La locomotora

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Title:
La locomotora
Physical Description:
Serial
Language:
Spanish
Publisher:
s.n.
Place of Publication:
Guatemala
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Periodicals -- Guatemala   ( lcsh )
Civilization -- Periodicals -- Guatemala   ( lcsh )
Genre:
serial   ( sobekcm )
periodical   ( marcgt )
Spatial Coverage:
Guatemala

Notes

Dates or Sequential Designation:
Began with Año 1, no. 1 for July 15, 1906.
Numbering Peculiarities:
Vols. for 1907- also called Año 2-
General Note:
"Revista de política, ciencias, literatura y bellas artes".

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Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 30858255
lccn - 2011229543
ocm30858255
System ID:
AA00011460:00068


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Full Text
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tevista e political, icencias, fiteratura Uy 3elas Ctrtes.


Director y Redactor: Vicente Chinchilla.
Aduilalstrador: J. Alejaudro Pacheco H.-2' Avenida Sor, Ndimero 3.

TOMO VI. GUATEMALA, 1: DE ENERO DE 1909. NUJM. 80


+ 4+ 1 loco afio nuevo


I

Todos los dias & la misma hoia se entreabria la vidriedra del
noble balc6n para recibir la caricia del sol poniente. Era una
caricia mansa y suave que doraba el historiado baraudal, el ve-
tusto saledizo, los carrecillos tallados y los tiestos con plants
que trepaban hasta el escudo.
DetrAs de aquel endeble cortinaje de verdura solian aparecer
una cabecita final y pAlida y una mano semejaLte A una for.
-Es Aurea que espera A su principle -Y la gente vulgar,
siempre burlona, decia esto barrenAudose una sien con el dedo
indice. Gesto inequivoco que atribuye locura eu el ajeno sentir
6 pensar.
,Esperaba realmente al "prinipe lejano"? No. Mas para
no morir de tedio, de flio 6 de congoja en el fundo de los case-
rones, en la eutiana 16brega de los lIgaitjos, y on el desamparo
de toda idealidad tibia y amorosa, hay que poner la esperanza
en algo que ha de veuir calladamente, en la vaga claridad de los
crepasculos, como una ave blanca y piadosa, que iutunda en el
triste vivir toda la lambre de los cielos.
SPor cuAl de aquellos caminos queblauqueaban en la Ilanura
sin fin, vendria para Aurea el anhelado estremecimieut,.o Y la
la acariciante poesia del sol en su ocaso, hacia arder aquellos sus
ojos obscures con una fugaz Ilamarada de oro.
-SerA en "AfLo Nuevo." Yo siempre espero algo en abo
nuevo.
Y cerraba el bale6n y se hundia otra vez en la cripta nobi-
liaria. Ya no habia tierras, ni censos, ni alcabalas, ni pomposos
derechos senoriales. Todos los Estados se reducian y encerra-
ban en aquella espeeie de sepulcro feudal.
Por alli discurrian las sombras apenadas de graves varones
que alzaron y engrandecieron el solar. Un don Pedro, un don
Martin, un don Inigo.... Capitaues, oidores, prelados, fami-
liares del Santo Odfio, frailes, caballeros de Ordenes. Tambi6n
la sombra spiritual de un poets, an don Enrique, mundano y
gozoso, que trov6 en los estrados y se luci6 en las Justas.
Almas de mujeres residian en lienzos y miniaturas, en libros
de oraciones, en cartas y en recetas, en labores de devoci6n y en
signos misteriosos hechos en muebles, en ropas, en espejos y en
imfgenes. Una dona Beatriz, una dona Violante, una dona
Sol.... rigidas y heroicas, qne libraron su desamor del pecado,
6 apoyaron su fiebre tentadora en el frio y sileneio de los claus-
tros. Tambi6n el alma pecadora y humana de una dofia Isabel
que muri6 trAgicamente por la bArbara contextura de los tiempos,
y dijo al morir, que ya no le quedaba que amar sino la vida, y
puesto que tsta se le salia por la estocada, ponia todo su amor
en el cielo.


En un cofre de cedro estaba sn vestido nupcial, todo de
plata, recamado ricamente: tan duro y compacto, quo con 61 no
habria muerto de una estocada. En el pecho, hacia el lado del
coraz6n, aparecia su cifra en realee eu medio de un simbolo de
amor: dos palomas que se acarician entire la llama de una
antorcha.
Todo aquello era lejano y frio. Lo que hablaba de amores
tenia ese moho de las cosas soterradas que suigen alguna vez
entire el sudor de las tumbas. Lo que hablaba de riqueza y de
poderioestabayadeslustrado como el minio de las aLtiguas Eje-
cutorias. Lo que recordaba fervores y devociones aparecia car-
comido por el tiempo inexorable. Aquellas virgenes, serenas 6
doloridas, y aquellos santos, descoyuntados en suplicios atroces,
escondian bajo el polvo negruzco la hnella divina de la luz y
de la sangre.
Hnbia en el abaudonado y solitario huertecillo un ciprs6 en
cuyo tronco grabaron toscamente la cifra mundana de los picho-
nes y la antorcha. Apenas se conoeia ya. Dentro de una orla
de bojes centenarios se amontonaban las piedras caidas de la
vieja fuente, y un s6t.iro, con la garganta rota y llena de tierra,
yac.ia insepulto debajo de un glanado que piadosamente lo
acariciaba.
CCuAntas mujeres de aquel mismo linaje habian sentido vi-
brar la care y el espiritu en noches de otobo, en horas plAcidas
de internal libertad? ,Cuintas se habian desvanecido con el olor
de los bojes, 6 se extasiaron con la misica del agua, que lanzaba
su arpegio de cristal por la garganta del sft.iro? iVetusto cipr6s
ennobleeido con los signos de la mAs alta herfldica de Amor,
como aquellos otros cipreses plantados ante los temples de Dia-
na; Arboles de fruto apetecible; plants de olor enervaute; pie-
dras desparramadas por la ruina; agua eucarcelada en los viejos
atanores....Son cosas sagradas y confidenciales. mis venturosas
que los hombres!
Y aquella ausia de un vivir mas amplio y human, aquella
esperanza en aljo que ha de venir calladamente, entire la vaga
claridad de los crepfisculos para redimir y alegrar y embellecer
las almas y los rincoues, era como un instinto transmitido en el
ritmo de las arteries, engendrado en el calor de las entrahas. Y
ese instinto heredado, decia A la filtima mnjer de su linaje que la
vida consist en la renovaci6n, que la realidad reside en el co-
man movimiento y que la verdad se eucarna en la libre expan-
si6n de los espirtus uo deprunidos ni deformados. Y ella, como
los Arboles, queiia sentir los pasos dd que flogai, en el latido de
sus savias, en la lozania de su espiritu, eu el prodigio de sus
flores y en la hermosura de sus frut.os.
,,En qu6 noche venturosa llegaria el Esperado? ;Por cuil de
aquellos caminos blancos que se pierden en la Ilanura sin fin,
vendria hasta su sepulcro la voz redentora que dice: "Levantate,
amada mia, compaiera mia: el tiempo de la canci6n ha llegado,
y en nuestros collados arrulla la t6rtola!"
Es Aurea que espera 6 su principle.


~~e~oa~~Pnra


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Za Locomotora 0


II

Hay que dejar en los corazones sencillos y en las bocas sin-
eeras todos los E angelios. La sana alegria de los campos res-
plandece con el ritmo de la Verdad. Esta es como lumbre que
brilla en los cielos, como agua clara que surge entire riscos.
Apareci6 un hombre cuando los manzanos comenzaban A
florecer. So frente era sonrosada como la flor del alb6rchigo; su
mirada azul; sn cabellera blanca; su barba sacerdotal.
Sentado bajo un Arbol, enhiesto su alto bAculo de profeta,
aspir6 por todos sus sentidos la mansa paz de los campos, en la
serena uzs de la manana.
Y como el viento c6firo movies con blandura de besos de
amor la copa resplandeciente de aquel Arbol, que era dosel de sn
cansaneio, albas flurecillas Ilovieron y se enredaron en aquella
otra blancura de los eabellos del caminante. Asi parecia un
sacerdote de amables y buenas deidades.


