz et ela concordia. n To-
do querian para si retener elos principles. n
Como nuestro el femenino es el antiguo ela, parece que de-
beriamos sefialar la elisi6n del a escribiendo el'alma, como en
francs l'dme y en italiano l'anima.
( Ya antes que Bello y que Cuervo, habia dicho el alemAn
Federico Diez (1794-1876) en su monumental Gramdtica His-
tdrica. ))
( El uso de el delante de las voices femeninas, es debido, segun
la afirmaci6n de Delius Jahrb IX, 95 A una elisi6n de la a en
la antigua forma ela: el aguila por el'Aguila.
Que las formas del articulo antiguo eran elo, ela, elos, elas,




RIEVISTA DE LA UN[VERSIDAD


parece ya definitivamente demostrado. El colombiano Marco Fi-
del SuArez, comentando A Bello, nos da A conocer la opinion al
respect de Ticknor y Max Muller.
En mas modernos tiempos, el erudito Menundez Pidal, reco-
nocida autoridad en estas materials, habla extensamente del naci-
miento de nuestro articulo determinant en su libro Cantar de
Mio Cid, Texto, Gramdtica y Vocabulario; y con no menos pre-
cisi6n, pero con mayor claridad, en su Manual Elemental de
Gramdtica Histdrica Espaiiola. A ambas obras remito A usted,
pues las transcripciones, por lo extensas, lograrian aburrir a
los lectores.
Opina lo mismo que Diez, Bello, etc., etc., el senior Salvador
Padilla autor de una compendiada Gramdtica hist6rica de la len-
gua castellana, y Miguel Unamuno, quien en nota que se lee en
la Gramdtica del castellano antiguo, de mi admirado Mujica, re-
sume asi la buena teoria:
(( La regla, bien formulada, acerca de la colocaci6n de la pri-
mera mitad (el) del antiguo articulo femenino (ela) ante nom-
bres que empiezan por a, v. gr. la abundancia es esta. Los nom-
bres femeninos que empiezan por a acentuada (a en silaba t6nica)
llevan ante si la primera mitad del articulo femenino ela: ejem-
plo el dguila. )
Digame usted ahora, mi buen amigo, despu6s de leido lo que
de escribir acabo, si anduve desacertado al consignar en mi Gra-
mdtica lo que antes copi6, y si no hago bien en demostrar sin-
t6ticamente en mi libro, y despues mAs ampliado de viva voz,
que no hay tal substituci6n de articulo, y que el de el agua, no
es mAs que la ap6cope del antiguo articulo femenino ela.

Y Ilego por fin A los homdlogos por mi apadrinados, y ne-
gados en absolute por mi ilustrado compafiero.
Comenzaremos por definir la palabra para luego demostrar
que no huelga en gramatica; y que no son lo mismo t6rminos
sin6nimos, que t6rminos homdlogos.
La Real Academia define asi la voz: ((Homdlogo L6g. Di-
cese de los t6rminos sin6nimos, 6 que significant una misma
cosa. )
Vea ahora c6mo define la palabra sin6nimo. (( Dicese de los




CUESTIONES GRAMATICALES


vocablos 6 palabras que tienen una misma 6 parecida signifi-
caci6n. ))
De ambas definiciones, harto deficientes las dos, se desprende :
I Que hay palabras que tienen una misma significaci6n;
2 Que hay palabras que tienen una parecida significaci6n;
3 Que al decir <( vocablos 6 palabras ) claramente afirma que
ambas voces tienen en este caso una misma significaci6n.
A estos vocablos, A estas palabras, A estas voces, A estos t6r-
minos, llaman las autoridades que luego citar6, homdlogos, de-
jando la palabra sin6nimo para las voces de parecida signifi-
caci6n.
Mi estimado compaiiero afirmaba, y yo con 61, que no hay
voces sin6nimas, en el sentido que A esta voz daban los grama-
ticos antiguos; pero como existen algunas, aunque pocas, que
son de exacto significado, A estas tales se les di6 el nombre de
homdlogos 6 terminos equivalentes.
e Esta bien hallada la voz ? VeAmoslo.
Significa : en anatomia, parties id6nticas de nombre y de fun-
ciones; en filasofia, se dice de los t6rminos sin6nimos 6 que
signifiquen una misma cosa; en m6sica, sonidos que guardian
entire si las mismas relaciones de intervalos; y en quimica, son
cuerpos hom6logos las substancias orgAnicas que desempefian
las mismas funciones y siguen las mismas leyes de metam6r-
fosis.
De acuerdo con estas ideas, y estableciendo la 16gica diferen-
cia que debe haber entire voces de significado igual y voces de
parecido significado, digo en mi Gramatica:
( Hom6logos, 6 t6rminos equivalentes, son dos 6 m6s modos
distintos de nombrar un mismo objeto 6 expresar una misma
idea.
(( Sin6nimos, son aquellos t6rminos 6 voces que, con aparien-
cia do equivalentes, ofrecen, sin embargo, en su uso, diferencias
quizAs pequefias, pero claras y conocidas.
(( Pres6ntanse casos no solamente de dos, sino tambi6n de tres,
cuatro y aun mayor nimero de terminos equivalentes 6 hom6-
logos como por ejemplo:
Aceituna y oliva;
Carnaval y Carnestolendas;
ART. onRI. xvII-5




REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


Bacalao, abadejo y curadillo;
Himeneo, boda y casamiento;
Beodo, borracho, ebrio, espita y temulento;
Diablo, diantre, demonio, demontre, pateta, Lucifer, Luzbel,
SatanAs, mandinga;
Golgota y Calvario;
Heder y apestar.
Claro estA que para afirmar en mi libro lo que acabo de
copiar, debi tener en cuenta, no s61o el propio criterio sino el
parecer de reconocidos maestros. Me permitir6 Ilamarlos A juicio
para que depongan en pro 6 en contra, 6 sea leeremos lo que
al respect han escrito para que nos ilustren.
Covarrubias, el inmortal autor del primer diccionario de la
lengua castellana, no habla de homdlogos, voz entonces desco-
nocida, pero define con rigurosa exactitud los sin6nimos que
para 61 (( son dos nombres 6 verbos que significant una misma
cosa, con alguna diferencia de mas 6 menos n.
Confieso que me agrada mAs esta definici6n, dada trescientos
afios atrAs, que la que nos da hoy la Real Academia. En aque-
lla se deja abierta la puerta para que puedan pasar los homdlo-
gos; en la de la docta Corporaci6n se engloban sin6nimos y ho-
mdlogos.
Oigamos al erudito Campmany:
(( Otro de los riquisimos tesoros de nuestra lengua es el gran
caudal de sin6nimos, es A saber, de aquellas voces de una misma
especie que, siendo id6nticas entire si, respect A la significaci6n
objetiva de la idea principal que todas representan, son distin-
tas en cuanto A la significaci6n formal de la idea accesoria que
cada una determine y caracteriza. Por consiguiente, no hay ri-
gurosos sin6nimos en el sentido riguroso que hasta ahora nos
habian explicado nuestros gramiticos, que sin aumentar el nd-
mero de las ideas, multiplicaba sin necesidad el de las pala-
bras. ))
Para Campmany, pues, no existen los homdlogos y las voces
sin6nimas ofrecen siempre entire si notable, aunque pequeia di-
ferencia.
Afios mAs tarde, Monlau afirmaba que (( si dos vocablos signi-
ficasen id6nticamente la misma cosa, tendriamos dos signos di-




CUESTIONES GRAMATICALES


ferentes para una misma idea, lujo absurdo que ninguna lengua
se ha permitido jamAs ,.
Sin duda nuestro insigne fil6logo, en lo que acabo de copiar,
no hizo mAs que glosar la siguiente idea de Dumarsais. Escri-
bi6 6ste :
(( Si hubiese sin6nimos perfectos (llamados hoy homdlogos)
habria dos lenguas dentro de una misma lengua : cuando se
ha llegado A obtener el signo exacto de una idea, no se busca
otro. ))
Ya rebatir6 luego esta opinion; continuemos con Monlau, quien
A pesar de lo que afirm6, y como si se arrepintiera de su in-
transigencia ailade luego :
Parecen perfectamente iguales;
Aceituno y olivo;
Agudez y agudeza;
Abecedario y alfabeto;
Almodi y almudi;
Detalle, detail y detal;
Entrafia y viscera;
Pato y ganso;
Vidrio y vidro.
Y sin embargo hay entire ellos las diferencias que establecen la
edad del vocablo, su forma, su origen, su uso, etc., por lo cual
no pueden usarse indistintamente en todos los casos. )
Con el mayor respeto debo afirmar que si no hubiese entire
los sin6nimos mAs diferencias que las que nota Monlau, ontre
las palabras copiadas, seria cosa de afirmar que los sin6nimos
rigurosos 6 sean los homdlogos alcanzan A un ndmero crecidi-
simo. El que una palabra est6 arcaizada, el que su uso sea poco
frecuente, porque el pueblo haya encontrado otra voz A su pa-
recer mAs sonora, la misma edad del vocablo, no son argumen-
tos convincentes. De lo que se trata es de saber, prescindiendo
de edad, forma, origen y uso, si hay voces de exacto signifi-
cado, asi como las hay de parecido significado.
Dice Sanmarti en la d6cimoquinta edici6n de su Gramdtica:
((Homologos 6 equivalentes, son las dicciones, que tienen es-
tructura diferente y significado igual : aceituno y olivo; ateo y
ateista; tontada, tontedad, tonteria y tontuna. )




