Anales del Ateneo del Uruguay

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Title:
Anales del Ateneo del Uruguay
Physical Description:
Serial
Language:
Spanish
Publisher:
Ateneo del Uruguay
Place of Publication:
Montevideo
Publication Date:

Subjects

Genre:
serial   ( sobekcm )

Notes

General Note:
Año 1, tomo 1 (sept. 5 de 1881)-año 4, tomo 10 (marzo de 1886) = No. 1-no. 55 Uruguay Intellectual life Periodicals Ateneo del Uruguay Anales del Ateneo

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University of Florida
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University of Florida
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ANALES



DEL




ATENEO DEL URUGUAY


PUBLICATION MENSUAL






TOMO IX







MONTEVIDEO
IMPRENTA ((EL SIGLO ILUSTRADO'
TURENNE, VARZI Y C. --
So mro 157








-0\
,M8
V o u









ANALES DEL ATENEO

DEL URUGUAY


ANO IV-TOMO IX MONTEVIDEO, JULIO 5 DE 1885 uiMEO 47




Tierras ptblicas

IBOSQUEJOS SORE SU ARREGLO

POR EL AGRIMENSOR DON FRANCISCO J. ROS

< os trabaj s preparatorios avanzan ideas que
la discussion fecunda, provocan la manifestation
<< de otras nuevas, y por imperfectos que ellos
q sean, abren el unico camino que puede condu-
cirnos al acuerdo de intentos y A la unidad de
q doctrine que debe presidir it este ramo, tal vez el
Smias inmportante de nmestra legislation patria. o
NICOILAS AVELLANEDA.
( E.tudio, sobre las leyes de tierras pfiblicas.)

Hablar en nuestro pais del arreglo do la propiedad piiblica, es
abordar la solution de uno de los problems mis trascendentales
para nuestros intereses econ6micos.
Ante 61 so ha detenido varias veces la atencion del estadista,
pero arredrado por su magnitude, no ha hecho mas que orillarlo,
sin atreverse A buscar, en medio A los multiples factors que lo
cemponen, la formula desarrollada y general que debe darnos su
solution.
Ahi estti la legislacion patria patentizando lo que decimos, al
consignar en sus paginas las ti'midas tentativas de todos nuestros
gobiernos.
Ahi estin los archives de la prensa national, consignando, en
articulos de todas nuestras 6pocas political, la necesidad de enca-
rar de Ileno la question y el resultado ineficaz de la pr6dica.
Pero si esto no bastara a encarecer la importancia y dificultad
del asunto, ahi estan los trabajos de estos Altimos tiempos, sen-






4 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

tando diversos modos de resolver el problema y cada cual con
su formula.
Estudiar cada uno de ellos separadamente, analizarlos en con-
junto y buscar en la sintesis el resultado mejor, es el trabajo que
vamos imponernos en estas lines.
Es Ardua la tarea, porque el problema es arduo, es magno por
las cireunstancias que lo rodean, y de solution dificil por los inte-
reses que encarna.
Entremos, pues, a su studio, tratando de simplificarlo cuanto
sea possible para mejor abarcar el conjunto.


CAPITULO I


LEGISLATION DENUNCIA OBLIGATORIA LIBRE DENUNCIA -
CATASTRO -- CONCLUSIONS

I

Si fuMramos A buscar en nuestra legislation el medio de arreglar
la propiedad territorial, s6lo encontrarfamos en ella una conclu-
sion tan filos6fica como several.
Cuando los grades intereses de un pueblo se hallan comprome-
tidos en un asunto que A todos afecta, el legislator no dobe pro-
ceder ligeramente comprometi6tidolos con resoluciones que no llevan
el sello de una meditacion profunda y un conocimiento intimo do
la naturaleza del asunto.
Ya hemos tenido occasion de hacer resaltar la inconsecuencia de
nuestra legislation relativamente a la fortune territorial.
De esa inconsecuencia, de esa falta de tino y de studio, debe
derivarse en gran parte el estado actual de la propiedad.
S61o las continues agitaciones de nuestra vida political atendan
el just cargo con que puede reprocharse la indolencia de nuestros
gobiernos en este asunto.
Pero, ya que las cosas son asf, ya que hay que tomarlas como
estin, trepemos sobre los escombros de esa legislation, agrupados
en el des6rden y las inexperiencias de nuestras 6pocas political y
estudiemos la question examinando uno a uno los medios quo se
han intentado para conseguir un arreglo territorial.
Pero antes que nada, y aunque ya otra vez lo hemos dicho, vol-






TIERRAS PUBLICAS 5

vamos repetir c6mo se encuentra la tierra pdblica 6 fiscal en
nuestro pals; porque es uno de los puntos que no puede ni debe
pasar desapercibido, puesto que su ubicacion es una de las pecu-
liaridades mis importantes de este asunto.
< Sucede en nuestro pais que la propiedad esta completamente
c poseida por el dominion particular y so encuentra incorporada 4
< terrenos que por just titulo posee cada propietario.
< Sern muy raro, rarisimo, el titulo que al especificar los limits
<< de la propiedad, indique como lindero al Fisco. Hablamos de los
< titulos actuales.
La propiedad particular esta limitada por la propiedad parti-
<; cular. -De aqui que la propiedad piblica se halle poseida casi
< en su totalidad y que su ubicacion d6 por resultado hallarse en
(< fracciones aisladas mis 6 m6nos grandes. ( 1)
Esta ubicacion y la forma de los titulos que amparan la propie-
dad en su generalidad, no deben perderse de vista y A su tiempo
nos ocuparemos de ambas cosas.
Entremos ahora A estudiar los diferentes modos propuestos para
la reivindicacion de ]a tierra fiscal.

II

Tres son las soluciones con que so pretend el arreglo de la
tierra publica:
La denuncia obligatoria.
La libre denuncia.
El catastro general.
Empezaremos por la denuncia obligatoria, tanto porque es la
primera tentative de nuestra legislation, cuanto porque es la que
so ha intentado mayor nimero de veces.
Seria largo y penoso pasar revista a los proyectos presentados
sobre este medio.-Nos limitaremos 4 estudiarlos en t6sis general
condensando sus razonamientos.
La causa de que la denuncia obligatoria no haya dado solution
al problema, la ven algunos en los candores del legislator.
i Candores del legislator Es precisamente lo que no revelan
nuestras eyes sobre la material; es precisamente lo que no ha


( i ) Primeras lines de un ensayo sore el arreglo de la propiedad terri-
torial.






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


visto jams el ocupante do la tierra pdblica y es precisamente por
lo que ha seguido usufructuando la tierra, indiferente al llamado
fiscal y sonri6ndose de esos protcndidos candores. Porque el usu-
fructuario de la tierra pdiblica conoce el estado de iu propiedad y
la de sus linderos y ha visto lo quo no han querido vor los legis-
ladores. Ha visto que los lfmites de su propiedad pueden ser
contestados por el lindero el dia que mejor le plaza y que acaso
el Area que dentro de su propiedad excede la del titulo, puede
muy bien, en vez de ser del Fisco, ser do su vecino.
8 Qu6 certidumbre tiene el propietario do que los excedentes que
haya dentro de sus lifmites sean fiscales ?
Esto es lo que no so ha probado.
Y c6mo puede un poseedor ir A comprar al primero que le diga
esto es mifo, lo que acaso no lo puede vender ?
g Qui6n ha jverificado el balance territorial para saber A qui6n
pertenece el exceso que so nota dentro de esos limits ?
Esta es una question que hay que estudiar much, porque es el
punto do apoyo de los raciocinios del posoedor.
Todos sabemos que existen en el pais muchas fracciones do tierra
fiscal, quo forman un total do muchas loguas cuadradas; poro lo
quo no sabemos es d6nde se hallan precisamento.
Estudiemos esta question.
Si nos remontamos A los titulos primitives, A los que tienen ori-
gen en la denuncia 6 merced, veremos quo el territorio de la Re-
pfiblica est. dividido, segun ellos, on un numoro pequefio do pro-
pietarios.
El comercio de ]a tierra y la herencia han dividido y subdivi-
dido esas propiedades, multiplicando do un modo extraordinario el
nfimero de propietarios.
Esas divisions y subdivisions han sido realizadas con mis 6
menos acierto y mis 6 m6nos buena f6; y do aqui que, todas las
propiedades, tengan en su origen excedentes, 6 no los tongan,-
se encuentran en el caso de una rectificacion.
La prueba incontestable do 6sto nos ]a dan diariamente las men-
suras que se practican con las diferencias que arrojan.
Ahora bien, yo, propietario de una extension de terreno mis 6
menos vasto, cuya ubicacion no es sino la resultant do una s6rie
de divisions 6 subdivisions, puedo, 6 debo, porque la filtima
mensura me indique un exceso do area, ir a denunciarla al Fisco
y comprarsela ?






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8 Por qu6 ?
a No puede ser ese exceso de alguno de los sucesores del titulo
principal A quien le falte lo que A mi me sobre ?
j Qui6n me prueba, 6 qui6n me ha probado, que la demasia que
exist dentro de mi predio sea fiscal ?
Yo bien s6 que el Fisco tiene tierras, de ollo tengo conciencia,
pero lo quo no s6, de lo que no la tengo, es de su ubicacion.
Y el Fisco llama A los propietarios para que le compren el ex-
cedente que consider suyo.
1 En buena hora vayan los que asi lo crean, pero no ir6 yo,
que no estoy persuade do de que pueda llamarse dueflo del exceso
que hay en mi predio, por mAs que tenga la conciencia de que no
es mio.
Pero no porque no sea mfo, he de ir A comprarlo al primero
que se imagine duefio.
Y asi piensan todos los que se encuentran en identico easo, y
como no vamos A comprar los excedentes al Fisco, dicen que nos
sonreimos de los candoros del legislator.
Candorosos serian los propietarios si aceptaran otra doctrine,
pero no los legisladores que llaman A que les compren, sin decir
qu6 es lo que venden, por no saber d6nde esti, ni en poder de
qui6n. Candor serfa comprar on estas condiciones.
Y porque el propietario no corre presuroso A entregar al Fisco
el imported de sus tierras, le llaman detentador!
La detentacion existe, si, no puede negarse, puesto que no puede
negarse la existencia de la tierra fiscal; pero esa detentacion no
reviste el carActer de una usurpacion, ni de un robo, porque en la
mayor part de los cases es fatal.
Es precise no saber c6mo se daba la posesion A nuestros abue-
los para pensar de distinto modo.
El denunciante recibia su terreno medido al galope y expuesto
A las diferencias por exceso 6 por defect, si bien que lo uiltimo
era raro, porque, como media de equidad, el encargado de la ope-
racion trataba de ponerse en el primer caso.
Sc ejercia el dominion con la mayor buena fM y en la persuasion
de tener dentro los limits lo que se habia comprado. Cuando se
operaban subdivisions, aparecian excedentes. g Qu6 culpa tenfan,
pues, los propietarios do las demasias quo existieran dentro de sus
limites ?
f Las pidieron ? 4Las usurparon ? a C6mo es, pues, detentador ?






8 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

g Se dirA que lo es desde que se apercibi6 del exceso y no fu6 a
comprarlo al Fisco ?
Y a por qu6 habia de ir ?
8 Acaso el Fisco, por ser el Fisco, no esta obligado A probar la
legitimidad de lo suyo como cualquier vendedor ?
Es eso lo que espera el comprador, y eso es lo que no ha he-
cho hasta ahora el Fisco.
Cuando llegue ese dia, cuando la prueba so haya producido,
cuando ese vendedor sepa d6nde esti lo suyo y haya manifestado
su ubicacion, entonces si, que si el poseedor no corriera presuroso
A comprar 6 devolver la tierra, podria llamkrsele detentador, y mis
que detentador, ladron de la propiedad pAblica, y el Fisco ejerce-
ria sobre 61 con todo derecho, el que le dan nuestras leyes como A
cualquier particular que reivindica lo que legitimamente le corres-
ponde.
Pero hoy por hoy y mientras quo eso no suceda, a por qu6 ha
de ir el propietario A denunciar lo que, conforme puede ser del
Fisco, puede no serlo tambien ?
No. Candorosos serian los posoeedores si asi lo hicieran y los
legisladores so sonreirian do su candor.
La denuncia obligatoria no dard jamds los resultados que pre-
tende el estadista, mientras no se garanta al comprador la cosa
que se le vende.
Se dira que el Estado es responsible de sus vontas y que si re-
sultare que la cosa vendida no fuere suya, nada perderA el compra-
dor, porque se le indemnizarAn los perjuicios; pero el propietario
no entiende ese razonamionto.- 0 compra bien, 6 no compra.
Se dirA tambien quo este caso s61o podria ocurrir de uno en ciento;
perfectamente; g pero qui6n es el uno ? 6 qui6nes los noventa
y nueve?



Hemos visto por qu6 no se ha hecho prdctica la denuncia obliga-
toria: veamos ahora si puede serlo la libre denuncia. Si la propiedad
pfiblica por su ubicacion no ha podido cscriturarse al posecdor, -
a sera possible que pueda escriturarse al primero quo so le antoje
decir: en tal punto existed una fraccion fiscal ?
I Grande error!
Ademis de los inconvenientes quo homos apuntado, nos encontra-





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mos con que aparte de la ya expuesta incertidumbre de la ubicacion
de la tierra p6iblica, se encuentran los intereses del propietario del
predio en quo se halla la tierra que, a su vez, lo creerd invadido
por el denunciante.
Se dirA que el denuncianto tendra que probar en juicio la cali-
dad do fiscal de la tierra donunciada.
Bien :- 4Y c6mo lo prueba?
Dcmostrando que el propietario posco mas irea que la que le
indica el titulo ?
Y cuando 6ste le diga: si, seior,--pero eso no es del Fisco, sino
del titulo principal de donde se desmembr6 (acaso mal) la fraccion
que poseo 4ird el denunciante, como no debo scr por monos, a
verificar las diferentes fracciones quo hoy forman el total del titulo
primitive ?
Tendril, llegado ese caso, conveniencia en seguir la denuncia, dados
los ingentes gastos que 6sta le demand?
Y suponiendo que eso suceda, qu6 serA do la propiedad en
general, ese dia do la denuncia, sumergida en los numerosos pleitos
en que han de envolverla la ola de los denunciantes ?
S No traerA esto una revolution eccon6mica diffcil de resistir en
nuestro estado actual?
iAh! la libre denuncia s6lo tiene de buena la apariencia, es decir,
en las condiciones actuales.
La libre denuncia, por mAs que se exponga con magia de estilo y
forma, per mas que se exponga como agent de moralidad, dado
nuestro estado present, seria, si hiciera camino, una gran calamidad.
iCu6ntos males' pueden hacerse con la libre denuncia!
Supongamos un propietario sin sobras on su predio, enemistado
con cualquiera y que este cualquicra sepa que esti en visperas de
vender la propiedad por un precio convenient.
6 Quiere inutilizar la venta ?--Pues no tiene mns que denunciar
dentro del campo una Area fiscal.
El propietario alegara y probari que es falso; pero entretanto
el comprador se desanima y cl negocio no se realize porque no lo
convene domorar la compra. El denuncianto con pagar algunas
costas y retirar su denuncia, ha causado el perjuicio quo so pro-
puso.
El denunciante libre, especie de corredor 6 s6cio del Fisco, sera
el conmovedor do la tranquilidad do todo el pals. Caminarmi por
los Departamentos como ave de mal aglioro, dejando su rastro se-
fialado con el terror de los propietarios.






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


i Qu6 grande horizontes para esa nueva industrial!
Del Norte al Sur, del Estoe al Oesto del pals, el estremecimiento
serA general.
Veremos, veriamos, denunciantes felices, indicar al Estado cen-
tenares de leguas, de las cuales pedirfan su promio. Y esos pe-
dacitos de parafso para el denunciante, se convertirian may en
breve on infiernos diseminados on todo el territorio, A cuyo calor
se habian de agitar los poseedores, lanzando imprecaciones contra
el legislator y contra el Estado, hasta hacerlo estremecor y arre-
pentir do su propia obra, porque el clamor subirfa de punto y el
terror habia do hacker retroceder A los hombres del gobierno, to-
morosos de que se tradujese en hechos de just represalia.
A la libre denuncia podran dArsele todas las formas de morali-
dad que so quieran, podrA oncomidrsele hasta donde sea possible
como medio prActico de doslindar la propiedad pdblica de la pro-
piedad particular, pero como estA indicada hasta ahora, es decir,
sin quo el Estado hyva ubicado esa propiedad, s6lo sera una qui-
mera que no so ha do rcalizar, porque el solo hecho de intentar-
lo, cuando apenas so hayan conmovido un centenar de propieda-
des, so habrA producido la mas grande revolution econ6mica que
pueda soportar la propiedad.

IV

El catastro general ha sido el tercer medio propuesto para roi-
vindicar la tierra pfiblica.
El espediente no es nuevo. Hacen ya 32 anos que nuestra le-
gislacion registra esa media hasta ahora en proyecto.
Y es que el catastro por si s6lo, como la donuncia obligatoria
y como la libre denuncia, no puedo dar solution al problema.
En primer lugar, porque el estado econ6mico del pais no ha
permitido ni permit los inmensos gastos del catastro general.
En segundo lugar, porque aun cuando lo pormitiera, el catas-
tro, sin una ley do tierras pr6via y que inspire confianza al pais,
es una quimera.
El catastro, ya lo hemos dicho, no debe considerarse sino co-
mo un medio auxiliar en el arreglo territorial, y su mission es re-
solver prActicamente las disposiciones de la ley do tierras.
Luego, es claro que este medio no haya dado mis resultado
que los otros, pues el pais no ha visto hasta hoy esa deseada ley






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de tierras que debe armonizar los dereehos y obligaciones entire el
Fisco y los propietarios y los de 6stos entro si.
El dia que 6sto se discuta, no se hablari de catastro tan vaga-
mente, y so ha de diferenciar entire catastro general y catastro
parcial y parcolario en uno y otro caso.
El catastro general vendra producido por el catastro parcelario;
pero de ningun otro modo; porque el Estado no puede soportar
-los gastos de esa operation.
El catastro parcelario impone m6nos gastos y el resultado es
mis convenient, bajo el punto do vista econ6mico.
La mensura parcelaria de un Departamento demand gastos
muy reducidos y el product de la tiorra pdiblica no s6lo los cu-
bre, sino quo costea desde ya los do otro Ai otros, y ese aumento
progresivo es el que al final, cuando el catastro parcial se haya
convertido en general, ha do llenar las areas fiscales.
Es ol catastro parcial y parcelario el que con paso lento, pero
seguro, interpretando la ley de tierras, ha de dirimir todas la di-
ferencias do Area y limits, y al pasar sobre cada propiedad la ha
do dejar libro do dudas.
Es 61 quien ha de decir al Fisco: aquif osti lo tuyo y lo del
particular allf.
Y entonces el poseedor, que sabrA (porque estara consignado
en la ley de tierras) cual es su dorecho y cuil es el d(l Fisco,
correrA presuroso a adquirir el titulo do propicdad del excedento
que tiene conciencia que puede comprar al Estado, y de quien, al
pagarle su tierra, va a recibir un titulo inmaculado.
Y entonces como hoy, sera un debor del Estado el de haccr
propietario al poseedor con todas las liberalidades posibles, porque
debe tenerse en cuenta que 61, primero que nadie, es el que debe
disfrutar osa tierra, -- porque do ella vive ya, -- en (lla ha ejerci-
do su dominion, de ella depende su porvenir, y do su forma y
tamaiio, el desarrollo quo pueda dar A su iniciativa para la ex-
plotacion.
Pero si el catastro viniera sin una sabia ley de tierras; si so
buscara con 61, mAs que el saneamiento de la propiedad y el au-
mento do la renta, el s6rdido interns fiscal,-la opinion pfiblica,
mas poderosa que las leyes, cuando no la conforman, echarA por
tierra el proyecto y so opondrA A su ejecucion.
Si despues que una sabia ley de tierras hubiera producido el ca-
tastro, el propietario no hubiera venido A comprar lo que posee del






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Fisco, si entonces como ahora, continuara sonriendo de las dispo-
siciones. del legislator, entonces si, la libre denuncia seria just,
mAs que just, necesaria.-Pero no llegara este caso; el propietario
comprende bien sus conveniencias y no darA lugar A que un ter-
cero venga A retacearle la propiedad en que vive.
Ahora falta resolver el punto principal de este medio reivindica-
torio de la tierra pdblica.
4 Es possible hoy realizar el catastro parcelario ? Su contestacion
es otra pregunta : es possible legislar la ley de tierras ?
Si es possible legislarla, es possible el catastro parcelario y luego
esta resuelto el problema.
Pero, i qui6n legislarA esa ley de tierras ? 4 Las CAmaras ? 4 Se
compondrdn ellas de los elements necesarios para dictarla ?
Esa es la gran question.

V

Homos visto lo quo es la denuncia obligatoria, la libro denun-
cia y el catastro, asi como los peligros y dificultades que ofrecen.
Nadie denuncia la tierra sin que est6 libertada de las dudas que
la rodean. Nadie puede denunciar la tierra sin que estin determi-
nados el dominio fiscal y el dominio particular, y el pais so resisted
A la verification y deslinde general si no se le garante con sabias
leyes la tranquilidad future.
El Fisco no puede pretender que el propietario venga A com-
prarle lo que no le ha probado que sea suyo, y que s6lo puede
probar con la mensura parcelaria.
El propietario esta en su derecho on sonreir de una disposicion
que no se ha de realizar porque no le conviene, y que tiene la
conciencia que no se la han de imponer por la fuerza, porque seria
atentatorio que el Fisco la ejerciera sin haber probado su derecho.
El Fisco no puede autorizar la explotacion de las tierras pdbli-
cas por medio de terceros, porque esos terceros, que serian s6cios
del Fisco, no saben mAs que 6ste do la tierra publica, y s6lo con-
seguirian conmover la propiedad sin resultados.
El propietario ejerce un legitimo derecho oponiendose A toda in-
tervencion de tercero que venga A turbar su quieta posesion, mien-
tras no yea que el Estado ha probado sus legitimos derechos A la
tierra que usufructia.
El catastro no realizara el medio de dirimir las dudas de Area y






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limited, si no es el agent de la ley de tierras, inica salvaguardia de
la propiedad en los moments de un balance territorial.
El pais tiene derecho a protestar de esa oporacion, si ella no
viene A traducir las conveniencias generals, armonizadas con los
intereses fiscales, y si comprende que, al verificarse la mensura par.
celaria, no se despoja 4 la propiedad de sus dudas y sus defects;
pero cooperarA, porque esti en sus intereses y en sus convenien-
cias y porque es el medio de realizar el arreglo de la propiedad,
A que se haga prActica la ley de tierras traducida en el catastro
parcelario, si ella es liberal y meditada.


CAPITULO II


ESTADO DE LA PROPIEDAD SU UBICACION, SUS TITULOS, SUS LIMITS

Hemos expuesto los medios que se han intentado para reivindicar
]a tierra pdblica, y el que segun nuestra opinion puede conducirnos
al resultado que se persigue.
Bosquejemos ahora el estado de esa propiedad en cuanto A su
ubicacion, titulos y limits.


Si tuvi6ramos una carta geogrifica que reprodujera fielmente la
division grAfica de nuestro territorio, verfaimos que dospues de las
15 grandes divisions administrativas, 6stas se hallan a su vez di-
vididas en un gran nimero de fracciones, tan varias en forma
como en extension.
El dorso serpentino de las sierras y cuchillas, asi como las cur-
vas caprichosas de los rios y arroyos, caracterizan en todo el terri-
torio la mayor part de los frentes de la propiedad; y sus costa-
dos; ora los determine una line recta, ora una linea quebrada,
dAndole forma mis 6 m6nos irregular.
Sobre esos grupos de propiedades asi formadas por sucesivas
subdivisions, cruzan, cortindolos al acaso, los caminos pdblicos
que, entire sus innumerables curvas, forman A su vez, dentro de su
red, nuevos grupos de diferentes formas, aunque con las mismas
fracciones que ya hemos descrito.
En ninguna parte el desierto; en ninguna part el abandon
que indica la tierra sin duefio. Aqui, alli, mas lejos, los






14 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

centros de poblacion, rodeados do pequoilas fracciones indicando
con la subdivision el valor que A la tierra dan los pueblos.
Despues, y poco A poco, las extensions van creciendo, y en los
altos, en los bajos, en la mArgen de los rios, en el fondo de
los valles, seven, ya una casa, ya un rancho, ya una choza, rodea-
dos de abundantes haciendas que pueblan todo el territorio.
Todo poseido;-todo limitado; ya natural, ya artificialmente.
SD6nde estA, pues, la tiorra pdblica? 4 Qu6 sefiales la deter-
minan ?-6 En qu6 titulos reposa ?
Vamos A decirlo.
Borrad, como lo harfais sobre una pizarra, todas esas subdivisio-
nes en que habois visto fraccionado el pals.
Dejad dnicamente su perimetro general y sus grandes ondulacio-
nes y depresiones, asi como estos y aquellos caminos. Ahora, re-
trocedamos treinta afios y fraccionemos do otro modo el torritorio.
La red enmarafiada so ha simplificado; el suelo estA en podor
de reducido ndmero de poseedores.
Aqu6l posee desde las cumbres de aquellas serranias, hasta alla
lejos, hasta las margenes de aquel rio. El otro, desde la orilla de
este camino, hasta alli, hasta la orilla de aquel estero, y asi to-
dos, limitandose mituamente por sefiales naturales, tan distintas
como grandes.
H6 ahi el genesis de nuestros propietarios.
H6 ahi la primera division del suelo, ya por la compra, ya por
la merced.
Y bien, 4 d6nde esta la tierra pfiblica ? g con qui6n linda ?
- qu6 la determine ?
Vamos A verlo.
Aquella propiedad que so limita al Norte por una sierra, al Sur
por una cuchilla, al Este por un rio y al Oeste por un camino,
fu6 denunciada y comprada al Fisco con esos limits y asignAn-
dole una superficie de 30 leguas cuadradas mds d menos. Un pi-
loto de la real armada, provisto de una brijula y una cuerda de
Aiiamo, vino en representation del Fisco A verificar la extension.
Despuos de una fugaz recorrida de formula, mis por lo visto,
que por los datos acumulados, levanta un cr6quis del terreno,
asignAndole los limits, los linderos y el area con alguna pequefia
diferencia con la denuncia, para dar carActer de verdad y exac-
titud A su imaginaria operation.
Despues de esto, el propietario ejerce el dominion sobre aquolla






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vasta extension con la tranquilidad de quien posee lo que legiti-
mamente es suyo. El Fisco reposa tranquilo en la persuasion de
haber vendido lo que se le ha denunciado y asi so continia hasta
que todo el territorio pasa al dominion particular.
Pero, sucede que cuando todo estai por esta forma poseido, se
nota quo no se ha oscriturado toda el Area que la geografia na-
cional asigna al territorio de la Repiblica y que la diferencia so
encuentra dentro de las propiedades poseidas por el dominion par-
ticular.
Entonces el legislator pens6 que esa diferencia estaba detentada
y empez6 por llamar a los poseedores A que vinieran A com-
prarla.
'Nadie se consider detentador.- Todos crefan que su posesion
era legitima. Algunos aventuraron la rectificacion y la mensura
les puso de manifesto una diferencia onorme con el Area expresa-
da en el titulo.-Entonces, para tranquilizar la conciencia, senta-
ban el principio de que habiendo denunciado area aproximada,
con limited determinados, 6stos, y no aquella, eran los que debian
de resolver el punto, y continuaban tranquilamente, sin preocupar-
se de las disposiciones legislativas que se dictaban sobre la pro-
piedad, mientras ellas no esclarecieran de una manera terminante,
qui6nes eran los detentadores y de qu5 manera estaba detentada
la propiedad fiscal.
Nadie negaba la existencia de la ticrra pdblica, pero cada cual
crefa que no se hallaba en el caso de ocupante de tierras ajenas.
Los primeros poseedores dejaron do oxistir y sus sucesores frac-
cionaron una, dos, y mis veces, aquellas inmensas extensions que
heredaron de sus padres.
La gran propiedad se convirti6 en diez, veinte 6 m.s propieda-
des; -- el exceso del titulo principal pas6 a incorporarse, fraccio-
nado, A cada una de las nuevas fracciones de la subdivision. El
titulo principal abort6 tantos otros como fracciones se hicieron del
campo, y en las que acaso, con sagacidad previsora, trataron do
velar en lo possible la monstruosa diferencia de Area, sujetindose al
limited 6 sea a la cantidad geom6trica y adjudicando el Area que
dentro de ella se hubo hallado.
Y asi sucesivamente y hasta hoy, ya por herencia, ya por com-
pra, las divisions se han sucedido y la ocultacion del dominion fis-
cal esti eonvuelta en tales formas de legalidad 6 aparente buena
f6, que nadie se consider detentador, nadie usufructuario del Fisco,
mientras 6ste no pruebe lo contrario.