He aqui que llega el tiempo de la fecundidad, que es el tiem-
po de la alegria. Oisteis decir que Dios es la bondad infinite. Ia
infinite sabiduria y la infinite misericordia; y yo os digo que El
es la infinita feaundidad.
iPuede haber bondad, sabiduria, ni misericordia en lo es-
t6rii? Alegraos y gozad de vuestra vida y la har6is plena y
libre.
Oid de mi boca la parAbola del gusano:
Un gusanillo obscure, el mAs humilde, os6 pedir que Dios
le otorgase un d6n que deseaba. Dios que conoce todas las co-
sas y entiende todas las voices, le dijo que pidiese, porque El es
padre de todos los mundos y de todos los gusanos:
-Yo quiero ser mariposa; tener alas para volar por la grata
limpieza del aire y hacerme amar de las flores. LEs much lo
que pido?
-Nada es mucho-dijo el Padre-porque el camino de la
perfecci6n es muy largo. tPero sabes lo que habrA de costarte
tu deseu?






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Puente abreI rl.. N ich~ ,.ya iuaugur.d.c-n A at tlin, en C..nmemor i 63n del aniversarlo del cumpleaf.os del Seffor Presidente de .a Reptl.ica el 21 d"e Noviem.bra de 1 ',.
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Puente robre el rL:, ,Micbatc, y inauffur3 do cn A mlt~t| tn, en o,nmem,r3cbda del aniversario del cumpleaP Os del Seflor Presidente de la Reptlblica el 21 de ?\oviembr lo de1108,


A la lnz del sol brillaban las savias cuajadas en grandes go-
tas de Amber, qie r-sbala ban como joyas nupeiales por los tron-
cos ft-cundos. Unos iusectos verdesy Bions cruzaban el aire co-
mo saetas vivas y relncieutes: volaban las abejas cargadas de
mil y de polen; y en el breve hueco de un tronco que el sol in-
ccndiaba con tu anto'cha ijfinita, se aeari:iaban dos palomas
torea,'es, de pico encendido y pechuga azul.
HIbl6 aquel hombre extraho a los pbres campesinos, A los
miseros caminautts, A las mujeres que servian de bestias en el
trabajo incesantR de la tierra madre, A los mendigns y A los sier-
vis de tnda servidumbre, y su palabra clara y ritmica como tel
chorro del manantial .ue brit.a entire riscos. voi6 por la diAfana
anchura del espacio como otra abeja humildosa cargada de miel
y de polen,


-Aunque me cueste la vida.
-Estudiaras, trabajaras, te afanaras en construir tu propia
carcel: td mismo habrAs de enearcelarte en ella, y aislado del
mundo exterior, A solas con el dolor, la enfermedad y el peligro,
labraras algo bello y noble, que no ha de ser para ti ni para los
tuyos.
--Pero saldrr de esa cereel una mariposa?
-SaldrA una mariposa qne gozara un minute de amor an-
tes de morir.
-i0h, Dios piadosol Me das mis de lo que pido.


---








La Locomotora 3


En esta sencilla fabula se contiene el desigual destiny de los
espiritus. Yo ful el gusano enearcelado y dolorido que labr6 la
seda para vosotros. Vestid la seda bella y noble de la suavidad,
de la transparencia, del bienektar, de la alegria eu el seno de la
humaua paz.
Ved que ahora yo soy la mariposa que ha salido de su efrcel
para gozar sn minute de amor antes de morir. Y en la mansa
comuui6u de todas las cosas florecientes, eriaturas de Dios y her-
uianas uuestras, el amor es lumbre y aroma, color y risas, beso y
enurgia. Amaos los unos A los otros, si quereis acercaros A la
mrcsa de Pascua en el "Alro Nuevo" de la renovaci6n y la vida.


III

Una maiana subi6 Aurea del bnerto con el rostro encendido
en suave color, brillindole los ojos con fulgores de vida.
-iAh, qu6 prodigio! Parece cosa de ensuefio.
--gHa legado, al fin tn principe--dijo la dueia, descolorida
como flor guardada en algin devocionario.
-Ha llegado un enjambre.
-iTantos principles vienen!


Otra vista del pueinte sobre el rio N.1 i Ili.i t.. Ii u euu'a J en A nim~l rtin, crl conmemoracidn del aniversario del cumpleafos del Senor Presidente de la Repdtblica el 2 de No% iembre de 130.


Confortadme, amigos, con los frutos del huerto y regaladme
con la miel de las colmienas.
He aqui que dos de voEotrios futiteis al huerto, y me tradis
dos lechugas. El uno me la ofrece con todas sus hojas y races
salpicadas de tierra, y hasta con la fibra de palma con que se
aprieta. Orro ha cortado el tronco, quitaudo las hojas que no
se come, y ha lavado el ogollo en la fuente que sombreau nnos
guindos. Asi, parece ofrecerme una gran flor de oro salida de
la humildad.
Haced siempre esto: gustad di todas las cosas, lo inmtil y lo
feo, y nutrid vuestra vida con el cogollo Aiueo y tierno, que sale
del trabajo y de la humildad.

-gQue hombre es &ste, que asi habla?-Se preguntabanr.
--SerAf un loco"
--Serai uu profeta'?
-Yo creo-dijo unabuena mujer,-que es Nuestro efior
Jesucristo, que ha encanecido y engordado.


-Digo que ha llegado un enjambra de abejas A nuestro
hubrtecillo, y acaba de alojarse, Id6nde diriast en el sftiro de
piedra caido debajo del granado. Esta todo hueco y por la gar.
ganta rota que antes daba salida al agua, muy pronto saldrA
la miel.
-Habrd que romperle la panza para sacar los panales.
-No se sacarAn. No te parece que las abejas saben mAs
que nosotrast
-iQua cosas dice esta criatura!
--Es que estoy locaT
-Medio mundo estA loco desde que lleg6 ese hereje que has
convidado A cenar. No cuentes conmigo. Me parece que el se-
for cura lo excomulgara y a todos cuantos lo amparen y sign
el humor.
-jTan malo es?
-Yo creo que es el diablo, que ha engordado como un ta.
bernero, y ha echado barbas blancas.
-Pues yo creo que es la salad y la vida, porque es la
Verdad.








La Locomotora 4


-Loca estAs de rematp. La verdad es la que predica el se-
for cura, no la que dice cualquier mendigo borracho que anda
por los caminos.
-LPor d6nde ha de ir la Verdad sino por los caminos?
--gTd crees que no es necesario estudiar un mont6n de libros
para salir predicando.? O crees que los latines se los encuentra
uno asi, por esos campos de Dios
Fun en el plenilunio. La noche primaveral henchida de luz
y de aromas tibios, era como una magna oraci6n del mundo, ca-
Ilada 6 infinita. Per entire la blonda del granado pasaba la cla-
ridad suave de los cielos, quebrandose en las puntas de la ber-
meja flor. El Arbol de Cipro vibraba en todo su ramaje come
aquellos que esparcian la miisica de su fronda ante los temples
de Diana. Y el huerto abaudonado, sombr'io y feudal, renacfa
en la Pascua Florida de los espiritus y las cosas. Hasta las
mismas piedras se Ilenaban de miel....


-Yo soy el "Afio Nuevo" que llama A las puertas del mun-
do. Soy la esperanza y la vida, la justicia y la paz.
-Te esperaba. Ahora te adoro.
-Mujer, por la esencia con que unges la pobre cabellera
que recogi6 el polvo de todos los caminos y las flores de todos
los manzanos, digote que seras salva de toda servidumbre, y que
tu espiritu redimido, sera reverenciado como una de las Gracias.
En estas viejas piedras veo la huella de muchas espadas, y
en esas anillas el roe de f6rreas cadenas feudales. Aqui ban
gemido muchas mujeres sin ventura. Aqui se hau unido el do-
lor y la fuerza, el crime y el pecado. Y de estas bArbaras unio-
nes que fenecieron, han quedado esos nobles y puros simbolos
que veo en tu vestido de plata, en tu vase de alabastro y en el
troneo del cipres


Grupo compuesto por el Director y demise Empleados, Jefes y Operarios de la Tipografia Nacional.-Guatemala.