REVISTA DE LA UNIVERSIRDAD


Oigamos ahora A dos autoridades modernas, una americana
y otra peninsular; ambas dedicaron varias paginas A esclarecer
el punto que nos preocupa. Sintetizar6 en cuanto me sea possible
las opinions de ambos maestros.
Habla Rivod6, eminente gramatico venezolano:
( Homdlogos 6 tdrminos equivalentes. No tratamos aqui de los
sin6nimos, propiamente dicho, sino de los t6rminos equivalen-
tes; esto es, dos 6 mas modos distintos de nombrar un mismo
objeto, 6 expresar una misma idea. )
Y A rengl6n seguido da ejemplos de various t6rminos equiva-
lentes; y como se presentan casos de dos, tres, y a6n mayor
n6mero de hom6logos, los pasa en revista llegando A encontrar
doce palabras hom6logas para expresar el mismo concept.
Ampliando su idea agrega los luminosos parrafos siguien-
tes :
(( Generalmente se dice que no hay en el idioma dos palabras
que tengan exactamente el mismo significado; pero esto es un
error manifesto. Lo mAs que podria asentarse seria que no sea
permitido usarlas indistintamente en todos los casos.
(( Es tambi6n de notar que algunas hay que son equivalentes
en una de sus acepciones, y no en otras. Tal acontece entire dic-
cidn, voz y palabra.
(( Suele igualmente acontecer que la una sea anticuada 6 inu-
sitada y la otra sea voz de uso corriente. (Diriase que contest
A Monlau.)
(( Por lo regular una es la expresi6n literaria, culta, t6cnica,
cientifica, po6tica; y otra es la palabra de uso vulgar. De ahi
la calificaci6n de voces eruditas y voces populares. ,
Ahondando en el tema el infatigable rebuscador, demuestra
que hay casos en que el equivalent de una voz no es otra voz,
sino una yuxtaposici6n 6 una frase, y lo demuestra con ejem-
plos; y conforme en esto con Monlau afirma, y prueba, que las
voces homdlogas provienen unas veces de la misma etimologia
y otras de diversas. Por fin trata de los nombres propios perso-
nales que ofrecen rarisimas homologias.
Cedamos ahora la palabra A un autor peninsular, al erudito
y caustico Jos6 Maria Sbarbi, uno de los mas profundos cono-
cedores de nuestra hermosa lengua. Seis paginas de muy me-




CUESTIONES GRAMATICALES


nuda prosa, dedica A demostrar que hay verdaderos sin6nimos,
6 s6ase que existen homdlogos, Ilegando en su argumentaci6n a
desafiar A cualquiera A que le pruebe la diferencia que existe
entire afalejo, burrillo, cartilla, epacta, gallofa y diatal; juni-
pero y enebro; bisilabo y disilabo; ascua y brasa; almanaque
y calendario; suficiente y bastante; cucaracha, curiana y corre-
dera, etc., etc., porque la lista es larguisima.
c No se me oculta, dice luego, que, dadas dos voces exacta-
mente sin6nimas, la una suele no ser tan usada como la otra,
cual sucede con can y perro; ni tampoco desconozco que algunas,
aun cuando de uso corriente en la actualidad, no son empleadas
arbitraria 6 indiferentemente, pues nadie dice hambre perruna
ni tos canina, sino hambre canina y tos perruna. Al ver seme-
jante disconformidad me hallo en el caso de decir que esto no
pasa de ser uno de tantos caprichos de que hace alarde el des-
p6tico uso, etc. )
Finaliza, el admirado autor de Dofia Lucia, el trabajo que des-
pubs de various aiios acabo de releer, con estas atinadas observa-
ciones :
( Creo que A media que vayan pasando los afios, y desapa-
reciendo con ellos las distancias, A beneficio de los mas rapidos
medios de comunicaci6n, la lengua castellana se ira haciendo
mis y mas espafiola hasta llegar A serlo por complete, al re-
cibir progresivamente en su seno un caudal considerable de t6r-
minos provinciales, id6nticos en valor a otros que poseyera de
antemano. d No cuenta ya con azucarillo, bolado y esponjado,
y tal vez tambi6n con panal, en la acepci6n todos cuatro de
azdcar rosado como se llam6 en lo antiguo ?
Y advi6rtase que el aplaudido autor del Ambig~z literario no
tuvo en cuenta los muchos americanismos que pueden aspirar
A que el diccionario official les abra la puerta, ya que de este
honor gozan en la actualidad no pocos provincialismos penin-
sulares.
Resumen: En los sin6nimos hay diferencias, on los hom6-
logos 6 terminos equivalentes no las hay; y como 6stos no son
en tan corto n6mero como screen algunos, conviene tratar de
ellos de un modo especial A fin de llegar a la conclusion A que
arribaron los modernos tratadistas, 6 sea que hay dos 6 mas vo-







ces que expresan exactamente una misma idea, voces que podrian
llamarse sindnimos absolutos, por ser absolutamente igual el sig-
nificado. Pero si ya tenemos la voz homdlogo; e para que re-
currir A dos palabras para nombrar lo que podemos con una
sola ?
Quiere usted decirme, amigo mio d qu6 diferencia hay entire:
nosotros garantimos y nosotros garantizamos ? Ninguna, cierta-
mente. d Y entire aguzanieve, chirivia y pizpita ? Tampoco exis-
te, como no la hallara ciertamente entire diablo, demonio, Luz-
bel, pateta, patillas, mandinga, etc., aunque esta voz no figure
en el Diccionario de la Real Academia.
Usted ya sabe cuAnta es mi afici6n por los studios paremio-
16gicos, pues en verdad creo que encierran los refranes la sa-
biduria de las naciones. Pues bien; antes que A ningin gramatico
se le ocurriese pensar en que existiesen voces homdlogas, ya el
pueblo las daba por reales, cuando decia, y adn dice:
Hiede que apesta.
Olivo y aceituno, todo es uno.
Ganso, pato y ansar6n tres cosas suenan y una son.

Leido cuanto antecede, si su paciencia lleg6 A tanto, creo se ha-
brA convencido de que mis afirmaciones no eran hijas de momen-
tAneo capricho, sino el resultado de lectures bien digeridas. Res-
peto much A los antiguos maestros, y me descubro ante el mAs
humilde y modesto gramatico de los pasados tiempos; pero la
par atento estoy A cuanto se va publicando, y 6 mis noticias Ilega,
y me lo proporciono y lo saboreo, ansioso, no de dar al traste
con lo de antafio por el hecho de ser viejo, pero si de modificar
opinions 6 pareceres sobre asuntos no bastantemente estudiados
en pasados tiempos.
Recordara usted, mi estimado amigo, que compelido A ofre-
cer en el acto ejemplos de homdlogos expuse los tres siguien-
tes :
Olivo y aceituno;
Diablo, demonio, Lucifer, etc.;
Casamiento y matrimonio.
Como de los dos primeros se ha hablado ya, paso A tratar de
casamiento y matrimonio, A los que no sin cierta impudicia se les


IVYIJlIA VE LA ULNIVEInDIUAU







agrega enlace, rechazado hoy por las personas de gusto renmado
en materials de lenguaje.
Dice la Real Academia:
Casamiento. Contrato hecho entire hombre y mujer con las
solemnidades legales para vivir matrimonialmente.
Matrimonio. Uni6n perpetua de un hombre y una mujer li-
bres, con arreglo d derecho.
Enlace. Parentesco, casamiento.
Si no ha olvidado usted lo asegurado por Sbarbi, adivinara
que en muchas ocasiones, son homdlogas las tres palabras y que
se puede invitar A los amigos de los contrayentes A presenciar
la ceremonia del casamiento, 6 del matrimonio.
Si he de referirme A mi compafiera, huyendo del cursi y an-
tipAtico mi senora, por las razones ya aducidas en mi libro
Notas al castellano en la Argentina, dire mi mujer, mi esposa,
palabras ambas rigurosamente sin6nimas 6 sea homdlogas.
Par&ceme que cuanto he escrito, que adn pudiera ampliar si
se me hurgara, prueba plenamente que una cosa son los sin6-
nimos y otra los homdlogos, como creo que leyendo much, com-
pulsando autores y estudiando un poco, se van saboreando be-
Ilezas ignoradas, y se adquiere la dificil habilidad de hacer agra-
dable el studio de la Gramdtica, de esa asignatura anatemati-
zada por quienes no pasaron de sus elements, privandose, al
no profundizarla, de experimentar los puros goces que su co-
nocimiento proporciona.
De mi dir6 A usted que lamento much que mi texto, mo-
desto por ser mio, no sea el mas met6dico y el mas nutrido de
ideas entire los que circulan, pudiendo asegurarle, y esto les cons-
ta A algunos compafieros mios, que he aceptado, durante los afios
mediados entire la primera edici6n, y la octava en curso, varias
observaciones tendientes A modificar concepts, precisar defini-
ciones 6 corregir ligeras oscitancias; y que hoy experiment un
verdadero pesar al no poder diferir, en ninguno de los tres temas,
al parecer de mi querido compafiero y amigo, que s6lo por mo-
mentanea preocupaci6n hubo de combatir lo afirmado verbal-
mente por mi.
Una duda me asalta al terminar este ya largo escrito, y es
la de si mi colega se propuso tan s61o, al controvertirme, tirarme


L.U nlIUiUn.a LtIiAMAIIUALjIIja




HLVIL31A VU LA ULLVnEH1UAU


de la lengua, como vulgarmente se dice. Si asi fuere, se lo agra-
deceria tambi6n, porque la ligera discusi6n sostenida me ha obli-
gado A refrescar ideas, y me ha permitido escribir A usted esta
carta abierta, delatora de la sincera simpatia que por usted siente
su muy atentisimo y S. S.

R. MONNER SANS.

A 25 do febrero do 1912.