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


Y es que el Fisco habri monster, para dar con sus tierras, un
procedimiento anilogo al que hemos empleado para explicar la
ubicacion de su propiedad.
Nosotros hemos borrado como en una pizarra las subdivisions
actuales de la propiedad, para remontarnos i la 6poca de los pri-
meros poseedores y entonces trazar las porciones que se compraron
al Estado.
Suponed ahora que la inmensidad de titulos que amparan el do-
minio actual, equivalgan A la ubicacion que hemos imaginado, por-
que asi es, puesto que en ellos reposa la traduccion real de los
deirechos que otorgan.
Asi como nos remontamos A las primeras divisions del territo-
rio, remont6monos a los primeros titulos que amparan esas ubica-
ciones, y A la luz de su comparacion, veremos cuAnto tiene en cada
propiedad primitive el Fisco.
Sentado este principio y esclarecido el hecho, sujetemos los titu-
los que se formaron con aqu6l A una formula general, en la que,
a media que vayan alejindose de su origen, vayan constatando
sus evoluciones y especificando siempre los derechos y obligaciones
entire el Fisco y el poseedor, y sera de este modo, y s6lo de este
modo, que podremos, dado el medio, ir al resultado, al comparar
la exactitud que tenga la traduccion real de cada uno de esos do-
cumentos en que se afirma la posesion.
Esto no es, pues, sino el gran registro general de titulos en su
oficina especial, con un reglamento propio, que simplifique el pro-
cedimiento y facility la realizacion.
Esto no es sino una de las parties de la ley de tierras, que es-
pern el poseedor, que quiere ver las cosas hechas desde sus prin-
cipios y meditadas con cordura, para cooperar, como el quo mis,
desde la esfera do sus atribuciones, al arreglo de la propiedad.
Es indudable que en el engranaje de la ley de tierras, el regis-
tro y modification de titulos tiene que merecer especial atencion y
ha de former una de sus parties mas interesantes, porque son
ellos, los que, traducidos, van a separar lo mfo de lo tuyo entire
el Estado y el poseedor.
Ya hemos hablado do esto en nuestro < Ensayo sobre el arreglo
de nuestra propiedad > y creemos excusado repetir aqui lo que
alli hemos dicho.
Tambien en eso trabajo nos hemos ocupado de la traduccion
quo debe darse A las diferentes formas en que se hallan concebi-






TIERRAS PUBLICAS 17

dos nuestros titulos y a este respect en nada hemos modificado
nuestras opinions. Transcribir aqui lo que sobre este punto hemos
dicho, seria tarea larga, y por lo demas, estos bosquejos no tienen
mis objeto que completar algunas de las ideas emitidas en aquel
enmayo.


Como consecuencia de la ubicacion de la tierra y de los titulos
en que reposa, hay necesariamente que ocuparse de los limited que
separan entire si los predios colindantes.
Nunca se hablari bastante sobre este punto, y A fM que es 6sta
material virgen, tanto en nuestro pais como fuera de 1.
Entre ellos esta encuadrado el dominion y en ellos reposa la
tranquilidad de la familiar. Es el titulo real; es la prActica do la
justicia humana concediendo A cada uno lo suyo.
Esta parte de la propiedad, que constitute acaso su atributo
primordial, ha de ser en la ley de tierras un punto dificil de legis-
lar para dirimir las multiples dudas que present, y es donde so
hace necesario detenido studio de las singularidades que ofrece, A
fin de hacer possible su esclarecimiento.
A nuestro juicio hoy existen algunos limits demasiado ambi-
guos que deben ser sustituidos 6 modificados de manera que se
simplifiquen y se hagan permanentes.
Este punto constitute una especialidad que es por si toda una
ciencia, donde el analisis y la investigation tienen ancho campo que
explotar.
En vista, pues, de esa importancia, que justamente atribuimos A
esta part, creemos mejor tratar este punto separadamente para ex-
tendernos en 61 cuanto nos sea possible.
Lo expuesto A la ligera en estas lines, evidencia lo deficient
que serA toda tentative sobre el arreglo territorial que no tenga
por base un vasto y claro plan que produzca el esclarecimiento
radical de titulos, areas y limits, cosa que no se conseguirA, por
cierto, si no nos remontamos A la fuente, para descender lenta
pero seguramente al detalle por el 6rden cronol6gico en que se ha
desenvuelto.
En capitulos sucesivos iremos bosquejando, una A una, las di-
ferentes cuestiones que rodean este asunto, para el final, despues
de sintetizarlas en conjunto, abrir la opinion a que necesariamente
debe conducirnos el resultado del andlisis.
TOMO IX 2











Un debate sobre sistemas de representation
proportional


POR EL DOCTOR DON JUSTINO J. DE ARtCHAGA


En el filtimo nuimero de la revista belga La Representation
Proportionnelle, el doctor D'Hondt ha publicado un articulo con-
testando a las objeciones hechas A su nuevo sistema electoral por
el doctor don Justino J. de ArAchaga en el ap6ndice de su libro
La Libertad Politica. Ese articulo del publicista belga ha.mo-
tivado otro del doctor Ar6chaga, que aparecera en la mencionada
revista La Reprdsentation Proportionnelle, entabl6ndose asi un
interesante debate sobre uno de los problems politicos quo mis
preocupan hoy en el viejo mundo A los publicistas y a los hom-
bros de Estado de la escuela liberal.
Hemos obtenido del doctor Arechaga el articulo que ha escrito
para la revista belga, y lo publicamos en seguida, precedido del
do don Victor D'Hondt.

OBJECIONES Y RESPUESTAS

El doctor don Justino Jimenez de Arechaga, professor de Dere-
cho Constitucional en ]a Universidad de Montevideo, ha publicado
el afio pasado un important libro titulado La Libertad Politica,
en el que consagra muchos capitulos al exAmon del sistema prAc-
tico de representation proportional adoptado por la Asociacion
Belga.
El sabio professor consider que debe permanecor field al sistema
Hare; se constitute on decidido defensor del cociente electoral;
quiere que la reparticion proportional se haga tomando por base
el nimero de adherentes do cada partido, dividido por el ndmero
de representantes a elogirse; no admite quo se adopted otra cifra
como media electoral.
Antes de exponer y examiner las dos razones en que el senior







UN DEBATE 19

de ArAchaga funda su apreciacion, debemos hacer una observacion
do principios.
Entre el sistema del cociente electoral y el de la cifra de re-
particion no existe, como parece que lo supone nuestro estimable
contradictor, una antitesis absolute, fundamental y esencial. Los
dos reposan sobre la misma base, tienen un mismo panto do par-
tida. 861o difieren en los caminos que siguen, y ain A este res-
pecto tienen en muchos casos puntos de contact.
Quiere decir, pues, que no nos presentamos como adversaries
del ilustre Mr. Hare. Por el contrario, lo reconocemos como nues-
tro maestro y reivindicamos el honor de ser su discipulo. El es, en
efecto, quien ha sentado el principio de la verdadera teoria del go-
bierno representative ; 61 es quien ha indicado la via. Creemos so-
lamente que so ha detenido en el punto de partida y que nosotros
hemos adelantado un paso on la marcha que 61 ha sefialado.
Mr. Hare ha dicho: si tres partidos, A, B, C, respectivamente
do una fuerza electoral de 2,000, de 3,000 y de 7,000 votantes,
tienen que elegir 1.2 diputados, correspondent 2 al partido A, 3 al
partido B y 7 al partido C. No razonamos nosotros de otra ma-
nera, pero disentimos en cuanto al procedimiento quo ha de se-
guirse para obtener el resultado sobre el cual estamos de acuerdo.
Porque en el ejemplo que se acaba de indicar, formado con ni-
meros redondos, puramente hipot6ticos, se obtiene una reparticion
just de los representantes dividiendo por el nimero de estos el
de los adherentes de cada partido, dando A cada uno de 6stos un
nimero de diputados igual al nimero de veces que el cociente elec-
toral esta contenido en cada agrupacion political, concluye Mr.
Hare que, para hacer una reparticion proporcional, es necesario
proceder siempre de la misma manera.
Nosotros, por el contrario, decimos que obtenemos una reparti-
cion, cuya equidad y justicia nadie desconoce, midiendo A todos los
partidos con la misma vara, dividiendo las cifras electorales res-
pectivas de los partidos por un mismo nAmero que d6 eocientes
cuya suma sea igual al nimero de candidates A elegir, y afirma-
mos que Aste es el procedimiento que debe seguirse en todos los
casos.
g Cual es el procedimiento mas rational y mas just ? Un ejem-
plo decidirA.
Supongamos 4 partidos: A, B, C y D, respectivamente do 5,697,
2,705, 1,798 y 800 adherentes, que forman un total de 11,000 elec-






20 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

tores y que deben elegir 11 diputados. El cociente electoral, se-
gun el sistema Hare, es 1,000.
El resultado de la election seria 6ste:
5 candidates al partido A, al cual le quedarfa una fraccion no
representada do 697 adherentes.
2 candidates al partido B, con mas una fraccion no represen-
tada de 705 electores.
1 candidate al partido C, al cual le quedaria una fraction no
representada de 798 electores.
El partido D no obtendria ningun candidate y sus 800 electores
quedarian sin representation.
S61o resultarian electos 8 de los 11 candidates que correspondent
A la circunscripcion.-Faltan, pues, tres candidates, y en el siste-
ma que defiende el doctor de Ar6chaga, ellos deben corresponder
a las fracciones no representadas que sean mas numerosas, 6 sea,
uno al partido B, otro al partido C y el tercero al partido D.
Resultado final:

El partido A obtiene 5 representantes
S > B 3 3
) > C > 2
> D 1 >

Con el sistema adoptado por la c Asociacion Belga ,, la cifra de
reparticion serfa en este caso 899, y el resultado de la election el
siguiente:

El partido A obtiene 6 representantes
B B 3 >
0C > 2 2
31 D s 0
11

De qu6 lado so encuentran la razon y la justicia ?
Habi6ndose sentado el principio de que un partido no puede ele-
gir un representante sino A condition de reunir el cociente electo-
ral, 6 sea 1,000 votos, nos parece contrario A ]a razon acordaren
seguida representantes A fracciones de 897, de 798 y adn de 705
votos. En nuestro concept, esto es renegar del principio mismo
que se ha admitido; es rechazar lejos de si el instrument que se






UN DEBATE 21


present como infalible 6 imperfectible y con cuyo concurso la re-
particion de los candidates debia verificarse.
SEstos resultados del sistema Hare, son mis aceptables bajo el
punto de vista de la justicia? Evidentemente no. Desde luego,
el partido A quo, con sus 5,697 adherents, forma la mayorfa del
cuerpo electoral, que hemos supuesto de 11,000 electores, no con-
sigue mAs que 5 candidates, cuando son 11 los que deben elegirse.
La mayoria do los votantes no consigue, pues, ]a mayoria de los
candidates.
Puede sostenerse que esa es la representation de las minorias;
pero seguramente que no es la representation proporcional.
Mas ain : el partido D obtiene un representante con 798 votos,
y el partido A no consigue mas que 5 con 5,697 electores, esto es,
con un nimero de votos siete veces mayor. A D6nde estA aqui la
proporcionalidad ? D6nde la justicia ?
Por el contrario, en el sistema de la cifra de reparticion, el
partido A, que cuenta con la mayoria de los electores, obtiene la
mayoria de los candidates; todos los partidos son medidos con el
mismo metro electoral, y si el partido D no consigue ningun re-
presentante es porque no alcanza al nimero en razon del cual se
concede un candidate A cada uno de los otros partidos.
La proporcionalidad no esti aqui establecida s6lo como principio ;
ella se encuentra aplicada en realidad de una manera rigorosa 6
inflexible, sin ningun temperament. Por estos motivos, el sistema
de la cifra de reparticion nos parece el inico just y racional.
Examinemos ahora las objeciones del eminente professor de la
Universidad de Montevideo.
Nuestro contradictor no desconoce que en el ejemplo de los tres
partidos, A, B y C, compuestos respectivamente de 1,501, 799 y 700
adherentes, y debiendo elegir tres diputados, no hay verdadera re-
presentacion proporcional sino en los resultados obtenidos con la
aplicacion del sistema de la cifra de reparticion, que atribuye
dos diputados al partido A y uno al partido B. Reconoce que
el sistema del cociente electoral, acordando en este caso un candi-
dato a cada uno de los tres partidos, no es just ni equitativo.
Pero 61 se pregunta cuintas veces podrin presentarse estos
inconvenientes ; y ha llegado hasta imponerse la area de investigar,
en los casos en que, con los mismos datos ya indicados, se tratara de
elegir divers nimero de diputados, cual seria la diferencia entire los
resultados obtenidos con el cociente electoral y los que produjera






22 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


la cifra de reparticion. Ha constatado que en la hip6tesis de tres
partidos, respectivamente de 1,501, 799 y 700 electores, no hay di-
ferencia entire los resultados obtenidos con los dos sistemas sino
cuando se trata de la election de 3, 7 y 11 diputados. En todos
los demis casos, desdo la election de 4 diputados hasta la de 24,
los resultados conseguidos con los dos procedimientos no son di-
ferentes.
a Por qu6, entonces, se pregunta, sustituir la cifra de reparticion
al cociente electoral ?
Muy ficil es la respuesta. Es necesario preferir el procedimiento
que d6 siempre resultados justos y proporcionales al que est6
expuesto en ciertos casos a falsear la representation verdadera. El
reloj que march siempre regularmente, es superior al que tan pronto
adelanta como atrasa.
Initil nos parece insistir mis sobre este punto.
El doctor de Ar6chaga nos objeta, en segundo lugar, que el
sistema do la cifra de reparticion produce desigualdades entire los
electores de diferentes circunscripciones. Supone tres circunscripcio-
nes, en las que deben elegirse 19 diputados, formadas de esta
manera:



1. OCIRCUNSCRIPCION 2.a CIRCUNSCRIPCION 3. CIRCUNSCRIPCION
10,000 ELECTS.-10 REPRES. 5,000 ELECTS. 5 REPRES. 4,000 ELECTS. 4 REPRES.

Part.o A, 4200 adher." Part.o A, 2400 adher. Part.0 A, 1610 adher.,
B, 3000 >) B, 1300 >) B, 1140
C, 2000 >) C, 700 > ) C, 650 >
D, 800 > > D, 600 > ) D, 600 >

10000 5000 4000

En el sistema de Mr. Hare, dice nuestro honorable contradictor,
el cociente electoral sera siempre igual en las tres circunscripciones :
1,000. Pero en el sistemns la cifra de reparticion, el metro
electoral serA 840 para ^l rimera circunscripcion, 700 para la se-
gunda y 650 para la tercera.
Hay, pues, desigualdad entire los electores; los de la 3.4 circuns-
cripcion obtienen un diputado por cada 650 votantes, mientras que






UN DEBATE 2

en las otras dos, un candidate no puede resultar electo sino con
un nimero superior de votos, con 700 6 con 840.
El sistema de la cifra de reparticion no tiene, pues, en concept
del sabio professor, sino la apariencia de la justicia.
Esta segunda objecion no resisted mas que la primera A un exa-
men detenido.
Desde luego, el sistema Hare no asegura a las diversas circuns-
cripciones de un pais un mismo cociente electoral. Esto depend del
nAmero de los electores y del do los candidates, y puede haber
proporcionalmente mis votantes en una circunscripcion que en
otra.
Ademas, el ndmero de representantes no es siempre proporcional
al nfimero de electores. En B61gica y en muchos otros paises, por
ejemplo, el nAmero de los representantes y de los senadores esta
fijado, no con arreglo al nAmero de los electores, sino al do los
habitantes.
Todas las circunscripciones no cuentan, pues, con un ndmero de
electores exactamente proporcionado al nAmero de sus representan-
tes. Por consiguiente, el cociente electoral no puede jams ser igual
en todas las circunscripciones, y no hay entonces razon alguna para
reprochar al sistema de la cifra de reparticion el no tener una
uniformidad que el sistema del cociente electoral tampoco ofreee.
Podemos fAcilmente devolver el reproche que so nos dirige, pues
con el sistema de la cifra de reparticion, la media es, al m6nos,
igual para todos los partidos en eada circunscripcion.
Asi, on el triple ejemplo citado por el doctor de Ar6chaga, la
cifra de reparticion es, para todos los partidos, 840 en la pri-
mera circanscripcion, 700 on la segunda y 650 en la tercera. Pero,
con el sistema del cociente electoral, no solamente se acuerdan
candidates A grupos de 1,000 electors, sino que tambien se con-
cede uno en la 1." circunscripcion al partido D, que no tieno mios
que 800 votantes; otro, en la 2.' circunscripcion, a cada uno do
los partidos C y D, que no cuentan respoctivamente sino con 700
y 600 adherentes, y otro, en la 3.' circunscripcion, al partido C,
que no tiene mas que 650 electores.
Lejos, pues, de asegurar una media uniform para todas las
circanscripciones, el sistema del cociente admit muchas en cada
una de ellas. Es entonces el sistema del cociento el que merece
el reproche quo el doctor de Ar6chaga dirige at de la cifra do re-
particion. Es aquel sistema el quo so opone A este principio ele-






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


mental de justicia y de buen sentido: que no se pueden tender dos
pesas y dos medidas.
La circunstancia de que las cifras de reparticion no sean iguales
en diferentes circunscripciones, no ataca la justicia y la propor-
cionalidad, como no destruye el principio de la igualdad en las par-
t iciones la diferencia que existe entire las parties de una sucesion
opulenta y las de otra mediocre.
Las razones del doctor de Ar6chaga estAn, pues, lejos de ser
decisivas. Por lo demAs, el sistema de la cifra de reparticion so
encuentra confirmado por procedimientos meecnicos y geom6tricos ;
ha sido aprobado por autoridades competentes en la material, espe-
cialmente por Mr. Naville, el ilustre defensor y el propagador de
las ideas de Mr. Hare en Suiza, y tambien ha sido adoptado por
las asociaciones reformistas de Ginebra y de Bale.
En Inglaterra, los partidarios de Mr. Hare han abandonado
el cociente electoral para adoptar una regla diferente.
La tentative del professor de Montevideo, de hacer revivir el
principio del cociente electoral, no nos parece, pues, Ilamada A un
gran 6xito; pero ella ha sido para nosotros una nueva occasion
de justificar el principio do la cifra de reparticion, y much se
lo agradecemos al eminent publicist.
V. D'Hondt.



EL SISTEMA ELECTORAL DEL DOCTOR D'HONDT

Anunciandome un distinguido miembro de la < Asociacion Re-
formista Belga> la publication del articulo del doctor D'Hondt
que ha aparecido en el ndmero 5 de esto abio de ]a revista La
Representation Proportionnelle, me manifestaba que tenia la se-
guridad de que, despues do haberlo leido, me persuadiria de I a
bondad del sistema electoral ideado por el doctor D'Hondt, y en-
contrarfa infundadas ]as objeciones que hice A su sistema on el
ap6ndice de mi libro La Libertad Politica.
Llog6 A mis manos esa publication ; y la circunstancia de ser el
finico contradictor del principio en que so basa el sistema D'Hondt
y de contar 6ste con la mas deoidida adhesion de la (< Asociacion
Reformista Belga >, de la que en L6ndros ha fundado y preside Sir
John Lubbock, y varias Asociaciones Suizas, cuyas resolucionos son






UN DEBATE


seguramente inspiradas por Mr. Naville, el mis autorizado de to-
dos los escritores reformistas, me oblig6 A leerla repetidas veces
para examiner con todo detenimiento la impugnacion hecha por el
doctor D'Hondt a mis apreciaciones crifticas sobre su sistema elec-
toral.
Pero no he encontrado en ella razon alguna para modificar mis
opinions. Por el contrario, con su lectura, se ha fortificado mas en
mi espiritu la conviction de que el principio del cociente electoral,
como base de reparticion proporcional, es muy superior al de la
cifra de reparticion establecido por el ilustrado publicista bel-
ga, con quien tengo el honor de mantener este debate.
En el exAmen que paso A hacer de la impugnacion del doctor
D'Hondt, espero que encontrarA el lector la justification mis plena
de la verdad que acabo de afirmar.

I

El doctor D'Hondt ha dicho en su folleto titulado Systerme
Pratique et Raisonnd de Reprdsentation Proportionnelle, que
la reparticion de los representantes entire los diversos grupos do
electores, verificada con arreglo al principio del cociente electoral
de Mr. Hare, es contraria A la proporcionalidad y A la justicia en
la generalida / de los casos, A causa de no ser, por regla casi
invariable, exactamente divisibles por el cociente electoral los mime-
ros que representan las fuerzas de cada partido. Este es el aini-
co defecto que encuentra en el sistema Hare y trata de demos-
trarlo de la siguiente manera:
Si en una circunscripcion, en la que deben elegirse 3 represen-
tantes, hay 300 electores divididos en tres partidos: A, con 1,501,
B con 799, y C con 700 adherentes, la aplicacion del cociente
electoral tiene necesariamente que producer los mais injustos resul-
tados. -El partido A elegira un candidate y tendrA 501 votos so-
brantes; el partido B tendra 799 votos insuficientes y 700 el
partido C. Pero, como son tres los representantes que deben ele-
girse y uno s6lo ha conseguido un nfimero de votos igual al
cociente, los otros dos candidates corresponderan A los partidos
que tengan mAs votes sobrantes 6 insuficientes. Entonces, pues, el
segundo representante so adjudicara al partido B, que es el que
tiene mAs votos insuficientes, y, por id6ntica razon, correspon-
dera el tercero al partido C. Los tres partidos, no obstante la








26 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

diferencia quo entire ellos existed en cuanto A su respective impor-
tancia num6rica, obtienen igual representation.
Este resultado es, sin duda alguna, contrario A la proporciona-
lidad y A la justicia, porque si el partido C, con 700 electores,
consigue un candidate, el partido A, con 1,501, esto es, con un
numero mAs quo double, debe elegir dos candidates y no uno.
Pero yo he dicho que 6ste es un caso raro, excepcional, que no
justifica la afirmacion del doctor D'Hondt, de que, en la generalidad
de los casos, la aplicacion del principio del cociente electoral pro-
duce resultados contrarios A la proporcionalidad y A la justicia; y
he demostrado, con ejemplos prActicos, que la distribution propor-
cional de los representantes entire los diversos grupos de electores,
es el efecto ordinario y general que produce la aplicacion del prin-
cipio de Mr. Hare.
En efecto; si con los mismos datos empleados por ol doctor
D'Hondt en la precedent demostracion, se verifican diversas elec-
ciones, modificando en cada una de ellas el nimero de represen-
tantes que deben ser electos, se obtienen los resultados que indica
el siguiente cuadro:






UN DEBATE


3..
4.. .....
5.. .. .


7.: .....

98 .......

10.......
11... ....
12.......
13.......
14.......
15.......
16.......
17.......
18.......
19.......
20.......
21 .......
22...... .
23...... .
24 .......
25 .......
Setc.


00INEPARTIDO A PRI
COCIENTE
ELECTORAL 1501 799
PT.'.TORES ET.L ECTORiES


1000
750
600
500
428
375
333
300
272
250
230
214
200
187
176
166
157
150
142
136
130
125
120
etc.


1
2
3
3
3
4
5
5
5
6
7
7
8
8
8
9
10
10
10
11
12
12
12
etc.


700
ELECTORES



1 .
1
1
1

2 ..
2
2
2
3..
3
3
3
3
4
4
4
4
5
5
5
5

6
6
etc.


z


0

0
co


Noesprop'nal


Estos ejemplos prActicos demuestran que en veinte y tres elec-
ciones distintas, verificadas por los mismos partidos, s6lo tres do
ellas produce resultados contrarios a la proporcionalidad. Es iini-
camente cuando se eligen 3, 7 y 11 representantes, que el partido


I BI






26 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

C, cuyos adherentes no alcanzan A la mitad de los del partido A,
consigue un ndmero de candidates mayor que la mitad de los que
obtiene este partido. Y si se sigue aumentando el nimero de re-
presentantes A elegirse, no volverA A presentarse un nuevo caso anA-
logo A los tres que acabo de indicar; la reparticion de los candi-
datos seguira siendo siempre just y proporcional.
Debe tambien observarse que, cuando son tres los representantes
A elegirse, el partido A obtiene el mismo nfmero de candidates que
el partido C; cuando son siete, el partido A elige uno mAs que el
partido C; cuando son once, elige dos mas, y cuando son mAs de
once, la reparticion de los candidates entire los partidos es siempre
proporcional. De estas observaciones result: 1. que los casos
raros y excepcionales de reparticion contraria a la proporcionalidad
y a ]a justicia s6lo se produce cuando es bastante reducido el nd-
mero de representantes que deben elegirse en una circunscripcion;
2.0 que, A media que este nimero aumenta, se va reduciendo la
falta de proporeionalidad hasta que desaparece por complete ; 3.
que el medio de evitar esos peligros excepcionales que ofrece el
sistema Hare es bien facil y practicable, pues s6lo consist en
former circunscripciones que deban elegir un nfimero de represon-
tantes que no baje de doce 6 quince, como ya lo ha propuesto
Mr. Naville (1), para dar satisfaction A otras exigencias de ]a re-
presentacion proporcional.
Contra todo esto, a qu6 ha dicho el doctor D'Hondt ? -Recono-
ciendo ]a exactitud de mis observaciones; admitiendo ahora que
s6lo en casos raros y excepcionales el sistema de Hare puede pro-
ducir resultados contraries A la proporcionalidad, dice que es ne-
cesario preferir el procedimiento que d6 siempre resultados pro-
porcionales al que est6 expuesto A falsear en algunos casos la
representation verdadera; que, en consecuencia, el sistema por l61
ideado debe ser preferido al del cociente electoral.
Esta conclusion serfa perfectamente 16gica y rational si el sistema
D'Hondt produjera siempre resultados justos y proporcionales;
seria, en efecto, una insensatez desechar un nuevo mecanismo quo
marchara con perfect regularidad porque los defects del antiguo
no entorpecen A cada paso su funcionamiento. Pero muy lejos esta
ese sistema de funcionar siempre con regularidad; y comparando sus
efectos con los que produce el de Mr. Hare, he constatado en mi

( 1 ) Thtorie et Pratique des Elections Representatives ), pag. 29.