Autea, impulsada pur el mi-terioso estimulo de las cosas
grandes que han side esperadas, quiso vestir las galas nupeiales
de la pecadora, que estaban en el e-f're de cedro. Tom6 en sus
manos un vaso de alabastro sellado con la mundana cifra y hen-
chide de eseucias, y bajo el cipres aguardo inm6vil, fulgurante
A la luz de la luna, come una mujer de plata.
-Son esos sus pasos. Ese es el golpe de su bAculo en las
piedras. Ya Ilega, blanco, serene, come la luna.... iMaestro!
-Mlujer, Dios te bendice: llena eres de gracia: El es contigo
Beudecido sera tambien el fruto de tu vieutre.
Porque hay una bendici6n de paz y mansedumbre que enla-
za A los espiritus que han sidn, que son y que serain, todas las
cosas pasadas, presents y futuras, como hijos de un mismo pa-
dre y criaturas de una misma voluntad.
No desdenes ni destruyas nada de lo creado, porque en todo
hay una alma y un cantico. Ve en todas las cosas un hermano,
adu en el dolor. Y entonces, ioh alma libre y piadosa! viviras
no come un extrano sine come uno de la familiar en el paferno
hogar, amable 6 influito.
--Qui6n ereis?


Redimese en ti todo el linaje de la mujer sierva, de la mujer
pecadora, de la mujer maldecida y asesinada. Y s6 tfi como la
hostia de paz y de alegria, elevada A los cielos en una patena
de flores.
-Senor, hagase en mi tu voluntad.
-Mujer, libre eres por la gracia y merced de tu propio
espiritn. No tienes mis seforio que el encarnado en esos divi-
nos simbolos. Yo vi la realidad de su misterio: dos palomas
bravias, de pico eneendido y peehuga azul, se acariciaban en un
rayo de sol, que era su antorcha. Se acariciaban en un Arbol,
come aqui se aearician sobre tu coraz6n.
-Maestro &no sabes la historic de ese pobre sAtiro de piedra
que estA A tus pies? Por 61 subia el agna, que haeia en su gar-
ganta un s6n de voices, siempre igual, come un core lejano. Yo
ereo que de tanto cantar se le rompi6 la garganta. Cay6 en-
vuelto en la ruina solariega; rod6 hasta ese tronco y yo me pre-
guntaba: jpara qu6 servirA una cosa tan muda y tan vaefa?
-Pues sirve. Ha entrado en 61 un enjambre libre y pode-
roso. Dentro de poco, mi pobre sAtiro vivirA. Sus entrafas se-
ran panales; su sangre sera miel.









La Locomotora 6


He aqui.que todo tiene una alma y una vida. No desdefle-
mos; no destruyamos, por amor nuestro.
-Yo he sentido c6mo el removerse de otro enjambre de oro
en mis entrahas dormidas: la miel de todas las forces se cuaja en
mi. El olor de los bojes es fuerte y amargo; la mdsica del ci-
pros es suave como el s6n de un arpa; la flor del granado, roja
como la sangre que va por las arterias.... Maestro, maestro mio,
no oigo la voz del que me llama.
--Amada mia, compahera mia, ha llegado el tiempo de la
canci6n: el "Afo Nuevo" viene con la aurora: las vihas florecen,
los manzanos dan su olor, y en nuestro collado arrulla la t6rtola!
-VAmonos: salgamon al paso del alba.
Y juntos, blancos como dos astros del cielo, el hombre y la
majer salieron al campo, errantes, despreocupados de todo hu-
mano artificio, como dos aves libres y piadosas que conocen
su rumbo.
DrtrAs de ollos se corr6 para siempre el caser6n feudal, cAr-
eel y sepultura.

IEs Aurea la loca, que ee f'u con su piincipe!

Jos6 Nogales.


santo personaje, quien no desdefiaba la caza al par que lefa
su breviario. Al frente de la. tropa, montado sobre un mulo
gigantesco, marchaba an diicono joven, cubierto con una dalmh -
lica escarlata, sosteniendo la gran crnz de dos brazos, la crus de
oro del patriarch, resplandeciente A los rayos del sol.
El viejo eardenal, bien abrigado con pieles, protegida su
cabeza con un bonete de tereiopelo y armifo, avanzabarecto, alti-
va la faz, soberbia la mirada.
A la misma bora, y por los abruptos senderos de las monta
las de Terni, caminaban tres estudiantes de Bologna que tambien
so dirigian al coneilio Sus capas negras parecian delgadas y
viejas, tenian enrojecidas las mauos por el cierzo de las alturas
y estabau sus pies cansados del iutermiuable viaje. Pero eran
camaradas joviales. Iban A Roma no para golptarse el peeho
sobre la tumba de los ap6stoles, sino buseaudo agradables
avent.uras.
Y en las gargantas de las montaras de Umbria, saltando
por encima de los torrents, escalando las attas rocas, corrian
hacia Roma otros peregrinos de terrible aspect: tres bandidos
condenados A la rueda, qne aeababau de huir de la cAreel de
Oriedo, se dirigiau A la ciudad santa, para perders entrela masa


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Seccin de Remiendos de la Tipografia Nacional.--Guatemala.


Sermano Lobo


En el aBo de gracia de 1215 la vispera de Navidad, sobre el
camino de Spoleto A Roma, cabalgaba el cardenal patriarea de
Venecia. Su sehoria iba al concilio de LetrAn, presidido por el
papa Inocencio III. El desfile de aquel cortejo de la iglesia era
un espect.ielo magnifico: can6nigos de florido rostro, y frailes
melane6licos, -caballeros y esenderos de cascos empenachados,
pajes y ministriles trajeados de terciopelo de colors elaros, y
luego una muchedumbre de siervos y lacayos y la jauria del


de los fieles y los elCrigos, y resueltos ademAs A intentar audaces
golpes de mano A favor de la sombra de las grande basilicas.
Uuo de ellos Ilevaba todavia al pie el destrozado grillo; los tres
mostraban en sus earas rastros de horribles heridas. So empu-
jaban haeia adelante, baja la cabeza, erizada la barba, sanguino-
lentos los ojos, semejantes A fieras corridas por los perros.
a

Cuando el sol se acostaba ya sobre el poniente, las trees com-
pafias entraron por caminos distintos en una selva inmensa,
tenebrosa y salvaje, suspendida sobre la falda de las montabas.
Y, de pronto, 6 todos falt6el camino. Surgian barrancos tor-
tnosos, bruscos precipicios, amalgamas de rocas, jirales espinosos,
pantanos spmbrados de plants do lividas hojas quo los obliga-
ban a dar vueltas como en u laberinto. Lns Arboles, de mras en
mis apretados, les ocultaban la vista del cielo; los cuervos cruza-