\A A C T7' F A t lfD


NECESIDAD Y POSIBILIDAD
DE STUDIOS UNIVERSITARIOS SOBRE ETICA POLITICAL (s)






i. El hecho que la political califique A la moral, significa que
una parte de la 6tica se utiliza en apreciar la conduct p6blica en
relaci6n A la necesidad de gobierno. Moral y political son en rea-
lidad dos 6rdenes de conocimientos que se organizan separada-
mente en dos ciencias diversas, dentro de la ineludible unidad
del saber. La calificaci6n indicada revela la posibilidad de que
exista cierto campo de investigaci6n que limited su especialidad A
estudiar las relaciones entire las dos ciencias particulares.
Del examen de las ideas que van implicadas en los t6rminos
moral political segin el uso corriente, result tambi6n, que si
por un lado se entiende calificar la moral, para significar una
part de la misma, por otra, se trata de calificar la political, con
el adjetivo moral; y esto se advierte mejor cuando se dice en
concrete que se ha seguido una political moral 6 inmoral.
3. La preocupaci6n que inclina A juzgar la political, como
.acci6n, del punto de vista moral, puede conducir tambi6n A apre-
ciar aqu6lla como una parte de la ultima, desde que si la poli-
tica, en abstract, se ocupa de la forma en que debe realizarse


(i) El autor ha adoptado para cl corriente afio, como tema de su cAtedra de etica y
metafisica en la Facultad de filosofia y letras, el examen de los problems de moral po-
litica. El trabajo que aqui public no es un studio ni un capitulo del curso : son apenas
notas in-ertenso preparadas para la leccion initial. En la incertidumbre de que alguna vez
le sea possible escrihir con detenci6n sobre este asunto que tanto le seduce, entrega, por
ahora, A la prcnsa estos apuntes. (R. R.).
A lT OIG. xvII 6





74 REVISTA DE LA UNIVERSIDAD

la convivencia social, es en concrete, la material, 6 sea la rea-
lizaci6n misma, que puede ser 6 no conforme A moldes preesta-
blecidos.
4. Sea en el solo aspect de la moral, sea en el de la political .
los problems abundan y se multiplican, pero no reciben soluci6n
definitive. La moral se ocupa del deber, es decir, tiene posici6n
definida, opuesta como ciencia de lo que debe ser, A las cien-
cias que se ocupan de lo que es. Estas l6timas se definen con una
afirmaci6n de la realidad existente; la primera, con la de una
realidad possible, 6 sea un ideal que A la vez se emplea como
t6rmino de juicio para apreciar la conduct pasada, actual 6 fu-
tura. Se evidencia asi toda la dificultad, tal vez insuperable, que
media para atribuir al ideal autoridad de verdad.
5. La political A su vez no present problems menos dificiles
que los de la 6tica. EstA bien que se haya adoptado una forma de
gobierno y que haya sido escrita como legislaci6n positive. Que-
da siempre en pie el saber si la forma adoptada es humanamente.
possible. En un tiempo y en alguna sociedad reducida, pareci6 ra-
cionalmente buena la democracia direct. El ciudadano contri-
buia con su voto A dar la norma obligatoria, coercitiva para
si mismo y para todos. Las dificultades materials y las ob-
jeciones racionales A la democracia direct, impusieron su de-
rivaci6n A la democracia representative. d Se da, ahora, el ciuda-
dano que vota un amo 6 un servidor ? En ciertos mementos se
habla de los servicios que presta al pais el elegido; pero esto
puede no pasar, muchas veces, de una expresi6n culta y figu-
rada. El votante ha podido decir al elegido, (( me ha hecho usted
el servicio de aumentar los impuestos y los gastos; me ha he-
cho usted el servicio do aumentar los empleos p6blicos y de
subir su propio sueldo; por todo 6sto debo A usted mi gratitud
y nuevamente mi voto ,. Entretanto el elegido ha dispuesto de
autoridad para ordenar con fuerza de ley, y para ejecutar y
hacer ejecutar lo ordenado.
Cada manifestaci6n del fen6meno politico tiene aspect de
proposici6n de problems de soluci6n dificil.
6. Los problems de la political y de la moral si arredran al
fil6sofo, aun dentro de las disciplines de observaci6n positive de
los hechos, como fen6meno de actividad humana, no asustan ma-




PROBLEMS DE LA MORAL POLI


yormente a los que se lanzan con igual denuedo sea a las refor-
mas legislativas, sea A la dispute de la mayoria en la contienda
electoral. Es asi que en estos dias, el tema de la moral political
estA en todas parties: en articulos de diaries, en discursos parla-
mentarios, en oraciones de propaganda civica, en la ley, en los
decretos del gobierno, en telegramas de ministros y goberna-
dores, en los informes de interventores y en manifiestos de todo,
g6nero y de varia literature que por todas parties circulan.
7. Y bien, pues, qu6 es la moral political ? Desde luego, sin
definirla, es asunto de interns actual. Como fen6meno social ob-
servaremos hoy cierta corriente de ideas hacia una conduct
buena asi de los ciudadanos como del gobierno, mientras otra
corriente de tendencies y hAbitos se le opone en calidad de mala
conduct pdblica. Se quiere, por un lado, que el ciudadano cum-
pla la funci6n que en la democracia representative le corres-
ponde, dar el voto para imponerse un legislator; por otro, que
la autoridad ya existente, de cualquier origen, respete el ejer-


nIJlkinntIia1 J 1'- tYjtSI A I"-lr




REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


terior A los entusiasmos por la democracia, los cabildos se re-
novaban por designaci6n que hacian ellos mismos. El sistema se
ha perpetuado bajo el ropaje del sufragio universal. La autori-
dad se ha reservado la tutela del pueblo ignorante en mayoria,
que debe votar sin saber por qu6, y existe en verdad una teoria,
que he llamado la teoria del oficialismo, que teme expresarse
sinceramente ante la luz del dia, segin la cual A esa tutela se
debe el relative orden y la prosperidad de la naci6n.
9. Fuera de este campo de inmediata observaci6n, organiza-
ciones juridicas en la letra anAlogas A la nuestra, presentan la
misma disconformidad entire la concepci6n y la realizaci6n del
mejor gobierno para el bien comdn. La ley no basta para satis-
facer A todos en el anhelo de la justicia reciproca.
El ideal democrAtico en el cual se ha fundado la esperanza
de la paz y la concordia de los ciudadanos, desconcierta el es-
piritu si se le confront con la realidad en unas parties, mientras
en otras funciona con formas tan regulars que se diria super-
flua la ley escrita. En AmBrica, el desgraciadisimo Paraguay
tiene constituci6n que declara garantias individuals y crea y
organize los poderes del gobierno con la respective limitaci6n
de facultades, en la cual la ciencia political cree encontrar la
seguridad de la justicia. El escudo national del triste pueblo,
cuyas desgracias contempla el nuestro con escaso interns, tiene
escritas las palabras paz y justicia, que dejan en el espiritu
del lector cierto asombro de no leer A continuaci6n estas otras :
estdn ausentes. En el Ecuador la legislaci6n penal ha alcanzado
una conquista que la coloca A medio siglo delante de la nuestra,
si tardaremos todavia cincuenta afios en abolir la pena de muer-
te... y ha horrorizado recientemente al mundo con asesinatos
politicos, de que no hay tal vez ejemplo mas sangriento. Es
en nombre de la moral political que tales delitos ocurren en el
Ecuador y que disipado en el Paraguay el humo de los comba-
tes fratricidas se recogen en el campo de batalla, por decenas,
mujeres y nifios.
o1. El conflict entire las formas de organizaci6n political y
la voluntad de los ciudadanos para cumplirlas, en las sociedades
americanas de origen espaiiol ha sido expresado A la vez que
le supone causes, por el ex rector de la Universidad de Chile, don




?ROBLEMAS DE LA MORAL POLI


Valentin Letelier, en la edici6n novisima de su filosofia de la edu-
cacidn:
( Pasan al present estos pueblos por un period de inexpe-
riencia y de relajaci6n que es propio de toda juventud impulsiva
6 ineducada. Despubs de haber conquistado esforzadamente las
libertades, encontrAndose sin la menor preparaci6n para prac-
ticarlas, se han imaginado que ellas les facultaban para violar
los mis sagrados derechos, y sin temor A las consecuencias de
las reacciones, se han puesto A falsear las mAs nobles institu-
ciones. Por falta de educaci6n civic han convertido la libertad
de la prensa en un medio de detracci6n y diatriba; el mayor
beneficio que sacan de la libertad de reunion es el de poder exci-
tar las pasiones demag6gicas. La instituci6n del sufragio uni-
versal, que debiera ser base fundamental de la democracia, les
ha servido para vincular los cargos electivos, por medio del di-
nero, A las classes oligirgicas y la del voto acumulativo no ha
dado mas fruto que el de fraccionar los partidos reduciendo
cada mayoria de gobierno A una simple suma de exigentes y
descontentadizas minorias de oposici6n. En nuestros parlamen-
tos, predominan fatalmente las facultades de expresi6n sobre las
de concepci6n y acci6n, y en contra de los mejores prevalecen
los mas audaces, que en political no son los que tienen mis va-
lentia moral sino los que tienen menos escr6pulos juridicos. )
I1. En los Estados Unidos, objeto clasico de admiraci6n y
alabanzas de escritores argentinos, no todos sus politicos fueron
Washington, ni concuerdan los juicios sobre la moralidad de sus
actos electorales 6 de su political exterior. Su historic ofrece el
recuerdo de una guerra internal sangrienta y colosal por opo-
sici6n entire una idea 6tica, la igualdad juridica de todos los
hombres, y un interns econ6mico, la subsistencia de la esclavitud.
SSu potencia actual acredita la persistencia de ideas y senti-
mientos que asi pueden mantener la paz entire los ciudadanos
como amenazar la de sus debiles vecinos.
12. AnAlogo examen podria extenderse A las naciones del con-
tinente europeo y aun A las del extreme oriented. Un extranjero
experiment en Suiza la impresi6n de ser superflua la autoridad.
El gobierno se muestra lo menos possible como poder y si se
advierte que sea administrator, es porque se encuentra de todo




REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


un cierto orden agradable. En Italia y en Francia fermenta la
vida pdblica active, por acci6n de partidos organizados segin
intereses diversos, dentro del funcionamiento regular de las for-
mas admitidas, con el cual se acreditan A la par la repdblica
y la monarquia como 6rganos de la democracia representative.
Las luchas entire las tendencies liberals y las conservadoras ca-
ben bajo las otras monarquias del centro y occidente europeo :
Alemania, BBlgica, Inglaterra y Espafia, mientras la monarquia
portuguesa ha caido recientemente bajo juicios desfavorables.
13. Pero, no por cierto orden y funcionamiento mas 6 menos
regular de la democracia representative, diremos que el pro-
blema politico no sea alli problema 6tico. La sola producci6n
literaria francesa es abundantisima, inagotable en este sentido.
El problema se expone en el libro, en el folleto, en la revista,
en el peri6dico, como studio juridico, social, econ6mico, filo-
s6fico, educativo, pedag6gico, legislative y artistic.
I4. Las cuestiones morales y political se complican con las
juridicas A la vez que con las religiosas, que A su turno implican
cuestiones metafisicas como las primeras se ligan con las econ6-
micas. Las diversas tendencies se dirigen A apoderarse de la con-
ciencia del nifio para obtener en pocos afios la contribuci6n del
hombre, mAs important si es ciudadano.
El concept equitativo y just, si tenemos por tales, el equi-
distante de todas las tendencies, es el de la educaci6n que desen-
vuelva las aptitudes del niiio en la sola consideraci6n de
su personalidad mejor provista para valer como factor en una
sociedad que progress 6 cambia. Pero cada tendencia se juzga
poseedord de la verdad 6 calcula su interns. Ora la iglesia se
atribuye la misi6n de plasmar las almas j6venes en el molde de
dogmatismos de 6tica y metafisica consagrados por la fe de mu-
chos siglos; ora el Estado se forja un ideal del ciudadano, verda-
dero 6 falso, y abandon la via neutral y humana de la escuela,
para darse un servidor obediente de nuevos dogmas, ora la sin-
tesis precipitada de fen6menos, asume la expresi6n de una teoria
filos6fica, transitoria como todas las teorias, que se impone tam-
bi6n como verdad definitive, y se hace la escuela segdn el evo-
lucionismo, el positivismo, el materialismo 6 el biologismo, con
igual fe que la escuela religiosa 6 la escuela civica.




PROBLEMS DE LA MORAL POLl


15. Si por una parte se muestran como studios filos6ficos los
que son meramente dogmAticos, y se les opone A los cientificos,
por otra es precise convenir que en fuerza de dar vueltas A su
propio problema, la filosofia concluye por constituirse en la cri-
tica del conocimiento. Ya en este terreno puede critical el co-
nocimiento general, 6 puede aplicarse en particular A toda afir-
maci6n abstract, universal 6 puramente concrete. Cabe asi la
consagraci6n de la critical al orden de conocimientos que se
incluyen en la 6tica general, como cabe A una part de la misma,
que sea el criterio de la 6tica political y la finalidad de la edu-
caci6n civica.
16. Bien se sabe que se desacredita la moral, como objeto de
ciencia, por una parte, en raz6n del caracter dogmatico con que
se pretend imponerla. Confindesela con la ley y se entiende
como una ley no escrita pero igualmente autorizada por diversas
sanciones. Median sin embargo profundas diferencias entire un
c6digo de legislaci6n y otro de reglas morales 6 manual de vir-
tudes p6blicas 6 privadas. El primero es intelectualmente una
obra susceptible de error 6 de verdad, que tiene en su apoyo
emanar de un cuerpo al cual se acuerda por consenso universal,
igual autoridad, sea cuando acierta 6 cuando se equivoca. Al
autor del texto 6 libro dogmatico, nadie ha acordado poder para
afirmar como verdad lo susceptible de ser verdad 6 error; pero
el libro impreso toma por la repetici6n de la lectura, formas im-
perativas en la conciencia del nifio y le impone arbitrariamente
estimulos y reglas para una conduct future, que pueden ser
equivocados.
17. La moral en la Universidad no puede ser dogmAtica. La
critical del conocimiento y la cultural 16gica, que no pueden fal-
tar en el professor universitario, no le permiten afirmar otra cosa
que el estado de una investigaci6n de hechos, y las inducciones
que habiliten una conclusion que sea siempre provisional. En
la cAtedra universitaria la moral es un problema que contiene
en si muchos otros mas. La verificaci6n de este enunciado disiparA
de los ojos de altos funcionarios, de pedagogos, de escritores
y oradores de primer impetu, la nube de presuntuosa vanidad,
6 tal vez de modest ignorancia, con que cortan de un sablazo
el nudo gordiano de los problems 6ticos.




80 REVISTA DE LA UNIVERSIDAD

18. Asimismo cae la moral en descr6dito por la disconfor-
midad tan frecuentemente notada en political entire la predica-
ci6n y la acci6n. Es en nuestro pais un hecho de repetida obser-
vaci6n, que las organizaciones partidistas han enunciado por mu-
chos afios, programs de moralidad en lugar de otros de orden
institutional, econ6micos 6 de interests sociales, excepci6n he-
cha del partido socialist y de la florescencia de iniciativas par-
tidistas transitorias en 6pocas electorales. La primera de las pro-
mesas fu6 siempre la pureza del sufragio. Pero llegado el mo-
mento de la acci6n, los sostenedores mAs entusiastas del prin-
cipio de moralidad, se encontraron frente al dilema de pecar
contra la pureza pregonada 6 ser vencidos, y optaron por el pe-
cado; surgieron asi las autoridades de origen elective de comicios
moralmente repudiados. Se puede hablar desde la cAtedra sin
animosidad 6 encono partidista; con la serenidad con que en la
clinic se examinan los sintomas de la enfermedad. No se tomarA,
pues, A inculpaci6n ni A ironia 6 alusi6n direct 6 indirecta, que
yo recuerde en este moment el decreto del poder ejecutivo de
la naci6n, subscripto el 7 de septiembre de 1908, por el president
Figueroa Alcorta y el ministry de instrucci6n pdblica doctor
Na6n, por el cual qued6 abierto el concurso para los textos de
moral civica y political en las escuelas elementales y en los esta-
blecimientos de ensefianza general y especial dependientes del
departamento de instrucci6n p6blica. En la oportunidad de la
publicaci6n de! decreto le prestA en la clase, la atenci6n que
merecia 6 interest A los alumnos en su examen y critical. Ten-
dr6 que volver sobre el asunto en el curso de estos studios pero
conviene anticipar desde ahora por lo menos las consideracio-
nes que fundaron aquella resoluci6n:
( I Que es deber fundamental de los poderes p6blicos, decian,
encauzar eficazmente el sentimiento national, en el sentido de
que las generaciones que concurren A la escuela se eduquen en
la virtud reDublicana, amando las instituciones, interesindose en




PL'OBLEMAS DE LA M011AL POLIO


(( 20 Que la ensefianza de aquellos principios, 6 se encuentra
profundamente descuidada, 6 totalmente olvidada en los planes
vigentes; asi en las escuelas normales el curso de moral prescripto
por el plan vigente, no produce en la prActica los resultados que
la cultural civica del pais reclama imperiosamente; y en los co-
legios nacionales, no obstante ser su fin inmediato el de preparar
A los j6venes para la vida social, en su mis amplia acepci6n,
no figure en el plan vigente, ni siquiera la ensefianza de aquella
asignatura en sus principios generals.
((3 Que en las escuelas normales es indispensable preocu-
parse no s6lo de la preparaci6n general del future maestro, sino
tambi6n de la educaci6n de su espiritu republican, que debe
ser aplicado, como la moral misma, en todas y cada una de
las manifestaciones de su honroso ministerio.
(( -o Que, entonces, para former la raz6n y la conciencia del
ciudadano future, y sin perjuicio de la ensefianza que debe rea-
lizar cada professor en el desenvolvimiento de. su asignatura, es-
timulando el ejercicio de las virtudes civicas, conviene dar a
esta educaci6n todo el relieve 6 importancia que la tarea de for-
mar hombres de principios reclama, desarrollando a este res-
pecto una acci6n tan eficiente como sea possible para que aque-
Ila ensefianza tenga su aplicaci6n sucesiva en las varias fases de
la instrucci6n pdblica, desde la elemental y primaria, hasta la
secundaria normal, especial y universitaria. )
Fl hechc. dr hallarse (( profundamente descuidada 6 totalm.inte
olvidada ), ( la educaci6n en las altas ideas de libertad civil y d3
honradez political ), qued6 asi formalmente enunciado por el go-
bierno, y fuera de duda 6 discusi6n. Pero las dificultades ante-
riores y posteriores de la administraci6n general y del movi-
miento agitado de la political internal, parecen poner asimismo
en la categoria de los hechos de observaci6n inmediata, que no
existe asentimiento com6n para calificar la acci6n political de los
fundadores oficiales de la ensefianza de la moral civic y po-
litica.
19. Por otro concept se desacredita todavia la moral political:
por el olvido en que fAcilmente cae la sanci6n de los juicios de 6ti-
ca sobre la conduct de los politicos. Ayer era notorio que deter-
minados sujetos no reparaban en la moralidad de los medios