UN DEBATE 29

obra La Libertad Politica, que la aplicacion prActica del prin-
cipio de la cifra de reparticion, tiene forzosamente que producer
resultados much mis injustos y contrarios a la proporcionalidad
que la del principio del cociente electoral.
Si con estos datos, que tomo del folleto del doctor D'Hondt, para
que ni la sospecha pueda abrigarsc de que he buscado intencional-
mente un caso practice excepcional y favorable A mi prop6sito,
3,000 electores, divididos en tres partidos, A con 1,501 adherents,
B con 799 y C con 700, se verifican diversas elecciones, alterando
el nmimero de los representantes y empleando los dos sistemas, so
obtienen los resultados que se indican en el siguiente cuadro:






30 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


SISTEMA D'HONDT


0 P0 0
S3 Sr
H ? i
Hi Hi
Na 0N N


3 ....

4 ....

5 ....
S....
71....
8....
91 ....
10....
11....
12....
13 ....

149 ....
10 ....
16....






21....
22....
23 ....
24....
25 ...


g D6nde se encuentra en este cuadro la proporcionalidad y la
justicia ? Un exAmen comparative de los datos en 61 consignados
permitiri dar a esta pregunta una respuesta categ6rica.
Prescindir6 de los casos en que los dos sistemas electorales han


0







750 1000
700 750
500 600
390 500
360 428
350 375
300 333
265 300
250 272
220 250
200 230
190 214
180 200
170 187
160 176
155 166
150 157
140 150
135 142
130 136
125 130
116 125
115 120
20 3


SISTEMA HARE

-< 0 Q DIFERENCIA 6
o 0 0 IDENTIDAD
DE RESULTADOS



1 1 1 Diferente
2 1 I Id6ntico
3 1 1
3 2 1
3 2 2 Diferente
4 2 2 Id6ntico
5 2 2 >
5 3 2 1
5 3 3 Diferente
6 3 3 Id6ntico
7 3 3
7 4 3
8 4 3 >
8 4 4
8 5 4 Diferente
9 5 4 Id6ntico
10 5 4 >
10 5 5
10 6 5 Diferente
11 6 5 Id6ntico
12 6 5 >
12 6 6 0
12 7 6 Diferente






UN DEBATE 31


producido idWnticos resultados, porque tratandose de averiguar cuil
de ellos es mas imperfecto, ninguna importancia pueden tender, y
s6lo me ocupar6 de aquellos en que ]a reparticion de los candida-
tos entire los partidos ha sido diferente con la aplicacion de ambos
sistemas. Como se indica en la filtima column del precedent
cuadro, de las veinte y tres elecciones practicadas con arreglo A
los dos sistemas, seis han producido distintos efectos. En estas
seis elecciones, cuAl de los dos sistemas distribuye de una ma-
nera mis just y proporcional los representantes entire los diversos
grupos do electores ?
Es evidence que, en la election de tres representantes, el sistema
del cociente electoral produce resultados injustos y contrarios A la
proporcionalidad, pues el partido C, con 700 adherentes, elige tan-
t s candidates como el partido A, que ;tiene 1,501, esto es, que es
mds de dos veces mayor que aquel. En esta misma election, el
sistema del doctor D'Hondt reparte just y proporcionalmente los
candidates entire los partidos.
Pero en los otros cinco casos, la reparticion de los candidates,
hecha por medio del sistema del cociente electoral, es muchisimo mis
just y proporcional que la verificada con el sistema del doctor
D'Hondt. En la, election de 7 candidates, los partidos A, B y C
obtienen respectivamente 4, 2 y 1 candidates con la aplicacion del
procedimiento del doctor D'Hondt, y 3, 2 y 2 con la del sistema
de Mr. Hare. Y esta reparticion es much mis just y proporcional
que aquella. En efecto; si 1,501 electores consiguen 4 representan-
tes, 700 electores no pueden, en manera alguna, conseguir un repre-
sentante solamente. Para que esta reparticion fuese proportional,
seria necesario que 700 fuese la cuarta parte de 1,501. Pero 700
es casi la mitad de 1,501, pues s6lo le faltan para ello 50 unida-
des y '/,. Luego, con arreglo A la proporcionalidad y a la justicia,
al partido A, formado por 1,501 adherentes, se le dan 2 candida-
tos mrds de los que le correspondent en una distribution en que el
partido C, con 700 electores, s6lo consigue un representante. El
sistema del doctor D'Hondt es, pues, en este caso, notoriamente falso
6 injusto.
Es vordad que, en esa misma election de 7 representantes, el sis-
tema del cociente electoral no produce tampoco resultados estricta-
mente proporcionales, pues si C, con 700 adherentes, obtiene dos
representantes, A, con 1,500, no puede conseguir tres candidates
solamente. Para que esta distribution fuera proporcional, seria ne-






32 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

cesario que 1,501 s6lo excediera en una tercera parte A 700. Pero
1,501" es el duplo de 700, mis 101 unidades. Luego, con arreglo A
]a proporcionalidad y A la justicia, al partido A so le da un re-
presentante menos de los que le correspondent en una distribution
en que el partido 0, con 700 electores, obtiene dos representantes.
Mas, a en cuAl de estos dos casos la reparticion de los representan-
tes es mas injusta y mas contraria A la proporcionalidad ? En el
primero, seguramente, en que se aplica el sistema del doctor D'Hondt,
pues que en 61 la diferencia es de dos representantes, mientras que
en el segundo es s6lo de uno.
En la election de 11 representantes, los partidos A, B y 0 ob-
tienen respectivamente 6, 3 y 2 candidates con el sistema del doctor
D'Hondt, y 5, 3 y 3 con el del cociente electoral. Tambien en este
caso esta uiltima reparticion es m6nos injusta que la primera. Eli-
giendo 0, con 700 votos, 2 representantes, A, con 1,501, s6lo debe
tener derecho A 4 representantes y no A 6, como sucede con la
aplicacion del sistema del doctor D'Hondt. Por consiguiente, el par-
tido A obtiene dos candidates mds de los que le correspondent.
En esta misma election, es verdad que tampoco da resultados es-
trictamente proporcionales el sistema del cociente; pero esta falta
de proporcionalidad no es tan grande como la que produce el otro
sistema, pues ella s6lo consiste en la diferencia de un solo can-
didato. En efecto; eligiendo 3 el partido C, al partido A, que
tiene double niumero de votantes, le corresponderian 6 y no 5.
En la election de 17 representantes, el sistema del doctor D'Hondt
produce resultados injustos, mientras que el del cociente electoral
hace una reparticion proporcional de los candidates entire los tres
partidos. Aquel sistema da 9 candidates al partido A, 4 al partido
B y 4 A C. Pero, siendo 799 (ndmero de electores del partido B)
mds de la mitad de 1,501 (nimero do electores del partido A),
es mas just la proportion de 8 y 5 establecida entire ellos por el
sistema del cociente electoral, que la de 9 y 4 establecida por el
sistema del doctor D'Hondt.
Estas mismas observaciones son aplicables, con igual razon, A
los otros dos casos en que, eligi6ndose 21 y 25 representantes por
medio de los dos sistemas, se obtienen resultados diferentes. En
ambos hay mas proporcionalidad on la distribution hecha segun el
procedimiento de Hare que la que se obtiene con el del doctor
D'Hondt.
Quiere decir, pues, que en una s6rie de elecciones practicadas con








UN DEBATE


arreglo a los dos sistemas, de seis casos en que se obtienen dife-
rentes resultados con cada uno de ellos, cinco son mas contrarios
A la proporcionalidad y a la justicia cuando so aplica el sistema
del doctor D'Hondt quo cuando es el principio del cociente electo-
ral el que sirve de base A la reparticion de los candidates, y uno
s6lo di resultados mis equitativos con el empleo del procedimiento
del doctor D'Hondt. Y t6ngase on cuenta que ese inico caso en
que el sistema del cociente electoral produce resultados mis injustos
y contrarios 4 la proporcionalidad que los del sistema de la cifra
de reparticion, tiene lugar cuando s6lo deben elegirse 3 represen-
tantes, 6sto es, cuando se desconoce y se destruye una de las con-
diciones m'is indispensables del funcionamiento regular de todo sis-
tema de rcpresentacion proporcional basado en cl principio de Mr.
Hare, cuando no se forman circunscripciones que tengan el derecho
de elegir un creciilo nfimero de representantes.
Contra estas observaciones, que demuestran la superioridad del
sistema del cociente electoral relativamento al de la cifra de repar-
ticion, nada ha dicho el doctor D'Hondt en el articulo que ha pu-
blicado impugnando mis apreciacionoes critics sobre su doctrine.
Su silencio i este respect me permit suponer, sin grave riesgo de
equivocarme, quo no ha encontrado en ellas errors de calculo ni
falsos razonamientos.

II

Para quo la justicia y la proporcionalidad existan, ha dicho el
doctor D'Hondt con perfect verdad, es indispensable medir a to-
dos los partidos con la misma vara; es indispensable que, al dis-
tribuir los candidates entire los diversos grapos de electores, se
tome como base una misma cifra de reparticion. Y esto no so con-
sigue, segun mi distinguido adversario, con la aplicacion del principio
del cociento electoral y si con la de la regla de reparticion por 61
ideada. Pero es fAcil demostrar que hay complete inexactitud en
esta conclusion.
Sup6ngase que, en tres circunscripciones, 19,000 ciudadanos de-
ben elegir 19 representantes, y que 6stos y aqu6llos estAn asi dis-
tribuidos:


TOMO IX







ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


1.a CIROUNSCRIPCION
10000 ELECTS.-10 REPRES.

Part.0 A, 4200 adher.s
D B, 3000 >
V C, 2000 >
a D, 800 >)

10000


2. CIRCUNSCRIPCION 3.a CIRCUNSCRIPCION
5000 ELECTS. 5 REPRES. 1000 ELECTS. I REPRES.

Part." A, 2400 adher-" Part.0 A, 1610 adher.'
>) B, 1300 > > B, 1140 >
> C, 700 >) C, 650
> D, 600 >) D, 600 >

5000 4000


AplicAndose on este caso el sistema electoral del doctor D'Hondt,
resultaria que la cifra de reparticion seria, en la primera circuns-
cripcion 840, en la 2.' 700 y en la 3.:' 650. Las elecciones da-
rnan en este caso el siguiente resultado :


1.a CIRCUNSCRIPCION 2.1 CIRCUNSCRIPCION 3.a CIRCUNSCRIPCION

A =4200 840... 5 A = 2400 700... 3 A 1610 -650... 2
B = 3000 840... 3 B = 1300 700... 1 B = 1140 -650... 1
C = 2000 840... 2 C = 700 700... 1 C= 650- 650... 1
D= 800 840... 0 D= 600 700... 0 D= 600-650... 0

10 5 4

4 Qu6 nos enseiian estos ejemplos pricticos, que pueden repetirse
indefinidamente con diferentes ndimeros, obteniendo siempre iguales
resultados ? Que con el sistenra del doctor D'Hondt no se mide A
todos los partidos 6 grupos de electores con la misma vara; que
con 61 no se emplea, como base para la distribution de los candi-
datos, una misma cifra de reparticion. En efecto; en ]a 3.a circuns-
cripcion, el partido C, con 650 adherentes, obtiene un representante
y en la 1.1 circunscripcion, el partido D, con 800 adherentes, no
consigue ni un solo candidate. En cada circunscripcion, el nidmero
de votos necesarios para elegir un candidate es enteramente distinto.
No hay, pues, justicia y proporcionalidad en la representation. Si
650 electores bastan para conseguir un representante, como sucede
en la 3." circunscripcion, el partido A, que cuenta con 4,200 adhe-






UN DEBATE


rentes en la circunscripcion 1.1, debe toner derecho A 6 represen-
tantes y no A 5, porque el niimero 650 esta contenido seis veces
on el numero 4,200. Reciprocamento, si la cifra de reparticion es
801, como sucede on la I.' circunscripcion, los partidos C y D no
deben tenor derecho ni A un solo reprosentanto en las circunscrip-
ciones 2.'1 y 3.'.
La prActiea, observada en todos los pueblos de instituciones
representatives, de dividir las elecciones entire varies departamentos
6 circunscripciones, no responded A otro fin que el de facilitar el
ejereicio del sufragio. No tiene per objeto dar representation espe-
cial A cada localidad, porque, comlo lo ha establecido con toda ver-
dad el artfeulo 32 do la Constitucion do B61gica, (, los miembros do
las dos CAmaras representan ( la nacion, y no finicamente A la
provincia, 6 subdivision do provincia, que los ha clegido >>. Es
pues, una modida puramonte reglamentaria, que podria suprimirse
sin desvirtuar en manera alguna el regimen representative, y que
s6lo es necesario conservar en virtud de los inconvenientes materia-
les que ofreciera el colegio national .nico para elegir juntamente
todos los miembros do una asamblea representative. Por consi-
guiente, siendo la formation de diversas circunscripciones electora-
les una media excluoivamente reglamentaria, es absurdo basarse
en ella para alterar completamento el uimero de votos necesarios
para la cleecion de an reprosontante. Por mas quo so busque, no
so encontrarA razon alguna para justificar el hecho de que, una
linea imaginaria, trazada sobro el territorio de un Estado para faci-
litar el ejereicio del sufragio, produzea el efecto do acordar A 650
ciudadanos, por ejemplo, queo se encuentran A su derecha, la elec-
cion de un representante, mientras que niega toda representation A
800 ciudadanos quo so encuentran 4 su izquierda. Sin embargo,
6ste es el resultado natural y necesario de la aplicacion del sistema
del doctor D'Hondt. En todo pais en que ese sistoma so adopted,
habrA siempre tantas cifras do reparticion completamente diferentes,
como circunscripciones electorales. Se han querido evitar las injus-
ticias que, con la aplicacion del principio del cociente electoral, pue-
den cometerse en el seno de una circunscripcion on casos excepcio-
nales, y s6lo se ha conseguido la generalizacion de la injusticia.
4 Ofrece estos inconvenientes el sistema del cociente electoral ?
Indudablemente nd. En todo pais en quo se adopted el procedi-
miento de Mr. Hare, y so reglamento de una manera rational, el
cociente electoral tiene necesariamente que ser igual en todas las






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


circunscripciones. Si hay 100 mil electores, por ejemplo, en una
sociedad political y la CAmara de Representantes esta compuesta de
100 miembros, la circunscripcion que tenga 20,000 electores deberi
tener el derecho de elegir 20 representantes, la que tenga 50,000
electores, 50 representantes, y la que tenga 30,000, 30 representan-
tes, so pena de colocarse fuera de las condiciones fundamentals de
todo sistema de representation proporcional. De esta manera, pues,
el cociente sera 1,000 en todas las circunscripciones, y la distribu-
cion de los candidates entire los partidos se hara tojnando como
base una misma cifra de reparticion para todos los casos.
Reconozco, sin embargo, que esto, por si s6lo, no basta para
que eada representante sea elegido por un mismo nfimero de votos,
porque al distribuirse, en el seno de cada circunscripcion, los can-
didatos entire los partidos, pueden ocurrir, aunque por exception,
casos tan injustos como el siguiente: que debiendo elegirise 3 repre-
sentantes por tres partidos, uno con 1,501 adherentes, otro con
799 y otro con 700, esto fltimo obtenga un candidate y el primero
tambion uno, A posar de contar con un nimero double de votantes.
Pero como esta injusticia procedo del hecho de acordar en cada
circunscripcion uno 6 mAs candidates A grupos de electores que, 6
no han alcanzado al cociente, 6 han tenido un sobrante de votos,
despues de haberlo alcanzado una 6 mas veces, puede fAcilmente
evitarse tal inconvenient si se adoptan estas medidas:
1.' En cada circunscripcion, s6lo se declararan electos los candi-
datos quo hayan obtenido un ndmero de votos exactamente igual
al cociente electoral. Asi, si el cociente os 1,000, el partido que
tenga 4,200 adherents s6'o leogirnt 4 candidates, y el quo tenga
800 no elegirA ninguno.
2. Todos los votos sobrantes 6 insuficientes que resulten en
cada circunscripcion, so reuniran en un solo centre, se verificara
con ellos un nuevo escrutinio y se proclamarAn electos los candi-
datos cuyos votos alcancen exactamente al cociente electoral. Asi,
si el cociente e., 1,000, y un partido ha tenido 200 votos sobrantes
en una circunscripcion, 300 en otra y 500 insuficientes en una ter-
cera, con todos ellos conseguira un representante.
Aplicando estas reglas al ejemplo puesto dltimamente para im-
pugnar al sistema del doctor D'Hondt, el partido A elegirfa: en
la 1.' circunscripcion, 4 representantes; en la 2.1 2 y en la tercera
1. Al mismo tiempo tendria estos votos sobrantes : en la 1.1 200,
en la 22. 400 y en la 3." 610, que hacen ]a cantidad de 1,210. Con






UN DEBATE


ellos elegirfa otro representante. El partido B conseguiria tres can-
didatos en la 1.1 circunscripcion, 1 en la 2.' y otro en la tercera,
contando con un sobrante, en estas dos Altimas circunscripciones, de
440 votos. El partido C s6lo elegirfa dos candidates en la 1." y
tondria votos insuficientes en las otras dos que, sumados, alcanzarian
a 1,350. Con 6stos, obtendria otro representante. Y el partido D,
por no contar en ninguna de las tres circunscripciones con un
nimero do votos igual al cocionte electoral, tendri 2,000 votos insu-
ficientes que, en el nuovo escrutinio general, le darian 2 represen-
tantes.
El resultado de la cleccion serfa, pues, 6ste :



COCIENTE ELECTORAL-1000 ELECTOS
PARTIDOS EN EL ESCRUTINIO DE LOS
ELECTOS EN LAS CIRCUNSCRIPCIONES
VOTOS SOBRANTES


A- 8210... 7 ......... ......... 1
B- 5440. .. 5 .............. .. 0
C- 3350... 3 ......... .... 0
D 2000.. 0 ................ .. 2

15 3

Resultarian, pues, 18 representantes elegidos todos con un mismo
nfimero de votos, con 1,000, que es el cociente electoral. Pero, como
son 19 los que deben elegirse en todas las circunscripeiones, falta
uno; y esto candidate complementario corresponderia al partido
B, porque tiene mayor nimero de votos sobrantes. S61o un repre-
sentante seria elegido por m6nos votos qno los quo represent el
cociente electoral.
Quiere decir, pues, que el sistema quo mide A todos los partidos
con ]a misma vara; el sistema que establece, para la distribution
proporcional de los candidates, una misma base, una misma cifra
de reparticion, no es el del doctor D'Hondt, sino el del cociente
electoral.
Tratando el doctor D'Hondt do impugnar estas observaciones
que demuestran de una manera ovidente los vicios de su sistema y
la superioridad del de Mr. Hare, dice que no hay razon alguna
para reprochar A su sistema el no dar una cifra de reparticion






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


igual para todas las circunscripciones, cuando c1 del cociente elec-
toral se encuentra en el mismo caso, y agrega: << Esta segunda
objecion no resiste mAs que la primera a un examen detenido.
Desde luego, el sistoema Hare no asegura un mismo cociente electo-
ral para todas las circunscripciones do un pafs; 6ste depend del
nimero do votantes y del de los candidates, y puede haber pro-
porcionalmente iods votantes en una circunscripcion que en
otra. En segundo lugar, el nnmero de los candidates no es
siempre propjorcional al n4rmero de los electores. En Bblgica, y
en muchos otros passes, por ejemplo, el nmmoro do los reproson-
tantes y de los senadores estA fijado, no con arreglo al nfimero do
los electores, sino al de los habitantes. >
El doctor D'Hondt, pues, reconoco que, con la aplicacion de su
procedimiento, no puede establecerse una misma cifra de reparticion
para todo el pafs, sino que habra tantas, enteramente diferentes
entire si, como circunscripciones clectorales so formen. Pero al mismo
tiompo afirma, quo tampoco asegura el sistema de Mr. Hare un
mismo cociento electoral para todas las circunscripciones, en virtud
de estas dos circunstancias :
1.a Porque, como ol cociento electoral depend do la relacion que
exista centre el mnmero do votantes y el de los candidates, y como
puede haber proporcionalmente odus votantes en una circuns-
cripcion que en otra, el cociento electoral tione naturalmente que
ser distinto en cada una de ellas.
2.' Porque, como en casi todas las constituciones, el nAmoro de
miembros de las asambleas i. .. I.1 -,t, se establocc en propor-
cion, no de los electores do eada seccion del pais, sino do sus ha-
bitantes, puedo perfectamonto haber proporcionalmonte mis votantes
en una circunscripcion que en otra, dado que en todas ellas no hay
una misma relacion, fija 6 inalterable, entire l nuimero de habitantes
y ol do electores.
Muy ficil me serat demostrar que estas observaciones son com-
pletamente infundadas.
Desde luego, no es cierto quo, aplicAndose racionalmente ol sistema
de Mr. Hare, puedo haber, como lo afirma el doctor D'Hondt, pro-
porcionalmento mas votantes en una circunscripeion que en otra.
Esto es, sin duda alguna, lo quo sucede hoy en todas parties, pues
quo las circunscripciones electorales so forman sin tener ante todo
en cuonta el niimoro do sus electors. Pero cl heeho do quo al
present, bajo cl imperio de la ley do la simple representacion de






UN DEBATE


las mayorias, se establezean circunscripciones cuyos electores no estin
en proporcion con el nimero de los representantes que deben elegir,
no es una razon suficiente para suponer que la misma irregularidad
se cometeria cuando se diera aplicacion practice A un sistema de
representation proporcional.
En todo pafs on que se trate do aplicar el sistema del cociente
electoral, es necesario comenzar por distribuir la totalidad de los
miembros de la asamblea reprosentativa entire las diversas circuns-
cripciones, dC tal manera, que A cada una corresponda la election
de un nuimero de diputados proporcional al ndmero de electores
con que cuente. No haci6ndolo asf, conservando circunscripciones
come Ins que actualmente existen en todos los pueblos ; dando a
una que tenga, por ejemplo, 10,000 votantes, el derecho de elegir
6 representantes, y d otra que tenga 20,000, seis candidates, la re-
presentacion proporcional serA do todo punto impossible, cualquiera
que sea el sistema que so adopted. Pero cntonces el mal no proce-
derfa del sistema electoral, sino do la ley quo reglamentara absur-
damente su funcionamiento.
No puede, pues, haber proporcionalimente mis votantes on una
circunscripcion que en otra en donde so establezca racionalmente
el sistema de Mr. Hare. Si la asamblea representative tieno cien
miembros y hay en todo el pais tres circunscripciones, una con
40,000 electores, por ejemplo, otra con 35,000 y otra con 25,000:
]a ley debe necesariamente acordar 40 representantes A la primera,
35 A la segunda y 25 a la Altima, so pena de falsear el sistema do
representation proporcional que so ha adoptado. Y siendo esto asi,
debiendo establecerse on todas las circunscripeiones la misma pro-
porcionalidad entire el numero do sus votantes y el de sus repre-
sentantes, el cociente electoral tiene forzosamente que ser id6ntico
en todas ellas.
El doctor D'Hondt ha incurrido en este caso on un evidence error,
porque, para aprociar los resultados quo puede producer el sistema
Hare, ha tornado como punto do partida un vicio de la actual lo-
gislacion electoral, sin detenerse a considerar que, asi como es ne-
cesario sustituir el falso sistema de la simple representation de las
mayorfas per otro que d6 representation proporcional A todas las
opinions 6 intereses colectivos, es indispensable tambien sustituir la
mala 6 injusta reglamentacion del ejercicio del sufragio, por otra
que permit el funcionamiento regular do un sistoma proporcional.
Por otra parte, el hecho de que al present, en casi todas las






40 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

constituciones political so tome como base, para determinar el nil-
mero de los representantes, no el nimero de electors, sino el de
habitantes do cada circunscripcion, no puede razonablemonte invo-
carse como una prueba de que las diversas circunscripciones clec-
torales do un pais no puedon tener, con la aplicacion del sistema
Hare, un mismo cociento electoral.
En efecto, si hasta hoy, con la representation exclusive de las
mayorias, no ha habido razon alguna para pedir la reform del ar-
ticulo constitutional quo en B61lgica y en muchos otros pueblos
dice: c no habra, mils de un rcirepsentanto por cada tantos habi-
tantes ),yo no s6 por qu6 no ha do poderse sustituir ese precepto
constitutional por otro que diga: << habrai un ropresentanto por cada
tantos electores, y las circunscripciones se formarAn do mantra que
la relacion entire el nuimero de sus electores y el do sus represen-
tantes sea igual en todas ellas >, el dfa que so adopted un sistema de
representation proporcional.
a Es, por ventura, impossible reformar esa disposition constitucio-
nal que, para fijar el nfimero de representantes, toma como base
el nuimero do los habitantes ? j Se violaria algun principio con esa
reform ? Nadie so atrever6. a! sostoner tan falsa opinion.
Luego, pues, el inconvenient que indica el doctor D'Hondt des-
apareceria enteramente si, al reformer la legislation electoral de un
pals, para dar aplicacion prActica al sistema Hare, 6 6A cualquier
otro de representation proporcional, so modificara tambien el pro-
cepto constitutional que ya he mencionado. Entonces, tomando la
Constitucion como base, para fijar el nuimero de representantes, el
de los electores do todo el pais, 6 de cada una do sus socciones,
nada impediria quo, aplicindose el sistema Hare, el cociente elec-
toral fuera igual en todas las circunscripciones.
Quicre decir, pues, que cl sistema do Mr. Hare no so encuentra
en el mismo caso quo el del doctor D'Hondt; quo aquel asegura a
todas las circunscripciones un mismo cociente electoral, dando asi
verdadera proporcionalidad A la representation en .todo el pais,
miontras quo 6ste necosariamento tiene quo establecer tantas cifras
do reparticion, completamento difeorntes entire si, come ircunscrip-
ciones electorales se forman ii el territorio do una nation.
Creo haber domostrado, por segunda vez, quo lh nueva base de
reparticion proporcional propuosta por ol doctor D'Hondt no es
acceptable, y quo el principio del cociento electoral es la dinica regla
just de distribution de los representantes entire los partidos. No








UN DEBATE 41


abandonen, pues, los partidarios de la reform, la doctrina cienti-
fica, exacta, matemdtica de Mr. Hare; ella import la verdadera y
definitive solution del importantisimo problema politico do la re-
presentacion proporcional.