Lu, Locomotora 6


ban ir6nicamente sobre las altas ramas, los buitres agitaban sus
alas trepados sobre las rocas y lanzaban gritos estridentes; y el
viento, mAs fuerte cada vez, despertaba en las profundidades
siniestras de la selva un lamento quejumbroso de muchedumbre
humana.
De pronto, en el crue de tres desfiladeros, los trees grupos
se rennieron, y fraternizando por la comin desgracia, celebraron
consejo para busear la forma de quebrar el encanto de la selva.
Los -iltimos rayos de sol se extinguieron, y el crepfiseulo
comenzaba A cubrir las moutafas come un cresp6n flinebre.
Pero nadie daba una opini6n razonable.
En ese moment sali6 del foudo de nua retama espinosa un
lobo que se dirigi6 tranqni!amente hacia done estaba el card.
nal. Era un lobo viejo, ya canoso, venerable y paternal. Se
sent sobre sn cuarto trasero y con aire may digno, frente al
principle de la Iglesia.
"iEl lobo Gubbio!-exclam6 un joven te6logo. iEl lobo del
padre Francisco! iAh, reverendisimo senor, estamos salvades!"
Era en efeeto un lobo bastante extrafto. Parecia mis bueno
que un lebrel. Llevaba un collar del que pendian amulatos, ani-
Ilos de oro y escapularios. Sobre una placa de oro sujeta al
mismo, se veia grabado el eseudo municipal y estas dos palabras:
Oililas Eugubif nsis.
El lobo de Gubbio hizo fiestas A todos. Se dej6 acariciar
por los can6nigos y los escolares. Y como el bandido que lle-
vaba al pie el grille, le tocase demasiado curiosameute el valioso
collar, le di6 un mordisco casi amistoso en una mano. Lami6
devotamente la diestra al arzobispo, y baciendo con la cabeza un
siguo muy amable, invit6 A sus nuevos amigos A seguirle.
Apremiaron el paso. Algunos minutes despues veian es.
tenderse A sus pies las sourientes llanuras de Rieti.
El buen lobo trotaba siempre. Se dirigia hacia no valle
lejano, cortado al occidente, entire verdes colinas, al pie de la mAs
alta de las montaaas de Umbria. Sobre los picos aznlados co-
rria el ligero bordado de oro de las nubes. Las primeras estrellas
brillaban en el glorioso azul. Y, de pronto, pas6 per encima de
la naturaleza algo como un soplo milagroso.
Los resplandores moribundos del dia descubrian aqni y all&
mil maravillas. En la margen de los arroyos florecian las vie
let.as y las vincapervinchas; al borde de los caminos los jazmines
y las rosas. Las abejas rumoreabau en torno de los limoneros
cargados de dorados frutos. En las praderas, ocultasbajo uu
manto de blaneas margaritas, cantaba la eigarra. A la vista del
lobo todas las bestias saltaban de gozo, una tropa de liebres y
corzos se dirigia bacia el lejano valle; del lado del mar acudia un
enjambre de goloudrinas, y en el elevado cielo volaba una nube
de alondras, que segfin San Buenaventura, s6lo cantan "en un
rayo de sol."
En la llanura y sobre las colinas flotaba el sonoro rumor
de las esquilas; cada campanario saludaba con un ialeluya! la
noche divine cayendo sobre la tierra, y la templada briba saturA-
base con el perfume del incieuso, mezelado al del jacinto y la floor
de lis.
El buen lobo seguia corriendo.
Cuando la noehe se hizo mAs obseura, circund6 su cabeza
una aureola de fuego. Y el viejo cardinal, los frailes y los cld-
rigos, los caballeros y los pajes, los estndiautes y los ladrones,
impulsados per uua fuerza irresistible, seguian en silencio al
misterioso animal.
Despues, la campifia se ilumin6: del foudo de los bosques, de
las monteaas y los valles, una multitud de peregrinos, j6veues y
viejos, campesinos, mujeres, soldados, sacerdotes pastores, sier-
ves, nifos, surgia y caminaba de prisa, Ilevando enceudidas las
lAmparas, hachas y cirios. Otros agitaban rams de olivo. Y
todos cantaban. Los chuticos de la campifia contestaban A los
cantos de las alturas. Muy pronto fu6 una procesi6n inmensa,
un torrent de iuces y voices bienaventuradas.
Adelante seguia el lobo aureolado; y por sobre las cabezas
de aquella muchedumbre, iluminada por dies mil antorchas, y
mecida por el ritmo de diez mil cantos, se levantaba magnifica-
mente la cruz de oro del patriarca, que Ilevaba el diAcono trajea-
do de seda escarlata.


Cerea de media noche, se aleanz6 el termino del viaje. Era
en el limited de una vasta pradera, al abrigo de los verdes Alamos
y los pines, habia on establo, abierto, y en medio un pesebre
Ileno de paja, sobre el quo doseansaba un ramo de rosas blancas:
A la izquierda del pesebre un asno, A la derecha un buey. Un nifo
enceudia alrededor de la cuna de Jeteis una media docena de
cirios. Cerr a de la puerta estaban arrodillados algunos hombres
que vestian un sayal sujeto A la cintura con una cuerda, y tenian
desnudos la cabeza y los pies. El lobode Gubbio penetr6 fami-
liarmuete El cortejo del cardinal se detuvo A pocos pass de
la granjo. Los estudiantes y los ladrones se deslizaron entire
los frailes y los pajes.
Las esquilas de la campifia souarou entonces alegremente.
Organos invisibles eutouaro n Glor'iai triuufal.
Y de pie, junto al pesebre, Francisco de Asia se puso A leer,
en lenguaje vulgar, los tres Evangelios de Navidad, el Evangelic
de media noche, que recuerda el empadronamiento del gnuero
human, editado por Cesar Augusto y el pobre albergue done
pararon Jose' y la Virgen; el Evangelio de la aurora que reftere
la adoraci6u de los pastors en torno del pesebre de BelBn; el
Evangeho del dia, el solemn Evangelio de San Juan, testimonio
del Vtrbo que se hizo care pars la redenci6n del mundo. Des-
pu6s el ap6stol cerro su misal y predic6 el nacimiento del Salva-
dor. Paseaba sobre los files sus negros ojos ehispeantes. Ha-
blaba de los humans dolores y de la mansedumbre de Jesis, en
forms tan emocionaute, que comenzaron A hacer eco A su voz
sollozos y palabras de amor. Luego sali6 de su humilde santua-
rio, y con las manes estendidas para bendecir, entr6 en la mu-
chedumbre. Recorri6, con lentitud, las filas de su pueblo, con-
solAndolo con la sonrisa. A los hu6rfanos prometia el apoyo del
Padre que estA en los cielos, A los siervos semidesnudos de las
comunas, las baronias, devolvia la esperanza que es la mitad de
]a libertad. Se acerc6 por fin A los desconocidos viajeros recibi-
dos por el azar en la selva maldita, y exclam6:
Si se encuentran aqui hombres de rapifia, de manos man-
chadas de sangre, que vengan A mi; yo les eusehar6 la bondad y
el sacrificio.
Los tres bandidos se pusieron de pie.
Id, les dijo, id A reuniros con mis hijos. De hoy mis vivi.
reis por la caridad "
Si se encuentran centre Vdes., pri:sigui6, hombres volup-
tuosos y de poea fe, que se entreguen A mi; yo los purificart y
les mostrare A Dies, cara A cara. "
Los tres estudiantes so prosternaron A sus pies y besaron
lloraudo, el reborde de su tunica.
Id, les dijo, id A renniros con mis muy amados corderos,
con Juan de ]a Vernia y el hermano Le6n, y vuestras almas serAn
santifieadas. "
A su vez, el patriarch soberbio, so sinti6 vencido per el
mendigo de Asis. Ech6 pie A tierra, se adelant6 hacia Francisco
y lo abraz6 con ternura.
Y vos, mi seflor, padre, dijo el santo, evolved A tomar el
camino de Roma, donde el Papa celebra el tiltlmo concilio,
porque sus dias estAn contados, y no verA ya otra noche de Na-
vidad. Llevadle el amor de sus hijos menores. "
Bendijo luego, una vez mAs, A la multitud, que se disperE
per la llanura, mientras un concerto adreo, el rumor de las arpas
y el core de las flautas angdlicas, enviaba A la Tierra un eco sua-
ve de la armonia celestial.

EmILo GEBHAR.
De la Academia Francesa.












-:- Los zapatos be Silva


En los alrededores del castillo el silencio de diciembre eon-
centraba su profundidai y tranquilidad; estaba 6 la vez muy
lejano y cercano, porqne los largosbosques de uieve cond.nsabau
los rnidos esparcidos inmovilizando las ondas, rmi-ntras las bru-
mas heladas del parque y de las terrazas aeolehaban el aire, ta-
paban las rendijas, espesaban contra los vidrios la sombra y su
pesadez.
Pero Silvia, en la atm6sfera tibia y dorada de Manteig.
ney-le-ChAtel, no sospeehaba que fuera hiciera frio y estuviera
obscure. El bar6n Rodier, sentado en un taburete cerca de iu
sill6n, tan bajo que parecia star A sus plants, le decia ai:
-Decida, Mile. Silvia y permilame que le able francamen-
te. La amo, ya lo sabe. Sn tutor M. de Manteigney, me ha an-
torizado para decirselo. Es precise que sea mi esposa. Piense
que es usted hu6rfana, sin fortune; usted vive con gran lujo y
no pnede darse cuenta de la situaci6n; pero, si su tutor Ilega A
morir, su hijo se instalarA en esta casa eon su esposa y ousted no
podrA quedarse en ella sin verse en una posici6n falsa y de de-
pendencia. 1,Me quiere lasted par esposo? Yo le creare uua si-
tuaci6n tal, que niuguna mujer pueda dejar de envidiarla.
Ella contest:


Silvia se reia:
-Es muy buen mozo.
-Y en cuanto al otro, hse easi pobre, sin gran apellido, rau-
go, es una loeura que ia ame.
Su gesto soearr6n, designaba A un joven que acababa de
entrar, timido, deteuido en la pnerta A la vista de los otros. Sin
embargo, las miradas qne posaba sobre Silvia eran tan dulces
que per un moment ella dej6 flotar sus ojos en su ternura.
El misiro se habia levantado despnes de un filtimo arreglo,
y los trei, por la manera c6mo se mantenian inm6viles, series y
algo initados, habrian podido adivinar, si no lo hubierau sabido,
que eran rivals que temblaban ante aquella nifia Ilena de rubor.
Como el silenucio pesaba, dijo ella para romperlo :
-Maiana es la noche de Navidad; mi tio quiere que haya
cena; serA muy alegre. Es tan triste una noche de estas cuando
no se tiene mam6.
Silvia, nerviosa, eruzaba y separaba sus dedos ligeros.
-Yo tenia mam6; la noche de Navidad entraba en su cuarto
y po0ui mis zapatos, todos los zapatos que tenia, en la chimenea.
Luego, me acostaba y apareutaba dormir para espiar al nifo Je-


Secci6n de Prensas de la Tipogriffa Nacional.-Guatemala.


-Usted es bueno; Lme habla como un amigo. R.fflexionari.
-No, no hay que rtflexionar; es precise que me de uua res
puesta; tengo que volver a Paris despus de las fiestas de Navi-
dad y quiero saber A qu6 atenerme. iVamos Silvia! i es tan
dificil ser riquisima 6 itnmesamente amada ?
-Inmensameute amada es lo que quisiera ser, sobre todo.
-i Ah! Ya s6, le hacen la corte-6 indie6 con una seal de
la cabeza al m6i4ico del piauo.-Silvia, con kl tendrA la gloria, 6
A lo menos la celebridad, ese vitahlniu de la gloria; tendrA el mo-
vimiento, la aventura, la embriagnez. No tendrA el amor; un
artist no ama nunca A nadie mAs que A si propio, 6 A sa obra,
que es tambi6n 61.


sus cuando viniese con su asno. Naturalmente, me dormia en
s.eguida.... Pero, sin embargo, lo veia eu suenos. Aqui estA
rodo tan bien organizado; el calorifero marcha tan bien, que se
ban suprimido todas las chimeneas.
-Mademoiselle-comenz6 A deeir en un arranque el joven-
pero sn audacia claudic6, quizA en el movimiento que hizo, y
permaneei6 en suspense.
--Qu6 iba A decir, M. du Fayet?
-Que sus zapatos no deblan quedarse vacios mafiana A la
noehe....


La Locomotora 7


s-I








La Locomotora 8


El bar6n Rodier lo interrumpi6 para apoderarse de sn frase.
-M. du Fayet tiene raz6n. Ser6 yo quien reemplace A su
seflora madre.
--Y porqu6 no nosotros tambi6n, querido bar6nu-dijo
Rivibre, como saliendo del suefio en que lo habia sumergido sn
misica.
Jacques du Fayet afirmaba so march y an voz.
-Hay, por lo menos, una chimenea en Manteigney. Conoz-
co el castillo; jugu6 en 61 marho cuando nifo. Es el lindo hogar
con flores de lis del pabell6n de eaza eu el parque. Ponga usted
alli sus zapatos mafana, Mlle. Silvia, y encontrarA algo.
-1 Ah pero used me toma la idea, joven-exclam6 Rodier
imperioso.
-Tanto mejor, senor, si verdaderamente se la tomno.


patitos quo ella habia lievado alli misteriosamente. Los recono-
cia bien: eran una botita con botones, on paquefo escarpin lus-
trado y una zapatilla de raso blanco. En coal pondria su regal
61? Qui6n era el? No entraban en este moment en el
pabell6n
La claridad del dia la sorprendi6, conmovindola. Iba 6 sa-
ber, adivinaria, elegiria un marido por la calidad del homenaje.
Pronto ech6 un encaje sobre su frente, una ola de pieles cubri6
su cuello y so ecerpo, y emprendi6 la carrera Bajaba las terra-
zas. segufa los caminos del jardin hacia el hosque, volando sobre
la blancura quo un rayo de sol doraba, fugitive.
Empuj6i la puerta con violencia, se arrodill6 y arrebat6 el
calzado misterioso. De la botita salfa la mitad de un papal aft-
ligrauado. Una nube le pas6 por los ojos; leia la firma del bar6n
Rodier al pie de un cheque de uu mill6n de francos. En una
tarjeta sujeta con un altiler, el banquero habia escrito: '* Al por-
tador para sus poress" Un rollo grueso llenaba la punts del


Sccci6n de Libros y Peri6di.o6 de la Tipogratia Nacional.- Guatemala.


-En otro tiempo-dijo Itivibre ShAkespeare invent lara
una princesa indecisa la prueba de loa tires cIfrceilluo. Si llle.
Silvia tuviela que elegir, si vacilase eu couceder su preciosa y
linda mano, uun regal de Navidad, que simbolizase la aboegaei6u,
que expresase la seuceridad de uu afecto, podria ser la indieaci6u
para guiarla, la luz que la iluminase ...
--iQuiere used, Mlle. Silvia?-dijerou al mismo tiempo
los tres.
Pero Silvia, bajando los ojos, sali6 sin decir una palabra...


En su cuarto, eseuchaba Silvia los rumors. La cena ter-
minaba alegremente en los salones del piso baje; oy6 lo I l-jos
el ruido de uu autom6vil que se alejaba, algo mAs tarde, creV6
oir los cascabeles de un cnche que rodaba por la nieve del parque;
despues, todo qued6 en sileucio, y el paso incierto que ella hubie-
ra deseado quizA sorprender, haciendo crujir el poivo helado, no
se percibi6.
El sueflo venci6 A Silvia en sn lecho de enstefos; veta 6 lo
largo de los caminus, marebar al buen N. 6l conduci-udo iil Niho
Jesis en un asno, eutre cestos llenos de jiguetes. Pnreci6 A Sil-
via que se detenian en la puerta del pabhll6u de eaza, abitrta de
repente ante ellos y, de pronto distingum6 en la chimenea los za-


esearpiu. Silvia lo abri6; era la partitura de la 6pera Les Ma-
reuUies," de que RiviEre 1H habia hablado con tenta frecuencia y
A la que l1 Ilamaba su puerta de gloria Una esquela cayd
de las pAgiuas deseurolladas: Esto es lo que, despues de used,
amo mis en el mundo; esta es su tnica copia; nunca hare nada
me-jr. Es suya; puede used destruirla 6 darla. Yo no soy ya
el autor de Les Marennes."
Pero Silvia, inquirta, rebuscaba ain en las cenizas del hogar.
Su zapatilla de raso habia desaparerido; en vez de ella, sobre un
montoneito de nieve, estaba colocada una flor de edelweiss, de un
blanco suave y lauoso.
Silvia murmur:
-De unche, con viento, con nieve, fu6 A buscar esta flor en
In alto ddl Mout Bu-t, la finicacima del pais donde se la encnen-
tra adn. ;iubiera podido matarse veiLte veces, 61 sobre todod
R.t flexiou6 unos iustantes.
-Lo,s otros me dieron un poco 6 un much de sn orgullo; 61
me ha dado tcda su vida....
PF r la noche, en el gabinete del tio, Silvia deeia A M. du
Fayet.
-Conservaremos juntos, ensu casita de Saboya, Ala asom-
bra dl- Buet, la flor de e.-ponsales que fiA used A buscar.
lucluanAdose hacia Ai, afiadi6 en voz baja:
-Yo guard el edelweiss .... pero usted me devolverA mi
zapatilla.

FRANqOIs DE NION.0









La Locomotora 9


Arias Sentimentales

I

ALMA Y PAISAJE

Debajo de los Arboles ...... Ninguna
pena que inquiete al pensamiento mio.
Por cima de los Arboles la luna;
debajo de los Arboles el rfo.
Abro mi coraz6n. .... .Leo y conffo
en la gloria. en el bien, en la fortune.
Habla de amor, al discurrir, el rio:
habia de amor, al esplender, la lnna.
(uietud y soledad ...... Nada importuna
la comunidn del pensamiento mio
con el bien, y la gloria y la fortuna... ..
Bajo el ramaje tremulo y sombrio
suena un bilo de oro de la luna
sobre el silencio diafano del rio.