IEVISTA DE LA UNIVERSIDAD


para la realizaci6n de sus fines, aun admitido que 6stos lo fueran
del mayor desinter6s y de la mayor abnegaci6n por el bien pi-
blico. Se tuvo por evidence que lograron el acceso A los empleos
pdblicos electivos por transacciones que repudia la conciencia
moral corriente; que fueron legisladores gracias A la presi6n
de la autoridad 6 la falsificaci6n de los actos electorales 6 A la
venalidad de los electores, 6. la indiferencia de los ciudadanos
A quienes estaba de hecho prohibida la opinion por el voto.
Se creeria que una atm6sfera moral nueva debiera asfixiarles, por
selecci6n de la naturaleza que determinara la supervivencia de
los mejores, si hemos de hablar con hip6tesis de biologia; pero
sucede todo lo contrario; las grandes conquistas de la terap6utica
modern que adoptan caprichosamente un enunciado aritm6tico,
les han alcanzado felizmente; y son hoy elocuentes en predicar
la nueva doctrine. Se reproduce en ellos el milagro que con-
virti6 en ap6stol al fariseo de Tarso. Han side detenidos en cl
camino por una luz esplendente y por una voz que les ha dicho:
(( Pablo, Pablo; por qu6 me persigues ? Yo soy Jes6s de Na-
zareth .
20. Volviendo ahora al prop6sito y objeto de esta conversa-
ci6n inicial de un curso, par6ceme que puede admitirse sin ma-
yor dificultad que sea convenient examiner desde la catedra
universitaria asi los fen6menos que induzcan en la convicci6n
de que la moral y la political andan por vias opuestas, como la
corriente de las ideas en el sentido de mejorar las condiciones
6ticas de la political.
Pero no es solamente de la conveniencia de estos studios quo
me he propuesto hablar hoy, sino de la necesidad y de la posi-
bilidad de que se verifiquen en las aulas consagradas A los estu-
dios superiors. En otra ocasi6n al escribir en defense de las
universidades nacionales (REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS
AIRES, mayo 19II) he expuesto la neoesaria vinculaci6n de los
tres 6rdenes de ensefianza, no del punto de vista de los alumnos
sino de la preparaci6n de los profesores. Estudi6 entonces el
hecho por una observaci6n de experiencia y un razonamiento
inductivo trivial si se quiere, con la trivialidad de la evidencia.
El maestro elemental difunde particular pequefiisimas de la cien-
cia y para ello necesita algo mAs que saber, es decir saber enseiiar.




PROBLEMS DE LA MORAL POLI


No le basta conocer la semilla sino tambi6n la calidad de la tie-
rra en que la deposit y las labores que require su germinaci6n.
De donde se sigue la preparaci6n especial del maestro advertida
desde much tiempo como necesidad, aunque los diversos en-
sayos de la pedagogia no hayan dado todos los resultados ape-
tecidos. La preparaci6n de maestros require A su vez otros maes-
tros que lo sean de los primeros y apliquen la cultural cientifica
y filos6fica al arte de ensefiar A ensefiar. A su turno las escue-
las normales que convierten la ciencia en arte no son laboratories
de ciencia. No es en ellas donde se prepare la investigaci6n y
elaboraci6n de todos los conocimientos con el solo interns del
conocimiento mismo, cualesquiera que sean sus aplicaciones ul-
teriores. Adoptando ya el criterio de que corresponda A la
ensefianza elemental y secundaria la educaci6n civica y political,
con todo el sentido dogmAtico que tal criterio tiene, es much
mAs .que convenient, de necesidad indispensable, que sea estu-
diada en todos sus antecedentes, actualidad y consecuencia, la
tendencia educational de convertir al nifio de hoy en un buen
ciudadano de mariana. Hay sin duda un sofisma, en tomar esta
direcci6n sin determinar previamente en qu6 puede consistir esta
concepci6n del buen ciudadano.
21. El problema de la 6tica political puede requerir antes de
ser resuelto investigaciones previas en diversas catedras univer-
sitarias. Esta simple indicaci6n se abona sin mayores demos-
traciones, si se repara en los diversos elements en que el pri-
mer andlisis descompone el fen6meno. ExigirA investigaciones
y comprobaciones hist6ricas y estadisticas, soluci6n previa de
dificultades de orden social y econ6mico; studio comparative
de las reglas juridicas ideadas y puestas en prActica para la rea-
lizaci6n del mejor gobierno; critical del ideal y de la realidad
democrAtica y por 61timo sintesis aunque sean provisionales que
correspondent por su carActer filos6fico A las cuestiones de 6tica
y metafisica. Todo ello para determinar siquiera un criterio de
6tica political. Pero el problema contiene siempre dos parties:
la determinaci6n del juicio y la transformaci6n de idea en ac-
ci6n. Esta sera la parte de la educaci6n political. Quien ha dicho
educaci6n ha dicho desenvolvimiento de aptitudes para la adap-
taci6n de la voluntad A un fin, que puede ser de dependencia y




REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


limitaci6n de su conduct 6 desenvolvimiento de todos los me-
dios de realizar la mejor reacci6n individual en el medio social.
Ahora bien, por todo esto, la educaci6n implica el studio de las
condiciones fisicas y psiquicas del individuo, y A ello debe acu-
dir el aporte de las ciencias naturales del hombre que constituyen
el fundamento y las afinidades de la pedagogia.
22. Las reflexiones precedentes habrAn justificado mi propo-
sici6n. Pero tal vez por el lenguaje demasiado general 6 abs-
tracto que he debido emplear para mayor brevedad, no valen
como presentaci6n de los problems de 6tica political lo que un
ejemplo entire tantos que pudiera tomar. La reciente ley electoral
en cuya ejecuci6n se hallan en estos moments ocupados tanto el
gobierno como una parte del p6blico, ha impuesto, sea por con-
cepto 6tico 6 juridico, la obligaci6n de votar. El voto supone
un pensamiento y una voluntad. Estas dos condiciones, una in-
formaci6n y reflexi6n previas y un estado de salud y de sistema
nervioso en disposici6n de servir la idea con la acci6n. Prescin-
damos por complete de la dltima consideraci6n, que con la pri-
mera basta para advertir que no es suficiente tener cerebro y
salud para tener ideas political 6 juicio para apreciar las cuali-
dades de los ciudadanos que puedan tenerlas. La ley pudo decir
expresamente que el elector que no tiene ideas para votar cum-
pliria la obligaci6n depositando su boleta en blanco porque tal
seria la representaci6n simb6lica de su cerebro y de su volun-
tad. La ley no lo ha dicho y comienza A discutirse el tema del
punto de vista de la moralidad, sin que falte quien encuentre
argument para condenar desde ahora A quien se abstenga como
sincera expresi6n del estado de su espiritu (falta de idea 6 falta
de voluntad) y present con tales discusiones campo A la duda
de si serA preferible la ficcidn 6 disimulaci6n A la sinceridad
proclamada experimentalmente como una virtud. d SerA major
ciudadano el que se abstenga por un voto en blanco que el que
vote al azar por un candidate que no conoce, 6 porque juzga
el menos malo entire various peores, 6 el que vota por el que
tiene en mayor estimaci6n en su conciencia, aunque no figure en
los carteles de las esquinas ?
He aqui pues un problema practice que no deja de presen-
tar dificultades te6ricas de la mayor entidad, y que no podria-





PROBLEMAS DE LA MORAL POL


mos resolver sin el examen previo de hechos y teorias, con ca-
ricter de cuestiones prejudiciales.
El enunciado de una parte de ellos valdra como program
sint6tico del curso:
I. Los problems morales de criterio v de acci6n. Sus solu-
ciones hist6ricas. Critica y funci6n de la critical en moral.
II. El problema de la mejor forma de gobierno, y la fe con-
temporAnea en la democracia representative.
III. Las ideas de libertad 6 igualdad en la organizaci6njuri-
dica contemporanea. Critica.
IV. Las perturbaciones de la democracia representative, y la
soluci6n propuesta, educar al soberano. L6gica de otra solu-
ci6n: educar al representante.
V. Funci6n de una cultural superior en la democracia represen-
tativa.

RODOLFO RIVAROLA.





1IIIliII Y V A iNA1( ir


Dos criterios fundamentalmente diversos orientan las legis-
laciones citadas al consagrar el concept del domicilio, que nos
permit clasificarlas respect de 61 en dos grupos:
i Las de aquellas naciones que, distinguiendo entire el nacio-
nal y el extranjero, consideran que el domicilio es un derecho
privativo del primero, confundiendo el domicilio y la naciona-
lidad como si fueran concepts que necesariamente se refieren
a un mismo lugar;
2 Las de aquellas que, consagrando la igualdad de nacio-
nales y extranjeros en cuanto al goce de los derechos civiles,
y no confundiendo en uno solo los dos vinculos de nacionalidad
y domicilio, puesto que la primer no impide tener el segundo en
otro lugar, legislan sobre el domicilio de las personas y no sobre
cl domicilio de los ciudadanos.
HAllanse en el primer grupo Francia y Bl1gica, que hablan
del domicilio de todo francs y de todo belga, y Portugal, que
define el domicilio del ciudadano (i); hAllanse en el segundo
las demAs naciones cuyas legislaciones hemos recordado, como
Italia, que habla del domicilio de una persona; Alemania, que


(1) Nacionalidad y domicilio no son concepts que se refieren necesariamente A un
solo lugar, y la nacionalidad no impide que pueda tenerse en el extranjero el propio
domicilio. Con simplemente cambiar el domicilio no se renuncia A la propia nacionali-
dad y se continfia siendo ciudadano del Estado en que se tiene aquAlla, continuando tam-
hiM n en el goce de todos los derechos civiles pdblicos y politicos garantidos por las leyes
del pais de que se es ciudadano. Cambiando de domicilio se renuncia A las relaciones
que se tienen con la comunidad, no A las que se tienen con el Estado, y por ello so sigue
siendo national. Dg. It., volume IX, part III, pAgina GGx.