Bibliograffa


<>

POEESIAS DE AL,-JANDRO MAGAR INOS (CERVANTES

POR EL DOCTOR DON LUIS MELIAN LAFINUR


El inteligento y afanoso editor don Antonio Barreiro y Ramos,
future Michel Levy para los escritores nacionales, segun cl vatici-
nio de Juan CArlos Blanco en su elegant introduction A los arti-
culos de Sanson Carrasco, acaba de enriquecor la Biblioteca de
autores uruguayos con un libro lirico que debi6 sor el primero
de esa Biblioteca, A no haber el decano de nuestro vates renun-
ciado al honor merecido do iniciarla.
Las flores mAs primorosas y puras, desproendidas de la corona
que ciie la inspirada frente de don Alejandro Magarifios Cervan-
tes, se cobijan A la sombra de Palmas y Omb tes. Asi perfuman el
ambient literario de la patria con el aroma inmortal del renombre,
que desafia las veleidades de la opinion y del tiempo, para consa-
grar eternamente tanto la gloria del poeta, como la alta prez do la
tierra en quo abri6 los ojos A ]a luz.
Con la pluma en la mano, cediendo A la tentacion del esbozo de
una noticia bibliogrAfica sucinta, oeirreseme la duda acerca de la
utilidad en proyectarla y darle remate, quo en este caso el mejor
comento del reciente suceso literario radica en la fama del autor
del libro quo aparece. La promesa cumplida do una nueva obra
del doctor Magarifios Cervantes, equivale A un anuncio que podria
sintetizar desde luego un juicio critic favorable y justiciero basado
en el cariiio y respeto que despierta el nombre del publicista, y el
anhelo con quo sus pAginas serAn devoradas, seguramente, por mi-
los do lectores entusiastas.
Beethoven moribund lo preguntaba A un amigo:- ( No es






BIBLIOGRAFIA


cierto que yo tenfa talent ? La indiferencia glacial do sus con-
temporAneos habr[a podido sugerir d Beethoven el melanc6lico te-
mor de que so desconociese su genio. Esa tristeza de las horas
amargas de la vida, no asaltari jambs la mentor del poeta uruguayo,
que registra en el mismo libro quo ha dado en estos moments a
la estampa, las aprociaciones llonas do exaltada admiration que su
espiritu vasto, original 6 inquieto ha alcanzado, asi de los mis dis-
tinguidos escritores americanos, como de muchos europeos, cuyo fa-
llo causa ejecutoria on la Reptiblica do las letras.
Sea de ello lo que fuore, y habiendo comenzado estas lines
arrastra do por un asunto que me seduce, he de recorrer siquicra
sea ligeramente el tomo, ya que analizarlo con detention me es im-
posible en el tiempo do que dispongo, y he de pasar en revista
bien quoe vuelo de p6jar), algunos de los temas de inspiration
principals quo la musa de don Alejandro Magarifios Cervantes ha
querido prostigiar con su estro levantado y siempro vivido.
La literature do un pais, como su progress, como su influencia
social, como su importancia political, no es mrns quo el resultado do
la acumulacion sucosiva do una s6rie de hechos: do donde so de-
duce quo examinkndolos con el precedent do quo scan los mas efi-
cientes, puede conseguirse la sintesis do la manifestation a que co-
rresponden. La historic no cabe prcc' samente dentro de la biogra-
fia; pero una personalidad important absorbe con frocuencia el
interns de toda una 6poca, ora sea desordenada y embrionaria, eora
trascendental y definitive.
El studio detenido y met6dico de una personalidad literaria con
cuarenta y cinco aios do labor proffcua 6 incesante, seria, dentro
de un pais nuevo como el nuostro, la historic viviente do su movi-
miento intellectual, porque alrededor del int6rprete mils autorizado
para llevar la palabra en el scenario de las letras nacionales, se
agrupan los demis clementos de detalle quo contribuyen t'i comple-
montar el conjunto hist6rico.
Don Alejandro Magarifios Cervantes, nacido en 1825, poeta y es-
critor a los quince aros, ha podido congratularse con el aplauso
de Figueroa, casi viejo c uando 61, autor ya de El Lazarino, no era
mas que un niiio. Desliz6 los primeros dias de su adolesconcia con-
fundiendo sus aspiraciones literarias con las que acariciaban Adolfo
Berro, Juan Carlos Gomez y Arrascaeta; y rayando ya en los se-
senta arios, es el maestro desinterosado y afeectuoso que tiene una
palabra do alicnto para marcar el porvenir do la generation do Sa-
muel Blixen.






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


El pasado de las letras uruguayas so confunde, pues, con el
present, para ponor de relieve, exhibi6ndola como la m6s complete,
una figure que atraviesa todas las vicisitudes de la lirica national,
para encarnar por fin, en un nombro ungido por el aplauso popu-
lar, los anhelos que dejaran sin realization Hidalgo y Figueroa on
los tiempos sacudidos y dificiles que on suerte les cupieron.
Por la variedad de 6pocas y t6picos que abraza la obra po6tica
del doctor Magarifios, seria tarea de romanos su examen minucioso
dentro de los estrechos lhmites do un artfculo bibliogrAfico, mixime
tratAndose do production tan especial como Palmas y Ombi(es, en
que propiamente hay dos libros dentro de uno, constituyendo el
primero la coleccion de los cantos del poeta, y formando el segun do
las a Anotaciones, comentarios y glosas del texto en verso y del
apendice. >
Esta colaboracion, a que galantemente cita el author A infinidad
de escritores, result honra inapreciable en pr6 de aquellos que, como
el que traza estas lines, halla vinculado asi su nombre escaso de
merecimientos, A la suerto propicia del libro que lo menciona. Y
alguno que otro comentario que per la insignificancia de su autor
pudiera suprimirse, vaya compensado con el tacto habido en la
election acertadisima do apreciaciones est6ticas que, como las de
Sienra Carranza en las pAginas 289 y 290 del tomo, exhiben la
frase artisticamente cincelada del mas galano de nuestros ostilistas.
A la dulce compaiiera de su vida, dedica el poeta la primera de
las composiciones, y atendida la siguiente bella estrofa, el volimen
todo podria suponerse comprendido en la gentil dedicatoria:

Y evoque los recuerdos
Mas dulces de tu alma,
Este aromado pabellon umbrio,
Con las ramas formado
Del Ombu rumoroso
Y la sonante Palma.

A la sombra do ese pabellon osencialmento americano, puedo el
lector cobijarse para aquilatar, en la calma de las horas folices,
hasta qu6 punto el poeta haya permanecido field A esta sintesis de
su program do adolescent:
< y el porvenir; nuestra sociedad y nuestra naturaleza; las ciudades






BIBLIOGRAFIA


y los campos; nuestras esperanzas y nuestros desengafios; la gloria
y la virtud; el amor y la religion, han sido mis genius ins-
piradores, ban sido las fuentes donde he bebido las ideas de todo
lo bell, original y progrosivo que pueda haber en este libro.
Tan vastisimo campo a recorrer, halagador de suyo, imponia,
como so comprende, deberes do delicAda y dificil realization, ya que
no imposibles en ausencia de las condiciones superiores que allanan
todos los obstAculos. Pero esas condiciones existian, y ha sido senda
de flores la trillada en su march por el bardo.
En la composicion titulada Alas, decia:

Ombd coloso, Palma redentora,
Hijos de la montaiia y del Pampero,
Dadme las alas de inmortal idea;
Vuestro vigor y majestad sublimes
Prestad A la voz mia:
Sacudid vuestra copa gigantea,
Rasgad el que me cerca, negro volo,
Y entire ondas de luz y de armonia
Alzadme en vuestros brazos hasta el cielo !

Solamente atendida esta plegaria, es que han podido brotar del
cerebro del poeta composiciones como la dedicada A Torres Cai-
cedo, la que lleva por titulo Aspid, la que tiene por tema la inau-
guracion del primer ferro-carril en la Repfiblica, y la genuinamente
americana designada asi: La sombra de la luz.
La patria, en 6pocas desgraciadas, tuvo siempre en el hijo au-
sente quien la recordase en sus dolores, y exclama:

Abrojos punzadores eaen de mi herida mano
Rovueltos con las flores que recogi al partir !

Esa es la nota del pesar. Aquf viene la de la indignacion :

Ante la infamia triunfante
Do la canalla rastrera,
El silencio solo es grande,
Todo lo demds flaqueza.

Alfredo do Vigny habrA precedido al doctor Magarifios en la






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


opinion emitida sobre las vontajas del silencio on determinados ca-
sos. En cuanto a la oportunidad de la cuarteta, n6; esta lleva fe-
cha del afio 1881, y ha sido escrita en Montevideo. A buen onton-
dedor. .
Y si so quiere una muestra de los fervientes votos patri6ticos
del vate, rec6rrase esta estrofa de la composition Las dos orillas,
escrita cuando Buenos Aires gemia azotada por la fiebre amarilla
y nuestro pafs se desangraba en los horrors de la guerra civil:

Recorre tus linderos oh! majestuoso Plata
Hcicia la mar hirviondo tus ondas arrebata
Y llama la tormenta con tu gigante voz
Quo el rayo purifique la atm6sfora maldita
Y abrase los miasmas que infecto ol aire agita
Y bajo onvuelto en lluvias el hcilito do Dios.

A catorce ainos de distancia do los sucesos que motivaron los
anhelos del doctor Magarifios, se puedo docir que, aun cuando por
otras causes, la tormenta es hoy m~is necesaria que nunca: es
urgente.
Una composicion de los primeros afios de la carrera del poeta,
escrita on 1846, hace vibrar con sentidos acordes la cuerda del
amor. Adelaida, en la hora do la partida, comprendi6 necesariamento
que, quien la dejaba para cruzar los mares, obedociendo A la ley
fatal de su destino, tenfa un corazon mas. grande que aquel que
por lo comun late en el pecho de la turbamulta de los adorado-
res. 1 Corazon, al fin, de poeta !
Si: Adelaida, desde la noche de la partida de su amante, no ha
vuelto Ji escuchar de voz humana acentos como 6stos que escojo al
acaso entree once octavas do igual m6rito:

Yen ; oh mi cielo! tus rosados labios
Pon en mis labios que despiden fuogo,
Y con delirio celestial y ciego
Dame A beber tu aliento embriagador!
Y otra vez, y otra vez, sirnta tu pecho
Latiendo apresurado bajo el minfo,
Y los dos con amante desvarfo
Repitiendo ;a la par: muero do amor!








BIBLIOGRAFIA


I Ven y permit que febril de nuevo
Atrevida mi mano on su carrera,
Desparrame tu negra cabellera
De tus blancas espaldas en redor;
Y absorto te contemple, y desgarrando
De tu pudor vencido el postrer velo
Te diga A media voz : llevame al cielo,
Quiero en tu seno agonizar de amor!




; Adios mil veces! donde quier que vaya
Me seguira tu angelica memorial,
Y los laureles que me d6 la gloria
Tuyos sernin, mi genio inspirador!
Desde Europa tal vez, tal vez mi nombre
Salve triunfante los inmensos mares
Y te traiga entire f6rvidos cantares
Algun recuerdo do inefable amor!

Renuncio A nuevas trascripciones, porque de continuarlas en ra-
zon do la belleza de las estrofas y del noble concept A que sir-
ven do mAigica envoltura, tendria forzosamente que resultar intermi-
nable esta nota bibliogrifica, y 1 qu6 diablos lo mejor es hacer lo
quo he hecho yo, lo que A los demas recomiendo que hagan: leerso
el voldmen por entero, que al fin es tiempo ganado, como que no
todos los libros exhiben uniformemente en sus pAginas moneda de
buena ley; y ya que en el que me ocupa correspond el elogio de
derecho, unan su aplauso al mfo los que sientan en su alma el don
feliz de ese secret arrobamiento que produce la intimidad silen-
ciosa de los mks grandes poetas.











Entre libros y peri6dicos


APUNTES DE UN BIBHLIUFILO

POR DON LUIS D. DESTEFFANIS

XXIV

ENSAYO SOBRE BUCKLE

( Conclusion )


<, Un gobierno es a su vez un resultado de las condiciones del
pais, y ninguna grande reform ha sido verdaderamento obra pro-
pia de los gobernantes, que son hechuras de su 6pocay obedecen
tan s6lo A la fuerza de la opinion publica, creada por la ciencia.
Las principals reforms han sido obra de los grandes pensadores,
quienes las hicieron necesarias, inevitable, haciendo sentir la nece-
sidad de ellas en el pais, obligando asf A los gobiernos A procla-
marlas.
<. i CuAntas alabanzas se han prodigado al gobierno ingl6s por
la abolicion de las leyes sobre cereales!
<< Y, sin embargo, esa saludable reform ha sido sancionada por
ministros que habian pasado su vida en combatirla, y tuvieron
finalmente que ceder A la fuerza de la opinion pAblica.
<< Ha sido la economia political la que demostr6 los perjuicios que
ocasionaban al comercio y al bienestar social las leyes sobre cerea-
les, las cuales habian surtido un ofecto contrario A aquel por el
cual habian sido proclamadas. Cuando este convencimiento se hizo
general, entonces el gobierno tuvo que inclinarse, y fu6 Ilamado
autor de la reform que no habia podido impedir. Su obra se re-
dujo a remover por fin aquellos obstAculos al bienestar, que sola-
mente 61 habia creado. Y todas las grandes reforms no son mis
que remociones de barreras, puestas por los gobiernos al natural
y libre desarrollo de la sociedad.






ENTIRE LIBROS Y PERIODICOS 49

c No se trata nunca de hacer nada de nuevo, tratase tan s6lo
de demoler su propia obra, casi siempre perjudicial. Qu6 son
las libertades de la prensa, de la palabra, del comercio, esas gran-
des reforms de nuestro siglo, sino devolver al hombre sus mis
naturales derechos, que los Gobiernos habianle quitado so pretexto
de protegerle?
c Las mil y una leyes para promover el comercio, sirvieron tan
s6lo para ponerle trabas, de manera que no es absurdo afirmar
que mAs de una vez pudo ser salvado tan s6lo por el contraban-
do, gran calamidad hecha necesaria por los gobiernos. Todo el
bien que 6stos pueden hacer se reduce, en resimen, al manteni-
miento del 6rden y A impedir que los poderosos opriman A los
d6biles. Esto no es much, ciertamente, pero no pueden hacer mas.
Hacerlos autores de civilization y de progress es absurdo. Quisie-
ron protege las verdades religiosas, y dejaron por la tierra cente-
nares de miles de victims, crearon millones de hip6critas.
<< Hicieron leyes contra la usura, y consiguieron tan s6lo aumen-
tar el interns del capital prestado. Quisieron proteger el comercio
y lo arruinaron. Pusieron impuestos A la comunicacion de las
ideas y del pensamiento. Todo lo que ahora se pide de ellos es
que deshagan la obra edificada por sus predecesores. Y tienen que
hacerlo, porque la ciencia se ha enselioreado ya de la opinion pa-
blica, y no es possible resistir por mas tiempo A la fuerza de la
verdad.
< Toda vez que Buckle entra en este argument, principalisimo
en su obra, A saber: el poderio de la ciencia y de la libertad indi-
vidual, su alma se exalta, su elocuencia crece, las mejores cualida-
des de su inteligencia y de su coraz .n resplandecen. Pero la exage-
racion no desaparece nunca del todo. El no cree que la protececion
de los gobiernos A las letras y A las ciencias haya hecho 6 pueda
hacer jams otra cosa sino mal. La production literaria y cientifica
debe ser determinada por la necesidad, por el pedido que haga la
sociedad. Aumentarla artificialmente seria como aumentar los des-
pachos de carniceros sin poder aumentar el ndmero de los que
necesitan came. Pero no se ha sabido nunca que an aumento de
verdades haga indigestion, 6 que no pueda ser Atil A la posteri-
dad, A los otros pueblos vecinos, si es que no saben valerse de
ellas aquellos entire los cuales han sido encontradas. Y decir hoy
que la obra de los gobiernos ha sido y sera siempre perjudicial a
las letras y A las ciencias y que nada deben aquellos hacer por
TOMO IX 4






bU ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

ellas, ni siquiera para las ciencias naturales, es cosa que no sera
creida de nadie.
< QuizA si Buckle hubieso tenido larga vida, habria podido apren-
der por la historic contemporinea que el hombre, abandonado A si
mismo, es capaz, no solamente de much bien, pero tambien de
much mal. Hubiese visto que de la libre iniciativa individual, en
lugar de la armonfa econ6mica, pueden nacer tambien la Comuna,
el Internacionalismo, la anarqufa, el caos social, y que en estos
casos la obra de los gobiernos no solamente no es perjudicial, sino
que es la inica capaz de volver A colocar A la sociedad en condi-
ciones normales. Y se hubiese convencido tambien mas facilmente
de ello viendo c6mo el gobierno mismo de su propio pais se ha
visto obligado A cambiar de ruta, interviniendo, obligando, prote-
giendo con la instruction obligatoria, con las leyes sociales, con las
leyes agrarias, y otras no pocas, que eran condenadas por las teo-
rias entonces dominantes, y que la experiencia practica hacia ne-
cesarias. Pero quizA la Providencia ha sido piadosa para con 61,
por cuanto si 61 se hubiese convencido de oso hubiese visto faltar-
le la base de su edificio y hubiese comprendido cuanto habia de
efimero en la prodigiosa popularidad de que entonces gozaba.
cDecir que las religiones, las literaturas y los gobiernos son el
resultado de las condiciones sociales de un pueblo, no quiere sig-
nificar que una vez surgidos no puedan ejercer alguna benefica
influencia sobre el pueblo donde han nacido. j Y qui6n nos dice
que las leyes que hoy debemos demoler porque son perjudiciales,
lo han sido siempre ? 6 La historic no nos demuestra, por el con-
trario, que las mejores instituciones, las eyes mas oportunas han
sido con much frecuencia la causa del estado progresivo de una
sociedad, cuyo estado, para progrcsar mAs fAcilmente, tuvo despues
necesidad de derribar aquellas instituciones y aquellas leyes mismas
de las que habia sido l61 una consecuencia ? Una tarifa aduanera
puede proteger una industrial y hacerla prosperar. Pero cuando
6sta sea vigorosa como para poder competir con todos sus veci-
nos, la protection se volverA perjudicial y habrA quo suprimirla, A
fin de que no falte todo estimulo A la iniciativa particular.
< La literature es consecuencia del estado social, se vale de las
ideas que encuentra ya existentes en la sociedad y A las cuales da
nueva forma. Y esta bien. Pero decir por eso que ella no pro-
duce nada y que en nada obra eficazmente, es otro error y no de
los menos graves.






ENTIRE LIBROS Y PERIODICOS


c Como Buckle dividi6 la moral de la ciencia para darle a 6sta
todo el m6rito, asi dividi6 la reflexion de la imaginacion, para
negar A la poesia y al arte toda action eficaz sobre la civiliza-
cion. Pero la imaginacion y la reflexion son dos lados de la mis-
ma inteligencia 6 igualmente necesarios para su existencia.
< Ha sido observado mas de una vez y entire otros por el mismo
Buckle, que para crear algunas ciencias se ha requerido una fuer-
za de imagination poco menor de la que se ha empleado para
componer la Iliada y la Odisea.
< No es opinion universal de los sabios que, para former la
education de un hombre de ciencia, nada vale tanto como un
buen aprendizaje clasico ?
SLa literature estimula, aumenta, produce alguna vez la fuerza
intellectual y creadora de que la ciencia tiene necesidad.
( En todo caso no debia escaparsele A Buckle que para la di-
fusion de los conocimientos, segun 61 tan necesarios al progress,
nada puede contribuir tanto como la literature. Tener en tan po-
co aprecio las letras y no decir nada del arte en una historic de
la civilization, demuestra que Buckle no tenia un concept claro
ni del espiritu human, ni de la verdadera naturaleza de la so-
ciedad.
c Asi estamos siempre en la misma conclusion. El hombre esta
separado de la naturaleza y puesto en oposicion con ella; el indi-
viduo esta enteramente separado de la sociedad, la moral de la in-
teligencia; la imagination de la reflexion ; mientras que la historic
del hombre y de la sociedad result de la union arm6nica de estos
elements, de la action y reaction continue de los unos sobre los
otros. Todos los studios de ciencias hist6ricas y morales se hacen
para conocer lo que es el hombre, segun qu6 leyes se transform
y se modifica, y Buckle, per el contrario, despues de haber descom-
puesto al hombre y la sociedad en sus elements, se ocupa tan s6lo
del modo en que los conocimientos se produce, se acumulan, se
propagan, como si fuesen una mercaderia que se importa y que se
export; como si la sociedad pudiese progresar continuamente, sin
que progresaran igualmente la moral, la inteligencia, todo el s6r
del hombre; como si nos importara tanto conocer la historic del
pasado y sus leyes, si no sirviesen para hacernos conocer el pro-
ducto mas grande de esa historic, que es justamente el hombre.
Tal es el libro de Buckle.
c Es seguramente un espectAculo doloroso ver A un hombre que,








52 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

despues de haber luchado her6icamente contra mil obst&culos, em-
pieza A levantar con entusiasmo febriciente un edificio colosal y
cuando parece que A su entusiasmo responded el entusiasmo del
mundo civilizado, cae agotado por el trabajo y por el dolor, y so-
bre 61 se derrumba en el acto una parte no pequefia de la mole
gigantesca que habia levantado. Queda, sin embargo, eterna la me-
moria de su amor purisimo A la verdad y A la libertad, y la de su
extraordinaria firmeza de voluntad. Y estas prendas morales bri-
llan en su libro, el cual quedara siempre por eso como un ejemplo
admirable de perseverancia, de trabajo y de elocuencia, aunque sobre
las bases planteadas por el autor no se podra nunca levantar nin-
gun edificio s6lido. kl1 es como una protest permanent contra el
error de haber querido enaltecer demasiado A la inteligencia, A ex-
pensas de aquel character moral que constituia la mejor parte de su
autor, como constitute la mejor parte del g6nero human. v
Llegado al fin del ensayo del professor Villari, me apercibo que,
en lugar de resumirlo, conforme habiame propuesto, avasallado
por la fuerza del raciocinio y ol vigor de la argumentacion del
eminente historiador italiano, lo he traducido casi por entero;
pero creo que el lector se felicitarA de ello, dada la importancia
del tema y ]a autoridad del escritor quo lo trata, y que contribuira
A disminuir cierto entusiasmo exagerado, quo imponi6ndose en vir-
tud del magisterio, llega al extreme de ver on todo individuo que
no sea fanitico por Buckle, un enemigo de los progress de las
ciencias hist6ricas ; exageracion sobre la cual volver6 mas oportu-
namente al ocuparme en otro de estos apuntes de otro ensayo del
professor Villari, que trata justamente de la ensefanza de la His-
toria.











Las "Veladas Lfricas" del senior don Am-
brosio Montt y Montt

POR S. B.

Si bien es dura y triste mission la de la critical, cuando se v6
reducida iA la severisima censura, es A las veces agradable y sim-
pAtica cuando tieno per objeto prodigar el aplauso merecido y jus-
ticiero, que es el galardon A que aspiran todos aquellos que en
literarias andanzas se aventuran. Las ocasiones en quo sin remordi-
mientos de conciencia puede discernir el elogio, son mementos de
descanso para el critic, quien, desgraciadamente, si quiere ser un
raro ejemplar de su especie, si quiere ser imparcial y razonable, se
v6 en nuestros dias forzado A esgrimir incansable y continuada-
mente sus armas contra los que per asalto y A sorpresa quieren
conquistar un nombre en la repfiblica de las letras, acompafiado de
un elogio de cliches en cualquier peri6dico, y de un apreton de ma-
nos de sus intimos amigos que lo alientan.
Agradabilisima tarea seria para un critic la quo nosotros em-
prendemos sin conocimientos y sin m6ritos algunos. Mil ocasiones
se presentarian, adn al mAs saifudo 6 implacable de todos los Zoi-
los, de felicitar al autor de las Veladas Li'ricas, ya per un pen-
samiento delicado, ya per una idea elevada 6 generosa, ya per un
verso de core clAsico y elegant. Si eso debiera suceder con aque-
llos que per tender un nombre eselarecido y hallarse encumbrados
en las regions del saber y del talent pueden imponer sus opinio-
nes como leyos del buen gusto y sus dichos come fallos de la cri-
tica sana y justiciera, i que no con los que deben ser indulgentes,
porque necesitan ellos mismos indulgencia, y que tiendon forzosa-
mente A ser ben6volos, porque saben apreciar todo el valor de
una frase de benevolencia y de aliento!
Natural y l6gico seria quo solamente ejercieran la critical aquellos
hombres que per su reputacionindiscutible y su notable position Ili-
teraria, estuvieran fuera del alcance de una acusacion de envidia 6
de parcialidad. i Cuanto malo no se evitara con ello Por un lado






54 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

la diatriba mordaz, ]a persecution encarnizada y rastrera, la escati-
macion del aplauso y del elogio, en fin, todos aquellos medios de
que se valen muchos para combatir al que screen un rival afortu-
nado 6 un concurrente temible en las justas literarias; por otro,
evitAranse tambien el derroche del aplauso, la adulacion del pe-
quefio al grande, la alabanza inmotivada A que se screen siempre
obligados los amigos del autor.
La critica de esos hombres seria no tan s6lo la critical de la
buena f6, sino tambien la critical del saber, y esa la merecia el se-
fior Montt y Montt, para sus Veladas. Hasta ahora, sin embargo,
6stas no se han visto favorecidas mAs que por los sueltos de ga-
cetilla con que los diarios de la capital han saludado su aparicion.
; Hay algo mAs injustificado que ese silencio ? Hay algo mAs in-
justificado que esa indiferencia, perjudicial en sumo grado para la
literature sud-americana, que necesita estimulo, much estfmulo, para
que pueda continuar en su fecundo y floreciente desarrollo? 8Es asi
como se paga la galanteria del senior Montt y Montt, quien ha
dado A nuestra imprenta national uno de los primeros frutos de
su ingenio, proporcionando placer y satisfaction A todo amante de
las letras americanas?
Ya que la critical del saber no se ha dejado oir, cont6ntese el
senior Montt y Montt con la de la sinceridad y la buena f6. Vaya
la una por la otra, que siempre le quedarA al autor de ]as Vela-
das el consuelo de haber merecido las dos y de haber sido victim
de una injusticia.


Dice el distinguido literato senior Samper, al presentar al piblico
las Veladas Liricas :
(< A la nueva generation, hija de la repuiblica patriota y progre-
sista, pertenece Ambrosio Montt y Montt. Tan j6ven es, que
apenas si comienza A vivir. Su vida es hasta ahora tan s6lo una
palpitacion ardiente y una eflorescencia de fantasia: ha comenzado
amando y cantando, y la belleza es su culto. >
Esto es muy poco. Es dar A grandes rasgos las cualidades de
todo j6ven de la 6poca y del talent del senior Montt y Montt, pero
no es determinar las que le son particulares y propias. MAs que el
senior Samper nos diran muchas de las poesias de las Veladas,
que, como todo lo que esta escrito con el alma y publicado con la
( impaciencia del soiiador y la inexperiencia del artist o han de le-






< VELADAS LIRICAS > 55


vantar un extreme del velo que oculta A las indiscretas miradas del
piublico, las interioridades del carActer, del corazon y de la con-
ciencia del poeta.
El poeta lirico, el cantor de las impresiones intimas, do las ale-
grias y los dolores del alma, entrega al pfiblico, con sus poesias,
su propia individualidad, para que aquel la juzgue y la critique.
Porque desde el memento en que 41 se muestra tal cual es, her-
moso 6 deforme, grande 6 pequeiio, A las miradas de todos; desde
el memento en que se atreve A decir : ;iH6 aqui como soy ; Mi-
radme! > da el derecho de que se le aplauda 6 se le censure, se-
gun que merezca el elogio 6 el castigo.
Muchos, que lo saben, disfrazan su pensamiento en aras del gusto
general, ahogan la voz de la conciencia temerosos de que disuene
en medio de la armonia de la opinion comun; y en vez de mos-
trarse tal cual ellos son, se muestran tal cual el piblico quiere que
sean. Estos son los cobardes, los que nunca llegan A sobresalir en-
tre la vulgaridad, porque se sujetan a ella torpemente. Otros, pero
muy pocos, arrostran la ira y el desprecio de la sociedad, y sin te-
mer al queF dirdn consabido, exhiben con toda la desnudez de la
verdad, las condiciones de su carActer y las cualidades do su alma.
De Astos nacen los grandes; de Astos salieron Byron en Inglate-
rra y Heine en Alemania, perseguidos por los silbidos del buen gusto
de su 6poca, desterrados de la patria y condenados A morir en tie-
rra extrafia, per el Anico delito de haberse retratado ellos mismos,
pulsando una lira incapaz de mentir, una lira

come la veritA candida e nuda!