II

Quiza no seras mia; Y sin embargo
te jugo mfa, para siempre mia,
mientras mi padecer es mas amargo.
iCuanto dilata en despuntar el dfa!
iQue brei-ar tan rec6ndito y tan largo!
iQue agonia tan lenta mi agonial

III

Me aferro A la esperanza cual se aferra
la rafz en el seno de la tierra
cuando la tempestad troncha la rama.
Contempla el Arbol que el turbidn az-,ta:
tanta es la savia que su tronco brota
como la sangre que mi s6r derrama.

IV

Hiereme sin piedad 6 diviniza
mi pobre juventud. Quiero ser todo
6 nada para ti.-Fuego 6 ceniza.
Ad6rame 6 desdefame de modo
que muera. Tus bondades patentiza:
quiero ser a tus pies diamante 6 lodo.

V

Decidete! iNo temas! Bajo el velo -
;que idealiza tu frente sofadora
puede la indecision cortar el vuelo.
No te arredre la noche aterradora
mientras la alondra remontando al cielo,
cante al ad venimiento de la aurora.

VI

Del.antro de la noche'brota el dia,
como del fondo del dolor amargo
emerge el manantial de la alegrfa.
Td seras mia, para siempre mia.. ..
Ya vienes con la aurora. Sin embargo:
iQue agonia tan lenta miagonia


A VII

En la corriente de los versos mios
se dirigen a ti mis pensamientos,
como por entire obstAculos violentos
se dirigen al mar los grandes rios.
iPerdona mis amables desvarios!
iCompadece mis hondos sufrimientos!
Porque van bacia a ti mis pensamientos,
ingenuamente, como al mar los rios.
Si conoces mis puros sentimientos,
Zpor que amargas ain mas con tus desvfjs
las horas de mis intimos tormentos?
;Ten compasi6n de los tormentors mios!
Ya que van hacia A tf mis pensamientos
como van hacia el mar los grades rios.
S Andrds A. Mata.


L OS Pfd AJROS

Con plumas armoniosas, Dios hace un solitario;
en sus instantes bellos, combine los vestidos
diversos de las aves, y coge un haz de plumas
y las desriza y tiende sobre un tapiz de luces
para former conjuntos de acordes armonias.
iVisteis de un azulejo la line fragmentaria
que lo colora y brinca & otro azulejo claro
dejindolo prendido tambien en el dibujo
que va desarrollando su tema por el z6calo?
lo mismo la dalmatica de un pajaro divino
Dios hace, entretejiendo la cien filas de plumas,
como quien hace un lento dibujo de matices.
Y como tienen miisicas los dedos polif6nicos
de Dios, a cada pluma bellisima que prende,
suena tambien la nota del genesis de un canto
que al par del rico tema de plumas combinadas
se va desenvolviendo como otro tema mdsico
que corresponde al pijaro para quien es la tdnica.
Un doble solitario de plumas y de notas,
un tema paralelo de sones v de trinos
esti Dios disefando mientras feliz sonrfe
al ver lo bien que sale del haz de la baraja
las rosas, los afiles, los oros, los cobaltos,
y cdmo se concuerdan las sartas de gorjeos
del musical mosaico, con el alado traje.
La pluma, de arreboles tefida, en que Dios toca,
resuena como tecla divina de un manto de colors.
Y este ejercicio bello de Dios, s6lo es la gracia
de sus instantes leves de placido reposo
en los que rfe y juega mirando cdmo brotan,
de entire sus dedos, prismas y arm6nicas cadencias.
Cual se entretiene un nifio tirando al aire suelto
flotantes pompas hechas con fragiles espumas
que del jab6n chorrean como una blonda migica,
Dios se entretiene echando desde sus dedos sumos
al golfo de los cielos los pajaros que forma,
a los que dacarrera como una pompa muisica
que va presa en dos alas y va al andar cantando.
Juntas las manos, sopla, y sale una oropendola;
vuelve a juntar de nuevo las manos prodigiosas,
y sale un chorro alegre de liricos jilgueros
que van trinos y escalas y notas goteatudo;
junta otra vez los dedos, y aun soplo de armonfai
sale el gentil milagro del ruisefior; los junta
de nuevo sopla un largo reguero de sonidos,
y sale echando rizos de notas un canario.
Y este ejercicio bello de la Suprema Gracia
lena de errantes pompas los valles y las selvas
las vastas praderfas, los 4picos pinares,
los grandes conos biblicos de los azules montes;
los cejijuntos bosques de encinas y de cedros
ae los que son guedejas el rizo audaz del rayo.
Sopla con risa placida y surge una paloma;
sopla con arte sumo, y brota un cisne negro;
sopla con ira, y salen las aguilas de guerra;
sopla potent, y vuelan los c6ndores altisimos;
sopla violent, y brotan los grandes avestruces
que el arenal recorren con las inmensas zancas. ..
SALVADOR RUEDA.









La Locomotora 10


.4-. PViuMa

Alejandro Dumas bizo indtilmente cuanto pudo para obli-
gar a Virginia Dejazet, que entonces triunfaba sobre el esce-
nario del Vamdeville A representar La dama delays Cam'lias.
-Seria un nuevo triunfo para usted-decfa el celebre
autor adorado de las mujeres- iacaso no le gusta a usted el
tipo de Margarita tUnto 6 mas que el de Fretillon?
--N6, senior, al contrario!
--Com6? zPor que?
-Muy sencillo: porque Fretillon se da y Margarita Gau-
tier se vende......
Y esta breve contestaci6n, llena de espiritualidad y deli-
cadeza, retrata toda el alma de ia actriz famosa. Alma
rebelde, parad6gica, elegant ir6nica, cinica y sentimental a
la vez, como la de Richelieu 6 la del Duque de Lauzun, y que
parece una sintesis 6 evaporizaci6n del gran espiritu ado-
rable de Paris.


debut como bailarina. A los diez y site afios, Virginia era
una criatura llena de seducciones y de gentileza con las manos
y los pies miy menudos 3 un cuerpo gr~cil, que comprendfa
todos los ritmos ydaba vida A todos los disfraces. El papel
de Nabotte, que cre6 en La belle au bois dormant, populariz6 el
nombre de la Dejazet quien, despues de una larga excursion
por provincias, regres6 a Paris y entr6 en el Teatro del Gim-
nasio, donde afirm6 su popularidad conlos estrenosde Carolini,
y La hermanita. Por rivalidades con la Vertpre, entonces
omnipotente, traslad6se al teatro de Novedades y mas tarde
al glorioso teatro del Palais-Royal, sobre cuyo scenario ha-
bia de merecer aquel prestigio de travesura y de gracia


genuinamente francesa,
y acerle inmortal.


que habia de consagrar su apellido


Secci6n de Encuadernaci6n de la Tipografia Nacional.--Guatemala.


"Mi vida-escribia la Dejazet, a cierto adorador que la
invitaba. publicar sus imemorirms-es mucho mas sencilla
de lo que creen y no ofreceria nada de muy interesante, pues
ni tengo bastantes vicios para atraer lacuriosidad nitampoco
las virtudes necesarias para aspirar a ser admirada."
Asi fue, en efecto, aquella mujer ind6cil, que parecia in-
grata porque lo amaba todo, que se refa malevola de sus
adoradores y luugo en Lyon rompfa su falda bordada para
que envolviesen con ella a un obrero que sacaron moribundo
de un pozo. Voluntad amoral, sin mis ley ni otro cauce que
su alegre capricho. Libertina sin sensualidad y liviana sin
codicia, que lleg6 A ser citada como modelo de madres aman-
tisimas, sin haber podido, sin embargo, recogerse jams en
la uniformidad del matrimonio.
Naci6 Virginia Dejazet en Paris el dla 30 de agosto de
1798 y a los cinco afios y bajo la direcci6n de su hermana Te-
resa, que pertenecia al cuerpo coreogrifico de la Opera,


-Es la actriz universal-declara su bi6grafo Mirecourt-
a cuyo genio se avienen todos los papeles, como a su cuerpo
se aclopan todos los trajes.
Este rasgo tiltimo constitute el merito capital de su
arte.
Poseia-dicen sus contemporaneos-una habilidad extra-
ordinaria para disfrazarse.
Los trajes varoniles, especialmente, vestialos a maravilla
y moviase dentro de ellos con tanto aplomo y desenvoltura,
que el sexo desaparecia por complete en aquella mujer, tan
mujer y tan linda.
Era Virginia Dejazet algo mas que una actriz. Era
tambien una escultora, una modeladora prodigiosa de si mis-
ma y sus recursos para transformarse y dar a su rostro ex-
presiones diversas y a sus ademanes ritmos distintos, pare-
can inagotables.


iil~'.I~-B1~75~C. ;:1.1
I
Cr!. ~T~;~rT-~arce~a~sa~F ~
L:j
J1;
-~II
C: P


~- m~ ~t~HFJ::r.