DOMICILIO Y LA NACIONALIDAI


se refiere a el que fije su residencia; Espafia, que legisla para
las personas naturales; Holanda, que hace referencia al domi-
cilio de cada uno; Suiza, Rusia, Repiblica Argentina, Chile, etc.,
que definen el domicilio de una persona.
Ahora bien; aun dentro de estos concepts antag6nicos, cu-
ya oposici6n es fundamental, varia el criteria con que las di-
versas leyes nacionales han consagrado el vinculo del domicilio.
He aqui los indices del mismo 6 elements constitutivos diver-
,os segin los preceptos de los c6digos recordados :
io El establecimiento principal (Francia, B61gica).
20 El centro principal de los negocios d intereses (Italia, Ve-
nezuela).
3 La residencia habitual (Alemania, Espafia).
40 La residencia y la intenci6n de establecerse (Suiza).
5 La principal residencia (Holanda).
6 La residencia permanent (Portugal).
7 El establecimiento (Rusia).
8 El centro de la vida civil y de los negocios (Provincias
BAlticas).
9 El centro principal de la residencia y de los negocios (Re-
p lblica Argentina).
Ioo La residencia y el dnimo de permanecer (Chile).
Como se ve, la mayor parte de estas definiciores son incom-
lpletas; y en cuanto al element de la residencia, en que coinciden
casi todas, chase de ver tambi6n que no lo consagran con los
mismos caracteres.
Asi para unas, la residencia debe, para constituir domicilio,
ser la principal (Francia, B61gica, Republica Argentina, Holan-
da); para otras, la habitual (Alemania, Espafia); para otras, la
permanent (Portugal), etc.
Solamente Suiza y Chile exigen los elements de la residen-
cia y de la intenci6n 6 Animo de permanecer en el lugar de
aquella.
En cuanto A las otras definiciones, no se refieren A uno ni A otro
de ambos elements y establecen como indices del domicilio el
centro principal de los negocios, de la vida civil 6 de los inte-
reses (Italia, Venezuela, Provincia BAlticas, Repiblica Argenti-
na).





REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


laciones sobre 1o que caracteriza el domicilio, en general; 6 in-
necesario narece decir cue la uniformidad de las legislaciones
nacionales en el caso es una aspiraci6n justificada y un hecho
exigido por la importancia misma de las cuestiones de orden
juridico A que se vincula el concept del domicilio, y que pue-
den presentarse en material de contratos, de sucesiones, de quie-
bra, de procedimientos y competencia, etc., cualquiera que sea,
por lo demAs, el criterio que oriented en las legislaciones de am-
bos continents el regimen de las vinculaciones ocurrentes en or-
den al derecho personal.
Creemos, sin embargo, que su unificaci6n no seria dificil. La
tarea consisfiria en uniformar el lenguaje y complementary las
definiciones: esto l6timo principalmente, de ningdn modo im-
posible, desde que, si no de las palabras, el complement po-
dria extraerse del espiritu que A dichas legislaciones informa.
Ante todo, es precise borrar de 6stas el distingo entire
nacionales y extranjeros al consagrar el concept del do-
micilio. Ya hemos visto que, aun bajo el imperio del c6digo
francs, la doctrine modern se inclina A interpreter aqu61 A este
respect en un sentido liberal, acordando, tanto al francs en
el extranjero, como al extranjero en Francia, el derecho de esta-
blecer un domicilio, rectificando implicitamente la teoria anterior-
mente sostenida de que este derecho era s6lo propio de los fran-
ceses (i).

(i) Puede consultarse, centre otros autores, A VALETTE, Cours de code civil, volunmen 11,
pagina 126 ; DuaDno L., Essai de droil international priv, edici6n 1881, pagina 376, donde
(dice : ( Nosotros vemos, por el contrario, que la ley francesa Iha reconocido, mientras ha
cstado en su poder, A los extranjeros el derecho de establecer su domicilio en Francia.
Lo Ila hecho, no por una disposicion dilecta, sino reconociendo A los franceses el derecho
tie establecer su domicilio en el extranjero. El articulo lo2 del C6digo civil no dice de
ninguna manera que el domicilio del francs debe ser en Francia : lo fija solamente en
el lugar de su principal establecimiento : ahora, no existe ley, que nosotros conozcamos,
prohibiendo A los franceses tener su principal establecimiento cn el extranjero... Se dice
.que el articulo 13 subordina el derecho de establecer su domicilio en Francia a la auto-
rizaci6n que el extranjero debe obtener del gobierno. Nos sorprende este argumenio.
El articulo 13 i tiene por objeto regular el domicilio del extranjero 6 bien su goce de los
tendrA un domicilio, 6 bien establece que el extranjero que haya recibido del gobierno
tal autorizaci6n gozarA de los derechos civiles ? d En qu6 titulo se hall colocado : en el que
xige el domicilio 6 en el que rige los derechos civiles Pi BROCHER C., COU's de drot inter-





L DOMICILIO Y LA NACIONALID2


BastarA, ademAs, tener present que la nacionalidad y el do-
micilio son relaciones diferentes, que no tienen que referirse ne-
cesariamente A un mismo pais, cuyos cambios respectivos no se
vinculan, para comprender c6mo pueden legislarse independien-
temente, cada una dentro del orden propio A que se subordina: la
nacionalidad, en el derecho politico; el domicilio, en el derecho
privado; la primer suponiendo un lazo con el pais 6 el Es-
tado A que se perteneoe come ciudadano; el segundo, un vin-
culo con la colectividad social 6 agrupaci6n humana en que se
desarrolla la vida individual, cualquiera sea el Estado al cual
pertenezca.
Con este concept de la naturaleza de la relaci6n que el do-
micilio supone deberA definirse, como 1o hacen los c6digos de
Italia, Suiza, Alemania, Rep6blica Argentina, etc., con referen-
cia A la persona, en general, 6 al individuo, 6 sea, con abstracci6n
de toda relaci6n de ciudadania 6 nacionalidad.
Definiremos, por consiguiente, el domicilio de las personas.


En segundo lugar, es evidence que las calificaciones principal,
habitual y permanent asignadas A la residencia en diversos c6-
digos no se hallan vinculados por una complete sinonimia, sobre
todo el primero con relaci6n A los dos lltimos; pues un lugar
de residencia es principal para una persona cuando A 61 se une
6sta con preferencia A cualquier otro; pero ello no implica nece-


national prive, edici6n 1883, volunen 1, pagina 254 y siguientes; DESPAGNET F., Precis
de droll international priov, edici6n 190o, pigina 3168 GLAssoN E., en el Journal de droil
international priuo, 1881, pAgina 113, done dice: a Qu6 es, en efecto, el domicilio ?
Es cl lugar en qu e se ha fijado el principal estallecimiento. Las condiciones constitutivas
del domicilio pueden sor realizadas tanto por un extranjero como por un francs. Ellas
suponen un echo acompailado de intenciones. Siempre que un extranjero venga A esta-
blecerse en Francia, 61 adquiere en ella legalmente su domicilio sin que sea necesaria
ninguna autorizaci6n del gobierno. ) RENAULT, De In succession ab intestate des Atrangers
en France, pagina 19 y siguientes, en el Journal de droi international privd ; WVISS, Manuel
de droil international priud, pagina 422 ; y WEIss-ZEBALLOS, Manual de derecho inlerna-
eional privado, volume I, pAiginas 366-369, diciendo en esta filtima pigina ; a La ley de
23 de agosto de 1871 sobre registry ofrece un iltimo argument A nuestra tesis ; en el
articulo 4i que somete A los derechos de transfercncia por fallecimiento los fondos
pulblicos, las acciones, las obligaciones, etc., dependientes de la sucesion de un extran-
jero domieiliado en Francia, con 6 sin autorizacidn, a reconociendo asi que la autorizacion
gubernativa no cs una condici6n indispensable para el domicilio de los extranjeros en
Francia ,.
ART. ORIG. AVl-7




LhVIAIA DU LA UNLVbLi~1DAU


sariamente el caracter de permanencia, es decir, de duraci6n fir-
me, de continuidad, de conservaci6n, de inmutabilidad, que in-
forman una modalidad fundamental del domicilio: unde rursus
non sit descessurus, decia la ley del c6digo que antes hemos
citado, si nihil avocet; es decir, el lugar de donde la persona no
haya de alejarse si nada le obliga. El establecimiento de que aqui
se trata, dice Mourlon (I) glosando el articulo I12 del c6digo
francs, consiste en el interns, de cualquier naturaleza que sea,
inter6s de familiar, de propiedad, de funciones, que vincula A
una persona con cierto lugar. Este interns (establecimiento) es
principal cuando es tal que nos une A un lugar con preferencia
A todo otro.
Si tal es el sentido de la calificaci6n, creemos evidence que la
mAs apropiada es la del vocablo permanent que emplea el c6-
digo civil portugu6s. El domicilio no puede existir sin un lugar
de residencia fija, stable, permanent; y un lugar de residen-
cia permanent tiene que ser necesariamente el principal y el
habitual; el principal, porque s61o puede resolverse la perma-
nencia en un lugar cuando un interns predominante sobre
cualquier otro lugar atraiga hacia A 61 A la persona, y el ha-
bitual, porque el hdbito de residir en determinado centro re-
sulta de la permanencia del individuo en 6l.
Luego, para que una persona tenga domicilio en un lugar
determinado, requi6rese, ante todo, la residencia permanent de
ella en dicho lugar.
Continuando nuestra definici6n, diriamos entonces que el do-
micilio de una persona es el lugar en que ella tiene su residence
permanent.

Pero d cual es la extension con que usamos el vocablo residen-
cia ? Es ella tambi6n motive de fundamental disidencia en el
terreno doctrinario, dado que algunos autores emplean la pa-
labra residencia como significativa 6 comprensiva, A la vez, del
hecho de la presencia real y habitual de una persona en el lu-
gar y de la intencidn de establecerse en 61. Asi podria explicarse,
quizAs, que algunas legislaciones se refieran s6lo A ella en sus

(3) MoURLON F., Rdpdlitions crimes sur le code civil, volume I, pagina so!i, nuimero 319.