El senior Montt y Montt esta todo 61 en sus poesias, que, esen-
cialmente liricas, estan escritas con el fuego y la sinceridad de los
vointe aieos. Ahi estin sus obras, que dicen: juzgadme. Pero, juz-
gar las obras es, en este caso, juzgar al author, porque las Vela-
das Liricas constituyen casi las primicias de su ingenio, y porque,
trasparentandose el autor en cada uno de sus versos, las miradas
del pfiblico se fijan en 61 con preferencia.
No sucede esto en todos los cases. Cuando un autor ha dado
pruebas suficientes de lo que vale, demostraciones bastantes de lo
que alcanza, puede prescindirse de su personalidad en el juicio de
una obra nueva, porque su personalidad ya esta juzgada y aqui-
latada en lo que significa. La obra es buena 6 mala, y el author es







bt ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


el mismo: no gana ni pierde en la pAblica opinion. Pero en este
caso, la obra tiene por objeto presentar al autor; la critical debe,
pues, comenzar por establecer las cualidades del talent 6 de la in-
teligencia de aquel.
No hay que perder de vista, ni por un solo instant, que el se-
nior Montt y Montt esta en los comienzos de su carrera literaria.-
De esta manera se explican muchos de los graves defects que se
notan on su poesia, y que no son mas que reflejos de la falta de
studio y de preparation suficiente. El senior Montt y Montt se
nos muestra patriota entusiasta y verdadero; se nos muestra ga-
lante, decidor y discreto, en mAs de una de las muchas composi-
ciones, que, como flores abandonadas, ha dejado la exuberante pri-
mavera del autor en las piginas de dlbums amigos; se nos mues-
tra ardiente y apasionado en todas las poesias que evocan la dulce
imAgen de aquella A quien el poeta ofrece veneracion y carifio.-4Pe-
ro d6nde esti el grito inmenso de la inspiration verdadera y fe-
cunda? aD6ndeesta la ensefianza, donde esta la originalidad en la
poesia del sefior Montt y Montt?
Porque en esta 6poca de positivismo, ecomo dice el senior Samper,
se exige la utilidad en todo: hasta en la poesia. -Esa utilidad es
enseiianza provechosa en los cantos de los poetas de estro levantado;
de aquellos de quienes se puede decir quo ven mas que la ciencia,
porque presienten el porvenir con el corazon, porque se alzan
y engrandecen tanto que trasponen los limits do su siglo, y pene-
tran on los dominios de la inmortalidad y de la gloria. A ellos sola-
mente puede aplicarse el verso del senior Montt y Montt

que andan los sabios, los poetas vuelan!

porque son los inicos que tienen alas tan poderosas como para llegar
a la cumbre de la verdad eterna y do la constant hermosura.
Util tambien es la belleza original, porque inclina al hombre a
amar lo bello y 6 perfeccionar su gusto est6tico y su criterio lite-
rario.-Debido A ella es que tantos poetas, sin cualidades bastantes
para constituirse on 'guias y Mentores de la humanidad, han alcan-
zado nombre y fama en el libro de la Historia. Debido a ella tam-
bien han nacido y h6nse desarrollado los generos y los sistemas
literarios.
En la poesia del senior Montt y Montt no palpita el ideal, y sin
ideal no puede haber ni originalidad ni ensefianza. Ideal equivale, en






C VELADAS LiRICAS )


poesia, al objeto, alfin de toda inspiration y de todo lirismo. Para
Homero ha estado en la gloria, en la unidad de la Grecia y
en la veneracion de su epopeya, para Horacio en la felicidad
humana, para Ovidio en la delicadeza y en la ternura, para Lucre-
cio en una conception filos6fica, mis grande adn que los veinte
siglos que sobre ella han pasado, para mostrar cuantas fueron las
verdades quo contuvo. Ese ideal que para unos es el future,
para otros la tradition; que es la libertad para los mas en nuestros
dias, y el absolutismo para los m6nos ; que es la reaction 6 el pro-
greso, la f6 6 la razon, ese ideal es lo que di character propio al
poeta, es el que determine los trazos de su fisonomia literaria.
Cuando 61 adelanta A las opinions del siglo, cuando satisface las
necesidades de la inteligencia humana, alimentandola con la belleza
duradera de las obras grandes, entonces ese ideal es el del g6nio,
y el hombre que lo posee, uno de los privilegiados y de los
ungidos.
a En material de religion, es el senior Montt y Montt, ateo. liberal,
cat6lico, racionalista ? K Un hijo de la Repiblica patriota y entu-
siasta> debe ser liberal, porque A m6nos que se tuerza el significado
de las palabras y se sofisme pobremente, el republicanismo y el
catolicismo son t6rminos antit6ticos que no se concilian ni acomo-
dan. Pero el liberalism del senior Montt y Montt es un liberalism
especial, vacilante, sin color ni tono fijos. Demuestra el poeta en
algunos de sus versos un cierto temor A la ciencia, una cierta
desconfianza en sus resultados, mas propios de un cat6lico inex-
pugnable, que de un liberal convencido y progresista. Algunas
poesias ponen de manifiesto la opinion del senior Montt y Montt,
otras la borran 6 la deslucen. Se conoce que el autor gusta mis
de soinar y de rimar bajo la influencia de la loca de la casa, que
de dar libertad al pensamiento en las regions del studio, y que
todas sus opinions filos6ficas carecen de base fija y duradera.
Asi, cuando el poeta se levanta imponente, ind'gnado por el
aspect del siglo que concluye y de los tiempos que corren, y
fulmina contra ellos el rayo de su desprecio y do su c61lera, peca
de exageracion extremada, y permita el senior Montt y Montt que
se lo digamos ), calumnia un poco A su tiempo y a las costumbres
de la sociedad modern :

Hoy en la ciencia empapado
De loca quimera en pos






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


Se olvida el hombre do Dios,
Y corriendo desalado
Otro Dios ha levantado:
La Materia: vil quorida
A cuyas plants rendida
La Humanidad cree y adora
Mientras ella la devora
El pensamiento y la vida '

iBella estrofa, escrita con entusiasmo viril y palpitante!-Pero,
i c6mo trasluce en ella la false(lad de una indignacion que no cabe
en un j6ven de veinte afos, que despierta a la vida y a quien todo
sonrie: la mujer de los primeros ensuefos, la naturaleza engala-
nada con todos sus atavios, y la gloria con su magnifica recom-
pensa: la Fama!- i Qu6 description tan falsa y exagerada del es-
tado social de nuestra 6poca, para venir a la conclusion que Ma-
thurin Regnier, el gran bohemio, express en un solo verso lleno de
gracia y originalidad:

L'honneur est un vieux saint que 1'on no ch6me plus!

j Y con qu6 derecho se atreve el poeta A escupir al rostro de
una sociedad de la quo 61 mismo se muestra indigno ? El que
esc6ptico y descreido pregunta on ol bellisimo soneto titulado Im-
potencia humana:

Mas ;ay! qui6n Ilega hasta la altura ignota?

y se contest desfalleciente en su creencia y en su f6:

La circel al romper, nuestra existencia
Rueda al abismo de lo eterno rota!

el que Ileno de amargura exclama:

No s6 de d6nde vengo
No s6 ni a d6nde voy, ni por qu6 existo,

mostrindose impregnado de incredulidad atea y de fatalismo mate-
rialista: lose so atrove A maldecir de la corruption humana! iEse






< VELADAS LiRICAS 3 59

se atreve A censurar, Ai castigar en los otros lo que 61 mismo lleva
en el corazon y en el pensamiento! Venga despues el senior Sam-
per y diga que el senior Montt y Montt < no ha nacido viejo como
( tantos miembros de la sociedad actual, que, j6venes por los afios,
< crecen abrumados por la decrepitud de un alma sin f6, y mos-
trara, 6 que no ha leido las poesias del autor que 61 apadrina, cosa
que reputamos impossible, 6 que no cree sincere al senior Montt y
Montt, cosa que no nos atrevemos a suponer.
Estas inconsecuencias en que incurre el seiior Montt y Montt,
en lo que se relaciona con ]a filosofia, con la ciencia, con la reli-
gion, son muy disculpables en 61, y much mas teniendo on cuenta
que su libro es una recopilacion de poesias escritas en 6pocas di-
versas y en circunstancias distintas. Debia, sin embargo, haber ar-
monizado un tanto sus opinions, al organizer sus Veladas, para
no dar lugar A que la critical le tachara de un tan grave defecto,
como es en un escritor la falta manifiesta de ideal y de criterio
propio.
Podia perdonArsele al senior Montt y Montt que no los tuviera
en aras de una originalidad constant en el fondo y de una belle-
za exceptional en la forma. Por saber adornar su poesfa de esas
dos cualidades, mis de un escritor de talla y de universal renom-
bre ha escapado A la persecucion de la critical modern. En efec-
to: 4 qui6n penetra en el intrincado laberinto de las opinions
filos6ficas de Campoamor ? g Qui6n se atreve A decidir A qu6 dei-
dad esta entregado Nuiiez de Arce, de las dos, la Duda y la FA,
que alternativamente lo atraen 6 lo rechazan, y que son la Scylla
y la Caribdis de su espfritu, que vive en eterna vacilacion y en
permanent equilibrio ? Nadie. Y sin embargo son los dos poetas
que la Espafia del siglo XIX pueden mostrar con orgullo, porque
son esencialmente originales, y porque, verdaderamente artists, la
obra que de sus manos sale, es joya de inestimable belleza que
encanta y subyuga con ella.
Pero esa originalidad en el fondo no la pose ain el senior
Montt y Montt. Tambien fuera el pedirsela A su edad, intempes-
tiva y ridicule exigencia. Si sus poesias amorosas parecen imita-
ciones de Heine 6 de Becquer, si sus odas tionen cierto sabor A
Quintana y se presentan A veces recargadas con la frase deslum-
brante de Monroy, si sus sonetos son del corte de los do Manuel del
Palacio y ain del de los de Stechetti, culpa no es del j6ven autor
por cierto, sino de la poca edad, que lo hace fAcil A la impression






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


ajena, y al poco studio que restringiendo los conocimientos del
soeior Montt y Montt al de un nimero limitado de escritores, hace
que 6stos so ensefioreen de su inteligencia y se encarnen, por de-
cirlo asi, en su espiritu. Con la much lectura se ha de operar,
sin embargo, un cambio en la poesia del senior Montt y Montt. El
m6rito do ella ha de aumentar dia & dia, en la proportion en que
mejore el pan del espiritu con el que se alimente el j6ven poeta.
El padre Ducerecau ha dicho :

J'6tais pour Ovide A quinze ans
Mais je suis pour Horace A trente,

pintando la evolucion quo forzosamente so opera en el gusto y en
el criterio literarios. Cuando el senior Montt y Montt haya llegado
6 la edad propia para comprender & Horacio, cuando su talent mis
tranquilo y reposado sea mis d6cil al dictado del propio sentimiento
y mis duro al del ajeno, entonces esa inspiration que yace dormida
en el fondo del corazon del poeta, esa originalidad que permanece
ahogada por la influencia de la de los extrafios, pero que ya aso-
ma en muchos do los versos de las Veladas Liricas, han de bro-
tar lozanas y fecundas, dando A6 Chile un poeta m.as y Ai ste un
nombre esclarecido y afamado.
( Cual es, pues, se preguntara, el m6rito de las poesias del senior
Montt y Montt, si ellas carecen do originalidad en el fondo y en la
forma?- No es uno O6lo, contestamos, sino muchos. El senior
Montt y Montt lleva en si mismo toda la poesia do los veinto
afios, toda la passion del amor primero, toda la frescura de la pri-
mavera de la vida Veinte aieos! Juventud, placer, alegria, ilu-
siones de color de rosa y doradas esperanzas: todo un tesoro
inagotable do inspiration, si so quiere comun y bourgeoise, pero al
fin y al cabo inspiration. No es la gigante del lirismo do Andrade
(la falta de ella sola hemos reprochado al autor de las Veladas),
pero tiene en si tanta dulzura encorrada, tanta hermosura escondida,
que puede muy bien inmortalizar al que la sepa traducir al len-
guaje human Y si bien miradas las cosas todo el mundo pasa
por esa crisis psicol6gica de los veinte arios, si todo el mundo
pasa por esa efervescencia moral 4 saben acaso todos traducir sus
impresiones como el senior Montt y Montt lo hace? j Saben acaso
sentir y pensar con la delicadoza con que 61 sionte y piensa ? -
No. iCuantos son, por el contrario, los que viven ignorantes de lo





( VELADAS LiRICAS )


que llevan en el corazon y en el cerobro! i CuAntos los que se
limitan A sentir la action de ]a mariana de su existencia, y nunca
llegan A pensar sobre lo quo han sentido! A ellos, los que de-
rrochan inconscientemente su juventud y su fuerza moral, se les
puede apostrofar con Lacretelle:

1 C6dez-moi vos vingt ans si vous n'en faites rien!



Ya que nos hemos ocupado detenidamente de los defects de la
poesia del senior Montt y Montt, fuerza es que recordemos sus mu-
chas y esplendidas bellezas. Pero, como seria larga, aunque agra-
dable tarea, la de citar los trozos po6ticos en que el autor de las
Veladas demuestra poseer no tan s6lo facilidad de versificacion,
sino tambien tesoros inapreciables do sentimiento y dulzura, delica-
deza 6 ingenio, nos limit, remos A recorder algunas composiciones
de verdadero m6rito y valor justificado.
En el g6nero amoroso, que parece ser el que mejor so amolda A
la musa del j6ven poeta chileno, se distingue en primer t6rmino la
poesia Ella. -Hacer una pintura de la mujer amada, es cosa tan
comun, tan repetida, que es inminente la vulgaridad tratAndose de
una nueva description. Para todos los matices del cabello, para
todos los colors de los ojos, para todos los labios, para todas las
mejillas hay comparaciones consagradas por el uso y la costumbre.
Huir de ellas: h6 ahi la dificultad. Evitar las sendas trilladas tanto
del g6nero clAsico espafiol, lleno de melindres y de convenciona-
lismo, como del modern, que podemos llamar becqueriano, y que
tambien adolece un tanto do falsedad: h6 ahi la question. El senior
Montt y Montt ha hecho en Ella un retrato perfect, lleno de sen-
cillez y de naturalidad, de la mujer, cuyo nombre es el ritmo de
la lira del autor de las Veladas :

Es el retrato do la Venus griega
Con mAs la luz de su mirar que ciega.

Al g6nero amoroso pertenecen tambien las poesias Alborada
Mi estrella, Crepusculo y En los sardines, composition, 6sta
uiltima, Ilena de gracia, soltura y facilidad. En la titulada Des-
engano se encuentra esta estrofa, que parece por la delicadeza y
sencillez de su pensamiento, uno de esos cantares que nacen de la
inspiration popular, hu6rfanos del nombre de su autor :





ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


iEl corazon es la tumba
De su cariflo primero!
Qui6n no lleva ese cadAver
En el fondo de su pecho ?

De las poesias en que el senior Montt y Montt hace gala de una
cierta filosofia, melanc6lica y esc6ptica unas veces, alegre y opti-
mista otras, hay tres que llaman la atencion. La primera es el
precioso soneto Nubes, en que el poeta consider tristemente las
del pesar que se ciernen sombrias y amenazantes en el cielo azul
de la mafiana de su existencia, 6, como dice el sefior Montt y Montt,

antes que llegue la mitad del dia!

La segunda, el soneto Angel catdo, que es tambien, notable tanto
por la forma como por la idea que encierra. Comienza asi:

No lances nunca el anatema hiriente
A la d6bil mujer que ves manchiada;
Por la pobreza acaso fu6 arrastrada
0 sublime passion ceg6 su mente.

1 Casualidad extraordinaria! El pensamiento encarnado en los
versos transcritos, es el mismo de los siguientes de Victor Hugo :

Oh! n'insultez jamais une femme qui tombe!
Qui sait sous quel poids la pauvre Ame succombe!
Qui sait combien de jours sa faim A combattu. .

(Chants du Ore'puscule, XIV.)

Aunque el parecido es complete, nosotros creemos que, en todo
caso, no existe mas que una reminiscencia involuntaria. Por otro
lado, la idea general del soneto de Montt y Montt es distinta de
la idea general de la poesia de Victor Hugo.
El siguiente trozo de romance puede citarse como modelo :

J6ven soy: tengo en el alma
flores de mis pocos afios,
ni he vertido tristes ligrimas






VELADAS LIRICAS > 63


ni senti dolor amargo.
Si en el corazon prendidos
Ilevo del amor los dardos,
si una passion, quo es mi vida,
quema el alma en que la guard,
al soplo de la esperanza
dulces mis dolores hallo,
que el sufrir, parece poco,
cuando el alma espera tanto.

En verdad que parece arrancado a una comedia del teatro cli-
vico espafiol. Tiene toda la gracia y la soltura de Tirso, la facili-
dad y la elegancia de Lope, y los filtimos versos parecen, por lo
filos6ficos y sentenciosos, del insigne Calderon. Indudablemente, el
senior Montt y Montt tiene cualidades excepcionales: lo prueba en
ese trozo. i Gran lAstima es, por cierto, que todo el libro no est6
escrito de la misma manera!
En general las Veladas LDricas forman una coleccion de poe-
slas amorosas, de poco aliento y de extension limitada. Sin embargo,
entire todas esas composiciones fAciles y correctas si, pero sin much
que las distinga, hay una que otra que sobresale merecidamente.
La oda al Amor tiene versos magnificos, y aunque el autor no ha
sabido evitar las vulgaridades, casi forzosas, en un tema tau trillado,
dicha oda se hace leer con gusto. La que va dedicada A Andr6s
Bello tiene grandes bellezas, pero tambien grandos defects; y la
que canta las glorias de Prat, el her6ico jefe de la Esmeralda,
el digno adversario de Grau, tiene mAs defects que bellezas. En
nuestra opinion el senior Montt y Montt eligi6 para esta oda un
tema escabroso por demis y en extreme dificil. La pintura de un
combat naval exige, para no tropezar con los escollos con que el
senior Montt y Montt ha tropezado, el estro sorprendente de Quin-
tana, que en la description de Trafalgar lleg6 hasta donde tan
s6lo el genio puede Ilegar. La oda de Montt y Montt es cansada,
llena de t6rminos que no tienen cabida en el lenguaje po6tico, y
llena tambien de trozos sin m6rito ni interns algunos,
Por el contrario, espl6ndida, sf, espl6ndida, es la titulada Quin-
tana. El j6ven poeta haco en ella lujo de verdadora y s6bria inspi-
racion. El corte del verso, la altura del pensamiento, la hacen digna
de aquel A quion va dedicada, habiendo on ella trozos de mano
maestra:





6t4 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

De C6rcega en las sierras
El nido abandonando
Sali6 de Jena el Aguila pujante;
Tendi6 A la altura el atrevido vuelo,
El rayo centellante
Arrebat6 A la nube,
Su voz al trueno, su grandeza al cielo,
Y descendiendo al mundo
Hinc6 su corvo pico,
Potente y acerado
En s61lios y naciones
LlevAndose en sus garras
Los rotos y rendidos pabellones!

iVerdad quo esto es grande, hermoso, inspirado? Qnintana lo
firmaria sin vacilar. En trozos como 6ste es que se v6 lo que podra
ser el senior Montt y Montt, cuando conj los aimos y con el studio,
maduren los frutos de su inteligencia y de su talent.


En resdmen: las Veladas Liricas son una buena coleccion de
poesias. En cuanto A la idea que dan de las dotes de su author,
6sta no es muy clara ni muy definida. Por de pronto, el senior Montt
y Montt esta muy por oncima de esa plaga de versificadores que
hacen prosa rimada, quo luego bautizan con el nombre de poesia.
En el senior Montt y Montt hay dulzura, sentimiento, facilidad,
eorreccion, en fin, todo lo que es possible tener a su edad y con
su education literaria; pero no hay inspiration mAs que en pocos
y determinados pasajes, no hay solidaridad entire las ideas, no hay
mAs que un ligero esbozo de originalidad.
El poeta esta en formation. Sus poesias indican la evolution de
sus ideas y de su character que se perfeccionarAn cada vez mas y
que han de dar frutos sabrosos y sazonados. Cuando con la edad
desaparezean la falta de criterio fijo, la falta de ideal propio y la
inconsecuencia en las ideas, el senior Montt y Montt serA un poeta
de condiciones distinguidisimas. A los treinta afios (abrigamos esa
placentera conviction) el autor de las Veladas Liricas serA una
de las muchas glorias que poseeran las letras americanas.
Nuestros placemes al author, que perdonarA la franqueza de al-
gunas observaciones nuestras, en aras de la sinceridad que las ha
dictado.











El libro de don Di6genes Decoud


POR DON JOSE SIENRA CARRANZA


Algunos 6rganos de la prensa de Montevideo y Buenos Aires
han dado cuenta de la aparicion del libro de que vamos ocupar-
nos, c La AtlIntida P por don Di6genes Decoud.
La Nation bonaerense, en un articulo editorial que denuncia
por su fondo y por su forma la autorizada pluma de que emana,
hizo un anAlisis breve, pero exacto, acompaiiAndolo de apreciacio-
nes quo important un elevado elogio, si bien ligeramente atenuado
por alganas observaciones de detalle.
El Bien Publico de Montevideo atac6 la obra en t6rminos As-
peros, condenandola bajo todos sus aspects : por su estructura li-
teraria, por su investigation hist6rica, y por su indole filos6fica.
Un trabajo que ha conseguido esta detraccion y aquel encomio
tiene ya su titulo A la atencion de la critical y A la curiosidad de
los que estiman este g6nero de studios.
El autor es un hombre j6ven que ha hecho aus primeras armas
como escritor en el periodismo del Paraguay, su patria, bajo los
estrechos horizontes literarios de pals tan mediterraneo, tan aislado,
y tan recientemente incorporado al movimiento de la civilization
modern.
La rama de la familiar Decoud A que pertenece, se sefiala entire
sus compatriotas por la tendencia al cultivo de las letras y a la
vida political, habiendo sido hermanos suyos los fundadores y re-
dactores del primer diario publicado en la Asuncion luego de ter-
minada la guerra de la triple alianza. Entonces, y cuando en
medio A las primeras tareas fallecia don Juan Jos6, el mayor de
ellos,-el j6ven de quien nos ocupamos era un niflo de doce A ca-
torce afios, que tard6 bien poco, sin embargo, en acudir por su
parte A restablecer el nfimero alterado por la muerte.
Las vicisitudes de una sociedad volcanizada, en las sacudidas de
una violent gestacion organica, que ha abierto la tierra en grietas
negras y profundas como bocas de abismos, tragando hombres ilus-
TOMO IX 5






66 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAX

tres, caudillos populares, agitadores revolucionarios, Presidentes y
Ministros de la Repdblica, funcionando todos los resorts de la
destruction, desde la fiebre que consume en el lecho las naturalezas
ardientes y perturbadas de Taboada y Bareiro, y Aramburd, hasta
los puiales y ]as balas de los asesinatos en que perecen amigos y
enemigos, Rivarola, Machain, los Gill, Molas, Goiburi, Concha, Se-
rrano. las vicisitudes, decimos, que dejan en pi6 y en alta
grada del poder A don Jos6 Segundo Decoud, uno de los mas in-
teligentes de su familiar y de su pafs, impelieron a otros A buscar
en tierra extraiia un teatro mas amplio y mas tranquilo para el
desarrollo de sus facultades ing6nitas.
Es asi como el j6ven que tuvo su iniciacion en el modesto pe-
riodismo paraguayo pas6 d ejercitar sus fuerzas en secciones su-
balternas do diarios do Buenos Aires, aprovechando sus horas de re-
poso en proficuos studios que debfan fortalecer su talent para
mis Arduas empresas.
De tal preparation ha salido ( para designer la Am6rica, no porque 6sta recuerde el continent
sumergido A que Platon se referia, sino porque es el que A juicio
del autor cuadra mejor al nuevo mundo, cuyas costas orientales
baila el Atlintico, y porque mereco reparacion la injusticia que
para la gloria del descubridor importa el nombre tomado del de
Am6rico Vespucio. Puesto que no lleva el nombre de Colon la tie-
rra que 61 encontr6, no debe llevar el de ningun otro navegante.
Asf, es la Atflntida 3.
No nos detendremos a discutir la solidez del raciocinio A que
esta innovacion obedece, limitAndonos A poner en duda la eficacia
de una tentative de reivindicacion que pugna con el hecho estable-
cido y aceptado universalmente en la costumbre de tres siglos.

II

La obra del senior Decoud tiene por objeto presenter la historic
de Am6rica en un conjunto breve y verdadero, seialando A la vez
los hechos y sus causes y consecuencias, sin detenerse en el deta-
lle de investigation 6 de las apreciaciones que no correspondent A
su plan. Asi lo express 61 mismo en el prefacio.
Un libro de cuatrocientas paginas on tipo irnmplio (cuerpo 10 ) pa-
receria insuficiente para el desempeiio de tema tan vasto y compli-
cado.