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La Locomotora 11


Sobre su cuerpo proteico revivieron la silueta pensativa
y delicada de -Rousseau, joven. El perfil epigramatico de
Voltaire, la gracia conquistador de Richelieu, la hermosura
arrogante de Enrique IV, la cabeza atormentada de Napole6n
y tambien la belleza infinitamente spiritual de Sofia Ar-
nould, la celebre interprete de Gluck y de Rameau y la frivo
lidad b,,ulevardier de Fretillon y la hermosura voluptuosa de
Nin6n de Lenclos ..... Para todos estos edlgidos del talent y
de la gracia tuvo el genio multiforme de Virgnia Dejazet una
inflexi6n exacta de voz y un gesto feliz.
AdemAs de actriz, fue la Dejazet mujer de fertil y amable
conversaci6n. Tenfa el ingenio alerta. La replica, libre y
pronta y sus frases A fuerza de graciosas, solfan pecar de crue-
les.
Alguien, queriendo mortificarla, la dijo, en sit cuarto del
teatro, que a Leontina una belleza pomposa y rosada que go-
Zaba entonces de gran popularidad, la Ilamaban "la Dejazet
del 1ouhl'eard du Temple." A lo que, picada Virginia, contest:
"No me estrafia. El Duque de Orleans tenia, ensus caballe-
rizas un jumento que llevaba su nnmbre."
Cierta noche la Dejazet tom6 parte en una representaci6n
que Ia empresa del teatro de la Opera habia organizado A be-
neficio de las victims de las inundaciones del Loire. Iba a
comenzar la funci6n y la celebre actriz atisbaba por una de
ls mirillas del tel6n el aspect de la sala. En aquel instant
cierto Laballero que por su riqueza y noble rango disfrutaba
en aquellos bastidores de gran predicament y libertad, Ile-
gandose de puntillas a Virginia la cogid por el talle. Ella
volvi6 la cabeza: "Se equivoca iuted, caballero-exclamd-no
soy de la Casa." "
Deses.perado uno de sus adoradores lleg6 a decirla: De-
me usted siquiera la limosna de un beso." Pero ella, aludien-
do con una sonrisa A las veleidades que la mmururaci6n la
atribuia, repuso: "jUnalimosna as......? Imposible. Ten-
rg mis pobres........"
En sus ratios escasos de soledad y melancola., lahermana
de Fretillon y de Lisette tambidn era poctisa. Su lirismo te-
nia un dulzor femenino y penetrante de poderosa emoci6n,
Claretie cita estos versos que la Dijazet compuso a prop6sito
del cumpleaios de un amado, que bien pudo ser el cancionista
Federico BWrat:

A mi! Depuis un an, combien de jours de fete
ont fleuri sous tes pas!
Dans les sentier de 1' art le bruit de tes conquetes
:et dans celui du cocur que de palmes discretes
t'ont salu tout bas!- .-

Y asicontinda la composici6n, en una fusion delicadisima
de triunfos crepitantes y de intimidad silenciosa.
El 6xito mAs noble de Virginia Dijazet, el mas personal,
aquel que por si solo hubiese bastadoa perfumnar, con un sua-
ve aroma de rosas viejas toda su vida, se lo proporci6 La
Lis/el de t BtraigIer, canci6n de amor, canci6n sagrada, que
todas las bocas j6venes de Paris repetfan de memorial.
La compuso Federico B'rat en honor del ancianoy glorio-
so Beranger y aquellas notas sencillas, prendidas en no se
que inexplicable hechizo romintico, tuvieron la virtue pere-
grina de hacer latir todas las almas y de agarrarse A todos los
oidos. Y Lisette fuL un lipo que de una generaci6n a otra
ha dejado un rastro de gracia liviana en las obrerillas senti-
mentales y alegres de la Ciudad-Sol.
Una mafiana Virginia Dejazet fiie A conocer A Beranger
A su retire de Passy. Alli, cuidando las flores de su jardfn,
estaba el buen viejo, A quien el pdblico tornadizo casi habia
olvidado.
A su alrededor, los Arboles, donde susurraba la suave
brisa mafianera, esparcian sombra grata.
St y mademoiselle Dejazet--dijo la actriz-y como ousted
no puede ir a oirme al teatro venga A cantarle la canci6n de
Berat, esa canci6n que used ha inspirado y que ya conoce
todo Paris.


Acomodaronse los dos sobre un bancoy en el encanto
verde y plata del jardin, la voz de la Dejazet vibr6 cristalina
Enfants, c' est moi qui suis Lisette,
la Lisette du chansonnier....
Y mientras cantaba, muy cerca de alli, la sefiora Judit
Frere, la anciana compafiera de Beranger, la verdadera Li-
sette, oyendo aquella canci6n que ella inspir6 y que erasu ju-
ventud, lloraba en silencio.
Cuando la actriz call, Beranger, tenia los dulces ojos
arrasados de lagrimas.
-iHija mia!..--------balbuce6-ihija mial. .----
No pudo hablar mas y la bes6 en lafrente. Mucho des-
pues; refiriendo esta escena,.la Dejazet, l1ena de admiraci6n,
decia:
-IMe di6 un beso! Es la representaci6n que he cobrado
mejor.
Y al decir esto no exageraba aquella mujer, todo coraz6n,
que habia ganado millones........-
Eduardo Zamacois.


PAGANA.



No os ofendadi, sefiora,
porque esta vez A vuestro oido llega
el verso amante del que en vos adora
las formal puras de la estatua griega.

Dejad que en mi alma esculpa
vuestro perfil olimpico de diosa,
con cinceles de amor. INo, no es mi cull',:
el que yo sea artist y vos hermosa!
Arte.soy, vos belleza;
y dejaros de amar fuera un ultraje:
no grabare mi nombre en la corteza:
ipero quiero dormir bajo el follaje. -..
(No os place el aura leda?
A mi me place v uestro dulce acento,
que una misica e6lica remeda
desmayada en las rafagas del viento..--.
jNo os place ver el cielo?
A mi ver vuestros ojos, en que late
genesis de relAmpagos al vuelo
con temblores de espadas en combate---
No os place, en fin, la estatua
que en el museoartistico descuella,
no neciamente desdefiosa y fatua,
pero como segura de ser bella?. ....
A mi me place el firme
molde en que se vaci6 vuestra hermosura.-----
iBajo el golpe traidor, quiero morirme,
como Cesar, al pie de una escultura!
Por eso, ya que en vano
os quisiera estrechar, de ardores lleno,
dadme ese traje que cefits tirano
en que resalta vuestro ebdrneo seno.
Hundiera en el mi frente;
y aspirara, con ansia voluptuosa,
el perfume impregnado que se siente
como una tibia emanaci6n de rosa...-- .
ISi! yo os quiero mirar, sefiora mia,
desnuda al fin, correr porel boscaje:
ninfa desnuda de la selva umbria,
;Mi-propia sombra os servirade traje!'-.
JoB6 Santos GCocano.








La Locomotora 12


SI EL SOL SE APAGAR ...