JDUMILILIU I LA NALIUNALIDA


definiciones, como las de Espafia, Alemanla, Holanda, Portugal,
etc6tera.
Podria tambi6n explicarse esta extension acordada al vocablo,
aludido, teniendo en cuenta las expresiones de las leyes france-
sas 6 inglesas, y sus correspondientes interpretes.
Los primeros hablan de la principal demeure; los segundos,
del home; y, segiin Dicey, siempre que un lugar 6 un pais es lla-
mado el home 6 la principal demeure de una persona, convie-
ne establecer la relaci6n que existe entire estos dos hechos distin-
tos, de los cuales uno es material y el otro intellectual; concluyen-
do que la palabra demeure, en tanto sea aplicada A un lugar 6 pais.
determinado, puede ser descripta 6 definida en estos 6 andlogos
t6rminos : la principal demeure de una persona es el lugar
6 pais : i" en el cual reside de hecho con la intenci6n de residir
en 61 (animus manendi); 6: 2" en el cual, despues de haber
residido en esas condiciones, dicha persona contin6a residiendo
actualmente, sin conservar en la continuaci6n el element inten-
cional (animus manendi); 6 : 3' en el cual, despu6s de haber
residido, conserve la intenci6n de residir (animus manendi), sin
continuar residiendo efectivamente.
Para el autor mencionado, la primera parte de la definici6n
6 formula determine las condiciones necesarias para la adqui-
sici6n de la principal demeure ; la segunda y la tercera deter-
minan las condiciones necesarias A la conservaci6n del domi-
cilio.
A nuestro juicio, es indudable que el significado lexicol6gico
del t6rmino residir incluye la idea de permanencia en un lugar
determinado, de establecimiento indefinido, desde que significa
estar de asiento en un punto dado; pero creemos tambi6n qua
no encierra el hecho intellectual de la intenci6n de permanecer
6 de la ausencia de intenci6n de abandonar ese punto de resi-
dencia. Tal ha sido, por 1o demas, seg6n hemos visto, la doc-
trina romana. Como afirma el mismo Disey (i) ((la palabra
habitual en la definici6n de la residencia no significa la presen-
cia en un lugar por un period de tiempo largo 6 corto, sino la


(I) Le sftia t p'ersmnnel milld'is, traducclin de Emi. llicquart. i87; volumen 1, pi-
gina G i, nota.




11yVIbIA DI LA UAntVIEi IDAD


presencia en 61 durante la mayor part del period al cual se
hace alusi6n en cada caso especial cualquiera que sea la dura-
si6n, diez afios 6 diez dias. ) Y esa residencia puede ser inde-
finida y no importar domicilio.
Mas aun, en el concept modern de 6ste el hecho material
tiene menos importancia que el intellectual, de acuerdo con la
evoluci6n que antes mencionamos y que conduce a espirituali-
zar el vinculo hasta hacerlo descansar s61o en la intenci6n de
conservarlo, es decir, hallAndose la persona indefinidamente au-
sente del lugar del domicilio. He ahi, pues, la fundamental di-
ferencia entire domicilio y residencia, sobre la que mAs adelante
volveremos, y por la que conceptuamos ocasionado a confusiones
el uso del 6ltimo vocablo con la amplitud de significado que
antes recordamos.
Por eso Arntz (i), entendiendo definir el domicilio sobre la
base del predominio del element intellectual y no incluyendo 6ste
en el vocablo residencia, dice de 61 que es el lugar en que una
persona, con relaci6n a sus derechos y obligaciones, se reputa
que estd siempre present, aunque, de hecho, ella pueda no re-
sidir en tal lugar.
Para que el domicilio exista, pues, el caracter de permanent
.de la residencia no basta; requi6rese tambi6n, y sobre todo, que
6sta tenga la intenci6n, el dnimo de hacer de aquel lugar el cen-
tro de su vida civil, su residencia fija, lo cual no exige, en con-
secuencia, la estadia continuada de dicha persona en el lugar
mencionado, lo que en los textos y t6cnicamente se express con
las palabras animus manendi, que traduce el estado positive del
espiritu de querer establecerse en el mencionado lugar y el ne-
gativo de no tener voluntad de residir en un lugar distinto.
La noci6n juridica del domicilio, asi integrada, se halla posi-
tivamente consagrada en los c6digos de Suiza y Chile, por ejem-
plo, que, como puede verse, apoyan dicha noci6n en el hecho de
la residencia y la intenci6n de establecerse (2).

(i) Cours de droil civil frangais, volume I, nimero 189.
(a) Asi, dice PLANIOL, op. cit., volume I, pAgina 200, nfimero 556 : a El domicilio,
una vez establecido en un lugar, present necesariamente cierta fijeza, que es una de sus
grandes ventajas prActicas. Puede 61, sin duda, trasladarse bajo condiciones determinadas ;
pero puede tamhi6n conservarse no obstante una ausencia, aun prolongada: se ha visto





L DOMICILIO Y LA NACIONALID


Para completar el concept del domicilio, del punto de vista
international, falta, sin embargo, ampliar los t6rminos de la de-
finici6n con la inclusion de un element nuevo, que no aparece
en las disposiciones anteriormente transcripts de las legislacio-
nes europeas y americanas; lo que demuestra que ellas han con-
sagrado su respective noci6n del domicilio s61o del punto de
vista local, circunstancia que conviene dejar constatada, porque
acaso pueda ella aprovecharse en alguna demostraci6n ulterior
de este trabajo.
En el orden international el domicilio no es ya un lugar, sino
un pais. Por consiguiente, la definici6n, para ser complete, debe
referirse A uno y a otro.
Ded6cese de lo expuesto que la habitacidn en un determinado
lugar no es condici6n esencial del domicilio, sea la habitaci6n in-
dividual, sea la habitaci6n de la familiar. El domiciliado en un
lugar puede habitar, solo 6 con la familiar, si la tiene, en lugar
divers. El element que, conjuntamente con la intenci6n de re-
sidir en un punto cualquiera, integra la noci6n juridica del do-
micilio es el de la radicaci6n de los interests 6 de los negocios
6 actividades profesionales, que constituyen A aquel punto en
centro de la vida civil del individuo. No creemos, por lo tanto,
en la exactitud del concept de los emperadores Diocliciano y
Maximiano expresado en la ley 7, libro o1, titulo XL, del c6-
digo, ya recordada, in eodem loco ringulos habere domicilium
non ambigitur, ubi quis larem rerumque ac fortunarum suarum
summam constituit; porque, de acuerdo con 61, es necesaria la


personas salir do so domicilio con intenci6n de volver A l1 y. en el hecho, permanecer
ausentes today la vida. El domicilio, pues, no se muda siempre que la persona resida por
mins 6 menos tiempo en un lugar divers de su residencia habitual. Cuando torna A 6sta
se dice que ella ha vaello d su domicilio ; luego, no lo hahia perdido. Esta fijeza del domi-
cilio, que subsiste en el lugar en que so ha establecido, A pesar de la ausencia de la per-
sona, conduce A distinguir el domicilio propiamente dicho de la residencia.
Por otra parte, segdn la noci6n primer del domicilio, una persona no debera tender su
domicilio en un lugar, sino con la condici6n de habitar en l ; el domicilio debiera ser
adquirido en el moment en que la persona llega A dicho lugar para fijarse en l1. No
obstante, se verA que la ley, por disposiciones arbitrarias, atribuye como domicilio a cier-
tas personas un lugar que no habitan y al cual quizAs no han ido nunca. Es precise re-
nunciar A incluir estas hip6tesis en la definici6n normal del domicilio y tomarlas por lo
que son : anomalias en las cuales la idea de residencia habitual cede el paso A la consi-
deracian de los intereses y del lugar en que ellos se encuentran centralizados.





REVISTA DE LA UNIVEBSIDAD


concurrencia de los lares y de las cosas 6 de la fortune en un
mismo lugar, aparte de la residencia con el Animo de perma-
necer en l1. Es indudable, entretanto, que, si bien por regla
general ambos hechos coincidiran, casos hay y frecuentes en que
no se hallan radicadas en el mismo lugar la familiar y los nego-
cios.
Quiere decir entonces que pueden presentarse diversas situa-
ciones que es necesario contemplar para armonizar con ellas la
verdadera noci6n del domicilio.
Los elements constitutivos de 6ste son, segun se ha visto:
I La residencia permanent en un lugar determinado, A que
los romanos llamaban facto;
2o La intenci6n de permanecer en 61, es decir, el animus ma-
nendi;
3o La libertad y la voluntad individual de radicarse (i), tra-
tindose de la adquisici6n de un domicilio de elecci6n, cuya sig-
nificaci6n estudiaremos en el capitulo siguiente.

De las consideraciones que quedan expuestas, desarrolladas so-
bre la base del studio comparative de las legislaciones recor-
dadas, podriamos extraer una definici6n del domicilio que, Ile-
nando las deficiencies de que adolece en algunas leyes, unifi-
cara A 6stas de acuerdo con el espiritu que inform la verdadera
noci6n de aquel y la verdadera naturaleza del vinculo.
Conviene, sin embargo, examiner antes las diversas classes de
domicilio, porque, como se ha visto, su definici6n tendria que
aludir A aquellas, desde que seria menester dejar sentado si la
residencia, que constitute el primero de los elements consti-
tutivos sefialados, importa una relaci6n con el lugar en que ha-
bita la familiar del domiciliado 6 con el en que se hallan ra-

(i) Muy bien dice el proyecto de FREITAS, en el articulo 186 : a Para constituir domi-
cilio no es bastante : i Ni el simple hecho de la residencia, aunque dilatada, en un
lugar, ya sea por viaje 6 por trifico ambulance, 6 por cualquier otro motive accidental,
siempre que parezca tener su domicilio en otro lugar ; 2' ni la simple intenci6n de
cambio de domicilio manifestado en cualquier forma, cuando no haya habido residencia
efectiva; 3* ni el hecho de la adquisici6n 6 posesi6n de bienes inmuebles en cualquier
lugar )). Y en la nota con que ilustra esta disposicion, agrega : o Las reglas de este ar-
ticulo dominant toda la material del domicilio. Domicilium (D. L. 2o, ad man.) re et facto
Iransfertur non muda contestatione. El domicilio, dicen todos los escritores, no se adquiere





EL DOMICILIO Y LA NACIONALIDAD


dicados sus negocios, 6 con cuAl de ambos cuando no coincidan;
debi6ndose tambi6n hacer alusi6n al domicilio legal todo lo cual
supondria el conocimiento de la clasificaci6n del domicilio.
En consecuencia, despu6s que hayamos hecho de 6sta el co-
rrespondiente analisis, concretaremos nuestras conclusions en
los preceptos que propondriamos para unificar las legislaciones
nacionales.