EL LIBRO DE DON DIOGENES DECOUD


El j6ven escritor ha superado la dificultad desplegando admira-
ble talent en su trabajo.
No ha hecho una obra didictica, sino un discurso, 6 quince dis-
cursos hist6ricos, en que recorre todas las fases de la vida dc
Am6rica, tomando el continent desde los periodos de su formation
geol6gica bajo el influjo de las fuerzas c6smicas que determinaron
la estructura del globo, hasta la hora de la constitution de las na-
cionalidades presents sobre las ruinas demogrificas sociales y po-
liticas de los pueblos aut6ctonos 6 aborigenes y del coloniaje In-
gl6s y Espafiol, negando al Brasil la entrada en el cuadro de la
revolution de la independencia, < porque, segun sus palabras, no
< luch6 ni se incorpor6 al movimiento de la libertad americana. >
El estilo es eminentemente oratorio, desde la primera hasta la il-
tima pAgina. Tiene esplendor ; y mas que la belleza literaria hace
sentir la sonoridad do la elocuencia.
La exposicion es s6bria y precisa, el razonamiento firme y ele-
vado, la description pict6rica y onomat6pica. Hay trozos que no
parecen escritos con la pluma, sino ejecutados a golpes de pincel,
6 modulados en migico diapason que reproduce los rumors de la
naturaleza.
Su tono es el quo se muestra en los siguientes pirrafos tomados
de la pintura del caricter de las tribus salvajes:
< N6madas por causa del idioma, eran tambien n6madas por
< causes del culto. El fuego fuW su primera adoracion, y lue-
c go todo lo maravilloso y grande: la montafia, la fuente, el aire,
el mar, la flor, las duras rocas de pedernal, las hondas cavernas
a misteriosas y los rios, 6 al ciervo, al c6ndor, A la serpiente, al
< trueno, al sol y a la luna.
c Y asi vivian, hasta quo un dia, despues de la estacion hiber-
c nal, a la hora del alba, se recogia sobresaltado en medio de una
t espantosa griteria. Otra tribu asaltaba la suya: venian con las
< cars pintarrajeadas con rayas negras y rojas para tener mayor
< expression de ferocidad, y el cuerpo color hojas secas, para con-
c fundirse con la yerba, si tenian que huir, 6 arrastrarse sigilosa-
9 mente si tenian que atacar. La tribu se defendia, pero el ndmero
< la vencia. El campo quedaba sembrado de cadaveres mutilados,
c y el vencedor caia rendido, lament ndose de aquel triunfo quo le
< habia costado los mejores de los suyos. Entonces sonaba la voz
< del augur, que con horribles gesticulaciones y contorsiones ineK-
a plicables pedia la venganza. Los prisioneros eran amarrados al






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


, Arbol del sacrificio: el eirculo infernal de mujeres desgreiiadas
4 comenzaba el martirio. Lentamente, con el cortante de una piedra,
c iban arrancandole la vida. Al sentir la primera herida el prisionero
c entonaba con voz gimiente la iltima caneion, relatando sus ha-
c zafias y clamando venganza. Habia sabido morir: era un bravo,
4 sus huesos serfan en adelante talisman para el vencedor. A ser
c d6bil, le hubieran quemado y arrojado sus conizas al viento.
< Otras veces la saiia era mayor. Entonces el mis grande de la
< tribu partia de un golpe el pecho del prisionero y le arrancaba
< el corazon palpitante, para que el augur leyera en sus contrac-
c ciones supremas, el sino que le esperaba. Despues, todos en torno
a a la hoguera encendida, celebraban con la care del muerto el
c siniestro festin de la victoria.


c La inmensa soledad de la selva se sentia estremecer. La hoja-
c rasca se revolvia un paso cauteloso se aproximaba. El grupo
c do los guerreros pasaba silenciosamente. Iban en larga hilera, lle-
< vando al hombro el arco, la honda y la estera, y en la cintura
c el rudo saco de liber repleto de maiz. >
El lector pone el oldo para escuchar los ruidos que susurran en
estas lines, 6 se incorpora para ver desfilar esta horda sigilosa que
Beso desliza A trav6s del bosque sobre el orujiente alfombrado del
follaje.
Como se habri observado, sin embargo, la dieccion no esta al
abrigo de la critical, que podria seflalar en el libro frecuentes y nu-
merosas incorrecciones.
Pero el eneadenamiento gramatical 6 la propiedad exacta de las
palabras no constituyen el estilo, que es el hombre, segun el con-
sagrado aforismo. La estructura y los giros de la frase, los tonos
de la expression en que se modela el pensamiento, el nervio y la in-
tensidad del period literario, es lo que refleja y denuncia el ca-
ricter y la indole, la elasticidad y la fuerza, la profundidad y la
abundancia, del talent, del criterio, y de las ideas del escritor.
Las imperfecciones de lenguaje son el defecto que el studio y
el ejercicio pueden rectificar en nuevos trabajos, sin que arguyan
nada contra la lucidez y el poder de la inteligencia que se mani-
fiestan en las galas de un estilo seguro y brillante.
Aunque la obra de don Di6genes Decoud no estuviese precedida
por el catalogo de las que para escribirla ha consultado, su simple






EL LIBRO DE DON DIOGENES DECOUD


lectura bastarfa para desvanecer el cargo de pedantismo con que
la ha censurado El Bien PWblico. Por el plan y por la ejecucion,
c La Atlintida 2 no ha podido ser el fruto de un cerebro que no
se hallase nutrido por el studio y vigorizado por la meditation;
no debiendo, en cuanto A lo demis, atribuirse a vanidoso alarde la
viveza del colorido y la majestad de la frase, que proceden de la
naturaleza personal del autor y cuadran perfectamente en las con-
diciones del asunto, 6 lo ennoblecen, elevAndolo sin violencia hasta
su altura.
Tal vez, sin las prevenciones del 6rgano cat6lico de Montevideo
respect de un libro quo responded en sus tendencies capitals a la
escuela liberal, se explicaria su impression por la originalidad que
encierra este discurso 6 este conjunto de discursos en que el autor
ha recorrido la historic americana, que no es precisamente tal
historic, como no lo es el Discurso de la Historia Universal de
Bossuet, cabiendo mis bien en la categoria de poema en prosa,
como la Profesion de fe del siglo XIX de Eugenio Pelletan.
Y sin embargo, basta leer c La Atlintida > para no ser ignorante
en cuanto a los grandes sucesos que en la barbaric y la civiliza-
cion han tenido por teatro el continent americano.
No pueden en igual compendio condensarse datos mis numero-
soB y cientificos.

III

El critic de El Bien Publico dirige la mis peregrina de sus
acusaciones al autor de c La Atlintida > al atribuirle el delito de
plagio, 6 de repeticion de lo dicho por otros escritores.
Si hubiese en esto referencia al plan de la obra en general, 6 a
algunos de los detalles, de los capitulos 6 de las frases, de Ia com-
posicion literaria, debe suponerse que no se habria omitido su es-
pecial designation.
Podrian ser citadas por docenas las obras de historic que so han
publicado sin traer una sola novedad respect de otras anteriores;
difiriendo uinicamente en su disposition expositiva, en la mayor 6
menor extension concedida A determinados acontecimientos, 6 en su
criterio filos6fico, 6 ainu, A veces, exclusivamente en su m6rito lite-
rario, -bastando cualquiera de estas circunstancias para ponerlas
a cubierto de la acusacion de plagio 6 de imitation.
a C6mo se justificaria, pues, tal censura en el caso del libro que
nos ocupa ?






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


El General don Bartolom6 Mitre, cuya eminente autoridad en la
material no admite duda, ha dado sobro este punto un voto que
puede envanecer al j6von oscritor paraguayo, sefialando como digna
de atencion y de clogio ]a part de < La Atlantida > relative a la
tirania de Francia, asunto acerca del cual so amplfan con elevado
espiritu y bajo nuevas fases los juicios antes de ahora formulados
respect del c6lebre y sombrio dictador y del medio ambient en
que se desarrollaron su poder y su sistema.
Hablaba, poco tiempo hace, el quo estas lineas describe, con uno
de los hombres que mis y con mis fruto se hayan dedicado en esta
6poca al studio de la Historia Americana, el senior don Clemente
Frejeiro, cuya calidad de uruguayo, y por consiguiente de extran-
jero, ya que hay una nacionalidad en cada margen del rio, no
obsta A que desempeile el puesto do catedrAtico del ramo en el
Colegio Nacional de Buenos Aires, que aprovecha su grande erudi-
cion y su talent alejados como tantos otros de la patria natal por
la adversidad de sus dias presents. No hay tal vez libro relative
A la historic del continent que nuestro ilustrado compatriota no
conozca, y refiri6ndose A los vacios de que adolece arin esta li-
teratura y A las hermosas ompresas que en el campo de ella podrian
acometerse, indicaba como una do las mas seductoras 6 interesan-
tes la do un cuadro complete del movimiento de la emancipacion
del nrevo mundo que presentase relacionados entire si todos los
hechos, todas las aspiraciones y todos los esfuerzos que le dieron
origen 6 impulsion, tenacidad y 6xito en ambos hemisferios. Las
figures de Washington y Franklin, de Bolivar y San Martin, re-
saltarian con sus nobles 6 arrogantes proporciones en medie de esta
gigantesca epopeya, reseoia y canto de la.s mas puras abnegaciones,
del mAs inclito heroismo, de la mis gloriosa causa y del mis fe-
cundo triunfo a que haya asistido la humanidad despues del cris-
tianismo y del descubrimiento de la America.
Leyendo la obra de don Di6genes Decoud viene A la imagination
aquella idea del senior Frejoiro, porque en ella se encuentra todo
lo que le seria esencial, si bien es cierto que cabe la variacion
acerea de su criterio filos6fico, politico 6 de su forma literaria
6 su gusto po6tico, permitase esta 111tima consideration que no es
incompatible con la historic, como no lo os la belleza con la verdad.
Desde luego, sin embargo, hay on (< La Atlantida) un prop6sito
mis vasto, ya que no so contrao al period de la revolution,
- lo que no permit hallar on ella la amplitud do desarrollo qne






EL LIBRO DE DON DIOGENES DEOUD


este solo objetivo obtendria en una obra que le estuviese exclusi-
vamente dedicada.
El autor lo estudia todo al trazar la historic a grande rasgos,
-llamando en su auxilio las conclusions 6 las hip6tesis de las
ciencias modernas, asi como los datos, la investigation y las opi-
niones de los historiadores y los pensadores que se han ocupado
de las materials relacionadas con los asuntos do su libro.
No ha revuelto los archives oficiales, ni trae, por consiguiente
un document nuevo para el esclarecimiento de problema alguno
hist6rico.
Saca su historic de las histories anteriores, pero la expono con
un espfritu eritico que le es propio, prescindiendo de lo quo con-
sidera falso 6 no comprobado, eligiendo en la contradiction la ver-
sion y el testimonio mis autorizados, y pronunciando su juicio
personal con la independencia que debe siempre mantener el histo-
riador.
Asi se decide a su obra, y asi la realize. Asi traza el cuadro de
los levantamientos terrdqueos en quo surge el continent con sus
cadenas de montaiias, con sus grutas, y sus hondos valles, y sus ex-
tensos rios. Asi pide A la paleontologia la relacion de los animals
do species extinguidas y su sucesiva aparicion en las selvas, en
las pampas, y en las cavernas, asi toma de la antropologia la
teoria polig6nica que le d6 el hombre aut6ctono americano, sur-
gido a la vida en la 6poca terciaria; asf reproduce los cuadros
de la horda, do la tribu, del pueblo, errantes de clima en clima, 6
fijando sus cabanas y levantando curiosas y admirables construe-
ciones que la mano del tiempo no ha hecho desaparecer todavia en
uno y otro lado del Ecuador, y fundando los grandes imperios de
la civilization de los Toltecas en el Norte y de los Incas en el Sud;
- y asi pasan ante los ojos del lector las grandes guerras do la
conquista, y las instituciones del coloniaje, y la revolution de la
independencia.
Copiar A la ventura una teoria cientifica y una narracion hist6-
rica, y ailn compendiarlas, puede ser obra de una inteligencia vul-
gar. Pero tratar todas las cuestiones do la historic americana con
un juicio propio y elevado acerca de cada una de ellas, trazar cua-
dros llenos do colorido pintando las escenas de la vida de los pue-
blos que habitaron todo el continent, con sus diferentes costumbres
cada uno, mostrarlos luego en sus luchas y en las luchas que so-
brevinieron a la conquista y al coloniaje, y A la emancipacion, y







72 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

realizar todo esto en un libro cuya lectura no se abandon una vez
empezada antes de llegar A su t6rmino, es dar prueba inequivoca
de talent select y de meritoria dedication i este g6nero de estu-
dios.
Las inteligencias que tienen tales manifestaciones son poco nu-
merosas. Su aparicion no se espera cada instance, y cuando se
produce de pronto, sin trabajos preliminares que la hayan anuncia-
do, como acontece en el caso de este j6ven Decoud, que present
< La Atl&ntida >) bajo el caricter de un primer ensayo, la impre-
sion natural es de sorpresa y de favorable augurios.
Hay coincidencias que no pueden ser hijas del capricho.
Una carta de Montevideo que se cruza en el rio con un diario
de Buenos Aires, y que Ileva una palabra igual a la que 6ste trae
sobre asunto A cuyo respect no ha podido haber acuerdo ni cam-
bio pr6vio de ideas, tiene la presuncion del acierto en el juicio que
la ha dictado.
La palabra debe ser exacta; y como lo dijo el ilustre escritor de
La Nacion bonaerense, y lo decia la aludida carta, < La Atlin-
< tida > no es una iniciacion, sino una revelacion de un talent po-
< deroso con alas robustas formadas para trasponer distancias y
< para remontar el vuelo sobre las mis altas cumbres de los hu-
c manos ideales. >
(Continuard).












Er6tica


POR DAFNIS


4 Duermes Lesbia, mi bien, mientras yo muero,
Victima de mi amor y tu hermosura ?-
Mientras yo desespero
; Oh, Lesbia, casta y pura!
En la noche callada
En que la luna, espl6ndida ilumina
La suntuosa morada
En que habitan los astros tembladores,
Tu cabeza graciosa se reclina,
Y se apagan tus ojos quemadores,
Y bajo tu ondulante cabellera
El angel de los sueieos
Sus alas desplegando
Del corazon los golpes acelera! -
Mientras que yo, Ilorando,
Te pido una mirada, una tan s6lo -
Que aumente el fuego cruel que me devora,
Td, grave, indiferente,
Helada como el polo,
Te olvidas de mi amor. D. Dme traidora,
Ingrata y fementida,
La muerte mAs cruel, que dulce fuera
Perder por ti la vida,
Y nunoa despreciado asi me viera.

Oye, Lesbia, mi llanto
Que en sus alas to lleva el raudo viento. .
Eco field de mi pena y mi quebranto,
Ahogar mi voz en sus sollozos siento !
Siento un dolor horrible,
Aqui en el corazon, que me avasalla. .






74 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

Es la passion que dentro el pecho mfo
Con tu eterno desden, Lesbia, batalla!
I Oh, cesa en tu desvio !
i Oh, cesa de olvidar que yo te quiero!
; Es tu mirada para mi, la vida!
1 Sin la luz de tus ojos, yo me muero!

Lesbia j no me responded?
g Acaso no te ablandan
Mi dolor y mi pena ?
g Eres inconmovible cual la roca,
Y mas cruel que embravecida hiena ?

I Oh! Lesbia, si tu boca
Me dijera temblando, lo que ansfo,
i C6mo con Ansia loca
Te estrechara en mis brazos
Y pagara tu amor, dulce bien mifo!
i C6mo fuera feliz ; C6mo dichoso
En tus labios mAs rojos que la grana,
En tu pirpado hermoso,
En tu rostro mas fresco que temprana
Flor, que despierta de la noche al llanto,
Mi ardor saciara en mAgico embeleso,
Tu hermosura y tu encanto
Sellando con un beso!
; C6mo mi corazon, bien junto al tuyo,
Anhelante y feliz palpitaria!
En su ritmo callado y silencioso,
I Cuantas cosas secrets te diria!
i C6mo a amar te ensefiara
Lesbia cruel, que olvidas mis dolores,
Y en brazos de los suefios te remontas
A otro mundo de luces y colors!

iDime tus brazos, Lesbia!
I Ven A morir de amor entire los mios I
Un beso, uno tan s6lo,
De tu boca candente,
El dolor borrari de tus desvios,
Y cambiarA mi sangre en lava hirviente!












C elebridades contemporAneas


POR DON LUIS D. DESTEFFAMIS

V


VICTOR HUGO

( Continuacion)


En 1827, VicToR HUGO public el drama Cromwell, en cuyo fa-
moso prefacio enarbola el pendon del romanticismo y declara abier-
tamente la guerra i los clasicos. Esta declaracion, seguida, por una
series de ailos, de tantas producciones, es la que le vale el titulo de
jefe de la escuela romintica en Francia, si bien Chateaubriand, la
se-iora de Stall, Lamartine y de Vigny le hayan precedido y el au-
tor de Atala y el del Lago hubiesen podido contrastarle ese pues-
to; pero soilando ellos los laureles diplomiticos, menospreciaron -
6 mejor dicho descuidaron los literarios, cediendo A Hugo ese
puesto de honor, que 61 ha sabido conservar hasta su hora pos-
trera y que la historic literaria le confirmara.
Cromwell no era representable (1); Hugo escribi6 para ol tea-
tro Marion Delorme, que la censura impidi6 se representase. Re-
present6se en cambio el 26 de Febrero (aniversario del poeta) de
1830, el drama Hernani: fu6 una function c6lebre en los fastos
teatrales: grit6se en ella Muera Racine! (quien, por dicha suya,
hallAbase sepultado hacia casi siglo y medio); pero sus partida-
rios, apaleados por los romdnticos, tuvieron que abandonar el tea-

( 1) En efecto, no lo ha sido hasta ahora. Meses ha se dijo que Victor Hugo
habia arreglado para el teatro esta production de su juventud, pero muri6 sin
presentar su arreglo al (Comite de lectura del Teatro Frances. Si la noticia
es cierta, debe esperarse que los herederos del poeta trataratn de hacerlo repre-
sentar cuanto antes; si es que el autor que parece haber prolijamente indi-
cado en su testamento el 6rden y la epoca en que delen publicarse sus ma-
nuscritos-no dispuso otra cosa respect de su nuevo Cromwnuell.






76 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


tro (1 ). A Hernani siguieron, en el curso de tree aflos, El Rey
ae divierte, Angelo, Lucrecia Borgia, Maria Tudor, los Bur-
gravios, dramas, y La Esmeralda, libreto de 6pera, puesto en mi-
sica por la seiiorita Bertin. Torquemada, principiado en aquella
6poca, fu6 abandonado y no ha sido continuado, concluido y pu-
blicado sino en estos 1ltimos aios (2).
A los dramas ibanse alternando varias colecciones de versos:
Las Orientales, Las Hojas de Otono, Los Cantos del Cre-
pisculo, Las Voces Interiores y Los Rayos y las Sombras.
La famosa novela Nuestra Senora de Paris, el admirable es-
tudio psicol6gico El ultimo dia de un condenado d muerte,
El Viaje por el Rhin, y otros trabajos, pertenecen A ese period
de extraordinaria fecundidad literaria. El jefe de los rominticos
les daba el ejemplo de la actividad y del valor. Cada trabajo suyo
era una punzante respuesta 6 un reto osado a la critica que, como
se vera en la uiltima parte de este studio, no aceptaba sin discu-
tir las ideas del Maestro.
En 1841, la Academia Francesa, que le habia reechazado antes
dos veces (3), acogialo en el numero de sus cuarenta inmortales.
Todo era entonces felicidad para Victor Hugo.
La revolution de 1830 habiale, es verdad, suprimido la pension


(1 ) Los cldsicos buscaron la revancha pidiendo al rey CArlos X la 6rden de
retirar Hernani de las tablas. El monarca, mis sesudo en Febrero de lo que se
mostrara despues en Julio rehushndose a suprimir las impopulares Ordenan-
zas que le costaron el trono, neg6 la prohibicion pedida, desentendidndose del
asunto. Es conocida su frase: Messieurs, en matiere de thdetre, ma place est
au parterre.
(2) Anunci6se tambien una comedia, La Abuela ( I La Grande-MWre ), pero
no se public; parece que entire los manuscritos hay, ademas de dsta, otras
producciones teatrales.
(3 ) Prefiri6 la segunda vez A un mddico Dupaty. La noche de la election, date
dej6 en casa de Hugo segun Mirecourt su tarjeta, con este cuarteto :

Avant vous je monte d l'autel;
Cela ne doit pas vous surprendre;
Ddjd vous etes immortel
Et vous avez le temps d'attendre.

Es chistoso, pero la preferencia no hacia honor A la actitud de la Academia.
Esta, por lo demAs, ha cometido muchisimas injusticias ; baste decir que Mo-
li6re, B1ranger, Lamennais, Michelet, no fueron de su nimero; al paso que lo
han sido individuos que no tenian ningun titulo literario: la Academia Fran-
cesa hace muy amenudo political y camorra. Quien quisiese cerciorarse de ello
y leer un capitulo curioso de la historic literaria, consulate el donoso libro de
Arsenio Houssaye, titulado: Historia del 41 o sillon.







CELEBRIDADES CONTEMPORINEAS 77


que recibia de los Borbones, pero abri6 en cambio su alma al li-
beralismo, en el cual ver6mosle recorrer una luminosa march as-
cendente: el poeta de palacio se volvera el poeta de la nation; el
cantor del desgraciado Duque de Bordeaux se volverA el bardo de
la humanidad. i Qu6 transformation inmensa !
Por otra part, la pension ya no le hacia falta: a su fecundi-
dad en producer correspondia la avidez del pdblico en conocer sus
obras ; las ediciones ibanse sueediendo y multiplicando. Victor Hugo
tenia, en su esplkndida morada de la Plaza Real, amueblada con el
lujo de un gran senior y el gusto de un artist, una verdadera c6rte
literaria: Alejandro Dumas (padre), M6ry, Gautier, Deschamp, Al-
fredo de Musset, Sainte-Beuve; toda, en suma, la pl6yade roman-
tica, le hacia cortejo, pendia diariamente de sus labios (1); 6 iban

( 1 ) Arsenio Houssaye, en sus picantes Confesiones, recientemente publica-
das, nos cuenta asi su presentation A Victor Hugo :
SCuando Te6filo Gautier me condujo a casa de Victor Hugo, era el Victor
Hugo de la plaza Real, un rey que tenia una c6rte.
Pero el hombre me pareci6 tan grande, que no vi alrededor suyo mas que
pigmeos, incluso a Teo mismo (Gautier), que se liumillaba delante del Sol. Mi
presentation fuN casi c6mica, porque Teo, que afectaba una fraseologia personal,
no decia nada como otro: Oh gran Victor Hugo, yo os present un poeta amigo
nuestro, que es del pais de Juan Racine, pero se lo debemos perdonar.*- iAh!
- dijo Victor Hugo Si Juan Racine no hubiese hecho tragedies, i qu6 grande
hombre habria sido para la Francia! por cuanto 61 tambien envolviase en el
manto de los dioses.
SYo no sabia qu6 decirme. Hubiese querido defender a mi compatriota, a
pesar de sus tragedies; pero prefer, A fin de que no me echasen A la puerta, a
fuer de sobrado campechano, hablar de otro paisano mio: Juan de La Fontaine.
por sus cuentos, no por sus fabulas, porque si sus cuentos son de un poeta del
siglo ddcimosexto, sus fhbulas son de un Sancho Panza a caballo del senior de la
Palisse .( como quien dijese de Pero Grullo ). Yo no creia una palabra de lo
que decia Victor Hugo, ni 61 tampoco, pero drale necesario divertir A su audi-
torio. Ademas, i la discipline de la Escuela! -- Ves, deciame Ourliac, Victor
Hugo no sabe juzgar bien mas que a si mismo, dandose el primer puesto. >
- Tenia razon. Es la historic de todos los jefes de imperio: imperio literario,
imperio politico. Si no se sientan en el trono con orgullo, permiten que otro
se tome la corona. Victor Hugo, j6ven, como Napoleon en su gloria, pasaba ya
de su consulado A su imperio, despues de sus victorias y conquistas de la es-
cena.
< Yo hall que el gran poeta estaba alojado como un principle ; pero hice no-
tar a Teo que se cenaba muy poco en su casa. Apenas si se servia una taza de
tta los privilegiados. Era necesario ir alli todo espiritu, dejando su est6mago en
la antesala. Su salon era el p6rtico done uno se consideraba dichoso do comer
un higo y beber un vaso de agua. Pero Victor Hugo tom6 su revancha, y hace
muchos anos que tiene mesa libre todos los dias del aio con superabundancia
de corazon y de asado. Pobres poetas! no les condenan a alimentar solamente
los espiritus. ( ARSNE HOUSSkYE, Les Confessions. Paris, E. Dentu, 1885. -
Tomo I, pAg, 252 a 254.)







78 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


alli A menudo tambien, hu6spedes reverenciados, Chateaubriand, B6-
ranger, Lamonnais, Jorge Sand, Emilio de Girardin y su sefiora
(la bella Delfina Gay, apellidada la decimal musa), Balzac y el
veleidoso Enrique Heine, quien, segun el humour del moment, sa-
ludaba en el 6mulo al mas grande lfrico francs 6 ajustaba contra
61 los dardos tremendous de la sAtira mas spiritual y mordaz que
nuestro siglo haya debido admirar. En los primeros afios, frecuen-
taba ]a casa de Hugo un j6ven critic, que debia ser mas tarde su
mis rigido y aborrecido Aristarco: aludimos A Gustavo Plan-
che (1).
El rey Luis Felipe, de quien Victor Hugo trazaba mas tarde, en
Los Miserables, un carifioso retrato, recibia familiarmente al poeta,
llevando la deferencia para con 61 despues de haberse entrete-
nido conversando hasta altas horas de la noche A alumbrarle,
acompafiAndolo hasta el dintel de su aposento. Di6se ademas oca-
sion de lucir dignamente sus dotes oratorias elevAndolo A la cate-
goria de Par de Francia.
Victor Hugo, que gustaba de figurar, y, quizAs para no ser m6-
nos que Chateaubriand y Lamartine, ambicionaba, no satisfecho
con los po6ticos, los laurels diplomdticos, se mostr6 radiant de gozo
por aquella distinction. Pronunci6 en la CAmara de los Pares importan-
tes discursos que, A part de la belleza de la forma, prueban ade-


Y mns abajo ( pig. 260 ):
Victor Hugo en la vida intima, descendido del Olimpo, es un companiero
alegre, que siembra ai manos llenas las ideas y la chispa, corriendo los mun-
dos conocidos y los desconocidos, alternativamente creyente y burlon...-- Pero
tranquilizaos, Victor Hugo no predica : deja eso para los que no tienen nada
que decir. >
Houssaye terminal su primer capitulo sobre Hugo refiriendo una aventura
picante, que justifica lo que se ha dicho por ahi sobre lo enamorado que era
el gran poeta.
Nosotros daremos A conocer mas detalladamente las interesantes Confesiones
de Houssaye, terminada que sea la publication.
(1 ) Mirecourt, en su biografia de Planche (la 56 de sus Contemporains, en la
1.a edicion) pretend que este fud despedido de la casa de Hugo por haberse
atrevido h dirigir requiebros h la esposa del poeta y que so veng6 ruinmente
censurando con safia implacable las producciones hugonianas. Mirecourt, si no
inventa, calumnia. Las critics de Planclie son several, pedantescas a veces,
pero sinceras y no todas ellas son inaceptables. El pobre Planche no odiaba it
Victor Hugo, ni desconocia su genio ; hablando de la poesia Le Revenant,
inserta en Les Contemplations, dice que ella vivira mientras se hable la lengua
francesa. Un enemigo no hace tales elogios. Hugo, susceptible 6 irascible,
como casi todos los poetas, no perdoun nunca h Planche, y 25 ailos aun despues
do la muerte del critic de la Revue des deucx mondes, le fustigaba con saiia
implacable en Les quatre vents de l'Esprit.