Supongamos que un dia, por un fen6-
meno que no intentamos determinar ni
probar tampoco al present, el Sol nos
rehusa sus servicios y no nos da ya calor.
iHorrible situaci6n para nuestro mundo!
La humanidad, los animals y las plan-
tas se verian condenados A morir de frio
... .'que bacer? Nada sin duda. Pero
estimulAndonos el instinto de la conser-
vaci6n, vamos A imaginar un trabajo
insensato, absolutamente impossible por
mucbas razones, en su ejecucidn real.
IQue importa! ensanyemosle te6ricamen-
te.
Se trata, ante todo, de constituir una
hoguera capaz de producer una cantidad
igual la que "emite el Sol en un segun-
do." Supongamonos que todos los habi-
tantes de la Tierra enter se ponen a
trabajar, hombres y mujeres, debiendo
dedicarse 6stos A la causa comin,-y que
cada uno llena sacos de carbon, cuyo peso
seria de cincuenta kilograms, que es el
contenido ordinario de los sacos carboni-
feros. Admitamos que para este trabajo
comin, cada individuo afiade todos los
dias, al mont6n comin mil kil6gramos 6
una barrica de carbon que es lo mismo, la
cual equivaldria a. veinte sacos de carbo-
nero. Todos los niinos conocen las di-
menciones aparentes de estos sacos
Ilenos. y pueden imaginarse facilmente
lo que represent una barrica formada
por veinte de estos sacos de carbon.
-Se quiere saber cuintas barricas de
carb6n seria preciso amontonar para
obtener un calor igual al que produce el
Sol en un segundo? He aqui el nimero:
Once cuatrillones, seis cientos mil billo-
nes de barricas.
Este mont6n colosal deberia arder
naturalmente, como una sola brasa, y
estar encendido desde el primer carbon
hasta el dltimo, para igualar el des-
prendimiento de calor lanzado por la
hornaza solar en el cortisimo tiempo que
hemos indicado.
Para bacer mas comprensible este
ndmero y menos espantoso los ojos
del niflo, podremos inspirarnos en la
"Iniciaci6n Matemitica" y descomponer-
la hasta la unidad, por medio de objetos
tales como pajuelas, fichas etc. Supo-
niendo que una pajuela represent una
barrica de carb6n, se ve que se necesita-
ria once millones seiscientos mil trenes
de diez wagones para Ilevar las pajuelas
que representan el ntimero de barricas
calculado arriba.
S*
El calor solar puede ser utilizado
pricticamente. Los rayos del astro del
dia, despues de haber atravesado el aire,
un vidrio 6 un cuerpo trasparente cual-
quiera, pierden la facultad de atravesar
este mismo cuerpo trasparente, para
volver a los espacios celestes. Por
medio de este procedimiento, fundado en
una ley fisica, es por el que aceleran los


jardineros, en la primavera, el desarrollo
de las plants delicadas, recubriendolas
con una estufa 6 campana de vidrio que
recibe los rayos solares, pero que no los
deja escapar despues sino con much
dificultad. Si el jardinero pone dos 6
tres campanas sobrepuestas la uua sobre
las otras, hace cocer invariablementc la
plant recubierta asi, pues para evitar
esto, se ve obligado con frecuencia, en
los dias claros de marzo y abril, Alevan-
tar una de las orillas de la campana,
para que la plant no sufra los efectos
del sol del medio dia. Por medio de una
caja ennegrecida por dentro y de varies
cristales sobrepuestos, Sanssure pudo
al fin del siglo XVIII, poner el agua en
ebullici6n.- En 1834, sir John Herschel,
durante su permanencia en el cabo de
Buena Esperanza, pudo cocer un pedazo
de came mechada de bastante tamaffo,
por medio de dos cajas ennegrecidas
colocadas una dentro de la otra, y guar-
necidas cada una de un solo vidrio, sin
ninguna otra fuente de calor que los
rayos solares que iban a encerrarse, sin
vuelta possible en esta especie de ratonera.
Hubo para regular d su numerosa familiar
ysus invitados con esta cocina formada
por un horno de un genero tan nuevo.
Durante los dias del estio, cuando el
sol brilla en un cielo despejado, podemos
construir un horno econ6mico en done
se pueda cocer un huevo. Para eseefec-
to, tomemos una caja de galletas de
tamaio regular, de hoja lata; apliquemos
sobre sus cars, en el interior y en el
exterior, una capa de pintura negra.
Despu-s babiendo puesto alli agua en
cantidad suficiente, y colocando el huevo
en esta agua, cubramos nuestra caja con
placa de vidrio, (un simple pedazo de
vidrio) t inclinemoslo de manera que
reciba bien, de frente directamente los
rayos del Sol.
Al cabo de un espacio de tiempo mas 6
menos largo, el agua se calentara lo
suficiente para que obtengamos tin huevo
duro, con\enientemente cocido. Ponien-
do el buevo sin agua en la caja transfor-
mada en estufa podria llegar tambien al
estado de huevo duro.
Camilo Flammari6n.



Cuentos de

Aparecidos.

Hay en Paris, desde hace muchosanos,
diez 6 docecasas desocupadas que osten-
tan vanamente sus r6tulos de "Se alquila"
6 "Se vende." Son las casas en las cuales
espantan; lascasas que, de noche, tiem-
blan y se estremecen; las casas por cuyos
techoslos vecinos ven pasar, en medrosos
desfiles, A los fantasmas amenazadores.
Y es indtil decir a la pobre gente del ba-
rrio:


-lQuien cree en eso!
En vano. porque en elacto os contes-
tan:
-Los sabios creen en eso ...---Flam-
marion ha estado en una de cstas casas y
ha visto los espantos.. -.E1 sabio Myers
ha venido de Londres exprofeso, y ha te-
nido que convenir en que existen los apa-
recidos......Otros muchos sabios ban
visto fantasmas......
Verdad es. Lo que ayer no parecia
credible sino a los ignorantes, hoy encuen-
tra feen el almade los que mAs estudian.
Lo inico que la ciencia cambia a las su-
persticiones, es el nombre. En vez de
brujerfa, dice alucinaci6n, en vez de apa-
riciones, telepatfa. Pero, con otros tf-
tulos, los fen6menos siguen siendo los
mismos. Por encima de la cabeza de
monsieur Homais, la ingenuidad y el ex-
perimento se dan la mano, temblando de
miedo.
Como si se tratase de las cosas mas se-
rias del mundo, la prensa de L6ndres y
de Paris nos ha referido en estos dias al-
gunos casos extraordinarios. En un ba-
rrio londinense del centro, una dama aca-
baba de acostarse. Era la primera vez
que dormia en aquella habitaci6n. De
pronto, sus ventanas se abrieron y algo,
un algo invisible, pero sensible, un algo
que era como un hombre sin cuerpo, pe-
netrd en la estancia y se puso a contar
libras esterlinas. Cuando hubo contado
hasta mil, lanz6 un profunodo suspiro y
desaparieci abriendo denuevolaventana,
En Escocia, dos hermanas dormian en la
misma habitaci6n. En medio de la noche,
u na d e ellas oy6 ruido y despert6 i la otra.
A la luz de un candil, ambas vieron 'un
anciano vestido de brujo, que abria los
cajones de una c6moda. Creyendo que
era un ladr6n. las muchachas llamaron .
su padre. Cuando el padre acudi6, el
anciano, haciendole una profunda reve-
rencia, hizo una grieta en la pared y desa-
pareci6......
LO, parece que estais oyendo antiguos
cuentos populares, de aquellos que las
nodrizas refieren lentamente en las coci-
nas de aldea durante las largas veladas
de invierno?....
Pues lo que ois son "faits divers" pu-
blicados por los peri6dicos con la misma
naturalidad con que se publican las noti-
cias de los tribunales.
En el "Petit Parisien" de esta mariana,
nada menos, Jean Frollo, que es el
representante del buen sentido, comenta
estos y otros casos, y lejos de proclamar
como lo habria hecho cualquiera de sus
predecesores, desde Montaigne hasta
Sarcey, casi parece inclinarse ante la
realidad de los misterios espantosos.
Los hechos, en efecto, no son hoy sim-
ples histories de comadres, sino relatos
de sabios, experiments de medicos.
ZC6mo, pues, dudar?......
Pero al mismo tiempo, hay otra inte-
rrogaci6n consoladora, y es: UC6mo no
dudar?......

E. G6mez Carrillo.




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