DIVIsION


Legislaciones europeas


Alemania. Art. 9. El military tiene su domicilio en el lugar
en que se halla de guarnici6n. Si perteneciese A un cuerpo de
tropas que no tenga su estancia en Alemania so reputara su do-
micilio el filtimo lugar en que haya estado de guarnici6n en el
imperio dicho cuerpo.
Estas disposiciones no son aplicables A los militares que s61o
sirvan el el Randwend 6 que no puedan establecer por si su
domicilio.
Art. io. La mujer casada tiene el domicilio de su marido;
pero no cuando el marido lo establezca en el extranjero, en un
lugar adonde su mujer no le siga ni est6 obligada A seguirle.
Cuando el marido no tiene domicilio 6 la mujer no tiene el
de aquel, puede tener 6sta su domicilio propio.
Art. i El hijo menor legitimo tiene su domicilio en casa de
su padre. El ilegitimo, en casa de su madre; el adoptive, en casa
del adoptante. El hijo conserve este domicilio hasta que lo aban-
dona legalmente.


sino animo etfacto ; pero una vez adquirido se conserve s6lo aninmo. Se le aplica, pues,
como observe Demolombe, la teoria de la posesi6n, que tampoco se adquiere sino por el
hecho acompafiado de la intenci6n : corpore et animo, nelue per se corpore, neque per se
animo : (L. 3', 1, Dig. de adq. nel amitt. poss.) Por las palabras de nuestro articulo,
nfmeros I y a', lien se infiere que no se trata de la constituci6n 6 adquisicidn de un
primer domicilio, sin existir antes otro. Se trata de la constitution de un nuevo ldomi-
cilio, del cambio 6 traslaei6n del domicilio. No puede haber, por consiguiente, adquisi-
ci6n 6 constituci6n de domicilio, sin la p6rdida coincidente de un domicilio anterior.
Adquisician para de domicilio s61o tiene lugar en el domicilio de origen.













y III, con supresion en el primero de las clausulas relerentes
A la mujer separada de cuerpos.)
Francia. (El c6digo civil no clasifica expresamente el do-
micilio, pero las distinciones que 61 hace A su respect surgeon
de las ldis onsicionnpes sinunients rna l ialn snhrP l nmricilion


relative 6 leg6
ci6n del domi,
Art. io8. L
marido. El mi
sus padres, m
de su tutor. I
domicilio lega
hecha A la mi
debera igualm
Art. og9. I
en casa de ot:
quien sirven 6
misma casa.
Art. iii. C
parties 6 de ur
de este mismc
notificaciones,
drAn ser hech;
domicilio.
Espafia. -
contiene las s
Art. 311. E
separadas lega
de los hijos c
los menores 6
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EL DOMICILIO Y LA NACIONALIDAD 97

Art. 313. El domicilio legal de los empleados es el pueblo
en que sirvieren su destino.
Italia. (Legislando para los mismos casos que los anteriores,
dispone :)
Art. 18. La mujer que no est6 legalmente separada tendrd el
domicilio de su marido, y lo conservara en la viudez mientras
no adquiera otro nuevo.
El menor no emancipado tendrA el domicilio del padre, de la
madre 6 del tutor.
El mayor de edad que se halle interdicto, tendri el domicilio
rJ. c-1 tfltfr





REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


para el cumplimiento de actos respect de los cuales la ley no
haya fijado domicilio cierto, y ejercitar este acto por medio de
document p6blico; no pueden, sin embargo, dejar aquella elec-
ci6n al arbitrio de un tercero.
(C6digo civil. Los articulos 47 a 54 tratan del domicilio nece-
sario, legislAndolo en los siguientes t6rminos :)
Art. 48. Los mayors sujetos A tutela tienen por domicilio el
de su padre 6 madre, A cuya autoridad esten sujetos, y en de-
fecto 6 en caso de impedimento legal de aquellos, el del tutor.
Art. 48. Los mayores sujetos A tutela tienen por domicilio el
del tutor.
Art. 49. La mujer casada tiene por domicilio el del marido,
siempre que no se halle separada judicialmente, en cuanto A
la persona y los bienes, salva la disposici6n del parrafo 2 del
articulo 53.
Art. 50. Los mayores de edad 6 menores emancipados que
sirven 6 trabajan habitualmente en casa de otro, tienen por do-
micilio el de su amo 6 principal, si con 61 habitan, y salvo lo
dispuesto en los tres articulos precedentes.
Art. 5i. Los empleados piblicos que ejercen sus funciones
en lugar determinado tendrAn en 6ste su domicilio necesario.
El domicilio se determinarA por la posesi6n del empleo 6 por
el ejercicio de las respectivas atribuciones.
S 6nico. No ejercitandose el empleo en un lugar cierto, so
aplicarAn las disposiciones del articulo anterior para determinar
cl domicilio del empleado.
Art. 52. Los militares que presten su servicio en un cuerpo
tienen su domicilio en el sitio en que est6n de guarnici6n. Los
que no estuvieren agregados a cuerpo alguno, tendran su domi-
cilio en el lugar en que presten su servicio, si no se encontraren
cn alg6n establecimiento 6 morada permanent; porque, en este
caso, en ellos tendrin su domicilio.
S inico. Los marines pertenecientes a la armada national tie-
nen su domicilio en Lisboa. Los que formaren parte de la tripu-
laci6n de buques mercantes 6 de cabotaje tendrAn su domicilio
en las poblaciones de la matricula de aqu6llos, A no ser que
por otra causa lo tuvieren diferente.
Art. 53. Los condenados a prisi6n 6 confinamiento tendran




EL DOMICILIO T LA NACIONALIDAD


como domicilio el lugar en que estuvieren extinguiendo la pena
impuesta, except en lo que respect A las obligaciones contrai-
das antes del delito, conservando con relaci6n a 6stas su antiguo
domicilio.
S i Los reos sentenciados, mientras no sean trasladados al
sitio en que hubieren de extinguir su condena, tendrAn como
domicilio el lugar en que se hallen detenidos.
S 2" La mujer y los hijos del sentenciado A confinamiento, que
no acompafiasen A aquel al lugar del cumplimiento de la pena,
no tendrAn por domicilio el del marido 6 padre, sino el suyo
propio, conforme A las reglas establecidas en los articulos an-
teriores.
Art. 54. El domicilio necesario cesa desde el moment en que
concluye el hecho de que depend.
Suiza.- Art. 25. El domicilio de la mujer casada es el de
su marido; el de los hijos sujetos A la patria potestad es el de
sus padres; el de los sometidos A tutela es el de la autoridad
tutelar.
La mujer cuyo marido no tenga domicilio conocido, 6 la que
estA autorizada para vivir separada, puede crearse un domicilio
personal.
Art. 26. La residencia en una localidad para asistir A las es-
cuelas, 6 el hecho de estar colocado en un establecimiento de
ensefianza, en un hospicio, hospital, casa de correcci6n, etc., no
constitute domicilio.

Legislaciones americanas

Repiblica Argentina. (DespuBs de haber definido en el arti-
culo 89 el domicilio real y el domicilio de origen, legisla sobre el
domicilio legal en el siguiente articulo 90, defini6ndolo y dis-
poniendo A su respect en los t6rminos siguientes :)
Art. 90. El domicilio legal es el lugar donde la ley presume,
sin admitir prueba en contra, que una persona reside de una
manera permanent para el ejercicio de sus derechos y cum-
plimiento de sus obligaciones, aunque de hecho no est6 alli pre-
sente, y asi:
io Los funcionarios pdblicos, eclesiAsticos 6 seculares, tienen




REVISTA DE LA UNIVERSIDAD


su domicillo en el lugar en que deben lenar sus funciones, no
siendo 6stas temporarias, peri6dicas 6 de simple comisi6n;
2 Los militares en servicio active tienen su domicilio en el
lugar en que se hallen prestando aqu61, si no manifestasen inten-
ci6n en contrario por alg6n establecimiento permanent 6 asien-
to principal de sus negocios en otro lugar;

6 Los incapaces tienen el domicilio de sus representantes;

8 Los mayores de edad que sirven 6 trabajan 6 que estan agre-
gados en casa de otros tienen el domicilio de la persona a quien
sirven 6 para quien trabajan, siempre que residan en la misma
casa 6 en habitaciones accesorias, con excepci6n de la mujer
casada, que, como obrera 6 dom6stica, habitat otra casa que la
de su marido;
9 La mujer casada tiene el domicilio de su marido, aunque
se halle en otro lugar con licencia suya. La que se halle separada
de su marido por autoridad competent conserve el domicilio de
6ste si no se ha creado otro. La viuda conserve el que tuvo su
marido, mientras no se establezca en otra parte.
Art. 91. La duraci6n del domicilio de derecho depend de
la existencia del hecho que lo motiva. Cesando 6ste, el domicilio
se determine por la residencia con intenci6n de permanecer en el
lugar en que se habite.
Art. ioo. El domicilio de derecho y el domicilio real determi-
nan la competencia de las autoridades p6blicas para el reconoci-
miento de los derechos y cumplimiento de las obligaciones.
Art. o11. Las personas en sus contratos pueden elegir un do-
micilio especial para la ejecuci6n de sus obligaciones.
Art. 102. La elecci6n de un domicilio implica la extension de
la jurisdicci6n que no pertenecia sino A los jueces del domicilio
real de las personas.
Bolivia.- Art. 53. La mujer casada no tiene otro domicilio
que el de su marido. El menor no emancipado tendrA su domicilio
donde lo tienen sus padres 6 tutores; el mayor impedido, en el
de su curador (art. io8, cap. 7).
Art. 54. Los mayores que sirven 6 trabajan habitualmente en
casa de otro tendrAn su domicilio donde lo tiene la persona a




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