CELEBRIDADES CONTEMPORINEAS 79


mis sus indisputables aptitudes para tratar grande cuestiones de
interns piblico y justifican plenamente Bus pretensiones a represen-
tar un rol politico en su pais.
Pero lay! no en vano habfa dicho 61 mismo, en su Lucrecia
Borgia, que c el gozo de los humans es un humo pasajero El
afio 1843 hiri6le una dosgracia horrible: su hija mayor, Leo-
poldina, casada hacia pocos meses con CArlos Vacquerie, que iba con
61 en bote, de paseo, ahogAbase, cerca de Villequier, juntamente
con su esposo, quien, no habiendo logrado salvarla, quiso perecer
con ella. El desconsolado padre desahog6 en los versos inmortales
de Las Contemplaciones su inmenso dolor.
Estallada la revolution do 1848, cumpliendo Victor Hugo su evo-
lucion political, volvi6se en la Asamblea Nacional sostenedor elo-
cuente de la Republica y combati6 en6rgicamente el planteamiento
del segundo imperio Napole6nico (1). Esta oposicion le vali6 el
destierro : se estableci6 primero en B61gica, despues en Jersey (In-
glaterra) y de Jersey pas6 A Guernesey, donde fij6 su residencia,
en la localidad llamada Hauteville House ( 2) : es alli donde aca-
b6 Los Miserables, Los trabajadores del mar, y El hombre
que rie (traducido al espafiol con el titulo: De drden del
Rey); alli es donde dirigidronse hicia el ilustre desterrado, por
casi veinte afios, las miradas de admiracion y de carilo .de la Fran-
cia y de todos los cultores de las letras y amantes de la libertad;
es alli donde compuso las primeras parties de La leyenda de los
siglos; pero es alli tambien do su corazon recibi6 una grave he-
rida: su hija menor, su amada Adela, contrariando la voluntad de
sus padres, separ6se de ellos para unir su suerte A la de un joven
ingl6s que la abandon poco despues en tierra lejana: la infortu-
nada no supo resistir y volvi6se loca: llevada k una casa de
salud, cerca de Paris, fueron vanos los auxilios de la ciencia, y la
uinica sobreviviente de los hijos del poeta, la que hubiese debido
cerrar sus ojos, ignora su muerto: esa muerte que ha conmovido


( 1 ) Los bonapartistas han hecho correr la especie de que Victor Hugo se vol-
vi6 enemigo de Luis Napoleon porque este le rehus6 una carter ministerial,
que, a creerles, el poeta habia codiciado. Los principles discursos de Victor
Hugo, como Par de Francia y Representante del Pueblo Franc4s, se encuentran
en la primera parte de Actes et Paroles, titulada: Avant 'drexl.
( 2 ) Quien fuere curioso de conocer los pormenores acerca de esta ya hist6rica
vivienda, puede consultar el libro Chez Victor Hugo par UN PASSANT, avec
12 eaux-fortes, par 1M. MAXIME LALANNE.-Paris, Cadart et Luquet, 6diteur s
1864.








80 AlTALES DEL ATEHEO DEL URUGUAT


al orbe entero (1);-y alli tambien, en 1868, muri6 su amada
consorte, cuyos despojos fueron trasladados A tierra francesa, A
Villequier, al lado de los de au hija Leopoldina y del amante es-
poso de 6sta.

( Continuard.)













(1) Los bi6grafos de Victor Hugo pasan como sobre ascuas sobre el desgra-
ciado episodio del enloquecimiento de su hija Adela; de manera que es poco
conocido y tiene uno que atenerse a los diceres de los diarios.-Traduzco aqui
lo que a ese respect transcribe el diario L'Italia, de Montevideo, en su nfimero
del 28 del corriente (Julio de 1885): LA HIJA DE ViCToR HUGO-El Sun aseguraba
que la hija de Victor Hugo, Adela, hallabase en un manicomio de New-York, y
esta noticia d sensation di6 la vuelta por los diaries.
4 Ahora bien: esta noticia es completamente falsa.
K La sefiora Adela Hugo naci6 en 1832, y a los 40 afios, en 1872, ha sido ence-
rrada como loca en la gran casa de salud de Saint-Mandd, dirigida por la seflora
Rivet.
1 Hd aqui la circunstancia en la cual se enloqueci6:
< Mientras Victor Hugo hallabase desterrado en Guernesey, ella se enamor6
de un official ingl6s ; cas6se con 61 contra la voluntad de su padre, y con 61
parti6 para las Indias. Mucho tiempo despues volvi6 ella a casa de su padre
acompafiada de una negra que se le habia aficionado, pero volvi6 privada ente-
ramente de la razon.
Su padre tomaba todas las semanas el dmnibus y se iba a Saint-Mandd &
visitarla, y, a pedar de su demencia, la hija no dejaba nunca de conocer A su
padre. SentAbase sobre sus rodillas y le rogaba que la llevara consigo, pero
juntamente con todas sus compafieras.
La sefiora Rivet no ha creido deberle anunciar la enfermedad de su padre,
y, A m6nos de no recibir 6rdenes terminates, que no es probable se le den, no
le anunciara tampoco su muerte.
4 Cuando la sefiora Hugo pregunte por qud su padre no va A visitarla, la
sefiora Rivet le contestara: bien sabe usted que ha venido ayer ; pero, ocupado
como lo esta, no puede hacer el mismo viaje todos los dias.
c Y la infeliz tiene su razon tan fuera de juicio, que creera todo lo que se le
dd a entender. *
Es de observarse que en las relaciones de los l1timos dias de Victor Hugo no
se le hace pronunciar una palabra de recuerdo para su desgraciada hija ; -
parece, empero, que, uniformandose tal vez a prescripciones legales, la leg6 la
mitad de su fortuna, que, sin contar dos inmuebles, se hace avaluar en cuatro
millones de francos, depositados en la casa Rotschild. La otra mitad leg6la a
sus nietos Jorge y Juana Hugo, que le asistieron en sus tiltimos moments.








ANALES DEL ATENEO

DEL URUGUAY


ANO Wi-TOMO i MONTEVIDEO, AGOSTO 5 DE 1885 N IMERO 48



Memorias de Lord Cochrane

(NAVAL SERVICES IN CHILE, PERU AND BRAZILS BY THE EARL OF DUNDONAL,
2 VOL., LONDON )

POR EL SEROR DON AMBROSIO MONTT (1860)

I

Vamos A dar cuenta al lector, no de un libro de historic 6 de
literature, sino de los recuerdos de un military ilustre, de esas rela-
ciones sencillas y sin pretensiones que tanto gusta narrar A los vie-
jos guerreros y tanto agrada escuchar A los j6venes amantes de la
gloria. No espere el lector descripciones pomposas, observaciones
profundas, frases elegantes ni brillo 6 aparato literario. Lord Co-
chrane no es un autor, ni es un acad6mico; es much mAs que eso :
es el marino intr6pido y afortunado de Aix-Roads, de Valdivia,
de la Esmeralda, de Bahia y de Grecia, fundador de imperio,
reino y repfiblicas.
Con frecuencia oimos A los hombres de imaginacion lamentarse
del positivismo de estos tiempos y echar m6nos las audaces empre-
sas, las extraordinarias aventuras de la edad media. La material,
dicen, march hoy en ferro-carril, corre, vuela, pero las almas andan
muy despacio y los espiritus parecen como pegados i la superficie
de la tierra. Tal es, en verdad, el carActer de la 6poca. Pero
g cuando se han visto hombres mAs audaces y emprendedores que
en este siglo XIX ? a Qu6 historic de la edad media puede compa-
rarse A la historic del medio siglo corrido en material de revolucio-
nes prodigiosas, de elevaciones y caidas, de sucesos inesperados, de
trastornos maravillosos ? A principios del siglo hemos visto A un
soldado empufiar el cetro de Luis XIV, y A sus tenientes, hijos
TOMO IX 6






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


todos del pueblo, ocupar los mis hermosos [tronos de Europa.
Despues, nos ha asombrado la elevacion de los talents plebeyos y
la caida de los titulos y grandezas aristocrkticas. La Francia y la
Espaifa han sido gobernadas, durante todo cl siglo, por el genio
y la espada de los plebeyos. En 1822 tres poetas, Canning, Cha-
teaubriand y Martiriez de la Rosa, llevan el timon de los negocios
de gobierno. En 1848, Kossuth y Lamartine fijan las miradas de
la Europa at6nita y revolucionada. Estos hombres de idilios y dis-
cursos echan fuera y se sustituyen a los Metternich y a los Guizot.
Y por fin, ha venido A eclipsar A todos un hombre cuya vida es
un cuento maravilloso, A cuyo lado parecen frias y lInguidas las
figures de los cruzados, un hombre que ha sido sucesivamente ofi-
cial en Suiza, gendarme en L6ndres, conspirador en Bolofia y Es-
trasburgo, proscrito en Am6rica, prisionero en Ham, diputado en 48,
president despues, luego emperador, luego vencedor de Sebasto-
*pol, luego conquistador de Italia, y ahora nada menos que el arbitro
de la Europa. En verdad, es preciso ir 6 los tiempos her6icos, A
la mitologia misma, si queremos hallar hombres y hechos mis ex-
traordinarios que los de este siglo XIX, que algunos acusan de tan
vulgar, de tan median, de tan mezquino.
Lord Cochrane es sin duda uno de los heroes de la Iliada con-
temporinea. Su vida es una leyenda, un poema escrito con la punta
del sable. Desde el afio 1786, en que entr6 en el servicio con su tio
el almirante Cochrane, hasta el afio de 1854 ; tres cuartos de si-
glo! en que se ofrecia a bloquear y tomar A Cronstadt, nuestro
h6roe no ha dejado de ser un operario activo de- la gloria, un sol-
dado siempre dispuesto 4 batirse, un aliado constant de todas las
buenas y bellas causes. A los ochenta y cinco afios, viejo ya, pero
fuerte de alma y de cuerpo, deja la espada, renuncia, aunque A pe-
sar suyo, a la vida active, toma una pluma y describe las memories
de su carrera military.
No hay quiza, en todo el campo de la literature, una material
mas bella y rica que la historic de grandes hechos militares que
han dado por resultado grandes hechos politicos." Tales escritos
reunen todos los atractivos, todos los diferentes g6neros de interns.
8 Os gusta el estr6pito de las armas, los azares de la lucha, las
zozobras de un conflict indeciso, el alborozo de la victoria? Pues
ahi teneis un asalto, un combat naval. Nada hay de mas terrible
y grandiose. Combatir en el oc6ano es lo mismo que luchar en un
desfiladero, al bordo de un precipicio, de un abismo. Es preciso






MEMORIES DE LORD COCERANE 0S

tener un ojo A la vista del enemigo, y el otro A la vista del abismo.
No hay salvation y escape sino en la victoria. La muerte estA de-
lante y esta detrAs. Enfrente tennis una espada: al rededor teneis
]a soledad y el desamparo del oceano. Crece el conflict, aumenta
el interns si el soldado que combat es tambien jefe que piensa,
manda y asame la responsabilidad de la batalla, de la que depend
quizAs la gloria, la integridad, la independencia de una nation. En
semejantes ocasiones es cuando se despliegan todas las energies del
alma, todos los poderes de la inteligencia y del carActer, el valor,
el pensamiento, la combination en medio del arrojo, la cautela al
lado de la decision, la sangre fria junto con el furor del coraje.
Por esto so ha dicho que un grande hombre encierra la virtud y
la accion de muchos hombres superiores.
No es, pues, de extrafiar que nos interesen tanto las relaciones
que de sus campailas nos hacen los capitanes eminentes. a C6mo
podria presentar el mismo atractivo la pluma del historiador ? En
la historic leemos las batallas: en las memories las vemos, las pre-
senciamos, asistimos en cierto modo al combat y como que oimos
el estiuendo y la algazara de los guerreros. Por mAs grande que
sea el poder del arte, nunca llega A tomar el color local, la verdad,
la realidad de las cosas. Siempre se deja ver, por aquf 6 por alia,
donde menos so lo imagine el historiador, la frase academica, la
pintura, el barniz, mil adornos extrafios A la several y hermosa
sencillez de la verdad. Ved, por ejemplo, un gran artist y un
gran capitan, Thiers y Federico. El Roey de Prusia no posee ni el
brillo, ni la elegancia, ni el colorido del historiador franc6s. Por el
contrario, su relacion abunda en detalles, en t6rminos t6cnicos, en
repeticiones fastidiosas. Pero llega el moment del combat, y ya
no veis al escritor ni al literate: entonces s61lo aparece, viva y como
andando, la figure del soldado, del capitan, .del vencedor de Ros-
bach. Nos asociamos A sus zozobras, A sus esperanzas, a sus re-
veses, A sus victorias. Thiers pinta y describe: Federico represent
el drama mismo de ]a guerra. El historiador francs nos hace leer :
el h6roe prusiano nos hace ver: el uno hace de la historic un li-
bro; el otro hace de la historic un teatro con todos sus caract6-
res, su accion, su vida, su movimiento.
Si la historic no fuera mas que la relacion de las batallas y de
los campamentos, diriamos A los literates y A los sabios : haced
libros de jurisprudencia, de political: haced poemas y dramas : no
escribais la historic. UJn soldado, no decimos Jenofoite, Cesar 6






84 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

Napoleon, un soldado cualquiera, Bernal Diaz del Castillo, por
ejemplo, la describe mejor que un acad6mico de Sorbona. Pero
las batallas no son la historic, sino el drama de la historic. Es
precise explicar los sucesos, sondear los planes de los politicos,
pedir A los hechos su razon, :i los efectos sus causes, A las pala-
bras su sentido, al pensamiento su verdad. Y esto no lo hace el
sable: lo hace la pluma; no lo comprende el military : lo comprende
el fil6sofo, el pensador.
Asi que tuvimos noticia de las < Memorias de Lord Cochrane >,
nos lisonje6 la esperanza de leer un verdadero poema military, una
leyenda que tiene per teatro el oc6ano. i Qu6 vida, la del marine
ingl6s! En 1797, siendo capitan del Queen Charlotte, barco d6bil
y median, recobra una presa del enemigo, y pone en fuga A dos
buques mayors. En 1801, siendo comandante del Speedy, de 14
caiones, se bate y toma el Gamo, fragata espaiiola de 32 cafio-
nes y de mAs de 300 hombres de tripulacion. Poco despues ataca
una flota espaiiola, destruye algunos buques y apresa otros, con su
Speedy y otro bajel de igual poder.
Ya 6sta y otras proezas habian dado al nombre de Cochrane
una celebridad que pasaba los lindes de la Gran Bretajia. En 1809
el almirantazgo le oncarga la dificil empresa do tomar 6 destruir la
flota francesa refugiada en las aguas de Rochefort. El Almirante
Gambier manda en jefe; pero Lord Cochrane es quien combine y
lleva a cabo esa audaz expedition. De once navies que mandaba
el almirante francs Allemand, perdi6 cuatro, consumidos por el
fuego de los brulotes ingleses. e El resultado mis positive de esta
expedition, dice Thiers (Consulado e Imperio, tomo 11, pagina 146),
fu6 el de intimidar profundamente todas nuestras flotas surtas en
las radas, y una especie de desarreglo de espiritu en la mayor parte
de nuestros jefes de escuadra, que donde quiera voean brulotes 6
imaginaban, para librarse de ellos, las mAs singulares precauciones.
El ministry Decr6s, A pesar de sus raras luces, no se vi6 exento
de esta fuerte emocion. En efecto, la audacia de la empresa
y la terrible sangre fria de la ejecucion eran para atemorizar A mis
esforzados marines que los franceses del Imperio, abatidos per in-
finitos reveses. La expedition de Rochefort s6lo puede compararse
A la que con tanto 6xito llev6 A cabo Belisario, en el siglo V, contra
la armada de los vAndalos en las aguas de Cartago. Thiers olvida
sin duda ese memorable aconteecimiento, cuando afirma que la em-
presa de Rochefort ; no tiene ejemplo en la historic. >






MEMORIES DE LORD COOCHRANE


La paz de 1814 y una ruidosa causa, que tuvo lugar en la misma
6poca, interrumpieron la carrera military do Lord Cochrane. En una
gaceta de L6ndres hemos visto, no ha much, el juicio critico de
una obra en que el ilustre marino so justifica de las imputaciones
que le hicieron sus enemigos. El libro, titulado Autobiography of
a seaman, no ha Ilegado ain at nuestro poder y no podemos decir
si Lord Cochrane es tan hibil abogado como intr6pido military.
Pero si podemos afirmar que Lord Cochrane ha sido mis culpado
que culpable, mis perseguido por la passion que por la justicia y
la ley. Lo mismo que le ha hecho tan grande en la guerra, es lo
que le ha suscitado tantas enemistades y rencores en el comercio de
la vida. Lord Cochrane es siempre intr6pido, arrojado, temerario.
Sea que se halle A bordo y en presencia del enemigo, sea que deli-
bere en el gabinete al lado de sus iguales, tanto en los consejos
como en los combates, el marino aparece con todo el vigor y la so-
berbia de su carActer. En Rochefort, por ejemplo, se bate con los
franceses: quema sus buques, infunde espanto 4 los mis bravos;
y luego, cuando acab6 esa batalla de fuego, se pone en lucha, de
palabras y reecriminaciones, con su propio jefe el Almirante Gam-
bier. Miembro del parlamento, vota por la oposicion, aunque mi-
litar y servidor del gobierno. Una naturaleza tan ind6mita y apa-
sionada rara vez halla juices: siempre encuentra enomigos. Asi fu6
que, acusado ante los tribunales, no tuvo la simpatia de los magis-
trados ni el favor del ministerio. El pueblo, el solo pueblo, que
siempre admira el arrojo y nunca olvida el heroismo, fu6 su amigo
y su consuelo en aquel desgraciado trance.
Es de sentirse que Lord Cochrane no haya escrito la parte de su
vida anterior A sus expediciones de Ambrica: de veinte afios de
combates, de aventuras, de hechos audaces, de querellas ruidosas,
de causes judiciales: veinte aiios de gloria y un dia de reveses. S6lo
61 podria dar el retrato do su alma, de sus pasiones, de su fogosa
naturaleza. Asi como hay fisonomias que se resisten al pincel y
s6lo la fotografia puede reflejar, asi tambien hay almas que no
admiten retrato de pluma ajena y cuyo facsimil reproduce el
propio estilo y la propia palabra. Lord Cochrane es de aquellos
hombres que ponen su corazon en sus escritos: de ahi provienen
sus defects y sus cualidades. Hay en su relacion mis verdad que
arte, mas passion que prudencia, mis calor que estilo, mas energia
que 6rden y m6todo.
Aunque las (< Memorias de Lord Cochrane s empiezan, como aca-






86 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

bamos de decirlo, por las expediciones de Chile, Perd y Brasil, he-
mos creido convenient hablar un poco de la vida y hechos ante-
riores del author. El marino ingl6s trajo a Chile, su nueva patria,
come la llam6 un dia, no s6lo su espada, sino su gloria; y esta
gloria, tanto come esa espada, fueron las quo conquistaron a Val-
divia, tomaron ]a Esmeralda y dieron A Chile el dominion del Pa-
cifico.
Por ahora nos hemos ocupado en conocer el carActer del escritor
y el caricter del personaje. En otro articulo emprenderemos el jui-
cio de la obra- y el exAmen de los hechos tan importantes que re-
fiere. Vais A ver el mismo hombre en otro teatro: audaz, intr6pido,
soberbio, A veces apasionado hasta la injusticia, A veces dominant
hasta llegar A ser desp6tico, siempre her6ico y grande en el com-
bate, no siempre d6cil y prudent en el consejo. Pero no anticipe-
mos nuestro juicio A la exposicion de los hechos.

II

PRIMERA EXPEDICION AL PERU

El 18 de Noviembre de 1818 fonde6 en Valparaiso la Rosa,
barco mercante A cuyo bordo venian Lord Cochrane y su familiar.
La ciudad so puso de gala y jolgorio. En los mastiles de-los bu-
ques, asi come en los balcones de ]as casas, flameaba el pabellon de
la patria. En la noche hubo mdsica 6 iluminaciones, fiestas con que
todos los pueblos, los mAs sencillos, come los mas cultos, celebran
los dfas faustos y de fortune pfiblica.
Esta acogida debi6 causar profunda impression en el alma de Lord
Cochrane. Todo lo vi6 entonces color de rosa, y con la rapidez de
pensamiento y de resolution que le conocemos, se determine A adop-
tar per suya la patria chilena. < Esta decision, dice, no fu6 al fin
sino una nueva prueba del proverbio: c el hombre propone y Dios
dispone. v Y Dios dispuso bien, much mejor de lo quo el hombre
propuso. Si Lord Cochrane se hubiese hecho chileno, acaso habria
pasado el resto de su vida, posterior A la expedicion del Perut, en
la muelle ociosidad de la capital, en la oscura situation de un ha-
cendado, talvez, y esto es peor, habria comprometido su gloria y
su repose en las luchas civiles. Dios dispuso que Lord Cochrane
prestase su auxilio A la causa tan just de la independencia del
Brasil y A la todavia mas bella y gloriosa causa de la libertad de






MEMORIES DE LORD COOCHRANE 87

la Grecia. Despues de la guerra de la independencia, Lord Co-
chrane habria sido en Chile un tesoro improductivo, un pode-
roso bajel varado, un ponton desarmado 6 inm6vil. La espada del
marino ingl6s era tan active como gloriosa. Vais a ver lo que hizo
en el poco tiempo que la prest6 A Chile.
A la llegada do Lord Cochrane el territorio entero de Chile, salvo
s6lo Valdivia y las islas de Chilo6, se hallaba bajo el gobierno de la
repidblica. Chacabuco habia puesto fin al regimen de Marc6: Maipu
acab6 con el ej6rcito de Osorio. La primera de estas batallas des-
truy6 el gobierno del rey: la segunda aniquil6 las fuerzas de la
metr6poli. Pero faltaba todavia much por hacer. { Podiamos des-
cansar sobre nuestros laureles habiendo en Lima, a cuatro pass
de nosotros, un ej6rcito poderoso, una eseuadra, inmensos almace-
nes de guerra, millones de pesos, todo en amenaza nuestra ? La gue-
rra no habia terminado: de la defense era precise pasar al ataque;
era necesario buscar al enemigo en Valdivia, en Chilo6, en Lima,
donde quiera que tuviese una fortaleza, un almacen de recursos, un
tesoro, un amparo, un centro de actividad y de operaciones. Esta
nueva lucha demandaba un marino intr6pido y hasta temerario.
Chile no tenia buques, ni mariners, ni constructores, ni tesoro.
Para batir a los espaiioles no habia otros elements quo sus mis-
mos barcos y sus recursos, que habiamos de tomar uno A uno, por
sorpresa, 6 como se pudiese. Lord Cochrane era el hombre llamado
a realizar tan atrevida empresa.
Sin embargo, cuando el ilustre marino ingl6s lleg6 a Chile, ya
poseiamos una escuadrilla y ya habiamos obtenido algunos triunfos.
e La escuadra chilena,. lo dice Lord Cochrane mismo, acababa
de regresar de un feliz corso, habiendo su jefe, el bravo Almirante
Blanco Encalada, capturado una soberbia fragata de 50 cafiones, la
Maria Isabel, en las aguas de Talcahuano. La escuadra constaba
de la mencionada fragata, que en adelante se llam6 la O'Higgins,
en honor del Supremo Director; el San Martin, de 56 cafiones,
antes el Cumberland, buque de la compaiiia de las Indias; el
Lautaro, de 41 cafiones; el Galvarino, de 18, que antes habia
sido la corbeta de guerra inglesa Hecate; el Chacabuco, de 20;
y el Araucano, de 16 : fuerza, agrega Lord Cochrane, que asf im-
perfecta como era en su organization y equipo, hafca much honor
A la energia de un pueblo recientemente emancipado. >
Tales fuerzas eran sin duda considerable, y lo serian hoy mis-
mo, que con infinitos recursos relatives no tenemos una escuadra






88 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

propiamente dicha. Pero no olvidemos tampoco que Espaia con-
servaba una poderosa armada en las costas del Pacifico. Ved la
que tenia en el solo puerto del Callao. Tres fragatas con 114 ca-
fiones, una de ellas la celebre Esmeralda ; cuatro bergantines con
78 cafiones; una goleta y seis buques mayores, mercantes en otro
tiempo, y ahora armados en guerra y con 140 6 150 bocas de
fuego. Esto sin contar con la poderosa artilleria de los fuertes y
el auxilio de 27 lanchas caiioneras. Agregad A esta formidable fuerza
los buques surtos en la bahia de Guayaquil, y algunos que cruza-
ban en las aguas de Chilo6 y Talcahuano : unos y otros, todos,
mejor dicho, protegidos por la linea de fuertes maritimos quo los
espaioles posefan desde PanamA hasta Valdivia. No importa: ni el Go-
bierno ni el Almirante desmayan: arman su pobre escuadra, la me-
joran, la aumentan, y el 16 de Enero de 1819, dos meses despues
de su arribo A Chile, se hace A la vela Lord Cochrane y pone la
proa A las costas del PerA.
No fuera just hablar de esta memorable expedicion, sin pagar
un digno tribute de respeto y do admiration al patri6tico despren-
dimiento del Almirante Blanco Encalada. Nos lee, lo sabemos; pero
gc6mo castigarlo por el solo hecho de vivir? g por ventura los elo-
gios no son mAs que bAlsamos para purificar A los muertos ? El
Almirante Blanco Encalada, j6ven, intr6pido, popular, doblemente
glorioso por su arrojo en las batallas do tierra y de mar, renun-
oi6, en favor de Lord Cochrane y por el bien del pafs, el mando
en jefe de la flota, mando que ejercia a su llegada y A que tantos
titulos le daba la captura de la Maria Isabel. Nos complacemos
en alabar las virtudes civicas de los militares, tanto por raras cuanto
por fitiles y dignas de imitacion. Un soldado cualquiera se bate,
here, mata y muere: solo una alma elevada renuncia las gratisimas
satisfacciones del orgullo y las mbnos gratas, pero quizA mas po-
derosas sujestiones de la rivalidad y de la emulacion. Tomando
A la Maria Isabel, Blanco Encalada di6 prueba de ser gran sol-
dado. Renunciando el mando en jefe, el ilustre marino chileno di6
prueba de ser un gran ciudadano. Suum cuique...
A mediados de Febrero la escuadra chilena se hallaba en la lati-
tud del Callao. Durante un mes entero de exploraciones y de corso
no habia encontrado ni buques de guerra que batir ni press quo
capturar. Lord Cochrane empezaba A impacientarse, y ya le parecia
que la fortune lo abandonaba y que su reputation iba A compro-
meterse. Form6 entonces el plan de sorprender los barcos surtos






MEMORIES DE LORD COCIIHEAE 89

en la bahia del Callao, sin tomar en cuenta ni su nimero, ni sus
fuerzas, ni las formidable baterfas que los protegian. Esta tentative
fu6 demasiado temeraria y no tuvo otro efecto que el de probar A
los espafioles la audacia del jefe britanico y de los marines chile-
nos. Lord Cochrane pase6 su escuadra por delante de los fuertes y
de las fragatas espafiolas, dando y recibiendo un fuego vivisimo y
como explorando A mano armada el sitio de una pr6xima y mAs
decidida lucha. A falta de una victoria, Lord Cochrane nos cuenta
un episodio hermoso y digno de citarse.
Sabeis que el ilustre marino ingl6s Ilevaba de ordinario en sus
expediciones un nifio, digno hijo de ese leon. Lord Cochrane te-
nia pues tambien su Astianax, no m6nos interesanto y mas verda-
dero que el Astianax de la Iliada. El ninio era el hijo del regimiento
de los mariners: andaba por todas parties, sobre cubierta, por el
fondo, trepaba los m6stiles y tenia la mecha al artillero que iba A
prender un cafion. Llevaba vida de marino, y vistiendo como tal,
y sintiendo A cada moment la detonacion del canyon, el intr6pido
leoncillo queria tambien batirse y hacer su papel el dia del com-
bate.
Pero el terrible papa no lo permit, y manda que dos marines
tomen en vilo a nuestro h4roe y lo encierren bajo de Hlave en la
antecamara. i Initil enearcelamiento! Una de las ventanas de los
jardines de popa queda abierta, y por ella so escapa el mal guardado
6 impaciente prisionero. Pocos momentoe despues, en lo mAs recio
del combat, ve Lord Cochrane, vestido do uniform y con aire re-
suelto y brioso, al maldito chico afanado en dar p61lvora A los ma-
rineros.
cEstando en esta ocupacion, dice el Lord, una bala rasa vuela
la cabeza de un marino que estaba junto A mi nifio, salpicando su
cara los sesos de aquel infeliz. Pero pronto recobra su seronidad
con gran consuelo mio, pues estaba paralizado de angustia cre-
yendo le hubiesen herido, y corre A encontrarme exclamando: c No
me ha herido, papa, la bala no me ha tocado. Juanillo dice que la
bala no se ha hecho para matar al nino de mama. > Mand6 quelo
llevasen A la cAmara ; pero como se resistiese con todas sus fuer-
zas, tuve al fin que permitir se quedase sobre cubierta durante el
combat. >
iQu6 raza, 6sta de Cochrane!
El heroismo del nifio, la toma de una lancha cafionera y la po-
sesion de la isla de San Lorenzo, ademas de un considerable pres-






90 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

tigio de audacia, fueron los resultados de la empresa del Callao.
En San Lorenzo hall Lord Cochrane treinta y siete soldados chi-
lenos prisioneros y cuya cautividad duraba ocho largos y duros
afios.
La armada de la Repuiblica di6 su libertad A esos desdichados.
La metr6poli ostentaba un odioso lujo de crueldad castigando
con dura prison, a veces con el uiltimo suplicio, al simple soldado
que todos los pueblos, afin los m6nos cultos, tratan con la indul-
gencia debida A la irresponsabilidad y A la pasiva obedieneia, A la
discipline de la baja milicia. No insistiremos en esta delicada ma-
teria. Ambos partidos fueron entonces implacables: ambos deben ser
ahora indulgentes y generosos.
Despues de algunas otras tentativas de poca importancia, la es-
cuadra chilena, falta ya de provisions, di6se A la vela hicia el puerto
de Huacho, donde hall buena acogida, viveres y un considerable
tesoro perteneciente a la compafiia de Filipinas. Lord Cochrane dej6
en Huacho al Almirante Blanco con el San Martin y el Puyrre-
don, y con la O'Biggins y el Galvarino se fu6 A dar caza A un
tesoro de 70,000 pesos de que luego se apoder6 en Pativilca.
Una nueva presa de 60,000 pesos, hallada A bordo del Gazette,
vino A engrosar el patrimonio de la armada y del erario de Chile.
Tales resultados eran de la mayor importancia para una flota
indigente, desprovista, y para un gobierno que se encontraba en
suma angustia y pobreza de recursos. Todo no era provecho, es
verdad: las press suscitaban cuestiones que el patriotism, cuando
era mis poderoso que la codicia, allanaba pronto; pero que la co-
dicia, A veces mas fuerte que la gloria y el patriotism, solfa
tambien complicar dividiendo 6 enemistando A gobiernos, jefes y
classes de la armada.
Reforzada la escuadra con estas press de provisions y dinero,
y con otra que hizo en Paita, cuyos fuertes tom6, apoderAndose
de una excelente artilleria de bronce, Lord Cochrane hizo un nuevo
reconocimiento del Callao y se determine a regresar A Valparaiso,
tanto para dar cuenta de la expedition y entregar al Gobierno los
recursos adquiridos, cuanto para organizer una nueva y mas po-
derosa empresa. Como despedida, dej6 A los peruanos la proclama
que sigue:
Si Compatriotas! Los repetidos 6cos de libertad que resonaron en
la Am6rica del Sur, fueron oidos con placer por doquiera en la
esclarecida Europa, y muy especialmente en la Gran Bretafia, en





MEMORIAL DE LORD COCHRANE 91

donde no pudiendo yo resistir al deseo de unirme A esa causa, de-
termin6 tomar part en ella. La Repfiblica de Chile me ha confiado
el mando de sus fuerzas navales. A ella compete cimentar la sobe-
rania del Pacifico. Con su cooperation seran rotas vuestras cade-
nas. No lo dudeis: el dia esta pr6ximo en que, derrocado el des-
potismo y la condition degradante en que yaceis sumidos, sereis
elevados al rango de una nation libre, al cual naturalmente os
llama vuestra position geografica y el curso de los acontecimientos.
c Pero debeis coadyuvar A la realization de este objeto arros-
trando todo peligro, en la firme inteligencia que tendreis cl mis
eficaz apoyo del Gobierno de Chile y de vuestro amigo.

Cochrane.

Trasp6rtese el lector A la 6poca de la independencia, si quiere
apreciar el efecto de 6sta y otras proclamas. La guerra no era en-
tonces question de frases, de ret6rica y de elegancia, sino caso
de vida 6 muerte, de esclavitud 6 de libertad. La proclama de Lord
Cochrane, asi un poco singular como es, y en la cual invita A la
independencia en nombre de la geograffa, no por cierto a nombre
de la gramAtica, alli bastante estropeada, produjo en el Perfi una
profunda sensation. El gobierno de Chile queria probar A los pe-
ruanos que su expedicion se proponia un fin mas serio y elevado
que el de hacer press, capturar cafiones y tesoros y alejar de nues-
tras playas al enemigo espailol. Chile queria la independencia del
Peri, por simpatia de raza, de situation, de sufrimientos y tambien
en el interns de su reposo y seguridad. Si para algunos era la
expedicion un negocio, para Chile era la expedicion una cruzada,
una obra santa y grande.
Las proclamas del Gobierno y de su Almirante fueron las Alti-
mas y mas ardientes bombas que la escuadra lanz6 sobre la colo-
nia peruana. Ellas prendieron el fuego de la libertad, fuego que
nada apaga porque abrasa el corazon mismo do los hombres y de
los pueblos.
La expedicion al Peru caus6 en Chile una verdadera y pura sa-
tisfaccion. Halagado el pueblo con los resultados morales obtenidos,
content el Gobierno de su obra y de la ejecucion, no tardaron el
uno y el otro en preparar una segunda y mejor combinada tentative.
En poco tiempo so hallaron en situation de izar el anela los
cinco mejores bajeles de la armada, la O'Higgins, el Lautaro, el
San Martin, la Independencia y el Puyrredon.






92 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

El 12 de Setiembre de 1819 se puso en march la flota. Lord
Cochrane mandaba en jefe. El Almirante Blanco era su segundo.
En esta occasion nos hemos propuesto tan s6lo hacer una resefia
de las proezas militares de Lord Cochrane y de las glorias de la
Repfiblica. No queremos entrar en las cuestiones, A veces muy de-
licadas, A veces muy frivolas, A que dan lugar las Memorias del
ilustre marino, y que tocan de cerea A un gobierno glorioso y A
reputaciones que Chile venera.
g Por qu6 hemos de traer aqui las odiosas disputes relatives A
las press, las rivalidades de los oficiales, los disgustos de amor
propio de los jefes: todas esas intrigas, todas esas miserias que
Ilevan amenudo consigo las cosas mas grandes y las mis bellas?
La guerra, las batallas, la gloria, todo tiene su bastidor, su lado
mezquino, un rev6s triste y desconsolador.
Ahora hablamos de lo que se v6, de lo que suena y brilla, de
la espada, de los combates, de los resultados gloriosos de la gue-
rra, y damos A Lord Cochrane, al Almirante Blanco y A sus dig-
nos subalternos, los elogios do que son tan dignos. Pronto tendre-
mos que penetrar en el laberinto de la administration y do la political
6 inquirir donde estA el ingenio que combine, el pensamiento que
regular, el trabajo que ha preparado los elements : en suma, don-
de estAn la administration y el gobierno. Vais A ver c6mo O'Hig-
gins y Zenteno han tomado part y se han batido, por decirlo
asi, desde el consejo, on el Callao, en Valdivia, en donde quiera
que estaba la escuadra de la Repiblica. Las batallas se ganan 6
se pierden tanto on los gabinetes como en los campos y en las so-
ledades del oe6ano, do tal suerte que si una modern mitologia figu-
rase de nuevo al dios del mar y de la guerra, pondria A Neptuno, A
mis de su tridente, una barra deooro, y a Marte, A mas de su espada,
los simbolos de ]a prudent Minerva y de la rica y abundosa C6res.
En este siglo XIX no es la guerra un combat singular, una lu-
cha de valor A valor, de fuerza A fuerza: es tambien una compe-
tencia de ingenio, de recursos, de combination, de 6rden y de di-
nero, elements todos que la espada rara vez posee, quo la espada
debe pedir A los hombres de Estado, A los gobiernos.
Pero antes de penetrar en los arcanos de la political, hablaremos
todavia algo de Lord Cochrane Almirante, de sus proezas, de su
gloria, de su conquista de Valdivia, de sus eminentes servicios A la
independencia de Am6rica.
(Continuard.)












Conexiones entire la organization social y la
organization political

POR EL DOCTOR DON MARTIN C. MARTINEZ


Uno de los principios fundamentals de toda political positive es
la perfect conformidad de la forma de gobierno al medio social.
Sin duda que esto no es un descubrimiento de la filosofia nueva:
much antes de su advenimiento se decia, un poco brutalmente,
que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.
Las teorias de este 6rden remontan al siglo pasado ; y Montes-
quieu se erigi6 en su gran representante cuando defini6 las leyes
sociales, al par de las fisicas, como relaciones necesarias que ema-
nan de la naturaleza de las cosas.
Pero despues, el torrente revolucionario ahog6 en las utopias del
Contrato Social esta base de una ciencia hist6rica y political; y
hasta hise visto el colmo en nuestros dias de que un prosista, nada
mas que brillante como Michelet, tuviera la audacia sin nombre
de tachar de ignorance al gran fil6sofo politico del siglo XVIII.
Cierto es que Montesquieu exageraba la importancia de los fac-
tores externos, el clima, la topografia, el suelo, etc., en la evolution
social, como no podia m6nos de suceder al que penetraba en un
terreno virgen ain de toda especulacion cientifica; pero sus de-
fectos son m6ritos comparados con el despreciativo desden de la
escuela hist6rica que despues consolid6 un predominio casi absolute.
Asi como en el studio del organismo individual en ,nada se ava-
loraban las predisposiciones hereditarias, la influencia del medio y de
los actos inconscientes, no obstante que decide en tres cuartas
parties del character psiquico; asi en el organismo colectivo no. se
conceptuaba necesario, para fundar un sistema politico, consultar los
antecedentes hist6ricos y fisicos que determinan los rasgos promi-
nentes de la evolution social.
La teoria del libre albedrfo se oponia mis aiin en las especula-
ciones hist6rico-politicas, que en la moral, A la formation de una
teoria cientifica.






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


Desde que el hombre per sa voluntad podia adoptar cualquier
organization y practicarla, asi se tratase de' las colonies inglesas
con sus Washington y Franklin, como de los negros do Santo Do-
mingo de Tousaint Louverture, ia qu6 podia conducir la investiga-
cion de los antecedentes fisicos, hist6ricos 6 econ6micos ?
Si la historic es una ciencia, si el present es hijo del pasado y
padre del porvenir, si cada movimiento social tiene sus motors
iniciales en 6pocas anteriores que A veces se pierden en el d6dalo
de los siglos, si como en las ciencias fisicas estamos on presencia
de una s6rie indestructible de causes y efectos, 4 ad6nde va A parar
el libre arbitrio, d6nde, que no sea anonadado por la mecAnica
compleja, pero mecAnica al fin, que suplanta al ant;guo genio de
la historic ?
Entre el libre arbitrio y la ciencia, entire la teoria y el heecho,
la escuela optaba por el libre arbitrio y repelia el hecho.
De aqui ese criterio enano para juzgar los aconteecimientos quo
los suponia debidos A la voluntad de tal hombre 6 A tal fen6meno
de importancia insignificant en proportion con aquellos que so
querian oeplicar por 61 6 que intentaba remediarlos con panaceas
de efecto rApido y en6rgico.
De aqui el desprecio por el studio de esos factors silenciosos
que, si operan en la sombra, lo haeen Ala vez en la m6dula de la
sociedad, que en definitive operan las grandes transformaciones his-
t6ricas de las que s6lo son formas los ruidosos sucesos que em-
bargan toda la atencion del observador superficial. *
Pero la regularidad de las leyes hist6ricas ostA hoy tan bien
constatada como la de las leyes de la naturaleza; y no es m6nos
absurdo el libre arbitrio erigido en agent supremo del desenvol-
vimiento social, que el milagro como explicacion fisica 6 quimica.
La estadistica permit asegurar desde la renta que produciri una
nation hasta el nfimero de cartas que se pondrAn en el correo mal
dirigidas, desde la cantidad de envenenamientos 6 asesinatos hasta
la de matrimonios 6 nacimientos que tendrAn lugar el aiio siguiente,
reyelando asi que hasta aquellos actos intimos, que parecen mis
arbitrarios y dependientes del capricho individual, son product de
factors sociales, obedecen A leyes que el soci6logo prev6 hoy con
la seguridad con que el astr6nomo anuncia los fen6menos celestes,
y .que si nos han parecido arbitrarios es por la misma razon que
el salvaje atribuye A su idolo los movimientos siderales cuya regu-
laridad se le escapa.






CONEXIONES ENTIRE LA ORGANIZATION SOCIAL 95

Cuando, pues, la constatacion de leyes hist6ricas se ha llevado
tan adelante, es absurdo seguir considerando A los gobiernos como
resultantes de tal 6 cual incident, del querer de tal 6 cual grupo
de hombres.
Son products del medio social: la historic revela doquier la
estrecha conexion de la sociedad y su organismo politico.
Los despotismos orientales, mirados por los antiguos -historiado-
res come aberraciones inexplicables, como meros flagelos, se nos
exhiben hoy como los educadores para la vida civil de los prime-
ros pueblos civilizados, como el inico mecanismo que podia pre-
servar la civilizacion naciente de su destruction por las hordas
barbaras.
Si Grecia y Roma pudieron vivir sin tanto despotismo en el go-
bierno, lo debieron A que por su position geogrAfica no estaban en
contact con otros pueblos poderosos, A que s6lo los afrontaron
cuando ya las ventajas del regimen libre los habia vuelto mis
fuertes que ellos.
Despues que las invasions germanicas subvirtieron el imperio
romano, vano fu6 el esfuerzo de los jefes del Sacro Imperio para
resucitar la forma antigua de la autoridad: era inconciliable con
la nueva sociedad. La centralizacion imperial no podia radicarse en
pueblos que habian vivido en sus selvas sin conocer otra autoridad
que la del jefe de su clan; y por eso los grandes imperios resul-
taban todos creaciones efimeras que se fragmentaban tan luego
moria el hombre de genio que los habia fundado. Tan cierto es
que la forma de gobierno no es sino la expression de la sociedad y
que todo sistema es iluso y vano cuando prescinde de ese dato
fundamental.
Con el crecimiento de la poblacion, las expediciones lejanas
que obligaron A la nobleza A aceptar el mando director 6 inmediato
de los reyes, que la arruinaron otras veces, como A los cru-
zados, obligandola A vender sus bienes A la clase media, disminu-
yendo por lo tanto su poder y prestigio, las guerras internacio-
nales quo aunaron todos los esfuerzos al lado del soberano, y el
crecimiento de las comunas y corporaciones, focos de resistencia A
los castillos, el sistema feudal decay6 y fu6 suplantado final-
mente por el poder absolute de los monarcas.
Tan se producia ese cambio de gobierno como una resultante de
los cambios producidos en la sociedad, que doquiera en el mundo
europeo de entonces se verific6 la misma trasmision del poder, en






96 ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY

Espafia, en Francia, en Austria, en los principados alemanes y hasta
en la despues libre Inglaterra.
No es prueba de saber, sino de falta de 61, enumerar los factors
que desde el Renacimiento y la Reforma prepararon la ruina de
los poderes seculares y el advenimiento del nuevo regimen.
Constatemos, sin embargo, que la perfect unanimidad que reina
6 ese respect, es una prueba acabada de la correspondencia de la
autoridad y la sociedad.
Pero la demostracion mis concluyente estA sin duda en el dis-
tinto resultado que la revolution produjo, segun la preparation de
la sociedad, para las nuevas funciones political A que era llamada.
Con un siglo de anticipation a la revolution continental estall6
en Inglaterra la que fund la dinastia actual; y desde entonces ha
po dido definirse la historic de ese pais, segun los t6rminos emplea-
dos por uno de sus grande escritores, como la de un gobierno
que cede constantemente, A veces de una manera pacifica, a veces
despues de violentas luchas, pero que cede siempre ante las exi-
gencias de una nation que ha avanzado siempre de una manera
constant.
Del otro lado de la Mancha los triunfos mas estruendosos, los
sacrificios mis excelsos que para gloria del human linaje regis-
tran las pAginas de la historic, fueron defraudados perdurablemente
Los ensayos de Repuiblica, las docenas de Constituciones, Ilega-
ron al Terror, A Napoleon y A ]a Restauracion finalmente.
Id6ntica ensefianza ofrece ]a historic americana. Cuando Bolivar
trazaba la organization de la gran Confederacion Colombiana, fu6
general la creencia, dice Barros Arana, de que en el Sud nacian
unos nuevos Estados-Unidos con un segundo Washington much
mAs brillante que el primero.
A los dos ailos la teatral creation del Libertador cafa en peda-
zos, su amado Sucre era villanamente asesinado y 61 mismo iba A
morir en el destierro despues de haber escapado al asesinato, con
el desencanto en el alma que le hizo pronunciar estas palabras, que
par a mi objeto actual, son todo un comentario acerbo:
La Am6rica es ingobernable. Los que han servido A la Revo-
lucion han arado en el mar. La dnica cosa que se puede hacer
en Am6rica, es emigrar. Estos pauses caeran infaliblemente en manos
de la multitud desenfrenada, para despues pasar A las de tiranuelos
casi impereeptibles, de todos colors y razas, devorados por todos
los crimenes y extinguidos por la ferocidad. D






CONEXIONES ENTIRE LA ORGANIZATION SOCIAL


La demostracion de que la forma de gobierno corresponde y es
product del medio social, que comprueba, como se v6, una pode-
rosa induccion hist6rica, es ademas explicable deductivamente.
; Qu6 son, efectivamente, los directors de la sociedad, sino sus
criaturas ? ~D6nde han incubado sus ideas, alimentado sus ambi-
ciones, bebido sus aspiraciones sino en la sociedad misma ? Aiin
en los genios mas originales, que, por otra parte, rara vez gobier-
nan, las tres cuartas parties lo hace la sociodad, por la education,
la herencia, la imitacion. Lo general, dice con razon Bagehot, no
es el proceder por conviccion propia, sino por costumbre, ain
entire la gente ilustrada. Los hombres A quienes se atribuye los
grandes progress 6 los grandes crimenes, no son, pues, sino los
instruments de la smciedad, que fancionan casi siempre como la
sociedad los ha hecho.
Ademas, adn suponiendo en ellos la mayor originalidad, ninguno
podria operar en una sociedad si no estuviera predispuesta A su
action. Concebid, si podeis, un Jesucristo entree los hunos de Atila,
un Washington entire los Zulus, un Napoleon en los Estados-Uni-
dos 6 un Bismarck en Inglaterra!
Sin ciertas condiciones preexistentes en una sociedad, 6sta no re-
cibe una forma political, 6, si la recibe, dura muy poco.
Tambien aqui Boileau tiene razon: Chassez le natural: il revient
au galop.
Nosotros en vano forjabamos entusiastas- planes de gobierno
yankee: q el natural >>, literalmente, se nos venia al galope! ... A
rienda suelta por esas cuchillas de Dios !
Sucede A veces que una nation profesa profundo aborrecimiento
a la forma de gobierno que soporta, y que, sin embargo, ninguna
otra puede subsistir. Tal es el caso de los pueblos americanos,
que, para su honra sea dicho, jams se han congraciado con los
gobiernos personales ; pero, sin embargo, si Astos son los que han
ocupado, A exception de cortas intermitencias, el scenario politico,
eso se debe A la carencia de las condiciones de carActer que son
necesarias para el imperio del gobierno libre, A la falta de respeto
A las decisions de la mayoria, que nos ha tenido en perp6tua
lucha, A la intolerancia de los partidos que apenas pueden coexis-
tir que cuando se reunen en asamblea arman una gresca por
session, 6 A la adoracion, mis de los hombres que de los princi-
pios, que frecuentemente les ha deparado tremendous despotismos.


TOMO IX






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


II

Pasa A muchos, con las teorias, lo quo A Mr. Jourdain con la
esgrima, que s6lo le servia para quo lo curtieran A botonazos:
cuando el acontecimiento no se encugadra bien en su estrecho siste-
ma, se desesperan contra aqu61, porque no les di6 tiempo, en su
brutalidad, para que lo parasen en cuarta 6 tercia.
Es que nada hay mas dificil quo la aplicacion de los principios
te6ricos A la direction de la conduct. En otros tiempos hasta se
creia que eran cosas quo nada tenian que ver. De ahi habia sur-
gido el divorcio entire la teoria y la prActica.
A la verdad, tanta teoria ha habido, que'es una suerte que los
hombres no se manejen generalmente por la 16gica, que cuando
descienden a las cuestiones prActicas se dirijan mas bien por esas
reglas intuitivas que cada uno toma del ambiente en que vive y
de los palpites de su corazon.
Pero cuando se trata de una ley bien constatada, este escepticismo
te6rico no puede ni debe durar: so siente la necesidad de ajustar
la conduct A los principios demostrados por la ciencia.
Ninguna teoria se ha prestado A mayores extravios prActicos que
la de que las formas de gobierno son una resultante del medio
social.
Quien ha pretendido que siendo las cosas asi no hay responsa-
bilidad para los gobernantes, ni para los pueblos, pues sus actos
no emanan de ellos propiamente, reducidos A meros instruments
en tal moment de la evolution social;
Quien, que, como cada forma do gobierno es una etapa del pro-
greso politico, conviene cooperar A su mantenimiento en todos los
casos;
Quien, que debemos esperar sin nada hacer a que el progress
opere solo, siendo vituperables todos los esfuerzos tendentes A variar
el curso que los sucesos han tomado.
Cuando tales conclusions se escuchan, no parece sino que la
sociedad, en vez de ser una coleccion de hombres, nos fuese algo
completamente ajeno, una fuerza con la que no tuvi6ramos mas
que ver que con la gravedad 6 el magnetismo.
Decimos que los gobiernos no subsisten sin ciertas condiciones
en el medio social. Si, pues, reconocemos injusto tal regimen,
nuestro conato debe ser suprimir las condiciones que lo engendran






CONEXIONES ENTIRE LA ORGANIZATION SOCIAL


6 le persisten vivir, empezando por morigerarse cada uno en las
pasiones que lo extravian como ciudadano y prosiguiendo en los
demAs con la onsefianza direct 6 la mas vivificante del ejemplo.
Pero concluir que si tal gobierno malo procede de tales causes
igualmente malas, preexistentes en la sociedad, cada uno de sus
miembros debe apresurarse A perder mAs ain las condiciones indis-
pensables para el ejercicio del gobierno libre, es una conclusion
A todas luces absurda.
Acaso de que la estadistica, revelando que el n'imero de crime-
nes es normal, demuestre que para su comision intervienen causes
sociales, a concluye nadie que deben dejarse impunes A los crimina-
les? La inica conclusion sabia es la de que ademas de castigar al
culpable, debemos desentraiiar de la sociedad los elements que
concurren A formarlos.
Reconocemos quo la lluvia, el frio, el calor, la nieve, se produ-
cen segun causes naturales; y eso es una razon y no un obsticulo
para que construyamos viviendas que nos protejan do sus efectos
perjudiciales. -- Qae el c61lera y la viruela se deban A tal bacilus
clasificado entree los protozoa, ha sido un estimulo para que los
experimentadores se dediquen A encontrar y aplicar el reactivo que
destruya su mortifera accion. Por qu6 la indication de los facto-
res que produce una funesta situation political ha do ser motivo para
que los ciudadanos descuiden todos sus deberes, en vez de in-
centivo poderoso para que procuren destruir aquellos ?
La unica cosa que puede deducirse es que los reactivos sociales
han de ser proporcionales a los males quo se pretenden aminorar
6 suprimir, que si las situaciones de fuerza han resultado de la
falta de respeto A la autoridad, do las utopias, de la indisciplina
en los partidos, do las guerras civiles, etc., el primer deber de los
ciudadanos es la edi~cacion del carActer national en la prActica de
las virtudes 6 condiciones que iinicamente hacen possible la existen-
cia de gobiernos regulars.
Lo que tan s6lo puede deducirse es que no basta cambiar por
un golpe de fuerza la situation political que se reputa mala, sin
variar al mismo tiempo las condiciones sociales que la engendraron
y permitieron su subsistencia.
Pero, porque el mal est6 prepotente y no apercibamos en un
moment dado el medio de conjurarlo, proclamar que se debe cola-
borar en 61, concurrir A sus explotaciones, sentarse en sus parla-
mentos farsaicos, convertirse en cortesanos del crime prepotente,






ANALES DEL ATENEO DEL URUGUAY


eso es desgarrar para siempre la tunica del ciudadano y vestir el
sayal del esclavo, es pervertirse y pervertir la conciencia pfblica
en la media en que el ejemplo pueda ser corruptor, es deprimir
mis adn el caricter national y prolongar la catAstrofe.
Es ademas desconocer la pujanza de esas faerzas sociales que
se llaman la opinion, la conviccion sincere y entasiasta de quo hace
burla el crimson coronado, pero que determinan el fin de su reinado
en dia no lejano.
En ese 6rden de ideas, ha dicho uno de los maestros del posi-
tivismo:
c Los que han conseguido persuadir al pdblico que cierta forma
de gobierno (6 tal forma social) merece ser preferida, esos han
hecho la cosa mas grande que se puede hacer para ganar a esta
forma de gobierno los poderes de la sociedad. El dia en quoe el
primer martir fu6 apedreado en Jerusalen, mientras el que de-
bia ser el ap6stol de los Gentiles asistia al suplicio, < consin-
tiendo en su muerte >, aqui6n se habria supuesto que el partido do
este hombre apedreado era entonces y alli mismo, el poder mis
important de la sociedad ?
El hecho, sin embargo, no lo ha demostrado ? Y esto porque
sus creencias oran entonces las creencias mis poderosas de todas
las existentes. El mismo element hizo de un monje de Wittemberg,
en la dieta de Worms, una fuerza social mas poderosa que el em-
perador CArlos V y todos los prineipes alli reunidos. >
Burla y esearnio eran los cristianos hasta el dia antes de su
triunfo, y el paganismo no creia que el martirio afrontado con la
f6 de Poliuto tuviera la eficacia de dominar el mundo, atin el mundo
politico, mas rapidamente que las legions; dispute de frailes llam6
Leon X al gran movimiento de la reform que conquist6 la liber-
tad de conciencia y arrobat6 A la Iglesia la supremacia intelec-
tual;-los puritanos que dieron nervio A la primera revolution
inglesa y que on Amdrica fundaron la Nueva Inglaterra eran los
proscriptos y los despreciados en el reinado de Jacobo I; -y las
classes altas no creman possible la Revolucion, confiadas en su pode-
rio secular, ni ain en la vispera del 89.
gY sonf los que prescinden de esas fuerzas latentes en todo pueblo
los que pretenden hacer political dimanada del sistema hist6rico ?
Si porque funestas circunstancias impongan A la sociedad una
calamidad political, durante afios, todos los elements activos cesa-
ran de conspirar contra su malhadada existencia, jams progresaria




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